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Se abordan las contradicciones que emergieron en el Territorio Nacional del Río Negro entre 1880 y 1920, a raíz de la pretensión del poder federal de imponer la regulación del comercio sexual en los territorios recién conquistados. Dicha imposición desencadenó diferentes instancias conflictivas que permiten desvelar procesos sociales muy complejos en la consolidación de las instituciones federales, una vez conquistada la Patagonia. Surge, así, un proceso histórico contradictorio, en el cual tuvieron un peso decisivo la existencia de múltiples mecanismos y juegos de poder, que se daban a nivel local en el mismo momento de formación de los sectores dominantes y subalternos del territorio. En este contexto, las medidas adoptadas para el disciplinamiento de las mujeres no sólo tenían como fin la sumisión de género según las pautas de la ideología dominante, sino que se inscribían en el proceso histórico de transformación de aquellas pautas culturales tradicionales en la región que fuesen disfuncionales para el nuevo modelo de dominación. Vehículo para la catarsis pública y la represión privada de las fantasías eróticas, espejo sórdido de la exclusión étnica y social y de la sumisión de género, la prostitución reglamentada es una excusa temática para iluminar diferentes aspectos de los procesos de configuración de la física política. 1 En el presente trabajo intentaremos abordar un aspecto restringido de esta perspectiva, vinculada a la dinámica orden-desorden-orden que implicó el proceso de regulación de la prostitución por parte de los poderes públicos en Norpatagonia, en el contexto histórico de formación y consolidación del poder estatal en el Territorio Nacional del Río Negro. La documentación oficial y periodística, atravesada por diferentes discursos, deja al descubierto la estrecha vinculación que existió entre la necesidad de reglamentar la prostitución y la implementación de otras medidas que, afectando directamente a las mujeres, tenían por objeto el logro de un amplio disciplinamiento social, en el mismo momento de conformación de 1 Para una mayor compresión de esta perspectiva de análisis ver Foucault, Michel: La vida de los hombres infames. Ensayos sobre desviación y dominación, Madrid, 1990. los sectores subalternos. En este sentido, las medidas que se adoptaron desde los poderes públicos fueron, siempre, funcionales al modelo de dominación que pretendía imponerse y, por tanto, uno de los pilares del orden social. No obstante, en la mayoría de los discursos dominantes de la época -en sus diferentes vertientes ético-religiosas o profilácticas-el comercio sexual, aun reglamentado, aparecía como un elemento perturbador del orden: subversivo a los ojos del poder. Y los prostíbulos, considerados para esta lógica un "mal necesario", eran percibidos como los centros generadores de la mayor transgresión, donde se difundían las prácticas de la "mala vida", contrarias a la disciplina laboral. Efecto no deseado de la primera faz del disciplinamiento, que será corregido con posterioridad, cuando legalmente el comercio sexual se torne incompatible con la sociabilidad. Pero esta aparente contradicción que muestran las primeras instancias de la imposición del "orden" no está presente en la letra de las ordenanzas y reglamentaciones. Los documentos son muy claros al respecto, ya que establecen una nítida línea divisoria entre prostitución clandestina y prostitución reglamentada. Sólo esta última era, aunque condenada moralmente, jurídicamente aceptada. La denominada prostitución clandestina englobaba diferentes prácticas culturales que pretendían erradicarse y que, en este contexto, se tornaron expresiones de rechazo a la imposición de: la cohabitación monogámica, el matrimonio legalizado, el comercio sexual regulado. En efecto, el comercio sexual libre era, indiscutidamente, subversivo para el establecimiento del orden: no pagaba impuestos y la mujer no se sometía a las reglas del trabajo sexual esclavizado, pautado por el estado. La venta de servicios sexuales libres tenía reglas similares a las de la venta permanente u ocasional de fuerza de trabajo. Y en áreas rurales constituía un complemento económico monetario o en especie, que se sumaba a las ganancias obtenidas por otras actividades que realizaban los miembros de los grupos domésticos (labranza, cría de ganados, tejeduría, comercio al menudeo), con el fin de escapar, aunque sólo fuese temporalmente, a la proletarización. En este sentido, su penalización tenía por objeto volcar la oferta de fuerza de trabajo hacia otros sectores de la economía. Y tratándose de trabajo femenino, en una sociedad con clara tendencia discriminatoria de las mujeres (discriminación de género que se sumaba a la étnica y social), esto implicaba contar con un fuerte contingente de brazos para lo que se denominaban "tareas de su sexo" (el trabajo doméstico). Así fue que la dicotomía prostitutas-sirvientas, que aparece con mucha frecuencia y de mane-MARÍA ELBA ARGERI Anuario de Estudios Americanos ra explícita, deja al descubierto uno de los aspectos centrales del problema. Sin lugar a duda, su faz más conflictiva. Por esto, la profesionalización de la prostitución reducía o circunscribía notablemente la dispersión material del conflicto, estrechando el espacio físico sometido a control estatal. La prostituta dejaba de ser una trabajadora libre o una pequeña comerciante para convertirse en una mercancía-esclava, que permitía capturar ganancias que discurrían por diferentes canales. Al mismo tiempo que el prostíbulo, espacio cerrado a la visión externa, limitaba -según los diferentes discursos-la difusión de las enfermedades y el ejercicio del "pecado". Se imponían los márgenes en donde la pasión podía expresarse sin culpas. De tal manera que los habituales desbordes de los clientes se inscribían en el juego pautado de la catarsis habitual que preservaba a la familia. En el estado actual de la investigación es muy difícil establecer con qué grado de profundidad y aceptación se impuso la cosmovisión éticojurídica de la sociedad blanca, que imponía de hecho una reconstrucción dicotómica del género: decentes-disciplinadas; indecentes-indisciplinadas. 2 Por otra parte, no existen investigaciones específicas sobre las prácticas sexuales de las sociedades indígenas que habitaban los territorios del sur. Tampoco sabemos si existió algún tipo de prostitución religiosa en estas sociedades. Esta carencia del conocimiento nos impide reflexionar sobre las posibles resignificaciones que pueden haber tenido las prácticas sexuales una vez que la Patagonia se transformó en una zona receptora de migrantes. ¿Que significaba ejercer la prostitución para una mujer indígena o mestiza? ¿En qué medida las uniones sexuales y las pautas de cohabitación implicaban una transgresión a las normas culturales? Y si esto era así, ¿de qué pautas culturales se trataba? En este contexto sociocultural, con profundos procesos de mestizaje, consideraremos ejercicio de la prostitución solamente el comercio sexual circunscrito al ámbito mercantil de los prostíbulos, modalidad que fue impuesta por los pobladores blancos y que se vinculó, en alguna medida, con los circuitos nacionales (¿e internacionales?) de migración forzada de mujeres. En la Patagonia los prostíbulos se asientan primero en las zonas portuarias -tanto sobre el Atlántico como sobre el Pacífico-, incluso antes de llevarse a cabo las campañas militares argentino-chilenas. Práctica mercantil que se difundió, luego, hacia el interior, según el trazado de las líneas del ferrocarril, a medida que el espacio se iba ocupando efectivamente. 3 Pero la incorporación del lejano sur a la dinámica de los circuitos de comercialización sexual trajo aparejados una serie de nuevos conflictos y contradicciones, generando una nueva instancia de "desorden". En efecto, la documentación muestra las diferentes etapas de la confrontación y los sujetos que estuvieron inmersos en este tipo de disputas. Así, entre 1900 y 1910 transcurre la etapa de mayor conflictividad porque: se dictaron los primeros reglamentos; se fundaron los primeros prostíbulos, muchos de los cuales funcionaban en casas particulares y comercios regentados por mujeres nativas o inmigrantes chilenas, dedicadas a la actividad mercantil, al menudeo; se clausuraron los prostíbulos a petición de los vecinos más importantes de las diferentes localidades; se estableció un estricto control de la moral privada, condenándose el concubinato y las uniones sexuales libres; se repartían los menores en las casas "decentes" y conventos de la Orden Salesiana, argumentando los malos ejemplos que recibían de los grupos familiares. Finalmente, después de la Primera Conferencia de Gobernadores de los Territorios Nacionales en 1913, y con la posterior asunción de los gobiernos radicales, el tema de la prostitución reglamentada ya no fue discutido. La resolución de la anterior conflictividad permitió la institucionalización de un nuevo "orden", y por tanto un mayor afianzamiento del poder estatal, hacia 1920. El marco del conflicto: la reglamentación y el disciplinamiento de las mujeres En los territorios nacionales, la preocupación por establecer los códigos de una moral pública común y aceptada por el conjunto de los pobladores implicaba establecer pautas culturales fundantes del orden, útiles al modelo económico y político que pretendía imponerse: matrimonio 3 El comercio sexual vinculado a la práctica de la migración forzada de mujeres seguía el trazado ferroviario. Para el Territorio Nacional de La Pampa, ver María H. Di Liscia, María S. Di Liscia y Ana M. Rodríguez: "Prostíbulos y control estatal en el Territorio Nacional de La Pampa", en Lidia Knecher y Marta Panaia (comp.): La mitad del País. La mujer en la sociedad argentina, Buenos Aires, 1994. Anuario de Estudios Americanos monogámico, disciplinamiento para el trabajo asalariado, aceptación de las obligaciones fiscales, control de la violencia, reglamentación del comercio sexual, etcétera. Dicho de otra manera, establecer el disciplinamiento social y cultural de varones y mujeres. 4 Obligación que competía a los funcionarios y agentes estatales, en quienes recaía la tarea material del control social. Dentro de estos parámetros se dio una especial atención al disciplinamiento de las mujeres, tal como se observa en las fuentes. En este caso la moral pública implicaba mucho más que la simple reglamentación del comercio sexual, abarcando el conjunto de las transformaciones sociales. En trabajos anteriores hemos estudiado de qué manera el disciplinamiento sexual de las mujeres implicaba, al mismo tiempo, disciplinamiento económico y político.5 Los esfuerzos para imponer progresivamente el matrimonio legal, monogámico, tuvo por finalidad desestructurar a los grupos domésticos, tanto en sus relaciones materiales como en su reproducción cultural, marcando el inicio del proceso de proletarización. De esta manera, la instauración de la prostitución reglamentada fue funcional a las estrategias de control social por parte del estado, y por tanto a la profundización del modelo de dominación. En este contexto, la reglamentación de la prostitución estuvo influida por: los discursos al uso, contradictorios entre sí -higienistas y católicos-; los avatares del juego político -debido a la mayor o menor influencia de la Iglesia Católica sobre el gobernador y funcionarios de turno-; la sanción de leyes nacionales; las presiones de los embrionarios grupos dominantes locales. Más aún, las diferentes instancias que condujeron a la imposición de la prostitución circunscrita al espacio de los prostíbulos -acompañada por una serie de reclamaciones para su prohibición, erradicación o legalización-permite iluminar el conjunto de la sociedad en sus diferentes contradicciones, en un período temporal que se caracterizó por cambios muy profundos: el fin de la sociedad de frontera y la conformación de una sociedad socialmente diferenciada. La Ley 1532, más conocida como Ley Orgánica de los Territorios Nacionales, facultaba a los respectivos gobernadores para tomar las medidas que considerasen pertinentes para el "fomento" de la jurisdicción a su cargo. Pero ninguna normativa se sancionaba sin el consenso entre éste y el consejo de gobierno -cuerpo colegiado que comenzó a funcionar en Río Negro con los gobiernos civiles-constituido por los vecinos más prominentes del territorio, residentes en Viedma. En este bloque político, garante del consenso, emergían las normativas específicas para el territorio. Así se dictaron los reglamentos que ordenaban y restringían el ejercicio del comercio sexual a los prostíbulos patentados. Estos debían cumplir con las disposiciones emanadas de la jurisprudencia: local adecuado, control sanitario y pago de impuestos. De tal manera que el comercio sexual era regulado por el ejecutivo territorial y controlado por las municipalidades (o en su defecto por las sociedades de fomento) y la policía, en quien recaía la misión de hacer cumplir las normas. Poderes que en más de una oportunidad se enfrentaron por la pretensión de ingerencia excluyente de los funcionarios en las cuotas impositivas, tanto legales como ilegales, que se cobraban a este tipo de actividad. Ahora bien, limitando el análisis al plano prescriptivo, quedan en evidencia las marchas y contramarchas que tuvieron lugar durante la primera década del siglo XX, para aceptar finalmente la existencia de los prostíbulos como medida de "profilaxis social". Así, en algunos momentos se aceptaban los prostíbulos para disciplinar el comercio sexual libre y las uniones maritales no legalizadas y mucho menos consagradas. Luego se prohibían, bajo la excusa de la falta de médicos y hospitales adecuados para curar las enfermedades venéreas. Finalmente, nuevas presiones llevaban a su reapertura. Observemos los discursos que organizaban y desorganizaban las prácticas de la vida cotidiana al compás de las propias contradicciones que tenían lugar en el seno del bloque en el poder. Del 5 de febrero de 1898 data la siguiente resolución, que prohibía la prostitución clandestina. La firmaba el gobernador Tello, funcionario que tenía estrechas vinculaciones con los miembros de la Iglesia Católica: "...El gobernador del Territorio: Teniendo en vista: que según el Censo Nacional de 1896 (sic!), este pueblo tiene, 1456 habitantes, los que en su casi totalidad forman familias organizadas; que el Presbítero D. Evasio Garrone está autorizado por el Consejo Nacional de Higiene para ejercer la medicina y en tal concepto es el médico de las nueve décimas partes de la población, encontrándose de consiguiente habilitado para conocer el estado de la salud pública: que a su vez el médico de la Gobernación doctor Pérez Font está en análogas condiciones para poder apreciar esto mismo; y considerando: 1) que según informe escrito de la policía, existen varias mujeres de vida airada con casas clandestinas, sustrayéndose a la ley de trabajo MARÍA ELBA ARGERI honesto, por cuyo motivo también falta el servicio doméstico 2) Que según informes de los dos médicos expresados, la juventud del sexo masculino desde los catorce años de edad salvo excepciones, está con tal motivo contaminada, en deplorable estado de salud, inútil para la actividad social. 3) Que esta clase de casas clandestinas, aun cuando no se note peligros para la salud, están prohibidas en todo país culto, pudiendo citarse como ejemplo a la Capital Federal. 4) Que es tanto más grave el escándalo, por tratarse de una pequeña población con familias distinguidas de ejemplar moralidad, que se ven obligados a vivir en presencia de ese repugnante comercio, el que en centros populosos pasa desapercibido, lo que indujo a algunos gobernadores de provincias poco pobladas, a prohibir el establecimiento de semejantes casas, aun de las sujetas a inspección médica. 5) Que si ahora mismo se tolera una casa pública de esta naturaleza, sujeta a la vigilancia médica, no daría el resultado apetecido, desde que, según lo expuesto, actuarían los mismos elementos contaminados sin poder evitarse el mal, aunque se habilitara una sala para tales enfermedades, lo que por otra parte no es posible, desde que el presupuesto no destina fondos a este objeto, de donde resulta que si la municipalidad les impusiera patente lo que implicaría permiso para su establecimiento; la Policía de su parte, sin atacar la Ordenanza, les prohibiría el comercio, una vez que legalmente se constatara la mala salud de esas personas. 6) Que el Consejo de Gobierno formado de un encumbrado sacerdote y de diez respetables padres de familia, los cuales cuatro son los comerciantes más fuertes de esta plaza, y los demás son altos empleados de la Nación o territorio, han acordado unánimemente la clausura de dichas casas. 7) Que por el artículo 7, inc. 2 de la Ley Orgánica de los Territorios Nacionales, el Gobernador está en el deber de dictar reglas convenientes de carácter administrativo. Por tanto: RESUELVE: Art. 1.o Se prohíben los prostíbulos clandestinos. 2.o La infracción se penará con diez pesos diarios de multa por persona. 3.o La policía no autorizará el establecimiento de prostíbulos patentados, por no ser de su incumbencia, por no tolerarlo la poca densidad de la población, ni ser honestos...". 6 Orden y preservación de la familia ("organizada") en sus condiciones morales y sanitarias. Los miembros del Consejo de Gobierno que avalan esta resolución se arrogan el derecho de establecer los límites para el comercio sexual. Queda asimismo al descubierto otro problema: la independencia con que opera el personal policial respecto de las infracciones y transgresiones a la ley (problema sobre el que volveremos oportunamente). Por estos años, las diferentes comisiones municipales del territorio dictaban reglamentos análogos, tomando como base la resolución anterior. Todos ellos son una copia fiel del que dictó en 1875 el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, cuando se autorizaron los burdeles. 7 En ellos constan los siguientes puntos: sobre los requisitos para las casas de prostitución, sobre las obligaciones de las prostitutas y "madamas", conjuntamente con un capítulo especial dedicado a disposiciones generales, donde, entre otras obligaciones, figura el pago de las tasas e impuestos correspondientes. El marco ideológico de estas resoluciones siempre quedaba a mitad de camino entre la moral y la higiene, con mayor o menor peso de una u otra perspectiva: "...los escándalos que pueden producirse por la instalación de las casas de prostitución dado lo reducido de la población, queda salvado en este pueblo por lo retirado que aquella está situada, aún más, en esta localidad existen numerosas mujeres que están agregadas a soldados, cuya vida inmoral es preocupación constante..."8 Por su parte, la Resolución Reglamentaria de 1901, dictada por el gobernador Tello y firmada por el secretario R. Sarmiento contradice la de 1898. Se clausuran los prostíbulos, "...que tampoco podría invocarse la conveniencia de tolerar la existencia de dicha en este lugar, porque en Patagones (Provincia de Buenos Aires) que está a 370 metros de este pueblo, existe una patentada, que habiendo impuesto al Gobernador el art. 7 inc. 2 de la Ley Orgánica de los Territorios Nacionales el deber de dictar ordenanzas convenientes para el fomento de los mismos, no puede permitirse que se conspire públicamente contra la salud de sus habitantes y el porvenir de las familias, que es tanto más grande el escándalo por tratarse de una pequeña población con familias distinguidas de ejemplar moralidad, que se ven obligadas a vivir en presencia de ese repugnante comercio, el que en ciudades populosas pasa desapercibido, lo que indujo a algunos gobernadores de provincias poco pobladas, a prohibir el establecimiento de esas casas, aún las sujetas a inspección médica... que entre la disyuntiva de complacer a la mayoría de los habitantes que quieren la clausura... y entre la minoría no es dudosa la elección... El Gobernador del Territorio RESUELVE, Art. La policía impedirá el ejercicio de la prostitución en el prostíbulo de este pueblo, y en cualquier otro del Territorio..." 9 El mismo gobernador Tello dicta en 1905 otra resolución que vuelve a condenar la prostitución clandestina, por ser causante de la propagación de diferentes enfermedades, "...De lo contrario se habrán defraudado los anhelos del Gobierno Nacional que propende a la formación de una sociedad vigorosa en la inmensidad de esas regiones, que tienden a poblarse rápidamente, ensanchando el progreso de los Territorios Nacionales, que han dado en llamarse la 2.a República, de nuestro país, para su integridad nacional, y acrecentamiento de la riqueza pública, como también de la moralidad. Y si desgraciadamente no se adoptasen medidas severas de profilaxis, es mi convicción que este verdadero flajelo (sic!) será uno de los factores propicios para la corrupción y para engendrar una raza degenerada; aparte de que tendremos personas inútiles para el matrimonio y para la actividad social (.) Los casos de estas enfermedades secretas, que son por su naturaleza infectocontagiosas, tienen aquí el agravante de que se vienen multiplicando, y son estas casas una de las causas eficientes... las cunas del alcoholismo y de la tuberculosis..." 10 Esta aparente política errática con respecto a qué hacer con la prostitución obedecía a las disputas que, en el plano local, se establecían entre los funcionarios, más o menos influenciados por los discursos católicos y liberales. Y también porque se intentaba -durante la primera década del siglo-transformar las prácticas culturales de los sectores de "bajo pueblo", tratando de no agregar más posibilidades para el "indisciplinamiento". Conjuntamente con el problema de la regulación de la prostitución, los funcionarios públicos estaban preocupados por disciplinar otras prácticas. La documentación oficial es muy abundante respecto de las mujeres que vivían sin marido, ya sea conocido o ausente; en concubinato; con una extensa prole sin padres presentes; o con agregados masculinos rotativos. La situación cambia -como ya lo señaláramos-luego del año 1913. A partir de este momento se establece que la apertura y cierre de los prostíbulos sería en todos los casos autorizada por el gobernador, bajo requisitos muy precisos de higiene y orden, prohibiéndose el baile y el despacho de alcohol. En el apartado población femenina del resumen de la citada Conferencia se establece: "...1.o, que para la provisión de empleos en los Territorios Nacionales, tanto del personal superior como del subalterno, sean preferidas las personas con familia. 2.o Que se procure el envío... de menores del sexo femenino para ser colocados en las casas de familia y establecimientos industriales. 3.o Que las mujeres condenadas a deportación, cumplan su condena en los Territorios Nacionales, cuando los gobernadores demuestren la conveniencia de que se instalen en sus respectivos Territorios. 4.o Que se constituya una Sociedad Filantrópica que propenda al establecimiento en los Territorios de industrias que utilicen preferentemente el trabajo de la mujer..." 12 La fuente es demasiado elocuente. La deportación femenina legalizó la incorporación de la Patagonia (y de los otros territorios nacionales) al comercio de migración forzada de mujeres. Este tráfico representó una competencia feroz para las pequeñas comerciantes independientes, que "arranchadas" convertían su casa en una fonda, un lugar para ir a divertirse o a consumir, eventualmente, servicios sexuales. Luego de 1913 ya nadie discute sobre la "necesidad" de abrir prostíbulos, porque servían para contrarrestar, "...la corrupción que existe en el elemento bajo de la población, donde sin que sea posible evitarlo, se ejerce una prostitución clandestina sin fiscalización médica..." 13 Desde entonces se cerraban por orden de la gobernación, todos los despachos de bebidas, fondas y casas de comercio al menudeo, regenteadas por mujeres, y sin patente. La nómina de pequeñas comerciantes era remitida por la policía. Y la imputación por "prostitución clandestina" reemplazó a la anterior por "malos ejemplos y corrupción de menores". Al mismo tiempo, a la mayor parte de las mujeres naturales del territorio no se les permitió ser dueñas o "madamas", y salvo en contadas ocasiones fueron, temporalmente, pupilas de los nuevos prostíbulos. Las nativas y las inmigrantes pobres radicadas desde hacía mucho tiempo tenían pocas opciones legitimadas: el servicio doméstico, el matrimonio legalizado, la deportación, la cárcel. 13 Ibídem, Gobernación, Exp. Anuario de Estudios Americanos Los ámbitos donde se ejercía la prostitución en la Norpatagonia no estaban adornados con brocados, alfombras y lámparas, ni tenían baldaquinos en las habitaciones. Distaban mucho de los lujosos burdeles de Buenos Aires, Montevideo o Rosario. Tampoco se parecían a los hacinados conventillos de las grandes ciudades que han sido tema recurrente de la literatura y el cine. En la Patagonia, la escasez de habitantes no daba lugar para grandes hacinamientos, a pesar de que muchas veces se viviera en condiciones higiénicas precarias y, hasta en algunos casos, deplorables. Así, en caso de incorporarse nuevas pupilas, la vivienda se podía ampliar agregando otra habitación de adobe, o construyendo un tabique de madera que subdividiera los espacios existentes. En efecto, los prostíbulos de categoría fueron inexistentes. La gran mayoría funcionaba en ranchos y en casas tipo "chorizo", en los límites de la zona urbana, sin servicios públicos, expuestos a las inclemencias del tiempo y de la inhóspita geografía. Pero, no obstante las escasísimas comodidades, éstas eran muchas veces superiores a las que los clientes habituales estaban acostumbrados: "...En cuanto a las piezas ocupadas por las pupilas inclusive la regenta ninguna de ellas estaba en condiciones higiénicas; si se tiene en cuenta que a la mayoría no solo le hace falta una mano de blanqueo sino que le falta parte del reboque. El cielo raso de las mismas que es de madera no tiene ni nunca se le ha dado una mano de aceite lo que provoca a que insectos como ser arañas, cien pies y alacranes se estacionen en ellos con el consiguiente peligro para las mismas pupilas... La cocina sita dentro del mismo y único patio, no tiene piso de mosaico ni madera, es de tierra y húmedo, mide dos metros más o menos de ancho por tres de largo, sobre la mano izquierda mirando hacia la puerta de entrada de la misma sale un desagüe que va a dar a un terreno frente a una casa de familia con la consiguiente molestia para esta debido al olor pestilente de las aguas servidas... tiene dos letrinas sin inodoro ni videt; piso de madera y en malísimas condiciones de blanqueos y reboque, el cual le falta desde medio metro hacia arriba del nivel del piso... cuarto de baño no tiene... el comedor se encuentra en regulares condiciones aunque es muy reducido... el patio en su conjunto se encuentra en malísimas condiciones de higiene máxime si se considera que es depósito de leña, cajones vacíos, latas y otros desperdicios. Finalmente las pupilas aprovechan para desocupar los recipientes de sus aguas servidas no solo en el desagüe de que hice referencia sino hasta en el mismo patio. No está de más que haga constar que la cocina y el comedor están a muy escasa distancia de las letrinas..." 14 A las condiciones insalubres del edificio se agregaban muchas veces, "...que en varias ocasiones encontrándose la diciente menstruando la patrona le ha permitido trabajar... que no tiene espéculo por habérsele roto; utilizando cuando toca la inspección médica uno propiedad de la patrona..." 15 Las empleadas de los prostíbulos debían pagar con su salario, "...la venta de ropa por parte de la aludida regente... como ser medias y juegos de ropa interior, a más jabones y otros efectos como kerosene..." 16 La reglamentación de la prostitución generó un mejoramiento en las condiciones de higiene. Inspecciones sanitarias semanales realizadas por el médico, o en su defecto por el boticario del pueblo, obligaban al uso de la libreta sanitaria o al envío de la enferma, preferentemente, al hospital de Bahía Blanca. Asimismo, para instalar un prostíbulo era imprescindible contar con un local adecuado para conservar un mínimo de privacidad. Estos requisitos sólo podían ser satisfechos por un comerciante que contase con un cierto capital. De esta manera se expulsó del mercado sexual a las pequeñas comerciantes (en su mayor parte nativas o chilenas), quienes valiéndose de las primeras ordenanzas que permitían la instalación de burdeles, transformaron sus despachos de bebidas en casas de prostitución, muchas veces bajo el rótulo de fondas. Estos comercios funcionaban sin patente y con el solo permiso del comisario. Pero hacia 1920 el gobernador clausuró todos los burdeles independientes, luego de exigir la nómina de alrededor de veinte mujeres comerciantes. De ahí en adelante, los prostíbulos serán provistos exclusivamente por vía externa. La rotación periódica de las prostitutas, que exigía este tipo de tráfico, tampoco dejó mucho margen para que las mujeres residentes en la región pudiesen incorporarse como pupilas. Los circuitos que abastecían a la Patagonia no se han podido reconstruir por el momento. No obstante existen indicios que muestran la existencia de empresas familiares, que operaban entre Buenos Aires y los puertos o las terminales del ferrocarril. Las embarcadas en Buenos Aires con destino al sur eran acompañadas por algún miembro de la red mercantil. MARÍA ELBA ARGERI reras o modistas. Los prostíbulos estaban, siempre, regentados por mujeres. Eran en su gran mayoría extranjeras -españolas, rusas e italianas-. En cambio las pupilas eran argentinas, presumiblemente originarias de los otros territorios nacionales, y cuya edad es casi imposible establecer con certeza. En todos los casos dicen tener más de dieciocho y menos de veinticinco, agregándose años por las exigencias legales (no estaba permitida la incorporación de menores de dieciocho años), o quitándoselos por las condiciones de la demanda. La segunda instancia del conflicto: los poderes locales y el personal policial En 1910, una carta firmada por treinta y seis vecinos "decentes" del pueblo de Valcheta -ubicado en la meseta rionegrina, zona de mayor concentración de la población indígena y mestiza-, era enviada al gobernador del territorio. Solicitaban el cierre del primer prostíbulo que se había abierto en la localidad. El contexto ideológico en que se enmarcaba tal petición -incluyendo la perspectiva ético-profiláctica, redefinida para el nuevo contexto-reflejaba aspectos del sentimiento localista, que comenzó a perfilarse nítidamente en el Territorio Nacional del Río Negro a principios del siglo XX. "Los que suscriben vecinos del Pueblo y Colonia de Valcheta ante V.S. se presentan respetuosamente y piden: quiera ordenar la clausura del prostíbulo recientemente instalado en el pueblo... por ser atentatorio contra la salud pública... No vamos a entrar en detalles que la decencia prohíbe discutirlos, pero bástele saber al Sr. Gobernador, que aquí no tenemos médicos que pudieran poner trabas a la peor de las plagas que pudo haber traído la locomotora". 17 Alrededor de la misma fecha otras cartas y telegramas conteniendo idéntica petición y del mismo tenor eran remitidas a la gobernación: "...los grandes anhelos que tendríamos de ver clausurada la casa 'non santa' que actúa en este pueblo (Conesa)... el poco adelanto que atrae a esos pueblos la existencia de estas casas..." 18 "Los que suscriben vecinos todos de esta localidad ante V. E. respetuosamente se presentan y exponen: que de común acuerdo protestan el lamentable hecho de haberse estanciado en el centro de este pueblo una casa de tolerancia... solicitando... el inmediato desalojo de este foco de corrupción... pedimos encarecidamente en nombre de la misma benemérita Constitución por el bienestar moral y temporal de nuestros hijos..." 19 "...Ahora ya son dos las casas de prostitución establecidas una al lado de la otra a una cuadra de la Estación y en el centro de nueva población toda formada por personas laboriosas y honestas y familias que se verán el caso de retirarse si V.S. no toma las providencias del caso..." 20 "...La comisión que tengo el honor de presidir... acordó negar el permiso que se solicita... por no ser de suma necesidad todavía, haciéndose además intérprete de la opinión del vecindario..." 21 También en la prensa local, aparecen editoriales con idéntica concepción: "...Comprende la plataforma de nuestro programa combatir por los medios de propaganda que disponemos todos aquellos vicios o costumbres que tiendan a hacer de la vida humana una vida impropia... no se forman hijos buenos, como no se forman los jóvenes dignos ciudadanos viviendo en los despachos de bebidas o en casas de juego y en la casa "non santa". Allí se consigue perderse para siempre..." 22 En todos los casos firmaban los vecinos "decentes" de los incipientes núcleos urbanos territoriales interconectados por caminos vecinales y rastrilladas indígenas, pero comunicados con los centros urbanos de la región pampeana por medio del ferrocarril. Emblema del progreso para las clases dirigentes argentinas, pero símbolo inequívoco del control estatal para algunos pobladores patagónicos que pretendían mantener una existencia libre e independiente frente a cualquier intromisión de un poder superior al propio. Cada una de las reclamaciones mostraba al pie de página la firma de los peticionarios: comerciantes en su mayoría, empresarios rurales, empleados y agentes del estado, curas párrocos, muchos de ellos miembros de la Sociedad de Fomento, forma embrionaria de los futuros poderes municipales. Se trataba de migrantes que una vez finalizadas las campañas militares se radicaron en la Norpatagonia con el objeto de es- Anuario de Estudios Americanos tablecerse en una región despoblada, con abundancia de tierras fiscales, donde pudiesen sustentar una economía independiente con escasas presiones estatales. Cartas como las que anteceden, con diferentes reclamaciones, dejan en evidencia la incipiente formación de los sectores dominantes locales, quienes para constituirse como tales necesitaban, por una parte, diferenciarse moralmente del resto de los pobladores (alegando un comportamiento moral más discursivo que práctico), mientras que, por otra, exigían del poder territorial el reconocimiento para decidir sobre la imposición de las normas que afectasen al conjunto de la población del distrito. Y en este sentido entraban muy frecuentemente en contradicción con la normativa legal que emanaba de los poderes públicos. En reglas generales, los vecinos "decentes" se oponían a cualquier medida administrativa que afectase sus intereses individuales. Al mismo tiempo elaboraban un discurso localista articulado en torno a los "males" fundamentales que llegaban por ferrocarril y eran consecuencia del "progreso": la enfermedad, la delincuencia, la usurpación de los bienes. Dicho con otras palabras: las infecciones venéreas, la llegada de nuevos migrantes permanentes y estacionales; la adopción de medidas fiscales y de nuevas mediciones catastrales. Percepción que, aunque teñida de fuertes contenidos ideológicos, no por eso se alejaba exageradamente de la realidad. Pero la aspiración de relativa autonomía de poder que tenían estos incipientes sectores dominantes locales obligaba al ejercicio permanente de un juego político que permitiese convalidar, frente al gobernador y demás instituciones estatales, las credenciales personales para ser considerado un poblador con capacidad de decisión. No obstante, durante las primeras cuatro décadas posteriores a 1880 asistimos al desencadenamiento de una acentuada conflictividad, producto de la disputa inicial por los espacios de poder y los recursos económicos. Conflictividad que muchas veces mostraba acentuados rasgos de sordidez. Por tanto, cada vez que los representantes de los poderes públicos (gobernador, funcionarios de la justicia letrada, ejército, Iglesia) intentaban imponer normas generales, se iniciaba una cadena de quejas y reclamaciones. La red local de poder se movilizaba intentando buscar apoyo generalmente en el gobernador o, en su defecto, recurría a la práctica habitual de ventilar los problemas por medio de la prensa local y nacional. Mientras tanto, a nivel local su poder se amparaba en el uso personal de las armas (cuya posesión no estaba prohibida por el Código Rural de los PROSTITUCIÓN Y CONTROL ESTATAL: RÍO NEGRO, 1880-1920 Territorios Nacionales de 1894) 23 y su participación como miembros jerárquicos del personal policial (hasta la primera década del siglo XX) o su posterior vinculación con los comisarios y agentes de la policía, les permitía imponerse sobre el resto de los pobladores, alegando ser la voz de la ley. 24 En el marco de estas confrontaciones locales, la reglamentación de la prostitución trajo, para los poderes públicos, una serie de consecuencias y efectos no deseados. La policía se transformó, de hecho, en el poder alternativo que interpretaba, libremente, las normas y amparaba los ilícitos. Así permitía la contraprestación de algún tipo de "coima": la existencia de prostíbulos sin patentar, la apertura de los cafés de camareras sin acuerdo del gobernador, el juego clandestino, la violación a la ley de descanso dominical. Los comercios comprometidos quedaban expuestos al libre arbitrio de los funcionarios policiales. Las inspecciones de la jefatura demuestran estas prácticas recurrentes: "...Aída Rodríguez... ser española, de treinta y cuatro años de edad, con veintiuno de residencia en el país, dueña del prostíbulo... ha tenido despacho de cerveza y refrescos en una pieza reservada, el único... que lo sabía era el Sub Comisario Servando Campana quien le exigía la suma de 20 pesos moneda nacional por semana... le abonó... dicha cantidad todas las semanas en su despacho en la comisaría y sin la presencia de testigos..." 25 "...Encontró a Carolina y al encargado de la Comisaría entonces Sargento Agustín Eviner... (este) le exigía que le diera dinero de lo contrario le haría cerrar la casa..." 26 "...Adela Pagioni, italiana, de 38 años de edad, con veinte de residencia en al país... es la dueña de la casa de tolerancia... siendo su gerenta Adela Kaufman... continuamente recibe quejas de la gerenta Adela, de que el Comisario de Policía Don Alfredo A. Pietrapiana que es a quien acusa, comete muchos abusos... que ella como dueña de dicha casa le ha pasado al comisario Pietrapiana mensualmente una subvención que varía entre cincuenta y cien pesos moneda nacional, por habérselo así exigido... [continúa declaración de la regente] (que el comisario)... en compañía de varios amigos suyos, entre ellos el Sub Comisario Dn Juan Bizot, Francisco Perelli, Crisólogo Castro, Federico Spurr, y muchos otros abren violentando las puertas de las piezas de las mujeres pensionistas, estando o no enfermas, las obligan a permanecer con ellos en la sala de baile donde se divierten hasta avanzadas horas de la mañana..." 27 23 El Código Rural condenaba la ostentación de armas, ver María E. Argeri y Sandra Chía: "Resistiendo a la Ley: Ámbitos 'peligrosos' de sociabilidad y conducta social. 24 Ver Argeri, María E.: "Subordinación estatal, institución policial y violencia. Territorio Nacional del Río Negro, 1880-1930", ponencia Este caso es paradigmático, ya que muestra las relaciones ambiguas que se establecían entre los distintos pobladores: cadenas clientelares que se articulaban y desarticulaban, concubinatos temporarios con las pupilas, imposición de la ley personal amparada en las ordenanzas públicas. La red local de poder se articulaba siempre en torno al ejercicio de la fuerza, cuya legitimidad quedaba, siempre, a mitad de camino entre la violencia privada y la violencia pública. Por esto, una fluida comunicación epistolar existió siempre entre los gobernadores civiles 33 y los vecinos "decentes" de cualquier pueblo del Territorio Nacional del Río Negro. Los más diversos motivos se explicitan en esa correspondencia, dejando al descubierto las confrontaciones que afectaron a la constitución del poder político territorial. 34 El uso del telégrafo y del correo venía a suplir, por aquellas décadas, el rol que desempeña la representación formal. En efecto, esta mediación con el poder estatal territorial no existía para la mayor parte de los pobladores. En otros casos, los menos, recién comenzaban a constituirse los poderes municipales. De esta práctica política, vinculada a la comunicación directa con los poderes públicos, quedó una amplia documentación que, analizada en sí misma o en relación con otras fuentes, permite enriquecer el análisis de los procesos sociales. A través de estas cartas y telegramas se manifiestan las confrontaciones previas al establecimiento de las nuevas normativas, los intereses contrapuestos, los acuerdos y las instancias de negociación en los diferentes puntos del territorio, las áreas de competencia entre los distintos poderes públicos, las instancias de su articulación interna y la dinámica en la construcción del poder real, en ausencia de una sociedad civil que comienza a perfilarse al final del período que se analiza. 34 La documentación utilizada corresponde a los Archivos de Gobernación, Policía y Justicia del Territorio Nacional del Río Negro. Se compone, sobre todo, de cartas y telegramas de circulación interna y reglamentaciones oficiales y, en menor medida, de expedientes judiciales. De la lectura de la correspondencia gubernamental conjuntamente con el análisis de las notas periodísticas, los reglamentos territoriales, las leyes y decretos nacionales y los alegatos de los funcionarios judiciales, se desprende que, entre 1890 y 1920, la cuestión de la moral pública fue una instancia de permanente conflicto y renegociación. Las diferentes normativas que, a nivel territorial, pretendían regular el comportamiento público y privado llevó al choque de intereses contrapuestos. No obstante, la imposición de cualquier medida que afectase a la moral pública era competencia directa del gobernador, que reglaba las pautas de comportamiento por medio de ordenanzas y reglamentaciones, en tanto funcionario del poder ejecutivo federal. También, a pesar de las distancias y la escasa población del territorio, el ejército y la Justicia Letrada eran los representantes materiales de un orden que lentamente iba imponiéndose sobre los intereses individuales, rescatando para sí el monopolio de la violencia fundado jurídicamente. Por tanto, la reglamentación de la prostitución y el disciplinamiento de las mujeres de "bajo pueblo" deben entenderse como dos aspectos inscritos dentro del proceso de control de la violencia por parte de los organismos del estado. La violencia física y simbólica, al mismo tiempo que redefinía el género, delineaba una nueva configuración de poder, organizando la vida cotidiana en el marco de una profunda transformación cultural. Se habían establecido, de esta manera, los nuevos parámetros de la relación subordinación-sumisión. Y la violencia con que se ejercía la coacción física se inscribía dentro de los parámetros legales, porque la organización social aparece al mismo tiempo como el producto de la violencia y como su justificación, porque solamente la violencia institucionalizada permite a los dominantes prolongar su dominación.
movimiento propio de una vida en confusión y dispersión: el de huida de sí, y el de buscar algo que le sostenga y aclare. (Así lo enseña al menos María Zambrano). Como alegoría fundamental, la imposibilidad de guardar el secreto y los efectos de una comunicación controlada por la jerarquía. "El travesti no copia: simula, pues no hay norma que invite y magnetice la transformación, que decida la metáfora: es más bien la inexistencia del ser mimado lo que constituye el espacio, la región o el soporte de esa simulación, de esa impostura concertada: aparecer que regula una pulsión goyesca entre la risa y la muerte."1 La autobiografía de Catalina de Erauso gira alrededor de ese sorprendente caso de simulación que fue su propia vida, conversión cosmética de mujer en hombre, fascinación por la máscara, el camuflaje, por desaparecer de un mundo para aparecer en otro, simulacro de una forma y un modelo que oculta al verdadero sujeto, también de un texto cuyas formas están contenidas en otras formas, poética de la obscuridad y del desciframiento constante, de olvidos, silencios y repeticiones, decoración teatral de un mundo que como el barroco está determinado por las leyes de la metamorfosis. La Historia de la Monja Alférez, Doña Catalina de Erauso, escrita por ella misma fue publicada por primera vez en París en 1829 por Joaquín María Ferrer, una segunda edición vería la luz en Barcelona en 1838. En el "Prólogo" comenta haberse servido para su edición del texto de un manuscrito que había pertenecido a su amigo don Felipe Bouza, director del Depósito Hidrográfico de la Marina de Madrid. El manuscrito con el título Vida y sucesos de la Monja Alférez, Doña Catalina de Erauso, doncella natural de San Sebastián, en Guipúzcua, escrito por ella misma había sido copiado a su vez de otro existente en la Real Academia de la Historia, en la colección de Manuscritos de Indias del sabio autor de la Historia del Nuevo Mundo, don Juan Bautista Muñoz, quien al final de su cuaderno declara haberlo copiado en Sevilla, 24 de mayo de 1784, de un tomo perteneciente al poeta y dramaturgo del siglo XVIII Cándido María Trigueros (1737-1801). El conjunto de copistas Ferrer-Bouza-Muñoz y Trigueros provocó una acalorada discusión sobre la paternidad literaria del texto; el comentario sobre la falsificación, defendido por Menéndez Pelayo, 2 no alcanzó sin embargo la discusión histórica sobre la figura de Catalina de Erauso: la edición de Ferrer incluía en un apéndice pruebas documentales irrefutables como la partida de bautismo y numerosos certificados, memoriales, pedimentos, testamentos, cartas o decretos reales que dan fe de la existencia real de nuestro personaje. A la edición de Ferrer se suman los dos manuscritos encontrados por Pedro Rubio Merino 3 en el Archivo Capitular de Sevilla, copiados seguramente por el mismo amanuense pero con diferencias notables con el texto de Ferrer y que presuponen la existencia de una posible fuente común de ambos. El primer manuscrito nos ofrece la primera parte de la autobiografía (la segunda parte menos conocida discurre en Nueva España 4 ) incluidos el regreso a España y el posterior viaje a Roma; el segundo cierra su relato en el capítulo 11, del que sólo se pone el título y el sumario. Como en el diario del primer viaje de Cristóbal Colón, en el texto de Vida y sucesos subyace el original autógrafo de Catalina de Erauso, escritura oscilante que presupone la existencia de una primera persona 5 dialogando 2 En su opinión el texto fue forjado por Cándido María Trigueros "conocido por otras falsificaciones literarias y que tenía cierto talento para ellas. El manuscrito que copió Muñoz en Sevilla y que imprimió Ferrer era suyo y nadie ha vuelto a verle ni se conoce ningún otro. Los anacronismos y errores geográficos de la relación son palpables y todo induce a creer que Trigueros compuso la novela valiéndose de las relaciones impresas en el siglo XVII (dos diversas en la Biblioteca Nacional) y de otros documentos relativos al Perú." 3 Rubio Merino, Pedro: La Monja Alférez Doña Catalina de Erauso. 4 Un manuscrito nos informa que en 1630 el general Miguel de Chazarreta la llevó como alférez a la provincia de Nueva España (el despacho tuvo lugar el 21 de julio); Fray Diego de Sevilla en carta a Don Ignacio de Góngora escribe que en 1645 Catalina de Araujo (entonces Antonio de Araujo) "tenía una requa de mulas en que conducía con unos Negros ropa a diferentes partes"; una relación mexicana informa que ejerciendo el oficio de arriero yendo para Vera Cruz muere en 1650 en Quitlaxtla. 5 El narrador utiliza habitualmente el "pasa" o "parte" de un sitio a otro en los epígrafes de los capítulos, frente a una única sección del capítulo XX en el que aparece "Embarqué i pasé a Cartagena", Vida y sucesos de la Monja Alférez, Edición de Rima de Vallbona, Arizona State University, Tempe, 1992, pág. 115. Utilizaremos ésta edición, la más completa que se conoce hasta el momento, como base de nuestra lectura. Junto al texto aparecen publicados los siguientes apéndices: (1) "Notas finales del manuscrito de Cándido María Trigueros", "Copia de Juan Bautista Muñoz cotejada el 24 de GEMA ARETA MARIGÓ con esa otra distante y tercera que ficcionaliza un discurso, lo reinventa y lo deja completamente abierto. De la interrelación entre verdad y ficción (entre el masculino y el femenino) nacen profundos anacronismos y errores históricos: como la fecha de su nacimiento en 1585 (la partida bautismal indica 1592), 6 la fecha consignada en el título del manuscrito de la Real Academia de la Historia donde se lee Vida i sucesos de la Monja Alférez, o Alférez Catarina, D.a Catarina de Araujo doncella, natural de San Sebastián, provincia de Guipúzcua. Escrita por ella misma en 18 de Septiembre de 1646 volviendo de las Indias a España en el galeón San Josef, Capitán Andrés Otón, en la flota de Nueva España, General D. Juan de Benavides, General de la Armada Tomás de la Raspuru, que llegó a Cádiz en 18 de noviembre de 1646, cuando en el interior y en el capítulo correspondiente se señala la partida para España en el año de 1624. Y por último que el discurso narrativo se extienda dos años más, hasta 1626 en Nápoles. Fue precisamente en 1626 cuando Catalina de Erauso presenta su Pedimento al rey Felipe IV y un memorial ante el Consejo de Indias. En el origen de la escritura del texto, o su relato a terceros, pudiera estar el impulso básico de la gloria y la consiguiente defensa de la fama, propias -como ha señalado Mario Hernández Sánchez-Barba-de la actitud existencial de los cronistas de Indias y de la aparición de "una constante raigal, profunda, y permanente: la polémica, la discusión, el ataque, la corrección de los datos, la crítica de planteamiento, de desarrollo, de protagonismo." 7 Sin embargo, la vida de Catalina de Erauso (y el efecto que ésta tiene sobre los signos) está condicionada fundamentalmente por el hábito de varón con el que además desarrolló su particular inclinación a las armas, motivo por el mayo de 1784"; (2) "Documentos manuscritos de la Real Academia de la Historia de Madrid cotejados con los del Archivo General de Indias"; (3) "Partida bautismal de Doña Catalina de Erauso y otros documentos relativos a la Monja Alférez"; (4) "Testimonio de Gil González Dávila"; (5) "Relaciones: las dos de España de 1625 y la de México de 1653"; (6) Historia General del Reino de Chile, Capítulo XXXVII; (7) "Poesía y Teatro inspirados en algunos momentos de la vida de Catalina de Erauso"; (8) The nun ensign by James Fitzmaurice-Kelly. 6 Rima de Vallbona anota en una lista todos los errores cronológicos que aparecen en el manuscrito con sus respectivas correciones de acuerdo con diferentes documentos históricos, "Introducción", Vida y sucesos..., pág. 14. 7 Hernández Sánchez-Barba, Mario: Historia y Literatura en Hispanoamérica, Valencia, 1978, pág. 32. Catalina de Erauso, Sor Juana Inés de la Cruz y Sor Josefa Francisca del Castillo fueron las tres grandes escritoras autobiográficas del Barroco de Indias, su condición religiosa parece mediatizar la realización de un saber auto-reflexivo, ordenado, disciplinado y jerárquico, que formaba parte de los ejercicios recomendados habitualmente por el confesor. La subversión de este discurso dirigido posee en nuestras escritoras distintas argumentaciones. Teniendo como modelo emblemático la hagiografía cada una de ellas violenta de forma sui generis el diseño de este importante modelo cultural. Tomo LVI, 1, 1999 cual fue a Roma a suplicar a su Santidad el Papa Urbano VIII licencia para que "pudiese andar en traxe de hombre", licencia que también trasladaría al Rey y al Consejo de Indias, junto a "los quinientos pesos de a ocho reales de renta por su vida en las provincias del Perú, en pinsión sobre encomienda de Yndios". Su testimonio aparece por lo tanto complicado con un problema de género y las consecuencias que éste provocó no en ella sino en los otros, esa "rara limpieça con que ha vivido y bibe", preocupación que se recoge en una de las tres relaciones sobre la Monja Alférez que añade Rima de Vallbona a su edición, dos españolas de 1625 y una mexicana de 1653. En la primera de ellas, llamada Relación prodigiosa de las grandes hazañas, y valerosos hechos que vna muger hizo en quarenta años que sirvió a Su Majestad en el Reyno de Chile y otros del Perú, y Nueva España, en ávito de Soldado, y los honrosos oficios militares que tubo armas, sin que fuesse conocida por tal muger, hasta que le fue fuerza descubrirse, leemos lo siguiente: "Y assí en este corto papel apuntaré lo que en el discurso del tiempo que sirvió al rey, Nuestro señor, le sucedió, no pretendiendo en esto minorar su honra (pues es digna de alabança) antes se tajan los discursos que de ella se hizieron a los principios de su ausencia, con que quedan satisfechos sus padres, y manifiesta su honra, pues lo está tan entera como se puede entender de semejante muger, que aviendo sido tan varonil, no avía de torcer por camino frágil con femíneas obras."8 Como recuerda Catalina de Erauso: "Partí de Génova a Roma. Besé el pie a la Sanctidad de Urbano, referíle en breve, i lo mejor que supe, mi vida y corridas, mi sexo, i virginidad: i mostró Su Santidad extrañar tal caso i con afabilidad me concedió licencia para proseguir mi vida en hábito de hombre, encargándome la prosecución honesta en adelante, i la abstinencia en ofender al próximo, temiendo la ulción de Dios sobre su mandamiento, Non occides, i bolvíme." 9 Las aventuras de Catalina de Erauso, "vida y corridas" están enmarcadas por el disfraz de varón, hecho acaecido en el primer capítulo, y la obligación que tuvo de descubrirse como mujer ante el obispo de Guamanga fray Agustín de Carvajal, la revelación del secreto y la confesión del caso ocurridas en el capítulo XX, último en el manuscrito de la Real Academia de la Historia que en la edición de Ferrer fue dividido debido a su extensión en seis capítulos más. Creemos por lo tanto que el auténtico origen del relato de Catalina de Erauso reside en la exposición autobiográ-fica de un proceso selectivo estrictamente determinado por el caso: verdadero origen novelesco de una escritura que intenta esclarecer y determinar su propia leyenda. 10 Además de los dos retratos pictóricos que se conservan de Catalina de Erauso, el realizado por Francisco Crescencio en Italia en 1626 y el pintado por Francisco Pacheco en 1630 en Sevilla, contamos con numerosas descripciones literarias de su figura. En una carta que Pedro del Valle le envía a su amigo Mario Schipano encontramos la siguiente descripción: Aunque ni la fecha, el nombre de su tía, ni el cargo son correctos, podemos asegurar que este hecho marcaría su vida para siempre. Del tormento que para ella supuso este encierro nace su otro yo, también el deseo irrefrenable de "andar i ver mundo", de tomar distancia donde negar un origen y convertir el disfraz en auténtica identidad. La maravilla de las Indias fue edificada sobre una inmensa estrategia seductora, el deseo sería infinitamente más importante que la propia realidad, la ambigüedad de las formas (su amaneramiento, mestizaje, mezcla o heterogeneidad) muestra una escritura cuya exterioridad supone, como ha señalado Eduardo Subirats, el secuestro de la palabra propia, el silencio fundacional "contraparte del nombre instaurado: es la erradicación brutal del referente, del otro, de su nombre y de su realidad comunitaria, espiritual e histórica. Es el silencio que erige el Nuevo Mundo, las Indias Occidentales o América como el continente vacío." 14 El conflicto de la identidad excluyente y represiva bajo la imposición de nombre provoca, hasta su llegada, todo un arte de la descripción durante el siglo XVI; el XVII se abre con la gran utopía hermenéutica del Inca Garcilaso de la Vega, el esclarecimiento filológico como base de la restauración simbólica y social. Del nombre impuesto (y el no-reconocimiento de lo existente) se pasó a la fijación de la memoria histórica oral y restauración de su pasado. Metafóricamente el proyecto literario de Catalina de Erauso parece seguir este mismo proceso, al hábito de monja le sucede el disfraz de varón, el primer oficio de paje y un nuevo nombre en España, Francisco de Loyola. Al hacerse soldado y enrolarse en el ejército de Chile se convierte en el Alférez Alonso Díaz Ramírez de Guzmán, según consta en el Pedimento al Consejo de Indias, Alférez Díaz le llama su hermano Miguel poco antes de morir. En la última parte de su vida pasa a llamarse Antonio de Erauso, con tal nombre termina sus días en la Nueva España. 15 Todos estos nombres, inventados y deseados por ella, se oponen al alias con el que será reconocida a partir de la revelación de su condición de mujer. 14 Subirats, Eduardo: El continente vacío. 15 Fray Diego Rosales dice que mientras anduvo en España se llamó Juan de Arriola y Erauso (Vida y sucesos..., pág. 180); Gil González Dávila dice que en la guerra se llamó Pedro de Oribe (Ibídem, pág. 157). En el testamento de 1611 su padre incluye a Catalina entre sus hijas beneficiadas, en cambio su madre en 1622 la incluye entre sus hijos varones favorecidos ("Prólogo" de José Berruezo a su edición de 1959, Pamplona, Editorial Gómez, pág. 21.) GEMA ARETA MARIGÓ "Parece que el caso se divulgó i era inmenso el concurso que allí acudió sin poderse escusar la entrada a personages, por más que yo lo sentía i Su Ilustrísima también. (...) Corrió la noticia de este suceso por todas las Yndias, i los que antes me vieron i después supieron mis cosas, se maravillaron en todas las Yndias. (...) Entramos en Lima ya de noche, i sin embargo no podíamos valernos de tanta gente curiosa que venía a ver a la Monja Alférez." 16 La imposición de este nombre, curioso híbrido donde se mantiene la raíz religiosa de su transformismo y el único y al parecer excluyente motivo militar de su condición varonil, provoca la memoria de su vida y la consiguiente restitución de su pasado como mujer-hombre. Con quince años, estando en el año del noviciado (en su manuscrito ella niega ser Monja profesa 17 ) tuvo una reyerta "con una Monja profesa llamada D.a Catarina Alizi, que viuda entró i profesó, la qual, que era robusta, i yo muchacha, me maltrató de manos, i yo lo sentí." 18 Como consecuencia de este suceso, que según comenta Fray Diego Rosales en su Historia General del Reino de Chile "vino a cargar una pesadumbre y sentimiento tal, que dexándose llebar de una vehemente tristeza y tentación se salió del Monasterio" 19 buscando refugio en un bosque cercano. "Tiré no sé por dónde, i fui a dar a un castañar que está fuera i cerca, a las espaldas del Convento, i acogíme allí; estuve tres días, trazando i acomodándome i cortando de vestir: corté i híceme de una basquilla de paño azul conque me hallaba, unos calzones de un faldellín verde de perpetuan, que traía debaxo, una ropilla i polainas: el hábito me lo dexé por allí por no ver qué hacer de él. Cortéme el cabello i échelo por allí, i partí la tercera noche, i eché no sé por dónde, i fui colando caminos i pasando lugares por me 16 Vida y sucesos..., págs. 112-113. Sin embargo ella comenta haber esperado dos años y cinco meses que de España llegara "razón bastante de cómo no era yo, ni había sido Monja profesa", manifiesta una negativa explícita a ser encerrada en un convento porque "no tenía yo orden ni religión, i que trataba de volverme a mi patria, donde haría lo que pareciese más convenirme para mi salvación." Fuera o no monja lo cierto fue que supo utilizar hábilmente su pasado eclesiástico para evitar una muerte segura. Catalina de Erauso, perfecta conocedora de la institución eclesiástica, solicita a menudo su amparo y protección. En segundo lugar habría que destacar la ayuda que recibe en varios enfrentamientos de compatriotas vascos. En su versión Catalina al traerle a su tía un breviario de su celda ve en un clavo colgadas las llaves del convento, finge una pequeña indisposición, se retira y regresa a la celda de su tía "tomé allí una tijeras i hilo, i una aguja; tomé unos reales de a ocho que allí estavan, tomé las llaves del convento y salí, i fui abriendo puertas y emparexándolas, i en la última que fue de la calle, dexé mi escapulario, i salí a la calle, sin haverla visto, ni saber por dónde echar, ni adónde ir." Fray Diego Rosales da una versión un tanto distinta, Catalina espera una noche a que su hermana María estuviera en la portería para pedirle las llaves y llevárselas a la priora, huyendo entonces (Ibídem, pág. 180). Tomo LVI, 1, 1999 alexar, i vine a dar a Vitoria que dista de San Sebastián cerca de 20 leguas, a pie i cansada, i sin haver comido más que yerbas que topava por el camino." 20 El primer recorrido la lleva por tierras de Vitoria, Valladolid, Bilbao, San Sebastián, Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, lugar donde se embarca para Indias como grumete en el galeón que dirigía un tío suyo. Hasta entonces ha desempeñado el oficio de paje, ha sido "bien tratada y vestida", sigue robando pequeñas cantidades y ha estado en la cárcel un largo mes. La representación de su modelo masculino ha contado además con dos espectadores de excepción: ni su padre ni su madre han podido reconocerla. De Cartagena de Indias pasa a Panamá (capítulo II) donde abandonando su incipiente carrera militar por la vida civil se convertirá en criado, mayordomo y gestor de la hacienda de Juan de Urquiza, mercader de Trujillo. En el capítulo III (Puerto de Paita, villa de Saña) se inica la secuencia estructural cuya repetición en círculos concéntricos cada vez más amplios dará lugar al último caso. Como si se tratase de una maqueta narrativa Catalina de Erauso lucha y hiere o mata al oponente, se refugia en la Iglesia, es condenada, el señor Obispo intercede por ella (tras la ayuda decisiva de su amo), para mostrar finalmente sus encantos varoniles en los preámbulos y caricias del juego amoroso. En este capítulo su amo decide casarla con su dama, D.a Beatriz de Cárdenas, roso determina su carrera militar en Chile, encontrándose "desacomodada i muy remota de favor", y aunque su amo Diego de Solarte intente persuadirla ella mantiene su "inclinación de andar i ver mundo". En el capítulo VI comienzan los episodios de conquista y colonización de las Indias; Catalina participa en las campañas de Chile y obtiene, al recuperar valerosamente la bandera de su compañía, el título de alférez. Su vida de armas se extiende hasta el capítulo X, aquí se cierra ese gran círculo vital que provocó la imposición de un nombre compuesto, la conjunción de dos formas de vida cuyo deseo armónico se encuentra en la base comunicativa de su acción literaria. Es entonces cuando se refugia en casa de la señora viuda D.a Catarina de Chaves "la más principal i cualificada, según decían, que havía por allí", encubriéndola y negando "totalmente saber del caso" ante el Alcalde que solicita su confesión. 23 Esta segunda ama, por su nombre y su natural pendenciero es una potente imagen especular. Hasta ahora Catalina ha seducido o se ha dejado seducir, para abandonar a su dama cuando llega el momento del compromiso. Es la primera vez que "firme como un roble" se mantiene a su lado, incluso sufrirá tortura en el potro. La afrenta y posterior venganza de D.a Catarina de Chaves contra alguien superior (ser golpeada con un chapín por D.a Francisca de Marmolejo, mujer de D. Pedro de Andrade, sobrino del Conde de Lemos / haberle cortado, o mandado cortar el rostro con una navaja) supone un acto restitutorio de aquella primera reyerta en la que Catalina "fue maltratada de mano, y yo lo sentí" por una monja profesa (y viuda) llamada D.a Catarina Alizi. Frente a su propia huida se encuentra la imagen de D.a Catarina de Chaves en su casa, sentada en el estrado esperando, y su valiente confesión, "Una navaja, i esta mano". Después de matar de una estocada a un mercader de Sevilla en Charcas (capítulo XI) y a un portugués en Piscobamba, ser sentenciada a muerte y salir absuelta de la horca milagrosamente (capítulo XII), Catalina de Erauso volverá a proteger a una mujer en el siguiente capítulo cuando se ve 23 La transición para llegar a este capítulo X se realiza en el capítulo VII, después de matar a su hermano Miguel en el capítulo anterior Catalina huye por el desierto de Chile, cansada y descalza ("lloré y pienso que fue la primera vez") recala en Tucumán donde es acogida por una viuda mestiza muy rica que se empeña en casarla con su única hija "una Negra fea como unos diablos, mui contraria a mi gusto que fue siempre de buenas caras." (Vida y sucesos..., pág. 70) Mientras entretiene a su india se compromete también con la sobrina del Provisor del Obispo D. Antonio de Zerbantes. Al poco tiempo desaparece sin dejar rastro. La vorágine de nombres críticos no tiene ya ningún límite y se corresponde con el que para los demás servirá de soporte de una identidad absolutamente inventada por ellos. Quizás ese fue su gran camuflaje, un apodo que para ella no significaba más que un posible refugio, una muralla donde guarecerse. Tomo LVI, 1, 1999 implicada en la huida de D.a María Dávalos, al ser ésta sorprendida por su marido con el sobrino del obispo. "La casualidad sana y sin malicia con que obré en el caso" lo diferencia absolutamente del anterior, de hecho "aquella mujer se me arrojó huyendo de la muerte, pasándola al Convento con su madre, como ella lo pidió." 24 Este capítulo forma parte de un último bloque de secuencias de capa y espada que termina con la muerte de un hombre en el Cuzco llamado el nuevo Cid (capítulo XVIII) y de un negro y un alguacil en Huancavelica (capítulo XIX). En la reyerta en la que cae el Cid, Catalina es herida de muerte, motivo por el cual le confiesa al Padre Luis Ferrer la declaración de su estado. En el capítulo XX es apresada, no encontrando otro remedio para escapar de la muerte que entregarse al obispo de Guamanga, cuya palabra posee un efecto órfico en el ánimo de esta apasionante mujer: "A la mañana, como a las diez, su Ilustrísima me hizo llevar a su presencia, i me preguntó quién era, i de dónde, hijo de quién y todo el curso de mi vida, i causas i caminos por dónde vine a parar allí, i fue en esto desmenuzando tanto, i mezclando buenos consejos, i los riesgos de la vida i espantos de la muerte i contingencias de ella, i el asombro de la otra, si no me coge bien: procurándome socegar i reducir a quietarme, i arrodillarme a Dios, que yo me puse tamañito, i descúbrome viéndolo tan santo varón y pareciendo estar yo en la presencia de Dios." 25 En su respuesta Catalina de Erauso ofrece una síntesis perfecta del relato de su vida, excluyendo sin embargo el nacimiento del apodo: "Y dígole: Señor, todo esto que he referido a Vuestra Señoría Ilustrísima no es así, la verdad es ésta: que soi muger; que nací en tal parte, hija de fulano i sutana; que me entraron de tal edad en tal Convento con fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito; que tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello; partí allí, i acullá, me embarqué, aporté, trahiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a parar en lo presente i a los pies de Su Señoría Ilustrísima." 26 Ante la rareza del caso ("el más notable en este género que havía oído en su vida") y la imposibildad de creer una palabra de mujer con rostro de hombre, ella misma aconseja "salir de duda Vuestra Ilustrísima por experiencia de Matronas, yo llana estoi." Después del reconocimiento la declaran "virgen intacta, como el día en que nací" y por todas las Indias se divulga el caso, "i era inmenso el concurso que allí acudió sin poderse escusar la entrada a personages, por más que yo lo sentía i su Ilustrísima también. (...) Corrió la noticia de este suceso por todas las Yndias, i los que antes me vieron, i los que antes i después supieron mis cosas, se maravillaron en todas las Yndias." 27 Perdido su anonimato Catalina sufrirá el acoso de la "gente curiosa que venía a ver a la Monja Alférez"; quizá por esto decide regresar a España en 1624, donde sigue escondiéndose y huyendo "del concurso que acudía a verme vestida en hábito de hombre." Sin embargo, Catalina ha sido desde entonces constantemente agasajada por los poderosos, protegida por el Arzobispo de Lima 28 ha visitado y compartido mesa con el Virrey D. Francisco de Borja, Príncipe de Esquilache. En España trata de ocultar su identidad, parte para Roma en 1625 vía Francia, donde tiene lugar ese último suceso que decide su descubrimento oficial, la derrota de una identidad prodigiosa, querida y deseada que pasa a convertirse en mera ficción. "Víneme a Madrid: presentéme ante su Magestad suplicándole me premiase mis servicios, que expresé en un memorial que puse en su mano. Remitióme su Magestad al Consejo de Yndias. 28 Mientras viene de España el certificado de su actual condición religiosa (inexistente según ella misma declara) llegará incluso a poder elegir convento, se le concede licencia para verlos todos "estándome quatro o cinco días en cada uno. Finalmente vine a elegir el de la Santísima Trinidad, que es de Comendadoras de San Bernardo: gran Convento, que sustenta cien Religiosas de velo negro; cincuenta de velo blanco; diez novicias; diez donadas; i diez i seis criadas." Solamente en la Historia General del Reino de Chile de Fray Diego Rosales se insiste desde el principio hasta el fin en la autenticidad de la vocación religiosa de Catalina de Erauso. 29 Su viaje por España comienza en Cádiz, de aquí a Sevilla y a Madrid donde "estuve veinte días sin descubrirme. Allí me prendieron por mandado del Vicario, no sé por qué, i hízome luego soltar el conde de Olivares. Acomodéme allí con el Conde de Xavier que partía para Pamplona, i fui i le asistí cosa de dos meses." (Vida y sucesos..., pág. 118) Desde Pamplona marcha para Roma en 1625 (para celebrar "el año Santo del grande Jubileo") pero pasando el Piamonte y llegando a Turín es acusada de espionaje "me prendieron, quitándome el poco dinero i vestidos que llevaba, i me tuvieron en prisión cinquenta días, al cabo de los quales (...) me soltaron (...) mandándome bolver atrás, so pena de galeras, con que huve de bolverme con mucho trabajo, pobre, a pie, i mendigando." (Ibídem, págs. 118-119) EL BARROCO Y SUS MÁSCARAS: VIDA Y SUCESOS DE LA MONJA ALFÉREZ Tomo LVI, 1, 1999 En su Pedimento ante el Consejo de Indias Catalina vuelve a recordar como pasando por el Piamonte "la prendieron, tiniéndola por espía, y la desbalijaron y quitaron ducientos doblones de oro que llebaba para sus gastos, y cargaron de prisiones, maltratándola también de palabra, y sin duda la mataran si entendieran que hera muger (...)." 30 La singularidad y el prodigio del discurso de su vida concluye ante el Papa Urbano VIII, su licencia para andar disfrazada de hombre y una Roma rendida a sus favores. Ya en Nápoles dos damiselas riéndose con dos mozos la miran y le preguntan: "-Señora Catalina, ¿dónde es el camino? Respondí: -Señora puta, a darles a vuestras Mercedes cien pescosadas i cien cuchilladas a quien lo quisiera defender. Callaron y fuéronse de allí."
El autor pasa revista a dos observaciones hechas sobre las fortificaciones en la región de Jaina que considera incorrectas, puesto que parten de la premisa de que estas construcciones datan del período colonial. Si bien un conocido mapa de las construcciones militares en la isla ha sido utilizado para fecharlas en el siglo XVIII, la información que lo acompaña es apócrifa. En la segunda parte, trata de la antigüedad de las fortificaciones del camino a Jaina, fechadas en los siglos XVII y XVIII; tras sopesar las distintas fechas posibles, concluye que las fortificaciones son, en realidad, posteriores a 1821. como Sisal, Nueva Málaga, Champotón y Lerma. Todas esas obras en su conjunto formaron parte del engranaje defensivo caribeño que la Corona procuró instalar para la salvaguarda de sus territorios de ultramar. En las investigaciones referentes a las obras arquitectónicas realizadas durante los siglos de gobierno novohispano en la actual región mexicana -así como en las otras de América-es necesaria la consulta de diversos archivos en busca de manuscritos y planos que ayuden a los estudiosos en sus tareas. Sin embargo, la falta de la pertinente crítica a las fuentes puede llevar en algunas ocasiones a cometer errores que tergiversen la historia. En el presente artículo se exponen dos casos de falsedades históricas, ambas en la misma región de Jaina, una por lo apócrifo de la información de un plano y la otra por la errada datación de unas obras de campaña. La falta de verificación de estos datos obligaba a ubicar la región mencionada dentro del plano peninsular de emplazamiento militar arquitectónico y a considerar el papel que jugó en la estrategia defensiva peninsular. Hasta el siglo XIX varias partes del litoral yucateco permanecían deshabitadas o con escasa población por las características cenagosas de la costa. Algo semejante aconteció en la región de Jaina, al norte de la ciudad de Campeche, en el sureste mexicano, donde el manglar domina el paraje y sus bajas aguas son las únicas que propician una pequeña playa en toda esa parte de la costa. 4 Sin embargo, un plano existente en el Museo Naval de Madrid acusa la existencia de una obra para la defensa de la isla de Jaina en el siglo XVIII. De igual manera, en el camino que conduce a esa isla existen numerosas barricadas o trincheras, provenientes, según algunos investigadores, de los siglos XVII o XVIII. En el presente artículo se trata de corroborar la veracidad de la información señalada en el plano, así como la presentación de hipótesis en cuanto a la datación de las barricadas localizadas en el camino a la isla. Jaina: geografía e historia La isla de Jaina se localiza a 42 kilómetros al norte de la ciudad de Campeche, capital del estado mexicano del mismo nombre5 (fig. 1). Dicha isla presenta forma un tanto oval, con dimensiones de 1.000 metros de largo por 750 en su parte más ancha. Su superficie se caracteriza por la existencia de montículos prehispánicos, lomas y pequeños bordos de caracoles, concha y arena acumulados por las mareas6 (fig. 2). En el aspecto concerniente a la etapa prehispánica, los montículos y lomas de Jaina corresponden a un centro ceremonial y a zonas habitacionales, cuyo desarrollo puede datarse, de acuerdo a estudios cerámicos, entre el año 300 y el 1000 d.C. El centro del sitio maya se halla enclavado casi en la parte media de la isla, corriendo diagonalmente de NO a SE; quedando prácticamente limitado hacia el norte por un estrecho canal llamado Zacpool, mientras que hacia el SE se encuentra bordeado de árboles, yerbas y manglares.7 Fig. 2.-Vista aérea de la isla de Jaina. (Tomado de Piña Chan, 1968) La elevación que presenta el terreno sobre el nivel del mar en comparación con lo bajo de la costa es indicio de que la isla fue construida en su mayoría artificialmente, lo que se corrobora por la constitución de su suelo. 8 En dirección a la parte central de Jaina corre un angosto canal, ya antes mencionado, por donde desaguan hacia el mar las aguas de las lluvias estacionales, aunque en la actualidad está muy azolvado. Ese canal fue llamado por el viajero e investigador Desiré Charney "río Zacpool", y posteriormente por Hubert Bancroft "río de Jaina". 9 La zona costera que queda frente a la isla es una franja caliza cubierta de manglares, pantanos salinos y bajos de marea, en donde la escasa tierra vegetal se ha convertido en lodo. A dos kilómetros tierra adentro este panorama se convierte en un denso monte, conformado por un suelo de tierra roja 10 (fig. 3). El mar es sumamente bajo en varios kilómetros frente a Jaina y las mareas extremosas, especialmente en los meses de noviembre a febrero, por lo que el agua cubre todas las partes bajas de la isla y penetra hasta el interior de la costa, o se retira mar adentro, a veces hasta una distancia de 500 metros, dejando al descubierto suelo fangoso y bancos de arena que la circundan. 11 En 1766, el ingeniero Juan de Dios González apuntaba que las características de la región hacían impracticable el desembarco enemigo para invadir la provincia, aunque señalaba que los caminos que se estaban abriendo por algunas personas para sacar maderas pudiesen a la vez utilizarse como puertas y facilitar la penetración foránea. 12 En 1843 se tienen las primeras noticias de la isla, al publicar B.M. Norman las impresiones de su viaje a Yucatán y Campeche, apuntando que a tres leguas hacia el norte de la ciudad de Campeche existía una pequeña península llamada Jaina. Asimismo y haciendo uso de las notas de Norman, en 1883 Bancroft señalaba que en la desembocadura del "río de Jaina" existía un montículo con cerámica y puntas de lanza en su superficie. 12 Reconocimiento y estado de la Provincia de Yucatán, por el ingeniero Juan de Dios González, en Campeche a 18 de febrero de 1766. Servicio Histórico Militar (en adelante, SHM), Yucatán 5-3-9-9. En 1886, Desiré Charney, en las memorias sobre su viaje y exploración arqueológica en Jaina, apuntaba lo siguiente: "La isla... tiene tres kilómetros de largo por 800 metros de ancho poco más o menos y está separada de la tierra firme por un canal de 80 a 100 metros de latitud, que se seca cuando baja la marea, y en el cual desarrolla un arroyo llamado Sacpool, o sea cabeza blanca, porque el agua corre sobre un lecho calcáreo blanco". 14 En 1924, Sylvanus Morley y O. Rickertson realizaron una breve visita al sitio, con el fin de estudiar las estelas mayas allí localizadas. Posteriormente, las exploraciones arqueológicas han sido emprendidas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México. Así, a partir de la década de los cuarenta se han llevado a cabo trabajos por parte de Pavón Abreu, Moedano, Fernández, Quintana Bello, Ruz Lhuiller, Piña Chan, Cook de Leonard, Sáenz,15 Benavides, etc. Por lo que se refiere a las costas aledañas a la isla cabe señalar que en 1955 E.M. Shook realizó un reconocimiento costero desde Campeche hasta Sisal; en 1968 J.D. Eaton realizó otro reconocimiento de las costas oeste y norte de la península, y en 1976 y 1977 el arqueólogo A. Andrews realizó un reconocimiento de toda la costa norte de Campeche.16 Arquitectura defensiva de Jaina o lo apócrifo de un plano Los vestigios e investigaciones arqueológicas desarrolladas en Jaina y costas cercanas sirven de premisa para tratar a continuación el primer punto de este artículo: la obra defensiva colonial de la isla. Un plano anónimo, según Antochiw proveniente tal vez de la segunda mitad del siglo XVIII y conservado en el Museo Naval de Madrid, lleva por título "Puesto de Jayna, de las baterías de campaña construidas en aquel destino, playas continuas y desembocadura de su río con expresión de su sonda"17 (fig. 4). Al caso, y contradiciendo al texto inscrito en el documento gráfico, el antropólogo Antochiw señala que el plano muestra las obras militares construidas no en la isla, sino enfrente de la misma. 18 En contraposición, el investigador Ortiz Lanz es de la opinión de la existencia de la obra Fig. 4.-Plano del puesto de Jaina, sin fecha. (Tomado de Antochiw, 1994) en Jaina, tal como se indica en el plano, señalando que debió haber sido construida con posterioridad a 1766, pues Juan de Dios González no la menciona en su relación de ese año. 19 El interrogante que presenta este plano es la autenticidad de la información en él plasmada. El autor anónimo dibujó una batería capaz de 12 cañones, protegiendo la costa de la erosión con la acumulación de piedras que forman una especie de escollera. Atravesando el ancho de la isla se señala un parapeto o muro que presenta troneras en la parte triangular y rectangular, en una especie de baluarte que queda exactamente en medio de la isla (fig. 5). Según la distribución espacial de las obras, el posible ataque era de esperarse que ocurriera por el costado norte de Jaina. 20 Cabe señalar que las obras indicadas en el plano anónimo no fueron reportadas en el reconocimiento de González en 1766, 21 ni en el de Gabriel Muñoz del año siguiente. 22 Lo mismo sucede en el plan de defensa para la plaza y provincia elaborado por Agustín Crame en 1779, 23 y en la descripción de la costa peninsular realizada por Miguel Molas en 1817. 24 Y aún más, en el plan de ataque e invasión a la provincia elaborado entre 1828 y 1829 por José Gora, para la reconquista de Yucatán por parte de España, no encontramos noticias de aquella defensa a pesar de que esa invasión se iniciaría con el desembarco de tropas por Jaina y Lerma. 25 Gora únicamente señalaba para esos años la existencia de un cañón en la isla, localizado en lo alto de uno de los montículos prehispánicos, instalado por los habitantes de la población más cercana. 26 El 15 de abril de 1845, el señor Cristóbal de Espínola, basándose en la cláusula cuarta del artículo primero de la ley emitida diez días antes, referente a la adquisición de tierras vendibles o enajenables, intentó adquirir en propiedad el terreno que ocupaba el rancho de Luis Aguilar, sito entre 19 Ortiz Lanz: Piedras ante el mar..., pag.97. 20 Este autor opina que la defensa consistía en una serie de "albarradas continuas que se ajustaban a la topografía tan variable de la isla". 21 Reconocimiento y estado de la Provincia... 22 Descripción de la costa de Yucatán desde Cabo Catoche hasta la Laguna de Términos. 23 Plan de defensa de la Plaza y Provincia de Campeche, hecho de orden del rey por el brigadier de Infantería Don Agustín Crame, de acuerdo con el coronel Don Roberto Ribas, gobernador y capitán general interino de dicha Provincia. 24 Molas, Miguel: "Derrotero de la Península de Yucatán, de todas sus costas e islas, bajos, puertos y arrecifes, trabajado por la práctica, experiencia y cumplido conocimiento de Don Miguel Molas, en el año de 1817", Registro Yucateco, tomo 1, Mérida, 1845, págs. 115-124. 25 Anuario de Estudios Americanos los dos que Espínola poseía en Jaina. En su solicitud, Espínola remitió a las autoridades un "exactísimo plano" que comprendía las "mil ciento noventa y tres y media varas de largo y setecientos treinta y siete y media varas de ancho, en donde se hallan cuatro ranchos de pesquería, pertenecientes a los ciudadanos Anastasio Carcaño, Ygnacio Medina, Luis Aguilar" y al propio Espínola, así como los montículos prehispánicos27 (fig. 6). El autor no indica la presencia de ninguna obra defensiva ni de la vigía instalada en 1833. De esta última se desconoce el tiempo que perduró, pero no es difícil que en lugar de la torre de la atalaya se haya aprovechado la altura de alguno de los cerros prehispánicos para realizar la vigilancia. De tal forma, la defensa arquitectónica de Jaina no fue reportada por ninguno de los viajeros del siglo pasado, ni tampoco por los especialistas que han desarrollado trabajos arqueológicos en la presente centuria en aquel sitio prehispánico. Presuponemos que la costa de barlovento de Campeche quedó sin vigilancia durante la colonia hasta que se mandó instalar una vigía en aquella isla en 1808,28 la cual permanecería poco tiempo, puesto que en 1833 de nueva cuenta se ordenó la existencia de una atalaya en la isla. En ese año se consideró que "habiendo tenido por conveniente esta comandancia general establecer una vigía en el punto de Jaina, le confirió este destino al sargento primero de la extinguida división de tiradores Gregorio Balverde, desde el 2 de febrero pasado, con sólo la paga de cinco pesos mensuales que disfruta por su empleo militar". Poco después el vigía estaba disconforme con su situación, pues a cinco meses de estar en el empleo no había recibido el salario estipulado. 29 Los datos expuestos hasta ahora apuntan hacia lo apócrifo de la información mencionada en el plano de las obras militares de Jaina, lo que se complementa con los resultados del recorrido que en la isla y costa cercana realizó en mayo de 1996 el arqueólogo Antonio Benavides Castillo, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Campeche, con intenciones de verificar en el campo los datos del documento del siglo XVIII, así como lo opinado por Antochiw. El resultado fue negativo, por lo cual Benavides considera improbable la existencia de esa estructura militar en las cercanías a la isla -en contraposición a lo señalado por Antochiw-, indicando que, en su opinión, el dibujante anónimo tal vez se dejó llevar por las formas de las estructuras prehispánicas del complejo Zayosal, que en cierta manera recuerda la especie de baluarte señalado en el plano (fig. 2). Asimismo indica que, por la desigualdad plasmada en el plano anónimo y en el levantamiento reciente de la isla, hay que tomar en consideración la probable variación morfológica a causa de las erosiones ocasionadas por el mar a través del tiempo. 30 Por nuestra parte, en agosto de 1996 el autor de este artículo y otros investigadores intentamos, sin saber de las averiguaciones de Benavides Castillo, corroborar los datos del plano citado, para lo cual se recorrió parte de la costa cercana a la isla y se realizaron diversas entrevistas entre la población que vive en el pueblo de Pomuch y en la hacienda Sodzil para indagar respecto a la probable existencia de alguna estructura colonial en la costa o cercana a ella; en ambos casos los resultados fueron negativos, llegando por consiguiente a la consideración de lo apócrifo del plano del puesto militar de Jaina. Es difícil que los muros y la "batería de campaña" se hayan pensado realizar en la isla por lo lejano de alguna población, lo que imposibilitaría el envío de ayuda en caso necesario. Es más factible que el propio anonimato del autor ayude a pensar que -tal como señala Benavides-sea una inspiración con base en las obras prehispánicas existentes. Por otro lado, a pesar de que el texto del plano indica que las obras ya habían sido edificadas, no hay que descartar que la manufactura del documento gráfico haya sido con intenciones de engañar a la Corona referente al celo que las autoridades provinciales ponían en la defensa de la península. Las trincheras del camino a Jaina El segundo punto a tratar en este artículo se deriva de las pesquisas realizadas en la región cercana a Jaina, y se refiere a la serie de barricadas que se localizan a la vera del camino que conduce a esa isla. 30 Benavides Castillo, Antonio: comunicación personal. Este arqueólogo recorrió la isla y las costas cercanas en busca de vestigios de las obras militares, en el marco de la elaboración de un proyecto arqueológico a desarrollar en Jaina. Por su parte, Ortiz Lanz, Piedras ante el mar..., pág. 97, indica que la obra militar fue construida con piedras provenientes de las antiguas edificaciones mayas, por lo que concluye que es posible "que subsistan sus restos confundidos con los muros prehispánicos". Tomo LVI, 1, 1999 Sobre estas construcciones ya se tenían referencias por comunicaciones personales y posteriormente por una publicación de los arqueólogos Barrera Rubio y Leyba, quienes señalan que las construcciones están dispuestas regularmente en filas, constituyendo una vía fortificada, de manera similar a las reportadas en Ixil, 31 y otras de la costa del norte peninsular. 32 Añaden que, aunque no hicieron un estudio detallado de aquellas obras, por sus características y factura ubican el momento constructivo entre los siglos XVII y XVIII, teniendo como finalidad evitar la penetración de los piratas tierra adentro y proteger el camino real que unía Mérida con Campeche. 33 Por nuestra parte, hemos realizado una investigación de campo y sobre todo documental un tanto más profunda, sin por ello omitir que la región merece un mejor reconocimiento visual y topográfico para tener una comprensión más lúcida. 34 En el kilómetro 9 del camino rumbo a la costa, después de la hacienda Sodzil, se comienzan a observar una serie de parapetos, localizados a unos 100 metros a la derecha del camino. Se agrupan en número de tres, y sus alturas son de aproximadamente un metro por 1,20 de ancho y algunas de 2,50 metros de largo, y con orientaciones diversas y en alguna ocasión tratando de cubrir una mayor área por su distribución semicircular. Poco más adelante se encuentra otro grupo de dimensiones similares, variando únicamente su longitud ya que este parapeto es de 5 metros de largo (fig. 7). Avanzando unos 300 metros más hacia la costa comienzan otras estructuras, llegando a contabilizarse más de 40 parapetos de variadas dimensiones, ubicación y forma en aproximadamente un kilómetro cuadrado. 35 La factura de estas trincheras coincide con las llamadas "de piedra suelta" reportadas en Yucatán desde los inicios de la colonia, teniendo pruebas materiales de otras similares para el siglo XVIII y de parapetos con tales rasgos para la guerra de castas (1847-1901). Por lo tanto, su condición de obras pétreas sin aglutinante no puede ser considerada como rasgo de datación, ni tampoco es válido señalar dos siglos de tentativa temporalidad 31 Barrera Rubio, Alfredo, y Miguel Leyba: "Las trincheras: un sistema colonial de defensa de la costa norte de Yucatán", Cuadernos de Arquitectura Virreinal, n.o 14, México, 1994, pág. 53. 32 Al caso, consúltese Victoria Ojeda, Jorge: Mérida de Yucatán de las Indias. 33 Barrera Rubio y Leyba: "Las trincheras...", pág. 53. 34 El recorrido de campo se realizó en compañía de los historiadores Jorge Canto Alcocer, Esteban Poot Quintal y Carlos Pérez y Pérez. 35 Cabe señalar que en aquellos meses se estaba reparando el camino a Jaina y los trabajadores provenientes de la hacienda Chuncaná tomaban parte de las piedras de esos parapetos para romper y utilizar en el relleno. JORGE VICTORIA OJEDA Fig. 7.-Croquis de los parapetos del camino a Jaina, Campeche constructiva, tal como apuntan Barrera y Leyba. En cuanto a sus características tácticas como defensas a la vera del camino, al igual que las llamadas trincheras de los accesos a Mérida, son concordantes, pues era de esperar que el enemigo llegase por esa vía. Pero, si por características se entiende su conformación morfológica y distribución espacial, éstas no son similares a aquéllas como señalan los mentados arqueólogos. Otro punto de interés es la existencia de parapetos pequeños de un metro de altura por un metro de ancho, y a discordancia de las trincheras de piedra suelta de Ixil, ninguno de los muros presenta piedras verticales que hagan las veces de troneras. Para el entendimiento de las diversas formas que presentan estas obras hay que considerar los tipos de armas y su utilización tanto por los invasores como por los defensores, no sólo en cuanto a fusiles sino también de cañones. A las barricadas o trincheras del camino a Jaina se les ha atribuido una temporalidad constructiva bastante amplia, sobre todo si consideramos que el llamado "período colonial" en México duró 300 años. Por nuestra parte nos abocamos a estudiar la región desde tiempos coloniales, la cual aparece como despoblada y descuidada por las autoridades españolas o novohispanas, debido quizás a las características del litoral norte de Campeche donde los manglares y la escasez de playa son dominantes. En todo ese lapso no se consideró motivo u opción que justificase la construcción de los parapetos, sino hasta la primera mitad del siglo XIX, proponiendo como temporalidad constructiva el lapso de 1828 a 1843. Hipótesis en cuanto a la datación de las trincheras del camino a Jaina Por el abandono que presentó la región en el rubro de la custodia hasta 1833 parece poco probable el levantamiento de los parapetos, situados tierra adentro, en tiempos en que no se contaba con algún punto costero que mandase los avisos consecuentes para el envío de tropas. Sin embargo, el inicio de la temporalidad propuesta se basa en los mandatos emitidos en cuanto al cierre de caminos a la costa para evitar una probable invasión. La fecha terminal de la temporalidad propuesta se debe a que después de la agresión a Yucatán procedente del centro de México, efectuada en 1843, no se halló en la documentación posterior a ese año elementos significativos de probable invasión que justifiquen la construcción. Hipótesis A: En los años de 1828 y 1829 se vivió en la península una situación de temor ante la probable invasión española desde Cuba, en sus intentos de reconquista. 36 En prevención de ello las autoridades yucatecas mandaron cerrar u obstaculizar los caminos de la costa. 37 Para esos años, en Jaina debieron de persistir algunos ranchos pesqueros que fueron señalados por Molas en 1817 y que posteriormente indicaba Espínola en 1845. La consideración de la isla como único punto de posible desembarque en toda la costa norte de Campeche pudo influir para la construcción de los parapetos. Hipótesis B: En 1838, debido al conflicto de México con Francia, se ordenó el reforzamiento de la seguridad de la costa peninsular. Así, el 8 de noviembre de ese año Basilio Ramírez, prefecto del distrito de Mérida, señalaba al gobernador lo siguiente: "He repetido sus órdenes para que en las vigías y pueblos fronterizos se tenga el mayor cuidado y vigilancia, dando avisos continuos, así los jueces de paz como los vigías de cuanto buque se aviste, sus maniobras y demás que ocurran para evitar toda sorpresa. Tengo la satisfacción de participar a Vuestra Excelencia que se hayan ya obstruidos todos los caminos, del mismo modo que fueron cerrados en los años de 1828 y 1829, a cuya operación violenta concurrieron muy gustosos todos los pueblos inmediatos a la costa". 38 La vigía instalada en Jaina en 1833 pudo complementar la seguridad de esa parte del litoral en el caso de 1828-29, o bien ser una especie de parteaguas, en el caso de que las obras en cuestión se hayan realizado en 1838. Hipótesis C: Ésta es tal vez la más sustentable y cierra el corto lapso que proponemos para la erección de los parapetos del camino a Jaina. En tal caso, la información recopilada indica que en marzo de 1843 se realizó una expedición mexicana hacia tierras yucatecas con la intención de invadirlas, integrada por tres vapores, dos bergantines y dos goletas, aunque otros documentos acusan que la flota se componía de once o doce naves, y el total de doce mil militares. 39 36 Al caso, ver Sosa Rodríguez: Proyectos de invasión..., y Victoria Ojeda: "Planes de reconquista del Yucatán independiente: el proyecto de Manuel de Mediavilla", Revista Complutense de Historia de América, n.o 22, Madrid, 1996, págs. 275-285. 37 De esas tropas, 600 u 800 milicianos desembarcaron en Celestún, al norte de Jaina, teniendo avanzadas hacia diferentes lados de la costa. Ante tales noticias, en el puerto de Sisal se tomó la precaución de reforzar las armas del reducto de Santiago y construir merlones a la batería baja existente. Mientras tanto, en la ciudad de Campeche se había erigido una trinchera en el barrio de San Román, pensando en el acoso por Lerma, tal como sucedió. Poco después del mes de septiembre se corría la noticia de que 300 hombres habían desembarcado en Telchac, al noreste de Mérida, y en las cercanías del propio Sisal, sito al noroeste, intenciones de tomarlo por la retaguardia. 40 Entre toda esa problemática, que giraba en torno a la región de Campeche hasta Telchac, teniendo como punto álgido Sisal, se informaba a don José de Cárdenas, secretario de marina, que el 17 de marzo de 1843 hallábanse fondeados frente a la isla de Jaina la mayor parte de los buques enemigos. 41 El gobierno yucateco, previniendo algún intento de invasión por el único punto posible de aquella costa para adentrarse a tierra, tomar el camino real y atacar por la retaguardia a la ciudad capital, pudo mandar erigir las trincheras en cuestión. Ante el acoso a la península, las autoridades respondían de manera determinante en la costrucción de obstáculos y medidas de defensa menores, como son los parapetos. El caso propuesto no sería aislado, ya que se ha señalado cómo se mandaba cerrar caminos, y más tempranamente, el ejemplo de 1807, cuando el entonces gobernador Benito Pérez Valdelomar ordenó al capitán y comandante de artillería, Juan Nepomuceno Rivas, pasar a la Subdelegación de Hunucmá para "cortar y fortificar el paso de la ciénaga para frustrar y dificultar a los enemigos cualquier intento de desembarco". 42 A pesar de presentar tres temporalidades potenciales, consideramos con mayor peso la idea de que esas obras defensivas de la vía a la isla de Jaina provienen de esta última. Recordemos que José Gora, quien vivió en Yucatán 50 años, en su plan de invasión a la provincia realizado entre 1828 y 1829, proponía como uno de los puntos de inicio de ese movimiento la isla de Jaina, por lo cual debió considerar que el camino estaba libre de obstáculos o, en su defecto, hacer el pertinente señalamiento de la existencia de alguno que, como en el caso de la obra militar de Jaina, pudiese servir a los invasores como bastión después de tomarlo. La ubicación de las obras un tanto lejanas de la costa pudo deberse a la consideración de que ambos bandos utilizarían y tendrían que remolcar cañones. Si la espera fuese en los dos kilómetros antes de la costa donde se reporta suelo firme, o en la propia isla, podría presentarse el problema del abastecimiento, lo cual no ocurriría si se situaban las tropas tierra adentro, más cercanos al camino real. A la par de la participación de las autoridades en la construcción de los parapetos, no hay que perder de vista la intervención de los particulares en la defensa del territorio a través de la historia, 43 y en el presente caso tenemos que la hacienda Sodzil, a escasos kilómetros del inicio de los parapetos, era, en las primeras décadas del siglo XIX, una de las propiedades más valiosas de la región campechana, 44 por lo cual el propietario pudo tener participación en el levantamiento de aquellas trincheras intentando la salvaguarda de sus intereses. En base a lo antes señalado se ha pretendido apuntar y corregir dos datos falsos de la historia defensiva de la península de Yucatán. Como se ha señalado, la inclusión de la defensa de Jaina y de las barricadas para tiempos coloniales obligaba a reconsiderar la estrategia y el emplazamiento militar no sólo en aquella región, sino en toda la antigua provincia. A pesar de que se ha hablado de piratas y fabulosas leyendas de corsarios en torno a la isla, originadas en relatos de viajeros, 45 lo cierto es que Jaina permaneció prácticamente abandonada hasta finales del siglo XVIII. A partir de esa centuria no se descarta la práctica del comercio ilícito entre sus moradores y algunos navegantes, pero sin duda no corresponden a la descripción de los temibles personajes de siglos anteriores. 45 En sus relatos el filibustero inglés William Dampier (1652-1715), apuntaba que para el siglo XVII la isla era ocasionalmente utilizada por los piratas, realizando la observación de la mar desde uno de los cerros existentes: Dampier's Voyages, E.P. Dutton, tomo 1, New York, 1906, págs. 146, 470. Héctor Pérez Martínez: Piraterías en Campeche Siglos XVI, XVII y XVIII, México, 1937, pág. 62, apunta que en 1692 un pirata desembarcó con su gente y permaneció diecinueve días en la isla, en espera de atacar Campeche. Estas citas han sido utilizadas por otros autores, a nuestro juicio de manera exagerada, en sus intentos de señalar la isla como refugio de piratas durante buena parte de la época colonial. ARQUITECTURA MILITAR EN LA REGIÓN DE JAINA, CAMPECHE, MÉXICO Tomo LVI, 1, 1999
Los índices que se incluyen a continuación tratan de aportar la información más útil a los investigadores americanistas. Para ello se ha establecido una división en índices alfabético, geográfico y por materias, además de situar al principio la relación de los artículos publicados en cada número del Anuario de Estudios Americanos durante esa década. Desde 1993, a partir del Tomo L (dividido en números 1 y 2) se ha unificado con la otra Cañedo-Argüelles Fábrega, Teresa: "Integración de las comunidades campesinas en el Perú contemporáneo: ¿supervivenvia o fin?". Cassá, Roberto: "Revisionismo Historiográfico acerca de la independencia dominicana". LI, 2 (1994), págs. 273-300. -y Rodríguez Morell, Genaro: "Consideraciones alternativas acerca de las rebeliones de esclavos en Santo Domingo". Castillero-Calvo, Alfredo: "Niveles de vida y cambio de dieta a fines del período colonial en América". Castillo Meléndez, Francisco: "La Hacienda Municipal indiana: el caso de La Habana y Santiago de Cuba hasta 1700". Conti, Viviana E.: "Articulación económica en los Andes centromeridionales (siglo XIX)". Converso, Félix E.: "Españoles y americanos, agentes de un mercado regional". Gil-Bermejo García, Juana: "La Casa de Alba y América". Girbal de Blacha, Noemí M.: "Estado, modernización azucarera y comportamiento empresario en la Argentina (1876Argentina ( -1914)). Expansión y concentración de una economía regional". Glave, Luis Miguel: "Tambos y caminos andinos en la formación del mercado interno colonial". Gómez, Carmen y Marchena, Juan: "Los señores de la guerra en la conquista". Otte, Enrique: "Los mercaderes transatlánticos bajo Carlos V". Palop Martínez, Josefina: "Territorio y sociedad entre los Cayapas del siglo XVI". Paute, Jean-Pierre: "Música y sociedad esclavista en Cuba". Peire, Jaime: "La manipulación de los capítulos provinciales, las élites, y el imaginario sociopolítico colonial tardío". L,1 (1993), págs. 11-54. -ver Santamaría, Daniel J. Pérez Guzmán, Francisco: "Modo de vida de esclavos en las fortificaciones de Cuba: siglo XVIII". Pérez-Prendes y Muñoz de Arraco, J.M.: "La revista El Abolicionista (1865-1876) en la génesis de la abolición de la esclavitud en las Antillas españolas".
Este nuevo e interesante estudio sobre el'98 es el resultado de la reunión de destacados especialistas europeos y americanos en el Encuentro internacional interdisciplinario organizado, en junio de 1997, por la Sec- en los que sobresalen los elementos de convulsión, desequilibrio y frustración inherentes a las sociedades coloniales y las estrategias de las "metrópolis" tradicionales y modernas para encauzar su poder. Este segundo aspecto es abordado por Arcadio Díaz Quiñones en su artículo sobre lo hispanoamericano y el cánon literario del español (la Historia de la poesía hispanoamericana de Menéndez Pelayo) como un modo de "regenerar" el viejo imperio. En la opinión de Díaz Quiñones, Menéndez Pelayo decidió articular un metarrelato que determinara el sentido y el lugar apropiados de España en la modernidad como centro de lo "hispanoamericano", lo que le llevaría a la incoherencia de valorar las distintas tradiciones americanas locales, pero reservando el lugar central a la antigua metrópoli. En desacuerdo con la "noción totalizadora" de la obra de Menéndez Pelayo, Díaz Quiñones aboga por las visiones más "alternativas" de Hispanoamérica de autores como Betances, Hostos, Martí o Brau para optar por el análisis de la distintas apropiaciones de lo español en América evitando la hispanofilia y la hispanofobia. Sobre las estrategias de Estados Unidos y los cambios provocados por el 98, Reinhard R. Doerries defiende la continuidad del proceso marcado por el carácter expansionista de aquel país, activado frente a las amenazas europeas (en el Pacífico, por ejemplo), que dio lugar a un 98 con causas y consecuencias muy profundas, anunciando incluso la guerra de 1914 en las fricciones entre Estados Unidos y Alemania. Doerries señala que, en definitiva, el 98 no tuvo sólo impacto en las sociedades centroamericanas y caribeñas, sino que fue el año a partir del cual se afirmó la política exterior de Estados Unidos, abandonando la moderación y lanzándose a una política intervencionista que seguirá durante todo el siglo XX. El trabajo de Ralph Dietl se centra en las corrientes ideológicas que imperaron en los gobiernos de Estados Unidos entre 1898 y 1917: una política exterior hemisférica frente a otra de mayor equilibrio y aislamiento. El tercer artículo de este apartado está firmado por Thomas Schoonover y parte de la comparación de la "curiosidad" colombina en las postrimerías del siglo XV y la irrupción de Estados Unidos en el Caribe y en el istmo centroamericano (sustitución de Colón por el Tío Sam) para controlar la ruta al Pacífico, verdadero objetivo de la guerra contra España. Schoonover señala la lenta erosión de las soberanías del Caribe y de los estados ístmicos antes de 1898 y sobre todo a partir de 1903 (canal de Panamá), en que la hegemonía de Estados Unidos en el hemisferio occidental fue un hecho indiscutible. Sobre esta base analiza Ragnhild Fiebig-von Hase las crisis venezolanas del tránsito de siglo (1895-1896 y 1902-1903), que supusieron el enfrenta-miento de las potencias europeas con Estados Unidos. Para este autor, aunque la guerra del 98 fue el acontecimiento más espectacular de este período de cambios de relaciones transatlánticas de dominio "el concurso de poder se decidió en Venezuela", trascendencia de la segunda crisis venezolana que no es unánime entre los historiadores. Las críticas del cubano José Martí a la singular visión panamericana de Estados Unidos basada en el poderío económico, su rechazo al propio concepto del panamericanismo y la diferenciación entre dos Américas, la anglosajona y la hispana, son analizadas por el historiador checo Josef Opatrny a través de los artículos que Martí escribió sobre el Congreso Panamericano de Washington (1889) y en el ensayo "Nuestra América". El trabajo de Joan Casanovas Codina se centra, siguiendo su línea investigadora, en los trabajadores urbanos y la política laboral española en Cuba desde la paz del Zanjón a la guerra de Independencia, señalando los cambios producidos por la abolición de la esclavitud, la proliferación de las asociaciones de trabajadores, la agudización de la lucha sindical y la contribución del movimiento obrero a la causa separatista. El artículo de Elena Hernández Sandoica examina la Cuba intersecular y los factores de cambio (políticos, administrativos, sociales, culturales, económicos), a su juicio menos tenidos en cuenta por la reciente historiografía española y cubana en el análisis complejo de una "transición" de efectos duraderos y enquistados; cambios llenos de elementos continuistas que convergieron en el modelo social "blanco y de clase media". La autora señala la importancia de la presencia española desde 1898 y el alcance de ésta en la construcción de la nacionalidad cubana desde posturas como la de Fernando Ortiz, que apostó por una "afinidad cultural" frente al panhispanismo imperante en la época. El apartado sobre Puerto Rico arranca con la opinión de la politóloga alemana Ute Guthunz de que 1898 supuso para esta isla "un cambio dentro de la continuidad", porque ambos elementos estuvieron presentes en el tránsito de colonia a gobierno autónomo y en la vuelta a una nueva forma de colonia. Guthunz explica su punto de vista a través del análisis de los "giros" culturales (americanización educativa), de las relaciones comerciales, la política gubernativa y las administraciones locales, los sistemas de propiedad agraria, la demografía, etc., aludiendo a cierta incoherencia de la política estadounidense. El artículo de Wolfang Binder se centra en las figuras de Luis Muñoz Marín y José de Diego y sus reacciones extremas al incuestionable hecho doloroso que supuso para ambos 1898: Muñoz Marín desde la tristeza, y de Diego con un belicoso hispanismo fundado en una concepción de la raza hispana ajena al elemento africano de los puertorriqueños y cuyo objetivo final era el enfrentamiento con el poder de Estados Unidos. Los tres últimos trabajos abordan el impacto de 1898 en Colombia, Panamá y Haití, áreas donde la influencia estadounidense se acrecentó con la construcción del canal de Panamá como telón de fondo y cuyos procesos son de interés tan incuestionable como ausente su estudio en otros trabajos sobre el 98. Thomas Fischer analiza la "guerra de los mil días" en Colombia (1899Colombia ( -1902) ) como una secuela de los acontecimientos de 1898 y muestra el cambio radical que supuso este conflicto tanto en la política interna como en sus relaciones exteriores, para finalmente transferir a Estados Unidos la concesión de la construcción del canal de Panamá, una vez desgajado este territorio de Colombia. Alfredo Figueroa Navarro se adentra en la historia panameña de 1821 a 1903 desde la óptica de que 1898 supone una ruptura dentro de la continuidad, explicando algunos cambios muy claros como la concepción de apartheid que se estableció en la "zoneíta" (la zona del canal) y que generó formas de discriminación racial en el país, cambios, en general, irreversibles que diferenciaron a la sociedad emergente respecto del Panamá decimonónico. Finaliza el libro con el artículo de Walther L. Bernecker sobre la consideración negativa que le merece la ocupación estadounidense de Haití en 1915 y durante casi veinte años, al cobrar este territorio valor estratégico tras la apertura del canal de Panamá. El autor trata tanto de la estrategia norteamericana diseñada desde 1898 con respecto a este área, como de las causas de la intervención en Haití (económicas o político-militares según distintas historiografías) y su fracasado proyecto modernizador que, con un barniz de estabilidad política, agudizó problemas estructurales. Esta obra es un buen ejemplo de que, a veces, el recuerdo de ciertos acontecimientos históricos sirve para aglutinar estudios metodológicamente diversos que, al ahondar en procesos comunes, ofrecen una visión más amplia del tema abordado.-M.a DOLORES GONZÁLEZ-RIPOLL. Cuenca Toribio, José Manuel, y Soledad Miranda García: El poder y sus hombres: ¿por quiénes hemos sido gobernados los españoles?. Con esta voluminosa obra culminan sus autores, al menos por el momento, toda una serie de investigaciones acerca de los hombres que han RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos tenido en sus manos el gobierno ministerial de España desde los tiempos de Felipe V. Tales estudios, que alcanzan la docena, empezaron a ver la luz en 1987 en distintas publicaciones científicas, especialmente la Revista de Estudios Políticos y el Anuario Jurídico y Económico Escurialense, sin olvidar el Bulletin Hispanique, donde apareció su valiosa "Sociología ministerial del siglo XVIII". Ahora, esos trabajos han sido integrados en una exposición conjunta y coordinada que cubre, tanto en el estudio introductorio, como en la relación alfabética de ministros, casi trescientos años. En esa "Prosopografía" figuran 1.188 individuos, de los que se ha procurado indicar títulos nobiliarios, datos de nacimiento y muerte, adscripción social, ocupación paterna, estudios cursados en los tres niveles de enseñanza, titulación académica, profesión, carrera profesional, cursus político administrativo, períodos en que ejerció como parlamentario, etapas o reinados en que fue ministro y ministerios concretos que desempeñó, con indicación de las fechas de ingreso y cese. A partir de este cúmulo de datos, los autores proyectan, para un futuro que suponemos próximo, la confección de un "Diccionario biográfico ministerial". Por el momento, sin embargo, nos adelantan este magnífico fichero del que los estudiosos podrán sacar indudable provecho. Cuenca y Miranda llevan a cabo una amplia y sistemática explotación estadística de esos datos en un estudio introductorio de 300 páginas, con abundantes tablas intercaladas, en el que se contempla desde la edad y procedencia geográfica de los ministros hasta su nivel cultural en determinadas épocas (isabelina, Restauración y franquismo). Para un americanista, el interés se centraría en las cinco docenas de ministros de Indias o de Ultramar que aparecen registrados desde que lo inauguró don Bernardo Tinajero en 1714 (no en 1754, como por errata se dice en págs. 247-248), hasta su lógica extinción en 1900. La cifra de sesenta ministros, en números redondos, en casi dos siglos parece indicar una moderada permanencia de cada titular en el cargo. En realidad, el ritmo de variación resulta mucho más acelerado si se tiene en cuenta que este Ministerio desapareció a finales del siglo XVIII y tuvo una existencia intermitente a lo largo del XIX. Por otra parte, se advierte el contraste entre el XVIII, centuria en la que unos pocos nombres aseguran la continuidad en el gobierno, y el XIX, en el que las frecuentes crisis determinan la fugacidad de los nombramientos. Subraya esta voluntad de permanencia por parte de la Corona el hecho de que, salvo Ensenada, víctima de una conspiración, los otros tres murieron en el ejercicio de su cargo. Es bien conocido además el hecho de que la cartera de Indias fue acumulada con otra u otras, principalmente Marina, pero también Hacienda o Estado. Sólo Gálvez fue ministro exclusivamente de Indias, siendo el cargo dividido a su muerte y luego, en 1790, suprimido por Floridablanca. En el siglo XIX, aparte del restablecimiento de este ministerio por la monarquía de José I, también reapareció brevemente (1812-1815 y 1820-1823) en la España de la Regencia y de Fernando VII, alternándose la denominación de Indias con la de Ultramar. La última etapa de esta institución, ya con el nombre de Ultramar, comienza en 1863 con Gutiérrez de la Concha, quien, como varios de sus sucesores (Cánovas, Maura y Moret, entre otros), alcanzaría la presidencia del Gobierno. Los autores advierten algunas de las peculiaridades de esta cartera: son varias las personas que la ocupan dos o más veces, y son frecuentes en ella los escritores o intelectuales (Balaguer, López de Ayala, Núñez de Arce). También son muy numerosos los individuos nacidos en Ultramar que ocupan este y otros ministerios. En obra de tanto empeño, los autores no han rehuido la posibilidad de definir el origen social de los miembros de la élite ministerial, distinguiendo a los nobles (con títulos antiguos o nuevos) en contraposición de los burgueses, los de clase media y los de clase modesta. Más aún, se han esforzado en proporcionar el perfil del "ministro tipo", perfil cambiante según épocas. Así, llegan a determinar que los ministros del XVIII solían ser nacidos en Madrid o en el País Vasco, en tanto que en el XIX la mayoría eran originarios de alguna de las capitales andaluzas. Después vendría la diversidad de las carreras funcionarial o política, hasta alcanzar el Ministerio y después de haberlo ejercido... Habiendo estudiado con anterioridad la jerarquía eclesiástica de la España contemporánea, el Dr. Cuenca Toribio demuestra en El Poder y sus hombres el dominio alcanzado de la metodología para el estudio de grupos, junto con la voluntad de acometer objetivos cada vez más ambiciosos, noble propósito en el que la Dra. Miranda García colabora con plena eficacia.-LUIS NAVARRO GARCÍA. Gorla, Carlos María: El itinerario de la expedición de Manuel de Pinazo al río Colorado (1770). La Fundación Agrimensor S. Vallejos (FundVALL), de Viedma (Río Negro, Patagonia), ha llevado a cabo en su "Colección de Revisiones Históricas Patagónicas" la edición del presente estudio, en el que un investigador especialmente acreditado por su conocimiento de la historia de la frontera sur de la Argentina, el Dr. Carlos M.a Gorla, da a conocer una de las primeras penetraciones de los exploradores españoles en aquellas dilatadas soledades desde la provincia de Buenos Aires. La expedición de Manuel de Pinazo al frente de ciento sesenta y seis "blandengues" (la tropa que cubría los puestos fronterizos) y milicianos, más trece caciques con doscientos noventa y un indios ("unos con lanzas y otros con bolas potreadoras y sueltas"), tuvo lugar del 1 de octubre al 4 de diciembre de 1770. Como dice el prologuista Raúl C. Rey Balmaceda, "no fue ciertamente notable ni por su duración, ni por las características propias de la empresa, ni por el área recorrida, pues no salió del solar bonaerense, pero merece destacarse porque implicó una "entrada" (en el sentido peninsular del término) en áreas poco holladas por el hombre blanco y porque sus resultados llevaron la paz por varios años a un territorio que poco después y por décadas sería escenario de duros enfrentamientos". Con muy escasos antecedentes -como el viaje del P. Cardiel-, la incursión de Pinazo es esencialmente una expedición militar contra los indios tehuelches, que habían atacado la toldería del cacique Lincon y de la que raptaron a varias mujeres. El cacique solicitó la ayuda del gobernador español, con quien los indios habían concertado una alianza el 20 de mayo del mismo año. Pinazo, estanciero de la Guardia de Luján y sargento mayor de milicias de caballería, con treinta años de experiencia en la frontera, fue enviado por el gobernador Vértiz para poner orden en aquellas comarcas vecinas de la capital. El capitán Juan Antonio Hernández, de Santander, fue el redactor del Diario aquí estudiado. El cuidado principal del Prof. Gorla ha sido el de identificar los topónimos de ese Diario para trazar el itinerario de la expedición, que rebasó hacia el sur Bahía Blanca, alcanzando hasta el río Colorado, y regresó siguiendo en parte el trazado de la costa circunvalando las sierras del Volcán y de Tandil. En el potrero situado en la cumbre de la sierra del Volcán tuvo lugar el 15 de noviembre el ataque a los indios enemigos allí apostados, causán-doles ciento dos bajas y apoderándose de varias indias y cuatro mil animales entre yeguas y potros. Ocho días después, en la sierra de Cuello (que debería ser del Caballo), Pinazo hizo dar muerte a otros cuatro indios considerados traidores. El 29 de noviembre los de la expedición, españoles e indios, destrozaron otra toldería asaltada por sorpresa. Con esto se cumplían los objetivos previstos por el gobernador. La identificación rigurosa de cada lugar o accidente geográfico ha precisado el manejo de gran cantidad de otras fuentes narrativas o de otro tipo, y de seis mapas de la provincia de Buenos Aires y de la Pampa datados entre 1786 y 1877, que aparecen reproducidos en el libro. Se añaden otros dos que plasman el viaje de Pinazo según el Diario de Hernández, permitiendo la mejor comprensión del avance del conocimiento geográfico que de aquél se derivó. Hubiera sido deseable que, como Apéndice, para mejor disfrute de este trabajo, se hubiera reproducido el Diario de Hernández, que figura en la Colección de Pedro de Angelis, permitiendo la lectura continuada de su texto paralelamente a la de cada una de las disquisiciones a que dan lugar sus innumerables referencias. Aun sin esto, la minuciosa labor del Dr. Gorla constituye un modelo de aproximación a una fuente narrativa y una aportación indudable a la historia del conocimiento y apropiación de la Pampa desde Buenos Aires.-LUIS NAVARRO GARCÍA. Hausberger, Bernd: La Nueva España y sus metales preciosos. La industria minera colonial a través de los libros de cargo y data de la Real Hacienda, 1761-1767. Vervuert Verlag-Iberoamericana, Frankfurt am Main-Madrid, 1997, 323 págs., mapa, gráficas, cuadros, apéndices y bibliografía. El título ya pone de relieve el ámbito espacial y cronológico en que se centra el trabajo, así como la amplia temática que trata de abordar. Nada más y nada menos que la industria minera colonial. La concreción del tema la establece, sin embargo, la fuente en que el mismo se basa, también reflejada en el título: los libros de cargo y data de diez Cajas Reales de la Nueva España (Bolaños, Durango, Guadalajara, Guanajuato, México, Pachuca, San Luis Potosí, Sombrerete, Zacatecas y Zimapán) y, más en concreto, los ingresos en concepto del diezmo de plata y oro. A partir del análisis cuantitativo de este ramo fiscal en un período de siete años, el Anuario de Estudios Americanos autor pretende reconstruir las estructuras de la industria minera novohispana, considerando que el análisis del copioso material compilado y el repertorio estadístico ofrecido permiten alcanzar una visión general de la situación de la minería mexicana. A pesar de la modestia con que presenta su estudio, aludiendo a las posibles deficiencias de su análisis cuantitativo, enseguida se aprecia el inmenso esfuerzo que le ha debido requerir el organizar e interpretar la amplia y compleja documentación fiscal en que el mismo se apoya. No cabe duda de que, tal como él apunta, la aplicación de métodos de análisis más sofisticados a un conjunto de datos que carecen de exactitud matemática no hubieran brindado unos resultados mejores que los que él ha obtenido mediante la combinación del análisis cuantitativo y cualitativo. Realmente Hausberger cumple con creces el doble objetivo que se había marcado. Logra, por una parte, poner claramente de manifiesto el potencial informativo que encierran los libros de cargo y data, merced a la elaboración de numerosos cuadros estadísticos y gráficas que incluyen datos sobre diferentes aspectos de la industria minera, como las diferentes tecnologías, la producción de las distintas zonas y reales de minas y los movimientos estacionales de los registros, y también sobre los mineros más importantes y los comerciantes involucrados de una forma u otra en la actividad minera. Por otra, ha sabido sacarle el máximo jugo a la información, de por sí árida y reducida dado su carácter fiscal, que la fuente le ofrecía, no quedándose en la simple valoración cuantitativa de las cifras, sino aportando su interpretación sobre la composición regional de la producción mexicana y las particularidades estructurales de la industria minera que se derivaron de ella. Su propósito parece ser corregir la imagen, un tanto distorsionada, que diversas investigaciones han promovido acerca del predominio de la gran mina capitalizada en al ámbito de la actividad minera novohispana del siglo XVIII, así como sobre el papel dominante que dentro de ésta tuvieron la amalgamación como sistema de beneficio a gran escala, la mano de obra libre o el partido como parte del salario. Con estas premisas el estudio se ha estructurado en seis capítulos, más un apartado de conclusiones, que cubren poco menos del 50% de la obra, ya que la segunda parte está integrada por siete Apéndices que recogen de forma amplia y detallada los cuantiosos datos extraídos de la documentación en que se fundamenta el trabajo. En realidad, estos Apéndices constituyen un soporte de indudable valor, tanto porque contribuyen a una cabal comprensión de las tesis formuladas como porque dan cumplida muestra del ingente esfuerzo que ha demandado la investigación de tan compleja temática. En el capítulo primero o Introducción se trata, efectivamente, de introducir al lector en el conocimiento de las características de las fuentes disponibles para el análisis cuantitativo de la minería colonial y, más en concreto, del tipo de documentación en que se sustenta el estudio. Se presentan así los diversos tipos de fuentes de la administración colonial que permiten una cierta evaluación cuantitativa de la producción de metales preciosos en la América hispana, explicando, en primer lugar, las deficiencias o lagunas de que adolecen algunas de ellas (recuentos de los metales exportados a España, la producción de moneda acuñada y remesas de mercurio a las colonias), para después pasar a exponer las limitaciones que acusa el material existente sobre la organización financiera de las colonias, puesto a disposición de los investigadores merced a la compilación y edición de las cartas cuentas de la Real Hacienda realizadas por Herbert S. Klein y John J. TePaske. De ahí que el autor haya optado por otro tipo de documentación fiscal, los libros de cargo y data, en cuanto que éstos no ofrecen los problemas de las cartas cuentas, al registrar día por día los ingresos y egresos de las cajas reales y brindar mucha más información que los meros totales anuales. Pero de estos libros sólo se ha interesado por los ingresos fiscales derivados de la producción minera, es decir, por las largas partidas del cobro del diezmo o, según el lenguaje de la época, las manifestaciones de plata y oro. Por ello dedica un mayor espacio a la descripción de este tipo de fuente, reseñando sus ventajas y riqueza, así como sus carencias y los problemas metodológicos que de ellas se derivan. A este respecto son muy ilustrativas las explicaciones acerca de los criterios seguidos a la hora de interpretar, preparar y convertir el material compilado. Con el segundo capítulo se busca ofrecer una visión general del desarrollo de la producción de plata en el México colonial, presentándose para ello una buena síntesis de sus períodos de crisis y bonanzas con un adecuado soporte bibliográfico. Así, tras una somera exposición de los inicios de la minería novohispana, se analiza de forma más pormenorizada la "crisis" o depresión acusada en las décadas centrales del siglo XVII, basándose en las explicaciones que se han apuntado sobre el diferente desarrollo que acusaron las estructuras productivas de los dos virreinatos. La conclusión que se desprende de tal análisis es que la recuperación y el aumento de la producción que experimentó la minería mexicana en el último tercio del siglo XVII se debieron a la expansión geográfica, propiciada por el descubrimiento de nuevas minas durante el ocaso de Zacatecas, y a la posibilidad de beneficiar la plata mediante el sistema de la fundición gracias a la alta calidad de las nuevas vetas. Se rebate de esa forma la hipótesis de Peter Bakewell acerca de que el retorno a la fundición en la Nueva España en ese tiempo bien pudo deberse al empleo de la pólvora, que facilitó la localización de metales de alta ley. Con estas premisas se hace la sinopsis del auge minero novohispano durante el siglo XVIII, resumiéndose primero los factores que pudieron coadyuvar a la espectacular bonanza de los últimos cincuenta años de la colonia, para después explicar la recesión que manifestó la producción de plata durante la década de los sesenta y su rápida superación. El hecho de que se haya cuestionado la solidez del esplendor minero entre 1770 y 1810 da sentido al interesante análisis que se hace sobre la rentabilidad de las minas, tratándose de establecer la relación entre los costos de producción y el valor de ésta en el mercado. Con ello se pretende poner en evidencia que el atractivo económico de las minas no se medía por el crecimiento de su producción, sino por el margen de ganancias. Pero no se olvida que la valoración de "auge" o "crisis" estaba en función de los diferentes intereses, dado que las repercusiones del desarrollo minero no convergían por igual en la Corona, los mineros o los comerciantes. Y para finalizar se revisa con cierta atención el problema del fraude por su importancia a la hora de estimar la producción de metales preciosos. El tercer capítulo es, por tanto, el que verdaderamente se centra en el objeto del estudio y el que comienza a brindar los resultados de la investigación realizada. Se analizan, en consecuencia, diferentes aspectos que configuraron la producción minera entre 1761 y 1767, como la producción y su valor, las tecnologías aplicadas y su difusión, la influencia de las distancias y el precio del azogue. Se valoran por ello los registros de oro y plata en las cajas novohispanas, así como la representación porcentual que en función de los mismos tenía cada una de ellas en el ámbito regional. A continuación se procede a describir de forma muy elemental las distintas tecnologías de beneficio de los minerales argentíferos, ya que el grado de pureza de la plata registrada y, por tanto, su valor dependían de la tecnología aplicada. De ahí que el autor haya podido apreciar lo que en realidad es bien conocido, es decir, que la plata de azogue era "de toda ley", mientras que la de cazo y, en mayor medida, la plata de fuego contenían ciertas impurezas, lo que lógicamente les restaba valor. Su aportación reside en los cuadros sobre la pureza de la plata rendida a través de estos dos últimos métodos en los diferentes reales de minas, pues contribuyen a explicar la inferior cotización que dicha plata tenía y, en consecuencia, su menor valor, a pesar de que éste variaba según los distritos. En este sentido, es importante que Hausberger examine la difusión que tuvieron las diversas tecnologías y que, a pesar del indudable predominio de la amalgamación, destaque la distribución regional del uso de la fundición y del método de cazo, dado que ello pone de relieve que, gracias a su diversificación tecnológica, la minería novohispana contaba con mayor flexibilidad que la andina para adaptarse a las situaciones de crisis. Se comprende también que en las regiones periféricas predominaran la fundición y el método de cazo, dado que la baratura de la primera y la rápidez del segundo permitían mejor hacer frente a los problemas estructurales que padecían estos distritos mineros. Está claro que allí las grandes distancias comprimían los márgenes de rentabilidad, al resultar los costos mayores y menor el valor de la plata producida. Las diferencias en el precio del azogue sirven muy bien para ilustrar esta realidad. En el cuarto capítulo, dedicado al examen de la distribución regional de la minería, se pone el énfasis en la dispersión de la producción novohispana y en la diferente evolución que acusaron las diversas áreas productoras. Se trata de poner de manifiesto los problemas que se derivan de una red de explotaciones muy dilatada, pero estructurada de forma muy diversa, toda vez que algunas cajas sólo abarcaban la producción de los alrededores, mientras que otras recibían los metales de una multitud de reales de minas muy dispersos. Por ello, aunque se destacan cuáles eran los centros líderes de la producción -de un total de 146 sitios mencionados-, no deja de reseñarse lo difícil que a veces resulta averiguar la procedencia exacta de los metales, describiéndose con gran rigurosidad los problemas metodológicos que su identificación entraña. De ahí que en no pocos casos las cifras registradas magnifiquen artificialmente la producción de los grandes centros mineros, sobre todo si éstos eran sede de una caja, en detrimento de sus minas subsidiarias. Y en otros casos, es la imprecisión de los arrieros, al manifestar plata de lugares distintos y muy distantes, la que contribuye a la confusión. Empero, todo tiende a demostrar la preponderancia de los centros de producción medianos y, en último término, la desconcentración geográfica de la minería mexicana. Una desconcentración que Hausberger resalta no sólo por su importancia en la conformación territorial del México actual, sino sobre todo por considerar que constituye un rasgo estructural que marca una notable diferencia frente al alto grado de concentración espacial de la minería andina. Y aunque esta desigual estructura productiva ya ha sido puesta de manifiesto por P. Bakewell, aquí se desarrolla con mucha más profundidad, especificándose ampliamente el porqué de sus disimilitudes, así como las ventajas e inconvenientes de la diversificación regional de la producción novohispana, tanto para los mineros como para los comerciantes involucrados en el crédito minero. El análisis se completa tratando de determinar cuantitativamente la tendencia productiva de las distintas zonas mineras. Una serie de cuadros estadísticos con datos que trascienden el marco cronológico del libro sirven para poner en evidencia las fuertes diferencias regionales y también el hecho de que, si bien la participación de las zonas periféricas dentro de la producción total fue bajando levemente, a la postre fueron esas zonas, poco capitalizadas y con estructuras de producción relativamente primitivas, las que ejercieron un papel estabilizador en períodos de recesión general. El quinto capítulo, al versar sobre las personas involucradas en las manifestaciones o registros de plata, podría haber servido para conocer más profundamente quiénes eran los mineros que destacaban por su producción. Sin embargo, a nuestro entender, es el que presenta en su primera parte una sorprendente debilidad en cuanto al aprovechamiento de la información y a su valoración cualitativa, quizá debido a las deficiencias y lagunas de la fuente, que el propio autor denuncia y que parecen haberle impedido extraer conclusiones firmes e interesantes. Hausberger ha hecho un exhaustivo análisis cuantitativo a partir de las 1.244 personas -recogidas en sus amplios Apéndices-que entre 1761 y 1767 manifestaron metales en las cajas reales, buscando establecer la cantidad de personas que registraban en más de una caja o que diezmaban metales procedentes de varios reales de minas, así como la frecuencia con que registraban. De la misma forma ha operado con los que se identificaban en los registros como mineros, aunque le ha faltado especificar cuál era su número total, a fin de saber qué representación porcentual tenían los 65 que declaraban metales de varios reales, aunque sí precisa que entre éstos se encontraban los empresarios mineros más destacados. En este apartado, sin embargo, uno se pierde entre las cifras y los porcentajes, sin que se acabe de ver claro cuál es el fin último de tantas combinaciones matemáticas, quizá porque le ha faltado una explicación de las conclusiones a que se llega con ellas. Estas inesperadas carencias son en parte subsanadas con los cuadros que incluyen la relación de los manifestantes más importantes y de los individuos más destacados dentro del grupo de personas a cuyo nombre se manifestaban los metales, aunque de nuevo se echa en falta alguna valoración de los mismos -no necesariamente tan amplia como la que hace de Manuel de Aldacoy también una aclaración del procedimiento aplicado de no incluir las manifestaciones a nombre propio, aun a sabiendas de que con ello "se excluye a algunas personas de rango en la minería novohispana de la época". Sin embargo, la segunda parte del capítulo, dedicada al examen de los registros de Pedro Romero de Terreros, primer conde de Regla y el minero más rico de su época, y al análisis de la huelga en sus minas del Real del Monte, vuelve a mostrar la misma profundidad que caracteriza al resto de la obra, destacando la hábil combinación del análisis cuantitativo y cualitativo y, sobre todo, la original interpretación que, a partir de los libros de cargo y data de Pachuca, hace Hausberger sobre las repercusiones de la huelga y las posibles razones del creciente prodominio de la plata de fuego. Finalmente, el objeto del último capítulo es presentar los movimientos estacionales de la producción minera por ser un fenómeno al que no parece haberse prestado mucha atención. Se intenta, en consecuencia, explicar las razones de las marcadas fluctuaciones que a lo largo de un año experimentaba la producción, unas fluctuaciones que, por otra parte, eran desiguales de caja en caja y de real en real. Por ello un primer epígrafe se centra en la organización del transporte y su importancia en la minería de la periferia, por entender que, al ser el transporte de los metales a las reales cajas una empresa regulada por las autoridades, su ritmo puede muy bien ayudar a comprender las diferentes tendencias que acusaban los registros en las cajas de Durango y Guadalajara. A continuación, y para explicar los motivos de las oscilaciones en las otras cajas, se examina la influencia que sin duda tenía el clima en las fases de extracción y beneficio de la plata, las repercusiones de los días festivos en la producción minera y las relaciones entre los ciclos agrícolas y los mineros. No deja de ser interesante el detenido análisis que se hace en el último punto de la competencia que existió entre la agricultura y la minería por la mano de obra disponible y la importancia que en ello tuvieron las estructuras agrarias de las diversas zonas. A este respecto conviene reseñar que la rigurosa argumentación que el autor hace para avalar la tesis de que "la minería se apoyaba en cierto grado en el mismo cuerpo de mano de obra" que la agricultura, no acaba de justificar su hipótesis final de que "tal vez ponga esto en entredicho el mito de los operarios libres, flotantes y bien pagados en las minas de la Nueva España". El estudio se cierra con un breve apartado de resumen y conclusiones que constituye una magnífica síntesis de lo que aporta. En realidad, el contenido de este último epígrafe es bastante más fecundo de lo que anuncia su título. Lo cual ya no sorprende, porque la conclusión general que se puede extraer de este notable y complejo trabajo es que va mucho más allá de lo que su presentación y los enunciados de sus capítulos hacen presumir. Y es que, después de una detenida lectura y valoración del libro, se hace evidente que, aunque no se intenta dar una interpretación de todos los aspectos de la minería de la Nueva España, no estamos ante "una suma de datos elementales y de hipótesis generales", que es como el autor humildemente lo define al principio. No sólo destaca por el rigor con que Hausberger ha desarrollado su exhaustiva investigación, sino también por sus originales y bien desarrolladas proposiciones sobre la industria minera mexicana, que contribuyen a dar una nueva dimensión a lo que se sabe de la misma. Unas proposiciones que trascienden, y este es otro de sus méritos, el aparente reducido ámbito cronológico en que se centra el estudio. Son, pues, muchas e importantes sus aportaciones y, aunque algunas de sus interpretaciones o hipótesis puedan ser discutidas o matizadas, es indudable que a partir de ahora va a ser de obligada consulta para los investigadores de la minería colonial.-MANUELA CRISTINA GARCÍA BERNAL. Hidalgo Nuchera, Patricio y Félix Muradás García: La encomienda en América y Filipinas. Su impacto sobre la realidad socio-económica del mundo indígena. He aquí una obra que, aunque ya no se estila tanto, en nuestro desordenado y necesitado mundo bibliográfico constituye una ayuda inestimable. Un experto en la encomienda como es Patricio Hidalgo sintió la necesidad de contar con un repertorio bibliográfico acerca de esa institución, empeño que para su tiempo satisfizo el padre de todos los encomenderos que en el mundo han sido, Dr. Silvio Zavala. En este tipo de trabajos el tiempo es el enemigo implacable porque enseguida los vuelve viejos y anticuados, por lo que la presente obra viene a satisfacer esta carencia. Por otra parte, esta recopilación de fuentes ha contado con la ayuda experta de sistematización y organización de Félix Muradás, que ha dado como resultado una obra sumamente útil que recoge todo lo publicado hasta el momento. Con muy acertado criterio, la recopilación de publicaciones no se ha limitado exclusivamente a los estudios de carácter jurídico acerca de la institución de la encomienda, que ya de por sí sería valiosa, sino que ha contemplado todos los aspectos de la vida indígena, porque cualquiera de ellos se hallaba indisolublemente unido a su realidad de ser humano encuadrado en un marco legal específico. Por consiguiente, han incluido la bibliografía existente sobre estudios demográficos de la población indígena, sobre reducciones de indios, sobre relaciones histórico-geográficas de Indias y, ¡cómo no!, sobre el tributo indígena y sobre el trabajo indígena o, mejor dicho, los trabajos indígenas en minería, en el campo, en obras públicas, en obrajes, etc. Tampoco dejan fuera aquellas figuras institucionales o legales que velaron por la defensa del indio, como el protector de indios, las visitas, las ordenanzas de indios o las restituciones. En fin, es lo más completo y actual dedicado a este tema específico. Pese a estar repartida la bibliografía en varios apartados de acuerdo a la temática que acabo de enumerar, todas las piezas están ordenadas con una numeración correlativa de forma que el índice de autores y títulos de obras anónimas remiten a ese número, lo que facilita la consulta y la búsqueda. A los autores se les han debido plantear no pocos problemas para decidir dónde colocar determinadas obras que tocan diversos temas relacionados con el aspecto principal. De ahí que más de una haya debido ser incluida en más de un apartado. La búsqueda ha sido muy completa no sólo en monografías sino en revistas, algunas muy difíciles de hallar. Todo ello junto con las treinta páginas de índices constituye una herramienta de trabajo sumamente útil, técnicamente bien realizada, que sin duda constituirá una gran ayuda para los que nos dedicamos a estos temas de la historia colonial de América.-JULIÁN B. RUIZ RIVERA. Mena García, M.a del Carmen: Sevilla y las flotas de Indias. Los hechos históricos sólo tienen valor en cuanto son la expresión de una idea. Son los hechos lo que realmente conocemos pero el motor de la historia es la idea, que tiende por naturaleza a traducirse en forma temporal o espacial, a encarnar en un individuo o en una colectividad. Anuario de Estudios Americanos muchas ocasiones, hechos concretos han dado lugar a ideas que se convierten en universales. En este sentido cada vez son más patentes los buenos resultados de la microhistoria para llegar a conclusiones más generales o para fijar un modelo o arquetipo con el que pueden identificarse otros con características similares. El libro que reseñamos es un ejemplo de lo que puede conseguirse a base de un documento que conseva las cuentas de un acontecimiento muy concreto -la construcción de una armada en el puerto de Sevilla-en un corto período de tiempo -un año-. Bien es verdad que la armada a la que se refiere no es una armada cualquiera. Y también lo es que el documento en el que la autora se basa es una pieza excepcional entre el cúmulo de la valiosísima documentación contable que guarda el Archivo General de Indias. Pero pienso que sólo una especialista en la época que se estudia, identificada con el personaje protagonista del hecho -Pedrarias Dávila-y profunda conocedora del lugar a que la armada iba destinada -Castilla del Oro-era capaz de sacar a unas frías aunque detalladas cuentas, con una letra difícil y enrevesada, unas imágenes tan cálidas y humanas. Porque todo el libro nos está dando una serie de estampas de la vida cotidiana de la Sevilla de principios del siglo XVI tan vivas como las ricas ilustraciones que en la obra se ofrecen. Estamos ante el típico trabajo en el que la preparación del historiador que se enfrenta a un determinado documento es la apropiada para conseguir la reconstrucción completa de todas las esencias que en él se guardan; ante la perfecta conjunción de objeto y sujeto en el campo de la narración historica. Tal como nos dice en la introducción la propia Carmen Mena, en un principio pensó en dar a conocer el importante libro de Cuentas del gasto de la Armada que fue a Castilla del Oro a cargo de su gobernador Pedrarias Dávila, dado por el tesorero de la Casa de la Contratación, Sancho de Matienzo, como tal documento con un estudio introductorio; pero la tentación de utilizar sus conocimientos para descifrar cada una de las anotaciones que el oficial de la Casa de Contratación iba haciendo, debió ganar a la empresa más fácil de una simple trancripción y surgió esta obra sugerente y detallada. Nunca una empresa colonizadora, ni siquiera alguna de las colombinas, había sido estudiada con la presición que se ofrece en este trabajo. Dividido en cinco capítulos, de los cuales el primero sirve como telón de fondo al panorama político que impulsó la preparación de la empresa colonizadora, la autora utiliza los otros cuatro para realizar una verdadera disección de la armada de Pedrarias. Se analizan con minuciosidad, con detalles casi acuciantes, cada uno de los elementos del gran proyecto: los pasajeros, que se agrupan según el cometido de cada cual -colonos, funcionarios, militares y religiosos-detallándose los sueldos de cada uno, los utensilios a su cargo, los equipajes etc.; los hombres de mar, en los que la autora se detiene hasta límites insospechados reseñando por ejemplo el nombre de todos y cada uno de los tripulantes, su lugar de procedencia, su capacidad adquisitiva comparando el sueldo con los precios de mercado de la época; los barcos, mercancías y hombres que trabajaron para la flota -barqueros del río, calafates, carpinteros de rivera, herreros, candeleros, boticarios, cordoneros, bizcocheros etc.-y por último lo que la autora llama la despensa, donde se detallan desde los alimentos necesarios para el viaje y para los primeros días de asentamiento en la nueva colonia hasta las provisiones extraordinarias de algunos pasajeros, el rancho de los marineros, los aparejos de pesca, o los utensilios de cocina y mesa. A través de la obra, no sólo se sigue la pista a todos los integrantes de la flota de Pedrarias hasta lo que es materialmente posible, sino que además se ha sabido aprovechar una riquísima documentación referida a cosas menudas y cotidianas, que tan fielmente describen el ambiente, elevándose la minucia diaria a categoría histórica y punto de referencia para casos similares. Sobre datos que pueden parecer supérfluos se van dibujando situaciones y despejando incógnitas intuidas pero no probadas, por ejemplo la relación en las primeras flotas atlánticas de marineros de procedencia vasca y onubense sobre todos los demás lugares, así como la presencia de extranjeros en una época que se tenía como absolutamente castellana. O el ambiente sevillano ante la preparación de una flota importante. O la movilización de amplios sectores de la economía no sólo andaluza sino de todo el país impulsada por miles de necesidades ante la puesta a punto de una armada para cruzar el Atlántico. A lo largo de todo el libro, en cada párrafo, se adivina el cariño y hasta el mimo que la autora ha volcado en él. En los numerosos cuadros que se incluyen, en las bellas ilustraciones, e incluso, en la misma bibliografía, se nota el cuidado por conseguir la magnífica edición que han realizado la Universidad Hispalense y el Monte de Piedad. Cuando comencé a leer la obra me surgió una pregunta sobre el título ¿Por qué el plural si sólo se estudia la flota de Pedrarias? Ahora, una vez concluida la lectura, la respuesta se presenta clara: en adelante la reconstrucción de la flota de Pedrarias servirá como modelo para cualquier otra que se quiera estudiar de las muy numerosas que se prepararon en el puerto de Sevilla.-ENRIQUETA VILA VILAR. Menéndez Navarro, Alfredo (ed.): Catástrofe Morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue (1778) de José Parés y Franqués. La edición anotada por Alfredo Menéndez Navarro del manuscrito de 1778 titulado Catástrofe morboso de las minas mercuriales de la villa de Almadén del Azogue, de José Parés y Franqués, constituye un acontecimiento que sin lugar a dudas hay que saludar por múltiples motivos. Se trata de la edición de un documento inédito de carácter excepcional y que resulta una fuente de información preciosa tanto para los estudiosos de la minería como de la historia de la medicina, no sólo española sino europea y americana. El autor del Catástrofe morboso, el médico catalán José Parés y Franqués, desempeñó el cargo de "Médico de las Reales Minas" desde 1761 hasta su muerte en 1798, y durante el ejercicio de esta función redactó el manuscrito que aquí comentamos y que se publica ahora por vez primera. Éste consta de 644 folios numerados y está compuesto de dos tratados, precedidos de un acróstico, la dedicatoria al rey Carlos III, el "argumento" y un prólogo. El primer tratado, el más voluminoso (fols. 43-483), está dividido en quince capítulos, catorce de los cuales están consagrados al estudio de las "entidades morbosas" consideradas por el autor como específicas de los mineros de Almadén (temblor, tos, hemoptisis, empiema, ptisis, caquexia, hidropesía, somnolencia, demencia, sudor vaporoso, flujos de sangre, atrofia o extenuación, ptialismo o salivación y lombrices), y un último capítulo dedicado a las enfermedades secundarias o derivadas de aquéllas. Tal y como señala el editor, la mayor parte de estos capítulos presentan una misma estructura, dividida en tres epígrafes: "historia" o "decripción", "causas" y "curación" (pág. 50). En el segundo tratado, el autor aborda las "enfermedades médico-morales" de los mineros de Almadén. Tras una larga nota preliminar, en donde Parés discute las relaciones entre el alma y el cuerpo, describe en tres capítulos estas enfermedades: "la sensualidad o estímulo venéreo", "la vanidad" y "la gula". En cada uno de los capítulos encontramos los mismos epígrafes que en el primer tratado. La obra termina con un "apóstrofe" dirigido a los profesores médicos y a los mineros de Almadén, algunas adiciones al texto y un índice de los temas abordados en el manuscrito. En cuanto a la edición, Menéndez Navarro ha realizado un excelente trabajo. Su introducción es una verdadera guía para descubrir, explorar y apreciar el Catástrofe morboso en toda su magnitud. El editor ha tenido el buen juicio de brindarnos no solamente la biografía del médico catalán, sino de presentarnos la coyuntura socio-económica de las minas de Almadén en el siglo XVIII, además de situar la obra de Parés en el contexto científico (relacionado particularmente con los problemas de salud en las minas de mercurio), subrayar los aportes fundamentales de la obra para la época (en relación a las teorías del momento) y exponer el pensamiento médico del autor. Su trabajo introductorio facilita enormemente la lectura del texto y nos atreveríamos a decir que la hace accesible a un público no especializado en medicina. En lo que concierne al trabajo propiamente editorial, sus notas son de gran ayuda, pues esclarecen vocablos específicos de la actividad minero-metalúrgica hoy en desuso o facilitan la comprensión de pasajes referidos a aspectos del proceso productivo, del mercado laboral o de la política asistencial de las minas de mercurio de Almadén. Nos dejaremos, pues, guiar por esta introducción en nuestro comentario. Pensamos, como Menéndez Navarro, que para poder comprender y apreciar la obra de Parés en toda su dimensión es necesario situarla dentro del contexto científico de la época, así como también de la coyuntura económica y social de las minas de Almadén, aspectos que aborda el editor en su excelente introducción. En cuanto a lo primero, y como bien señala Menéndez Navarro, a pesar de que Almadén y las minas peruanas de Huancavelica fueron en esa época los yacimientos más importantes de mercurio y que contaron tempranamente con facultativos, la mayoría de testimonios médicos sobre sus efectos nocivos provienen de autores centroeuropeos, cuyas informaciones y observaciones se referían a las minas de Idria, a la labor de ciertos artesanos o a los riesgos derivados de su uso terapéutico. En lo que se refiere a Huancavelica, las informaciones sobre enfermedades o daños causados por el azogue llegaron a España a través de obras de contenido no médico, lo que sin duda, como subraya Menéndez Navarro, dificultó su difusión entre los sanitarios de la época. En el caso de Almadén, los testimonios previos al siglo XVIII fueron obras de autores igualmente no médicos, entre las cuales vale la pena mencionar, por su difusión y relevancia, la memoria presentada por Antoine de Jussieu a la Academia de París en 1719. En cuanto a la coyuntura económica y social, la segunda mitad del siglo XVIII corresponde a la de una política expansionista de las minas de Almadén, según anota Menéndez Navarro. Por un lado, tenemos la deman-da de los responsables del monopolio estatal de abaratamiento del precio del azogue, destinada a multiplicar los ingresos fiscales que gravaban la producción y amonedación de plata. Por otro, un derrumbe en las galerías de Huancavelica convirtió las minas españolas en la única fuente de suministro de azogue para las minas americanas. El impulso expansionista de Almadén permitió asimismo la expansión de la minería argentífera de Nueva España. A partir de los años 60 de ese siglo, las sacas de azogue se duplicaron. En cuanto a la mano de obra, la extensión de labores y la intensificación de las tareas extractivas aumentaron fuertemente su demanda y pronto las Minas se vieron enfrentadas a la incapacidad de la población local para cubrirla. Además, la intensificación de la actividad productiva puso en evidencia el carácter altamente nocivo del azogue para la salud: después de un cierto tiempo de trabajo en las galerías era inevitable la aparición de los síntomas del azogamiento. Dentro de un contexto de escasez de mano de obra, estos problemas sanitarios, que causaban la incapacitación de los trabajadores, constituyeron el principal obstáculo de las Minas para alcanzar sus objetivos productivos. Como señala el editor, en esa coyuntura "los problemas de salud laboral en Almadén se interpretaron precoz y plenamente en claves concordantes con el ideario mercantilista" (pág. 25). Así, las Minas desarrollaron una política de intervención estatal caracterizada, a decir de Menéndez Navarro, por dos rasgos básicos: en primer lugar, se trató de una política poblacionista, que excluía cualquier medida de transformación del proceso productivo que dismuyera los niveles de insalubridad. En segundo lugar, esta política incluyó mecanismos de tipo conservacionsita y asistencial. Nuevas medidas conservacionistas fueron así incorporadas a la reglamentación laboral de las minas, tales como la reducción de la duración de la jornada de trabajo en el interior, la alternancia de los trabajadores en las excavaciones más dañinas, etc. Por último, las Minas aplicaron una política asistencial destinada a la recuperación de los trabajadores incapacitados, que puede resumirse en, por un lado, la concesión de limosnas a los trabajadores inhabilitados o, en el caso de los difuntos, a sus viudas e hijos, y por el otro, en la prestación de cuidados médicos quirúrgicos a los trabajadores enfermos o accidentados y en facilitar la compra en condiciones ventajosas de las medicinas para su recuperación. Si bien las minas de Almadén contaron con la presencia de sanitarios y la dotación de fondos y espacios para fines asistenciales desde el siglo XVI, el gran salto cualitativo en la política asistencial lo constituye la fundación y la puesta en funcionamiento del Real Hospital de Mineros en 1774, institución en la que Parés ejerció el cargo de "Médico de los Reales de Minas". En lo que se refiere al manuscrito, empezaremos señalando el interés del prólogo, en donde el autor describe las condiciones de vida y de trabajo de los mineros y su entorno familiar, mostrando su dureza y demostrando de manera magistral su profundo conocimiento de la realidad cotidiana de los mineros de Almadén. Parés nos ofrece una rica descripción de los principales riesgos ocupacionales a los que estaban expuestos. Como señala el editor, sus descripciones no sólo reflejan el contacto con la realidad vital de los trabajadores, sino una "comprensión cabal del proceso productivo y un profundo conocimiento técnico" (pág. 52). Esto queda bien ilustrado en sus otras obras (Descripción histórico-físico-médico-mineralógico-mercurial de las Reales Minas de Azogue de la Villa de Almadén), en la elaboración de un glosario de voces mineras y en la constitución de una colección de los principales minerales de esas minas. De ahí que la obra de Parés sea de interés no solamente para los historiadores de la medicina, sino también para los historiadores o estudiosos de la minería y para los investigadores interesados en las condiciones laborales del siglo XVIII. Parés tiene el mérito de haber señalado la interrelación existente entre condiciones sociales y problemas de salud laboral en las minas, otorgando a aquéllas un papel fundamental en el origen de éstos. Nuestro médico equipara a lo largo de su manuscrito "salud" con "capacidad productiva" y brinda de esta forma, según el editor, una de las primeras formulaciones de su significado en España (pág. 52). Como bien dice Menéndez Navarro, "la obra de Parés sintetiza de forma novedosa en el panorama español la percepción del significado económico de salud, tan lúcidamente apuntado por Ramazzini, con la apelación de una creciente intervención estatal en materia sanitaria reinvindicada por el médico austríaco Johann Peter Frank", representantes de tradiciones "alimentadas por los planteamientos mercantilistas y confluyentes en su concepción del origen socialmente condicionado del enfermar" (pág. 49). El rasgo más importante a destacar en la obra de Parés es su afán nosográfico. El médico describe las "enfermedades minerales" como entidades de presentación específica y endémica entre los mineros de Almadén, otorgando al mercurio la responsabilidad en la génesis de las mismas. Según el autor, dentro de las galerías todos los lugares compartían el hecho de tener una atmósfera cargada, entre otros, de vapores de azogue. Subraya luego el principio de volatilidad del azogue como responsable de su exhalación en "sutiles corpusculillos" o "hálitos", exhalación estimulada por el calor subterráneo de las galerías o el artificial de los hornos. Los trabajadores absorbían estas exhalaciones mercuriales presentes en la atmósfera a través de la respiración y, en menor medida, de la piel. Reconoció en los "hálitos mercuriales" el agente causal de las catorce enfermedades descritas en la obra. Es más, también le concedió un papel protagonista en el origen de las enfermedades médico-morales. Así, según Parés, el carácter singular de la patología de los mineros almadenenses se debía a una especifidad etiológica, como indica Menéndez Navarro (pág. 52). Asimismo, cabe recalcar su conocimiento de la principal literatura médica de la época sobre los efectos nocivos de los metales, así como también de las observaciones hechas en otras minas de mercurio tales como las peruanas de Huancavelica (cf. el temblor de los mineros), lo cual no hace sino aumentar el interés de su obra. La responsabilidad etiológica del mercurio en el pensamiento de Parés se enmarca, según acota Menéndez Navarro, dentro de una interpretación de tipo ambientalista. A partir de la observación de la amplitud de la afectación de los trabajadores, de la aparición de nuevas especies morbosas, de las fluctuaciones en su incidencia y a lo largo del tiempo y la vinculación causal con las características ambientales de los diferentes lugares productivos, el médico de las Reales Minas va a definir las enfermedades minerales como endémicas y sujetas a las diferentes "constituciones morbosas", concepto que según el editor fue elaborado de forma analógica al de "constitución epidémica" para el mundo superficial (págs. 54-55). Establece así una relación entre el perfil ambiental de los diferentes espacios subterráneos y las distintas "constituciones morbosas" y reconoce en los factores telúricos -mociones subterráneas-un papel determinante en la caracterización de las constituciones, pues de ellos dependían las diferentes exhalaciones que impregnaban la atmósfera de las galerías (pág. 55). El énfasis estaba puesto en la constelación de factores atmosféricos con efectos morbígenos. Dentro de la concepción de Parés los "hálitos mercuriales" eran determinantes, aunque no estudió en detalle su contribución a la definición de las diversas constituciones. Menéndez Navarro resume su postura diciendo que su concepción corpuscular de los vapores mercuriales y su aceptación del papel del aire como portador y transmisor fundamental de los mismos coexistió con la consideración de la atmósfera como elemento en el que residían las diversas "constitucio-nes", reservando al azogue el protagonismo del catástrofe morboso de Almadén (pág. 55). Parés también determinó la responsabilidad de otros agentes morbígenos presentes en el espacio subterráneo, tales como los hálitos azufrosos, vitriólicos, que además de potenciar los efectos nocivos del azogue causaban daños específicos en los mineros. Igualmente, realizó una "caracterización típicamente miasmática" del ambiente de las galerías subterráneas: elevada temperatura, vapores desprendidos de las maderas, los lodos, la respiración y aliento de los trabajadores, sus defecaciones, etc., que contribuían a formar una atmósfera insorportable. Pero estos factores, al igual que otros, solamente tenían un papel secundario en la génesis de las enfermedades minerales al propiciar la exhalación de los vapores mercuriales o al impedir su atenuación o absorción. En breve, estamos frente a una postergación etiológica del conjunto de factores ambientales y del habitat en beneficio del mercurio. Como bien señala Menéndez Navarro, esta postura se pone de manifiesto en la refutación que el médico catalán hizo de las diversas interpretaciones miasmáticas del origen de las enfermedades de los mineros de Almadén, que negaban el carácter nocivo del azogue (pág. 56). Tal es el caso de A. Jussieu y años más tarde del naturalista Bowles, quienes postularon la escasa nocividad del mercurio (cf. el cap. I del primer tratado). Así, el editor, comentando la postura de Parés, dice que la concepción que parece presidir su pensamiento ambientalista le sitúa cercano al modelo boerhaviano, cuya atención prioritaria estaba dirigida a la causa próxima (el mercurio en el caso de Parés), otorgando al ambiente un papel secundario (pág. 58). Esto se pone de manifiesto en sus propuestas preventivas, que se limitaron a recomendar la retirada de las labores y establecer un régimen de cuidados generales, ambas medidas inaplicables. Recomendó además medidas de protección personal que impidieran la inhalación de los vapores mercuriales, todas -como indica Menéndez Navarro-inspiradas de las propuestas de Georg Agricola (ver el epígrafe sobre la curación del temblor de los mineros en el primer capítulo del primer tratado). Acierta Menéndez Navarro al señalar un cierto fatalismo que atraviesa el manuscrito de Parés y que explica la ausencia de críticas al proceso productivo y la falta de propuestas para mejorar las condiciones de trabajo. Según el editor, el catástrofe morboso o "compendio de desdichas" era para nuestro médico el efecto indeseable, pero obligado, de un proceso productivo condicionado por la propia naturaleza; una naturaleza que en el pensamiento de Parés no estaba plenamente secularizada (págs. 58-59). A través del manuscrito se deja sentir un pensamiento imbuido de convicciones religiosas católicas. A esto se une una corriente paternalista de la época: el catástrofe aparecía como el espacio en el que el monarca podía ejercer una tutela paternal hacia sus súbditos. La intención de la obra de Parés era apelar a la compasión del soberano "en un intento de justificar e incrementar los fondos asistenciales y limosnas destinadas por las Minas a la recuperación de los trabajadores y sus familias" (pág. 47). Para el médico catalán las medidas asistenciales y compensatorias cumplían una función en la reproducción de la fuerza de trabajo, un pensamiento acorde con las doctrinas mercantilistas de la época. En lo que se refiere al pensamiento médico de Parés, no encontramos expuestos sus postulados en epígrafe alguno, como bien afirma Menéndez Navarro. Sin embargo, en su introducción, el editor nos señala algunos de ellos, que aparecen a lo largo de la obra, como son su antisistematismo y su postura empírica y observacional "de corte hipocratista, sustento de su empeño nosográfico y orientada a la curación de la enfermedad" (pág. 61). A pesar de su postura antidogmática, hallamos en su estudio de la patología de las enfermedades minerales, según Menéndez Navarro, una "concepción médica fuertemente inclinada al mecanicismo, suscribiendo una noción del cuerpo humano como máquina compuesta de sólidos y líquidos" (pág. 62). La patogenia de las enfermedades, siguiendo la hipótesis principal de Parés, se debía a la acción irritante que los hálitos mercuriales ejercían sobre los sólidos y líquidos del organismo. La postura antiteórica de Parés queda ilustrada en su rechazo a los debates sobre las causas de las enfermedades; de acuerdo con la corriente antisistemática de la época, no son éstas las que le preocupan sino que su interés está centrado en la curación de las enfermedades. En este campo, subraya el editor, su actitud terapéutica fue prudente, casi abstencionista y guiada por su experiencia (pág. 64). Por último, una de las novedades de la obra de Parés la encontramos en el segundo tratado, el de las enfermedades médico-morales, en la medicalización de ciertos desórdenes morales de los trabajadores (sensualidad, vanidad y gula) y en el reconocimiento de su origen en el propio proceso productivo. Las tres enfermedades médico-morales hallaban su causa en los hálitos minerales, lo cual eximía parcialmente a los trabajadores enfermos de responsabilidad moral; aunque no totalmente, pues el libre albedrío hacía plausible la resistencia a impulsos nefastos. Como acota Menéndez Navarro, en el caso de la sexualidad, el tono de condena moral del médico catalán aflora únicamente al sopesar las consecuencias familiares, aunque también ciertas propuestas moralizantes tiñen su discurso de curación postretiro de los trabajadores del ambiente tóxico. A diferencia del caso de la sexualidad, en los de la vanidad y la gula notamos -como subraya el editor-su valoración como desórdenes morales, pues el acento está puesto en la potestad que otorga el libre albedrío (págs. 66-67). La medicalización de ciertos desórdenes morales de los trabajadores brindó el fundamento desde el cual se legitimó la función normativa de la medicina. Se trataba de una empresa moralizadora destinada a inculcar a los trabajadores los valores acordes con el desarrollo productivo; lo que coincidía e iba de acuerdo con la coyuntura económica y social de las Minas. Cabe añadir, como hace Menéndez Navarro, que este segundo tratado empalma desde este punto de vista con la tradición de la medicina de las pasiones, que era el reflejo "de la creciente capacidad de la medicina modeladora de la moral burguesa vigente en la nueva sociedad industrial" (págs. 67-68). No nos queda sino agradecer al editor Alfredo Menéndez Navarro por haber publicado el valioso manuscrito de Parés, fuente de información para historiadores de la medicina y de la minería, y también por su excelente trabajo de edición, que hace posible la exploración de tan rica veta a los no especialistas en medicina y en el siglo XVIII. Su trabajo introductorio, verdadera guía intelectual, impide que el lector neófito se pierda en las oscuras galerías de las enfermedades minerales.-CARMEN SALAZAR SOLER. Ens Editions, Fontenay/Saint Cloud, París, 1997, 2 vols., 690 págs., cuadros, ilustraciones e índices. Más de treinta años de enseñanza han permitido a este prestigioso historiador galo formar una escuela bien consolidada en la que los estudios históricos sobre la América española en la época colonial han adquirido un papel destacado. Este libro rinde un público homenaje a la trayectoria profesional y humana del profesor Berthe por parte de muchos de sus colaboradores. Anuario de Estudios Americanos La obra, dividida en dos volúmenes, recoge un total de 46 trabajos: veintitrés en francés, veinte en español y tres en inglés, resultado de un ingente esfuerzo intelectual, tanto individual como colectivo. El hilo conductor de este libro-homenaje, en el que han participado historiadores, geógrafos, lingüistas y etnólogos -muchos de ellos de reconocido prestigio en el ámbito americanista-, radica fundamentalmente, además de en un interés común por la Historia de España e Iberoamérica, en los métodos utilizados por todos los participantes, que son los que siempre preconizó Jean Pierre Berthe en sus enseñanzas y en sus escritos, lo que confiere a la obra una unidad global que no se quiebra ni por la variedad temática ni por la diversidad de idiomas utilizados. Aunque no es tarea fácil emitir un juicio crítico global sobre una obra que versa sobre temas muy diferentes y en la que han trabajado nada menos que 47 historiadores, hay algunos elementos generales que queremos destacar. En primer lugar la presentación y los aspectos técnicos de la obra son dignos de elogio. Los coordinadores (Alain Musset y Thomas Calvo) han conseguido un libro sobrio, pero bien estructurado y con una magnífica edición. En lo que respecta al contenido temático, esta compilación permite detectar cuáles son los temas y áreas de estudio que en la actualidad despiertan el interés de los investigadores. Representa así un sondeo de líneas de investigación muy representativo del panorama historiográfico actual. En este sentido, la obra combina aportaciones de historiadores ya consagrados y líneas de investigación bien definidas con proyectos de investigación en curso. Queda de manifiesto, además, un desequilibrio entre los temas referidos a la época colonial -con notable predominio y peso específico de la Nueva España-y los relativos a nuestra centuria, lo que indica las líneas cronológicas y temáticas preferidas de J. P. Berthe, continuadas por muchos de los participantes en esta obra, antiguos alumnos suyos. Hay, en efecto, otra faceta añadida que presta a la obra una singular importancia. Algunos de los autores vienen colaborando desde hace años en proyectos comunes, cuya continuidad y fructíferos resultados dicen mucho a favor de los beneficios de la tarea interdisciplinar. Un ejemplo de lo que decimos lo constituye la obra De Séville à Lima, de la serie "Villes en parallele" (núm. 25), editada bajo la dirección de Alain Musset y Pablo E. Pérez Mallaína (Universidad de Paris X-Nanterre, 1997). Centrándonos en el análisis específico de los contenidos, el trabajo se ha estructurado en seis amplias secciones para evitar -como indica Alain Musset en el prólogo-"la dispersión de ideas y mantener la unidad del conjunto de las diferentes contribuciones", que abarcan desde la conquista hasta las primeras décadas del siglo XX. Precedido de una introducción, a cargo de Alain Musset, y de un amplio prólogo en el que se recoge una entrevista con el profesor Berthe, a lo largo de la cual se repasa la dilatada trayectoria profesional y humana del homenajeado, la obra se adentra en la primera de las secciones, titulada Espace et territoire. La citada sección parte de siete ejemplos precisos que centran su atención fundamentalmente en un amplio espacio territorial, que es analizado desde perspectivas muy diferentes: la ciudad (Valladolid de Michoacán), la región (Costa Rica, Huaxteca, Nueva Vizcaya)y el virreinato (Nueva España). Otro medio natural, en este caso el agua, dibuja el escenario de dos interesantes contribuciones: el lago de México y el inmenso Océano Atlántico. Como puede observarse, es el virreinato de Nueva España (siglos XVI-XVIII) el que centra la atención mayoritaria de los trabajos incluidos en esta sección, al igual que sucede en otras que a continuación revisaremos. Son los siguientes: "Un projet de réductions indigènes pour la Nouvelle-Biscaye", de Chantal Cramaussel; "El tributo como modelador de la geografía política india novohispana", de Francisco González-Hermosillo Adams; "Le culte de la cathédrale et l' espace urbain: le cas de Valladolid du Michoacán (XVIIe-XVIIIe siècles)", de Oscar Mazín; "Une ville contre son roi: l'échec du déplacement de Mexico (1631)", de Alain Musset y "Toponymie vivante et toponymie morte (Huasteca, Mexique)", de Guy Stresser-Péan; "Une petite province coloniale: le Costa Rica pendant la première moitié du XVIIIe siècle", de Juan Carlos Solórzano Fonseca, y, por último, Pablo E. Pérez Mallaína fija su atención en el océano atlántico concebido como una gran vía de comunicación en: "Las ordenanzas de 1534 para la seguridad del tráfico transatlántico". Al margen de los grandes fastos, la vida cotidiana de los pueblos, de esa colectividad silenciosa y anónima que constituye la auténtica protagonista de la historia, sigue despertando el interés de los historiadores desde que Philippe Aries y Michelle Vovelle abrieron un nuevo sendero con sus magníficos y reveladores estudios. Chroniques du quotidien, la segunda de las secciones de esta obra, se adentra en el mundo de los sentimientos (el amor o el desamor, las relaciones extramatrimoniales y la moralidad social, la angustia ante la enfermedad o la muerte), de las prácticas de lo cotidiano (la cocina y los alimentos), del afán de promoción social en un mundo estrechamente jerarquizado, de la diversión o el ocio, y, por último, del mundo de las supersticiones (métodos de adivinación y represión inquisitorial), aspec-tos contemplados y analizados en escenarios muy diversos a uno y otro lado del Atlántico. Esta amplia gama descrita constituye el objeto de estudio de los nueve trabajos siguientes: "Les produits des 'Indes Occidentales' dans la cuisine espagnole au siècle d 'Or", por Jeanne Allard; "La epidemia de Tifo en Zacatecas (1892-1893) en la cultura popular", por Alicia Bazarte Martínez; "De l 'armée à l' office: ascension sociale et practiques de pouvoir", por Michel Bertrand; "Larmes des veuves, indigence des fonctionnaires: aspects d'un malise administratif en Nouvelle-Grenade (1788-1819)", por Jeanne Chenu; "Salud, dinero y amor: Inquisición y juego del oráculo en Culiacán (1627)", por Mario M.A. Cuevas; "Intimidades", por Asunción Lavrín; "Fêtes provinciales au Portugal à l 'aube du XIXe siècle", por Andrée Mansuy Diniz Silva; "Les fantasmes d 'une societé en Andalousie au début du XVIIe siècle", por Pierre Ponsot, y "La muerte privilegiada en el siglo XVII", por María de los Ángeles Rodríguez Álvarez. El mundo de las mentalidades durante el Antiguo Régimen no puede quedar ajeno a la religión, que constituye la piedra angular de su sociedad. Ella impone pautas y determina las ideas y los comportamientos de los hombres, nutre la vida intelectual de la época y articula las relaciones sociales con rígidos cánones. Son estos los aspectos tratados en la sección tercera, titulada Vie intelectuelle et religieuse, con ocho trabajos referidos tanto a España como a América: "Libro y Sociedad en la Sevilla del antiguo régimen (1700-1834): un diagrama socioeconómico", de León Carlos Álvarez Santaló; "De la forme au contenu. La historia económica de Hispanoamérica colonial en algunas de sus múltiples facetas: fuerza laboral, fiscalidad, precios, producción agrícola, propuestas ingeniosas para reactivar la economía o, lo que es lo mismo, el papel de los proyectistas en el discurso americano, son analizados en la sección cuarta Le travail et l'argent, en la que se da cabida a los siguien-tes trabajos: "Les revenus ecclésiastiques du diocèse de Guadalajara en 1708", de Thomas Calvo; "Auge y fin de la grana cochinilla en Cholula (1579-1663)", de Norma Angélica Castillo Palma; "De la esclavitud al servicio personal (El régimen de trabajo en Yucatán durante el siglo XVI)", de Isabel Fernández Tejedo; "Del deslumbramiento al cálculo. La reverberación de América en la conciencia económica española", de Antonio García-Baquero González; "Prices and the economic history of colonial Mexico", de Richard L. Garner; "Alcool, fisc et santé publique en Nouvelle-Grenade au XVIII siècle", de Thomas Gomez; "'Extender a todo el Reino el comercio de América': Pedro Rodríguez Campomanes as proyectista (1762)", de Stanley J. Stein, y "Las haciendas azucareras de la región de Cuernavaca-Cuautla y el resto del mundo en los siglos XVII y XVIII", de Gisela von Wobeser. Tras las guerras de independencia, la formación de las nuevas naciones, después de tres siglos de dominación española, ha dado origen a un interesante debate acerca del juego de poder y las tensiones internas que acompañaron inevitablemente este proceso: en él participan los seis trabajos que integran la sección Vie politique et enjeux de pouvoir: "Nación y clase obrera en Centroamérica en la época liberal (1870-1930)", de Víctor Hugo Acuña Ortega; "Hipólito Villarroel: Some Unanswered Questions"; de Woodrow Borah; "Si votre plumage...Signes de identité, signes de pouvoir chez les Incas", de Thérèse Bouysse Cassagne; "Diálogos sobre la historiografía de la Revolución mexicana", de Jean Meyer y John Womack; "De la Reconquista à la Conquista: transferts et adaptations dan le contrôle des populations étrangères", de Claude Morin, y "Descubrir América en Europa: La Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos de París (1925)(1926)(1927)(1928)(1929)(1930)(1931)(1932)(1933))", de Arturo Taracena Arriola. Por último, un apartado dedicado a "la visión del otro" (Images et récits), es decir a la percepción de la realidad americana, así como de España y de China, a través del análisis de crónicas, descripciones geográficas, documentos de la época, incluso de la novela considerada como fuente etnográfica, cierra la obra con las colaboraciones que a continuación se relacionan: "La Guadalupe mexicana a la deriva por el Mar de China", de María Fernanda G. de los Arcos; "Chile, el Reino de la Guerra sin fin: la visión del P. Diego de Rosales, S.J. (1603-1677)"; "Cartes et chroniques de guerre. En suma, Des Indes Occidentales à l'Amérique Latine nos parece una espléndida obra de conjunto que debe convertirse, a partir de ahora, por su atractivo enfoque metodológico y por el interés de los temas tratados, en obra de referencia obligada para los estudiosos del mundo americano y sus relaciones hispanas.-CARMEN MENA GARCÍA. Navarro García, Luis: La política americana de José de Gálvez, según su "Discurso y reflexiones de un vasallo". No cabe duda de que en el siglo XVIII, el siglo de las grandes reformas, la figura de don José de Gálvez (1720-1787) emerge como uno de los grandes gobernantes y, sobre todo, como el más brillante Ministro de Indias. De ahí la importancia de este libro en el que se analiza de forma magistral lo que bien podía entenderse como su posible programa de gobierno para los territorios ultramarinos: el Discurso y reflexiones de un vasallo sobre la decadencia de nuestras Indias españolas. Un documento realmente excepcional, en la medida que permite conocer lo que este gran político pensaba acerca de la situación del Imperio hispánico, cómo captaba su problemas y qué soluciones estimaba podía dárseles, todo ello antes de que asumiera la responsabilidad de su gobierno. Lo cual no deja de ser relevante y un notable hallazgo, toda vez que, como reconoce Luis Navarro, "no siempre es fácil penetrar en la mente de los hombres de gobierno del Antiguo Régimen". Y esa es, ya en principio, una de las grandes aportaciones de esta obra, el poner de relieve su especial trascendencia y el proceder a la publicación del manuscrito, hasta ahora sólo conocido en parte y escasamente divulgado, pues ni siquiera los más destacados biógrafos y estudiosos (de estos últimos, por cierto, se cita a Charles Gibson por David A. Brading) del gran ministro de Carlos III lo tomaron como referencia para analizar su política y actuación. Y ello a pesar de que constituye una magnífica descripción de las grandes cuestiones de la administración indiana, así como de los problemas que generaban las ambiciones económicas y territoriales de las grandes potencias europeas de la época. No extraña por ello que para el autor del libro, reconocido especialista en la política reformista de los Borbones, el valor de la crítica y proyecto de José de Gálvez desbordara todas sus expectativas. La otra gran aportación, y sin duda la más fructífera, es el inteligente análisis que hace Luis Navarro del "Discurso", consiguiendo dar una visión clara y perfectamente estructurada de los grandes temas del gobierno indiano que en él se plantean y de las medidas que Gálvez considera se deben tomar para resolver su conflictiva o menoscabada situación. Con todo, el estudio va mucho más allá del mero examen del proyecto de Gálvez, de su origen, estructura y contenido. Además de trazarse un interesante bosquejo de la personalidad del que sería el gran ministro de Indias, se procede también a valorar el Plan de Gálvez y lo que mediaba entre sus ideas y la realidad, así como lo que supuso de elogio póstumo a la política de Gálvez la propuesta en 1809 del restablecimiento del Ministerio de Indias. La publicación, como Apéndice, del "Discurso" sirve de fundamento a todo lo expuesto y también de broche final a un magnífico trabajo. Lo primero, sin embargo, que analiza el autor es la importancia del "Discurso" y la atención que merece por considerarlo como "la ópera prima de un gran político". Después, unas breves páginas sobre el largo proceso de formación y maduración de Gálvez antes de integrarse en el gobierno, aspecto de su vida todavía no dilucidado del todo, su preparación intelectual americanista, el momento (1760) y la razón de ser del "Discurso", así como el tono en que fue escrito, sirven para perfilar las singulares cualidades de su autor y situar al lector en el tiempo de su redacción. Luis Navarro no deja de resaltar la clara y sencilla estructuración del "Discurso", debiendo también nosotros destacar el hábil cotejo que él hace de las dos versiones que existen del mismo con el fin de establecer que, a pesar de sus aparentes diferencias, el contenido es idéntico. Seguidamente se pasa a examinar cómo ve y concibe Gálvez la política exterior, la importancia que atribuye a las Indias y el comercio, sus recelos frente a Inglaterra, la amenaza que percibe en el contrabando holandés y su actitud frente a Francia y los propósitos expansionistas de Portugal. La misma lógica del "Discurso" lleva a tratar en el tercer capítulo el tema del comercio indiano, al que Gálvez atribuye la máxima importancia por considerarlo "el eje principal de que en lo material pende la feli-cidad de España, aumento y conservación de aquellos considerables imperios". Por ello todos los temas más candentes del mismo afloran en las páginas del "Discurso", desde los problemas que conlleva el sistema de convoyes y registros hasta los que se plantean en las ferias, pasando por el examen de los comerciantes de México y de su prevención frente a los peninsulares, sin olvidar lo que se desprende de la comparación con el comercio inglés, mucho más rentable y provechoso para su país. En este sentido, uno de los aspectos más originales de su exposición es el claro ataque al monopolio gaditano, al proponer la incorporación de Málaga y de otros puertos peninsulares al tráfico americano, con vistas al "aumento de su comercio y navegación a las Indias". Pero también merece destacarse la atención que dedica Gálvez al tabaco y los astilleros de Cuba, a la quina y la canela de Quito, y a la importancia de Perú como mercado. En fin, todo un abanico de denuncias y propuestas que surgen de la pluma del político en aras de un mejor aprovechamiento de los dominios ultramarinos, y que Luis Navarro saca a la luz con gran precisión y maestría. El capítulo siguiente aborda lo que Gálvez entiende por gobierno "económico y civil", pero que parece más bien referirse, tal como Luis Navarro asienta en función de su contenido, a lo concerniente al "gobierno doméstico" o "administración de la propiedad" y a lo "temporal" o "no eclesiástico", a pesar de que el principal punto del mismo se centre en el problema de los bienes de la Iglesia. La reforma de la legislación y de la administración indiana, así como el examen de la Real Hacienda y la milicia son los otros grandes temas que cubre Gálvez en su manuscrito. Y el "Discurso" se cierra con el estudio sobre la "Labor y beneficio de las minas" -aquí recogido en el quinto capítulo-, donde curiosamente Gálvez no pretende mostrar la situación general de la minería indiana, ni orientar sobre las medidas necesarias para su fomento, sino que su interés se centra en sólo dos aspectos, en cierto modo marginales dentro de la industria minera colonial. Uno, el de los yacimientos de Quito, por considerar que, en cuanto a minas, esta provincia era "si no la más pródiga, no menos rica que cualquiera de las otras", al ser sus vetas de plata y oro de la más alta ley. El otro, el azogue de Huancavelica, mina de la Corona que se explotaba mediante concierto o asiento con particulares, los cuales basaban el aumento de sus beneficios en la sobrecarga laboral de los indios. La propuesta de Gálvez a este respecto era que la Corona debía asumir su explotación, pues ello revertiría en beneficio de los indígenas -sólo en dos ocasiones parece acordarse de su existencia-, de la Corona y hasta de los propios mineros. Aparecen, pues, plasmadas en el "Discurso" las ideas que más adelante inspirarían en gran medida la gestión de gobierno del propio Gálvez y que Luis Navarro desbroza y comenta de forma pormenorizada y brillante. Sin embargo, donde esta monografía alcanza su culminación es en los dos capítulos finales, en los que el autor procede a valorar el Plan de Gálvez y el reconocimiento póstumo de su política. El inteligente y preciso análisis de la figura y del proyecto de Gálvez, que en ningún momento se torna en panegírico, sirve para poner de relieve las directrices o "recetas" que propone el que a la postre acabaría siendo "el representante más distinguido del reformismo borbónico en América". También se ilustra al lector acerca de cómo la presentación de su "Discurso" contribuyó a la promoción política y social del malagueño y a su designación como visitador general de la Nueva España (1765-1772), lo que brindaría la oportunidad de contrastar sus ideas con la realidad indiana y adquirir el conocimiento necesario para su labor de gobierno y sus grandes reformas, ya como Ministro de Indias desde 1776. A partir de ese momento, sus importantes medidas de reorganización territorial, liberalización del comercio y control administrativo, más o menos inspiradas en las reflexiones o propuestas de los estadistas o teóricos de la época, contribuirían sin duda alguna a la reestructuración y reforzamiento del Imperio Español. A pesar de que Gálvez sólo fue Ministro de Indias, sin llegar a acumular otras Secretarías, como Patiño, Campillo o Ensenada, sus competencias eran enormes, pues en la práctica "un sólo hombre gobernaba todo el Imperio, mientras que los asuntos metropolitanos se repartían entre varios". Unas atribuciones excesivas para Floridablanca, por lo que, tras la muerte de Gálvez, dividió en dos dicho Ministerio, para acabar suprimiéndolo en 1790. Sin embargo, la propuesta de su restablecimiento en 1809 por el consejero José Pablo Valiente serviría para censurar la "funesta decisión" de Floridablanca y ensalzar la figura y labor de Gálvez. En fin, no cabe duda de que nos encontramos ante una excelente obra, cuidadosamente editada además, que no se limita a la presentación y detenido estudio del "Discurso", por demás interesante, sino que brinda todo un cúmulo de datos nuevos y sugerentes interpretaciones sobre Gálvez, su personalidad, sus ideas y su obra de gobierno, todo ello avalado además por un riguroso y completo soporte bibliográfico que, lamentablemente, no se reproduce al final. Pero no podía esperarse menos de quien hoy por hoy es uno de los más renombrados conocedores del reformismo borbónico.-MANUELA CRISTINA GARCÍA BERNAL. Prien, Hans-Jürgen (ed.): Religiosidad e Historiografía. La irrupción del pluralismo religioso en América Latina y su elaboración metódica en la historiografía. Desde que está al frente del Departamento de Historia Latinoamericana de la Universidad de Colonia, el profesor Prien ha organizado varios encuentros "interconfesionales" para analizar y discutir la presencia del cristianismo en América Latina. Con buen criterio, aunque a veces ha forzado en exceso el comentario o le ha dado mucha más importancia de la que ha tenido en ciertos momentos históricos, trata de explicar la presencia de la fe cristiana de raíz protestante, así como la elaboración de la correspondiente historiografía. No es que se niegue u olvide que el credo romano fue casi exclusivo durante la época colonial ibérica. Pero se trata de exponer, con mucha perspicacia y habilidad, que desde la independencia todos los credos cristianos se encuentran en una situación semejante. Con esta habilidad y su buen hacer organizativo está alcanzando logros que, aunque discutibles, tienen su importancia historiográfica. En esta ocasión, en noviembre de 1997, el profesor Prien consiguió reunir a un nutrido grupo de investigadores, estudiosos y analistas del hecho religioso en América latina, tanto desde el mundo católico como del protestante, y siempre buscando un aspecto más ecuménico en los puntos que pudieran parecer divergentes. Él mismo, en la Introducción de la correspondiente publicación, explica cómo fue la génesis del Simposio Internacional sobre Religiosidad e Historiografía, y quiénes fueron los participantes, con sus respectivas ponencias o comunicaciones. Sin embargo, ya en el subtítulo que le dio al Simposio, que también aparece en la publicación de sus actas, se deja entrever la confusión temática: "La irrupción del pluralismo religioso en América Latina y su elaboración metódica en la historiografía". Entremos en lo singular. ¿Cómo explica ese pluralismo el teólogo y profesor universitario Fernando Cervantes con su ponencia "¿Cristianismo o sincretismo? Una interpretación de la 'Conquista Espiritual' en la América Española"?... Pues afirmando que los misioneros eran los que tenían un cristianismo sincrético, los aborígenes creencias sincréticas, más complicadas a su vez con la llegada de ese cristianismo sincrético, y apareciendo así un nuevo sincretismo religioso... Pensamos, sin embargo, que el pluralismo es otra cosa y que la simplificación de todo en el sincretismo conceptual no nos conduce más que a un callejón sin salida en el que, desde luego, no podremos dilucidar cuál sería el cristianismo colonial. A continuación José Óscar Beozzo nos ofrece una breve historia de cómo se organizó CEHILA (Comisión Episcopal de Historia de la Iglesia Latinoamericana), allá por el ya lejano 1973, y cómo ha producido los frutos de historia eclesiástica propiamente dicha, poniendo especial énfasis en los siglos XIX y XX, aunque con escaso éxito metodológico e informativo, a pesar de seguir una metodología muy adecuada y paralela con la de Cambridge University History. También CEHILA organizó muchas reuniones y simposios, a fin de que la reflexión histórica tuviese un contenido pastoral y formativo en los cristianos latinoamericanos. Su excesiva inclinación por lo que ellos denominaron "iglesia de los pobres", y que se tradujo enseguida por "historiografía de la liberación", le produjo algunos enfrentamientos con la jerarquía católica y no pocos problemas para culminar la tarea. El historiador suizo-mexicano Jean-Pierre Bastian, actualmente vinculado al Centro de Sociología de las Religiones de la Universidad de Strasburg-II, se adentra en "La implantación y el desarrollo del efecto de doctrina y efecto de organización en el protestantismo misional en América Latina". Parte del principio de que son los liberales más radicales los que, incluso a veces por la fuerza de las armas, imponen la libertad de cultos, como una forma más de lucha contra la iglesia católica y los sectores más conservadores de la sociedad. Creo, sin embargo, que es discutible su teoría de por qué y cómo empieza la denominada "misión protestante" en América Latina; a veces se nos olvida la fusión que realizó con el imperialismo decimonónico y toda su parafernalia expansionista en el campo del control de materias primas y productos alimentarios. En este sentido, una aproximación más concreta y singular es la que hace Brian R. Hamnett en su estudio sobre "La Iglesia Católica en México y el desafío liberal, 1855-1876. Aspectos metodológicos e historiográficos". Con su tradicional rigor histórico puede llegar a conclusiones mucho más concretas y sólidas. Enrique D. Dussel, bajo el título "Historia del fenómeno religioso en América Latina", nos ofrece una tesis, muy original y personal ya en el primer párrafo: "el protestantismo no es causa sino efecto de la Modernidad; el catolicismo es posterior y no anterior al protestantismo; el catolicismo latinoamericano no es la expansión del catolicismo español moderno, sino que va naciendo junto a él; la religión oficial convive con la religión de los dominados y excluidos". Todo eso nos lo da en nueve páginas: ¿hay quien dé más? "Consideraciones acerca de una eclesiología ecuménica como punto de partida para una historiografía ecuménica del cristianismo en América Latina" es el singular título que suscribe el coordinador del volumen, H. J. Prien. Tratando de alcanzar rigurosidad, concluye que en América Latina se debe hablar más de historia del cristianismo que de la iglesia, si queremos entender bien el proceso histórico desde el punto de vista historiográfico, y no al revés, como se ha venido haciendo, en su opinión hasta que CEHILA rompió el esquema. Es decir, lo mismo que el profesor Beozzo, pero incluyendo al protestantismo y haciendo suyo el mismo esquema. Pero, no le debieron hacer mucho caso a ninguno de los dos en sus ponencias o comunicaciones los autores siguientes: Josep Ignasi Saranyana "Historiografía hispano-portuguesa acerca de la historia de la iglesia en Latinoamérica. Metodología y epistemología", Elisa Luque Alcaide "Dos historias de la iglesia en América Latina del Instituto de Historia de la Iglesia (Universidad de Navarra)", Rosa María Martínez de Codes "Del reformismo borbónico a la formación de la Nación en América Latina. Enfoques y problemas de la historiografía de la iglesia católica", y Johannes Meier "Balace bibliográfico de la investigación en habla alemana desde 1945 sobre la historia de la iglesia en América Latina. Algunas observaciones y consideraciones". Todos ellos se dedican a analizar, siguiendo la producción histórica existente, los logros alcanzados en la misma, y cómo ha ayudado a desentrañar una parcela fundamental de la historia social y mental de América Latina. Y ello, a pesar de las lagunas y del mimetismo que se ha seguido con harta frecuencia. Las elucubraciones geográfico-culturales de Armando Lampe en su ponencia "Problemas de la historiografía del cristianismo en el área del Caribe", realizada según él mismo dice "desde una perspectiva ecuménica", no hace sino insistir en que se debe analizar el pluralismo religioso de la zona así, equiparando todos los credos, creencias y demás espiritualismos que se presenten. Todo es igual y todo es correcto. Algo más original, no por lo que se nos dice, sino porque se sale del ámbito puramente historiográfico, en ese pluralismo religioso que todos los autores tratan de exponer, es lo que hace Enrique de la Lama, al entrar en el análisis de la moral que el pluralismo religioso ha ido imponiendo en las colonias caribeñas francesas. Creo que en las demás zonas de esa área geográfica, sensu lato, suele ocurrir lo mismo; pero este representante del Instituto de Historia de la Iglesia, de la Universidad de Navarra, lo ha centrado en "L 'Abbé Grégoire y las colonias francesas del Caribe". Es un intento por mostrarnos el descubrimiento avanzado que el mundo de la ilustración y de la revolución hace de "la moral caribeña". El delicado mundo del pentacostalismo es estudiado, siguiendo el método de la historiografía oral, por Heinrich Schäfer en "Praxis religiosa y contexto social: un método de análisis en 'Historia Oral' e investigación cualitativa". Él mismo es consciente de lo complicado del tema y de la endeblez de sus conclusiones, pero tiene la valentía de hacerlo, teniendo en cuenta la fuerza que esta especie de credo nuevo está tomando en toda la América. Por su parte, Michael Zeuske nos ofrece un balance crítico e histórico de los estudios sobre temas de historia de la iglesia y de la religión en dos universidades alemanas de la antigua República Democrática, Leipzig y Rostock, en su larga y pormenorizada ponencia "Religión e Iglesia latinoamericana en la historiografía de la República Democrática Alemana. Apuntes sobre instituciones y rasgos principales )". La apología marxista y su propia historiografía están presentes por doquier. Finalmente, en poco más de 50 páginas, se nos ofrecen cinco comunicaciones sobre lo que los organizadores llamaron Religiosidad popular y religiones indígenas a finales del siglo XX como desafío para la historiografía. Hay casos más conocidos, como el mexicano, presentado por Carmen José Alejos-Grau en su ponencia "Controversias actuales sobre el nacionalismo mexicano en los sermones guadalupanos". Pero los demás son tan específicos, tan de microhistoria, que realmente dudo si pueden serle útiles a la historiografía: "Diálogo interreligioso con los Kunas", de Aiban Wagua; "Nican Mopohua-Cosmovisión indígena e inculturación cristiana", de Richard Karl Nebel; "Problemas de religión y aculturación en el caso de los araucanos chilenos", de Othmar Noggler, y "Cultura autóctona y 'Civilización cristiana' -entre asimilación y rechazo", de Bruno Schegelberger, quien se centra en dos puntos andinos. Son de agradecer los aportes bibliográficos y documentales, éstos últimos referidos a la historiografía oral de las postreras comunicaciones reseñadas. Ellos nos animan a seguir estudiando y procurando comprender la realidad social y mental de unos pueblos con credos complejos y formas singulares de exponerlos, que se hace muy difícil, a veces, su comprensión para el analista.-JOSÉ LUIS MORA MÉRIDA. Robins, Nicholas A.: El mesianismo y la semiótica indígena en el Alto Perú. Para los que opinamos que la sublevación de Túpac Amaru II tuvo, en buena medida, un carácter nativista y mesiánico --lo que obliga a un análisis antropológico, y no sólo histórico, de esta rebelión-, es una buena noticia la reciente publicación de este libro de Nicholas Robins, traducido al español por Silvia San Martín y Sergio del Río y editado por Luz M. Escobar y Arístides Baraya. El autor sigue la línea argumental ya trazada por investigadores como Jan Szeminski (La utopía tupamarista, 1983), Jorge Hidalgo (Amarus y Cataris, 1983) o Alberto Flores (Buscando un Inca, 1987). Su principal contribución es la de documentar este carácter nativista y mesiánico que tuvo la sublevación en lo que hoy es la mitad occidental de Bolivia: las provincias de Chayanta, Yamparaes, Paria, Oruro, Carangas, Cochabamba, Mizque, Lipes, Porco y Chichas. Robins encontró abundante material inédito sobre estos territorios en el Archivo General de Indias, en Sevilla, y en el Nacional de Bolivia, en Sucre. Le llamaron la atención no tanto las declaraciones de los dirigentes principales (normalmente hechas a interlocutores españoles o criollos) cuanto las acciones de muchos de los rebeldes y el sentido que éstas tenían en el marco de la cosmología indígena. Así, el genocidio, el asesinato premeditado de todo aquel que no fuera nativo o llevara indumentaria indígena, expresaba la voluntad de hacer renacer la sociedad prehispánica. El desmembramiento de los cadáveres de los vencidos y dejarlos sin enterrar durante varios días impedía que volviera a ellos su espíritu y que los cuerpos resucitasen. La suspensión en la horca de los símbolos del poder español significaba la condena del régimen virreinal. El obligar a la servidumbre a los prisioneros españoles o criollos evocaba la inversión en las relaciones de poder que debía caracterizar al nuevo estado de cosas en los Andes. Hechos como éstos, extraños desde la óptica de la historia contemporánea europea, expresaban un lenguaje político propio, nos advierte el autor; un lenguaje sin duda distinto al de los movimientos sociales en Occidente de los dos últimos siglos, pero no por ello "pre-político", como pudiera sugerir una aplicación apresurada de las conclusiones de E. J. Hobsbawm a su estudio de otros rebeldes "primitivos". La documentación aportada nos informa también de que el ascendiente de Túpac Amaru II como "Inca" y "rey" entre los sublevados llegó a estar muy extendido en las provincias bolivianas, incluso en las más meridionales, si bien Robins no nos ofrece nada nuevo sobre el problema de las relaciones entre aquél y Tomás Catari, el iniciador de la rebelión en Bolivia en agosto de 1780. En todo caso, la difusión del poder taumatúrgico atribuido a Túpac Amaru no significa que el poder rebelde estuviera centralizado y la sublevación bien organizada, o que los intereses y acciones de los rebeldes fueran coherentes y homogéneos. Robins llama precisamente la atención sobre lo contrario. Tampoco es original sobre este punto; otros estudiosos de la rebelión, como los que he mencionado antes, han señalado que ésta fue social y políticamente muy compleja, como lo fue asimismo su desenvolvimiento. Pero Robins ilustra valiosamente hasta qué punto esto fue así en las provincias bolivianas. Hay dos indicadores suficientemente elocuentes de la diversidad y contradicciones existentes entre los sublevados: que muchos de sus dirigentes recurrieron en ocasiones a la coacción como forma de engrosar sus fuerzas, y que las peores derrotas de los rebeldes ocurrieron tras surgir graves disensiones ideológicas o políticas entre ellos. Como cabía también esperar, los componentes nativistas y mesiánicos de la sublevación tampoco fueron los únicos, y sólo adquirieron una prominencia notable durante algunos meses, tras la muerte o derrota de los iniciadores. La progresiva radicalización del movimiento no hizo sino exacerbar los conflictos en su seno y éstos facilitaron la derrota final. El autor muestra también que el bando realista tampoco presentaba un bloque monolítico -un hecho poco tratado por los especialistas-, aunque las contradicciones no tuvieron aquí las mismas consecuencias que entre los indígenas, al ser superiores los efectivos, tanto humanos como materiales, con que los españoles y sus aliados contaron desde el principio. Dada la importancia de la documentación aportada, llama la atención que el autor no considerara su valor a la luz de estudios cualitativamente diferentes del caso, hechos desde la perspectiva de la dinámica económica y política que impuso el orden virreinal en la segunda mitad del siglo XVIII. Entre estos estudios destacan los de J. Golte (Repartos y Rebeliones, 1980), que Robins cita (aunque no me ha quedado claro para qué), y los de A. Moreno Cebrián (El Corregidor de Indios, 1977; Túpac Amaru, 1989), que Robins ni siquiera cita. Su obra proyecta así una desafortunada imagen de unilateralidad que, en mi opinión, le hubiera costado poco trabajo corregir. Pero lo realmente malo del libro es, con diferencia, la traducción de Silvia San Martín y Sergio del Río, así como la edición de Luz M. Escobar y Arístides Baraya. Son demasiados los errores de puntuación y de sintaxis; como también los anglicismos, incluidos los más groseros: "abstracto" por resumen, "antimonio" por antinomia, "resumir" por reanudar, "excomunicado" por excomulgado, "estado agricultural" por propiedad agraria, y un largo etcétera. Por si esto fuera poco, al libro le faltan nada menos que cuatro apéndices (entre ellos, el del mapa del territorio estudiado), que estaban en el texto original. También se echa en falta un índice onomástico y otro toponímico, pues son muchos los protagonistas y lugares que menciona Robins. Estas graves deficiencias no hacen justicia al contenido del trabajo, y ensombrecen el prestigio adquirido por Hisbol con otras publicaciones sobre historia y antropología andinas.-JUAN J. R. VILLARÍAS ROBLES. Thomas, Hugh: La trata de esclavos. La historiografía actual reconoce que la trata de esclavos es uno de los elementos más importantes y trascendentes de la historia de la humanidad. Es un mecanismo económico que fija las bases del capitalismo moderno y que, a decir del ilustre historiador Eric Willians, financió la revolución industrial. Desde luego, para la colonización de Hispanoamérica la trata es un puntal básico, no sólo porque proporcionó gran parte de la mano de obra que levantó el imperio español de ultramar, sino también porque fue la causa de la ruptura del monopolio que la corona española había establecido, y porque fue también el motor de la piratería y por tanto la brecha que abrió la penetración de otros países europeos en la empresa americana. Las consecuencias de la trata, tanto económicas y sociales como ideológicas y culturales, son de una trascendencia que aún no se ha podido calibrar totalmente. A pesar de que los estudios sobre la trata y la esclavitud en general comienzan a proliferar en época relativamente reciente, hoy es, sin duda ninguna, uno de los temas históricos que más interés despierta y más literatura de todo tipo genera. Pues bien, en ese bosque bibliográfico se ha metido de lleno el profesor Thomas con una valentía digna de encomio. Plantea la trata de forma global y consigue introducirla de lleno, como debe ser, en todo el devenir de la Historia. En realidad, lo que ha conseguido es presentar una historia de la humanidad a través de la trata de esclavos y a la vez presentar un amplísimo panorama de la historia de las colonizaciones desde la más remota antigüedad hasta nuestros días. Porque aunque, modestamente, el autor acota en el título los años 1440 a 1870, fechas que marcan el inicio de la trata atlántica y el final de la abolición, el libro arranca desde mucho antes y demuestra un conocimiento del mundo antiguo y un manejo de los clásicos que es dificil encontrar en una obra de carácter tan general como la que aquí comentamos. De su mano vamos viendo la esclavitud desde el código de Ammurabi hasta las Siete Partidas de Alfonso X, desde las capturas egipcias en el sur de África hasta la venta de esclavos africanos en la Edad Media en el sur de Francia, conducidos por venecianos, genoveses y florentinos. Con él nos adentramos en el mundo portugués de D. Enrique El Navegante y sus incursiones a través de la costa africana, y con él llegamos a las islas atlánticas -Maderas y Azores y Canarias-en las que se ensaya el método de producción de las plantaciones azucareras que tanto furor hicieron luego en el Nuevo Mundo. A partir de ese momento nos introducimos de lleno en el complejo, complejísimo mundo de la trata, en un momento en el que el descubrimiento de un nuevo continente resucita un comercio que estaba a punto de desaparecer. Un comercio que desde el primer momento fue universal y en el que se involucraron todos los países europeos. El libro que reseñamos es un libro valiente y audaz y también maduro y clásico; y eso se adivina desde la introducción, donde el autor presenta una serie de interrogantes con los que consigue algo muy díficil, pero que resulta ser la primera obligación del historiador: situar el tema a tratar en el contexto que le corresponde. No hay que escandalizarse por lo que se va a contar: los hechos son como son y transcurren en distintas épocas cuyas mentalidades estan acostumbradas a convivir con una lacra social difícil de erradicar. El autor resume esta circunstancia en una brillante frase: "el renacimiento en Europa no tenía pretensiones humanitarias". Sólo algunas voces aisladas en los siglos XVI y XVII y otras más organizadas a partir del XVIII, cuando los ilustrados imponen la razón sobre cualquier otra categoría, claman contra un comercio infame y cruel. Es muy díficil resumir en unas líneas todo el cúmulo de información que contiene esta obra, que se divide en seis densas partes y un epílogo, subdivididas a su vez en 36 capítulos, a los que acompañan unos interesantes apéndices y una amplia selección bibliográfica. Por eso me voy a limitar a hacer unas breves reflexiones sobre aquellas partes que más han llamado mi atención o sobre aquellos aspectos que me han parecido más sobresalientes. Ya he hecho alusión a la soltura con la que el autor se mueve por las épocas Antigua y Media, hasta introducirnos en el complejo mundo del siglo XVI. Los capítulos se van haciendo densos y se tocan las más diferentes materias. Por ejemplo, en el capítulo IX, titulado "Una buena relación con los negros", se aluden a temas tan diversos como la actividad de los marinos de los puertos franceses de Dieppe, Burdeos o La Rochele, las incursiones de los piratas ingleses en África y en América, el complicado mundo de los piratas holandeses, el movimiento pionero de los antiesclavistas holandeses o los problemas de los portugueses con la Inquisición. En esta línea se desarrolla todo el libro a través del hilo conductor de la cronología que nos introduce en las distintas épocas en las que cada país aparece con el protagonismo que le corresponde. Mención aparte merecen los capítulos dedicados a la trata en el interior de África. Es lo más completo que conozco en esta materia y en ellos el autor hace un alarde de su conocimiento del mundo africano: la geografía de la costa, los puertos negreros, las mercancías usadas para el trueque, el viaje de las caravanas de esclavos desde el interior a la costa a través de los ríos o de la selva, la forma de negociación de los reyes africanos, los modos de capturar a los negros, los malos tratos, los precios, etc. etc. Todo un negro mundo -y nunca mejor empleado el calificativo-se nos descubre y permite que los europeos no nos sintamos los únicos culpables de la masacre. También me parecen dignos de destacarse los capítulos dedicados a la abolición. Todo el clima antiesclavista que comienza a despertarse en Francia, en Inglaterra, en los incipientes EEUU y las voces aisladas que surgen en España, es tratado con maestría por el profesor Thomas. Y por supuesto la última parte en la que hace un alarde de su conocimiento del mundo cubano. La bibliografía empleada es amplia y bien escogida, y a lo único que le pondría un pequeño reparo es a la breve reflexión que hace en las págs. 785-792, sobre todo estando detrás un cuidado epílogo. Creo que las conclusiones de esa reflexión son mucho más modestas que lo que cabría esperar después de leer la ambiciosa y vasta obra que las preceden. Porque la obra se destaca por la cantidad de noticias que aporta y por la erudición de la que el autor hace alarde, arropado todo ello con un lenguaje sencillo y fácil de leer. Se manejan con envidiable soltura centenares de datos y nombres en un discurso narrativo claro y conciso. Por eso se lee de un tirón, o más bien de varios tirones debido a su extensión. Es un libro que reúne la difícil cualidad de ser un trabajo de investigación a la par que un trabajo de síntesis, que puede ir destinado tanto a especialistas como al gran público. En el complejo mundo de la trata el autor introduce con frecuencia historias menudas de tal o cuál situación o de tal o cuál personaje. Por ejemplo, la semblanza que ofrece del carácter de los Papas Nicolás V y Calixto II, que dictaron sendas Bulas bendiciendo la política económica del infante D. Enrique basada, entre otras cosas, en la captura del africano. O las pequeñas y sabrosas historias de los numerosísimos personajes que desfilan por la obra, hasta el punto de ofrecer otra visión de la piratería al dedicar más espacio a los personajes que a los propios hechos. Se trata, según mi criterio, de un libro denso en el fondo y ligero en la forma; complicado en su trama y simple en su estructura. Un libro, en fin, que sitúa la historia de la trata donde siempre estuvo, en el seno de la historia universal, y que aquí se presenta en toda su dimensión. Acostumbrados como estamos a estudiar este fenómeno en pequeñas parcelas divididas por países, por períodos más o menos extensos, con las limitaciones que en muchos casos la documentación nos impone, impresiona y deslumbra verlo retratado, tan fiel e íntegramente. Posiblemente algún estudioso acuciante y experto en una parcela determinada pueda encontrar ciertas lagunas, algún dato no demasiado preciso, e incluso pueda echar en falta algún trabajo demasiado especializado o de difícil localización, pero una obra de esta envergadura no desmerece por menudencias. Estamos ante un trabajo ímprobo, de mucho tiempo y mucha paciencia, que sólo podía ser la obra madura de un intelectual maduro. No quiero terminar sin felicitar a los traductores por la ingente tarea a la que se han enfrentado y a la editorial por el acierto de traducir y editar esta obra en español. En cuanto a la felicitación al autor creo que va implícita en todo lo que llevo dicho hasta aquí.-ENRIQUETA VILA VILAR.
De sobra es conocido que el año pasado se cumplió el centenario de los sucesos acaecidos en 1898 cuya consecuencia más inmediata fue la pérdida, por parte de España, de sus últimas colonias ultramarinas. Este episodio histórico, que ha recibido distintas denominaciones -"el desastre español", "la crisis del 98", "las guerras de independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas", "the Spanish-American War", "la guerra hispanocubana-norteamericana", etc.-, no podía dejar indiferente a las distintas instituciones académicas españolas. Desde 1995, al menos, se han promovido foros científicos de discusión cuyo objetivo principal consistía en un análisis profundo de los hechos ocurridos cien años antes. El largo tiempo transcurrido desde entonces, se pensaba, permitiría investigar el desarrollo de los acontecimientos con un preciso distanciamiento que haría emerger conclusiones mucho más rotundas a cuestiones que siempre se habían planteado: ¿cuales fueron las causas que llevaron a la ruptura entre España y sus posesiones de ultramar?, ¿pudo evitarse el conflicto?, ¿cómo reaccionó la opinión pública española ante la guerra?, ¿de qué modo varió la situación con la entrada de EE.UU. en el conflicto?, etc., etc. Todo ello sin olvidar aspectos más concretos como pueden ser las campañas militares o el papel desempeñado por los principales protagonistas de los hechos (José Martí, Como se ha dicho, al menos desde 1995 se vienen celebrando encuentros científicos centrados en esta conmemoración, tal como sucedió en Aranjuez del 24 al 29 de abril de dicho año. Nos referimos al dirigido por la Dra. Consuelo Naranjo Orovio (CEH, CSIC) y titulado "La nación soñada. Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98". Su organización partía de dos presupuestos ya citados: el primero "dar a conocer los esfuerzos de renovación historiográfica que una serie de especialistas, centrados en el estudio de la etapa histórica vertebrada alrededor de la crisis de 1898, vienen dando de un tiempo a esta parte". Y el segundo, la constatación de que "el lado oscuro del 98 quizás siga siendo Filipinas", porque "han sido escasas y poco significativas las aportaciones que se han realizado" hasta el momento. Se calcula en más de cien los encuentros científicos de toda índole convocados. Así pues sería casi imposible hacer una relación exhaustiva de todos los eventos, dada la gran cantidad de ellos, de muchos de los cuales además no hemos tenido noticias, ni pormenorizar todas y cada una de las contribuciones dictadas en estos foros. El propio Ministerio de Educación y Cultura creó una Comisión Organizadora de la Conmemoración del Centenario de 1898, que trató de centralizar todas las actividades en torno a la efemérides. En términos generales parece que auspiciadas por esta Comisión se organizaron 16 exposiciones y más de 25 congresos, mesas redondas, simposios, etc., con una inversión de más de mil millones de pesetas. Vaya, pues, la relación que a continuación se incluye como una sucinta muestra de algunas de las actividades que se programaron en España hasta final del pasado año. Entendemos que con ello podemos hacernos una idea de cómo se conmemoró "el 98" en nuestro país. Quede para una fecha posterior la realización de un balance general que testimonie si todos los esfuerzos invertidos en tantos cursos y seminarios han producido los frutos deseados. La selección es la siguiente: -Distintos Seminarios o Jornadas se desarrollaron a lo largo de toda la geografía nacional, tales como "La Mujer y el 98" (Casa de América, Madrid); "Las secuelas del 98: las consecuencias internacionales del Tratado de París" (Escuela Diplomática, Madrid); "Crisis española y fin de siglo en el Mediterráneo. Políticas públicas y cambios estructurales de las economías de la Europa Mediterránea" (Casa de Velázquez, Madrid); "España en crisis (1898): Fuentes para la historia de la administración y la cultura española a finales del siglo XIX" (Universidad de Salamanca); y "Latinoamérica fin de siglo, 1898-1903" (ACISAL, Alcalá de Henares). Anuario de Estudios Americanos -Entre enero y junio de 1998 se organizaron los siguientes ciclos de conferencias: "El 98 desde España" (Casa de América, Madrid); "El 98, recuerdo y lección" (Colegio Libre de Eméritos, Madrid); "El tiempo del 98" (Ateneo de Madrid); "España y el 98. La crisis ideológica de fin de siglo: historia y literatura" (Universidad de Alcalá de Henares). -El "Segundo Seminario España/Cuba 98: Historia, Cultura y Cine" tuvo lugar en Sevilla del 16 al 20 de marzo bajo la dirección de los Dres. María Luisa Laviana y Antonio Gutiérrez. La interdisciplinariedad, una amplia utilización de material audiovisual (documentales, películas, diapositivas, etc.) y la realización de exposiciones bibliográficas y pictóricas fueron las líneas directrices de este encuentro en el que intervinieron, entre otros, profesores de la Universidad de Sevilla (Antonio Merchán, Luis Navarro, Alfonso Braojos, Pablo Tornero, Trinidad Barrera, Carmen de Mora, Marita Caballero) y de otras Universidades españolas (Óscar Álvarez, Izaskun Álvarez, Juan J. Sánchez), Investigadores del CSIC (Consuelo Naranjo, Rosario Sevilla) y profesores americanos (Luis Toledo, Lourdes Pérez, Luis Agrait, Roberto Cassá, Franklin W. Knight). -El Comité Español de Historia Militar promovió un Congreso internacional sobre "Ejército y Armada en el 98. Cuba, Filipinas y Puerto Rico", celebrado entre Madrid y Ávila del 23 al 27 de marzo. Su principal interés radicaba, según sus organizadores, en el análisis de temas que "siguen siendo una asignatura pendiente", como el "estudio de la actuación militar, de la situación de las tropas, de las decisiones y operaciones militares, de las causas que llevaron a la pérdida de las provincias", etc. -La Asociación Española de Americanistas, en colaboración con el Ayuntamiento de Portugalete, organizó los días 5, 6 y 7 de mayo el simposio "La crisis colonial del 98: antecedentes y consecuencias". Intervinieron Marcos Arriaga, "Carlos Manuel de Céspedes, el 'padre de la patria cubana'"; José. A. Armillas, "Un exilio amable: José Martí en Zaragoza"; Begoña Cava, "Rizal: mártir e ideólogo del nacionalismo filipino"; Leoncio Cabrero, "La crisis del 98 en Filipinas"; Concepción Navarro, "Cuba en el 98: sociedad y revolución"; Antonio Gutiérrez, "La ayuda de la República Dominicana a la independencia de Cuba"; Juan Bosco Amores, "Antecedentes sociales y económicos de la independencia cubana"; M.a Luisa Laviana, "José Martí, poeta y patriota"; Emelina Martín, "Cuba, de la crisis colonial a la revolución castrista". -Los días 2, 3 y 4 de julio el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda y la Universidad del País Vasco patrocinaron el Congreso "Cuba y España. Pasado y presente de una Historia Común". Se establecieron cuatro sesiones: 1. Sociedad y población en el fin de siglo, con la intervenciones de Manuel Pérez Ledesma y Carmen Barcia; 2. De la Guerra de los Diez Años al 98, con Antonio Elorza y Óscar Loyola; 3. Las emigraciones regionales a Cuba, con M.a José Rodríguez, Ramón Villares y Fernando González, 4. Presente y futuro de las relaciones España-Cuba, mesa redonda con Manuel González, Antonio Elorza, Guillermo Gortázar y Carlos Solchaga. -Dirigido por la profesora Pilar Cagiao Vila (Universidad de Santiago de Compostela), del 13 al 15 de julio se programó un curso de verano sobre "Visiones del 98: análisis del fin de siglo desde América y Europa", donde se contaba, entre otros, con las intervenciones de M.a del Carmen Barcia ("La sociedad cubana antes del 98"), Luis Agrait ("Una visión del 98 desde la sociedad puertorriqueña"), Sergio Guerra ("América Latina y la independencia de Cuba, 1895-1898"), Consuelo Naranjo ("Tiempos de guerra, tiempos de paz: la sociedad cubana después del 98") y Rafael Sánchez Mantero ("El 98: la imagen de España desde los Estados Unidos") -El Dr. Pablo Tornero Tinajero fue el director del curso "1898 y las consecuencias en Cuba y Puerto Rico" (17 al 21 de agosto) dentro de los cursos de la Universidad Internacional de Andalucía, Sede Iberoamericana de La Rábida. Intervinieron, entre otros, Carmen Barcia ("El marco social de 1898 en Cuba"), F. Pérez Guzmán ("Los efectos de la guerra en la población de Cuba"), A. Sorhegui ("De Saco a Martí"), Consuelo Naranjo ("La emigración española a Cuba") y E. Hernández Sandoica ("Desde España: el 'desastre' del 98") -La Asociación de Historia Contemporánea organizó su IV Congreso en Huelva y Sevilla, del 24 al 26 de septiembre, bajo el tema general de "En torno al 98. España en el tránsito del siglo XIX al XX". Las ponencias generales estuvieron a cargo de José L. Comellas ("El 98. Las razones de un centenario"); Juan Pablo Fusi ("Poder central, poderes locales"); Javier Tusell ("La percepción del fin de siglo: el 98 desde España"); J. Varela Ortega ("El 98: balance de un centenario"). -En Las Palmas de Gran Canaria, del 5 al 10 de octubre, coincidieron el XIII Coloquio de Historia Canario-Americana y el VIII Congreso de la Asociación Española de Americanistas. Uno de los simposios desarrollado llevaba por título "1898. Centenario de la Independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas", donde se establecieron las siguientes mesas de trabajo: 1. Independencia, revolución y crisis política del 98 (coordinada por el Dr. Luis Navarro García y la Dra. M.a Luisa Laviana); 2. Economía C R Ó N I C A S Anuario de Estudios Americanos y sociedad en Cuba y Puerto Rico en 1898 (Dra. Sociedad, economía y política en Filipinas (Dr. Leoncio Cabrero). -El Aula Militar de Cultura (Región Militar Sur), junto con la Universidad de Cádiz, organizó su XXXVI Curso sobre "Cuba en el 98. Algunas de las ponencias generales estuvieron a cargo de Demetrio Ramos Pérez, "Previsiones del Almirante Cervera en su estrategia atlántica"; M.a Dolores Fuentes Bajo y Alberto Gullón, "La Habana: la estructura del poder a fines del XIX"; Juan Velarde Fuertes, "Ultramar en el equilibrio económico y la política española a finales del siglo XIX"; Emilio de Diego, "Los soldados españoles en la guerra de Cuba"; Luis Navarro García, "La última campaña del General Martínez Campos"; Julio Pérez Serrano, "La guerra de Cuba en la geopolítica de su tiempo" y Carlos Vila Miranda, "La Real Armada española en las Antillas. -La Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC) y el Consulado de Filipinas en Sevilla promovieron el encuentro "Filipinas, centenario del 98", celebrado entre el 17 y el 20 de noviembre. Aparte de ofrecer una exposición sobre los fondos bibliográficos referentes a Filipinas que se encuentran en la Biblioteca de la EEHA, se establecieron dos mesas redondas: la primera llevó por título "Filipinas en la Historia", fue moderada por Ramón Serrera Contreras e intervinieron en ella Leoncio Cabrero, Mauricio Domínguez, M.a Antonia Colomar, Javier Ortiz de la Tabla y Ana M.a Prieto; la segunda, titulada "Filipinas, presente y futuro", fue moderada por Lourdes Díaz-Trechuelo y participaron Antonio García-Abásolo, Juan Maestre Alfonso, Nellie D. Armeña y Pedro Armengol. -Un Coloquio Internacional sobre "Andalucía y el 98" preparó la Universidad de Córdoba del 14 al 16 de diciembre. Se establecieron los siguientes temas: 1. La Andalucía de fin de siglo. Realidades demográficas, sociales y económicas, vida política, cultura y religiosidad en el mundo urbano y rural andaluz; 2. Andalucía y el problema de España. Regeneracionismo, georgismo y krausismo; la conciencia andaluza y la idea de España; debate ideológico y propuestas políticas; 3. la crisis del 1898 en Andalucía. Relaciones entre Andalucía y el Caribe (o Filipinas); participación andaluza en las guerras de emancipación; el impacto del desastre colonial). Para finalizar digamos que las nuevas tecnologías no podían quedar tampoco al margen de acontecimientos de esta índole, de modo que se dispuso de una serie de páginas web sobre "el 98". Dos de ellas, a través de las cuales se podían encontrar varias conexiones (links) a diferentes informaciones en español e inglés, fueron las siguientes, http: //home.coqui.net/sarrasin/index.htm y http://www.endi.com/proyectos/ 1898/index.html En Puerto Rico, el Comité del Centenario de 1898 contó también con su página [URL], donde podía encontrarse el calendario de actividades locales e internacionales, grupos de discusión sobre temas relacionados con el 98, enlaces con otras páginas relativas al tema, bibliografía actualizada sobre el 98 y un registro de investigaciones y proyectos de investigación. En cuanto a la bibliografía añadamos que el Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC) ha dedicado el núm. 8 de BIHES (Bibliografías de Historia de España) a "La crisis del 98". El volumen contiene 2.094 referencias en torno al tema, donde junto a documentos oficiales aparecen también libros, compilaciones, actas de Congresos, tesis y artículos de revistas. Se tiene la intención de editar un nuevo volumen con todas las publicaciones aparecidas a lo largo de 1998 y primeros meses de 1999. Sanlúcar de Barrameda: el Tercer Viaje de Colón El 30 de mayo de 1498, Cristóbal Colón zarpaba del puerto de Sanlúcar de Barrameda para su tercer viaje a las Indias. Quinientos años después, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda decidieron organizar un Seminario que sirviera de contrapunto científico a las celebraciones lúdicas que, durante todo el año, se habían dado cita en la ciudad. Coordinado por Consuelo Varela, investigadora de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla y Manuel Toribio, profesor del I.E.S. Francisco Pacheco de Sanlúcar, el Seminario se centró en torno a cinco ejes fundamentales. El primer día estuvo dedicado al marco del tercer viaje. En aquel año, los europeos, desafiando el Atlántico, lograron C R Ó N I C A S Anuario de Estudios Americanos éxitos importantes, Vasco de Gama llegó a la India, Colón descubrió el continente americano y Caboto acababa de regresar de Terranova. Tres conferencias centraron nuestro tema. Consuelo Varela comenzó las intervenciones con una conferencia en la que puso de manifiesto las condiciones geopolíticas que hicieron posible el avance descubridor de los europeos atlánticos. El Dr. Manuel González Jiménez, catedrático de la Universidad de Sevilla, analizó el papel de los europeos en el Africa atlántica y el Dr. Rui Loureiro, profesor de la Universidad Lusófona de Portimâo, trató de la llegada de los portugueses a la India. El segundo día se dedicó al estudio de alguno de los retos que ese Mundo Nuevo planteaba a los descubridores y colonizadores. El Dr. José Alcina Franch, Catedrático de la Universidad de Madrid, presentó a los indígenas que Colón encontró en el Caribe con una conferencia que tituló "Arte y religión de los taínos"; el Dr. Alfonso Franco Silva, catedrático de la Universidad de Cádiz, analizó los orígenes de la "trata" en España y su traslado a América y el Dr. Paulino Castañeda, Catedrático de la Universidad de Sevilla, la libertad de los mares. La primera visión que los europeos tuvieron de los indígenas americanos fue analizada en una mesa redonda en la que intervinieron los Drs. Juan Gil, Catedrático de la Universidad de Sevilla, la Dra. Berta Ares, Investigadora de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos y el Dr. Rui Loureiro. El tercer día se dedicó a los hombres y a la organización del viaje con dos intervenciones. En primer lugar, el Dr. Juan Manzano y Manzano, Catedrático Emérito de la Universidad de Madrid, defendió -con nuevos argumentos-su tesis que adelanta a 1494 el descubrimiento de América del Sur y el Dr. Juan Gil analizó las particularidades del complicado apresto del tercer viaje colombino. Una mesa redonda sobre la Sanlúcar que conoció Colón cerró la actividades de ese día. Intervinieron en animado coloquio la Dra. M.a del Carmen Rodríguez Huarte, Profesora del I.E.S. Francisco Pacheco de Sanlúcar, y los Drs. Manuel Toribio y Alfonso Franco. El cuarto día se centró en los viajeros a Indias. Gabriela Airaldi, Catedrática de la Universidad de Génova, trató de los modelos coloniales que del Mediterráneo pasaron al Atlántico y, especialmente, del caso de los genoveses que participaron en el tercer viaje colombino. El Dr. Juan Marchena, Vicerrector de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, analizó el papel de la hueste en Indias y la Dra. Justina Sarabia, Profesora de la Universidad de Sevilla, de la primera emigración femeni-na a América. Una visita al Jardín Botánico, de tanto sabor americanista, presentada por D. Francisco Márquez Hidalgo, Profesor del I.E.S. Francisco Pacheco de Sanlúcar, terminó las actividades de la mañana. Por la tarde, D.a Isabel Álvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia, defendió en una conferencia su tesis acerca de la compra de Palos a la llegada de Colón a Andalucía. Al estudio de las consecuencias del Tercer Viaje se dedicó el último día de Seminario. La aparición de una literatura específica dedicada al Nuevo Mundo fue analizada por la Dra. Trinidad Barrera, Catedrática de la Universidad de Sevilla y la política indigenista de los Reyes Católicos por el Catedrático de la Universidad Complutense el Dr. José Manuel Pérez Prendes. Una mesa redonda sobre "¿Para qué sirven las conmemoraciones?" sirvió para centrar un interesante debate entre los asistentes y los ponentes, el Dr. Juan Carlos Díaz, responsable de Pabellones en las Exposiciones de Sevilla de 1992 y Lisboa de 1998 y el Dr. Paolo Lingua, Director del Diario la Stampa en Génova. El prof. Hugh Thomas clausuró el Seminario con una conferencia en la que, con nuevos datos, analizó la figura de Hernán Cortés en contrapunto con la de Colón. Es de justicia agradecer a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y al Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda la oportunidad de la celebración de este Seminario en el que, por la calidad de los participantes y de los asistentes, se mantuvieron debates animados en los que todos aprendimos algo nuevo. Primer Seminario Sanmartiniano en la Universidad de Sevilla El día 4 de marzo de 1999 en el aula de grados de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla se inauguró el Primer Seminario Sanmartiniano sobre "José de San Martín y su tiempo". El evento ha sido organizado por el Instituto Español Sanmartiniano, Filial de Sevilla, con la colaboración del Vicerrectorado de Relaciones Institucio-C R Ó N I C A S Anuario de Estudios Americanos nales y Extensión Cultural de la Universidad hispalense, su Departamento de Historia de América, la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC) y el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla. Con la prometedora presencia de estudiantes americanistas entre el público y entre los ponentes, en el acto de apertura intervinieron don Gabriel Cano García, decano de la Facultad de Geografía e Historia; don Pablo Emilio Pérez-Mallaína Bueno, director del Departamento de Historia de América; don Adolfo González Rodríguez, vicerrector de Extensión Cultural, y don José María Monzón Ristori, presidente de la filial sevillana del Instituto Español Sanmartiniano. La conferencia de apertura estuvo a cargo del doctor don Juan Pérez de Tudela, de la Real Academia de la Historia, que versó sobre "San Martín y Bolívar". Posteriormente, el catedrático don José Luis Comellas García-Llera disertó con un trabajo intitulado "La España de Carlos IV y la formación de las elites iberoamericanas". Las ponencias de la sesión vespertina fueron "Los amigos ingleses de San Martín", del profesor don Manuel Moreno Alonso; "Alejandro Aguado, el amigo español de San Martín", de don Antonio Egea López, de la Academia Sanmartiniana de Argentina, y "El proyecto político de San Martín", del catedrático don Luis Navarro García, coordinador del Seminario. El viernes 5 de marzo se presentaron las siguientes ponencias: "La economía del Perú en torno a 1800", de don Miguel Molina Martínez, catedrático de Historia de América de la Universidad de Granada; "San Martín, la independencia y las Cortes de Cádiz", del doctor don Pedro Pascual Martínez, de Madrid; "La neutralidad norteamericana ante la independencia de Hispanoamérica", de don Julián Bautista Ruiz Rivera, catedrático de Historia de América de la Universidad de Sevilla; "Territorio e Independencia. Las estrategias de San Martín y Bolívar (1810-1830)", de la doctora doña Ascensión Martínez Riaza, profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid, y del doctor don Alfredo Moreno Cebrián, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; "La religiosidad de San Martín", de don Paulino Castañeda Delgado, catedrático emérito de la Universidad de Sevilla; "Nuevas interrogantes sobre la entrevista de Guayaquil", del doctor don José Luis Mora Mérida, profesor titular de Historia de América de la Universidad hispalense; "Entre Quito y Lima: la disputa por Guayaquil a comienzos del siglo XIX" de la doctora doña María Luisa Laviana Cuetos, profesora titular de la Universidad de Sevilla; "El problema de la naturalización de extranjeros en Venezuela (siglo XVIII y vísperas de la Independencia)", de la doctora doña María del Carmen Mena García, profesora titular de la misma Universidad; "Militares e Ilustración; un proyecto de desarrollo para Yucatán", de la doctora doña Ana Isabel Martínez Ortega, de la Universidad de Sevilla; para terminar con los trabajos de dos alumnos de quinto curso de la licenciatura de Historia de América de la Universidad hispalense: "José de San Martín: su imagen a través de las negociaciones previas a la ocupación de Lima", de don Sigfrido Vázquez Cienfuegos, y "San Martín, a través de su correspondencia con Canterac. Ambas ponencias merecen elogios por su originalidad y por el esfuerzo que han supuesto a sus autores. La jornada de clausura tuvo lugar el sábado 6 de marzo en el Colegio de Abogados. Intervinieron doña Lourdes Díaz-Trechuelo López-Spínola, catedrática emérita de la Universidad de Córdoba, que habló de "Filipinas ante la independencia de la América continental española", doña María Ángeles Eugenio Martínez, profesora titular de la Universidad de Sevilla, que versó de las "Elecciones municipales americanas en el marco constitucional de 1812", don Antonio Gutiérrez Escudero, vicedirector de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, cuya ponencia trató de "Revolución e independencia en La Española en la época de San Martín", y don Demetrio Ramos Pérez, de la Real Academia de la Historia, que cerró brillantemente las jornadas con una conferencia sobre "Los misterios de San Martín". El Colegio de Abogados invitó a los asistentes a una copa de vino español, agradable colofón para este seminario cuya comisión organizadora ha estado formada por don Pablo Emilio Pérez-Mallaína, don José María Monzón Ristori, don Enrique de la Vega Viguera y don Antonio Egea López, así como por don Luis Navarro García, cuya excelente coordinación ha hecho posible el éxito de estas jornadas que han tenido gran asistencia de público, sobre todo de alumnos de la Facultad de Geografía e Historia. Y no debe olvidarse el valor científico de las conferencias, y los debates suscitados, con intervenciones del mayor interés. Anuario de Estudios Americanos
En particular, se concentra en el papel que tuvieron las asociaciones de fieles vinculadas a las parroquias en el fomento del culto. También la prensa habría jugado un papel de relevancia promoviendo distintas iniciativas que redundaban en una mayor consolidación de la institución eclesiástica. Los fieles, la sociedad y la prensa reclamaron la necesidad de más sacerdotes, más parroquias, mejores templos y una mejor atención pastoral. Tuvieron una intensa participación que se quiere recoger en estas páginas. En la historiografía religiosa que sucedió al Concilio Vaticano II, la tesis de la romanización ha sido utilizada con frecuencia para abordar la historia de la Iglesia, desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante. 2 1 Agradezco a Luis Alberto Romero y a Roberto Di Stefano la discusión de algunas ideas que presento en este artículo. 2 Para una perspectiva amplia que comprende en sentido comparativo distintas experiencias latinoamericanas, véase Dussel, Enrique: "La Iglesia en el proceso de la organización nacional y de los estados en América Latina, 1830-1880", en Matute, Álvaro; Trejo, Evelia y Connaughton, Brian (coords.): Estado, Iglesia y sociedad en México. Para el caso argentino, y entre los trabajos más recientes véase Di Stefano, Roberto y Zanatta, Loris: Esta idea daba cuenta de una serie de procesos que afectaban a la Iglesia universal, en primer lugar, y repercutían luego en la manera en que se pensaba la historia de las iglesias nacionales. En pocas palabras, por romanización se entiende habitualmente un proceso mediante el cual el papado fue concentrando un poder en la Iglesia cada vez más omnímodo que se verificaba en distintas esferas y atribuciones: en lo dogmático, en el derecho eclesiástico (a fines del siglo XIX, León XIII sentó las bases que más tarde hicieron posible el primer Código de Derecho Canónico de 1917), en la disciplina del clero cada vez más estricta gracias a la codificación eclesiástica, en la liturgia y en la regulación de las atribuciones que les correspondían a los laicos. No fue un proceso lineal ni sencillo; las tendencias que se anunciaron con fuerza ya desde el pontificado de Pío IX no se verificaron en cada una de estas áreas al mismo tiempo. Pero de cualquier forma este proceso tuvo sus hitos, entre los que se cuentan: la condena a Lamennais por parte de Gregorio XVI en 1832, la declaración de la infalibilidad pontificia por el Concilio Vaticano I, el Motu proprio de Pío X de 1903 que uniformó la liturgia sobre la base del canto gregoriano, la condena al modernismo en nombre de un tomismo cada vez más ortodoxo -obra, ella también, de Pío X-, la creación de la Acción Católica por Pío XI. En fin, la imagen que resulta de todo este proceso complejo y multidimensional es la de una Iglesia cada vez más piramidal, centralizada y jerárquica, donde el grueso de las decisiones se deposita en el papado. Con esta imagen construida por la idea de la romanización, se ha abordado el estudio de la Iglesia argentina. Fue necesario, entonces, identificar los hitos que hacían a la historia argentina de la romanización, entre los que se destacan, en las décadas finales del siglo XIX, la creación del Colegio Pío Latinoamericano (1858) donde fue a estudiar buena parte de los clérigos que en los años sucesivos pasarían a ocupar las jerarquías eclesiásticas de la Iglesia argentina, la convocatoria al Concilio Plenario Latinoamericano (1899) que tenía como objeto uniformar la discipli-Historia de la Iglesia argentina. Desde la conquista hasta fines del siglo XX, Buenos Aires, 2000; también Zanatta, Loris: "De la libertad de culto posible a la libertad de culto verdadera. Para la historiografía francesa, puede verse por ejemplo Langlois, Claude: "Politique et religion", Philippe Joutard, Histoire de la France religieuse. 3 En suma, si bien esta tesis le atribuye a la Santa Sede un papel decisivo en el difícil proceso de construcción y consolidación institucional de la Iglesia argentina, no será ésta la perspectiva desde la cual abordaremos este mismo problema en las siguientes páginas: en lugar de atribuirle a la Santa Sede un papel privilegiado en la construcción de la Iglesia, pondremos énfasis en cambio en el modo en que participaron en este proceso tanto la sociedad y la prensa católica, como el Estado. 4 Abordaremos cada uno por separado. Comenzaremos por considerar el papel que jugó el Estado y por destacar el esfuerzo que emprendió, pese a todas sus dificultades, en pos de construir una Iglesia nacional en la Argentina, luego de la caída de Rosas. Fue Urquiza quien se encargó de imprimirle a la Iglesia un carácter piramidal, tratando de apuntalar las jerarquías diocesanas; desde el Estado, Urquiza contribuyó a moldear una Iglesia nacional y centralizada, aun con todas sus dificultades, y ya no fragmentada en diversas iglesias provinciales, como había ocurrido durante la primera mitad del siglo XIX, al ritmo de las crisis políticas. 5 Pero una vez superada la secesión entre Buenos Aires del resto del país -organizado políticamente bajo la confederación (1852 y 3 Hubo otros problemas que no consideraremos en esta historia de la romanización de la Iglesia argentina porque permanecieron pendientes de resolución hasta el siglo XX y por lo tanto exceden los límites de nuestro trabajo: el disciplinamiento del laicado, del clero y del episcopado, la creciente uniformidad ideológica que aportaría el tomismo. Han sido abordados por diversos autores: Zanatta, Loris: Del estado liberal a la nación católica. Iglesia y Ejército en los orígenes del peronismo, Universidad Nacional de Quilmes, 1996; Bianchi, Susana: "La conformación de la Iglesia católica como actor político-social: el episcopado argentino 1930-1960", en Bianchi, S. y Spinelli, M. E.: Actores, proyectos e ideas en la Argentina contemporánea, Tandil, 1997, págs. 17-48; "La conformación de la Iglesia católica como actor político-social. 1861)-, Buenos Aires se integró al orden nacional en 1862 trayendo consigo una lógica distinta en lo que hace a la construcción de la Iglesia en la que habría de destacarse la sociedad como su principal artífice. 6 Sea el Estado o la sociedad quien construya la Iglesia, son pues en cada caso dos lógicas distintas que no conviven con suma facilidad. En Buenos Aires, en particular, el contraste entre ellas será evidente. Una prueba de ello la podemos hallar en la actitud de Leandro N. Alem a la hora de debatir en la Cámara de Diputados qué papel le tocaba al Estado en la construcción de la Iglesia y el sostenimiento del culto: en sus propias palabras, "el pueblo argentino es católico. Y por lo mismo es una ofensa hecha al catolicismo argentino declarar que sin la subvención del Estado quedaría la religión abandonada". 7 Si el Estado se abocaba por sí solo a construir la Iglesia, a la sociedad no le quedaba mucho por hacer y su iniciativa quedaba completamente coartada; era éste, sin duda, un argumento liberal, pero no por ello anticlerical. 8 Y los que sostenían una tesis contraria a ésta, como es el caso de Félix Frías, claro está, depositaban en el Estado toda iniciativa. 9 Nótese que, en uno u otro caso, el papel de la Santa Sede en la construcción de la Iglesia argentina ni siquiera se menciona. Cuando decimos en este contexto "la sociedad" nos referimos a los propios vecinos que en cada parroquia y en cada pueblo de la provincia de Buenos Aires se asociaban en distintas organizaciones y comisiones vecinales -efímeras las más de las veces-con el simple propósito de construir un templo para el barrio, pueblo o localidad; y una vez construido, se organizaban nuevamente ya sea para ornamentarlo, mantenerlo en su debida "decencia" o simplemente llevar a cabo las diversas funciones religiosas con el debido decoro. En un período en el que se desarrolla la vida asociativa en distintos ámbitos, la Iglesia no permanece al margen de este 6 De allí las particularidades que presenta la relación entre la Iglesia y el Estado en la segunda mitad del siglo XIX. Al respecto véase Lida, Miranda: "De los recursos de fuerza o de las transformaciones de la Iglesia y del Estado en la segunda mitad del siglo XIX", Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, en evaluación. 8 Acerca de las raíces whig de las ideas políticas de Alem véase Botana, Natalio y Gallo, Ezequiel: De la república posible a la república verdadera (1880-1910), Ariel, Buenos Aires, 1997; Alonso, Paula Entre la revolución y las urnas. Los orígenes de la Unión Cívica Radical y la política argentina en los años 90, Universidad de San Andrés, Buenos Aires, 2000. 9 Frías, Félix: "Dotación del clero", El Orden, 19 de octubre de 1855. proceso;10 es precisamente en la segunda mitad del siglo XIX cuando el laicado, y la sociedad en sentido amplio, se organizan en diversas asociaciones que habrán de diferir ya de las antiguas cofradías coloniales.11 Y muchas de ellas, como veremos, asumirán explícitamente la tarea de construir la Iglesia: así el caso de la multiplicidad de comisiones vecinales de cada parroquia que se organizan para recolectar fondos para erigir un altar, ensanchar un templo o construirlo directamente desde el inicio, sin esperar de ningún modo que el Estado tome la iniciativa en este proceso. En cada capilla, en cada parroquia, las asociaciones voluntarias florecían. Y en este contexto, la prensa católica jugó un papel decisivo que no se agotaba en su dimensión política e ideológica12; la prensa católica se desarrolló y creció a la par del desarrollo de la vida asociativa, y acompañó a su vez el proceso de construcción de la Iglesia, como veremos. La construcción de la Iglesia encuentra distintos instrumentos en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de ellos y quizás el principal, al menos para el Estado, era la confección del presupuesto de culto que anualmente sancionaría el Congreso desde 1853. 13 El presupuesto de culto ha recibido en la historiografía religiosa una valoración por lo común negativa dado que ha servido de medida para demostrar el escaso interés que el Estado "liberal" le adjudicaba a la Iglesia y en este sentido se ha puesto de relieve la mezquindad del Estado, por momentos aguda, de acuerdo con sus críticos, a la hora de atender el culto 14. Sin embargo, no se ha estudiado cuáles eran los argumentos que sostenían las decisiones estatales en torno al presupuesto de culto; si bien no nos detendremos aquí en un estudio pormenorizado de este punto, trataremos de señalar qué concepciones del Estado, de la Iglesia y de la sociedad se pueden hallar en torno a esto. El problema es, desde nuestra perspectiva, decisivo porque cuanto más cuantioso sea el presupuesto de culto, y más importante se lo considere para la construcción de la Iglesia, menor será el margen que se le deja a la sociedad para organizarse en asociaciones destinadas a desarrollar y fomentar el culto. En este sentido destacaremos que en 1853 nacieron, en la Confederación por un lado y en Buenos Aires por el otro, dos concepciones distintas acerca de qué debe ser el presupuesto de culto y quién deba ser en definitiva el que se dedique a construir la Iglesia: el Estado o la sociedad. En la Confederación se adoptó el criterio de que el flamante presupuesto de culto debía favorecer a todos aquellos que hasta 1852 habían recibido retribuciones provenientes del cobro de diezmos, pero éste no era un criterio nada claro en realidad, dado que la distribución de los diezmos había variado de provincia a provincia, en especial, desde la crisis de 1820 15. De cualquier forma, podemos señalar algunas particularidades: en la Confederación se dice que cuando se le asigna una renta al clero se le está asignando un sueldo, de tal modo que se considera al ingreso de los clérigos -en particular los de las iglesias catedrales-como si se tratara de cualquier otro sueldo de la administración y se considera, además, al clero como funcionario del Estado 16; la Confederación por otra parte presenta un presupuesto de culto omnicomprensivo que contempla no sólo el sostenimiento de las sedes episcopales, sus respectivos cabildos eclesiásticos y seminarios, sino que además a ello se le suma una partida destinada a la construcción de las iglesias catedrales -vale decir, su edificación y ornamentación-y otra más destinada a los gastos de la curia; 17 más aún, gobierno favoreció o entorpeció el desarrollo institucional de la Iglesia. Descartaremos aquí esta perspectiva. Acerca del presupuesto de culto en la Argentina la bibliografía es escasa, pero pueden consultarse los trabajos de Udaondo, Enrique: Antecedentes del presupuesto de culto en la República Argentina, Buenos Aires, 1949; Maeder, Ernesto: "Breve historia del presupuesto de culto", Criterio, 2176, 1996; Rottjer, Aníbal: El presupuesto de culto en la Argentina, Buenos Aires, 1958. 15 Auza, Néstor Tomás: "Los recursos económicos de la Iglesia hasta 1853. Antecedentes del presupuesto de culto", Revista Histórica, 8, 1981. 16 El 23 de junio de 1856 se presentaba en el congreso de Paraná un proyecto que establecía la escala de los "sueldos y pensiones de las iglesias catedrales". Véase el diario de sesiones: Cámara de Senadores. Actas de sesiones de Paraná. Urquiza decidió por cuenta propia elaborar un proyecto de ley, luego aprobado por el Congreso, en el cual se les asignaba una partida a los párrocos de las iglesias matrices de toda la Confederación que pasaron a gozar "del sueldo de seiscientos pesos anuales". 18 A pesar de las múltiples dificultades financieras por las que atravesó la Confederación, el Estado no vaciló en los años de Urquiza en ser generoso con el presupuesto destinado a la Iglesia. Más todavía, y es éste un punto que nos interesa destacar aquí, la iniciativa del Estado podía llegar al punto de sustituir a la de los particulares: cuando un particular decidió traer al país a religiosos misioneros italianos para que atendieran las fronteras de Salta, Urquiza no se quedó atrás, decidió compensar económicamente a quien había tomado la iniciativa y se le pagó un monto por su gestión 19. ¿A qué se debe tanta generosidad para con la Iglesia y, en especial, el clero secular de la Confederación? No era ésta materia de fe, sino una cuestión política: la Iglesia era un problema político de primer orden que merecía la atención del gobierno porque la secesión había dejado "huérfanas" a las provincias del litoral que dependían en lo eclesiástico de Buenos Aires y la Confederación no estaba de ningún modo dispuesta a admitir que los párrocos del litoral rindieran obediencia a un obispo, ante todo, porteño. Este problema fue advertido con toda claridad por Urquiza, por su ministro de culto Facundo Martínez Zuviría que hicieron gestiones ante la Santa Sede, muchas de ellas exitosas, y obtuvieron que la Confederación contara con un delegado romano que le concedió a la diócesis de Paraná, establecida en 1860, gran cantidad de privilegios. El Estado le prestó enorme atención a las materias eclesiásticas y evitó dejar librada a la iniciativa particular la construcción de la Iglesia; su presencia en este sentido se hizo notar con fuerza a tal punto que el presupuesto estatal de culto llegó a ocupar en los años de Urquiza el 13% del presupuesto estatal. 20 Buenos Aires recibió en 1862 la herencia de Urquiza, pero Mitre no permaneció fiel a ella: se encargó de deshacerse de Marino Marini, el delegado de la Santa Sede que había sido traído por Urquiza, que quería elevar a la ciudad de Paraná al rango de arzobispado y, en sentido contrario, gestionó que la primera arquidiócesis argentina tuviera su sede en Buenos Aires, que fue establecida en 1865. Puede verse, pues, cómo el Estado nuevamente juega una vez más un papel de primer orden en la construcción de la Iglesia nacional. Sin embargo, el presupuesto estatal de culto no fue de ningún modo comparable al que le había asignado Urquiza: apenas rondaba el 2% del presupuesto del Estado. 21 Pero lo importante del caso es que el contraste está no sólo en los montos que el presupuesto de culto alcanza, sino ante todo en la concepción que de él se tiene. Lo que ocurrirá con Mitre es, pues, un fuerte proceso por el cual el Estado le abrirá el camino a la sociedad en el transcurso de la construcción de la Iglesia, de tal modo que el Estado tenderá a reducir las partidas destinadas al culto precisamente con el propósito de que los gastos de culto corran por cuenta de los propios fieles y de las municipalidades locales. Ya a partir de los años ́50, los debates en torno al presupuesto de culto de Buenos Aires y el modo en que éste es concebido reflejarán las concepciones liberales en las que se sustenta. Lo que está en juego es una concepción puramente liberal aunque no necesariamente anticlerical: se considera que si el Estado se hace cargo del proceso de construcción de la Iglesia, a la sociedad -en particular, a los vecinos y los fieles-no le quedaría nada por hacer. Es, en fin, un argumento que ante todo riñe con el Estado, más que con la propia religión. Veamos algunos rasgos del presupuesto de culto tal como se adoptó en Buenos Aires en la década de 1850, rasgos que habrán de perdurar luego de 1862. 22 En primer lugar, debemos destacar que no se concebía a los clérigos como funcionarios del Estado y las retribuciones que recibían no se las calificaba de ningún modo como un salario, sino más bien como subvenciones que le servían de auxilio: en este sentido, el Ministro de Gobierno afirmaría en 1856 en el Congreso que "no hay tal deber en el Estado de dar estos auxi-21 En 1861, por ejemplo, el presupuesto total de culto de Buenos Aires sumaba 813800 pesos, mientras que el presupuesto total del Estado alcanzaba los 44596014 pesos, lo cual representa el 1,82%. Véase el Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores del Estado de Buenos Aires. 22 Al respecto véase Lida, Miranda: "El presupuesto de culto en la Argentina. Estado y sociedad ante el proceso de construcción de la Iglesia, 1853-1880", ponencia, XIX Jornadas de Historia Económica, San Martín de los Andes, octubre de 2004. lios"; 23 se sugirió incluso adoptar el modelo anglosajón en el cual los clérigos son financiados exclusivamente por los fieles y por la sociedad y, se concluye, que debería suprimirse en realidad toda partida destinada al culto, o al menos tender a reducirlas lo más posible (no es casual que Félix Frías acusara al Estado de Buenos Aires de no sostener el culto con el debido decoro). En segundo lugar, y dado que se considera al presupuesto de culto como un simple auxilio, este último habrá de variar de acuerdo con algunas consideraciones particulares: el auxilio será mayor allí donde la sociedad carezca de recursos (materiales y humanos) para sostener el culto; por ello curatos marginales que no hace poco tiempo atrás eran simplemente capellanías castrenses en la frontera de Buenos Aires habrán de recibir importantes subvenciones por parte del Estado provincial, no así el caso de los curatos de la ciudad que reciben a lo sumo auxilios mínimos. 24 De este modo, las partidas destinadas al clero parroquial no se distribuyen uniformemente a lo largo de todo el Estado de Buenos Aires, lo cual dejará el camino abierto para que desde cada parroquia se advierta la necesidad de los vecinos de organizarse para intentar presionar sobre el Estado. Otra de las características que presenta el culto en el Estado de Buenos Aires es que se le deja a los particulares absoluta libertad de acción en cualquier iniciativa destinada a atraer órdenes religiosas, rubro en el cual el Estado declina cualquier tipo de intervención, a diferencia de lo que ocurría, según vimos, en la Confederación; así puede verse un dictamen de Dalmacio Vélez Sársfield -que fue adoptado como norma por Buenos Aires-en el que afirma que los particulares pueden actuar en este rubro "sin necesidad de autorización especial por parte del Gobierno". 25 No es casual que en 1862, a la hora de la organización nacional, Buenos Aires no haya admitido una completa "nacionalización" de su presupuesto de culto: si bien habrán de nacionalizarse las partidas destinadas al alto clero (obispado, seminario, curia y cabildo eclesiástico), la provincia conservará en sus manos las partidas destinadas a las parroquias de Buenos Aires que continuará asignando en cali-23 Diario de sesiones de la Cámara de Senadores del Estado de Buenos Aires de 1856, Buenos Aires, 1856, sesión del 28 de octubre, pág. 533. 24 Así como a la parroquia de Balvanera se le quitaba en 1856 el auxilio que le otorgaba el Estado provincial porque se la consideraba en condición de bastarse con los aportes de sus feligreses (Diario de sesiones de la Cámara de Senadores del Estado de Buenos Aires de 1856, pág. 533), por otra parte en 1861 se le asignaba una importante partida al cura de Bahía Blanca, próximo a la frontera (Diario de sesiones de la Cámara de Diputados del Estado de Buenos Aires, 1861, pág. 162). 25 El dictamen se halla transcripto en Santiago Ussher, Las hermanas de la Misericordia irlandesas. 26 Dado que se trata simplemente de un auxilio y el sostenimiento del clero parroquial no es absorbido por el Estado nacional, la iniciativa de la sociedad en la construcción de la Iglesia no se ve disminuida, en especial a nivel local y parroquial. Puede verse que en Buenos Aires el Estado le abrió el paso a la sociedad en la tarea de construir la Iglesia. Y la instalación del régimen municipal en Buenos Aires luego de la caída de Rosas hizo el resto. En 1854 se estableció la ley que regularía el régimen municipal, luego de largas décadas en las cuales se había carecido de autonomía en el poder local27; nos interesa destacar aquí que el artículo 63 de esta ley le confería a las municipalidades de campaña, entre otros deberes: "promover y consultar los intereses materiales y morales del partido con absoluta prescindencia de los intereses políticos. Por consecuencia propondrá cuantas medidas considere conducentes al mejor orden [...] en todos sus ramos [...] instrucción pública, establecimientos de beneficencia, culto divino". 28 Esta ley sólo postuló un principio genérico que requirió ulterior reglamentación; así en 1856 el obispo Mariano Escalada establecía un reglamento para regular las relaciones entre las municipalidades de campaña y sus respectivos párrocos en el que le atribuyó al "Municipal encargado de la sindicatura de la iglesia", junto con el párroco y un vecino "distinguido", 29 la administración del capital destinado a la "fábrica" de la iglesia parroquial: de tal modo que se le atribuyeron a las municipalidades de campaña y a los vecinos de cada localidad tareas que desde los años de Rosas habían quedado depositadas exclusivamente en las manos del párroco. 30 Sobre estas bases, pues, las municipalidades locales y los vecinos jugarán un papel decisivo en la construcción de la Iglesia, en particular en Buenos Aires y su campaña, como veremos a continuación. Cuando cayó Rosas, los pueblos de campaña descubrieron que el templo de su localidad -en aquellos casos en que lo tuvieran-les resultaba chico, incómodo y mal construido, se inició entonces un vasto proceso o bien de reedificación de las antiguas parroquias y capillas de campaña, o bien de construcción ex nihilo en los nuevos pueblos que se conformaron luego de 1852. 31 De cualquier modo, el movimiento en este sentido es notorio. En algunas parroquias ocurría que el viejo templo comenzó a contrastar con los nuevos edificios que se estaban construyendo al ritmo del crecimiento económico, fruto de la expansión del lanar y esto era considerado una afrenta para la imagen del pueblo: en este sentido, el juez de paz de Lobos declararía en 1853 que necesitaba un nuevo "templo amenizando con la clase de edificios que hay y que diariamente se construyen", dado que el antiguo, según declaraba, tenía techos de paja y no se encontraba a la altura de las circunstancias. 32 Por su parte, el cura de Dolores consideraba en 1852 que era "sumamente desdoroso el carecer de ese religioso edificio en la época especialmente en que florecía su comercio". 33 En otros casos, ocurría que un pueblo de campaña no toleraba quedarse atrás cuando advertía que una localidad vecina había logrado embellecer el templo al punto de atraer a las principales familias de otros pueblos, de tal modo que aquellos que no habían emprendido ninguna refacción se veían súbitamente despoblados, en especial los días domingo cuando los feligreses preferían viajar hasta el templo del pueblo vecino: "¿No es bochornoso -se preguntaba un vecino de Mercedes en 1876-que pueblos de la provincia de 30 "Reglamento para las relaciones entre las municipalidades y los curas de campaña en la parte relativa al culto, establecido por Mariano José Espinosa y aprobado por Dalmacio Vélez Sársfield como fiscal del Estado el 17 de julio de 1856", Registro oficial del Estado de Buenos Aires, Buenos Aires, 1856, pág. 69 y ss. Este reglamento daba marcha atrás con el decreto de Rosas del 26 de abril de 1830, "Se restituye la administración de los fondos de fábrica a los párrocos", Registro oficial del Gobierno de Buenos Aires, 5, libro 9, págs. 4-5. Acerca de la significación de este decreto véase Di Stefano: El púlpito y la plaza... 31 La significación de este proceso ha sido advertida por la prensa de la época. Véase Correa, Fray Olegario: "Reparo de los templos", La Religión, 28 de enero de 1854. Buenos Aires que no gozan de la nombradía del de Mercedes en todo y por todo tengan el orgullo de poseer templos católicos que correspondan y hagan honor a sus habitantes? ¿Citaremos a lo dicho el templo de San Antonio de Areco, el de Barracas al Sud, el de San Vicente, de Las Flores y tantísimos otros?". Sin duda la situación era bochornosa para quien escribía estas líneas, pero su autor no tardaría en proponer el modo de salir de ella: "¿nuestra Municipalidad no podrá cooperar, que tiene unas entradas tan pingües, uniéndose con el vecindario y su partido, levantar un templo que engrandezca a esta ciudad, que es lo que da vida a los pueblos y no otras cosas?". 34 Especialmente en la campaña la construcción del templo involucraba la propia "identidad", bien podríamos decir, de cada pueblo, aquello que permitía distinguirlo de su vecino; de ahí que las comparaciones no sólo fueran habituales entre los vecinos sino que también aparecían reflejadas en la prensa, a la hora de informar acerca de las nuevas obras. 35 Pero en definitiva, la comparación más anhelada era con Buenos Aires: estar a la altura de la ciudad era la máxima aspiración de los pueblos de la campaña, y por ella se desvivían. 36 Tener un templo bien construido y bien provisto era algo más que un motivo de orgullo para el pueblo; era también la imagen visible para cualquier pueblo que hubiera entrado en un franco proceso de crecimiento económico, de tal modo que no se concebía que el progreso material pudiera desarrollarse con independencia del progreso "moral" o "espiritual": en este sentido se puede leer en la prensa de la época que "la edificación de una iglesia católica propende al engrandecimiento moral del pueblo porque es una nueva cátedra de doctrina [...] y tiende al progreso material porque es un nuevo ornato para la localidad". 37 Así, cuando en 1857 el gobierno del Estado de Buenos Aires le solicitó a los jueces de paz que informaran acerca de las "mejoras que se hayan practicado en su partido", los respectivos informes contenían reseñas acerca del movimiento de la hacienda y de las cabezas de ganado, daban cuenta del crecimiento poblacional, de las indus-trias y comercios que se establecían en cada localidad, de las mejoras edilicias, sin omitir de ningún modo una consideración acerca del estado del templo y las refacciones que en él se hubieran hecho, o se planeaban hacer. 38 No es casual entonces encontrar que en aquellos lugares donde se está construyendo el pueblo desde cero, que el templo forme parte central de ese proceso de construcción: construir el pueblo comprende simultáneamente la construcción de una capilla, una escuela y la casa municipal. 39 En la ciudad en cambio, la construcción del templo puede encontrarse estrechamente vinculada a la construcción del espacio urbano: en 1854 la comisión de vecinos encargada de las obras de refacción del templo de La Piedad declaraba que no sólo estaba preocupada por la refacción del atrio y una serie de obras en el interior del templo, sino que además había "invertido a más de algunos miles de pesos para contribuir al empedrado de las dos calles del frente". 40 Los motivos, pues, para que los vecinos y las municipalidades se involucraran en la construcción de un templo eran variados, de acuerdo con las múltiples circunstancias de cada localidad de Buenos Aires, ya sea en la ciudad o en la campaña; pero de todos modos vale la pena subrayar que la preocupación por tener un templo no era una simple cuestión "religiosa" sino que involucraba la construcción de los pueblos de campaña y de la ciudad. Y los propios vecinos lo concebían de este modo: así como se organizaban en comisiones para construir el templo, levantar un altar, adquirir un órgano, una pintura o bien organizar la fiesta religiosa del patrono de la localidad, se organizaban de igual modo para otras obras consideradas de utilidad pública como podía ser la construcción de caminos y puentes. 41 En esta multiplicidad de obras, los párrocos no permanecían al margen, al igual que los vecinos se involucraban en las diversas empresas de construcción que el pueblo emprendía; así, no es casual que un párroco participe al mismo tiempo de una comisión pro templo y de una comisión vecinal destinada a la construcción de un puente o una escuela. 42 Veamos más detenidamente cómo se llevaban a cabo estas obras. Tanto los principales vecinos -recordemos que la categoría de vecino se superponía a la de contribuyente-organizados en comisiones, como el sacerdote (en aquellos casos en que lo hubiera) y la municipalidad, junto con el respectivo juez de paz han jugado un papel decisivo en la construcción de los templos en Buenos Aires en la segunda mitad del XIX. 43 A veces ni siquiera se le pedía al Estado que contribuyera con recursos. Como el caso de la creación de la parroquia de Barracas al Sud -y su respectivo templo-, cuyo juez de paz declaraba en 1852 que aquel pueblo "todo lo puede y lo hace sin gravar al Estado: que tiene una magnífica campaña; que se convertirán sus posesiones en bellezas agrícolas". 44 Y agregaba que las comisiones de vecinos ya se habían puesto en acción para recolectar "fondos voluntarios" entre los pobladores, con resultados exitosos, según declaraba. Semejante éxito, señalaba, sólo podía explicarse por la decidida participación de un grupo de inmigrantes vascos que deseaba, ante todo, contar con un sacerdote que hablara su lengua: "queremos elegir nuestro cura", añadía el juez de paz. No es difícil imaginar que el provisor de la diócesis de Buenos Aires se opusiera a semejante pedido; lo hizo alegando que la población de ese partido no estaba en condiciones de sustentar económicamente una nueva parroquia dado que la población con la que contaba estaba en su mayor parte compuesta por trabajadores temporarios que no podían garantizar la estabilidad de los ingresos parroquiales ni tampoco comprometerse a construir un templo. 45 Fue necesaria la intervención del Estado en este punto, pero éste jugó simplemente un 42 Así ocurría con el cura de Las Conchas. 43 Por ejemplo, véase la historia de la parroquia de San Juan Evangelista que escribió Belza, Juan: En la boca del Riachuelo, Buenos Aires, Don Bosco, 1957, págs. 65 y ss; otro caso en el que los vecinos participan en la reedificación de una vieja parroquia bonaerense es el de San Isidro: véase Actis, Francisco: Historia de la parroquia de San Isidro y de su santo Patrono 1730-1930, Talleres Gráficos Institución Juan Segundo Fernández, s/f, cap. IX. Los ejemplos en este sentido podrían multiplicarse. 45 Nota de Miguel García dirigida al Gobierno, 26 de octubre de 1853, AGN, Estado de Buenos Aires, X-28-1-4. papel de árbitro entre la municipalidad y la autoridad eclesiástica, obteniendo por parte de la municipalidad el compromiso de que ella se encargaría de garantizar las rentas del párroco convocando a los vecinos a fin de asignarle al cura una cuota mensual, en caso de que los aranceles parroquiales no resultaran suficientes: la parroquia fue así erigida en 1854. El Estado, simple árbitro, le dejaba a la sociedad el camino libre para que hiciera la Iglesia. Los mecanismos que tenían los vecinos para obtener fondos eran múltiples: podían sencillamente apelar a los donativos en dinero, comprometiendo a la población a pagar cuotas mensuales, "levantando suscripciones" al efecto; 46 el Estado no sólo las avalaba sino que las fomentaba en aquellos pueblos que aún no las hubieran iniciado. Así, en 1854 el Gobierno le recomendaba al juez de paz de San Andrés de Giles "exaltar el patriotismo del vecindario y sus propias conveniencias a efectos de obtener por medio de suscripciones la cantidad suficiente para la realización de la obra [...] este mismo proceder se observa en los demás partidos de campaña con el más completo éxito". 47 Asimismo los vecinos podían obtener donativos en especie, ya sea la donación de los ladrillos u otros materiales de construcción destinados a las obras que eran cedidos por albañiles o por los dueños de los hornos de ladrillos, 48 ya sea la ornamentación para el futuro templo, que podía provenir de una vieja capilla privada 49; podían además obtener a su favor mano de obra gratuita de peones y jornaleros que, a fin de no quedarse afuera del emprendimiento del pueblo en el cual querían participar a toda costa, cedían aquello que ellos tenían, vale decir, su propia fuerza de trabajo. Sin embargo, éstos eran recursos inestables, el resultado de una suscripción no podía preverse y no todos los pueblos contaban con quienes estuvieran en condiciones de ceder materiales de construcción; por otra parte, la mano de obra era inestable en la campaña, residía en un pueblo sólo por una temporada y no se 46 Los ejemplos en este sentido son numerosos: para construir el templo de San Andrés de Giles que estaba presupuestado en 530000, la Municipalidad contaba sólo con 150000 y el resto esperaba obtenerlos de una suscripción (García, Secundino Néstor: Historia de San Andrés de Giles desde sus orígenes hasta 1930, San Andrés de Giles, 1986, pág. 176); en Bragado, al igual que en muchos otros lados, la suscripción se llevó a cabo "con los auspicios de un núcleo de vecinos caracterizados" (Moya, Juan R.: Contribución a la historia de Bragado, La Plata, 1957, pág. 169). 47 Nota de Ireneo Portela, datada el 5 de junio de 1854, transcripta en García: Historia de San Andrés de Giles..., pág. 166 y ss. 48 Por ejemplo, en 1890 un albañil de San Isidro donó arena y otros materiales para la construcción del templo de Olivos. 49 Véase Llanes, Ricardo: El barrio de San Cristóbal, Buenos Aires, 1970, pág. 23. podía garantizar su continuidad dado que el mercado de trabajo era móvil, inestable y fluido. 50 Los ejemplos de los muy variados donativos que recibían los templos a la hora de su construcción son innumerables, pero sin duda se destacan aquellos que provenían de los vecinos más "caracterizados" de cada localidad por ser no sólo los más abundantes sino también los que ofrecían mayores garantías. Claro está que estos pocos vecinos "notables", que donan espontánea y voluntariamente cuantiosas sumas de dinero, son aquellos que habrán de liderar las comisiones pro-templo en su partido. 51 Con el tiempo, las comisiones de vecinos idearon además otros mecanismos para obtener recursos, ya sea la organización de conciertos, a cargo de aficionados, es decir, los propios vecinos la más de las veces 52; la puesta en escena de obras de teatro; 53 la organización de bazares y rifas de cuya gestión se encargaban por lo general las "principales" mujeres de la localidad: por ejemplo, en San Justo, "una sociedad de respetables matronas [...] se propone abrir un bazar de importantes objetos donados que se rifarán en beneficio de la obra del templo". 54 Y si la envergadura de la obra en curso lo justificaba, se podía incluso organizar un verdadero "festival" que incluyera una kermese que combinaba la feria, la música, el teatro, el bazar, las rifas, juegos, baile y otros entretenimientos -todo ello con el aval del arzo-50 Este problema se presentó con toda su agudeza en el partido de Pergamino. Véase al respecto Giménez Colodrero, Luis E.: Historia del partido de Pergamino hasta 1895, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1945, pág. 201 y ss. Las particularidades del mercado de trabajo han sido estudiadas por Sábato, Hilda y Romero, Luis Alberto: Los trabajadores de Buenos Aires. 51 Una nota del juez de paz de Lobos al gobierno declaraba el 23 de noviembre de 1853 que "cuenta [...] para dar principio a dicha obra con 51000 pesos que donan gustosísima y espontáneamente los ciudadanos expresados": se trata de los mismos que habrán de componer la comisión a cargo de las obras. Otro caso en que coinciden los principales contribuyentes con los miembros de la comisión lo refiere "Templo de San Cristóbal", La Unión, 14 de agosto de 1887. 52 Véase "Concierto en San Fernando", La América del Sud, 26 de enero de 1877; "A beneficio de un templo", La América del Sud, 4 de diciembre de 1877 (donde se anuncia la realización de una "matinée musical, a cargo de aficionadas); también: "Bazar de caridad", La Unión, 17 de julio de 1887, donde se anuncia un concierto en el que participan "las principales niñas de la parroquia". 53 En la década de 1870 se popularizaron las obras de Fernández Espadero (Pureza y vicio y Las campanas del monasterio) que se solían representar en los pueblos de campaña. Sus obras, además, se difundían en El católico argentino que publicó un folletín de este mismo autor a partir de julio de 1875. Asimismo el 24 de septiembre de 1878 el mismo periódico anunciaba: "las damas de Belgrano preparan activamente un bazar cuyo producto se destina a las obras del templo de la localidad". Algo similar ocurría en el Pilar, La América del Sud, 11 de octubre de 1878. bispo, por cierto-: así se hizo en 1898, a fin de juntar fondos nada menos que para el santuario de Luján. 55 Y aquello que los vecinos no lograban por su cuenta, en materia de recursos, podía ser facilitado por la visita pastoral que el arzobispo realizaba periódicamente por los distritos de la campaña bonaerense. La visita del arzobispo no era simplemente un recurso con el que contaba la autoridad eclesiástica para disciplinar al clero parroquial; 56 por el contrario, muchas veces era solicitada por el propio párroco y por las comisiones de vecinos porque esperaban que con ella las contribuciones a la obra de la iglesia se acrecentaran. Que el arzobispo visitara una localidad de campaña era vivido por los pueblos como un verdadero "acontecimiento" capaz de atraer a pobladores de localidades vecinas y ello, esperaban, traería como consecuencia mayores contribuciones para las obras en marcha. Una ocasión extraordinaria para la visita de la autoridad eclesiástica era la fundación de un pueblo, la colocación de la piedra fundamental del templo o, más tarde, su bendición, que se convertían en verdaderas "fiestas", que, en verdad, de religioso tenían bastante poco. Por ejemplo, en 1856 el pueblo de Belgrano adquirió la carta de ciudadanía y se reinauguró su capilla luego de una serie de refacciones; para la ocasión se invitó al por entonces obispo Escaladafue elevado a arzobispo en 1865-a presidir la función religiosa que ocupó toda la mañana de aquel día y a ella le sucedió una serie de festejos que iban más allá de lo estrictamente religioso: "repiques de campanas, salvas de bombas, estallido de cohetes y petardos anunciaron que la ceremonia religiosa había terminado [...] Un refresco general había sido preparado por la Comisión en el patio de la iglesia [...] se había hecho asar también seis terneras con cuero con las que se obsequió al vecindario [...] el jamón y las sardinas [...] con sus correspondientes vinos circularon y alegraron los ánimos". 57 En tales ocasiones, la presencia de la autoridad eclesiástica hacía de esa celebración un evento importante que, incluso, llegaba a hallar eco en la prensa. En verdad, cualquier ocasión era buena para invitar al arzobispo a que visitara un pueblo de campaña pero, en especial, la celebración anual del patrono del templo, a las que la parroquias solían invitar al arzobispo... y si éste no se dignaba concurrir, cuando menos se solicitaba la visita de algún sacerdote de la ciudad a fin de que su presencia le confiriera a la función 55 Véase "Festival por el Santuario de Luján", La Buena Lectura, 29 de enero de 1898. 56 En este sentido, véase Di Stefano: El púlpito y la plaza... 57 El Nacional, 9 de diciembre de 1856. religiosa un cierto grado de "solemnidad" y un carácter extraordinario. 58 En un contexto por lo demás festivo, la visita de la autoridad eclesiástica podía en los pueblos de campaña contribuir a las obras del templo dado que su presencia -se esperaba-incentivaría a los fieles a realizar contribuciones y limosnas extraordinarias;59 el arzobispo podía además ejercer presión sobre la Municipalidad para emprender determinadas obras cuando las iniciativas del párroco y de un grupo de vecinos no se hallaban acompañadas por el municipio local. Así ocurrió en el pueblo de Moreno cuando el arzobispo lo visitó para la fiesta patronal, según nos relata un vecino: el canónigo Milcíades Echagüe, que acompañaba al arzobispo Aneiros, se dirigió "a los señores municipales representándoles sus deberes para con el templo",60 y su pedido se vio acompañado por los principales vecinos de la localidad, en un almuerzo que el párroco organizó en honor de los visitantes. 61 Más todavía: las asociaciones de vecinos que, según vemos, juegan un papel tan activo en la construcción de la Iglesia, son capaces de ir aún más lejos en su participación en la vida de la institución eclesiástica. Por ejemplo, los laicos tenían frecuente participación en la liturgia: se formaban coros de niñas y jóvenes que por lo general ocupaban las primeras filas en las funciones religiosas y, por supuesto, atraían al templo a sus familiares y allegados;62 podía además incluso organizarse la interpretación de obras musicales en el interior del templo incorporando instrumentos de participación poco habitual en la liturgia como podría ser el arpa, el violín o el piano, que acompañaban las voces de las mujeres. 63 Ello transcurría así en Buenos Aires, a pesar de que la Congregación de Ritos de la curia romana hacía tiempo que recomendaba la difusión del canto gregoriano y su enseñanza en los seminarios, según las disposiciones pontificias... 64 La activa participación de los vecinos en la vida cotidiana del templo parroquial los introdujo en otras áreas aún más delicadas todavía: por un lado, no tardaron en presionar sobre el arzobispo para que éste nombrara un párroco de su preferencia. Ya hemos indicado más arriba el caso de los vecinos de Barracas al Sud que reclamaban un presbítero que hablara vasco; asimismo, los vecinos de Balvanera se dirigieron al arzobispo en 1881 para solicitarle que su párroco fuera designado canónigo honorario y, más tarde, los mismos feligreses de Balvanera solicitaron en 1892, con nombre y apellido, que fuera designado párroco Ángel Brasesco que era hasta entonces el teniente cura de la parroquia, y en efecto el arzobispo terminó cediendo al reclamo de los vecinos. 65 Más aún, las asociaciones de vecinos no vacilaron en ciertos casos en reclamar la facultad de decidir las designaciones de los párrocos, dado que consideraban que tenían derecho a ello; 66 incluso hubo casos en los que llegaron al punto de exigir la destitución de un clérigo cuando éste les desagradaba, por motivos diversos, por ejemplo, que el párroco no favoreciera a una determinada asociación vecinal. 67 Cuando ello ocurría, el párroco era enviado a Buenos Aires, se nombraba mientras tanto un clérigo provisorio, y si bien al párroco cuestionado generalmente se lo declaraba absuelto, era común que se lo mudara de curato. 68 El arzobispo Aneiros tuvo que enfrentar varios casos de este tipo, sin invocar en ninguna ocasión la autoridad romana, o la independencia de la Iglesia con respecto al orden temporal; por el contrario, atendió los reclamos y trató de buscar una salida "negociada" a los incidentes. 64 Un breve de Pío IX de 1873 ponía énfasis en la necesidad de universalizar en todas las diócesis el canto gregoriano. Se halla transcripto en "Canto gregoriano", El católico argentino, 2 de enero de 1875. 65 "Para cura de Balvanera", La Buena Lectura, 6 de febrero de 1892, donde se reproduce una nota dirigida por los vecinos al arzobispo Aneiros. Ver también la petición elevada por los vecinos en 1881, reproducida en "Reseña histórica del templo parroquial N. S. de Balvanera", Revista eclesiástica del arzobispado de Buenos Aires, 1934, pág. 10 y ss. 66 La Municipalidad de Dolores propuso que se estableciera la libre elección de los párrocos por parte de los vecinos de los pueblos de campaña. Véase Roncoroni, Atilio: Historia del municipio de Dolores, Municipalidad de Dolores, 1967, vol. 2, pág. 47. 67 En 1886 por ejemplo los vecinos del pueblo de Ayacucho tenían en mente impulsar la destitución su párroco. 68 Una reseña del conflicto de 1871que tuvo lugar en torno al párroco de en San Nicolásque terminó por ser trasladado-se halla en De la Torre, José E.: Historia de San Nicolás de los Arroyos, Rosario, 1947, pág. 399-400. Nos resta todavía analizar una de las manifestaciones más claras de la estrecha relación existente entre los vecinos y la Iglesia: la prensa. No insistiremos aquí en poner de relieve el importante despliegue de la prensa porteña luego de la caída de Rosas, que ya ha sido abundantemente estudiado; 69 nos interesa más bien estudiar la prensa católica y las relaciones que tiene tanto con la sociedad como con la institución eclesiástica, dado que funciona de bisagra entre ambas. Sin embargo no abordaremos aquí el mundo de las "ideas" que se reproducen en la prensa católica de la segunda mitad del siglo XIX ni nos interesa tampoco estudiar la prensa como "arma de combate" en su lucha contra el "liberalismo"; 70 trataremos de indagar, en cambio, quiénes son los destinatarios y los interlocutores de esta prensa. Como veremos, ellos son múltiples y comprenden desde las comisiones vecinales que participan directamente de la vida de la parroquia hasta la feligresía entendida en un sentido amplio; desde los párrocos hasta el arzobispo y también la municipalidad e incluso, aunque sólo sea por defecto, el gobierno. Era usual que los párrocos recurrieran a la prensa para publicar la lista de los vecinos y demás feligreses que habían contribuido para una determinada obra en el templo; de este modo el clérigo demostraba su agradecimiento hacia su feligresía y los apellidos de los contribuyentes se veían reflejados en el propio periódico. A veces podía tratarse de apellidos importantes, como ocurrió con la refacción del órgano de la iglesia metropolitana, que incluía a los Anchorena, Elortondo, Llavallol, Guerrico, entre otros. 71 La propia prensa consideraba que la publicación de los nombres era una forma de honrar a los vecinos que más generosamente contribuían con la construcción de la Iglesia: así, en 1879 se los publicaba "como un homenaje a las distinguidas personas que forman la comisión de la obra del templo". 72 Estas listas tienen una particularidad: pueden ser interminables e incluso crecen con el correr de los días, dado que a medida que se van publicando las primeras suscripciones, se reciben nuevas, que a su vez se publican incrementando las listas y por supuesto las donaciones obteni-69 Véanse los trabajos de Hilda Sábato citados más arriba. También, Lettieri, Alberto: "De la república de la opinión a la república de las instituciones", Capitalismo, Estado y orden burgués (1852-1880), Nueva Historia Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 1999, vol. IV, págs. 97-160. 70 Las "ideas" han sido estudiadas, entre otros, por Auza, Néstor Tomás: Católicos y liberales en la generación del ochenta, Buenos Aires, 1975 (en especial, cap. VIII). das; 73 de tal modo bien podría pensarse que esta recurrente publicación de listas es una espiral que se alimenta mutuamente: unos colaboran cuando advierten que otros lo han hecho, y de este modo un gran número de apellidos termina por aparecer en el periódico. Incluso el propio periódico podía llegar al punto de sorprenderse de que esto sucediera. En 1877 La América del Sud declaraba que "los fieles de Carmen de Areco parece que rivalizaran en generosidad para con la Casa del Señor". 74 En definitiva: nadie quería quedar fuera. En otros casos, se utilizaba la prensa para solicitar la colaboración (económica o en especies) del vecindario para la obra de un templo; las comisiones de vecinos recurrían a la prensa y publicaban avisos para solicitarle a los fieles que colaboraran en lo que les fuera posible: por ejemplo, "debiendo procurarse los recursos necesarios para levantar una pequeña iglesia en honor de la Santísima Virgen del Carmen en el Monasterio de Carmelitas descalzas se suplica a las personas piadosas quieran enviar algunos objetos para ser rifados en beneficio del templo [...] [firma] La Comisión". 75 La prensa de una determinada parroquia podía incluso tomarse la libertad de solicitar contribuciones para sí, es decir, para una determinada obra en su propio templo; así, el párroco de la Merced se dirigía directamente a su feligresía a través de su periódico parroquial La Buena Lectura en los siguientes términos: "El infrascripto [el cura Antonio Rasore] interpretando los justos anhelos del vecindario desea que las obras de pintura del interior del templo estén terminadas para la fiesta de nuestra gloriosa titular, mas para ello sería necesario que los suscriptores tuviesen a bien abonar su suscripción adelantada hasta diciembre próximo inclusive". 76 Una apelación tan directa como ésta sólo era posible en una parroquia como la de La Merced que no sólo era próspera, sino que además contaba entre su feligresía a importantes familias de élite, entre ellas, los Anchorena. 77 De tal modo que la prensa será una herramienta insustituible para la construcción de la Iglesia; y cuanto más importante era la obra en cuestión, más habrá de advertirse su significación. Por ejemplo, cuando se puso en marcha la construcción de la basílica de Luján -uno de los templos más importantes construidos en la segunda mitad del siglo XIX-, se lanzó una publicación llamada La Perla del Plata que servía entre otras cosas para solicitar donativos y publicar los nombres de aquellos que se hubieran acercado al santuario a contribuir con su óbolo. 78 Pero la apelación a los vecinos no se limitaba simplemente a reclamar su contribución. La prensa podía estimular a los vecinos a participar activamente en la vida de la institución eclesiástica. Así ocurrió en 1883, cuando el periódico La Unión le recomendó a los vecinos de San Nicolás de los Arroyos que reclamaran que su párroco fuera designado canónigo honorario, título que, según estimaba el periódico, era merecido con creces por el cura: "La población de San Nicolás que conoce los relevantes méritos de su digno cura debería levantar su voz y exigir para su párroco, peticionando a quien corresponda, el título de canónigo honorario que bien merecido y conquistado lo tiene". Era por lo demás frecuente que la prensa juzgara si un determinado cura tenía o no las condiciones para ser promovido, y que opinara acerca de la justeza de los nombramientos efectuados por la curia eclesiástica. 79 Y, en efecto, tiempo después los vecinos de San Nicolás se dirigieron al arzobispado para reclamar este nombramiento, según publicaría con regocijo el mismo periódico 80. Más aún, la prensa también podía ser utilizada para apelar a que la Municipalidad interviniera y tomara medidas cuando un templo sufría deterioros. En 1877 La América del Sud advertió que la capilla del Carmen requería reformas e increpó a la Municipalidad para que pusiera manos en el asunto dado que "esto es grave, muy grave"; pocos días después el mismo periódico informó que la Municipalidad ya estaba al tanto del problema y había tomado las primeras medidas al respecto. 81 Otro ejemplo en el cual la Municipalidad es la destinataria ocurría también en la ciudad: 78 El 6 de enero de 1890 se lanzaba ese periódico cuyo primer número decía que reproduciría "el movimiento de peregrinos y visitantes al santuario de Luján; las ofrendas en metálico u objetos", Presas, Juan Antonio: Anales de Nuestra Señora de Luján: trabajo histórico-documental 1630-1982, Morón, 1983, pág. 207. 79 Véase por ejemplo un titular que publicaba La Voz de la Iglesia: "Nuevo cura de Chivilcoy. "hacemos notar al Sr. Inspector Municipal de la parroquia de Monserrat que en ella y a una cuadra de un templo y media de una escuela habitan ciertas personas cuya conducta no habla muy a favor de la moral ni de la decencia. Por ahora le hacemos este recuerdo reservádonos para otra vez en caso de que el escándalo siga". 82 En cambio, la relación con el Estado era sin embargo más difícil, y rara vez se apelaba a él; en la álgida década de 1880, la prensa católica, lejos de denunciar el desinterés del Estado por ocuparse del mantenimiento y reformas de los templos y exigir una intervención más decidida, directamente afirmaba que prescindiría de toda apelación al Estado: "llamamos la atención de los católicos sobre las obras de ensanche y embellecimiento que se están efectuando en el templo de Santo Domingo [...] nuestros actuales gobernantes olvidan sus deberes de argentinos y reniegan de los de católicos. No queda sino el pueblo, a él nos dirigimos" 83. En estas iniciativas la prensa no actuaba, sin embargo, como simple vocera de la autoridad eclesiástica. Ninguno de los periódicos católicos del período se halla bajo la directa dependencia del titular de la sede eclesiástica porteña, sino que la mayoría de las veces los periódicos se hallaban administrados por laicos (así el caso de El católico argentino, La América del Sud -en este último participaba Santiago Estrada-y La Unión); siquiera La Voz de la Iglesia se hallaba bajo la administración directa del arzobispado, sino que era el cabildo eclesiástico porteño el que lo dirigía. La prensa católica, incluso, se desarrolló en el seno de las comunidades étnicas de origen inmigratorio: en este sentido puede por ejemplo mencionarse el periódico The Southern Cross de la comunidad irlandesa o la publicación de los italianos, Cristoforo Colombo. 84 Ello no significa que, en la práctica, el arzobispo no tuviera una influencia decisiva en cada uno de los periódicos católicos, sí la tenía, y de hecho las circulares de la curia dirigidas a los párrocos de ciudad y campaña se publicaban cotidianamente en los periódicos, así como cualquier otro documento emitido por el arzobispado. Pero el arzobispo podía a su vez ser interpelado por la prensa católica, ésta no era simplemente una herramien-82 La América del Sud, 5 de junio de 1878. 84 Acerca de los irlandeses, véase Korol, Juan Carlos y Sábato, Hilda: Cómo fue la inmigración irlandesa en la Argentina, Buenos Aires, 1981; sobre los italianos: Fernando Devoto, "Catolicismo y anticlericalismo en un barrio italiano de Buenos Aires (La Boca) en la segunda mitad del siglo XIX", Estudios Migratorios Latinoamericanos, 14, 1990, págs. 182-210. ta de adoctrinamiento o "disciplinamiento" por parte de la autoridad eclesiástica. Por ejemplo, en 1876 la prensa católica se tomaba la libertad de sugerirle al arzobispo que promoviera a un sacerdote que gozaba de mucho predicamento en el curato en el que oficiaba de teniente cura; sin ningún prurito el periódico indicó que el teniente cura de Mercedes "es muy digno de estar al frente de un curato y lo recomendamos a la consideración del Señor Arzobispo". 85 Asimismo, en 1886 La Unión reclamaba que el arzobispo se ocupara de atender el reclamo de los vecinos de un curato de campaña que hacía casi un año que permanecía vacante. 86 La prensa católica tenía, pues, autonomía con respecto a la cabeza de la Iglesia porteña. En un contexto donde el papel del Estado ha sido más bien débil en lo que hace a la la construcción de la Iglesia de Buenos Aires, donde las asociaciones vecinales y las municipalidades gozaban de una participación activa en la vida de la Iglesia -en especial a nivel parroquial-y donde la prensa reflejaría esta participación de tal modo que es difícil considerarla como un simple mecanismo de adoctrinamiento por parte de la autoridad eclesiástica, la imagen de la Iglesia que obtenemos resulta en más de un sentido bastante difícil de recortar con respecto a una sociedad a la que la Iglesia se le parece profundamente. A tal punto los vecinos se involucran en la vida "eclesiástica", que desean ser ellos quienes decidan quién será su párroco; y en este contexto, el cura, por su parte, muchas veces participa en asuntos que escapan de la esfera de lo "religioso", según hemos ya indicado. Hubo párrocos que advirtieron esto con suma claridad, en repudio de una concepción de la identidad sacerdotal que le atribuía al cura la "simple" tarea de administrar los sacramentos. Así como los laicos participaban de la gestión de los "asuntos eclesiásticos" interviniendo en la construcción de las iglesias, un párroco de campaña reclamaría "que el sacerdote es ciudadano y que alguna parte ha de concedérsele en la gestión de los asuntos públicos [...] Se quiere al sacerdote encerrado en el templo [...] pero es destruir la esencia de las cosas". 87 No es azaroso, en este sentido, que encontremos párrocos que ocupen puestos en las municipalidades de campaña; entre ellos se destaca sin duda el caso del cura de San Isidro, Diego Palma, que ocupó durante cerca de treinta años aquel curato, no es casual que 85 "Mercedes", La América del Sud, 2 de abril de 1876. 86 Se trata del curato de Suipacha. 87 "La misión del clero", carta de un cura de campaña que firma con las iniciales J. R. Q. (se trataría presumiblemente del cura de Quilmes José Ramón Quesada), La América del Sud, 8 de marzo de 1876.
La Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA) de Sevilla, a lo largo de sus cincuenta años de dedicación a los estudios americanistas, ha venido apoyando la labor investigadora de todos aquellos profesores e investigadores que, para desarrollar su actividad, han debido permanecer en la ciudad hispalense. En este sentido, también la Residencia de la EEHA, sita en la calle Alfonso XII, número 16, de Sevilla, viene siendo desde hace tiempo un lugar de encuentro de muchos americanistas que acuden a su Biblioteca para consultar sus ricos fondos y los del Archivo General de Indias. Siendo un objetivo de la Escuela el decidido apoyo de la investigación de calidad que se realiza en los países americanos y europeos, tanto por jóvenes post-graduados como por parte de renombrados investigadores, se acuerda convocar dos becas de estancia en su Residencia por un tiempo de seis meses de duración y otras dos por tres meses. Las becas incluyen el alojamiento, corriendo por cuenta del becario los gastos del viaje a España y su manutención. Requisitos y condiciones generales Los candidatos deberán ser extranjeros no residentes en España, quienes para optar a la beca deberán presentar la siguiente documentación: a) Solicitud para participar en esta convocatoria, dirigida a la Sra. Directora de la EEHA, especificando el período de tiempo que solicita, considerándose también la posibilidad de conceder becas por períodos inferiores a los seis y tres meses antes mencionados. b) Currículum vitae. c) Proyecto detallado (máximo de tres páginas) del trabajo de investigación sobre Iberoamérica o Filipinas a realizar en Sevilla, ya sea en materia de ciencias humanas o sociales. En el caso de investigadores de acreditada valía se considerará con preferencia a los candidatos que vayan a impartir en la Escuela, paralelamente a su labor investigadora, algún seminario o taller monográfico dirigido a jóvenes licenciados, en cuyo caso deberán presentar un programa del mismo. d) Los candidatos de países no hispanos deberán acreditar un buen conocimiento del idioma español. Se considerarán con preferencia las solicitudes de aquellos países en los que sus investigadores tengan especiales dificultades económicas para afrontar una estancia prolongada en Sevilla. El período de disfrute de las becas semestrales será del 15 de enero al 15 de julio, y el de las trimestrales del 15 de septiembre al 15 de diciembre. En el caso de becas por períodos inferiores de tiempo, su disfrute siempre será dentro de las fechas anteriormente mencionadas. Las solicitudes deberán recibirse en la Secretaría de la EEHA (CSIC), calle Alfonso XII, 16, 41002 Sevilla (España), antes del 30 de octubre de 1999 para las becas del primer semestre y antes del 30 de abril del año 2000 para las becas del último trimestre. La resolución de la presente convocatoria se hará pública antes del 15 de noviembre de 1999 para las becas del primer semestre y antes del 30 de mayo del 2000 para las becas de tres meses. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Premio "Seis de septiembre" El Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, con el deseo de impulsar la investigación sobre los temas relacionados con Iberoamérica en el campo humanístico, convoca el Premio "Seis de septiembre" con el objeto de conmemorar la partida de Cristóbal Colón de la isla de Gomera (Islas Canarias). Los trabajos habrán de ser inéditos, redactados en lengua castellana, con una extensión mínima de 100 folios, cuyos originales serán presentados por triplicado, mecanografiados en folios a dos espacios y sólo por el anverso. Los trabajos versarán sobre un tema de investigación en la N OT I C I A S Anuario de Estudios Americanos vertiente humanística, sobre cualquier aspecto relacionado con Iberoamérica. Se valorarán preferentemente los temas que relacionen Canarias e Iberoamérica. Las obras deberán obligatoriamente estar depositadas en la Secretaría del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, sito en la calle Quintana, número 18, Puerto de la Cruz, Tenerife, España, antes de las 20 horas del día 3 de septiembre de 1999. Más información sobre el particular en: Premio "Seis de septiembre" 1999. Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias. Premio Casa de América Con el Premio Casa de América se pretende estimular la reflexión y el estudio de los principales aspectos que caracterizan lo iberoamericano: la investigación sobre hombres, ideas e instituciones; movimientos y fuerzas políticas, sociales y culturales más representativas de Iberoamérica y su proyección de futuro, etc. Con estos fines y objetivos se convoca el Premio que se otorgará a la persona, grupo de personas o institución académica que, a juicio del jurado, presente el mejor trabajo de investigación, original e inédito, sobre cualquier aspecto relacionado con las relaciones iberoamericanas. Se tendrá en cuenta el interés político, la actualidad informativa, el rigor científico y el manejo de fuentes, documentación y bibliografía más congruentes con el tema. La extensión del trabajo será libre, con un mínimo de ochenta folios, escritos a máquina y a doble espacio, incluyendo en ellos bibliografía y/o fuentes documentales, en español o portugués. El autor o autores tendrán que adjuntar un resumen de su currículum vitae, con sus actividades, investigaciones y publicaciones. El trabajo y la documentación adjunta deberán encontrarse en Madrid, en las oficinas de la Casa de América, a más tardar el día 30 de octubre de 1999. El Premio estará dotado con un millón de pesetas y el envío de los originales de las obras deberá hacerse por quintuplicado y especificando "Aula Bolívar" a: Casa de América, Paseo de Recoletos, 2. Actividades del Centro de Estudios Martianos El Centro de Estudios Martianos de La Habana (Cuba) tiene previsto organizar los siguientes eventos a lo largo del presente año 1999: -I Coloquio Internacional "José Martí y la cultura iberoamericana", que tendrá lugar en Varadero del 25 al 27 de mayo. El Encuentro propiciará el intercambio de criterios, opiniones y tesis sobre el devenir cultural, idiosincrasia, identidad y valores en el mundo que nos une como referencia. Se cuenta con la participación de Cintio Vitier, Enrique Ubieta, Roberto Fernández Retamar, Armando Hart Dávalos y María Luisa Laviana Cuetos, entre otros destacados ponentes. -Coloquio Internacional "La Edad de Oro en el nuevo siglo", convocado con motivo de cumplirse el 110 aniversario de la primera aparición de la revista La Edad de Oro y a celebrar en La Habana del 20 al 23 de julio. Se pretende evaluar la actual producción literaria para niños y jóvenes teniendo en cuenta que los fundamentales mensajes de dignidad, libertad, ternura y superación de aquella revista, fundada y dirigida por Martí, mantienen aún una clara vigencia. -Coloquio Internacional "Tercer Milenio: ¿Integración o Hegemonía?", La Habana, del 30 de septiembre al 2 de octubre. La temática a desarrollar se centrará en: 1. El panamericanismo desde las perspectivas martiana e histórica; 2. Integración y desarrollo sostenible; 3. Identidad cultura y globalización; 4. Autodeterminación y nuevo orden mundial. Cualquier información adicional puede solicitar al Centro de Estudios Martianos, Calzada 807 esquina 4, Vedado. XII Congreso de AHILA El XII Congreso Internacional de AHILA "America Latina: Outro Ocidente? Debates do final do milenio" se llevará a cabo del 21 al 25 de septiembre de 1999 en Oporto (Portugal). La lista de simposios presentados hasta el momento es la siguiente: -Los proyectos y las prácticas modernizadoras del siglo XIX frente a los pueblos, comunidades y municipios en América Latina. Congreso Internacional sobre la Universidad Iberoamericana Este congreso, a celebrar del 28 al 30 de octubre de 1999, se realiza en el marco de los actos programados para conmemorar los 500 años de la fundación de la Universidad de Valencia y en colaboración con el Consejo Español de Estudios Iberoamericanos (CEEIB), y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). La Universidad en la América española desde sus orígenes, tan inmediatos a la llegada al Nuevo Mundo por aquellos años en los que los Reyes Católicos fundaban la Universidad de Valencia, hasta la realidad actual, ha sido un lugar privilegiado de pensamiento y de creación y una atalaya fundamental en la vida de aquellas sociedades y en la historia de aquellos países. También ha permitido dar cobijo y hospitalidad a generaciones de emigrantes y exiliados, con lo que ha crecido en fecundidad el mestizaje cultural iberoamericano. Las cinco áreas temáticas de este congreso pretenden un amplio recorrido desde una perspectiva histórica y también en torno a las corrientes intelectuales que han traspasado esta universidad iberoamericana para culminar con una visión, desde un espíritu cooperativo, sobre los desafíos de su futuro. Estas citadas áreas son las siguientes: 1. La Universidad americana bajo la corona española; 2. La Universidad iberoamericana, la independencia y la creación de los estados nacionales; 3. La Universidad latinoamericana y el exilio español; 4. La Universidad en el siglo XX; 5. Cooperación interuniversitaria y el futuro de nuestra Universidad iberoamericana. Las comunicaciones se deberán enviar a la Secretaría General, con fecha límite de recepción del 1 de septiembre de 1999. La dirección es la siguiente: Secretaría General, Universidad de Valencia (España). Departamento de Derecho Constitucional. Avda. de los Naranjos, s/n. Miscelánea de congresos, simposios, reuniones científicas, etc. -La Academia de Historia Eclesiástica organizó el X Simposio "La Iglesia en España y América" que se desarrolló en Sevilla el 17 de mayo bajo el título general de "La nueva relación España-América en el proyecto europeo". Intervinieron, entre otros ponentes, Federico Trillo, Rafael Elvira, Miguel Castillejo, Mario Hernández Sánchez-Barba, Luis Alberto Adao da Fonseca, Francisco Morales Padrón y Darío Castrillón Hoyos. -La Cátedra General Castaños de la Región Militar Sur, Sevilla, convocó del 24 al 28 de mayo las IX Jornadas Nacionales de Historia Militar, en esta ocasión dedicadas al tema "El Emperador Carlos y su tiempo". Hubo sesiones referentes a la política (Cortes, Consejos), el ejército (orga- Anuario de Estudios Americanos nización, batallas, financiación), la economía (Banca, banqueros, caudales americanos, comercio, piratas), la religión (Inquisición, la Iglesia en América), los descubrimientos (geográficos, científicos, cartográficos), el arte y la cultura (el mecenazgo, la música, la literatura) y la historiografía (crónicas, fondos documentales). -El Instituto Internacional de Estudios del Caribe y la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Cartagena (Colombia), realizarán en esta ciudad y en la de Barranquilla, del 2 al 6 de agosto de 1999, el IV Seminario Internacional de Estudios del Caribe. Se espera tener una reflexión sobre las identidades, ciudadanías, migraciones y desplazamientos del Caribe, durante el presente siglo, que son las cuatro áreas fundamentales establecidas para este IV Seminario. Información e inscripciones: Casa Museo de El Cabrero, Calle Real, núms. Correo electrónico: [EMAIL] Correo electrónico: [EMAIL] -El Consejo Español de Estudios Iberoamericanos (CEEIB) tiene convocado en Cáceres, los días 20, 21 y 22 de septiembre de 1999, el VII Encuentro de Latinoamericanistas Españoles. El tema central será "Las migraciones de Latinoamericanos a España y Europa". La Inmigración latinoamericana a España y Europa; 2. Y además se cuenta con las siguientes áreas: 1. Economía, desarrollo y cooperación; 6. Arte, literatura, educación, comunicación. En la página WEB del CEEIB, pueden obtenerse detalles del programa de este importante encuentro y las condiciones de inscripción: www.eurosur.org/CEEIB/. -El Simposio América Antigua III se celebrará del 21 al 25 de septiembre de 1999 en la UFSIA, Universidad de Amberes (Bélgica). Los temas que se tratarán serán: Correlación Maya y Arqueoastronomía. Teotihuacán y los Toltecas. Localización de Aztlán, Colhuacán y Chicomoztoc. Comparación de textos de códices y monumentos. El simposio incluirá también una presentación de los resultados de 35 años de investigación y desciframiento de las escrituras maya y azteca/mexica. Para mayor información puede consultarse la página WEB America antiqua III, http://titan.glo.be/~kg000407, enviar un correo electrónico a [EMAIL] o escribir al Dr. Antoon Leon Vollemaere. Instituto Flamenco para las Culturas Americanas, De Noterstraat 21 B.2800 Mechelen. -Organizado por el Departamento Enrique Flórez del Centro de Estudios Históricos (CSIC), el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense y la Asociación Charles Péguy, junto con la colaboración de la Fundación ICO y la Fundación Histórica Tavera, del 25 al 29 de octubre de 1999 tendrá lugar en Madrid el Congreso de Historia de la Iglesia en España y el mundo hispano. La intención de los organizadores es analizar todos los aspectos relacionados con el hecho religioso en el mundo hispánico y no sólo en la España europea, con una vertiente especialmente dedicada al mundo americano. -El "Encuentro de Fin de Siglo" que bajo el lema "Latinoamérica, Utopías, Realidades y Proyectos", se llevará a cabo los días 3, 4, y 5 de noviembre de 1999 en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta (Argentina). Este Encuentro tiene un carácter eminentemente latinoamericano y se constituirá en preparatorio de otro, internacional, que será promovido por la Universidad de Cádiz en el año 2000. La dirección de la página WEB del evento es: http://www.unsa.edu.ar/eventos. Pueden enviar correo electrónico a Ramos Ariel Silvio Norberto. Consejo de Investigación Universidad Nacional de Salta: [EMAIL] -El V Congreso Internacional de la Asociación Española de Estudios del Pacífico (AEEP) llevará por título general "España y el Pacífico. Construcción de Imperios, Construcción de Naciones" y tendrá lugar en Madrid, del 16 al 19 de noviembre de 1999. El temario a desarrollar es el siguiente: 1. La expansión ibérica por el Pacífico; Las expediciones científicas; 2. Formación y evolución de un modelo colonial; 3. La construcción de las identidades nacionales en el Pacífico; 4. Desarrollo de las economías del Pacífico; 5. El contexto internacional y el marco comparativo: otros imperios, otras naciones en el Pacífico; 6. El encuentro entre dos sociedades: Lengua y Cultura; 7. Las relaciones actuales entre España y el Pacífico. Más información en la Secretaría del Congreso: V Congreso de la AEEP. Depto. de Historia Moderna y Contemporánea. Centro de Estudios Históricos. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Duque de Medinaceli, 6. ANTONIO GUTIÉRREZ ESCUDERO N OT I C I A S
La Mesa denominada Agravios y reclamaciones: la impartición de la Justicia en América fue el marco genérico que convocó a investigadores de distintas procedencias, tanto geográficas como temáticas, con el propósito de poner en debate propuestas en torno a un tema central que ha afectado y afecta a las relaciones sociales en todo tiempo y lugar, el de la configuración del sistema judicial, los mecanismos para su ejercicio y su aplicación real. La iniciativa partió de las coordinadoras del Dossier que, a partir de sus propias experiencias investigadoras, se plantearon el interés de cruzar experiencias en una plataforma, el XIII Encuentro Internacional organizado por el Consejo Español de Estudios Iberoamericanos y la Universidad Jaume I en Castellón de la Plana, que permitiera el intercambio y el contraste de pareceres. Así, del estudio de casos que implicaban a instancias judiciales, gubernamentales y diplomáticas en los que los demandantes formulaban reclamaciones individuales y colectivas en el Perú del siglo XIX y comienzos del siglo XX, se pasó a abrir un abanico temático y cronológico más amplio en el que las intervenciones tuvieron como denominador común el exponer, a través de investigaciones sustentadas, cómo el ejercicio de la justicia afectó a sociedades diversas, a distintos niveles y desde distintas aproximaciones. Este Dossier reúne una selección de las propuestas presentadas en la citada Mesa, con el título Agravios y reclamaciones: la impartición de la Justicia en América, que ejemplificaban las mil y una caras de la relación de individuos y colectivos con el ejercicio de la justicia en la América prehispánica, colonial y contemporánea. El denominador común es que los casos de análisis se orientan desde la perspectiva de los litigantes, de los perjudicados, que reclamaban en defensa de lo que consideraban sus derechos ante las distintas instancias judiciales, llegándose en ocasiones a acudir al poder legislativo y ejecutivo y, en el caso de los extranjeros, a sus correspondientes gobiernos. Los trabajos ponen de manifiesto la complejidad de la maquinaria judicial y sus entresijos que trababan y alargaban las resoluciones, muchas de las cuales no llegaban a producirse y menos aún a ejecutarse. Tres son las áreas en que se desarrollan los casos que se integran en el Dossier: Nueva España-México en los siglos XVI y XIX, la Cuba colonial de comienzos del XIX y el Perú del siglo XIX y a veces en primera mitad del XX. Igualmente tres aportaciones tienen como protagonistas a "los de abajo", es decir a indígenas y esclavos implicados en pleitos judiciales en un sistema que les era ajeno y desconocido, dejándoles a merced de decisiones que no entendían, pero que alteraban su vida y sus relaciones cotidianas. Ruz Barrios rescata un pleito de indígenas en la Nueva España del siglo XVI para demostrar que hubo casos en los que los litigantes se sirvieron de los mecanismos judiciales implantados por la Conquista para recuperar derechos que les habían sido negados por la justicia mexica. El pilar documental en que se sustenta es el legajo Chimaltecuhtli, un corpus inédito que se conserva en una colección privada. El espacio, Cholula, que a la llegada de los españoles era uno de los núcleos prehispánicos más importantes del centro de México. El eje argumental gira en torno al pleito por una herencia en el que está implicada una familia principal. La sentencia que en su momento emitió el corregidor fue recurrida por el perjudicado sin que se sepa el resultado final, aunque documentos cruzados permiten a Ruz Barrios concluir que el segundo conservó bienes que legalmente le habían sido enajenados. Inscribe su aportación en el panorama general de los innumerables pleitos de comunidades contra comunidades, comunidades contra españoles, sujetos contra cabeceras e indígenas contra indígenas. Los pleitos encuadrados en instituciones político administrativas que, como los Ayuntamientos constitucionales implantados a partir de 1812, tenían capacidad para impartir justicia, son el ámbito de interés de Palomo Infante, que se ocupa de su funcionamiento en Chiapas durante el siglo XIX. En la región, los Ayuntamientos que desarrollaron sus funciones al hilo de la formación del Estado federal pasaron por un proceso de crecien-te ladinización que colocó a no indígenas en puestos de poder. Esta circunstancia y la implantación generalizada de la política liberal que atentaba contra las corporaciones, entre las que estaban las comunidades, no tuvo en Chiapas el mismo calado que en otras regiones mexicanas. Aquí la población indígena supo posicionarse en los Municipios, tanto individual como colectivamente, y contrarrestar a los ladinos mediante estrategias tales como conseguir que las autoridades tradicionales se constituyeran y fueran aceptadas como intermediarias entre ladinos e indígenas. El seguimiento de una serie de pleitos en relación con la propiedad de la tierra y su uso le proporcionan los elementos necesarios para elaborar su propuesta. A partir de un estudio sistemático de expedientes judiciales, Amores Carredano aborda la relación entre Justicia y esclavitud en Cuba desde una perspectiva interdisciplinaria en la que convergen las aportaciones de la historia social y cultural y las de la historia del Derecho. Advierte cómo en las primeras décadas del siglo XIX, a pesar de su estatus y de la realidad socioeconómica de la colonia española, los esclavos negros tuvieron acceso a la justicia y sus demandas fueron atendidas y juzgadas según los procedimientos generales del Derecho Penal. Incluso pudieron contar con abogados defensores. El recorrido por una muestra apreciable de litigios que incluyen expedientes civiles (reclamos de libertad) y penales (especialmente causas graves de homicidio) lleva al autor a plantear que la tradición jurídica hispana y su aplicación en las Indias hicieron que, a diferencia de lo que sucedió en la América anglosajona, la esclavitud llegara a entenderse en la Isla, más como un estado legal transitorio que como una condición natural y permanente. Las potencialidades del análisis comparativo se ponen de manifiesto en tres trabajos que se articulan en torno a la situación de la colonia española en México y en el Perú en el contexto de la formación socioeconómica de los Estados. Los españoles, un grupo minoritario y disperso territorialmente, pasaron por problemas que incluyen las pérdidas sufridas en el transcurso de los procesos de independencia, los perjuicios derivados de la endémica inestabilidad interna (guerras civiles, levantamientos locales y bandolerismo) y las dificultades de toda índole en las que se vieron envueltos y que afectaron a sus vidas y propiedades. También se vieron implicados como acusados en demandas civiles y penales. Tras un título genérico, Delgado Larios se adentra en una cuestión que fue fundamental en la configuración de los nuevos Estados, la de la soberanía entendida en su dimensión jurídica de capacidad para mantener el orden interno y garantizar las vidas y propiedades de los extranjeros que residían en la República. Teniendo en cuenta que México fue el primer país cuya independencia reconoció España, el artículo se detiene en asuntos que atañeron a la situación de los españoles y que llegaron a gestionarse al más alto nivel de las relaciones oficiales. Se trata de la firma de tratados de extradición de delincuentes y desertores, del reconocimiento de la deuda contraída por daños sufridos en el transcurso de los conflictos civiles y la aceptación por los gobiernos mexicanos de las consiguientes reclamaciones, y de los juicios y castigos contra culpables de asesinatos de españoles. Contrastando documentación de archivos especializados la autora descubre cómo la actividad diplomática y las redes que se tejieron entre la representación española destacada en México y la clase política, contribuyeron a salvar escollos y a definir un marco jurídico para salvaguardar el estatus y actividades de los españoles. A diferencia de México, donde la situación jurídica de los españoles fue una cuestión que tuvo que renegociarse a los más altos niveles, en el Perú, los extranjeros encontraron espacio, avalado por la legislación, para afincarse y desarrollar un amplio abanico de actividades. Frecuentemente tuvieron que enfrentarse con obstáculos e injusticias, traducidas en reclamaciones de distinta importancia y naturaleza, que les llevaron a acudir a las autoridades competentes. Martínez Riaza selecciona varias historias que convergen, varios asuntos especulativos en los que se implicaron españoles que lograron hacer fortuna y se integraron en circuitos de poder a través de estrategias familiares, conexiones de amistad y, desde luego, de la actividad económica. Junto a peruanos de la elite y otros residentes extranjeros se implicaron en negocios no productivos, relacionados con el guano, el salitre y las finanzas. Pero la inestabilidad interna, la deuda creciente contraída y la entrega de la explotación de los recursos a intereses extranjeros condicionaron las posibilidades de obtener beneficios y hasta de recuperar las inversiones. La guerra con Chile fue el golpe de gracia. En defensa de sus intereses reclamaron, unas veces junto a peruanos y extranjeros afectados y otras como súbditos españoles. Lo hicieron ante las instancias peruanas y chilenas, tanto judiciales como legislativas y gubernamentales y, al no obtener resultados, se volvieron a la representación española en Lima para que gestionara la mediación del Gobierno a través del Ministerio de Estado. La naturaleza y el calado de los asuntos y la caracterización de los reclamantes son una vía que ratifica la presencia de españoles en los circuitos de poder del Perú. Sala i Vila reconstruye la red de los Consulados regionales y a través de casos de análisis localizados en repertorios especializados y en casos inéditos, reconstruye su actividad en defensa de intereses políticos y comerciales, y también jurídicos, de españoles residentes en distintas regiones del Perú. El artículo desvela la complejidad de un camino que pasaba por las instancias judiciales y gubernamentales locales y regionales hasta llegar a la Legación diplomática en Lima, y de ahí al Ministerio de Estado español.
Los Ayuntamientos de los pueblos indígenas de Chiapas en el siglo XIX y su relación con los asuntos de justicia/ The Town Government in the Indigenous Townships of Chiapas in the 19th Century and his Relation with the Matters of Justice María Dolores Palomo Infante El surgimiento de los Ayuntamientos tras la promulgación de la Constitución gaditana de 1812, las nuevas corrientes ideológicas liberales decimonónicas, los cambios políticos producidos en México después de la Independencia y la necesidad de definir al nuevo Estado-nación, provocaron cambios en el ejercicio de la política y la justicia en los pueblos indígenas de Chiapas. Este artículo analiza de qué forma ejercieron los gobiernos locales sus funciones de impartición de justicia en aquellos pleitos que caían bajo su jurisdicción, y cómo participaron en algunos no como jueces sino como implicados en el proceso. Durante el siglo XIX, los Ayuntamientos de los pueblos indígenas de Chiapas fueron espacios conflictivos, donde se reconfiguraron el poder y la autoridad; espacios que estaban ahora mucho más diversificados desde el punto de visto étnico, con la existencia de un número cada vez mayor de ladinos en ellos, lo que determinó tanto los procesos jurídicos como políticos. PALABRAS CLAVE: Ayuntamientos; Pueblos Indígenas de Chiapas; Justicia; Conflictos. Con la independencia, se produjeron varios cambios en las relaciones de poder de los pueblos indígenas de Chiapas. Uno de los factores determinantes en este hecho fue el surgimiento de los Ayuntamientos constitucionales, que además de su incidencia en la arena política, se convirtieron en los órganos más cercanos de resolución de conflictos en el ámbito local. Esta institución, surgida tras la promulgación de la Constitución de Cádiz, se creo con el objetivo de administrar los asuntos locales y, como en su tiempo lo había sido el Cabildo, era ajena al gobierno indio que se había ido conformando y caracterizando paulatinamente a lo largo de tres siglos y configurando una nueva cultura política en los habitantes de los pueblos. Ante este nuevo escenario, determinado por el espíritu liberal del momento, se modificaron las condiciones de la vida política de las poblaciones indígenas y su posición dentro de los nacientes Estados nacionales. Fueron cambios que afectaron al ejercicio de la autoridad, a la representatividad india en las instituciones, a su condición jurídica y a las relaciones con la justicia, entre otros aspectos. 1 En un intento de conjugar el estudio de las instancias de gobierno local y la situación de los indígenas en el Estado mexicano decimonónico, en este trabajo nos centraremos en el análisis de la participación de los Ayuntamientos en el ejercicio de la justicia y la resolución de los conflictos locales surgidos entre los individuos o grupos sociales; 2 somos conscientes, no obstante, de que ésta es sólo una de las perspectivas desde la que se puede abordar este análisis. El tema que nos ocupa no es nuevo en la historiografía mexicana y latinoamericana sobre la centuria decimonónica, particularmente si nos referimos a los Ayuntamientos y a los cambios políticos que se produjeron a raíz 1 La interpretación de estos cambios y de los efectos que el Estado nacional mexicano produjo en los pueblos indígenas es variable según los autores. Una visión bastante pesimista en la mayoría de los casos, puede verse en el denso y minucioso trabajo de Ferrer, Manuel y Bono, María: Pueblos indígenas y Estado nacional en México en el siglo XIX, Universidad Nacional Autónoma de México, [Serie C. Estudios Históricos, núm. 79], México, 1998; diferente es la interpretación de otros autores como Escobar Ohmstede, Antonio: "Los pueblos indios huastecos frente a las tendencias modernizadoras decimonónicas", en Escobar Ohmstede, Antonio; Falcón, Romana y Buve, Raymond (comps.): Pueblos, comunidades y municipios frente a los proyectos modernizadores en América Latina, siglo XIX, El Colegio de San Luis-Centro de Estudios y Documentos Latinoamericanos, México, 2002, págs. 169-184; o Falcón, Romana: México descalzo. Estrategias de sobrevivencia frente a la modernidad liberal, Plaza & Janés, México, 2002, entre otros. 2 Cuando hablamos de resolución de conflictos nos referimos a los problemas que surgían en los pueblos con carácter inter o intraétnicos e inter o intracomunitarios, que necesitaban de la intervención de autoridades o instancias políticas con capacidad jurídica para solucionarlos. Los Ayuntamientos, y particularmente los alcaldes, tenían este tipo de competencias. de la Independencia de los diferentes países de América Latina; en los últimos tiempos ha crecido el interés de los historiadores por revelar las características generales y particulares de esta institución local en diferentes regiones culturales. Hay, no obstante, diversas visiones sobre su relevancia en los procesos políticos a partir del siglo XIX. Mientras que F.-X. Guerra opina que esta institución sufrió una disminución de influencia a partir de las Reformas Borbónicas, A. Annino defiende que los Ayuntamientos se vieron fortalecidos a partir de la Constitución de Cádiz y en varias ocasiones, a lo largo de tiempo, se enfrentaron con el Estado mexicano. 3 Han sido varias las perspectivas desde las que se ha abordado el estudio de los Ayuntamientos, desde los autores que ponen su énfasis en el carácter legal, hasta los que lo sitúan en su relevancia política o económica. Desde nuestro punto de vista, y sin quitarle importancia a lo anterior, privilegiamos el aspecto social, aquel que se centra en analizar la importancia de la institución para la gente, para los grupos sociales, aquellos que la conformaban o aspiraban a formar parte de ella y aquellos que eran objeto de sus actuaciones, ya fueran criollos, ladinos o indígenas. En esta dirección apuntan varios trabajos que, centrados en ámbitos locales y regionales, nos muestran las peculiaridades de la institución en cada zona y que han confirmado la extraordinaria diversidad de situaciones, circunstancias y problemas que determinaron el devenir, el carácter y la relación de los gobiernos locales con los grupos de población. Muestran, asimismo, los ámbitos en los que intervino la institución y las reacciones de los diferentes actores sociales. 4 3 Guerra, François-Xavier: "La desintegración de la monarquía hispánica: revolución e independencias", en Annino, Antonio; Castro Leyva, Luis y Guerra, François-Xavier (coords.): De los imperios a las naciones. Iberoamérica, IberCaja, Zaragoza, 1994, págs. 195-227; del mismo autor: México: del Antiguo Régimen a la Revolución, Fondo de Cultura Económica (FCE), México, 1995; Annino, Antonio: "Soberanías en lucha", en Annino, Castro Leyva y Guerra (coords.): De los impe-rios..., págs. 229-253; y del mismo autor: "Cádiz y la revolución territorial de los pueblos mexicanos 1812-1821", en Annino, Antonio (ed.): Historia de las elecciones en Iberoamérica, siglo XIX, FCE, México, 1995. En la misma línea podemos encontrar los trabajos de Buve, Raymond: "Una historia particular. Tlaxcala en el proceso del establecimiento de la primera república federal", en Ortiz Escamilla, Juan y Serrano Ortega, José Antonio (eds.): Ayuntamientos y liberalismo gaditano en México, [Colección Debates], El Colegio de Michoacán-Universidad Veracruzana, Zamora, Mich., 2007, págs. 55-88. 4 De ello dan buena cuenta los artículos que se incluyen en el libro de reciente aparición, Ortiz Escamilla y Serrano Ortega (eds.), Ayuntamientos..., que muestran la diversidad del fenómeno municipal a través del análisis en diferentes regiones, centrados principalmente en el periodo de influencia directa de la Constitución gaditana, 1812-1814 y 1820-1824, así como en el primer federalismo mexicano. Un aspecto que nos interesa es el análisis regional, que nutra esta diversidad historiográfica y muestre las peculiaridades de la institución en Chiapas, entre los pueblos chiapanecos; en algunas regiones de México, la creación de Ayuntamientos en los primeros años posteriores a la Constitución gaditana fue explosiva, lo que constituyó una verdadera revolución local, 5 aunque las circunstancias políticas, económicas y sociales posteriores y al amparo legislativo, modificaron la tendencia inicial. 6 Sin embargo, en Chiapas el proceso, a priori, parece algo diferente, al menos en el periodo inicial; aunque también es cierto que a lo largo de la centuria fue cambiando la fisonomía jurídico-territorial del Estado, mediante la creación de nuevos municipios con derecho a tener Ayuntamiento. Sólo algunos de estos proyectos prosperaron, mientras que otros, por diferentes circunstancias, tuvieron que abandonar la categoría que les daba el derecho a tener gobierno municipal. 7 El otro punto de interés es el análisis que privilegia a los sujetos sociales, cómo se vieron afectados por esta institución y por los cambios jurídicos liberales, particularmente la población indígena, y cuáles fueron sus respuestas. 8 Pensamos que los indígenas no fueron objetos pasivos frente al Estado decimonónico, sino que supieron y pudieron encontrar diversas vías estratégicas con las cuales enfrentarse a las cambiantes circunstancias, como habían hecho desde antiguo. Esta discusión se da dentro de la problemática que generó la relación entre la población indígena y el Estado Nación en un proceso que tenía dos caras: por una parte "domesticar" la diversidad cultural que pretendía homogeneizar 9 un Estado en constante definición y, por la otra, no ser olvidados ni desaparecer de la historia del 5 Varios autores han analizado esta revolución; el máximo exponente es Antonio Annino. 6 Pueden consultarse los trabajos contenidos en Ortiz Escamilla y Serrano Ortega, (eds.), Ayuntamientos... 7 Una de las razones era el descenso del número de habitantes. Hay casos en los que se le dio la categoría de municipio a un núcleo de población, pero posteriormente no aparece ningún registro del mismo, por lo que podemos suponer que no llegó a concretarse nunca su calidad de municipio. Un ejemplo fue Saclamenton y Nuevo Edén, que en 1862 fueron declarados pueblos del Estado, y posteriormente los encontramos como poblaciones de Chamula. Archivo Histórico del Estado (en adelante AHE), Fondo Castañón y Gamboa, Expediente 251. 8 Es importante para este análisis el contexto que ofrece Escobar Ohmstede: "Los pueblos indios huastecos...", págs. 169-184. 9 Sobre el proceso de homogeneización en la conformación de las naciones, puede consultarse Quijada, Mónica; Bernand, Carmen y Schneider, Arnd: Homogeneidad y Nación, con un estudio de caso: Argentina, siglos XIX y XX, Consejo Superior de Investigaciones Científicas [Colección Tierra Nueva e Cielo Nuevo], Madrid, 2000. 10 Varios autores han profundizado sobre este aspecto desde diferentes perspectivas. En un contexto que tenía como fondo el dominio y enfrentamiento entre grupos dominantes y subalternos, R. Falcón recoge varias estrategias de los pueblos indígenas de diferentes regiones de México, para concluir que éstos últimos "utilizaron los conceptos y las instituciones de la modernización como un menú a la carta de acuerdo a sus necesidades concretas y entreverándolo con sólo aquellas partes del pasado que les convenía preservar". 11 En lo que no todos los autores coinciden fue en el tipo de estrategias utilizadas; por ejemplo, M. Ferrer y M. Bono retoman los ejemplos de insurrecciones y revoluciones como las vías elegidas por estas poblaciones.12 Sin embargo, en la historia decimonónica de Chiapas, apenas se dieron dos alzamientos. ¿A qué se debió entonces que la rebelión no fuese la primera opción para los indígenas chiapanecos? Fueron varias las razones, pero nos inclinamos por la que se considera que fue la primera opción legal a la que acudieron los pueblos para hacer valer sus derechos. Para mostrar lo anterior, analizaremos algunos casos relacionados con el conflicto social y el ejercicio de la justicia, particularmente de la segunda mitad del siglo XIX, que ilustran diferentes características de la relación de las instituciones políticas y los individuos con la práctica jurídica a un nivel local. 13 La ideología liberal en el siglo XIX 14 pretendía la eliminación de barreras étnicas, igualando legalmente a todos los habitantes de la Nación; la creación de los Ayuntamientos constitucionales en cierta medida era un mecanismo para ello, al representar los intereses de todos los vecinos de un mismo pueblo. Sin embargo, las diferencias reales eran notables. Desde finales del siglo XVIII, la fisonomía étnica de los pueblos de indios en Chiapas se acercaba más a su ladinización y la posición social, política y económica de la mayor parte de la población autóctona se vio afectada. Podemos preguntarnos si, verdaderamente, el Ayuntamiento fue una instancia que representaba a todos los habitantes de los pueblos y si los indígenas se sentían identificados con el Ayuntamiento constitucional. En cuanto a los asuntos de justicia ¿cómo y en qué dirección actuó ese Ayuntamiento constitucional a la hora de los conflictos? ¿De qué se valían los indígenas para hacer valer sus derechos? ¿Y si este era ladino? Desvelar esta relación y ver algunas de las formas mediante las cuales la población autóctona se adaptó a las nuevas circunstancias es uno de los objetivos de este trabajo. En ambos lados, es decir, en el de la institución municipal y en el de la población, cabría preguntarse sobre qué tan importante y definitorio era, en este nuevo contexto ideológico, el factor étnico, tanto en la actuación de los Ayuntamientos como en el comportamiento de los individuos o grupos de población; es decir, si las decisiones se tomaban por ser indígenas o por Annino, Antonio: "Ciudadanía versus Gobernabilidad republicana en México", en Sábato, Hilda (coord.): Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas en América Latina, [Sección de Obras de historia, Serie Ensayos], Fideicomiso Historia de las Américas, FCE, México, 1999, págs. 62-93. Entre otros autores que han trabajado sobre este tema, podemos destacar a Bellingeri, Marco: "Sistemas jurídicos y codificación en el primer liberalismo mexicano, 1824-1834", en Bellingeri, Marco (coord.): Dinámicas de Antiguo Régimen y orden constitucional: representación, justicia y administración en Iberoamérica, siglos XVIII-XIX, Otto Editore, Turín, 2000, págs. 367-395; Argeri, María: De guerreros a delincuentes. La desestructuración de las jefaturas indígenas y el Poder Judicial. 14 Cuando hablamos de liberalismo, de ideología liberal o de prácticas liberales somos conscientes de que hablamos de un proceso; es decir, ni lo colonial desapareció de golpe, ni la modernidad entró sin llamar a la puerta. Estamos de acuerdo con Ducey cuando habla de "una complicada dualidad dentro del nuevo orden" en la que el nuevo lenguaje que se empezaba a generalizar, a diferentes ritmos según las regiones, no logró acabar de golpe con la tradición colonial de los pueblos indígenas. Ducey, Michael T.: "Indios liberales y liberales indigenistas: ideología y poder en los municipios rurales de Veracruz, 1821-1890", en Escobar Ohmstede, Antonio y Carregha Lamadrid, Luz (coords.): El siglo XIX en las Huastecas, [Colección Huasteca], Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-El Colegio de San Luis, México, 2002, pág. 143. En este mismo sentido argumenta Carmen Salinas, para quien los Ayuntamientos combinaron características del Antiguo Régimen y del liberalismo. Proceso de adaptación entre el liberalismo y el Antiguo Régimen", en Ortiz Escamilla y Serrano Ortega, (eds.), Ayuntamientos..., págs. 369-410. ser ciudadanos. Por ejemplo, en relación a la normatividad y la administración de justicia, ahora era el derecho positivo nacional el que regía los procesos judiciales. Para los indígenas ese era también "su derecho", como ciudadanos que eran, pero estaba muy alejado del consuetudinario, de las formas propias de ejercer justicia. Pero lejos de pensar que esto supuso una grave amenaza para ellos como han defendido varios autores,15 creemos que se apropiaron estratégicamente de esa legislación que, por otra parte, tenía algunos reductos normativos a su favor que fueron aprovechados llegada la ocasión, y sobre ello incidiremos en este artículo. 16 Este trabajo tendrá un recorrido diacrónico por la centuria decimonónica; para el análisis de los casos de conflicto se centra en la segunda mitad del siglo, por dos razones: la primera está relacionada con el acceso a la información. Hasta el momento, la documentación que hemos consultado es bastante discontinua, lo que impide valorar en profundidad los diferentes momentos o periodos relativos al carácter de los pueblos, su población y los Ayuntamientos; 17 la segunda, que manejamos todavía a manera de hipótesis, es que en el marco cronológico que consideramos en esta investigación, se habían asentado de forma más sólida tanto el desempeño de los gobiernos locales como las relaciones entre las instituciones políticas y los individuos y/o comunidades dentro de la conformación del Estado-Nación; por otra parte, la larga experiencia obtenida a lo largo de medio siglo, le había permitido a la población indígena desarrollar estrategias para enfrentarse a las nuevas situaciones e instituciones nacionales. Los pueblos y sus habitantes La vida de los Ayuntamientos estuvo unida inevitablemente a la de los pueblos. Por ello, es necesario hacer una breve descripción de éstos y de sus habitantes para entender y contextualizar su trayectoria. Nos interesa resaltar los cambios en el perfil étnico y político de los espacios territoriales en los que se desarrollaron las idas y venidas de esos Ayuntamientos. Este trabajo se centra en los pueblos tzeltales y tzotziles de Chiapas,18 y se basa en la información obtenida de algunos de los más importantes, bien por su número de población, bien por su relevancia económica y política, como Ocosingo, Comitán, Zapaluta y Huistán. Los pueblos de Chiapas se conformaron la mayoría de ellos en los procesos de congregaciones que la Corona llevó a cabo en el siglo XVI. La organización socio-territorial, política y jurídica de la población autóctona durante la época colonial se basó en la fundación de pueblos de indios, en la instalación del Cabildo como fórmula de organización política y en la creación de la república de indios, que provocó la separación física y jurí-dica con respecto a los colonizadores españoles. Los pueblos quedaron conformados por una cabecera política y un número variable de parcialidades, que en cierto modo eran los emblemas de la identidad de cada uno de los grupos congregados. Todas participaban en el Cabildo indio. Los pueblos de indios a los que nos referimos estuvieron habitados sólo por nativos durante toda la colonia, debido a las limitaciones que tanto la Corona como los dominicos pusieron al resto de la población para vivir en ellos. Esto permitió que, a pesar de la influencia que los colonizadores ejercieron en el funcionamiento del Cabildo, su composición fuera íntegramente indígena, lo que en cierto modo permitió la "autonomía" de esta institución, de las autoridades indígenas y de los mismos pueblos de indios. Después de los altibajos demográficos que hubo en Chiapas durante la colonia, el siglo XVIII fue un periodo de recuperación demográfica para la población indígena. Para inicios del XIX, había alcanzado una estabilidad que se mantendría a lo largo de la centuria. En 1814, el 81% de los habitantes del Estado eran indígenas, predominando en la mayoría de los pueblos. 19 No obstante, hubo algunos que desde temprano vivieron un proceso de ladinización, como Ocosingo y Comitán, incluso desde finales del siglo XVIII. Otros, en cambio, continuaron siendo íntegramente indígenas, no obstante que a lo largo del XIX comenzaron a contar con un porcentaje variable de población ladina. Esto marcó las características de la institución municipal en ellos y las relaciones socio-políticas entre ésta y sus habitantes. La ladinización se debió a razones biológicas (proceso de mestizaje) migratorias (establecimiento de mestizos y/o españoles en los pueblos procedentes de otros lugares, por ejemplo Ciudad Real de Chiapa) y culturales (diferentes formas de entender el término ladino y autoadscripción del individuo) Esta última fue la vía que permitió a los indígenas cambiar su identidad si así convenía a sus intereses. Es necesario hacer una aclaración con respecto al término ladino que, aunque en esencia significaba lo mismo en el siglo XVII que a finales de la colonia y en el siglo XIX, existen algunas diferencias contextuales. Así, en los documentos encontramos un testimonio de 1615, en el que se tilda a las autoridades de una de las parcialidades de Coapa, Tepiencoapa -alcalde, principales, regidor y cabeza de calpul-como ladinos. 20 Es decir, son indios y además autoridades, pero son ladinos en el sentido de que saben hablar el castellano y además saben firmar. Mientras tanto, a finales del siglo XVIII y durante el XIX, el término ladino adquirió un contenido distinto, siendo ladino todo aquel que no era indígena, que no se identificaba o no era identificado como tal y que no procedía de acuerdo a los criterios que definían la vida en comunidad; justo una comunidad que el Estado y la legislación tenían el objetivo de eliminar. Desde el final de la colonia, los pueblos que tenían potencial económico -particularmente buenas tierras-recibieron la llegada de ladinos con la intención de explotar sus recursos, por lo que poco a poco se fueron ladinizando. Estos núcleos adquirieron importancia política, ya que por lo general se convirtieron en cabeceras de distrito o departamento, según la época. Por la presencia ladina, los indígenas fueron desplazados de los cargos municipales que acapararon los primeros debido, entre otras razones, a una supuesta mejor preparación y "calidad" social, según los criterios de ciudadanía -saber leer y escribir era importante para ocupar un cargo concejil-; asimismo, se debió a que los ladinos reclamaron derechos en los pueblos para defender mejor sus intereses, sobre todo económicos, y a que la legislación permitió su inclusión en el concejo municipal. 21 En los pueblos ladinizados fue en los que se puso a prueba la convivencia entre los diferentes grupos de población ya que, aunque los conflictos no atendían criterios de raza, etnia o condición social, los choques fueron más significativos cuando se producían entre "indios" y "ladinos". Los Ayuntamientos en Chiapas: su establecimiento y características La Constitución de Cádiz disponía que "para el gobierno interior de los pueblos habrá Ayuntamientos, compuestos del alcalde o alcaldes, los regidores y el procurador síndico y presididos por el jefe político, donde lo hubiere, y en su defecto por el alcalde o el primero nombrado entre éstos, 21 Esto nos remite a la discusión sobre la ciudadanía que determinó la participación política de los individuos. Fue importante definir quién podía ser ciudadano, qué condiciones y requisitos debía cumplir, lo que, en principio, le otorgaba o negaba determinadas obligaciones y derechos políticos. Remitimos al lector a los artículos que contienen los siguientes trabajos: Annino: Historia de las eleccio-nes...; Sábato (coord.): Ciudadanía política...; Irurozqui, Marta: La mirada esquiva. Reflexiones históricas sobre la interacción del Estado y la ciudadanía en los Andes (Bolivia, Ecuador y Perú), siglo XIX, CSIC, Madrid, 2005. Escobar Ohmstede, Antonio: "Ayuntamientos y ciudadanía, formas de administración de poblaciones", en Ortiz Escamilla y Serrano Ortega, (eds.), Ayuntamientos..., págs. 131-172. si hubiere dos". 22 Nacía con ello el Ayuntamiento constitucional, como institución administrativa y de gobierno en el ámbito local, y desaparecía legalmente el Cabildo colonial que durante trescientos años había "regido" la vida política en los pueblos del Nuevo Mundo y había configurado, junto con otras instituciones como las cofradías, la cultura política en los pueblos de indios. Sus cargos y sus prácticas políticas habían consolidado a lo largo del periodo colonial un gobierno indio en sus territorios. 23 Sin embargo, pensamos que en algunos pueblos, se mantuvieron durante varios años más ciertas formas de autoridad autóctona bajo fórmulas encubiertas o más o menos informales desde el punto de vista legal, pero con un gran peso político para los indígenas, 24 situación que se mantiene hasta hoy. El decreto 97 de 23 de mayo de 1812, argumentaba la creación de los Ayuntamientos por el bien y tranquilidad de las familias y la prosperidad de la nación, en ese entonces todavía la española. 25 No sabemos exactamente cuántos y cuáles fueron los Ayuntamientos que se fundaron en los pueblos chiapanecos durante la vigencia de la Constitución de Cádiz. Para otras regiones de México tenemos estudios que confirman su conformación entre 1812 y 1814 y posteriormente en 1820, una vez restablecida la Carta Magna gaditana. 26 En cualquier caso, estaríamos ante la presencia de instituciones todavía coloniales, anteriores a la Independencia. Según refiere M. H. Ruz, 27 los ladinos de Comitán hicieron en 1820 la elección para conformar un Ayuntamiento constitucional, independiente del Ayuntamiento indio. Parece ser que fue uno de los únicos que se crearon a consecuencia de la aplicación de la Constitución de Cádiz. La cuestión es que en Comitán, en 1821, hubo dos gobiernos locales diferenciados, uno de ladinos y otro de indios. Este último, en aras del espíritu constitucional, fue disuelto poco después por órdenes de la Audiencia de Guatemala. De la información que tenemos, en Chiapas no empiezan a funcionar sino hasta la década de 1820 los más precoces. 28 El 30 de noviembre de 1825, el excelentísimo gobernador del Estado de Chiapas decretó y mandó publicar la Ley reglamentaria de Ayuntamiento. 29 El 10 de enero de 1825, "estando en cabildo" se juró la Constitución de los Estados Unidos mexicanos en el pueblo de Teopisca, acto al que concurrieron "todos los vecinos de este pueblo y los de los anexos de Amatenango y Aguacatenango"; unos días antes, el 27 de diciembre del año anterior, en un acto similar, realizó el juramento el Ayuntamiento de San Miguel Pinola. También tenemos constancia de la celebración de elecciones municipales en diciembre de 1825 en Soyatitán, y en el mismo mes, pero un año después, en Santa Cruz Sosocoltenango. 30 Ortiz argumenta que la vida de los Ayuntamientos en Chiapas fue intermitente durante la primera mitad del siglo XIX, atendiendo a las cambiantes circunstancias políticas estatales y a la alternancia entre liberales y conservadores. En 1858, el gobernador Ángel Albino Corzo los restableció, ya que habían sido eliminados durante el periodo conservador, y a partir de ahí no volvieron a ser suprimidos. 31 Aunque la legislación normaba el funcionamiento de la institución de gobierno municipal, la práctica diaria modificaba el sentido de las leyes. Sabemos que una de sus principales funciones fue la impartición de justi-28 Rocío Ortiz dice que los primeros Ayuntamientos constitucionales comenzaron a funcionar en Chiapas en 1826, con la promulgación de la Constitución de ese mismo año. Ortiz: Pueblos de indios..., pág. 194. 29 AHE, Fondo Archivo Histórico de Comitán, Presidencia Municipal, 1825. Como ya apuntábamos más arriba, en Chiapas no se produjo una explosión municipal, ya que no se crearon una gran cantidad de Ayuntamientos como había sucedido en otras regiones de México en las que se había duplicado y triplicado el número de ellos. En el siglo XIX Chiapas modificó su división político-administrativa a través de varios cuerpos legislativos como la Constitución Política del Estado de Chiapas de 1826, de 1858, de 1880 -que introduce reformas a la anterior-y de 1893, así como varios decretos que enmarcaron jurídicamente los movimientos jurisdiccionales del territorio y la administración política en ella, lo que afectó de manera particular al funcionamiento de los Ayuntamientos. Instituto Nacional de Estadística y Geografía: División territorial del estado de Chiapas de 1810 a 1995, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, México, 1997. cia. Por esta razón, en algunos casos se fundaron en pueblos que no alcanzaban el número necesario de habitantes. 32 En cuanto a las características que debían tener los pueblos para conformar Ayuntamiento, para Chiapas sólo aparecen en la Constitución estatal de 1826, desapareciendo en las posteriores esta información, no obstante que era competencia de los gobiernos estatales normar este aspecto, 33 que fue regulado por diferentes decretos. Una diferencia entre los Ayuntamientos y los Cabildos coloniales es que estos últimos existieron en todos los pueblos; cabeceras y parcialidades tuvieron sus autoridades locales, representantes de su población en el Cabildo. Así se entiende del hecho de que en el acto de posesión de encomienda de la parcialidad de Tepiencoapa, en 1613, se hallaran presentes el alcalde de la parcialidad, los principales y el cabeza de calpul. 34 Con los Ayuntamientos constitucionales algunos pueblos perdieron su derecho a autogobernarse, ya que sólo las cabeceras tuvieron la oportunidad de conformar legalmente un gobierno municipal, aunque continuaron teniendo autoridades propias, comunitarias que, pese a no estar legalmente reconocidas, si tenían una gran fuerza moral. Pero la diferencia más importante entre los Cabildos y los Ayuntamientos fue el cambio en cuanto al concepto de gobierno, resultado del contexto ideológico. El funcionamiento de los primeros se dio hasta finales del siglo XVIII en la lógica de la política colonial, bajo un concepto de gobierno corporativo, cuyo objetivo era conducir la vida de los pueblos para lograr el bien público y la conservación de los derechos colectivos. En contraste, el Ayuntamiento era una instancia de administración municipal, representante de la soberanía de la sociedad civil. 35 Como señalábamos más arriba, un elemento que intervino en las características de los Ayuntamientos en Chiapas fueron los procesos de 32 En la Constitución de Chiapas de 1826, en el artículo 25 que normaba el gobierno político de los pueblos, dice: "Para el gobierno interior de los pueblos habrá ayuntamientos elegidos popularmente en todos los que tengan el número de mil almas a lo menos; o aunque sea menor su población, si así lo exigen sus circunstancias". Constitución Política del Estado de Chiapas, 1826. 33 Escobar Ohmstede, "Del gobierno indígena...". "Confirmación de encomienda de Iztacomitlan, Bitilan, Oiexcuatlan, Ocotitlan, Tepiencoapa, y Zitalazitaclan en Chiapa a Pedro de Eizaguirre". 35 Lemperiere, Annick: "Reflexiones sobre la terminología política del liberalismo", en Connaughton, Brian; Illades, Carlos y Pérez Toledo, Sonia: Construcción de la legitimidad política en México, El Colegio de Michoacán-Universidad Autónoma Metropolitana-Universidad Nacional Autónoma de México-El Colegio de México, México, 1999, págs. 35-56. ladinización de los pueblos. Esto fue importante en tanto que esta población no india, acaparó el poder en las instancias políticas locales, lo que determinó la conformación y el carácter del Ayuntamiento, y de ello dependieron también las posibilidades de la población indígena de acceder a los núcleos de poder y ejercicio de la autoridad. La ocupación de cargos de Cabildo por ladinos había estado restringida hasta entonces; sin embargo, con la igualdad jurídica posindependentista, tuvieron el camino libre para acceder a los puestos municipales. Surgió con ello una alcaldía mixta, 36 al menos en algunos pueblos. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Ocosingo, entre 1830 y 1834, estaba compuesto por regidores ladinos e indígenas. En 1835, un acta de elección decía: "...acto continuo siendo los ciudadanos José Alejo Hidalgo, Eugenio Estrada y Francisco Burguete en el salón de la casa consistorial de esta villa, cuyo número de electores son 3 por haberse exceptuado los de la municipalidad indígena...". 37 Estos documentos nos hablan de una separación del carácter étnico de las municipalidades. No creemos que hubiera dos Ayuntamientos funcionando separadamente; más bien, nos inclinamos a pensar que era una municipalidad mixta, compuesta de ladinos e indígenas. Más tarde, en 1869, encontramos que los alcaldes indios auxiliares del pueblo de Ocosingo estaban exentos del pago del impuesto de capitación, condición que compartían con los miembros del Ayuntamiento, los jueces locales, los jueces rurales y los militares: es decir, encontramos que había autoridades indígenas que ocupaban un cargo concejil dentro de los Ayuntamientos ladinizados. 38 Ahora bien, los cargos concejiles, efectivamente, suponían una carga para quienes los ocupaban; no en vano en las actas de Cabildo se repiten las solicitudes de licencias para abandonar temporalmente el cargo que realizan los electos y la normatividad que la legislación tenía referente a los periodos que podían ausentarse del cargo. 39 Por lo tanto, podemos pregun-36 En el caso de Guatemala, ver Barrios, Lina: La alcaldía indígena en Guatemala: de 1821 a la revolución de 1945, Universidad Rafael Landívar, Guatemala, 1998. Actas de las sesiones ordinarias y extraordinarias. 39 La Constitución política del Estado de Chiapas de 1858, en el artículo 12, sección 3.a, en la que se habla de los deberes de los ciudadanos chiapanecos, dice que uno de estos deberes es: "Desempeñar los cargos públicos sin poder rehusarse sino en casos de impedimento grave á juicio de autoridad competente". Más tarde en 1860, un decreto del gobernador Ángel Albino Corzo determina que "los alcaldes no se separarán del desempeño de sus funciones sin licencia escrita de los jueces de primera instancia, ni esta podrá exceder de los tres meses que les concede la ley en cada año". AHE, Colección impresos, tomo 17. Nuevamente se insiste en ello tarnos ¿qué ventajas tenía ocupar ese cargo, si no era la posibilidad de defender los intereses de los grupos de población a los que representaban? El Ayuntamiento en la resolución de conflictos Desde la Constitución de Cádiz se fijaron los asuntos en los cuales el municipio tenía el deber de intervenir. Con el tiempo, se fueron modificando en lo particular, pero en general se resumían en cuidar el bienestar y el desarrollo social y económico del municipio y de sus vecinos, conservar el orden público y procurarse recursos por diferentes medios, todo ello basándose en la normatividad de las ordenanzas municipales. 40 En Chiapas, la Ley reglamentaria de Ayuntamiento de 1825 reguló sus funciones mientras que nada se especificó en la Constitución de 1826, limitándose ésta a determinar las circunstancias que debían concurrir para que los pueblos conformaran Ayuntamientos y las características de los electores y electos para empleos municipales. En 1858, sin embargo, la nueva Constitución estatal, en su artículo. 63, definía las siguientes funciones de la institución: ejecutar las leyes y recaudar las contribuciones e impuestos generales del Estado que les cometan las leyes; acordar toda obra de utilidad pública local y los arbitrios ó fondos necesarios; cobrar los impuestos municipales que acuerde y sean aprobados por el Congreso, invirtiéndolos en el objeto á que sean destinados; cuidar de las casas de beneficencia e instrucción pública y administrar los bienes comunales no comprendidos en la ley de desamortización; cuidar de la policía en todos sus ramos; cuidar de la tranquilidad, del orden y buenas costumbres; cuidar de los otros objetos de administración general y local que les designe las leyes, sin tomar parte jamás con carácter de Ayuntamiento en los asuntos políticos. Todas estas funciones son los asuntos que los esos gobiernos locales tuvieron que sortear en el día a día. No todas fueran conflictivas sino que formaban parte de los ámbitos en los que estaba obligado a intervenir, algunos de los cuaa finales del siglo, en 1880, en un decreto ahora de Miguel Utrilla que trata sobre la misma obligación de alcaldes y funcionarios municipales de presentarse a tomar posesión de su encargo, bajo las penas que se impondrán a quien no lo haga, y dice además que "Los regidores que no asistan con puntualidad a sesión o no desempeñen sus comisiones, se les aplicará ipso facto por el presidente de cincuenta centavos a cinco pesos de multa". 40 Ver Guzmán Pérez, Moisés: "Cádiz y el ayuntamiento constitucional en los pueblos indígenas de la Nueva España, 1820-1825", en De súbditos del rey a ciudadanos de la nación, Universidad Jaume I, Castellón, 2002, pág. 313. les sí se convirtieron en un problema, sobre todo cuando los municipios se enfrentaban a situaciones críticas de índole social, política y económica. Hubo otros conflictos que tuvieron un mayor peso en la vida diaria de esta institución. Algunos estaban provocados por la convivencia y el carácter pluriétnico de los pueblos y por la naturaleza -composición-del Ayuntamiento. La cuestión territorial fue especialmente problemática, es decir, sobre quiénes y en qué territorio ejercía su jurisdicción y autoridad, lo cual motivó que, en ocasiones, un núcleo de población solicitara su reconocimiento como municipio. 41 Igualmente conflictivo se volvió el control de los recursos económicos, tanto por la forma en que se dotó de fondos a los municipios, echando mano de los bienes comunes de los antiguos pueblos de indios, como por la cuestión de las tierras, provocando un enfrentamiento entre las municipales y las comunales, y entre la propiedad privada y la colectiva. Muchos de estos problemas no eran nuevos en el siglo XIX, aunque se agudizaron por la nueva legislación. Podríamos pensar con esto, que el órgano de gobierno municipal fue una institución que en la mayoría de las ocasiones no respondía a los intereses de los pueblos indígenas. Las diferentes Constituciones contenían las directrices generales de la administración de justicia en lo civil y lo criminal, además de otros cuerpos de leyes específicas en la materia; en algunos se especificaban las funciones jurídicas de los Ayuntamientos. Desde la de Cádiz, los alcaldes eran competentes en estos asuntos, a los que se les daba la categoría de conciliadores, ante quienes los demandantes "por negocios civiles o por injurias" deberían presentarse con la clara intención de arreglar el asunto en esta instancia "extrajudicial", y sin cuyo trámite no se iniciaría pleito alguno, en caso de no solucionarse la demanda en esta instancia. 42 En Chiapas, diferentes decretos del Congreso Constituyente de 1825, también diseñaron el marco legal para la administración de justicia por la entidad local, igual que la Ley reglamentaria de Ayuntamiento del mismo año, en la que los alcaldes seguían ejerciendo el cargo de conciliadores, "sin perjuicio del decreto de 16 de junio con respecto a los que ejerzan la primera instancia". 43 41 Escobar muestra para el caso de las Huastecas que a menudo no coincidía el territorio indio con la jurisdicción del Ayuntamiento y con frecuencia el origen de los conflictos fue la nueva relación entre cabeceras y pueblos sujetos. Escobar Ohmstede: "Del gobierno indígena...", págs. 14 y siguientes. 43 AHE, Fondo Archivo Histórico de Comitán, Presidencia municipal, Ley reglamentaria de Ayuntamiento. El decreto al que se refiere es el Número 33 de los Decretos del Congreso Constituyente, que contenía varias disposiciones con respecto al arreglo de los Juzgados. Colección de Decretos del Congreso Constituyente de las Chiapas. Decreto núm. 52 (Recurso electrónico: Biblioteca Digital Daniel Cosío Villegas. Web: http://biblio2.colmex.mx/bibdig/chiapas001/ base1.htm Sin embargo la Constitución estatal de 1826 se limita a regular el funcionamiento del poder judicial, ejercido por la Suprema Corte de Justicia y los demás tribunales del Estado, refiriéndose en este caso a los jueces de primera instancia y a los asesores, es decir, los alcaldes primeros de los pueblos cabeceras de partido, desapareciendo de ella cualquier alusión a la relación de los Ayuntamientos del resto de los municipios con la resolución de conflictos que, imaginamos, estaría regulada por los decretos del Congreso. Posteriormente, la Constitución del Estado de Chiapas de 1858 depositaba el ejercicio de la justicia en los alcaldes, como juzgado inferior y como última instancia después del Tribunal de Justicia, y los jueces de primera instancia. En la de 1893, ya se reconocía a los jurados y los jueces menores, además de los anteriores, como órganos de impartición de justicia. Las acusaciones de deudas, los abusos de unos individuos sobre otros, que se volvían más problemáticos cuando se trataba de los abusos de los ladinos sobre los indígenas, o los malos tratos físicos son los casos más comunes en los que los Ayuntamientos se convirtieron en jueces de los conflictos surgidos entre los individuos o comunidades. En estos asuntos, aunque tenían las facultades como juzgados locales para juzgar y castigar el delito, la recurrencia a instancias superiores fue frecuente, dependiendo de la gravedad del caso, ya que los Ayuntamientos de los municipios estaban sujetos a los juzgados de primera instancia. También se dio el caso inverso, es decir, que los casos presentados en éstos últimos se turnaran a los jueces locales para su resolución. Un ejemplo: el juzgado de primera instancia del departamento de Chilón, turnó al alcalde primero de la villa de Ocosingo el caso de Lucía de la Cruz, sirvienta del ciudadano Manuel Salazar, que...se presentó a las seis de esta mañana en la casa de mi habitación solicitando de mi autoridad la separación de la casa del dicho señor al mismo tiempo quejándose de malos tratos recibidos por la señora esposa de Salazar. Y encontrándose este juzgado con atenciones urgentes ha dispuesto consignarlo como lo consigna al digno juzgado de usted para que obre en justicia y de conformidad con las leyes relativas que trata de estos casos...Ocosingo abril 6 de 1877. 44 Un asunto en el que intervino el cuerpo municipal fue en los problemas ocasionados en las relaciones laborales con respecto a la mano de obra indígena. Jan Rus argumenta que uno de los problemas que tuvo el desarrollo de las grandes fincas de café a finales del siglo XIX fue la escasa posi-bilidad que tenían para acceder a los trabajadores que las beneficiaran. 45 Como ya había sucedido durante la colonia, los Ayuntamientos de los pueblos indígenas se vieron obligados a organizar el flujo de mano de obra hacia las grandes fincas. Sin embargo, también actuaron de "intermediarios" en la resolución de los conflictos que surgían entre los sirvientes y sus amos o con otras personas. Así, tenemos varios ejemplos de pleitos turnados a los juzgados locales por quejas de deudas de los trabajadores, como el que dirige el juzgado primero del departamento de Chilón al alcalde primero de la villa de Ocosingo, que a la letra dice: El indígena Manuel Rodríguez, del vecindario de Sivacá, se ha presentado ante este juzgado manifestando que su amo don Manuel Andrés Parada al darle recibo de desacomodo le hace pagar partidas que dice el quejoso no haberlas tomado a su cuenta y en su consecuencia prevengo a usted que atienda en pronta y recta e imparcial justicia al citado indígena Manuel Rodríguez, averiguando si las partidas que constan en el libro son legales... El Ayuntamiento, de juez a parte de los conflictos Por último nos detendremos en otros casos de justicia en los que intervino el cuerpo municipal. Son aquellos en los que el Ayuntamiento dejó de ser juez, para convertirse en parte de los conflictos, es decir, las actuaciones de las municipalidades ladinas, indias o mixtas en los procesos que afectaban a sus intereses o los de sus vecinos, independientemente de su calidad étnica. Aquí pondremos especial atención a las estrategias que usaron los indígenas en casos de conflictos. 47 Sin pretender centrarnos exclusivamente en procesos y pleitos relacionados con las tierras de los pueblos y la defensa de los bienes comunes, podemos afirmar que estos casos son un excelente campo para ejemplificar la situación que pretendemos analizar. La ideología liberal, en aras de la civilización y para sacar a los indios de su apatía en cuanto a la producción, 48 fomentó de forma paulatina la desaparición de la propiedad comunal a favor de la propiedad individual, 49 lo que permitió que un número cada vez mayor de población ladina accediera a las tierras de los pueblos. Ello provocó varios enfrentamientos, como los ejemplos que mostramos a continuación. El pleito por el ejido de Zapaluta: defensa de los recursos municipales La legislación decimonónica protegió la existencia de los ejidos. 50 En diferentes decretos de las décadas de los veinte a los cuarenta se estableció que los Ayuntamientos eligieran y midieran sus dos porciones de ejido antes de cualquier medida de particulares en la zona; la cantidad de tierras ejidales estaría determinada por la población que tuviera el pueblo, y éstas deberían ubicarse dentro de la jurisdicción de cada uno de ellos. 51 Las indefiniciones en cuanto a las medidas de los ejidos, lo largo de los procesos de adjudicación y, en general, las artimañas que los ladinos usaron para obtener propiedades provocaron abusos y usurpaciones de tie-rras en los pueblos por parte de particulares, que desembocaron en enfrentamientos y pleitos cuyos protagonistas fueron los Ayuntamientos actuando en defensa de los intereses de los pueblos. 52 Aunque del análisis de los "denuncios" se deduce que se cuestionaba la personalidad jurídica de los Ayuntamientos como representantes de los pueblos en estos juicios, en la mayoría de los casos aparece el Concejo municipal como parte defensora de los intereses comunes de los vecinos. Los pleitos también ilustran las diversas formas de defensa que los indígenas de Chiapas idearon para proteger sus intereses, bien comunales o bien particulares, a través de acciones colectivas o individuales y en muchos de los casos aprovechando el espacio que la legislación, la justicia y las instituciones les proporcionaban. Así la ideología liberal no pudo acabar con el carácter colectivo de las sociedades indígenas que, sin embargo, no dudaron de echar mano del individualismo cuando la situación lo requería. El 20 de mayo de 1861, el procurador síndico del pueblo de Zapaluta, cuyos vecinos eran en su mayoría indígenas, se dirigió al jefe político del Departamento de Comitán en nombre de la población que representaba, para reclamar la segunda parte de su ejido que por ley le correspondía, ya que hasta ese momento sólo se le habían concedido "catorce caballerías poco más o menos no porque no hubiere de donde darle sino por morosidad del síndico y Ayuntamiento que en ello entendió". 53 Los argumentos de la solicitud se remitían a la utilidad pública, ya que el pueblo de Zapaluta "como muchos del estado subsiste de la labranza y crianza", para lo cual le era indispensable la parte de ejido que le correspondía. Además, debido a "la falta de éste la clase indígena se está direccionando en las haciendas circunvecinas sufriendo con esto grave perjuicio". Solicitaba asimismo que la parte de ejido se la dieran cerca de una montaña por "estar inmediato al pueblo y a la primera porción del ejido de éste", vecina de las haciendas Santa Rita y San Isidro "de cuyos dueños recibe ese vecindario... muchos perjuicios". El gobierno del Estado autorizó la solicitud del pueblo de Zapaluta y pidió que se midieran los terrenos; fue en este trámite cuando comenzaron los problemas con los vecinos, ya que surgieron desacuerdos en cuanto a la 52 El archivo del Juzgado de Distrito de Chiapas contiene una gran cantidad de estos juicios promovidos a causa de los denuncios de tierras baldías, sobre todo a partir de las Leyes de Reforma. 53 Por el art. 2.o de la ley 28 de enero de 1847, le correspondía "una legua cuadrada a los pueblos que tengan un mil habitantes abajo". En adelante, en este apartado, todas las citas textuales referentes a este caso, si no se indica lo contrario, están tomadas del expediente "Juicio de oposición sobre el mejor derecho al terreno denominado Achasetic seguido entre el ayuntamiento del pueblo de Zapaluta y el Sr. Gregorio Culebro". AJD, Sección Civil, Caja 1, año 1861 delimitación de lo que era la propiedad del ciudadano Gregorio Culebro, ladino, y lo que eran los terrenos nacionales, de donde podía concederse la segunda parte del ejido. Este fue el motivo de un largo y tenso pleito entre el Ayuntamiento de Zapaluta y Gregorio Culebro por "seis caballerías y pico...", quien no sólo alegaba propiedad sobre los terrenos, sino también que los vecinos del pueblo le perjudicaban constantemente, al introducirse en él para sacar leña y maderas. Esto llevó a la presentación de alegatos por ambas partes ante el gobierno político del Estado, en la que el Aayuntamiento de Zapaluta tuvo una intervención decisiva en defensa de los intereses del pueblo, rebatiendo con argumentos muy sólidos todos los que presentó el señor Culebro. En marzo de 1866, aún no había salido una resolución del caso, por lo que nuevamente el Ayuntamiento nombró a un comisionado para dirigirse al gobierno del Estado solicitando justicia, que en este caso apoyó a Zapaluta, en virtud de la necesidad de tierras que tenía el pueblo. Como la resolución no fue respetada, se reavivó la polémica con la continuación de un pleito, incluso después de la muerte de Gregorio Culebro. Los vecinos se veían privados de la extracción de recursos del terreno por parte del representante de los herederos del susodicho ciudadano. Así, el 26 de marzo de 1867, el gobierno libró una orden para que la jefatura política hiciera lo conducente para que no se privase a los vecinos de Zapaluta hasta que la autoridad judicial determinara quien tenía el derecho al terreno. 54 Finalmente, en marzo de 1872, Manuel Antonio Guillén, presidente municipal de Zapaluta, expuso que ante la indefinición de la situación del terreno habían surgido problemas, que habían puesto en peligro la vida de los vecinos del pueblo, ya que "el mayordomo y mozos del español don Ángel de la Vega les impiden a mano armada la extracción de madera, leña y otros artículos de uso común de la misma montaña". 55 Por ello puso una demanda con la que pretendía, en primer lugar, que se declarara que los terrenos eran propiedad del pueblo de Zapaluta; que debido a que durante tanto tiempo se le había impedido a los vecinos su uso, solicitaba que se recompensara al municipio por los perjuicios sufridos; por último, pedía que se impidiera al señor Vera el uso de los terrenos y se le condenara a pagar las costas del proceso, como heredero de Gregorio Culebro. 56 Desafortunadamente, el expediente no contiene la resolución final del caso, 54 Ibidem, "Expediente de concesión de los ejidos del pueblo de Zapaluta. pero lo que nos interesa resaltar es la constante e intensa defensa que el Ayuntamiento de Zapaluta realizó contra todo aquel que pretendiese privarlo de lo que, bajo su punto de vista, le correspondía al pueblo. El asunto de Pueblo Nuevo Solistahuacán: el papel de las autoridades tradicionales En este mismo sentido, podemos ver otros casos en los que sale a relucir un enfrentamiento entre ladinos e indígenas por la defensa de sus derechos. El ciudadano Francisco Hidalgo, vecino de Jitotol, denunció el terreno nombrado el Cerro del Campanario, en Pueblo Nuevo Solistahuacán, departamento de Simojovel. Se citó dos veces al Ayuntamiento de ese pueblo para que compareciera a manifestar si la denuncia afectaba sus intereses. En la segunda ocasión, el 15 de mayo de 1861 comparecieron las autoridades municipales junto con los ciudadanos Tomás Alegría y Tomás Jiménez, ancianos y vecinos, a quienes se les informó de la denuncia del terreno del Cerro del Campanario y se les preguntó sobre los intereses que tenían en él. De la demanda se deduce que el que a ellos les interesaba era el nombrado El Carrizal, "y que acaso será el que el señor Hidalgo quiere medir" y que si así lo hiciera... resultarían perjudicados porque allí cortan maderas y mecate para reedificar su iglesia, convento, casa municipal y para construcción de sus casas... que allí cogen leña para su gasto ordinario y piedra para hacer cal,... además tendrán que sufrir los perjuicios que les ocasionarían los ganados que el señor Hidalgo ponga porque está lindando el terreno indicado con la pequeña porción de ejido que circunvala su pueblo. 57 En apoyo a estos argumentos, el presidente municipal de Jitotol dijo que los naturales de Solistahuacán quedarían privados de poder cortar leña y otros materiales que utilizaban para construir sus casas y demás edificios, "pues aunque dichos materiales los haya en otros lugares están bastante lejos del pueblo". 58 Esta declaración fue razón suficiente para que el agente del Ministerio de Fomento no autorizara la enajenación de los terrenos que habían sido denunciados. Lo interesante de este caso son dos hechos: 57 Ibidem, años 1857-1859, "Denuncia que el C. Francisco Hidalgo hace del terreno nombrado El Cerro del Campanario, Pueblo Nuevo Solistahuacán". en primer lugar, muestra que la justicia no estranguló a los pueblos y sus habitantes hasta tal punto de dejarlos en la miseria. En segundo, debemos resaltar la presencia de los ancianos de Pueblo Nuevo Solistahuacán, quienes fueron convocados para opinar acerca de los perjuicios que les podría causar la denuncia referida. El cuerpo o Consejo de ancianos era una institución con un gran peso político en los pueblos indígenas de Chiapas. No formaban parte de la estructura de los Ayuntamientos, pero gozaban de una gran autoridad entre los de su misma clase. Ellos formaban parte de los gobiernos indios y en los casos que afectaban a la comunidad siempre estaban presentes para intermediar por los intereses del común. La hacienda San Pedro Pedernal de Huistán: el uso del derecho positivo como estrategia de defensa de los bienes comunes Un último caso que incluimos en este trabajo es el que se desarrolló en Huistán, sobre la hacienda San Pedro Pedernal, en el que la resistencia y la lucha colectiva de los indígenas de este pueblo se desarrollaron a través de mecanismos legales. 59 El pleito tuvo lugar entre cuatro indígenas de Huistán -Miguel Santis, Miguel Méndez, Domingo González y Pascual Álvarez-, quienes en 1829 habían comprado en propiedad particular la finca San Pedro Pedernal, y los hermanos Isidro y Ciriaco Aguilar, ladinos, quienes pretendían quedarse con la hacienda. 60 Éstos últimos argumentaban que los indígenas la habían comprado no para ellos sino para el común, con dinero que previamente habían recaudado entre todos los vecinos. Es muy posible que los hermanos Aguilar estuvieran en lo cierto, ya que el ganado de la cofradía de Nuestra Señora de la Luz de este pueblo se custodió en años posteriores a su compra por los cuatro indígenas en esta hacienda "que es finca de la pertenencia del común de este pueblo". 61 59 Este caso está más desarrollado en Palomo Infante, María Dolores: "Enredos y sutilezas del derecho en defensa de los bienes comunes. El 1.o de septiembre de 1826 se había publicado una ley sobre terrenos baldíos, cuyo artículo 1.o ordenaba que "todos los terrenos baldíos o nacionales y de propios excepto los ejidos necesarios de los pueblos, se reducirán a propiedad particular",62 lo que se convirtió en una amenaza para las tierras comunales, ya que abría la posibilidad de que cualquier persona pudiera reducir a su propiedad los terrenos baldíos y de propios de los pueblos. Así, los indígenas del pueblo de Huistán temían que sus tierras comunales fueran objeto de las leyes y perderlas en cualquier momento. La propiedad de la hacienda podría sustituirlas llegado el caso; además, con su compra adquirían más terrenos en "propiedad particular", amparados en la ley. En realidad, los indígenas que la compraron sólo serían prestanombres en la transacción. En 1851 la hacienda se arrendó a Ciriaco Aguilar. En la celebración de este contrato surgió la primera polémica, en la que es interesante analizar la actuación del cuerpo municipal, que en este momento era mixto, y de otras autoridades -alcalde primero y los demás municipales indígenas-, quienes en todo momento defendieron la propiedad particular de los cuatro indígenas y argumentaban que el Ayuntamiento no podía realizar este contrato; no obstante, el presidente municipal, que era ladino, estaba a favor de su arriendo, para obtener recursos destinados a la educación primaria del pueblo. Finalmente se hizo el arrendamiento por una orden de la Prefectura. Años más tarde, el mismo Aguilar denunció a la hacienda amparado en la ley Lerdo, ya que según él tenía el carácter de corporativa por pertenecer al Concejo municipal de Huistán y por lo tanto estar sujeta a estas leyes. El denunciante argumentaba que era del Ayuntamiento porque con él había celebrado el contrato de arrendamiento. Fue aquí donde surgió el conflicto, en el que se entrelazan los intereses de los indígenas que la compraron, los del común del pueblo de Huistán y el Ayuntamiento y los de Ciriaco Aguilar; es donde entran en juego el cruce entre la legislación, los procesos judiciales y las estrategias de defensa. Nuevamente el gobierno local salió en defensa de los intereses comunes del pueblo, cuando el alcalde primero y el síndico indígena volvieron a apelar a la propiedad particular de los cuatro vecinos para salvaguardar la posesión de los terrenos y evitar que cayeran en manos de los ladinos. A lo largo del proceso, hubo algunos detalles que demuestran la perfecta estrategia que utilizaron los indígenas de Huistán. Por ejemplo, en el pleito evitaron en todo momento pronunciar la palabra comunidad, concepto muy discutido en la época. La actuación del asesor fue fundamental, por lo que podemos comprobar que los indígenas recurrieron a todos los medios legales a su alcance. Dicho asesor basó su defensa en el único instrumento que podía salvar la propiedad de las manos de los ladinos: la escritura de propiedad de los cuatro indígenas que la habían comprado en 1829. De acuerdo al análisis y casos presentados, vemos que la población indígena no fue un objeto manejado en los procesos históricos decimonónicos. Los cambios institucionales de carácter político que se produjeron a nivel local con el paso de la vida colonial a la independiente afectaron a toda la población, sin importar su calidad étnica. Por supuesto, los indígenas se vieron en desventaja en bastantes ocasiones, sobre todo teniendo en cuenta que ya no estaba vigente la protección que les brindaban las Leyes de Indias. Enfrentarse a la legislación liberal, y sobre todo, a las acciones particulares de los ladinos, los ponía en una situación desventajosa y fue un proceso difícil de afrontar. Sin embargo, en los municipios, tanto individual como colectivamente, la población indígena supo posicionarse frente a los ladinos y frente al Estado, por diferentes vías. Concretamente, con las situaciones que hemos analizado, podemos llegar a algunas conclusiones sobre estos mecanismos o estrategias utilizados. Por una parte, se conformaron otras estructuras de poder entre los indígenas: sus justicias o autoridades tradicionales, que llamamos ahora, que se constituyeron en los intermediarios entre las instancias político-administrativas locales ladinas y estatales y la población indígena, como defensores de los derechos de éstos últimos. Por otra parte, en los Ayuntamientos considerados como ladinos, se incorporaron algunos miembros indígenas, como representantes de estos últimos. La experiencia decimonónica no era nueva. Recordemos que los indígenas, que habían visto alterada su organización social con el sistema colonial, se empeñaron con todas sus fuerzas en rescatar lo recuperable de su antiguo sistema a través de la recreación cultural, a veces en nuevos espa-cios; y/o reestructurarlos mediante varios mecanismos para adaptarse a la nueva y cambiante situación. Para conseguirlo, buscaron nuevos ámbitos donde hacerlo, a veces incluso en espacios que el propio sistema colonial les brindaba. Esto en relación a los mecanismos propios que desarrolló la población indígena para resistir o defenderse. Pero hubo otros que no son tan autónomos o propios, sino que se relacionaron con el desarrollo de las instancias de gobierno y administración y con el de la justicia y legislación. Los indígenas, sobre todo los de las elites, conocían a la perfección los derechos que las leyes daban a los individuos, de los cuales se agarraron para no quedar desprotegidos, a veces de forma individual, otras de forma colectiva. Justus Fenner asegura que del análisis de los resultados obtenidos en los denuncios de tierras baldías se aprecia una "estricta aplicación de las leyes vigentes en la materia por parte de los jueces". 63 Asimismo, a menudo encontraron en las autoridades políticas estatales y municipales instituciones en las que apoyarse para defenderse de los casos de injusticia. Podemos ver en los procesos judiciales que en bastantes ocasiones apoyaban, si no es que favorecían, a la población indígena y sus derechos como individuos; incluso poco después de mediado el siglo, el mismo gobierno del estado de Chiapas creo, en 1869, la figura del protector de indios, con facultades para oír las quejas de éstos; "deducirá ante los Tribunales competentes las acciones civiles o criminales que les correspondan, y sostendrá sus derechos vigorosamente por todas las vías legales que se abran para su defensa", sin que ningún juzgados ni tribunales del Estado pudiera "pronunciar sentencia definitiva, ni auto interlocutorio que tenga fuerza de tal, sin oírse previamente al protector de indios." 64 Aún en los Ayuntamientos "ladinos" que, como hemos visto, fueron un órgano para la resolución de conflictos, la población indígena encontró mecanismos de defensa. Con ello no queremos decir que las leyes y las instituciones actuaran a favor de los indígenas, impensable para la época, sino que ellos supieron aprovechar cada resquicio que se les presentaba.
Ya tuve ocasión de mostrar que en lo relativo al "derecho de intervención" de las potencias, no existía un consenso en España y que, por ejemplo, los demócratas de La Discusión diferenciaban Marruecos (donde era legítima la intervención militar con el objetivo de "civilizar") y México (país equiparado a las naciones occidentales y, por tanto, donde no se podía intervenir en defensa de viles intereses materiales -cobrar deudas ilegítimas-o para imponer un sistema político determinado); "La intervención europea en México en la prensa española (1861-1862)", en Fisher, John R.(ed. En el siglo XIX una de las condiciones esenciales para obtener el reconocimiento de la soberanía de un Estado por parte de la comunidad internacional era la capacidad para mantener el orden interior y garantizar las vidas y propiedades de los súbditos extranjeros. La justicia, entonces, se convierte en un elemento político de primer orden y el caso de las relaciones hispano-mexicanas resulta especialmente significativo. Para México, se trata de preservar la independencia nacional, de evitar una intervención militar y de integrarse en el sistema internacional. Para España, se busca afirmar su estatuto de gran potencia con capacidad para intervenir en defensa de sus ciudadanos y de obtener las debidas reparaciones. Este trabajo se estructura entonces en torno a tres cuestiones: la deuda y las reclamaciones financieras de los españoles, el castigo de los culpables de los asesinatos de españoles y la negociación de un tratado de extradición de delincuentes y desertores. PALABRAS CLAVE: Relaciones España-México; Siglo XIX, Justicia; Extradición; Reclamaciones. En el siglo XIX, una de las condiciones esenciales para obtener el reconocimiento de la soberanía de un Estado por parte de la comunidad internacional era la capacidad para mantener el orden interior y garantizar las vidas y propiedades de los súbditos extranjeros. A diferencia de la revolución estadounidense, que contó con el apoyo de Francia y de España, las independencias latinoamericanas no obtendrán ni apoyo ni solidaridad por parte de los países europeos. Los principales obstáculos están relacionados con la forma de gobierno adoptada (la república, frente a una Europa exclusivamente monárquica hasta 1848) y con los avatares políticos y financieros de estos países: gran inestabilidad de los gobiernos, enfrentamientos y guerras civiles con sus secuelas de muerte y de destrucción de bienes y propiedades, fuerte endeudamiento. Se cuestiona la capacidad de los gobiernos latinoamericanos para mantener el orden público, proteger a las personas y perseguir y castigar a los delincuentes. En consecuencia, la percepción europea de las nuevas Repúblicas es globalmente negativa y se traduce en una práctica internacional que separa la dimensión política (el reconocimiento de la legitimidad de la independencia y del carácter de Estado plenamente soberano) de la realidad comercial (negociación y ratificación de tratados comerciales). Gran Bretaña inaugura esta actitud, que implica reservarse la posibilidad de revocar los tratados si se considera que un Estado latinoamericano no respeta la libertad de comercio y navegación o los derechos de propiedad de los súbditos y comerciantes ingleses. Los demás países europeos siguieron globalmente el ejemplo británico hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Se daba, entonces, un reconocimiento parcial de la soberanía republicana, lo que suponía que esos nuevos Estados viviesen con la constante amenaza de caer bajo una nueva dominación europea. No hay que olvidar que en este momento, junto a las campañas colonialistas (destinadas a establecer protectorados o administraciones directas en territorios extra-europeos), las potencias desarrollan una política que ha sido calificada de "imperialismo de libre comercio" (presiones diplomáticas y recurso a la intervención militar para hacer valer sus derechos). 1 Para los nuevos países, la cuestión de la justicia en un sentido amplio (instauración de un Estado de derecho y de instituciones que aseguren la aplicación y el respeto de la ley, tanto en lo relativo a los derechos como a los deberes -y el consiguiente castigo de los infractores-, se convierte entonces en un elemento político de primer orden para preservar la independencia nacional, puesto que la defensa de las vidas y bienes de sus ciudadanos es el argumento utilizado por las potencias europeas para justificar presiones diplomáticas e incluso el recurso a la fuerza. El caso mexicano es paradigmático a este respecto, particularmente si se estudian las relaciones hispano-mexicanas durante el reinado de Isabel II. Con el tratado que firma con esa República en diciembre de 1836, España inicia el proceso de reconocimiento de las independencias y de acuerdos comerciales. En ese tratado se estipulaba que los comerciantes y demás súbditos de Su Majestad Católica o ciudadanos de la República Mejicana que se estableciesen, traficasen o transitasen por todo o parte de los territorios de ambos países gozarán de la más perfecta seguridad en sus personas y propiedades y, tanto con respecto a la repartición de contribuciones o impuestos como a la protección y franquicias en el ejercicio de la industria y también en lo relativo a la administración de justicia, serán considerados del mismo modo que los naturales de las respectivas naciones contratantes, sujetos siempre a las leyes, usos y costumbres de aquella en que residan. 2 Basándose en estas consideraciones de "perfecta seguridad" y de "administración de justicia", España, al igual que los demás países de Europa, se mostrará especialmente celosa a la hora de salvaguardar la vida y los intereses de los españoles residentes en México, lo que dará lugar a un larguísimo conflicto diplomático que en ocasiones derivará en amenazas de recurrir a la fuerza o en intervenciones militares efectivas, como ocurrió entre 1856 y 1862. Entre otros factores, lo que está en juego para España es el ser o no ser considerada gran potencia puesto que son esas grandes potencias, o los países que aspiran a ser considerados como tales, las que se arrogan el "derecho" exclusivo de intervenir en otros invocando esta cuestión de la justicia y del deber de velar por el cumplimiento de la 2 Delgado Martín, Jaime: España y México en el siglo XIX, 3 vols., Instituto "Gonzalo Fernández de Oviedo", CSIC, Madrid, 1950-1953, vol. II, págs. 83-84. Véase igualmente Sánchez Andrés, Agustín: "De la independencia al reconocimiento. Las relaciones hispano-mexicanas entre 1820 y 1836", en Sánchez Andrés, Agustín y Figueroa Esquer, Raúl (eds.): México y España en el siglo XIX. Diplomacia, relaciones triangulares e imaginarios nacionales, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-Instituto Tecnológico Autónomo de México, México, 2003, págs.23-51. ley y de los acuerdos internacionales en lo relativo a la protección de vidas y bienes de los ciudadanos y al pago de la deuda. Por otra parte, el siglo XIX se caracteriza por la lenta instauración de acuerdos internacionales sobre multitud de cuestiones. Y, entre ellas, dos interesan particularmente al estar directamente relacionadas con el ejercicio de la justicia: la extradición y el derecho de asilo. La primera es un acto mediante el cual un Estado entrega a otro que se lo solicita a un individuo buscado o ya condenado por la jurisdicción penal del país solicitante. La extradición fue, al principio, un simple compromiso de cortesía entre algunos príncipes para obtener la entrega de malhechores de derecho común. En el siglo XVIII la práctica de la extradición se generaliza y se aplica también a los crímenes políticos. Desde entonces y durante el siglo XIX se multiplican las convenciones bilaterales entre los países y los intercambios se intensifican. Sin embargo, el triunfo de las revoluciones liberales conducirá a la progresiva exclusión de los crímenes políticos de los tratados de extradición y a la adopción del derecho de asilo por esos mismos motivos. Como para otros derechos, la Revolución Francesa es el referente obligado al afirmar la Constitución de 1793 el derecho de conceder asilo a los extranjeros perseguidos en sus países por luchar en pro de la libertad y de rechazar ese asilo a los tiranos. Este derecho al asilo se consolidará con las revoluciones liberales a lo largo del siglo XIX y progresivamente los países europeos rechazarán la extradición por motivos políticos. Habiendo adoptado el régimen republicano, los dirigentes mexicanos asumen la herencia revolucionaria francesa respecto del derecho de asilo y del rechazo de la extradición por motivos políticos. La negociación de un tratado de extradición entre España y México a partir de 1844 refleja esa diferencia profunda entre los regímenes republicanos y los monárquicos plasmada en la cuestión de los delitos políticos, pero constituye al mismo tiempo una vía de integración internacional de México a través del principio de reciprocidad en la concesión de la extradición. Para el gobierno moderado español esta negociación forma parte de una estrategia política con fines internos (preservar el orden político y social establecido y evitar la independencia de Cuba). Este trabajo se estructura entonces en torno a tres cuestiones: la negociación de un tratado de extradición de delincuentes y desertores entre 1844 y 1847, la cuestión de la deuda y de las reclamaciones financieras de los españoles y, por último, el problema del castigo de los culpables de los asesinatos de españoles en 1856-1857. Sin embargo, estos dos últimos asuntos se entremezclan en la coyuntura de 1856 y dan lugar a un momento de gran tensión entre los dos países que se prolongará hasta la intervención tripartita de 1861-1862. De ahí la importancia del relato elaborado en 1855-1856 por los servicios del Ministerio de Estado, donde se explica el origen y el desarrollo de la cuestión de la deuda y donde aparecen los juicios de valor y la visión de las cosas de la diplomacia española en un momento de especial interés puesto que gobiernan los progresistas y que la actitud de firmeza adoptada por ellos será asumida por el primer gobierno del general O'Donnell 3 en septiembre de 1856. Además, el problema de la deuda condicionará la actitud de los gobiernos españoles ante la cuestión del castigo de los culpables de los asesinatos de españoles en diciembre de 1856. El análisis de la correspondencia diplomática española 4 permitirá entonces, no sólo conocer el uso político de estos contenciosos por parte de los gobiernos y ver en qué medida se desarrollan una normativa jurídica y una práctica judicial internacionales, sino también estudiar cómo los dirigentes españoles percibían a España y a los "otros" y cuál era la imagen de España en el exterior. Por otra parte, este estudio contribuye a precisar los mecanismos de toma de decisión en política exterior y a mejorar el conocimiento de las redes de relaciones existentes entre los diplomáticos españoles y la clase política mexicana en este periodo. El tratado de extradición Siendo ministro de España en México Pedro Pascual Oliver, 5 el gobierno español le pide que elabore un proyecto de tratado de extradición 3 Leopoldo O'Donnell y Joris, conde de Lucena y duque de Tetuán (Santa Cruz de Tenerife 1809-Biarritz 1867) fue un general y político español. Tras haberse distinguido en la guerra carlista y haber conspirado contra el general Espartero en 1841, fue nombrado en 1844 capitán general de Cuba. En 1854, junto a otros generales, dirigió la sublevación conocida como la Vicalvarada, cuyo triunfo dio paso al bienio progresista, durante el cual O'Donnell fue ministro de la Guerra y luego presidente del Gobierno. Tras un tiempo alejado del poder (1856-1858) volvió a ocupar la presidencia al frente de la Unión Liberal (1858-1863), periodo durante el cual se desarrollaron las llamadas "acciones de prestigio" (guerra de África, anexión de Santo Domingo, intervención tripartita en México). 4 Se trata de la correspondencia que se encuentra en la sección "Tratados y negociaciones siglo XIX" correspondiente a México. 5 Para una presentación y un estudio de la acción de los diplomáticos españoles en México en este periodo véase mi trabajo "Diplomáticos en acción: fuerza y fragilidad de los agentes de la política exterior española en el caso mexicano (1840-1856)", en Navarro Antolín, Fernando (ed.): Orbis Incognitus. Avisos y legajos del Nuevo Mundo. XII Congreso Internacional de la AEA, Universidad de Huelva, Publicaciones-Asociación Española de Americanistas-Junta de Andalucía, Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, Collectanea 130, Huelva, 2008, págs. 905-914. en junio de 1844. 6 Hacía un mes que presidía el gobierno el general Narváez y ocupaba la Secretaría de Estado el marqués de Viluma. 7 Para entender esta iniciativa y la importancia dada a esta negociación, hay que recordar que en 1842 se han producido rebeliones de esclavos en Cuba y que en 1844 precisamente ha tenido lugar la rebelión conocida como de "La Escalera" ferozmente reprimida por las autoridades españolas, siendo en ese momento Leopoldo O'Donnell capitán general de Cuba. Los hacendados cubanos, incluidos los anexionistas como Domingo del Monte, confían en Francisco Martínez de la Rosa y en el gobierno moderado para reprimir las rebeliones negreras y mantener la esclavitud. 8 El argumento esgrimido, ante las autoridades españolas pero también ante Estados Unidos, es que los ingleses, "cansados en su intento de garantizar la abolición del tráfico de esclavos, tenían la intención de apoderarse de Cuba, liberar a los negros y establecer una república militar negra bajo protección británica".9 Por otra parte son numerosos los desertores de la Marina española que buscan refugio en México y las autoridades únicamente aceptan devolver a los simples marinos pero no así a los oficiales. En el artículo primero se establece el tipo de crímenes concernidos por el convenio, siendo todos ellos delitos comunes (crímenes con derramamiento de sangre, robos con violencia, incendios premeditados, falsificación de moneda), sin ninguna mención a delitos políticos. Por otra parte, el artículo segundo aclara que la extradición supondrá la conmutación de la pena de muerte por la pena más inmediata inferior, salvo en el caso de los parricidas. El artículo cuarto incluye a los marineros desertores, pero no se especifica si se aplica igualmente a los oficiales de Marina. El artículo tercero establece que los gastos de encarcelamiento, manutención y extradición correrán a cuenta del país solicitante y el último artículo fija los plazos de entrada en vigor. Oliver considera que no habrá dificultades para que México acepte los términos del tratado que él propone. Y en efecto, este proyecto, al excluir los delitos políticos y al establecer el principio de la sustitución de la pena de muerte por otra pena inferior, asume los avances de la revolución liberal. Así lo reconoce la mesa de la Primera Secretaría de Estado y del Despacho cuando se refiere "a las costumbres del día que repugnan la entrega de reos por delitos políticos". Pero la misma mesa añade que existen consideraciones particulares que permitirían incluir los delitos políticos. Se trata de la cuestión de la cercanía de México respecto de las Antillas españolas y de la comunidad de idioma y de costumbres que alentarían los proyectos de fuga de los criminales. La mesa propone incluir en el tratado a los reos de conspiraciones independentistas y de rebeliones negreras alegando que se trata de delitos de alta traición y no de delitos políticos. La mesa considera igualmente que no debe aplicarse el artículo segundo que reduce la pena de muerte. Por último, opina que es el momento propicio por encontrarse México en plena convulsión política y aconseja "celebrarlo con cualquier jefe de gobierno que dominara en la República (...) porque nunca está más dispuesto un gobierno a celebrar cierta clase de tratados que en sus momentos de más debilidad en que acepta los convenios como prueba de estabilidad propia y reconocimiento hacia las Potencias que se acercan a ellos considerándolos fuertes". Y termina diciendo que no hay peligro de que la opinión pública mexicana se indigne porque ésta no existe y porque la extradición no contraría los intereses mexicanos. La Junta consultiva considera que no será posible incluir los delitos políticos por hallarse imbuido el nuevo gobierno mexicano "en las paradojas de la Revolución Francesa". Oliver será sustituido por Salvador Bermúdez de Castro y el estudio de su gestión confirma lo acertado de la opinión de la mesa de la Secretaría de Estado relativa a la conveniencia de aprovechar las coyunturas de inestabilidad gubernativa de un país para conseguir firmar tratados favorables. El nuevo ministro plenipotenciario español en México se ocupa del convenio de extradición, además de favorecer el proyecto de instauración de una monarquía en México y de firmar un convenio sobre la deuda. El balance de su gestión es muy positivo para España, aunque las ventajas obtenidas sean más o menos duraderas según los casos.11 El 20 de julio de 1845, la Secretaría de Estado le envía instrucciones y le otorga la plenipotencia para negociar y concluir el convenio de extradición. Recordemos que preside el Consejo de ministros el general Narváez y que es ministro de Estado Francisco Martínez de la Rosa. En ese documento aparece claramente explicitado el problema que plantea el tratado de extradición: por un lado está el fin, "destruir hasta la presunción de impunidad a los malévolos de nuestras Antillas"; por otro, las ideas del siglo "rechazan la extradición por delitos políticos, con cuyo colorido se desfiguran hoy crímenes que antes de ahora jamás se han calificado de tales".12 Por ese motivo, el gobierno le encomienda que procure "por cuantos medios estén a su alcance, intercalar otro [artículo] público o secreto" para que sean considerados reos de alta traición los complicados en conspiraciones negreras en cualquiera de los dominios de España y los que resulten criminales en causas sobre emancipación de las colonias españolas" y que sean comprendidos en la extradición sin la garantía de la conmutación de la pena de muerte. El ministro de Estado dice claramente que el objetivo principal de la negociación para llegar a un convenio con México es la extradición de esa clase de criminales. Es tal la prioridad, que el mismo especifica que Bermúdez de Castro debe de asegurarse de que el gobierno mexicano aceptará incluir ese artículo sobre la extradición por delitos políticos antes de iniciar las conversaciones. Se le autoriza a emplear medios extraordinarios para vencer repugnancias o escrúpulos y se pone a su disposición un buque de guerra. El gobierno español recuerda que las relaciones entre los dos países son buenas en ese momento y que España acaba de dar pruebas de ello en la cuestión de Texas y cuenta también con la buena disposición de las personas que componen el gobierno mexicano. De ahí que España considere que es el momento más oportuno para iniciar esta negociación. Bermúdez de Castro subraya la dificultad que plantea la exigencia del gobierno español de conseguir incluir la extradición por motivos políticos y sin conmutación de la última pena, no sólo por ir contra las ideas gene-rales del siglo, sino por las circunstancias particulares que presenta la República Mejicana al ser antigua colonia española "que trae su origen como nación de un levantamiento contra la metrópoli" por lo que no pueden entregar a la muerte a los reos de un crimen a que debe su existencia. 13 A esto se añade la abolición de la esclavitud que figura en la Constitución mexicana. El diplomático añade una consideración económica a éstas de índole jurídico-política: en Yucatán y Tabasco, la emigración de negros y de criminales políticos cubanos proporciona mano de obra, industrias y capitales. Y prosigue ensombreciendo aún más el panorama al recordar la "falta absoluta de decisión, de facultades del Gobierno" mexicano y el extraordinario poder que poseen las Cámaras. Y, por último, dice el ministro plenipotenciario, la misión es todavía más difícil al no poder permanecer en secreto el convenio, de llegar a firmarse. A través de estas apreciaciones, trasluce la condena del sistema republicano (en este caso de la República centralista Mejicana, que atravesaba una fuerte inestabilidad). No hay que olvidar que el mismo Bermúdez de Castro estaba organizando una conspiración para instaurar la monarquía en México. 14 Éste proclama que, a pesar de estas dificultades, empleará todos los recursos y toda la influencia que estén a su alcance para conseguirlo. Indica que por ello no intentara trabajar con el ministro de Relaciones Exteriores, "hombre tímido, indeciso y nada reservado en los negocios, si bien honrado y dispuesto a favor de España", sino que quiere asegurarse la opinión de algún hombre de conocida influencia a quien pueda hacer nombrar Plenipotenciario. Este personaje es Valdivieso, ministro mexicano en España que se encuentra en México. Bermúdez de Castro aprovecha la coyuntura de conflicto con Estados Unidos por la cuestión de Texas y de tensiones con Francia, para presentar a España como potencia amiga de México. Para intentar convencer a Valdivieso, el diplomático español utiliza los siguientes argumentos: México se beneficiaría, al igual que España, puesto que los criminales también pueden refugiarse en las Antillas españolas; a la inversa, si los independentistas antillanos y los negros que quieren sublevarse encuentran refugio en México, se podría proclamar una república negra que pondría en peligro los Estados de Yucatán y de Tabasco. Paralelamente, el diplomático español intenta convencer al ministro de Relaciones Exteriores, Manuel de la Peña, de que acepte el convenio. Un incidente va a favorecer los planes españoles: Antonio López de Santa Anna15 confía al senador Rafael Canalizo que un tal Gómez ha intentado asesinarlo y que implicaba al senador Manuel Gómez Pedraza. El presidente Herrera y su gobierno solicitan a las autoridades españolas de Cuba que proporcionen toda la información posible sobre este asunto y Bermúdez de Castro aprovecha la ocasión para plantear la necesidad de un tratado de extradición. 16 El 28 de noviembre de 1845, cuando el general Paredes está a punto de sublevarse contra el gobierno de Herrera, con el apoyo del mismo Bermúdez de Castro, el ministro español en México envía el proyecto de tratado de extradición.17 En su informe, explica que para la elaboración de dicho proyecto ha leído tratados y convenios semejantes, examinando con especial detenimiento los celebrados por España. Cuando cita los casos concretos se comprueba que se trata de convenios del siglo XVIII (con Francia en 1765; con Portugal en 1778; con la República de Génova en 1779), anteriores por tanto a la Revolución Francesa y a los principios liberales. Reconoce haber estudiado los convenios con Dinamarca, Holanda y Portugal de 1767, 1791 y 1823 pero "ni son tan explícitos como los anteriores, ni contienen las ideas de latitud en la extradición que yo quería en todo caso hacer valer como autoridades y ejemplos para mi propósito". En realidad, la estrategia de Bermúdez de Castro consiste en partir de un concepto muy amplio de extradición para poder dar la impresión de negociar y, por tanto, de renunciar, a ciertos aspectos pero salvando el objetivo primordial de incluir los delitos de conjuraciones negreras y de sedición en las posesiones ultramarinas españolas. El proyecto contempla en sus dos primeros artículos el caso de los delincuentes comunes: tanto si cometen el delito en un país y se refugian en el otro, como si lo cometen en el suyo propio pero huyen igualmente, serán presos y entregados al gobierno en cuyo territorio haya tenido lugar el delito o donde estaban presos. Dicha entrega se hará por requisición de un gobierno a otro por medio de sus representantes o por exhorto documentado de la autoridad judicial competente (artículo 3°). Los artículos cuarto a séptimo contemplan el caso de los delitos políticos. El cuarto y el quinto se refieren, respectivamente, a los reos de delito de sedición y de fomento de la independencia y a los reos en conjuraciones negreras. Se cita el artículo secreto adicional al Tratado de 1836. 18 El artículo séptimo se refiere a los sediciosos mexicanos refugiados en las posesiones españolas: serán primero internados a la mayor distancia posible de la costa y en segundo lugar expulsados. En cuanto a los desertores, ambas naciones se comprometen a entregarlos. El artículo octavo especifica que se entregarán los delincuentes mencionados aun cuando se hayan acogido a la inmunidad eclesiástica pero, para respetar los convenios eclesiásticos, la restitución y el castigo se harán en función de las legislaciones respectivas. El triunfo de la revolución del general Paredes no entorpece la gestión del ministro español, que consigue que Manuel de la Peña siga siendo el plenipotenciario mexicano encargado de la negociación. 19 Bermúdez de Castro se vanagloria de haber conseguido la firma del plenipotenciario mexicano en su despacho del 28 de junio de 1846. El proyecto ha cambiado un poco en un sentido más duro puesto que entre los crímenes ordinarios se incluye el de robo de caudales públicos y, en cuanto a los delitos políticos, se establece que afecta a aquellas personas que hubieren cometido o intentado cometer delitos de sedición en las posesiones españolas, o promovido trastornos. No se respetaba totalmente la reciprocidad puesto que los conspiradores mexicanos que se refugiaran en las colonias españolas no serían entregados a México sino tan sólo alejados de las costas. Toda esta negociación transcurre en medio del estallido de la guerra por Texas. Tan satisfecho se muestra Bermúdez de Castro que solicita que se le con-ceda a Manuel de la Peña la Gran Cruz de Carlos III, recordando que fue oidor de la Audiencia de México y asesor del Virreinato. El proyecto será ratificado por España pero entre tanto la situación política mexicana cambió puesto que el triunfo del general Paredes fue breve y los federalistas volvieron al poder. En octubre de 1846, Bermúdez de Castro informa que ahora dominan las ideas ultra democráticas, por lo que es imposible obtener la aprobación de un convenio tal y como se había firmado con Manuel Peña y Peña, "La extradición por delitos políticos es objeto de odio especial para el sistema dominante". 20 El ministro español cuenta sin embargo con la inestabilidad política mexicana para conseguir esa ratificación por parte de México, aunque es consciente de los peligros que dicha inestabilidad entraña. En efecto, "los gobiernos duran menos que el cambio de los correos de Europa y, en medio de tantos y tan continuos apuros para los que mandan, la diplomacia, sólo por medio de golpes de mano puede conseguir el arreglo de los negocios". 21 Está claro que sólo sería posible con un sistema dictatorial, como reconoce el mismo Bermúdez de Castro. El tratado no se ratificó y habrá que esperar a la década de 1880 para que se firme un convenio de extradición entre los dos países pero en el que no se contemplan ya los delitos políticos. En efecto, a partir de 1848 y aunque se repitan situaciones de debilidad para los gobiernos mexicanos, no se volverá a plantear la posibilidad de incluir los delitos políticos en un tratado con España, por lo que se puede decir que los dirigentes mexicanos lograron reafirmar su posición internacional de Estado independiente y soberano apoyándose en los principios liberales y adaptándolos a los asuntos judiciales para propiciar un cambio sustancial de concepción: de la extradición por delitos políticos se pasa al derecho de asilo por motivos políticos. Antonia Pi-Suñer ha analizado la cuestión de la deuda española en México entre 1821 y 1890 y ha detallado las presiones de los acreedores españoles, el peso de las consideraciones de honor por parte de España y el comportamiento de los distintos actores, los dirigentes mexicanos y españo-les. 22 Lo que nos interesa aquí es analizar la visión del servicio diplomático español en dos momentos muy interesantes para las relaciones hispano-mexicanas. En efecto, el negociado del Ministerio de Estado traza el ocho de junio de 1855 el largo historial de este contencioso que opone a España y a México. 23 Es interesante destacar que en ese momento el oficial del Negociado es Mariano Díaz del Moral y que el director del mismo no es otro que Miguel de los Santos Álvarez, que será nombrado ministro plenipotenciario en México en 1856. En el mismo expediente se encuentra un nuevo relato de los mismos hechos fechado en Palacio el 29 de noviembre de 1856. La primera fecha corresponde al periodo de gobierno progresista tras el triunfo de la revolución en 1854, que genera un cambio de personal y obliga de alguna manera a sintetizar el problema y a hacer un balance de lo acaecido desde el inicio de esta cuestión. La segunda fecha corresponde a la vuelta al poder del general Narváez tras el breve gobierno de O'Donnell en el verano e inicios del otoño de 1856. 24 Aunque los dos relatos coinciden en lo general, se aprecian diferencias en la valoración y percepción de los hechos y de la política a seguir. En esos dos textos se puede ver cómo los problemas se dan independientemente de la orientación ideológica de las administraciones mexicanas puesto que los conservadores como Santa Anna acceden a revisar los acuerdos en momentos de debilidad pero no por ello pagan por los problemas de inestabilidad política. La administración española es plenamente consciente de la complejidad de la cuestión y de las dificultades inherentes a ella: "Parecía que el negocio de que se trata estaba destinado a ser la piedra de toque en que se ensayara la habilidad de los representantes españoles". 25 Para el oficial, todos los problemas y las tensiones entre España y México (la última como consecuencia de la negativa del gobierno de México de recibir al ministro plenipotenciario español Juan Antoine y Zayas) están íntimamente entrelazados con el problema "que tiene erizadas de dificultades las relaciones entre ambos países: la cuestión de las reclamaciones españolas contra el erario de Méjico para cuyo pago se han concluido hasta ahora tres convenios sin que se haya conseguido aún establecer una marcha regular exenta de complicaciones". Para comprender esta dificultad el negociado recuerda el estado de anarquía en que se encuentra el país casi desde su independencia, lo que provoca que se atiendan prioritariamente las cuestiones internas en detrimento del cumplimiento de las estipulaciones internacionales. Por otra parte, dice el oficial, cada nuevo gobierno mexicano niega validez a las disposiciones adoptadas por el anterior. Por último, atribuye igualmente una gran parte de la responsabilidad a los españoles que negociaron el tratado de 1836. En efecto, en su opinión, España no sólo perdió la oportunidad de obtener ventajas económicas, sino que no se estipuló la exención para los residentes españoles de los empréstitos forzosos y, lo más grave, se redactó de manera dudosa el artículo séptimo por lo que no se sabía si el Gobierno español podía o no intervenir para que fuesen pagados los créditos procedentes de dicha deuda. Para el oficial, los que negociaron dicho tratado en 1836 dejaron de asegurar las ventajas a las que España podía y debía aspirar por su especial situación respecto de México y por su identidad de origen, religión y costumbres. Esta idea de la identidad "cultural" (origen, religión, idioma, costumbres) se reitera en el relato de noviembre de 1856, pero se añade la noción de "derechos que disfrutan en todas las Naciones los extranjeros". 26 En realidad, la deuda contraída por el Gobierno de la metrópoli en México hasta la independencia se consideró como nacional mexicana (España precisamente condicionó el reconocimiento de las independencias a la aceptación por las nuevas autoridades de las Repúblicas de esa deuda como propia) y era entonces lógico que las autoridades españolas no pudieran intervenir, además se habían comprometido en 1836 a no hacerlo. 27 El problema surge por el hecho de que se acaban mezclando diferentes asuntos (esa deuda anterior a la independencia y la nueva como consecuencia de los empréstitos más o menos forzosos obtenidos por los sucesivos gobiernos mexicanos de los particulares, mexicanos y extranjeros) y que se negocian otros convenios. Por otra parte, en 1856 incide mucho más que en anteriores ocasiones la cuestión del prestigio y del estatuto de España como potencia europea, es decir, superior a México en categoría internacional, y por ello con derecho a recibir el mismo trato y a obtener idénticas ventajas que Francia e Inglaterra. Esto confirma la voluntad de los dirigentes españoles de llevar a cabo una política exterior más activa. La "nacionalidad" es la clave de este asunto: en primer lugar hay que determinar si es deuda nacional -mexicana-o no -en este caso española-; en segundo lugar, en el caso de ser considerada deuda española y no mexicana, hay que demostrar que los créditos incluidos son "españoles" tanto en el origen como en la evolución posterior (que los bonos siguen en manos de ciudadanos no mexicanos). De esta determinación de si se es o no mexicano o español depende la solución judicial del problema de la deuda y el que sean tribunales civiles mexicanos los que se pronuncien o, al contrario, intervengan las instancias diplomáticas y los convenios o tratados internacionales. Y esta distinción tiene importantes repercusiones en el terreno judicial puesto que los litigios relativos a la deuda nacional mexicana se dirimen en los tribunales civiles y según el Derecho común, mientras que los relativos a la deuda española se rigen por los tratados internacionales. De ahí que para las autoridades españolas sean decisivas las negociaciones de los diferentes convenios. Precisamente esos "otros" convenios fueron tres. En primer lugar el de 1847, que era muy ventajoso para España y los acreedores españoles. El mismo negociado reconoce que Bermúdez de Castro lo logró por la influencia que tenía en aquel entonces y por la situación de debilidad de México, en plena guerra con Estados Unidos, pues de otro modo "habría sido muy difícil inducirle a aceptar obligaciones que podía eludir escudándose en el artículo séptimo del Tratado de 1836". 28 Ese convenio creaba "un fondo considerable, seguro y exclusivo para atender al pago de las reclamaciones españolas", y en virtud del mismo se creo una Junta de cinco personas nombradas por el ministro plenipotenciario español para administrar ese fondo. 29 Luego se llegó al convenio de 1851, negociado por Juan Antoine y Zayas y, finalmente, al tratado de 1853 negociado por el marqués de la Ribera con Antonio López de Santa Anna. Los funcionarios españoles insisten en mostrar la paciencia y la buena fe de España, que acepta en todas estas ocasiones modificar los términos de lo acordado previamente: fue el caso de Ramón Lozano, encargado de negocios en ausencia de Bermúdez de Castro y a la espera de la llegada del nuevo ministro, cuando aceptó que el fondo especial creado por el recientemente firmado convenio de 1847 no se aplicara a la amortización de la deuda anterior a la independencia y que se pasara del 3% al 2% sobre el producto de las aduanas mexicanas. Al llegar finalmente el nuevo ministro plenipotenciario, Juan Antoine y Zayas, las autoridades mexicanas declaran nulo el convenio de 1847, aunque las negociaciones posteriores y la firma del convenio de 1851 suponen el reconocimiento implícito del convenio de 1847. Por dicho convenio de 1851 se ponía fin al fondo especial creado por Bermúdez de Castro y se establecía el pago mediante bonos del tesoro que ganarían un interés del 3% pagaderos por semestres en metálico con exclusión de todo papel. El negociado cuenta que se empezó a pagar la deuda pero que enseguida se presentó una grave dificultad. Fernando Ramírez, ministro de Estado mexicano, fue acusado en la prensa y en las Cámaras de haberse excedido en sus facultades con grave perjuicio de los intereses públicos al firmar el convenio de 1851. En efecto, una de las principales consecuencias era que reconocía como exterior una deuda que era nacional en virtud del tratado de 1836. Esta circunstancia le permite al funcionario español referirse de nuevo a los desastrosos términos del artículo séptimo del tratado de 1836. El relato de noviembre de 1856 añade un dato de interés: ante las reacciones mexicanas en contra de Fernando Ramírez y del convenio, Zayas propuso que se incluyera un artículo secreto que considerara el artículo séptimo de la misma manera que México, es decir, reconociendo como deuda mexicana toda la que pesaba sobre las cajas de la Nueva España en el momento de la independencia. Esta decisión no podía ser bien acogida por las autoridades españolas y, aunque no se dice explícitamente que fuera la causa de su cese, el gobierno español separó del servicio a Antoine y Zayas poco después. En 1851-1852 se nombró al marqués de la Ribera, el cual tuvo que afrontar los mismos obstáculos que sus predecesores puesto que, una vez más, el gobierno mexicano declaró nulo el convenio que acababa de firmarse, el de 1851, como con anterioridad lo había hecho respecto del de 1847. Mariano Díaz del Moral recalca que se trata del tercer convenio y que se habían perdido seis años de negociaciones. El marqués de la Ribera "defendió con todo empeño la validez del Convenio" 30 y, tras apurar todos los recursos para conseguir su cumplimiento, tomó una decisión que no será aprobada por el gobierno español y que le costará el cargo: la ruptura de relaciones. Sin embargo, entre el cese decretado por el gobierno y la decisión de nombrar a un nuevo representante, el marqués de la Ribera consiguió que México firmara un nuevo convenio, elevado a la categoría de tratado, el de 1853. 31 Si en el relato de 1855 no se comenta nada sobre las ventajas para España, en el de 1856 se aclara que en él se conceden a los acreedores españoles ventajas que no les habían dado ninguno de los convenios anteriores. Se entiende mejor la obstinación de todos los gobiernos españoles a partir de ese momento para que México respete lo estipulado en ese tratado. Al ser el marqués destinado a Berlín, se nombra ministro plenipotenciario a Ramón Lozano. Sin embargo, se dice en 1855, "no habían transcurrido ni tres meses tras la firma del tratado de 1853 que el gobierno mexicano faltó a ella". 32 El negociado aclara que la penuria del erario mexicano permite comprender que se distrajera el dinero del Tratado para otras cosas porque, como las rentas del erario mexicano se reducen casi a las de las aduanas y el 40% de éstas se destina al pago de diferentes convenios de deuda, sólo queda un 60% para el servicio público. Y el mismo funcionario señala que fue un error atribuir el 8% al pago de las reclamaciones en vez de establecer una tasa más reducida, que habría facilitado el abono. En 1856 se incluye una reflexión sobre el incumplimiento considerándolo lógico puesto que no se habían cumplido los anteriores convenios, que eran menos gravosos para la hacienda mexicana. Entre tanto la cuestión se complica por la separación de Ramón Lozano del cargo de ministro plenipotenciario. El motivo del cese no es otro que el de haberse implicado en los asuntos de la Junta de acreedores que había sido creada por Bermúdez de Castro para ocuparse de la gestión del pago de la deuda española, faltando así a las instrucciones del gobierno español que exigía que el representante diplomático no interviniera para nada en la distribución de los fondos y en el funcionamiento de la Junta. 31 El marqués de la Ribera anunció la ruptura de relaciones el dos de septiembre de 1853 y el nuevo tratado fue firmado el doce de noviembre del mismo año. ISSN: 0210-5810 Este incidente es en realidad la clave de los acontecimientos posteriores y marca una ruptura con todo el periodo anterior. En efecto, las disensiones entre acreedores se traducen en acusaciones mutuas de haber incluido créditos ilegítimos en el tratado de 1853 y en los anteriores convenios, especialmente en el de 1851. 33 El gobierno mexicano, que como en otras ocasiones había dejado de pagar, aprovecha la oportunidad para pedir la revisión del conjunto de los créditos, lo que le permitiría reequilibrar la cuestión a su favor, aprovechando la favorable coyuntura que le proporcionan los acontecimientos políticos españoles (caída de los moderados, revolución de 1854 y llegada al poder de los progresistas). Las autoridades españolas, por su parte, piensan seguramente lo mismo de la situación mexicana puesto que en marzo de 1854 ha estallado la revolución de Ayutla de los liberales contra Santa Anna. Se plantea entonces al gobierno español la estrategia que hay que adoptar. Según el funcionario, en 1855, el gobierno mexicano debe establecer una lista de los créditos que considera ilegítimos y aportar las pruebas de dicha ilegitimidad para que el gobierno español se pronuncie al respecto. Esta solución es la más ventajosa para España puesto que se evita una revisión global de todos los créditos o la necesidad de negociar un nuevo acuerdo. Aparece ya la idea de que el Tratado de 1853 no debe modificarse en ningún caso, idea que se convertirá en el eje de la política española en relación con este asunto. Esta actitud es lógica puesto que dicho tratado concedía ventajas considerables a los españoles. En el relato de 1856 aparece otro argumento en relación con el problema de los créditos considerados ilegítimos por los mexicanos. Se recurre "al derecho" y a la distinción entre Derecho común y Derecho internacional. El gobierno español considera que no se puede aplicar el Derecho común a los pactos internacionales pues no existe un tribunal superior que dirima los pleitos. Y alega igualmente que si hay errores, se deben a los funcionarios mexicanos y no a los diplomáticos españoles. Los mexicanos, por su parte, acusan retroactivamente a los ministros españoles (concretamente al marqués de la Ribera) de haberse negado en su momento a comprobar uno a uno los créditos que se iban a incluir en el Tratado de 1853 para asegurarse de que eran legítimos. Con todo, el relato de 1856 hace referencia a las instrucciones del gobierno español en agosto de 1855 en las que se recomienda al ministro español que, "sin retirar la protesta, se limitase a mantener vivo el derecho de los acreedores españoles". Las autoridades españolas admiten ser sensibles al argumento mexicano de que en esos momentos debe concentrarse en vencer la insurrección (protagonizada por los liberales contra Santa Anna). Los españoles son muy conscientes de que si los insurrectos triunfan saldrían seguramente perdiendo aún más. 34 Mientras tanto las relaciones se complican puesto que el gobierno mexicano se niega a aceptar a Juan Antoine y Zayas como ministro plenipotenciario español por ser quien negoció en su día el convenio de 1851 en el que ya estarían incluidos créditos ilegítimos. Esta negativa plantea un grave problema a las autoridades españolas ya que hay que conseguir a la vez preservar el honor nacional ultrajado por los mexicanos y evitar la ruptura de relaciones en un momento muy complicado para el gobierno progresista español. 35 El Negociado en 1855 considera que el gobierno español debe aceptar el derecho mexicano a negarse a aceptar a un diplomático para poder a su vez hacer lo mismo. 36 La solución que propone es que el gobierno español presione al mexicano para conseguir que Zayas sea aceptado pero inmediatamente relevado. En cuanto a los motivos alegados por México para no admitir a Zayas (la inclusión de créditos ilegítimos en el convenio de 1851), el Negociado afirma que constituyen un razonamiento insostenible puesto que la supuesta responsabilidad de tales intrusiones corresponde al ministro mexicano de Estado y no al representante diplomático español. El Negociado no desconoce que esta solución que propugna implica que el gobierno español adopta una política de energía, susceptible de provocar un rompimiento de relaciones, perjudicial a los intereses de los acreedores afectados. Pero, dice, se trata de una cuestión de dignidad a la que deben subordinarse los intereses políticos y, por otra parte, no cree que los acreedores salieran ganando con una política de concesiones puesto que sería un signo de debilidad española y abriría la puerta a otra crisis aún peor. 37 El director del Negociado, Miguel de los Santos Álvarez, se muestra globalmente de acuerdo con el oficial, pero disiente en lo relativo a la idea de relevar a Zayas en cuanto fuera aceptado por México. Explica que la negativa mexicana es el fruto del resentimiento por el cese de Ramón Lozano. El ministro de Asuntos Exteriores mexicano, Díez de Bonilla, es "pariente o amigo muy íntimo de la familia de la mujer de Lozano, señora mexicana". Si el gobierno español no hace suya la causa de Zayas, ello supondría confesar que el tratado está "lleno de monstruosidades y de infamias". 38 Por ello, Miguel de los Santos Álvarez opina que hay que mostrarse inflexible y romper incluso las relaciones si México no acepta el nombramiento de Zayas. Para conocer la evolución del contencioso hay que recurrir al relato de 1856 en el que se detallan las medidas evocadas por el gobierno español a partir de diciembre de 1855. Se encomienda al ministro que reclame con energía y que incluso demande al capitán general de Cuba el envío de fuerzas navales para apoyar los derechos españoles. Esta actitud de firmeza se ve reforzada por las noticias que proporciona Zayas relativas al trato discriminatorio que padecerían los españoles puesto que los mexicanos siguen pagando a los acreedores ingleses. Es en ese contexto cuando se nombra a Miguel de los Santos Álvarez ministro plenipotenciario en México en marzo de 1856. Se le ordena mostrarse enérgico y se alega que el gobierno mexicano consideró en dos ocasiones como legítimos los créditos que ahora declara ilegítimos. La situación se tensa entre marzo y abril de 1856 cuando la nueva administración mexicana, liberal, revisa los actos y decisiones del gobierno de Santa Anna y suspende los acuerdos, concretamente el de 1853. España está dispuesta a romper relaciones (Miguel de los Santos Álvarez llega a las costas mexicanas con cuatro buques de guerra) pero quiere que la iniciativa de la ruptura sea mexicana. En realidad no se produjo esa ruptura y se acabó aceptando la mediación de Napoleón III aunque especifi-cando los españoles que no se trata de un arbitraje y que no aceptarán revisión alguna del tratado vigente. La explicación de esta actitud española que combina la amenaza con la aceptación de una mediación es sencilla: en esos momentos es cuando se produce en España la caída del gobierno progresista. Es éste el contexto que permite comprender la actitud de Santos Álvarez (aceptar la revisión de algunos de los créditos litigiosos), pero su conducta será desaprobada en septiembre. Sin entrar en esta cuestión, hay que hacer referencia a la desconfianza de las autoridades españolas ante lo que consideran intromisiones excesivas de Napoleón III en los asuntos internos. 39 Como en el caso del relato de junio de 1855, el de 1856 finaliza con un informe del director del Negociado del Ministerio de Estado, Lignés y Bardají. En él se plantean tres interrogantes que sintetizan los problemas planteados por la cuestión del pago de la deuda y el director responde a cada uno de ellos para definir la política que hay que seguir. En primer lugar, ¿debe el gobierno consentir la revisión de los créditos solicitada por la República Mexicana? El director responde negativamente alegando que fue el gobierno mexicano quien dio por buenos los créditos. En segundo lugar, ¿puede el gobierno español permitir que se rompa y se anule completamente el tercer tratado consentido y que ha creado intereses de mucha cuantía, garantizados bajo la custodia de su honor y la firma de la reina de España? La respuesta es igualmente negativa y para justificarla recuerda que España ha consentido múltiples revisiones de los convenios. Recurre igualmente a un argumento de Derecho internacional según el cual la paz de las naciones depende de que se cumplan los tratados internacionales: "los tratados son la legislación de los pueblos. La Potencia que la viola, viola el derecho de gentes que reconoce como sagrada la fe de que los mismos se deriva". 40 Se aborda aquí la cuestión de la respetabilidad internacional de un Estado que pretenda ser considerado como tal. Esta referencia a la paz y al respeto de los tratados es lógica puesto que se produce en la coyuntura de la negociación de la paz tras la guerra de Crimen. 41 En tercer lugar, ¿existen términos hábiles, después de las medidas adoptadas en los últimos meses, para que España desista de exigir el pago de la deuda y del cumplimiento del tratado de 1853? En otros términos, puede el gobierno español dar marcha atrás en su actitud de firmeza? La respuesta del funcionario vuelve a ser negativa por cuestiones de dignidad nacional. Pasa a estudiar la posibilidad del bloqueo militar de los puertos mexicanos como medida para forzar el pago de la deuda y explica que no sería difícil conseguirlo por disponer de fuerzas suficientes. Pero, sobre todo, recuerda que la guerra civil entre liberales y conservadores se mantiene y que "son varios los caudillos que aspiran a la Presidencia",42 por lo que se puede suponer que existe la posibilidad de salir beneficiados de esas divisiones como ya había ocurrido en épocas anteriores. Por último, Pedro Sorela, encargado de negocios de la Legación española en México, afirma que la idea arraigada en ese país es que España jamás dará el paso de usar la fuerza para obtener satisfacción. Y, según Sorela, esta actitud ofensiva de los mexicanos no es particular "al partido avanzado" (es decir, al liberal) pues Díez de Bonilla era conservador y fue el primero en atacar las convenciones españolas. Para él es evidente que tanto los liberales como los conservadores mexicanos consideran que España es un país débil y por eso no respetan los acuerdos mientras que sí que lo hacen cuando se trata de potencias como Inglaterra o Francia. Como ya se ha apuntado al analizar el recurso al argumento del obligado respeto de las leyes internacionales para garantizar la paz, hay que tener muy en cuenta la circunstancia en que se producen estas observaciones que no es otra que la de la negociación de la paz tras la guerra de Crimea. España se había mantenido neutral y no estuvo entonces presente en el Congreso de París. Esta ausencia marcaba aún más la pérdida de rango internacional de la ex metrópoli tras la independencia de Hispanoamérica. Entre 1856 y 1863, los gobiernos españoles intentan que España se reintegre al círculo privilegiado de los países considerados "potencias". 43 Antonia Pi-Suñer ha mostrado que el volumen de la deuda era considerablemente superior en el caso inglés y que eso justificaba la prioridad dada al pago de la deuda inglesa, por lo que no habría discriminación. Pero lo que está claro es que las potencias utilizan su situación de poder y hegemonía en su propio benefi-cio: es el caso de Francia, que cuestiona la legitimidad de esos créditos españoles pero que utilizara el mismo tipo de argumento (el pago de la deuda francesa por parte de México y la negativa de los mexicanos a aceptar la legitimidad de determinadas deudas) como excusa para precipitar el conflicto en 1861-1862 e instaurar un régimen monárquico. De la lectura de estos dos relatos sobresalen varios elementos de interés. En primer lugar, los gobiernos mexicanos se comprometen a pagar pero, casi inmediatamente después, dejan de cumplir sus obligaciones, bien mediante la suspensión del pago, bien mediante la denuncia del convenio como nulo. Las autoridades españolas reconocen que este comportamiento es común a conservadores y liberales, pero se muestran generalmente mejor dispuestas hacia los primeros, que son quienes han beneficiado reiteradamente a los acreedores españoles, hasta el punto de que, en el verano de 1855, el gobierno español -progresista-dice comprender que la prioridad para el de México es vencer la insurrección y limita sus protestas a un nivel protocolario. Por otra parte, las redes de relaciones en México de los representantes diplomáticos españoles son muy importantes para esas negociaciones y, junto con las dificultades políticas internas (sublevaciones, guerra de facciones) es preciso tener en cuenta el peso de los intereses particulares de los dirigentes políticos -mexicanos y españoles-, algo denunciado regularmente en las Cámaras mexicanas. Fue el caso, por ejemplo, de Fernando Ramírez, ministro mexicano, o de Bonilla y sus lazos con la mujer de Ramón Lozano. En este asunto de la negativa a recibir al diplomático, la correspondencia muestra la percepción española y las divergencias entre funcionarios. Se ve igualmente la dificultad de separar unos convenios de otros y como se utilizan todos para justificar las exigencias. Se entremezclan cuestiones financieras (la deuda) con aspectos de honor y de salvaguarda de la independencia nacional. En tercer lugar, los representantes diplomáticos interpretan las instrucciones que han recibido sobre esta cuestión y adoptan decisiones que luego no serán aprobadas por el gobierno español. Fue el caso, por ejemplo, del marqués de la Ribera y en 1856 de Miguel de los Santos Álvarez. Se aprecia igualmente la ambigüedad de las relaciones entre los acreedores españoles (divididos entre sí) y los representantes diplomáticos En esta cuestión de la deuda se advierte que se maneja la diplomacia oficial y la diplomacia secreta (se incluyen artículos secretos), pero el progresivo afianzamiento del sistema liberal plantea problemas puesto que los tratados deben ser aprobados (y por tanto discutidos previamente) por las Cámaras legislativas y que la prensa comenta las decisiones adoptadas. Se ve igualmente cómo se asume lo anterior mediante una alusión indirecta y no mediante una referencia explícita para evitar precisamente el escollo parlamentario y de la opinión (referencias a "aquel" convenio -el de 1851-cuando se firma el de 1853) y que esto da pie a que los gobiernos españoles consideren que todos ellos son legítimos. La documentación demuestra igualmente la conciencia española (en noviembre de 1856) de que el tratado de 1853 concede a los acreedores españoles ventajas que no les habían dado ninguno de los convenios anteriores. Esto permite comprender la sintonía entre progresistas y moderados en este asunto del mantenimiento de la validez de dicho tratado. Se aprecia igualmente que a la administración española no le sorprende que el gobierno mexicano no pueda cumplir dicho tratado desde el principio. ¿Los asesinatos de españoles: delito común o guerra de razas? A partir de septiembre de 1856, a la cuestión de la deuda, que genera mucha tensión, se une la de los asesinatos de españoles. De nuevo la cuestión del Derecho y de la Justicia se encuentra en el centro del conflicto, siempre en relación con la cuestión de la nacionalidad. En efecto, para mexicanos y españoles es vital determinar si son crímenes comunes, obra de delincuentes movidos por el afán de lucro u otras motivaciones sociales, o si, por el contrario, son actos de persecución racial, es decir, actos políticos con una clarísima voluntad anti-española. En función de la naturaleza común o política del acto se determinará el procedimiento judicial y el tribunal competente para tramitarlo. Si se trata de un episodio de una campaña anti-española se entra en el conflicto internacional y puede servir de excusa para proceder a una intervención militar, lo que pone en peligro la soberanía e independencia de México. Como estos acontecimientos, por una parte excitan la atención de la opinión pública y por su misma índole favorecen las reacciones emotivas y apasionadas y, por otra, se producen en pleno conflicto en torno a la legitimidad o ilegitimidad de los créditos, es grande la tentación de utilizarlos para dirimir el larguísimo contencioso de la deuda que, en cambio, es menos propicio a generar la adhesión emocional de la sociedad española puesto que tiene una dimensión de clase que los asesinatos no tienen. Por eso, desde que se tiene conocimiento de lo suce-dido, españoles y mexicanos tratan de determinar si los que encarnan en cada caso la autoridad política -el alcalde, el general Álvarez 44 y sus seguidores-están o no implicados en los asesinatos, y si éstos forman parte de un plan más amplio de "exterminio" de todos los españoles residentes en México. En el limitado espacio de este trabajo resulta imposible analizar pormenorizadamente este contencioso puesto que el conflicto entre los dos países se prolongará por espacio de dos años y dará lugar a una mediación franco-británica. 45 Se trata de ver cómo actúa el factor "justicia y derecho". 46 El primer incidente se produce el quince de septiembre de 1856 cuando estalla un motín en el Mineral de San Dimas (Estado de Durango) y, al grito de "¡Mueran los gachupines!", los amotinados se dirigen a la hacienda de un español, Andrés Castillo, y asesinan al hermano de éste, Juan Castillo. Según el encargado de negocios, Pedro Sorela, la ronda que debía asegurar el orden se unió al motín, lo que demuestra la complicidad del municipio con los amotinados y confiere una naturaleza política y claramente anti-española a los hechos. 47 Tres meses después, el despacho de 31 de diciembre de 1856 informa que se ha producido un ataque en la hacienda de San Vicente en Cuernavaca, perteneciente al español Pio 44 El general Álvarez no es un "caudillo" cualquiera puesto que fue presidente de la República Mexicana de octubre a diciembre de 1855 antes de pasar el poder a Ignacio Comonfort Controla el Estado de Guerrero y los asesinatos se producen precisamente en los territorios colindantes; véase Falcón, Romana: Las rasgaduras de la descolonización. Españoles y mexicanos a mediados del siglo XIX, El Colegio de México, México, 1997. 45 En otros estudios he analizado aspectos de este contencioso; véase "La question mexicaine au coeur des relations hispano-françaises (1857-1863)", en Journée d'Etudes sur Latinité-Américanisme-Amériques dirigida por Paul Aubert, Université Aix-Marseille/MMSH, Aix-en-Provence, abril de 2005 (en prensa) y "Las relaciones hispano-mexicanas (1856-1863): un ejemplo de los límites y de las ambigüedades de la política exterior española en el reinado de Isabel II", en XII Encuentro de Latinoamericanistas Españoles, Santander (España), 21-23 de septiembre de 2006. Véase también Pérez Vejo, Tomás: "Hispanofobia y antigachupinismo en la tierra caliente de Morelos: las claves de un conflicto", en Sánchez Andrés, Agustín; Pérez Vejo, Tomás y Landavazo, Marco Antonio (coords.): Imágenes e imaginarios sobre España en México siglos XIX y XX, Editorial Porrúa-IIH de la UMSNH-Conacyt, México, 2007, págs. 99-142. 46 Todo este capítulo se basa en la información proporcionada por un largo expediente del Negociado de América sobre la cuestión de México (fechado en Palacio el cuatro de marzo de 1857 y que relata los sucesos y las decisiones adoptadas hasta inicios de octubre de ese mismo año) y por la correspondencia diplomática que se encuentra incluida en dicho expediente: AMAE, Tratados y Negociaciones siglo XIX, n° 156, TR102, expediente 003. Como en ocasiones anteriores, para no multiplicar las notas, sólo se citará específicamente cuando haya cambio de fechas o se considere necesario para evitar confusiones. 48 Una partida de unos treinta hombres armados, cuyos jefes iban enmascarados y a los gritos de "¡Viva el General Álvarez y Villalba!" y "¡mueran los españoles!", asesinan de la manera más cruel e inhumana a Nicolás Bermejillo, Ignacio de la Tejera, León Aguirre, Víctor Allende y Juan de Bermejillo, de apenas 15 años. Los que se salvan lo consiguen al declarar que no son españoles sino vasco-franceses (Laburru) y anglo-americanos. Bermejillo ofreció cuarenta mil duros por su vida pero ellos lo rechazaron "porque tenían que cumplir su misión de exterminar a los españoles". 49 Otro elemento que demuestra la implicación directa del general Álvarez es que a los pocos días apareció en Cuernavaca con los caballos robados en San Vicente. Otra hacienda del mismo Bermejillo, Chinconcuaque, fue saqueada unos días después. Para confirmar la naturaleza racial y política de estos crímenes, el representante español envía una serie de documentos anejos, compuestos por las declaraciones de personalidades extranjeras (el ministro inglés en México, un médico británico de Cuernavaca), mexicanas (el general Haro, comandante general de Cuernavaca; el prefecto de Cuernavaca) y españolas (el vice-cónsul de Cuernavaca). El ministro inglés se refiere a un despacho suyo fechado en agosto de 1856, en el que anunciaba ya la posibilidad de una guerra de razas y, para él, los acontecimientos de San Vicente responden a esa dinámica. El encargado de negocios español, Pedro Sorela, protesta y el ministro de Relaciones Exteriores mexicano, Lerdo de Tejada, responde afirmando que se trata de delitos comunes cometidos por una gavilla de ladrones enmascarados. La correspondencia del diplomático español insiste en que se extienden los rumores por la capital mexicana relativos al inicio inminente de "una atroz persecución contra los españoles" 50 por parte de las tropas del general Álvarez a las órdenes de algunos oficiales de su confianza. Sorela obtiene el apoyo del cuerpo diplomático, empezando por el decano que es el ministro de Guatemala, que tiene propiedades en Cuernavaca y que confirma el clima de guerra de exterminio contra los españoles. La base de la argumentación española serán los testimonios de personas presentadas como competentes e imparciales, que confirman la tesis de la motivación política del asalto. También se recogen testimonios de otros militares, como el general Haro, quien escribe a Álvarez y atribuye a oficiales de su confianza esos asesinatos. La documentación muestra el intercambio de notas entre Sorela y Lerdo de Tejada y cómo al principio el Gobierno mexicano cuenta que ha pedido a Álvarez la entrega de los oficiales culpables pero que éste se resiste a ello. Aparece desde el principio una dualidad entre los testimonios que implican verbalmente a los oficiales de Álvarez y la falta de reconocimiento oficial y por escrito de esas mismas acusaciones contra Álvarez. Sorela se muestra convencido de que el gobierno mexicano presidido por Comonfort no se enfrentará nunca a quien domina realmente México. Se llega muy pronto a la ruptura de relaciones, en enero de 1857. Y las autoridades españolas analizan la posibilidad de enviar buques de guerra a las costas mexicanas. A este respecto, el capitán general de Cuba, el general de la Concha, está dispuesto a hacerlo y asegura que la seguridad de la Isla no peligrará por ello. Sin embargo, es interesante ver cómo De la Concha, en fechas tempranas (once de enero de 1857), desestima la tesis del ministro inglés sobre el inicio de una guerra de razas lanzada por el general Álvarez, impulsado a su vez por Estados Unidos para obligar a México a solicitar el protectorado estadounidense. 51 Prudente, De la Concha no niega tal eventualidad, pero opina que los sucesos de Cuernavaca y de San Vicente son el resultado, por una parte, de la extrema debilidad y del estado de disolución y anarquía en que se encuentra México y, por otra, de la posición especial en que desde hace mucho tiempo se halla colocado el general Álvarez, en el sentido de ser el árbitro frente a cualquier intento de consolidación de un gobierno respetable en dicho país. Opina que la estrategia de Álvarez consiste en conservar y ampliar el territorio bajo su control y, por tanto, el objetivo en ese momento sería la anexión de Cuernavaca al territorio de Guerrero. Ante la negativa del Congreso mexicano a tal unión, la respuesta sería la amenaza y los asesinatos, una demostración de la voluntad de lograr esa anexión por todos los medios a su alcance. Para De la Concha, si no se producen otros asesinatos de españoles en distintos puntos de la República, se confirmaría que no se trata de una guerra de razas sino de una lucha de facciones. Insiste el capitán general de Cuba en que importa mucho que el gobierno español comprenda de qué se trata exactamente (si de una guerra de razas o no) antes de adoptar una determinada estrategia. El general de la Concha defiende pues que no se trata de una guerra de exterminio contra los españoles y que eso permite considerar la posibi-lidad de actuar con firmeza recurriendo al uso de la fuerza. Se trata de ocupar o de atacar uno o dos puntos importantes del litoral, lo que propiciaría la caída del gobierno de Comonfort y la formación de uno nuevo que accedería a las demandas españolas. De la Concha propone ocupar Acapulco y la costa sur del Pacífico, lo cual serviría para castigar a Álvarez y para impedir que pudiera ayudar a Comonfort. El otro punto que debe ser tomado es Veracruz y el Castillo de San Juan de Ulúa para "que se tuviese en su justa apreciación las fuerzas y los medios con que cuenta España y hacer olvidar la expedición de Barradas, además de distraer hacia esa parte las fuerzas de Comonfort, lo que facilitaría que sus enemigos lo arrojasen del poder". 52 Sorela se entrevista con los representantes francés e inglés y en su despacho del veintidós de enero de 1857, antes de abandonar México, da cuenta de la conducta tan diferente de los representantes de ambas potencias El ministro francés, Gabriac, critica abiertamente el ultimátum español y la ruptura de relaciones, actitud que, en opinión de Sorela, no corresponde a una potencia estrechamente aliada de España. En cambio, el ministro inglés declara que para su gobierno la matanza en sí no sería considerada como un agravio, pero sí la tardanza en detener y castigar a los culpables. Para explicar la actitud del ministro francés, Sorela cita la opinión de personas respetables que indican que Gabriac fomentaría la ruptura entre España y México para luego ser el actor central del arreglo del conflicto. Resurge entonces a la cuestión del paternalismo galo que ya apuntamos anteriormente. Y en contraste con esta actitud francesa, Inglaterra apoya a España siempre que imperen la razón y la justicia. Esta valoración de las intenciones francesas se confirma con los informes de Serrano, embajador en París, y de González Brabo en Londres, puesto que ambos indican que Napoleón III ofrece su mediación y pide prudencia a España, alegando el peligro de desencadenar una guerra con Estados Unidos y de perder entonces el dominio de Cuba. A medida que pasan los días, el asunto evoluciona pues ya no se trata de demostrar que es una campaña política de exterminio de los españoles, sino que se exige la detención y el castigo de los culpables. La controversia se desplaza entonces hacia la capacidad de México para impartir justicia: los mexicanos alegan que hay que respetar las leyes, los procedimientos judiciales previstos por la Constitución mexicana (derecho a ser 52 Ibidem. juzgado para ser castigado) y demuestran su buena voluntad al nombrar a un magistrado especial. Además de la cuestión del procedimiento judicial (respeto por la organización judicial mexicana), las autoridades españolas exigen que los mexicanos indemnicen a las víctimas, pretensión rechazada por su gobierno que afirma que es un hecho casual y que sólo cabría indemnizar si el gobierno hubiera sido cómplice de los delitos. Se cierra entonces el círculo que había comenzado con la cuestión de si se trataba o no de una guerra de razas, es decir, de una campaña política y premeditada de exterminio de los españoles, y se llega al final al mismo asunto de la justicia y el castigo de los culpables, pero pasando por la exigencia española de obtener reparación e indemnización pecuniaria. Y esta cuestión de la indemnización permitirá unir dos asuntos en principio muy alejados el uno del otro: el problema de los crímenes y el de la deuda. A medida que transcurren los días y los meses, el contencioso se complica por supuestas injerencias francesas que provocan que el enviado mexicano, Lafragua, permanezca en París en lugar de desplazarse a Madrid para solucionar los dos asuntos, el de las indemnizaciones y el de la deuda. Por otra parte, el ministro de Marina envía un despacho al ministro de Estado, el marqués de Pidal, el veinticuatro de febrero de 1857 en el que indica que Pío Bermejillo, la víctima de los sucesos de diciembre de 1856, es uno de "los muchos españoles que para lograr negocios ingentes no ha titubeado en adherirse a partidos políticos, que ha sido íntimo amigo de Santa Anna, que ha hecho empréstitos y anticipaciones y que así ha reunido grandes propiedades rústicas y muy crecido capital". 53 El cambio de actitud es considerable: de denunciar una injusta guerra de exterminio y unos crímenes sin sentido ni motivo, se pasa a responsabilizar en parte a las mismas víctimas de lo sucedido. Este informe coincide con un cambio de actitud por parte de las autoridades españolas, que afirman que los buques van únicamente a proteger a los españoles y no a ocupar México. Para comprender estos cambios, es preciso señalar que interfieren los acontecimientos políticos que se producen en México, entre los cuales cabe destacar la rebelión de Vidaurre contra Comonfort y el miedo a que Estados Unidos aproveche la ocasión para ofrecer ayuda financiera a cambio de territorio. Esto explica el cambio de actitud de De la Concha que, en febrero de 1857, afirma que España debe apoyar a Comonfort pues si éste fuese derrocado se llegaría a la desorganización total del país y aumentaría el peligro de control de Estados Unidos. Este temor aumenta a partir de marzo pues se perfila la posibilidad de que Estados Unidos obtenga la construcción del ferrocarril entre Veracruz y Nueva Orleans, línea que podría ser utilizada con fines militares contra Cuba. También aparece el argumento de la decadencia de la raza latina y del auge anglo-sajón, lo que se traduce, según el marqués de la Ribera desde Berlín, en las simpatías alemanas para con los Estados Unidos y su política de expansión.En junio de 1857 Lafragua remite las propuestas mexicanas en medio de las ofertas mediadoras de ingleses y franceses, que advierten que no apoyarán a España si estalla un conflicto con Estados Unidos como consecuencia de la tensión con México y si dicho conflicto acarrea la pérdida de Cuba. En primer lugar, el gobierno mexicano seguirá haciendo lo posible para castigar a los culpables. Si en el juicio se probase que había intervenido alguna autoridad, se aceptaría la exigencia de indemnizar, pero el acuerdo se haría bajo los auspicios de la reina de Inglaterra. En lo relativo a la deuda, se cumpliría el tratado de 1853, pero nombrando una comisión encargada de revisar los créditos y que estaría compuesta por un mexicano, un español y un tercer miembro nombrado por los españoles y mexicanos o, en su defecto, por el ministro francés en México. La respuesta española en julio consiste en aceptar la mediación franco-británica, pero únicamente como medio para obtener las debidas reparaciones por vía pacífica en lugar de recurrir a las armas. Antes de poner fin a su misión, Lafragua envía a fines de julio un memorándum en el que constata el cambio de las exigencias españolas entre marzo y julio de 1857. En marzo, dice, no se hablaba del tratado de 1853 ni de la indemnización de las víctimas como condición previa, sino que se hablaba de campaña política de exterminio de los españoles y no se extendía la indemnización a todos los casos (sólo se hablaba de San Vicente). En cambio, en julio se habla del tratado de la deuda y de indemnización general de todas las víctimas españolas y no sólo de las de los asesinatos de San Vicente. Tras una larga mediación, que no produce resultados concretos, y como consecuencia del estallido de la guerra de Reforma en México, España llega en 1859 a un acuerdo con los conservadores mexicanos que dominan una parte del país y se firma un tratado -el conocido como Mon-Almonte-en el que se arregla la cuestión en beneficio de España. El general de la Concha opina entonces que ha sido un error mezclar las diferentes cuestiones y firmar ese acuerdo con los conservadores porque considera que van a perder la guerra y que habría habido que separar la cuestión de la deuda de todo lo demás. La evolución de los acontecimientos demostrará que su visión era acertada. El estudio de estas tres cuestiones -el tratado de extradición, la deuda y los asesinatos de españoles-ha permitido, por una parte, destacar la importancia de la justicia en las relaciones hispano-mexicanas y su relación estrecha con el concepto de nacionalidad, y, por otra, ver cómo cada país utiliza el argumento del "derecho" -nacional para unos, internacional para los otros-para defender sus intereses. Sin embargo, ese recurso al Derecho y, por tanto, a la noción de interés público superior, no se corresponde con la realidad puesto que, en la práctica, no se deslinda lo privado de lo público, ni lo nacional de lo extranjero, como lo demuestran las connivencias entre los políticos mexicanos y los representantes españoles y entre los acreedores españoles y los mexicanos, tanto los políticos como los miembros de la elite económica y financiera. Se aprecia claramente que es un periodo de construcción del Estado-nación, de extensión de los principios liberales de superioridad de la ley y de igualdad de todos ante esa misma ley, de definición de la identidad nacional y de lo que podría llamarse una "política de Estado". Por otra parte, se puede afirmar que globalmente México salió airoso, aunque en ocasiones más por la evolución de los acontecimientos que por la voluntad de sus dirigentes. Y que ese "triunfo" supone una acción -muy incipiente ciertamente-a favor de la ampliación del concierto internacional (antes limitado a unos cuantos Estados europeos) y de la creación de una auténtica "sociedad internacional". En efecto, no se llegó a ratificar el tratado de extradición propuesto por Salvador Bermúdez de Castro y que incluía la extradición por motivos políticos, algo más en la línea del Antiguo Régimen que del sistema liberal. Además de los cambios de gobierno en México, las revoluciones de 1848, con su radicalización social y política, favorecen la adopción de determinados principios liberales rechazados hasta entonces por considerarse que es mejor un liberalismo moderado al triunfo de la revolución "socialista". Uno de ellos es el derecho de asilo que es el reverso del principio de extradición por motivos políticos. En cuanto a la cuestión de la deuda y de los asesinatos, de nuevo México logra evitar tanto la intervención militar como el pago efectivo mediante la estrategia de utilizar las rivalidades entre las potencias y de presentar a España como un país decadente y débil. Defiende la validez y la competencia de sus leyes y de sus tribunales, con lo que se reafirma como Estado independiente y soberano. Desde el punto de vista español, se aprecia el peso de las divisiones entre el personal político y diplomático (determinadas decisiones no son unánimemente aceptadas). Pero se ve igualmente la importancia de la red de relaciones entre los diplomáticos españoles y la clase política mexicana. Los informes analizados han permitido, por otra parte, distinguir el discurso de uso "externo y oficial" del discurso "interno y confidencial". Los diplomáticos y dirigentes españoles son plenamente conscientes de la falta de "justicia" y de legitimidad de algunas reclamaciones (concretamente las relativas a la deuda) y de las exageraciones y manipulaciones de la realidad por parte de algunos personajes (en el caso de la supuesta campaña de exterminio). Esto permite comprender mejor lo que en apariencia podría considerarse como vacilaciones y contradicciones. En realidad se trata de la falta de deslinde entre los intereses privados y los públicos. Por último, los dirigentes españoles apelan al "Derecho internacional" y aceptan el arbitraje, conscientes de su debilidad y de la falta de medios militares y económicos para, por una parte, imponer a los mexicanos sus "derechos" o sus "voluntades" por la fuerza y, por otra, resistir a las presiones y a las ambiciones de hegemonía de Francia. Contribuyen entonces igualmente a la consolidación de un espacio público internacional, aunque como ya se ha indicado sólo sean las premisas de ese proceso.
social y cultural, sin olvidar el necesario aporte de la historia del derecho. En este trabajo analizamos expedientes judiciales de esclavos, tanto civiles como criminales, correspondientes a las dos primeras décadas del siglo XIX. Partiendo del principio de que el esclavo sólo podía interactuar con la justicia porque el sistema jurídico castellano se lo permitía, y en la medida en que tal sistema dependía de un contexto cultural determinado, analizamos la actuación tanto de jueces y fiscales como la del esclavo y sus asistentes legales, para concluir que el primero es sujeto y objeto de la justicia en un grado muy similar al de los libres del común, especialmente en las causas graves. En un artículo reciente, Alejandro de la Fuente sostiene que, frente a las críticas recibidas especialmente desde la historia estructuralista, siguen siendo válidos los planteamientos de Frank Tannenbaum sobre que, a diferencia de lo que ocurría en la América anglosajona, la esclavitud en Iberoamérica se benefició de la tradición legal del derecho romano y la influencia del cristianismo, que la calificaba como un estado contrario a la naturaleza y la razón, lo que contribuyó decisivamente a que en la América hispana el esclavo tuviera, de hecho, personalidad moral y legal, además de facilitársele la manumisión. Pero discrepa del sociólogo norteamericano por el decisivo papel que éste parece asignarle a la ley: "En vez de asumir que el derecho positivo dotaba a los esclavos de una personalidad 'moral', como afirmaba Tannenbaum, sostengo que fueron los esclavos, al establecer demandas y presionar por el logro de beneficios, quienes dieron un significado social concreto a los derechos abstractos regulados por el derecho positivo. Mediante esas interacciones con las autoridades y los jueces coloniales, los esclavos actuaban (y eran percibidos) como sujetos jurídicos con una capacidad legal limitada." 2 Sin embargo, nos parece evidente que el esclavo sólo podía actuar de esa manera porque la ley o, mejor, el sistema jurídico castellano del Antiguo Régimen, se lo permitía, y ello en la medida en que tal sistema dependía de un contexto cultural y social -creencias, mentalidades y costumbres sociales-desarrollado a lo largo del tiempo en un espacio de convivencia determinado. 3 Los trabajos de De la Fuente se insertan en una línea historiográfica que, con base en fuentes primarias de carácter judicial, revisa el tema de la justicia y la esclavitud en el mundo colonial hispanoamericano desde la perspectiva de la historia social y cultural, como hacen magistralmente Norman Meiklejohn para Nueva Granada y Jean-Pierre Tardieu para Quito, 4 o bien desde la Historia del Derecho, como es el caso de Viviana 2 De la Fuente, Alejandro: "Los esclavos en Cuba y la reclamación de derechos: repensando el debate de Tannenbaum", en Esclavitud, emancipación y reclamación de derechos. Problemas y promesas de la nueva historiografía legal sobre la esclavitud en América Latina, Alejandro de la Fuente (ed.), Debate y Perspectivas: Cuadernos de Historia y Ciencias Sociales, N.o 4, Madrid, 2004, págs. 37-68. 3 Véase Tomás y Valiente, Francisco: El derecho penal de la monarquía absoluta (siglos XVI, XVII y XVIII), Tecnos, Madrid, 1969, pág. 15. Tardieu, Jean-Pierre: El negro en la Audiencia de Quito, siglos XVI-XVIII, Ediciones Abya-Yala e Instituto Francés de Estudios Andinos, Quito y Lima, 2006. 5 Aunque mucho más completos, estos trabajos llegan finalmente a conclusiones semejantes a las que ya ofrecieron en su día Domínguez Ortiz para la Península o Abelardo Levaggi para el Río de la Plata:6 en síntesis, que el esclavo negro en el mundo hispánico contó con una efectiva protección de parte del sistema jurídico del Antiguo Régimen. El esclavo, tal como se recoge en las Partidas, carecía de capacidad civil y tanto su persona como todo el provecho que, por cualquier medio, pudiera obtener pertenecía totalmente al dueño. No obstante esa incapacidad, las Partidas reconocen el derecho de los esclavos al matrimonio -incluso con personas libres o de otra raza-y lo favorecen, prohibiendo a los dueños limitar su libertad en este aspecto; asimismo, se les permitía tener peculio propio, heredar y constituir herederos, y comprar su libertad con el producto de su trabajo; de modo particular, el derecho de posesión del amo quedaba especialmente limitado en lo referente a la integridad personal del esclavo, estando obligado a tratarlo con humanidad, prohibiendo el maltrato, la mutilación y darle muerte sin intervención de la justicia; de hecho, el maltrato facultaba al esclavo para quejarse al juez y solicitar cambio de amo o incluso la libertad, si él mismo podía pagarla; y en caso de homicidio, la justicia actuaba exactamente igual si la víctima era libre o esclava. Éstas y otras disposiciones derivadas de ellas que se desarrollaron en sentido progresivamente humanitario desde muy temprano en la América española, y fueron luego recogidas en las Leyes de Indias,7 suponían en realidad un reconocimiento del esclavo como persona, es decir como individuo sujeto de derechos, si bien ese reconocimiento sólo se hacía visible y efectivo cuando el esclavo lograba acceder de una u otra forma a la justicia, lo que se daba más fácilmente, como es lógico, en el mundo urbano y peri urbano. Lo que Meiklejohn y otros autores han comprobado es que los esclavos en la América hispana recurrían con frecuencia a la justicia para reivindicar sus derechos, sobre todo en casos de manumisión y para denunciar la crueldad o abusos de los amos; y que los jueces a menudo fallaban a favor de los esclavos. 8 Para De la Fuente todo esto no debe sorprender, pues, de forma similar a lo que ocurría con la población indígena, una actitud favorable de la justicia hacia los esclavos "fomentaba la confianza en las instituciones coloniales y desalentaba otras formas de resistencia, con lo que contribuía a la estabilidad y la paz sociales". 9 Pero no se trataba sólo de los "derechos" que la legislación le reconociera o garantizara explícitamente. La realidad era mucho más rica que el Derecho y la costumbre y la convivencia social enseñaron a muchos esclavos a hacer un hábil uso de la justicia en su propio provecho. Muchas situaciones concretas no estaban reguladas por la ley, pero podían resolverse a favor del esclavo si éste, con la ayuda oportuna, sabía presentar su causa con habilidad, apoyar sus argumentos tanto en la ley como en la costumbre y utilizar de la mejor manera las circunstancias del caso. Pero, insistimos, todo esto no sería posible sin la existencia de un sistema jurídico que le permitiera defender sus eventuales derechos y, en definitiva, de una extendida mentalidad social que reconociera esa capacidad al esclavo. Podría argumentarse que tales situaciones se daban casi exclusivamente en el mundo urbano, donde el esclavo convivía estrechamente, y con bastante autonomía personal, con la sociedad de los libres. Así mismo, que esa capacidad jurídica del esclavo se manifestó, de hecho y sobre todo, en causas civiles relacionadas con los reclamos de libertad, aprovechando tanto lo que la ley prescribía al respecto como los resquicios que ésta dejaba, que eran muchos. Y por último, que en todo caso esta realidad debió de sufrir un cambio drástico con la expansión de la economía esclavista de plantación desde comienzos del siglo XIX: el estancamiento del ritmo de aumento de la población de color libre en Cuba a partir de 1820, aproximadamente, 10 sería un indicio claro, entre otros, de que la condición del esclavo en la isla estaba empeorando dramáticamente y ello debió de incidir también en una creciente restricción de las posibilidades del esclavo para acceder a la justicia o para ser amparado por ella. 9 De la Fuente: "Los esclavos en Cuba y la reclamación de derechos", pág. 47. 10 Puede comprobarse en las cifras censales recogidas en Pérez Murillo, María Dolores: Aspectos demográficos y sociales de la isla de Cuba en la primera mitad del siglo XIX, Universidad de Cádiz, Servicio de Publicaciones, Cádiz, 1988, págs. 39-58. 11 Algunos trabajos recientes se hacen eco de este cambio, concretamente a raíz de la promulgación del llamado Reglamento de esclavos del capitán general Jerónimo Valdés en 1842. Véase Barcia Zequeira, María del Carmen: La otra familia. Parientes, redes y descendencia de los esclavos en Cuba, Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2003, págs. 46ss.; Meriño Fuentes, María de los Ángeles y Perera Díaz, Aisnara: Matrimonio y familia en el ingenio: una utopía posible. Algunos de los estudios de De La Fuente, prácticamente el único hasta ahora que ha tratado sobre el tema de los esclavos y la justicia en Cuba, podrían servir para confirmar esas tesis, al menos parcialmente, ya que se refieren sobre todo a causas civiles relacionadas con reclamos de libertad correspondientes al periodo que él llama preplantacionista (hasta 1770). En otros trabajos aborda casos correspondientes a las décadas posteriores a 1840 cuando, a raíz de la promulgación del Reglamento de esclavos del capitán general Jerónimo Valdés, la relación de los esclavos con la justicia se hace más rígida; sin embargo, sus conclusiones son similares a las que obtiene en sus primeros trabajos, incluso tratándose de esclavos de haciendas. 12 Por nuestra parte, los expedientes judiciales de esclavos que hemos examinado desmienten en buena medida aquellas tesis. A pesar de que se refieren a las dos primeras décadas del siglo XIX, en plena expansión del sistema de plantación, se sigue manifestando esa capacidad del esclavo -tanto el urbano como el de la hacienda-para hacer uso de la justicia; pero lo que resulta más llamativo es el modo como actúa la justicia en las causas criminales de esclavos, especialmente en causas graves como las de homicidio. Además, la intervención de algunos jueces y abogados muestra una actitud cada vez más favorable hacia las reclamaciones de estos esclavos, en agudo contraste con la extensión, en esas mismas décadas, de la plantación esclavista. Aunque en esos abogados debe suponerse una sincera posición de rechazo de la esclavitud, por lo que respecta a las autoridades con jurisdicción -capitanes de partido o jueces pedáneos, alcaldes ordinarios de La Habana, capitán general e incluso la Audiencia-esa actitud parece más bien responder a una prudente política de tolerancia y utilidad social, con el fin de evitar en lo posible toda ocasión de conflictividad entre la población esclava. El precio de su libertad El primero de los expedientes que analizamos aquí trata del reclamo judicial que Atanasio de Lima, negro esclavo e hijo natural de Tomás Santo Domingo, presenta contra José Antonio Aparicio, moreno libre, para que le entregue la sexta parte de los bienes que quedaron por fallecimiento de Santo Domingo y que Aparicio retiene en su poder como heredero de Ana María Bandama, mujer que fue del expresado Santo Domingo. 13 Según él mismo relata, Santo Domingo tenía dos amantes conocidas: una, esclava, llamada Dolores, era su madre, a la que Santo Domingo compró después de dejarla preñada y a la que, como dice Atanasio y certifican los cuatro testigos que presenta, no trataba como a una esclava sino como "a esposa a la que mucho se ama". La otra amante era una María Bandama, también morena libre, que acabó casándose con Santo Domingo y, por celos, hizo que vendiera a la Dolores y a su hijito Atanasio. Santo Domingo había redactado un primer testamento, en el que reconocía tácitamente a su hijo natural Atanasio y a otro hermano suyo llamado Pedro, y los dejaba al servicio de la Bandama hasta que ésta muriese, debiendo entonces quedar libres; además, les dejaba la sexta parte de sus bienes y una casa, que María Bandama no podía vender si le sobrevivía. Pero ella logró que Santo Domingo hiciera nuevo testamento justo antes de su muerte, en el que ya no aparecían para nada Atanasio y Pedro, y le dejaba a ella por única heredera. Tras enviudar de Santo Domingo, la Bandama casó con José Antonio Aparicio, quien, a la muerte de su esposa, se había apropiado ilegítimamente de los bienes que le pertenecían a Atanasio y a su hermano, y de ahí su reclamación. Lógicamente, Atanasio necesita demostrar que el primer testamento era el válido, y para ello presenta un testigo llamado Diepa, también congo libre, que relata cómo era íntimo del tal Santo Domingo y éste le había confesado en el lecho de muerte que la Bandama le había arrancado el segundo testamento contra su voluntad, que estaba arrepentido de ello y quería restituir el legado a su hijo natural Atanasio, algo que no pudo hacer porque murió inmediatamente después de esta confesión. El testimonio de Diepa pone de manifiesto la red de relaciones que logran tejer estos hombres de color, esclavos o libres. En este caso se advierte la existencia de una auténtica comunidad que tiene en el cabildo de los negros congos un punto de convergencia. Tanto Santo Domingo como los tres testigos varones eran congos y Antonio Diepa, que declara a favor de Atanasio, era capataz del cabildo Nuestra Señora del Rosario de la nación congo Macamba. Es decir, hay una red que une a estas personas, que se brindan apoyo y se defienden en sus reclamos; por ello acuden a declarar, se someten a interrogatorio, vuelven a afirmar lo que ya dijeron y, en suma, están a disposición de lo que se les pida. El abogado que asiste a Lima es un tal Tomás de Palma, que debía ser un letrado conocido en la ciudad y de ideas avanzadas;14 más adelante le veremos defendiendo a otro reo esclavo en una causa de homicidio, con igual fuerza que hará aquí. El de la otra parte era Pedro de Sotolongo, miembro de una de las primeras familias habaneras. A lo largo del litigio se advertirá la habilidad para argumentar y la formación ilustrada del primero frente la escasa lucidez y los prejuicios sociorraciales del segundo. La primera parte de la causa transcurre en el tribunal del juez municipal, pero el demandado Aparicio, aconsejado por su abogado y consciente quizá de la proclividad de dicho tribunal a aceptar estas demandas de esclavos, alegó su condición de miliciano y exigió que se trasladase la causa al tribunal del capitán general. A pesar de que el abogado Palma advierte al alcalde de que se estaba burlando su jurisdicción y de que el argumento de Aparicio era de dudosa validez,15 el capitán general Someruelos decidió que la causa pasara a su tribunal. Sin embargo, este hecho no cambió en nada el curso del proceso, a diferencia de lo que podría pensarse. Igual que ocurrió con el tribunal del alcalde, el auditor de guerra aceptó todos los alegatos, réplicas y contrarréplicas, reiteración de declaraciones de testigos, etc., de manera que no hay rastro de un trato de favor al aforado Aparicio, o desfavorable al esclavo Lima. A continuación Sotolongo intentará negar capacidad a Atanasio para pleitear, pues el preceptivo permiso del amo, que Lima había presentado, especificaba que lo daba "para reclamar cierta cantidad de pesos que le adeudan", aunque aclaraba que no quería saber nada del resultado. Dice Sotolongo que el esclavo sólo puede acudir a juicio en reclamo de su libertad y sólo por una especie de ficción del derecho, por la que, al ser una cosa del amo, en realidad es éste el que acude, en cuanto que lo que reclame el esclavo irá finalmente en beneficio suyo. La debilidad del argumento es obvia: si eso es así, entonces el dueño puede darle cualquier tipo de permiso a su esclavo, pues era como dárselo a sí mismo. Además, Sotolongo no ha advertido que era el amo el que estaba detrás apoyando a su esclavo Atanasio con la esperanza de que recibiera la herencia y pudiera pagarle por su libertad, e incluso que esa postura del amo podía ser considerada como ajustada a derecho. 16 Por su parte, Atanasio (es decir, su abogado Palma) fundamentaba su reclamación en "los imprescriptibles derechos de la naturaleza", derivados de su condición de hijo natural de Santo Domingo y a que los bienes que éste le dejó en su primer testamento son "el precio de su libertad". Así, en uno de los escritos al gobernador, se reafirmaba en su reclamación diciendo que "Yo soy un acreedor legítimo a cierta cuota de la herencia, que se me debe como hijo natural del testador... y los herederos de mi padre me han defraudado este derecho...". Por eso, dice, "protegido de mi amo y aconsejado por personas inteligentes, me he determinado a parecer en juicio y solicitar la reintegración de mis derechos". De esta manera, la demanda de Lima se ajustaba perfectamente tanto a la ley como a la costumbre. Los alegatos de Lima son atendidos por el juez, obligando a la otra parte a la contrarréplica. Sotolongo acude entonces a un recurso frecuente en estos casos: además de negar a Lima capacidad para alegar filiación natural, intentó denigrar la calidad moral del esclavo, de quien no se podía esperar más que engaño y falsedad. Afirmaba, con evidente torpeza, que "...ese negro mal aconsejado, solicita atribuirle flaquezas al cristiano y honrado Santo Domingo, para fundar en ellas el descabellado proyecto que impugnamos, a fin de ver si pega y sale con dinero de donde no pensaba que saliese". Además, descubre que su hermano Pedro, al que Atanasio incluyó en su reclamación, ha resultado ser cimarrón. Aparte de que los testigos habían dejado bien claro que lo de "cristiano y honrado" era, por lo menos, dudoso, Atanasio respondió que si incluyó a su hermano fue porque Santo Domingo también lo mencionaba en el primer testamento, y quería así respetar su derecho; es decir, contradice la acusación de Sotolongo apareciendo como un sujeto escrupuloso con la ley. La causa, tal como la conocemos, queda aparentemente truncada, sin un final claro después de tres años de litigio. Cada una de las partes reite-ra una y otra vez sus argumentos y los testimonios de los testigos de uno y otro lado se contradicen mutuamente. El juez parece dejar correr el caso, que se alarga tres años sin que se vea cómo ponerle fin. Palma cobró por su trabajo cerca de 500 reales en este tiempo, lo que demuestra que o el esclavo Lima gozaba de una notable capacidad económica o recibió el apoyo de su amo con vistas a obtener mayor beneficio, o más probablemente una mezcla de las dos cosas. El último de los escritos de Palma, respondiendo a la insistencia de Sotolongo en negar capacidad legal al esclavo, refleja bien hasta qué punto había evolucionado el concepto de la sociedad cubana sobre la esclavitud: Toda la vida hemos visto que los esclavos se libertan cuando han adquirido peculio suficiente, que sus amos conocen y respetan sus propiedades: que la misma servidumbre de los negros introducida en las colonias que habitamos en nada se parece a la que establecieron los Romanos y otras antiguas naciones por el pretendido derecho de la guerra: que esta misma esclavitud se modifica y divide a pesar de aquellas sutilezas que la hacían invisible entre los pueblos que se arrogaban la bárbara licencia de matar impunemente a los prisioneros y se tenía por un rasgo de humanidad reservarlos de la muerte y de ahí vino la palabra de llamarlos siervos, de ahí su incapacidad de peculio, de ahí su inactividad activa y pasiva y su absoluta inhabilidad para todo acto civil, tanto que su matrimonio se llamaba contubernio y su procreación se asemejaba a la vegetal o de las bestias. Y el párrafo siguiente nos parece sumamente ilustrativo, tanto por las ideas que expresa como por la seguridad que muestra Palma en despreciar los argumentos de su poderoso rival Sotolongo: Pero la necia pedantería de los que llevan la defensa errónea del negro Aparicio, nos hace repetir estas cosas sumamente vulgares. Es muy ridícula su afectación acerca de que nuestros siervos son incapaces de adquirir y de que entre ellos no puede darse filiación natural, que conduce un discurso tan vacío, ya que es hablar de lo que no existe, ni puede pasar sin ofensa de nuestras costumbres y de la opinión publica autorizada por los tribunales y tan generalmente admitidas que no habrá un hecho que las contradiga. Bajo de estos principios no se ha visto jamás, que a ningún esclavo se le niegue la licencia para presentarse a juicio a pedir y promover sus derechos. Si algún amo, por capricho o por algún otro motivo arbitrario, quisiera impedir a su esclavo este recurso natural sería bastante causa para calificarle de injusto, temerario e inhumano y la misma autoridad lo compelería a vender al esclavo o a que alzase la opresión y la fuerza. 17 Finalmente, podemos extraer algunas conclusiones derivadas directamente del curso del proceso, en relación con la capacidad legal del esclavo, que vienen a confirmar las ideas de contexto expresadas al principio. En primer lugar vemos que no hay rastro de un tratamiento diferenciado del esclavo, ni en cuanto a su capacidad para promover una causa, ni para continuarla por sí mismo; a pesar de que la parte libre aduce razones de derecho para negar esa capacidad al esclavo, el juez parece no tenerlo en cuenta, pues mantiene el curso de la causa y da voz a la parte esclava cuantas veces la pide. Por otro lado, la exigencia de exhibir un permiso del amo para promover una causa aparece como un requisito puramente formal, al que se da escaso valor e importancia: de hecho, toda la primera argumentación del abogado de Aparicio se basa en el mal uso que ha hecho el dueño de Lima de este requisito y, sin embargo, el juez no estima ese argumento, dejando al esclavo seguir con su demanda; en otras causas similares, el esclavo ni siquiera exhibe ese permiso. 18 Por último, se valora por igual el testimonio de un esclavo que el de un libre; el valor del testimonio parece depender no de la condición social o legal del testigo sino, como en cualquier causa judicial, de la relación más o menos directa de éste con los hechos. En definitiva, el curso del proceso ilustra sobre la escasa o nula diferencia aparente entre el esclavo y el libre en cuanto su capacidad legal. El negro Rafael demuestra su inocencia El doce de mayo de 1799, el capitán del Partido de San Jerónimo, a unas siete leguas de La Habana, recibió una orden del capitán general para que pasara inmediatamente al ingenio titulado Santa Rita, propiedad del doctor Julián Francisco Martínez de Campos, auditor de guerra de la plaza, para que tomara conocimiento de la muerte que el negro Rafael, conocido por San Pedro, dio al negro Antonio, formase la correspondiente sumaria y apresara a Rafael, remitiendo una y otro a la capital. 19 Lo que había ocurrido era un suceso relativamente normal en su contexto: el esclavo José Rafael, que estaba prófugo del ingenio, acudió de noche al bohío de un compañero, que habitaba con su mujer, a por la ropa que le había dejado a ésta para que se la guardara; la mujer negó tener esa ropa, probablemente porque su marido, Antonio, estaba presente; entonces éste, ante la insistencia de Rafael, le acometió con un machete resultando muerto él mismo en la reyerta. En este caso, la denuncia no procede de la autoridad local sino del mismo dueño del ingenio, el auditor de guerra de La Habana. En sus primeras diligencias, y como es habitual en estos casos, el capitán del Partido interroga a otros compañeros esclavos y a la mujer del fallecido; todos ellos apuntan a la culpabilidad del presunto asesino, José Rafael, que no se encontró en el lugar de los hechos sino que fue apresado en las inmediaciones del monasterio de Santa Clara, en La Habana. La causa pasó entonces al alcalde de primera elección de la capital, que la instruye mediante asesor. Éste repite los interrogatorios de testigos -la mujer del difunto, varios compañeros esclavos y el mayoral del ingenio-, que presentan versiones no coincidentes en detalles relevantes, pero todos apuntando a la culpabilidad de José Rafael; en su segunda declaración, la mujer del difunto sugiere además que la intención del reo era abusar sexualmente de ella. Al ser interrogado José Rafael en la cárcel de La Habana, se declara inocente y describe lo sucedido afirmando que fue el mayoral quien mató a su compañero, aunque de forma involuntaria, pues en realidad quería cogerle a él por hallarse prófugo, pero de noche y en la manigua erró los golpes. En la propia declaración de José Rafael se refleja cómo el mayoral era consciente del delito que suponía dar muerte a un esclavo; dice el reo que...aunque quiso huir para que no continuase ofendiéndole el dicho Mayoral, no pudo porque se lo impedían las heridas, y echándole mano [el mayoral] para la camisa de él, lo sujetó diciéndole:'perdidos estamos porque ya yo he matado a tu compañero por tu causa; ahora mantente ahí debajo de esas maniguas hasta que yo vuelva'; y al cabo de una hora lo cumplió, llevando al declarante para el tejar y, con una limeta de miel de abeja que trajo, le curó el golpe del palo que había sentido previniéndole que:'cuidado, que nada dijese a ninguno de sus compañeros ni chico ni grande'; que al cabo de quince días en que le había estado curando y llevándole alimento, viendo que la contusión era grave, le dijo viniese a esta ciudad a curarse, y que luego volviese que ya le tendría sacada una licencia para que se fuese de la tierra, y para que se auxiliase también le daría cincuenta pesos, pero que'cuidado, que cuando volviese le tocase por la puerta falsa de la huerta, no fuese a ser sentido de algún compañero'; que en efecto lo hizo todo como el mayoral se lo previno, de cuyas manos recibió los cincuenta pesos menos la licencia, porque decía que él no podía venir a la Habana acá porque esperaba en el ingenio a su amo; y que no conociendo a alguna persona que se la consiguiese, se mantuvo hasta que lo cogiesen. 20 El mayoral, tras el intento fallido de ocultar los hechos -según la declaración del reo-, terminó dando parte a su patrón, el auditor de guerra, y éste a la autoridad. Hay por tanto un temor evidente a las eventuales consecuencias de no llevar un caso así ante el juez, aunque luego se hagan los arreglos necesarios para evitar que se esclarezca la verdad, como veremos. Pero se ha de notar también que la denuncia se hizo necesaria porque José Rafael "se mantuvo hasta que lo cogiesen" y no intentó la huida, cuando le hubiera sido fácil y le alentaba a ello el mayoral. Además de ofrecer una prueba de ingenuidad e inocencia, con dicha actitud el esclavo parece mostrar así una actitud de confianza en la justicia. La causa pasó entonces al licenciado Pedro José Apestechea, nombrado promotor fiscal, que hace un breve resumen de lo instruido hasta el momento y, apoyándose en los testimonios que inculpan a José Rafael, finaliza su informe acusando al esclavo de haber promovido la revuelta al intentar abusar sexualmente de la mujer de Antonio, que resultó muerto por haber salido en defensa de su honra. 21 Una vez más vemos un intento de señalar un móvil que podría parecer común o frecuente entre la población esclava, y de ahí simplemente se deduce la culpabilidad de José Rafael Campos. El fiscal pidió para él la pena ordinaria de muerte. El curso del proceso sugiere que la intervención de este fiscal formó parte del intento del auditor de guerra, dueño del esclavo, por exonerar a su mayoral. A continuación se le traslada el informe del fiscal a José Rafael, diciéndole que escoja abogado. La autoridad sigue así el curso previsto por la ley que, como se ve, garantiza el derecho a la defensa del reo aun siendo esclavo. Pero ¿a qué abogado puede conocer y recurrir un esclavo de un ingenio, aunque se encontrara cercano a la capital? Y aunque tenga noticia de alguno ¿quién va a arriesgarse a tomar su defensa, estando acusado formalmente de homicidio? No resulta extraño por eso que escogiera -probablemente porque le fue sugerido-al ayudante de su propio amo el auditor de guerra, un tal Julián Segundo. Éste, seguramente de acuerdo con su jefe, alegó que se debía pasar dicho informe al dueño por ser quien, según la ley, debía decidir si defendía o no a su esclavo. Se mandó hacer así, pero entonces el auditor cedió la noxa, es decir, renunció a su derecho sobre el esclavo en favor de la justicia. 22 Normalmente un amo adoptaba este recurso legal para eximirse de la obligación de indemnizar al damnificado por su esclavo, pero no era éste el caso pues los dos, el presunto agresor y el fallecido, eran esclavos suyos. Quedaba así claro que su intención era evitar el verse implicado en una causa que podía manchar su buen nombre y la reputación de su empleo. Por otro lado, aunque este paso indica que no se daba un reconocimiento completo de la personalidad del esclavo desde el punto de vista jurídico, la decisión del amo va a resultar positiva para el esclavo. A partir de aquí el abogado Julián Segundo se desinteresó de la causa, probablemente a sugerencia de su mismo jefe, de modo que, pasados unos meses, el promotor fiscal reclamó a la autoridad la reactivación del proceso. Se requería entonces que José Rafael escogiera nuevo abogado y, en su escrito al juez, sin duda redactado por algún escribano o a indicación del mismo fiscal, queda reflejada su actitud de respeto hacia el que aún considera su amo, además de excusar la dejación del primer abogado: Rafael de Campos, en los autos criminales seguidos de oficio sobre atribuírsele la muerte del negro Antonio carabalí, uno y otro esclavos del señor Auditor de Guerra, y lo demás como mejor proceda a derecho digo: Que por mi defensa había nombrado al Licenciado Julián Segundo y conociendo la mucha ocupación que lo rodea aún con el despacho extrajudicial del dicho señor Auditor y que esta causa debe mirarse con bastante actividad a redimirme del crimen que se me atribuye, no habiéndolo cometido. A V. suplico en vista de lo que llevo expuesto nombrar como lo hago por mi defensor el Licenciado D. Silvestre García, dejando al que antes lo era en su buena opinión y fama. 23 Se le pasa notificación al tal García, que se excusa por su mucho trabajo, y entonces José Rafael nombra a un tercero al que ya conocemos, Tomás de Palma, que aceptó de inmediato. Ya en su primer escrito, nada más recibir los autos, Palma afirma que "la acusación fiscal... es desmedida y no guarda proporción con el delito, por lo que debe despreciarse y absolverse a Rafael de la culpa de homicida que se le atribuye." A continuación se detiene a mostrar con detalle los múltiples defectos del sumario y las contradicciones en que habían incurrido los testigos, acusando al fiscal de haber solicitado una pena tan grave basándose sólo en indicios y suposiciones. Terminaba solicitando una nueva investigación del caso y recusando al fiscal "por justas causas", apuntando a una eventual connivencia de éste con el auditor de guerra y amo de José Rafael. 24 El alcalde ordena entonces iniciar la nueva investigación solicitada por Palma, y cita al mayoral, a la viuda del fallecido y a otros testigos indispensables. Como todos ellos residían en el mismo ingenio del auditor, se le pasó la notificación a éste para que ordenara su remisión a La Habana. Pero el auditor responde que "el señor Alcalde Juez de esta causa sabe más bien que otro lo peligroso que es sacar el Mayoral de un ingenio, así por las críticas circunstancias del día en orden a dejar los negros solos como por estar los ingenios en la actualidad moliendo, por lo que suplicaba a su merced comunicase a un abogado de su confianza y pasase a la diligencia, sin que esto sea cosa nueva pues la Real Audiencia del distrito así lo tiene adoptado". 25 A partir de aquí todo van a ser dificultades para que se presenten esos testigos. Además de excusar al mayoral una y otra vez porque no puede alejarse del ingenio, trasladan a la viuda del muerto y a los demás testigos a otro ingenio del mismo dueño, que queda demasiado lejano para hacerlos traer. Es evidente la voluntad del dueño-auditor para proteger a su mayoral, lo que no hace sino aumentar las sospechas en contra de éste. Cuando se consigue que los traigan al tribunal, después de varios requerimientos del alcalde y hasta del gobernador, los testimonios contradicen las primeras declaraciones, sobre todo el de la viuda, que ahora alega ignorancia y "estar sujeta al mayoral". Por su parte, Rafael niega una y otra vez las acusaciones, incluso en los careos a que es sometido con los testigos de la acusación. El abogado Palma demuestra de nuevo la debilidad de las pruebas y la contradicción de los testimonios, e insiste en su rechazo del informe del fiscal, acusándolo de parcial y de no ajustarse a la ley. 26 El fiscal solicitó entonces, y el juez lo aprobó, que la causa pasara "a prueba", es decir, a la fase definitiva. Se repiten entonces los interrogatorios a Rafael y se solicita copia de la sumaria original que dio principio al proceso, pero curiosamente el capitán del partido, que era quien debía facilitarla, obtuvo en esos días el retiro de su empleo y no se pudo nombrar su sustituto porque no había persona apropiada: también se ve aquí la mano del auditor. Pero ahora aparecen algunos testigos circunstanciales que confirman indirectamente la versión de José Rafael, un médico y un boticario que afirman haberle visto en La Habana y que le habían facilitado la curación de las heridas recibidas en la reyerta. Finalmente, el fiscal pide una vez más la pena de muerte para el reo. La contestación del abogado Palma carga de nuevo, con dureza e ironía, contra la acusación del fiscal, que era a su juicio "tan nula de suyo que no puede hacerse peor. Qué conflicto es para un hombre verse acusado de este modo -continuaba-, qué fatalidad si el tribunal hubiese de atender semejante acusador y qué esperanza nos queda de convencer con razones al que las desprecia y se empeña en no conocerlas". Detalla a continuación las contradicciones de los testigos, en especial del mayoral y la viuda del fallecido, de manera que "si no es al promotor fiscal, yo no sé a quién engaña Manuel González Rico [el mayoral] y María del Rosario [la viuda]; en fin, el promotor fiscal nada ha dicho de provecho ni su acusación es conforme al modo con que deba acusarse cualquier delito..."; y finaliza pidiendo la absolución para su defendido. Viene entonces la sentencia del alcalde, del 15 de noviembre de 1802, declarando que el fiscal no había dado pruebas suficientes para imponer la pena de muerte a José Rafael, pero sí las hay para una pena "extraordinaria grave", porque éste no había tampoco probado su inocencia al no presentar pruebas que imputasen al mayoral:...en consecuencia debo condenar y condeno al expuesto negro Rafael a diez años de presidio en Puerto Rico, con grilletes, ración y sin sueldo bajo la calidad de no tornar jamás a esta ciudad pues con este objeto teniéndolo cedido el señor Auditor, su amo, a la justicia, se consigna al reo en el mismo presidio para que cumpliendo el término de su condena permanezca allí en calidad de esclavo en los oficios y distintos trabajos a que se le destinen, por manera que ni en redimiéndose de la esclavitud le sea lícito volver a ningún paraje de esta isla donde si fuese aprendido en cualquier tiempo se dispondrá de su persona como mejor convenga. 27 Pero Palma logró que la causa fuera remitida para su revisión a la Audiencia de Puerto Príncipe, y ésta modificó sustancialmente la sentencia juzgando probada la falta de premeditación y malicia del reo, el carácter probablemente accidental de la muerte del otro esclavo y que no se había presentado ningún testigo seguro y directo de los hechos. Todo ello hace que las leyes favorezcan al reo, por lo que rebajó la pena a la de doscientos azotes por las calles públicas y cuatro años de presidio en el de Omoa. 28 Aunque el relato que hemos hecho habla por sí solo, podría entenderse que, en última instancia, no se hizo justicia a José Rafael en la medida en que todos los indicios apuntaban a la culpabilidad del mayoral. Pero al mismo tiempo hay que reconocer que, gracias al funcionamiento correcto de la justicia, pudo escapar con vida de una situación que, en otro contexto social y legal, le hubiera resultado poco menos que imposible, incluso en el caso de que hubiera podido defenderse. En definitiva, un pobre e ignorado esclavo acusado injustamente de homicidio y abandonado por su amo, quien puso todo de su parte para tapar el error fatal de su mayoral, sale prácticamente indemne gracias a un abogado que parece mostrar un especial interés en este tipo de causas, pero, por encima de ello, gracias a la correcta actuación de la justicia, que no hace ninguna diferencia por el hecho de que el reo sea un esclavo. La denuncia del amo cruel María Josefa comprobó que Francisco estaba muerto. Al poco, Díaz le mandó "mudar las bestias del campo", mientras cubría con un capote a Francisco diciendo que tenía frío; pero ella, manteniéndose escondida a poca distancia, vio como su amo se echaba a Francisco a la espalda, lo llevaba hasta una mata de aguacate donde había un hoyo, arrojaba allí el cuerpo, lo cubría "con muchas pencas de guano y le dio fuego por mucho tiempo". Al día siguiente, María Josefa se acercó al lugar y vio la cabeza y otros restos calcinados de Francisco, cubiertos de una piedra grande y mucho guano. 30 Aunque el miedo la dominaba, ella, que también llevaba en su cuerpo las huellas del maltrato de Díaz, sabía bien que lo que su amo había hecho debía ser castigado; pero ¿qué podía hacer? Se acordó entonces de Atanasio, el mulato que trabajaba en la finca de al lado, que se jactaba de su condición de libre, de relacionarse con los blancos y con las autoridades del lugar. Al día siguiente, aprovechando un descuido de sus amos, se fue a verle y le contó lo sucedido; Atanasio se acercó al lugar y vio también los restos calcinados. Entonces le dijo que debía ir ante el capitán del Partido y denunciar a su amo. Aunque Atanasio no quiso acompañarla, ella aprovechó otra ausencia de los amos para escaparse de la finca; pero no fue al capitán de su Partido, conocido de su amo, sino al del vecino de Managua y le contó todo lo referido. Éste remitió a María Josefa a la autoridad del Partido de Díaz, el del Calvario. La causa se inicia entonces con este auto, que extractamos por su evidente interés: je que designe la antedicha sierva, para cuyo efecto el Licenciado José María Escalona, por no haber otro en esta jurisdicción, inspeccionará escrupulosamente si hay vestigio, huesos u otra señal que manifieste ser de cuerpo humano, (...) y, resultando conforme, [se de por] preso embargando y secuestrando los bienes del agresor y puesto (...) a disposición del Exmo. Sr. Capitán General...31 La autoridad local, por tanto, toma en consideración la denuncia de una esclava bozal y le da crédito hasta el punto de ordenar el apresamiento del amo, vecino del Partido y sin duda conocido del teniente Marcos. Aunque la determinación de éste pudiera deberse a la necesidad de asegurarse la aprobación de su superior el capitán general, parece indudable que refleja sobre todo lo que debía de ser, por un lado, la extendida convicción de que los abusos de los amos eran cosa corriente y, por otro, el propósito político de combatir esas prácticas y procurar el buen trato al esclavo. De hecho, la negrita María Josefa parece ser consciente de ello, a pesar de su corta edad y de que sólo hacía tres años que había llegado de África. Después de lo que vio y de haber experimentado en su propio cuerpo la crueldad de Díaz, es seguro que temía por su vida, pero aún así se atrevió a comentarlo con Atanasio quien le confirmó que esos hechos eran delito y que ella podía denunciarlos. En la indagatoria posterior, María Josefa detalló los malos tratos de que era objeto junto con Francisco, y cómo la mujer de Díaz le advertía a éste que no lo hiciera; y que a ninguno de los dos los había bautizado. Sin embargo, la pobre negrita se va a quedar sola en su denuncia. El pardo Atanasio negó haber sido testigo de los hechos y aunque había visto unos huesos en ese paraje, "no recuerda cuándo" y le parecieron de animal. Otros dos vecinos del amo, citados también por María Josefa, declararon igualmente no saber nada cierto, sólo que habían oído que el negrito se encontraba huido. Se hizo el reconocimiento del paraje donde supuestamente se encontraban los restos de Francisco, encontrándose unos huesos que se llevaron a un facultativo, quien no pudo asegurar que fueran humanos. Por último se interrogó también al imputado Díaz, que por supuesto negó todo y achacó la denuncia a "las depravadas intenciones" de su esclava y a su "espíritu irreligioso". 32 La causa pasó entonces al gobernador quien, como de costumbre, nombró promotor fiscal para iniciar el proceso formal. En su primer escrito, el fiscal arremete contra el teniente del Partido por los graves defectos que encontró en la instrucción sumaria, que había motivado la pérdida de posible pruebas, lamentando sobre todo que se hubiera tratado al imputado como si fuera un testigo, porque "...de ello resulta que instruido Díaz de todo, se habrá preparado y jamás podrá descubrirse el crimen, aunque sea efectivo...", sugiriendo de esta forma que la denuncia de la esclava merecía crédito. Y, en esta notable preocupación por asegurar el correcto funcionamiento de la justicia, "en desempeño de la pública vindicta", solicitaba al gobernador que se remitiera a la ciudad a la negrita para que fuera examinada de nuevo, y a algún otro esclavo del mismo Díaz, si lo hubiera, que pudiera confirmar o refutar la acusación de María Josefa. Sintiéndose protegida y escuchada, ésta hizo un relato al fiscal aún más detallado, hasta el punto que se hacía inverosímil pensar que se hubiera inventado la historia. Cuenta como "llena de temor" quiso dar parte de esos hechos a la justicia y denunciar la inhumanidad de su amo, que demostraban las señales que tenía en su cuerpo, pero que no lo hizo hasta que tuvo la suerte de salir de la casa y contarlo todo al capitán del Partido; "... que ya habían pasado tantos días que su amo había ocultado lo que había quedado del cuerpo." Cuenta también que la esposa de su amo le decía muchas veces "...que no castigase más a Francisco, diciéndole: lo vas a morir y que su amo contestaba que no le daba cuidado ninguno"; y repite que el mulato Atanasio había visto los huesos, y también don Manuel Díaz (vecino y pariente de su amo) "y el conocido por Pepe el nuevo"; que su amo sólo tenía de esclavos a ella y al negrito Francisco; y preguntada "si su amo la instruye en la doctrina cristiana y por qué no ha recibido el agua del bautismo dijo que su amo jamás, porque sólo entiende en castigar pero que su señora alguna vez le había hecho rezar." 33 Entonces se puso "en depósito" a María Josefa en casa de un comerciante de La Habana -es decir, se le saca del dominio de su amo, para protegerla-y se nombró a dos ministros que debían pasar al Partido del Calvario para instruir allí de nuevo el proceso. En esta nueva fase, en el Partido donde tuvieron lugar los hechos, son interrogados dos vecinos de José Díaz, varios esclavos de éstos, de nuevo el mulato Atanasio y algún otro citado por la denunciante. Significativamente ninguno de ellos testimonió a favor ni en contra de Díaz: le conocen pero aseguran que no tienen amistad con él ni le visitan nunca; no han oído nada sobre si daba mal o buen trato a sus esclavos, saben "del paso que había dado la negra Josefa" pero no recuerdan de quién lo han oído, etc., y todo ello a pesar de que son vecinos. Uno de ellos, llamado Manuel Díaz, al que José se refiere como su pariente, se apresura a negar esa relación. Mientras tanto, el imputado Díaz se había trasladado a una población distante, Santa María del Rosario; un paso poco inteligente en su delicada posición y que, junto a los testimonios citados, hacía sospechar con fundamento que no tenía buena fama en su entorno. Por fin dan con Díaz y le vuelven a interrogar, negando de nuevo todas las acusaciones de su esclava. Incluso se produjo un careo entre los dos, reafirmándose cada uno en sus declaraciones. Por último, se le hace un examen médico a Josefa y se le encuentran diversas cicatrices y huellas de fuertes golpes en la cabeza. Entonces José Díaz, que no había recurrido a ningún abogado al no haber sido oficialmente imputado, solicitó al tribunal que se le devolviera la esclava o la depositaran en casa de unos parientes que le pudieran proporcionar otra en su lugar; pero el tribunal denegó la petición. Ante ello, Díaz envió un extenso alegato al tribunal para justificar su inocencia. Comienza acusando a María Josefa, que "...sugerida por algún espíritu maligno o lo que es peor, por un enemigo mío y de la humanidad, fugó de mi casa que era en el partido del Calvario y se presentó a la capitanía del de Managua, denunciándome que yo había hecho morir a azotes a su compañero Francisco, con otros atroces y criminales hechos, hijos del corazón más depravado." Continuaba con la típica acusación que solía hacerse en estos casos del esclavo: "Es incuestionable que todo esclavo es enemigo de su señor... y ese general motivo es uno de los principales que movieron a mi sierva a calumniarme, cuando apenas podía explicarse [alusión a que era bozal], disgustada también de que le corregía sus frecuentes faltas, reprimiéndole la vida licenciosa que trataba de tener". Por supuesto, continuaba, "en el partido donde he residido ha sido bien diáfana mi buena conducta moral y civil... la cual me pone a cubierto de esos horribles atentados que con impiedad se me han querido imputar, llevándose de calle mi acrisolado honor, del cual pueden salir garantes mis mismos jueces territoriales...", lo que no era precisamente cierto, como hemos visto. A pesar de esa buena fama, continúa, el teniente del partido instruyó la sumaria en cumplimiento de su deber, "más tan débil que no consiguió hacerme reo ni menos pudo ponerme las manos" (dando irónicamente la razón al fiscal); luego, el tribunal del gobernador convocó a antiguos y nuevos testigos que "nada atestaron a favor de la denuncia y sí esclarecieron mi inculpabilidad, según me han informado": lo primero era cierto pero no lo segundo. Para más afianzar el tribunal su indignación hizo comparecer a mi pobre consorte para examinarla, y se me careó con la esclava, que produjo en mi contra una relación aprendida (...) llena de impostura, falsedades y rencores... En este estado, señor gobernador, y como la calumnia siempre es terrible, hasta que se purifiquen los hechos..., abandoné mi hogar, trasladé mi domicilio a otra jurisdicción y me puse a cubierta de las asechanzas de mis enemigos, me atacaron enfermedades, me vi. cercano al sepulcro y por mucho tiempo he sido juguete de la fortuna de que ha resultado mi destrucción y la de mi infeliz familia. 34 Insiste a continuación en que los ocho o nueve testigos del caso nada han declarado en su contra, que los huesos resultaron ser de animal, etc., y afirma que tan atroz asesinato es imposible lo cometa "...quien se jacta de honrado y religioso y por lo que repugna la misma naturaleza". Pero a continuación, haciéndose eco del muy difundido discurso sobre el esclavo africano como un ser inferior insiste en que "...la negrita Josefa es de malas inclinaciones e indócil a mis correcciones paternales, ha sido en alguna ocasión preciso aplicarle algún moderado y suave castigo, reducido a unos latigazos y esta es la crueldad de que se queja y porque se ha marchado de mi casa en diferentes ocasiones. Y esos verdugones de su cuerpo son de su país nativo, como se ve comúnmente en los negros de África, y si no ha recibido el agua de bautismo no ha sido por falta de doctrina sino por ser sobradamente torpe." Por todo lo cual solicitaba que se sobreseyera la causa, se declarase falsa la denuncia de su esclava y se le entregara para enajenarla, aceptando que permaneciera "en depósito" mientras se efectuaba su venta. Tal como Díaz presenta los hechos en verdad es inocente. Los testigos no han dicho nada definitivo en su contra. En el careo cada cual se mantuvo en sus posiciones. Como las primeras diligencias fueron muy defectuosas, no se pudo averiguar si los restos examinados eran humanos o de animal. Evidentemente se manipularon las pruebas, se dejó que el tiempo pasase y se dio oportunidad a Díaz para preparar su defensa, pero el castigo se lo impuso él mismo cuando se mudó y se vio en ese estado que "ha causado la destrucción de su familia". Finalmente, el fiscal redactó sus conclusiones. Aunque su escrito comenzaba con una afirmación marcadamente prejuiciada -"Sentimos por principio que todo esclavo de uno y otro sexo es enemigo declarado de su amo..."-resume el caso con detalle preciso y objetivo. Su postura final, siempre sobre la base de la sospecha hacia Díaz, es una sincera declaración de impotencia ante la falta de pruebas evidentes: "... ya no encuentro otras (diligencias) que promover ni tampoco me puedo deducir contra Díaz porque lo dudoso favorece al reo y éste exige que la justificación del crimen aparezca tan clara como la luz del mediodía y prohíbe se juzgue y condene por indicios y conjeturas, mucho menos cuando la denuncia se haga por personas a quienes la ley prohíbe testificar como es el esclavo contra su señor...". Puede ser, afirmaba, que más adelante apareciera el negrito Francisco y todo se aclare. Y por último, "... en todo tiempo la verdad reluce, el patíbulo no pierde la presa y la justicia, aunque con pasos quedos, siempre llega donde los verdaderos criminales. Díaz lo será, acreditado el hecho y digno de severo castigo, pero no habiendo justificación, la misma ley que lo habría de condenar, lo defiende de que se le perjudique y extorsio-ne...". Por todo ello pide que termine el proceso, que Díaz pague las costas y que se le obligue a dar razón y presentar al negro Francisco si se lograra capturar, para que entonces se le absuelva de toda responsabilidad. 35 Es interesante que apele al precepto que dice que los esclavos no pueden declarar contra sus amos, cuando todo el caso se ha sustentado precisamente en la declaración de Josefa. En realidad los esclavos sí podían levantar una denuncia contra su dueño, quedando a criterio del juez su aceptación. Pero se ve obligado a recurrir al viejo precepto de las Partidas para dar cierta coherencia a su argumentación y poner fin a un proceso que no podía ir más allá. La sentencia, dictada por el capitán general Cienfuegos el 10 de diciembre de 1816, año y medio después de iniciarse la causa, declaró "...calumniosa la denuncia hecha por la negrita Josefa contra su dueño D. José Díaz y en su consecuencia no hay merito para continuar la causa, entréguese la referida esclava para su enajenación como pide, permaneciendo en el depósito hasta que se verifique su venta sin cuya constancia no la entregará el depositario al comprador; tásense las costas y páguelas el mismo Díaz". 36 En síntesis, aunque pueda parecer que no se hace justicia, la intención del fiscal es clara en el sentido de dar crédito a la acusación de María Josefa e intentar probarla y, en todo caso, el perdedor fue Díaz: no le entregan a la esclava ni le dan ninguna garantía por su valor, aceptando así por cierta la sospecha del maltrato que él negaba. Y aunque no se pudo demostrar la acusación y Díaz se libró del castigo, tuvo que pagar las costas, se vio obli-gado a dejar el Partido y a hacer gastos extras. Por otro lado, es significativa la actitud de los vecinos de Díaz: no le acusan, quizá por lo que algunos llamarían "solidaridad de clase", o porque no quieren dar pie a que sus propios esclavos se soliviantaran, pero al mismo tiempo, con su actitud de distanciamiento están sugiriendo su posible culpabilidad o al menos sembrando la duda: de ahí que Díaz sintiera manchado su "acrisolado honor" y arruinada su familia. Del estudio de estos expedientes judiciales se deduce que, en la Cuba de las primeras décadas del siglo XIX, el esclavo es sujeto y objeto de la justicia en una forma y grado similar al de los libres del común, especialmente en las causas graves. Es evidente que el esclavo tiene libre acceso a la justicia, que su testimonio es atendido y su causa juzgada de acuerdo con los criterios y procedimientos habituales del Derecho penal, e incluso encuentra letrados que le defienden con argumentos convincentes. Y todo ello a pesar de encontrarnos en un contexto socioeconómico marcado por el auge de la plantación esclavista, cuando habría que suponer un empeoramiento de la condición social y jurídica del esclavo. En última instancia uno se pregunta hasta qué punto el problema de la personalidad jurídica del esclavo ha estado más presente en la historiografía moderna que en la propia sociedad indiana. Y en todo caso, los ejemplos analizados vienen a confirmar la idea de que, como afirma De la Fuente, los dueños de esclavos de la América española nunca disfrutaron de un monopolio del poder sobre sus siervos como el que ejercieron sus homólogos de la América anglosajona. 37 Sin duda, en esto influyó decisivamente la tradición jurídica hispana y su aplicación en el sistema de gobierno jurisdiccional de la administración indiana. Una tradición jurídica y una práctica de gobierno que se insertaban en una cultura social donde la esclavitud se llegó a entender más como un estado legal transitorio que como una condición natural y permanente.
que se verán inmersos españoles residentes en las distintas regiones del país -bienes de difuntos intestados o sin familia en el Perú, conflictos políticos, problemas legales, fueran penales o de litigio en razón de sus actividades comerciales...-o de las gestiones de las autoridades consulares en solicitud de amparo ante decisiones de prefectos o subprefectos consideradas lesivas a sus connacionales. Se analiza el entramado legal que protegía a los españoles en el Perú, para comprender tanto los mecanismos de integración en el país, como aquellos que les llevaron a mantener la nacionalidad española, aún cuando hubieran tejido amplios intereses familiares y de negocios. La migración extranjera en el Perú republicano ha sido en gran parte incorporada al imaginario nacional como un referente del proceso de modernización del país iniciado al promediar el siglo XIX. Comerciantes, mineros, industriales, profesionales y técnicos procedentes de distintos países habrían renovado los intereses y actitudes de los sectores productivos del país andino, proceso en el que sería relevante el papel de la migración europea. 2 Tras la Guerra del Pacífico (1879-1884) se produjeron cambios sustanciales en las economías regionales, articuladas en torno al circuito lanero del sur, la minería del centro, la agricultura de exportación y las pujantes ciudades de la costa norte o los productos tropicales que dinamizaron la Amazonía y diversas zonas aledañas serranas, e incluso en las más diversas regiones del interior, donde los comerciantes, en muchos casos extranjeros, actuaban de agentes modernizadores. 3 La historiografía económica dependentista puso el énfasis en la penetración del capital internacional de la mano de agentes o casas comerciales inglesas y norteamericanas. 4 Los estudios migratorios han señalado la complejidad del proceso, en el que, por ejemplo, los italianos constituían un sector dinámico de pequeños y medianos industriales, artesanos o agricultores,5 los japoneses serían incorporados como peones en las haciendas costeras o abrirían al comercio los otrora mercados tradicionales en las ciudades rurales del interior6 o los chinos, inicialmente incorporados como mano de obra barata en las haciendas costeñas o en la extracción guanera, ocuparían espacios de mayor diversificación económica, como en actividades agrarias en los frentes colonizadores tropicales. 7 En el caso que nos ocupa, la influencia y desencuentros entre España y el Perú republicano ha sido analizada desde la historia diplomática, 8 aunque sólo en fechas recientes se ha abordado el estudio de la migración española, 9 sus características 10 y sus actividades profesionales o económicas, 11 apuntándose su presencia en las diversas regiones del país andino. Nuestra aportación irá en el sentido de centrarnos en quienes se asentaron fuera de Lima, en las más diversas regiones, y analizar el entramado legal que protegía a los españoles en el Perú, para comprender tanto los mecanismos de integración en ese país, como aquellos que les llevaron a mantener la nacionalidad española, aún cuando hubieran tejido amplios intereses familiares y de negocios. La documentación consultada es fundamentalmente el fondo de Prefecturas del Ministerio de Relaciones Exteriores peruano, complementada con los fondos relativos al Perú conservados en los Archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores y General de la Administración de España. En las últimas décadas del siglo XIX se fue tejiendo una amplia red de representaciones consulares españolas distribuidas por casi todo el Perú. Su número fue creciendo a la par que aumentaba el número de migrantes españoles que se afincaban a lo largo del país, debido a la atracción que presuponía el paulatino auge de nuevos polos de desarrollo. Aparte del Consulado de Lima y el Callao, se crearon otros en las siguientes ciudades: en el norte en Trujillo, Chiclayo, Lambayeque, Pacasmayo, Paita, Sullana, Cajamarca e Iquitos; en el norte Chico, en Huacho, Pacasmayo y Chimbote y en la costa central en Pisco; en la Sierra Central en Cerro de Pasco y Huancavelica; en el sur andino en Arequipa, Mollendo, Islay, Tacna y Arica hasta la ocupación chilena, y Cusco. Martínez Riaza, Ascensión: "La lealtad cuestionada. La mayoría de vicecónsules y cónsules honorarios fueron escogidos entre quienes habían logrado una cierta posición social y económica en los distintos departamentos como hacendados, industriales, mineros o comerciantes, quizás porque se presuponía que por ello gozaban de prestigio y reconocimiento ante las autoridades peruanas y dentro de la comunidad de migrantes españoles. Y serían ellos los encargados de defender los intereses de los españoles que se vieron implicados en diversos actos judiciales o que consideraban lesionados sus intereses ante la representación diplomática española o ante las autoridades regionales y el Ministerio de Relaciones Exteriores peruanos. Garantías administrativas y penales a españoles No es fácil establecer la casuística de las competencias consulares en defensa de los intereses de los ciudadanos españoles ante las autoridades competentes peruanas. De entrada la documentación no siempre es precisa en la descripción del origen del litigio,13 en otros casos da la sensación de que tuvieron cabida desde los casos más peregrinos, como muestra el reclamo de una maleta por el súbdito español Antonio Carrera desde Chiclayo,14 la petición de provisión de pasajes a familiares o allegados para cruzar el Atlántico15 o que Marcos Moreno pidiera una intercesión que evitara la demolición de parte de su casa en Trujillo, afectada por el trazado de una nueva calle. 16 A otra escala, la intervención consular defendió que se hiciera justicia en casos luctuosos, que afectaran o implicaran a españoles. El primer supuesto se dio en el del homicidio de la familia compuesta por Simón Galdeano, su hermana María y el esposo de esta, Fernando Aguilar, así como los hijos de los dos últimos, Antonio y Cecilio, junto la esposa embarazada del segundo, Angustias, y sus hijos Francisco, Cecilio y Antonio, además de Juan B. Linares, empleado de confianza y peruano, y uno de los autores, Pedro Chumbe, ocurrido los días 9 y 11 de noviembre de 1917. Los autores materiales del magnicidio fueron Tobías Meléndez, Guillermo Navarro y J. Zacarías Ramírez, instigados por Fabián Torres, suegro de Meléndez y Ramírez, quienes además saquearon la finca, robaron dinero y varios objetos y tiraron los libros de contabilidad al río, actuando supuestamente porque les pagaban a bajo precio sus productos. El 24 de noviembre de 1917, el vicecónsul en Iquitos, José Altimira, pedía el castigo ejemplar de los criminales, "pues de lo contrario será imposible que las familias y particulares españoles residan en este país puesto que por fatalidad siempre suceden casos que quedan impunes".17 El alegato tenía algo de premonitorio, ya que en 1922 la Legación española reiteraba la petición, a instancias del cónsul en Iquitos, ante el Ministerio de Relaciones Exteriores, adjuntando la memoria anual del presidente de la Corte Superior de Loreto, Wenceslao Pinillos Rossell, en la que se podía leer que la causa se había pospuesto debido a la falta de recursos para costear el desplazamiento y comparecencia de testigos claves. 18 Varios españoles se verían acusados o envueltos en diversos delitos penales, que se pueden tipificar desde pequeños robos, conductas vistas como antisociales u homicidios, En todos los casos los agentes consulares o la Legación española se interesaron por su causa ante los tribunales de justicia, o fueron informados directamente por las autoridades peruanas para que obraran en consecuencia. El primer supuesto tuvo como protagonista a Joaquín Masías, acusado de hurto de metal en 1914 y de dedicarse a la venta de pequeñas especies robadas, cuyo proceso se alargó al implicar Masías a otra persona, que no pudo ser identificada, por lo que la Legación de España llegó a interesarse para que se resolviera en uno u otro sentido la causa penal. 19 El segundo afectó a Pedro García Pardo, a quien las cosas no le fueron muy bien en el Perú, al menos así parece traslucirse de los informes que sobre él dieron las autoridades del Callao. Calificado de sujeto indeseable y de carecer de ocupación lícita, se vio implicado en una larga sucesión de incidentes: pelea y lesiones (10 de febrero de 1932): ebriedad y escándalo (26 de septiembre 1933); agresión, uso de armas y robo (8 de octubre de 1933); ebriedad, agresión, lesiones y escándalo (26 de setiembre de 1936); detenido y fichado por la Brigada de Extranjería por infracción a la Ley de Extranjería (7 de enero de 1937). A la vista de los antecedentes y de carecer de documento alguno de identidad, fue internado en la Colonia Penal El Frontón, aunque al afirmar ser español y natural de El Ferrol, se comunicó su situación al Ministerio de Relaciones Exteriores. 20 En sendos casos de homicidio se acusó a españoles de haberlos cometido. El primero tuvo lugar en 1903, cuando en el transcurso de una reyerta entre el español Ramón F. Sánchez, el peruano Julio Caballero y el chino Juan Muggi, resultó muerto éste último, siendo puestos los otros dos a disposición judicial. Entre versiones encontradas, la Legación española defendió que Sánchez actuó en defensa propia,21 contra la opinión del subprefecto que atribuía a Sánchez y Caballero el asalto y muerte de Muggi en las alturas de Yanahuanca, cerca de Cerro de Pasco. 22 En el segundo caso, sólo conocemos el informe del Ministerio de Relaciones Exteriores peruano del asesinato cometido el 15 de febrero de 1919 por un tal Alonso contra su ex socio, el súbdito belga Teofilo Martheleare, comerciante de caucho en los ríos Alto Piedras, Tahuamanu y quebrada Alto Canales afluente Tahuamanu, en el departamento de Madre de Dios. 23 En ocasiones fueron las autoridades peruanas las que recabaron la ayuda de la representación española para resolver algún conflicto en el que intervenía la jurisdicción eclesiástica, como ocurriría en el caso de Antonio Regnard Maciá, natural de Tarragona, denunciado en 1929 por el obispo de Arequipa porque había abandonado sus obligaciones como cura de Cojata (Puno), residiendo en Arequipa vestido de seglar; la Prefectura, tras proveerle del carnet de extranjería, le había retenido sus documentos, que fueron puestos a disposición de la representación consular española. 24 En Paita, producto de la realidad o del rumor, se acusó en 1910 a un "individuo de nacionalidad española", no identificado en la documentación, de ser el responsable de la desaparición del escudo del Consulado de Ecuador, cuando "en estado de embriaguez recorrió las calles apartadas amenazando vengarse del Cónsul por no haberle prestado un servicio que le pidió durante el día". 25 Si en los casos comentados hubo una amplia casuística en la que o bien agentes consulares o la Legación española se interesaron por asuntos conflictivos en los que se veían envueltos sus conciudadanos, o bien eran las propias autoridades peruanas las que les informaban en todo momento de los sucesos en que se veían comprometidos migrantes españoles, sería la defensa de sus intereses económicos, como veremos a continuación, la que ocuparía la mayor parte de sus desvelos. La defensa de los intereses económicos de ciudadanos españoles Una de las competencias, no menor, de los agentes consulares fue el velar por la defensa de los intereses de los migrantes difuntos y de sus herederos. En aquellas ciudades o zonas donde no existían representantes consulares, eran las autoridades locales y regionales quienes daban aviso al Ministerio de Relaciones Exteriores para que se informara a las autoridades españolas competentes. 26 En conjunto existían una serie de procedimientos y garantías que hemos constatado que se aplicaron en múltiples casos documentados, ya que a pesar de que en cierta documentación conservada en ese Ministerio del Perú sólo consta la noticia del fallecimiento de súbditos españoles, 27 en otros casos se adjuntaba una sucinta información sobre los bienes que legaba, si había muerto o no intestado, a quien se encargaba la administración de la testamentaría en caso de no existir Consulado español en la demarcación y/o a quien se hacía depositario de los bienes habidos. 28 Si bien los casos consultados muestran una tendencia de respeto absoluto de los intereses de los súbditos españoles fallecidos, hubo alguna queja ante supuestas trabas que encontraba algún vicecónsul para hacerse cargo de los bienes de cierto súbdito ab-intestato. 29 Las causas por las que un inmigrante consideraba que se habían vulnerado sus derechos o intereses económicos fueron de muy diversa índole: contratos suscritos entre partes que no habían sido cumplidos oportunamente o a satisfacción del interesado o debidos a la inseguridad jurídica en que se movían los inversores. Como muestra señalaremos dos casos, el que afectó al presbítero Juan de Dios Gallego Merino y el que involucró al artista Nicanor Álvarez. En el primer caso, tras regresar a España, Juan de Dios Gallego Merino pidió que el Consulado interviniera para hacer cumplir el contrato de venta de una casa suya en Tumbes, ya que al no tener representante legal en el Perú, se había puesto en remate, luego que, tras no haberse pagado lo estipulado, se pretendiera en un segundo momento devolvérsela ya en su ausencia. 29 Tal fue el caso denunciado por el vicecónsul en Trujillo, Antonio Bradariz, por obstrucción de las autoridades judiciales para que pudiera hacerse cargo, previo inventario, de los bienes de Juan Manuel González, fallecido en mayo de 1894. 30 Ibidem, 6 -13, Jaime Ojeda, Legación de España en Lima, a Alberto Salomón, ministro de Relaciones Exteriores, Barranco, 17 de abril de 1925. acuerdo de abonarle 2.500 soles de plata, parte a la firma del contrato y parte a la entrega de la obra. Como no estuvieron contentos con la obra entregada, al punto que creyeron conveniente perfeccionarla y pulirla por manos del constructor Héctor Castro, se negaron a cancelar lo estipulado inicialmente. Para solucionar el desacuerdo y que se le pagaran sus haberes, Álvarez recurrió a la vía consular, por la que se le contestaría que debería haber recurrido previamente al Juzgado de 1.a Instancia de Cajamarca. 31 Un asunto de competencia, con denuncia por abuso de autoridad y petición de defensa de sus intereses, se evidencia en la reclamación efectuada en 1892 por los mineros Jaime Garreta y José López Salcedo contra Esteban Lagurtegui, subprefecto de la Provincia de Huarochirí. Garreta, dueño de varias minas, se sentía hostilizado tanto por disensiones en el amparo de varias minas, como por el embargo de un cajón de metales, sin orden judicial alguna, ni la intervención preceptiva de la Diputación territorial de minería. A su vez, López Salcedo debió interrumpir sus labores en el distrito de San Mateo, al aplicarse sólo a sus peones la ley de Conscripción, contra lo que establecía la ley de minas que contemplaba tal supuesto únicamente en caso de guerra. El 2 de agosto de 1891 tuvieron que interrumpir los trabajos en la mina Urresuría, en las alturas de Pomapongo (Surco), al ser atacados con armas de fuego "por asesinos conocidos por todo el pueblo y todas sus autoridades". La raíz de tal encono por parte del subprefecto provenía de la compra por parte de Garreta, con la intervención de López Salcedo, de la mina El Progreso, lo que había desbaratado los planes del subprefecto, quien la pretendía para un hermano suyo. En suma, López Salcedo pedía en compensación por daños y perjuicios la cantidad de 1.500 soles, valor de las pérdidas por la paralización de sus minas y la suspensión de la exportación de metales a Europa, 32 más 150 soles por cada día que continuaran afectados sus intereses. 33 Algo parecido se intuye en el caso del ataque de la sucursal de los comerciantes Garagurri y Cía. en Tayabamba, efectuada en 1903 "por una indiada enca-31 Ibidem, 2 -O -E, 1924, José Fidel Vergara al Señor Ricardo Revilla Pérez, prefecto de Cajamarca, s.f.; Copia del Contrato entre Nicanor Álvarez y el señor presbítero José Fidel Vergara Torres, presidente, y con el señor Juan del C. Correa, tesorero de un comité organizado en la ciudad de San Pablo el 13 de marzo de 1882, San Pablo, 3 de septiembre de 1923. 33 AGA, 71/11912, José López Salcedo, Lima, 9 de enero de 1892 pidiendo garantías y reclamando daños y perjuicios; ibídem, Jaime Garreta, Lima, 27 de enero de 1892. bezada por un Señor Zegarra", porque, al parecer, le hacían competencia a su negocio. 34 Nos han llegado versiones disímiles sobre algunos litigios, según fueran de fuente de las autoridades locales o de los propios migrantes interesados, como muestran los siguientes ejemplos. En torno a 1910 se incoaría juicio militar a Tomas Rodríguez, acusado de resistencia armada, en unión de Julio Gálvez y Antonio Oliveiro, al acto de desahucio del fundo San Regis, Provincia de Bajo Amazonas. 35 Tres años más tarde Rodríguez pidió protección y amparo, puesto que tras haber obtenido sentencia favorable de la Corte Superior de Justicia, no lograba retomar la posesión del fundo, a pesar de haberlo intentado en compañía del juez de 1.a instancia y gendarmes, por la resistencia de sus ocupantes, unos señores Rocha. 36 En otro caso, la colonia española de Huancayo presentó en 1914 una queja ante la falta de garantías que padecían por el trato que les deparaba el subprefecto. Éste, sin embargo, informó que el malestar obedecía al arresto de Ramón Ruiz, tras haber contestado de forma intempestiva cuando se le citó para que respondiera sobre la instalación de dos máquinas peseteras, sin la licencia preceptiva. 37 Se llegó a reclamar al Estado peruano por cambios en su política fiscal que se presuponía que atentaban contra las inversiones hechas aprovechando determinadas exoneraciones, como muestra el caso de la empresa Lambarri y Cía. del Cusco, y en su representación N. García, María Lambarri Forga e Irene Lambarri Forga, quienes en 1923 aducían verse afectados por la derogación de la ley de exoneración por cinco años del impuesto fiscal a los alcoholes producidos en los valles de Paucartambo, que debía regir hasta 20 de febrero de 1925. Según la compañía, ante la situación favorable que se presentaba y que permitía sortear los altos costes de transporte por la distancia y el mal estado o inexistencia de caminos, había denunciado varios terrenos de montaña en Paucartambo -fincas Iberia, Pelayo, Ollantay y Balmaceda-e invertido 38.386.1.61 Lp para rozarlos, plantar caña de azúcar, instalación de maquinaria, aperos y cons-34 ACMRREEP, Legación de España, 5 de mayo de 1903. 35 trucción de viviendas para los operarios. Sin embargo, aseguraban que justo en la etapa inicial, cuando se habían visto obligados a afrontar la mayor parte de las inversiones necesarias, se había producido el cambio legal, lo que sólo podía suponerles mermas en sus expectativas de beneficios, por lo que, en caso de que el gobierno persistiera en tal política, Lambarri y Cía. exigía que: a) se les indemnizara por el total invertido; b) se adquirieran por la recaudadora sus productos a 35 soles por quintal en Cusco o 42 soles en Sicuani, libres de impuestos locales o regionales; o c) se les concediera, en compensación, el estanco de alcoholes en Sicuani; como consideraban que ninguna de las tres posibilidades produciría beneficios, al menos se evitaría la ruina de la empresa. 38 En realidad Lambarri y Cía. aportaba una información cuanto menos parcial, amagando la realidad, ya que habían adquirido derechos sobre las fincas Iberia, Pelayo, Ollantay y Balmaseda en pleno funcionamiento, incluida la maquinaria para destilar alcoholes, tras ejecutar una hipoteca suscrita a su favor por su propietario original, el cauchero gallego Bernardino Perdiz. Éste era, junto al asturiano Máximo Rodríguez González, uno de los mayores caucheros de la vecina región del Madre de Dios. 39 La crisis del caucho le afectaría, como a tantos otros, sumiéndole en un cúmulo de deudas, que, para el caso que nos ocupa, ascendían con la firma Lambarri y Cía. a 307.650,05 soles, 147.487,71 de ellos por el envío de mercancías, pago de letras giradas por él mismo a favor de dicha casa comercial y otros productos entregados a cuenta en consignaciones de caucho y los 160.162,44 soles restantes de resultas de haberle prestado mercancías y dinero para "la instalación y cultivos" de las haciendas Iberia, Pelayo y Ollanta, lo que le obligó a transferir las haciendas Iberia y Pelayo a favor de Lambarri y Cía. Con fecha de 14 de marzo de 1919 y, posteriormente, el 16 de octubre de 1920 se comprometió a seguir explotando las fincas, aportando para ello "todo su personal indio, compuesto de más de 200 personas, cuyos jornales atenderá con sus intereses del Madre de Dios", garantizando la casa Lambarri que seguiría habilitando a Perdiz con cargo a un préstamo de 2.500 soles mensuales a un interés mensual del 1%, que debería ser cancelado al siguiente mes con los productos obtenidos, sobre cuya comercialización adquirían derecho exclusivo; 40 el 27 de octubre de 1920 se gravó el fundo Ollanta con 7.650 soles, al 1% mensual, fundo que pasaría en 22 de marzo de 1922 a ser propiedad de María Julia de Lambarri de Villaseñor y de María Irene de Lambarri Forga para saldar 20.000 soles del total de la deuda con Lambarri y Cía., cuyo total ascendía por entonces ya a 330.255,75 soles. 41 Mariano Querol Pasamón, natural de Orgaña en Lérida, solicitó los buenos oficios de la Legación española para que se le expidiera definitivamente el título de propiedad de 400 hectáreas, la finca Isona, en los valles de Paucartambo. El trámite se había complicado porque Bernardino Perdiz había objetado tal concesión alegando que él llevaba diez años explotando esas mismas tierras, bajo la denominación de Villacarmen y, a pesar de que el gobierno peruano había reconocido el mejor derecho de Querol, no lograba que se cerrara definitivamente el caso en su favor, por lo que pedía la intercesión de la Legación española. 42 En este caso, el cruce de informaciones, nos lleva a presuponer que algo tuvo que ver con los entresijos de la deuda del cauchero Perdiz con la firma Lambarri y Cía., ya que M.a Irene Lambarri Forga se uniría, en segundas nupcias, con Mariano Querol. El caso descrito evidencia una actuación que se situaba entre la mala fe y las verdades a medias para lograr posiciones ventajosas, a lo que se añade que la familia Lambarri había controlado, hasta fechas muy recientes y durante casi un siglo, el Viceconsulado español en el Cusco. En otros casos la estrategia de algunos empresarios españoles pudo ser la de mantener y hacer valer su nacionalidad y condición de país neutral, como una opción que les permitiera capear los momentos de crisis internacionales que les pudieran afectar. Al menos ello se evidencia en el caso de la firma Barcia Hermanos, una de las grandes casas comerciales al por mayor de 40 Archivo Regional del Cusco, Protocolos Notariales, José Alosilla, Protocolo 24, 1920, n.o 1164, ff. A su vez, la firma Lambarri y Cía. hipotecó la finca Ollanta a favor de Amsinck y Cía. Inc. de Nueva York por 10.000 soles, importe de la mitad del saldo que le adeudaban, a abonar en cinco dividendos a partir del 15 de octubre de 1924. Posteriormente, la arrendarían a la Sociedad Agrícola del Tono, representada por su gerente la casa Establissements Braillard S.A. por 5 años forzosos y 5 más voluntarios para los locatarios y forzosos para los locadores, a cambio de un canon del 5% del producto de la renta de alcoholes, incluyendo lo producido en Iberia, Pelayo y Balmaseda. 42 ACMRREEP, 6 -13, Nota N.o 22, Jaime Ojeda, Legación de España en Lima, a Alberto Salomón, ministro de Relaciones Exteriores, Barranco, 18 de abril de 1925, adjunta copia de la petición de Mariano Querol a Jaime Ojeda, ministro de España en Perú, Lima, 16 de abril de 1925. Iquitos, propietaria de gomales -fundos Galicia, Puerto Socorro, Préñaley dedicada a la extracción de caucho, de lejos el mayor contribuyente de origen español en Loreto. 43 En plena Primera Guerra Mundial se les decomisó en Liverpool un envío de 20.404 kilos de caucho, valorados en Iquitos en 4.070 libras, fletados en el vapor Atahualpa de la Compañía Booth y a la consignación de Alberto Winkelmann con destino al puerto de Hamburgo. Los socios de la empresa, José y Generoso Barcia Bonet y Eduardo Porto, originarios de Padronos en Puenteareas, Pontevedra, alegando su nacionalidad y la neutralidad española en el conflicto bélico, pidieron una indemnización de 10.000 libras del gobierno inglés para resarcirse del importe de lo confiscado, de la paralización del capital, gastos de protestos y de la pérdida de confianza de su compañía. Este es uno de los pocos casos en que hemos constatado que no se recurrió a las autoridades consulares, sino que los Barcia intercedieron ante el diputado Rodrigo Soriano Domínguez, quién comunicó el caso al ministro de Estado, marqués de Lema, 44 quién instó a que interviniera la representación consular en Londres. El caso era complejo ya que las autoridades inglesas desestimaron la vía consular, derivándolo a la judicial y, en concreto, al Tribunal de Presas, ya que éste había condenado las mercancías y las había subastado. A fines de 1915 los reclamantes estimaban posible que se aceptaran nuevas pruebas, que demostraran que el caucho pertenecía a neutrales. Los españoles y sus bienes en el devenir de la política peruana Las convulsiones políticas del Perú afectaron, como no podía ser de otra forma, a españoles asentados en el país y a sus bienes. Si algunas reclamaciones son testimoniales y parecen indicar que sólo afectaron a unos pocos, en determinadas coyunturas el número de perjudicados fue mayor, por lo que, tras mencionar una serie de casos aislados y ocurridos en distintos momentos, dedicaremos apartados específicos a las reclamaciones de reparaciones como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1884), la Guerra Civil (1894-1895) y la revolución federal dirigida por el capitán Guillermo Cervantes en Iquitos (1921). La intervención de los españoles en asuntos de política interna fue bien o mal vista, según cual fuera la situación en la que se implicaron. La defensa de la causa peruana en Tacna, costó la expulsión por parte de las autoridades chilenas de Basilio Iriarte y Bartolomé Pons, un acto que les valdría el apoyo del gobierno peruano, que asumió el coste de su repatriación a territorio peruano. 46 Peor le fueron las cosas a Feliciano del Álamo, que sería detenido y juzgado en 1909 por haberse inmiscuido en las elecciones de mayo de ese año efectuadas en el distrito de Ollantaytambo en el Cusco; un hecho que mereció la protesta del vicecónsul Isidro Lambarri al considerar que había evidencia de abuso de autoridad por parte del jefe provincial de Urubamba y maltratos obrados por Guillermo Rozas, quién había actuado armado y a las órdenes del anterior. 47 En algún caso, como el que comentamos a continuación, se trata de daños colaterales debidos a una pugna de la que supuestamente se era ajeno. Pedro Castillón y Penella, radicado en Mollendo, vio como, en 1893, su casa era saqueada en el transcurso del asalto e incendió de la Logia masónica Paz y Trabajo n.o 21, aledaña a sus aposentos, donde se celebraban los funerales masónicos en memoria del que fue Emilio Cazorla. 48 En 1894 se le resarció con 700 soles por parte del Estado peruano en concepto de los bienes que había perdido. 49 En otros casos parece traslucirse la quiebra de rancias tradiciones, cuestionadas por la llegada de nuevas gentes y formas económicas, una hipótesis que podría ayudar a comprender el ataque en sus respectivos domicilios a los súbditos español e italiano Ignacio Fontenla y Leopoldo Arte, comerciantes radicados en Sihuas, el 28 de enero de 1893, dirigido por el gobernador del pueblo Marcelino Valverde y por Amadeo Rivera al frente de un número considerable de gente armada, al grito de "mueran los gringos", por lo que se pidió la protección por vía consular del subprefecto de Pomabamba. 50 En otros casos la información es sumamente escueta, mostrando sólo un conflicto evidente con las autoridades regionales, como aparece en las demandas de garantías que llegarían ante el Ministerio de Relaciones Exteriores por parte de Eugenio y Antonio Carrera, desde Chiclayo, quienes en 1900 consideraban que "fueron victimas de un atropello por parte del entonces subprefecto, Don Manuel Lastanau"; 51 y en torno a la detención supuestamente arbitraria del Dr. Mendieta en Tarapoto, seguida de la protesta de los españoles residentes en dicha ciudad denunciando los procedimientos empleados contra ellos por el subprefecto Mayor Calvo, e insistiendo en que Mendieta "jamás intervino en política". 52 En la década de 1920 las reivindicaciones indígenas fueron una constante en varias regiones del Perú. No fue extraño que determinados intereses de ciudadanos españoles se vieran afectados. En algunos casos es difícil, por lo escueto de los datos aportados en la documentación oficial, saber cual era la causa del conflicto, pero es posible ver tras la detención de Manuel Fernández en Abancay y el saqueo de sus propiedades, valoradas en 20.000 Lp, "merced a intrigas y calumnias de un señor Diputado llamado Gutiérrez, que lo ha acusado de detentar armas" un altercado de raíz política, más en una coyuntura dominada por importantes conflictos agrarios. 53 Salustiano Olivares, dueño de las haciendas Yanarico, Ayagache, Cotan, Alpayoco y del lavadero de lanas en Calamillas en Lampa (Puno), quien en 1921 pidió amparo inicialmente contra "los desmanes y atropellos de los indios" y, en una segunda ocasión, convencido de que se estaba preparando "un levantamiento de la indiada para el día dos de noviembre". Se sentía indefenso, ya que no había recibido las garantías esperadas por parte de las autoridades y, por ello, solicitaba la remisión de fuerzas del orden para proteger sus propiedades, de las que ya habían huido por temor sus empleados, a cuyo pedido la Legación española intervino para recomendar verbalmente la defensa de sus intereses ante el gobierno peruano. 51 Salustiano Olivares Ballivián, 55 era considerado por la representación consular española como perteneciente a "la gente pudiente y que ocupa cierta posición". 56 Con vínculos familiares en Arequipa y La Paz desde el periodo colonial, 57 cuyos antepasados directos emigraron tras la independencia, pareciera que no por ello dejaron de administrar desde la distancia sus propiedades, como se evidencia de una reclamación anterior a la que nos referiremos, al tratar las consecuencias de la Guerra del Pacífico, para asumir personalmente su dirección coincidiendo con el boom lanero. En 1921 Puno se hallaba inmerso en un amplio conflicto cuyas raíces cabe situar en la caída de los precios de las lanas y en la subsecuente crisis agraria, aquejada además por la disímil estructura de la propiedad y las duras condiciones laborales y serviles que padecían las comunidades campesinas. Coincidiendo con la política indigenista de la primera etapa del Oncenio de Augusto B. Leguía, se produjo una amplia movilización social, articulada en torno a las actuaciones de la Comisión Especial de Investigación de la Cuestiones Indígenas del Sur de la República, al Comité Pro-Derecho Indígena Tawantinsuyo, en cuyo transcurso se produjeron varios asaltos a haciendas y represiones luctuosas contra los indígenas puneños. 58 Fue en ese contexto cuando Salustiano Olivares pidió apoyo a 55 Nieto del brigadier Julián de Olivares y Manzanedo, cercano al general Espartero, e hijo de Salustiano de Olivares y Surlin Manzanedo y Careaga (+Madrid 1875) y de Victoria de Ballivián Guerra (La Paz, 1838-1913). 56 Martínez de Velasco, Ángel: "Relaciones hispano-peruanas durante la dictadura de Primo de Rivera: El centenario de Ayacucho", Quinto Centenario, 2, Madrid, 1981, pág. 182. 57 Estaba casado con la arequipeña Elvira Marcó del Pont y era padre de una numerosa prole. Su hermano Julián, I conde de Artaza, sería diputado conservador por Alcántara (Cáceres, 1914-1915) y gobernador civil de Guipuzcoa (1917), su hijo José Manuel de Olivares y Bruguera sería además II marqués de Murrieta, al heredar títulos y posesiones de su tío Luciano Francisco Ramón de Murrieta García Ortiz y Lemoine (Arequipa 1822, Logroño 1911); tras la independencia del Perú permanecería un tiempo junto a su tío el general Rivero, si bien posteriormente emigró a Londres, donde su familia se había radicado, junto a su tío y banquero Cristóbal Pascual de Murrieta y Mello, y posteriormente ingresaría en la carrera militar, llegando al grado de coronel de caballería, y vinculado al general Espartero, de quién fue ayudante de campo, le seguiría al exilio londinense entre 1843-1848, de cuya intercesión ante Amadeo de Saboya lograría su título nobiliario y se afincaría como éste en La Rioja, donde sería uno de los renovadores de la industria vitivinícola a mediados del s. XIX. Las referencia sobre su familia directa de la comunicación personal de José Rey de Castro y sobre su hermano en: Ruiz Rivas, Luis Fernando: Análisis histórico de las instituciones y realizaciones socioeducativas del ayuntamiento logroñés desde la ley Moyano hasta la ley Villar Palasí (1859-1970), tesis doctoral, Universidad de La Rioja, Logroño, 2003, págs. 109-113; véase su papel en la política en: Archivo Histórico de Diputados, 1810-1977, www.congreso.es. 58 Kapsoli, W.: Ayllus del sol: anarquismo y utopía andina, Tarea, Lima, 1984; Flores Galindo, Alberto: Buscando un Inca: identidad y utopía en los Andes, Editorial Horizonte, Lima, 1988; Renique, José Luís: La batalla por Puno. Conflicto agrario y nación en los Andes peruanos, IEP-SUR-CEPES, Lima, 2004. las autoridades consulares españolas, al mismo tiempo que, ante el temor a que sus posesiones fueran invadidas o que se produjera una sublevación, exhibió en todas sus haciendas carteles en que hizo constar su condición de español para evitar cualquier desmán que pudiera afectarle. 59 Guerra del Pacífico (1879-1884).-Varios españoles se vieron inmersos en el fuego cruzado de la violencia chilena y la exigencia de empréstitos por parte de las autoridades chilenas o peruanas para sostener la guerra. 60 A continuación se relatan los casos que han podido ser documentados y que afectaron genéricamente a varios españoles, entre ellos a Ángel Ruiz en Trujillo, a Ramón Tovía Monasterio y a los mineros españoles en Cerro de Pasco, a varios comerciantes de Pisco, al conde de Guaqui en Arequipa, a Constantino Martínez del Pino en Tacna y a la viuda e hijos de Olivares en Puno. En Trujillo, los intensos combates entre partidarios y contrarios del general Iglesias, que había firmado el Tratado de Ancón con Chile, culminaron en un saqueo indiscriminado, sin que lograran quedar al margen el conjunto de los negocios que para defenderse, e identificarse como de propiedad de ciudadanos extranjeros y neutrales, enarbolaron la bandera española, lo que dio pie a una serie de reclamaciones, sobre todo la relativa a la ocupación por las tropas del coronel Puga del edificio del Viceconsulado, edificio de propiedad de un señor Yturregui. 61 A lo antedicho se sumaría el caso de Ángel Ruiz, funcionario en excedencia del Cuerpo Facultativo de Telégrafos de España, a quien el devenir de la guerra dejó sin sus emolumentos fijados en el contrato que le ligaba al gobierno peruano por cuatro años para encargarse del telégrafo, y sin que pudiera reincorporarse a su puesto en España. Sus sucesivas reclamaciones en 1881 ante el gobierno formado en La Magdalena; ante el ministro Dulanto, al paso de Iglesias por Trujillo, o tras la paz, en 1893 y 1896, no surtieron efecto, prolongándose su situación a la espera de que el Congreso contemplara una partida específica o se firmara un empréstito para atender tales reclamaciones. 62 En Cerro de Pasco fue asesinado Ramón Tovía Monasterio en la hacienda Angascancha por tres soldados chilenos la noche del 25 de mayo de 1882. Su herencia ascendía a 50.830 soles en billetes fiscales, que el Juzgado de 1.a Instancia depositó en la persona de Pedro Mies. En 1886 el prefecto Guillermo Ferreyro ordenó que dicha cantidad se le entregara para los gastos de guerra, siendo ingresada en la caja fiscal. Por resolución suprema del presidente de la República se reconoció en 25 de mayo de 1893 que tal cantidad se había depositado en calidad de crédito, por lo que se reconocía el derecho de devolución de 2.633,67 soles de plata a sus herederos. 63 En 1903 se logró desencallar la reclamación, pendiente de resolución ante el Congreso, tras la intercesión del vicecónsul en Cerro de Pasco y de la Legación española, alegando que "por su naturaleza del crédito no hay lugar a su consolidación y pago en bonos de la deuda interna", 64 llegándose a firmar en 1903 un Protocolo de Reconocimiento de deuda. 65 Los mineros españoles de Cerro de Pasco fueron conminados por el prefecto Guillermo Ferreyros a entregar un cupo mensual destinado a sostener a las tropas comandadas por el general Andrés Avelino Cáceres. En la práctica se justificaba el impuesto extraordinario como contrapartida de la exención del servicio militar obligatorio de los operarios a su servicio. Sin reconocerles sus derechos, se estaba recaudando por la vía de apremio, con la amenaza de que se les incrementaría en un 2% si no lo abonaban en el plazo de un mes. En su alegato, los mineros recordaban que las leyes internacionales les avalaban, ya que como ciudadanos de un país neutral debían estar exonerados de impuestos extraordinarios, como había reconocido el propio gobierno chileno, al eximirles durante la ocupación del Departamento en 1881 y 1882 de los impuestos extraordinarios sobre el comercio, la industria, las haciendas y los operarios peruanos adscritos y matriculados, gravámenes que sólo impusieron a los peruanos. La reclamación iba firmada por L. Gallo, Francisco Martinench, Tomás Aldecoa, José F. Gallo, Pedro y Gerónimo Gallo, Manuel Clotets, propietarios o administradores de las haciendas minerales San Miguel de Paria; Yuraganca, Huanca y San José de Bellón; Santa Teresa, Santa Rosa, Quivillata y Pampaverde; San Francisco, Yanamachay y Belén; San Antonio de Tulluranca, Tulluranca y Carmen. 66 El senador español de origen arequipeño, conde de Guaqui, reclamó a través de su apoderado, José Antonio Vivanco, que se le indemnizara por los bienes que se vieron afectados cuando las tropas chilenas del batallón Curicó, al mando del comandante Carvallo Orrego, se instalaron en 1883 a modo de cuartel en una de sus propiedades, el palacio de Huasacache, a pesar de la placa que rezaba en la puerta principal "Casa del ciudadano español Conde de Guaqui". 67 Constantino Martínez del Pino, residente en Tacna, suscribió con el general en jefe del ejército a principios de 1880 un contrato para proveerle de calzado por un importe de 3.800 soles. Aún en 1891 y 1899 reclamaba por la vía consular que se le abonara la deuda, tras haber perdido la esperanza de lograrlo por sí mismo. 68 En Puno, Ricardo J. Bustamante, apoderado de la viuda de Olivares y de sus hijos menores, residentes en Madrid y propietarios de la hacienda Yanarico, denunciaba las altas contribuciones impuestas bajo el gobierno del general chileno J. Montero, a lo que se sumaba el cupo en ganado, que en una primera etapa sólo afectó a los peruanos, pero que el jefe supremo chileno estaba extendiendo a todos los propietarios, incluidos los extranjeros, por lo que pedían ayuda consular y, dados los buenos resultados que había tenido la intercesión del vicecónsul inglés en Arequipa, se pedía la creación de un Viceconsulado español en Puno, cargo para el que se ofrecía el demandante, quien ya asumía la representación de Argentina. 69 El subprefecto de Pisco exigiría contribuciones forzosas a los empresarios de la zona, para costear la expedición militar del general Iglesias sobre Ica. En concreto varios españoles reclamaron la devolución del empréstito de 1.000 soles avalado con letras sobre la Caja Fiscal de Lima. Tal monto fue resultado de una tensa negociación, en la que inicialmente se les había impuesto 4.000 soles a Fananga y Cano, 1.000 soles respectivamente a las Casas Ramón Pasaron y Juan C. Cortina, y, ante sus reticencias, se les detuvo y amenazó con situarles en la vanguardia de las tropas, que se dirigían a Ica. 70 Fuera consecuencia de los avatares de la guerra o de otros conflictos que desconocemos, lo cierto es que en 1884 los indígenas habían actuado contra la hacienda de Uchusquillo, sita en Huari, departamento de Ancash, y propiedad del súbdito español Marcelo Ruiz de Mazuela, por lo que en 1891 y 1893 se reclamaba la devolución de los bienes sustraídos. 71 La Guerra Civil de 1894-1895.-Como en la Guerra del Pacífico, varios españoles se vieron afectados por el conflicto abanderado por Nicolás de Piérola y que concluyó con la destitución del presidente Andrés Avelino Cáceres, el fin del Segundo Militarismo y el inicio de la que se conocería como República Aristocrática. El país fue sacudido por un sinnúmero de montoneras al mando de caudillos locales, las cuales para sostenerse y hacer frente a los costes bélicos optaron por exigir cupos y empréstitos a comerciantes, hacendados, mineros o empresarios. La creciente presencia de extranjeros en los más diversos sectores productivos, hizo que, en buena medida, la situación les afectara, convirtiéndose para éstos en un pesado lastre económico. Tras el conflicto se abrió un amplio proceso de reclamaciones a través de sus respectivos representantes diplomáticos, para cuya resolución el gobierno peruano creo una Comisión de Reclamaciones, de la que se desconoce el conjunto de sus actuaciones y resoluciones, con la salvedad de lo relativo a la colonia italiana. Ésta promovió 77 expedientes que, en conjunto, exigían reparaciones por un monto de 517.729,10 soles para resarcirse de los daños y perjuicios ocasionados al exigírseles cupos o por haber visto afectadas sus propiedades, destruidas sus haciendas, comercios o los más diversos establecimientos. Para su resolución, se aceptaría el arbitraje de Ramiro Gil de Urribari, ministro de España, cuyo fallo arbitral de 20 de septiembre de 1901 fijó las indemnizaciones en una suma global de 83.080,01 soles. 72 Para el caso de la colonia española, intentaremos aportar una aproximación a los afectados y a sus peticiones en concepto de resarcimiento por daños y perjuicios sufridos. En un conflicto que fue fundamentalmente rural, no fue extraño que hubiera españoles a quienes se les exigieron cupos, empréstitos o directamente los productos de sus haciendas o comercios en las más diversas regiones del país -Lambayeque, Ancash, Huánuco, Carabayllo-Canta, Ayacucho, Cusco y Puno-. En concreto nos referiremos a los casos que afectaron a Salvador Olivares y Echevarría, a Federico Herrera, Nadal Más, Bartolomé Torres, Jaime Oliver, Juan Parella, Ramón Núñez, Ramón Ferrer, Juan Inchaustegui, Isidro Lambarri y la casa Forga, y a la compañía de zarzuela española de Carlos Peyres. En Lambayeque, al comerciante Salvador de Olivares y Echevarría, natural de Orozco Ibarra (Vizcaya), las fuerzas de la coalición al mando del coronel Seminario le impusieron un cupo, a pesar de que alegara su condición de ciudadano español. Posteriormente pediría que se le compensase su aportación forzosa de 520 soles de plata, más 10 soles por un saco de arroz y otros 10 más para gratificar a los soldados. 73 En Huaraz (Ancash), el prefecto Federico Herrera se valió de una serie de medidas intimidatorias para obtener recursos económicos para la causa del general Cáceres, que en el caso del comerciante Jaime Oliver fueron medidas de presión graduales como que se apostaran centinelas ante su establecimiento o su clausura, para que entregara en total 540 soles de plata; 74 o ante las reticencias de los comerciantes y socios Nadal Más y Bartolomé Torres, en septiembre de 1894, de aportar un empréstito de 500 soles, además de la imposición de guardias en la puerta del negocio, la detención de Nadal Más, sometido a un conato de fusilamiento, mientras se le conminaba para que denunciara el paradero de su socio. 75 En Huánuco las fuerzas coalicionistas de los batallones Huallaga y Libres del Cerro exigirían recursos al menos a dos españoles. Juan Parella, natural de Navata (Girona), reclamó en concepto de daños y perjuicios 22.707,74 soles por el allanamiento y saqueo, el 23 de agosto de 1894, del establecimiento comercial que regentaba bajo la razón social Belisario Rosas, por las citadas fuerzas del batallón Huallaga al mando del coronel 73 ACMRREEP, Legación de España, 12 de junio y 17 de octubre de 1895. 76 Y el gallego Ramón Núñez, propietario de la hacienda La Esperanza dedicada al cultivo de tabaco y elaboración de cajetillas de cigarrillos La República, caña de azúcar y café, hizo lo propio por un total de 30.644,90 soles por los cupos exigidos y el conjunto de las pérdidas ocasionadas en su propiedad cuando fue ocupada el 8 de marzo de 1895 por dichas tropas, cuyo máximo responsable era el prefecto de Junín, pero que entonces actuaban a las órdenes directas del comandante general de Huánuco, Manuel David Flores. 77 Ramón Ferrer, arrendatario del fundo denominado Trapiche, en la quebrada de Yanga, próxima a la de Carabayllo y Canta, reclamó el importe de 35.722 soles, por el valor de las confiscaciones a que les sometieron las fuerzas militares caceristas (26.850 soles entre 12 de octubre de 1894 y 16 de marzo de 1895) y de la Coalición dirigidas por Isaías de Piérola (8.722 soles entre 27 de octubre de 1894 y 9 de marzo de 1895) en efectos, alimentos y pastos destinados a la manutención de la tropa, caballos, ganado vacuno y menaje de su casa (150 soles). 78 Juan Inchaustegui y Avaluces, natural de San Vicente de Abando, afincado en Ayacucho desde 1879, reclamó 3.882,55 soles por las pérdidas en el fundo del que era arrendatario, Ccayarpachi, por el ganado y dinero sustraído, la destrucción de alfalfares y sustracción del vino almacenado, en el transcurso de varias acciones contra la propiedad ocurridas entre el 23 de diciembre de 1894 y el 7 de enero de 1895, cuyos responsables fueron varias partidas armadas, tanto del Partido Constitucional como del Civil, en busca de avituallamientos, llegando a detenerle los civilistas acusado de espionaje. 79 En el Cusco, el Viceconsulado fue allanado y registrado por orden del prefecto en 1894 en busca de dos presos políticos que se presuponía se ha-76 AGA, 71/11912, Reclamación de Juan Parella por daños y perjuicios en la guerra civil, Huánuco, 25 de julio de 1895. 77 En su defensa Ramón Núñez recordaba, como para salvar a Huánuco de las exigencias chilenas y de los previsibles saqueos, se ofreció a surtirles de alimentos y otros bienes. ACMRREEP, 6 -13, Luis del Castillo, Legación de España en el Perú, a Melitón F. Porras, ministro de Relaciones Exteriores, Lima, 25 de septiembre de 1895; Ramón Núñez al ministro plenipotenciario de S.M. la reina regente de España, Huánuco, 18 de julio de 1895. 79 Ibidem, 6 -13, Luis del Castillo, Legación de España en el Perú, a Manuel Candamo, presidente de la Junta de Gobierno y ministro de Relaciones Exteriores, Lima, 27 julio de 1895. AGA, 71/11912, Reclamación Inchaustegui. bían refugiado en su interior, aprovechando la ausencia en Arequipa de su titular Isidro Lambarri. Según éste el desencadenante había sido la negociación fallida de un préstamo de 2.000 soles solicitado por el prefecto a la firma M. Forga e Hijos, de la cual él era agente, al no obtener el aval de administrador de la Aduana para ser amortizado en despachos de aduana a Mollendo. 80 A su regreso al Cusco el vicecónsul fue detenido por el prefecto, general Más, tasándose su libertad en un cupo de dos mil soles de plata. 81 A los pocos días Lambarri acudió en ayuda del español y comerciante Leonardo López, asentado en Urubamba, una zona ocupada desde el 6 de marzo por el Partido Coalicionista, y ante el temor de ser saqueado, optó por viajar al valle Sagrado junto con los representantes de las firmas Eumel Hermanos y Braillard Hermanos y Ca. En Urubamba, tras negociar con el jefe de los coaligados y obtener garantías, sacaron a López de su escondite y le pusieron de nuevo al frente del negocio. Ya de regreso, el general Más les retiró el salvoconducto y les impuso multas que ascendían respectivamente a 2000 y 4.000 soles, que una vez negociadas fueron rebajadas a la mitad y consideradas un empréstito. Sólo después del óbito del general Más, reclamaron el reintegro de dichas cantidades al gobierno, a través de la Legación Española. 82 Carlos, Francisco y Oscar Peyres eran familiares y empresarios de la compañía de zarzuela española Carlos Peyres, con 34 integrantes, quienes tras más de quince años de actuar por Sudamérica, recalaron en Puno, a la espera de su equipaje procedente de La Paz. Con la mala suerte de que mientras organizaban varias funciones, con las que costear entretanto los gastos de su manutención, la ciudad fue tomada la noche del 9 de octubre de 1894 por las tropas pierolistas al mando del sargento mayor Enrique Galdos. Tras ser reconquistada por los caceristas, fueron detenidos, sufrieron un conato de fusilamiento en la plaza, para ser luego conducidos a Arequipa, donde permanecerían detenidos más de dos meses, hasta que los buenos oficios del cónsul M. Forga les permitieron recobrar la libertad. Por todos los daños sufridos exigieron 15.000 soles de indemnización, cantidad necesaria, a su entender, para reorganizar la compañía y saldar las pérdidas de guardarropía, música y los gastos de alojamiento de nueve personas durante los 70 días que duró su detención en Arequipa. Refería además la detención de tres viajeros, dos franceses y un español, sin causa alguna, quienes se volvieron a Lima. Desconocemos la resolución final de la mayoría de las reclamaciones mencionadas por parte de la Comisión de Reclamaciones. Entre las que disponemos del fallo, estuvo la de Salvador de Olivares y Echevarría, encontrándose justas sus peticiones, no así los 10 soles de gratificaciones, 84 mientras que a Juan Inchaustegui se le cuestionó que incluyera el valor de animales que estaban invernando en su explotación al no ser de su propiedad. 85 Es muy poco, sobre el total de reclamaciones, pero el resultado debió ser más abultado a favor de la colonia española, si interpretamos cabalmente el Tratado Adicional al de Paz y Amistad firmado el 18 de junio de 1898 entre el Perú y España, en cuyo artículo IV se fijaba que "los dos Gobiernos no podrán recíprocamente exigirse responsabilidad por los daños, vejámenes o exacciones que los nacionales de uno de los dos Estados sufrieren en el territorio del otro por parte de los sublevados, en tiempo de insurrección o guerra civil o en sediciones y motines", no considerándose responsables "sino de sus propios actos o de los que hayan ejecutado sus agentes en ejercicio de sus funciones", y el artículo VI establecía que "los españoles en el Perú y los peruanos en España no tendrán derecho a la intervención diplomática, sino en el caso de manifiesta denegación de justicia". 86 En la práctica suponía cerrar, cara al futuro, el proceso que había permitido a los españoles reclamaciones tan amplias como las que habían tenido lugar a raíz de la Guerra del Pacífico y de la Civil posterior. Ello se demostraría en adelante ya que si bien seguirían exigiendo cupos, como ocurrió en 1899, cuando la montonera Durand secuestrara a Alejo Bustelo, vicecónsul de España en Supe y Huacho, por negarse a pagar la contribución forzosa; 87 determinados cónsules como el de Arequipa, Miguel Forga, se mostrarían en adelante renuentes a intervenir, como muestra el caso de Esteban M. Cáceres, farmacéutico, afincado en Camaná cuando, en 1902, su casa fue tiroteada por un grupo de cuatro personas, cuyo cabecilla era el mismo, según Cáceres, que había secuestrado y herido al subprefecto Salazar en 1894. Los hechos se inscribían en el clima de descontento popular ante las medidas tomadas por el gobierno para evitar la circulación de pesetas de araña -moneda feble boliviana-e intro-84 ACMRREEP, Legación de España, 12 de junio y 17 de octubre de 1895. 85 Ibidem, 6 -13, Luis del Castillo, Legación de España en el Perú, a Manuel Candamo, presidente de la Junta de Gobierno y ministro de Relaciones Exteriores, Lima, 27 julio de 1895. 86 Archivo Digital de la Legislación en el Perú, www.congreso.gob.pe. ducir la moneda nacional como mecanismo de canje comercial, situación de la que no era ajena la resistencia de los comerciantes para aportar donativos que favorecieran el aumento de circulante y la actitud vacilante del gobierno que, tras varias promesas, no terminaba de remitir moneda nacional circulante. 88 Forga, sin entrar en el fondo de la cuestión, era contrario a atender la demanda de Cáceres, aduciendo, entre otras cosas, que según el Tratado Adicional de Paz y Amistad de 1898, sólo era dable una vez que "agotados todos los recursos de tramitación y apelación judicial, resulte probada la denegación de justicia y el Gobierno de España enterado del asunto en todos sus pormenores, resuelva si debe o no proceder a la reclamación diplomática". 89 Pero además debemos añadir un corolario. Si cierta historiografía ha señalado que habrían sido los cupos las causas de quiebra de los sectores modernizadores nacionales, 90 nos encontramos con que los ciudadanos extranjeros lograron resarcirse de sus contribuciones forzosas gracias a las arcas del Estado, lo que les situaba en condiciones ventajosas frente a los peruanos que debieron soportar el peso de los diversos conflictos, sin compensación alguna. Tampoco podamos obviar que la raíz de la política de cupos y empréstitos forzosos impuesta durante la Guerra Civil de 1894-1895 por las diversas autoridades regionales, tenía su razón de ser en la política de descentralización fiscal iniciada como una de tantas medidas que llevarán a la regeneración nacional tras la derrota que supuso la Guerra del Pacífico y que terminó en una grave crisis hacendística y en la quiebra de las arcas departamentales. 91 La revolución del capitán G. Cervantes, Loreto, 1921.-La revolución del capitán Guillermo Cervantes ha sido interpretada por F. Barclay y F. Santos como el primer movimiento de tipo regionalista en Loreto, crítico tanto contra el gobierno limeño, como contra la elite comercial, en una 88 Cáceres había pedido garantías al cónsul para su persona desde al menos 1894. D J. Parra, prefecto de Arequipa, al oficial mayor, Arequipa, 20 de octubre de 1902; Hernán Velarde, oficial mayor, al prefecto de Arequipa, Lima, 30 de septiembre de 1902. 90 Contreras, Carlos: "Apogeo y crisis de la Teoría de la Dependencia en la historia económica sobre la República", Histórica, XXVI, 1-2, Lima, 2002, pág. 517. 91 Contreras, Carlos: "El poder de gobernar y el poder de cobrar. Autoridades políticas locales en el Perú a finales del siglo XIX", en Aljovín, Cristóbal y Jacobsen, N. (eds.): Cultura política en los Andes (1750-1950), UNSM-IFEA, Lima, 2007, págs. 155-179. coyuntura de crisis del modelo extractivo cauchero que había dominado durante décadas. Sus argumentos iban desde criticar la alianza del prefecto leguista con las firmas comerciales importantes, que pasaron a beneficiarse de grandes contratos, exenciones fiscales e impunidad comercial; la carencia de moneda circulante, situación en la que los comerciantes más destacados imponían las mercancías al crédito y la falta de recursos aportados por el Estado, al punto que los funcionarios llevaban más de un año sin percibir sus salarios. Cervantes contó con un amplio apoyo popular, expresión de un sentimiento que se había organizado en torno a la Liga Loretana, fundada en 1913. Sus presupuestos eran regionalistas, oponiéndose al control que ejercía el grupo al que se denominaba despectivamente La Cueva, visto como oligárquico y conformado por quienes detentaban los intereses de las grandes empresas comerciales, que en parte eran extranjeros. 92 Éste fue de lejos el devenir político en el que se inmiscuyeron, voluntaria o involuntariamente, más españoles. Algunos fueron acusados de haber intervenido directamente en los acontecimientos, mientras que otros sufrieron en sus bienes la radicalidad de la protesta. La Legación española intervino, a instancias del cónsul en Loreto, para: a) conocer el paradero, el 7 de marzo de 1922, de varios detenidos en Iquitos y llevados presos en la cañonera América, que había zarpado el 20 de enero de 1922 de dicho puerto: Victoriano Gil, Manuel Rodríguez Lira, Juan Ramos, Manuel Vázquez Suárez, José Peris, Jaime Pons, Manuel Martín y José Prado; 93 b) evitar la expulsión de Iquitos de Cristóbal Ruiz, carpintero; José Rivas, fabricante de maderas; Liberato Valleve, cerrajero; Simón Abellón, panadero, todos ellos firmantes de un acta, cuyo tenor no se especificaba, justificando que lo habían hecho forzados y que varios italianos que también la suscribieron no habían sido inculpados; 94 c) solicitar reiteradamente la libertad de Francisco del Campo López, detenido y sus bienes confiscados en Yurimaguas, remitido luego a Lima y confinado en la isla de Taquile. 95 Es difícil hacer una aproximación, a la vista de los pocos datos existentes hasta el momento, de quiénes eran los españoles que se sumaron a la intentona del capitán Cervantes. Además de la información consular, se sabe que algunos implicados -Manuel Rodríguez Lira, Victoriano Gil Ruiz, Manuel Vásquez Jares-serían detenidos, embarcados en la cañonera América, y tras una avería, trasladados a la lancha Clavero y luego deportados a Brasil. Sus profesiones nos indican que se trataba de gentes dedicadas a oficios artesanales. Durante el trayecto falleció José Peris, soltero, "rico industrial", con 18 años de residencia en Iquitos. 96 José Manuel Rodríguez Lira, natural de Vigo, era dueño de la casa Fotografía Lira, ubicada en la calle del Progreso 100-8, tuvo un cierto prestigio local como fotógrafo, llegando a estar al servicio de la casa Arana en relación a los sucesos del Putumayo. 97 Había residido en Manaos, donde fue nombrado vicecónsul en 1900, si bien en 1902 residía ya en Iquitos, tras abandonar, por causas desconocidas, sus obligaciones y la documentación consular. 98 Desde su llegada encabezó una férrea oposición al vicecónsul José Altimira, al que tildaba de ser un simple albañil, casi analfabeto 99 y de mantener posiciones cuevistas. 100 Victoriano Gil Ruiz era también fotógrafo, socio en algún momento de Rodríguez Lira, residiendo en Iquitos desde 1911, y Manuel Vásquez Jares era sastre. Como al mismo tiempo hubo quienes plantearon reclamaciones por daños elevados al gobierno peruano, debemos suponer que no hubo una posición monolítica dentro de la colonia española. En mayo de 1923 se presentó una relación de cinco afectados por arbitrariedades, tanto de los revolucionarios, como de las autoridades peruanas leales. Entre la relación de afectados estaban Barcia Hnos., Rodríguez López Garnelo, "varios españoles que se citan", Victoriano Gil Ruiz, José Caballero Ruiz y David González Rodrí- 4.500 soles contra la casa comercial Kahn y Cía. de Iquitos por el decomiso de 9.000 kilos de pescado (paiche) -4.000 propiedad de José Caballero y 5.000 de David González-y cuatro pacotes de vaca marina -o 50 piezas, propiedad de José Caballero-, efectuado el 18 de febrero de 1922 en el fundo San Antonio en el río Tigre, regentado por J. Caballero. En el acto intervinieron el comandante de la lancha Elisa, Guillermo Pinedo, el factor de dicha compañía, Santiago Flores, el teniente de ejército F. Fonseca y el comisario del Huallaga, César Alarco. 108 Todavía en 1933 seguían pendientes las reclamaciones de Rodríguez Lira 109 y Gil Ruiz, cuando las autoridades locales, en respuesta a una consulta del encargado de negocios de España, afirmaban que no se había encontrado la reclamación en el archivo de la Prefectura. 110 Una valoración del comportamiento de la colonia española, a partir de los datos que hemos recopilado, nos lleva a proponer como hipótesis interpretativa lo siguiente: el hecho de que el vicecónsul en Iquitos, el catalán José Altimira Motta, fuera tildado de cuevista, se correspondía en parte con su posición económica y social, pues era constructor, comerciante, regidor de la municipalidad de Iquitos, delegado de la Casa América, siendo además cónsul encargado de los asuntos consulares de Grecia, 111 o que entre los que vieron afectados sus bienes estuviera la firma comercial Barcia Hnos., una de las más importantes en aquella plaza, mientras que los detenidos o deportados pertenecían sobre todo a sectores artesanales, nos permite apuntar que la colonia española en Loreto mostró en 1921 la división con que afrontaba 108 Ibidem, 2 -O -E, 1927, Prefectura de Loreto al oficial mayor, Iquitos, 10 de mayo de 1927. Basadre cita el enfrentamiento entre la cañonera América y la lancha Elisa contra la expedición enviada desde Lima, al mando del capitán Genaro Matos. Si bien este venció y entró en Iquitos el 13 de enero, un mes antes de los sucesos denunciados, podemos pensar que de alguna forma tuvieron relación. Basadre: Historia de la República del Perú..., t. 109 Rodríguez Lira residía en 1935 en Manaos, como se infiere de la denuncia contra el español Carlos Morey Canalejas, señalado como espía a favor de Colombia, de estafar a su habilitador en la extracción de madera, el catalán Magín Boria. En el expediente, las autoridades peruanas se referían a Rodríguez Lira, recordando su condición de deportado, que "no es persona lo suficientemente honorable", como se deducía de los informes de sus paisanos que lo tenían por "persona muy amante de la intriga y el tinterillaje". ACMRREEP, 2 -O -E, 1935, Oscar Mavila, prefecto de Loreto, al oficial mayor, Iquitos, 7 de mayo de 1935, adjunta el expediente letra D, n.o 206 relacionado al informe emitido por la Sección de Investigaciones sobre la persona del individuo Carlos Morey Canalejas, de nacionalidad española; prefecto de Loreto al jefe de la Guardia Civil y Policía del Destacamento Autónomo del Oriente, le remite el oficio del oficial mayor 23.3.ultm., que incluye un despacho de 6 del mes en curso del cónsul en Manaos. Informe de la sección de Investigaciones, oficial 2.o de investigaciones, Rossell Cruz, Iquitos, 22 de mayo de 1935. los tiempos de la crisis del caucho, implicándose en el devenir político regional. Si los que se sumaron de una u otra forma a la revolución de Cervantes pareciera que habían sido los grandes perdedores, al ser detenidos o deportados, el futuro se encargaría de mostrar que el boom del caucho había tocado a su fin. A la postre, los que parecía que volvían a imponer el orden, el gobierno central y las grandes casas comerciales, no pudieron evitar el fin definitivo del modelo económico cauchero. Para el caso que nos ocupa, la firma Barcia Hnos. no lograría evitar la ruina, mientras que muchos de los españoles residentes en Loreto o bien emigraron paulatinamente hacia la costa, o bien redefinieron sus explotaciones hacia la economía fundaria. Y, como colofón, señalar el caso de Gil Ruiz que aparece como directamente implicado, deportado y, al mismo tiempo, reclamando daños y perjuicios por los destrozos que padeció su taller de artes gráficas encargado de la emisión de papel moneda de los revolucionarios, un caso más de verdades a medias, en el que es difícil dilucidar las intenciones del personaje. El recorrido por los asuntos que afectaron a los españoles afincados en los más diversos rincones del Perú nos ha permitido tener una cierta panorámica sobre su realidad y preocupaciones. Desconocemos a fecha de hoy cuantos españoles se afincaron en el país andino entre 1870 y 1945, al no existir un registro central de extranjería, o en el caso de la selva ni siquiera un registro de entradas, y al no haber sido posible consultar la documentación consular, con la salvedad de Iquitos. Es cierto que no todo el mundo tuvo tanto que perder que justificara el recurso a las autoridades diplomáticas para defender sus intereses, lo que por si sólo nos deja, a excepción de las defunciones, con una información referida únicamente a los estratos más exitosos. De todas formas nos atreveremos a plantear algunas hipótesis, que puedan ayudar en futuros estudios. La colonia asentada en el norte, costa y en valles cálidos de la sierra dirigió sus miras hacia la agricultura de exportación -algodón y azúcar-o vinculada a la producción tropical -tabaco, aguardiente de caña-. En la sierra central hubo un no desdeñable grupo que orientó sus actividades a la minería en Cerro de Pasco o Huarochirí. En el sur -Arequipa, Mollendo, Cusco, Puno-, un núcleo emprendedor, se situó en segmentos de la economía más modernizadora, vinculados al circuito lanero y al comercio interior al por mayor o de exportación. Lo que no impidió la presencia española en la agricultura y ganadería que podríamos llamar tradicional, situada en las más diversas zonas de sierra, desde Ancash a Puno. Sin embargo, donde la presencia española se mostró más numerosa y diversificada fue en la Amazonia, constituida por múltiples sectores profesionales, desde artesanos y pequeños productores agrícolas a grandes caucheros y comerciantes. En conjunto, los españoles buscaron el amparo consular cuando vieron lesionados sus intereses legales. Bien fuera para defenderse de la compleja política peruana o bien por considerar que sus intereses de toda índole eran afectados por los más diversos motivos. Podría concluirse que, además de las garantías que la vía administrativa y la jurisdicción civil y penal peruanas les aseguraba, los españoles mantuvieron una vía de reivindicación abierta a través de la búsqueda de amparo ante sus representantes consulares. En tal sentido, el mantener la nacionalidad española, a pesar del arraigo de muchos de ellos, era una suerte de paraguas legal, que les protegía de una cierta inseguridad jurídica que parece haberse instalado en sus ánimos, aunque ello no fuera verbalizado. Un punto de quiebra en la intervención de los agentes consulares a favor de los intereses de los migrantes españoles, se produjo a raíz de la amplitud de las reclamaciones incoadas después de la Guerra Civil (1894-1895), cuando ambos Estados redefinieron sus relaciones con el nuevo Tratado de 1898, lo que obligó a recurrir a la vía judicial para resolver los casos conflictivos. Aunque como constatamos, ello no impidió que en ocasiones especialmente complejas, desde la representación hispana se insistiera en la defensa de los intereses de sus conciudadanos. Una realidad que siempre les dejó en mejor situación para rehacer su prestigio y hacienda, que la que tuvieron los propios peruanos. Lo que nos lleva a concluir que, en última instancia, si cierta migración extranjera fue tan exitosa en el Perú, quizás fuera debido a su capacidad de servirse en todo momento de su condición de neutrales, y de recurrir a múltiples artilugios, como izar sus banderas nacionales y colgar carteles identificativos, para sortear la violencia política o buscar el amparo de sus respectivos cónsules intentando resarcirse de las posibles pérdidas económicas fuera consecuencia de cierta indefensión jurídica, real o supuesta, o de los cupos o empréstitos impuestos en las guerras que asolaron el país en las últimas décadas del siglo XIX.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX españoles residentes en el Perú lograron hacer fortuna y se integraron en los circuitos de poder económico. Comerciantes y propietarios, buscando beneficios, entraron en actividades especulativas en relación con el guano, el salitre y las finanzas. Afectados por la inestabilidad interna y por la guerra con Chile, no vieron cumplidas sus expectativas y reclamaron individual y colectivamente ante instancias peruanas y chilenas. Como último recurso acudieron a la mediación del gobierno español a través de la representación diplomática en Lima. El artículo rescata casos especialmente significativos. Middendorf 4 formaron parte de "grupos económicos" que en algún momento apostaron por una salida modernizadora basada en prácticas productivas liberales (caso de los amigos políticos de Manuel Pardo), lo que no fue óbice para que en la persecución del beneficio fácil entraran por caminos de inversión vinculados al crédito. 5 A la hora de luchar para recuperar sus inversiones -cancelación de certificados y préstamos-los españoles acudieron a distintas instancias del Perú, tanto gubernamentales como judiciales. Las circunstancias adversas de la guerra con Chile (1879-1883), con sus devastadores efectos para la economía y las finanzas peruanas, se cruzaron en su camino. Entonces se vieron obligados a presentar sus demandas ante los gobiernos chilenos. Finalmente, agotadas esas vías, acudieron a la representación diplomática en Lima para pedir que el gobierno español interviniera a su favor. Las resoluciones se dilataron en el tiempo, y en ciertos casos nunca llegaron a resolverse inmersas en un juego de trasvase de responsabilidades de unas instancias a otras (certificados de salitre), y cuando se saldaron fueron a pérdidas, a cambio de bonos (certificados "Watson") o de cantidades inferiores a las debidas (Crédito Graña). En cuanto al Gobierno español, que actuó a través del Ministerio de Estado, no pasó de mero observador de las jugadas, pidiendo prudencia a los representantes diplomáticos y que se mantuvieran a la expectativa de lo que las autoridades peruanas dictaminaran. Esta propuesta tiene mucho de entresijo, de incógnitas no del todo resueltas por no contar con estudios que profundicen en los actores sociales y las instituciones implicados. Un problema de partida ha sido el de la identificación de los españoles como tales, porque en documentos y monografías consultados aparecen confundidos con peruanos. Precisamente una de las vías para caracterizarlos ha sido el encontrarles reclamando como ciudadanos españoles.6 Los reclamantes: trayectorias comparadas Los tres españoles que aparecen recurrentemente en la documentación como reclamantes, Benito de Valdeavellano, Waldo Graña y Gabino de Menchaca, llegaron al Perú a mediados del siglo XIX y lograron el éxito económico suficiente como para moverse en los circuitos de poder. Los tres mantuvieron la nacionalidad y se presentaron como miembros sobresalientes de la colonia vinculados a sus tres principales asociaciones. Valdeavellano fue el primer presidente del Casino Español en 1880 y socio de la Sociedad Española de Beneficencia de Lima (SEBL). Graña estuvo al frente de la Compañía Española de la Guardia Urbana, una forma de asociación de carácter cívico para mantener el orden de la ciudad en tiempos de turbulencia, que operó desde 1879 y durante la ocupación chilena de Lima. 7 Estuvo también entre los fundadores del Casino Español, en los orígenes de la Cámara Oficial Española del Comercio del Perú (COECP) y presidió la SEBL en 1887. En los tres casos las trayectorias biográficas y ocupacionales que se han podido reconstruir son entrecortadas. Hizo testamento en 1891, pero no se ha podido precisar la fecha de su defunción. Entre sus albaceas testamentarios estuvo Francisco García Calderón y entre sus testigos Manuel Pardo. 9 Waldo (Ubaldo) Graña era originario de Vigo (Pontevedra), donde había nacido en 1835. Llegó al Perú en 1856 siguiendo los trámites reglamentarios, pero no se ha podido precisar la fecha de su muerte. Gabino de Menchaca había nacido en Algorta (Vizcaya) el 13 de abril de 1838/1834, 10 y aunque no se ha datado la fecha de su llegada, esta tuvo 7 En la prensa española aparece al frente de un grupo de hombres uniformados celebrando la firma del Tratado de Paz y Amistad entre el Perú y España, firmado en París el 10 de agosto de 1879. Ilustración Española y Americana, XXIII, núm. XXXVII, Madrid, 8 de octubre de 1879, pág. 22. 8 Para seguirlas ver Ascensión Martínez Riaza: "A pesar del Gobierno", págs. 148-165. 9 Archivo General de la Nación Perú (AGN), Protocolos, Escribano Felipe Vivanco, Protocolo 1055, fs. 10 Las fechas de su nacimiento difieren según los documentos consultados. El primero el Pliego Matrimonial del Archivo Arzobispal de Lima (AAL), en el que consta que nació en 1838; el segundo, el testamento de su esposa Carolina Figari de 10 de noviembre de 1915, señalando que Menchaca había nacido en 1834. lugar antes de la guerra con España de 1866, porque entonces, para evitar problemas, camufló su casa comercial, de la que ya era único propietario, bajo bandera inglesa. Hay constancia de que una rama de la familia Menchaca tenía negocios en Chile y en Arequipa. Las estrategias matrimoniales fueron en los tres casos una manera de situarse ventajosamente en la sociedad receptora. Se casaron con mujeres de buena posición y tuvieron numerosa descendencia. Valdeavellano contrajo matrimonio el 18 de febrero de 1863 con Juana Canaval Munárriz, de familia de grandes propietarios con haciendas en Pativilca, Barranca y Supe, y entre los testigos estuvo Waldo Graña. 12 Enviudó en 1875 después de haber tenido 10 hijos, y con la herencia paterna de su viuda (30.000 soles) compraría la hacienda Vinzos en Chimbote, que sería, junto con la de Dionisio Derteano, una de las más importantes de la región. 13 Waldo Graña se había casado en 1862 con Andrea Reyes Largacha, hija del coronel Andrés Reyes, importante hacendado, compañero de armas de José de San Martín y presidente del Senado en 1831, con la que tuvo 9 hijos. La gran propiedad familiar fue la hacienda Huando (a unos kilómetros al norte de Lima) que pasó directamente al hijo de ambos, Antonio Graña Reyes, y que formó parte del patrimonio familiar hasta la Reforma Agraria de Velasco Alvarado. 14 Gabino de Menchaca casaba en 1867 15 con Carolina Figari (con la que tuvo 10 hijos), hija del rico comerciante italiano Giovanni Figari. Aunque entró en negocios con su suegro, ya disponía de fortuna propia a través de la casa comercial de su propiedad. Los primeros pasos de su actividad se desdibujan, pero sí está documentado que los tres se conocieron y participaron juntos en negocios. La trayectoria de Menchaca fue más sólida mientras que Valdeavellano y 11 Portillo, Luis: Colonia española en la República de Chile 1916-1917, Artes Gráficas, Madrid, 1917? (sic). 12 AAL, Parroquia de San Sebastián, núm.9, f. 13 Permanecería como propiedad familiar hasta la década de 1920, en que sería adquirida por el ingeniero José Leguía Swayne, hijo del presidente Leguía, Tierra de Promisión. 14 El matrimonio se realizó con dispensa arzobispal. Para la historia reciente de Huando ver Burenius, Charlotte: Testimonio de un fracaso. Graña se arruinaron en un momento de su vida y tuvieron que acudir a sus relaciones para remontar. Valdeavellano sellaba el 21 de septiembre de 1859 un contrato con el gobierno de Ramón Castilla para la consignación del guano a Guatemala y otros países de Centroamérica. Estaba en Lima durante el conflicto con España (1863-866) y firmaba junto a otros compatriotas cartas dirigidas al almirante de la escuadra que bloqueaba El Callao y a la Reina, mostrándose leales a su patria pero señalando que en el Perú habían encontrado todas las facilidades para formar una familia y hacer fortuna. 16 Significativamente en 1865 conseguía un contrato de consignación de guano a España con los peruanos Oyague y Ugarte. Que sus negocios funcionaban lo muestra que en los años 1868 y 1869 estaba entre los prestamistas al gobierno con garantía sobre el guano, a través de su empresa Valdeavellano y Cía. 18 Entraría en 1868, junto a José de la Riva Agüero, José Canevaro e Hijos, Pedro Denegri y Nicolás Rodrigo (español), en la creación de una compañía anónima para la construcción de un ferrocarril en el valle de Jauja (Departamento de Junín) que no llegaría a concretarse. Valdeavellano y Graña formaron parte del círculo de Manuel Pardo, una de las grandes fortunas generadas en la explotación del guano e impulsor del Partido Civil, que se enfrentaría precisamente a lo que McEvoy llama "Leviatán guanero". 19 Valdeavellano no se encontraba en el Perú cuando Pardo asumía la Presidencia en 1872 pero siguió de cerca los violentos acontecimientos que precedieron y mostró su filiación, Mi querido amigo, Bien diría V. que la Presidencia estaba con nosotros; ella preparó y ejecutó el castigo para quien lo merecía, dejando a V. paso libre y sin intervención en los horrores cometidos del 22 al 26 de julio, de lo que no tengo que hablar; pero tanto por esto, por cuanto por haber llegado al puesto, aunque escabroso para el cual había trabajado, lo felicito muy cordialmente, pero deseando que esa misma providencia que nos ha favorecido, lo ayude a V. dejándolo tranquilamente realizar las mejoras de que es V. capaz y tanto necesita ese queridísimo país. Desde mi llegada a Europa mi salud no es buena, he tenido que variar de climas para tomar baños; aquí y en este momento me siento un poco mejor y me quedaré en España todo el mes de octubre. Después pasaré a París por algún tiempo, allí nos reuniremos amigos como Candamo, Canevaro y otros que son de U. y puede U. ver en que podemos ayudarle; lo que usted piensa o se le ofrece puede U. ordenarlo por medio de Graña, que es inútil se lo recomiende a V. En Perú tuvimos el gusto de estar con Marianita y Lavalle, de quien recibí las más finas atenciones. Justicia y firmeza y que Dios nos lleve adelante son los deseos de su afmo. amigo. 20 En pleno ascenso del Partido Civil, conseguiría, junto con Dionisio Derteano, 21 la concesión del ferrocarril Chimbote-Huaraz-Recuay por la suma de 24 millones de soles, aunque acabarían cediendo los derechos a Henry Meiggs en noviembre de 1871. En 1874 tenía un negocio con Graña en el guano de la región boliviana de Mejillones, que habían comprado a Meiggs. 22 Para entonces pasaba por momentos críticos, se encontraba prác-20 AGN, Colección Bustamante, Papeles Manuel Pardo, San Sebastián (España), 24 de septiembre de 1872. 21 Dionisio Derteano aparece vinculado a españoles en las reclamaciones y en otros negocios. Era, junto a Valdeavellano, gran propietario de Chimbote (Departamento de Ancash) y estuvo en la Negociación Mejillones junto a Graña. Nació en Lima en una fecha que no se ha podido precisar y murió en 1888. Era hijo de Domingo Derteano, gran consignatario del guano. Durante la guerra con Chile participó en la defensa de Lima y fue enviado como prisionero a Chile. Al ser el más importante terrateniente de Chimbote (haciendas Palo Seco, El Puente y La Rinconada, entre otras), fue muy perjudicado por la llegada a la región de las tropas chilenas conducidas por Patricio Lynch. Después de la guerra apoyaría a Andrés Avelino Cáceres frente a Nicolás de Piérola. En 1884 figuraba entre los fundadores del Partido Liberal y Constitucional, junto a José María Quimper, Carlos Lisson y Luis Felipe Villarán. Se dedicó al comercio de materiales de construcción e hizo fortuna en California hasta que problemas de fraude y apropiación indebida le obligaron a dejar los Estados Unidos. Se estableció en Chile donde, contratado por el gobierno, llevó a cabo el tendido de las principales líneas de ferrocarril. En 1868, invitado por el presidente Díez Canseco, se trasladó al Perú para ocuparse igualmente de la construcción del ferrocarril. Firmó contratos con los gobiernos de Balta y Pardo y entre sus principales obras se encuentran el ferrocarril Lima-La Oroya, el de Arequipa-Puno, el de Juliaca-Cusco, el de Ilo-Moquegua y el de Chimbote-Huaraz-Recuay. Fundó la Compañía de Obras Públicas y Fomento en 1874, que llegó a emitir billetes propios con la correspondiente oposición de comerciantes y financieros del Perú. En 1877 se propuso liquidar sus negocios y pidió al gobierno peruano la cancelación de sus cuentas. Murió el 30 de septiembre de ese año. Ver Stewart, Watt: Henry Meiggs, Yankee Pizarro, Duke University Press, Durham, 1946. ticamente en la ruina y había perdido un ojo. Pero la muerte de su esposa y la herencia que recibió le permitirían invertir en tierra y remontar la crisis. 23 El hecho de su recuperación lo muestra que sería uno de los socios fundadores de la Compañía Salitrera en 1878, con carácter individual. Estaba en Lima durante la ocupación chilena y, como se ha señalado, era el segundo propietario de haciendas azucareras en Chimbote, junto a Dionisio Derteano. La neutralidad de España hizo que, a diferencia de lo que sucedería con Derteano, cuando las tropas chilenas al mando de Patricio Lynch llegaron al puerto, sus propiedades fueran respetadas. 24 En parte por conveniencia y en parte por amistad, en 1881 hacía un préstamo a García Calderón con el respaldo de los Billetes Inca que luego serían objeto de reclamaciones. 25 Después de la guerra, figura en 1883 como miembro de la Bolsa Mercantil, a la que tenían acceso personas con respaldo económico. Waldo Graña diversificaría sus actividades. Sus apuestas económicas le llevaron a ganar y a perder, pero el balance fue positivo y terminó su vida como un "hombre de fortuna". Fue, como Valdeavellano, consignatario del guano y entre 1863 y 1864 obtendría, junto a los peruanos Amunátegui y Ugarte, la consignación de los mercados de China y Japón y en ese ámbito contactaría con Manuel Pardo. Una de sus esferas de interés sería más adelante la Compañía Consignataria de Guano en Estados Unidos. También pasaría por problemas económicos, al punto de que en enero de 1868 se dirigía a Pardo en busca de ayuda, Sé que tiene U. muchos y buenos amigos, pero estoy seguro que ninguno deseará servir a V. más sinceramente que su muy atento y affmo. Poco después aparecía relacionado con el negocio del guano y con la construcción del ferrocarril Lima-Ancón-Chancay en 1868. Y ya metido en el engranaje del Partido Civil volvía a escribir a Pardo, Mi estimado amigo, una ocupación importante me impide el asistir mañana a la reunión de la Junta Directiva del Colegio por lo que lo he citado a las 2 de la tarde. De su más atento amigo y servido. En 1871 formaba parte de un grupo de comerciantes que examinaba las propuestas para la construcción del ferrocarril Puno-Cuzco y en 1873 era gerente del Banco Anglo Peruano que abría oficinas en Lima. En el Directorio estaban Manuel Candamo, Juan Calderoni y Óscar Heeren. No descuidaba otros espacios que le vinculaban a la elite social, y fue presidente de la Sociedad de Carreras de Caballos del Perú en 1873. Tras la guerra representaría a la Negociación Mejillones porque era acreedor subrogado de Meiggs. Además se le encuentra defendiendo los intereses de la Compañía Salitrera del Perú. Los orígenes de la fortuna de Menchaca le vinculan a una casa comercial fundada en Lima en 1834 por su pariente Juan Francisco Andraca para dedicarse a la importación de artículos europeos y la exportación de frutos naturales. A Andraca le sucederían al frente del negocio Francisco N. Ygartúa y Gabino de Menchaca, que lo convirtieron en un establecimiento reconocido en la costa meridional del Pacífico. Con motivo de la guerra con España, en 1866 Ygartúa decidía regresar a su país y Menchaca, alerta, tomaba la precaución de camuflar su casa comercial bajo bandera inglesa, como se ha indicado. En 1877 formaba parte, junto al también español Pedro Serdio, de la Directiva de una Junta Mercantil, asociación de pequeños comerciantes que se organiza el 1 de julio para defender sus intereses frente al gran comercio, que tuvo una actividad importante y exigió al Gobierno la adopción de medidas financieras. Para entonces consta su presencia en los directorios del Banco Providencia y del Banco Nacional del Perú, del que era gerente Dionisio Derteano y que suspendería operaciones el 12 de enero de 1883. Igualmente figuraba en el Banco Garantizador del Guano que se disolvería en agosto de 1882, de cuya directiva también formaban parte Bernardo Roca Boloña, Aurelio Denegri, Emilio Forero y Juan Revoredo. 27 Pasada la guerra, en 1886 era el único propietario de un próspero negocio e también se registra su participación en el Banco Territorial Hipotecario, que sobrevivió a los avatares de la guerra con Chile. 28 Entró en litigio con el gobierno del Perú por la adquisición de certificados "Watson" en 1878 y presidiría la comisión que reclamaría su cancelación. Durante la ocupación chilena de Lima se significó como un comerciante activo que continuaba importando diferentes artículos sirviéndose de las líneas extranjeras que mantenían la neutralidad. En 1881 firmaba con otros compatriotas una carta dirigida al Ministerio de Estado para que se les permitiera usar la bandera española en el comercio marítimo en el Pacífico. 29 Figuró, junto a los españoles Benito Valdeavellano, los hermanos Serdio y Calixto Romero, entre los acreedores del gobierno de García Calderón y entre los suscriptores de bonos que el presidente provisorio emitió para garantizar los préstamos. Sobrevivió a los avatares de la guerra e incluso sus movimientos hicieron que saliera reforzado en su posición económica. Basadre le incluye en la lista de los propietarios de grandes negocios en 1888, lo que le llevaría a integrar el Consejo Directivo de la Cámara de Comercio de Lima desde su instalación el 20 abril de ese año y hasta 1889, y de nuevo desde 1892 a 1903. Fue su tesorero de 1892 a 1896 30 y formaría parte de la comisión constituida en 1893 por el gobierno de Remigio Morales Bermúdez para estudiar la cuestión de la adopción del patrón oro. Las reclamaciones de los españoles tienen que ver con la formación y articulación en el Perú de grupos económicos que se configuraron en torno a la explotación de dos grandes recursos, el guano y el salitre, y de negocios financieros y especulativos. Con las redes que se conformaron y cómo se manejaron los recursos, no se aprovechó la enorme riqueza que éstos generaron en programas de inversión a medio y largo plazo en que se aunaran los esfuerzos de la iniciativa estatal y privada y que posibilitaran un desarrollo sostenido. Gootenberg, en esta línea, se refiere a la "prosperidad ficticia" del guano y da pistas para desentrañar las consecuencias que tuvo para un país que, gracias a la movilización de recursos financieros, llegaría a convertirse en el primer acreedor en los mercados de Londres. La torre de naipes se desmoronaría en la década de 1870 porque el Perú se había aferrado a la incertidumbre de un recurso privilegiado que le permitiría conseguir pingues créditos. 32 También tiene que ver con la política de distintos gobiernos que no propiciaron que el sector privado participara más activamente en la economía nacional, bien al contrario, fomentaron la tendencia rentista y especulativa y la dependencia externa. Quiroz subraya que las políticas de estanco sobre el guano y sobre el salitre, en la tradición mercantilista heredada desde la colonia, incrementaron el problema de la deuda y favorecieron el gasto no productivo. La disminución de los ingresos fiscales y los compromisos financieros adquiridos en la construcción de grandes obras públicas, especialmente los ferrocarriles, llevaron a una dinámica de contracción de deudas tanto en el extranjero como en el propio Perú. 33 Los bancos que se crearon a partir de la década de 1860 se vieron impotentes para hacer frente a la crisis internacional y reaccionaron generando nuevos créditos. En la década de 1870 los gobiernos emprendieron una política de estanco y después de expropiación de las salitreras de Tarapacá y la empresa derivó en nuevas extensiones de líneas de crédito. La guerra con Chile empeoró la larga crisis y a ello se sumaría posteriormente el Contrato Grace y sus secuelas. Quiroz desentraña cómo estas tendencias no se contradicen con el desarrollo de sectores con iniciativa -"grupos económicos"-que 32 Gootenberg, Paul: Caudillos y comerciantes.La formación económica del Estado peruano 1820-1860, Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de Las Casas", Cuzco, 1997, pág. 242. desde las instituciones bancarias y comerciales y desde la actividad mercantil, agrícola y minera lideraron la reconstrucción financiera del Perú a partir de 1884. Contreras sitúa la incidencia de los principales recursos productivos en el plano general del desarrollo del mercado interno en el que entran en juego factores como el medio físico, la población y el consumo, y el sistema fiscal. 34 En las dinámicas especulativas participaron los españoles que la propuesta singulariza. Emplearon su capital para adquirir certificados y bonos esperando obtener beneficios a cuenta de los ingresos del guano, el salitre, el ferrocarril, y los créditos, y se vieron afectados por la incapacidad de los gobiernos de hacer frente a sus compromisos. Fueron cuatro los aspectos: 1) sobre consignaciones y certificados de guano, estuvieron en la Compañía Consignataria del Guano en los Estados Unidos y en la Negociación Mejillones (guano de Bolivia); 2) sobre la emisión de billetes, los llamados Inca, durante la Guerra del Pacífico y su posterior retirada a pérdidas; 3) sobre el salitre, fueron tenedores de certificados y tuvieron relación con la Compañía Salitrera del Perú; 4) sobre los certificados "Watson" generados por la deuda contraída por el gobierno del Perú con Henry Meiggs. Los españoles y el guano. La Compañía Consignataria del Guano en los Estados Unidos y la Negociación Mejillones El descubrimiento de las propiedades fertilizantes del guano, del que el Perú poseía grandes cantidades en las islas Chincha y en regiones costeras, daría al país una oportunidad de salir de la crisis postindependentista. Durante años, hasta entrada la década de 1870, las finanzas estatales descansaron prioritariamente sobre el guano, que definiría los perfiles del modelo exportador y en ese tiempo, el patrón de la articulación de la economía peruana. 35 En 1841 se decretaba el estanco (monopolio) del Estado sobre el guano y se establecía un sistema de consignaciones que estuvo en vigor hasta 1869. Quiere decir que se llegaba a un acuerdo entre el Estado propietario del guano y comerciantes-empresarios (peruanos o extranjeros), que por contrato obtenían la explotación, transporte y venta del guano y a cambio el gobierno de turno recibía un porcentaje de los ingresos líquidos. Los consignatarios fueron además los mayores prestamistas del Estado al proporcionar adelantos sobre los beneficios de ventas no realizadas. El sistema era una vía para defraudar, ya que los interesados inflaban los costos de producción y, por su parte, el erario trataba de incrementar el precio de las ventas para rentabilizar utilidades. Si el Perú pudo acometer la situación fiscal y consolidar la Deuda Nacional en un complicado proceso de reconocimiento y cancelación de las deudas externas e internas y convertirse en un país "fiable" para los acreedores, la consolidación de la Deuda en 1850 tuvo otra cara, según Quiroz, generando una dinámica creciente de especulación y corrupción. 36 El exceso de abusos y de ganancias que los implicados obtenían a costa del erario y el creciente endeudamiento del fisco frente a las casas consignatarias llevaron a un cambio del sistema. En 1867 una ley de 16 de julio del Congreso Constituyente prohibía los contratos de consignación y su prórroga. En 1869 el gobierno de Balta, enemigo de las consignaciones, se apoyaba en el ministro de Hacienda Nicolás de Piérola para entregar la consignación del guano a la firma francesa Dreyfus. Los consignatarios perjudicados arremeterían contra esta política y una de las explicaciones del surgimiento del Partido Civil tendría que ver con esta posición. Valdeavellano lo hacía en 1859 con la consignación de Guatemala y Centroamérica y Graña con asuntos en Mejillones en 1869 y presidiendo más tarde la Compañía Consignataria del Guano en los Estados Unidos. La Compañía Consignataria del Guano en los Estados Unidos Graña y Menchaca estuvieron vinculados a la empresa que comerciantes y banqueros constituyeron en 1865 para firmar contratos de consig-nación del guano sobre los Estados Unidos, el primero conseguido el 2 de octubre. La información localizada sobre su intervención es puntual y proviene fundamentalmente de varios documentos que arrancan desde el punto final, la liquidación de la Compañía, y que permiten hacer un recorrido, si bien incompleto, por su historia. 38 Uno de ellos, Memorandum complementario para demostrar que no solo el guano de Chincha sino todo el guano peruano está afecto al empréstito de 1866 y al crédito de la Compañía de Consignación del guano en Estados Unidos, fechado en Lima el 29 de noviembre de 1895, revelaba la deuda que el Gobierno tenía contraída con la Compañía y cuáles eran sus términos. Hasta 1869 todo el guano del Perú se denominaba "Guano de las Islas Chincha" aun cuando se conocían otros yacimientos. En 1869, próximo a agotarse el guano que efectivamente había en las Islas, el gobierno del Perú celebraba un contrato con la Compañía del Guano en los Estados Unidos, donde ya no aparecía el nombre de Chincha. Elevado a escritura pública el 22 de diciembre de 1869, especificaba el derecho que la Compañía tenía para exportar 200.000 toneladas de guano sin especificar su procedencia. Confirmaba la vigencia del firmado en 1865 y que la consignación estaba en relación con los adelantos que la Compañía había hecho al Gobierno. 39 Para cubrirla el Gobierno emitió certificados por igual cantidad, amortizables en cinco años, y a cuyo servicio se aplicó el producto del guano que la Compañía exportaba. Esta se cuidó de esgrimir derechos adquiridos que no podían lesionar otros contratos, como el que estaba vigente con la casa Dreyfus desde 1869. De nuevo la guerra distorsionaría procesos en curso. En 1880 el jefe del Ejército Expedicionario de Chile firmaba un decreto que permitía a los tenedores de bonos peruanos la extracción de guano de "los depósitos ocupados". La condición era que buscaran una casa responsable que asumiera las diligencias y los gastos. Y fue la Compañía Consignataria del Guano en los Estados Unidos la que se hizo cargo como tenedora de los bonos de 1866. El decreto de 9 de febrero de 1882 que afectaba a los intereses de los territorios ocupados por los chilenos estipulaba, por lo que al guano concernía, que Chile recibiría el 50% de los guanos de Tarapacá, el Perú el 50% de los guanos de Lobos, y los acreedores del Perú el 50% de todos los guanos de Tarapacá y Lobos. Después terminarían las concesiones de guano de Tarapacá y se cerrarían sus cuentas en el Banco de Inglaterra. Según Sobrerilla, el cambio de actitud se debió a la presión francesa en apoyo del otro gran acreedor peruano, Dreyfus. Cuando se firmaba el Tratado de Ancón el 20 de octubre de 1883, Chile conservaba Tarapacá y como contrapartida adquiría la obligación de dar una cantidad a los tenedores de bonos que no alcanzaba ni mucho menos sus expectativas. 40 Acuciada por la presión financiera o porque sus socios estaban en otros negocios, en un momento que no se ha podido precisar la Compañía solicitaba la liquidación. Un documento de la Corte Suprema del Perú de 1891, proporciona alguna pista. 41 Dictaminaba que la Compañía no se podía liquidar porque había varios recursos entablados por la Fiscalía y pendientes de resolución ante el Tribunal Supremo de la República, y porque al momento no podía establecerse si en la liquidación el gobierno debía a la Compañía o esta al gobierno. El proceso seguiría abierto y en 1895-1896 una serie de cartas firmadas por Julio Villanueva y dirigidas a Waldo Graña, presidente de la Compañía Consignataria del Guano en Estados Unidos, que se encontraba entonces en Santiago de Chile, posiblemente atendiendo a asuntos relacionados con la Compañía Salitrera, le ponían al tanto. En una de ellas, fechada en Lima el 24 de noviembre de 1895, Villanueva le hacía saber que Pablo Escobar, presidente de la Junta Liquidadora nombrada por la Compañía para ejecutar la liquidación, pedía datos para poder presentar saldos al Tribunal Arbitral de Berna. La Junta estaba formada por N. de Aramburú, L.N. Bryce, G. Espantoso, R. Álvarez Calderón, J.V. Oyague, Gabino de Menchaca y P. Escobar (presidente), y como suplentes figuraban Enrique de la Riva Agüero y Guillermo Salcedo. Todavía viva en 1896, tenía como accionistas a notables, cuyos nombres se entrecruzan en redes que convergen en tramas de negocios y reclamaciones compartidas. Y entre esos apellidos, los de Graña y Menchaca. El Guano de Mejillones Waldo Graña estuvo en la explotación del guano en Mejillones donde desde 1845 el gobierno afirmaba su presencia construyendo un fortín y dándole la categoría de Puerto Menor. 42 En 1866 Chile y Bolivia acordaban financiar mancomunadamente la construcción de Oficinas de Administración y Resguardo de Aduanas y al tiempo firmaban un tratado de límites que fijaba la frontera en el paralelo 24o sur, con lo que Mejillones se reconocía de soberanía boliviana. 43 El 29 de noviembre de 1869 se firmaba un contrato entre el gobierno de Bolivia y Enrique Meiggs -representado por Lorenzo Claro-para la compra y venta de los guanos bolivianos, así como la explotación de los minerales situados en el territorio de Mejillones, entre 42 Panadés Vargas, Juan; Ovalle Ortiz, Ottorino y Rojas Herrera, Pedro: Mejillones, un pueblo con historia, Municipalidad de Mejillones, Mejillones, 1995. 43 El Tratado de Límites entre Chile y Bolivia se firmaba el 10 de agosto de 1866 y el 8 de enero de 1873 ambos países acordaban un convenio para darle cumplimiento. Suponía el reparto de los beneficios provenientes del guano de Mejillones y la presencia de empleados fiscales chilenos. Se contemplaba la indemnización a los explotadores de las Altas Partes. El Acta Adicional ratificaba los derechos chilenos a supervisar el funcionamiento de las aduanas. los 23 y 25o latitud meridional. Meiggs hacía un préstamo de 4 millones de pesos fuertes (bolivianos) al 8% anual que el gobierno de Mariano Melgarejo (1864-1871) debía devolver con sus correspondientes intereses. Las cláusulas del contrato fueron modificadas por Bolivia por ley de 5 de septiembre de 1870, pero Meiggs no las aceptó y el contrato quedó rescindido el 31 de octubre. El gobierno quedaba obligado a devolver el millón de bolivianos recibidos hasta entonces y a abonar 800.000 más en concepto de indemnización. No hay indicios de que Graña estuviera entonces en los negocios si nos orientamos por la correspondencia que mantenía con Manuel Pardo hablándole de su situación precaria y pidiéndole empleo. Tampoco se ha podido documentar la constitución de una Negociación Guano de Mejillones que en 1879 compraba a "Meiggs herederos" bonos emitidos por un millón de pesos fuertes conservando todas las garantías sobre la base del guano de Mejillones (que estaba agotado hacía tiempo) y los productos de la aduana de Arica. Pero Graña figuraba como "acreedor subrogado en los derechos del finado Meiggs" y era su socio Dionisio Derteano. Durante años se prolongó la demanda hasta que finalmente en 1883 se planteaba la liquidación de la Negociación. El apoderado de Graña, Vicente Holguín, y representantes del gobierno de Bolivia formaban un consorcio a tal efecto el 20 de marzo de 1883. 44 Por escritura pública otorgada en La Paz el 30 de marzo de 1883, el gobierno declaraba acreditados los bonos emitidos en 1879 por un millón de pesos fuertes (bolivianos) que la Negociación compró a Meiggs. El litigio se prolongaría hasta febrero de 1886, en que se reunieron representantes de ambas partes para dar un arreglo definitivo al llamado "Crédito Graña". El apoderado del español defendía que Graña tenía derecho a que se le adjudicara el 35% libre sobre los derechos de la Aduana de Arica, fundándose en los términos de la escritura de 30 de marzo de 1883. Trabado por la complejidad de su demanda Graña quiso dar facilidades al Gobierno de Bolivia para que cancelara su deuda y ofreció cederle la suma de 672.512 bolivianos y 11 centavos, de modo que el saldo quedara reducido a 1.500.000 bolivianos, que el gobierno podría pagar emitiendo bonos por valor de 2.000.000 de bolivianos al 6% de interés anual y el 2% anual de amortización acumulativa. El Gobierno boliviano se mostró proclive a cumplir sus compromisos y el 16 de noviembre de 1886 el 44 Resoluciones del gobierno de Bolivia de 6 y 21 de marzo de 1883, mandando la liquidación y glosa de las cuentas de la Negociación Guano de Mejillones, La Paz, 1883. Congreso Nacional facultaba al Ejecutivo para liquidar el "Crédito Graña". Todavía pasarían meses hasta que, en este caso, se llegara a una resolución. Con esa cantidad Graña se daba por satisfecho a pérdidas. 45 Tenía otros frentes que cubrir y salvar los negocios que, en relación con el salitre, se vieron severamente alterados por la Guerra del Pacífico.46 Los bancos y los billetes Inca Los primeros bancos se establecieron en el Perú en la década de 1860 en relación con los negocios guaneros y tenían la facultad de emitir billetes que circulaban como dinero y servían en transacciones sin regulación estatal. 47 En los directorios se registra la presencia de españoles, lo que quiere decir que tenían una experiencia de cómo manejar el crédito y además tenían relación con peruanos notables involucrados en la misma empresa. El pionero fue el Banco La Providencia cuyo gerente durante muchos años sería Francisco García Calderón. El Banco del Perú, varios de cuyos accionistas pertenecían a la Compañía Nacional del Guano (denominación de la Sociedad Consignataria del Guano), tuvo en su directorio entre 1872 y 1873 a José María Sancho Dávila, Luis Mortier, Enrique Ayulo, Manuel G. Chávez, Carlos Delgado, Juan Calderoni, Rafael Canevaro y Francisco Bryce. Waldo Graña fue su gerente. En el Banco Garantizador (1872) estaría el suegro de Menchaca, Juan Figari y más adelante el propio Menchaca. 48 También el español figuraría como gerente en el directorio del Banco Anglo Peruano (Londres 1873). En un intento de reorganización, bajo la presidencia de Pardo el Congreso del Perú aprobaba una ley en 1875 por la que únicamente los bancos que cumplieran una serie de requisitos recibirían el respaldo del Ejecutivo, y sus billetes serían recibidos por las oficinas fiscales. Sólo hubo cuatro, los llamados Bancos Asociados: Banco de la Providencia, Banco del Perú, Banco de Lima y Banco Nacional del Perú. En un movimiento concertado el 10 de septiembre otorgaban al gobierno un préstamo de 18 millones de soles con la garantía del guano y salitre. Más adelante, como se verá, dos de ellos estarían en la constitución de la Compañía Salitrera del Perú. En pleno conflicto externo e interno, por Resolución de 23 de marzo de 1880, Nicolás de Piérola introducía una nueva unidad monetaria, los billetes Inca. Se acuñaban monedas de plata (no de oro) y se imprimían billetes de 1, 5, 20 y 100 por un valor de 5 millones de "Inca" garantizados por los bienes del Estado depositados en el Banco de Londres, México y Sudamérica. Los soles fueron reconvertidos en una relación de un sol por un real de Inca, cinco soles por cinco reales de Inca y 100 soles por 100 centavos de Inca. El 7 de abril de 1881 el gobierno de García Calderón mandó recoger e inutilizar las planchas para imprimir Incas y los pliegos impresos que quedaban sin emitir y limitó la cantidad de billetes emitidos. Posteriormente se ordenaba la reconversión de Incas en soles en relación de 10 soles un Inca y según esa relación los "Inca" fueron resellados, los últimos en 1883. 49 En el proceso estuvieron implicados los hermanos Serdio, Gabino de Menchaca y Benito Valdeavellano. Consideraron que los billetes Inca que poseían no se reconvertían en el valor que consideraban les correspondía y activaron sus reclamaciones. Primero (diciembre de 1883) lo hicieron junto con otros perjudicados (J.D. Schiaffino, Pedro Correa y Santiago, Juan P. Gallagher, Juan Revoredo, G. de Heudebert y Alejandro Garland) 50 ante el ministro de Justicia del Perú. Al no obtener respuesta satisfactoria, el 24 de mayo de 1884 los españoles acudieron al ministro residente de España Enrique Vallés pidiendo protección oficial. Entonces se producía un cam-bio en la representación y eso les llevaría a dirigirse al ministro Emilio de Ojeda el 5 de diciembre de 1884, que haría una gestión, casi simultánea, ante el ministro de Estado de España y ante el ministro de Relaciones Exteriores peruano. Explicaba cómo los billetes denominados Incas debían ser recibidos en toda clase de transacciones como moneda y cómo se apelaba a la fuerza para obligar a los bancos a cambiar al tipo oficial sus billetes soles por Incas y a los comerciantes a vender sus efectos en Incas al cambio de 8 soles. De ese modo, según Ojeda, en los bancos y comercios no hubo más moneda que los Incas. La entrada de los chilenos paralizó su circulación. Ante la situación el alcalde Rufino Torrico ordenó el resello de los Incas, con lo que se convertían en billetes fiscales de 10 soles. Aún así la circulación de Incas se hizo cada vez más difícil. El gobierno provisorio de García Calderón, a través del ministro de Hacienda Aurelio Denegri, convocó a expertos que diagnosticaron que se daba la incompatibilidad de dos unidades monetarias y había que unificarlas, retirando los Incas de la circulación y canjeándolos en billetes de soles. Una Resolución Suprema aprobó la fabricación en EEUU de los billetes necesarios para canjear los Incas. Se hizo una primera remesa de 11 millones de soles con la que se atendió al pago del cupo de guerra de 8 millones que impusieron los chilenos. Pero ante la falta de recursos el Gobierno solicitó un préstamo a nombre de la nación. Varios comerciantes de Lima (entre ellos españoles) ofrecieron un préstamo de 12.000 libras esterlinas, sin cobrar interés ni comisión, siempre que en compensación se les otorgase el canje total de los Incas. La propuesta fue aceptada y en ese contexto Valdeavellano hizo un préstamo de 152.000 soles, equivalentes a 19.000 Incas, sin cobro de comisión ni interés. Las autoridades chilenas actuaron "en una acción criminal", según Ojeda, y ordenaron a Valdeavellano, Menchaca y a los Serdio la entrega de los billetes Inca, pero los españoles consiguieron mantenerlos a condición de que no los usarían. Cuando se instaló el gobierno de Iglesias (1883) pasaron al poder judicial los asuntos pendientes en el Juzgado chileno. La Corte peruana falló a favor de los españoles pero la esperada resolución fue suspendida por un decreto de 17 de mayo de 1884. Y se produjeron las reclamaciones. 51 Pero la política era la política. El ministro español se daba por ente-rado de todo lo sucedido, pero aducía no tener datos suficientes sobre las leyes de la República del Perú ni sobre las circunstancias del caso. En un ejemplo de abandono, y aunque la justicia peruana resolvió a favor de los españoles, el Ejecutivo no cumpliría la sentencia y el gobierno español se limitaría a aconsejar calma y paciencia. Los certificados salitreros y la Compañía Salitrera del Perú Para romper ataduras el gobierno de Pardo se propuso buscar alternativas a la preeminencia del guano. Para entonces el salitre, del que el Perú tenía importantes recursos en la zona costera del sur, Tarapacá, era explotado por compañías e individuos peruanos y de otras nacionalidades. Con el propósito de controlarlo y para racionalizar la explotación, por decretos de 18 de enero y 23 de abril de 1873 el gobierno de Pardo asumía el estanco del salitre y encargaba al Banco de La Providencia la recaudación de los impuestos sobre su explotación. La siguiente vuelta de tuerca fue la autorización que el Congreso, por ley de 28 de mayo de 1875, daba el Ejecutivo para expropiar las salitreras e incorporarlas al Estado. 53 Para hacer frente a la operación se necesitaba negociar un empréstito en Europa y entre tanto recurriría a otras vías, como la emisión de certificados. Se emitirían tres tipos: al portador, los nominales -porque llevaban designado, a solicitud de los vendedores, el nombre de la oficina a que correspondían-y los intransferibles, a los cuales pertenecían los que se mantenían en la posesión de las oficinas vendidas. Los tres tenían la misma garantía establecida por la ley que regulaba las oficinas compradas por el gobierno y los demás terrenos salitreros pertenecientes al Estado. 53 Para Tantaleán no hay una contradicción entre la posición liberal del civilismo y la política del estanco y estatalización del salitre, detrás está la protección de intereses nacionales. Ver Tantaleán Arbulú: Política económico-financiera y la formación del Estado, pág. 189. Amayo interpreta esta tendencia en el proceso en curso de potenciación del Estado que la guerra con Chile cortaría abruptamente. Ver Amayo, Enrique: La política británica en la Guerra del Pacífico, Ed. Una resolución de la misma fecha establecía que el monto de los certificados fuera de un millón de soles. Con el aval del Estado y la garantía de la ley tuvieron fácil circulación en las transacciones comerciales, y esta circunstancia favorable llevó a muchos vendedores de salitreras a solicitar certificados al portador, lo que hizo que su número fuera excesivo. El decreto daba a los certificados salitreros un interés del 2% trimestral y para su pago el Gobierno de Mariano Ignacio Prado ajustó un contrato con los Bancos Asociados de Lima, que fue ampliado el 29 de abril de 1878. 54 El empréstito no se consiguió y el Perú no pudo hacer frente a la cancelación de los certificados. En enero de 1876 se declaraba la bancarrota que tuvo, entre otros efectos, la paralización de las obras públicas en curso y el colapso del sistema bancario, que se salvó por la intervención gubernamental. Para lidiar con la crisis Pardo acudió a Mariano Ignacio Prado (1876-1879), que había estado al frente del país durante la guerra con España, y cuya candidatura a la Presidencia apoyó el Partido Civil. En el inicio de su gobierno pudo atenuar la crisis financiera mediante el acuerdo con acreedores ingleses constituidos en la Compañía Peruana del Guano que manejarían los ingresos de ese producto a cambio de cumplir con el servicio de la deuda. 55 Para entonces el Gobierno ya miraba al salitre. El 16 de julio de 1878 se firmaba un contrato con el Banco La Providencia que sería la base de la constitución de la Compañía Nacional del Salitre: el Ejecutivo contrataba con el Banco la consignación del salitre, la administración de las salitreras y el servicio de los certificados. Una de las cláusulas estipulaba que el Banco podría formar sociedad para cumplir con sus objetivos, y así lo hizo. La escritura pública por la que se constituía la sociedad anónima Compañía Nacional del Salitre es de 24 de julio de 1878. Se estipulaba que el Banco La Providencia transfiriera todos los derechos de su contrato, comprometiéndose la Compañía a cumplir con sus obligaciones. 56 acreedor hipotecario del Gobierno por la suma establecida. 57 Eran mayoritarios los intereses peruanos, aunque también había extranjeros. Los accionistas de la Compañía eran el Banco La Providencia con 1/5 de la capital, que equivalía a 1.600 acciones; el Banco Nacional del Perú por la misma cantidad; Don Benito Valdeavellano "por igual cantidad para diversas personas"; Don Carlos Elizalde "por igual cantidad para varias personas"; Don Dionisio Derteano con 800 acciones; y Don Francisco García Calderón por la misma cantidad. 58 Se trataba, como se advierte, del círculo cercano en su momento al ex presidente Manuel Pardo. Según los términos del contrato la Compañía Salitrera del Perú adquiría como obligaciones: adelantar al gobierno trimestralmente el 2% sobre el monto total de los certificados emitidos y semestralmente otro 2% para la amortización; proporcionar los fondos necesarios, tanto para la "toma de posesión" por la Compañía de las oficinas y propiedades salitreras como para su vigilancia y custodia, conservación y reparación; pagar a los elaboradores de salitre, en los términos especificados en sus contratos, el precio de la cantidad de este producto que debían entregar a la Compañía; y anticipar los gastos de flete, descarga, almacenaje y seguro. A cambio la Compañía tenía derecho exclusivo y libre elección de la venta del salitre en todos los mercados, excepto los de Estados Unidos y Canadá; podía fletar los buques necesarios para su exportación; tomaría posesión de las salitreras y oficinas pertenecientes al Estado con escritura de compra (eran las afectadas en 1875); y recaudaría los derechos de exportación. El contrato tenía una vigencia de cinco años pero se prolongaría mientras el Gobierno no cumpliera sus obligaciones. 59 No pudo ser, pues la ocupación chilena de los territorios de Tarapacá cambió la suerte de los tenedores y de la Compañía Salitrera El 5 de abril de 1879 Chile declaraba la guerra al Perú, lo que intensificaría la debacle económica y los desacuerdos internos. Entre las causas 57 Se refiere al préstamo de 18 millones de soles que los llamados Bancos Asociados otorgaron al gobierno de Pardo el 18 de septiembre de 1875, con la garantía sobre el guano y el salitre. 58 Exposición que hace la Compañía Salitrera del Perú respecto del origen y legalidad de su crédito, Imprenta del Teatro, Lima, 1884. En el anexo está el documento de la fundación (págs.33-35). 59 Los términos del contrato en: La reclamación de la Compañía Salitrera del Perú considerada ante el Derecho internacional, el Derecho público y jurisprudencia de Chile. Imprenta Santiago, Lima, 1893. que llevaron a la guerra estuvo el salitre. Cuando en el desierto de Atacama, 1.080 kms. de franja costera que se repartían Chile, Bolivia y el Perú, se descubrieron ricos depósitos se desató la pugna por precisar la soberanía de cada uno de los países. La política peruana de nacionalización de las salitreras de Tarapacá había provocado el rechazo de productores chilenos y extranjeros, muchos de los cuales se desplazaron más al sur, al desierto de Atacama. El detonante último sería la introducción por Bolivia de un impuesto a los explotadores de salitre en su franja de Atacama, lo que contravenía tratados firmados con Chile, que decidió ocupar el puerto boliviano de Antofagasta. Bolivia declaró la guerra el 14 de marzo y buscó al Perú para que cumpliera el tratado de alianza que ambos habían sellado. En noviembre de 1879 los chilenos ocupaban Tarapacá. La división en la cúpula política y militar y el estado de guerra civil en el Perú facilitarían las victorias chilenas. El 23 de diciembre de 1879 Nicolás de Piérola (que, recordamos, había sido el ministro que firmó el contrato Dreyfus) desbancaba al Gobierno e instauraba una Dictadura, "para salvar al país". La economía estaba bajo mínimos y los acreedores no estaban dispuestos a hacer nuevos préstamos ni más concesiones. La ocupación chilena de las islas guaneras y los territorios salitreros empeoraron el panorama. Se adjudicaba a los tenedores de la deuda externa del Perú la propiedad de los ferrocarriles nacionales en un antecedente de lo que sería el Contrato Grace y que no fue en ese momento aceptado por los tenedores. 60 Entre tanto los chilenos avanzaron por la costa hasta cercar la capital y derrotar a Piérola en San Juan y Miraflores. Lima era ocupada el 17 de enero de 1881 y, con el argumento estratégico de organizar la resistencia desde el interior, Piérola abandonó la ciudad dejando un vacío político que fue llenado por el consenso entre notables peruanos y los ocupantes chilenos que derivó en el nombramiento de Francisco García Calderón como presidente provisorio (12 marzo-28 septiembre 1881). Hasta que fue exiliado a Santiago de Chile en septiembre de 1881, desde la base de La Magdalena trató de tomar medidas. Contó con la ayuda económica de personajes que le hicieron préstamos por "amistad" o "conveniencia", entre ellos los españoles Valdeavellano y Menchaca que habían compartido con él negocios en tiempos pasados. La emisión de los billetes Inca tiene que ver con los desajustes del sistema financiero y está en la línea de comportamientos previos, más proclives a la especulación que a la inversión en sectores productivos. La guerra se prolongaba. Tras las facciones estaban los intereses. Mientras los hacendados serranos tenían como prioridad salvar sus propiedades, la elite limeña relacionada con la actividad mercantil y especulativa, miraba con desesperación la ocupación de Tarapacá. El Tratado de Ancón de 20 de octubre de 1883, firmado entre el general Miguel Iglesias y el gobierno chileno, sentenciaba la pérdida por el Perú de Tarapacá y "transitoriamente" de Tacna y Arica. Bolivia se quedaba sin la franja costera (Mejillones y Caracoles) y la salida al mar. España se mantuvo neutral y eso hizo que las propiedades de sus ciudadanos fueran respetadas. No sucedió lo mismo con los españoles pertenecientes a la oligarquía comercial y financiera que se vio fuertemente lesionada con la desaparición de las rentas provenientes del guano y el salitre y la crisis del sistema bancario. El Gobierno chileno no se desentendió del problema y tomó medidas al respecto. En concreto los presidentes Pinto y Santamaría adoptaron una política liberal que se aplicó también a la cuestión del guano y del salitre. Para tratar el problema de Tarapacá se formó una Primera Comisión Consultiva del Guano y Salitre que estudió la documentación, especialmente la de la Compañía Salitrera del Perú. Una Segunda Comisión Consultiva tomó en cuenta la enorme deuda que asumiría el Gobierno si tuviera que hacer efectivos (cancelar) los certificados salitreros que el Perú había emitido. El 11 de junio de 1881 se promulgaba el Decreto de Reconstitución de la Propiedad Salitrera de Tarapacá por el que el gobierno chileno reconocía los certificados salitreros y más adelante un decreto de 28 de marzo de 1882 autorizaba el rescate de salitreras por parte de los tenedores de certificados. 61 Todavía una ley de 18 de abril de 1887 autorizaba el pago de los certificados salitreros que estaban en manos de extranjeros y permitía que algunas salitreras pasaran al dominio fiscal. Las autoridades chilenas reconstruyeron el proceso desde su perspectiva: hasta 1873 la legislación peruana reconocía como propiedad nacional los territorios salitreros que podían pasar a manos de particulares, así la ini-ciativa privada invirtió capitales y se formaron establecimientos que producían anualmente millones de quintales de salitre y el Estado se beneficiaba de los derechos de Aduana. En esta situación se tuvieron noticias de que tanto en Bolivia como en el norte de Chile había grandes yacimientos de salitre. El gobierno de Manuel Pardo temió que con el aumento de la oferta bajaran los precios y para conjurar el peligro se promulgaron las leyes de 18 de enero y 23 de abril de 1873 que establecían el estanco del salitre, lo que suponía que los propietarios de Tarapacá tenían que vender su producción al Gobierno al precio convenido. Además se paralizaban las denuncias de nuevos terrenos salitreros. Más tarde una ley de 28 de mayo de 1875 derogaba las dos leyes del estanco y daba al Ejecutivo autorización para adquirir los terrenos y establecimientos salitreros de Tarapacá y de celebrar contratos para su consignación. Para financiar la operación daba al Gobierno poder para, con la garantía de los establecimientos que comprara y de los que ya poseía, pudiera contratar un empréstito que no excediera de siete millones de libras esterlinas. De ellos cuatro millones irían al pago de las propiedades que el gobierno adquiriese y hasta tres para el pago de ferrocarriles contratados y otras necesidades que hubiera de afrontar. Por el primero se aceptaba la propuesta de los Bancos Asociados de Lima para encargarse durante diez años de la administración y venta del salitre, es decir de la consignación. Por el segundo se establecía que el Gobierno pagaría a los propietarios expropiados en un plazo máximo de dos años, una vez se consiguieran en Europa los fondos necesarios. Entre tanto los propietarios obtendrán certificados nominales o al portador con el visto bueno del Ministerio de Hacienda. 62 En este contexto, los tenedores de certificados, cuyas reclamaciones no consiguieron prosperar ante las instancias chilenas, se volvieron al Gobierno del Perú haciéndole responsable subsidiario. Finalmente, como último recurso, los extranjeros buscaron ayuda en sus representantes diplomáticos. Los españoles solicitaron a sucesivos ministros, Emilio de Ojeda y Ramiro Gil de Uribarri, que pidieran la intervención del Gobierno español. Pero como había sucedido con los billetes Inca, el Ministerio de Estado, sin quitar la razón a sus ciudadanos, no hizo ningún movimiento concreto a la espera de que el Ejecutivo peruano se pronunciara. Entre los reclamantes de peso estuvo, hasta al menos 1912, la Compañía Salitrera, y durante un tiempo, en la década de 1890, el encargado de las gestiones fue Waldo Graña. El argumento central esgrimido era que los certificados salitreros eran derechos privados, que se mantenían aunque la soberanía hubiera pasado de un país a otro. En los años 1881 y 1888 (es decir, antes y después de la Guerra), la Compañía Salitrera del Perú había emitido bonos que fueron adquiridos entre otros por Gabino de Menchaca, Guillermo Salcedo, Óscar Heeren, Alejandro Garland, Octavio Tudela, J.P. Escobar y C.P. López. 63 Gabino de Menchaca suscribía bonos por 12.000 libras esterlinas más los intereses y garantizaba el cumplimiento de su obligación con los bonos de 100 libras esterlinas, números 401-424, y era el tercero en cuanto a cantidad después de Garland y Heeren, que suscribieron 20.000 libras esterlinas. En 1902 los tenedores de bonos y la Compañía firmaban un convenio por el que los primeros se obligan a pagarle "una comisión de cobranza sobre la suma que reciben en cancelación a la par del capital e intereses de sus bonos, con tal de que el pago de los bonos se efectúe en el año de 1893 con los fondos que entregue el Gobierno de Chile a mérito de las gestiones que ante él hace la Compañía Salitrera". 64 Diez años después de la firma del Tratado de Ancón, es decir en 1893, los gobiernos europeos consiguieron que el de Chile se comprometiera a pagar en efectivo los certificados salitreros a los tenedores. Graña se encontraba en Santiago defendiendo ante las instancias chilenas los derechos de la Compañía Salitrera. Y lo hacía poniéndose frente a tenedores de bonos del guano y también frente a otros tenedores de certificados de salitre. Hacía una exposición razonada respondiendo al ministro de Relaciones Exteriores de Chile y a los argumentos que había presentado ante el Congreso en 1893. Para respaldar las razones de la Compañía Salitrera remitía a sus orígenes y a los términos del contrato firmado con el Gobierno del Perú en 1878. La Compañía, en su cumplimiento, había entregado una serie de adelantos que formaban el crédito vigente, con garantías especiales e hipotecas legalmente constituidas y autorizadas por el Congreso. Con la guerra, Chile despojó a la Compañía de todos sus dere-63 Algunos de los tenedores de bonos emitidos por la Compañía Salitrera estaban también entre los perjudicados por los certificados salitreros de 1878. Entre ellos los españoles Gabino de Menchaca y Enrique Otero. Por su parte Óscar Heeren y Alejandro Garland, como se ha señalado, estaban involucrados en otras operaciones de crédito. 64 Compañía Salitrera del Perú. Convenio con los tenedores de bonos de la Compañía Salitrera del Perú, diciembre, 31 de 1902. Graña aventuraba que podría tener que ver con que el Gobierno de Chile diferenciaba que los acreedores sustentados con la garantía del guano eran extranjeros, mientras la Compañía Salitrera del Perú era una sociedad peruana. Y subrayaba que no era así, porque desde sus orígenes la mayor parte de sus accionistas eran extranjeros y lo eran también en 1893. Graña argumentaba también que no era justo que al extranjero se le respetara cuando operaba aislado escudado en su nacionalidad, y no cuando lo hacía asociado con capitales y productores nacionales (en este caso peruanos). Si esto sucedía él avistaba que, Pronto desaparecerá para estas Repúblicas aquella corriente fecunda de prosperidad, y si de alguna manera continuase, no será ciertamente para fundar empresas de permanente conveniencia; no para llevar mayor desarrollo al cultivo de los campos ni para fomentar las actuales industrias, ni crear otras nuevas, sino que dispuesto siempre a emigrar en estos países sólo para dar pábulo a especulaciones de agio, rápidas y pasajeras que esquilman y destruyen la vitalidad de los pueblos, en lugar de aumentar su vigor y sus riquezas... Así debía tenerse en cuenta y resolverse según los principios que se aplicaron cuando Francia e Inglaterra defendieron a los acreedores del Perú por deudas en relación con el guano. Y Graña acudía al Protocolo Bacourt-Errázuriz (firmado por Chile y Francia el 23 de julio de 1892) que estipulaba en su tercera cláusula que tendrían opción a reclamaciones "todos los acreedores del Perú, cualesquiera que sea su nacionalidad, cuyos títulos de crédito aparecieren sustentados con la garantía del huano". En esta línea, en nota dirigida por la Cancillería de Chile al plenipotenciario francés el 6 de julio de 1888, se había dicho que la condición de todos los acreedores del Perú "sean franceses o de cualquiera otra nacionalidad", era idéntica para Chile. Graña pedía que se aplicara esto a la Compañía Salitrera. 65 Aportaba en su alegato varios documentos referidos a 1895 insistiendo en que los derechos de la Compañía no estaban afectados por los términos del Tratado de Ancón 66 y reclamaba el millón de libras esterlinas por capital e intereses que se le debían, con hipoteca expresa de los derechos y propiedades salitreras que pertenecieron al gobierno del Perú. 67 Graña volvía a la carga después de que un fiscal de la Corte Suprema de Chile elevara al Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país un informe sobre la Compañía. Y lo hacía acudiendo a la representación diplomática de países acreditados y relacionados con el problema. El punto central era que la Compañía tenía una nacionalidad originaria peruana, a pesar de que las acciones se hallaran en poder de extranjeros. Graña retomaba sus argumentos y de nuevo acudía a la historia. Por decretos de 23 de febrero y 23 de abril de 1880 el gobierno chileno había puesto término "violentamente" a la empresa para la que fue creada la Compañía Salitrera, que era la administración de las salitreras del Estado (peruano), la exportación y venta de los salitres que en ellas se elaboraban y el cobro de los derechos de exportación. La única masa divisible de la Compañía fue el saldo que arrojó a su favor la cuenta de adelantos hechos con la garantía de los salitres y de los derechos de exportación. Cuando se celebró en 1884 el Tratado de tregua con Bolivia, el gobierno de Chile acogió las reclamaciones de los tenedores de acciones y exigió del gobierno boliviano que reconociese los daños y perjuicios. Los representantes de Francia, Gran Bretaña, Italia, Bélgica y Holanda enviaron una nota colectiva al gobierno de Chile el 15 de febrero de 1884 defendiendo los derechos de sus nacionales. Posteriormente, en 1895 Chile firmaba el Tratado con Bolivia68 y contraía la obligación de pagar indemnizaciones en compensación al reconocimiento que Bolivia hacía de la soberanía de Chile en el litoral. Mientras, el gobierno del Perú había emitido bonos de deuda pública. Los tenedores, pertenecientes a diversas nacionalidades y representados por una sociedad Anónima, Corporación Peruana, fueron patrocinados por los representantes de sus respectivas naciones. Finalmente el Gobierno chileno entregó a aquellos tenedores de bonos el producto del guano que había ingresado en las arcas fiscales de Chile y además concedió a dicha Corporación, representante de los tenedores, "la explotación por ocho años de todos los yacimientos de guano que Chile había adquirido en la Guerra con el Perú". Pero en el proceso quedaron marginados los "no peruanos". En 1898 se iniciaban gestiones diplomáticas a favor de la Compañía, siendo el más diligente el Gobierno italiano. En ese momento Graña aún representaba a la Compañía de Salitrera y pedía que el Ejecutivo chileno le devolviera el valor del salitre que tenía a su disposición, cuyo producto había ingresado en su tesoro público. Fundaba su reclamación "en el contrato celebrado con el gobierno del Perú elevado a escritura pública". 69 Los distintos intentos fracasaron a pesar del apoyo del Gobierno del Perú. El de Chile había archivado el caso en 1910 y, en esta situación, la Compañía se veía obligada a pedir que fuera el Fisco peruano el que asumiera las obligaciones. La reclamación seguía abierta en 1912, siendo la única pendiente. El origen de los llamados certificados "Watson" está en relación con la emisión de certificados salitreros y con la deuda contraída por el gobierno con la Testamentaría de Henry Meiggs, de la que se ocuparía Carlos Watson. Se trataba de nuevo de una operación especulativa vinculada al endeudamiento del país y a la incapacidad de hacer frente a las obligaciones con los acreedores, en este caso los tenedores de certificados "Watson". Su historia se extiende desde 1878 a 1903 y en ella están implicados los españoles Gabino de Menchaca y Enrique Otero, junto a notables peruanos y extranjeros. En este caso también, los españoles, tras veinte años de seguimiento y reclamaciones ante las instancias chilenas y peruanas, decidieron acudir a la Legación española para que el Gobierno interviniera en su defensa, y la documentación generada es la base fundamental para tratar de desentrañar esta cuestión. En una trama compleja se advierte la conexión entre certificados "Watson" y certificados salitreros. Los primeros los recibía Watson por la deuda sobre los ferrocarriles, los segundos provenían de los Bancos Asociados a cuenta de la financiación que necesitaba para cumplir con los compromisos adquiridos para la construcción de ferrocarriles y operaciones anexas. Gabino de Menchaca estaría en las dos reclamaciones, a veces paralelas y a veces cruzadas. Para acometer la construcción del ferrocarril, el gobierno de José Balta (1868-1872) acudiría a la experiencia del norteamericano Henry Meiggs. Para financiar la expansión ferroviaria Balta buscó nuevos empréstitos en el extranjero y la operación más importante fue traspasar la consignación del guano de peruanos a la Casa Dreyfus en 1869. El problema comenzó cuando Meiggs pasó al Gobierno su cuenta de liquidación por la construcción de ferrocarriles. Meiggs moría en Lima el 30 de septiembre de 1877 y dejaba los asuntos a su Testamentaría a cargo de Carlos Watson. El 30 de abril de 1878 éste comunicaba al Gobierno de Mariano Ignacio Prado que no disponía de recursos para continuar las obras ni hacer frente a las obligaciones contraídas para realizarlas y que tendría que dejar de operar. Al día siguiente el Gobierno ordenaba a los Bancos Asociados que, en calidad de préstamo, le entregaran en nombre del Ejecutivo la cantidad de 500.000 soles en certificados salitreros, al tipo corriente en plaza, cuyo importe debería devolver en treinta días. El 8 junio de 1878 se daba una segunda orden a los Bancos Asociados para que hicieran una nueva entrega en certificados de salitre por 471.193.10 soles en las mismas condiciones, cuya suma debía restituir el 31 de diciembre. La deuda se contraía pues con el gobierno. Watson, en lugar de hacer frente al compromiso, puso en venta en el mercado certificados (tanto salitreros como sobre el ferrocarril), "al tipo corriente en plaza", algunos de los cuales el gobierno consideraría ilegales. 70 Los españoles Otero y Menchaca adquirieron 16 certificados de 10.000 soles cada uno (Otero tres y Menchaca trece) emitidos en 1878 "para pagar oficinas salitreras, que debía comprar el Supremo Gobierno del Perú" que estaban en poder de Watson. Y "por un acto de notoria denegación de justicia se nos irroga un perjuicio de 160.000 soles, más los intereses". 71 Había otros tenedores con certificados por valor de 970.000 soles, casi todos extranjeros que acudieron a sus respectivos gobiernos (Italia, Francia, Estados Unidos, Alemania y Colombia) pidiendo protección. 70 Este es el origen de los "Certificados salitreros llamados Watson" que no son exactamente los que emitió el Gobierno para indemnizar a los propietarios de salitreras expropiados por el decreto de 1878. Por eso hay dos líneas de reclamaciones sobre los certificados del salitre, la de los tenedores de los certificados "Watson" y la de la Compañía Salitrera del Perú. Son los documentos de las reclamaciones que interponen los españoles Enrique Otero y Gabino de Menchaca ante el representante español Ramiro Gil de Uribarri, que éste eleva al Ministerio de Estado y con la respuesta que recibe. Los documentos van de septiembre de 1901 a julio de 1903 y reconstruyen, desde la perspectiva de los perjudicados, la historia de los "Watson". También la Compañía Salitrera del Perú, que asumiría los compromisos de los Bancos Asociados ya extinguidos, reclamó reiteradamente a Watson la devolución de los certificados entregados en calidad de préstamo. Pero éste argumentaba que su obligación no era ni con la Delegación de Bancos ni con la Compañía Salitrera sino con el Gobierno. El 24 de octubre de 1879, con la guerra ya iniciada y con Piérola en la Presidencia, el Congreso disponía que el poder Ejecutivo exigiese la devolución de los certificados salitreros a los representantes de Meiggs. Pero la operación no llegó a cerrarse, porque el Gobierno no tenía recursos fiscales con los que cancelar los bonos. Después de la guerra el Gobierno de Chile se comprometió con los de Alemania, Italia, Francia y España, a cancelar los certificados salitreros a razón de 105 libras por cada título de 1.000 soles. Los tenedores de certificados "Watson" quisieron el mismo trato porque unos y otros certificados se emitieron en condición de igualdad pero el Gobierno chileno argumentó que no era así porque los "Watson" no se habían emitido para la compra de salitreras, sino para obras públicas del Perú, es decir hacía una distinción entre certificados salitreros y certificados "Watson". Fue entonces cuando los damnificados se dirigieron al Gobierno peruano para que respondiera, porque con los ingresos de los certificados se construyeron y conservaron ferrocarriles. 72 La coyuntura de crisis que atravesaba el Perú se volvería en su contra. En 1886 el presidente Andrés Avelino Cáceres (1886-1890), con el propósito de dar una salida a la crisis, negociaba lo que sería el Contrato Grace, aprobado por el Congreso peruano, tras meses de dilación, el 25 de octubre de 1889. Los grandes acreedores británicos, a cambio de hacerse cargo del servicio de la deuda, recibían una serie de prerrogativas, entre ellas la administración de los ferrocarriles nacionales por 66 años, tres millones de toneladas de guano al año, tierras de montaña y la libre navegación por el Titicaca. Para ejecutar las obligaciones derivadas del Contrato se constituiría en Londres la Peruvian Corporation. 73 Atentos a las implicaciones que se derivarían de la negociación con Grace, el 3 de diciembre de 1886 los tenedores "Watson" pidieron al 72 Certificados salitreros "Watson" representativos de trabajo y materiales en los ferrocarriles. 73 Para seguir el proceso a través del cual el comerciante norteamericano Michael Grace se convirtió en representante de los tenedores de bonos y grandes acreedores británicos, y cuáles fueron los debates internos que se produjeron en el Congreso y Ejecutivo del Perú, ver Sobrevilla: Entre el Contrato Gibbs, págs. 405-408. Gobierno de Cáceres que antes de que se firmara un acuerdo que supondría la entrega de los ferrocarriles se les pagara el capital e intereses devengados de los certificados "Watson". Y dejaban constancia en un documento firmado en Lima en esa fecha F.N. Igartúa, Lino Alarco, J.B. Jeani, Ambrosio Costilezzi, Luis Sada, Luis Brusato Sada, Andrea Dall ́Orso, A. de Ornellas, Óscar Heeren, Felix Raffo, Ernst Middendorf, Pío Fasola, G. Boesche y los españoles Gabino de Menchaca y Enrique Otero. 74 El Gobierno pidió informes a la Compañía Salitrera del Perú y al Tribunal Mayor de Cuentas, que fueron favorables a los tenedores. Los de la Compañía Salitrera tienen fecha de 7 de diciembre de 1886 y de 30 de junio de 1887 y están firmados por su presidente Pedro Correa y Santiago. Pero nada se concretó. El 24 de octubre de 1887, cuando el Congreso trataba la cuestión de la entrega y arrendamiento de los ferrocarriles del sur, los tenedores de los certificados "Watson" presentaban un documento firmado por Gabino de Menchaca con la misma exigencia, es decir que se les cancelara la deuda antes de concretar acuerdos sobre los ferrocarriles. El tema se trasladó a la Corte Suprema, que el 20 de enero de 1888 dictaminaba que el Gobierno debía aplicar a la cancelación de los certificados "Watson" parte de las utilidades de los ferrocarriles. Es decir, los responsables eran los propietarios de ferrocarriles y el Gobierno del Perú. El 19 de julio de 1888 el segundo solicitaba al Congreso que acordara lo conveniente, pero nada se resolvería. El 9 de enero de 1889 Gabino de Menchaca, Ernst Middendorf, Denks, Sada, y Dall ́Orso, en nombre de un "Comité de los tenedores de Certificados salitreros conocidos como Watson" insistía en que se atendieran sus derechos. El Congreso pasaría su demanda a la Comisión de Hacienda que el 14 de enero de 1889 manifestaba que para pronunciarse necesitaría previamente conocer la opinión del Supremo Gobierno. 75 En tal estado de desamparo, en 1892 los tenedores decidieron constituir un Sindicato que se encargara de gestionar la reclamación. 76 Llevarían las actuaciones los miembros del comité directivo Gabino de Menchaca y 74 Derechos de los tenedores de los Certificados Salitreros emitidos por el Supremo Gobierno en el año 1878. 75 Certificados salitreros Watson. Representativos de Trabajos y materiales en los Ferro-carriles: objeto de su emisión, responsabilidades que lo garantizan y documentos. Se trata de un folleto en el que, además de la historia de los certificados, se incluyen 24 anexos que arrancan del contrato entre el gobierno y Meiggs de 3 de febrero de 1877 y llegan hasta las reclamaciones que los tenedores hicieron a las instancias gubernativas y judiciales del Perú en 1889. Guillermo Salcedo, que sustentaron sus quejas en la inoperancia de las instancias (Ministerio de Comercio, Ministerio de Hacienda, Congreso y Corte Suprema de Justicia) que se habían ido pasando el asunto sin que ninguna aceptara la responsabilidad de asumir su resolución. Para cubrir todos los frentes Menchaca, en nombre del Sindicato, 77 pedía que la Peruvian, como tenedora de los ferrocarriles del Perú, cancelara a los tenedores la cantidad de 955.000 soles más unos intereses del 6% desde el 1 de julio de 1879 hasta la cancelación de la deuda. Los tiempos habían cambiado, el Tribunal correspondiente fallaba el 11 de abril de 1898 contra los tenedores y absolvía a la Peruvian de toda responsabilidad, con el argumento jurídico de que los tenedores se hicieron con los certificados en transacción comercial con Watson, sin contrato jurídico alguno. 78 Todavía acudirían a los servicios de uno de los más prestigiosos abogados del Perú, Luciano Benjamín Cisneros, cuyos argumentos jurídicos y la apelación a las sentencias existentes favorables a los tenedores no cambiarían la correlación de fuerzas favorable a la Peruvian. 79 Finalmente, como habían hecho en 1882 otros tenedores de certificados salitreros, en 1901 los españoles Otero y Menchaca optaban, por acudir a su Gobierno a través de la representación diplomática en Lima. Era entonces enviado extraordinario y ministro plenipotenciario Ramiro Gil de Uribarri, que el 22 de septiembre de 1901 enviaba un expediente al Ministerio de Estado en el que resumía la exposición que había recibido de Otero y Menchaca y adjuntaba tres impresos como anexo documental. Según un documento de Gabino de Menchaca, durante un tiempo en que él había estado enfermo, Salcedo se había extralimitado en sus funciones y los tenedores habían prescindido de él. Sentencia en el juicio seguido por Gabino de Menchaca en representación de los tenedores de certificados denominados Watson con la Peruvian Corporation Limited para el pago del valor de aquellos. 79 Fundamentos del recurso de nulidad interpuesto por el Comité de Tenedores de Certificados Watson en el juicio con la Peruvian Corporation sobre el pago de dos millones de soles. Abogado: Dr. Luciano Benjamín Cisneros. Los documentos impresos que el ministro adjuntaba y que respaldaban la solicitud de los españoles afectados eran: el primero, Derechos de los tenedores de los certificados salitreros emitidos por el Superior Gobierno en el año 1878. Lima, diciembre 3 de 1886, en el que están los nombres de Otero y Menchaca junto a Valdeavellano y F. N. de Igartúa, Lino Alarco, J.B. Jeani, Ambrosio Costilezzi (po. de Luis Sada), Luis Brusato, Andrés Dall ́Orso (po. A de Ornellas), Óscar Heeren, Felix Raffo, Ernst Middendorf, Pío Fasola, y C. Boeschel. El segundo, Responsabilidades y gravámenes de los ferrocarriles a cargo de la Peruvian Corporation. Alegato y Expresión de Agravios de los tenedores de estos títulos por D. Luciano B. Cisneros. Y el tercero, Certificados Watson. Lima, 3 de enero de 1901, Opinión de Luis Delucchi, secretario de la Excelentísima Corte Suprema (s.e). Ministerio español acusaba recibo y en una nota interna resumía a su vez los hechos. Revelaba que conocía la reclamación de los italianos a su gobierno, pero ninguna más. Consideraba que el ministro en Lima había procedido correctamente y que debía mantenerse atento a las actuaciones de las instancias peruanas, evitando herir susceptibilidades. Pasados los años la reclamación seguía su curso entrampada en un ir y venir de unas instancias a otras. Pero los afectados no cejaron, Menchaca ya había fallecido y su lugar lo ocuparían sus hijos. En mayo de 1903 volvían a recurrir al ministro español Gil de Uribarri, que elevaba su reclamación al presidente del Consejo de Ministros y ministro de Relaciones Exteriores peruano Eugenio Larrabure y Unanue. Manifestaba la preocupación del Gobierno español que se unía a los de otras nacionalidades por el estado de las reclamaciones y pedía se le informara sobre cómo se encontraba la cuestión. 81 La respuesta no era muy alentadora y volvía a reiterar el origen ilegal de los certificados "Watson". En julio el ministro en Lima recibía autorización del gobierno español para intervenir según creyera conveniente y en el caso de que otros gobiernos lo hicieran, siempre "con la prudencia necesaria". Y así estaba sucediendo porque los gobiernos de los perjudicados acudieron a los resortes de la diplomacia. El desenlace se produciría en 1903 durante el gobierno de José Pardo y Barreda y, en efecto, pesó en la decisión el que los tenedores acudieran amparados por sus respectivas legaciones. El Ejecutivo comprobó la efectividad de la deuda que los títulos representaban y ofreció el pago en títulos de la deuda de amortización por su valor nominal. No era lo que los acreedores esperaban pero terminaron aceptando y así se aprobó por Resolución Suprema. En el sinuoso camino de la organización republicana los extranjeros encontraron espacio -avalado por la legislación-para afincarse y desarrollar un amplio abanico de actividades. En ese proceso se toparon inevitablemente con obstáculos e injusticias que en ocasiones se tradujeron en reclamaciones. Los españoles, un grupo minoritario y poco cohesionado, también lo hicieron acudiendo a las autoridades peruanas de distinto rango y en ocasiones a su representación consular y diplomática. Una tipología posible incluiría a los sucesores de españoles que perdieron sus bienes en el proceso de independencia, a aquellos perjudicados por la endémica inestabilidad interna (guerras civiles, enfrentamientos regionales y levantamientos locales que incluyen montoneras y bandoleros), y a un amplio espectro de ciudadanos envueltos en casos concretos, tanto civiles como penales, que afectaron a sus propiedades e integridad. En esta propuesta se han seleccionado varias historias que convergen, varios asuntos que conducen a tramas especulativas en las que se implicaron españoles de fortuna junto a peruanos de la elite y otros residentes extranjeros. Se hace un seguimiento de la intervención de españoles en líneas de comportamiento crediticio, no productivo, en el marco del proceso de la formación socioeconómica de la República peruana en el siglo XIX. El calado de los asuntos y la caracterización de los reclamantes son una vía más que ratifica la participación de ciudadanos españoles en los circuitos de poder del Perú.
Aunque en un principio se consideró como una "bebida de la tierra" -y por consiguiente, prohibida-, el Cabildo colimense fue una institución clave en la negociación con los virreyes y la Real Audiencia de México para conseguir licencias que permitieran no sólo su fabricación, sino su eventual distribución en el mercado regional novohispano. PALABRAS CLAVE: Colima; vino de cocos; "indios chinos"; Cabildo; negociación. Durante el siglo XVII, el vino de cocos fue una de las actividades económicas más importantes de la provincia de Colima de la Nueva España. En su momento de mayor apogeo, casi todo el vecindario colimense se había volcado en la siembra de palmas en las haciendas donde también se practicaban otros cultivos, como el cacao y la caña. El vino de cocos fue una de las "bebidas de la tierra" con mayor éxito en su región y, aunque no alcanzó el nivel de consumo de otras bebidas como el pulque, su ámbito de distribución se extendía a algunas poblaciones de la Nueva Galicia, Michoacán y la capital del Virreinato. El objetivo de este texto es explicar cómo el Cabildo de la villa de Colima intervino estratégicamente en la elaboración y distribución del vino de cocos, al negociar el permiso de su libre fabricación con la Real Audiencia de México y los virreyes de turno. Para ello, la corporación municipal colimense empleó herramientas jurídicas basadas en la justicia clemente, es decir, en aquella que aludía a la compasión o la moderación de las autoridades reales. Por su situación geográfica, fuera de la ruta de la plata y alejada del polo de poder central en la ciudad de México, gozó de un amplio margen de autonomía frente a las presiones superiores de la burocracia imperial. Situada en el finisterre de la Nueva España, justo en el límite con la Nueva Galicia y sobre la Mar del Sur, Colima siguió el rumbo de otras ciudades hispanoamericanas de frontera: vecindarios pequeños, población indígena abundante en sus alrededores y relaciones de parentesco directo con los primeros conquistadores. 1 La primera colonia colimense estuvo poblada por 145 españoles, 2 número que en los años posteriores disminuyó paulatinamente. Hacia 1612 había alrededor de 100 vecinos, mientras que una década más tarde no pasarían de noventa. 3 La temprana fundación de Colima se explica a partir de los planes que Hernán Cortés y sus hombres tenían por conquistar los territorios septentrionales que bordeaban la costa de la Mar del Sur en la Nueva España. La villa colimense sería un punto neurálgico desde donde se llevarían a cabo estas expediciones. Fue así como Francisco Cortés de Buenaventura pensó en erigir, en la década de 1520, un extenso territorio llamado el Gran Colima que abarcaría, en su momento de mayor amplitud, "desde las riberas del Río Grande de Santiago, en Nayarit, hasta por lo menos Acapulco";4 esto es, los actuales estados de Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán y Guerrero. El escenario del Gran Colima era prometedor. Sin embargo, durante el periodo de 1530-1533, las conquistas del acérrimo enemigo de Hernán Cortés, Nuño de Beltrán de Guzmán, no sólo interrumpieron el crecimiento de la provincia colimense, sino que además la redujeron considerablemente. Ese mismo conquistador habría de fundar entonces la Nueva Galicia y, con ello, poner fin a cualquier intento de expansión de la Nueva España en su parte occidental. Colima quedó, entonces, como se ha señalado, en el finisterre de la Nueva España. El surgimiento de una nueva industria La fabricación del vino de cocos fue una técnica de origen asiático, incorporada en la sociedad colimense desde finales del siglo XVI, época en que los documentos ya dan las primeras noticias de "indios chinos", originarios del sudeste de Asia y que año tras año desembarcaban en los puertos de Colima, aprovechando la ruta del galeón de Manila. Incluso la semilla del coco, que ahora se observa como una parte inherente en el paisaje a lo largo del litoral del Pacífico mexicano, fue introducida en la Nueva España por Álvaro de Mendaña, en 1569, después de su travesía por el sudeste asiático. La técnica del vino de cocos llegó a Colima justo cuando los sembradíos de cacao empezaban a declinar. La producción y comercialización de ese producto se había posicionado como la actividad económica más importante para los vecinos de Colima durante la segunda mitad del siglo XVI. José F. de la Peña lo destacó como un "monocultivo" que, junto con otras plantaciones, ganado y salinas, constituían las propiedades básicas de los vecinos. 5 Pero a medida que la Corona fomentó la producción del cacao sudamericano, generalmente de mayor calidad, los colimenses optaron por la siembra de otros cultivos, como las palmeras de origen asiático. Las inclemencias del clima fueron otro factor que jugó en contra del cacao, pues los constantes huracanes que azotaban la provincia de Colima arrasaban las haciendas de cacaotales. Los colimenses aprendieron la técnica para fabricar el ya citado vino de cocos -en plural, como se acostumbraba en la época-de los asiáticos que arribaron a la Mar del Sur desde finales del siglo XVI. Antes de llegar a su destino final, el puerto de Acapulco, el Galeón de Manila hacía una escala en el puerto de Salagua, Colima, donde desembarcaba mercancía de contrabando6 y donde muchos "indios chinos" se aventuraban a lo que esta tierra les podía ofrecer. Los cocoteros comenzaban a dar frutos en apenas cinco o seis años, y entraban en un periodo de plena producción a los diez o doce años. La inflorescencia llevaba de cinco a quince frutos y un racimo podía tener de 10 hasta 30 cocos en un periodo de recolección de cada tres meses. 7 Las fábricas de vino de cocos, llamadas también "haciendas de palmas de beneficio", contaban hasta con 400 palmeras en producción. 8 La palmera no requería de un cuidado especial, como el cacao, por eso la inversión de capital era bastante baja, como en el caso de las haciendas pulqueras, donde se requería de muy poca agua. 9 Aunque no se sabe con exactitud la cantidad de palmas que se plantaron a fines del siglo XVI y principios del XVII, su valor en conjunto oscilaba alrededor de los 100.000 ducados en el año de 161210 y, "en el supuesto de que los cocoteros tuvieran el mismo valor que los árboles de cacao, 1 peso por árbol, esto significaría la existencia de por lo menos 138 mil palmas" en ese mismo año. 11 Fray Antonio Tello describió en su Crónica miscelánea el proceso de fabricación del vino de cocos: [...] el vástago que arroja la palma en que había de dar su fruto, lo atan muy bien con unos cordeles, dando mucha vueltas, y le van cortando poco a poco, una vez en la mañana y otra a la tarde, teniendo colgado de él un calabazo o vaso, en que va destilando el agua, que llaman tuba, la cual acabada de salir, es una bebida de mucho regalo, dulce y sabrosa; después lo echan en unas vasijas para que se acede un poco, y luego lo destilan por alambiques, y así lo destilado, es el vino; y si lo sacan con cuidado es fortísimo y como el aguardiente de Castilla. 12 Así como el cacao había sido un monocultivo en Colima durante el siglo XVI, el vino de cocos se convirtió en la actividad económica más rentable del siglo XVII. Un alto porcentaje del vecindario español de Colima -entre cien y ciento cincuenta-poseía haciendas de palmas para el beneficio del vino. El vino de cocos llegó a comercializarse y distribuirse en lugares como Michoacán, la ciudad de México, San Luis Potosí, Pachuca, Guachinango, Guanajuato, Zacatecas y Parral. En las fiestas patronales de Pátzcuaro, por ejemplo, se elaboraba una comida "que iba regada con abundante vino de cocos de Colima". 13 Era llevado en botijas peruleras, a lomo de mula, y su precio se acercaba a dos reales el cuarto, cuando el vino de Castilla se vendía en 3 reales el cuartillo. 14 El precio de una botija de vino de cocos en 1638 era de un peso, mientras que una carga -seis botijas-se vendía en seis pesos de oro común. El consumo interno y la expor-tación del aguardiente se estimaban en diez mil botijas anuales, con un precio de 25.000 pesos de oro común. 15 La industria del vino de cocos dio paso a la creación de otros sectores y actividades económicas dependientes, como los fabricantes de barriles de madera para el aguardiente. En 1639, por ejemplo, existía la figura del cobrador del diezmo del vino de cocos, 16 lo que muestra el arraigo de esta actividad en la vida cotidiana colimense. Los testamentos son una fuente invaluable que descubre la gran cantidad de utensilios relacionados con el vino de cocos entre los bienes de los colimenses de la época. Bartolomé Núñez, quien falleció en abril de 1647, dejó en su hacienda de San Cristóbal un horno con dos cazos para hacer vino, con su dotación de barriles, once cántaros para cocer la tuba, cien botijas en que se almacenaba el vino y treinta y dos botijas de vino de cocos. 17 Francisca Martha, india china, dejó entre sus bienes un horno para cocer vino, botijas de vino y cántaros para la tuba (ver cuadros 1 y 2). 3 bestias mulares de carga y silla 18 bestias caballares mansas un horno de cocer vino con dos casos viejos y su barril 5 botijas castellanas 6 cántaros en que se echa la tuba 2 botijas llenas de vino un vinatero llamado Juan Alonso que debe cuarenta y un pesos un faldellín de pana verde viejo unas ollas un candelero de azófar una fresadilla unos manteles viejos y rotos Fuente: Archivo Histórico del Municipio de Colima (AHMC), 1664, caja B-30, exp. Las autoridades del gobierno local de Colima poseían haciendas de palmas para fabricar vino de cocos, en una época en que las elites políticas eran, al mismo tiempo, las elites económicas. A pesar de los esfuerzos de los alcaldes mayores por evitar la fabricación y distribución del aguardiente, los vecinos colimenses, entre ellos algunos miembros del propio Cabildo, hicieron caso omiso de las prohibiciones. Algunos alcaldes ordinarios que produjeron vino de cocos en diferentes tiempos fueron Rodrigo de Brizuela y Jorge Carrillo de Guzmán; el primero tenía "palmas de beneficio de hacer vino" con las cuales producía cincuenta arrobas de vino anualmente, obteniendo por ellas ciento cincuenta pesos. 18 Jorge Carrillo de Guzmán, por su parte, heredó una huerta de cacao en el valle de Caxitlán, misma que aprovechaba para la siembra de palmares. Así, "de los cocos bien beneficiados sacaré cada año doscientas botijas de vino, que valen seiscientos pesos". 19 El alcalde Rodrigo de Brizuela declaró que los palmares que tenía en posesión le daban "quince palmas de beneficio de hacer vino, que beneficiándolas dan cincuenta arrobas de vino cada año, que valen a tres pessos arroba, montando ciento y cincuenta pessos". 20 Andrés de Castilla Montemayor sacaba cien botijas anuales de vino de cocos, gracias a una huerta que recibió en dote y que él fue mejorando poco a poco. 25 Para Alfonso de la Madrid, es difícil que durante el siglo XVII hubieran existido en Colima hacendados con grandes extensiones de tierra, pues las fronteras naturales de los volcanes al norte, el mar al sur y el Río Grande al poniente evitaron la acumulación de suelo como en otras partes de la Nueva España. El vino de cocos experimentó la suerte de otras "bebidas de la tierra" que se producían en la Nueva España: una constante presión para erradicarlas o, en el último de los casos, para incorporarlas al sistema de pago de alcabalas que reportaran un porcentaje de los ingresos en las arcas reales. 27 Aunque las haciendas de palmas figuraban ya en el paisaje colimense desde finales del siglo XVI, no fue hasta el cambio de siglo cuando se estableció una incipiente industria del vino de cocos. Su fabricación estaba en manos de los vecinos españoles en las también llamadas "huertas de beneficio de hacer palmas", donde la principal mano de obra eran los "indios chinos". Una de las autoridades del Cabildo con más renombre en la localidad, Diego Mejía de la Torre, alcalde ordinario en varias ocasiones y nieto del gobernador de la Nueva Galicia, Melchor Pérez de la Torre, fue uno de los primeros fabricantes del aguardiente. Mejía se valió del cargo que desempeñaba como alcalde ordinario, en 1602, para distribuir la bebida a lo largo de la provincia. En ese mismo año llegó a Colima un prominente mercader de la ciudad de México que, entre otras cosas, trajinaba vino de Castilla. Su nombre era Mateo de Zárate, quien al percatarse del negocio del alcalde de Colima, lo denunció porque "estando prohibido no se haga vino de cocos en esta dicha villa", lo fabricaba en gran cantidad y en contravención a la calidad de su oficio como juez. 28 Las noticias sobre el vino de cocos debieron llegar a oídos de las autoridades centrales y los alcaldes mayores de Colima de los primeros años del siglo XVII tuvieron como prioridad la erradicación de este aguardiente. Tal fue el caso de Luis Hurtado de Mendoza (1600-1603), Francisco Escudero La industria del vino de cocos no sólo pervivió a pesar de las constantes prohibiciones, sino que además fue ganando terreno en la localidad y pronto se consolidó como la actividad económica más importante de los vecinos españoles. Los reportes de su venta y distribución que empezaban a crear un mercado regional motivaron al virrey Luis de Velasco el Joven a expedir una ordenanza, en marzo de 1610, para prohibirlo de manera definitiva. El informe que había llegado a México manifestaba que en las provincias de Colima y Zacatula se había introducido "una bebida de vino que hacen de cocos de palmas" y que era tal su abundancia que tan sólo en uno de los pueblos había sesenta tabernas donde públicamente se "acuartillaba" y vendía. 30 También se discutía que la salud de los naturales se veía perjudicada porque el bajo costo del aguardiente permitía que lo bebieran en exceso. 30 Archivo General de la Nación, México (AGN), Ordenanzas, vol. 1, exp. Pero uno de los puntos que más preocupaba era que el vino de cocos "estorbaba" la venta del vino de Castilla, lo cual iba en detrimento de los derechos de Su Majestad, al grado que incluso en las sacristías de los pueblos "podrían mezclar este dicho vino de cocos con el de castilla, que está dedicado para celebrar los ministros de doctrina". 31 Luís de Velasco decretó severas penas para quienes vendieran pública o secretamente el aguardiente de palmas: mil ducados de Castilla para los españoles, cien azotes y pena de destierro para mestizos, negros o mulatos, y cincuenta azotes atados a un palo de la plaza pública a los indios. 32 Cuando el año de 1612 estaba ya en puerta, la Real Audiencia de México determinó que, ante la inobediencia de los vecinos de Colima y debido a los argumentos presentados dos años antes sobre la mortandad de indios a causa del vino de cocos, se debían talar todos los palmares de la provincia colimense, pues sólo de esta manera acabarían con el problema. Para entonces, las haciendas dejaban de producir cacao para dedicarse de lleno a la elaboración del aguardiente, y entre los vecinos volcados a su fabricación figuraban algunos miembros del Cabildo. A partir de 1612, el Ayuntamiento de Colima se convirtió en una institución clave para defender los intereses económicos que el vino de cocos empezaba a redituar. Después de conocer la resolución de la Audiencia de México sobre cortar los palmares, los capitulares implementaron el recurso jurídico "se obedece pero no se cumple". En sesión de Cabildo de ese año, se redactaron diez puntos a través de los cuales se explicaban a las autoridades centrales los motivos para no echar abajo las plantaciones. En el documento que resultó de la junta, titulado Provança de la villa de Colima en defensa de sus palmares, 33 se argumentó que el vino de cocos gozaba de propiedades curativas al revertir el veneno contra picadura de alacranes, sanar heridas graves y "dificultosas" y eliminar problemas gastrointestinales. En la Provança se explicaba, además, que el vino de cocos no causaba la muerte de los indios, sino que ellos fabricaban sus propios aguardientes "para sus borracheras" con cañas, maguey, ciruelas, maíz y otras raíces. Por tanto, "los brebajes de que así usan los dichos yndios son de suyo nosibos y pestilenciales, de los quales y del muncho acseso con que los beben 31 Ibidem. se les recrecen sus enfermedades." 34 La elaboración de vino casero a partir de plantas al alcance de los indios debió ser una situación generalizada en el Virreinato. En Zacatecas, por ejemplo, los indios obtenían pulque a partir de aguamiel y miel de maguey, tras un procedimiento de fermentación, 35 por lo que allá también se emitieron ordenanzas especiales para frenar la fabricación de la bebida. Otro argumento fue que el vino de cocos era un aguardiente medicinal, usado para curar enfermedades y que de ninguna manera resultaba nocivo para la salud. Dentro de la astucia del Cabildo para defender este vino, estuvo el presentar como testigo a un cirujano de la villa de Colima, Martín Hernández, quien afirmó: este testigo por espirencia grande que tiene, ser muy saludable y medicinal [el vino de cocos], la qual de hordinario aplica para curar heridas y enfermedades graves y dificultosas, en que a fecho yspirencia así por bebida como por laboratorios y otros remedios que, por ser tantos no los espressa, con la qual a dado por sanas a muchas personas y sin número, y señaladamente a yndios a los quales en esta provincia a curado con la dicha aguardiente. Y tomada por beuida lo es muy buena y saludable, porque corta las flemas, provoca sudores contra ponzoña de alacranes y otras sabandijas. 36 La Provança fue todo un éxito. No hubo necesidad de llevar a cabo la tala de palmas. Las autoridades centrales comprendieron el perjuicio que causarían al vecindario colimense y este gobierno local se adjudicó un triunfo que más adelante utilizaría a su favor. Colima, un territorio en constante zona de riesgo por amenazas volcánicas, temblores "de tierra" y huracanes, supo aprovechar sus adversidades naturales para jugar estratégicamente en el terreno político y obtener a cambio concesiones de índole económica. Esto es evidente en los fenómenos naturales que acontecieron a lo largo del siglo XVII. Después de informar al virrey sobre los desastres que huracanes y terremotos causaban entre la población, venía una súplica para que les permitieran continuar la fabricación del vino de cocos y, con ello, sobrellevar los estragos. La cantidad de agua que cayó en ese entonces devastó lo que quedaba de sembradíos de cacao que, como se mencionó anteriormente, ya habían perdido la importancia que alguna vez tuvieron. Un año más tarde, el Cabildo de la villa de Colima se dirigió al virrey don Rodrigo Pacheco y Osorio para solicitarle una licencia de comercialización del aguardiente de palmas, argumentando que los habitantes estaban en extrema pobreza a causa de las intensas lluvias que habían arruinado las haciendas de cacaotales. El marqués de Cerralvo otorgó, en 1627, la primera de una larga serie de licencias que permitirían a los vecinos el libre trajineo del vino. Después del consentimiento del citado virrey vendría un verdadero auge en el comercio de esta bebida. 37 En un vecindario que para mediados del siglo XVII no rebasaría los 150 vecinos, la mayoría de ellos tenían haciendas "de beneficio" para hacer vino de cocos. Hacia 1644, se registraron ochenta y dos propietarios de haciendas de palmas (ver Tabla 1). De los hacendados que se muestran en esa Tabla, destacan algunos miembros de la corporación municipal, como los regidores Gregorio Fernández de Tene y Juan Álvarez Pereira, los alféreces Juan Ochoa de Vitoria y Pedro de Ceballos, el depositario general Pedro López de Salazar y el escribano Clemente Hidalgo de Agüero. Hay también algunos nombres como los de Alonso y Antonio Carrillo de Guzmán, Juan y Cristóbal de Solórzano, Rodrigo de Brizuela y Alonso Maldonado, quienes desempeñaron cargos públicos en la localidad en otros periodos. Asimismo, entre los propietarios destacan los "indios chinos" Miguel Pano, Sebastián de la Cruz, Juan de Triana, Francisco Ramos y Nicolás Mananquel. Cuando finalizaba el plazo de los permisos para fabricación del aguardiente, los vecinos ya estaban prestos a solicitar el siguiente. La rivalidad con la Nueva Galicia Para la sorpresa de los vecinos de Colima, en el año de 1637 se creo el estanco de vino de cocos y mezcal en la ciudad de Guadalajara. En un intento de controlar el creciente comercio del vino de cocos en la jurisdicción de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, hasta entonces fuera de la órbita permitida para los fabricantes de Colima, las autoridades neogallegas otorgaron los permisos necesarios para otorgar la concesión del estanco. Este fue un golpe significativo para los fabricantes de Colima porque, aun cuando carecían del permiso para comercializarlo en territorio neogallego, es evidente que lo introducían de contrabando. La preocupación que causó el establecimiento del estanco del vino de cocos y mezcal en Guadalajara motivó, nuevamente, la actuación del Cabildo, atento al posible perjuicio que esto podría acarrear a sus intereses económicos. De esta manera y con apoyo del entonces sargento mayor de la provincia, don Félix Candela, se determinó que "habiéndose conversado en el cabildo y ayuntamiento desta villa... hay necesidad al bien público desta provincia en que por ahora ninguna persona de ninguna calidad que sea saque en su recua vino de cocos para la ciudad de Guadalajara, ni le venda ni entregue ni remita de ninguna fuerza, y esto hasta que otra cosa se provea y mande". 39 Se prohibió entonces que ninguna persona, de ninguna calidad, vendiera ni remitiera vino de cocos en la ciudad de Guadalajara sin expresa licencia, intentando por alguna vía controlar las cantidades que salían a esta ciudad. Hubo restricciones también para quienes trajinaban el aguardiente a la provincia de Michoacán, imponiéndose cierto tipo de fianzas para su comercialización. Así, el 2 de noviembre de 1637, se levantó una relación de las personas que lo distribuían fuera de la provincia de Colima, quienes juraron que no llevarían su mercancía a Guadalajara (ver tabla 2). En la Tabla 2 se observa la participación del alcalde ordinario Bartolomé Bravo y del regidor Alonso de Vitoria como fiadores de tratantes, además de la Familia Fernández de Tene, quienes ocuparon cargos en la corporación municipal en otros periodos. Se estableció una estrecha vigilancia para que el decreto anterior se cumpliera, lo que derivó en denuncias por introducir el aguardiente de palmas en la jurisdicción neogallega. 40 Por citar un ejemplo, el alcalde mayor de Colima, Cristóbal de Lugo, ordenó averiguar el caso de un mulato libre llamado Juan Paz por salir de la provincia de Colima con cargas de vino de cocos rumbo a la ciudad de Guadalajara y otras partes, en contravención del auto que estaba publicado: AHMC, caja 19 La medida adoptada por el Ayuntamiento de prohibir el comercio del vino de cocos con Guadalajara, salvo expresa licencia, debió favorecer, sin embargo, a unos cuantos vecinos de la localidad. Un ejemplo muy claro de ello fue Clemente Hidalgo de Agüero, escribano público del Cabildo de Colima y uno de los fabricantes más prominentes. El escribano enviaba a Francisco García Vidal, vecino de Guadalajara y en quien se había rematado el estanco de vino de cocos y mezcal, 1,265 arrobas de vino de cocos que se producían en su hacienda, y los tiempos de entrega eran los siguientes: "este mes de enero de 1638, doscientas y treinta arrobas, y otras dos-cientas y treinta en el mes de mayo, otras tantas el mes de septiembre deste dicho año". 41 Hacia 1670, el vino de cocos se comercializaba legalmente sólo en territorio bajo la jurisdicción de la Nueva España. La Nueva Galicia permanecía, hasta entonces, vedada oficialmente. Una vez más, la intervención del Cabildo de Colima fue clave para presionar a los oidores de Guadalajara y lograr, en 1672, que la Real Audiencia de Nueva Galicia otorgara el permiso de introducir el vino de cocos en su estanco, apelando a que el Protomedicato de la Nueva España había decretado, muchos años antes, que usada con moderación la bebida era saludable y medicinal. 42 Ese año se hicieron pregones para que el vino de cocos de Colima se vendiera públicamente en tabernas y tiendas, por un tiempo de cuatro años, y el estanco se remató en Miguel Thomas para el periodo de 1672 y 1673. 43 El acuerdo establecía además que el precio del cuartillo de aguardiente sería de dos reales y que los arrieros que trajinaran el vino de cocos y pasaran con él en los contornos de Guadalajara y ocho leguas alrededor debían de manifestarlo en el estanco. Cada vez que el Cabildo de Colima o alguno de sus vecinos solicitaba al virrey una prórroga para fabricar el vino de cocos, se aludía a la pobreza del vecindario, a los daños causados por el paso de algún huracán, o bien, a los perjuicios ocasionados por los frecuentes "temblores de tierra". Este hecho, nombrado en el ámbito jurídico como "justicia clemente", fue aprovechado hábilmente por la localidad colimense. Si se quiere hacer una recapitulación de las formas en que el Cabildo de Colima y sus vecinos solicitaban a las autoridades centrales el permiso del libre trajineo del vino, debe recordarse que desde 1612, año en el que la Real Audiencia de México ordenó la tala total de los palmares de la provincia, los argumentos para defender las plantaciones se basaron en la pobreza que a esta villa traería la ejecución del mandamiento. En 1627, cuando se otorgó por primera vez la licencia de elaborar vino de cocos, se manifestó que un año antes un huracán había arrasado las haciendas de cacao y que la única solución al desastre sería el sustento de los vecinos mediante el vino de cocos. Curiosamente, la petición de prórroga en 1668 tuvo los mismos argumentos. El marqués de Mancera otorgó al Cabildo, justicia y Regimiento de la villa de Colima, la concesión "para que por tiempo de seis años pueda hacer y vender el vino de cocos en todas las partes y lugares desta Nueva España con que no sea a indios". 44 El citado virrey había recibido una relación que aludía a la ruina en que se encontraba la villa de Colima por los temblores que había padecido recientemente, "en cuya atención me suplicó el dicho cabildo justicia y regimiento de dicha villa le concediere licencia para que por tiempo de diez años puedan vender el dicho vino de cocos y trajinarlo para conservación de los vecinos y reparo del daño recibido". 45 Pero la extensión del permiso no fue por diez, sino sólo por seis años más. Asimismo, en 1691 los vecinos de Colima comisionaron a Baltasar de la Vega para que, en nombre de ellos, informara al virrey sobre los daños que habían causado los terremotos de 1690 y 1691 y, a partir de entonces, solicitar el acostumbrado permiso de elaborar aguardiente de palmas. Así, el capitán de la Vega, Universidad, que los conventos tenían su "pie de altar" en las haciendas porque de ahí se pagaban los diezmos de la Iglesia y los clérigos tenían fundadas sus capellanías a título de las haciendas de palmas. 47 Pero en el fondo, a donde el capitán de la Vega quería llegar era a denunciar que diversos ministros de justicia amenazaban a los pobres vecinos que trajinaban la bebida hasta la ciudad de México, en un viaje de ciento veinte leguas de camino. A decir del capitán, desde hacía dieciocho años los alcaldes mayores de Xiquilpa, Chichotla y Tingüindín les hacían pagar cuatro pesos por carga de vino, además de que les pedían una botija de vino para cada uno de estos alcaldes mayores, "por cuya jurisdicción es muy ordinario pasar que han sido causa menoscabarse las haciendas referidas". 48 Los moradores de la villa de Colima pedían entonces que el virrey los mirase "con ojos de piedad" y ordenara que el vino de cocos ingresara públicamente en la Aduana de la ciudad de México, pagando los reales que por derecho se dispusieren, y así evitar todas las vejaciones y agravios de que eran objeto. Como era de esperar, la licencia fue concedida el diez de mayo de 1691. 49 Cuando ésta hubo de claudicar, nuevamente, el capitán Baltasar de la Vega y el bachiller don Joseph de Alvarzusa, en nombre de los vecinos de Colima, acudieron al entonces virrey de la Nueva España, don José Sarmiento y Valladares, conde de Moctezuma, para suplicarle la acostumbrada prórroga. En esta ocasión, los argumentos para recibir la merced fueron los temblores, los piratas y hasta un incendio. Como lo venían haciendo en ocasiones previas, los colimenses dieron cuenta de la importancia que tenía el vino de cocos en la economía la de provincia, pues era el principal sustento no sólo de los vecinos, sino también de las instituciones religiosas. Mencionaron al virrey que era justo permitir el libre comercio del aguardiente de palmas "así porque mira a las causas pías y eclesiásticas como a los reales haberes y bienes de la república". 50 Es decir, miraba a las causas pías porque a través de sus ventas se mantenían conventos mediante diezmos, capellanías y rentas, mientras Su Majestad gozaba de los "rea-47 Ibidem, f. En este documento se hace referencia a la licencia que se otorgó a los vecinos de Colima sobre el libre trajín del vino, en 1691. les haberes" por medio del concepto de alcabalas y servicio de aduana. Prohibir el vino de cocos, según de la Vega y Alvarzusa, traería consecuencias desastrosas, pues la provincia quedaría desamparada y las invasiones del enemigo pirata serían perjudiciales para el reino, y más hoy que se llora dicho puerto con las adversidades que ha padecido por la continuación que hizo en sus costas el pirata tiempo de cinco años. A que se agregan las calamidades causadas de los repetidos temblores, tales que postraron templos y casas por el suelo, a que se siguieron los daños generales y allí más crecidos de epidemia y hambre, y por último ahora los diez de abril del año próximo pasado de noventa y tres, el incendio cuya voracidad consumió veinte y seis casas de familias que se habían reedificado con que se abrasaron todos los géneros y bienes de los vecinos y se perdieron gruesas cantidades que eran las vasas de sus comerciantes quedando con este estrago extremadamente destruidos y permanecerán así si no les concede vuestra excelencia el recurso y facultad de tratar en dichos vinos... Hacia finales del siglo XVII, los asentistas del pulque en la capital del Virreinato comenzaron a presionar a los tratantes de vino de cocos, en una franca competencia por el mercado. Los asentistas pidieron que el vino de cocos de Colima que entraba a la capital pagara el mismo impuesto que el primero, y que de lo contrario se prohibiera su ingreso. 52 En algunas tabernas capitalinas, como en la de doña Leonor García, el vino de cocos era muy solicitado por los clientes. Esta señora era viuda y dueña de una tienda de vinos con la que se ganaba su sustento y el de una hija doncella. En diciembre de 1690 hizo una petición para poder vender "el vino y aguardiente que llaman de cocos" 53 sin que por ello recibiera amonestación, pues apelaba al derecho concedido a los vecinos de Colima para poder distribuirlo. El declive del vino de cocos La mala fama del vino de cocos no la quitarían ni los protomédicos de la Nueva España. En el año de 1680 el cura de Arantzan, Michoacán, se manifestó en contra de este aguardiente porque, a su parecer, "era el mal primero y fuente de muchos y mayores que él [...] Para esto tienen a 51 Ibidem, f.
Centro de Estudos Baianos/UFB, Salvador:, 1979. Ver Ávila, Affonso: Resíduos... pág. 10.
Parentesco, autoridad cacical y subordinación al orden. Una revisión teórica e histórica de la política rosista hacia las parcialidades "amigas" de la región pampeana (Buenos Aires, 1829-1839)1 / Kinship, chiefly Authority and Subordination to the Order. A theoretical and historical Revision of Rosas Politics towards "friendly" Moieties in Pampa Region (Buenos Aires, 1829-1839) María Laura Cutrera y Ariel J. Morrone Universidad de San Andrés / CONICET y Universidad de Buenos Aires, Argentina En el marco de la renovación historiográfica en torno al estudio de las sociedades indígenas y de frontera pampeano-patagónicas, la autoridad cacical ha sido uno de los tópicos más polémicos, dado el disenso a la hora de caracterizar sus estructuras sociopolíticas. Este artículo propone revisar los marcos conceptuales heredados, esbozar nuevas líneas de análisis teórico y sugerir nuevos conceptos que nos permitan repensar el "Negocio Pacífico de Indios", que ha trascendido en la historiografía como la política específica del gobierno rosista para subordinar a las parcialidades "amigas". Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar -continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. (...) Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables. (...) Tendrás tu puesta de sol. La exigiré. (...) será hacia las siete cuarenta. Rey del Asteroide 325, Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, cap. X Puntos de partida históricos, historiográficos y teóricos del problema Desde mediados de la década de 1810 y durante gran parte del decenio siguiente, las parcialidades nativas que habitaban el sur del actual territorio bonaerense se vieron asediadas por el avance de dos frentes conflictivos. Por un lado, el asentamiento en dicho territorio de pobladores criollos se venía consolidando desde fines del siglo XVIII. Para entonces, el río Salado oficiaba como barrera natural entre los grupos indígenas de la pampa y las poblaciones hispanocriollas. Pero si bien ese borde de ocupación se mantuvo hasta entrada la década de 1820, su presencia no impidió que los habitantes de Buenos Aires se derramaran más allá, internándose en territorio indígena a su propio riesgo y merced a las negociaciones que establecían con los aborígenes, así como tampoco el paso de éstos a la capital provincial para establecer relaciones de intercambio o diplomacia. 2 Por otra parte, como consecuencia de la prolongación al este de la Cordillera de los Andes de los conflictos independentistas chilenos, tuvo lugar el ingreso de contingentes de esa procedencia que incluían tanto grupos realistas de indios, criollos, mestizos, soldados y bandoleros, como alianzas patriotas de similar composición que los perseguían. 3 La presión por los recursos, principalmente el ganado, se sumó a las contiendas políticas de esos años, dando lugar a una seguidilla de malones y contraataques hacia y desde la frontera bonaerense que incrementaron el nivel de tensión e inestabilidad existente en la campaña. 4 Estas circunstancias obligaron a las autoridades porteñas a tener siempre en cuenta la existencia de vecinos sureños más o menos propensos a la negociación. A su vez, las parcialidades nativas más próximas se descubrieron atrapadas en un movimiento de tenazas desplegado desde el norte y el oeste. Cuando la guerra con Brasil hizo real la posibilidad de una invasión portuguesa en las costas meridionales de la provincia, la necesidad de ganar la buena voluntad de los indígenas se volvió impostergable. Fue así que primaron las intenciones de establecer algún tipo de acercamiento y acuerdo con ellos y asegurar el espacio ocupado hacia el sur. En 1826, el gobernador Gregorio Las Heras comisionó al comandante de milicias de campaña de la provincia, Juan Manuel de Rosas, para formalizar un tratado de paz, tranquilizar los ánimos y estudiar por dónde correría la nueva línea de frontera, tarea que Rosas compartió con Felipe Senillosa y Juan Lavalle. 5 El resultado de la empresa fue el establecimiento de un acuerdo con los aborígenes, en el que se sentaron las bases de una política de paz tendiente a prolongarse durante casi treinta años, asociada comúnmente con el rosismo y popularizada como "Negocio Pacífico de Indios". El "Negocio Pacífico de Indios", tal como Rosas pareció entenderlo, fue una elaborada, compleja y constante negociación que buscaba establecer y sostener una conveniente relación de "amistad" con los grupos nativos. Asumió formas prácticas que variaron en función de la especificidad de las coyunturas atravesadas. Si su expresión concreta fueron prolongados parlamentos e intercambios verbales, también la entrega de regalos y raciones formó parte misma de la dinámica del pacto. 6 Como resultado de esta política, nutridos contingentes indígenas se incorporaron al territorio de la provincia. Los grupos que respondían a la autoridad de los caciques Juan sur de la línea establecida durante el periodo colonial y violando parte de lo dispuesto por el Tratado de Miraflores -importante acuerdo con la población nativa-firmado el 7 de marzo de 1820. En él se disponía, entre otras cosas, que los criollos no avanzarían más allá de las últimas estancias, esto es, sólo un poco más al sur del río Salado. 5 Comando en Jefe del Ejército (Dirección de Estudios Históricos): Política Seguida con el Aborigen, Biblioteca del Oficial, Buenos Aires, 1974, vol. 2. 6 Silvia Ratto asocia el Negocio Pacífico con la circulación de bienes y animales desde Buenos Aires hacia las sociedades indígenas, o con la red de autoridades dispuesta para el cuidado y atención de dicha circulación. Véase Ratto, Silvia M.: "Indios Amigos e Indios Aliados. Orígenes del Negocio Pacífico en la provincia de Buenos Aires (1829-1832)", Cuadernos del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani", FFyL-UBA, núm. 5, 1994; y "El 'negocio pacífico de los indios': la frontera bonaerense durante el gobierno de Rosas", Siglo XIX, 15, México, 1994, págs. 25-47. Si bien el Negocio Pacífico pudo tener traducciones materiales efectivas, no puede confundirse con ellas. Se trató, ante todo, de un modo muy complejo de hacer política, que puso en juego algunas herramientas de negociación que aparecerán más adelante en este trabajo. ISSN: 0210-5810 Catriel y Juan Manuel Cachul se instalaron en las estancias propiedad de (o administradas por) Rosas, y fueron relocalizados en los fuertes fronterizos en 1832. A partir de entonces, y por razones de defensa de una ocupación criolla prolongada varias leguas hacia el sur, se situaron en las proximidades del cantón de Tapalqué y del fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul. Entre tanto, desde mediados de la década del veinte varias parcialidades se ubicaron en los alrededores del fuerte Independencia, respondiendo de forma inmediata a los caciques Anteguan, Maicá y Petí, seguidores de Catriel y Cachul. Otros, al mando de Venancio Koñwepan, se establecieron en las inmediaciones de Bahía Blanca. Al mismo tiempo, el gobierno provincial desplegó la agresión sobre los grupos que no se dispusieran a acercarse a Buenos Aires en los términos propuestos por Rosas. En trabajos anteriores hemos planteado que la ubicación de los llamados "indios amigos" dentro del espacio ocupado por la provincia, implicó su debida sujeción al orden que el gobierno quería asegurar, particularmente en la campaña. Para lograrlo, se pusieron en juego un dispositivo de autoridades que involucró al mismo Rosas -como gobernador-en la cúspide; al comandante del fuerte de Monte y su amigo personal, Vicente González; a los comandantes de los fuertes rodeados de tolderías indígenas (Bernardo Echevarría en Tapalqué, Francisco Serantes, Manuel Capdevila y Pedro Rosas y Belgrano en Azul, y Pablo Muñoz en Tandil); y a los caciques Catriel, Cachul y Koñwepan. En ellos se ataba el nudo de poder local. Así, las autoridades fronterizas e indígenas se vieron expuestas a una situación particular y por demás contradictoria, generada por la necesidad de recibir, traducir y asegurar el cumplimiento de las disposiciones emanadas de Buenos Aires. 7 Esta involucraba especialmente a los primeros en su interacción con los caciques, y a ellos con sus respectivos seguidores. El tipo de vínculo planteado inauguró espacios de intermediación política, "espacios mesopolíticos" de traducción de discursos y prácticas. Por espacio mesopolítico entendemos a las instancias de intercesión (teóricas, no materiales) habilitadas por el contacto entre sociedades estatales expansivas y otras no estatales, sobre las que las primeras se proyectan. No se trata de una región geográfica específica; es más bien un ámbito de interacción social, que toma encarnadura en situaciones históricas concretas que hacen posible el establecimiento, reproducción y consolidación de un tipo La frontera bonaerense durante las décadas centrales del siglo XIX. Principales referencias mencionadas en el trabajo. Elaboración de los autores. indirecto de gobierno. 8 Dicho espacio funcionó como "válvula de traducción", toda vez que el conjunto de participantes tuvo que encontrar las maneras de hacer inteligibles exigencias y consideraciones que, a pesar de los siglos de contacto interétnico, no habían sido sumidas en ningún mestizaje ni proceso sincrético. A su turno, los caciques debieron retornar a sus comunidades de origen, transmitir y resignificar aquellos mensajes (discursivos y materiales) originados en la sociedad criolla, y luego diseñar sus propias estrategias de acción en base a la experiencia acumulada y a la creatividad disponible. Ubicados en esa posición de intermediación, los caciques tuvieron que cumplir con las obligaciones impuestas por las autoridades y por el colectivo social al que de alguna manera representaban ante aquellas. Para ello debieron dar a conocer las exigencias de las primeras en un lenguaje entendible y acorde a la lógica colectiva cifrada en términos parentales procurando, al mismo tiempo, no exceder los límites que esa lógica les imponía en tanto líderes. 9 8 Morrone, Ariel J.: "La autoridad cacical en las sociedades indígenas de la región pampeana (siglos XVI-XIX). Algunas consideraciones teórico-historiográficas" [2003], en Miradas al Pasado desde Chivilcoy, publicación en CD editada por el Centro de Estudios en Ciencias Sociales y Naturales, Chivilcoy, 2004, págs. 746-763. 9 La relativa ausencia de referencias al parentesco en los análisis sobre la autoridad cacical entre los grupos nativos de la región pampeana y sobre las relaciones interétnicas en la frontera bonaerense hace que, por momentos, perdamos de vista el impacto efectivo que tuvo la incorporación al territorio provincial en el interior de las parcialidades "amigas". Contadas son las excepciones que conocemos: el trabajo clásico de Faron, Louis C.: "Araucanian Patri-organization and the Omaha System", American Anthropologist, 58, 1956, págs. 435-456; dos trabajos de Bechis, Martha A.: "Matrimonio y política en la génesis de dos parcialidades Mapuche durante el siglo XIX", Memoria Americana,3, Buenos Aires, 1994, págs. 41-62; y "Repensando la sucesión Yanquetruz-Painé-Calbán: una contribución a la destrivialización de la historia ranquelina", en Poduje, M. (coord.): Memorias de las III Jornadas de Historia y Cultura Ranquelina, Departamento de Investigaciones Culturales, Santa Rosa, 1998, págs. 181-193; y uno reciente de Jiménez, Juan Francisco: Matrilinealidad versus Patrilinealidad. La obra de Félix José de Augusta y la polémica acerca de la filiación entre los rechemapuche, UNSur, Bahía Blanca, 2002. Lo expuesto cobra particular importancia si tenemos en cuenta que el parentesco era la lógica, la práctica que organizaba las sociedades aborígenes. Que éste resultase la práctica dominante significa, en términos de Racdlife Brown, que los vínculos entre las personas se trazaban a través de relaciones de consanguinidad/afinidad y que las conductas y actitudes de quienes así se ligaban eran influidas por estos lazos, tanto como por los usos y costumbres colectivas. A su vez, el parentesco crea e incluye grupos sociales definidos. El primero de éstos es la familia doméstica -un conjunto de personas que en un momento dado están compartiendo una vivienda o grupo de viviendas; en nuestro caso, la toldería-, pero también grupos ampliados -incluyendo, por ejemplo, vinculaciones con otras tolderías, parcialidades o aún la sociedad criolla-. "No es sólo que el parentesco organice la comunidad -dice al respecto Marshall Sahlins-, sino que las comunidades organizan el parentesco, de modo tal que un término espacial coexistente afecta la medida de la distancia de parentesco". Simultáneamente, el trazado de vínculos parentales contribuye o hace posible la distinción de un "otro" diferente y externo al "nosotros" definido por estos lazos, "en tanto límite que a la vez El espacio mesopolítico encontraría entonces un límite superior, aquel que demarcaba su relación con las autoridades provinciales. Los caciques tendrían un ámbito de maniobra sancionado y respaldado por el gobierno, dado por el cumplimiento de las exigencias. El gobierno "dejó hacer", e incluso toleró alguna impugnación o crítica, siempre que no se lo pusiera totalmente en tela de juicio. Del otro lado, habría un borde inferior, el que se establecía entre los caciques y sus agrupaciones de base, que remitiría a la reproducción social y biológica de las mismas. Los primeros tendrían que garantizar el acceso y control de recursos, pudiendo así morigerar el peso de la dominación criolla. De este modo, su autoridad dependía, en buena medida, del cumplimiento de las obligaciones marcadas por las reglas del parentesco, del grado de aceptación por parte de los que fueron sus seguidores, y de la capacidad de disuadir cuestionamientos internos acerca de su posición. Como puede verse, el espacio de actuación que queda delimitado es por demás difuso, complejo y cruzado por contradicciones; una verdadera encrucijada, pero lo suficientemente flexible como para originar una miríada de aspectos a ser estudiados. Aquí nos ocuparemos de esto. Nuestro propósito es ver cómo impactó en la autoridad cacical su función en tanto eslabón terminal de la cadena de transmisión de órdenes hacia las parcialidades indígenas. Propondremos que se trató de una instancia compleja y cargada de tensión, dada la dificultad en la decodificación y comunicación de intenciones y determinaciones que escapaban o contradecían a las prácticas acostumbradas en las sociedades nativas. Pero más aún, porque el gobernador y sus hombres pretendían de ellos algo que no podían obtener y por tanto, tampoco garantizar: la obediencia incondicional de sus seguidores. Así, estos "interlocutores incómodos" resistieron, conferenciaron, realizaron en vano promesas, trataron de persuadir a los suyos una y otra vez y, cuando no refuerza la identidad de sus integrantes -los 'parientes'-y excluye a los que no lo son". De cara al exterior, garantiza o afirma la existencia de un "nosotros" comunitario, mientras que de cara al interior, el parentesco brinda un esquema a través del cual se expresan todas las relaciones básicas que dan existencia a esas sociedades. Lo que resulta de ello es una extensión de los principios que sustentan al parentesco a toda la red de prácticas que compone la situación, de manera que cada práctica que integra la red halla su modo de expresión en los términos del parentesco, que todas esas prácticas hablan el "idioma del parentesco". Las citas de Racdlife Brown, Alfred: Estructura y Función en la Sociedad Primitiva, Península, Barcelona, 1972, pág. 66; Sahlins, Marshall D.: Economía en la Edad de Piedra, Akal, Madrid, 1983, pág. 215; y Campagno, Marcelo: "Pierre Clastres y el surgimiento del Estado. Veinte años después", Boletín de Antropología Americana, 33, 1998, y Surgimiento del Estado en Egipto: cambios y continuidades en lo ideológico, Instituto de Historia Antigua Oriental "Dr. Abraham Rosenvasser", FFyL-UBA, 1998 [1997], pág. 39. Algunos episodios que narraremos y analizaremos más adelante, darán cuenta de estos conflictivos encuentros. Sin negar la posibilidad de un entendimiento, la existencia de un espacio de convivencia o de "costumbres en común", nuestra interpretación apunta a establecer los mecanismos por los cuales se materializó la dominación de las parcialidades nativas a partir de su incorporación subordinada al territorio provincial, porque las pautas de organización nativas fueron redireccionadas por las autoridades provinciales para garantizar la "sujeción al orden" de determinados grupos. Como veremos a continuación, la política rosista tuvo un claro interés de dominación y alteración de las prácticas normativas nativas. Caciques mayores ante la encrucijada: Catriel y Cachul en el espacio mesopolítico La cuestión del liderazgo indígena en la región pampeana generó opiniones discordantes entre los historiadores y antropólogos que se abocaron a su estudio. La discusión parte del análisis de las transformaciones socioeconómicas aborígenes que tuvieron lugar a partir de las relaciones interétnicas y se proyecta en el tipo de organización política que las habría acompañado. 10 Aquí nos adherimos a los planteamientos de Martha Bechis, ya que creemos que son los que mejor explican las características de los episodios observados en la documentación. De acuerdo con su propuesta, la configuración sociopolítica de estas sociedades puede sintetizarse en torno a cuatro elementos. En primer lugar, 10 Mientras que Alberto Rex González y Raúl Mandrini presentan un modelo de grandes cacicatos o jefaturas, donde los líderes indígenas comenzarían a concentrar poder y a colocarse en una jerarquía diferencial producto de un proceso endógeno de diferenciación social, Martha Bechis prefiere hablar de cacicatos dotados de autoridad -no de poder, como veremos-, donde el liderazgo debía ser cuidadosamente construido y sostenido en virtud de las cualidades de sus aspirantes. Véase González, Alberto Rex: "Las exequias de Painé Güor. El sutee entre los araucanos de la llanura", Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, XIII-3, Buenos Aires, 1979, págs. 137-161; Mandrini, Raúl J.: "Pedir con vuelta ¿reciprocidad diferida o mecanismo de poder?", Antropológicas, I, México, enero de 1992; y "El viaje de la Fragata San Antonio, en 1745-1746. Reflexiones sobre los procesos políticos, operados entre los indígenas pampeano-patagónicos", Revista Española de Antropología Americana, 30, Madrid, 2000, págs. 235-263; Bechis, Martha A.: "Los lideratos políticos en el área araucano-pampeana en el siglo XIX: ¿autoridad o poder?", ponencia presentada en el I Congreso Internacional de Etnohistoria, Buenos Aires, 17 al 21 de julio de 1989, y editada en María de Hoyos (coord.): Etnohistoria, publicación especial de NAyA en CD, Buenos Aires, 1999. A modo de balance, véase Morrone: "La autoridad cacical...". su organización básica era de carácter segmental, es decir, "un sistema formado por repetición de unidades casi iguales cuya división o fisión origina dos o más unidades independientes con pérdida de la estructura primigenia".11 En segundo término, los caciques articulaban relaciones de autoridad con sus seguidores, no de poder. Esta distinción analítica es por demás pertinente, toda vez que la autoridad se basa en la persuasión para canalizar la conducta de otros en ausencia de amenazas o uso de sanciones negativas (abandono, suspensión del afecto o credibilidad, burla, entre otras); mientras que el poder se sustenta en la imposición ejercida por el cacique precisamente bajo amenaza de sanciones. La autoridad ejercida por los caciques que aquí nos interesan se basaba, por tanto, en el consenso y la aceptación de sus seguidores. Se era líder porque se construía dicha posición entre los miembros del grupo. Así, los caciques tampoco poseían capacidad de imponer su voluntad ni de extraer tributos. Esta circunstancia impedía el desarrollo endógeno de un proceso de estratificación que los colocara por encima de sus seguidores. Sus actividades eran, en todo caso, más organizativas y ejecutivas que decisorias. Ese hecho se vinculaba con el tercer rasgo: el cacique era un nodo informático. La información del mundo indígena y de su exterior se concentraba en su figura para ser repartida y procesada en las juntas internas que operaban, a su vez, como informadoras. Por último, mecanismos de fusión y fisión podían regular la composición de las unidades políticas. Un cacique de menor jerarquía podía restar su apoyo o un confederado separarse -hecho que ocurría, con frecuencia, terminada una incursión a la frontera, a otros grupos o una guerra librada por cualquier razón. El contacto con la sociedad estatal criolla alentó la estructura segmental, pudiendo redundar en la fusión de parcialidades (bajo la autoridad de aquellos caciques pasibles de ser sostenidos) en el caso de los "indios amigos", o en la fisión entre los grupos que generaban problemas a las autoridades provinciales (siempre que esto no implicara la fragmentación extrema del tablero político). Fue así que, en primer término, las autoridades criollas crearon la categoría de "caciques mayores", debajo de quienes se posicionaban los llamados "caciquillos" y "capitanejos" con sus respectivos grupos, para destacar en las agrupaciones "amigas" a aquellos interlocutores primordiales con quienes entenderse y negociar, y a quienes debían procurárseles los cuidados y atenciones necesarias. 12 Si el objetivo del poder provincial con respecto a los indígenas consistió en "subordinarlos", "someterlos" y "sujetarlos al orden", los flamantes caciques mayores serían los agentes fundamentales. Cuando en 1835 Francisco Serantes tomó posesión de su cargo de comandante del fuerte de Azul, el edecán del gobernador, Manuel Corbalán, le informaba que si alguna vez ocurre a ese punto el Cacique Mayor Catrie ya sea a pasar alguna larga temporada, o ya de visita, le obsequie U y atienda y facilite lo necesario según corresponde a su clase, y esto mismo encarga SE respecto del Cacique Mayor Cachul, pues que estos dos caciques son los principales y a quienes considera tener por como tales... 13 12 La expansión territorial del imperio colonial hispánico en América se dio sobre sociedades organizadas según diversas configuraciones sociopolíticas. Cada situación planteó diferentes desafíos a la hora de administrar y controlar los territorios anexados. Esa diversidad podría sistematizarse de dos maneras: la refuncionalización de los liderazgos preexistentes o la inducción de liderazgos nuevos sostenidos por el estado (colonial primero, provincial después), creados casi artificialmente allí donde la dispersión sociopolítica anulaba la posibilidad de concentración interna del poder. El escenario planteado en la frontera bonaerense habría respondido a la segunda opción, por lo cual el tipo de liderazgo encarnado en los caciques conformaría un ejemplo de jefatura inducida por el interés estatal de subordinar dichas parcialidades. Por "jefatura inducida" entendemos aquellos liderazgos no prístinos, sino generados por el contacto con una entidad estatal próxima. Véase también Nacuzzi, Lidia R.: Identidades Impuestas. De otro lado, la elección de un cacique mayor por parte de su grupo se realizaba en virtud de la reunión de una serie de cualidades funcionales a los intereses de las autoridades criollas. La más importante de ellas era la cantidad de seguidores que pudiera movilizar el líder en cuestión. Aquí intervenían variables como las alianzas parentales que éste pudo y pudiera concretar, así como su control y conocimiento de la información proveniente del mundo indígena -en particular aquella que procedía de los espacios sin ocupación criolla-. Casi los mismos rasgos que reforzaban su posición ante los aborígenes que lo seguían eran estimados por las autoridades provinciales; aunque también -y se trataba de una característica relevante-su disposición a negociar con aquellas y su buena voluntad para sujetarse a sus designios. A partir de la incorporación a la provincia, se sumarían a estas condiciones su vínculo con el cacique anterior y su conocimiento del español. Al analizar el mismo problema entre los guaraníes de los siglos XVII-XVIII, Guillermo Wilde rescata un informe jesuita de 1678, en el que se acusa a los líderes impuestos "desde arriba" utilizando el revelador mote de "caciques de papel", toda vez que su única legitimidad vendría dada por la documentación colonial. Wilde, Guillermo: "Prestigio indígena y nobleza peninsular: la invención de linajes guaraníes en las misiones del Paraguay", Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, 43, Colonia, 2006, págs. 119-145. Y es que, en efecto, lo eran y Rosas tenía la habilidad de hacérselos saber. Por endeble que pudiera haber sido su posición al momento de negociar con los criollos o si no hubieran contado con esta oportuna alianza, el gobernador siempre trataba de que se sintieran figuras fundamentales o, por lo menos, no percibieran su costado débil en la relación. A cambio, claro está, pretendía de ellos una serie de actitudes y conductas. En primer lugar, se esperaba que los caciques mayores garantizaran la traducción de los designios de Rosas a la sociedad nativa. En este sentido, el intento de redireccionar su autoridad para asegurar la obediencia de sus seguidores era una constante en las atenciones del gobernador y constituía la otra cara del proceso de subordinación al orden provincial. La falta de sumisión y cumplimiento de sus disposiciones por parte de aquellos -que, como vimos, era constitutiva del tipo de liderazgo-, así como los procesos de fisión operados entre las parcialidades amigas, se contaban entre los mayores motivos de inquietud de Rosas y sus hombres. Paradójicamente, el proceso de sujeción de estas agrupaciones al orden provincial a través de sus caciques podría terminar socavando su autoridad aunque, en apariencia, la misma se viera reforzada externamente. Catriel y Cachul también cumplían funciones diferenciadas que Rosas reconocía partiendo de sus habilidades específicas. Si el primero era hábil en asuntos concernientes a la guerra, el segundo era un hombre de política, capacidad que había que explotar. 14 En palabras del gobernador, respondían a uno de ellos. Para el arreglo y control de los "indios amigos", Bernardo Echevarría elevó a Rosas un proyecto en la primera de cuyas cláusulas sugería dar a cada indio una papeleta que dijese (...)'vivan los federales y mueran los unitarios' y que expresara quién es el cacique al que pertenecía (...). La especificación del cacique y oficial a que pertenecen es para ocurrir yo a ellos cuando sea necesario sin que los indios puedan sorprenderme diciéndome que pertenecen a tal cacique u oficial no siendo cierto. 16 Hasta aquí, la funcionalidad que tuvieron Catriel y Cachul para las autoridades criollas en cuestión. Veamos ahora cuáles fueron los efectos de dichas condiciones al interior de las propias agrupaciones indígenas involucradas en este proceso. Más arriba dijimos que el cacique cumplía una importante función como nodo informático y que la nueva jerarquización digitada por las autoridades creaba el cargo de "cacique mayor", uno de cuyos principales objetivos era habilitar únicos interlocutores dentro de las parcialidades amigas. El nuevo lugar que éstas les otorgaban potenciaba su rol de concentradordistribuidor de la información. Tener la posibilidad de ser el punto en que se reunían todos los datos provenientes de la sociedad criolla, así como las intenciones y disposiciones de Rosas, era de fundamental importancia en el nuevo contexto. Esto se jugaba en las constantes visitas al gobernador, en la recepción de cartas destinadas a ellos, en las permanentes entrevistas que tenían con los comandantes de los fuertes, con chasques de grupos más alejados a los que hospedaban por periodos relativamente prolongados en sus toldos y en la posibilidad de contar con lenguaraces especiales. Nótese, además, que dicho papel también existía entre los hombres de Rosas, en la medida en que las autoridades fronterizas locales reunían información proveniente de los grupos indígenas y la transmitían al gobernador. También señalamos las dificultades de los caciques a la hora de traducir las obligaciones emanadas del gobierno provincial. La contracara de esta situación era la necesidad de contar con el beneplácito de Catriel y Cachul cada vez que los criollos querían introducir alguna innovación en las costumbres aborígenes. El ejemplo más significativo remite al uso de la fuerza por parte de Rosas y sus hombres. Los jefes indígenas debían, a su vez, garantizar la prestación del servicio de guerra de sus seguidores al gobierno provincial y concurrir en conjunto a las festividades bonaerenses más importantes, en las que se les asignaba un sitio especial. Fueron también instancias claves para la inclusión entre sus toldos de grupos hostiles que decidieran deponer su actitud y pactar la paz con la provincia. Según Martha Bechis, buena parte de la riqueza y autoridad del líder provenía del excedente acumulado por la sociedad criolla, que ingresaba a las parcialidades por vía de las raciones en nuestro caso, y eran objeto de distribución. A nuestros caciques mayores correspondía la importante tarea de distribuir los bienes y animales mandados por su "hermano y amigo Juan Manuel". La autora señala que por provenir de fuentes externas, la recepción de las raciones no generaba estratificación social interna, pues no era producto de un proceso de explotación por parte del jefe. 17 Estamos de acuerdo con ella en este sentido, y señalamos también que la distribución de las raciones, en la medida en que reforzaba los gestos de generosidad de aquel, fortalecía su posición en cuanto tal. Por último, la situación quizás más importante, derivada de la relación que indígenas y autoridades porteñas habían establecido a fines de la década del veinte, se presentaba al momento de la muerte de un cacique -mayor o no-y la elección de su sucesor. Si se trataba de la defunción de un "cacique menor", hasta entonces un problema interno y responsabilidad colectiva, ahora daba lugar a la intervención de los caciques mayores y, por su intermedio, del gobernador. La primera oportunidad en que ello aconteció fue en 1834, a la muerte del cacique Anteguan en Tandil. Sin embargo, fue más complejo lo sucedido a la muerte de Juan Manuel Cachul en febrero de 1839. La necesidad de reemplazarlo requirió una cuidadosa selección del sustituto. Este hecho dio lugar, nuevamente, a la intromisión de Rosas, pero también del comandante de Tapalqué, quien solicitó "instrucciones sobre el modo como ha de manejarse la sucesión o con quién se debe entender", adjuntando "una relación de los indios más caracterizados que hay en 17 Bechis, "Los lideratos...", pág. 17. La riqueza originada en la sociedad criolla, que llega como raciones a las sociedades nativas, "is in the nature of a windfall", debe ser distribuida y no produce necesariamente niveles de estratificación social de los que puedan derivarse atributos de poder. Oberg, Kalervo: "Types of social structures among the lowland tribes of South and Central America", American Anthropologist, 57-3, junio de 1955, pág. 477. esta tribu del finado cacique poniendo al pié de cada uno de ellos su clasificación con arreglo al conocimiento que de ellos tengo". 18 En esta situación, uno de los aspectos que más nos ha llamado la atención fue la existencia de "caciques interinos" que desempeñarían el cargo "hasta que SE resolviese lo que fuera de su mayor agrado". 19 Para terminar, baste aclarar que Catriel y Cachul no respondían siempre de la misma manera. Su nivel de aceptación de las intenciones y directivas del gobernador variaba en cada uno y en función del contexto o la naturaleza e implicaciones de la disposición de Rosas. De los dos, el primero pareció ser quien más se ajustaba a sus decisiones y propósitos. En los documentos, su figura se perfila con ciertos aires de sumisión en todo cuanto estuviera a su alcance; podía ser una obediencia racional -producto de un cálculo que priorizara el "mal menor"-y en algún momento pudo hasta tratarse de una opción genuinamente afectiva. Cachul, en cambio, resulta un personaje atractivo al análisis por la dificultad que significaba su trato para el gobernador y sus hombres. En ocasiones las razones de su insubordinación se confunden y no está claro si era él quien no acordaba con los mandatos de Rosas, si sus seguidores podían llegar a restarle apoyo o abandonarlo si aceptaba todas sus pretensiones; a fin de cuentas, las quejas de las autoridades fronterizas se repetían. Veamos ahora dos situaciones que revelan cuán comprometida, contradictoria y compleja podía ser la posición en que habían sido situados los caciques dentro del esquema de dominación planteado por el rosismo. Dejaban surcar su rostro de lágrimas estrechando entre sus ásperas manos sus melenudas cabezas... Entre estos grupos "amigos" estaba arraigada la convicción de la inexistencia del fallecimiento natural. Pensaban que éste podía originarse en daños físicos o invisibles provocados por terceros. En el último caso, la responsabilidad del deceso se atribuía a alguien que se creía poseído por un espíritu maligno al que los indígenas daban el nombre de walichu (gualicho), y que otorgaba a quien lo hospedaba la capacidad de hacer el mal a otro. Por consiguiente, la "hechicería" se vinculaba con la muerte y sus practicantes se asemejaban a la figura criolla del asesino. El asesinato, considerado por éstos como un crimen o delito, era para los nativos un daño muy grave que requería venganza. Esta sería sangrienta y dolorosa, podía involucrar a muchos acusados -sumando en ocasiones varias decenasy generar situaciones de desorden y tensión. 20 Por esta razón, las autoridades porteñas y locales la consideraron una expresión de la barbarie en que vivían los indígenas, que únicamente debía eliminarse. Como es de suponer, Rosas y sus hombres procuraron tomar cartas en el asunto, lo cual hicieron de distintas maneras según la gravedad del contexto y las circunstancias que se pusieron en juego en cada caso. 21 Su intervención recorrió un espectro que incluyó desde decisiones orientadas por criterios declaradamente humanitarios o cristianos, hasta la criminalización de una práctica nativa restitutiva de lo que consideraban un mal cometido contra alguien. Entre las sugerencias, las conversaciones, las exhortaciones y la prisión transcurrieron pocos años. 20 Para una descripción del procedimiento nativo de venganza como compensación del homicidio, véase Mc Cann, William: Viaje a Caballo por las Provincias Argentinas, Hispamérica, Buenos Aires, 1985 [1969]; y Guevara Silva, Tomás: Historia de la Civilización de Araucanía, Santiago de Chile, 1898, tomo III. La intromisión directa de las autoridades criollas en este tipo de cuestiones no fue igual en todo el espacio, como así tampoco se trató de una constante que recorriera el periodo rosista. Lo que destacamos aquí es la actuación de las autoridades localizada en tiempo y lugar. Los episodios encontrados remiten siempre a Tapalqué y Azul, sin registrar una sola referencia a la venganza o intentos de reprimirla entre los grupos asentados en Tandil. Esta preocupación se acentúa en las zonas señaladas desde 1835, hallando las últimas menciones documentales hacia 1838 y 1839, cuando murieron los caciques Reylef y Juan Manuel Cachul, respectivamente. A medida que se incrementaron los niveles de tensión en la frontera se fue definiendo el proceder de aquellas. En medio de un clima de marcada tensión fronteriza por conflictos entre distintos grupos indígenas, una epidemia de viruelas cobraba enormes cantidades de víctimas entre los indios. La enfermedad y la muerte de los infectados eran atribuidas a alguien captado por gualicho, lo cual daba lugar a extendidas venganzas. Uno de los relatos que Prudencio Arnold dejó sobre su paso por la frontera narra el encuentro entre Echevarría y los caciques mayores, en que el primero intentaba hacerles entender la necesidad de abandonar aquella costumbre. 22 El comandante puso en juego todos los argumentos posibles, desde la idea de que sólo Rosas era quien podía castigar hasta el tipo de vínculo que los unía al gobernador y a sus antepasados. Y aunque el mensaje parece haber sido comprendido por sus destinatarios, la narración da cuenta de cómo la conversación se desarrollaba en registros distintos, además de mostrar la actuación de las autoridades provinciales para eliminar esa costumbre indígena. Mientras Echevarría sugería la necesidad de un castigo que Rosas podía ejecutar, Catriel y Cachul pensaban en una venganza que de algún modo reparaba el daño ocasionado y alejaba para siempre a los portadores del espíritu maligno. Según Arnold, no transcurrió mucho tiempo sin que se nos ofrecieran nuevos casos de gualichu; es decir, sin que hubieran en perspectiva nuevos más para ser sacrificados por esa preocupación de los indígenas. Dos jóvenes indias llegaron ocultamente hasta la comandancia, pidiendo protección. Dársela era comprometer la vida de todos los cristianos que allí había, si los indios lo sabían. Difícilmente podía también ocultarse cuando se estaba en medio de ellos y por entre ellos había que salir a largas distancias". 23 Perceptivo, Arnold entendía que ayudar a escapar a las mujeres los colocaba ante un riesgo de múltiples aristas: convertirse en cómplices del daño generado, pasar por encima de la autoridad que el mismo Rosas otorgaba a los caciques mayores frente a sus agrupaciones y desautorizar a la comunidad implicada en la ejecución del resarcimiento correspondiente, al tiempo que los parientes del damnificado quedaban sin satisfacción de su "revancha". Para peor, era muy fácil que los "indios amigos" se enteraran de las actuaciones de Echevarría, quien decidió enviar a las mujeres a la guardia de Monte escondidas en las carretas del comerciante don Isidro Jurado. Se procedió, entonces, con los más absolutos silencios y decoros posibles, pero era imperioso hacer algo más. 22 Prudencio Arnold fue un soldado que participó de varias contiendas bélicas en la región. De sus andanzas por la frontera, sabemos que estuvo en Tapalqué durante algún tiempo, aunque no podemos fechar su estadía con exactitud, ya que el capítulo correspondiente no la explicita. Empero, por el cotejo de datos que aparecen en las narraciones de Arnold con fuentes de archivo creemos que su estancia en Tapalqué puede datarse en 1836-1837. Arnold, Prudencio: Un Soldado Argentino, Eudeba, Buenos Aires, 1970, especialmente cap. VIII. Cuando se supo que estaban libres, era necesario hacerlo saber a Catriel, porque la vida de todos corría riesgo, pues silenciar el hecho y fiarlo al secreto era doble peligroso, mucho más cuando ya no era un secreto desde que todos los peones de las carretas lo sabían y con el tiempo lo descubrirían comprometiendo en ese caso, hasta las relaciones de paz y amistad que el gobierno mantenía con aquellos indios. A pesar de estas consideraciones, se vacilaba mucho resolverse a dar cuenta del hecho a Catriel. Era forzoso tomar alguna determinación decisiva. Mi amigo Echevarría en tales aprietos concibió y realizó la idea de llamar a conferencia secreta a los caciques mayores Catriel y Cachul, en la comandancia, con la esperanza de sacar alguna ventaja del respeto y mucho amor que estos jefes indígenas tenían por el general Rosas. Recordemos que era menester obtener el beneplácito de Catriel y Cachul cada vez que las autoridades criollas introducían alguna innovación en las costumbres nativas. Echevarría optó entonces por llamar a conferencia a los caciques. Echando mano de un proceder al que ya había recurrido en otras oportunidades, el comandante aprovechó para informarlos de las medidas adoptadas e insistir en sus peticiones de que abandonasen la costumbre de "matar por simples órdenes de ellos". Como vimos, los caciques debían traducir al interior de sus parcialidades las determinaciones de las autoridades provinciales a la vez que erigirse como modelo de comportamiento para sus seguidores. De esta manera, Echevarría buscaba también que cada quien ocupase su lugar en este esquema vincular apelando, no casualmente, al "respeto y mucho amor que estos jefes indígenas tenían por el general Rosas" señalado más arriba. Cuando estuvieron reunidos, Echevarría dijo a Catriel:'Los he llamado para que hablemos los tres solos, porque están haciendo matar indios y chinas por el gualichu'. Catriel contestó:'Es cierto: nuestros padres nos han enseñado que nosotros tenemos que hacerlo'. -Ustedes ven que cuando un cristiano mata a otro, le roba o le hace otra cosa -replicó Echevarría-se manda preso para que el gobierno lo castigue; pero nosotros no podemos matarlos de ninguna manera. -Pues, ustedes deben hacer lo mismo. -No podemos modificar lo que nuestros padres nos enseñaron. La respuesta de Catriel desarticuló el discurso del comandante. El cacique dio una razón que explicaba las causas de la recurrencia en la costumbre de "matar indios y chinas por el gualichu". Cuando Catriel afirmó "nuestros padres nos han enseñado que nosotros debemos hacerlo", le dijo a Echevarría que esa práctica era antigua y tenía una lógica dentro de la comu-nidad; era una legítima tradición ancestral, profundamente imbricada en el legado de sus "padres", autoridades irrecusables en una sociedad organizada en función del parentesco. Sin embargo, esta autoridad encontró un modo de contraatacar discursivamente la ofensiva, aleccionando a los caciques sobre las situaciones en que el gobernador podría intervenir. "Cuando un cristiano mata a otro" se lo mandaba preso para que el gobierno lo castigara, pero también cuando "le roba o le hace otra cosa". Echevarría definió los ámbitos de acción privativos de Rosas -robos o asesinatos-, pero la imprecisión de la última frase dejaba abierta, entretanto, la posibilidad de añadir potenciales ocasiones. No obstante, era claro que nadie podía matar "de ninguna manera", y que ellos debían "hacer lo mismo". Más aún, los caciques parecían encontrarse en la difícil disyuntiva de abandonar una costumbre que -repetimos-se vinculaba inextricablemente a la creencia de que nadie muere naturalmente y a la idea del daño cometido. El dilema giraba en torno a la imposibilidad de convivir con quien había hecho el mal y que, por tanto, podía volver a hacerlo. La sanción ejecutada por la comunidad en casos de gualicho tenía por finalidad reparar el daño, restablecer la concordia y erradicarlo. Echevarría pedía que se permitiese la intervención del gobierno en estas cuestiones y que ellos enviasen a quienes creyeran culpables del mal para que las autoridades provinciales los castigasen. Nos preguntamos, entonces, qué podían hacer los caciques mayores y cómo comprender, procesar y traducir a sus seguidores estas delicadas cuestiones obteniendo a cambio -como esperaban los hombres de Rosas-, nada menos que su aceptación y obediencia. Pero la cuestión no terminó allí. Dice Arnold que Echevarría agregó: -Juan Manuel también es padre de ustedes; y como nosotros mandamos a los que faltan, también ustedes deben mandarlos. Catriel tuvo a bien guardar silencio. -Ustedes son hijos de Juan Manuel -repitió Echevarría-, y él los quiere mucho. A mí me han enviado aquí para que los cuide porque son sus hijos. Yo también tengo buen corazón para con los indios... 24 Quisiéramos reparar en la apelación directa que hace Echevarría al contenido emotivo y personal implicado en las relaciones que los "indios amigos" tenían con Rosas. "Juan Manuel también es padre", y el comandante estaba allí porque ellos "son sus hijos" habiéndole enviado "para que los cuide". Recurrir a la figura parental del gobernador permitía desbalancear la estructura jerárquica de autoridades y redefinía a los responsables de la reparación del daño: si vengar a quienes hacían un maleficio, tal como los pampas lo practicaban, era válido porque así lo habían enseñado sus padres, pues bien, Juan Manuel también era su padre, y a él había que "mandar a quienes faltan", para que los castigase. La habilidad de Echevarría residía en construir un discurso cifrado en el lenguaje del parentesco. Aludiendo a vínculos familiares, abría el juego a que los caciques resituaran los hechos en otro contexto organizacional, discursivo y práctico en su propia sociedad. Es el pariente, ante todo el padre, quien castiga: Juan Manuel es padre y, entonces, castiga. Ellos son hijos, obedecen a Juan Manuel. Echevarría está ahí para cuidarlos porque los indios amigos son hijos queridos de Rosas. La documentación del periodo es consistente a la hora de delimitar los márgenes de pertenencia. No casualmente, el elemento que posicionaba tanto a los unitarios como a las parcialidades "enemigas" en el lugar del peligro eran los mismos lazos de parentesco que ataban a los "amigos" indígenas y "cristianos" federales. En el discurso del rosismo, éstos últimos eran hijos de un gran padre -Rosas-y estaban ligados entre sí por relaciones fraternales. Quien rechazara integrarse a esos lazos se posicionaba en contra de ellos y del espacio cohabitado por el grupo definido como el conjunto de dos sociedades amigas, que pasaban a ser una misma. En tanto "no parientes" eran extraños y acechaban perniciosamente la felicidad de la provincia. En efecto, el parentesco proporcionaba un eficaz criterio de inclusión-exclusión: quien no estaba dentro de la comunidad de parientes era enemigo y salvaje, inmundo y asqueroso. Arnold capta magistralmente el impacto que tuvieron las palabras de Echevarría en los caciques y comenta: "Catriel tuvo a bien guardar silencio". El comandante continuó:'Por eso le mandé [a Rosas] dos chinas que vinieron aquí diciéndome que las iban a matar, para que Juan Manuel las castigue, si ustedes le dicen que han faltado'. Guardaron nuevamente silencio, observándose que gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. Todos los esfuerzos de Echevarría para obtener más ventajas de estos dos caciques fueron inútiles. Cuando más los apuraba con razonamientos a fin de que no continuasen la bárbara costumbre de matar por simples órdenes de ellos, se ponían de pie, se agarraban la cabeza y lloraban sin pronunciar una palabra. 25 Echevarría tocó el punto neurálgico del problema: comunicó que las mujeres habían sido enviadas para que fuera Juan Manuel quien las castigase si ellos confirmaban "que han faltado". La autoridad de Catriel y Cachul ante sus indios se había desdibujado, había sido tomada sin más por el comandante del fuerte, y nunca podrían explicar lo ocurrido a quienes buscasen a las responsables, los cuales posiblemente no terminaran de comprender por qué Echevarría administró el asunto a su parecer. Ante un comandante que intimaba a abandonar una práctica dotada de sentido entre los pampas, y que resolvía e intervenía en el conflicto sin más reparos que los que concernían al propio sostenimiento de la "paz" alcanzada con estos grupos, la respuesta de Catriel y Cachul no podía ser otra: los caciques permanecieron en silencio y rompieron en llanto. "Así terminó esta conferencia -asegura Arnold-, sin que por parte de ellos quedase aprobada o desaprobada la medida tomada por Echevarría y sin prometer reforma alguna". Era claro que los caciques no podían garantizar el abandono de la venganza y, mucho menos, la eventual respuesta de sus seguidores. No les era posible transmitir lo "intransmisible" -la expropiación de sus facultades colectivas por las autoridades criollas-; y aunque pudieran, no tenían la capacidad de recurrir a la fuerza para obligar a quienes no comprendieran la situación planteada, o a quienes se negaran a obedecer. De esta manera y en medio del desierto demostraron aquellos hombres salvajes el respeto sagrado e irrevocable que tenían por las leyes transmitidas por sus ascendientes; leyes inculcadas en sus corazones de tal suerte, que antes de violarlas aún invocando la veneración que tenían por el señor general Rosas, dejaban surcar su rostro de lágrimas, estrechando entre sus ásperas manos sus melenudas cabezas. Es importante este último comentario de Arnold porque, como podía esperarse, los indígenas continuaron con las venganzas por gualicho. Echevarría insistiría muchas veces al gobernador, a fin de que le indicara el procedimiento a seguir. Lo opuesto que es a sus leyes o costumbres el valerse ellos mismos de la fuerza... El bloqueo francés del puerto (que afectó las finanzas públicas y privadas), la conspiración de Ramón Maza, el alzamiento de los llamados "Libres del Sud", rumores y amenazas de motines y sublevaciones en la campaña, y la invasión de Juan Lavalle, entre otros acontecimientos que tuvieron lugar en esos tres años, llegaron a jaquear una autoridad que hasta entonces se presentaba, cuando menos, indiscutible. La imagen demonizada del unitario amenazando la vitalidad del régimen rosista y la seguridad de las poblaciones se extendió con rapidez. De la misma manera lo hizo el terror, que debía apagar cada pulso, cada aparición fugaz o real del enemigo. 26 El esfuerzo por combatir tantos focos de conflicto comprometió a toda la población en el rescate del régimen, al que sostuvieron con sus bienes o su vida. El resultado fue una activa militarización de la sociedad, de la que no escaparon los grupos nativos asentados en el sur de la provincia. Su más activa participación tuvo lugar en la represión del alzamiento de los "Libres del Sud". 27 El levantamiento tuvo como epicentro los pueblos de Dolores y Chascomús. Buena parte de sus líderes y principales complotados se contaban entre los más ricos propietarios rurales y los jefes militares de la campaña sur. Allí se emplazaban las mayores fortunas ganaderas y allí se suponía que también se concentraban los más incondicionales apoyos del rosismo. Cuando circuló entre los grupos amigos la noticia de la sublevación, éstos se aprontaron a ofrecer su ayuda al gobierno. Sin embargo, Prudencio Rosas -que lideraba las fuerzas rosistas en Azul-no los contó entre sus tropas en la batalla de Chascomús, el 7 de noviembre de 1839. Rosas no recurrió a ellos sino hasta último momento, cuando tres días después los rebeldes se apoderaron del Fuerte Independencia. Posiblemente, el gobernador no haya querido movilizarlos a fin de evitar desmanes y robos en las inmediaciones; y los hechos contribuyen a explicar mejor su decisión. El 5 de noviembre, Francisco Romero -a cargo de un campamento de la División del Sud-había escrito a Manuel Capdevila -juez de paz y comandante accidental de Azul-que "en este momento se acaba de sublevar la indiada retirando sus familias con malas intenciones hacia nosotros", por lo que solicitaba la ayuda del fuerte. 28 Al parecer, los unitarios habían intentado captar a los indígenas para su causa, diciéndoles que Rosas había muerto. Para ello, sabiendo el lugar que cabía a los caciques frente a sus seguidores, se valieron de chasques que comunicaron a Catriel la falsa noticia. Creemos que la opción por este jefe indígena pudo deberse a su ascendente entre la población nativa, así como a las probadas muestras de fidelidad que había manifestado hacia el gobernador. Convencer al cacique abría la posibilidad de contar con el apoyo de sus seguidores a favor de la sublevación porque, en ausencia de Rosas, ya no habría pacto con los criollos. De inmediato, las autoridades provinciales tomaron cartas en el asunto: era menester convencer a los indios de la falsedad de los argumentos unitarios. Nicolás Granada, que comandaba la División del Sud y había salido con algunos aborígenes del campamento, mandó enseguida dos lenguaraces a persuadirlos del ardid enemigo. Pero la noticia ya se había expandido con rapidez, y fue preciso pedir a Rosas que con urgencia enviase de vuelta a los caciques Nicasio y Quiñigual, que estaban en Buenos Aires, para que dieran fe de haber visto con vida y en perfecto estado de salud al gobernador. 29 Entretanto, se sugirió a Pablo Muñoz -comandante de Tandil-que obrase del mismo modo con el cacique Callfiao, a fin de evitar confusiones también allí. Por nota del 7 de noviembre se informaba al gobierno que todos se habían "sosegado". 30 Pero pese a los esfuerzos realizados, persuadir a Catriel no parece haber sido tarea fácil. Enviado por el gobernador, el 13 de noviembre acudía al toldo del cacique el lenguaraz Manuel Baldevenito, para repetir que no se dejasen engañar por los "salvajes unitarios sublevados", y que "unidos a los cristianos federales" pelearan a favor de la causa rosista, ayudándolos a perseguir a los insurrectos. Hasta aquí, el cacique había sido objeto de mensajes y contramensajes, tanto de quienes se levantaban como del régimen mismo. Pero desvanecidos los rumores y aquietados los ánimos, lo peor estaba aún por venir. Como dijimos, el fuerte Independencia cayó el 10 de noviembre en manos de los Libres del Sud. Fue entonces cuando Rosas decidió involucrar a los nativos en la contienda. Bernardo Echevarría y el mayor Eugenio Bustos se pusieron en marcha rumbo a Tandil "con una fuerza de 400 indios amigos pertenecientes al campamento de Tapalqué y ciento y más cristianos habiendo dejado parte de esta indiada en el campamento". 31 Si la razón de Rosas para no movilizarlos había sido el temor a los desórdenes que los indígenas pudieran cometer, los hechos dieron fe a sus presunciones. El grupo que el comandante de Tapalqué dejó en el campamento se dispersó en partidas que robaron caballos, saquearon estancias y mataron a una persona "manifestando en sus procedimientos la ninguna confianza que en ellos se puede tener".32 Desde ese momento, los caciques fueron víctimas de una nueva doble presión, pero esta vez más compleja: sus seguidores se negaban a sujetarse al orden y continuaban en sus conductas "desaprobadas", mientras que el gobierno insistía una y otra vez en la necesidad de detener los "desastres" ocasionados en la campaña. Inmediatamente, Manuel Capdevila envió un chasque a Catriel pidiendo explicaciones sobre la actitud de sus indios y solicitándole pusiera pronto remedio a la situación. La respuesta del cacique fue la esperable: había estado lejos de los suyos, por lo que había escapado de sus manos lo sucedido; sin embargo, prometía arreglar las cosas cuanto antes. Llegados a este punto conviene retener dos cuestiones. En primer lugar, fue nuevamente Juan Catriel a quien acudieron las autoridades criollas. Nótese, a su vez, que hasta aquí no hemos hablado de Juan Manuel Cachul. La razón estriba, precisamente, en que las fuentes tampoco lo mencionan. Las negociaciones se establecieron en principio con quien fue, al parecer, el único jefe indígena capaz de escuchar a los hombres del gobernador, ser convencido y efectuar una traducción de estas peticiones hacia sus seguidores, incluso hacia el mismo Cachul. Que sus intentos no hayan resultado remite, en todo caso, a su comprometido lugar y a su imposibilidad de recurrir al uso de la violencia. He aquí nuestro segundo reparo: pese a los repetidos intentos de las autoridades, el cacique no iba a poder cumplir con su palabra; apelaría a la persuasión, pero esto no daría resultado ante el curso que tomaban los acontecimientos. En efecto, la recuperación del fuerte Independencia sería obra de los "indios amigos". A partir de ese momento, éstos se entregaron al desmantelamiento de las casas de negocio de Tandil y tomaron todo el ganado que encontraban a su paso, sin discriminar si se trataba de animales de federales o de unitarios. 33 Reiterada la interpelación al cacique para que diera cuenta de tan inadecuado proceder, éste justificó el desorden alegando desconocer a quienes obraban de modo tan escandaloso. No obstante, autorizaba a Capdevila a tomar y fusilar a quien encontrara apropiándose de ganado o bienes ajenos y no tuviera autorización para transitar. 34 En otros términos, el cacique habilitaba a las autoridades criollas a recurrir al uso de la violencia porque él no podía hacerlo y, por tanto, sólo podía apelar a las palabras para calmar los ánimos, procedimiento que se mostraba sobradamente improductivo en esta oportunidad. Sin embargo, que Catriel habilitara al comandante a aplicar la fuerza sobre quien incurriera en actitudes reprobadas no significaba que perdiera autoridad frente a sus seguidores. Dejar el asunto en manos de los criollos era la única alternativa, pero éstos no podían emplear tal mecanismo sin su consentimiento. Así planteadas las cosas, ¿se licuaba o se reforzaba la autoridad del cacique? Sea como fuere, el 19 de noviembre los indígenas de Tandil y los que habían concurrido allí con Echevarría decidieron marchar a Tapalqué. El conflicto surgió porque habían robado animales, siendo preciso además "advertir a los vecinos que se pongan en seguridad pues es probable que en su tránsito cometan mil excesos". 35 En efecto, el 30 de noviembre Echevarría informaba al gobernador que si la cantidad de ganado robado había sido estimada en siete mil cabezas, cálculos más precisos arrojaban la suma de dieciséis mil animales y que, por este motivo, durante la tarde anterior habían conferenciado con Catriel. En esta carta, el comandante de Tapalqué transmite con claridad la posición del cacique que, en sus palabras, "manifiesta y los tiene los mejores deseos por el restablecimiento del orden y devolución de las haciendas". Sin embargo, la agitación que el levantamiento había generado y el estado de intranquilidad que aún se respiraba en la campaña conspiraban contra las intenciones del jefe indígena. Así fue que 33 Tras la derrota de los sublevados, Echevarría tuvo que conciliar con los nativos, lo cual por cierto no fue tarea fácil: "Entre otras de las cosas que esos malvados les habían hecho entender a los indios una de ellas era la de que del Azul para acá todos eran contrarios a SE Nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes y por ello los indios nos decían que era mentira nuestra que esos caballos eran de los enemigos de SE y que quien sabe si no los engañábamos". vemos y palpamos que esto no pasa de la esfera de los buenos deseos por su parte y que en el carácter bélico de los indios, y la conmoción general que éstos han experimentado, a causa de las desconfianzas y demás perniciosas ideas que los salvajes unitarios les habían sugerido, la obediencia a este cacique, no es sino en apariencia y en todo aquello que a ellos les conviene. 36 Como podía esperarse en contextos tan complejos, los hechos continuaron complicándose, esta vez con un intento de alzamiento de los grupos amigos. El 3 de diciembre, Echevarría informaba al sargento mayor Eugenio Bustos que "los indios de este punto tratan de sorprendernos", dato no menor puesto que "la fuerza numérica de esta indiada es, en proporción de las que tenemos al presente a su inmediación, algo respetable". Para peor, por el lenguaraz de Catriel el comandante supo "que los indios le han hecho entender al cacique Catriel que en Pluma Aujero hay una fuerza cristiana para atacarlos a ellos en combinación con la del Coronel Granada, que ellos se ponen en marcha para este destino", y que Catriel había contestado que "si eso es así, es preciso concluir con los cristianos...". 37 El cacique era, nuevamente, objeto de las presiones de sus seguidores, manifestadas como un rumor dotado de bastante fuerza, destinado a lograr su participación en el motín. Quien coordinaba el alzamiento era Callfiau, sucesor del cacique Anteguan y líder de los grupos nativos de Tandil. Estaba en connivencia con indios de origen chileno que habían enviado chasques a sus toldos y que pensaban atacar la provincia por el sur. Hábilmente, Callfiau había buscado primero la complicidad de Catriel con un discurso capaz de impactar sobre éste. Con Cachul había hecho algo semejante: lo sedujo con un razonamiento que decodificaba y traducía el modo en que Callfiau percibía y comprendía la incorporación al "Negocio Pacífico de Indios": quiso "decirle que al abuelo lo habían muerto los cristianos, que al padre lo habían tenido en prisiones los mismos, y que a él lo estaban amansando para hacer lo mismo". 38 Frente al sargento mayor Bustos, Callfiau había dejado explicitada su posición, diciendo "con palabras terminantes [y] no en estado de embriaguez, sino muy cuerdo [que] ¿quién les ha dado licencia a los cristianos para poblar esta guardia [Tandil]? Bernardo Echevarría a Eugenio Bustos, 3 de diciembre de 1839. El comandante emplea el término "insurrectos" porque, en efecto, Callfiau era secundado por otros jefes indígenas menores: Crejo, Corrupan, Cayupan y Guirquiley. Echevarría a Rosas, 4 de diciembre de 1839. estos campos, no se las ha dado". 39 Según Echevarría, los indios buscaban intimidar a Cachul, "obligarlo a que cometa un atentado y quedar ellos siempre garantidos con la obediencia al cacique". 40 Lo cierto es que fue Catriel -y no Cachul-quien recibió al día siguiente otro chasque de las autoridades criollas. Manuel Baldevenito trajo el mensaje del comandante de Tapalqué: no haga caso de lo que le dicen los indios, que todo es por la envidia que tienen de la grande amistad que VE le profesa; que se fije en las personas que le vienen con estos chismes, y verá que ninguno es tan antiguo en la amistad con VE como lo es él y que ninguno es más de orden y amigo de los cristianos que él, su familia y sus indios, que puede ser muy bien que lo quieran engañar, para ver si lo separan de la amistad de los cristianos, cosa imposible, porque SE lo quiere mucho, y que tal vez esos mismos que hoy le aconsejan mal, es porque creen que son capaces de hacerlo separar de la amistad de SE para después hacerlo padecer o matarlo a pesadumbres, sacándole en cara los regalos que SE le ha hecho y últimamente, hacer de él lo que les diese la gana y hasta negarle la obediencia. para no entregar el ganado. Por supuesto, la actitud de Cachul continuó siendo reticente, dando lugar a las reiteradas reclamaciones de aquellas. Catriel se mostró, nuevamente, más dispuesto a la negociación: habló con los suyos y, según los hombres de Rosas, les imploró que de todas formas cumplieran con la petición. Que no hubieran dado resultado sus súplicas o exhortaciones respondía a cuestiones que escapaban a su voluntad, ya referidas, entre ellas la imposibilidad de los líderes indígenas de recurrir a la fuerza. Sin embargo, el cacique también mostró sus posibilidades de concertación. El 11 de diciembre, Echevarría tuvo una "conferencia fuerte" con Catriel, a fin de que hiciera "el esfuerzo para que abrevie la entrega de las haciendas". En la conversación, Catriel manifestó que lo intentaría una vez más, pero la charla concluyó de un modo que probablemente el comandante no esperaba. El cacique terminó diciéndole "que tenía un indio preso, que este era de los de Tandil y pariente de una de sus mujeres, y que quería que yo [Echevarría] me interesase con Ud. por su libertad". Y si bien el comandante salió airoso -respondiendo que nada podía hacer, que Manuel Capdevila había tomado cartas en el asunto y que probablemente las determinaciones posibles ya estuvieran en manos de Rosas-, el episodio muestra hasta qué punto el cacique conservaba una nada despreciable capacidad de negociación. El mismo Echevarría lo hizo explícito cuando imploró a su par de Azul que en su respuesta le informase sobre la situación del indígena al que Catriel reclamaba, argumentando que "hoy más que nunca conviene satisfacer al cacique en razón a que en este momento manda el cacique Catrie una porción de capitanejos con indios a los apartes de las haciendas de los cristianos". La secuencia es clara: el comandante pidió la devolución del ganado robado y el cacique solicitó la libertad de uno de sus parientes. Echevarría logró evadir la demanda del cacique pero, al mismo tiempo, rogó a Capdevila noticias -no sería extraño que Catriel reiterara la petición-y lo fundamentó explicitando el modo en que Catriel se convertía en una irremplazable pieza de conexión entre la sociedad indígena y los deseos de las autoridades criollas. Más aún, los capitanejos destinados a efectuar las separaciones de hacienda llevaban "la orden de que si los otros indios no quieren por bien, se les quiten por la fuerza toda". Claro que no serían los indígenas quienes emplearían ese procedimiento con aquellos que se negaran a entregar los animales, pero nuevamente era Catriel quien permitía la apertura de un canal hasta entonces no ocupado por ninguna autoridad en la sociedad nativa, lo cual para Echevarría era positivo "porque ya el caci-que entra a tomar una parte activa". 42 Creemos que el comandante no desacertaba en su juicio: que Catriel no perdiera autoridad frente a sus seguidores tampoco implicaba que ésta no experimentase cambio alguno. Resta decir que la situación continuó sin resolverse de inmediato. Las buenas intenciones de los indígenas persuadidos por su cacique mayor apenas duraban días; y otra vez los chasques, otra vez los parlamentos, otra vez las promesas que no podían cumplirse. No obstante, a comienzos del año siguiente el orden había vuelto a la campaña y las cosas comenzaban a calmarse. "Eso sólo era obra del tiempo y la constancia", decía atinadamente el comandante de Tapalqué, razón por la cual había dejado de hablar del tema con los caciques durante unos días: Y cuando he visto que los indios venían a pedirme yerba, azúcar y otras frioleras como tenían de costumbre, que ellos y sus familias entraban sin desconfianza dentro del zanjado, y que los indios se reunían los domingos con los cristianos en las carreras, y que ya los vi llenos de confianza, entonces ya les hablé a los caciques de este punto y del Tandil, que son Callfiau, Maicá y Pety. Con cada uno, las formas y las razones habían sido distintas y ello obedecía a que Catriel y Cachul guardaban otra relación con el gobernador y sobre ellos recaían otras expectativas. Por primera vez aparece Cachul dialogando con Echevarría. Al igual que Catriel, se mostró disgustado por el engaño que había sufrido y "hasta avergonzado de haber creído en los embustes de los otros indios". Respecto de la entrega de la hacienda, dijo que hacían ellos cuanto podían, "que algunos oyen sus consejos, pero que hay entre ellos como entre los cristianos algunos malos, que con estos me entienda yo del modo que me parezca, significándome, de un modo indirecto lo opuesto que es a sus leyes o costumbres el valerse ellos mismos de la fuerza para estos casos". En este trabajo partimos de entender el "Negocio Pacífico de Indios" como una forma especial de hacer política, en el seno de la cual Rosas pretendió subordinar la población nativa local al nuevo orden estatal. otras prácticas, recurrió para ello a la creación de interlocutores primordiales, los caciques sindicados como "mayores". Asimismo, propusimos avanzar sobre algunas líneas de análisis teórico e intentamos esbozar nuevos conceptos que nos permitan pensar esa compleja trama de relaciones establecidas entre las autoridades fronterizas y los caciques, ese eslabón terminal que ató el nudo de poder local. Quisiéramos entonces, cerrar este artículo con algunas consideraciones en torno a lo que significó el "Negocio Pacífico de Indios" para los líderes étnicos. Una coyuntura crítica abierta entre fines de la década de 1810 y principios de la siguiente los llevó a ingresar en un tipo de relación más directa y personal con las autoridades provinciales y con el propio gobernador. A partir de ese momento, tanto la apropiación de las capacidades punitivas de los líderes parentales nativos, como el mayor control sobre los robos de ganado por parte de los poderes provinciales, hicieron manifiesta esa contradicción habitada por los caciques. Participar de un espacio mesopolítico habría incluido, como ya dijimos, una capacidad de traducción difícil de percibir por fuera de la situación específica. Esos caciques atravesaron una dualidad contradictoria: garantizar las condiciones de reproducción de sus agrupaciones de base, al tiempo que se plantaba un intento de intervención estatal que poco en común tenía con las pautas de organización, sustentadas en el parentesco, la reciprocidad y la imposibilidad de concentración del poder. En esta coyuntura, ¿qué margen de neutralidad quedó para ellos? Ubicados entre dos polos de una relación, ¿de qué habrá dependido que los jefes étnicos hayan atendido a una u otra fuerza? ¿Eran líderes de sus parcialidades, funcionarios estatales, o una imbricación coyunturalmente situada de ambos caracteres? Creemos que esta tensión no se mantuvo inalterada en todo el perdíodo, sino que más bien debe haber obedecido a los márgenes de acción que cada contexto habría planteado. De todos modos, ubicados en cualquier segmento del par colaboración/resistencia, Catriel y Cachul distaron de ser meros intermediarios neutrales. En el episodio de mediados de la década de 1830 narrado por Arnold, vimos a los caciques acorralados por la normativa rosista que les impedía vengar las muertes por "engualichamiento". La apelación al idioma del parentesco resignificada por el discurso rosista extremó la posición de los líderes indígenas quienes, ante la inminencia del poder estatal socavando su autoridad, se quebraron en llanto. En el contexto de 1839, por otro lado, la situación crítica del gobierno provincial abrió un resquicio por el cual pudieron colarse prácticas nativas de resistencia (interferencia en la comunicación interétnica, robos, amenaza de rebelión liderada por Callfiau). Fue necesario entonces poner en juego toda la pericia y diplomacia de Rosas para recomponer la situación y estabilizar las relaciones con las parcialidades "amigas". Fue así como, ya pasado el levantamiento antirrosista de 1839 y cuando la situación empezó a componerse definitivamente, cansado y agobiado por los meses de aguda tensión, Bernardo Echevarría escribía a su par de Azul, Manuel Capdevila, "que esto de tener que con los indios es una lidia del demonio". Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, ¿qué quedaría, al respecto, para los caciques? Nos preguntamos en este punto qué proceso psico-sociológico habrá tenido lugar en ellos a la hora de enfrentarse con una realidad casi inentendible y (hasta cierto punto) impensable. ¿Qué mecanismos internos operaron para provocar su llanto? ¿Cómo se resolvió prácticamente la encrucijada en la que se hallaban las autoridades étnicas? Parafraseando al rey del Asteroide 325, ¿cómo pedir lo que no se puede dar? ¿Cómo entender ese "liderazgo en encrucijada"? Seguiremos indagando estos interrogantes en futuros avances de investigación.
A pesar de no tener lazos de hermandad con las naciones latinoamericanas, Francia fue uno de los principales destinos europeos de sus exiliados en los años setenta. A través de una introducción que busca dar cuenta de la producción científica en torno a dicho objeto, se destacan en este artículo cuestiones prometedoras, ya sea por su originalidad, por la modificación que introducen en los modelos de análisis de las relaciones entre América y Europa y, sobre todo, porque apuntan a analizar una experiencia que, por su no-lugar en las historias nacionales y por los silencios que la rodean, supone un verdadero desafío historiográfico, político y ético. El interés, bastante reciente, por las migraciones de latinoamericanos a Europa se asocia de una manera bastante generalizada con las consecuencias sociales de las políticas de ajuste económico en América latina en los años noventa y con los vastos desplazamientos en los últimos años a la península ibérica. 1 El objetivo de este dossier no es tanto rectificar esta visión, al recordar que Francia, aunque en menor medida que otros países de la UE, ha sido y es aún hoy también lugar de destino de estas migraciones; sino, sobre todo, dar cuenta de cómo la experiencia francesa -a tra-vés de la conjunción de experiencias migratorias y tradiciones disciplinarias que proveen las herramientas para analizarlas-permite interrogar a los exilios en su dimensión constitutiva. Los trabajos que componen este dossier destacan las distintas variables que articulan esa dimensión; al mismo tiempo reflexionan sobre el posible impacto de esas experiencias migratorias, tanto en las historias nacionales de los países que los desplazamientos ponen en contacto, como en los propios modelos de análisis que sirven para pensar sus relaciones. Francia no fue nunca lugar de destino privilegiado de los latinoamericanos puesto que, exceptuando Haití, no tiene lazos de "hermandad" con las naciones hispanoamericanas. En otros términos: la emigración hacia Francia no puede explicarse como reflujo de una historia colonial. 2 Tampoco es posible pensarla como retorno diferido trans-generacional, aunque ciertos países latinoamericanos, como la Argentina, acogieron a un número significativo de franceses hacia finales del siglo XIX. 3 Cierto es que Francia, y más concretamente París, fue desde el siglo XIX un destino obligado para ciertos sectores de las elites latinoamericanas. Políticos, intelectuales, artistas, jóvenes estudiantes y rastaquaires hicieron, y hacen todavía, del viaje a París una etapa decisiva dentro de trayectorias personales y profesionales exitosas. 4 Sin embargo, pocos son los que se instalan de forma permanente. Se trata en general de cortas estadías destinadas a preparar regresos triunfantes. 5 En otros casos el viaje intelectual o artístico se 2 Sobre el peso de la historia colonial en la emergencia de flujos migratorios, ver Portes, Alejandro (ed.): The Economic Sociology of Emigration: Essays on Networks, Ethnicity and Entrepreneurship, Russell Sage Foundation, New York, 1995. La historia de esta migración ha sido poco trabajada. Pauline Raquillet ha defendido recientemente una tesis sobre la trayectoria de Alfred Ebelot y a través de ella, la de los franceses en el Río de la Plata. 4 Una aproximación geopolítica de la relación entre centro y periferia dentro de la república de las letras en Casanova, P.: La République mondiale des Lettres, Ed. du Seuil, Paris, 1999. Esta cuestión dio lugar a un coloquio organizado en 1984 en Toulouse. Présences et modèles, 1870-1900", Tesis de doctorado de la Universidad de Paris I, 2001; Pelosi, Hebe: Argentinos en Francia, Franceses en la Argentina: una biografía colectiva, Ediciones ciudad argentina, Buenos Aires, 1999. combinó con una representación o cargo diplomático, como fue el caso del peruano Francisco García Calderón, del chileno Blest Gana o del argentino Juan Bautista Alberdi. Francia fue también lugar de destino de algunos exilados ilustres como los ex presidentes Miguel Iglesias del Perú y Porfirio Díaz de México. 6 Ello podría explicar el poco entusiasmo que este tipo de experiencias ha suscitado para los estudios migratorios -campo marcado por las aproximaciones cuantitativas y fuentes seriales-vista la insignificancia de la población latinoamericana en Francia, con una evolución que va de 0,026% de la población total en 1901 y que en lo más alto de la curva alcanza apenas el 0,14 en 1999. 7 Ahora bien, la cuestión cambia sensiblemente a partir de los años setenta del siglo XX. En primer lugar debemos señalar un aumento significativo de los latinoamericanos en Francia, población que se duplica entre 1975 y 1982. Pero, sobre todo, cabe destacar el interés que comienzan a manifestar las ciencias sociales francesas por los estudios migratorios, vinculado a la importancia creciente del tema en el debate público. 8 A los trabajos provenientes de la sociología y destinados a estudiar las nuevas comunidades provenientes de África, Europa y Asia le siguieron investigaciones que, desde el campo de la historia social, comenzaron a estudiar las llamadas migraciones económicas. 9 Al mismo tiempo la historia política manifestó un interés en aumento por los exilios europeos de entre-guerras, antifascistas, antinazis y antifranquista. 10 Aunque las "migraciones de tra-6 Podemos incluso presentir detrás de alguno de estos recorridos una "circulación de cerebros" sobre la cual reparan los estudios migratorios hoy en día. Sobre este tema ver Pellegrino, A., y Calvo, J.J.: "¿Drenaje o éxodo?: Reflexiones sobre la migración calificada" Montevideo, Universidad bajadores" y los exilios políticos son considerados como fenómenos radicalmente diferentes, que implican problemáticas y herramientas de análisis específicas, el hecho de que converjan sobre los mismos grupos nacionales, como es el caso de italianos o españoles, ha hecho posible importantes cruces entre ambos. 11 Ello fue posible en buena medida gracias a la introducción de otro tipo de fuentes y aproximaciones. En efecto, si los primeros trabajos privilegiaban los análisis a nivel "macro", destinados a abordar un fenómeno de masas a partir de fuentes cuantitativas, con la introducción en los comienzos de los noventa de las nociones de "experiencia" y "recorrido individual" el estudio de acontecimientos "menores" adquirió legitimidad y comenzó a despertar interés, con lo que perdió fuerza la idea de medir el impacto a partir sólo de agregados estadísticos. 12 La presencia de los latinoamericanos deviene de este modo en un objeto "visible" para las ciencias sociales en Francia. 13 Hacia finales de los años ochenta se publicaron los primeros trabajos universitarios y se defendieron las primeras tesis doctorales sobre los exi-11 Además de los trabajos ya citados ver Blanc-Chaléard, M-C.: Les Italiens dans l'Est parisien. 12 La investigación de Marrus destaca el carácter masivo que adquiere el fenómeno de los refugiados en Europa, transformándolo en un problema de política internacional, proponiendo un análisis macro analítico que vincula el análisis de las relaciones internacionales con la emergencia de nuevas formas de alienación colectiva. Sobre nuevas aproximaciones a partir de recorridos individuales ver para el caso del antifascismo italiano Bechelloni, Antonio: "Au croisement des parcours migratoires et des engagements militants: antifascistes italiens en France entre le Front populaire et la Libération" en Devoto, F., y González Bernaldo, P. (coords.): Emigration politique, une perspective comparative, L'Harmattan, Paris, 2001, págs. 103-122. 13 A ello también contribuye el hecho de que los movimientos de refugiados y exiliados latinoamericanos, que se dirigen mayoritariamente hacia destinos americanos, comienza a despertar el interés de los científicos sociales, en particular norteamericanos. Este "descubrimiento" no es ajeno al voto del "Refugee Act" de 1980 que introduce en Estados Unidos la figura jurídica del refugiado definida por la Convención de Ginebra de 1951. Pero también lo es por la presencia cada vez más importante de refugiados latino-americanos en el territorio norteamericano, que Zolberg, Suhrke y Aguayo datan de la revolución cubana. lios políticos, que coincidieron en gran medida con el fin de esa experiencia. 14 Ello no quiere decir, claro está, que antes de esta fecha el tema estuviese totalmente ausente, tanto en Francia como en los países de América latina, aunque se presentó más como testimonio que como objeto de estudio de las ciencias sociales. 15 Hoy en día la problemática del exilio ha ganado legitimidad académica, aunque el desarrollo de este tipo de investigaciones se encuentra aún en una etapa inicial de selección de fuentes, tanteo de aproximaciones metodológicas, hipótesis de trabajo y propuestas de nuevas categorías de análisis. Por tanto, el dossier que aquí presentamos testimonia la constitución de este nuevo campo de investigaciones en el que confluyen la historia del presente, los estudios migratorios y las relaciones internacionales, y que a su vez se ubica en el interfaz de diferentes temáticas y distintas disciplinas como la antropología, la sociología, la psicología, la literatura, la historia, la demografía y el derecho. Una excepción a la regla es la tesis de Sáenz Carrete, Erasmo: "Les cadres socio-politiques de l'adaptation des réfugiés latino-américains en France: 1964-1979" defendida en 1980 pero que será publicada en 1995. 15 Al contrario, constatamos en los países de América latina en plena transición democrática una proliferación de literatura de tipo testimonial sobre esta experiencia. También se realizan investigaciones académicas pero fundamentalmente sobre el tema de la literatura del exilio. Una presentación muy completa de la producción testimonial del exilio en Franco, Marina: "Los emigrados políticos argentinos en Francia (1973-1983). Algunas experiencias y trayectorias", Tesis de doctorado en cotutela, Université Paris 7 -Denis Diderot y Universidad de Buenos Aires, 2006, vol. I, págs. 17-33, para el caso del exilio argentino. Para el caso uruguayo ver Coraza de los Santos, Enrique: "El Uruguay del exilio: la memoria, el recuerdo y el olvido a través de la bibliografía" en Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, n.o 94 (1), 1 agosto 2001. 16 En los últimos años hemos visto aparecer una serie de trabajos monográficos o de compilaciones destinadas específicamente al tema de los exilios. No es difícil asociar el crecimiento de la población latinoamericana a partir de los años setenta a la fuerte conflictividad social y política que vivió la región. La violencia inusitada del nuevo ciclo de dictaduras militares que se propagaron en los años sesenta -cuando la revolución cubana convirtió a América latina en uno de los territorios privilegiados del despliegue de la guerra "fría"-generó desplazamientos forzados y migraciones precipitadas. Éstas llegaron hasta Francia, aunque este tipo de emigraciones políticas se dirigió mayoritariamente hacia el territorio americano, principalmente hacia países limítrofes o hacia países geográficamente más lejanos cuya política de asilo los convertía en el refugio más próximo. 17 La situación de represión generalizada, que adquirió una terrible eficacia con la organización de la llamada "internacional del horror" o Plan Cóndor, indujo a buscar nuevos destinos, entre los que destacó España, por entonces en el inicio de su transición democrática. 18 Aun siendo un destino secundario, Francia albergó, bajo distintos regímenes legales, contingentes de chilenos, brasileños, uruguayos, argentinos y haitianos que huían de sus respectivos regímenes represivos. La acogida de refugiados y exilados latinoamericanos introdujo un obvio aumento de su "visibilidad", a la vez que produjo modificaciones importantes en la percepción que la población francesa tenía de América latina. 19 Esta circunstacia explica el impacto considerable que tuvieron en del 2003; Markarian, Vania: Idos y recién llegados. La izquierda uruguaya en el exilio y las reces transnacionales de derehcos humanos (1967-1984).( 2005), Uribe y Ferrari Ed., Montevideo, 2006; Rebolledo, Loreto: Memorias del desarraigo. Testimonios de exilio y retorno de hombres y mujeres de Chile, Catalonia, Santiago de Chile, 2006. 17 Así, según cifras de Lattes, más de un 40% de argentinos que vivía en el exterior en 1980 lo hacía en países limítrofes. En cuanto a la política de refugio se destaca el caso de México. Véase Imaz, Cecilia: La práctica del asilo y del refugio en México, Potrerillos, México, 1995; Yankelevich, P. Francia ciertos acontecimientos latinoamericanos, algunos de los cuales, como el del boicot al mundial de fútbol de Argentina en 1978, produjeron una importante movilización social. Acontecimientos como ese incrementan su importancia relativa si se tiene en cuenta lo exiguo de los números absolutos de los latinoamericanos en la sociedad francesa. 20 Las cifras de los censos muestran, sin embargo, que el fin de los regímenes militares que habían provocado la migración no produjo una reducción significativa de la población latinoamericana en Francia. Las migraciones no se detuvieron con las transiciones democráticas. 21 No sólo el "desexilio", para utilizar la expresión de Mario Benedetti, no se vio acompañado de un retorno definitivo masivo, sino que por el contrario a finales de los ochenta y en los noventa se constatan nuevos arribos, provenientes de regiones que experimentaban guerras larvadas, como Haití y Colombia. 22 Ciertamente fue un fenómeno insignificante en términos relativos, comparado con la población total de Francia o incluso con la población extranjera. 23 Pero el cambio cualitativo fue sustancial. Ya no se trataba de una población joven, fuertemente politizada y marcada por la experiencia represiva de sus Estados de origen, sino de una inmigración mucho mas diversificada en su extracción social, en su identificación con los modelos identitarios del Estado-nación y en sus proyectos políticos. Entre estos nuevos recién llegados podemos incluso encontrar algunos ex exiliados, que re-emigraban, es decir que regresaban a su lugar de exilio tras un retorno imposible, como atestigua el complicado itinerario del "Francés" del que da cuenta Denis Merklen en su artículo. 24 De modo que es válido, como hace Lina Bassarsky en el trabajo que aquí publicamos, intentar diseñar modelos interpretativos que, al abandonar la idea de fronteras impermeables entre migraciones "políticas" y migraciones "económicas", permitan interrogar la dinámica migratoria en su conjunto, a fin de dar cuenta de otras variables que obedecen a diferentes temporalidades, y destacar otras continuidades y rupturas. Una de las razones que complican la utilización de modelos interpretativos globales reside en la dificultad de pensar conjuntamente experiencias que se postulan como radicalmente diferentes y que en buena medida lo son. Sin embargo, aunque la mayoría de los investigadores está de acuerdo en señalar la especificidad del exilio, no todos los análisis parten de las mismas premisas o definiciones. Mientras que algunos ponen el acento en las razones de partida -el exilio estaría definido por la existencia de un régimen represor que constituye un peligro para la vida y la libertad del individuo-, otros sostienen que es la actividad política en el país de acogida lo que define el exilio, lo que permitiría incluir dentro de esa catego- ría a individuos cuya migración no es un producto del régimen, pero que una vez en el país de acogida participan de las formas de organización destinadas a denunciar a las autoridades del país de origen -es el sentido que adquiere la declaración de Julio Cortázar, residente en Francia desde 1954 y que con el golpe de Estado de 1976 se proclama "auto-exilado"-. 25 En otros casos el acento se coloca en la imposibilidad del retorno, considerando este aspecto como elemento que permite distinguir las migraciones voluntarias del exilio como migración forzada. 26 A ello se agrega, para los países que firmaron la Convención de Ginebra de 1951 y el protocolo de Nueva York de 1967, como es el caso de Francia, la dificultad suplementaria que introduce la categoría jurídica de refugiado. Si esta última presenta la ventaja de aportar una definición común a todos los países que firmaron la convención, sabemos que en la implementación de este derecho universal tiende a primar la "tiranía de la nación" como lo ha demostrado Gérard Noiriel y cómo lo confirma casi cotidianamente la prensa. 27 Difícil disyuntiva, puesto que no sólo una u otra definición nos dará una visión sesgada de la experiencia, sino porque según se opte por una u otra, el objeto que estamos construyendo difiere sensiblemente. Puede oscilar, por tanto, entre ser una categoría jurídica otorgada por el estado de acogida, en función de 25 Un fenómeno similar de politización que transforma a la colonia en oposición política del régimen se constata en Francia con el movimiento antifascista de los años treinta o a hacia la movilización contra el régimen franquista. 26 Gaillard en Exils et retours pone el acento en la imposibilidad del retorno, P. Yankelevich en las razones de partida en Represión y destierro, mientras que S. Dufoix en Politiques d'exil o G. Dreyfus-Armand en L'exil des républicains definirán el exilio a partir de la actividad política en tierra de acogida. Es también la posición de Vania Markarian en Idos y recién llegados... y de Hite, Katherine: When the Romance Ended: Leaders of the Chilean Left, 1968-1998, Columbia University Press, New York, 2000. Sobre el exilio como categoría construida por los propios actores ver González Bernaldo, P., y Franco, M.: "Cuando el sujeto deviene objeto. La construcción del exilio argentino en Francia" en Yankelevich, P. (comp.): Represión y destierro. 27 En efecto, la atribución del estatuto de refugiado remite a las políticas públicas estatales y, como lo demostró Noiriel, está sometido al imperativo nacional. El caso paradigmático nos lo brinda la diferenciación que hacen los Estados Unidos de la inmigración proveniente del Caribe, entre los "refugiados" cubanos y los balseros haitianos. Sin embargo la no atribución de este estatuto puede dar lugar a una movilización de la sociedad civil la cual, enfrentándose a la política de asilo del Estado, busca "dar parte a los sin parte" según la expresión de J. Rancière. Ed.CNRS, Paris, 2005. criterios que no siempre están vinculados a los principios que la inspiran -lo que conduce al estudio de las políticas estatales y a una historia de la aplicación del derecho de asilo-, o un fenómeno derivado de la auto-asignación identitaria cambiante de los actores, en función de una serie de variables que están presentes en el momento en el que se realiza la entrevista, lo que remite a las subjetividades del exilio, de las cuales nos hablan Marina Franco y Denis Merklen en sus artículos, o una categoría de la experiencia política que se inscribe en los niveles intermedios de análisis, a través del estudio de vínculos de sociabilidad, formas de organización y redes de solidaridad que, como lo muestran los trabajos de Vania Markarian, tiene una dimensión claramente transnacional y trazan nuevos perímetros de las experiencias del exilio. 28 En un trabajo previo propusimos la noción de "emigración política" como categoría que permite pensar un vasto conjunto de trayectorias migratorias en que la variable política desempeña un papel central. Concepto que por su propia amplitud permite introducir la dimensión propiamente "migratoria" a la que se ven enfrentados aquellos que cruzan fronteras internacionales en busca de refugio, ya sea porque el Estado de acogida introduzca criterios de políticas migratorias en el tratamiento de las demandas de los refugiados políticos, ya sea porque los criterios que prevalecen en el mercado no son los de los motivos de la partida, aunque éstos puedan indirectamente incidir en los perfiles socio-profesionales de los emigrantes. 29 Permite evitar, al mismo tiempo, la laberíntica clasificación basada en la inminencia del riesgo. 30 Como sostiene Legoux, las huidas provocadas por persecuciones no son totalmente improvisadas. La fecha de 28 Sobre la disputa en torno al derecho de nombrar qué se entiende por exilio ver Jensen, Silvina: "Nadie habrá visto esas imágenes, pero existen. A propósito de las memorias del exilio en la Argentina actual", en "Exilios. Historia reciente de Argentina y Uruguay" en América Latina Hoy. Revista de Ciencias Sociales, Universidad de Salamanca, Vol. partida depende del grado de tolerancia de cada individuo frente al riesgo -lo que Elías denomina la economía emocional de cada individuo-y, sobre todo, de los recursos movilizables: individuales, familiares y políticos. Son esos recursos, tanto financieros como humanos, en particular el conocimiento de redes migratorias o de vínculos previamente establecidos con el país extranjero, los que determinan en gran parte el destino. Según los medios disponibles, la posibilidad de elección de los refugiados se limitará a los países fronterizos, o se extenderá hacia los países ricos. 31 Buscar modelos interpretativos generales no debería impedir pensar las especificidades de cada tipo de experiencia migratoria, por el contrario, ello permitiría entender mejor sus articulaciones. Así, siguiendo la propuesta de Lina Bassarsky de una aproximación a estas migraciones a partir del análisis de redes sociales, se podría sostener que ciertos grupos de exilados desempeñan un papel de "pioneros" a su pesar, lo cual permitiría explicar porqué se perpetúa e incluso se intensifica la presencia de ciertos colectivos una vez desaparecidas las razones políticas que habían provocado la emigración política. 32 Pero la noción de "emigración política", vale la pena aclararlo, no busca reemplazar la noción de "exilio" como definición de estas experiencias ni menos aún borrar su dimensión política. Se trata más bien de diseñar una estrategia heurística para poder superar la alternativa entre "realidad objetiva" y representaciones sociales. 33 Pues si no es difícil afirmar con Dufoix que el exilio es una realidad objetiva, los propios actores, y la sociedad de origen y de acogida, proceden a asignaciones identitarias que intervienen en la experiencia cotidiana construyendo las subjetividades del exilio. 34 Aspecto que en el caso de los estudios sobre exilios latinoamericanos de finales del siglo XX es aún más insoslayable dado que la construcción del objeto se hace en gran medida a partir de fuentes orales. Estas narrativas -que comprenden tanto los relatos como los silencios-no pueden, como lo demuestra Marina Franco en el trabajo que aquí publicamos, 31 extraerse del entramado de subjetividades a partir de las cuales se construyen, y toman sentido, los relatos que sirven a los investigadores para indagar la experiencia del exilio. Franco explica, por ejemplo, la reiteración en las narrativas de la inminencia del riesgo extremo que provoca el exilio en parte como "resultado de un imaginario social que durante muchos años condenó a "los que se fueron" y les impuso el "silencio" al no considerarlos "víctimas" del terrorismo de Estado". La narrativa del exilio está entonces condicionada por esa necesidad de legitimar una experiencia, que puede llevar, como lo muestra Fanny Jedlicki en el caso del exilio chileno, a "despolitizar" la narrativa del exilio, reduciendo la identidad del exiliado al de una víctima de la dictadura. Sin embargo, e incluso partiendo de la perspectiva del sujeto, es imposible dar inteligibilidad al exilio fuera del campo de la política. Pues si sobre un punto todos los autores coinciden es sobre la dimensión política de esta experiencia ¿Cómo analizar entonces satisfactoriamente la relación entre destierro y la experiencia política colectiva que todos confirman? Aunque parezca un tanto paradójico, debemos en primer lugar repensar esta experiencia en su dimensión migratoria, con todo lo que ella implica de desfases, desarraigos e incertidumbres. No se trata de "despolitizar" al exiliado, transformándolo en un simple emigrante, sino por el contrario de sondear mejor, como lo hace D. Merklen, hasta qué profundidades de la vida cotidiana cala la política en este tipo de experiencias. 35 Si bien ello no es algo específico del exilio, el destierro otorga a los más banales actos de la vida cotidiana una dimensión política. 36 Nuevas aproximaciones al tema permiten a su vez una mejor articulación de las perspectivas meso-analíticas destinadas a estudiar la actividad política de los exiliados a través de diferentes formas organizativas. Stéphane Dufoix propone la noción de "expolitie" o "exilio de la comunidad política" para dar cuenta de ese particular cuerpo político que se transforma en un espacio-tiempo, tanto nacional como transnacional, y que se define en la relación de ruptura que establece ese colectivo con las autoridades del 35 Para Silvina Jensen la confusión entre emigración económica y exilio político es un producto de la política represiva de los militares que lleva a los sujetos a silenciar la militancia previa al exilio por temor a la estigmatización. Es un aspecto que sigue hoy presente como lo señalan Marina Franco y Fanny Jedlicki. Véase Jensen: "Suspendidos de la historia...", pág. 1038. 36 Pocos son aún los trabajos destinados al estudio del militantismo y la vida cotidiana, aunque este tema está presente en muchos de los testimonios que se han publicado sobre la militancia revolucionaria. Ver al respecto una sugerente reflexión en "Militancia y vida cotidiana" en Praxis, año III, n.o 5, Buenos Aires, 1986. ISSN: 0210-5810 país de origen y se manifiesta a través de la actividad política de oposición al régimen. 37 La disociación entre el Estado, que se transforma en aparato represivo en manos de un poder ilegítimo, y el proyecto de nación que ellos encarnan es un elemento que podemos encontrar en otros exilios. 38 Esto constituye uno de los aspectos que explican la fuerte identificación entre exilio y nación y permite entender mejor las dificultades del retorno de las que nos habla el artículo de Fanny Jedlicki, cuando los exiliados deben confrontarse con el lugar o, más precisamente, con el no-lugar que la sociedad de origen les reserva. En el trabajo aquí presentado Denis Merklen sugiere incluso que la ruptura que el destierro pone en evidencia es precedida por el previo distanciamiento que el militante establece con la sociedad, distancia a partir de la cual construye su proyecto de cambio. 39 Podemos deducir de esto que la experiencia política del exilio tiene que ver con previas rupturas del vínculo político que unen y al mismo tiempo aíslan a la comunidad de exilados como cuerpo político en exilio. Todo ello no debe sin embargo llevarnos a olvidar que por todas las razones aquí evocadas los expatriados se transforman, como "nación en el exilio", en actores de las relaciones internacionales. En otros términos, abordar satisfactoriamente la relación entre 37 S. Dufoix hace menos hincapié en las razones de partida que en la relación del colectivo con las autoridades del país de origen. Si la relación es de continuidad, entonces se trata de una colonia de compatriotas que, aunque se desenvuelven en el territorio jurisdiccional de otro estado, reconocen y reclaman la protección del estado de origen. En cambio cuando la relación es de ruptura, entonces la presencia de esta "colonia" se transforma en elemento de denuncia de la ilegitimidad del régimen. 38 Aspecto que ya encontramos en el exilio de los jóvenes de la generación de 1837. Ver nuestro análisis "El divorcio entre autoridad y civilidad" en Civilidad y política en los orígenes de la nación argentina (1999), Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001. Para el caso de los exilios de los años setenta, Silvina Jensen considera también que ésta es una clave para entender las experiencias del exilio. Véase Jensen, Silvina: "Suspendidos de la historia...". S. Doufoix, que también señala este aspecto, recuerda la obra Sertorius (1662) de Corneille. En esta tragedia política en cinco actos Corneille retoma un personaje histórico, Sertorius, general romano partidario de Marius que defiende desde España la libertad republicana, revelándose contra Roma y contra aquellos que sirven el poder absoluto. Las dos opciones políticas se enfrentan a través de un torneo oratorio en el que Corneille hace decir a Sertorius "Roma no está mas en Roma. Ella está allí donde yo esté". 39 Es uno de los temas evocados en una de las pocas películas que se hicieron sobre la experiencia del exilio. En Sentimientos, Mirta de Liniers a Estambul, (1987) Jorge Coscia y Guillermo Saura ponen en boca de Mirta, la pareja de un joven militante peronista que se exilia en Suecia, la siguiente declaración: "la verdadera ruptura fue entre Liniers y Buenos Aires". Entre la vida de barrio y el ingreso en el nuevo universo de la juventud peronista de la UBA. Dos años antes se había estrenado otra película sobre el exilio, que tiene como escena Paris, El exilio de Gardel de Pino Solanas. PRESENTACIÓN: EMIGRAR EN TIEMPOS DE CRISIS ISSN: 0210-5810 destierro y experiencia política supone la articulación de las tres dimensiones de la experiencia: individual, colectiva e internacional. Exilio, redes transnacionales y lenguaje de los derechos humanos Las primeras investigaciones sobre exilios latino-americanos en Francia se centraron, como lo habían hecho otras investigaciones destinadas a los casos europeos, en las redes asociativas de solidaridad y las formas de organización política en el exilio. 40 No discernían aún claramente entre hospitalidad humanitaria y activismo de derechos humanos. Hubo que esperar a la introducción de la problemática de los derechos humanos en el análisis de las transiciones democráticas, para que esta temática comenzara a adquirir relevancia. 41 El artículo de Vania Markarian se inscribe en una investigación más amplia sobre el exilio y las redes transnacionales de derechos humanos. El trabajo encarado desde la perspectiva de redes de derechos humanos como "escenario de la militancia política transnacional" coincide en el escaso interés específico del caso francés pero no deja de señalar, a través del ejemplo norteamericano, la importancia de los contextos locales en la estrategia de los propios exiliados. 42 Asimismo, por la centralidad que tiene el análisis de la apropiación del discurso de los derechos en las mutaciones de la cultura de izquierda, su investigación permite evaluar comparativamente la especificidad de Francia como sociedad de acogida. Sobre este punto las investigaciones de Marina Franco demues-40 Ejemplo de ello es el trabajo pionero de Sáenz Carrete, E.: El exilio latinoamericano en Francia... La importancia que adquiere entonces este tema estaría vinculada a la vitalidad de los movimientos de derechos humanos en América Latina entonces y a la política de financiación de este tipo de investigaciones por la fundación Ford. Para el caso argentino ver por ejemplo el papel que desempeñó Emilio Mignone no sólo en la constitución de las primeras organizaciones de denuncia de violación de los derechos humanos, sino también en la creación del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) que tuvo un papel central en las denuncias de violaciones de derechos humanos y que fue financiado por la fundación Ford. Véase Mignone, Emilio: Derechos humanos y sociedad: el caso argentino, Ediciones del Pensamiento Nacional-CELS, Buenos Aires, 1991. Sobre el papel de las fundaciones privadas en el financiamiento de los organismos de defensa de los derechos humanos en América latina ver Kech, Margaret E., and Sikkink, Kathryn: "Human Rights Advocacy Network in Latin America" en Activists beyond borders. Advocacy tran que la sociedad francesa funciona como una plataforma particularmente receptiva al activismo de los derechos humanos. 43 Las razones que permiten explicarlo son múltiples. En primer término, siguiendo el punto de vista jurídico de Henkin, porque la sociedad francesa es, según éste, una sociedad "de sistema de derechos", en el sentido que su constitución, leyes e instituciones reflejan la concepción de los derechos. 44 A lo que debemos agregar el papel que desempeña la Revolución Francesa y la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano en la identidad nacional. 45 De ahí que, como señala Fanny Jedlicki, la acogida de perseguidos políticos sea fuertemente mediatizada, en razón al referente mítico que encarna. Convertir a todos los militantes revolucionarios en militantes de la libertad y sobre todo en víctimas de la opresión es una manera de reafirmar la identidad francesa de país de los derechos humanos. Pero más allá de estos condicionantes de la cultura política francesa desde finales del siglo XVIII, que podríamos calificar como estructurales, el lenguaje de los derechos humanos se vincula en Francia con la causa de los exiliados en los años treinta del siglo XX, a través de la acción de la Liga de Defensa de los Derechos Humanos, que identificará este lenguaje con la causa antifascista y bajo la presidencia de Víctor Basch, con la causa anti-nazi y republicana española. 46 La guerra de Argelia introdujo ciertas modificaciones en la percepción del combate por los derechos humanos, pues surge entonces -de manera apenas perceptible-una lectura individual de estos derechos. En efecto, si la guerra de Argelia desempeñó un papel importante en la politización de los jóvenes que participaron en las movilizaciones de mayo de 1968 y para quienes la denuncia de la guerra colonial estuvo acompañada de una nueva sensibilidad tercermundis-ta, 47 en la movilización de los sectores de izquierda comenzaron a aparecer temas que tuvieron que ver con la defensa de los derechos individuales, pues no sólo se reprobaba la política colonial, en el mejor sentido de los movimientos de liberación nacional, sino que comenzó a cuestionarse la actitud del ejército francés durante la guerra y en particular la utilización de la tortura. 48 Si como vimos este combate estaba ya prefigurado por la acción de la Liga, que participó activamente en la denuncia de la política represiva de la IV y V República en las colonias, su acción se fundaba en una aproximación colectiva hacia estos derechos que implicó la denuncia del régimen político, lo que explica la resistencia de los medios de izquierda francesa y en particular de la Liga a la acción de Amnesty International (AI), organismo creado en Londres en 1961 y claramente identificado con la defensa de los derechos individuales y cuya reivindicación de "apoliticismo" la colocaba, dentro del universo político francés, en el campo de la derecha. 49 La lenta apropiación de la izquierda francesa del lenguaje de los derechos individuales en los años setenta hizo posible la creación del primer núcleo organizativo parisino de AI en 1970, organización que conocerá desde entonces un desarrollo considerable en Francia. 50 De modo que cuando los exiliados latinoamericanos llegaron a Francia se encontraron con una izquierda que experimentaba un "retorno espectacular de los derechos humanos " y era particularmente receptiva a su condición de víctimas de la violación de los derechos individuales. 51 Esto explica en parte la excepcional acogida de la que nos habla Fanny Jedlicki en su artículo. De todo ello podemos deducir que la "integración" de los exiliados a la sociedad francesa pasa menos por los requisitos clásicos de "asimilación" cultural que por la aceptación de esta asignación identitaria de víctimas que puede incluso funcionar, como señala Jedlicki, como estrategia de inserción política pero también personal. 48 Ver al respecto los testimonios que publicará Pierre Vidal Nacquet en Les crimes de l'armée française, Maspero, Paris, 1975. Según sostiene Benjamin Stora el "descubrimiento" de Vichy, así como la importancia que toma entonces la memoria de las dos guerras mundiales reactivada por la celebración de los cincuenta años del estallido de la primera guerra mundial y los veinte del fin de la segunda llevará a olvidar la guerra de Argelia y el papel desempeñado por las autoridades francesas en ella. Véase la resistencia de algunos exilados a deshacer las valijas y a instalarse, de la que nos habla Denis Merklen, la sociedad francesa establece una distinción entre los exiliados políticos bien integrados y los "inmigrados" considerados como elementos que jamás serán totalmente asimilables. Los trabajos aquí mencionados prestan también atención a los efectos que la apropiación de este renovado lenguaje sobre los derechos humanos tiene sobre la cultura política de los exilados. Vania Markarian señala como ello opera una modificación importante de lo que Cornelius Castoriadis llama el imaginario radical, que transforma al combatiente revolucionario en primera víctima de la democracia. Esta observación permite retomar un debate, iniciado por los propios actores, respecto a la supuesta "despolitización" que implica este proceso, sobre todo si se lo compara con el tipo de militancia previa de muchos de los exilados implicados en este tipo de activismo. Tanto Markarian como Franco cuestionan el supuesto apolitismo del activismo de los derechos humanos. En primer lugar señalan el papel político que desempeña la introducción de ese lenguaje en la reconfiguración de fuerzas de oposición. Sus artículos, aquí también, invitan al desarrollo de perspectivas comparativas. Si en el caso uruguayo las características de su transición a la democracia condicionaron la acción de estos nuevos actores a las estrategias negociadoras de las fuerzas políticas, en el caso argentino o chileno esto permitió la emergencia de nuevas fuerzas políticas de izquierda, cuyo papel en la transición democrática está aún por estudiarse. Por otro lado, este tipo de activismo, aunque organizado en torno a la denuncia de la violación de derechos individuales, no estaba exento de objetivos políticos. La denuncia estaba destinada a salvar vidas pero buscaba también, a través de las herramientas que brindaba el redescubrimiento de los valores democráticos, derrocar al régimen militar. El caso ejemplar nos lo brinda el debate de los organismos de derechos humanos en torno a los reclamos por los "desaparecidos". Recordemos por ejemplo la polémica desatada por los artículos de Schmucler en la revista Controversia de México en los que afirmaba que "según los testimonios la inmensa mayoría de los desaparecidos ya no existen: están muertos...". 52 52 Véase Schmucler, Héctor: "El testimonio de los sobrevivientes" en revista Controversia, n. Mempo Giardinelli respondió a Schmucler: "Para que haya una muerte, hace falta un cadáver, una causa de fallecimiento, o un asesino. Hace falta que se dé una explicación, que se diga cómo murió, cuándo, de qué, quién lo mató y, naturalmente, que haya un juicio y una sentencia. Si no hay nada de esto, es que desapareció, está desaparecido. En cambio reclamar hoy implica... mantener viva no sólo nuestra conciencia, sino también la conciencia criminal de los torturadores, y de los responsables de los torturadores. Implica, vamos, no dejar dormir tranquila a la junta militar...". 53 Más allá de la evaluación de los efectos que este tipo de activismo tuvo en el derrocamiento de las diferentes dictaduras militares, importa destacar su dimensión política y reflexionar sobre el impacto que esto ha tenido en la cultura política de los exiliados y en las mutaciones de la izquierda latinoamericana, que las condujo de la guerra revolucionaria a los reclamos de los derechos fundamentales. Lo que estos artículos en realidad muestran es que, a pesar de la "universalidad" de este combate, la apropiación de aquellos lenguajes en cada caso particular da cuenta no sólo de su contenido moral, sino de su entorno político y social. Por esta razón, y a pesar de que la denuncia de la violación de los derechos humanos es casi consubstancial a la lucha del exilio contra las dictaduras, las experiencias son distintas y esto tiene que ver tanto con las características del colectivo exiliado, como con las de los sectores de izquierda que los acoge. Las reflexiones de Markarian y de Franco son, desde este punto de vista, un importante estímulo para promover estudios comparativos sobre la apropiación del ideario y el lenguaje de los derechos humanos por los distintos grupos de exiliados, así como de sus efectos en la cultura política de las izquierdas latinoamericanas. Las primeras investigaciones sobre este tema han sido destinadas al exilio chileno, posiblemente por la organización a la que dio lugar. 54 En el caso uruguayo los estudios sobre el retorno se emprendieron sobre todo desde una perspectiva demográfica, como es también el caso de los pocos tra- bajos que sobre este tema se han emprendido en Argentina. 55 La temática del retorno ha introducido, a través de su efecto como experiencia individual, familiar y colectiva, nuevas e importantes aproximaciones que permiten vincular el exilio con las características de la sociedad de origen. En ese sentido, el artículo de Fanny Jedlicki representa un excelente ejemplo de los aportes que podemos esperar de este tipo de enfoques pluridisciplinarios. El retorno, visto desde la perspectiva de la antropología cultural, es un imposible retorno al punto de partida que condena al exiliado a ese "ser donde no se está" del que nos hablan D. Merklen y F. Jedlicki. En primer lugar, porque el retorno implica una nueva emigración. Pero la alteridad a la que se ven sometidos los "retornados" es a veces incluso más dolorosa que la experiencia del destierro, dado que, como señala Anne Marie Gaillard, "el retorno deviene la quintaescencia del exilio en el sentido que creyendo integrar el lugar que le corresponde, el retornado percibe el castigo del exilio cuando comprende que ese lugar no le está destinado". 56 El retorno también es un reclamo político y la acción del exiliado se basa en la reivindicación del retorno -el retorno es reclamado como un derecholo que implica, claro está, la caída del régimen ilegítimo que ha provocado el destierro. Ello no impide, como señalan tanto F. Jedlicki como D. Merklen, que en la decisión de regresar intervengan otro tipo de consideraciones que tienen que ver con la situación familiar y las perspectivas de empleo, entre otros varios factores. Los trabajos aquí publicados además de destacar las múltiples dificultades que acompañan al retorno, permiten formular otro tipo de preguntas como aquellas que enfatizan el impacto político del retorno. En efecto, ¿qué pasó políticamente con los retornados? F. Jedlicki observa, para el caso chileno, que muchos antiguos exiliados, como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, se encuentran hoy a la cabeza de los partidos de izquierda e impulsan la renovación de éstos, cambios no siempre muy bien percibidos por las bases. 57 Su investigación apunta así a cuestiones aún poco trabajadas y que constituyen una pista interesante para formular nuevas hipótesis sobre el proceso social de reconstrucción de las prácticas y de los discursos de las izquierdas en América latina. ¿Hasta qué punto la variable "exilio" de jóvenes, y menos jóvenes, puede explicar la mutación de la cultura política de izquierda que los llevó de la guerra revolucionaria a un socialismo próximo a la social-democracia y servir como clave explicativa de las diferentes culturas de izquierda que coexisten hoy en América latina? El lugar del "exilio" en la memoria y, más precisamente, el no-lugar que ocupa en la memoria histórica es otro tipo de problemática que se ha podido introducir gracias al estudio del tema del retorno. 58 A pesar de la centralidad del tema de la memoria en los procesos de transición democrática del cono sur y en los reclamos de distintas organizaciones de la sociedad civil por mantener viva la memoria del horror, la experiencia del exilio no ha encontrado aún su lugar, ni en la narrativa del horror, ni en los ensayos sobre la historia del presente. 59 El dossier pone en evidencia estos silencios y permite interrogarlos. Vania Markarian sugiere que para el caso uruguayo las características de su transición, iniciada con el triunfo del no al plebiscito sobre la constitución en 1980, condujeron a una negociación política de la memoria. No sólo el tema del retorno a la democracia prevaleció sobre el de la denuncia y el reclamo de justicia, sino que la propia izquierda se impuso silencio sobre algunas experiencias que la dividían, entre ellas las del exilio. En el caso argentino los reclamos de justicia y verdad tuvieron un papel central en los inicios de la transición, pero al precio de otros silencios, como los de la experiencia política previa o la experiencia del exilio. Ese "exilio de la memoria", expresión de Silvina Jensen, responde igualmente a razones de orden científico-institucional y se vincula con la fuerte impronta nacional de la disciplina histórica. En efecto, las historias nacionales siguen aún aferradas fuertemente al principio fundador territorial con respecto a la delimitación de las identidades colectivas. Siguen, por tanto, calcadas sobre los espacios de soberanía, de tal manera que los relatos de experiencias dignas de constituir el acervo de la memoria histórica nacional sólo son las que intervienen dentro del territorio nacional. Más allá, estamos en territorio de la historia de las relaciones 58 El escaso interés por el tema es subrayado por varios autores. internacionales. Al cruzar la frontera, los emigrantes devienen individuos sin historia, tanto para el país de origen como para el que los acoge. Se trata de un aspecto que los exilados comparten con los inmigrantes, aunque la literatura sobre estos últimos sea más numerosa y en ciertos países exista una voluntad de integrarlos en la memoria nacional, ya sea destacando los vínculos privilegiados que permiten establecer con algunos países o valorando el componente migratorio de la historia nacional. En el caso de los exilados este no-lugar de memoria en que los coloca la migración está acentuado por el problema de la legitimidad de la experiencia del exilio como objeto histórico. Pues ¿qué es el exilio sino la condena a una exclusión de la comunidad nacional a través de la exclusión del territorio sobre el cual se funda la pertenencia colectiva? Historiar la experiencia del exilio es objetar la legitimidad de la condena. Como lo señala con agudeza Silvina Jensen, el silencio y su desplazamiento de la memoria constituyen una perduración del exilio. 60 Exclusión que el retorno a la democracia no ha cancelado. Si como los diferentes autores señalan, y como testimonian sus propios trabajos, el tema de exilio comienza a hacerse un lugar dentro de la producción académica, las entrevistas dan cuenta de la dificultad de reivindicar una experiencia fuertemente estigmatizada, y por razones diferentes, por una buena parte de la sociedad. La legitimidad del exilio, y por ende su lugar en la historia nacional, pasa por interiorizar la condición de víctima, como sugiere Fanny Jedlicki. Más allá de la problemática de la estratificación moral, que los estudios sobre el retorno permiten poner en evidencia, la experiencia del exilio permite así reflexionar sobre la emergencia de una nueva subjetividad política, la de la víctima. 61 Estos trabajos dan testimonio de la difícil construcción de un nuevo objeto de estudio -el exilio latinoamericano-, que se ubica en el cruce de diferentes disciplinas, permitiendo en cada una de ellas la emergencia de nuevos campos de conocimiento -como es el caso de la historia presente-, de nuevas reflexiones epistemológicas y éticas en torno a las fuentes -como es le caso de los testimonios orales-y de nuevos métodos de aná-60 Para Silvina Jensen se trata de un "silencio simbólico que confirma una exclusión cívica, política, laboral y física previa y que la normalización institucional y los retornos individuales no lograron modificar". Véase Jensen, Silvina: "Suspendidos de la historia..." pág. lisis. A pesar del interés que todo ello representa para las ciencias sociales, pocos son los espacios que la academia ha reservado al exilio como objeto histórico, por las razones aquí expuestas. Lo que me lleva, en conclusión, a agradecer a los responsables de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, y en particular a Ricardo González Leandri, el habernos dado la posibilidad de introducir esta reflexión, a través de la publicación de un dossier temático en el Anuario de Estudios Americanos, en los estudios hispanoamericanos. A lo largo de esta introducción se ha pretendido dar cuenta de las experiencias personales y colectivas de rupturas, desarraigos y construcción de una comunidad política desterritorializada. Asimismo, se ha querido mostrar estas experiencias en el marco de las historias nacionales, interrogando las bases de los imaginarios nacionales que sirven tanto para integrar como para proscribir. Itinéraires chiliens, L'Harmattan-CIEMI, Paris, 1997; Jensen, Silvina: La huida del horror no fue olvido.
Dora Mayer, los indígenas y la nación peruana a inicios del siglo XX1 / Dora Mayer, the Indian People of Peru, and the Peruvian Nation in the Early Twentieth Century Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Perú En el artículo se abordan los planteamientos que la periodista Dora Mayer hiciera sobre la "cuestión indígena" y la nación peruana, en una etapa de profundos conflictos sociales surgidos en un entorno de modernización económica sustentada sobre relaciones laborales premodernas y opresión indígena. Reconstruimos su visión sobre cómo debía ser la relación entre los componentes de la nación peruana, sus críticas a la exclusión indígena y sus advertencias sobre las repercusiones disociadoras que ésta última tenía. El propósito central es reflexionar sobre el impacto de la doble labor de formación de conciencia crítica de la opinión pública y de educación cívica de los indígenas, que llevó a cabo Dora Mayer desde El Deber Pro-Indígena (1912-1917). En los últimos años del siglo XIX, la historia política reciente de derrota y ocupación del país y de luchas entre los caudillos militares, fue leída en clave positivista, quedando en evidencia la debilidad del Estado peruano, así como lo inacabado del proceso de formación de la nación. Un sector de las elites intelectuales y políticas coincidió en que era imperioso forjar un Estado capaz de asumir algunas funciones públicas y de asentar la economía sobre bases más sólidas, para constituir al Perú como una nación moderna. Se impulsó un proyecto modernizador que daría lugar, en las siguientes décadas, a grandes transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales. La aspiración de construir una nación moderna que pusiera al Perú al nivel de los países "civilizados" llevó a reexaminar críticamente sus componentes y a redefinir inclusiones y exclusiones de segmentos de la población. En estas reflexiones participó activamente Dora Mayer (1868-1951), una mujer de clase media de origen alemán, identificada profundamente con el Perú. El presente estudio busca explorar los planteamientos de Dora Mayer sobre la "cuestión indígena" y la nación peruana, que publicara en el periódico que ella dirigió, El Deber Pro-Indígena (octubre 1912-noviembre 1917), órgano de la Asociación Pro-Indígena. Ubicaremos la formación de Dora Mayer en una sociedad en la que coexistían la modernización económica con visiones racistas y legislación excluyente. Profundizaremos en los objetivos, miembros, estructura y trabajo de la asociación que fundara con Pedro Zulen en años especialmente duros para la población indígena. A través de su pluma crítica, nos acercaremos a las denuncias indígenas de los atropellos de que eran objeto y a la visión de Mayer acerca de la repercusión que ello tenía sobre el cuerpo de la nación. Conoceremos su visión sobre qué actores podían transformar la servidumbre indígena, su progresivo escepticismo respecto al valor de la democracia representativa para el Perú y su análisis de los difíciles dilemas que la opresión indígena planteaba. El objeto final del presente trabajo es llamar la atención sobre una valiosa intelectual peruana cuyas demandas a la sociedad y el Estado, para incluir a los indígenas como parte relevante de la nación peruana, generaron una corriente de opinión pública favorable a las comunidades indígenas e incrementaron su capacidad de autodefensa. El camino de Dora Mayer hacia la opresión indígena Algunos elementos de la vida personal de esta mujer la prepararon para desarrollar una visión crítica frente a la opresión de su época y para su compromiso intelectual y vital con causas sociales. En los años de la fundación de la Asociación Pro-Indígena (1909), Dora Mayer era una fémina de mediana edad, autodidacta, soltera, de clase media, sumamente culta, disciplinada y moral. Había llegado al Perú a los 4 años de edad 2 junto con sus padres, quienes abandonaron para siempre su Hamburgo natal y la ciudadanía alemana, en protesta contra el nuevo orden político prusiano. Si bien Dora Mayer nunca viajó a Alemania, mantuvo importantes lazos con su tierra de origen: educación alemana, espiritualidad luterana, lecturas, comunicación epistolar con familiares y, sobre todo, una permanente mirada sobre Alemania, cuya creciente militarización y beligerancia la llevarán a escribir numerosos ensayos. Su educación corrió a cargo de su madre, quien le enseñó hábitos disciplinados de lectura y reflexión desarrollados en la actualizada biblioteca familiar. Por ello su infancia y juventud estuvieron marcadas por la lectura, aspecto favorecido por el marcado aislamiento social en que la mantuvieron sus padres. La severidad y el dominio materno sobre Dora, prolongado debido a su soltería, inició en ella "un ansia de libertad que me ha conducido a comprender los sufrimientos de los pueblos oprimidos del mundo, a cuya causa debí mas tarde dedicar las luchas de mi pluma". 3 De su padre liberal, Dora Mayer aprendió a expresar su opinión con valentía y a creer que, más allá del sexo o el status social, todo ser humano podía dejar huella en la sociedad. 4 Formada dentro de la tradición austera de la moral luterana y del liberalismo alemán, tuvo como valores el orden, la disciplina, la dedicación al estudio y la solidaridad con las causas sociales. Sus influencias estéticas, intelectuales y morales se unieron a sus habilidades literarias, haciendo de ella una escritora de carácter o, en sus términos, una "escritora moralis-2 Los datos biográficos de Dora Mayer los hemos extraído del texto autobiográfico que escribió entre 1947 y 1951. Mayer de Zulen, Dora: Memorias. Y en algunos aspectos, del artículo de Cárdenas Timoteo, Clara Matilde: "Dora Mayer de Zulen: apuntes para un estudio de su vida y obra", en Perú Indígena, n.o 27, Lima 1988, págs. 141-163. ta". 5 Se autoeducó, constituyéndose en una intelectual interesada en formar una opinión pública consciente de los grandes problemas del país. Su peruanidad, vivida con un patriotismo intenso que se evidencia en su campaña indigenista y en sus escritos por la recuperación de Tacna y Arica, fue un acto de voluntad y de compromiso con "nuestra patria", "nuestros indios". Con el nuevo siglo, Dora Mayer inició su participación en el espacio público limeño, a través de formas de sociabilidad moderna que eran utilizadas por contadas mujeres: las conferencias, la pertenencia a asociaciones civiles y, sobre todo, la escritura; a esta última actividad se dedicaría toda su vida. Es de destacar lo peculiar de su vigorosa actuación pública en un ambiente intelectual como el limeño de inicios del siglo XX, en el que participaban aún pocas mujeres, no siendo fácil debido a los prejuicios frente a la capacidad femenina y a la idea ilustrada de un rol fundamentalmente doméstico y maternal que las excluía del espacio público. La sorprendente independencia de criterio que encontraremos en los escritos de Dora Mayer, se debió en mucho a su tesón personal, pero también a características suyas que la "des-mujerizaban" e inclusive funcionaban como ventajas comparativas: ser racional, culta, corresponsal de periódicos extranjeros y peruanos y, finalmente, su origen alemán, país que simbolizaba el progreso, la pujanza, la raza superior. Mayer empezó a escribir y exponer sus puntos de vista sobre la sociedad peruana, iniciando en 1900 su colaboración con el prestigioso periódico El Comercio, que se prolongaría durante más de 50 años. En 1905 publicó uno de sus tempranos artículos indigenistas, "Reflexiones Amargas", en El Indio; en 1907 escribió que no buscaba la redención de los oprimidos en general, sino la "de los hijos del Inca". 6 Ese mismo año apareció una serie de ensayos suyos bajo el título de Estudios sociológicos y, en 1908, su ensayo El objeto de la legislación. Cabe enfatizar que la Sociología inspiraba sus pensamientos; creía en la ley del progreso desarrollada por el positivismo, así como en la teoría de Darwin de la evolución científica. Sostuvo la necesidad de otorgar derechos civiles a las mujeres, 7 pero el sector social cuya exclusión la comprometió más profundamente fue la población indígena. En 1909 fundó, junto a Pedro Zulen, la Asociación Pro-Indígena, que llegaría a ser la más importante institución indigenista en el Perú y en la que ella cumpliría un papel destacado. ¿Cuál era la problemática de la población indígena, que motivó el compromiso intelectual y vital de Dora Mayer? En los años iniciales del siglo XX, predominaban en muchos espacios del país relaciones sociales serviles que no se condecían con los planteamientos liberales. Estaban basadas en formas productivas premodernas, como la servidumbre indígena en las extensas y tradicionales haciendas de la sierra y en los domicilios de la clase alta urbana, y la semiesclavitud indígena en las zonas de selva dedicadas a la explotación del caucho. Las relaciones serviles también se hacían presentes en sistemas de reclutamiento de trabajadores indígenas por coacción o engaño (por ejemplo, el enganche) en las modernas haciendas agroexportadoras de la costa y en la minería de exportación. Tal situación se veía facilitada por la relativa autonomía de las regiones frente al poder central. Pero también por un Estado que, si bien se volvía menos patrimonial, no incorporaba en su modernización a las mayorías indígenas, postura justificada en la ideología del racismo científico. 8 Tanto la elite tradicional como sectores de la propia elite modernizadora legitimaron sus privilegios en la idea científicamente prestigiosa de su superioridad racial. Y algunos intelectuales positivistas de esos sectores conceptuaron a la población indígena como una raza inferior por la ley de la herencia, la que introducía en ella factores atávicos, que la convertían en una perniciosa influencia sobre el "carácter nacional". Frente a la herencia difícilmente modificable que traía consigo la "raza indígena", habíacomo escribiría Javier Prado en 1894-"impotencia del progreso ante la fuerza repulsiva de una civilización paralizada y de un pueblo agotado" por el sufrimiento. 9 El planteamiento de Prado sobre esa raza inviable influyó mucho en la Universidad de San Marcos, dando pie a la tesis de Clemente Palma (1897), para quien la única salida de la nacionalidad era 8 Se ha señalado que el desarrollo de esta ideología, en Europa, constituyó una reacción antiigualitaria ante el avance de las ideas de libertad y democracia; tenía como supuestos la existencia de diferencias sociobiológicas entre los grupos humanos, lo que en el Perú dio pie a la marginación de la población indígena. Portocarrero, Gonzalo: "El fundamento invisible: función y lugar de las ideas racistas en la República Aristocrática", en Aldo Panfichi y Felipe Portocarrero (eds.): Mundos interiores. 9 Montoya, Paul: Javier Prado y el positivismo peruano. Tesis para optar el grado de magister en Historia, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 10 Los planteamientos racistas encontraron eco en la mentalidad jerárquica de las elites, aunque con el cambio de siglo sus intelectuales moderaron su racismo radical, para no eliminar la posibilidad de un destino nacional para el Perú; entonces Javier Prado señaló que había una fuerza capaz de transformar la herencia racial, y ésta era la educación. En las primeras décadas del siglo XX, jóvenes intelectuales de esa elite como José de la Riva Agüero, Francisco y Ventura García Calderón, Víctor Andrés Belaúnde y José Gálvez, encontrarían que el mundo indígena era parte importante de la nación peruana, 11 considerando la necesidad de incorporarla, aunque sin abandonar la expectativa de la inmigración blanca. En la atmósfera cultural del racismo científico fue donde el Estado restringió la ciudadanía política, a través de la reforma electoral de 1896, 12 impulsando el centralismo político costeño y limeño, en perjuicio de las mayorías indígenas. La disposición de que votaran sólo los alfabetos, y en sufragio directo, fortaleció la participación de un grupo mayoritariamente urbano, costeño, culto, "más en sintonía con las expectativas y los proyectos de modernización de las nuevas élites". 13 De modo que al separar más radicalmente a la sociedad blanca urbana y costeña de la indígena andina, la reforma electoral modificó radicalmente las bases sociales del Estado y, con ello, el proceso de construcción de la nación. El mayor cambio se dio respecto a la elección presidencial, de modo que gracias al sufragio directo y alfabeto, los presidentes elegidos de la "República Aristocrática" fueron de la costa, ligados a intereses exportadores. La autonomía de los gamonales les permitió expandir sus haciendas a expensas de las comunidades indígenas, con la connivencia de los políticos modernos de la costa. El abuso y el abandono estatal dieron lugar a levantamientos indígenas, así como al surgimiento del movimiento indigenista. Paralelamente, los empresarios agrícolas y mineros buscaron mecanismos como el enganche, 10 Palma, Clemente: El porvenir de las razas en el Perú. 11 Gonzáles, Osmar: Sanchos Fracasados. Los arielistas y el pensamiento político peruano. 12 Señala Chiaramonti que, como en la Constitución de 1860, los ciudadanos con derecho a sufragio respondían al criterio de independencia económica y el sistema electoral era indirecto, contando los departamentos andinos con más votantes que los de la costa. Según dicha autora, la reforma electoral fue para oponerse al gran poder electoral de las elites regionales y al incremento de la autonomía de las regiones frente al poder central. Chiaramonti, Gabriella: "Andes o nación: la reforma electoral de 1896 en el Perú", en Annino, Antonio (ed.): Historia de las elecciones en Iberoamérica, siglo XIX. con el fin de conseguir mano de obra para sus haciendas, debiendo estar ello relacionado con la abolición de la contribución personal indígena, en 1895. De modo que, a inicios del siglo XX, la mayoría de la población indígena estaba más lejos que antes de la ciudadanía real y formal, al haber sido privada del derecho de sufragio y de la condición de contribuyente por un Estado en trance de modernizarse.14 Los fines, los miembros y la estructura de la Asociación Pro-Indígena Dora Mayer se sintió profundamente tocada por la explotación a los indígenas y por el generalizado prejuicio racial que tanto daño hacía al país; sobre lo segundo expresó que ello impedía "que todos los peruanos formen en armoniosa cooperación la prosperidad individual y colectiva! En las casas de comercio de Lima y el Callao, se amargan mutuamente la existencia los empleados por ridículas cuestiones del color, y en las provincias, desde los años que el niño va á la escuela, se pone el gamonalismo la careta del orgullo de razas, tras la cual asoma un rostro del mismo matiz como el de la casta despotizada". 15 Participó en las tertulias de intelectuales organizadas por el Centro Universitario de la Universidad Mayor de San Marcos para discutir el problema indígena, en las que el estudiante de filosofía sanmarquino Pedro Zulen 16 planteó la fundación de la Asociación Pro-Indígena con el objetivo de conseguir la "redención" de la población indígena. Zulen 17 y Mayer constituyeron el alma de dicha organización, si bien el Comité Directivo reunió a destacados intelectuales y profesionales limeños de clase media y alta como el ingeniero Joaquín Capelo,18 quien ejerció la presidencia de la asociación en forma permanente, el librepensador y director de La Voce d`Italia Emilio Sequi, los historiadores Rómulo Cúneo Vidal y José de la Riva Agüero, 19 los escritores Abelardo Gamarra y Marco Aurelio Denegri, el músico Daniel Alomía Robles, la joven feminista María Jesús Alvarado, entre otros. 20 La Pro-Indígena estuvo integrada, además, por intelectuales y profesionales provincianos que, como delegados, dieron vida a la asociación en diversas ciudades del país. Queremos destacar el origen extranjero de los que serían sus dos principales impulsores, Zulen como secretario general 21 y Mayer como directora de publicaciones; asimismo, la participación activa de dos mujeres en el Comité Directivo, Mayer y Alvarado, lo que era bastante innovador para la Lima de la época. Zulen y Mayer fundaron la Asociación Pro-Indígena sobre el modelo de las ligas inglesas, que actuaban por iniciativa privada, obteniendo el apoyo de los simpatizantes, al margen de las instituciones del Estado y con un fin concreto, realizando denuncias y movilizando a la opinión pública sobre temas sociales, como la Liga "Anti-Slavery and Aborigenes Protection Society" de Londres, con la que mantenían importante cooperación. En opinión de Zulen, eran estas ligas "las que han hecho de la Inglaterra monárquica, una democracia práctica, que no existe en países que, como el nuestro, se titulan democráticos". 22 La Pro-Indígena se propuso como misión defender la vigencia para los indígenas de los derechos que la Constitución otorgaba a todo ciudadano (libertad de expresión, reunión, propiedad, trabajo). Para garantizarlos, recurrieron a una serie de estrategias, como la propaganda a favor de la causa indígena, incidir en la aprobación o abolición de disposiciones legales, establecer un periódico destinado a "educar" a los indígenas y una oficina especial para defenderlos gratuitamente en todo el Perú. Como señaló el delegado arequipeño radical Francisco Mostajo, "la actividad de la Pro-Indígena hasta hoy se ha concretado especialmente a la sostenida defensa de los derechos conculcados del indígena". 23 Se aspiraba a mayor justicia y patriotismo, con lo que "la redención de esa raza no tardará en alumbrar"; 24 había, pues, que terminar con esa explotación "para tener el derecho de que el Perú ocupe su lugar entre los pueblos civilizados del siglo XX". 25 En términos de Emilio Gutiérrez de Quintanilla, se buscaba "la regeneración de la gran masa aborijen (sic), que ocupa el Perú con mayor derecho que nosotros". 26 La misión tenía un objetivo ambicioso, promover que los propios indígenas aprendiesen a defenderse de los atropellos, para que pudiesen "resurgir a la condición de ciudadanos que la Constitución les acuerda", 27 como señaló Capelo. En términos de Zulen, se trataba de "convertir a los indígenas en ciudadanos conscientes de sus derechos". 28 Vemos que en el nacimiento de la organización había una visión liberal clásica, la lucha por la aplicación de las leyes y el ejercicio de derechos. Sería luego, al contacto con la explotación de los indígenas, cuando la posición de algunos miembros de la Asociación (Zulen, Chuquihuanca) se iría radicalizando. Según Mayer, fue la base moral y de respeto mutuo lo que posibilitó que lucharan juntos en la Pro-Indígena por una misma y noble causa, más allá de las diferencias políticas entre ellos, lo que demostraba su "carácter verdaderamente nacional". 29 El grueso del trabajo de la oficina de Lima recayó sobre los hombros entusiastas de Mayer30 y de Zulen. La Pro-Indígena estableció un tejido social, una red moral de socios bastante disciplinada, a través de la cual fluía la comunicación entre el Consejo Directivo y los delegados en provincias y se organizaba la acción. Su estrategia central fue construir una corriente de opinión pública a través de artículos de opinión y denuncias en El Deber Pro-Indígena, así como en otros periódicos. Sesenta y dos delegados, más o menos permanentes, realizaban en sus ciudades multitud de gestiones ante las autoridades públicas (juez, subprefecto, prefecto), defendiendo judicialmente a los indígenas cuando eran despojados de sus tierras, forzados a engancharse, sometidos a la conscripción militar y a los trabajos públicos, encarcelados arbitrariamente y otras muchas formas de explotación y servidumbre, que a menudo contaban con el aval de las autoridades. Además, trasladaban a la oficina de Lima esta información, así como las quejas de los indígenas. Esta denunciaba los hechos más graves que "tienden á privar al indígena de su dignidad ciudadana y á despojarlo de sus propiedades, reduciéndolo á una miseria aniquiladora y matante";32 lo hacían en la prensa, a través de conferencias, con proyectos de ley en el Congreso33 y apoyando la redacción y gestión de memoriales que los mensajeros indígenas querían presentar al presidente de la República. Hasta donde sabemos, la Pro-Indígena apoyó, también, la fundación de algunas asociaciones posiblemente de tipo sindical, para la defensa de sus derechos, como la "Sociedad Unión y progreso de San José". 34 Las quejas de los indígenas se hicieron cada vez más frecuentes, al ritmo creciente de las usurpaciones de tierras, aunque también debido a la intensa actividad desplegada por Mayer, Zulen y algunos delegados, entre los que destacaban Francisco Mostajo, de Arequipa, 35 y Francisco Chuquihuanca, de Lampa. 36 Los delegados hicieron que la Pro-Indígena tuviera resonancia nacional y que no fuese sólo un proyecto de la sociedad civil limeña. Zulen conoció a Mostajo, Chuquihuanca y Modesto Málaga, a los que consideró valerosos defensores del pensamiento libre, que "laboran en silencio el Perú del futuro", combatiendo contra las tiranías locales, "contra los crímenes más inauditos que impiden que el Perú sea lo que debiera ser, un pueblo respetado por la realidad de sus instituciones democráticas". 37 Señaló que, unidos por el objetivo de hacer nacionalidad y patria, socios y delegados "Despertaremos a la raza adormecida por el abuso, sin mas arma que nuestra fe arrolladora e invicta". El país que El Deber Pro-Indígena mostró Dora Mayer asumió el compromiso de fundar, con sus artículos en El Deber..., "una cátedra de moralidad y conciencia pública que nos garantice la subsistencia de nuestra democracia y nuestra nacionalidad en medio de los azares de la vida colectiva". 39 El Deber... publicaba las quejas para que la opinión pública conociera la amplitud y grado de los abusos. Ella escribió alrededor de dos tercios del contenido de El Deber..., ejerció la Presidencia de la asociación cuando Capelo fue ministro de Fomento en 1914, así como la "Secretaría accidental" durante 1915 y 1916 en reemplazo de Zulen, quien viajó al sur por motivos de salud y por interés en la zona, y luego fue tomando distancia de la asociación. En El Deber... aparecen quejas y denuncias provenientes de todo el país, siendo la opresión más aguda y sistemática en las localidades en las 35 Francisco Mostajo encabezó la Liga de Librepensadores de Arequipa, y en 1900 fundó con otros el Partido Liberal de Arequipa, defendiendo la causa obrera, el socialismo, la revolución social y la igualdad; fue hostilizado por los sectores clericales y conservadores arequipeños. Fue uno de los delegados más activos, luchadores, capaces y confiables de la Pro-Indígena. 36 Chuquihuanca estudió en Arequipa, iniciando campaña a favor del indio en la revista Wajcha Kuyac; en su tesis doctoral planteó la urgente necesidad de impedir la expansión del gamonalismo sobre las tierras de comunidad. Como delegado por Lampa de la Pro-Indígena, denunció los abusos de los gamonales, brindó asistencia legal a los indios y organizó comités en varias provincias de Puno, escribiendo artículos e informes. 39 Mayer, "Hacia la democracia". que se obtenían productos para la exportación, es decir, que formaban parte del circuito de la economía avanzada. Se denuncia, así, que en las modernas haciendas azucareras y arroceras de la costa, la forma de trabajo combinaba lo asalariado capitalista con lo servil, pues utilizaban la modalidad del contrato de "enganche", sistema ilegal en el que los peones enganchados recibían adelanto de dinero para su traslado a la hacienda, debiendo trabajar para pagar la deuda a cambio de jornales insignificantes y siendo encarcelados si no cumplían; 40 bajo la misma modalidad se trabajaba en la extracción de minerales (cobre, especialmente) para compañías extranjeras en la sierra central. En las tradicionales haciendas laneras de la sierra sur, en manos de gamonales, predominaban formas serviles como el yanaconaje y el pongaje; y en la zona de la selva donde se recolectaba el caucho para compañías nativas y extranjeras, los indígenas estaban esclavizados. Nos encontramos a lo largo de las páginas de El Deber..., y casi siempre del puño y letra de Dora Mayer, denuncias de los abusos y crueldades cometidos por empresas capitalistas como la compañía cauchera Casa Arana Hnos. en el Putumayo (selva) y la compañía norteamericana Cerro de Pasco Mining Co. (Cerro de Pasco), así como por hacendados costeños y gamonales serranos: las matanzas en Huancané (Puno), las del valle de Chicama (La Libertad), las de Baños (Lima), las de Zaña (La Libertad) y las de Azángaro (Puno) en el distrito de Samán en 1913 y en toda la provincia en 1916. La constante era la indefensión indígena ante atropellos que contaban con la anuencia de gobernadores, subprefectos y prefectos, jueces de primera instancia e inclusive con representantes del gamonalismo en el Congreso. En el caso de las crueldades contra los indios del Putumayo, 41 Mayer aclaró que la Pro-Indígena no denunciaba ni investigaba, pues tales acciones corrían a cargo de la Cancillería británica, debido a que la casa Arana tenía representación en Londres y habían sido empleados negros de Barbados, súbditos británicos, quienes torturaron y asesinaron indios. Pero aclaró que sí se informaban de lo investigado, para dar a conocer a la opinión pública los atentados contra la civilización que se cometían en la sel-40 Decía Capelo que en el Perú, la esclavitud imperaba principalmente sobre los indígenas y que en los últimos años se difundía el enganche de modo descarado. Capelo, Joaquín: "Ciudadanos, no esclavos ni siervos", en El Deber Pro-Indígena, Año IV, n.o 40, enero 1916, pág. 195. Basadre, Jorge: Historia de la república. Sexta Edición, Editorial Universitaria S.A., Lima, 1968, pág. 185. va y cómo la mencionada compañía cauchera no buscaba tanto regiones donde abundara el árbol de jebe, como aquéllas "donde hubiese mayor población de indios dóciles y fáciles de someter" como los huitoto y otros, llegando a sumar 40,000 los "operarios" indígenas forzados a trabajar en condiciones infrahumanas para la empresa. 42 Sobre los abusos de la compañía minera norteamericana Cerro de Pasco Mining Company, Mayer escribió un folleto en inglés -"El Libro Amarillo"-que se hizo circular en el extranjero, denunciando los métodos inicuos de esa empresa respecto del país y de los indígenas. El Concejo Municipal del Callao lo editó en castellano como "La conducta de la Cerro de Pasco Mining Company" pues, como señaló Mayer, era "la nación toda que debe darse cuenta del menoscabo que sufren su soberanía y dignidad por los arrogantes desplantes de algunas poderosas empresas mercantiles extranjeras". 43 La problemática sobre la cual se extendió más largamente El Deber..., y con él Dora Mayer, fue la de de los comuneros indígenas de Puno, en la sierra sur, por tratarse de una población que estaba siendo cruelmente golpeada 44 y también debido a que ésta oponía mayor resistencia que las otras frente a los abusos, desarrollándose por tanto conflictos sociales en torno a la propiedad de las tierras. La resistencia era posible debido a que se mantenía la organización comunal como expresión de identidad étnica y de defensa, debido al autoritarismo de las elites locales. 45 Esos fueron años en los que la presión de los gamonales sobre la población indígena se incrementó ante el alza del precio de la lana de oveja y alpaca en el mercado internacional debido a la Gran Guerra y a la construcción del 42 Mayer, Dora: "Del Libro Azul", en El Deber Pro-Indígena, Año I, n.o 8, mayo 1913, pág. 69. El título del artículo hace referencia al libro publicado por la Cancillería británica sobre el caso del Putumayo. Otras referencias a El Libro Amarillo de Dora Mayer en El Deber Pro-Indígena, en su nota "El Libro Amarillo", Año I, n.o 6, marzo 1913, pág. 53, y en el artículo de María Jesús Alvarado: "La protesta", Año I, n.o 8, mayo 1913, pág. 66. 44 En el contexto de la rápida expansión de las haciendas por el auge de la exportación lanera, entre 1876 y 1915 las de la provincia de Azángaro pasaron de 178 a 611, en un rápido proceso en el cual gran número de ayllus y comunidades perdieron sus tierras. Flores Galindo, Alberto: Arequipa y el sur andino: ensayo de historia regional (siglos XVIII-XX). 45 Pese a que la introducción de la propiedad privada había producido grandes diferencias socioeconómicas entre los miembros de las comunidades, subsistían algunas formas comunitarias para el acceso a zonas de pastoreo y a mano de obra. Golte, Jürgen: La racionalidad de la organización andina. Los gamonales utilizaron diversas estrategias para obligar a vender sus tierras a las comunidades indígenas, o las usurparon directamente valiéndose de grupos armados que operaban a la vista de las autoridades locales. El Deber... deja evidencia de que a la Pro-Indígena llegaron cientos de quejas de los indígenas de Puno -muchas más que las provenientes de otras regiones-y mensajeros en busca de apoyo, síntomas del explosivo malestar social en la región. 46 El predominio de Puno en el terreno de la denuncia se asentaba sobre una importante experiencia anterior, la que propició entre 1867 y 1871 la "Sociedad Amigos de los Indios", aprendizaje que debe de haber influido sobre la capacidad organizativa y de denuncia de los líderes comunales casi medio siglo después. 47 El proceso que condujo dicha sociedad guarda innegable semejanza con el que desarrollaría la Pro-Indígena, ya que también entonces un grupo de la elite limeña estableció contacto con los comuneros indígenas a través de una red de sucursales en diversas partes del país, intentando representarlos ante el Estado en la defensa de sus derechos civiles y propiciando que desarrollasen formas de autodefensa. 48 Indudablemente había dejado una huella su trabajo de sensibilización de las comunidades indígenas puneñas sobre su derecho al trabajo libre, a la igualdad y a la educación, la valorización del castellano y del conocimiento de la legislación y su estrategia de involucrar a la opinión pública a través de denuncias periodísticas, 49 así como al Congreso y al presidente. Entre 1909 y 1917 la Pro-Indígena denunció la creciente violencia en Puno, desatada por gamonales que competían por el control de tierras y 46 "Sea porque la robusta raza aymará no soporta su cruz con la misma resignación como otros de los componentes de la colectividad nacional ó porque las continuas tentativas hechas// por ella para sacudir la garra de su victimario ha exaltado más las pasiones de éste, lo cierto es que Puno figura con insistente relieve en los clamores que se dirigen a la Asociación Pro-Indígena ó, por conducto de ella, al supremo gobierno. El incesante y sistemático avance de los latifundios sobre la pequeña propiedad, comunal en su mayor parte, es allá, como en casi todo el Perú, causa de un hondo malestar social que puede conducir al definitivo desmoronamiento de las bases de existencia del Estado". Mayer 49 Dicha rebelión de comuneros dio lugar a una lucha por la opinión pública, en la que funcionarios y hacendados se esforzaron por convencer a la opinión pública limeña de la necesidad de aprobar una ley represiva, mientras que la "Sociedad Amigos de los Indios" defendió a los rebeldes señalando lo fundamental de incorporar al "indio" para la consolidación del Perú como nación. Ibidem. mano de obra indígenas, alertando sobre los cada vez más graves conflictos sociales a que esto daba lugar. Esa lucha intestina entre gamonales fue develada por Dora Mayer, 50 denunciando particularmente a dos poderosos y rivales entre sí, Bernardino Arias Echenique y Angelino Lizares Quiñones, ambos diputados por Puno y que contaban con el apoyo de familiares en puestos de poder local. Pero además de usurpar tierras, Lizares había diseñado un proyecto político que planteaba una nueva Constitución federal del país. En 1910 Lizares consiguió falsas escrituras de venta de tierras en la provincia de Azángaro, extorsionando e incendiando las casas de los verdaderos dueños, huyendo muchos a Bolivia, mientras que otros le cedieron sus bienes para salvar la vida. Las estrategias defensivas de los indios de Huancané no se hicieron esperar, pues temiendo que les pasara lo mismo, previsoramente iniciaron juicio de deslinde ante el juez, pero Lizares se lanzó sobre Huancané con apoyo de gendarmes y de sus propios secuaces, en una modalidad de alianza que se hizo frecuente en estos años. Paralelamente, pidió en la Cámara de Diputados medidas enérgicas contra los abusos hacia los desvalidos indígenas, como el nombramiento de un delegado que se informara en Puno de los atropellos. Enfatizó Dora Mayer que este doble juego y su manejo de las autoridades locales, le permitieron engañar a los parlamentarios y gobierno de Lima. Los indios de Huancané mandaron un telegrama al presidente Leguía, quien ordenó al prefecto de Puno esclarecer lo ocurrido, pero éste envió más gendarmes a cazarlos. Luego, el gamonal Lizares pudo dirigirse tranquilamente a Lima a ocupar su curul en el Congreso. Ante ello, la Pro-Indígena publicó un memorial indígena enviado al presidente de la Cámara de Diputados, que señalaba que "mientras Lizares Quiñones deshonra con su presencia la Representación Nacional, sus empleados de Azángaro continúan en Huancané su nefanda obra de desolación y muerte, con orden de reunir hasta mil indios de Azángaro para exterminar á aquellos". 51 Otro momento cumbre en las usurpaciones de tierras en Puno, fue 1913, en Samán (Azángaro), cuando el gamonal Mariano Abarca Dueñas empezó a formar su hacienda con las tierras de las comunidades, apoyado 50 Mayer, Dora: "La historia de las sublevaciones indígenas en Puno", en El Deber Pro-Indígena, Año IV, n.o 48, septiembre 1917, y Año IV, n.o 49, octubre 1917, págs. 285-300. 51 Extracto de un memorial firmado por sesenta comuneros de Huancané y dirigido al presidente de la Cámara de Diputados, inicialmente publicado en El Ariete el 17 de septiembre de 1910. Mayer, Dora: "La historia de las sublevaciones indígenas en Puno", en El Deber Pro-Indígena, Año IV, n.o 48, septiembre 1917, pág. 286. por la guardia urbana del gobernador para tener a raya a los indígenas. Estos enviaron una delegación a Lima para entregarle un memorial al presidente Billinghurst. María Jesús Alvarado los preparó para la entrevista y llevó al palacio de gobierno, tras lo cual el presidente prometió investigar. 52 Pero en Samán se produjeron matanzas de indígenas, dando lugar a su rebelión y a la intervención de gendarmes y soldados. Fue así que Billinghurst nombró comisionado al sargento mayor Teodomiro Gutiérrez Cuevas, indigenista. 53 El delegado de Lampa, Chuquihuanca, se unió a la comisión de Gutiérrez Cuevas, iniciándose una estrecha relación entre ambos que se habría mantenido más allá de la sublevación de 1915. En Samán, éste escuchó a los indígenas y recogió las probanzas en un voluminoso informe, despertando muchas expectativas entre éstos y la animadversión de los gamonales de la zona. El prefecto, el juez y el obispo se quejaron a Billinghurst por haber mandado a tan subversivo personaje y el gamonal Arias Echenique reclamó su salida en el Congreso. Gutiérrez Cuevas volvió a Lima, entregando su Informe al presidente, y en una entrevista a la prensa denunció a los gamonales Arias, Abarca y Lizares y agradeció el apoyo del delegado Chuquihuanca. 54 Pero entonces fue derrocado Billinghurst y el informe aparentemente desapareció. Gutiérrez Cuevas fue deportado a Chile y Abarca desató una fuerte represión en Samán. La rebelión se gestaba en la zona y el propio Gutiérrez Cuevas reapareció tiempo después en Puno transformado en el líder rebelde Rumi Maqui Ccori Zoncco ("Mano de piedra, corazón de oro"), presentándose como "General y Supremo Director de los pueblos y ejército indígenas del Estado Federal del Tahuantinsuyu". Su objetivo era realizar un levantamiento general contra el gamonalismo, dentro de un proyecto de estado federal. La rebelión de Rumi Maqui 55 fue fijada para febrero de 1916, pero debió ade-lantarse a diciembre de 1915 en vista de que los gamonales se enteraron. Medio millar de indígenas, muchos de ellos embriagados, atacó la hacienda San José del gamonal Arias Echenique, siendo masacrados por empleados de la hacienda y soldados procedentes de Arequipa y Cusco. Los indígenas enviaron un memorial al presidente Pardo, que fue publicado por Dora Mayer en un Boletín Extraordinario. 56 A fines de 1916 Gutiérrez Cuevas fue apresado por las tropas del presidente Pardo y juzgado por traición a la patria, pero logró fugarse a Bolivia antes de la sentencia, después de lo cual sólo hay algunos indicios sobre sus movimientos. 57 Resulta sintomática la peculiar versión de los hechos que publicó El Deber..., suscribiendo la que le enviara el delegado Chuquihuanca, amigo de Gutiérrez Cuevas y posible colaborador en el levantamiento, elaborada posiblemente con la intención de evitar que se relacionara a la Pro-Indígena con el alzamiento indígena. Dicha versión negaba la existencia de Rumi Maqui y señalaba que la rebelión había sido fraguada por los gamonales para despojar a los indígenas de sus tierras. 58 Existe consenso entre los historiadores que han estudiado este tema acerca de que la rebelión de Rumi Maqui significó una crisis en la Pro-Indígena, pues dio lugar a diversas tomas de posición por parte de sus socios y delegados. Chuquihuanca apoyó a Rumi Maqui, y lo encubrió. 59 Mostajo presentó un habeas corpus a favor de Gutiérrez Cuevas, por considerar que se había actuado en su contra de manera incorrecta y sorpresiva, pero se negó a encargarse de su defensa en el juicio militar que se le abrió, "porque no debe creerse que entre los miembros de la Asociación Pro-Indígena y Rumi Maqui existe conniven-56 "Relación de los hechos realizados en Azángaro el 1.o de diciembre de 1915", enviada por el delegado en Lampa, doctor Francisco Chuquihuanca Ayulo, y publicada por Dora Mayer en el Boletín Extraordinario. Dicho memorial utilizaba un lenguaje moderno, al solicitar que los dejasen en tranquila posesión de sus tierras, "con las garantías más seguras que la Constitución concede á todo ciudadano"; posiblemente Chuquihuanca participó en su redacción. 57 Bustamante presenta el expediente militar de Gutiérrez Cuevas, cuya documentación indica que éste sobrevivió más de veinte años a la sublevación. Brinda información sobre la residencia de su esposa en Lima (1930), sobre haber recibido su hija a nombre suyo la cédula de goce de retiro (1932), así como una carta de su esposa al presidente en nombre de Gutiérrez Cuevas (con un poder fechado en 1931) señalando que éste permanecía en un lugar montañoso del territorio nacional, dedicado a labores agrícolas. 59 La relación entre Chuquihuanca y Gutiérrez Cuevas fue tan prolongada que en julio de 1937 el primero habría recibido una carta de Potosí, firmada por un "general Huayna Cápac", informándole del fallecimiento del general Rumi Maqui. Bustamante, "Mito y realidad", págs. 169-170. cia; habiendo sospechas de que éste ha explotado la credulidad de los indígenas, y condenando la Asociación a los azuzadores inconscientes del pueblo y deseando que se haga la mayor luz posible en tales asuntos". 60 De esa forma, tomó distancia de Gutiérrez Cuevas pero aceptó que éste era Rumi Maqui. Zulen estaba a favor de la revolución agraria, del federalismo y justificaba el levantamiento indígena. 61 Dora Mayer aceptó la versión que exculpaba a la Pro-Indígena, demostrada por el hecho de que los gamonales hubiesen sido los grandes beneficiarios de la represión y de que "un par de descargas de fusilería" de la fuerza pública hubiesen podido acabar con un levantamiento. Pero expresó su desconfianza frente a las acciones de Gutiérrez Cuevas, Rumi Maqui, señalando que dicho militar tenía "locos sueños de encumbramiento", y mencionó posibles vinculaciones con el gamonal Lizares Quiñones, para "inventar" una sublevación y poder usurpar las tierras indígenas. 62 Ello no deja de llamarnos la atención, en vista de que fue justamente Lizares quien en 1913 había pedido al Congreso el retiro de Gutiérrez Cuevas de Samán. Posibilidades y límites de la acción estatal ¿Cómo respondía el Estado ante las denuncias de abusos que hacían, tanto los comuneros indígenas como la Pro-Indígena? Pues tomaba conocimiento de lo que sucedía en la sierra y la selva, pero cualquier posible acción de justicia se enfrentaba a su centralismo, pequeña dimensión y a percepciones racistas y excluyentes ante los indígenas. Como señaló Dora Mayer, por su debilidad el Estado no lograba ejercer el control sobre gamonales, caucheros, empresas extranjeras y nacionales, de modo que su reacción siempre era desesperantemente lenta y, por lo general, estéril. Ciertamente, desde antes de la fundación de la Pro-Indígena había habido algunos esfuerzos oficiales esporádicos por proteger a los comuneros indígenas puneños. 61 Zulen había sido muy crítico del centralismo limeño y del gamonalismo y se había manifestado a favor del federalismo y de una revolución social agraria que destruyera el latifundio y permitiera la recuperación de las tierras indígenas. Esta postura quedó expresada en 1918 en su arenga a los indígenas de la parcialidad de Marco, instándoles a ser rebeldes, discurso que fuera publicado por José Carlos Mariátegui en Amauta. Leibner, "Pensamiento radical peruano". 62 Mayer, "La historia de las sublevaciones indígenas en Puno". cia, enviando comisionados a Chuchito el primero,63 y viajando a Puno y alentando el establecimiento de una escuela indígena adventista, el segundo. 64 Billinghurst, más cercano a las demandas de los sectores subalternos por provenir del populismo pierolista y haber sido encumbrado por las masas urbanas de Lima, tuvo aparentemente muy estrecho margen de acción. Según Mayer, ofreció a la prensa inglesa investigar lo sucedido en el Putumayo y castigar las atrocidades, pero "hizo poco"; 65 y si bien envió como comisionado a Gutiérrez Cuevas, no mostró reacción alguna ante su contundente Informe, en parte porque el orden político ya se le había escapado de las manos. El presidente de la Pro-Indígena, Capelo, de posición legalista como la propia Dora Mayer, celebraría la deposición de Billinghurst manifestando que la asociación había tenido dificultades para desarrollar su labor de defensa indígena durante "catorce meses de arbitrariedades y del más absoluto desgobierno"; y que confiaba que "con el respaldo de la constitución y las leyes, vuelva a ser posible la obra de liberación en que estamos empeñados; obra en que, día a día, se nos iban cerrando todos los caminos de reparación". 66 Capelo agregó que los indígenas no palpaban el cambio operado por Billinghurst, dado que seguían vigentes las inicuas disposiciones del reglamento de Policía Minera (15 de marzo de 1901) y de su ampliación, el de Locación de Servicios (4 de septiembre de 1903) -base legal del enganche-, pese a que el Senado había declarado unánimemente que eran contrarias a la civilización y la cultura. El Poder Legislativo fue un espacio al que la Pro-Indígena recurrió para promover leyes favorables a la causa indigenista y fiscalización de las denuncias. En 1911 Capelo realizó a favor de los indios numerosas denuncias en la Cámara de Senadores, entre ellas sobre los abusos cometidos en Chuchito por la conscripción militar, enrolando a menores de edad y a casados, produciéndose además robos y atropellos. Asimismo, solicitó acción judicial contra los abusos cometidos en Puno, Oyón y Andahuaylas. 67 La Cámara de Diputados fue generalmente esquiva, pues tenía entre sus miembros a diputados gamonales que impedían las investigaciones de los abusos y el propio desarrollo educativo de los indígenas. Tuvo que ostentar Capelo el cargo de ministro de Fomento bajo el gobierno de Benavides, para conseguir la modificación de la legislación que hacía posible el enganche, demanda central de la Pro-Indígena, por atentar contra un derecho civil como era la libertad de trabajo. Reflexiones de Dora Mayer sobre los indios, el Estado y la nación Las páginas de El Deber Pro-Indígena son un espacio privilegiado desde el cual se puede acceder a la visión que los socios de la Pro-Indígena, y especialmente su directora y principal autora, Dora Mayer, construyeron sobre la población indígena y su relación con la nación. Las reflexiones de Mayer respecto a la vinculación entre la opresión de la población indígena y la nación, así como sus propuestas inclusivas, nos parecen relevantes en tanto nos informan de los contenidos del diálogo político que se entabló entre la Pro-Indígena y la población indígena. Y porque las cientos de páginas que Dora Mayer escribió con indignación moral fueron consumidas en esos años por intelectuales indigenistas de Lima y provincias y por los propios indígenas, incorporándose en alguna medida, al lado de otras influencias, a sus visiones, discursos y acciones. En El Deber Pro-Indígena no aparece información sobre el tiraje, los lugares a los que fue distribuido ni tampoco sobre los suscriptores. Posiblemente era enviado a los delegados a nivel nacional, a prensa provinciana 68 y a una lista de suscriptores en Lima entre los que habría intelectuales socialmente sensibles, universitarios, periódicos, amistades y tal vez algunas autoridades. Mayer se dirige por momentos a los lectores, invitándolos a involucrarse con lo que ocurría a los indígenas: "Así es en Panao, en Zaña, y en mil lugares más del país...El público lector debe mirar con 67 Información de Basadre, citada en Bustamante, "Mito y realidad", pág. 20. 68 Mayer agradece a los periódicos de todo el país que reproducen sus documentos impresos o manuscritos, ayudándolos a dar mayor circulación a sus ideas y enseñanzas. Mayer, Dora: "Memoria del Secretario General", en El Deber Pro-Indígena, Año III, n.o 38, noviembre 1915, acápite La propaganda, pág. 178. menos indiferencia los relatos de esta clase, porque de él depende que la sanción se establezca y nos salve de un completo desastre moral". 69 Desde las primeras páginas de El Deber..., Mayer buscó crear en la población urbana conciencia de que lo que le ocurría a los indios era relevante para la nación. Se dirigió, así, al "honrado público lector de Lima, el Callao y otras ciudades del territorio," que no advertía la "disolución social en que vivimos" y creía que "la prosperidad del país depende de que suba tal o cual candidato, de que se funde tal o cual sociedad patriótica ó se expresen tales ó cuales conceptos en un discurso político". 70 Mayer consideraba que existía solidaridad entre los componentes de la nación, señalando que el sufrimiento de cada indígena dañaba a esa nación, de la que era parte. Combatió la idea de que el país lo conformaban sólo unos cuantos privilegiados: "Los que se llaman la nación peruana no adivinan cuánto sufre el indio campesino, y este indio no adivina que su sufrimiento indivi//dual importa la lenta sangría y la muerte de la nación a que pertenece. El Perú se muere sin que nadie lo sienta, puesto que la idea de la nación radica sólo en el cerebro de la colectividad, 71 mientras que el gran cuerpo de la población, en cuyas venas se manifiestan los síntomas de la agonía que se aproxima, no tiene como comunicarse con el cerebro...". 72 Mayer recordaba así a sus lectores la relación de mutua influencia y co-responsabilidad existente entre los miembros individuales de la nación peruana. Su visión nos remite a una antigua tradición intelectual de raíces europeas y andinas, la "tradición organicista". 73 Para los organicistas, la materia no era una sustancia inerte, como para los mecanicistas, sino un vínculo con el mundo del espíritu. 74 74 Pese a que la tradición organicista fue desplazada por la mecanicista con la Ilustración, subsistió en el siglo XIX entre los médicos y filósofos románticos alemanes, primero, y los vitalistas franceses, después. Ballón, José Carlos: "Alberto Flores-Galindo y Mario Vargas Llosa. Entre la utopía indigenista y la utopía modernista. Instituto de Investigaciones del Pensamiento Peruano y latinoamericano, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, s.a. www.pucp.edu.pe/ira/filosofia-peru/docs/ballon_galindo_vargas_llosa.pdf científico de Mayer iba de la mano con el lugar que le daba al espíritu, a la moral. 75 Su argumento sobre la solidaridad entre las partes lo encontramos también en Capelo, 76 lo que nos lleva a coincidir con Ballón en su planteamiento sobre que el organicismo tuvo influencia en el discurso indigenista. 77 El reto que tenía ante sí la Pro-Indígena era ese: "Toda su labor tiende á poner delante de la vista de los pocos que creen ser la nación, la suerte de los muchos que son la nación sin saberlo". 78 Presentó detallados informes al presidente Billinghurst sobre las masacres en el Putumayo, con el objetivo de que éste comprendiera su trascendencia para el porvenir de la nación y restableciera la justicia. Le recordaba que el Estado debía tener dominio sobre el territorio para proteger a la población, lo que el presidente anterior, Leguía, no había conseguido. Y que la debilidad del Estado dañaba la posición internacional del Perú, que no podía alegar soberanía para rechazar las gestiones judiciales de Inglaterra y EEUU sobre Putumayo, pues la soberanía era un derecho que cesaba cuando en un país "se quería asesinar a una raza entera" 79 y cuando se había demostrado que la justicia peruana era impotente para contener la delincuencia de los caucheros orientales. Escribió que si Billinghurst no mostraba decisión en castigar a los delincuentes 80 y en mandar misioneros "latinos" 81 al Oriente para defender a los indios de la rapacidad de los caucheros, Estados Unidos, en alianza con Inglaterra, entraría a la Amazonía "como tutor de un país que no sabe reprimir un estado de salvajismo de que protesta el mundo civilizado". 82 Preveía Mayer que el avance de los sajones se produciría no sólo en lo comercial, sino también, como en este caso, en lo judicial, utilizando misiones protestantes, todo lo cual conllevaría a la desintegración de la nacionalidad. Mayer discrepó de la eugenesia, de la supuesta superioridad blanca frente a las demás razas, que tan amplia acogida había tenido entre conspicuos miembros de la elite cultural limeña. Para ella la nación peruana no era blanca ni racialmente pura y consideraba que ésa no debía ser una aspiración nacional: "Nuestra colectividad nacional no es un pueblo de raza blanca, ni tenemos por qué poner nuestro orgullo en el color blanco ni en la pureza etnológica de nuestra sangre"; y "nuestro lugar no está en los congresos eugénicos, sino en la campaña á favor de la rehabilitación de las razas abatidas y la igualación de todas las estirpes humanas". 83 Para Mayer, los "cobrizos" eran los hijos privilegiados de la patria, a la que entendía como una suerte de entidad orgánica: ella "busca entre las huestes mundiales, a sus hijos que amasó con el barro de la costa y la sombra de sus barrancos, no con la nieve de sus crestas...". 84 A diferencia de las clases dirigentes, estos hijos le habían sido leales: "La Patria no tiene reproches que hacer al indio; él no la ha traicionado; él no le ha negado su sangre ni su sudor; cuando ella ha estado triste, él no ha disfrutado de placeres; cuando ella ha estado pobre, él no ha derrochado fortunas. 85 Por ello, había que rehabilitar a la raza indígena y conquistarle un puesto de honor, con el auxilio de la cultura moderna, distanciándose de una visión paternalista. Y no era suficiente proteger a los "hombres de color", sino que se necesitaba "sentar doctrina de elevación moral que constituya en dueños de los derechos humanos á los que se creen esclavos". 86 Mayer criticó el centralismo político, en el que Lima y las demás ciudades eran las "únicas partes del territorio (...) para cuyo bien se parece gobernar". 87 Pese a ello, discrepó del federalismo, 88 distinguiéndose de indigenistas como Zulen y Gutiérrez Cuevas, así como de las apetencias de gamonales como Lizares y los propietarios del periódico El Sur. Ella argumentó que el federalismo, implantado en lugares desatendidos por el Estado donde se habían desarrollado "tiranuelos", sería un atentado contra la existencia de la República y que al debilitamiento del gobierno central seguiría el robustecimiento de los feudos y, con éste, el exterminio del indio. Esta autora denunció insistentemente la corrupción generalizada de las autoridades políticas, cuyo impune incumplimiento de la ley hacía posible que el exprefecto de Puno, Anselmo Huapaya, culpable de las matanzas de Chupa en 1910, resultara luego congresista, posición desde la que, además, defendió al coronel Ravines -prefecto de Cajamarca causante de la masacre de Llaucán de 1914-, gracias a lo cual el Congreso retiró la moción de sanción a Ravines. Mayer denunció que el Perú era "un país cuyos exgobernantes, que van á Europa para hacer vida de recreo, salen de la penitenciaría de Lima; cuyos reos acusados ejercen puestos de autoridad en toda la República, cuyos legisladores ignoran unánimemente las disposiciones legales y reglamentarias referentes á su acción..."; era un país donde el término "política" había descendido tanto que equivalía a un insulto. 89 Criticó, asimismo, el personalismo, manifestando que eran las causas triunfantes y no los individuos afortunados, los que engrandecían a los países, 90 y que era "doloroso ver la prosperidad de un país o de un ideal, cifradas en la persona de un gobernante particular". 91 86 Mayer, Dora: "El Perú y la obra pro-indígena", pág. 79 Los atropellos a los indígenas la llevaron a distanciarse de los planteamientos liberales clásicos y a concluir que la representación política democrática, que había triunfado en el mundo occidental, resultaba utópica para el Perú de entonces. Su primer argumento era que los procesos electorales en el país no eran verdaderamente democráticos. Recordando los asaltos y luchas del final del gobierno de Leguía y las huelgas y paros inacabables del periodo de Billinghurst, expresó que el estado social no proporcionaba las condiciones de una legítima elección popular, debido no sólo a "la poca ilustración de las masas", sino a "la poca virtud de los candidatos"; y porque -como notaban los propios indígenas cuando eran ilustrados-la mayoría de los candidatos eran hacendados, mineros o gamonales. 92 No se cumplía la premisa del voto consciente, de la teoría democrática, pues la mayoría de la nación se componía de seres "intelectualmente inconscientes"; era minúsculo el grupo de ciudadanos que dirigía las manifestaciones electorales y estaban inspirados en intereses propios. Por ello, Mayer se manifestó en contra de delegarse la voluntad popular cada cuatro años en un mandatario ni cada seis años en un legislador, y encontró inconsistente el principio mismo de la representación nacional, pues "la opinión de la minoría puede ser justificadísima". 93 Un segundo argumento fue que la representación le costaba al pueblo pensiones para los empleados públicos, quienes gobernaban en nombre de los demás bajo el mito de representar a todos y recibían homenajes a su investidura como si fuese "algo personal y suyo, y no impersonal y nacional". 94 Por último, no creía conveniente la representación política pues "la idea de que alguien representa a la nación, es causa de que en los demás miembros del pueblo que es la nación, se paralicen las iniciativas cívicas, pues basta que se rodee de esplendores al representante, para que la miseria de los no representantes parezca cosa de poca importancia". 95 Ni el indio analfabeto se sentía representado en el gamonal, ni gobernaban las mayorías en el Perú, de modo que la representación nacional era, para Mayer, una "inútil quimera" y había que darle, a cada peruano, algo del prestigio de la representación, así fuese un "indio flagelado en una hacienda ó un diplomático banqueteado por un rey". 93 Igualmente quimérica era la pretensión de que los indígenas de la selva -"los salvajes"-tuviesen la misma responsabilidad frente al Estado "civilizado" que los ciudadanos. Se había establecido que las leyes "protejen (sic) y obligan igualmente a todos", pero la verdad era que el indígena de la selva vivía fuera de la ley y que las leyes de la República no lo protegían, de modo que tampoco lo debían obligar: "nuestra ley civilizada no tiene el derecho de extender jurisdicción civil ó penal sobre seres que, así como son inaccesibles para que ella los defienda según los principios de ciudadanía, también deben quedar inaccesibles para que ella los culpe, castigue ó despoje, cosas que con frecuencia han sucedido". 97 Así, discrepando ella con lo dispuesto en el Código Penal, el ignorar la ley debía eximir de responsabilidad. 98 Consideraba irracional e injusto que algunas personas estuviesen bajo leyes que no conocían, siendo ese conocimiento privilegio de unos cuantos, cuando debía ser un derecho de cada individuo. Por tanto, demandó la vulgarización de los conocimientos jurídicos, de modo que se quitara a los abogados el monopolio que ejercían y, en general, se mostró a favor de la "ciencia vulgarizada" y en contra de la prestigiosa y sospechosa especialización. Así, Mayer se pronunció sobre una serie de distancias entre el diseño legal y la realidad, que hasta el presente no se terminan de afrontar y de resolver. Tras la masacre de indígenas en Azángaro (Puno) en 1916, de la que estuvieron muy informados en la Pro-Indígena, el tono periodístico de Mayer se endureció, rechazando el racismo presente en artículos burlescos del prestigioso intelectual limeño Clemente Palma, referidos a los indígenas puneños y su supuesta sublevación para restaurar el Tahuantinsuyu. 99 Esta autora atribuyó la responsabilidad de lo ocurrido en Azángaro al gobierno y a los intelectuales, señalando el daño que hacían éstos al presentar como risible la pobreza, el atraso y la impotencia de los indígenas ante los abusos. Tajantemente desenmascaró la situación: "La burla que se hace en Lima de los indios no es un mero incidente, sino todo un síntoma 97 Dora Mayer aplaude las ideas que en este sentido manifestó el doctor Genaro E. Herrera, juez de 1.a instancia de Iquitos, en la Memoria que presentó ante la Corte Superior de esa provincia. 99 Bustamante sostiene que Teodomiro Gutiérrez Cuevas, Rumi Maqui, no pretendía restaurar el Tahuantinsuyu, y que esto último habría sido una creación de personas interesadas en distorsionar su proyecto, bastante coherente, de un Estado Federal. Bustamante, "Mito y realidad". de la patología nacional".100 Y en alusión a la racista tesis universitaria de Palma, denunció a las piezas literarias que, desafiando "la razón y el patriotismo", sostenían que a los indígenas se les debía barrer al mar, por ser elementos étnicos inferiores, y que, al igual que los pieles rojas de Norteamérica, no debían tener participación en la composición de un estado moderno. 101 Con voz cada vez más urgida, Mayer instó a la población ilustrada, las clases dirigentes y las autoridades, así como a las propias poblaciones maltratadas, a que entendieran el sentido de lo que ocurría en Puno y los graves riesgos en que colocaba al Perú. Liberal y moderna, Mayer desenmascaró la esencia anti-patriótica y anti-moderna de los gamonales, "brutales conquistadores que quieren destruir la antigua organización comunal del Perú sin pensar (...) en substituirla, si fuera posible, con un orden más moderno ó adelantado".102 La cruel matanza que llevaban a cabo ponía a la Patria ante graves riesgos: la despoblación (temor común en la postura higienista), la degeneración moral, el abandono de la patria por parte de indios que encontraban refugio "fuera de la frontera nacional" e, incluso, abría la posibilidad de una intervención extranjera en este "segundo Putumayo del Perú", donde los indios eran sacrificados por gamonales desgraciados, ante la "apatía del gobierno y del pueblo peruano".103 La vía legal y sus límites Nos preguntamos si Dora Mayer creía que los indígenas eran o no capaces de modificar su situación y, en caso afirmativo, con qué estrategias. Sus artículos en El Deber... nos muestran que reconocía que para los indí-genas era muy difícil modificar la situación servil, casi de esclavos, frente a sus patrones (fuesen éstos caucheros, empresarios norteamericanos o nacionales, o gamonales), debido a su poder y al aval de las autoridades y de la mentalidad criolla. Su visión positivista, evolucionista y liberal le hacían concebir esperanzas sobre el fin de la servidumbre: "la evolución social, que ha producido el estado de la esclavitud, tiene que disolverlo á su hora, arrastrando, también despiadadamente, á todos los elementos que se le adhieran". 104 Su intención era crear las condiciones para el cambio, ayudando al surgimiento de una conciencia del problema y de los derechos civiles de los indígenas, en la población, las autoridades y especialmente, en los afectados. La ruta que ella señalaba a los indígenas era aprender a seguir la vía legal. Por ello era indispensable conocer las leyes, para lo cual insertaba en el periódico cuantos datos podía en pro del "enaltecimiento de las razas oprimidas" y editó un primer cuaderno (Anales) con información legal, que tuvo "bastante demanda en la República". 105 En artículo dirigido a los indios de Puno, Mayer hizo recomendaciones sobre su accionar para obtener justicia. 106 Respaldó la estrategia seguida por la Pro-Indígena con los indígenas, "lenta pero segura", de enseñar "a cada ciudadano o colectividad de ciudadanos" a defender sus intereses por vía legal, en su propia circunscripción territorial y judicial, dejando de lado los recursos y memoriales al gobierno, que la "apática sede del gobierno del Perú" desdeñaba. Mayer consideraba que el único poder relativamente desligado de los gamonales, por descansar sobre base independiente a las elecciones parlamentarias y presidenciales, era la Corte Suprema de Lima, por lo que la defensa indígena debía procurar llevar a esta instancia los juicios locales y las denuncias de las irregularidades cometidas por los tribunales inferiores (pues había gamonales en las Cortes Superiores de los departamentos). Debían iniciar su actividad dentro de su departamento, buscando el consejo de hombres ilustrados capaces de dirigirlos en su inexperiencia de los métodos prácticos, 107 no dejándose explotar por abogados o tinterillos. Era clave que aprendieran a mover los resortes necesarios en su distrito judicial, a presionar a los ele-mentos tímidos, a amedrentar a los elementos malos "que les niegan el acceso á la justicia de la Nación". 108 Cabe destacar que Mayer se manifestó contraria a la que venía siendo una de las grandes estrategias de los indígenas puneños desde hacía varias décadas: el envío de mensajeros indígenas a Lima, habitualmente en época en que funcionaba el Congreso nacional, para presentarle a éste o al presidente, sus memoriales y recursos. Escribió con crudeza que "la Asociación Pro-Indígena no puede prestarse á ayudar a perpetuar esa farsa que se juega con los Mensajeros". 109 Las razones que adujo fueron, en primer lugar, los pobres resultados obtenidos por éstos, apenas ser devueltos a sus localidades por el gobierno con pasaje gratuito; y en segundo lugar, el que se quedaban mucho tiempo en la capital, olvidando el motivo urgente que los había traído a Lima. Su opinión sobre los mensajeros no era muy buena, pues le parecía que no les interesaba tanto el éxito de su diligencia, como el acreditarse con los que lo mandaron; de modo que procuraban que la Pro-Indígena -que trabajaba gratuitamente por los indios-les hiciera un recurso dirigido al gobierno y consiguiera que se publicaran sus quejas en los diarios de Lima, ganando prestigio si conseguían aparecer en una foto con el presidente. Siempre refiriéndose a la vía legal, Mayer destacó los logros en la labor de la Pro-Indígena en el desarrollo de la capacidad de autodefensa de los indígenas. Ello ocurrió a fines de 1915, apenas un mes antes del levantamiento indígena en Azángaro, que pondría a los miembros de la citada Asociación ante la disyuntiva de apoyarlo o no. Valor (o el "haberse conseguido radicar cada vez más las gestiones de defensa pro-indígena en los mismos lugares del agravio, según es mejor de acuerdo con los mandatos y el mecanismo de la ley"). 110 La Pro-Indígena podía declarar que ya veía: "los resultados de un proceso de educación cívica, que ha despertado en las distintas regiones del país un espíritu de resistencia al abuso y correcto manejo de los resortes legales, que promete terminar aunque sea en un remoto futuro, en la autonomía consciente de los pueblos de la República, acentuándose, al paso que se efectúa una paulatina descentralización en el seno de nuestra obra, el principio de la cooperación que es síntoma de los organismos sociales vigorosos y sanos". 109 Agregaba que sólo la gran tenacidad del indio peruano podía hacer que los indígenas de Puno, después de doce años de inútiles idas y venidas, no pensasen en cambiar de método, sin ver que los poderes públicos serían tan porfiados como ellos en rechazarlos. de la ciudad de Lima. 117 Pero previno contra la tentación del personalismo, enfatizando que así la Auxiliadora de la Infancia como la propia Pro-Indígena, aspiraban "á una finalidad en los destinos de la Nación superior al poder individual!". 118 Mayer escribió regularmente sobre el rol de la prensa, consciente de la relevancia de obtener su apoyo en la sensibilización y formación de una corriente de opinión favorable a la justicia hacia los indígenas. Informó que la prensa de provincias era mucho más receptiva que la de Lima para tratar esa problemática, así como reproducir o comentar favorablemente artículos de El Deber..., siendo este último el caso de La Alborada de Pisco, ya que "en provincias alienta la esperanza de hallar la salvación social, mientras que en Lima se vive sin sentir las pulsaciones del pueblo". 119 Señaló que una excepción era El Comercio, diario que publicó muchas veces artículos de Mayer y de Zulen, aunque dada su gran circulación tenía dificultad en ocuparse de "asuntos de interés para los pueblos pequeños de la república", 120 como señaló con ligera ironía. Mientras unos pocos periódicos, como El Pueblo y La Bolsa, de Arequipa, se indignaban ante los ataques a la Pro-Indígena en la Cámara de Diputados, 121 aquéllos de propiedad de gamonales (caso de El Sur), refutaban lo publicado por la asociación. En los días álgidos de la sublevación de Rumi Maqui, Mayer tuvo claro que no bastaba El Deber... para inculcar en toda la "masa ciudadana del Perú la conciencia que le falta de la horrenda magnitud del crimen parricida que una clase social, dotada de ventajas morales y materiales, perpetra á la sombra de una indiferencia general incalificable", y dijo esperar que tal papel lo cumpliera El Comercio, "el diario mas leído dentro y fuera del país". 122 Este, salvo excepciones, proporcionó información valiosa sobre la sublevación, y la mayor parte de publicaciones, tanto de Lima como de provincias, dedicaron varias páginas a los sucesos. 123 Pero Dora llamó la atención sobre que justamente en Lima, donde residía "la facultad administrativa que ordena el movimiento político y la opinión ilustrada que lo encausa y dirige", no se había hecho lo suficiente para hacer comprender al público "la enormidad de la catástrofe que desde lejos asistimos, no como simples espectadores, sino como cómplices y copartícipes en ella por las relaciones que se infieren de la solidaridad nacional". 124 Contrastó la notable cobertura periodística de la Primera Guerra Mundial con la de los atentados en Azángaro, casi desconocidos por los lectores pese a que su repercusión en "el vigor y el crédito del país" sería mayor que las consecuencias de la guerra europea. 125 Para Mayer, lo esencialmente peruano ("el Yo de los peruanos") debía tener precedencia sobre todo lo demás; por ello, "para no depender de la deficiente voluntad de los diarios de Lima para publicar el amplio material de correspondencias, documentos, etc. sobre la explosión de perfidia gamonalista en Azángaro", decidió publicar un Boletín Extraordinario dedicado a ello. Colocó en él toda la información posible sobre "los enemigos de la vida y la libertad de los comuneros indígenas de Puno", sobre la "defensa legitima" iniciada por éstos ante los poderes políticos y judiciales, sobre "los subterfugios y excusas ofrecidas por dichos poderes, y sobre el criterio parcializado o imparcial en todos los órganos de prensa del país". 126 En un artículo analizó al detalle la cobertura periodística de los luctuosos sucesos de Azángaro, 127 enfatizando que la poca prensa que había publicado la verdad, generalmente había sido por obra de los socios y delegados de la Pro-Indígena. Así, La Autonomía, dirigida por Zulen, dio la voz sobre los sucesos, publicando comunicaciones de los delegados; y La federación, dirigida por Modesto Málaga, denunció el sometimiento de la prensa arequipeña. En Lima, muchos periódicos y revistas enmudecieron, mientras que La Crónica y Variedades (Clemente Palma), se mofaron. En el sur andino, los periódicos de los gamonales (como El Eco de Puno) guiaron a la opinión pública en sentido "gamonalista", postura reproducida en La Prensa de Lima. Residente en El Callao, Mayer fue testigo de excepción del vigoroso impulso con el que los estibadores del puerto paralizaban sus labores y obtenían la disminución de la jornada laboral. Señaló que, para mejorar las condiciones de "nuestros conciudadanos de los distritos agrícolas", había que "insistir en que las ventajas que conquistan los proletarios en las ciudades, se hagan extensivas á todo el país". 128 Y lanzó un manifiesto a los obreros de toda la república, exponiendo la necesidad de ayudar a sus hermanos indígenas en el movimiento de "redención nacional". Se lee en El Deber... que algunas sociedades obreras de diversas ciudades expresaron su simpatía por la Pro-Indígena, y crearon la comisión de ese mismo nombre que se les había solicitado. Pero ello no fue suficiente y Mayer escribió que la problemática de la raza indígena no la entendían ni "los agitadores de ideas libertarias, que en el medio nacional aparecen desarraigados, ni los núcleos obreros agitados, que no tienen determinación de necesidades y menos preparación cultural para que esas ideas irrumpan en ellos". Aunque la Pro-Indígena había invocado "el compañerismo obrero para que se extienda á esa gran mancha", lamentablemente "las sociedades obreras se mostraron incomprensivas". 129 Aunque Mayer valoraba el vigor y los logros de los obreros urbanos, veía con desconfianza la influencia anarquista, ideología a la que consideraba poco apropiada para el medio peruano, y encontraba que los obreros no entendían la importancia de apoyar a los indígenas. Tal vez un motivo adicional para su rechazo a la venida de mensajeros de Puno fue que algunos de los que permanecieron largo tiempo en Lima, tomaron contacto con núcleos obreros librepensadores y anarquistas; aunque Leibner considera que dicha relación "andinizó" al anarquismo peruano. Los dilemas de la opresión indígena Dora Mayer mostró toda su vida una tajante oposición a la violencia y al belicismo; ya en 1914 había calificado a la Gran Guerra como un "funesto retroceso cultural á que asiste atónita la generación presente", que perjudicaba la labor de paz y armonía que sostenían asociaciones como la 128 Mayer, "Lo que enseñaron las últimas huelgas", pág. 41. 130 Gerardo Leibner ha investigado el proceso a través del cual los anarquistas limeños se fueron involucrando con el tema indígena, señalando que se dieron posiciones paternalistas, de ortodoxia y finalmente de "andinización" del anarquismo a través de la idealización del Tahuantinsuyu como comunismo, expresado en el Comité Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyu. Leibner, Gerardo: "La Protesta y la andinización del anarquismo en el Perú, 1912-1925", en Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Tel Aviv, enero-junio 1994, vol. 5, n.o 1. Sociedad Antiesclavista de Londres. 131 Entonces escribió que esa contienda no disminuiría el celo de los que luchaban a favor de ideales humanitarios, sino más bien se intensificaría a la vista del dolor innecesario. ¿Cuál fue su postura ante la resistencia social? Las convulsiones sociales de esos años y la consiguiente represión ¿variaron en algo tal postura? Mayer escribió en abril de 1913 sobre la huelga de los trabajadores agrícolas de Chicama, que ese movimiento "pudo llegar á ser un poderoso impulso de reacción contra el estado abyecto en que gimen nuestras masas indígenas..."; 132 no debe llamarnos la atención, pues la huelga era un mecanismo aceptado por las democracias modernas de Europa y los Estados Unidos. No así la insurrección. Sin embargo, creemos que las masacres y usurpaciones crecientes en Puno, unido a la apatía del Estado, la hicieron entender y, en alguna medida, justificar la insurrección indígena. A fines de 1913, a raíz de algunas muestras de resistencia indígena en Azángaro, escribió que el indio procedía así por ignorancia y que hombres públicos y periodistas deberían recordar que auxiliarlo y enseñarle era "su deber como peruanos"; y preguntó agudamente: "¿es justo que se reprima solamente la insurrección, y no los males que empujan a ella? ¡Protestamos de un modo tan estéril de establecer y mantener el orden en la República!". 133 En noviembre de 1914, a raíz de la venida a Lima de mensajeros indígenas de Samán, Mayer criticó que el gobierno se limitara a devolverlos a su tierra pagándoles el pasaje, gesto "sin alcances reparadores", 134 y se preguntó si llegaría el momento en que esos mensajeros sentirían que "el Perú no sólo era una región de sombras..." o si, caso contrario, nacería en ellos "la chispa redentora que les proporcione valor y energía para conquistar la libertad y la justicia que les corresponde, aunque la indiferencia de sus hermanos se las niegue?". Su "Amén, que así sea" 135 lo interpretamos como aceptación y esperanza en que los propios indios conquisten su libertad y la justicia, con un tono que nos hace sospechar que esta vez no se refería a la "vía legal". Un mes más tarde se quejó de la consternación de cierta prensa local ante el asesinato por manos de una "turba", de un "caballero" en la plenitud de su vida, cuando no se preocupaban del asesinato impune de tantos indígenas en Chicama o en Azángaro; y sentenció: "Las fechas rojas de la tiranía traen las fechas rojas de la rebeldía...". 136 En septiembre de 1915 informó El Comercio que se habían sublevado 1500 indígenas de la selva, ante el tráfico de mujeres y niños que realizaban unos maleantes en el Alto Ucayali; entonces, Mayer manifestó que debería castigarse con la muerte a los que cometían el monstruoso delito de arrebatar a los indios sus hijos. Agregó que por más que se trataba de formar en las personas el concepto de la justicia, haciéndoles ver "que las sublevaciones de los salvajes son provocadas por causas suficientes, nuestros buenos amigos civilizados menean la cabeza y dicen: `es deplorable que á estos indios no se les pueda tratar de mejor manera, pero son tan salvajes que no hay mas remedio sino exterminarlos`". 137 El optimismo de Mayer ante los logros de la lucha humanitaria pacífica, se enfrentó a los abusos de los poderes locales, la corrupción de los funcionarios estatales y la indiferencia de gran parte de la prensa y de la sociedad "moderna" ante el desangramiento y muerte de la nación peruana. Encontró explicaciones, que compartió con sus lectores, para las causas de la rebeldía indígena, no sin cierto desaliento ante "el fracaso, la esterilidad de las luchas humanitarias...". 138 Días antes de la rebelión de Rumi Maqui, prometió persistir en la causa de redención de los indígenas, a la que consideraba doblemente "grandiosa" tanto por lo inmenso de los obstáculos como por el extraordinario fin: nada menos que "el resurgimiento de la verdadera patria peruana, legada á las generaciones del presente por los incas...". 139 Y advirtió que la pasividad del gobierno podía dar lugar a que el indio de Puno, después de muchas décadas de infructuosa brega, "busque algún día hacerse, enfurecido, la justicia que las altas cortes y tribunales de apelación del Estado, no le proporcionan". 140 Mayer era consciente de que la violencia dejaba sin opción a la vía legal y que aparecía el fantasma de la sublevación indígena, a la que consideraba en parte una posibilidad real y, en parte, producto del temor de la culpable conciencia de los gamonales. Señaló con preocupación que el más hondo problema que tenía ante sí la Pro-Indígena, era saber que en el punto al que se había llegado, se abrían tres opciones "con perspectivas igualmente funestas: la sumisión indígena a despiadados patrones; la sangrienta revancha de los indios; o la sofocación de la revuelta indígena por secuaces de gamonales y fuerzas públicas". 141 Mayer nunca manifestó su apoyo a la sublevación; sí explicó sus causas y, hasta un punto, justificó que fuese a ocurrir, para luego negar que se hubiera producido. Pese a ello, en el mes de la sublevación de Rumi Maqui, dedicó elogios al valiente chuncho "capaz de esas feroces reacciones contra el despotismo y abuso que ojalá fueran en todas partes del Perú valla potente contra el avance de la iniquidad y la corrupción de presuntos magnates". La Asociación Pro-Indígena se disolvió en 1916, en parte porque la sublevación de Rumi Maqui dejó poco espacio para la vía legal, dando paso a posturas divergentes entre los miembros: básicamente legalista la de Mayer y Capelo, y radical, la de Zulen y Chuquihuanca. Casi cien años después, nos volvemos a preguntar sobre el impacto social que logró la asociación. Alguna información aparece en el propio El Deber Pro-Indígena: están tanto las opiniones favorables de Billinghurst y sir Roger Casement sobre su labor de educación a la opinión pública, 143 como las quejas del gerente de la Cerro de Pasco sobre dificultades para hacer cumplir a los enganchados sus compromisos, pues la asociación les había informado que no estaban obligados a pagar una deuda con su trabajo. 144 La propia Dora Mayer menciona algunos logros, como que por el apoyo que daban a las 141 Ibidem. En dicha obra, publicada entre 1916 y 1917, caracterizó a los chunchos como peruanos altivos y capaces de echar a temblar a los abusivos hacendados. 143 Zulen, Pedro: "Memoria del Secretario. personas injustamente tratadas, "las empresas capitalistas se ven con frecuencia obligadas á prestar a los reclamantes una atención y concederles ventajas que de otro modo no les otorgarían, para evitar las vergüenzas, siquiera, de una denuncia seria".145 Y refiere el éxito en las campañas contra el enganche, y contra la obligatoriedad del cargo de mayordomo en las fiestas religiosas. 146 Pero su impacto sobre la organización de la propia población indígena, de la que se erigió en una suerte de representante ante el Estado, en un "cuerpo protector extraño a ella",147 fue percibido durante los años siguientes, de mayor radicalismo político, como indigenismo asistencialista, especialmente por José Carlos Mariátegui. 148 Hoy podemos aquilatar la magnitud de las acciones que realizó y de las que echó a andar, así como el importante debate de ideas que generó. Sus acciones, de las que la propaganda fue la estrategia central, 149 desnudaron la ficción del Perú como país moderno, mostrando lo que no se quería ver: la condición de ciudadanos de segunda detentada por los indígenas, explotados por gamonales, caucheros, gendarmes y autoridades locales; la vigencia de formas laborales serviles pre-capitalistas; y la debilidad y corrupción del Estado. Posibilitaron que se formase en los lectores urbanos y en la propia población indígena, la percepción de un mismo problema -la servidumbrereiterado mil veces en todo el país. Comprometieron el respaldo de no pocos intelectuales y universitarios en Lima y provincias. Pero sobre todo, posibilitaron la auto percepción de una identidad indígena colectiva, que daría pie a nuevas formas de relación, como lo demuestra la historia del Comité Pro Derecho Indígena Tahuantinsuyu (1920-1923), directo descendiente de la Asociación Pro-Indígena. En suma, todo ello debe de haber fortalecido la capacidad indígena de auto representarse y de defenderse.
constante en cuanto a su consideración de que los conflictos en el país andino se deben a las desigualdades y la pobreza, a pesar de las presiones de Estados Unidos, que ha defendido posturas más unilateralistas y militares al respecto, e incluso de que algunos socios comunitarios se hayan alineado con ellas. Frente a estudios anteriores se aboga explícitamente por un balance que haga hincapié en los aspectos positivos y constructivos, coherentes con los de un escenario en proceso de creación y ampliación como es el europeo, aunque sin renunciar a valorarlo con una perspectiva crítica. La política de la Unión Europea (UE) ha procurado tradicionalmente enfocar los problemas de Colombia y su ayuda al país sudamericano desde una perspectiva integral, enfatizando su dimensión regional y la participación de la sociedad civil. Se entiende que la violencia, el narcotráfico y sus secuelas -terrorismo, criminalidad, violaciones de los Derechos Humanos por diferentes actores fuera de la ley, pero también por parte del Estadoresponden a una situación de pobreza y desigualdades, particularmente en la propiedad de la tierra, en el acceso a los recursos y servicios y en la distribución de la riqueza. Esa situación es especialmente grave para algunas regiones y colectivos. Mujeres, niños, campesinos, sobre todo en áreas marginales, y comunidades indígenas son los más desfavorecidos. Las relaciones entre la UE y Colombia se desarrollan en diversas esferas: en el plano bilateral, entre el gobierno y otras instituciones de ese país y los socios comunitarios; en el multilateral, dentro del marco de los acuerdos suscritos entre dicha nación y los organismos internacionales y regionales de los que forma parte -Organización de Estados Americanos (OEA), Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Organización Mundial del Comercio (OMC)-. En las dos esferas citadas las relaciones, ya sean económicas, políticas, de cooperación, ordinarias y extraordinarias (sobre problemas específicos), y tanto las habituales entre países y grupos de países, como las destinadas a la ayuda al desarrollo, están estrechamente vinculadas en el caso colombiano con otras encaminadas a resolver un conflicto que, por su duración, complejidad y envergadura, se ha convertido en endémico y que con el tiempo se ha unido al problema general del narcotráfico y a la lucha internacional contra él. Las acciones de cooperación de la UE y sus miembros han intentado tradicionalmente ayudar a resolver las causas de la conflictiva situación colombiana, condicionándolas al respeto a la democracia, los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Tales fundamentos, empero, se han visto obstaculizados por las dificultades para alcanzar consensos en el seno de la Unión Europea y por la preferencia que algunos de los socios comunitarios han conferido a sus relaciones con Estados Unidos y a su forma de entender los problemas de la nación andina desde hace años. Tradicionalmente Gran Bretaña ha practicado una política seguidista respecto a la marcada por la Administración de Washington, pero también, al menos de modo eventual, en la lucha contra el terrorismo y narcotráfico, lo han hecho los gobiernos del Partido Popular en España hasta 2004, o los de varios otros países del norte del Viejo Continente (por ejemplo Holanda) y los de Estados recientemente incorporados a la UE (verbigracia Polonia). Varios integrantes de la UE, por tanto, han defendido la tesis de que la respuesta a las luchas civiles y el conflicto armado, y al cultivo, elaboración y tráfico de drogas debe ser prioritariamente militar, tal y como ha sostenido el presidente norteamericano George W. Bush, sobre todo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S) contra las Torres Gemelas de Nueva York y en apoyo a la política diseñada por su homólogo colombiano Álvaro Uribe. La política exterior de la UE no sólo se ha visto condicionada por las contradicciones y variaciones en su definición y objetivos. También han tenido un efecto poco positivo en ella los cambios en el modo de asignar los recursos, fruto de las necesidades que imponen su ampliación a los países del este europeo y de privilegiar los problemas de su periferia geográfica (Rusia, las vecinas repúblicas ex soviéticas, los Balcanes, Oriente Próximo, el Magreb), además de los obstáculos para reformar la Política Agraria Común (PAC) debido a las presiones proteccionistas de sus agricultores frente a los proyectos de liberalización comercial de la OMC, que sería la mejor concesión posible para paliar la pobreza de los países en desarrollo. Se puede afirmar, no obstante, que la UE ha mantenido el enfoque de su política exterior, a pesar de los mencionados problemas y avatares, y que muchos de sus socios, y entre ellos las poderosas Francia y Alemania, han variado poco sus posiciones acerca de que es necesario priorizar la ayuda al desarrollo e intentar atajar las raíces de los problemas antes, o al menos a la vez, que sus consecuencias. Hay que considerar que la UE es un espacio en construcción y ampliación, y valorar positivamente la persistencia de tales posturas como signo de robustez, no sólo como síntoma de debilidad. De igual forma conviene valorar también el interés siempre manifiesto de erigirse en un contrapeso a la hegemonía mundial de Estados Unidos, aunque compatible con las relaciones de amistad, cooperación y defensa común de la democracia, la libertad y el desarrollo equilibrado de los países entre aliados tradicionales. Esas ideas, además, han recobrado fuerza a causa de las dificultades generadas por la ocupación de Irak y la necesidad que tiene el gobierno norteamericano de reforzar su apoyo internacional y de dar mayor espacio a los mecanismos de acción multilateral frente a los nuevos escenarios de litigio surgidos tras la Guerra Fría, el avance de la globalización y la persistente lacra del hambre, la pobreza y la enfermedad en las áreas más desfavorecidas del planeta. Este artículo propone revisar las relaciones UE-Colombia desde las perspectivas política, comercial y de cooperación, su historia, las acciones en que se ha concretado, sus resultados y sus déficits, y todo ello vinculado a la evolución de la situación y los problemas del país andino y de la construcción europea. Se dedica particular atención, además, al modo en que han influido en tales relaciones acontecimientos relativamente reciente -el 11-S, la guerra de Irak, los éxitos y fracasos de la política antiterrorista estadounidense, de la lucha contra el narcotráfico y de las negociaciones y acuerdos en la OMC-, así como a la declaración final emanada de la cumbre de Cartagena, de febrero de 2004. Finalmente se apuntan cuáles son las perspectivas que se vislumbran y algunas conclusiones. Colombia en cifras o la realidad socioeconómica Colombia ocupa un puesto intermedio-alto en los índices internacionales de medición del desarrollo,2 pero en los que valoran derechos y libertades su posición empeora considerablemente. 3 Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) su PIB per capita real es de unos 1.800 dólares estadounidenses 4 y ha experimentado recientemente fluctuaciones típicas de las situaciones de crecimiento stop-and-go que han caracterizado tradicionalmente a las economías latinoamericanas 5 (en 1996 alcanzó 2.662 dólares; en 1999, por ejemplo, decreció un 4,2 por ciento, para aumentar luego entre 1,5 y 2,9 y, a partir de 2003, un 4,0). 6 Otro indicador de las dificultades económicas de Colombia es el desempleo. Según los datos ofrecidos por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la tasa de desempleo alcanzó el 15,5 por ciento en 2004, 7 aunque oficialmente se reconoce un 13,2. Además la mayoría del trabajo es poco productivo y hay gran inestabilidad laboral. Mujeres y jóvenes padecen condiciones más precarias y en el inicio del presente milenio el paro femenino ronda el 52 por ciento y entre los menores de 24 años el 34. 8 Por otro lado menos de una cuarta parte de los jubilados percibe pensión. En las áreas rurales la situación es peor. Se calcula que en ellas hay un 18 por ciento de analfabetos y unos dos millones de niños sin escolarizar. 9 Colombia es uno de los países del mundo con mayores desigualdades sociales. En el inicio del siglo XXI el 61 por ciento de la tierra pertenece al 0,4 por ciento de la población, aproximadamente dos tercios de sus habitantes se hallan en el umbral de la pobreza y una tercera parte por debajo de él. Las prioridades presupuestarias del programa de Seguridad Democrática del presidente Uribe han afectado negativamente a éstos y otros indicadores. 10 Se estima que un 43 por ciento de los ciudadanos carece de Seguridad Social y que la nación se halla ante un retroceso de su perfil epidemiológico y han reaparecido enfermedades como el sarampión, la malaria o el tifus. 11 6 Datos de la Secretaría General de la Comunidad Andina, Santa Fe de Bogotá [URL], consulta octubre de 2008). 7 Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL): Panorama social de América Latina, CEPAL, Santiago de Chile, 2004, pág. 166. 8 DANE: Información estadística. 9 Ver "Análisis de coyuntura: Colombia Hoy: 1998-2002" [2003] [URL], consulta octubre de 2008), y Comisión Colombiana de Juristas: Colombia: en contravía de las recomendaciones internacionales sobre derechos humanos. Balance de la política de seguridad democrática y la situación de los derechos humanos y el derecho humanitario (agosto 2002 a agosto 2004), Comisión Colombiana de Juristas, Santa Fe de Bogotá, 2004. 10 Contraloría General de la República: La crisis socio-económica en Colombia: la otra guerra, Contraloría General de la República, Santa Fe de Bogotá, 2004 [URL], consulta octubre de 2008). 11 Quintana, Stella: "El acceso a los servicios de salud en Colombia". La situación descrita, en franco deterioro desde hace años, tiene orígenes antiguos y es la causa de los conflictos que sufre Colombia. En las décadas de 1940 y 1950, debido al escaso control estatal en amplias zonas del territorio, y sobre todo a la violencia institucionalizada en esa época, que acabó con la vida de numerosos líderes políticos y sindicales, aparecieron los movimientos insurgentes. Gran parte de ellos han desaparecido y algunos, como el M-19, se han incorporado a la vida política del país, pero aún persisten varios muy numerosos y poderosos. Actualmente la Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) son los más importantes y cuentan con unos 20.000 y 5.000 miembros respectivamente. Por otra parte, frente a ellos, como mecanismo de protección de los terratenientes, se crearon también en los años setenta facciones armadas de derecha que con el tiempo se organizaron en grupos paramilitares, integrados hoy mayoritariamente en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), con aproximadamente 14.000 hombres. Las AUC han contado tradicionalmente con la colaboración o tolerancia del ejército, consecuencia de la incapacidad de éste para proporcionar seguridad en la totalidad del territorio nacional. Posteriormente todos los grupos mencionados se vincularon con el narcotráfico (el ELN en menor medida), que surgió de modo independiente, pero les brindó una sólida base de financiamiento. 12 La combinación de conflicto armado, narcotráfico y pobreza, desigualdad y exclusión -problemas comunes a otros países de América Latina y del planeta-ha provocado en Colombia una situación de extrema violencia. 13 Parte de esos desplazamientos son causa del conflicto -se calcula que los insurgentes poseen más de 3.000.000 hectáreas de tierra-, pero a ello se ha unido recientemente el efecto de las fumigaciones de los cultivos de drogas.14 Colombia y Unión Europea: política, comercio y cooperación. Las relaciones UE-Colombia tienen una larga tradición y se han mantenido dentro de un marco que prioriza el compromiso por la solución negociada a un conflicto que se entiende causado por una situación de pobreza y desigualdad y que es preciso mitigar. Por tanto se han desarrollado de modo coherente con la estrategia de definir un ideario en la política exterior europea que privilegie la ayuda al crecimiento equilibrado y sostenible de los países, fomente la democracia, los Derechos Humanos y la concordia universal, y sirva como contrapeso a la hegemonía de Estados Unidos, que con el paso del tiempo ha radicalizado sus posturas unilateralistas y beligerantes, pero también colabore en la defensa de esos mismos valores, tradicionalmente defendidos por dicha nación, no obstante las diferencias en los métodos, y por diversos organismos internacionales, oficiales y no gubernamentales (especialmente por la Organización de Naciones Unidas, ONU). En ese sentido se ha intentado potenciar la consolidación de la sociedad civil, el avance de los procesos de integración regional -de la Comunidad Andina en el caso que nos ocupa-y la participación de ambos en la resolución de los mencionados problemas. La política de paz en Colombia, ligada desde la década de 1980 a la necesidad de reforma del régimen político, se concretó en 1991 en una nueva Constitución que intentó modificar la situación de desigualdad y violencia con importantes avances en el Estado de Derecho y dando más participación a formaciones independientes, regionales y locales. Sin embargo la carta magna no ha podido atajar los altos niveles de impunidad y corrupción en el país. En 2004 el índice de percepción de la corrupción situaba a la nación americana en el puesto 60 entre las 146 consideradas. 15 Los avances en las relaciones de la UE con los países del área andina motivaron que en 1993 la Comisión Europea abriese una delegación diplomática para Colombia y Ecuador en Santa Fe de Bogotá (DELCOLEC). El propósito de esa embajada, además de reforzar dichas relaciones, es prestar ayuda a la población desplazada por la violencia y a los damnificados por desastres naturales a través de la Oficina de Ayuda Humanitaria (ECHO). En 1995 Colombia intervino, además, en el Diálogo Especializado sobre Drogas UE-CAN (Comunidad Andina), firmó un acuerdo sobre precursores y sustancias químicas usadas para producir narcóticos ilícitos (que entró en vigor en 1997), y recibió una dotación de 85.000.000 de euros entre los años 1995 y 2000 para asistencia técnica, económica y financiera. 16 El presidente Andrés Pastrana lideró a partir de 1999 un proceso de paz mediante el anuncio del Plan Colombia, auspiciado por su homólogo estadounidense entonces, Bill Clinton. El proyecto reforzaba la participación en la pacificación de la comunidad internacional, alejada durante el gobierno de Ernesto Samper -debido a las acusaciones de que fue objeto de haber sido financiado por el narcotráfico-, e impulsaba el acercamiento a la UE buscando apoyo económico para el mencionado plan, presentándolo con un sesgo socio-humanitario. La ONU, además, abrió en el país andino una oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos ante el aumento de las violaciones de éstos. 17 Pastrana inició los contactos con las FARC en 1999 y creó una Mesa de Diálogo y un Comité Temático para debatir en Audiencias Públicas propuestas de la sociedad civil, que por fin se tomaban en consideración. En el año 2000 se fijó la agenda, priorizando el estímulo a la producción, la edu-cación, la investigación, el empleo, la justicia social, la protección medioambiental y la sustitución de cultivos ilícitos. No obstante, según María del Carmen Ruedas y Carlos Clavijo, cambios en dicha agenda, una escasa definición de los escenarios y de los tiempos de discusión, el no reconocimiento por las partes de la negociación como única salida al conflicto y la exclusión práctica de la ciudadanía de la toma de decisiones hicieron fracasar el plan. 18 Los países europeos y americanos acogieron con poco entusiasmo el Plan Colombia. En una reunión celebrada en Panamá en el año 2000, y en la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, no se logró un compromiso general. 19 Por su parte la Administración española reconocía que tenía un claro sesgo policial-militarista, aunque también contenidos sociales que justificaban apoyarlo. Antonio Sanz Trillo piensa que la actitud del Partido Popular, mayoritario entonces en el Parlamento español, rompía con la posición neutral de gabinetes anteriores y comprometía la posibilidad de que la UE pudiese ejercer un papel mediador en los conflictos del país andino. 20 Como expresión de la posición crítica de la UE con el Plan Colombia, la valoración que realizó el Parlamento Europeo en febrero de 2001 es muy ilustrativa: "Considerando que el Plan Colombia no es producto de un proceso de diálogo entre los distintos actores sociales y considerando que la aceptación de la estrategias de paz por todas las instituciones del país constituiría un desarrollo deseable que debería incluir no sólo acciones para combatir la producción y el tráfico de drogas sino también una estrategia para la recuperación económica y social, el fortalecimiento de las instituciones y el desarrollo social, todo lo cual necesita ser apoyado. Considerando que uno de los objetivos del Plan Colombia consiste en acabar con el tráfico de drogas y la extensión de los cultivos ilegales mediante una estrategia que favorece la fumigación aérea y el uso de agentes biológicos, métodos que producen el desplazamiento forzado de familias y comunidades y que afectan gravemente la riza biodiversidad de Colombia [...]. Advierte [este Parlamento] que el Plan Colombia contiene aspectos que son contrarios a las estrategias de cooperación y proyectos ya comprometidos por la Unión Europea, y que ponen en peligro sus programas de cooperación [...]" 21. La UE definió un nuevo modelo de relaciones de Asociación Estratégica en la Primera Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno Europeos y Latinoamericanos en 1999, basado en la consolidación democrática, el multilateralismo en política exterior frente al unipolarismo de Estados Unidos y la liberalización comercial, aunque supeditado todo al reajuste presupuestario debido a su ampliación y a lo acordado en la nueva ronda de la OMC. 22 Además en el año 2000 materializaba su respaldo a la pacificación colombiana proponiendo la creación de Laboratorios de Paz, ayudas a las reformas administrativo-judiciales y a la lucha contra la pobreza y los desplazamientos forzosos, y con un acuerdo básico de cooperación y asistencia técnico-económica y una dotación de 105.000.000 de euros hasta 2006. Con ese fin se constituía el Grupo de Apoyo al Proceso de Paz, que en sus primeras reuniones declaraba que no existían alternativas a la negociación y recomendaba adoptar políticas estructurales para mitigar las desigualdades, considerándolas causas del conflicto. Por su parte la Comisión Europea reafirmó que no financiaría soluciones militares, aludiendo a una resolución de su Parlamento que rechazaba el supuesto del Plan Colombia de que el narcotráfico era el motivo de la violencia y también la estrategia de fumigación de los cultivos ilegales por los efectos medioambientales y los desplazamientos de personas que provoca. Apostaba, en cambio, por el fortalecimiento institucional, el diálogo, el desarrollo alternativo y la ayuda humanitaria, más acordes con el ideario europeo24 y con la creencia de que las causas del conflicto había que buscarlas en las desigualdades socioestructurales. 25 Conforme a los objetivos establecidos en la reunión del G-24 en 2001, la UE manifestó que reforzaría sus ayudas a la defensa de los Derechos Humanos, los desplazados y víctimas del conflicto y al afianzamiento de la sociedad civil en Colombia. Con el propósito de promocionar dicha sociedad civil y su contribución al proceso de pacificación y con el fin de acoger iniciativas de distintas organizaciones se constituyó en 1999 la Fundación Ideas para la Paz y se empezaron a celebrar en el año 2000 los Encuentros por la Paz, continuados posteriormente y sistematizados en el Acuerdo de los Pozos,26 de febrero de 2001, entre el presidente colombiano Pastrana y el comandante y miembro fundador de las FARC Manuel Marulanda, Tirofijo. Las relaciones UE-Colombia en la nueva coyuntura tras el 11-S y la guerra de Irak Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S) contra las Torres Gemelas de Nueva York, la postura dura de la Administración de Estados Unidos frente al terrorismo y el narcotráfico se reforzó. Aparte del gobierno de España, que asumió la presidencia de la Unión Europea durante el primer semestre de 2002, el Reino Unido apoyó entonces esa posición y la UE suavizó sus críticas al Plan Colombia, aunque mantuvo su actitud de desvincularse de su vertiente militar y de proseguir su propia estrategia de negociación y reformas. 27 Además, en febrero de ese mismo año, inició uno de sus proyectos más emblemáticos en el país sudamericano, el Laboratorio de Paz en el Magdalena Medio, un conjunto articulado de programas para el fortalecimiento institucional, la defensa del diálogo y de los Derechos Humanos y el desarrollo alternativo, dotado con 34.800.000 euros hasta 2009 y que se extendería luego a otras regiones. 28 Frente al narcotráfico la UE continuó abogando por estrategias de sustitución de siembras. Esa posición se fundamentaba en el rechazo de muchas organizaciones sociales colombianas e internacionales a las políticas de Estados Unidos al respecto, a la ausencia de estudios científicos fehacientes sobre el impacto de las fumigaciones en el medioambiente, la salud y los desplazamientos humanos y en la dispersión de los cultivos ilegales, así como en la concentración de las medidas de tolerancia cero en los productores agrícolas, no en las redes de tráfico de estupefacientes y de insumos para elaborarlos. Otro argumento más era el hecho constatado de que la aplicación de tales políticas no había frenado el crecimiento de la oferta de narcóticos. 29 Posteriormente, sin embargo, se observó un cierto alejamiento del Parlamento Europeo sobre su posición defendida en febrero de 2001 contra las fumigaciones de cultivos de drogas. En opinión de Martin Jelsma: "Desde el 11 de septiembre [de 2001] y los atentados de Madrid [de 2004], Europa ha ido adoptando paulatinamente el discurso de la guerra contra el terrorismo e incluso su mezcla cuestionable con la guerra antidrogas [...]. En el ámbito de la declaración de intenciones, observamos que se sigue repitiendo el discurso del desarrollo alternativo, los Derechos Humanos y la construcción de la paz (como en la declaración de Londres de julio de 2003), pero suena más vacío que nunca por su falta de propuestas e iniciativas concretas que intenten desafiar el discurso actual sobre drogas y dinámicas de conflictos". 30 Mientras tanto se habían suspendido las negociaciones entre el gobierno de Colombia y el ELN en 2001 y en febrero de 2002 cesaron las celebradas con las FARC. Estos hechos provocaron que la presidencia del Consejo de la Unión Europea expresara su frustración en cuanto a lo que ocurría en el país andino. 31 Por idéntica razón, en cambio, Estados Unidos levantaba las restricciones a su ayuda militar a esa nación. Uribe ganaba las elecciones en mayo y presentaba su Política de Defensa y Seguridad Democrática y el Plan Patriota, una estrategia también militar, elaborada conjuntamente con la Administración norteamericana 32 y destinada a derrotar por las armas a las FARC, obligándolas a replegarse y aislándolas y acorralándolas. Tras la matanza perpetrada por miembros de dicha agrupación en Bojayá, 33 el Consejo de la UE la incluyó en su lista de organizaciones terroristas (junio de 2002), en la que ya estaban las AUC y que en abril de 2004 registraría además a el ELN. Esa opción había sido rechazada anteriormente para no comprometer su rol mediador en el conflicto colombiano 34. La diplomacia española tuvo un papel destacado en el cambio de consideración de tales grupos guerrilleros, lo que demuestra la incidencia que tiene la opinión del gobierno de Madrid en la política europea para América Latina, que en muchas ocasiones se pone en tela de juicio. La inclusión de las FARC en su lista de organizaciones terroristas, en efecto, se acompañó de algunos cambios en la posición de la UE respecto al conflicto colombiano durante el primer trimestre de 2002, que se reflejó fundamentalmente en el tono de las declaraciones oficiales. 35 Pese a ello la Unión Europea ha mantenido y manifestado explícitamente sus tesis de que las causas de los enfrentamientos civiles en el país andino son, en última instancia, la desigualdad y la pobreza, ha exigido al gobierno de Uribe respeto a los Derechos Humanos y democráticos y su adhesión sin reservas al Estatuto de la Corte Penal Internacional 36 y ha seguido abogando por soluciones de diálogo y negociadas. Ahora bien, el esfuerzo comunitario por mejorar la ayuda al desarrollo en general es escaso, como ponen de relieve los apenas 250.000.000 de euros asignados a América Latina en el quinquenio 2002-2006, las restricciones a la inmigración y a la acogida de refugiados y, sobre todo, lo asimétrico e injusto de las relaciones comerciales. 37 En el informe de conclusiones del Consejo de Asuntos Generales y Relaciones Exteriores de la UE en enero de 2004, los Estados miembros expresaron su voluntad de colaborar con el gobierno legítimo de Colombia, pero también se reafirmaron en que ello estaría condicionado a la marcha del proceso de paz y a la implementación de una estrategia global de desmovilización, desarticulación, desarme y reinserción social de los grupos paramilitares y de satisfacción derecho de las víctimas a saber la verdad y a obtener justicia y reparación razonable. Como reacción a las partidas asignadas en los presupuestos colombianos al programa de Seguridad Democrática, que afectaban al gasto social, y la propuesta del presidente Uribe de reformar la Constitución, el Consejo de la UE, uniéndose a las crítica de la ONU y la OEA, declaró que esas medidas reforzaban el centralismo del poder y la arbitrariedad judicial. En contraste, en las elecciones municipales-departamentales celebradas por entonces la izquierda democrática, como en otros países de América Latina, creció sensiblemente en número de votos, indicativo de que estaba asumiendo la representación del descontento por la situación de pobreza y exclusión de la nación. 39 El gobierno español, que se había comprometido a financiar el proceso de paz con la aportación de 124.000.000 de dólares, no suscritos al Plan Colombia, en el cuatrienio 2000-2003, a principios de ese último año expresó su apoyo a la política de Uribe y le ofreció ayuda militar, 40 quebrantando el código de conducta de la UE sobre el envío de armas a zonas en conflicto y en las que la ONU ha constatado violaciones de los Derechos Humanos. La decisión reafirmaba el apoyo del Ejecutivo de José María Aznar a la doctrina de la Guerra Preventiva de Estados Unidos, que admite la conculcación del Derecho Internacional con la justificación de la lucha antiterrorista, como en el caso de la referida reforma constitucional en el país andino. De hecho el comisario europeo de Relaciones Exteriores, Christopher Patten, manifestaba en mayo de 2003 su preocupación por la escalada militar, las acciones contra civiles y las restricciones de libertades en esa nación, 41 incluso antes del inicio efectivo del Plan Patriota, cuya primera fase comenzaba un mes después en Cundinamarca. 42 En respuesta a los hechos mencionados el G-24 consensuó en su reunión de julio de 2003 la Declaración de Londres contra la reforma consti-39 Ver La Unión Europea y Colombia, pág. 4. 40 El gobierno de España envió al de Colombia 46 tanques AXM-30, ocho aviones Mirage F-1, simuladores de helicópteros Black Hawk, aviones de transporte Casa-212 y le prestó asistencia tecnológico-militar y en la capacitación para la lucha antiterrorista. Además ponía a disposición del Ejecutivo del país sudamericano dos satélites de observación y comunicación. tucional y la erosión de las libertades, y por el fortalecimiento del parlamentarismo, la participación y la descentralización, el diálogo y el desarrollo alternativo en Colombia. Esos conceptos, tradicionales en el ideario político de la UE, debían seguirse defendiendo mediante el mantenimiento de su posición político-diplomática, reforzando sus programas, que hasta el momento habían tenido muy poco efecto debido a su escasa financiación, y permitiendo que se desbloqueasen las negociaciones en la OMC. El gobierno de Uribe, empero, perseveraba en su estrategia. En agosto de 2003 propuso medidas para aminorar las penas judiciales a los paramilitares de las AUC, que estaban pactando su desmovilización; en diciembre empezó la segunda fase del Plan Patriota y el Congreso aprobó la modificación de la Constitución. Su reforma incluye, además de lo señalado, un estado de excepción que permite al ejército registros y detenciones sin autorización de los jueces y controlar a la población mediante empadronamientos. Finalmente, en otoño, recibió un nuevo respaldo de Bush, que firmó una Directiva Presidencial de Seguridad Nacional (Acta Patriótica) relativa al país andino y consistente en asistencia y entrenamiento técnicomilitar anti-narcoterrorista y en la promoción de los Derechos Humanos y de la economía de mercado a través de la implantación del área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). 43 Transcurridos dos años de aplicación de la política de Seguridad Democrática los problemas seguían sin resolverse. Aunque los grupos armados han optado por replegarse, mantienen su capacidad militar, incluso en 2006 las FARC iniciaron una fuerte contraofensiva. La violencia se ha agravado, con más víctimas durante la presidencia Uribe que durante el mandato de Samper (1994-1998). Si bien el gobierno colombiano afirma que se han reducido algunos tipos de delitos (secuestros, homicidios), se registra un aumento de las detenciones arbitrarias y masivas, de las torturas, ejecuciones extrajudiciales y, sobre todo, de los desplazamientos. 44 Uribe ha mantenido un elevado apoyo, el mayor logrado por un presidente en la historia reciente de Colombia. Todavía en septiembre de 2008 más del 60 por ciento de la población afirma que votaría por él en una encuesta realizada para Radio Santa Fe. Hay que tener en cuenta al valorar ese dato la actual crisis económica y su efecto en la elevación de la tasa de desempleo en el país andino. Desde hace tiempo, sin embargo, esa popularidad disminuye lentamente, sobre todo desde las manifestaciones ocurridas en otoño de 2004 por los citados problemas económicos, 45 y eso que entonces no habían experimentado un agravamiento como el que padecen en estos momentos debido a la recesión internacional, por lo que el descontento social ha ido en aumento. Los enfrentamientos del presidente con la Corte de Justicia y la oposición también han seguido a un ritmo creciente, no obstante ha ganado terreno con la liberación de Ingrid Betancourt y otros golpes sufridos por la guerrilla, infringidos por el ejército o fortuitos, como el fallecimiento de Tirofijo a principios de 2008. También parece que hay un cierto cansancio personal o al menos de reconocimiento de que la política nacional necesita renovación, eso si, en los individuos, no en sus prioridades, según se desprende de unas declaraciones en la Cámara de Comercio de Bogotá: "Pienso que no debe haber perpetuación del presidente, que el país debe tener muchos líderes. Pero sí tengo que decirles, por convicción propia, a mis compatriotas, que hagamos una gran reflexión para comprometer a las personas que nos habrán de dirigir con el tema de Seguridad Democrática y con el tema de confianza inversionista [...]. El país necesita una gran fortaleza y una gran dinámica en inversión para poder resolver los problemas sociales". 46 Uribe ha conservado también el respaldo del gobierno estadounidense, aunque se desconoce cuál será la política del nuevo ocupante de la Casa Blanca, Barack Obama. No hay que olvidar, empero, que el fundamento de ese apoyo es la consideración de Colombia como un referente en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico en América 47 y así, pasado septiembre de 2004, el Congreso de Estados Unidos certificaba que el país andino cumplía los requisitos establecidos por la legislación norteamericana para recibir 32.500.000 de dólares de los 250.000.000 que se le habían concedido en ayuda militar. Ese certificado ha sido cuestionado por organizaciones como Washington Office on Latin America (WOLA) tras constatar que no 45 Hasta llegar al actual 64 por ciento, su popularidad se ha ido reduciendo lentamente. Ver "Conociendo al Presidente", Dinero.com [2004] [URL].asp, consulta octubre de 2008), la noticia recogida en la revista Semana, Santa Fe de Bogotá, 2005 (24 de febrero), y "Uribe dice que no quiere perpetuarse en el poder, pero persiste apoyo popular a la reelección" [septiembre de 2008] [URL], consulta octubre de 2008). 46 "Uribe dice que no quiere". se ha producido una reducción sustancial de las violaciones de los Derechos Humanos. El propio Bush ratificó luego la ayuda en una visita a Santa Fe de Bogotá en noviembre de 2004, la primera de su segundo mandato, y prometió además avanzar en las negociaciones para constituir el Tratado de Libre Comercio (TLC). 48 También hay influyentes voces en Estados Unidos desde hace tiempo, no obstante lo dicho, que sobre todo tras las dificultades presentadas en la eufemísticamente llamada postguerra de Irak, abogan por mantener una postura más multilateralista en las relaciones exteriores y por la búsqueda de apoyos en Europa. La Administración norteamericana ha escuchado esas voces, sobre todo en lo referente al acercamiento a los aliados del Viejo Continente, y se esperan pasos más decididos en ambos sentidos por parte del nuevo presidente Obama. La posición de la UE hacia Colombia se ha reforzado por esas razones, tras la victoria electoral del Partido Socialista en España en 2004, repetida cuatro años después, que defiende un ideario más europeista que su antecesor, el Partido Popular, y dos de cuyas primeras decisiones de gobierno fueron la retirada de las tropas españolas de Irak y la suspensión de la entrega de armas a Colombia que acordara el Consejo de Ministros anterior, aunque manteniendo la cooperación en materia de defensa. La ONU, por otra parte, ha visto limitada la autonomía de sus representantes en la nación sudamericana desde que en 2005 concluyó la misión de su delegado James Lemoyne. 49 Luces y sombras, por tanto, definen el panorama de los últimos años. Se han reabierto negociaciones con el ELN, pero los acuerdos con la AUC están siendo cuestionados por el temor a una amnistía que exculpe a sus integrantes y les reconozca derechos sobre las propiedades conseguidas gracias a la violencia y al narcotráfico. 50 tucional declaró ilegal la reforma de la Carta Magna pretendida por Uribe, con protestas de su gobierno, pero con el respaldo de la ONU y de muchas organizaciones nacionales e internacionales. 51 Además el cerco a las FARC les ha desplazado a las fronteras, con el peligro de regionalización del conflicto, de lo que se quejaron en sucesivas ocasiones, como en las cumbres de la Comunidad Andina, los embajadores de los países vecinos. La reciente incursión del ejército colombiano en territorio de Ecuador para detener a guerrilleros ha confirmado ese temor. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que también ha expresado el mismo temor por la regionalización del conflicto, se ha comprometido en varias ocasiones a no apoyar a los grupos armados de Colombia, pero su posición real es ambigua. Se ha ofrecido como mediador y al tiempo hay sospechas de que no ha cesado su respaldo a actividades contra el gobierno del vecino país. Hechos como la violación de las fronteras ecuatorianas, con antecedentes hace unos años al denunciarse que un jefe guerrillero fue detenido por tropas colombianas en suelo venezolano, así como el avance del libre comercio en la región y los entresijos de las relaciones económicas y políticas de las diferentes naciones del área con la Unión Europea y Estados Unidos, dificultan además la débil integración andina, que de por sí progresa lentamente debido a los desequilibrios e inestabilidad socio-política. 52 Aparte de los vecinos, otros Estados de América han expresado reiteradamente sus reticencias frente a ciertas propuestas del gobierno colombiano. Así, por ejemplo, en la VI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas rechazaron la iniciativa de Uribe de crear una fuerza conjunta para combatir el narco-terrorismo y elaborar una lista de organizaciones ilegales, aunque al mismo tiempo declararon el apoyo a sus políticas. 53 En el mes de julio de 2004, durante la celebración del aniversario de la Declaración de Londres y con una nutrida representación oficial y de organizaciones sociales, empresariales y académicas, se insistió en la pertinencia de mantenerse y avanzar en sus principios. Además, ante el inicio de la desmovilización de las AUC, la Presidencia de la Unión Europea volvió a manifestar su apoyo a soluciones negociadas -no militares-al conflicto colombiano y su preocupación por los Derechos Humanos, 54 y anunció que se iniciaban los trabajos de preparación de un documento que sirviese de base para revisar la política actual, al que diversas asociaciones civiles presentaron sugerencias. 55 En respuesta a las reiteradas demandas internacionales, durante la reunión de la Mesa de Coordinación y Cooperación Internacional para Colombia, celebrada en Cartagena de Indias los días 3 y 4 de febrero de 2005, Uribe reiteró que el país sufría ataques terroristas, no un conflicto armado, y reclamó un aumento de las ayudas, que el año anterior sumaron 422.000.000 de euros, y apoyo para la desmovilización de las AUC, asegurando que habría un marco legal que impedirá su impunidad, como solicitó la Comisión Europea para comprometerse en el proceso. El objetivo de la citada reunión era evaluar el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el gobierno del país andino en la Declaración de Londres, incluidas las recomendaciones de la ONU en materia de Derechos Humanos. El Ejecutivo colombiano ofreció datos sobre la reducción de las violaciones de esos derechos y de algunos delitos, como los secuestros y homicidios. Sin embargo varias organizaciones civiles alegaron en contra en un documento que, pese a ello, la situación seguía siendo dramática, reiterando de 53 Ver Grupo de los 24 (G-24): Declaración de Londres [2003] [URL] colombiana.org/archivo/otros/c.doc, consulta octubre de 2008) y para una crítica a la misma, Washington Office on Latin America: "VI Conferencia de Ministros de Defensa: Un Paso Más en la Dirección Errada" [2004] nuevo la Declaración de Londres como precepto para la colaboración internacional en su solución. 56 Según esas organizaciones, por ejemplo, los desplazados forzosos habían aumentado en 2004 un 38,5 por ciento respecto al año anterior 57 y, en general, aunque se reconocían las mejoras referidas por el gobierno, éstas eran insuficientes para valorar el panorama como positivo. Si bien en la reunión de Cartagena la UE volvió a insistir en los términos recogidos en la Declaración de Londres sobre las condiciones para ayudar en el proceso de desmovilización de las AUC y en la solución del conflicto colombiano en general, en la declaración final se observa un cierto deslizamiento hacia la posición oficial de Uribe. Por ejemplo se eliminaron de ella términos como "conflicto" o "crisis humanitaria", que estaban en dicha declaración pero cuya aplicación a la situación del país andino ha negado reiteradamente su gobierno. 58 Respecto de las negociaciones con los paramilitares, y a pesar de las promesas del Ejecutivo colombiano, se han desarrollado sin un marco legal específico y adecuado. Su elaboración había sido uno de los compromisos de la Declaración de Londres, adquirido por Uribe y reiterado en la reunión de Cartagena, junto con la promesa de erradicar el paramilitarismo, un fenómeno fuertemente arraigado en la nación sudamericana. 59 Si descendemos al nivel de los países europeos, naciones como Holanda, España -que ha pasado recientemente del sexto al segundo lugar entre las del Viejo Continente-, Italia o Alemania están entre los diez principales socios comerciales de Colombia. A los dos primeros es donde se dirigen más exportaciones del país andino, mientras que es en Alemania y luego en España donde éste compra más. La importancia del mercado europeo en su conjunto, además, ha crecido recientemente para Colombia, incluso ha mejorado su balanza comercial con él, que hasta hace poco era deficitaria, pero que desde 2003 arroja un saldo positivo. No se ha logrado, sin embargo, su apertura en grado suficiente para exportaciones no tradicionales y con alto valor añadido. 60 Los datos anteriores y otros, como por ejemplo las más de 1.600 empresas de Colombia que realizan negocios con países de la Unión Europea en los inicios de este nuevo milenio, número que, además, ha registrado un crecimiento de más del 20 por ciento en algunos años,61 evidencian la importancia del mercado y de la política comercial y económica europeos para la nación sudamericana. A ello hay que añadir, además, su relevancia como instrumento prioritario para el fomento del desarrollo, la ayuda efectiva a erradicar la pobreza, mitigar las desigualdades y sus efectos: violencia, conflicto armado, terrorismo o narcotráfico, así como para colaborar a reemplazar los cultivos ilegales y, en fin, a sentar las bases de una paz negociada y duradera. Las relaciones comerciales y de cooperación entre la UE y Colombia, sin embargo, no siempre han sido suficientemente constantes ni coherentes con los problemas del país sudamericano. Además deben ser analizadas en el marco general de las relaciones europeas con la región andina. El 32 por ciento del valor de las mercancías enviadas a Europa por el país andino es generado por el carbón, entre un 10 y un 16 por ciento reportan el banano, el café y ferroniquel y algo más de un tres por ciento la pesca y las flores. Todos ellos son productos, por tanto, con muy poco valor añadido. DELCO-LEC: "Las relaciones comerciales UE-Colombia" [2008] [URL] ue_colombia/relaciones_economicas2.htm, consulta octubre de 2008). En 1983 la Unión Europea y la Comunidad Andina firmaron un tratado no preferencial que fue ampliado en 1993 con un Acuerdo Marco de Cooperación o acuerdo de tercera generación que, como todos los de este tipo suscritos por la UE y países de América Latina (Argentina, Chile, Uruguay, México, Paraguay, Brasil o región centroamericana), se caracteriza por la inclusión de una cláusula democrática. La legislación comunitaria estipula el derecho a suspender unilateralmente los compromisos y programas de cooperación si se produce un retroceso en el Estado de Derecho y las libertades, cláusula que sólo está ausente en el pacto firmado con el gobierno mexicano. Otra de las características de los llamados acuerdos de tercera generación es la inclusión en ellos de un compromiso evolutivo según el cual las partes signatarias pueden ampliar los ámbitos de cooperación establecidos en los convenios originarios. Finalmente definen también esa cooperación de manera avanzada, es decir, estableciendo o previendo que se complemente la asistencia tradicional -ayuda al desarrollo destinada a las naciones o a la población más pobres-, con medidas y acciones encaminadas a impulsar la colaboración económica, industrial, científico-técnica y medioambiental. 62 En octubre de 1990 el Consejo Europeo aprobó una comunicación de la Comisión de la UE por la que se destinaban 60.000.000 de euros a la cooperación económica con Colombia y la ayuda al desarrollo de ese país durante los cuatro años siguientes. Dicho comunicado no era sino el refrendo comunitario a una iniciativa presentada por el presidente de la nación andina, Virgilio Barco, que proponía hacer frente a las causas del narcotráfico en su sociedad. El respaldo que el gobierno de Bruselas daba a esa iniciativa se encuadró en el marco del Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG) al derecho de exportación sin aranceles para una serie de productos durante cuatro años, prorrogado a otros diez en 1994, y de nuevo, en diciembre de 2003, hasta 2005. 63 El SGP, otorgado no sólo a Colombia, sino a toda la Comunidad Andina, mejoró la situación previa, pero sigue siendo un régimen temporal y extraordinario y excluye productos muy importantes en las exportaciones 62 Arenal, Celestino del: "Los acuerdos de cooperación entre la Unión Europea y América Latina (1971-1997): evolución, balance y perspectivas", Revista Española de Desarrollo y Cooperación, 1, Madrid, 1997, págs. 111-138. 63 DELCOLEC: La Unión Europea y Colombia. de la región como los plátanos. En este caso específico la llamada guerra del banano terminó con un acuerdo que, sin resolverla, ofrecía más certidumbre a los productores y comerciantes. 64 Además ese sistema de preferencia fue denunciado ante la OMC por su incompatibilidad con los principios de nación más favorecida, y se obtuvo de tal organización un dictamen que consideraba que no correspondía a criterios objetivos y transparentes que permitieran a otros países en desarrollo acceder a sus beneficios. Como consecuencia de ello, y ante la necesidad de redefinir ese sistema para después de 2005, cuando concluía su prórroga, la UE comenzó a preparar otro nuevo, conocido como SPG+, compatible con las normas de la OMC, con la previsión de que alcanzase hasta 2008, pero que finalmente durará hasta 2015. 65 Actualmente están abiertas negociaciones con la Comunidad Andina para mejorar las relaciones de esa región con la UE en el marco proporcionado por el SGP+. Las partes comenzaron a hablar en 2006 y en 2008 se acaba de celebrar una tercera reunión al respecto. El objetivo es que la consolidación del sistema vigente permita pasar de un régimen unilateral y temporal a otro bilateral, más estable y duradero, corrija las asimetrías existentes y abra nuevos espacios de mercado y para las inversiones. 66 Europa pretende también con ello consolidar su papel en estas últimas. Colombia concretamente es el quinto mayor receptor de esas inversiones directas del Viejo Continente en América Latina. 67 En la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno Europeos y Latinoamericanos celebrada en Madrid en mayo de 2002, la UE reafirmó su voluntad de establecer convenios de Asociación Estratégica con los países del otro lado del Atlántico. En la práctica, además, era a los de las regiones andina y centroamericana a quienes iban a ir dirigidos esos acuerdos, pero sus representantes no lograron que en las conclusiones de la reunión se 64 Ver Declaración (2002). 65 DELCOLEC: "Las relaciones comerciales". Los sectores que reciben principalmente esos recursos son el petrolero (28 por ciento), otras actividades mineras (28 por ciento también), y las comunicaciones y servicios, DELCOLEC: "Las relaciones comerciales". incluyesen compromisos para establecer un área franca de comercio y apenas se consiguió avanzar en el problema del libre intercambio de productos, supeditando el tema, como suele ser costumbre, a la finalización de la ronda de la OMC y a la reforma de la Política Agraria Común. 68 Las perspectivas de unas relaciones mercantiles más abiertas, por tanto, no eran nada halagüeñas. En la cumbre de mayo de 2004 entre la Unión Europea y América Latina, celebrada en Guadalajara, la posibilidad de que la primera iniciase nuevas negociaciones con la Comunidad Andina se supeditaron, de nuevo, a los avances en la integración de la región y a la conclusión de la ronda de la OMC, que al fin sucedió en diciembre de ese año, pero con compromisos sobre liberalización comercial muy limitados por la escasa reforma de la Política Agraria Común. La reunión de Guadalajara, por otra parte, reafirmó la voluntad multilateralista de las partes y su apoyo a las soluciones negociadas de los conflictos, aunque omitiendo hacer mención expresa a Colombia en las conclusiones finales por presiones de su gobierno, que declaró su esperanza en que Europa redujese sus presiones contra las políticas puestas en marcha, aumentase su ayuda y la subordinase a la estrategia de seguridad del presidente Uribe. Además la concentración de los recursos de la UE en su estrategia de ampliación y de reforzar la política de buena vecindad con sus países fronterizos, aumentó el temor a que los de América Latina perdiesen aún más posiciones entre las prioridades de la política exterior comunitaria. 69 En el ámbito de la cooperación para el desarrollo, el Acuerdo sobre Cooperación y Diálogo Político firmado en 2003 entre los representantes europeos y los de la Comunidad Andina, y que sustituía al anterior Acuerdo Marco Regional sobre Cooperación de 1993, rige las relaciones con los países de esa región sudamericana. En el caso concreto de Colombia, aunque está sujeto a lo suscrito en dicho convenio, existe también un documento guía, Estrategia-país 2002Estrategia-país -2006, 70, 70 que fue modificado para extenderse al período 2015. Dicha cooperación se destina a tres objetivos fundamentales: el apoyo a los procesos de paz, a las estrategias 68 Ver Romero Rodríguez, José J.: Los efectos de la Política Agraria Europea. Un análisis crítico, Desclee de Brouwer e Interpón, Bilbao, 2002; Sanahuja, "Paz, democracia", págs. 33-37 que permitan enfrentar las causas del conflicto y a socorrer a sus víctimas. 71 Hasta 1984 Colombia no se había beneficiado prácticamente de la ayuda europea. La UE, sumando la aportación común y la de sus países miembros, proporciona a la nación andina más de la mitad del dinero oficial que ingresa destinado a cooperación para el desarrollo. En los últimos años España se ha convertido en el Estado que más aporta. 72 El referido documento Estrategia-país 2007-2013, que programa ayudas de la UE para terceros países, asigna a Colombia en los años en que estará en vigor 160.000.000 de euros y prioriza que se destinen a mejorar la productividad y competitividad de su economía y su comercio, el desarrollo alternativo y sostenible, la paz y estabilidad socio-política y la promoción del Estado de Derecho, los Derechos Humanos y la justicia. 73 Las cifras anteriores significan que la UE es el primer donante internacional de ayuda al desarrollo para Colombia, pero también que los recursos asignados son insuficientes. Aparte de aumentar su cuantía, han de enfocarse aún más a fomentar los Derechos Humanos y democráticos, a aminorar las desigualdades sociales y la pobreza, a incentivar la construcción de la Comunidad Andina, sobre todo avanzando en la negociación de un Acuerdo de Asociación Estratégica y en la liberalización del comercio. Hasta hace unos años la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) europea se dirigía hacia la educación y la cultura, el fortalecimiento institucional, el desarrollo social y económico y el medio ambiente. Últimamente, como consecuencia de la agudización del conflicto armado, se presta especial atención a socorrer a la población víctima de los desplazamientos internos que éste provoca y la lucha contra sus causas, manteniendo el objetivo prioritario de la defensa de los Derechos Humanos. 74 Un aspecto importante de la cooperación europea en el país andino, y que representa una diferencia sustancial respecto de la de Estados Unidos, es que ha mantenido su independencia y alejamiento del Plan Colombia al centrarse en contribuir a superar las causas del conflicto y sus efectos sobre la población. Así, por ejemplo, en la tercera reunión del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz, celebrada en Bruselas el 30 0de abril de 2000, la UE presentó un paquete de ayudas a dicho proceso de aproximadamente 330.000.000 de euros. La ayuda de la UE a Colombia, además, se canaliza a través de programas de cooperación bilateral entre los países comunitarios y el gobierno del país andino, de los acuerdos entre él y la Comisión Europea y de las aportaciones a organismos multilaterales para realizar acciones concretas en la nación sudamericana, a las iniciativas y actividades de las ONG y a los proyectos de cooperación descentralizada. 75 Un ejemplo de lo que decimos es la cooperación ejecutada desde la Comisión Europea, que tiene como mecanismos acciones programables y no programables. Entre las primeras, tanto financieras y técnicas como económicas, se inscriben los Laboratorios de Paz, cuyos objetivos son apoyar sobre el terreno la ejecución de los acuerdos entre las partes en conflicto, construir zonas de coexistencia reforzando las instituciones locales y a los actores civiles comprometidos, y el fortalecer el desarrollo económicosocial alternativo y autosostenible. 76 Hay laboratorios en el Magdalena medio, el oriente de Antioquia, el norte de Santander o el Macizo Colombiano-Alto Patía (Nariño y Cauca). Entre las acciones no programables destacan los proyectos destinados a socorrer a los desplazados. En marzo de 2005 se aprobó un plan global de asistencia para ellos. ECHO canaliza esas ayudas que ascienden a 12.000.000 de euros y priorizan la atención a situaciones de emergencia, a la mejora del nivel de vida de las víctimas y a apoyarles para que regresen a sus lugares de procedencia. Además da prioridad a los niños y a tratar de evitar que sean reclutados por los grupos armados, así como a la coordinación entre las agencias humanitarias nacionales e internacionales, y a los 70.000 refugiados colombianos que se calcula hay en Ecuador y Venezuela. 76 Los objetivos de los laboratorios fueron expuestos a la sociedad colombiana y a la comunidad internacional por el ex-comisionado de relaciones internacionales de la UE: Patten, Christopher: Colombia: un compromiso internacional para la paz, SPEECH, Bruselas En las Conclusiones del Consejo Europeo de enero de 2004, reiteradas en diciembre del mismo año, la UE volvió a mostrar sus disposición a promover una estrategia global de paz en Colombia. Esas intenciones deberían ir acompañadas de una política decidida a afrontar los problemas socio-estructurales que aquejan al país y que son los causantes del conflicto armado, la violencia en general y un caldo de cultivo idóneo para el narcotráfico. Una política, por tanto, global y dirigida a solucionar una situación extremadamente compleja y en la que intervienen múltiples factores de manera interrelacionada. Una política, a su vez, diferenciada de la que plantea el gobierno de Estados Unidos, aunque al mismo tiempo complementaria y en diálogo y cooperación con ella, pues además puede aportarle salida a los inconvenientes que ha generado su posición unilateralista y beligerante en los últimos años. Tal cooperación y diálogo, por supuesto, debe seguir extendiéndose -en este caso se trata de una práctica mucho más común y sencilla-a los principales organismos internacionales (ONU, OMC), a las ONG y a la sociedad civil en su conjunto. Una propuesta así resolvería a la vez problemas que afectan a terceros países y a los europeos -la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo-y ayudaría a consolidar la política exterior y de cooperación común, con el consiguiente efecto positivo que ello tendría en el proceso de construcción de la UE y en el reforzamiento de su proyección e influencia mundial. El caso colombiano, por la gravedad y duración de sus problemas, la especial combinación de factores que los explican y sus múltiples implicaciones, que además rebasan lo local y lo regional -trasnacionalización del conflicto, narcotráfico-, ha sido objeto de atención especial por parte de la UE, pero también de diferencias en su seno acerca de las estrategias que debían seguirse y de su actualización y redefinición de acuerdo con los acontecimientos y con la actitud de los aliados, especialmente de Estados Unidos. Tales problemas, sin embargo, son inherentes a las dificultades de un proyecto de integración y construcción como el europeo, todavía no solamente incipiente, a pesar de sus avances, sino además en expansión (ampliación) a nuevos países. La definición de un ideario común en la política exterior de la UE, a pesar de las dificultades con que tropieza al contrastar con los propios de los Estados miembros y también con sus actuaciones, ha logrado avances sus-tanciales. Siempre es posible observarlos desde el ángulo opuesto, es decir, enfatizando sus carencias y dolencias, pero es tan poco común como necesario y, sobre todo, coherente con las circunstancias de la construcción europea, insistir en las fortalezas. Aunque sólo sea por eso las destacamos aquí. En los términos descritos, el mantenimiento de una posición europea que fomente el diálogo y los Derechos Humanos y democráticos, basada en un diagnóstico que considera profundas y complejas las causas de los problemas colombianos (desigualdad y pobreza) y sus manifestaciones y problemas asociados (violencia, narcotráfico), debe considerarse un síntoma de consistencia y no sólo de debilidad. Ha subsistido, además, a acontecimientos como el 11-S y a las presiones de Estados Unidos 78 y de algunos socios comunitarios, como Gran Bretaña o España. El caso español es especialmente significativo, pues pone de relieve que las disensiones europeas radican en ocasiones en las propias discrepancias internas de la clase política de los países. Así, mientras el Partido Popular ejerció el gobierno en Madrid, se prefirió la alineación con las posiciones unilateralistas y militaristas defendidas por la Administración republicana norteamericana, pero al ganar el Partido Socialista las elecciones de 2004, se retornó a posturas sostenidas por otros socios de la UE, Francia y Alemania particularmente, más coherentes con la tradición nacional y conformes al referido ideario europeo, según se ha expresado en sus distintas declaraciones oficiales y consensuadas a lo largo del tiempo. Desde el punto de vista enunciado el principal problema, frente a lo que sostienen una mayoría de los análisis, excesivamente centrados en los aspectos puramente políticos, 79 son los soportes económicos y legales de la posición de la UE, más que su ideario y las disensiones en torno al mismo. 78 Por ejemplo en las conclusiones de una audiencia en el Subcomité para el Hemisferio Occidental del Congreso de Estados Unidos sobre el papel de la UE en Colombia, celebrada en noviembre de 2004, la mayoría republicana del Parlamento norteamericano reconocía la preocupación europea por la situación en el país andino y su ayuda para resolver los problemas, pero al mismo tiempo cuestionaba la debilidad de su compromiso en la lucha contra el narcoterrorismo. Ver Center for International Policy: Colombian programm [2004] [URL], consulta octubre de 2008), y "Ayuda a Colombia -el papel europeo en la lucha contra el narcoterrorismo. Audiencia en el Congreso de Estados Unidos (18 de noviembre de 2004)", en CIP-FUHEM: Boletín Electrónico, 2 del Proyecto Europa y Colombia: Diplomacia y Sociedad Civil, Madrid [2004] [URL], consulta octubre de 2008), pág. 2. En primer lugar es preciso un notable incremento de la cooperación europea y en particular de la destinada a facilitar una salida negociada y pacífica al conflicto. Los recursos dedicados hasta ahora son insuficientes y han impedido que los proyectos de Laboratorios de Paz, auxilio humanitario, lucha contra la desigualdad y la pobreza, promoción de la sociedad civil, reforma institucional y actividades productivas sostenibles y sustitutivas de los cultivos ilegales, hayan dado frutos rápidos y consistentes con los que probar y defender su idoneidad frente a las soluciones militares y los programas de fumigación. Las cantidades asignadas deberían aumentar sustancialmente sólo para aproximarse a las aportadas por Estados Unidos, más concentradas en la financiación del Plan Patriota. 80 En la lucha contra una de las lacras que afectan de forma dramática a las sociedades europeas, como el narcotráfico, la UE debería incentivar medidas dirigidas a fomentar el desarrollo alternativo, conjuntamente con acuerdos que faciliten la entrada de más productos colombianos y con más valor añadido en el mercado europeo. En necesario también establecer requisitos más precisos en la condicionalidad de las ayudas que impidan discusiones continuas acerca de si son o no adecuadas y suficientes las medidas de determinados gobiernos en la protección y salvaguarda de los Derechos Humanos y democráticos. Así se evitarían algunas de las disensiones en el seno de la UE, como las manifestadas en torno al contenido social de los planes Colombia y Patriota o a las declaraciones de Uribe respecto al cumplimiento de los compromisos de su gobierno con esos derechos. Por ejemplo la exigencia de que éste retire la reserva al Estatuto de la Corte Penal Internacional, acate la resolución del Tribunal Constitucional colombiano que anula su reforma constitucional, cumpla los preceptos de la Declaración de Londres, que firmó, las recomendaciones de la ONU incluidas en ella, y consensúe con los organismos nacionales e internacionales competentes el marco legal para la desmovilización de las AUC. En este aspecto la UE debe incidir en la exigencia de una legislación que garantice el derecho de las víctimas del conflicto a la conocer la verdad y a obtener justicia y reparación razonable, y por lo que el Ejecutivo colombiano garantizó que velaría en la Declaración de Cartagena. Cumplir el requisito anterior evitaría que, por falta de una definición clara, gobiernos como el del Partido Popular en España apoyasen en su 80 Banco Interamericano de Desarrollo: Colombia. Informe sobre Coordinación. momento el Plan Patriota colombiano, incluso justificasen el envío de ayuda militar argumentando que sus contenidos sociales lo merecían. En ese sentido sería necesario por parte de la UE el desarrollo de esos aspectos en su nunca concluido tratado constitucional por problemas en su aprobación, sancionando el código de conducta seguido hasta ahora y estableciendo luego protocolos claros de actuación. Por último, y se ha dejado para acabar por ser lo más importante, mantener una política exterior creíble de ayuda al desarrollo requiere desbloquear urgentemente y mediante un compromiso duradero las negociaciones en la OMC en materia de liberalización del comercio y apertura de los mercados de los países más ricos. Una política con esas prioridades se debería acompañar, además, de medidas de capacitación técnico-económica, promoción de la producción sostenible, respeto al medio-ambiente y fomento de la educación, la ciencia y la investigación, que hasta ahora han sido también insuficientes y, sobre todo, se han dotado de presupuestos muy escasos. El conflicto colombiano, en suma, se presenta como una oportunidad para el desarrollo de una auténtica política exterior europea. En la UE, y en particular en los asuntos referidos a América Latina, España ejerce un papel importante que no se debe minusvalorar. Un papel, por cierto, reconocido por sus socios comunitarios. En otras palabras, las aportaciones procedentes de ese país sobre los problemas latinoamericanos tienen un peso considerable en las decisiones que emanan del consenso de dichos socios. Por esa razón desde el gobierno, sin olvidar que su obligación es representar a todos los ciudadanos, se debería ofrecer un discurso firme y consecuente -acompañado de hechos en el mismo sentido-con la solución pacífica del referido conflicto y sin caer más en la tentación de asumir discursos y posiciones de otros de manera acrítica, aunque buscando recompensa, sobre todo si éstas se han mostrado ineficaces y hasta contraproducentes.
El presente libro tiene su origen en los diversos debates académicos y científicos suscitados durante el debido a la oposición ejercida por Madrid y Sevilla. El último trabajo de este apartado pertenece a Palmira Vélez ("El americanismo aragonés en la Restauración: los intentos de trascender la identidad regional") y en el mismo se examina la actividad americanista en Aragón, que se desarrollaría de manera casi exclusiva en el ámbito académico, y del asociacionismo aragonés en América. La sección segunda concentra los diversos proyectos americanistas basados en las relaciones culturales. El trabajo de Gustavo H. Prado ("Oviedo y La Plata. El diálogo entre reformismo liberal español y argentino en torno a la problemática hispano-americanista") se concentra en la relación sostenida entre la Universidad de Oviedo y la Universidad Nacional de La Plata, en el contexto del viaje de Rafael Altamira a América y sus consecuencias en la creación de vínculos culturales de larga duración. Por otra parte, Pilar Cagiao Vila ("Los intelectuales argentinos y la Biblioteca América de la Universidad de Santiago de Compostela, 1904Compostela, -1936") ") explora la contribución y la motivación de los intelectuales argentinos para colaborar en un proyecto articulado. Ambos trabajos, aunque desde miradas distintas, abordan la relación intelectual entre España y Argentina. Los trabajos de John O'Neil ("Archer M. Huntington, la Hispanic Society of America y sus fondos americanistas") y Nancy Pérez Rey ("Relaciones culturales y americanismo: la Hispanic Society of America y la Biblioteca América de la USC, 1904USC, -1936") ") se abocan, también desde perspectivas diferentes, al estudio de esta conocida institución cultural neoyorquina y además al de varias universidades estadounidenses que se han dedicado al fomento del hispanismo. El primero puntualiza el proceso de creación y las principales colecciones sobre temática americanista, mientras que la segunda estudia la relación de la HSA con la Biblioteca de América de Galicia. María Presas Beneyto ("Pensamiento e ideología de José Vasconcelos: su participación en proyectos bibliográficos americanistas") aborda la figura de uno de los principales responsables de la intensificación de las relaciones hispanoamericanas, el político mexicano José Vasconcelos, junto a su ardua actividad intelectual en el ámbito cultural. Del mismo modo, se exponen los emprendimientos literarios e intelectuales de Fernando Ortiz quien, aún siendo crítico de algunos postulados de los hispanoamericanistas de la época, concibió y fomentó las relaciones culturales de Cuba con otros países de América y con España, y en particular con los exiliados de la Guerra Civil. Todo ello plasmado en la contribución de Carmen Barcia Zequeira, titulada "La Hispano Cubana de Cultura. Una institución de su tiempo". Los dos últimos estudios de esta sección se refieren a las experiencias americanistas desarrolladas en Bolivia y Uruguay y son abordadas, respectivamente, por Fernando Vázquez Zambrano ("La Biblioteca Vázquez Machicado de La Paz, Bolivia") y Carlos Zubillaga Barrera ("Una reafirmación de identidad: el destino de la Biblioteca Americanista de Horacio Arredondo, de Montevideo"). Ambos hacen una revisión de bibliotecas especializadas: mientras Vázquez Zambrano recorre la ardua vida de los hermanos José y Humberto Vázquez Machicado y sus esfuerzos para crear una completa biblioteca, Zubillaga Barrera presenta la vida de Horacio Arredondo, intelectual de tenaz labor, que ofreciera enajenar su vasta biblioteca a favor de la Universidad de la República de Uruguay. En ambos casos, estos mentores no se limitaron al mero coleccionismo sino a impulsar y profundizar el conocimiento. El apartado final ofrece tres trabajos, de los cuales los dos primeros corresponden a Casilda Martín Montalvo. En "La Biblioteca Hispánica de la Agencia Española de Cooperación Internacional" analiza el mayor fondo bibliográfico estatal, en la temática americana, cuya finalidad consiste en conservar y fomentar la herencia hispánica en los países de América y Filipinas. Luego, en "La Red Europea de Información sobre América Latina-REDIAL", revisa cuáles son las posibilidades para la investigación americanista con la aplicación de las nuevas tecnologías. El último trabajo pertenece a Ignacio González Casasnovas ("Fundación Mapfre. Proyectos editoriales y otros recursos de investigación en torno al Bicentenario de las independencias latinoamericanas"). Aquí se revisan las diferentes iniciativas con vistas a las conmemoraciones del proceso independentista y la promulgación de la Constitución de 1812, que viene realizando la Fundación. El libro en cuestión contiene numerosos trabajos, todos ellos de sugerente utilidad en la temática americanista. Sin embargo, es menester señalar las contribuciones significativas que se presentan en las dos primeras secciones. En ellas los compiladores han exhibido estudios que hacen hincapié en las relaciones entre las diferentes instituciones que fomentaron el americanismo, además de ofrecer un exhaustivo recorrido por la tenaz labor de diversos intelectuales, como el descrito por María Presas Beneyto sobre la figura de José Vanconcelos, importante en la difusión de las rela-ciones culturales que fomentaran los lazos del americanismo. Por otra parte, el buen tino de Cagiao Vila y Rey Tristán permite al interlocutor el acercamiento a una pluralidad de trabajos que dan cuenta, a partir de los múltiples estudios de casos, de la compleja realidad sociohistórica en la que estaban inmersas las instituciones y los grandes ilustres difusores del americanismo. Finalmente, la minuciosa referencia bibliográfica ofrece una valiosa herramienta informativa, poniendo a disposición un repertorio sustancial para aquel investigador que pretenda aproximarse a alguna de las infinitas dimensiones de la temática americanista.-FEDERICO AMARILLA, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Castillero Calvo, Alfredo: Sociedad, economía y cultura material: historia urbana de Panamá La Vieja. Presentación del Patronato Panamá Viejo, prólogo de Guillermo Céspedes del Castillo. Imprenta Alloni, Panamá, 2006, 1.100 págs., índice general, ilustraciones a color, apéndices y bibliografía. La historia urbana y la arquitectura colonial son temas a los que Alfredo Castillero viene prestando su atención desde la década de 1970 y a ellos ha dedicado numerosas publicaciones, entre las que destacan La vivienda colonial en Panamá. En cierto sentido, esta historia de Panamá La Vieja podría considerarse una continuación y, al mismo tiempo, la culminación de aquellos estudios centrados en la configuración urbana de la capital del Istmo en sus sucesivos emplazamientos. Pero, en realidad, esta obra se nutre de todo el bagaje acumulado por el profesor Castillero a lo largo de su dilatada trayectoria investigadora y ofrece mucho más de lo que parece sugerir el subtítulo Historia urbana de Panamá La Vieja. Su enfoque tiene la vocación multidisciplinar de la urban history, de manera que el contenido no se limita a una historia de la ciudad como fenómeno arquitectónico o urbanístico. En efecto, Panamá es el objeto de análisis, pero la ciudad es observada no sólo inscrita en su perímetro, sino como bisagra que articulaba las rutas de la Carrera y capital de la vida administrativa, económica, social, religiosa y cultural de la Tierra Firme. De ahí, para el autor, la necesidad de incorporar el mayor número de aspectos a fin de asimilar globalmente su significado histórico. Asimismo, el tratamiento de algunos temas sobrepasa los límites cronológicos de 1519, año de la fundación, y 1671, año de su destrucción por Morgan, extendiéndose hasta bien entrado el siglo XVIII para cubrir aquellos fenómenos cuya comprensión requiere una visión desde la larga duración. La obra se estructura en veintiún capítulos, convenientemente divididos en epígrafes. Tras un prólogo de Céspedes del Castillo, en el que se contextualiza el caso de Panamá en el proceso de conquista del Caribe, el autor comienza su exposición rastreando los antecedentes europeos y propiamente castellanos del patrón urbanístico reticular. Revisa también las interpretaciones a que ha dado lugar en la historiografía y analiza el papel de la ciudad como escenario predominante y herramienta esencial de la colonización española de las Indias. A continuación, se relata la fundación de Panamá en el ambiente de dificultades propias de los primeros años de asentamiento, agravadas por los enfrentamientos que protagonizaron Pedrarias Dávila y Gonzalo Fernández de Oviedo y por la resistencia de los vecinos de Santa María de Antigua al traslado de la capital de la Tierra Firme desde el Darién a la costa pacífica, por miedo a perder sus propiedades y privilegios. Las fuentes esenciales de este relato son las crónicas de Las Casas, Herrera y el mismo Oviedo, pero, desde un nivel de análisis más amplio, se presenta como un punto de inflexión en el proceso de colonización de la región que provocó la reestructuración de la organización del territorio y la reasignación de funciones a las poblaciones ya fundadas. La situación de Panamá en el litoral occidental determinó que Santa María de la Antigua cediera su posición a Cartagena como puerto y bastión militar y, finalmente, fuese abandonada, al igual que Acla. Nombre de Dios se definió como la contraparte de la nueva capital en el eje transoceánico al acoger el puerto terminal de las flotas, luego mudado a Portobelo. Las fundaciones de Natá y Fonseca reforzaron esa orientación hacia el oeste y hacia el sur de los vectores de colonización que impuso el programa de fundaciones de Pedrarias y, con ello, se sentaron las bases de la expansión hacia Sudamérica y la lejana Asia, al tiempo que se condicionaba ab initio la función transitista del Istmo, característica estructural de la historia panameña desde aquel momento. No obstante, la ubicación concreta, el sitio en el que se fundó originalmente la ciudad tampoco fue definitivo, trasladándose, antes de 1526, al lugar que ocupan las ruinas de Panamá La Vieja, como se aclara en el capítulo cuarto. En él también se disipan algunas de las confusiones y vaguedades que la historiografía tradicional ha transmitido acerca de cuestiones tan básicas como la fecha concreta de la fundación, la etimología de la palabra Panamá y la advocación de la sede catedralicia a Nuestra Señora de la Asunción, que dio nombre completo a la ciudad. Paralelamente, se aborda cómo conservaron los vecinos la noticia de su propio pasado, cómo se percibían a sí mismos históricamente y, en definitiva, cómo se gestó la memoria histórica de la comunidad ciudadana como parte esencial de su mentalidad colectiva. La descripción de las características físicas del emplazamiento definitivo de la vieja Panamá, de sus infraestructuras urbanas y periurbanas y de sus problemáticas instalaciones portuarias nos introduce en la vinculación de la ciudad con su hinterland. Se exponen los recursos económicos y el potencial de la región para la producción de bienes de consumo, cuestiones sobre las que volverá más adelante al definir la evolución de los patrones alimentarios y precisar las particularidades de la dieta diaria, analizada, incluso, en términos de calorías ingeridas por día. Pero también se presentan las dificultades de la ciudad para abastecerse de bienes de primera necesidad y cómo ello amenazó la calidad de vida y la propia subsistencia de los panameños a lo largo de todo el periodo colonial. De esta forma, el profesor Castillero establece la relación entre el espacio en el que tuvo lugar el desarrollo histórico de Panamá La Vieja y las formas que adoptó la vida cotidiana de sus habitantes. En los capítulos siguientes, va profundizando en su análisis de los fundamentos materiales de la sociedad panameña de los siglos XVI y XVII, al tiempo que la imagen de la ciudad se va concretando a medida que desciende la escala de observación. En esta viva reconstrucción del escenario de la vida, cada elemento es descrito con la máxima precisión que permiten las fuentes empleadas por el autor, que son, prácticamente, todas las disponibles. Se detallan extensamente los diferentes proyectos de fortificación de la ciudad, pormenorizando los acuerdos de las juntas que los elaboraron y las actuaciones e informes de los ingenieros que llegaron a ejecutarlos, tema virtualmente inédito y trabajado esencialmente a partir de documentación del Archivo General de Indias. Como a lo largo de toda la obra, la exposición contextualiza los aspectos concretos en los temas generales en que se integran, de forma que el estudio del sistema urbano de defensas no se limita a una mera descripción de las estructuras constructi-vas -insuficientes, por otra parte-, sino que abarca tanto la noción poliorcética de la época, como las dotaciones militares de tropa regular y milicia urbana organizadas a tal fin, o las diferentes amenazas enemigas que hicieron peligrar este emporio del Imperio español en las sucesivas coyunturas políticas internacionales. Sobre el plano de la traza de la ciudad, toman nombre las principales calles y, sobre las cuadrículas que componen el parcelario, forma y color las aceras, las plazas y los edificios civiles, estudiados también en detalle y en cuya descripción Castillero pasa de los pormenores de presupuesto y materiales de obra a su función ideológica, al analizar la imagen que proyectaban como símbolo y representación del poder real. Hay que resaltar por su originalidad la interpretación que hace para describir el caserío de Panamá de los conocidos grabados del ataque de Morgan incluidos en las diferentes ediciones de la obra de Exquemeling, cuyas reproducciones ampliadas se insertan al final de la obra, junto a otras ilustraciones y fotografías a color. En esas perspectivas de la ciudad, se observa claramente que los edificios religiosos constituían, como en el resto de capitales hispanoamericanas, el elemento más destacado del paisaje urbano, dominado en la vieja Panamá por la catedral, los siete grandes conventos y las dos ermitas del extrarradio. Un capítulo repasa las características arquitectónicas de todas esas construcciones religiosas y destaca su papel dinamizador de la economía ciudadana, aunque el estudio de la Iglesia como institución y su proyección en la sociedad se abordan más adelante en un apartado independiente. El capítulo que el autor dedica a la casa particular reproduce en parte lo ya publicado en La vivienda colonial en Panamá, lo cual se justifica para dar al libro autonomía y coherencia propia. Se ofrecen, además, novedades que complementan aquellas anteriores aportaciones al tema de la arqueología urbana, como la identificación de las ruinas de El Taller o el descubrimiento de la casa Terrín-Franco, que anticipa en medio siglo la definición del arquetipo de vivienda de la elite colonial, señalado hasta ahora por la casa Alarcón. Pero la arquitectura no se observa sólo desde fuera. De hecho, buena parte de la obra, y una de las más destacables, está dedicada a reconstruir el universo de artefactos en el que se materializaba la vida cotidiana. Así, las fachadas y portales de los edificios dan paso al lector al interior mismo de las viviendas, donde el ambiente se puebla de objetos identificados no ya a partir de evidencias físicas, sino mediante la exégesis de fuentes documentales. Por ejemplo, los inventarios levantados en las visitas generales sirven para describir con gran realismo la atmósfera de las casas reales, desde los doseles y bancos que amueblaban los estrados de la Audiencia a los grillos y cepos con que se encadenaba a los presos en sus calabozos. Cuentas de almojarifazgo, testamentos, relaciones de embargo e inventarios de remates y dotes conforman el acervo escrito de donde mana toda ese caudal de cosas con que el profesor Castillero amuebla y anima las ruinas de Panamá La Vieja, dando vida y sentido a la imagen vacía e inerte que hasta ahora había proporcionado la historiografía tradicional. El panorama que ofrece esta obra, sólidamente documentada y rigurosamente concebida, es el de una ciudad vibrante, cuyas elites se acostumbraron a un consumo de artículos suntuarios similar al de las capitales virreinales. Pese a no sobrepasar nunca la cifra de 7.500 habitantes, llegó a tener siete talleres de platería. Las grandes casas reunían ajuares con cerámicas de China, México y Europa, en sus paredes colgaban cuadros de afamados pintores y guardaban abundantes y variadas bibliotecas. En sus iglesias no faltaban retablos e imágenes de tallistas sevillanos. Por sus calles empedradas paseaban individuos vestidos con lujosas telas y adornados con exquisitas joyas y llegó a circular hasta una treintena de carruajes. Algunos de esos objetos procedían del activo comercio, pero otros habían salido de los talleres locales, pues, además de orfebres, Panamá contaba con artesanos del tejido, la madera, la cera, el hierro y el cuero. Junto a todos esos artesanos y a los funcionarios de alto rango que ejercían sus empleos en la Audiencia y en la Caja Real, la población de Panamá La Vieja, compleja y estratificada, llegó a reunir decenas de abogados, médicos y cirujanos, músicos, artistas y un representativo grupo de poetas, así como numerosos graduados en universidades españolas y americanas -algunos, autores de obras de doctrina jurídica de cierto prestigio-, aunque, sobre todas las actividades profesionales desempeñadas en la ciudad, destacaba el comercio. A este tema se dedican varios capítulos, comenzando por el que describe de forma integral todos y cada uno de los elementos de la estructura comercial en la que se inscribía Panamá como pieza fundamental. El régimen de vientos y corrientes, los tipos y el tonelaje de los navíos, la descripción de las rutas, con sus puertos de origen, escala y destino, la duración media de los trayectos, la incertidumbre de los riesgos naturales, la corrupción administrativa, el peligro de piratas y corsarios, el volumen de circulación de plata y los costos que implicaba el propio transporte conforma-ron lo que se define como las reglas de hierro de la navegación y del sistema de monopolio basado en las ferias y las flotas. Muchos de esos aspectos son tratados con una metodología cuantitativa clásica, aportando cuadros y gráficos al estilo de Chaunu, algunos de los cuales ya habían sido publicados en la Historia General de Panamá, obra dirigida por Castillero y cuyo primer volumen, en dos tomos, fue escrito en su mayor parte también por él, y de cuya fuente bebe el presente libro en éste y en otros acápites. Pero la funcionalidad comercial de la ciudad también se explica tratando de aportar otro enfoque que enriquece la perspectiva tradicional de la Carrera de Indias, destacando el papel de Panamá en el binomio que formaba con Portobelo. Esta interpretación se fundamenta en el intenso comercio transístmico -fluvial y terrestre-y en la activa participación de los mercaderes panameños en la negociación de las ferias, estimada en un 10%. Aparte de los intercambios que tenían lugar a través del eje Cartagena-Portobelo-Panamá-Lima, la ciudad también era el centro de un constante comercio de radio regional, que se extendía principalmente hacia la ruta del Pacífico y que tenía su razón de ser en la secular dependencia para satisfacer sus necesidades de abastecimiento alimenticio y su fuerte y variada demanda de manufacturas. Más allá de las estructuras y coyunturas económicas, Castillero se interesa por la composición social del comercio, por lo que dos capítulos se centran en definir el arquetipo del hombre dedicado al trato mercantil como transportista, almacenista, comerciante a la gruesa, agente de casas extranjeras o simple tendero, así como el de la mujer implicada en el mundo de los negocios como prestamista, ganadera, propietaria de minas, recuas, barcos, ventas y fincas urbanas. Para ello, siguiendo la metodología prosopográfica propuesta por Lawrence Stone, reconstruye y narra una multitud de pequeñas biografías de personajes ignorados hasta el momento, trascendiendo de la diversidad y hallando los rasgos comunes colectivos, otra de las grandes aportaciones de esta obra. Empeñado en diseñar el perfil de la elite, el rango de estudio sobrepasa el límite sociológico del comercio y aplica el mismo método a individuos de otros sectores, como el funcionariado, la milicia o el clero, aunque muchos de ellos también practicaran simultáneamente otras actividades económicas para diversificar sus intereses y complementar sus rentas. Se biografían asimismo algunos casos de mulatos destacados, que, aunque no eran representativos de su estamento, personifican la expansión demográfica de un grupo que poco a poco fue conquistando espacios de movilidad social ascendente. Este acercamiento microhistórico permite al autor penetrar en la intimidad de los protagonistas de la historia, recordados o anónimos, al igual que penetra también en el detalle de las cosas que les rodeaban, retratando a la urbe como personaje de un gran cuadro de pincelada minuciosa, siguiendo, como pretende, el modelo de descripción densa de Clifford Geertz. No obstante, la elite también es analizada de forma colectiva, prestando especial atención a sus mecanismos para establecer lazos y a sus estrategias para adquirir y conservar el poder. Queda patente que el peso de los principales grupos familiares estaba determinado por su mayor o menor vinculación a las autoridades de gobierno de la Audiencia, cuyo funcionamiento orgánico, junto al del Cabido, es también objeto de un capítulo. De forma dinámica y diacrónica, esa elite se muestra como un colectivo en transformación. A mediados del siglo XVII se aprecia un relevo de sus grupos integrantes, en el que los viejos apellidos dieron paso a nuevas familias que coparon los escaños capitulares, la oficialidad de las compañías de milicias y las prebendas de la catedral. Estos cambios en la composición de la elite fueron consecuencia de la gran crisis que sufrió la ciudad a partir de la década de 1630. En su génesis se combinaron factores endógenos y exógenos, pues se define como parte de una coyuntura global negativa de la que no pudieron escapar la economía y la sociedad panameñas, estrechamente vinculadas al comercio externo, y que supuso una decadencia general de la ciudad que anticipó, en cierto modo, su trágico final. Termina el libro con una vívida narración de la invasión de Morgan, la destrucción de Panamá La Vieja en 1671 y la consecuente epidemia, un desenlace en el que se materializaron los viejos temores al ataque pirático y la imprevisión de no haber conjurado los riesgos con unos adecuados medios de defensa. Con ello, el autor completa esta excelente presentación del espectro material y social de Panamá La Vieja. En sus más de mil páginas de clara redacción y amena lectura, combina las descripciones más precisas con el análisis estructural y se mueve con naturalidad de una dimensión a otra. Aunque en la introducción anuncia que no pretende agotar los temas, difícilmente el lector encontrará algún espacio en blanco en esta exhaustiva y pormenorizada descripción, que integra anteriores aportaciones de Alfredo Castillero a la historia colonial e incorpora jugosas novedades, que se acerca al pasado desde una perspectiva integral y comprehensiva, y que aspira con éxito a construir una historia total.-JAIME J. LACUEVA MUÑOZ, Centro de Estudios Andaluces, Sevilla. Dote matrimonial y Redes de Poder en el Antiguo Régimen en España e Siegrist, Nora y Samudio A., Edda O. (coords.), Talleres Gráficos Universitarios. Esta obra reúne trabajos presentados y evaluados en las sesiones del II Congreso Sudamericano de Historia, celebrado en Passo Fundo, Brasil, entre el 19 y el 21 de octubre de 2005, dentro de la Mesa "Dotes y redes de poder en Latinoamérica", coordinada por las doctoras Nora Siegrist y Edda O. Samudio A., profesoras e investigadoras de Argentina y Venezuela, las mismas que han coordinado después este libro colectivo. Es Carmen Castañeda, del CIESAS de Occidente (Guadalajara, México), colega y amiga fallecida en 2007, la que realiza el Prólogo, señalando que los artículos presentados en esta obra guardan relación, precisamente, con una de las líneas de investigación que ella había trabajado, la de las elites. Desgraciadamente, ésta ha sido una de sus últimas aportaciones. Sirva esta reseña como homenaje y recuerdo a su amplia y valiosa labor docente e investigadora y como verdadera maestra de una generación de brillantes historiadores mexicanos. La Introducción corre a cargo de las citadas coordinadoras -Nora Siegrist y Edda O. Samudio A.-, incluyéndose después otras contribuciones de especialistas en dicho tema, entre los que se encuentran varios historiadores-genealogistas. Conforman un total de trece investigaciones que se ocupan de dos líneas principales: la dote, institución muy antigua, que alcanzó su desarrollo en el Derecho Romano, y las relaciones de poder social, económico y político vinculadas a la primera. Los trabajos, excepto uno, se centran en el periodo colonial, abarcando los cuatro Virreinatos y circunscribiéndose dentro de varios apartados. Se incluyen resúmenes de las investigaciones presentadas, anexando además, al final, un resumen del curriculum vitae de los autores. El primero de ellos, de Walter D ́Aloia Criado (miembro de número del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas) trata de: "Dotes, arras y ajuar: el arma de las mujeres. La villa de Ledesma, España, en el Siglo XVI" (págs. 25-49), analiza la importancia que, según el Derecho romano, tenía la dote como sustinere onera matrimonii (para sostener las cargas matrimoniales), convirtiendo a las señoras de la Castilla de dicha centuria, en la doble vertiente de una sangría económica, por una parte, y por la otra, en instrumento de gran utilidad para establecer las conexiones parentales con el poder político, social y económico. Institución jurídica que, posteriormente, se trasladaría al Nuevo Mundo. Elvira Martín de Codoni (Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina), con su aportación "Dotes y redes sociales en la Mendoza colonial" (págs. 311-336), estudia esta ciudad, frontera entre la Capitanía de Chile y el Virreinato del Río de la Plata. Si bien la institución de la dote no fue tan primordial en la villa mendocina como en Buenos Aires, se otorgaron valores y dinero en esa región en la época que dependió de Chile y también después, cuando pasó a formar parte de la nueva organización virreinal. En un segundo bloque, englobaríamos las investigaciones centradas en la siguiente centuria. El texto de Clara López Beltrán (Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia), titulado "Patrimonio y matrimonio en la América española: las dotes de la Ciudad de La Paz en el Siglo XVII" (págs. 51-68), se basa en una de las cuestiones vinculadas a los grupos de poder de la sociedad de la Audiencia de Charcas, dependiente del Perú y ya tratada por esta autora en otras publicaciones. Aunque se trató de un conjunto reducido, su participación resultó fundamental en la transmisión del status social y del patrimonio en el momento de dejar el núcleo familiar, bien por causas matrimoniales o por el ingreso como religiosas en distintos conventos. Con respecto a Gustavo Curiel (Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México), en su trabajo "Dos ejemplos de Cartas de dote de la Ciudad de México en el Siglo XVII" (págs.123-159), selecciona dos de estos sobresalientes documentos con el objeto de comparar sus contenidos, lo que permite observar la forma en que vivieron los miembros de los estamentos sociales más afortunados económicamente. Como especialista en Historia del Arte, descubre características novedosas en cuanto al nombre de objetos, telas y demás artículos suntuarios que componían las dotes. Bahía Blanca, Argentina), en "Poder político y patrimonio familiar: formas de control y reproducción de la elite capitular porteña en el Siglo XVII" (págs. 217-250), se basa en el estudio de dos linajes que estuvieron presentes en el Ayuntamiento de Buenos Aires y que, a través del matrimonio y la dote, transmitieron sólidos patrimonios por la acumulación de señales de autoridad social y política en un contexto muy particular, como fue el de esta ciudad portuaria. También Susana R. Frías (miembro del Grupo para la Historia de la Población de la Academia de la Historia. Buenos Aires, Argentina), en "La dote entre los artesanos portugueses en Buenos Aires" (págs. 251-278) hace referencia a las que aportaron al matrimonio las esposas lusas y, como consecuencia, los lazos parentales que se establecieron. En la época temprana del asentamiento portugués en el marco bonaerense, contribuye a esclarecer la manera en que dichos pobladores declararon sus haberes, en momentos en que su establecimiento definitivo podría llegar a resultar transitorio. En un tercer grupo, que se circunscribiría al siglo posterior, el XVIII, se incluyen varias investigaciones, como la de Jesús Turiso Sebastián (Universidad Veracruzana, México), que en "Las claves de la armonía social: matrimonio, patria potestad y dote en la América Virreinal" (págs. 197-216), señala el carácter conservador de la estructura familiar en la América española durante los tres siglos de dominio. El padre será el punto de referencia bajo el que quedan los clanes de la elite, siendo por ello su prestigio extensible a todos los integrantes, y la dote supuso un instrumento de sometimiento a dicha autoridad patriarcal. El autor realiza una confrontación entre los Virreinatos de la Nueva España y el Perú y las familias peninsulares y criollas del mundo americano. En un balance historiográfico, da a conocer los aportes escritos y lo que se ha avanzado en el tema y, de manera general para Hispanoamérica, efectúa una síntesis de la cuestión. El de Mariana Canedo (CONICET-Universidad Nacional de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina): "Dotes y donaciones en la conformación de pueblos rurales en Buenos Aires colonial. San Nicolás de los Arroyos, San Antonio de Areco y San Andrés de Giles en el Siglo XVIII" (págs. 353-376), recoge cómo estos municipios, situados en el extremo norte de la jurisdicción de Buenos Aires y sur de Santa Fe, se desarrollaron durante dicha centuria en terrenos donados directamente por un miembro de una conocida estirpe. La autora coteja las redes de prestigio que caracterizaron a dichos grupos de poder, destacando la importancia que en los últimos tiempos tiene el estudio de la formación de estos núcleos rurales. Irene Rodríguez (Universidad Nacional de Rosario. Rosario, Argentina), en: "Dotados de poder. La dote en la configuración de las redes de poder en una sociedad de antiguo orden. Santa Fe, fines del Siglo XVIII" (págs. 377-405), analiza las mujeres de la elite de dicha colectividad, centrándose especialmente en una, que entabló juicio contra su propio esposo por adulterio, exigiéndole la devolución de su dote. Es el ejemplo de una transgresora de las normas de conducta, no muy habitual para la época. Interesante, porque vuelca en su trabajo parte de la vida cotidiana santafesina de ese ámbito privilegiado con sus amores y desamores, enfrentamientos, injusticias, etc. En el último apartado, circunscrito a trabajos que englobarían periodos cronológicos más amplios, está el de una de las coordinadoras, Edda O. Samudio A. (Universidad de los Andes. Facultad de Humanidades y Educación. Mérida, Venezuela), -"Familia y dote en la sociedad merideña de los Siglos XVII y XVIII" (págs. 69-95)-, quien comienza presentando los antecedentes históricos del compromiso matrimonial, concebido como sacramento espiritual, para centrarse posteriormente en esta ciudad venezolana donde el matrimonio se convirtió en factor jerarquizante del grupo más enriquecido (encomenderos-comerciantes), apoyado además por la dote como elemento ordenador de la sociedad, siendo su monto y composición una señal inequívoca del status alcanzado. José Luis Caño Ortigosa (Universidad de Sevilla, España), en "Las redes de poder en Guanajuato a través de la dote femenina y el matrimonio (1606-1821)" (págs. 97-129), se basa en una interesante documentación del Cabildo de dicha ciudad del Bajío mexicano sobre las dotes de su oligarquía, llegando a la conclusión de que las costumbres de dicha región siguieron los patrones impuestos en el mundo occidental, sosteniendo que la elite se configuró como un mecanismo de importancia a la hora de la transmisión del patrimonio familiar, con el fin de garantizar el prestigio de los clanes más ilustres. México), para su investigación acerca de "La dote entre la Nobleza novohispana" (págs., se basa en los análisis efectuados sobre la documentación dotal en diferentes regiones mexicanas, abordando su desarrollo dentro del círculo de los nobles. Interesante el cuadro de títulos nobiliarios otorgados entre los siglos XVI y XVII para el Virreinato de la Nueva España, profundizando en algunos de los linajes más notables y los lazos sociales que entretejieron. Ya para finalizar, la aportación de otra de las coordinadoras, Nora Siegrist (CONICET. Buenos Aires, Argentina), titulada: "Dotes y redes familiares y políticas en antiguas familias porteñas. Siglos XVII-XVIII" (págs. 279-310), donde igualmente avanza en estudios de caso de antiguas familias asentadas en Buenos Aires, así como en sus uniones, que nos demuestran una alta endogamia, fundamental para mantener y traspasar incólumes sus patrimonios. En cuanto a la edición formal de esta obra, observamos algunos fallos de impresión, como: falta de unificación de mayúsculas y minúsculas en el mismo Índice y en las páginas 20-21 se detectan errores en su redacción y también algún que otro apellido mal citado, como el segundo de Verónica Zárate Toscano (pág. 201, nota 14), o el de Frédérique Langue (pág. 281, nota 9). Con esta nueva publicación, se amplía sin duda el conocimiento de los mecanismos y argucias de las que se valieron, en ocasiones, los sectores más privilegiados, para mantener, e incluso mejorar, su status y redes de poder a lo largo de las centurias coloniales, en regiones tan diferentes y distantes dentro del continente americano. Un paso más, en ese estudio de Género, Sociedad y Mentalidades, que nos ayuda a comprender el importante papel de la mujer en la conformación de esos complicados e interesados, económicamente, entramados sociales.-ISABEL ARENAS FRUTOS, Universidad de Huelva. Machuca Gallegos, Laura: Comercio de sal y redes de poder en Tehuantepec durante la época colonial, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)-Fomento Cultural Banamex A.C., México, 2007, 434 págs., ilustraciones, mapas y gráficos, bibliografía, glosario de personajes. Este libro se centra en el análisis de una región periférica colonial, la de Tehuantepec, situada en el extenso obispado de Oaxaca y con una población mayoritariamente indígena, negra y mulata, más que blanca. Sobre ella no existe hasta el momento una extensa bibliografía, por lo cual esta obra ya supone en sí una aportación, unida a publicaciones anteriores de la autora sobre la misma jurisdicción, como queda reflejado en la relación bibliográfica final, con valiosa subdivisión temática. Después de una lectura detenida, es interesante resaltar desde el principio mi coincidencia respecto a los temas claves que el libro plantea a partir del propio título y con el contenido del Prefacio (págs. 15-21) del profesor Michel Bertrand, de la Universidad de Toulouse II le Mirail y director en Francia de los estudios de Doctorado de Laura Machuca: la sal y su organización laboral, las rutas comerciales de ese producto básico y las redes sociales de indígenas y españoles, con lo cual se vinculan entre sí la economía y la sociedad alrededor de un elemento muy importante para la alimentación, y hasta para la subsistencia, buscado desde la Antigüedad en todo el mundo, a medida que avanzaba el conocimiento de nuevas tierras. Resulta esclarecedora la breve Introducción (págs. 27-40), en la que la autora explica las fuentes documentales (archivos generales en España y México, junto a diversos repositorios valiosos de Oaxaca) y bibliográficas manejadas, así como la metodología vinculada a la microhistoria de raíz italiana. Al adentrarse en la temática específica, se observa la división en dos Partes, la primera de ellas (La provincia y los intereses por la sal, págs. 45-179) dedicada a la provincia de Tehuantepec y a la propia historia de las salinas situadas en ella, con lo cual se describen la alcaldía mayor y la villa, ambas del mismo nombre, situando la región en su organización administrativa, económica y poblacional en los primeros siglos coloniales. Un segundo capítulo de esta parte ya se centra en la lucha por el control de las salinas allí situadas antes de los cambios de 1781, acercándonos al cacicazgo -único y después compartido desde el XVII-y a las familias indígenas que las dirigían y sus alianzas, tanto entre ellas como con los españoles que, después de obtener la sal, se encargaban de comerciarla. Con su lectura puede verse que esa mayoría indígena decae social y económicamente, frente al avance de los sectores blancos extendidos por la región oaxaqueña. Hay que recordar que entre 1529 y 1563, estas tierras fueron incluidas en la jurisdicción del Marquesado del Valle de Oaxaca, concedido a Hernán Cortés y sus sucesores en la primera fecha, y que incluía 26.000 vasallos indígenas. Se cierra esta parte con otro capítulo cuyo eje son los importantes cambios de las salinas de Tehuantepec bajo la administración real directa y con una estructura monopolística, que se conservaría hasta 1820. Aquí se manifiesta el impulso recaudatorio de los Borbones, promovido desde 1778 por varios españoles residentes allí, ante la decadencia de las cuatro salinas más importantes. El llamado estanco de la sal supuso una reforma profunda bajo control de administradores designados por la Corona, que llevarían registro de la producción, precios, gastos de mano de obra y almacenamiento, etc., siguiendo las fórmulas hacendísticas de la época. La segunda parte se centra en los caminos y los hombres, con el objeto de estudiar en primer lugar las rutas comerciales del producto, que tuvie-ron un carácter básicamente terrestre desde la época prehispánica, tanto por la región de Oaxaca como hasta Chiapas. Pero hubo una clara expansión geográfica, al llevar la sal hasta la Capitanía General de Guatemala, a través de Tapachula, lo cual abrió nuevos mercados en esos territorios más alejados. Sin duda, lo que constituye una aportación clave es el estudio de los comerciantes vinculados a la sal como redes sociales, ya que abre un extenso campo de análisis prosopográfico de las diversas familias, que la autora contabiliza cercanas al número de treinta, residentes en la villa de Tehuantepec en el siglo XVIII, tanto indígenas como españolas. Aparece así una elite socioeconómica que tiene como objetivo final la obtención de cargos públicos y la inversión en una economía más diversificada. Resulta lógico pensar que este análisis ha tenido muchas dificultades para sustentarse en una documentación rica y amplia, lo cual ratifica el valor de estas páginas que reconstruyen no sólo los lazos laborales y las cuestiones políticas, sino también las estrategias matrimoniales y de concubinato, junto las fuertes relaciones de compadrazgo y de familia extensa, no sólo en el área concreta de la citada villa sino en otros núcleos de población situados en los caminos por donde se trasladaba la sal hacia la ciudad de Antequera y a Chiapas, Soconusco y Guatemala, lo cual valoraba también a los arrieros más importantes. Y como cierre, un capítulo centrado en un estudio de caso desde principios del XVIII, el de la familia Castillejos, como prototipo de comerciantes que desarrollan acuerdos matrimoniales para incorporar también a los yernos a sus negocios en alza, consiguiendo una riqueza, cargos públicos y valoración social que se extenderá hasta los tiempos de la Independencia. Las historias de vida de sus integrantes significan una aportación valiosa a las publicaciones sobre las elites comerciales del Virreinato novohispano, siempre vistas desde el centro hacia el norte y el este, más que por estas tierras. Y dejo para el final la valoración del aparato referido a apéndices documentales obtenidos en relación con las salinas y especialmente los que constituyen la base del capítulo de la elite, centrados en la genealogía de las familias más destacadas. Junto a ellos, y situados a lo largo del texto, 54 cuadros, 10 mapas y 9 gráficas, que ayudan mucho al seguimiento y la mejor comprensión de este libro, tan excelente y sin duda resultado de años de trabajo.-MARÍA JUSTINA SARABIA VIEJO, Universidad de Sevilla. Movimientos armados en México, siglo XX, Oikión Solano, Verónica y García Ugarte, Marta Eugenia (eds.), El Colegio de Michoacán-Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Zamora, Michoacán, 2006, 846 páginas, 3 volúmenes. Hace ya casi un siglo y medio, Carlos Marx escribió en El Capital que la violencia había sido la "gran partera" de la Historia, porque en cualquiera de sus formas, prácticamente siempre ha estado presente en todas las civilizaciones que hemos conocido. Más recientemente, y para los tiempos modernos, Charles Tilly ha afirmado que, "el carácter de la violencia colectiva en un momento dado es uno de los mejores indicadores que tenemos de lo que está sucediendo en la vida política de un país". Y es que, como bien ha señalado Julio Aróstegui, la existencia de la violencia no es más que la consecuencia evidente de que en la sociedad donde emerge existe un conflicto entre partes enfrentadas. Por este motivo, sólo podemos entender lo que llamamos el "proceso civilizatorio" como el esfuerzo sistemático del hombre y de las sociedades por someter a pautas reconocidas la resolución de todo tipo de conflictos, de tal manera que la historia de la violencia -en un sentido optimista-no es otra que la de su progresiva disminución. Pues bien, pese a esta relevancia, el tratamiento que la historiografía ha dedicado al estudio de la violencia, y más concretamente, al de la violencia por motivaciones políticas, ha sido bastante desigual. Mientras que en España, por ejemplo, ha sido una línea de investigación impulsada principalmente por los profesores Aróstegui y González Calleja y apenas tiene dos décadas de existencia, si exceptuamos el análisis del terrorismo anarquista decimonónico, en América Latina la importancia alcanzada por los movimientos guerrilleros en algunos de sus países, ha favorecido las más variadas líneas de investigación en las distintas ciencias sociales, que han culminado en la constitución de un saber interdisciplinario muy latinoamericano, denominado "violentología", nacido no por casualidad en los ámbitos académicos colombianos de los años sesenta del pasado siglo. En este contexto hay que situar la obra que comentamos, que recoge en tres volúmenes las ponencias presentadas en el Foro de Discusión Académica "La guerrilla en las regiones de México, siglo XX", celebrado a mediados del año 2002, bajo los auspicios de El Colegio de Michoacán y el CIESAS y dirigido por Verónica Oikión y Marta Eugenia García, las dos editoras del libro. Como señalan estas dos investigadoras en su Introducción, se pretendía recuperar un "fragmento" de la historia mexicana del siglo XX, "olvidado" y "silenciado" por la historiografía, dadas las dificultades encontradas, ya sea por las restricciones que se presentaban en el acceso a las fuentes, por los problemas teóricos y metodológicos que plantea este tipo de investigaciones o por la cercanía que algunas de las acciones guerrilleras tienen todavía en la memoria personal de muchos de los testigos y protagonistas, dificultando ese necesario distanciamiento que requiere toda investigación histórica. Pese a estos importantes obstáculos, la participación en el Foro de más de un centenar de personas, entre investigadores y protagonistas, ha propiciado esta publicación, verdaderamente novedosa, sobre el papel que han desempeñado los movimientos armados en la historia del México del siglo XX, un estado de la cuestión que será ya de indispensable consulta para cualquiera que quiera acercarse con un mínimo de rigor a la historia de las guerrillas en América Latina. El primer volumen, por ejemplo, arranca con el renovado estudio que Felipe Arturo Ávila realiza sobre el movimiento zapatista de 1911, donde se hace una perfecta identificación sociológica de los líderes de la revuelta y su relación con la crisis política abierta por la muerte del gobernador porfirista de Morelos y la campaña electoral de 1909, estableciendo hasta siete características del levantamiento zapatista, que cuestionan abiertamente la interpretación tradicional que ha prevalecido sobre las insurrecciones campesinas y que han sostenido su incapacidad para formular proyectos alternativos viables a la organización del Estado nacional (pág. 197). No menos interesante nos parece la ponencia de Marta Eugenia García dedicada al papel que desempeña la jerarquía eclesiástica mexicana en los momentos previos y en la resolución de la "guerra cristera" de 1926-1929, un tema que también se analiza en el trabajo de Alicia Olivera, a través del seguimiento del periódico Peoresnada, fuente hemerográfica de primera mano para el estudio de la ideología de los participantes en este movimiento católico, pese a su distribución clandestina entre los meses de julio de 1927 y mayo de 1929. El segundo volumen está dedicado al análisis de los movimientos armados desde mediados del siglo XX y a las respuestas que da el Estado mexicano a los mismos, ya sea por medio de sus Fuerzas Armadas o por la contrainsurgencia. Por aquí desfilan la guerrilla chichuahuense de los años sesenta, el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), la Liga Comunista 23 de Septiembre, el Partido de los Pobres en el Estado de Guerrero, la formación de la guerrilla en Ciudad Juárez y otros grupos menores. En todos los casos, las razones de esta movilización armada parecen idénticas: la miseria campesina, el bloqueo de un Estado que no dejaba espacio a la participación política de las clases subalternas vinculadas a la izquierda política y los abusos de los caciques locales y regionales dependientes del Poder. Y la respuesta gubernamental fue siempre sin contemplaciones, sin que faltara la "guerra sucia", a través de grupos paramilitares, con el mismo esquema de evolución del conflicto: primero, la organización de la guerrilla y alguna acción armada; en segundo lugar, la represión y, finalmente, la muerte o la cárcel para los guerrilleros implicados y la extinción más o menos rápida del grupo armado en cuestión. Son, de todas formas, guerrillas de heterogéneas fórmulas organizativas e ideológicas, llamándonos especialmente la atención el completo análisis que Verónica Oikión dedica al MAR y a sus conexiones internacionales: más de cincuenta miembros de este grupo viajarían a Corea del Norte para recibir entrenamiento militar, con la connivencia de los gobiernos soviético y de la extinta Alemania comunista, que facilitaron el tránsito de los guerrilleros por sus respectivos países. El tercer volumen comprende tres trabajos que analizan los movimientos armados de finales del siglo XX en el sureste del país, con un estudio dedicado al neozapatismo, de subtítulo tremendamente expresivo -"De guerrilla a Social Movement Web"-, en el que su autor -Xochitl Leyva-ya adelanta una de sus principales conclusiones: "el neozapatismo post 1994 tiene más que ver con las netwars ("guerras de redes") que con la "guerra de guerrillas" (pág. 735). En conjunto, aunque en el libro no se tratan todos los movimientos de la centuria, porque no hay, por ejemplo, análisis sobre los levantamientos y rebeliones del período álgido revolucionario o sobre los movimientos de ultraderecha, estamos ante una obra que, por primera vez, intenta reconstruir la historia de los grupos armados mexicanos, integrándolos en la historiografía del siglo XX, dándoles nombres y rostros a los hombres y mujeres que, como dicen las editoras, en distintas regiones del país lucharon "por un México menos desigual, menos infame". Otra cosa sería valorar si la estrategia de la guerra de guerrillas fue alguna vez el camino correcto o la respuesta desesperada al bloqueo político o la violencia institucional ejercida desde los aparatos del Estado. En definitiva, el libro ofrece una excelente reflexión sobre la violencia política en el México del siglo XX y abre nuevas vías de investigación, que seguramente se verán facilitadas en los próximos años por la reciente apertura de los archivos de algunos de los organismos encargados de la seguridad estatal, lo que permitirá completar la imagen poliédrica que caracteriza a estos movimientos sociales.-DIEGO CANO CANCELA, Universidad de Cádiz. Pearce, Adrian J.: British Trade with Spanish America, 1763-1808, Introducción de John Fisher. El comercio transatlántico y las transgresiones de las pautas establecidas por los regímenes coloniales han sido objeto de múltiples estudios. No obstante, la historiografía está lejos de disponer de las informaciones necesarias para poder comprender y analizar las numerosas relaciones comerciales, tanto las oficiales y semioficiales como las clandestinas, como parte integral de una red compleja y recíproca que unía ambos lados del Atlántico. El estudio de A. Pearce abre una brecha y analiza una parte de este entramado, es decir las conexiones entre las Islas Británicas y el mundo del Caribe hispánico, incluyendo los litorales novohispanos, neoogranadinos y venezolanos, en la segunda mitad del siglo XVIII. La mayor parte de este comercio no se ajustaba a las normas oficiales establecidas para proteger los monopolios trasatlánticos españoles y británicos. Tanto la legislación de las actas de navegación británicas como las disposiciones que regulaban el monopolio gaditano prohibían reiteradamente las formas de comercio estudiadas por Adrian Pearce. Pese a las interdicciones oficiales, el tráfico mercantil entre las Islas Británicas y el Caribe existía desde inicios del siglo XVI, cuando los primeros mercaderes ingleses empezaron a comerciar con Sevilla para suministrar mercaderías a la incipiente Carrera de Indias. Teniendo en cuenta las diferentes vías y posibilidades por las cuales se intercambiaron los productos británicos por los hispanoamericanos, el autor subraya que, salvo muy conta-das excepciones, el comercio británico con el Caribe hispanoamericano siempre fue de carácter indirecto. Éste, o bien pasaba por Andalucía o bien por las colonias y más tarde también por las ex-colonias angloamericanas. En un primer capítulo magistral A. Pearce analiza los antecedentes al periodo central de su obra, es decir la historia del comercio británico con el Caribe hispano hasta la Guerra de los Siete Años. Como acertadamente comenta John Fisher en su estudio introductorio, este libro ya vale la pena leerlo simplemente por ese resumen historiográfico sobre los primeros dos siglos de intercambio anglo-hispanoamericano. Distinguiendo las diferentes vías, el autor subraya que hasta la segunda mitad del siglo XVIII el intercambio a través del emporio mercantil sevillanogaditano fue con creces más importante que el comercio a través de las posesiones británicas en el Caribe. Mercaderes ingleses asentados en Andalucía recibían los productos británicos y los mandaban, a través de comisionistas andaluces o como mercancías propias de contrabando, a Hispanoamérica. Los productos de la vuelta solían pasar preferentemente por el mismo camino. La segunda vía, que recibió cierta oficialidad con el annual ship como parte del asiento de esclavos africanos del Tratado de Utrecht, si bien fue de suma importancia para el comercio británico de esclavos, con respecto al tráfico de mercancías no alcanzó ni el volumen ni el valor del comercio de intermediación que pasaba por el sur de Europa. Hasta mediados del siglo XVIII, este había llegado a un valor de aproximadamente un millón de libras esterlinas, es decir, a unos 4.4-5 millones de pesos fuertes. Solamente desde finales del siglo XVIII, el comercio a través de los intermediarios caribeños iba a sobrepasar esta cifra. La actividad comercial británica a través de las colonias caribeñas se efectuaba en parte como contrabando clásico, con arribos clandestinos de pequeñas embarcaciones británicas en las amplias costas continentales o cubanas a espaldas de los guardacostas españoles. Allí, como subraya A. Pearce, se mezclaban la piratería y el contrabando con la trata de esclavos africanos. No obstante, otras formas más oficiales de intercambio eran mucho más eficientes. Ya con antelación a los nuevos rumbos que iba a tomar la política comercial de ambas potencias coloniales a partir de 1763, se habían establecido pautas mediante las cuales embarcaciones hispanoamericanas se dirigían a los puertos coloniales británicos -sobre todo a Jamaica-para comprar mercancías europeas. La crisis económica que siguió a la Guerra de los Siete Años se agravó en el Caribe por el recrudecimiento de las políticas mercantiles británica y española. Según este autor, solamente debido al establecimiento de puertos francos en Jamaica y Dominica en 1766 y con el consentimiento tácito de las autoridades hispánicas locales, el comercio anglo-hispano en el Caribe se reanudó a partir de los años 1770. La guerra de independencia de los EEUU frenó de nuevo esta expansión. Pero en 1783, las autoridades británicas crearon puertos francos adicionales y en Hispanoamérica se permitió el comercio de colonias extranjeras, que suponía el otorgamiento de licencias a los mercaderes hispanoamericanos para poder comerciar con las colonias británicas caribeñas. Tanto los puertos francos como el comercio de colonias extranjeras asentaron las bases para que el intercambio mercantil entre las colonias hispánicas y británicas alcanzara nuevas dimensiones. Cobró tal importancia que sobrepasó alrededor de 1790, en volumen y valor, tanto el comercio británico a través de Andalucía como la importancia del intercambio franco-español en el Caribe. La segunda parte del libro (capítulos 4-6) está dedicada a la época de las guerras con la Francia revolucionaria y las Guerras Napoleónicas y especialmente a los años 1796 al 1808. Es ahí donde el material archivístico presentado es más denso y sobre todo más novedoso. El autor distingue tres formas del comercio anglo-hispano en el Caribe. El más importante fue efectuado por los mercaderes hispanos en las islas y las colonias inglesas. De menos envergadura fue el de los comerciantes británicos caribeños en las costas y posesiones hispanoamericanas, pero ambos tráficos comerciales se vieron sumamente afectados por los vaivenes bélicos. A su vez los militares británicos, como el Almirante Nelson, se quejaron amargamente de que los bloqueos oficiales dispuestos en Londres no se observaban en el Caribe. Finalmente se abrió una tercera vía con el comercio con neutrales y el tráfico secreto, en el cual los comerciantes británicos se sirvieron de intermediarios estadounidenses. Pearce subraya que el famoso contrato con las casas mercantiles Hope y Baring solamente es el ejemplo más conocido y de ninguna manera único. En este caso, la Corona española transfirió los fondos resultantes de la desamortización mexicana de 1804 a Europa para saldar sus deudas con Napoleón en París a través de los banqueros británicos y sus corresponsales en EE.UU. El cambio de los corresponsales británicos asentados en Andalucía por intermediarios establecidos en el Caribe o estadounidenses se debió en gran parte a la situación bélica en España, aunque de tal manera se concluyó también una tendencia de larga duración. Así que, a principios del siglo XIX, el comercio británico había alcanzado finalmente la primacía en los mercados hispanoamericanos. El estudio detallado y cauteloso de Adrian Pearce cobra gran interés por la yuxtaposición de los debates parlamentarios ingleses, las deliberaciones entre los funcionarios asentados en las capitales metropolitanas -Londres y Madrid-y las autoridades coloniales y, finalmente, el eco mercantil. Los debates políticos y las disposiciones legales, así como su aplicación, son el trasfondo para la descripción de las prácticas mercantiles y las estimaciones cautelosas acerca del volumen de los negocios. Dos resultados de la amplia investigación presentada merecen especial atención: el papel emprendedor y activo de los comerciantes hispanoamericanos, que solamente se vieron relegados a un segundo plano por las disposiciones metropolitanas a finales del periodo estudiado. Y, en segundo lugar, los datos aportados por Pearce apuntan a que las exportaciones hispanoamericanas a las colonias británicas de la segunda mitad del siglo XVIII se diversificaron, al igual que lo hizo el comercio oficial de la Carrera de Indias estudiado con detalle por John Fisher, quien promovió esta investigación. Es decir que a finales del XVIII la minería colonial compitió con un gran número de otros géneros americanos en los mercados europeos, aportando ya solamente la mitad de las mercaderías. Es más, las exportaciones británicas, a su vez, incluyeron otros productos del continente europeo como el lino de Westfalia y de Silesia exportado en parte por el puerto de Osnabrück, por lo que estas telas aparecen en el Caribe inglés como "osnaburghs". Las exportaciones de productos europeos a Hispanoamérica, a través del comercio británico, que sumaron alrededor de 1807 unos 3-4 millones de libras esterlinas (aproximadamente 16-17 millones de pesos fuertes), absorbieron por lo tanto casi la cuarta parte de la producción minera mexicana registrada anualmente a principios de esa centuria y el mismo monto de otras mercancías. Con lo cual, como acertadamente lo subraya A. Pearce en su magnífico y pormenorizado estudio, Gran Bretaña dominaba los mercados hispanoamericanos desde finales del siglo XVIII y antes de la Independencia de las repúblicas latinoamericanas, mientras que el comercio con el Caribe hispano aportaba un 6 % del comercio exterior británico.-RENATE PIEPER, Karl-Franzens-Universität, Graz, Austria. La importancia que los títulos de una obra de investigación tienen se observa en este trabajo de María Elisa Velázquez. Precisamente el "origen" africano de las mujeres de la capital mexicana en los dos siglos posteriores al de la conquista y asentamiento, se convierte en un instrumento de análisis metodológico, histórico, cultural, social, económico y étnico que nos atrevemos a calificar de cercano a una historia total. Ese es uno de las mejores aspectos de este libro, una introducción con un rigor científico y metodológico que deja entrever lo que será su contenido. De un lado, la critica el modelo teórico de Herskovits y que retomó Aguirre Beltrán -sin olvidar la importancia de éste último-sobre encontrar elementos o manifestaciones culturales puras de origen africano, lo que puede negar la configuración social, económica y cultural de la Nueva España o, por el contrario, reproducir estereotipos, crear identidades, inventar mitos y, en suma, impedir la comprensión objetiva de un pasado diverso y complejo en el que deben ser incluidas estas mujeres. De ahí la necesidad de resaltar todos los aspectos de la vida cotidiana donde éstas se desenvuelven y que las fuentes permiten comprobar, gracias también a una relectura de las mismas, precisamente al hilo de la labor cotidiana, tanto en el ámbito privado como en los espacios públicos de esas féminas. Todo esto sin abordar el concepto de "raza" como un determinante analítico, contrariamente a lo que muchos estudios han hecho. Por lo tanto, este último concepto se convierte en una alternativa de análisis, y no en el elemento primordial. Puesto que una de las tesis centrales de esta obra ha sido demostrar que el color de la piel, junto con la discriminación y el racismo -como inferioridad natural-fue un determinante que cobró importancia a partir del siglo XVIII ante los intereses de las reformas borbónicas y las ideas ilustradas. Después daría forma a las ideas racistas del siglo XIX, a esa desigualdad natural, biológica y cultural, de la que actualmente podemos observar ciertas reminiscencias en nuestras sociedades. A todo lo anterior hay que añadir el concepto de género, como una herramienta metodológica para explicar las relaciones o construcciones culturales de las experiencias femeninas y masculinas, en el espacio y el tiempo que analiza la Autora. El hecho de que las mujeres de origen africano sean estudiadas desde perspectivas muy amplias hace que M. E. Velázquez vaya desmontando estereotipos, prejuicios y mitos que abarcan la comparación de la esclavitud como un componente cultural, social y económico en determinadas sociedades africanas nativas. De hecho, su conceptualización le permite establecer un hilo de unión entre las diferentes prácticas que en el mundo musulmán y cristiano tuvieron de la esclavitud antes de la conquista de América, así como su comparación con el de las sociedades prehispánicas. Con ello se asientan las distintas experiencias históricas, y por tanto las diferencias, de lo que se convirtió en una institución económica muy importante con rasgos particulares en el mundo novohispano, y por ende, americano. A pesar de la dureza que pudo representar la esclavitud en el siglo XVI y su implantación en México, también hay que destacar que esta institución y las formas de servidumbre, al ser de carácter urbano, eran menos duras que en el campo. De ahí que las posibilidades de establecer lazos e intercambios culturales fueran de más fácil transmisión y permitieran que estas mujeres, desde finales del XVI y a lo largo de los siglos XVII y XVIII, pudieran conseguir la libertad para ellas y los miembros de sus familias, aunque en la centuria de las luces se intentarían establecer nuevas restricciones sociales a través de las reformas borbónicas. Los espacios privados del ámbito doméstico, en el que tradicionalmente ha enmarcado la historiografía los estudios de género en la etapa colonial, se adentran adentran ahora en el análisis como vendedoras, cocineras y amas de leche. La relativa independencia económica que adquirieron muchas negras y mulatas libres, debido a estas actividades laborales, así como la capacidad de movilidad espacial y social a la que accedieron, incluidas algunas esclavas, contribuyeron a la creación de complejas y hetereogéneas relaciones sociales, posibilitando el establecimiento de ciertas redes de solidaridad entre los grupos de descendencia africana. Otros de los estereotipos y prejuicios que desmonta María Elisa Velázquez tienen que ver con la importancia que concede al origen cultu-ral africano de estas mujeres como estrategia de resistencia, lo que permite atribuir al carácter rebelde de los negros una arraigada identidad cultural. A nuestro juicio, esto los pone en un plano de similar comportamiento con los indios, aunque su situacion jurídica y social fuera distinta por las leyes y que, como suele ocurrir, la práctica histórica demuestre lo contrario. En cuanto a los estereotipos de las africanas como prostitutas, la Autora demuestra que fue mayor el número de españolas dedicadas a este trabajo en la capital novohispana; así como que en los casos de bigamia no fueron el grupo más denunciado. Estos mitos han desempeñado un papel importante en la percepción sobre las africanas y sus descendientes, aspecto que, según M. E. Velázquez, ha impedido el análisis de otros temas significativos que conectan con su participación social y económica en el ámbito multirracial novohispano. Esa presencia de mitos y estereotipos, los olvidos pretendidos de la población de origen africano y, sobre todo, de la mujer en la conformación de las futuras sociedades independientes, se hace más que evidente por la presencia de imágenes pictóricas a lo largo de toda la época colonial que, quizás, las huellas documentales puedan haber borrado, pero no las representaciones. Y que María Elisa Velázquez se esmera en mostrarnos como complemento a su estudio sobre las mujeres de origen africano en la capital de México. Podemos concluir afirmando que este estudio abre nuevas perspectivas, precisamente por presentar características de análisis generales, gracias a la revisión metodológica, y no como un caso particular del que no se pueda decir nada más. Sin embargo, hay que preguntar por qué ha tardado tanto tiempo en realizarse una investigación de este tipo. La Autora habla principalmente de tres obstáculos historiográficos: la condición de género relativa a las féminas, la situación racial y las ideologías del siglo XVIII. Pero, en nuestra opinión, a ello habría que añadir la influencia que estas ideas tendrían en las políticas estatales de la República Mexicana desde la independencia, en las que el indio y el negro desaparecieron, en favor del "ciudadano". Así sería más dificil su búsqueda en los archivos pero, gracias a esta obra, podemos saber cuales eran los registros sociales y culturales en los que encontrar las huellas de las mujeres de origen africano y hacer una aportación más a los campos de estudio que actualmente se reconocen como Afroméxico. En 1882 escribía Friedrich Nietzsche en La Gaya Ciencia que "hasta ahora, todo lo que ha prestado color a la existencia carece de historia: ¿dónde hay una historia del amor, de la codicia, de la envidia, de la conciencia, de la piedad y de la crueldad?". Pues bien, el volumen coordinado por Delia Salazar nos acerca a episodios trascendentales de la xenofobia y xenofilia en el México contemporáneo, una historia de crueldad y piedad que podría quizá haber satisfecho los deseos del filósofo alemán. Es también en la expansión temática que la historiografía ha experimentado en las últimas décadas donde podemos situar este volumen dedicado a la figura del historiador mexicano Moisés González Navarro. Los pioneros estudios sobre población y colonización en México de este investigador han sido impulsados en los últimos años por discípulos y continuadores, algunos de los cuales ha reunido Delia Salazar en este homenaje. El libro nos presenta un abigarrado, mas ordenado, conjunto de estudios acerca de capítulos trascendentales en la relación de México con algunas comunidades de extranjeros que habitaron su suelo en las dos últimas centurias. Cinco bloques temáticos nos transportan a episodios de hispanofobia e hispanofilia, a las políticas hacia los extranjeros durante la época de Porfirio Díaz, a la inserción de comunidades religiosas foráneas en México, a políticas excluyentes del Estado con respecto a las comunidades foráneas y a un último apartado que se concentra en trabajos de investigación, como su título indica, en tiempos de guerra y revolución en el mundo. El hecho de que la independencia se hiciese contra los españoles ha convertido a estos en figuras hacia quienes los mexicanos han mantenido siempre una extraña ambivalencia sentimental que ha ocupado todos los espectros que van de la hispanofilia a la hispanofobia. Los trabajos de Salvador Rueda, Aimer Granados, Alicia Gil y Dolores Pla recogen con suma perspicacia esa relación de amor y odio, tan bien resumida en el título de la ponencia de esta última autora, "Ser español en México, para bien y para mal". Los españoles, junto con los estadounidenses, son, sin duda, los dos grupos de extranjeros que, con mayor intensidad, han acaparado las iras y los afectos de los mexicanos. Salvador Rueda, a través de un sobre-saliente trabajo microhistórico y dentro de la mejor tradición de historia cultural, utiliza un episodio violento ocurrido en 1856 para encontrar puntos de contacto en la cultura popular mexicana que hacen de la hispanofobia un elemento de continuidad permanente y manifiesto en el Estado de Morelos desde mediados del siglo XIX hasta las reivindicaciones zapatistas del periodo revolucionario. Por su parte, Aimer Granados nos traslada al escenario capitalino y a la celebración de la fiesta de independencia con el fin de mostrar, a través de los discursos patrióticos, las claves definitorias de la hispanofobia y la hispanofilia a finales del siglo XIX. El norte del México revolucionario es donde Alicia Gil busca asimismo reconstruir la hispanofobia de los seguidores villistas, apelando al concepto de etnicidad como aglutinante de identidades encontradas entre españoles y mexicanos. Finalmente, este bloque se cierra con un trabajo extraordinario en el que Dolores Pla nos acerca a las vivencias personales de un grupo muy especial de españoles, el de los refugiados republicanos tras la guerra civil. Usando con maestría las técnicas de la historia oral, la autora reconstruye historias personales que nos transmiten de forma diáfana la realidad popular que aquellos exiliados arrostraron, hostilidad y simpatía que, en ocasiones, alcanzaron sorprendentes paroxismos. Sobre cubanos, mormones y franceses durante el Porfiriato son los trabajos que nos presentan María del Socorro Herrera, Jane-Dale Lloyd y Delia Salazar en el segundo bloque del libro. En este caso, el elemento unificador es, sobre todo, el marco temporal y, en segundo plano, la teórica simpatía con que el régimen de Porfirio Díaz vio a los extranjeros que servían a su política de colonización territorial y blanqueamiento de la población. Pero cada uno de estos estudios plantea una problemática diferente que es abordada con fuentes documentales novedosas y técnicas tomadas en préstamo a la mejor tradición de la historia social. La presencia de comunidades religiosas de origen foráneo, como los inmigrantes del Medio Oriente en la región de La Laguna, los menonitas en Chihuahua y los judíos en los años treinta en México son objeto de atención por parte de Theresa Alfaro, Luis Aboites y Alicia Gojman respectivamente. Son trabajos breves en comparación con la extensión de otras ponencias del libro, pero nos presentan a unas comunidades que a su condición de extranjeros unían la de practicar un culto religioso extraño al catolicismo dominante en el país. Estos trabajos poseen el indudable valor de acercarnos a aspectos muy poco conocidos de la presencia extranjera en México, por lo específico de su temática, y lo hacen de la mano de la entrevista oral y de la prensa tanto mexicana como propia de estas comunidades. No menos interesantes resultan las investigaciones de Pablo Yankelevich y Judit Bokser sobre políticas excluyentes del Estado mexicano en los años treinta y cuarenta del siglo XX. El primero lo hace acercándose al terreno jurídico, de la mano del famoso artículo 33 de la Constitución y la segunda con un análisis sobre inmigración judía y antisemitismo durante la presidencia de Cárdenas y los difíciles años treinta para este grupo semita. Finalmente, el último bloque de trabajos reunidos en este volumen constituye una macedonia de investigaciones a cargo de Jacinto Barrera, Rina Ortiz, Ricardo Pérez Montfort y Guadalupe Zárate, que tienen como unificador un criterio cronológico, el de acercarse a temas de xenofobia, xenofilia y extranjeros exiliados durante la primera mitad del siglo XX, con especial hincapié en los años posrevolucionarios y la Segunda Guerra Mundial. En general, el lector encontrará en este volumen un compendio bastante compacto de trabajos que tienen como grandes virtudes las de su amplitud temática y el considerable despliegue de técnicas historiográficas utilizadas por sus autores. El reto que supone abordar un tema tan escurridizo como el de la xenofobia y la xenofilia en el ámbito cultural mexicano y en el marco cronológico de las últimas dos centurias exigía valentía por parte de los autores a la hora de emplear los recursos del historiador. Eso es algo que ellos han logrado sobradamente mediante la puesta en marcha de técnicas microhistóricas, de recursos estrechamente vinculados a la historia cultural más reciente o el uso de fuentes con variada naturaleza documental. Es este un libro que puede servir de parte aguas en la intensificación de una línea de investigación que tiene que ir más allá. Los trabajos que aquí presentamos podrán ser, y son de hecho, una introducción o presentación de muchos temas relacionados con la convivencia de mexicanos y extranjeros, pero este libro demuestra también que aún queda mucho por hacer. No obstante, Xenofobia y xenofilia en la historia de México siglos XIX y XX es un excelente punto de arranque. Ese ir más allá tendrá que serlo en el ámbito cronológico, pues la mayor parte de los trabajos de este libro se centran en los años comprendidos entre el Porfiriato y la Revolución Mexicana, es decir, poco más de medio siglo. Pero, además, habrá de incluir forzosamente un tema que ha quedado marginado en el volumen coordinado por Delia Salazar, el de la siempre difícil relación de los mexicanos con su vecino del norte, Estados Unidos, y la presencia de ciudadanos norteamericanos en México. Si, junto a los españoles, los estadounidenses han formado siempre parte de acervo de fobias y filias del mexicano, es esto algo que, salvo en breves comentarios de la última ponencia, ha quedado ausente del texto final. Teniendo en cuenta que la identidad nacional mexicana se ha construido, en buena medida, contra la figura del español y del estadounidense, profundizar en estas dos líneas servirá también para entender mejor los paroxismos ingénitos al nacionalismo mexicano.-JOSÉ MARÍA LÓPEZ SÁNCHEZ, Instituto de Historia, CCHS, CSIC, Madrid.
Bonaparte, iniciada en marzo del año 1808, fue el origen de una serie de procesos de suma importancia para la historia de España que tuvieron, a su vez, una clara impronta en los movimientos de emancipación de los países de la América hispana. Por esa razón, en el año en que se celebraba el bicentenario de tan relevante acontecimiento histórico, la Asociación Española de Americanistas quiso sumarse a los actos ofreciendo una valiosa aportación en forma de simposio, que, bajo el nombre Una crisis atlántica: España, América y los acontecimientos de 1808, se celebró los días 11, 12 y 13 del pasado septiembre de 2008 en Madrid. Con la realización de esta reunión científica, la Asociación celebraba su vigésimosexto año de existencia demostrando, tanto por el número de participantes como por el ambiente de cordialidad que marcó el evento, que se encuentra en un estado de forma excelente. Fuera de toda duda queda la importancia que la ciudad de Madrid tuvo en el devenir de los acontecimientos que se desarrollaron tras la anteriormente mencionada invasión francesa. Por esta razón, la AEA. escogía la capital de España como lugar de celebración de una de sus periódicas reuniones científicas, siendo el simposio organizado, además evento estuvo a cargo de la doctora Concepción Navarro Azcue, quien contó con la ayuda, en calidad de secretarios científicos, del doctor Miguel Luque Talaván y de Arrigo Amadori Sparnocchia, los tres miembros del Departamento de Historia de América I de la anteriormente citada Universidad Complutense de Madrid. El objetivo de la reunión era realizar una puesta en común y discutir las últimas líneas de investigación relativas a la incidencia de los sucesos de 1808 en América, tanto desde los diferentes ámbitos temáticos sobre los que trabajan los profesionales que participaron en el evento -historia, etnografía, literatura, urbanismo, etc.-como desde los distintos ámbitos geográficos en los que se desarrollaron los hechos que acabaron desembocando en la independencia de gran parte de la América hispana. Por no ser la intención de esta noticia destacar cada una de las aportaciones realizadas por los ponentes en el simposio de forma individual, únicamente se han querido resaltar, por la innegable importancia que atesoran, las ponencias de apertura y de clausura del mismo. No obstante, cabe decir que a modo general hubo gran interés por analizar la incidencia real que los acontecimientos de 1808 tuvieron en la independencia de los países americanos. Quizá un punto en común de la mayoría de participantes -particularmente los que trataron cuestiones políticas-fue que el proceso abierto en 1808 supuso un empujón definitivo para la causa independentista americana aunque inicialmente se expresase en formas menos radicales: autonomismo, independencia de Francia, petición de igualdad con respecto a otras regiones, etc. Y junto a las opciones autonomista e independentista, el Congreso también supo ofrecer un correcto tratamiento de la opción monárquica. En varias de las ponencias se pusieron de manifiesto los importantes apoyos logrados, desde diversos sectores de la sociedad americana, por dicha opción. En general, no cabe duda que la aportación científica del Simposio fue notable, aunque quedó igualmente demostrada la necesidad de un mayor número de estudios regionales que nos permitan acercarnos mejor a un proceso vital para la Historia de América. La inauguración se realizó la mañana del día 11 de septiembre de 2008, en el Salón de Actos de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, y a la misma asistieron la decana de la Facultad (doctora Mercedes Molina Ibáñez), que presidió la mesa, el presidente de la Asociación Española de Americanistas (doctor Antonio Gutiérrez Escudero), la directora del Departamento de Historia de América I (docto-ra Ascensión Martínez Riaza) y la directora científica del evento (doctora Concepción Navarro Azcue). Inmediatamente después tuvo lugar la ponencia inaugural, que estuvo a cargo del doctor Luís Navarro García, emérito de la Universidad de Sevilla, con el título México 1808: la Audiencia acusa al virrey, y en la que nos ofreció una perfecta exposición de los problemas habidos en el Virreinato de la Nueva España a raíz del vacío de poder producido tras las abdicaciones de Bayona. La primera jornada del Simposio estuvo dedicada íntegramente al análisis de la historia política, dividida en tres sesiones atendiendo a las diferentes áreas geográficas tratadas. La primera se ocupó de la Nueva España y el Caribe insular, demostrando ser ésta una región de interés para nuestros especialistas ya que pudimos contar con un total de nueve ponencias. Atendiendo a criterios meramente organizativos, las dos sesiones de la tarde se realizaron a la vez en lugares distintos. La segunda, que tenía como ámbito geográfico el área andina, se celebró en el Salón de Grados de la Facultad contando con tres ponencias, mientras que la tercera sesión, centrada en Nueva Granada y el Río de la Plata, se desarrolló de nuevo en el Salón de Actos, reuniendo en la mesa un total de seis ponencias. Con ello se daba por concluida la primera jornada del Simposio, tras la cual tuvo lugar, en el mismo Salón de Actos, la asamblea plenaria de la Asociación Española de Americanistas. El segundo día de actividad comenzó con una lúdica visita al Museo de América. La importancia de esta institución -fundada en 1941 y desde 1965 en su actual sede-para la Historia de América está fuera de toda duda, no sólo por la impresionante colección que alberga, compuesta por más de 25.000 piezas, sino por la gran cantidad de eventos que cada año se celebran allí. Y precisamente por esta razón se decidió utilizar el Salón de Actos del Museo para la celebración de la jornada matinal del segundo día de Simposio, compuesta por dos sesiones: la primera, bajo el nombre Espacios y Sociedades, contó con la intervención de ocho ponentes que hablaron de temas tan interesantes como fronteras, expediciones científicas, cartografía o urbanismo. La segunda abrió el turno de las ponencias en torno a la cultura y el pensamiento, y contó con cinco participantes. Para la celebración de las dos últimas sesiones se volvió al Salón de Actos de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense, contando cada una de ellas con siete oradores. Tras cerrarse la última sesión tuvo lugar la clausura del Simposio, presidida por la máxi-ma autoridad de la AEA, la directora del Departamento de Historia de América I y la directora científica del Simposio. La ponencia de clausura corrió a cargo del doctor Ramón María Serrera Contreras, de la Universidad de Sevilla, bajo el título Geografía y poder en las Cortes de Cádiz: una nueva visión de la realidad americana. En ella puso de manifiesto la importancia que el conocimiento geográfico tiene para un ejercicio efectivo del poder, particularmente en un lugar tan lejano y diverso como América, y demostró que las Cortes de Cádiz dieron gran importancia a dicho conocimiento. Tras la exposición del profesor Serrera, dio por concluido el Simposio el doctor Antonio Gutiérrez agradeciendo la asistencia y emplazando a los allí presentes al próximo Congreso que celebrase la Asociación. Hoy sabemos que este será el Congreso Internacional "La Constitución Gaditana de 1812 y sus repercusiones en América", convocado por varias Instituciones reconocidas, entre ellas la AEA, que se celebrará en Cádiz del 15 al 18 de septiembre de este 2009, organizado por AEA, ADHILAC, RAHA y la UCA. Tras la clausura del acto, los asistentes fueron deleitados con la actuación del Grupo Universitario Complutense de Escuela Bolera que, dirigido por una de las participantes del Simposio y profesora del Departamento de Historia de América II, la Dra. Emma Sánchez Montañés, logró con una excelente puesta en escena y su altísimo nivel de baile los calurosos y efusivos aplausos de los asistentes al acto. Sin duda un colofón de lujo para dos jornadas científicas de relevancia. Igualmente, el día 13 se destinó a la finalización lúdica del Congreso, con una excursión al Real Sitio de Aranjuez, que incluyó una visita por el Palacio Real y sus hermosos jardines, así como por la Real Casa del Labrador y la Casa-Museo de Marinos, donde se encuentran expuestas las falúas que en su tiempo compusieron la flota del Tajo. Sin duda un delicioso recorrido que puso punto final al VI Simposio de la Asociación Española de Americanistas. El éxito de la reunión quedó patente en el número de participantes que acudieron al evento, destacable tratándose de un Simposio. Fueron un total de cuarenta y ocho ponencias con cuarenta y nueve participantes. Además, se contó con la asistencia de estudiosos procedentes de varios países americanos -México, Uruguay, Argentina, Puerto Rico, etc.-, una característica que es agradablemente habitual en las reuniones que organiza la AEA. Cabe también destacar que la publicación de las actas del Simposio ya está en marcha, y que será realizada por la propia Asociación, en colaboración con la Universidad Complutense. Se espera que sean definitivamente publicadas a lo largo del presente año 2009. 1 Por todo lo descrito anteriormente, consideramos que la celebración del VI Simposio de la Asociación Española de Americanistas ha resultado exitosa tanto en sus aspectos científicos como culturales, cumpliéndose los objetivos marcados con anterioridad al mismo por los organizadores. Únicamente cabe esperar, como bien dijo don Antonio Gutiérrez Escudero, que no se tarde demasiado tiempo en volver a llevar un evento científico de la Asociación a la capital de España. MIGUEL MARTÍN ONRUBIA Universidad Complutense de Madrid XVIII Coloquio de Historia Canario-Americana Casa de Colón, Las Palmas de Gran Canaria 13-17 de octubre de 2008 tema tratado, y poniendo también de relieve las cuestiones más relevantes del panorama historiográfico actual en torno a 1808. Los Puertos Atlánticos en la Historia constituyeron otro importante Seminario, donde se trataron aspectos como: la relación entre puertos, ciudades y medio ambiente, los modelos de gestión de las infraestructuras portuarias, la articulación de rutas comerciales, la importancia de los puertos respecto a la pesca, los puertos y legislación, la importancia estratégica de determinados puertos y los emigrantes y el desarrollo portuario. Todos estos temas lograron profundizar en el conocimiento de los puertos del Atlántico Medio y Sur, tanto en el Antiguo Régimen como en la Edad Contemporánea. Así mismo debemos destacar la ponencia sobre los puertos del África Occidental, porque supuso una gran novedad de inestimable valía. Además de estos dos magníficos Seminarios, El Coloquio de Historia Canario-Americana contó con diferentes áreas temáticas, igualmente fundamentales en cuanto a temas y aportaciones: Arqueología, Historia Política e Institucional, Arte, Historia Económica, Geografía, Historia Social, Mujeres e Historia, Multiculturalismo e Historiografía. El área de Arqueología se agrupó en tres grandes bloques: Navegación y descubrimiento de Canarias; la arqueología insular, esencialmente referida a Gran Canaria y, por último, los procesos de aculturación y arqueología histórica. Así mismo, varias comunicaciones versaron sobre la aplicación de técnicas arqueológicas a periodos que van desde la etapa de contacto entre canarios y europeos hasta el momento presente, en el actual proceso de recuperación de la Memoria Histórica. Unas importantes aportaciones, por lo que suponen de novedad y de importancia para el momento histórico actual. Esta sección fue una de las más numerosas en cuanto al contenido y de asistencia de público, en especial alumnos de las universidades canarias. La mesa de Historia Política e Institucional se dividió en dos grandes bloques temáticos, uno de contenido más jurídico y el otro fundamentalmente político, abordándose aspectos fundamentales de la historia de Canarias de los siglos XIX y XX, con gran rigor científico y aporte documental. En la sección de Arte se trataron temas como el mecenazgo artístico, patrimonio cultural, arquitectura, artes plásticas, el mundo del cómic, o la música y la literatura, tanto en el Antiguo Régimen como en épocas más recientes, en el ámbito español y latinoamericano. Merece la pena destacar de esta mesa de Arte la valiosa aportación de jóvenes investigadores canarios que pone de manifiesto el gran tirón del Arte en las Universidades de esas islas, así como la estupenda labor de los profesores de dicha asignatura. La Historia Económica se centró principalmente en las nuevas fuentes que profundizan en las relaciones comerciales entre Canarias-América, tema de gran interés en estos Coloquios desde sus inicios, e igualmente se analizaron las actividades económico-empresariales de los canarios emigrantes a Latinoamérica, que despertaron mucho interés entre los asistentes. En la sección de Geografía se planteó la necesidad de abrir nuevos horizontes en la explotación de recursos, así como la búsqueda de una especialización turística o la rehabilitación urbana, las políticas de competencia entre ciudades y puertos; así mismo, en los debates, señalaron su preocupación por el deterioro de la imagen de los espacios públicos. La Mesa de Historiografía reflejó la importancia de los archivos privados para el estudio de la sociedad y la vida insular, junto al rescate de la labor periodística de los escritores canarios en América, una gran novedad en la presente edición, augurando nuevas aportaciones para los próximos. El área de Historia Social una vez más ha dejado patente la valoración del conocimiento de la presencia extranjera en Canarias. Igualmente se presentaron estudios sobre la emigración canaria a Brasil y México. Un particular interés representaron las distintas comunicaciones sobre educación, así como los trabajos referidos a la época de la República y el Franquismo, en concreto sobre la vida cotidiana y las luchas sociales. Los estudios de las Mujeres y de género trataron de resaltar el papel jugado por las primeras en los espacios públicos en diferentes épocas y contextos. Nos ofrecieron la visión de mujeres concretas (Flora Tristán, Gertrudis Gómez de Avellaneda o Dolores Melo) o formando colectividades en torno a diversas causas (económicas, las vendederas en el Antiguo Régimen, las Católicas en la posguerra española o las mujeres de presos en los años 50 en pleno régimen franquista). Igualmente, dentro de la Historia Social se abordó un tema de gran trascendencia para comprender mejor el momento actual de España y en especial de Canarias: el Multiculturalismo y las religiones en Canarias. Un análisis riguroso de las nuevas gentes y sus creencias en las islas Canarias, pero sin olvidar el respeto a su historia pasada. En la sesión de clausura el doctor Joseph Pérez disertó sobre la Revolución Francesa y la Independencia de las colonias hispano-americanas. A continuación, y tras la lectura de conclusiones, la secretaria general del Coloquio, doña Elena Acosta Guerrero, leyó una emotiva carta del coordinador general doctor Francisco Morales Padrón que, por motivos de salud, no pudo asistir y en la que, además de enorgullecerse por el gran éxito de las Jornadas, animaba a continuar en el empeño, del que él seguiría estando presente. Queremos así mismo resaltar la añoranza de todos los asistentes al Coloquio de don Francisco Morales Padrón, coordinador general y Alma Mater del mismo, esperando que en el próximo, podamos contar con su presencia y sabiduría. Congreso Internacional "Irlanda y el Atlántico Ibérico: movilidad, participación e intercambio cultural (1580-1823)" Universidad Pablo de Olavide y Escuela de Estudios Hispano-Americanos Sevilla, 30-31 de octubre y 1 de noviembre de 2008 La idea de organizar un congreso internacional que vinculase la isla de Irlanda con la dimensión atlántica de las Monarquías Ibéricas en la Edad Moderna respondía a una serie de necesidades, fruto de la actividad científica desarrollada en los últimos años. Por un lado, el grupo de investigación "Las comunidades extranjeras en la Monarquía Hispánica (siglos XVI-XVIII): Identidad e integración social de la nación irlandesa en España" (Ministerio de Innovación y Ciencia, HUM 2005-05763/Hist), dirigido por Enrique García Hernán, ya había organizado una primera reunión científica en junio de 2006 en la cual había quedado clara la necesidad de seguir explorando la vertiente atlántica de las relaciones hispanoirlandesas en un futuro evento. 1 Por otro, la oportunidad de desarrollar esta actividad se reforzó por su vinculación con el segundo simposio internacional "Spanish-Irish relations through the Ages", cuyo organizador, el profesor Declan Downey, del University College Dublin (UCD), animó a proyectar a un espacio geográfico más amplio que permitiese ver las relaciones hispano-irlandesas en su verdadero marco político de referencia.2 Otro de los elementos que cooperó a lanzar la iniciativa fue la colaboración con el proyecto "The Irish in the Hasburg andBourbon Naval World (1580-1815)", financiado por el Irish Research Council for the Humanities and Social Sciences (IRCHSS) y dirigido por el profesor Ciaran Brady, del Trinity College de Dublín (TCD), el cual ha seguido planteamientos similares a la hora de elaborar su marco de investigación dedicado a crear una gran base de datos sobre los irlandeses al servicio de las armadas francesas e hispanas de la Edad Moderna. 3 Tras decidir organizar el Congreso en la Universidad Pablo de Olavide (UPO), fue una suerte poder contar con la colaboración de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Sevilla para desarrollar el evento, no sólo porque pusieron generosamente a disposición del Congreso sus instalaciones y residencia, sino porque además la colaboración con el proyecto de investigación "Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizaje en los márgenes del imperio hispánico" (Ministerio de Innovación y Ciencia, HUM2007-64126), dirigido por el profesor Salvador Bernabéu Albert, y el personal científico de la Escuela permitió conectar debates y líneas de reflexión entre el gremio americanista y el modernista, uno de los principales objetivos del Congreso. Finalmente, la actividad no hubiera podido desarrollarse de no haber contado con el generoso patrocinio de la Embajada de Irlanda en España, el entonces Ministerio de Innovación y Ciencia, la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía, el Plan Propio de Investigación de la UPO, el IH y la EEHA del CSIC y el UCD. El marco geográfico más amplio de referencia, superando una comparación lineal entre dos únicos entornos geográficos (generalmente la isla de Irlanda y los territorios europeos de la Monarquía Hispánica, con excesivo énfasis en el componente castellano de la Corona), permitió plantear una serie de problemas y enfoques transnacionales y comparados de gran interés, no sólo para el mayor conocimiento de la emigración irlandesa en la Edad Moderna, sino también para la comprensión del funcionamiento de la misma Monarquía Hispánica como un sistema complejo de interrelación y circulación entre jurisdicciones, territorios y redes humanas. En estos circuitos, las comunidades extranjeras jugaron un papel destacado, cuya importancia nadie niega, pero cuyo alcance y modos de funcionamiento y consecuencias derivadas debemos aún aprehender. Así, ¿por qué estudiar el historiador la vinculación de Irlanda con el Atlántico Ibérico en la Edad Moderna no especialmente interesado en la isla atlántica? Como se pudo ver en el Congreso que pasamos a reseñar, es posible aprehender mucho de la Monarquía Hispánica a través del estudio de las minorías que circulaban dentro y alrededor de ella. Para los investigadores de esa Monarquía ofrece un ángulo de análisis a través del cual puede estudiarse la manera en que ésta abordó el control del gigantesco espacio cuya soberanía reivindicaba en la Edad Moderna y los mecanismos a través de los cuales se organizaba la gestión y defensa del territorio. Su estudio permite establecer comparaciones entre las diferentes sociedades que la componían a través de la adaptación asimétrica de una minoría, incluso los mismos individuos que circulan por distintos espacios de un único conglomerado político. Así, las prácticas sociales, económicas, culturales y políticas desarrolladas por ese proceso migratorio en los diversos territorios atlánticos de la Monarquía, incluso la dispar interrelación entre las comunidades extranjeras en los variados espacios de la Monarquía y fuera de ella, suponen un estrategia intermedia de análisis muy útil entre el excepcionalismo de los estudios particulares (tanto de territorios como de comunidades individuales) y la difícilmente abarcable historia global. La sesión inaugural del Congreso corrió a cargo del Excmo. señor Juan Fernández Martínez, rector de la Universidad, el Excmo. señor Peter Gunning, embajador de la República de Irlanda en España, el señor doctor Fernando Hiraldo Cano, coordinador Institucional del CSIC en Andalucía, y el Excmo. señor Hugo O'Donnell, miembro de la Real Academia de la Historia (RAH). Por falta de espacio no podemos detenernos en la aportación de cada uno de los participantes, por lo que simplemente nos referiremos a la temática trabajada, invitando al lector interesado a que espere la próxima publicación de las actas completas. La conferencia inaugural fue impartida por el profesor Nicholas Canny, presidente de la Royal Irish Academy y director del Instituto Moore de la Universidad Nacional de Irlanda en Galway. La misma versó sobre las definiciones y divisiones entre Historia Atlántica e Historia Global. La primera sesión de trabajo, presidida por la profesora Enriqueta Vila Vilar, de la EEHA, versó sobre las comunidades mercantiles irlandesas en Europa. La segunda sesión de trabajo, presidida por el profesor Oscar Recio Morales, de la Universidad Complutense de Madrid, estuvo dedicada a los espacios bajo dominio portugués durante la época moderna. Además de las sugerentes perspectivas comparadas que se plantearon, resultó de gran interés el poder estrechar lazos con colegas portugueses y brasileños e incentivar un espacio de análisis hasta ahora poco desarrollado. La tercera sesión se centró en las redes transatlánticas esclavistas y comerciales en la que participaron los irlandeses de la Edad Moderna, sesión que fue presidida por la profesora M.a Justina Sarabia Viejo, de la Universidad de Sevilla. La segunda jornada comenzó con la conferencia del profesor Carlos Martínez Shaw, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y miembro de la RAH, dedicada al Atlántico Ibérico en la Edad Moderna como espacio de circulación de personas, ideas y objetos a escala planetaria. La primera mesa del día, presidida por el doctor Juan Marchena Fernández, profesor de Historia de América de la UPO, estuvo enfocada en la participación militar irlandesa en América, tanto durante la época colonial, como en todos los bandos de las Guerras de Independencia. La siguiente sesión, moderada por la profesora Consuelo Varela, de la EEHA, amplió la mirada a los irlandeses en América más allá de su inclusión en los ejércitos reales, a través de su participación política, religiosa y jurídica en la dimensión americana de la Monarquía Hispánica. La tercera mesa del viernes 31, centrada en los agentes de circulación cultural y científica, estuvo presidida por el profesor Declan M. Downey, del UCD. En ella se destacaron el papel irlandés en las exploraciones científicas de la Ilustración, su peso en el grupo profesional de científicos y médicos en el Nuevo Mundo, y como ello se veía apoyado por un fuerte grupo irlandés en la corte de Madrid. La última sesión de trabajo de esta jornada estuvo dedicada a la relación entre género y emigración, un aspecto que no ha sido apenas estudiado en el caso de Irlanda y que pro-mete, más aún si tenemos en cuenta además su dimensión atlántica, ser uno de los temas a desarrollar más sugerentes de los próximos años. El profesor Thomas O'Connor, de la Universidad de Maynooth en Irlanda, fue el presidente de esta mesa. Para finalizar la jornada, el profesor Bartolomé Yun, del Instituto Europeo de Florencia, impartió una conferencia sobre las oportunidades y riesgos de aplicar la historia trans-nacional al estudio de las sociedades de la época moderna. La última jornada del Congreso se desarrolló en la EEHA el 1 de noviembre. Fue abierta por el profesor Declan M. Downey, al tratar sobre la difícil alineación de los militares irlandeses que servían a la Corona durante la guerra de Sucesión Española. La sesión de cierre, presidida por la profesora Jane Ohlmeyer, del TCD, se dedicó a los vínculos sociales, culturales e historiográficos entre Irlanda y la Monarquía Hispánica, los cuales encuentran continuidad en la obra de artistas y escritores contemporáneos. El cierre del Congreso estuvo dirigido por el profesor Nicholas Canny, del Moore Institute, quien resumió y replanteó los temas, debates y líneas de trabajo que aquí se han presentado de manera sumaria. Destacó el hecho de que las relaciones historiográficas hispano-irlandesas se han impulsado de manera activa desde las últimas dos décadas gracias al desarrollo de programas de movilidad que han permitido acercar (tanto físicamente como a través de la adquisición de competencias lingüísticas) a investigadores irlandeses a fuentes extranjeras desconocidas para ellos que les obligaban a replantear sus presupuestos sobre el funcionamiento de la Irlanda de la primera Edad Moderna a investigadores europeos interesados en conocer el papel de las minorías integradas en el continente. Ahora, tras unos años de intensa investigación conjunta cuyos frutos han empezado a salir de las imprentas, es necesario plantearse cuáles son los próximos pasos a realizar. Como conclusión, comienzan a vislumbrarse proyectos de investigación conjunta que esperamos puedan realizarse en los próximos años. Por un lado, algunos de los miembros integrantes del grupo de investigación "Las comunidades extranjeras en la Monarquía Hispánica (siglos XVI-XVIII): Identidad e integración social de la nación irlandesa en España", con algunas nuevas incorporaciones, han presentado un proyecto al Ministerio de Innovación y Ciencia con el título "Proyección política y social de la comunidad irlandesa en la Monarquía hispánica y en la América colonial de la Edad Moderna (siglos XVI-XVIII)". En él se tra-bajarán algunos de los aspectos a desarrollar más debatidos en el Congreso, como el papel de la mujer en la emigración e integración social irlandesa en la Edad Moderna, la dimensión Atlántica de todo este proceso, especialmente interesante para entender los movimientos de independencia que se conmemoran estos años, y el análisis de nuevas perspectivas que hagan más comprensible la vinculación religiosa y social de la comunidad irlandesa con la Monarquía Hispánica. Para esta última parte serán de gran novedad los en torno a 30.000 documentos inéditos relacionados con el viático pagado para el retorno a Irlanda de religiosos formados en el continente. En una época de financiación incierta para las Humanidades, es importante seguir impulsando la iniciación a la investigación y formación de jóvenes investigadores que tengan la capacidad de trabajar y contrastar fuentes y tradiciones historiográficas en distintos idiomas y países. Así, estamos seguros de que las nuevas investigaciones que se están desarrollando por alumnos de doctorado ayudarán a dar un mayor impulso a los estudios sobre la comunidad irlandesa en la Monarquía Hispánica con nuevas preguntas, desde nuevas perspectivas y con documentación hasta ahora poco o nada trabajada. Esperemos que estos y otros nuevos trabajos tengan cabida en el Congreso de la Society for Irish Latin American Studies que se desarrollará en Morelia, Michoacán (México) del 15 al 18 de julio de 2009. 4 Sin embargo, es una gran lástima que en estos futuros proyectos no podamos contar con dos colegas muy vinculados a esta aventura, fallecidos poco después de la celebración del Congreso aquí comentado. La doctora Fátima Gouvea, de Río de Janeiro, quien había ayudado a abrir nuevas puertas a la investigación irlandesa de la época moderna en un entorno importante pero poco conocido como es el Brasil, nos abandonó de manera súbita a los pocos meses de finalizado el evento. Lamentamos también la pérdida del doctor Michael Adams quien, aunque no pudo asistir finalmente a este Congreso, durante muchos años ha impulsado desde la Editorial Four-Courts los estudios relacionados con la Irlanda de la época moderna y a quien el firmante de estas líneas guarda inmensa gratitud por su generosidad y apoyo. En esa fecha se celebró en la villa guipuzcoana de Ordizia el Congreso Internacional Andrés de Urdaneta: un hombre moderno, bajo la coordinación de José Ramón de Miguel Bosch y Susana Truchuelo García, en el marco de las actividades que el Ayuntamiento de la localidad realizó para conmemorar el 500 aniversario del nacimiento de uno de sus hijos más ilustres. En él se dieron cita profesores, investigadores y expertos en la figura de Urdaneta y en la historia castellana, portuguesa, novohispana y filipina de la Edad Moderna, procedentes de diversas instituciones académicas y culturales de Asia, América y Europa. En este encuentro científico, diferentes especialistas internacionales tuvieron la oportunidad de intercambiar opiniones y de debatir sobre los valores científicos, humanos, diplomáticos, políticos, etc. de este religioso agustino, así como sobre la repercusión que tuvo su principal logro: el tornaviaje, es decir, el descubrimiento de la ruta de regreso desde Filipinas hacia los territorios de Nueva España en 1565 y el inmediato establecimiento del Galeón de Manila, que conectaba desde un punto de vista económico, social, político y cultural las dos orillas del Pacífico. En el Congreso se presentaron un total de doce ponencias y diez comunicaciones que fueron objeto de debate y discusión entre todos los asistentes. Cada investigación estaba incorporada en una de las tres grandes áreas temáticas en las que estaba organizada la citada convocatoria; se trataba de bloques temáticos basados en la propia biografía de Andrés de Urdaneta. En concreto, la primera área (1508-1535) se ocupaba de los orígenes de Urdaneta, del viaje de Loaysa, del contencioso de las Molucas y de las tensiones entre Castilla y Portugal; el segundo bloque (1536-1564) se centraba en el retorno de Urdaneta a Castilla, los conflictos derivados del control de las especias, así como la estancia de este agustino en Nueva España y los preparativos del viaje a Filipinas; y por último, la tercera área temática (desde 1565) giraba sobre el tornaviaje y el papel del Galeón de Manila en la economía. Las cuestiones analizadas fueron, por lo tanto, diversas, tanto cronológica como temáticamente. Unos trabajos se ocuparon de aspectos historiográficos y documentales. Patricio Hidalgo Nuchera (Universidad Autónoma de Madrid), en su ponencia "La figura de Andrés de Urdaneta en la historiografía indiana, conventual, documental y moderna", realizó un recorrido sobre la visión existente de Urdaneta en la historiografía y dio la clave para entender el escaso reconocimiento que ha tenido su figura entre los historiadores y el público en general en comparación con el prestigio otorgado a otros exploradores del siglo XVI: conquistó una ruta marítima y no un imperio ni territorios. Por otra parte, las comunicaciones de Tarsicio García Díaz, de la Universidad Nacional Autónoma de México ("San Agustín de México: última morada de Andrés de Urdaneta y los Fondos de Oriente en la Biblioteca Nacional"), y de Neida Jiménez Navarro, de la Universidad del País Vasco ("Reseñas sobre Andrés de Urdaneta en los fondos documentales de los archivos españoles"), apuntaron la existencia de nuevas fuentes documentales ubicadas en archivos locales guipuzcoanos y estatales españoles, y en la Biblioteca Nacional de México, a las que se puede acudir para conocer mejor la vida y obra de este religioso, en particular los aspectos más desconocidos como pueden ser los años iniciales de su vida y su contexto familiar. Por otra parte, el marco histórico en el que desarrolló su actividad Andrés de Urdaneta fue perfectamente delimitado en varias comunicaciones: Armando Francisco Azúa García, de la Universidad Iberoamericana de México ("Imperio y Especias. Las Molucas y el comercio de especias en el proyecto de las monarquías ibéricas"), destacó la importancia de las especias como motor de los descubrimiento y Pedro Insúa Rodríguez, de la Universidad de Córdoba ("Filipinas como escala hacia China"), reincidió en la cuestión por todos conocida de que Filipinas era un punto de paso idóneo para acceder al vasto mercado chino. Tuvieron también enorme interés las ponencias en las que se profundizó en el entorno social que rodeó a Urdaneta. Tanto Juan Gil Fernández, de la Universidad de Sevilla ("El entorno vasco de Andrés de Urdaneta (1525-1538)"), como Antonio F. García-Abásolo, de la Universidad de Córdoba ("Compañeros y continuadores de Urdaneta. Vascos en la nueva ruta de la seda"), a través del análisis de una fuente documental habitualmente infrautilizada, los testamentos, nos acercaron a los bienes, ocupaciones profesionales, vínculos de paisanaje, etc., que tenían las personas que convivieron con Urdaneta en tierras asiáticas. Gil nos presentó a los compañeros del religioso en las Molucas, tras el viaje de Loaysa, y García-Abásolo mostró a las personas que acompañaron a Urdaneta en 1564 y 1565 con motivo del tornaviaje, así como en sucesivos viajes del Galeón de Manila. Como no podía ser de otra forma en un Congreso conmemorativo del nacimiento de una persona, la mayoría de los trabajos se centraron en la propia figura de Andrés de Urdaneta. A lo largo de distintas ponencias y comunicaciones se destacaron aspectos diversos y complementarios de este vecino de Ordizia, tanto desde un punto de vista religioso, como desde otros aspectos más desconocidos, como el de militar, político, económico o diplomático, sin olvidar, por supuesto, el plano científico de Urdaneta, que fue el más desarrollado en la reunión. Algunos trabajos realizaron un repaso biográfico de este navegante. Por ejemplo, Isacio Rodríguez Rodríguez, en la ponencia inaugural ("Andrés de Urdaneta, agustino, 500 años del descubridor del tornaviaje"), resumió los hitos fundamentales de la vida del navegante, refutando ciertos errores todavía difundidos por algunos historiadores, mientras que Miguel Hernández Carrión, de la Universidad Complutense de Madrid ("Andrés de Urdaneta a partir de su biografía"), y Montserrat León Guerrero, del Instituto Interuniversitario de Estudios de Iberoamérica y Portugal de Valladolid ("Urdaneta logra lo de Colón"), centraron sus comunicaciones en su vertiente como marino. También conocemos ahora mejor la formación de su personalidad durante su juventud, en concreto, en la estancia en las Molucas. En este campo, Manuel Lobato, del Instituto de Investigaçao Cientifica Tropical de Lisboa ("'Pájaro sin alas'. Acción política de Andrés de Urdaneta y su descripción geo-antropológica de las islas de Maluco"), y Juan Gil detallaron en sus ponencias esa primera estancia de Urdaneta en las islas Molucas, destacando su naturaleza observadora y su inteligencia en el aprendizaje de la lengua malaya, así como sus actividades como guerrero -en el marco de los enfrentamientos con los portugueses-y como diplomático, con los mismos rivales lusos y con los indígenas de las islas. Por otra parte, Thomas Hillerkuss Finn, de la Universidad de Zacatecas, México, clarificó en su ponencia ("Andrés de Urdaneta y sus años de funcionario en el occidente novohispano") otras facetas de la personalidad de este personaje, desarrolladas durante su estancia en México, no como navegante y astrónomo, sino como empresario minero y como protagonista de actividades políticas y administrativas, derivadas del ejercicio de cargos públicos, como el de corregidor, justicia mayor, etc. Otros trabajos realizaron una valoración del tornaviaje desde un punto de vista científico y técnico. Por un lado, en su ponencia José Ramón de Miguel Bosch ("Las dificultades náuticas del tornaviaje") pormenorizó las dificultades técnicas del tornaviaje, detallando las características de la ruta de regreso a Nueva España; por otro, José Antonio Cervera Jiménez, del Instituto Tecnológico de Monterrey, México, en "El trabajo científico de Andrés de Urdaneta y el problema de la longitud geográfica", desde una perspectiva historiográfica más vinculada a la historia de la ciencia, explicó que la principal aportación científica de Urdaneta fue el establecimiento de la derrota del Galeón de Manila. En este mismo ámbito, Alfonso F. González González presentó en su comunicación ("El problema del regre-so a las costas americanas desde la expedición de Magallanes-Elcano hasta el viaje de Andrés de Urdaneta") un breve esbozo del tornaviaje. Por otra parte, algunos estudios incidieron en las variadas consecuencias del tornaviaje, tras el establecimiento del Galeón de Manila, en aspectos tan diversos como el técnico, el artístico, el cultural o el humano, sobre todo en Filipinas. La ponencia de clausura, llevada a cabo por Leoncio Cabrero Fernández, de la Universidad Complutense de Madrid ("Alegría, tristeza y ansiedad en la travesía del Galeón de Manila por el Océano Pacífico"), presentó con detalle las dificultades propias de los viajes transpacíficos y los problemas derivados de la organización del famoso Galeón. La relevancia económica del establecimiento de una conexión comercial permanente entre México y Filipinas fue puesta de manifiesto en la ponencia presentada por Cristina Barrón Soto, de la Universidad Iberoamericana de México, sobre "La trascendencia del tornaviaje en el comercio transpacífico". Esta misma perspectiva socio-económica, pero para un contexto más contemporáneo, fue planteada en las ponencias presentadas por Francis Navarro, del British Council School de Madrid ("Filipinas y los filipinos en tiempos de Urdaneta"), y Naoko Iwasaki, de la Universidad de Waseda de Japón ("APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation). Nueva unión económica de la región del Pacífico después de 500 años"), la primera centrada en el marco geográfico de las islas Filipinas y la segunda en el ámbito más amplio del Pacífico. En la misma línea explicativa de las consecuencias del establecimiento del tornaviaje, en particular en el área asiática, la comunicación de Jean-Noël Sanchez Pons, de la Universidad Marc Bloch de Estrasburgo ("Tiempos Malucos. España y sus Islas de las Especias, 1565-1663"), tuvo como objeto de investigación las islas Molucas y la presencia española en ellas; por otra parte, la comunicación de Ana Ruiz Gutiérrez, de la Universidad de Granada ("Legados artísticos registrados en la ruta del Galeón de Manila"), se ocupó de los intercambios artísticos entre Filipinas y la metrópoli a través de la Nao de la China; y, por último, la de Fernando Campo del Pozo ("Hallazgo del Santo Niño de Cebú y fray Andrés de Urdaneta) se interesó por la devoción popular a una imagen religiosa en Filipinas. Estas contribuciones constituirán el cuerpo esencial de libro Andrés de Urdaneta: un hombre moderno, que verá la luz en el año 2009. En conclusión, durante el Congreso se pusieron de relieve muchos aspectos hasta entonces desconocidos de la vida y obra de Urdaneta: su dedicación a tareas políticas, militares y diplomáticas, la relevancia de sus escritos e informes como fuentes de primera mano para el conocimiento de la realidad asiática del siglo XVI, la confianza depositada en él por Felipe II, su conocimiento de las corrientes marinas y de la circulación atmosféri-ca... Todo permite calificar a Andrés de Urdaneta, en la actualidad, como un hombre moderno, conocedor de los principales avances científicos y astronómicos de su época, que le permitieron llevar a buen término la hazaña de conectar por vía marítima los continentes asiático y americano por primera vez en la historia, abriendo el camino de lo que, posteriormente, se llamará mundialización y globalización. Jornadas sobre "El Municipio Indiano: Relaciones interétnicas, económicas y sociales" Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Sevilla 18-19 de diciembre de 2008 En esas fechas se celebraron en Sevilla estas Jornadas, organizadas por el equipo que trabaja en el Proyecto del mismo título1 y la Universidad de Sevilla. Las Jornadas han sido coordinadas por el doctor Luís Navarro García, contando con la importante colaboración de la Facultad de Geografía e Historia y del Departamento de Historia de América de la citada Universidad. En las Jornadas participaron investigadores y profesores de centros sevillanos, fundamentalmente la Universidad de Sevilla, la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC) y el Centro de Estudios Andaluces, pero también del resto de Andalucía como las Universidades de Córdoba, Granada y Cádiz, así como otras Universidades españolas, entre ellas la Complutense y la Autónoma de Madrid, y las de Valladolid, Santiago de Compostela, País Vasco y León. También han aportado su colaboración investigadores de centros de más allá de nuestras fronteras, provenientes de la Universidad de Toulouse-Le Mirail, en Francia, y la Universidad de Guadalajara, en Jalisco, México. Las reuniones fueron inauguradas el jueves 18 de diciembre a las 10 de la mañana por el decano de la Facultad de Geografía e Historia, tras lo cual tuvo lugar el inicio de la primera sesión por medio de la ponencia Las cartas de cabildo como fuente para la historia de los Municipios indianos, presentada por Enriqueta Vila Vilar y María Justina Sarabia Viejo. La sesión estuvo dedicada a estudios sobre el Virreinato de Nueva España, con trabajos centrados en la minería del alumbre en Metztitlán en el siglo XVI, por parte de Jaime J. Lacueva y Carolina Cunill; las relaciones sociales en el Ayuntamiento de la Ciudad de México en el siglo XVII, por Ma Luisa Pazos; los vínculos de parentesco en Santa María de los Lagos (Nueva Galicia) en los siglos XVII-XVIII, por Celina Becerra o los intentos de creación de un Cabildo indígena en Tequila, entre 1654 y 1708, por Ma Pilar Gutiérrez. La segunda sesión, iniciada a las 12 de la mañana del mismo 18 de diciembre, también estuvo fundamentalmente centrada en el ámbito novohispano, con ponencias como la de Ma Cristina García Bernal Las escribanías de Cabildo en Guadalajara: ¿Un oficio devaluado? (1700-1760); trabajos sobre las elites de Guanajuato en el siglo XVIII, como el presentado por José Luis Caño Ortigosa; o el gobierno de colonos e indios en Monterrey (Nuevo Reino de León) entre 1716-1740, que fue defendido por Ascensión Baeza Martín. Para concluir la sesión, Ángel Sanz Tapia presentó su ponencia Los Cabildos y la compra de cargos indianos. La tercera sesión, iniciada el jueves 18 a las 16:30 de la tarde, continuó la temática colonial mexicana, con exposiciones como la de Luis Navarro García Estamento, gremio y color en las milicias de México, 1706-1707, que fue secundado por otras ponencias sobre los alcaldes ordinarios de Zacatecas entre 1670-1700, como la de Isabel Romero Soto; el control del baratillo de México, por Patricio Hidalgo Nuchera; la convivencia entre indios y españoles en El Paso a fines del siglo XVII, por Cristino Ortiz de Frutos; o la indiada en Colotlán según la visión de Félix Calleja en 1790, por José Antonio Cañal de León. La jornada del día 18 concluyó en la cuarta sesión, en la que continuó la temática novohispana con otra ponencia sobre Zacatecas, esta vez dedicada al alférez real de esa villa minera entre 1600-1650, por Reyes Albi Rodríguez; o la referida al corregidor Pedro de Castro, por Carmen Paula Palomo Sousa. Antonio García-Abásolo presentó un trabajo sobre el abasto de Manila en 1686 y la ponencia de Elisa María Jiménez Jiménez versó sobre los estudiantes americanos en la Universidad de Sevilla en el siglo XIX. El 19 de diciembre, a las 10 de la mañana, tomó la palabra Juan Bosco Amores Carredano para dar cuenta de su trabajo Esclavitud y justicia: la consideración jurídica del esclavo en La Habana (1790Habana ( -1815)). Esta quinta sesión tuvo una preocupación principalmente caribeña y especialmente cubana, con la ponencia de Sigfrido Vázquez Cienfuegos sobre la población de color habanera ante los sucesos de 1808; la de Emilio Luque Azcona centrada en el estudio de las obras públicas y los espacios de sociabilidad en La Habana (1770-1830); así como el trabajo de Antonio Gutiérrez Escudero sobre las relaciones de poder de las familias de la ciudad de Santo Domingo en el siglo XVIII. Para completar esta sesión fue leída una ponencia de tema centroamericano por Antonio Acosta Rodríguez, que versó sobre El espacio municipal en El Salvador en las décadas posteriores a la Independencia. La sexta sesión, desarrollada a partir de las doce de la mañana del mismo día 19, tuvo su eje central en la ciudad de Cartagena de Indias, con ponencias como la de Julián B. Ruiz Rivera titulada Cartagena de Indias, ¿un cabildo cosmopolita en una ciudad pluriétnica?, complementada con los trabajos de Ma del Carmen Borrego Plá sobre etnia y cotidianeidad en Cartagena de Indias en el siglo XVI, o la ponencia de Ángel Álvarez Romero sobre los conflictos entre gremios mercantiles en esa misma ciudad entre 1750 y 1780. Como término a las sesiones de la mañana fueron expuestas dos ponencias sobre diplomática, como la de Margarita Gómez Gómez sobre la recepción del sello real en Indias y la de Manuel Romero Tallafigo centrada en Las ceremonias de recepción del documento real en los Cabildos municipales del Antiguo Régimen. En la tarde del vienes 19 de diciembre tuvieron lugar las dos últimas sesiones de las Jornadas. La primera de ella estuvo totalmente dedicada a la Real Audiencia de Quito. La séptima sesión se inició a las 16:30 de la tarde con la intervención de Jesús Paniagua Pérez, sobre los gremios y el Cabildo en dicha Audiencia en el siglo XVII. A continuación Luis Javier Ramos Gómez y Carmen Ruigómez Gómez expusieron su trabajo sobre los festejos en honor a Luis I en 1708 y 1724 en Quito, dando cuenta el primero en su ponencia de los problemas entre el Cabildo y el corregidor de Quito en 1719 y, para concluir la sesión, Miguel Molina Martínez expuso su trabajo titulado Autonomía frente a centralismo. En la octava sesión, que fue la de clausura, tuvieron lugar las intervenciones de Ma Luisa Laviana Cuetos, que sirvió para cerrar el conjunto de trabajos ecuatorianos con su ponencia Labor cultural y educativa del Cabildo de Guayaquil en la época colonial. Completaron la sesión las intervenciones de Javier Matienzo Castillo sobre el Cabildo indígena en las misiones jesuíticas del sur de América y Sandra Olivero con su trabajo sobre el matrimonio y las relaciones interétnicas en Buenos Aires en el siglo XVIII, concluyendo la tarde con la ponencia de Ma Dolores Pérez Murillo titulada Las ciudades coloniales vistas por sus contemporáneos. Como colofón a estas dos maratonianas jornadas, el doctor Julián Bautista Ruiz Rivera, actual director del Departamento de Historia de América, agradeció a todos los participantes su colaboración, así como al numeroso público asistente su atención e intervenciones, resaltando el alto nivel de los trabajos aportados por su gran interés y novedosos aportes, comunicando el propósito de lograr la pronta publicación de todas las ponencias en un volumen, que deberá ver la luz durante el año 2009. IV Simpósio Internacional de Estudos sobre América Colonial-CASO Congreso Internacional "Andrés de Urdaneta: un hombre moderno"
Presentación 1 / Presentation José Esteban Castro Universidad de Newcastle, Gran Bretaña En esta introducción me propongo explorar algunas de las conexiones entre las luchas sociales por el agua y el ejercicio de la ciudadanía substantiva y la gobernabilidad democrática en América Latina. Dado lo breve del texto, solamente presento aquí los lineamientos más genéricos de un argumento que he desarrollado en mayor detalle en otros trabajos. 2 Igualmente no trato en detalle aquí las características de los actores de las luchas por el agua, un tema que ha sido objeto de una amplia gama de trabajos que consideran, por ejemplo, el impacto de las identidades sociales de clase, étnicas, o de género de dichos actores. 3 Finalmente, este trabajo trata específicamente el caso de las luchas por el agua y no examina las interconexiones entre éstas y otros conflictos, aunque desde luego un estudio comprehensivo requeriría la consideración del entramado que componen las diversas formas de lucha social en relación al control, propiedad y gestión del territorio (tierra, agua, bosques, etc.). Más bien, el centro de atención en esta 1 Una versión previa de este texto fue publicada en Development, 51, 1, Kuntala Lahiri-Dutt (ed.): Water and People, March 2008, pp. 72-76. 2 Ver por ejemplo: José Esteban Castro: "Systemic conditions and public policy in the water and sanitation sector", en José Esteban Castro y Léo Heller (eds.): Water and Sanitation Services: Public Policy and Management, Londres y Sterling, VA., Earthscan, 2009, pp. 19-37; José Esteban Castro: "Los bienes comunes y la ciudadanía: contradicciones de una relación en pleno desarrollo", en Silke Helfrich (coord.): Genes, Bytes y Emisiones: Bienes Comunes y Ciudadanía, México DF, Ediciones Fundación Heinrich Böll, 2008, pp. 68-80; José Esteban Castro: "Poverty and citizenship: sociological perspectives on water services and public-private participation ", Geoforum, 38, 5, 2007, pp. 756-771; José Esteban Castro: Water, Power, and Citizenship. Indigenous Rights, Diversity and Democracy: Houndmills, Basingstoke y New York, Palgrave-Macmillan, 2002, pp. 252-276; Vivianne Bennett, Sonia introducción son algunas distinciones analíticas que, es mi sugerencia, permiten avanzar en la sistematización del estudio de las luchas por el agua. Finalmente, cierro el trabajo con una breve referencia a las vinculaciones que pueden establecerse entre estas luchas y el proceso de democratización en América Latina. Una primera categorización de los eventos de lucha social por el agua identificados en América Latina desde la década de 1970 puede hacerse dividiéndolos en dos grandes grupos: luchas por el agua a) ecocéntricas y b) antropocéntricas. Como instrumento analítico esta distinción es en cierto modo artificial, ya que en la práctica la mayoría de los eventos de esa lucha por el agua tienden a combinar ambos aspectos. Sin embargo, la distinción no es enteramente arbitraria y además resulta de gran utilidad para iluminar ciertos aspectos claves del proceso. En primer lugar, se acepta generalmente la necesidad de mantener una diferenciación analítica entre el estudio de los ecosistemas acuáticos, por una parte, y la infraestructura de los servicios derivados de, o basados en, el agua, por otra, debido, entre otras razones, a que históricamente ha existido una separación entre ambas áreas de actividad. Esto se ha reflejado, por ejemplo, en la diferenciación de los sistemas legales e institucionales que regulan estas esferas de acción, así como también de las prácticas de gestión, e inclusive de las formas que ha adoptado la división del trabajo entre las distintas disciplinas científicas que producen conocimiento sobre el agua, por ejemplo, entre la hidrología y la ingeniería de infraestructuras hídricas. En segundo lugar, otra razón para mantener esta distinción analítica entre luchas ecocéntricas y antropocéntricas es que podemos identificar una cierta divergencia entre las luchas sociales conectadas con la protección de los ecosistemas acuáticos (por ejemplo, luchas contra la contaminación y el deterioro de dichos ecosistemas o contra los impactos negativos que la intrusión humana en la forma de grandes obras de infraestructura tiene tanto sobre el ciclo del agua como sobre la biodiversidad) y aquellas luchas orientadas a la defensa de los derechos de los seres humanos a un ambiente acuático limpio o al acceso a servicios de agua que son esenciales para la supervivencia y para el mantenimiento de condiciones de vida digna. Esta es una consideración importante porque las contradicciones que se dan al interior de los movimientos sociales y políticos conectados con las luchas por el agua a menudo expresan la existencia de intereses materiales, creencias, valores, principios y fines de carácter frecuentemente antagónico, a veces irreconciliables. Aunque dichas contradicciones no sean necesariamente inevitables o irresolubles, es importante reconocer que las mismas son el resultado de procesos históricos específicos que caracterizan al desarrollo del movimiento ambientalista en general. 4 Estas contradicciones también hallan su expresión en las luchas por el agua registradas en América Latina. Por ejemplo, muy frecuentemente los actores que están involucrados en luchas orientadas a la protección de ecosistemas acuáticos frágiles y de la vida silvestre acuática 5 han mantenido silencio con respecto a la rápida expansión de la privatización del agua en esos mismos territorios, a pesar de las enormes consecuencias que dichas políticas tienen en relación a la gobernabilidad democrática y la justicia social. Lo opuesto también es cierto con frecuencia, ya que como tendencia los actores que han estado al frente de la lucha contra la privatización del agua han puesto menos énfasis sobre los problemas específicos vinculados a la necesidad de proteger y recuperar fuentes de agua que han sido históricamente objeto de una gestión ecológicamente deficiente por parte de agentes públicos y privados. Más aún, con frecuencia los actores que luchan por la defensa del acceso universal a los beneficios derivados de la gestión social del agua han tenido grandes dificultades para adoptar una posición crítica con respecto a las políticas gubernamentales fundadas en la construcción de infraestructuras hidráulicas de gran escala, como son las represas, las hidrovías, o los transvases de cuencas, entre otros ejemplos, muchos de los cuales tienen impactos negativos tanto sobre los ecosistemas acuáticos como sobre las poblaciones humanas. Esta última contradicción es un elemento crucial en los conflictos por el agua que afectan a muchos de los proyectos de desarrollo implementados en América Latina, en los cuales la construcción de grandes infraestructuras con demasiada frecuencia ha causado el desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y de color, la expropiación autoritaria de derechos de agua y sin compensación adecuada, daños irreversibles a los ecosistemas, y ha dado lugar recurrentemente a casos de corrupción público-privada y a la reproducción de formas de injusticia socio-ambiental en el acceso a los beneficios derivados de la construcción de dichas obras, trátese de proyectos de agua para consumo humano, para irrigación, o para la protección de las poblaciones contra eventos extremos como son las sequías o las inundaciones. 6 Actualmente existe un gran número de obras de infraestructura hídrica en América Latina enmarañadas en luchas sociales surgidas de los impactos socio-político, económico, cultural y ambiental de estos proyectos, notablemente las hidrovías, represas y otras obras que son parte del Plan Puebla-Panamá en México y Centroamérica, y de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional (IIRSA) en Sudamérica. 7 Una distinción analítica más fundamental, siempre en la perspectiva de estas páginas, lleva a diferenciar las confrontaciones entre las fuerzas socio-económicas y políticas que impulsan la expansión y consolidación de relaciones capitalistas de gestión y gobernabilidad del agua, en particular mediante la aceleración y extensión del proceso de mercantilización del agua, y las diferentes formas de resistencia contra dicho proceso. Estas luchas de resistencia adoptan un amplio rango de estrategias y "vocabularios de protesta", 8 que van desde la defensa de los derechos indígenas y la denuncia del "racismo hídrico" hasta la recuperación de los bienes comunes y públicos y la búsqueda del reconocimiento de un "derecho humano" al agua. El análisis de este aspecto de las luchas por el agua requiere que se tome distancia con respecto a los discursos y a los objetivos declarados de los actores y que se elabore una consideración cuidadosa de las tendencias estructurales y dirección de dichos procesos, los cuales son en gran medida autónomos de las preocupaciones más inmediatas de los participantes. La comprensión de la relación entre la dimensión subjetiva de las luchas y las tendencias estructurales y dirección general del proceso está frecuentemente más allá del alcance de los actores, en gran medida debido al carácter multi-dimensional y trans-temporal de dicha dinámica. Por ejemplo, en los debates contemporáneos sobre la privatización del agua en América Latina frecuentemente se reifica la tensión entre lo "público" y lo "privado", lo cual tiende a obscurecer el hecho de que, a pesar de las apa- 8 Ramachandra Guha y Joan Martínez-Alier: Varieties of Environmentalism: Essays North and South, London, Earthscan, 1997, pp. 11-16. rentes contradicciones entre agentes públicos y privados, ambos "bandos" frecuentemente contribuyen al avance y consolidación de formas capitalistas de gestión del agua fundadas en modelos de gobernabilidad democrática y ciudadanía meramente formales, no substantivos. Esto puede verse en la práctica, y no solamente en América Latina, en las reformas introducidas desde la década de 1980 en las empresas de agua y saneamiento de propiedad y gestión públicas. A partir de dichas reformas, se espera que estas empresas presten servicios esenciales para la vida como los de agua y saneamiento sobre la base de principios mercantiles y se les exige que abandonen la noción de que dichos servicios constituyen un derecho social o un bien público, no digamos ya un derecho humano. Este proceso de transformación de las empresas públicas en entes que se comporten como empresas privadas cuyo objetivo prioritario es la producción de ganancia antes que la satisfacción de las necesidades esenciales de las poblaciones ya se encuentra muy avanzado en América Latina. Ese proceso, que tiene lugar también en los países gobernados por actores que nominalmente se ubican a la izquierda del espectro político, muestra que la expansión de consolidación de formas capitalistas de gestión y gobernabilidad del agua son en gran medida autónomas del carácter público o privado de los agentes involucrados. En relación a lo anterior, cabe aclarar que la identificación de esta ambigüedad en las confrontaciones entre lo "público" y lo "privado" no significa que debamos perder de vista la distinción entre privatización (en sus diferentes formas) y gestión pública del agua y sus servicios. En este sentido, existen lecciones muy importantes derivadas de ejemplos excelentes identificados en América Latina, particularmente en Brasil, Venezuela, México, Uruguay, Argentina, El Salvador, Bolivia y Perú, entre otros casos, donde los actores han desarrollado una comprensión creciente de estas complejidades: se verifica una tendencia en la que las luchas contra la mercantilización del agua son dirigidas indistintamente contra iniciativas privadas o públicas. Esto se expresa, por ejemplo, en la oposición a la mercantilización de servicios esenciales de agua, que incluye la resistencia contra formas abiertas o disimuladas de privatización (como por ejemplo las asociaciones o partenariados público-privados o la mercantilización de las empresas públicas), intentos de revitalizar la noción de que dichos servicios constituyen un derecho social de ciudadanía, un bien común, un derecho humano y estrategias dirigidas a fortalecer a las autoridades locales y desarrollar asociaciones o partenariados público-privados para la ges-tión eficiente y transparente de los servicios esenciales de agua y saneamiento. 9 Las iniciativas y prácticas de estos actores están dando lugar a formas emergentes, potencialmente emancipatorias, de gestión y gobernabilidad del agua que requieren apoyo para su profundización. Mi argumento es que dichas iniciativas forman parte de la lucha más amplia por la democratización substantiva en América Latina. A pesar de lo breve, esta Introducción no puede dejar de mencionar algunos de los desafíos emergentes que confrontan la gestión y la gobernabilidad democráticas del agua en la región. Además de las tendencias mencionadas anteriormente, que incluyen el deterioro y la contaminación de las fuentes de agua dulce, los impactos negativos de las grandes obras de infraestructura y la expansión penetrante y consolidación de la mercantilización del preciado líquido en diferentes formas, quiero resaltar la existencia de dos fuentes recurrentes y potencialmente crecientes de confrontación por el agua, que en alguna medida se encuentran interrelacionadas. La primera de ellas tiene que ver con el impacto negativo de la rápida expansión de procesos productivos basados en usos intensivos del agua, como por ejemplo la minería y los cultivos masivos como son los del eucalipto destinado a la producción de celulosa, o de la soja, la caña de azúcar, el maíz y otros, que se encuentran en el centro de la revolución de los agro-combustibles que está teniendo lugar en la región. Aunque el impacto de la minería sobre las fuentes y servicios esenciales de agua sí ha dado lugar a un intenso debate, en el caso de los cultivos masivos y especialmente en el de los agro-combustibles se tiende a enfatizar, correctamente, el impacto potencial de estos procesos sobre la seguridad alimentaria, pero las implicaciones que los mismos tienen en relación a los ecosistemas acuáticos y a los servicios de agua han recibido mucha menos atención, a pesar de que ya son significativas. La segunda tendencia que quiero resaltar tiene que ver con las posibilidades de confrontaciones militares conectadas con el control y gestión del agua y otros recursos naturales, que ya son objeto de importantes discusiones. Aunque las posibilidades de conflicto militar han sido probablemente exageradas, lo cierto es que este tema ha pasado a ser un objeto de preocupación en la región, y especialmente en Sudamérica. Este es el caso, por ejemplo, del Acuífero Guaraní, el reservatorio de agua dulce subterráneo más grande del mundo que es compartido por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Algunos gobiernos han desarrollado inclusive hipótesis de guerra basadas en la posibilidad de que fuerzas militares extranjeras puedan intentar tomar control de ese acuífero. Si bien es posible que las bases reales para que se produzcan confrontaciones militares por el agua en la región sean limitadas, estas iniciativas reflejan la amenaza potencial de que el futuro de la gestión y la gobernabilidad del agua en América Latina esté marcado por una conflictividad creciente entre países. Por otra parte, este debate tiene también un lado oscuro: la discusión entre los gobiernos de la región sobre la posibilidad de confrontaciones militares internacionales por el agua podría contribuir a obscurecer la persistencia de conflictos intra nacionales causados por la desigualdad y la injusticia en relación al agua, de la cual los propios gobiernos nacionales son largamente responsables. Para terminar, como tendencia general, la gestión y la gobernabilidad del agua en América Latina han sido caracterizadas históricamente, con pocas excepciones, por prácticas paternalistas y en gran medida verticales y excluyentes. La gobernabilidad del agua, en la perspectiva que aquí se toma, es un proceso político que involucra el ejercicio del poder por parte de actores sociales que buscan influir en la elección de los fines que deben orientar al proceso social, incluyendo los medios para lograr el alcance de dichos fines, en este caso en relación al control y la gestión del agua y sus servicios y a la distribución de los beneficios (y la protección contra los peligros) derivados de los mismos. Siempre como tendencia general, este proceso ha sido caracterizado por el déficit democrático, si rechazamos la reducción del proceso democrático a la formalidad de los eventos electorales o su limitación al espacio de la política partidaria y, más bien, defendemos una noción de la democracia que reclama como principio de partida el ejercicio substantivo de la ciudadanía. Dadas estas tendencias, no sorprende entonces que en muchos de los países de América Latina la historia de la gestión y la gobernabilidad del agua haya estado marcada por conflictos sociales, algunos de los cuales fueron agravándose desde mediados del siglo veinte debido al rápido avance de los procesos de urbanización e industrialización. Las políticas de privatización del agua y sus servicios desde la década de 1980 y la expansión generalizada de actividades productivas basadas en consumos intensivos del agua que frecuentemente dependen de la explotación de ecosistemas acuáticos ya fragilizados, han tendido a exacerbar los conflictos relacionados con el agua que preexistían y a promover la emergencia de nuevos conflictos. Estos eventos y tendencias, sin embargo, se han venido dando en un contexto de creciente estado de alerta en América Latina sobre las consecuencias ambientales del orden capitalista prevaleciente, el cual tiende a caracterizarse por la falta de atención a los procesos ecológicos cuando no directamente por prácticas que conducen a la destrucción ambiental. Ese estado de alerta creciente de la población en parte se expresa en las numerosas luchas por el agua que continúan deflagrándose en la región. Si bien debe hacerse un esfuerzo para evitar proyectar visiones románticas de las luchas por el agua en América Latina, estoy convencido de que, y con relativa autonomía con respecto al nivel de conciencia de los actores y de sus objetivos declarados, dichos enfrentamientos están íntimamente conectados con la lucha por la democratización substantiva de las sociedades de la región. En este sentido, una de las dimensiones cruciales de esa pugna es la de la producción de conocimiento científico sobre el tema. En el caso del agua no hay alternativa a la visión radical del rol de la ciencia: se trata no solamente de estudiar la realidad sino de transformarla.
Derechos de agua y pluralidad legal en las comunidades andinas/ Diverse Waters. Pontificia Universidad Católica del Perú y Universidad de Wageningen, Países Bajos Por el aumento generalizado de los conflictos por el agua, los derechos a este recurso se han vuelto ejes en los debates, reformas y programas de intervención hídrica. Los gobiernos, las agencias de desarrollo y los centros expertos tienden a considerar los 'derechos de agua' como meras cajas negras estándar que se yuxtaponen a los marcos de las ciencias técnicas y económicas positivistas. Pero mucho más allá de los manuales y las regulaciones de riego, hay otro mundo del agua íntimamente ligado a la vida diaria de gente real, hombres y mujeres que usan ese agua. Este artículo estudia cómo los colectivos de usuarios en la región andina practican una enorme variedad de derechos de agua y formas de gestión, como híbridos locales-nacionales-internacionales que se crean y afirman en los territorios hídricos locales, embebidos en contextos históricos y cultural-políticos. Este artículo está basado en una revisión de secciones de The Rules of the Game and the Game of the Rules. Introducción: la interacción entre repertorios normativos Al aumentar la escasez de agua y los conflictos en muchas regiones del mundo, el tema de los derechos de agua y de las relaciones de propiedad se ha vuelto gravitante y estratégico en los debates políticos y legislativos y en los programas de desarrollo rural. Sin embargo, es común observar que los legisladores y las agencias de desarrollo típicamente consideran los 'derechos de agua' sólo como aquellas reglas y disposiciones que aparecen en las leyes y políticas oficiales. Para las comunidades indígenas y campesinas, un derecho de agua tiene también muchos otros componentes que son creados, reconfirmados y recreados en procesos histó ricos específicos a la localización, dentro de contextos políticos y culturales. Los sistemas de riego gestionados por comunidades campesinas e indígenas en los Andes, objeto de este análisis, típicamente muestran una enorme diversidad de reglas, derechos y formas organizativas. Es una consecuencia intrínseca de la adecuación de la gestión y la infraestructura hidráulica a los requerimientos sociales y agrofísicos de cada localidad. Luego, son el resultado de las negociaciones entre los usuarios de agua y de los encuentros entre usuarios y agentes oficiales en cada sistema de riego, y de la confrontación con estructuras de poder locales y más amplias. De este modo, la interacción entre los diferentes marcos sociolegales es crucial. El derecho de agua en el riego campesino e indígena encarna combinaciones particulares de elementos de varias fuentes normativas y formas organizacionales (oficiales y no oficiales) que interactúan en el campo de cada sistema de riego específico. La mayoría de las veces, gran parte de estos derechos y reglas locales no están escritos aunque usualmente consisten en patrones claros y socializados de normas que son parte de la memoria colectiva y del marco de referencia locales. Consecuentemente, para poder entender la gestión del riego en los Andes es crítico penetrar en estas raíces normativas plurales, dentro de su perspectiva histórica y cultural y de su actual constelación de poderes. Así, no es suficiente enfocar solamente sobre el nivel local comunitario o intercomunitario. El entender los repertorios sociolegales locales requiere entender cómo las normas oficiales del Estado y las leyes de los proyectos se han entreverado en las comunidades locales. Las leyes externas son una fuente poderosa de normalización en los sistemas de riego gestiona-dos localmente. 2 Es usual ver que las instituciones estatales y sus funcionarios tienen poco conocimiento sobre las constelaciones de derechos de agua locales o simplemente las deniegan y se basan en sus propios antecedentes normativos. Además, ya que la ley estatal constituye una fuente de poder importante, las comunidades y los usuarios individuales del agua a menudo buscan estratégicamente usar sus reglas, derechos y procedimientos para su propia conveniencia. La ley estatal, por tanto, constituye una amenaza y una oportunidad para las comunidades usuarias de agua en los Andes. Éstas la afrontan como un reto a su autonomía y como una herramienta para una eventual redistribución. A pesar de los recientes cambios constitucionales hacia un reconocimiento legal del multiculturalismo y de los derechos específicos a la localidad en los países andinos, el sistema normativo estatal se fundamenta en una aplicación general y uniformizante de la ley. Expresa la igualdad de todos los miembros de la sociedad en términos de derechos y obligaciones, generalmente sin excepción alguna que pudiera reconocer la validez de los diferentes subsistemas normativos. Particularmente las Leyes de Agua y sus Reglamentos tienden a seguir un modelo jurídicopolítico monista, que no reconoce los principios culturales locales de la gestión del agua ni concede validez a necesidades o formas organizativas particulares. Pero la ideología de la ley oficial no se materializa en la práctica de manera simple a través de las formas que sus autores habían supuesto. La manera en que se ponen en vigor los derechos oficiales y su efectividad variará de acuerdo con la situación y el contexto. Esto se debe a la existente interacción mencionada en la cual, por un lado, funcionarios estatales responsables de la implementación legal interpretan los derechos oficiales y los distorsionan en la práctica, mientras que, por otro lado, los supuestos receptores son altamente heterogéneos en su aceptación de los derechos oficiales. Luego hay una fuerte interacción entre los sistemas normativos locales ya existentes (por ejemplo, la ley estatal, leyes religiosas y culturales, y normas consuetudinarias) y los repertorios de derechos generados o impuestos por los múltiples proyectos de riego, que a menudo implantan sus propios criterios para la gestión del riego. 3 Como consecuencia de los procesos de interacción, normalización y resistencia, en la práctica del riego campesino e indígena en los Andes podemos encontrar normas y sistemas normativos que operan dentro de la ley, otros que lo hacen fuera de ella (sin apoyo legal; ni aceptados ni prohibidos por la ley) y otros que actúan contra la ley, con sus propias reglas que son ilegales respecto a la legislación oficial. 4 En palabras de Moore, podemos analizar los marcos sociolegales de los sistemas de riego andinos como 'campos sociales semiautónomos'. Este campo "tiene capacidades de hacer reglas, y los medios para inducir o forzar el cumplimiento; pero está al mismo tiempo establecido en una matriz social mayor que puede afectarlo e invadirlo, y así lo hace". 5 Son semiautónomos no solamente porque pueden ser afectados por normas y fuerzas en efecto bajo otros sistemas normativos, tales como el marco legal nacional, sino también porque los usuarios de agua pueden movilizar estas normas externas, o amenazar con hacerlo, al enfrentarse con otros actores. Sin embargo, también tienen cierto grado de autonomía porque las normas legales o 'externas' tienen una función y un rango limitados dentro de la esfera normativa local, y sus propios derechos y obligaciones son con frecuencia fuertes y bastante importantes. Especialmente cuando surgen conflictos, los interesados seleccionan estratégicamente de sus sistemas sociolegales las normas, reglas y procedimientos que puedan legitimar y reforzar sus reclamaciones particulares. 6 Las posibilidades de los usuarios de agua de 'ir de compras' entre los diferentes sistemas de normas dependen tanto del poder que sean capaces de acumular para sostener y legitimar esas reclamaciones, como de la acepta-3 Véanse Franz von Benda-Beckmann, Keebet von Benda-Beckmann y Joep Spiertz: "Equity and legal pluralism: taking customary law into account in natural resource policies", en Rutgerd Boelens y Gloria Dávila (eds.): Searching for equity, Assen, Van Gorcum, 1998, pp. 57-69; Rutgerd Boelens, David Getches y Armando Guevara (eds.): Agua y Derecho. Políticas hídricas, derechos consuetudinarios e identidades locales: Quito y Lima, Abya Yala-IEP, 2006; Jan Douwe van der Ploeg: El Futuro Robado. Tierra, Agua y Lucha Campesina: WALIR, Quito y Lima, Abya Yala-IEP, 2006. 4 Patricia Urteaga y Rutgerd Boelens (eds.): Derechos Colectivos y Políticas Hídricas en la Región Andina: Quito y Lima, Abya Yala-IEP, 2006; Alberto Wray: "El problema indígena y la reforma del Estado", Derecho, pueblos indíge nas y reforma del Estado, Quito, Abya Yala, Colección Biblioteca Abya Yala, Vol. 63 ción general de las comunidades usuarias de agua de la legitimidad del sistema normativo 'externo' en cuestión. Para entender la cuestión de los derechos de agua 'vivientes' como la médula de los sistemas autogestionados en los Andes, en este artículo se desarrolla un marco para analizar estos repertorios normativos como sistemas de complejidad organizada. Revela las múltiples capas del acceso y control del agua y cómo éstas se vinculan a fuentes y marcos sociolegales interactuantes. En las secciones siguientes se explica cómo estos repertorios ligan facultades, tareas, condiciones y reglas de operación y mecanismos para adquirir el agua; se relacionan con formas de legitimidad y autoridad; distinguen entre derechos de uso internos y externos y toman forma concreta en el proceso de traducción de derechos de referencia hacia 'derechos activados y materializados'. Se concluye que, además, los contenidos y la distribución de los derechos son, al mismo tiempo, objetos de contestación interna y externa, productos de las relaciones de poder y una relación de poder en sí mismos. Los derechos de agua insertados En las comunidades andinas las reglas, derechos y tareas adjuntas al agua están cercanamente vinculadas con una gran diversidad de fuentes y marcos sociolegales a escalas local, nacional, regional y hasta internacional. Por lo tanto, también están embebidos en una gran variedad de formas organizativas para regular y distribuir el agua. Y la complejidad del cuadro de los derechos de agua no se restringe solamente a las prácticas de gestión de agua y riego. La asignación y distribución están entreveradas dentro de instituciones y redes sociales y políticas y algunas de ellas tienen poca relación con la gestión del agua en sí misma. Esta calidad a menudo se olvida en los programas de desarrollo, así como en las propuestas de cambio de la legislación sobre el agua y en las políticas funcionales de los recursos hídricos. En la comunidad indígena de Chumug San Francisco, en Licto, provincia de Chimborazo, Ecuador, los fuertes conflictos impidieron durante largo tiempo la acción colectiva en la gestión hidráulica. Como es común para la mayor parte de las comunidades andinas, los días de trabajo comunitario para construir y mantener los canales de riego estaban introducidos en el conjunto más amplio de sus actividades. Cada familia tenía que con-DERECHOS DE AGUA Y PLURALIDAD LEGAL EN LAS COMUNIDADES ANDINAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 23-55. ISSN: 0210-5810 tribuir en la construcción colectiva de vías, canales, terrazas colectivas, la cancha de fútbol, la escuela, la iglesia, etc., para consolidar la condición de "buen comunero". El cumplimiento de las obligaciones de membresía de la comunidad implicaba la obtención de derechos que todos los miembros tienen, entre ellos los del agua. Tradicionalmente, la comunidad estaba constituida por miembros que eran católicos, pero la región fue invadida por clérigos evangélicos, ecuatorianos y estadounidenses, desde los 1970s. Para 1995 una pequeña mayoría de miembros de la comunidad eran evangélicos y en la Asamblea Comunitaria esta mayoría decidió que las futuras mingas de la comunidad deberían dedicarse a construir la iglesia evangélica, mientras que los católicos rehusaron hacerlo y subrayaron la necesidad de trabajar en algo que fuera una necesidad colectiva general: la construcción de los canales del sistema de riego. Ambos grupos se amenazaron mutuamente con retirar los derechos de agua al otro. Los evangélicos argumentaban que los católicos no cumplían con sus obligaciones de minga establecidas por la mayoría, y que consecuentemente debían perder su condición y sus derechos como buenos miembros de la comunidad, mientras que los católicos defendían que construir una iglesia evangélica no era una labor de interés colectivo y que, además, los evangélicos se negaban a cumplir sus obligaciones relacionadas con los derechos de agua. Tras varios años de conflictos, cuando la falta de acción colectiva amenazó con romper la supervivencia económica de las comunidades, los grupos nuevamente se unieron en sus esfuerzos de minga bajo el liderazgo de un presidente fuerte y 'de mente abierta'. La colaboración retomó su im portancia crucial, particularmente en el campo de la construcción y mantenimiento de la infraestructura de riego, el sistema de agua potable y las vías. En las comunidades peruanas encontramos los derechos de agua con la misma característica de estar encajados en la esfera religiosa y cultural, no sólo en las 'creencias andinas tradicionales', sino también, entre otros, en la confrontación entre católicos y evangélicos. Por ejemplo, en las comunidades de Mollepata, Cuzco, los evangélicos rehusaron colaborar en las faenas, el trabajo comunitario e intercomunitario para construir y mantener la infraestructura de riego. Era común que en estas faenas, hasta entonces manejadas por los católicos en la región, no sólo se incluyeran elementos del culto a las deidades andinas, como compartir bebidas y pequeñas ofrendas a la Pachamama (Madre Tierra) y los Apus (dioses de las montañas guardianes del agua) sino que también en las faenas, al igual que las mingas en el Ecuador, el alcohol tuviera un papel importante. Durante la faena se consumía una gran cantidad de chicha y licor de caña y al final del día no sólo la calidad de la comida sino la cantidad de la bebida era un importante ingrediente para juzgar el éxito de la faena. Los evangélicos explicaron su falta de participación diciendo que a ellos les estaba prohibido ingerir alcohol y que la eficiencia de las faenas de los católicos era baja por la ebriedad. Cuando los segundos reclamaron que entonces los evangélicos debían pagar la multa de ausentismo (comunitariamente acordada) para que la comunidad pudiera contratar peones en su lugar, los ausentes respondieron diciendo que no iban a dar un dinero que sólo se usaría para comprar más alcohol. La acción colectiva y, por tanto, la sostenibilidad del sistema de riego estaban en riesgo, así como las nociones existentes sobre derechos de agua, insertos en la racionalidad de la comunidad sobre construcción y mantenimiento colectivo a través de faenas o mingas. De lo anterior se deduce que las cuestiones de cómo obtener derechos de agua, la definición de sus contenidos y su asignación hacia las familias usuarias -aparte de reflejar las circunstancias climáticas, agroproductivas y geofísicas-están fuertemente influenciadas por las normas sociales que regulan las prácticas de distribución y redistribución en otras esferas comunitarias (no de riego). Éstas tienen que ver con, por ejemplo, los derechos y obligaciones generales de la comunidad, las relaciones de familia y género, las estructuras de poder, las formas de organización históricamente generadas, y los ritos y creencias locales. 7 Así, la formulación y puesta en vigor de los derechos de agua están cercanamente introducidas en los contextos locales y forman parte de los sistemas culturales históricamente establecidos con sus propios valores, significados y símbolos. También, en muchas comunidades, la identidad comunitaria está fuertemente vinculada con una historia compartida de luchas por los derechos de tierra y agua. Estas múltiples formas de inserción en contextos locales determinan la naturaleza y la función de los derechos de agua. También se relacionan fuertemente con la identidad de las 7 Xavier Albó: Iguales aunque Diferentes: La Paz, CIPCA, 2002; Paul H. Gelles: "Cultural politics and local resistance in highland irrigation development", en Rutgerd Boelens y P. Hoogendam (eds.): Water Rights and Empowerment, Assen, Van Gorcum, 2002, pp. 22-35; Milka Castro comunidades poseedoras de derechos de agua y sus territorios -algo que he dado en llamar la 'identidad hidráulica'. 8 Los contenidos de los derechos locales sólo tienen sentido dentro de un contexto local y pierden su relevancia en otros contextos, por ejemplo, a escala de los marcos legislativos nacionales. 9 Es común ver que las políticas y los discursos (inter)nacionales buscan el decaimiento de los derechos de agua locales y minar la identidad hidráulica local, lo que a su vez es un proceso de des-identificación. Las comunidades, por su parte, luchan por impulsar sus derechos de agua y por defender y reconstruir su identidad hidráulica. Derechos colectivos e individuales Con arreglo al derechohabiente, los derechos de agua de riego en las comunidades andinas presentan la forma de derechos de agua colectivos o individuales. 10 Respecto a esto prevalecen muchas definiciones en la literatura en las cuales los derechos individuales son a menudo confundidos con los derechos privados. Hemos definido los derechos de agua colectivos como las demandas de uso y control de ese líquido básico por parte de la organización de usuarios en un sistema de riego frente a otras partes (individuales o colectivas) cuyos intereses pueden chocar con los suyos propios. Estos derechos también determinan las formas y condiciones colectivas para acceder a la fuente de agua y a las prerrogativas y cargas asumidas por el grupo ante terceros. Los derechos individuales de agua, en cambio, están dentro de cada sistema, estableciendo relaciones por el acceso a ella entre los diferentes usuarios y sus respectivos derechos, privilegios y obligaciones. 11 Así, particularmente los derechos individuales de agua establecen relaciones para el uso comunitario entre los y las regantes asociados a ese propósito, determinando los derechos y las obligaciones para cada uno. La necesidad de definir claramente los derechos y las obligaciones es una con-8 Véanse Rutgerd Boelens y Bernita Doornbos: "The Battlefield of Water Rights. 10 Lily Beccar, Rutgerd Boelens y Paul Hoogendam: "Water rights and collective action in community irrigation", en Rutgerd Boelens y Paul Hoogendam (eds.): Water Rights....,, pp. 1-21 11 Ibidem, pp. 3-4. secuencia directa del hecho de que el riego es, y sólo puede ser, visto como una actividad organizada colectivamente en la mayor parte de las regiones andinas. Es la conciencia de cada individuo que requiere de insumos de los demás para garantizar que el sistema trabaje y así se asegure su propio acceso al agua (una 'reciprocidad contractual colectiva'). Por ello, los intereses de cada uno y de todos los usuarios y usuarias comprenden una yuxtaposición de intereses aglomerados e interdependientes que, en caso óptimo, generan una red organizacional capaz de autogestionarse. En los sistemas comunitarios andinos, quien tiene un derecho individual es la unidad familiar, que está generalmente, pero no siempre, representada por un miembro de la familia. Esto tiene obvias implicaciones en términos de las relaciones de género ya que no sólo la ley positiva sino también muchas formas locales y consuetudinarias de legislación en los Andes establecen que los representantes de la familia sean los hombres, excepto en familias lideradas por mujeres como, por ejemplo, en el caso de viudas, divorciadas o solteras que se encargan de su tierra regada. Los derechos de agua colectivos, a su vez, a menudo tienen una (no menos importante) función externa fuera del sistema de riego. En este contexto, hablamos de los derechos colectivos de un grupo con respecto a otras partes que pudieran estar interesadas no sólo en usar el agua sino también en una serie de otros derechos relacionados con el uso del agua, tales como servidumbres de acueductos, derechos de vía para sus fuentes y derechos de toma de decisión sobre los recursos hídricos. Los terceros pueden ser usuarios individuales, otras colectividades regantes, otros sectores usuarios dentro de la cuenca hidrográfica o incluso grupos de no-usuarios con un interés particular en la creación de reglas relacionadas con el agua. Así, la función externa de los derechos colectivos está también reflejada con frecuencia en la defensa de los sistemas de derechos locales, su autoridad y su autonomía frente a otros sistemas normativos, tales como la legislación estatal y los regímenes de privatización de derechos orientados al mercado. 12 A diferencia de los derechos entregados por el gobierno (o comprados en mercados de agua) que suelen estar relacionados con individuos, 13 los derechos de agua en los sistemas comunitarios están generalmente entrega-dos a las familias al pertenecer a una colectividad y al cumplir con las correspondientes obligaciones comunales. En los Andes, así como en muchas partes del globo, las familias usuarias construyen su identidad al ser miembros cumplidos de la comunidad y de los sistemas de riego y, por lo tanto, los derechos de cada individuo se derivan y están insertados en los derechos y deberes colectivos. El derecho es normalmente intransferible por decisión individual porque pertenece a la colectividad; cuando alguien deja de usar agua, el derecho revierte a la comunidad. De manera similar, como hemos visto, las normas del uso de agua son parte del conjunto general de normas comunitarias, de modo que las infracciones en este área pueden ser también penalizadas en otras esferas de la vida comunitaria, y viceversa. 14 En contraste, en aquellas regiones y sistemas donde los derechos de agua se han individualizado a lo largo del tiempo, los derechos y deberes son consecuentemente 'desinsertados' y se separan de otras esferas de la vida social comunitaria. Ser un regante en estos sistemas significa que se deben cumplir las obligaciones de riego específicas de cada uno, lo que no se puede intercambiar por contribuciones en otros ámbitos de la vida. El grado de poder que uno tiene sobre los propios derechos de agua también varía: en este caso, el derecho de uso de una porción dada del flujo o el volumen del riego con frecuencia también implica el derecho de transferencia: por préstamo, arrendamiento o incluso a veces por venta, ya sea bajo ciertas reglas de la organización local o no. A menudo coincide con la creciente intervención de actores con poder económico para comprar derechos de agua dentro del sistema. En Chile, por ejemplo, la individualización de esos derechos de agua está legislada, lo que significa que los usuarios compiten entre ellos dentro de un sistema de riego que solía ser gestionado colectivamente. Mecanismos de adquisición de derechos A más de la cuestión de lo que consiste un derecho de agua en un sistema de riego dado, los colectivos de usuarios tienen que estar de acuerdo sobre cómo adquirir derechos de agua. Las diferentes autoridades y marcos 14 Beccar et al.: "Water rights and collective action...". Véanse también Milka Castro Lucic: "Local norms and competition...; Ingo Gentes: "La interacción de los derechos locales e indígenas de agua con la legislación chilena", en Rutgerd Boelens, D. Getches y A. Guevara (eds.): Agua y Derecho, Quito y Lima, IEP, 2006, pp. 255-284; Jan Hendriks: "Water as private property. Notes on the case of Chile", en Rutgerd Boelens y G. Dávila (eds.): Searching for Equity, Assen, Van Gorcum, 1998, pp. 297-310. sociolegales que regulan los sistemas de riego en los Andes establecen y reconocen diferentes mecanismos para obtener derechos de agua. Cada forma de poner en vigor estos mecanismos depende de si los usuarios y sus comunidades reconocen o no la legitimidad de las autoridades que regulan estos mecanismos y si son capaces de defender su enfoque sobre los derechos en la práctica, internamente y frente a terceros. A menudo los derechos de riego están vinculados a los derechos de tierra y, por lo tanto, los cambios en los títulos de tierras (por ejemplo a través de la reforma de tierras) podrían alterar la distribución de los derechos de propiedad del agua. Pero, ya que los marcos de los derechos de agua son campos sociales relativamente autónomos, el vínculo con los derechos de tierras de ninguna manera es un hecho dado. Básicamente hemos encontrado y distinguido entre las siguientes categorías de mecanismos para acceder a los derechos de agua en los sistemas de riego andinos: -Una concesión de derechos de agua: estos títulos de agua se entregan por parte de la administración estatal. La propiedad formal del recurso permanece en manos del Estado, pero los usuarios (colectivos o individuales) reciben el derecho de uso, distribución y gestión del agua de manera interna, por un periodo determinado. El estado usualmente cobra tarifas de concesión y, al ser el dueño definitivo, tiene el dominio final sobre el agua (según los acuerdos, podría retirar los derechos tras el periodo de concesión, incluir otros derechohabientes, transferir la propiedad de la infraestructura, etc.). -Derechos históricos: son los que se refieren a reclamaciones que consideran una forma de 'apropiación previa'. Están legitimados sobre la base del reconocimiento de la adquisición por parte de los primeros usuarios en el pasado, que pueden ser colonos o pueblos originarios indígenas. -Derechos socioterritoriales: son derechos sobre los recursos hídricos que se originan o fluyen a través de un territorio sociogeográfico (por ejemplo, los 'derechos de riberas' que se basan en la posesión de tierras con una fuente de agua o localizadas a lo largo de una corriente de agua). El ser habitantes de un socioterritorio al cual la fuente de agua 'pertenece', legitima las reclamaciones de títulos colectivos e individuales. -Transferencia de derechos de agua de un derechohabiente a otro. De acuerdo con el marco normativo del cual partan los usuarios, habrá reglas muy específicas para establecer qué mecanismos de transferencia se consideran legítimos. Los mecanismos de transferencia pueden darse diversamente, por ejemplo, a través de compra-ventas, arrendamientos, trueques, donaciones, herencias o matrimonios, y cada mecanismo está vinculado a sus normas particulares (especialmente en cuanto a obligaciones y restricciones) sobre las condiciones de la transferencia, el universo de posibles beneficiarios de ella, etc. En general, las transferencias individuales están insertas dentro del régimen de propiedad colectiva que establece que los derechos no pueden ser 'sacados del sistema'. En muchas comunidades, vender y comprar derechos de agua está prohibido incluso dentro del sistema para evitar la acumulación de derechos de agua en pocas manos, así como la pérdida del control comunitario sobre la asignación del agua. La venta de la misma agua, por ejemplo de un turno de riego, generalmente encuentra menos restricciones. -Adquisición de derechos de agua por la fuerza: la historia andina está repleta de incidentes de derechos de agua expropiados a comunidades indígenas y campesinas a través de fuerza coercitiva ejercida por los grupos poderosos (terratenientes, compañías mineras, empresas agrícolas, etc.). -Inversión de los usuarios: las comunidades y las familias invierten sus propios recursos (por ejemplo en especie, mano de obra, capital, tiempo y contribuciones intelectuales y rituales) para construir o rehabilitar las instalaciones de riego, creando de esta manera derechos de agua. Dentro de una región dada, es común encontrar varios de estos mecanismos diferentes trabajando simultáneamente. 16 Es más, hay una interacción entre estos mecanismos; pueden reforzarse u oponerse unos a otros. Un ejemplo ampliamente distribuido en las regiones andinas se relaciona con la unión de fuerzas extraeconómicas y regulaciones estatales. Por ejemplo, en el Ecuador, tras la nacionalización de los derechos de agua en los años'70, el gobierno, por medio del mecanismo oficial de concesión estatal, podría haberse opuesto a este mecanismo de toma por la fuerza, devolviendo los derechos a través de concesiones de agua a los derechohabientes originales, que reclamaban sus derechos por medio del mecanismo de demandas socioterritoriales. En la práctica, sin embargo, ha sucedido lo inverso: el mecanismo de concesiones estatales ha reforzado el de la toma por la fuerza. Otro ejemplo común de confrontación es la que se plantea entre mecanismos: muchos sistemas de riego en regiones conquistadas o colonizadas fueron construidos por gente campesina o indígena. Según los mecanismos andinos de 'derechos creados por inversión de usuarios', ellos deberían haber obtenido derechos de agua. Pero, a pesar de sus reclamaciones, grandes porciones de estos sistemas benefician a importantes terratenientes, que usaron el mecanismo de toma por la fuerza para hacer que esta gente trabajara y así obtener derechos para sí mismos. Los contenidos de los derechos de agua Derechos de acceso y control Como se detalló en la sección anterior, en la mayoría de los sistemas de riego andinos la asignación de agua está vinculada con la tierra y/o con las personas, pero a menudo se hacen arreglos específicos de acuerdo con los grupos de edad, las posiciones culturales-geográficas en la comunidad o los derechos previos. Los patrones reales de asignación han evolucionado históricamente con base en los principios locales de equidad y justicia, así como en las relaciones de poder y las contradicciones sociales. Hemos definido los derechos de agua, en el contexto de la práctica de riego en sistemas andinos, como "demandas autorizadas para usar (parte d)el flujo de agua, incluyendo ciertos privilegios, restricciones, obligaciones y sanciones que acompañan a esta autorización, entre las cuales es clave el poder de participar en la toma de decisiones colectivas sobre la gestión y la dirección del sistema".17 Las condiciones, obligaciones, sanciones y, de gran importancia, los privilegios de control y toma de decisiones vinculados con los derechos de agua, difieren según el sistema y el marco sociolegal. Para entender conceptualmente el funcionamiento y el uso de los derechos de agua es esencial mirar los contenidos de los derechos de agua cuando se manifiestan en situaciones particulares. Encontramos que los derechos de agua en sistemas controlados por los usuarios en la región andina usualmente establecen las siguientes cuestiones: 1) ¿quién tiene el derecho de usar el agua y la infraestructura hidráulica, 2) qué condiciones y criterios valen para obtener estos derechos, 3) cómo, cuándo, dónde, con qué propósito, en qué cantidad (y a veces en qué calidad) y con qué certeza le está permitido a cada usuario usar el agua, 4) cómo, cuándo y dónde les está permitido a los usuarios usar la infraestructura, 5) qué acceso tienen los derechohabientes a la información sobre la gestión del sistema, 6) qué obligaciones deben cumplirse para mantener los derechos, 7) qué sanciones siguen al desacato, 8) en qué grado pueden los usuarios tomar parte en las actividades organizativas, culturales y políticas relacionadas con la gestión del sistema, 9) quiénes son elegibles y cuáles son los criterios de elección para las posiciones relacionadas con la asignación del agua, la puesta en vigor de las reglas, la creación de propuestas de políticas y de regulaciones, y la gobernanza del sistema, incluyendo los procesos de negociación y de formación de alianzas con terceros, y 10) a qué grado cada usuario tendrá parte en la toma de decisiones colectivas acerca de los diversos temas relacionados con la gestión del sistema, particularmente la cuestión de la operación del sistema, aceptación de nuevos miembros y los cambios en las regulaciones internas y la futura propiedad del sistema?18 Ya que una definición precisa de estos aspectos es esencial, de modo que cada jugador sepa claramente con qué contribuir y qué recibirá en intercambio, ésta es una condición básica para una acción colectiva exitosa. La ausencia de criterios establecidos y aceptados como necesarios para el grupo, que pongan orden a la actividad de riego de la comunidad, llevará usualmente a una competencia descontrolada y a una falla en el trabajo de mantenimiento, lo que conducirá en el futuro a la destrucción del sistema de riego. Los privilegios relacionados con los derechos de agua pueden ser agrupados, por similitud temática, en los siguientes subconjuntos: Derechos de acceso y operación, que incluyen los privilegios de uso de parte del flujo, 19 de uso de la infraestructura, de acceso a la información de gestión y de ocupación de posiciones para el desempeño de ciertas tareas de gestión. Son derechos de acceso y operación y se relacionan con el funcionamiento cotidiano (operación y mantenimiento). Los derechos de toma de decisiones, que se refieren a los privilegios relacionados con tomar parte en las decisiones sobre la gestión del sistema, sobre la inclusión o exclusión de usuarios, sobre las modificaciones en el sistema hidráulico y sobre la transferencia de propiedad del agua o la infraestructura. 20 Estos derechos se refieren a los permisos autorizados para controlar la gestión del agua de riego y decidir sobre el uso del recurso. Dependerá de cada sistema qué tipos de derechos son parte de lo que sucintamente se denomina 'derechos de agua', y si es que los usuarios tienen derechos iguales o diferentes. Los derechos de agua se conceptúan en general como 'conjuntos de derechos' ya que el contenido de aquellos, aparte del privilegio de usar agua también se relacionan con varias capas de permisos, deberes, restricciones y sanciones, e involucran diversos niveles de autoridad y múltiples mecanismos para obtener los respectivos derechos. 21 19 Aquí, los derechos de acceso se refieren a reclamaciones de retiro y uso de agua. Nótese que en otros usos de agua distintos del riego (como navegación o turismo) los derechos de acceso a veces son definidos como reclamaciones no extractivas para usar el agua. Además, los derechos de retiro y uso pueden ser tanto de consumo (por ejemplo consumo humano o para cultivos) como de no-consumo (por ejemplo, cuando se usan para (micro)generación de energía o para lavar o bañarse, después de lo cual el flujo de agua es devuelto al canal o río). En cuanto a las obligaciones de contraparte al goce de esos derechos, éstas implican en términos generales el cumplimiento de las normas del sistema en cuanto a uso y operación, contribuciones pecuniarias (tarifas, cuotas), mano de obra en la construcción y mantenimiento de la infraestructura hidráulica (mingas, faenas), contribuciones materiales (productos agrícolas, material de construcción), así como contribuciones intelectuales y organizadoras para sostener la gestión del sistema (asambleas, cargos, etc.). En muchos sistemas andinos las obligaciones abarcan no sólo el mundo de los seres humanos, sino también el de las deidades y la naturaleza sagrada, en términos de ritos asociados con el agua y su gestión. Éstos reafirman los derechos y relaciones de índole mutua, y crean una sensación de protección contra el castigo sobrenatural. Los ritos en la gestión del riego tienen con frecuencia una función de mantenimiento y están relacionados con la recreación de los derechos de agua. La inserción de los derechos de agua en las estructuras sociales significa que en la mayoría de los sistemas autogestionados, los usuarios tienen también que ser miembros activos y tomar parte en tareas comunitarias fuera del ámbito de la gestión del agua. Es usual que una obligación importante para poder acceder a los derechos de agua sea la de desempeñar un cargo en la gestión del agua en la comunidad. Los nombres en español, quechua y aymará difieren según el sistema y en varios de ellos se designan diversos cargos como, por ejemplo, los siguientes: yaku alcalde (alcalde o juez de aguas), relojero (el que cuida los tiempos), vocal (voceador o comunicador), jareador, unu kamayoq, rondador, aguatero o aguador (el que distribuye el agua), vigilante o tiyaq (guardián de los canales y el agua), etc. En muchas regiones andinas, según las prescripciones legislativas nacionales, los nombres se han formalizado, por ejemplo, bajo etiquetas tipo presidente, vicepresidente, tesorero, secretario, etc. No obstante, los contenidos difieren notablemente y, en muchos casos, los puestos tradicionales son los que tienen funcionalidad. De acuerdo con el puesto, puede ser un servicio de una sola vez en la vida, a veces pesado pero al mismo tiempo honorable, o puede ser un puesto para el cual se puede ser elegido varias veces por la asamblea. A menudo los cargos rotan a través de los años en la mayor cantidad de miembros como sea posible, para compartir equitativamente los honores y las cargas, para evitar la concentración de conocimiento y poder de toma de decisio-nes en pocas manos y, más que nada, para mejorar la sustentabilidad del sistema al construir capacidades de liderazgo apropiadas entre un número grande de usuarios. Por supuesto que esto también depende fuertemente de las estructuras de poder prevalecientes en el sistema. Por ejemplo, en Cotahuasi (Perú), es común que los mayoristas (grandes terra-y aguatenientes) no contribuyan al mantenimiento por medio de su propio trabajo en las faenas, sino que paguen una cantidad desproporcionadamente pequeña de dinero en efectivo. Los minoristas proveen de la mano de obra. Además, la ambigua condición de los cargos de agua (pesados, honrosos y a veces poderosos) hace que en muchos casos haya manipulaciones y fuertes debates comunitarios y que no siempre sea la justicia social la que prepondere. Es más, a pesar de que los roles de género están cambiando rápidamente en los sistema andinos de riego, tradicionalmente la mayoría de los cargos ha estado destinada a los usuarios varones. Con respecto a las tarifas que se cobran en los sistemas de gestión colectiva, éstas usualmente se mantienen a un mínimo y son impuestas para cubrir sólo aquellos gastos que están necesariamente relacionados con el mercado, como por ejemplo pagar ciertas reparaciones y materiales de construcción, el transporte y los viáticos cuando los líderes viajan a negociar con donantes u oficiales gubernamentales, o contratos de ingeniería hidráulica en un diseño complejo. Hasta cuando se trata de sobornos recolectados entre los usuarios para 'lubricar' las negociaciones o 'convencer' a los ingenieros oficiales o a otros actores externos, éstos a menudo consisten en bienes no comerciales, tales como productos y animales locales. Eso quiere decir que la mayoría de sistemas comunitarios en los Andes no construyen un fondo sustancial para cubrir las reparaciones más caras, especialmente en casos de calamidad. Esto se ha explicado con frecuencia como "la carencia de capacidad de planificar" de las comunidades andinas. Pero para controlar situaciones emergentes, la racionalidad del riego local se basa comúnmente en la movilización rápida y masiva de mano de obra y medios locales colectivos, no en un sistema de seguridad monetizada. En principio, cuando alguien falla en el cumplimiento de las tareas asociadas con los derechos de agua, se aplican las sanciones, que pueden incluir la exclusión del turno de agua una vez o varias, el pago de multas, la demanda de contribuciones complementarias o la negación del derecho de agua por una o varias estaciones. Usualmente las sanciones son progresivas con el objeto de poner una presión creciente sobre los contraventores y también para darles la oportunidad de cambiar su comportamiento tras la infracción. Al contrario de los derechos de agua incluidos en los sistemas comunitarios, las regulaciones de riego estatales suelen ser uniformes, altamente funcionales y orientadas al pago monetario, es decir, están 'embebidas' en una racionalidad completamente distinta. El conjunto de derechos de los usuarios es mucho más restringido y sesgado hacia las obligaciones y los privilegios establecidos de arriba hacia abajo. Principios internos de asignación y modos de establecer padrones de turnos Aparte de la cuestión de cómo obtener derechos de agua, es decir, los mecanismos de adquisición, una cuestión importante es, lógicamente, cuándo (el tiempo) y cuánta agua será accedida por el derechohabiente (en términos de tasa de flujo, volumen, porción u otras expresiones), y qué tipo de principios rigen esta decisión. Durante muchos años de contacto con el campo encontré que la diáfana distribución mediante tres pasos de la provisión del servicio hídrico (asignación, planificación de turnos y distribución) es posible hacerla en los manuales de riego y las propuestas de proyectos, pero en aquellos sistemas gestionados por comunidades indígenas y campesinas, la distinción es menos clara: las definiciones y manifestaciones locales de asignación y establecimiento de los padrones y turnos de riego están comúnmente entreveradas. Por ejemplo, la idea de que 'las familias reciben agua de acuerdo con la mano de obra invertida en la construcción de la infraestructura de riego' (una regla con decenas de variaciones), apunta hacia que los asuntos de quiénes serán los derechohabientes (mecanismo de asignación) y cuánta agua deberán recibir. Otro principio, que establece que los derechohabientes reciben el agua en proporción con el área regable que poseen pero hasta un límite preestablecido (derechos de agua con "límite superior"), sirve para compartir la escasez entre todos: los pequeños riegan toda su tierra, los grandes sólo una parte hasta que llegan a ese techo. Otros principios distribuyen los turnos según prioridades sociales o políticas (por ejemplo, prioridad para los ancianos, o prioridad de acceso al agua de acuerdo con clase, género o casta), o según prioridades agrícolas y de seguridad social (prioridad a ciertos cultivos que se siembran en la zona regada). Así, hemos encontrado más de quince principios fundamentales de asignación, cada uno muy distinto del otro, que son usados en las comunidades andinas. Por ello, a más de una forma totalmente diferente de pensar acerca de cómo adquirir derechos de agua y de los contenidos de los conjuntos de derechos en sistemas gestionados respectivamente por el estado o las comunidades, también las concepciones y procedimientos de planificación para hacer operativos estos derechos siguen una racionalidad diferente. Tales principios son los ladrillos de complejos sistemas sociales. Son las reglas que establecen los términos básicos, las prioridades y/o las normas operativas en relación con el acceso de los derechohabientes a los flujos de agua. En un sistema de riego andino usualmente uno o algunos de estos principios forma el marco nuclear, pero hay muchas reglas adicionales que generan distintas matrices de combinaciones entre los principios básicos. El análisis y desenredo de los conjuntos de derechos en contextos particulares muestra que lo que parece ser un desorden incomprensible, inestable o irracional, inapropiado para la tarea de gobernar el ámbito altamente conflictivo del control del agua, en la práctica puede ser caracterizado como una complejidad organizada. Para ilustrar brevemente algunas combinaciones posibles, de entre muchas, veamos la combinación 'las familias reciben derechos de acceso al agua según la mano de obra invertida en la construcción del sistema': En el departamento boliviano de Oruro varios ayllus se juntaron en un programa de desarrollo de riego pequeño que se basaba en el diseño y estrategias de construcción interactivas, con base en las concepciones de derechos locales. 22 Las comunidades decidieron sobre los asuntos de inclusión y exclusión de usuarios y sobre la tasa de inversión/beneficio, como es común en los sistemas comunitarios locales. Los principios para concretar los derechos de acceso al agua, sin embargo, eran bastante diversos a pesar de los antecedentes relativamente similares de las comunidades. En Jalaqueri todas las familias contribuían con idéntica cantidad de mano de obra y todos obtenían el mismo acceso al agua. En Yanuma, el ayllu decidió que el insumo en mano de obra por familia debía estar de acuerdo con el tamaño de la tierra de cada usuario y los derechos de agua iban de acuerdo con esta tenencia de la tierra. En Yucasa, el ayllu decidió que las familias tenían que contribuir con la misma cantidad de días de trabajo de construcción, a pesar de que la tenencia de la tierra no era igual y los derechos de agua se asignaron de acuerdo con esta tenencia diversa. En el ayllu de Lucumpaya-Pahua, como en Jalaqueri, la inversión en mano de obra de los usuarios era igual para todos y los derechos de agua correspondientes también eran los mismos para cada usuario. Pero en este caso, a diferencia de los otros, los usuarios sin el estatus de miembro de la comunidad podían unirse para llenar el número de días de trabajo necesarios para construir el sistema, en vista de que la comunidad no tenía suficiente mano de obra propia. En Chillcani, a los nuevos usuarios se les permitía unirse y ganar iguales derechos de agua, pero sólo después de haber contribuido una cantidad extra de días de trabajo sobre los requeridos para cada usuario. A los usuarios de la cola del mismo sistema se les permitía contribuir sólo la mitad de los días de trabajo, ya que sus derechos de acceso al agua eran menos seguros. Muchos de los principios y modos se refieren a características relacionadas con familias derechohabientes, y la asignación también se hace a derechohabientes concretos, incluso en aquellos casos en que las características de sus campos son decisivas. En contraste, los proyectos diseñados desde el Estado y las agencias de desarrollo usualmente asignan y distribuyen agua a la tierra regada o sólo a las áreas regables. A menudo el balance técnico entre las características agrícolas y físicas del sistema se sobrepone al balance social entre los usuarios humanos. Aquí tenemos uno de los temas centrales alrededor del cual difieren las percepciones de equidad de campesinos e ingenieros. Tales principios uniformes, entre otros estándares, son fundamentales no sólo dentro de los marcos burocráticos de los derechos, sino también para los enfoques basados en el mercado, particularmente el poderoso programa de políticas hídricas neoliberales en los países andinos. Derechos de uso doméstico y de uso externo Antes de implementar el recientemente construido sistema de riego de Licto, Ecuador, que había sido un sistema gestionado desde el Estado, la agencia nacional de riego envió a la organización de usuarios sus regulacio-23 Eric Swyngedouw: "Globalisation or "glocalisation"? ISSN: 0210-5810 nes estándares que detallaban las recetas nacionales para la gestión del agua en los sistemas futuros: reglas, derechos, obligaciones y estructuras de autoridad. La junta intercomunitaria fue informada de que tenía que aprobar estas regulaciones. Pero, sabiendo que la firma del documento significaría una limitación de la autonomía y una negación de su propio conjunto de normas de gestión, la organización de usuarios entró en un largo proceso de análisis y discusión. Con apoyo de la ONG CESA, primero tradujeron la jerigonza ingenieril y luego cambiaron la regulación hacia un documento que no era perjudicial para sus autoestablecidas reglas, derechos y autoridades. Esto se presentó al gobierno como la regulación formal de los regantes de Licto. Mientras tanto, continuaron redactando su propia regulación interna, un documento no oficial pero que se convertiría en el verdadero marco de referencia para sus derechos y tareas relacionados con el agua. Este caso ejemplifica el proceso que se da en la mayor parte de los sistemas en los Andes, cada vez que hay que formalizar o registrar reglas y derechos de operación propios, por ejemplo para legalizar la organización de usuarios de agua, para obtener créditos o concesiones de derechos de agua, o para ingresar en programas de desarrollo. Para entender los contenidos de los derechos de agua campesinos e indígenas es necesario, por lo tanto, distinguir entre derechos con propósitos de identificación externa y derechos con propósitos de regulación interna. El primer conjunto establece las reglas y derechos de un grupo de usuarios frente a grupos y agencias 'de afuera' y el segundo conjunto contiene las reglas y derechos que usualmente son mucho más precisos y establecen el marco interno que los usuarios requieren obedecer, de acuerdo con las autoridades locales y los acuerdos colectivos. Los derechos de identificación externa pueden consistir en conjuntos que siguen directamente las recetas nacionales pero, como el caso muestra, pueden ser elaborados localmente 'para consumo externo'. En tal caso, los derechos a menudo son definidos de manera estratégica, incorporando muchas veces elementos de las reglas oficiales con 'importancia estratégica'. Esto no implica que estas reglas sean practicadas también internamente. Derechos de agua y regímenes de propiedad Dependiendo de la organización social y política de los derechos de propiedad de agua (quién autoriza el derecho, qué regulaciones y poderes tiene la entidad autorizadora, qué reclamos y poderes están asociados con el derecho del usuario) podemos distinguir entre: regímenes de propiedad pública, regímenes de propiedad privada, regímenes de propiedad común y situaciones de acceso libre. 24 En un extremo del espectro están los sistemas gestionados burocráticamente, en los cuales el Estado o una de sus agencias es el habiente de todos los derechos de toma de decisiones. El Estado determina así la asignación del agua, regula el uso del agua y decide sobre las modificaciones al sistema, inclusión y exclusión de miembros nuevos y la enajenación de la propiedad de la infraestructura y el agua. Al entregar concesiones de agua a individuos o grupos de usuarios, la propiedad permanece formalmente en manos estatales y los derechos de los usuarios se refieren usualmente a privilegios concernientes al acceso al agua y derechos operativos, no de decisión. En el otro extremo del espectro encontramos los sistemas de propiedad privada. Todos los derechos de acceso y control están investidos en el propietario individual. Excepto en los casos de los dueños de bombas de pozos y de río, la gestión del agua basada en la propiedad privada no es muy común en las comunidades andinas de pequeños propietarios en vista de que el uso del agua de riego normalmente necesita de acción colectiva dentro de una forma particular de organización social. Sin embargo, tradicionalmente las haciendas han constituido instituciones de propiedad privada del agua basadas en la organización del trabajo forzado. Y en la actualidad el número de compañías privadas grandes que tienen concesiones de derechos de propiedad privada está creciendo rápidamente. En Chile estos derechos privados están legalizados en el sentido de propiedad real, ya que el derechohabiente tiene todos los derechos de uso, gestión y regulación del agua, de inclusión y exclusión de otros y de enajenación de estos derechos de propiedad. 25 Un tercer tipo, los sistemas de riego de régimen de propiedad común, está íntegramente gestionado y mantenido por el grupo de usuarios. Éste es el caso de la mayoría de los sistemas de pequeña escala en los Andes. Son normalmente de propiedad colectiva de comunidades campesinas e indígenas, ayllus indígenas y cooperativas agrícolas que tienen control local sobre el rango completo de derechos de acceso, operación y toma de decisiones. De manera general, el aspecto de la gestión necesariamente colectiva es una característica importante que distingue el agua de muchos otros recursos que pueden ser de control individual. Formalmente, las políticas hídricas suelen establecer un régimen de propiedad pública del agua a escala nacional (el agua es un recurso público) mediante el cual el agua a escalas inferiores puede ser mantenida en condiciones de derechos de propiedad pública, privada o común, o una mezcla de ellos. Así, es común que los regímenes de propiedad del agua estén parcialmente condicionados por las regulaciones del dominio público que restringen el poder de toma de decisiones privado o colectivo. Las orientaciones legales difieren fuertemente según el país. Las estructuras de propiedad reales, sin embargo, suelen desviarse notablemente de las estructuras formales. En la práctica, la mayor parte de los derechos de agua en los países andinos (con orientaciones de propiedad ya sea pública, privada o común) se acumulan en poderosos propietarios individuales, tales como terratenientes o empresas, que fundamentalmente tratan estos recursos como propiedad privada. El debate académico sobre regímenes de propiedad se ha vuelto fuertemente sesgado y esencializado, especialmente desde que Hardin lanzara su bien conocido ataque en la "Tragedia de los Ejidos",26 en el cual, de manera errónea, analizó la tenencia de derechos colectivos como una especie de régimen de propiedad de acceso abierto para todo el mundo. Según la línea de pensamiento de Hardin, los nuevos hacedores de políticas se proponen contraatacar la 'tragedia' resultante de la sobreextracción y degradación de los recursos instalando un régimen basado en el control estricto de la propiedad pública sobre el agua, o un régimen de propiedad basado en derechos claros de propiedad privada gobernados por el mercado. El error principal está en considerar la gestión colectiva de los recursos naturales como un acceso abierto al recurso. Por el contrario, está gobernada por reglas y derechos estrictos de acceso y control colectivos. Pero, como respuesta al cuadro generalizador a la crítica esencializante de Hardin y sus seguidores, quienes abogan por la propiedad común a menudo han caído en el error opuesto e igualmente estereotípico: romantizar y reificar la existencia de regímenes de propiedad común. La esencialización de los regímenes de propiedad empíricamente existentes puede que clarifique el debate teórico, pero ciertamente no ayuda a entender la práctica de los derechos hídricos en los Andes. Lo más común es la existencia de una articulación y una interacción dinámicas, en el sentido legal pluralista, de derechos que se originan en diferentes fuentes, marcos normativos o regímenes de propiedad. Esta interacción difiere por sistema de gestión de agua. Por ejemplo, los sistemas de riego de tamaño medio o grande en los Andes son usualmente co-gestionados y se caracterizan por alguna combinación de regímenes de propiedad público y común. 27 El tema de la confrontación, interacción y articulación de los diversos regímenes de propiedad se vuelve especialmente importante ahora que los debates actuales sobre política hídrica parecen coincidir en que las soluciones a la crisis del agua no deberían restringirse a los sistemas individuales sino que hay que encontrarlas a escala de usos y usuarios múltiples al nivel de la gestión de cuencas hidrográficas. Aquí se junta una serie diversa de marcos y regímenes de propiedad interactuantes y en conflicto. Condiciones fluidas y relaciones dinámicas: los derechos de agua en acción Las dinámicas de los derechos de agua 28 A más de las impresionantes variaciones locales en los Andes, también la dimensión tiempo es un factor importante en la variedad de los derechos de agua que son modificados, histórica y actualmente, de acuerdo con los cambios sociales, económicos, ecológicos y hasta climáticos. La causa más ampliamente distribuida de los cambios graduales es el cambio demográfico, que trae consigo presiones internas sobre el uso del agua, concluyendo en algún momento en una redefinición de los derechos entre los usuarios. 27 Al discutir los regímenes de propiedad es de importancia gravitante considerar los niveles de gestión de agua a los cuales corresponden los derechos de acceso, operación y control: si los usuarios en sistemas autogestionados poseen derechos de operación y control concernientes a todos los niveles del sistema, en los sistemas gestionados por la agencia o cogestionados, sus derechos operativos pueden estar restringidos sólo a los canales secundarios o a los bloques terciarios. En los esquemas de tenencia burocrática pueden tener acceso sólo a derechos de operación a nivel del lote regado. 28 Sección basada en Beccar et al.: "Water rights and collective action...". Al igual que el incremento de usuarios, un decremento es también la causa de cambios mayores en los sistemas de riego y derechos de agua. La migración permanente o temporal es un fenómeno fundamental en muchas regiones andinas. La migración a las ciudades u otros países especialmente de los varones, que generalmente son los derechohabientes formales y representantes de la familia en la organización de usuarios, implica un cambio estructural en la gestión de muchos sistemas comunitarios. La ausencia de hombres, a veces seguida de la ausencia de muchas mujeres también, genera nuevos desafíos en la distribución de los derechos de uso de agua, en la resolución de escasez de mano de obra para operación y mantenimiento, y en la redefinición de los roles y tareas de riego y organización. Otra causa gradual de cambio es la reorientación de la producción, que entraña una nueva distribución de las cantidades y las frecuencias de agua de acuerdo con los nuevos requerimientos. Cuando los sistemas, por razones de mercado, están diversificando su producción o, en contraste, cuando cambian desde una producción diversificada para autoconsumo hacia un monocultivo para el mercado, requieren de otras frecuencias de riego y volúmenes de agua y, por lo tanto, de una redefinición de por lo menos los contenidos de los derechos de agua referidos a los padrones de distribución. El mismo proceso se observa también como resultado del cambio climático en los Andes, que genera mayor escasez de agua (a la par que grandes inundaciones). Las causas de cambio abrupto incluyen, por ejemplo, los procesos de reforma agraria, en los que la nueva distribución de tierras también incluye cambios en la distribución del agua. En muchos de estos procesos, los dependientes de las antiguas haciendas se ven forzados a encontrar maneras de distribuir el agua entre ellos mismos, usualmente sobre la base del patrón de distribución aplicado durante el sistema hacendario, adoptando sus percepciones de justicia. En otros, el proceso de redistribución de agua incluye grupos que no eran parte del régimen hacendario y que ahora demandan el regreso del agua usada por sus ancestros y el reestablecimiento de su sistema normativo propio. 29 Los cambios en la legislación y la política hídricas, tales como la privatización o la transferencia de la gestión del sistema de riego desde el Estado a los usuarios, son otros factores de transformación en muchos sistemas de riego en los Andes. Los vacíos en poder y capacidad organizadora, así como la carencia de derechos claros y bien publicitados en la nueva situación, han llevado a menudo a importantes dificultades en la gestión de estos sistemas. De modo similar, en algunas regiones la nacionalización de la propiedad del agua hace varias décadas, y luego la privatización en el presente, han causado un grave impacto sobre los derechos de agua. 30 Estos procesos de cambio generan discusiones y negociaciones entre los usuarios y usuarias acerca de cómo adaptar sus normas a las nuevas circunstancias. El hecho de que muchos sistemas de riego en los Andes tengan una larga historia de operación muestra que, en medio de todos estos cambios, han sido capaces de mantener una sustentabilidad dinámica. Un ingrediente clave para esto es la capacidad organizativa para adaptarse mediante arreglos adecuados que permitan continuar con la operación del sistema. Esta sustentabilidad, sin embargo, no quiere decir que no haya disputas en estos sistemas relacionados con la igualdad en la distribución del agua. El tema principal para la sustentabilidad es tener un consenso básico entre los usuarios acerca de la legitimidad de los derechos de agua y la capacidad para ajustarlos. Otro ingrediente principal es el hecho de que tanto el proceso de toma de decisiones sobre los derechos como la distribución misma deben corresponder substancialmente con lo que se define localmente como equitativo. La naturaleza fluida del agua y la apariencia versátil de los derechos de agua Las dinámicas de los derechos de agua también salen al frente en el funcionamiento cotidiano de los sistemas de riego. El entendimiento de los conjuntos de derechos oficiales y localmente particulares, como he desarrollado en las secciones precedentes, es útil tanto para propósitos analíticos como por razones prácticas, porque sirve como marco referencial para derechohabientes y reclamantes, pero no es suficiente. Lo que pasa en la práctica real no puede ser fácilmente 'leído' en estos derechos. La asignación oficial de los derechos es a menudo diferente de los turnos y horarios de agua operacionales planeados por aquellos que están a cargo de la operación y mantenimiento del sistema. De la misma manera, la distribución real del agua difiere de estos horarios operacionales. Así, la distribución del agua a los campos de cultivo difiere significativamente de los horarios planeados y de los patrones de asignación. Es en parte una consecuencia directa de las particularidades del agua como recurso. A diferencia de la tierra, casi toda el agua existe en un estado transitorio. La mayoría de las corrientes superficiales también son típicamente variables en el tiempo y en el espacio. Esto hace que no sólo cambie la disponibilidad del recurso con el paso del tiempo, sino que también fluctúen necesariamente las reglas y derechos vinculados a él. En periodos de escasez de agua los requerimientos de agua de riego son altos y en la mayoría de sistemas manejados comunitariamente las reglas son muy estrictas; pero en la estación de lluvia es común que los mismos usuarios interactúen sobre la base de reglas mucho más débiles y que incluso los afuereños tengan permiso de tomar el agua. El uso del agua implica otra dificultad de controlarla efectivamente. La cantidad de agua disponible para un usuario es por tanto no sólo una función de los parámetros físicos, sino que principalmente depende de las prácticas de uso del agua de los otros usuarios. Incluso cuando los usuarios no tienen títulos legales o si es que no han cumplido con todas las obligaciones, todavía pueden ser físicamente capaces de hacer que el agua se desvíe desde los canales hacia sus campos. Dadas estas características variables y fluidas del recurso agua, hay mucho espacio para que los usuarios actúen de maneras que se separan de los derechos de agua legal y localmente establecidos. La distribución de agua, tal vez más que cualquier otro recurso, es típicamente objeto de regateo, negociación y disputa. Por lo tanto, para entender el control de agua no es suficiente ver la terminología formal, ya sea oficial o local, que define la condición de los derechohabientes. Tal entendimiento requiere de una visión de las prácticas reales de uso y distribución del agua. La activación de los derechos de agua: derechos de referencia, derechos en acción y derechos materializados 31 Para entender la dinámica del derecho de agua en la práctica es necesaria una distinción analítica entre los diferentes grados de operativización del derecho de agua. Una persona o grupo de personas puede tener un derecho, pero esto no significa que esa persona automáticamente pueda en la práctica tomar ventaja de ello como se preveía. Sobre todo, los grupos con menor poder a menudo tienen dificultades no solamente en obtener derechos de agua, sino también en materializarlos. Por ello, en el análisis de dinámicas de la gestión hídrica hemos distinguido entre las siguientes categorías de derechos: derechos de referencia, derechos activados y derechos materializados. Esta diferenciación conceptual es necesaria para capturar la diferencia entre los derechos oficiales (legales) o institucionalizados localmente, por un lado, y por el otro, los derechos reales que gobiernan la distribución concreta del agua y las relaciones sociales en las comunidades usuarias del agua. Así, es más apropiada que otras nociones más vagas como las distinciones entre lo formal y lo informal, o entre derechos de facto y de jure. Los derechos de referencia son formulados de acuerdo con las normas y los principios prevalecientes en un marco normativo particular. Pueden ser generales (por ejemplo, las normas prescritas en las regulaciones hídricas nacionales) o específicas del lugar (por ejemplo, normas formalizadas relacionadas con un marco sociolegal local dado). Los derechos de referencia especifican el tipo de poderes que un derechohabiente tiene en términos de operación/acceso y de elementos de control, y también específica las características de los derechohabientes, por ejemplo, ser dueños de tierras, hombres o jefes de familia. En los Andes los derechos de referencia son dictados en las regulaciones de agua nacionales o reglamentos locales. Los derechos formalizados en marcos sociolegales locales, por ejemplo, en los (localmente específicos) Reglamentos Internos de Riego, aquí se definen como derechos de referencia locales. Éstos pueden adoptar elementos de derechos de referencia legales. Los derechos activados (o 'derechos en acción') se refieren a procesos de transformación de los derechos de referencia en reglas y proce-dimientos operativos para la distribución del agua. Los padrones de esa distribución son un resultado de este proceso. Otros productos son las decisiones acerca de quién debe en la práctica tener posibilidad de participar y votar en las organizaciones de usuarios de agua. Los derechos activados son a menudo altamente dinámicos y están sujetos a continuos procesos de regateo, lucha social y disputa. El proceso de activación de derechos no muestra solamente el contenido de los derechos y obligaciones, sino también las variadas maneras en que éstos son interpretados. Por ejemplo, la interpretación generosa y flexible de las sanciones tiende a ser una característica de la mayoría de los sistemas locales andinos, y 'debatir hasta consensuar', más que una aplicación estricta de los derechos de referencia, es una regla general cuando se trata de disputas internas sobre derechos. La activación de los derechos se refiere a las acciones de los usuarios para sobreponerse a los obstáculos que pudieran encontrar en cada una de las esferas de los derechos de agua. Por ejemplo, las mujeres podrían reclamar la construcción de reservorios nocturnos para poder realmente hacer uso de sus derechos de referencia. Para ellas, regar de noche a menudo pone restricciones a la activación de sus derechos. Los derechos materializados se refieren a las prácticas de uso y distribución del agua y a los procesos reales de toma de decisiones acerca de estas prácticas. Se refieren a las reglas y arreglos como operación entre los usuarios que emergen cuando se usa un sistema de riego. Los derechos materializados con frecuencia no se encuentran escritos o ni siquiera se hacen explícitos. Normalmente son autorizados por la rutina y por acuerdos tácitos o informales. Tanto la definición de los contenidos de cada uno de estos derechos como los vínculos de transformación de un derecho a otro están sujetos a estructuras y juegos de poder. Los procesos a través de los cuales se materializan los derechos, los escenarios donde esto ocurre y los actores involucrados pueden ser diferentes para las tres categorías de derechos. El proceso desde los derechos de referencia hacia los derechos materializados es también de inclusión y exclusión, no sólo en términos de quién accede al agua, sino también de quién controla o participa en la toma de decisiones. Es al mismo tiempo un proceso técnico, sociolegal y político, que con frecuencia está fuertemente influenciado por argumentos de control culturales o hasta metafísicos. La creación y recreación de los derechos de agua Antes y después de la construcción del sistema, y durante su uso, los colectivos de usuarios del agua desarrollan su marco local de derechos, un conjunto de normas que guía tanto la creación, la administración y el mantenimiento del sistema como la asignación y la utilización del agua, así como las relaciones entre los usuarios. Por tanto, como se delineó en las secciones anteriores, el mecanismo de inversión de los usuarios para adquirir derechos es con frecuencia extremadamente importante para las comunidades andinas que gestionan sus propios sistemas. El desarrollo de la infraestructura de riego establece simultáneamente relaciones de propiedad entre los creadores del sistema. Al invertir en las instalaciones, los usuarios crean su 'propiedad hidráulica', una propiedad común del sistema que es el factor que une a los regantes y mueve su acción colectiva. Esto estructura el cimiento que garantiza la realización de las variadas actividades de operación y mantenimiento requeridas en un sistema de riego gestionado por los usuarios. El mecanismo también garantiza a las comunidades indígenas y campesinas, como cuerpos colectivos, que tendrán control efectivo sobre el desarrollo y la aplicación de sus propias normas para gestionar el sistema. 32 En palabras de Coward: "Las inversiones para crear obras de riego siempre crean o recomponen las relaciones de propiedad con respecto a esas nuevas infraestructuras. En otras palabras, uno no puede crear obras sin establecer propiedad [...] La creación de obras de riego establece relaciones de propiedad entre los creadores, las cuales se vuelven la base social para la acción colectiva en la ejecución de las varias tareas de riego". 33 Así también, la creación y recreación de derechos de agua en las comunidades andinas se enlaza fuertemente con la formación de identidad. De este modo, la apropiación de los derechos individuales de las familias es directamente coherente con la apropiación de los derechos colectivos del grupo, y ambos están directamente conectados entre si y son el fundamento básico de la gestión colectiva del sistema. En muchos sistemas 32 También la inversión estatal en el desarrollo de las instalaciones de riego puede verse en el proceso de creación y reforzamiento de propiedad, y las comunidades usuarias lo consideran como tal ya que, tras su inversión, el Estado normalmente fortalece su dominio sobre el recurso hídrico proclamando la materialización de sus derechos de propiedad total y su control sobre el sistema en general. Alternatives for irrigation investment, Khon Kaen, University of Khon Kaen, Thailand, 1983, p.12. tradicionales, las familias logran sus derechos de riego no sólo a través de sus propias inversiones contemporáneas en la construcción de las instalaciones colectivas, sino también por herencia de la inversión hecha por sus ancestros y como un acuerdo establecido con las deidades. Esto se confirma a través de los ritos enraizados en la práctica del riego. Tras generar los derechos, los usuarios deben mantenerlos o conservarlos. Esto lo hacen a través del cumplimiento de sus obligaciones en el sistema de riego, lo que nuevamente toma la forma de una inversión del usuario. La participación en el trabajo colectivo, el pago de deudas, la participación en reuniones, etc. son obligaciones importantes, tanto para conservar los derechos como para hacer que el propio sistema de riego siga funcionando. Sin estas contribuciones obligatorias por parte de cada familia hacia la colectividad, el sistema de riego no es sustentable; la conservación de los derechos tiene un papel clave en la gestión efectiva del sistema de riego. 34 Así, la inversión de los usuarios en la construcción (o rehabilitación) del sistema está basada en la lógica de que así se crean derechos de agua individuales y colectivos, mientras que la inversión en el mantenimiento reafirma y recrea estos derechos. Las relaciones precisas en términos cuantitativos y cualitativos entre las contribuciones de inversión, la creación y recreación de derechos y la percepción de si esto es equitativo, difieren de sistema a sistema. Esto es un tema esencial en la toma de decisiones a escala local, materia de lucha y negociación intensas, tanto hacia adentro como con terceros. A pesar de la obvia influencia de la modificación de la infraestructura -y del incremento del caudal-sobre los derechos de agua existentes, muchos proyectos de desarrollo del riego no consideran este tema como algo importante ni lo afrontan explícitamente. Mucho peor entienden la relación entre las inversiones anteriores y las actuales, y la creación de la propiedad hidráulica colectiva. Esta falta de entendimiento y este rechazo de los fundamentos de los sistemas locales a menudo causan la siguiente situación: las contribuciones locales son convocadas, pero sin expresar que estos insumos son inversiones individuales en un sistema de propiedad común, lo que por definición requiere de una clarificación previa acerca de las relaciones entre las contribuciones y los beneficios para cada usuario, así como un entendimiento compartido acerca de la propiedad en el sistema y los derechos de agua colectivos. Cuando esta inversión desorganizada se acaba, no quedan fundamentos sólidos para que los usuarios organicen la distribución del agua, mucho menos para que mantengan sus canales como propiedad colectiva. 35 La amalgama y confusión en las relaciones de propiedad existentes son la médula de muchas de las 'fallas de intervención'. Ésa es la razón de que, cuando uno visita un sistema de riego 'posproyecto', no es raro encontrar a los grupos de usuarios todavía discutiendo agriamente sobre las condiciones para acceder al agua y las correspondientes obligaciones de mantenimiento. En tales casos, necesitan inventariar los insumos y establecer las obligaciones requeridas para determinar los derechos de cada usuario a cierta porción del agua. Particularmente problemáticos son los muchos casos en los cuales las agencias externas intervienen e invierten en las obras de riego existentes, fundadas sobre acuerdos de derechos locales y con base en la inversión previa de los usuarios. Estas nuevas inversiones lideradas por agencias, a menudo destruyen los derechos de propiedad colectiva e individual y, consecuentemente, la acción colectiva necesaria para sostener el sistema. El más problemático caso es aquel en que una secuencia de intervenciones implementadas por diferentes instituciones, y manejada con diferentes conceptos de inversión (trabajo comunitario; alimentos por trabajo; mano de obra individual; contribuciones financieras o materiales por derechos de agua, etc.) ha creado un caos institucional entre usuarios antiguos, nuevos y potenciales. El hecho de que muchas contribuciones estén pobremente registradas, sumado a ciertos intereses manipuladores de la información, complica aún más las posibilidades de aclarar la situación. 36 A diferencia de las nociones comunes de los programas de desarrollo de riego, ya sea paternalistas y verticales o participativos y progresistas, que presentan la participación y las contribuciones locales como un mecanismo para crear un sentimiento de propiedad en los futuros beneficiarios y para garantizar una mejor operación del sistema, los usuarios de los sistemas no pregonan un 'sentimiento de propiedad' sino relaciones reales de propiedad y copropiedad que establecen derechos de acceso y control precisos. Esto también muestra la naturaleza socio-cultural y socio-técnica de los derechos de agua. Los derechos y las relaciones de propiedad están insertados en los territorios culturales, agroecológicos y políticos, donde la creación de derechos colectivos/individuales se entrelaza con la (re)creación de infraestructura y organización, y vitaliza las relaciones de pertenencia mutua. Además muestra la naturaleza política de estos derechos: son objeto de lucha y producto de relaciones de poder. Tanto sus contenidos como su distribución en la sociedad, así como la manera en que se adaptan dinámicamente a las nuevas situaciones, reflejan tanto las estructuras de poder prevalecientes como la manera de afrontarlas. Crear, consolidar y transformar los derechos de agua: todo es parte del mencionado juego dinámico de poderes. Básicamente, los derechos de agua son una relación de poder entre sujetos, más que sólo una relación entre el sujeto 'usuario' y el objeto 'agua'. En esta relación, algunos interesados obtienen o tienen el derecho (poder autorizado) para actuar de tal manera que influya en los derechos de los otros. Obviamente, en estas relaciones sociales locales de acceso al agua, bajo ciertas condiciones y de acuerdo con los volúmenes establecidos, los flujos y/o los horarios, son un tema nuclear. Pero el gran interés de los varios grupos sociales en controlar el modo en que se definen y asignan los derechos de agua no puede ser explicado solamente a través de la necesidad percibida de acceso al agua y a la infraestructura que la transporta. No, hay más elementos en juego: tener derechos de agua en sistemas de propiedad común también confiere frecuentemente derechos de participar en la toma de decisiones acerca de las reglas de gestión del sistema y de la definición local de los contenidos precisos de los derechos de agua -un segundo nivel de interés en el cual hay un duro enfrentamiento. Y a un tercer nivel vemos una disputa acerca de la legitimidad de los sistemas normativos y sus autoridades: ¿quién tiene el poder legítimo de poner las normas y autorizar las reclamaciones en los sistemas de riego locales? A un cuarto nivel, más abstracto pero no menos importante, están los discursos que defienden regímenes de derechos de agua particulares. Como una conjunción de poder y conocimiento, establecen las aseveraciones sobre 'la verdad' y pretenden crear un alineamiento entre las esferas técnica, organizativa, sociolegal, económico-política y cultural-metafísica del control del agua: para legitimar, afirmar y promover políticas de agua, instituciones de control hídrico y prácticas de distribución de agua particulares.
Agua, saneamiento y salud en Brasil: intersecciones y desacuerdos/ Água, saneamento e saúde no Brasil: interseções e desacordos Sonaly Rezende, Léo Heller y Ana Carolina Lanza Queiroz Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil El pasado y el presente del sector de saneamiento en Brasil son planteados en función de sus interfaces con la salud, dirigiéndose a la consolidación del poder público y de las acciones integradas de la salud y saneamiento, transcurriendo al cambio del paradigma que surgió en el contexto de una óptica "desarrollista", que ha resultado en la bipolarización de dichas acciones, e identificando las actuales reacciones contrarias a la ruptura entre los sectores y las posibilidades originadas de nuevos marcos legales. Se analizan las convergencias e intersecciones, explicadas a partir de las necesidades intrínsecas de cada sector y por otros condicionantes sistémicos, y la importancia de consolidar una visión integrada entre la salud y el saneamiento para el avance del desarrollo social del País. Hay que aclarar que la expresión "saneamiento" corresponde, en Brasil, a un conjunto de acciones caracterizadas por el suministro de agua, el manejo de las aguas residuales y de los residuos sólidos, la limpieza urbana y el drenaje y la gestión de aguas pluviales urbanas. El término "saneamiento", utilizado en los países hispano-hablantes, corresponde a lo que en Brasil se denomina "esgotamento sanitário". Política Nacional de Saneamento Básico.
Chile está próximo a celebrar su Bicentenario de vida republicana y sus treinta y cinco años desde la aplicación de un estricto modelo económico neoliberal, donde han surgido numerosos conflictos que involucran a la dicotomía capital/territorio y que implican al agua como recurso principal. Uno de estos conflictos es el que actualmente ocurre en la Región de Aysén en la Patagonia Chilena donde, producto de la privatización del agua, un megaproyecto de producción hidroeléctrica de inversión transnacional colisiona con territorios de alta calidad ambiental y producción tradicional. Chile celebrará en fecha próxima su Bicentenario de vida Republicana y sus treinta y cinco años desde que comenzó, bajo la dictadura del general Pinochet, la aplicación de un estricto modelo económico neoliberal. Viviendo en democracia, pero bajo el mismo esquema económico, han surgido numerosos conflictos que involucran a la dicotomía capital/territorio y que implican al agua como recurso principal. Entre ellos destaca el que enfrenta a comunidades indígenas (mapuches) con las empresas forestales, mineras y propietarios de tierras en el sur del país; el conflicto entre comunidades de pequeños y medianos productores contra la industria forestal por la contaminación de los ríos; el de los pescadores artesanales contra el gobierno por la ampliación de las cuotas de capturas a las empresas industriales a lo largo de la costa chilena; la situación conflictiva de miles de personas desempleadas por la crisis del salmón (el llamado "oro anaranjado"), ante la quiebra de empresas nacionales y extranjeras especializadas en su crianza que llegaron a exportar dos mil millones de dólares el año 2007, causada por la contaminación de las aguas y fondos marinos de fiordos y canales australes; la instalación de hidroeléctricas en territorio mapuche y en lugares de la Patagonia que exhiben niveles de calidad medioambiental únicas por su pristinidad, y la ocupación intensiva de la escasa agua disponible en el norte de Chile (Desierto de Atacama) para la producción minera, entre los más importantes. Como señalan los personeros de Gobierno, la Comisión Nacional de Energía (CNE) y el empresariado, para que la economía chilena siga creciendo el país necesitará duplicar su capacidad energética el 2020, debiéndose independizar del abastecimiento proveniente de otros países, como Argentina, o de las continuas alzas del precio internacional del petróleo, y además, desarrollar proyectos compatibles con el medioambiente. Bajo estas premisas, se ha presentado a Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) el Proyecto HidroAysén en la Patagonia chilena, que propone la construcción de cinco represas en los ríos Baker y Pascua -dos de los ríos más caudalosos y prístinos de la zona-, generando 2.750 MW, suficientes para iluminar una ciudad de 4.500.000 habitantes. Para ello, es necesario además trasladar toda la energía desde su origen, en la región de Aysén, ubicada en el extremo austral chileno, hasta las regiones del centro, donde se concentra la población y las industrias, y hasta el Desierto de Atacama, donde se instalan los mayores yacimientos mineros del mundo. La empresa Transelec, de capitales canadienses, se ha propuesto construir una línea de transmisión, con torres de alta tensión de entre 35 a 50 m. de alto, que se extenderá por más de 2.200 km, cruzando ocho regiones, 200 comunas y 12 áreas silvestres protegidas, interviniendo directamente 15.645 hectáreas de tierras e impactando 4.600.000 hectáreas de paisaje. Para analizar este tipo de conflictos, la Ecología Política ha definido un enfoque que trata el metabolismo complejo entre la sociedad y la naturaleza 2 analizando "la gestión de los recursos (o la degradación ambiental) en términos sociopolíticos, considerando los contextos históricos, políticos y económicos a diferentes escalas espaciales y temporales", 3 enfatizando una pluralidad de explicaciones para los problemas de investigación medioambiental, antes que considerar sólo sus causas y efectos, a través de un giro desde los enfoques positivistas hacia los interaccionistas. La ecología política ha propuesto reconceptualizar las relaciones sociedadnaturaleza y los procesos de cambio ambiental, tratando de actuar como puente entre la materialidad de la naturaleza y los procesos sociopolíticos envueltos en ella. 4 En particular, ha considerado "la construcción social de la naturaleza", para llevar adelante la idea de que esta última no es una entidad objetiva, sino que es percibida de forma diferente de acuerdo a los actores, el tiempo y el contexto, y subsecuentemente, construida de acuerdo a estas posiciones y movilizada a través de los discursos que la sostienen. Existe en Chile un creciente esfuerzo por teorizar la actual situación de los territorios, más allá de las lógicas que impone el neoliberalismo. En efecto, el mercado no ha podido regular los actuales conflictos socioambientales en este país, y frente al pragmatismo empresarial y gubernamental, deben presentarse visiones que traten el territorio en sus reales dimensiones. 1 Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena: Patagonia Chilena ¡Sin Represas!. La territorialización debe ser observada como el resultado de un proceso que implica un dominio (aspecto económico-político) y una apropiación (aspecto simbólico-cultural) de los espacios por parte de los grupos humanos,5 es decir, como producto de la interacción social que se materializa en un determinado espacio. 6 El análisis de conflictos socio-territoriales debe permitir la discusión entre las distintas visiones que se sostienen sobre un mismo territorio y el control asimétrico de los recursos que en él existen. 7 El territorio está marcado por el poder, construido por actores, que partiendo del espacio como materia prima, lo reproducen en territorializaciones y re-territorializaciones sucesivas, que expresan las relaciones de poder dinámicas. 8 Dichas relaciones de poder manifestadas en el territorio deben asumir que los grupos sociales locales producen valores de uso y de cambio, y al mismo tiempo, significados de uso que reflejan la compleja relación del orden simbóliconatural con las relaciones de producción económico-políticas. 9 Dichos significados de uso son la base de la tensión entre un espacio local vivido y un espacio global regido por un proceso racionalizador y un contenido ideológico de origen distante, que impone los objetos y las normas en los territorios donde llega. 10 De esta forma en un socio-territorio existe una lucha por la apropiación de la naturaleza y la resignificación de modos de vida que constituyen las variables contextuales de los conflictos socio-ambientales, tales como la tradición y circunstancias culturales, factores etno-políticos, mecanismos de la sociedad civil para resolución pacífica de conflictos, estabilidad al interior del sistema político y, por último, capacidades societales, institucionales, económicas y tecnológicas. 11 El cambio climático, las dinámicas del mercado y el conflicto por los ecosistemas para la producción de commodities afecta las nociones de valor y propiedad,12 pero además vuelve conflictiva la relación de patrimonio y soberanía alienando a las comunidades de su territorio. Ahora bien, esta conceptualización pone de relieve que los principales movimientos sociales que se han desarrollado en Latinoamérica en los últimos años tienen un carácter rural. Indígenas, campesinos sin tierra, pobladores rurales y pequeños centros poblados han entrado en conflicto con la expansión del capital urbano e industrial a partir de la década de los 80`s, intentando hacer frente a su creciente exclusión de la globalización, a través de la gobernanza ambiental, lo que ha permitido incipientes procesos de Desarrollo Territorial.13 La neoliberalización y comodificación de los derechos de agua en Chile Chile es el único país en el mundo donde la propiedad de derechos de agua se consagra en la Constitución Política.14 Elaborada bajo la Dictadura de Pinochet, asumió como misión principal fortalecer el régimen de propiedad privada, propiciando el libre mercado y el libre comercio, como requisito indispensable para conseguir el crecimiento económico prometido, mediante una asignación eficaz de los recursos, incluyendo el agua. De este modo, "si no hay agua para todos los que la están pidiendo, se escoge al que pague más por ella en un remate entre los interesados, y la reasignación se produce mediante la libre transferencia de derechos". 15 En Chile el agua se transformó en un bien de consumo transable en el mercado, sin restricciones ni intervenciones de otros poderes. Los aspectos más significativos del Código de Agua chileno comprenden la asignación de derechos de uso a perpetuidad (constituyendo derecho de propiedad individual), totalmente independientes de los derechos de propiedad sobre las tierras. Los derechos de agua pueden venderse, comprarse y transferirse libremente en Chile, vulnerándose completamente las relaciones territoriales que vinculan a los recursos hídricos con el sistema suelo y a las aguas superficiales con las subterráneas. Al mismo tiempo, las solicitudes de asignación de nuevos derechos de aguas no están sujetas a prioridades según el tipo de uso, reduciendo el rol del Estado a la solución de las controversias, mediante negociaciones privadas o a través del sistema judicial. Además el Código de Aguas introduce el concepto de "uso no consuntivo" previendo la multiplicidad de usos del agua, especialmente con el objeto de promover la construcción de plantas hidroeléctricas en los cursos superiores de las cuencas hidrográficas, sin que se vean afectados los derechos consuntivos nuevos o existentes otorgados en los cursos inferiores con fines de riego. La propiedad del agua en Chile respecto a su uso consuntivo, está concentrada en manos del sector exportador, principalmente agricultura (84,6%), industria de commodities (6,5%) y minería (4,5%). 16 En el caso de las aguas que no tienen un uso consuntivo, el 81% está en manos de la compañía española Empresa Nacional de Electricidad S.A. (ENDESA), centrándose su uso, principalmente, en la generación de energía hidroeléctrica y en actividades que se insertan dentro del modelo exportador chileno, como minería, producción de celulosa y pesca. 17 El considerar las aguas como bienes transables, tal como lo hace Chile, pone en discusión el hecho de que mientras más escaso es el recurso, mayor es su valor, lo que es crítico para un país en que el 40% de su territorio es árido y está sometido a frecuentes procesos de sequía. Muchas comunidades que vendieron sus derechos de agua se han visto obligadas a abandonar sus territorios de forma definitiva. 18 Por otro lado, muchas de las aguas adquiridas por empresas nacionales y extranjeras no han sido usadas, aumentando los procesos de injusticia territorial. Otras veces los actores de mayor poder económico y político han conseguido asignaciones de derechos sobre aguas no existentes (con fines especulativos sobre las tierras o bien debido a que no se conoce su real existencia) y en forma fraudulenta, alegando ocupaciones antiguas de tierras. 19 Estas situaciones han permitido que "especuladores puedan acceder a los derechos de aguas a título gratuito o comprarlos a muy bajo precio y luego mantenerlos por un período de tiempo prolongado sin pagar tributo alguno sobre la propiedad, pese a que están impidiendo que otros utilicen dicho recurso. Por ejemplo, las empresas hidroeléctricas han solicitado derechos equivalentes "a cuatro veces los caudales de los ríos que hay entre Arica y Puerto Montt" (Peña, 1995). Por ese motivo, se tiene la sensación de que la especulación ha afectado incluso la eficacia deseable en la utilización de los recursos hídricos". 20 Hasta el año 2005, el Código de Aguas aseguraba la gratuidad de los derechos concedidos a entes privados a perpetuidad, situación contradictoria tratándose de un bien público y de un derecho humano básico. Una reforma de dicha Ley incluyó el cobro de una multa o patente por no uso de los derechos concedidos y, en caso contrario, su devolución al Estado. 21 Esto frenó enormes especulaciones y abusos de parte de personas naturales y empresas, las cuales han llegado a solicitar derechos sobre el 100% de las aguas de un río, sin justificar su uso. Los cambios introducidos al Código de Aguas (después de trece años de discusión en el Parlamento y sin tocar el Derecho de Propiedad consagrado en la Constitución Política del país) incorporaron los siguientes términos: "Si no se utilizan los derechos de agua se establecería una penalización; es necesario justificar para qué se quiere el agua y es obligado el establecimiento de un caudal de reserva para uso público y garantía de intereses generales". 20 Muchnik, Luraschi y Maldini: Comercialización, p. 21 Aedo: "El Agua en Chile". De acuerdo con Bauer,22 los problemas del agua en Chile incluyen: posiciones monopolistas, o cercanas a ello, en la tenencia de derechos; mantenimiento de grandes caudales de agua sin utilización actual ni futura previsible; establecimiento de barreras de entradas para nuevos competidores23 y existencia de competencia entre múltiples usos del agua y la gestión de cuencas, específicamente su embalse, para las diferentes estaciones y usos que envuelve la relación entre la producción agrícola e hidroeléctrica. Sin embargo, y aún reconociendo la inmensa importancia del agua en Chile, la neoliberalización de sus territorios abarca también otros recursos, tales como las tierras, el aire, los climas, las áreas costeras y de conservación de la naturaleza, conformando commodities, cuya propiedad genera importantes conflictos en forma independiente o asociada con el agua. En el caso de las tierras, no existe en el país una Ley de Ordenamiento Territorial y los escasos instrumentos normativos disponibles para asignar usos del suelo desde el sector público se restringen a los planes reguladores municipales. En la práctica no existen en el país restricciones para generar suelos urbanos en cualquier territorio. Los recursos climáticos, por su parte, se han constituido en insumos preferenciales para la agricultura de exportación y muchas tierras agrícolas alcanzan valor en función de las acumulaciones de calor, máxima insolación o no ocurrencia de heladas y no por la calidad de sus suelos. En las ciudades se aplican permisos de emisión transables a las industrias, lo que equivale a la privatización de la columna de aire, y en las zonas costeras son otorgadas a perpetuidad -y casi sin restricciones ni fiscalización-concesiones para su uso y manejo que constituyen derechos de propiedad en la práctica. Si bien una parte importante del territorio nacional forma parte del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), los recursos humanos y materiales asignados, así como la institucionalidad, son extremadamente débiles como para asegurar objetivos ambientales, y ante la impasibilidad del Estado, se han generado crecientemente áreas privadas de protección de la naturaleza. En consecuencia, los conflictos territoriales surgidos a raíz de la construcción de represas hidroeléctricas en la Patagonia de la región de Aysén, deben ser contextualizados en medio de intentos permanentes por comodificar los recursos naturales, reducir el papel del Estado y de las políticas públicas, y, esencialmente, negar las posibilidades de que la conservación de la naturaleza pueda constituir en sí mismo un objetivo intrínseco de desarrollo sustentable. La Patagonia chilena ha sido testigo histórico de múltiples intentos de colonización y de introducción de planes productivos que se asocian al progreso y la modernidad (ganadería, agricultura, salmonicultura) y caracterizan a la conservación de la naturaleza como sinónimo de retraso y empobrecimiento. La discusión sobre los actuales proyectos de inversión en la zona no puede desconocer la creciente competencia territorial por eliminar o reducir substancialmente las áreas públicas de conservación y el apoderamiento, por parte de agentes extranjeros o foráneos, de las fuentes más prístinas de belleza escénica, o de agua o aire de extraordinariamente alta calidad ambiental, considerados estratégicos en el horizonte de escasez que les amenaza en el futuro. Las inversiones económicas que están teniendo lugar en la Patagonia chilena se han recopilado del Catastro de Proyectos de Inversión de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) y de los listados de Evaluación de Impacto Ambiental de proyectos preparados por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA), procediéndose a localizar y cartografiar las iniciativas. Informaciones sobre áreas de conservación de la naturaleza y otras variables territoriales se han obtenido del Sistema Nacional de Información Ambiental (SINIA) de la CONAMA. En términos metodológicos, los análisis cualitativos de la presente investigación fueron de tipo exploratorio-descriptivo, con un diseño "No Experimental", de corte transversal. El "Objeto de Estudio" son los "discursos que intervienen en el conflicto por la construcción de Centrales Hidroeléctricas en la Subregión Sur de Aysén, a distintas escalas socio-espaciales (redes globales, nacionales, regionales, locales)". La muestra estuvo compuesta por los discursos de los actores sociales pertenecientes a los gobiernos locales, regionales y nacional y al sector privado, local, regional, nacional e internacional; fue definida teóricamente y operó bajo el criterio de saturación de información. Durante el año 2007 y comienzos del 2008 se realizaron 45 entrevistas a actores vinculados a la realidad regional y local de Aysén, entre ellos: per-soneros del Gobierno Regional de Aysén (directora del Servicio de Turismo, secretarias regionales ministeriales, director de la Agencia Regional de Desarrollo Productivo), del Gobierno Local (concejales de la municipalidad de Cochrane, funcionarios de los departamentos de Cultura y Turismo de la misma municipalidad), profesionales de un servicio voluntario de apoyo al desarrollo (Servicio País), habitantes de la zona de conflicto, miembros de las diversas coaliciones ciudadanas de defensa de la Patagonia (Comité de Defensa de la Flora y Fauna, Defensores del Espíritu de la Patagonia y Jóvenes Tehuelches de Coyhaique), operadores turísticos de la Zona del Lago General Carrera, dirigentes gremiales Ganaderos del Baker y Puerto Tranquilo y vecinos de las localidades afectadas. Las unidades de información han sido a) Información Primaria: entrevistas y observaciones en terreno, y b) Información Secundaria: Informes y registros de los Gobiernos Regionales y Locales, informes de consultoras y ONG`s, documentos oficiales públicos y privados, declaraciones en medios de difusión pública. Las técnicas de recolección de información utilizadas en la presente investigación han sido: a) Observación, b) Entrevista semiestructurada y c) Análisis de fuentes secundarias. La técnica de análisis de datos empleada ha sido el Análisis de Contenido, siguiendo los planteamientos de Vieytes,24 codificación descriptiva que considera unidades mínimas de significado que se extraen desde el texto. De esta forma, un párrafo completo puede ser considerado como parte de una categoría o palabras aisladas pueden ser consideradas unidades de análisis (muestreo teórico). Una vez realizada la codificación y categorización, los textos de las entrevistas fueron fragmentados y agrupados en las distintas categorías definidas. La Figura n.o 1 presenta un primer conflicto territorial de importancia: la contradicción entre la localización prevista para las principales actividades económicas respecto a las áreas de conservación de la naturaleza en la región de Aysén. El 40% de los proyectos de inversión se ubica justamente en áreas de conservación de la naturaleza, tales como la Reserva Nacional Las Guaitecas, en la cual se esperan instalar 49 proyectos de salmonicultura con una inversión de 90.4 millones de dólares. En el Parque Nacional Isla Magdalena se pretenden localizar dos proyectos de salmonicultura con una inversión de 4.8 millones de dólares. En la Reserva Nacional Lago Jeinimeni existen iniciativas para instalar dos proyectos mineros con una inversión de 65 millones de dólares. En el Parque Nacional Laguna San Rafael, la Agrícola El Monte pretende desarrollar un proyecto de inversión en industria, que alcanza 14 millones de dólares. Por otra parte, tres de los cinco proyectos de energía correspondientes al proyecto HidroAysén se encuentran ubicados en Sitios Prioritarios para la Conservación de la Biodiversidad, definidos por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA). Aunque esta denominación no está sustentada en una base legal, constituye una declaración importante que reconoce el valor de preservar estas áreas para proteger los ecosistemas. Las inversiones identificadas conducen a la desestructuración de las formas de vida tradicionales y significan la imposición de un modelo de desarrollo económico alejado de la población local, destinado a insertar la economía y los paisajes regionales dentro del proceso de globalización y comodificación de sus recursos territoriales. La evolución socio-productiva desprende condiciones causales que precipitan las visiones sobre el socioterritorio patagón, como lo son el sentimiento de exclusión y postergación física y comunicacional al no poder conectarse con el resto de Chile por tierra, no contar con los avances tecnológicos del resto del país como telefonía celular e Internet y el no poseer una universidad regional, lo que fuerza a los jóvenes a emigrar hacia el norte. Además, la evidente falta de inversión pública en infraestructura, el asistencialismo y el clientelismo de las relaciones entre sociedad civil y gobiernos locales y regionales, genera una situación ideal para la llegada del capital exógeno que encuentra nulas barreras gubernamentales para su accionar. Por el contrario, se advierte una actitud de incentivo a la llegada de estos tipos de capitales, los cuales se ven como la única solución para el desarrollo de estos territorios excluidos. Territorialización de los actores en el conflicto Es posible identificar los diversos actores que intervienen en un conflicto socio-ambiental a partir de una primera división entre primarios y secundarios: los actores primarios son unidades decisionales que están directamente involucradas en una situación conflictiva y tienen un interés significativo en su resultado. 25 Las partes en conflicto tienen objetivos incompatibles y se encuentran constantemente en interacción. En los conflictos ambientales las partes que se confrontan están constituidas por subgrupos, y por tanto, es necesario identificarlos y ver el grado de participación y compromiso que ellos alcanzan. Las dos posiciones presentes en el socio-territorio de la Patagonia se debaten entre lo que están en contra y a favor de las centrales hidroeléctricas. Los actores secundarios son las partes que tienen un interés indirecto en el resultado de la disputa pero que no se sienten directamente involucrados. Estas partes se convierten en aliados estratégicos de los actores primarios, en los niveles moral, económico e incluso militar, y pueden transitar a esos niveles de acuerdo a la evolución del conflicto.26 a) Actores primarios.-Los actores primarios opositores corresponden a las agrupaciones locales arraigadas socio-territorialmente (perteneciente a redes locales), reunidas en tres dimensiones: comunitarias, turísticas y medioambientales (Figura n.o 2). Estas agrupaciones declaran ser las directamente afectadas por la construcción de las represas, verán sus posibles faenas, convivirán con 4.000 trabajadores, con las trasformaciones territoriales, sociales, económicas, culturales y deberán participar de las modificaciones a los ecosistemas y al paisaje. En última instancia, serán ellas las que protagonizarán el conflicto manifiesto y las acciones de protesta directa. Esas agrupaciones vivirán la penetración de la globalización en sus territorios, competirán con HidroAysén por los mismos recursos críticos (agua, usos de suelo, aire, flora y fauna), convivirán con lo que significa el proyecto y le disputaran los espacios de reproducción social. Estas organizaciones no solamente tienen un carácter ambientalista -lo que echa por la borda el argumento de los partidarios de que sólo los ambientalistas tienen una postura contraria a las centrales-. La gran diversidad de intereses de las organizaciones muestra una estructura rica en relaciones sociales, varias de ellas vinculadas a actividades productivas, no competitivas en la globalización, pero con un valor social y cultural que debe considerarse. Ecosistemas, cuya misión principal es la difusión de información y el establecimiento de contactos con los financieros internacionales. Estos actores secundarios nacionales sirven de apoyo y nexo entre los actores primarios y secundarios internacionales (pertenecientes a redes globales), proveyendo los recursos necesarios, administrando, planificando y organizando las acciones de oposición. Entre estos actores se encuentra el matrimonio Tompkins, partidarios de la Ecología Profunda, con una postura de conservacionismo por una parte y, al mismo tiempo, interviniendo en el territorio de acuerdo con sus intereses, concentrando así enormes extensiones de terreno entre las regiones de Los Lagos y Aysén. Los Tompkins, los Puchi y Enrique Alcalde, son todos empresarios con inversiones en la región y opositores a las hidroeléctricas en defensa de sus intereses e inversiones privadas, con gran influencia dentro de las esferas de poder nacional. La vista integrada de estos actores muestra claramente los ribetes ambientalistas del conflicto. Prueba de ello es que, por el contrario, las organizaciones preocupadas de temas comunitarios son generalmente locales, demostrando una de las deficiencias de la campaña opositora. La otra categoría de actores secundarios opositores, de carácter internacional, está compuesta por organizaciones ambientalistas de relevancia mundial, principalmente norteamericanas, entre las cuales se encuentran las poderosas International Rivers Network y Natural Resources Council Defens. Entre sus filas se encuentran filántropos, actores de Hollywood, ambientalistas sumamente influyentes como Aaron Sanger y Robert Kennedy Jr. y también Greenpeace. a) Actores primarios.-En el caso de este segundo grupo, hasta el momento no se observan agrupaciones u organizaciones de defensa de la construcción de las centrales hidroeléctricas, lo que no significa que no existan. Hay actores locales motivados por las futuras megainversiones, concretamente pequeños y medianos empresarios, que están ampliando su infraestructura de servicios, hoteles o instalando cibercafés, lo que ha tenido un significado bastante simbólico, ya que, junto con la llegada de la señal de celular a la ciudad, se ha hecho sentir a la población "cambios" modernos concretos en su calidad de vida. Como actor primario favorable se debe considerar naturalmente a HidroAysén, la empresa propietaria de los proyectos. Esta empresa intenta lograr y exhibir arraigo territorial, y luchar contra la imagen de enclave internacional, intentando implantar una connotación de carácter regional en su imagen -Energía Hidroeléctrica de Aysén-, contratando mano de obra local y prometiendo una alternativa de desarrollo social. En sus discursos, la empresa da la imagen de que será un vecino que llega para quedarse por decenas de años y que, por tanto, la comunidad tiene que entender la necesidad de un trabajo conjunto. Dentro de esta lógica deben ser considerados también como actores primarios, a favor de la construcción de las represas, la Municipalidad de Cochrane, cuyo alcalde pertenece a un partido político de derecha; los parlamentarios (diputados y senadores de la región) sin distinciones políticas, el intendente regional (representante de la presidenta y a cargo del Poder Ejecutivo) y parte del Gobierno Regional (integrado por representantes de los partidos políticos). Todos ellos ven la posibilidad de desarrollar a la región a partir de los "esfuerzos que pueda hacer HidroAysén", es decir, terminan por apreciar que las políticas e inversiones públicas para el desarrollo regional son opciones complementarias en materia de infraestructura social, y como espectadoras, frente a las vocaciones productivas de la Región. Sólo después de ver que pasará con el proyecto hidroeléctrico se decidirá oficialmente la Estrategia de Desarrollo de la Región de Aysén, lo que acentúa el carácter reactivo y debilidad de las instituciones públicas. 27 b) Actores secundarios a favor.-ENDESA Chile, filial de ENDESA España, que, como ya se ha mencionado, controla el 81% de los Derechos de Agua de Uso No Consuntivo y el de la Energía Eléctrica del país, además del 99,5% de los derechos de la región. Otro importante actor es Colbún S.A., empresa de capitales chilenos y perteneciente, entre otros, al Grupo Económico Matte, uno de los más importantes del país. En total Colbún genera 2.301MW, de los cuáles 1.042,6 pertenecen a hidroelectricidad, y los restantes, a termoelectricidad (producida por gas, diesel y licor negro), aportando el 27% al Sistema Interconectado Central del país Entre los actores secundarios a favor se ubican los principales grupos económicos chilenos y agrupaciones empresariales, entre otros, todos los cuales han declarado planificar sus futuras inversiones en función de la cantidad de oferta energética producida por HidroAysén. Al mismo tiempo, muchas de las empresas más importantes de Chile, tanto de capitales nacionales como extranjeros, desarrollan actividades en el contexto del Sistema Exportador de Materias Primas, en los sectores forestal, pesquero, minero, inmobiliario, etc. y se consideran "hostigadas" por el movimiento medioambientalista. También dentro de los actores secundarios a favor, se encuentran representantes del área desarrollista del gobierno, ala pragmática y más neoliberal de la Concertación de Partidos por la Democracia que gobierna el país desde 1990, los cuales abogan por una eficiencia y autonomía energética, que hace necesario desarrollar todos los tipos de inversiones que le permitan a Chile tener energía de forma confiable en el mediano plazo, para solventar su crecimiento económico. El candidato presidencial del sector, así como el de la oposición al gobierno en las elecciones presidenciales de diciembre de 2009, han declarado su apoyo a la construcción de represas hidroeléctricas y aún ser partidarios de las instalaciones nucleares. Son las partes interesadas en facilitar la resolución de los conflictos, como los mediadores, conciliadores o diversas organizaciones que fomentan el acuerdo entre las partes en disputa. Entre los más destacados se encuentran la CONAMA, que aplica el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental y que jamás ha rechazado un proyecto hidroeléctrico. La Dirección General de Aguas (DGA) es un organismo de suma importancia dentro del conflicto, y precisamente son ellos los que podrían poner mayores trabas y mediar sobre los porcentajes de usos para las distintas actividades productivas y económicas que se realizan en la zona de inundación. La Corporación Nacional Forestal (CONAF), también podría ser una de las instituciones públicas que participen del acuerdo o mediación, principalmente por estar encargada de la protección del Sistema de Áreas Silvestres Protegidas del Estado, al cual pertenecen Parques Nacionales, Reservas y Monumentos Naturales. El Ministerio de Bienes Nacionales es otro involucrado que deberá mediar en el conflicto, principalmente porque en Aysén el 25% de la superficie total de la región corresponde a propiedades fiscales (Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo, 2000). Adicionalmente, tanto CONAF como el Ministerio de Bienes Nacionales deberían cumplir un papel trascendental en el conflicto que se generará por el trazado del tendido eléctrico. El Estudio de Impacto Ambiental -cuya realización es legalmente obligatoria-, fue elaborado por HidroAysén y presentado a la autoridad regional en agosto de 2008, siendo devuelto a la empresa con 2.643 observaciones o reparos realizados por 32 organismos o instituciones públicas o de la sociedad civil. Ante ello, la Empresa ha pedido una extensión de nueve meses del plazo de reingreso al Sistema de Estudios de Impacto Ambiental, lo que posteriormente se ha extendido por otros seis meses más, de tal forma que su aprobación eventual no corresponderá al actual gobierno. Por último, un actor interesado de suma relevancia en Chile, y con un fuerte reconocimiento como mediador, es la Iglesia Católica, que en el actual conflicto ha cumplido un importante papel a través del Obispado de Aysén y de párrocos locales. El comportamiento conflictivo de este socio-territorio, se ha desarrollado a través de un conjunto de acciones que se efectúan con el fin de que la contraparte modifique o abandone sus objetivos. El estado del conflicto, por el momento, es no violento y se encuentra dentro del marco de la institucionalidad del país, consistiendo principalmente en ofensivas comunicacionales de ambas partes a través de radio, televisión (especiales de prensa y documentales), pero, sobre todo, a través de Internet. Un primer acto estratégico para la concreción del Proyecto Hidroeléctrico fue la creación de HidroAysén, compañía que corresponde a la fusión de la española ENDESA y la nacional Colbún, que demuestra la necesidad de la primera por contar con una contraparte nacional para la concreción del proyecto. ENDESA es una poderosa transnacional que cuenta con los recursos suficientes para construir por sí sola las centrales en la Patagonia. Por lo tanto, su vinculación con la empresa chilena parece ser parte de la estrategia de identificación nacional y territorial de la megainversión. HidroAysén mantiene una página web con los aspectos más relevantes de su proyecto, incluyendo su propuesta de beneficios para la comunidad local y el país. Dentro de su estrategia se incorporan preceptos en boga como la Responsabilidad Social Empresarial, Participación Ciudadana y respeto al medioambiente. En este sentido ha realizado actividades con las comunidades de las áreas afectadas a través de la iniciativa "Conversemos", y desde octubre se dispusieron sedes en Coyhaique y Cochrane denominadas "Casa Abierta". La empresa también ha elaborado estudios de Línea de Base con la participación de grupos de investigadores científicos de prestigiosas universidades nacionales y el Estudio de Impacto Ambiental a través del consorcio internacional Sweco, Poch Ambiental y Eps. Es decir, HidroAysén ha tratado de neutralizar eventuales críticas de los sectores académicos y al mismo tiempo exhibir como respaldo el trabajo con las principales universidades, además de promover activamente sus proyectos, sobre todo entre las comunidades de las áreas más impactadas. Uno de los aspectos relevantes en la estrategia de la empresa ha consistido en omitir sostenidamente los posibles efectos adversos que traerá la construcción de las centrales. En su reemplazo, se han construido argumentaciones que señalan lo beneficioso que es para la región, y sobre todo para el país, contar con esta fuente de energía, que además, según la propuesta de HidroAysén, es limpia, renovable, amigable con el medioambiente, soberana, estratégica y que pertenece a todos los chilenos. La gestión del conflicto por parte de la empresa (Tabla n.o 1) se caracteriza por instalar en la sociedad chilena la inevitable necesidad del proyecto, creando un clima de agudización de la crisis energética y los peligros de una recesión económica, de no ampliarse y diversificarse la matriz energética actual. Al mismo tiempo se ha intentado arraigar territorialmente el proyecto, realizando acciones que lo legitiman a través de la participación ciudadana, e instaurando la sensación de que esta megainversión privada constituye la única intervención que puede desarrollar a la región. HidroAysén ha propuesto que las centrales hidroeléctricas son un beneficio para Chile y no para una empresa en particular, intentando posicionar al proyecto como un "Proyecto País", que busca enfrentar a los ambientalistas con el discurso del progreso, la modernización y el desarrollo, apoyado en bases supuestamente científicas. Por su parte, los opositores se han centrado en estrategias mediáticas, apuntando hacia, principalmente, la crisis ecológica que generan estas centrales. Bajo el lema "Patagonia Sin Represas" y "Aysén Reserva de Vida", han logrado despertar la simpatía de los críticos al sistema neoliberal, y han visibilizado la belleza natural de Aysén. En lo que va del conflicto, han fundado un núme-100 TABLA Fuente: Elaboración propia basado en el trabajo de Ormachea ( 2001). ro indeterminado de organizaciones; agrupado a otras ya existentes y se han vinculado a las causas mundiales de defensa del medioambiente; han realizado seminarios, charlas, documentales, festivales culturales, viajes a terreno, cabalgatas, marchas, editado un libro y desarrollado una campaña de merchandising con posters, calcomanías, poleras, chapitas y gigantografías distribuidas a través de todo el país. También han reclutado figuras importantes del quehacer ambientalista mundial y celebridades mediáticas. Los opositores, por su parte, han amenazado con generar un conflicto social, que se proyecta más allá de la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental, y que se sustenta en cuestionamiento a las bases del actual modelo económico, haciendo evidentes las contradicciones de la Política Pública. Las relaciones de poder Un punto importante es establecer las relaciones de poder entre los actores primarios y secundarios de la red socio-territorial, con el propósito de observar sus simetrías o asimetrías, liderazgos y coaliciones. Existe una incompatibilidad paradigmática entre los sectores en pugna por el control de recursos críticos, teniendo como eje central la contradicción que afecta a este socio-territorio, donde enclaves de grandes inversiones producen distorsiones en las relaciones que se establecen entre las actividades productivas, la sedimentación de éstas en formas de vida y las apropiaciones simbólicas de la interacción sociedad/naturaleza, que condicionan la reproductibilidad de las comunidades. La Figura n.o 3 muestra las vinculaciones entre los actores y actividades productivas en condiciones de globalización y sus relaciones de poder marcadas por la dirección del vínculo. Se observa la exclusión de las actividades productivas tradicionales en beneficio de las redes globales presentes en la región. Existen, además, vinculaciones de las empresas globales con el gobierno central y regional que chocan con las relaciones entre ecologistas y conservacionistas y la presión que éstos pueden ejercer entre las redes globales de defensa del medioambiente. Esto genera fuertes asimetrías de poder entre las redes locales y las redes nacionales y globales, las cuales se diversifican en actividades productivas de carácter extractivo, turismo y defensa del medioambiente, poniendo en consideración la vocación económica del conflicto. Bajo la estricta aplicación de premisas neoliberales, en Chile los recursos territoriales como el agua, tierras y áreas de conservación de la naturaleza son definidos y administrados como commodities. El Estado ha reducido sustancialmente sus funciones y por ello, los conflictos socioterritoriales causados por la superposición de las redes globales y locales, se observan especialmente como diferencias de intereses entre actores primarios y secundarios. Bajo tales condiciones, se advierten importantes asimetrías de poder que conducen inevitablemente a la imposición de los términos capitalistas y a la exclusión de los objetivos de conservación de la naturaleza, desarrollo local y desarrollo regional. En un conflicto socio-territorial, como el que afecta a la Patagonia Aysenina, se pone en cuestión no solamente la lógica del mercado, sino además la capacidad de las comunidades locales de producir y reproducirse material y simbólicamente. Además, el modelo exportador de materias primas chileno presenta una creciente demanda energética construyendo el discurso hegemónico de que el Proyecto Hidroeléctrico de Aysén es un "Proyecto País". Sin embargo, la magnitud de esta inversión y los más de 2.000 km. de tendido eléctrico que se requieren para trasladar la energía hacia las zonas mineras en el norte de Chile, plantean un conflicto socio-territorial de insospechadas dimensiones, toda vez que se amenazan unidades territoriales del sur y centro del país. Es decir, no solamente las comunidades patagónicas se verán afectadas, sino además, actividades socio-productivas asociadas a la agricultura, ganadería, turismo, conservación y comunidades indígenas, así como también sectores económicos insertos en la globalización, como la producción forestal, frutícola y vitivinícola. Este conflicto socio-territorial confronta dos visiones sobre el desarrollo de Chile que esperan aún una adecuada interpretación y solución política. Por un lado, se encuentran los intereses que consideran ilegales todo intento de alterar el derecho de propiedad privada, consagrado constitucionalmente y que incluye a las aguas y las tierras, que consolida las decisiones adoptadas por el mercado y reduce substancialmente cualquier intervención de los poderes públicos y la participación social en la adopción de decisiones territoriales. Por otro lado, se encuentran las posiciones que llaman a restituir la acción del Estado en la planificación y ordenación territorial, fijando regulaciones a los proyectos privados y criticando el hecho de que la producción de commodities afecta las nociones de valor, propiedad, patrimonio, soberanía e identidad, alienando a las comunidades de su territorio y de desarrollo. La experiencia chilena indica la imposibilidad del mercado de resolver estos conflictos y la insuficiencia de sus conceptos para referirse a la sustentabilidad del desarrollo territorial, regional y local.
1 El presente artículo es fruto de nuestra Tesis Doctoral: Un conjunto de documentos inéditos de los siglos XVI y XVII sobre Cholula: El Legajo Chimaltecuhtli-Casco. Presentación, autenticación y estudio, dirigida por el doctor Juan José Batalla Rosado y defendida el 18 de enero de 2008 dentro del programa de doctorado del Departamento de Historia de América II (Antropología Americana) de la Universidad Complutense de Madrid. Este artículo forma parte del Dossier "Agravios y reclamaciones: la impartición de la justicia en América, siglos XVI-XX", coordinado por las doctoras Núria Sala i Vila y Ascensión Martínez Riaza e incluido en el vol. 68, 1, de esta Revista, fechado en 2009, no habiéndose podido incluir en él por razones editoriales. El objetivo del presente artículo es presentar un estudio de caso que muestra cómo se desarrolló un pleito entre dos indígenas de Cholula en el siglo XVI por la posesión de una herencia. Este litigio puede ser representativo de muchos otros que tuvieron lugar durante ese periodo. Lo que nosotros buscamos mostrar es la manera en que actuaron los litigantes en el proceso. Pero antes de pasar al pleito concreto debemos presentar cuál era el panorama general en el que tuvo lugar. La participación de los indígenas como implicados en distintos litigios durante la Colonia en la Nueva España ha sido un tema muy destacado, debido a la cantidad de pleitos en los que se vieron envueltos. Woodrow Borah 2 señala al respecto que fue el camino para solucionar todas las disputas a distintos niveles que desencadenó la Conquista en las comunidades indígenas. Es innegable que el sistema forastero trajo consigo una organización distinta y permitió en parte la existencia de esos litigios, pero, a pesar de ello, diversos autores mencionan que muchos problemas tenían ya una raíz prehispánica. Por ejemplo, José Luis de Rojas 3 afirma que hubo "oportunistas" que aprovecharon el momento de la conquista española para ocupar puestos clave y que también surgieron reivindicaciones de pretendientes que habían perdido sus derechos con la conquista mexica. De este modo, queremos resaltar que tal vez el nuevo sistema les dio cabida y los "desfavorecidos" anteriormente vieron una posibilidad para sus intereses, lo que provocó un aumento de las litigaciones. Aunque, obviamente, no es aplicable a todos los casos, sí lo es a muchos de los pleitos que se producían. Lo cierto es que los juicios en los que se vieron envueltos los indígenas fueron muy variados: comunidades enteras contra autoridades españo-las o contra otras comunidades, sujetos frente a cabeceras, entre indígenas por tierras u otras propiedades, contra españoles o incluso en pleitos entre españoles (actuando como testigos). 4 Todos estos litigios en los que se vieron involucrados los indígenas en los inicios de la Colonia se debían desarrollar, según la Administración, bajo dos principios: brevedad y respeto del ordenamiento prehispánico. 5 Estos dos preceptos se recogerían ya en un intento precursor en 1514, con una real cédula que disponía que en los pleitos en los que fuesen parte los indígenas no se hiciesen procesos ordinarios, 6 y sobre todo ya en las Leyes Nuevas de 1542. En estas últimas, entre otras cosas, se disponía "que las Audiencias del Nuevo Mundo' no den lugar a que en los pleitos de entre indios o con ellos se hagan procesos ordinarios ni haya alargas, sino que sumariamente sean determinados, guardando sus usos y costumbres'". 7 Sin embargo, vemos que había una tendencia a repetir la legislación ya dada debido en parte a su incumplimiento. Por ejemplo, la prohibición de que no se hiciesen procesos ordinarios, promulgada en 1514, se repite en las Leyes Nuevas de 1542. El incumplimiento parece atribuirse a la malicia de los abogados y procuradores. En este sentido, "se advertía en la legislación de Indias el deseo de mantener a las comunidades aborígenes lejos de los abusos de los jueces españoles y de todo género de procuradores y pesquisidores que perturbaban su estabilidad, salvo en aquellos casos calificados como efectivamente graves". 8 Pero esos mandatos se volvían a reiterar en otras ocasiones posteriores. 9 En todas ellas se repite el hecho de que:... en contra de lo dispuesto anteriormente, no se respeta en materia procedimental a los indígenas su costumbre prehispánica ni se observa con ellos la extrema sencillez preceptuada, sino que en la tramitación de sus litigios se les viene aplicando el orden procesal castellano. 10 Incluso "el deseo de agilizar esa clase de causas llevó a la Corona a prescribir a virreyes y audiencias que los litigios entre naturales, siempre y cuando fueran de poca relevancia, fueran resueltos por la vía administrativa, mediante simple decreto". 11 Ante este panorama que presenta, M. A. González de San Segundo 12 afirma que, si bien la reglamentación buscaba evitar que se produjesen pleitos de indios o reducirlos a lo imprescindible, "en la práctica, sin embargo, parece ser que por estos años iniciales se dan con una frecuencia que se considera excesiva". Aunque la mayoría de los ejemplos que utiliza se refieren al caso del Perú, podemos pensar, según el mismo González, 13 que esta situación era similar en toda América. A este respecto, Enciso 14 recoge el siguiente testimonio del arzobispo de México, fray Alonso de Montúfar, escrito en 1556: La oposición a este planteamiento provenía de diversos grupos. Miguel Ángel González, recogiendo las palabras del virrey Toledo, afirma que había "una serie de personas interesadas profesionalmente en la proliferación de estos litigios" 17 y que por ello impedían que se cumpliese lo legislado al respecto. También miembros de las mismas Audiencias. Basta ver, por ejemplo, los ardides puestos en práctica por el oidor Lorenzo de Tejada para hacerse con tierras indígenas. 18 Asimismo, deberíamos preguntarnos cuál era la actitud de los propios implicados. En este sentido, encontramos que a menudo los pleitos tampoco seguían un cauce correcto, sino que alguna de las partes o ambas actuaban de forma "ilegal". Esto se observa, por ejemplo, cuando cada una llevaba a sus testigos. Los españoles presentaban a miembros de sus redes sociales como testigos y se aprovechaban de sus puestos en la Administración para beneficiarse. 19 Los indígenas en muchos casos también actúan de esta manera, cometiendo a veces perjurio y sobornando a los testigos. 20 Encontramos varias leyes relacionadas con ello en la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias. Dos ejemplos son las siguientes: Que se guarden leyes contra los blasfemos. El Emperador D. Carlos y el Príncipe Gobernador en Valladolid á 23 de Octubre de 1543. Por la ley 25, tít. I, lib. I de esta Recopilación está ordenado lo conveniente sobre prohibir los juramentos, y la pena que incurren los que juran el nombre de Dios en vano. Y conviene que los blasfemos sean castigados conforme á la gravedad de su delito, mandamos que las leyes, y pragmáticas de estos Reynos de Castilla, que lo prohiben, y sus penas sean guardadas, y executadas en las Indias con todo rigor, como allí se contiene. Que sean castigados los testigos falsos. El Emperador D. Carlos y la Emperatriz Gobernadora en Toledo á 24 de Agosto de 1529. D. Carlos y la Reyna Gobernadora. Somos informados que en las Indias hay muchos testigos falsos, que por muy poco interés se perjuran en los pleytos, y negocios que se ofrecen, y con facilidad los hallan quantos se quieren aprovechar de sus deposiciones; y porque este delito es en grave ofensa de Dios nuestro Señor, y nuestra, y perjuicio de las partes: Mandamos á las Audiencias y Justicias, que con muy particular atención procuren averiguar los que cometen este delito, castigando con todo rigor á los delinqüentes, conforme á las leyes de nuestros Reynos de Castilla, pues tanto importa al servicio de Dios, y execución de la justicia. 22 Ante las complicaciones para aplicar los procedimientos sumarios, González de San Segundo 23 considera que parece que la respuesta viene dada por juristas como el licenciado Polo de Ondegardo, que inciden en la necesidad de conocer los usos prehispánicos. Este proceso se inicia con una real cédula del año 1580, 24 precisamente cuando se está produciendo un intento más general, dirigido desde la metrópoli, por conocer mejor las colonias americanas cuyo fruto son las llamadas Relaciones Geográficas. Así, el movimiento de carácter jurídico no debemos verlo como algo aislado, sino como general. W. Borah, 25 que se ocupa del tema con más detalle, afirma que ya en la década anterior hay intentos de la Audiencia de México para solventar estos problemas. Para ello, se trató de reducir las complejidades del proceso judicial para los indígenas. Por ejemplo, se rebajó el número de testigos y se permitió sólo una entrega de probanzas, concediéndose únicamente una revisión en la apelación, en la que no se podrían entregar probanzas. Sin embargo, Borah 26 señala que de nuevo son los propios indígenas los que se oponían a estas reformas. Todo esto nos lleva al problema sobre cómo los indígenas asumieron el sistema jurídico español. Esta cuestión tiene mucho que ver con los estudios sobre litigiosidad. Renzo Honores 27 afirma que este concepto "tiene una connotación cultural y sociológica" y que "alude a la "tendencia" (y disposición) de los litigantes por resolver sus diferencias ante las cortes de justicia". Esto se produce frente a otros medios disponibles, fuera del aparato judicial estatal, para resolver las disputas. Sobre este concepto determina que existe la visión de los indígenas inundando los juzgados con pleitos de poca importancia y la administración intentando restringirles el acceso. Pero él considera que hay que tener en cuenta "que los litigios eran uno de los caminos para poder enfrentar los desafíos del colonialismo". Por tanto este autor, frente a la postura que hemos visto hasta ahora, elimina la visión de una Administración suprimiendo las pesadas cargas de los juicios costosos, por otra totalmente opuesta. Sin embargo, debemos señalar que esta explicación podría tener más que ver con conflictos indígenas-españoles, que entre los propios indígenas. Para estos casos deberíamos ver mejor la asimilación del sistema jurídico español como árbitro externo a la comunidad. Esta estrategia durante la Colonia se refleja en muchos casos en los que los indígenas se saltan las instancias intermedias y acuden directamente a la Audiencia o al virrey. Lo cierto es que en este campo queda todavía mucho por estudiar, ya que cada parte trataba de defender sus intereses, recurriendo para ello a cualquier aliado conveniente en ese momento. 29 Asimismo, debemos suponer que entre los indígenas, algunos habían asumido el sistema con rapidez y ya estaban dispuestos a aplicar estrategias similares a las de los españoles, como hemos señalado respecto a los testigos. Esto podríamos extenderlo incluso a la "falsificación de pruebas", citando por ejemplo el caso, ya del siglo XVII, de los Códices Techialoyan, 30 es decir, que intentaban utilizar el aparato jurídico-administrativo en su favor, al igual que otros grupos. Dentro de este panorama se sitúa el pleito entre Isabel Eçitzin y Mateo Chimaltecuhtli, que vamos a presentar a continuación. En él se ven las distintas estrategias puestas en marcha por los litigantes y el resultado final de cada una de ellas. Aunque está claro que constituye un estudio de caso, tampoco podemos considerar que se trata de un hecho aislado, sobre todo si lo ubicamos dentro de la situación general descrita. El pleito entre Isabel Eçitzin y Mateo Chimaltecuhtli Este documento se encuentra actualmente en un legajo que pertenece a una colección privada 31 y forma parte de un tipo de pleitos muy comunes 29 Véase Oudijk: "Two Indigenous Maps...", p. 30 Stephanie G. Wood: "Pedro Villafranca y Juana Gertrudis Navarrete: falsificador de títulos y su viuda (Nueva España, siglo XVIII)", en David G. Sweet y Gary B. Nash (coords.): Lucha por la supervivencia en la América colonial, México, FCE, 1987, pp. 472-485; "Don Diego García de Mendoza Moctezuma: a Techialoyan mastermind?", Estudios de cultura náhuatl, 19, México, 1989, pp. 245-268. 31 Miguel Ángel Ruz Barrio: Un conjunto de documentos inéditos de los siglos XVI y XVII sobre Cholula: El Legajo Chimaltecuhtli-Casco... durante el siglo XVI, en los que se discutía por la propiedad de una herencia. El pleito se halla dentro del Cuadernillo 3, que abarca desde el folio 39 hasta el 66 del legajo. 32 Sin embargo, el documento en sí comprende los folios 42r al 65r, precedidos por dos pinturas (ff. 40 y 41) vinculadas con el pleito: la Pintura de las posesiones de Isabel Eçitzin y Mateo Chimaltecuhtli y la Pintura de la genealogía de Isabel Eçitzin. 33 El primer folio del Cuadernillo 3 es lo que denominamos como "cubierta" del proceso y tiene su compañero en el 66 que cierra el cuadernillo. En realidad, este documento es, como se indica en el f. 65r, el traslado 34 del expediente original del litigio. Por tanto, estamos ante el duplicado que realizó un escribano que al final puso su rúbrica y signo para certificar la absoluta semejanza con el original. Debido a ello, encontramos que todos los folios están cerrados en sus márgenes superior e inferior, por medio del uso de clausores textuales. Al final del documento aparece la fórmula que nos señala que es un traslado: Es necesario señalar, en relación con la autenticación a la hora de utilizar el documento como prueba en un juicio, 36 que no hay ninguna referencia a que así se hubiese hecho. Por tanto, tal vez nuestro documento no fue utilizado finalmente, aunque tampoco podemos concluirlo con rotundidad. Antes de pasar a presentar el desarrollo del pleito, debemos referirnos a los aspectos relacionados con autoría, datación y destinatarios. En primer lugar, ya se ha señalado que el autor del documento es Francisco Muñoz, escribano público. La datación tópica es la ciudad de Cholula de la Nueva España y la crónica corresponde a 2 de mayo de 1565. El traslado se sacó en cumplimiento de un mandato emanado de la Real Audiencia de México, en respuesta a la petición de Mateo Chimaltecuhtli. Este individuo es una de las partes del pleito que se trasladaba y solicitaba esta copia para presentar sus alegaciones contra la sentencia desfavorable ante una instancia superior al corregidor de Cholula, Francisco Velázquez, que fue quien sentenció en el juicio. El desarrollo del litigio entre Isabel Eçitzin y Mateo Chimaltecuhtli Teniendo en cuenta la información contenida en el documento, podemos suponer que el litigio se inició el día 27 de octubre de 1564, cuando Isabel Eçitzin fue ante el corregidor de Cholula, Francisco Velázquez de Lara, para presentar una demanda contra su hijastro, Mateo Chimaltecuhtli. Sin embargo, no conocemos qué había sucedido anteriormente, es decir si, por ejemplo, había presentado su caso ante las autoridades indígenas. La indígena sólo hablaba náhuatl, por lo que el corregidor tuvo que recurrir a un intérprete del Juzgado, Jerónimo de Aguilera, quien tradujo los hechos que ella presentaba. Dijo que era viuda de Pablo Chimaltecuhtli y madre del hijo de este, llamado Cristóbal. El motivo de su demanda contra Mateo Machan, como se denomina a Mateo Chimaltecuhtli al comienzo del expediente, era que este le había usurpado unas tierras ubicadas en Tlacahualtepequec. Dichas propiedades, junto a algunas joyas y ropas que también tomó Mateo, pertenecían a su hijo como legítimo heredero del difunto Pablo Chimaltecuhtli. Todos estos objetos cuya devolución demandaba estaban representados en una pintura que aportaba esta mujer, la cual fue añadida al expediente. 38 37 Ruz Barrio: Un conjunto de documentos inéditos..., Legajo, f. Mateo era, según Isabel Eçitzin, un hijo ilegítimo de su marido, a quien ella había cuidado en su casa, debido al amor que le tenía su padre. Pero Mateo actuó, relataba ella al corregidor, como un desagradecido y se hizo con la propiedad de lo demandado, presentándose como heredero legítimo, cuando el verdadero era Cristóbal, el hijo de Isabel, quien, al tener diez y seis años y ser ciego, no podía pedir su justicia y por ello la madre acudía en su representación. La postura de Isabel se basaba en que calificaba a Mateo como hijo ilegítimo o bastardo, al no estar casados sus padres. Debemos matizar que se trata de algo incorrecto, ya que sería un hijo natural, al no haberse casado sus progenitores por la Iglesia, y no ilegítimo. Como señala José Luis de Rojas: "el problema del matrimonio cristiano y la legitimidad está ligado a la herencia". 39 Este se produjo cuando la Iglesia tuvo que afrontar la poligamia que existía y reconvertirla a monogamia dentro del cristianismo. 40 Ante ello, los principales, que eran quienes se podían permitir varias consortes, tomaron una de ellas para casarse por el rito cristiano. Incluso podemos suponer que de algún modo mantuvieron al resto, llegando a sustituir con otra de ellas a la esposa cristiana en caso de fallecimiento. 41 Esto parece que fue lo que hizo Pablo Chimaltecuhtli, según el relato de Mateo Chimaltecuhtli y los testigos que él presentó, como observaremos después. Estamos viendo por tanto uno de los problemas de adaptación que se produjeron con la llegada del nuevo sistema y tal vez la clave para muchos de los pleitos de esos primeros momentos relacionados con la herencia 42 y este, a su vez, con el cacicazgo y su continuidad. 43 43 Patricia Cruz Pazos: "Cabildos y cacicazgos: alianza y confrontación en los pueblos de indios novohispanos", Revista Española de Antropología Americana, 34, Madrid, 2004, pp. 149-162; de la misma autora, La nobleza indígena de Tepexi de la Seda durante el siglo XVIII. John K. Chance: "The Noble House in Colonial Puebla, Mexico: Descent, Inheritance, and the Nahua Tradition", American Anthropologist, 102-3, Washington, 2000, pp. 485-502; también del mismo autor; "Descendencia y casa noble nahua. La experiencia de Santiago Tecali de finales del siglo XVI a 1821", en Francisco González Hermosillo (coord.): Gobierno y economía en los pueblos indios del México colonial, MIGUEL ÁNGEL RUZ BARRIO en los primeros tiempos hubo una coexistencia de normas de herencia que se fue corrigiendo con el tiempo. Esta duplicidad -la costumbre indígena y las leyes españolas-provocó que candidatos con distintas posibilidades invocaran sistemas distintos para demostrar la legitimidad de sus derechos, contando con apoyos diversos, que muchas veces incluían a frailes y a encomenderos. 44 Sin embargo, en el pleito que estamos analizando ahora parece que ambas partes tratan de apelar a las normas españolas. Isabel se presenta a si misma como la única esposa legítima dentro del sistema cristiano, dando con ello la legitimidad a su hijo. Mateo, como veremos a continuación, no niega ese hecho, pero afirma que su padre se casó otras dos veces más según las normas de la Iglesia tras enviudar, una de ellas con su madre Luisa Yectzin. Como señala Rojas, "el concepto de legitimidad es variable" y "lo fue en el prehispánico y lo fue en la colonia". 45 Por tanto, los pleitos motivados por la herencia no son sorprendentes. Si hay varios hijos, en muchos casos de distintos progenitores, pueden existir disputas pues no todos tienen que aceptar el reparto sin más. Además, habrá otros que también estarán dispuestos a reclamar, como por ejemplo los tíos. 46 El problema es que no se conservó ningún documento que legitimase a uno frente a otro, ni siquiera el testamento de Pablo Chimaltecuhtli. Ante ello, las pruebas aportadas por cada una de las partes se basan en los testimonios propios y de sus testigos. Isabel Eçitzin aportó en primer lugar una pintura, o dos, y su propio testimonio con el que pedía que se abriese el pleito. En la pintura original, ya que la que tenemos no lo es, 47 se recogían los objetos y propiedades que demandaba para su hijo. También es más que factible que la Pintura de la Genealogía estuviese presente. 48 Sin embargo, el papel de esta es un poco más confuso, ya que no se ve clara su relación con el litigio. Más bien parece incidirse en el papel de Isabel como principal y que esto daría cierta legitimidad a su hijo. Por tanto, tal vez se apelaba a algún derecho de origen prehispánico. 49 Sin embargo, esto no va mucho más allá de la mera especulación y creemos que no es demasiado productivo continuar con ello por el momento debido a que carecemos de documentación al respecto. Regresando al pleito, el corregidor, ante la demanda, decidió que debía escuchar a la otra parte, antes de tomar ninguna decisión. Por ello, envió el llamamiento a Mateo para que se presentase en el plazo de tres días, con el fin de explicar su postura. El 31 de octubre, cuatro días después, acudió Mateo Chimaltecuhtli ante el corregidor, a quien le entregó una carta en náhuatl donde exponía su versión de los hechos. Es curioso que frente a la pintura de Isabel, Mateo presente un texto escrito alfabéticamente. Esto tal vez refleja que su adaptación al sistema español era mayor, aunque el escrito esté en náhuatl. 50 En parte, esta experiencia de Mateo está justificada por su participación anteriormente en el Pleito entre Totomihuacan y principales de Cholula. 51 En este, Mateo aparecía como uno de los principales cholultecas demandados por Totomihuacan. Regresando al pleito que ahora nos ocupa, la carta de Mateo fue entregada para su traducción al intérprete, Jerónimo de Aguilera, quien presentó el día 3 de noviembre su versión en castellano del escrito, bastante cercana a una traducción literal del documento. Hemos revisado esa traducción y consideramos que es muy acertada. Por ello, hemos decidido utilizarla y no incluir una versión distinta: 49 Borah: El Juzgado General de Indios..., pp. 57-58, donde recoge la importancia de descender de un gobernante por ambas vías en la Mixteca Alta. Chance, en "The Noble House in Colonial Puebla..." y "Descendencia y casa noble nahua...", estudia la importancia de la vía materna en la sucesión de los cacicazgos en Tecali (Puebla). 50 En esta carta, Mateo se presenta como natural de la ciudad de Cholula, del barrio de San Andrés y perteneciente a la "casa antigua", tecpan, de Matlaltzinco. Un elemento significativo y que no había aparecido en el expediente hasta este momento es que se intitula como principal, es decir como noble indígena. Tras esto en el texto se incluyen unas fórmulas reverenciales hacia el corregidor, a quien se pide justicia en el caso. La parte fundamental de la carta se centra en presentar a los antepasados de Mateo, sobre todo por línea materna. Esto tal vez guarda relación con lo ya seña-lado respecto a la Pintura de la Genealogía de Isabel Eçitzin. Su madre era principal, además de hija y nieta de principales. Ella se llamaba Luisa Yectzin y había sido pareja de su padre antes de la conquista española, casándose más tarde en Puebla según las normas de la Iglesia. Después le tuvieron a él como hijo. Tras la muerte de Luisa, Pablo Chimaltecuhtli, su padre, se había casado otras dos veces. La última vez lo había hecho con Isabel Eçi(tzin). Es necesario introducir aquí un nuevo comentario sobre el uso del lenguaje. Creemos conveniente tener en cuenta que Isabel se presentaba ante el corregidor como Eçitzin, utilizando el sufijo reverencial "-tzin", lo cual implica nobleza. Por el contrario, Mateo no lo utilizaba con ella. Mateo se consideraba, según lo que expuso, como el legítimo heredero por mayorazgo de Pablo Chimaltecuhtli, tras su muerte. También es importante volver a señalar que, en caso de no haber contraído sus padres matrimonio por la Iglesia, Mateo sería tal vez hijo natural y no bastardo, aunque en el pleito nunca se plantea esta posibilidad. Regresando a la carta de Mateo, según él, Isabel actuaba de mala fe al demandarle, ya que él ejercía de manera legítima su derecho a la propiedad de la herencia. Además, afirmaba que ella lo hacía empujada por ciertos macehualtin que pretendían quitarle sus tierras y estos eran los que Isabel presentaba por testigos. Por todo ello, solicitaba el plazo de un mes para reunir a los suyos. Una vez oída la traducción, Francisco Velázquez de Lara, el corregidor, decidió dar un plazo de nueve días para que ambas partes presentasen sus testigos en la causa y que así les debía ser notificado. Después de acudir Mateo Chimaltecuhtli ante el corregidor, Isabel presentó a sus testigos. Todos ellos eran naturales de Cholula. Debemos resaltar que uno de ellos, Josepe de los Ángeles, era principal, lo que tal vez le confería un mayor valor. En los casos en los que se concreta más, se indicaba que eran del barrio de San Andrés, el mismo en el que residía Isabel. Después Mateo presentó a los suyos, pero en su caso eran de otros barrios: San Miguel Tecpan y Santiago. Esto quizás pudo influir en su valoración o tal vez que no respetase los plazos. Lo cierto es que el corregidor consideró que Isabel demostró bien su postura y Mateo no. Por ello, decidió fallar a favor de ella. Los testimonios fueron muy similares y en todos se incidía en el conocimiento de los implicados, pero mientras los de Isabel se centraban en su matrimonio legítimo y en cómo recoge al hijo natural de Pablo -Mateo-, los de este inciden en que también lo fue él de su madre. En MIGUEL ÁNGEL RUZ BARRIO ningún caso se planteó la posibilidad de que era hijo natural y podía haber sido reconocido por Pablo Chimaltecuhtli. La pregunta se debe centrar en la posibilidad del matrimonio. Es tal vez sorprendente que no se presente ningún religioso como testigo, sino que se da validez al hecho de que los testigos reconociesen a la pareja como tal. El día 3 de enero de 1565 el corregidor decidió dar por concluido el pleito. Sentenció que Mateo era hijo bastardo y que por tanto todo lo contenido en la demanda debía ser restituido a Isabel Eçitzin y a su hijo Cristóbal Chimaltecuhtli. Les daba con ello su mandamiento de posesión y amparo, para que nadie les perturbase su propiedad. A Mateo le señalaba que podría pedir su justicia como creyese conveniente. Por último, ordenó que cada parte tenía que pagar las costas que le correspondiesen. Dicha sentencia se comunicó a las partes ese mismo día. A partir de entonces, Mateo Chimaltecuhtli comenzó una serie de acciones encaminadas a recurrir la sentencia, aunque en muchas ocasiones se le está acusando de querer únicamente dilatar su cumplimiento. El día 8 de enero presentó una petición solicitando permiso para apelar. Llama la atención que ahora lo hace directamente en castellano o al menos eso parece, ya que no existe una versión en náhuatl. El texto es el siguiente: El teniente decidió no conceder a Mateo lo que pedía y, además, afirmó que este no sacaba el proceso por malicia. El 26 de enero de 1565, Isabel presentó una petición para que se cumpliese la sentencia. Ante esta y la "malicia" de Mateo, el corregidor decidió dar cumplimiento a esta y prender a Mateo hasta que así fuese. No tenemos constancia en el documento de que eso se ejecutase. Sin embargo, sí aparece un mandamiento de la Real Audiencia en el que se indica: Con dicho mandamiento, Mateo logró finalmente obtener una copia del proceso para recurrir la sentencia, que es lo que actualmente se conserva. El mandamiento se entregó a Francisco Muñoz, escribano publico, que realizó el traslado. Sin embargo, aquí acaban los datos que tenemos sobre el pleito. Por tanto, no sabemos, por lo contenido en el documento, si se cumplió realmente la sentencia o si Mateo llegó a presentar su apelación. Por la documentación que conocemos, sólo podemos afirmar que Mateo parece que inició los trámites para llevar a cabo su apelación. Sin embargo no sabemos cuál fue el resultado. No se ha localizado ningún documento que atestigüe que llegase a la Audiencia y por tanto desconocemos si esta falló a favor o en contra. Lo que sí tenemos es el que consideramos como testamento de Mateo Chimaltecuhtli, la Memoria de don Matheo Caxco, 58 en el que se mencionan diversos objetos que aparecen en el litigio. Por ello, podemos suponer que de una u otra manera Chimaltecuhtli consiguió eludir la sentencia desfavorable y conservar las propiedades. Todo este documento nos está reflejando parte de la práctica jurídica de la administración española frente a los pleitos entre indígenas, pero también la actitud de estos ante ella. No sabemos si esta causa se presentó ante las autoridades indígenas, aunque tal vez, al no mencionarse nada, debemos entender que no. Por tanto el litigio se inicia con la acción de demanda puesta por Isabel. Ella era el actor que presenta como pruebas iniciales la pintura y su propio testimonio para apoyar la causa. Sin embargo, en varios momentos se menciona su ignorancia respecto a la Justicia, y así, por ejemplo, cuando pone la demanda afirma lo siguiente: No podemos determinar si se trataba de una realidad o de una postura para justificar por qué no había solicitado antes justicia. A pesar de todo el corregidor valoró la causa como justificada y procedió a notificarle la demanda a Mateo. MIGUEL ÁNGEL RUZ BARRIO La actitud de Chimaltecuhtli parece muy distinta a la de Isabel frente a la Justicia. Aunque indica en varios momentos que no sabe escribir, se presenta con un escrito náhuatl en alfabeto europeo. Por tanto, parece que se mueve en un círculo distinto al de Isabel, quien había presentado una pintura. El valor de ambos documentos debió ser similar, 60 pero sin embargo creemos que Mateo da muestras de una mayor adaptación a las novedades. Esto se verá acentuado más adelante, ya que, a pesar de que parece que no consiguió probar bien su postura, Mateo se las ingenió para retrasar el cumplimiento de la sentencia. En primer lugar, presentó la petición por escrito, en castellano, de apelar ante la Real Audiencia, que el corregidor le concedió. En segundo, tras esta concesión, solicitó, de nuevo, por escrito en castellano, un traslado del expediente del pleito, para mostrar a la persona que le ayudaría en la apelación y solicitaba: "se me de y termino de abo/gado". 61 Ante ello el corregidor comenzó a considerar que Mateo actuaba con malicia y no se lo otorgó. De nuevo Mateo presentó un escrito más en español reclamando un traslado del pleito. En este caso señalaba que lo pretendía llevar a Puebla, donde Diego de Baeza lo vería para ayudarle. 62 Aquí tenemos la persona que tal vez asesoraba desde un principio a Mateo y podemos suponer que se trataba de un abogado. Además, Mateo debía tener contacto con alguien que sabía escribir en alfabeto europeo, mientras que es probable que Isabel no. Ella sólo presentó una pintura y tal vez sin glosas en alfabeto europeo. 63 Las personas que escribieron las cartas de Mateo pudieron ser varias, ya que aparecen en náhuatl y en castellano, pero también pudo hacerlo una sola o incluso él mismo. No sabemos realmente que ocurrió entonces, aunque lo más probable es que todo sucediese tal y como lo mandaba el corregidor. La siguiente fecha que tenemos es de abril, cuando Mateo presentó un escrito de la Real Audiencia en el que se le daba permiso para la apelación y para sacar el traslado. Por tanto, fue el escribano, Francisco Muñoz, quien recibió la petición de Mateo para cumplir con la orden de sacar el traslado y así lo hizo. De este modo termina la documentación que tenemos sobre el proceso, en el que da la impresión de que ambas partes hacen uso de la Justicia española con bastante solvencia. Sin embargo, parece que Mateo era más experto o estaba mejor asesorado y trataba de conseguir que se dilatase cada vez más el proceso, tal vez debido a que fue él quien perdió. Lo cierto es que ambas partes demuestran tener ciertas nociones del funcionamiento del sistema. En los dos casos, es muy probable que hubiesen tenido a alguien que los asesorase, aunque no aparece claramente en el expediente. Para Mateo sí conocemos un nombre, Diego de Baeza, quien le ayudaría en su apelación. Este personaje reside en Puebla. Además Mateo consigue el permiso de la Real Audiencia; por tanto se movía, ayudado o no, con cierta solvencia en el sistema. Como vimos en nuestra visión general sobre los pleitos indígenas, este es un claro ejemplo donde la idea de los juicios rápidos concebidos por la administración choca con los intereses de una de las partes, que ante la sentencia desfavorable hace uso de toda la maquinaria legal. Aunque el corregidor dio mandato de posesión a Isabel y su hijo en enero y la carta de la Audiencia parece ser de abril, no sabemos si se llegó a producir de manera efectiva. Por tanto estaríamos ante un caso donde el dilatar el proceso no era del todo perjudicial para los indígenas, al menos para una de las partes. Tal vez para Mateo esto suponía mantener la posesión, haciendo así menos graves los costos del proceso. Además, si, como se dice en el pleito, Isabel se encontraba pobre, es probable que no pudiese mantener ese largo proceso y eso le diese el triunfo a Mateo. Por el momento, no conocemos ninguna referencia sobre cómo terminó todo. Sabemos que Francisco Muñoz sacó el traslado y que probablemente fue él quien puso el texto del f. 39r donde dice: El contenido de este título escrito en la cubierta del pleito (Legajo, f. 39r) hace claramente referencia al documento, que iba cerrado y sellado, suponemos que con el fin de garantizar que no hubiese añadidos o pérdidas en él. Sin embargo, faltan elementos que nos indiquen que fue presentado en esa apelación. A pesar de todo, podemos considerar que de alguna manera Mateo consiguió burlar la sentencia en su contra y permanecer con MIGUEL ÁNGEL RUZ BARRIO la posesión de los objetos en litigio, gracias a la presencia de estos en su testamento. Para cerrar este artículo, únicamente queremos señalar que este pleito nos ilustra cómo en ocasiones los propios indígenas, o al menos algunos, son los más interesados en dilatar el desarrollo de los litigios, ya que en ello les podía ir su triunfo. El caso de Mateo no es una excepción, sino una muestra de la complejidad del contexto novohispano.
Este trabajo presenta algunas reflexiones surgidas del trabajo con testimonios orales de antiguos emigrados políticos argentinos. Se analizan algunas variantes discursivas utilizadas por ellos, sus silencios y "olvidos", las formas de estructuración del relato y aquellos elementos no lingüísticos que caracterizan el encuentro con el entrevistador. Nos interesa reflexionar sobre cómo esos elementos discursivos son una fuente productora de sentidos sobre el tema del exilio, cómo ciertos problemas de la historia reciente argentina atraviesan esa experiencia y observar la sobrecarga de sentidos que se tensan en el concepto e identidad de "exiliado". El objetivo del presente artículo es presentar algunas reflexiones que han surgido a partir del trabajo con testimonios orales actuales de emigrados políticos argentinos de la década de los setenta y ochenta que vivieron en Francia su período de exilio. El golpe de Estado de 1976 en Argentina originó un régimen de terrorismo de Estado que instauró una represión salvaje como parte de un vasto dispositivo disciplinario de la sociedad, con consecuencias presentes hasta el día de hoy en la sociedad argentina. El sistema represivo puesto en marcha atravesó todos los sectores y prácticas sociales consideradas contestatarias, y dio lugar a un continuo represivo que incluyó asesinatos, desapariciones, torturas, secuestros, encarcelamientos, exilios. En realidad, este régimen continuó, sistematizó y profundizó una serie de políticas represivas ya implementadas previamente desde fines de 1973, bajo el gobierno constitucional de Juan D. Perón, momento en que empezó a operar la organización terrorista de derecha conocida como Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) cuyas acciones, de una extrema violencia, dieron origen a las primeras emigraciones políticas de los años setenta. 2 El análisis que se expone se refiere a los emigrados políticos, este particular sector afectado por el terrorismo estatal y paraestatal. El trabajo, cuyas fuentes orales fueron especialmente "construidas" para nuestra investigación -tal es el concepto desde el cual concebimos las entrevistas realizadas-, nos ha permitido observar una serie de elementos internos a la instancia conversacional, que no siempre son explicitados en los resultados empíricos de las investigaciones y que, sin embargo, requieren un análisis detallado y una problemática específica. Nos referimos tanto a los silencios, olvidos y recurrencias que caracterizan las narrativas, como a las formas de estructuración del relato, las posiciones narrativas adoptadas por los hablantes, las variantes discursivas y léxicas utilizadas y aquellos elementos no lingüísticos que caracterizan el proceso comunicativo con el entrevistador. Desde un punto de vista metodológico -y también ético-, reflexionar sobre estos elementos es esencial para todo investigador. En primer lugar, porque permite comprender mejor la forma en que se produce la narrativa conversacional en la interacción entrevistador-entrevistado. En segundo lugar, porque contribuye a una reflexión atenta sobre el propio lugar del historiador en cuanto co-productor del relato y, por tanto, una vigilancia epistemológica imprescindible sobre su rol como intelectual en la instancia de producción de conocimiento. Partiendo de este marco metodológico previo, nos interesa reflexionar aquí sobre cómo esos elementos discursivos lingüísticos y no lingüísticos son también una fuente productora de sentidos sobre el problema del exilio. ¿Qué expresa la necesidad casi espontánea de los entrevistados de justificar la obligación de irse del país o la situación de riesgo extremo en la que estaban? ¿Qué concepción del exilio y de la identidad se deduce de los términos habitualmente presentes en los testimonios como "pena", "condena", "privilegio"? ¿Qué silencios recurrentes estructuran las narrativas del exilio? ¿Cuáles son las explicaciones de esos silencios en función de las trayectorias personales, los contextos políticos y su evolución en el tiempo? ¿Qué diferencia existe entre las narrativas de quienes se quedaron en el lugar de emigración (para nuestro caso de estudio: Francia) y las de quienes regresaron a Argentina? Un primer análisis de estas cuestiones nos permitirá aproximarnos a la complejidad de ciertos problemas del pasado reciente que también atraviesan la historia del exilio en Argentina, así como a la sobrecarga de sentidos que, hasta el día de hoy, se tensan en el concepto y la identidad de "exiliado". Las formas del recuerdo y del relato en los testimonios orales Este trabajo es el resultado del análisis de un corpus de 65 entrevistas realizadas, entre 2002 y 2004, a emigrados políticos argentinos en Francia. De ellos, la mitad regresó a Argentina tras el período dictatorial y la otra mitad reside actualmente en su país de destino. La emigración política argentina de los años setenta se compuso, de manera general y también para nuestro caso en particular, de gente joven de entre 18 y 30 años, de origen urbano, pertenecientes a estratos de clase media, de niveles socio-culturales medios, altos y profesionales (o posibles de serlo, dado que muchas personas por su edad aún no habían realizado estudios y lo hicieron en el exilio). En el caso de quienes llegaron a Francia, había cierta cantidad de militantes políticos de cuadros medios e inferiores de organizaciones políticas consideradas "revolucionarias", entre ellas, las principales habían sido protagonistas de la lucha armada en el período previo a la salida del país. 3 Pero también había muchos otros emigrados que no hacían ningún tipo de militancia política o sindical significativa y que se exiliaron por persecución laboral, profesional (especialmente en el ámbito de la investigación y la cultura), por persecución a sus familiares y personas cercanas, etc. La mitad de las personas entrevistadas tuvo el estatuto legal de refugiado y la otra mitad vivió en Francia con permisos de residencia como estudiantes o trabajadores. 4 Por consiguiente, nuestras hipótesis de trabajo conciernen sólo a este conjunto entrevistado y, para ciertos aspectos específicos, sólo a aquellos que tuvieron actividad política antes y/o durante el período de exilio. Por tanto, estas reflexiones no abarcarán al conjunto de la emigración política argentina en Francia, ni mucho menos al resto del exilio en otros destinos, aunque eventualmente lo hallado pueda habilitar perspectivas comparativas en esas otras direcciones. Aunque no podamos revisar aquí los planteamientos de la historia oral, es necesario introducir algunas mínimas observaciones al respecto, con el fin de precisar el marco metodológico desde el cual fueron analizados los testimonios obtenidos. 5 La entrevista, como documento oral, no es el resultado de una narración del entrevistado (aunque el "contenido" lo narre él) ni de las preguntas del entrevistador (aunque las respuestas estén condicionadas por lo que éste plantee y la relación que proponga), al contrario, es el producto de una relación. En ese sentido, la entrevista es una narrativa conversacional que varios momentos de violencia política creciente desde fines de los sesenta y especialmente a partir de 1970. El enfrentamiento creciente con las fuerzas de seguridad estatales y paraestatales permitió que las fuerzas armadas y algunos sectores civiles construyeran la imagen del "caos" y la necesidad de "eliminar subversión" como las justificaciones del golpe de Estado de 1976. 4 Sólo una mínima parte de los emigrados políticos argentinos estuvieron en situación de ilegalidad en Francia -o sólo por períodos breves al comienzo de su exilio-, ya que el marco legal de ese país dificultaba la instalación y cualquier forma de actividad regular y cotidiana para quienes no estuvieran insertos legalmente. 5 El término testimonio es polisémico y suele usarse tanto para referirse al carácter jurídico del relato de un testigo como a la narración de experiencias traumáticas transmitidas para informar o para contar su experiencia, así como también alude a las narraciones más tardías con intenciones estéticas o de crónica personal, a las narraciones tomadas por un profesional con intenciones de producir conocimiento, y también a los relatos de testigos protagonistas así como de testigos observadores. La dificultad de definición específica y los debates ideológicos implicados influyen en la decisión de los especialistas de preferir conservar su polisemia e imprecisión, ligada al concepto bíblico de "aquel que porta en sí la presencia" (Voldman, Danièle: "Le témoignage en l 'histoire française du temps présent", Bulletin IHTP N° 75, París, junio 2000, pág. 50); y rechacen el valor político de la distinción entre protagonista en carne propia o no (Jelin, Elizabeth: Los trabajos de la memoria, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002, pág. 91). A los propósitos de nuestra investigación, utilizaremos una noción no restrictiva del término para referirnos a la narración de los sujetos entrevistados y también a las narrativas escritas, contemporáneas a la emigración o posteriores. ISSN: 0210-5810 sólo se comprende entendiendo las relaciones dentro de esa estructura cerrada que ella representa. 6 Por tanto, el testimonio de una situación inducida en una entrevista oral no puede ser analizado de la misma manera que un testimonio espontáneo (no solicitado) presente o pasado. 7 Entre sus grandes aportes, las fuentes orales -tomadas como complemento del documento escrito-permiten acceder a la historia de sectores y grupos que no han dejado documentación escrita, o a ciertos aspectos de la experiencia social difícilmente abordables mediante otras fuentes que no sean la memoria de los testigos. En este último caso y para los aspectos que interesan a nuestro tema, las fuentes orales permiten, por ejemplo, evocar sensaciones, sentimientos y experiencias particulares que están muy ligadas a las representaciones pasadas y presentes del exilio y a la propia imagen que los protagonistas tienen de sí mismos en esa experiencia. De igual manera, los testimonios permiten evocar tensiones y problemas que las fuentes escritas no traslucen, por ejemplo, el documento escrito no permite construir una microsociología del poder y de la dinámica interna de las organizaciones de exiliados como sí lo hacen las fuentes orales. Como señala Phillipe Joutard, el documento escrito racionaliza realidades mucho más confusas, elimina las tensiones y los no-dichos, permite escasamente reconstruir las interacciones y dinámicas subyacentes, expresa consensos que ocultan las diferencias y diversidades. 8 Así, tensiones que no se vislumbran en el silencio de la fuente escrita -o para las cuales no existen directamente fuentes posibles-, en la fuente oral son reconstruidas explícitamente por el entrevistado, o quedan al descubierto en frases elusivas, sonrisas o gestos de incomodidad. Recordemos que en las fuentes orales las narrativas obtenidas son memorias presentes y elaboraciones del pasado, por tanto, un testimonio oral dice tanto sobre los hechos como sobre sus significados y sus reelaboraciones a través del tiempo, y lo dice tanto por medio de la palabra como por los silencios, las dudas, las repeticiones, los lapsus, las miradas. Por eso mismo, como veremos en las próximas páginas, el análisis de las experien-cias narradas por los antiguos emigrados permite observar las formas en que se fue construyendo -o no-, a lo largo del tiempo, la propia identificación como "exiliado", y cómo ésta dependió -y aún depende-de los avatares de los procesos sociales y públicos de recuerdo. El problema central que en general se le ha imputado a la fuente oral es su subjetividad, tanto la del entrevistado como la del entrevistador. En realidad, la primera subjetividad es la del investigador mismo, que presenta un tema de investigación, formula preguntas, guía una entrevista y sus condiciones de desarrollo, representa a una institución, sector social, generación, etc.9 Todos estos factores se presentan al entrevistado y condicionan su discurso creando una narrativa X, que sería otra en condiciones distintas. Por eso, también nuestra propia intervención condiciona la construcción discursiva sobre el exilio, la posición adoptada por el narrador o los elementos que se omiten. Por ejemplo, es probable que la diferencia generacional entre entrevistador y entrevistado influya para silenciar ciertos elementos y magnificar otros de la experiencia vivida, como detallaremos más adelante. Existe ya una cierta discusión sobre los testimonios de situaciones traumáticas como las vividas en los campos de concentración o la tortura -en particular los excelentes trabajos de Michael Pollak sobre los sobrevivientes de la Shoah 10 -, sin embargo casi no hay reflexiones sobre el testimonio del exilio como narrativa de una experiencia traumática particular. Nos referimos al hecho de que el testimonio de la migración no deseada reúne ciertas situaciones comunes y otras específicas: si bien el "grado de trauma" producido por el exilio suele subestimarse en comparación con otras experiencias -como la represión física directa o la muerte de seres cercanos, por ejemplo-, la forma en que una experiencia es vivida es siempre individual y, por tanto, inconmensurable. Así, la ruptura que conlleva dejar el país, los seres queridos y un proyecto de militancia social y política (en sus distintos grados) se presenta muchas veces como un momento de fractura interna muy importante que reaparece en los relatos actuales de los exiliados con todo su peso. En muchos casos, el proceso de reconstrucción individual posterior a la migración aparece como "exitoso"; en cambio, en otros, el "exilio" aparece como una pérdida irrecuperable, el relato parece situarse nostálgicamente en un pasado perdido, idealizado, y la migración es vivida con la añoranza por una vida que fue "robada", que hubiera sido otra. En otros muchos casos, además, la emigración aparece acompañada de experiencias previas de prisión, secuestro, tortura o la muerte de seres cercanos, por tanto, el destierro se conjuga y superpone con otras situaciones traumáticas. A lo largo de nuestra investigación, sin embargo, algunas de las narrativas testimoniales que demostraron una mayor tensión emocional o, directamente, fuertes bloqueos en torno al tema, no correspondían a personas que hubieran vivido alguna forma de represión, sino "sólo" la experiencia del exilio. Por el contrario, otros sujetos afectados por experiencias de tortura, desaparición, cárcel y posterior exilio generaron narrativas con mayor "control emocional" de la experiencia vivida. Este tipo de variables obligan entonces a preguntarse por el carácter traumático específico de la experiencia del destierro y lo inconmensurable de todo "trauma". Además, ello remite, por un lado, al contexto de silencio que históricamente ha rodeado al exilio de los años setenta hasta la actualidad, dado que desde el período de retorno a la democracia hasta ahora, los emigrados políticos fueron casi ignorados, o considerados figuras "menores" del pasado autoritario, con escasa legitimidad social para relatar su historia. 11 Por otro lado, también remite al hecho de que estos relatos han sido mucho menos escuchados y reconocidos que otros -en tanto víctimas de la violencia estatal en Argentina-lo que pudo contribuir a la dificultad en la toma de la palabra, y a generar tensiones en los relatos, saturándolos de presupuestos sobre lo decible y lo no decible. Todas las variantes deben ser consideradas a la hora de la escucha e interpretación de estos testimonios y de la valoración del orden simbólico que les es propio y particular. La posibilidad de hablar A lo largo de la investigación, lo primero que advertimos fue la disposición de la mayoría de los entrevistados a hablar y a contar la experiencia de su "exilio". Esto remite, en primer lugar, a un aspecto individual y psicológico que supone que un individuo puede querer testimoniar por el simple hecho de sentirse "importante" y "reconocido", por el interés que su vida suscita en un investigador, y, por tanto, en la posibilidad de "pasar a la Historia". Sin embargo, más allá de esta explicación de orden general, hay otros procesos específicos que explican esta toma de la palabra como acto voluntario y deseado. 12 En la esfera pública argentina se asiste hoy a un proceso de reconocimiento social de ese pasado "traumático",13 a partir del procesamiento de los responsables de ciertos crímenes, el esclarecimiento del destino de niños apropiados y de una serie de hechos -a los que nos referiremos a continuación-que marcaron un cambio con respecto a la memoria del pasado inmediato. También se asiste a otra transformación importante: una ruptura del silencio sobre los años anteriores a la dictadura militar y, en particular, sobre el tipo de militancia política que dio origen a las organizaciones revolucionarias y a los proyectos de cambio radical por la vía armada. Uno de los rasgos sobresalientes que acompaña a este fenómeno es la actual explosión de narrativas testimoniales que han aparecido en el espacio público argentino: los medios de comunicación, librerías, conferencias, diversos eventos y una serie de disposiciones políticas específicas generan un nuevo espacio para que numerosos actores que hasta ahora habían guardado silencio sobre el pasado estén dispuestos a contar su experiencia y hacer memoria. 14 No obstante, para contextualizar esta situación es necesario tener en cuenta las distintas maneras en que históricamente se ha ido recordando el pasado reciente en Argentina. Ante todo, el momento actual al que nos referimos sobreviene tras un período previo -entre fines de los años ochenta y mediados de los noventa-caracterizado por un "eclipse de la memoria", durante el cual -bajo la presidencia de Carlos Menem-los indultos a varios responsables de lo sucedido en aquella época y la falta de ética demostrada por el gobierno político redujeron el espacio público de los portadores de las memorias del pasado y marcaron una etapa de aislamiento y fragmentación de los organismos de derechos humanos, cuya presencia había sido central en los años previos. 15 Tras ese "eclipse", a partir de la segunda mitad de los años noventa, se produjeron ciertos cambios que marcaron un nuevo momento en el proceso más general de "recuerdo" del pasado dictatorial. Entre los elementos que posibilitaron esa nueva situación se pueden mencionar: en 1995, el discurso autocrítico del jefe del Ejército, Martín Balza, en el que se reconocían los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas; ese mismo año, las confesiones públicas del capitán Adolfo Scilingo sobre la forma en que se mataron e hicieron desaparecer los cuerpos de los secuestrados y, finalmente, la aparición de la organización HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), que reunió a los hijos de las víctimas del terrorismo de Estado. 16 El cambio producido logró que se implantaran ciertas modificaciones en los discursos y representaciones sociales sobre ese pasado. Al menos en los sectores más sensibles al tema y en el espectro político progresista, la figura del "desaparecido", hasta entonces evocada como figura moral de "la víctima" -en general caracterizada como "inocente"-fue revisada. Así, empezó a recuperarse su identidad, y la de otras víctimas en general, en tanto actores políticos del pasado -y, en particular, como militantes de grupos revolucionarios, cuya actividad y compromiso con su deber los llevó al trágico destino-, aspecto que hasta hace unos años había sido casi enteramente silenciado. Esta ruptura con la idea ficticia de "inocencia" de los desaparecidos y de otras víctimas, además, se vio estimulada por la aparición de una nueva serie de memorias y testimonios de la represión cuyo objetivo central fue recuperar esa experiencia política junto con la historia de la militancia de los años setenta.17 Así, en estas narrativas se observa un fuerte desplazamiento temático y temporal desde el testimonio de la experiencia represiva como eje central de lo que "debe" ser recordado -rasgo propio de las primeras décadas pos-autoritarias-hacia la memoria de la experiencia previa de militancia política de "los setenta" en sí misma. Y ello aparece asociado a la necesidad explícita de los actores de revisar esa etapa, ya sea con el simple objetivo de recordar la experiencia, transmitirla o de reflexionar sobre ella, pensarla críticamente o establecer balances desde diversas posiciones que van del rescate de la utopía o el elogio de la heroicidad a la autocrítica y la condena. 18 Como señalábamos, el proceso converge en el momento más inmediato en un auténtico estallido de las memorias del pasado, y no sólo de la militancia política, la cárcel, el exilio. Si el fenómeno no es nuevo, sus dimensiones actuales sí lo son. Por un lado, continúa el proceso de "recuerdo" originado a mediados de los noventa. Por el otro, se relaciona con el lugar social que, material y simbólicamente, se abrió a las víctimas y pro-tagonistas del pasado reciente desde el mismo aparato estatal, a partir del gobierno de Néstor Kirchner. Del reconocimiento de la responsabilidad del Estado en la represión ilegal, a la reciente anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (2003), la participación en altísimas funciones públicas de una gran cantidad de antiguos militantes políticos de los años setenta -antiguos emigrados políticos en Francia incluidos-, hasta la transformación de la ESMA -el más terrible de los campos de detención-en un Museo de la Memoria, todas estas políticas estatales otorgan otra legitimidad para que ciertas memorias sean escuchadas. 19 Como parte del proceso de cambio de esa situación se está produciendo, además, una ampliación del conocimiento público específico sobre la experiencia del "exilio". Y ello, a su vez, tiene una incidencia directa en el reconocimiento-significativo, pero no por eso unívoco-de esa experiencia de destierro como parte de la historia represiva del terrorismo de Estado. En particular, entre los elementos ligados al cambio de contexto político, el dato más indicativo son las actuales discusiones en torno al proyecto de ley de reparación económica para los emigrados políticos. 20 Esto ha permitido no sólo reinsertar la experiencia del destierro como parte de las prácticas represivas de la dictadura militar, sino que además ha significado el reconocimiento de los exiliados como "víctimas", incluidos ahora en la fila de quienes han sufrido la violencia política y estatal, fila tradicionalmente monopolizada por la figura de los "desaparecidos". En efecto, durante largos años los familiares de desaparecidos fueron casi los únicos testigos "legítimos" aceptados como portadores de la memoria del "pasado traumático". La actual ampliación del espacio posibilita que la situación comience a modificarse, incluyendo otros relatos de otras experiencias, o incluso de las mismas, contadas por otras voces. Es importante recordar que, en este sentido, los exiliados pueden ser testigos claves del pasado: no sólo para recuperar una parte de la experiencia autoritaria que es el destierro en sí mismo, sino también porque como son sobrevivientes de situaciones extremas, se constituyen en testigos únicos, para narrar algo que otros, los muertos, los desaparecidos, ya no pueden contar. 21 Todo esto ha contribuido a dar una nueva legitimidad a la palabra de los antiguos emigrados políticos y, por tanto, a la aceptación de "narrarse" y de "ser narrado" por parte de los testigos entrevistados, a la toma de conciencia de que en la experiencia del destierro hay algo legítimo de ser transmitido. Como ha señalado Michael Pollak, a partir del trabajo con sobrevivientes de la Shoah, la posibilidad de hablar depende de la posibilidad de ser escuchado. 22 Así, las transformaciones de la esfera pública argentina en relación con las memorias del pasado reciente están generando -y este es un proceso en evolución permanente-otras condiciones de escucha y recepción para quienes debieron dejar el país en los años setenta y ochenta. El sentido de la transformación producida queda expresado en las palabras de un intelectual y antiguo exiliado, que resume bien la percepción de los propios emigrados sobre su lugar social hasta hace muy pocos años: "Finalmente el exiliado también fue un reaparecido que pudo pensar, que pudo acompañar la desdicha de los muertos, que pudo sincronizarse con la conciencia de un tiempo aciago. Que pudo ser un testigo tan fiel como inútil, tan pertrechado como distante de los epicentros del drama, tan relator como inescuchado por nuestra comunidad y sus tumbas NN." 23 La necesidad de legitimación A pesar de estos cambios, la disposición a hablar que hemos registrado tiene también ciertos matices y marcas particulares. Según traslucen las tensiones de las narrativas recogidas, las formas de la escucha social actual siguen modeladas e impregnadas por los avatares de las formas en que se fue "recordando" públicamente en Argentina. De este modo, las representaciones que en el pasado circularon estigmatizando y olvidando el exilio tienen todavía un enorme peso que condiciona y recorta el discurso de nuestros actores entrevistados. Por ejemplo, la necesidad que tienen muchos de ellos de justificar la opción de emigrar o de demostrar el sufrimiento vivido "en el exilio" es el resultado de un imaginario social que durante muchos años condenó a "los que se fueron" y les impuso el "silencio" al no considerarlos "víctimas" del terrorismo de Estado, porque, en definitiva, habían salvado su vida y, peor aún, habían "escapado" a la dura experiencia política y económica de vivir en Argentina bajo la dictadura militar. Por otro lado, en esta necesidad actual de justificación, también está presente el fantasma de la acusación proyectada por los militares argentinos que consideraron a los exiliados como "subversivos" que huyeron al exterior y que vivían "exilios dorados en Europa". 24 Esta imagen, presente durante largo tiempo en la sociedad argentina, contribuyó no sólo a la estigmatización de los exiliados, sino a aumentar su sentimiento de culpa por los que se quedaron. Por esto mismo, muchas veces, en los testimonios, la construcción discursiva de una identidad o imagen específica como exiliado resulta tortuosa, cargada de tensiones o se construye -directamente-desde una posición "defensiva": justifican permanentemente las razones de salida, la urgencia por hacerlo y los peligros de muerte que se corrían en caso de no irse. El mismo mecanismo se observa cuando el emigrado asegura haber vivido una experiencia emigratoria buena, sin demasiadas dificultades personales o laborales, o incluso con bienestar y ascenso social; esa situación privilegiada lo lleva a rechazar incluso la identidad de "exiliado". Porque para ellos, aceptar una condición de "víctimas" y la experiencia del "sufrimiento" distinta a la vivida en el exilio es imposible de comparar con lo que vivieron los desaparecidos, presos o torturados o, incluso, "exiliados internos". La misma lógica, pero con signo contrario, es la de quienes construyen la definición misma de exiliado desde la experiencia del sufrimiento: "Entonces eso hizo que la vida en el exilio fuera muy dura... comenzar a vivir en un país que no conocía ni siquiera la lengua..., empezar de cero... Contrariamente a eso que muchos argentinos creen, la vida fue muy dura durante 10 años, sobre todo has-ta que los chicos fueron grandes (...) Alors, c'était [Entonces era] en condiciones..., sobre todo al principio... porque jamás pensamos nosotros en aquel momento que iba a durar 25 años, no sé cuantos, que sería definitivo ese exilio, yo pensé siempre que íbamos a volver a la Argentina. (...) Lo único que yo quisiera remarcar es que el exilio es muy muy muy duro, a pesar... y sobre todo porque yo quedé muy ligada a la Argentina. Es una cosa increíble; nunca pensé que no iba a volver a la Argentina, y, sin embargo, en mis actos no lo hago..." 25 Así, en todos estos casos, se autositúen fuera o dentro de la experiencia del exilio y de la categoría de exiliado, los entrevistados tienen necesidad de definir la situación y el concepto mismo de exilio a partir del dolor y la dificultad de la experiencia. 26 Estos elementos hacen que frecuentemente la estructura misma de las narrativas y la forma de organizar el relato -además de su contenido explícito-tengan un sentido de autolegitimación, tendente a mostrar que el exilio es una "condena" y un "castigo", comparable a otras represiones sufridas por quienes se quedaron en el país. O, por el contrario, este proceso de autolegitimación se efectúa mostrando que el exilio es, en efecto, "una situación privilegiada" no comparable a la de quienes sufrieron directamente la represión. Además, es significativo que, en todos los casos, estas aclaraciones suelen ser espontáneas y formuladas al inicio mismo de la entrevista. Esto muestra hasta qué punto las representaciones sociales en circulación sobre el tema condicionaron la imagen del exilio y las propias representaciones que estos actores políticos tienen de sí mismos hasta el día de hoy. Hay un primer "hueco" en las narraciones de los antiguos emigrados políticos que es la omisión de las experiencias represivas directas vividas, o que son limitadas a una referencia mínima. Así, la desaparición de seres queridos, la tortura o el encarcelamiento son referidos con dificultad y sólo en la medida en que son hechos que "justifican" la decisión de emigrar o la expulsión del país. Es un dato que ya los especialistas de la Shoah habían señalado con respecto a los sobrevivientes de los campos de concentración: el pudor y la dificultad para hablar de aquellas experiencias que reducen el cuerpo y lo humillan deshumanizándolo. 27 En nuestro caso, el hecho mismo de la violencia física estableció una barrera del pudor difícilmente franqueable por los entrevistados, y que, por supuesto, fue respetada por nosotros, en especial porque el entrevistado no había sido convocado para hablar de ello. El segundo "hueco" de las narraciones, el más significativo de todos, tiene que ver con su vida pasada, previa al hecho migratorio y, en particular, a la militancia política. Por lo tanto, las reflexiones que siguen se refieren exclusivamente a quienes tuvieron trayectorias de actividad política significativa antes de la emigración. Este aspecto es eludido en el relato de muchos de nuestros entrevistados, suponiendo con "alivio" que una "historia del exilio" no se interesa por la historia previa al momento de salida del país. Así, por ejemplo, la mayoría de los entrevistados no menciona la organización o grupo en el que militó antes de emigrar, ya sea por omisión absoluta o por referencias elusivas y vagas: "la organización", "yo era un militante social". De la misma manera, en el relato mismo de la experiencia emigratoria, en muchos casos la actividad política desarrollada en el exterior, sus conflictos, tensiones y lo vinculado a las identidades político-partidarias durante el exilio son silenciadas para enfatizar la actividad de "denuncia" o de "solidaridad". Muchas veces, tras horas de conversación -y avanzada la "negociación" de confianza que significa toda situación de entrevista-el entrevistado menciona su identidad política precisa o acepta hablar de ello, no sin ciertos gestos de incomodidad física o, por ejemplo, bajando el volumen de voz. En otros casos extremos, la negativa explícita a admitir toda identidad política, o a hablar de la actividad político-partidaria antes o durante el exilio (aun cuando, evidentemente, el entrevistador la conoce), permitió reconstruir la identidad de quien hablaba como "inocen-te" de toda sospecha posible. ¿Qué sospechas pueden pesar, entonces, sobre un exiliado? ¿Se trata de "olvidos", de "silencios" o de "memorias selectivas"? En principio, este segundo tipo de "huecos" no coincidiría con el momento actual de la memoria, caracterizada por los procesos públicos de recuerdo y, más recientemente aún, por una auténtica explosión de las "memorias militantes" y un verdadero proceso general de toma de la palabra. Sin embargo, como decíamos, la dificultad para hablar del tema en la mayoría de los testigos sigue siendo muy fuerte. De todas formas, vale la pena señalar que desde el inicio de nuestras entrevistas hasta su finalización -es decir, entre abril de 2002 y diciembre de 2004-hemos notado una evolución en ese sentido -un movimiento de ampliación de la frontera de lo decible-, y, muy en particular, en los testigos que volvieron a Argentina, donde ese proceso de "recuerdo" y "escucha" públicos es siempre más visible y posible de experimentar. Ahora bien, es imprescindible explicar desde varias lógicas y lugares distintos los silencios de las narrativas de la emigración política. Creemos que un primer orden de problemas responde al espacio de lo estrictamente privado -aunque éste se realimente del espacio público como cualquier subjetividad individual-y se relaciona con un síntoma conocido de todas las situaciones traumáticas. Se trata de los sentimientos de culpa, y en particular para muchos, de la culpa por haber sobrevivido y haberse ido del país: "A mí me costó mucho; hacer la especialidad en medicina, decirme que mi vida la iba a hacer aquí [Francia], tal vez... sentía como una traición de buscar trabajo, mejorar mis condiciones materiales, me decía que mis compañeros estaban presos, desaparecidos y que vivían muy mal en Argentina..." 28 El caso siguiente también es elocuente. G.S. era un militante del PRT que durante ocho años esperó, encarcelado, que le dieran el "derecho de opción" 29 para salir del país y reunirse con su esposa que ya estaba refugia-da en Francia con su hijo pequeño. Finalmente, G. cumplió su condena sin recibir nunca la opción y logró irse del país un año después de haber salido de la cárcel, cuando a inicios de 1983 los militares le levantaron la libertad vigilada con la que había vivido durante un año. G.S.: Yo, si salía... si salía vivo, porque primero era salir vivo de la cárcel, y estaba en Rawson, porque veía a muchos compañeros míos, y yo mismo pasé por situaciones muy muy límites, sólo el azar hizo que yo no me tocara estar en otro lugar de donde yo estaba... Yo pedía la opción pero me la rechazaban sistemáticamente, y siempre surgí.., siempre estaba la idea de que alguna vez me podían decir: "le damos la opción", entonces para mí... me podía ir a Francia. Lo mismo que yo no sabía era si a mí me daban la libertad en el país, en una situación de poder quedarme, si yo iba a irme o yo me iba a quedar. En ese caso, si yo no iba a ir, mi mujer iba a volver; y si mi mujer no iba a volver, era seguro que yo iba a ir. La disyuntiva era "¿qué pasa si no me dan la opción?". Yo, íntimamente, tenía mucho deseo de que me la dieran, este... ¿por qué? Porque... quería un poco de tregua en mi vida, no, no, yo había caído con 24 años, este... ya tenía más de 30, tenía un hijo de 8 años con el cual no había vivido, y el escenario del país se me hacía como mucho más difícil; por lo pronto me imaginaba un terreno muy inseguro, habíamos sufrido una derrota política muy importante, una derrota militar que también implica una derrota política (...) pensar en salir en libertad en Argentina, en ese marco, era una situación más desfavorecida que pensar a salir en Francia. M.F.: ¿Pero esto no era algo que vos sintieras y que pudieras hablar o decir abiertamente? No. Por ahí con algún compañero... no es que hubiera alguna cosa persecutoria pero... M.F.: No, entiendo; pero había algo que era pesado de decir... G.S.: Pero aparte estábamos los que podíamos salir en libertad en cualquier momento, y estaban los que no podían salir en libertad, entonces (...) contar plata delante de los pobres frente a un compañero que está con una condena por 25 años, en una acción donde podría haber sido yo... Entonces decir: "Me voy a ir a Francia, me voy a comer quesos franceses, voy a ir a las playas donde las mujeres toman... [ríe]" ¡porque claro ésa era la fantasía! Además, en una cárcel, te imaginás, decís que... Uno se privaba... -y me parece que está bien hacerlo, lo reivindico-,...de decir: "Yo me voy a ir a Francia..." Habíamos caído por hacer una revolución en Argentina, ¡no podía ocho años más tarde decir: "¡me quiero ir a tomar sol a las playas!" Esteh... pero... íntimamente, sí: "Ahí está mi mujer, está mi hermano, mi hijo, muchos amigos, necesito una tregua en mi vida, volver a conectarme, qué pasa en el mundo hoy, qué es la Argentina, qué es mi organización, quién soy yo...". 30 Al igual que para otros que consideraron "impensable" la alternativa de salir con la figura legal de la "opción", este testimonio, atravesado por las sensaciones internas de la culpa y el deseo "inconfesable" de irse, da cuenta de algunas de las tensiones que el hecho de emigrar pudo producir y, por tanto, de la dificultad de los actores para situarse y construirse a sí mismos en ese acto. Es decir, irse del país, ser un emigrado, un exiliado, no podía tener connotaciones positivas cuando ello implicaba la culpa por los que se quedaban en el país, por los muertos y por abandonar una causa política. Aclaremos rápidamente que, lejos de cualquier juicio moral, ético o religioso, consideramos el "sentimiento de culpa" en el sentido analizado por Michael Pollak, es decir, como un síntoma que expresa un malestar, y no una causa o una categoría de análisis. 31 Por tanto, la culpa no conlleva en nuestro análisis una connotación de responsabilidad o de inocencia en sí misma, sino la manifestación de una en la propia posición de exiliado. Si el problema de la culpa ha sido muy tratado en relación con los sobrevivientes de la Shoah y mencionado en muchas situaciones de exilio,32 en este caso particular, la culpa por haber sobrevivido a los compañeros de militancia muertos pudo llevar al silencio y, en particular, a no mencionar el comienzo de la experiencia vital que terminó con la experiencia de la represión: el compromiso político. En otras ocasiones, la culpa por sobrevivir puede transformarse directamente en el cuestionamiento interno de toda la experiencia política vivida en sí misma y, por tanto, pudo haber llevado a la elección de un silencio auto-protector. 33 Otro punto desde donde pueden explicarse los silencios es el espacio público y, nuevamente, se relaciona con las representaciones del pasado que todavía influyen sobre ciertos momentos de la experiencia de los actores: en particular, la llamada "teoría de los dos demonios". En la primera etapa pos-autoritaria, dos hitos históricos marcaron el período y significaron, en su momento, actos fundacionales de la democracia argentina de 1983: la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP), creada por el presidente Raúl Alfonsín, que tuvo a su cargo la investigación sobre las desapariciones que derivó en el Juicio a las Juntas Militares en 1985 y la publicación de su informe Nunca Más. Esta obra, muchísimas veces reeditada, instalaba una imagen compleja del período precedente al referirse a un "terror de extrema izquierda" al que los militares habrían respondido con "un terrorismo infinitamente peor". 34 A su vez, la sociedad en su conjunto quedaba libre de cualquier responsabilidad social, era víctima inocente del terrorismo. Vinculada con esta lectura, por aquellos años y hasta mediados de los noventa, por medio de una variedad de memorias y discursos públicos en circulación, las imágenes hegemónicas del pasado eran las de una "guerra sucia", simbolizada en esta metáfora de los "dos demonios". 35 Esta visión sostenía que en los setenta se habían enfrentado dos enemigos, dos terrorismos en igualdad de condiciones: la guerrilla y los militares, y ambos eran igualmente responsables de la violencia y el "horror". 36 Si bien sus orígenes se remontan incluso a períodos anteriores al golpe militar de 1976, a partir de 1983 esta interpretación bipolar fue mantenida y estimulada desde distintos espacios públicos, tanto por intelectuales antes vinculados a los movi-34 Nunca más, Eudeba, Buenos Aires, 1999 [1984], pág. 7. 35 La construcción de la imagen de una guerra entre "dos demonios" no se sostiene desde la misma lógica cuantitativa: las dos principales organizaciones armadas no llegaban a reunir entre ambas más de 1.300 miembros armados -tomando la cifra por lo alto-y nunca existió la amenaza real de una toma del poder exitosa por parte de estas organizaciones. De la misma manera, una de ellas, el ERP, ya había sido prácticamente destruida antes del golpe militar de 1976. Por lo tanto, la imagen del poder y potencial bélico de este enemigo subversivo fue creada luego por las Fuerzas Armadas para justificar sus propias acciones (Vezzetti, H.: Pasado y presente..., págs. 76-77, 121-128). Sobre la teoría de los "dos demonios", véase Acuña, Carlos, y Smulovitz, Catalina: "Militares en la transición argentina: del gobierno a la subordinación constitucional", en Acuña, Carlos, et al.: Juicio, castigos y memorias. Derechos Humanos y justicia en la política argentina, Nueva Visión, Buenos Aires, 1995, págs. 19-99; González Bombal, Inés: "'Nunca Más'. El Juicio más allá de los estrados", en Acuña, et al.: Juicio, castigos y memorias..., págs. 193-215; Vezzetti: Pasado y presente..., págs. 109-146. 36 Esta lectura puede remontarse incluso al período previo a la dictadura militar, antes de 1976, cuando circulaban algunos discursos mediáticos y políticos condenatorios tanto de la guerrilla como de los militares golpistas. Por otra parte, las mismas fuerzas en cuestión -militares y organizaciones armadas-consideraron durante gran parte del período que estaban enfrentadas en una guerra y esta interpretación sólo fue modificada por las segundas cuando adquirieron conciencia de la "derrota", a fines de los años setenta. mientos de guerrilla 37 como por los mismos miembros del gobierno de Alfonsín. 38 De esta manera, la persistencia y hegemonía de esta representación del pasado presente durante largos años en la sociedad argentina puede impedir todavía que los testigos se refieran a ciertos aspectos políticos de la experiencia vivida, pues sobre ellos pende la sospecha implícita de la responsabilidad de la militancia en la generación de la violencia que condujo al golpe de Estado. Incluso el mismo discurso militar, y de buena parte de la población, que durante el período dictatorial y aún después aludía a las víctimas diciendo: "algo habrán hecho..." puede seguir desempeñando un rol sustancial en lo que se considera transmisible, o no, frente al juicio del interlocutor. Es por eso que, todavía, en la actualidad, esa parte del relato del pasado previo a la emigración lucha entre lo decible y lo no-decible en ciertos protagonistas de la emigración política. Es importante recordar aquí que también la antropóloga Ludmila da Silva Catela indica esta misma situación sobre el relativo silencio de otros portadores de memoria considerados como voces "menos legítimas": los antiguos presos políticos. Así, señala la investigadora que en cuanto se proyecta sobre ellos la culpa por haber sobrevivido y militado -en particular la violenta-, estos actores resultan silenciados. 39 Ratificando esta misma 37 Es el caso de Pablo Giussani, autor de uno de los libros más críticos sobre Montoneros (Montoneros. La soberbia armada, 1984), considerado uno de los promotores de esa teoría a partir de diversos artículos aparecidos en el diario La Razón desde 1985 (Gasparini, Juan: Montoneros. Final de Cuentas, de la Campana, Buenos Aires, 1999 [1988] y Jensen, Silvina: "Del viaje no deseado al viaje de retorno. Representaciones del exilio en Libro de Navíos y Borrascas y Tangos. El exilio de Gardel", en Jelin, Elizabeth, y Longoni, Ana: Escrituras, imágenes y escenarios ante la represión, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005, págs. 167-202). 38 Dante Caputo, canciller de Alfonsín, decía en febrero de 1984 ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU: "en una juventud frustrada encontraran eco los apóstoles de la violencia, los grupos terroristas de distinto signo que preconizaban como método de acción el atropello de los derechos a la vida, a la integridad física y a la libertad. Fue así como los terroristas, movidos por el delirio de una supuesta liberación (...) cuyo único resultado consistiría en desencadenar una terrible acción represiva, ejecutada por aparatos de represión estatal y paraestatal que arrasaron las instituciones y las libertades de nuestro país. (...) La infantil especulación dialéctica, según la cual para alcanzar el paraíso debe pasarse primero por el infierno, condujo de este modo al imperio de una represión basada en métodos igualmente condenables." (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, "Discurso pronunciado por el señor ministro de relaciones exteriores y culto de la República Argentina, licenciado Dante Caputo, ante la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra", Ginebra, 27 de febrero de 1984. También Vezzetti en Pasado y presente... sostiene que Alfonsín estimuló esta lectura al someter a juicio por igual a las cúpulas de Montoneros y ERP y de las Fuerzas Armadas. 39 Da Silva Catela, Ludmila: No habrá flores en las tumbas del pasado, Ediciones Al Margen, Buenos Aires, 2001, pág. 282 y ss. interpretación, una ex prisionera política manifiesta con una inmensa carga emotiva las selecciones de las memorias sociales y del espacio público para expresar ese pasado: "Es como las Madres [de Plaza de Mayo] son puras y blancas, los Hijos también. Sigue habiendo una cosa de ellas, madrecitas; ellos, inocentes, y nosotros, los representantes de los que no son ni tan puros, ni tan blancos. Así lo toma la sociedad y acepta a Madres y a Hijos. Nosotros no tenemos lugar." 40 Una tercera lógica explicativa remite a las prácticas mismas de militancia política previa de muchos de estos actores: la cultura del secreto, propia de una actividad política prohibida que se realiza en la "clandestinidad", tal como era el caso de las militancias en las organizaciones de izquierda, armadas o no, durante los años sesenta y cada vez más a partir de los setenta. 41 El secreto fue una condición esencial con la que estos actores se formaron políticamente o ingresaron en la cultura política, sobre todo si se tiene en cuenta que se formaron cuando aún eran muy jóvenes. Además, si el secreto fue una marca esencial de aquella militancia, luego, progresivamente, en la medida en que la represión se fue acentuando-a partir de 1975 y más aún después del golpe de Estado-, el secreto se transformó en la condición primera y última de la acción política y, en muchos casos, pudo ser la condición de la supervivencia -la propia y la de los compañeros-. De la misma manera, un sistema represivo basado en la tortura dio a la información un valor tan primordial que su lado opuesto, "no hablar", adquirió un sentido político y ético superior a cualquier otro. Así, creemos que las marcas emocionales de estas prácticas políticas, marcadas a fuego más tarde por la represión, se reflejan aún hoy en las narrativas de muchos emigrados políticos. Otra cuarta posibilidad que explica los silencios puede ser analizada a través del problema del anonimato de las fuentes. Este es un punto de observación privilegiado sobre el que nos detendremos en particular. La "negociación" inicial con los entrevistados dejó al descubierto que el problema de la preservación de la identidad resultaba una cuestión esencial 40 Calvo, Adriana: "Campos", en Gelman, Juan, y Lamadrid, Mara: Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos, Planeta, Buenos Aires, 1997, pág.113. 41 Debe tenerse en cuenta que durante gran parte del período el país vivió bajo regímenes autoritarios militares o en condiciones de restricción o prohibición de la actividad política: entre 1966 y 1972 durante la dictadura de Juan Carlos Onganía y sus sucesores, y luego, tras un breve período de apertura en 1973, las principales organizaciones revolucionarias fueron rápidamente declaradas ilegales, primero el PRT-ERP y luego Montoneros. que debía ser subrayada -y reasegurada muy enfáticamente-a muchos entrevistados. En algunos casos, el anonimato era la garantía imprescindible para acceder a la entrevista; en otros, el entrevistado confesaba con orgullo que todo podía ser dicho "con su nombre y apellido". Incluso, en dos únicos casos la garantía escrita del anonimato no fue suficiente y los entrevistados se negaron a ser grabados. El primero de ellos corresponde a una emigrada política argentina -actual residente en una pequeña localidad del interior de Francia-cuya extrema tensión en torno a lo "no decible" de la militancia política y el silencio absoluto sobre su pasado -aun en su entorno familiar-dejó a la vista fuertes autocensuras. En el otro caso, se trataba de un militante político francés que, habiendo sido miembro fundador y muy activo de un comité de solidaridad de izquierda con Argentina, se negó a grabar la conversación. Ahora bien, ¿qué garantiza realmente el anonimato? En muchos casos su importancia se vincula con no dar a conocer ciertas experiencias del pasado que podrían comprometer la "imagen" actual de la persona o de otras personas mencionadas en su relato. De este modo, muchos entrevistados -hoy profesionales reconocidos-prefieren que su vínculo con aquella "historia de los setenta" no sea público y por ello optan por el anonimato o por silenciar ciertas partes de su experiencia. Volviendo entonces a lo ya señalado sobre los estigmas públicos, el pasado aparece como un portador de vergüenzas, culpas y sospechas y el presente como un vehículo de sanción moral. Sin embargo, en otros casos, no es el presente el que autocensura, sino el mismo pasado: así, en ciertos relatos es el mismo miedo el que exige los resguardos de identidad o lleva a silenciar ciertos datos. Además, paradójicamente fueron en cierta medida los antiguos emigrados políticos entrevistados en Francia quienes mayores temores manifestaron, demostrando que los "fantasmas" del Estado represivo han quedado más atrapados en quienes no regresaron al país y no vivieron in situ las alternativas del proceso post-autoritario y las transformaciones actuales de la sociedad argentina. Inclusive, también a la hora de testimoniar, ciertos ex militantes franceses de izquierda expresaron su temor ante la inestabilidad de la vida política argentina, la acción de los sistemas de información y control y la incertidumbre sobre quién podría leer o manipular ciertos archivos e informaciones. Todos estos ejemplos muestran hasta qué punto -aún para muchos que no fueron víctimas de la represión física directa-las marcas del pasa-do han quedado inscriptas en el cuerpo, más allá de toda constatación racional. Y, también, como el pasado está lejos de haber quedado atrás, siendo una realidad que aún se conjuga en presente para muchos y que por eso genera silencios y autocensuras. Otro aspecto relevante para nuestro análisis son las posiciones narrativas adoptadas por los actores entrevistados. Es imposible extraer conclusiones generales al respecto, pero a lo largo de nuestro trabajo hemos encontrado algunos diferentes tipos de relatos que merecen destacarse. Entre ellos, por ejemplo, narraciones "heroizantes, intimistas, generalizantes, minimizantes". Uno de los casos más frecuentes es el del testigo que no cree tener "nada importante para decir", porque considera su vida "poco generalizable" o "poco interesante". Muchas veces le ocurre a individuos que no tuvieron demasiada actividad política en el período de emigración o que no consideran haber tenido una actuación colectiva; incluso, también le sucede a individuos que, habiendo tenido actividad, no consideran que sus circunstancias personales de emigración hayan sido muy "duras". Esto revela que la otra posición de narración posible, desde la condición de "víctima perseguida", se presenta como la más "legítima" para la transmisión de la experiencia, tanto para quienes la detentan explícitamente como para quienes no pueden demostrarla. Aclaremos que, en cualquiera de esos casos, depende siempre del entrevistador demostrar el interés que posee la experiencia de emigración, en tanto vivencia individual y única, ya que no hay un recorrido emigratorio legítimo o más válido que otros. En otras narraciones, en general fuertemente asociadas a experiencias de militancia político-humanitaria en Francia (no a la militancia previa en la Argentina), la construcción del relato puede adquirir un tono épico de algunos aspectos. En el ejemplo que sigue, la enunciación deja a la vista una estrategia narrativa en la que el actor se constituye como portador de la memoria grupal: "Bueno vamos a contar las experiencias del exilio en Francia. (...) En general, el exilio en Francia tuvo características un poco diferentes, en primer lugar era gente dispuesta a apechugar con un medio que no lleva la lengua de origen. (...) Y yo reivindico totalmente aquello que hicimos en el Comité. Aquello que hicimos en el Comité es una declaración del más alto nivel consciente y político, que todavía los partidos políticos de izquierda acá [Argentina] tendrían que considerar. (...) En ese sentido puede ser muy constructivo el testimonio que yo estoy dando porque significa que frente a una realidad, en otro ámbito, realmente las ideas se aclararon." 42 A pesar del carácter único de este ejemplo por su nivel de amplificación extremo, nos permite ilustrar bien un rasgo frecuente de las narrativas que es la exaltación de algunos aspectos como la actividad de denuncia humanitaria desarrollada. En muchos de estos casos, además, la narración se estructura "en nombre de un valor general", 43 utilizando las formas gramaticales impersonales de quien relata una experiencia colectiva para su registro: "se hizo mucho". En un sentido parcialmente opuesto, otra posición narrativa hallada se caracteriza por un punto de vista crítico de la propia experiencia -en grados muy variables, desde el humor, el enojo hasta el cinismo-, por ejemplo: "El exilio es una cosa muy jodida y si los argentinos tenemos fama de... de... producir divisiones, pelearnos, en el exilio es mucho peor"; "El exilio era un zoológico". 44 Más allá de revelar experiencias diferentes, estas posiciones narrativas revelan las variables desde las que cada individuo construye su relato del pasado. Lo importante es que el posicionamiento narrativo -que en general antecede al relato-prefigura ya una cierta selectividad del recuerdo. Así, por ejemplo, quien relata desde la posición heroica tenderá a enfatizar lo realizado en términos de la denuncia internacional por las violaciones de los derechos humanos, "olvidando" u ocultando el nivel de conflictividad interna de los comités de exiliados, por ejemplo. Por otro lado, quien lo hace desde una posición crítica desechará toda la experiencia por considerarla inútil; o quien lo hace desde una mirada idealista enfatizará su fácil adaptación al nuevo medio, la rápida obtención de trabajo y la sensación de libertad, obviando circunstancias de maltrato en su condición de extranjero, la nostalgia o la incertidumbre por el "país lejano", la pérdida de los lazos afectivos, etc. Si vinculamos algunas de las posiciones narrativas con el tema los silencios, se hace evidente que una parte de los relatos del pasado todavía está dividida entre el campo de los "demonios culpables" y las "víctimas 42 U.C., Buenos Aires, 9 de septiembre de 2002. 43 La categoría es de Michael Pollak, que opone esos relatos a los "en nombre de sí mismo" (Pollak, M.: L'expérience..., págs. 230-244). inocentes" allá por los años ochenta. Así, la militancia política, socialmente censurada y responsabilizada como un "demonio" causante del terrorismo de Estado, es ocultada o minimizada por los testigos, mientras que la lucha por los derechos humanos es recordada, y a veces exaltada, porque en el imaginario social su carácter humanitario y no partidario fue capaz de trascender la política para defender a las víctimas de ese terrorismo. En relación con la experiencia misma del exilio, el análisis de las formas narrativas, los datos no verbales, los silencios y tensiones muestran hasta qué punto el procesamiento colectivo y público de la historia reciente ha condicionado la posibilidad de hablar, de ser escuchado y la selección de lo que es transmisible para los testigos actuales. Es imprescindible señalar que el ángulo de observación elegido por nosotros no pretende ser reduccionista. Por el contrario, su uso como variante explicativa debería ser acompañado por el estudio de las formas de procesamiento psico-individual de las experiencias traumáticas. De esta manera, tanto las formas narrativas como los silencios también pueden ser comprendidos en función de los tiempos psicológicos necesarios para querer recordar y poder hablar. De igual forma, el paso de los años, la conciencia de la edad y la necesidad de transmisión generacional agregan otros imperativos a esa necesidad. Mientras que para buena parte de los exiliados -cualquiera que sea su experiencia personal-la evocación de su experiencia de destierro es inseparable de la referencia a la muerte y a la represión en Argentina, como caras de un mismo prisma, la sociedad argentina lo está descubriendo ahora. Para quienes protagonizaron esa historia, esa relación está siempre presente y es constitutiva de su historia como sujetos: "Hubiera querido que esto no pasara. Y en el fondo, si yo estoy diciendo 'que esto no pasara', es porque... yo no hubiera querido el exilio. Cuando yo hablo de exilio, aparte del sentimiento individual que yo pude haber tenido, el haber dejado mi país... cuando yo digo 'exilio', se me viene a la cabeza el cuco de los treinta mil desaparecidos. Por eso digo que yo hubiera querido, desde lo más profundo de mi corazón o de mi mente, de mi ser, que el exilio no hubiera existido para mí. Hubiera significado que no hubieran existido los treinta mil desaparecidos. A pesar de que este proceso está en permanente movimiento, y últimamente se ha abierto en gran medida la posibilidad de hablar y el reconocimiento público de la figura del exiliado, el tema está lejos de estar saldado. Así, la sobrecarga de sentidos, muchas veces contradictorios, que se tensan en las narrativas de los entrevistados, expresan las alternativas de estos procesos, con sus idas y sus vueltas. Por otra parte, el lento proceso de modificación de la representación pública del exiliado, en tanto portador legítimo del pasado, está teniendo, a su vez, una incidencia directa sobre las representaciones que los propios actores tienen de sí mismos, y contribuye a facilitar el proceso de toma de la palabra. Pero no debe generar falsas ilusiones. Basta preguntar a los antiguos emigrados políticos si en su vida cotidiana hablan abiertamente de su estadía en el exterior o de las razones por las que se fueron, para que la respuesta general sea "No", más allá de la selección de personas y circuitos en los que sí considera posible hacerlo. De la misma manera, basta evocar el enorme silencio que rodea la militancia política previa al exilio para observar que esta toma de la palabra está aún presa de fuertes recortes en torno a lo que se considera decible y transmisible. Es decible la condición de exiliado en tanto víctima y a la vez actor de la denuncia de violaciones a los derechos humanos, pero es más difícilmente decible la condición de exiliado como militante político, con una historia, un compromiso y una experiencia vivida en torno a ello. Y esto nos remite a un problema de fondo: en Argentina hay, todavía, muchos temas que son tabú. La actual explosión de memorias militantes ha abierto una brecha, pero para una gran cantidad de gente, anónima y silenciosa, ese pasado sigue siendo un indecible.
Privatización del agua y racismo ambiental en ciudades segregadas. La empresa Aguas del Illimani en las ciudades de La Paz y El Alto (1997-2005)/ Water privatization and environmental racism in segregated cities. La exclusión indígena y la discriminación social y racial en Bolivia, como dispositivos de dominación económica y política desde la Colonia, han sido señalados desde textos escritos, 1 así como en el cine y el dibujo. 2 Esta estructura es considerada como un sistema colonial y de casta; 3 sus grupos dominantes son definidos como elites patriarcales y coloniales 4 o "casta señorial encomendera"; 5 como decía Sergio Almaraz, refiriéndose a la "rosca" minero feudal antes de la Revolución de 1952, estos sectores "viven del país, pero lo desprecian". El colonialismo interno ha ido moldeando las jerarquías, inclusiones/exclusiones a la vez étnicas y genéricas y ha impedido a estos sectores el acceso a una auténtica ciudadanía. 6 Más aún, el racismo en Bolivia funciona como un mediador de las relaciones humanas. 7 La República reprodujo esta estructura de dominación, definida como una república colonial y racista;8 como Olivia Harris dijo: "profundas divi-siones sociales heredadas del periodo colonial fueron expresadas en términos de diferencias raciales, y la gente indígena fue vista como un problema". 9 Por eso la revolución de 1952, si bien ilegalizó la servidumbre y otras formas de explotación casi esclavista e implementó una reforma agraria, ha significado que los indígenas hayan continuado sistemáticamente excluidos de la vida pública y social del país. 10 Con la modernización neoliberal, las estructuras de dominación se han afianzado y dotado de nuevos mecanismos, cada vez más sutiles, de segregación social y cultural. 11 Hoy el colonialismo está más vivo que nunca en los Andes, 12 a pesar de que el neoliberalismo intentó negarlo. Con el Ajuste Estructural, el Estado buscó promover la constitución de una sociedad de actores que consensúan, 13 incluyente, participativa, basada en el ejercicio pleno de la democracia liberal y el funcionamiento de una economía de mercado. En el marco del modelo neoliberal, según Rivera Cusicanqui, las imágenes de una nación moderna posible y deseable estaban cruzadas por fuerzas divisorias como la etnicidad y la dominación colonial que yace bajo la aparente igualdad provista por el mercado, la ciudadanía y la democracia. 14 Al mismo tiempo, las formas cotidianas de discriminación racial perviven en las experiencias de los indígenas de los Andes en áreas urbanas y rurales, definiendo lugares de trabajo, ubicación, pareja, historias y tradiciones. 15 En Bolivia coexisten y/o se sobreponen la "historia larga" de un estado pre-moderno, autoritario, disciplinario, que ha excluido a la población campesina e indígena, y hoy, también a los pobres urbanos, y una "historia corta" del estado capitalista moderno, liberal, consensualista y biopolítico: Bolivia la "nueva", como decía uno de los slogans del ex-presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, principal promotor del modelo neoliberal en el país. El Estado neoliberal boliviano representó la articulación compleja de estas historias, contradictorias y al mismo tiempo complementarias, que coexisten en tensión. 16 En este marco se analiza la concesión del servicio de agua potable y alcantarillado sanitario, a la empresa Aguas del Illimani (AISA), en las ciudades de La Paz y El Alto, por un contrato de 30 años, firmado en julio de 1997 con el gobierno de Bolivia. AISA era un consorcio internacional dirigido por la compañía francesa Lyonesse des Suez. Luego de la Guerra del Agua de Cochabamba, AISA fue la única concesión privada, hasta su ruptura el año 2006. 17 El presente trabajo argumenta que en la capital boliviana han operado formas de racismo ambiental, debido a que, por un lado, se ha promovido la profundización de la segregación espacial y exclusión social a los asentamientos humanos pobres, de origen aymara, en el acceso a los servicios de agua y saneamiento, principalmente en la ciudad de El Alto y las laderas de La Paz, a través de un manejo jerárquico de las diferencias y se han generado impactos ambientales sobre el medio ambiente y la calidad de vida de la población, además de incrementar riesgos de desastres naturales, cuyas mayores víctimas han sido los sectores sociales pobres, de origen aymara, visibilizando una forma de racismo ambiental. En la primera sección se sintetizan los debates sobre el racismo ambiental en el sector agua desde la reducción en el acceso y/o uso de los recursos hídricos y sus servicios, en muchos casos vinculada a procesos de privatización, y los impactos ambientales por actividades relacionadas con el agua. La Paz y El Alto son analizadas como ciudades segregadas racialmente, a la luz de lo cual se muestra la política de inclusión diferenciada de la empresa respecto a las laderas y El Alto, particularmente en los costos de conexión y tarifas del servicio, la exclusión de zonas pobres, los impactos y riesgos ambientales. Este trabajo es resultado de una beca de la British Academy, y ha sido elaborado en el marco de un programa de postdoctorado en la Universidad de Greenwich en convenio con la Universidad de Newcastle, financiado por la Unión Europea, a través de la Red Alfa "GOVAGUA". En Newcastle, versiones preliminares del documento fueron revisadas por Nina Laurie y José Esteban Castro, quienes dieron recomendaciones valiosas. Asimismo, en Greenwich, los argumentos del documento fueron discutidos con David Hall y Emmanuele Lobinas A todos ellos agradezco el soporte, apoyo y principalmente su amistad. En mi calidad de miembro del equipo asesor de la FEJUVE El Alto tuve oportunidad de acceder a información valiosa, particularmente las auditorias ambientales y regulatorias; asimismo, participé en reuniones de la organización vecinal de esta ciudad (FEJUVE El Alto) y entre 2004 y 2006, asistí a negociaciones con la empresa y el gobierno, para definir la terminación del contrato. Toda esta etnografía del proceso de terminación del contrato con AISA, ha sido la base del presente documento. El texto se concentra en el momento de la concesión privada (1997-2005) y no incluye el proceso de implementación de la empresa pública, en el marco del gobierno del líder indígena Evo Morales como presidente de la república plurinacional de Bolivia, tema que requiere otro análisis. Racismo ambiental en el sector agua Robert Bullard define el racismo ambiental como cualquier política, práctica o directiva, que afecta diferencialmente o crea desventajas (intencionadas o no) a individuos, grupos o comunidades de distinta raza o color. Combina políticas públicas y prácticas de las industrias para proveer beneficios a las corporaciones mientras se trasladan los costos a la población afectada, de origen no blanco. Según Bullard, el gobierno, las instituciones legales, económicas, políticas y militares tienden a reforzar el racismo ambiental e influyen en el uso local del suelo, las regulaciones ambientales, ubicaciones industriales y los lugares donde la gente de color vive, trabaja y juega. 18 La pregunta de quién paga y quién se beneficia de las políticas industriales y de desarrollo actuales es central en cualquier análisis del racismo ambiental. 19 Desde la experiencia de países en desarrollo se ha ido más allá del concepto de racismo ambiental aplicado sólo al análisis e intervención de "externalidades" o impactos ambientales producidos por actividades económicas, y se lo ha relacionado también con la privatización y la mercantilización de los recursos naturales y sus servicios, por tanto con una distribución ecológica inequitativa. 20 De esta manera, propongo hablar de dos tipos de política, práctica o directiva que afectan racialmente a la población, particularmente pobre, en el sector agua y saneamiento: 1.-Reducción en el acceso y/o uso de los recursos hídricos y sus servicios a las poblaciones pobres, de origen indígena, urbanos o rurales, producto de actividades económicas o políticas públicas, incluyendo sobreexplotación de acuíferos en consumo doméstico e industria; 21 asimismo, una larga historia de expropiación de la tierra y el agua, como en los EEUU, inspiradas en visiones eurocéntricas, que continúan hasta hoy presentes en los marcos legales e institucionales del agua; 22 prácticas discriminatorias en la planificación de uso del suelo llevando a severos impactos relacionados con el agua entre comunidades de bajos ingresos y de origen no blanco; 23 prácticas de racismo institucional en la planificación y gestión del agua en países como EEUU 24 o entre funcionarios del sector público de riego contra comunidades campesinas en países como Perú, 25 producto del cual la población no blanca y de bajos ingresos es la más afectada por desastres naturales, como en el caso del huracán Katrina en Nueva Orleans. 26 La relación entre prácticas racistas hacia minorías indígenas y la falta de acceso adecuado al aprovisionamiento de agua y la introducción de tecnologías de agua, ha sido destacada. 27 En países con estructuras sociales basadas en castas, como la India, poblaciones ubicadas en la base de la pirámide social son excluidas del acceso a fuentes del recurso agua potable y saneamiento del agua. 28 La inequidad en el acceso al agua, basada en el origen étnico entre la población palestina y la árabe de Israel, ha sido también analizada. 29 En EEUU existen activistas ambientales que relacionan racismo y acceso al agua, como el Environmental Justice Coalition for Water, 30 que trabaja empoderando miembros de comunidades para convertirse en voces defensoras de la justicia del agua en sus comunidades, particularmente en población no blanca y de bajos ingresos. La privatización de los servicios de agua y saneamiento incluye cambios organizativos, en la propiedad (de lo público a lo privado) y en el manejo (del casi total control público de las funciones de manejo del agua al involucramiento del sector privado). 31 Con el fondo de la privatización del agua, se observan dos tipos de políticas, prácticas o directivas, en el sector, que afectan a la población más pobre, de manera vinculada a la raza: -Los impactos ambientales y riesgos generados por actividades económicas, afectando a poblaciones pobres, quienes asumen los costos y efectos ambientales en su vida diaria, por ejemplo, la contaminación hídrica producida por la industria,32 los hidrocarburos, 33 minería, 34 afectando la salud de la población pobre no blanca; 35 asimismo, las expresiones del movimiento de justicia ambiental y ecologismo de los pobres 36 contra la construcción de grandes presas debido a sus impactos contra la población y comunidades locales. 37 -La reducción en el acceso y uso de los recursos hídricos y sus servicios, producto de actividades económicas o políticas públicas. Shiva ha analizado el caso de la empresa Coca Cola, y los impactos negativos de sus operaciones en países en desarrollo, en su mayoría comunidades locales/indígenas pobres. 38 Martínez Alier compara las luchas de los movimientos urbanos por el agua en Sudáfrica contra la mercantilización y privatización del agua y saneamiento, con los levantamientos de Bolivia y Argentina. 39 2.-Impactos y riesgos ambientales generados por actividades relacionadas con el agua, las cuales son descargadas, directa o indirectamente, sobre poblaciones indígenas o no blancas, quienes asumen en su vida cotidiana sus efectos y costos ambientales, por ejemplo la contaminación hídrica producida por la industria, 40 industria química 41 o minería, 42 afectando la salud de gente pobre no blanca. 43 Existen varios trabajos acerca del movimiento de justicia ambiental y el ecologismo de los pobres 44 contra la cons-trucción de grandes presas debido a sus impactos sociales y ambientales sobre poblaciones y comunidades locales. 45 Uno de los rasgos del sector agua y saneamiento es la tendencia a internalizar los beneficios económicos y socializar los costos sociales y ambientales, producto de sus actividades; el sector privado privatiza los beneficios obtenidos y los distribuye entre sus socios o propietarios, pero no asume las externalidades o impactos ambientales generados por estas actividades, y los transfiere a la sociedad, quien debe asumirlos. Pero, en países en desarrollo con fuerte presencia indígena, en muchos casos constituyendo verdadera mayoría, como en Bolivia, no es toda la sociedad quien asume los costos ambientales, sino los sectores más pobres, principalmente de origen indígena, quienes sufren los mayores efectos de tales impactos, expresión de una "distribución ecológica inequitativa"; 46 este es uno de los rasgos más importantes de la privatización del agua en países como Bolivia. Segregación espacial, privatización del agua y racismo ambiental en La Paz/El Alto El centro de la ciudad se extiende de norte a sur, y está rodeado por laderas de hasta 50%, en el este y oeste, densamente pobladas, 49 en su mayoría por migrantes aymaras. Mientras, la ciudad de El Alto se encuentra en una amplia altiplanicie contigua a La Paz. La migración se ha traducido en segregación, no sólo socioeconómica, como hemos visto, sino también espacial. 50 El Alto no es únicamente el enclave más pobre de la región metropolitana de La Paz, sino un espacio racializado, distante de la ciudad moderna y más sofisticada de La Paz, 51 particularmente la zona sur; El Alto "es una ciudad de indios" como comentó un ciudadano paceño a un investigador. 52 Siguiendo la definición de David Theo Goldberg, 53 podríamos decir que la ciudad de El Alto y las laderas de La Paz constituyen espacios racialmente segregados, pues mientras las elites políticas y económicas -también denominados "jailones"-viven en la parte central y sur de la ciudad de La Paz, predominantemente blanca, los sectores pobres, conformados básicamente por migrantes de origen aymara, viven en las laderas y El Alto. 54 Los aymaras que viven en los vecindarios de ambas ciudades se hallan en peores condiciones de vida frente a los "jailones"; 55 de hecho, la segregación espacial está negativa y significativamente referida al ingreso; más aún, ser aymara y vivir en un vecindario segregado está clara y negativamente correlacionado con la educación. 56 Las laderas de La Paz funcionan como barrera física entre la zona central y la ciudad de El Alto. AISA operaba en estos dos espacios urbanos segregados racialmente Costos, segregación y racialización del servicio de agua y saneamiento de las tarifas, la exclusión o inclusión diferenciada del servicio, reproduciendo procesos de segregación espacial, y finalmente los efectos en los derechos tradicionales de agua. Costos de conexión y tarifas: técnicas para excluir a poblaciones pobres no blancas AISA consideraba que una vivienda tenía el "servicio" si la tubería central estaba instalada en la calle, sin importar si existían acometidas domiciliarias; de esta manera, al menos 68.400 personas en El Alto no lograron conectarse, a pesar de que vivían en zonas donde la red de agua potable había sido implementada, y no lo habían hecho debido fundamentalmente al incremento de costos de conexión, en más de 26% en agua y 38% en alcantarillado, al inicio del segundo quinquenio de la concesión (2001-2006), 57 afectando a las familias pobres de esa ciudad. En algunos países en desarrollo, las tarifas están indexadas a tasas de cambio internacional; en La Paz/El Alto, y antes en la concesión de Cochabamba al consorcio Aguas del Tunari, 58 lo estaban al dólar americano, incluyendo incrementos automáticos de acuerdo a los cambios de la paridad de esa moneda con la boliviana y el nivel de inflación en los EEUU. En Bolivia, los salarios no están indexados al dólar americano, por tanto, un incremento en las tarifas a través de la indexación, representaba una pérdida en la capacidad adquisitiva de la población pobre de estas ciudades. Segregación espacial en la gestión privatizada del agua Otro aspecto del racismo ambiental está relacionado con las prácticas de inclusión diferenciada en la expansión del servicio. El sector privado usualmente no está interesado en proveer el servicio de aquellas áreas más pobres, por no ser económicamente rentables. 59 Para ello, se introducen cláusulas en los contratos destinadas a excluir aquellas áreas. Privatización del agua y la racialización de los impactos y riesgos ambientales AISA no sólo vulneró aspectos del contrato y las normas vigentes sino que generó impactos ambientales, muchos de ellos graves, cargó los costos ambientales a la población, particularmente la más pobre de origen aymara, e incrementó los riesgos de desastres naturales y sobre la calidad del entorno ambiental y la población. 62 En ese sentido, la FEJUVE El Alto denunciaba que "la falta de mantenimiento y la no reposición oportuna de tuberías, válvulas y otros componentes que están desgastados, además de la construcción de Sistemas Condominiales baratos con el objetivo de ahorrar dinero a Aguas del Illimani, acaban provocando focos de contaminación en viviendas y zonas de El Alto". 63 Veamos las principales expresiones. Plantas de Tratamiento.-A lo largo de la concesión, tres de las cuatro plantas de Tratamiento de agua potable (Achachicala, Pampahasi y El Alto) descargaron diversas sustancias por encima de lo establecido en el Reglamento en Materia de Contaminación Hídrica (RMCH), de la Ley de CARLOS O. CRESPO FLORES sos entre 3500% y 11900%), amonio (el exceso oscilaba entre 305% y 2441%); DBO con 10 a 65% por encima de la norma y DQO con 29% por encima de la norma, en el 2005. 69 Las descargas llegaron hasta el lago Titicaca, a través del río Pallina, el cual a su vez tiene como afluentes al Río Seco (en cuyo recorrido recibe el efluente contaminado de Puchuckollo), Hernani y Seke, también contaminados. Los mayores impactos fueron sobre comunidades campesinas aymaras pobres: -La contaminación contribuyó al proceso de eutrofización de la Bahía de Aygachi del Lago, 70 amenazando a patos y animales silvestres andinos como la ch 'oc' a, k'ellwa, tiki, wisch'ocho, unk'alla, sulu, q 'ueñu", 71 y afectando a por lo menos 17 comunidades aymaras, 72 que viven de la pesca, 73 agricultura y ganadería, dando a esos animales forraje con plantas de totora contaminadas. 74 Asimismo, el turismo de la zona, fuente importante de ingresos para la región, fue amenazado. -En su curso, la contaminación afectó "el uso de estas aguas para la actividad de pastoreo, riego y cultivo, entre otras". En la ruta al lago, comunidades muy pobres como Pallina, que sobreviven sin servicios básicos, alcantarillado y menos agua potable, utilizan las aguas contaminadas del río para sus actividades cotidianas. 76 Pasivos ambientales.-Los efectos de los impactos ambientales sobre las poblaciones pobres se agravan si tomamos en cuenta que los impactos arriba señalados, en algunos casos provenían de periodos previos a la concesión, sobre la cual la empresa no realizó ninguna acción, como la ya mencionada fuente de agua de Milluni, pues de acuerdo al contrato de concesión, AISA no se hacía cargo de los pasivos ambientales existentes a la fecha de inicio (18.1.5.). ¿Quién asume estos costos ambientales, pasados y futuros? 78 Un tema adicional son los impactos acumulativos pues, como se sabe, a pesar de que los indicadores puedan estar por debajo de los estándares permitidos, en el largo plazo pueden acumularse, en el cuerpo humano o receptor. Red Pluvial.-AISA logró que en el contrato no se incluyera la red pluvial como responsabilidad, excepto el mantenimiento de la red existente. 79 Para la ciudad de La Paz, cuyas laderas, mayoritariamente pobladas por inmigrantes aymaras pobres, se hallan en alto riesgo de derrumbes durante la época de lluvias, la inexistencia de una política de manejo pluvial es grave. Para AISA el tema pluvial no generaba ganancias, por tanto no constituía una prioridad. Pero esta empresa ni siquiera cumplió con la responsabilidad de mantener el sistema pluvial existente. 80 El hecho se agrava si tomamos en cuenta que "el sistema de drenaje pluvial del centro de la ciudad (de La Paz) ha superado la vida útil", infraestructura que debía ser renovada por AISA, como parte de las actividades de mantenimiento. El 19 de febrero del 2002, como resultado de una violenta inundación 81 en el centro de la ciudad de La Paz, hubo un saldo de 77 personas fallecidas, 103 heridos -la mayoría de ellos pequeños comerciantes y vendedores callejeros, de origen aymara, que fueron sorprendidos por la riada-y más de diez millones de dólares en pérdidas y daños. 82 Semanas antes, a propósito de una inundación previa en esta parte de la ciudad, el alcalde de La Paz, Juan del Granado, denunció que la causa fue que AISA no limpió los sumideros. 83 78 La preocupación por los pasivos ambientales está reflejada en una carta de Guillermo Arroyo, ex -gerente de la empresa, a la autoridad regulatoria, el 5 de abril de 2.-La reducción en el acceso y uso de recursos naturales (hídricos en el caso que nos convoca), producto de actividades económicas o de políticas públicas. Las políticas neoliberales en el sector agua, implementadas en países en desarrollo, promovieron la privatización de los servicios de agua y saneamiento. En países con mayoría de población indígena o no blanca, este proceso incluyó ambos tipos de racismo ambiental. La empresa AISA operó practicando y/o reproduciendo formas de racismo ambiental; para dar evidencia de ello, se han estudiado dos aspectos relacionados con la concesión, como el espacio y el medio ambiente: Espacio.-La Paz y El Alto son ciudades racialmente segregadas, con una población pobre mayoritariamente aymara, viviendo en las laderas de la primera y en El Alto; muchas de estas zonas no fueron consideradas por la filial de Suez parte de sus responsabilidades, basándose en una distinción ente área de concesión y área servida, establecida en el contrato. AISA sólo operó en el área servida y, aunque no se los excluyó totalmente, los consideró como una zona especial, como criterio de manejo, que implicó excluir a casi el 16 % de la población alteña en el acceso al servicio (casi 130.000 personas). De la misma manera, interpretando una cláusula del contrato, la empresa consideró como vivienda servida aquella donde la tubería central estaba instalada en la calle, sin importar si los vecinos estaban o no conectados. De esta manera, al menos 68.400 personas fueron excluidas del servicio, a pesar de vivir dentro la llamada área "servida". En total 200.000 personas, dentro y fuera del área servida, fueron excluidas; esto es casi el 25 % de la población de El Alto, cifra que crece en unas 30.000 personas al año. Ambiente.-Los impactos y riesgos ambientales producidos por la concesión, en muchos casos incumpliendo aspectos del contrato, visibilizan el caso como racismo ambiental. Los graves impactos de las plantas de tratamiento, tanto de aguas potables como residuales, las descargas de lodos y la existencia de pasivos ambientales, incluyendo la descarga de metales pesados, que son depositados en ecosistemas conservados como el lago Titicaca y afectan el hábitat de comunidades aymaras, urbanas y rurales, han sido evidenciados por la auditoría regulatoria realizada por el gobierno boliviano en el 2006. Por otro lado, AISA no cumplió con su responsabilidad de mantener la red pluvial existente,85 incrementando los riesgos de desastres naturales en una ciudad como La Paz, con graves problemas de derrumbes en las zonas pobres de las laderas, por la infiltración del agua en época de lluvias y la inexistencia de un apropiado sistema de descarga pluvial, evidenciado en una fatal inundación ocurrida en el 2002 en la ciudad de La Paz, matando a 77 personas, causando 103 heridos y daños por más de 10 millones de dólares. AISA no sólo produjo impactos ambientales, vulnerando normas y regulaciones ambientales, sino que los costos y riesgos sociales y ambientales fueron cargados a los sectores más pobres de El Alto y las laderas de La Paz, como parte de una política de manejo jerárquico de las diferencias en relación a la zona central y sur de la ciudad de La Paz. Al sector privado, como AISA, le interesa fundamentalmente privatizar beneficios y socializar los costos ambientales a la sociedad, siendo los pobres los más afectados. 3.-Las condiciones para facilitar las prácticas de racismo ambiental señaladas, estaban en muchos casos legitimadas por el contrato de concesión, como la distinción entre área servida y área de concesión, por ejemplo. La autoridad regulatoria aceptó esas condiciones favorables a la empresa, y ésta reprodujo esta lógica racializada de gestión pública. Así, el caso AISA reproduce la mentalidad de los poderes dominantes en Bolivia, para quienes el indígena, urbano o rural, ha sido considerado un sujeto inferior, biológica y culturalmente, en una escala jerárquica racializada y de dominación. El Estado se ha constituido desde esta visión. El proyecto modernizador del neoliberalismo reprodujo este esquema y al mismo tiempo lo adecuó a los tiempos, a través del discurso multiculturalista, como formas culturalistas del racismo. 86 4.-En la historia ecológica de Bolivia, los pobres, principalmente indígenas, dentro y fuera de las ciudades, han sido los que han sufrido los efectos del desarrollo y la modernización sobre su hábitat, a través de la destrucción de recursos y espacios de vida, y la contaminación de sus territorios, planteándose un grave caso de justicia ambiental. El neoliberalismo reprodujo esta tendencia de la historia larga, y el contrato de concesión lo visibilizaba en los alcances, en la calidad del servicio; lo grave es que, como se ha mostrado, la filial de Suez ni siquiera cumplió aspectos ambientales del contrato, afectando así a las laderas y El Alto. Por ello el desafío para el proceso iniciado por el gobierno del líder indígena Evo Morales, él mismo de origen aymara, de modificar el racismo ambiental de la ahora empresa pública del agua y saneamiento de La Paz y El Alto (EPSAS), es inmenso, y sobre él se abre un campo de investigación importante.
Que se de diferente modo al gobierno de las Indias, que se van perdiendo muy a prisa. Arbitrismo y administración a principios del siglo XVII/ Que se de diferente modo al gobierno de las Indias, que se van perdiendo muy a prisa. Crisis y arbitrismo: un género y su presencia en el contexto americano Durante los últimos años del reinado de Felipe II, Castilla comenzó a experimentar una serie de dificultades y reveses de distinta índole que parecieron sugerir a los contemporáneos el fin de una época excepcional, asentada en la proyección imperial, y el comienzo de otra marcada por un signo no tan favorable para la Monarquía hispana. Puede afirmarse que esos años no sólo constituyeron el inicio de un periodo crítico, jalonado por profundos cambios que habrían de operar durante largo tiempo sobre la realidad castellana, sino que, además, marcaron el comienzo de un movimiento en el que cierta parte de la sociedad adquirió una singular conciencia de su gravedad y de su trascendencia, asentándose la idea de declinación. Naturalmente, no es que no haya aflorado en otros tiempos la certeza de estar atravesando un periodo de decadencia. En este sentido, por ejemplo, en las primeras décadas del siglo XVII, el conde-duque de Olivares reconocía que aquella era una idea "que sin duda se debe de haber oído a cuantos viejos y malcontentos ha habido en el mundo después que Dios le crió". Pero los reveses militares, las dificultades de la Hacienda, la disminución de las remesas reales americanas, la situación de la Carrera de Indias, el desastroso panorama monetario o los problemas de subsistencia, pusieron a prueba todo un sistema de creencias y valores y dieron lugar a una profunda crisis de confianza y de expectativas que resquebrajó la mentalidad segura y dominante que había imperado hasta ese momento. 2 Incluso, algunos autores y memorialistas llegaron a temer la fragmentación de las posesiones de Felipe IV, la pérdida de la preponderancia mundial de la Monarquía española, e incluso pusieron en duda su continuidad. Con el pasar de los años y la persistencia de las dificultades, se fue acentuando en la conciencia colectiva el tópico de la declinación, que en ocasiones dio paso al más absoluto abatimiento de las esperanzas de futuro. Es decir, no sólo fueron años en los que en Castilla se padeció un profundo declive, sino también un tiempo en el que se desarrolló una percepción aguda, angustiante y singular de la difícil situación que se estaba experimentando. 3 Entre 2 John Elliott: "América y el problema de la decadencia española", Anuario de Estudios Americanos, XXVIII, Sevilla, 1971, p. 3 Sobre la percepción de la decadencia, véase John Elliott: "Introspección colectiva y decadencia en España a principios del siglo XVII", en John Elliott (ed.): Poder y sociedad en la España de los Austrias, Madrid, Crítica, 1983, pp. 198-223. ISSN: 0210-5810 otras cosas, este fenómeno tuvo su expresión en el inusitado incremento de la cuantía y del nivel de la reflexión y de la crítica, que se concentró tanto en dilucidar las causas de la crisis, como también -y fundamentalmenteen proporcionar remedios para su superación. Así, hacia finales del reinado de Felipe III, la especulación y los debates políticos y económicos llegaron a convertirse en moneda corriente, no ya en los ámbitos intelectuales o cortesanos de la alta administración, sino también en las tabernas, en los teatros y en otros espacios de sociabilidad,4 conformando una incipiente opinión pública. Probablemente el indicador por excelencia de esta intensa compenetración de un sector de la población con las dificultades del Reino sea la proliferación de arbitrios sobre cuestiones económicas, sociales, fiscales, políticas, estratégicas o técnicas, presentados a las autoridades a lo largo de varias décadas. El arbitrismo castellano fue un género que alcanzó un gran desarrollo desde las últimas décadas del siglo XVI y que se prolongó durante buena parte del XVII. Uno de sus rasgos característicos fue su marcada heterogeneidad, dada por la variada gama de temáticas y soluciones que trataba, por el horizonte intelectual desde el que abordaba la crítica o, incluso, por el talento, la capacidad, la formación o la información de los autores. 5 Sin embargo, y más allá de esta peculiaridad, es posible hablar de un discurso arbitrista caracterizado por un lenguaje, un estilo de expresión y exposición, una estructura, una forma de argumentación y unos razonamientos específicos. Por otra parte, como ha puntualizado Anne Dubet, el arbitrismo no sólo se compone de un discurso, sino que también supone unas prácticas y un ambiente político determinado que es importante tener presente para apreciar su verdadero significado en una sociedad de Antiguo Régimen. 6 De hecho, no resultaría exagerado sostener que el arbitrismo resultó ser un componente significativo del desenvolvimiento de la compleja vida política hispana del siglo XVII. Como es sabido, el arbitrista presentaba un escrito al rey por medio de los secretarios, los Consejos, los oficiales reales, el valido o las Cortes, con la intención de que sus propuestas fueran aceptadas y sus servicios -que así era como se entendía esta acción-se remuneraran. Por lo general, el acceso de estos autores a las instancias de decisión de la Monarquía dependía de sus vínculos personales, que solían actuar como nexos con sus potenciales valedores cortesanos, quienes en última instancia los promovían o los desechaban según sus motivaciones o intereses. Pero una vez que accedían a los espacios de debate y de toma de decisión, estos escritos podían llegar a desempeñar un papel clave. Dubet ha resaltado el hecho de que tanto los propios autores como sus proyectos muchas veces ocupaban un lugar central en la negociación de la Corona con grupos de intereses sectoriales o regionales, o en la elaboración de medidas -generalmente fiscales-por parte de las autoridades. Dentro de este último aspecto, no sólo las Juntas particulares, muy frecuentes entre 1621 y 1643, sino también el propio complejo polisinodal podía trabajar a partir de este tipo de escritos, configurando una "administración fiscal y financiera basada en gran parte en la colaboración con grupos e individuos privados". 7 Durante las décadas de 1620 y 1630 hay una circunstancia fundamental que contribuye a explicar el gran desarrollo del arbitrismo y de su función política. La buena acogida dada por el conde-duque de Olivares a los arbitrios operó como un incentivo para que le fueran remitidos numerosos memoriales con proyectos de toda clase y naturaleza. 8 En la práctica cotidiana, era habitual que él mismo actuara como intermediario entre los autores y la alta administración, o directamente como su valedor ante las instancias que debían intervenir en su consideración. Tal fue el caso del Consejo de Indias, al que Olivares solía encomendar que deliberase sobre arbitrios, generalmente de carácter fiscal. Asimismo, sabemos que tenía asesores de confianza a los que recurría para que sopesaran la utilidad de los arbitrios y que algunos personajes cercanos, como su confesor, el jesuita Hernando de Salazar, actuaban también como captadores de escritos. Para el caso estrictamente castellano, este fenómeno ha concentrado la atención de los investigadores, que han ido variando y complejizando la interpretación que se tenía de él. Pero, curiosamente, se ha tendido a soslayar una de sus derivaciones que, aunque en principio parece haber tenido 7 Ibidem, pp. 9-11. Para la descripción de un proceso legislativo a partir de arbitrios, véase: Arrigo Amadori: "Privanza, patronazgo y fiscalidad indiana en la corte de Madrid durante el reinado de Felipe IV (1629-1631)", Revista Complutense de Historia de América, Probablemente, la razón fundamental de esta notable ausencia sea el hecho de que el Consejo de Indias, en lo que respecta a la época de los Austrias, no ha sido incluido dentro de la renovación historiográfica experimentada por la Historia Política en el ámbito cortesano. Esta circunstancia, a su vez, no es más que otra manifestación de la larga disociación en la que hasta hace poco tiempo han permanecido el modernismo español y el americanista, que constituye más el resultado de la imposición de circunstancias exógenas que de criterios científicos. Por estas razones, una característica común a la gran mayoría de los estudios dedicados a este sínodo en este periodo es su enfoque marcadamente institucionalista, que ha tendido a soslayar, entre otras cosas, la gran complejidad de las dinámicas internas del Consejo, la incidencia de los vínculos interpersonales y la capilaridad en los procesos de elaboración de las disposiciones americanas. 9 Puede afirmarse que en las primeras décadas del siglo XVII no existió sólo una percepción de América en el arbitrismo peninsular, bastante negativa por lo general, 10 sino que además tuvo lugar el desarrollo de un arbitrismo americano, o, para expresarlo con mayor propiedad, un arbitrismo centrado en cuestiones americanas. De hecho, fueron muchos los autores que en tiempos de dificultades del rey y del Reino, a ambos lados del Atlántico, utilizaron su ingenio para proponer soluciones en las que la realidad americana ocupaba el centro de su reflexión. 11 Tal punto alcanzó la 9 Resulta sintomático de lo dicho hasta aquí que la obra de referencia de conjunto para el Consejo de Indias durante la época de los Austrias continúe siendo un trabajo excepcional publicado en la primera mitad del siglo XX. Me refiero a la de Ernst Schäfer, El Consejo Real y Supremo de Indias. Este hecho motivó que en el 2003 mereciera una reedición que incluyó un prólogo del profesor Antonio-Miguel Bernal, en el que se destaca su vigencia y utilidad y el hecho de que ningún estudio posterior haya conseguido superarla en su conjunto. Ver cita completa en nota 58. 10 Según Elliott, da la "impresión de que se produjo una reacción psicológica contraria a América, que, considerada antes como una fuente de grandezas para España, aparecía ahora como causa de su ruina". Elliott: "América y el problema", p. En los fondos de la Biblioteca Nacional de Madrid y la Biblioteca del Palacio Real existen muchos arbitrios referidos a asuntos americanos. Asimismo, se puede apreciar la frecuencia con la que el Consejo de Indias trabajaba sobre arbitrios presentados por particulares y por sus propios miembros en el Catálogo de consultas del Consejo de Indias, coordinado por Antonia Heredia Herrera. Hay que tener presente que muchas veces eran los propios consejeros quienes individualmente se reunían con los arbitristas para informarse sobre proyectos que en la mayoría de los casos no llegaban a ser considerados por ese organismo. Este procedimiento rara vez dejaba evidencia documental. Entre los estudios sobre el arbitrismo indiano pueden consultarse: Fred Bronner: "Peruvian ARBITRISMO Y ADMINISTRACIÓN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII proliferación de arbitrios en el ámbito indiano que, en Lima, durante la década de 1630, el virrey Chinchón aseguró que había encontrado "una cosecha muy importante de arbitristas". 12 A pesar de este hecho, son muy pocos los trabajos que han tenido por objeto los arbitrios destinados a aquella parte del complejo hispano. Contamos con algunas aproximaciones, generalmente puntuales, que permiten formarse una idea muy genérica de este movimiento y facilitan un acercamiento a las características de la evolución económica, social, política y fiscal indiana durante el siglo XVII. Pero además de favorecer, con los debidos reparos, el conocimiento de la realidad americana, el estudio del arbitrismo está revestido de un gran interés por constituir un medio privilegiado para acceder a la esfera de las percepciones sobre los Virreinatos americanos y para evidenciar la circulación intelectual a escala trasatlántica. Así, su conocimiento podría ayudarnos a profundizar en aspectos esenciales como la imagen que se tenía de las Indias, tanto en España como en América, las ideas que se manejaban acerca de la naturaleza de sus dificultades -y por tanto de sus soluciones-, o las expectativas que estos territorios despertaban. En este sentido, al abordar constantemente el problema del mal gobierno, estos escritos resultan muchas veces una fuente de gran interés para el análisis concreto de la cultura y la práctica política por contener visiones coetáneas completas acerca de cómo era y, sobre todo, de cómo debería ser la administración de la Monarquía. Como un valor añadido de la utilidad de los arbitrios en el tema de las percepciones, hay que tener presente el hecho de que no eran únicamente un producto del pensamiento de los sectores más encumbrados de la sociedad, sino que también revelan discursos de grupos sociales más extensos y, en consecuencia, menos prominentes. 13 Como recordara Jean Vilar, "los hombres del siglo XVII no habían atacado tanto la incompetencia técnica de los arbitristas como la injerencia de esos hombres de poca monta en los problemas de alto bordo del Reino". Jean Vilar: Literatura y economía. La figura satírica del arbitrista en el Siglo de Oro, Madrid, Revista de Occidente-CSIC, 1973, p. Por último, y como se deriva de lo dicho anteriormente, parece oportuno resaltar que el fenómeno del arbitrismo no posee sólo un interés erudito, sino que debe ser considerado como un elemento importante para poder llegar a establecer una relación más intensa entre la reflexión y la práctica política y, especialmente, para enriquecer nuestra comprensión de la elaboración de la política colonial en la corte de Madrid. En estas líneas propongo una aproximación a un tema y a un autor particular de los muchos que vieron a América como un objeto de reflexión y como una realidad necesitada de reformas. Me ocuparé, específicamente, del arbitrismo sobre la administración indiana en los escritos de don Manuel Gaytán de Torres. Para ello me centraré en su obra más importante, las Reglas para el govierno destos Reynos y de los de las Indias, que dedicó al conde-duque de Olivares en 1625. 14 Mi intención consiste, en primer lugar, en trazar un breve esbozo biográfico de Gaytán y en analizar las características de su obra. En segundo término, en realizar un estudio de la percepción de este autor acerca de la situación de la administración y de la organización institucional indiana de su tiempo -tanto en los Virreinatos como en la Corte de Madrid-, de las ideas que, según él, debían informar el ejercicio de los oficios y de los remedios que propuso para revertir la compleja situación que atravesaba el mundo hispánico en las primeras décadas del siglo XVII. En este sentido, la obra de Gaytán debe ser contemplada como una manifestación del intenso movimiento reformista que se impuso en la Corte de Madrid desde finales del reinado de Felipe III y se institucionalizó durante los primeros años del valimiento de Olivares, en el que tuvo una presencia notable la doctrina del neoestoicismo. Esbozo biográfico de don Manuel Gaytán de Torres No son muchos los datos que poseemos acerca de la vida de Gaytán de Torres, pero los pocos con los que contamos permiten contextualizar su obra, hacerse una idea de sus experiencias y comprender su empeño por introducir modificaciones en diversos aspectos de la realidad india -na. 15 Nuestro personaje nació en Jerez durante el último cuarto del XVI y era hijo legítimo de don Juan de Torres Gaytán y de doña Isabel Dávila. Casado con su prima hermana, doña Constanza Gaytán de Torres, tuvieron cuatro hijos. Los dos varones, don Juan Gaytán de Torres, caballero de la orden de Calatrava, y don Pedro Gaytán de Torres y Dávila, murieron sin descendencia. En cambio, sus dos hijas, doña Isabel y doña María, casadas respectivamente con don Agustín Adorno, caballero de Calatrava, y con don Antonio Moreno Estupiñán, caballero de Santiago, dieron continuidad a un largo e influyente linaje jerezano. Pocas son las certezas acerca de la vida de Manuel hasta el año 1619. En esta fecha se encontraba en la Corte de Madrid procurando interesar a los consejeros de Indias en un proyecto destinado a la instalación de ingenios y fundiciones de cobre en la Península, y gestionando una inspección a las recientemente descubiertas minas de Cocorote, en la provincia de Venezuela. 16 En 1620 se le encargó la visita a dichas minas con la doble finalidad de comprobar la calidad del metal de los yacimientos y su productividad potencial y de estudiar el entorno con el fin de evaluar si éste era propicio para el asentamiento de una infraestructura de explotación y beneficio. 17 La comisión tuvo una ejecución bastante rápida, puesto que en junio de 1621 Gaytán ya había redactado y dado a la imprenta una relación sobre las minas de Cocorote. Tras su regreso a Madrid, que debe situarse a finales del mismo año, don Manuel fue enviado a Sevilla para que, con asistencia del factor de la Casa de la Contratación, hiciera algunos experimentos con las mues-tras de metal que había traído de Venezuela. Más tarde, el Consejo encargó el seguimiento del asunto de las citadas minas al consejero Rodrigo de Aguiar y Acuña, que debía tratar con Gaytán cada uno de los puntos del informe y evaluar sus conveniencias y dificultades. Si bien don Manuel fue reputado como una persona "bien entendida, de buena intención e inteligencia", como el negocio revestía gran importancia, requería pericia técnica y suponía un gasto muy significativo para la Real Hacienda, el Consejo sugirió adoptar una postura cautelosa y solicitar la intervención del gobernador y de algunas personas principales de la gobernación de Venezuela para que volvieran a considerar el proyecto y ofrecieran su parecer por escrito. En última instancia, la consulta planteaba que, una vez que el asunto hubiera sido considerado cautelosamente con la concurrencia de toda esa gente y se decidiera ponerlo en ejecución, Gaytán podría ser enviado para acometerlo. 18 Sin embargo, ni su plan fue puesto en práctica, ni sus servicios volvieron a ser solicitados para dicho asunto. A pesar de esto, don Manuel no regresó inmediatamente a Jerez sino que permaneció en Madrid, al menos hasta 1623. Allí desempeñó el papel de pretendiente y continuó intentando que se adoptara alguna determinación acerca de su proyecto. Gaytán aspiraba a ser recompensado por los servicios que había prestado y resarcido por los elevados gastos que tuvo que afrontar en el viaje a Venezuela. Hay que tener presente que no había recibido ninguna ayuda por parte de la Real Hacienda y que para poder pagar el viaje de regreso desde La Habana debió endeudarse en 200 pesos que no había podido devolver. En virtud de este hecho, el 13 de diciembre de 1622, Felipe IV le hizo merced de 200 pesos en penas de cámara del Consejo de Indias. 19 Asimismo, obtuvo con cierta dilación un hábito de Calatrava para su hijo. Posteriormente, en fecha que no podemos precisar, fue considerado para la gobernación de Venezuela, aunque no se le incluyó en la terna de candidatos que solía presentarse al rey. 20 Acabado el periplo que lo llevó a Venezuela, y satisfechas algunas de sus aspiraciones en la Corte, Gaytán regresó definitivamente a Jerez. En 1624 estuvo presente en el reconocimiento del terreno y en las mediciones, realizadas por dos ingenieros enviados desde Madrid, que tenían como objetivo la construcción de un canal para comunicar los ríos Guadalquivir y Guadalete. Un año más tarde logró imprimir la obra que nos ocupa. A partir de aquí ya nada más sabemos de él, a excepción de que otorgó testamento el 17 de noviembre de 1633 y que murió el 28 de noviembre del mismo año. Rasgos característicos del arbitrismo de Gaytán de Torres buena parte de sus proyectos están relacionados entre sí, parece bastante probable que algunos de los arbitrios hayan sido dados a publicidad o circulado antes de pasar a integrar las Reglas. Hay varias circunstancias que así lo sugieren. Este sería el caso, al menos, del segundo y más voluminoso de sus arbitrios -Que se de diferente modo al gobierno de las Indias, que se van perdiendo muy a prisa con el que hoy tienen-y de una parte del quinto -Que se trate de desempeñar la Real Hacienda. Sobre el primero de ellos, Antonio Nicolás refiere que Lorenzo Cocco Umbro, secretario del nuncio apostólico Lorenzo Campeggi y autor al que solía recurrir, había tenido oportunidad de consultarlo como obra independiente. 23 Del segundo, en cambio, hemos encontrado en la Biblioteca Nacional de España un documento impreso, titulado Exposición a S. M. en contra de la subida del marco de plata propuesto por el Capitán Tomás de Cardona, que recoge algunos de sus postulados. Las Reglas se completan con otros cuatro arbitrios que abordan los temas referidos más arriba. Sería bastante probable que alguno más de estos escritos haya podido circular de manera autónoma, ya fuera de forma manuscrita o impresa, pero no tenemos ninguna evidencia documental al respecto. Tampoco de que Gaytán haya escrito otros proyectos y, por tanto, de que su obra arbitrista se haya extendido más allá de 1625. Hemos señalado ya que el movimiento arbitrista se definía tanto por sus prácticas como por sus discursos específicos. En este último aspecto, la obra de Gaytán debe inscribirse de lleno en el género, al presentar buena parte de sus rasgos característicos: está impregnada de sus peculiares formas de expresión y exposición, reproduce su estructura y su modo de argumentación y retoma sus objetivos, sus explicaciones y sus supuestos, como son una determinada concepción del complejo sociopolítico o una interpretación de la evolución de la Monarquía Hispánica. 24 El lenguaje del texto resulta muy expresivo, ya que no sólo hace uso y abuso de un elenco muy característico de términos, sino que también incorpora frases hechas y giros idiomáticos presentes en el repertorio semántico arbitrista. Voces como restauración, reforma, conservación, utilidad, brevedad o declinación, y expresiones como "medios infalibles, fáciles, justos y experimentados", "mayor beneficio" u "obra milagrosa o total reparación de esta monarquía" jalonan asiduamente los escritos de Gaytán, denotando filiaciones discursivas -y también analíticas-con escritos como los de Sancho de Moncada o Martín González de Cellorigo. Otro rasgo singular es el tono de su obra, que tiende a estar cargado de solemnidad y autoritarismo, "donde parece que ya el arbitrista disfruta expresándose como si fuera legislador", como diría Vilar. Asimismo, en este terreno existen otros dos aspectos que llaman particularmente la atención. En primer término, el estilo llano y directo, que por momentos adopta el carácter de advertencia, que aplica para dirigirse a Olivares con la evidente intención de remarcar la compleja situación y la necesidad de introducir cambios según sus propias propuestas. Así, por su tono, la lectura de las Reglas tiende a hacer olvidar la dignidad del destinatario, llegando incluso a adoptar el carácter de consejo personal. En segundo lugar, no deja de ser curioso el modo sentencioso que tiene de presentar con una certeza absoluta sus conclusiones, algunas de las cuales son, cuando menos, opinables o controvertidas. En esta misma tesitura, Gaytán tampoco se abstiene de resaltar varias veces la simplicidad de los medios que propone. 25 De hecho, dejándose tentar por dos de los pecados más frecuentes del arbitrismo, la simplificación y el reduccionismo, presenta a sus escritos como el medio definitivo para superar la falta de recursos y no sólo como a un remedio coyuntural encaminado a engrosar momentáneamente las arcas reales. Incluso, evocando las duras críticas que Quevedo dedica a los arbitristas en La fortuna con seso y la hora de todos, promete una "mayor cantidad de renta en la Real Hacienda y menos gabelas en estos reinos". Ésta es una frase que introduce constantemente para atraer la atención de un gobierno necesitado, aunque cuidándose de salvaguardar los intereses del Reino. En cuanto a la forma de exposición y argumentación, Gaytán tiende a utilizar el modo breve y compendioso propio de este tipo de escritos. Sin embargo, resulta forzoso precisar que su proyecto sobre las minas de Cocorote está presentado siguiendo un ritmo algo más pausado, fundamen-tado y minucioso. Por lo general, el desarrollo de las problemáticas en sus arbitrios suele hacerse según un esquema preciso. Tras exponer una descripción de la cuestión, se identifican las causas, que pueden ser tanto de carácter específico como genérico, material o moral, y se propone una o varias soluciones con cuotas de realismo muy variable. Por lo general sus escritos adolecen de una argumentación reiterativa, que recalca, una vez tras otra, asuntos como las dificultades que estaba atravesando la Monarquía o los beneficios de sus escritos para desempeñar la Hacienda Real sin introducir nuevas contribuciones. Para constatar lo hasta ahora dicho, nada mejor que dejar hablar al propio autor a través de la dedicatoria de sus Reglas al conde-duque, El alma, señor Excelentísimo, deste sujeto es representar las causas y principios de los daños que esta monarquía está padeciendo asi de mar como de tierra, señalando prácticamente medios certísimos para su reparo, juzgo con evidencia clara, que si V. Ex. les da audiencia que ha de mandar se ejecuten puntualísimamente y ha de gozar España por mano de VE el mayor beneficio que puede esperar como es su total desempeño sin cargo de imposiciones, pechos y gabelas. 26 Llegamos entonces al objetivo principal de sus arbitrios, el mismo que constituye el denominador común de la inmensa mayoría de los escritos del género. Como afirma rotundamente Gaytán, la finalidad primordial a la que "miran estos discursos es a [...] desempeñar a su Majestad y ponerle descansado, rico y sobrado de Hacienda". 27 Pero su consecución dependía, a su vez, del cumplimiento de otros objetivos parciales; este sería el caso de la reforma del gobierno indiano, sin lo cual no cabía ninguna posibilidad de alcanzar el desempeño de la Real Hacienda y aliviar las cargas del Reino. Ahora bien, si resulta muy clara la identificación de sus objetivos esenciales, no es tarea sencilla encasillar sus escritos dentro de una de las vertientes del género. Su difícil catalogación es consecuencia de varios aspectos presentes en su obra: la relevancia, radicalidad y heterogeneidad de sus aspiraciones y la extensión del marco geográfico que aborda en sus propuestas. Así, sus proyectos no se circunscriben, como los de la mayor parte de los arbitristas, estrictamente al terreno económico, sino que abordan temas como la organización y los principios que debían regir la administración secular y eclesiástica, los asuntos navales, la política defensiva o el aumento demográfico. Asimismo, tienen una amplitud geográfica excep-cional al no ceñirse a un territorio específico del Imperio, por lo que su programa comprende un conjunto de reformas que de manera coordinada se debía extender a los territorios americanos y a Castilla. En este sentido, Gaytán concibe la Monarquía Hispánica como una unidad cuya restauración dependía, en buena medida, de lo que ocurriera en sus territorios trasatlánticos. En definitiva, su obra representa la concreción de una percepción, muy extendida en la época y paulatinamente recuperada por la historiografía actual, de la Monarquía entendida como un espacio común integrado y dinámico, en el que los sucesos y las coyunturas experimentadas por cada una de sus partes repercutían en el conjunto. En términos generales, en su pensamiento tiende a primar un horizonte naturalista, tanto para el análisis como para la proposición de soluciones a la difícil situación de la Monarquía. Sin embargo, no elude validar el esquema providencialista moralidad-fortuna que preside buena parte del pensamiento hispánico de la época. Al igual que el común denominador de los arbitristas, su obra está impregnada de una decidida intención interventora y de un afán dispositivo y ordenador de la realidad, aunque con unos márgenes de maniobra bastante precisos. En el conjunto de sus proyectos se identifican tanto tendencias regeneracionistas como netamente reformistas. Así, por ejemplo, si bien en muchos aspectos propone la restauración de elementos pretéritos, como podría ser el restablecimiento de la autoridad real, de un ideal de administración desvirtuado o del sentido original de las órdenes militares, en otros se muestra como un innovador que propulsa la adopción de medidas absolutamente novedosas. De todos modos, no se debe perder de vista el hecho de que el pasado tiene un papel muy importante en el pensamiento de Gaytán, tal como ocurría con muchos de sus contemporáneos, y que las innovaciones debían estar en sintonía con un conjunto de supuestos tradicionalmente aceptados, que estaban fuera de toda discusión. En este aspecto, su proyecto recuerda al del valido, a quien "importaba tanto la revitalización de los valores tradicionales como la renovación o el cambio", tensión que se plasmó especialmente entre el carácter conservador de su política exterior y el tono innovador de la política interna. 28 Finalmente, otro aspecto esencial es el del bagaje intelectual y de las fuentes que contribuyeron a perfilar las características de la crítica y las 28 John Elliott: El conde-duque de Olivares. El político en una época de decadencia. Al igual que la gran mayoría de los individuos que cultivaron el género del arbitrismo, Gaytán no había realizado estudios formales. Su principal fuente de información fue su experiencia indiana, ya que era un sujeto inclinado a la observación de los problemas de su tiempo y se interesaba por el estudio de cuestiones prácticas capaces de modificar la realidad. De ahí que sus escritos sean muy parcos en referencias y citas; únicamente reconoce haberse inspirado en la Política para corregidores y señores de vasallos [1597] de Jerónimo Castillo de Bobadilla y en el Tratado de republica y policia christiana para reyes y principes [1615] de fray Juan de Santa María, obra a la que Gaytán se refiere como Doctrina de Príncipes. Pero si aquel es citado tan sólo en una oportunidad para apoyar una proposición muy concreta, éste, como veremos, ocupa un lugar relevante en su interpretación de la crisis y en su proyecto. Más allá de este silencio bibliográfico, nada extraordinario por cierto en esta época, los arbitrios de Gaytán denotan, al menos, tres circunstancias destacables relacionadas entre sí. En primer lugar, es evidente que tenía un conocimiento apreciable de los arbitristas de su tiempo, hasta el punto de mantener consonancias evidentes con sus críticas y con varios de sus planteamientos básicos. En segundo término, Gaytán se revela como un autor muy compenetrado con las directrices reformistas del gobierno de Olivares, compartiendo cuestiones esenciales como la necesidad de rectificar la política de concesión de mercedes, el resurgimiento de la autoridad real, la lectura de los problemas y, especialmente, ciertas ideas acerca del papel de la administración y de los principios que debían informarla. Aquí entramos directamente en el tercer aspecto, el de la presencia de una inspiración neoestoica en Gaytán. Como muchos otros autores y políticos de su generación, su pensamiento está influido por esta doctrina que experimentó un importante desarrollo a partir de las últimas décadas del siglo XVI, como parte del esfuerzo realizado en España por armonizar los preceptos religiosos con las exigencias de la cada vez más compleja y autónoma política moderna. La obra de Justo Lipsio, indudablemente el autor más destacado del neoestoicismo europeo, tuvo un gran atractivo para los españoles por ser un intento de reencauzar la relación entre política y ética que Maquiavelo había cuestionado, y por ofrecer una orientación procedente de la antigüedad clásica para hacer frente a la crisis que experimentaban. Pero también esta corriente filosófica ocupó un lugar esencial en la teoría política del Estado moderno, especialmente en lo que respecta a la exaltación del poder del ARBITRISMO Y ADMINISTRACIÓN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII monarca, al establecimiento de una administración y un ejército eficaz y disciplinado y al control social. En este sentido, el neoestoicismo puede entenderse como una "doctrina que aspiraba a la educación política y moral de los burócratas y hombres públicos en general", enfatizando el papel esencial de la observancia de virtudes tradicionales y estoicas en el desenvolvimiento del cuerpo político y en su regeneración. 29 En el caso de Gaytán es importante reparar que la recepción de algunas de las ideas, y especialmente del espíritu neoestoico, no parece haber procedido directamente del estudio o la lectura de Lipsio o de otro de los autores de su época. Presumiblemente se haya debido, más que a cualquier otra cosa, al influjo del ambiente intelectual de su tiempo, circunstancia que contribuye a explicar también el recurso a un autor como fray Santa María, cuya obra recurre frecuentemente a Séneca y comparte elementos con el neoestoicismo. En este punto hay que advertir un aspecto fundamental de la obra de Gaytán que permite entrever la faceta instrumental del conocimiento del arbitrismo y de la compenetración con el reformismo del régimen de Olivares, e insertar el acto de elevar arbitrios a las autoridades de un modo funcional en la cultura política de la época. Si bien los trabajos de Gaytán destilan una sincera voluntad reformista dictada por sentimientos de lealtad al monarca, no se debe soslayar el hecho de que, probablemente, también fueran concebidos como un instrumento potencial de promoción dentro de la administración. De hecho, parecería que nuestro autor intentó hacer usufructo de una coyuntura cortesana especialmente sensible al arbitrismo, proyectándose no sólo como un individuo compenetrado con las urgencias del momento, sino también como poseedor de un saber teórico -en este caso el domino de la obra de otros arbitristas y de un lenguaje determinado-y de una experiencia práctica -su viaje a América-que lo facultaban para formar parte de los cuadros administrativos de la Monarquía. Es decir que, en el contexto de una administración relativamente abierta a las 29 Salvador Cárdenas Gutiérrez: "La lucha contra la corrupción en la Nueva España según la visión de los neoestoicos", Historia Mexicana. Para una visión general del neoestoicismo puede verse la obra de Gerhard Oestreich: Neoestoicism and the Early Modern State, Cambridge, Cambridge University Press, 1982. Para su influencia en el contexto americano, véase, además de la citada obra de Cárdenas, Peer Schmidt: "Neoestoicismo y disciplinamiento social en Iberoamérica colonial (siglo XVII)", en Karl Kohut y Sonia Rose (eds.): Pensamiento europeo y cultura colonial, Frankfurt/Madrid, Vervuert/Iberoamericana, 1997, pp. 181-204; y Pilar Ponce Leiva: "Séneca en los Andes. Neoestoicismo y crítica social en Quito a fines del siglo XVII", Histórica, XXI, núm. 2, Lima, 2007, pp. 43-68. ARRIGO AMADORI iniciativas de los súbditos, los arbitrios habrían sido la forma elegida por Gaytán para insertarse como miembro de una elite con la que tenía muchos elementos en común. Esta finalidad más concreta e individual, que no invalida una legítima vocación reformista, parece haber sido el elemento dinamizador de sus escritos para actuar en el marco de una cultura política determinada, ya que, como hemos visto, tras el fracaso de sus gestiones Gaytán no habría vuelto a presentar ningún otro arbitrio. Que se de diferente modo al gobierno de las Indias. Reformismo de la administración indiana Uno de los aspectos más sobresalientes de los trabajos arbitristas de Gaytán lo representan sus ideas y sus proyectos acerca de la administración indiana, que no sólo ocupan la parte principal de sus Reglas, sino que también constituyen uno de los ejes de su argumentación. Ahora bien, llegados a este punto cabe interrogarse respecto del sentido y la racionalidad de esta circunstancia y de la trascendencia que posee en el conjunto de las Reglas. A diferencia del desencanto que, por diversos motivos, en ciertos sectores de la sociedad castellana estaba comenzando a despertar la posesión de los reinos americanos, Gaytán estaba plenamente convencido de que las Indias seguían siendo uno de los baluartes de la Monarquía, sin el cual no cabía posibilidad alguna de revertir la situación de la Real Hacienda. Para él, en caso de seguir descendiendo las remesas americanas del Rey, se habrían de llevar tras de si lo que resta de esta Monarquía por que si le falta el dinero que cada año viene porque no tiene otra sustancia, renta ni hacienda sino la que viene de las Indias y si no se mira por ellas cierta será su ruina y estos reinos estar sin sustancia para poder socorrer a su Majestad. 30 El veredicto de Gaytán acerca de la administración indiana no podía ser más contundente, ya que su lectura parte de la progresiva disminución de la capacidad del poder central para controlar los Virreinatos americanos que ya se evidenciaba en su época. Coincidiendo con la avalancha de críticas que recibía el Consejo sobre el gobierno de esos territorios ultramarinos, sus escritos están plagados de referencias negativas no sólo a la orga-30 Reglas, pp. 65-66. ARBITRISMO Y ADMINISTRACIÓN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII nización del entramado institucional, sino también al ideal que primaba en buena parte de los individuos que ocupaban puestos administrativos y a la forma en que eran proveídos los oficios. Para él, imperaba el mal gobierno en virtud de "los malos ministros que Su Majestad tiene en la administración de estas provincias y Hacienda Real". De un modo muy elocuente afirmaba que con "el poder y mano de sus oficios se llevan lo mejor de las Indias y son el fuego de ellas y han de dar ocasión a que todas se levanten".31 "Ministros, -aseguraba-que con malos medios adquirieron los oficios en que están" y que han dejado de velar por los intereses del monarca. Precisamente, una de sus ideas clave es la desvirtuación de la administración a raíz de la "codicia, la ambición y demás vicios y malas propiedades" de los servidores reales, circunstancia que los conducía a colocar sus fines particulares por delante de cualquier otro. Para Gaytán, estos individuos tenían una percepción de los oficios como una fuente de beneficio económico que, por encima de cualquier otra motivación, debía servir para recuperar lo que había invertido en las gestiones cortesanas. Este es el motivo del énfasis que pone en los malos modos con que eran nombrados los oficiales, especialmente durante el valimiento de Lerma. Podría hablarse, por tanto, de una crisis del ideal del real servicio o, al menos, de una percepción bastante distinta a la que se tenía en Madrid, y que se traducía en el debilitamiento de la potestad real. Todo esto había provocado que fuera la propia administración, que debía servir de mano ejecutora de las disposiciones concebidas en la Corte, la principal causa de la pérdida del Reino y de la reputación del monarca. Un fenómeno que contribuía a agravar la situación del gobierno americano era el de las redes sociales establecidas por los consejeros de Indias que, partiendo de Madrid, tenían una incidencia nefasta en el ejercicio del patronazgo, en el gobierno y, específicamente, en el manejo de la Hacienda. Estos vínculos interpersonales habían dado pie, entre otras cosas, a la desvirtuación de la administración de las Indias y a la neutralización de los intentos de reformar o suprimir algunas instituciones. Según su entender, los consejeros habían hecho de los cargos americanos un ámbito de patrocinio excepcional para sus parientes y criados, siendo responsables de un "depravado estilo de gobierno [...] por favorecer a los deudos, amigos y bienhechores que tienen en las Indias". 32 La consecuencia más inmediata de esta práctica era el nombramiento de individuos que no estaban dotados moralmente ni capacitados para formar parte de la administración, que alteraban su orden y su finalidad e, incluso, impedían la sanción de los actos ilícitos. La necesidad de alcanzar una solución para la administración tenía un carácter aún más urgente, si cabe, a raíz de la forma que tenía Gaytán de interpretar la relación entre el rey y el Reino y el papel del gobierno. Nuestro autor utiliza una concepción muy extendida en su época que entendía la Monarquía como un cuerpo y a su gobierno como la cabeza. Así como la cabeza conduce y ordena a los miembros, el gobierno debe orientar al cuerpo político. De ahí que presentara sus males como enfermedades y sus proyectos como remedios. Consecuentemente, resalta la primacía que se le debe conceder a los asuntos propios del gobierno, "por ser como es el [responsable del] bien o el mal de los Reynos y Repúblicas" y, por tanto, "todos los daños que suceden a una República se deben atribuir a los que la gobiernan por no prevenir con tiempo el remedio". 33 De este hecho se deducía "la obligación que tiene el rey de elegir las personas más beneméritas en las dignidades y oficio del gobierno eclesiástico y secular de sus repúblicas que como cabezas y espejos de los demás deben ser hombres perfectos". 34 Es decir que, según él, existía una relación entre las cualidades del gobierno y la suerte del conjunto de la sociedad, que obligaba a que, tanto la organización de la administración como los individuos que ejercían las funciones públicas fueran idóneos y se guiaran según los altos ideales que debían trasmitir al cuerpo político. Por este mismo motivo, Gaytán se mostraba muy optimista respecto a las posibilidades de la acción política, a la que concedía un papel esencial en la modificación de las realidades concretas. Esta gran responsabilidad asignada a la organización del gobierno, no del todo justificada, se hacía eco de una idea que también había sido aceptada a pie juntillas por el régimen de Olivares. Para el valido, como para muchos otros de sus colaboradores, la restauración del reino pasaba más por ser una cuestión de gestión política que de mecánica social. 35 En líneas generales, las numerosas medidas que propone en el ámbito de la administración tienen como finalidad la consecución de dos objetivos íntimamente vinculados entre sí: establecer un modo más eficaz de ejercer el gobierno y reducir los gastos que debía afrontar la Real Hacienda para mantener la estructura administrativa indiana. Para que esto fuera posible era necesario poner de pie lo que había sido puesto de cabeza, y sustituir completamente las ideas y los procesos que presidían el sistema de consulta de los oficios, disponiendo las cosas de manera tal que las plazas se concedieran a las personas más idóneas, que eran las que más se acercaban a un modelo muy concreto. Ésta es la base de su proyecto reformista y donde pueden apreciarse algunos elementos propios del neoestoicismo aplicado al campo de la administración. A pesar de la variada gama de remedios propuestos por Gaytán, su regeneracionismo debe entenderse en clave moralizante. En esta línea, su pensamiento estaba fundamentado en la aceptación de una noción muy extendida, según la cual los príncipes se apoyaban en los súbditos y no en las instituciones. Como refiere José Luis Abellán, "a partir de aquí la política aparece construida sobre el acto volitivo, [de ahí] que el punto primario de reflexión es para todo político el hombre". 36 En esta tesitura, uno de los argumentos más utilizados en este periodo para explicar la declinación de la Monarquía era la pérdida de las virtudes, circunstancia que muchos autores parangonaron con la crisis del Imperio Romano. Así, según Gaytán, "lo que principalmente se debe mirar en un ministro es el ajustamiento de su conciencia, que no hará advertidamente acción contra ella por cuanto tiene el mundo". Por lo tanto, para exaltar el poder real y para que los miembros de la administración pudieran ser cabezas y espejos del cuerpo político era fundamental que éstos estuvieran adornados de un conjunto de virtudes tradicionales y estoicas. Había, entonces, que atajar los vicios, como la codicia y la ambición que motivaban a los integrantes de la administración. Siguiendo esta idea afirma tajantemente que "cuando concurren dos [candidatos] uno de aventajada virtud y mediano gobierno y otro al contrario de superior gobierno y de inferior virtud, se ha de elegir el superior en esta". 37 En este aspecto esencial remite a los consejos de fray Santa María, defensor del desarrollo y la enseñanza de una ciencia de gobernar, para quien la crisis de la Monarquía tenía un carácter moral y una de sus causas esenciales en los criterios de elección utilizados. Por esta razón recomendaba una escrupulosa selección de los servidores reales, teniendo especial cuidado de que además de poseer saberes acordes al cargo al que iban a ser destinados, fueran individuos piadosos; firmes, valien- tes y constantes en sus virtudes; más inclinados a la justicia y a la verdad que a congraciarse con el monarca; sobrios y prudentes. 38 Implícitamente debían ser personas capaces de controlar los afectos y sus inclinaciones personales -entre ellas la codicia y la ambición-para servir a fines superiores a sus intereses particulares. A su vez, resultaba prioritario que tuvieran auténtica conciencia de las repercusiones, las cargas y los riesgos de los oficios, y que estuvieran dispuestos a servirlos más por prestar un servicio al monarca que por cualquier otro motivo. Gaytán es muy elocuente al explayarse en esta idea. Según él, ha mostrado la experiencia en todos los siglos pasados que aquellos a quien pusieron a gobernar contra su voluntad gobernaron excelentísimamente porque fueron hombres ajustadísimos en su conciencia y como tales reconocían el riesgo que corre un alma en el gobierno y así se huían. Y quien pretende muy lejos está de reconocer este riesgo y carga que se hecha sobre sus hombros, mira sólo los resplandores del oro de la corona más no la carga y peso incomportable de quien se ciñe las sienes con ella [...] quien huye del oficio es bueno para él, no quien le busca, porque este da bien a entender con su pretensión que sólo quiere el oro de la corona y dejar para sus inferiores el peso de su resplandor. Finalmente, haciéndose eco de una idea muy presente en su tiempo, Gaytán destaca la capacitación del individuo para el cargo. Pero atiéndase que no se refiere a la posesión de un talento particular, sino a la capacidad asentada en la experiencia y en el buen desempeño de funciones anejas a las que se le habrían de encomendar. En esta cuestión su opinión era que se debía preferir a los beneméritos, es decir, a aquellos individuos dignos de ser atendidos y estimados por las obras buenas que han hecho y por las cuales merecen la común aceptación y estimación pública. "El oficio y dignidades se han de dar al que es perito en aquel arte y con las partes". 39 Asimismo, era preciso respetar un escalafón que debía llevar a los individuos de oficios de menor responsabilidad a otros de mayor, debiéndose evitar las hechuras que lo vulneraban. En esta cuestión también encontramos una asociación con el régimen del valido. La falta de cabezas, es decir, la escasez de personas cualificadas para ejercer los cargos públicos, era considerada por Olivares uno de los males de su tiempo, y lo achacaba, en buena medida, a la 38 Fray Juan de Santa María: Republica y policia christiana para reyes y principes y para los que en el govierno tienen sus vezes, Barcelona, Casa de Lorenzo Deu, 1619, fs. ARBITRISMO Y ADMINISTRACIÓN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII ISSN: 0210-5810 poca experiencia de los individuos causada por la falta de respeto a un sistema que permitiera acumularla progresivamente, partiendo de los niveles inferiores de la administración hacia los superiores. 40 Curiosamente estas ideas no le impiden encomiar a los colegios mayores con sus estatutos de limpieza de sangre y su proyección en la administración de justicia, alejándose en este aspecto de las propuestas de Santa María. Conocemos ya las cualidades que debían poseer quienes ejercieran los oficios, pero también era preciso establecer un modo de proveerlos que fuera capaz de satisfacer tan altas expectativas. Fuera por la dificultad de obtener informaciones veraces sobre los candidatos, por parte de los consejeros, o por la incidencia del favoritismo, lo cierto es que se había desvirtuado el sistema de proveimiento. Sobre todo se había introducido una práctica muy perjudicial según la cual el pretendiente procuraba obtener un cargo mediante prolongadas y costosas gestiones en la corte, intentando "hacer capaz su persona con servicios". 41 De tal manera, la Corte se llenaba de pretensores que fomentaban vicios, dejaban de cumplir con sus obligaciones y consumían haciendas que luego intentaban recuperar en el ejercicio de los oficios. Por tanto, resultaba fundamental reformular el sistema, ya que los servicios no hacían capaces a los hombres para cualquier puesto, que la mayoría de los que más ahínco ponían por conseguir un cargo solían ser los que peor lo servían, y que los consejeros no podían conocer realmente el perfil moral de los individuos. Según Gaytán, en el ámbito cortesano estos pretendientes eran capaces de ocultar sus defectos tras una fachada de "autoridad y compostura, severidad, acciones y palabras compuestas que las más de las veces es todo fingido". En este argumento resuenan las duras críticas neoestoicas a la teatralidad cortesana, artificial e ilusoria, que desvirtuaba la apreciación de la realidad y conducía a la toma de decisiones poco pertinentes. 42 Por eso recordaba que "los Reyes que han querido acertar han enviado los oficios a los que los han de ejercer y no los dan a los que los venían a buscar a sus cortes llenos de ambición y otros defectos que se hallan en los pretendientes". 43 40 Consulta del conde-duque a Felipe IV en respuesta de ciertos papeles y memoriales tocantes al bien público y gobierno destos reinos, en John Elliott y José de la Peña (eds.): Memoriales y cartas del conde-duque de Olivares, II, Madrid, Alfaguara, 1981, p. El método que proponía apuntaba a centralizar el proceso en el monarca y consistía en la erradicación del sistema de consultas de los Consejos y en quitarles el patronazgo a los virreyes. En su reemplazo sugería conformar unos libros que debían contener las personas "que más lucen en virtud de prudencia y gobierno de sus casas y repúblicas" en cada una de las ciudades de los Reinos de la Monarquía. Dichos libros tenían que confeccionarse por individuos de crédito que, desde todos los rincones del Imperio, remitieran, de forma secreta, información de las personas más idóneas. 44 Así, Gaytán propone como ejemplo una tabla de doble entrada en la que para cada nombre hay una serie de columnas en las que se debía consignar la edad, el entendimiento, la conciencia, la prudencia, la calidad, la formación, la experiencia en el gobierno civil o militar de cada uno de los candidatos. Compuestos por estos datos, los libros debían ordenarse de modo tal que permitieran la rápida consulta de los individuos adecuados para cada oficio. A estos inventarios recurriría el rey cada vez que fuera necesario cubrir una vacante. Quedaba, por tanto, excluida de este sistema la venta de oficios como principio de provisión de cargos, así como el otorgarlos en recompensa por servicios prestados. Estimaba Gaytán que este método resultaría muy eficaz para que se pudieran tomar decisiones con un conocimiento más preciso de los potenciales miembros de la administración y, de este modo, hacer lucir la virtud en los Reinos de la Monarquía. A partir de esta reforma sería posible elegir "personas capaces, consultadas sin pasión ni aflicción ni particular interés" y se neutralizarían las perniciosas consecuencias de proveer oficios en personas no capacitadas para el cargo para el que habían sido nombradas. En una crítica abierta al valimiento de Lerma, Gaytán llega a afirmar que el reinado de Felipe III se había caracterizado por dar "a letrados administraciones de guerra y despachos de flotas y a soldados gobiernos y a regidores oficios de milicia y a otros que no han visto la guerra compañías y tercios". Finalmente, otra de las virtudes de este sistema era el abandono de la Corte por parte de los pretendientes. Incluso, con bastante ingenuidad, llegaba a concebir este método como un medio de control social, ya que la promoción de personas de vida ejemplar y virtuosa fomentaría la emulación en el conjunto de la sociedad. 45 Las rentas, en cambio, debían reservarse para premiar casos muy particulares. Era preciso estrechar el caudal del río de la merced que tanto había corrido durante el reinado anterior. Las mercedes que significaran una carga para la Real Hacienda, se debían otorgar como contrapartida de servicios militares, pero sólo a los huérfanos y a las viudas de personas que hubieran muerto en acto de servicio y no en oficios de justicia, gobierno o pluma. Para estos casos, aseguraba, bastaba "por premio la grandeza que tuvieron durante el oficio". Esta propuesta guarda estrecha relación con las ideas de Olivares acerca de los destinatarios adecuados de las honras y las mercedes. Durante su valimiento, estos principios se intentaron poner en práctica, aunque finalmente no se respetaron. 46 Sin embargo, al referirse a las prácticas políticas destinadas a asegurar la gobernabilidad de los territorios trasatlánticos, Gaytán se ve forzado a suavizar sus ideas. La experiencia indiana había revelado a nuestro autor la existencia de acusados descontentos entre los criollos beneméritos, a raíz de los agravios que habían padecido al ser relegados en la asignación de encomiendas. Para él, era preciso ejercer de una forma más equitativa la distribución de la gracia y poner en cumplimiento la legislación referente a la repartición de encomiendas. De esta manera se sosegarían las malas voluntades y se neutralizaría cualquier intento de levantamiento. Además, este proceder sería un medio adecuado para obtener mayor consenso de los grupos de poder local, lo que brindaría a la Real Hacienda un margen de maniobra mayor para poder apropiarse de una décima parte de las rentas de dichas asignaciones. 47 En una órbita más extensa, el reformismo de nuestro autor tenía por objeto la alteración de la "máquina de los Consejos". Aquí, sus preocupaciones esenciales eran la simplificación, la reducción del gasto, la adaptación de la organización institucional y jurisdiccional a la evolución que habían tenido los territorios indianos y la aceleración del ritmo del gobierno. El complejo polisinodial, creado por los Austrias para gobernar una Monarquía compuesta y brindar una atención particularizada a ciertos asuntos, debía ser suprimido y quedar operativos tan sólo los dos más 45 Ibidem, p. Elliott y Peña: Memoriales y cartas, I, pp. 9 y ss. y II, p. ARRIGO AMADORI importantes: los Consejos de Estado y de Justicia. 48 Con cierta exageración, Gaytán señalaba que una vez que se retirase de los Consejos la facultad de consultar mercedes y oficios, tan sólo les quedarían unos pocos asuntos más que tratar, a excepción de la impartición de justicia. 49 Con estas modificaciones se establecería una centralización que aceleraría el ritmo del gobierno en el Consejo de Estado, único encargado de velar por el gobierno de los reinos particulares y por la conservación de la Monarquía en su conjunto. Además, se evitarían las prolongadas y costosas disputas entre los Consejos por problemas de jurisdicción. 50 Por su parte, los asuntos de Indias pasarían a depender directamente de este Consejo que, para acortar las deliberaciones, se conformaría con un máximo de seis integrantes seleccionados con gran cuidado en función de la capacidad y la experiencia. Aseguraba Gaytán, y en esto coincidía con el punto de vista de Olivares, que no existían muchas personas en la Monarquía capaces de ocupar estos puestos, ya que además de ser sujetos de talento deberían haber "visto mucho y tratado con diferentes naciones y gobernado con aprobación de muchos oficios". 51 Las funciones judiciales de los Consejos particulares experimentarían un camino semejante al de los asuntos de gobierno, trasladándose al Consejo de Justicia. Pero, con el fin de que siguiera existiendo cierta especialización en la actividad judicial, se establecerían salas de jueces letrados para que "conforme a derecho y ordenaciones de los reinos de que tienen dependencia conozcan y juzguen de los pleitos que vienen de los dichos reinos y no de otra cosa". Finalmente, el manejo de la Hacienda, una vez suprimido el Consejo correspondiente, debía quedar a cargo de un contador mayor y de un escribano de rentas que, asistidos por personal subalterno, darían un despacho mucho más rápido a estas cuestiones. 49 En este sentido, hay que tener presente que si se analizan las temáticas de las consultas del Consejo de Indias durante la gestión del conde-duque de Olivares, se observa una clara supremacía numérica de las que tratan sobre mercedes y nombramientos. De todas formas, este Consejo mantenía un papel primordial en la elaboración de la política colonial. Ver: Antonia Heredia Herrera (dir.): Catálogos de Consultas del Consejo de Indias, t. 50 Este hecho revestía tal gravedad, que en el año 1626 se estableció una Junta Grande de Competencias que debía dirimir las disputas jurisdiccionales entre los Consejos. Véase: Luis María García-Badell Arias: "La Junta Grande de Competencias de Felipe IV: Rey, nobleza y Consejos en la Monarquía Católica", Cuadernos de Historia del Derecho, vol. extraordinario, Madrid, 2004, Es posible apreciar que este plan, de muy difícil aplicación, guardaba gran sintonía con las aspiraciones de un gobierno que, con una intención centralizadora, procuró racionalizar la administración y volverla más dinámica. En la práctica, Olivares potenció la vía ejecutiva en los Consejos en un intento de hacer frente, de un modo eficaz, a los cada vez más numerosos focos de conflicto que surgían en diversos rincones de la Monarquía. Los sínodos debían no ser tan sólo una instancia de asesoramiento sino, por encima de todas las cosas, el primer eslabón de una cadena de mandos que además de transmitir las disposiciones, debía asegurar su cumplimiento. 53 Previendo que su solución fuera considerada demasiado radical y se optara por la continuación del sistema de Consejos, tal y como había existido hasta ese momento, nuestro autor concibió un paliativo que tenía como destinatario concreto al de Indias. Como no podía ser de otra manera, éste era, según su visión, el principal responsable de que estuvieran asoladas. La razón no radicaba en otro asunto más que en la condición de los consejeros. Cuestionaba Gaytán que este organismo se encontrara compuesto, en su gran mayoría, por letrados que no tenían más formación que la académica, ni otra experiencia que la de los tribunales de justicia. Para él, esto no tenía sentido puesto que, aparte de poseer la jurisdicción suprema de las Indias, el Consejo estaba encargado de las materias de gobierno, hacienda, gracia y guerra. Si bien recordaba que para el tratamiento de esta materia se había establecido la Junta de Guerra de Indias, también puntualizaba que el cuerpo de consejeros letrados seguía ejerciendo su influencia en un asunto que por estos años había cobrado una importancia fundamental a raíz de las incursiones y de las conquistas holandesas en el Virreinato del Perú. Finalmente, concluía que dicha circunstancia había derivado en una situación en la que se alteró el orden natural de la administración, porque encargar a letrados todas esas materias era como "pedir al ciego que juzgue de colores". 54 La ignorancia de los asuntos indianos por parte de los letrados es un tema recurrente en la crítica de Gaytán, que se sustenta en el gran hincapié que pone en señalar la originalidad de las realidades americanas y en su convencimiento del papel decisivo de la experiencia para el buen 53 Véase, por ejemplo, AGI, Indiferente, 615. Decreto Real al presidente de Indias encomiándole el cumplimiento de las órdenes que se envíen. 55 Su posición en el dilema entre ciencia y experiencia, abordado por varios autores contemporáneos, era muy cercana a la del valido, para quien tanto los militares como los letrados, que habrían de ser promocionados a la alta administración, tenían la obligación de conocer los distintos reinos de la monarquía para penetrar en sus modos particulares de gobierno. 56 La solución que proponía para esta cuestión resultaba poco original: era preciso ordenar la administración de tal forma que cada uno de sus miembros "tratara de su facultad y profesión y de las cosas que ha visto y practicado, como es el letrado de pleitos, el soldado de guerra, el marinero de navegar". 57 En este sentido, los ocho consejeros letrados, establecidos por las ordenanzas de 1571, debían ser reemplazados por sólo seis consejeros de capa y espada. Pero este cambio no era suficiente por sí mismo; tal y como se había propuesto en otras ocasiones, también era necesario que los nuevos consejeros de capa y espada tuvieran amplia experiencia indiana. 58 Con bastante minuciosidad, Gaytán recomendaba que respondieran a la siguiente calificación: dos de ellos debían elegirse entre las personas más prudentes que hubieran gobernado y militado en las Indias; otros dos tendrían que ser hombres de mar y haber navegado a América y a las islas Filipinas; finalmente, sería conveniente que los dos restantes hubieran tenido experiencia en los juzgados de Sevilla y Cádiz. Dentro de este renova-55 Sobre la ignorancia de los consejeros letrados, Gaytán dice maliciosamente que "como no han visto las Indias, mar ni navíos, mal sabrán de su gobierno y apresto, habiendo gastado toda su vida en Salamanca y en su Colegio y de él sacados para oidores del Consejo de Indias donde en todo el año no se ven doce pleitos y los que de ordinario hay consiste su determinación en cuatro ordenanzas que están en romance". En este asunto reproduce un tópico de las críticas de la nobleza al tipo de gobierno implementado por Felipe II, caracterizado por la proliferación de los letrados en las tareas de gobierno. Véase José María García Marín: "El dilema ciencia-experiencia en la selección del oficial público de la España de los Austrias", en José García Marín: Teoría política y gobierno en la monarquía hispánica, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1998, pp. 17-41 y Pere Molas Ribalta: Los gobernantes de la España moderna, Madrid, Pasado Vivo, 2008, pp. 125-126. 56 Elliott y Peña: Memoriales y cartas, t. 58 La necesidad de que los consejeros de Indias tuvieran experiencia americana se planteó en numerosas oportunidades. Una de ellas, probablemente la de mayor relevancia, tuvo lugar tras la visita que a esta institución realizó en 1568 Juan de Ovando, para quien las plazas de consejero debían ser provistas entre los oidores indianos. A pesar de estos proyectos, la situación no cambió. De hecho, durante la primera mitad del reinado de Felipe IV tan sólo cuatro consejeros tuvieron experiencia indiana: Juan de Solórzano Pereira, Juan de Carvajal y Sande, Bartolomé Morquecho y Juan de Palafox. Muchos otros tuvieron una experiencia indirecta de los asuntos americanos en la Casa de la Contratación o en la Audiencia de Grados de Sevilla. ARBITRISMO Y ADMINISTRACIÓN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII do esquema, el presidente también debía ser una persona de capa y espada que hubiera navegado y ejercido alguna gobernación en los Virreinatos americanos. De esta forma se contaría con consejeros versados en todas las materias tratadas en el Consejo y no habría necesidad de continuar con la Junta de Guerra. Respecto a la labor judicial de este sínodo, Gaytán no es muy claro en la proposición de un sistema alternativo, pero parece barajar la posibilidad de contar con asesores en esta materia, lo que no dejaba de presentar bastantes dificultades. 59 Por último, proponía radicar el Consejo de Indias en Sevilla para que asistiera directamente al despacho de las flotas y las armadas, a la vez que suprimir la Casa de la Contratación. 60 Hasta aquí hemos descrito el proyecto de Gaytán para las instituciones metropolitanas que debían encargarse de los asuntos americanos. Ya en el terreno de la administración propiamente indiana, sugería distintas modificaciones en los oficios y en las jurisdicciones institucionales. Su idea fundamental era que aquellos territorios habían sido desatendidos por la administración central durante mucho tiempo, habiéndose producido un desfase entre la organización institucional allí establecida y las características que paulatinamente fueron adquiriendo las realidades americanas. En este contexto, los problemas que considera más graves son los relativos a los oficiales reales y a las instituciones de la Real Hacienda, porque "no sólo interesa a S. M. los sueldos que da a las personas que en los tales oficios se ocupan, sino otros daños mayores que causan las personas a cuyo cargo están los oficios que conviene cercenar". En primer lugar, tocaba el turno de reformar los Tribunales de Cuentas. Si bien estos tribunales, establecidos en México, Lima y Santa Fe, habían sido creados con la finalidad de centralizar la revisión de cuentas, imprimir mayor velocidad en su finiquito y evitar los fraudes, no habían servido, según nuestro autor, más que para producir "daño y oscuridad" y para gravar aún más a la Real Hacienda. 61 Tal como se encontraban, no servían "más que para acomodar deudos, amigos y bienhechores de los consejeros letrados". En consecuencia, Gaytán sugería su supresión y su reemplazo por un sistema de control, excesivamente simplificado, de residencias tomadas al momento de producirse un nombramiento. De este modo se simplificaría notablemente el pro-59 Reglas, pp. 65-71. Esta impresión parece confirmarse en las opiniones del visitador de la Audiencia de Lima, Juan Gutiérrez Flores. ARRIGO AMADORI ceso, se evitarían los retrasos en el fenecimiento de las cuentas y, sobre todo, se podrían ahorrar hasta veintiséis mil ducados anuales. 62 Con esta propuesta Gaytán coincidía con una corriente de opinión que había propuesto al Consejo idéntica solución, aunque aseguraba que las contadurías no se habían "consumido" por la oposición de los consejeros, que no estaban dispuestos a suprimir cargos para los que ellos proponían los candidatos, ni a desacomodar a las personas que habían favorecido. Refería que éstos habían conseguido desbaratar este asunto -y muchos otros-opuesto a sus intereses, a pesar de haberlo tratado varias veces el presidente Carrillo con el rey. 63 Continuando en el ámbito de la Hacienda, también sus propuestas alcanzaron a los oficiales reales de las cajas indianas. Incluyéndolos en ese clima de desvirtuación del servicio real ya descrito, Gaytán aseguraba que la mayoría de ellos no tenía ninguna intención de servir su oficio desinteresadamente, sino que sus únicas preocupaciones se limitaban a ganar dinero y a resarcirse de los gastos que habían tenido que afrontar para conseguirlo. Tanto era así que, mientras realizaban sus gestiones cortesanas, los pretendientes ponían todo su empeño en enterarse de las remuneraciones de los oficios y de las oportunidades de negocios y granjerías que ofrecían las distintas regiones de las Indias. Pero si difícil era encontrar oficiales reales que cumplieran con su función, no lo era menos llevar adelante cualquier causa contra ellos. A raíz del carácter indefinido de los nombramientos de estos oficiales y de poseer en muchos casos estrechos vínculos con los consejeros, muy pocos individuos se atrevían a denunciarlos ante las autoridades superiores. Asimismo, Gaytán refiere que las dificultades de hacer justicia se agudizaban por los frecuentes arreglos que tenían lugar entre oficiales reales y gobernadores, que reducían notablemente las posibilidades de que una investigación prosperara. Su plan consistía en que los oficiales reales dejaran de ser designados por el Consejo de Indias y que su nombramiento pasara a depender de los Cabildos indianos. Debía mandarse a los Ayuntamientos que, junto con los gobernadores, se encargaran de administrar la hacienda, nombrando cada año dos regidores que detentarían los oficios de tesorero y contador sin percibir salario alguno. De esta manera el tesoro real se podría librar de un gasto aproximado de doscientos mil ducados y la hacienda estaría 62 Reglas, pp. 76-79. ARBITRISMO Y ADMINISTRACIÓN A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII manejada por gente versada en los usos y costumbres de cada lugar. 64 Además, habría una mayor claridad en las cuentas, ya que todos los años se debían tomar y remitir los alcances a España y, en ocasión de la residencia del gobernador, se inspeccionarían las cuentas de todos los regidores que se hubieran desempeñado como oficiales reales durante todo el periodo. 65 Si las propuestas de Gaytán de Torres respectivas a la Real Hacienda tienen un carácter radical, aunque cuanto menos ingenuo, sus ideas concernientes a la reforma de la administración de justicia en las Indias son puntuales y localizadas. En este aspecto, sus escritos se ciñen tan sólo a una reorganización de los tribunales superiores de justicia americanos. Más preocupado por aligerar a la sobrecargada Real Hacienda y maximizar los beneficios generados por los territorios trasatlánticos de la Monarquía Hispánica, su atención no se centra en las demás instancias judiciales indianas ni en el ejercicio de la justicia. Apoyándose en una serie de generalizaciones y en un conocimiento muy precario del conjunto de la América española -a excepción de las regiones que visitó-, propone que en todas las Indias no se mantuvieran más de tres Audiencias. A raíz de la notable disminución de población indígena y del reordenamiento de la población, fundamentalmente en la región del Caribe, sugería mantener tan sólo tres tribunales asentados en México, Lima y Cartagena. Con un tono simplificador estimaba que, excepción hecha de Lima y México, todos los distritos audienciales tenían muy pocos lugares de españoles de jurisdicción y estaban tan despoblados de vecinos que no era infrecuente ver a "los oidores diciendo cuentos en los estrados" y asistiendo a ellos por hacer tiempo y llevar sus sueldos. Por esta razón, afirmaba que como "la causa ha cesado debe cesar también su efecto", siendo preciso suprimir ocho Audiencias innecesarias. Esto reportaría un ahorro de 117.000 ducados a la Real Hacienda, se adecuaría la organización de los citados tribunales a la distribución demográfica y se conseguiría tener una comunicación relativamente fluida con la Corte en virtud de la organización del sistema de flotas y galeones. Así, mientras las dos Audiencias radicadas en las capitales virreinales tenían razones suficientes para preservarse, la instalación de una nueva en Cartagena se explicaba por la importancia que, como centro comercial, poseía esa ciudad. Esta cifra es exagerada ya que Gaytán aumenta el número de Cajas Reales indianas y la cuantía de los sueldos. ISSN: 0210-5810 habría que señalar que, aparte de ser una forma de ahorrar un gasto innecesario, sería una manera de evitar agravios por parte de los oidores, quienes, según nuestro autor, hacían lo que querían porque no había nadie que se atreviera contra ellos, por ser "los más hechuras y deudos de los consejeros y secretarios de Indias". 66 Basándose en un argumento semejante, Gaytán considera pertinente una revisión de las jurisdicciones de algunas gobernaciones americanas por resultar las existentes poco adecuadas a las nuevas circunstancias. Así, las gobernaciones de Trinidad, Guayana y Cumaná debían agregarse a la de Margarita y las de Santa Marta y Cartagena debían fusionarse en una sola. Del mismo modo, las gobernaciones de Cuba y Florida tenían que agruparse en una misma jurisdicción. Esto conseguiría una mejor defensa del territorio y, fundamentalmente, excusaría gastos innecesarios. Con este mismo afán ahorrador, proponía descargar las arcas reales mediante el pago de los sueldos de los gobernadores, e incluso de los virreyes, por parte de los propios de los Ayuntamientos. 67 Las Reglas establecen una medida de excepción para acabar con el gran desorden en materia de sueldos y oficios en Indias, que Gaytán consideraba la causa principal del consumo de la hacienda que en ellas se producía. En este punto se apoya en varios ejemplos, como en el del cargo de administrador del asiento del tabaco de Cartagena, que se había otorgado a Diego Pinelo; según Gaytán, aunque dicha institución había sido suprimida, Pinelo habría continuado cobrando el sueldo en la Caja de la ciudad. Otro caso era el que se vivía en La Habana con la fundición de artillería; a pesar de haber cesado las fundiciones, los oficiales encargados de ellas continuaban percibiendo los sueldos correspondientes. De esta manera quedaba sancionado el nocivo principio de que "sueldo que se asienta en la Caja Real jamás se borra". 68 Finalmente, la visita general de las distintas jurisdicciones indianas, disposición adoptada en los primeros años del régimen de Olivares, era el medio elegido por Gaytán para remediar todos estos abusos que representaban una sangría para la Real Hacienda de casi un millón de ducados en gastos innecesarios. 69 A modo de conclusión Luego de trazar este breve esquema del pensamiento de Manuel Gaytán de Torres acerca de la administración indiana es posible asegurar que su principal interés no radica en sus propuestas consideradas de manera concreta. Desde esta perspectiva, algunas de ellas resultan poco originales, desproporcionadamente simples respecto de los problemas que pretenden solucionar, o, incluso, incongruentes entre sí. Tal sería el caso, por ejemplo, de su proyecto de poner en manos de los Ayuntamientos indianos el control de la Real Hacienda y el pago de los sueldos de los gobernadores y los virreyes. De tal forma que, mientras que respecto a los nombramientos de sujetos para servir los cargos de la Monarquía el remedio de Gaytán se resume en un procedimiento centralizado en el rey, para el manejo de la fiscalidad indiana se decanta por una propuesta, bastante incomprensible en el contexto de sus intenciones reformistas, de descentralización en los poderes locales. En cambio, considero que una de las principales contribuciones del estudio del movimiento arbitrista referido a América y de esta obra en particular, consiste en facilitarnos aproximaciones a las percepciones contemporáneas de los problemas de la Monarquía y al repertorio de remedios concebibles, tanto desde un horizonte intelectual determinado, como desde posiciones, experiencias e intereses concretos. Si por momentos los escritos de Gaytán sobre el gobierno pueden resultar simplistas, ingenuos o poco prácticos, no hay que olvidar que sus propuestas tenían muchos puntos en común con el movimiento reformista encabezado por Olivares. Sólo por mencionar uno de estos puntos, podríamos resaltar que, tanto para Gaytán como para el valido, política y virtud continuaban siendo una díada esencial e ineludible para la conservación de la Monarquía y para su revitalización moral. Es decir que los textos de este arbitrista expresaban y reproducían ideas y esquemas de gran aceptación en el complejo cultural y político de su época. Asimismo, su caso revela una de las facetas funcionales del arbitrismo, al presentarlo como un modo potencial de promoción en la administración. Como se ha visto, este tipo de escritos brindaban la oportunidad a los memorialistas de presentarse como dueños del saber y la capacitación necesarios para formar parte de la elite administrativa de la Monarquía. Por lo tanto, la profundización en el conocimiento del arbitrismo según los lineamientos señalados en este artículo contribuirá notablemente a la comprensión de la cultura y de las prácticas políticas de Antiguo Régimen en el contexto hispánico en general, y en la América colonial en particular, resaltando el hecho de que ambos son fenómenos históricamente encuadrados. Esto cobra todo su sentido si se tiene presente que el reconocimiento relativamente reciente de la alteridad y de la distancia que separa dicha cultura y dichas prácticas con las de los sistemas políticos surgidos con la modernidad, ha dado lugar a una reinterpretación de esa época histórica que constituye uno de los mayores desafíos para la renovación de la Historia Política americana.
en las colecciones zoológicas reales durante el siglo XVIII. Además de las especies que con mayor frecuencia estuvieron presentes en dichas colecciones y sus criterios de selección, se estudian los mecanismos clientelares y políticos que propiciaban su envío hasta la corte madrileña, así como los numerosos obstáculos que era necesario sortear para que los animales lograran sobrevivir a la travesía transoceánica. Un coleccionismo de prestigio "En todos los tiempos ha sido muy propio de los soberanos para ostentación de su grandeza tener en sus palacios y casas reales aquellos animales, plantas y frutos más extraños y particulares que se crían en otros países". Con estas palabras comenzaba Juan Antonio Álvarez de Quindós uno de los capítulos de su Descripción histórica del Real Bosque y Casa de Aranjuez, dedicado en este caso a referir cuantos animales extraños y curiosos había habido en aquel real sitio durante el reinado de Carlos III, entre los cuales alcanzaba a recordar la presencia de una cíbola procedente de México, guanacos de Chile, "una vaca enana y un buey que criaba un ternero, cosa harto extraña", y los magníficos elefantes asiáticos que durante muchos años fueron las grandes joyas de la colección zoológica del monarca. 2 Y es que coleccionar este tipo de criaturas constituía en la corte española una tradición antiquísima que hundía sus orígenes en los siglos medievales, 3 se había propagado con fuerza en época de los Austrias 4 y alcanzado su cénit con la dinastía borbónica. 5 Una práctica cuya intensificación a lo largo del siglo XVIII habría sido resultado de la confluencia de diversos factores que contribuyeron a estimularla: el hábito arraigado de todo tipo de consumo suntuario y de prestigio y la fascinación por lo exótico, la enorme afición personal que sentían hacia los animales numerosos miembros de la familia real -la reina Isabel de Farnesio, sus hijos don Carlos y don Luis y casi todos sus nietos-, el incremento del comercio y la apertura de nuevas rutas de navegación, y ese amplio abanico de actitudes hacia la naturaleza característicos de la cultura y de la sensibilidad ilustradas -mezcla de curiosidad intelectual y de afán por aproximarse a ella e imitarla-que abarcaba, además de la afición a la caza o al coleccionismo zoológico, la pasión por la agricultura y la jardinería, el estudio de la botánica y el cultivo de las ciencias naturales. Es cierto que los monarcas españoles, como observara el embajador francés en Madrid a finales de la centuria, 6 no habían llegado nunca a tener una ménagerie barroca al estilo de la de Versalles, es decir, un único establecimiento en el que albergar toda su colección y que, a semejanza de un "gabinete de curiosidades vivas", permitiera presentar a los animales separados jerárquicamente de acuerdo a las últimas clasificaciones científicas y proporcionar al tiempo una visión simultánea de todos ellos. 7 Lo cual no y las colecciones exóticas en el Renacimiento temprano", en Marina Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw (eds.): Oriente en Palacio: tesoros asiáticos en las colecciones reales españolas, Madrid, Patrimonio Nacional, 2003, pp. 27-44. Sin tratar de agotar la bibliografía, noticias dispersas sobre esta cuestión pueden encontrarse también en Jesús Sáenz de Miera: "Ciencia y estética en torno a Felipe II. Objetos de arte y maravillas en el Alcázar de Madrid" en Fernando Checa (ed.): El Real Alcázar de Madrid. Dos siglos de arquitectura y coleccionismo en la corte de los reyes de España, Madrid, Nerea, 1994, pp. 264-307; Bernardo J. García García: "Los regalos de Isabel Clara Eugenia y la corte española. Intimidad, gusto y devoción", en Reales Sitios, 143, Madrid, 2000, pp. 16-27; Annemarie Jordan: "Las dos águilas del Emperador Carlos V. Las colecciones de Juana y María de Austria en la corte de Felipe II", en Luis A. Ribot García (ed.): La monarquía de Felipe II a debate, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, pp. 429-472; Pablo Jiménez Díaz: El coleccionismo manierista de los Austrias. Entre Felipe II y Rodolfo II, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2001. 5 Carlos Gómez-Centurión Jiménez: Alhajas para soberanos. Los animales reales en el siglo XVIII, de las leoneras a las mascotas de cámara (en prensa) y el resto de la bibliografía citada en este artículo. obsta para que sí tuvieran una auténtica colección zoológica, pues, al fin y al cabo, lo que realmente define la existencia de cualquier colección no es tanto el repertorio de objetos que están presentes en ella o cómo éstos se distribuyen y exponen a la vista de los demás, sino la relación que sus propietarios sostienen con ellos. 8 Precisamente porque durante el periodo que nos ocupa coleccionar animales exóticos fue en gran medida un gusto personal de los miembros de la familia real y no sólo una forma más de consumo de prestigio, éstos se dispersaron por diferentes palacios y residencias en busca de un mayor y más frecuente contacto físico y visual con ellos, en lugar de ser expuestos todos juntos al público en una única ménagerie. El deseo de disfrutar a menudo de los ejemplares más raros y apreciados, de proporcionarles unas condiciones de subsistencia lo más adecuadas posibles y fomentar su crianza fueron los elementos que se tuvieron en cuenta a la hora de decidir la ubicación de estos "animales de placer" entre los distintos sitios reales, considerando además la época del año en que la Corte residía en cada uno de ellos y sus características territoriales y climatológicas. Los palacios de Aranjuez y de San Ildefonso fueron dos de sus destinos preferentes, pues la familia real pasaba en ellos la primavera y el verano. Ya en Madrid, más que la Casa de Campo o El Pardo -espacios dedicados preferentemente a la actividad cinegética-, su principal albergue sería el Buen Retiro, perpetuando la tradición del siglo anterior. Muchos más problemas que solventar el destino de estas criaturas planteaba siempre su adquisición. Desde la antigüedad, los animales exóti-1664 en las Comptes des bâtiments du roi para denominar el lugar que albergaba la colección de animales de Versalles, acepción que adoptó a partir de entonces. II, pp. CARLOS GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ cos habían constituido un valioso obsequio intercambiado por los grandes soberanos como testimonio de su dominio sobre vastos y lejanos territorios. 10 Durante el siglo XVIII, sin embargo, ocuparon un papel relativamente discreto en la práctica diplomática si los comparamos con las ricas producciones de las manufacturas de lujo, sobre las que había entablada una fortísima rivalidad entre los monarcas europeos. Es cierto que, en ocasiones, llegaron hasta la Corte española algunos animales regalados por Inglaterra, Holanda, Suecia o Portugal, 11 pero los envíos más numerosos procederían casi exclusivamente de las potencias norteafricanas al tiempo que se firmaban con ellas tratados de alianza y de comercio a lo largo de las últimas décadas de la centuria. 12 Y aunque el papel de todos estos obsequios no fuera desdeñable, la principal fuente de aprovisionamiento de animales exóticos para las colecciones reales continuó radicando en los propios territorios extrapeninsulares de la Monarquía: los presidios del norte de África, la América española y Filipinas. Los gobernadores de Ceuta y Orán desempeñaron un papel muy importante en el envío de especies norteafricanas durante la primera mitad del siglo, hasta el extremo de que, vistos los gastos que ocasionaban estas fieras en el Buen Retiro y su escasez de fondos, en 1744 se llegó a proponer que: "sin pedir permiso antes a los reyes por la Secretaría de Estado, no envíen a sus Majestades ningún león, leona, tigre ni otra fiera ni pájaros de África". 13 No obstante, los animales siguieron llegando y, en 1757, el gobernador de Orán expedía a Madrid una leona que había sido capturada rondando en las inmediaciones de la plaza por estimar que se trataba de "una alhaja propia de un soberano". 14 Esta consideración de los animales salvajes como "alhajas" propias de los atributos de la majestad real y la creciente afición de los monarcas españoles a coleccionarlos fueron precisamente los motores que mantuvieron vivo su flujo desde América o el archipiélago filipino hasta la Penín sula a partir de la finalización del conflicto sucesorio y hasta el estallido de las guerras napoleónicas. Veamos en qué términos, por ejemplo, le ofrecía a Felipe V el gobernador interino de Filipinas, fray Juan de Erechederra, un magnífico ejemplar de venado blanco que enviaba como obsequio en 1746: Señor, El Rey Salomón se recreaba con una cierva que en la Sagrada Escritura se intitula Cierva del amor, y el que yo por tantos títulos profeso a vuestra Majestad quiere darle este mismo título a un Ciervo todo blanco que se cogió en los montes de la Laguna de Bay de este dominio de vuestra Majestad que, por exquisito y singular, puede ser logre el de ministrar materia a la recreación del Real ánimo de vuestra Majestad, a cuya soberanía lo remito con un collar de oro por mano de vuestro Virrey de Nueva España en muestra de los cordiales deseos de aliviar las fatigas de vuestra Majestad, cuya Católica y Real persona guarde Dios lo que la Cristiandad ha menester. 15 A pesar de tanta ampulosidad retórica para envolver el regalo, nada sucedía de manera gratuita en los territorios ultramarinos españoles, ni siquiera el envío de ofrendas a sus soberanos. En este caso todo hace sospechar que el obispo pretendía hacerse perdonar la decisión adoptada por el Cabildo de Manila de despachar sin autorización el galeón anual hacia Nueva España, después de que una real cédula real de agosto de 1744 hubiese ordenado interrumpir completamente el comercio con aquel Virreinato por miedo a la presencia de los buques ingleses en los alrededores. 16 En semejante circunstancia, lo que estaba en juego era la paralización de la vida económica del archipiélago, que dependía por completo de aquel galeón. Las más de las veces, sin embargo, los envíos espontáneos de obsequios a la Corte por parte de los virreyes y gobernadores de Ultramar pretendían simplemente complacer al monarca y obtener de él alguna gracia, casi siempre una promoción en los empleos o un regreso rápido a la Península con un destino más apetecible. Pocas veces constituían una mera y desinteresada demostración de fidelidad a la Corona, como cuando en 1797 el moribundo y arruinado virrey del Río de la Plata dejó encargado que, a su fallecimiento, se remitiesen a España sus mascotas favoritas: "dos pájaros singulares" como regalo para los reyes y un "monito de cabeza blanca" para Godoy, "en memoria del afecto y respeto que conservó hasta el último momento de su vida". 17 Cualquier cortesano sabía que no convenía nunca quedarse atrás en la feroz carrera por hacerse con el favor real, motivo por el cual la Secretaría de Indias o el presidente de la Casa de la Contratación, por cuyas manos pasaban cuantos animales llegaban desde América, a menudo pretendían emular a sus colegas del otro lado del Atlántico encargando también por su cuenta aquellos ejemplares que con seguridad agradarían al monarca. 18 Incluso muchos particulares, al recibir animales exóticos de sus parientes y amigos residentes en las Indias, acababan ofreciéndoselos al soberano, como hiciera en 1787 la marquesa de Sonora con un tapir por parecerle que, siendo un animal tan peculiar, "debe tener ese destino". 19 Al fin y al cabo, estos animales resultaban caros de mantener y había pocas esperanzas de que sobrevivieran por mucho tiempo, así es que siempre se obtenía una mayor rentabilidad de ellos utilizándolos como presente. Sin embargo, el afán coleccionista de los reyes no podía estar a expensas únicamente de las iniciativas de sus súbditos. Y es que, pese a lo conocida que era la inclinación que sentía la familia real hacia los animales exóticos y los favores políticos que se podían obtener satisfaciéndola, esos animales no siempre eran recibidos en la Corte con la abundancia y al ritmo que se deseaban. En tales ocasiones los secretarios de Estado se veían obligados a remitir órdenes para que, a su llegada a puerto, las autoridades se encargaran de comprar cuantos ejemplares trajeran en los navíos los particulares que regresaban de las Indias. 20 De hecho, si los envíos de animales se intensificaron en la década de 1770 fue sólo después de que la Secretaría de Indias expidiese una circular a todos los virreyes americanos avisando que "cada cual por lo que mira a su virreinato, disponga recoger todos los pájaros más particulares en pluma que allí se críen y los envíe, porque desea verlos el príncipe de Asturias". Esta real orden -que se completó tres años más tarde con otra semejante decretando el envío a la Corte de pelícanos también para el príncipe-21 constituyó el principal estímulo que empujó a las autoridades americanas a enviar durante las décadas siguientes toda clase de aves exóticas y de mamíferos raros, tanto para la colección particular del heredero como para la del soberano. Detrás de esta corriente de animales vivos llegados hasta Madrid estuvieron algunas de las personalidades más prominentes de la administración de América y Filipinas de aquel entonces. Hombres como José de Gálvez, el marqués de Croix, Manuel Antonio Flores, Manuel Amat, Simón de Anda o Francisco Gil de Taboada, pero también otros innumerables oficiales de menor rango que se vieron implicados en esta actividad, acelerada a partir de 1776 por la inauguración del Gabinete de Historia Natural y por las correspondientes órdenes para que las autoridades americanas colaboraran en el enriquecimiento de sus colecciones. 22 Las instrucciones dadas por el Gabinete, sin embargo, no incluían el envío de animales vivos para ser estudiados al natural, los cuales continuarían remitiéndose directamente al monarca como regalo para engrosar la ménagerie real. Los naturalistas deberían conformarse con observarlas allí o con conservar sus restos disecados cuando hubieran expirado: las bestias vivas contribuían a glorificar a los príncipes y sólo las muertas resarcirían el ansia de conocimiento de los estudiosos. 23 Dentro de esta misma lógica, ninguna de las numerosas expediciones científicas que se sucedieron durante la segunda mitad del siglo XVIII -y que volvieron cargadas con centenares de minerales, conchas, semillas y animales y plantas disecadas o en conserva-tenía entre sus objetivos prioritarios regresar con ejempla- res vivos, cuya presencia en los convoyes hubiera resultado la mayoría de las veces un estorbo inútil para sus propósitos científicos. 24 Sería sólo a partir del siglo XIX cuando las nuevas instituciones surgidas de la revolución liberal, como el Muséum d Histoire Naturelle de París, se plantearan entre sus objetivos prioritarios la adquisición de animales vivos con fines de observación y de experimentación. 25 Entretanto, enviarlos como obsequio para las personas reales constituyó una inversión muchísimo más productiva y menos laboriosa que recopilar las pesadas producciones naturales que demandaba el Gabinete. En términos generales, siempre había buenas razones para tratar de halagar al monarca y satisfacer sus caprichos, pero en algunas circunstancias las necesidades apremiarán más que en otras. Pocos casos están tan bien documentados como el de los venados buras traídos a España en 1776 por Juan Bautista de Ugarte, factor de la renta del tabaco de la ciudad de Durango. 26 Tras casi diez años desempeñando este cargo, Ugarte se encontraba en una situación financiera muy apurada pues, desde 1768, se venía retrasando en ingresar las cantidades que debía en la tesorería de la Dirección General del Tabaco. Según él, el descubierto en la administración de la renta -por valor de más de treinta y cinco mil pesos-no era a causa de "extravíos o malversación" sino de "quebrantos y contratiempos que acaso no supo prevenir", como fuera el haber tenido que devolver la dote de su primera esposa. Para salir del aprieto, Ugarte aspiraba a conseguir una alcaidía vacante en alguna de las ciudades de Nuevo México, cambiándola por su factoría o, si no era lo bastante rentable, ejerciéndola a través de un teniente. Lógicamente un beneficio como aquel no resultaba fácil de conseguir, de manera que el factor recordó que hacía pocos años el virrey marqués de Croix le había pedido que localizara en los alrededores de su distrito algunos venados buras para enviárselos a Carlos III, que ya poseía otros dos en el Buen Retiro y quería aumentar su colección. 27 Ni corto ni perezoso, Ugarte puso manos a la obra para buscar donde fuera los anhelados venados que podían convertirse en su tabla de salvación, de suerte que en el verano de 1774 había conseguido ya reunir cuatro ejemplares jóvenes, domesticados y en condiciones de ser remitidos a España. Sabía, sin embargo, que aquel servicio prestado a tan larga distancia quizás no bastara para hacerse perdonar su mala gestión y obtener además un nuevo cargo más lucrativo, así es que decidió conducir por sí mismo los venados hasta la Corte y ofrecérselos personalmente al monarca. Para obtener el permiso, acompañó su carta de solicitud con un hermoso dibujo de los animales (Fig. 1) que, sin duda, llamaría la atención y despertaría el interés del secretario de Indias, Julián de Arriaga, y de quien en Madrid era su principal protector, José de Gálvez. 28 Tras un azaroso viaje de casi un año de duración -durante el cual llegó a estar tres meses detenido en México a causa de sus deudas contraídas con la hacienda-, Ugarte pudo al fin presentarse en persona ante el rey y ofrecerle los animales. Carlos III, enterado "de la triste situación de este sujeto y queriendo recompensarle sus dispendios y fatigas", accedió no sólo a resarcirle de los gastos realizados, sino a mantenerle también en su empleo y a concederle la alcaidía mayor de Tehuantepec en cuanto ésta quedara vacante. Animales feroces, animales curiosos Censar con precisión todos los animales que se enviaron desde América y Filipinas con destino a la ménagerie real entre 1701 y 1808 resulta una tarea prácticamente inabordable debido a la dispersión de las fuentes documentales. Sin embargo, las noticias conservadas en el Archivo General de Indias,29 combinadas con los fondos del Archivo de Palacio y del Museo Nacional de Ciencias Naturales, nos permiten, al menos, hacernos una idea aproximada de cuáles eran las especies más apreciadas y objeto de un tráfico más frecuente. Entre los mamíferos, sin ninguna duda, continuaron ocupando un lugar destacado los grandes felinos. Su presencia al lado de los reyes y de los grandes señores se remontaba a la época medieval y pocos animales como ellos, por su fuerza, su ferocidad y el dominio que se suponía que ejercían sobre el resto de las especies, simbolizaban de una forma tan evidente la supremacía del poder regio y los valores guerreros que distinguían al estamento nobiliario. A la admiración por su belleza se añadía el placer de obligarles a luchar con otros animales en sangrientas batallas, para las que se edificaron serragli y leoneras en la mayoría de las cortes europeas, como las que hubo en Madrid en la Casa de Campo y en el Buen Retiro. 30 Precisamente al tiempo que se levantaba esta última, Felipe IV le ordenaba al virrey del Perú que se ocupara de buscar y de remitir hasta la Corte una pareja de las especies más fieras "que hubiese en el distrito de vuestro gobierno", pues había decidido "para la diversión del ánimo y ocupar los ratos que puedo dar al tiempo, después de haber asistido a la continua ocupación y despacho de tantos negocios como dependen del Gobierno de esta Monarquía, tener en parte distinta y separada un circo donde estén encerrados algunos de los animales feroces que naturaleza cría, como son leones, tigres, osos y sus semejantes". 31 El Retiro continuaría siendo el destino de estos felinos durante el siglo XVIII, a lo largo del cual hemos podido constatar documentalmente la expedición desde tierras americanas de, por lo menos, veinticuatro ejemplares entre 1731 y 1804. 32 La identificación de cada uno de ellos, sin embargo, plantea graves problemas debido a la informalidad del léxico que se utilizaba en la época para referirse a ellos. Aunque los naturalistas del XVIII -y más los españoles, que conocían bien el Nuevo Mundo-empezaban ya a distinguir con claridad las diferentes especies que poblaban cada continente, los términos que se usaban para designarlos popularmente eran mucho menos precisos. Tal y como reconocía el naturalista Buffon, los franceses -e igual les pasaba a los españoles-solían llamar "tigre" no al auténtico tigre asiático (Panthera tigris), muy rara vez visto en Europa, sino a las panteras y leopardos (Panthera pardus) de África o a los jaguares (Panthera onca) de América. 33 También la documentación administrativa española seguía empleando los nombres comunes de los felinos ya conocidos de Asia y África para denominar a las especies características del Nuevo Mundo, llamando en ocasiones "leones" a los pumas (Puma concolor) o "tigres" y "leopardos" indis-tintamente al jaguar, al ocelote (Leopardus pardalis) y al yaguarundi (Herpailurus yagouaroundi). Pese a que las peleas de fieras acabaron cayendo en desuso entre la sociedad cortesana desde principios de la centuria,34 los grandes felinos continuaban siendo apreciados por su belleza y su poder, por lo que los gobernadores americanos solían escoger para enviar a Madrid "tigres" todavía cachorros y, a ser posible, domesticados para "diversión" de los príncipes. Aún así, a finales de la década de 1760 y principios de la siguiente es detectable ya una cierta pérdida de interés hacia estos animales -en beneficio de otras especies más raras-, rechazándose varios ejemplares a su llegada, posiblemente por estar ya repleta la Casa de Fieras del Retiro y ser su manutención tan costosa. 35 Porque es precisamente a partir de estas mismas fechas cuando comienzan a llegar como obsequio para la familia real animales cada vez más extraños y curiosos por los que los naturalistas y los aficionados sentían una inagotable fascinación. El incremento del interés científico entre las elites, el progreso de las ciencias naturales y la creciente investigación sobre las riquezas originarias del continente americano fueron los motores que estimularon desde entonces el envío a la Península de nuevos y más variados especímenes de los que poblaban el Nuevo Mundo. Ya no eran tan fieros, pero excitaban la curiosidad del público por su aspecto extraño o "monstruoso" y contribuían siempre con su presencia a dar prestigio a la Corona, poniendo de manifiesto su dominio sobre tan extensos y alejados territorios. Después de varias tentativas frustradas, por ejemplo, en julio de 1776 se consiguió que desembarcara en Cádiz sano y salvo un oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla) procedente de Buenos Aires, y que fue ingresado en la Leonera sólo después de que el rey tuviera ocasión de observarle detenidamente "en su mismo Cuarto" y dado orden de retratarle al pintor Rafael Mengs. 36 Sobrevivió únicamente siete meses, pero, que sepamos, al menos llegaría otro ejemplar vivo en septiembre de 1788 como regalo del gobernador del Consejo de Indias. 37 Entre estas especies curiosas se registra también el ingreso en el Retiro de un tapir centroamericano (Tapirus bairdii) en 1787, 38 de un pecarí (Tayassuidae) en 1789 y de tres armadillos mexicanos o "cachicamos" (Dasypus novemcinctus) en 1796. 39 Otros ejemplares, en cambio, nunca lograrían llegar vivos hasta la Península, como los tepezcuintles (Agouti paca) que se enviaron en varias ocasiones o un gran lagarto vivo capturado en Nueva Granada -probablemente un peligroso caimán negro (Melanosuchus niger)-al que se negó tan siquiera a embarcar el maestre del navío que debía transportarlo. Por estas fechas habría ya en el Gabinete de Historia Natural otros dos ejemplares disecados, macho y hembra, regalo del rey de Portugal. Juan Bautista Bru de Ramón: Colección de láminas que representan los animales y monstruos del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid, con una descripción individual de cada uno de Enorme interés para la curiosidad ilustrada de la época tenía también cualquier animal común que pudiera presentar alguna anormalidad anatómica. Casi siempre se trataba de deformidades que resultaban mortales, por lo que el Gabinete de Historia Natural madrileño surtía sus colecciones con dibujos o restos embalsamados de animales monstruosos y de fetos contrahechos que le eran remitidos con cierta asiduidad. Sabemos, sin embargo, que hubo al menos dos de estos animales que llegaron vivos hasta Madrid. En 1779, una curiosa "vaca sin pelo" nacida en una de las haciendas próximas a Veracruz y que el administrador de las rentas reales de aquella ciudad se había cuidado de adquirir, junto a su ternera, para enviárselas al monarca (Fig. 2). 41 Y, en 1789, una yegua que presentaba una peculiar deformación en los genitales y que fue remitida a la corte por el virrey de Nueva Granada con la pretensión de que era "hermafrodita". 42 Dado que la mayoría de estos animales iban a parar a la propiedad real como regalos, su selección, por regla general, era algo que quedaba fuera de todo control de la corte. En ocasiones, no obstante, la iniciativa de los virreyes conseguía despertar vivamente el interés de los soberanos, como fue el caso de los venados bura o venados "burros" (Ocodileus hemionus crooki) procedentes de Nueva España y a los que ya hemos aludido. Denominados así por los primeros conquistadores a causa de sus grandes orejas, los buras constituían un preciado trofeo debido a su enorme tamaño y a las dimensiones que alcanzaban sus astas, lo que les convertía en un regalo ideal para un cazador avezado como era Carlos III. Los dos primeros ejemplares fueron enviados por el virrey de México en 1764 y llamaron poderosamente la atención del monarca, a juzgar por el interés que demostró por conservarlos en óptimas condiciones en el Retiro 43 y por conseguir nuevos ejemplares durante los años siguientes. 44 Mayores satisfacciones aún le produjeron a Carlos III los animales procedentes del lejano Oriente obtenidos a través de Filipinas. Gracias a su interés por fomentar la navegación española en el Pacífico y a su habilidad para explotar las rivalidades existentes entre los nawabs de la India, el gobernador Simón de Anda fue capaz de conseguir hasta tres ejemplares de elefante asiático (Elephas maximus), una de las más preciadas posesiones CARLOS GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ del monarca español. 45 En 1774 le pudo enviar también a la princesa de Asturias un cargamento de peces chinos o goldfish (Carassius auratus), tan de moda entonces en Europa. 46 Y, sin embargo, aparte de los elefantes, los animales que mayor atracción ejercieron sobre Carlos III fueron los venados enanos de Java (Tragulus javanicus), los cérvidos más pequeños del mundo que le regaló en 1777 el nawab de Carnatic, Mohammed Alí Khan Walajan, y que habitaron durante años en el mismo cuarto del soberano junto a sus demás animales de cámara. La familia real solía recibir como obsequio toda clase de mascotas -sobre todo titíes y pequeños simios-, 47 pero los ciervos ratón se convirtieron en la gran novedad del palacio madrileño, hasta el extremo de que Carlos III dio la orden de que en adelante todas las naves que llegaran a Cádiz procedentes de Filipinas procurasen traer más ejemplares, rechazando, en cambio, el resto de animales que desde aquel archipiélago le enviaba el gobernador Basco y Vargas para tratar de complacerle "porque no son apreciables para el rey". Además de los grandes felinos y los cuadrúpedos raros, las aves ocuparon el lugar más sobresaliente en la mayoría de las colecciones zoológicas de la época moderna. Un protagonismo que se fue incrementando con el transcurso del tiempo conforme las peleas de fieras caían en desuso, convirtiéndose a veces en casi los únicos habitantes de las ménageries más modestas, entre otros motivos porque resultaban más fáciles de adquirir y baratas de mantener. A cambio, el continuo descubrimiento de nuevas especies impulsó a coleccionarlas y a buscar incansablemente ejemplares nuevos y cada vez más raros, puesto que su diversidad se consideraba tanto un reflejo fiel del poder creador de la naturaleza como un indicador de la magnificencia de sus dueños. El esplendor de sus formas, la riqueza de 45 Salvador P. Escoto: "Haidar Alí: un intento frustrado de relación comercial entre Mysore y Filipinas, 1773-1779", en Revista Española del Pacífico, n.o 10, Madrid, 1999, pp. 45-75; Gabriel Sánchez Espinosa: "Un episodio en la recepción cultural dieciochesca de lo exótico: la llegada del elefante a Madrid en 1773", en 49 Abundantes, llamativas y más fáciles de transportar que otros animales de mayor tamaño, las aves exóticas inundaron las ciudades portuarias y los palacios reales de Portugal y Castilla a partir de la época de los descubrimientos, erigiéndose en testimonios vivientes de los extensos y lejanos territorios que ambas monarquías controlaban. A lo largo del siglo XVIII, entre las aves americanas de mayor tamaño las águilas coronadas (Harpyhaliaetus coronatus) y los cóndores reales (Sarcoramphus papa) fueron objeto de frecuentes envíos hacia Madrid, ya que las rapaces y carroñeras constituían los huéspedes tradicionales del piso alto de la Leonera del Retiro. 50 Otra especie que aparece a menudo mencionada en la documentación es el paují o "pájaro piedra" (Pauxi pauxi), característico del norte de Colombia y de Venezuela, y que los oficiales americanos enviaban a España con cierta frecuencia tanto por su llamativo aspecto como por su deliciosa carne, que comparaban con la del faisán. 51 Por lo que respecta a las acuáticas, el marqués de Croix intentó remitir a Madrid, en 1770, diez garzas paletas (Ajaia ajaja) y cinco cigüeñas soldado (Jabiru mycteria), pero ninguna de ellas sobrevivió a la travesía. 52 Mayor fortuna, en cambio, tuvieron la mayoría de las avutardas y gan- CARLOS GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ sos silvestres enviados por el intendente de la Luisiana en 1787 y que fueron a parar a la Casa de Campo. 53 A pesar de que todas estas aves eran recibidas con aceptación en la Corte y contribuían a mantener poblados los aviarios y los estanques reales, las especies por las que las personas reales sentían una mayor predilección eran aquellas que se podían acomodar en el interior del palacio y acompañar a sus dueños en sus desplazamientos estacionales por los reales sitios, convertidas en auténticas mascotas familiares. El viajero inglés William Beckford, que visitó el Palacio Nuevo de Madrid en 1787, no pudo menos que dejar constancia del elevado número de estos pájaros que encontró por todas las habitaciones: En esta estancia [la alcoba del viejo rey], como en todas las otras que visité, sin excepción, había jaulas de alambre dorado, de distintas formas y tamaños, y en cada una de estas jaulas había un pájaro exótico y curioso, gorjeando como loco, como si estuvieran disputándose un premio de canto. Mezclado con estos pájaros se oía a intervalos el tañido suave de los relojes musicales, que penetraba subrepticiamente en el oído. Ningún otro sonido rompía el silencio general, excepto por cierto, los pasos casi inaudibles de varios viejos criados, cuyas libreas mostraban el corte y la moda reinante en los días de la madre del Rey, Isabel de Farnesio; éstos parecían deslizarse suave y cautelosamente, abrían las jaulas y ofrecían a sus habitantes las golosinas a que todo pájaro culto está acostumbrado. A consecuencia de estas atenciones las avecillas revoloteaban o se agachaban y los criados sonrientes les acariciaban el pico o la cabeza, cosa en que yo les imité. 54 Las más copiosas solían ser las aves canoras -que disponían en palacio de su propio maestro de música-55 y entre las cuales las americanas, por su exotismo y su belleza, eran sin duda las más apreciadas: el sinsonte o "pájaro cien voces" (Mimus polyglottos), el gorrión de Indias (Melospiza melodia), el cardenal (Cardenalis cardenalis), el pájaro mariposa (Passerina ciris), el azulejo (Passerina cyanea), el turpial (Icterius icterius), etc. Aunque el envío de esta clase de aves se solicitaba periódicamente a las autoridades ultramarinas, 56 el periodo en el que la familia real pudo disponer de ellas con mayor abundancia fue durante el largo quinquenio que la Corte pasó en Andalucía entre 1729 y 1733, recibién- dolos a menudo como regalo de las ciudades que visitaban. 57 Debido a la afición que todos sus miembros sentían hacia ellas, durante las décadas siguientes la presencia de estas aves se trasladó también a las pequeñas Cortes familiares de Italia: don Carlos se las hacía enviar con frecuencia mientras fue rey de las Dos Sicilias y, tras regresar a Madrid, las continuó remitiendo como obsequio a sus hijos a Nápoles y Florencia. 58 Pero su adquisición no siempre resultaba fácil. Pese a los envíos oficiales y a que los marineros solían traerlas en su viaje de regreso a la Península para ponerlas a la venta, las aves no siempre llegaban cuando se esperaban o se necesitaban. En tales ocasiones era preciso remitir a las autoridades portuarias las correspondientes órdenes para que, en caso de no llegar pájaros consignados para los reyes, se tratasen de comprar a los particulares que estuvieran dispuestos a deshacerse de ellos. 59 Aún así, a veces no había manera de conseguirlos y en 1767, por ejemplo, fue casi imposible localizar todos los ejemplares que Carlos III necesitaba para enviarlos como regalo al rey de Marruecos. 60 Además de las aves canoras, las otras mascotas más apreciadas eran sin duda los papagayos (Psittacidae). Identificados rápidamente con los viajes de exploración ultramarinos y con las tierras recién descubiertas, sus especies más llamativas -grises africanos, periquitos, amazonas y guacamayos-se convirtieron en valiosos objetos de lujo, codiciados en todas las Cortes europeas. 61 En España, la afición a los papagayos se mantuvo intacta durante todo el siglo XVIII, de manera que aparecen citados de forma constante en la documentación de palacio, desde las primeras cuentas relativas a los "pájaros y papagayos del Real Cuarto" de María Gabriela de Saboya, hasta la última referente a los dos loros que Carlos IV tenía consigo en el palacio de Aranjuez al tiempo de su abdicación. 62 Aún así, su presencia fuera de los grandes centros comerciales andaluces y de Madrid no era demasiado corriente. Al marqués de Langle le había llamado la atención, nada más entrar en la Corte, haber visto "titíes, monas, cacatúas, loros en casi todas las ventanas", 63 pero al corresponsal en Bilbao del director del Gabinete de Historia Natural le parecía imposible, en 1774, encontrar en aquel puerto un guacamayo para comprar, ya que únicamente se había visto uno hacía años en Bermeo "en poder de un caballero particular, traído por un cuñado suyo de un viaje que hizo al Orinoco", y sólo los marineros que volvían de Terranova o de las Antillas traían de vez en cuando titíes o papagayos más corrientes. 64 Los loros de todas clases continuaban fascinando por su aspecto llamativo y multicolor -debido al cual aparecen profusamente representados en los interiores palaciegos, desde el Salón del Trono del Palacio Nuevo hasta el Gabinete de Porcelana de Aranjuez-, pero su presencia física en las habitaciones reales se debía, antes que nada, a su éxito como animales de compañía. Como mascotas, los loros pueden resultar auténticamente divertidos. Por lo ruidosos, sucios y traviesos que llegan a ser quizás no fuera el animal que más fácilmente seamos capaces de imaginar habitando en la solemnidad de un palacio. Pero, a menudo, se nos olvida que su inteligencia, su inagotable sentido del humor, su picardía y su malicia podían proporcionar a su entorno justamente el tipo de desahogo que un ambiente tan jerarquizado y protocolario como el cortesano más necesitaba. Su función, en cierta forma, recuerda a la que los enanos y bufones tuvieron en la Corte de los Austrias, consistiendo su gracia en violar los rígidos usos de la sociedad estamental y de la etiqueta palaciega, pues sólo a ellos se les permitía hacer burla de los cortesanos o decir con libertad las verdades al rey. 65 Asociación entre la "lengua libre" de los bufones y la locuacidad de los papagayos que queda perfectamente plasmada en algunos de los últimos retratos que se pintaron en la corte española de sus enanos -por Juan Carreño o Michel-Ange Houasse-acompañados por cacatúas y papagayos. Precisamente porque su función fundamental era entretener, se valoraba más que nada que supieran hablar bien. LOS ANIMALES DE AMÉRICA Y FILIPINAS EN LA MÉNAGERIE REAL EN EL XVIIII Italia, no olvidó precisar "que hablan mucho", 67 mientras, que el gobernador de Cartagena de Indias se disculpaba ante el príncipe de Asturias porque el único loro que había encontrado para enviarle resultaba "muy apreciable por su pinta", pero hablaba "muy poco español por haber corto tiempo que lo trajeron de los indios bárbaros". 68 Para excitar su charlatanería -y siguiendo un antiguo consejo de Aristóteles y Plinio-a los papagayos se les solía emborrachar sirviéndoseles todas las tardes "sopas de vino con pan" para merendar. Una de las cuestiones que más hicieron especular a los naturalistas del siglo XVIII fue la viabilidad de importar y aclimatar en Europa especies domésticas o semidomésticas provenientes de otros continentes, no ya como curiosidad exótica o mero divertimento, sino con fines estrictamente utilitarios, pudiendo representar alguna mejora en los rendimientos ganaderos o en la producción de materias primas para la industria. Pedro Estala, en su edición de la Historia Natural de Buffon, se lamentaba de que no se hubiera llevado a cabo en España una política más ambiciosa y de más amplias miras a este respecto con la fauna originaria de los territorios americanos: A la verdad, los españoles hemos tenido más cuidado en propagar en América nuestros ganados que en traer de allá los que pudieran ser más útiles a nuestra economía rural y a nuestra industria. En lugar del ganado vacuno, lanar, caballar, etc. de que hemos poblado aquellas vastas regiones, nos hemos contentado con traer monos, papagayos y otras aves de hermoso plumaje, de suerte que aquellos naturales se desquitan con muchas ventajas de lo engañados que fueron en sus primeros cambios con los europeos, cuando daban sus frutos y metales preciosos por pedazos de vidrio y cuentas de abalorio. En lugar de guacamayos y titís deberíamos haber traído sus vicuñas, alpacas, llamas, guanacos, cíbolos, etc. para compensar en algún modo las incomparables riquezas que debe el nuevo mundo a España en gente, ganados y semillas. 70 Las posibilidades materiales de llevar a cabo este tipo de empresas a gran escala eran, sin embargo, muy reducidas pues, además del gigantesco esfuerzo humano y de la enorme inversión que requerían, existía siempre el riesgo de que los animales no llegaran vivos a su destino o no se aclimataran a su nuevo hábitat. Debido a ello, los contados experimentos que se realizaron en este terreno estuvieron siempre limitados al ámbito de la iniciativa de la Corona -la mayoría auspiciados durante el reinado de Carlos III-, e íntimamente relacionados con las transformaciones que se produjeron durante aquellos años en la configuración territorial de los reales sitios. Pero lo mismo que las explotaciones agrícolas modelo, la llegada de estos animales no llegó a tener jamás ningún impacto económico y los pocos ejemplares que sobrevivieron al viaje acabaron siendo considerados, antes que nada, como parte de las colecciones zoológicas reales. A medio camino entre la curiosidad viviente y el animal útil puede considerarse la famosa hembra de bisonte americano (Bison bison) enviada desde México en 1770 por el virrey de Nueva España, como regalo para Carlos III. Por su dimensión y su bravura se trataba de un animal que pocas veces había viajado hasta Europa, aunque el conde de Buffon recordaba haber visto un ejemplar capturado en América del Norte, criado en Holanda y comprado después por un empresario suizo que lo llevaba de pueblo en pueblo exhibiéndolo "en una gran jaula de la cual no salía, y aún estaba atado a ella por la cabeza con cuatro cordeles que se la tenían muy sujeta". 71 Por el contrario, la cíbola que llegó a Aranjuez el 11 de octubre de 1770 podía considerarse un animal único pues era completamente mansa. Formaba parte de una pareja de bisontes, macho y hembra, que habían sido criados a mano desde pequeños por un nativo mexicano y de cuya existencia tuvo noticia el marqués de Croix, decidiendo enviárselos al rey como regalo: "por haberme parecido dignos de algún aprecio en ese Reino, mayormente cuando su mansedumbre es tal que hasta mi recámara han entrado sin la menor violencia siguiendo al hombre que los cuida". Embarcados en Veracruz en el mes de abril y llegados a Cádiz a finales del mes de julio, los animales hicieron toda la travesía suspendidos por un arnés en las bodegas del barco, acompañados por su antiguo dueño que se ocupaba de atenderlos. A pesar de sus cuidados, los animales se encontraban muy débiles al desembarcar en la Península y el macho murió de agotamiento en Córdoba, llegando únicamente la hembra sana y salva hasta Aranjuez. 72 Allí se la instaló junto al rebaño de búfalos que se criaban en Villamejor, donde vivió apaciblemente hasta su muerte, acaecida en julio de 1774. 73 Su presencia en el real sitio atrajo a naturalistas y curiosos, quienes llamaron la atención del monarca y de sus ministros acerca de las posibilidades que podría tener introducir un animal como aquel en España, ya que era más fuerte que el buey común y su carne mucho más sabrosa, además de la ventaja añadida que brindaba su lana, llegándose a barajar durante el gobierno virreinal de Martín de Mayorga la posibilidad de enviar todo un rebaño de bisontes americanos con los que iniciar su cría en la Península. 74 Los principales esfuerzos en esta dirección, sin embargo, se orientaron a implantar en los sitios reales la cría de aquellas especies americanas cuyo pelo podía fomentar la producción de paños finos, en particular vicuñas y guanacos con cuya lana se empezó a experimentar en la Real Fábrica de Guadalajara a finales de la década de 1760. 75 A pesar de que para la provisión de lana que necesitaba esa fábrica se acordó en un principio recurrir a la importación, no por ello se renunció al proyecto de aclimatar y criar en España los camélidos americanos. La lana más apreciada era la de vicuña (Vicugna vicugna), pero su traslado era también el que planteaba mayores problemas. Al contrario que las llamas (Lama glana) y los guanacos (Lama guanicoe), en el siglo XVIII las vicuñas vivían únicamente en estado salvaje y apenas se tenía noticia de la existencia de algunos ejemplares en cautividad, motivo por el cual los naturalistas de la época no podían sino especular acerca de sus posibilidades reales de domesticación. Se cazaban a millares todos los años en el Virreinato del Perú para hacerse con su pelo, una gran parte del cual -hasta alcanzar las dos mil arrobas anuales en ocasiones-era remitido a España para su posterior venta y comercialización en el continente. Semejantes matanzas sólo contribuyeron a propagar el miedo sobre su extinción, pareciendo cada vez más urgente la necesidad de traerlas a Europa. El Semanario de agricultura y artes dirigido a los párrocos creía que se podrían aclimatar sin dificultad en Sierra Nevada, el Moncayo o los Pirineos y que "los que nos trajesen esta verdadera riqueza de América y la connaturalizasen en la Península, harían venerar y bendecir su nombre y fama hasta los siglos más remotos, y con mucha más razón 72 AGI, Indiferente, 1549. 74 Compendio de la Historia Natural, t. CARLOS GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ que los descubridores de las minas de preciosos metales". 76 Pero capturar vivo un animal tan salvaje y asustadizo y hacerle cruzar el Atlántico no era tarea fácil. Al revés que otros camélidos, las vicuñas necesitan beber agua fresca y abundante todos los días, un bien precioso y casi siempre escaso en los navíos que realizaban la Carrera de Indias. Además resisten muy mal el calor, tal y como le explicaba en 1770 el máximo gobernante del Perú al secretario de Estado, de quien había recibido una instrucción sobre las precauciones "conducentes a preparar la naturaleza de estos animales al aguante de los calores que se experimentan en la navegación dentro de los trópicos". El virrey dudaba mucho de que tales prevenciones pudieran dar resultado alguno -"por su natural temperamento inavenible con el calor de la zona tórrida"-, quedando constancia de numerosos intentos infructuosos por hacer llegar vicuñas vivas hasta España desde el reinado de Felipe II. 77 Pese a ello, Manuel Amat procuró complacer a su soberano enviando algunas vicuñas desde el Perú, pero se trató siempre de ejemplares sueltos. 78 La experiencia volvería a repetirse a comienzos de la década de 1790 y, en esta ocasión, de un total de doce vicuñas enviadas desde Perú, solamente consiguió sobrevivir una, remitida como mera curiosidad zoológica a los jardines del palacio del Buen Retiro. 79 Una operación parecida se intentó con la lana de los guanacos chilenos (Lama guanicoe), aprobada por la Secretaría de Indias en 1774, para proveer también a la Real Fábrica de Guadalajara. 80 Llegados en 1778, fueron a parar a la Casa de Vacas de Aranjuez, donde el embajador francés Bourgoing recordaba haberlos visto "pacer y saltar en un prado contiguo [...] como si estuvieran en su país natal", pero sobre cuya reproducción no ha quedado noticia alguna. 81 A finales del siglo, después de innumerables descalabros, es posible detectar ya un considerable cansancio entre las autoridades españolas frente a esta clase de empresas, condenadas desde el principio al fracaso pese a que tanto entusiasmaban a Carlos III. Resulta sumamente significativa la anotación realizada en 1784 por José de Gálvez, entonces secretario de Indias, al margen de una carta del virrey del Río de la Plata en la que le comunicaba el envío a Cádiz de un cargamento de seis avestruces (Rhea americana) con los que el monarca pretendía fomentar en España el obraje de adornos con sus plumas. En ella Gálvez ordenaba lacónicamente su archivo y añadía a continuación: "a ver si les sucede lo que a los guanacos y nos ahorramos este trabajo". Y es que si los animales procedentes de América -sobre todo los de mayor tamaño-no alcanzaron una presencia importante en las colecciones reales, ello se debió fundamentalmente a sus escasas posibilidades de sobrevivir a un viaje tan largo y penoso. Porque se tenían pocas esperanzas de que estas criaturas llegasen vivas hasta su destino, sus remitentes solían hacerlas acompañar de dibujos y retratos que pudieran sustituirlas en caso de defunción, como al oso hormiguero enviado desde Maracaibo en 1751 (Fig. 3) o a un "papagayo especial [...] con dos retratos de él" regalado al infante don Luis por el marqués de Sobremonte en 1764. 83 Si ya en trayectos más cortos y con especies domesticadas el transporte de animales vivos representaba siempre una empresa difícil, en el caso de ejemplares exóticos procedentes de América las dificultades se multiplicaban hasta el infinito. El viaje de regreso hasta la Península resultaba incomparablemente más largo y problemático que el de ida, a causa de lo cual el itinerario desde Veracruz a Cádiz -haciendo escala en La Habana y en las Azores-duraba un promedio de ciento dieciocho días, con un mínimo de ochenta y dos y un máximo de doscientos setenta. 84 Los plazos para la remisión de las mercancías, no obstante, podían alargarse muchísimos más meses, incluso años, desde su adquisición en algún punto de la geografía americana hasta su despacho a España, lo que constituía un grave inconveniente en el caso de animales vivos. Cuatro jaguares enviados por el virrey del Perú a Felipe IV, en 1635, antes de embarcar hacia Cádiz tuvieron que realizar el trayecto Guayaquil/Callao/Panamá/Cruces/Porto - belo/La Habana, lo que provocó la muerte de uno de los ejemplares durante el camino y que la tercera etapa fuera necesario realizarla a pie cargando las pesadas jaulas a hombros de cuarenta y ocho esclavos negros. 85 Incluso una vez que habían llegado al puerto de salida, los animales podían tener que esperar interminables semanas para iniciar la travesía debido al retraso de las flotas de Indias o a que no siempre era posible encontrar un navío disponible para su flete. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la comunicación entre España y América se hizo más ágil y rápida y la política comercial operó bajo el signo de la liberalización. El recurso cada vez más frecuente al navío suelto, la constitución de compañías privilegiadas y la habilitación de numerosos puertos peninsulares para comerciar directamente con las colonias fueron logros importantes en este terreno. A pesar de ello, hubo tam- bién periodos cada vez más prolongados de interrupción de las comunicaciones y de la navegación a causa de la extensión al Atlántico de la mayoría de los conflictos continentales. Sin llegar a motivos tan graves, a veces había que retrasar los embarques simplemente porque no era la estación del año adecuada. En octubre de 1768, después de meses de esfuerzo, el gobernador de Maracaibo logró por fin reunir algunos pájaros para remitir al príncipe de Asturias, pero el capitán del único navío disponible, perteneciente a la Real Compañía Guipuzcoana, se negó a hacerse cargo de las aves porque arribaría a San Sebastián en pleno invierno y "sería imposible que llegase pájaro vivo". 86 Demoras de este tipo no hacían sino multiplicar las bajas antes de que los animales pudiesen siquiera embarcar. Con todo, el periodo más devastador para su supervivencia era la travesía del Atlántico, sin que las mejoras en la navegación variaran sustancialmente esta situación a lo largo del siglo XVIII; habría que esperar a la aparición del motor a vapor y del casco de acero durante la centuria siguiente para que el transporte de animales vivos a larga distancia tuviera unas ciertas garantías de éxito. Instalar a los animales a bordo y embarcar toda la comida y el agua necesarias para su manutención durante meses constituía por sí mismo un problema de primera magnitud en unos navíos en los que la falta de espacio disponible era un problema crónico. Cuando en 1770 el virrey marqués de Croix envió desde México uno de los cargamentos de animales más importantes que se habían hecho hasta entonces -compuesto por una pareja de cíbolos, un cachorro de tigre, un águila, un tepezcuintle, diez pájaros flamencos y cinco cigüeñas sargento-se redactaron unas detalladas instrucciones sobre cómo instalarlos y alimentarlos en el navío de guerra España. 87 Lo mismo que solía hacerse con los caballos o el ganado vacuno, los cíbolos debían realizar todo el viaje suspendidos por cinchas y ser desembarcados también con ellas. Los demás irían instalados en jaulas cubiertas con lonas o pieles para proteger a sus habitantes de las peores inclemencias del viaje. A pesar de lo que pueda parecer, una jaula no era siempre el lugar más seguro para navegar y, de once perdices que fueron enviadas desde Cartagena de Indias en 1769, sólo una consiguió llegar viva hasta Cádiz "por efectos del continuo desasosiego que estas aves han tenido en la navegación, de que ha resultado a las restantes 86 AGI, Indiferente, 1549, Alonso del Río a Julián de Arriaga, Maracaibo, 4 de octubre de 1768. El marqués de Croix a Julián de Arriaga, México 1 de abril de 1770 y Pedro A. de Cossío a Francisco Estorgo, Veracruz, 14 de abril de 1770. CARLOS GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ morirse rompiéndose las cabezas contra las jaulas". 88 Aun enjaulados, había animales que no parecía posible controlar dentro de un buque y, como ya vimos, el maestre de La Soledad se negó a traer hasta España un caimán negro que venía acomodado en un cajón de casi cuatro metros de largo. Su alimentación a bordo constituía otro grave inconveniente, aunque variaba en función de qué especie se tratara. De los veinte ejemplares embarcados por el marqués de Croix en Veracruz, los herbívoros eran los que planteaban menos problemas: los dos cíbolos podían comer maíz, cebada y forraje -fáciles de conservar durante la travesía-, y el tepezcuintle maíz, pan "o cualquier otra cosa que se le da". El grado de dificultad se incrementaba con los flamencos y las cigüeñas sargentos, pues deberían mantenerse con carne o pescado siempre y cuando no estuvieran en salazón: "pues está observado que así mueren luego". Como alternativa, durante la navegación se les podía proporcionar "sobras de la olla, tripas de terneros, carneros y de gallinas y también bizcocho remojado echándoselo en los bebederos". Con semejante régimen, excusa decir que murieron trece de los quince ejemplares que viajaban en el España. Por inadecuación de la dieta debió de fallecer también el oso hormiguero remitido desde Maracaibo en 1751 -otro espécimen francamente difícil de alimentar en alta mar-, al que se daba de comer la sangre de las reses que se mataban durante la travesía o "un gigote muy menudo de vez en cuando". 89 Lo que debía comer un carnívoro salvaje no ofrecía dudas, pero la carne fresca se agotaba al poco de zarpar y sólo después de una escala era posible volver a subir a bordo aves de corral, ovejas o cerdos. Al cachorro de tigre y al águila enviados por el marqués de Croix podía bastarles con comer algunos desperdicios de todo este ganado, pero las necesidades se incrementaban al tratarse de un gran felino o de otro animal de mayor tamaño. Como alimento de los tres jaguares enviados a Felipe IV en 1635, por ejemplo, hubo que embarcar treinta cerdos -y seis fanegas de maíz para mantener a la piara-que no resultaron suficientes, de manera que su conductor se vio en la necesidad de comprar a bordo otros tres cerdos y un carnero. 90 La escasez de alimentos y el racionamiento en los buques se agudizaban cuando la travesía se alargaba y amenazaba el fantasma del hambre. cias quizás muy pocos se hubieran atrevido a sacrificar un animal que perteneciera al rey, pero los monos y pájaros que solían llevar los marineros como mascotas o para vender podían convertirse fácilmente en comida de la tripulación en un momento de emergencia. 91 Idéntico problema existía con el agua potable, que se alteraba muy rápido en las barricas de madera. Siempre racionada, su falta era uno de los motivos de queja más frecuentes y los marinos ingleses utilizaban el término horse latitudes para referirse a aquellos puntos de la travesía en los que había que comenzar a arrojar el ganado por la borda si surgía la necesidad de ahorrar las reservas de agua para la tripulación. 92 En concreto, para que bebieran los tres jaguares de Felipe IV fue necesario embarcar una pipa de casi quinientos litros de agua por cada uno. Nada especificaban las instrucciones del marqués de Croix respecto a la ración diaria de sus animales, pero sí que los flamencos y las cigüeñas debían estar siempre "bien proveídos de agua, por ser estos pájaros criados en ciénagas y a orillas de lagunas". Tampoco se les podía escasear la bebida a los dos cíbolos -"porque son de temperamento frío"-, siendo además necesario remojarlos a diario, aunque fuese con agua salada. En un espacio tan angosto y en el que los requerimientos mínimos para su supervivencia no siempre estaban asegurados, la tasa de mortalidad de los animales era altísima. Si bien estos envíos no suelen estar suficientemente documentados como para ofrecer datos estadísticos, bastan algunos ejemplos. De los veinte ejemplares remitidos desde Nueva España en 1770, sólo cinco -un 25%-llegaron vivos a Cádiz: los dos cíbolos, el cachorro de tigre y dos flamencos, de los cuales únicamente consiguieron alcanzar Madrid la hembra de cíbolo y el tigrecito. 93 Todavía más numeroso fue el envío realizado desde Cartagena de Indias por el virrey de Nueva Granada en la primavera de 1789, compuesto por treinta y dos aves de diferentes especies y quince mamíferos de todos los tamaños: después de una travesía de sesenta y dos días -"en un viaje bastante incómodo por calmas y vientos contrarios"-únicamente desembarcaron con vida en La Coruña nueve pájaros, dos pecaríes, un mono y un caballo, poco más del 27% de los que habían zarpado. El problema de la distancia y, por tanto, de la previsible mortandad de los animales se acentuaba aún más cuando procedían de Filipinas. Los galeones de la carrera de Acapulco, las naos que todos los años a primeros de julio salían de Manila cargadas a rebosar de mercancías procedentes de Oriente, tardaban seis meses en llegar a su punto de destino impulsados por el monzón de verano. Desde Acapulco había que alcanzar la ciudad de México por un endemoniado camino de herradura para, finalmente, trasladar al puerto de Veracruz las mercancías que se deseaban despachar hasta España. 95 Evidentemente, enviar un animal vivo con aquellas condiciones desde Manila hasta Madrid constituía toda una hazaña, como fue el caso del venado blanco regalado a Felipe V por el obispo Arrechederra, que salió de Manila en julio de 1746 y llegó al Retiro en octubre de 1747. 96 La situación comenzó a cambiar favorablemente a partir de 1765, cuando la Corona decidió patrocinar los viajes comerciales directos entre Cádiz y Manila en navíos de la Real Armada, a través de la ruta del Cabo de Buena Esperanza, reduciendo el itinerario anterior a únicamente seis meses de viaje. 97 Gracias a esta novedad fue como Simón de Anda y sus sucesores pudieron enviar hasta Madrid los elefantes indios y los demás animales que ya hemos mencionado, aunque debido a la duración y a los avatares de la ruta las tasas de mortalidad fueran muy semejantes a las de la travesía del Atlántico. A finales del siglo XVIII, el prestigio de que hasta entonces habían gozado las colecciones zoológicas reales comenzó a declinar. A pesar de que gracias a ellas los naturalistas habían tenido la ocasión de poder estudiar de cerca centenares de especies a las que de otra manera difícilmente hubieran tenido acceso, en seguida se dieron cuenta de lo artificiales que eran las condiciones en que estaban llevando a cabo tales observaciones. Comenzaron, entonces, a criticar sus instalaciones como insalubres y antinaturales, además de poco adecuadas para realizar su trabajo por estar más orientadas a impresionar y provocar la admiración del público que a fomentar el desarrollo de los saberes útiles. 98 No obstante, las invectivas no se detuvieron allí y, en 1797, el embajador francés en Madrid definía a las casas de fieras como "magníficas prisiones, obras maestras de la crueldad más aún que del lujo, que manifiestan la tiranía del hombre sin acreditar su poder". 99 Y es que, al igual que para los seres humanos, la privación de libertad, aunque fuese en un dorado encierro, pasó a considerarse también como un destino poco deseable para los animales salvajes, por lo que las críticas contra las ménageries reales arreciaron, adquiriendo además un sesgo moral y filosófico. En Francia, los enciclopedistas ya las habían atacado por constituir un derroche suntuario y, cuando estalló la revolución, la de Versalles se erigió ante los ojos del pueblo parisino en un símbolo más del boato, la opresión y la tiranía de la monarquía absoluta, siendo saqueada en varias ocasiones. 100 Tal y como ha demostrado Louise E. Robbins, los animales salvajes de las colecciones reales y de la nobleza no salieron muy bien parados durante los años del terror a causa de la persistente asociación que la ideología prerrevolucionaria había acuñado entre su ferocidad y la de la nobleza opresora. 101 En España, la decadencia y posterior desaparición de las colecciones zoológicas del Retiro y de los demás sitios reales no fueron fruto de la agitación revolucionaria, sino de las crisis bélicas que sacudieron a todo el continente durante el periodo napoleónico. El último envío importante de animales vivos desde América que hemos podido documentar data de 1789 102 y, aunque durante los años siguientes aún se puedan encontrar noticias dispersas relativas a algunos ejemplares sueltos 103, todo induce a sospechar que, a comienzos del siglo XIX, el colapso de la navegación y del comercio impidiera que los animales llegaran hasta las colecciones reales
Hasta el momento, la historiografía sobre las apariciones milagrosas en el mundo hispanoamericano ha privilegiado la participación de los indígenas en dicho proceso y, así, ha olvidado a otros importantes actores en él. A través del análisis de seis casos de santuarios novohispanos, este artículo muestra que los ermitaños constituyeron otra presencia casi tan importante como aquella, tanto en la literatura aparicionista como en la formación de esos centros de peregrinación. PALABRAS CLAVE: Imágenes milagrosas; Ermitaños; Santuarios de peregrinación. Con las nuevas corrientes historiográficas interesadas en la historia cultural, la segunda mitad del siglo XX vio aparecer un inusitado interés por los temas religiosos, temas considerados hasta entonces de escasa importancia por los historiadores laicos. Una de las cuestiones que ha recibido la atención de los especialistas más recientemente es la de las imágenes milagrosas y su culto. Después de los estudios pioneros de William Christian Jr. sobre la Península Ibérica, 1 varios investigadores se han dedicado al rico y variado fenómeno hierofánico desarrollado en América durante el periodo virreinal: Jaime Cuadriello, Pierre Ragon y William Taylor, entre otros, han desarrollado interesantes aspectos sobre las imágenes novohispanas, su entorno, su promoción y su culto. 2 Para el virreinato del Perú son notables los trabajos pioneros de Teresa Gisbert y Juan Carlos Estenssoro. 3 En general, tanto los estudios novohispanos como los peruanos han atendido al hecho incontrovertible de que estas hierofanías, y la literatura que generaron, estaban dirigidas a consolidar una evangelización que había sido insuficiente y que se gestaba en ámbitos donde existían cultos a divinidades indígenas. La presencia de un indio vidente en dichas manifestaciones y el éxito inusitado de una de ellas, la de la Virgen de Guadalupe, dirigió las investigaciones hacia ese tipo de ciclos, a los cuales se les comparó con el llamado "ciclo de los pastores" de la literatura aparicionista española. Así, el interés generalizado por los temas indígenas, reforzado por las perspectivas antropológicas, determinó que la mayoría de los trabajos relacionados con estas materias se centraran en aquellas apariciones donde la 1 Ver, por ejemplo, sus obras: Apariciones milagrosas en Castilla y Cataluña. Siglos XIV-XVI, Madrid, Nerea, 1990; Religiosidad local en la España de Felipe II, Madrid, Nerea, 1991. 2 Jaime Cuadriello ha dedicado numerosos estudios a las apariciones, sobre todo la de la Virgen de Guadalupe. Es por ejemplo de destacarse "Tierra de prodigios. La ventura como destino" en Los pinceles de la Historia. México, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM-Museo Nacional de Arte, 2004. Ver también su artículo citado aquí más adelante sobre Sacromonte. William Taylor ha escrito varios artículos sobre la Virgen de Guadalupe, por ejemplo: "Mexico' s Virgin of Guadalupe in the Seventeenth Century: Hagiography and Beyond", Greer Allan and Bilinkoff Jodi (eds.): Colonial Saints. Ver también su artículo citado más adelante sobre el Cristo de Ixmiquilpan. 3 Gisbert, Teresa: Iconografía y mitos andinos en el arte, La Paz, Gisbert Editores, 1980; El paraíso de los pájaros parlantes. La imagen del otro en la cultura andina, La Paz, Plural, 2001. Véase también el capítulo de la Virgen de Copacabana de Juan Carlos Estenssoro en: Del paganismo a la santidad, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004.. Sin embargo, ésta no fue la única presencia ni en la literatura (que yo he denominado "hierofánica"), ni en las referencias al fenómeno aparicionista en otras fuentes. 4 Por principio de cuentas, no todas las imágenes de los santuarios novohispanos nacieron de un fenómeno de sustitución sobre un centro de peregrinación prehispánico; algunas surgieron en ámbitos urbanos españoles como instrumentos de conformación de las identidades locales y no forjaron propiamente un santuario autónomo, sino que estaban situadas en capillas anexas a templos. Por otro lado, los indios no fueron los únicos personajes vinculados con las narraciones de ese género de prodigios, sino que personajes diversos (monjas, sacerdotes, españoles, mulatos y mestizos) aparecen también como testigos de tales hechos. Entre todos ellos existe sin embargo un prototipo, tan importante como el de los indios, cuya presencia puede constituir un "ciclo" modélico y que ha sido un fenómeno ignorado, precisamente por la omnipresencia de los intereses indigenistas: el ciclo de los ermitaños. Las apariciones milagrosas a ermitaños, o asociadas con ellas, no son extrañas en los procesos aparicionistas europeos. En Cataluña, según William Christian Jr., abundan las referencias a espacios sagrados relacionados con ermitaños y hasta el mismo Montserrat, con mucha probabilidad, fue al principio un conjunto de ermitas antes de que ahí hubiera una Virgen. 5 El anacoreta, al vencer la tentación con su ascetismo, restituía a la naturaleza su armonía original (de ahí que pudiera convivir pacíficamente con los animales salvajes) y podía así convertirse en un intermediario ideal entre los hombres y la divinidad. Por otro lado, debido a su contacto con el espacio natural y a su alejamiento del mundo urbano, el eremita era un restaurador idóneo del paraíso y de la perfección primigenia, revertía lo que había sucedido en el Edén, donde Adán fue vencido por el demonio, creando las condiciones ideales de un espacio purificado para las manifestaciones celestiales. Éstas, de acuerdo a la clasificación de William Christian Jr., podían darse de tres formas: apariciones, signos y hallazgos. En la primera, los personajes celestes se muestran en carne y hueso, hablan, caminan y se relacionan con el vidente dejándole una imagen como prueba de la aparición; en la segunda, la revelación se realiza por medio de señales que suce-den sobre el cuerpo de la imagen (llanto, sudoración, efusión de sangre o reconstitución milagrosa); en la tercera, gracias a un sueño o visión, la imagen (tan antigua que se remonta a los tiempos apostólicos) es objeto de un hallazgo. 6 Los dos primeros casos pueden ser observados en Nueva España en el "ciclo de los ermitaños"; no obstante también existen ejemplos del tercer tipo en Nueva España, como la Virgen de los Remedios, pero esta imagen se apareció a un indio y por tanto se sale de nuestro objetivo. Antes de entrar en materia debo hacer dos aclaraciones. Por un lado, la actividad eremítica desde el cristianismo primitivo estuvo claramente definida como un ideal de ascetismo en la soledad (el yermo), pero desde el siglo XI el tópico literario se desvinculó de los anacoretas reales, itinerantes, rebeldes y reacios a sujetarse al dominio eclesiástico. Por ello, desde el siglo posterior convivieron dos géneros de vida eremítica, uno que estaba avalado por la Iglesia pues proponía la experiencia de la soledad dentro de una orden religiosa institucional, y otro, visto siempre con desconfianza, que buscaba los lugares apartados de manera individual. Ambos modos de vida "retirada" del mundo se dieron en Nueva España: la primera en las órdenes franciscana, agustiniana y carmelitana y la segunda en numerosos individuos que, en no pocas ocasiones, fueron juzgados por el tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. En los fenómenos aparicionistas novohispanos se presentan los dos tipos de ermitaños, aunque, por razones obvias, predomina el primero. 7 Por otro lado, en los procesos que voy a estudiar en este ensayo, la presencia del ermitaño no siempre está vinculada con la aparición misma de la imagen o con su hallazgo, sino más bien con la evolución del santuario y su éxito. Por ello es pertinente hacer una distinción entre los dos momentos de la evolución en todo proceso aparicionista: uno, el del surgimiento del fenómeno en un ámbito de oralidad caracterizado por una gran credulidad hacia lo milagroso y por una narratividad que mezcla elementos de diferentes procedencias, en la cual cada emisor agrega a la versión "original" sus propios retazos de memoria; el otro, el de la fijación por escrito de esa tradición varias décadas después, en el cual se transforma la pluralidad narrativa oral en una versión única, "canónica", que consolida una historia oficial y, con ella, todo el andamiaje sociocultural que constituye un santuario. 8 En general, el éxito de casi todos los santuarios está basado en la difusión oral y en la escritura de un texto fundante, aunque hay excepciones, como veremos. Dos santuarios de sustitución, dos ermitaños de excepción. La más notable de estas excepciones dentro del ciclo que nos ocupa y que es una de las pocas que no posee un texto canónico virreinal, la constituye el santuario del Señor de Amecameca o del Sacromonte, asociado con la figura señera que consagraron fray Toribio de Motolinía y fray Francisco Jiménez: el padre fray Martín de Valencia, quien venía a la cabeza de los primeros doce franciscanos llegados a Nueva España en 1524. Este personaje, según sus biógrafos, mostró una fuerte inclinación al eremitismo desde su estancia en España y en los dos últimos años de su vida, de los diez que vivió en Nueva España, habitó largas temporadas en la cueva del monte Amaqueme cercano a Amecameca, frente al Iztaccíhuatl, donde se retiraba a hacer vida de anacoreta en una ermita dedicada a Santo Tomás apóstol y en la que tuvo visiones de San Antonio y San Francisco. 9 Alrededor de 1534 fray Martín murió en el vecino pueblo de Tlalmanalco, pero la cueva donde había pasado parte de su vida se volvió un centro de culto pues, además, era para los indios un lugar sagrado en el cual existía un santuario a Tláloc, el dios de la lluvia, y a Chalchiuhtlicue, la diosa del agua. 10 En 1537 los dominicos llegaron a la zona para suplir a los franciscanos, lo cual incidió en el equilibrio político de ella. El cronista Domingo de San Antón Chimalpáhin parece indicar en su Séptima Relación que en Amecameca había dos grupos rivales que cifraban su poder en la presencia de los franciscanos o de los dominicos en el poblado: uno encabezado por el antiguo señor Tomás de San Martín Quetzalmaza, protector del padre Valencia y quien le permitió asentarse en el cerro sagrado; otro dirigido por su hermano, Juan de Sandoval Tecuanxayaca, que trajo a los dominicos y apoyó la construcción de su convento en 1547; el mismo autor deja entrever, además, un cierto descontento de los amaquemecas contra los de Tlalmanalco por que no les avisaron que habían enterrado el cuerpo del fraile. 11 Alrededor de 1564 el cadáver de fray Martín, que según el cronista fray Jerónimo de Mendieta estaba incorrupto, desapareció misteriosamente de su tumba en el convento franciscano de ese pueblo y nunca apareció, a pesar de que en 1580 se publicaron unas letras apostólicas con "graves censuras" contra quienes habían sustraído la reliquia.12 Tres años después, en 1583, un grupo de indios de Amecameca entregaron a fray Juan de Páez, vicario dominico de ese convento, algunas reliquias (cilicios, una túnica y dos casullas según Mendieta, una casulla confeccionada con pelo de conejo y un misal según Chimalpáhin) que, según decían, habían pertenecido a fray Martín de Valencia. 13 La misteriosa desaparición del cadáver del ermitaño y la entrega del cilicio y de los hábitos del venerable al padre Páez, encajan perfectamente en este ambiente de pugnas y de luchas entre pueblos y caciques por obtener la preeminencia y el control del cerro sagrado. 14 Los frailes dominicos, por su parte, tenían también sus razones para promover el culto de fray Martín, además de obtener el apoyo de las autoridades indígenas locales: suplantar el santuario dedicado a los dioses del agua por un centro cristiano. Los dominicos, según Mendieta, mostraban a quien lo pidiera las reliquias que se encontraban en la sacristía de Amecameca e incluso regalaban trozos de la túnica, hasta que finalmente decidieron ponerlas en la cueva en una cajita cubierta con una red de hierro, a los pies de un altar en el que se veneraba una escultura de Cristo muerto que, según el cronista fray Agustín Dávila Padilla, "se desciende de la cruz y se visita y muestra" en dicha capilla. 15 Para la orden, la promoción de este santuario era de suma importancia pues el convento de Amecameca se había convertido en paso obligado para su red de misiones en el valle de Amilpas y la Mixteca. Sobre la fecha de la colocación de esa escultura existen diferencias entre los cronistas. Chimalpáhin asevera categóricamente que el 20 de junio de 1583 se asentó en la cueva que está sobre el cerro Amaqueme "una imagen de Cristo yacente en el sepulcro", en el sitio donde había hecho penitencia fray Martín de Valencia; esto se hizo a instancias del vicario fray Juan de Páez, del gobernador de Panoaya Felipe Páez de Mendoza y de los alcaldes Juan de la Cruz y Bartolomé de Santiago. 16 En cambio fray Agustín Dávila Padilla señala que en 1579 el general de la armada don Antonio Manrique había donado para la veneración del Santo Cristo una lámpara de plata. 17 Es muy probable que haya un error en la fecha, pero cabría la posibilidad de que la colocación de la imagen se hubiera dado desde el primer vicariato de fray Juan de Páez, alrededor de 1575 según Chimalpáhin. 18 Pero sea que la imagen haya existido antes de las reliquias en la cueva, o que su colocación haya coincidido con el descubrimiento de los objetos de fray Martín, el hecho es que alrededor de 1580 fray Juan de Páez ya había fundado en Amecameca la cofradía del Descendimiento y Sepulcro de Cristo, y se había promovido una procesión del Santo Entierro para organizar las suntuosas representaciones de Semana Santa que los dominicos comenzaban a introducir en sus conventos. 19 Para 1588 el santuario ya tenía vida propia y en nada lo afectó que ese año fray Juan de Páez fuera expulsado de la vicaría, junto con su protegido el cacique Esteban de la Cruz Mendoza, por Juan Bautista de Avendaño y "unos macehuales". 20 Las nuevas fuerzas que gobernaban Amecameca 15 Agustín Dávila Padilla: Historia de la fundación y discurso de la provincia de Santiago de México de la orden de predicadores por las vidas de sus varones insignes y casos notables de desplazaban a los antiguos linajes y comenzaban a controlar tanto la república de indios (el Cabildo) como el santuario, que era el símbolo de identidad del pueblo. Fray Antonio de Ciudad Real, que visitó el lugar en 1587, cuenta que: "aunque la cueva tiene sus puertas y buena llave con que se cierra, hay de continuo indios por guardas en otra cuevezuela allí cerca; tañen a sus horas una campana que tienen en lo alto del cerro, cuando abajo tañen en el monasterio". 21 Un año antes del "golpe de estado" ya los macehuales se hacían cargo del espacio sagrado en el que habían colocado puerta con cerrojo. El santuario, por lo tanto, estaba cerrado al público la mayor parte del tiempo, salvo los viernes que se celebraba una misa, y para poder visitarlo fuera de ese tiempo había que buscar al vicario del convento. El viajero franciscano señala que: Cuando se han de mostrar las reliquias, sube el vicario del convento con la compañía que se ofrece, tocan la campana y júntase gente, encienden algunos cirios, además de una lámpara de plata que se cuelga de la peña en mitad de la ermita, y el vicario, vestido de sobrepelliz y estola, abre la caja, y hecha oración al Cristo le inciensa, y después inciensa las reliquias y muéstralas a los circunstantes, todo con tanta devoción que es para alabar al Señor en sus santos. 22 los obispos de Puebla y Sonora concedieron indulgencias a aquellos peregrinos de sus diócesis que visitaran el santuario. 25 Por esas fechas concluía el largo curato de Lino Nepomuceno Gómez, quien había tomado a su cargo la parroquia de Amecameca en 1777, a tres años de haber sido dejada por los dominicos por la secularización. A lo largo de más de tres lustros este sacerdote había realizado importantes obras en el santuario y en el pueblo (arcos, calzadas, vía crucis, edificación fuera de la cueva, decoración con temas eremíticos, como Santa María Egipciaca y San Simeón el Estilita) convirtiéndolo en un Sacromonte, palabra que comenzó a usarse desde entonces para denominar al santuario. Detrás de estas obras no sólo estaba la necesidad de consolidar la presencia del clero secular recién instaurado, sino también meter en orden a las autoridades "indígenas" y arrebatarles el control del lugar, cosa que ya había intentado el cura anterior al establecer un mayordomo autónomo que cobrara las limosnas del santuario y que fuera independiente de la cofradía. El conflicto se manifestó primero entre el cura y el cacique local, Luís Páez de Mendoza, y después con el pueblo, que se quejó por la elevación de los costos de los servicios parroquiales para remodelar el santuario. Para Rigel García, que ha estudiado este fenómeno, la intervención en el cerro y la cueva por parte del cura Gómez se insertaba en el programa episcopal de control sobre las devociones populares; con esos trabajos, el viejo santuario indígena de Amaqueme, controlado por la comunidad hasta entonces y conservado en su entorno natural, pasaba a convertirse en un Sacromonte con edificaciones y servicios y bajo el cuidado y la explotación del clero secular. 26 En el proceso cultual del Cristo de Amecameca, las primeras narraciones insertas en crónicas franciscanas o dominicas habían puesto un mayor interés en las reliquias de un ermitaño, quedando la imagen del Cristo en un segundo plano. Quizás por ello no se desarrolló una narración de actividades milagrosas alrededor de ella en los siglos XVII y XVIII, a pesar de que el santuario atraía a numerosos peregrinos. Esa dependencia de la imagen respecto al ermitaño puede verse en la inscripción que contenía una estampa del Santo Entierro de Sacromonte que circulaba a fines del XVIII (seguramente formando parte de la promoción del cura Gómez) y que fue recogida por la Inquisición. En ella se decía: "La imagen del Señor de Meca que se venera en la cueva donde se refiere habérsele aparecido al V.P.F. Martín de Valencia (1782)". 27 Por lo visto, ante el silencio de una tradición canónica, circularon popularmente versiones milagrosas como ésta, que se insertaba en las narraciones sacralizadas por las crónicas mendicantes. Esta ausencia se hizo notable curiosamente hasta el XIX, siglo en el cual, según los testimonios recogidos por Fortino Hipólito Vera, la imagen alcanzó una difusión inusitada gracias a la promoción de los párrocos seculares de Amecameca. Este autor incluso menciona una narración, recogida según dice por un autor contemporáneo, en la cual se decía que la imagen había llegado a la cueva sobre el lomo de una mula, desviada de su recua y estacionada en el lugar sagrado, con lo cual había mostrado la voluntad divina de resaltar lo excepcional del Santo Cristo. A pesar de que el autor alega la antigüedad de esta tradición tardía, no existe ningún texto virreinal que la avale, aunque su misma mención nos habla de la persistencia de modelos medievales (animales que portan imágenes milagrosas) en un periodo tan tardío como el siglo XIX. Una situación distinta se dio en el santuario prehispánico de Chalma, donde una versión oficial del milagro comenzó a gestarse en el siglo XVII y se plasmó en un texto impreso. Desde el siglo XVI los agustinos promovieron el culto de la imagen de un Cristo crucificado en una cueva en la que se veneraba a Oxtotéotl, una advocación de Tezcatlipoca, pero donde el control indígena sobre la imagen, a diferencia de Sacromonte, desapareció muy pronto. Según la tradición recogida por Francisco de Florencia a fines del siglo XVII, fray Nicolás de Perea y fray Sebastián de Tolentino habían recibido noticias en 1539 sobre los cultos que se realizaban en una de las cuevas de la región denominada Chalma, cercana al convento de Ocuila recién fundado y donde ellos residían. Sin embargo, temerosos de la reacción de los idólatras decidieron regresar al día siguiente con refuerzos y, dispuestos a destruir el objeto que habían encontrado previamente, descubrieron un prodigio: el ídolo estaba hecho pedazos en el piso, la cueva se hallaba sembrada de flores y en el altar un crucifijo había suplantado milagrosamente al ídolo-demonio. El milagro recordaba al jesuita el pasaje bíblico del dios filisteo Dagón destruido con la presencia del Arca de la Alianza (I Sam. Extrañamente fray Juan de Grijalva, el cronista de la orden, no menciona en ninguna parte de su texto el culto al Cristo de Chalma, ni en la vida de fray Nicolás de Perea hace alusión a la aparición ni a su labor misionera en la zona de Malinalco, lo que significa que en 1624 (fecha en que se imprimió la crónica) no existía aún una narración del "milagro". 28 El jesuita Florencia, única fuente canónica del prodigio, señala que en 1623 llegó al santuario Bartolomé de Torres, un ex arriero mestizo de Huejotzingo a quien un revés de la fortuna había llevado a entregarse a prácticas ascéticas y a servir a los fieles que visitaban la ermita del Santo Cristo con consejos y curaciones. Con tal fama de taumaturgo, el eremita mestizo comenzó a atraer hacia el santuario gran afluencia de enfermos y suplicantes. El fenómeno llamó la atención de los religiosos, quienes en 1629, según Florencia, por mano de fray Juan de Grijalva, entonces prior de Malinalco, dieron al curandero el hábito agustino. 29 Es claro que con este acto la orden se beneficiaba del prestigio del santón y continuaba ejerciendo el control sobre el santuario. El mestizo Bartolomé cumplía además las funciones de intermediación que necesitaban los frailes para atraer a las comunidades indígenas; el "chamán cristiano" convertido en religioso no sólo aseguraba la ortodoxia de la predicación, podría también suplantar con su "magia" a los hechiceros indios. 30 El hermano lego fray Bartolomé de Jesús María, como fue llamado el ermitaño al entrar a la congregación, recibió algún tiempo después como ayudante a un muchacho mestizo de ocho años, donado por sus padres a la ermita, que recibiría también en el futuro el hábito agustino y el nombre de fray Juan de San José. El nuevo ermitaño, según Florencia, continuaría con la tradición de su maestro y se dedicaría a difundir su vida y los prodigios de la imagen. Cuando fray Bartolomé murió en 1658 su cuerpo fue enterrado en la cueva a los pies del Santo Cristo. De nuevo acá, como en Sacromonte, la devoción a la imagen se reforzaba con la presencia de las reliquias de un ermitaño y con la difusión que de su vida y milagros hizo su discípulo. Es muy probable que la leyenda hierofánica de la cueva haya sido inspirada 28 Juan de Grijalva: Crónica de la orden de N.P.S. Agustín en las provincias de Nueva España. Introducción y apéndices de León Nicolás, México, Porrúa, 1985, Lib. Nicolás de Perea había llegado a México en 1539 y dos años después fue enviado a una misión a Filipinas con Ruy López de Villalobos. 29 Francisco de Florencia: Descripción histórica y moral del yermo de San Miguel de las Cuevas en el Reino de la Nueva España e invención de la milagrosa imagen de Christo Nuestro Señor crucificado que se venera en ellas. Con un breve compendio de la admirable vida del venerable anacoreta fray Bartolomé de Jesús María y algunas noticias del santo fray Juan de San Joseph, su compañero, Cádiz, Imprenta de la Compañía de Jesús, Cristóbal de Requena, 1689. 30 Antonio Rubial: "Tebaidas en el paraíso. UN CICLO HIEROFÁNICO IGNORADO POR LA HISTORIOGRAFÍA por los ermitaños mestizos de Chalma a partir de entonces, lo que explicaría el silencio de Grijalva en 1624. El culto al Santo Cristo de Chalma tuvo una enorme difusión territorial a lo largo del siglo XVII y, junto con los viajes promocionales de los ermitaños viajeros, influyó en ello la gran aceptación de la imagen entre los indios otomíes, quienes desde Acámbaro llegaban todos los años al santuario. Este grupo tuvo desde la segunda mitad del siglo XVI un importante papel en la colonización de las tierras del Bajío y en la penetración hacia la zona chichimeca del Tunal Grande (San Luís Potosí, Guadalcázar etc.) hacia donde llevaron algunas de las devociones del centro como la del Señor de Chalma. 31 El último paso del proceso se dio a fines del siglo XVII. En 1683 la vida y milagros del ermitaño Bartolomé de Jesús María estaban ya tan difundidos que el arzobispo de México Francisco de Aguiar y Seijas permitió al oidor Juan de Valdés y a fray José Sicardo realizar las informaciones sobre la vida de tan ejemplar varón con el fin de iniciar su proceso de beatificación. 32 En diciembre de 1684 el mismo prelado hizo una visita al santuario de Chalma y pidió que se abriera la tumba de la cueva donde se encontraba enterrado el ermitaño. La sorpresa fue grande al encontrar el cuerpo de Bartolomé incorrupto, símbolo inconfundible de santidad. 33 Al año siguiente los prebendados Alonso Alberto de Velasco y Francisco Romero fueron enviados por el arzobispo para reconocer la sepultura y a levantar nuevas informaciones. 34 En tanto se iniciaban los trámites para la beatificación, el santuario de Chalma comenzaba a sufrir una serie de cambios por mano de fray Diego Velázquez de la Cadena. Este fraile, hermano del secretario de Gobernación y Guerra, comenzaba a afianzar su poder sobre la provincia agustina de México y necesitaba crear una imagen pública positiva que acabara con las fundadas acusaciones de corrupción que contra él se hacían. Para tal fin mandó crear dos comunidades cenobíticas de acuerdo con el espíritu de la orden, que recomendaba tener casas de recolección en cada provincia. Una de ellas, en el convento de Culhuacán, tuvo una vida efímera y trasladada después a Atlixco, finalmente desapareció. La otra, creada en Chalma, tuvo en cambio un gran éxito. 35 Para lograr su cometido, el padre De la Cadena aprovechó un terraplén en el santuario que ya había iniciado fray Juan de San Joseph, y sobre él inició la construcción de un soberbio convento y de un templo al que mandó trasladar la imagen del Santo Cristo desde la cueva donde estaba en 1683. Un acta notarial enviada a Madrid daba noticia al rey de las obras realizadas y anunciaba a fray Diego como restaurador del espíritu eremítico en la provincia de México. 36 Con ello el religioso no sólo consiguió prestigio personal, la provincia también recuperaba el control sobre la ermita, control que había perdido a pesar de existir ahí un lego agustino. La fundación de la casa de recolección de Chalma convertía al último reducto de los ermitaños autónomos en una comunidad de frailes asimilada y controlada por la institución. Por otro lado, al separar la imagen de la tumba del ermitaño, que se quedó en la cueva, se rompía con la vinculación que durante seis décadas había asimilado cueva, Cristo y reliquias en un solo espacio simbólico. El proceso se había iniciado desde 1680; ese año, cuenta Antonio de Robles, el miércoles 14 de febrero, "trajo a México el provincial de San Agustín al lego de Chalma para mortificarlo un poco". 37 La provincia agustina ya no veía con buenos ojos a fray Juan, ese fraile ermitaño mestizo que vivía muy a su aire y con una relativa autonomía. Al trasladarlo al convento de México, el prelado hacía desaparecer la presencia de un personaje popular en Chalma y ponía las bases para la fundación del cenobio institucional que crearía el padre de la Cadena. En ese sentido debe también entenderse que el peninsular fray José Sicardo, enemigo declarado del padre de la Cadena, imprimiera en 1683 las informaciones para abrir la causa de beatificación del ermitaño fray Bartolomé y que fuera el Cabildo de la ciudad de México, y no la provincia agustina, la instancia que iniciara los trámites en Roma. 38 Con fray Diego de la Cadena los ermitaños se desvinculaban del santuario, que se convertiría a partir de entonces en un centro institucional controlado absolutamente por la provincia del Santísimo Nombre de Jesús. 35 Sobre este personaje ver Antonio Rubial: "Fray Diego Velásquez de la Cadena, un eclesiástico cortesano en la Nueva España de fines del siglo XVII", Anuario de Estudios Americanos. 36 Testimonio público a petición de fray Diego de la Cadena, Chalma, 6 de marzo de 1684, Archivo General de Indias (en adelante AGI), México, 708. 38 Sicardo: Interrogatorio..., sin página. UN CICLO HIEROFÁNICO IGNORADO POR LA HISTORIOGRAFÍA En 1684 fray Diego era electo provincial de los agustinos de México y en el tiempo de su provincialato (1684-1687) promovió seguramente que el jesuita Francisco de Florencia escribiera una narración de la leyenda del Santo Cristo. En 1689, año en que moría fray Juan de San Joseph, este jesuita criollo publicaba en Cádiz esa obra bajo el titulo Descripción histórica y moral del yermo de San Miguel de las Cuevas. 39 En ella, Florencia incluyó las vidas y obras del taumaturgo eremita mestizo fray Bartolomé de Jesús María y de su discípulo y hacía constantes paralelismos entre el primero y los santos Pablo el ermitaño, Antonio, Macario e Hilarión. Incluso llegó a insinuar que su biografiado los había sobrepasado, aseveraba asimismo que los portentos obrados por el ermitaño eran más valiosos que el oro y la plata de las minas americanas. A lo largo del siglo XVIII el santuario construido por el padre De la Cadena se enriqueció con nuevas construcciones y obras de arte y la afluencia de peregrinos desde todas las regiones de Nueva España se hizo mayor. 40 Varias ermitas fueron abiertas a su alrededor, además de la cueva, y en dos de ellas (la de la Inmaculada y la de Guadalupe), se admiraban sendas estatuas de los ermitaños mestizos "puestos de rodillas y con aparatos de penitencia". 41 La rareza de la obra de Florencia, editada en Cádiz y escasamente conocida en México, y el crecimiento de la devoción hicieron necesario un texto más accesible, por lo que fray Juan de Magallanes, que fue prior del convento a principios del siglo XVIII (1720-1729) imprimió un breve compendio (14 folios) sobre la aparición y una novena, ambos textos varias veces reimpresos, pero en los que la presencia de los ermitaños mestizos había desaparecido. 42 Fray Juan concluía con estas obras una 39 Antonio Rubial: La santidad controvertida. Hagiografía y conciencia criolla alrededor de los venerables no canonizados de Nueva España, México, FCE-Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 1999, p. 40 Gonzalo Obregón: "El real convento y santuario de San Miguel de Chalma" en Homenaje a Silvio Zavala, México, El Colegio de México (Estudios Históricos Americanos), 1953. 41 Sardo: Relación histórica..., Lib. 42 Juan de Magallanes: Aparición de la milagrosa imagen del Santo Christo que se venera en el religioso convento, y santuario de religiosos ermitaños del Orden de N.P.S. Augustin de San Miguel de Chalma, México, Biblioteca Mexicana de Joseph de Jáuregui, 1750. La Universidad de Austin en Texas tiene un ejemplar. Magallanes también publicó un novenario para el Santo Cristo: Novena de la milagrosa imagen del Santo Christo que se venera en el religioso Convento y Santuario de Religiosos Ermitanos de la Orden de N.P. San Augustin de San Miguel de Chalma. ANTONIO RUBIAL GARCÍA ardua labor a favor del santuario que gracias a sus trabajos fue remodelado y trasformado en un importante centro de vida religiosa. 43 Finalmente, en 1810, otro prior de Chalma, fray Joaquín Sardo, publicaría una nueva historia del Santo Cristo copiando casi textualmente la obra de Florencia. En la dedicatoria a la provincia agustina, este autor insiste en la gran afluencia de peregrinos que iban a visitar la imagen a lo largo del año y recapitula la importancia que tuvieron los ermitaños en su difusión y culto. 44 Para entonces Chalma era ya un santuario muy visitado, como lo sigue siendo hasta nuestros días, pero pocos de sus peregrinos recuerdan la historia de sus fundadores, los anacoretas mestizos. Dos Cristos expropiados con dos ermitaños apropiados. Chalma y Sacromonte constituyen dos ejemplos de santuarios donde la imagen cristiana sustituyó a una antigua deidad indígena. Muy distintos son los casos de los Cristos de Totolapan e Ixmiquilpan, en los cuales también la sacralidad se conformó a partir del binomio imagen-ermitaño en pueblos de indios, pero su lugar de culto fueron templos de la ciudad de México a causa de un acto de expropiación realizada por autoridades eclesiásticas. En el primer caso, el Señor de Totolapan, la imagen estuvo asociada desde su "aparición" con el misionero y ermitaño agustino fray Antonio de Roa, famoso por su violento ascetismo y por su labor en la Sierra Alta y en los conventos del área de Oaxtepec. En contraste con el silencio que Grijalva guarda sobre el milagroso Cristo de Chalma, la primera narración del prodigio del de Totolapan se la debemos a su pluma y a su crónica. Un día del año de 1543, narra el cronista, el padre Roa recibió en la portería del convento a un indio que le entregó un Cristo envuelto en una sábana. Fray Antonio, que deseaba que el pueblo poseyera una imagen similar al santo Cristo de Burgos, comenzó a hacerle las reverencias apro piadas y cuando quiso buscar al indio éste había desaparecido, por lo que se supuso que el portador no era humano sino un ángel. 45 43 Alipio Ruiz Zavala: Historia de la provincia agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús de Mexico, 2 vols., México, Porrúa, 1984, vol Javier Otaola, quien ha estudiado este caso, atribuye esta primera manifestación a una serie de hechos: los agustinos habían fundado su convento de San Guillermo en Totolapan en 1535 y al año siguiente a él se acogían los frailes expulsados de Ocuituco por el obispo Zumárraga, encomendero del pueblo, quien tenía con ellos un pleito por los excesivos trabajos a los que obligaban a sus indios. En ese ambiente de conflicto, y como una forma de afianzar su presencia en la zona, los agustinos iniciaron el culto a un Cristo crucificado alrededor de 1540. Por otro lado, apenas unos años atrás, en 1532, Totolapan había sido reconocida como cabecera independiente con un corregidor, frente a las pretensiones de Hernán Cortés de unirlo a Oaxtepec, que formaba parte de su marquesado. El milagroso Cristo daba también al pueblo un signo de identidad paralela a esa autonomía política recién adquirida. 46 Cuarenta años estuvo el Cristo en San Guillermo Totolapan hasta que en 1583 los agustinos decidieron trasladarlo al recién fundado colegio agustino de San Pablo en la ciudad de México. El pretexto, una epidemia que comenzó en 1581 en la capital, causando en dos años la muerte de 24 religiosos agustinos; el objetivo real, dotar de una imagen milagrosa al Colegio de San Pablo de la capital, recientemente fundado e instalado como parroquia de indios contra la voluntad del arzobispo Pedro Moya de Contreras. La recepción del nuevo Cristo fue suntuosa y el cronista Chimalpáhin señala que "salieron a recibirlo al matadero de Xoloco los religiosos de las diversas órdenes", añadiendo que poco después lo trasladaron desde San Pablo a la iglesia de San Agustín "donde actualmente se encuentra". 47 Los agustinos de la capital, interesados en dotar a su nuevo colegio de una imagen prestigiosa, comenzaron a promover el culto al Cristo divulgando varios de sus milagros, entre otros, su crecimiento inusual en la Cuaresma, sus sudoraciones, la "grandísima luz y blancura" que lo rodeaba, la curación de una viuda que padecía de hidropesía, asmas y flujo de sangre. Todo esto atrajo la atención de la Inquisición, posiblemente enviada por el arzobispo de México, y las averiguaciones comenzaron en la ciudad de México y en Totolapan. De ellas surgió el "Expediente del Santo Cristo de Totolapan y milagros que los frailes agustinos les imponían". 48 la vida penitente de Antonio de Roa, sobre las costumbres del culto local al Cristo y de la hermandad que se formó alrededor de la imagen. Uno de los declarantes en el expediente, Domingo de Tolen tino, indio de 76 años y que había sido gobernador de Totolapan cuarenta años atrás, aseguró que él había estado presente en la portería del convento cuando "un indio mozo, vestido con vestiduras blancas y muy hermoso de rostro", trajo el crucifijo y lo entregó al padre Roa. Así, utilizando la versión oficial de los agustinos, Domingo se insertaba como testigo presencial del milagro. 49 Mientras tanto, en la capital el culto al santo Cristo de Totolapan iba en aumento y los agustinos decidieron trasladarlo a la iglesia de San Agustín, anexa a su convento matriz de Ciudad de México, como ya hemos indicado; curiosamente habían sido llevados allí los restos del "ermitaño" fray Antonio de Roa, muerto también en 1583. Sin embargo, la asociación entre el culto al Cristo y el cuerpo del ermitaño no se dio en ese momento, sino hasta el siglo XVIII, labor que correspondió a fray Manuel González de la Paz. Este fraile peninsular, cronista de la provincia agustina de México, escribía en 1735 una biografía de fray Antonio de Roa, en la que incluía de nuevo la narración milagrosa del Cristo de Totolapan. Aquel año, la imagen había sido sacada en procesión para aplacar una epidemia y ante el éxito de la propuesta fray Manuel intentó promocionar el recuerdo de fray Antonio con esta biografía, que por otro lado jamás salió a la luz. En esta obra, el cronista señaló por primera vez la fuerte discusión que la comunidad indígena tuvo con los frailes a raíz del traslado en 1583, mencionando que los caciques y principales se amotinaron para impedir tal despojo y consiguieron que al menos se les dejara la cruz original donde estaba clavada la imagen; alrededor del culto a esta reliquia se fundó una cofradía dedicada a ella. 50 Por extraño que parezca, este tema no había sido tocado ni en los testimonios de Totolapan, ni en la narración del cronista Grijalva. Cinco años después de escribir la vida de Roa, en 1740, fray Manuel González intentaba promover la exhumación de sus restos mortales con el fin de colocarlos en un lugar prominente del templo para su veneración. También en esto fracasaron sus intentos, a pesar de que entre 1750 y 1754, como prior de México, hizo colocar una placa destacando la tumba de Roa. 51 En 1758 fray Manuel era elegido prior de San Guillermo Totolapan y posiblemente fue durante su estancia cuando se mandaron pintar a Francisco Vallejo los dos lienzos que se encuentran en el sotocoro de la iglesia de ese pueblo. En uno aparece el insigne misionero fray Antonio de Roa con el torso desnudo, cargando una cruz sobre sus hombros y con unos leños ardientes bajo sus pies. En el otro lienzo, el mismo Roa recibe de manos de un ángel el santo Cristo cuya cruz era venerada en la comunidad como una singular reliquia, pero cuyo cuerpo se encontraba en la iglesia de los agustinos de la capital. Curiosamente esta escena se encuentra en un segundo plano, pues el primero lo ocupa la imagen admirada por cuatro agustinos. Ante los fracasos en la promoción de su valorado Roa en la capital, fray Manuel intentó por este medio mantener su memoria en el pueblo donde había recibido tan gran favor celestial. A principios del siglo XVII se trasladaba a la capital otro Cristo milagroso del ámbito indígena: el señor de Ixmiquilpan. La imagen había sido llevada a Mapeté (o el Cardonal), un poblado minero dependiente del convento agustino de Ixmiquilpan, por el español Alonso de Villaseca en 1545 y fue colocada en una modesta capilla sin que nadie se ocupara de ella. 52 La primera noticia de un milagro realizado por esta imagen y de su traslado a la ciudad de México la da el cronista Gil González Dávila en su Teatro eclesiástico (publicado en Madrid en 1649) al final de la vida del arzobispo Juan Pérez de la Serna: En el lugar de las minas de Ixmiquilpan en 17 del mes de febrero del año de 1621, una imagen de bulto de Cristo crucificado, que estaba en la iglesia de ese lugar, que es vicaría de padres de San Agustín, sudó tres veces con un sudor muy copioso. Y más adelante por el mes de julio [...] se estremeció en la cruz a la vista de mucha gente [...] El arzobispo [Pérez de la Serna] formó proceso del caso y de los muchos milagros que Dios ha obrado por ella, y trasladó la santa imagen de donde estaba, que es tierra de chichimecos, y la colocó en el convento del Ángel de la guarda de la ciudad de México. 53 González Dávila, quien jamás visitó América, ignoraba que el monasterio donde fue depositado el Santo Cristo no era el del Santo Ángel, sino el de San José de las carmelitas descalzas fundado en 1615. 54 Páginas atrás, el mismo autor señalaba que en 1616 (cinco años antes del traslado), el capellán de ese monasterio, Francisco de Losa, había colocado en la iglesia recién fundada y promovida por el arzobispo Juan Pérez de la Serna, el cuerpo del ermitaño Gregorio López. Este personaje, famoso por su sabiduría y ascetismo, murió en olor de santidad en el vecino pueblo de Santa Fe y Losa, que escribiría una biografía de él años después, había sustraído en secreto su cadáver quince días antes de la dedicación de la iglesia de San José, con la anuencia del arzobispo. 55 Al igual que el Cristo que llegaría después, esta reliquia del ermitaño muerto expropiada a los indios, se convertía en un importante elemento para reforzar la sacralidad del nuevo templo y el prestigio de su fundador el arzobispo. Aunque la reliquia estuvo poco tiempo en ese recinto pues el arzobispo Francisco Manzo y Zúñiga, promotor de la causa de beatificación de Gregorio López, dejó la orden de trasladar las reliquias del ermitaño a la catedral de México (lo que sucedió en 1636), un espacio de mayor jerarquía para quien se esperaba fuera en breve un santo elevado a los altares. 56 El mismo prelado había ordenado también construir en 1634 una capilla para el santo Cristo, que hasta entonces había estado detrás del altar mayor de la iglesia, en el espacio de clausura de las monjas, aunque visible para los fieles a través de una reja. Muy posiblemente alrededor de esta separación entre imagen y reliquia, se comenzó a elaborar una leyenda mucho más compleja sobre el Santo Cristo de Ixmiquilpan, que aquella recogida por González Dávila según la cual la imagen sólo había sudado y temblado. Alonso Alberto Velasco (1635-1704), autor criollo y capellán también de dicho convento de monjas, fijó el texto canónico de esa segunda leyenda sobre la aparición, que fue publicado en 1688 en su primera versión bajo el título Renovación por si misma de la soberana imagen de Cristo Señor Nuestro crucificado 54 Autores posteriores, como Alonso Alberto de Velasco, señalan que el arzobispo llevó primero el Cristo a su capilla doméstica en el palacio episcopal y que su donación al convento de las carmelitas no se hizo en 1621 sino hasta 1626, cuando el prelado dejó la sede para trasladarse a Castilla. 55 Mariana de la Encarnación: Crónica del convento de las carmelitas descalzas de la ciudad de México. 56 Antonio Rubial: La santidad controvertida, p. UN CICLO HIEROFÁNICO IGNORADO POR LA HISTORIOGRAFÍA que llaman de Itzmiquilpan. 57 En esta narración, el capellán recoge las noticias anteriores sobre la imagen, intenta explicar sus inconsistencias, recopila los "instrumentos" y testimonios sobre la prodigiosa renovación y sobre los milagros que ha realizado, reúne los pareceres solicitados a los artistas y ensambladores sobre la imagen y da una versión ordenada de los hechos. Velasco insiste en esta primera redacción en el papel que tuvo la presencia de las reliquias de Gregorio López cuando se colocó cerca de ellas la imagen en el convento de las carmelitas. Remarca este vínculo al señalar que el epitafio que se había colocado en la caja de las reliquias se mantuvo cerca de la imagen aún después del traslado del cuerpo del ermitaño a la catedral en 1636. 58 López, sin embargo, forma una parte accesoria que Velasco utiliza para resaltar las principales cualidades del Cristo, "Exceder al arte y tener muchos milagros". Ellas sirven como argumento central de un texto redactado como un "informe" que formará parte de la gran promoción que el arzobispo Francisco Aguiar y Seixas estaba dando a la imagen. Al igual que sucedió en sus inicios, el episcopado tomaba de nuevo bajo su protección el culto. En septiembre de 1684 el prelado bendecía el nuevo templo de las carmelitas construido con el apoyo del rico mercader Molina Mosqueira, y colocaba al Santo Cristo en una nueva capilla fabricada ex profeso para él. Tiempo después, en 1689, al año siguiente de la aparición del texto de Velasco, el arzobispo reunía una junta arzobispal que declaraba "por milagro" la renovación del Santo Cristo de Santa Teresa. 59 El gran impulso de la promoción episcopal continuó después de la muerte del arzobispo. Una nueva versión de la narración de Velasco, revisada para un público más amplio, aparecía impresa en 1699, acompañada con oraciones y novenarios y con un nuevo título: Exaltación de la Divina Misericordia. En la obra se construía alrededor de esa imagen un complejo escrito lleno de alusiones morales y alegorías históricas en el que la presencia indígena era incidental. En la nueva narración el autor señalaba que la imagen estaba tan carcomida por la polilla y la humedad que en 1615 el "arzobispo" había ordenado que en lugar de destruirla fuera enterrada con el primer adulto que muriera en la parroquia. Durante cerca de seis años 57 Alonso Alberto de Velasco: Renovación por si misma de la soberana imagen de Cristo Señor Nuestro crucificado que llaman de Itzmiquilpan. Sobre Gregorio López, ver Rubial: La santidad controvertida, pp. 107-120. 58 Velasco, Renovación..., fs. El autor también insiste en el papel que tuvo Francisco Losa en el culto a Gregorio López. ANTONIO RUBIAL GARCÍA nadie murió, pero todo ese tiempo una música celestial salía de la capilla por las noches. Ese fue el inicio de la milagrosa renovación que iba acompañada con todo un aparato de gritos desgarradores, de sudor, de sangre, de emisiones de luz y de movimientos de ojos y de boca. La descripción sirve para hacer un discurso retórico sobre los sufrimientos del Calvario. A continuación se hace narración del traslado, precedido por un motín popular que se oponía a él y sucedido por una procesión devota y curativa, y su llegada al templo de las carmelitas. El resto del libro es una meditación sobre el alma (afeada por el pecado y restituida con los dones del Espíritu Santo a la belleza y candidez de la infancia) y adecuación de los hechos históricos que vivió la ciudad en el siglo XVII para convertirlos en una manifestación alegórica de los milagros que rodearon a la renovación de la imagen. La expulsión del arzobispo por el virrey durante la rebelión popular de 1624 significaba un ataque a los fueros eclesiásticos, que triunfaron finalmente con la restitución arzobispal. Las pocas muertes acaecidas durante la inundación de 1629, la persecución contra los judíos y su quema en la hoguera en la capital en 1649 eran hechos interpretados a la luz de una imagen que con sus prodigios enseñaba, purificaba y aliviaba a la ciudad de todas las plagas. Una parte importante del discurso de Velasco se centraba en la colocación previa de los huesos del ermitaño Gregorio López en el templo de las carmelitas. Este "fénix o gigante entre los muy espirituales y perfectos", se convierte en un prototipo de vida para las religiosas. Su presencia al lado de la imagen se debe "a la gloria tan alta y eminente lugar que goza su alma en el cielo", hecho que le fue revelado por el mismo Cristo a sor Mariana de la Cruz, una de las fundadoras del Carmelo mexicano, con estas palabras: "¿por qué piensas que Gregorio tiene su asiento y cabe mi? Porque dejó todas las cosas temporales por mi y se retiró dentro de sí en silencio". 60 A pesar de que el ermitaño ya no estaba en el templo, las referencias seguían haciéndolo parte de la leyenda de la imagen y una de las glorias de la capital. No es gratuito que el mismo Velasco fuera asiduo promotor de la canonización de Gregorio López, y que en 1690, ya cura del sagrario metropolitano, estuviera encargado de recoger las limosnas para su causa en Roma e impulsara las obras de la ermita de Santa Fe, donde el venerable había pasado sus últimos años. 61 El gran éxito del nuevo libro de Velasco provocaba que en 1724 se realizara una reimpresión, promovida por las religiosas carmelitas, y en 1737 salía a la luz una novena para el uso de los devotos de la imagen escrita por el jesuita Domingo de Quiroga. Entre 1724 y 1776 William Taylor ha constatado numerosas manifestaciones de fervor hacia la imagen, considerada "celestial médico", objeto de novenarios públicos y procesiones a la catedral para solicitar alivio en las epidemias. 63 Paralelamente a este impulso, en el siglo XVIII se produjo una insólita promoción del culto en el mismo espacio donde se había llevado a cabo la milagrosa renovación: Mapeté. Al parecer, con motivo de la edición de la obra de Velasco en 1724, varios caciques otomíes de la zona minera de Zimapán, El Cardonal y Plomo Pobre se disputaron el control del lugar del prodigio, cuya capilla estuvo abandonada hasta 1720, pero que desde 1728 comenzó a reconstruirse con una suntuosa iglesia (concluida en 1765) y a atraer a numerosos peregrinos indígenas, mestizos y españoles. La recolección de limosnas se volvió un tema central de los conflictos entre los diferentes promotores del nuevo santuario, que se llenó de diversas imágenes de Cristo que copiaban la original. Lo notable del nuevo santuario, como lo ha mostrado William Taylor, no eran las imágenes veneradas en él, sino el hecho de que el espacio sagrado donde aconteció el primer milagro había adquirido por sí mismo una importancia insólita, como lo manifestaban las curaciones y prodigios que en él seguían sucediendo. Gracias a las redes que las comunidades otomíes tenían en un extenso territorio que llegaba hasta Querétaro, el Bajío, Tlaxcala y Michoacán, el culto a este Santo Cristo (al igual que sucedió con el de Chalma como vimos) adquirió una territorialidad inusitada. 64 por la obra de Velasco, de que el Santo Cristo que se veneraba en la capital regresara a Mapeté, su lugar de origen, cuando se concluyera un santuario digno de él, esto nunca sucedió. Sin embargo durante la Cuaresma, la procesión de los Cristos, que llegaban de los alrededores de la zona minera, convirtió a Mapeté en uno de los más importantes centros de culto de México. Lo que nunca sucedió con el Cristo de Ixmiquilpan pasó con el de Totolapan. En 1861, a raíz de la exclaustración de los agustinos, la comunidad de Totolapa recuperó su imagen y alrededor de ella se siguieron tejiendo numerosos milagros. En ambos casos la memoria indígena se había conservado alrededor de la imagen milagrosa a pesar de su expropiación y esa persistencia de la memoria permitió a la larga la recuperación del objeto sagrado, pero en ninguno de los dos casos tuvo continuidad el papel impulsador que tuvieron los ermitaños en sus orígenes. Vírgenes viajeras poblanas y ermitaños europeos. Las imágenes de La Defensa y La Guía. William Taylor ha calculado que existen en México alrededor de 480 santuarios con imágenes milagrosas, de los cuales 261 están dedicados a imágenes de Cristo y 219 a la Virgen María. 65 Entre estos últimos son notables aquellos que, como los del Tepeyac y Los Remedios, sirvieron para sustituir a antiguas diosas madres. Otros, en cambio, fueron utilizados para reforzar los sentimientos de identidad patria en las diferentes ciudades del territorio. En el Zodiaco mariano, obra escrita entre 1679 y 1750 por los jesuitas Francisco de Florencia y Juan Antonio de Oviedo, se recopilaron 106 narraciones sobre imágenes milagrosas de los santuarios locales novohispanos dedicados a la Virgen María. 66 Entre ellas se distingue una que está vinculada con la zona de Puebla Tlaxcala y en la que es notable la presencia de un ermitaño: la Virgen de la Defensa, asociada muy directamente con Juan Bautista de Jesús. Las noticias del hecho fueron dadas a la luz en 1683 por Pedro Salgado Somoza, confesor del ermitaño que era natural de Toledo y que 65 Ibidem, p. 66 Zodiaco Mariano, México, Imprenta del Colegio de San Ildefonso, 1755. (Edición moderna de Antonio Rubial, México, CONACULTA, 1995). UN CICLO HIEROFÁNICO IGNORADO POR LA HISTORIOGRAFÍA vivió en los bosques de Tepeaca entre 1621 y 1660. El autor criollo no sólo había ordenado a Juan Bautista poner por escrito las maravillas obradas por la imagen que tenía en su poder, sino también fue él quien llevó estos informes a Juan de Palafox, personaje que jugó un importante papel en la promoción del culto. 67 En la obra de Salgado, el obispo de Puebla aparece como un prelado celoso y devoto que "despachó un auto que mandaba se hiciese información jurídica de muchas de las cosas que en el escrito se contenían" y mandó traer la imagen a su palacio mientras se le disponía un altar en la catedral. Pero antes de que esto sucediera, señala el mismo autor, la Virgen fue entregada por Palafox al almirante Pedro Porter Casanate para que lo acompañara en una expedición a California, en la cual lo libró de numerosos peligros; este personaje se la llevó después a Chile, donde participó en las campañas contra los araucanos. En 1676 la imagen regresó a Nueva España gracias a la intermediación de los jesuitas y fue colocada por el deán y Cabildo en el altar de los Reyes de la catedral de Puebla, después de una apoteósica recepción que le hizo la ciudad. 68 La segunda parte de la obra de Salgado contiene un epítome con la vida del venerable ermitaño. En él aparece como un personaje libre de toda herejía, aclaración necesaria por la abundancia de falsos eremitas insumisos y engañadores, cuya ortodoxia quedó avalada por una junta de teólogos que lo examinó por orden de Palafox. A continuación Salgado describe una vida llena de prodigios: luchas con las fuerzas demoníacas (que lo golpeaban y arrastraban por las cañadas y lo mordían para impedir que escribiera los milagros de la Virgen); practicas de un ascetismo sobrehumano que lo convirtieron en un hombre salvaje "negro, flaco, con el cabello descompuesto erizado y lleno de hojas"; y sorprendentes portentos (calaveras parlantes, águilas portadoras de pan, crucifijos que aparecían y desaparecían). Pero lo más importante era que su vida estuvo entregada al culto y veneración de la Virgen de la Defensa y de una copia de la imagen que él había mandado hacer cuando Palafox se llevó la original a Puebla. 69 Francisco de Florencia, quien años después reunió las narraciones de Salgado y de Juan Bautista, dio una versión completa de los prodigios de 67 Pedro Salgado Somoza: Breve noticia de la devotísima imagen de Nuestra Señora de la Defensa... Con un epítome de la vida del venerable anacoreta Juan Bautista de Jesús, Puebla, Diego Fernández de León, 1683 (hay una reedición en Puebla en 1760). El hecho se explica por el parentesco que el almirante tenía con la madre del obispo Ana de Casanate, aunque los hagiógrafos sólo señalan que era compatriota de Palafox. ANTONIO RUBIAL GARCÍA la imagen en su Zodiaco mariano. En ella la Virgen aparece como protectora de aves y roedores que huyen de los depredadores y se refugian en la ermita, la acompañaban continuamente luz y música de ángeles y los demonios sollozaban en los árboles por las almas que se salvaban por su intermediación. Los mismos milagros se continuaron con la copia que el ermitaño mandó fabricar para sustituir a la que se llevaran Palafox y Casanate; ésta protegía a los animales que entraban en la ermita, detuvo destructoras tempestades y viajó a la cabecera de los enfermos para traerles alivio. 70 Con Florencia se consolidaba un ciclo narrativo, quizás el más representativo, que vinculaba dos imágenes marianas con las actividades milagrosas de un ermitaño. Esta asociación tuvo una larga continuidad en el santuario que se construyó para albergar la segunda imagen de la Virgen de la Defensa, en el cual Juan Bautista estaba enterrado. En una remodelación de este espacio llevada a cabo en 1808 aún seguía presente la memoria de este personaje, como lo constatan dos lienzos que describen su vida y que se mandaron pintar en la ermita. Las pinturas llevan numerosas inscripciones sacadas de la obra de Salgado Somoza. 71 El último caso que voy a tratar pertenece también al área de Tlaxcala, lugar al parecer muy solicitado por los eremitas. De él sólo se conserva una breve narración contenida en una oración panegírica, editada en 1657 y predicada a raíz de la traslación de las cenizas del ermitaño Diego de los Santos Lijero a la parroquia de Tlaxcala. El autor del sermón, Antonio González Lasso, describía la vida del anacoreta que se retiró a las soledades después de llevar una vida disipada. Cuenta su biógrafo que en una de sus aventuras galantes, la hermosa joven que el esperaba encontrar se transformó en un ser demoníaco con ojos de fuego y cabellos de serpiente, experiencia que lo llevó a una profunda conversión. Después de un año y medio de retiro en el yermo, Diego se fue a Filipinas con el deseo de pasar al Japón a entregar su vida por la fe; y aunque tal deseo no le fue concedido, en Manila consiguió algo muy preciado: la imagen milagrosa que lo hizo famoso a su regreso a la Nueva España, la Virgen de la Guía. Al morir el ermitaño en 1648, la imagen pasó a la parroquia de Tlaxcala y nueve años después las cenizas del ermitaño, fundador de dos cofradías y el mismo hermano de la congregación de San Pedro, eran colocadas a los pies de la Virgen que él mismo había traído del Oriente y junto a la cual quiso estar 70 Florencia y Oviedo, Zodiaco mariano, pp. 217-220. 71 Jaime Cuadriello: "Tierra de prodigios. UN CICLO HIEROFÁNICO IGNORADO POR LA HISTORIOGRAFÍA sepultado. 72 Es por tanto el único caso en el que el cuerpo del ermitaño fue de nuevo vinculado con su imagen asociada. Al parecer ni la imagen ni el ermitaño tuvieron una importancia destacada en el ámbito tlaxcalteca. El Zodiaco mariano no los menciona y no encontramos ninguna otra noticia de ellos en otras fuentes. Es muy probable que la presencia de santuarios de primera magnitud (la Virgen de Ocotlán y San Miguel en Nativitas), cohesionadores de la identidad tlaxcalteca, impidieran el desarrollo extensivo de cultos menores como el de la Virgen de la Guía, que se volvió una más entre las varias que poseía la parroquia. A lo largo de los ejemplos aquí estudiados se puede observar cómo los ermitaños, y sobre todo sus cuerpos tratados como reliquia, sirvieron para reforzar la sacralidad de las imágenes milagrosas. En todos los casos, sus cadáveres (u objetos asociados) fueron enterrados cerca de ellas en algún momento de la evolución del culto. En varios de ellos (Chalma, Ixmiquilpan, la Guía) se dio además el fenómeno contrario, es decir que el cuerpo del ermitaño fuera retirado de su cercanía con la imagen. Es también significativo que, salvo en aquellas que generaron santuarios (Chalma y Sacromonte), las imágenes, al igual que los cuerpos de los ermitaños, llegaron de fuera. Esto pasó sobre todo en aquellas que se anexaron a capillas en templos ya construidos para reforzar su prestigio (San Francisco y la catedral de Puebla, la parroquia de Tlaxcala, la iglesia de San Agustín y el templo de las carmelitas descalzas de la capital). Es también muy significativo que en varios de los casos aquí estudiados se diera un fenómeno de expropiación del icono por parte de un núcleo urbano: la Virgen Conquistadora y la de la Defensa por parte de Puebla y la Virgen de la Guía por Tlaxcala, los Cristos de Totolapan e Ixmiquilpan por la capital. Este carácter de objeto "robado" está presente también en algunas de las narraciones relacionadas con los cuerpos de los ermitaños. El impacto de estos personajes fue tan amplio que algunas otras narraciones se vieron influidas por ellos. Juan Diego, el vidente de la Virgen de Guadalupe, terminó, según la versión del jesuita Florencia, como ermitaño en la capilla construida para custodiar la imagen milagrosamente aparecida. En otros casos, la misma promoción de una imagen en una ermita se convertía en motivo para que su cuidador tomara el carácter de ermitaño. Un ejemplo de ello fue la Virgen de Tulantongo, cercana a Tezcoco, promovida por Antón de Candía, un mestizo ciego fingido y mendigo. Entre 1628 y 1642 este personaje comenzó a difundir que un lienzo de la Virgen que poseía le había devuelto la vista y con las limosnas que recogió le fabricó a la imagen una ermita que pronto se convirtió en santuario de peregrinación. A su alrededor el ermitaño había construido un obraje textil, una panadería y una tocinería donde trabajaban varios indios e indias y tenía ovejas, carneros, bueyes y una recua de mulas. A pesar de haber sido acusado ante la Inquisición en 1656 por "usurpador de la eclesiástica jurisdicción y sagrada dignidad del sacerdocio", pues imponía "la ceniza a los indios el día que para esa sagrada ceremonia tiene señalado la iglesia; bendice a los indios públicamente, y a los que van a visitar a la Virgen y pedirle socorro en algunas necesidades, les da él las respuestas en nombre de la imagen santísima". 73 El tribunal determinó que el ermitaño debía dar cuenta de las limosnas cada seis meses al guardián del convento franciscano de Texcoco. Esto motivó que muy pronto la ermita pasara al control de los frailes, quienes en 1676 fabricaban una nueva iglesia en ese espacio a expensas de Melchor de Peralta. Fray Agustín de Vetancurt, quien da esta última noticia, señala que en Tulantongo había un religioso bajo la obediencia del padre guardián de Texcoco, pero ya no hace referencia al ermitaño ciego y sólo menciona la capilla adscrita a su orden en la que se veneraba la imagen de la Inmaculada Concepción. 74 Aquí, como hemos visto en otras imágenes, las autoridades religiosas tendieron a separar ermitaños de imágenes, quizás porque aquellos comenzaron considerarse peligrosos por su carácter autónomo y a veces contestatario. Sin embargo, por el carácter milagroso con el que estaban revestidos ambos y por la gran fuerza que tenían en el imaginario los temas de la santidad y de los íconos milagrosos, no es gratuito que el binomio ermitañoimagen cumpliera importantes funciones simbólicas en el imaginario novohispano desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX.
La Independencia de Venezuela, una historia mitificada y un paradigma heroico/ History as a myth and the heroic paradigm Frédérique Langue CNRS-Mascipo, París, Francia Desde la perspectiva de la historia de las ideas y de la historia de las representaciones, este trabajo intenta analizar el uso del mito bolivariano en la historia de Venezuela, ubicándolo en el tiempo largo, hasta llegar al imaginario político de la "República Bolivariana". Muestra cómo, más allá de la consagrada cronología independentista y de la historiografía patria, asoman temas y pasiones muy a menudo olvidados de la historia académica, aunque si rescatados por une nueva historia oficial. De ahí la necesidad de llegar a un boceto "oportuno" del héroe, dejando de lado hechos petrificados y hasta santificados. PALABRAS CLAVE: Sensibilidades (historia de las); Historia oficial; Historia republicana; Venezuela, memoria de; Mantuanos; Bolívar, mito: Chávez (Hugo); Revolución bolivariana. En el transcurso del año 2008, el representante más prestigioso de la historia de las ideas -y de lo que se conociera en su tiempo como historia de las mentalidades, ahora de las "representaciones"-, Elías Pino Iturrieta, discípulo de José Gaos, realizó un llamamiento para hacer "un boceto oportuno de Bolívar". Las intervenciones de los intelectuales venezolanos en el debate político se han hecho más frecuentes en estos últimos años, para culminar en una movilización en defensa de la democracia (Movimiento 2-D fundado en abril del 2008 para contrarrestar un "proyecto político totalitario, derrotado civilmente el 2 de diciembre de 2007"). 1 Desde un principio, y especialmente en su libro El divino Bolívar, E. Pino se empeñó en desmenuzar, en devanar, más que denunciar ciegamente, los usos de la historia oficial y especialmente de las referencias al mayor protagonista de la "primera" Independencia nacional, Simón Bolívar, por los gobiernos de Venezuela, República Bolivariana incluida. No se trata aquí de juzgar -no es este el propósito del historiador de oficio-ni mucho menos de tomar partido en una contienda ideológica cuyos tejemanejes sobrepasan los límites de las fronteras nacionales y cuyo funcionamiento se asemeja al de las creencias, como lo evidencia la polarización de la opinión pública, tanto dentro como fuera de esa "nación llamada Venezuela", según la expresión acuñada por G. Carrera Damas. E. Pino Iturrieta: "Los mitos políticos se gastan", Tal Cual Digital, 1 de octubre de 2007. Luis Castro Leiva: De la patria boba a la teología bolivariana, Caracas, Monte Avila, 1987. Personalismo o liderazgo democrático. El caso de Rómulo Betancourt: Estudio preliminar de Juan Carlos Rey, Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, Serie Cuadernos de Ideas Políticas, N.o 5, 2007. E. Pino Iturrieta: Nada sino un hombre. Los orígenes del personalismo en Venezuela, Caracas, Editorial Alfa, 2007. Reseñado por: Frédérique Langue: en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, n.o 8, 2008: http://nuevomundo.revues.org/index 32173.html, p. 302, y del mismo autor: Las ideas de los primeros Venezolanos, Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1992. Escritos de T. Lander en Pensamiento liberal del siglo XIX (antología), selección y estudio preliminar de Inés Quintero, Caracas, Monte Ávila Editores, Biblioteca del pensamiento venezolano José Antonio Páez, 1992. 2 Sobre la problemática del estatuto del historiador del tiempo presente, véase Frédérique Langue: "Cuando la calle arde y el aula reflexiona. La historia inmediata de Venezuela, métodos y cuestionamientos", en Domingo Irwin y Frédérique Langue (coords.): Militares y sociedad en Venezuela, Caracas, UCAB-UPEL, 2003, pp. 225-253 y "El acontecer histórico en la historia reciente de Venezuela: algunas reflexiones en torno a una fábrica de emociones para el tiempo presente", en Domingo Irwin y Frédérique Langue (coords.): Militares y poder en Venezuela. ISSN: 0210-5810 Tampoco se trata de darles un repaso a las últimas y muy oportunas entregas de la historiografía venezolanista acerca de la ruptura originaria de la Independencia o de intentar proponer un balance de la extensa y consensuada producción historiográfica (ocasionalmente hagiográfica en la medida en que patria, pueblo y héroes se convierten en ejes interpretativos firmemente asentados en la vertiente nacionalista y, por lo tanto, en un modélico discurso referido a la nación) sobre un periodo que los especialistas coinciden en calificar de "guerra civil" (G. Carrera Damas). 3 Más allá del tortuoso camino de reversión de la soberanía a la nación, marcado además por fuertes disimilitudes regionales, se trata de analizar, en la larga duración, un proceso histórico de singular novedad y de excepcional mediatización en la historia de las ideas, vinculado a la vez con una insuperable tradición "criolla" y forjador de lo que se adelanta como una "segunda Independencia", tanto del país como del continente. Dicho de otra manera, se intentará relacionar presente y pasado remoto para comprender mejor las declinaciones actuales de un culto que se originó en la Revolución de Independencia, e incluso de un mito en cuanto relato fundacional de índole identitaria e ideológica ejemplificado hoy como bolivarianismo. Por eso mismo cabría resaltar, dentro de ese verdadero andamiaje colectivo, la vertiente reveladora de un tiempo sagrado y hasta la orientación mesiánica del discurso bolivariano, si nos ubicamos en la perspectiva de Mircea Eliade. 4 Unas observaciones bastan sin embargo para tomar la medida de la cuestionada pertinencia del mito bolivariano en su forma actual y la manera como se ha ido desvirtuando e incluso falsificando la figura heroica de Bolívar en manos de los "sacristanes de la actualidad" (E. Pino): la procedencia social del héroe, figura notable del mantuanaje -la aristocracia blanca criolla -portador, como subrayó E. Pino Iturrieta, de un "conjunto de valores propios de una ortodoxia de cuño hispánico". Los mantuanos de la "Colonia" -los "grandes cacaos"-ejercen en efecto su autoridad sobre castas -la "multitud promiscual" de los "pardos"-y esclavos por mandato de Dios. Son los llamados "padres de familia", ejemplificados en los sermones y recordatorios espirituales, y hasta en las Constituciones sinodales de la Provincia. 5 Tienen un derecho "exclusivo y excluyente" al manejo de influencias y bienes materiales. De tal forma que el héroe da sus primeros pasos entre la "gente principal", se va formando en el estamento más encumbrado y alejado de las vivencias del pueblo y de la "gente de color quebrado". En el caso del héroe, la procedencia no significa sin embargo "petrificación, sino evolución hacia formas de republicanismo cuya implantación se pretende a duras penas", por más que el mantuano Bolívar no haya dejado de "mirar con ojos condescendientes al pueblo". El futuro Libertador parte en realidad de una posición de desconfianza. La metamorfosis que va experimentando lo lleva a fundar y a defender un sistema político moderno en el cual deja de lado las distinciones del mundo colonial y de su clase en provecho de un entendimiento cabal de la sensibilidad popular, que intenta "incorporar a su repertorio de soluciones" y de virtudes republicanas divulgadas/enseñadas por quien corresponda, ambos puntos debidamente tratados en el recorrido discursivo que nos lleva de la Carta de Jamaica al Discurso de Angostura. El entendimiento de la autoridad por parte del héroe, el trasfondo constante de la mentalidad en la cual se formó es, por ende, otro punto clase de esta aproximación en términos de representaciones políticas y sociales. La autoridad la ejerció de hecho y sin trabas casi hasta el final de sus días. Por todas estas razones, el mismo Marx le tuvo poco aprecio a la figura y a la acción pública del Libertador. No dejó incluso de denunciar esta for-ma renovada de despotismo y los afanes reeleccionistas, así como las ambiciones dictatoriales de Bolívar. 6 Revestido en el manto de unas constituciones de las que fue hábil redactor, no estimó cabalmente aspectos esenciales del ideario liberal, como la alternabilidad en el ejercicio de los cargos públicos o la beligerancia de los grupos de oposición sin los cuales era imposible la puesta en marcha una sociabilidad como la que proclamaban los papeles de la Independencia". En los confines que estableció para la creación de una convivencia distinta de la colonial prevaleció la confianza hacia élites letradas y el exagerado encomio de unos hombres de armas que la final le dieron la espalda, pero a quienes mimó como hijos predilectos. ¿Fallas o pecados de un individuo que persigue el poder a todo trance? Apenas peculiaridades dominantes de quien sólo podía llegar hasta la meta marcada por las necesidades de un entorno convulsionado, por la diversidad de los territorios que quiso dominar y por una sociedad conducida a la ruina debido a una guerra en la cual las consideraciones humanitarias sólo se asomaron en las postrimerías. 7 La figura del Libertador, su vida tanto pública como privada, despiertan constantemente interés y pasiones. La complejidad del personaje y del proceso que lideró, la dificultad que hay también en desvincular al hombre del mito constituyen un reto y una paradoja que llevaron a John Lynch a retomar la controvertida biografía de un Bolívar tan celebrado por los conservadores como por los marxistas. Apoyándose en fuentes primarias, no puede sino resaltar la relación ambigua que tuvo el Libertador, representante de la elite local, con la "pardocracia", parte de la naciente clase media americana para retomar un señalamiento de Manuel Pérez Vila, su alejamiento del modelo integrador francés o americano, hasta la determinación final de solventar la situación logrando alguno que otro equilibrio entre tiranía y anarquía (Constitución de Bolivia, 1826). La historia militar, por no decir las hazañas guerreras, ocupa aquí poco espacio en beneficio del contexto político y del espacio social y económico. Este tipo de publicación arroja además otra valiosa conclusión, aunque no siempre expresada con la debida firmeza: el imaginario democrático venezolano no se remonta a la época de la Independencia sino a un momento estructurante posterior, el de la "revolución de octubre". En el imaginario político nacional, el 18 de octubre de 1945 y el golpe de Estado encabezado por el general Medina Angarita, propiciado por los oficiales de la "Unión Patriótica Militar", cobra especial relevancia. Finalizó sin embargo muy pronto con otro golpe militar, en contra del gobierno de Rómulo Betancourt, el 24 de noviembre de 1948. Junto al 23 de enero de 1958, otro símbolo del pueblo heroico y de la caída del gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez que le dio paso al pacto de Punto Fijo, la "gloriosa Revolución de octubre" descansaba en efecto sobre tres pilares: la construcción de identidades populares, la institución de una democracia "efectiva" (sufragio universal) y un nacionalismo económico. Como lo subrayó F.-X. Guerra, "la nación es en el mejor de los casos un proyecto: en la mayoría de los otros, un problema, jalonado por múltiples fracasos" que se evidencian en la desintegración de los espacios políticos americanos.8 Los vericuetos de una historia oficial. La historia reciente o historia del tiempo presente nos lleva más que cualquier otro periodo a afrontar el tema de la "recepción del acontecimiento". Se considera tanto la manera cómo se escribe acerca de un hecho determinado como los ecos de un pasado considerado anteriormente como lejano, por no decir finalizado. Ahora bien, este pasado cuidadosamente albergado en las memorias colectivas o individuales resulta ser un instrumento imprescindible de comprensión del tiempo presente ante otros actores ocasionales pero no menos ofensivos cuando de escritura de la historia se trata (medios de comunicación, poder político y judicial). En este orden de ideas, hay que recordar que la epistemología mixta puesta de relieve por P. Ricoeur para la disciplina histórica, entrelazamiento de objetividad y de subjetividad, se funda en un doble proceso de explicación y de comprensión de lo otro alejado en el tiempo, que se sustenta sin embargo en una discursividad propia y un vocabulario de hoy.9 Ahora bien, rescatar a los olvidados de la historia gracias al doble prisma (de la recepción del acontecer histórico y las "representaciones"/ "sensibilidades") no lleva una historia de los anónimos, ni cuando de periodos confusos y conflictivos se trata, lo que es sin lugar a dudas el caso de la Revolución de Independencia en América. Tan sólo recordaremos el papel de la memoria en distintas escalas (individual, colectiva), en contra del olvido selectivo (uso de ciertas categorías: clases dominantes, historiografías oficiales etc.). Las palabras rescatadas en los documentos de archivo o en testimonios más recientes remiten a determinada configuración social, a situaciones de tensión donde las palabras llegan a resquebrajar el espacio social al declinar el conjunto de las coacciones y de los desgarramientos experimentados con motivo de "incidentes" vividos a diario, dentro del "curso ordinario de las cosas".10 Los conflictos/juicios posibilitan la presencia de los olvidados de la historia en los acervos históricos pero no desempeñan sino un papel de catalizadores en escalas muy diversas, puesto que irrumpe la palabra singular junto a la condición común de una historia impuesta y sufrida a la vez.11 Y más cuando el historiador presencia los hechos que estudia ("historia del tiempo presente"), situación desestabilizadora (se desconoce el final de la historia) que en no pocas oportunidades despierta por lo tanto la suspicacia conservadora del gremio historiador. 12 Otra observación fundamental a la hora de compaginar estudio del tiempo presente (por no decir historia "inmediata" o de lo inmediato) y referencias a un pasado lejano aunque omnipresente en las memorias: ubicarse en la perspectiva de las sensibilidades y de las representaciones que las sustentan requiere un balance previo. Gran parte de la historiografía americanista en ese campo sigue siendo, en este aspecto, un avatar de la historia de las mentalidades, dominada por una historia de las elites, o "clases dominantes de la sociedad indiana", que tiene mucho que ver con las fuentes disponibles (producidas efectivamente por una elite política y cultural), especialmente para el periodo colonial y las primeras décadas del siglo XIX. 13 Los siglos posteriores multiplican las fuentes, a veces de forma excesiva, en su vertiente virtual y dentro de un contexto globalizado que tiende a difuminar la recepción misma del acontecimiento, por más ínfimo que sea, y le confiere "actualidad" en el sentido de Foucault, al demultiplicar las interpretaciones y reacciones. El mayor escollo radica por lo tanto en la selección y crítica de las fuentes. De ahí la acepción de la historia de las sensibilidades en cuanto "recepción del acontecimiento", aunque resulten ser "de escasa intensidad", y de los sentimientos y pasiones que de ello se derivan. Por muy precisos que sean, los trabajos de historia social no suelen contemplar estas expresiones en el orden emocional, por seguir unos lineamientos centrados en hechos de rebelión y resistencia y hasta de resilience. 14 En este sentido, la historia de las sensibilidades relativiza estas aproximaciones, al remitirnos constantemente a las circunstancias de su elaboración y a las representaciones sociales que las anteceden, y por eso mismo se ubica arriba de la llamada "historia de las emociones": "El historiador tiene como tarea la de facilitar un conocimiento adecuado de aquel "pueblo de los desaparecidos". Abandonar esta pretensión, quizás desmedida aunque no menos fundadora, consistiría en dejarle el campo libre a cualquier falsificación intencional de los hechos ocurridos y a la aceptación de una historia oficial. 15 Entre estos acontecimientos catalizadores de pasiones inéditas o inesperadas, conviene sin lugar a dudas incluir las palabras mismas. Muchas batallas, efectivas o figuradas, como puede ser el caso en el orden político o ideológico, son en primer lugar batallas de palabras e ideas. Reductoras o forjadoras de sentido, en adelante las palabras expresan una construcción cultural y política encaminada hacia la formulación de una "historia oficial". En semejante contienda, sólo el preciso conocimiento del pasado permite escudriñar el presente, vislumbrar y contrarrestar negaciones del pasado o ejemplificar rupturas verdaderas dentro de un proceso histórico. 16 Allí cunde la imprescindible conexión entre historia y memoria, tal como lo puso de relieve Georges Duby. Fuera de las memorias y de una conciencia colectiva, el acontecimiento deja de existir como tal, está ligado estrechamente al flujo y reflujo de la memoria y del olvido. De ahí el hecho de que una investigación de tipo historiográfico no pueda hacer caso omiso del análisis pormenorizado de las construcciones simbólicas. 17 No por eso se trata solamente de inventariar pasiones olvidadas y de rescatar a actores sociales descartados por la historia académica, sino de contrarrestar historias oficiales en un contexto movedizo de globalización de la información y de las ideas. Otro punto que merece ser subrayado es la "fábrica social" de la historia como ciencia y consciencia, la ubicación del relato histórico en una configuración peculiar que no hace caso omiso de las emociones afines. El análisis del acontecer histórico coincide nuevamente con la experiencia de los actores: "la mayoría de la gente no vive en la Historia, en la actualidad. En realidad viven su vida. Tal es la historia anónima, la de la gente de la calle". 18 Estos deslices de la perspectiva se ubican desde luego en un determinado acercamiento metodológico, junto a una imprescindible lucidez crítica que rescata "la traza de estas acciones y el juego de estas conmemoraciones" en el tiempo, no el pasado tal como ocurrió sino la manera como se constituyó y se transmitió en cuanto objeto histórico y parte del imaginario de una nación. 19 El caso ejemplar de Bolívar, figura mítica objeto de numerosas interpretaciones historiográficas, es el de una persona omnipresente, tanto en la propia Venezuela como en el exterior, y en el tiempo largo. Es el héroe redentor, precursor del panamericanismo y defensor del ideario liberal durante la Revolución de Independencia. Fue precisamente esta "heroarquía" (en cuanto repertorio heroico de la "historia patria"), para retomar el término de Thomas Carlyle, el destacado exponente de la teoría del héroe (desde el año 1843), la que sirvió de andamio a Venezuela para construirse como nación. Se convirtió en una referencia identitaria obligada para el Estado venezolano en las postrimerías del siglo XIX, a partir de la repatria-ción de sus restos en 1842 y luego, durante el gobierno positivista de Guzmán Blanco, con la celebración del natalicio del Libertador. El matiz conservador del ideario bolivariano es, sin embargo, el aspecto que más se busca en ese momento. Hasta se trasladó a Europa, con un sesgo algo antiparlamentarista que los doctrinarios del fascismo italiano no dejarán de recordar; es el cesarismo de corte bonapartista. Sin embargo, las dos vertientes del personaje volvieron a aparecer después de la "guerra fría", es el "héroe para todas las causas", incluso las causas utópicas (véase. Miguel Acosta Saignes): héroe libertador defensor de la libertad para unos, precursor de la guerra libertadora y hasta del antiimperialismo para otros. La religión cívica del bolivarianismo y el "museo itinerante" (P. Calzadilla) de los objetos o símbolos que conlleva, recoge por lo tanto el mito oficial del Libertador como otra imagen, mucho más radical, del revolucionario que hubiera sido en lo social. De tal forma que, al posibilitar un consenso en torno a los valores patrios en varios momentos de la historia nacional, Bolívar sigue siendo el garante o, cuando menos, el símbolo del orden establecido. 20 Ahí radica una pregunta acerca de la historia oficial, junto al tema de las hagiografías nacionales, del olvido voluntario o de la anamnesia ejemplificada por Paul Ricoeur, así como del estatuto del historiador. ¿Puede éste permanecer indiferente o incólume ante determinados hechos recordados o procesos actuales? De ahí la importancia del contexto a la hora de arrojar interpretaciones, a veces muy distintas, de un mismo acontecer, ya sea oficiales, políticas, colectivas, o bien particulares, individuales, partidistas etc. La omnipresencia del culto bolivariano, la arraigada posición del mito afín en el imaginario político venezolano, así como los ecos de carácter continental que encuentra no remiten sino a trazas memoriales de la gesta bolivariana. 21 Hay aconteceres que, por motivos muy diversos, terminan silenciados u ocultados: el horror, el sentimiento de culpa o de impotencia, o la elección de cierta forma de hacer historia -caso de la historia oficial-fundada en una práctica de tipo ideológico. Algunos temas son, por definición, subversivos, o se convierten en tabúes, y "estos silencios no son olvidos ni prohibiciones". Identificar los tabúes posibilita el acceso al no-dicho de una sociedad, a través del modo de producción de relatos históricos que destierran las preguntas que molestan, exorcizan el pasado exaltando a la inversa otros momentos del mismo, o hacen hincapié en una mitología (caso de la llamada historia republicana en el continente latinoamericano) ocasionalmente compaginada con otro "ingrediente" sumamente descalificador, el resentimiento. 22 A lo largo de estos últimos años, y en relación con la conformación de una historia oficial y de un nuevo credo revolucionario, la nueva historia de Venezuela tendió a desvirtuar el "culto a Bolívar" tan preciado de los gobernantes criollos. Ese culto al héroe de la Independencia, portavoz del ideario de la emancipación en un nivel continental, culto sumamente movilizador, por y para el pueblo, suerte de religión cívica fundadora de una identidad nacional, siempre ha sido utilizado por los distintos gobiernos republicanos. El interés de la reescritura actual de la historia por el mismo presidente Chávez radica en el hecho de que Bolívar ya no es el aristócrata blanco (mantuano) o el defensor del orden que resultó ser hasta para ciertos autores europeos. Según varios defensores del régimen, hasta se convirtió en un mestizo, más precisamente en un zambo. De la revolución redentora ya se sabe que trae a colación muchas referencias históricas, esto desde los orígenes del movimiento bolivariano en los años 80 del siglo pasado (véase el "árbol de las tres raíces" o sea Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora). De hecho, resulta sumamente inestable la síntesis lograda por el Estado entre el culto heroico y la celebración del revolucionario social, cual mito de Sísifo, a semejanza de otras míticas construcciones identitarias latinoamericanas (Martí, Lautaro...). Implica por eso mismo una revisión radical de los símbolos patrios que nutren el imaginario social y el discurso revolucionario de ruptura con un pasado reciente (la IV a República o "antiguo régimen"). El otro se convierte en el enemigo, su aniquilación se convierte en mandato. El pueblo organizado y formado en la ideología bolivariana se organizará en un primer momento en los "círculos bolivarianos", que tienen antecedentes en las "cívicas bolivarianas" durante el gobierno de López Contreras, en cuanto organizaciones sociales leales al régimen (1940). En este caso preciso, la violencia tiende a desplazar a la política como medio de dirimir diferencias. Se oficializó la referencia a los indígenas, que en adelante aparecen allí junto con un arco y una canoa; el caballo de los escudos nacionales, otrora "no venezolano" y "caballo del imperio" (español), en los términos del presidente Chávez en su emisión dominical Aló Presidente, mira en adelante hacia la izquierda. De ahí la polémica y hasta el acérrimo debate que surgió a fines del año 2005 y la movilización de historiadores de ambos bandos, incluyendo la Academia Nacional de la Historia, a favor de la "cohesión nacional" y en contra de la "Revolución de San Simón", o sea del uso de la historia por el poder y de fetiches ideológicos. Mientras que el artículo 1 ro de la Carta Magna reza: "La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador". 23 "Contar ya es explicar", recordó Paul Ricoeur. En este sentido, la historia de las sensibilidades hace uso de fuentes muy diversas, incluyendo fuentes orales, y en especial la memoria oral, que llega incluso a compen-23 Marc Ferro: Les tabous de l'histoire, Paris, Nil Editions, 2002, pp. 33-34. Germán Carrera Damas: El culto a Bolívar, Caracas, Grijalbo, 1989, y Alternativas ideológicas en América Latina contemporánea (El caso de Venezuela: el bolivarianismo-militarismo), Gainesville, University of Florida-Universidad Central de Venezuela, 2001. Alejandro Gómez: "El papel de los intelectuales en la Venezuela de Hugo Chávez: los historiadores a la palestra pública", L'Ordinaire Latino-Américain, n.o 202, Toulouse, octobre-décembre 2005, pp. 83-94. Jorge Rueda: "Chávez impulsa cambios de símbolos patrios", El Nuevo Herald, 20 de enero de 2006. Frédérique Langue: "Mestizaje y redención en Venezuela. De las milicias coloniales a la Revolución Bolivariana", en Domingo Irwin, Hernán Castillo y Frédérique Langue (coords): Pretorianismo venezolano del siglo XXI. Ensayo sobre las relaciones civiles y militares venezolanas, Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 2007, pp. 259-299; y Hugo Chávez..., pp. cits., cap. IV. Academia Nacional de la Historia, comunicados de prensa del 23 de febrero y 3 de marzo de 2006: http://www.anhvenezuela.org/doctrina.php? id=11 John M. Kirk: "From "Inadaptado Sublime" to "Lider Revolucionario": Some Further Thoughts on the Presentation of Jose Marti", Latin American Research Review, Vol. Elena Plaza: "Historiografía y nacionalidad: el Resumen de la historia de Venezuela de Rafael María Baralt", Tiempo y Espacio, vol. VII, núm. 13, Caracas, 1990, pp. 63-96. Mireya Lozada: "El otro es el enemigo. Jaime Valdivieso: "El mito de Sísifo y su significado en el mundo actual: los mitos en Latinoamérica", Atenea, n.o 487, Santiago de Chile, 2003, pp. 135-143. Nelly Arenas y Luis Gómez Calcaño: "Los círculos bolivarianos; el mito de la unidad del pueblo", América Latina Hoy, vol. 39, Salamanca, 2005, pp. 167-193. Elías Pino Iturrieta: "La Revolución de San Simón", Letras Libres, México, julio de 2005 http://www.letraslibres.com FRÉDÉRIQUE LANGUE sar los silencios de la historiografía y los tabúes vigentes (véase el ejemplo de la guerra del Chaco, especialmente en el caso paraguayo) que excluyen temas "subversivos" como la guerra, el mestizaje o el nacionalismo. 24 En el caso del mito bolivariano, la memoria no se contrapone al olvido, por ser la memoria de los aludidos una interacción de ambos fenómenos (T. Todorov). Para el historiador, resulta ser en cambio una memoria fragmentada, que entorpece la reescritura de una historia nacional, al favorecer una historia oficial y, posiblemente, manipulaciones del pasado. En este sentido, el mito bolivariano no es una mera museografía alejada del presente. 25 Cualquier discurso acerca de un acontecimiento reciente connotará por lo tanto hechos anteriores en la trama discursiva, en una suerte de tramoya interpretativa que les confiere sentido. El tiempo ya no es único y lineal sino que pluraliza los modos de racionalidad del mismo. 26 A la consagrada "historia oficial" se le contrapone por consiguiente la "libertad del historiador", planteándose el problema de la transmisión de la historia. Resulta por lo tanto pertinente rechazar la confusión, tan frecuente en los medios de comunicación, entre memoria e historia. El caso de la esclavitud, de la colonización (en varios contextos, como lo demostró el caso francés), ponen de relieve esta confusión entre una memoria legítima que recoge sufrimientos del pasado y la escritura de la historia. La memoria bolivariana, tal como asoma en los discursos de Hugo Chávez, se ve confortada por cualquier detalle o anécdota, a diferencia de las interpretaciones siempre relativas que propone la historia. En el primer caso impera la creencia y cualquier cuestionamiento puede equipararse con un sacrilegio. Tiene como consecuencia un mecanismo de exclusión: en este caso preciso, uno está a favor de la Revolución o está en contra, no hay término medio. La memoria es sagrada y alcanza el registro de las emociones. En este sentido, el trabajo pacificador del historiador se opone al quehacer del político, del legislador o del juez en la medida en que los conflictos recor-dados no hacen sino evidenciar las dificultades de los países en asumir su propio pasado. 27 El ejemplo de la República Bolivariana de Venezuela pone de relieve el carácter sumamente conflictivo de lo que se puede ejemplificar como "memorias paralelas", hasta en presencia de un mito unificador de la nación. Mientras la historia une, la memoria tiende a dividir, como lo indicaría en el caso de España el controvertido traslado de parte del Archivo General de la Guerra Civil, conservado en Salamanca, a la Generalitat de Cataluña. 28 Estas consideraciones evidencian el hecho de que el pasado puede ir cobrando sentidos nuevos e inéditos con el transcurrir del tiempo. El régimen de las temporalidades sucesivas tiende de esta manera a rescatar a un sinfín de actores sociales olvidados de la historia oficial y del sistema de representaciones sociales y políticas que conlleva. Estas observaciones, que también son válidas para otros países, tienen especial importancia en el caso latinoamericano habida cuenta de la "intrusión" de lo político en la historia. Bien se conoce al respecto el tema de las historias oficiales, y basta con reportarse a la espléndida película de Luis Puenzo (Argentina, 1985) para comprobarlo. En el caso venezolano, también varias películas y varios productores (incluyendo a estadounidenses como por ejemplo el director Oliver Stone, ardiente defensor del presidente Chávez, a cubanos e iraníes, o a mexicanos como Francisco Taboada, contratado por el propio Chávez) buscan ofrecer "otra" visión alternativa de la historia nacional (véase la rehabilitación de Miranda y el largometraje de Diego Rísquez, "Francisco de Miranda" (Venezuela, 2006)), para mencionar una realización ajena al propósito ideológico que encubren filmaciones "bien intencionadas" como La Revolución no será transmitida, documental realizado por cineastas irlandesas acerca de los "sucesos de abril" (2002) o abiertamente militantes, y sus declinaciones ulteriores en los dos bandos (i.e. para el bando opositor ¿Cuál Revolución? 28 Una cronología de los hechos en: http://web.aytosalamanca.es/archivo/index.html, El Mundo; "Los "papeles de Salamanca": del franquismo a la actualidad", 31 de enero de 2006, http://ariadna.elmundo.es; El País, 26 de enero de 2006 [URL]. 29 Sólo una lectura que vaya más allá de los aconteceres puntuales y contemple la aprehensión de las sensibilidades evidenciadas en esa oportunidad ofrece una mirada global, que pueda precisar un proceso histórico aún vigente, así como sus implicaciones en un marco ideológico contrastado y exacerbado. Sensibilidades manifiestas asoman en el caso venezolano, a través del discurso pero también de la verdadera "guerra de las imágenes" protagonizada por los medios de comunicación o el cine, junto a la apropiación de mitos continentales (Bolívar, el Che) por la historia oficial y a la frecuencia de las conmemoraciones de cuño histórico, aunque con visos maniqueístas: Santa Inés (10 de diciembre de 1859, una de las acciones militares más importantes de la Guerra Federal, la ganó el "general del pueblo soberano" Ezequiel Zamora, una de las principales referencias históricas del presidente Chávez) durante la campaña electoral previa al referendum de agosto de 2004; Día de la Resistencia Indígena para el 12 de octubre: a los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón, esta celebración se volvió a bautizar mientras se destruyó la estatua de Colón en Caracas); la creación de un "comando Maisanta" (caudillo rebelde, bisabuelo del presidente) para llevar la campaña electoral y mediática del año 2004. Los días festivos relacionados con la "primera Independencia" y el nacimiento de una conciencia nacional (el fundacional 19 de abril de 1810 con la firma del acta de Independencia; 5 de julio de 1811, Día de la Independencia; 24 de julio, natalicio de S. Bolívar) sólo dieron lugar a desfiles militares. En vísperas de las elecciones presidenciales de diciembre de 2006, fue el amor el protagonista mayor de la campaña: "por amor a Venezuela" rezaban los afiches del presidente a punto de reelegirse, con tonos azules bastantes suaves que contrastaban con el "rojo-rojito" de los años anteriores. En los años 2007-2008 y la afirmación no sólo de la "Revolución bolivariana" sino del "socialismo del siglo XXI", regresaron las boinas rojas al escenario mediático y callejero, junto a los retratos de S. Bolívar y de H. Chávez. 30 29 Alejandro E. Gómez: "Las aventuras de Francisco de Munchausen", Nuevo Mundo Mundos Nuevos, n.o 7, 2007, http://nuevomundo.revues.org/index3920.html Frédérique Langue: "El Caracazo", Nuevo Mundo Mundos Nuevos, n.o 6, 2006, http://nuevomundo.revues.org/index2700.html. 30 Sobre la batalla de Santa Inés y su alcance para los "revolucionarios de hoy", véase el sitio chavista http://www.aporrea.org/ Y sobre el 19 de abril, el sugestivo artículo de Carole Leal Curiel: "El 19 de abril de 1810: la "mascarada de Fernando" como fecha fundacional de la Independencia de Venezuela", G. Carrera Damas; C. Leal Curiel et alt., Mitos políticos en las sociedades andinas..., pp. 65 y ss. Ahora bien, la reliquia quizás más preciada de la Revolución bolivariana y de la mitología oficial al respecto sigue siendo la espada de Bolívar, símbolo desde la Revolución de Independencia de la identidad nacional y regional en el imaginario político y también en los textos fundadores del Movimiento bolivariano y, como tal, reivindicado por movimientos de guerrillas colombianos desde los años 1970 (y "raptado" de un museo bogotano por el M-19). Este "fetiche republicano", que no es sólo un objeto de obligada conservación en ese museo o de réplicas que se les obsequian a los visitantes extranjeros de alto rango, invocado con frecuencia por un líder carismático y (neo) populista se inserta en un conjunto de referencias y un imaginario revolucionarios que van mucho más allá de las fronteras nacionales. Los mismos propósitos del "proceso" -la Revolución bolivariana para sus seguidores-se extienden al continente en su conjunto (véanse el proyecto del ALBA, Alternativa Bolivariana para las Américas, para contrarrestar la influencia norteamericana en lo económico, o varios programas de solidaridad y cooperación). Libertadora de las Américas, la espada de Bolívar se convirtió en uno de los lemas de los partidarios de la Revolución "continental", movimientos alter mundialistas incluidos. De esta forma se evidenciaría otra faceta del culto a Bolívar tal como lo analizó Germán Carrera Damas, y que este historiador no vacila en calificar de bolivarianismo-militarismo. El desarrollo del culto a Bolívar en su nueva versión sugiere sin embargo la posibilidad de que no se contenga en los confines nacionales. A partir del año 2002, es frecuente que el presidente y sus seguidores concluyan las arengas con la siguiente consigna: "¡Alerta, alerta, que camina la espada de Bolívar por América Latina! ¡Bolívar vive, la lucha sigue!". En junio del 2001 se empiezan a promover los Círculos Bolivarianos, para sostener el proceso revolucionario en Venezuela y con la única advertencia de que para pertenecer a ellos "sólo se necesita compartir la doctrina bolivariana", confortando una vez más, según unos estudiosos del tema, el "mito de la unidad del pueblo" y la permanencia de ese pasado idealizado (aunque no exento de violencia, al igual que muchas construcciones míticas), casi intemporal y, en todo caso, patriótico, nacionalista y latinoamericanista/continental, que nunca llega a ser pasado en el sentido estricto de la palabra (véase al respecto la frase de Neruda: "Bolívar revive cada cien años, cada FRÉDÉRIQUE LANGUE vez que los pueblos se despiertan", muy a menudo citada por Hugo Chávez en sus discursos. 31 El empeño de Chávez en presentarse como el Bolívar del siglo XXI obedece sin lugar a dudas a un profundo conocimiento del pensamiento bolivariano, pero también al carácter atractivo del personaje histórico, héroe que, a fin de cuentas, despierta sentimientos positivos en la sociedad venezolana y sólo produce unanimidad. A estas circunstancias se les une el hecho de que Bolívar siempre ha sido el patrón predilecto de los militares. En resumidas cuentas, son escasas las semejanzas con el héroe. En cambio, sí se han subrayado los parecidos entre el presidente Chávez y José Tadeo Monagas (presidente entre los años 1847-1858). Como puso de relieve E. Pino Iturrieta en una entrevista, Monagas se empeñó en reformar la Constitución para mantenerse en el poder. Con Chávez, en 1999 tuvo lugar un primer cambio constitucional (Constitución Bolivariana) y una revisión formal se está llevando a cabo actualmente, con el fin, entre otros propósitos, de permitir la reelección indefinida del mandatario. El PSUV (Partido Unificado Socialista de Venezuela), está en vías de constitución, sustituyendo al electoralista Movimiento Quinta República, heredero del movimiento bolivariano clandestino creado en los cuarteles en los años 1980 (a semejanza de otras logias militares). En el caso de Monagas, se alejó de los partidos de aquel entonces para sustituirlos por un círculo de amigos y familiares, llegó a controlar todos los poderes del Estado y pregonó la doctrina bolivariana hasta en lo que a integración continental se refiere. Monagas sería, en la historia de Venezuela, la "primera expresión redonda del personalismo venezolano y Chávez representa el personalismo de turno". Una pregunta afín sería ¿Cómo puede una revolución que se haga llamar bolivariana ser -a la vez -socialista? Un repaso por los escritos de Marx mostraría el escaso apego del filósofo a la figura del Libertador y la valoración más bien negativa que aquel tuvo de Bolívar, 31 Alejandro Gómez: "La reliquia más preciada de la Revolución bolivariana", en Domingo Irwin G. y Frédérique Langue (coords.), Militares y poder en Venezuela...., pp. 179-203. Análisis del pensamiento bolivariano en sus distintas vertientes interpretativas en el número especial de Tiempo y Espacio, n.o 34, Caracas, 2000. G. Carrera Damas: Alternativas ideológicas en América Latina contem-poránea... María Elena González Deluca: "Historia, usos, mitos, demonios y magia revolucionaria", Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, vol. 11, n.o 2, Caracas, 2005, pp. 159-186. http://revele.com.ve//pdf/revista_venezolana_de_economia_y_ciencias_sociales/vol11-n2/pag159.pdf Nelly Arenas y Luis Gómez Calcaño: "Los Círculos Bolivarianos: el mito de la unidad del pueblo" (artículo publicado anteriormente en la revista América Hoy), en N. Arenas y L. Gómez Calcaño: Populismo autoritario: Venezuela 1999-2005 aunque siempre ha habido en la historia de Venezuela un uso arbitrario del discurso de Bolívar, que lo descontextualiza con fines políticos. 32 El historiador, crítico y ex diplomático Germán Carrera Damas, autor del estudio más relevante acerca del culto a Bolívar, ya citado, llegó a esbozar un cuadro mucho más despiadado del "permanente culto al Héroe nacional-Padre de la Patria" (esta condición le fue reconocida a Bolívar junto a la de fundador de la Gran Colombia en 1823), y de la "sumisión recurrente al Anti-héroe nacional -padrote de la Patria-(habida cuenta del manejo discrecional y autoritario del poder por los gobernantes), junto a un "desorbitado y manipulador culto heroico". Para G. Carrera Damas, el entonces "Anti-héroe nacional-padrote de la Patria", si bien nos remite a la república liberal autocrática y a la cuestionable "dictadura comisoria" de Bolívar en 1828, es un arquetipo del despotismo, obtenido con desiguales aportes, pero con idéntica disposición de engendrar sucesor, mediante la destilación de la personalidad y obra de los generales Antonio Guzmán Blanco, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez, con el añadido actual del teniente coronel golpista sobreseído Hugo Chávez Frías, y establecido por la tradición como Némesis de las aspiraciones democráticas de la sociedad venezolana, presentes desde 1863. La conexión entre ambos, el héroe y el anti-héroe, ha consistido, según este autor, en que el primero ha sido utilizado constantemente como fuente de legitimación ideológica y de "aval político", del segundo, sin que se hubiese expresado claramente la conveniencia de un presidente con derecho a designar su sucesor, en una suerte de híbrido de Monarquía constitucional. Y la literatura se prestó a esta exaltación del heroísmo militar abono del caudillismo a lo largo de la historia nacional, so capa de patriotismo (véase Larrazábal). 33 Pese a que la guerra de independencia fuera una guerra civil (de acuerdo con Laureano Vallenilla Lanz y su Cesarismo 32 Elías Pino Iturrieta: "Los mitos políticos se gastan" y Nada sino un hombre. Lourdes Molero de Cabeza: "El personalismo en el discurso político venezolano. Un enfoque semántico y pragmático", Espacio Abierto, v. I. Quintero y V. Acosta: El Bolívar de Marx... 33 Germán Carrera Damas: "Entre el héroe nacional-padre de la Patria y el anti-héroe nacional-padrote de la patria", Arbor Ciencia-Pensamiento y cultura, CLXXXIII-724, Madrid, marzo-abril, 2007, pp. 203-210. Reproducido en: http://www.saber.ula.ve/db/ssaber/Edocs/pubelectronicas/procesoshistoricos/vol5num10/documento1.pdf y http://www.aladecuervo.net/logogrifo/0502/sem4/con-ciencia_nacional.htm FRÉDÉRIQUE LANGUE democrático, 1919), Bolívar siempre contempló la necesidad de ajustar las instituciones a esa suerte de propensión de la sociedad hispano-americana hacia la disgregación. De ahí que su visión política, especialmente en la última etapa de su vida, favoreció un poder ejecutivo de corte cesarista, pero siempre republicano. Estas circunstancias dejaron sin fundamento la "tentación monárquica" que se le había achacado. Con el ejemplo de Venezuela se comprueba sin embargo que, aunque un partido o un gobernante logren apoderarse de símbolos, de lugares, de ideas, de personajes históricos sobredimensionados -convirtiendo al mantuano Bolívar en un adalid popular, disfrazándolo a veces de mestizo-y hasta de leyendas y mitos diversos, de ninguna manera los actores y creadores de la nueva historia oficial pueden adueñarse de las sensibilidades. Las prolongan en parte, convergen con ellas, o se le oponen. Estas "reacciones epidérmicas", en pro o en contra, que afloran en la opinión pública venezolana de hoy, quizás no sean más que una respuesta a una serie de acontecimientos que participan por cierto de una memoria colectiva en el tiempo largo, así como de una experiencia vivencial más delimitada a nivel relacional (comunidad, partido, relaciones personales o familiares, nexos entre individuos) y más todavía cuando un líder carismático como Hugo Chávez, portavoz de una suerte de populismo revolucionario, se ubica en tal grado en el registro emocional e incluso afectivo. La liturgia creada alrededor del Libertador se funda en la repetición hasta la saciedad de citas de Bolívar, gracias a la excelente memoria del presidente, y en una exaltación mesiánica del Libertador. El problema radicaría, si seguimos los señalamientos de E. Pino, en la utilización de referencias fragmentarias desconectadas del contexto inicial y en el peligro de anacronismo que conlleva: "suele utilizar los textos bolivarianos para arrimar la brasa a su sardina". El pensamiento de Bolívar no deja de tener vigencia, al ser parte de una lucha por la justicia social, por el bienestar de las mayorías, por la soberanía de las naciones latinoamericanas y la unidad continental, pero es imprescindible recordar que fue expresión de su tiempo. Habría que mencionar de nuevo a otra figura omnipresente en el discurso presidencial, la de Maisanta, "general del pueblo soberano" en el siglo XIX (véase la obra de F. Brito Figueroa) y para otros historiadores,... guerrillero más bien opaco que gozó de fama en los medios rurales durante el gomecismo, uno de tantos en el enjambre de campesinos pasados por la molienda de la dictadura. Un personaje pintoresco que puede caber con comodidad en el espacio LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA de las crónicas parroquiales, pero quien ascendió al olimpo nacional por el amoroso frenesí de su nieto.34 Ideario político y tentación personalista sui generis En este sentido, la historia reciente de Venezuela constituye un verdadero laboratorio para el historiador, tanto a escala del país mismo, como del continente, por más que la información al respecto no siempre quede desligada de intenciones políticas e intente sustituir a las sensibilidades iniciales en su diversidad por una seudo-conciencia histórica/bolivariana y una retórica unificada en provecho exclusivo de un "lenguaje al revés" que convierte al presidente en mesías. Resulta imprescindible en este aspecto analizar el propio liderazgo de H. Chávez, en cuanto sustituto y redentor de un país pasado por la IV República puntofijista. El presidente se ha convertido en efecto en el jefe de Estado venezolano con más poder personal, tanto factual como carismático, desde los tiempos del "tirano liberal" Juan Vicente Gómez (1908-1935), esto además en un país de fuerte tradición presidencialista. Importa aquí este tipo de liderazgo, tanto a nivel de la alianza partidista que lo apoyó con vistas a las elecciones de 1998 y 2000, o de la unión que se está conformando en la actualidad desde las últimas elecciones presidenciales de diciembre del 2006, como de las mayorías populares que lo apoyan (relación Líder/masa) y desde luego de las Fuerzas Armadas Nacionales (afianzamiento de las relaciones civiles-militares). Ciertos autores hasta hablarán de autoritarismo en cuanto a las modalidades de ejercicio del poder, al comparar las Constituciones de 1961 y 1999, y los inicios de un culto centrado en la personalidad de un líder. 35 Nos parece más sensato al respecto, y a la luz de la evolución experimentada por la Revolución Bolivariana, insistir en la permanencia en el ideario político venezolano de la idea de un gobernante fuerte, desde la época de la Independencia. Esta visión se funda en la idea de la presidencia vitalicia y del Poder Moral depositados de forma "experimental" en Simón Bolívar a partir del Congreso de Angostura (1819) y luego en la Constitución de la República de Bolivia (1826). El mito del salvador nacional que se sacrifica por su patria en momentos de crisis, para salvarla del caos (figura que H. Chávez va a retomar también ampliándola al mundo entero para salvarlo del "diablo"/imperialismo norteamericano, después de conferirle una dimensión mediática durante su intento de golpe de Estado de febrero 1992), se entronizará luego en posturas políticas que, a pesar del liberalismo, no dejaron de favorecer el personalismo político venezolano y se instala de forma duradera en el pensamiento político venezolano de la última década del siglo XIX, y se vuelve hegemónico en el siglo XX, conviviendo con las tendencias desarrollistas del régimen pérezjimenista y su "Nuevo Ideal Nacional", culminado con la llamada "Va República" en 1999. Junto a este ideario no exento de sentimientos y racionalidad, especialmente en el siglo XIX con los regímenes positivistas (L. Castro Lleiva se refirió al "sentimentalismo moral de la República" y Graciela Soriano al "personalismo político" que surge en ese preciso momento) está la convicción de que el Estado tiene que formar a unos ciudadanos "virtuosos" y el papel fundamental de la transmisión de la historia a lo largo de un proceso refundador de la nación. 36 El examen de las propuestas planteadas por Bolívar y algunos de sus contemporáneos en torno a la idea de dictadura en un régimen republicano o sea caracterizado en un principio por la soberanía popular, una declaración de derechos universales, el estado de derecho y la separación de los poderes públicos, permite aclarar varias medidas "de emergencia" que fueron tomadas durante el periodo comprendido entre 1811 y 1830 en provecho de formas de gobierno personalistas, de corte autoritario, que permitieran superar el dilema de crear un nuevo orden político en una situación de crisis ocasionada por una parte por la misma guerra de Independencia y por otra, por las pugnas internas y la disgregación de Colombia. Dio pie a una serie de discusiones -acerca de las modalidades de gobierno-enmarcadas dentro de las constituciones promulgadas durante ese periodo y de repetidos y frustrados intentos por aplicar modelos de república en Venezuela en aras del nuevo marco de referencia, el Estado-nación. 37 La Primera República nació bajo los auspicios de la representación tradicional y del pactismo (véase el Acta de Independencia del 5 de julio de 1811). Ante la presencia de focos realistas en Caracas y Valencia, el Congreso tuvo que tomar medidas "por el peligro en que se halla(ba) la patria" y promulgar una resolución que lo autorizaba "para obrar libremente", acordando que el Ejecutivo pudiera actuar "en todo lo relativo a la seguridad y la tranquilidad, sea la salud del pueblo la suprema ley". 38 Juan Carlos Rey señala, por otra parte, que esta disposición y los poderes extraordinarios que de ella se derivan sirvió también para controlar a los realistas. Después de la derrota de éstos, el Congreso volvió a asumir sus facultades, mientras Francisco de Miranda insistía, al igual que muchos partidarios de la república, en que se estableciese formalmente una constitución, como única vía para garantizar libertad y seguridad. En diciembre del mismo año será promulgada la Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela, inspirada en parte en la de Filadelfia. Sin embargo, la promulgación de la Constitución no trajo consigo la anhelada paz política, de ahí una nueva concentración de poderes a favor del ejecutivo, que culmina el 23 de abril, cuando ese Ejecutivo nombra a Francisco de Miranda general en jefe de la Confederación Venezolana. Se le faculta para encabezar las acciones en el frente y tomar decisiones como cabeza principal del Estado y de la República, características que son las de una dictadura que pretende mantener el hilo constitucional aunque J.C. Rey señala que no se dieron verdaderamente las condiciones de ejercicio de un poder absoluto en el caso de Miranda. No se acató formalmente el acto del Ejecutivo por lo cual éste se reunió con el Gobierno de Caracas el 19 de mayo para "aclarar y determinar ciertos puntos sobre el mando militar, y la armonía y cooperación que el gobierno político y civil debe observar con 37 Juan Carlos Rey: "La "condición de Bolívar" o la imposibilidad de la democracia: sobre la teoría de la dictadura latinoamericana", Politeia, n.o 11, Caracas, 1982, pp. 197-250. 38 J. C. Rey: "De la ilusión republicana a la realidad personalista. Análisis de las ideas, la legislación y la acción en torno a la dictadura y los estados excepcionales a partir del pensamiento de El Libertador", Anuario de Estudios Bolivarianos, Año XII, número 13, Caracas, 2006, pp. 91-134. François-Xavier Guerra: Modernidad e Independencias, Madrid, MAPFRE, 1992. él" y ampliar los poderes absolutos otorgados por el Congreso, en un contexto sin embargo de inestabilidad por la ofensiva realista y especialmente la arremetida de Monteverde. La ley marcial, con facultad de nombrar autoridades militares y subordinando el poder civil a éstas se promulgó el 19 de julio, aunque con el siguiente señalamiento: "la salud del Pueblo es Suprema Ley y deben callar todas las demás que no sean necesarias para salvar la Patria del peligro en que se halla. El armisticio consagró el fracaso de estas disposiciones, así como la insistencia de Miranda en consultar los "Gobiernos de las provincias que se hallan en libertad". Sin embargo, no viene al caso entrar aquí en la discusión planteada en adelante acerca de la capitulación (firma de San Mateo) y la suspensión de Fernando Miyares como gobernador y capitán general por Monteverde en provecho del vencedor (Monteverde). 39 Considerar la ambigüedad del concepto de dictadura y la aplicación azarosa de los correspondientes decretos llevarían a una reflexión de tipo filosófico e institucional que tampoco nos corresponde iniciar aquí. En cambio, resulta más sugerente considerar las declinaciones sucesivas del principio enarbolado por el Congreso con motivo de la primera dictadura del Libertador. J.C. Rey señala que "desde diciembre de 1812, Bolívar en Cartagena criticaría el sistema de gobierno que había sido implantado por los republicanos en Venezuela y lo llegaría a considerar como una de las principales causas de la pérdida de la Primera República". Recordemos que en el Manifiesto de Cartagena, Bolívar plantea la necesidad de un gobierno fuerte que se ajustara a las circunstancias (facciones y guerra interna) y no solamente en códigos. De ahí las instrucciones muy pragmáticas que le encaminó al doctor Cristóbal Mendoza antes de iniciar la Campaña Admirable con el fin exclusivo de restablecer el Gobierno y las autoridades republicanas de 1812 (abril del 1813). Las ambigüedades y limitaciones impuestas en ese aspecto por el Gobierno neogranadino no le impidieron a Bolívar ejercer un poder absoluto de facto. De tal forma que se promulgó el Decreto de Guerra a muerte (15 de junio) y que empezó a ejercer la autoridad suprema en Caracas, tras su ocupación el 7 de agosto. 40 Ante la imposibilidad de reunir a los miembros del Gobierno y del Congreso, Bolívar terminó consultando a varios "hombres de saber y conocimiento" acerca de la forma de gobierno transitorio. Tanto Javier Ustáriz como Miguel José Sanz coincidieron en conferirle los poderes absolutos al Libertador hasta conseguir la paz así como la unión con Nueva Granada. Bolívar asumió entonces la dictadura subordinando las autoridades civiles de la provincia a la autoridad del teniente coronel García de Serna (diciembre de 1813) aunque no por eso aceptó ser reconocido como la "autoridad suprema de la Confederación" si no fuese mediante elección. 41 Esta aparente renuncia de Bolívar a los poderes dictatoriales apareció a todas luces con motivo de la asamblea que se convocó en Caracas el 2 de enero de 1814, "primer acto de libertad y republicanismo" y "solemne reconocimiento de la soberanía del Pueblo representada en esta honorable Asamblea". Terminó aceptando el mando "sujeto a la voluntad del pueblo" para hacer frente al ejército realista durante el año 1814. Refugiado en Carúpano después de la pérdida de la Segunda República en 1814, el Libertador empezó a poner en duda la capacidad moral de los pueblos para decidir sobre su propio beneficio. En mayo de 1817, con motivo de la instalación del Congreso de Cariaco, Bolívar es reconocido como "Jefe Supremo de la República", lo que implica, como señala J.C. Rey, la "continuidad de los poderes dictatoriales que le habían sido conferidos por la asamblea caraqueña de 1814". Sólo los entregará en febrero de 1819, en el Congreso de Angostura. 42 Con esta última Asamblea congresual se abre un nuevo marco constitucional, fuente para Bolívar "de la autoridad legítima, depósito de la autoridad soberana y árbitro del destino de la nación". Allí pronuncia su conocido discurso desarrollando sus ideas acerca del gobierno republicano y de las elecciones (un gobierno central compuesto por cuatro poderes públicos -ejecutivo, legislativo, judicial y moral-, elecciones necesarias, temores ante la permanencia de un solo individuo en el poder y la instauración de la tiranía), de la soberanía e igualdad del pueblo (a la manera inglesa), de la división de poderes, de las libertades individuales, de la abolición de los 40 J.C. Rey: "De la ilusión republicana a la realidad personalista...". Véase correspondencia de Bolívar al respecto, reproducida en parte en este trabajo (a Manuel A. Pulido o a los miembros de la municipalidad de Barinas). ISSN: 0210-5810 privilegios y de la esclavitud y proponiendo un nuevo proyecto de Constitución. Después de conseguir la liberación de Nueva Granada, regresa a Angostura en diciembre para plantear esta vez la creación de Colombia. El mando supremo quedó depositado en él como presidente, lo que le permitió reunirse más adelante con Morillo para firmar el tratado de regularización de la Guerra (1820). El nuevo Congreso reunido en Cúcuta en 1821 ratificó a Bolívar en el cargo de presidente de la República de Colombia y promulgó una nueva Constitución esbozando "las características clásicas de la dictadura constitucional", siempre y cuando se amenazara la seguridad de la nación. A partir de este año, el gobierno estuvo en manos del vicepresidente Francisco de Paula Santander, mientras el Libertador marchaba hacia el sur (campaña del general Sucre, entrevista con San Martín, con quien tuvo discrepancias acerca del principio de "gobierno unipersonal"). Además de sellar la independencia del Perú, Bolívar elabora durante ese periodo un nuevo proyecto constitucional para Bolivia, "pero con miras a que fuera adoptado por todas las provincias liberadas" y siguiendo el modelo republicano planteado en Angostura, fortaleciendo el Ejecutivo y proponiendo una presidencia vitalicia en la cual el primer mandatario podría nombrar a su sucesor (en contra, esta vez, de lo planteado en Angostura, de desconfianza hacia la perpetuidad del poder en manos de un individuo). Varios congresos reunidos en Bogotá contribuyeron entonces en reestructurar la vida civil de la República. 43 Con las disensiones internas y el estallido en Venezuela de "la Cosiata" (abril de 1826) se desconoció en parte el gobierno de Bogotá por varias municipalidades mientras se le confieren a José Antonio Páez poderes dictatoriales, siendo por otra parte el único recurso admitido por Bolívar para salir del "caos" y fundar de nuevo el "pacto social", si consideramos su carta a Santander fechada el 14 de octubre de 1826: "Esta magistratura [la dictadura] es republicana", afirma el Libertador. De ahí el decreto que promulga con fecha del 23 de noviembre de 1826 (fuente de conflictos con Santander) y la legitimidad que le otorga a Páez, subordinándolo sin embargo al gobierno de Bogotá. Antes de la Convención de Ocaña, convocada 43 Ibidem. LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA para el 9 de abril de 1828 con el fin de promulgar una nueva Constitución para la República, insiste en la necesidad de un Ejecutivo fuerte para terminar asumiendo el "poder supremo de la república" del Estado bajo el título de Libertador Presidente, recuperando la soberanía que le había sido arrebatada al pueblo por un gobierno ineficiente (decreto del 27 de agosto de 1828) pero generando de esta forma el rechazo a su persona y acción más allá de las fronteras de Colombia y la decisión final de Venezuela de separarse de ésta, confirmando la inadecuación del modelo republicano a las circunstancias de la guerra y más adelante del desmembramiento de Colombia, y confortando la peculiar conjunción que se iba a dar en Venezuela entre institucionalidad y personalismo político. Para el Libertador, la dictadura no fue en efecto sino un recurso constitucional y funcional, y la soberanía del pueblo un concepto muy evolutivo, originado en la necesidad de actuar de acuerdo a unos principios pero también a las circunstancias. Conclusión tentativa ¿Será posible contrarrestar el mito? Este desfase y aparentes contradicciones del pensamiento del Libertador entre la estructura constitucional lograda y la realidad política, su aguda conciencia del fracaso y sus esfuerzos por preservar la visión heroica de la gesta independentista, tuvieron como consecuencia un debilitamiento de la legitimidad constitucional y la afirmación de los caudillos, característica de la historia política de Venezuela a lo largo del siglo XIX y que no terminaría sino hasta principios del XX, con el gobierno de Cipriano Castro. La contrapartida del ejercicio autoritario del poder la encontramos en la voluntad reiterada de los mandatarios de cuidar la manera como se iba escribiendo la historia del país. Como subrayó Elías Pino Iturrieta: Desde la época de Páez, cuando se encargó a Baralt y a Díaz el Resumen de la Historia de Venezuela, se ha intentado la factura de una versión del pasado que cuente con la aprobación de los gobiernos. Tal debe ser el origen de la llamada historia oficial, que llegó a la cúspide en las conmemoraciones tendenciosas de Guzmán. 44 "Manifiesto del Libertador sobre la instalación del Congreso constitucional, el cese del gobierno dictatorial y el anuncio del término de su carrera política", Bogotá, 20 de enero de 1828, citado en J.C. Rey: "De la ilusión republicana a la realidad personalista...". Aníbal Romero: La idea de la política en el pensamiento del Libertador, Caracas, Ateneo de Caracas, 1985, p. ISSN: 0210-5810 Data de esos tiempos la obra de González Guiñán, ocupada en registrar las glorias del Partido Liberal. Más tarde, la Academia de la Historia y la Sociedad Bolivariana se preocuparon por cuidar la circulación de textos "convenientes". En adelante metió el ojo el Ministerio de Educación, con el objeto de evitar la aparición de manuales heterodoxos. Pero, debido a la fundación de las escuelas universitarias de Historia, se desarrolló un entendimiento gracias al cual se ha podido atesorar una memoria más ajustada a la verdad y a la honradez profesional. Desde el advenimiento de Chávez venimos sufriendo la mayor arremetida de la historia oficial. El propio primer magistrado se ha convertido en historiador, para traficar con una lección sobre el pasado que traspasa la barrera usual de los libros debido a su difusión a través de los medios de comunicación. Ya hubiera deseado Picón Salas una tribuna tan ubicua. Gracias a la transfiguración del presidente en catedrático, se ha ido filtrando un conocimiento de los antecedentes de la nación en el cual se alimenta una versión del pasado y de sus protagonistas como no pasó antes jamás. En lo que afirma se sustenta la última edición de la historia oficial, acaso más perjudicial y más anodina que las historias oficiales de antes debido a su olímpica miopía y a su empeño en hilvanar estereotipos de los cuales se produzca la legitimación de la "revolución". Se pudiera escribir un periódico entero sobre las simplezas de don Hugo metamorfoseado en don Mariano, para comentar lo que no permiten ahora las limitaciones de espacio. Pero también para entender, en caso de que se pueda, cómo ha sido posible que muchos historiadores profesionales se hayan entusiasmado con un disparate tan clamoroso. 45 Esta aproximación a la historia reciente e incluso inmediata de Venezuela haciendo hincapié en una historia regresiva contribuye a poner de relieve, más que cualquier otra periodización histórica, la necesidad de invertir la relación tradicionalmente establecida entre historia y memoria, y de tomar en cuenta lo no dicho de la historia. La oposición tradicional entre una historia crítica, ubicada del lado de la ciencia, y una memoria fundada en fuentes contestables o forjadora de emociones ya no tiene razón de ser en esta perspectiva. Mientras la historia tiende a "nutrirse" de las herramientas y de los métodos de otras disciplinas, la problematización de la memoria lleva a considerar con una mirada crítica el concepto mismo de memoria y, sobretodo, al tener en cuenta el "reverso" de la historia, los silencios y los olvidos, dicho de otra forma, las sensibilidades y visiones del mundo (incluyendo las del historiador, que no dejan de influir en la interpretación adelantada y hasta en la elección de fuentes). La importancia del testigo y especialmente de las fuentes orales, hemerográficas, digitales (Internet) en el proceso de escritura del tiempo presente posibilita la elaboración de una historia de la memoria y por esta razón, otra manera de escribir la historia abriéndola en especial a otros actores. En el caso venezolano, y si retomamos la argumentación de Elías Pino y ubicándonos en el tiempo largo:... la revolución está empeñada en la fábrica de una memoria diversa de la sociedad. Chávez no quiere exhibirse como una caprichosa imposición personal, sino como el producto de los errores del pasado y como el vengador de un oprobioso ayer. De allí sus habituales incursiones hacia los tiempos idos, con el objeto de elaborar un insólito elenco de santos y villanos que conduzca a su desembocadura y a la preeminencia del ejército sobre el civismo. De allí su apología de las matazones del siglo XIX, sus machaconas referencias a la Independencia y su subestimación del trabajo pacífico y silencioso que hizo la sociedad para construir el Estado Nacional. Ve la historia patria como la vio Cipriano Castro y como la vio Gómez: lanzas, espadas y gritos en reemplazo de la civilización morigerada. La historia del tiempo presente y el papel sumamente importante devuelto a las sensibilidades como respuesta ante determinado acontecimiento, tiende a alterar y a relativizar la relación con el pasado, la visión que se tiene del mismo, así como el análisis adelantado al respecto. También entra en juego la "escala" del acontecer, de ahí la necesidad de enfocar el contexto de estas sensibilidades dentro del proceso de "recepción del acontecimiento". Lo que es acontecimiento -por definición, mediático-para un individuo o una generación, no lo es necesariamente para otro(s). Ahora bien, el historiador del tiempo presente inscribe su proyecto historiográfico en el tiempo largo, de ninguna manera limita los contornos de su objeto al instante. Siempre en el caso que nos interesa aquí, el de la República Bolivariana, la designación de Venezuela con este nombre, sería, según E. Pino, una...mutilación de la conciencia nacional, en la medida en que el bautizo constitucional reduce la evolución de la sociedad al lapso dorado de la Independencia y a la acción de un solo artífice. La designación echa a la basura el periodo colonial y los esfuerzos del pueblo luego de 1830, una escandalosa negación que la sociedad ha consentido, por desdicha. Desde la perspectiva de uno u otro "bando", son los entrecruzamientos de historias de vidas y de destinos colectivos los que contribuyen en fundar el sentido que se le da al acontecimiento y, particularmente, el "ajuste cultural" del mismo, o sea las aprensiones e imágenes sociales que de él se derivan. El historiador profesional privilegia por lo tanto una práctica consciente de si misma, naturalmente confrontada con una constante revisión crítica; dicho de otra manera, una "escritura que se encuentra en tensión con las prácticas", que incluye una peculiar vigilancia para con la ins-FRÉDÉRIQUE LANGUE trumentalización de la historia, y el "peligro multiforme de reutilización simbólica" que acecha los escritos de los historiadores, las distorsiones recuperadoras inherentes a un uso abusivo de la historia. Siempre en el caso que nos interesa, y ante semejante uso de la historia en provecho de una verdadera "religión republicana", la "chavología" que tan de moda se puso entre turiferarios etnocentristas de una izquierda autoritaria en vías en extinción en Europa debería ser en realidad...una ciencia compartida, o una especie de deporte nacional, en la medida en que necesariamente se refiere a la entronización de un personalismo en nuestros días. 46 La utilización del pensamiento de Bolívar, el significado que se le achaca a sus acciones e ideas no puede desligarse de un contexto y de un momento histórico. De lo contrario no desemboca sino en un uso anacrónico y hasta arbitrario del pensamiento del Libertador. Como lo puntualizó el propio Bolívar:... Si algunas personas interpretan mi modo de pensar y en él apoyan sus errores, me es bien sensible, pero inevitable; con mi nombre se quiere hacer en Colombia el bien y el mal, y muchos lo invocan como el texto de sus disparates. 47 Tener en cuenta las representaciones y los imaginarios políticos nos lleva, por consiguiente, a una interpretación algo matizada de las últimas "entregas" de la historia oficial en la República Bolivariana. Contribuye en especial a relativizar el cariz dictatorial e incluso totalitario denunciado por los detractores del régimen. El gobierno de Chávez no es un gobierno dictatorial y menos todavía un gobierno totalitario a la cubana, puntualizó Teodoro Petkoff, al indicar que tampoco se trataba de un régimen democrático sino de un gobierno propenso a fomentar un "populismo distributivo y munificente". 48 El gobernante fuerte, por no decir el "gendarme necesario" ejemplificado por L. Vallenilla Lanz, es el trasfondo ineludible de la mayoría de las teorías políticas ideadas durante el periodo de Independencia. Este principio hegemónico en el ideario político venezolano retoma clara-mente la idea de una presidencia vitalicia y de un "poder moral" del que fue depositario Simón Bolívar después del Congreso de Angostura (1819) y luego por la Constitución de Bolivia (1826). 49 El paradigma heroico, junto al mito del salvador de la patria/nación (procedente del sector militar) encuentra especiales ecos en coyunturas de crisis o de caos. Hugo Chávez no dejó de insistir en estas circunstancias al evocar la figura del "diablo" en la ONU y las consecuencias nefastas del imperialismo norteamericano. Estos dos elementos, el paradigma heroico y el mito del salvador de la nación, participan de esas posturas políticas de cuño personalista aunque también de gran difusión en los medios liberales, que van a dominar en el panorama político criollo desde fines del XIX. Con el siglo XX se vuelven hegemónicas al compaginarse con veleidades desarrollistas tales como las llevó a la práctica el régimen pérezjimenista con su "nuevo ideal nacional". Esta reivindicación sumamente ambigua que enaltece, al menos en un primer momento, el ejercicio de la democracia (participativa) y favorece el reconocimiento de líderes anti-partidistas (aspecto neo-populista de H. Chávez), culmina a partir de 1999 con el advenimiento de la V a República y el recordatorio no menos presente de la figura del "buen revolucionario" junto a un milenarismo convertido en "revolucionarismo secular", tal como lo denunció precisamente Carlos Rangel en su libro publicado en 1976, Del buen salvaje al buen revolucionario. 50 Sensibilidades (políticas), pasiones encubiertas y también modos de racionalidad diversos conforman ese "personalismo político" difícil de clasificar dentro de una tipología precisa o sólo recurriendo a los usos desvelados por el lenguaje -según Graciela Soriano-y fundados en un ejercicio personal del poder aunque de igual manera en la convicción de que le corresponde al Estado formar a ciudadanos "virtuosos" y orientar la transmisión del relato histórico a lo largo de un proceso que vuelve a fundar la nación. Esta escritura sesgada de la historia -historia oficial-llegó en este sentido a instrumentalizar la figura de Libertador en el marco de esa revisión mítica y maniqueísta. En diciembre de 2007-enero de 2008 se abrió otra etapa en la santificación del héroe, con la creación de una comisión presidencial destinada a investigar las causas de la muerte de Bolívar (se le hubiera asesinado/envenenado, por los "oligarcas" venezolanos y 49 E. Plaza: "La idea del gobernante fuerte...", pp. 7-24. 50 Carlos Rangel: Del buen salvaje al buen revolucionario. ISSN: 0210-5810 colombianos, o sea que no hubiera muerto de enfermedad, según el mismo presidente Chávez). En cuanto a las cenizas del Libertador, conservadas en el Panteón Nacional, hasta se puso en duda su autenticidad. Otro mito, el del complot, tiende a reunir el héroe del pasado con el del presente y cerrar de esta forma un ciclo heroico: en numerosas oportunidades, H. Chávez denunció las conspiraciones urdidas desde Estados Unidos con el fin de asesinarlo, siguiendo en esto el modelo discursivo cubano (aspecto clave en los discursos de Fidel Castro). Este tema salió de nuevo a relucir durante los conatos de guerra con Colombia a principios del año 2008 y en los siguientes meses, cuando, por este motivo, canceló su participación en la Cumbre Latinoamericana. E. Pino recuerda que en esa oportunidad no se intentó sino crear un paralelismo histórico, insinuando que Santander había atacado a Bolívar, así como Uribe lo podría hacer con Chávez. 51 Ante la perspectiva de un nuevo referendo sobre la enmienda constitucional (acerca de la reelección continua del presidente), se fundó el comando "Angostura", iniciativa de la organización Ciudadanía Activa para rescatar el pensamiento del Libertador Simón Bolívar y trascender los espacios partidistas de la oposición. Mientras tanto se recibió en Caracas al presidente de Cuba, Raúl Castro, quien se llevó una réplica de la espada de Bolívar y el Gran Collar de la Orden Libertador, máxima distinción que otorga el Gobierno venezolano.En esa oportunidad, el presidente Chávez recurrió nuevamente a las palabras del Libertador, refiriéndose a discursos del año 1825, que antecedieron a la creación de Bolivia: "Bolívar propone la presidencia vitalicia a la Constituyente de Bolivia. Esa es una fórmula innovadora". En el mismo momento, sus defensores invirtieron los términos del "debate" al denunciar los usos de los textos del Libertador por la oposición -que se dedicaría a "cercenar sus discursos y distorsionar sus proclamas"-y "la tijera de estos neo-mantuanos sin mantuanaje", en un reconocimiento implícito de la aristocrática clase social del Libertador. 52 A finales de 2008, la polémica acerca de la muerte de S. Bolívar, algo zanjada por la actualidad, arribó sin embargo a España por medio de un artículo publicado en El País, donde se retoman elementos del historial médico de Bolívar, debidamente recordados por expertos en historia de la medicina, en contra de la hipótesis del crimen y conjura criminal tal como la sustentaron "asesores" de la comisión presidencial. En la conspiración para asesinar a Bolívar habrían participado "los gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra y España". El propósito de los historiadores profesionales partidarios del gobierno se ve sin embargo mucho más prudente, como se evidencia en la declaración de Pedro Calzadilla, director del recién creado Centro Nacional de Historia y citado en este artículo: "Nuestro objetivo es democratizar la memoria colectiva nacional (...) Queremos privilegiar la perspectiva de los excluidos, negros, indios, mujeres, pobres", frente a la historiografía tradicional, "hecha a imagen y semejanza de los sectores poderosos". 53 No se puede hacer caso omiso sin embargo del riesgo de instrumentalización de prácticas historiadoras avaladas en adelante por el Centro Nacional de Historia. Tampoco se puede obviar la recurrencia del fenómeno personalista en la historia de Venezuela -siguiendo unas pautas del "Padre de la democracia" Rómulo Betancourt, que él no hubiera desmentido, se celebró en 2008 el centenario de su nacimiento-, que asomó de nuevo a principios de ese mismo 2008, con el (auto) nombramiento de Hugo Chávez como presidente del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Sobre este particular y para cerrar esta polémica inconclusa, tan sólo recordaremos a Tomás Lander, portavoz del pensamiento liberal del siglo XIX, y la crítica contundente que hizo a las tendencias personalistas del "déspota Bolívar", subrayando al mismo tiempo la extrema dificultad de contrarrestar el mito bolivariano, y más cuando lo sustenta otra dimensión del imaginario y de la práctica política criolla: el pretorianismo, también muy olvidado de la historia oficial y de sus avatares mediatizados. El empeño de Chávez de investigar el 'asesinato' del Libertador desata la polémica entre los historiadores", El País, 21 de diciembre de 2008.
Menuda, frágil y tímida como parece, Bethany Aram, una sabia discípula de Richard Kagan, alberga sin embargo en su interior una elevada dosis de rebeldía, un profundo espíritu polémico. Hace años nos sorprendió con una nueva interpretación de Juana la Loca en la que reivindicaba su nueva espiritualidad aprendida en Flandes, chocante y poco adaptable al gusto español. Ahora le toca el turno de romper una lanza por el hombre que recibió precisamente el apodo de El Justador, ofreciéndonos una nueva y excelente biografía de otra figura controvertida: Pedrarias Dávila. Con tesón y paciencia infinita Aram no ha regateado esfuerzo alguno por sacar a la luz todas las facetas del personaje estudiado: no hay archivo, público (Indias, Simancas, Histórico Nacional) o privado (Alba, Nobleza), que no haya sido objeto de su investigación. Gracias a estos desvelos se publican como apéndice del volumen muy valiosos documentos inéditos del archivo del Conde de Puñonrostro: en especial, las interesantes cartas de Pedrarias a su esposa doña Isabel de Bobadilla, "mujer muy rezia". Y es el propio conde de Puñonrostro quien prologa el libro, buena prueba de la óptima sintonía que ha producido entre el generoso propietario del archivo y la benemérita historiadora. Esperemos que cunda el ejemplo entre cancerberos más celosos de sus tesoros. Pero Aram no se ha contentado con regalarnos una estupenda biografía de Pedrarias. Inevitablemente, quien trate sobre el primer gobernador de Castilla de Oro ha de tocar el peliagudo tema de su relación con Vasco Núñez de Balboa. De nuevo, el acucioso rastreo de los datos biográficos de Vasco Núñez la ha llevado a sumergirse tanto en el archivo municipal de Jerez de los Caballeros como en el de Protocolos de Sevilla, sin vacilar tampoco en acudir en búsqueda de noticias a los legajos de Cabildos catedrales. La autora nos presenta a ambas figuras un tanto a la manera de Plutarco: dos hombres que tuvieron vidas paralelas aunque, sin embargo, recibieron una educación muy diferente, actuaron también de manera diversa y, por último, sufrieron un destino opuesto; dos personajes, en suma, "condenados a enfrentarse", como si de una tragedia griega se tratase. En definitiva, a juicio de Aram, el gobernador ejerció la justicia en nombre del rey sobre un súbdito díscolo que estaba a punto de sublevarse -¡ah!, pero no contra Pedrarias, sino contra su sucesor, Lope de Sosa!-: "La fidelidad a la Corona", concluye, "era posible incluso en el Nuevo Mundo. Si no hubieran puesto coto a Balboa, la historia de la América española habría seguido un curso muy diferente" (p. Esta última aseveración me parece exagerada. El mismo trato que Vasco Núñez hubiera recibido muy probablemente Hernán Cortés -más convicto de rebeldíade haber caído en las manos de Diego Velázquez; y, sin embargo, la conquista de México lavó todas sus culpas anteriores y las aguas volvieron a su cauce institucional; como en otros casos. Un mérito de esta obra es que no se silencian los errores que cometió la Corona. No me parece mala opción, pues Fernando el Católico tuvo graves defectos y no fue lo que se dice un alma de la caridad. Pero quizá hubiera convenido situar esos fallos en su contexto. El afán del soberano por restringir la autoridad del gobernador se debe, según Aram, a las tragedias que causó un imposible "gobierno por consenso" en las lejanas Indias, gobierno o, mejor dicho, desgobierno, al que pusieron fin los jerónimos. Ello es evidente, pero hay que recordar que el rey estaba muy escarmentado por la desastrosa actuación de Cristóbal Colon en su omnímodo Virreinato en la Española; era comprensible que un hombre tan receloso como él tratara de poner severas cortapisas al poder de Pedrarias. También señala Aram con razón que las cédulas del monarca muestran mayor interés por los asuntos temporales -y sobre todo, por los económicos-que por la conversión de los indios. Pero tampoco cabe olvidar que en la expedición de Pedrarias se embarcó por primera vez un obispo, fray Juan de Quevedo: a él, pues, se habían de pedir cuentas de la evangelización, que la Corona había puesto casi de manera exclusiva en manos de la Orden franciscana tanto en La Española como en el Darién. Y en Castilla del Oro se ensayó también por vez primera la farsa del requerimiento y se implantó el poco feliz sistema del repartimiento de indios -en este último caso, casi al mismo tiempo que en las Antillas-. Peor que Fernando el Católico fue su nieto Carlos, que no supo comprender nunca lo que fueron las Indias -para él, sólo una fuente de ingresos-. Mas tampoco es justo reprochar a la Corona -o, mejor dicho, al Consejo de Indias-que concediese gobernaciones que se solapaban en sus límites unas con otras (p. 189ss.): todavía no estaba hecho un mapa fidedigno del inmenso continente y cada uno interpretaba a su manera los datos que le ofrecían los conquistadores, que exageraban siempre a su favor. Conviene a todas luces revisar el juicio que emitieron los contemporáneos sobre Pedrarias, a quien Las Casas calificó de furor Domini,'la ira de Dios' (curiosamente, el título que después se arrogaría Lope de Aguirre; en este tema convendría profundizar). Ahora bien, es norma casi inevitable que el biógrafo acabe por ser presa del biografiado, que lo atrapa en sus redes y ejerce sobre él una fascinación perversa, haciéndole caer en una especie de síndrome de Estocolmo. Aram ha sido muy consciente de ese riesgo y ha procurado evitarlo en la medida de lo posible. A decir verdad, creo que en buena parte ha logrado salir airosa en su difícil empeño. Algunas interpretaciones, sin embargo, se me antojan demasiado favorables al Justador y, por ende, un tanto tendenciosas. A Pedrarias se le reprochó su codicia infinita. No está de acuerdo la autora con este veredicto. A su juicio, evidencian la generosidad de su biografiado dos hechos: el haber cedido a la Santa Sede 3.000 ducados que le correspondían por la herencia de su tío, el obispo Juan Arias de Ávila, y el haber encomendado a amigables componedores el fallo y solución de algunos pleitos (p. Sospecho que más bien fue la necesidad, en el primer caso, la que obligó al legatario a ceder a su pesar en sus derechos (los bienes del obispo podrían haber sido reclamados quizá por el Papa o por el Santo Oficio: era preferible cebar a la curia con una buena "mordida" y salvar al menos una parte de la herencia); y el recurso a la tercería -el último cartucho de la negociación-indica bien el encono con que previamente fueron llevados los otros litigios. En 1493 la flota de Colón se vio forzada a detenerse algunos días en la Guadalupe porque se perdió -intencionadamente o no-un capitán: Diego Marque, un baquiano que acompañó a Pedrarias como contador real en la expedición a Castilla del Oro. Lo mismo sucedió en 1514: San Martín remoloneó cuando fue llamado a embarcarse en la Dominica. Los castigos fueron muy diferentes: la imprudencia de Marque se saldó con una reprimenda, el infeliz San Martín fue ahorcado por orden del teniente Juan de Ayora. El gobernador refrendó la orden de su subordinado. A eso llama Aram una "actuación del gobernador, contraria al favoritismo" (p. De la misma manera, los actos criminales que sufrieron los enemigos de Pedrarias son justificados con lenidad suma: si HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 Gonzalo Fernández de Oviedo, la bestia negra del gobernador, fue apuñalado por Simón Bernal, es porque "Bernal parecía tener motivos personales más que suficientes para actuar por su cuenta" (p. Menos mal que otras personas no fueron tan expeditivas. Reprocha Aram a Vasco Núñez las falsas expectativas que creó en la Corte al propagar noticias fabulosas de tesoros nunca vistos, dando origen a la leyenda de la Castilla del Oro. Pero en el mismo defecto incurrió Pedrarias -y con él buena parte de los gobernadores de Indias, de su tiempo o de siglos posteriores-. No hay más que leer los párrafos en los que el Justador puso por las nubes las riquezas del Pacífico, todo para evitar que cayesen en manos de su capital enemigo: "Miren Vuestras Altezas que reçiben grandísimo engaño, porque en la costa de la Mar del Sur y en las islas que en ellas ay, así a la parte de levante como del poniente, se ençierran grandísimos tesoros e riquezas de oro e perlas e aljófar e piedras e frutas de que se mantienen, ay tierra de Calicud, de que se hazen grandes mercadurías e dineros d'ellas. Muy poderosos señores: esto no es cosa que se deve enajenar en poder de ninguno tan grandes tesoros e riquezas como Vuestras Altezas tienen" (AGI, Patronato Real, 26, 4 f. ¡Hasta Calicut pertenecía a la Corona de España en aquella alocada carrera por descubrir! Pero Pedrarias no sólo refirió noticias alucinadas al rey, sino que escribió historias no menos increíbles a su amigo Antonio del Castillo en 1525: "Con el armada que enbié a descubrir al levante he descubierto la más rica tierra que en estas partes se ha descubierto, donde todos los indios andan cubiertos de oro fino" (pp. 175 y 360). Siento tener que confesar que no deposito tanta confianza como Aram en las buenas intenciones del gobernador para con Balboa. El retrato que de la condición de Vasco Núñez hizo Pedrarias trae de inmediato a la mente la descripción que de Catilina trazó Salustio (Conjuración de Catilina, 5 y 14ss.). Es un pasaje que no tiene desperdicio y que asimismo nos recuerda muy de cerca la propaganda que esparció Colón sobre Roldán y sus compañeros (recogida por Pedro Mártir de Anglería), que eran según el almirante Viejo una pandilla de facinerosos: Vasco Núñez "es público y notorio que no sabe dezir verdad, ni sentir ni tomar por afruenta dezirle qualquiera cosa que faga mal fecha, de qualquiera calidad que sea, no tener voluntad ni amor a ningún bueno, preçiarse de conversar e darse mucho a personas çeviles ['malvadas','de ruín condición'], ser muy demasiadamente codiçioso, tener grande enbidia de qualquiera bien que otro aya, ser muy cruel e ingrato, nunca perdonar, no sujetarse a ningún consejo, no tener razón ni poder usar d'ella para resestir ningún apetito viçioso, ser muy interesal, no tener obediençia ni ninguna reverençia a la Iglesia ni a sus ministros, ser de muy mala conciencia, estar sienpre fundado en engañar a quien con él conversare, quando se le pide consejo dale sienpre al revés, ser muy enten ido e procurar, a justo o injusto, ser superior a doquiera que estuviere, procurándolo con ligas e munipudios e por todas las otras vías que puede fallar aparejo, aunque sea contra toda lealtad e serviçio que a Dios e a Sus Altezas se deva" (AGI, Patronato Real, 26, 4 f. Es evidente la impresión que la lectura de este y otros textos hubo de producir en el rey y los cortesanos: Vasco Núñez era un gladiator, como lo llamó Pedro Mártir de Anglería, un término mucho más peyorativo que el de "espadachín" con que algunas veces se lo traduce. Y también salta a la vista que quien escribió con tal saña sobre el extremeño mal pudo reconciliarse con él de corazón: la única solución a este enfrentamiento era el exterminio del adversario; y así sucedió en enero de 1519. La misma justicia inexorable se aplicó a otro rebelde, Francisco Hernández de Córdoba, en 1526, a pesar de haber sido Pedrarias y él "grandes amigos", como aseguró Bernal Díaz del Castillo (p. Como dijo el veedor Alonso Pérez de Valer, "el... governador degollava los hombres e después los llorava" (p. No supo tener Pedrarias la magnanimidad que mostró Cortés con los capitanes vencidos (Pánfilo de Narváez, Francisco de Garay). Aram establece una comparación muy sugerente entre Pedrarias y Balboa. A su juicio, el primero representó "la corriente centralizadora de la creciente burocracia moderna frente al espíritu de frontera y las tradiciones señoriales que inspiraron a Balboa" (pp. 255-256). No veo cómo un soldado que luchó en Orán, Bugia y el Nuevo Mundo no estuviera empapado de "espíritu de frontera"; por otra parte, ¿acaso no parece moldeado a la vieja usanza un hombre que, además de tres lecturas religiosas y morales (la Memoria de nuestra Redempción de Fernando de Oropesa, las Epístolas de San Jerónimo y el Relox de príncipes, de Antonio de Guevara), mandó leer a sus hijos el Doctrinal de cavalleros de Alonso de Cartagena, un libro escrito en plena Reconquista, recomendando sus ejemplos? Como si fuera una experta abogada, Aram ha perorado la causa de su defendido negando credibilidad a las versiones de Oviedo y de Las Casas (p. 243) y sacando del polvo de los archivos una residencia olvidada que hizo en 1536 el yerno de Pedrarias y su sucesor en el cargo, Rodrigo de Contreras, en la que se ensalza unánimemente la figura del difunto. En cuanto a lo primero, extraña que coincidieran en su juicio dos hombres tan HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. Y la residencia puede probar justo lo contrario: que Contreras sentía la necesidad imperiosa de restablecer la buena fama de su suegro mediante testimonios amañados, contratando un coro de turiferarios que, todos a una, lo alabasen como a "un padre" y recordasen cómo el buen gobernador había repartido dinero de su hacienda cuando así lo había exigido la necesidad. ¡Cuántos "padrecitos" tiranos ha conocido la Historia, incluso la más reciente! Una última observación sobre esta época. Me extraña que, al exponer las pugnas fratricidas que tuvieron lugar en el Darién, Aram no haya prestado atención a la composición de las camarillas atendiendo a un hecho capital: que Pedrarias era converso. En otro lugar he señalado cómo el obispo Quevedo se lanzó imprudentemente a tachar de judíos a los dos más altos dignatarios de la expedición, diciendo que, "teniendo el governador [Pedrarias] y alcalde mayor [Gaspar de Espinosa] judíos, que no se puede hazer cosa buena". Y un dominico criticó con dureza a Pedrarias por hacer los repartimientos de indios "a personas inútiles y muy mejor si son conbersos, porque a los tales favorece notoriamente" ("¿Conjuras de conversos en Indias?" en A. Molinié-J. He ahí un campo de estudio que se me antoja prometedor. Privada de su gran antagonista, la figura de Pedrarias se oscurece y se va apagando lentamente. Bien es verdad que el gobernador canalizó "la codicia de los conquistadores" llevándolos a colonizar otras tierras (Portobelo y Panamá) e incluso modificando normas reales para aliviar el tratamiento dado a los indios en las encomiendas. Pero el verdadero protagonismo corresponde ya a otros: el primer plano lo empiezan a ocupar los nombres de Diego de Almagro y de Francisco de Pizarro, con los que Pedrarias hizo compañía para descubrir "el levante" cometiendo un acto jurídicamente extraño, que recuerda más la "cabalgada" medieval que la "licencia para descubrir" de la época moderna. Así y todo, Aram señala con toda justicia el valor de aquel periodo como forja de sucesivas conquistas. Después vienen años todavía más negros con diversos gobernadores en conflicto: sobre Pedrarias, siempre doliente, se abaten de nuevo las enfermedades, la soledad (desde la partida de su esposa en 1520), las residencias, la defensa contra críticas feroces y, por último, la muerte (6 de marzo de 1531). Estos capítulos son, a mi juicio, la parte más novedosa de un libro lleno de aportaciones realmente importantes. Erratas hay muy pocas. Señalo las que he encontrado: Juan de Quincedo (por Quicedo o Caicedo), Diego Márquez (por Marque), Buin (por Barú). La traducción de A. Carrasco, correcta, deja entrever en algunos casos el original inglés ("archidiácono" por "arcediano" en p. 41; "isla de la Española" en p. 127; "líderes indígenas" por "caciques" o "reyezuelos" en p. 250; el frecuente "nativos" e incluso "nativos americanos" por "indios") e incurre en un galicismo poco recomendable: "es por eso que" (p. En suma: se podrá estar o no de acuerdo en algunos puntos con Aram; pero su libro, bien construido, espléndidamente documentado, es una contribución de primera categoría no sólo para entender las luces y las sombras del primer gobernador de Castilla del Oro, sino también para desentrañar los enigmas de la conquista y colonización de Centroamérica.-JUAN GIL, Universidad de Sevilla. Ignacio Arellano y José Antonio Rodríguez Garrido (eds.) El teatro en la Hispanoamérica colonial, Madrid-Frankfurt, Universidad de Navarra, Iberoamericana Vervuert, 2008, 474 pp. El volumen colectivo editado por Ignacio Arellano y José Antonio Rodríguez Garrido es fundamentalmente producto del encuentro sobre teatro colonial que tuvo lugar entre el 5 y el 7 de abril de 2006 en la ciudad de Lima, organizado por el Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú y por el Grupo de Investigación Siglo de Oro de la Universidad de Navarra. "Más allá de los habituales recorridos panorámicos sobre el teatro en la América hispana entre los siglos XVI al XVIII" -señalan los editores en la Presentación que abre el libro-"trabajos como los que aquí se incluyen llaman la atención sobre la necesidad de estudios pormenorizados sobre campos específicos en este dominio: desde el teatro como instrumento de la evangelización o el afianzamiento doctrinal, hasta aquel que sirvió para la expresión de identidades locales". Inauguran el conjunto tres aproximaciones al teatro jesuita, la primera de ellas de la mano de Julio Alonso Asenjo ("Apoteosis de varones ejemplares en México y Perú: el Coloquio a lo pastoril del P. Cigorondo", pp. 17-34), que analiza el Coloquio a lo pastoril, drama panegírico o apoteósico escrito hacia 1598 por el jesuita novohispano Juan Cigorondo, con motivo de la elección del padre Esteban Páez como visitador del Perú y del padre Francisco Báez como provincial de Nueva España. Más panorámico, el trabajo de Pedro Guibovich Pérez ("A mayor gloria de Dios y de los HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS hombres: el teatro escolar jesuita en el virreinato del Perú", pp. 35-50) nos traslada al Virreinato peruano, hasta ahora escasamente investigado en lo que se refiere al teatro de las escuelas jesuitas, "importante vínculo entre la orden y la sociedad" y "medio para cumplimentar a los poderosos, dar realce a las fiestas religiosas, hacer propaganda en favor de la Compañía de Jesús, infundir en los estudiantes valores cristianos y morales". María Palomar Verea ("Notas sobre dos comedias de la vida de San Francisco de Borja", pp. 51-74) aborda, por su parte, el estudio comparado del tratamiento dramático de la historia de la "conversión" de San Francisco de Borja en dos obras del XVII -la Comedia de San Francisco de Borja del jesuita Matías de Bocanegra y El gran duque de Gandía, atribuida a Calderón-, tomando como referencia la fuente común en que se basan ambas: la biografía hagiográfica del padre Ribadeneira, de fines del XVI. También dentro del campo del teatro religioso, si bien no ya jesuita, Margaret Greer ("La caza sacro-política: de El bosque divino de González de Eslava a Calderón", pp. 75-98) investiga la metáfora cinegética sobre la que construye Fernán González de Eslava El bosque divino, decimosexto de sus Coloquios espirituales y sacramentales. Las aportaciones de Claudia Parodi ("Lope y Calderón en náhuatl: Teatro indianizado", pp. 99-117) y Beatriz Aracil Varón ("Predicación y teatro en la América colonial", pp. 119-143) se centran en el teatro de evangelización en lengua indígena del siglo XVII. Parodi nos acerca a "los únicos traslados de Lope, Calderón y Mira de Amescua al náhuatl que se conocen del período colonial hasta la fecha", debidos al bachiller Bartolomé Alva Ixtlixóchitl, para detenerse concretamente en su adaptación de El gran teatro del mundo calderoniano. Aracil Varón dedica su análisis a una de las pocas piezas conservadas de teatro religioso colonial en lengua quechua, Usca Paucar, de autor desconocido. En el siguiente trabajo, Pilar Latasa ("La promesa de una "farsanta": teatro y matrimonio en Lima (siglo XVII)", pp. 145-166) presenta la causa que la actriz María de Torres Tamayo promovió contra Diego Muñoz del Castillo por incumplimiento de la palabra de matrimonio, como modo de ilustrar aspectos centrales de la percepción negativa que pesaba sobre las profesionales de las artes escénicas en la sociedad indiana. Otras tres contribuciones ahondan en la producción de representantes emblemáticos del teatro colonial. Dalmacio Rodríguez Hernández ("Espacios simbólicos en La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón", pp. 167-181) estudia las funciones del simbolismo espacial en la obra alar-coniana La verdad sospechosa. Susana Hernández Araico ("El espacio escénico de Los empeños de una casa y algunos antecedentes calderonianos", pp. 183-200) profundiza en el complejo uso escénico del espacio que despliega Sor Juana Inés de la Cruz en su pieza Los empeños de una casa. Este último texto es también el punto del que parte Carmela Zanelli ("De palestras, disputas y travestismos: la representación de América en el teatro de Sor Juana Inés de la Cruz", pp. 201-224) en su reflexión en torno a "las distintas estrategias y máscaras usadas por la jerónima para hablarnos tanto del Nuevo Mundo como de sí misma". A continuación, Eduardo Hopkins Rodríguez ("Superposición del modelo trágico en el teatro colonial peruano", pp. 225-239) examina la presencia y la reformulación de conceptos estructurales y temáticos procedentes del modelo trágico grecolatino en tres piezas coloniales peruanas: Amar su propia muerte de Juan Espinosa Medrano, La Rodoguna de Pedro de Peralta Barnuevo, y el drama en quechua Ollantay. Sobre la figura y la obra de Peralta Barnuevo vuelve José A. Rodríguez Garrido ("Ópera, tragedia, comedia: el teatro de Pedro de Peralta como práctica de poder", pp. 241-258), concentrándose en la comedia Triunfos de amor y poder como exponente de la convicción de su autor sobre la participación activa del intelectual en el sostenimiento del poder colonial. Frederick Luciani ("Fantasmas en el convento: Una "máscara" en San Jerónimo (México, 1756)", pp. 241-258) se aproxima a las prácticas teatrales conventuales de las monjas del México colonial, a través de la "máscara" recogida en una relación manuscrita del festejo completo celebrado en agosto de 1756 en el convento de San Jerónimo, con motivo de la visita del marqués de las Amarillas, virrey de Nueva España. Los trabajos de Andrés Eichmann Oehrli ("Textos dramáticos de la colección de manuscritos musicales de Sucre (Archivo Nacional de Bolivia)", pp. 275-294), Miguel Zugasti ("Teatro recuperado en Charcas: Dos loas olvidadas de fray Juan de la Torre (OSA) a la entrada del virrey Diego Morcillo en Potosí, 1716", pp. 295-321) e Ignacio Arellano ("Elementos cómicos en una colección de entremeses potosinos de los siglos XVII y XVIII", pp. 323-351) dan un paso más en el conocimiento y difusión de la actividad teatral en Charcas durante el periodo de la colonia, un campo de estudio que sólo muy recientemente se ha visto enriquecido gracias al hallazgo y la edición de nuevos textos, especialmente por parte de los propios Eichmann y Arellano. Zugasti comienza reseñando este panorama de progresiva recuperación, para luego exponer su aportación personal: el rescate de dos loas en verso escritas por fray Juan de la Torre. Eichmann da cuenta de los resultados de sus investigaciones sobre testimonios manuscritos conservados en la colección musical del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, que contienen fragmentos de diversas formas dramáticas. Cierra el grupo Arellano, analizando los elementos cómicos del conjunto de entremeses que él y Eichmann encontraron en el convento de Santa Teresa de Potosí (Arellano y Eichmann (eds.): Entremeses, loas y coloquios de Potosí, Madrid, Iberoamericana, 2005). Carlos García-Bedoya M. ("Pasados imaginarios: la conquista del Perú en dos obras dramáticas coloniales", pp. 353-367) indaga en la reconstrucción y reinterpretación de la conquista del Perú en dos textos: la anónima Tragedia del fin de Atahualpa y La conquista del Perú del fraile mercedario Francisco del Castillo. Por su parte, Ari Zighelboim ("De comedia ilustrada a leyenda popular: el trasfondo político de la anonimización del Ollantay", pp. 369-382) revisa, contextualiza y cuestiona la creencia, "tanto más persistente como improbable", de que bajo el texto del ya mencionado drama en quechua Ollantay se esconde un hipotexto de origen inca prehispánico. Siguen dos contribuciones, las de Margarita Peña ("Consideraciones preliminares sobre un drama heroico novohispano del siglo XVIII: La lealtad americana, de Fernando Gavila", pp. 383-394) y Dalia Hernández Reyes ("La renovación teatral en las postrimerías del virreinato novohispano: los concursos del Diario de México", pp. 395-414), referidas al teatro de modelo neoclásico en las últimas décadas del Virreinato de Nueva España. Peña aborda la pieza histórico-política compuesta por Gavila en 1796 bajo el título La lealtad contra la envidia, mientras que Hernández Reyes se acerca a los concursos teatrales convocados por el Diario de Mexico entre 1805 y 1808 como ejemplo del intento reformador de un sector de los hombres de letras novohispanos a favor de la poética neoclasicista. Acercándonos ya al final, Milena Cáceres ("Lope de Vega en Los Andes", pp. 415-430) da noticia de la pervivencia de elementos procedentes del teatro aurisecular en las representaciones de las fiestas de moros y cristianos aún vigentes en varias localidades de los Andes peruanos, centrándose en el caso concreto de la villa de Huamantanga (provincia de Canta, departamento de Lima) y en la obra El Ave María del Rosario o Garcilazo. De otro lado, Gonzalo Santonja Gómez-Agero ("América y los escritores de los Siglos de Oro (Tirso de Molina en Santo Domingo)", pp. 431-459) nos ofrece un prolijo panorama de los escritores del Siglo de Oro que conocieron el Nuevo Mundo, para finalmente detenerse en la figura de Tirso de Molina, enviado a La Española por la Orden de la Merced. Cierra el volumen el trabajo de Celsa Carmen García Valdés ("'La cueva de Salamanca' en América: tradición oral y reelaboración literaria", pp. 461-474), que investiga la presencia y adaptación, en varias piezas de teatro colonial, de la leyenda citada, "una tradición oral centenaria que se incorporó al discurso literario, pasó al Nuevo Mundo, y, revitalizada con la magia indígena, testimonio de la universalidad de su simbología, de nuevo se vertió en obras de arte". Nos encontramos, pues, ante una obra colectiva de enorme interés para el estudio del teatro colonial hispanoamericano, "un campo que" citando nuevamente la Presentación-"empieza a revelarse como uno de los más prometedores de los próximos años".-ANA SÁNCHEZ ACEVEDO, Universidad de Sevilla. Valentina Ayrolo: Funcionarios de Dios y de la República. Clero y política en la experiencia de las autonomías provinciales, Buenos Aires, Biblos, 2007, 254 pp. En la segunda página de su libro Funcionarios de Dios y de la República, la autora revela a los lectores: "el libro que tienen en sus manos pretende ser una historia política de la provincia de Córdoba durante el periodo de la autonomía." Es evidente que una investigación sobre la Iglesia Católica en esa jurisdicción no resulta incompatible con tal objetivo. Por el contrario, Valentina Ayrolo nos explica que el clero y la Iglesia son las hendiduras desde donde ha elegido filtrarse para observar el mundo político y social de este espacio regional. El lector avanza y se encuentra con una noción que atraviesa esta investigación: la idea de provincia-diócesis como una unidad dotada de un sentido y de una lógica propios, aunque también en constante redefinición. Funcionarios de Dios y de la República es, sin duda, un estudio de la intervención del clero en el proceso de formación del Estado provincial cordobés durante el periodo 1820-1852. Esta intervención es estudiada a través de distintos registros: la apropiación por parte de los gobiernos de mecanismos como el derecho de patronato; la participación de los curas en política provincial desde funcio-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS nes "específicas" y "no específicas"; la función ejercida por esos sacerdotes de mantener la unión entre las partes del cuerpo social y el papel de la religión como cemento social y como lenguaje de la política. El libro de Ayrolo, además, se detiene en la definición de conceptos y mecanismos de funcionamiento de la Iglesia en la región de gran utilidad porque permite considerar los modos particulares que asume la intervención del clero y de las instituciones eclesiásticas en una región específica y ello posibilita, por su parte, tender puentes entre las investigaciones que se desarrollan en otros campos historiográficos y los estudios eclesiásticos. Es precisamente este diálogo ineludible entre los problemas relativos a la esfera eclesiástica y religiosa y la vida política y social regional, el que sostiene la autora a lo largo de todo su libro. Según los problemas combina acercamientos y reconstrucciones de corte institucional, cuando la naturaleza de los procesos así lo requiere, e incluye otros abordajes desde la historia de las ideas, las políticas estatales o las prácticas sociales. Es decir que V. Ayrolo realiza una valoración integral de la Iglesia y del clero en sus diversas dimensiones de análisis. Por su parte, su investigación ha recurrido a la consulta de una diversidad muy importante de archivos (municipales, provinciales y nacionales, el Archivo Diocesano de Córdoba y Archivos Vaticanos). En suma, se trata de un indispensable libro sobre el clero secular cordobés, que llena un evidente vacío historiográfico para la región e invita a cubrir otros correspondientes a periodos anteriores y posteriores. Uno de los puentes que ha construido Valentina Ayrolo entre la colonia y las nuevas repúblicas es el estudio sistemático -y de largo aliento, que se registra desde sus primeros estudios de postgrado-del ejercicio del Patronato. La obra se encuentra organizada en tres partes. La primera -"El Patronato, puente entre la colonia y las nuevas repúblicas"-se ocupa de esta institución, como uno de los mecanismos que utilizó la elite cordobesa para garantizar su legitimidad política y que permitió el mantenimiento de la unidad cultural de la provincia a través del resguardo de su identidad católica romana. Aquí la autora analiza cómo fue ejercido y cómo se justificó tal ejercicio, estudia las prácticas efectivas del Patronato y muestra la forma en que los gobiernos hicieron uso de esta prerrogativa. En su argumentación el clero fue "el garante y portavoz de la única legitimidad que sobrevivió a la tormenta revolucionaria." Esta conclusión encadena otras más globales sobre la sociedad cordobesa caracterizada con un imaginario de antiguo régimen. Así, en Córdoba el clero actuó como un elemento conservador del orden en clave colonial, mientras que las autoridades civiles ejercieron celosamente las facultades patronales. Pese a estas afirmaciones, su análisis no elude los elementos conflictivos, ya que arrogarse el derecho de Patronato también era una fuente de conflictos, en particular cuando en la misma diócesis, las distintas autoridades civiles provinciales pretendían fungir como patronos. Estas prácticas del ejercicio del Patronato se presentan como algunas de las vías para entender una cultura política que se construyó a través de un conjunto de estrategias que movilizaron los símbolos provenientes de la tradición católica. En la interpretación de la autora, a partir de 1820 las instituciones políticas y religiosas actuaron dentro de una lógica de mutua legitimación que convertía a los potenciales conflictos políticos en conflictos intraelite. Estas conclusiones tenderían a mostrar que el alto clero y sus instituciones estuvieron dotados de una vitalidad y una capacidad política mayor que en otras jurisdicciones cercanas y quizás de una mayor autonomía respecto de las autoridades civiles. Así, el estudio del clero -y sobre todo del alto clero y de algunas de las más importantes instituciones desde donde actuaban-se inscribe en un análisis de una parte de la elite dirigente. Algunos de estos eclesiásticos fueron, a su vez, los más importantes administradores de la provincia-diócesis. Por esta razón la reconstrucción de su papel en este contexto político cambiante se realiza a través del ejercicio de sus funciones y actividades, de las redes de relaciones que integraban, de las formas de mediación y de acción política. El tratamiento de estos temas implicó un arduo trabajo de reconstrucción del despliegue de las estructuras e instituciones eclesiásticas de la diócesis. Para ello Ayrolo ha estudiado: los momentos de ruptura y acercamiento con Roma, los gobiernos de los obispados y la fundación, despliegue y desmembramiento de las parroquias (a través de un mapeo y sistematización de esta información en cuadros). Se trata de una tarea que no estaba disponible hasta esta investigación. Estos procesos son explicados junto a la historia de los federalismos cordobeses y de las formas diversas de entender el ejercicio del Patronato que éstos presentaban. Así se multiplican los sujetos intervinientes en el proceso de construcción del Estado provincial cordobés: el Cabildo eclesiástico, los obispos, provisores o vicarios, los gobernadores y sus múltiples interacciones. En la segunda parte del libro -"Clero y feligresía, un juego de espejos"-aparecen las feligresías y este juego de las miradas cruzadas. Se tra-ta de un estudio del fortalecimiento del clero secular y la progresiva pérdida de relevancia social y política de los regulares. Este proceso es analizado a través de la consideración de los perfiles del clero secular, de sus carreras y de sus estrechos vínculos con la elite política no eclesiástica. Al mismo tiempo se estudian los ingresos de ese clero (provenientes del presupuesto estatal), aunque en el caso de los párrocos -como también se comprueba para Buenos Aires-éstos siguieron dependiendo, básicamente, de los derechos de pie de altar y de las primicias. Estas estimaciones se realizan considerando los ingresos de otros funcionarios políticos: una prueba más de la decisión de Ayrolo de pensar la acción del clero en el contexto de la elite política provincial y de sus confrontaciones. Estas búsquedas le permiten a la autora considerar otros problemas y formular nuevas preguntas. Por ejemplo ¿el clero es escaso o se percibe como escaso? La pregunta le lleva a realizar una estimación de la relación entre clero y población y establecer comparaciones con otras ciudades o diócesis contemporáneas. Su diagnóstico la impulsa a buscar las razones de la percepción social de escasez del clero y la encuentra en un modo de ejercer el ministerio parroquial donde era usual el abandono de las parroquias, la vida disipada de los párrocos y el incumplimiento de sus deberes pastorales. Para Ayrolo se trata de un clero pretridentino no siempre en condiciones de presentarse como ejemplo (abundan en este sentido los casos de solicitación en confesionario), aunque estas "desprolijidades" no supusieron una repercusión negativa en la sociedad política debido a que el lugar que en ella ocupaban la Iglesia católica y la religión estaba fuera de discusión. La tercera parte -"El orden político de las provincias-diócesis"analiza la relación entre lo secular y lo religioso en el contexto de las autonomías provinciales. Allí recupera el papel del clero secular, de sus miembros como funcionarios de la construcción de la provincia-diócesis "ayudando a hacerla creíble y fiable", como mediadores, como fuente de legitimidad y como custodios morales del nuevo orden, en tanto condición de posibilidad para que la religión fuese el cemento social y la base moral de la virtud ciudadana. Así, a partir de 1820 el Patronato fue la herramienta que permitió dar coherencia y legalidad a las acciones del gobierno en la conjunción de intereses entre los sectores políticos y eclesiásticos donde se entrelazaban e identificaban virtudes religiosas y virtudes cívicas. Para entender cómo se concretó este complejo proceso, la autora realiza distintos ejercicios de enorme importancia como la reconstrucción de la historia del faccionalismo desde fines del siglo XVIII y sus reconfiguraciones des-de la expulsión de los jesuitas hasta mediados del siglo XIX. Por otra parte recupera las carreras políticas de algunos eclesiásticos en las propias instituciones y fuera de ellas, como personal del nuevo Estado y como cuadros políticos, en la Sala de Representantes, como electores, diputados y representantes en asambleas y congresos o como asesores políticos. Estos diversos modos de participación, según Valentina Ayrolo, colaboraron en el mantenimiento de la moral pública católica. Y lo hicieron de dos modos: como ciudadanos -aunque "ciudadanos eclesiásticos" o "clérigos representantes"-y como parte de sus grupos de pertenencia. Por último la autora estudia la organización de argumentos basados en los antiguos fundamentos por parte de los actores de estas décadas de conformación de los estados provinciales. Allí muestra a través del análisis del discurso del clero el entrecruzamiento entre religión y política, reforzado en las últimas décadas por la asimilación buen federal y buen cristiano. La investigación de Valentina Ayrolo es una constante búsqueda, con muy buenos resultados, por integrar sus preguntas y preocupaciones en otras investigaciones y grupos de trabajo. Así la historia de la Iglesia cordobesa de la primera mitad del siglo XIX se realiza en continuo diálogo con otros problemas de la historia social y política regional e interregional.-MARÍA ELENA BARRAL, Universidad Nacional de Luján, Luján, Buenos Aires, Argentina. Celina G. Becerra Jiménez: Gobierno, justicia e instituciones en la Nueva Galicia. Esta obra se centra en la región de los Altos de Jalisco, jurisdicción destacada de la Audiencia de Nueva Galicia, ya en su sede de Guadalajara, dedicando una valoración importante a la villa de Santa María de los Lagos. Como la autora indica en la Introducción, el análisis regional y el funcionamiento de las instituciones de gobierno provincial y local son igualmente importantes y por eso se estudian ambos en ese balanceo entre un espacio y un tiempo colonial. A partir de mediados del siglo XVI, en pleno conflicto con los indios chichimecas que mantuvieron una frontera de guerra durante largos años, HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS el libro desarrolla unos primeros capítulos fundacionales, tanto al establecerse la Alcaldía Mayor de los Pueblos Llanos como la propia villa de Santa María de Lagos, unida a la acción misionera impulsada sobretodo por los franciscanos hasta la reunión del III Concilio Provincial Mexicano, ante el cual la citada población pidió el establecimiento allí de un curato, como reflejo del avance del clero secular. Era, por tanto, una jurisdicción de españoles y de indios, mayoritariamente enfocada hacia la ganadería. Los capítulos IV y V constituyen sin duda el eje de esta publicación. Al dedicarse al estudio de las instituciones provinciales y locales de gobierno y de justicia del área en el primero de éstos, la doctora Becerra aporta un mejor conocimiento de la Alcaldía Mayor de Lagos, los ocupantes de ese cargo y la forma de llegar a él, sus fiadores, ingresos y sustitutos o tenientes, así como del Corregimiento de Teocaltiche, vinculado igualmente a la citada Alcaldía. Otra aportación la constituye el capítulo V, centrado en una institución local tan destacada como la del Cabildo. Santa María de Lagos se abre ahora al lector a través de su gobierno, en aspectos tan valiosos como los referentes a cargos -oficios de elección y vendibles/renunciables-, privilegios de carácter vario enfocados a dar el mayor realce a sus vecinos al mismo tiempo que al propio Cabildo, y también tensiones vinculadas a las actividades privativas de este gobierno local frente al poder real. El resultado es un mejor conocimiento de la elite urbana de esta villa, tan lejana respecto a la ciudad de México. Valoramos, por lo tanto, un libro en pro de las descentralización, no sólo con respecto al centro del Virreinato novohispano, sino incluso en cuanto a Guadalajara, con lo que esto significa de positivo para la historiografía jalisciense centrada en la época colonial.-MARÍA JUSTINA SARABIA VIEJO, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC. Salvador Bernabéu Albert: Expulsados del infierno. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2008, 196 pp., fuentes y bibliografía. El doctor Bernabéu, investigador científico del CSIC, adscrito a la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, está especializado en temas del RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS área californiana desde hace ya bastantes años, pues a su obra Diario de las expediciones a las Californias (Aranjuez, 1994), 1 habría que sumarle numerosos capítulos de libros y artículos incluso de fechas anteriores a la mencionada, además de otros dos de reciente publicación, 2 que completarían la obra que ahora reseñamos. Este trabajo ha sido realizado en el marco del proyecto "Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del imperio hispánico (S. XVI-XVIII)" (HUM2007-64126, MEyC) y, como el propio autor indica (pp. 11 y 12), no se ha dedicado hasta ahora ninguna monografía a estudiar el exilio de los jesuitas en profundidad, aunque hay referencias en varios libros y algún artículo. Es por ello que "ameritaba una nueva mirada hacia la lejana península de Baja California, que ha quedado olvidada por los especialistas más concienzudos", pretendiendo así "llenar un vacío historiográfico poco explicable" basándose en la "Relación de la expulsión de la Compañía de Jesús de la provincia mexicana, y particularmente de California, en el año 1767, con otras noticias dignas de saberse". Este es el único relato de la salida de los ignacianos, escrito por el padre alemán Benno Francisco Ducrue, superior de las misiones y que aún seguía inédito en castellano a pesar de su interés y de los años transcurridos desde su publicación original en latín y sus traducciones al alemán, francés e inglés, las cuales, frente a lo que pudiera creerse, son escasas. Señala cómo la edición más utilizada en las últimas décadas fue la realizada por el padre estadounidente Ernest J. Burrus, uno de los historiadores más importantes de la Orden, quien incluyó el texto original en latín y su traducción al inglés. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS VIGINTI ANNOS MISSIONARIO",3 cuya obra se edita por primera vez en castellano como Apéndice de este texto en 14 capítulos (pp. 153-183). Esa primera parte la inicia el autor con una Introducción en la que presenta un exhaustivo estado de la cuestión: desde los jesuitas que trabajaban en el Virreinato de la Nueva España en el momento de la extradición, los trabajos regionales, los de las historias y misiones ignacianas, propiedades de la Orden...Varios de esos estudios han coincidido en considerar la expulsión de 1767 como un hecho excepcional para descubrir claves fundamentales de la política y las ideas (religiosas, diplomáticas, sociales y económicas) de las Monarquías absolutas de la segunda mitad del siglo XVIII, señalando cómo este interés por su exclusión del Imperio español ha aumentado entre los historiadores desde la década de los noventa debido a dos tipos de razones, tanto generales (relacionadas con la sensibilidad creciente por los problemas de marginación, emigración, persecuciones y exilios en la España moderna y contemporánea), como otras más particulares que tienen que ver con el estudio de la Compañía de Jesús, una de las órdenes regulares más analizadas. Entre los materiales archivísticos que el doctor Bernabéu ha utilizado en su investigación destacan los documentos depositados en el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional de México, los papeles del archivo particular del visitador José de Gálvez, que se guardan en The Hungtinton Library (Pasadena, California), además de numerosos legajos pertenecientes a dos repositorios españoles de gran importancia para el Americanismo (el Archivo General de Indias de Sevilla y el Archivo Histórico Nacional de Madrid), y de consultar los fondos de la Real Academia de la Historia y de la Biblioteca Nacional, instituciones también madrileñas. En el marco histórico novohispano, el establecimiento y la expansión de la Compañía resultaron fulgurantes, pues desde su llegada en 1572 hasta finalizar dicha centuria, se habían situado en las principales ciudades del Reino. Además de impartir clases a todos los grupos étnicos, mimando especialmente a los hijos y descendientes de los hispanos, dedicaron primordialmente su labor evangélica a la conversión de los indios bárbaros en una realidad que el autor define como "compleja" (pp. 30-32). En esa línea, profundiza Bernabéu en el Capítulo 3 sobre los inicios, desarrollo y esta-blecimiento definitivo en la península californiana, donde comenzaron la evangelización en 1591, para continuar paulatinamente su ascenso hacia el norte hasta llegar a las proximidades del río Sonora a mediados del XVII, continuando con una progresiva ocupación del territorio, no exenta de duras críticas por parte de marineros, pobladores y armadores que, en la zona de la Baja California, vieron obstaculizados sus intereses crematísticos y de expansión. Resulta sumamente interesante el Capítulo 4, centrado en las conflictivas relaciones y críticas al sistema de ocupación excluyente introducido en California por parte de los ignacianos, lo que generó entre los novohispanos numerosas cartas e informaciones con las lógicas réplicas de los jesuitas, entre las que destacan algunos textos fundamentales sobre las amplias posibilidades que el territorio ofrecía; aspectos que a veces se llegaron a exagerar tanto, que a mediados del XVIII se generalizó la imagen de una península "secuestrada por la Compañía" (Cap. Tras producirse la expulsión de la Nueva España, no exenta de amplias polémicas (Cap. 6), el autor va siguiendo mediante una secuencia cronológica los procesos y operaciones de la salida de los misioneros del Noroeste (Sonora, Sinaloa y Nayarit), lo que llegó a poner de manifiesto el desconocimiento por parte de las autoridades coloniales de sus fronteras más lejanas, así como la precariedad de las comunicaciones y la falta de personal preparado (Cap. Como ejemplo, cita el caso de Nayarit, en el occidente mexicano, donde algunos misioneros se enteraron de la medida real meses más tarde. Igualmente resulta interesante el asunto de las cuarenta y nueve misiones de Sonora y Sinaloa, cargado de graves errores y sufrimientos (pp. 78-82). Aún más arduo, si cabe, resultó el exilio de los ignacianos de la zona de la Baja California debido a la enorme distancia de las principales ciudades del Virreinato y con un mar o golfo de por medio. Los sucesivos intentos para arribar a California por parte del primer gobernador, el leridano Gaspar de Portolá, y su llegada a Loreto (capital y misión pionera de esa península) para acelerar la salida de los misioneros y nombrar gobernadores donde no los hubiese, ocupan los Capítulos 8 al 10. El viaje del exilio de los misioneros californianos se desarrolló en dos etapas bien definidas, como el propio Bernabéu señala (Cap. 11): en la primera, salieron de Loreto, desembarcaron en San Blas yendo por tierra hasta Veracruz, volvieron a navegar hasta La Habana y, tras subir a un tercer barco, arribaron al Puerto de Santa María (Cádiz), donde fueron interrogados, permaneciendo allí varios meses. La segunda fase comenzaría en este puerto gaditano, donde los jesuitas españoles (nacidos en España o en América) fueron separados de los extranjeros. Mientras aquéllos abandonaron la Compañía o marcharon a Italia, principalmente a Bolonia, cuartel de la provincia mexicana, los últimos obtuvieron permiso para dirigirse a sus respectivos países, donde residirían hasta el final de sus días, como epílogo de un largo y duro periplo. El Capítulo 12 lo dedica a rastrear en la documentación y bibliografía los perfiles biográficos de los dieciséis exiliados, señalando sus trayectorias personales posteriores; conservándose de algunos de ellos interesantes cartas, estudios y obras con importantes datos sobre la península californiana y sus experiencias misionales, como "El informe de la misión de San Luis Gonzaga", del jesuita Lamberto Hostel;4 el trabajo del padre Miguel del Barco, que se dedicó a completar y enmendar las Noticias de la California de su hermano en religión Miguel Venegas; el del padre Johann Jacob Baegert, titulado Nachrichten von der Amerikanischen Halbilsen Californien mit einem zweyfachen Anhang falscher Nachrichten5 o el opúsculo sobre las culebras en California, de Franz Inama von Sternegg, que Francisco Javier Clavijero incluyó en su Historia de la Baja California. Finaliza con un Capítulo, el 13, que incluye el análisis del citado relato autobiográfico de Ducrue, donde se describe la traumática detención y salida de los ignacianos de la Baja California, teniendo el enorme interés de ser el único texto conocido de un misionero californiano quien, tras trabajar durante quince años en aquellos remotos territorios, revivirá el viaje de regreso forzoso hacia su tierra natal. Se pone así fin a la primera parte de la obra para, a continuación, como ya hemos señalado, incluir como Apéndice la mencionada versión de Ducrue. En definitiva, una obra muy enriquecedora de Salvador Bernabéu sobre esta zona, cuya larga distancia de la capital virreinal y marginalidad había resultado hasta ahora tan desconocida y que, poco a poco, gracias además a sus numerosos trabajos, amplía el conocimiento de la expulsión de los integrantes de la Compañía de Jesús de otro de los territorios que conformaban el amplio mapa misional hispano en el Nuevo Mundo. A pesar de que siempre se intenten evitar repeticiones de verbos y sustantivos así como faltas de imprenta, somos conscientes de que rara es la ocasión en la que se consigue por completo; se observan pues, algunas de estas deficiencias a lo largo del texto.-ISABEL ARENAS FRUTOS, Universidad de Huelva. Después de un espléndido primer volumen dedicado a imprentas, literatura y política en el periodo doceañista, el grupo de estudios del siglo XVIII de la Universidad de Cádiz, a través de los editores Marieta Cantos Casenave, Fernando Durán López y Alberto Romero Ferrer, nos presenta otro magnífico trabajo. 1 En este segundo volumen se asocian política, propaganda y opinión pública como tres aspectos de la libertad civil porque, como señalan en el prólogo, mientras hay todo esto, no hay silencio; el ruido sólo cesa por medio de la violencia física, "cualquier ruido es preferible a la tranquila estabilidad y las certezas indiscutibles de la fe ciega, la tiranía o los totalitarismos". La España de 1808-1814 estaba en guerra, pero no Cádiz, bastión que quedó al margen de la ocupación francesa y que por ese motivo se convirtió en el centro de convergencia de todos los intelectuales que debatían sus ideas en el Congreso, pero también en la gran cantidad de periódicos que surgieron por aquel entonces y que expresaban sus ideas en todos los ámbitos de la cultura en una auténtica guerra de palabras. Este volumen se abre con un estudio de Alejandro Pizarroso Quintero, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en la historia de la prensa y sus métodos propagandísticos. En este caso trabaja sobre el manejo de la propaganda en los bandos español y francés y en el uso que hicieron de ésta como una forma más de acción sicológica en la contienda. Parafraseando a André Cabanis, especialista en el tema de la Francia napoleónica, señala que la censura es una forma de propaganda ya que ciertos asuntos estaban prohibidos incluso para hablar mal de ellos. Su ausencia en los medios también crea opinión. Según su esquema, también hay otras formas de propaganda como el rumor o la publicación en periódicos locales de alguna nota a modo de "globo sonda" para comprobar la recepción de una noticia y calibrar la oportunidad de su publicación en el ámbito nacional. Por último, cuando se quería que la propaganda llegara a todo el mundo se imprimía la noticia en cuestión en grandes murales que se pegaban en los muros. No obstante, y a pesar del despliegue propagandístico napoleónico que utilizó todas estas artimañas, no se pudo ocultar en el extranjero el fracaso de las tropas francesas en España y es de lamentar que el autor no haya hecho una valoración final del por qué de este fracaso. En el segundo capítulo, Fernando Durán nos habla de la creación de la opinión pública a través de la difusión de las ideas de los diputados en la prensa durante la etapa constituyente (1810-1812). A través de un exhaustivo análisis de la prensa gaditana, del contenido y la forma y de las relaciones entre editores, intelectuales y parlamentarios establece una clasificación de la opinión entre: liberales institucionales, liberales radicales, liberales moderados y absolutistas, siendo el primer grupo el que más seguimiento hizo del proceso parlamentario, seguido de los absolutistas. Para ello se basa en una fuente muy interesante y escasamente utilizada por los historiadores, las Crónicas de Cortes. Se trata de comentarios sobre las discusiones en las Cortes que eran plasmadas en la prensa por los redactores o taquígrafos de los periódicos que acudían a las sesiones. Al ser recogidas directamente no tienen el sesgo oficial y resumido -cuando no directamente censurado-de los Diarios de Sesiones y, además, muestran como ventaja que se publicaban mucho más rápido que esos diarios que a veces tardaban semanas, e incluso meses, en aparecer impresos. El periodo que analiza es breve, entre septiembre de 1810 (antes de la aparición del Diario de Sesiones) y marzo de 1812, con el fin de presentar un análisis exhaustivo. En este sentido el trabajo de Fernando Durán, quien lleva tiempo dedicándose a estos temas y a este marco temporal, hace una importante aportación a la historia de la prensa al señalar que ésta debe estudiarse en red, como un sistema, y no utilizando un periódico por separado o una idea o acontecimiento visto en varios periódicos simultáneamente, porque impide ver la verdadera correlación entre política y prensa. Gracias al estudio de esta interrelación se logra afinar en los puntos de vista y en las ideas de los publicistas de la época, y es de esta manera como llega a una clasificación de ideologías más compleja, que va más allá de la demasiado simplista de liberales-conservadores. No obstante, y a pesar de la riqueza y la variedad de la "opinión pública", señala que se trata de una opinión pública "un tanto ilusoria y poco representativa de la auténtica nación española como se vería en 1814". A mi juicio es una afirmación que no responde al contenido de su trabajo. La opinión pública no era un espejismo, lo que hizo Fernando VII no fue desenmascarar una mentira sino dar un golpe de estado y reprimir a los intelectuales que consideró más peligrosos, entre los que se encontraban personajes de muy diversa extracción social, económica y cul-tural. La abundancia de periódicos y la existencia de las Crónicas de Cortes hablan, desde luego, de un esfuerzo importante por comunicar realizado por un nutrido grupo de publicistas, pero no tiene sentido esta proliferación sin un público interesado lo suficientemente numeroso y activo como para estimular la publicación y no limitarse al ejercicio oral en tertulias y corrillos. Si 1814 evidencia que dicha opinión no era representativa, entonces 1820 evidenciaría que sí y luego 1824 otra vez que no, y así sería para toda la historia del siglo XIX español, por no hablar de la del siglo XX. La opinión pública es cambiante y es esto lo que enriquece el debate y justifica la existencia del ejercicio periodístico y propagandístico. Pero esto no resta valor de ninguna manera al trabajo de Fernando Durán, quien, además, para facilitarnos la labor de contemplar el amplio panorama ideológico del periodo, nos presenta un apéndice con una detallada relación de artículos sobre Cortes ordenados por título de publicación, a la que añade un breve resumen del contenido de cada uno; otro en el que da relación de artículos sobre sesiones concretas de Cortes y, finalmente, dos artículos muy interesantes sobre la "frescura" de las noticias publicadas en la prensa diaria y sobre la elaboración del Diario de Sesiones. Alberto Romero Ferrer presenta un análisis de otro sector muy frecuentado por la prensa y desde el cual también se emitía opinión: el teatro, entendido como el púlpito laico de la nación, como un poderoso instrumento para la educación política del ciudadano y para hacer la guerra. Profundiza en la influencia de la literatura en la política, pero también de ésta en aquella en tanto en cuanto los principales escritores de la época, en la que nace el autor romántico, buscan en sus escritos interpretarse a sí mismos, representarse, darse a conocer a través de importantes libros de memorias y autobiografías. El público por excelencia será el burgués. Pero no se excluye la presencia de las clases populares ya que para ir al teatro no era necesario leer o saber leer, como señalaron los defensores de abrir los teatros a todo el público para mayor educación del pueblo después de su cierre a principios de 1810. Según el seguimiento realizado por Alberto Ferrer, el debate suscitado en torno a la apertura de los mismos tuvo la misma resonancia que el de la libertad de imprenta hasta que se decreta su reapertura el 20 de noviembre de 1811. Alberto Romero, al igual que Fernando Durán cuando señala la necesidad de consultar las Crónicas de Cortes, acude, como no, a Gil Novales para hacernos ver la importancia del teatro como fuente y no sólo del tea-tro que se representaba (que durante los días del sitio fue predominantemente el de los autores barrocos) sino el que se escribía para contrarrestar el peso de la opinión absolutista contra-reformista. Pero no nos presenta una valoración de contenido, cosa que lamentamos, sino que se centra en el debate y en el significado que se le dio entonces como arma; pero, sobre todo, como arma de los liberales. En términos generales, el teatro de está época, a diferencia del teatro del trienio, de marcado carácter político, será, en líneas generales, un teatro formado por textos-propaganda, planos, sin acción, sin desarrollo de los personajes y de escaso valor literario. Su contenido no representa la realidad de la época pero sí, y eso es lo que le interesa destacar al autor, la representación que cada grupo político dominante se hacía de la misma y la que quería que el público asumiera. Para cerrar este importante volumen sobre la prensa y la propaganda en Cádiz, Romero nos presenta una guía de obras teatrales representadas en esa ciudad tras la reapertura del coliseo gaditano clasificadas según su intención política en: piezas anti-serviles, piezas anti-napoleónicas, piezas anti-liberales y piezas alegóricas sobre la Constitución. También nos ofrece en sus apéndices una cartelera teatral gaditana y un índice de obras organizado alfabéticamente y en el que se aporta género y autor, así como fecha de la representación. El volumen no pretende ser una historia acabada de los temas que trata sino una invitación, rica y amplísima, a continuar por el camino que ellos han iniciado y una promesa de futuros trabajos que serán, seguro, tan valiosos o aún mas que este.-INMACULADA SIMÓN RUIZ, Sevilla, EEHA, CSIC. Crear la nación. los nombres de los países de América Latina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2008, 378 pp. El estudio de la constitución de los Estados-Nación latinoamericanos es uno de los grandes temas historiográficos sobre el siglo XIX. Estas "comunidades imaginadas", de acuerdo al concepto de Benedict Anderson, necesitaron de una serie de referentes identitarios para pensarse a sí mismas como naciones modernas (una historia patria, un panteón de héroes, un conjunto de símbolos nacionales, la recuperación de ciertos RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS usos y costumbres, tradiciones y festividades, etc.). Hay un lugar común sobre esta temática que afirma que el gran problema no consistía tanto en "inventar la nación" como en "construir ciudadanos". Es decir, si bien podían concebirse entes llamados Argentina, Brasil, Uruguay o México, y justificarlos desde el punto de vista histórico y político, la gran tarea de la invención nacional radicaba sobre todo en construir ciudadanos que se identificaran culturalmente con dichas entidades. Sin embargo, la construcción de la ciudadanía sólo podía edificarse sobre una base sólida de identidad nacional que justificara el sentimiento de pertenencia hacia las nuevas naciones. Uno de los elementos esenciales de la identidad nacional, el más primario de todos, consistió en la denominación de los países latinoamericanos y, por ende, de los habitantes de dichos territorios. No estaba claro, durante la primera mitad del siglo XIX, si los habitantes de esos Estados debían llamarse argentinos o rioplatenses, brasileños o brasileiros, orientales o uruguayos, mexicanos o mejicanos. Por tanto, una de las primeras expresiones de la lucha por la construcción nacional fue la batalla por el nombre. El acto bautismal de las naciones americanas después de su independencia es el tema central de la compilación de textos reunidos en la obra Crear la nación. Los nombres de los países de América Latina, resultado de la reflexión de varios especialistas de diversas naciones, compilada por José Carlos Chiaramonte, Carlos Marichal y Aimer Granados, y publicada en 2008 por la Editorial Sudamericana. Esta obra plantea una aproximación alternativa al tema de la formación de las identidades nacionales y la construcción político-administrativa de los estados latinoamericanos, mostrando que el análisis de los nombres de estos países no es una cuestión menor o una simple curiosidad histórica. Por el contrario, se trata de uno de los temas centrales de la identidad nacional, una cuestión esencial en el proceso de "forjar patria" y "construir ciudadanía". Una visión general de la obra nos muestra que la batalla por el nombre de los países de América Latina estuvo condicionada por varios factores, como la forma de gobierno adoptada por cada nación, la delimitación de fronteras entre los estados vecinos y la identidad política generada por cada nación. El nombre de Brasil estuvo ligado a la comercialización portuguesa del llamado "palo de brasil", siendo los brasileiros los comerciantes de dicha planta y, posteriormente, los habitantes del país, aunque la oligarquía brasileña trató de eliminar el estigma del nombre Brasil-madera, y vincu-larlo al de la mítica isla de Brasil, enfatizando las riquezas naturales como señal de identidad para presentar al país como un edén mítico y una tierra del futuro. En el caso de Chile, cuyo nombre viene de la palabra aymara ch'iwi, que significa "región helada", los liberales combatieron el estigma colonial que lo definía como "la región más pobre y miserable del Nuevo Mundo", transformando esta imagen por medio de la singularidad geográfica chilena hasta convertirla en una "copia feliz del edén" y en el ámbito político definirla como "la antítesis de la realidad americana" gracias a la estabilidad institucional de su elite gobernante. El nombre de Argentina fue una moda culta y poética para llamar a la región del Río de la Plata, que proviene del latín argentum (plata), por la creencia de que dicho río llevaba a la mítica "Sierra de la Plata". Esta denominación estuvo ligada estrechamente a la ciudad de Buenos Aires, y su uso representó como en ningún otro lado las tensiones políticas entre la capital y las provincias. Si bien el término Argentina se fue imponiendo en los documentos oficiales y diplomáticos, constitucionalmente coexistieron los nombres de "Provincias Unidas del Río de la Plata", "República Argentina" y "Confederación Argentina", de forma que el debate sobre el nombre se tradujo en un debate sobre la forma de gobierno. El Uruguay, que toma su nombre del río homónimo, que significa en guaraní "río de los pájaros", también fue escenario de la rivalidad política centro-periferia. En este territorio la lucha por el nombre se libró entre los partidarios del Estado Oriental, de raigambre regionalista y heterogénea, frente a los defensores del Uruguay de tendencias centralistas y homogeneizadoras. El río Paraguay, palabra también de origen guaraní que significa "río de los Payaguas" o "río de las Coronas", dio su nombre a una provincia rioplatense que generó una fuerte identidad autonomista e independentista, transformándose rápidamente en una identidad republicana que fue el sello característico de la nación. La república de Bolívar, en honor al Libertador, se transformó en el neologismo "Bolivia", según la fórmula "Si de Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia", desplazando a las denominaciones coloniales Charcas y Alto Perú. Así, la gestación de Bolivia se caracterizó por la idea de un Estado-Nación con nombre inédito y por la lenta adopción del gentilicio boliviano entre sus habitantes. Un caso parecido ocurrió en Colombia, adaptación de Francisco de Miranda del término "Columbia" utilizado para nombrar al continente y a las Trece Colonias al independizarse de Inglaterra. Así, Colombia o "tierra de Cristóbal Colón" sustituyó al nombre colonial Virreinato del Nuevo Reino de Granada, y su utilización fue producto de un lento proceso de imposición cultural por un sector de la elite criolla, tanto hacia el interior como al exterior del país. Los orígenes del nombre de Venezuela remiten a los viajes de Américo Vespuccio y a la homologación que el navegante hizo del territorio con la ciudad italiana de Venecia, dándole el nombre a la región de Venezziola o Venezuela (Pequeña Venecia). Las oscilaciones nominativas contemporáneas entre República de Venezuela o República Bolivariana de Venezuela, indican que el acto de nombrar y renombrar a este país es esencialmente una lucha ideológica por la identidad nacional. El nombre de Perú proviene de la corrupción lingüística de Birú o Virú, cacique de los territorios al sur de Panamá, que sirvió para denominar al Virreinato del Perú y más tarde a la nación independiente. El Estado-Nación peruano no nacionalizó los nombres prehispánicos por el temor de las elites hacia la acción de las masas indígenas, manteniéndose el nombre de Perú debido a que no hacía referencia a ningún grupo étnico concreto y al hecho de ser políticamente "neutro". En el caso de Ecuador, su nombre proviene del latín aequare (igualar), debido a su ubicación geográfica en el plano que corta la superficie del planeta en dos partes iguales. Esta característica geográfica fue utilizada políticamente al definir al Ecuador como la república "situada en la línea de la igualdad". Este país rompió con la narración criollo-patriótica afincada en el pasado indígena y proyectó una identidad universalista ilustrada. Además, el nombre de Ecuador aglutinó las rivalidades regionales entre Quito, Guayaquil y Cuenca. La región de Centroamérica se problematiza como un concepto histórico-político, aunque los países que la conforman no cuentan en esta obra con un estudio específico sobre su nombre. Guatemala proviene del náhuatl Cuauhtemallan (territorio muy arbolado o país de muchos bosques); Honduras significa literalmente "profundidades", en alusión a la famosa frase atribuida a Cristóbal Colón: "gracias a Dios que hemos salido de estas profundidades", cuando sus embarcaciones casi naufragan en las costas de dicho territorio. Nicaragua es la castellanización del náhuatl Nicanahuac, que significa "hasta aquí llega el Anáhuac". El Salvador es un término religioso que refiere a la figura central del catolicismo, mientras que el nombre de Costa Rica se produjo debido a las joyas que lucían los nativos en la época de la conquista, lo que hizo creer a los españoles que se trataba de una costa rica en minerales. Esos fueron los países que conformaron las antiguas provincias del Reino de Guatemala, y que durante la época de la independencia trataron de consolidar la República Federal de Centro América o Federación Centroamericana. Si bien este proyecto no pudo consolidarse, permaneció como un ideal de solidaridad y unidad regional, que ha tenido su importancia en la conformación de las identidades nacionales. El nombre de México proviene del náhuatl Mexihco y significa "lugar donde vive Mexitli o Mextli", "el centro o el ombligo de la luna", aunque más allá de las etimologías, México era la capital de la Nueva España y mexicanos eran los indígenas que hablaban la lengua náhuatl o mexicana. Si bien los insurgentes preferían llamarse americanos, las elites liberales después de la independencia reivindicaron el glorioso pasado indígena, particularmente el del Imperio Mexica, para construir la identidad nacional alejada del pasado colonial hispano con el que ser quería romper. Pasando a la región del Caribe, Cuba es una palabra siboney usada antes de la conquista que significa "país" o "tierra" y este vocablo estuvo asociado a la idea criolla de patria durante la colonia, siendo el antecedente directo de la idea cubana de nación y por tanto del nombre del país. Haití toma su nombre del vocablo aborigen taíno hayiti, que significa "tierra de Hayti" o "tierra montañosa". Este nombre nativo fue adoptado durante la lucha independentista como bandera contra la esclavitud y para marcar la ruptura con Francia y el nombre colonial Saint-Domingue. Por su parte, la mitad española de esa misma isla Española, bautizada Santo Domingo en honor al fundador de los dominicos, adoptó a mediados del siglo XIX el nombre de República Dominicana y centró su definición histórica y cultural en franca oposición a Haití, siendo dicha rivalidad el objeto central de su nacionalismo. Por último, el nombre de Puerto Rico, la nación sin Estado, alude a las riquezas que partían del puerto de San Juan. La identidad puertorriqueña se basó, desde la concepción de la elite criolla hispana, en la fusión armoniosa de tres razas: la taína, la española y la africana, que dotaba a los habitantes europeos de las cualidades morales del buen salvaje. Puerto Rico fue entonces un nombre hispano para un pueblo hispano, aunque con la invasión estadounidense de 1898, en los documentos oficiales la isla comenzó a nombrarse Porto Rico para expresar gráficamente su condición colonial. Luego de este recorrido por las etimologías nacionales de América Latina, hay que destacar el tratamiento colectivo de un tema que, por lo general, se aborda de manera aislada, lo que permite al lector establecer similitudes y diferencias en cada proceso nacional, además de nutrirse de las distintas metodologías y preguntas planteadas por cada autor. En el contexto de la conmemoración del bicentenario de las revoluciones hispanoamericanas, una obra que plantea la historia de los nombres de los países resulta completamente pertinente y constituye un aporte interesante a los debates en torno a la construcción de las mitologías nacionales latinoamericanas.-JAIME IRVING REYNOSO, Instituto Mora, México DF, México. Judith Farré Vidal (ed.): Teatro y poder en la época de Carlos II. Fiestas en torno a reyes y virreyes, Pamplona, Universidad de Navarra, Iberoamericana, Vervuert (Biblioteca Indiana 8), 2007, 359 pp. Como anuncia la doctora Judith Farré Vidal en las palabras preliminares, el libro recoge una serie de intervenciones -dieciocho si incluimos el anexo final-presentadas en el Congreso que, bajo el mismo título, se celebró en México, en el Tecnológico de Monterrey, a finales de agosto de 2006. Las tres primeras aportaciones se acogen, en el índice general, al común epígrafe de Conferencias Plenarias, y marcan los tres grandes ejes temáticos en los que se ensartan el resto de los trabajos, englobados bajo la denominación de Comunicaciones. La primera de las conferencias, titulada "Miradas de mujer: M.a Luisa de Orleáns, esposa de Carlos II, vista por la marquesa de Villars (1679-1689)" -pp. 13 a 44-se debe a la profesora de Literatura M.a Luisa Lobato, que cuenta con un nutrido grupo de publicaciones sobre teatro y fiesta, y que en esta ocasión centra su trabajo en el viaje a la corte española de la joven M.a Luisa de Orleáns y en las representaciones teatrales con las que va siendo agasajada a lo largo de su trayecto y en las que interviene no sólo como espectadora; subrayando el peso de las reposiciones de comedias, sobre las comedias nuevas pone voz a las impresiones de la joven soberana y a los ecos de las intrigas cortesanas a través de las cartas que la marquesa de Villars, esposa del embajador francés, dirige a Madame de Coulanges. Si de algo adolece este meritorio trabajo, es de que "la mirada de mujer" -declarado hilo argumental-se pierde, en ocasiones, entre las documentadas citas de representaciones y de compañías de comediantes. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS La segunda, "Poética del espectáculo Barroco: El Neptuno Alegórico de Sor Juana" -pp. 45 a 68-corre a cargo del reputado especialista de la literatura novohispana José Pascual Buxó. Son varios los estudios que ha dedicado a la famosa autora y no es la primera vez que reflexiona sobre su Neptuno Alegórico, al que dedicó algunas páginas en el volumen digital Sor Juan Inés de la Cruz. Estudios (Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2006). Subraya en esta ocasión la "valentía" de la monja novohispana al afrontar el reto de idear y proyectar en el escaso lapso de tres meses un programa de tal complejidad semiótica e ideológica, para dar la bienvenida al virrey Tomás de la Cerda y Aragón, conde de Paredes y marqués de la Laguna, en 1680, al tiempo que pondera esta ambiciosa realización de la poética barroca en la que se aúnan poesía, pintura y arquitectura, para construir un complejo discurso con varios niveles de inteligibilidad. La tercera conferencia tiene por autor al también profesor de literatura Germán Vega, cuyo campo preferente de atención ha sido el teatro clásico y la fiesta teatral, ámbitos que confluyen en su trabajo "Sobre la publicación impresa de fiestas teatrales en la corte de Felipe IV y Carlos II" -pp. 69 a 100-; tras apuntar la capacidad de ampliación de los efectos propagandísticos e ideológicos de tales publicaciones y estudiar las fiestas calderonianas impresas, así como su presencia en las grandes colecciones de partes de diferentes autores en la segunda mitad del XVII, concluye subrayando la escasez de impresos que generaron las fiestas teatrales de los Austria, sobre todo si se comparan con los surgidos en otros entornos cortesanos, y señalando las diversas circunstancias que coadyuvaron a explicar tan singular situación. Del conjunto de comunicaciones, el bloque más numeroso es el que gira en torno al espectáculo barroco, entroncando con la conferencia de José Pascual Buxó. En él se encuadra el trabajo de M.a Dolores Bravo Arriaga, "Sic transit gloria mundi: sublimación del poder y de la fama"pp. 101 a115-, en el que se aborda la entrada en la capital novohispana, el 8 de diciembre de 1673, del duque de Veragua como virrey; el estudio se centra en la poética del arco de bienvenida que relacionaba a este gobernante con su antepasado Colón y con el semidiós Perseo, dando lugar al consabido proceso semiótico en el que se sincretizan "imágenes que hablan y palabras que pintan". El valor de lo efímero y la volubilidad de la fortuna, tópicos tan caros al barroco, alcanzan en el caso del duque pleno sentido al producirse sin apenas solución de continuidad el triunfo de la llegada y el luto de su muerte, ocurrida a los cinco días. Blanca López de Mariscal, desde su experiencia en el estudio de textos de cronistas y viajeros, ofrece en su trabajo "México en 1697: El espacio cotidiano y el espacio lúdico descritos por Giovanni Francesco Gemelli Careri (1651-1725)" -pp. 173 a 185-una panorámica del devenir de la vida en el México de finales del XVII, en la que la cotidianeidad aparece salpicada e interrumpida por la fiesta y las actividades lúdicas, descritas por el viajero italiano como espacio de participación de la elite de la sociedad novohispana. María Águeda Méndez, conocida investigadora de la Inquisición mexicana, cambiando de registro, pero sin perder de vista el hilo conductor del espectáculo, en su "Vida perdurable y ejemplaridad heroica en los Fvnebres ecos con que responde a las vozes del llanto de sus soldados difuntos la piedad de nuestro gran monarca Carlos II... 199 a 209-aborda un aspecto singular de las honras fúnebres públicas, que, en este caso, no se dedican, como era lo habitual, a ningún personaje regio, sino a un colectivo, el de los soldados, cuya labor se consideraba piedra angular del poder de la monarquía; la atalaya será un impreso de la celebración, de autoría jesuítica, publicado en 1694, en tiempos del virrey Galve, promotor de la iniciativa. Wendy Lucía Morales es autora de una reflexión sobre "El triunfo Parténico de Carlos Sigüenza y Góngora" -pp. 211 a 220-, texto en el que el literato universitario describe el certamen celebrado en honor de la Inmaculada por la Universidad de México en 1692-1693; de este muestrario poético destaca la autora especialmente su carácter de juego literario colectivo, como síntoma de una vitalidad social que era capaz de superar el carácter de representación de contenidos dogmáticos e ideológicos, que a todo espectáculo, fiesta o certamen barroco se le reconoce. La aportación de la lingüista Claudia Parodi, titulada "El lenguaje de las fiestas: Arcos triunfales y villancicos" -pp. 221 a 235-gira en torno a los motivos que impulsaron a Carlos de Sigüenza y sor Juana Inés de la Cruz a elegir para los arcos de triunfo erigidos en honor del virrey novohispano marqués de la Laguna, en 1680, una prosa y una poesía particularmente complejas, no sólo por el lenguaje, sino también por la combinación idiomática del latín y el castellano. La exposición verbal y la expresión conceptual se complicaba para hacerlas dignas y exclusivas de personajes de alto rango, y para limitar su inteligibilidad verbal a las minorías selectas; por contraste, los elementos plásticos de los arcos equilibrarían el discurso, acercándolo a las mayorías; tangencialmente se alude también a otros niveles coloquiales de la lengua que algunos autores, como sor Juana, utilizaban en otros tipos de composicio-nes como los villancicos, creados para contextos populares. Continuando con la línea temática del espectáculo y la fiesta, Octavio Rivera centra su atención en las "Fiestas en México por el cumpleaños de Carlos II y la Descripción poética de la máscara y fiestas...de Alonso Ramírez de Vargas, México, 1670" -pp. 257 a 266-, texto que, junto con Dalmacio Rodríguez, transcribe, con una breve nota introductoria en el Anexo -pp. La esencia de ambas aportaciones la constituye el romance que inmortalizó, en 1670, una triple celebración: el noveno cumpleaños del rey, el restablecimiento de su salud y la prolongación del mandato del virrey Mancera, cuya autoría se debe al entonces apreciado ingenio del capitán Alonso Ramírez de Vargas, que ya había cantado el nacimiento del monarca en 1610 y celebraría su mayoría de edad en 1677, y que, a falta de otros regocijos, centra sus versos en los elementos que, en esa ocasión, estructuran el mensaje de la fiesta: los desfiles y carreras de caballos y el vestido de los participantes. Dalmacio Rodríguez firma también "Los arcos triunfales en la época de Carlos II: Una aproximación desde la retórica" -pp. 267 a 285-, trabajo en el que con estimable aparato de notas y bibliografía se esfuerza en subrayar, no sólo las cualidades retóricas de los arcos monumentales de bienvenida, erigidos para instruir, persuadir y admirar, sino el carácter de discurso retórico de las descripciones que han inmortalizado tales monumentos efímeros, pues no en vano la retórica fue el sistema preceptivo comúnmente aceptado en el Siglo de Oro para componer el discurso. Cierra este bloque la aportación de Myrna Soto con "José de Ibarra y la dignificación del Arte en la Nueva España" -pp. 287 a 306-, que en cierto modo es el trabajo que más se aleja de la temática del espectáculo y de todo el libro, pues se centra en un interesante tratado de pintura novohispana, debido, con toda probabilidad, al pintor José de Ibarra, que trabaja en los últimos años del XVII y primeros del XVIII; este tratado, confeccionado según modelos italianos, que ya fue objeto de estudio por parte de esta misma autora en el 2005 (El arte Maestra. Un tratado de pintura novohispano), sólo se vincula al espectáculo barroco por el hecho de que su manuscrito fue encontrado entre los papeles del literato Cayetano de Cabrera y Quintero, que se encargaría del programa del arco triunfal con el que la catedral mexicana recibió a su obispo Juan Antonio de Vizarrón. Tomando como faro la conferencia de M.a Luisa Lobato, con la que comparten la temática "mujer y lejanía", se agrupan tres trabajos de factura femenina. El primero, de la ya mencionada Judith Farré Vidal, titula-do "Sobre loas y festines o el elogio a las virreinas en la Nueva España durante la época de Carlos II" -pp. 117 a132-, desarrolla como tesis fundamental la identidad, en sus aspectos esenciales, de las estrategias áulicas para el elogio entre reinas y virreinas, a partir de las loas y festines que las monjas de Santa Clara prepararon en 1680 para dar la bienvenida a la condesa de Paredes, esposa del virrey Tomás Antonio de la Cerda. El segundo, "La muerte de una reina lejana. Las exequias de Mariana de Austria en la Nueva España" -pp. 187 a 197-, lo firma Beatriz Mariscal, y en él se expone, a partir del texto del hermano jesuita Matías de Ezquerra, todo el universo de preparativos desarrollados en Nueva España, desde que llegó la noticia del fallecimiento de la reina madre, cinco meses más tarde de producido el óbito, hasta la celebración de las solemnes honras en la catedral, enfatizando en la premiosidad con que se hubo de proceder y en la lejanía y desconocimiento de la soberana. Y el último, "La virreina se divierte.'Loa en las Huertas' de Sor Juana a la Condesa de Paredes" -pp. 237 a 255-, de Sara Poot-Herrera, comienza evocando la Inundación Castálida de la poetisa mexicana, publicada en Madrid en 1689, obra que agrupa un conjunto de loas en los que la religiosa privilegia la presencia femenina, para, a renglón seguido, centrarse en la primera de estas composiciones, la "loa en las huertas donde fue a divertirse la Excelentísima señora Condesa de Paredes", de la que destaca como singularidades, el hecho de ser una pieza de divertimento "ordinario", pensada para "el damerío" que acompañaba a la virreina, y para desarrollarse en un escenario natural: la "huerta", que en los alrededores de la capital virreinal servía de solaz para la condesa y su séquito femenino. El último bloque lo constituyen los tres trabajos que continúan la senda abierta por la conferencia de Germán Vega y que hacen del texto teatral el común objeto de estudio. Aurelio González es autor de "Bances Candamo y la fiesta teatral: La piedra filosofal -pp. 133 a 146-, aportación en la que se aplica al análisis de esta comedia, representada en enero de 1693, con motivo del cumpleaños de la archiduquesa de Baviera M.a Antonia, madre del malogrado José Fernando de Baviera, en la que el dramaturgo se atreve a plantear el tema de la sucesión en la Corona, cuestión que ya había abordado en otras dos comedias anteriores -El esclavo en grillos de oro y Como se curan los celos-; con estas alegorías políticas, según subraya el autor, Bances Candamo se aleja de las temáticas habituales del teatro del Siglo de Oro, para convertirse en reflejo de las tensiones HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 sucesorias coetáneas y ocasión de reflexión sobre la libertad humana, a partir de mimbres cercanos como La vida es sueño de Calderón, pero también remotos, como el Conde Lucanor. Dalia Hernández Reyes, estudiosa del teatro jesuita mexicano, aporta "Comedias a lo divino: el teatro en las celebraciones religiosas novohispanas en tiempos de Carlos II" -pp. 147 a 171-, que no versa, como su título pudiera sugerir, sobre los textos de obras teatrales a lo divino, muy escasos, sino en una serie de aspectos de los que ha quedado cumplida huella en la documentación impresa y manuscrita, referente a las fiestas extraordinarias religiosas, tales como: los espacios, por lo común calles y plazas públicas, pero también, pese a las prohibiciones, recintos sagrados; los dramaturgos y las obras, a menudo piezas de encargo, representadas por aficionados y de las que no suele ser fácil determinar quién fue su autor y quién el mero responsable de su puesta en escena; y los escenarios, decorados y tramoyas, que podían ir desde el sencillo tablado ornado de telas y tapices a complicadas maquinarias escénicas, pasando por decorados con fingidas naturalezas o efímeras arquitecturas. El estudio, que se ilustra con algunas figuras, que hubieran merecido mejor impresión, concluye lanzando un reto a los especialistas: la revisión sistemática de las relaciones de festejos para, a partir de ellas, tratar de reconstruir esta modalidad teatral. La última de las contribuciones a reseñar es "Francisco de Avellaneda: entremesista y censor de comedias 'por Su Majestad' Carlos II" -pp. 307 a 324-de Héctor Urzáiz Tortajada y Genma Cienfuegos Antelo; en ella se repasan los rasgos biográficos de este clérigo "especializado" en teatro breve -entremeses, loas...-, que gozó del aprecio de la Corte, y del que los autores, como buenos conocedores de su obra dramática, destacan la zarzuela El templo de Palas, representada en 1675 para festejar el cumpleaños de Mariana de Austria, que presenta el interés de ser una de las pocas que permiten aproximarse al desarrollo de la representación tal y como se efectuó ante el monarca. Cada uno de los trabajos que componen esta estimable monografía, va avalado por una relación bibliográfica, de desigual extensión, pero siempre útil y actualizada, para profundizar en los temas básicos de la obra: la fiesta, el teatro y el poder en la época del último de los Habsburgo. Sobre ellos hay ya un buen número de estudios, aunque no son tantos los referidos al reinado de Carlos II, a los que esta obra suma fuentes revisadas, nuevas ideas y matizaciones.-M.a ISABEL VIFORCOS MARINAS, Universi dad de León. El sueño de Mariana es quizá una de las novelas más contundentesescritas en los últimos decenios-de la literatura de anticipación en Centroamérica. De estructura sencilla, con personajes complejos y de matices que superan el modelo del héroe infalible ante las peripecias de la construcción dramática, esta novela de Jorge Galán presenta una sociedad dividida y de valores inversos en el ocaso del siglo XXI, cuyo bienestar descansa en la fabricación y el consumo de placeres efímeros que acaban con los valores paradigmáticos del ser humano. La novela se sitúa en la línea de la literatura cyberpunk, corriente estética de enorme éxito en los últimos años a través de la que se retratan mundos deshumanizados y distópicos, dominados por corruptas corporaciones y en los que la extrema pobreza se da la mano con la tecnología más avanzada. En esta ocasión, Galán denuncia los grandes males de la sociedad actual a partir de una alegoría futurista. Con ello, ofrece un claro giro en una trayectoria marcada por cuatro libros que manifiestan un especial interés por el tono autobiográfico e introspectivo -El día interminable (2004), Tarde de martes (Premio Hispanoamericano de Poesía de los Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala, 2004), Breve historia del Alba (Premio Adonais, 2006) y La habitación (2007)-y que se ve completada por la publicación en 2005 de su primera obra en prosa, titulada Una primavera muy larga y galardonada con el Premio Charles Perrault de Cuento Infantil. El sueño de Mariana (2006) es la primera novela de Galán, en la cual se encuentra la «transformación» como trama maestra, urdida a través del personaje de Mariana, una joven de 19 años que vive en una de las diez regiones marginales denominadas Los Círculos y que aspira a vivir en la megaciudad Port Baar, situada, paradójicamente, en el epicentro de esos suburbios destinados a la desdicha y el sufrimiento, como si de los cercos del Infierno dantesco se tratase. Su sueño se hace realidad cuando conoce al señor Petersen, un funcionario de ClonDreams, que está convencido del éxito económico que suscitará la clonación y venta de Marianas en un mercado aburrido del exotismo, cuyos clientes encuentran un «nuevo» producto en la «antigua» muchacha tradicional que ella representa. Se trata, pues, de una novedosa revisión del mito de Pigmalión, en tanto que los personajes y la industria de ese mundo buscan afanosamen-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS te la creación de seres «a la medida» de las necesidades afectivas. Este hecho los llevará a cuestionar su condición humana, marcada por un vacío existencial que se advierte en la ausencia de recuerdos, la búsqueda de figuras paternas y la necesidad de referencias pretéritas. El relato acaba remitiendo al lector al planteamiento de los principales problemas ontológicos: saber qué somos, a dónde vamos y de dónde venimos, todo esto a través de un universo marcado por el caos y en el que no existe diferencia entre el sueño y la realidad. Esta división sólo se produce cuando los seres son «desconectados» de las máquinas con la intención de que la gente pueda vivir «en su propio mundo con sus propias reglas, romances y viajes». Como en los sueños de cada personaje, velocidad y brevedad son aspectos primarios en la estructura narrativa de esta novela organizada en capítulos breves, lo cual coincide con el carácter efímero de la contemporaneidad que permea la historia. En El sueño de Mariana, los seres desbordan los límites de la existencia tanto en la realidad como en el mundo virtual: Mariana se enamora de Maslo, un personaje creado en un sueño programado; Esteban, amigo de Mariana, quiere clonarse para verse morir; otros se flagelan o se crucifican en sus sueños para deificarse y sufrir como nuevos Mesías; Petersen quiere fabricar un sueño en el que adquiera la identidad de Luzbel para, nietzscheanamente, hablar con Dios, retarlo y hasta vencerlo. Todo es fabricado y sólo los más marginales creen en conceptos obsoletos como el amor, el alma, el arte o la poesía; así, el hombre únicamente adquiere importancia en la medida en que rechaza tales valores o, incluso, si los adquiere como artículos de placer; de otro modo, es considerado parte de los «holgazanes sin méritos que dicen de sí mismos ser una especie de magos, cuidadores de una mitología antigua y secreta». En conclusión, el sueño de Mariana de vivir en una megaciudad y salir de la asfixia de Los Círculos acaba develando una sociedad en descomposición, donde la comodidad, la mecanización, el lujo y el placer son «una fantasía que no siempre es belleza». El tono apocalíptico de la novela, que comienza con un sueño del fin del mundo, queda sintetizado en uno de los diálogos de Mariana y Petersen en el cual se explica la lógica de la sociedad futura, que obviamente denuncia los males de nuestro presente: los individuos sueñan con emigrar a las megaciudades en un sueño insano que sólo provoca frustración y fracaso final de las conciencias.-CARLOS ORDOÑEZ, Universidad de Salamanca Poco tiempo después de haber terminado el movimiento armado de 1910-1917 en México, los gobiernos posrevolucionarios emprendieron un conjunto de transformaciones en los ámbitos económicos, políticos y sociales. Los periodos presidenciales de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, representaron una etapa determinante en el proceso de institucionalización que vivió el país, ya que entonces se puso en marcha y avanzó un proyecto de industrialización y modernización política. Se decretaron distintas leyes para realizar los cambios que exigía la nación. Un aspecto muy importante fue el relativo a la concepción estatal de la integración cultural de los grupos populares en el medio rural así como el de las comunidades indígenas. El libro que comentamos, resultado de una investigación realizada en México, trata seriamente los cambios introducidos por los distintos gobiernos relativos a la instrucción educativa estatal así como su integración nacional. Desde las primeras páginas, Laura Giraudo señala la gran distancia entre el México urbano, considerado moderno y civilizado, y la nación campesina, en gran parte indígena, que muchos tachaban de primitiva y atrasada, pues opina que frecuentemente, "Esta enorme distancia hacía que a menudo se viera en la población indígena -y una parte del campesino mestizo-un mundo perteneciente al pasado y a una fase evolutiva diferente" (p. La autora no elude una cuestión complicada y difícil que se presenta en la vida de México, al igual que en otras muchas sociedades del continente americano y en distintos lugares fuera de él. Menciona además que "El reconocimiento de la existencia de mundos distintos al interior del territorio mexicano y de una realidad compleja y heterogénea condujo a diversas y a veces contradictorias tentativas de medir tal distancia, y de ellas surgieron muchas definiciones de las fronteras que separaban a indígenas, mestizos y blancos, sin que se llegara a un consenso. Intentando explicar y medir la distancia con aquella enorme parte de la población que había que educar y transformar, los intelectuales y gobernantes utilizaron a manos llenas unas categorías raciales avaladas por HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS la comunidad científica internacional e hicieron suyos selectivamente los discursos sobre la raza difundidos en los países europeos" (p. La doctora Giraudo estructura su libro a partir del estudio del significado de la "integración nacional" y hace comparaciones con zonas latinoamericanas y europeas. Analiza aspectos como la alfabetización, la educación, la "regeneración nacional" y la "raza" de donde afirma que surgen rasgos comunes y diferencias. Señala que el cambio de perspectiva de los intelectuales latinoamericanos en relación a Europa conduce a definir el contexto histórico y cultural del México posrevolucionario, asunto que plantea en el segundo Capítulo de la obra. Considera necesario analizar la política gubernamental en relación a la cuestión agraria. Sabemos que ésta era uno de los aspectos más relevantes del escenario nacional y afectaba a sectores tan cruciales como la distribución de las tierras, la legislación agraria, la irrigación, la asistencia técnica en el medio rural, el financiamiento en el campo y la educación de los campesinos e indígenas. Más adelante se ocupa de la definición de lo que denomina heterogénea población mexicana, marcando la diferenciación y la medición de sus distintos grupos. Después de analizar los criterios usados por los gobiernos en los censos, así como por los antropólogos y los educadores, estudia el empleo de las categorías de indio y mestizo en su aplicación a un caso concreto, la Casa del Estudiante Indígena, que la autora considera como un lugar de experimentos "raciales" y un laboratorio de políticas de integración. Igualmente aborda la acción de la Secretaría de Educación Pública y los medios utilizados para sobrepasar las fronteras territoriales y las fronteras lingüísticas. Trata el caso de los inspectores escolares federales, para lo cual utiliza los informes enviados al Departamento de Escuelas Rurales. En esta parte, verifica la forma en que se configuró la fundación y expansión de las escuelas rurales federales en los estados, además del papel desempeñado por los habitantes de los pueblos, de las autoridades locales y de la interacción entre los representantes federales y las comunidades en la reformulación del proyecto original de la Secretaría de Educación Pública. Finalmente aborda el papel de los maestros rurales de etnias minoritarias agrupados en la Casa del Estudiante Indígena, destacando su relevante papel de mediadores, lo que además permite a la autora reflexionar sobre el modelo de maestro que se impone en la acción concreta de la Secretaría, más allá del discurso oficial. En sus Conclusiones, la autora destaca que el análisis de las realidades locales ayuda a tener una mejor perspectiva de la problemática mexicana. La realidad mostraba a un gobierno federal que encontraba importantes obstáculos a la hora de utilizar los recursos y de firmar acuerdos, así como de anudar en espacios regionales alianzas que le permitieran presentarse como un actor legítimo en el ámbito de la problemática local. Giraudo piensa que las nuevas perspectivas que ha aportado la historiografía por medio de los estudios regionales, han ayudado a conocer mejor el poder político. "La imagen de un Estado posrevolucionario débil, que tuvo que atenerse a compromisos y negociaciones para llevar a cabo sus políticas, es por tanto, una adquisición reciente" (p. En relación a las fuentes, la autora ha realizado un amplio trabajo de consulta en distintas bibliotecas y archivos, destacando la documentación impresa reflejada en compendios estadísticos, memorias y publicaciones de la Secretaría de Educación Pública. Revisó una ingente información hemerográfica de la que destacan los periódicos: El Boletín de la SEP, El Maestro Rural, Revista Nacional de Educación, etc. También llevó a cabo una investigación directa de historia oral. El libro contiene un apartado compuesto de materiales consultados en su investigación. Resaltan entre otros: Modelos de Informes de Visita de Inspección, fichas de comunidades rurales de los estados de Puebla y Veracruz y notas biográficas sobre educadores y antropólogos mexicanos y extranjeros.-JOSÉ RIVERA CASTRO, Universidad Autónoma Metropolitana, México DF. Elda E. González Martínez y Asunción Merino Hernando: Historias de acá. Trayectoria migratoria de los argentinos en España. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Colección América, 2007, 202 pp. Argentina había sido hasta mediados del siglo XX uno de los grandes países receptores de emigrantes europeos, principalmente españoles e italianos. Ya en la década de los años setenta, la dictadura militar provocó un gran éxodo de refugiados políticos y un importante número de ellos se instaló en España y otros países europeos. Entonces, Argentina se convertirá, por primera vez en su historia, en un país emisor de emigrantes. La segunda oleada migratoria se va a producir a inicios del siglo XXI, como conse-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS cuencia de la crisis económica de finales de 2001. Este proceso migratorio reciente es el protagonista de la novedosa y rigurosa obra de las investigadoras Elda E. González y Asunción Merino. Al iniciar la investigación, las autoras se encontraron con una carencia casi total de bibliografía sobre el asunto, así como de estadísticas oficiales, por lo que se vieron obligadas a construir su propia información a través de entrevistas con los protagonistas, que fueron recogidas en las ciudades que han acogido a la mayoría de este contingente: Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca. La historia oral ha sido, pues, la principal base metodológica de este trabajo, sin despreciar otro tipo de fuentes que dan una visión más completa de este proceso migratorio: diarios argentinos, foros virtuales de argentinos en el exterior, registros de residencia y listas de empadronamiento de extranjeros en España. La obra se estructura en siete capítulos. En el primero, ambas nos describen brevemente la transición traumática de un país que había sido históricamente receptor de inmigrantes europeos durante los dos últimos siglos al convertirse súbitamente en otro del que sus jóvenes comienzan a emigrar masivamente a las tierras que décadas atrás habían abandonado sus padres y abuelos; informándonos de los contingentes a través de los registros de residentes extranjeros de los padrones municipales de España y los de residentes de ciudadanía europea, entre los que encuentra un numeroso grupo de ciudadanos italianos nacidos en Argentina. En el segundo capítulo tratan de las causas generales de este proceso migratorio, destacando el caos económico, la inseguridad ciudadana y la pérdida de esperanza de los argentinos en 2001, reflejada en la prensa y los foros virtuales de esos momentos y en los testimonios de los informantes. La elección del destino y la descripción del trayecto migratorio son los temas desarrollados minuciosamente en el tercer y cuarto capítulos. En ellos son los propios protagonistas los que cuentan las motivaciones personales de su decisión migratoria y por qué eligieron España -la mayoría por afinidades culturales y la existencia de redes sociales familiares y de amistad previas; parientes españoles o familiares y amigos argentinos que habían emigrado previamente-, así cómo los trayectos migratorios: la salida de Buenos Aires, la llegada a Barajas, la instalación en España y las redes de apoyo con que contaron estos emigrantes. El quinto y sexto capítulos describen, siempre a través del discurso de los entrevistados, la inserción laboral, la conquista de nichos ocupacionales de carácter "étnico", el proceso legal de regularización y la integración en redes sociales propias o de ámbito español o multicultural, tanto fácticas -asociacionismo-como virtuales -foros en Internet-. El último capítulo está dedicado a analizar los discursos sobre las perspectivas y planes de futuro de los emigrantes, sobre sus dudas de quedarse definitivamente en España o de retornar. Discursos en los que el trabajo, los logros económicos, la lejanía de los familiares y amigos y la nostalgia son los protagonistas principales. Como hemos apuntado anteriormente, las principales fuentes que han utilizado las autoras, ante la falta de documentación escrita, han sido las orales: 60 entrevistas recogidas durante su trabajo de campo. Sin embargo, en este caso, no han sido las "voces del pasado", como en la obra de referencia del padre de la Historia Oral,1 las que han contribuido a reconstruir una historia pasada, sino que, por el contrario, han sido los testimonios del presente los que han posibilitado la reconstrucción de un recientísimo, y aún activo, movimiento migratorio, logrando hilvanar meticulosamente el complejo trayecto migratorio de sus protagonistas e informantes: desde las motivaciones personales, la recepción de la información, la financiación del viaje y la toma de decisiones personales, "allá", hasta la instalación y la inserción laboral, pasando por el propio trayecto migratorio, la reactivación de cadenas migratorias familiares precedentes de ida y vuelta, la elección del destino, los apoyos de familiares y amigos, las estrategias de integración y la creación de redes sociales propias, "acá". En suma, esta es una obra única e imprescindible para poder entender el súbito y reciente éxodo argentino generado por la debacle económica de 2001.-JOSÉ ANTONIO VIDAL GONZÁLEZ, Colegio Miguel de Cervantes, Sao Paulo, Brasil. José Miguel López Villalba (director técnico): Acuerdos de la Real Audiencia de la Plata de los Charcas, Sucre, Corte Suprema de Justicia, Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Embajada de España, 2007, 1 CD. La obra que nos ocupa es, como puede apreciarse en la referencia bibliográfica, fruto de la cooperación de diversas instituciones públicas bolivianas y españolas. Es también resultado del esfuerzo conjunto de un grupo de paleógrafos y profesionales del Archivo Nacional de Bolivia dirigidos por José Miguel López Villalba, profesor titular del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Este trabajo incluye la transcripción del fondo documental integrado por los Acuerdos de la Real Audiencia de la Plata desde el inicio de su actividad en 1561 hasta su desaparición en el momento de la independencia de Bolivia y está constituido por 18 volúmenes con un total de 4.930 folios. Para su edición, estos fondos han sido agrupados en diez volúmenes impresos, estructura que se ha conservado también en la edición digital que ahora reseñamos. La transcripción aparece acompañada de breves documentos introductorios y de un material complementario compuesto por dieciséis mapas de la Audiencia de Charcas en la época colonial, las firmas de nueve de sus oidores escaneadas y tres planos de la ciudad de La Plata. En el contenido de los documentos transcritos se pueden diferenciar cinco subconjuntos. El grueso del material está constituido por los "acuerdos de justicia" adoptados por los oidores que abarcan los ocho primeros volúmenes, incluyendo el periodo de 1561 a 1800. El volumen noveno incluye tres conjuntos documentales, constituidos por los acuerdos relativos a asuntos relacionados con las "penas de cámara" y referidos al período 1566-1813, los testimonios de "autos acordados" de 1664 a 1826 y, el conjunto más breve, formado por "pleitos propios", fundamentalmente recusaciones de unos oidores por otros, de 1564. El último de los volúmenes, el décimo, recoge los acuerdos sobre las relaciones de "servicios y méritos" presentadas ante la Audiencia y correspondientes al periodo 1582-1693. En lo relativo a los aspectos técnico-materiales, el formato elegido para la edición digital permite una fácil instalación en el disco duro del ordenador para una consulta más cómoda y no presenta problemas ni para Windows XP ni para Windows 7. El sistema escogido para la presentación y visionado muestra, sin embargo, falta de flexibilidad, lo que resta comodidad en su manejo. Así sucede, por ejemplo, con la necesidad de consultar el texto siguiendo un paginado preestablecido, la inexistencia de opciones de edición como las de copiar o pegar o la imposibilidad de simultanear la consulta de los documentos con el uso de otras aplicaciones mediante diversas ventanas en la pantalla. En lugar de los índices de la versión impresa, está dotado de un sistema de búsqueda que genera una relación de todos los documentos en los que figura el término elegido para su posterior consulta y, en cada documento, resalta la localización de la palabra buscada; no permite búsquedas avanzadas de tipo booleano. En cuanto a las reglas de transcripción de los documentos utilizadas en este caso son sencillas y adecuadas. La edición de fuentes documentales es una vieja y útil práctica que vincula las actividades e intereses de archiveros, paleógrafos e historiadores y que ha facilitado notablemente la consulta de materiales por parte de éstos últimos. La riqueza de las distintas series documentales que componen la documentación judicial (en este caso la de las Audiencias indianas) ha llevado ya con anterioridad a la publicación de algunos de sus fondos. Los acuerdos de la Audiencia de Nuevo Reino de Granada fueron, al menos parcialmente, publicados en 1938 (Libro de acuerdos públicos y privados de la Real Audiencia de Santafé en el Nuevo Reino de Granada) y 1947 (Libro de Acuerdos de la audiencia del Nuevo Reino de Granada... La obra de la que nos ocupamos ahora desborda, sin embargo, el alcance de las referidas, y ofrece, por la variedad de los temas inclusos en las fuentes y por la amplitud del ámbito cronológico abarcado, pinceladas para un esbozo de la sociedad colonial en el territorio de Charcas, si no completo sí sugerente y dinámico en su desenvolvimiento diacrónico. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación convierten las ediciones digitales (frecuentes hoy, pero no por ello menos valiosas) en doblemente útiles al añadir a las ventajas anteriores de las ediciones impresas las facilidades que proporciona la disponibilidad de sistemas de búsqueda automáticos; también por la evidente comodidad de poder contar con la información casi en cualquier momento y en cualquier lugar, al no depender de voluminosos impresos. Su utilidad sería aún mayor si la persona interesada en la documentación pudiera, en caso de duda, acudir al documento original. Es claro, no obstante, que poner a disposición de los historiadores los documentos digitalizados supone un coste y esfuerzo adicional no siempre posible. En resumen, una obra de gran utilidad para el historiador al que permite acceder a una rica fuente documental de manera cómoda al actualizar y mejorar materialmente la tradicional edición de fuentes documentales.-JOSÉ MARÍA GARCÍA RECIO, IES Carlos Hayas, Sevilla. Miguel Luque Talaván y Marta María Manchado López (coords. y eds.): Homenaje al profesor Leoncio Cabrero Fernández. Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 2008, 2 ts. La publicación de este libro, bajo la coordinación de los profesores Luque Talaván (Universidad Complutense de Madrid) y Manchado López (Universidad de Córdoba), marca la culminación del afectuoso homenaje que buena parte de la comunidad científica filipinista ha querido brindar a uno de sus más destacados miembros: el profesor Leoncio Cabrero Fernández. Resulta prácticamente innecesario realizar un recorrido exhaustivo por la trayectoria profesional del citado profesor, de sobra conocida por todos los especialistas, para apreciar el carácter más que merecido de este reconocimiento. Baste mencionar tan sólo que ha impartido la docencia universitaria, con sincera vocación, durante más de cincuenta años; que su producción escrita supera las doscientas publicaciones, muchas de las cuales se han convertido en obras de referencia; y que su trabajo se ha visto reconocido por varios premios y distinciones, entre los que resalta el Premio Nacional de Historia compartido del año 1981. El libro que nos ocupa consta de dos volúmenes y el primero de ellos se compone de diecisiete trabajos que abordan un elenco muy heterogéneo de temas y problemáticas correspondientes a Hispanoasia en un amplio margen temporal, una pertinente introducción de los coordinadores y una semblanza biográfica del doctor Cabrero Fernández. La primera de las contribuciones corresponde a Antonio González Martínez que, partiendo del principio de herencia genética, propone una interesante aproximación a la historia biológica de algunas de las islas del Pacífico desde una doble perspectiva: la genética y en el método isonímico, es decir, el estudio de los apellidos. Este artículo se compone de dos partes. En la primera de ellas, el autor realiza un recorrido por algunos de los trabajos más relevantes de la historia de la población realizados mediante el análisis molecular. En la segunda, aborda un estudio de caso, el de los habitantes de la isla de Pascua, al que aplica el modelo isonímico para analizar la composición y los modelos de intercambio de su población. Las fuentes que han sido la base de este estudio proceden de los matrimonios consignados en el registro civil a partir de 1916. Finalmente, en este mismo apartado, el autor propone y revisa algunas hipótesis acerca de los RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS mecanismos establecidos por estas poblaciones para evitar relaciones consanguíneas. También en el campo de los estudios demográficos, Annick Tranvaux resalta el corto número de españoles que habitualmente residieron en las Filipinas durante la soberanía hispánica y se detiene a analizar el panorama del siglo XIX. De este modo propone algunas estimaciones acerca de la población total de las islas en esa centuria, de las porciones de españoles europeos, de españoles filipinos y mestizos, y de extranjeros americanos y europeos. Finalmente, refiere varios proyectos de inmigración de colonos españoles y considera algunas de las dificultades para su establecimiento. Entre los estudios dedicados al medio geográfico se encuentra, en primer lugar, el trabajo de Francisco Javier Antón Burgos, que expone una visión crítica y dinámica de las fronteras de Asia, haciendo especial hincapié en la dificultad de establecer definiciones homogéneas a raíz de los múltiples criterios de regionalización, tanto generales como parciales, aplicables y aplicados al territorio asiático. En segundo lugar, Francisco Rubio Durán desarrolla un modelo ejemplar de análisis climático en perspectiva histórica. Su artículo parte del estudio del Galeón de Manila como un medio de obtener datos con los que analizar la variabilidad climática en el Pacífico durante los siglos XVII y XVIII. Tras un trabajo muy riguroso y original, Rubio Durán confeccionó una serie documental larga y homogénea de la duración anual de la travesía del Galeón, en la dirección Acapulco-Manila, mediante la aplicación de unos procedimientos que permitieron reducir errores, imprecisiones y lagunas en las fuentes. Esta serie, analizada desde la perspectiva de un modelo virtual de travesías, que el autor realizó para la segunda mitad del siglo XX con datos climáticos procedentes del Nacional Center for Enviromental Prediction, "ha podido poner en evidencia la existencia de profundos cambios en la circulación atmosférica del Pacífico Occidental durante el siglo XVII". Continuando con su línea de trabajo sobre las problemáticas derivadas de los primeros encuentros entre marineros ibéricos y las sociedades que habitaban el Pacífico sudoccidental durante los siglos XVI y XVII, Carlos Mondragón Pérez-Grovas realiza unas reflexiones historiográficas que tienen como objetivo la incorporación de perspectivas indígenas en la reconstrucción histórica de Oceanía. Como puntualiza este autor, el tema de fondo consiste en que "la incorporación (o incluso el rescate) de voces indígenas forzosamente supone violentar modos de experiencia y transmisión que no necesariamente coincidentes con los métodos y conceptos de la historia académica contemporánea". Por su parte, Antonio García-Abásolo González realiza un acercamiento al mundo chino del imperio español, entre 1570 y 1755, centrándose en la presencia y el movimiento de los chinos en Filipinas y en las relaciones entre éstos, los nativos y los españoles. Tras un apartado en el que se establece el marco general en que se produjeron estas relaciones, signadas por "fases de acercamiento y distanciamiento en el desarrollo de un modelo de convivencia que siempre pervivió", el autor presenta algunas estimaciones y series de datos de diversa naturaleza y fiabilidad, referidas al número de chinos residentes en Filipinas y a su movilidad. De este conjunto documental destacan especialmente los detallados datos seriados del movimiento marítimo chino en los puertos de Manila y Cavite, recopilados para el periodo comprendido entre los años 1718 y 1757. Adentrándose en un episodio particular de la relación entre los chinos y los españoles en las Filipinas, Marta María Manchado López analiza el violento alzamiento chino del año 1603. Tomando como punto referencial el carácter ambiguo y sumamente complejo de estos vínculos, compuestos por intereses concurrentes pero también por sentimientos de desconfianza y recelo, este artículo hace un repaso de las circunstancias que antecedieron al levantamiento de los sangleyes, describe de qué manera se reacomodaron las fuerzas tras la sublevación y, finalmente, concluye con una explicación de las razones del alzamiento. Continuando en el terreno de la resistencia contra el poder hispánico en Filipinas, Fernando Palanco Aguado realiza un recorrido por los principales episodios de revueltas indígenas del siglo XVIII. Como puntualiza el autor, estos movimientos tuvieron características muy diversas en virtud de su extensión geográfica, de sus motivaciones o de su desenvolvimiento. Así, que sea posible encontrar episodios informados por el ritualismo del pasado, vinculados al bandolerismo, asociados al fortalecimiento de la presencia de las órdenes religiosas o a las aspiraciones de potencias extranjeras, que se oponían tanto al gobierno civil como al eclesiástico. Ya en un terreno más particular, Francisco Mellén Blanco realiza un riguroso estudio genealógico de Isabel de Barreto, esposa del almirante Álvaro de Mendaña, que participó, junto con su marido, en la segunda expedición que buscaba las islas Salomón. Recurriendo a una documentación variada procedente del Archivo General de Indias, el Archivo Histórico Nacional y la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos -recogida en buena medida en un anexo-, Mellén Blanco se aboca a identificar claramente las filiaciones genealógicas de doña Isabel y se esmera en señalar e impugnar los errores y las imprecisiones cometidas por varios autores que estudiaron el linaje Barreto. Entre los estudios que analizan trayectorias individuales hay que resaltar el trabajo de Raquel Barceló Quintal, centrado en la figura de Manuel Antonio Rojo del Río Lubían y Vieyra, arzobispo de Manila y gobernador de Filipinas entre los años 1759 y 1764. Tras una breve reseña biográfica, la autora estudia la experiencia de este sacerdote, ocurrida en medio de importantes conflictos de poder, que se caracterizó por la realización de una visita pastoral a la archidiócesis y, fundamentalmente, por la invasión inglesa ocurrida durante la Guerra de los Siete Años. En esta misma línea, Francisco Jiménez Abollado analiza las conflictivas relaciones que el padre franciscano fray Joseph Torrubia mantuvo con la Provincia Franciscana de San Gregorio de Filipinas entre 1733 y 1749. Durante esos años, Torrubia, designado para asistir al capítulo general de la orden en España y embarcado en la coordinación de un importante proyecto misionero, tuvo que soportar una seria oposición, planteada desde dicha Provincia en la que había servido, de la que finalmente pudo salir airoso. Asimismo, Miguel Luque Talaván realiza una aproximación a la política exterior del sudeste asiático, promediando el siglo XIX, a través de la actividad del primer representante oficial de la Corona española ante el Celeste Imperio, Sinibaldo de Mas y de Sanz. En el contexto de las profundas transformaciones en el espacio continental e insular asiático ocurridas durante estos años, Mas y de Sanz procuró proteger y fomentar el desarrollo de las posesiones españolas, destacándose singularmente sus esfuerzos por alcanzar un tratado Hispano-Chino. Finalmente, María Teresa Muñoz Serrulla resalta dos aspectos centrales de la vida de Jacobo Zobel y Zangróniz, una de las principales personalidades filipinas de la segunda mitad del siglo XIX. En primer lugar, realiza un repaso por ciertos aspectos biográficos y científicos de Zobel, para luego adentrarse en la fase inicial de su actividad política. En este aspecto, este trabajo describe los primeros pasos de Zobel en los movimientos independentistas de Filipinas, que comenzaron con su participación en la sublevación de Cavite de enero de 1872 y acabaron con un proceso judicial, descrito en líneas generales, y con su regreso transitorio a Europa. Las problemáticas económicas están representadas por los escritos de Carmen Yuste y de María Fernanda García de los Arcos. En el primero de ellos, la autora precisa algunas de las características principales del comercio transpacífico, concentrándose en el Galeón de Manila. En este sentido, Yuste describe las singularidades de la travesía transpacífica, la regulación real del tráfico mercantil, así como la disposición, la composición y las prácticas del comercio, para acabar refiriendo los mecanismos implementados por los grandes mercaderes novohispanos para controlar todo el circuito de intercambios. En el texto de García de los Arcos, en cambio, se analiza la situación de los diversos sectores de la economía de Filipinas durante el XVIII que, en términos generales, no participó de igual modo de la expansión que experimentaron Europa y América en esa misma centuria. Según esta autora, dicha economía presentó durante este periodo una censura bastante clara que introdujo ciertas reformas moderadas durante los últimos veinte años de un siglo que, hasta ese momento, se había caracterizado por la continuidad. Ella recalca que estas variantes no supusieron una mejora importante en el nivel de vida de los habitantes de Filipinas, aunque precisa que "prepararon de manera muy incisiva el camino a una diferente relación de España con sus más lejana posesión, al establecerse relaciones más directas, aumentar los nexos del clientelismo comercial, los mecanismos de control estatal y las posibilidades de independencia del situado". Desde una visión más genérica, Roberto Blanco Andrés contribuye con una cronología comentada de Filipinas durante el siglo XVIII, elaborada a partir de una intensiva recopilación bibliográfica, que representa un útil instrumento para la investigación. Finalmente, este primer volumen se completa con una segunda contribución de Antonio García-Abásolo que profundiza en "Algunas formas de comportamiento social que aparecen como características de Filipinas en la época española". El autor enuncia un conjunto de elementos que habrían hecho de Manila "una pequeña comunidad claustrofóbica y psicológicamente acosada" y que manifestaba de un modo peculiar los enconamientos en las relaciones personales. Partiendo de esta idea, García-Abásolo estudia casos particulares que resaltan la dramatización de lo doméstico, la proyección pública de los comportamientos secretos y las formas del disimulo social como prácticas concretas de un modo específico de entender las relaciones entre lo público y lo privado. El segundo volumen de la obra, en cambio, posee unas características muy distintas, ya que está dedicado a la reedición de algunas obras más relevantes del profesor Cabrero Fernández, aunque también incorpora un texto inédito sobre el Galeón de Manila. De este modo se completa este Océano de intercambios, que constituye no sólo un significativo aporte a los estudios sobre Hispanoasia, sino también un justo reconocimiento a quien acuñó y dotó de sentido a este concepto.-ARRIGO AMADORI, Universidad Complutense de Madrid. M.a Isabel Marín Tello: Delitos, pecados y castigos. Justicia Penal y Orden Social en Michoacán 1750-1810, México, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Secretaría de Difusión Cultural y Extensión Universitaria, 2008, 335 pp., mapas, gráficas y bibliografía. Estamos ante un libro que es el resultado de años de investigación, tanto sobre fuentes documentales y bibliográficas españolas como mexicanas. Su temática se vincula al estudio de la administración de la justicia en su generalidad, y en concreto de la penal, pero no puede separarse de los aspectos regionales y locales de la provincia de Michoacán, como área en la que se produjeron esos problemas sociales y morales llevados ante las autoridades judiciales de Valladolid (actual Morelia de Juárez). Por eso, aunque se abra esta obra con un capítulo I dedicado a "Michoacán y el sistema penal español del siglo XVIII", es coherente su división en dos partes, con el fin de deslindar en la primera lo referente al Estado metropolitano partiendo de las características -tanto específicas como generales-de los espacios rural y urbano, para analizar posteriormente los pasos judiciales desde sus inicios: denuncia, justicia ordinaria, proceso penal hasta la sentencia y, como final, las penas, en las que el tormento ocupa un papel polémico en el siglo XVIII, bien estudiado en el capítulo III. Como explica la autora, la denominada "prueba del tormento" se vinculaba al criterio del juez y sólo se aplicaba en el caso de delitos que llevaran unida pena de muerte o pena corporal, ya que en lo demás no podía sentenciarse porque significaba un aumento con respecto a lo incluido en la decisión final del magistrado. De ahí que el tema de la tortura se convirtie-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS ra en Europa en uno de los más discutidos y, desde reyes y ministros hasta juristas, a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII se fueran elaborando órdenes, prohibiciones, escritos y análisis diversos entre los que destacaron autores como Voltaire, el conocido Cesare Beccaria (que escribió De los delitos y las penas) y, ya en España, Manuel de Lardizábal, Juan Pablo Forner, Gaspar Melchor de Jovellanos, Juan Meléndez Valdés y Alonso María de Acevedo, entre otros. Para ellos, la tortura no era una forma de castigo, pese a su crueldad, sino básicamente un instrumento para forzar a la confesión del reo. El momento clave, vinculado al final del Antiguo Régimen, fue la inclusión del último párrafo de la obra de Beccaria en las Constituciones francesas de 1789 y 1793 y para España, sería el artículo 133 de la Constitución de Bayona el que acabaría con la tortura, ratificándose más tarde en las Cortes y Constitución de Cádiz y por el propio Fernando VII en 1814. Ya en la segunda parte, la población de Michoacán es la protagonista, enfrentada a una administración colonial que, en la segunda mitad del XVIII, ante una perspectiva de cambios con los Borbones y las nuevas autoridades judiciales, encuentra limitaciones en la imprecisión y superposición de jurisdicciones. Pero lo cierto es que ese cambio fue llegando lentamente a la sociedad michoacana, que tenía valores básicos como la seguridad personal y la de sus bienes, y mantenía su preocupación por temas ya tradicionales como la honra, el honor y el buen nombre. Por eso el título de la obra de Beccaria que se da al último capítulo resulta del mayor interés para desarrollar un enfoque conjunto del delito como pecado, junto a su conexión con las penas y los castigos. Al ir desgranando las causas sacadas de los archivos judiciales michoacanos, Isabel Marín humaniza la actividad de los diversos empleados, desde el juez hasta los guardias y otros menores en importancia, junto a la variedad de hombres y mujeres juzgados, que se refleja en las penas, distintas según las razas y el género, además del grupo socio-económico. Con esos distintos enfoques, el libro en su conjunto es una aportación valiosa al estudio del sistema de valores en tiempos de cambios, de las trasgresiones de una legalidad todavía inserta en el Antiguo Régimen y de una población vinculada al centro-oeste mexicano de raíces hispánicas pero ya con características regionales propias.-MARÍA JUSTINA SARABIA VIEJO, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC. Laura E. Matthew y Michel R. Oudijk (eds.): Indian Conquistadors: Leer a mi manera, capítulo por capítulo, caso por caso, este acertado conjunto de textos revisionistas, me hizo recordar el epígrafe que Karen Spalding escogió para la segunda parte del título de su clásico estudio sobre Huarochirí, hábil análisis (como indica ese subtítulo) de "una sociedad andina bajo el dominio español e inca". Spalding enfatiza algunas líneas de un poema de Bertolt Brecht, "Interrogantes de un trabajador que lee historia", que rezan: ¿Quién construyó las siete puertas de Tebas? Los libros llevan los nombres de reyes. ¿Fueron los reyes quienes acarrearon los ásperos bloques de piedra? El joven Alejandro conquistó India. César derrotó a los galos. ¿No había siquiera un cocinero en su ejército? Lloró Felipe II cuando su Armada Invencible fue hundida y destruida. ¿Acaso no hubo otras lágrimas? Cada página una victoria. ¿A cuenta de quién el baile de la victoria? Tanto los editores como ellos y los restantes autores de los capítulos de Indian Conquistadors plantean los interrogantes de Brecht en amplios contextos mesoamericanos, elaborando una tesis para reconfigurar por completo, si no echar por tierra, la forma de pensar establecida. De este ejercicio, sin duda alguna, surgen avances académicos, así como una reflexión historiográfica radical. El resultado es ubicar una variedad de protagonistas indígenas, no solamente españoles notables, en el corazón de los hechos. El conquistador emblemático de Procol Harum 1 queda relegado entre bastidores; mientras al centro del drama van aquéllos a quienes Eric Wolf 2 denomina "gente sin historia", con resonancias "del mundo al revés" estilo Eduardo Galeano. 3 Si bien el volumen se inicia con un esquema de Susan Schroeder sobre lo que ella denomina "el género de los estudios de conquista" (p. 5), la discusión de Michel R. Oudijk y Matthew Restall sirve para un propósito introductorio mejor fundamentado. Inspirados por la lectura de "fuentes recién publicadas" (p. 56), Oudijk y Restall identifican no sólo un grupo de protagonistas sino también "cuatro categorías de análisis" en forma de 1) "cantidad de 'indios amistosos'" y 2) "aliados indios", que complementaban 3) la "participación no militar" de los espías, intérpretes, tamemes y cocineros, y 4) continuidades "de prácticas y patrones precoloniales" en asuntos relacionados con el comercio y afiliación política (p. Aseguran que "hay otra historia que contar, la cual podremos a veces relatar con mucho detalle". Florine G. L. Asselbergs es la primera en condescender, enfocando su capítulo en "tres documentos pictóricos de México y Guatemala que narran las historias indígenas de conquista bajo la bandera española" (p. Dos de las fuentes que esta autora analiza se relacionan con las hazañas de los nativos de Tlaxcala, la ciudad-estado de México cuyo apoyo a Cortés resultó decisivo para la dominación española. Mientras el Lienzo de Analco se concentra en la participación de los tlaxcaltecas en la conquista de Villa Alta en Oaxaca, el Lienzo de Tlaxcala documenta una participación más generalizada: una versión de esta famosa fuente, ahora parte de los acervos de la Universidad de Glasgow, "guía al lector a través de las batallas en lugares lejanos como la actual Nicaragua" (p. La tercera fuente que examina Asselbergs es el menos conocido Lienzo de Quauhquechollan, el cual representa "la alianza entre los españoles y los quauhquecholtecas en 1520" antes de describir "la campaña de conquista de 1527-1530 a Guatemala" bajo el liderazgo de Jorge de Alvarado. Al igual que los tlaxcaltecas, algunos quauhquecholtecas decidieron quedarse en Guatemala al terminar su servicio militar, constituyendo de esta manera "ejemplos de una serie de colonias satélites fundadas por conquistadores del México central en toda Mesoamérica" (p. Las decisiones de ponerse al lado de los españoles durante las primeras agonías de la conquista conllevaban implicaciones más allá del momento y el lugar donde se originó la confabulación. Le sigue el capítulo de Laura E. Matthew. "¿La conquista de quién?", cuestiona la editora. Su respuesta se basa en la contemplación "del grado de participación nahua, zapoteca y mixteca en la conquista de Centroamérica", llegando incluso a preguntarse "si acaso la consideraron, contemporáneamente o en retrospectiva, como una conquista española". Matthew sitúa "a los nahuas y a otros grupos no mayas en el primer plano de los hechos en vez de tratarlos como un coro de segundo plano" (p. Una fuente importante del Archivo General de Indias de Sevilla -los documentos del legajo Justicia, 291-proporciona a Matthew una mezcla de voces alternativas, lo que indica que "estos conquistadores indígenas tenían metas, métodos y experiencias más bien diferentes de los que los cronistas españoles posteriormente les atribuyen" (p. Después de las revelaciones de esta autora, Robinson A. Herrera nos informa sobre el papel que desempeñaron las mujeres en moldear el curso y resultado de la conquista, especialmente las situaciones en que la nobleza femenina se involucró en "uniones íntimas" como "concubinas y esposas" (p. 127) en Guatemala durante el siglo XVI. Ida Altman traslada el enfoque espacial al norte, a Nueva Galicia, para su relato de la "conquista, coerción y colaboración" en estas regiones problemáticas. El Noroeste de México es también el escenario de la investigación de Bret Blosser acerca del servicio de los flecheros como milicia asimilada en la frontera de Colotlán. Así, Altman indica que "grandes ejércitos de supuestos 'indios amigos' reclutados en el México central y Michoacán" fueron destacados para pelear "dos guerras de conquista" en "poco más de una década". Los conscriptos para la primera campaña, tanto voluntarios como forzados, estaban sujetos a las "tácticas de mano dura" de Nuño de Guzmán, cuyo saqueo de Nueva Galicia desencadenó un levantamiento conocido como la Guerra del Mixtón (1540-1542), que acabó con la vida de Pedro de Alvarado, uno de los conquistadores más rapaces. El español encargado de aplastar la rebelión, lo que de hecho ocasionó la segunda campaña, fue el primer virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza, "quien hizo uso de mayor diplomacia en su trato hacia los aliados indígenas". Altman manifiesta que "en ambas campañas es posible identificar ciertos objetivos y acciones de los 'indios amigos' que eran por lo menos parcialmente distintos de aquellos de los españoles" (p. Blosser, por su parte, observa que, a partir de finales del siglo XVI, la "influencia política que otorgaba la notable capacidad militar de las poblaciones indígenas" (p. 305) les concedía la oportunidad "de asegurarse extensas parcelas de tierra, de defender las tierras comunales de la invasión de los colonizadores españoles y, por lo menos en una ocasión, de influir en la destitución y nombramiento de funcionarios españoles" (p. El capítulo de Blosser es, quizás, el más novedoso de la colección. En "Aliados olvidados", John F. Chuchiak IV pone de relieve la participación fundamental de "los auxiliares nativos mesoamericanos y los indios conquistadores" (p. 177) en Yucatán durante el segundo cuarto del siglo XVI. Critica a cuatro eminentes investigadores del Yucatán colonial -Cristina García Bernal, Nancy Farriss, Grant Jones y Robert Matchpor su fallo al no "dedicar más que unos pocos párrafos superficiales" al asunto. "Puedo decir con toda franqueza", testificó el capitán Francisco de Bracamonte en 1572, "que sin [aquellos aliados olvidados] nunca hubiéramos conquistado estas tierras" (p. Chuchiak basa su argumento en testimonios como el de Bracamonte no sólo para poner las cosas en su lugar, sino también para señalar que "los abusos cometidos contra [los auxiliares nativos] condujeron al cambio de las políticas de la Corona relacionadas con el sistema de encomienda, mano de obra indígena y servicios personales" (p. La forma en que Chuchiak enfoca las vicisitudes de la conquista en Yucatán y Blosser las de la frontera de Colotlán también se aplica a cómo Yanna Yannakasis describe el proceder y los logros de los "indios conquistadores" (p. De manera similar a la forma en que Asselbergs maneja las fuentes, Stephanie Wood investiga el Mapa de Cuauhtlanzinco, "una serie de pinturas en acuarela con breves textos en náhuatl" que rinden homenaje a "cuatro caciques locales que ayudaron e incluso lideraron batallas locales de conquista" (p. Las virtudes de Cuauhtlanzinco, una pequeña comunidad en la parroquia de Cholula cerca de Tlaxcala, son elogiadas en una fuente que "enfoca toda su atención en sus líderes locales" al "[m]inimizar el papel de los españoles y, de hecho, suprimir en gran medida la presencia de cualquier posible tlaxcalteca rival en el entorno local" (p. La contribución de Wood está agradablemente ilustrada con 25 figuras, una extravagancia visual incluso en blanco y gris. Queda en manos de los editores Matthew y Oudijk resumir los procedimientos, lo cual hacen al reiterar que "la conquista de Mesoamérica pudo suceder y sucedió debido a la continuación de los patrones prehispánicos y la abrumadora presencia y participación de los pueblos indígenas mismos". Sostienen que los relatos nativos no se ocupan "de traidores, de quejas ni de gente que siente lástima de sí misma", sino más bien "de gente que cree en el proceso en el cual se ha involucrado", aunque el drama termine en "desilusión" y "gran sufrimiento" (pp. 318-319). En esta coyuntura es cuando uno percibe el persistente entendimiento de que, aunque pelearon al lado del vencedor en más de una batalla, los pueblos nativos no surgieron como victoriosos tras la gran guerra de conquista, la cual aún continúa en partes de Mesoamérica, sobre todo en Guatemala, donde las condiciones coloniales, no postcoloniales, siguen siendo la causa de la desgracia de la supervivencia indígena. Matthew, Oudijk y sus colegas reconocen que los interrogantes de Brecht son retóricos. El baile de la victoria se perpetúa, en toda Mesoamérica, a un costo elevado para los pueblos nativos. Con esta adición importante a su destacada lista de títulos, Indian Conquistadors demuestra que la University of Oklahoma Press está a la vanguardia de las publicaciones en el campo de la etnohistoria. Sin embargo, la omisión de un índice analítico, parte vital de cualquier estructura conceptual académica, me parece sumamente curiosa. Quizá este descuido pueda rectificarse si esta importante obra colectiva se publica en una edición de pasta blanda en el futuro.-W. GEORGE LOVELL, Queen's University, Canadá. Rafael Menjívar Ochoa: Trece, Guatemala, F&G Editores, 2008, 201 pp. El escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa ha forjado una voz tan singular como representativa de su contexto generacional y latinoamericano. Su novela Trece llega a nosotros a través de la editorial guatemalteca F&G. A esta edición, aparecida en febrero de 2008, deben sumarse las impresas en México (2003) y Francia (2006). El número de mal agüero, ligado en el imaginario colectivo a la fatalidad y el misterio, permite al escritor estructurar obsesiones ya características de su quehacer literario. Estas líneas pretenden subrayar la solidez y calidad del texto. Es cierto que Menjívar retoma tópicos bien conocidos en la historia literaria: dolor de ser, capacidad opresora del engranaje social, hastío como única constante existencial y presencia insoslayable de la muerte. No obstante, logra conferir originalidad a temas y personajes mediante una estructura eficaz y bien apuntalada por su camaleónico discurso. Para empezar, el texto relata un descenso a los infiernos, manejando los principios de plazo y cuenta atrás desde perspectivas que cuestionan los referentes épicos del modelo. El trece, número de alto contenido simbólico pero, en apariencia, elegido al azar, establece límites a la angustia del protagonista: pasado este número de días, pondrá fin a su existencia, asumida como mera antesala de la muerte. El plazo funciona en dos direcciones distintas. En tanto principio regresivo, posee la paradójica capacidad de otor-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS gar sentido y esperanza, permitiendo reinterpretar el comportamiento suicida. La muerte es, sin necesidad de finalidad o motivo. Frente a tal ironía, el individuo cuenta con escasas posibilidades de rebelión, siendo el suicidio premeditado la más eficaz. De este modo, se sitúa un horizonte esperanzador en la nada, pues, llegado a la meta, el héroe no constituirá modelo de vida, sino de muerte. Pero el plazo posee también valor progresivo, pues intensifica la necesidad de interiorización. La realidad circundante pierde consistencia conforme se agotan las perspectivas de vida, por lo que el personaje recurre a la escritura para sumergirse en sus obsesiones y recuerdos. El tiempo adquiere protagonismo fundamental, desplegándose en todas direcciones: mientras el presente resulta cada vez más insignificante, fragmentos de memoria estimulan alucinadas especulaciones sobre la inminente experiencia del fin. El recurso a lo onírico permite investigar los límites entre realidad y ficción, favoreciendo un desenlace circular y anticlimático. El último capítulo, encabezado por el número II, transgrede el sentido progresivo para instaurar un nuevo plazo. Ello elimina toda certeza respecto a los motivos e intenciones del protagonista: tal vez estemos ante un individuo funcional que compensa su angustia fantaseando por escrito con muertes autoinfligidas. También resulta fundamental el recurso al diario, que reinterpreta en tono paródico la tradicional nota de suicidio. Este modelo nos obliga a aceptar sin reserva la peculiar perspectiva de un individuo que ejerce absoluto control sobre su universo narrativo. La escritura constituye ejercicio paradójico y polivalente: funciona como armazón aislante frente a una realidad que, en cualquier momento, podría renovar las ansias vitales, pero también dibuja un último y desesperado esfuerzo por comunicarse. En este sentido, el acto escritural adquiere permanencia al actualizarse en cada lectura, por lo que se especula con la posibilidad de transformar el plazo en eternidad. Por último, el diario se presenta como género híbrido, permitiendo combinar variados formatos: anécdotas, recuerdos, reflexiones, fantasías y sueños discurren en libertad, sin acatar criterios cronológicos o estructurales. En este contexto, desempeña un papel destacado la reflexión sobre la misma escritura, pues el modelo apuntes personales elimina toda presión pública, liberando los andamiajes del texto. Por eso se concede gran importancia al paréntesis, intersticio que permite cuestionar y desmitificar el discurso. El protagonista evoca un arquetipo con destacados precedentes en la literatura moderna: el antihéroe asfixiado por la normalidad cotidiana que fantasea con la oportunidad de ser mediante un acto puro. Su omnipresente y densa subjetividad se despliega en diferentes planos. En primer lugar, están las anécdotas cotidianas narradas en el diario, de cuya veracidad no recibimos constancia alguna. Ello contribuye a rebajar la noción de presente, mero tránsito a la muerte que, a su vez, constituye certeza o despertar. Por otra parte, desempeñan un papel fundamental los ejercicios de memoria, casi siempre orientados a la recuperación de pequeñas historias que ahora se revelan fundamentales, pues, gracias a ellas, el protagonista constata su existencia como fracaso y agotamiento de toda esperanza. En tercer lugar, debemos prestar atención a las divagaciones teóricas en torno al tiempo, la muerte y el heroísmo que revelan el absurdo inherente a toda búsqueda de sentido, presentando el viaje suicida como fin en sí mismo. Las constantes temáticas pueden conectarse con las obras presentadas como favoritas en el blog personal del autor. 1 Menjívar menciona allí El extranjero de Camus, modelo de escepticismo nihilista. También encontramos El idiota de Dostoyevski, cuyo protagonista comparte ciertos rasgos con el de Trece, un marginado solitario que confunde amor con compasión. Por último, figura Macbeth, texto clásico sobre los límites entre el ser y la nada, donde desempeñan un papel fundamental los principios de locura y resentimiento en tanto motores existenciales. También conviene señalar la presencia de ciertos elementos fantásticos en la escritura de Menjívar. Destacan la imagen del cuerpo como cárcel y las constantes alusiones al espejo, instrumento de tortura o puente que da acceso a la realidad-otra. Así mismo, existe una constante exploración de los límites entre realidad y ficción que suspende el pacto de verosimilitud y permite redefinir el sueño como elaboración consciente y solución compensatoria a la cotidianeidad. Por último, se concede importancia fundamental a la palabra en tanto índice de alteridades: ello permite insertar elementos poemáticos que desafían la lógica comunicativa y temporal. En definitiva, Menjívar nos ofrece un texto de gran riqueza y complejidad. Solidez estilística y coherencia estructural permiten desplegar en breve espacio las densas ramificaciones de este universo fronterizo que se agita entre razón y locura. Aunque los escritores actuales suelen rechazar toda categorización, resulta oportuno recordar aquí la llamada "Generación del Desencanto". Como los también salvadoreños Miguel Huezo Mixco y Horacio Castellanos Moya, Menjívar rastrea las huellas de la barbarie en terrenos intersticiales cargados de violencia y cinismo: su relectura de las medievales artes de morir constituye magnífico ejemplo de esa capacidad generacional para la transgresión y el humor negro.-CRISTINA PÉREZ MÚGICA, Universidad de Salamanca. Presentación de Julián B. Ruiz Rivera, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universidad de Sevilla-Diputación Provincial de Sevilla, 2007, 450 pp., mapas. En la periferia meridional indiana, el archipiélago de Chiloé mereció el nombre de "Jardín de la Iglesia" por los grandes méritos espirituales que allí consiguió la Compañía de Jesús desde 1609, en que iniciaron su labor, hasta 1767, año del extrañamiento. No dejan de llamar la atención los éxitos misionales en aquellos extremos, en contraste con la Araucanía, donde sólo hubo fracasos y mártires, como también los hubo en Nahuelhuapi. En Chiloé, en cambio, únicamente copiosos frutos. El pueblo veliche de las islas fue hospitalario con los padres, de buen natural y disposición para convertirse hasta llegar a ser un ejemplo de cristiandad y, en verdad, la "última cristiandad" como se llamó a una de las misiones: Cailín. El archipiélago chilote lo conforman la isla grande de Chiloé y un centenar de islas menores de las cuales 26 estaban pobladas en el siglo XVIII. Durante esa centuria había unos 10.000 naturales veliches, payos y chonos, administrados todos por la Compañía desde el colegio situado en la ciudad de Castro. En su mejor momento hubo 14 jesuitas para la atención de la población india veliche, la misión de San Felipe de Guar desde 1718, la de Chonchi para los payos, desde 1764, y la de Cailín para la atención de chonos y caucahués desde esa misma fecha. Este archipiélago era, además, la última tierra poblada de españoles, situada entre los 42 y 43 grados sur, a 120 leguas de distancia de Concepción, la ciudad más próxima de Chile, en cuyo intermedio se extendía el "Estado de Arauco" desde el gran alzamiento de 1598. Chiloé era por entonces un mundo residual poblado por unos 12.000 españoles y mestizos RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS en 1767, de los cuales 50 eran encomenderos. Coexistieron aquí encomienda y misión, y coexistieron también misioneros y gobernadores políticomilitares, con intereses distintos. Este es el tema que aborda Moreno Jeria, en su obra titulada Misiones en Chile Austral: los jesuitas en Chiloé 1608-1768, una hermosa edición que se condice con la calidad de su contenido. El autor comienza con reflexiones sobre la Compañía de Jesús y la misión, los votos y el celo misionero, así como las experiencias misionales jesuitas alcanzadas en América, desde la Florida hasta Chile, entre 1566 y 1607, donde se incluye una "visión metodológica jesuítica hasta la misión de Chiloé". El autor relaciona la fundación de las misiones de Paraguay con la de Chiloé y es la primera novedad que trae este interesante libro, porque el padre Diego de Torres Bollo, que redactó las instrucciones para las misiones entre los guaraníes, en 1608, las pensó también para los veliches de Chiloé, aunque adaptándolas a las circunstancias del archipiélago. Nacieron simultáneamente pero su desarrollo y fisonomía final fueron distintas. En Chiloé todavía se ven esos frutos y se viven con el mismo fervor de antaño los días del santo patrono de cada pueblo. El tema central es, pues, "La misión en el fin del mundo, entre huilliches y españoles", donde Moreno presenta el escenario geográfico particular de Chiloé y en especial su población indígena, las primeras impresiones de los padres que llegaron en 1608 para fundar una misión experimental y su desarrollo posterior hasta la creación formal. Esta parte del libro permite conocer lo que Moreno Jeria llama "modelo jesuítico de Chiloé", cuyo centro es el colegio de la Compañía en la ciudad de Castro, cabecera espiritual de los pueblos del archipiélago, que con los padres pasaron a llamarse capillas desde que se levantaron los originales templos u oratorios que hoy se ven, y son patrimonio de la humanidad. Las distancias, el clima, la población, las residencias, la navegación en "dalcas", los indios pilotos, etc., explican el interesante sistema misional volante o correría anual por todas las capillas, que la historiografía ha valorado últimamente como "misión circular". En cada pueblo los jesuitas diseñaron un sistema laical para conservar a la población en la fe. Se nombraron fiscales indios, uno por cada pueblo, con la función de reemplazar al misionero en ausencia de este y actuar como tal en casos de urgencia: bautizos, entierros, así como enseñar la doctrina a los niños, que era su tarea habitual. Se nombraron también "patrones". Estos tenían a su cargo la conservación y decoración de las capillas (patrón, vicepatrón, patrona y vicepatrona) y el cuidado de las imágenes sacras masculinas y femeninas. No olvida el autor hacer referencia sobre la misión entre los chonos, la imposibilidad de los padres de mantenerse en esas islas más allá del golfo de Corcovado y la decisión de fundar con ellos una misión en Chiloé reduciéndolos en 1710 en la isla Guar, más tarde en Chequián y finalmente en Cailín, junto a los caucahués, en 1764. Tampoco olvida tratar Moreno Jeria la frustrada experiencia jesuita en Nahuelhuapi en tiempos de poyas y puelches. Estos indígenas de cultura más "bárbara" no tenían el buen natural de los chilotes. Temieron a los padres y al ritual cristiano al creer que les causaría daños y por este temor actuaron en contra. Todos los religiosos que desde 1670 estuvieron a cargo de la misión de Nuestra Señora de Nahuelhuapi perecieron a manos de los indios y la misión fue abandonada para siempre en 1717. Una de las contribuciones que más apreciamos en este libro es el tema de los "protagonistas de las misión". Moreno afronta con mucha competencia la pregunta: ¿Qué es ser misionero en Chiloé? Su respuesta no deja nada en el aire: reclutamiento, nacionalidad, edad, años de servicio, perseverancia, etc. Aquí se descubre al hombre en su espiritualidad como hijo de Dios y como instrumento divino frente al nuevo súbdito. El resultado es un notable ejemplo de por qué fue Chiloé una misión tan estable y con tantos frutos que la institución de los fiscales permanece incólume hasta nuestros días. El autor recoge aquí el elenco más completo que se conoce de jesuitas que trabajaron durante 125 años en las islas, hasta el extrañamiento. Misión muy exitosa en cuanto conquistadora de almas, pero materialmente muy pobre. ¿Cómo se financiaba tanto esfuerzo y cómo se enfrentaban a tantas necesidades? Moreno estudia el tema, tal vez el más difícil de abordar, porque las fuentes son escasas, dispersas y fragmentarias. Los únicos ingresos eran los sínodos que daba el rey con cargo a las arcas fiscales de Lima. A esto se agregan algunas propiedades territoriales que la Compañía obtuvo por donaciones pías de vecinos de Chiloé, en las que cultivaban la tierra y mantenían algún ganado valiéndose de los indios de servicio. La mano de obra eran los "indios de la Compañía", a veces impropiamente llamada "encomienda", que los padres mantuvieron e incrementaron con el tiempo. Hacia 1767 contaban con 141 indios que laboraban en la construcción, transporte, agricultura y cuidado del ganado a cambio de un salario fijado por la ley, que se pagaba rigurosamente. Un tema importante que no podía estar ausente es el de la relación del colegio de la Compañía con el gobierno político-militar, con sede en la villa de San Antonio de Chacao, pero también con el Cabildo de Castro, con los encomenderos y el clero secular. Este capítulo nos da luces sobre la, a veces, difícil convivencia de los religiosos que siempre asumieron la protección del indio y exigieron la exención tributaria de los fiscales, con los consiguientes conflictos con los encomenderos por los días de misión. Así, hubo tensiones con el clero secular por la percepción de los derechos parroquiales cuando los jesuitas hacían las veces de párrocos, y con la autoridad del Cabildo, por representar este organismo, los intereses de los encomenderos; también con la autoridad político-militar cuando los gobernadores tomaban el partido de la "nobleza", como se llamaba en Chiloé a las familias feudatarias. En suma, estamos frente a un serio estudio que analiza el funcionamiento de una misión periférica, aislada y rodeada de pueblos gentiles. En cada capítulo encontramos una contribución que enriquece lo que ya se ha publicado sobre este sui generis mundo chilote. Y esto lo ha conseguido el autor gracias a la minuciosa revisión de los papeles que se guardan en el Archivo General de Indias en Sevilla, en sus secciones Chile, Patronato, Charcas, Indiferente General, Lima, y en otros repositorios como la Real Academia de la Historia, el Archivo Histórico Nacional y la Biblioteca del Palacio Real en Madrid, el Archivo Nacional en Santiago de Chile, el de la Societatis Iesu en Roma y el Bayerisches Hauptstaatsarchiv de Munich, y a la bibliografía más completa y actualizada que se conoce sobre el tema.-RODOLFO URBINA BURGOS, Academia Chilena de la Historia, Santiago de Chile. Jesús M.a Nieto Ibáñez y Raúl Manchón Gómez (eds.): El Humanismo español entre el Viejo Mundo y el Nuevo, Jaén/León, Servicio de Publicaciones Universidad de León/Servicio de Publicaciones Universidad de Jaén, 2008, 534 pp., índice onomástico realizado por Raúl Manchón Gómez. Esta obra colectiva se vincula con el Proyecto de Investigación "La Tradición Clásica y Humanística en España e Hispanoamérica", en el que participan profesores e investigadores de diversas Universidades españolas, HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS mo y su fondo hermético, apuntando a que realismo e idealismo son dos caras de una misma moneda. M.a Dolores Campos se centra en las ideas artísticas del Epistolario escrito por Pedro de Valencia, en especial en su interés por el templo de Salomón situado en el contexto de las interpretaciones hispanas y la consideración de El Escorial como el nuevo templo judío. También Pedro de Valencia y su traducción del tratado De lapidibus de San Epifanio constituyen el tema de la aportación de Jesús M.a Nieto. Se destaca, además de la actividad traductora, la tradición mineralógica grecolatina y su interés exegético, inserta en la mentalidad cristiana de la época, similar a los tratados de Arias Montano incluidos en el tomo VIII de la Biblia Regia. Para Sergio Fernández, que sigue la pista de la tradición judía a lo largo del Renacimiento, la gramática de Arias Montano hay que incluirla dentro de la corriente pedagógica, en la herencia sefardí del humanismo español. En efecto, el espíritu pedagógico de las traducciones judeo-medievales y de sus exegetas hispano-hebreos proyectó su influencia en los humanistas, no sólo en sus traducciones literales. El Humanismo canario es objeto de los estudios de Belén González y Germán Santana. En el primer caso, el objeto de estudio es el grancanario Silvestre Balboa (1563-1644), creador del primer poema de las letras cubanas, Espejo de paciencia, compuesto en 1608, que trasciende la exclusividad del marco cubano y caribeño y se inserta en un ámbito literario transnacional, fraguado en el Humanismo, el "atlántico", con poetas de las dos orillas del mismo océano. En el segundo caso es El Templo Militante de Cairasco de Figueroa, la única obra que se imprimió en vida del autor, la que pretende conciliar el mundo clásico con el cristianismo, desde una óptica canaria. En conexión con esta temática debemos situar el estudio que Mónica M.a Martínez realiza del mito de las islas Afortunadas o de los Bienaventurados en las crónicas de conquista de las islas, que suelen empezar con estos relatos. La autora se centra en el ejemplo de Leonardo Torriani, Descriptione de l Isole Canarie y el uso de las fuentes clásicas, en concreto en el debate de si los errores en las citas de los autores antiguos se deben a un descuido o a una manipulación. El valenciano Juan Martín Cordero, conocido por diversas facetas, es analizado por Rosario González en lo referente a su preocupación por la lengua vernácula frente al latín y el interés por la fijación de una norma lin-güística romance que lo habilite como vehículo para la expresión de las más elevadas ideas. La autora analiza esos escritos, de escasa difusión en la época, y sus reflexiones al respecto. En esa profundización de autores y sus textos, la biografía y cronología documental del inventario de las obras del cisterciense Lorenzo de Zamora, representante del Humanismo eclesiástico de pensamiento abierto, ocupa las páginas del estudio de Raúl López. José María Maestre se centra en la interesante polémica en torno a la lengua latina como lengua hablada, tratada con fina ironía y buen humor por el humanista inglés Henry Jason, alumno en Salamanca del Brocense. El opúsculo Disquisitio responsoria Henrici Iason in magistri Francisci Sanctii editam assertionem de non loquendo Latine responde, en este sentido, al pasquín Latine loqui corrumpit ipsam Latinitatem del humanista español e influye en los cambios textuales que se observan entre las ediciones de 1578 y 1572 con la de 1587. Para Arias Montano, la teología es la más importante de las ciencias, la cumbre del saber, en su versión bíblica, junto con la filología. Del texto de Jesús Paradinas se deduce que, de todas las actividades científicas, son las relacionadas con la historia natural y la medicina las que más interesaron, además de las vinculadas con las matemáticas. Antonio Reguera y Crescencio Miguélez abordan el estudio de la Etimología sacra (1612) de Ildefonso Remón. Analizan el descriptor de las entradas de este diccionario etimológico, y destacan cómo hay una importante cantidad de éstas que no están incluidas en el ámbito descrito, como es el caso de nombres de varones, mujeres, pueblos, ídolos, ciudades, ríos o montes. El sevillano Diego Mexía de Fernangil -estudiado por Juan Gil-, perteneciente a una familia vinculada al comercio de libros, se estableció a fines del XVI en Lima, donde enlazó en su vida el Humanismo y la poesía, llegando a visitar más tarde el Virreinato de la Nueva España. Fue considerado "uno de los más interesantes escritores de la primera literatura virreinal del Perú". Eduardo Álvarez escribe sobre el valor de la salud en los autores clásicos y su paso por la Edad Media para desembocar en el concepto de salud en el Renacimiento. Hace un repaso de los tratados de higiene médica más importantes del siglo XVI español para demostrar la presencia del pensamiento galénico y su doctrina de las sex res non naturales. El estudio del mito de Egipto en el Jardín de flores curiosas, de Antonio de Torquemada, ocupa las páginas escritas por M.a de la Luz García. En ellas se analiza el tema sobre la fecundidad del Nilo y, en consecuencia, de las egipcias, contenido en el tratado primero de dicha obra, atendiendo al género de las misceláneas renacentistas y a las fuentes de los autores clásicos que son seguidos en la exposición de las noticias al respecto. Las similitudes entre las leyendas de Hércules y Alejandro, por una parte, y los distintos relatos hagiográficos, épicos o novelescos por otra, son el objeto del artículo de Ángel Gómez. El autor destaca las coincidencias entre los grandes santos y los grandes héroes: los prodigios al nacer, la virtud en la lactancia, un grato olor corporal, el poder sobre las bestias, la fuerza de la sangre y de la gracia, o la superación de prueba. La estancia española de Marineo Sículo, en la que pasó de ser profesor de poética y retórica en la Universidad de Salamanca a tutor y capellán regio, para acabar como cronista real en los años iniciales del XVI, nos legó unas obras extensas de índole predominantemente historiográfica, estudio realizado por Stefan Schlelein. Antonio M.a Martín tiene como objeto de su trabajo la mujer transgresora y la pervivencia del mito de Filomela. Este autor se extiende en la presencia de Filomela en la dramaturgia española del XVI, como Juan de Timoneda, Guillén de Castro, Rojas Zorrilla y la Comedia de Progne y Filomela, en el Ms. 14640 de la Biblioteca Nacional (Madrid). Un alcance más amplio, que supera el ámbito del Humanismo español, es el de Ángel Ruiz. Dentro de la tradición de las antologías de textos griegos en la Europa humanista, realiza una aproximación bibliográfica a las ediciones de fragmentos de clásicos griegos, en concreto a las de las dos obras de Estobeo en el XVI y principios del XVII, Florilegium y Eclogae, así como traducciones y selecciones de estas antologías. M.a Asunción Sánchez revisa la edición del tratado Rhetoricorum libri V, del cretense Jorge de Trebisonda, por Hernando Alonso de Herrera en 1511, en especial el interesante prólogo a la obra y la incorporación de comentarios marginales y del pasaje sobre la lógica del silogismo al texto del humanista bizantino. En cuanto al apartado dedicado a "Los humanistas y América", lo inicia Raúl Manchón, que analiza la obra (1647) de un jesuita alemán, Johann Bissel, en la que el autor da rienda suelta a su imaginación considerando a los protagonistas como héroes y a sus aventuras como hazañas o gestas glo-riosas, siendo su obra, según sus propias palabras, una Argonaútica de tema cristiano. Manuel M.a Martín-Rodríguez se centra en la vida y sólida formación humanística adquirida en las aulas salmantinas y que Gaspar de Villagrá verterá en sus escritos. Será considerado uno de los más interesantes poetas del siglo XVII americano, viviendo entre su Nueva España natal y el territorio de Nuevo México, que ayudó a colonizar. El trabajo de Jesús Paniagua analiza las importantes relaciones que el gran humanista español Benito Arias Montano mantuvo con personalidades del Nuevo Mundo, siendo esto lo que le hizo interesarse de manera muy especial por las grandes culturas americanas y la relación directa que podría serles atribuida con las Sagradas Escrituras, especialmente con la geografía bíblica. La trayectoria del virrey limeño, poeta y humanista Diego Benavides y de la Cueva, nacido a comienzos del XVII y, sobre todo, su obra las Horae succisivae, es el estudio que realiza M.a Dolores Rincón, al ser, según la autora, el escenario por donde desfilan multitud de personajes y acontecimientos del momento envueltos en el verso ágil y con el latín pulcro de un humanista tardío no ajeno a las modas literarias del momento. M.a Isabel Viforcos, buena conocedora de la figura de Luis Tribaldos de Toledo por trabajos anteriores, analiza ahora las circunstancias de la vacante del oficio de cronista de Indias, creado en tiempos de Felipe II y cómo, entre una larga lista de candidatos en la que figuraban ilustres personajes, fue designado Tribaldos para ejercer dicha tarea por sus amplios méritos y conocimientos humanísticos. El proyecto del jesuita ilustrado Tomás López, establecido en Buenos Aires, y sus proyectos de fundación, patronazgo, fábrica, etc., y todo lo que conllevaría la instalación y el trasfondo de una escuela gratuita que soñaba instalar, como de hecho consiguió, en la feligresía de San Juan de Lexo, jurisdicción de Neira de Jusá, en el Reino de Galicia, de donde era oriundo, es el tema de M.a Carmen Martínez. M.a Justina Sarabia, después de sus anteriores investigaciones sobre el traslado del Humanismo a las tierras coloniales mexicanas, profundiza ahora en el conocimiento de una de las casas impresoras que pervivió a lo largo del siglo XVIII, a través de cuatro registros distintos que mantuvieron el mismo apellido: Hogal. Esa familia de impresores llegó a realizar obras de todo tipo y dimensiones, desde opúsculos y folletos oficiales hasta bellí-simos libros con textos y láminas de autores conocidos, en ese ambiente intelectual del mundo de la imprenta novohispana. Damos, por tanto, la bienvenida a este valioso resultado de un grupo de trabajo que desde hace años viene desarrollando una actividad plasmada en publicaciones dignas de su consulta y difusión, en relación con el Humanismo en España y América Latina, desde sus diversos enfoques temáticos.-ISABEL ARENAS FRUTOS, Universidad de Huelva. Vanessa Núñez Handal: Los locos mueren de viejos, Guatemala, F&G Editores, 2008, 116 pp. Primera novela de Vanessa Núñez (San Salvador, 1973), ofrecida en una cuidada publicación de F&G Editores que desde su portada presenta la temática del texto con una ilustración de Edvard Munch: Pubertad (1894). En dicha ilustración una muchacha desnuda, apenas apoyada sobre una cama, mantiene la mirada del observador al tiempo que cruza las manos ocultando su sexo. Desde uno de los flancos de la joven, proyectándose sobre el lecho y cubriendo la pared, se ve surgir una de las inquietantes bocanadas de oscuridad que caracterizan al pintor nórdico. Construida en treinta y dos breves capítulos, recurriendo alternativamente a formas epistolares, al diario íntimo y a la parodia del discurso de frívolas revistas femeninas, la novela está escrita mayormente a partir de una precisa y austera primera persona encarnada por el personaje de Paula, quien desde la madurez desplegará una cabal narración de los abusos de los que ha sido víctima en su infancia: un vecino que la visita abusa de ella ante el silencio de su madre, que busca obtener un beneficio económico. Para sobrevivir a su pequeño infierno, Paula desdoblará su personalidad en María, una faceta más desafiante y temeraria de sí misma que terminará por vengarlas a ambas. Desdoblamiento que, a su vez, tendrá su paralelo en un voluntario distanciamiento de las censuras que la sociedad impone al libre ejercicio de la sexualidad femenina. Y en este sentido, sobre el carácter relativo de la cordura y la locura a partir de los constructos sociales, queda sustentado el epígrafe de M. Foucault de Historia de la locura en la época clásica: "[...] En relación con la Sabiduría, la razón del hombre no era más que locura; en relación con la endeble sabiduría de los hombres, la Razón de Dios es arrebatada por el movimiento esencial de la Locura." HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Pero Los locos mueren... no da la palabra al discurso de lo irreflexivo sino que es un texto construido a partir de una voz que ha vuelto de la locura y que cumple con rigurosa coherencia la tesis de comprensión social que la inspira, donde tanto los personajes como las secuencias narrativas funcionan denunciando de forma explícita los diversos mecanismos ideológicos que pautan la conducta de la mujer. Patrones de conducta que de forma emblemática se plasman en el texto mediante la mencionada parodia a las revistas femeninas: "la utilización de la belleza y sus dones no es sólo una necesidad en la mujer, sino un deber en sí mismo" (p. De entre la serie de mecanismos de dominación que la novela rastrea en las evidencias de algunos medios se destaca la responsabilidad que se le otorga al rol materno como transmisor fundamental de los valores de sumisión de la mujer. Es así que el personaje de la madre de Paula se constituye en cómplice a través del silencio y la permisividad frente a la vejación que sufre su hija, pero también funciona como un agente del sistema cuando a través de ella habla el discurso de la censura social. La carta que le entrega a Paula en su cumpleaños número quince es una diatriba moralista que termina de explicarse cuando al final de la misma se reconoce la fuente: "Tomado del libro 'Cartas a una adolescente'" (p. A través de un largo proceso de autoconocimiento, el personaje de Paula comenzará a percibir esta educación como una traición emparentada a la comercialización de la que ha sido víctima. Y esta traición es producto de una heredad que se constituye en una verdadera genealogía del poder masculino, cuyo principal albacea es el rol materno. Esto queda representado en el sistema de trampas mutuas que se dedican la abuela y la madre de Paula al tiempo que la envuelven en su legado de temores y sumisión. La traición va de madres a hijas y de hijas a madres como una corriente eléctrica que mantiene vivo el modelo de mujer castrada: "Más tarde supe que la traición termina por hacerse costumbre. Lo difícil es comenzar. Y mamá había comenzado hacía muchos años traicionando a la abuela" (p. Un perfil de mujer que a su vez perderá la cordura al verse incapaz de cumplir los roles asociados a la belleza y la crianza de los hijos que la sociedad le ha impuesto. Y todos los personajes de la novela (haciendo explícita a la sociedad que el texto critica) traicionan y promueven la doble moral respecto a la sexualidad femenina. Pero la principal "traición" o verdadera locura que el texto plantea es aquélla que surge cuando el propio individuo deja el ejercicio de la libertad en pos del cumplimiento de un rol. En ese momento, la voz de la niña que aparece en los diarios íntimos -conocedora de que su madre los leerá-adquiere el tono de un autómata complaciente que puede incluso mentirse a sí misma y delatar sutilmente a su amiga: "Cuando Francisco se marchaba, Alejandra lo besó, ¡en la boca! [...] No se lo he contado a mamá porque me prohibiría frecuentarla, pero pondré distancia. No es conveniente que me relacionen con ella" (p. Asimismo, el conflicto íntimo con las construcciones de mujer que la sociedad impone a la niña -"me frustraban las chicas de las portadas, los consejos imposibles de poner en práctica, sus promesas de belleza que nada tenían que ver conmigo ni con mi cuerpo menudo y en constante transformación" (p. 46)-tendrá su reverso de hipocresía y autocensura cuando la dominación ideológica se concrete en la propia voz de la niña, marcada por los estereotipos a la hora de narrar una película a su amiga Alejandra: "[...] se trata de una mujer que era gorda de tanto comer porquerías y chocolates por la ansiedad. Lo hacía cada vez que un novio la dejaba. Una tonta, yo creo, porque así menos iba a conseguir uno nuevo." (p. Y lo hace, precisamente, gracias a la insania y a su correlato en relación a la liberación del deseo y al nacimiento del placer: "Pero el deseo es lo primero que brota cuando la razón cede" (p. La locura entendida entonces como desvío de razón que dictan las instituciones sociales, así como forma de evasión ante una experiencia que de otra forma sería insoportable. En cuanto al placer sexual, es asumido como un legítimo derecho biológico y que por eso mismo queda comprendido dentro de las luchas civiles del feminismo, un placer esencial alcanzado una vez traspasadas las barreras sociales y que subvierte las relaciones de poder incluso frente a una violación: "como un animal en celo involuntariamente comencé a retorcerme sobre aquella piel negra y brazos asfixiantes que me atraían hacia sí. [...] Sacudida por descargas que provenían de mi cuerpo estallé en pedazos que cayeron bajo la cómoda, sobre el armario, lejos de mí. Esta idea subvierte el sometimiento en la violación pero también en la comprensión básica de las relaciones heterosexuales, pues las tensiones de poder hombre/mujer desaparecen y se reconfiguran, alternándose en base a la voluntad del individuo por asumir aquello que el cuerpo reclama para su satisfacción. El proceso mediante el cual la protagonista asume su disfrute del sexo pese a haber sido aleccionada para lo contrario, la desobediencia al consejo materno y la decisión de tomar la iniciativa ante un HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 66, 2, julio-diciembre, 2009, 279-364. ISSN: 0210-5810 joven que la atrae, describe los siempre difíciles pasos que cualquier muchacha adolescente debe seguir para prefigurar su identidad y carga el relato de comprensión humanista de lo igualitario frente a las opresiones sexistas. Para un amplio sector de la teoría feminista, esta comprensión del placer y la libertad sexual no sería más que un vaciamiento ideológico de las relaciones de poder. La propia defensa del placer como algo a lo que se puede acceder una vez superados los prejuicios machistas de la sociedad no podría constituir una mayor declaración de sumisión. El caso del posfeminismo entendido por pensadoras como Judith Butler, por ejemplo, asume la opción sexual como un consciente posicionamiento político y gesto performativo que crea significaciones contextuales, no como derecho al ejercicio de un dictado fisiológico ya que, según este posicionamiento, sólo se puede acceder a lo natural desde lo cultural. En este punto el texto encontrará sus mayores objeciones dentro de la teoría feminista: desde la idea del placer como un "puro afuera" de las construcciones machistas contrapuesta a la de que la sexualidad no puede ser nunca desideologizada, hasta los posicionamientos que rastrean la performance de género en la misma escritura, donde el cuerpo de los textos literarios es pensado como una deconstrucción del discurso falocéntrico y se constituye en una práctica identitaria en sí misma, como es el caso de textos como En breve cárcel (1981) de Sylvia Molloy. Desmarcándose de esta línea, el texto de Vanessa Núñez prefigura una voz discursiva que erige la crónica de una emancipación a partir del tópico de la "mujer loca", entendiendo este tipo como modelo de subversión contra la sociedad por razones sobradamente justificadas. Así, la protagonista declarará con ironía: "No mamá, no me tengas miedo. Puedes venir a visitarme. No me he convertido en una loca peligrosa. Todavía tengo un dejo de cordura para darme cuenta de que tendría que matarte ochenta veces [...]" (p. La de Vanesa Núñez se perfila por consiguiente como una interesante novela, en la línea de las que en los últimos años han definido la locura como clave en el constructo identitario de la mujer rebelde y entre las que destacamos títulos como Y si yo fuera Susana San Juan (1998), de Susana Pagano; Nadie me verá llorar (1999), de Cristina Rivera Garza; El camino de Santiago (2000), de Patricia Laurent;o, finalmente, Delirio (2004) Se nos habla en esta obra de un espíritu que es innato a una sociedad que ha tenido que organizarse para poder hacer frente a un medio geográfico que siempre le ha sido hostil, pero al que necesariamente se ha sentido vinculado, incluso aislándose de él cuando lo ha creído oportuno y necesario, para poder seguir siendo ella misma. Esto del aislamiento utilitarista es recordado de vez en cuando para que se pueda entender el uso que del mismo se ha venido haciendo, incluso en sus relaciones con los judeoconversos, pues éstos les eran, y siempre les han sido, mucho más eficientes, junto con las de los castellanos, a lo largo de los siglos XVI y XVII. Ello explicaría la agilidad de los vascos para entrar al servicio de la Corona y en instituciones fundamentales de gobierno y administración, tanto en la Corte como en las Indias. No me encuentro capacitado para aclarar si esta afirmación general de los autores es compatible o comparable con la actitud de otros grupos étnicos o sociales en las mismas circunstancias y en la misma época. La entrada de universitarios, de tal o cual universidad o colegio universitario, de determinados grupos de la nobleza, de la aristocracia, de la hidalguía, de la incipiente burguesía...es muy similar. Estábamos ante una monarquía que necesitaba constantemente de un buen número de personas preparadas para el servicio de las distintas instituciones de gobierno, para la organización de una marina y de un ejército numeroso encargado de la defensa y el control del monopolio en las comunicaciones trasatlánticas y de unas inversiones estatales o privadas, En consecuencia, el Estado Moderno hispano no podía estar pendiente sólo de un grupo norteño que, aunque con generosidad muy interesada, había dado suficientes muestras variables y volubles de actuar en este servicio en una misma dirección. Además, la Corona procuró que no fuesen sólo los vascos, los catalanes, los alemanes, los italianos y los franceses, aunque perteneciesen a territorios imperiales o hispanos, según el momento, los que la sirviesen junto a los castellanos. Casi siempre se buscó a la persona o instancia más adecuada, o a la mejor pagadora, según los tiempos y las circunstancias con las que se pudiera contar, en cada caso o en cada época, incluso configurando una especie de equipos de trabajo, según las necesidades o los casos concretos. Por tanto, creo que no era el espíritu emprendedor de los vascos el que se imponía al servicio HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS público o social, sino al revés. Quizás la novedad más interesante estuvo en la búsqueda de cierto igualitarismo hidalgo por parte de los vascos, procurando que ningún miembro de la aristocracia pudiera interferir o alzarse con prebendas o connotaciones especiales. Este ir y venir de los vascongados a Castilla, y en su momento a América, se fue institucionalizando con el tiempo, y partiendo de muchos casos concretos, incluso en mezcolanza con otras naciones o parcialidades, se fue oficializando y generalizando. Los propios autores así lo hacen en los títulos de los capítulos o de los epígrafes, elevando a categoría lo personal o particular; pues se pensaba que actuando así se era más y se valía más en otras tierras y en otros oficios que en la propia tierra: tan cerrada es la geografía, el clima, la personalidad, la lengua, la religiosidad popular... que hasta para respirar y progresar había que salir fuera al amparo de Castilla, y fuera había que organizarse, reunirse, asociarse y ayudarse, buscando con este comportamiento que la cooperación alcanzase cotas más productivas y produjese mejores frutos. En consecuencia, ello implica que el término emprendedor encuentra muchas dificultades para ser definido, dada la variedad de elementos que contiene y que éstos históricamente han ido evolucionando y modificándose a lo largo del Antiguo Régimen. Sin embargo, esto da pie a los autores para aplicarlo a los oficios, empleos y aptitudes de los vascos de la manera que más les conviene. Incluso nos encontramos con muchos casos en los que una simple concesión regia personal o gremial la interpretan como alcanzada precisamente por ese espíritu emprendedor. Tampoco nos podemos olvidar que bastantes de esas empresas gremialistas, una vez alcanzado el monopolio o el nivel de servicio público o comercial indispensable, quedaron añadidas a ese concepto: por ejemplo las herrerías, ciertos elementos de navegación, conceptos y usos comerciales, etc. Merece un comentario aparte la actitud de los vascos para con las órdenes religiosas, sobre todo con los franciscanos (Aránzazu) y con los jesuitas (Loyola). Aparte de las modas sociales que hacen referencia a las devociones populares de cada momento e incluso al sistema de asociacionismo cofradiero de todo tipo al que son tan aficionados los vascos, los autores se embarcan en el análisis de algunas divergencias teológicas, como la de cierto grupo de jansenistas con jesuitas guipuzcoanos, para idealizar esto como un dato más acerca de ese espíritu subjetivista e intimista. Creemos que ciertos moldes de teología popular, o de religiosidad popular en el siglo XVII no pueden ser interpretados y despachados con vaguedades y generalidades; lo que significaron el jansenismo y la Compañía de Jesús para la renovación espiritual y en el estudio de la patrística en el siglo XVII, fue mucho más importante y serio de lo que se pretende, y no se debe precisamente al espíritu, a veces tan hermético y casi tan nacionalista, con el que se ha presentado la provincia jesuítica de Loyola. Una faceta de esta circunstancia es bien conocida: está comprobado que en el caso venezolano, por ejemplo, casi todos los libros de teología, filosofía, patrística y espiritualidad que circularon por esta zona en la primera mitad del siglo XVIII, teniendo como centro el caraqueño colegio de San Carlos, fueron adquiridos por la Procuraduría de la provincia de Loyola, alcanzadas las correspondientes licencias o, en su defecto, efectuada la aquiescencia de los preceptivos filtros comerciales y aduaneros, transportados por la Compañía Guipuzcoana al puerto de La Guaira, fichados en el citado Colegio y prestados, cuando convenía, a determinadas instituciones o a particulares. En fin, esta es una visión muy especial y particular. Pero los emigrantes, pobladores, industriales o comerciantes oriundos de las Vascongadas se comportaron igual que los oriundos de otras zonas españolas: convenía estar suficientemente apegados a la orden religiosa dominante en una zona indiana determinada si se quería progresar, o al menos permanecer dentro de las buenas relaciones con las instituciones gubernamentales. Y ello, desde el violento y profundamente profético sermón del dominico Antonio Montesinos en la catedral de Santo Domingo el cuarto domingo de Adviento de 1511, con la consiguiente complicación que significó la lucha contra los repartimientos y las encomiendas, así como el subsiguiente larguísimo pleito de las doctrinas de indios en las principales diócesis americanas; lo mismo que la total inactividad que se dio en el momento de la expulsión de los jesuitas de España y de América. No nos acostumbremos a absorber las realidades sociales, políticas, culturales y religiosas en función y conveniencia de nuestras hipótesis historiográficas, o de lo que sea políticamente correcto en cada momento. El estudio que analizamos no deja libre un resquicio de la actividad humana al que no se asome y, en consecuencia, el caudal de la información que aporta es ingente; pero, si nos acercamos con la precaución debida a los contenidos del título emprendedor, podríamos interpretarlo como aceptar contratos estatales, colaborar con todas las iniciativas y oportunidades nacionales españolas procurando hacerse los indispensables en asuntos y temas en los que muy pocos pudieran participar. Por ello, se procura que lo vasco sobresalga de alguna forma, aunque en todos los casos civiles, económicos, industriales o religiosos, se cuente con la aportación de personas o instituciones representativas de otras zonas de la Península Ibérica. Así se destaca, por ejemplo, lo que significa la expansión de la Compañía de Jesús en España, en Europa y en América con su metodología espiritual, docente y misional, adhiriéndolo al hecho emprendedor vasco, y uniéndolo a la participación y empuje en la industria metalúrgica y náutica, así como en otras comerciales. Parece como si se debiera justificar que el libro ha sido elaborado con unas ayudas y unas subvenciones oportunas concedidas tanto por el MEC como por el actual Gobierno Vasco. Estos son los dos pilares sobre los que se asientan todos los argumentos de los diversos capítulos: los castellanos miran a los vascos y viceversa; la hidalguía y los emigrantes, sin distinción de estamento, lugar de instalación o especialización laboral de cualquier tipo, deteniéndose de manera especialísima en el caso americano, e insistiendo con frecuencia y de forma muy particular en los jesuitas, hasta el momento de su expulsión. Y ahí se detiene el tema del espíritu emprendedor de los vascos en la historia de España. Se podría preguntar con cierto aire retórico: ¿se transforma ese espíritu emprendedor del Antiguo Régimen en el nacionalismo del Nuevo Régimen, ya en los siglos XIX y XX? En fin, un libro para leerlo y recabar toda la información que se necesite, pero creo que cada lector debe ver entre líneas, pues incluso la información bibliográfica no está muy bien seleccionada, siendo reiterativa y no selectiva; quizás fruto de las subvenciones y viéndose obligados a que no falte ninguna entrada que la Comisión pudiera echar en falta.-JOSÉ LUIS MORA MÉRIDA, Universidad de Sevilla. ISSN: 0210-5810 ta 1830, en La Habana, por la Real Sociedad Económica de Amigos del País) te nemos constancia del reconocimiento de peculiaridades en la capital cubana, en su historia, sus gentes, sus elites, su papel en el entramado imperial americano de España (comercial y de poder) y sus relaciones con la metrópoli. No obstante esto, que además debía habitar en la conciencia de quienes moraban en la urbe, quienes decidían sus designios y quienes simplemente la conocían desde tiempos atrás, la ciudad no ha recibido una atención historiográfica correspondiente a su ta lla. Lo cierto es que el estudio de su pasado está imbuido en el de la Gran Antilla, y es verdad. La vida entera en la isla se fue articulando en torno a su población principal, pero por eso mismo hay especificidades que se escapan al análisis y también a la comprensión de los procesos en abordajes tan generales. Autores como Julio Le Riverend o Emilio Roig de Leuchsenring, este último con el cargo de historiador de la ciudad, escribieron historias de La Habana. Ninguno de los dos era realmente especialista en ese campo y el segundo, además, dejó inconclusa su obra al respecto. Aparte de los estudios de ambos, contamos con un vasto acervo de publicaciones referidas a aspectos diversos, por ejemplo dedicados a la arquitectura, al urbanismo, a la sociedad, al puerto, a la cultura, pero faltan trabajos integrales y de síntesis, sobre todo cuanto más atrás nos remontamos en el tiempo, concretamente para los siglos XVI, el XVII y el XVIII. Y en parte ello se debe, quizás, a que quienes si pueden considerarse especialistas en el tema, como Arturo Sorhegui D Mares, no obstante haber realizado diversas investigaciones acerca del mismo, no habían hecho con ellas un esfuerzo de compendio. La Habana en el Mediterráneo americano es precisamente un compendio de trabajos publicados a lo largo de dos décadas por Arturo Sorhegui y que reunidos ahora pueden considerar se como un ingente trabajo de investigación integral de la historia de la ciudad entre los siglos XVI y XVIII. La obra, o sus partes, son el resultado de años de consultas en los principales archivos de la capital cubana, la documentación de su Cabildo, las actas judiciales, protocolos, registros mercantiles e hipotecarios; fuentes completadas, además, con las que se hallan en el Archivo Nacional de Cuba, en la Biblioteca Nacional José Martí y en instituciones fuera de la isla, fundamentalmen te de España. Apunta el autor en la introducción que el libro se estructura en dos partes bien diferentes pero indiscutiblemente complementarias. La primera de ellas trata sobre la ciudad en si mis ma, sus gentes, su urbanismo, espe-cialmente sus elites. La segunda analiza su papel en el entrama do comercial y del poder imperial, en el Mediterráneo americano que, en palabras de Sorhegui, es un buen apelativo para designar el espacio conformado por el Golfo de México, el mar Caribe y el archipiélago de las Antillas y que tuvo al puerto de La Habana como uno de sus núcleos de articu lación fundamental y, sobre todo, como lugar estratégico de su comunicación con la metrópoli y con Europa por ser el lugar en que se reunía la flota de Indias en su camino de retorno al Viejo Continente. Analizar La Habana en ese contexto, de lo particular a lo general, desde dentro, pero en co municación con lo caribeño, con lo américo-mediterraneo, lo americano, lo atlántico, lo colonial, es el gran acierto del libro de Sorhegui. Se puede decir que para entender la historia local no hay más remedio que analizar la interacción de todos los procesos que sucedieron en tan diversos ámbitos, subordinados unos a otros además, interrelacionados y, a la vez, repletos de especificidades que en parte emanaron de su posición en esa jerarquía de lugares y sucesos. Por eso, según Sorhegui, se pueden distinguir tres Habanas, que son tres momentos históricos sucesivos y también capítulos correspondientes de su libro. La primera, la de las huestes de Diego Velásquez, de los conquistadores, de la primera colonización y el surgimiento incipiente de unas estructuras sociales y de poder coloniales y locales. La segunda, el momento-puerto, la fase de consolidación y desarrollo de la ciudad en el entramado del comercio colonial y del universo americano y atlántico. La tercera, la etapa preazucarera y de inicios de la especialización económi ca, de crisis y ruptura del llamado régimen de monopolio mercantil español en Indias, de reformas en la propiedad y uso de la tierra y en la economía que iban a ayudar a convertir a Cuba en la azucarera del mundo. El libro termina cuando acabó el imperio continental americano español. Para épocas posteriores se necesitan otras obras de la misma índole, pero realizarlas requiere especialistas en esos periodos. A La Habana en el Mediterráneo americano no se le puede pedir más, y ya es más que suficiente lo que aporta. Ahora bien, no todo iban a ser parabienes. Como todo buen libro de histo ria, el de Sorhegui tiene su especificidad. Realmente es un estudio sobre las elites, lo que más ha interesado al autor, pero con la bondad de haberlo sabido articular de modo que se convierta en un trabajo integral acerca del lugar en que se formaron esas elites, en que vivieron esas elites. Es una historia desde arriba, y con ello en modo alguno estamos cuestionando su valía. Al contrario, reiteramos que se trata de un tra-bajo sumamente necesario y cuya publicación se ha hecho esperar. El autor analiza la demografía, el urbanismo, las estructuras de poder, sus instituciones y, sobre todo, las estrategias de propiedad de la tierra como articuladoras de la sociedad habanera colonial y también de su movilidad. La segunda parte de esta obra, ya se ha dicho y así lo hace explícito el autor, es digno contrapunto de la primera. Más bien a manera de ejemplo, pues sin negar su indiscutible importancia, no fueron los únicos, Sorhegui analiza los mercaderes canarios en La Habana, las relaciones especia les entre Cuba y las Islas Afortunadas, el papel de los inmigrantes de estas últimas en la conforma ción de las elites de la Gran Antilla y de su sociedad. Tres anexos completan este capítulo de la obra: los "Vecinos, estantes y residentes en La Habana, segunda mitad del siglo XVI", de La Pal ma, Tenerife y Gran Canaria. Los otros tres capítulos de la segunda parte son más integrales. En ellos analiza Sorhegui a la capital de la mayor de las Antillas en el llamado mundo atlántico, lo que, como se ha dicho, le otorgó en gran parte su especificidad. Son estudios de largo recorrido, que parten de la primera colonización y se alargan hasta los inicios del siglo XIX y la independencia de la Nueva España continental (no así de la insular, de la que formaba parte Cuba). La temática se aborda en este caso, además, y al contrario que en la primera parte de la obra, de lo particular a lo general. El primero de los acápites lleva por título "La Habana-Veracruz-el Mediterráneo americano y el circuito imperial hispano (1519-1821)", el segundo "Yucatán-Cuba y el Mediterráneo americano: surgimiento de una complementariedad económica y comercial en el siglo XVI", y el tercero "La Habana y Nueva España, el Mediterráneo americano y la Administración española en el siglo XVI". En conclusión, La Habana en el Mediterráneo americano es una obra necesaria que se ha hecho esperar. Por el modo en que este autor afronta su trabajo como historiador, se trata de un trabajo de compendio, ya que Sorhegui se ha ido planteando a lo largo de las dos últimas décadas una serie de problemas emanados de una temática mayor y abordándolos de manera independiente. Fruto de este modus operandi el libro gana en matices y en especificidades, pero también alberga algunas reiteraciones y debilidades en su estructura como proyecto integral. Una de ellas, que sin embargo le habría sido fácil resolver a su mentor, es la ausencia de un capítulo bibliográfico en el que se detalle lo que se ha escrito al respecto de los diversos asuntos abordados. Se trata, además, de un análisis de la historia habanera desde sus elites y desde su posición en América, en el colonialismo español, en el mundo atlántico, muy bien documentada en una ingente labor en los archivos, y que resulta una forma correcta de acercarse a lo particular y a lo general y, sobre todo, al modo en que se combinan ambas esferas y explican la historia de la ciudad.-ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla. Meritxell Tous Mata: De protagonistas a desaparecidos. Las sociedades indígenas de la Gran Nicoya siglos XIV a XVII, Managua, Lea Grupo Editorial, 2008, 641 pp. La doctora Meritxell Tous, profesora de Historia de América de la Universidad de Barcelona, ha publicado un libro sobre el mundo indígena en la región que arqueólogos y antropólogos han definido como la Gran Nicoya, tanto en su pasado prehispánico como en los primeros siglos del sistema colonial, y esto es, de por sí, un hecho importante por el que hay que felicitarse. La Gran Nicoya se extendía desde el Golfo de Fonseca, cubriendo una amplia franja costera del Pacífico de la actual Nicaragua que incluía los dos grandes lagos del país, hasta la zona del Pacífico norte de Costa Rica. En la medida en que la mayor parte de la región correspondía al territorio de Nicaragua, este libro supone un aporte sustancial a la historiografía nicaragüense y es un acierto que la autora haya decidido publicarlo en el país. El título del libro es sin duda impactante por el recurso al término "desaparecidos", aunque no se ajuste estrictamente a la realidad. Pese al fortísimo declive demográfico indígena establecido por la doctora Tous sin matices en un 92% sólo en 25 años (pp. 289 y ss. y 558) y que, en cualquier caso, debió ser ciertamente muy alto, el hecho es que continuó existiendo un reducido volumen de población indígena en la región que permitió precisamente a los españoles extraer su excedente económico durante los siglos de la colonia. Así lo refleja el censo de 1685 existente en el Archivo General de Indias, Contaduría, 185, utilizado por Germán Romero Vargas en Las estructuras sociales de Nicaragua en el siglo XVIII, (Managua, 1988), p. De hecho y pese al título, la propia autora toma en cuenta esta realidad e incluso trata diversos métodos de resistencia indígena al proceso colonial, en línea con la revisión historiográfica que supusieron hace RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS años trabajos como los de Steve Stern o Thierry Saignes, por ejemplo, para los Andes. La doctora Tous divide el contenido del libro en dos Partes y, a grandes rasgos, repite un modelo ternario de análisis en cada una de ellas, que produce seis capítulos y que ha optado por configurar así: a) Capítulos. I y IV: El hombre y su entorno.../La conquista de la Gran Nicoya y sus consecuencias; b) Capítulos II y V: Sistema de poder y sistema de creencias/El nuevo sistema de poder y de creencias; y c) Capítulos III y VI: Relaciones externas/El nuevo orden económico. En general, mediante un uso intensivo de crónicas y de documentación colonial temprana, así como de bibliografía pertinente, la autora logra en los dos primeros capítulos de la Parte I afinadas síntesis en terrenos como la arqueología y la etnografía, para definir la Gran Nicoya y la diversidad étnica y lingüística de sus pobladores; o de la etnología para tratar la organización social y las prácticas culturales de las poblaciones. En la Parte II, el Capítulo IV estudia el proceso de ocupación de la región por la conquista, tanto desde el sur como desde el norte, la fundación de ciudades, así como el proceso de caída demográfica y sus causas, revisando con bibliografía actualizada tanto las cifras generales de la población indígena, como las particulares referidas al proceso de esclavización y, en concreto, al comercio de indios por el Pacífico, entre otras causas del declive. Es en el Capítulo V, "El nuevo sistema de poder y de creencias", cuando se diría que se produce un cierto solapamiento con el Capítulo VI, "El nuevo orden económico". Tras estudiar en el primero de ellos el nuevo sistema de poder político-administrativo en la colonia en general, pero específicamente en las ciudades y también en el mundo indígena, en la p. 410 se abordan los "Cambios en la organización socio-económica: mecanismos de explotación de la mano de obra indígena" que se podría pensar que es un problema que entra de lleno en el "nuevo orden económico" colonial del Capítulo VI. De hecho, en dicho apartado se tratan, por este orden, la encomienda, los pueblos de indios y el sistema tributario, para concluir este Capítulo V con problemas relacionados con la cristianización indígena. El principal efecto económico de la encomienda, esto es, el tributo, ya fuese en trabajo (lo que tradicionalmente se define como "servicios"), en productos o especie (no en "especias", como se escribe en la p. 448), o en moneda, correspondía al plano de la distribución en el proceso económico, es decir, el momento inmediato a la producción, por lo que lógicamente se habría entendido mejor tratar la encomienda y, sobre todo, el sistema tribu-tario, tras -o, en todo caso, junto a-la "Producción agrícola, producción ganadera" del Capítulo VI, máxime cuando la propia autora reconoce que el tributo pasó a ser la "rueda económica de la Provincia de Nicaragua" (p. Sucede, además, que es precisamente la dimensión económica, esencial para comprender en toda su dimensión el fenómeno colonial, la que no sólo es relegada al tercer lugar en el modelo ternario de capítulos con que la autora ha organizado el contenido de las Partes del libro, sino que se podría decir que adolece de un tratamiento relativamente menos profundo, en comparación con las otras secciones del trabajo y, especialmente en el apartado referido a la producción, tanto en el mundo prehispánico como durante el periodo colonial. En la Parte I, dedicada al mundo prehispánico, el plano económico se engloba, en el Capítulo. III bajo el título de "Relaciones externas", con lo cual se pone más énfasis en las, sin duda ninguna, importantísimas comunicaciones con las áreas económicas y culturales circundantes, que en el propio funcionamiento productivo y económico, en general, interno de la región. La escueta expresión "agricultores de subsistencia", con la que se describe a la mayor parte de los pobladores de la Gran Nicoya, no parece suficiente para comprender las bases productivas de aquellas sociedades (p. Pero, incluso con estas leves observaciones, el libro de la doctora Meritxell Tous permite comprender muy bien la transformación experimentada por las culturas de una estratégica región americana como consecuencia de los agresivos efectos de la conquista europea en los primeros tiempos de la misma y, como decíamos arriba, quienes nos interesamos por la historia de los países centroamericanos, tenemos que agradecer a la autora esta importante aportación que ha hecho a nuestro conocimiento sobre el tema.-ANTONIO ACOSTA RODRÍGUEZ, Universidad de Sevilla. Fernando Urquiza: Curas y funcionarios. Este libro de investigación histórica trata un tema relevante dentro del contexto de las relaciones de los integrantes de la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica y los miembros de la administración colonial, en este RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS caso particular la Iglesia y su relación con el poder político de la Diócesis de Buenos Aires; todo ello en un tiempo de cambios radicales en América y en un territorio que era considerado estratégico para la Monarquía Hispánica en el control del Atlántico. El autor toma como punto de partida la expulsión de los jesuitas en 1767 para concluir con el fin de la Confederación Rosista en 1852. Al ser un estudio local que analiza las diversas variables con detalle, el historiador Fernando Urquiza tuvo la posibilidad de llegar a conclusiones que de algún modo ratifican cuestiones ya sabidas para el conjunto de la iglesia americana, pero que son de un importante valor al demostrar, tras hacer una revisión meticulosa de las fuentes, que dichos conocimientos son veraces y, además, que se dieron en el Río de la Plata. Desde el punto de vista metodológico el autor, a pesar de ser un estudio territorialmente específico, trata de salir del mero contexto regional para explicar los hechos experimentados por curas y funcionarios de Buenos Aires al hacer referencia a lo que estaba sucediendo en Madrid, en la Europa Católica y en particular cuando reseña la situación de la Santa Sede y sus complicadas relaciones con los estados italianos; en este sentido, hace un intento de historia comparada que le da a la investigación una perspectiva más actual desde el punto de vista historiográfico. Uno de los temas más complejos de la historia de la Iglesia americana es averiguar lo que sucedió realmente con las sedes vacantes durante el periodo de las guerras de independencia y precisamente esta es la cuestión que se aborda en el Río de la Plata. Se analiza un universo de 549 religiosos para Buenos Aires, de los cuales se seleccionaron 44 casos que son la consecuencia de un listado que resulta considerando todas las personas que fueron convocadas para asistir al Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, además de todos los componentes del Cabildo Eclesiástico. A los anteriores datos se agregan todos los vicarios provisionales que fueron designados entre 1810 y 1820 y la totalidad de los integrantes de la Comisaría General de Regulares. Toda la información que el autor consigue de los casos analizados la presenta en tablas que demuestran el exhaustivo trabajo de síntesis realizado y el afán de examinar el máximo de variables en el estudio de las relaciones entre los miembros de la Iglesia Católica y los funcionarios de la administración colonial, al tiempo que analiza internamente las relaciones de los obispos y otros cargos eclesiásticos diferenciando a los realistas y a los revolucionarios dentro del clero del Río de la Plata. El historiador Fernando Urquiza indaga en todos los recovecos posibles para comprender por qué los cargos fueron asignados a unas personas determinadas y no a otras que hubiesen parecido más obvias dentro del contexto político y social del momento; esto se aprecia claramente en el extenso análisis que realiza sobre la designación del obispo Mariano Medrano. Del mismo modo, en el libro se da buena cuenta del efecto de las reformas borbónicas en el territorio del Río de la Plata cuando se observa la creciente rivalidad entre criollos y peninsulares a la hora de conseguir los puestos de mayor rango dentro de la jerarquía eclesiástica, además de las intenciones firmes de la autoridad colonial de conseguir la secularización de los miembros de las órdenes religiosas; del mismo modo, las reformas administrativas y económicas también se hicieron evidentes en las relaciones entre el clero y los funcionarios, tornándose complejas y difíciles, según analiza detalladamente el autor. Lo anterior se refleja cuando analiza si se cumplen o no los protocolos oficiales establecidos en los cultos y manifestaciones religiosas. Asimismo, Urquiza evalúa documentalmente la aplicación del Patronato regio antes de 1810 y después, una vez que las autoridades revolucionarias habían tomado el poder en el Río de Plata; en especial valora lo ocurrido con las sedes vacantes y el propio desarrollo de la Iglesia rioplatense hasta que se normalizaron las relaciones con la Santa Sede. Uno de los aspectos novedosos que aporta esta investigación se refiere al hecho de desvelar los propios conflictos de poder dentro de la jerarquía eclesiástica de Buenos Aires, o sea, entre los miembros del Cabildo Eclesiástico y el vicario, este último designado por ellos mismos; esta situación finalizará con la reforma del clero emprendida por Bernardino Rivadavia, que cerró el ciclo de predominio de este órgano capitular. Como era de esperarse en un estudio de este periodo en el Río de la Plata, el autor hace una mención especial a las actuaciones del mencionado Rivadavia y de Juan Manuel de Rosas con respecto a sus relaciones con la Santa Sede, a la aplicación que ambos hicieron del Patronato, así como a la descripción de la organización y dirección de la iglesia regional durante sus respectivos periodos de gestión política. Por último la investigación presenta dos anexos, uno sobre el clero de la Diócesis de Buenos Aires entre 1810 y 1852 y otro sobre la imagen de las ideas políticas en esta ciudad, soberanía y sociedad civil en los eclesiásticos que intervienen en el Memorial Ajustado (relativo "al patronato nacional en la provisión de obispos y de otros asuntos de disciplina eclesiástica). En ocasiones, la lectura de esta obra se torna pesada, confusa y reiterativa, a pesar de ello aborda una temática de interés para el mejor conocimiento de la historia de la Iglesia en América y en particular en el Río de la Plata; en este sentido, uno de los mayores aportes de esta investigación son los detalles con los que se trata a cada uno de los actores relevantes del entramado de las relaciones entre curas y funcionarios de la Diócesis de Buenos Aires entre 1767 y 1852.-MARÍA EUGENIA PETIT-BREUILH SEPÚLVEDA, Universidad de Sevilla. El hallazgo de archivos documentales inéditos es fortuito y surge de la búsqueda individual intensa de respuestas a problemas de investigación histórica. Estos descubrimientos se complementan en algunas ocasiones con la tarea del rescate y organización de ese acervo en proyectos de gran envergadura que rebasan la labor y el deseo individual. En casi todos los casos su realización requiere de la participación colectiva y de instituciones que compartan este entusiasmo y objetivos y den el apoyo técnico y financiero necesario para llevarlo a cabo. En el caso del Archivo Histórico de las Salinas del Peñón Blanco fue fundamental el apoyo del Colegio de San Luis Potosí, del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, a través del Archivo Histórico de ese Estado y de la Secretaría de Cultura, además de la Presidencia Municipal de Salinas y de la Asociación Civil de Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas (ADABI). Una importante ayuda realizaron también los becarios residentes en el Municipio de Salinas, los pasantes de la Licenciatura en Historia de la Universidad Autónoma de Zacatecas y la propia Comunidad de Salinas. Rescatar archivos es una tarea ardua y tediosa porque, tal como dice su autor David Eduardo Vázquez Salguero en la introducción a la Guía del Archivo Histórico de Salinas, debe empezarse por labores de limpieza, de carga, reacomodos de materiales y un despliegue de gran vigor físico para mover paquetes, cajas y documentos, desempolvarlos, separarlos de objetos no archivísticos y finalmente colocarlos ordenadamente en estanterías. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Previamente hubo que buscar apoyo financiero, recibir asesoría técnica, preparar y realizar el proyecto de identificación y clasificación de los materiales y, por último, llevarlo a cabo. En ocasiones este proceso lleva años dependiendo del tamaño del acervo y, afortunadamente, en este caso los tiempos fueron cortos. La Guía del Archivo Histórico de las Salinas de Peñón Blanco (AHSPB) se presenta en cuatro partes: el archivo, donde se describe la historia de estas Salinas, de los proyectos anteriores de clasificación, la organización del Archivo que hizo el autor y una cronología con la historia de las Salinas; el proyecto, en el que se da una explicación del mismo, actividades desarrolladas, resultados y normas de consulta; el inventario en sí; y la galería de fotos y dos videos de la localidad de Salinas con imágenes que ilustran su patrimonio documental e industrial. Se agrega además la historia del Centro Cultural Salinas, edificio que resguarda este acervo y su localización en un mapa. La documentación del Archivo la forman materiales inéditos de las empresas propietarias y administradoras de las lagunas y pozos salinos del Peñón Blanco. En esta primera etapa se hizo el inventario y la clasificación de 90 metros lineales de documentos, agrupados en 2.226 expedientes que se colocaron en 476 cajas. Cada uno de ellos se dividió, a su vez, en dos subsecciones: administración y gobierno. Si atendemos al volumen de los materiales de estos fondos vemos que la documentación se concentró en dos: Errazu y Virreinato. El primero agrupa casi el 64% de todo el Archivo, especialmente documentos administrativos, y Virreinato, con un poco más de un quinto del total, la mayoría también del mismo carácter. El disco compacto interactivo de la Guía tiene un diseño ágil, de gran calidad y creatividad, en el que se combinan gratamente textos, imágenes y sonido. Tener a la mano la documentación inventariada y clasificada de más de dos siglos de las Salinas del Peñón Blanco, ubicadas en el actual Estado de San Luis Potosí, México, ofrece a los historiadores amplias perspectivas de investigación, en especial a aquéllos que se especializan en la historia económica y social de México por ser esta empresa la principal abastecedora de uno de los insumos básicos que requirió la minería para refinar los metales preciosos desde el siglo XVI a inicios del XX. La sal fue uno de los ingredientes esenciales del proceso de amalgamación de la plata que se creó en la Nueva España en 1555 y se mantuvo vigente durante varios siglos debido a que permitía trabajar minerales de baja ley, los más abundantes en la Nueva España y en el México del siglo XIX. Para llevar a cabo la amalgamación en patio o cazo se requirieron varios insumos, algunos extranjeros como el mercurio, mineral que no se explotó en México comercialmente hasta fines del siglo XIX, y de otros como la sal y el cobre que se obtuvieron de proveedores de la misma Nueva España. Es aquí donde las salinas jugaron un papel fundamental y más aún estas salinas cercanas a las minas de los tres grandes centros mineros coloniales del norte de la Nueva España: Zacatecas, Durango y San Luis Potosí. El primero en aprovecharla fue Zacatecas, que empezó a usar el método de amalgamación de patio en forma ampliada desde el siglo XVI, y más tarde otros centros mineros mexicanos se favorecieron con la sal del Peñón Blanco. En la medida que creció la producción y exportación de metales preciosos, aumentó la demanda de la sal y creció la producción del Peñón Blanco, que llegó a ser el principal proveedor de sal de la minería de la Nueva España y del México Independiente. La documentación clasificada del Archivo de las Salinas de Peñón Blanco nos permitirá aclarar muchas interrogantes que aún tenemos respecto al abastecimiento de sal a las haciendas de beneficio de minerales, como el monto producido y comercializado, nombres y origen de los compradores de sal y sus agentes, rutas de distribución, nombre de los arrieros, etc. Por otra parte, también nos dará la oportunidad de adentrarnos por primera vez en el archivo de una empresa ligada estrechamente al principal sector de la economía novohispana y republicana, conocer su funcionamiento a largo plazo, analizar sus decisiones y su gestión empresarial, los vínculos de sus propietarios con mineros y con los gobiernos locales y centrales y las redes sociales, medir sus niveles productivos, describir las tecnologías empleadas en diversas épocas, evaluar el rol de las Salinas de Peñón Blanco en la historia local y regional de la colonia al siglo XX, en especial en la región minera de Zacatecas-San Luis Potosí, y el efecto de sus fluctuaciones económicas sobre las comunidades aledañas, conocer las relaciones de las diputaciones mineras con la empresa y con otras salineras de la zona, etc. La bibliografía de las Salinas de Peñón Blanco ha sido hasta ahora muy limitada y el libro más conocido, basado en el AHSPB con una ordenación limitada y en otras fuentes, es el de Ursula Ewald La industria sali-nera en México, 1560México, -1994, publicado en, publicado en inglés en 1985 y traducido al español en 1997 por el Fondo de Cultura Económica. La disponibilidad de este instrumento de consulta del Archivo de las Salinas de Peñón Blanco dará nuevas posibilidades de investigación del tema de la sal en México y de visitar una pequeña ciudad potosina cargada de historia.-INÉS HERRERA CANALES, Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), México, DF.
que estuvo centrado en "Crisis y Problemas en el Mundo Atlántico". En ese marco, se organizó el Simposio número 33 en torno a "Los impactos noratlánticos en la Historia latino americana y sus consecuencias políticas, económicas y sociales". El simposio planteaba revisar las consecuencias de los denominados "shocks externos" y su influencia en la ruta de expansión seguida por el mundo latinoamericano, tanto en términos políticos como socio económicos. Los puntos que señalaron los coordinadores como críticos; como verdaderos "puntos de inflexión" porque marcaron coyunturas históricas -en sentido braudeliano-como respuesta fueron: la Guerra de Sucesión de España, que confrontó los intereses hegemónicos de dos dinastías: los Habsburgos y los Borbones; la Revolución francesa y las guerras napoleónicas, que quebraron al Imperio español, transformaron el portugués y supusieron la imposición de la hegemonía inglesa mundial y la división política de las antiguas posesiones coloniales en el continente americano; la denominada Segunda Revolución Industrial y los procesos de institucionalización consecuentes en la mitad del siglo XIX; las dos Guerras Mundiales del Siglo XX, con la crisis intermedia incluida, que acabaron con la hegemonía inglesa y el modelo primario-exportador y la Guerra Fría, con la exportación de modelos de desarrollo. La variedad de ponencias aportó gran interés al evento. En primer lugar, Roberto Vélez-Pliego (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla-México), se centró en un momento crítico anterior a la guerra de sucesión española y disertó sobre "La crisis en Europa del siglo XVII y su impacto en la Nueva España: una aproximación económica desde una perspectiva regional". En su trabajo, el profesor Vélez-Pliego señaló que la crisis en Europa ha sido ampliamente estudiada, así como sus causas y consecuencias, que han sido motivo de extensas polémicas y revisiones. En este sentido, parafraseando al profesor Ruggiero Romano, que concluyó que el siglo XVI europeo se caracterizó por un desarrollo económico general sustentado en la expansión agrícola que perdió su impulso en los primeros años del siglo XVII y minó la expansión de los sectores comercial e industrial, Vélez-Pliego señaló que las repercusiones sobre la Nueva España fueron de distinto signo. Estas han merecido la atención de los estudiosos que, en mayor o menor medida, han sido influidos por la posición de Woodrow Borah quien, en su libro El siglo de la depresión en la Nueva España, caracteriza al XVII como un siglo de depresión y disminución agrícola. No obstante, el profesor de Puebla analizó el tema desde una perspectiva económica regional para concluir que el comportamiento de la actividad agrícola en Nueva España fue totalmente distinto al esperado en una crisis económica, de manera que se vivió un momento de expansión más que de retraimiento. En segundo lugar intervino el profesor Roberto Hernández Elizondo (Universidad Autónoma de Tamaulipas-México) con una ponencia centrada ya en los primeros efectos de las guerras napoleónicas y de la independencia de las antiguas colonias con una ponencia titulada "La importación de productos franceses en México (siglo XIX): mercancías, empresas y consumo". La tesis del profesor Hernández mostraba que la difícil situación económica y política del México recientemente independizado, no fue obstáculo para que sus elites mantuvieran elevados niveles de consumo. Los grupos privilegiados, defensores de la ideología del prestigio y la ostentación, no escatimaron esfuerzos para adquirir de manera frecuente costosas mercancías extranjeras destinadas al consumo suntuario y al ornato. Francia, el principal proveedor de estos artículos, buscó por todos los medios posibles -incluyendo la intervención militar extranjera-mantener de manera permanente su presencia dominante en el mercado suntuario mexicano. En un país agobiado por el atraso, las guerras y el caos, el comercio francés alcanzó en ciertos momentos un lugar sobresaliente. México ocupó, en esos años, el octavo puesto entre los consumidores de artículos franceses a nivel mundial. La ponencia describió la evolución y características de esta problemática, durante el periodo 1824-1867, enfatizando particularmente la importación y consumo de manufacturas en México y la descripción del aparato mercantil comprometido con este tráfico. La tercera intervención corrió a cargo de los profesores Inmaculada Simón (Escuela de Estudios Hispanoamericanos-CSIC, Sevilla-España) y Juan Manuel Matés (Universidad de Jaén-España). La ponencia presentada, "El abastecimiento de agua potable en México y España: cambio institucional y aparición de las empresas privadas (1870-1930)", enmarcada dentro de la denominada Segunda Revolución Industrial y los procesos de institucionalización consecuentes en la mitad del siglo XIX, fue el resultado de un estudio comparativo en curso sobre el servicio de abastecimiento de agua potable en los países mencionados en la etapa de la segunda industrialización. La disertación se centró en el análisis de dos grandes cuestiones. La primera prestó gran atención al cambio institucional y legislativo que se operó en esta etapa y que afectó de forma determinante a los servicios municipales. La segunda señaló la evolución del modelo de gestión del agua potable en ambos países, examinando la aparición de las empresas privadas dedicadas al suministro. La evolución en el modelo de gestión -de la privatización a la estatalización-, mostró signos muy similares en ambos países, como consecuencia del proceso de implantación del liberalismo decimonónico. La fase de recuperación de la gestión del servicio por parte de los municipios, se produjo en España a partir de 1925, mientras en México se inició con la Revolución, aunque aquí el control no volvió a los Ayuntamientos sino que se centralizó en la Secretaría de Agricultura y Fomento. Con el paso del tiempo, en ambos países, se practicó una política de descentralización en el manejo y gestión de los servicios públicos, dando más protagonismo a los municipios y a los organismos locales. Los motivos de este cambio de tendencia pudieron responder al deseo de reducir responsabilidades por parte de los respectivos organismos estatales. Una vez recuperada la gestión del servicio, los municipios optaron por diversas fórmulas de gestión como la privatización o la creación de empresas públicas o mixtas. En este contexto ha resultado de gran interés estudiar los casos de las dos capitales -México Distrito Federal y Madrid-, en la etapa final del siglo XIX y principios del XX. ISSN: 0210-5810 Ayuntamientos realizaron importantes esfuerzos para no perder el control de un servicio que generaba grandes expectativas entre los ciudadanos a la par que importantes beneficios políticos, económicos y sociales. Por último, en esta ponencia, se realizaron unas breves conclusiones que intentaban encuadrar el desarrollo de los servicios municipales y de las empresas privadas dedicadas al abastecimiento de agua potable. Como señalábamos, este proceso se produjo en el marco de la segunda industrialización, en un contexto de crecimiento urbano, demográfico y económico, que generó un florecimiento y mejora de los servicios públicos de manera que podemos decir que se trató de un proceso exitoso marcado por influencias de ida y vuelta entre América y la vieja Europa. Con la cuarta ponencia se dio un gran salto temporal para pasar a influencias más recientes. El análisis estuvo a cargo de Víctor Semenov (Academia de las Ciencias de Rusia, Instituto de Latinoamérica): "Papel y consecuencias del choque externo en la década de 1970 en el desarrollo económico de Brasil y Venezuela". El ponente señaló que, a principios de los años 70 del pasado siglo, ocurrieron cambios cualitativos en las relaciones entre los estados exportadores de petróleo y las compañías petroleras extranjeras. Estas innovaciones se tradujeron en un aumento del papel que desempeñaba la OPEP en la determinación de los precios mundiales de los crudos. El carácter y el nivel de la influencia que esta tendencia ejerció en la economía de los diversos países dependieron de su grado de autosuficiencia en petróleo. Con respecto a este criterio, Brasil y Venezuela se encontraban en situaciones opuestas. En Brasil, la carencia de petróleo sirvió de estímulo tanto para la búsqueda de nuevos yacimientos como para la promoción de nuevas fuentes de energía. Se empeñaron esfuerzos para desarrollar una industria manufacturera diversificada y de alto nivel tecnológico. Venezuela, en cambio, durante décadas, dispuso de abundantes recursos financieros que le permitían importar muchos productos, sin plantearse seriamente la tarea de producirlos ella misma. Sus gobiernos tampoco supieron utilizar eficazmente el crecimiento en flecha de los ingresos procedentes de la exportación de crudos en los años 70. El descenso de los precios petroleros en los años 80 fue acompañado por el aumento de la deuda externa y, hoy por hoy, la mayor parte de los productos de empresas venezolanas carecen de competitividad en los mercados externos. Tanto en el pasado como en el presente, la economía venezolana depende demasiado de los ingresos petroleros. Además, el considerable incremento de los recursos financieros en los 70, CRÓNICAS permitió a los gobiernos de Venezuela postergar la puesta en marcha de reformas económicas y sociales indispensables para el país, que sólo empezaron a realizarse en los años 90. Por su parte, Brasil, líder mundial en la producción y extracción de etanol, alcanzó a finales del año 2007 la autosuficiencia en petróleo y el reciente descubrimiento de un nuevo yacimiento permitirá a ese país convertirse en exportador neto de petróleo. A Brasil le espera la prueba de la abundancia de recursos financieros, como la tuvo Venezuela años atrás pero el gobierno brasileño está intentando conjugar los altos índices de crecimiento económico, con el combate efectivo a la desigualdad económica y social, así como con bajas tasas de inflación, lo que evidencia que las experiencias y sus enseñanzas no sólo influyen de un lado al otro del Atlántico sino también entre los países vecinos. Por último, tocó el turno a los profesores Estela Cristina Salles (Universidad Nacional de Luján, Argentina) y Héctor Omar Noéjovich (Pontificia Universidad Católica del Perú), coordinadores de la sesión. En su exposición hablaron sobre "El fratricidio latinoamericano y el efecto Macondo: una aproximación a la problemática política y social". El título de la ponencia quiere reflejar la crisis de gobernabilidad existente en Latinoamérica, principalmente en los países del Sur, que ha sido una situación repetida a lo largo de la historia, con especial énfasis en el periodo denominado "republicano". La hipótesis de los autores, alguna de cuyas ideas ya están contenidas en trabajos anteriores (Salles, 2004; Salles y Noéjovich, 2006; Noéjovich, 2006), sustenta que la situación política actual debe llevar a intentar la construcción de un marco interpretativo más amplio y de raigambre histórica, de la realidad latinoamericana. Por ejemplo, el concepto de "fratricidio" como origen de la sociedad indoamericana -como sería más apropiado nombrarla según señalaron los ponentesestablece una distinción con el "parricidio original" (Freud, 1972), con el que se interpreta a la sociedad europea. En Europa, gracias a la evolución de la sociedad greco-romana-judeo-cristiana, las oposiciones son "disyuntivas", frente a una evolución a través de oposiciones "conjuntivas", siguiendo la tipificación de Lèvi-Strauss (1970). Accesoriamente, los autores han acuñado el término "efecto Macondo" -aludiendo a la obra de García Márquez-para enfatizar el carácter repetitivo y circular de la evolución histórica. Bajo esa tesitura, entre otros ejemplos, los ponentes sugieren la necesidad de hacer una lectura de los recientes acontecimientos políticos de la región. Al final de las intervenciones se llevó a cabo un intenso e interesante debate en torno a la idea de que las influencias entre las dos orillas del Atlántico a nivel económico, político y social se dieron (y se siguen dando) en las dos direcciones. Como epílogo a esta breve reseña, solo queda felicitar a la Universidad de Leiden y a los profesores del Departamento de Estudios Latinoamericanos, por la excelente organización del congreso y hospitalidad de la que hicieron gala. INMACULADA SIMÓN RUIZ y JUAN M. MATÉS Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla y Universidad de Jaén diente a diferentes épocas de su historia, así como a distintos tipos funcionales y tecnológicos, no siempre suficientemente valorados. Se presentaron más de 90 Contribuciones a lo largo de dos intensas jornadas de actividad en tres salas de exposiciones simultáneas. Los trabajos evaluados por el Comité Científico comprendieron los siguientes tópicos: 1.-Aspectos teóricos, históricos, legales, económicos y tecnológicos de la restauración y conservación de bienes patrimoniales 2.-Conservación y restauración de pinturas, cueros, textiles y metales 3.-Construcciones en piedra. Durabilidad y preservación de las rocas 4.-Morteros de cal, materiales cálcicos y cementíceos 5.-Intervenciones en construcciones con patologías estructurales y aplicación de refuerzos 6.-Patrimonio Urbano de los siglos XVIII al XX. Técnicas de Limpieza y de Conservación 7.-Patrimonio Arqueológico. Técnicas de evaluación, datación y conservación Como parte de las actividades del Congreso, especialistas de reconocido prestigio internacional dictaron Conferencias Plenarias sobre temas específicos, entre los que deben mencionarse a: doctor Agustín Azkarate Garai-Olaun ("La arqueología y la recuperación de las arquitecturas olvidadas "), arquitecto Jaime Higuera Reyes ("Técnicas tradicionales constructivas en tierra: tapia pisada"), doctor Mariano Ramos, profesora Matilde Lanza y licenciada Patricia Salatino ("Patrimonio Arqueológico: Técnicas de Evaluación"), doctor Vítor Manuel Vieira Lopes dos Santos ("Aplicaçao de argamassas de cal aerea com aditivos pozolanicos em rebocos"), ingeniero químico Roberto A. Huarte y licenciado en Antropología Jorge Eduardo Carbonari ("¿Qué aporta la datación carbono 14 a la reconstrucción arqueológica e histórica?"), arquitecto Francisco Márquez Pedrosa ("Estrategia Rehabilitadora del Teatro de Las Cortes en San Fernando, Cádiz"), licenciada María Jesús Albarreal Núñez ("Prácticas Constructivas para la Rehabilitación del Teatro de Las Cortes en San Fernando, Cádiz"), arquitecto Juan Cascales Barrio ("Proyecto de Rehabilitación del Ayuntamiento de San Fernando, Cádiz"). Asistieron en total, entre investigadores, profesionales y estudiantes de carreras afines con la temática del Congreso, cerca de 350 personas, provenientes de nuestro país, así como también de Brasil, Chile, Uruguay, HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Ecuador, Colombia, entre otros países de Iberoamérica, y de España y Portugal. Los resúmenes de los trabajos incluidos en las Memorias pueden ser consultados en la página web oficial del Congreso [URL]. El Acto Inaugural contó con la presencia del presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires, de un representante del presidente de la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología, del Municipio de la Ciudad de La Plata y de los presidentes de la Instituciones auspiciantes. Considerando el éxito alcanzado por este 1. er Congreso Iberoamericano, se ha resuelto organizar la 2.a Edición en el año 2011, que también se desarrollará en la Ciudad de La Plata. GRACIELA ARMENIA MARTÍNEZ y LUIS P. TRAVERSA COIBRECOPA2009, LEMIT-CIC, Argentina Crónica del Congreso Internacional "La Constitución gaditana de 1812 y sus repercusiones en América" Real Academia Hispano-Americana, Cádiz Universidad de Cádiz (UCA) Asociación Española de Americanistas (AEA) Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) Cádiz, 15-18 de septiembre de 2009 El 19 de marzo de 1812 fue jurada la Constitución Política de la Monarquía Española en la ciudad de Cádiz. Las Cortes que elaboraron el crucial documento estaban compuestas por españoles de uno y otro lado del Océano y la "cuestión americana" estuvo presente en los debates, protagonizando en muchos momentos las discusiones que tuvieron lugar en esa ciudad andaluza. Pasado el tiempo la Constitución de 1812, conocida como "La Pepa", adquirió una significación simbólica por sus aspectos liberales, que fueron muy resaltados y que repercutieron en la política de gran parte del siglo XIX en España y Europa. En América también dejó su impronta, CRÓNICAS pero el paso del tiempo y las preocupaciones de las historiografías oficiales por resaltar otras influencias han determinado el olvido de esta relación. Esa fue la razón que motivó la convocatoria de este Congreso Internacional por parte de la Real Academia Hispano Americana, la Universidad de Cádiz, la Asociación Española de Americanistas (AEA) y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Como muestra de la importancia dada a esta celebración por las diversas Instituciones gaditanas, el evento contó con el patrocinio del Consorcio para la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812, la Diputación de Cádiz y Cádiz 2012, Capital Iberoamericana de la Cultura (Ayuntamiento de Cádiz). En esas fechas de mediados de septiembre de 2009, tuvo lugar en la ciudad atlántica este Congreso Internacional, coordinado de manera principal por el doctor y profesor de la Universidad de Cádiz Alberto J. Gullón Abao, contando con la colaboración de los doctores M.a Ángeles Eugenio Martínez, M.a Dolores Fuentes Bajo, Antonio Gutiérrez Escudero, José Marchena Domínguez, M.a Dolores Pérez Murillo y Alberto Ramos Santana. En el Congreso participaron investigadores y profesores tanto de Europa como de América, con una amplia presencia de profesionales de España, México, Cuba, Colombia, Argentina, Venezuela, Ecuador, Puerto Rico, República Dominicana, Honduras, Costa Rica, Uruguay, Estados Unidos de Norteamérica y Brasil. La conferencia inaugural, que tuvo lugar en el Ayuntamiento de Cádiz, estuvo a cargo del doctor Alberto Ramos Santana, con el título "La Constitución de 1812: emblema de libertad" y sirvió como apertura oficial e introducción al asunto general planteado en el Congreso. Las sesiones estuvieron articuladas en sietes líneas temáticas, organizadas en dos mesas paralelas, con sedes en el Aula Magna y el Salón de Grados fundamentalmente de la Facultad de Filosofía y Letras, aunque también en el Salón de Actos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz; en ellas se abarcaron todos los aspectos planteados en la intención inicial de los organizadores para estas sesiones científicas, que se detallan a continuación. La mesa dedicada a "La situación de América y España a fines del siglo XVIII. Movimientos políticos y sociales", se desarrolló en dos sesiones entre la tarde del martes 15 de septiembre y la mañana del viernes 18 de septiembre, donde fueron expuestas 17 ponencias; La sesión centrada en "Los movimientos juntistas en América y los antecedentes constituciona-les" tuvo lugar en horario de mañana el miércoles 16 de septiembre, en que se expusieron 12 trabajos. Al tema de "Los diputados americanos en las Cortes" se dedicaron dos sesiones -matutina y vespertina-a lo largo del miércoles 16 de septiembre. Fueron propuestas 15 ponencias que trataron de temáticas generales muy diversas. Igualmente el análisis y estudio de "La impronta de la Constitución de Cádiz en América" se concretó en dos sesiones a lo largo de toda la jornada del jueves 17 de septiembre, en que se presentaron 18 trabajos. Especial atención ha merecido "La temática americana en la Constitución y los excluidos ante la constitución gaditana", con la celebración de tres sesiones distintas el día completo del jueves 17 de septiembre y la mañana del viernes 18, con un total de 20 ponencias. Las mesas dedicadas a la "Imagen, representación y simbología de la Constitución en América" y a los "Estudios historiográficos" tuvieron lugar en la sesión matutina del viernes 18 de septiembre, antes de la conferencia de clausura, presentándose en conjunto un total de 10 trabajos. Las áreas geográficas que merecieron atención abarcaban desde Portugal y España, con especial atención a Cádiz, a Europa, así como toda la geografía a lo largo y ancho de América. Respecto a Norteamérica, fueron presentados estudios centrados desde el norte en Nutka (actual Columbia Británica), pasando por el Virreinato de Nueva España, con atención especial a Sonora, Nueva Galicia, Yucatán y las ciudades de México, Jalapa, San Luis Potosí, Puebla de los Ángeles y Tlaxcala, entre otras. Sobre Centroamérica y el Caribe fueron protagonistas Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Costa Rica. Mientras que con respecto a Sudamérica se presentaron investigaciones sobre los tres virreinatos españoles y los dominios portugueses de Brasil. En cuanto a Nueva Granada, se expusieron trabajos referentes a Santa Marta y Popayán, así como de la Capitanía General de Venezuela, con estudios sobre Maracaibo o la Guajira. La Audiencia de Quito estuvo representada con ponencias sobre la capital y también dedicadas a Guayaquil. Sobre el Virreinato del Perú se leyeron ponencias centradas en Lima, Cuzco y Huancavelica y el Virreinato del Río de la Plata estuvo presente a través de distintos trabajos sobre Buenos Aires y Montevideo. Por vinculación colonial, también hubo exposición de estudios sobre las islas Filipinas. Junto a todo lo anterior, y en otra línea, estuvieron las ponencias dedicadas a estudios más o menos biográficos de personalidades claves en el CRÓNICAS proceso histórico presentado a debate, como fueron Manuel Belgrano, Francisco Rendón, Francisco Carrascón, Miguel Ramos Arizpe, Antonio Joaquín Pérez, José Miguel Guridi y Alcocer, Francisco Martínez Marina, Martín de Alzaga, Florencio Castillo, Francisco Javier Caro de Torquemada, Ramón Power, Miguel de Lastarria, José Mejía Lequerica, Carlos Urrutia, Juan Vasco y Pascual, Benito Chaín o Juan Pablo Vizcardo y Guzmán. Los conceptos generales tratados desde el punto de vista político fueron desde las ideas revolucionarias, pasando por los distintos planteamientos liberales, la dicotomía entre fidelismo y emancipación, la soberanía popular, la representación a Cortes, el juntismo, hasta llegar a los distintos constitucionalismos; asimismo se han analizado estos conceptos desde el punto de vista de la simbología y la iconografía. Se han presentado estudios sobre economía y fiscalidad, la actuación del funcionariado indiano, así como algunas cuestiones sobre el desarrollo del proceso bélico. Desde el punto de vista social, se presentaron distintas ponencias sobre el indigenismo o la esclavitud, problemática a la que se prestó especial interés. Este espectro temático se completó con trabajos sobre medicina, urbanismo, lingüística e historiografía. En definitiva, en el Congreso se abrió un amplio panorama sobre América y la Constitución de 1812, que ha merecido el planteamiento de numerosos e interesantes debates en cada una de las sesiones, así como en los distintos agasajos organizados dentro y fuera del programa oficial. Durante el desarrollo de las actividades congresuales se aprovechó el final de la jornada del miércoles 16 para la presentación de distintas publicaciones de tipo institucional, como la de José Marchena Domínguez (Ed.), Entre la ciencia y la aventura. El legado de la generación Mutis en la España de la Ilustración, Cádiz, Quorum Libros, 2009; M.a Dolores Pérez Murillo (Ed.), La memoria filmada. Historia socio-política de América Latina a través del cine: la visión desde el Norte, Madrid, Iepala Ed., 2009; Jorge Enrique Elías Caro (Ed.), Los mil y un Caribe. 16 textos para su (Des) entendimiento, Colombia, Fondo Editorial Unimagdalena, 2009. También Juan José Sánchez Baena y Antonio Gutiérrez Escudero, como directores, presentaron las últimas novedades en Naveg, la revista digital de la Asociación Española de Americanistas. Entre las actividades programadas, el miércoles 16 de septiembre la Real Academia Hispano Americana dio una recepción oficial a todos los congresistas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cádiz. En horario vespertino y tras las sesiones del jueves 17 de septiembre, tuvieron lugar las asambleas generales de la Asociación Española de Americanistas (AEA), en el Aula Magna de Facultad de Filosofía y Letras, y la de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) en el Salón de Grados del mismo centro de la Universidad de Cádiz. El colofón al Congreso tuvo lugar con la sesión de clausura a cargo del doctor Franklin W. Knight, con su ponencia "Las ideas revolucionarias de la Revolución". En total han sido más de 45 horas efectivas dedicadas a la exposición y debate de las 92 ponencias propuestas, lo que da la medida de la intensidad y aprovechamiento que han tenido las jornadas de este Congreso Internacional en el aspecto científico. En el balance final habría que resaltar el alto nivel de las ponencias, su interés y conveniencia atendiendo a la convocatoria, la positiva colaboración entre instituciones y organizadores, especialmente en lo referido a las dos asociaciones AEA y ADHILAC, así como la magnifica oportunidad para los investigadores presentes de contar con un marco tan propicio como ha sido la ciudad de Cádiz. Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla Actividades del año 2009 en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos Ciclo sobre Ciudad y territorio en Andalucía y América: prácticas, procesos y representaciones: -"Esclavos y amos entre la revolución haitiana y las guerras de independencia cubanas", por la doctora Marial Iglesias Utset (Universidad de La Habana) 15 de enero. -"Las versiones andinas del infierno", por el doctor. Luis Millones Santa Gadea, 26 de enero. -"La Frontera: proyectos y metodologías recientes en la Amazonia, por Jorge Aponte (Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia), 11 de febrero. -"Guerra dos Emboadas: fronteira, alteridade e poder privado na América Portuguesa (1708-1709)", por la doctora Adriana Romeiro (Universidade Federal de Minas Gerais), 2 de marzo. -"Entre Amberes y Veracruz, exportación de libros y arte flamenco a la Nueva España. Siglos XVI-XVIII", por el doctor César Manrique Figueroa (Universidad de Lovaina), 26 de marzo. -"Entre Roma y Nueva España: el franciscano mestizo Diego Valadés", por Boris Jeanne (MASCIPO, EHESS), 23 de abril. -"Cómo demandar a un tirano: Litigios civiles e Ilustración en el imperio español, s. XVIII", por la doctora Bianca Premo (Florida International University), 7 de mayo. -"Población y sociedad en la campaña rioplatense (s. XVIII)", por la doctora Adela M. Salas (Grupo de Trabajo de Historia de la Población, Academia Nacional de la Historia. Universidad del Salvador, Argentina), 19 de mayo -"El azúcar entre fronteras. La Habana, siglo XVIII", por la doctora Mercedes García Rodríguez (Instituto de Historia de Cuba),16 de junio. Nuevas miradas a las fronteras brasileñas: "Relaciones hispano-portuguesas entre la Capitanía de San Vicente y La Guairá durante la unión de las coronas ibéricas (1580-1640)", por el maestro José Carlos Vilardaga (Universidade de São Paulo), 2 de marzo. "Gáldar a través del arte y de la historia", por Juan Sebastián López García (cronista oficial de la Real Ciudad de Gáldar), 15 de abril. Ciclo Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del Imperio Hispánico. Semana de la Ciencia y la Técnica ¿Cómo se construye un mapa? Organizado por el Proyecto "Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del imperio hispánico", 9-22 de noviembre. Andalucía y América: el futuro lingüístico de un pasado común, coordinado por la doctora Eva Bravo (Universidad de Sevilla).Proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía "Andalucía-América Latina: intercambios y transferencias culturales", 9 y 10 de febrero. Intercambios comerciales, sociales y culturales entre Andalucía y América, coordinado por la doctora Enriqueta Vila (EEHA-CSIC). Proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía "Andalucía-América Latina: intercambios y transferencias culturales", 19 de febrero. Evangelizar en la diversidad. Catecismos y otros textos catequéticos relativos a moriscos, negros e indios (ss. XVI-XVII), coordinado por la doctora Berta Ares Queija (EEHA-CSIC) y el doctor Juan Carlos Estenssoro (Universidad de Lille, Francia). Proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía "Andalucía-América Latina: intercambios y transferencias culturales", 20 de febrero. La música en las catedrales andaluzas y su proyección en América, coordinado por el doctor Antonio García-Abásolo (catedrático de Historia de América de la Universidad de Córdoba). Proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía "Andalucía-América Latina: intercambios y transferencias culturales", 27 de febrero. Arte y Arquitectura en Iberoamérica. Curso del Programa de Doctorado: "Historia del Arte y Gestión Cultural en el Mundo Hispánico", coordinado por la doctora Ana Aranda Bernal (Área de Historia del Arte, Universidad Pablo de Olavide) y el doctor José J. Hernández Palomo (EEHA-CSIC), 3 de marzo. Los orígenes e institucionalización de la bula de la Santa Cruzada en Nueva España, por la doctora María del Pilar Martínez López-Cano (Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México DF). Proyecto de investigación: "Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del Imperio Hispánico",11 y 12 de marzo. Un nuevo modelo de docente e investigador: innovación docente en Ciencias Sociales y Humanidades ante el EEES, coordinado por la doctora M.a Inmaculada Simón Ruiz (EEHA-CSIC). Organiza: Universidad de Alcalá, Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELAT) y Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC) Lugar de celebración: Alcalá de Henares, 5-7 de octubre. Cuba, las Antillas y el Entorno Atlántico. Sociedades, ideas, instituciones, economía y comercio, coordinado por el doctor Antonio Santamaría García (EEHA-CSIC). Proyecto "Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del imperio hispánico" y Unidad Asociada Historia Social Comparada CSIC-Universitat Jaume I, 14-15 de octubre. Proyecciones sociales de los estudios sobre el agua en el ámbito peninsular e iberoamericano, coordinado por el doctor J. Raúl Navarro García (EEHA-CSIC). Proyecto de Excelencia "Andalucía-América Latina: intercambios y transferencias culturales". Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa (Junta de Andalucía), 19-21 de octubre. Seminario permanente: Historiografía e Investigación Nuevas consideraciones en torno a la miserabilidad del indio: el nacimiento del concepto y su aplicación legal, por la licenciada Carolina Cunill (Universidad de Toulouse-Le Mirail), 6 de octubre. Representación política, conflictividad y opinión. Consideraciones teórica-metodológicas e historiográficas para su análisis, por la doctora Ligia Berbesí de Salazar (Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela), 13 de octubre. Venezuela: nuevas perspectivas historiográficas: "Independencia y Sociedad: más allá de la guerra", por la doctora Inés Quintero (Academia Nacional de la Historia de Venezuela); y "Estudio histórico y social de los desastres: 1812-1999. Desastres en tiempos políticos convulsos", por el doctor Rogelio Altez (Universidad Central de Venezuela, Caracas), 25 de noviembre. IX Taller de escritura y narración historiográfica, en colaboración con la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, 18 y 19 de marzo.
Presentación1 / Presentation Salvador Bernabéu Albert Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla Quizás la palabra que mejor defina la actitud de la historiografía en castellano hacia la homosexualidad, tanto masculina como femenina, sea la incomodidad. Salvo raras excepciones, editoriales, revistas científicas y de divulgación, cursos universitarios y estivales, ciclos de conferencias y congresos internacionales se han sentido incómodos al programar o incluir en su oferta temas relacionados con los comportamientos personales o sociales relacionados con la homosexualidad. No faltan estudios pioneros, ni editoriales y revistas especializadas creadas en los últimos años paralelamente al reconocimiento de los derechos de este colectivo y a su visibilidad cada vez mayor, sobre todo en las grandes ciudades. Pero las editoriales tradicionales y las revistas de prestigio apenas cuentan con unas cuantas referencias, rehuyendo de manera deliberada o mostrando poca sensibilidad por estos temas. Evidentemente, junto a la incomodidad, también hay que tener en cuenta el rechazo abierto o encubierto de algunos investigadores por tratar el tema -traducido en el reducido número de tesis doctorales y proyectos de investigación presentados en las universidades y centros de investigación-, o la falta de continuidad en los grupos y/o trabajos. A nadie le extrañará que algunos de los libros más interesantes aparecidos en los últimos años sean traducciones del inglés, como las obras de Federico Garza y Cristian Berco, o que las recopilaciones más influyentes sólo se puedan leer en la citada lengua. 2 El dossier que introduzco con estas palabras es una novedad en esta revista, que ya ha cumplido el medio siglo de vida. Lo forman cinco artículos -el último de ellos aparecerá en el próximo número por falta de espacio-, reunidos bajo el título: La represión de la diferencia: homose-xualidad en la historia y las letras de las Américas, que abordan las prácticas sexuales, el género, la identidad, los contextos socio-políticos y religiosos y los seculares sistemas represivos desde diversos ángulos, principalmente desde la historia, la sociología y la literatura. Los dos primeros artículos, firmados por Fernanda Molina ("Los sodomitas virreinales: entre sujetos jurídicos y especie") y Guillermo De Los Reyes ('Curas, Dones y Sodomitas': Sexual Moral Discourses and Illicit Sexualities among Priest in Colonial Mexico") están basados en la rica documentación que se guarda en los archivos europeos y americanos gracias a los juicios y sumarios de los tribunales de la Santa Inquisición. La doctora Molina ha indagado en los procesos burocráticos generados en el Virreinato del Perú durante los siglos XVI y XVII, mientras De Los Reyes utiliza varios casos procedentes de los ricos acervos de la Inquisición novohispana. Todos los procesos están protagonizados por hombres acusados de relaciones sodomíticas, siendo analizados por ambos autores para mostrar las diferencias y ambigüedades con que se vivió, imaginó y censuró la homosexualidad en las tierras ultramarinas. Además, Fernanda Molina se adentra en el territorio legal y eclesiástico para abordar la abundante literatura prescriptiva concebida en el Occidente Católico, que será trasladada a los territorios ultramarinos. Las prohibiciones y condenas de las prácticas sexuales entre semejantes hunden sus raíces en los textos bíblicos, en la patrística y en los códigos medievales como Las Siete Partidas. En la Edad Moderna, son numerosos los escritos que hacen referencia a la sodomía, empezando por el código regio La Novísima Recopilación. En general, sus argumentos son apocalípticos, tanto por situar esta práctica en la cima de la lujuria -un pecado contra natura, pues desperdiciaba la "santa semilla" en aras del placer en lugar de contribuir a la obra de la creación encomendada por Dios a los hombres ("creced y multiplicaos")-como porque el deseo homosexual podía modificar el orden social, al llevar consigo "la constante posibilidad de relaciones entre personas de estratos diferentes".3 En consecuencia, el aparato represor del imperio y de la iglesia debía prevenir tanto la disolución del pacto creador del universo como el peligro de subversión social que las relaciones homoeróticas contenían potencialmente. Sin embargo, hay que recordar que estas condenas tajantes no siempre estuvieron presentes en la historia de Occidente. El malogrado historia-dor John Boswell demostró en su documentado libro Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad (1993),4 que la Iglesia mostró una gran indulgencia y flexibilidad hacia las parejas del mismo sexo hasta el siglo XII, en el que se desató una atroz persecución de la sodomía. Y en un libro posterior y en gran medida complementario, titulado Las bodas de la semejanza, 5 Boswell reveló que la Iglesia paleocristiana bendijo y santificó las uniones entre hombres mediante el rito de la adelfopoiesis o "la fraternidad jurada", donde dos hombres se hermanaban en una ceremonia equivalente a los matrimonios heterosexuales. Olvidadas estas actitudes tolerantes,6 la Iglesia y los tribunales se mostraron implacables, al menos en la letra, con el pecado nefando, generando una serie de discursos desde el poder que la profesora Molina contrasta con las experiencias de los sujetos acusados de sodomía durante el Virreinato, remarcando la complejidad y diversidad del fenómeno y la distancia entre la teoría y la realidad colonial. Por otro lado, alejándose de otros autores que aíslan e identifican a los sodomitas como una minoría frente a una sociedad mayoritariamente heterosexual que buscaba su eliminación como el otro maligno y peligroso, la lectura detenida de los procesos inquisitoriales muestra unas sociedades diversas y heterogéneas donde peninsulares, criollos, castas, indios, negros, chinos y otros extranjeros componen un cuadro multicultural lleno de matices. En consecuencia, el acto de sodomía va a ser contemplado a través de múltiples perspectivas, según los actores estén caracterizados por factores como raza, clase, religión y origen. Para la investigadora argentina -y en eso coincide con Guillermo De Los Reyes-, el acto sexual estuvo mediatizado por la jerarquía social a la que pertenecían los acusados. Aunque nos encontramos con historias de represión y acoso, los comportamientos homosexuales estuvieron influidos por las estructuras socio-políticas, el estatus social, las coyunturas históricas, etcétera, dando lugar a diferentes tratamientos de un mismo delito. Una de las conclusiones del artículo de De Los Reyes es que los miembros de la Iglesia acusados de sodomía, tanto seculares como regulares, fueron sentenciados a penas más suaves que el resto de los denunciados. Las autoridades eclesiásticas -ayer como hoy-han tendido a ocultar las actividades pecaminosas de sus miembros y, si eran condenados, a apartarlos a lugares discretos, lejanos, donde cumplían -salvo raras excepciones-unas condenas mucho más benignas que si de civiles se tratase. Y esto ocurría a pesar de los numerosos y graves casos protagonizados por eclesiásticos, que se convertían en juez y parte en un macabro juego donde llegaban a mandar a la hoguera a los jóvenes por ellos mismos sodomizados. * * * Uno de peligros más frecuentes de las investigaciones sobre las relaciones entre personas del mismo género es la de retrotraer hasta la antigüedad los rasgos y comportamientos de los gays y las lesbianas de principios del siglo XXI. No hay nada más anacrónico, pues durante muchos siglos la sexualidad entre hombres o mujeres no estaba asociada a una identidad homosexual o lésbica, sino que importaba más el hecho en sí que el vincular el pecado nefando a una persona o grupo distinto y peculiar. Los hombres, todos los hombres, podían caer potencialmente en el pecado nefando, pero ese vicio no los convertía en un grupo aparte o les otorgaba una identidad nueva, simplemente porque quienes realizaban estas prácticas sexuales eran personas "para las que su etnicidad, clase y ocupación ya les circunscribía a su identidad pública",7 ya fuera ésta español, indio, mestizo, negro, zambo, etcétera. En consecuencia, no se puede hablar de sodomitas per se (un concepto confuso para Foucault), sino que el término se aplicaba según una serie de variantes, imprecisas y movibles según las circunstancias y los magistrados. Otro ejemplo que demuestra el peligro del anacronismo es el del tema del lesbianismo, inapreciable para los jueces e inquisidores -salvo que la pareja de mujeres emplease un instrumentum-, pues se las consideraba incapaces de procrear por ellas mismas. En consecuencia, sus amores y tocamientos fueron menos perseguidos, aunque la represión y la tradición judeo-cristiana, que las encasilló en el papel de madres y esposas, les impidió mostrar abiertamente sus sentimientos. Numerosos estudiosos de los comportamientos homosexuales han fijado su atención en aquellos lugares donde sólo habitaban hombres, con el fin de analizar la aparición y el desarrollo de las relaciones sexuales en unos microespacios cerrados y castrantes. A modo de ejemplo, citaré el estudio de Carlos Espejo sobre la sexualidad en los conventos medievales8 o los epi-sodios de sodomía en los barcos del rey de España que recoge Federico Garza en su libro Quemando mariposas (Capítulo 3: "Ráscame las piernas. Percepciones del sexo entre hombres en Andalucía o el marinero que quería sus besos con un poco de lengua").9 Otro espacio privilegiado de las relaciones sexuales entre varones es la cárcel. Emilio José Gallardo analiza la interacción entre poder, identidad y sexo en un espacio carcelario cubano a partir de la novela Hombre sin mujer (1938) de Carlos Montenegro (Galicia, 1900-Miami, 1981). Este interesante escritor, comunista y corresponsal en la guerra civil española, estuvo encerrado durante diecinueve años en la prisión del Castillo del Príncipe (La Habana) por matar a otro hombre en una reyerta callejera, y allí empezó a escribir cuentos. Sin embargo, según sus críticos, la mejor obra de Montenegro es la citada novela, donde se narra con dureza la vida y las relaciones sexuales de los presos cubanos, dominadas por las prácticas homosexuales y las luchas de poder. Utilizando herramientas conceptuales procedentes tanto de la literatura como de la sociología, el autor aborda en el artículo "Pájaros enjaulados: homosexualidad y prisión en Hombres sin mujer", el cañamazo de relaciones humanas, amistosas, amorosas y sexuales, que se construyen en un espacio caracterizado por las privaciones y las necesidades afectivas y de sexo. Como señala Montenegro, es entonces cuando las relaciones sodomíticas se extienden como una sombra, como una epidemia, saltando por los aires el concepto tradicional de masculinidad. En su lugar aparece una reconceptualización del mismo para dar cabida a los encuentros privados con otros hombres -intentando que la hombría no salte por los aires-a la vez que se dibujan los "pájaros", seres afeminados, homosexuales o no, que hacen el papel de la mujer, distinguiendo el novelista entre los pájaros legítimos y los pájaros de conveniencia. En el ambiente carcelario sórdido, pegajoso y delator recreado por Carlos Montenegro hay esperanza para el amor puro: el del guajiro negro Pascanio con el efebo Andrés, quien, bajo engaños, se acuesta con otro recluso para sacar a su pareja de las celdas de castigo. Descubierta la infidelidad, Pascanio mata a Andrés y después se suicida. El final trágico de la novela es una metáfora de la tragedia del sistema carcelario cubano, en donde la inevitable aparición de las relaciones homosexuales obliga a la creación de categorías auto-explicativas o etnocategorías por los propios internos. Las protagonistas del artículo de María Ángeles Toda ("Lesbianismo y literatura chicana: la construcción de una identidad") también vivían -viven-en diferentes cárceles simbólicas. La primera la encontramos en su pertenencia a una minoría -la chicana-en el país más poderoso del planeta. Descendientes de mexicanos, los primeros chicanos se ha bían quedado en suelo yanqui tras la guerra de 1848 o habían emigrado al próspero país del norte en busca de una mejor vida. Las mujeres chicanas también sufrieron la suerte de sus maridos, contribuyendo a que no desapareciera el colectivo méxico-americano ni se integrara en el mundo anglosajón. Pero el deseo de un grupo de ellas de vivir plenamente su condición de lesbianas les descubrió la segunda cárcel en la que vivían: la tradición, donde su familia y su cultura las encerraba. Entonces emprendieron un largo proceso liberador para escapar de las expectativas patriarcales que depositaban en la mujer la custodia de las tradiciones seculares, al mismo tiempo que participaban en el movimiento de liberación feminista (junto a las blancas feministas y al lado de las negras feministas). En consecuencia, la construcción de una identidad lésbica específicamente chicana se ha realizado en medio de acusaciones de decadencia, de vendidas a los blancos, de antipatriotas, de traicioneras a sus valores, a su identidad, etcétera. Pero ¿quién detiene palomas al vuelo?, deseando vivir su sexualidad, su independencia. Escritoras, profesoras, críticas literarias, cantautoras, poetisas y otras mujeres comprometidas, como Gloria Anzaldúa, Cherríe Moraga, Emma Pérez, Alicia Gaspar de Alba, Carla Trujillo, etcétera, han logrado con sus obras (bilingües y amalgamadas de diversos géneros) contribuir al debate feminista internacional, a modernizar la literatura chicana y a construir una de obras colectivas, mestizas y globales más importante del continente americano. María Ángeles Toda nos introduce en este universo de liberación, de rechazo a las acusaciones de vendidas (que se unen a las de jotas, manfloras, marimachas, cachaperas, etcétera), a su valentía para cuestionar las políticas lesbófobas de los dirigentes chicanos y a conocer las escrituras de estas fantásticas mujeres. Uno de los aspectos más interesantes de sus obras es la reinterpretación de los mitos mexicanos, que cobran nuevos significados en la pluma y en los pinceles de estas femmes terribles. De la Llorona a la Malinche, pasando por la reinterpretación de las diosas aztecas y la reivindicación de Sor Juana Inés de la Cruz como la primera escritora lesbiana de su tradición, se detienen en la Virgen de Guadalupe, icono espiritual y símbolo político de la lucha de los chicanos, para revisar su estereotipo de feminidad y darle nuevos significados. 10 Lesbianas y homosexuales han constituido grupos minoritarios, más o menos activos y visibles, en los diferentes países y sociedades del globo, hermanados por la misma acusación: la traición a la patria. La persecución judicial e inquisitorial del medievo y de los siglos modernos ha tenido su continuidad, ampliada y potenciada, en nuevas inquisiciones contemporáneas, en las que han sobresalido los regímenes totalitarios de uno u otro signo. Hitler convirtió cualquier acto homosexual, incluido el verbal, en un hecho punible en 1935; en los años siguientes los campos de concentración se llenaron de homosexuales de diversos países, que llevaban cosido un triángulo de tela rosa en sus ropas para distinguirlos de otros presos. El mismo grado de intolerancia han sufrido homosexuales y lesbianas en las dictaduras comunistas. Stalin penalizó las relaciones entre iguales por ley en 1933, conduciendo hasta los gulag a miles de rusos y sometiendo a los centros artísticos del país a continuas redadas. Las persecuciones nazis partían de los mismos argumentos que las estalinistas: los homosexuales eran una degeneración para la sociedad, para el país y para el partido. Y esas mismas ideas fueron conducidas a Latinoamérica, donde asociaciones, partidos, instituciones e, incluso, grupos guerrilleros, brillaron por su homofobia y lesbifobia. Varios ejemplos de estas conductas los analiza Santiago Esteso Martínez en "Cuerpos objetores y homosexualidad. Literatura, medios de comunicación y discursos políticos en la Argentina del siglo XX", que aparecerá -por razones de espacioen el siguiente número de esta revista. El autor reúne varios episodios para demostrar la doble moral social y las políticas represivas del Estado. El primero narra un escándalo sucedido en 1942, cuando se descubrieron las fiestas y orgías entre hombres que se realizaban en un piso de Buenos Aires, en donde participaban varios cadetes del Colegio Militar. El suceso fue narrado y comentado en la calle, las tertulias y los periódicos de la época, interviniendo las autoridades políticas para que los depravados hechos no se volvieran a repetir. Otro episodio, extraído de la novela La más maravillosa música (2002) de Osvaldo Bazán, pero que podría haber sucedido perfectamente en otros tiempos o lugares, está dedicado al amor entre un montonero y el líder de una organización pro-derechos homosexuales entre 1971 y 1973. La organización guerrillera reprueba
Este artículo explora la subjetividad de los exiliados uruguayos llegados a Francia a partir de 1970. El trabajo se apoya en una larga exploración etnográfica para dar cuenta de los numerosos desplazamientos que estructuran la sociabilidad del exiliado. La hipótesis general es que la pertenencia a movimientos revolucionarios de izquierda había llevado ya a los futuros exiliados a tomar distancia respecto del orden social. Esa toma de distancia se volvió ruptura con el destierro, y se reforzó más tarde, cuando el exilio se perpetuó a través de una serie sucesiva de expulsiones y rupturas. Nunca se me cruzó por la cabeza adaptarme. La gente no se adapta. Casi nadie lo esperaba. Sólo unos pocos estaban al tanto. Unos ochenta uruguayos escuchaban atentos al Pepe Mujica que les hablaba ya de los desafíos del nuevo gobierno cuando el presidente de la república recién electo, Tabaré Vázquez, entró en la sala de La Parrilla. El Pepe había llegado una hora antes, caminando por la noche fría de París, cuesta arriba desde la estación del metro Boulets-Montreuil por la calle Voltaire. Ese 22 de octubre de 2005 la sala ya está llena y dos "compañeros" lo ven venir cansino, lento, paciente y en silencio. Casi como siempre, de vaquero y campera, si no fuera por ese secretario de traje que acompaña al recientemente nombrado Ministro de ganadería y agricultura José Mujica. El secretario viene detrás, a la rastra, como sin saber dónde ponerse en esa vereda estrecha que el Pepe ocupa codos abiertos, manos en el bolsillo. Los "compañeros" sonríen, "ahí viene" susurra el más veterano. "Buenas", llega el Pepe. ¿Viene Tabaré?", pregunta siempre el veterano. Sin exageraciones ni apretujones Mujica saluda a casi todos. El Pepe sube al estrado, se sienta detrás de la mesa y el Viejo lo presenta: "Buenas noches compañeros, estamos muy contentos de recibir hoy en La Parrilla al compañero... se interrumpe a sí mismo, breve silencio, sonrisa cómplice, su mirada busca la del ministro, se sonroja... Pepe, ¿qué más puedo decir? Te paso el micrófono y hablá vos?" -"Muchas gracias, Viejo. Buenas noches, compañeros"... y sigue el Pepe con un discurso que se prepara para ser largo. Fue allí, durante el discurso del viejo líder tupamaro, del guerrillero vuelto senador hace ya unos años y ahora flamante ministro del primer gobierno de izquierda de la historia, que entró el presidente de la República Oriental del Uruguay. Todos sabían que estaba en París pues la prensa no dejaba de hablar de la gira del presidente y su comitiva de ministros por Europa. Pero ver entrar allí a Tabaré Vázquez, sonriente y caminando, verlo sentarse allí, en una de las mesas en las que ellos comen, se emocionan, se emborrachan, cantan y sobre todo, sobre todo, se encuentran y conversan estos veteranos del exilio, eso no, nadie lo esperaba. El presidente en persona, el Uruguay en cuerpo y alma. Un tropel de sentimientos y emociones en cada uno de ellos. Distantes y nerviosos quedaron en el pasillo los dos custodios que el gobierno francés había dispuesto para proteger al jefe de Estado en visita. Difícilmente estos últimos hubieran imaginado alguna vez entrar así, como Pancho por su casa en este antro de las izquierdas del Sur donde se codean tupamaros uruguayos con Madres de la Plaza de Mayo argentinas, Sin Tierra brasileros con Tamules de Sri Lanka, la OLP de Palestina, vascos e irlandeses entre tantos otros. ¿Inmigrantes, extranjeros o exiliados? ¿Quiénes son esos uruguayos que se encuentran semanalmente en La Parrilla, todos los viernes, en París, en torno al asado acompañados por muchos otros argentinos, unos cuantos chilenos y, a veces, algunos paraguayos, brasileros o bolivianos? ¿Pudo el triunfo de la izquierda poner fin a un exilio que algunos sienten desde hace más de treinta años? ¿Qué reconoce el (primer) presidente (de izquierda) de la república con su visita a La Parrilla? Sin duda, ese encuentro entre el presidente y los uruguayos residentes en Francia se diferencia del que se produjo días después en la casa del embajador uruguayo en París. La Parrilla es la embajada del exilio, símbolo para la izquierda de una perseverancia y de una resistencia que no pueden dejar de asociarse al triunfo del Frente Amplio en las elecciones de 2004. No me propongo aquí hacer "la" historia del exilio oriental en tierras galas. Quisiera más bien explorar la subjetividad y la sociabilidad de esas personas, describir su vivencia. Ofrecer simplemente una observación del exilio de los uruguayos en Francia tal como me parece fue vivido por muchos desde 1972 hasta ese octubre de 2005. Para ello sostendré la hipótesis de que el desgarro, el corrimiento y el desfase se encuentran entre los principales elementos que caracterizan la consternación en la que se instala el exiliado. Iremos incluso más lejos para decir que la condición de "izquierdistas", de hombres que se conciben a sí mismos como "críticos" del orden social, vuelve más agudo el sufrimiento del destierro. El exilio fue vivido bajo una tensión subjetiva muy fuerte, que atravesó tanto la vida privada como colectiva de los uruguayos. Desde el punto de vista personal, integrarse en la sociedad francesa significaba renunciar a volver al Uruguay. Conseguir trabajo, aprender el idioma, amar las costumbres culinarias y deportivas, hacerse de amigos, participar de la vida ciudadana, respirar una nueva geografía y un nuevo clima, todo requería de un esfuerzo y de una ruptura subjetiva importantes. ¿Es posible renunciar a su identidad? Ser más puntual y más formal en una sociedad más burocratizada y en la que los ritmos de trabajo son más intensos, aceptar una separación más tajante de la vida profesional, pública y privada, fueron exigencias que se presentaron como un cambio en los estilos de vida. A la inversa, sobre el plano colectivo, perpetuar el combate político por el Uruguay significaba aferrarse a la condición de uruguayo, es decir de extranjero, lo cual implica un esfuerzo importante por mantener la distancia y la separación con la sociedad de destino. En un primer momento, esto no presentaba mayores inconvenientes: los uruguayos eran recibidos por otros compatriotas, y hasta la toma de conciencia de que el exilio se prolongaría durante años, vivir entre uruguayos y como uruguayos en París no era complicado. Bastó con hacerse de redes para obtener yerba, libros y discos, entrenar a algunos carniceros para que aprendieran a cortar asado, y el resto lo hicie-ron la canción popular y la literatura, manteniendo presentes como sentimiento de refugio pueblos de campaña y barrios de Montevideo en cada encuentro entre orientales. Pero una vez que la incorporación al nuevo medio social fue decantándose, los conflictos comenzaron a imponerse. Y éstos plantearon muchas tensiones y líneas de contradicción. ¿Cómo lograron los exiliados mantenerse juntos, y cómo hicieron para procesar la dolorosa experiencia del destierro? Gracias a la conversación. De modo inconsciente y casi desapercibido, la conversación se impone como una de las dimensiones fundamentales del exilio pues es gracias al diálogo que la experiencia individual se lía no sin dificultad con la vivencia de otros para dar a cada quien las palabras que le permitirán evitar el aislamiento y dar un lugar a lo arbitrario. Pero no siempre hablando se entiende la gente y la conversación no lo arregla todo. Breve racconto de por qué y cómo los uruguayos llegaron a Francia Prácticamente con la sola fuerza de su voluntad, Alain Labrousse había organizado ya hacia 1971 toda una actividad de denuncia de la represión que comenzaba a ejercerse en Uruguay contra la izquierda. Labrousse había vivido la movilización estudiantil en 1968. Trabajaba entonces en el Liceo francés de Montevideo como joven cooperante y desde ese lugar no sólo había podido observar una movilización política que habría de encantar a muchos jóvenes intelectuales en Europa y América Latina, la guerrilla de los tupamaros. 2 También le tocó asistir al modo acelerado en que el gobierno de Jorge Pacheco Areco limitaba las libertades públicas para girar hacia un régimen feroz. Observó entonces la acción de los "escuadrones de la muerte", el vuelco de la acción policial hacia la represión clandestina, en fín, el Golpe de Estado del 29 de junio de 1973 y la instalación de la dictadura militar que generalizaría la tortura, la prisión y los asesinatos en un clima que prefiguraba ya las operaciones del "Plan Cóndor". Alain Labrousse volvió a Francia en 1971 convencido de que la represión sería cada vez más acentuada, a medida que el poder del Partido Colorado se 2 El "Movimiento de liberación nacional -Tupamaros" se lanza a la lucha armada en el Uruguay en 1963 alcanzando un peso político muy importante entre 1969 y 1971. Fue aplastado por la represión hacia fines de 1972. Actualmente los tupamaros constituyen el primer grupo político del gobierno de la izquierda en Uruguay. A. Labrousse es el autor del primer libro sobre la guerrilla uruguaya en francés: Les Tupamaros: guérilla urbaine en Uruguay, Seuil, Paris, 1971. agotara y crecieran las fuerzas de contestación representadas por la guerrilla de los tupamaros, por la izquierda reunida en el Frente Amplio y por el clima de revuelta que ganaba rápidamente las organizaciones sindicales y estudiantiles. Había asistido a las denuncias en el parlamento de la tortura sistemática y a varios asesinatos a manos de las fuerzas policiales, de las fuerzas armadas o de los escuadrones de la muerte. Algunos de esos crímenes tendrían gran repercusión: el del estudiante Líber Arce en una manifestación, el de ocho militantes reunidos en un local del Partido Comunista, el de varios tupamaros torturados y arrojados muertos en la vía pública. El exilio uruguayo en Francia se vio así alimentado por tres grandes oleadas: una primera tanda llega entre 1972 y 1976, son esencialmente tupamaros y otros grupos armados, y son relativamente pocos -menos de cien personas-. A partir de 1977 llega una segunda tanda más numerosa en la que se destacan los militantes y simpatizantes de otros grupos de izquierda (sobre todo comunistas) o sindicalistas, e incluso algunos miembros del Partido Blanco. Este segundo grupo es alimentado por la nueva ola represiva lanzada por la dictadura en Uruguay, y por quienes son masivamente expulsados de Argentina tras el golpe de estado del general Videla en ese país. Por último, una tercera tanda viene de Cuba. Se trata mayoritariamente de tupamaros que, habiendo llegado a Chile antes de 1973, se refugian una segunda vez en Cuba expulsados por la dictadura del general Pinochet. Finalmente, la prolongación de la estadía cubana en condiciones de aislamiento los lleva a quitar "la isla" hacia Europa a finales de los años setenta. 3 Los primeros exiliados llegaron a Francia en 1972, antes de la dictadura, y se encontraron entonces en París con el embrión de lo que sería una de las principales organizaciones de defensa de los derechos humanos: el Comité de defensa de los presos políticos en el Uruguay (CDPPU). Pronto se convertirían en el grupo que más fuertemente marcó la presencia uruguaya en París, pero entonces no era más que un puñado de militantes vinculados a la constelación tupamara. A medida que el flujo de exiliados comienza a aumentar, el "Comité" va sumando otras tareas a la de denunciar las violaciones de los derechos humanos cometidas por el gobierno de Pacheco en un primer momento y posteriormente por la dictadura de José María Bordaberry. 4 Por una parte juntan fondos con el objetivo de ayudar a las familias de los presos, y por otra, se organizan para socorrer a quienes van llegando a un país extranjero sin dinero, sin trabajo y, en la inmensa mayoría de las veces, sin conocer el idioma. Así quedó estructurada para siempre la acción colectiva de los exiliados: "seguir la lucha por el Uruguay" enviando fondos y llevando la voz del Uruguay al espacio público europeo, y "ser solidarios con los compañeros" ayudando a la integración social de las familias y los individuos en el trabajo, en el albergue, el equipamiento del hogar, la orientación en el nuevo espacio social; y creando espacios comunitarios como la Casa del Uruguay o La Parrilla. No es posible establecer con precisión el número de exiliados que llegaron o que se establecieron en Francia, como no ha sido posible establecerlo fehacientemente para ningún otro de los países que acogieron el exilio uruguayo. Un trabajo sobre los registros de los distintos grupos de exiliados en París y sobre la base de diversos testimonios lleva a pensar que los exiliados uruguayos en Francia no sobrepasaron en mucho las mil quinientas personas, concentradas esencialmente en la región parisina, con algunos otros núcleos en Marsella y Toulouse, y en menor medida en Lyon. 5 El hecho de tratarse de un grupo relativamente pequeño de personas tuvo un efecto importante respecto a la experiencia social que nos interesa. Los uruguayos vivieron su exilio de un modo que preferimos llamar "pueblerino" o "barrial" más que "comunitario", donde lo esencial era que "todo el mundo conoce a todo el mundo". Sobre la base de esa sociabilidad pueblerina o barrial, los exiliados debieron procesar al mismo tiempo la experiencia común del destierro junto con una serie de diferencias que no fueron tan lejos como para concebir el exilio como una vivencia singular, pero sí lo suficiente como para alimentar divisiones duraderas entre los individuos, los grupos y las familias. Muchas de esas divisiones estaban fundadas en los clivajes previos que introdujeron las pertenencias políticas. Así, el exilio uruguayo en Francia se organizó principalmente entre el polo de los tupamaros, que constituyó el primer grupo, el más numeroso y el más influyente, y el polo de los Frenteamplistas con fuerte predominancia comunista. 6 Pero por debajo ésta división objetiva estaba marcada por una serie de fracturas subjetivas que estructuraban la experiencia de un modo tal vez más profundo. Dedos son dedos, días son días, madres son madres, ¡madres! hijos son crías, los pensamientos son todos míos pero mi lengua ya no es tan mía Rúben Rada: "Dedos" "Había dos tendencias diferentes. La línea de ruptura era: los que se integran y los que no se integran. Había unos que se integraban al punto que no querían hablar español para poder hablar bien francés, que sólo tenían amigos franceses y que se querían integrar cueste lo que cueste. [...] Los otros se refugiaban en el español y no querían hablar en francés. Era un rechazo total. Sentían que hablar en francés era como aceptar la condena del exilio. Yo creo que los que vivieron en comunidad lo necesitaban, eran los que tenían menos capacidad de abrirse al mundo". 7 La censura moral a quienes primero se fueron integrando fue muy grande: "te estás afrancesando" equivalía a "te estás aburguesando", "nos estás traicionando" y podía ir hasta "estás traicionando al país", o "te olvidás de los que quedaron allá". La vida política de todos los grupos, fueran éstos comunistas, tupamaros u otros, requería de una adhesión sin restricciones a la orientalidad, que fue evidentemente exacerbada. El uruguayo se volvía más oriental que el postre Chajá o era rápidamente olvidado por sus compañeros de desventuras. El proyecto político y la identidad revolucionaria pasaron muchas veces a depender del gusto por el mate amargo, y resultaba prácticamente evidente que el amor al rugby implicaba una trai-ción de principios que sólo el fútbol podía garantizar. La asociación entre estarse afrancesando y estarse aburguesando nos ofrece el punto de vista por el que el exiliado se diferencia del inmigrante. No hay duda de que, desde un punto de vista formal, existe una diferencia radical entre quien se juega la vida en el destierro (el exiliado) y quien parte, en el anhelo o en la desesperanza, tras nuevos horizontes (el inmigrante). Pero desde un punto de vista subjetivo, la experiencia del exilio agrega una matriz política con la que todos son llevados a leer la realidad. Así, la "integración social" del inmigrante, el afrancesamiento, se convierte en aburguesamiento. La tensión atravesó evidentemente a cada persona de modo distinto. De los que no volvieron al Uruguay, unos evolucionaron desde la identidad del exiliado a la de inmigrante, los otros quedaron "exiliados para siempre". El exiliado está transplantado, forzado a residir allende la mar, permanece en estado de flotación con relación a la sociedad que lo cobija y ajeno al país que lo expulsó y al cual no puede renunciar a pertenecer. El inmigrante aterriza finalmente en Francia porque decide un día irse del Uruguay. Ya no sufre el exilio, padece de la inmigración. Corre el año 1999 y ayudamos a un amigo, exiliado en 1974, a pintar el salón de la casa que acababa de comprar en Fontenay-sous-Bois y que se prepara a pagar con un crédito a veinte años. Quince años han pasado ya desde el fin de la dictadura, y del exilio. Nuestro amigo tiene hijos que crecen, se integra, se endeuda. Pensativo en las raíces que está echando en tierras galas, nos dice: "no sabemos si hacerle una pieza a Mónica [la hija menor que nació en París] para cuando crezca, porque el problema es que no sabemos si nos volvemos o nos quedamos"... Justo en el momento de instalarse, tras veinticinco años de vida en Francia, viene la duda. ¿Está el Uruguay perdido para siempre? Así como el inmigrante niega la ruptura de sus lazos con el país de origen, al exiliado le cuesta aceptar el fin de su condición de exiliado. Esta tensión fue atravesando a unos y a otros en diversos grados y en distintos momentos, en función de los más variables episodios, entre los cuales enamorarse fue uno clave. Encontrarse diciendo je t'aime no estuvo nunca exento de consecuencias. La disyuntiva también atravesó familias y parejas que se veían confrontadas al problema de sus hijos: niños que habían nacido en Francia, que iban a la escuela en París y que eran alfabetizados y socializados en francés... ¿se podía exigir de ellos que añoraran las puestas de sol en la bahía de Montevideo? Pero dado que el exiliado organizó su vida en una primera etapa en torno a la pertenencia a un grupo de compañeros, la tensión llevó siempre la marca de un conflicto unas veces perverso y otras borroso entre vida privada y vida colectiva. En ese sentido, el combate político de los exiliados retiene a las personas en un estado de separación de la sociedad en la que viven que no puede durar. En uno de sus últimos discos, Daniel Viglietti dedica una canción a su hija nacida en París de padre uruguayo y madre francesa. Con una gran ternura el autor pone en evidencia toda la ambivalencia de la que hablamos: mi niña nació de noche por mañana / el norte la concibe y el sur la llama / y el sur la llama. 8 En un primer momento el exiliado se adhiere a esa distancia con la sociedad pues ella reproduce o continúa la distancia con la que los militantes construyeron su relación con la sociedad ya en el Uruguay. Si para la mayoría de los uruguayos el exilio debía ser "una manera de entender la lucha contra la dictadura", esto también debía significar una forma de vida o de supervivencia económica: conseguir un trabajo era una cuestión central. Era necesario ganarse la vida, lo que imponía ya una condición de integración, lo quisiera el exiliado o no. Pese a llegar a una Francia de pleno empleo, la situación no fue fácil. Es cierto que hubo un pequeño grupo que tuvo la vida más llevadera. Es el caso de los científicos, quienes revalidaron sus títulos y pudieron entrar en universidades, institutos de investigación y hospitales. Los militantes, en cambio, llegaron sin trabajo y sin relaciones. Muchos eran muy jóvenes y no habían tenido tiempo de terminar sus estudios. El grueso de los exiliados en Francia debieron "reconvertirse" o encontrar empleos no calificados: porteros, recepcionistas de hotel, encargados de cafeterías, lava-platos en cafeterías y restaurantes, plomeros, albañiles, maestros de idiomas, limpieza. Como dice un exiliado, "se trataba de pequeñas 'bandas' que se ayudaban entre sí para encontrar trabajo". En Tristes tropiques, Claude Lévi-Strauss observa ya con justeza que el desplazarse de una ciudad a otra conlleva siempre una desclasificación social: "sea en más o en menos, en el sentido de una mejora de la condición material o en el de su deterioración, se necesitaría un milagro para que el viaje no correspondiera a ningún cambio. Al mismo tiempo que transporta a miles de kilómetros, el viaje hace subir o bajar algunos grados en la escala del estatus. El viaje desplaza, pero también desclasifica -para bien o para mal-y el color y el sabor del lugar no pueden ser disociados del rango siempre imprevisto donde él nos instala para saborearlos". 9 En la experiencia del exilio ese desplazamiento/desclasamiento adquiere una dimensión muy importante dada por la violencia de una partida que lleva a resistir toda adaptación, sea porque se la vive como una derrota política, sea porque se carece del proyecto con el que el inmigrante orienta la percepción de su viaje. Esa radicalidad de la situación del exilio se expresa fundamentalmente en la cuestión del idioma. Toda la relación con la sociedad de destino, y los desplazamientos de una posición social a otra que el destierro conlleva, aparece bajo un aspecto lingüístico. El idioma es en primer lugar una barrera importante para la integración laboral y personal en Francia. Pero no sólo para ello. En las relaciones de los exiliados con sus hijos, nacidos y socializados en Francia, o con sus compañeras también se presentó este problema. Si bien los uruguayos de aquellas generaciones estudiaban francés en el liceo, la gran mayoría no contaban con un manejo suficiente del idioma como para desenvolverse en la vida cotidiana. Para éstos la falta de fluidez significó una profunda "herida narcisista". El capital lingüístico del que disponían los exiliados los llevó a ver disminuidas sus capacidades de expresión y de lucha en las interacciones cotidianas, a verse subrepticiamente desarmados frente al otro. Y detrás de esta adquisición del idioma se halla la de los códigos culturales y la de las normas sociales. Si para los hijos de exiliados, llegados con pocos años o nacidos en Francia, esta apropiación fue más fácil, para los adultos con más de veinte o treinta años no fue nada evidente. El desconocimiento del idioma, la falta de trabajo, la soledad y la distancia con los seres queridos, la nostalgia por los olores, los colores, los sabores y los lugares dieron a la experiencia del exilio una ambivalencia continua, un torbellino de sentimientos encontrados. Frente a las dificultades de la vida cotidiana, la posición particular del exiliado llevó incluso a situaciones muy difíciles: encierro identitario, sectarismos, brotes sicóticos, intentos de suicidio. Claro que no puede decirse que la generalidad haya alcanzado tal dramatismo. El exilio conllevó una gran cuota de sufrimiento social y psicológico, pero unos y otros contaban con distintos medios para afrontar estos conflictos. Para quienes eran militantes políticos confirmados, el exilio era algo duro, que se sufría, pero podía ser vivido como una consecuencia del compromiso político. La identidad que confiere la lucha significó para muchos un soporte subjetivo esencial, y sobre todo, como vimos, ofreció una matriz de lectura de lo que estaba sucediendo. Pero muchos se vieron compelidos al destierro sin poseer una sólida formación política o sin hacer del análisis político la clave que permite des-cifrar todo misterio. Para estos últimos, la experiencia del exilio apareció como algo incomprensible. Sin embargo, pese a la diversidad de situaciones todos los entrevistados coinciden en señalar que la comunidad de exiliados constituyó una verdadera tabla de salvación. "Hubo una enorme dependencia económico-afectiva de todo el mundo". Para la mayoría de los uruguayos la vida política y la personal eran una sola, estaban juntos para todo y juntos iban a todos lados. El exiliado, un extraño extranjero 10 Encontramos al "Francés" en casa del "Viejo" Díaz, uno de los notables de la colonia. Un asado en la periferia sur de París. Es domingo en el verano de 2003 y el encuentro reúne cinco uruguayos, un francés y una argentina. El francés se llama Jean-Pierre, nació en un valle de los Alpes y vive... en Montevideo (está de visita en París con Élida, su compañera, una uruguaya exiliada durante veinte años en París). En cambio el "Francés" es un uruguayo a quien sus compatriotas llaman así. Es hijo de españoles, se llama Pedro y nació... en Limoges. ¿Será el exilio, parcialmente al menos, un conjunto de subjetividades rehechas, de resocializaciones tardías? Sin duda, pero ¿qué relación existe en este caso entre historia colectiva y biografía? Como éste son muchos de los encuentros de los uruguayos que viven en Francia, pero veamos quién es quién en este asado. Veremos enseguida que las trayectorias sociales de cada persona confieren una complejidad extraordinaria a esos encuentros sociales. Hay tres parejas y un soltero (el "Francés"). Luciana y Denis vinieron a estudiar en los años noventa. Son la excepción, aunque Denis también es uruguayo, hijo de exiliados en Argentina. El resto de los convidados tiene más de sesenta años. Los dueños de casa, los Díaz, vinieron al exilio francés hace treinta años, en 1974. Tienen un hijo, de los mayores de la colonia, que nació en París, lleva Daimán como segundo nombre, casi no conoce el Uruguay y ahora vive en Tokio, donde fue a perfeccionarse en informática y se quedó luego a trabajar en Japón. Jean-Pierre se casó con Élida, otra uruguaya exiliada en los años setenta. Se conocieron en París y una vez jubilados, de jubilación francesa, se fueron a vivir a Montevideo cuatro años atrás, "para estar cerca de los hijos" que Élida tiene en Uruguay de un matrimonio anterior. El "Francés" llegó tarde al asado, "porque ya no recordaba cuánto demoraba el metro en llegar". Hace poquito que regresó de Montevideo y está viviendo en la casa de uno de sus hijos, en el norte de París. Ni bien llegó, el "Francés" se quedó afuera con el "Viejo" Díaz, mientras el resto de la reunión disfrutaba del aperitivo en la veranda. Ellos fuman, toman vino y conversan de la cana. Militantes del MLN, los dos estuvieron en la cárcel de Punta Carretas e inevitablemente rememoran episodios y compañeros. Al anecdotario se agregan dos preguntas que, como siempre en estos casos, conducen el diálogo. La primera actualiza la unión, restablece la complicidad, renueva el lazo eterno por evocación de momentos compartidos: "¿Te acordás de Fulano?" Esta primera pregunta está destinada a repetirse hasta agotar las horas del encuentro y las botellas de vino, parece que la totalidad de los momentos vividos juntos fueran revisitados. Tiene variantes y complementos: "¿Y Sutano?... ¿y te acordás de la vez que Fulano y Sutano agarraron a Mengana para la joda? ¿y cuando Mengano se agarró a las piñas con Fulano?" Otra pregunta, también destinada a la repetición, busca reunir los trozos dispersos por años de rupturas sucesivas, avatares y distancias: "¿Qué sabés de tal?, hace años que no lo veo, me dijo Mengano que andaba por México..." "¿Y el 'Flaco'? ¿qué sabés de él? ¿cómo anda la mujer? ¿me dijeron que andaba con problemas de salud? ¡Qué loco increíble ese! ¡Pahhhh, ese sí que es de fierro!" "Che, me dijeron que el 'Gordo' y la 'Renga' se habían separado... Siempre tuvieron problemas con la más grande, nació en la cana, pobre gurisa. Los encuentros de antiguos exiliados tienen eso como primera característica: la repetición. Evocar anécdotas y aventuras, muchas veces teñidas por el humor, es tal vez un modo de conjurar dolores y desgarros. Porque el exilio estuvo hecho de eso y debe encontrarse un modo de exorcizarlo. Las reuniones parecen idénticas entre sí. A los mismos diálogos guiados por las mismas preguntas, se agregan las figuritas repetidas de unos personajes que son siempre los mismos: la redundancia de unos amigos y camaradas de generación que se hicieron compañeros políticos y de aventura para volver a hacerse amigos de desventura años más tarde y añorarse finalmente en la distancia. Ese ciclo en tres tiempos marca el ritmo de una zamba que se repite, media vuelta y vuelta entera. Y como los encuentros son siempre de comilona, la redundancia se refuerza con idénticos platos que siempre evocan el Uruguay, la juventud y la infancia, las mismas bebidas que facilitan llegar al estado de ánimo de la reunión anterior, "la última vez que nos vimos". Y el tabaco que deja resbalar el silencio como si no fuera tal. El humo fija las ausencias que flotan desdibujadas entre las miradas de todos. En las reuniones sociales el antiguo exilio muestra la superficie agujereada de una sociabilidad que intenta restituir todo lo que no está. Tal vez por ello la repetición del mismo anecdotario no pueda más que reproducirse conversación tras conversación. La militancia de los años mozos, el pasado en el Uruguay y el exilio sólo pueden conjugarse en pasado imperfecto, son repetitivas evocaciones que permanecen en un presente continuo. Las noticias del Uruguay de hoy van mechadas entre bocado y bocado. Si Michel de Certeau fuera invitado a uno de estos encuentros cotidianos moriría de envidia por no poder hacer la sociología de una vida cotidiana que inasequible porque no transcurre aquí, no está ahí en lo que él podría ver y oír. 11 La vida cotidiana del exiliado está cargada de sentidos que no corresponden con la situación presente: provienen de otro tiempo y de otro lugar, de otra cultura, y de una experiencia que formó a las personas para actuar en un contexto que ya no es. ¿Cómo una imagen del Cerro organiza la experiencia de Montmartre? Tal vez en eso está la más paradójica de las tragedias por las que está atravesado el exiliado: es un hombre desplazado, vive doblemente décalé. Él cree que la vida se le quedó en el Uruguay, en un Uruguay del cual tiene plena conciencia que ya no existe. Le duele cada vez que viene un joven del barrio la Teja de hoy que no sabe qué quiere decir fiaca, aunque la panza le cruja. 12 El presente de su tierra transformada lo confronta a la tragedia de una identidad que añora algo que no existe. Y esa evocación infantil se redobla en el exiliado del desplazamiento forzado a una tierra no deseada: "Dolor, sentir/ como rebrota la infancia/ esa oscura distancia que/ nos quemaba la vida ayer/ y hoy es fuente de amor". 13 El primer corrimiento en la identidad del exiliado se produce en el encuentro entre la mirada que él tiene del Uruguay y la que los uruguayos tienen de él. Esos uruguayos que escrutan a veces no sin cierta perversidad sus signos de afrancesamiento. Pero este primer desplazamiento está redoblado por otro. 11 De Certeau, Michel; Giard, Luce, y Mayo, Pierre: L'invention du quotidien, Folio Essais, París, 1990. 12 Fiaca: hambre en el lunfardo uruguayo de los años setenta. 13 De la canción "Volver", de José Carvajal "El Sabalero", compuesta en Holanda hacia 1980 se convirtió en uno de los emblemas del exilio uruguayo. SUFRIR LEJOS, QUEDARSE JUNTOS. ISSN: 0210-5810 La mayor parte de los uruguayos que están aún en Francia están perfectamente integrados en la sociedad francesa. Allí viven, trabajan, crían a sus hijos, votan, leen el diario, miran televisión, disfrutan de las protecciones sociales; en fin, se integran. Pero el antiguo exiliado se siente radicalmente diferente del francés: no es lo mismo, ellos son franceses. Y evidentemente, el exiliado es visto desde la diferencia, se lo coloca en la condición de simple extranjero por los nacionales que no pueden más que regocijarse en los defectos de su fonética y su gramática, como quien se complace en la inhumanidad del estigmatizado. Si hoy el que antes fuera exiliado devino en simple inmigrante, su condición de antiguo exiliado no deja de pesarle. Es en ese sentido que muchos exiliados quedan varados en esa condición, aun cuando las condiciones de persecución política se hayan extinguido en el país de origen. ¿Cómo se procesa la experiencia de la "proletarización" en una sociedad de la abundancia? El "Viejo" Díaz era escribano en el Uruguay de los años setenta. Tenía un estudio en una de las zonas más reputadas de la capital, en una de las esquinas de la Plaza Matriz. Militante tupamaro, cayó preso en 1971 y fue encerrado en la cárcel de Punta Carretas. En 1974 salió con la "opción", rumbo a España con su mujer. Como un "terrorista" fue subido al avión, esposado, con un pasaporte que fue entregado a la tripulación. Sin embargo, el Madrid de Franco no resultaba tierra muy propicia para quien seguía considerándose a sí mismo como un militante. Decidieron ir a París, donde ya funcionaba el CDPPU. Entre los techos de un edificio de la calle Mouffetard consiguieron una pieza en la que se instalaron: "La pieza y la cama eran tan chicas que yo dormía con el filo de fierro de la cama atravesado en la 'espalda' -por no decir otra cosa-, y un día le dije a mi mujer:'Te juro que en la cana estaba mejor'. ¡Hasta hoy no me lo perdona!". Pocos días después consiguió un trabajo como lavacopas en un restaurante. Si bien es cierto que su diploma no posee ningún valor en un país extranjero, el "Viejo" no hizo ningún esfuerzo por conseguir un trabajo acorde a sus competencias y calificaciones, alguna suerte de trabajo no manual. Al tiempo comenzó a trabajar en la construcción, esencialmente como electricista, pero en realidad como obrero independiente. Como tantos otros inmigrantes, el Viejo es polivalente: pintura, carpintería, electricidad, nada se le escapa dentro del marco de pequeñas reformas e instalaciones domésticas o de pequeños comercios. Siempre trabajó junto a otros uruguayos, argentinos, chilenos, algún peruano, español o colombiano. Nunca lo acompañó un francés. Hasta que se jubiló y volvió al Uruguay en 2006, hizo incluso funcionar una pequeña empresa de la cual él fue el único empleado, y que le permitió escapar al trabajo en negro. Esta "proletarización" está sin duda asociada a un deterioro de su salud con el que paga el precio de muchas horas de trabajo físico sumado a las interminables horas de militancia y a las secuelas del paso por la cárcel. Esta segunda "opción", personal esta vez, es un camino transitado por muchos, y las encrucijadas que lo atraviesan van más allá del caso del Viejo. Por una parte muestra la fuerza del grupo sobre el individuo que asume con la "proletarización" el respeto de una voluntad política colectivamente definida; pero por la otra, esa "proletarización" muestra también una estrategia de inscripción social en el exilio. En efecto, apoyándose en el compromiso militante asumido, la "proletarización" se convierte en un modo que tiene el exiliado de dar prioridad a la inscripción "comunitaria" en el grupo de militantes exiliados sobre una opción de integración en la nueva sociedad. Por medio del "sacrificio" que significan el trabajo y el compromiso militante, el exiliado explica su rechazo por jugar el juego meritocrático de los premios y los beneficios de la sociedad en la que vive. En la sociedad de la abundancia, él elige una vida franciscana, de despojo. La opción es clara: "por los compañeros" (que siguen presos, en una primera etapa, pero que honrarán la opción de proletarización como lo hicieron los dirigentes tupamaros después de 1985), "por el pueblo uruguayo, que queda bajo las garras del régimen y que no tuvo la suerte de salir". La opción es clara también contra el aburguesamiento, y este punto se revelará particularmente importante: en tanto sociedad de la abundancia, todo el estilo de vida francés es implícitamente catalogado de burgués. Hasta tal punto de que un adjetivo suplanta el primero: ¡ya te estás afrancesando!, se verá tal vez acusado quién aparezca con auto nuevo. La postura implica entonces una estrategia de exiliado que se basa en la distancia entre prescripciones y etiquetamientos sociales que al atravesar el Atlántico cambiaron de sentido porque se aplican ahora a una sociedad en la que no fueron concebidos. Adoptar el estilo de vida de una sociedad de consumo es como pecar de traición, como pasarse al bando del enemigo. El problema se convertirá en una de las fuentes de conflicto más importantes entre los militantes exiliados. En un primer momento, cuando el exilio es visto por la mayoría sólo como una etapa (y no como una emigración definitiva), el mantenimiento de la distancia con la sociedad francesa presenta problemas menores. "¿Hasta qué punto vale la pena apren-der el idioma?", es una pregunta que tiene un tipo de respuesta si me pienso como uruguayo y si supongo que volveré. Pero cuando los meses de dictadura comienzan a ser largos en Montevideo y los inviernos parisinos insisten con la grisaille, la necesidad de integrarse se acentúa. La búsqueda de un trabajo se impone, los hijos aparecen, crecen y deben ir a la escuela. "Muchos empezaron a plantear la necesidad y el deseo de vivir como una persona normal". Es en ese cruce de corrimientos redoblados en el que reside la subjetividad del exiliado, esa figura particular del extranjero que está condenado a ser donde no está (¡qué suerte del español que conserva la distinción de esos dos verbos fundamentales y nos ahorra tanta explicación: ¿cómo será un exiliado francés?, pues il est la où il n'est pas. ¿Y la de un exiliado inglés?, pues he is where he isn't). Volvamos ahora sobre la significativa historia de vida de Pedro, el "Francés", que él nos contó ya en ese asado y que hemos podido reconstruir más tarde en detalle a través de entrevistas. No tanto porque su biografía constituya un ejemplo típico, que no lo es, sino más bien porque la singularidad de su relato reúne, hipostasiado, el fenómeno del corrimiento característico de la subjetividad del exiliado. Soldado republicano, el padre de Pedro se refugió en Francia en 1939, donde pasó una buena parte de su exilio tras la guerra civil. Se instaló en las cercanías de Limoges donde tuvo dos hijos con su esposa, también española. "Primero los metieron en un campo de concentración, como a muchos de los españoles en esa época. Pero después él participó en la Resistencia, así que después de la guerra el PC francés lo ubicó en un pueblito donde le dieron casa porque la municipalidad era comunista. Le dieron una medalla de honor, nos cuenta el 'Francés'." En 1952 la madre de Pedro muere en el parto junto con su tercer hijo. Solo, con dos niños, el padre decide partir hacia América ("Mi viejo no bancaba a los franceses. Primero intenta México, destino para el que no consigue visa, y finalmente parte rumbo al Uruguay en un barco que zarpa de Marsella. En Montevideo, el exiliado republicano se hizo carpintero en el barrio de Colón. Y habiendo nacido en Limoges, Pedro se convirtió naturalmente en el "Francés", mote que lo acompañará toda su vida. Tanto más desde que su padre -que "no bancaba a los franceses" eligió el liceo de la elite intelectual montevideana para que él siguiera sus estudios: el Liceo Francés. Como muchos de los otros exiliados españoles, el viejo republicano gozaba de una intachable reputación de combatiente. Oriunda también del barrio de Colón, Isabel, la mujer del Viejo Díaz lo recuerda así: "Era un vie-jo impresionante. Todos lo queríamos mucho en Colón. Así, tal vez impulsado un poco por el prestigio heroico del padre, otro poco por los aires del tiempo, y seguramente bastante por un convencimiento interior, que él identificaría con el "compromiso con la historia y con la suerte del pueblo", Pedro ingresa en el MLN-T a los veinte años. Se hace militante con una doble herencia paterna: sus ideas de combatiente (a través de las cuales, valga recordarlo, los viejos republicanos influenciaron en gran medida la formación de la guerrilla uruguaya)14 y el oficio de carpintero. Pedro se integró en una columna ocupándose de la infraestructura: era el encargado de construir "berretines", pequeños escondrijos basándose en la simulación de dobles fondos de muebles, roperos, mesas, etc. Entre los tupamaros, el "Francés" adopta un nuevo nombre para la clandestinidad: se llama el "Gallego", inscribiéndose así más en la identidad de su padre que en su propia historia. En 1972 Pedro emprende un viaje de regreso a su país natal, veinte años después de su partida: se exilia en Francia. ¿Puede alguien exiliarse en su país natal? Sí, él no puede vivir ese viaje más que como un destierro suplementario. Se siente perfectamente uruguayo, ese pequeño país en el que ha caído en prisión y que ahora lo expulsa en un avión. Corrimiento tras corrimiento, su identidad parece no terminar nunca de desplazarse. Pese a trabajar normalmente Pedro no vivirá nunca entre franceses durante los quince años de exilio en Francia, su país de origen. Su vida de destierro será entre los exiliados uruguayos, principalmente, más algún que otro chileno de esos que han llegado por miles tras la caída de la Unión Popular y entre los cuales se encuentra su futura mujer. Y los uruguayos, sarcasmo criollo mediante, señalarán el décalage permanente de Pedro, el "Gallego", nombrándolo con agua de otra pila bautismal: es en París que a Pedro comienzan nuevamente a llamarlo el "Francés". En Francia él parece una bola flotante entre dos campos que lo repelen: los franceses no pueden dejar de ver en él un extranjero, sus compañeros exiliados se distinguen de él recordándole por el epíteto burlón que él no es un auténtico oriental. Y así continuará Pedro desplazándose, estando allí donde no es. Construyendo el tiempo y el lugar a través de la proyección de otras coordenadas. Se vuelve a Montevideo con la familia que ha construido en el exilio. Su mujer chilena y sus hijos nacidos en París lo acompañan. Pero la cosa no funciona. Divorcio mediante, su mujer y sus hijos regresan poco después a Francia. Nadie logra integrarse ni enraizarse en ese país extranjero que es para ellos el Uruguay de finales de los años ochenta. En Francia, el "Francés" había abandonado las filas tupamaras y cambiado así de grupo de referencia: pasó de los tupas a los bolches. Como todas las que toma, esa decisión tiene sentido en el corrimiento identitario que opera. Lo desplaza de su sociabilidad inmediata, pero lo acerca a un elemento de su historia (después de todo, su padre peleó con los comunistas franceses en la resistencia, y junto a ellos lo hizo en la República española). Pero cuando llega al Uruguay sólo le queda la casa paterna, aquella que construyeron juntos, donde él probablemente intente recomponer con retazos algún sentido de patria. Su familia lo deja, su padre murió en París y sus compañeros ya no son tales: él dejó a los tupamaros y los camaradas comunistas no lo reciben con los brazos abiertos. Pedro compra un taxi y recorre las calles de Montevideo durante otros quince años, entre 1987 y 2002. Seguramente fuma y piensa mientras conduce a sus pasajeros de un destino al otro. Destino, ¡qué extraña palabra en la existencia de un exiliado que parece no tener ninguno! ¿Le preguntará a las calles de la ciudad por su padre? ¿Buscará las huellas inexistentes de sus recorridos clandestinos cuando se jugaba la vida atravesando la ciudad en secreto? ¿Querrá saber qué pensaría su madre de esta ciudad en la que ella no lo puso en el mundo? ¿Cómo se sentirá cuando deja un pasajero en el shopping de Punta Carretas? 15 ¿Intentará situar su celda entre las marquesinas? ¿Qué será de sus compañeros de París que hace tanto no ve? ¿Qué será de sus compañeros de Uruguay, unos que ya no lo son porque dejaron la militancia o porque ya no lo reconocen, otros porque tomaron otras opciones políticas que él mismo no admite? Media vuelta y vuelta entera como en la zamba... Buscaba una jubilación que le permitiera sobrevivir, aunque sabe que los años que trabajó en Francia no alcanzan para casi nada. Pero el "Francés" no busca instalarse en Francia. Quisiera irse a Barcelona. "Nunca banqué a los franceses", nos dice el francés, como repitiendo para sí la sentencia que atribuyó a su padre. 15 En la cárcel de Punta Carretas fueron encerrados los prisioneros políticos entre finales de los años sesenta y principios de los setenta. En los años noventa, en el edificio de la vieja cárcel, parcialmente demolido y renovado, se instaló uno de los principales centros comerciales de Montevideo. La historia del Francés representa un caso extremo y a la vez una especie de tipo ideal de ruptura social. No se encuentra inscrito en ningún colectivo, no participa en ningún sistema de intercambios sociales y así paga las consecuencias. Paradigma de la desafiliación es su condición errátil, impuesta por un mundo en el que no puede afincarse. Su caso no representa al conjunto de los exiliados uruguayos que en su mayoría lograron insertarse en la sociedad francesa o volvieron al Uruguay. Pero su caso permite ver con claridad algunos de los trazos principales de la experiencia social del exilio. Mirando su propia condición de exiliado a través del prisma sociológico, Alfred Schütz escribió dos ensayos en los que intentó atrapar en la figura del extranjero algunas de las características generales de la relación del individuo con la sociedad. 16 El tema de Schütz es la distancia en la que se encuentra el extranjero con respecto a la sociedad en la que se instala. Esa relación social está marcada por el desfase entre los modelos de acción que el recién llegado aprendió en su país de origen y aquellos que son propios a la sociedad que lo recibe. Según Schütz, el exiliado experimenta un choque provocado por la artificialidad que éste percibe en las normas de comportamiento del nuevo grupo. Lo que para los nacionales constituye el marco de referencia naturalmente "pertinente" para pensar y afrontar todo tipo de problemas, para el extranjero no son más que soluciones artificiales puesto que necesariamente difieren de aquellas otras adquiridas "naturalmente" en el país de origen. El extranjero debe comprender prácticamente todo lo que parece evidente a los miembros de la sociedad que lo recibe. Schütz dice que a los ojos del extranjero, "el modelo cultural del nuevo grupo no posee la autoridad de un sistema de recetas probadas precisamente porque éste no comparte ese modelo que ha sido formado en el interior de una tradición histórica vivaz", que no es la suya. El problema es irresoluble, pues esa "tradición histórica" no llega nunca a formar parte de la biografía del extranjero: "Tumbas y recuerdos son cosas que no se pueden transferir ni adquirir". Schütz coloca así al extranjero en una posición fatal, pues si éste puede llegar a compartir presente y futuro de la nueva sociedad, "desde el punto de vista del nuevo grupo (la sociedad francesa, en nuestro caso), el extranjero es siempre un hombre sin historia". 17 En una clave similar a la de Schütz, el alemán Georg Simmel también dio cuenta de la figura del extranjero. 18 En él coincide con el enfoque del austriaco, según el cual la sociabilidad del extranjero está marcada por la distancia que separa su experiencia social de la de los miembros de la sociedad en la que vive. Sin embargo, para Simmel esta distancia define el lugar que el extranjero efectivamente ocupa en la sociedad. El extranjero no es quien permanece ineluctablemente separado, al margen de la sociedad. Extranjero es quien vive en un lugar sin haber formado parte del grupo desde el origen pero ocupa allí una posición definida: se encuentra integrado en la sociedad en tanto que extranjero. Hasta tal punto que le son reservadas ciertas actividades y hasta profesiones, como el comercio. El extranjero no es entonces errante, representa más bien una figura social que reúne en sí misma las dimensiones contrarias de la ruptura y la pertenencia. Puede quedarse e integrarse, pero siempre pesará sobre él la sospecha de querer partir en cualquier momento, de abandonar el barco frente a la primera dificultad. Como nuestros uruguayos, siempre habla de "volver". ¿En qué medida estas dos visiones corresponden con la evolución de la situación de exilio? Ambos autores permiten comprender un aspecto esencial de la relación de los exiliados con la sociedad. Puede pensarse que la visión de Schütz describe bien la situación de los exiliados al principio, mientras que la integración en la sociedad francesa no aparece como una opción. El análisis de Simmel, en cambio, parece corresponder a la situación de aquellos que deciden quedarse en Francia y de hecho dejan el exilio para convertirse en simples inmigrantes una vez terminada la dictadura en Uruguay y abiertas las posibilidades de retorno. ¿Qué ocurre si examinamos estas observaciones sobre la figura del extranjero desde el punto de vista de un exiliado político que ha vivido en un segmento relativamente corto de su existencia una historia tan fuerte como la de un militante clandestino: combate y muerte, traición y fidelidad, solidaridad, cárcel y destierro? Se observa que el militante de izquierda vivió ya un primer "exilio" al abrazar un proyecto revolucionario, mucho antes de exiliarse. La incorporación a un partido de izquierda radical pone a los militantes en situación de extranjería con respecto a la sociedad. El revolucionario rechaza las normas y el orden de la sociedad en la que vive, se distancia de ella y se integra en un nuevo grupo con el que comparte otros valores. La distancia crítica que construye en relación al orden social que quiere transformar desplaza al individuo hacia una nueva patria formada por su ideal, sus compañeros y camaradas. Los militantes de los años sesenta y setenta que entrevistamos en París dejaron círculos familiares, abandonaron carreras estudiantiles y profesionales o pusieron en juego sus puestos de trabajo mucho antes de caer en prisión o ser empujados al destierro. Esta posición se acentúa particularmente en el caso de quienes eligen el camino de la ilegalidad, y ella se redobla dramáticamente en momentos de proscripción, de represión, de persecución. Allí se vive una auténtica situación de exilio interno pues ya no es sólo el militante quien busca el distanciamiento, sino que éste es reforzado por el hecho de que el individuo es proscrito por la autoridad o por el poder. Hemos mostrado ya en otro lugar cómo este fenómeno de la toma de distancia del militante con el orden social se redobla en el exilio, y hemos mostrado cómo se expresa ese fenómeno en la música popular. 19 Las canciones de Daniel Viglietti, músico uruguayo exiliado en París expresan con claridad una parte importante del sentimiento colectivo del exiliado y probablemente ello sea una de las causas de su gran popularidad. Puede imaginarse el gran impacto emotivo de su Milonga de andar lejos cuando se la escucha fuera del país. El poema contiene toda la fuerza dramática que atraviesa la experiencia del exiliado, desgarrado entre dos mundos, lejos y sin embargo qué cerca. Al principio la milonga resuena lenta, con notas, gotas, que mojan el alma del uruguayo, y se acelera luego, violenta la voz de Viglietti, para romper el mapa y llamar urgente a la solidaridad: Ayúdeme, compañero, el dolor es mucho, Ayúdeme, no demore, que se nos viene el aguacero. Pero hay un hecho particularmente destacable: la canción no habla del exilio, fue compuesta antes y grabada en 1967. ¿Por qué una milonga de andar lejos? ¿Lejos de qué cuando se vive en el país y no se piensa dejarlo, se canta y se escribe para él? Lejos y sin embargo qué cerca: la imagen cartográfica no es en su origen más que la metáfora de la que se vale el poeta para cantar la distancia crítica a la realidad. No la del intelectual, sino la distancia en la que se funda un proyecto colectivo de cambio radical de la realidad: Yo quiero romper la vida, cómo cambiarla quisiera, para formar el mapa de todos, y trazarlo codo con codo. En este poema se observa una gran densidad sociológica dada por un simbolismo complejo. La experiencia de los militantes de izquierda en el exilio es aquella de un desgarro simbólico redoblado de un apartamiento geográfico y cultural. El exilio viene a multiplicar las dimensiones del distanciamiento simbólico que el militante había realizado al criticar la sociedad y apartarse de ella para construir un proyecto de cambio: No somos los extrajneros, los extranjeros son otros. En otra canción grabada en 1968, siempre antes de exilio, Viglietti musicaliza un poema de Washington Benavides para cantarnos por qué él no es de por aquí. 20 Una vez más, la canción pareciera anticipar la experiencia del exilio. El corazón del poeta está desvelado porque no es este pago mi pago/ que es otro que ya no sé/ si lo hayo. Para no quedar empantanado en la tragedia de ese lugar inexistente, que evidentemente no se encuentra ni en Uruguay ni en Francia, ese paraje que no hallo, el poema no puede sino deslizarse hacia la utopía de un lugar por construir, meter el hombro y alzarlo, en un proyecto de comunión. Milonga de andar lejos Esto que les voy a contar me ocurrió como si fuese la segunda vez que lo vivía El artículo que presentamos aquí se basa en una prolongada observación participante en el seno de la colonia de los uruguayos en París que se extendió entre 1996 y 2006. Lo esencial de esas observaciones fue realizado en La Parrilla, una de las estructuras asociativas creadas por los tupamaros. También fue realizada una serie de entrevistas (algunas en colaboración con Eugenia Allier) entre Montevideo y París, sin olvidar el análisis documental y bibliográfico. Somos conscientes de que la actividad de la Parrilla no representa la totalidad del exilio uruguayo en París. Ha constituido sí uno de sus centros principales. Entre otras cosas su presencia condensa un fuerte valor histórico pues es la única institución de la época del exilio que aún pervive. No es casual que Tabaré Vázquez haya elegido ese lugar de encuentro para rendir homenaje a todos quienes fueron expulsados del país más de treinta años antes del triunfo electoral de la izquierda en Uruguay. Todos los viernes el asado, la música -presente a través de "cantores populares" residentes en París o de paso por la capital francesa-y el encuentro entre amigos y compatriotas anima la actividad. Con casi veinticinco años de actividad, la Parrilla llegó a convertirse en uno de los principales espacios de sociabilidad no solamente para uruguayos sino para latinoamericanos en general, principalmente argentinos. Es tarde en la noche, tal vez sean las dos de la madrugada y la actividad de la Parrilla se termina siempre, como cada viernes. Después de que los últimos parroquianos deciden irse comienza el último tramo del trabajo de los militantes que animan el lugar. Limpiar todo, despejar el lugar y ordenar la totalidad de la vajilla y de los utensilios necesarios con los que tal vez una centena de visitantes venga a servirse el próximo viernes. Así llega un momento privilegiado para los militantes. Las puertas se cierran y una segunda cena es preparada para quienes trabajaron duro toda la noche. Un auténtico recitado de asado y vino comienza, y con él las historias que se rememoran. Increíbles sucesos que evocan encuentros y desencuentros vividos durante el exilio. A las preguntas reiteradas sobre aquellos de quienes no se tiene noticia se agrega un anecdotario que también se repite sin cesar. Pero hay un tercer tema de conversación mucho menos frecuentado, que no es en absoluto objeto de las conversaciones repetidas, pero que no por ello es menos central. Éste se relaciona más directamente con el pasado de las luchas clandestinas y con la represión. La presencia de ese pasado se encuentra frecuentemente en la base de la formación de la autoridad que organiza moralmente a la colonia de exiliados. Haber "pasado por la cana" (estar preso), "bancado la biava" (soportar la tortura), "estar en la pesada" (haber participado en hechos de armas), a veces haber perdido un ser querido en manos de la represión, son experiencias que fijan criterios de apreciación de unos sobre otros, pero que soportan el enorme peso de no poder ser dichos en público. No es posible instituir que la palabra de fulano no cuenta tanto como la de mengano que "este sí que la sufrió". Estas vivencias ligadas al sufrimiento y a una conducta individual respecto al grupo (no denunciar a sus compañeros bajo la tortura, es el ejemplo primordial, pero ser calificado de incondicionalmente "solidario" es otro que reviste no menos valor) son conocidas por todos pero evocadas únicamente en situación de confidencia y, salvo raras excepciones, jamás en público. Sin duda los mecanismos de selección de lo que se dice y de lo que no, de lo que permanece en silencio y de lo que es evocado como una rememoración repetitiva, pueden ser descifrados a partir de una conceptualización freudiana del "síntoma", sobre todo si pensamos en situaciones tan traumáticas como las que atraviesan las vidas de los exiliados. Podemos también poner el acento en el modo en que estas conversaciones ayudan a estructurar a la vez la sociabilidad y la experiencia que los exiliados tienen de su situación presente y de su pasado. Por quién se pregunta y quién no es evocado, el rol que se asigna a cada miembro del grupo en el anecdotario, las chanzas y las bromas reiteradas sobre fulano o mengano contribuyen al mantenimiento de un lazo simbólico que une a los exiliados entre sí. La conversación, con su forma repetitiva, prolonga la reunión hasta la madrugada, impide la partida, contribuye a permanecer juntos, a atenuar el sufrimiento provocado por la distancia y a evitar un aislamiento que puede acarrear consecuencias dramáticas. Pero ese "permanecer juntos" no se hace sin violencia simbólica, y esa violencia los exiliados la llevan hasta la expulsión de los compatriotas que no se adaptan a las normas del grupo. Pero esta forma del destierro en el destierro nunca es sancionada por una sentencia explícita. Se realiza por un simple paso a silencio de personas que desaparecen de la comunidad y de sus repetitivas evocaciones.
Los Sodomitas Virreinales: entre Sujetos Jurídicos y Especie/ 1 Esta investigación se propone abordar las prácticas sexuales, las configuraciones de género y la subjetividad desarrolladas por los denominados sodomitas en el Virreinato del Perú durante los siglos XVI y XVII. A través de una serie de procesos civiles, eclesiásticos e inquisitoriales seguidos por "pecado nefando", se intentará poner de manifiesto tanto la estrechez de las definiciones formales en torno a la sodomía -que la reducían a un simple acto jurídico-como la complejidad del fenómeno y las diversas experiencias de los sodomitas virreinales. 1 Esta investigación fue realizada gracias a un Programa de viajes internacionales vinculados a actividades científicas y tecnológicas de la Universidad de Buenos Aires (2006) y a la Beca de Residencia de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla (marzo, 2006) La sodomía -la de los antiguos derechos civil y canónicoera un tipo de actos prohibidos; el autor no era más que su sujeto jurídico. El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje: un pasado, una historia y una infancia, un carácter, una forma de vida; asimismo una morfología, con una anatomía indiscreta y quizás misteriosa fisiología. 2 Sin duda este ha sido uno de los pasajes más citado a fin de marcar la ruptura entre los significados moderno-medievales y contemporáneos de las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo. A partir del mismo se desprende que la sodomía no constituía un estado o característica del individuo sino un acto jurídico -basado, estrictamente, en la consumación de la penetración anal-pasible de ser punido. En ausencia de ese hecho, y más allá del mismo, no había nada que definiera al sodomita. No obstante, es preciso advertir que el taxativo contraste realizado por Foucault -sujeto jurídico vs. especie-proviene de lo que él mismo definiría como los "discursos del poder" -esgrimidos tanto por teólogos modernos como por médicos y psiquiatras decimonónicos-, los cuales, difícilmente, guardan identidad directa con las experiencias vividas por los individuos que eran objetos de su enunciación. En este sentido, este trabajo se propone abordar las experiencias sexuales de los sodomitas virreinales peruanos durante los siglos XVI y XVII, a fin de observar tanto la estrechez de la definición jurídica de la sodomía como la complejidad y la diversidad del fenómeno. En primer lugar, se formulará, en términos generales, la noción de sodomía vigente en el periodo estudiado. En segundo lugar, se realizará un acercamiento teórico en torno a la compleja relación entre sexualidad y género para, finalmente, abordar documentación histórica que permita dar cuenta de la realidad de los sodomitas virreinales. Aún cuando existan una serie de límites teóricos y metodológicos, es innegable que un estudio en ese sentido contribuiría a matizar -y problematizar-las visiones canonizadas vigentes en la historia de la (homo) sexualidad. La sodomía: ese pecado innombrable Sin duda, las definiciones sobre la sexualidad realizadas por los intelectuales de una época resultan más accesibles al conocimiento en la medi-da que llegan a nosotros a través de relatos sistematizados y coherentes, aunque, por lo general, fuertemente ideologizados. En este sentido, ¿cómo entendían los juristas, teólogos y moralistas de los siglos XVI y XVII estas prácticas sexuales? En primer lugar, estos actos sexuales eran denominados con el término "sodomía" y la escolástica tomista los incluyó dentro de los pecados de lujuria cuyo objetivo era la obtención de placer, con independencia de los naturales -y deseables-fines procreadores. A partir de esta definición, se construyó un ranking de pecados según su nivel de transgresión: en la escala más baja se situaba la fornicación simple, seguida por el estupro, el adulterio, el incesto y el sacrilegio. 3 Por último, en la cúspide de la lujuria, se encontraba el "pecado contra natura" o, más eufemísticamente, el llamado "pecado nefando". Dado su grado de transgresión, esta denominación permitía mantener bajo un halo de cripticismo una serie de actos sexuales considerados aberrantes por negar la procreación de manera decidida. La sodomía formaba parte de este tipo de pecado y, si bien adoptaba una modalidad particular -basada en la penetración anal tanto entre varones y mujeres como entre personas del mismo sexo-, poseía una naturaleza común a otras prácticas sexuales como las molicies y el bestialismo. Asimismo, la gravedad de estos pecados residía en el hecho de que atentaban contra la obra de la creación, en la medida que, desde el derecho canónico, se proponía que la misma, aunque total y perfecta, constituía una tarea en permanente construcción. El varón, creado a su imagen y semejanza y portador de la simiente procreadora, se convertía en el colaborador directo en la tarea de la "creación permanente", capaz de hacer efectivo aquello de "creced y multiplicaos". En este sentido, cualquier desviación en la labor encomendada por Dios era entendida no sólo como una alteración del orden creado por Él sino como una ofensa directa hacia su persona. La sodomía, la bestialidad y las poluciones provocadas por las molicies implicaban un derroche seminal que, en palabras de Francisco Tomás y Valiente, podía entenderse como un trastrocamiento nocivo de la "economía de la creación". 4 Por otra parte, estas prácticas sexuales, además de ser definidas teológicamente como pecados, constituían delitos en un sentido jurídico. Esta 3 Para una descripción detallada de los pecados de lujuria ver Francisco Tomás y Valiente: "El crimen y pecado contra natura", en Francisco Tomas y Valiente et alt.: Sexo barroco y otras transgresiones premodernas, pp. 33-55. 37. dualidad se basa en la peculiaridad de la "cultura jurídica" moderna, nutrida tanto por el derecho romano como por el derecho canónico medieval y la tradición religiosa.5 En este escenario, las fronteras entre delito y pecado son difíciles de discernir, del mismo modo que en las sociedades de Antiguo Régimen es difícil diferenciar lo religioso de lo social o marcar límites precisos entre lo político y lo eclesiástico. Por ejemplo, en el tratamiento del pecado contra natura, las leyes vigentes retomaban la idea de ultraje divino al tiempo que los teólogos, si bien dejaban a los juristas la interpretación de las leyes humanas, recomendaban que se les concediera la potestad de versar sobre el tema, ya que sin la ley divina no podían comprenderse las otras leyes. 6 Un recorrido por los diccionarios de la época muestra el carácter intercambiable de los términos. El Universal Vocabulario en Latín y en Romance (1490) de Alfonso de Palencia señala que "delicto es quando no se cumple el mandamiento de Dios y el pecado que se faze lo ve dado por ponerse uno por otro sin differençia", al tiempo que define peccatu como "fazer delicto y quebrar los mandamientos". El Vocabulario Español Latino (1495) de Antonio de Nebrija no posee una entrada para el término "delito", que parece reemplazarse por el de "crimen", cuya definición está asociada a "gran pecado". Sin embargo, es entre las diversas definiciones de peccado donde aparece el término delictum como sinónimo junto al de crimen. Por último, el Tesoro de la Lengua Castellana o Española (1611) de Sebastián de Covarrubias anota, en la entrada correspondiente a "delito", que "delictum y peccatum, todo significa una cosa". Asimismo, las leyes referidas a los actos sexuales contra natura también sintetizaban las tradiciones religiosas y jurídicas. Por ejemplo, tanto en la pragmática de los Reyes Católicos, promulgada en Medina del Campo (1497), como en la pragmática de Felipe II, dictada en 1598 en Madrid, la sodomía y la bestialidad eran interpretadas como delitos y pecados, simultáneamente: "Porque entre los otros pecados y delitos que ofenden a Dios nuestro Señor, é infaman la tierra, especialmente es el crimen contra órden natural". 7 A partir de esta dualidad, las sutilezas con las que los teólogos podían interpretar el fenómeno contra natura iban a tener efectos legisla -tivos directos, endureciendo o morigerando las penas correspondientes. Por ejemplo, aunque esos actos contra natura poseían una naturaleza común -contrariar la voluntad divina de la procreación-existían jerarquías entre los mismos según su nivel de infamia: la sodomía era juzgada con mayor gravedad que las molicies y los tocamientos -ya que además se agraviaba a terceros-pero con menor rigor que en los casos de bestialismo, donde tanto las justicias civiles, como las eclesiásticas e inquisitoriales se mostraban implacables. 8 Asimismo, si bien la sodomía se definía por la penetración por el "sieso trasero", se distinguía una sodomía "imperfecta", que remitía a la unión sexual "errada" entre un varón y una mujer, y a otra "perfecta", basada en la unión de individuos del mismo sexo.9 A pesar de estas diferencias iniciales, progresivamente, el término sodomía comenzó a ser sinónimo de coito anal entre personas del mismo sexo y, paralelamente, a identificarse exclusivamente a la práctica sexual entre hombres.10 Esta reducción del concepto desdibujó las relaciones sodomíticas femeninas que, de por sí, resultaban imperceptibles para una cultura que consideraba a las mujeres -desprovistas del miembro viril-incapaces de cualquier tarea (pro) creadora. Esta visión "formalista" de teólogos y juristas negó las relaciones homofílicas entre mujeres -al tratarse de un hecho "naturalmente" impracticable-y sólo las reconoció en los casos en que un "instrumentum" mediara en la relación. 11 También modificaba su sentido el hecho de que los sindicados en el delito demostraran haber sido forzados o ser menores de 14 años en el momento del crimen, lo cual los eximía de cualquier responsabilidad. Estos atenuantes, junto a otras mediaciones judiciales, fueron incorporados por las Partidas de Alfonso X, el Sabio, que, aunque conservaron la pena capital, contemplaban la necesidad de un periodo de prueba, ausente en el derecho consuetudinario germánico. 12 Además, la consumación o no del delito marcaba una diferencia sustancial en el castigo, en la medida que el derroche o la conservación de la semilla procreadora jugaba un papel central en una "economía de la creación", preocupada por la maximización de los beneficios. No obstante, las pragmáticas reales eran muy duras a la hora de determinar las verdaderas "pérdidas" en cada caso. Por ejemplo, la pragmática promulgada por Fernando e Isabel establecía: En el mismo sentido, la pragmática de 1598 acreditaba los "indicios y presunciones" declarados por testigos, estimando la verisimilitud de los mismos sobre la prueba material. Por lo tanto, existía escaso margen para demostrar que el delito no había sido perpetrado, ya que cualquier acto verosímil o propincuo a la sodomía era un pasaporte seguro hacia la condenación. 12 El derecho consuetudinario germánico y el Fuero Real del siglo XIII castigaban los actos contra natura con la ablación de los genitales y la posterior muerte del reo. De este modo sancionaban legalmente una práctica popular anterior. ISSN: 0210-5810 Pero si la consumación o no del delito implicaba una morigeración en términos penales, el papel desempeñado en el acto sexual no marcaba diferencia alguna. Según las Partidas de Alfonso X, la pena capital alcanzaba "tambien el que lo faze, como el que lo consiente". 15 Era en el plano cultural donde la diferenciación entre activos o "pacientes" cobraba importancia. La misma se basaba en las nociones de actividad masculina y de pasividad femenina, dado que la sodomía no implicaba una forma particular de vivir la sexualidad, sino una reproducción -aberrante y degenerada-de las relaciones heterosexuales. En la medida que el sodomita paciente se convertía en mero "receptáculo", es probable que el repudio fuera mayor, ya que no sólo cometía un acto "atrocísimo" sino que, al emular el rol femenino, desprestigiaba su "buen género". Esta valorización cultural que diferencia a "agentes" de "pacientes" parece ir más allá de la definición formal del sodomita, en la medida que no posee ningún correlato en términos jurídicos ni teológicos. En este sentido, resulta útil la propuesta de Eve Kosofky Sedgwick, quien critica las definiciones simplificadoras o unidireccionales de la homosexualidad "tal como las conocemos hoy". Para la autora, bajo esta expresión subyace una idea unificadora de la homosexualidad que tiende a negar la presencia de formas que no condicen con su definición dominante o, en el mejor de los casos, a interpretarla como simples resabios del pasado. Por el contrario, para Kosofky, la homosexualidad constituye un campo de fuerzas superpuestas, contradictorias y en permanente conflicto. 16 Considero que las llamadas sexualidades "premodernas", y en particular la sodomía, deben pensarse en esa misma perspectiva, a fin de observar las distintas formas que pudo asumir el fenómeno, sobre todo, si se tiene en cuenta la ductilidad de la sexualidad. Género y sexualidad I: Una estrecha y complicada relación Gayle Rubin, en El tráfico de mujeres, señalaba la existencia de una identificación directa entre género y sexualidad al afirmar que "el género no sólo es una identificación con un sexo: además implica dirigir el deseo sexual hacia el otro sexo". 17 La propuesta de la autora generaba, en estos 15 Alfonso X, el Sabio: Siete Partidas, Setenta Partida, Título XXI, Ley II. 17 Gayle Rubin: "El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo", en Marta Lamas (comp.): El género: la construcción cultural de la diferencia sexual, pp. 35-96, p. ISSN: 0210-5810 términos, una suerte de callejón sin salida para la sexualidad: si el género es la construcción cultural de la diferencia sexual -que transformaba a hembras y machos en mujeres y varones, respectivamente-y a la vez determinaba la orientación sexual de los individuos hacia el género opuesto, ¿qué lugar quedaba para la constitución de la homosexualidad si, después de todo, como dirían los teólogos, "macho y hembra los creó"? Sin embargo, es evidente que la sexualidad trasciende las identidades de género, en la medida que un individuo identificado socialmente como varón o mujer puede dirigir su deseo hacia personas de su mismo sexo, sin por ello desafiar o desacatar los valores dominantes de su género. En otras palabras, puede existir un deseo "homogénero" sin perder, por esa elección, su identidad y su comportamiento de lo socialmente establecido como masculino o femenino. 18 En este sentido, la formulación inicial de Rubin -que tendía a extender el análisis de género hacia el estudio y la comprensión de la sexualidad-resultaba obsoleta y fue ella misma la encargada de rectificar su posicionamiento en un trabajo posterior. En el mismo, la autora proponía distinguir los sistemas de género de los sistemas sexuales ya que, aún cuando se encuentran relacionados, resultan campos autónomos, con sus propias lógicas internas y con campos específicos de acción. 19 Mientras las configuraciones de género socialmente sancionadas resultan menos flexibles -no así su posible subversión-, la sexualidad posee mayor capacidad de reorganización y ambigüedad. Como afirma Sedgwick, "la sexualidad se extiende a lo largo de tantas dimensiones que no está en absoluto bien descrita en términos del objeto sexual". 20 Por otro lado, a partir de que la sexualidad, como sistema, comienza a independizarse como elemento clave en la constitución de los sujetos -que los define como homo o heterosexual-la separación analítica se hace más necesaria y evidente. 21 Eso no significa, sin embargo, que exista una absoluta independencia entre uno y otro. Por ejemplo, el género y la sexualidad en el periodo que nos ocupa se constituyeron pari pasu, en la medida que las nociones de masculinidad/feminidad y sodomía se definieron relacionalmente, como ya ha sido mencionado. Esta misma tendencia observa David Halperin en el estudio de lo que él denomina el "modelo de pre-homosexualidad", basado en las categorías de afeminamiento, sodomía activa, amistad masculina e inversión. 22 Lo que estas categorías ponen de manifiesto es la relevancia del sistema de género sobre el de sexualidad, en la medida que las mismas son definidas por la violación de los valores de masculinidad dominante -como en los casos de afeminamiento y de inversión-o por su acatamiento -como en los modelos de sodomía y de amistad. En este sentido, la sexualidad no puede interpretarse como una extensión del sistema de género, ya que un caso de desacato de las normas dominantes de masculinidad -como el afeminamiento-no implica, necesariamente, una preferencia sexual por personas de su mismo sexo; asimismo, la existencia de una práctica sexual entre varones, como en el caso de la sodomía activa, no exige una alteración de los roles de género hegemónicos. Si bien la propuesta de identificar diferentes modelos de desviación sexual y de género puede resultar útil en términos analíticos, no deben considerarse más que como "tipos ideales", en la medida que, difícilmente, se encuentren estos modelos en su forma pura. Un análisis desde una perspectiva histórica exige un acercamiento empírico que permita ver tanto el despliegue de esas categorías como sus limitaciones. Género y sexualidad II: el caso de los sodomitas virreinales Además de su utilidad analítica, el planteamiento de David Halperin posee una segunda ventaja: la posibilidad de trascender la noción de "sujeto jurídico". Si bien la misma está contemplada en su categoría de sodomía activa, su propuesta de afeminamiento e inversión permite poner de manifiesto otras realidades posibles de sexualidades "premodernas". En este sentido, posibilita la indagatoria -a la luz de la documentación existente-en torno a los comportamientos sociales que revelan diversas formas de vivir la sexualidad. 23 A continuación se analizarán una serie de características que emergen de los procesos civiles, eclesiásticos e inquisitoriales seguidos por sodomía en el Virreinato del Perú durante los siglos XVI y XVII. A través de las mismas, se intentará poner de manifiesto tanto la estrechez de las definiciones "formales" de la sodomía como la complejidad del fenómeno. Besos, abrazos y "palabras de amor" En primer lugar, uno de los aspectos recurrentes en los procesos analizados es el vinculado a la existencia de una suerte de afectividad entre los acusados de sodomía. Este elemento resulta revelador, ya que la mayoría de los estudios para la España moderna tienden a separar la afectividad del sexo y a interpretar las relaciones sodomíticas como medios eficaces para satisfacer necesidades materiales. 24 Si bien en los procesos virreinales también existen infinitas evidencias que revelan la dependencia económica y material -principalmente, entre jóvenes y adultos y entre individuos con posiciones socio-económicas desiguales-, también es abrumadora la existencia de lazos sentimentales entre los sodomitas procesados. No obstante, en principio, los lazos sentimentales mencionados sólo son accesibles a través de lo que podríamos denominar signos exteriores de afectividad. Entre éstos, los más recurrentes eran los besos y abrazos que se propinaban entre sí los acusados o que algún enamorado sin fortuna demandaba para sí. Un ejemplo del primer caso, aconteció con el doctor Gaspar González de Sosa, canónigo de la ciudad de La Plata, y Diego Mejía, su más cercano colaborador. La relación entre ambos había alcanzado tal nivel de publicidad que los testigos se escandalizaban, entre otras cosas, porque "no tienen vergüenza estos de tomarse las manos debajo de la mesa". 25 Tampoco escatimaban besos y abrazos en público, lo que les valió hacerse conocidos en la región a través de una copla muy popular sobre un negro, llamado Cajamarca, acusado de haber cometido el pecado nefando en la ciudad del Cuzco. Cada noche, cuando los enamorados se encerraban en el aposento que compartían, a fin de sustraerse de la vista de los curiosos, los sirvientes, vecinos y parientes repetían en tono de burla: "dale lengua Caxamalca, dando a entender que el doctor y Diego Mexia se besaban". 26 Por el mismo tiempo, también en la ciudad de La Plata, algunos testigos decían haber visto al oidor de la Real Audiencia, el doctor Manuel Barros de San Millán, en una relación similar con su esclavo, Andrés Cupín, que "era tan su querido el dicho negro que lo vieron una vez al dicho doctor Barros que estava en la cavalleriça sentado sobre una pesebrera y tenia echado un braço sobre el pezcueço del dicho negro y asida de el la otra mano". 27 Pero si en ambos casos se trató de "amores correspondidos", no ocurrió lo mismo con el soldado Pedro González que, a pesar de sus incansables intentos por lograr concretar un contacto sexual -ya fuera solicitando un beso, acariciando los cabellos de sus pretendidos u organizando verdaderas "citas románticas"-casi no obtuvo éxito en su cometido. 28 La misma suerte corrió el marinero Gaspar Carballo, en la Carrera de Indias, cuando, según un paje de nao, "se llego a este declarante y lo beso en la boca quatro o cinco veces y este declarante se deviava y el susodicho le porfiava y le dava los dichos besos". 29 A pesar de la respuesta negativa, Gaspar continuó priorizando la ternura al uso de la fuerza, a fin de seducir a algún paje bien dispuesto. Una práctica similar desarrolló Gaspar Portugués, grumete de nao, quien, según la declaración de uno de sus camaradas, "vesava muchas vezes a este confesante debaxo de la vernia en la boca". 30 Por lo tanto, besos, caricias y abrazos revelaban que, más que un sujeto de lujuria, en ciertas ocasiones, el sodomita podía constituir un individuo interesado por propiciar o prolongar la relación sodomítica más allá del acto sexual. Pero además de los signos exteriores de afectividad, existieron manifestaciones verbales a través de las cuales los acusados de sodomía expresaban sus sentimientos hacia sus partenaires. Esos sentimientos atravesaban diversos estados, incluso contradictorios. Por ejemplo, pueden destacarse los sentimientos de nostalgia y de dolor ante la ausencia forzada del ser amado, lo que ocurría cuando la justicia intervenía desterrando a uno de los acusados. Así aconteció con Luis de Herrera, quien fue expulsado de la provincia de Chayanta hacia la villa de Potosí en 1603, luego que 26 Ibidem, f. 13. se descubriera la relación ilícita que mantenía con Don Diego Díaz de Talavera, su amo. 31 Aunque sus allegados le habían aconsejado que expulsara de su servicio a su criado, dada la mala fama que iba ganando publicidad, Diego Díaz de Talavera había permanecido incólume en la relación ya "que no queria despedirle y que antes donde quiera que el dicho Luis de Herrera fuese avia de yr con el", según le confesó a uno de los testigos. 32 Por lo tanto, la separación forzada lo sumió en una profunda melancolía y acrecentó su añoranza por su criado, a quien, a lo largo de diez meses, le envió cartas de amor suplicándole que regresase. Un testigo recuerda cómo, durante ese tiempo, "no avia querido almorçar e que estava muy triste a la mesa el dicho Diego Dias". 33 La estrechez en las relaciones llevaba a tornar insoportable cualquier separación física por mínima que fuera y la melancolía no fue siempre la única respuesta. Por ejemplo, el doctor Gaspar González de Sosa no tuvo reparos en demostrar su cólera cuando, un día a la hora de comer, un invitado desorientado ocupó el lugar en el que solía sentarse Diego Mejía, su colaborador. Durante el almuerzo, no quiso probar bocado y, siendo interrogado por el motivo de su inapetencia, exclamó: "que e de comer si el que me da de comer se sento alla abajo". 34 La respuesta no sorprendió a ninguno de los presentes, que en más de una oportunidad vieron la estrecha "comunión" entre ambos: comiendo juntos en un plato y veviendo en una taza partiendo la bebida veviendo primero el dicho doctor y dando luego de beber al dicho Don Diego diciendole bebe esto Diego por amor de mi por vida mia y lo mismo hacia en las viandas mordiendolas el dicho doctor y dandolas mordidas a comer al dicho don Diego. 35 Sin embargo, las relaciones entre los acusados no siempre fueron de añoranza o pasión. Los celos, su contratara, constituyeron otro medio por el cual expresaron sus sentimientos más íntimos, especialmente cuando el cariño entregado no era valorado o correspondido de la forma esperada. Una noche, después de comedia, Diego Mejía regresó muy tarde a la casa del doctor González de Sosa por cortejar a una dama. Esta situación provocó la cólera del doctor quien, sin importarle el escándalo ocasionado, le reclamó a Mejía: "pues gasto yo mi hacienda con vos y os e comprado un 31 ABNB, EC. ISSN: 0210-5810 regimiento por holgarme con bos y andais con mugeres y venis a medianoche", prohibiéndole la entrada cual esposa herida. 36 Este desencuentro los tuvo distanciados por el plazo de dos días, en los cuales Mejía andaba cabizbajo por la casa, sin atreverse a mirar a los ojos al doctor. No obstante, pasado el momento más crítico, "hicieron las amistades y se conformaron como antes", ya que, según los declarantes, no podía vivir el uno sin el otro. 37 El doctor Barros sufrió un desengaño parecido cuando su esclavo, Andrés Cupín, contrajo matrimonio con una mulata llamada Pascuala, poniéndole fin a los días felices en los que juntos se "holgaban". Como reprimenda por lo acontecido -y como canalización de su desilusión-el doctor Barros mandó azotar a su esclavo y lo retiró de su servicio de paje, poniendo en su lugar a otro negro llamado Pedro. 38 Pero si en algunos casos, como en los mencionados, el compañero en disputa fue concebido como un amante infiel y, por ende, castigado con la indiferencia o con la violencia, en otros fue interpretado como un verdadero trofeo de guerra entre dos hombres apasionados. Juan González, boticario de Potosí, quien formaba parte de una red de sodomitas que circulaban entre la Villa Imperial y La Plata, fue disputado por los enfermeros Domingo Hernández Bautista y Alonso López del Valle, quienes, por "celos entre el dicho Baptista y el dicho Alonso Lopez del Valle por este confesante reñian". Así como los vínculos entre estos hombres rebasaron lo sexual, otra de las características que puede observarse en los juicios es su extensión en el tiempo, lo cual cuestiona el carácter aislado y puntual de la sodomía. Dado que sostenían relaciones sexuales y afectivas duraderas con la misma persona, constituyeron verdaderos amancebamientos. En cierta medida, estas relaciones se parangonan a las relaciones matrimoniales entre hombres y mujeres. En la mayoría de los casos, compartían el mismo aposento e incluso la misma cama, que se convertía en un verdadero "lecho conyugal". Es probable que las palabras y actos de 36 Ibidem, f. amor que han sido descritos anteriormente, prologaran una realidad más atrevida en la intimidad, como aconteció entre Cristóbal de Zamorano y su criado, quienes, según algunos testigos "se an cometido actos desonestos y sucios de tocamentos y en las partes vergonzozas vesandose el uno al otro echandose juntos en una amaca y estando a solas diziendose palabras desonestas". 40 Aunque en algunos casos mantenían las formas, armando la parodia de camas separadas, los testigos más cercanos e indiscretos podían acreditar cuál era la verdadera situación puertas adentro. En el caso de Diego Díaz de Talavera y su criado, un declarante comentaba como, en el tiempo que estuvo morando en la casa del primero, una de las camas estuvo desocupada todas las noches "e no dormia en ella Luis de Herrera si no con Diego Diaz en una cama". 41 Incluso, cuando por diferentes negocios debían dejar la seguridad de su hogar, era de público conocimiento que "entre ellos yendo fuera no ay mas que tan solamente una cama". 42 El doctor Gaspar González de Sosa y Diego Mejía también fueron importunados por un testigo ocular, quien describió como, desnudos, se recostaban en una misma cama, debajo de las sábanas y frazadas, provocándole una gran perturbación al ver "dos hombres en aquella forma como si fuesen hombre y muger (...) y vio que se estaban ansi abrazando besando el uno al otro y hablando". 43 Un segundo elemento revela que, a pesar de que en muchos casos las relaciones sodomíticas tendieron a desarrollarse al interior de relaciones sociales desiguales -como las de amos y esclavos, señores y criados, sacerdotes y fieles, maestros y aprendices, por mencionar algunas-existió un esfuerzo manifiesto por equilibrar sus posiciones. Nuevamente, los procesos de Diego Díaz de Talavera y del doctor González de Sosa constituyen casos testigos de estos vínculos pretendidamente igualitarios. Dado que en ambos se trató de relaciones claramente jerárquicas -entre un señor y su criado y entre un prestigioso eclesiástico y su colaboradorcontradijeron la idea de que las relaciones sodomíticas, al establecerse entre individuos desiguales, constituyeron vínculos necesariamente coercitivos. A modo de ejemplo, puede citarse una visión muy peculiar de un testigo que conocía de cerca el estrecho vínculo entre Díaz de Talavera y 40 AGI, Escribanía, 451A, f. Herrera: "ansi mismo save este testigo que los dichos Diego Dias e Luis de Herrera no son amo y criado sino personas tan conformes e yguales que nunca se aparta el uno del otro un punto ni se hace mas de lo que quiere el dicho Luis de Herrera". 44 Este informante no sólo manifiesta la desarticulación de la relación social sino que muestra cómo la dependencia, que emana de las posiciones sociales, es contrariada y alterada. Otro intento de igualación fue el desarrollado por el doctor González de Sosa respecto de Diego Mejía, quien, antes de conocer al doctor, era conocido en la Villa Imperial de Potosí como un personaje ruin y marginal. Tan era así que el primero tuvo la oportunidad de conocerlo mientras Diego cumplía una condena en la cárcel de la ciudad. Rápidamente, lo puso bajo su protección, rodeándole de riquezas, banquetes y todo tipo de obsequios. No obstante, lo más sorprendente del caso fue el cambio de identidad que González de Sosa operó sobre el ex convicto. Uno de los declarantes recuerda "como el dicho doctor avia mandado que el dicho Diego Pobrete le llamasen Don Diego Mexia de que se rio mucho este testigo por lo aver visto en el avito que le vio en la carzel". 45 Mientras el cambio de apellido buscaba borrar el pasado oscuro de Diego, el nuevo apelativo de "Don" pretendía elevar su status, a fin de morigerar las diferencias existentes entre ambos. Esto no significó que las reglas que regulaban las relaciones sociales entre los involucrados desaparecieran, por el contrario, en ambos casos, las relaciones afectivas y sexuales se enmarcaron en ellas, generando tensiones y contradicciones permanentes. Pacientes y enemigos de mujeres En tercer lugar, otro elemento que se manifiesta en los procesos analizados es la desafección por establecer vínculos y roles sexuales considerados masculinos. Esta tendencia, que en algunos casos se presentó como una conducta recurrente, parece contradecir la conceptualización formal del sodomita: es decir, como un sujeto de lujuria que, al calor de satisfacer su incontrolable apetito sexual, era capaz de cometer el pecado nefando al tiempo que acataba lo que hoy se podría denominar una estructura heterosexual. Por el contrario, los casos que aquí se presentan revelan un claro desinterés por esa estructura heterosexual -a la cual consideran indeseable-, lo que se evidencia en dos conductas bien marcadas: por un lado, el desprecio por las relaciones sexuales con mujeres -quienes claramente no constituían un objeto de deseo-y, por otro, la preferencia por ocupar el lugar de "paciente" dentro de la relación sodomítica. A partir del padrón de sodomitas virreinales peruanos que se ha podido reconstruir, de los 99 individuos que estuvieron involucrados en casos de sodomía, el 53,5% fueron categorizados como pacientes, en tanto que el 38,4 % se identificaron como activos o agentes en los procesos. 46 Esta proporción no debe llevar a concluir que la mayoría de esos sodomitas preferían los roles pasivos a los activos, dado que, en muchos de los casos, los denominados "agentes" solicitaban a más de uno de los involucrados en los procesos, especialmente cuando entre ellos mediaba una relación de poder, como en el caso de los sacerdotes y sus fieles. No obstante, esta tendencia por desempeñar roles sexuales pasivos también puede rastrearse en términos cualitativos. Por ejemplo, en la ciudad de Potosí, Alonso López confesaba haber cometido el pecado nefando con Juan González y declaraba "que siempre el dicho Juan Gonzalez serbia de muger e que tambien le dijo que fray Luis tenia otra condicion estraña que no queria cabalgar el al dicho Juan Gonzalez, si no que el dicho Juan Gonzalez lo cabalgara a él". La cita muestra la predilección por ocupar roles sexuales considerados femeninos -"serbia de muger", "lo cabalgara a él"-por parte de algunos sodomitas. En el caso de Juan González, él mismo confesaba como, viniendo de España, en alta mar, había cometido el pecado nefando con un fraile llamado Juan de Valenzuela, "siendo este confesante paciente y el dicho fraile agente". 47 Esta afición también la manifestó en varias ocasiones Juan Ponce León, vecino de la ciudad de Huamanga, quien no tuvo inconveniente de solicitar a uno de sus cómplices del siguiente modo: "que me lo hagas por el culo". Del mismo modo se dirigió a un negro esclavo, según las declaraciones que su amo realizó en los tribunales de la ciudad. 48 Asimismo, a Francisco, otro esclavo, le había propuesto un trato tan tentador como peli-46 Dado el carácter fragmentario de las fuentes -ya sea por extravío, deterioro físico y/o destrucción-los datos cuantitativos que pueden reconstruirse resultan parciales y meramente aproximativos. ISSN: 0210-5810 groso: "quereis que bamos a la caballeriza y cabalgarme por el culo y que yo te comprare a tu amo y te hare libre". 49 En todos los casos, el comportamiento de Ponce de León evidencia una preferencia por ser penetrado antes que por penetrar, lo que marca una clara distinción respecto de la imagen tradicional del sodomita. Esa misma conducta sexual puede registrarse en las declaraciones de Fray Pedro Coronado, preso en las cárceles de la Inquisición, quien confesó haber cometido el delito de sodomía en varias ocasiones. "Y que todos los dichos frayles eran sus hijos de confesion y que con los que no avia sido paciente fue porque ellos no lo quisieron aunque el lo queria y procurava". 50 Respecto a las relaciones afectivas y sexuales con mujeres, algunos individuos se mostraron absolutamente renuentes a mantenerlas. Esta conducta podría demostrarse en términos cuantitativos a través del padrón confeccionado, del cual se desprende una gran desproporción entre casados y solteros. De los 99 sodomitas registrados, sólo 8 afirman ser casados, 90 dicen ser solteros y no existen datos para uno de ellos. Aunque el alto índice de soltería -el 91%-podría explicarse por la cantidad de menores involucrados, los datos existentes revelan que, de los sodomitas solteros, únicamente el 20% son menores de 18 años y, si se tiene en cuenta que la edad para contraer matrimonio es la de 14 años, la proporción se reduce al 12%. No obstante, entre los mayores de 18 años es necesario desagregar la población eclesiástica: de los 57 adultos solteros, 14 son eclesiásticos, lo que representa un 24% de los adultos y un 15,5% del padrón total. Recapitulando, los sodomitas solteros que están en condiciones de contraer matrimonio -población secular, mayor de 14 años-son 65, es decir, el 72,2% del padrón, lo que parece confirmar la tendencia por desestimar las relaciones formales con mujeres. Inclusive, aún cuando los sodomitas contraían matrimonio, puede observarse, en algunos casos, una aversión por mantener contactos sexuales con sus mujeres. Así lo manifestó un indígena que había sido solicitado sexualmente por un vecino de la ciudad de Huamanga de quien se sabía "que hera antiguo en el dicho Joan de La Plata andar con indios del dicho valle de Guanta e que no hazia caso de su muger porque andava requestando a los indios". 51 Este abandono de las conyuges también aparece en una de las redadas sodomíticas más importante que 49 Ibidem, f. 1v. tuvo lugar en el siglo XVII en la ciudad de México. 52 Entre la docena de relajados en la hoguera, se encontraba un indígena llamado Miguel de Vibina, quien, en actitud de venganza, había prendido fuego a una imagen del Niño Alcalde "estando acostado en su cama con su muger un dia acabando de tener con ella acto carnal arepentido de que no fuese con el hombre a quien comunicava el suso dicho nefanda y carnalmente". 53 Por lo tanto, a pesar de tratarse de "hombres casados", la preferencia por los contactos sexuales con otros hombres exige pensar esas uniones matrimoniales más que como una condición "normal" de la experiencia sodomítica, como un mandato social impuesto por una sociedad encorsetada en términos de género. Una situación similar experimentó el doctor Gaspar González de Sosa, aun cuando el hábito eclesiástico que portaba le impedía mantener vínculos formales e informales con mujeres. Dada su afinidad por el contacto sexual con otros hombres, cuando, excepcionalmente, tuvo "acceso carnal" con una mujer, procuró recrear las relaciones sodomíticas. Según el testimonio de una mulata: "el dicho doctor metio las manos para tentarle el culo para meterle por alli el carajo y luego quiso bolver a esta testigo boca abajo y esta testigo dijo que no queria que se lo hiciese por alli sino por donde era uso y costumbre que era por el coño y el dicho doctor dijo que no lo queria sino por el culo". 54 Estos comportamientos parecen indicar una resistencia a elegir al objeto de deseo socialmente esperado y que ciertos relatos de sodomitas parecen confirmar. Por ejemplo, el enfermero potosino Juan González relataba cómo, de camino a la Villa Imperial, había cometido el pecado nefando con un tal Escobar en la ciudad de Panamá y, a fin de dar más precisiones a los jueces interrogadores, lo describía, detalladamente, como un hombre "de hasta treynta años poco mas o menos cargado de espaldas barvinegro e tiene muy grandes bigotes". 55 Asimismo, detallaba a otro sujeto con quien había cometido el mismo delito, de quien no se acorda-ba el nombre, sólo sabía que era mozo "de la barba negro y espigado". 56 Las descripciones realizadas por Juan González exceden las de un identikit judicial, ya que el detenimiento en ciertos rasgos físicos de sus cómplices -"cargado de espaldas", "espigado"-delataba su gusto por la apariencia masculina. Pero si en este caso "la erótica" se encuentra subyaciendo en los discursos, en otros adquiere una presencia anatómicamente indudable, como sucedió con el soldado Pedro González y un negrito llamado Benito, a quien el primero "le tentó las nalgas diciendole que tenia lindo culo". Lo mismo ocurrió entre Damián de Morales, protector de naturales de la ciudad de La Plata, y Antón, de la tierra del Congo, quien declaró como Morales "le metio la mano por la faltiquera diziendo, gordo estas Anton y le andava con la mano por las nalgas tentandole y vino hazia la delantera a tentarle lo suyo". 57 Pero el repudio hacia las mujeres -y la preferencia masculina-no sólo se limitó a la experiencia personal de los sodomitas en términos de objeto de deseo, sino que existió una percepción social que vinculaba cualquier rechazo hacia la condición femenina como un indicio para descubrir una sexualidad nefanda. Por ejemplo, los vecinos de la ciudad de Santo Domingo y Panamá acusaban al doctor Barros de San Millán -futuro oidor de la ciudad de La Plata-de cometer el delito de sodomía "diziendo que perseguia a las mugeres e hera enemigo de ellas", por haber intervenido, como funcionario de aquella Audiencia, en una serie de escandalosos amancebamientos. 58 Pero si ser "enemigo de mujeres" podía definir la condición de sodomita, la "amistad" con las mismas debía desvanecer cualquier duda al respecto. Por ejemplo, la cabeza de proceso presentada por la defensa de Antonio de Fuentes interrogaba a los declarantes en los siguientes términos: Item si saben que la causa de lo contenydo en las preguntas antes de esta y por ser el dicho Antonio de Fuentes tambien cristiano y tal persona como esta dicho y por ser y como es casado y tiene muger y demas de esto sacar si es amigo de mugeres y de tener conversacion con ellas; los testigos creen y tienen por cierto que el dicho Antonyo de Fuentes no cometio ni quiso cometer el delito contra natura. Del mismo modo procedió el protector de Andrés Cupín, esclavo del doctor Barros, arguyendo que "no se puede presumir semejante delicto por ser buen crisptiano y temeroso (...) y que siempre a tratado con mujeres y fue casado con una mulata libre y a sido y es un enamorado de mugeres y siempre anda rebuelto con ellas". 60 Por su parte, la madre de Ponce de León remarcaba la futilidad del proceso ya que su hijo se encontraba legítimamente desposado con Catalina Marroquín. 61 Los alegatos de las defensas y los testigos favorables evidencian cómo el hecho de "ser casado" o "amigo de mujeres" constituía un argumento contundente a fin de favorecer a quienes habían sido inculpados con el cargo de sodomía. Pero si el discurso social de los siglos XVI y XVII reconocía la existencia de individuos afectos a la sexualidad femenina, era porque, al mismo tiempo, existía otro tipo de hombres para quienes las mujeres no constituían un polo de atracción sexual. En este sentido, estos sodomitas aparecen como algo más que desordenados sexuales; constituyen individuos que eligieron vivir una sexualidad nefanda pero de manera exclusiva. Pelilargos, afeminados y travestidos Un cuarto elemento a tener en cuenta es la tendencia hacia el afeminamiento que desplegaron algunos de los llamados sodomitas. David Halperin plantea que el afeminado constituía un sujeto que, más que tener una preferencia sexual por personas del mismo sexo, se desviaba de la norma de masculinidad al preferir el amor a la guerra en el contexto de una cultura militarista como la de las elites europeas; se trataba de un "hombre soft". No obstante, el concepto de afeminamiento que aquí se utilizará está vinculado, de una manera u otra, con la práctica sodomítica y define a los sujetos que alteran sus roles, identidad o estilo personal en favor de los del género opuesto, constituyendo una definición cercana a la de "inversión sexual" propuesta por Halperin. 62 Por lo tanto, la diferenciación entre afeminamiento e inversión constituye una herramienta analítica que, sin 60 AGI, Escribanía, 917B, f. 62 Los términos premodernos para invertido o invertida eran "catamita" y "pática" para los hombres y "tribada" para las mujeres, ya que el término inversión aparece a finales del siglo XIX de la mano de la sexología. Ver David Halperin, "Homosexualidad una categoría en crisis", en Didier Eribon y Arnaud Lerch (dirs.): Dictionnaire des cultures gays et lesbiennes, pp. 256-259. embargo, el trabajo empírico puede requerir reformular, puntualizar e incluso fundir, como lo demuestran los casos que aquí se presentarán. Una preocupación central por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas era la laxitud con la cual los hombres de su época se relacionaban con su apariencia física. El arzobispo de la ciudad de Los Reyes elevaba, en 1648, un informe al rey informándole sobre el estado en que se encontraban los pastores de su iglesia: Quando por orden y mandado de Vuestra Majestad fui trasladado a esta Santa Iglesia, de las primeras cosas dignas de remedio que hize reparo, fue de un exceso grande y escandaloso de cavelleras, mechones y otras malditas inbenciones con que muchos y principalmente los legos profanavan el santo havito clerical para cuyo remedio en el edito general de pecados publicos desde la primera vez que lo publique añadi una clausula prohiviendo aquel traxe a los clerigos por indigno de su estado. 63 Esta disposición generó una serie de causas criminales en los tribunales eclesiásticos en las que se amonestaba a los clérigos por la forma de llevar sus cabelleras y vestidos. Sólo a modo de ejemplo se pueden citar algunos de los cargos provenientes del Archivo Arzobispal de Lima por: "traer pelo largo, coleta y mechones", "andar con cabelleras largas, guedejas y tufos", "llevar melenas al hombro", "andar con melenas por la espalda", "andar vestido de raso", etc. 64 Las citas pueden ser interminables si se tiene en cuenta que, si bien los procesos a eclesiásticos por esta causa se inician en 1646, alcanzan proporciones inusitadas a partir de 1664. Para tener una idea del impacto de esta medida, baste mencionar que, entre 1664 y 1666, de las 82 causas criminales asentadas en el tribunal eclesiástico de Los Reyes, 27 corresponden a las cabelleras y vestimentas de los clérigos, lo que representa un 32, 9% de las causas en esos años. Si bien esta regulación pudo haber sido un intento conservador por resistir las nuevas tendencias de la "moda", no obstante, las motivaciones eran claras: "no se afeminen con mechones, melenas y otros abusos de sus cabellos" o "causando escandalo con este aliño superfluo y mujeril". 65 Por las citas, resulta notable que la preocupación no sólo estriba en la alteración estética de la masculinidad, sino en la posibilidad de una alteración de los roles y comportamientos de género. Asimismo, la sociedad de los siglos XVI y XVII también estableció una clara correspondencia entre una apariencia afeminada, incluida en el atuendo, y una sexualidad sodomítica. De este modo lo formulaba Alonso Fernández de Córdoba durante el proceso contra el protector de naturales Damián de Morales, para quien el corregidor de la provincia de Carabaya "devia de ser un puto, pues avia dado a un alguacil que tenia, llamado Hernando, cuellos y camisas de puntas y encaxes, mandandolas hazer para si". 66 Del mismo modo lo interpretaron los compañeros de celda de Andrés Cupín, quienes habían sido sistemáticamente solicitados por éste. Dado que Cupin actuaba en medio de la noche, los presos decían reconocerlo por ser el único que en su jubón llevaba colgadas unas cuentas que tintineaban con el movimiento. 67 Así, los trajes afeminados no sólo permitían reconocer a los "excéntricos" que los usaban, sino que, además, constituían un indicio capaz de certificar la propincuidad a los actos de sodomía. Otros casos singulares, en una línea similar, son los ocurridos con Ponce de León y Damián de Morales, quienes, en ambos casos, trataron de conquistar los favores sexuales de sus pretendidos utilizando trajes femeninos. Según Antón, una noche fue hacia unos cuartos traseros en busca de una india que Morales le había reservado para su servicio sexual. Grande fue la sorpresa del esclavo al descubrir que la india no era otro que Damián de Morales, quien "se puso negro manos y rostro y se puso un bestido de india azo y lliquilla y se acostó en su cama y llamo al dicho negro Antón diziendole, beni aca que os quiero mucho Antón". 68 También amparado por la obscuridad de la noche, Ponce de León interceptó en unos callejones a un indio llamado Yanque, diciéndole: "toma un patacon aunque este testigo no vio la plata que yo soy señora vestida en avito de hombre hagamoslo hazmelo y este testigo se espanto". 69 En ambos casos, los solicitantes apelan a confundirse con el género femenino, aunque es difícil dilucidar en qué medida se trataba de una forma de vivir la sexualidad -una eróticao si sólo constituía una estrategia de seducción para hacer efectivos sus propósitos o ambas cosas. Pero si en estos casos la relación entre atuendo femenino y sodomía resulta dudosa, el proceso llevado a cabo en la ciudad de México revela pistas más definidas en ese sentido. Un caso emblemático de esa relación 66 ABNB, EC. 3v. es el de Juan de la Vega, según las fuentes, "un mulato afeminado que le llamavan Cotita que es lo mesmo que Mariquita". 70 La figura de Cotita era conocida en toda la ciudad ya que se vestía a la usanza de las mujeres indígenas o mestizas de la ciudad: un pañito en la cabeza al que llamaban "melindre" y un jubón blanco de cuyas mangas colgaban cintas. Es significativo que el género de tela que sostenía sus cabellos se llamara "melindre", palabra que, según la Real Academia Española, significa "delicadeza afectada y excesiva en palabras, acciones y ademanes". El "melindre de Cotita" se podía observar en la forma en que "quebraba la cintura" o como se sentaba en el suelo para hacer tortillas, ambas acciones y ademanes exclusivamente femeniles. 71 Esta identificación directa con el género femenino también puede observarse en otros acusados por sodomía en el mismo proceso. Por ejemplo, Juan de Correa, un mestizo de más de setenta años de edad, siempre andaba vestido de mujer y junto con otros hombres "se hacían las visitas como mugeres y se llamaban niñas y se ponian los nombres de las mugeres hermosas de esta ciudad". 72 Por lo tanto, la redada masiva ocurrida en Nueva España condensa, de manera inobjetable, la conexión entre afeminamiento y sodomía que, en los casos anteriores, aparece de manera mediada o indirecta. Putos, bujarrones y enredados La última característica que se observa en los procesos virreinales peruanos está vinculada a las formas de identificación y autoidentificación de los sodomitas. Pero mientras que los discursos del poder se dirigieron hacia los sodomitas a través de términos crípticos o eufemísticos -como pecado nefando, pecado contra natura, pecado atrocísimo, etc.-, la sociedad se refirió a ellos de manera más cruda y con desparpajo, utilizando términos como bujarrón o, más frecuentemente, puto. Los Diccionarios de Palencia (1490) y Nebrija (1495) no registraban en sus entradas la palabra bujarrón, en tanto que el de Covarrubias (1611) lo definía como horadado y popularmente fue utilizado para identificar a aquellas personas que habían sido sexualmente penetradas. 3. recía en los tres Diccionarios. Pero mientras en el de Palencia se describía relacionado con la noción de podredumbre, el Diccionario de Nebrija era un poco más preciso y lo definía como aquel que padece catamitus, término que en la antigüedad se utilizaba para referirse a los invertidos. 73 Por su parte, el texto de Covarrubias asociaba directamente el término puto con el de nefando, término preferido por el lenguaje culto. Aún cuando el vocablo puto estuvo integrado en los Diccionarios, su uso quedó restringido al habla popular y, en las expresiones eruditas, se redujo a la poesía satírica y burlesca, como la escrita por Quevedo. 74 Por su parte, en los procesos analizados, el término en cuestión aparece como un apelativo de los sodomitas, a fin de identificarlos como un tipo particular de hombres que, aunque minoritario, resultaba peligroso. La mayoría de los declarantes son claros en este punto y, al referirse a los acusados por sodomía, no dudan en identificarlos como tales: "otras personas que no se acuerda de sus nombres trataron y nombraron diciendoles que heran putos". 75 Pero esta forma de nombrar tenía como objetivo identificar a un grupo de individuos que se diferenciaban del conjunto de su género y operaba como una antinomia entre los acusados y los declarantes. Por ejemplo, durante el proceso seguido contra Damián de Morales, un testigo decía que en las minas de Aporoma un negro había denunciado "como en esa provincia avia putos". 76 Del mismo modo actuó un esclavo que estaba preso junto con Cupín, quien despertó a los del calabozo advirtiéndoles que "aquí ay putos". 77 Esta diferenciación pone a raya a este conjunto de hombres que desprestigian su "buen género" y los convierte en un tipo particular que debe ser castigado por la justicia. Las cabezas de proceso se hicieron eco de estas preocupaciones y, dejando de lado los eufemismos acostumbrados, inquirían a los acusados preguntando "si a mucho tiempo que usa este oficio de puto". 78 Pero el alcance de ese término no se limitaba a la identificación externa sino que también funcionaba como una forma de autoidentificación. De 73 En el Diccionario de Palencia "catamita" aparece asociado al héroe mitológico Ganímedes, joven y hermoso príncipe troyano, amante de Zeus, a quien define como "floxo dende los floxos". 74 Quevedo utiliza recurrentemente en sus poemas expresiones como "a puto el postre", una forma popular de decir "sodomita el último" para incitar a la rapidez en algo. Ver Ignacio Arellano, Poesía satírico burlesca de Quevedo. ISSN: 0210-5810 este modo lo manifestó Luis de Herrera, criado de Diego Díaz de Talavera, quien en varias oportunidades y públicamente había declarado que "era puto". 79 Es probable que esta autoadscripción del término haya facilitado el reconocimiento entre sí de quienes practicaban una sexualidad sodomítica y haya permitido su aglutinamiento e, incluso, su solidaridad. No obstante, hablar de una identificación sodomítica desde el punto de vista de una subjetividad individual y colectiva constituye un problema de difícil resolución. Por un lado, sólo se puede acceder a la visión que los sodomitas tenían sobre sí mismos a través de indicios exteriores -comportamientos-o mediada por la palabra de otros -jueces, fiscales, testigos, etc.-lo que constituye una limitación en un sentido metodológico. Por otro lado, interpretativamente, existe el riego de extrapolar -anacrónicamente-la noción de identidad gay actual a la de los individuos del pasado, en una suerte de esencia universal y transhistórica de la homosexualidad. Es cierto que la noción de identidad, en un sentido moderno, constituye un producto histórico y, más específicamente, las identidades modernas subordinadas -ya sea basadas en preferencias sexuales, adscripciones étnicas, identidades de género o pertenencia de clases-sólo pudieron emerger como producto de la expansión de la idea de igualdad formal que permitió cuestionar las desigualdades en el terreno de lo real, otrora impensable. 80 Pero aunque en una sociedad de Antiguo Régimen -cuya organización estamental se basaba en la desigualdad jurídica-no pudiera emerger una identidad de este tipo, esto no implica la inexistencia de formas de reconocimiento y de subjetivación -¿premodernas?-que los sodomitas del periodo estudiado pudieron desarrollar. Indicios al respecto pueden rastrearse, aunque de manera indirecta, en algunos de los procesos analizados. Entre ellos puede destacarse la tendencia a la agregación que los sodomitas manifestaron al conocer que poseían las mismas prácticas y preferencias sexuales. Esto puede observarse, por ejemplo, en espacios masculinos como las cárceles y las naos, donde los sodomitas procuraron acercarse y establecer vínculos entre sí. 81 Pero si bien esa tendencia puede interpretarse como una estrategia eficaz para satisfacer 79 ABNB, EC. 80 Sobre el proceso de formación de la identidad gay, ver John D'Emilio, "Capitalismo e identidad gay", Revista Nuevo Topo, 2, 2006, pp. 57-74, Jeffrey Weeks: Sexualidad, y Rubin, "Reflexionando sobre el sexo...", pp. 26-27. sus apetencias sexuales, sin por ello sufrir denuncias o delaciones, sería erróneo reducirla sólo a eso. Por ejemplo, tanto en la ciudad de Panamá como en la de La Plata se acusó al doctor Barros de San Millán de favorecer a algunos presos acusados de sodomía y muchos clérigos sodomitas absolvieron a sus confesantes que manifestaban haber cometido el pecado nefando, lo cual podría sugerir una suerte de solidaridad entre todos ellos. Asimismo, existieron indicios de la presencia de redes sociales sodomitas que, indirectamente, pueden rastrearse a lo largo del primer proceso seguido contra el doctor Gaspar González de Sosa por pecado nefando. 82 El mismo se desarrolla en el año 1595, en la ciudad de Potosí, cuando el doctor fue acusado de haber cometido dicho delito con el ya mencionado Juan González, boticario de la Villa Imperial. Entre algunos de los aspectos significativos del caso, puede mencionarse el alto número de sodomitas involucrados -alrededor de diez personas-que rebasa la relación, por lo general bilateral, que se observa en la mayoría de los procesos. Otro aspecto a tener en cuenta es la rotación de las parejas sexuales que favoreció, de un modo u otro, que todos los sodomitas estuvieran involucrados entre sí. Asimismo, un tercer aspecto que emerge del proceso es la conexión de las profesiones: un boticario y dos enfermeros, dos estudiantes, dos curas, etc. Pero si estos indicios -masividad del proceso, relaciones cruzadas y corporativismo profesional-pueden resultar poco firmes para establecer la existencia de una red sodomítica, una vez más, el proceso seguido en Nueva España permite esclarecer una serie de elementos al respecto. Por ejemplo, la mayoría de los procesados identificaban algunas "casas" que constituían espacios comunes en donde la casi veintena de presos y los cientos de sospechosos se congregaban. Entre ellas, la más popular era la de doña Melchora de Estrada, que servía de refugio seguro para llevar a cabo los encuentros sexuales. Otra casa, ubicada en el barrio de San Juan de la Penitencia, extramuros, también se conocía como lugar de confluencia elegido por los sodomitas de la ciudad. Lo mismo ocurría con las del viejo Juan de Correa y la del indígena Juan Jurado, ubicada esta última en el barrio de San Pablo. Asimismo, las festividades católicas servían de excusa para celebrar sus encuentros sin levantar sospechas. Por ejemplo, Juan Jurado, con ocasión de la fiesta de San Nicolás, reunía a los sodomitas de la ciudad en un oratorio que tenía en su casa en donde "bailavan como mugeres", "cometian este pecado nefando" y "se citaban para otra visita de mugeres en otras partes diferentes". 83 Según los testigos, para la publicidad de estas fiestas "se conbidavan los unos a los otros", "se llamaban los unos a los otros" y así "estrechavan su correspondencia torpe y nefanda". 84 Sin dudas, estos espacios y celebraciones constituían lugares y momentos de sociabilidad en donde podían desplegar sus conductas de manera abierta. Otra de las características importantes, a fin de observar la conformación de redes sociales, es la relación establecida entre adultos y jóvenes en torno a un "saber sodomítico". Es revelador, en el proceso analizado, el papel que juegan los ancianos sodomitas en la transmisión y la enseñanza de su propia experiencia. Por ejemplo, Juan de Correa llevaba a su casa a los mancebos a quienes había adiestrado en el arte del afeminamiento, indicándoles como debían llevar sus ropas, mover sus manos o hablar. Pero también Nicolás de Pisa, negro de más de sesenta años, Cristóbal de Victoria, español de más de ochenta años, y otros viejos de la ciudad, compartían la misma responsabilidad para con los más jóvenes. Asimismo, estas redes permitían crear lazos de solidaridad aún entre quienes no se conocían personalmente pero que se reconocían como parte de la "cofradía de los sodomitas". De este modo, mientras se llevaba a cabo la redada, un mulato llamado Benito de Cuevas declaró cómo un hombre fue a su casa de noche para decirle que huyera "porque estaban presos sus compañeros por putos" y, aunque no lo conocía, había sido "un hombre muy galan y de mui buen arte". 85 Estos comportamientos dan cuenta de la camaradería que regía entre los sodomitas de Nueva España, aún cuando la tortura o la amenaza de la misma los llevó a denunciarse mutua y masivamente. Entre sujetos jurídicos y especie A partir de los procesos analizados se ha querido demostrar que la realidad de la sodomía excedía los límites impuestos por los discursos del poder. En este sentido, también se ha querido poner de manifiesto que el llamado pecado nefando de sodomía constituía un fenómeno complejo y múltiple, aún cuando existía una noción hegemónica del mismo. Según los legisladores y teólogos, el sodomita se definía como un sujeto de lujuria, incapaz de controlar sus instintos sexuales pero que, sin embargo, conservaba la apariencia y las formas de sentir y actuar propias de las configuraciones masculinas dominantes, entre ellas, el mantenimiento de relaciones sexuales con mujeres. No obstante, a través de las manifestaciones de afectividad y erotismo establecidas entre los sodomitas estudiados, la extensión en el tiempo de sus relaciones afectivas y sexuales, los casos de afeminamiento y de preferencia sexual por otros hombres -casi de manera exclusiva-y/o por los roles "pacientes" y el reconocimiento y auto-reconocimiento como un grupo especial de hombres, se ha querido superar la visión de "sujeto jurídico" y mostrar que, en algunos casos, el sodomita podía poseer un modus vivendi que lo convertía en un "sujeto particular". Esta delimitación también la expresaba la "población corriente" que, a través de las voces de los testigos, tenía clara la existencia de un grupo de hombres diferenciables del resto de la masa masculina. Pero incluso los letrados reconocían ese modus vivendi al afirmar que "las circunstancias del pecado son increíbles y tan antiguas que muchos de ellos havia quarenta años que estavan en el, otros treinta, los mas diez, doze y ocho en el modo". 86 Por supuesto, estos sodomitas no constituían "una especie", como pretenderá ver la sexología del siglo XIX a los homosexuales, ni conformaban un grupo con una identidad colectiva y política como la alcanzada por el movimiento gay en la década de los sesenta del siglo XX. Pero tampoco fueron sólo sujetos jurídicos: algunos sodomitas virreinales pueden ubicarse a caballo entre ambas definiciones. Por lo tanto, el análisis histórico desarrollado ha pretendido poner de manifiesto la complejidad de los fenómenos sociales y, particularmente, mostrar la pluralidad en torno a la configuración de los sodomitas virreinales de los siglos XVI y XVII. No podría ser de otro modo en la medida que la sodomía está íntimamente relacionada con otro fenómeno, el de la sexualidad. Dado que el mismo resulta difícil de delimitar, puesto que no se circunscribe al puro acto sexual, sino que trasciende la genitalidad para recorrer la totalidad corpórea, emotiva y psicológica, es de esperar que la erótica y el placer que se procura con ella sean tan múltiples como individuos existan. El virrey de Nueva España Juan Manuel de Sotomayor, duque de Alburquerque, al rey el 15 de noviembre de 1658.
Lesbianismo y literatura chicana: la construcción de una identidad/ Lesbianism and Chicana Literature: Constructing an Identity María Ángeles Toda Iglesia El artículo estudia la construcción de una identidad lésbica específica en la literatura de autoras chicanas, analizando sus raíces feministas, su empleo de diversas formas literarias, el papel de la teoría y la importancia del cuerpo, así como la presencia de los roles butch/femme, para después examinar los recursos empleados por las autoras para rechazar la persistente acusación de que su identidad constituye una traición a su comunidad. Dichos recursos incluyen el cuestionamiento de las políticas lesbófobas y antifeministas del movimiento chicano, el análisis de las relaciones familiares y la reescritura de mitos patriarcales mexicanos. PALABRAS CLAVE: Literatura chicana; Lesbianismo. En 1971, la autora chicana Estela Portillo Trambley se convertía casi por accidente en la autora de la primera obra literaria chicana en la que aparecía una relación lésbica: The Day of the Swallows, publicada inicialmente en la revista minoritaria El Grito. Treinta años más tarde, el autor estadounidense Fred Reed, en una colección de artículos "políticamente incorrectos", inventa a una catedrática del "Departamento de Estudios de Lesbianas Chicanas y Transexuales Micronésicos", dando a entender la supuesta proliferación de las obras y los estudios de este tipo, a la vez que revela la viva hostilidad que continúan provocando. 1 Pero a pesar de esta trivialización, ya en 1997 Hernández-Gutiérrez y Foster identificaban "el homoeroticismo" como uno de los seis temas centrales de la literatura chicana, 2 y ya la obra de algunas autoras lesbianas chicanas, en particular Gloria Anzaldúa y Cherríe Moraga, ha pasado a incorporarse de modo ineludible no sólo al "canon" de la literatura chicana, sino a las líneas maestras del pensamiento lésbico y feminista, y en último término a los debates sobre identidad, sexualidad y etnicidad dentro de la sociedad globalizada. Como argumenta Catriona Rueda Esquibel, autora del primer estudio monográfico dedicado en exclusiva a la obra de las chicanas lesbianas, "Chicana lesbians are central to understanding Chicana/o communities, theories, and feminisms". 3 En este trabajo quisiera reseñar de qué modo estas autoras, empleando una diversidad de recursos literarios, han construido, definido y representado una identidad lésbica chicana, y cómo la defienden, de modo recurrente, contra las acusaciones igualmente recurrentes de que dicha identidad supone una traición a sus raíces familiares, culturales y raciales. Se hace necesario partir de dos definiciones iniciales, tanto del concepto "chicana" como del de "lesbiana". Por lo que se refiere al primero, las chicanas y los chicanos son personas de ascendencia mexicana residentes en los Estados Unidos de América; se trata de un término de sig-1 Estela Portillo Trambley: The Day of the Swallows, en Roberto J. Garza (ed.): Contemporary Chicano Theatre. Rueda Esquibel tiene también una valiosa bibliografía: Bibliography of 20th century Queer Chicana Fictions, accesible en http://online.sfsu.edu/~ktrion/Jotas (11-11-2009). Otros estudios recientes abarcan a otras lesbianas latinas, como el de Inmaculada Pertusa-Seva y Lourdes Torres: Tortilleras: Hispanic and U.S. Latina Lesbian Expression, Philadelphia. nificado reivindicativo, elegido frente a otras definiciones como méxicoamericanos o hispanos, por lo que es posible hablar, como lo hace Susan M. Guerra, de "proclamarse oficialmente chicana". 4 El término abarca desde descendientes de los habitantes de estados como Texas, California, Utah o Nevada, que pertenecían originalmente a México y que pasaron a ser parte de los EEUU después de la guerra México-Americana -tras la derrota de México y el Tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), cuando casi un 50% del territorio mexicano pasó a ser estadounidense-hasta inmigrantes de primera generación, legales o ilegales. En muchos casos, implica un origen multiracial (anglosajón, español, indígena, cuando no otros), con diversos grados de "visibilidad" física, y casi siempre un sentimiento de biculturalidad. 5 Mucha parte de esta población se concentra en los estados del sudoeste (Arizona, Nuevo México, Texas, California...) pero también hay comunidades chicanas importantes en ciudades como Chicago o Detroit. El término "lesbiana" parecería menos problemático, pero desde el cuestionamiento de los presupuestos patriarcales llevado a cabo por las activistas feministas y lesbianas a partir de los años 70, es una palabra que implica más que "2. Mujer homosexual", como lo define el Diccionario de María Moliner. 6 Precisamente porque toda la escritura producida por autoras chicanas lesbianas parte de este contexto feminista, para la mayor parte de ellas el término es objeto de reflexión, y más allá de la simple orientación sexual implica una conciencia y un fuerte compromiso en cuanto a lo que significan estos vínculos sexuales y amorosos con otras mujeres. Ana Castillo, recogiendo este pensamiento radical lésbico-feminista, afirma que considera lésbica una relación que implica por parte de la mujer una decisión en cuanto a su forma de vida y un claro compromiso, esté o no manteniendo relaciones sexuales con otra mujer.7 La construcción de una identidad En su antología de literatura lésbica, Lillian Faderman incluye a las chicanas, junto con otras mujeres de color, en la última de sus categorías ("post-lesbian-feminist literature"), marcada por el contexto de la teoría queer, los debates sobre ortodoxia sexual y el cuestionamiento de las limitaciones del feminismo "blanco", además de por la experimentación formal propia del postmodernismo. 8 Como intentaré demostrar a continuación, esta clasificación me parece adecuada en cuanto a la inclusión de la variable de raza en el pensamiento feminista y respecto a las formas literarias empleadas, pero no en cuanto a los dos primeros aspectos, que tienen una presencia mínima. La obra de las lesbianas chicanas se enmarca más bien, a mi modo de ver, en un contexto clara y abiertamente feminista, con el objetivo claro de reivindicar, y desplazar a un lugar central, la experiencia de un grupo triplemente marginado, por su género, su raza y su orientación sexual, contribuyendo así a lo que Flora Alexander definió como el propósito fundamental del feminismo: llevar a cabo una reconceptualización a gran escala del mundo a fin de tener en cuenta la experiencia de las mujeres. 10 Esto sin duda no es ajeno al hecho de que un buen número de ellas son a la vez creadoras, críticas y/o profesoras, como ocurre en los casos de Gloria Anzaldúa (fallecida en 2004), Alicia Gaspar de Alba, Cherríe Moraga, Emma Pérez o Carla Trujillo, entre otras. Muchas autoras combinan e inventan géneros en sus obras individuales, mezclando autobiografía, poesía, teoría y narrativa, escribiendo diarios apócrifos o entrevistas imaginarias, o hilvanando novelas a partir de poemas en prosa; y además, varias de las obras esenciales para conocer la literatura lésbica chicana son hasta cierto punto creaciones comunitarias, compilaciones que abarcan todas estas modalidades de escritura. 148. contexto bilingüe, alternan además inglés y español, incluso dentro de la misma obra, aunque la mayoría de la producción literaria se escribe en inglés, por motivos que merecerían un estudio más profundo de lo que podemos abarcar aquí. 11 Esta experimentación es ineludible puesto que los patrones literarios tradicionales, ya ampliamente cuestionados por la crítica feminista como medios de expresar la subjetividad femenina, resultan aún menos aptos para hablar de una subjetividad y un deseo que, como señalaba Luce Irigaray, resulta simplemente incomprensible dentro de la lógica patriarcal. 12 Tanto es así que para poder formular "lo que nunca pasó por sus labios", para citar el título de Cherríe Moraga, en los primeros escritos se ve una necesidad imperiosa de nombrar y nombrarse, de reivindicar, para transformarlos, los términos despreciativos, tanto en inglés como en español, con los que se ha denominado a las lesbianas. Sólo en la antología de Carla Trujillo, Chicana Lesbians, encontramos los poemas "Lesbiana", "Baby Dykes", "Trying to be Dyke and Chicana", que lo hacen desde el mismo título, y otros como "Intentarás imponerme", de Lidia Tirado White, que comienza con una enumeración de insultos ("Cachapera/ Manflora/ Jota/ Rara/ Maricona/ Anormal/ Tortillera/ Lesbiana/ Marimacha/ Andrógina/ Hombrecito/ Muchachito"), para concluir con una reivindicación de sí misma como "MUJER PARA SÍ". 13 Una reivindicación que contrasta vivamente con el brutal acto de silenciamiento que lleva a cabo Josefa, una de las protagonistas de la ya citada The Day of the Swallows, que le corta la lengua a un niño que la ha visto mantener relaciones sexuales con su amante Alysea. 14 Al haber comenzado a escribir dentro del contexto del feminismo lésbico, el cuestionamiento de los orígenes y la naturaleza de la identidad lesbiana, tan presente en alguno de los textos europeos clásicos de los siglos XIX y XX, no resulta en absoluto problemático; la legitimidad de la iden-tidad lésbica se da por hecho del modo que Faderman considera típico de la fase post-lesbianismo-feminista. Dicha identidad se vive como innata y percibida desde muy temprano, y varios textos reivindican de diversos modos la experiencia adolescente o incluso infantil de las protagonistas, dotándola de plena validez, muy en contra del mito de la supuesta "fase pasajera". Relatos como "Gulf Dreams" (1991) de Emma Pérez o "La Ofrenda" de Cherríe Moraga (1991) 15 están narrados desde la perspectiva de adulta de la protagonista, que comprende y explica sus sentimientos y experiencias de adolescente: "I thought that writing this years later would finally release me from her. Not yet", afirma la narradora de "Gulf Dreams", declarando la persistencia de su amor adolescente. 16 Moraga incide sobre esta continuidad entre el yo adulto y el yo adolescente en su drama Giving up the Ghost, donde aparecen en escena dos personajes distintos, la adolescente Corky y la adulta Marisa, que son la misma persona en dos etapas de su vida y se esclarecen mutuamente. Así, en su monólogo inicial, Corky relata sus intentos juveniles de actuar y sentirse como un chico, junto con su realización de la imposibilidad de hacerlo, y recibe el apoyo y la comprensión de Marisa, su yo adulto: always knew I was a girl deep down inside no matter how I tried to pull the other off I knew always knew I was an animal that kicked back (with Marisa)... cuz it hurt! 17 Poemas, narrativas autobiográficas, e incluso los monólogos de la popular comediante Mónica Palacios insisten sobre el tema. La importancia que se presta a la adolescencia remite a una de las tradiciones literarias en las que es posible enmarcar esta producción literaria: la del Bildungsroman. De modo más específico, Julián Olivares hace notar que el Bildungsroman es un género literario propio de los escritores y escritoras emergentes en EEUU, a menudo inmigrantes de primera o segunda 15 Emma Pérez: "Gulf Dreams", en Trujillo (ed.), Chicana Lesbians, pp. 96-108 y Cherríe Moraga: "La Ofrenda", en Ibidem, pp.6-9. generación, pero también que dicho modelo necesita reescribirse en el caso de las escritoras, puesto que la conclusión tradicional del "aprendizaje" de una protagonista femenina es la aceptación de su rol en la sociedad patriarcal. 18 Esta reescritura del Bildungsroman, a menudo de fuerte base autobiográfica, ha sido llevada a cabo por un buen número de escritoras estadounidenses al menos desde los años sesenta, y forma parte en particular de la tradición literaria creada por mujeres de color estadounidenses, con la que enlazan estas autoras. La publicación en 1981 de la antología This Bridge Called My Back: Writings by Radical Women of Color, en cuya edición participaron Moraga y Anzaldúa, y que es de los primeros volúmenes que recoge la obra de autoras chicanas lesbianas, es el ejemplo más claro de este vínculo. Por otro lado, el énfasis en la adolescencia es igualmente propio de otra tradición específicamente homosexual, la de la "coming out story" o narrativa de salida del armario, que también actúa como modelo más o menos consciente. En el caso que nos ocupa, el aprendizaje de las protagonistas consiste en el conocimiento de sí mismas, la aceptación de su identidad sexual y la búsqueda de su lugar en un mundo que las margina no sólo por ésta última, sino por su género y su "raza". Y tanto en la ficción como en los escritos de pensamiento, este conocimiento de sí mismas se origina en el cuerpo. La reivindicación del cuerpo y del conocimiento intuitivo, asociados tradicionalmente con lo femenino y relegados por ello a la categoría de "lo inferior" en el sistema de dualidades supuestamente complementarias que establece el patriarcado, ha sido uno de los elementos característicos del pensamiento feminista. 19 Gloria Anzaldúa retoma esta idea al argumentar en Borderlands/La frontera que el cuerpo, lejos de ser ignorante, es sabio, y al criticar la dualidad cuerpo/espíritu, que considera especialmente propia del patriarcado cristiano occidental. 20 Esta valoración del cuerpo y de lo intuitivo implica una serie de riesgos, como ya han hecho notar algunas pensadoras. 21 La glorificación de la intuición y la emocionalidad de las mujeres que desarrolló el primer feminismo anglosajón corría el fuerte riesgo de reinscribir como innatos los atri- butos tradicionales de las mujeres y los hombres. De modo similar, la reivindicación del cuerpo llevada a cabo por la segunda ola del feminismo fue uno de los factores que contribuyó a la desafortunada vinculación entre la "liberación femenina" y la llamada "revolución [hetero]sexual", que distó mucho de ser verdaderamente liberadora para las mujeres, además de contribuir a un efecto parecido en lo que se refiere a la reinscripción de dualidades esencialistas. Cuando a estas dualidades (hombre: espíritu / mujer: cuerpo) se superponen las derivadas de la raza (raza blanca: espíritu / otras razas: cuerpo), los peligros se multiplican. Las consecuencias de estos errores, y el intento de las escritoras y críticas chicanas por solventarlos, se ponen de manifiesto de modo muy claro en uno de los ensayos publicados en el volumen conmemorativo This bridge we call home, en el que se celebran los veinte años de la publicación de This Bridge Called My Back. El ensayo describe la experiencia de cuatro profesoras que imparten conjuntamente un curso universitario titulado "US Latina Feminisms", e incide en la resistencia de sus alumnas a adquirir un bagaje intelectual a través del conocimiento y análisis de los textos teóricos sobre el tema, aunque estén escritos igualmente por mujeres de color. Llevadas por la reivindicación (igualmente de origen teórico, aunque ellas no lo sepan) de la experiencia directa (lo que las autoras denominan "testimonio") como única fuente válida de conocimiento, estas alumnas limitan de modo muy serio su capacidad de comprensión y de crítica del mundo. Como argumentan las autoras, Habiendo hecho todas estas salvedades en lo que se refiere a la teoría, lo cierto es que en los textos poéticos y de ficción de las escritoras chicanas que nos ocupan el conocimiento adquirido a través del cuerpo sí tiene un papel fundamental en la construcción de la identidad lésbica. En ellos abundan los momentos en los que la percepción a través de los sentidos (quizá con un énfasis particular en el olfato y el tacto, posiblemente los menos mediatizados por la palabra) desencadena una revelación para las protagonistas, narradoras o voces poéticas. Así, Gloria Anzaldúa evoca las sensaciones físicas de Andrea, la protagonista adolescente de "The Paisano is a Bird of Good Omen", cuando baila con otra muchacha: "Ven. 24 En "La Ofrenda", de Cherríe Moraga, se narra el acercamiento entre dos mujeres lesbianas, amigas desde la infancia, a través de un único encuentro sexual cargado de emoción y de significado. La descripción que hace la narradora del cuerpo de su amiga Tiny (Christina Morena), que se ha desnudado delante de ella en un arrebato para preguntarle a la narradora si la mujer de la que está enamorada podría desearla, ejemplifica perfectamente el aspecto positivo de la reivindicación de lo físico y lo real del cuerpo, en este caso frente a los estereotipos patriarcales y racializados de la belleza: She's absolutely beautiful. 25 El olor y el tacto son los que desencadenan el encuentro sexual, que a su vez se transforma en una fuente de conocimiento al ser capaz de traspasar la barrera de la masculinidad y dureza asumidas de Tiny. Cuando ésta acepta que otra mujer le procure placer activamente, acaba con la fractura entre lo que Norma Alarcón denomina "male-like subjectivity and beha-vior" y su "literal female body", la fractura entre su ser mujer y su deseo por otras mujeres, 26 obteniendo un conocimiento de sí misma que es una fuente de poder. Si el cuerpo es lo que lleva al reconocimiento y la aceptación de la identidad lésbica, también es el cuerpo el que rechaza vivamente lo que Adrienne Rich denominara heterosexualidad obligatoria. 27 Con la excepción de la novelista y poeta Ana Castillo, que se declara bisexual, pero que ha participado en algunas de las antologías citadas con análisis muy lúcidos de la identidad lésbica chicana, 28 la práctica totalidad de las escritoras citadas denuncian la presión externa para mantener relaciones heterosexuales en contra del conocimiento que una vez más les proporciona su cuerpo. Un ejemplo claro puede encontrarse en la expresión de repugnancia de Sor Juana Inés de la Cruz en la novela de Alicia Gaspar de Alba, que concreta la "total negación que tenía para el matrimonio" manifestada por la Sor Juana real: Juana Inés cerró los ojos e imaginó las manos de un hombre sobre su cuerpo, sus labios y barba sobre su rostro, su vientre cargado de hijos, su mente arrugada como una pasa. -¡Oh, no, padre!-imploró al tiempo que se aferraba a las amplias mangas de su sotana-. Os ruego que no me obliguéis a contraer matrimonio. ¡Por favor, padre! 29 Es el mismo rechazo muy físico que la comediante Mónica Palacios incluye como parte de su monólogo "Tomboy", con la diferencia obvia de que ella se dirige a un público que se identifica, o al menos puede simpatizar, con la expresión de este sentimiento: 29 Alicia Gaspar de Alba: El segundo sueño, p. Sor Juana justifica su elección de la vida conventual basándose precisamente en esta "total negación": F.L. Cardona: "Estudio preliminar", Sor Juana Inés de la Cruz: Poesía Lírica y El divino Narciso, p. 30 La misma existencia de una "stand up comedian" lesbiana y chicana demuestra las transformaciones que se han ido produciendo en ciertos ambientes de la sociedad (en especial en el ámbito urbano y universitario), transformaciones que hacen posible para algunas mujeres vivir abiertamente una existencia lésbica sin fisuras, donde esa heterosexualidad obligatoria apenas parece afectar ya a sus vidas. Es el mundo que aparece en relatos como "They 're Just Silly Rabbits" (1987), de Gaspar de Alba, o en "Personality Fabulosa" (1995), de la propia Palacios. 31 No obstante, los relatos de este tipo sin duda continúan siendo minoritarios y un buen número de obras reflejan la amargura y el sufrimiento que genera en la existencia de las protagonistas la presión del patriarcado, a veces en su expresión más brutal. En la ya citada Giving up the Ghost, de Moraga, Corky describe en un monólogo estremecedor la violación que sufrió a la edad de doce años y el efecto devastador de este ataque sobre su identidad y su autoestima: "He made me a hole!" se lamenta Corky. 32 Otros textos, como "Pesadilla", también de Moraga (1983), o "Dreams of Violence", de Naomi Littlebear (1981), relatan agresiones violentas sufridas por parejas de mujeres. 33 Se denuncia esta violencia sin caer nunca en el tópico de que el lesbianismo es de alguna forma el resultado de las agresiones masculinas, un tópico que Ana Castillo, en "La Macha", desmonta con cierto humor al afirmar que si el lesbianismo fuera meramente una reacción a la dominación masculina, la inmensa 30 Mónica Palacios: "Tomboy", en Carla Trujillo (ed.): Living Chicana Theory, pp. 305-309, p. 31 Alicia Gaspar de Alba: "They' re just Silly Rabbits," en Sergio D. Elizondo y Armando Armengol (ed.), Palabra nueva: Cuentos chicanos II, pp. 107-114. 33 Cherríe Moraga: "Pesadilla", en Living in the War Years: Lo que nunca pasó por sus labios, pp. 36-43; Naomi Littlebear Morena: "Dreams of Violence", en Anzaldúa y Moraga (eds.), This Bridge Called my Back, pp. 16-17. mayoría de las mujeres del mundo se habrían vuelto lesbianas. 34 Las escritoras estudiadas son también muy explícitas a la hora de dar voz a los sentimientos de dolor y de traición que experimentan sus personajes cuando sienten que el poder patriarcal les arrebata a las mujeres que aman y las sitúa en una posición de inferioridad sexual y existencial frente a los hombres. Al hacerlo, con una autoridad que brota tanto del "testimonio" del sentimiento personal como de la "teoría" lesbiana y feminista, confrontan algunos de los fantasmas más arraigados de la existencia lésbica, y se desmarcan de esa nueva escritura "post-lésbico-feminista" influenciada por las teorías queer con su reivindicación de la indefinición de género, la experimentación bisexual y las sexualidades alternativas. Los tonos en los que se expresan estos sentimientos abarcan de nuevo desde la ironía más o menos humorística hasta el dolor más crudo. E.D. Hernández lo narra del primer modo: las sexualidades alternativas de la teoría queer. Hay no obstante un elemento "heterodoxo" que merece analizarse: se trata de la frecuente aparición de personajes, o parejas, que podrían incluirse dentro del juego de roles conocido como butch/femme: la "marimacha" de rasgos y comportamientos "masculinos" como la versión chicana de la butch, frente a la mujer lesbiana sensual y "femenina", la femme chicana. El feminismo lésbico de los años 70 criticó este patrón de relación lesbiana en tanto que consideraba que tendía a reproducir precisamente el modelo heterosexual de desigualdad que el feminismo buscaba abolir. En los años 80 se reabrió el debate, a veces desde una reivindicación peligrosa de la erotización de la desigualdad, a veces desde la perspectiva queer del género como construcción, y otras desde una arraigada percepción subjetiva de la propia identidad. 37 Conscientes de la presencia de mujeres que se identifican con estos roles dentro de la cultura chicana, las autoras describen y analizan dichas identidades, revelando una complejidad que va mucho más allá de la supuesta reproducción de roles heterosexuales. Yolanda Chávez Leyva hace notar que en el contexto chicano, y en particular antes de la concienciación feminista, los modelos más visibles de identidad lésbica fueron precisamente las "marimachas", las mujeres butch que con su ropa y sus modales "masculinos" rompían visualmente el silencio de la comunidad latina. 38 Ana Castillo, por su parte, relaciona la persistencia de este modelo con la fuerza de la presión patriarcal dentro de la cultura chicana, señala los condicionantes económicos y sociales específicos que impiden a muchas mujeres vivir su identidad de otra manera, y sobre todo insiste en que cualquier juego de poder dentro de las parejas de roles no es equivalente al modelo heterosexual, ya que en el caso de las lesbianas, no hay ninguna sanción externa que respalde la dominación que se ejerce dentro de la relación. 39 Gloria Anzaldúa lo conecta con el concepto popular mexicano de "mita y mita", según el cual se concibe a la lesbiana "marimacha" como un ser intermedio entre lo masculino y lo femenino. 40 Los personajes de este tipo reflejan una realidad social, pero también contribuyen a deshacer las simplificaciones sobre los roles, en especial la 37 Sheila Jeffreys (La herejía lesbiana), Lillian Faderman (Surpassing the Love of Men) y Carole Vance (ed.) (El placer y el peligro), dan cuenta de estos debates ideológicos. idea popular según la cual se limitan a una simple reproducción caricaturesca de la heterosexualidad. La ternura y vulnerabilidad de personajes como Corky o Tiny, en las obras ya mencionadas de Moraga, o la ingenuidad de la butch Gloria, de los relatos de Rocky Gámez 41 -características que dentro del patriarcado se asumen como "femeninas"-muestran una realidad mucho más compleja. En este sentido, resulta esclarecedor el ensayo autobiográfico de Cherríe Moraga sobre su experiencia como madre lesbiana. Moraga hace notar la paradoja de que el hecho de haber asumido ella -la integrante más butch, más "marimacha" de la pareja-la maternidad biológica la hace objeto de una aceptación a la que no estaba acostumbrada, mientras que su pareja femme, más "femenina", de repente se ve convertida en "the dyke in the matter", algo que resulta duro para una mujer que "has always passed effortlessly -that is, until she opens her mouth and the lesbian feminist rolls out without restraint". 42 Las expectativas sobre la "masculinidad" y la "feminidad" de los respectivos roles se rompen tanto por la maternidad biológica -el rol femenino por excelencia-de la parte supuestamente masculina como por la militancia radical de la femme, lo que sugiere una vez más que los roles nada tienen que ver con su versión caricaturesca. En cuanto a esto, en el ya citado volumen conmemorativo This bridge we call home el ensayo de Max Wolf Valerio confirma esta idea desde la perspectiva de su experiencia como transexual de mujer a hombre. Valerio, que había participado en la primera antología con un trabajo -escrito antes de su cambio de sexo-en el que hablaba de sus problemas infantiles con la identidad femenina, que le habían llevado a reconocerse como lesbiana butch, 43 explica en la segunda cómo esta identificación había llegado a no corresponderse con sus sentimientos sobre sí mismo, basados una vez más en el cuerpo. Lo que me interesa destacar aquí es que Valerio manifiesta lo siguiente: Esta afirmación del lesbianismo como "a world of femaleness" marca de nuevo una separación clara entre la identidad butch -que se mantiene dentro de ese mundo de mujeres-y la identidad masculina. Por otra parte, Valerio rechaza también las ambivalencias de género de la ideología queer, al menos en lo que se refiere a su propia experiencia de sí mismo como hombre heterosexual "relatively gender-role congruent". 44 Es cierto que, más recientemente, trabajos como el vídeo "boi haircut" de Alma López (que documenta la conversación de tres lesbianas de color sobre el significado de sus cortes de pelo "a lo chico") sí se enmarcan en la conceptualización casi postmoderna de la "performance" deliberada de una cierta identidad, en la representación de un género elegido, pero sin renunciar a la identificación como mujeres y como lesbianas. La identidad como traición Un aspecto específico y central de la literatura lésbica chicana es su necesidad de confrontar la acusación de que la identidad lésbica es incompatible con la identidad chicana, hasta el punto de constituir una traición a la misma. 47 Hay una larga tradición de asociar la homosexualidad con la traición a la patria, cuyas consecuencias más terribles se manifiestan en la brutal represión de los homosexuales en los regímenes totalitarios de uno y otro signo. Si bien esta idea se ceba en los homosexuales varones, las lesbianas, en tanto que homosexuales, también pueden sufrirla. Pero, adicionalmente, las lesbianas son tildadas de antipatrióticas y decadentes simplemente como mujeres críticas con el sistema patriarcal, una acusación que comparten con las feministas. Centrándonos en lo más específico, la feminista lesbiana blanca estadounidense Sheila Jeffreys, entre muchas otras pensadoras, analiza las razones por las que la identidad lésbica se construye como "la herejía lesbiana" que da título a su libro. Jeffreys afirma que las lesbianas, más aún que las feministas heterosexuales, expresan su negativa radical a adoptar el rol que se espera de las mujeres en el patriarcado. El hecho de no mantener relaciones heterosexuales implica "retirar de la circulación" cuerpos de mujer que en teoría son propiedad de los varones del grupo, tanto para la sexualidad como para la reproducción. Más allá de las prestaciones sexuales y reproductivas, las lesbianas retiran de la circulación heterosexual una serie de "servicios" de apoyo práctico, emocional y psicológico que en principio los varones reciben de las mujeres. Por añadidura, las lesbianas escapan a las definiciones clásicas de la identidad femenina, que siempre se hacen con respecto a la relación con un varón (novia de, esposa de). Finalmente, al mantener relaciones sexuales con otras mujeres, las lesbianas se apropian de ese derecho al acceso al cuerpo de las féminas que se considera propio de los varones, y también destinan a otras mujeres la energía que se empleaba en los "servicios de apoyo" al varón anteriormente mencionados. 48 Al formar parte de un grupo cultural no hegemónico, minoritario, la identidad de las lesbianas chicanas se ve aún más en términos de traición a la comunidad de origen y a la familia: a todos los factores anteriores se le añaden condicionantes específicos que agravan la "herejía". En primer lugar, las identidades de los grupos minoritarios a menudo se establecen marcando contrastes con el grupo dominante, y para ello se refuerzan las identidades "tradicionales" de género dentro del grupo minoritario. En el caso de los chicanos varones, la masculinidad "latina" se define como violenta y agresivamente heterosexual frente a la (supuesta) "domesticación" y "feminización" de los varones anglosajones. Paralelamente, se atribuye a las mujeres chicanas una feminidad igualmente más marcada, con una división tajante entre "buenas" y "malas" mujeres en términos de sexualidad, y un gran énfasis en la obediencia y la sumisión, en la aceptación del sufrimiento. 49 Gloria Anzaldúa hace notar que en el ámbito chicano las mujeres son empleadas como depositarias de la tradición: "The culture expects women to show greater acceptance of, and commitment to, the value system than men", 50 una idea que Celia Amorós desarrolla también en referencia a otras comunidades. Según Amorós, las mujeres, que se consideran esencialmente invariables, a-históricas y propiedad de la comunidad de varones, se utilizan para encarnar la continuidad y la tradición de una cultura minoritaria, y lo ejemplifica con el caso de los inmigrantes musulmanes en Europa: mientras que los hombres pueden evolucionar, como se manifiesta en el uso de ropa "occidental", las mujeres deben servir como símbolo de la persistencia de los valores tradicionales y manifestarlo en su vestimenta (en especial, mediante el velo islámico). 51 Por añadidura, dentro de los grupos minoritarios que se sienten amenazados, las mujeres se consideran especialmente valiosas como instrumentos de reproducción para asegurar la continuidad física de la comunidad. En un estudio sobre la homosexualidad dentro de la comunidad judía, Alan Unterman señala que, al imperativo religioso que impone el matrimonio heterosexual y la reproducción, se suma el imperativo histórico de utilizar el crecimiento demográfico como arma de supervivencia; en este sentido, Carla Trujillo se refiere a la creencia errónea dentro de la comunidad chicana de que "the only way to uplift the species is to propagate it". 52 Con todo lo anterior, resulta claro que nada más como mujeres feministas, como mujeres rebeldes, que se niegan a adoptar esos roles femeninos, a asumir su papel de depositarias de la tradición y a procrear para beneficio de la demografía de la comunidad chicana, las lesbianas chicanas pueden ser consideradas traidoras a [los varones de] su raza. Todas las ideas anteriores tienen un cariz absolutamente conservador y evocan los discursos patrióticos del nacionalsocialismo, por poner sólo un ejemplo; por tanto, sería de esperar que hubieran cambiado en el contexto de los movimientos civiles de los años 70, en los que se enmarca el movimiento chicano. El pensamiento revolucionario de origen marxista que animó muchas de las reivindicaciones de estos grupos, y que debería haber implicado una crítica a la tradición, una aceptación del análisis de la sumisión de las mujeres dentro del capitalismo y una visión internacionalista, distó mucho de llevarlo a cabo. Como en el contexto de muchos movimientos similares (un ejemplo español es el de la rebelión antifranquista), el argumento empleado fue que el socialismo, la lucha de clases, era el primer objetivo a perseguir, y que una vez obtenida esa victoria se podría prestar atención a la situación de las mujeres, que por añadidura evolucionaría como resultado de los cambios sociales. El movimiento chicano de los años 70 no rompió esta dinámica, a pesar de los esfuerzos de muchas mujeres que participaron en él, y Pérez se lamenta: "We are tired of debating the same questions that plagued Alexandra Kollontai in Russia and Hermila Galindo in Yucatán in 1917". 53 Resulta fácil comprender que, en este contexto, las reivindicaciones de las chicanas lesbianas (concebidas como un grupo aún más minoritario y más contrarrevolucionario que las feministas heterosexuales) fueran no sólo desatendidas, sino violentamente censuradas. En palabras de Catriona Rueda Esquibel: 54 La idea del feminismo (y mucho más del lesbianismo) como un implante "blanco", una contaminación del mundo anglosajón de efectos enormemente destructivos para la vitalidad del movimiento chicano, se 53 Emma Pérez, "Sexuality and Discourse: Notes from a Chicana Survivor," en Trujillo (ed.), Chicana Lesbians, pp. 159-184, p. 3. repitió hasta la saciedad, y a ella hacen referencia una multitud de textos teóricos recogidos en antologías como Chicana Feminist Thought: The Basic Historical Writings o Living Chicana Theory. Autoras lesbianas como Gloria Anzaldúa, Emma Pérez, Carla Trujillo, Ana Castillo, Natashia López, para mencionar sólo unas cuantas, emplean el término y/o el concepto de traición, intentando rebelarse contra él. Uno de los análisis más brillantes y exhaustivos es el de Cherríe Moraga en su ensayo fuertemente autobiográfico "A long line of Vendidas," de 1983: En el caso específico del lesbianismo, continúa Moraga, 55 Frente a todo esto, la actitud de muchas de estas mujeres desafiantes, lesbianas o no, fue la de marcar claramente los límites de su lealtad a la comunidad chicana y a sus "carnales" varones. La formulación puede ser más o menos sofisticada, pero la cantautora lesbiana Naomi Littlebear Morena lo resume de modo contundente: "i agree, me and my 'brother' both been screwed by the system, but when he starts screwin' me he is the system". 56 Resultó, en cambio, más problemático librarse de la priorización de la raza frente al género en lo que se refiere al cuestionamiento del feminismo "blanco", de raíz anglosajona. Como ya se apuntó en el debate sobre el uso de la "teoría", persiste en la comunidad académica chicana y en el activismo de base el debate sobre las limitaciones del feminismo blanco y la necesidad de adoptar un feminismo específico, que tenga en cuenta la experiencia vital de las mujeres de color con todos sus condicionantes de raza, clase, lengua, etc. Se acusaba asimismo al feminismo "blanco" de no 55 Cherríe Moraga, "A Long Line of Vendidas", en Living in the War Years, pp. 90-144, p. LESBIANISMO Y LITERATURA CHICANA: LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD enfrentarse con su propio racismo y con las implicaciones de las mujeres blancas en las estructuras de poder, así como de un exceso de intelectualismo y abstracción. 57 Autoras como Sonia Saldívar-Hull, Gloria Anzaldúa, Norma Alarcón, Cherríe Moraga y Emma Pérez abordaron, desde posiciones distintas, este debate, especialmente en la década de los 90, y en varios textos de la antología de 2002, This bridge we call home, se muestra su persistencia. No tengo espacio aquí para entrar en detalle en esta discusión, pero desde mi propio posicionamiento, que enfatizaría más las similitudes que las diferencias entre feminismos, quisiera subrayar que en este debate también entra, a mi parecer, ese miedo subconsciente a traicionar a la comunidad de raza. De nuevo, me parecen muy pertinentes en este sentido las observaciones de Cherríe Moraga, que hace notar que, frente a la duda de algunas feministas chicanas sobre si es deseable o no emplear fuentes escritas por mujeres blancas, los fundadores varones del movimiento chicano no veían inconveniente alguno en emplear los análisis de un pensador blanco como Marx. Por añadidura, y quizá de modo aún más pertinente, Moraga critica la tendencia a olvidar que las feministas blancas (y en particular las lesbianas) se están rebelando también contra su propia cultura, "challenging the authority of [their] white father" y por tanto pueden ser consideradas aliadas. 58 Sin embargo, romper el miedo subconsciente a la acusación de traición no es fácil, y quizá es por esto por lo que resulta tan crucial para todas estas autoras el intento de mantener los vínculos con la comunidad chicana, y en especial con la familia, a pesar de su conciencia de la absoluta necesidad de ciertas formas de separación, de crítica y de rechazo frente a una cultura que les puede llevar a sentir, como Gloria Anzaldúa, que no tienen existencia como individuos: "No self, / Only race vecindad familia". 59 La vinculación, y los desencuentros, con la familia de origen es un tema fundamental y muy doloroso no sólo en la obra de las lesbianas chicanas, sino para las lesbianas y homosexuales en general. Debido a los factores específicos del contexto latino y católico, quizá en el caso que nos ocupa haya un énfasis añadido en lo que significa el vínculo familiar. Ana Castillo sugiere que dentro de la sociedad estadounidense muchas mujeres 57 Véase, por ejemplo, Norma Alarcón: "The Theoretical Subjects of This Bridge Called my Back and Anglo-American Feminism", pp. 28-39, o Sonia Saldívar-Hull, "Feminism on the Border: From Gender Politics to Geopolitics", pp. 202-220, ambos en Héctor Calderón y José David Saldívar (eds.): Criticism in the Borderlands: Studies in Chicano Culture. 195. chicanas sienten que el único sitio donde tienen un lugar es dentro de la familia y que el riesgo de perder este lugar, así como el amor y el respeto que se tiene dentro de la familia se ve como un precio demasiado alto. 60 Las relaciones de la familia de origen con los hijos e hijas homosexuales en EEUU han sido objeto de análisis, muy recientemente, por la novelista y activista Sarah Schulman, de origen judío neoyorkino, que ha estudiado en profundidad la familia como fuente de homofobia. 61 Algunas de las conclusiones de estos estudios parecen muy aplicables a cualquier cultura y remiten de nuevo a la idea de traición, una traición que consiste en no adecuarse a las expectativas de futuro que los padres y madres se formulan con respecto a los hijos. De hecho, Erik F. Strommen y Bryan E. Robinson van más allá cuando afirman que la revelación de la identidad homosexual de una hija o un hijo produce una serie de reacciones comparables al proceso de duelo por la pérdida de un ser querido, ya que los padres tienen que asimilar que las esperanzas que tenían puestas en ellos no se van a cumplir. 62 A esta traición generalizada se suman las concretas, como la que se refleja, por ejemplo, en las palabras de Martha Barrera cuando se lamenta de que su padre la llama Malinche por emparejarse con una mujer blanca en lugar de con un hombre mexicano. 63 Junto con Gloria Anzaldúa, Cherríe Moraga es quizá la autora que más haya profundizado en las complejas relaciones entre familia, raza e identidad lésbica. Hija de padre "anglo" y de madre mexicana, en Loving in the War Years intenta explicar su propia identidad sexual remitiéndose tanto al complicado e intenso amor que recibe de su madre -que condiciona su propio amor por las mujeres, pero que siempre está amenazado por la preferencia no cuestionada de su madre por el hermano de Cherríecomo al distanciamiento y la posible ambigüedad sexual de su padre "anglo". Martha Barrera, sin embargo, hace notar que Moraga encuentra imposible compartir su escritura con sus padres y hace referencia al dolor que produce esta falta de comunicación, reflejando una situación común Frente a este aislamiento se alza la denuncia que Anzaldúa expresa en las palabras que sirven de epígrafe a este apartado: la acusación de que la traición no la han llevado a cabo las hijas lesbianas, sino la familia y la comunidad de origen, que las han repudiado y abandonado. En su estudio de la homofobia familiar, Schulman insiste en la injusticia de los castigos a los que la familia heteropatriarcal somete a sus miembros homosexuales: 64 Se alza también el reconocimiento del valor de las nuevas familias que las autoras o sus personajes forman con sus parejas femeninas (y en algunos casos, con sus hijas e hijos), una familia que se extiende a la unión con otras mujeres lesbianas. 66 Juanita M. Sánchez: "Paso a paso", en Trujillo (ed.), Chicana Lesbians, p. Por último, es necesario detenerse en uno de los medios que emplean estas escritoras y artistas para restablecer una vinculación con su comunidad, una vez confrontadas las acusaciones y las diferencias. Se trata de la reapropiación de mitos chicanos para expresar la identidad lésbica. Lógicamente, esta táctica no pretende, ni logra, evitar la virulenta reacción lesbófoba de la voz oficial de la comunidad chicana: en el mundo del arte, las imágenes "sacrílegas" de la Virgen de Guadalupe realizadas por Alma López fueron brutalmente denostadas y ella tachada de artista decadente en La voz de Aztlán. 67 Se trata más bien de llevar a cabo la tarea que plantea Gloria Anzaldúa: 68 Lógicamente, esta tarea se enmarca en el contexto más amplio de la crítica y literatura feministas, y en el entorno chicano escritoras heterosexuales también han reescrito y analizado algunos de los mitos citados; la diferencia es el objetivo de darles una relectura que dé cabida a la experiencia lesbiana. En la obra de Anzaldúa, la reescritura de mitos llega al punto de conformar una especie de lenguaje propio, en el que los distintos estados del viaje espiritual de transformación que propone la autora se asocian con distintas figuras de la mitología náhualt: así, el descenso a los aspectos más temibles de la propia psique se asocia con la diosa Coatlicue, creadora y destructora, y la reconstrucción de la identidad con la recuperación de los fragmentos mutilados del cuerpo de la diosa Coyolxauhqui, descuartizada por su hermano en esta mitología. 69 Por su parte, Cherríe Moraga ha combinado mitologías clásicas y mexicanas en su obra The Hungry Woman: A Mexican Medea (1995), y su empleo de la figura de Malinche en "A Long Line of Vendidas", como hemos visto, le permite analizar vívidamente el concepto de traición. 70 Con un tono mucho más ligero, Mónica Palacios parodia otro mito, la trágica historia de la Llorona -existen varias versiones, pero la más común es que se trata del espíritu de una desgraciada mujer indígena que asesinó a sus hijos, habidos con un caballero español, cuando éste se casó con una dama española-en el relato "La Llorona Loca: The Other Side". En él, presenta en un contexto arquetípicamente mexicano la relación entre la bella Caliente y la poderosa Stranger, que aparece a caballo un día para llevarse a Caliente, la mujer más deseada del pueblo. Más tarde, cuando la Stranger confiesa que está engañando a Caliente con otra mujer, Caliente la ahoga en un arrebato de celos. La Llorona Loca del relato es el fantasma de la infeliz Caliente, que lamenta su crimen junto al río. 71 Mucho más seria y exhaustiva es la reinterpretación y reivindicación lésbica de la figura de Sor Juana Inés de la Cruz que lleva a cabo la escritora Alicia Gaspar de Alba, ya citada. La religiosa, con su origen mestizo, su reivindicación de los derechos espirituales e intelectuales de la mujer y sus poemas de amor a la virreina de México, su protectora, se presta especialmente a esta tarea, y los escritos de Gaspar de Alba la abordan mediante el empleo de diversas formas literarias que culminan en su brillante novela histórica Sor Juana's Second Dream. Uno de los textos más complejos, que ejemplifica perfectamente la definición de "fiction/theory" es el titulado "The Politics of Location of the Tenth Muse of America", en el que utiliza el formato de una falsa entrevista en la que extrae las respuestas de Sor Juana de sus auténticos escritos para situarla a través de ellas como "a symbolic foremother of Chicana lesbian feminism". 72 En conclusión, las escritoras chicanas lesbianas emplean la literatura, como ya dijimos, para nombrarse a sí mismas e intentar definir su identi- 71 Monica Palacios: "La Llorona Loca: The Other Side", en Trujillo, Chicana Lesbians, pp. 49-51. Otras obras de Gaspar de Alba sobre Sor Juana son "Juana Inés", en Tiffany Ana López (ed.): Growing Up Chicana-o: An Anthology, pp. 69-85; y Sor Juana's Second Dream. dad y reivindicar su experiencia, y necesitan hacerlo frente a una serie de acusaciones generales y específicas de traición. Acusadas, como lesbianas y mujeres rebeldes, de traicionar a los hombres al negarse a adoptar el papel reproductor y heterosexual que en teoría corresponde a las mujeres, son acusadas por añadidura de traicionar su identidad como chicanas, ya que el feminismo y el lesbianismo se conciben como implantes "blancos". Como la mayoría de las personas homosexuales, reflejan en su escritura los profundos conflictos con la familia de origen, de la que también reciben acusaciones de traición. Frente a todo esto, los relatos, poemas, novelas y teoría producidos por estas autoras reivindican su derecho a su propia sexualidad, a su libertad como mujeres y al empleo de ideologías liberadoras sea cual sea su procedencia, y a la vez buscan conservar ciertos vínculos con su cultura y su familia de origen, aun sabedoras de que, en palabras de Anzaldúa, son éstas las que las han traicionado a ellas. Con su lúcida crítica de las tradiciones opresivas y su exploración de nuevas formas de existencia y de escritura, la obra de estas autoras contribuye a transformar el pensamiento y la vida dentro del nuevo mundo globalizado.
En el presente artículo se analiza la manera en que la Iglesia, la Inquisición y la Corona controlaban y redefinían a los sujetos coloniales particularmente en lo que respecta a la sexualidad. De la misma manera, se examina la interacción de clase social y raza y la forma en que dichos sujetos bregaban con las instituciones sociales reguladoras. Este ensayo pretende contribuir al estudio de la historia de la sexualidad en la Nueva España, realizando un análisis de casos de sodomía que involucraron a clérigos y el impacto de dichos casos en las instituciones coloniales. Se propone que el estudio de los procesos de sodomía contribuye al estudio de sexualidad y género de la época en cuestión y a su vez, como se muestra en esta investigación, puede ayudar a aclarar aspectos relacionadas con clase social y etnicidad. Por lo tanto, este artículo investiga cómo estos elementos se superponen en la sociedad colonial mexicana. Rafael Carrasco, Inquisición y represión sexual en Valencia, pp. 30-32. For example, the code stated: "Y San Agustín termina diciendo que después de la idolatría no hay mayor pecado que el de sodomía. En derecho, los sodomitas son decapitados. En derecho canónico, el clérigo sodomita es excluido del clericalato y encerrado toda la vida en un monasterio para que haga penitencia; el laico es excomulgado y excluido de la comunidad de los fieles...Se notará por fin que el juez eclesiástico castiga también a los infieles que pecan contra natura". See Carrasco, Inquisición y represión, p. See La Colección Pictórica del Banco Nacional de México, Mexico City, Banamex. "Dime quién eres y te daré tu castigo" 32 Muy señor mio, haviendo resevido la de Vuestra merced con lo que expressa, de horden de el tribunal advertido de su contexto, en respuesta devo desir, que estoy sumamente agra/desido a la honrra que se á servido haserme el Consejo supremo confiriéndome la Comissaría deste partido en el casso que essos señores del tribunal no la tuviesen proveida; pero estándolo ya en el señor Doctor Don Pedro Cienfuegos, mi compañero, desde octubre del año pasado, como me dise Vuestra merced; parese que no ay nessesidad de otro Comissario para ausiensias y enfermedades, o si la hubiesse, se servirán essos señores de proveer este empleo en persona que sea de su satisfasión, pues a mi me basta aver merecido que Su Alteza me confiera esta grasia en propiedad para en casso de no tenerla prove/ida el tribunal, a cuia obediensia me pondrá Vuestra merced, dando las grasias de mi parte, por el favor de mandar que presente yo mi jenealogía para calificar mi persona y limpieza de sangre, que es espesial prerrogativa que no an gosado otros, ni para ser Comisarios ni para otros empleos del Santo Ofisio en este Reyno. Guarde D[ios] a Vuestra Merced muchos años. [Y] habiéndolos remitido a su custodio, me respondió que le abían acusado aún más feamente ante él que ante mi y abiendo pasado hase ocho meses, yendo estos días a corer (sic: correr) la frontera, se bolbían los yndios a quexar porque me fue fuerza tomar la quexa por escrito y atendiendo a que su custodio no yzo caso de lo que los yndios decían, ni menos el que es Comisario de la Santa Inquisición, sino que antes me pedían que yo lo rebocase, me a echo estanpa[r]lo (sic), y ansi e querido dar cuenta a 39 See Lavrin, p. 177; and Farriss. vuestra merced para que la de a esos señores y se bea lo que declaran los indios en ese santo tribunal. El señor gobernador y capitán general y dijeron que para que más bien supiese su señoría y los españoles la verdad, presentavan y presentaron luego allí, a un yndio que llaman el mulato, [el] qual dijo que el dicho Padre, Fr. Nicolás Hidalgo, abía cometido con él el pecado nefando y quitándose el cuero de Cibola que traía cobijado, hizo la demostración con las manos y el cuerpo. Y asimismo llamaron a otro yndio, llamado Francisco Quaelene, capitán que es del quartel llamado del sepo (sic) y dijo, / que el dicho padre fray Nicolás Hidalgo avía cometido con él el pecado nefando y hizo las mesmas demostraciones, disiendo que aquello que desía era la verdad. See AGN, Inquisición, Vol. Juan Zerezeda states that Aramburu, Dixo que sabe que un día, abrá ocho meses, poco más o menos, estando parlando con el alcalde mayor, Andrés de Aramburu, presentes D. Nicolás de Chábes, el Alguacil Mayor desta villa Diego Martín, el dicho Andrés de Aramburu, y en presencia de los citados ____ Dixo que el pecado nefando no era peccado, según desía un autor, y este Andrés de Aramburu, tiene mala fama en este artí/culo de sodomía. ítem, declara que ha tenido desterrado al señor comissario, fr. Juan de Noval, de su territorio, y proivido para que no pueda exercer su oficio; y esto con viripendios como es pública vos y fama, y esto con palabras afrentosas y dado ha entender a los indios que los saserdotes no valen nada, mandó prenderlos y amarrarlos y que los truxeran a su presen/cia, como lo mandó a Diego de la Carrera y a muchos indios, con notable menosprecio de que se a seguido en los indios descaeser en la fe. The argument was that "los jueces seculares, la han visto sin el selo que corresponde ha Nuestra Santa Fe".
Este artículo se centra en la interacción entre homosexualidad y prisión en la novela del cubano Carlos Montenegro titulada "Hombres sin mujer" (1938). A partir de una aproximación sociológica al hecho literario, se analizan estructuralmente las nociones y prácticas homosexuales carcelarias, teniendo en cuenta especialmente sus componentes y la creación de categorías auto-explicativas o etnocategorías, el orden en el que se constituyen estos elementos y los conflictos que los animan. Finalmente, se concluye considerando la noción de homosexualidad carcelaria como tragedia con la que se cierra la obra. Introducción: la literatura como una herramienta sociológica Este artículo 1 trata de ofrecer una explicación sociológica del sistema genérico/sexual de una prisión cubana de la década de 1920, considerando cómo diferentes estructuras interactúan en la organización del sistema. Uno de los términos claves con los que se operará será la noción de "capital pájaro". En Cuba el vocablo "pájaro" posee una acepción particular para referirse a los varones homosexuales. En conjunto, con la expresión capital pájaro se aludirá al poder que poseen ciertos individuos de acuerdo a su capacidad para atraer a otros reclusos dada su similitud con las mujeres; en este sentido, capital pájaro viene a significar potencial sexual afeminado. Con vistas a alcanzar estos propósitos, esta investigación asume una perspectiva metodológica inspirada por la sociocrítica. Tal aproximación teórica queda ejemplificada en las obras de autores como Edmond Cros, quien asevera: 2 En este sentido, nuestro objeto de estudio será abordado sirviéndonos de herramientas provenientes tanto de los estudios literarios como de la sociología. Específicamente, se recurrirá a la novela de Carlos Montenegro titulada Hombres sin mujer (1938) para analizar cómo las rutinas masculinas operan en una "institución total" particular. El sociólogo Erving Goffman definió este tipo de espacios en su estudio titulado Asylums: 3 Si tenemos en cuenta esta definición de Goffman, Hombres sin mujer constituye un útil recurso para entender las relaciones homosexuales en un contexto histórico y espacial particular. Montenegro escribió su novela después de pasar diecinueve años en la prisión del Castillo del Príncipe en La Habana y esto refuerza el interés sociológico del texto. De hecho, la interacción entre vida y obra del autor ha sido subrayada por uno de los mejores conocedores de la narrativa de Montenegro, Enrique Pujals. Para este crítico la producción de Montenegro queda transida por un importante sesgo autobiográfico. Así pues, la literatura representaría para este escritor "una necesidad vital y [sería] el resultado de experiencias personales". 4 Sin embargo, a la hora de analizar los textos de Montenegro debemos ser conscientes de su carácter ficcional, de obras literarias. De hecho, la obra del autor cubano persigue una serie de propósitos explícitos, que hacen de Hombre sin mujer una novela de tesis. Finalmente, las principales cuestiones en las que se centrará nuestro interés se resumen en diversos problemas: primero, la constitución de las relaciones homosexuales en prisión; segundo, su dinámica o economía; tercero, la creación de categorías auto-explicativas o "etnocategorías" por los propios internos. Cómo "reformar" cosas con palabras: los objetivos de Montenegro El origen de Hombres sin mujer hemos de buscarlo en las quejas que Montenegro le planteó al criminalista español Jiménez de Asúa a raíz de su participación en 1936 en un congreso en Viena sobre la reforma penal. 5 Inicialmente, trató de exponerle su punto de vista a través de un relato. Sin embargo, el proyecto fue tomando forma de novela conforme aumentaba la complejidad de los hechos narrados. Tal y como apunta Pujals, 6 Montenegro se había acercado a la problemática carcelaria en anteriores ocasiones en libros de relatos como El renuevo y otros cuentos ("El resbaloso", "El prófugo", "El tocayo", "El mudo", "El timbalero", "El beso", "El rayo de sol") y Dos barcos ("Macatay", "La cartera", "La herencia", "Reportaje sensacional", "El domado", "El iluso", "El incorregible", "El superviviente"). Específicamente, Pujals subraya la importancia de "El rayo de sol", que constituiría el antecedente más evidente de Hombres sin mujer dado que: "[ambos,] cuento y novela, giran alrededor de un personaje y con casi idénticas confusiones emocionales y sentimentales, aunque determinadas en hechos distintos". 7 De acuerdo con el resumen que establece Bejel, 8 el argumento de Hombres sin mujer podría sintetizarse indicando que en una prisión cubana un guajiro negro, denominado Pascasio Speek, se enamora perdidamente de un preso recién llegado, llamado Andrés Pinel, a pesar de ostentar una reputación de hombre "recto", es decir, no homosexual. Andrés es blanco, rubio y de 18 años de edad. Igualmente, el resto de los presos lo consideran un poderoso objeto sexual. Por lo tanto, Andrés se verá requebrado por diversos caracteres a lo largo de la novela, quienes compiten por hacerse con sus favores sexuales. Sin embargo, Andrés y Pascasio protagonizarán una historia de amor "pura", que irá más allá de la libido brutal y pegajosa que satura el ambiente de la penitenciaría. Bejel 9 insiste en la capacidad de amar que los protagonistas muestran. Tanto es así, que este tipo de sentimientos será capaz de quebrar el riguroso código machista conforme al que se guían las relaciones sexuales y genéricas dentro de la prisión. No obstante, la historia concluirá con el asesinato de Andrés a manos de Pascasio en el momento en el que éste lo sorprende manteniendo relaciones sexuales con Manuel Chiquito. El detonante de esta trágica situación hemos de buscarlo en las mentiras que Manuel Chiquito ha ido propagando con el fin de conseguir a Andrés. Chiquito encarna el poder del dinero y los contactos sociales. De este modo, logra hacer creer a Andrés que sacará a Pascasio de las celdas de castigo en las que se halla recluido después de tener sexo. No obstante, Pascasio será liberado sin que medie la intervención de Chiquito, lo cual propiciará el fatal encuentro del trío amoroso. Al final de la novela, Brai, el hipermasculino líder de los prisioneros, llorará al lado del cadáver de Pascasio, sintiendo que con esa muerte se extinguen a un tiempo el que debería haber sido su heredero en la posición dominante y los restos de pureza que Pascasio representaba dentro de la prisión. Como ya se ha apuntado, Montenegro permaneció en prisión por un periodo de doce años (1919-1931), cumpliendo condena por la acusación de haber matado a un hombre en una pelea callejera. El rechazo de la brutal experiencia carcelaria queda patente desde el primer arranque de la novela, en el mismo prólogo: "[me propongo] la denuncia del régimen penitenciario a que me vi sometido -no por excepción, desde luegodurante doce años". 10 Asimismo, Bejel apunta que la narración del cubano va más allá de esta crítica concreta, contribuyendo "a comprender mejor la formación de la subjetividad cubana y sus relaciones con las orientaciones sexuales, de género, de raza y de clase social". 11 Paralelamente, críticos como Víctor Fowler o Caridad Tamayo 12 han argumentado que la importancia de la temática homosexual ha de ser considerada atendiendo primero a lo que consideran la cuestión central, esto es, lo penitenciario. No obstante, ambos asuntos quedan irremediablemente unidos gracias a la crítica socio-política que Montenegro acomete, como pone de manifiesto el mismo título de la obra. En la prisión descrita se establece una relación problemática con las que Foucault consideró las siete máximas universales de la buena "condición penitenciaria", a saber: 5. La educación del detenido es, por parte del poder público, una precaución indispensable en interés de la sociedad a la vez que una obligación frente al detenido. Principio de la educación penitenciaria. El régimen de la prisión debe ser, por una parte al menos, controlado y tomado a cargo de un personal especializado que posea la capacidad moral y técnica para velar por la buena formación de los individuos. [...] Principio del control técnico de la detención. La prisión debe ir seguida de medidas de control y de asistencia hasta la readaptación definitiva del ex detenido. [...] Principio de las instituciones anejas. 13 De entrada, se ha de admitir que, operando mejor o peor, en la descripción de Montenegro se detecta la existencia de algunos de estos principios. Por ejemplo, tanto el principio de la clasificación como el del trabajo aparecen, aunque de un modo muy rudimentario, en la prisión de la novela. De este modo, Montenegro apunta la presencia de distintas secciones del edificio penitenciario según quiénes sean los presos destinados a morar en ellas: la Aldecoa para los pájaros; los Incorregibles para los más incontrolables y los castigados; la galera de los ingresos o la de los ancianos. En cuanto a los puestos de trabajo (taller, cocina, enfermería, cuadras, etc.), no sólo se muestran incapaces de obrar un cambio significativo, "correctivo", en la personalidad de los reclusos, sino que, en muchos casos, sirven a los intereses sexuales de hombres como Chiquito, quienes tienen la posibilidad de favorecer a los que deseen buscándoles una ocupación más cómoda. Es más, el trabajo deja de ser habitualmente una lección para la vida para convertirse en motivo mortuorio, como atestigua la sierra eléctrica o "sinfín" y su reguero de vidas cercenadas. No obstante, el penal que Montenegro retrata fracasa estrepitosamente a la hora de cumplir con los estándares indicados por Foucault. Por ejemplo, la capacidad resocializadora de la prisión resulta, más que nula, contraproducente, puesto que en su interior los presos no sólo no asimilan una serie de valores virtuosos, sino que su paso por la cárcel refuerza las tendencias negativas existentes en ellos o, directamente, hace aparecer nuevos defectos. De este modo, se obvia la necesidad de ofrecer a los internos una educación reglada, académica. Todo lo más, se percibe un atisbo de educación religiosa a través de la misa (en latín), que, para colmo de males, se tiene que oficiar en la cuadra y, más que motivo de recogimiento, para los presos constituye una oportunidad para darse a juegos eróticos y otras actividades ilícitas que resultan beneficiadas por la multitud que abarrota el lugar. Por último, y en cuanto a lo que al principio del control técnico de la detención se refiere, los encargados de velar de los reclusos no suelen destacar por sus capacidades morales y técnicas como apunta Foucault, antes bien se trata de seres sádicos y brutales (Candela, Trágico) o directamente incompetentes (el juez Acebal). En las siguientes secciones se destacarán tres elementos claves en la composición de la novela y particularmente en la visión de la homosexualidad que ofrece. A saber: las piezas que componen la estructura homosexual; el orden que rige esta estructura, y, finalmente, las dinámicas que caracterizan a todo el sistema. La noción de "pajarería" y los estereotipos carcelarios Uno de los lugares comunes que ha hecho más fortuna dentro de los estudios sobre masculinidad se basa en el cambio epistemológico que supone la sustitución de la noción de "masculinidad" por la de "masculinidades". La posible riqueza gnoseológica que introduce este matiz ha sido sintetizada por Morgan al afirmar: 14 Así pues, con el objeto de ofrecer una aproximación más sofisticada a la noción de "pajarería", podría resultar provechoso hablar más bien de "pajarerías", en plural. En este sentido, una amplia gana de estereotipos homosexuales puebla el universo carcelario retratado por Montenegro. Estos seres quedan categorizados a través de relaciones de poder que crean una jerarquía homosexual entre los internos. Pujals y Bejel 15 han insistido en que la novela proclama la existencia de diferentes tipos de homosexuales. De este modo, una primera línea divisoria separaría a los afeminados por naturaleza de los afeminados por conveniencia. La primera categoría estaría representada por el personaje de la Morita y la segunda por la Duquesa, pareja de Brai. Asimismo, Pujals explica la diferencia existente entre la Morita y Andrés recurriendo a un informe denominado Homosexuality in Prisons. En el epígrafe titulado "Homosexuality in Male Institutions" leemos: 16 Este tipo de discursos resulta coherente con las meta-explicaciones que la novela ofrece de las prácticas homosexuales que tienen lugar en la prisión. El texto distingue los prisioneros cuya orientación homosexual puede rastrearse antes de su entrada en prisión, es decir, los homosexuales por nacimiento: "Probablemente la tara había nacido con él y por eso llegó a presidio convertido en un basilisco contra todo lo que le pareciera anormal. Si no fuera así, ¿no hubiera bastado con un simple alzamiento de hombros?" 17 Sin embargo, la mayoría de los habitantes del presidio parece que sostienen una lucha contra sus propios cuerpos y sentimientos, que habitualmente les conduce a las actividades homosexuales. El factor determinante que explica esta "caída" reside en las particulares circunstancias de la vida en la cárcel. En este caso, estamos ante los considerados homosexuales por encarcelamiento: "Allí estaban a su alrededor, mezclados en una masa cuya liga era el vicio, nacido de la abstinencia y de la promiscuidad". 18 Así pues, la mayoría de los prisioneros son concebidos como heterosexuales que se han visto atrapados en una trampa sexual donde la homosexualidad representa casi la única salida para satisfacer su libido. Consecuentemente, estos individuos expresan a menudo un fuerte interés por los personajes caracterizados como andróginos (la Morita, Andrés) puesto que son considerados como portadores de rasgos femeninos. En este sentido, la lógica de la erótica que impera para una buena parte de los habitantes del centro carcelario hace que cualquier rasgo conectado con lo femenino aumente el valor sexual de quien lo encarna, incluso si se trata de una característica fingida. Por ejemplo, durante su estancia en la zona de castigo denominada "los Incorregibles", donde se agolpan los peores elementos de la comunidad 16 Citado en Pujals, 1980, p. 14. penitenciar, Macaco, un prisionero animalizado con problemas mentales, es rechazado en primera instancia por algunos de los presos por la repugnancia que les causa. Sin embargo, después de ser acicalado y perfumado con un jabón para mujeres por el Jíbaro, el resto de los incorregibles se excitan y, finalmente, lo someten a una violación colectiva. 19 Por lo tanto, para Montenegro, la prisión debe ser considerada como una terrible máquina que tiende a crear una micro-sociedad degenerada (p. 157), de imposible escapatoria: "Únicamente las babosas podían cruzar ilesas el presidio" (p. De esta manera, a lo largo de la novela se recurre a diversos términos de comparación para expresar la noción de homosexualidad como degradación, como una pérdida de virtud y pureza masculina. Así pues, la homosexualidad quedará caracterizada como una planta que se extiende en el interior de los reclusos (p. Esta conciencia de ir más allá de lo sexualmente moral, de traspasar unas pantanosas fronteras, se denota a través del rico campo semántico de la homosexualidad, desgranado en el texto. Dentro de este conjunto de vocablos aparecen verbos como "malear" o "fatalizar"; pero además los homosexuales son descritos por sustantivos como "verras", "bugas", "primavera", "degradados", "sodomitas" o "pederastas". En fin, la homosexualidad será considerada como esa "veta vergonzosa" o esa tendencia "contranatural" que, no obstante, todos los presos tienen que arrostrar en su paso por el inframundo de la cárcel. En lugar de asumir las relaciones sexuales mantenidas con los pájaros como una falta de masculinidad, los internos que se consideran a sí mismos heterosexuales aceptan usualmente este deshonor, disculpándolo por las peculiares circunstancias de la prisión, que impiden el contacto sexual con mujeres. Igualmente, existen ciertas reglas que estos hombres deben respetar si quieren representar exitosamente su papel de machos. Por ejemplo, Villanueva-Collado enfatiza la importancia de no llegar a estar "emocionalmente envuelto" y mostrar "impasividad" en sus relaciones con los pájaros si se desea mantener el estatus de masculinidad. 20 Según este crítico, la excesiva atención que Pascasio le dedica a Andrés (protegiéndole de los ataques, cuidando de su alimentación) provoca un descenso de su poder masculino que es paralelo al incremento de su empatía. En este sentido, los presos reescriben la noción externa, no carcelaria, del concepto de masculinidad. Al tiempo que incluyen y exoneran ciertas prácticas homosexuales, respetan más férreamente otras características masculinas. 21 De ahí que los encarcelados, como actores sociales que son, aprendan cómo cumplir con los nuevos requisitos de masculinidad cuando quedan encerrados tras los barrotes del presidio, donde los privilegios que otorga la masculinidad se ven también severamente vigilados. Para permanecer dentro del privilegiado grupo de los "hombres" se ha de cumplir con una serie de reglas. En este sentido, el psicólogo Robert Brannon sintetizó en 1976 en cuatro sentencias el mínimo común denominador de una posible concepción de la masculinidad: 22 Considero que los puntos 1, 3 y 4 son particularmente importantes para comprender la reconstrucción de la masculinidad en el ambiente carcelario que describe Montenegro. Previamente se ha mencionado la relevancia del control de las emociones con el objeto de cumplir los requisitos de la masculinidad carcelaria, y más abajo se analizarán los diferentes tipos de conflictos, algunos de ellos relaciones con el requisito de "Give 'em Hell". Por último, y en relación con el criterio de "No Sissy Stuff!", los presos negocian con la noción de masculinidad con el fin de adaptarla a sus necesidades personales. Al hacer esto, recrean una jerarquía genérica donde los pájaros gozan de una posición ambigua, como enseguida veremos. De este modo, y según Morgan, las nociones de pluralidad y estratificación demuestran ser altamente significativas en los procesos de construcción de la masculinidad: "[...] there is not simply a diversity of masculinities, rather like a well-stocked supermarket, but that these masculinities are linked to each other, hierarchically, in terms of power. 23 Los reclusos, al reconfigurar el concepto de masculinidad con el objetivo de justificar sus prácticas homosexuales, expanden los roles sexuales permitidos a un "hombre" y se exculpan achacando sus actos a la fuerza del ambiente. Paralelamente, desarrollan un nuevo mecanismo para fijar su estatus dentro de su micro-sociedad. Este tipo de comportamientos ha sido encontrado en distintos contextos históricos y geográficos. Por ejemplo, en las prisiones norteamericanas 24, españolas 25 o en México de un modo más general. 26 Lancaster (1988) estudió la configuración del tipo nicaragüense denominado "cochón" y su relación con los "machistas" u hombres masculinos. Según este autor, 27 los cochones son hombres feminizados puesto que son usados sexualmente por otros hombres, quedando su comportamiento marcado por su afeminamiento y ostentación. Esta perspectiva permite que se cree una estructura doble donde los machistas y los cochones ganan y pierden honor masculino, respectivamente, a través de sus encuentros 23 Morgan, 1992, p. 25 En un artículo de 1979 titulado "Sentido de la homosexualidad en las prisiones", Juan José Caballero, sociólogo del Cuerpo Técnico de Instituciones Penitenciarias, definía del siguiente modo al estereotipo penitenciario del bujarrón: "[se trata de internos] activos, agresivos, masculinos. Buscan estos presos descargarse de modo casual y mecánico, de sus tensiones sexuales. No son mal vistos por sus compañeros de prisión. No son considerados auténticos homosexuales. Al contrario, su rol goza de prestigio, siempre que reúna ciertos requisitos. No deben sentir amor hacia sus parejas: deben ser indiferentes ante las emociones de los individuos a los que, a través de la coacción, el soborno o la seducción, han inducido a una relación homosexual. Se considera que el bujarrón, simplemente, se masturba con otra persona. Al ser, pues, un duro, su homosexualidad pierde el carácter de afeminamiento que tendría fuera de la prisión. El bujarrón es un violador cuya víctima es un hombre, en lugar de una mujer, debido a las especiales circunstancias de la vida en prisión" (citado en Arnalte, 2003, p. 28 Al igual que en el ejemplo mexicano, en este caso queda patente la imposición de la violencia epistémica basada en la oposición entre "dar" y "recibir, aceptar, tomar", siendo considerada la primera acción como masculina y la segunda como femenina. Esta concepción repite aquella que codifica las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, estableciendo una estructura genérica desigual. En la obra de Montenegro, los "pájaros legítimos" constituyen un grupo especial que, al igual que los "hijra" hindúes o los cochones, 29 se considera de un modo ambiguo: por un lado, encarnan conceptos deseables y resultan sexualmente atractivos a causa de su feminidad (sacralidad, en el caso de los hijra); pero, por otro lado, los rasgos psicológicos y prácticas negativas asociados comúnmente a las mujeres (celos, insultos públicos, engatusamientos, etc.) quedan ligados también a su visión. En este sentido, los pájaros legítimos aparecen en la novela como individuos honestos ("El pájaro legítimo tiene más prurito que un hombre", p. 84) y temibles ("Son peores que las mujeres cuando se enredan entre ellas mismas. No hay macho que les pueda entrar", p. Igualmente, la feminidad puede valorarse como un aspecto positivo, aunque se entienda que la relación con un andrógino nunca podrá sustituir a aquella mantenida con una mujer: "En aquel andrógino era despreciable la grosera simulación femenina, pero tenía algo inapreciable, un raro don que lo diferenciaba de los demás" (p. Asimismo, esta proximidad con las mujeres acarrea un estigma, una falta que ha de ser sobrellevada: "Tú [Andrés] no eres una mujer, pero pareces menos hombre que los que estamos aquí, y tendrás que pasar tu dolor de cabeza de vez en cuando" (p. De hecho, a Andrés se le describe como una "verdadera lea", es decir, una auténtica chica. Hasta ahora hemos revisado diversos tipos que operan en la novela, a saber: los pájaros legítimos u homosexuales auténticos, como la Morita; los pájaros de figura o por conveniencia, como la Duquesa; o prisioneros que aceptan cohabitar con otros hombres o pájaros dada la abstinencia impuesta por su situación. Este grupo de, llamémosles, "prisioneros comunes" 28 Ibidem. admiten además el coito entre ellos mismos, sin atenerse en muchos casos al rol adoptado en el acto ("Yo [Comencubo] no confundo a nadie. Pero sé que esta es la casa del jabonero: que el que no cae, resbala", p. Por lo tanto, el concepto de masculinidad muestra unos márgenes de maniobra más anchos en este caso particular y se opone a lo femenino subrayando determinados rasgos externos (gestos, figuras corporales, vestimenta, etc.), concebidos como esencialmente femeninos. Estos prisioneros comunes entienden la práctica homosexual como un atajo para satisfacer su libido, por lo que paralelamente no dejan de reafirmar que su orientación sexual primaria es heterosexual. La culpa recae en la institución penitenciaria, como agente contaminador que es, hasta el punto de llegar a afectar a parte de la comunidad no criminal que se mueve entre sus muros. Así pues, incluso los oficiales "se embarran" (p. 91) cuando son detenidos, o como dos prisioneros comentan al dialogar sobre la fuerza corruptora de la prisión: Son seis meses los que me faltan para coger la polvorosa. ¿Entonces qué estamos conversando? ¿Para qué te reúnes con nosotros? Hablas así porque tienes la peste a bacalao en el hocico. (p. Por último, en Hombres sin mujer se perfilan otras posibles salidas para evitar la tentación homosexual. De este modo, Pascasio elogia la efectividad de la masturbación combinada con la rememoración de mujeres conocidas en el exterior (p. Además existe otro ejemplo de alternativa a la homosexualidad. Se trata del episodio en el que Catuca, un preso encargado del establo y también considerado como un guajiro sano, es descubierto mientras mantiene relaciones sexuales con una yegua. La zoofilia se erige como el último recurso para cubrir las necesidades sexuales sin experimentar la contaminación homosexual. Tipos de capital y estratificación carcelaria Hasta aquí se han presentado los diversos elementos que componen la estructura genérico/sexual de la prisión. En este epígrafe se analizará cómo estos ítems interaccionan entre sí creando una estructura jerárquica. Asimismo, se ha apuntado que las prácticas eróticas homosexuales son tenidas por los prisioneros comunes como un mal menor. Este tipo de aproximación ha sido registrada por sociólogos como Alsop en circunstancias reales: 31 Siguiendo estas ideas y atendiendo a las relaciones entre capital genérico y honor es posible desarrollar una jerarquía que muestre cómo se establecen las masculinidades hegemónicas y subordinadas dentro del presidio. De este modo, los siguientes puntos ilustran la jerarquía de los reclusos según la acumulación de capital moral: En la cima de esta pirámide social, esto es, la posición más honorable, estarían aquellos presos que atesoran y conservan el ideal heterosexual, resumido en el lema: no mantener jamás relaciones sexuales con hombres. Se trata de los denominados "hombres serios" o "guajiros sanos". Gozan de una alta estimación, aunque su moralidad siempre está bajo sospecha. El paradigma sería el primer Pascasio. El segundo escalón está ocupado por aquellos internos que tienen sexo con hombres feminizados, con los denominados "pájaros legítimos". Estos "matrimonios", o simplemente coitos, resultan aceptables a causa de la carencia de oportunidades eróticas heterosexuales y a causa de la similitud con el patrón normativo heterosexual. En este caso, Brai y Pascasio, una vez que haya comenzado su relación con Andrés, serían los ejemplos. En tercer lugar se sitúan aquellos presos que mantienen relaciones homosexuales abiertamente con cualquier hombre. Aunque no estamos ante una posición muy honorable, sí que se considera aceptable por el común de la colectividad carcelaria interna. Este estatus permite a los propios representantes bromear continuamente con su situación. Los prisioneros comunes se encuadrarían en este taxón. En la siguiente categoría se encuentran los "pájaros legítimos". La violencia epistémica opera llegados a este punto y sufren una constante humillación debida a su asociación con las mujeres y los homosexuales a un mismo tiempo. Sin embargo, y como ya se ha afirmado, gozan de cierto respeto gracias a su atractivo sexual y algunas virtudes morales que se les atribuyen. Poseen una enorme cantidad de capital pájaro y su poder está apoyado por su conexión con diversos rasgos femeninos. De hecho, Pascasio se enamora a causa de estas similitudes: "Todo fue una simple asociación de ideas, determinada por la cuestión de semejanza, ya que nada había en él que lo impulsase a buscar satisfacción en lo contranatural" (p. La Morita representa un ejemplo típico de esta categoría de internos.32 5. Finalmente, los pájaros por conveniencia pueden ser apreciados por los componentes de los grupos 2 y 3 como objetos de deseo, pero su falta de características femeninas los hacen menos valiosos que los pájaros auténticos. Adicionalmente, en ocasiones son acusados de adoptar una pose afeminada para obtener diferentes beneficios, tal y como Brai sostiene al referirse a la Duquesa: " [...] y con éste -Brai señaló para la Duquesa-que ni siquiera le sale ser afeminado y que se deja trajinar para estar en el grito, por no empujarse el rancho a pulso y para poder gallear con el corazón de los demás" (p. La misma Duquesa sería un representante de esta clase. Para comprender esta estructura, nociones como "masculinidades subordinadas y hegemónicas" muestran ser especialmente valiosas. Messerschmidt resume con las siguientes palabras estas etiquetas acuñadas por Connell en obras como Gender and power: Society, the person, and sexual politics: 33 A la hora de determinar cómo se construye la categoría operativa de liderazgo existen factores determinantes que han de ser tomados en cuenta. Se trata de una noción que se halla relativamente cercana a la posición masculina hegemónica entre los prisioneros, pero asimismo se muestra ligeramente diferente En la página 162 de la edición cubana de la novela de 1994 se encuentra una lista de los requisitos que un verdadero líder, un "toro de verdad", ha de poseer. En resumidas cuentas, un líder debe ser justo con los reclusos más débiles; estar dispuesto a castigar cualquier equivocación; no prestar demasiada atención a la autoridad legalizada y a su fuerza disciplinaria; despreocuparse de su propia indumentaria; no tomar demasiadas precauciones a la hora de tener sexo; no enamorarse, pero estar dispuesto a luchar por su amante, aunque lo tenga que tratar con desafección; no traicionar sexualmente a otro compañero; y luchar cada cierto tiempo. Ser un líder significa acumular capital social. Hasta cierto punto, eso implica poseer capital moral, pero los líderes necesitan disponer de otros valores para disfrutar de su posición. Por ejemplo, tienen que probar su capital "guapo", perdonavidas, enfrentándose directamente contra la autoridad (encarnada por personajes como Rompemontes, Candela, Prendes) o a otros internos. 34 Así pues, Pascasio desciende a lo largo de la estructura del capital moral cuando se enamora de Andrés, pero simultáneamente comienza a ser reconocido como un jefe cuando se enfrenta a Brai y Candela. En contraste, Brai gozó durante varios años de su liderazgo, recordándose especialmente un episodio de canibalismo cometido contra otro de los guapos de la cárcel (p. 32); sin embargo, su autoridad comenzará a ser cuestionada tras su encontronazo con Pascasio. La masculinidad, y aún más la hipermasculinidad, se muestra como una categoría que está sujeta a peligros continuos que la puede menoscabar, de ahí que se presente como: "a process which needs constantly reaffirming: one 's status as a man is never secure but in perpetual need of validation by other men". 35 En un sentido más amplio, el antropólogo politico F. G. Bailey aseguró en su estudio Stratagems and Spoils: "Values are symbolized. 36 Cuando estos tres tipos de capital (moral, social y "pájaro" o sexual) se interrelacionan se descubren asociaciones establecidas entre sus portadores con el objeto de satisfacer sus deseos personales y reforzar sus posiciones dentro del sistema. Un ejemplo podría ser la unión entre Brai y la Duquesa, o la pareja integrada por Pascasio y Andrés. Por último, existe otro tipo de capital capaz de dominar al sistema completo a causa del poder que posee dentro y fuera de la prisión. Se trata del capital económico. Manuel Chiquito, el principal antagonista de la novela, disfruta de una gran cantidad de éste. Gracias a ello se muestra capaz de obtener los servicios sexuales de Andrés, derrotando así a Pascasio en su lucha romántico/sexual. El orden de los elementos que componen las diversas jerarquías carcelarias es susceptible de variar al someterse a tensiones de distinto signo que operan dentro del sistema, transmutando los agentes y manteniendo las 35 Alsop, 2002, p. 21. claves que lo sostienen a un mismo tiempo. En este sentido, en la novela se pueden detectar al menos tres tipos de conflictos, a saber: conflictos provocados por la defensa de la masculinidad o conflictos morales; conflictos causados por el deseo homosexual o conflictos sexuales, y, por último, conflictos relacionados con el liderazgo o conflictos políticos. En cuanto a los conflictos morales, en el origen de buena parte de ellos radica la homofobia. 14) impele a aquéllos cuya entereza heterosexual se pone en entredicho al actuar de un modo violento, al menos en primer término, para evitar que se les identifique con unas prácticas sexuales ante las que finalmente habrán de claudicar dada la naturaleza de la vida en prisión. Al comenzar la novela, Pascasio se sitúa en una de las posiciones más destacadas dentro de la pirámide moral de la cárcel puesto que ha demostrado su rechazo público y privado a la homosexualidad, no sólo rehuyendo tales prácticas, sino lacerando además a aquéllos que las ejercitan. En este último caso, Pascasio emplea su cargo de ranchero en el comedor para menguar frecuentemente las raciones de los pájaros, dado el odio que les profesa. Paralelamente, en la inversión de este gesto, es decir, aumentando y mejorando el rancho de Andrés, se apreciará su cambio de actitud forzado por su propia experiencia. No obstante, en los inicios de la novela Pascasio aún se muestra como un feroz detractor de la homosexualidad hasta el punto de que este rasgo de su personalidad le sirve a Montenegro para presentarnos al personaje en una escena donde se enfrenta a Candela, quien lo acaba de despertar refiriéndose a él como "yegua", ante lo que Pascasio, resolutivo, responde: Yegua se les dice a los afeminados. Levántate, que te voy a partir las narices. Candela se rió: -¡Está bien, mi tierra! No se ponga bravo por eso, todo el mundo sabe que usted es un varón y... -Levántate, si no quieres que te parta esa boca de chayote de una patada. Te quiero enseñar a que respetes a los hombres. (p. Seguidamente, Pascasio tendrá otro encontronazo similar, aunque en esta ocasión la gravedad del asunto aumentará puesto que el peligro de ser desprestigiado provendrá de la Morita, cuyo contacto es tenido por Pascasio como un riesgo en sí, como un mal pestilente que hay que evitar a toda costa y al grito de: "Yo no hablo con maricones... Por otro lado, Brai también deberá encarar este tipo de conflictos. No obstante, su caso se remonta a un lejano pasado, a aquel en el que empezó a labrarse su fama de guapo. En aquellos momentos, Brai sintió que su estima como líder carcelario crecía al mismo tiempo que se hundía el concepto que tenía de sí mismo. Este proceso focalizaba la destrucción de su antigua identidad sexual y genérica, y el consiguiente acomodo físico y psíquico a su nuevo rol: "Que por no aguantar que el Isleño me llamase sodomita, cuando no lo era, tuve que convertirme en un sodomita de verdad y cambiarla a ella... [...] a ella por estos pájaros" (p. Como se puede apreciar, la vida en prisión de Brai actúa como un texto palimpséstico según el cual leer la propia evolución de Pascasio, hasta el punto de que Brai pretende convertirlo en su sucesor. Desgraciadamente para el guapo, la tragedia se cruzará en el camino de ambos, impidiendo así que Pascasio pueda ocupar la posición hegemónica de Brai. De este modo quedaba demostrado que contra el potencial del capital económico de Chiquito poco podían hacer los representantes más señeros de los otros tipos de capital (Brai, Pascasio, Andrés, la Morita). Conectando con esta idea, tenemos que los conflictos sexuales dinamizan buena parte de la actividad de los presos, quienes se ven envueltos frecuentemente en riñas, rifirrafes y venganzas por causa del deseo homosexual, conduciendo a rupturas, cambios de parejas, reescribiendo el texto amoroso/erótico compuesto por los internos, en fin. Dentro de este trasiego de pasiones, Montenegro enfatiza el conflicto creado por la entrada en la cárcel de Andrés, quien enciende una enorme cantidad de expectativas sexuales en muchos de los internos para centrarse finalmente en la disputa entre Chiquito, Pascasio y la Morita. La irresistible atracción provocada por Andrés comenzará a operar inmediatamente, desde su permanencia introductoria en la galera de los ingresos. La rutina de la prisión indica que durante los primeros quince días de su estancia allí el recién ingresado debe permanecer en unas dependencias aparte, donde se les informa del reglamento y del funcionamiento disciplinario del centro. En esta primera etapa de su nueva vida, Andrés será besado por Matienzo, sargento de los ingresos, y Chiquito, por su parte, empezará a tender alrededor de él la telaraña donde le hará caer. La presencia de la muerte se halla ya en estos momentos iniciales para Andrés, puesto que una de las primeras tareas que se le encomienda será cargar con el ataúd de otro preso, Chichiriche. Es más, el propio Pascasio, al ayudarle en la tarea, pensará: " [...] cogió un sarcófago y se lo echó al hombro, teniendo, al hacerlo, la rara impresión de que conducía su propio cadáver" (p. Por último, en el caso de los conflictos políticos, adquiere un papel axial la ideología de la hipermasculinidad. Esta noción se halla en el origen de buena parte de la violencia carcelaria, puesto que la manifestación de este tipo de identidad genérica implica una continua demostración de las capacidades del individuo que la encarna. Estas pruebas se pueden ofrecer de un modo pasivo (formas de expresarse lingüísticamente, vestimenta, modos de caminar, actitud ante las situaciones de tensión, etc.), pero a menudo se materializan activamente, conduciendo a la violencia física. En este sentido, y refiriéndose a la ideología de la hipermasculinidad, Toch apunta que: 37 Dentro de este último apartado, destaca el episodio de la limpieza del suelo de la cocina en el cual Pascasio resiste el trato humillante que Candela le dispensa, para finalmente forzarle a quemar sus propios galones en el mismo fogón donde ha estado calentando el agua que le ha lanzado hirviendo mientras baldeaba el suelo (pp. 179-183). Este enfrentamiento pone cara a cara a la autoridad legalizada contra un líder emergente y el coro de prisioneros que lo secundan. De esta manera, los acontecimientos ofrecen un ejemplo de un tipo de proceso de hermanamiento entre los internos de las instituciones totales en contra del personal a su cargo, esto es, la burla colectiva (collective teasing): 38 No obstante, este episodio significa también para Pascasio un paso más en su descenso en la estructura moral, puesto que el detonante principal para que tome partido será impedir el sufrimiento de Andrés, cuyo puesto como limpiador ocupa, lo cual derivará en el enfrentamiento directo con Candela. Sacrificio amoroso y reto hipermasculino serán las dos caras del proceso de reconfiguración identitaria en la que Pascasio se verá envuelto a lo largo de la narración, y que lo conducirá de su primaria imagen de abstinente sereno y confundido entre el colectivo de presos a una posición preponderante, de liderazgo social y destrucción personal a un mismo tiempo. Otra faceta de los conflictos políticos la aporta la competencia entre los propios reclusos por la adquisición de capital guapo y, por ende, de liderazgo. El choque más significativo en este sentido lo encontramos en el momento en el que Pascasio encara a Brai, hecho insólito en la rutina de la prisión, donde la autoridad del segundo permanecía hasta ese momento incuestionada. No obstante, el arrojo demostrado por Pascasio permite que comience a resquebrajarse la solidez del liderazgo de Brai, haciendo que se ensanchen las escasas fisuras que hasta ese momento minaban su posición hegemónica: "Pero el tiempo en que Brai tenía que salir al patio dispuesto a defender su título de primer guapo, estaba sólo en la memoria de los 'presos viejos', y ya parecía una leyenda que más bien molestaba a los que llevaban en el pecho el número siete mil para arriba, los cuales tenían que conformarse con oír la relación de los tiempos heroicos" (p. En cuanto a la significación del número, el mismo Montenegro nos facilita la clave para entender la codificación temporal que implica la numeración de los presos. 165), el promedio de ingresos por año ronda los quinientos. De ahí que así podamos establecer la cantidad aproximada de condena que han cumplido algunos de los reclusos más destacados como, por ejemplo, el mismo Pascasio (número 5062), la Morita (7715), Candela (7644) o el recién llegado Andrés (9730). 39 En suma, todo este conjunto de conflictos nos muestra una realidad en constante tensión. En ella los actores sociales implicados deben asumir la tarea de vigilar su presentación cotidiana ante los otros, so pena de errar en el encarnamiento de los diversos roles deseados. Estos conflictos prueban que la construcción social de las identidades carcelarias evidencia la exis-39 Goffman se refiere a diversos procedimientos de admisión utilizados en las instituciones totales (la misma numeración, tomar fotografías, peso, huellas dactilares, listados de objetos personales para su posterior almacenamiento, etc.) como mecanismos de desposesión de la individualidad ("rol dispossession") que facilitan el funcionamiento reglado de las instituciones en cuestión: "Admission procedures might better be called 'trimming' or 'programming' because in thus being squared away the new arrival allows himself to be shaped and coded into an object that can be fed into the administrative machinery of the establishment, to be worked on smoothly by routine operations" (ibidem, p. 26). tencia de tensiones genérico/sexuales pertinentes también en el mundo "libre", pero en el marco opresivo de la prisión estas tensiones se intensifican y retuercen conduciendo irremediablemente a la tragedia. Conclusiones: el amargo don del capital pájaro Hombres sin mujer exhala un sentimiento de tragedia conectado irremediablemente con la homosexualidad carcelaria. 40 En este sentido, la relación entre Andrés y Pascasio ha sido definida por Villanueva-Collado como una "atracción fatal". Es más, puede incluso trazarse una lectura simbólica en la que estos amantes se comparen con figuras religiosas. En primer lugar, el personaje de Andrés se configura como un mártir caído por culpa de la brutalidad humana y la propia del sistema carcelario que Montenegro está condenando. De hecho, Andrés se equipara igualmente con los místicos, llegando a decirse: "Además, él sentía, como un imperativo de su naturaleza, la inclinación al sacrificio; su fuerza era precisamente la que caracteriza a los débiles, a los enfermos del ánimo, que los asemeja a los místicos, esos otros desviados sexuales" (p. Físicamente, su pureza reside en su segunda virginidad y en su belleza femenina. En segundo lugar, Pascasio es comparado explícitamente con un Cristo negro (p. 195), expresando así su sufrimiento y subrayando las injusticias cometidas contra él. El capital pájaro puede ser considerado como la causa de los trágicos acontecimientos que tienen lugar en la vida de Andrés. Su puesto en la carpintería como tejedor se proyecta de un modo doblemente significativo: en primer lugar, su trabajo en el taller puede inclinarnos a pensar que va a ser capaz de tejer su propio destino -pienso que Montenegro juega en este aspecto con un subtexto mitológico, en concreto, con las moiras griegas-; pero rápidamente descubrimos que en realidad es Manuel Chiquito quien controla los hilos de su vida ("¿No lo veía siempre alrededor suyo, moviendo todos los hilos?", p. El egoísmo de este personaje conduce al final trágico. Andrés será finalmente asesinado por Pascasio, quien hunde en su cráneo una llave real y simbólica a un tiempo (p. De este modo, se subraya la visión de Andrés como enigma para Pascasio, cuyo desasosiego apunta directamente hacia las dudas provocadas por la desestabilización de su identidad sexual. En fin, Hombres sin mujer demuestra ser un interesante material para analizar la construcción y la percepción de los discursos en torno a la homosexualidad penitenciaria en la Cuba del momento. El texto literario se convierte bajo esta perspectiva en un sitio de paso disciplinar gracias a la mediación artística de la representación de los hechos sociales. Aunque por diversos motivos en esta contribución no se han considerado específicamente fuentes históricas y sociológicas que se refieran y/o analicen el fenómeno de la homosexualidad carcelaria en el contexto espacio-temporal que ahora nos interesa, qué duda cabe que este tipo de bibliografía vendría a redondear los argumentos y conclusiones aquí expuestos. Queda, por lo tanto, para futuras aproximaciones desarrollar esta tarea que nos ayudará a entender más cabalmente el papel de Montenegro como mediador literario y cronista de los devenires de ese submundo convulso y violento en el que fue obligado a pasar una buena parte de su juventud.
que viajaban a Indias en los primeros años del siglo XVI, la Corona española, primero con Carlos I al frente y más tarde con Felipe II, no sólo se conformó con crear instituciones y cargos científicos para organizar el saber náutico y cosmográfico del Nuevo Mundo, sino que además diseñó métodos pedagógicos, en forma de cátedras, cursos y exámenes, para la formación y licencia de aquellos navegantes dispuestos a surcar el "Mar Océano". El objetivo último de la Monarquía era, por un lado, garantizar el mantenimiento de su productivo imperio de ultramar y, por el otro, velar tanto por la seguridad de sus flotas y hombres como por las arcas del Estado, pues los naufragios de los navíos suponían grandes pérdidas económicas. La unión entre ciencia y experiencia sería el mejor remedio. En 1551, escribiendo sobre la necesaria conjunción de la teoría con la práctica, Martín Cortés de Albacar se lamentaba en la dedicatoria a Carlos V de su Breve compendio de la sphera y del arte de navegar del casi total analfabetismo que reinaba entre los pilotos de la Carrera de Indias como consecuencia de su negativa a recibir cualquier tipo de instrucción: Que quanto mas dificultoso le paresciera al mismo Salomón fiel día de hoy viera como pocos o ningunos de los pilotos saben apenas leer y con dificultad quieren aprender y ser enseñados. Y habiendo avisado en el capítulo primero que al que entiende se ha de dar el governalle, viera en estos tiempos que quiere governar el ignorante, y regir a muchos en que a si no sabe regir no governar. 2 Tal vez por este y otros lamentos, en 1552 se decidió crear la Cátedra de Cosmografía de la Casa de la Contratación de Sevilla. El cargo recayó sobre el reputado bachiller Jerónimo de Chaves, quien casi veinte años después contribuiría con los mapas de Andalucía y La Florida al Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius. Chaves fue nombrado catedrático el 4 de diciembre de 1552 y comenzaría a leer dicha cátedra al año siguiente: Oficiales del emperador rey mi señor que residís en la ciudad de Sevilla en la Casa de la Contratación de las Indias sabed que nos somos informados que, a causa de no ser enseñados y tener el habilidad que se requiere en las cosas de la navegación, los maestres y pilotos de naos que navegan para las Indias se siguen muchos inconvenientes, porque a causa por falta de no ser diestros el piloto o el maestre perderse el navío que llevan a cargo y perecer mucha gente y que para poder ser enseñados los pilotos e maestres sería cosa conveniente que hubiese en esa casa cátedra, en que se leyese el arte de la navegación y parte de la cosmografía. Y que a los pilotos y maestres que hubiesen de navegar no se les diese titulo ni fuesen examinados sin que hubiesen oído un año o la mayor parte de la dicha ciencia, porque con esto cobrarían habilidad y se seguirían otros buenos efectos. Y que esta cátedra se podría servir con el salario que llevaba Pedro Mexía, cosmógrafo que fue de esa casa ya difunto. Y entendido lo susodicho y visto el parecer que vosotros acerca de ello disteis, hemos acordado que en esa casa haya la dicha cátedra y que la sirva el bachiller Jerónimo de Chaves que, según tenemos relación, es persona hábil y suficiente y el que conviene para ello y que haya de leer la dicha cátedra de la navegación y parte de la cosmografía y enseñar la dicha ciencia a los que la quisieren de aprender, con que no sean extranjeros sino naturales de estos reinos de la corona de Castilla o Aragón, por la orden que adelante irá declarada, y que se le den de salario, en cada un año, los treinta mil maravedíes que tenía el dicho Pedro Mexía. Con tanto que asimismo sirva de cosmógrafo en esa casa, como servía el dicho Pedro Mexía, por ende yo os mando que leyendo en esa casa el dicho Jerónimo de Chaves la dicha cátedra en navegación y parte de la cosmografía y enseñando la dicha ciencia a los que la quisieren de aprender, con que no sean extranjeros como dicho es, y sirviendo asimismo de cosmógrafo como servía el dicho Pedro Mexía, le deis y paguéis en cada un año de los maravedíes del cargo de vos el tesorero por los tercios del treinta mil maravedíes, todo el tiempo que ocupare en lo susodicho y asentareis esta mi cedula en los libros que vosotros tenéis y sobre escrita e librada de vosotros la volvéis al dicho bachiller Jerónimo de Chaves para que lo tenga por título. Y tomad en cada un año cu carta de pago, con la cual y con el traslado de esta signado de escribano publico mando que vos sea recibido e pasado en cuenta lo que así le dieres. 3 Los preceptos de las Ordenanzas de 1552 tenían un fuerte cariz científico. A partir de entonces el oficio de piloto mayor compartiría autoridad con otros cargos. En ese tiempo se creó también la cátedra de Cosmografía regentada por Chaves. Con la fundación de esa cátedra muchas de las responsabilidades que hasta el momento habían recaído sobre el piloto mayor serían ahora repartidas entre varios oficios, aunque muchos quedasen ocupados por una misma persona. Las labores científicas de la Casa caerían en manos de tres oficios particulares: el piloto mayor, el catedrático de Cosmografía y el cosmógrafo de hacer cartas e instrumentos para la navegación. La Cátedra de Cosmografía de Jerónimo de Chaves y la formación teórica de los pilotos Dadas pues las necesidades organizativas y académicas de la navegación y la cosmografía indiana, ante la llegada masiva de información geográfica a Sevilla y como consecuencia directa de los errores científicos de las cartas de marear y las deficiencias de las coordenadas geográficas, se creó en la Casa de la Contratación la ya indicada Cátedra de Cosmografía, desligándose así del piloto mayor la obligación de enseñar a los pilotos el arte de su oficio. 4 Jerónimo de Chaves (1523-1574), hijo de Alonso de Chaves, sería el primer catedrático de esa materia,5 un nuevo cargo científico destinado a la enseñanza de la náutica. Por lo general, el catedrático de la Casa siempre era un cosmógrafo acreditado con una dilatada carrera al frente de las dificultades teóricas de la navegación y la cosmografía. Desde su creación, esta cátedra estuvo ocupada por personas cultas, formadas y con capacidad para desarrollar varias tareas intelectuales al mismo tiempo. Tal vez por influencia de su padre y también por su bagaje cultural como matemático, historiador y traductor, Jerónimo de Chaves se hizo desde muy joven con una posición privilegiada dentro de una institución fuertemente jerarquizada y donde las denuncias y pleitos por injurias entre sus oficiales fueron una actividad corriente de la Casa. La carrera cosmográfica de Chaves comenzó el 29 de noviembre de 1541, cuando, por una cédula real, se le dio "licencia y facultad para usar el oficio de cosmógrafo". 6 En 1569 el cartógrafo Sancho Gutiérrez sucedería a Chaves como catedrático de cosmografía.7 Y en 1573 Felipe II concedió al licenciado Diego Ruiz el título de catedrático de cosmografía en Sevilla. 8 ¿En qué consistió la Cátedra de Cosmografía y cuáles eran las enseñanzas impartidas por los catedráticos? Fue instaurada con el pretexto de la falta de formación y habilidad que los pilotos de la Carrera tenían en el arte del pilotaje. La carencia de conocimientos básicos para el manejo de una nave en alta mar provocaba continuos y costosos inconvenientes a la Corona. Eran muchos los navíos que se perdían en el Océano y, en consecuencia, muchas las personas que morían. La Monarquía no podía permitirse un coste material y humano tan elevado cuando paradójicamente era la empresa indiana la que ofrecía grandes riquezas para las arcas imperiales. Con el establecimiento de la cátedra de Chaves se introdujeron nuevos requisitos, pues esto significaba que el catedrático de cosmografía debía enseñar ya no sólo conocimientos teóricos, sino también prácticos, como por ejemplo el uso y manejo de todos los instrumentos de la navega-ción de altura, incluido saber echar el punto sobre la carta de marear. Este tipo de conocimientos podían encontrarse en los llamados regimientos de navegación o espejos de navegantes: La esfera o al menos los libros primero y segundo de ella. El regimiento que trata de la altura del sol y cómo se sabrá y la altura del Polo y cómo se sabe y todo lo demás que aparece en el regimiento. El uso de la carta y de echar el punto en ella y en saber siempre el lugar donde está el navío. El uso de los instrumentos y fábrica de ellos para saber si tienen error y son la aguja de marear, astrolabio, cuadrante, ballestilla y como se han de marcar las agujas para que sepan en todo lugar si nordestean o noruestean que es una de las cosas que más importa saber, por las ecuaciones y resguardos que han de dar cuando navegan. El uso del reloj general diurno y nocturno y que sepan de memoria y por escrito en cualquier día de todo el año, cuantos son de luna para saber ciando y a que hora serán las mareas, para entrar en los ríos y barras y otras cosas que tocan a la práctica y uso.9 Las necesidades pedagógicas y prácticas de la Casa consiguieron establecer modelos de representación cartográfica como el Padrón Real y la estandarización de instrumentos como el astrolabio, la ballestilla o la aguja de marear, también derivada de los padrones que se hicieron para estos instrumentos. Ambos modelos, basados en el aprendizaje de los pilotos primero y en su aplicación práctica después, fomentaron la riqueza de la Monarquía española, ya que se constituyeron como mediadores entre la explotación y el mercado. Ambos situaron a la Península Ibérica, y concretamente a Sevilla, en uno de los centros hegemónicos de la cartografía, la construcción de instrumentos y el comercio del siglo XVI, equiparable a ciudades como Venecia y Amberes. Según el testimonio de un contemporáneo, Juan López de Velasco, la estructura científica de la Casa de la Contratación estaba dirigida a la formación de pilotos diestros y hábiles en el "ejercicio de la mar", desde los cargos de piloto mayor y cosmógrafos hasta el puesto de catedrático de cosmografía: La gente mareante sea más diestra y enseñada en el ejercicio de la mar. Hay en la dicha contratación instituida cátedra de Cosmografía á costa de S. M., adonde se lee la esfera y reglas del arte de marear, y práctica de los instrumentos y cartas de navegar, que se hacen y aprueban por los cosmógrafos que el rey tiene proveídos para ello; y ansí mismo hay en la dicha casa un oficio de piloto mayor, que con los demás cosmógrafos que residen en la dicha ciudad y casa, marca y sella los instrumentos y cartas de marear, y examina los pilotos y maestres; que ninguno, sin tener primero su carta de examen, puede usar el dicho oficio en la carrera de las Indias, ni pueden ser extranjeros de estos reinos sino habiendo residido en ellos de diez años arriba, y casado. 10 Los estudios teóricos de los individuos que deseaban alcanzar el grado o carrera de piloto estaban divididos en tres años. Éstos a su vez quedaban fragmentados en tres periodos a lo largo de cada anualidad. En el primer curso de formación de pilotos, que iba desde septiembre hasta Navidad, se estudiaba la esfera de acuerdo a las enseñanzas de Sacrobosco, las cuatro reglas de aritmética, las reglas de tres, la raíz cuadrada y cúbica y algunas operaciones de quebrados. El Tractado de la Sphera que compuso el doctor Ioannes de Sacrobusto, con muchas additiones (1545), traducida a lengua romance por Jerónimo de Chaves, 11 era el resumen escolar sobre astronomía más difundido del siglo XVI. Este tratado versaba principalmente sobre la esfera y su composición y estaba dividido en cuatro libros. Desde Navidad hasta abril se leían las teorías de Purbaquio y desde principios de mayo hasta vacaciones se enseñaban las Tablas de Alfonso X. En el segundo curso, desde septiembre hasta febrero inclusive, eran impartidos los seis primeros libros de Los Elementos de Euclides. En marzo se continuaba con el de los arcos y cuerdas, senos rectos, tangentes y secantes. En abril se seguía con el libro cuarto de los triángulos esferales, o De triangulis omnimodis, de Regiomontanus. El segundo año concluía con el estudio del Almagesto de Ptolomeo hasta donde el tiempo alcanzara. En el tercer y último curso los futuros pilotos debían aprender, desde septiembre hasta Navidad, las ciencias de la cosmografía y la navegación. Después de Navidad y hasta Pascua de Resurrección las clases estaban dedicadas al manejo del astrolabio, desde su fabricación hasta su uso práctico. En adelante, hasta vacaciones, se instruía a los neófitos acerca del procedimiento para hacer observaciones de los movimientos del Sol, la Luna y los Planetas. A lo largo de la etapa de formación los pilotos debían saber usar muchos de los instrumentos que eran necesarios para la navegación. Incluso durante las vacaciones el catedrático de cosmografía tenía autori-10 Juan López de Velasco: Geografía y descripción universal de las Indias, Madrid, Establecimiento tipográfico de Fortanet, 1894, p. De la página 85 hasta la 89 describe brevemente como está organizada la Casa de Contratación. El manuscrito se encuentra en la Biblioteca Provincial de Toledo. 11 Véase la traducción manuscrita del latín que se guarda en la Biblioteca Nacional de Madrid realizada, probablemente con fines pedagógicos, por Jerónimo de Chaves en 1545. zación para que pudiera explicar horología y el funcionamiento de otras máquinas. 12 Las enseñanzas náuticas y geográficas de la Casa estuvieron divididas, como vemos, en tres etapas. En el primer ciclo el encargado de enseñar a los pilotos era el piloto mayor. En la segunda fase esta labor pasaba a manos del responsable de la Cátedra de Cosmografía quien, privilegiando las ciencias exactas, daba prioridad al conocimiento teórico y también a la práctica en el manejo de instrumentos. En el tercer periodo se llevaba a cabo una intensificación en los estudios y, en consecuencia, se dedicaba más tiempo, y de forma más metódica, a la enseñanza. En esta última etapa se hacía más hincapié en la preparación técnica que en la experimentación práctica, ya que ésta se consolidaría con los viajes al Nuevo Mundo. 13 Con las enseñanzas impartidas en el plan de formación de pilotos se primó, por encima de todo, el conocimiento teórico de aquellos de quienes dependía el éxito del eslogan imperial del "Plus Ultra". En un memorial dirigido al rey, Jerónimo de Chaves, como catedrático de Cosmografía, presentó su parecer respecto a la enseñanza de los pilotos, sobre los instrumentos de navegar y acerca de los nombramientos del oficio de cosmógrafo, un cargo importante, responsable y difícil de ocupar ya que se requería a personas cultas. Como buen conocedor del contexto institucional en el que vivía, su valoración sobre la duración de las enseñanzas de los pilotos fue negativa. Chaves afirmaba que las clases se prolongaban innecesariamente si se tenía en cuenta el poder adquisitivo de quienes acudían a ellas. Como solución, recomendaba la implantación de unas lecturas de tres meses para "oír lo que les conviene", de tal manera que cada año se realizaran cuatro exámenes al término de cada trimestre. Y, por supuesto, Chaves desaconsejaba al rey nombrar como cosmógrafos a "hombres simples" que apenas supiesen leer romance. Muy poderosos señores: Hieronimo de Chaves cosmógrafo de vuestra Alteza dice: que vuestra Alteza instituyo una lectura de cosmografía y arte de navegar en la Casa de la Contratación de Sevilla y que ningún maestre ni piloto pudiese ser examinado sin que primero hubiese oído un año o la mayor parte del. Esta prolongación se tiempo se le hace dificultosa por ser gente pobre y que no pueden detenerse tanto en tierra suplico a vuestra Alteza les modere y minore este tiempo porque en tres meses pueden oír lo que les conviene y en un año se pueden hacer cuatro exámenes que provengan de tres en tres meses como las cuatro temporas [...] Demás de esto aviso a vuestra Alteza que en Sevilla falleció un maestro de hacer cartas y los instrumentos de navegación y dejo una piedra imán con que se hacen las agujas para navegar la cual es la mejor que hoy día sabemos haber en la cristiandad y entre los herederos hay discusión sobre ella y podríase perder o hurtar a vuestra Alteza aviso que conviene que esta piedra se tome y se les pague lo que se juzgare valer y este depositada en la Casa de la Contratación de Sevilla para común utilidad de todos los navegantes y será muy gran bien y merced que vuestra Alteza les hará porque a faltar esta piedra no hay otra con que se puedan bien hacer las agujas y habríanse de traer de reinos extraños y seria daño e inconveniente [...] Asimismo aviso a vuestra Alteza y le suplico que advierta mucho en el proveer de los oficios de cosmógrafos y se haga grande examen sobre ellos y vuestra Alteza haga mercedes por la vía que se ha servido y no de títulos de cosmógrafos a hombres simples y que apenas saben leer romance porque es dar ocasión a que cualquiera simple pretenda oficio demás de la murmuración que causa en los que algo entienden y porque soy criado de vuestra Alteza la aviso como a mi Rey y señor para que provea como mas sea servido. Los exámenes de pilotos, el sistema de votación y el soborno de los tribunales Una vez finalizado el periodo de formación ningún piloto debía partir hacia las Indias sin que hubiera sido examinado previamente por el piloto mayor de la Casa de la Contratación. 15 Por real cédula del 2 de agosto de 1527 se estimó que toda persona que deseara examinarse, salvo algunas excepciones, tenía la obligación de resolver diversas preguntas relativas al arte de pilotar. 16 Durante los primeros años de su existencia los célebres exámenes de pilotos se llevaron a cabo en el domicilio particular del piloto mayor, el examinador responsable de dichas pruebas y el presidente del 14 José Toribio Medina: Biblioteca Hispano-Americana, Tomo I, Santiago de Chile, Impreso y grabado en casa del autor, 1898, pp. 305-306. Citado en J. Pulido Rubio: El Piloto..., p. 15 Real Academia de la Historia (ed.): Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista, y organización de las antiguas posesiones españolas de Ultramar, vol. 25, Madrid, Tipografía de Archivos, 1932, pp. 253 y 254. tribunal, teniendo lugar en días festivos para que los evaluadores estuviesen libres de sus tareas habituales. Los pilotos ya titulados que conformaban el tribunal examinador tenían que jurar, antes del mismo, formular las preguntas más difíciles, que estaban dispuestos a fundamentar sus cuestiones y que darían su voto final libremente, a saber, sin influencias y de forma objetiva. Estos pilotos sólo tenían el derecho de enunciar dos preguntas. A partir de 1552 los pilotos podían plantear una cuestión más. Sin embargo, tanto al piloto mayor como a los cosmógrafos les estaba permitido hacer las preguntas que desearan. Una vez realizado el examen los pilotos daban su veredicto ante el escribano mediante votos secretos, cuyo recuento dictaminaba la resolución. Si la tercera parte de los votos coincidía con los del piloto mayor se otorgaba el grado de piloto. Este no fue el único sistema de votación practicado por los miembros de la Casa. Otro procedimiento utilizado por el tribunal del examen fue el del recuento de habas y altramuces. Tras el examen se calificaba positivamente a quien mayor número de habas blancas, fabricadas en hueso o marfil, hubiera obtenido, y negativamente a quien más altramuces -una especie de caracolillos-tuviera.17 Si el número de habas era igual al de altramuces, el piloto no conseguía el título. Probablemente el sistema de votación y el levantamiento del acta fuera el modo de actuar más habitual. A aquellos que eran examinados se les proporcionaba su carta, previo pago de dos reales al escribano, y esa carta iría firmada por el piloto mayor y el escribano. 18 A partir del 5 de noviembre de 1544 los exámenes pasaron a realizarse en la Casa de la Contratación. 19 De acuerdo a las Ordenanzas de 1552, los tribunales de los exámenes de la Casa debían estar compuestos por los cosmógrafos de la misma y por al menos seis pilotos con juramento. El sistema jerárquico de esta institución llegaba incluso hasta la composición de los tribunales de exámenes o la enmienda del Padrón Real, pues el piloto mayor debía situarse en medio de la mesa del tribunal, a la derecha se sentaría el cosmógrafo más antiguo, a la izquierda el menos antiguo y el resto de pilotos se colocaría igualmente en función de su antigüedad en el cargo. 20 Obtendría así carta de pilotaje aquel que fuera votado positiva-mente por el mayor número de examinadores. Las probanzas o pruebas jurídicas sobre los resultados de los exámenes se llevaban a cabo ante el escribano de la Casa, el piloto mayor y con todas las personas examinadas presentes. Los pilotos que no acudieran al examen a la hora señalada tenían que pagar dos reales de castigo y desde 1568 el doble. 21 Quienes hubieran sido reprobados o recibido la calificación de suspenso no podrían volver a examinarse sin haber viajado a Indias, y a los aprobados no les estaba autorizado votar en otro examen. 22 Entre 1560 y 1561 Alonso de Chaves debió enviar un informe dirigido al rey desde Sevilla con una explicación detallada en primera persona sobre cómo se llevaban a cabo en la Casa los exámenes a pilotos. El documento dice así: Después de leídas las informaciones yo le hago todas las preguntas que me parecen ser necesarias en las reglas del sol y el norte, lunas y mareas, instrumentos, sondas y derrotes, y echar punto de la carta y uso de ellos [...] Después de todo esto hago tomar juramento a todos los pilotos que allí están que cada uno le hará tres preguntas de lo tocante a la navegación, las más difíciles que supiere y las sustentará por buenas, y que darán sus votos, libremente, sin odio, ni afición, y luego de uno en uno le hacen tres preguntas, y él ha de responder a todo, y los cosmógrafos le hacen las que quieren asimismo, y después que todos, han preguntado sale afuera el que se examina, y yo les digo cómo han oído las informaciones que aquél ha dado y las preguntas que se han hecho por mí y por todos, y lo que ha respondido; que so cargo del juramento que han hecho, los que tuvieren por bien de darle sus votos para que sea piloto de tal y tal parte vengan allí y tomen una haba y la echen en aquella caja, y los que no le quisieren dar el voto echen un altramuz, y todo secretamente que no lo vea nadie. Vienen todos a votar, y acabado, yo abro la caja en presencia de todos y si hay más habas doy el grado, y si más altramuces no se lo doy, ni torna a entrar en examen hasta que haga otro viaje a Indias, y cuando salen iguales los votos tampoco se le da el grado hasta que torna a entrar en otro examen. Al que sale aprobado se le da su carta se examen solamente para aquellas partes donde prueba ha navegado, y no por más, y ésta es la forma que se tiene en los exámenes. 23 Desde 1555 los aspirantes a pilotos sólo podían examinarse si habían atendido a la lectura y arte de navegar durante tres meses de forma continuada, de tal manera que completaran un año en total, convirtiéndose así en personas hábiles y cualificadas. 22 Colección de documentos inéditos..., vol. 25, p. 410r-410v. tos y maestres que querían ser examinados tenían que atender a las clases de cosmografía los domingos y festivos, saber leer el regimiento de la navegación y firmar con sus nombres. 25 Como ya vimos más arriba era necesario cumplir una serie de requisitos personales para poder ser examinado como piloto, entre los que destacaban no ser extranjero, ser de buenas costumbres -no un borracho, ni un "derrenegador", ni jugador-y tener experiencia en la navegación: El que se hubiere de examinar sea natural de estos reinos, de veinticuatro años arriba, de buenas costumbres, no borracho ni de renegado ni jugador, que ha navegado por espacio de VI años en las Indias y hombre diligente y de recaudo, y el que fuere examinado en otra parte no se admita a la dicha navegación. 26 El sistema burocrático en el que estaba inserta la Casa de la Contratación y su estructura jerárquica hacía del estatus profesional un valor de gran prestigio entre las personas relacionadas con el gremio. Por eso, ser designado por el rey para formar parte de un tribunal de examen de pilotos representaba el mayor honor y reconocimiento hacia las cualidades profesionales de un individuo. El examen, a medio camino entre una prueba gremial y un ejercicio universitario de evaluación, ofrecía al piloto seleccionado para el tribunal un escenario privilegiado para presentar en sociedad sus competencias ya acreditadas y hacer valer su criterio para conceder el grado de piloto a otro miembro de la agrupación. 27 El navegante, explorador e ingeniero cántabro Diego García de Palacio anotó en su Instrucción náutica, publicada en México en 1587, algunas preguntas curiosas, con sus respuestas, sobre las alturas, un ejemplo de cómo pudieron desarrollarse los diálogos entre el tribunal y las personas examinadas: PREGUNTA I -Dígame v. m. dónde podrá estar un piloto con su nao, quando el Astrolabio tomare tanta altura como tuviere de declinación el sol, quando esta en 23 grados y medio, yendo el sol y sombras todas à una parte. -Atréveme à cosa tan difficultosa como essa, por ser discípulo de tan buen maestro como lo es v. m. -Digo que estaré debajo de uno de los dos polos. -Porque estando en uno de los polos claro es que la línea equinoccial será mi orizonte, y el polo mi zenith, y que desde el polo al sol abra 66 grados y medio, los quales quitados de los dichos noventa quedan veynte y tres y medio, que son aquellos que tome con el astrolabio, porque estos se subió el sol sobre el orizonte aquel dia. -Muy bien me parece essa razón, pero dígame v. m. porque quenta, y porque regla entenderemos esso. -Sepa v. m. que yo hago la quenta del sol, y sombras, en una parte como v. m. lo dixo en el capitulo quarto, en la regla primera, y assi digo que tome de astrolabio, veynte y tres grados y medio, que fueron los quel sol à medio día avia subido sobre el Orizonte à veynte y dos de Junio, y para noventa, faltan sessenta y seis grados y medio, y estos juntos con los veynte y tres y medio, que el sol tenía à declinación, suman noventa, y por esta razón conocí estar debaxo del polo donde yvan las sombras, y el sol estar entre mi y la línea. 28 Algunos de los candidatos encontraron más sencillo y rápido intentar sobornar al tribunal de forma fraudulenta para así obtener tanto sus derechos a examen como el grado de piloto, ya fuera por la dificultad del trámite o por las restricciones que algunos de estos individuos sufrían por ser de nacionalidad extranjera. Muchas son las sospechas que hacen pensar en la posibilidad de que los examinadores fueran comprados y que, además, aceptaran dichos sobornos. Las sospechas se hicieron realidad cuando en 1544 se envió una real cédula a Diego de Zárate, contador de la Casa, para que averiguase a través de Alonso de Chaves qué pilotos y cosmógrafos habían cobrado derechos en los exámenes. 29 El doctor Hernán Pérez de la Fuente debió denunciar también este tipo de delitos en su visita a la Casa, donde llevó a cabo una inspección sobre su funcionamiento desde 1549 hasta 1551. 30 En esa última fecha Alonso de Zapata, piloto de la Carrera de Indias, acusaba la disposición de varios cosmógrafos conocidos de la Casa 28 Diego García de Palacio: Instrucción náutica para navegar, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, Colección incunables americanos, vol. VIII, 1944, fs. El formato del diálogo ha sido modificado para la mejor comprensión del lector, aunque se ha mantenido y respetado el texto original. Alonso de Chaves, Pedro de Medina, Diego Gutiérrez y Diego Sánchez Colchero, oficiales todos ellos con una trayectoria reconocida al frente de los cargos científicos de la Casa, 31 fueron algunos de los pilotos y cosmógrafos involucrados en esta trama de corrupción. Los sobornos fueron desde el permiso para poder acceder a los exámenes, tanto a españoles como a extranjeros, hasta aprobar y dar título de piloto a los candidatos. Con fecha posterior al memorial de Zapata existe un pleito fiscal dirigido a Juan Díez, escribano de la Casa, y a los pilotos y cosmógrafos arriba citados por el que se les condenaba, a instancia del fiscal de la Contratación Francisco Mexía, por el fraude en el desempeño de sus funciones y oficios. 32 Bajo la misma actitud corrupta y delictiva de cohecho debió caer el pleito presentado por Sancho Gutiérrez contra Alonso de Chaves relativo al examen y aprobación de pilotos. 33 Asimismo, el visitador Gregorio López, consejero de Indias, denunció a Sebastián Caboto, Alonso de Chaves, Pedro de Mexía y Diego Gutiérrez por fraude durante su visita a la Casa de la Contratación en 1543. Todos ellos fueron acusados por López con motivo de las irregularidades que se producían en los exámenes a pilotos. También los pilotos mayores y cosmógrafos de la Casa debieron percibir guantes y dádivas de los aspirantes a cambio de favores en las pruebas que los pilotos debían superar. 34 El factor de la corrupción a la hora de hacer ciencia debió de ser otro de los factores más característicos de la Casa de la Contratación y, sin embargo, es uno de los menos conocidos. Al margen de la corrupción institucional y con excepción de algunos delitos de soborno a funcionarios de la Corona, los exámenes de la Casa tuvieron una finalidad bien definida. Lejos de intentar preparar a pilotos de salón el plan de formación y exámenes de pilotos tenía como objetivo "unir la práctica con la teoría", donde la experiencia de la navegación, junto con los conocimientos científicos contemporáneos, proporcionaba la máxima garantía de seguridad para los viajes por el Océano. La repetición rutinaria de la misma actividad, unida a una enseñanza teórica reglada y sistemática, haría de la Carrera de Indias una empresa ordenada, segura y rentable. La Universidad de Mareantes, sus pretensiones políticas y la educación científica de sus pilotos La deseada unión de la práctica con la teoría salvaguardaba los intereses de la Corona en las navegaciones hacia el Nuevo Mundo, pero alguien debía proteger a sus artífices, los pilotos, frente al complejo mundo de la Carrera de Indias y sus aledaños. Ya no era suficiente con disciplinar la experiencia de los navegantes mediante la enseñanza sistemática de conocimientos teóricos. Con el paso de los años y la sofisticación de la prometedora empresa de Ultramar, desde la formación de pilotos hasta el control de nuevos territorios, provocó que las personas más desfavorecidas en dicho negocio, la "gente de mar", se viera necesitada de una cobertura legal, política y profesional bien establecida. En respuesta a tales plegarias nació en 1561 la Universidad de Mareantes, también en la capital hispalense, vinculada a la Casa de la Contratación. Uno de los motivos implícitos de la creación de la Universidad fue el control, a todos los niveles, que a partir de entonces podría ejercer la Corona sobre un grupo de profesionales imprescindibles para las pretensiones imperiales. Desde 1553 se tienen noticias de esta institución, 35 pero no sería hasta 1561 cuando se confeccionarían sus estatutos de fundación, secundados al año siguiente. Las Ordenanzas de la nueva corporación fueron definitivamente ratificadas de forma oficial por Felipe II en Madrid, el 22 de marzo de 1569. 36 El tiempo que transcurrió entre las últimas peticiones de los representantes de los pilotos y la aprobación final del rey hace sospechar, por otro lado, la falta de predisposición por parte de la Corona para acceder a las pretensiones de la cofradía. Los estatutos fueron aceptados, pero con marcadas restricciones acerca de una jurisdicción marítima privativa y con la intención de otorgar, en los célebres exámenes de pilotos, todo el poder a otro agente que no fuera el piloto mayor. Por el contrario, la Casa seguiría al frente del primer cometido y el piloto mayor continuaría siendo el encargado y responsable último de los exámenes. 36 Real Provisión dada por Felipe II en Galapagar el 22 de marzo de 1569, aprobando las ordenanzas de la Universidad de Mareantes. Reproducida en Luis Navarro García y María del Carmen Borrego Plá: Actas de la Universidad de Mareantes, Sevilla, Diputación Provincial, 1972, pp. 295-315. 37 Pablo E. Pérez-Mallaína Bueno: "El arte de navegar: ciencia versus experiencia en la navegación transatlántica", en VV. AA.: España y América, un océano de negocios. Entonces, ¿cuáles eran los cometidos de la Universidad de Mareantes además de ofrecer protección a un grupo desamparado de navegantes y qué representaba de cara al complejo mundo del comercio, política, cosmografía y navegación indiana? La Universidad de Mareantes de Sevilla fue una corporación de pilotos, maestres y señores de naos dedicada a la navegación en la Carrera de Indias. Junto con la Casa de la Contratación y el Consulado de Cargadores a Indias, esta Universidad fue una de las tres instituciones directamente involucradas en la empresa colonial. En realidad, no se trataba de un organismo totalmente nuevo, pues procedía de una organización más antigua creada también en la capital hispalense en tiempos del rey Fernando III de Castilla -primera mitad del siglo XIII-y denominada la Hermandad, Cofradía o Colegio de los Cómitres. 38 La refundación de la cofradía de los mareantes de Sevilla, con menos restricciones que sus precedentes, estaba destinada a la protección del tráfico comercial, a saber, a la intervención en los viajes de las flotas a las Indias 39 y a la restauración, conservación, aumento y defensa de los derechos, privilegios y libertades de la gente de mar en el desempeño de su oficio. 40 La nueva corporación tenía su sede en la orilla derecha del Guadalquivir, en lo que se conoce como el barrio de Triana, donde permanece una pequeña plaza con el nombre de Cómitres en su honor. La sede de la Universidad daba cabida en un solo edificio a la casa, el hospital y la iglesia de los mareantes. 41 La Universidad debió de constituir una corporación gremial muy influyente para los navegantes sevillanos del siglo XVI, ya que al mismo edificio de la Universidad pertenecía la capilla de Nuestra Señora del Buen Aire, patrona de los marineros en la época que sirvió de inspiración para bautizar la ciudad de Buenos Aires, en Argentina. De la misma forma, tuvo 38 Los cómitres eran los capitanes de mar bajo cuya responsabilidad estaba la gente de su navío. Manuel de la Puente y Olea: Los trabajos geográficos de la Casa de la Contratación, Sevilla, Escuela Tipográfica y Librería Salesiana, 1900, p. L. Navarro García y M. del Carmen Borrego Plá: Actas..., pp. xi-xxviii, María del Carmen Borrego Plá: "Los hermanos de la cofradía de mareantes en el siglo XVI", Andalucía y América en el siglo XVI. 39 Ernst Schäfer: "La Universidad de los Mareantes de Sevilla y su intervención en el viaje de las flotas a las Indias", Archivo Hispalense, 14, Sevilla, 1945, pp. 271-285. 40 M. García Garralón, "La Universidad, p. 41 Luis Navarro García: "La casa de la Universidad de Mareantes de Sevilla (Siglos XVI y XVII)", en A. Acosta, A. González y E. Vila (coords.): La Casa de la Contratación, pp. 743-760. que ser una institución muy respetada por la Corte, pues el rey era consciente de la importancia que este grupo de trabajadores representaba para el comercio de las Indias. De hecho, lejos de cualquier casualidad, la Universidad gozó de la concesión de no pocas preeminencias y exenciones de pagos. En 1607 la Universidad de Mareantes solicitó la fundación de un centro para todos los huérfanos de la corporación y, después de ser aceptada la propuesta, la nueva entidad fue bautizada con el nombre de Colegio de Pilotos de San Telmo, también construido en la margen del Guadalquivir. Allí los niños huérfanos no sólo fueron asistidos, sino que también disfrutaron de una sólida preparación náutica proporcionada por expertos navegantes. La formación de pilotos puesta en marcha por los Reyes Católicos un siglo antes en la Casa de la Contratación continuó más tarde en este Colegio de Pilotos hasta el siglo XIX. Lo que se inició como una institución de apoyo legal a los mareantes se convertiría en la más fiel heredera de la primera Escuela Náutica y de Cosmografía de Europa, la Casa de la Contratación. En el ejercicio de sus funciones, al menos durante el siglo XVI, la Universidad de Mareantes era más representativa de una corporación o gremio de carácter general que de un verdadero centro de enseñanza, como su nombre parecía indicar. A ella pertenecían los dueños de las naves, los pilotos, los maestres, los contramaestres, los guardianes marineros y los grumetes, en general todas aquellas personas envueltas de uno u otro modo en la navegación de la Carrera de Indias. De acuerdo a una de las reglas anunciadas en el primer documento pseudo-oficial de los estatutos de la Universidad podía certificarse quienes estaban en disposición de formar parte de su corporación: gan sobre treinta años, y se refiere por menos la forma, en que han de ser elegidos; y aunque se dice, que sea el primer día del año de dos en dos, suele no poderse cumplir respeto de hallarse ausentes los mas, con que se suspende hasta haber llegado las Flotas, y Galeones en que se esperan, y asiste a presidir en la elección uno de los Jueces Oficiales, y se ordenó, que a cada Diputado se le diese 120 maravedís cada año, y que ninguno pueda ser reelegido. Y continuándose en esta forma, en cuanto al número, se llama el uno de los tres Mayordomo, y los dos Diputados. 43 La Universidad fue albergando cada vez mayores responsabilidades. Desde el momento de su creación gran parte de los asuntos referentes a la relación entre la gente de mar y la Carrera de Indias en la ciudad de Sevilla pasaron a manos de ella. El nuevo organismo de representación de pilotos disfrutó pronto de atribuciones oficiales en materia de navegación. La Universidad no fue ajena a la formación y actividad científica desarrollada en Sevilla y, dado que se trataba de una institución que velaba por los intereses de sus miembros, fue partidaria de la educación científica de sus pilotos y se encargó de que los exámenes de la Casa se celebraran satisfactoriamente y en las mejores condiciones. Los diputados de la Universidad consiguieron formar parte del tribunal del examen realizado a los pilotos. Pero aquí no acaban sus relaciones con la ciencia náutica y cosmográfica de la Casa. Sus responsabilidades llegaron incluso al control de todo tipo de instrumentos empleados en la navegación, desde la carta de marear hasta la ballestilla, el astrolabio o la aguja de navegar. Las pretensiones de la Universidad fueron aún más allá. En tanto que organismo destinado y dedicado al buen funcionamiento de las cuestiones de la mar, la Universidad albergó la idea de que alguno de sus miembros pudiera ocupar el cargo de piloto mayor, la máxima autoridad de la Casa en materia náutica, e intentó acaparar igualmente todas las labores científicas encomendadas a los oficiales de la Casa a lo largo del siglo XVI. Las formas con las que los miembros de la Universidad intentaron escalar en el difícil mundo de la burocracia científica española tal vez no fueron las más adecuadas. En 1584 la Universidad intentó presionar públicamente a la Corona, al Consejo de Indias y a la Casa de la Contratación para demostrar la incapacidad del cosmógrafo Alonso de Chaves como piloto mayor debido, fundamentalmente, a su avanzada edad. Según las alegaciones de la citada institución, este problema era motivo de 43 Ibidem, p. 114. continuas irregularidades tanto en los exámenes de pilotos como en la comprobación y sellado de instrumentos. 44 El objetivo último descansaba en reemplazar al anciano Chaves por candidatos cualificados propuestos por la Universidad 45 y, de esta manera, al frente de un cargo de semejante autoridad, la corporación dispondría de mayor poder de intervención. En algunos casos, como la disputa que mantuvieron el clérigo napolitano Domingo de Villarroel y el cosmógrafo vallisoletano Rodrigo Zamorano, la Universidad representó un foco de apoyo institucional en favor del italiano, previa valoración positiva de sus conocimientos matemáticos. Villarroel y Zamorano protagonizaron uno de los pleitos cosmográficos más espinosos que se produjeron en la Casa entre dos oficiales con responsabilidades científicas. Como una institución relativamente independiente de la Monarquía y, en cierto modo, con un programa de actuación distinto y motivado por diferentes privilegios a menor escala que los ostentados por la propia Corona, la Universidad de Mareantes defendió unos intereses que muchas veces chocaron con las formas de operar de Felipe II. A diferencia de la Casa de la Contratación, y pese a su beneplácito respecto a los exámenes de pilotos, la Universidad se opuso tácitamente ante el privilegio de la teoría frente a la práctica. La Casa dirigió sus esfuerzos hacia la complementación del conocimiento teórico con la experiencia náutica, pero sin embargo algunos cargos de responsabilidad fueron ocupados por personas más teóricas que prácticas. Este fue el caso de Rodrigo Zamorano, designado piloto mayor en sustitución de Alonso de Chaves en 1586, cuyo nombramiento acabó con las ilusiones de la Universidad por hacerse con la instrucción y evaluación de nuevos pilotos. Por ello esta última denunció, sin éxito, que Zamorano no era hombre de mar, sino de teoría, y que nunca había navegado. No le faltaba razón a la Universidad, pues por primera vez en la historia del cargo nunca un hombre sin experiencia náutica había sido elegido como piloto mayor. La Corona hizo caso omiso de las acusaciones procedentes de la Universidad, ya que Zamorano siguió en su puesto durante varios años. 46 Los motivos de la resolución se desconocen. M. García Garralón, La Universidad, p. La difícil conjunción entre ciencia y experiencia En el plan de formación y exámenes de pilotos desarrollados por la Corona hacia mediados del siglo XVI se detectan las dificultades que muchas veces tuvo la ciencia para entenderse con la experiencia. Los viajes de descubrimiento precedieron a la educación científica de los navegantes, por lo que la Monarquía debió ingeniárselas para hacer frente a los problemas que se le avecinaban. La institucionalización de las matemáticas aplicadas, primero, y la domesticación de la experiencia, después, fueron las soluciones que propuso la Corona, especialmente a partir del reinado de Felipe II. La alianza entre la vertiente teórica de las ciencias cosmográficas -matemáticas, astronomía, geometría-y su lado práctico -navegación, cartografía, manejo de instrumentos náuticos-acabaría con todos los inconvenientes de la Carrera de Indias. Sin embargo, la aplicación del conocimiento teórico a fines prácticos no sería una tarea sencilla. Si durante el periodo de los Reyes Católicos y Carlos V la Corona apostó por figuras afamadas en el arte de navegar con una conocida trayectoria como exploradores, durante la Monarquía de Felipe II el rey se decantó por individuos con una alta formación en asuntos teóricos. Frente al nombramiento de Vespuccio -un experto viajero-como piloto mayor en 1508, nos encontramos con un catedrático de cosmografía como el citado Rodrigo Zamorano, piloto mayor en 1586. Si los titulares de los oficios científicos de la Casa eran, cada vez más, hombres de ciencia y no tanto de experiencia, los pilotos que viajaban al Nuevo Mundo se aprovecharon, no sin lamentarse, si no de las enseñanzas recibidas, al menos sí de la oficialidad y legitimidad que les otorgaba el grado de piloto y la obtención de un título válido. Desde la creación del cargo de piloto mayor en 1508 hasta la fundación de la Cátedra de Cosmografía en 1552, las relaciones entre los hombres de mar y los oficiales de la Casa marcharon con normalidad, ya que en muchos casos los pilotos mayores, cosmógrafos o maestros de hacer cartas de marear eran personas prácticas muy cercanas a la navegación. La gran mayoría fueron navegantes. Durante estos años la formación y exámenes de los pilotos no habían estado estrictamente reglados ni se ejecutaban de forma sistemática. Aún prevalecía la autoridad de la experiencia por encima de las reglas teóricas de la navegación. En este periodo las dificultades procedían de la supuesta capacidad que el piloto mayor tendría para juzgar cuándo un individuo podía ser piloto o si acaso éste tenía el derecho tanto a una educación náutica como a un examen oficial ante un tribunal. Muchas veces el límite entre el derecho y la prohibición lo marcaron aspectos que poco tenían que ver con el nivel científico y experimental de los pilotos, sino más bien con prejuicios personales como la nacionalidad, la religión, el carácter o incluso el estado civil. Algunos de ellos respondían a razones de seguridad, otros a los valores propios de la Corona. A mediados de la centuria la Monarquía sintió la necesidad de mejorar las habilidades de los pilotos con una formación regulada de conocimientos teóricos aplicables a la navegación. Una serie de preguntas subyace bajo esta reforma pragmática de la navegación de altura: ¿por qué motivo la Corona llegó a la conclusión de que la seguridad de la navegación vendría dada por la formación teórica y normativa de la gente de mar? ¿Por qué mantener a los pilotos tanto tiempo alejados del mar cuando ellos alegaban que un buen navegante era aquel que había pasado largas temporadas en el Océano luchando por hacerse con su oficio? ¿Por qué sustituir durante meses la experiencia que ofrecían los viajes de Ultramar por una serie de clases que consideraban absurdas e incluso alejadas de su propósito? Alison Sandman ha mantenido que la respuesta a estas preguntas tiene su origen en la década de los años veinte del siglo XVI. Los problemas científicos como la determinación de la longitud o el trazado de la línea de demarcación sobre un mapa permitieron a los cosmógrafos, a los teóricos, ganar mayor reputación y este grupo de reformadores aprovechó la situación para entrometerse en los asuntos de la navegación. 47 Frente al desconocimiento de los pilotos fueron los hombres de universidad quienes intentaron presentar soluciones a los inconvenientes prácticos de la navegación y a los problemas políticos y diplomáticos. Ciertamente, la retórica de la credibilidad y de la autoridad son argumentos fuertes para intentar analizar este tipo de cuestiones. Sandman ha preferido estudiar la propia naturaleza del esfuerzo, ¿quién debería ser considerado un experto? ¿Qué hace a un piloto un navegante competente y quién debería decidirlo? 48 Los interrogantes de esta autora también me 47 Alison D. Sandman: Cosmographers versus Pilots: Navigation, Cosmography, and the State in Early Modern Spain, Tesis Doctoral, Madison, University of Wisconsin, 2001, p. 95. parecen muy acertados. El debate entre los hombres teóricos y los hombres de mar partió siempre del carácter práctico, hábil y experimentado de un piloto y acababa con una lucha de poder en defensa de los propios intereses. Los mareantes pensaban que un piloto sólo podía devenir experto si pasaba el mayor tiempo posible enfrentándose directamente con la crudeza de su oficio. Los humanistas formados en las universidades castellanas, a muchas millas del mar, estaban convencidos de que una persona perita era aquella que, después de poseer un gran entendimiento teórico de problemas prácticos, era capaz de aplicarlos de forma eficaz. El ansia imperialista de la Monarquía, por otra parte, intentó crear profesionales que unieran estos dos ámbitos. Si en un primer momento la Corona legitimó la experiencia, después comprendió que ésta no ofrecía ninguna garantía de seguridad, por lo que tuvo que recurrir a los teóricos. La reforma que provocó la introducción de la Cátedra de Cosmografía en 1552 transformó la estructura de poder científico dentro de la Casa. La experiencia náutica quedó subordinada a los aspectos formativos, académicos y pedagógicos. A partir de los años cuarenta comenzaron a aparecer un buen número de regimientos y manuales para la navegación donde se podían aprender los misterios del oficio que la sola experiencia no ofrecía. Tal fue el caso de la determinación de la longitud en el mar y la declinación magnética en distancias de largo recorrido. Tras la institucionalización de la Carrera de Indias con la Casa de la Contratación y la burocratización de la ciencia con el Consejo de Indias, hacia mediados de siglo las disciplinas vinculadas al mundo Atlántico y al Nuevo Mundo sufrieron un intenso proceso de normativización académica. No satisfechos con el giro teórico que experimentó la navegación, los pilotos sevillanos representados por la Universidad de Mareantes reivindicaron sus derechos sin mucho éxito. Los navegantes más conservadores sufrieron un duro proceso de adaptación. El alto grado de analfabetismo que existía entre los navegantes y la transmisión oral de la cultura marítima que imperaba en el gremio explican también el por qué de un sector de pilotos tradicionalistas. 49 Las cédulas reales que llegaban a Sevilla seguían haciendo hincapié en la importancia de "unir la práctica con la teórica". Al margen del eterno debate sobre los enfrentamientos y el desacuerdo entre los defensores del conocimiento teórico con valor universal y los partidarios de la experimentación práctica con valor particular, entre los que acudían a los regimientos sobre el arte de navegar y los que leían en las aguas del océano las directrices de su oficio, 50 la Corona consiguió establecer cierto equilibrio entre los dos extremos. Según los documentos existentes el poder monárquico fue muy comprensivo y dio a cada uno lo que era suyo. Si supo ceder ante aquellos que pedían la disminución del periodo de docencia también privilegió la cualificación teórica para los cargos de mayor envergadura. Los antiguos marineros debieron renovar sus métodos de trabajo y caminar hacia nuevas técnicas náuticas para convertirse en navegantes modernos. Los viajes de larga distancia al igual que el descubrimiento de nuevos territorios no sólo modificó la forma de representar el mundo, sino también de recorrerlo. Donde antes bastaba con saber la situación de las costas, vientos y corrientes, ahora era preciso calcular matemáticamente la posición de la nave sobre una carta náutica moderna. El oficio de piloto requería un cierto nivel de abstracción difícil de entender sin enseñanzas particulares. Con el hallazgo de América la navegación dejó de ser una técnica transmitida de boca en boca y desarrollada por personas iletradas para convertirse en una ciencia difícil de aplicar sin formación académica.
Servir a la Corona: Los pasos en falso del conde de Baños, virrey de la Nueva España (1660-1664)/ Servir la Couronne: Les faux-pas du comte de Baños, vice-roi de la Nouvelle-Espagne (1660-1664) Université de Paris Ouest Nanterre, La Défense, Francia A los pocos días de su llegada, el conde de Baños se enfrentó con los habitantes de su Virreinato: le culparon de ser arrogante, despectivo y de llevarse el dinero del rey. Tal concierto de quejas y denuncias en contra de un personaje tan eminente era algo bastante excepcional aunque, sí, no lo era su conducta ¿Cómo explicarlo? Entre la necesaria mano dura que exigiría un contexto difícil y el temperamento peculiar del mismo virrey, aquí se explora una tercera hipótesis, haciendo hincapié en el estatuto peculiar de la familia aristocrática a la que pertenecía y su trayectoria propia. PALABRAS CLAVE: Nueva España; Siglo XVII; Gobierno virreinal; Aristocracia; Historia social del poder; Corrupción. Dans la ville voisine de Puebla, deux jours plus tard, "se hizo en ella una máscara indecentísima en que sacaron en estatuas al conde virrey y a la condesa su mujer, en forma de que se hacía justicia de ambos, con pregón de muchas y grandísimas injurias, haciendo paseo por las calles...4 " Ensuite, jour après jour, semaine après semaine, mois après mois, l'ancien vice-roi assigné à résidence subit les humiliations que la fortune réserve aux vaincus. 1 et Robles, Diario..., vol. 1, p. 32 Le Conseil ne s'y trompa pas et "reconoc(ió) que esta recusación (era) afectada siendo como (era) de tan dilatado número de personas y con animo de embaraçar el curso de la residencia,...procurando por este medio dar tiempo al tiempo". AGI, Escribanía de Cámara, 223B, ff. Archivo General de Simancas (dorénavant AGS), Contaduría de Mercedes, 1246. 81 Antonio Ramón Peña Izquierdo: La casa de Palma. 83 AGS, Contaduría de Mercedes, 1246, dossier n.o 3 et Charles Jago, "La crisis de la aristocracia en la Castilla del siglo XVII", dans John Elliott et alt: Poder y sociedad en la España de los Austrias, Barcelona, Crítica, 1982, p. Juan de Leyva y la Cerda: los títulos de Ladrada y de Baños Francisco de la Cueva Antonio de la Cueva Diego de la Cueva de la Cerda y de la Lama Juan de la Cerda y Leyva
Hacia una Historia Atlántica: visiones religiosas compartidas/ Perspectives on Atlantic History: some shared views of religion Jaime Contreras y Rosa María Martínez de Codes Universidad de Alcalá y Universidad Complutense de Madrid La historiografía de la cultura religiosa de los espacios atlánticos ha prestado escasa atención a los substratos comunes que la conformaron en el Nuevo Mundo. Lejos de reiterar los numerosos elementos que han diferenciado las formas culturales de colonización entre el espacio anglosajón y los espacios hispanos, se insiste en este estudio en el hecho de que fueron muchas las complementaciones entre ambos escenarios y que, en consecuencia, es preciso incidir más en esta línea de investigación. Ello ha de contribuir a asentar los elementos de una Historia Atlántica más integrada. El siguiente trabajo no es, desde luego, un estudio acabado de historia comparada; no podía serlo en cualquier caso. Se trata, principalmente, de esbozar en él un conjunto de reflexiones que los autores estiman necesarias a modo de contribución para una historiografía, la de los espacios atlánticos, que todavía se debate en dudas e indefiniciones, tanto en el análisis de sus objetos, como en la precisión de sus métodos. Los autores de las consideraciones que aquí se expresan saben de las dificultades y de los riesgos que supone atreverse a hacer preguntas respecto de la naturaleza de la política moral en el devenir histórico de los dos espacios culturales de América. Mucho más cuando tales interrogaciones, formuladas en el mismo tono y en el mismo lenguaje, buscan encontrar respuestas a uno y a otro lado que, por supuesto, han de ser contrastadas. "Visiones religiosas compartidas", decimos en el enunciado del trabajo y, desde luego, lo que con tal título se sugiere es comprender algunas de las múltiples facetas que las relaciones de ortodoxia y moral establecen entre sí, tanto en el marco de las colonias anglosajonas como en el espacio de los Reinos de Indias. Porque nos parece necesario, y hay muchas razones para ello, que la reflexión del historiador intente captar las múltiples formas de expresión de elementos culturales comunes en ambos lados, elementos que subyacen en los cimientos constitutivos de ambos conjuntos: el sedimento religioso inicial. La historia de la cultura religiosa en Occidente, o más particularmente la naturaleza de esa historia expresada en los espacios atlánticos, ha venido manifestándose de forma dual en torno a dos paradigmas: por un lado, la cultura generada a través de las sucesivas reformas protestantes, que se ubica en el espacio anglosajón y, por el otro, la cultura que se expresa desde el espacio católico y cuyo territorio se circunscribe al mundo iberoamericano. Estas culturas religiosas evolucionaron paralelamente desde sus propias estructuras internas y se definieron a sí mismas como universos autosuficientes y objetivados. Durante mucho tiempo ambos mundos apenas se reconocieron entre si y cuando lo hicieron se definieron mutuamente como el espacio del otro. Esto suponía que la percepción de ese otro distinto y diferente conllevaba el conocimiento reforzado de sí mismo. Ambas culturas, aparentemente tan diferenciadas, y que se entendían ellas mismas como sistemas globales de significados, símbolos y creencias, tienen una historia centenaria. Tal historia nace, como es sabido, a finales del siglo XV, cuando por toda Europa se tenía la percepción de vivir tiem-pos nuevos, con motivo de la eclosión renacentista. Nacieron las dos culturas, pues, en una misma época, de un mismo tronco y por las mismas causas. Surgieron ambas de la gran crisis tardo medieval de la Universitas Cristiana. Dicha Universitas era un enorme espacio global y civilizador que no pudo resistir los efectos disgregadores de tres fuerzas principales que, entonces, emanaron de su interior. Dichas fuerzas fueron las siguientes: La firmeza enorme que demostraron tener, en aquel tiempo, las corrientes conciliaristas, las cuales conllevaban el correlato de Iglesias particulares. El establecimiento jurisdiccional y político de las Monarquías, que además se reforzaban a través del control ejercido sobre sus Iglesias respectivas (lo que condujo al ejercicio del Patronato Regio, en el caso de las Monarquías católicas, o definieron a la Corona como cabeza de la Iglesia, en el caso de las Monarquías protestantes). Como tercera fuerza puede indicarse la quiebra del principio eclesial de autoridad de fe, que se produjo tras el grito de Lutero en Worms, en 1520; grito que centró en la fuerza de la palabra de Dios, inseminada en el cristiano, el principio de la ortodoxia. De estas tres fuerzas principales surgieron los dos grandes sistemas culturales que dominaron los espacios atlánticos desde el siglo XVI hasta el tiempo presente. Resulta difícil percibir, por razón de su tronco común, diferencias estructurales de peso. Los posteriores avatares históricos de ambos sistemas no fueron suficientemente determinantes, a su vez, para cambiar la naturaleza de los fundamentos iniciales y comunes. Partiendo de esta tesis es posible interpretar que todas o la mayor parte de las divergencias entre ambos mundos que pueden, sin duda, detectarse, proceden, principalmente, de una percepción excluyente del otro; o bien de la creencia de la superioridad de los valores que católicos y protestantes siguen trasladando al pasado desde el espacio presente. Se entiende que ambos sistemas culturales ahondaron las diferencias e intentaron hacerlas estructurales hasta el punto de verse de manera irreconciliable entre sí. Y de este modo dos historiografías centenarias se han ido construyendo sin reconocerse mutuamente, es decir de forma negativa; hasta el punto de presentar dos modelos de colonización -la hispana y la inglesa-de manera confrontada y, en el caso de Iberoamérica, también dependiente. Pocos han sido los historiadores que se han atrevido a romper esa tendencia. Debe reconocerse que hoy, como menciona John Elliott, 1 ninguna historiografía nacional puede justificarse en sí misma. No existe en la actualidad ningún sector historiográfico con posibilidades de desarrollo que reduzca sus metodologías ni sus hipótesis al interior de sus espacios naturales. Hoy domina por lo tanto un revisionismo historiográfico que formula preguntas cuyas respuestas sólo son posibles desde la comprensión de los dos sistemas mencionados, porque éstos presentan evoluciones y estructuras que el estudio comparado permite definir. El papel que la religión jugó en ambos sistemas colonizadores ha sido interpretado mayoritariamente como una de las claves diferenciadoras de ambos procesos. No cabe duda que el establecimiento en el mundo anglosajón de diferentes iglesias, unas procedentes de otras por un proceso de múltiples subdivisiones, respondió sin duda alguna a la gran eclosión de grupos y sectas religiosas que tuvo lugar en Inglaterra durante los tiempos de la Revolución Gloriosa. En esa época la Iglesia de Inglaterra, Iglesia del establishment social y político, padeció los efectos reformistas ocasionados por la multiplicación de programas religiosos de naturaleza revolucionaria. Por el contrario, en las colonias hispanas, la Iglesia Católica fue un instrumento de la Monarquía a efectos de la ocupación del territorio y de la evangelización de la población aborigen. En aquel tiempo, la Iglesia diocesana, cada vez más insertada en la estructura social del criollismo, asumió un programa doctrinal codificado y burocrático que terminó expulsando a la periferia del sistema los proyectos evangelizadores que algunas órdenes religiosas, entre ellas la Compañía de Jesús, intentaban desarrollar. Pero, en cualquier caso, en las Indias hispanas la transmisión de la fe resultó ser una exigencia ineludible del cristianismo; los teólogos y misioneros españoles se esforzaron por encontrar las fórmulas más adecuadas para garantizar la eficacia de la labor evangelizadora que la Corona tenía el deber de promover. Más allá de estas diferencias, en el traslado de las culturas religiosas protestante y católica al Nuevo Mundo se pueden señalar convergencias notables. Desde el origen, estos dos sistemas culturales se construyeron por los impulsos de una entidad política dominante que, además, se encontra-1 John Elliott: Do the Americas have a Common History? ¿Tienen las Américas una Historia Común? An Address, Providence, Rhode Island, The John Carter Brown Library, 1998. ba en proceso de desarrollo creciente. Esta entidad fue la Monarquía, estructura y cuerpo político pleno de soberanía y de jurisdicción. Institución que, sin ahogar las entidades políticas de representación (Cortes, Parlamentos y Asambleas), se reservó siempre para sí el principio de la plenitudo potestatis. La Corona, en ambas culturas, fue el principio del derecho positivo. Evolución paralela que se siguió en la Monarquía Católica de los Habsburgos hispanos, así como en la Inglaterra de los Tudor y los Estuardo. Y bajo ambas Coronas los cuerpos políticos con jurisdicción se ordenaron jerárquicamente. Interesa destacar también que, en ambos sistemas, la Monarquía, además, generó una cultura confesional; es decir, fue definiéndose un régimen de "constitucionalismo estamental" (rey y reino) que entendió la uniformidad religiosa como la primera "razón de estado" y como el primero y más importante de los derechos de la ley divina que la comunidad política había de preservar. Deseamos recordar en este punto el discurso del principal ministro de Carlos I, William Laud, en 1625, en Whitehall, donde afirmaba que las diferencias de la fe eran: "The great and multiplied sin would lead a nation to inwardly melt". 2 Sin embargo, la Corona de los Estuardo no pudo imponer la uniformidad religiosa en sus colonias. Los tiempos turbulentos de la Revolución de 1640 impusieron en el escenario social y en el espacio político la presencia del radicalismo religioso y doctrinal, un radicalismo, tan milenarista como anárquico, que generó el nacimiento de múltiples grupos de entidad mesiánica, algunos de los cuales emigraron a las colonias. En el ánimo de muchos de éstos estaba la idea de crear, en espacios remotos, el sueño de una iglesia evangélica y pura que, en la feliz metáfora de John Winthrop, sería la moderna Sión, una ciudad levantada sobre la colina: "We shall be as a Citty upon Hill, the eies of all people are uppon us". 3 Pero más allá del desarrollo exitoso en lo social y en lo político, que algunos de estos grupos tuvieron, el verdadero interés de la Corona de Inglaterra respecto de sus colonias se centró en el modelo implantado en Virginia, cuando aquella "plantación" pasó bajo su control directo en 1624. Desde entonces en Virginia se reprodujo, como ocurrió de manera similar en el caso español, la misma estructura socio-cultural que el anglicanismo había desarrollado en el Reino Unido. Y así ocurrió que en las colonias hispanas el criollismo todavía vinculado a las estructuras institucionales de la Corona impuso el prototipo social del noble hidalgo y caballero. Del mismo modo en la sociedad virginiana se definió el prototipo de English Gentleman. En el ámbito de las estructuras laborales y productivas puede establecerse, igualmente, cierto paralelismo. La encomienda hispana como sistema de trabajo dio paso a una forma más productiva tipificada en la hacienda; unidad de producción que, bajo el gobierno de la Compañía de Jesús, adoptó formulas de marcado carácter paternalista. En Virginia, en este tiempo, la gentry esclavista entendió la plantación de esclavos como una forma de producción definida como "his state in himself". 4 Hombres como Basset, con esta cultura de cercanía al trabajo productivo, formaron la estructura social y política más sólida de Virginia. Ellos constituyeron y controlaron los centros neurálgicos de la vida social, política y judicial del mundo virginiano. La House of Burgeses, el Count Council o el Governor's Council fueron instituciones que precisaron todos los detalles de la vida y de la cultura de la colonia, desde la determinación del precio del tabaco hasta la precisión de cuáles debían de ser los modelos educativos y religiosos. Algo semejante al control burocrático que, en el espacio hispano, ejercieron las elites civiles y eclesiásticas asentadas en Cabildos, Audiencias y Diócesis. Virginia, como la América española, fue gobernada, desde la confesionalidad anglicana, por gentes de propiedad y de derecho -the men of substance-, hombres que entendieron que la sociedad colonial no podía ser otra cosa sino la versión mejorada de la sociedad inglesa. Por ello los anglicanos de Virginia, los más legitimados de todos los colonos por su cercanía al gobierno, comprendieron que su colonia no debía asentarse sobre principios tan inestables como los que representaban los puritanos de Massachussets o los cuáqueros de Pennsylvania. Para los felices virginianos de los siglos XVII y XVIII, la cultura religiosa no podía ser ni utópica ni mesiánica sino, esencialmente, tradición. Y fue esta tradición la que mantuvo la estabilidad de la sociedad virginiana. Su iglesia no pretendió construir, en aquel nuevo espacio, la ciudad de Sión, el sueño de los utópicos, sino extender por todo el conjunto social un silencioso y penetrante sentimiento (quietly pervasive sentiment), en el que las leyes de Dios se expresaban sin drama en la vida de los hombres. Esta gentry esclavista hablaba de una cultura religiosa con plena tradición, con la memoria y la legitimidad de los tiempos, al modo y forma como, por entonces, lo manifestaba la Iglesia católica. Se puede afirmar que la iglesia de Virginia despedía un aroma pleno de catolicidad. Desde entonces hasta los inicios de la Revolución americana en los años 1770 el anglicanismo fue el único credo oficial de la colonia. Confesionalidad, pues, del gobierno de Virginia que implicaba, al igual que en el ámbito colonial católico, el sostenimiento de la Iglesia y sus ministros y el sometimiento a sus normas; así como la aceptación de un código moral y punitivo de conductas desviadas o disidentes: "That there be an uniformity in our church as near as may be to the canons in England; both in substance and circusntances, and that all persons yield ready obedience unto them under pain the censure...". 5 Cuando el Parlamento inglés aprobó la Ley de Tolerancia en 1689, en la estela de la Revolución Gloriosa, mantuvo los privilegios de la Iglesia Anglicana como religión oficial del Estado, aunque eximió a los creyentes de otras iglesias de las leyes que castigaban la disidencia. En cualquier caso, la confesionalidad de la Monarquía se mantuvo pese al desarrollo de otras iglesias no anglicanas, con las cuales la Iglesia oficial mantuvo serios conflictos. Y así, en vísperas de la Guerra de Independencia, cinco colonias mantenían el anglicanismo como religión oficial: Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. Está claro que en este caso se trata de una confesionalidad explícita y directa por razón de que el titular de la Corona era la cabeza primera de su propia Iglesia. En el caso español era la catolicidad la que expresaba la confesionalidad de la Monarquía, por cuanto, en razón de las doctrinas del derecho medieval, se otorgaba a la Santa Sede la iniciativa de la jurisdicción soberana de los príncipes cristianos. Una soberanía que se entendía en función del sustrato doctrinal que Roma definía. La teoría teocrática, defensora de la potestad absoluta del papa como vicario de Dios en lo espiritual y en lo temporal, fue aceptada oficialmente por la doctrina áulica española como la base de un justo título de dominio de la Corona de Castilla sobre las Indias. Nos referimos a la concesión que otorgó Alejandro VI de los territorios descubiertos y por descubrir, después del primer viaje de Colón, a los reyes de Castilla y sus herederos. 6 Más allá de los atributos convenidos o delegados a ambas Coronas, sus iglesias -la Iglesia Católica institucionalizada en Indias, la Iglesia de Inglaterra o las Iglesias Congregacionales de la Massachussets Bayentendieron y creyeron que su estructura político eclesial era una representación del Reino de Dios en la tierra, según la antigua tradición neoplatónica que expresó San Agustín. Resulta comprensible que ese concepto de Reino de Dios, para ser operativo, requiriese de unos códigos doctrinales y morales que los representantes de las Iglesias oficiales, al amparo de sus Coronas, imponían a sus creyentes y que los disidentes no acataban. De hecho, éstos también tenían su concepto unitario y objetivo del Reino de Dios, pero cuando reclamaban tolerancia y benevolencia para sus comunidades religiosas, se olvidaban de aplicar tales fórmulas a sus adversarios al alcanzar posiciones de dominio en otros territorios. La historia de los espacios atlánticos está llena de ejemplos en tal sentido. Ello es consustancial con la doctrina de la propia Reforma protestante. Lutero reclamó al emperador que respetase su conciencia en la Dieta de Worms (1520), pero a continuación no tuvo escrúpulo para exigir la intervención militar de la nobleza alemana y así eliminar a los anabaptistas; Voltaire, un deista de tradición católica, en su Essai sur les moeurs et le esprit des nations, hizo una crítica despiadada de la figura de Calvino, al decir de él que pedía tolerancia en Francia, de la que tenía necesidad, pero se armaba de intolerancia en Ginebra, como demostró con el español Miguel Servet. Ejemplos parecidos pueden detectarse en las colonias británicas en las que, bajo distintas formas de exclusión, la diversidad de credos, reclamada por los grupos disidentes, fue frecuentemente obstaculizada por las iglesias establecidas. Sirva de ejemplo la determinación con que las iglesias congregacionales de Massachusetts, en defensa de la ortodoxia puritana, procedieron a la expulsión de los líderes disidentes de otras comunidades -Roger Williams, Anne M. Hutchinson y Samuel Gorton-y prohibieron el establecimiento de colonos cuya ortodoxia no fuera contrastada por sus magistrados. 7 Sorprende pues esta determinación tan rigurosa por la verdad, en iglesias que, durante el periodo turbulento de la Revolución, habían luchado por la libertad de conciencia desde la literatura de panfletos. Porque ocurrió que en Inglaterra, en aquellos difíciles años, diversas iglesias habían exigido que la verdad de fe se expresara en el espacio de la libertad. Ocurría ahora, por el contrario, que en Nueva Inglaterra estos mismos grupos defendían una teología bíblica para la cual la Iglesia de los Santos, es decir su iglesia, era la verdadera. En esta iglesia la verdad no se acompañaba de la libertad, no era una verdad sociológica, sino que era dogma. John Cotton, uno de los predicadores puritanos de mayor prestigio en la Bahía de Massachussets, entendía, citando a San Pablo, que el error fomentaba la división de la comunidad y que el hombre que se recreaba en ese error era enemigo de la misma, porque no sólo pervertía su propia conciencia, sino también la conciencia del grupo. 8 El universo cultural religioso de los puritanos, a ambos lados del Atlántico, no contemplaba la tolerancia ni como principio doctrinal, ni como principio de gobierno. Por ello, la explosión de nuevos grupos, denominados sectas -los Quakers, los Ranters, los Seekers, los Levellers y los Diggers-en la Inglaterra de los años 1640 y 1650, produjo en las colonias una reacción sin precedentes entre los defensores de la ortodoxia. 9 El triunfo de esta ortodoxia reactiva y particular, frente a las manifestaciones del error protagonizado por Católicos, Arminianos, Anabaptistas, Familistas, Arrianos, Independientes, Baptistas y Milenaristas, fue motivo de un conjunto de tratados, que identificaban la herejía en estos grupos e ilustraban las dificultades que la libertad de conciencia y de culto tuvieron 7 Carla Gardina (ed.): Liberty of Conscience and the Growth of Religious Diversity in Early America, (1636-1786), Providence, Rhode Island, John Carter Brown Library, 1986. en el mundo anglosajón. Sólo a partir de principios del siglo XVIII la libertad religiosa comenzó a asumirse dentro del orden político y social del Cristianismo Protestante, aunque se trató de una libertad lastrada por prejuicios legales y sociales contra católicos romanos, judíos y ateos. Merece la pena, por consiguiente, revisar una corriente historiográfica, dominante en el espacio atlántico anglosajón, que explica la historia de la tolerancia a partir de los principios que inspiraron la revolución inglesa de mediados del siglo XVII, considerada como el semillero de las posteriores ideas tolerantes del siglo XVIII. Los radicales ingleses, que durante los años de la llamada "fecunda libertad" -los 1640 y 1650-especulaban sobre el fin del mundo y la llegada del milenio, pasado el fervor revolucionario, no fueron capaces de organizar estructuras eclesiales adecuadas a los fines que propagaban. Desde todas estas sectas se reclamó una tolerancia que la censura eclesiástica y las distintas formas de jurisdicción de la Iglesia anglicana no podían permitir. Y, en consecuencia, a medida que tales grupos disidentes fueron definiendo sus programas, se puso en evidencia su oposición a la ley, a los derechos políticos existentes y a las normas de carácter teológico de la Iglesia Anglicana. Todo ello derivó en un enfrentamiento entre sectas y grupos que condujo a su descrédito y a su derrota. Sirva de ejemplo cómo los ranters desorganizaron las comunidades de los diggers; los baptistas excomulgaron a los ranters y a los cuáqueros; y éstos últimos atacaron a los baptistas y a los ranters por anticristianos. 10 De hecho, estas iglesias en las plantaciones de Nueva Inglaterra predicaban la exclusión. 11 Tanto la ortodoxia puritana de Nueva Inglaterra, como el principio de uniformidad religiosa de la Iglesia Anglicana, impidieron, a lo largo de todo el siglo XVII, el desarrollo de una teoría de la tolerancia que desterrase la coerción en materia de fe. Es verdad que la doctrina más clásica del constitucionalismo norteamericano, cuando se interroga sobre el origen del derecho de libertad religiosa, tiende a retrotraer los orígenes de esa libertad religiosa a la Carta real inglesa concedida por Carlos II a Roger Williams, en 1663. 12 En este punto conviene indicar que La Charter of Rhode Island and Plymouth Plantation fue la primera en garantizar libertad religiosa a cualquier individuo de la colonia, pero no se puede olvidar que tal derecho o privilegio no tuvo un carácter universal, ni se plasmó en posteriores textos legales en el mundo colonial inglés, en el cual los papistas o católicos romanos fueron tajantemente excluidos, como muestran las Leyes aprobadas en Nueva York o Massachussets. 13 Esta profunda y confesional intolerancia se extendió por todo el continente, desde la Bahía de Massachusetts hasta las cordilleras andinas y las llanuras de la Pampa argentina. De tal intolerancia se pueden ofrecer muchos ejemplos que provienen del lado católico hispano. Sin embargo, desde el espacio anglosajón esta percepción ha sido casi siempre soslayada por la historiografía. 14 En las colonias hubo minorías religiosas que se creyeron capacitadas para constituirse por sí mismas en Reino de Dios. El primer paso necesario para conseguir tal objetivo era constituirse en iglesia; una iglesia de advocaciones constantes a los tiempos del cristianismo primitivo, mitificado plenamente. La constitución de dicha iglesia partía del acuerdo entre cristianos, según las circunstancias que un grupo de "Elders" determinaba:"(...) be done in such a manner as all Circumstances considered (...) so, as if there be no errour of man concerning their determination". 15 Se trataba por lo tanto de Iglesias sin jerarquía, descargadas de la autoridad tradicional del obispo de Inglaterra y, en suma, eran iglesias sin tradición. Sin embargo, éstas se consideraban legítimas porque decían compartir una experiencia de conversión singular, la cual era entendida en el reducido 12 Benjamin P. Poore (ed.): The Federal and State Constitutions, colonial Charters, and Other Organic Laws of the United States, Volume 2, Washington, D C, R. A. Brock, 1890, pp. 1595-1603. espacio del grupo iniciático, como la base primera de todo acto político y, por lo mismo, de gobierno o Coventing. En cualquier caso, en Nueva Inglaterra, durante una parte importante de su periodo colonial, se entendió que este grupo de Elders, tenían como obligación solemne la ineludible tarea de castigar la herejía y el cisma; tarea fundamentalmente política y exigencia primera del gobierno de "santos" elegidos. Por su parte los legisladores de Nueva Inglaterra, de tradición anglicana, siempre defendieron la adhesión de estas iglesias al sistema normativo inglés y fueron conscientes de la necesidad de adaptar las instituciones del Viejo Mundo a las nuevas condiciones de sus colonias. Sin embargo ocurría que la experiencia compartida de los miembros de estas Iglesias se traducía en códigos de conducta muy estrictos, que el Consejo de éstas consideraba como el gobierno de Dios. Y tal gobierno generaba normas que no estaban en consonancia plena con las leyes civiles de Inglaterra. En tal sentido, algunos juristas, como Thomas Lechford,16 entendían que la comunidad de fe, es decir la Iglesia, no podía ni debía constituirse en órgano de justicia ni de administración. La ortodoxia puritana, por el contrario, permitía en este punto que las normas "civiles" castigasen, con la pena capital, delitos que en las leyes inglesas no merecían tal castigo: la idolatría, la blasfemia, el robo, el adulterio, el perjurio, la maldición de los hijos, etc. Formas delictivas todas ellas derivadas de las sentencias del Éxodo y del Deuteronomio, considerados por estas Iglesias de elegidos como sus ordenamientos penales fundamentales. No hubo, por supuesto, tal enfoque bíblico en la percepción de la heterodoxia por parte del mundo hispano; está claro que no podía haberla porque en asuntos de fe, ésta venía definida por Roma. Tampoco el Tribunal del Santo Oficio incrementó las formas y maneras de castigo usuales en determinados delitos de heterodoxia, como la blasfemia, cuya jurisdicción compartía con las justicias ordinarias. Pero lo importante es entender que, en ambos hemisferios, se asumió, sin demasiadas trabas conceptuales, que el pecado, entendido como trasgresión de la Ley Divina, era también un delito, es decir, trasgresión, igualmente, de la Ley Positiva. Las colonias atlánticas del mundo anglosajón no tuvieron que hacer frente, como las pertenecientes al mundo ibérico, al problema teológico y jurídico que supuso la posible apostasía de los llamados cristianos nuevos (convertidos desde el judaísmo o desde el Islam). Pero en algunos casos definieron también la herejía con parámetros parecidos a los utilizados en el espacio católico. Es verdad que frente a este delito no se dispuso en las colonias británicas de un dispositivo tan "político" como fue el de la Inquisición. No obstante conviene indicar, más allá de los tonos apologéticos de la Leyenda Negra, que el famoso Tribunal, más que castigar el error en la fe, se organizó tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo como una pieza más en el engranaje de la maquinaria político eclesial. 17 Dicha maquinaria, operando bajo los criterios de la Monarquía, intentaba conseguir un cierto grado de disciplinamiento social y moral que era consecuencia de la aplicación de la ortodoxia. En este punto el Tribunal del Santo Oficio no buscó tanto la represión de la heterodoxia, como lo prueba el análisis cronológico de su actividad procesal represora, sino que más bien intentaba que el cristiano adecuase su comportamiento público a los dictados de la doctrina y de la moral hegemónicas, con moderada precaución. De hecho, en todo el territorio de la Monarquía Hispana se desarrolló una precisa "pedagogía de la precaución". 18 Y debemos indicar que, en esta tarea, la acción de los inquisidores era complementaria de la que otras Instituciones desarrollaban, tales como las órdenes religiosas, las justicias civiles, y el clero secular. Unos y otros buscaron, más que la aplicación de penas y castigos, los efectos de la fraterna corrección y de las sanciones espirituales. 19 En consecuencia no es extraño comprobar que, para el control de las disfunciones religiosas y morales, se expresaron fórmulas previas de negociación en función de motivos sociales e intereses de grupos. El ejercicio de las misiones de las órdenes religiosas pone de manifiesto algunas formas de mediación, como las que se emplearon en el Perú de principios del siglo XVII para controlar el culto idolátrico de las Huacas. 20 Estas formas de corrección socio-moral, que no hablan de tolerancia sino de administración política de la disidencia, no parecen muy alejadas 17 Solange Alberro: Inquisición y Sociedad en México 1571-1700, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, pp. 145-197. Colonial Andean Religion and Extirpation, 1640-1750, Princeton, Princeton University Press, 1997. de las empleadas por la Iglesia de Inglaterra, incluso antes de la Guerra Civil. Es el caso de la Policy in piety, aconsejada como preferente por el mismo William Laud para controlar determinadas acciones contra la moral pública. En cualquier caso, los Tribunales que vigilaron la ortodoxia en Inglaterra, entendieron que la santa violencia debía ir precedida, igualmente, de una fraterna corrección. Tales estrategias requerían, para ser eficaces, del empleo de formas interactivas de control de la disidencia. Los aparatos eclesiásticos en las Indias españolas tuvieron graves problemas para aplicar formas precisas y eficaces de control, dado el inmenso territorio que comprendían los Virreinatos, las Audiencias y las Gobernaciones y ello posibilitó que se aceptaran, de hecho, amplias formas de laxitud moral. Por su parte, en el horizonte de Nueva Inglaterra la diversidad de comunidades religiosas y su proximidad, exigía, a priori, mecanismos de control más endogámicos. Las fórmulas que la pedagogía puritana desarrolló para expresar un correcto equilibrio entre el universo del castigo y el universo del perdón fueron expuestas, por los líderes religiosos de las distintas iglesias, en los miles de sermones que fueron impresos a lo largo de todo el periodo colonial. En las formas de piedad puritana de Nueva Inglaterra y en el espacio religioso de los cuáqueros de Pennsylvania, por ejemplo, el control social ejercido a través del culto siempre estuvo focalizado en el púlpito y no en el altar. En estas Iglesias de base bíblica se oía la palabra de Dios y de ellas se seguía unas estrictas normas de conducta; es decir, una teología práctica y rigorista perfectamente adecuada al medio hostil en el que la comunidad vivía. En el espacio público del sermón dominical, momento culminante de la religiosidad pública en estas iglesias de elegidos, se expresaba tanto la sociabilidad positiva como la sanción moral. Al pastor de las mismas le correspondía expresar los contenidos de la ortodoxia y los modos más acertados para poder soportar los peligros de la vida; para el conjunto de fieles el sermón servía para recordar sus naturalezas pecadoras y la condenación que de ello se seguía. Se trataba de un drama público en la Meeting House dominical, cuyo propósito era imponer una teología práctica de las conductas en una iglesia que construía una nueva Sión en tierras hostiles. Esta teología práctica tuvo diferentes manifestaciones en las colonias de estricto dominio anglicano. En ellas, a semejanza del espacio hispano, la práctica religiosa se expresaba, no tanto en el sermón, cuanto en el con-trol de las instituciones. Instituciones eclesiales vinculadas a las parroquias y párrocos, en el caso de Virginia, más dependientes de los hombres de la House of Burgeses que del obispo de Londres. Eran de hecho instituciones parroquiales "secularizadas" que controlaban la moral pública, las expresiones de la caridad colectiva, la vigilancia de la educación... y las formas de relaciones sociales. Porque en Virginia la parroquia, así como en las Indias hispanas, fue el lugar, no tanto de la conversión del cristiano, sino el espacio social y moral donde se expresaba el arte de la política. Aquí las sanciones fueron escasas y no hubo lugar para milagros, como decían ver y sentir los congregacionalistas de la Bahía de Massachussets. Y tales fórmulas tuvieron su aplicación práctica en las leyes aprobadas por los sucesivos gobiernos de las colonias, donde además se penalizaban la no contribución pecuniaria a las cargas de las iglesias, independientemente de su condición civil o religiosa. 21 No resulta difícil observar la existencia de equilibrios similares entre las fórmulas del castigo y del perdón en el mundo colonial español. En este sentido, la predicación misionera de las órdenes religiosas bien puede servir de ejemplo. Tales predicaciones consideraban que América era una esperanza para la Iglesia Católica a la vista del asedio a que ésta era sometida en Europa, "esta Iglesia ya ha llegado hasta la mar -explicaba el dominico Francisco Meneses en 1554-y aunque no ha pasado allende hasta agora, vemos que Dios en aquel desierto de las Indias (...) la edifica a gran priesa". 22 Estas predicaciones que en el espacio hispano tuvieron una enorme extensión e intensidad buscaban tres objetivos principales: En primer lugar se predicaba para conseguir la expiación social de los pecados públicos a través de un equilibrio entre la vergüenza pública y la fraterna corrección. Entre los principales pecados públicos figuraban la blasfemia, la idolatría y el amancebamiento. En segundo término, y como objetivo principal de la predicación, se buscaba introducir la frecuencia del sacramento de la confesión a través de la conquista de la confianza y del afecto. Naturalmente ganar tal confianza suponía realizar campañas complejas de convencimiento público y privado. Sólo así se podía obtener la adhesión a unas formas de culto a tra-vés de la actitud comprensiva del predicador. Ello suponía que se garantizaba el secreto de confesión y que se extendía lo más posible la absolución en el foro de conciencia, especialmente en el delito de idolatría. Tales estrategias las supo ofrecer la pastoral jesuítica con notorio éxito en el territorio del Perú: "(...) Los padres acudieron al remedio del alma del indio, con el cual tuvieron largos razonamientos y después de haberle predicado, se confesó dos veces y se arrepintió de su pecado, y pidiendo una disciplina se azotó, y muy alegre volvió diciendo que si fuesse menester haría más penitencia, y con esso y un rosario y estar algunos días aprendiendo al doctrina cristiana se fue muy consolado y contento ese indio ganado para su criador". 23 Por último, esta predicación pretendía también que los frailes comprendieran que el objetivo de cristianización no podía olvidar la necesidad de intervenir, como mediadores, entre clanes y grupos locales. Estos religiosos, que actuaban como líderes en el conflicto, buscaban crear un clima de caridad colectiva, que podía expresarse en un acto público de reconciliación: "(...) Salió el Padre Rector y sacó a las cabezas de los bandos de la plaza y por aquella tarde se sosegó este fuego hasta que por la mañana y en otros tres días siguientes se concluyó el negocio, de suerte que una tarde trujo el Padre Rector a nuestra casa a todas las cabezas de los bandos (...) se abrazaron los unos a los otros y se estuvieron un gran rato en buena conversación y se acabaron los grandes daños que se tenía". 24 En resumen, aunque tales objetivos fueron muy frecuentemente incumplidos en las Indias españolas, ello no es obstáculo para entender que fueron considerados como objetivos necesarios del plan divino para su Iglesia, Iglesia entendida como Reino de Dios para españoles y nativos. Por su parte, aunque no todos los colonos ingleses entendieron la colonización como una revelación directa de Dios, fundamentalmente los asentados en las colonias de religión anglicana, es verdad que fueron bastantes los lideres religiosos puritanos que indicaron, con insistencia, la dimensión profética de su presencia en el continente: el Todopoderoso había proporcionado el Nuevo Mundo como un refugio para los rectos, un campo fértil para trabajar conforme a su divina voluntad y una tierra prometida para su pueblo elegido. La identificación de aquellos puritanos con el pueblo de Israel, salvado del dominio del faraón, era un recurso constante en la literatura de los sermones. Baste sólo un ejemplo. En 1630, el reverendo John Cotton, uno de los más relevantes clérigos de Nueva Inglaterra, recreó el mito de la tierra prometida al garantizar a los primeros emigrantes que salían hacia la Bahía de Massachusetts, en su sermón Gods promise to his Plantation, 25 que ellos eran los elegidos para poblar el Nuevo Mundo, donde podrían establecer una comunidad santa que funcionaría como modelo de rectitud para el Viejo Mundo. Parece evidente que Cotton entendía la Nueva Inglaterra como la Nueva Jerusalén de la Iglesia reformada. Iglesia que tras su caída inevitable traería el espacio del milenio, un tiempo de conversión de judíos y otros gentiles como etapa previa para el Juicio Final. Utopías milenaristas que, con notables diferencias cronológicas, se dieron en ambos espacios de colonización. Pero quizá el principal problema a resolver resida en conocer cómo ambas culturas religiosas, anglosajona e hispana, consiguieron controlar la conciencia colectiva. Parece que los predicadores puritanos, en general, buscaron realizar una revolución cultural cuyo objetivo principal era luchar contra el hombre natural, es decir el hombre inclinado por naturaleza al pecado, como indicaba Henry Parker cuando en 1642 escribía: "(...) Al estar pervertido el hombre por la caída de Adán, éste se había convertido en una criatura tan indómita y tan incivil que la ley de Dios escrita en su pecho no bastaba para impedirle la maldad". 26 Por su parte los clérigos de la Iglesia de Roma, al confesar, se erigían en intermediarios entre Dios y los hombres y, en cierto modo, los confesados, con la absolución y las penitencias espirituales, conseguían tener un cierto sistema de seguridad en la salvación. En la cultura protestante, sin embargo, el cara a cara con la Divinidad fue inevitable, porque con la Reforma se siguió conservando la tradición de la gravedad de la culpa y el sistema de seguridad, es decir, la confesión y la absolución desaparecieron. Liberarse de los clérigos no suponía en esta cultura liberarse de los terrores de la culpa. En suma, el análisis de los desarrollos históricos de la cultura religiosa protestante y católica en las colonias británicas y españolas del Nuevo 25 John Cotton: God promises to his plantation, London, 1630. 26 Hill, El mundo trastornado..., p.
Presión e intereses en torno al cargo de protector general de indios del Nuevo Reino de León: el caso de Nicolás de Villalobos, 1714-1734/ Pressure and interests about the office of the Nuevo Reino de León Indians protector: the case of Nicolás de Villalobos, 1714-1734 La perniciosa transformación sufrida por el sistema de utilización de la mano de obra indígena en el Nuevo Reino de León, caracterizado por los estragos y esclavitud a los indios en las encomiendas o congregas, provocaban su rebeldía. Los frecuentes asaltos a los colonos españoles y sus propiedades, así como las expediciones y castigos de estos contra los aborígenes reflejaban las duras condiciones de vida en esa provincia del nordeste del Virreinato de Nueva España y el constante estado de guerra de la misma. Con los substanciales cambios implantados desde el gobierno virreinal mediante el envío en 1714 del comisionado Francisco de Barbadillo Victoria y la creación por éste del cargo de protector general de indios en esa tierra, se trató de frenar esta incontrolable situación. La dificultad de que se afianzara la figura del protector, tan necesaria en los primeros tiempos de las reformas, dejaría ver los partidismos, pasiones e intereses de las autoridades y de los diversos sectores sociales de esa región fronteriza. PALABRAS CLAVE: Nuevo León; Esclavitud; Congregas; Frontera; Colonos, Estado de guerra; Francisco de Barbadillo Victoria; Protector de indios; Nicolás de Villalobos; Reformas; Partidismos. A raíz del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo y para defender a los indios de los abusos y agravios de los españoles, la Corona mandó promulgar -como es sabido-una serie de disposiciones relativas a su libertad y buen tratamiento. Junto con otras dirigidas a afianzarlos como vasallos del soberano español e incluirlos en el sistema jurídico colonial, formarían parte del Cedulario Indiano reunido por Diego de Encinas (1596) y, más tarde, de la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias (1680). Muchos de esos preceptos tuvieron que ser reiteradamente recordados a lo largo del periodo de dominación por su frecuente inobservancia. 1 De entre las providencias que se prescribieron una fue la de instituir en Perú y Nueva España en 1528 el cargo de protector general de indios, recayendo el primer nombramiento, en el caso del Virreinato novohispano, en fray Juan de Zumárraga, obispo electo de México. Este empleo, que sería abolido o volvería a implantarse en diversas épocas y zonas, estuvo en manos del clero secular o regular, de obispos, de fiscales de Audiencias, etc., llegando a fundarse en 1592 el Juzgado General de Indios de Nueva España regulado por unas ordenanzas. 2 Al igual que en otras áreas, en el Nuevo Reino de León, situado en la frontera nordeste del territorio novohispano, los gobernadores, las justicias y otros cargos públicos tenían el deber de informar acerca del trato a los indígenas. Los españoles, ya como encomenderos y después como capitanes protectores, estaban llamados a ser los defensores de aquellos indios que recibían en encomienda como fuerza de trabajo y a los que se compro-1 Diego de Encinas (recop.): Leyes de Indias. Estudio e índices por Alfonso García Gallo. Francisco de Icaza Dufour (coord.): Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias. Se citan las reales cédulas (Burgos, 15 de febrero de 1528 y Lisboa, 27 de mayo de 1582) en donde constaban las razones por las que se creo y suprimió dicho cargo. Woodrow Borah: El Juzgado General de Indios de la Nueva España. Estudios sobre la figura del protector de indios en distintas franjas del borde septentrional de ese Virreinato en Philip Wayne Powell: Capitán mestizo. Miguel Caldera y la frontera norteña. Beatriz Suñe Blanco: "Evolución de la figura del protector de indios en la frontera norte de Nueva España", en Antonio Gutiérrez Escudero y María Luisa Laviana Cuetos (coords.): Estudios sobre América, siglos XVI-XX. Sevilla, Asociación Española de Americanistas, 2005, pp. 727-744. metían a adoctrinar, alimentar y a cumplir con ellos las demás obligaciones inherentes a esta concesión que no era una propiedad. Sin embargo, el funcionamiento de la encomienda en esta provincia difería del practicado en el México central o meridional por diversas causas, entre ellas, por las abundantes tribus apenas pobladas y su nomadismo o la exigua ventaja económica de la misma. Estas y otras características, unidas a la tolerancia de las autoridades y lejanía del gobierno virreinal, darían lugar a que dicha institución se transformara y corrompiera, resultando una formación mixta denominada más tarde congrega. Esto ocurriría pese a que en 1672 se había expedido una real cédula ordenando que a los indios que se redujeran pacíficamente en esa región se les congregara en pueblos, repartiera tierras y eximiera de tributar durante diez años, prohibiendo bajo graves penas que se les vendiera, esclavizara, o traspasara, como se había hecho hasta entonces. Sólo se cambió el nombre de encomienda por el de congrega, siendo ésta para los dueños, como expresaría posteriormente el virrey duque de Linares, "un honesto título de dominarlos tiránicamente sin cumplir con el fin para que se les aplican, que es el de que los domestiquen y eduquen." 3 Tampoco tuvo efecto un nuevo despacho cursado años después por informe del obispo de Guadalajara (Nueva Galicia) Juan de Santiago de León Garabito tras su visita pastoral a esas tierras ni las censuras de otro de sus obispos, Diego Camacho de Ávila. 4 Los abusos, la tradición esclavista iniciada desde tiempos del primer gobernador Luís Carvajal de la Cueva y sus colaboradores, la desestructu-ración de sus núcleos familiares, amen de otras estrategias utilizadas por los españoles en su avance colonizador en detrimento de los indígenas, de su espacio y recursos habituales, fueron provocando su huida y rebeldía, volviendo a sus antiguos refugios y ritos. En su desquite y confederados con los indios gentiles que se resistieron a ser dominados, cometían a menudo asaltos, muertes y demás barbaries contra la población. Tierra de "guerra viva" se la consideró, al igual que otras del septentrión novohispano de similares características. 5 Esencialmente lo mismo sucedía en esa región a inicios del siglo XVIII, como se prueba por un informe mandado realizar hacia 1713 por el oidor de la Audiencia de Guadalajara, Juan de Oliván Rebolledo, acerca del tratamiento que se les daba a los indígenas en las congregas. En síntesis, se reconoce que los indios se obtenían "a fuerza de armas y miedos" mediante entradas a sus tierras con licencias que pagaban al gobernador, para después congregarlos en sus haciendas donde solían permanecer sólo durante la cosecha; que por su labor, que duraba desde el amanecer hasta que oscurecía, se les daba usualmente una exigua ración de maíz al día y unas prendas de vestir; que, aunque no con el descaro del pasado, se seguía practicando la compraventa de indios adultos o párvulos, que arrebataban a sus madres, así como su alquiler y trueque; que salvo rara excepción, ni les enseñaban la doctrina ni los llevaban a las parroquias a aprenderla, consintiéndoles, en algunos casos, conductas inmorales para contentarlos y no perder su servicio. Algunos encomenderos se justificaban diciendo que eran mayores las sumas que desembolsaban que el beneficio obtenido con los indios, pues, por la licencia para la entrada pagaban 25, 30 ó 40 pesos, por la visita del gobernador 50 y al escribano 100 por un título o traspaso de encomienda o congrega, sin quedarle recurso para pedir justicia debido a su pobreza y a las 200 leguas que les separaban de la Audiencia de Nueva Galicia. 6 Los indígenas, como ya referimos, vengaban las tiranías con hostilidades a los vecinos. El virrey Linares las atribuía a "su veleidad y barbarismo" pero, también, a "no haber quien trabaje en amansarlos y sobrar quien los maltrate y despeche". Al fiscal del Consejo de Indias le causaría asombro comprobar cómo, estando esa provincia subordinada al superior gobierno del virrey, no se hubiera puesto ya remedio. Juzgaba que lo orientado a la mayor libertad de los indios y a su adoctrinamiento se estaba perdiendo por "la insaciable y asquerosa codicia y interés" de unos particulares. El Consejo, en febrero de 1715, subrayó la urgencia de aplicar medidas proponiendo que se enviara a Oliván a que pusiera en práctica la real cédula de 1672 y procediese contra los culpados. Parece que al Consejo no le habían llegado aún noticias de que desde diciembre de 1714 ya estaba cumpliendo esa y otras tareas a través de una comisión el alcalde de Corte de la Audiencia de México Francisco de Barbadillo Victoria.7 Creación del cargo de protector en tierras neoleonesas La instauración del empleo de protector de indios en Nuevo León estuvo vinculada con la labor que a Barbadillo se le encomendó ejecutar en ese lugar. La gestión había sido planificada y aprobada en Junta general de Guerra y Hacienda celebrada el 22 de agosto de 1714, bajo la presidencia del virrey Linares. En ella se trataron varios y graves asuntos pendientes referidos a la delicada y ruinosa situación que se vivía en ese territorio, que, según auguraban algunos con tintes melodramáticos, hacía presagiar su ocaso. 8 A este fin ya se habían formalizado una serie de denuncias, entre ellas la del que fuera gobernador de esa región, Francisco de Mier y Torres; de los capitulares del Ayuntamiento de Monterrey, su capital; del franciscano fray Juan de Losada; del jesuita Gerónimo López Prieto o del ya citado oidor Oliván, proponiendo estos últimos como recurso la creación de un Obispado, la extinción de las congregas y formación de pueblos de indios a los que se les pagaría un jornal cuando fuesen requeridos para trabajar fuera. Haciendo sólo un breve apunte de la Junta, de la comisión y sus resultados, diremos que las materias a debatir fueron cuatro. Dos referidas a la situación de los indios y medidas a tomar, ya descritas, y el resto con las tácticas a seguir para combatir sus ataques. Ataques que se habían agravado de cinco años a esa parte con un balance de más de 300 vecinos muertos, sobre todo pastores y sus parientes, y el robo de unas 40.000 ovejas y a cuyo efecto se pretendía formar una compañía volante y fundar una villa (San Felipe de Linares) como protección contra los indios gentiles de la sierra de Tamaulipas. En la Junta se aprobó la propuesta del fiscal de la Audiencia de enviar un ministro togado, eligiéndose a Barbadillo, quien a partir de diciembre de 1714 comenzaría la visita. No pudo empezarla antes por haber intentado impedirla, al parecer, el marqués de Villapuente y sus parciales residentes en México, pero con intereses en Nuevo León, pretextando razones aparentemente útiles al real servicio que al final se desestimaron. De acuerdo con las instrucciones que se le facilitaron y con su visión del estado de ese territorio, Barbadillo extinguió las congregas; procuró atraerse con indultos a los indígenas alzados; fundó tres pueblos de indios y repobló dos, con un total de unos 4.500, en los que dejó un misionero franciscano en cada uno, no sin dificultades, pues las medidas expropiatorias de tierras practicadas provocarían el descontento de algunos vecinos. Elaboró unas ordenanzas para el buen régimen y solidez de los pueblos fundados, en uno de cuyos capítulos se recogía la creación del empleo de protector general de indios para defensa y respaldo de todas las tribus indígenas pacificadas de esa región. El protector estaría supeditado al virrey, a quien daría cuenta de la actuación del gobernador con los indios, los cuales quedaban inhibidos de la jurisdicción de éste y de las demás justicias. El visitador culminó su labor, que duró hasta marzo de 1716, con la formación de una compañía volante compuesta por 70 soldados, un capitán y un pagador. Su sostenimiento -22.000 pesos anuales-se prorratearía entre los dueños de las estancias y haciendas de ovejas que entraban a pastar en ese lugar por ser los más beneficiados con ella.. No obstante, el gobernador de ese momento, Francisco Báez Treviño, no admitió al protector ni a las ordenanzas. Sólo lo haría si se lo mandaba el virrey. Barbadillo le intimó a cumplirlas, so pena de 2.000 pesos y a que correría de su cuenta y riesgo cualquier alteración que hubiera en los pueblos. Discurría que Treviño era reacio a aceptarlas por ser nativo de esa tierra, con muchos parientes y compadres y sin más miras que su provecho. Quizás, argumentaba, estuviese quejoso por haber extinguido las congregas, ya que él tenía una y con la nueva planta se le privaba de las utilidades que le brindaba. Tampoco confiaba en la permanencia de las fundaciones y las otras medidas que había puesto en vigor, pese a haber hecho "la vista gorda" en algunas materias. Pensaba que era tanta la ofuscación de la gente de esa zona, que no les sería tan doloroso que les quitara a sus hijos como el que a los indios los hubiera puesto en pueblos. Temía que se frustrara su obra si tenía en cuenta la naturaleza de éstos, "extraña e irregular, la de los españoles, malvada y inicua; corta la aplicación al bien de estos indios y caridad con que se deben mirar". De vuelta a México, le habían llegado noticias de la creciente oposición de los españoles contra los indígenas y sus nuevas poblaciones. Pocos años después se le designaría gobernador de esas tierras fronterizas. Barbadillo había nombrado como protector general de indios de las fronteras de Nuevo León a José de Urrutia, señalándole un sueldo de 700 pesos anuales sobre las Cajas de San Luís Potosí. Aunque el designado mostró su entera disposición para el servicio encomendado, éste no era fácil. Al mes y medio de estar ejerciéndolo ya era odiado y aborrecido por todos. Decía sentir una gran aflicción porque el salario no era tan sólo insuficiente para su sustento y vestuario, sino que no llegaba para mantener a 9 Ibidem. Adjunta testimonio de once testigos que declaraban el aumento de las hostilidades indígenas. Fray Juan de Losada al rey. Manuel Ángel de Robles al virrey. Se quejaba de que a los indios no los dejaron en las haciendas como gañanes. Se mencionan los capítulos de las ordenanzas que tratan de las funciones del protector con los indios. Cifra en más de mil los muertos por los indios. su extensa familia ni para obsequiar a los indios con tabaco, que era el imán que los atraía, lo que le obligaba a endeudarse. Y eso sin tener en cuenta otros gastos que se le ofrecían en el ejercicio de su cargo, como eran las provisiones y bestias necesarias para recorrer los caminos; papel común y sellado; manutención y sueldo a dos ayudantes y retribución al escribano que diese fe de sus diligencias. Además para Barbadillo resultaba incomprensible que, después de que el sueldo era escaso y no tenía suplementos, se le hubiese descontado la mitad por razón del pago del derecho de la media annata. Evidenciaba la dificultad que estaba hallando en su ministerio por la falta de escribanos en ese territorio, tanto expertos como de confianza, pues entendía que eran "trovos coludidos a un mismo fin" y muy raro encontrar a alguien independiente por la coaligación de parentescos que existía. Explicaba que el escribano que había en Monterrey no sólo le tenía ojeriza por contar con familiares en ese lugar, sino que estaba físicamente imposibilitado para acompañarle. Así pues, pidió al virrey Valero que se pagara de la Real Hacienda a un escribano, dos escoltas y el tabaco para los indios. El protector apoyó todo ello ante el máximo gobernante, sugiriendo que, en consideración al encarecimiento de la vida en ese lugar, el sueldo de los dos escoltas fuera de 150 pesos anuales a cada uno y a cuenta del Haber. Creía pertinente que a éstos no se les dedujera el derecho de la media annata, como se había practicado con Urrutia. Aprovechaba Barbadillo esta coyuntura para precisar que el empleo de protector tenía en esa tierra carácter militar, por eso se le daba el título de capitán y la ley exceptuaba de pagar tal arancel a los oficiales destinados a lugares en guerra viva. Tampoco aprobaba este ministro que Urrutia tuviese que costear el papel que utilizaba en sus diligencias y planteó al virrey que pudiera hacerlas en cualquier pliego, aunque no fuese sellado, por la falta y sobreprecio en esa región. Con respecto al tabaco, juzgaba que era esencial por ser más valorado por los indios que los alimentos, aún en la mayor necesidad, y sin este producto no se conseguía nada provechoso de ellos. Reflexionaba que era el Erario quien debía de sufragarlo y con 100 pesos al año podrían comprarse 100 manojos para repartirlo y tenerlos, por el momento, satisfechos. En cuanto al escribano propuso que, como escaseaban y el único que había en Monterrey estaba enfermo, diera autorización a los escoltas para que actuasen como testigos de asistencia. Valero accedió a que el Fisco costeara los 300 pesos anuales de los dos escoltas, a los que facultó para testificar. A Urrutia le agradeció su esmero en el reciente cargo y determinó que se le entregaran únicamente 50 pesos para el tabaco destinado a los indios, alegando que "para contentarlos bastará, aunque no sea de la mejor calidad". Más tarde, al habérsele concedido al protector la plaza de capitán del presidio de Río Grande, quedó vacante el puesto. Barbadillo, que ya en esa época era gobernador de Nuevo León (1719-1723), suspendió proveerlo hasta reconocer su urgencia y necesidad. No tardaría en comprobar lo esencial y preciso del mismo, tanto para la defensa de los indígenas como para acudir personalmente a los pueblos, en particular en la época de las siembras, a fin de incentivar a los indios al cultivo y rendimiento de las tierras. De no hacerse así, no se les podría proporcionar la ración de maíz que cada ocho días recibían y esto les forzaría a abandonar las poblaciones recién fundadas. En febrero de 1720, atendiendo a las reflexiones arriba descritas y a otras de igual peso y en un acto en el que, sin presencia de escribano por no haberlo ni real ni público en Monterrey, el gobernador Barbadillo, con la fórmula de "elijo, diputo y nombro", designó un nuevo protector general de indios de Nuevo León. Actuaron como testigos sus dos asistentes, Manuel de Velasco y Juan Muñoz de Herrera. en todas sus causas civiles y criminales y con su asistencia personal a los pueblos durante el tiempo que juzgara preciso y conveniente, ciñéndose en todo a la Recopilación de las Leyes de Indias que trataban de esta materia, sobre lo cual le hacía "particularísimo encargo". Como disponían las ordenanzas de las nuevas fundaciones, en caso de notar omisión o poca aplicación en los gobernadores de ese Reino, presentaría queja ante el virrey. En su criterio, favorecía al designado el hecho de no ser vecino de Nuevo León ni sus contornos, sino que había llegado de España. 11 En efecto, Nicolás de Villalobos, soltero, y cuyos rasgos físicos eran: de "buen cuerpo delgado, color blanco, ojos azules, cerrado de barba, cejas gruesas y pelo castaño claro", había nacido en Navalcarnero (Madrid) en 1687. Obtuvo licencia en abril de 1717 para pasar a Nueva España a la cobranza de unos bienes pertenecientes a una vecina de Sevilla. Después intervino como capitán de caballería en dos campañas que dicho gobernador emprendió contra los indios hostiles de Nuevo León. Satisfecho del gran celo que demostró y de su destreza y experiencia en la milicia, le otorgó el citado nombramiento con el requisito, como era reglamentario, de que fuese confirmado en México. Barbadillo dispuso, por tanto, que Villalobos fuera ante el virrey Valero para la aprobación del título. Mientras, él mandaría que fuese admitido en el uso y ejercicio de este ministerio precediendo el juramento habitual. Consideraba que ese cargo era tan urgente e indispensable que había sido una gran suerte el conseguir que Villalobos lo desempeñara; por eso, pidió al virrey que le revalidara el título, reconociendo que en los cinco meses que estuvo vacante el puesto se habían dejado sentir las inconveniencias. Cuando Villalobos se presentó ante Valero para que le confirmara el despacho, éste consultó primero con el fiscal de la Audiencia de México y se atuvo a su dictamen, de que el nombramiento le correspondía hacerlo a él por ser propio y privativo de su superior autoridad. En atención a lo cual, quedó anulado el primer título y se le expidió otro fechado el 9 de abril de 1720 con la orden de que hiciera el juramento del cargo y toma de posesión. Los términos en que estaba redactado el flamante documento eran prácticamente los mismos que el que se otorgó al primer protector José de Urrutia, al igual que el sueldo -700 pesos-y los demás honores que gozó éste.12 Habiendo mostrado Villalobos el nuevo título a Barbadillo para los debidos ceremoniales, no consintió en hacerlo y retuvo el despacho. Ante esta extraña y firme actitud, acudiría al virrey para lograr que aquel aclarase los motivos. Estaba convencido de que esto se debía a que el gobernador recelaba que fue idea suya la revocación que de su nombramiento hizo Valero y a que en las ordenanzas para los recién fundados pueblos de indios se le inhibía de su jurisdicción. Intentó que el máximo gobernante le diese otro y le permitiera hacer la jura ante cualquier ministro de la Audiencia de México para evitar que le ocurriera lo mismo si iba a Nuevo León, así como que se le proporcionaran dos escoltas, al igual que se hizo con su antecesor. No consiguió ninguna de las peticiones. 13 Sin atender al dictamen del fiscal de la Audiencia, que se inclinaba por acceder a las demandas de Villalobos, el virrey Valero, en octubre y por segunda vez en diciembre de 1720, pediría explicaciones a Barbadillo por la gran extrañeza que le había causado su proceder. En su tardía respuesta, a finales de enero de 1721, reconocía el gobernador haberse equivocado en la elección. Aseguraba que ya antes de solicitar la confirmación del título, dio "notorias muestras de lo poco que promete su talento" y de la ninguna unión con los misioneros, algo tan esencial en el ejercicio de su labor. Había intentado corregir sus desordenadas ideas reteniendo el despacho para ver si, con "blandura y arte", podía moderar su temperamento, pero comprobó que era perjudicial y revoltoso y su genio y operaciones inapropiados para el uso y manejo de ese oficio. Sugería que podría ejercerlo él personalmente mientras fuese gobernador, pese al mucho trabajo. Los 700 pesos de salario se emplearían en la compra de armas para que en tiempos de guerra con los indios ningún vecino se excusara de salir por falta de ellas, como sucedía. Las armas se guardarían en una sala de su vivienda habilitada para ello. Una carta similar recibió Valero meses antes firmada por el comisario de las misiones de Nuevo León, fray Juan de Losada -amigo y colaborador de Barbadillo en su etapa de visitador-y varios misioneros de cuatro pueblos recién fundados. En ella, aparte de referir que Villalobos era "notoriamente revoltoso, sin inteligencia ni espera de hombre para lance alguno" y que había cometido grandes desatinos "sin caberle ya el empleo de protector que todavía no tenía", insinuaba que el gobernador no se fuera, ya que si faltara podría alterarse la provincia por los disturbios que sembraba y causaba ese sujeto. Atendiendo a estas reflexiones y al dictamen del auditor de guerra, Juan de Oliván, que aconsejaba recoger el despacho, el virrey determinó que no hubiera capitán protector general de indios en esa región, "por los justísimos motivos que tengo", desestimando los memoriales del interesado, donde insistía en la restitución de su plaza. Lo mismo declararía más tarde el Consejo de Indias, ordenando que se suspendiese a Villalobos. 14 ¿Quién era realmente este individuo? ¿Cuáles sus méritos para que Barbadillo lo hubiese llevado consigo a Nuevo León, lo tuviera en su casa, lo agasajara y hubiere confiado en él con tanta convicción para darle un puesto de responsabilidad, aunque luego se retractara? El nombre completo respondía al de Nicolás Mellizo de Villalobos y era hijo legítimo de Matías Mellizo de Villalobos y Ana Fernández Frejomil. Su padre, sus tíos (Hipólito de Villalobos, Felipe Valero, Antonio Frejomil) y otros parientes ocuparon cargos de autoridad y graduación en la milicia y en los reales Consejos. Sus comienzos, en abril de 1703, cuando tenía 16 años de edad, fueron como cadete aventurero en el regimiento de dragones llamado "de la Muerte" en Badajoz y estuvo allí hasta 1708, costeando sus armas y caballos. Durante esa etapa participó en la toma de Orihuela y Elche y en otras funciones en el Reino de Valencia. Habiéndose embarcado en Málaga con 14 AGI, Guadalajara, 173. Los frailes Juan de Losada, Sebastián de Torres y otros al virrey. Consejo de Indias al rey. Madrid, 14 de octubre de 1726. destino a Cartagena (Murcia) a fin de incorporarse a las tropas del mando del conde de Mahoni que iba a Sicilia, fue hecho prisionero y llevado junto con otros a la plaza de Alicante, ocupada entonces por los ingleses. Una vez canjeado, obtuvo permiso del conde de Charny, inspector general de infantería, para reincorporarse a su unidad. Participó en todas las operaciones contra los adversarios en la frontera portuguesa, en cuyos encuentros recibió cuatro graves heridas. Por fallecimiento del coronel de su regimiento, Antonio de Leiva, y con la misma calidad de cadete aventurero, se agregó a la compañía coronela del regimiento de caballería Viejo de Extremadura donde estuvo durante más de cuatro años, pagando también a su costa sus caballos y armas. Intervino en la batalla de La Gudiña y sitio de Campo Real, donde quedó gravemente herido. En todas estas actuaciones sus superiores destacaron "su ardiente celo en el real servicio", "su gran honra" y su valor. Al no haber en su unidad vacante acorde a sus méritos, el coronel del mismo, el marqués de Lorenzana, le dio licencia el 19 de julio de 1712 para que pasara a servir un cargo en la Proveeduría general del Ejército y plazas de Andalucía. Aquí sus jefes ensalzaron igualmente su "incansable aplicación" y estimaron que era digno de cualquier merced y empleo con que el monarca quisiera distinguirle. 15 Después, como ya hemos explicado, pasó a Indias y estuvo a las órdenes de Barbadillo hasta que se produjo la súbita destitución a raíz de la cual emprendió una particular cruzada, que duró varios años, para recobrar su honor y su puesto. Esa etapa coincidió, fundamentalmente, con los gobiernos de los virreyes de Nueva España marqueses de Valero y de Casafuerte y con el ya citado gobernador de Nuevo León y su sucesor, Juan José de Arriaga Brambila. Villalobos tuvo que refugiarse en el convento jesuita de San Francisco Javier de Monterrey por el atropellamiento que decía recibir de Barbadillo al haber dejado de asistirle, tras su negativa a facilitar el pase al título. Según parece, por orden suya y con el propósito de lograr su arresto y con ello su deshonra, los padres Pedro Aparicio y Luis Camacho le instaron a que lo abandonase para no indisponerse con el gobernador, por lo cual se vio obligado a pedir ayuda al cura vicario a fin de que lo acogiera en su iglesia. Llegaría a declarar que era público que el responsable de lo que ocurría era fray Sebastián de Torres, ministro doctrinero del pueblo de Guadalupe, quien presionaba para que el cargo se lo dieran al alcalde ordinario de Monterrey Joaquín de Escamilla. En agosto de 1720 había llegado a consultar con el padre rector del citado convento, Ignacio Báez Treviño, para que le aconsejara si debía de defender su reputación o abandonar esta idea. Del mismo modo, deseaba que atestiguase si sabía o había escuchado quejas contra su persona. La respuesta fue la siguiente: Es por muy natural atender cada uno a su crédito y defenderlo mucho, y más, en las personas de las cualidades y prendas de vuestra merced, muy apreciadas en este lugar por su cristiano, noble y muy honrado proceder, con que no sólo no ha ofendido a otros, sino porque de muchos que están obligados de sus atenciones y así juzgo que vuestra merced puede y debe parecer ante juez competente procurando el buen lustre de su crédito. También el franciscano fray José Alonso declaraba haber oído comentar y comprobado personalmente sus cualidades y buenas maneras con todos. Confirmaba ser ciertos los ultrajes de Barbadillo, habiéndole llegado a quitar incluso la silla de montar para que no fuera a México a dar cuenta al virrey. Había tomado gran inquina a los que le ayudaron, por lo que juzgaba que ninguna persona habría de apoyarlo por no enemistarse con el mandatario. El fraile le daría su silla de montar y víveres para el camino. A favor de Villalobos se inclinaron, de igual forma, Lucas de las Casas, cura beneficiado de Saltillo, y el colegial del Seminario de Monterrey José González Hidalgo. El primero aseveraba que muchos se habían condolido de que no hubiere surtido efecto el nombramiento del virrey. Atribuían la interrupción al pase del título y su ejercicio no a su falta de aptitudes, sino a que se le excluía de la competencia del gobernador. Certificación de fray José Alonso. Monterrey, 18 de agosto de 1720 en Testimonios de certificaciones ("Certificaciones"), fs. Villalobos a Báez Treviño. Convento de San Francisco de Monterrey, 17 de agosto de 1720 y Respuesta del rector. Villalobos al padre Alonso. Monterrey, sin fecha, fs. Certificaciones de Lucas de las Casas y de Bartolomé González Hidalgo. Tampoco tuvo fortuna en México, donde permaneció varios meses. Allí fueron también un grupo de indios del pueblo de la Concepción pretendiendo, entre otras cosas, que el virrey de turno, Casafuerte, les restituyera al protector. Otros pedirían que se les diera licencia y facilitaran caudales para conducir familias tlaxcaltecas, herramientas y demás útiles a San Cristóbal de los Gualahuises para reparar la despoblación y los daños acontecidos por su falta. El virrey les recomendó que regresaran a sus pueblos por no haber fondos en las Cajas de México, prometiéndoles que se tendría presente este asunto para dar pronta providencia. Ya por entonces había otro gobernador. A Barbadillo se le requirió para reincorporarse a su plaza en la Audiencia de México. Le sucedió Juan José de Arriaga, quien tomó posesión del cargo el 5 de mayo de 1723. 17 El nuevo gobernante se encontró con que los indios gentiles y apostatas de esa región tenían amedrentados a sus moradores con sus asaltos, muertes, robos, secuestros y otras tropelías. Estos rigores, que eran cotidianos, los habían ejecutado, según le informaron a su llegada un grupo de vecinos que acudieron a pedirle justicia, en los años que estuvo Barbadillo en ese gobierno. Por no haber dado su consentimiento para que se les castigara, se habían insolentado de tal modo que llegaron al extremo de colocar en el camino de Boca de Leones banderas teñidas de sangre en señal de guerra, en la cual se mantuvieron. Durante ese tiempo, constaba por certificación de los alcaldes mayores de ese distrito que mataron a 732 personas, sin respetar a mujeres ni a niños, robaron más de 43.000 cabezas de ganado y se despoblaron trece haciendas y ranchos. Arriaga había informado al virrey en agosto y en septiembre de 1723 acerca de sus providencias para contener la osadía de los indígenas. Le explicaba haber encomendado al sargento mayor Fernando Sánchez de Zamora su seguimiento y castigo con 40 hombres, quienes mataron a nueve indios y apresaron a siete muchachos que repartieron entre los soldados. En campaña tuvo dos escuadras con 60 y 70 hombres, respectivamente. La primera había matado a 37 enemigos y capturado a 26, que fueron igualmente repartidos. El virrey le felicitaría por ello, pero quiso que se le informara de con qué fin se aplicaban los prisioneros a los soldados. Con más detalle aclararía Arriaga que viendo que al mes de estar en el gobierno fueron muchas las muertes y robos que seguían efectuando los indígenas, incluidos los de los pueblos fundados, quienes divididos en diecisiete escuadras con un copioso número de ellos en cada una atacaban por diversas partes de ese territorio, les hizo guerra justa y defensiva. De su bolsillo, por no haber fondos para gastos de guerra, decía haber costeado siete escuadras, tres de a cien hombres y cuatro de a cincuenta, caballos, armas, víveres y pólvora. El fruto después de siete meses de campaña fue el sosegarse esa provincia; se volvieron a poblar las haciendas y ranchos; los vecinos pudieron criar sus ganados y abastecer de carne a la ciudad de México; cultivar sus tierras y beneficiar las minas de Boca de Leones, las de Salinas y las de las jurisdicciones colindantes. Muchos indígenas pidieron la paz y respecto a los capturados expresaba que fueron llevados a casas de buenas familias para que los educasen cristianamente, pues si retornaban a sus pueblos se fugaban y volvían a su "barbaridad, fiereza, indevoción y apostasía". 18 De manera muy distinta calificaron Villalobos, el regidor Luís García de Pruneda y otros la actuación de Arriaga al considerar que no era guerra justa ni defensiva la que había ejecutado sino ofensiva. El primero dio cuenta al Consejo de los atroces homicidios y las ventas que se habían practicado pidiendo que para su remedio se le restituyese a su puesto. Sostenía que en esa causa estaban involucrados ministros de la Audiencia de México como el marqués de Villahermosa de Alfaro, por no haber querido escuchar, en su condición de juez general del Juzgado de Indios, a los que de Nuevo León habían ido a pedir justicia; también José Gutiérrez de la Peña, "declarado enemigo de los indios y defensor juez protector de los agresores" y Pedro Malo de Villavicencio, muy estrecho amigo del capitán Francisco de Arriaga y del gobernador, su padre, "agresor de estos estragos" con la protección del virrey. García de Pruneda manifestaba que era tanta la pasión del virrey Casafuerte a favor de Arriaga que mandó prender y castigar a los indígenas que fueron a quejarse de las violentas e injustas muertes y desolación cau-sadas por aquel y sus soldados, la mayoría de los cuales murieron en las cárceles de México sin confesión. 19 El cura y vicario de la ciudad de Monterrey, Juan de Arellano, declaraba que a los indios que apresaban en las campañas los repartían de la siguiente forma: se separaba el quinto para gastos de guerra; el capitán de la expedición apartaba los que les parecían para él y el gobernador y el resto se distribuía entre los soldados. Casafuerte, aunque en un principio felicitó a Arriaga por su gestión, no tardó en advertirle que si la guerra había sido ofensiva era algo reprobable, como también lo era el que los oficiales y soldados indisciplinados se creyeran que podían salir a lo que llamaban campañas, pero que realmente eran "caza de gentiles y batidas de indios", de la misma forma que si se tratara de fieras. Le ordenó que se ajustara a las Leyes. El Consejo pediría informes en 1724 y 1726 al virrey enviándole copias de los memoriales remitidos por Villalobos. Casafuerte no contestó por entonces y desde el Consejo se le volvería a insistir en mayo de 1728. Al fin manifestaría que los alegatos de Villalobos y su pretensión a la protectoría eran totalmente desestimables y no tenían conexión alguna con las matanzas de indios que se habían producido en Nuevo León. Los numerosos memoriales que Villalobos dirigió a la máxima autoridad virreinal y al gobierno de Madrid desde que se le cesó; el destierro; su petición de ayuda a los ministros Andrés de Pez y José de Grimaldo; sus viajes; el gasto que le ocasionó esta empresa y otras penalidades sufridas, reflejan el gran esfuerzo de este hombre por recobrar por todas las vías posibles un empleo que se le había arrebatado de improviso, aunque el pre-texto, verdadero o no, fuera su defensa de los indios. Sin embargo, este caso revelaría también la existencia de una trama de intereses en la que las parcialidades y la corrupción estuvieron presentes y que en la medida de lo posible trataremos de desenredar. Cierto es que en los comienzos de esta historia, Barbadillo, al igual que lo hicieron primero los religiosos, censuró la cavilosidad de Villalobos, su escasa inteligencia, su engreimiento con el cargo e ineptitud para el mismo, cuando poco antes había dicho todo lo contrario. No obstante, ni el uno ni los otros detallaron hechos concretos de su díscola y altiva conducta, ni hubo declaración de testigos, ni demandas judiciales por parte de algún posible afectado que justificaran el cese. El propio Villalobos estaba en la incertidumbre de si había servido dicho empleo o no e intentó que se lo aclararan. Si se estimara que lo había ejercido quería saber cual fue el motivo de la suspensión y, en caso contrario, no existía causa para tal cese. Aseguraba estar dispuesto a "dar plenísima satisfacción a la más mínima queja que se hubiere dado contra mí y cuando no la diere que se me castigue conforme al delito". Denunciaba Villalobos que como él no se amoldaba a lo que el gobernador definía como "esencia del empleo", que era el consentimiento de lo que se estaba haciendo con los indios y, "además, no era lisonjero", lo tachaban de "inquieto, revoltoso e inhábil". En su opinión, la carta de los jesuitas en su contra era falsa y se debía al poder de Barbadillo como gobernador y aún más siendo ministro togado. Afirmaba que a los de la Compañía, al ser dueños de haciendas en ese territorio e interesados en el servicio personal de los indios, no les traía cuenta que hubiera protector, porque él no permitía iniquidades, defendía la justicia y los amparaba, sin consentir que se quedaran "con el sudor y trabajo de estos pobres". Pensaba que a los indígenas debían de repartírseles tierras y agua para que cultivaran por sí mismos sin que los misioneros intervinieran en la siembra y recolección, ya que aquellos no necesitaban "comer por mano ajena".Y respecto a su relación con los frailes precisaba que sería buena si ellos y todos los enemigos de los indios fueran al fin que él iba. Tenía la certeza de que aunque sus rivales "asestan el tiro y disparan contra mí, no es el blanco donde tiran a mi persona, sino al empleo". 21 Estas y otras acusaciones sobre la resistencia de las autoridades y vecinos de Nuevo León al establecimiento y permanencia de los pueblos de indios, no eran más que una situación semejante a la que había encontrado Barbadillo años atrás en la comisión de la visita y revelado con anterioridad el duque de Linares. El virrey había hecho una llamada de atención acerca de que en ese Reino había "descamisados" propietarios de tierras de 50 y 100 leguas de contorno por merced de los gobernadores. En cambio, no existía ni un palmo de terreno para crear tales pueblos sin que surgieran multitud de inconvenientes. Lo atribuía tanto a que los dueños no querían desprenderse de las tierras como a que perdían las ventajas adquiridas teniéndolos en las congregas. En esta red de intereses podemos suponer que a Barbadillo no le agradó que el nombramiento a Villalobos no le fuera confirmado por el virrey. También es perceptible que su papel como gobernador era substancialmente distinto del que tuvo antes como visitador. En el periodo de su comisión llegó a manifestar, en lo relativo a los gobernadores de esa zona, que no administraban justicia y sólo atendían a sus conveniencias y al desempeño de las deudas que llevaban contraídas. Y es que, al ser tan públicas y comunes las voces de las crueldades que se habían cometido con los indígenas, hizo que el escribano le proporcionara una certificación de las causas que se hubiesen fulminado contra españoles de diez años a esa parte por esta razón y quedó sorprendido de que no constara ninguna. Según le habían asegurado algunos curas, el matar indios en esa tierra no se consideraba "materia en que recayese la absolución". 22 Villalobos era del mismo sentir en relación a los gobernadores durante el tiempo en que Barbadillo ejercía como tal en ese Reino. Argumentaba que el único fin de estos mandatarios no era otro que "el de su interés, coger el sueldo y aniquilar a los indios y esclavizarlos". Aunque Villalobos no entraba en enjuiciar si esta persona pretendía la esclavitud o libertad de aquellos, lo que sí creía era que por su causa se había experimentado la opresión y ruina en los pueblos. Otros, por el contrario, alabarían su gestión. Si bien Barbadillo en ambos ministerios, visitador y gobernador, defendía la importancia del empleo de protector en esa tierra, de igual manera queda demostrado que como gobernador intentó ejercerlo él perso-nalmente con la apariencia de ser de balde y emplear los 700 pesos del sueldo en la adquisición de armas. Esta actitud choca con su postura anterior y con lo contenido en uno de los capítulos de las ordenanzas que para los pueblos de indios había formado él mismo y en el que se recogía que el protector debía de quedar inhibido de la jurisdicción del gobernador. Villalobos le reprochaba que su disposición para desempeñar el puesto gratuitamente eran "ardides de la codicia para lograr más su interés y no tener encima quien le reprima y abstenga sujetando sus iniquidades". Por eso defendía el cesado protector, en su propio beneficio, que el empleo fuera independiente del gobernador. En su criterio, el proyecto de Barbadillo de comprar armas y tenerlas dispuestas para cuando hiciesen falta era una idea poco práctica, ya que habría que pagar a personas que se encargaran de su continuo cuidado por ignorarse la hora de su uso, que nunca llegaría, pues los asaltos de los indios eran repentinos y simultáneos en distintos parajes. 23 Del mismo modo es significativo que, pese a que Barbadillo había manifestado que el cargo de protector no convenía que lo ejerciera un vecino de Nuevo León, pretendiera esa plaza después de la inhabilitación de Villalobos su asistente y testigo del nombramiento de éste, Juan Muñoz de Herrera. El asistente era yerno del teniente de gobernador de ese Reino, Luís García de Pruneda, amigo de Barbadillo y persona de mucho arraigo e influencia en esa región, debido a la saga de gobernadores que hubo en su familia (su tío Domingo de Pruneda, su hermano Cipriano García de Pruneda y su suegro Alonso de León que, además, era descendiente de conquistadores). También Luís García de Pruneda había ejercido ese puesto en 1708 y brevemente en interinidad en 1723 a la marcha de Barbadillo, a más de desempeñar varias comisiones. Esta persona era a la vez y desde hacía unos diez años, aunque no había pedido la confirmación, regidor decano y alcalde provincial de Monterrey y su hijo Juan García de Pruneda regidor y alguacil mayor del mismo Ayuntamiento. Al ser éste menor de edad servía su cargo un teniente, pero quien en realidad ejercía estos dos oficios era el padre y como el otro regidor y alférez real, Antonio López de Villegas, no acudía por estar enfermo o si iba "por no ahorcarse convenía en el dictamen de D. Luís", no había quien pudiera oponerse a la voluntad de Pruneda padre, el cual goza-ba del poder total de "abrir y cerrar la puerta en dicho cabildo". Con ese conjunto de cargos consolidaba, pues, García de Pruneda el más absoluto despotismo que había padecido esa región en la cual poseía tiendas y un gran número de propiedades. 24 Ignacio Báez Treviño, el religioso que anteriormente había alabado las virtudes y buen proceder de Villalobos, junto con el maestro de estudiantes del Colegio de San Javier de Monterrey, Bernaldino de Baraldúa, sería el que estando aquel en plena campaña para intentar recobrar el empleo y en respuesta a una consulta del virrey Casafuerte en 1723 acerca de si había necesidad de protector de indios en esa región, manifestó que no eran precisos ya que los gobernadores los habían atendido siempre "con gran amor y caridad" y sin costo alguno para la Real Hacienda. En su opinión, los protectores eran "hombres pobres fallidos" propensos a no omitir ningún fraude y a esclavizar a los naturales haciendo que en cada pueblo les sembraran una fanega de maíz y si no recibían alguna dádiva de los vecinos que les pedían indios para su servicio, los dejaban sin ellos. Aseguraban que para tenerlos contentos les consentían toda clase de vicios y delitos. Recordaremos que este jesuita era hijo de Francisco Báez Treviño, gobernador por dos veces de Nuevo León, la segunda en la época en que Barbadillo había sido visitador, y ya conocemos la opinión que éste tenía de él y de otros gobernadores de esa región. Hay que tener presente que en esa tierra sólo habían existido dos protectores -Urrutia y Villalobos-y al primero ya hemos visto cómo el virrey Valero le felicitó por su buen hacer en este destino, por lo que parece que sus críticas iban dirigidas, principalmente, a Villalobos. En cambio, Báez Treviño y Baraldúa no escatimaban elogios en pro del gobernador de ese momento, Juan José de Arriaga, quien pasaba por un complicado trance a consecuencia de su controvertida actuación con los indios y en especial por su sonado enfrentamiento con el regidor Luis García de Pruneda, al que insultó y agredió. Este segundo hecho, al que se encadenarían otros de distinta índole, exagerado por García de Pruneda con testimonios de sus parciales y de tes-tigos al parecer comprados, le supuso en principio a Arriaga el destierro 30 leguas en torno de Monterrey mientras un comisionado por el virrey, Antonio Bustamante, hacía las correspondientes averiguaciones, por lo que dejó como sustituto en el gobierno a Pedro de Sarabia Cortés. A Sarabia también se le atribuyeron desmanes contra los indios, estimándose que tanto él como los demás gobernadores de Nuevo León lo que buscaban era exterminarlos y destruir los pueblos para apoderarse de las tierras. 25 En cuanto a las intenciones de Villalobos, es obvio que en sus escritos había cierta dramatización acerca de la ruina de ese Reino y del proceder de los gobernadores, hacendados, pastores, curas y demás con los indígenas. En su dilatado camino reivindicativo supo aprovechar unos lamentables y concretos sucesos que se produjeron en ese tiempo para atribuirlos a la falta de protector y alcanzar su objetivo de recuperar la plaza. Claro que, en esta red de conveniencias, García de Pruneda utilizó también las denuncias de Villalobos sobre las iniquidades cometidas por Arriaga y sus capitanes con los indios en beneficio propio y tapadera de algunos de sus ya habituales desmanes, ya que, como hemos referido, mantenía una palpable rivalidad con dicho gobernador. Arriaga, por su parte, no consideraba a Villalobos apto para ese destino por caviloso y coincidía con la voluntad de Casafuerte de suprimir el empleo por inútil y costoso, alegando que los gobernadores siempre atendían al buen tratamiento de los indios. Este gobernante, al que algunos de sus defensores reconocían como "el nuevo conquistador y pacificador de Nuevo León", se arrogaba haber asistido en persona con diversos capitanes a más de 40 campañas contra los indios infieles y apóstatas, de las cuales 18 fueron victorias y todo a expensas de su caudal. 26 De la misma manera, Luis García de Pruneda se vanagloriaba de haber ayudado a Barbadillo como nadie en la fundación de los cinco pueblos de indios; de ser el único que había hecho prevalecer la justicia y la razón "en defensa del pobre desvalido, por lo cual los gobernadores y sus parciales le tenían ojeriza". Por contra, otros denunciaban sus atropellos llamándolo "tirano de honras y haciendas" y señalaban que las campañas las había hecho con dinero ajeno, a tenor de lo sucedido con una que efectuó el capitán Salvador de la Garza pagada de su bolsillo y aquel quiso que le diera una certificación donde constara que había sido sufragada por él, a lo cual se negó el capitán. 27 Villalobos, a su vez y pese a su fulminante destitución, se preciaba de haber cumplido exactamente como protector con lo que se le había ordenado. En su hoja de servicios figura que practicó todas las diligencias encaminadas al amparo y defensa de los indios de Nuevo León, habiendo conquistado y reducido a más de cuatro mil, a los que puso en ocho pueblos que estableció junto con familias de tlaxcaltecas que trajo de la misma ciudad de Tlaxcala y de otros lugares sin costo alguno de la Real Hacienda. Decía haber gastado todo su caudal por el excesivo trabajo que conllevaba este empleo, ya que se recorría las 200 leguas de extensión que tenía aproximadamente ese Reino visitando los pueblos de indios, gestionando su aumento y agasajándolos con regalos para conseguir su reducción al gremio de la Iglesia y obediencia al monarca. 28 La total veracidad de los abultados méritos de unos y otros logrados en Nuevo León, así como de todo lo sucedido en este caso que estudiamos, sin someterlos a tela de juicio, quedan al menos en entredicho si atendemos a la diversidad de rumores que se hacían circular según conviniera a unos u otros, a las redes familiares y clientelares, a lo que afirmó el protector Urrutia acerca de la falta de independencia de los escribanos de esa provincia, ya expuesto, o a lo que declaraban Arriaga y otros en relación con García de Pruneda. Al parecer, Francisco de Mier Noriega -que había adquirido la plaza de escribano público de Monterrey con dinero de Pruneda con la condición de que habían de ir a medias en los derechos y aún de pagarle un 7%-le dio varios testimonios falsos y entre ellos algunos sobre méritos y servicios que aquel no había efectuado. 29 La gran baza que supo utilizar Villalobos en su provecho, como se ha apuntado, fueron las injustas muertes de indios en las campañas de Arriaga y de algunos de sus capitanes. Quizás por eso Casafuerte, que ya manifestó que no tenían relación alguna con la falta de protector y que ese asunto ya había sido juzgado debidamente, dijera de él que lo que había representado, tanto en México como luego en Madrid, no había sido más que "una genial sedición, pues aunque en el caso de que sin causa justa se le hubiera suspendido el nombramiento, no habiendo tenido la posesión del cargo no se le hacía agravio ni injusticia en la retención". Estaba persuadido de que sus recursos habían sido subrepticios, "mal fundados sus derechos y maliciosos los fines de conseguir de V.M. lo que aquí se le denegó". Sugería el virrey que si el monarca deseaba concederle algún empleo a este sujeto, fuese en una ocupación que no se mezclara con indios. Insistía en que no se le diera el de protector, porque estos cargos eran "inútiles y aún nocivos a las provincias" y a aquellos les suponía dilación en sus causas, sirviendo sólo de gravamen al Erario. De hecho, lo que practicó esta autoridad fue observar lo ya resuelto antes de su llegada al Virreinato, es decir, que no era necesario el empleo de protector de indios y que Villalobos carecía de capacidad para desempeñarlo. Y en consecuencia, afirmaba haberlos quitado de todos los lugares en que los había. Suprimiría, además, la plaza de fiscal protector de indios del distrito y jurisdicción de la Audiencia de México ocupada por Felipe Tineo. 30 Por otro lado, esta claro que la conducta de Villalobos incomodaba a muchos, incluso del entorno del virrey, con intereses en Nuevo León. Conforme a una certificación del escribano que lo acompañó en México, un oficial del superior gobierno del cargo de José Morán llamado José Zorrilla, le dijo en tono alterado y amenazante: No basta de la manera que trae a tanto hombre honrado con lo que ha escrito a España por cuatro indios perros chichimecos que debieran ahorcarlos a todos que no quedara ninguno y entonces estuviera el reino mejor, que no tiene la culpa si no es quien aquí lo consiente y no lo pone en un presidio o en China, pero no le de cuidado que ya se le está disponiendo la cama y yo haré que lo quiten de aquí y veremos a ver el redentor de los indios cómo se redime así mismo. El mismo escribano atestiguaba que en su presencia se había dicho que el gobernador Arriaga había jurado que iba a matar a Villalobos de un trabucazo por haber escrito al rey en su contra en el asunto de la muerte de los indios de Nuevo León.31 ¿Desagravio o arreglo final? Ya hemos visto cómo las persistentes tentativas de Villalobos por recuperar la plaza fueron inútiles. Sus esfuerzos para que la Cámara de Indias le certificara el no haber percibido los sueldos de dicho empleo fracasaron igualmente. Se había marchado a Madrid, como ya se ha comentado, sin licencia del virrey porque decía que en México se le cerraron todas las puertas de la justicia, se le desterró 50 leguas y amenazó con presidio si presentaba más instancias. En Madrid estuvo durante cuatro años en los cuales explicaba que había padecido muchas penurias por haberse gastado todo su patrimonio en servicio del monarca, abandonando sus casas de México y Nuevo León para defender la causa de los indígenas. En compensación y atendiendo a sus méritos, pretendió sucesivamente los gobiernos de Puerto Rico, Isla Margarita, Nuevo León y Honduras, pero no se consideró oportuno incluirlo en la terna de cada uno que se presentaba al rey. 32 Sin embargo, pasados once años, el asunto dio un giro. Teniendo en cuenta lo que Casafuerte expusiera en 1730 sobre que se le podría dar otro empleo excepto el de protector y valorando, así mismo, el Consejo que eran ciertas las muertes y ventas de indios durante el gobierno de Arriaga "y la inocencia de Villalobos", decretó en 18 de agosto de 1731 que acudiera a la Cámara de Indias, en donde se determinó que se le tuviere presente para alguna vacante de alcaldías mayores. A los pocos meses se le propuso en primer lugar para la de Texcoco. Finalmente, Felipe V, sobre consulta de la Cámara de 18 de noviembre de 1733, le confirió el corregimiento de Huamanga (Perú), plaza que había sido beneficiada antes e igualmente lo sería después de esta designación. El 18 de marzo de 1734 se le despachó el título de corregidor de esa población peruana en el que, de forma casi idéntica a la que Villalobos había detallado en sus memoriales y certificaciones, el monarca hacía mención a lo bien que le había servido durante 26 años en distintos destinos y, curiosamente, en el de capitán protector general de indios del Nuevo Reino de León. La duración del nuevo cargo era por cinco años, con un sueldo anual de 2.000 pesos ensayados de a 450 maravedíes cada uno. 33 Para poder costear tan dilatado viaje y las deudas contraídas pidió que se le pagaran los sueldos que afirmaba que se le debían desde el 21 de febrero de 1720, en que Barbadillo le nombró protector, hasta el 18 de marzo de 1734 en que se le confirió el corregimiento de Huamanga en cantidad de 1.400 pesos anuales. La razón que daba era la de haberse ocupado todo ese tiempo en la solicitud y defensa de los indios. Es perceptible que los emolumentos reclamados por Villalobos excedían a los que pudieran corresponderle, pues tanto en el nombramiento hecho por Barbadillo, que ya sabemos que se derogó, como en el del virrey Valero, que tampoco tuvo efecto, constaba que el sueldo asignado eran 700 pesos, sin los 350 de más que se le señalaron a su antecesor, Urrutia, por los dos escoltas y el tabaco y que en total sumaban 1050 pesos. Se evidencia, pues, que lo que hizo fue interpretar a su conveniencia ambos títulos. Si no hubiera sido así, no tenía por qué haber solicitado en 1720, como lo hizo, dos escoltas que, por otra parte, se le denegaron. No obstante, el Consejo ordenó al virrey en 1735 que se le oyera en justicia y se le pagara lo que legítimamente se le debiera. 34 Villalobos hizo el juramento del puesto de corregidor en Madrid el 1.o de abril de 1734. Estando en Cádiz, se le dio despacho el 10 de mayo de 1735 para que se embarcara, junto con dos parientes y un criado, en uno de los dos navíos guardacostas. Poco más sabemos de este fugaz protector de indios, tan sólo que pretendió que se le honrara con el grado de coronel de caballería de los reales ejércitos "para su mayor autoridad y decencia del citado empleo". Se le respondió "no ha lugar". 35 En mayo de 1736 se expidió título de ese corregimiento a Sebastián Cabrera "para sustituir al último previsto" en deferencia a sus méritos y a haber entregado 4.000 pesos de a 10 reales de plata en la Tesorería General. El cargo de protector general de indios del Nuevo Reino de León no sólo era útil sino preciso en una etapa de la historia de esta provincia en la que se trataba de introducir unas reformas en la organización de la población indígena mediante la abolición de las congregas y el establecimiento y consolidación de los pueblos de indios. Así lo entendió Barbadillo, tanto en su condición de visitador como en la de gobernador, y fue apoyado por sus superiores. Su carácter efímero dependió más que de la falta de honradez y esmero del individuo que ocupaba ese destino -aspectos que naturalmente no hay que desestimar-, de las trabas que pusieron los gobernadores y demás grupos dominantes, ya civiles o eclesiásticos, y, a veces, del débil apoyo del gobierno virreinal, además de la burocratización y sus contradicciones, que tanto ralentizaban y complicaban la resolución de los negocios. Los roces jurisdiccionales y las pasiones, afanes e intereses de cada colectividad impidieron que tal empleo se afianzara, máxime, con una costumbre tan arraigada en esa región fronteriza y alejada del gobierno central, como era la de utilizar el servicio de los indios con una nula o muy escasa remuneración e, incluso, conseguir ganancias con su venta. Por otra parte, muchos indígenas se habían habituado a obtener víveres y demás géneros por medio de los asaltos o de una fingida paz que prometían una y otra vez sin tener que someterse a la servidumbre de los pueblos. Este conjunto de circunstancias repercutían desfavorablemente en las relaciones de convivencia entre colonos e indios y en el sistema económico y laboral de la región. De igual forma, para los casi siempre consumidos fondos del Erario era un alivio suprimir costes.
El objetivo de este artículo es describir el proceso de formación de una imagen literaria del sistema colonial de plantación en Surinam y su evolución desde los primeros años de la colonización europea. Dicha imagen se desarrolló de forma paralela a la constitución de una sociedad con características socio-étnicas y económicas determinadas por el sistema de explotación al que fue sometida y que alteró la idea de colonización que originariamente se proyectó sobre la región. Más tarde surgió también una imagen retórica reflejada en la literatura de propaganda, en la información que circulaba entre los colonos, obras de cronistas o memoriales de viajeros y estadistas de la época, las cuales se fusionaron con una literatura que describía la verdadera sociedad, de pilares étnicos, que emergió a partir de la esclavitud. El objetivo de este ensayo es de base histórica. No se pretende explicar exactamente cómo fue, y como se ha escrito, la historia social y económica de Surinam como empresa de plantación entre los siglos XVII y XIX, tema ya tratado ampliamente en una larga bibliografía sobre el tema. 1 La intención es ilustrar como, en su esencia, esta historia económica fue paralela a la creación y consolidación de una imagen literaria del desarrollo de los complejos de plantación y de la sociedad derivada del mismo. Este proceso se desarrolló a partir de las primeras instalaciones de colonos europeos en la Guayana en torno a la segunda mitad del siglo XVI, extendiéndose hasta el año de la abolición de la esclavitud en las colonias holandesas del Caribe, 1868, o mejor dicho, hasta el proceso del denominado "largo adiós" al sistema de mano de obra forzada empleada en estos territorios americanos, que se alargó incluso bajo diferentes tipos simbióticos con el modelo esclavista en décadas posteriores a 1880. 2 Como sabemos, los sistemas de plantación en las Antillas y en aquellas regiones que, debido a diversos factores, estaban integradas en la economía atlántica, como Brasil y Surinam, recibieron una gran influencia de los métodos y técnicas neerlandesas agrícolas, a través sobre todo del traspaso de capital y de mano de obra esclava. En el mapa de las economías de plantaciones atlánticas, Surinam aglutinaba muchas de las características técnicas, y sobre todo sociales y económicas, que definieron a estos sistemas, caracterizados por la propiedad efectiva de sus recursos naturales en manos de unas instituciones corporativas metropolitanas adaptadas al expreso propósito de explotar una mano de obra importada y los beneficios de dicha explotación en sí con objeto de generar un lucrativo negocio para la metrópolis. Este sistema económico fue forjando en la colonia de Surinam y los territorios aledaños de Berbice y Essequibo, una sociedad 1 Este texto se ha llevado a cabo en el marco del proyecto "Naciones y comunidades: perspectivas comparadas en la Europa Atlántica, 1650-1830" (Plan Nacional I+D+I MICINN), Referencia 2006HUM-01679, y en el proyecto: Red de Estudios Comparados del Caribe y Mundo Atlántico, MEC (2008-09). Agradezco a Anja Bandau, Ineke Phaf-Reinberger, Leida Fernández Prieto, Loles González-Ripoll y Martha Zapata Galindo sus amables y agudos comentarios durante nuestra sesión en Tübingen (Alemania) en marzo de 2009. Existe una bibliografía sobre el sistema de plantación en Surinam, la mayor parte de ella en neerlandés: Van Stipriaan, Surinaams Contrast; Oostindie, Roosenburg en Mon Bijou; Van De Voort, De Westindische plantages; Crespo Solana, América desde otra frontera. Para una visión historiográfica de este problema véanse Oostindie, "Voltaire, Stedman", pp. 1-34; Drescher, "The Long Goodbye", pp. 25-67. Sobre los orígenes de la llegada de los primeros colonos nordeuropeos a la Guayana se puede consultar la síntesis elaborada en Crespo Solana, América desde otra frontera, pp. 99-112. que ya incluso entre los propios escritos de viajeros y filósofos de la Ilustración alcanzó una sólida reputación. Al mismo tiempo también iba siendo conocida entre sus rivales del Caribe (especialmente en Jamaica y Saint Domingue) por la opulencia desmedida de los plantadores y por el despiadado y violento trato a una numerosa población esclava hundida en la miseria. 3 Pero, en términos generales, era este el leit motiv de la economía de plantación caribeña que tiene parangón con otros procesos semejantes derivados en otras áreas del planeta y que de alguna manera ha promovido, valga la redundancia, la regionalización de las regiones. 4 En Surinam, una de las premisas que unificaba en cierto modo a esta economía era, aparte del uso de mano de obra esclava, la formación de una clase cerrada de colonos blancos propietarios de tierras que poco a poco se convirtieron en una elite de explotadores absentista. Pero mostraba también diferencias en lo referente a la organización administrativa de la colonia, la cual se gestionaba a través de la dirección de una Sociedad privada por acciones, la Sociedad de Surinam (Societëit Van Suriname), creada en 1680, en connivencia con otras diversas empresas o negocios en manos privadas organizados por las provincias marítimas neerlandesas. 5 Con objeto de extraer la máxima producción, los Estados Provinciales de Holanda decidieron en 1682 militarizar fuertemente la colonia, aunque dejando las competencias gubernativas y jurídicas en manos del gobernador general y unos jefes militares. 6 Este área geográfica, denominada por los holandeses Wilde Kust (Costa Salvaje), podría decirse que era una auténtica isla metafórica. 7 Su destino desde el punto de vista de la economía política, estuvo unido al de las Antillas. Constituía una zona que, como muchas de las pequeñas islas, era marginal en las rutas del comercio español de las flotas de Nueva España, pero formaban, por sus características medioambientales, unas regiones aptas para la deforestación y la implantación de una agricultura de explotación extensiva. Eran zonas vírgenes en las cuales se podían establecer pequeños núcleos comerciales para ejercer el contrabando con otras áreas internas del propio Caribe, norte de Venezuela y Brasil. Debido a diversos factores, Amsterdam se convirtió muy pronto en foco de atracción 3 Oostindie, "Voltaire", p. ISSN: 0210-5810 para unas actividades comerciales que conectaban la economía báltica con el Nuevo Mundo, a través sobre todo de las redes de negocios de las comunidades de judíos sefardíes transmigradas por varias ciudades y regiones de Europa y América. Este proceso fue incrementándose desde la toma de Amberes por las tropas de Alejandro Farnesio en julio de 1584. 8 Así, Brasil y la Guayana se convirtieron en eslabones fundamentales de una cadena económica que relacionaba los puertos del norte de Alemania, a través de Holanda, Portugal, sur de la Península Ibérica e islas atlánticas, con ramificaciones en Venecia y el Levante Mediterráneo. Tales intercambios se movían por el interés de estas redes de mercaderes con base en Holanda y Zelanda en la producción de tabaco, en primer lugar, y más adelante, también de azúcar. Esos negocios coloniales constituían una promesa de prosperidad que alentó los viajes de comercio y colonización en la zona colindante del río Amazonas, que esta literatura empezó a reflejar como el "Otro Jordán", a la búsqueda de nuevos territorios donde establecer enclaves de comercio de trueque con los indígenas y buscar oro. 9 Desde el principio de esta penetración Europa se diseñó una imagen retórica de la Guayana, primero con la intención de crear efectos propagandísticos con el fin de atraer inmigración dentro del marco de los proyectos demográficos. Es una literatura que evoluciona desde la recreación del mito de El Dorado, muy presente en la iconografía y en la imaginación europea de la época, hasta la reproducción de unas crónicas literarias sobre viajes, proyectos o memorias en torno a la idea del trasvase de una civilización europea idealizada en el Nuevo Mundo. Posteriormente, ya entrado el siglo XVIII, y en parte influido por el sentimiento de fracaso de estas pioneras utopías colonizadoras, expresado por ejemplo en muchas de las memorias enviadas por los gobernadores de la colonia al gobierno de la República, se creo una imagen literaria orientada a promover la alta capitalización y explotación extensiva de las plantaciones que atravesaron diversas crisis económicas, una locura inversionista (entre 1760 y 1775 aproximadamente) y unos cruentos periodos de guerra con los denominados Bosch negers, o cimarrones, que habían huido de las plantaciones hacia el interior de la selva formando una sociedad en el margen de la colonia. Este proceso sería ampliamente descrito en las crónicas de los siglos XVIII y XIX, como en la obra del soldado John Gabriel Stedman. 10 El contenido de esta última, y 8 Crespo Solana, "Flandes y la expansión", pp. 13-85. 9 Van den Boogaart, Emmer, Klein y Zandvliet, La expansión holandesa, pp. 76-77. de otros textos de la misma naturaleza, es un retrato literario diverso, muy rico en matices y contenidos, pero en general centrado en la creación de una nueva perspectiva sobre un orden sociocultural determinado, que es el que va a ir evolucionando hasta prácticamente la Emancipación. Termina convirtiéndose esta literatura, y también los testimonios históricos escritos en los siglos XVIII y XIX, en relaciones que ilustran la evolución de la trayectoria vital de la colonia, una trayectoria vital que reconstruye poco a poco la identidad de esta isla metafórica. Así, encontramos una proyección en lo escrito, palabras generadas no sólo con fines literarios en época moderna y contemporánea, sino con motivos de acontecimientos históricos que impactaron en el devenir de la colonia. Sería una interesante línea de investigación averiguar cómo se refleja en este devenir literario o de la palabra escrita, del testimonio en sí, la evolución de la identidad de la colonia, contemplando un esquema de análisis transnacional. La sociedad de Surinam, así como las formadas a lo largo de los siglos en otros sistemas económicos de plantación, ¿constituyen, pues, una sola identidad o están compuestas de múltiples rostros o facetas? Las memorias sobre los primeros viajes de comercio y expedición. Los proyectos de colonización demográfica En los primeros viajes y expediciones de los europeos a la Guayana se plasmaba un anhelo de la búsqueda de El Dorado que se trasluce en obras como la de Johannes de Laet, director de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (West-Indische Compagnie, WIC) y cuya primera traducción francesa, de 1640, ilustra muy bien el sentido de estas primeras expediciones en la segunda mitad del siglo XVI. 11 De Laet había recibido abundantes informaciones de los navegantes flamencos que recorrieron las costas entre Venezuela y Brasil, presentando un rico y variado conjunto de datos geográficos, históricos, políticos y económicos, recogidos entre 1624 y 1636. 12 En la tercera parte del libro decimoséptimo se describe el Orinoco, según dice el propio autor, "de acuerdo a las noticias que dieron los españoles", y una relación de los hechos llevados a cabo por estos primeros conquistadores al visitar este río (las expediciones de Gonzalo Jiménez de Quesada y Antonio de Berrio). Se narra también la primera expedición de Walter Raleigh al Orinoco en 1595, aunque existe además un testimonio, escrito seguramente por el propio Raleigh en fecha anterior, que inspiró nuevos viajes al Amazonas en un tiempo en el que Inglaterra y Holanda pretendían penetrar en los territorios españoles a través de estas zonas marginales. Fue esto último la razón por la que elaboraron un catálogo de los ríos que desembocaban en el Amazonas, realizándose además en poco tiempo nuevas expediciones comandadas por ingleses, como la de 1596, por el capitán Laurens Keymis, y una tercera en el mismo año, bajo el mando de Thomas Masham. En 1616 tuvo lugar otro viaje de Walter Raleigh que, al igual que los anteriores, influyó en la creación del concepto de Amazonía. 13 También Laet describe el río Orinoco según las observaciones que le proporcionaron algunos viajeros belgas en la zona, así como la isla de Trinidad y la "isla comúnmente llamada Tobago, que los nuestros llaman ahora Nouvelle Walachre". 14 El libro decimoctavo se centra en la región de Nueva Andalucía y la isla Margarita, las de Cubagua y, especialmente, el Cabo Araya con sus islas salinas cercanas. Describe también Cumana, o Comena, y Venezuela, con sus ciudades, hasta el Gran Lago de Maracaibo, y de Maracapana, situada en los límites de este gobierno hacia Oriente, así como las Islas que bordean estas costas: Blanca, Tortuga, Orchila, Roca, y la de las Aves, Bonaire, Curaçao y Aruba. En este auténtico cruce de información que circulaba entre las incipientes naciones mercantilistas europeas en época tan temprana como las primeras décadas del siglo XVI se atisba el deseo de establecer intercambio comercial con los indígenas y buscar nichos ecológicos para el asentamiento de pequeños cultivadores europeos. 15 Posteriormente, surgen relatos más realistas que informan acerca de las nuevas situaciones socioeconómicas que se estaban produciendo en las colonias americanas, donde se empieza poco a poco un proceso de interacción social y étnica que parece extenderse. Por ejemplo, la obra de Anthony Knivet, marinero de la expedición del navegante y bucanero inglés Thomás Cavendish, tercero en circunnavegar el globo terráqueo, y que a finales del siglo XVI fue abandona-13 Las memorias sobre la expedición de Walter Raleigh a la Guayana son descritas en el interesante artículo de Pizarro, "Imaginario y Discurso", pp. 59-74. La obra original y una traducción al castellano: Raleigh, The discovery. Reimpreso por Schomburgk (ed.), The discovery. Existe una traducción al castellano, El descubrimiento, 1986. 15 Obras literarias como las de Aram, Leyenda Negra y López de Mariscal, Relatos. do en las costas de Brasil, es exponente de un tipo de testimonio escrito que no representa un caso aislado sino un prototipo de un marco literario que campaba por casi toda Europa occidental desde los viajes de Colón. 16 La obra de Knivet es comparable a otras crónicas de viajeros atlánticos que llegan a convertirse casi en un subgénero de la literatura euroamericana de la época. En concreto Aanwerkelijke reys describe también el origen de las razones de la ocupación de Brasil por los holandeses. Explica el autor como ya en época tan temprana como el año 1591, es decir, 33 años antes de la conquista real de Bahía en 1624, por las armadas holandesas, ya funcionaban estos mercaderes y plantadores judíos como nexos en el control financiero y tecnológico de las plantaciones de Brasil por parte de la República Holandesa, aún en guerra contra el imperio Habsburgo, factor este que influyó mucho en la forma en la que se llevó a cabo la conquista militar de las plantaciones del noroeste de Brasil. 17 En general este texto relata muchas otras aventuras y desventuras del autor que sirven para ilustrar crudamente las inseguridades y la vida de la colonia, en la que se mezclaban cuestiones referentes a unas malas adaptaciones de los colonos blancos a la vida en estas regiones con el surgimiento de unas determinadas actitudes por parte de la población nativa americana, y por las cruentas visiones del trato a los africanos que empezaron a ser llevados a Surinam. 18 Entre las décadas de 1650 y 1660, aproximadamente, empezó a proliferar una activa propaganda impresa para incentivar la migración de colonos europeos. 19 Fue una literatura de propaganda en gran parte escrita por judíos sefardíes, los cuales desempeñaron uno de los papeles más protagonistas a la hora de promocionar a una buena mano de obra en tránsito (en el contexto general de estas migraciones trasatlánticas), además de influir en las compañías de monopolio para la introducción de esclavos africanos. 20 Esta literatura era reflejo y, a su vez, era también una consecuencia intelectual, casi podríamos decir, de las iniciativas europeas no ya para el descubrimiento de tierras míticas sino por el ansia de oportunidades para 21 Las provincias marítimas de Holanda y Zelanda tuvieron una razón de peso para optar por la implantación de la economía de plantación dirigida en Surinam: la pérdida del acceso al azúcar brasileño tras ser expulsados de Recife en 1654. Surinam no puede entenderse sin la pérdida de Brasil. La Guayana casi se convierte, en este sentido, en un experimento pre-antillano aunque con muy poco margen de prioridad respecto al caso de Barbados, que derivó en lo que posteriormente se denominó "Revolución azucarera" en las Antillas, promovida, en un principio, por las aportaciones de capital y fletes baratos de los mercaderes neerlandeses y que William Green describió con su teoría del package holandés. 22 Así, en este contexto surgen memoriales que pretenden influir en la migración de colonos con intenciones de asentarse en parcelas de tierras con objeto de establecer plantaciones. Un exponente interesante para el área de Surinam fue la obra A Summary Description, de Balthazar Gerbier, la cual incluye una curiosa coletilla titulada: Advertisement for the men inclined to plantations. 23 El autor, nacido en Midelburgo, de familia hugonote, era cortesano, diplomático, diseñador arquitectónico e ingeniero, y pertenecía a una elite social muy propia del siglo XVII: una mediana nobleza, segundones de familias aristocráticas sin derecho a heredar las tierras familiares (que quedaban en manos del hijo primogénito), y con cierto nivel cultural. En algunas zonas del norte de Europa, el aumento demográfico de estas familias en tiempo paralelo a la proliferación de ciertos factores conflictivos en lo social y económico, como fue el proceso de los enclosures en Inglaterra, dio lugar a que muchos descendientes de estas medianas y pequeñas noblezas se viesen desprovistos de tierras e instigados a la emigración. Al parecer, este fenómeno animó a expulsar a una gran cantidad de emigrantes en una época en la que también proliferó la circulación de una literatura de información y propaganda sobre el Nuevo Mundo. Aunque, como indica Blanca López de Mariscal, no sabemos hasta qué punto dicha literatura pudo alentar la migración, si es casi seguro que muchos proyectos visionarios sobre la colonización de la Guayana y las pequeñas Antillas por europeos fueron, de alguna forma, una consecuencia más de los dramáticos cambios sociales y económicos experimentados en una buena parte de Europa. Se formó una cadena de viajeros y expedicionarios que, curiosamente, tal como pasó para el caso español, no han sido del todo catalogados como emigrantes por la historiografía, cuando lo eran. La mayor parte de estos colonos viajeros fueron emigrantes que aspiraban a convertirse en propietarios de tierras en el Nuevo Mundo.24 De la utopía a los primeros proyectos de colonización demográfica A pesar de su marginalidad, Surinam se integró rápidamente en el comercio atlántico multilateral y su devenir, así como el del resto de las economías de plantación antillanas, no puede entenderse sin su contextualización en la lucha competitiva de las naciones mercantilistas por la hegemonía atlántica incluso en épocas posteriores a la abolición de la esclavitud. En estas obras literarias se describen principalmente los problemas surgidos de la convivencia entre colonos europeos y su poca o casi nula capacidad de adaptación al clima tropical de la Guayana. Fue ello y el deseo de convertir esta región en una extensa área explotable de recursos agrícolas, deseo éste que en un principio parece que trajo también problemas entre algunos grupos de colonos y la dirección de la Compañía de las Indias Occidentales, lo que influyó en establecer un programa para la introducción de mano de obra forzada. Los comerciantes holandeses ya tenían por aquel entonces una buena participación en el comercio de esclavos atlántico pero unas circunstancias políticas actuarán como detonantes del incremento de esta población africana en Surinam. En medio de un ambiente hostil, los británicos tomaron posesión legal de la Guayana en 1662 y en el Tratado de Breda de 1667 donaron a los holandeses una parte de ella a cambio de la colonia norteamericana de Nieuwe Nederland, cuya capital Nieuwe Amsterdam había sido ocupada militarmente en 1664 por una armada inglesa. 25 Aún es posible barajar ciertas hipótesis acerca de las razones reales de este intercambio. Posiblemente, ya por aquella época, los ingleses tenían la intención de concentrar su presencia en América del Norte y expulsar a otras naciones de allí. Por otro lado, el mantenimiento de la colonia de Surinam había producido muchos dolores de cabeza a las autoridades británicas, que vieron fracasar su intento de trasplantar un poder subsidiario al del propio parlamento en la metrópolis y un gobierno de acuerdo a sus propias leyes, tal como describía hacia 1662 el interesante memorial del colono Robert Sanford. 26 Este contexto histórico es aún paralelo a la producción de una extensa literatura de información y propaganda sobre estas tierras, pero también existen algunos testimonios históricos sobre los problemas que repercutieron en lo que luego fue lo que podríamos denominar el fracaso del proyecto colonizador demográfico europeo de las Antillas menores y la Guayana. Por ejemplo, en las memorias elaboradas por William Byams, último gobernador de la Suri nam inglesa, se describen ya algunos conflictos entre plantadores de diversas nacionalidades (ingleses, escoceses, franceses, holandeses y judíos de distintos orígenes) no sólo por la posesión de la tierra sino por la implantación de un modelo administrativo independiente de la metrópoli y controlado desde las propias compañías de comercio. Es decir, un grupo de mercaderes-plantadores deseaba tener la posesión total y el dominio de la colonia sin contemplar la intromisión de las distintas metrópolis que competían por las posesiones coloniales. 27 En estas obras se contempla la proyección de Surinam como colonia de plantación, ya desde la época en que estuvo en manos inglesas, pero sobre todo describe un problema demográfico que parece que va a acompañar a la colonia a lo largo de su historia colonial y que influiría en su con-25 Una buena síntesis narrativa sobre la presencia británica en el Caribe: Alonso y Flores Román, El Caribe. figuración socio-étnica durante la época de la esclavitud: la incapacidad de adaptación por parte de los colonos de origen europeo que nunca terminan de integrarse en la colonia, quedándose cada vez más como una microsociedad aislada del modelo socio-étnico que luego va a tomar forma en la colonia. Ese modelo socio-étnico se derivará, en gran parte, del proceso de migración o diáspora africana que va a enriquecer la construcción de lo que ha sido denominado Black Atlantic. En la historiografía atlántica reciente se han separado el modelo teórico para el estudio de la diáspora africana (relacionada con el comercio de esclavos) y la formación de un Black Atlantic (que hace mayor referencia al desarrollo de una cultura criolla afroamericana) y que tan claramente puede verse en la literatura. 28 La construcción de lo que se podría denominar como un círculo cultural atlántico afroamericano es evidente, por ejemplo, en la América ocupada por los holandeses y en algunas regiones de África vinculadas a través de la migración forzosa pero también por la circulación de saberes y narrativas. 29 Algunas crónicas describen cómo fueron los primeros asentamientos europeos en Surinam y la llegada de los esclavos de origen africano. En relación a los europeos se ha descrito también cómo se organizaron desde el punto de vista institucional. Aunque no hay constancia de que existiera en el caso británico, como luego en el neerlandés, una intención por parte de los respectivos estados en crear unas colonias satelizadas institucionalmente (es decir, con organismos dependientes de una administración central) y unos mecanismos para la propagación de la Fe protestante y calvinista o anglicana, sí hay constancia de que, con carácter particular, los viajeros que se desplazaron a estos territorios sí ansiaban la creación de una América alternativa al modelo español: una América protestante y gobernada por una república ideal y democrática de propietarios libres. La proliferación de estas obras que iban más allá de las algo más simples relaciones de viajes con fines propagandísticos contó en Londres con una gran aceptación. 30 No sucedió tanto así en el caso holandés, los cuales siempre vieron más práctica la idea del control sobre una extensa área de producción que, sin duda, coparía el potente mercado de Amsterdam y enriquecería los bolsillos de las compañías de comercio de las dos principales pro-28 Chambers, "The Black Atlantic", pp. 151-173, y White, "Yes. 29 Fenómeno explicado en el interesante artículo de Phaf-Rheinberger, "Myths of Early Modernity", pp. 125-153. 30 Un ejemplo singular es la obra de Day, A publication of Guiana's plantation. vincias interesadas en los negocios coloniales, Holanda y Zelanda. El primer gobernador neerlandés, un miembro de la influyente familia Van Aerssen Van Sommelsdijk, logró una pacificación entre los colonos de distintas naciones. 31 En 1667 un viajero describía a Surinam como un pequeño emplazamiento militarizado entre los cauces Suriname y Commewijne y con un fuerte, que posteriormente sería denominado Nieuwe Amsterdam. Se afirmaba que a las costas llegaban muchos buques, aproximadamente unos 100 navíos de 300 toneladas al año, en una ruta que enlazaba la metrópolis y una población llamada Torarica, que contenía unas 100 casas y una capilla. Según un cronista, en dicho año había ya unas 500 plantaciones de pequeño y mediano tamaño, de las cuales 40 o 50 tenían sugar-works o ingenio, siendo la mano de obra esclavos traídos desde Guinea. 32 No existen datos exactos sobre el número de esta población blanca originaria pero era muy pequeña, sobre todo en comparación con el incremento de la población esclava a partir de esos años. De hecho, los datos más fehacientes apuntan a que en 1663 había una proporción del 55% de esclavos y un 45% de europeos y en 1830 esa proporción había variado notablemente, suponiendo sólo un 86% de esclavos frente a un 14% de europeos. 33 Casi podría decirse que, en gran parte, los proyectos de colonización demográfica que los mercaderes de Holanda y Zelanda desarrollaron sobre la Guayana fueron paralelos a la literatura de propaganda y, en cierta medida, inspirados por ella. La idea del "Gran Diseño" o el proyecto visionario de Willem Usellincx pretendía que la propia WIC se encargase, ante todo, de conducir a familias neerlandesas y protestantes de la Iglesia reformada calvinista a las que se les donaban tierras en premio a su emigración al Nuevo Mundo. Estas reglas figuran en los propios documentos fundacionales de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales desde comienzos de la década de 1630, cuando se dictaminaron las normas de colonización para la colonia norteamericana de Nieuw Nederland y que también fueron aplicadas a las áreas de Brasil y en la Guayana. 34 Aunque entre 1621 y 1661 estos proyectos de colonización demográfica fueron alentados por la propia Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, tras el trasvase oficial de la colonia a la República Holandesa, la migración de estas familias pareció ralentizarse de forma extraordinaria, si lo comparamos con lo que sucedió en las colonias españolas, por ejemplo, o incluso en las inglesas de Norteamérica. La elite colonial blanca experimentaría poco a poco una marginalización en Paramaribo, mientras se incrementaba la introducción de mano de obra africana para el trabajo en las plantaciones. La impronta de estas acciones otorgó tanto al proceso de colonización demográfica primero, como a la consolidación de los complejos de plantación después (principal aliciente para esta migración forzada a través del comercio de esclavos desde los fuertes del África occidental), un doble cariz de conflicto social y rentabilidad basada en la alta financiación y en la continua importación de esclavos. Los consecuentes problemas socio-étnicos serán el prolegómeno de la emergencia de una nueva sociedad criolla, poco a poco, y tras no poca violencia social y periodos bélicos que se sucederán entre 1680 y una fecha determinante en este proceso evolutivo de la configuración de una sociedad criolla negra en Surinam; me refiero a la gran rebelión de esclavos de 1832, en la que se produjo un feroz ataque a Paramaribo, donde se habían establecido las ya pocas familias de plantadores que quedaban. 35 Este proceso de configuración de una sociedad criolla negra parece acelerarse a partir de las primeras décadas del siglo XVIII y prácticamente se extenderá hasta la Emancipación, tal como es descrito en algunos testimonios de colonos, como el de Phillippe Fermin (1720-1790) de 1770. 36 Además, fue ampliamente comentado en obras de viajeros ilustrados como las de Jean-Baptiste Labat o de Joseph de Laporte. 37 Sólo indicar que este proceso se vive en medio de un contexto en el que se ha consolidado un modelo de economía de plantación que era una especie de sistema mixto neerlandés-portugués, en donde se veía la mano de los comerciantes judíos, aunque fuertemente respaldados por las finanzas de la República Holandesa. Es decir, era neerlandés en el sistema de financiación, transporte y comercialización (se duplicaba el modelo de Barbados) y luso-brasileño en el método de cultivo e incluso en la administración y sistema de propiedad dentro de la plantación. Empero, fue la alta capitalización y el trabajo forzado en los ingenios hidráulicos lo que produjo las grandes ten-35 Gomez, Reversing sail, p. 37 Labat, Nouveau voyage; y Laporte, El viagero universal (Guayana, vol. 21). siones sociales casi imposibles de subsanar y que derivaron en el absentismo de los plantadores y en las guerras civiles dentro de la colonia y con la propia República Holandesa a partir de la década de 1730, cuando el fenómeno del cimarronaje y las revueltas de negros se estaba extendiendo ya por todas las Antillas. En este contexto una nueva sociedad, una nueva identidad y unas nuevas condiciones que podríamos calificar de transnacionales, o al menos de impacto transnacional, se estaban configurando en Surinam. Para entenderlo hay que ver que algo importante estaba pasando en todas las Antillas, algo que estaba fuertemente condicionado (y aquí vemos una perspectiva de análisis de la World Connected History o Historia global conectada) por lo que está pasando en Europa, por la competencia entre España e Inglaterra, principalmente, y cómo las Antillas y la Guayana se convierten en moneda de cambio de los acuerdos diplomáticos. A partir de 1750, tanto en Surinam como en las Antillas, incluso hispanas, pues Cuba se va a ver incluida también de forma dramática en este círculo, se produce un incremento espectacular de la inversión capitalista con dinero procedente de muchas casas de comercio, especialmente holandesas e inglesas. Se introducen nuevas tecnologías, sobre todo de carácter hidráulico. 1762 se convertirá en un año crítico, en el que La Habana es atacada por los ingleses y se fuerza a firmar la Paz de París, que tendrá también repercusiones políticas en Holanda y en Francia. Parece que este cambio en la geopolítica de las Antillas va a producir de alguna manera una especie de concentración de esfuerzos inversores de la República Holandesa en su propia colonia que, sin embargo, lejos de alcanzar una producción tan elevada como la que se experimentó en sus compañeras antillanas, sí influirá en un desencadenante para los drásticos conflictos socio-étnicos y políticos. Esta realidad es recogida en los desesperados memoriales de los gobernadores, como Jan Mauricius, que describen los continuos ataques de los cimarrones a las plantaciones en la década de 1740. En 1760 el régimen colonial de Surinam se vio obligado a firmar tratados con los exesclavos denominados Aukaners. En 1770 la situación es tal que la Cámara de Amsterdam compra a la familia Van Aerssens la tercera parte de Surinam y en 1771 la WIC y la Cámara de Amsterdam se dividen la colonia. Surinam siempre fue una colonia privada pero ahora se divide desde Holanda para su sobreexplotación a manos de administradores pues la mayor parte de los plantadores han regresado a la madre patria y los pocos que quedan en Paramaribo sufren el ataque de los cimarrones y el abandono de su propia metrópolis. Surinam en el contexto histórico de los Plantation complex: Este modelo de economía de plantación en Surinam y sus derivaciones socio-étnicas no presenta, a grandes rasgos, unas importantes diferencias con otros ejemplos de los Plantation complex. La evolución de Surinam dependía históricamente de la inadaptación de los colonos blancos y de la reacción de los esclavos ante la violencia social generada por el absentismo de los primeros y por las exigencias económicas de las compañías de comercio. Al acerbo, tanto de la retórica de los testimonios coloniales (literatura, testimonios, crónicas, memoriales), como de la propia historiografía generada sobre el sistema de plantación, una aportación interesante podría ser el análisis comparativo. 38 Un modelo de análisis que debería tener en cuenta tres aspectos. Dos de ellos pueden ser claramente contextualizados en la historiografía sobre las economías de plantación caribeñas y se trata del análisis secuencial de los parámetros sociedadesclavitud-producción. 39 En lo referente al desarrollo administrativo-institucional, hay que hacer hincapié de que, en Surinam, los intereses mercantilistas de las compañías privadas por acciones fueron determinantes en la evolución de la administración colonial y, por ende, en su propia evolución interna económica y socio-étnica. 40 De forma paralela, el estudio social de los grupos humanos que habitaban la colonia califica no sólo a los colonoscomerciantes-plantadores, propietarios de plantaciones y administradores, sino especialmente a la mano de obra esclava, y a una sociedad alternativa a la que se establece en las plantaciones: una sociedad en la frontera, en el interior de la selva virgen, formada por nativos americanos de diversas etnias y esclavos huidos, y que ha sido descrita ampliamente en los abundantes testimonios literarios e historiográficos producidos por autores como Beeldsnijder, Oostindie, William, Price, etc. 41 Derivó en una sociedad basada en ese binomio plantadores blancos y esclavos negros, en donde el mestizaje entre ambos grupos es casi inexistente, aunque con extraordinarias excepciones que marcaron una ruptura en el seno de la propia socie-38 Crespo Solana, América desde otra frontera, pp. 20-23, Introducción. Curtin, The Rise and fall, pp. 113-126; y más recientemente: Bieber (ed.), Plantation Societies. 41 Hay muchos estudios sobre el cimarronaje en Surinam; véanse, por ejemplo, Beeldsnijder, "Om werk van jullie te hebben"; Groot, "A comparison", pp. 173-184; William, "Scenes of Horror", pp. 653-673; Scholtens, Bosnegers. dad, como se describe, por ejemplo, en el caso de la unión entre Stedman y la esclava emancipada Joanna y que circuló en Boston hacia 1834 como relato independiente. El propio editor afirmaba que era un exponente de la nueva república de ciudadanos de color que estaba surgiendo en Surinam y que diariamente se veía aumentada por la masiva huida de esclavos negros desde las plantaciones abandonadas por los propietarios blancos. 42 Esta sociedad resultante se vio sometida a los vaivenes producidos por los conflictos socio-políticos en la propia colonia, estuvo influida por la situación de la metrópolis holandesa en el Atlántico y desestabilizada por la competencia generada entre las potencias marítimas controladoras de los sistemas de plantación, sobre todo de aquellos que se convirtieron en los mayores centros productivos (como fue Saint-Domingue). También dependió de las reacciones de los grupos de plantadores y comerciantes europeos ante la cada vez más cruda realidad interna de la colonia originada por un violento sistema de dominación social y por el "miedo al negro" día a día más imperante en todo el Caribe. 43 Ese terror a la población cimarrona quedó patente en las memorias destinadas a los Estados Generales en 1740, por el propio gobernador de Surinam, solicitando la ampliación de la ayuda militar, y cuya respuesta, por parte de la República Holandesa, iba a desencadenar una cruenta guerra que es también descrita en la obra de Stedman. 44 El miedo y el aumento de la población cimarrona habían convertido al absentismo en un fenómeno habitual en las Antillas, como por ejemplo en Barbados, donde hacia 1775 los propietarios ausentes poseían el 30% de las explotaciones azucareras. La realidad social que se describirá a lo largo de todo el siglo XVIII y en el XIX en obras tan ilustrativas como las ya citadas de Labat o incluso posteriormente en la de Pierre J. Benoit (1782-1854), refleja, por una parte, el proceso de descriollización y alejamiento físico y emocional de la 42 Existe un extracto de la obra de Stedman dedicado solamente a la descripción de esta relación: "Narrative of Joanna", 1838. 43 plantación por parte de los propietarios blancos, que se quedaban en manos de unos administradores trabajando a comisión. 46 Y por otra parte, la emergencia de una sociedad alternativa a la plantación que poco a poco va apoderándose de la colonia y que la impregna de una verdadera identidad criolla en la que se conjugan la reacción anticolonial (contra los colonos blancos) y el transnacionalismo del que se va a enriquecer, con africanos, nativos americanos y posteriormente con un gran número de población de origen asiático, sobre todo después de la Emancipación. Esto se fue incrementando sobre todo a partir de las guerras entre la República Holandesa y los cimarrones, y especialmente tras la Paz de París (1763), quedándose este proceso identificado no sólo en esas obras literarias escritas sino en numerosos grabados de la época como los realizados por el propio Benoit o por William Blake, ese "infortunado lunático", como lo llamó el crítico Robert Hunt, en The Examiner de Londres, que grabó en 1796 trece ilustraciones para la obra de Stedman. 47 Ilustra la violencia con escenas de horror pero también describe a un nuevo grupo socio-étnico criollo que se convertirá en la alternativa a los pobladores criollos de origen europeo, tal como había sido la intención primera. 48 En estas obras se describe además a los héroes nacionales de esta nueva sociedad mestiza y multicultural, como la historia del africano Cuffy (actual héroe nacional), que encabezó en 1763 una rebelión reprimida sangrientamente, así como otros movimientos descritos por Jurrian F. de Frederici (en 1751) o Abraham de Veer en 1767, y que son reiterados en la literatura del Surinam decimonónico. 49 Fue, sin embargo, el gobernador Jan Nepveu quien describió de forma más fehaciente la emergencia de esta nueva sociedad criolla cimarrona incluso en sus críticas a la obra d J. D. Herlein, quien en 1718 escribió un curioso documento sobre la lengua criolla de Surinam. 50 Entre 1799 y 1802, durante la ocupación inglesa de este territorio, se intentó llevar a cabo una sangrienta represión con los pueblos cimarrones del interior de la colonia sin muchos resultados, por lo que se la devolvió a los holandeses, quiénes en 1804 volvieron a venderla a los ingleses, que la retuvieron hasta 1816. La razón de estos cambios continuos era debida a la situación política internacional imperante. Inglaterra deseaba retener la colonia, no porque extrajera beneficios o pensara que podría volver a reprimir a los ex-esclavos sino por otra serie de intereses políticos como las guerras napoleónicas y las secuelas del Congreso de Viena, que afectaron a la geoestrategia de una gran parte del Caribe, así como las consecuencias del recelo existente hacia la recién liberada Haití. En realidad, aunque los proyectos de colonización demográfica fueron un fracaso en Surinam, no lo fueron tanto desde el punto de vista económico. Las fuertes inversiones de capital, el alto nivel tecnológico y el régimen de trabajo intensivo dieron lugar, ya desde el primer momento, a que se alcanzara un alto nivel de producción, aunque sin poderse comparar ésta con la de las Antillas hispanas (especialmente Cuba en el siglo XIX) y, sobre todo, con la producción de las colonias inglesas y francesas. Pero la historia económica de Surinam como empresa holandesa en el siglo XVIII ilustra una referencia importante en el marco de las estrategias económicas en el Caribe en el tránsito a la emancipación. Colonizadores y compañías de monopolio proyectaron una imagen de la colonia como una empresa altamente capitalista y solamente orientada a una explotación agrícola extensiva e intensiva. Esta imagen se reflejó en la literatura escrita por los cronistas y viajeros del siglo XVIII, además de por la propia experiencia de los plantadores europeos cada vez más relegados, primero a Paramaribo, y después a la metrópolis, quedando las plantaciones de Surinam como una isla aparte de la civilización y marcada por el aislamiento y la barbarie. Durante las guerras entre la República Holandesa y los bosch negers (esclavos cimarrones de las plantaciones holandesas), entre 1730 y 1770, esta imagen se fue rompiendo poco a poco, surgiendo una etapa que de alguna manera abrió el camino a la emancipación y en donde puede hablarse del inicio de un proceso hacia la construcción de un Surinam mestizo y multicultural (entre esclavos negros, población indígena y, posteriormente, en el siglo XIX, con asiáticos). Es una imagen que surgió del propio fracaso del proyecto demográfico neerlandés, de la explotación desmesurada de tipo capitalista mercantil y de la forzada conviven-
meros 20.000 ducados en efectivo, joyas y asumiendo deudas del marqués. Cortés murió meses antes de la llegada de María y don Pedro optó por casar a su primogénito con una hija del duque de Alba. Roto el compromiso, el conde de Aguilar, como curador de Martín Cortés, y el duque de Medina Sidonia, que lo era de María Cortés, se querellaron contra el marqués de Astorga por los 20.000 ducados recibidos y que no quiso devolver. 15 Años más tarde, Martín Cortés, ya marqués del Valle, fue demandado por los hermanos Aranda, comerciantes de Valladolid, quienes le reclamaron una deuda contraída por su padre. 16 En septiembre de 1545 Hernán Cortés había asumido como propio el débito que con ellos tenía el marqués de Astorga, como parte del pago de la dote de su hija María. 17 En ambos pleitos el clérigo Francisco López de Gómara dio muestras de su relación con la casa de los marqueses del Valle y del conocimiento que tenía del concierto de la boda de María Cortés. En enero de 1549 fue presentado como testigo para responder a veinte de las treinta preguntas del interrogatorio redactado por los letrados del conde de Aguilar y del duque de Medina Sidonia en el litigio con el marqués de Astorga. Años después, en agosto de 1551, declaró en el pleito de los Aranda con Martín Cortés, aclarando que los vasallos y bienes del marqués del Valle estaban en la Nueva España. Entre enero y marzo de 1549 los albaceas de Hernán Cortés realizaron probanzas en Valladolid, 1 La investigación se ha desarrollado dentro del proyecto "La tradición Clásica y Humanística en España y América, ss. XVI-XVIII", de la Subdirección General de Proyectos de Investigación (ref. Francisco López de Gómara fue uno de los grandes historiadores del reinado de Carlos V, uno de los más originales e interesantes, como ha puesto de manifiesto Nora Edith Jiménez en la que hasta ahora es su biografía más completa. 2 Más allá del escenario americano considerado en La Historia de las Indias y conquista de México,3 publicada en Zaragoza en 1552, Gómara escribió sobre la política mediterránea del emperador en las Guerras de mar de nuestro tiempo4 y se detuvo en algunos de sus protagonistas en Los corsarios Barbarroja. 5 Su gran capacidad de síntesis quedó demostrada en los Annales del emperador Carlos Quinto,6 en los que recogió por años los acontecimientos más relevantes de su siglo desde el nacimiento de don Carlos hasta 1556. Pese a su empeño no hay constancia de que lograse el ambicionado nombramiento de cronista, ni la edición de las tres últimas obras mencionadas, hecho que no impidió que sus escritos fueran ampliamente utilizados, incluso por sus críticos y detractores. La biografía de López de Gómara se ha ido perfilando lentamente. Marcos Jiménez de la Espada publicó el texto que contiene un retrato escrito del clérigo. 7 Roger Bigelow Merriman se percató de que los Annales contenían notas autobiográficas, como la de su nacimiento en febrero de 1511 en la villa soriana de Gómara. Robert Earl Lewis dio a conocer su testamento, que contenía referencias a su entorno familiar, y apuntó que su fallecimiento se habría producido en la misma jornada que lo dispuso, el 2 de diciembre de 1559, o poco después, pues en su opinión lo redactó in articulo mortis. 8 Con certeza sabemos que ya no vivía en abril de 1563, como se comprueba en las actuaciones de sus testamentarios. 9 La historiografía tradicional sobre López de Gómara recreaba algunas circunstancias de su vida a partir de meras conjeturas, asumidas sin apenas discusión, entre ellas, la más repetida, la condición de capellán y biógrafo asalariado de Hernán Cortés. Los trabajos de Juan Miralles y Nora Edith Jiménez 10 cuestionan ya este aserto, a partir del análisis de la obra y de la biografía de Gómara. También se ha dado por supuesto el trato de López de Gómara con el conquistador, aunque sólo está probada documentalmente la relación con su hijo Martín. Este artículo trata de la relación del cronista con los marqueses del Valle, a través de testimonios inéditos, y enriquece sus perfiles biográficos. López de Gómara, testigo jurado Se conservan pocos documentos escritos o firmados por Gómara. A los reseñados por Robert Earl Lewis 11 y José Pinilla 12 se ha sumado la publicación de una interesante carta del clérigo soriano al obispo de Arras. 13 A ellos añadimos las dos declaraciones inéditas, firmadas de su puño y letra, que ahora damos a conocer, y que se conservan en sendos pleitos seguidos ante el más alto tribunal de justicia de Castilla, la Real Chancillería de Valladolid. Además, en otro litigio visto en el Consejo Real, hemos encontrado una carta de obligación de Martín Cortés en la que Francisco López de Gómara aparece como testigo. 14 El motivo de los pleitos seguidos en la Chancillería vallisoletana fue la dote de María Cortés. Hernán Cortés había concertado en 1545 con Pedro Álvarez Osorio, marqués de Astorga, el matrimonio de sus hijos María Cortés y Álvaro Pérez Osorio. Se acordó una dote de 100.000 ducados pagaderos en cinco anualidades y Cortés se comprometió a traer a España a su hija antes de finales de 1546. En septiembre de 1547, no sin dificultades y acuciado por el marqués de Astorga, había entregado los pri-corte", prestando todos ellos juramento antes de responder a las preguntas del escribano. López de Gómara lo hizo el 26 de enero, poniendo su mano derecha sobre el pecho y jurando por las órdenes de san Pedro y san Pablo que había recibido. De ello fueron testigos Pedro de Ahumada, camarero del marqués, y Alonso de San Clemente, alcaide de Nalda, una de las villas del conde de Aguilar. El clérigo, a su vez, actuó como testigo de los juramentos de estos últimos. Los testigos declararon individualmente y mientras que algunos fueron examinados por todas las preguntas del interrogatorio, otros, entre ellos Gómara, sólo respondieron a aquellas para las que habían sido presentados. Además de las específicas de cada probanza, el escribano que recibía el testimonio hacía las conocidas como preguntas generales, denominadas así porque se formulaban a todos los testigos antes de su declaración. Entre ellas se le preguntó a Gómara por su edad y si era pariente o enemigo de los litigantes, si le iba interés en el pleito, le habían prometido alguna cosa o intimidado por decir lo contrario a la verdad y si quería que alguna de las partes venciese en la causa. 18 López de Gómara declaró ser de edad de "treinta e ocho años poco más o menos", lo que cuadra perfectamente con la referida noticia de que nació en 1511. Analizaremos el resto de sus respuestas más adelante, antes de ello es interesante recoger algunas declaraciones que demuestran su interés y reconocida curiosidad. Gómara y el camino de las Indias Aunque Gómara nunca viajó al Nuevo Mundo su curiosidad lo llevó a indagar y a preguntar a gentes relacionadas de una u otra manera con aquel escenario, sin desdeñar la mera conversación, siempre enriquecedora, con quienes habían realizado aquella navegación. De su método de trabajo dio cuenta en sus escritos y también al responder a las preguntas del interrogatorio que trataban sobre las condiciones de la travesía y las distancias que había que salvar hasta alcanzar las Indias. Los relatos de pasajeros, hombres de mar, pilotos y maestres debieron de deleitar a Gómara a quien sorprendía, como escribió en una ocasión, que el sutil arte de navegar estuviese en manos de "gente grosera y que no sabe leer". 19 18 Dichas preguntas se formulaban para saber el juez que entendía en la causa las circunstancias que concurrían en el testigo. Gabriel de Monterroso y Alvarado, Pratica civil y criminal, pp. 17v-18. Respondió con soltura, haciendo gala de su amplia experiencia en tomar distancias, al señalar que sobre el trayecto entre Sanlúcar y Veracruz: "lo que sabe es que ende la Nueva España a Sanlúcar hay dos mil leguas de navegación poco más o menos, según este testigo muchas veces ha tomado la medida con compás del dicho camino en la carta del navegar". 20 Buena muestra de aquella habilidad quedó plasmada a la hora de escribir sobre el sitio de las Indias y remitir al lector a la representación cartográfica que incluía en su obra,21 demostrando en otras ocasiones su gran capacidad integradora y de relación. Así, en las Guerras de mar, al tratar sobre las navegaciones, hizo mención al tiempo empleado por el conquistador en la travesía durante su primer regreso a España: "Hernando Cortés, en 36 días de navegación, vino de la Veracruz a Sanlúcar de Barrameda, que son más de 1.800 leguas".22 Bernal Díaz del Castillo, que en este caso no pudo tomar el dato de las inéditas Guerras de mar de Gómara, señaló cuarenta y uno. 23 Tradicionalmente los conocimientos técnicos de Gómara se han relacionado con el manejo de la obra de Pedro Mexía, cosmógrafo de la Casa de la Contratación, 24 y aunque aclaró que la cuenta en leguas y grados "va según las cartas de los cosmógrafos del Rey", 25 las vivencias propias le permitieron dejar testimonio de las distancias de algunos trayec-tos26 y afirmar "que toda mar es peligrosa por habello e[x]p[er]imentado en otras mares que este testigo ha navegado e ansimesmo oyó decir este testigo [a] algunas presonas (sic), que no se acuerda de sus nombres, como en el dicho tiempo andaban corsarios por aquella mar y camino". 27 Conociendo su gran curiosidad y deseo de saber debieron ser muchos sus informantes. Con los datos facilitados por quienes habían realizado la travesía atlántica recreó la ruta pues "hablando e [pre]guntando a muchos que han an [dado] este viaje e navegación ha en[ten]dido cómo al ir de España a la [Nue]va España no es muy peligro[so des]de Sevilla a Canaria pero que, a la venida, desde la Veracruz hasta La Habana, es muy mala e peligrosa de pasar la canal de Bahama y otros muchos pasos malos hay en el dicho camino e muy largos". 28 De forma muy parecida se expresó por escrito al tratar el camino de las Indias en su obra. 29 Gómara conoce a Hernán Cortés: "Ende que vino la primera vez de la Nueva España" La historiografía sitúa el inicio de la relación de Gómara y Cortés a raíz del segundo viaje del conquistador a España (1540-1547), sin más precisión que el escenario en el que tuvo lugar el encuentro. Roger Bigelow Merriman advirtió sobre la presencia del cronista en la campaña de Argel (1541), en la que también participó Hernán Cortés, y señaló que allí se conocerían. 30 Así se ha repetido en los estudios de Ramón Iglesia, 31 Jorge Gurría Lacroix, 32 Simón Valcárcel,33 José Luis Martínez 34 y más reciente-mente en las bien documentadas publicaciones de Nora Edith Jiménez, tanto en su monografía sobre el cronista como en el estudio en el que dio a conocer el compendio del texto de las Guerras de mar. La primera de las treinta preguntas del interrogatorio preparado por los letrados del conde de Aguilar -el doctor Burgos de Paz y el licenciado Puebla-para examinar a los testigos presentados en el pleito con el marqués de Astorga, buscaba esclarecer el conocimiento y relación que esos testigos tenían con los litigantes. En este sentido se les preguntó si conocían al conde de Aguilar, a Martín Cortés, marqués del Valle, y a su hermana María Cortés, al marqués de Astorga, don Pedro Álvarez Osorio, y a su primogénito, don Álvaro Pérez Osorio, y si habían conocido al difunto Hernán Cortés, marqués del Valle. La sorprendente respuesta de Gómara, que por su interés reproducimos íntegra, fue la siguiente: A la primera pregunta del dicho interrogatorio dijo este testigo que conoce a todos los contenidos en la dicha pregunta e a cada uno de ellos, e[x]ce[p]to a la dicha doña María Cortés. Al conde de Agilar (sic) de más de veinte años a esta parte e al dicho marqués don Martín Cortés que puede haber que le conoce seiete (sic) ocho años poco más o menos; e a la dicha doña María Cortés que no la conoce; e al dicho marqués don Fernando [Cor]tés que le conoce de dicinueve o ve[inte] años a esta parte, ende que vino [la] primera vez de la Nueva Espa[ña]; e ansimesmo dijo que conoce [al] marqués don Álvar (sic) Pérez Oso[rio] de dicinueve años a esta parte [poco] más o menos; e al dicho don Álvar [Pérez] Osorio de obra de cinco años a esta parte poco más o menos; a los cuales que dicho tiene que conoce e a cada uno de ellos dijo que los conoce de vista e habla e conversación que desde el dicho tiempo acá con ellos e con cada uno de ellos ha tenido e tiene. 36 López de Gómara pronunció las palabras citadas bajo juramento y las ratificó tras leerle el escribano su declaración. Después tomó la pluma y, con su inconfundible letra pulida y menuda, firmó al pie de sus respuestas. Pese a que la pieza del pleito en la que se encuentra la probanza está deteriorada en el margen inferior derecho, lo que obliga a restituir algunas letras, es posible leer con total claridad que Gómara declara que conoce a Cortés "ende que vino [la] primera vez de la Nueva Espa[ña]", momento que corroboró al puntualizar el tiempo transcurrido, diecinueve o veinte años, lo que nos llevaría a establecer el primer encuentro en 1529 o 1530. Sus palabras introducen un cambio radical y notorio en su relación con Cortés al adelantar en el tiempo su encuentro. Este pudo influir en su "fascinación" por ese conquistador y el Nuevo Mundo, por ser sus cosas tan diferentes a las conocidas, como expuso en la dedicatoria al emperador en La Historia de las Indias. 37 Sin duda, a partir de su declaración podemos hacer otra lectura de los comentarios que dedicó en su obra a los dos viajes de Cortés a la Península. Sobre el primero señaló que "Llegó a España en fin del año de 1528, estando la corte en Toledo. Hinchó todo el reino de su nombre y llegada, y todos le querían ver". 38 Ahora sabemos que él fue uno de los que tuvieron la oportunidad de hacerlo. El joven Francisco López de Gómara sentiría la curiosidad de la que siempre hizo gala y podría saciarla siendo testigo directo de la estancia de Cortés y sus acompañantes en la corte. Las palabras de Gómara dan un nuevo valor a algunas de las descripciones que hace del primer regreso de Cortés, como cuando escribe sobre su acompañamiento, con la ágil prosa del que recrea una imagen de la que ha sido testigo: "Trajo ocho volteadores de palo, doce jugadores de pelota, y ciertos indios e indias muy blancos, y otros enanos, y otros contrechos. Y sin todo esto traía para ver, tigres, alcatraces, un aiotochtli, otro tlacuaci, animal que ensena o embolsa sus hijos para comer;... y para dar, gran suma de mantas de pluma y pelo, ventalles, rodelas, plumajes, espejos de piedra, y cosas así". 39 De la habilidad de aquellos naturales y de su presencia en la corte, con la imagen en la retina, también escribió al ocuparse de las distracciones del tlatoani azteca: "A España vinieron después algunos con Cortés que jugaban así de pies, y muchos los vieron en corte. También hacían matachines; ca se subían tres hombres uno sobre otro de pies llanos en los hombros, y el postrero hacía maravillas. 40 Algunas de las escenas descritas por Gómara de los jugadores de pies y de pelota, y que tanto fascinaron a los que las contemplaron, fueron dibujadas por Cristoph Weiditz La declaración de López de Gómara sobre el momento en el que conoció al conquistador es de gran importancia porque lo convierte en testigo del éxito de Cortés en su primer regreso, imagen bien distinta a la que acompañó al marqués durante su segunda estancia en España, de la que también sería testigo tras el regreso de Argel. Nos preguntamos si la figura, las hazañas de Cortés, las novedades y maravillas del Nuevo Mundo deslumbraron a Gómara desde la primera vez que lo vio. Sea como fuere, en el prólogo de la Crónica de los Barbarroja que en 1545 dedicó al marqués de Astorga rezuma aquella fascinación al insistir en varias ocasiones que escribía sobre "las maravillosas cosas de Cortés", además de asegurar con rotundidad "yo a lo menos nunca me arrepentiré de haber escrito de Cortés, ni aun de Barbarroja tampoco".42 Escenarios compartidos: Toledo, Zaragoza, Barcelona Cuestión que no desvela Gómara es el lugar en el que conoció al conquistador. Para establecerlo es necesario seguir el itinerario de Cortés en España. Francisco Núñez, su procurador, señala que llegó en mayo de 1528 y que, en los primeros días de junio, se reunieron en la Puebla de Guadalupe para luego dirigirse juntos a Toledo. 43 Fue en esta ciudad donde Bernal Díaz del Castillo situó el encuentro del conquistador con el emperador, aunque otros autores se inclinan por Monzón. 44 Gómara era clérigo del obispado de Osma, y si aceptamos, como ha señalado Nora Edith Jiménez,45 que se mueve en la corte en relación muy probablemente con García de Loaisa, presidente del Consejo de Indias y obispo de Osma, pudo llegar a Toledo al tiempo o poco después que el rey, quien entró en la ciudad a mediados de octubre. 46 Debió de ser entonces, a finales de 1528 o a comienzos del año siguiente, cuando Gómara tuvo la oportunidad de conocer a Cortés es decir, veinte años "poco más o menos" antes de su declaración en enero de 1549. Por Gómara conocemos que Cortés entregó al emperador "los materiales que traía escritos, y le acompañó hasta Zaragoza, que se iba a embarcar a Italia por coronarse". 48 Si seguimos al cronista se deduce que fue el escenario en el que coincidió por última vez con el emperador antes de que éste abandonase España. Desde Zaragoza, tras acompañar a don Carlos, Hernán Cortés se dirigió a la corte para encaminarse luego, a finales de marzo, a la villa de Béjar para casarse con doña Juana de Zúñiga. 49 Tras la boda se trasladaron a Mérida desde donde, a comienzos de julio, con gran prisa, se puso en camino para alcanzar de nuevo a la comitiva regia que ya se encontraba en Barcelona. 50 Nada dicen sobre este viaje Gómara ni Bernal, a pesar de que sabemos que el primero se encontraba allí. 51 Fue mucho lo que Cortés logró en aquella jornada, entre otras la expedición de la merced de los vasallos 52 y del título de marqués del Valle de Oaxaca, el nombramiento de capitán general de la Nueva España y, además, en palabras del conquistador, la destitución de la primera Audiencia de México. Cortés, informado de los insultos e injusticias de los miembros de ese Tribunal por cartas del dominico fray Pedro de Contreras, del obispo de México y de otras personas que no concreta, partió de Mérida por la posta para alcanzar al emperador en Barcelona. Aquella jornada fue mencionada por Diego de Ordaz 53 en varias cartas y recordada por Cortés en 1545 en los tribunales al afirmar que el emperador ordenó al secretario Francisco de los Cobos y a algunos consejeros que lo acompañaban que: vista la información queste que depone dio por las dichas cartas, de los insultos cometidos por los dichos jueces en la dicha Nueva España, por mandado de Su Majestad y con su acuerdo, mandaron dar provisión real para que los dichos jueces fuesen removidos e puestos otros e les tomasen residencia; la cual dicha provisión real este que depone trajo e presentó en el Consejo de las Indias en Madrid y porque este que depone tenía los navíos a punto para se partir, y a su mujer había dejado en Mérida, se partió y dejó poder al dicho licenciado Núñez para que hiciese cierta probanza que los señores del Consejo de Indias mandaron que se hiciese y esta probanza será la quel dicho licenciado pudo hacer. 54 Sin embargo, a quien recordó Gómara con motivo de la destitución de la primera Audiencia fue al licenciado Francisco Núñez, primo y procurador de Cortés, atribuyéndole un protagonismo que el marqués del Valle ya le había quitado a su pariente ante la Justicia. Al respecto escribió: "no solo se probó su injusticia y pasión en México [la de Nuño de Guzmán y sus oidores] más aun en la corte, y en muchos lugares de España lo probó el licenciado Francisco Núñez con personas que de allá entonces vinieron". López de Gómara, un clérigo entre nobles Gómara afirmó en 1549 que conocía al conde de Aguilar "de más de veinte años", por lo tanto antes que a Cortés. La proximidad de las villas y lugares del Señorío de Cameros y Marquesado de Aguilar a la diócesis de Osma, de la que dijimos era clérigo Gómara, bien pudieron facilitar aquel trato. Pedro Ramírez de Arellano, conde de Aguilar, era hermano de doña 53 Enrique Otte: "Nueve cartas...", pp. 112 y 116. Diego de Ordaz escribió sobre la presencia de Cortés en Barcelona en dos cartas escritas en Toledo a finales de agosto de 1529: "El marqués del Valle estando en Mérida con su muger,... tubo nuevas y supo lo que en la Nueva España pasava... y luego partió por la posta, y pasó por esta corte y fue a Barçelona". Juramento de calumnia de Hernán Cortés, marqués del Valle, y respuesta a las posiciones que le puso el licenciado Francisco Núñez en el pleito por el embargo de 800 ducados, Valladolid, 27 de abril de 1545. 55 López de Gómara: Historia de la conquista, CXCV, p. Juana de Zúñiga, con quien se había concertado el matrimonio del conquistador. 56 De la relación de Cortés con la nobleza titulada escribió Bernal Díaz del Castillo cuando recordó que lo recibieron en la corte el duque de Béjar, tío de doña Juana, el conde de Aguilar y otros grandes señores que le hicieron mucha honra. 57 Gómara, al escribir sobre cómo se casó Cortés, señaló el aprecio del emperador por los condes de Aguilar, don Carlos y don Alonso de Arellano, y que Juana de Zúñiga era "hermosa mujer", 58 demostrando su conocimiento de dicha familia. Desconocemos si la pudo tratar antes de casarse con Cortés, aunque si podemos afirmar, haciéndonos eco de sus palabras, que: "él no vio casar ni velar a los dichos marqueses, más de que siempre este testigo vía hablar al dicho marqués del Valle de la dicha doña Juana de Zúñiga, llamándola [e n]ombrándola mujer". Así se lo había oído decir a muchas personas y tuvo la ocasión de comprobarlo en su última voluntad, pues afirma que "ha leído este testigo el dicho testa[men]to, donde la nombra por su mujer [legíti]ma a la dicha doña Juana de Zúñiga e a la dicha María Cortés por su hija". 59 El testamento de Cortés se abrió al día siguiente de su fallecimiento y Gómara, que no se encontraba a su lado, debió de tener acceso a su lectura a través de alguien de la casa del marqués, probablemente en Valladolid en los primeros meses de 1548. Por lo que respecta al marqués de Astorga, Pedro Álvarez Osorio, declara conocerlo "de dicinueve años a esta parte [poco] más o menos", es decir poco después que a Cortés. El encuentro pudo tener lugar con motivo del viaje a Italia con el emperador, pues Gómara da noticia en las Guerras de mar de su presencia y protagonismo. 60 Al que sería V marqués de Astorga, Álvaro Pérez Osorio, sin duda lo conoció en la corte, en compañía de su padre. Bien pudo ser el escenario Valladolid pues los "cinco años a esta parte poco más o menos" que declaró al ser preguntado sitúan el encuentro hacia 1544-1545, fechas en las que Gómara está en la corte. El reencuentro de López de Gómara y Cortés A partir de 1530, y durante más de una década, Cortés y Gómara siguieron caminos diferentes. El marqués regresó a la Nueva España y el cronista tuvo la oportunidad de conocer Roma, Bolonia y Venecia durante sus estancias en la península italiana. 61 El reencuentro se produjo después del segundo retorno a España de Cortés, que desembarcó en Sanlúcar en los primeros días de abril de 1540. En la obra de Gómara, que por aquellas fechas se encontraba en Venecia, el viaje fue despachado con brevedad en el epígrafe "Muerte de Fernando Cortés" y en el que, además, sintetizó los últimos siete años de vida del marqués del Valle, curiosamente los que pudo conocer más de cerca. Frente a los precisos comentarios dedicados a las circunstancias del viaje de 1528, la información sobre el de 1540 es más bien escasa. Del primero, con la concisión que le caracteriza, reflejó algunas de las muchas razones que lo motivaron, recordó los nombres de algunos de sus acompañantes, se detuvo en su boda con Juana de Zúñiga, en el regreso a México y en la destitución de la primera Audiencia. 62 Del segundo se limitó a señalar sus diferencias con el virrey Mendoza, la presencia de sus hijos Martín, el heredero, y Luis y que vino rico y acompañado, mas no tanto como la primera vez. 63 Gómara y Hernán Cortés coincidieron de nuevo en el desafortunado escenario de Argel 64 y luego en la metrópoli en diversos lugares. Aunque no podamos afirmar que vivieron bajo el mismo techo, si es posible situar a ambos en Valladolid y Madrid entre 1544-1546. Se sabe que Cortés vivió en Valladolid, aunque no de forma continuada, al regreso de Argel, como ha quedado constancia en los documentos notariales. 65 Cuando la corte se trasladó a Madrid el marqués del Valle mudó allí su residencia, donde ya se encontraba a comienzos de 1546. A finales de octubre partió para Sevilla, instalándose después en Castilleja de la Cuesta, donde falleció el 2 de diciembre de 1547. Gómara refiere haber visto a Cortés en Valladolid y Madrid, aunque tan sólo en su declaración concreta dos situaciones que pueden fecharse. El concierto de la boda de María Cortés Hernán Cortés y el marqués de Astorga firmaron las capitulaciones matrimoniales de sus hijos en el monasterio bernardo de Nuestra Señora de la Espina, a cinco leguas de Valladolid. El concierto fue fechado el 30 de julio de 1545, aunque los letrados del marqués del Valle que redactaron el interrogatorio para la probanza de 1549 hablan del 4 de septiembre al referirse a aquella jornada. ¿Qué sabía Gómara de aquellos acontecimientos? Además de la información que le proporcionan otras personas, el cronista dispone de sus propias referencias. Contempló la numerosa comitiva que acompañó a Cortés cuando acudió a la cita con el marqués de Astorga con motivo del compromiso de sus primogénitos. Por ello, declaró: que lo que sabe es que el año de cuarenta y cinco o cuarenta y cuatro, que claramente no se acuerda qué año era, mas de que se acuerda que era por el mes de setiembre, este testigo vio ir al marqués del Valle e a otros muchos caballeros y presonas (sic) con el dicho marqués del Valle al monasterio del Espina e decían que iban [a] hacer el dicho concierto de desposorios entre el dicho don Álvar Pérez Osorio e doña Ma[ría] Cortés, e que cuando vinieron a esta villa [del] dicho monasterio dijeron a este testigo mu[chas] presonas de las que se habían halla[do] presentes cómo quedaba hecho [...] concierto entre los dichos marqueses [...] y vio este testigo como muchas personas daban e dieron el parabién de los dichos conciertos y capitulaciones al dicho marqués; y aún este testigo tuvo en su poder las dichas capitulaciones e las leyó e que por esta causa tiene por cierto este testigo que se hizon (sic) los dichos conciertos e que estaban firmados los dichos conciertos de los dichos dos marqueses e que esto es lo que sabe desta pregunta. 66 Lo dicho por Gómara arroja luz sobre diversas cuestiones, suscita interrogantes y sorprende con alguna de sus afirmaciones. Así confirma su presencia en Valladolid en 1544-1545 y llama la atención que no sea capaz de fijar el año del acuerdo. Aunque afirmó haber leído las capitulaciones matrimoniales, fechadas en julio de 1545, el mes que recuerda con claridad es septiembre. Quizás entonces volvieron a reunirse los marqueses del Valle y de Astorga y se conoció públicamente el compromiso, de ahí las felicitaciones que recibió el primero de "muchas personas" y que contempló, sin especificar si fue en un espacio público o privado. Tal vez la noticia del compromiso lo animó a dedicar al marqués de Astorga el texto que sobre los Barbarroja había resumido en el caluroso verano de 1545, entre otras razones -justificaba-"porque habéis tomado deudo con el marqués del Valle, cuya historia yo escribo, casando a don Álvaro Pérez de Ossorio, vuestro hijo mayor, con su hija mayor doña María". Recordemos que la fecha de la dedicatoria es el 5 de septiembre de 1545, justo al día siguiente de los acontecimientos que declaró recordar. Por otra parte, si bien las palabras de Gómara confirman su condición de testigo de las felicitaciones que recibió el marqués del Valle, no aclaran dónde, ni en calidad de qué, contempló al grupo que lo acompañaba, ni si estos, antes de partir, explicaron el motivo de la jornada a intercesión suya o porque en él se encontraban algunos conocidos o si simplemente escuchó los comentarios que hacía un grupo de jinetes que, engalanados para la ocasión, no dejarían de llamar la atención. Lo que queda claro es que él no estuvo en La Espina acompañando a Cortés, ausencia inexplicable si hubiese escrito a petición del conquistador o en aquellas fechas fuese su capellán. En 1546, tras el traslado de la corte de Valladolid a Madrid, hay constancia de que Gómara y Cortés coincidieron de nuevo. La información la proporciona el cronista al reconocer que fue testigo de la apresurada salida del marqués hacia Sevilla, convencido de que su hija María llegaría tan presto como él. Por ello dijo que "lo que sabe es que vio muchas veces este testigo al dicho marqués del Valle hablar en ello con gran gana e muestra de que viniesen luego sus hijas dentro del término capitulado e que, pensando que vernían ya u que tenía por cierto que [s]erían venidas, le vio este testigo partir de la villa de Madrid al tiempo que [la] pregunta dice para Sevilla". 67 En La Conquista de México amplió la finalidad del viaje al señalar que "Fue a Sevilla con voluntad de pasar a la Nueva España y morir en México y a recibir a doña María Cortés" e hizo expresa mención a que "Iba malo de cámaras e indigestión". 68 Gómara, por lo tanto, no acompañó a Cortés a Sevilla, aunque es innegable que durante los meses que estuvo en Madrid lo vio muchas 67 Ibidem. 68 López de Gómara, Historia de la conquista, CCLI, p. 336. veces, pues así lo afirma, tal vez en las visitas que pudo hacer a su casa por la amistad que le unía a algunos de sus allegados o en las salidas del marqués. Quien si estuvo al lado de Cortés en la jornada fue Pedro de Ahumada. El cronista no fue testigo de los preparativos que el marqués del Valle hizo en Sevilla para la boda de su hija, ni de la compra de vestidos, brocados y tapicería para su recibimiento, pero si tuvo noticia de ellos porque: "de ahí a poco tiempo vio este testigo cartas del dicho marqués hechas en Sevilla e que oyó decir que el dicho marqués hacía el dicho aparejo en la pregunta contenida e ansimesmo vio este testigo como en las cartas que el dicho marqués enviaba, enviaba a mandar que le comprasen dos mulas que fuesen muy buenas para las dos hijas que habían de venir y él esperaba". 69 El destinatario de las cartas evidentemente no era Gómara, pues de haber sido así no lo habría silenciado. Sin duda estaban dirigidas a quienes atendían sus asuntos, tal vez a Pedro de Ahumada, quien después de acompañarlo hasta Sevilla viajó a la corte, o a Francisco Sánchez de Toledo, a quien Cortés encargó la compra de las cabalgaduras mencionadas, o a don Juan de Castilla, como se deduce de las partidas asentadas en las cuentas del marqués. 70 Son tan sólo algunos nombres de los muchos posibles. Gómara fue testigo del último gran empeño de Cortés, la boda de su hija, pues, como reconoció al responder a la décima pregunta, "antes de que se fuese a Sevilla el dicho marqués le vio e oyó decir que no tenía mayor deseo que ver venir a su hija doña María Cortés e ca[sa]da con el dicho don Álvaro e que [a]simesmo oyó decir este testigo a [otras] muchas personas que cuan[do esta]ba el dicho marqués en Sevilla [siempr]e tuvo el dicho deseo". 71 López de Gómara, pese a que no estuvo en Sevilla, no tiene ninguna duda de que Cortés hizo todo lo posible para cumplir con los plazos acordados en el concierto de boda, pues así se lo oyó antes de que abandonase Madrid y a otros muchos después de que con aquel fin se instalase en Sevilla. Por lo tanto no podía imputársele negligencia ni culpa alguna en la cancelación de la boda de su hija, pese a que la joven no llegó a España en el plazo fijado en el acuerdo. El testimonio de Gómara permite concluir que desde que Cortés salió de Madrid, en la segunda quincena de octubre de 1546, hasta que falleció en Castilleja de la Cuesta, no volvieron a coincidir. Esta circunstancia explica que no fuese examinado por las preguntas que expresamente trataban de María, a la que no conocía en el momento de declarar, o de las gestiones realizadas por Cortés en Sevilla para procurar el viaje de su hija. Del último año de vida del marqués del Valle tuvo conocimiento por terceras personas con las que se carteaba Cortés, como se deduce de su declaración: "en todo el tiempo desde que el dicho marqués allegó a Sevilla estuvo allí o en Castilleja, donde murió, esperando a las dichas sus hijas para casar luego que fuese venida la dicha doña María con el dicho don Álvaro Osorio lo (sic) e que esto lo oyó este testigo muchas veces por cartas que vio del dicho marqués". 72 "De vista, habla e conversación" y "Que ayude Dios al que tuviere justicia" La primera impresión que suscita la lectura de la declaración de Gómara es la de un privilegiado espectador de la vida de Cortés en España pues "le vio e oyó decir" y que, además, cuenta con una amplia red de informantes y relaciones dado que utiliza expresiones del tipo: "al que dijeron" o "que oyó decir". Mas si sus palabras lo presentan como persona que está al corriente de lo que ocurría en la casa del marqués del Valle, incluso testigo de algunos de sus movimientos, en absoluto permiten afirmar que tuviese un papel en el círculo cortesiano más allegado o que existiese entre ellos algún vínculo o relación remunerada. Sobre los motivos que justifican su presencia al lado de Cortés no podemos ofrecer conclusiones definitivas, aunque sí aclarar cómo y a través de quién o quiénes tiene acceso a su casa y a la lectura de los capítulos matrimoniales acordados con el marqués de Astorga, el testamento de Cortés o las cartas privadas y despachos que afirma haber visto, aunque silencie dónde y en calidad de qué. ¿Qué trato tenía el clérigo con el marqués del Valle? En las preguntas generales del interrogatorio los testigos, para evitar recusaciones, debían decir la relación que mantenían con los litigantes. Era el momento de que Gómara declarase cualquier vínculo que tuviese con 72 Ibidem. Cortés, más aún si era su capellán o recibía salario de él. Sin embargo sólo dijo: "que no es pariente de ninguna de las dichas partes ni menos ha sido atraído ni inducido, corruto ni atemorizado por ninguna de las dichas partes, porque hobiese de decir el contrario de la verdad, sino que ayude Dios al que tuviere justicia". 73 En este punto consideramos conveniente comparar su declaración con las de los otros testigos para valorar su relación con los marqueses del Valle. Juan Altamirano dijo que "era primo de Fernando Cortés"; fray Diego Altamirano que "era pariente del marqués del Valle que agora es [Martín Cortés] e de su padre"; Pedro de Ahumada declaró ser "camarero del marqués" y el licenciado Hernando de Chaves que "tiene salario de letrado del duque de Medina Sidonia". Aclaraciones similares realizaron los testigos que declararon en Logroño o Sevilla, entre ellos Gonzalo Díaz, que no ocultó que "fue criado del marqués del Valle, don Fernando Cortés, e lo sirvió de paje e camarero e a este marqués del Valle, don Martín, lo sirve de caballerizo e es su criado", o Melchor de Múxica, que declaró que "fue contador del dicho don Hernando Cortés, marqués del Valle ya defunto, e al presente lo es del dicho don Martín Cortés". Los testigos presentados por el marqués de Astorga en sus probanzas tampoco silenciaron sus vínculos con Hernán Cortés. Así, Pedro García declaró que conoció a Cortés y a su hijo Martín "por vista, habla, trato e conversación que con ellos ha tenido e tuvo e porqu[e] este testigo fue criado del dicho marqués del Valle defunto... e que al tiempo que se hicieron los dichos capítulos contenidos en la dicha pregunta... este testigo se halló en el dicho monesterio porque a la sazón vivía con el dicho marqués del Valle defunto". 74 Por su parte, el doctor Espinosa puntualizó "que al tiempo que se ordenaron los casamientos sobre que es este pleito y agora llevaba este testigo salario del marqués del Valle que fallesció y lo lleva de su hijo". Frente a la clara respuesta de casi todos los testigos a la hora de establecer su relación con Hernán Cortés y su hijo, Gómara nada dice sobre que fuese capellán del conquistador, ni que viviese en su casa, ni que en su nombre realizase trabajo alguno o escribiese algo. De hecho, entre los contemporáneos del cronista tan sólo Las Casas lo consideró su capellán. Ni Andrés de Tapia, con el que trató Gómara, ni Francisco Cervantes de Salazar, ni Bernal, ni el inca Garcilaso dicen nada al respecto. Véase Jiménez, Francisco López de Gómara, p. Gómara se limita a declarar que los conoce "de vista e habla e conversación". En términos similares podríamos considerar lo dicho por Alonso de San Clemente, alcaide de Nalda, que, al igual que él, conocía a los litigantes sin mantener aparentemente con Cortés ninguna relación especial. No obstante, la atenta lectura de las declaraciones de ambos permite establecer claras diferencias en el trato que uno y otro mantenían con el conquistador. De los labios de Gómara no salió ninguna palabra que permita afirmar que el marqués del Valle le dijese algo directamente o le escribiese, circunstancia que si se advierte en San Clemente pues "hablando este testigo con el dicho marqués del Valle le dijo a este testigo muchas veces cómo había concertado" la boda de su hija. 76 Lo dicho más bien parece indicar que Las Casas lo hiciese capellán de Cortés en sentido despectivo, para señalar su excesiva admiración por el conquistador y su falta de objetividad al escribir sobre él. Si hubiese sido su capellán en 1545 habría estado presente en el monasterio de La Espina cuando se concertó la boda de María o, al menos, hubiera tenido información de primera mano. En noviembre de ese año lo era Gaspar de Burguillos, clérigo a quien el propio Cortés trató como "mi capellán" en un poder notarial. 77 Si Gómara hubiese sido su capellán en 1546-1547 lo habría acompañado a Sevilla y permanecido a su lado hasta su muerte, pero no lo hizo. Quienes fueron retribuidos por tal oficio en aquellos años fueron los clérigos Miguel de Arriaga y Jorge de Guzmán. Las amistades de López de Gómara en la casa del marqués del Valle de Oaxaca Por lo escrito en La Historia de las Indias y conquista de México y lo declarado en la probanza no cabe ninguna duda de que Gómara estaba muy bien informado sobre los asuntos de Hernán Cortés. ¿Cuáles fueron sus fuentes de información? En la mayoría de las ocasiones el cronista conoce los hechos sobre los que declara por la relación que le facilitan terceras personas, hecho que resume el recurrente uso de expresiones del tipo "dijeron a este testigo" o "ha oído decir". En otros casos, por fortuna, concreta el nombre de sus informantes mencionando a Andrés de Tapia, conquistador, y a Jaime Campos y Antón Arias, contadores de Hernán Cortés y Pedro Álvarez Osorio. Aunque en la probanza no lo señale, conocía y trataba a Pedro de Ahumada, secretario del marqués del Valle viejo y camarero de su heredero. Frente al "oyó decir" de Gómara los parientes, servidores y criados del marqués refieren sus experiencias personales. Así, Pedro de Ahumada manifestó abiertamente que tenía noticia de los hechos sobre los que declaró porque vivía en Valladolid en casa de Cortés, lo que le permitió ser testigo directo de sus actuaciones y manifestar por ello que "se halló presente". Además, como secretario del marqués del Valle, escribió cartas a su dictado, por lo que conocía la situación y sentimientos de Cortés de primera mano. En definitiva, declaró con seguridad porque "estaba con el dicho marqués e sabe e vio cómo pasó todo lo en la pregunta contenido por andar siempre en su compañía". 79 Idéntica familiaridad y trato directo se comprueba en la declaración de fray Diego Altamirano, pues "a este testigo le envió a llamar el dicho marqués del Valle [a la] villa de Benavente para tomar con [este] testigo su parecer sobre el dicho concier[to conte]nido", o porque "el dicho marqués contó a este testigo", además de que conocía los hechos por "todas las veces que este testigo habló con el dicho marqués del Valle, que fueron muchas". 80 Incluso Gonzalo Díaz, paje y camarero, afirma que "trataba e conversaba con el dicho marqués del Valle muy ordinariamente". 81 Frente a testimonios tan elocuentes y explícitos, en el caso de Gómara no hay ninguna expresión que ponga en evidencia su trato directo con Cortés o su condición de confidente, pues en ningún momento deslizó el uso de la primera persona para indicar que el conquistador, en aquel u otros negocios, le hubiese dicho algo o escrito alguna vez. Lo que es innegable es que, desde una discreta segunda fila, conoce ciertos aspectos de su vida, sin duda por las buenas relaciones que tiene con sus servidores, a los que visita y con los que trata, lo que le facilita el acceso a su casa y le proporciona una posición privilegiada para observar, indagar e incluso conversar con el propio marqués si se presentaba la ocasión. Recordemos que Gómara, cuando se concertó el compromiso de María Cortés, ya había decidido que Cortés sería el protagonista de la segunda parte de La Historia de las Indias y que este conocería su propósito pues constaba en la dedicatoria a su futuro consuegro de Los corsarios Barbarroja. La obra, inevitablemente, uniría su nombre al del marqués del Valle y al de su heredero, al que dedicó lo escrito sobre su progenitor. Hernán Cortés se deleitaba en tener mucha casa y compañía, de ahí que su presencia en la corte no pasase desapercibida. Gómara bien pudo contemplarlo o tropezarlo, al igual que otros muchos transeúntes, en sus salidas y paseos. Sabemos que el marqués del Valle de Oaxaca se instaló en Valladolid en la casa que Rodrigo Enríquez construyó en la parroquia de San Lorenzo, próxima al río Pisuerga. Dependencia que tal vez visitó Gómara por la relación que mantenía con los servidores de la casa de este noble, como abiertamente reconoció al afirmar que lo declarado sobre la boda de María lo sabía "por la amistad y entili[gencia que] tiene en casa del marqués e [... cri]ados". 82 En nuestra opinión, las palabras de Gómara no revelan su amistad con Cortés sino que aclaran y puntualizan que es con la casa del marqués, lo que sin duda posibilitó su acceso al conquistador. Aquella amistad con personas concretas del entorno cortesiano le permitió, con el paso de los años, continuar la relación con el segundo marqués del Valle, como señalaremos más adelante. Pese a la relación distante que parece tener con Cortés llama la atención su afirmación "y aún este testigo tuvo en su poder las dichas capitulaciones e las leyó". ¿Quién facilitó a Gómara el acceso al documento? La clave está en la estrecha relación que mantiene con esa casa nobiliaria. Sabemos de su trato con Jaime Campos y Antón Arias, contadores de los marqueses del Valle y de Astorga, con quienes conversó y a quienes "les oyó decir algunas veces" cómo había cumplido el marqués del Valle con el primero de los plazos estipulados en la entrega de la dote de doña María Cortés pues "él no se halló presente cuando el dicho marqués del Valle ni otro en su nombre dio al dicho marqués de Astorga los dichos veinte mil ducados". 83 Sabedor de los plazos y cantidades fijadas para cumplir con los 82 Ibidem. 100.000 ducados de la dote, porque había leído "muchas veces las capitulaciones", se remitió al texto del concierto, obviando con ello cualquier aclaración. Jaime Campos vivía con Cortés y cumpliendo sus órdenes se ocupó de pagar al escribano que suscribió el acuerdo matrimonial y llevó la cuenta de las cantidades entregadas al marqués de Astorga en pago de los veinte mil ducados. Bien pudo ser él su informante, aunque no era el único en situación de hacerlo. Ya hemos señalado como la estrecha amistad con algunos criados y allegados de Cortés le permitió acceder a sus papeles, despachos y cartas privadas. Por ello puede afirmar que el marqués del Valle hizo cuanto pudo para cumplir con los plazos fijados en el concierto matrimonial con el marqués de Astorga. En este sentido, la breve respuesta que inicialmente dio cuando se le formuló la quinta pregunta del interrogatorio, "que la sabe como en ella se contiene", fue puntualizada cuando "Preguntado cómo, por qué lo sabe, dijo que porque este testigo vio los despachos e cartas que el dicho marqués del Valle escribía a su mujer muchas veces y a sus fatores y gobernador, que era y es el licenciado Altamirano, para que con la dicha doña María, su hija, le enviasen cantidad de dineros para cumplir con los dichos conciertos e que por esta causa sabe lo en la pregunta contenido". 84 El comentario de Gómara nos lleva a tratar de identificar a la persona que le mostró los escritos privados de Cortés, pues si hubiese sido el marqués lo habría declarado, cosa que no hace, al contrario que otros testigos. Por lo tanto tenemos que pensar en alguien muy cercano al marqués en aquellos momentos, que residiese en su casa y gozase de su confianza. Creemos que esa persona fue el ya varias veces citado Pedro de Ahumada, 85 a quien Gómara conoció y trató y del que escribió que era "muy entendido en muchas cosas y muy virtuoso hidalgo, con quien yo tengo amistad estrecha". 86 Por la declaración de Ahumada en el pleito sabemos que vivía con el marqués, que se encontró presente en la firma de los conciertos matrimoniales y que escribió cartas informando a doña Juana de Zúñiga del acuerdo. 87 Pedro de Ahumada, natural de Santo Domingo de la Calzada, había regresado con Cortés en 1540, anduvo en su compañía durante aquellos años y después de su fallecimiento continuó al servicio del sucesor del Marquesado. Sin duda fue uno de los confidentes de López de Gómara. A quien si menciona López de Gómara entre sus informantes es a Andrés de Tapia. Este fue uno de los asiduos acompañantes de Cortés en aquellos años, tanto en Valladolid como en Madrid. Frecuentemente cabalgó con el marqués y se alojó en su casa. El cronista lo menciona a propósito de las acusaciones que responsabilizaban a Cortés y a Juana de Zúñiga, la marquesa, de estorbar el viaje de su hija a España. Frente a ello declara que "ha oído decir a muchas personas que de México vinieron a España, después que allá llegó la nueva del desposorio, como la marquesa del Valle doña Juana de Zúñiga se había alegrado de la nueva, e había luego adrezado (sic) sus hijas para el camino y había hecho el matalotaje en que especialmente se lo oyó decir este testigo a Andrés de Tapia, conquistador, e a criados del marqués del Valle, e que esto es lo que sabe e ha oído decir". 88 Años más tarde, una breve y contundente frase "Mas no se casaron por culpa de don Álvaro y de su padre", 89 puso en evidencia a quien achacó el cronista la cancelación de la boda. Por aquellas fechas las sentencias pronunciadas en el pleito con el marqués de Astorga, en el que Gómara testificó, le daban la razón. 90 La respuesta de Gómara tiene el interés de incluir a Andrés de Tapia entre las personas con las que tuvo trato. Recordemos que Tapia es autor de una relación de la empresa cortesiana que algunos autores han señalado que Gómara saqueó y plagió. 91 Lo cierto es que la coincidencia en los mismos escenarios le permitió contar con su testimonio oral, sin duda bien aprovechado en cuantos asuntos del Nuevo Mundo tuvo curiosidad, al margen de que pudiese consultar o no su obra escrita. En este sentido su afirmación confirma la veracidad del comentario que deslizó en La Conquista de México, cuando escribió "Andrés de Tapia, que me lo dijo" 92 y su relación con él. 89 López de Gómara, Historia de la conquista, CCLI, p. Ejecutoria a favor del marqués del Valle en el pleito con el marqués de Astorga, Valladolid, 16 de enero de 1552. Sentencias de vista y revista en el pleito de los testamentarios de Hernán Cortés con el marqués de Astorga, Valladolid, 10 de marzo de 1550 y 25 de septiembre de 1551. 91 Germán Vázquez (ed.), La conquista de Tenochtitlan, p. En este título el editor incluyó la Relación de algunas cosas de las que acaecieron al muy Ilustre señor don Fernando Cortés, marqués del Valle, desde que se determinó ir a descubrir en la Tierra Firme del Mar océano escrita por Andrés de Tapia. 92 López de Gómara, Historia de la conquista, LXXXII, p. López de Gómara también declaró haber oído "muchas veces por cartas que vio del dicho marqués" que este, durante su estancia en Sevilla y Castilleja de la Cuesta, esperaba la llegada de su hija María y realizaba los preparativos para la boda, como ya se ha indicado. A pesar de que silencia el nombre de los destinatarios de aquellas cartas que "vio" y "oyó", alguien las leyó o comentó en voz alta. Sin duda estaban dirigidas a algún hombre de confianza de Cortés. Si él hubiera sido el receptor debería haberlo declarado, como lo hizo el licenciado Hernando de Chaves al acreditar que "lo supo del dicho marqués por sus cartas que dél recibía", o fray Diego Altamirano al recordar las "muchas cartas que el marqués a este testigo escribió", quien además puntualiza que era "la persona con quien el dicho marqués, en secreto y en público, más cosas comunicaba". Además de emplear la primera persona, su testimonio pone de manifiesto las conversaciones y confidencias que le hizo el conquistador en Sevilla durante sus últimos meses de vida: que cuando este testigo fue a ver al dicho marqués, cuando estaba malo el dicho marqués, y todos sus amigos y criados dijeron a este testigo que la causa de todo su mal del dicho marqués era de pesar de ver que sus hijas se tardaban y aún ansí lo conoció este testigo en el marqués porque, hablando este testigo con él, por le alegrar, le nombraba la venida de sus hijas y el efeto del casamiento muchas veces y con esto sentía este testigo en el dicho marqués que se alegraba y aún este testigo y el dicho marqués platicaron muchas veces en las fiestas e regocijos que se habían de hacer cuando el dicho don Álvaro viniese a efetuar el dicho casamiento y el recibimiento que le había de hacer al dicho don Álvaro y a los que con él viniesen, las joyas y cosas que pensaba dar a cada uno. López de Gómara y los hijos de Hernán Cortés: El trato de Gómara con los servidores y criados del marqués del Valle se mantuvo tras la muerte de Hernán Cortés. Los más allegados continuaron al servicio de su hijo, entre ellos Pedro de Ahumada, Diego Ferrer, Gonzalo Díaz, Juan López de Vergara y Mariano de Verona, asiduos acompañantes del segundo marqués del Valle en los años siguientes. Aquella circunstancia posibilitó que Gómara, que ya conocía a Martín Cortés, cultivase su amistad y tuviese la oportunidad de tratar a sus hermanas. El heredero de este Marquesado había nacido en Cuernavaca en 1532. Su padre lo trajo a España en 1540 siendo todavía un niño. No hay que confundirlo con su hermano de padre y homónimo, el hijo de doña Marina, que vino a la corte con su progenitor en 1528. Debió de ser este último, por entonces de unos veinte años, quien estuvo con su hermano Luis en Argel al lado del padre. Aunque Bernal Díaz del Castillo sitúa en aquel escenario a los dos Martín, 94 Gómara registró la presencia de Martín y Luis sin puntualizar que se tratase del heredero o "mayorazgo" como lo hace en otras ocasiones. 95 Cuando Hernán Cortés regresó a Castilla en 1540 Gómara se encontraba en Italia, desde donde al año siguiente se incorporó a la empresa de Argel. 96 Conoció a don Martín en 1542, tal y como se deduce de su declaración de agosto de 1551 donde afirmó que era "desde nueve años a esta parte", siendo entonces más preciso que en enero de 1549 cuando declaró que hacía siete u ocho años más o menos. En vida de Hernán Cortés conocía a don Martín de "vista e habla e conversación", como a su padre. Así siguió en los años inmediatamente posteriores a su muerte. Gómara y el segundo marqués coincidieron de nuevo en Valladolid en la cuaresma de 1548. El cronista en aquella ocasión venía de Aranda de Duero, donde residían los Consejos, y: mesa. Las dependencias ocupadas por don Martín traducían la hospitalidad del marqués de Astorga, pues eran sus arreos los que adornaban la cámara y aposento que ocupó, como tuvo ocasión de ver. Nada apuntan sus palabras a que conociese el contenido de sus conversaciones, solamente que las mantuvieron. Tampoco parece que fuese Martín Cortés el que le explicase las circunstancias que le hicieron abandonar Sevilla a la ligera, sino que "lo oyó decir". Al lado de don Martín se encontraban, entre otros, Pedro de Ahumada, Diego Ferrer y Melchor de Múxica, a quienes pudo escuchar el comentario. Una vez más el testimonio de Ahumada aclara el contenido de aquellas conversaciones en las que el marqués de Astorga solicitó 6.000 ducados de la dote prometida antes de la llegada de María Cortés, petición a la que accedió, en nombre del marqués del Valle, su curador, el conde de Aguilar. En enero de 1549 se produjo la declaración de Gómara en el pleito del marqués contra el marqués de Astorga, aunque ello no indica que tratase estrechamente con Martín Cortés que por aquellas fechas residía en Nalda con el conde de Aguilar. Allí, en febrero de ese año casó con su prima Ana de Arellano. De nuevo aparece Gómara en agosto de 1551 en Valladolid, en esta ocasión como testigo en el litigio de los Aranda con el segundo marqués del Valle. El clérigo de Osma, tras prestar juramento, declaró que: ba en Valladolid el padre Las Casas, quien bien pudo verlos juntos y deducir "su residencia" en casa del marqués. Por otro lado, Gómara, tal vez intencionadamente, no hace mención alguna de la avanzada redacción de su obra. La villa de Nalda se presenta como el escenario probable en el que Gómara conoció a las hermanas del marqués. En ella hay constancia de que se encontraban María, Juana y Catalina en el verano de 1551, pues la demanda de los Aranda fue notificada en aquel lugar al conde de Aguilar y a los hijos de Cortés "en sus personas". 100 De María, la primera que hizo el viaje a España, Gómara solo tenía referencias indirectas en 1549, cuando se encontraba en Sanlúcar "donde al presente oye decir este testigo que está, e que de los dineros que trajo la dicha doña María Cortés, que vinieron consinados al duque de Medina Sidonia, su curador, sabe este testigo que se tomaron para el príncipe nuestro señor gran cantidad de ducados, según que parecerá por las escrituras que sobre ello se hicieron".101 En compañía de Martín Cortés, pese a que nada dice, tuvo que ver Gómara a su madre, doña Juana de Zúñiga, y a sus hermanos naturales, Martín y Luis, cuya presencia al lado del mayorazgo de los Cortés se rastrea, entre otros testimonios, en las cuentas del segundo marqués.102 La publicación de La Historia de las Indias En octubre de 1552 don Martín, a sugerencia de Gómara, escribió al obispo de Arras, futuro cardenal Granvela, una elocuente carta desde Nalda. En ella presentaba a Francisco López de Gómara como "un clérigo y hidalgo muy honrrado y virtuoso y por tal está tenido" al tiempo que mostraba su deseo de que el esfuerzo que había realizado fuese recompensado y alcanzase sus peticiones porque "Hase ocupado muchos días en escriuir La ystoria de las Yndias, y según dicen, muy copiosa. Enbía un libro a Su Magestad". 103 El propio Gómara, en noviembre, aprovechando la recomendación de Martín Cortés, también escribió desde Zaragoza al de Arras. Estaba convencido de que la privilegiada posición y formación del obispo favorecería, "si la obra lo merece", la presentación del texto ante el soberano. 104 Gómara reunía méritos suficientes para lograr el apoyo solicitado, de manera que por él había "causa, y color de hablar como hablan por otros diciendo que harán y sirvirán", máxime cuando avanzaba en la carta "la compongo en latín y la acabaría presto si su magestad me ayudase". Sus palabras traducen cierta amargura pues algunos, sin hacer demostración de méritos, obtenían los reconocimientos a los que él también aspiraba, entre ellos el nombramiento de cronista. Gómara le anunciaba que había escrito "una istoria de las yndias que intitulo y embío al emperador nuestro señor por la vía del señor don Luis de Ávila y del señor licenciado Uiruiesca [i.e. Briviesca]" 105 y se disculpaba por no remitirle otro por "la estrechura de camino y tiempo" y no querer importunarlo más. La búsqueda de apoyos de personajes influyentes era frecuente entre los hombres de letras con aspiraciones en la corte, y a más de uno, entre ellos a Juan Páez de Castro, le dio muy buenos resultados años más tarde, como abiertamente reconoció en una carta a Jerónimo Zurita al aludir al apoyo del obispo de Arras y de Luis de Ávila en su nombramiento de cronista. 106 Por ello, la carta también fue excusa para que Gómara expusiese sus aspiraciones: "yo pido a su Majestad título de coronista de las Indias con salario, que me haga su capellán y me dé preuilegio para sus reynos, que para Aragón el príncipe nuestro señor me lo dio". Aunque su sobrino el bachiller Juan Ruiz lo trata en un poder notarial como "coronista de su majestad" no hay constancia de que lograse aquella distinción. Francisco López de Gómara escribió en los Annales de Antonio de Perrenot, obispo de Arras, "sin duda es principal persona en negocios, consejo, lenguas y aun letras". Carta de Francisco López de Gómara al obispo de Arras, Zaragoza, 20 de noviembre de 1552. Con el obispo de Arras mantuvieron correspondencia epistolar destacados humanistas de su tiempo, Valentín Moreno Gallego, "Letras misivas" pp. 31-55, pp. 52-54. Poder de Juan Ruiz, en su nombre y en el de Fernán González de Almarza, chantre de la ciudad de Soria, Pedro Ruiz, clérigo, y Brígida López, testamentarios de Francisco López de Gómara, a favor del bachiller Pedro Moreno para recibir los maravedís que se adeudaban a Gómara en el momento de su muerte, Gómara, 5 de mayo de 1563. ISSN: 0210-5810 ra competente y es reconocido, 108 pese a que ha escrito sobre otros asuntos, no deja de ser una novedosa petición pues el primero en recibir el cargo de "Cronista y Cosmógrafo Mayor de los estados y reinos de las Indias, islas y Tierra Firme del mar oceáno" y desarrollar su cometido fue Juan López de Velasco. 109 Antes que él, Juan Ginés de Sepúlveda, cronista y capellán de Carlos V, ya había proyectado escribir sobre las Indias. 110 Por otra parte, sobre el nombramiento de capellán que solicita, a falta de otras referencias documentales, nada podemos aclarar. 111 Finalmente, su deseo de dar a la imprenta la obra en Castilla queda patente en la petición de aquel privilegio que ya tenía para Aragón. Curiosamente, cuando Gómara escribía al futuro cardenal Granvela, "oficialmente" no había finalizado la impresión de la edición príncipe en cuyo colofón se lee "acabose de imprimir la víspera de la Navidad de 1552". Un mes después López de Gómara coincidió con Martín Cortés en Madrid, donde pudo mostrarle su obra impresa. López de Gómara y las deudas del segundo marqués del Valle de Oaxaca 112 También declaraba que el rey le adeudaba 500 ducados de los registrados por Pedro de Ahumada para él y que se tomaron con otros dineros del marqués procedentes de Indias. Finalmente don Bernardino de Mendoza le debía 99.000 maravedís. 113 Todos estos impagos derivan de los tratos entre Gómara y Martín Cortés, sin que ninguno de ellos fuese satisfecho en vida del cronista. Es bien conocido como los 500 ducados se los concedió Martín Cortés "porque hizo la corónica de la conquista de México y desa Nueva España" en los primeros días de marzo de 1553. 114 El 31 de ese mes Gómara otorgó en Madrid dos cartas de poder que asegurasen su cobro. Por una de ellas confió su recaudación en México a Juan Altamirano, primo de Cortés, a quien había tratado en Valladolid, donde ambos coincidieron como testigos en la causa contra el marqués de Astorga. Por la otra serían Diego Ferrer, ayo del marqués del Valle, y Alonso y Pedro de Espinosa, vecinos de Sevilla, los encargados de recibir en España el dinero prometido. Sospecho que en las prevenciones de Gómara, además de su próximo viaje a Flandes, pesó el conocimiento de las cuantiosas deudas del segundo marqués y su afición por el juego. Meses antes, el 21 de enero, Martín Cortés le había cedido a Gómara los 99.000 maravedís que había pagado por Mendoza al conde de Bailén y a Fadrique Enríquez. El clérigo se apresuró a presentar el poder en causa propia otorgado por el marqués del Valle ante el Consejo de Órdenes para cobrarlos del comendador, aunque falleció sin haberlos percibido y sin que hasta la fecha sepamos el motivo de la gratificación, muy probablemente para agradecerle algún servicio. 115 El 25 de marzo el mismo marqués se obligaba a devolver a Juan de Lezcano los reales de plata que le había prestado para pagar sus múltiples deudas de juego. Entre los testigos de esta obligación, además de Mariano de Verona y Arias de Cañizales, criados del segundo marqués, aparece el clérigo Gómara. 116 Tal era la situación de Martín Cortés que tres meses más tarde un alguacil sólo pudo embargarle "una capa y un sayo que tenía de su persona", todo lo demás lo había perdido apostando. La inclinación al juego, heredada del padre, y el endeudamiento tal vez explican las palabras que con tono moralizante Francisco López de Gómara dirigió a este noble en la dedicatoria de La conquista de México: 114 Jiménez, Francisco López de Gómara, p. 75, asignó a este poder, de 21 de enero, la fecha del día en que Gómara lo presentó en el Consejo de Órdenes, el 27 de ese mes. Obligación de Martín Cortés, marqués del Valle, comprometiéndose a pagar a Juan de Lezcano 36.515 reales en el plazo de dos meses, Madrid, monasterio de San Francisco extramuros, 25 de marzo 1553. ISSN: 0210-5810 sación pero de ninguna declaración es posible deducir, ni siquiera intuir, su actuación como capellán o cronista a sueldo, lo que corrobora que nunca lo fue. Es evidente que el conquistador le merecía gran estima pues en todo el tiempo que lo conoció lo tuvo "por muy buen caballero e amigo de guardar su palabra e muy buen cristiano, según que lo mostraba en las grandes y muchas limosnas y caridades que hacía", 124 cualidades que también destacó al tratar de la "Condición de Cortés". 125 Desconocemos hasta qué punto Hernán Cortés trató a Gómara, aspecto mejor conocido en el caso de su hijo, con el que el cronista declaró tener amistad y conversación. El segundo marqués no ocultó el afecto que le profesó pues Mauricio de la Cuadra, refiriéndose al clérigo, en 1558 escribió a Jerónimo Zurita: "Contóme el marqués del Valle ques mucho suyo". 126 Por lo que afecta a su obra americanista lo más interesante, sin duda, es su declaración de que conoció a Cortés cuando regresó a España la primera vez -dato hasta la fecha ignorado-y la confirmación de su relación con Andrés de Tapia, uno de sus confidentes. Hay que destacar también que Gómara trató a los criados y servidores de Hernán Cortés -Pedro de Ahumada, Diego Ferrer, Jaime Campos, etc.-con los que conversó y a través de los que tuvo acceso a sus papeles. Todos estos vínculos permiten una mejor interpretación de La conquista de México. En los casos comentados, la presencia y declaraciones de Gómara son de gran interés para aclarar su relación, aparentemente distante, con Hernán Cortés y mucho más cercana con don Martín, el segundo marqués del Valle, además de para enriquecer la biografía y trayectoria de los tres personajes. En este sentido, las palabras de Gómara revelan aspectos desconocidos, rectifican algunas de las afirmaciones que tradicionalmente se han asumido sin discusión, matizan otras y, aunque nos gustaría que fuese de distinta manera, siguen suscitando preguntas hasta el momento sin respuestas concluyentes. Confiamos en que nuevos documentos puedan contribuir a saber más de su relación con los marqueses del Valle.
Université Paris 7 -Denis Diderot Tanto el exilio como el retorno de chilenos han sido procesos migratorios familiares dolorosos. La situación de los chilenos, como refugiados en la sociedad francesa y como retornados en la sociedad chilena, revela elementos característicos de los contextos políticos de esas dos sociedades: en el primer caso, su relación con los inmigrantes, especialmente los refugiados, y en el segundo su vínculo con su pasado reciente. Por tanto, las categorizaciones identitarias de este colectivo, cuando estaban en Francia y luego como retornados a Chile, se muestran en franca contradicción, positivas las primeras, negativas las segundas. Este artículo analiza los elementos subyacentes en estas categorizaciones, así como sus efectos sobre la integración y re-integración de los chilenos como exiliados y como retornados. Se presentan, además, algunos ejemplos característicos de esas experiencias migratorias. PALABRAS CLAVE: exiliados, refugiados, retornados, categorizaciones, víctimas, identidades. Itinéraires chiliens, CIEMI-L'Harmattan, Paris, 1997; Montupil, Fernando (dir.): Exilio, derechos humanos y democracia. El exilio chileno en Europa, con el patrocino de la Coordinacion europea de Comités Pro-Retorno, s.e., Santiago de Chile, 1993; Yankelevitch, Pablo (coord.), et al.: México, entre exilios. Una experiencia de sudamericanos, Plaza y Valdés Editores, IFAM, México, 1998; Prognon, Nicolas: La diaspora chilienne en France. 4 Hormis la récente publication de l'enquête de Rebolledo, Loreto: Memorias del desarraigo. 23 Araujo, Ana María, et Vásquez, Ana: Exils latino-américains: la malédiction d'Ulysse, págs. 33-82. 39 Rebolledo, L.: Memorias del desarraigo..., pág. 16. Chile 1973-1994", in Garcés, Mario; Milos, Pedro, et al. (compiladores): Memorias para un nuveo siglo. Chile, miradas a la segunda mitad del siglo XX, LOM, Chile, 2000, págs. 173-187, 180. sées"-, dont peuvent en revanche s'honorer les imbéciles, mais "couillus", qui seraient restés.
Este libro se propone explicar cómo se ha formado la idea de una unidad continental en un espacio poblado por pueblos tan diferentes. Las vacilaciones en el uso de términos como "Latinoamérica", que Abellán rechaza por su origen en el colonialismo francés, e Hispanoamérica" o "Iberoamérica", que, evidentemente, no engloban todo el rico mundo suramericano, evidencian que la idea de América se encuentra en pleno proceso de definición. Así lo reconoce este autor, muy atento a tendencias actuales tan innegables como el desmarque de México hacia Estados Unidos o el proyecto bolivariano de Hugo Chávez. En cuanto a la injusta pretensión norteamericana de monopolizar el concepto de América, Abellán la rechaza de plano. El autor relaciona su libro con la historia de las ideas tal como la definieron Ortega y Gaos. Es decir, con bases teóricas al menos tan sólidas como las de la historia de las ideas que surgió en Francia en torno a la revista Annales. La formulación teórica de José Gaos era impecable: las ideas en su contexto histórico. Además fue capaz de formar una generación de buenos historiadores de las ideas en México. La vinculación de la Filosofía con la Historia es en Abellán medular y nace tanto de Ortega como de Gaos. Fue principalmente el segundo quien, al defender el carácter filosófico de los escritos de su maestro, vinculó el pensamiento español e hispanoamericano con la Historia de las Ideas. Y es innegable la afirmación de que la filosofía hispanoamericana que propiciaron Ortega y Gaos despertó la reflexión y la toma de conciencia propia en Sudamérica. El tratamiento de Ortega y de José Gaos en este libro es idéntico al de la edición de 1972. 1 Abellán pasa de puntillas por el periodo colonial, porque, según él, España no intentó sino hacer de América un espejo de la propia España. Pero luego establece un contraste de la colonización sajona del Norte de América con la española y la portuguesa. El autor, fiel al circunstancialismo orteguiano que profesa, está atento a atemperar el enfoque esencialista de este capítulo con pertinentes alusiones a la circunstancia histórica más actual. Mantiene intacto el Capítulo IV, dedicado a la unidad histórica de América, a pesar de los nuevos acentos que ha adquirido hoy el bolivarismo. Pero en la Introducción ya hace alusiones muy actuales a fenómenos como la polarización México-Brasil y a la pérdida de peso del latinoamericanismo. Sostiene que la idea de América es un producto hispanoamericano por el carácter abstracto de nuestra cultura. Dejando de lado el pensamiento liberal latinoamericano, inevitablemente clara afirmación de identidad, considera Abellán como fases en la búsqueda de la identidad de la América española la Independencia y el positivismo, especialmente este último en cuanto ruptura con el pasado colonial e incorporación a la modernidad. Se echa de menos una alusión más amplia al rechazo de la herencia colonial española, tan atípica y característica de nuestras antiguas colonias, como afirmación de identidad y origen en muchos intentos equivocados de expresar su conciencia histórica. El tratamiento del positivismo es tan sucinto que nada trasciende en el libro del rico debate entre los principios liberales y el análisis científico de la peculiaridad de cada país. Se echa también de menos la referencia a la identificación de la cultura española con el feudalismo y la Edad Media, tópicos que aún siguen muy extendidos en la historiografía americana. A la altura del Capítulo VI Abellán afirma que no hay una unidad política americana por culpa de Estados Unidos, opinión discutible porque la desunión de las nuevas repúblicas hunde sus raíces en la Colonia, pero sí una unidad cultural. En los Capítulos VII y VIII estudia la relación entre el modernismo, que comienza en Hispanoamérica en 1900 con José Enrique Rodó, y la generación española del 98. Con razón califica Abellán al modernismo de impreciso porque no consigue relacionarse con el arranque de las ciencias del espíritu en Alemania. También se esfuerza el autor en aclarar que el modernismo, cuyo máximo exponente es Rubén Darío, no se limita a la influencia formal francesa sino que es, en esencia, una actitud mental. El titular "El sentimiento de lo autóctono" los capítulos que dedica Abellán al pensamiento en los diversos países de Hispanoamérica suaviza el carácter filosófico de sus aportaciones. A partir del XI, el autor escribe capítulos separados para los distintos países, en lugar del sumario Capítulo IX de la edición de 1972 al que denominó "El sentimiento de lo autóctono en el ensayismo hispanoamericano". El criterio para la organización de esta sección responde a la situación política actual de la región. En el Capítulo XI, dedicado enteramente a México, incluye una amplia cita al historiador de la cultura Pedro Henríquez Ureña, dejando, por lo demás, intacto el tratamiento de 1972. En el XII se ocupa de Centroamérica, donde encontramos actualizaciones referidas al Frente Sandinista de Liberación Nacional, a Ernesto Cardenal y alusiones muy críticas a la conducta política del presidente Daniel Ortega. Se incorporan países inéditos en la edición de 1972, como Costa Rica, a quien se da un rico tratamiento. Lo mismo sucede con Panamá y El Salvador. En el Capítulo XIII, centrado en el Caribe, enriquece el libro con el tratamiento de la República Dominicana y Cuba. El XIV lo dedica enteramente a Perú, que había resumido en sólo dos páginas -dedicadas a Mariátegui-en 1972. Justifica la novedad por el profundo cambio experimentado en ese país como consecuencia del desplazamiento a Lima de mucha población serrana. Incorpora ahora a Luis Alberto Sánchez, Augusto Salazar Bondy y Haya de la Torre. Termina el capítulo con una ferviente invitación a una unidad latinoamericana y una muy circunstancialista referencia a Sendero Luminoso, Fujimori y Alan García. Esa ferviente invitación es, sin duda, el corazón del texto de 1972 y lo sigue siendo del que reseñamos aquí. En cambio, al referirse a Venezuela, Colombia y Ecuador, quizás como consecuencia del proyecto bolivariano del presidente venezolano, se acuerda de una estructura tan efímera como la Gran Colombia. No podía faltar la referencia a la deriva populista y autoritaria de Hugo Chávez. Con el mismo sentido circunstancialista intitula el Capítulo XVI "El cono sur", para referirse a Argentina, Uruguay -dejada de lado en 1972-y Chile, que sólo había merecido entonces una mención a Subercaseaux y a Luis Durand. Es una pena que no se acuerde del genial J.V. Lastarria o del rechazo de Francisco Bilbao de la unidad de la antigua América española o del movimiento de énfasis que se produjo en la Historia frente a la Filosofía. También en el caso argentino valdría la pena una referencia al sustancial pensador Juan Bautista Alberdi. En el nuevo Capítulo dedicado a Paraguay y Bolivia, no faltan oportunas alusiones a Fernando Lugo y al socialismo de Evo Morales. Igualmente es nuevo el Capítulo sobre "El modelo brasileño" como país latinoamericano por excelencia y modelo de integración social y cultural bajo la presidencia de Lula da Silva. Está justificado por la evidente dimensión económica de Brasil a escala mundial, pero se puede decir que G. Freire es único inspirador del texto, dejando de lado la rica aportación de Brasil a la historia de las ideas. Otro capítulo está centrado en "Los problemas del indigenismo". Podía haberse hecho referencia al sentido del movimiento en Perú, y más particularmente en Mariátegui. Un capítulo nuevo más, el XXI, lo dedica al proceso de globalización y su incidencia en la idea de América. Y en el XXII, "El ser de América", vuelve al décimo de la edición de 1972 para ocuparse de los ensayistas que han tratado de América como unidad. Abellán opina, con razón, que las elites intelectuales expresan de forma privilegiada el sentir de las sociedades, sin olvidar el protagonismo que tiene hoy el voto de las masas, para orientar el futuro de los pueblos. Recalca también muy atinadamente la forma en que durante la guerra fría, Iberoamérica, después de haber caído ingenuamente durante mucho tiempo en la pretensión de ser lo que no era, se desmarcó del pensamiento dominante para afirmar su identidad. Se echa de menos la referencia a algunas afirmaciones de la identidad iberoamericana tan destacables como la sociología crítica, la teoría de la dependencia, el pensamiento revolucionario o la teología de la liberación. Asimismo, un enfoque socioeconómico de los problemas, no ajeno al autor puesto que dedicó un libro vanguardista a la industria cultural española,2 nos daría la clave para explicar muchos fenómenos más allá de las formulaciones teóricas, siempre imprescindibles. En cuanto a aspectos mejorables, el autor ha suprimido aquí la tabla cronológica, que nada añadía al libro, pero quizás debería haber conservado un índice analítico, que se echa tantas veces de menos en los libros españoles. También el papel en que está impresa la obra no permite que luzcan las ilustraciones. Como conclusión, el libro es una ferviente afirmación americanista y acaricia un promisorio proyecto de unidad para una Iberoamérica condenada por su estructura económica a competencias internas y dividida por espacios geográficos conflictivos. La coyuntura política actual nos sigue recordando populismos que deseábamos superados y peligrosas aventuras militares que parecen volver a los esquemas de la guerra fría.-JAIME GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Universidad Complutense de Madrid. Trinidad Barrera (ed.): Herencia cultural de España en América. Siglos XVII y XVIII, Madrid-Frankfurt, Universidad de Navarra/Iberoamericana-Vervuert, 2008, 294 pp. Los trece trabajos reunidos en el presente volumen, enmarcado en el Proyecto de Investigación de Excelencia coordinado por la editora y denominado Herencia cultural de España en América. Siglos XVI, XVII y XVIII, continúan con la labor emprendida en una obra colectiva inmediatamente anterior, de título muy semejante (Trinidad Barrera (ed.): Herencia cultural de España en América. Siglo XVI, Sevilla, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2007) dedicada al siglo XVI, para abordar ahora las otras dos centurias -XVII y XVIII-, centrando la atención en personajes de origen andaluz que desarrollaron su labor cronística o poética en América. Abre el volumen Ignacio Arellano ("El ingenio conceptista y el criollismo costumbrista de Juan del Valle Caviedes", pp. 9-29), que revisa y cuestiona el que ha sido un lugar crítico recurrente en torno a la persona y la obra del jienense Caviedes: su supuesto criollismo militante y "revolucionario", constructor de una identidad peruana o incluso americana enfrentada al sistema político e ideológico de la Colonia. Arellano parte de un repaso al estado de la cuestión, para luego confrontar tales aseveraciones con los propios versos caviedianos, concluyendo que "todos los elementos glosados permiten [...] asegurar el criollismo de Caviedes si se le da al mismo un alcance temático y costumbrista, pero no se advierte ni una militancia rebelde ni mucho menos una actitud revolucionaria"... "nada en la obra de Caviedes permite trazar una historia de subversión en orden a un supuesto objetivo identitario enfrentado al sistema colonial". Con el discurso insular como hilo conductor, y Foucault como marco teórico de fondo, Gema Areta ("Travesías de un discurso: islarios, Atlántidas y otros principios", pp. 31-49) analiza el Islario de Alonso de Santa Cruz y El origen de los indios de Diego Andrés Rocha, en el contexto del impacto cosmográfico del descubrimiento de América y de la disputa en torno a la procedencia de los indígenas, respectivamente. En la obra de Rocha centra también su aportación José Manuel Camacho Delgado ("Los nuevos hijos de Adán. Diego Andrés Rocha y el origen de los indios occidentales", pp. 149-170), ahondando en la historia, las motivaciones y las claves argumentativas que definieron la postura del sevillano en la polémica sobre el origen de la población americana. Siguiendo con el XVII, el trabajo de Beatriz Barrera ("Una Defensa de damas (1603) en la academia antártica. Diego Dávalos y el debate sobre el matrimonio", pp. 69-84) ofrece una sugerente reflexión acerca de la Defensa de damas de Diego Dávalos, su particular inserción en el contexto literario, cultural e ideológico de la época, y la influencia de su propia experiencia conyugal -casado en La Paz con la excepcional Francisca de Briviesca-en su posicionamiento, de filiación erasmista, con respecto a la controversia sobre el matrimonio que atraviesa los siglos XVI y XVII. La Historia de los triunfos de nuestra santa fe del jesuita Pérez de Ribas, crónica de la empresa misionera de la Compañía de Jesús en la frontera norte del Virreinato novohispano entre 1590 y 1645, es el objeto de la investigación de Salvador Bernabéu Albert ("El gran teatro del norte. La Historia de los triunfos de nuestra santa fe, del jesuita cordobés Andrés Pérez de Ribas", pp. 107-127). Consuelo Varela ("El Nuevo Mundo en los Anales de la ciudad de Sevilla de Ortiz de Zúñiga", pp. 277-294) nos acerca a la visión que de América y lo americano recoge desde Sevilla "el gran historiador de la ciudad [...] del siglo XVII", Diego Ortiz de Zúñiga. Eduardo Hopkins Rodríguez ("Lo ejemplar, lo sapiencial y lo prudencial en La Florida del Inca de Garcilaso de la Vega", pp. 231-254) dedica su contribución al único caso, emblemático, de nacido en América que escribe desde tierras andaluzas: el Inca Garcilaso de la Vega. Hopkins profundiza en las estrategias textuales y en la proyección universalizadora del citado texto del Inca Garcilaso mediante el examen de "los aspectos ideológicos de la obra implicados en su argumentación ejemplar". Terminando con los trabajos dedicados al XVII, el de Catalina Quesada Gómez ("Épica religiosa hispanoamericana: La Cristiada de Diego de Hojeda y la máquina sobrenatural", pp. 255-275) se aproxima a tres motivos centrales de La Cristiada del sevillano Hojeda -el tópico de la intervención divina o "máquina sobrenatural", Satán y su infierno épico, y el episodio del suicidio de Judas-, mientras que Julián González-Barrera ("Hernando Pizarro a través de la mirada piadosa de Tirso de Molina: La lealtad contra la envidia ", pp. 197-229) estudia la semblanza heroica idealizada que Tirso de Molina traza para ensalzar la persona de Hernando Pizarro en una de las comedias que componen su apologética Trilogía de los Pizarros. En lo que respecta al siglo XVIII, la coordinadora del volumen, Trinidad Barrera ("Antonio de Viedma en las exploraciones de la costa patagónica", pp. 51-68), nos traslada al "territorio mítico-literario" de la Patagonia para abordar la figura de este jienense, explorador en la costa patagónica y fundador de la colonia de la Bahía de San Julián. El relato de su periplo -un hito fundamental en el interesante corpus de escritos de viajeros australes-, recogido en el Diario de un viaje a la costa de la Patagonia y su complementaria Descripción de la Costa meridional del Sur, llamada vulgarmente Patagónica, conserva, aún en el XVIII, elementos propios de los primeros momentos de la conquista, a la vez que deja constancia de la política española en estos territorios, fuera del interés de la Corona hasta la llegada de la dinastía borbónica. Tomando como eje el Diario de observaciones que acompañó durante toda su vida a José Celestino Mutis, María Caballero ("José Celestino Mutis. Un gaditano en la génesis de la Ilustración colombiana", pp. 129-147) profundiza en la relevancia de este personaje como representante de la Ilustración católica española en el Nuevo Mundo. Por su parte, Virginia Gil Amate ("Aproximación a Tardes americanas de José Joaquín Granados y Gálvez", pp. 171-195) presenta un exhaustivo análisis del diálogo Tardes americanas de este malagueño que desarrolló su carrera eclesiástica en Nueva España, dando un paso más en la progresiva recuperación crítica de un texto de gran interés para el estudio histórico, político y literario de la cultura novohispana. Para concluir, Martha Barriga Tello ("Imágenes de Lima, testimonios de la presencia cultural española en el virreinato de Perú en el siglo XVIII", pp. 85-105) nos acerca a la imagen de la Lima de esa época dieciochesca a través de los testimonios de varios españoles que vivieron o visitaron la bella y opulenta capital virreinal, "ciudad de ilusiones y desvaríos; de entretenimiento y diversión; de bullicio y recogimiento; de engaño y seriedad", que "siempre fascinó a los viajeros y atrapó a los inmigrantes". En definitiva, nos encontramos ante un libro rico en contenidos, perspectivas y propuestas, a la vez específico y panorámico, coherente y heterogéneo, que en su conjunto nos ofrece una excelente reflexión interdisciplinar sobre la herencia cultural española en la América colonial.-ANA SÁNCHEZ ACEVEDO, Universidad de Sevilla. Como otros pueblos mesoamericanos, los mayas cultivaron el arte de escribir con éxito e innovación. Las inscripciones jeroglíficas aparecen en superficies distintas alrededor del año 250 d.C.: los textos del periodo Clásico (300-900 d.C.), considerado por los arqueólogos como el apogeo de la civilización maya, son abundantes en comparación con los disponibles para la era Posclásica (900-1524 d.C.). Sin embargo, el hecho de saber cómo documentar la historia y narrar una forma particular de ver el mundo, no había desaparecido al momento de la intrusión española a principios del siglo XVI. Algo admirable de los pueblos mayas es su habilidad para responder a la invasión y dominación en formas que salvaguardan los aspectos esenciales de su cultura: adaptar las maneras antiguas de hacer las cosas a las nuevas realidades que se les han impuesto, o en las que se encuentran en un momento dado, es la clave para la supervivencia maya. Tal es el caso de la escritura y de los métodos de memoria maya. Rápidos para detectar las ventajas de las convenciones europeas, aprendieron a usar el alfabeto latino y empezaron a escribir de esta manera, documentando así, en una próspera producción de textos, los eventos que les habían ocurrido y las creencias que defendían. Uno de los textos más celebrados de la producción maya es el Popol Vuh, un relato k 'iche' del siglo XVI sobre la creación del universo que abarca una vasta multiplicidad de conocimientos, entre los que figuran los mitos, leyendas, memorias de migraciones históricas y narraciones de guerras entre linajes, desde el principio de los tiempos hasta la llegada de los primeros españoles a Guatemala. Ha habido varias interpretaciones del Popol Vuh, así como diversas versiones del texto mismo, siendo una de las más recientes la traducción al inglés por Allen Christenson (O Books, 2003). Con esta versión de Christenson es con la que Karen Bassie-Sweet prefiere trabajar en su ambicioso esfuerzo por tomar sus contenidos mitológicos y ubicarlos -literalmente conectarlos con el espacio físico-en la geografía de Guatemala, especialmente en el entorno del altiplano del majestuoso lago de Atitlán. La autora comienza con la observación de que "la geografía sagrada de los mayas se basaba en la manera en que ellos modificaban y cambiaban el paisaje natural para cultivar el maíz". Una de sus metas principales, por lo tanto, "es identificar y describir la naturaleza agrícola" de una serie de dei-dades "quienes, según los mayas, crearon el ciclo del maíz" y "quienes eran considerados responsables de la creación y ordenamiento del mundo y su renovación cíclica" (p. xvii). La hipótesis de Bassie-Sweet es que "[a]l analizar el Popol Vuh además del arte y los textos jeroglíficos mayas, y hacer analogías con fuentes contemporáneas, los temas principales relacionados con la cosmología maya pueden ser explorados" (p. xvii). Su libro es un ejercicio meticuloso de correlación, realizado con diligente erudición en catorce pródigos capítulos, bellamente ilustrados e intelectualmente absorbentes. El único inconveniente es la confesión de la propia Bassie-Sweet de que sus "experiencias personales en el altiplano de Guatemala han sido limitadas", lo que obliga a que su información dependa "de las publicaciones ejemplares de docenas de investigadores para entender el paisaje y la cultura de esta región" (p. xiv). Muchos de los individuos en cuyos trabajos se basa confirmarían, o hubiesen recomendado mientras aún vivían, que no existe un sustituto para el trabajo de campo, actividad primordial que ayuda a verificar la aplicabilidad vigente de las observaciones realizadas un año, una década o un siglo atrás. Es una lástima, por lo tanto, que esta autora no pasara tanto tiempo en el campo como lo hicieron los investigadores que ella, con toda razón, admira y en quienes tanto se apoya. El defecto es más evidente en el Capítulo Dos, "Maíz", y en el Capítulo Tres, "Eventos y ceremonias agrícolas". Bassie-Sweet recopila de "docenas de investigadores" (p. xiv) lo que documentan acerca de cómo los mayas cultivan el maíz en todo el altiplano guatemalteco y qué rituales y ceremonias están asociadas con el ciclo agrícola o, para ser más preciso, cómo solían cultivar el maíz y qué rituales y ceremonias solían estar asociadas con éste. Puede ser que la reverencia hacia el cultivo del santo maíz perdure, pero no se hace mención alguna de cómo se cosecha en la actualidad con la ayuda de pesticidas y fertilizantes para el beneficio de gente con hambre, pero también para el detrimento de la Madre Tierra, como es el caso de la trágica contaminación del lago de Atitlán. De igual manera, muchos de los ritos fascinantes que caracterizaron "el ciclo del maíz" cuando Oliver La Farge y Raymond Stadelman se dedicaban a su trabajo en las décadas de 1930 y 1940, ya no se practican hoy en día o están bajo amenaza y desapareciendo rápidamente. Con demasiada frecuencia, las síntesis de Bassie-Sweet pertenecen a otra época y a otro lugar; sin embargo, son anotadas como existentes y aún presentes. Por ejemplo, no se puede discutir el hecho de que "[e]l proceso de moler maíz a mano es laborioso", aunque actualmente ya no es necesario "que la mujer se levante antes del ama-necer" (p. 30) para preparar la masa con la que se hacen las tortillas y se alimenta a la familia. No es el canto de los gallos lo que despierta a la gente en la campiña maya hoy en día, sino el estrépito de los desvencijados molinos de maíz motorizados. Y si esta autora se dirigiera "a la boca costa del Pacífico y a través del área costera" seguramente podría observar, por lo menos en esta última, no "ricas plantaciones de cacao" (p. 240) como en la época precolombina o a principios de la Colonia, sino vastas plantaciones de azúcar y algodón trabajadas de forma industrial. No existe, repito, un sustituto para el trabajo de campo, dónde y cuándo sea. Asimismo, si bien no se puede negar su formidable dominio de la literatura sobre arqueología, la dependencia de Bassie-Sweet de la comprensión que alguien más tuviese de la historia del periodo colonial de vez en cuando le puede defraudar. "Hacer ofrendas en el centro y en las cuatro esquinas de la milpa", escribe, "es uno de los rituales más comunes" (p. 46) -o por lo menos solía ser. Atribuyéndole a Christenson lo que a continuación declara, nos informa: "Poco después de la conquista española, Francisco Ximénez registró un ritual de este tipo" (p. Cuando fungía como padre cura de la parroquia en Chichicastenango, a Ximénez le mostraron el original del Popol Vuh, del cual hizo una copia que actualmente se encuentra en la Newberry Library de Chicago. Al fraile dominico, no obstante, se le confió el precioso original no "[p]oco después de la conquista española", sino a finales del siglo XVII o principios del XVIII, que también es cuando observó, según cabe suponer, "que el campesino colocó fuego e incienso en el centro y en las cuatro esquinas de su sembrado" (p. Aunque quizá no sea un error tan importante en sí, bien pudo haberse evitado al consultar las obras de Ximénez directamente, y no depender tanto del texto de Christenson. Este libro, en gran medida, es una especialidad con la que los mayistas pertinaces se deleitarán y de la cual obtendrán gran satisfacción, ya que la habilidad de Bassie-Sweet para conectar una gran cantidad de reflexiones contenidas en el Popol Vuh con características geográficas disímiles es impresionante, ya sean las manifestaciones terrestres en forma de ríos, lagos, montañas, volcanes, valles o localidades habitadas. Sospecho, sin embargo, que la mayoría de los americanistas se sentirán complacidos de saber que una copia del libro, otro elegante volumen de la Editorial de la Universidad de Oklahoma, está disponible para su consulta en una biblioteca universitaria o un centro de estudios avanzados.-W. GEORGE LOVELL, Queen's University, Canadá. Esta obra responde a un proyecto concebido por el profesor Leoncio Cabrero Fernández, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid y reconocido especialista en el ámbito de los estudios sobre el Pacífico español, recientemente fallecido. La edición de este Diccionario culmina un largo proceso iniciado en 1998 con la preparación y publicación, bajo la coordinación también del doctor Cabrero Fernández, de la Historia General de Filipinas (Madrid, Cultura Hispánica, 2000); por ello puede decirse que entre ambas obras existe una identidad de propósito: realizar una síntesis actualizada de los conocimientos relativos al ámbito de Hispanoasia y del Pacífico español, integradora de los resultados de las últimas investigaciones en este campo. Aun cuando existe una extensa tradición de trabajos de corte enciclopédico referidos a las Filipinas y el Pacífico español, en la que cabría incluir el Diccionario que ahora reseñamos, su más directo antecedente es el bien conocido por los especialistas Diccionario geográfico, estadístico, histórico de las Islas Filipinas, obra de los agustinos Manuel Buzeta y Felipe Bravo (Madrid, Imprenta de Don José C. de la Peña, 1850); sus dos volúmenes, llenos de una abundante erudición, han sido textos de obligada consulta para los investigadores y fuente de inspiración para la obra que ahora reseñamos. El Diccionario histórico, geográfico y cultural de Filipinas y el Pacífico consta de 3 tomos: en los dos primeros (que constituyen el cuerpo propiamente dicho de esta obra) se incluyen cerca de 800 entradas, en cuya elaboración han participado 32 especialistas españoles y extranjeros de prestigio internacional. Ambos volúmenes incluyen imágenes fotográficas, reproducciones de mapas, gráficos, grabados, dibujos, etc. Acompaña a las entradas una relación bibliográfica general, que enumera las obras que han sido realmente útiles para su elaboración. En cuanto al tercer volumen, de menor extensión, contiene un corpus documental dedicado al adelantado Miguel López de Legazpi (fundador de la ciudad de Manila), compuesto por cuidadas transcripciones paleográficas de diversos documentos procedentes del Archivo General de Indias (Sevilla), precedidas por una breve cronología y algunas imágenes alusivas a su trayectoria vital. También incluye este tercer tomo un Atlas de Fili pinas, constituido por una selección de planos y mapas, procedentes, unos de los fondos del Archivo General de Indias, y otros realizados ex profeso para esta edición. Se trata del primer atlas publicado sobre Filipinas, desde que en 1959 Francisco Vindel editase su obra Mapas de América y Filipinas en los libros españoles de los siglos XVI al XVIII. Apéndice a los de América. Adición de los de Filipinas (Madrid, Talleres Tipográficos de Góngora). En conjunto el Diccionario histórico, geográfico y cultural de Filipinas y el Pacífico constituye un trabajo excelente, tanto por la calidad de su contenido como por tratarse de una edición muy cuidada, pulcra y elegante. Las entradas han sido elaboradas no sólo a partir de referencias bibliográficas, sino también, en muchos casos, basándose en fuentes documentales inéditas, lo que las convierte en pequeñas investigaciones, obras de referencia en la materia que tratan. El trabajo de coordinación y dirección ha sido realizado mancomunadamente por los doctores Leoncio Cabrero Fernández, Miguel Luque Talaván y Fernando Palanco Aguado, siendo su resultado magnífico. La cuidada revisión estilística, de la que ha sido objeto el conjunto de los tres volúmenes, dota a esta obra de un estilo coherente y unificado. En cuanto a la parte gráfica, la edición es asimismo muy esmerada, tanto en la selección del material como en lo relativo a su reproducción. Como todo Diccionario, éste no constituye una obra cerrada. Ciertamente, hay entradas que podrían y deberían incluirse, aunque para hacerlas en muchos casos será forzoso recurrir a investigaciones de archivo. Consciente de esta realidad, el doctor Cabrero ya dio forma al proyecto de ampliación del Diccionario, al tiempo que inició los trámites para su traducción al inglés, en la versión actual. Por tratarse, sin duda, de una obra de referencia para los estudiosos de la Historia de Filipinas y del Pacífico español, la edición en lengua inglesa es sumamente importante. Confiamos en que el fallecimiento del profesor Leoncio Cabrero no frustre unos proyectos de gran trascendencia para la comunidad filipinista internacional.-MARTA MARÍA MANCHADO LÓPEZ, Universidad de Córdoba. Gabriela Caretta e Isabel Zacca (comps.): Para una historia de la Iglesia. Itinerarios y estudios de caso, Salta, CEPIHA/Universidad Nacional de Salta, 2008, 406 pp. La compilación realizada por estas historiadoras es un ejemplo de las transformaciones producidas en el campo de la Historia de la Iglesia Católica, de la renovación y el avance historiográfico ocurrido en las últimas tres décadas que permitió mirar la historicidad de las instituciones y experiencias religiosas como objetos de estudio. El corpus de trabajos que componen el libro es el resultado de debates y discusiones de los investigadores que participaron en las Primeras Jornadas de Historia de la Iglesia en el NOA (octubre del año 2006). El principal objetivo del libro, mediante la exposición de nuevos temas, problemas, propuestas metodológicas, discusiones, planteamientos teóricos y conceptuales es abrir nuevos caminos para la reflexión y la interpretación. La historiografía sobre la Iglesia en la Argentina tuvo dos grandes momentos, antes y después de 1983. Durante el primero se construyó y consolidó la idea de "nación católica", siendo miembros directos o "simpatizantes" católicos quienes realizaban esta historia eclesiástica. De este modo resultó imposible construir un espacio para el diálogo entre las investigaciones, tanto católicas como laicas. Con la vuelta de la democracia en 1983, se retomaron los problemas vinculados al catolicismo, emergió una "nueva" historia de la Iglesia, germinaron nuevas perspectivas de análisis, nuevos grupos de trabajo y nuevas publicaciones; el campo de estudio se amplió y diversificó, pretendió incorporar a la institución eclesiástica en las múltiples dimensiones de la historia nacional. En este sentido, uno de los desafíos consiste en buscar las "continuidades" en la historia de la Iglesia para poder dilucidar, entre otras cosas, las relaciones entre esta última y la sociedad global. Estos debates y discusiones se pueden realizar porque "hoy, sin las ataduras de ninguna confesión y sin constreñimiento intelectual alguno es posible encarar el estudio sistemático de la religión y la religiosidad en el marco de la disciplina histórica (...)" Sin duda nos encontramos ante un campo de estudio que crece y se encuentra en proceso de consolidación, una "nueva historia de la Iglesia" que no implica hacer a un lado la producción anterior, sino intentar nuevos cruces interdisciplinarios e intervenir en los debates actuales de las Ciencias Sociales sobre el papel que ocupa o debería ocupar la religión (Touris, 2008). La compilación se estructura en tres partes: introducción, en la que se realiza una presentación de los temas tratados; una primera parte con los "Nudos problemáticos y planteos historiográficos" y, por último, los "Estudios de caso y experiencias de investigación". Dentro de esa primera parte se indagan problemas y preguntas radicales para la Historia de la Iglesia, que se podrían dividir en cuatro ejes temáticos. El primero se refie-re a las discusiones en torno al concepto de "Iglesia Colonial", junto al problema de su institucionalización. Roberto Di Stéfano plantea la necesidad de repensar en clave histórica y siguiendo un proceso, la definición, el uso y los alcances del citado concepto, para dejar de lado el supuesto de que en el mundo de esa época existió una institución eclesiástica. A partir de dicha reflexión el autor discute la cuestión de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, es decir, cuándo y por qué la primera puede ser considerada una institución. A su vez, Di Stéfano hace referencia a debates y discusiones que servirían para evitar pensar el siglo XVIII y parte del XIX como un periodo en el que el Estado sojuzgaba a la sociedad estamental y atacaba a la Iglesia, es decir, el esquema dicotómico Estado versus Iglesia. Por último, analiza el caso de la creación del Obispado de Salta con el objetivo de realizar un aporte a las discusiones y debates mencionados. Dentro del segundo eje se encuentra la cuestión de la conformación de los sistemas simbólicos en América Latina y los "grados" y efectividad de la dominación española. El trabajo de Jaime A. Peire intenta llenar el "agujero negro" que dejó la historiografía, el "secreto" de una dominación ininterrumpida desde la mirada de las clases "dominadas". El tercer eje está compuesto por las problemáticas en torno a la relación entre el clero y la política, la discusión sobre la dinámica y los trayectos del proceso de conformación de los campos políticos y religiosos y la capacidad explicativa del concepto, teoría o paradigma de la secularización. María E. Barral analiza el clero bonaerense en la década de 1820 y examina los cambios que acontecieron en un contexto de naciente secularización y fuerte politización, es decir, cómo los sacerdotes debieron redefinir sus estrategias sin perder -junto con otros nuevos actores-el lugar de mediadores sociales. Las conclusiones muestran que el nuevo orden les otorgó el lugar de "funcionarios" que, junto a la necesidad de luchar por el liderazgo comunitario, provocó la redefinición de su politización; la utilización de nuevas armas de la política evidenció la transformación del modo de dirimir los conflictos. Valentina Ayrolo plantea una propuesta para pensar el problema de la separación de las esferas política y religiosa que consiste en la conceptualización de las relaciones de poder en el espacio a partir de 1820 en términos de provincias-diócesis. La autora sugiere la unión de intereses entre el Estado y la Iglesia, y se focaliza en el caso del clero secular cordobés. Este último no estuvo separado de la política sino que mantuvo un compromiso con ella, situación que le permitió ganar mayores espacios de acción en la sociedad en detrimento del clero regular. Se constituyó un "campo de entendimientos", asevera la autora, entre las esferas civil y eclesiástica y se creo una lógica de mutua legitimación. Ayrolo ubica la viabilidad del acuerdo y la participación del clero diocesano en la conformación de la Provincia-diócesis, en el origen social común de sus miembros. Por último el interrogante-problema referido al momento en que aconteció la división entre las esferas política y clerical es el punto de partida del trabajo de Nancy Calvo. Su planteamiento se inicia con la afirmación de que la dimensión religiosa es un elemento clave para la comprensión de lo político y viceversa. La autora afirma que durante 1810-1822 se cristalizó dicha separación, la sacralización de la política y la politización de lo religioso. En el cuarto y último eje Patricia Fogelman, Claudia Touris y Alicia Fraschina presentan, desde diferentes esferas, el panorama actual de la historiografía sobre la Iglesia. Fogelman presenta una síntesis de la renovación historiográfica a partir de 1984 y menciona los cambios surgidos específicamente en la historia de la Iglesia. En relación a esto último propone estudiar, desde una perspectiva de la Historia Cultural, la construcción y consolidación del culto mariano en el área suramericana colonial. Dicho análisis abriría una ventana, en palabras de la autora, hacia una mejor comprensión del cambio histórico. Touris se pregunta cuáles fueron las transformaciones y dificultades por las que se desenvolvieron los estudios de la historia de la Iglesia y del catolicismo del siglo XX y qué experiencias institucionales extendieron las investigaciones al campo de la religión y la sociedad. Se propone deconstruir el mito de la "nación católica" a través de nuevas explicaciones -y en estrecho diálogo con otras disciplinas como la antropología, geografía y la sociología-referentes a la conformación y desarrollo del campo religioso en la Argentina. Por último, Fraschina se ocupa de observar el tipo de tratamiento historiográfico que tuvo la historia de las monjas y las beatas en la América Colonial. Es interesante ver cómo este tema ganó su espacio en el campo científico en el mismo momento en que surgía la historia de las mujeres, las teorías de género y emergían la Historia Social y Cultural. La segunda parte del libro la conforman un grupo de estudios de caso que podrían agruparse alrededor de cinco temáticas-problemas: la religiosidad, las representaciones y los imaginarios; la cuestión de la configuración social y política de instituciones y actores, particularmente en el momento de la crisis colonial y en la primera etapa del Virreinato del Río de la Plata; la relación educación y religión; la cuestión de la institucionalidad católica hacia fines del siglo XIX y durante el XX y por último el por qué de los estilos neogóticos de edificios religiosos en la ciudad de Buenos Aires. A los fines de la presente reseña se expondrán sólo algunos de los trabajos que ilustrarían cada uno de los ejes citados. Dentro de la primera temática-problema, José D. Jiménez, desde una perspectiva teórico filosófica, estudia el mundo religioso del pueblo Calchaquí, sus significaciones heredadas, el espacio de la imaginación en el tiempo del símbolo, y busca responder el interrogante referido a cuáles fueron los resortes desplegados por el hombre calchaquí para llegar al momento presente. Victoria Cohen Imach se adentra en el mundo de las representaciones y explora los alrededores de un convento cordobés de carmelitas descalzas a mediados del siglo XIX. Analiza un reglamento de viaje que se realizó para el traslado de tres monjas con el objetivo de aportar al conocimiento de las representaciones sobre religiosas delineadas por eclesiásticos. En relación al segundo eje temático, Oriana Inés Pelagati, a través del caso del intento de creación del Obispado de Cuyo en los primeros años del Virreinato del Río de la Plata, estudia la conformación del espacio eclesiástico, las disputas por los recursos y las aspiraciones de la elite local. Con respecto al eje educación-religión, Susana Shirkin examina la actividad educativa que desarrolló en Salta la Congregación de los canónigos regulares del Santísimo Salvador de Letrán en la primera década del siglo XX. Este caso se analiza a la luz del conflicto por el espacio material y simbólico entre la diócesis salteña y la elite liberal. Alejandra Landaburu se centra en la congregación salesiana en Tucumán, su proyecto y estrategias educativas que llevaron a cabo durante los primeros tiempos de su establecimiento (1916) en dicha provincia. Hace referencia también a la influencia de los sacerdotes no sólo en los sectores populares sino también en los de clase media, y la creación de una red de apoyo conformada por laicos. Entre los seis trabajos que se relacionan con el cuarto eje temático, se señalarán tres. Silvina Daniela Roselli, trabaja el caso del primer Círculo de obreros del NOA, denominado "Centro Católico" y fundado en Tucumán a fines del siglo XIX. A través de la exposición de varios conflictos, la autora indaga sobre la función de dicho Centro y las luchas por el poder en su interior. María Mercedes Tenti, a partir del caso de la creación de Acción Católica en Santiago del Estero, profundiza sobre su conformación, la participación y el rol que desempeñó en la sociedad civil y los ámbitos en los que se desenvolvió para alcanzar el objetivo de organizar al laicado en la lucha contra el liberalismo y el socialismo. Lucía Santos Lepera, realiza una primera aproximación a la historia de la Iglesia tucumana y la relación con el gobierno provincial entre 1943 y 1946. En su investigación señala que, en un país cada vez más politizado y dividido, la Iglesia emprendió una "retirada silenciosa", situación que refleja las contradicciones de una institución que parecía compacta. En referencia al último eje temático, Ofelia Manzi estudia cinco capillas y, junto con los recursos de la cátedra de Historia del Arte Medieval de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, pudo identificar al revival gótico como un estilo que selló un particular sentimiento religioso cristiano. Para concluir la presente reseña es relevante destacar que la compilación constituye un aporte al conocimiento de las problemáticas específicas de la Historia de la Iglesia y un estímulo para aquellos investigadores especializados en el tema. Aunque la gran amplitud cronológica y espacial de los trabajos podría causar alguna dificultad para seguir la línea argumental, hay que subrayar que, al ser una publicación que tuvo sus orígenes en jornadas de investigación, es comprensible la decisión editorial. Los trabajos dan cuenta de la complejidad y variedad de problemáticas que presenta este campo de estudio en la actualidad. Se hace historia sobre la Iglesia y las formas de religiosidad y se muestran los profundos cambios que se produjeron en la perspectiva teórico-metodológica.-ROCÍO GUADALUPE SÁNCHEZ, Universidad Nacional de la Pampa, Santa Rosa, La Pampa, Argentina. Paulino Castañeda Delgado: El mestizaje en Indias. Problemas canónicos, obra póstuma. El profesor Paulino Castañeda Delgado ha dejado una honda huella en el americanismo internacional y también en el conjunto de las instituciones culturales de Sevilla. Catedrático de Instituciones Canónicas Indianas en la Universidad hispalense, sus años de docencia crearon escuela y muchos de sus alumnos han seguido los caminos de investigación y enseñanza aprendidos de su maestro, de lo cual se preciaba el doctor Castañeda. 1 Buen pro-fesor, buen colega y buen amigo. Recordamos todos los que le conocimos sus dotes de abordar, con acierto, profundidad y gracia, no exenta de fina ironía, los temas que exponía en conferencias y congresos; era un gusto escuchar sus intervenciones en las que aportaba conocimientos expuestos con claridad y con una chispa oportuna que se recibía siempre con agradecimiento en jornadas de trabajo apretado. La Editorial Deimos, en la que Paulino publicó numerosos trabajos, ha tenido el acierto de ofrecer esta obra que el autor dejó escrita en su totalidad en 2007, año en el que falleció el 20 de agosto.2 Como en sus trabajos anteriores, el doctor Castañeda aborda en éste un tema de indudable interés; trata en concreto de la ordenación de mestizos en Indias, sobre la que se ha escrito mucho, pero de la que se deberá continuar trabajando en otras fuentes documentales, locales y nacionales americanas, y también las existentes en los archivos romanos. El Autor indaga, con pericia de maestro y muchas horas de dedicación, en las riquísimas fuentes del Archivo General de Indias y de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid. Aborda el tema en perspectiva canónica. Reconoce que hay otras perspectivas -teológica, pastoral, eclesiológica, con acento en el regalismo de la Corona, etc.-pero, en su estudio, se propuso analizar si existieron problemas canónicos para ordenar mestizos en la América hispana que impidieran la existencia de un "clero nativo". La obra se estructura en tres partes: las dos primeras se centran en los siglos XVII y XVIII: los hechos -"ingresos tempranos en el clero, escrúpulos de los prelados, prohibiciones regias, reacción de los mestizos..."y las causas de los mismos: ¿porqué los ordenaban al principio y los rechazaban después?; la irregularidad de algunos, la mala fama de muchos, la discriminación legal de todos... La tercera parte aborda los hechos y las causas en el siglo XVIII: la política lingüística, los recursos a Roma, los concilios regalistas. Se percibe, de entrada, que el Autor distingue dos etapas: la línea seguida por los Austrias y las innovaciones del regalismo borbónico. Trento, que precisó los impedimentos para recibir las órdenes sagradas, no incluye la pertenencia a razas o culturas diversas. La Iglesia ordenó, desde primera hora, a clérigos, sacerdotes y obispos, hijos de padres de diversa raza, como Tito, de origen griego, colaborador de San Pablo y obis-po de Creta, o Timoteo, hijo de una mujer judía y de padre griego y gentil, también colaborador de San Pablo y obispo de Éfeso. En América en un primer momento los obispos se inclinaron por ordenar mestizos (esto es, al hijo de español e india, precisa Castañeda), urgidos por la necesidad de contar con un clero dispuesto a evangelizar a los habitantes de unas tierras que parecían no tener límites; también los prelados regulares los recibieron en las órdenes religiosas. Unos y otros erigieron escuelas donde recibieran la educación adecuada, apoyando la Corona estas acciones. La mayor parte de ellos eran hijos ilegítimos, esto es nacidos de una unión extramatrimonial, y la ilegitimidad estaba incluida entre los impedimentos canónicos para recibir las órdenes sagradas. Esa condición de ilegitimidad se consideraba un obstáculo para recibir una educación serena en la vida cristiana y aunque no era impedimento insuperable, había que solicitar la dispensa pontificia. Roma accedió a concederlas. Pronto, sin embargo, la experiencia de algunos casos fallidos y el desprecio social de los mestizos por parte de los hispano-criollos, originaron dudas y controversias. Felipe II, en 1578, cerró el paso a la ordenación de mestizos, "hasta que aviéndose mirado en ello se nos avise lo que se ha de hacer", añadía con habilidad el monarca para dejar abierta la última palabra al Papa. Pero esta precisión no restaba fuerza a lo legislado por el rey: los mestizos de los reinos americanos, ya fuesen ilegítimos (lo eran la mayoría) o no, no debían ser ordenados. Con ello, introducía un nuevo impedimento que los cánones no habían establecido. Roma salió al paso de la intromisión de la Corona en un tema estrictamente espiritual. Gregorio XIII sostuvo la ordenación de mestizos e indios y otorgó a los obispos americanos la facultad de dispensar el impedimento de ilegitimidad, facilitando con ello la ordenación tanto de los mestizos como de los indígenas. En América, los prelados habían de decidir entre la negativa de Madrid y la postura favorable de Roma, que les otorgaba la facultad de ordenarlos si los candidatos reunían las demás condiciones requeridas para ello: doctrina y vida cristiana. Así lo aprobaron los Concilios provinciales III de Lima (1582-1583) y México (1585), presididos por Toribio de Mogrovejo y Pedro Moya de Contreras, respectivamente, aunque insistiendo en realizar una cuidada selección de los candidatos. El doctor Castañeda sigue las fases de un proceso delicado y no precisamente rectilíneo en el que se cruzaron protestas de los mestizos ante la negativa real, pareceres, en uno y otro sentido, de parte de la administra-ción civil americana y del clero secular y regular. Fluctuaciones de la Corona, como la real cédula de 1588, dirigida a los prelados de la archidiócesis limense, indicando que diesen las órdenes sagradas a los mestizos que las solicitasen y reuniesen las debidas condiciones. Prevaleció, sin embargo, la tendencia a la prohibición (real cédula de 2 de febrero de 1636), o al menos a aplicar de modo estricto la selección del candidato a ordenarse, como recogieron los juristas y las mismas Leyes de Indias. Fue precisamente la requerida selección en el clero la vía por la que no fueron ordenados in sacris los naturales americanos. Paulino Castañeda estudia las leyes que concernían a los mestizos, los datos de los abundantes casos encontrados y muestra la falta de estima y honra que tenían en la sociedad hispano-criolla, y también entre los indios. Richard Konetzke, apoyado en un capítulo del Sínodo de Huamanga de 1725 que prohibía ordenar a los mestizos, afirmó que el XVIII se inició con nuevas tendencias favorables a su exclusión; el Autor disiente de su colega alemán y presenta datos de ordenaciones en las diócesis de México, Santo Domingo y varias de Sudamérica. Es más, se había consolidado la costumbre de que los candidatos solicitaban a Roma la dispensa, y la Sede apostólica ordinariamente concedía un breve pontificio al efecto. Con ello, deduce Castañeda, que dado el clima social desfavorable hacia los mestizos, forzaban a los obispos a ordenarlos. La Corona, al saberlo, promulgó la real cédula de 1752, a los arzobispos y obispos de Indias, recordándoles que la dispensa de ilegitimidad era de su competencia, como les había otorgado Gregorio XIII. En pleno momento de ebullición regalista, los reyes cortaban así el pase a Roma de estas peticiones y recordaban a los obispos que ellos tenían la posibilidad de otorgar esas dispensas. Carlos III, en la real cédula, "Tomo regio", de 21 de agosto de 1769, dirigida a los arzobispos de los reinos de Ultramar, urgiéndoles a convocar concilio provincial en sus archidiócesis, les señaló varios temas que deberían ser estudiados y promulgados por esas asambleas eclesiásticas. Entre ellos, urgía a la apertura de seminarios en todas las diócesis y, en concreto, que se asignase un tercio de las becas de todos ellos a candidatos indios o mestizos. La tesis del profesor Castañeda es clara: en base a los casos estudiados sostiene que se ordenaron "muchos", aunque no puede aportar su número (p. Sin embargo, en América no hubo un clero integrado en mayoría por mestizos e indios: no se debió a causas canónicas. Roma otorgó a los prelados americanos, desde el siglo XVI, la facultad de dispensar de ilegitimidad, en el caso de que incurrieran en ella. La sede apostólica favoreció la ordenación de mestizos e indios. El libro aporta un material abundante no sólo para continuar los estudios de historia de la Iglesia y del Derecho canónico en Indias, sino también para los especialistas en otras ramas de la teología, de la sociología y de la historia general que se acerquen a la América hispana. Deseo felicitar a las personas que han trabajado para hacer posible esta publicación que corona con un tema de indudable calado la numerosa obra del autor. Las actas de congresos forman parte de la marginalia académica; codificadas y preconstituidas como necesarias prácticas ceremoniales parecen reafirmar lo que ya se sabe, buscando el amparo de la controversia y el debate (que casi nunca se produce), afirmando enfática y retóricamente un cúmulo de certezas. Suelen ser un mal menor, donde sin embargo se encuentran primeros textos de firmas reconocidas, e incluso contribuciones e intervenciones con el tiempo fundamentales. El producto textual del Congreso Internacional organizado por la Universidad de Navarra (a través del grupo GRISO) y la Universidad de Valparaíso, y celebrado en la ciudad chilena del 18 al 21 de junio de 2007, no cae en ninguno de los errores nombrados anteriormente. Las aportaciones presentadas se integran en un crisol que refracta trabajos perfectamente hilvanados, convirtiendo esta summa sobre rebeldes y aventureros en una aportación esencial. El paradigma elegido será matriz de diferentes enfoques morfológicos y análisis históricos, mostrando la clara influencia teórica que, procedente de los estudios literarios, afecta a la investigación histórica. Apropiación y actualización de los contenidos desde investigaciones equiparables para mostrar la difusa frontera entre lo real y lo imaginario. En primer lugar destacar la riqueza de las fuentes tratadas, que van desde la autobiografía (Ignacio Arellano), el teatro (Andrés Cáceres Milnes, Carlos Mata Induráin), las crónicas de Indias (Julián Díez Torres, Miguel Donoso Rodríguez, José Promis), la novela o ficción novelesca (Guillermo Gotschlich Reyes, Mariela Insúa Cereceda, Antonio Lorente Medina, Lygia Rodrigues Vianna Peres, Eduardo Thomas Dublé), el pasquín (Alfredo Matus Olivier), hasta la poesía (Andrés Morales). Y también la esencial resonancia del descubrimiento y conquista de América sobretodo en la literatura del siglo XX (Eduardo Godoy Gallardo estudia a Ramón J. Sender, Guillermo Gotschlich a Miguel Otero Silva, Lygia Rodrigues a Napoleón Baccino Ponce de León y Eduardo Thomas a César Aira) y, en menor escala, en la del siglo XIX (Mariela Insúa con El Periquillo Sarniento). Incluyendo además un estudio sobre el origen genovés de Cristóbal Colón, presencia original de la casta investigada, a cargo de Nicasio Salvador Miguel. De esta miscelánea crítica resultan ajustadas valoraciones como la importancia de ese rebelde fascinante llamado Lope de Aguirre (que llegará a generar un auténtico fuego cruzado de textos) al principio de la serialización estudiada por Arellano con Alonso Enríquez de Guzmán, Jerónimo de Pasamonte, Catalina de Erauso, Miguel de Castro y el capitán Contreras. Le siguen la formación de la figura del "héroe indiano" en la trilogía de Tirso de Molina Las hazañas de los Pizarro (Andrés Cáceres), la estructura dialógica en El Marañón de Diego de Aguilar y Córdoba (Julián Díez), las luces y las sombras de Alonso Ramírez como personaje histórico (Antonio Lorente), los valores etimológicos de la aventura y la rebeldía (Alfredo Matus), la caracterización de españoles y araucanos en Españoles en Chile de Francisco González de Bustos (Carlos Mata), Hernán Cortés como protagonista literario de la Hernandia de Francisco Ruiz de León (Andrés Morales) y la formación de la figura literaria de Caupolicán en los primeros cronistas de Chile (José Promis). Para Alfredo Matus es sobre el viaje que enlaza el Viejo y el Nuevo Mundo donde hay que enfocar aventura y rebeldía (el acontecimiento, suceso o lance extraño y su condición reactiva, belicosa), desde un corpus que además habría que extender a los libros de peregrinos o a las "cartas privadas de emigrantes a Indias" publicadas por Enrique Otte en 1989. Si como señala Miguel Donoso el descubrimiento y conquista de las tierras americanas dejó una amplia gama de testimonios de aventureros (y rebeldes), es fácil justificar el regreso de los escritores de ambas orillas a ese material sorprendente, condicionado además por las múltiples perspectivas aducidas: el exilio a México de Ramón J. Sender, el surgimiento de la "nueva novela histórica" en el caso de de Miguel Otero Silva, la óptica ilustra-da de Lizardi, la metaficción histórica de Baccino Ponce de León y la "novela del Archivo" de César Aira. Sin la voluntad transdisciplinaria mostrada por los investigadores reunidos sería imposible explicar el trasvase de los acontecimientos históricos a una naturaleza literaria, cuando sobre los "cimientos de personas verdaderas" se levantan "arquitecturas del ingenio fingidas" (cita de Tirso de Molina utilizada por Andrés Cáceres), provocando además una unión de dos mundos distintos con carácter de universalidad y sentido trascendente. Si a esto le unimos, como recuerda Julián Díez, que durante los siglos XVI y XVII "las novelas tomaron sus modelos formales de géneros de no ficción como la historia, las "relaciones" o las crónicas de Indias, que suponen un género mixto entre las dos anteriores", la presencia del tema de América en la literatura española del Siglo de Oro (recordada por Carlos Mata), o el trabajo textual para justificar la contradicción entre la "prosopografía literaria y el infortunio histórico", según explica José Promis para Caupolicán, entenderemos fácilmente la complejidad y riqueza de los textos estudiados. No queda más que felicitar por lo tanto a los mentores de la iniciativa, los profesores Ignacio Arellano (director del Grupo de Investigación Siglo de Oro en la Universidad de Navarra) y Eduardo Godoy Gallardo (Universidad de Chile/Academia Chilena de la Lengua), a los que se unen en el trabajo editorial Hugo R. Como se señala en el artículo introductorio de estos dos volúmenes, dos leyes generales marcan un antes y un después en el desarrollo de la historiografía mexicana preocupada por el agua y la tierra en el México contemporáneo. Para los estudios sobre la segunda, la Ley Lerdo de desamor-tización de las tierras comunales (1856) definió un parteaguas en las formas de relación y propiedad de la tierra. A grandes rasgos, dichos cambios dieron lugar a la proletarización del campesino y a la expansión de las haciendas y los ranchos durante el Porfiriato, lo que creó el ambiente adecuado para que estallara la Revolución de 1910. La búsqueda de antecedentes y consecuencias de este conflicto condicionó los estudios sobre la tierra en el país. Estudios que, por otra parte, casi siempre se han realizado separándolos de los dedicados al agua. Para la historiografía del agua, la linde está marcada por la Ley de 1888 que, en líneas generales, ha sido vista como de centralización de los derechos de agua en poder del Gobierno Federal. Tras esta ley se celebró un congreso agrícola nacional que planteaba la necesidad de racionalizar el riego, pero este proceso no se dio hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), conocido como el "sexenio del agua". Cuando este presidente mexicano se vio con las manos atadas para continuar con el reparto agrario, emprendió el proceso de otorgamiento de créditos agrícolas, de racionalización del riego y de préstamos locales para la inversión en abastecimiento de agua a las ciudades, por lo que la historiografía se centró en la irrigación como el tema central a resolver, si bien dicho recurso quedó siempre subordinado al de la tierra. Pero se trata de una subordinación que no es real porque -como señala Luis Aboites-, en ocasiones, el agua puede llevar la delantera en términos de cambio social y ser impulsora de transformaciones en la tenencia de la tierra. A intentar eludir esta tendencia centralizadora y legalista de la historiografía mexicana se dedica este libro. Dicho reto se enfrenta con dos innovaciones: una, procurar estudiar ambos recursos juntos, tierra y agua; la otra, combinar los esfuerzos de historiadores y antropólogos para abordarlo de manera multidisciplinar. Para ello cuenta con diferentes metodologías complementarias: la de la historia, que contempla los procesos a mediano y largo plazo, y la de la antropología, que basa sus conjeturas y conclusiones en el trabajo de campo. Para abordar esta empresa se reunió a un grupo de investigadores de ambas disciplinas agrupados en los proyectos "Cambios y continuidades en las estructuras agrarias e hídricas en San Luís Potosí, 1856-1936" y "Patrones históricos de uso y manejo del agua en la cuenca Lerma-Chapala-Santiago", a iniciativa de la recientemente desaparecida Brigitte Boehm de Lameiras, a quien estos dos volúmenes rinden homenaje y de quien figura un breve artículo titulado "Historia antigua del río Lerma". Trascendiendo espacios tradicionales de análisis, aunque adoptando perspectivas diferentes, Boehm, Aboites y Berumen toman como ámbito de estudio los ríos, saliendo de los típicos límites cronológicos marcados por los grandes acontecimientos políticos o por los cambios legislativos; Martínez y Eling tratan los sistemas de riego a través de la historia en la localidad de Parra, en Coahuila. Aunque no todos los artículos adoptan este deseo de trascender los límites marcados por la legislación ni tratan por igual las cuestiones hídricas y de tierras, también se tocan temas poco trabajados por la historiografía como es el de los poblados de hacienda o las separaciones de pueblos o barrios que, como los primeros, lucharon por conseguir su autogobierno. Otros trabajos abordan los procesos desamortizadores para poner en evidencia que la puesta en práctica de la legislación liberal que pretendía homogeneizar en toda la República el sistema de propiedad -y con ello la regularidad fiscal-y uso de la tierra, no logró los efectos deseados ni se produjo de manera simultánea en toda la geografía nacional. En algunos de los casos aquí estudiados no se dio hasta finales del XIX y en otros no se hizo sin violencia. Tampoco el proceso revolucionario fue recibido de la misma manera entre los campesinos mexicanos. Esto es así porque, como apuntan Antonio Escobar Ohmstede y Martín Sánchez Rodríguez en el capítulo introductorio, "las sociedades rurales son complejas, jerárquicas y en constante movimiento". El proceso posterior a la Revolución no fue menos conflictivo ya que las organizaciones campesinas y grupos sindicalizados pugnaron por obtener derecho a tierras contribuyendo con ello a la transformación en los modos tradicionales de apropiación de ellas. Un tercer bloque de trabajos se centra en el carácter simbólico del agua y la tierra en los pueblos mexicanos, que complementan y recuperan algunas de las preocupaciones planteadas en el número especial, editado para celebrar su décimo aniversario, en el Boletín del Archivo Histórico del Agua. Si bien no todos los capítulos incluidos en los dos volúmenes que comprenden la obra integran el tema del agua con el de la tierra sino que siguen presentándose de forma separada, el conjunto supone un estimable y necesario esfuerzo por conectar ambos aspectos y, en última instancia, -y sobre todo gracias a las aportaciones finales en las que se trata con especial atención el carácter simbólico del agua y la tierra-contribuyen a ver ambos elementos como algo más que recursos al tratarlos como parte de un todo. Aunque se echa en falta la presencia de algunos investigadores especialistas de referencia para los estudiosos del agua y la tierra en el México contemporáneo, el libro constituye en sí un instrumento de referencia fundamental. Se cierra el último volumen con una completa bibliografía y dos índices, uno onomástico y otro toponímico, para facilitar su consulta.-INMACULADA RUIZ SIMÓN, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla. Nuria Girona Fibla: Rituales de la verdad. Mujeres y discursos en América Latina. Todo rito supone una confluencia de fuerzas opuestas: ya sea en lo religioso, en lo social o en lo cultural, su manifestación permite activar una dinámica circular donde vida y muerte se sitúan a un mismo nivel de significación. Piénsese, por ejemplo, en la frágil línea que separa los rituales de iniciación de los de sacrificio, donde la experiencia previa de la muerte -simbólica o real-es vista como punto de partida hacia una plenitud o una transformación de la vida. Rituales de la verdad. Mujeres y discursos en América Latina sigue la estela de este eterno retorno al estudiar la construcción subjetiva, genérica y textual de una serie de mujeres que llevarán a cabo un cuestionamiento fundamental, eje del trabajo que aquí nos ocupa: ¿cómo hablar de una sola verdad definida? Es más: ¿es posible contener en una sola palabra la complejidad de un universo que puede -y sabe-beneficiarse del juego especular? Como pliegue sobre pliegue, Nuria Girona Fibla parte de la sutil contradicción contenida en el título -y es que referirse a los rituales de la verdad implica, sobre todo, ponerla en entredicho como explicación única-y construye un ensayo con variadas respuestas. Una primera parte titulada "Rituales de la confesión" es, al respecto, de lo más sugestiva, no tanto por el trazado genealógico que estableceremontarse a las primeras figuras escritoras todavía parece ser, a día de hoy, tarea ineludible para quien quiera ofrecer un recorrido de lectura novedoso, y más en el ámbito colonial-, sino por el riesgo de ruptura que tal gesto debe asumir. Consciente de ello, la autora comienza con tres narraciones que se detienen en el umbral de su propia originalidad y las analiza complementando las nociones foucaultianas de confesión y tecnología con la idea de una mística fundamentada en el fantasma -y léase aquí, en un objeto perdido que intenta ser recuperado una y otra vez. Al ser un discurso que diluye fronteras, su reivindicación resulta, en este contexto, necesaria, especialmente si se tiene en cuenta el aspecto trasgresor que los textos de la Madre Castillo, de María de San José y de Úrsula Suárez como embriones de una posibilidad de escritura otra, reproducen. En su caso, como en el de la literatura mística en general, "su lenguaje amoroso y corporal devolvía lo que con tanto empeño se había contenido y en su relato se interrogan: qué es un hombre, qué es una mujer y quién deseó primero" (p. Un hombre, una mujer, la presión de un deseo que se erige en pivote de cualquier identificación, la concordia oppositorum que favorece el ritual toma posiciones y sitúa al individuo en un espacio determinado donde los diques de contención que enfrentan ambas realidades se rompen, y donde la falacia de todo acto de lenguaje -busque éste la verdad o no, sea escrito o artístico-queda al descubierto de la manera más descarnada. Sólo aceptando esta premisa se podrá seguir el ritmo de un ensayo que buscará, ante todo, descodificar las estrategias de intervención cultural de algunos sujetos que, por su condición de seres fronterizos -por ser monjas, por renegar de la madre desde la escritura o por ocupar con su cuerpo el lugar de la patria y despojarse, así, de cualquier viso de individualidad-, han quedado suspendidas en el filo de su identidad. Toda confesión, afirmaba Michel Foucault, no es más que un pacto que el sujeto establece con el otro que lo observa y de quien, en buena medida, espera un juicio que lo determine. Reconociendo el vacío que esta idea encierra, Nuria Girona Fibla juega a ocupar las distintas posiciones que condicionan la categoría del ser, al tiempo que recupera otro de los significados del ritual, aquel que lo define como una ceremonia regulada o, si se quiere, como un hábito. Teniendo esto presente, no creo que sea casual que comience la segunda parte titulada "Rituales del género" con una interesante reflexión acerca del vestido como costumbre que "(...) vela lo que oculta (el cuerpo, el sexo) y lo que revela (hombre, mujer), por eso admite "el juego del ser" (el travestismo, la androginia) y, en ocasiones, hasta ignorar qué ser está jugando" (p. Con un subrayado que introduce al lector a la pluralidad de significaciones asociadas al término -pues velar es cubrir, pero también cuidar, en el sentido de velar a un enfermo o a un muerto-, la autora recuerda que no se trata únicamente de incidir en el funcionamiento especular de ciertas subjetividades al mar-gen, sino de entender que sus prácticas se desarrollan en contextos determinados que, a su vez, se ramifican en múltiples y heterogéneas posibilidades. Esto explicaría por qué un capítulo como "Lo que el género nos dejó, lo que se llevó" va mucho más allá de la monótona repetición teórica en torno a la cuestión y reivindica nuevas posturas interpretativas, como la propuesta de Teresa De Lauretis de hablar de "tecnologías del género" y definir así la diferencia sustancial que separa hombres de mujeres por encima de su ser sujetos; o por qué en "Las mujeres hablan, los hombres no lloran" observa en el oficio escritural una línea de fuga por la que el sujeto, el cuerpo y el lenguaje escapan a cualquier contingencia. La imagen de una escritura como pliegue melancólico es, en este punto, clave para aprehender la totalidad del pensamiento que aquí se formula. Al postular, con Julia Kristeva, que la escritura es la devolución de la pérdida del objeto de amor, no sólo está potenciando el vínculo sutil que unirá los distintos discursos trabajados en el libro, sino que además les otorgará un valor simbólico que trascenderá su propia naturaleza: no importa que nos enfrentemos a narraciones de corte místico, que descubramos otras maneras de vivir la maternidad como las que, a modo de ruptura, presentan en sus relatos Luisa Valenzuela, Ana María Shúa o que, a través de Clarice Lispector, nos encaremos a los agujeros del ser en relación consigo mismo y con su lenguaje; lo que debemos entender, parece querer decirnos Nuria Girona Fibla a lo largo de estas páginas, es que somos y nos movemos en el tejido de una falta que se enmascara bajo la forma de un semblante y de una figuración. En este sentido, una tercera parte titulada "Rituales de la patria" puede entenderse como culminación de lo expuesto anteriormente. Dedicada a Gertrudis Gómez de Avellaneda en su faceta de poetisa, a Frida Kahlo en su desviación hacia el merchandising y a Evita Perón en tanto que cuerpo (des)sublimado, la experiencia pública de estos tres ejemplos servirá de punto de partida para una profunda exploración de los límites entre lo privado y lo público, entre la persona y el personaje, en definitiva, entre el ser y el deber ser. Así, mientras en capítulos anteriores el núcleo de análisis se había concentrado en el devenir de una serie de individualidades en contacto con su manifestación lingüística o corporal, aquí se detiene en el proceso de obturación que desviará la obra creativa de muchas de ellas a favor de una biografía descentrada y excéntrica, provocando de esta forma un empobrecimiento de los sentidos y una sobreescritura de las subjetivida-des. De esta manera, Nuria Girona Fibla crispa hasta tal punto los distintos modelos de representación que no deja lugar para la duda -o, al contrario, le da gran margen de acción-: la única verdad a la que hay que atenerse es a la que participa de un discurso poliédrico donde el yo y el otro, el lenguaje y el silencio, el sujeto y el cuerpo conviven en igualdad de condiciones. Aunque pueda pensarse que se trata de otro estudio sobre lo mismola sombra de una lectura feminista mal entendida y peor practicada planea negativamente sobre la recepción de este tipo de obras-, pienso que el tono, la mirada y los objetivos planteados hacen de él un libro de lectura obligada para todo aquel que busque un acercamiento original a este tipo de cuestiones.-NÚRIA CALAFELL SALA, Universidad Autónoma de Barcelona. Margarita Gómez Gómez: El sello y el registro de Indias. Apéndice documental, fuentes y bibliografía. La doctora Margarita Gómez ha hecho ya dos importantes aportaciones a los estudios de Diplomática referidos a las Indias. La primera fue precisamente la de su Tesis Doctoral, titulada Forma y expedición del documento en la Secretaría del Despacho de Indias (Universidad de Sevilla, 1993), en la que el documento es considerado como instrumento de la labor de gobierno ejercida desde la sede ministerial en el Palacio Real de Madrid. La segunda, aparecida diez años después, fruto de intensa labor de investigación en los legajos del Archivo General de Indias, tiene un escueto título seguido de una larga y necesaria enumeración en el subtítulo: Actores del documento. Oficiales, archiveros y escribientes de la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de Indias durante el siglo XVIII (Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2003), espléndida monografía prologada por el doctor Manuel Romero Tallafigo, maestro de la autora, que describe la organización del Ministerio de Indias y las circunstancias y biografías de la serie de oficiales, archiveros y escribientes, que en aquella centuria participaron en diferente medida en la expedición de los documentos que, tanto por su contenido como formalmente, debían ser la representación del rey al otro lado del Océano. Esta tercera obra de la doctora Gómez Gómez que acaba de ver la luz se centra en el estudio de dos elementos que precisamente servían para garantizar la autenticidad de esos documentos mediante los cuales la voluntad real era transmitida a las Indias: el sello y el registro. Dos elementos que como los retratos del rey, o la persona de sus representantes directos, permitían salvar la inmensa distancia que en verdad separaba a cualquier lugar de América de la Corte y dar vida a la ficción de que el rey se hallaba allí presente. La fidelidad de los vasallos de Ultramar podía alimentarse con la creencia de que el sello era la misma persona del rey, cuya voluntad se expresaba y se les hacía manifiesta a través del texto del mismo documento. Estamos, pues, ante un estudio de Diplomática que, más allá de los conocidos tecnicismos de la validación documental, nos permite captar los vínculos afectivos que durante siglos mantuvieron unidos al conjunto de pueblos que conformaron la Monarquía hispánica hallándose esparcidos por todo el orbe. Por supuesto, como la autora expone en los dos primeros capítulos, el sello y el registro no son dos elementos creados a raíz del Descubrimiento, sino dos procedimientos de validación conocidos y usados de tiempo atrás en Europa y concretamente en la Castilla medieval, en la que ya había regiones muy distantes unas de otras, lo que planteaba el problema de la frecuente o permanente ausencia del monarca. El paso más interesante que se dio para salvar esta distancia fue el de confiar el sello real a una institución bien definida, una Audiencia especialmente caracterizada, que podía por eso encabezar sus documentos con el nombre y títulos del rey y aplicar después su sello de plomo o de cera. La Audiencia dotada de esta facultad, que equivale a compartir la soberanía con el monarca, fue llamada por eso en España con el título de Cancillería o Chancillería, siendo el canciller o chanciller el encargado de guardar el sello y marcar con él los documentos expedidos. De ahí la veneración y liturgia que rodean al sello real. La novedad en España, como ajustadamente explica la doctora Gómez Gómez en el capítulo tercero, fue que, tras haberse concedido el uso del sello regio a Cristóbal Colón, para atender a los asuntos de América se creara en la Corte una Chancillería específica, con su canciller y sello propios, correspondientes al Consejo de Indias, y más aún que prácticamente todas las Audiencias indianas llegasen a ser Chancillerías, de modo que el rey estuviese virtualmente presente en México y en Santiago de Chile, en Caracas y en Manila. Incluso se abrieron sellos nuevos, precisamente para incluir las Indias en la letra circular que rodeaba al escudo real. En España, los oficios de canciller y registrador mayor de Indias, a veces unidos en una misma persona y que daban derecho a la percepción de importantes aranceles, fueron ostentados por funcionarios destacados, desde Gattinara, el célebre consejero de Carlos I, pasando por el conde-duque de Olivares, hasta los duques de Alba que los tuvieron durante más de un siglo a partir de 1756, aunque de ordinario fueran unos tenientes de estos personajes los que materialmente llevaran a cabo la tarea. El capítulo más extenso y complejo de la obra trata sobre "El sello y el registro de Indias en la Península (siglos XVI-XIX)". Observa la autora que los oficios de chanciller y registrador del sello de Indias fueron anteriores a la creación del Consejo de Indias, puesto que los ejercieron Juan Rodríguez de Fonseca y Lope de Conchillos, y éste último tuvo título desde 1515. Eran cargos vitalicios y que, al poder ser ejercidos por tenientes, llegaban a ser formalmente desempeñados por menores de edad. Así el poderoso Francisco de los Cobos pudo conseguir que, a la muerte de Gattinara, la chancillería de Indias fuese dada a su hijo Diego, que entonces contaba ocho años, y que además recibió el nombramiento no sólo para ejercer ese cargo en el Consejo de Indias, sino en las Audiencias de Santo Domingo y Nueva España, y más tarde en la de Panamá, valiéndose de lugartenientes. En cambio el registro del sello de Indias después de Conchillos fue encargado al consejero Diego Beltrán, tanto en el Consejo como en las Audiencias americanas. También se observa que tratándose de las Indias, ni en el Consejo, ni en las Audiencias se usó nunca el sello de plomo, sino sólo el de cera aplicado sobre pergamino o, lo más frecuente, sobre papel. En 1543 tuvo lugar un interesante debate motivado por la necesidad de renovar el "sello viejo", para que se hiciese constar la condición de emperador del rey, así como introducir las Indias entre sus dominios; y finalmente poner esa leyenda en latín. Después se renovarían los sellos cada vez que accediese al trono un nuevo monarca. La Autora muestra en varias láminas distintos ejemplares de estos sellos que se han conservado; en cambio, de los correspondientes registros, donde se debía transcribir en pliegos horadados cada documento sellado, queda sólo un fragmento, correspondiente a los años de 1684 a 1733, y los inventarios de esos mismos registros que cubrirían tres siglos. En el incendio del palacio de los Alba durante la última guerra civil española se perdió la mayor parte de ese tesoro documental. Pero si el registro mayor del sello puede considerarse perdido, se conservan otros muchos registros del mismo Consejo en los que los documentos expedidos eran copiados por los escribanos con distinción de las provincias a las que se enviaban, o bien registros que la Autora denomina "de trámite y despacho", tales como los registros de consultas, de los pleitos fiscales, de los títulos, etc., incluso "libros de fe o de testimonio" en que se recogía, por ejemplo, la fórmula con que juraban los consejeros y otros funcionarios. Es conocida la preocupación que pronto surgió debido a la dificultad de conocer todas las normas contenidas en esas grandes series de libros de registro, y que esto dio lugar a las sucesivas tentativas de recopilación, hasta llegar a la de 1680, para reanudarse lógicamente después a lo largo del XVIII con la formación de las series de libros "de oficio" y "de parte" en las Secretarías de Nueva España y del Perú en el Consejo, para las que se crearon otros tantos archiveros en 1760. El último apartado de este largo capítulo trata del "uso y valor de los sellos y registros en el Consejo de Indias", derivados como es natural de su importancia como garantía de autenticidad, para lo cual estaba dispuesto cómo los documentos debían ser firmados y refrendados, asentados en los libros de expedición, sellados y finalmente registrados, concluyendo con la mención del "uso representativo" del sello como "cuerpo místico del rey", según llegó a decir Tello de Sandoval, y que se ponía de manifiesto con las ceremonias de recepción de los nuevos sellos, o con la práctica de que el presidente y oidores de las Audiencias jurasen ante el sello como si fuese la misma persona real. En el cuarto y último capítulo, titulado "El sello y el registro de Indias en el Nuevo Mundo (siglos XVI-XIX)" informa del modo de proveerse los cargos de canciller y registrador en las Audiencias indianas desde la segunda mitad del siglo XVI, siendo estos oficios vendibles y renunciables, y recuerda las normas que establecen que en la casa de la Audiencia "esté y habite el presidente y nuestro sello real y registro y la cárcel y alcaide de ella y la fundición donde la hubiere", y que se atienda a "la guarda y custodia de nuestro sello real y que esté con autoridad y decencia". Merece comentario el caso del virrey don Francisco de Toledo, autorizado durante la visita a su jurisdicción a extender reales provisiones que luego debía sellar la Audiencia en Lima, capital en la que años antes había sido recibido el sello real con gran solemnidad, como correspondía precisamente hacerlo en todas las Indias, donde aquel troquel de plata con el que se imprimían las armas reales sobre el papel y la cera era la representación directa del lejano monarca. El volumen se cierra con una relación de los cancilleres y registradores del sello de Indias desde 1515 hasta 1873, y otras dos de los libros registros para las Secretarías del Perú y de Nueva España, más un largo catálogo de documentos relativos al sello y al registro de Indias desde 1504 hasta 1873, al que siguen la relación de Fuentes manuscritas e impresas y las láminas que acompañan al texto. En suma, una completísima monografía que permite ahondar en el conocimiento de la administración indiana en sus más altos niveles y que da testimonio de la incansable y minuciosa labor de investigación de su Autora, de clara orientación americanista.-LUIS NAVARRO GARCÍA, Universidad de Sevilla. Jorge Renato Ibarra Guitart: El tratado anglo-cubano de 1905. Unidos contra Europa, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2008, 317 pp., índice general, cuadros, apéndice documental y fotográfico, bibliografía y fuentes. Los estudios sobre la historia de Cuba anterior a 1959, sin duda por sucesos como las conmemora ciones de los centenarios de la abolición de la esclavitud (1886) o la guerra de independencia (1895-1898), han priorizado el análisis del periodo anterior al siglo XX. Incluso autores especializados en dicha centuria, comenzaron a abordar problemas de momentos anteriores. El caso de Jorge Renato Ibarra Guitart es por eso peculiar. Sus investigaciones siempre se han preocupado por la llamada época de la República, que empezó con la finalización de la ocupación estadounidense de la isla (1898)(1899)(1900)(1901)(1902), tras la guerra hispano-norteamericana, y concluyó con el triunfo de la revolución castrista. Entre sus libros publicados acerca de esos años destacan La SAR. Ocaso del Machadato (La Habana, Editora Política, 1999), El fracaso de los moderados en Cuba. Estados Unidos contra Europa (La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2008). Frente a sus trabajos anteriores, además, con el del tratado anglocubano de 1905 Ibarra completa cronológicamente el análisis del periodo republicano cubano, que comenzó por sus momentos finales, abordando problemas del movimiento revolucionario contra la dictadura de Fulgencio Batista, prosiguió con investigaciones sobre los años de entreguerras y la Revolución de 1933, aunque sin abandonar la temática anterior, y actualmente se traslada hasta los albores mismos del inicio del gobierno independiente de la isla. Como en el libro acerca de la mediación ̧ término con el que se calificó el plan del máximo responsable norteamericano en la Gran Antilla, Benjamín Summer Wells, frente a su conflictiva situación en los albores de la década de 1930 y que iba a acabar con el derrocamiento del presidente Gerardo Machado, El tratado anglo-cubano de 1905 es en realidad un estudio de las relaciones entre el país caribeño y Estados Unidos. Tras ceder el ejército norteamericano el poder a un gobierno legítimamente constituido en la Gran Antilla y dar por finalizada la llamada intervención, se establecieron las bases de dichas relaciones entre las dos naciones soberanas mediante una cláusula a la Constitución insular de 1901, conocida con el nombre de Enmienda Platt, y la firma del Tratado de Reciprocidad Comercial de 1902. La Enmienda Platt establecía una especie de protectorado político de Estados Unidos sobre Cuba, mientras el acuerdo comercial regulaba los intercambios mercantiles entre ambos países, estableciendo básicamente un régimen arancelario especial para las exportaciones de azúcar de la isla a cambio de ventajas preferenciales en sus aduanas para prácticamente todos los artículos norteamericanos que importase. El convenio dejaba así muy poco margen con el que negociar tratados con terceras naciones, como el que se trató de suscribir con Gran Bretaña en 1905. El libro de Ibarra analiza todos los pormenores del tratado anglocubano y su contexto histórico, comenzando con los intereses británicos en la Perla del Caribe entre 1850 y 1898, cuando aún era colonia española, así como las relaciones de los gobiernos de Londres y Washington en lo que respecta a los asuntos de la Gran Antilla. Después estudia lo que el autor denomina "La encrucijada en los inicios del siglo" y el establecimiento de los mencionados vínculos económico-políticos especiales entre ella y Estados Unidos. Un tercer capítulo de la obra, titulado "Asalto al capital británico", estudia el modo en que los intereses del Reino Unido se vieron afectados en Cuba por las relaciones del país caribeño con Estados Unidos, para dejar paso a continuación al análisis específico del tratado anglo-insular, tanto del que se pretendió firmar en un primero momento, como del que quedó rubricado al fin tras las modificaciones de los órganos legislativos de la Gran Antilla. La obra concluye con un anexo que incluye los textos "Tratado de Reciprocidad Comercial entre Cuba y Estados Unidos", "Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre Cuba e Italia" y "Tratado de Navegación, Comercio y Relaciones Generales Concertado entre Cuba y la Gran Bretaña", y un "Testimonio Gráfico" con fotografías e ilustraciones de la época, así como con una sucinta bibliografía. La tesis que sostiene Ibarra es que las limitaciones a que se vio sometido ese tratado que se pretendió firmar son un reflejo de la situación político-económica de un país, Cuba, cuya soberanía estaba mermada desde sus mismos principios fundacionales por las prerrogativas concedidas a una autoridad exterior, el gobierno de Estados Unidos. Dicha tesis es poco novedosa, claro está, pero dado que ha sido sostenida como un juicio de valor tradicionalmente, requiere avales, y esos avales son precisamente los que proporciona el libro El tratado anglo-cubano de 1905. El estudio de Ibarra discurre entre el análisis de la política, las relaciones internacionales y especialmente la diplomacia, la mecánica parlamentaria y la evolución de los datos económicos, sin omitir los diferentes intereses y grupos de presión que estuvieron inmiscuidos en cada una de esas esferas o en varias de ellas a la vez. La investigación resultante es rica en matices y relaciones y está bien fundamentada en sus conclusiones. Así lo han reconocido, además, los miembros del jurado del Premio Anual de la Crítica Científico-Técnica, otorgado por el Instituto Cubano del Libro y la Academia de Ciencias de Cuba, que concedieron el galardón al autor por considerar que la suya era la mejor obra de tales características publicada en 2008 por la Editorial de Ciencias Sociales. Los testimonios de las autoridades británicas en Cuba que muestra Ibarra no dejan lugar a dudas. En opinión de los diplomáticos y comisionados del Reino Unido, los intereses de su país no habían conseguido condiciones mejores debido al escaso margen que las estipulaciones del Tratado de Reciprocidad con Estados Unidos dejaban a los poderes ejecutivo y legislativo de la isla para establecer acuerdos económicos con terceras naciones. La propuesta inicial de un texto que fijase un escenario más favorable para las relaciones de la Gran Antilla y el reino europeo quedó cercenada en las negociaciones, influidas por los diversos grupos de presión, y en las discusiones en los órganos representativos de la soberanía nacional hasta reducirlas a poco más que una exposición de intenciones sin mucho contenido práctico. Ibarra añade a esto, además, que igual suerte habían corrido antes convenios con Italia, Francia o México y que así se explica, igualmente, que no se pudiese firmar un tratado con la ex-metrópoli, España, hasta la década de 1920, o que en todo el pe riodo republicano no se pudiese llegar, en fin, a concierto internacional alguno que afectase mínimamente a los suscritos con el gobierno de Washington (el de 1902 fue reemplazado por otro nuevo en 1934). En el enfoque de las conclusiones anteriores, que por su fundamentación merecen todo el reconocimiento, está, sin embargo, el principal déficit del libro de Ibarra. Se puede decir que muestran una verdad, indiscutiblemente, y desde un prisma, pero la realidad y la historia son algo más complejas y están sujetas a factores múltiples, variadas racionalidades, muchas verdades. Desde otro ángulo esa historia dejar traslucir un corolario al menos tan rotundo como el que defiende el autor, y lo oportuno habría sido multiplicar las miradas y exponer y contraponer lo que de ellas se deduce. Se puede decir con menos maniqueísmo que las dos partes que establecieron relaciones especiales tras la proclamación de la República cubana independiente, es decir, el gobierno de ésta y el norteamericano, y los intereses que representaban, lo hicieron conforme a sus voluntades libremente expresadas en un contexto asimétrico. Esto no niega que una de tales partes estuviese en mejores condiciones de negociación, tanto por el mayor poder económico y político de Estados Unidos, como por el hecho específico de haber tenido su ejército el poder en la isla entre 1898 y 1902. En ese contexto asimétrico, parece que a ambas partes les interesó más respetar lo estipulado que otras opciones que se presentaron en el momento analizado por Ibarra (los inicios del siglo XX). Fue, sin duda, un problema de opciones. A los cubanos les habría favorecido, sin duda, poder llegar a acuerdos con terceros países, pero si el contenido de tales acuerdos afectaba a sus relaciones prioritarias prefirieron preservar estas últimas, conforme a las presiones, además, manifestadas por diversos sectores políticos y empresariales norteamericanos. Ibarra es autor de otra historia, la de un periodo casi treinta años posterior a los hechos analizados en El tratado anglo-cubano de 1905, que confirma la visión alternativa aquí enunciada. La llamada mediación que propuso el representante de Estados Unidos frente a los conflictos sociopolíticos en la Gran Antilla en la década de 1930 fue un fracaso. Entonces la situación era muy distinta. Desde el decenio anterior los dos países citados habían llevado a cabo acciones que cuestionaban las bases sobre las que se habían asentado sus relaciones: incremento de los aranceles norteamericanos para el azúcar, prórroga del mandado presidencial de Machado mediante una reforma constitucional que atentaba contra los principios de la Enmienda Platt. Aún así se puede decir que las respetaron bastante y que los intereses que lograron imponer sus voluntades siguieron siendo suficientemente fuertes como para que se restableciesen más tarde sobre bases algo más ecuánimes, pero de nuevo en el contexto asimétrico en el que una de las partes (la cubana) necesitaba más de la otra que viceversa. Se puede decir también que en 1905 no se daban las condiciones para una reformulación de los principios de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, principios fundacionales, además, de la República insular, como los que habría requerido un tratado con un tercer país en los términos en que se planteó el de la Gran Antilla con el Reino Unido. La isla iniciaba tras su independencia una fase de crecimiento basado en la producción y venta del azúcar, cuyo mercado era básica mente el norteamericano, que adquiría un 80 por ciento de las exportaciones de dicho artículo. Se debe recordar, además, que en los últimos años de colonialismo hispano el gobierno de España había firmado un acuerdo con el de Estados Unidos (Tratado Fóster-Cánovas de 1891), por el que este segundo reducía sus aranceles para el azúcar cubano a cambio de ventajas preferenciales para sus exportaciones a la isla, y que los principales perjudicados del acuerdo habían sido también entonces las mercancías que Gran Bretaña enviaba a la mayor de las Antillas. El libro de Ibarra sobre el tratado cubano-británico de comercio, navegación y relaciones generales, supone una aportación sustancial al conocimiento de la historia de la Gran Antilla, que carecía hasta el momento de una investigación acerca de un hecho tan relevante de su pasado, que además se ha realizado enfatizando el contexto en que tuvo lugar. Goza, por otra parte, de la magnífica pluma de un autor que es capaz de escribir con una soltura y amenidad admirables y es resultado de una labor de investigación bien hecha. Ibarra, sin embargo, ha optado por analizar sus resultados únicamente desde un prisma entre los posibles, y con una apertura más amplia de miras, vinculada incluso con lo que se trasluce de otros periodos y hechos que él mismo ha estudiado, habría logrado presentar una historia más completa.-ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla. Raissa Kordic Riquelme (prólogo y edición crítica): Epistolario de sor Dolores Peña y Lillo (Chile, 1763(Chile, -1769)), Madrid/Frankfurt am Main, Iberoamericana/Vervuert/ Universidad de Navarra, 2008, 518 págs. La doctora Raïssa Kordic, especialista en la edición crítica de obras coloniales chilenas, notable filóloga y avanzada discípula de Mario Ferreccio, acomete la edición de este Epistolario -singular por muchos aspectos-con el bagaje de excelentes trabajos anteriores, como la edición crítica de la obra de Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio feliz, publicada con su maestro en el 2001, o el más reciente Testamentos coloniales chilenos, publicado en 2005 con un estudio preliminar de Cedomil Goic. La edición se abre con un encomiástico prólogo del profesor Alberto Blecua y se estructura en dos partes bien diferenciadas. La primera es una Introducción de más de un centenar de páginas dedicadas al estudio del Epistolario. La segunda, la transcripción de las 65 cartas conservadas, escritas por la dominica sor Dolores Peña y Lillo al que fuera su confesor, el jesuita Manuel Álvarez. El estudio se organiza en seis apartados de desigual extensión. En el primero, se tratan de identificar las particularidades más significativas de la textología hispanoamericana, a partir de las obras que conforman la tradición épico-cronística de la producción chilena, ponderando las singularidades de la lengua y estilo propias de zonas periféricas como Chile, donde la educación, sobre todo femenina, estaba muy poco formalizada, y donde la Imprenta llegó tardíamente. En el segundo apartado, la autora describe las circunstancias en las que se produjo el Epistolario, la trayectoria seguida hasta el actual lugar de conservación -convento dominico de San Rosa de Santiago de Chile-, el grado de conocimiento -casi de desconocimiento-de los escritos de la religiosa, y la intención de su destinatario de hacer de las misivas un texto organizado susceptible de ser divulgado, al menos en el ámbito conventual. La tercera parte se dedica al análisis de las características de la lengua de la monja; comenzando por los aspectos grafemáticos y continuando por sus rasgos fonológicos, coincidentes con los del español americano; hay que valorar que la profesora Kordic no evite cuestiones tan dificultosas como la distinción entre los errores de escritura y los fenómenos lingüísticos legítimos; finalmente, cierra este apartado con una serie de registros en los que se recogen los fenómenos fónicos más habituales y los rasgos mor-fofonológicos y morfosintácticos más destacables, para terminar con un breve apunte sobre los americanismos detectados. En el cuarto apartado se explicitan las normas de edición, que básicamente son las que en su día -1984-fijó Mario Ferreccio en la edición del Purén Indómito de Arias de Saavedra, realizada para la Biblioteca Antigua Chilena, con alguna adaptación a las normas GRISO, de la Universidad de Navarra. El quinto es el apartado más extenso de la primera parte. En él, abandonando las cuestiones filológicas, la doctora Kordic, comienza por atender a las circunstancias históricas de los dos protagonistas del Epistolario: su autora, Dolores Peña y Lillo, profesa de velo blanco en el monasterio de Santa Rosa de Lima, nacido como beaterio en 1680 y transformado en convento en 1754; y su receptor, el jesuita Manuel Álvarez, al que se dirige primero como confesor y, después, tras las difíciles circunstancias de la expulsión de la Compañía, como alma agradecida a quien fuera su auxilio y guía espiritual. Tras unos brevísimos apuntes sobre sus respectivas biografías, se pasa a reflexionar sobre la formación de las religiosas dominicas en el Chile colonial, a partir de la regla y constituciones conventuales y de los consejos del confesor, como autoridad de la que emanan las recomendaciones de lectura. Más desarrollo se concede al análisis de las influencias literarias y doctrinales presentes en el Epistolario. En cuanto a la concepción mística y al estilo literario, Kordic subraya la gran deuda de sor Dolores respecto a la carmelita Teresa de Jesús y particularmente a su Libro de la Vida; con la santa castellana comparte la dominica chilena muchos elementos: la afición a la doctrina de los Recogidos, como Francisco de Osuna; la valoración de la experiencia como instrumento de autoconocimiento; no pocos recursos retóricos como la diminutio, muy habitual en el discurso confesional de religiosas, o la apelación a Dios como interlocutor, de raíz agustiniana; la conciencia de la dificultad derivada de su condición femenina; la utilización de comparaciones como recurso expresivo para hacerse entender; o los rasgos barrocos, tales como la poética, los desbordamientos afectivos, el demonismo..., presentes en ambas autoras pese a escribir la una en el siglo XVI y la otra en la segunda mitad del XVIII. Sor Dolores refleja igualmente influencias de san Juan de la Cruz, especialmente en su poesía -hay muestras en las cartas 23 y 65-y en el uso de conceptos y terminología simbólica acerca de sus experiencias místicas, pues no en vano el carmelita es el gran forjador del lenguaje místico. También es perceptible el influjo de fray Luis de Granada, uno de los dominicos más pró-ximos a los planteamientos de los Recogidos, cuyo ascendiente se hace notar en el modelo de retórica y la teología "afectivista"; junto a este, la sombra Santa Rosa de Lima, modelo de vida ascética, se proyecta en la praxis de ayunos y en la emulación de los sufrimientos de Cristo; y, por supuesto, es notabilísima la autoridad que sobre ella ejerce el destinatario de sus cartas, el ignaciano Manuel Álvarez, autor de Método de bien obrar para personas religiosas (1766), obra que la dominica lee repetidamente como práctico catálogo de todos los elementos propios del recogimiento; los ejercicios de sor M.a de Jesús de Ágreda, y de la clarisa sevillana María de la Antigua dejaron también su huella, como guías prácticas para ejercicios puntuales. La Introducción se cierra con un compendio de conclusiones y una extensa relación bibliográfica, que podría completarse con algunas aportaciones más como las que en los últimos años han impulsado Asunción Lavrin y Rosalva Loreto, 1 pero que resulta pertinente, adecuada y más que suficiente. La edición del conjunto de cartas conservadas incluye nada menos que 65 misivas, lo que le hace singular por su volumen ya que, según la editora, es la única serie epistolar que se conoce en Chile de dimensiones tan significativas. El interés de las cartas desde el punto de vista literario y filológico ha sido cumplidamente subrayado en la Introducción y se evidencia igualmente en las notas a pie de página con las que Kordic enriquece el Epistolario. Pero no es menor, en absoluto, su importancia para aproximarse a las inquietudes y las formas de espiritualidad de las religiosas en la Hispanoamérica colonial y al desarrollo de la cultura escrita femenina; para descubrir, según en su día señalara Lucía Invernizzi, 2 cómo la monja dominica toma conciencia de su identidad y valor y se convierte en sujeto activo de su propia vida. Aunque, uno de los rasgos propios de esta literatura es el "autoensimismamiento", es decir, la huida de la realidad externa, tampoco son desdeñables, desde el punto de vista de las nuevas corrientes historiográficas, los datos que sobre la realidad cotidiana se deslizan en algu-1 Entre ellas dos libros de Asunción Lavrin y Rosalva Loreto (eds.): Monjas y beatas. La escritura femenina en la espiritualidad barroca novohispana. Siglos XVII y XVIII, Puebla, Universidad de las Américas de Puebla/Archivo General de la Nación, 2002 y también Diálogos espirituales. Siglos XVI-XIX, México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2006. 2 Lucía Invernizzi: "El discurso confesional en el Epistolario de Sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo (siglo XVIII)", Historia, 36, Santiago de Chile, 2003, pp. 179-190. nas cartas sobre el discurrir de la vida conventual, las tensiones en torno a la elección de confesor (cartas 1, 2 y 9, por ejemplo), las "habladurías" y las rivalidades desatadas entre las religiosas (cartas 9, 14 o 32), o el efecto causado en el claustro y en la ciudad de Santiago por el decreto de expulsión de los jesuitas (cartas 54 y 55). La edición se cierra con una Notabilia lingüística de voces comentadas, que facilita la consulta de los términos analizados e incrementa el indiscutible valor del estudio filológico realizado por la doctora Kordic. Una investigación como ésta, que se detiene en la transcripción de fuentes y la recuperación del patrimonio bibliográfico mediante ediciones críticas y anotadas, tiene un notable mérito, no sólo por la labor heurística que conlleva, sino también por la generosidad que implica poner a disposición de la comunidad científica unas fuentes fieles, inteligibles y accesibles. Si algún "pero" puede señalarse, no es a la tarea de la profesora Kordic, que demuestra sobradamente su buen hacer de filóloga y de aventajada discípula del doctor Ferreccio, sino a la necesidad de caminar hacia trabajos interdisciplinarios en los que sea posible aunar el saber filológicoliterario y el histórico, porque, como bien señala la prologuista y editora, los estudios de este tipo acometidos por historiadores carecen de rigor filológico, pero además del valor instrumental que se les reconoce, aportan visiones y contextualizaciones sobre los autores, sus épocas y la sociedad en la que se genera el texto que, sin duda ninguna, lo enriquecen y complementan. Finalmente, además de felicitar a Raïssa Kordic por su espléndido trabajo, queremos congratularnos de la cuidada publicación, en línea con el profesional quehacer de la editorial Iberoamericana-Vervuert, y en particular con su Colección Biblioteca Indiana.-M.a ISABEL VIFORCOS MARINAS, Universidad de León. La conciencia social en la conquista del Imperio Azteca, Madrid, Iberoamericana-Vervuert, 2009, 298 pp. Los libros, como las investigaciones, tienden a tener vida propia y a orientarse por caminos a veces imprevistos. Y no siempre los autores pue-den reconducirlos ni poner finalmente un título que responda fielmente al contenido. En el caso que analizamos, hay una primera parte (2 capítulos) en los que se trata de reflejar cómo eran los participantes principales de la conquista de México para poder analizar el papel de esa "conciencia social" en dicha conquista. Pero a nuestro modo de ver esa intención se diluye en los capítulos siguientes (6), en los que se presenta un análisis de los comportamientos españoles y mexicas en la conquista en el que los elementos presentados en los dos primeros capítulos tienen muy poca presencia. Y eso no quiere decir, de ningún modo, que el estudio carezca de valor, sino todo lo contrario. La visión que el autor da de la conquista de México y de las razones que la permitieron es muy interesante y se "moja" continuamente en temas espinosos como el "miedo de Moctezuma", los presagios de la conquista o la condición de "dioses" de los españoles los cuales "...eran extraños y poderosos, pero humanos y mortales..." (p. La mayor parte de la argumentación del libro gira alrededor de Hernán Cortés y su capacidad de manipulación, que conllevaba también una capacidad de comprensión de las sociedades indígenas y sus comportamientos muy alta. Desde este punto de vista, a nuestro parecer, el libro está desequilibrado. La perspectiva es mayoritariamente española y raras veces aparecen las circunstancias indígenas, aunque lo hagan con mucha lucidez, como la referencia a que Moctezuma había perdido el apoyo de muchos de sus principales antes de su captura por Cortés (p. 241) o que el ataque de los tlaxcaltecas a los españoles se produjo por presentarse acompañados de súbditos de Moctezuma, que eran enemigos suyos (p. 205), pasando a ser aliados cuando se aclaró la situación. Un ejemplo del desequilibrio mencionado es el manejo por el autor de estos contingentes indígenas aliados de Cortés, que aparecen con un papel limitado y sin cuantificar. Y los documentos utilizados por el doctor Medin tienen multitud de cuantificaciones de esos aliados, que llegan a sumar cientos de miles de guerreros incluso en las Cartas de Hernán Cortés y toman un papel aún más protagonista en los estudios de Ixtlilxochitl. Otro factor que aparece minimizado es el tiempo. La conquista fue larga, lo que pone en entredicho las alusiones a las épocas del año en que los mesoamericanos guerreaban. Entre la entrada de Cortés en Tenoch titlan y su salida la Noche Triste median casi ocho meses. Sí se menciona que entre esta última y el inicio del asedio pasan once meses, que Cortés emplea en reorganizar su ejército (p. Parece encontrar el camino cuando en la página siguiente se alude a la campaña de Tepeaca, realizada poco después de la salida de Tenochtitlan, pero queda allí. Las actividades de Cortés y sus aliados en ese tiempo casi quedan limitadas a la construcción de los bergantines que participaron en el asedio final de Tenochtitlan y las páginas dedicadas a este episodio son relativamente breves. Nada se nos dice de las continuas campañas que el ejército cortesiano y sus aliados indígenas realizaron por toda la tierra para conseguir el mayor número de aliados posible, lo que también suponía restar amigos a los mexicas. Y cuando el asedio comenzara tener la retaguardia cubierta, las comunicaciones abiertas y los suministros asegurados. Somos conscientes de que el libro es un ensayo documentado, lo que excluye cualquier exigencia de una bibliografía exhaustiva, pero creemos que algunos trabajos recientes, sobre todo relativos al imperio azteca, habrían ayudado a dar más peso a esa parte indígena de la conquista. Tanto la que se opuso a Hernán Cortés, como la que colaboró con él. Aparece citado solamente un trabajo de Michael E. Smith, referente al papel de las elites en el Imperio Azteca, y no el libro que el propio Smith, junto a otros autores, dedicó a la estructura del Imperio Azteca. 1 La comprensión de la geopolítica indígena es clave para el análisis de la conquista, como lo es para el establecimiento de la colonia, según pusieron de manifiesto con claridad Chance y Stark, 2 aunque es probable que el libro ya estuviera en proceso de edición cuando ese artículo apareció. Muchas de las ideas que los estudiosos del mundo indígena están manejando aparecen esbozadas o apuntadas en el libro de Tzvi Medin y pensamos que podría haber ido el autor mucho más allá en algunas de las líneas que ha seguido conociendo estos trabajos. Y no queremos dejar de citar nuestra sorpresa ante la ausencia de la biografía de Moctezuma que publicó Michel Graulich. 3 La perspectiva indígena se habría visto reforzada y esa perspectiva es clave en la comprensión de la conquista. No hemos encontrado mención de la existencia de un traductor ni de una revisión, por lo que asumimos que el texto castellano es obra del doc-1 Frances F. Berdan, Richard E. Blanton, Elizabeth H. Boone, Mary G. Hodge, Michel Smith y Emily Umberger: Aztec Imperial Strategies, Washington DC, Dumbarton, 1996. 2 John K. Chance y Barbara L. Stark: "Estrategias empleadas en las provincias imperiales: perspectivas prehispánicas y coloniales en Mesoamérica", Revista Española de Antropología Americana, 37-2, Madrid, 2007, pp. 203-233. Es correcto en general (las numerosas erratas no deben atribuirse a él), pero contiene algunas expresiones sorprendentes para el lector español, como el uso de "báscula" donde nosotros hablaríamos de "balanza" o los "cuervos" que revolotean sobre los restos de Tenochtitlan al final del libro, que es posible que fueran en realidad buitres o, en el caso mexicano, zopilotes. Y al secretario Lope de Conchillos se le llama continuamente "Cochinillos" (pp. 29, 42, 43, 44). Son peccata minuta, pero habrían sido fácilmente subsanables. En definitiva consideramos que nos encontramos ante una obra valiente, interesante, mucho más ajustada a lo que pudo pasar que las historias habituales de la conquista pero que se queda algo corta en la línea que abre, en la que podría haber ido mucho más allá. El papel de los indígenas, en ambos bandos, es fundamental para comprender la conquista de México y no por ello la figura de Cortés se ve empequeñecida, ni la hazaña de los españoles es menos sorprendente. Simplemente, se vuelve comprensible.-JOSÉ LUIS DE ROJAS, Universidad Complutense de Madrid. Consuelo Naranjo (coord.): Historia de Cuba, Madrid, CSIC/Doce Calles, Colección Historia de las Antillas, vol. 1, 2009, 626 pp. Historia de Cuba es el primer volumen de una colección de cinco que, dentro de la historiografía española, pretende ofrecer de manera monográfica "tanto de forma individual como en conjunto de un modo comparado", (p. 9) una visión amplia de las Antillas. Esta colección, se adhiere a la tendencia de estudiarlas reflejando el lugar de éstas en la configuración del sistema atlántico, pero también como entidades con características propias y diferentes. Damos pues la bienvenida a este texto que viene a unirse a una vasta literatura, que de ninguna manera es exhaustiva, producida en uno de los extremos del océano y en la que la revisión del mundo atlántico y sus redes ha sido valorada desde temprano, como evidencian The Black Jacobins de C. L. R. James, Capitalism and slavery de Eric Williams y, más tarde Philip Curtin, en su The Atlantic Slave Trade. Esto para no mencionar el programa en Atlantic Studies creado desde los años 70 en Johns Hopkins University, que tuvo entre sus fundado-res a Sidney Mintz y contó también con la labor de Franklin Knight. Es decir, dos caribeñistas, citados por lo demás en esta Historia de Cuba, que se coloca así junto a la producción realizada en un lado del Atlántico, al mismo tiempo que remoza las concepciones desarrolladas en la otra orilla de ese océano. En la extensa producción a la que aludimos anteriormente, este esfuerzo producido en la Península Ibérica se sitúa, pues, en el conjunto de aquellos publicados, y quiero recalcar aquí, en latitudes americanas y caribeñas, y que desde diversas corrientes y con distinta profundidad formulan una propuesta regional y destacan particularidades: de la Biografía del Caribe de Germán Arciniegas al libro de Gordon K. Lewis sobre el pensamiento caribeño; pasando por los clásicos de casi igual título, De Colón a Castro, uno de Eric Williams y el otro de Juan Bosch. Circulan asimismo, aunque sólo en inglés, cinco de los seis volúmenes de la Historia General del Caribe promovida por la UNESCO. Esto último hace muy atractiva y proporciona un nicho inmejorable a la colección en español que se inicia con el texto que aquí comentamos. Entre los contemporáneos, la obra liderada por Naranjo, se ubica al lado de la dirigida por Francisco Scarano, The Caribbean: An Illustrated History, a la zaga en el proceso editorial, y la más corta, Historia del Caribe, ya publicada, por Frank Moya Pons,1 para mencionar sólo algunos de los esfuerzos más recientes. En el ámbito individual, esta colección del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la editora Doce Calles, bautizada como Historia de las Antillas, dialogará, sin duda, con las historias de Puerto Rico de Fernando Picó o las del propio Scarano; 2 con la de Roberto Cassá y la de Frank Moya Pons de República Dominicana (y con este último de manera muy cercana e interesante, creo, en tanto que Moya es el coordinador del tomo referente a la Dominicana en esta colección); conversará, sin duda, con los trabajos de Dorsainvil, de Jean-Marie Trot o de Dantès Bellegarde,3 para Haití; y probablemente, con el de Ochoa Antich, para el Caribe anglófono,4 entre otras posibilidades en español. En el caso del libro sobre Cuba en particular, este primer tomo de la colección se une en la concepción amplia, aunque no como empresa individual ni tan extensa en volumen -a pesar de sus 626 páginas con letra pequeñita-al trabajo clásico de Ramiro Guerra, la Historia de la nación cubana5 y a los proyectos de Levi Marrero, con su Cuba, economía y sociedad, o de Louis Pérez, quien "ha hecho de la historia de Cuba, per se, objeto de un estudio integral, sistemático y constante", Zanetti dixit. 6 Este volumen no sólo se adhiere con sus aportes a esa historiografía, logro de por sí valioso, también se alimenta de ellos, y de otros muchos. Las referencias encontradas son abundantes. Puesta esta Historia de Cuba en el marco de la literatura que ha propuesto una visión amplia de las redes atlánticas, conviene referirnos a su contenido: vasto, denso, rico en planteamientos, que invita a leer y releer los diversos trabajos que la componen. Aquí solamente quiero llamar la atención sobre algunos asuntos. El libro se abre con un epígrafe de Colón, en el que se describe "aquella isla la más hermosa que ojos hayan visto", palabras que dieron paso a una larga secuela de visiones y representaciones acerca de la ínsula caribeña y en la que se coloca esta historia, escrita por quince autores, entre los cuales una parte pertenece a la generación que ha renovado la historiografía americanista española, pero en la que todos contribuyen con sus conocimientos y experiencia a construir un amplio panorama que cubre desde el inicio del proceso de conquista y colonización, como lo llama Alejandro de la Fuente, hasta los años recientes. Arranca entonces del análisis del proceso por el cual se fue reconfigurando la densidad demográfica y los cambios que se sucedieron vinculados a las actividades eco-nómicas en las siguientes centurias hasta la transformación desarrollada en el siglo XX con los aportes de una nueva y numerosa migración y las características muy particulares en la segunda mitad de ese siglo. En esa concepción del entramado atlántico se presta especial atención a una red fundamental tejida a partir de La Habana como centro mercantil y como estación de servicio, y no sólo como lo segundo, visión que prevalece en muchos estudios. Al examinar el desarrollo económico éste no puede ser desvinculado del aspecto demográfico ni de las redes atlánticas establecidas que se fortalecen y amplían con el auge de la producción azucarera. Resulta interesante la forma en que el autor del capítulo correspondiente aborda el paso de la economía-puerto a la exitosa producción azucarera, observando que la especialización de la economía cubana fue un proceso espacio-temporal menos continuo de lo que a veces parece "aunque justificado por la ventaja comparativa y la función de demanda", (p. El relato tiene otro gran acierto al tratar en unas cuantas páginas un proceso que fue muy complejo y se desarrolló en un periodo amplio marcado también por inscribirse en diferentes épocas a los intereses imperiales de diversa procedencia. En cuanto a la sociedad, destacan no sólo las redes atlánticas sino los vínculos con los aspectos tratados: población y economía, y con lo que viene a continuación en las siguientes páginas, la política y las formas de organizarla. Se pone atención a las diversas formas de trabajo forzado pero también al trabajo libre. De particular interés encuentro el capítulo sobre la primera república, por lo que implica para reflexionar sobre la relación de Cuba con Estados Unidos, pero también por el deseo de la autora de destacar "cómo los años en cuestión no fueron ni patrimonio de una clase obrera y campesina oprimida por la alianza entre "oligarquía e imperialismo" ni una etapa de dramático inmovilismo" (p. En el ámbito político, Cuba es vista en el contexto internacional desde la perspectiva del poder y de los mecanismos de sus relaciones con los poderes coloniales, desplazándose de lo interno a lo externo, y aún a otros campos para incorporarlos al análisis y conocer la cultura política. Como el resto de los apartados, éste se trunca para dar paso a otros temas y volver hacia el final del libro para cerrar la exposición con un apartado que hace referencia a la Cuba posrevolucionaria. Desde luego no falta el examen de la lucha alrededor del 59. Esas visiones y representaciones se encuentran a lo largo del volumen, dividido en seis partes, cada una de las cuales atiende diversos aspectos: población, economía, sociedad, política, cultura y ciencia, para finalizar con una sección dedicada al último medio siglo de la historia de Cuba, que "resume y evalúa" en particular las políticas económicas y sociales. El eje es temático pero no está ausente una exposición cronológica. Desde estas diversas perspectivas, y a lo largo de un gran arco temporal, los autores llevan a cabo incisiones en asuntos claves y logran presentar un cuadro abarcador, muy completo y compacto -y este es otro de los atractivos del libro-, dividido en diferentes periodos, de acuerdo con esas perspectivas. Por su parte, la última sección, la sexta, hace referencia a una nueva etapa a partir de 1959, acorde con una síntesis de medio siglo de políticas económico-sociales en la Cuba socialista y se subdivide, a su vez, en apartados basados en "ciclos ideológico-económicos": 1959-1990, 1991-2007, 2007-(p. Una introducción explicando el diseño del libro, sus cortes y su ubicación en el espectro historiográfico hubiera sido de gran beneficio para los lectores. No falta, en cambio, el uso de una literatura amplia, tanto reciente como de textos clásicos. Se trata de un trabajo bien documentado, con una narración articulada, de fácil lectura. Es un excelente repaso, que de manera muy hábil da cuenta de las transformaciones en Cuba, de un proceso económico que conllevó una organización social y política; una organización social que sustentó un proceso económico, una práctica política que posibilitó ambos y en la contraparte, las resistencias, las inconformidades, los enfrentamientos a esto, y las alternativas buscadas: la anexión, la independencia, la revolución. En conjunto, el texto constituye un examen, una revisión, que identifica los temas centrales del desarrollo histórico y apunta, en una especie de guía entre líneas, a otros temas para continuar investigando. Reitero, la enorme bibliografía incluida es un plus y resultará de gran utilidad para todo aquel que se acerque a la historia de Cuba, aún cuando todavía están ausentes, a excepción de la producción cubana, muchos de los trabajos escritos en América Latina. No voy a detenerme en hacer una síntesis de las principales ideas expuestas por cada uno de los autores. No podría, en unas cuantas palabras, resumir la riqueza del contenido. Más bien, incito a los estudiosos, a los interesados en la historia de Cuba y del Caribe en general, a disfrutar de su lectura, o mejor dicho, de las diversas lecturas que seguramente provocará. Cada lector tendrá preferencia por secciones específicas, según sus intereses. A mí, en lo personal, me parecieron fascinantes los apuntes para una historia intelectual cubana y el análisis de la construcción de los discursos nacionales en la literatura criolla, discursos al interior de la isla y desde el exilio. Las propuestas son muy sugerentes. Otros buscarán con mayor avidez, ciertamente, el cuarto apartado de la última parte en la que se comenta acerca de la posibilidad de "un nuevo ciclo pragmatista bajo Raúl Castro". Los amantes de la historia económica tendrán mucho de donde obtener información. De igual forma, los interesados en la población. Y así podríamos seguir. Habrá quien esté de acuerdo con todo lo dicho en las páginas de este libro, habrá quien se incline por matizar o por tomar cierta distancia de alguna de las afirmaciones. De cualquier manera, estoy convencida de que siempre será una lectura provechosa, y en eso, estoy segura, coincidiremos. ¿A qué nos lleva la lectura? Como mínimo a ver con otros ojos y con otras preguntas la historia de Cuba. Sin embargo, cada lector marcará sus estrategias de lectura, y cualquiera que la emprenda verá abrirse ante sí varios caminos para seguir uno de los temas o para obtener miradas de conjunto. Creo, sin embargo, que hay algunas omisiones que tal vez en una futura edición podrían subsanarse. Si bien es verdad que considero un gran acierto la decisión de atender al análisis del Caribe, y en este caso de Cuba en particular, en el marco atlántico de vínculos amplios, de redes complejas, creo que hace falta una mejor referencia en ese entramado y en su relación con la isla, al papel de la Nueva España como una submetrópoli, más allá de, pero también por, su función de proveedora desde el punto de vista financiero y de abasto, como han mostrado en sus publicaciones por una parte von Grafenstein y por otra Marichal y Souto. Otro acierto, pero no suficientemente explotado, es el que se refiere a las imágenes incluidas que constituyen de por sí un material muy rico. Muchas de ellas son de gran belleza y calidad en la reproducción y contienen mucha información. Tal vez, en una segunda edición de la Historia de Cuba, y para los tomos de la colección que vienen en camino, podría considerarse incorporar una forma diferente de utilizarlas, no para ilustrar, no solamente para adornar, sino como documentos, capaces también de ofrecer discursos. Y, entre otras cosas, preguntarse por qué, a pesar del paso del tiempo en las imágenes de Cuba que se reproducen, en este libro y en muchos otros, perduran ciertos encuadres, ciertos íconos, los mismos elementos. Vale la pena, además, consignar en todos los casos a los autores de los grabados y las litografías, o señalar su carácter de anónimos, y en el texto hacer mención de la fecha y contexto de producción, para evidenciar la correspondencia con lo destacado en el relato, además de la pertinencia de su inclusión. En cambio, me parece que los cuadros estadísticos, mapas y gráficos están muy bien aprovechados, con explicaciones y comentarios en la narración. Para cerrar este comentario, quiero insistir en mi convencimiento de que recurrir a esta Historia de Cuba permitirá a sus lectores nutrirse de la suma de saberes producidos en ambos lados del Atlántico, y que se expresan en las páginas de este libro; a descubrir las propuestas que hace, a plantearse nuevas preguntas a partir de lo que los autores argumentan, a conocer, a debatir; a construir un entramado marcado por la interacción entre los académicos de uno y otro extremo del océano, tejiendo las redes del conocimiento allende el Atlántico. Medio millón de españoles salieron al exilio cuando finalizó la guerra civil. Después de Francia, América Latina ocupó el segundo lugar en recepción de refugiados españoles. El notable impacto que tuvieron los refugiados en los países latinoamericanos no se debió a su número sino, de manera destacada, a que entre ellos se hallaban los hombres y mujeres más preparados de la vida española de las primeras décadas del siglo XX. El afán por el estudio de las elites del conocimiento en el exilio ha impedido ver que, en buena medida, el exilio configura también una historia colectiva que obliga a preguntarse cuestiones tales como quiénes eran estos exiliados, cómo fueron los procesos de migración que protagonizaron y cómo se insertaron en los diversos países de asilo, aspecto este último que requie-re necesariamente tener presentes las condiciones de los países receptores durante su llegada y estancia. Este libro coordinado por Dolores Pla viene a colmar esas lagunas reuniendo y analizando varios de los casos más significativos en el continente: México, República Dominicana, Chile, Argentina, Venezuela, Colombia y Puerto Rico. Es bienvenido no sólo porque constituye un acercamiento conjunto al exilio en distintos países de América Latina sino también porque, al contrario de la mayoría de los estudios sobre el tema, centrados en general en el examen de una sola nación, nos aproxima a la posibilidad del enfoque comparativo. La inexistencia hasta ahora de una compilación semejante hace que estemos ante una obra novedosa y coherentemente estructurada, y aunque se echa en falta la presencia de dos casos de igual modo significativos -Uruguay y Cubael abanico es lo suficientemente amplio y rico como para invitar a la reflexión sobre el fenómeno continental y el contraste entre los diversos procesos. El objetivo primordial del libro -mostrar una visión panorámica del exilio en diversos países latinoamericanos que pudiera ser de interés, tanto para lectores especializados como para los no conocedores-ha quedado, en nuestra opinión, sobradamente resuelto. Este panorama permite, además, apreciar las profundas diferencias entre las distintas naciones receptoras, tanto en los contextos históricos en los que se insertó el exilio cuanto en los números y perfiles de los hombres y mujeres que se desplazaron tras el fin de la guerra civil española. Como compiladora de este libro, Dolores Pla lanzó una amplia red que permitió recoger casos y miradas diversas -aunque dispares-, sobre la arribada de los republicanos a América a partir de 1939 (aunque empezaron a llegar antes, el llamado "exilio masivo" comenzó en dicho año). Podemos señalar ciertos elementos significativos en los que los autores responden al guión propuesto: las circunstancias de la llegada y la recepción (en algunos casos fueron políticas de gobierno; en otros se realizaron pese a los gobiernos), las cifras y perfiles, la inserción (desigual en todos ellos, como desiguales fueron las circunstancias de llegada y las sociedades receptoras). Un primer mecanismo de acogida lo proveyeron ciertos gobiernos. México y República Dominicana lo hicieron plenamente, mientras que el Frente Popular chileno abrió parcialmente sus puertas ante la abierta oposición de la derecha. Otro mecanismo se constituyó a partir del apoyo de grupos privados (las asociaciones de inmigrantes en Argentina o los académicos universitarios y artistas en Puerto Rico). Un tercer tipo de acogida, bastante sui generis, proviene de la acción del gobierno conservador venezolano, que firmó un acuerdo con el gobierno vasco en el exilio para acoger a exiliados de este origen. El acuerdo -activamente apoyado por la Compañía de Jesús-respondía a la idea de que, al fin y al cabo, los vascos eran católicos y tradicionalistas. Finalmente, un último mecanismo de llegada se realizó sin apoyos explícitos, como en Colombia, donde la escasa presencia del exilio se ciñó a los académicos y profesionales, así como a los vascos apoyados nuevamente por la Compañía de Jesús, o con el consentimiento tácito del presidente liberal, Eduardo Santos. Por otro lado, un hecho notable, bien expresado en la obra, tiene que ver con la configuración política de los lugares de recepción. A excepción de México, Chile y Colombia, paradójicamente el resto de los países latinoamericanos estudiados se hallaban, en el momento de recepción de la diáspora republicana, bajo gobiernos de tipo dictatorial o de derechas, cuyas simpatías se inclinaban sobre todo hacia el franquismo. Por lo anterior no fue generoso el apoyo prestado a los republicanos refugiados. Dentro de esta línea, la República Dominicana es un caso ejemplar. Presidida por el dictador Trujillo, el país recibió un amplio contingenteentre cuatro mil y cinco mil exiliados-por razones claramente alejadas de la supuesta solidaridad con la Segunda República y sus vicisitudes. En el artículo de Juan Alfonseca Giner de los Ríos se detallan las características de este exilio y su complicada inserción en la sociedad dominicana. El autor sitúa en los prejuicios raciales y la aspiración de "blanquear" a la población, el principal móvil del régimen para aceptar la presencia de exiliados. Además, si bien Alfonseca establece una contraposición entre la recepción de Trujillo a los refugiados judíos y a los exiliados españoles y aventura que dicha recepción fue mucho más generosa con los primeros (p. 180), omite, sin embargo, que las organizaciones judías internacionales debieron financiar generosamente las arcas del gobierno dominicano para tal fin. La precaria situación de los exiliados españoles en la isla hizo que muy pronto comenzara una corriente de reemigración hacia otros países como México o Venezuela y que tan sólo una década más tarde fueran muy pocos los que aún quedaban allí. Por otro lado, aunque no sabemos con exactitud cuántos exiliados llegaron a Colombia (se baraja una cifra entre quinientas y seiscientas personas), la recepción y permanencia en el país de la mayoría de ellos se limi-tó esencialmente a la primera década. María Eugenia Martínez Gorroño nos explica que a partir de 1948 -cuando se desató la gran violencia de conservadores contra liberales-aproximadamente un 73 por ciento de los españoles reemigraron a otros países de América debido a la antipatía de los conservadores contra los republicanos (p. En Venezuela el exilio se limitó a ciertos grupos geográficos. Según el autor Juan José Martín Frechilla, al país llegaron unos cinco mil refugiados vascos y canarios que en su mayoría emigraron de España entre 1948 y 1952, lo cual pone en duda hasta qué punto estos emigrantes eran exiliados. La presencia de trabajadores manuales fue mayoritaria frente a los grupos intelectuales, artísticos y profesionales. Encarnación Lemus López muestra bien el proceso de integración económica y social del exilio que tuvo cierta significación dentro de la sociedad chilena. El caso de México es excepcional en este panorama y en la presente obra ha sido sintetizado magistralmente por Dolores Pla. Se trata de un caso particularmente importante, como todos sabemos, y ella es sin duda quien mejor ha estudiado el exilio español en general hasta ahora. Con habitual cuidado, la autora pondera las cifras de llegada: alrededor de veinte mil personas, niños y adultos, podrían haber arribado a México. Desde el comienzo de la guerra, el presidente Cárdenas apoyó a la República en varios frentes: recursos materiales (armas, pertrechos, etc.); en el ámbito diplomático frente a la Liga de Naciones y, al concluir la guerra, desde Francia; finalmente, con el apoyo irrestricto a la entrada de exiliados a partir de 1939 (aunque ya en 1937 abrió las puertas a los niños de Morelia y en 1938 al goteo de intelectuales acogidos en la Casa de España). México era un país pobre y la llegada masiva de los exiliados, así como en muchos casos su instalación en los primeros tiempos, fueron posible gracias a la financiación de las organizaciones republicanas (SERE, JARE y otras como los Cuáqueros). También ha sido excepcional la duración del exilio en México, gracias a la estabilidad política creada por el régimen postrevolucionario y mientras duró la dictadura en España. Para terminar, la desigualdad entre los textos, pese a los esfuerzos de Pla por proveerlos a todos de unos lineamientos comunes, se acentúa especialmente en el caso argentino, ya que el inesperado fallecimiento de la autora y la imposibilidad de reemplazo, obligaron a incluir dos artículos de ella ya publicados con anterioridad, que aportan cierta visión de la presencia del exilio español en Argentina, pero rompen claramente el esque-ma propuesto por la coordinadora. También el estudio relativo a Puerto Rico se aleja de dicho esquema en tanto la autora, Consuelo Naranjo Orovio, rastrea más bien las influencias intelectuales del hispanismo literario y la presencia de los científicos españoles en la Universidad puertorriqueña. Es especialmente interesante, en este sentido, su indagación acerca de las redes de comunicación establecidas entre España y la isla de forma previa al exilio, que explicarían parcialmente las rutas seguidas después por algunos de estos exiliados-intelectuales (pp. 569 y sigs.). Este aspecto queda demostrado también en el caso de la recepción en Colombia.-ALICIA GIL LÁZARO, Instituto de Iberoamérica, Universidad de Salamanca, Salamanca. Carlos de Sigüenza y Góngora: Oriental planeta evangélico, Antonio Lorente Medina (ed.). Carlos de Sigüenza y Góngora, una de las figuras intelectuales más señeras de México, fue un "sabio polémico"; llamado "humanista barroco" por unos y "enciclopedista" por otros, vivió en el complejo mundo barroco del siglo XVII. Todas sus obras (más de una docena) fueron publicadas en su tiempo, menos la que aquí reseñamos, y versan sobre ideas científicas, asuntos históricos, cuestiones cronísticas y exaltaciones hagiográfico-religiosas y morales en los que se advierte un corpus fundacional de criollismo o un elemental "patriotismo" americano. El poema Oriental planeta evangélico (actualmente en la Universidad de Austin, Texas) fue editado después de su muerte por su sobrino Gabriel López de Sigüenza en 1700. La obra estudiada por Antonio Lorente se compone de dos partes. En la primera se encuentra una breve biografía de Sigüenza basada en tres etapas de su vida: la pertenencia a la Compañía de Jesús, a la Universidad y a la Corte virreinal; acompaña también a esta parte un análisis del origen, la estructura y el estilo del poema, la bibliografía y una nota del editor. La segunda contiene, en un preliminar escrito por el sobrino de Sigüenza, una carta, dos licencias, un parecer, un soneto y dos décimas, seguido del poema Oriental planeta evangélico dedicado "al apóstol grande de las Indias", con notas explicativas a pie de página. Sigüenza y Góngora fue expulsado de la Compañía de Jesús a la edad de veintidós años "por sus desórdenes y salidas nocturnas", después de haber realizado con éxito estudios en el Colegio Máximo y alcanzado los "votos simples" en el Noviciado de Tepotzotlán. El suceso ocurrido en su juventud le marcó de tal manera que durante toda su vida trató de congraciarse con la Orden que le formó, lo cual consiguió in articulo mortis. Sin poder homologar los estudios realizados con los ignacianos, Sigüenza consiguió matricularse en Cánones en la Universidad, gracias a la reforma de sus estatutos promovida por Palafox y Mendoza. Pero al no poder terminar siquiera los cursos de bachiller, ingresó en la facultad de Artes, asistiendo a la cátedra de Matemáticas, de menor rango, y cursando dentro de ella la de Astrología, considerada marginal y complementaria, orientada básicamente hacia los pronósticos. Sigüenza no realizó una carrera universitaria de prestigio y, al terminar sus estudios, opositó a la misma cátedra de Matemáticas, por la que después recibiría un "cortísimo salario" que le obligó a buscar otros empleos, entre ellos el de cosmógrafo de la Nueva España, para sostener a su familia. Dado el poco reconocimiento alcanzado en la sociedad y su precaria situación económica puso una queja en boca de Alonso Ramírez, uno de sus personajes, reflejando su realidad personal: "títulos son estos que suenan mucho y valen muy poco y a cuyo ejercicio le empeña más la reputación que la conveniencia". Con la llegada del virrey conde de Galve a la Nueva España, la situación de Sigüenza comenzó a cambiar; el gobernante se convirtió en su protector, apreció sus méritos y aprovechó sus cualidades en beneficio del Virreinato al involucrarle en algunas actividades. Como cosmógrafo real sus tareas se incrementaron con los trabajos de ingeniería, astronomía, geodesia, agricultura, cartografía y geografía, que su cargo conllevaba (la mayor parte de su obra científica estuvo condicionada por este nombramiento). Entre sus obligaciones estaban la de predecir y hacer mediciones del sol y la luna, observar los movimientos planetarios, calcular la longitud y latitud más relevantes del Virreinato, estudiar la orografía e hidrografía del territorio, delinear el perfil de sus costas, levantar mapas generales y regionales, elaborar informes precisos sobre viajes de exploración y sobre la viabilidad de colonizar nuevas regiones. Estos informes (origen de Libra astronómica y filosófica, 1690) sirvieron a la estrategia de expansión hacia el norte de la Nueva España y el Golfo de México, que la Corona emprendió en las últimas décadas del siglo XVII. Los acontecimientos históricos relacionados con el hospital de la Inmaculada Concepción, la fundación de la Universidad de México y el asunto de la aparición de la Virgen de Guadalupe le permitieron mantener una honestidad intelectual y un acuciado rigor histórico que le llevó a proponer a los historiadores un método de investigación sugiriéndoles que trabajasen en adquirir noticias en los archivos y las aplicasen al ejercicio de escribir historias. Esta convicción la puso en práctica al redactar Relación de lo sucedido en la Armada de Barlovento valiéndose de las cartas y diarios que el virrey puso a su disposición. En la segunda parte del texto del editor Lorente Medina, "Origen y peripecias de Oriental Planeta Evangélico", encontramos las características y el análisis del poema. Lorente destaca la devoción de Sigüenza por San Francisco Javier, ubica el surgimiento del poema épico-religioso poco después del lamentable episodio de su expulsión de la Compañía de Jesús y muy probablemente, por su deseo de congraciarse con la "sacratísima religión". La edición del texto que nos ocupa sigue a la de su sobrino Gabriel López de Sigüenza, en México en 1700, y a la de Irving A. Leonard, en Madrid en 1931. El poema exalta las hazañas de San Francisco Javier en Oriente (India, Ceilán, Indochina, Indonesia y Japón) en noventa y cinco octavas liras (estrofa no muy frecuente, que combinaba la gravedad y elegancia de la octava real necesaria para la realización de un poema épico con la lira), desarrolla su discurso poético en exaltado tono apologético, sobre la vida y milagros del santo y la fuerza misionera de la Compañía puesta al servicio del papa. Esta composición contiene nombres mitológicos, lugares idílicos y cualidades morales, todos superpuestos, permanentemente entre un plano real y un plano imaginario que nos obliga, dice Lorente, a orientarnos por medio de todo el contexto para interpretar adecuadamente el texto. En el poema proliferan los recursos estilísticos, usa términos astrológicos, epítetos culteranos, abundancia de la hipérbole; además es frecuente encontrar la simetría bilateral en los versos para equilibrar, musicalizar y dar movimiento. Las imágenes visuales auditivas, olfativas y táctiles confieren al texto colorido y sensualidad, ayudando a mantener la exaltación religiosa que describe a San Francisco. Lorente Medina deja claro que Sigüenza y Góngora consigue un texto denso y complejo por la cantidad de recursos utilizados. En esta obra el editor ha regularizado vacilaciones ortográficas sobre s/z encontradas en la edición de 1700 e incluye seis grabados pertenecientes al ejemplar de la Vida iconológica de Gaspar Juárez, propiedad del doctor Javier Añoveros, secretario general de la cátedra San Francisco Javier, poseedor de un rico fondo javeriano. Oriental planeta evangélico nos introduce al mundo barroco novohispano de la mano de Carlos de Sigüenza y Góngora, "el polémico sabio", a través de una epopeya sacra y panegírica.-IRMA LETICIA MAGALLANES CASTAÑEDA, Universidad de Sevilla. La Guerra de Arauco fue sin lugar a dudas uno de los procesos históricos más relevantes de la conquista y el asentamiento español en América. Por lo tanto, llamó la atención no sólo de los soldados, encomenderos, vecinos y autoridades locales, sino también de las altas jerarquías peninsulares, en particular, del monarca y el Real y Supremo Consejo de Indias, que, dadas las desalentadoras noticias emanadas desde el reino de Chile, decidieron intervenir con mucha fuerza para poner término a la actividad bélica y a la fiera resistencia que daban los araucanos en la zona de Frontera, como se conocía a la región próxima al río Bio-Bio. Tal como lo planteaba el Premio Nacional de Historia, Álvaro Jara Hantke, en su libro Guerra y Sociedad en Chile, la actividad beligerante de los araucanos marcó el desarrollo socio-económico del reino de Chile durante el proceso de conquista del siglo XVI y comienzos del XVII. Significó el fracaso de la hueste o el sistema bélico privado y obligó a la Corona a establecer el Real Situado, para formar un ejército profesional, estatal, permanente y pagado, tras el levantamiento general indígena, que se inició con el desastre de Curalaba y se prolongó con inusitada violencia hasta 1603. La conciencia del fracaso del sistema bélico privado, la destrucción de las villas y fortalezas ubicadas al sur de la línea del Bio-Bio, la pérdida de parte importante de los lavaderos de oro más productivos en una débil eco-nomía monoproductora y el temor infundido por los araucanos entre los vecinos de la región, dieron pie para que algunos vecinos pensaran abandonar el Reino, otros para dar una fiera lucha, obligando a los naturales a someterse a los españoles, mediante el sistema de guerra a sangre y fuego, y, por último, a otros, como al jesuita padre Luis de Valdivia, a plantear la guerra defensiva, que por métodos pacíficos y con la introducción de misioneros en la zona araucana, pretendía llevar adelante la evangelización y la paz. Justamente a ese periodo se refiere esta obra que realizó el cronista mayor de Indias, Luis Tribaldos de Toledo, luego que la Corona le pidiese desarrollar un texto de conjunto sobre la realidad histórica de las luchas que se daban en la frontera meridional del Imperio español en América. Sin embargo, ésta no alcanzó a ver la luz, porque su autor falleció, en 1634, sin haberla terminado. Sólo una parte de esa obra fue publicada dos siglos después, en 1864, en el tomo IV de la Colección de historiadores de Chile y documentos relativos a la Historia nacional, junto con la Historia militar, civil y sagrada de Chile del padre Miguel de Olivares, por uno de los más insignes historiadores del siglo XIX, don Diego Barros Arana, que recogió el manuscrito encontrado en la biblioteca de Juan Bautista Muñoz, que por cierto estaba incompleto, no sólo porque Tribaldos no lo había terminado, sino también porque Muñoz copió únicamente aquello que consideraba más importante del manuscrito original, que hasta ahora se encuentra extraviado. Este libro que nos presenta la Universidad de León, con gran esfuerzo investigador y científico de María Isabel Viforcos, no es sólo una reedición de la primera, sino un estudio corregido, comentado y aumentado con una interesante biografía de Tribaldos de Toledo y un acertado apéndice documental, que denota un trabajo infatigable por rescatar del olvido la obra de ese cronista de Indias. Efectivamente, en el capítulo denominado "Precisiones y nuevas aportaciones a la figura de Luis Tribaldos de Toledo", se afirma que nació en La Mancha en 1558, aunque se discute si fue en la villa San Clemente o en Tévar, en la jurisdicción de la villa de Alarcón. De su niñez y juventud, así como de antecedentes familiares, se ignora prácticamente todo. Sobre su formación académica e intelectual se cree que hacia 1575 habría estudiado en el Colegio menor de San Jerónimo o Trilingüe, lo que le permitió perfeccionar el latín, el griego y el hebreo, y empaparse de las corrientes culturales de la época, particularmente del humanismo. Por opo-sición alcanzó la cátedra de Historia y Rhetórica en la Universidad de Alcalá de Henares. Posteriormente, a mediados de la década de 1590, se convertirá en consejero de Juan de Tassis y Acuña, futuro conde de Villamediana, y en preceptor de su hijo, situación que le permitirá moverse hacía Valladolid, donde se había instalado temporalmente la corte de Felipe III. Desde allí se trasladó a Inglaterra, acompañando a su protector, en una misión diplomática para alcanzar la paz con esa nación y, años más tarde, en 1611, cumpliendo tareas similares, estuvo en Italia. Ambos viajes le permiten codearse o mantener correspondencia con destacados intelectuales y humanistas de la época como el ginebrino Isaac Casaubrón, el geógrafo Richard Harklust y Justo Lipsio, el gran humanista de Lovaina. Su fama de intelectual, crítico literario, latinista y poeta fue creciendo, toda vez que censuró, prologó y preparó sonetos y poesías sobre diversas obras latinas, que se imprimieron durante esa época. En 1625, a la muerte de Antonio de Herrera, afamado cronista mayor de Indias, autor de la Historia General de las luchas de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias occidentales, Tribaldos de Toledo apareció encabezando la lista para adjudicarse dicha plaza, aventajando a otros intelectuales conocidos entre los que destacan González Dávila, López de Haro, Antonio León Pinelo, Lope de Vega y Francisco Caro de Torres. Sus estudios en diversas lenguas, su acción intelectual, en especial como latinista, sus conocimientos de cosmografía y geografía, los servicios prestados a la Corona, pero por sobre todo su cercanía con el conde-duque de Olivares, que se transformó en su mecenas, le permitieron acceder al cargo de cronista mayor de Indias, logrando alcanzar la ansiada estabilidad económica, el reconocimiento general y seguir profundizando su relación con otros intelectuales y sus conocimientos en obras latinas, que era lo que realmente le apasionaba. Sin embargo, nada parece indicar una preocupación por desarrollar estudios históricos referentes a las Indias, sólo se abocó a preparar su Historia de Chile, por orden del Consejo de Indias, más que por verdaderas intenciones personales. Tribaldos falleció en Madrid a mediados de 1634, dejando a su familia endeudada, con un mal pasar económico y cayendo en el olvido al poco tiempo, porque "desaparecidos hijos y esposa, nadie quedaba para reivindicar una memoria y una obra, que ya había comenzado a perderse desde el declive del Conde Duque". En el apartado "El cronista y su Historia de Chile" se nos plantean las ideas sobre las que habría que detenerse para entender y valorar la obra de Tribaldos. Este latinista y cronista se vio obligado a escribir la Historia de Chile, porque al Consejo de Indias le urgía contar con una obra que presentara una visión de conjunto sobre el proceso que se vivía en dicha provincia, particularmente para dar fundamentos a la tesis de la guerra defensiva, tras la rebelión general indígena de 1598-1603, que generó la muerte del gobernador García Oñez de Loyola, el retroceso de la conquista territorial y el establecimiento de una línea de frontera en el Bio-bio. La tarea fue difícil, primero, porque antes ya había sido encomendada a Pedro de Valencia y luego a Antonio de Herrera, sin resultados positivos. Segundo, porque dado el carácter latinista del autor, le resultaba complejo atender a situaciones como las que le pedía el Consejo, empero asumió con resignación la tarea. Se estima que Tribaldos buscaba información mucho antes de asumir el cargo citado y justo cuando en la Corte se ponía fin al sistema de guerra defensiva, impulsado por el padre Luis de Valdivia S J, reanudándose las hostilidades y la guerra a sangre y fuego. Sobre la obra debemos remarcar que, como no se encontró el manuscrito original, sólo se pudo trabajar sobre la copia que se conserva en la Real Academia de la Historia y que estaba entre la numerosa colección documental del cosmógrafo mayor de Indias Juan Bautista Muñoz que, por órdenes de Carlos III, debía escribir el libro Historia del Nuevo Mundo. Otro punto que debemos atender es que únicamente se conservan 210 folios de ella, por lo tanto, una parte menor, que era lo que le interesaba a Muñoz para realizar su propia obra y, en segundo lugar, hay que reiterar que la muerte sorprendió a nuestro cronista antes de concluir su trabajo, agregando, como insiste la doctora Viforcos, que para Tribaldos la historia nunca fue un campo de interés. Por lo mismo, el texto se presenta interrumpido en varios pasajes, parece no tener una estructura lógica como, por ejemplo, cuando hablando de los naturales de Chile y los episodios de la guerra de Arauco, cambia de pronto para referirse al descubridor Diego de Almagro (1536), pasando luego directamente a los comienzos del gobierno de Alonso García Ramón (1605). Por otra parte, la editora advierte que, al parecer por la urgencia del Consejo, era importante referirse a la historia reciente "para desacreditar las últimas tácticas defensivas, en pasados ya historiados. En cualquier caso con lo que nos encontramos en los 22 epígrafes siguientes es con la suma de noticias, que no pasa, por lo general, de la compilación de documentos transcritos en ocasiones en su práctica literalidad, tal como lo seña-lamos en las correspondientes notas y salpicados de errores cronológicos". Efectivamente, en esto radica la riqueza de esta nueva edición, porque es trabajo extremadamente acucioso, que fija su atención tanto en el conjunto como en los detalles. En definitiva, como lo afirma M.a Isabel Viforcos, no hay en la obra una sucesión cronológica, con criterio de ordenación y selección, lo que da paso a repeticiones y hasta contradicciones; por ejemplo, al iniciar sus capítulos nos presenta una profunda admiración por los naturales, siguiendo tal vez la obra La Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga, para luego mostrarse como ferviente partidario de la tesis belicista al plantear una imagen de crueles e irreductibles "bárbaros". Si atendemos a lo anteriormente expuesto, la editora responde que por qué debemos, a pesar de los argumentos expuestos, valorar la tarea realizada por Tribaldos y pese a coincidir, en muchos aspectos con la crítica que hicieron, durante el siglo XIX, dos reputados historiadores chilenos -Diego Barros Arana y José Toribio Medina-y las deslizadas por otros especialistas durante la centuria siguiente, cree que es preciso matizar dichas críticas con el conocimiento acumulado en casi un siglo y medio, desde que apareció la primera edición. Primero, se debe advertir que Tribaldos, al acceder al cargo de cronista de Indias, lo hace por buscar el amparo de un cargo oficial, que le permitiera la subsistencia familiar; segundo, su obra no está completa y, tercero, como se desprende del prólogo, con ella buscaba realizar una visión completa de la historia de Chile; sin embargo, la premura del Consejo lo obligó a centrarse sobre los hechos más recientes ocurridos en esa provincia. Por lo mismo, se vio abocado a una tarea "que ni por trayectoria personal ni por edad estaba en condiciones de desarrollar". En otro apartado, antes de iniciar la edición de la Historia de Chile, se nos presenta un apéndice con 24 documentos sobre la vida y obra del cronista, entre los que destacan los expedientes para postular al cargo de cronista mayor en la corte y los testamentos otorgados por el autor. En los criterios de edición, se clarifica que se trabaja sobre la copia existente en la Colección Muñoz; que se realiza una labor de cotejo y corrección con la edición de Barros Arana de 1864 y en otros aspectos de carácter técnico. En el primer apartado -el capítulo 2 de la copia de Muñoz-Tribaldos realiza una descripción del Reino de Chile, su extensión territorial y los valles y paisajes de toda esa provincia que, pese a cometer ciertas imprecisiones, mantiene las características generales de nuestra geografía. Cabe destacar la importancia de las aclaraciones que realiza la editora en las notas a pie de página, que involucran no sólo el conocimiento de la historia de Chile durante el periodo indiano, sino también durante la república y, especialmente, un manejo historiográfico que permite dar una visión más amplia de los alcances de la obra. Los cinco apartados siguientes tratan fundamentalmente las características de los naturales de Chile: costumbres, creencias, religión y formas de enfrentamiento bélico que desarrollan los araucanos durante ese periodo, destacando la relevancia que Tribaldos da a La Araucana de Alonso de Ercilla, que -como ya se ha señalado-pudo servirle de base para construir una visión de los indígenas de Chile. En los apartados siguientes -nueve en total-trata del gobierno de Alonso García Ramón (1605-1610), la problemática bélica, la administración del Reino y la preocupación de la Corona por los problemas que aquejaban a Chile. El resto de los apartados se refieren al conflicto hispano-indígena durante el periodo 1610-1612, centrándose particularmente en el gobierno de Alonso de Ribera con la implantación, en Chile, de una política de guerra defensiva y en como se va desarrollando esa época. Cierra la obra un largo y rico listado de fuentes y bibliografía utilizado por la doctora Viforcos, para desarrollar el estudio crítico del documento de Tribaldos. Por otra parte, es relevante destacar el profundo trabajo llevado a cabo por la editora al incorporar abundantes e interesantes notas a pie de página, donde clarifica conceptos y lugares, señalando las obras utilizadas por Tribaldos para hacer ese trabajo; aporta nueva información, que permite al lector no sólo entender sino desarrollar en profundidad una visión de Chile a comienzos del siglo XVII; y posibilita la realización de un estudio comparativo con la edición de 1864 que, a juicio de la profesora Viforcos, contenía numerosos errores de transcripción. Sin lugar a dudas, esta nueva edición de la obra de Tribaldos ha sido un trabajo científico de gran nivel y un aporte importante, pese a todas sus falencias, al estudio de la historia de Chile en el periodo indiano. Constituye una fuente importante al abordar -claro está con ciertos cuidados-el estudio de la instauración de un nuevo sistema de guerra ofensiva y defensiva de comienzos del XVII, y que, con los aportes científicos desarrollados por la editora, clarifican al lector muchos de los pasajes, que sin las notas a pie de página y sus comentarios serían difíciles de entender. Por todo ello, debemos felicitar a la doctora Viforcos y la Universidad de León al presentar la Historia General de las continuadas guerras i difícil conquista del gran reino i provincias de Chile, de Luis Tribaldos de Toledo en una edición bien cuidada y esperamos que esta obra sea ampliamente difundida en Chile y el resto del mundo hispanoamericano.-JORGE GALLEGUILLOS JORQUERA, Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago de Chile, Chile.
La doctora Bernand, que fue discípula del recientemente fallecido antropólogo francés Lévi-Strauss, habló acerca de las influencias de Heliodoro y León Hebreo en la obra del Inca Garcilaso. Heliodoro (sirio del siglo IV d.C.), escribió en griego las Etiópicas, novela fundacional del género de la "novela bizantina" o "libros de aventuras peregrinas". Dicha obra fue recuperada durante el Renacimiento, llegando a dar lugar a un rebrote de dicho género en el siglo XVII. El mismo Cervantes dijo inspirarse en Heliodoro a la hora de componer Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) y es de suponer que también le influyese en la composición de las Novelas ejemplares tituladas "La española inglesa" y "El amante liberal". Esta novela, llena de "mestizos" que ignoran su origen y viajan por el mundo a la búsqueda de su iden-371 tidad, se halla también en la "biblioteca del Inca" y, según Carmen Bernand, será leyéndola como éste se entere de que Homero era mestizo e hijo natural, hecho que le llevó a preferir el exilio al deshonor de ser un bastardo. La huella más importante, quizás, se halla en el hecho de que, en las Etiópicas, se haga referencia a un paganismo tardío que, modificado por el cristianismo, acabará construyendo un paganismo solar que, poco a poco, se va acercando al monoteísmo, de un modo que nos recuerda mucho a aquel en que el Inca Garcilaso describe el culto solar de los incas y su evolución respecto de las religiones pre-incas. En la segunda parte de su exposición, Carmen Bernand expuso las influencias de los Diálogos de amor, de León Hebreo, que, como es sabido, el Inca Garcilaso tradujo al español en 1590. Según ella, el Inca no sólo tomará de esta obra el neoplatonismo (el amor como principio cósmico), sino también numerosos elementos de origen judío como la noción de creación; la idea de que Dios no puede ser visto directamente, sino sólo de forma indirecta a través de simulacros como, en el caso del Inca Garcilaso, el sol o la luna; los ciclos de 7 de la cábala; la idea de "pueblo elegido"; el agrandamiento de las orejas como equivalente de la circuncisión; la idea de un lenguaje esotérico perdido que haría referencia a la cábala; el amor a los pobres como sentimiento del imperio o nación; y el Cuzco como una nueva Jerusalén. Por su parte, Song No comparó los procesos de negociación intercultural en las figuras de León Hebreo y el Inca Garcilaso. Según el doctor No, para el Inca, traducir los Diálogos de León Hebreo no fue sólo una cuestión erudita, sino una experimentación en la búsqueda de su propia identidad. Ciertamente, como descendiente de judíos expulsos españoles que se refugiaron en Italia en el siglo XV, León Hebreo tuvo experiencias parecidas a las que el Inca, como descendiente de indios, debió vivir en España. Según Song No, ambos autores tienen en común tanto el cambio de nombre, cuyo objetivo no fue eliminar, sino, antes bien, resaltar la marca racial; afirmar que la lengua oficial -italiano para Hebreo, español para el Inca-, no es la suya materna; presentarse como traductores; y el tono de autohumillación o autodecisión. El último ponente de la mesa, Christian Fernández, habló sobre "La crisis financiera del Imperio en la segunda parte de los Comentarios reales". Según él, el Inca Garcilaso refleja en la segunda parte de los Comentarios reales el impacto negativo que la conquista supuso para la economía española, del que fue testigo al haber vivido a partir de los 21 años en España. El doctor Fernández comentó el tercer capítulo de la segunda parte, intitulado "La poca moneda que había en España antes de la conquista del Perú", donde el Inca Garcilaso relaciona la crisis económica que vivió España en la segunda mitad del siglo XVI con la Conquista. Apunta a hechos como la entrada de productos que ya se producían en España, la inflación, el hecho de que el oro saliese directamente de España para pagar deudas y guerras, así como la circunstancia de que la riqueza y el lujo "afeminasen" a los hombres. Sin embargo, como el Inca Garcilaso no quería tener problemas con la Corona o la Inquisición, como sí los tuvo, por ejemplo, Juan de Mariana, optó por no presentar sus argumentos como una crítica frontal, sino como un cotejo imparcial de dos tesis opuestas acerca de los beneficios o perjuicios económicos de la conquista para España. Dicho cotejo lo realizará en el capítulo "Dos opiniones de la riqueza del Perú", perteneciente también a la segunda parte. En la siguiente mesa, "El mundo andino en los Comentarios reales", participaron Ricardo Huamán, de la Universidad de Navarra, y Amalia Iniesta, de la Universidad de Buenos Aires y Universidad Complutense de Madrid. El primero afirmará que el Ollantáy y La tragedia de Atahualpa se inspiraron en los Comentarios reales, en su representación utópica de los incas; en la concepción del "inti raimi"; así como en la idea de que los quipus son también un tipo de escritura fonética (en el Ollantáy un quipu hace de carta). Más aún, añadirá Huamán, el teatro que describe el Inca Garcilaso seguramente no existió, sino que fue inventado a posteriori, inspirándose en las invenciones del Inca. Pero también hay diferencias, concluirá Huamán, entre dichas obras y los Comentarios reales como, por ejemplo, la presentación del "acllawasi" como una cárcel para una niña de 10 años, la rebelión de Ollanta, o el rechazo del cuzcocentrismo garcilasiano. Amalia Iniesta analizó el proceso de construcción de una "patria andina" en la escritura de los Comentarios reales. Para ello, disertó acerca del significado profundo de algunas de las principales declaraciones del Inca Garcilaso acerca de su identidad como aquellas en las que afirma tener "prendas de ambas naciones", llamarse indio "a boca llena y me honro con ello" o considerar peruano "todo lo que se halla en mi tierra". Según Iniesta, el Inca Garcilaso se convirtió en historiador del Perú intentando arrojar luz sobre su vida y coincide con Porras Barrenechea en que el inca fue "espiritualmente, el primer peruano". En la siguiente mesa, "Imaginario andino y autobiografía en Garcilaso", participaron Berta Ares, miembro de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y Miguel Zugasti, de la Universidad de Navarra. La primera analizó, con profusión de detalles, el proceso de marginación y desposesión que sufrieron Garcilaso y sus "parientes mestizos", cosa que les impidió llevar armas, heredar las encomiendas de sus padres, acceder a altos puestos públicos e, incluso, si bien esto no acabó llevándose a cabo, llegar a ser sacerdotes. Por su parte, Miguel Zugasti enumeró, organizó e interpretó los principales elementos sobrenaturales y milagrosos a los que se hace referencia en los Comentarios reales. Según él, el Inca Garcilaso sólo utiliza el término "milagro" para aquellos hechos maravillosos sucedidos en la tercera edad, esto es, en la cristiana, mientras que tilda de "patrañas" todos los hechos supuestamente sobrenaturales sucedidos anteriormente, esto es, en las etapas inca y pre-inca. Algunas de estas "patrañas" serán la heliolatría; la relación de los eclipses con el apocalipsis; la existencia de Pachacámac, dios invisible y sustentador del mundo; la creencia en la resurrección corporal o fábulas particulares como, por ejemplo, la de la "piedra cansada". A continuación tuvo lugar la mesa intitulada "En torno a los Comentarios reales I: Estructura, genealogías e interculturalidad", donde participaron Guillermo Serés, de la Universidad Autónoma de Barcelona y José Antonio Rodríguez Garrido, de la Pontificia Universidad Católica del Perú. El catedrático Guillermo Serés, estudió las relaciones entre los Comentarios reales y los Comentarii de bello gallico, de Julio César, que le sirvieron como modelo no sólo en cuanto al género que escogió, o dice haber escogido, sino también en lo que respecta a la construcción de su idea del Cuzco como otra Roma y el imperio Inca como otro imperio Romano; su concepción de la renovatio o restitutio imperii; así como su proyecto de incorporar el Perú a la historia universal o "universitas", concepto del que también hablará Julio César en la obra citada. Asimismo, Guillermo Serés también realizará aportaciones fundamentales al señalar la influencia del Ab urbe condita de Tito Livio en el inicio de los Comentarios reales; o la importancia en la concepción de una historia progresiva en el Inca Garcilaso de la tradición virgiliana (cfr. 8-9), que considera que la edad de oro está por llegar y hay que conquistarla con el oro o con las armas, a diferencia de la tradición griega, basada en Hesíodo, que considera que la edad de oro es un hecho pasado. Por su parte, José Antonio Rodríguez Garrido realizó un profundo análisis de la estructura unitaria de las dos "partes" de los Comentarios reales, publicadas en 1609 y 1617, respectivamente. Uno de los momentos más interesantes de su ponencia fue el clarificador análisis que realizó del título de dicha obra, donde, según suele decirse, el adjetivo "reales" estaría relacionado tanto con la interpretación política, de rey, como gnoseológica, de cierto y verídico. Sin embargo, según Rodríguez Garrido, un análisis textual muestra que el Inca Garcilaso siempre usa el adjetivo "real" en el sentido de "referente a un rey". Una vez aceptado esto, cabe seguir indagando acerca del significado de dicho adjetivo, ya que éste podría referirse tanto a los reyes incas, como a los Reyes Católicos, como al rey de reyes, Cristo. En principio, el Inca Garcilaso habría generado voluntariamente dicha ambigüedad para dejar que fuese el lector quien decidiese el sentido último no sólo del título, sino también de la obra. En lo que respecta al sustantivo "comentarios", Rodríguez Garrido recordó que existen dos corrientes interpretativas, aquellas que consideran que hace referencia a un género historiográfico sustantivo relacionado con la obra de Julio César comentada anteriormente por Guillermo Serés (Miró Quesada, Valcárcel, Serés); y aquellas que estiman que hace referencia a una práctica discursiva metatextual (Durán, Zamora). En la siguiente mesa, "Imperio andino/Imperio español en Garcilaso", participaron Luis Miguel Glave, del Instituto de Estudios Peruanos, y Esperanza López Parada, de la Universidad Complutense de Madrid. El primero, realizó una interesante descripción del Cuzco que conoció el Inca Garcilaso entre los años 1539 a 1560, fecha en la que se traslada a España. López Parada, por su parte, utilizará toda una serie de obras corográficas que describían el Perú colonial. La corografía es un género en el que se representa un país, región, provincia o ciudad no desde un mero punto de vista cartográfico sino también humano, incluyendo refranes, expresiones populares, canciones, descripciones del clima, alcantarillado, gentes, costumbres, obras públicas, etc. Con un interesante material gráfico, López Parada realizó una reconstrucción del Cuzco que el Inca pudo tener en mente al escribir sus Comentarios reales. En la mesa "En torno a los Comentarios reales II: Ediciones y retórica", participaron José Antonio Mazzotti, de Tufts University, Boston, Christian Córdova Robles, del Instituto Raúl Porras Barrenechea y la Universidad Nacional de San Marcos de Lima; Rocío Oviedo, de la Universidad Complutense de Madrid; y Bernat Castany Prado, de la Universidad de Barcelona. El profesor Mazzotti realizó un estudio comparativo de diferentes ediciones críticas de los Comentarios reales, poniendo de manifiesto algunos de sus principales problemas y aciertos. Su aportación fue realmente inte-resante ya que está preparando una edición crítica de los Comentarios reales para la reconocida Biblioteca Clásica dirigida por Francisco Rico y que publicará el Centro para la Edición de los Clásicos Españoles junto con Galaxia Gutenberg. Asimismo, José Antonio Mazzotti organizó en abril de 2009 el congreso "Renacimiento mestizo: los 400 años de los Comentarios reales" en la Tufts University de Boston. Por su parte, Christian Córdova, analizó algunas ediciones populares de los Comentarios reales, centrándose particularmente en la edición de Puebla, con el objetivo de estudiar de qué modo la obra del Inca Garcilaso fue asumida por las capas lectoras menos preparadas. Rocío Oviedo realizó un análisis muy completo acerca de los elementos retóricos existentes en los Comentarios reales, tales como la imitatio, traslatio, captatio benevolentiae, dispositio, mímesis de la oralidad, historia como magistra vitae, etc. Finalmente, Bernat Castany Prado estudió la relación existente entre la concepción que el Inca Garcilaso de la Vega tiene de la historia y la forma narrativa que presentan sus Comentarios reales. Haciendo uso de las teorías del filósofo de la historia Hayden White, que propone en obras como Metahistoria y El contenido de la forma un método de análisis histórico consistente en la detección y estudio de los elementos literarios implícitos en el seno de todo escrito historiográfico, el doctor Bernat Castany estudió las dos estructuras narrativas históricas fundamentales (tragedia y comedia) que predominan en la obra del Inca Garcilaso. Su conclusión fue que, aunque en un principio parece que predomina el esquema cómico, quizás por ser el habitual en su contexto histórico-cultural, cristiano, humanista, contrarreformista, imperial y platónico, existen algunos elementos "trágicos" que corresponden a su irreductiblemente problemática identidad mestiza. En la siguiente mesa, intitulada "Garcilaso y los jesuitas", participaron Mercedes Serna, de la Universidad de Barcelona, y Fermín del Pino, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. La doctora Mercedes Serna, autora de una excelente antología crítica de los Comentarios reales en la editorial Castalia, realizó un profundo e innovador estudio acerca de las influencias del pensamiento jesuita en el pensamiento del Inca Garcilaso de la Vega. Según la ponente, a Garcilaso no le movió tanto como suele afirmarse la filosofía platónica, de la que más bien se habría valido astutamente, como un contexto socio-político muy marcado por el círculo humanístico que le rodeó en Montilla y, muy espe-cialmente, por los jesuitas. Su obra obedecería, pues, a un discurso político de corte más realista, basado en una reestructuración del Perú colonial, sincretista, en el intento de organizar la sociedad, con herramientas jesuíticas en la búsqueda de consensos y en algunos aspectos alejado del orden o las leyes que imponían la Corona. Por esta razón, la doctora Mercedes Serna considera necesario estudiar las obras del Inca Garcilaso a la luz del proyecto político, social y cultural de la Compañía. Por su parte, Fermín del Pino desarrolló con detalle y profundidad un estudio comparado de la situación, vicisitudes y estrategias de resistencia de los mestizos americanos y los conversos hispanos. En la última mesa del Congreso, intitulada "Memoria, religión y etnografía", participaron Juan Carlos Estenssoro, de la Universidad Lille III, y Luis Millones, de la Universidad Nacional de San Marcos. El primero, realizó un estudio acerca del modo en cómo Garcilaso y los cristianos de la primera evangelización reconstruyeron la memoria prehispánica. En su exposición, Estenssoro analizó el título de los Comentarios reales, de modo complementario al comentario realizado previamente por José Antonio Rodríguez Garrido, para llegar a afirmar que el término "real" se opone, de manera implícita, al adjetivo "tiránico". En otro momento también afirmó que no debe olvidarse que los conceptos de "inca" y de "rey" son radicalmente diferentes e incompatibles entre sí. Finalmente, Luis Millones habló de toda una serie de manifestaciones religiosas sincréticas andinas. Según Millones, una vez destruidos sus templos, los incas colocaron el panteón andino en los cerros (huacas), que adornaron, escondieron o amalgamaron con cruces cristianas que, un día del año, bajan de los cerros a los valles en llamativas procesiones religiosas de corte sincrético. También comenta la tradición prehispánica del anciano menesteroso que anuncia desastres o bienes señalando un árbol con forma de cruz, tradición que se fundirá con el cristianismo, como tantas otras. Como decíamos al principio de esta relación, el Congreso Internacional "Humanismo, mestizaje y escritura", que conmemoraba los 400 años de la publicación de los Comentarios reales, no sólo fue un éxito en cuanto a la profundidad, novedad e interpenetración de los trabajos en él presentados, sino también en lo que respecta a la organización y al público. En León (España), entre los días 24 y 27 de noviembre del año 2009 tuvo lugar el II Congreso Internacional La plata en Iberoamérica. Siglos XVI-XIX, cuyo acto de apertura tuvo lugar en los salones de la Real Colegiata de San Isidoro, aunque las sesiones posteriores se desarrollaron en el salón de actos de la Escuela Superior de Ingenieros de Minas de la Universidad de León, cuyo director, doctor Jaime Cifuentes González, puso a nuestra disposición sus instalaciones. La conferencia inaugural corrió a cargo de Remedios Ferrero Micó, catedrática de Historia del Derecho de la Universidad de Valencia. Pensando en algo más ajeno al conjunto de los participantes, esta disertación se había encargado con un carácter complementario pero relacionado con sus trabajos, por lo que dicha conferenciante hizo una amplia exposición sobre el gremio de plateros en el Reino de Valencia. Este Congreso continuaba con la trayectoria ya marcada durante el primero, celebrado en la ciudad de México en 2007 y que tendrá su continuidad en el 2011 en la ciudad de Zacatecas. Tales eventos vienen a ser producto de un convenio de investigación que en el año 2002 firmaron el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y la Universidad de León para desarrollar una investigación interdisciplinar sobre la plata en todos sus aspectos desde los siglos XVI al XIX. En principio no se había pensado en estas celebraciones, pero el interés surgió como forma de conectar con otros estudiosos sobre la misma temática, aunque no estuvieran vinculados a nuestro proyecto. Por ello, tanto en México como León han participado, aparte de los investigadores implicados en el proyecto, otros de reconocido prestigio o jóvenes investigadores que se están abriendo camino en estos campos. El Congreso se dividió en dos grandes secciones. Una primera, dedicada a los aspectos relacionados con la historia de la minería; y la segunda centrada en cuestiones artísticas, e incluso literarias, aunque alguna ponencia implicaba ambas secciones como la de Ma del Carmen Martínez Martínez (Universidad de Valladolid), con un estudio de la correspondencia privada de Indias tanto en lo referente a aspectos mineros como de plata labrada. También se incluyeron en esta reunión internacional otras dos ponencias que no eran propiamente de tema americano, pero que consideramos de interés para los especialistas, particularmente los del otro lado del Atlántico. Por un lado, un análisis sobre los metales y las piedras preciosas en el Antiguo Testamento, de Antonio Reguera Feo (Instituto Bíblico y Oriental); por otro, un estudio de los objetos de tocador, a cargo de Javier Alonso Benito (Museo de Artes Decorativas). En la sección dedicada a la minería, la ponencia de Ma Dolores Pérez Murillo (Universidad de Cádiz) hizo un recorrido por los testimonios que sobre la minería americana hicieron algunas gentes de la época colonial. Se trataron además aspectos mineros de centros más concretos, donde se inició el recorrido por Nueva España. Así los de Nueva Vizcaya, desde una óptica de integración espacial, hasta el descubrimiento de San José del Parral por Jaime Lacueva Muñoz (Universidad de Sevilla y Centro de Estudios Andaluces); también el auge de la minería de San Luis Potosí en el siglo XVIII y su relación con el beneficio de amalgamación con mercurio, se abordó por Inés Herrera Canales (Dirección de Estudios Históricos del INAH de México); Moisés Gámez (Colegio de San Luis), en el mismo espacio geográfico, presentó su estudio sobre el Cerro de San Pedro y Real de Catorce como referencia a dos momentos coyunturales de la historia minera de aquella región. El abasto privado de mercurio y la dependencia de la minería de los insumos, impuesta por la tecnología en la primera mitad del siglo XIX, sería tratado por Alma Parra (Centro de Estudios Históricos del INAH de México). Los aspectos de educación técnica minera a través de la Escuela Práctica de Fresnillo, también durante el siglo XIX, cuando se revitalizó la actividad minera a partir de 1830, fue expuesto por Ma Guadalupe Dávalos Macías (Instituto Zacatecano de Cultura). La minería del Virreinato peruano sería tratada en diferentes aspectos. El control de algunas familias en el tráfico del metal durante el siglo XVII, como el los vascos Madariaga, muy relacionados con los cántabros, que sería abordado por Carlos Rilova Jericó (Zehazten Zerbitzu Kulturalak); o los guipuzcoanos Maleo y Martiarena, también durante el siglo XVII, con el tráfico de plata peruana a través del Puerto de Buenos Aires, como alternativa al monopolio de la Carrera de Indias, tratado por Xavier Alberdi Lombide (Zehazten Zerbitzu Kulturalak). En los aspectos más sociales y relacionados con los indios estuvieron los trabajos de Ma Concepción Gavira Márquez (Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo) sobre la sublevación de Chayanta y en qué medida pudo influir este movimiento sobre la producción minera; o los proyectos ilustrados peruanos de las últimas décadas de dominación española en el Perú, de manera especial en Huancavelica, contraponiéndolos a la realidad minera de aquellos lugares, por Ma Dolores Fuente Bajo (Universidad de Cádiz). La minería argentina del siglo XIX a través de las informaciones dejadas por los viajeros de la época sería tratada por Cristina Vera de Flachs (CONICET-Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), de manera especial las de viajeros como Head, Campbell, Hurell y otros. En los aspectos artísticos, la platería novohispana, por la propia vinculación del Congreso al proyecto de investigación mencionado, sería la mejor representada en cuanto a número de trabajos. En ella Carla Aymes (Museo Franz Mayer) nos presentó un nuevo trabajo sobre la marca "R" de la plata de rescate, que aparece en piezas de platería, a pesar de no estar reglamentado su uso. Un amplio estudio sobre el báculo de don Vasco de Quiroga presentaron en conjunto Juan Carlos O. Celestino y Ricardo Cruzaley Herrera (Comisión de Arte Sacro del Arzobispado de Morelia), aunque también hicieron referencia a otras piezas de plata y a sus marcas. El esplendor de la orfebrería en el juramento concepcionista de la Universidad de México sería el trabajo de Francisco Montes González (Universidad de Sevilla), que completó su trabajo con la visión de algunas obras pictóricas inmaculistas. Sobre el centro platero poblano en los siglos XVII y XVIII versó el estudio de Jesús Pérez Morera (Universidad de La Laguna), aludiendo a que, a pesar de la importancia de este centro, no se ha realizado aún un estudio sistemático; también sobre Puebla, y en concreto la imagen de San Miguel de la catedral, fue la ponencia de Letizia Garduño Pérez, que utilizó los inventarios de dicho templo como fuente. Igualmente, los inventarios de plata y alhajas de de los colegios de los jesuitas en el Camino Real fueron el objeto de la ponencia de Nuria Salazar Simarro (Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH). Por último, Alma Montero Alarcón (Museo Nacional del Virreinato, INAH) expuso su trabajo sobre el famoso ensayador mayor de México, Antonio Forcada, con documentación inédita. Las ponencias de otros ámbitos americanos sobre aspectos relacionados con el trabajo de la plata labrada fueron mucho más limitadas numéricamente. Cristina Esteras Martín (Universidad Complutense) disertó sobre la segunda edad de oro de la platería cuzqueña durante el siglo XVIII, con lo que pretende cerrar ese espacio temporal del barroco en la platería del mencionado centro peruano. Sobre el gremio de plateros en los territorios de la Real Audiencia de Quito versó el trabajo de Jesús Paniagua Pérez (Universidad de León), resultando de especial interés el que se incluyera la ponencia de Gonçalo Vasconcelos e Sousa (Universidad Católica de Portugal) sobre las particularidades y las semejanzas de la platería portuguesa y la brasileña en los siglos XVIII y XIX; con ello pretendemos abrir para el futuro los trabajos luso-brasileños sobre platería y minería. La joyería, arte sobre el que todavía no se ha desarrollado suficientemente su estudio, tuvo también representación con los trabajos de la especialista Letizia Arbeteta Mira (Museo de América) y su ponencia de aproximación al estudio de este arte en América a través de los retratos del periodo virreinal. Igualmente en relación con la pintura, aunque en este caso la quiteña, fue el trabajo presentado por Ma Jesús Mejías (Universidad de Sevilla), que utilizó para sus apreciaciones una pintura del siglo XVII. Michèle Ballez (Universidad de Mons, Bélgica) hizo su aportación con un análisis comparativo de la aparición de joyas en los cuentos tradicionales de Perú y España y el significado de las mismas. En la sección de platería fueron de especial interés los estudios de la plata americana en la Península Ibérica. Las aportaciones que en este sentido se hicieron sobre la de Castilla y León, fueron presentadas por Manuel Pérez Hernández (Universidad de Salamanca), que saca a la luz nuevas obras. Las piezas de la Limia orensana fueron tratadas por Ángel López Domínguez (Universidad de Vigo), que nos presentó alguna de una gran originalidad. La orfebrería americana de Navarra fue analizadas por Carmen Heredia Moreno (Universidad de Alcalá de Henares), que nos puso de manifiesto que lo que hoy se conserva es una mínima parte de la que en su día existió. La de Guipuzcoa fue abordada por Ignacio Miguéliz Valcarlos (Universidad de Navarra), que también aportó nuevas piezas a las ya conocidas. La platería americana en Andalucía fue la ponencia presentada por Ma Jesús Sanz Serrano (Universidad de Sevilla) y, de forma más concreta, la del ducado de Osuna por Antonio Joaquín Santos Márquez (Universidad de Sevilla). Como actividad complementaria al Congreso se hizo una visita a la platería de la Real Colegiata de San Isidoro, especialmente a aquella que no se halla expuesta al público y entre la que existen varias piezas americanas; todo ello gracias a la deferencia que tuvieron con los participantes en este Congreso el abad -Don Francisco Rodríguez-y el director del Archivo y Museo -Don Constantino Robles. Igualmente se realizó una excursión a las minas romanas de oro, en Las Médulas, siendo clausurado el Congreso por el vicerrector de Relaciones Internacionales de la Universidad de León, doctor José Luis Chamosa. Idas y vueltas entre Andalucía y América. II Coloquio Internacional Intercambios mercantiles, sociales y culturales entre Andalucía y América En esos cinco días de marzo del presente año de 2010, se celebró en la sede de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el segundo Coloquio Internacional, Intercambios mercantiles, sociales y culturales entre Andalucía y América, coordinado por la doctora Enriqueta Vila Vilar y enmarcado dentro del proyecto de excelencia de la misma institución denominado "Andalucía y América-Latina. Intercambios y transferencias culturales". El Coloquio es heredero de una larga tradición de encuentros que en la ciudad de Sevilla siempre se han celebrado en torno a las relaciones que desde la historia y hasta la actualidad existen entre Andalucía y el continente americano, marcada sobre todo durante la segunda mitad del siglo XX y hasta la actualidad por la existencia de instituciones científicas, académicas y culturales que han mantenido vivo este largo vínculo. Entre ellas, sin lugar a duda, la mencionada Escuela de Estudios Hispano-Americanos, sin olvidarnos de los archivos sevillanos (Archivo General de Indias y Archivo Histórico Provincial) y sus universidades -la Hispalense, la Pablo de Olavide y la Internacional de Andalucía-, con una amplia trayectoria de intercambios y de conformación de redes de investigación en variados campos del saber y donde ocupan un lugar destacado los estudios históricos. Entre esa amplia lista de historiadores sevillanos hay que resaltar, por su obra y por su trayectoria, a la organizadora y responsable del evento, la doctora Enriqueta Vila Vilar, que coordinó el encuentro contando con una amplia representación de historiadores de diferentes universidades andaluzas, americanas y españolas en torno a un tema principal de reflexión que fue él de los intercambios mercantiles, sociales y culturales entre Andalucía y América entre los siglo XVI al XX. Un total de 31 ponentes, 3 conferencias magistrales y la presentación de un libro editado por la Universidad Autónoma de México y la Academia de la Historia Mexicana en torno al mundo del barroco y el sentido de la muerte, editado por la doctora mexicana Gisela Von Wobeser y la propia Enriqueta Vila (Muerte y vida en el más allá. España y América siglos XVI-XVIII), compusieron la intensa programación de esas jornadas. La organización del Coloquio se llevó a cabo por mesas temáticas, agrupando las distintas ponencias por similitud en los temas de investigación. El lunes 15 de marzo la conferencia inaugural estuvo a cargo del catedrático de historia de la UNED, doctor Carlos Martínez Shaw, titulada "Andalucía, América y la primera globalización". La primera sesión de trabajo se centró en la emigración de personajes andaluces a América y el desempeño de funciones destacadas como prelados, comerciantes, hombres de guerra y administradores de la Corona. En la siguiente jornada del martes 16, las protagonistas fueron las ciudades y las funciones que ocuparon en las conexiones atlánticas, siendo Cádiz, Sevilla y Lima algunas de las urbes analizadas. La tercera sesión de discusión se organizó en torno al tema central del comercio. El tabaco, el añil, el cacao, la trata esclavista y las redes comerciales que se extendieron desde uno a otro continente, conformaron el referente de la discusión. Cerró la jornada una conferencia del catedrático de la Universidad de Sevilla, doctor Ramón Serrera, en torno a la Rethorica del Barroco en la construcción arquitectónica y espiritual de las Iglesias americanas. La última jornada, más variada respecto a las temáticas, se abrió a trabajos que abarcaron temas diferentes como el poblamiento, la literatura, proyectos actuales de colaboración técnica frente al problema de la utilización del recurso natural del agua y, por último, con la presencia de destacados archiveros de Cádiz y Sevilla, se presentaron las posibilidades de búsquedas de información del Archivo General de Indias y el Archivo Histórico y Provincial de Cádiz. El Coloquio se cerró con una conferencia del conocido historiador británico Hugh Thomas, que hizo una presentación en torno al papel que jugaron los hombres andaluces en el proceso de conquista americano del siglo XVI. Hay que resaltar también el emotivo recuerdo que se hizo en esta Reunión científica del gran historiador francés Pierre Chaunu y de su obra Sevilla y el Atlántico, el cual corrió a cargo del catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla, doctor Rafael Sánchez Mantero. En el transcurso de los intensos debates que se mantuvieron a lo largo de todo el Coloquio, se acordó publicar un libro como resultado del encuentro; la oportunidad y el resultado lo apoyan pues congregar a un tan alto número de colegas de uno y otro lado del atlántico y con tan buen clima científico bien merece ese esfuerzo. No dudamos que el material va a ser muy interesante, dado el nivel tan variado y tan serio de los trabajos presentados, para convertirse en un buen libro de referencia Mencionar por último a la Fundación Carolina, el Centro de Estudios Andaluces y la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, que con su apoyo posibilitaron la viabilidad de este encuentro académico que ojalá pueda seguir adelante en sucesivos años ahondando más en los lazos comunes que unen a Andalucía con el continente Americano. Universidad del Norte, Barranquilla, Colombia La plata en Iberoamérica.
El objetivo de este trabajo es lograr una aproximación al clima y a los fenómenos de glaciación ocurridos en el Estrecho de Magallanes durante el siglo XVI y parte del XVII a través de registros históricos. Se complementan los resultados obtenidos por investigadores de otras disciplinas paleoclimáticas en el área, verificándose si las fuentes históricas corroboran las conclusiones de esos autores, quienes postulan un intervalo muy frío entre 1520 y 1670. Para realizar esta investigación se utilizaron los "diarios o relaciones de navegación" de los primeros marinos españoles que pasaron por el Estrecho, recopilados en su mayor parte en Archivos históricos españoles. A través de la técnica del análisis de contenido se verificó la estabilidad en el vocabulario referido al clima y los glaciares a lo largo de esas centurias y se calificó los eventos de acuerdo a su magnitud. Se determinaron diversas categorías de las cuales se han seleccionado precipitaciones sólidas y líquidas, temperatura, dirección del viento y ocurrencia de tormentas para analizar en este trabajo. Se estudió especialmente la presencia de témpanos en el Estrecho y las descripciones de los glaciares fueguinos y del sur de la Patagonia chilena como indicadores de bajas temperaturas. Se concluye que existen referencias directas a la presencia de témpanos proveniente de glaciares en el Estrecho, sólo en la segunda mitad del siglo XVI. Estos datos coincidirían con los resultados de R. Villalba en cuanto a que el intervalo 1520 a 1670 fue uno de los más fríos de la Pequeña Edad Glaciar. Son escasos los antecedentes sobre estudios paleoclimáticos en el extremo sur de Sudamérica que han utilizado información proveniente de fuentes históricas españolas. Mateo Martinic, en sus trabajos históricogeográficos sobre la región, se ha ocupado del tema, pero sin estudiar sistemáticamente los eventos climáticos del pasado. 1 Otros autores han usado descripciones de ingleses y españoles sobre glaciares patagónicos en los siglos XVIII y XIX para reforzar o ejemplificar resultados de estudios glaciológicos sobre el terreno. 2 El objetivo de este trabajo es lograr una aproximación al clima y a los fenómenos de glaciación ocurridos en esa región (50°S hasta las costas del Estrecho de Magallanes a los 54°S) durante el siglo XVI y parte del XVII a través de datos históricos. Se complementan los resultados obtenidos por investigadores de otras disciplinas paleoclimáticas en el área austral del continente. Es aceptado que el siglo XVI, objeto del presente análisis, se inscribe dentro del período de acentuación de las condiciones climáticas extremas desarrollado en las últimas centurias y cuya culminación se produce a mediados del siglo XIX: la Pequeña Edad Glaciar (PEG). Este fenómeno está considerado como uno de los eventos climáticos más significativos ocurridos durante los últimos mil años. Si bien las evidencias son más contundentes en el Hemisferio Norte -Europa y el Atlántico Norte-3 su existencia, con algunos desfases cronólógicos, también ha sido verificada en Sudamérica a través de estudios glaciológicos. Los trabajos sobre anillos de árboles realizados por Villalba 6 en el Valle del Río Alerce (Pcia. de Río Negro-Argentina) con Fitzroya cupressoides le permitieron reconstruir las temperaturas de verano de los últimos 1000 años, detectando tres episodios donde se alternan altas y bajas temperaturas. Señala como contemporáneo con la Pequeña Edad Glaciar el período entre 1270 y 1670, en el cual prevalecieron condiciones de menor 2 Mercer, J.: "Holocene Glacier Variations in Southern South America. Uppsala, 1982, págs. 35 MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA temperatura estival y menor precipitación invernal. El intervalo más frío se produjo entre 1520 y 1670, coincidentemente con los primeros relatos sobre el paso de navíos españoles a través del Estrecho de Magallanes. En el extremo sur sudamericano habría coincidido ese último período de agudización de las condiciones extremas (1520-1670) con uno de los momentos señalados como de no retroceso de glaciares en la Patagonia: 1550-1700. Es nuestro interés en este trabajo verificar si las fuentes históricas corroboran las conclusiones de los autores citados. Descripción de la información La información climática en América del Sur proveniente de la etapa colonial presenta desfases temporales, vinculados al momento de la exploración, conquista y colonización de cada región en particular. A fines del siglo XV, los españoles pusieron pie en las Antillas y en medio siglo de rápido y constante avance, dominaron buena parte del Nuevo Mundo. La región austral sudamericana es una de las áreas que presenta la información más temprana, provista por Magallanes al cruzar el Estrecho que separa el continente de la isla de Tierra del Fuego en 1520. Una vez afianzada la conquista, el tráfico entre España y las colonias americanas se realizaba mediante convoyes de galeones que llegaban a Cartagena de Indias y a Portobelo. Desde esta ciudades, se comunicaban por tierra, a través del Istmo de Panamá, con las costas del Pacífico. A partir de la segunda mitad del XVI se establece el tráfico anual del Galeón de Manila, que unía comercialmente México con Filipinas. 7 Esto no hubiera sido posible sin las primeras expediciones que se arriesgaron a cruzar el Estrecho de Magallanes en busca de la tierra de la especiería. Estas expediciones eran armadas por la Corona Española o por particulares interesados en el comercio con el lejano oriente. Se trataba fundamentalmente de naves llamadas genéricamente en esa época "navíos mancos y pesados". De acuerdo con Chaves, en su obra Quatri partibus: Espejo de Navegantes, las más corrientes eran las naos de 240 toneladas "por ser más común su uso en toda la navegación". 8 Las flotas estaban com-puestas por varias naos, a cuyo mando la Corona, los armadores, comerciantes o banqueros colocaban un capitán general encargado de la buena marcha de la expedición.9 siendo cada nao comandada por un capitán o maestre. El piloto gobernaba la navegación de la nao y guiaba las rutas que debía seguir, mediante el uso de la carta de navegación, agujas de marear, relojes de arena, compases, sondas, astrolabios y cuadrantes de madera.10 Los diarios o relaciones de navegación Para realizar este trabajo se utilizaron los diarios de navegación de los primeros marinos españoles que pasaron por el Estrecho, algunos publicados y otros aún inéditos. Estos últimos se recopilaron en su mayor parte en el Archivo del Museo de la Marina (Madrid) y en el Archivo General de Indias. Se denominaban Diarios o Relaciones de Navegación por tratarse de una segunda redacción, más cuidadosa y completa, de los cuadernos de bitácora. Se seleccionaron los diarios de navegación de las siete expediciones de origen hispano más representativas entre las que cruzaron el Estrecho entre 1520 y 1619. Se descartaron por contar con escasos datos climáticos o muy generales los de Juan de Mori de la expedición de Ximón de Alcazaba 11 y de Juan Ladrillero. 12 En algunos casos se ha contado con los diarios correspondientes a dos y hasta tres navíos de la misma flota, lo que sirvió para comparar y validar la información. En la expedición de Magallanes (1520), escribieron Francisco de Albo 13 y Antonio Pigafetta; 14 en la armada de Frey García Jofré de Loaysa (1526-27) hicieron la relación diaria éste mismo, Andrés de Urdaneta 15 y Juan de Areyzaga; 16 la expedición de Francisco de Ulloa (1553-54) fue registrada por el capitán Hernando Gallego 17 y Gerónimo de Vivar; 18 la expedición de Juan Ladrillero 19 (1557-58) por el capitán Cortés de Ojea; 20 en la expedición de Pedro Sarmiento de Gamboa (1578-80) escribieron, además del capitán general, 21 los pilotos Antón Pablos y Hernando Lameros y la relación diaria de la armada de los Hermanos Nodal (1618-19) fue escrita por el capitán general Nodal 22 y por el cosmógrafo Diego Ramírez de Arellano. 25 Si bien las flotas en su mayoría habían partido de España, dos de ellas, las de Ulloa y Ladrillero, salieron del Puerto de Valdivia en la costa chilena (39°45'S) y la primera expedición de Sarmiento de Gamboa del Puerto del Callao en Perú. Tenían por misión "descubrir y explorar el Estrecho de Magallanes". Características de los datos proporcionados por los diarios La base de datos climáticos de Tierra del Fuego para el período 1520-1618 cuenta con 753 datos, correspondientes a diarios de navegación y relatos de españoles, ingleses y holandeses. 24 Archivo del Museo Naval de Madrid. "Relación del suceso de la Armada del Obispo de Plasencia que salió de España en el año de 1539 compuesta de cuatro navíos para la especiería por el Estrecho de Magallanes...sacada de una carta escrita a Lázaro Alemán por Cristobal Rayzer", 12 de julio de 1541. 25 Sarmiento de Gamboa, Pedro: Viajes al Estrecho de Magallanes. La selección realizada previamente y la necesidad de aplicar técnicas lingüísticas como el análisis de contenido, condujo a considerar solamente las relaciones diarias escritas en español, lo que restringió el número de datos. Se descartaron también los datos sobre la zona del Océano Atlántico situada al sur de la Isla de los Estados. Se utilizó sólo la información del período primavera-verano, desde octubre a marzo, debido a que prevalecen los datos correspondientes a ese intervalo, descartándose los escasos registros invernales por su mínima representatividad. Así la base quedó reducida a 513 registros. Las primeras expediciones proveen escasa información meteorológica. Fundamentalmente se consignaba un evento extraordinario o catastrófico que pusiera en peligro la nao y su tripulación y eventualmente alguna otra información de interés relacionada con la navegación. A mediados del siglo XVI se observa mayor minuciosidad en las anotaciones, que se registran diariamente, pero sin horas fijas. En las expediciones de Sarmiento de Gamboa 26 y de los Hermanos Nodal 27 ya existe una rutina de observaciones tres veces al día. La gran cantidad de información producida a fines del XVI provoca un marcado desequilibrio entre ésta y la provista por los primeros registros. Esto se ha solucionado trabajando la información en porcentajes. La estrecha dependencia de los barcos a vela de la intensidad y dirección del viento, de las corrientes marinas y en menor medida de otros acontecimientos climáticos, se ve reflejada en la prioridad otorgada a estos fenómenos en los diarios de navegación. En consecuencia, el viento, el estado del mar y el tiempo presente son los eventos anotados más frecuentemente. Gran importancia se confería a las descripciones del paisaje de ambas costas del Estrecho, incluyendo la presencia de bosques, hielo, nieve y rocas. Localización de los sitios La localización de las observaciones hechas por las naos -especialmente sobre glaciares y témpanos de hielo-presenta algunas dificultades derivadas de la imprecisión de los instrumentos de navegación utilizados durante este período. El astrolabio y las tablas de declinación del sol permitían determinar con bastante aproximación la latitud a mediodía calculando la altura del 26 Ibídem. 27 Biblioteca Nacional, Madrid. "Reconocimiento de los Estrechos de Magallanes y San Vicente por Bartolomé García de Nodal y Capitán Gonzalo de Nodal". MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA sol. 28 Conociendo la latitud, las distancias en leguas o en grados recorridas de un punto a otro y los nombres de las localidades que han perdurado hasta el presente, se puede ubicar con cierta seguridad los sitios mencionados en las relaciones de navegación. La relación legua marina-grados es definida por Alonso de Chaves. 29 Afirma que cinco grados y cinco séptimos hacen cien leguas según el uso de España, de modo que un grado corresponde a 17 leguas y media. 30 El afán de señalar cuidadosamente la latitud y las distancias respondía a la necesidad de confeccionar pormenorizados "derroteros del Estrecho" donde se localizaban puertos naturales, bahías y demás accidentes geográficos de ambas costas a lo largo del pasaje. Toda nao que cruzaba el Estrecho confeccionaba su propio derrotero y mapas acompañantes. Surge de esto un problema: que cada expedición, atribuyéndose el descubrimiento, rebautizaba una buena parte de estos accidentes geográficos. Esto ha provocado confusiones al momento de localizar descripciones y fenómenos. Estos inconvenientes han sido superados en parte por el acceso a las cartas geográficas realizadas durante el siglo XVI y sobre todo al Mapa Marítimo del Estrecho de Magallanes realizado por el geógrafo Juan de la Cruz Cano y Olmedilla en 1769. 31 Para confeccionarlo Cano y Olmedilla utilizó toda la información existente sobre el pasaje por el Estrecho derivada de relaciones y memorias de viajes, sobre todo las de Sarmiento de Gamboa. Es de suma utilidad porque consigna los sucesivos nombres asignados por los navegantes españoles y de otras nacionalidades a cada accidente geográfico que "descubrían" (Fig. 1). Procesamiento de la información Obtención de categorías climáticas Se derivaron diez categorías climáticas a partir de los propios textos considerados. Para obtener estas variables fueron examinados los diarios en detalle con el fin de determinar un rango completo de información climática. 28 Se acudió a la técnica del análisis de contenido para verificar la estabilidad en el vocabulario referido al clima y los glaciares a lo largo de la centuria. Es destacable en este sentido la consistencia terminológica que presenta el conjunto de registros. 32 Esta consistencia puede relacionarse con el lugar de origen de los marinos españoles en ese siglo, la mayoría de los cuales provenía del norte de España: País Vasco, Galicia. Esto incidía también en la forma de percibir los fenómenos meteorológicos. Al estar habituados al frío y a la nieve se puede confiar en la certeza de su apreciación cualitativa de los fenómenos. Al mismo tiempo, desde la perspectiva meteorológica contemporánea se desarrollaron, utilizando el vocabulario técnico correspondiente, las siguientes categorías climáticas: Precipitación: Se establecieron dos grandes divisiones: lluvia y nieve. Se consignó la apreciación cualitativa de cada fenómeno: intermitentemoderado-abundante. Tiempo presente: se incluyeron cuatro categorías: sin nubes, seminublado, niebla, tormentoso sin precipitaciones. Tormentas: Se registró la ocurrencia para determinar su frecuencia y si es posible la apreciación cualitativa del evento. Temperatura no-instrumental: se desarrollaron cinco categorías con referencias subjetivas: muy cálido, cálido, templado, frío, muy frío. Estado del mar: calmo-picado-grueso. Dirección del viento: se registraba mediante la "rosa de los vientos" con sus treinta y dos líneas de compás. En la práctica lo reducían a dieciséis cuadrantes. Intensidad y tipo de viento: en general no hay una separación neta entre estas dos variables en la documentación. Para la caracterización de la intensidad se utilizó la apreciación del evento: sin viento-suave-regularintenso. Ejemplos de tipo de viento son: "travesía", "frescachón". Los rangos "precipitación abundante" y "viento intenso" son los que presentan mayor cantidad de equivalencias significativas: 22 y 24 respectivamente, lo que podría indicar un predominio de estos eventos en los viajes analizados. Se incorporó también el avistamiento de icebergs y glaciares y la posición geográfica. MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA Asimilación de las expresiones sobre el clima en el siglo XVI a las categorías actuales Con el objeto de adecuar las categorías climáticas del siglo XVI al lenguaje actual se estableció y calibró el significado de las expresiones y alusiones del pasado referidas a fenómenos climáticos. Se utilizó para esta tarea el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, 33 el ya mencionado Espejo de Navegantes de 1537 34 y el Diccionario Marítimo Español, 35 con el fin de determinar las equivalencias de significado entre el lenguaje climático del siglo XVI y el actual. La técnica del análisis de contenido permitió también calificar los eventos de acuerdo a su magnitud, estableciendo un rango entre fenómenos de la misma naturaleza. 36 En la Tabla se puede observar las categorías climáticas actuales y las palabras, frases o expresiones equivalentes utilizadas en el siglo XVI. Esta labor permitió además asegurar que cada expresión o referencia climática sería consignada siempre dentro de la misma categoría. De las variables determinadas se seleccionaron precipitaciones sólidas y líquidas, temperatura, dirección del viento y ocurrencia de tormentas para analizar con detenimiento en este trabajo. Se estudia especialmente la presencia de témpanos en el Estrecho y las descripciones de los glaciares fueguinos y del sur de la Patagonia chilena como indicadores de bajas temperaturas. El clima austral en el siglo XVI En la actualidad los patrones de precipitación de la Patagonia oriental y occidental están condicionados por la circulación de los vientos del oeste. Sin embargo la cordillera de Los Andes ejerce un fuerte control orográfico en la cantidad de precipitación, 37 situación que se prolonga hasta nuestra área de estudio (Fig. 2). Al sur de 50°S, la vertiente occidental de la cordillera presenta abundantes precipitaciones bien distribuidas a lo largo del año (entre 4000 mm en Bahía Félix y 2028 mm en Cabo Rapel). El clima es marítimo, con temperaturas medias en la temporada primavera-verano de 7.5°C en Evangelistas (52°24'S). En este mismo sitio prevalecen los vientos del NW durante todo el año, con excepción de los meses de junio y julio, en que predominan los del SW. 38 Al este de los Andes, el clima es continental, alcanzando las temperaturas de primavera-verano un promedio de 9.5°C en Punta Arenas. Las precipitaciones disminuyen a casi 200 mm por año en las planicies. De acuerdo con datos provenientes de los Servicios Meteorológicos de Argentina y Chile 39 se observa una variación local importante de las lluvias anuales (por ejemplo, 447 mm en Punta Arenas y 226 mm en Río Gallegos). En este sector predominan los vientos del Oeste. Sobre la base de las evidentes diferencias climáticas entre ambas vertientes los datos históricos recopilados fueron incluidos en función de su localización geográfica, en la región de clima marítimo o en la región de clima continental. Hemos tomado como límite la divisoria entre bosques y estepas que pasa al sur de la Península de Brunswick. En los diarios de navegación analizados entre 1520 y 1620, se presenta, tanto en la zona de clima marítimo como en la de clima continental, un predominio de bajas temperaturas estivales. En la primera temporada hay un apreciable porcentaje de días cálidos y muy cálidos en la vertiente de influencia atlántica: 69.5%. Sarmiento de Gamboa anota el 15 de febrero de 1580 que en el Estrecho a la altura de 53 grados y medio (71° LW, en las cercanías de la actual Ciudad de Punta Arenas) "..hizo este día y el día antes tanto calor como en Lima por Cuaresma y como en España por 38 Miller, A.: "El clima de Chile. MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA julio". 41 En la zona occidental también se registran días cálidos pero en menor porcentaje: 10.6%. En las temporadas subsiguientes (1582-83 y 1583-84)), no hay información sobre el área correspondiente al Pacífico, pues Sarmiento dedicó sus esfuerzos a reconocer los sitios adecuados para fundar dos fuertes en el Estrecho sobre la vertiente de clima continental. En el verano de 1583-84 se procede a la instalación de colonos en las recién fundadas ciudades El Nombre de Jesús y Rey Felipe, situadas la primera a "...treinta leguas del Cabo Vírgenes..." 42 y la segunda en el sitio ocupado por el actual Puerto Hambre. En la temporada 1582-83, disminuye el porcentaje de días muy cálidos a 6.7% y no se consignan días cálidos. En la segunda temporada hay un predominio absoluto de días cálidos 83.3%. Durante la temporada 1618-19 en el Atlántico predominan días fríos y muy fríos aunque con un porcentaje apreciable de días cálidos, 28.6%. Por el contrario en la vertiente pacífica prevalecen los días muy fríos: 83.3%. Hasta 1618-19 en la vertiente de influencia atlántica, predominaron los días sin precipitaciones en un rango que oscila entre un 85 y un 100%. Las escasas precipitaciones consignadas se produjeron en forma de lluvia (Fig. 4). En esa última temporada los días sin precipitaciones disminuyeron a 75%. Esta tendencia se observa también en la vertiente marítima, pero en coincidencia con el patrón climático actual, se verifica un mayor porcentaje de días con precipitaciones en relación al Atlántico, en todas las temporadas analizadas. La temporada estival de 1618-19 muestra un 63.5% de días con precipitaciones abundantes, que coincide con el incremento ocurrido en el sector oriental. En las descripciones generales sobre la región los autores de las relaciones realizan una síntesis inconsciente de las observaciones climáticas efectuadas durante la travesía, haciendo una generalización sobre el clima 41 Sarmiento de Gamboa: Viajes al Estrecho de Magallanes, pág. 121. Los diarios de navegación en general consignan un predominio de los vientos del SSW, SW y WSW en la época estival, aproximadamente como es en la actualidad. Solamente dos de los navegantes señalan la importancia de los nortes en el área occidental del Estrecho. Ladrillero en 1557 43 afirma que en el Estrecho desde la boca oeste hasta aproximadamente 30 leguas (140 km) hacia el este predominaban los nortes en el verano y oestes y sudoestes en el invierno. Lo mismo sostiene Sarmiento de Gamboa en 1579: "...vienta norte, NW y W tempestuosísimo y cuando quiere acabar la tempestad de norte y venir la travesía graniza con gran refriega y hace frío intenso y con el norte hace más templado". 44 Remitiéndonos al análisis de los años seleccionados, en ambas vertientes, hasta la temporada estival 1553-54 predominan los vientos del cuadrante sur. Se debe aclarar que estos datos hay que tomarlos con precaución, pues se cuenta con muy escasos registros de dirección de viento como para poder realizar una generalización. Glaciares y témpanos en el siglo XVI Los fenómenos anómalos observados en los años 1557-58 y 1579-80 -predominio de vientos del cuadrante norte, presencia de días extremadamente cálidos para la región y precipitaciones abundantes-pueden haber favorecido el desprendimiento de los bloques de hielo que encontraron los marinos en el área occidental del Estrecho en la segunda mitad del siglo XVI. A pesar de las pormenorizadas descripciones registradas desde 1520 hasta 1557, los diarios de navegación analizados no mencionan la presencia de témpanos durante el cruce del Estrecho. Este fenómeno no hubiera pasado desapercibido para los tripulantes de las naos de principios del XVI 43 Ladrillero, J.: "Descripción de la Costa del Mar Océano...". 44 Sarmiento de Gamboa: Viajes al Estrecho de Magallanes., pág. 58. MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA dada su potencial peligrosidad para la navegación y por la novedad que les habría significado esas enormes moles de hielo flotando en el mar. Para reafirmar esta apreciación se revisaron también otros relatos diarios de navegantes que hubieran pasado por el Estrecho de Magallanes durante el período estudiado, como James Weddell en 1523 45 y Juan Mori (de la expedición de Ximón de Alcazaba) en 1535, 46 con los mismos resultados negativos. En 1557, la expedición exploratoria al mando del capitán Juan Ladrillero, enviada por el gobernador García Hurtado de Mendoza desde Valdivia, registró la presencia de grandes superficies englazadas en los fiordos chilenos desde los 51° hasta el Estrecho. La información acerca de grandes témpanos flotando en los canales y bahías recorridas sugiere cambios en la condición de los glaciares en relación a las descripciones de la expedición de Ulloa en 1553, quien no registra ese fenómeno. La primera mención sobre la presencia de "bancas de nieve" procede del capitán de una de las naves de la expedición, Cortés Ojea, quien creyendo entrar al Estrecho se introduce treinta leguas (150 km) por el canal de la Concepción (50°50'S): "... en este paraje hallamos muchos pedazos e islillas de nieve que iban nadando sobre el agua las cuales pareció salían de un abra e valle nevado que está al SE deste dho. Puerto Bonifacio e surtos que fuimos bien cerca de tierra en treinta brazas dimos proa en tierra en la cual estaba zabordada una isla de nieve tan dura como peña, que los remos no la podían romper". 47 Buscando el origen del hielo, navegaron entre veinte y veinticinco leguas hacia el interior del fiordo hasta que encontraron una gran bahía de la cual salía "mucha nieve nadando", encontrando el imponente frente del glaciar llegando hasta el mar: "...el camino le halló cerrado de nieve e llegándonos más cerca lo vimos desde el navío estar cerrado de nieve de cerro a cerro; esta nieve era tan alta que enchía hasta la mitad de los cerros... hasta que vimos se remataba en unos tres balcones o cerros altísimos e cuajados de nieve hasta la lengua del agua de los cuales descendía mucha nieve que cuajaba la dicha bahía. Es indudable que, de acuerdo a la latitud, Cortés Ojea se introdujo por el Estrecho de la Concepción y luego por Canal Ancho, hasta llegar a la lengua de uno de los ventisqueros que forman el campo de glaciares Dr. Brüggen. Ladrillero, 49 al mando de otra embarcación, observa el mismo fenómeno donde remata el seno Eyre (49°S): "... donde se acaba entre unas islas nevadas donde hallamos tantas islas de nieve que había algunas que tenían siete estados de alto y del tamaño de un solar y otras menores y más pequeñas que no podíamos pasar aunque el brazo tenía legua y media de ancho y hallándole cerrado dimos la vuelta". Mercer 51 confirma que sobre el lado oeste del icefield de Brüggen (o Pío XI) actualmente se desprenden témpanos de los glaciares dentro del seno Eyre, los cuales entran desde el costado a corta distancia de la cabeza del fiordo (lat. En el extremo austral, sobre todo en el Estrecho de Magallanes, Ladrillero también encontró témpanos, aunque es más difícil ubicar los sitios que describe. En general alerta a los navegantes sobre las enormes moles de hielo que se desprenden de los glaciares de la cordillera de la porción occidental del Estrecho desde la entrada hasta los 54°, fenómeno que describe minuciosamente: "... si vieren sierras nevadas que caygan sobre el canal por donde fueren que se aparten dellas porque hay en muchas partes donde cae tanta nieve que las tierras tienen sobre sí cinco y seis y siete y ocho y diez líneas de nieve...y según parece debe estar recogida de muchos tiempos y cuando la sierra está muy cargada della quiebra la nieve y viene rodando haciéndose pedazos a cien estados y doscientos y trezientos y mill...y viene con gran ruido a manera de truenos por la sierra abajo y da en el brazo o canal gran multitud della en pedazos como naos como casas y casi tamaños como solares y menores y de seis y de siete y de ocho estados della en el agua y son tan duros como una peña...y en legua y media de brazo no podiamos pasar con un bergantín sin topar con aquellos pedazos [que] andaban encima del agua como islas que algunas tenían tres y cuatro estados debajo del agua y otros tantos encima della y esto es apartados del mar y de las bahías por los canales que dellas se apartan la tierra adentro hacia la cordillera...". 52 Este fenómeno es observado por Ladrillero en la costa norte, entre la boca del estrecho y el Seno Otway (53°S), trayecto que estima en 35 leguas 49 Ladrillero, J.: "Descripción de la Costa del Mar Océano...", pág. 345. 52 Ladrillero, J.: "Descripción de la Costa del Mar Océano...", pág. 366. MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA (175 km). Los glaciares que menciona podrían ser los ubicados en la mitad oeste de la Isla Riesco que presenta muchos picos y grupos montañosos cubiertos de hielo. En el mapa de Cano y Olmedilla está localizada esa zona como "Puerto de la Playa Parda", donde se consigna la presencia de "mucha nieve". Actualmente, un pequeño icefield se encuentra sobre el Cerro Ladrillero (1665 m) pero la desembocadura de los glaciares ha retrocedido levemente en épocas recientes. 53 Se observa además un icefield ubicado cerca de los 52°50'S, 73°10'W que se extiende sobre una superficie de 20 por 10 km que puede haber sido uno de los glaciares descritos por el navegante. 54 En 1579-80 Sarmiento de Gamboa observa el mismo fenómeno que Ladrillero en este área el 8 de febrero cuando pasa por la Isla de la Cruz (Fig. 6), situada al SE de la Península de Córdoba de acuerdo al mapa de Cano y Olmedilla (podría ser la actual Isla Carlos III): "Allí se vieron grandes pedazos de nieve andar sobreaguados por la mar, que salen de las islas nevadas que están al sur de esta Isla de la Cruz [a] tres leguas, y las tormentas del viento despedazan la nieve y la echan y sacan a la mar". 55 Los témpanos a los que se refiere pueden provenir de los glaciares de la Isla Santa Inés, situados, como afirma Sarmiento, aproximadamente a 15 km o tres leguas de la Isla de la Cruz hacia el sur. Los glaciares de la Isla de Santa Inés son los menos conocidos de Sudamérica de acuerdo con Mercer. 56 Se sabe sin embargo que un campo de hielo cubre la mayor parte del sudeste de la isla. El Monte Wharton (1317 m) en el norte presenta glaciares deslizándose sobre ambos flancos, que son los que pudo haber visto Sarmiento de Gamboa. Navegando hacia el sureste: Creemos que en este caso Sarmiento se refiere a la Isla Clarence, cuya parte alta, donde sobresale el Cerro Campana, soporta muchos circos glaciarios que en el presente parecen haber sufrido un retroceso moderado. 58 Cano y Olmedilla marca con exactitud ambas "islas nevadas" y el cerro Campana de Roldán, distinguiéndolas netamente de la "Cordillera de mucha nieve" que es sin lugar a dudas la cordillera de Darwin. Llama la atención en estas observaciones del siglo XVI la magnitud de los glaciares de estas "islas nevadas", Santa Inés e Isla Clarence, cuyas lenguas llegaban hasta el mar, desprendiendo grandes bloques de hielo. Con posterioridad a estos avistamientos no se registran más referencias a témpanos procedentes de los glaciares del oeste del Estrecho hasta el fin del período estudiado. Ramírez de Arellano, autor de la última relación analizada, solo consigna montañas de nieve en la costa norte, en el Puerto de San Joseph (Península de Brunswick?), "...tiene al norte unos montes muy altos y llenos de árboles y nieve y un arrecife de árboles entre el puerto y la ensenada...". Los avistamientos de témpanos desprendidos de glaciares en el Estrecho y en el sur de la Patagonia chilena se producen dentro del siglo XVI en los años 1557-58 y 1579-80. Estos eventos poco frecuentes podrían haberse originado en un considerable aumento del volumen de hielo en el intervalo previo a estos años y el consecuente avance de los glaciares, cuyas lenguas alcanzaron el mar. Los desprendimientos del glaciar Brüggen son propios de su comportamiento aún en la actualidad, de modo que su condición de indicador climático es relativa. MARÍA DEL ROSARIO PRIETO Y ROBERTO G. HERRERA Tiene mayor relevancia la constatación, en el Estrecho de Magallanes, de la presencia de témpanos fuera del área englazada de la Cordillera de Darwin, especialmente en sitios donde actualmente no se verifica ese fenómeno: en la Isla Riesco y en las Islas Santa Inés y Clarence, "islas nevadas" para los navegantes españoles. Estos datos coincidirían con los resultados de Villalba en cuanto a que el intervalo que se extiende entre 1520 y 1670 fue uno de los más fríos de la Pequeña Edad Glaciar. La temporada 1579-80 escapa a la caracterización general de este intervalo frío, pues, pese a que predominan los días con muy bajas temperaturas, también se registran días cálidos y muy cálidos (10.6%). Además en esa primavera-verano alcanzaron mayor relevancia los vientos del primer cuadrante, N y NE. Este hecho puede haber contribuido al desprendimiento de grandes masas de hielo de los glaciares del Estrecho, luego de un avance y aumento de volumen considerables en los años fríos anteriores. Aunque en el período estival 1557-58 no se verificó un aumento de las temperaturas, se incrementó el porcentaje de los vientos más cálidos del cuadrante norte, que pudieron haber contribuido, junto con las lluvias de ese año, al desprendimiento de bloques de hielo glaciar. De acuerdo con Quinn,62 justamente en los años 1578 y 1579 aparece por primera vez en los registros escritos -categorizado como de extrema severidad-el fenómeno conocido como El Niño-Oscilación Sur (ENSO). Este evento, cuya manifestación más conocida se produce algunos años en la costa del Perú en la época navideña, tiene repercusiones climáticas a nivel planetario. No debería descartarse una relación entre la ocurrencia de ese fenómeno y el período anómalo detectado en Tierra del Fuego en esos mismos años. Se explicaría quizás entonces la decisión de Sarmiento de Gamboa de fundar dos colonias en la costa norte de Tierra del Fuego, llevado por la equivocada impresión causada por la suave e inusual temperatura de ese verano.
La crítica se fundamentaba en valores subjetivos y su objeto principal era el de denunciar las amenazas al orden social establecido desde el punto de vista de una mentalidad conservadora. El Nuevo Mundo era visto como alegoría moral de todos los desórdenes: la crítica revela la oposición a la incipiente mentalidad mercantil. El símbolo de esa depravación es la figura del indiano, el hombre enriquecido en América, codicioso, vicioso y cínico; en reacción a este tipo humano se proponía el modelo del buen salvaje, puro contrapunto del taimado arribista. La crítica moralizadora es, en este sentido, en Guevara y en Las Cortes de la Muerte, el choque frontal entre el mundo impoluto, pacífico y generoso, de los nativos, y la invasión de todos los vicios procedentes del Viejo Continente. Hablando de la literatura de tema americano, habrá que entender por crítica moralizadora la que se realizaba en nombre de unas ideas éticas o valores morales en sí antes que por consideraciones de conveniencia o justificaciones políticas, en nombre de conceptos ideales propios de la esfera de acción de la conciencia antes que de intereses materiales concretos aunque está claro que aquéllos servían para justificar a éstos, y en ese sentido cabría preguntarse si la crítica moralista en la literatura del Siglo de Oro hubiera tenido el mismo peso y alcance de no haber existido la riqueza que venía del Nuevo Mundo. En los textos áureos tocantes al Nuevo Mundo muchas aventuras sólo eran un pretexto para poner en luz, y consiguientemente condenar, el afán de riqueza de los conquistadores porque según el parecer de los autores hacía que en nombre del oro se sacrificaran otros valores más elevados. La postura en sí no era nueva, pues se cuenta con toda una tradición de lamentos de la codicia humana y de condena de la auri sacra fames que en la Edad Moderna española se reconoce desde Vives y sus obras moralizadoras hasta Cervantes durante todo el siglo XVI, pero la novedad que brindaba el descubrimiento de América era que ahora el guerrero podía sentir la tentación de buscar riquezas en lugar de dedicarse a conquistar ciudades y reinos para su señor. 1 Durante el siglo XVI, por lo general, el polemista político emprendía su crítica partiendo de la idea humanista de la paz y la justicia universales, y el moralista en cambio se fundamentaba en los valores subjetivos -por muy ampliamente compartidos que estuvieran-de la sociedad. Como se puede ver en muchos textos, la nueva riqueza y las nuevas maneras de alcanzarla estaban haciendo temblar las relaciones sociales y los afectos tradicionales del buen tiempo pasado, aunque esta postura tampoco era nueva: en realidad, se trataba del rechazo de cualquier cambio social y se encuentra en muchos autores del Siglo de Oro porque en realidad es el trasunto de un tema de abolengo clásico, que ya era un tópico desde hacía mucho tiempo. Lo que ocurría, una vez más, es que la presencia de América daba nueva fuerza al viejo tópico. Por ejemplo, se encuentra este motivo en Góngora, en la Soledad Primera, tras el episodio de Tifis y Palinuro, cuando el autor hace una larga tirada contra la codicia, sujeto y causa de todos los descubrimientos. Para el poeta no se trataba de razones gloriosas, sino de intereses materiales, en la expansión de ultramar, escribiendo a contracorriente de las opiniones de su tiempo. Como ha hecho notar Jammes, Góngora, en relación con la política expansionista española, "afecta una indiferencia que frisa en la hostilidad [...] No es exacto hablar de oposición política (cosa impensable en la época), pero sí de un apoliticismo insolente que resalta en el concierto general del fervor patriótico en el que participan todos los otros poetas de la época". 2 De hecho, otro poeta, su contemporáneo Salcedo Coronel, por ejemplo, lo censuraba por la estrechez de su visión sobre este punto. Cuando el poeta de Córdoba consideraba 3 el Campo ya de sepulcros, que sediento Cuanto en vasos de abeto Nuevo Mundo, Tributos, digo Américos, se bebe, En túmulos de espuma paga breve 1 Cea, F.F.: Los milagros de Nuestra Señora de la Fuencisla y el Donado Hablador, Segovia, 1983, pág. 122; Caminero, J.: "El motivo del oro en la literatura española del siglo XVI", Literatura Hispánica, Reyes Católicos, Descubrimiento, Barcelona, 1989, págs. 57 y sigs.; Morínigo, M.A.: América en el teatro de Lope de Vega, Buenos Aires, 1946, págs. 31-32; Maravall, J.A.: Utopía y contrautopía en el "Quijote", Santiago de Compostela, 1976, pág. 39 y capítulo II; Río, A. del: Moralistas castellanos, Barcelona, 1962. 2 Jammes, R.: "Góngora y la poesía lírica", Historia de la literatura española, vol. III, Barcelona, 1995, pág. 146. CEFERINO CARO LÓPEZ es evidente que para él la empresa no merecía la pena. 4 Pero un crítico, Dámaso Alonso, lo disculpa porque "Góngora tal vez no se interesaba por el fondo de la cuestión, sino se dejaba llevar por un ejercicio retórico con evidentes modelos clásicos". Quevedo, como ha demostrado Campos y puesto en luz Hernández Sánchez-Barba,5 tenía también una visión crítica de la conquista modelada sobre principios típicos de la cultura clásica. De clara tradición medieval es también la crítica de Lope en El Peregrino en su Patria, especialmente en las páginas 123-124, con la semejanza moral entre el viaje físico y el viaje metafísico de la existencia; entre el pirata -"Draque"-contemporáneo y el alma pecadora; entre el piloto práctico del estrecho -"Magallanes"-y la guía hacia los vicios y el pecado. No era por casualidad si el demonio se jactaba Soy un piloto profundo Magallanes del estrecho, De los deleites del mundo, y en las Indias del provecho, un Draque, dragón profundo. Para tentar al alma el demonio le proponía el viaje al Nuevo Mundo, es decir, la alegoría moral del mundo del placer opuesto al valle de lágrimas con el consiguiente y prácticamente seguro resultado desastroso para su eterna salvación. Pero el sentido de la antigua moralidad no era el único puntal de la crítica a las riquezas, porque no se miraba solamente a sus efectos sino también a la manera como se conseguían. Si la posesión de bienes de fortuna podía trastornar el orden moral, las vías de enriquecimiento alteraban el orden social: -Que vendió en Indias su padre Carbón o hierro que agora Se ha convertido en diamantes [...] Son muy bajos sus principios. ¡Mal hayan Indias y mares!. 6 Para la opinión de Lope el trastorno de los valores establecidos era de todo punto inaceptable. El carbón se volvía diamante y los mercaderes caballeros, que además imponían su visión del mundo, visión materialista y mezquina. Las críticas moralistas de la conquista demuestran así, por muy nebulosamente que sea, la conciencia del proceso de transición económica entre el viejo mundo feudal y la nueva mentalidad mercantil y burguesa que se estaba anunciando en España y que trabajosamente intentaba abrirse camino. En Alonso mozo de muchos amos, de Alcalá Yáñez, por ejemplo, Joly ha hecho notar que no se critican las actividades mercantiles en la medida en que se acepta el beneficio económico a condición de que sirva para practicar sinceramente la virtud cristiana y para dar gracias a Dios. Así se abre una puerta para aceptar las nuevas prácticas económicas, aunque, en cualquier caso, mediadas por el planteamiento ideológico tradicional. 7 Muchas de las propuestas del Barroco, y sobre todo en Lope, estaban orientadas a reproponer los antiguos ideales de la tradición contra la modernidad de los tiempos. Intentando detener el curso de la dinámica histórica, Lope de Vega fue el auténtico Don Quijote. Ya se ha hecho notar que en el siglo XVI Cristóbal de Castillejo y Gil Vicente achacaban al oro del Nuevo Mundo el trabajo de minar los valores del Viejo. Desde una fecha tan temprana como 1519 Gil Vicente, en su Farsa da India se reía del marido que pasaba al Nuevo Mundo descuidando a su mujer, dejándola expuesta a los peligros que amenazan la honra de las mujeres solas, y volvía más tarde con el rabo entre las piernas: Juro vos que de saudade tanto de fam, nam comía O triste de mi cada dia doente era huma piedade. Ja carne nunca comí esta camisa que trago en vossa dita vestí porque vinha bom mandado. 8 En el siglo siguiente la misma crónica de desastre personal y conyugal se lee en la Vida de Don Gregorio Guadaña, de Enríquez Gómez, escrita por ese moralista en 1644. Es la aventura de la dama y el galán de Carmona, en la que el juez interrogaba a la mujer si estaba casada, y recibía esta respuesta: Señor sí, respondió la dama -casada y malcasada, pues me dejó mi esposo por las minas del Pirú, concubinas de los ambiciosos. Al describir la cámara de la cortesana, el autor ya había hecho notar el refinamiento de su decoración, en la que no faltaba el instrumento ad hoc para el delito: la cama de damasco sobre un catre de las Indias asociando de la manera más tópica la valoración del Nuevo Mundo con la consideración moral: las minas son "concubinas" por las que se abandona a las legítimas esposas, las Indias son la viva imagen de la sensualidad y del pecado. 9 Para plasmar ese concepto ideológico bajo una forma concreta, fácilmente reconocible y asimilable por la sociedad, aparece en la obra moralizadora la figura del indiano, un personaje que se ha enriquecido en las Indias y es presentado bajo una luz sórdida y caricaturesca. El uso instrumental de este personaje es tan evidente que, como subrayaba Díez Borque, los autores lo infrautilizaron, presentándolo siempre en sus comedias bajo connotaciones negativas, mientras que hubiera podido ser de gran importancia en el desarrollo dramático de la acción al ser "rico y con 'extrañas' experiencias", 10 si los escritores hubieran querido enriquecer la nómina de sus tipos humanos, psicológicos y dramáticos. En cambio, en torno a la figura del indiano se construyó todo un burdo entramado de significaciones elementales de fácil comprensión por parte del público gracias a su esquematismo, pues se reducía el personaje a su dinero, invalidando cualquier otra característica individual, sacándolo de la vida real y transformándolo en un tipo tragicómico. En este sentido se comprende que la auténtica presencia de este personaje estuviera ensombrecida por una cierta mala fama sobre su codicia, sus vicios y el origen de su riqueza. De nuevo es elocuente, para hacer luz sobre el asunto, Enríquez Gómez en su Siglo pitagórico, con los consejos de la "tía" a la cortesana: 9 Enríquez Gómez, A.: El siglo pitagórico y vida de Don Gregorio Guadaña (1644), edición T. Santos, Madrid, 1991, págs. 177, 175-176 Esto, según el comentario de la editora, significa que "los alemanes son, para los españoles de la época, los herejes por antonomasia, y los indianos lo son para este personaje por su proverbial tacañería". El retrato en negativo del personaje desvela las tensiones sociales en España durante el Siglo de Oro, pues en realidad se está debatiendo -nueva demostración del carácter de metatexto literario-, desde posturas tradicionalistas, la oposición a la economía dineraria entendida como una de las pautas características del estado moderno. El siglo XVII construyó una completa teoría sobre la catadura moral del indiano, a veces, como Lugo y Dávila en su Escarmentar en cabeza ajena, de 1626, apoyándose en la autoridad de Aristóteles para perfilar y justificar su psicología: Que la crítica tenga un planteamiento moralista lo demuestran las razones de la queja: el capitán se había hecho rico como tanta gente poco escrupulosa que se aprovechaba de un cargo en las Indias para sus tráficos, y como eso era práctica común, se sentía seguro en conciencia. En realidad Lugo demostraba su posición contraria a la actividad capitalista incipiente, como todos los pensadores que se volvían hacia el pasado para negar los nuevos tiempos. En la misma novela hay otra tirada que pone de relieve el rechazo para con el mundo de la economía dineraria, cuando se introduce a la dueña celestinesca, con la insistencia en los términos técnicos de la economía mercantil: entendía su poquito de lucro cessante y daño emergente, y tenía su correspondencia con cierto Corredor de lonja, diestro en el arte de hazer que no se consuma una mercadería en ciento y cinquenta ventas, causa que la buena Hernández [que así se llamaba la alcahueta] fuesse algo aficionada al dinero, y granillo de la ganancia, si bien la disculpava una hija que tenía por remendar, digo remediar, que assí llaman al casarse. Según Covarrubias, es el corredor "el que interviene en las compras y ventas"; los conceptos de lucro y daño son propios de los mercaderes, al igual que el móvil del interés y del dinero. Se hace la crítica moral de los dos personajes usando los términos típicos de una profesión o actividad económica que desde luego, por analogía, no salía muy bien parada. Para remate del concepto, el viejo apunte a lo que ciento cincuenta veces se había vendido y estaba siempre sin gastar, el eufemístico casarse de la hija de la Hernández, remediado o remendado. * Un retrato demoledor del indiano y su entorno. Sobre las tablas al indiano se le negaba cualquier posibilidad de dignidad, no sólo por lo que se refería a los orígenes de su riqueza, sino también por su actitud, derivada de aquélla. Apenas regresaban a la Península, pensaban sólo en tomar estado, viejos y ruines que eran, pero con buenas dotes para comprar unas mujeres jóvenes y bellas. Eso es lo que le ocurrió al Cañizares cervantino, y lo que decían del indiano en Por el Sótano y el Torno: * Remendar, "reforzar lo viejo y roto" según Covarrubias. Para disipar cualquier duda, he aquí La Serrana de la Vera. Cuando el capitán don García deshonra a Gila y le preguntan qué hará entonces la muchacha, contesta: Lo que han hecho otras muchas: remendarse y darse a un boquimuelle de su pueblo por sana de los pies y de las manos (III, versos 2640-2643). LA CRÍTICA MORALIZADORA DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA Tomo LV, 2, 1998 Vaya a casar a Madrid con setenta años, dorados de más de cien mil ducados. A la viuda a prometido, porque la tercera ha sido, para la primera flota (que es el novio perulero) diez mil pesos ensayados. 13 Desgraciadamente el color de los ducados podía sí dorar al viejo rico, pero no devolverle el vigor de su juventud, tanto es así que a la futura esposa se la llamaba viuda antes del matrimonio. Más allá de la presentación grotesca del personaje, habría que intentar comprender qué sentimientos de rebeldía o injusticia podía causar el hecho real de que gracias a sus riquezas estos individuos despreciados socialmente pudieran encontrar pareja de manera tan escandalosa, cuando el matrimonio era, para una gran parte de la población, asunto vedado por razones sociales o económicas. Eso era aún más clamoroso cuando el cinismo del indiano lo llevaba a revelar por completo su ser mezquino. Las Ilusiones de quien va a las Indias... de Lobo, escritas en la primera mitad del siglo XVIII, giran en torno al tema del País de Jauja, y lo vuelven grotesco a causa de las desmesuradas expectativas de los aspirantes a indiano. El breve romance se cierra con una consideración cínica: Y si salieran errantes los prevenidos sucesos, ¿Hay más que honrar con mis huesos la hija de un mercader, y tomarla por mujer con setecientos mil pesos? 14 Es muy probable que buena parte de esta valoración negativa de la sociedad fuera el reflejo de la envidia para con quien había conseguido lo que muchos deseaban, pero también es cierto que la continua representación del tópico en las tablas y en los libros debía mantener vivo ese sentimiento, a la vez de rechazo social del personaje y de envidia de sus rique- El indiano se maravillaba de que una muchacha se le resistiera a pesar de sus riquezas. Pero, repárese, él es el único que habla abiertamente de sus sustancias, jactándose de ellas, mientras que la sociedad contemporánea hacía exactamente lo contrario: las despreciaba. El indiano era un hortera porque explayaba su riqueza, contra toda regla de buen gusto y discreción, pero la crítica moralista no se desarrollaba por razones de savoir vivre sino por consideraciones concretas de ideología clasista. El valor ideológico de esta concepción vital es aún más evidente cuando los autores ponen en la boca de sus personajes la afirmaciones que reflejaban lo que debían opinar los espectadores. Es el caso de Hernán Pérez, el indiano de la comedia de Hurtado de Mendoza Cada loco con su tema, quien decía: Tengo tesoro de rico mas no descanso de pobre. No quiero de Indiano el nombre que su riqueza mezquina es hacienda en la picina, que le viene a faltar nombre. 18 Otros son desenvueltos no sólo al adquirir su fortuna, sino también, rasgo más desagradable, al reconocer abiertamente cómo lo hicieron. El indiano de De cosario a cosario, de Lope de Vega, ido a América con poca sustancia, había conseguido casarse con una rica heredera gracias a su aspecto agraciado. Una vez de regreso a España cuenta que su mujer murió de parto y le dejó una criatura que vivió, después de muerta, las horas que me bastaron para no perder mi herencia. Pártome a España, gozoso, Fernando, trayendo a ella un casamiento de plata, mucho peso y poca pena (si así son los casamientos no sé qual hombre se queja), pues, después de enviudar presto, quedé con famosa hacienda 19 18 Hurtado de Mendoza, A.: Cada loco con su tema, Madrid, 1728, pág. 722. Puestas en boca del mismo personaje, esas palabras no podían dejar de reflejar el cinismo del tipo humano, y esa caracterización servía para expresar la opinión que los autores tenían del indiano. Los ejemplos que se han visto hasta ahora han ilustrado perfectamente el sentido de desprecio, burla, irrisión, pero en el caso del Soneto de Colodreros el odio se vuelve crueldad inmisericorde. La muerte del indiano que el poeta celebra parece ser un beneficio para la humanidad: Quando te viste de tu patria ausente, Codicioso de bienes, en ti males, Rumbos del sol seguiste Occidentales; Que humanos, todo es ir hazia Poniente. Con ansia de dinero behemente Te fiaste del mar a los christales, Te expusiste a sus golpes criminales, Para ser infeliz infamemente. Si te supieras gobernar, Silbano, Gozaras de la plata con la vida, Y agora todo junto en ti se ahoga. Escapado de todo el Oceano, En el puerto te vemos propiciada, Ójala hiziera el mar, lo que la soga. 20 Porque lo que los escritores del Siglo de Oro dejan muy claro es que la riqueza en sí no es mala pero sí lo es según se haya conseguido, como expresa abiertamente Tirso de Molina en su comedia Amazonas de las Indias. Es una lección de hidalguía la que García de Alvarado daba a Almagro cuando le decía: Sospecho que la última línea podría tener significado injurioso bastante evidente y profundo, porque Alvarado, a todas luces anonadado por lo que acababa de oír, preguntaba: ¿Luego no en España? Es decir, que se le había venido abajo, tras la revelación del origen de su hacienda y su nobleza, su horizonte moral referencial. Es algo parecido al secreto de la profesión de la Señora Warren lo que se ha revelado sobre la escena, mientras Alvarado, sin piedad, remata contestando a la pregunta no, que España ignora quién es 21 Por lo tanto, orígenes doblemente infames, aunque no es fácil establecer el grado de importancia de las acusaciones, si primero es por no haber sido nadie en España o por haber pasado a América en busca de oro con el que comprar la nobleza. Para un espectador del siglo XVII probablemente los dos datos eran causa y efecto el uno del otro. Para los escritores, a partir del descubrimiento, era fácil moralizar sobre la codicia o la avaricia de los que se habían marchado arrostrando graves peligros en busca de los tesoros y riquezas que no habían sabido conseguir en su patria. En las Cortes de la Muerte el diagnóstico de los sufrimientos de los indios tenía causas morales, por la codicia de los blancos conquistadores: ¡Oh India, que diste puertas a los míseros mortales para males y reyertas! ¡Indias, que tienes abiertas las gargantas infernales! ¡India, abismo de pecados! ¡India, rica de maldades! ¡India, que con tus ducados entraron las torpedades! 22 21 Tirso de Molina: Amazonas en las Indias, en Hazañas de los Pizarro, edición J. Cañas Murillo, Mérida, 1993, I, versos 838-840. Las Indias no tenían la culpa de ser ricas, pero esas riquezas habían despertado los peores sentimientos entre los conquistadores. No se podía dar la culpa al Nuevo Mundo de ser su propio verdugo, pero sólo cabía compadecerlo ante los vicios humanos que desataba. En este sentido, el pensamiento de Carvajal y Hurtado parece ser fatalista al enfrentarse con la maldad del hombre y reflejar probablemente el augurio apocalíptico de Guevara. Este hilo político-moral se desarrolló hasta el siglo siguiente y se encuentra con toda su plenitud en la obra de Quevedo, quien en varias ocasiones criticó el desinterés de la corona para con sus posesiones de Ultramar, pero significativamente no lo hacía como si las Indias fueran un campo privilegiado para la acción del gobierno, sino que requerían las mismas medidas que las que se tomaban en política europea, en Valtelina, con la Liga, contra el turco... En este caso se trataba del uso instrumental de América para llamar la atención sobre la política global de Felipe IV. La posición de Quevedo en este campo era, como en otras ocasiones, muy particular. En los Sueños, de 1627, rebajaba bastante el alcance de lo que era la "valentía" de los conquistadores, reduciéndola a la mera codicia: [...] y el que sale a conquistar los que están en sus casas, a veces lo hace de miedo de que otro no le acometa, y los que no llevan este intento van vencidos de la codicia -¡Ved qué valientes!-a robar oro y a inquietar los pueblos apartados, en quien Dios puso como defensa a nuestra ambición mares enmedio y montañas ásperas. 23 Con estos conceptos atacaba directamente la vanagloria de los conquistadores y la justificación de la superioridad moral de los vencedores, a causa de la bajeza de sus impulsos. Esta visión tan negativa de la conquista se parece a la de Santos en que unían en el mismo razonamiento consideraciones morales y moralizadoras con puntos de vista de política y de gobierno. Los españoles habrían destruido un mundo nativo de paz sustituyéndolo por otro de opresión para con los indígenas. En El No Importa de España, y en episodios semejantes en el Villano del Danubio y las Cortes de la Muerte, los indios en primera persona hacían el balance de la situación americana. Uno de estos indígenas llegaba a España a pedir justicia, y formulaba una requisitoria contra el gobierno de los conquistadores: Véase también el capítulo dedicado a Chile en La Hora de Todos..., citada en págs. 178 y sigs.; Abellan, J.L.: Historia crítica del pensamiento español, vol. III, Madrid, 1981, pág. 51. LA CRÍTICA MORALIZADORA DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA [...] digo que nunca huvieran ido a descubrir mis Indias [...] pido justicia, y que se buelva el mundo como se estaba; que me den mi plata y mi oro, perlas y piedras, ungüentos aromáticos y especias, y carguen con el fierro que a mis puertos han pasado. Lo que Santos exigía 24 era una corrección total de la política y de la historia: "que se buelva el mundo como estaba" eran las palabras que mejor que ningún manifiesto revelaban la conciencia de la pérdida definitiva del paraíso. Pero el utópico indio exigía también la devolución de todo aquello que los españoles habían robado a sus tierras, proponiéndose como representante de un mundo ultrajado. Es la misma idea de dignidad herida que se desvela en el episodio del Villano del Danubio guevariano, y la nobleza de esta figura destaca más en cuanto que se colocaba junto a las imprecaciones de los contemporáneos contra la bajeza de los instintos de los conquistadores, míseros navegantes, codiciosos del oro de las Indias, conquistadas de aquel Colón de Génova, solícito, que trajo a España esta estas manzanas de oro: ¡qué caro habrán pagado su tesoro! 25 Sobre estas consideraciones de degradación moral se construyó, justificadamente, el mito de lo contrario, del buen salvaje, del puro en el ambiente arribista, en que "la escalada se ofrecía accesible para el que, sobre la explotación colonialista, se hiciera con la riqueza", una riqueza, como decía Argensola, de la que había que huir como si fuera un maleficio. Este escritor, exhortando a un padre para que educara correctamente a su hijo, le aconsejaba que no admitiera que en su casa entrara ni paje disoluto [...] ni que allí suene canción de las que el vulgo vil frecuenta; canción que de Indias con el oro viene, como él, a efeminarnos y a perdernos [...] 24 Santos, F.: El No Importa de España (1667), edición J. Rodríguez Puértolas, Londres, 1973, págs. LXI-LX. 25 Lope de Vega: Los Novios de Hornachuelos, citado en De Pedro: América..., pág. 93. Este motivo también está en Guevara, citado por Rallo, A.: Antonio de Guevara en su contexto renacentista, Madrid, 1979, pág. 134. por el mal ejemplo moral, sobre todo. Lo decía también Tirso de Molina: Razón el que afirma tiene que cuanto de Indias nos viene es bueno, si no es los hombres. 26 A causa de su particular planteamiento, White Navarro ha visto en esta crítica moralista la América en cuanto encarnación del Mal,27 pero pierde de vista el hecho de que la negatividad del Nuevo Mundo sólo la enfatizaban los autores cuando querían llevar a cabo su crítica de la sociedad peninsular. Otra vez en Tirso, el indiano -que es tal evidentemente en España, no en Méjico-dolorosamente asombrado de lo que encontraba en la madre patria, exclamaba: Agudo, ¿aquesta es España? ¿Castilla y su corte es esta tan celebrada en las Indias en el término y llaneza? Los que de España pasaban nos decían en mi tierra que los dobleces y engaños eran naturales della: bien lo experimento en mí, pues en Madrid entro apenas, cuando confunden mi dicha los laberintos de Creta. No hallo nobleza sencilla, amistad que permanezca, caballos de troya son cuantos la corte sustenta. 28 Es decir, que la crítica moralista realizaba un giro en sus objetivos, y volvía a poner en luz los males morales de la península. La degeneración que se creía ver en el Nuevo Mundo estaba en España. Los españoles tachaban de falsos a los americanos, pero éstos los veían iguales o peores que ellos. Evidentemente, la codicia y el afán de lucro domi-nantes. Si durante mucho tiempo en la escena había aparecido, para ser objeto de burlas y engaños, el indiano, casi a modo de válvula de escape de las frustraciones del pueblo que llenaba los corrales, ahora Tirso daba el giro al enfoque de las partes y el indiano se convertía en la víctima de un español sin escrúpulos: era justo que le pareciera que la auténtica corrupción estaba en la península y no en Méjico, como corría fama. De todas formas, el alcance de las críticas se limitaba a la dimensión moralista, porque las acciones de unos y otros, aquí o allende el mar, estaban impulsadas exclusivamente por el afán de lucro. Pero aunque Tirso de Molina no planteara en el fondo análisis distintos de los tradicionales, es uno de los pocos autores que han reconocido que las fatigas ocasionadas y sufridas en América no recaían sólo sobre los indios y que sus causas podían referirse también a sus compatriotas. Es lo que ocurría en Amazonas en las Indias, en la segunda jornada (páginas 16-20), en ocasión de una magnífica tirada de Carvajal al narrar las aventuras y desventuras de su grupo de españoles. La fuerza de la descripción, los detalles, la sinceridad del acento del relator, la plasticidad de los paisajes, hacen sentir la verdad y la dureza de esas terribles experiencias hábilmente introducidas para que el espectador simpatizara con los sufrimientos del conquistador y estuviera dispuesto a compartir su punto de vista. Carvajal venía a decir que sus miserias habían sido causadas por el gusto degenerado de quienes, en la patria, buscaban la canela y otras especias sin pensar en los trabajos que costaba conseguirlas. En el fondo del discurso está la amargura del descubridor que se siente víctima del sistema social basado en el lujo y en el consumo de productos exóticos de prestigio, y se lamenta de la insensibilidad de quienes se aprovechaban de sus trabajos. Pero esta postura, profundamente humana, y que podría haber dado lugar a una amarga reflexión sobre el orden político-social, es excepcional en la literatura y el mismo Tirso sólo la refleja de pasada. Nos hallamos ante una remoción voluntaria de un punto de vista que podría haber cuestionado las bases de la sociedad, y por eso los escritores -sobre todo los moralistasprefirieron ignorarlo. Volviendo a White Navarro, esa autora no considera una importante diferencia, a saber que para los moralistas América era negativa porque corrompía con sus dones las sanas y santas tradicionales costumbres de los españoles, mientras que para los escritores políticos la maldad radical se encontraba en los conquistadores que habrían contaminado para siempre un mundo en su origen bueno e ingenuo. En conclusión, la valoración negativa del impacto de las riquezas americanas y de sus consecuencias sobre la economía y la sociedad españolas serían el tema recurrente en el pensamiento político del siglo XVII, cuando para muchos, por no decir casi todos los arbitristas, la despoblación y la consiguiente miseria peninsulares eran el efecto de la emigración a las Indias, y las crisis monetarias y la inflación se debían exclusivamente a la llegada de los metales preciosos del Nuevo Mundo. Pero en la literatura de ficción la crítica tenía un carácter moralista porque para los autores los horizontes abiertos por los nuevos descubrimientos no tocaban la economía política sino las tradiciones. La decadencia nacional era antes que otra cosa una decadencia de las costumbres, provocada por la facilidad de enriquecerse, la escalada social, la ostentación del lujo, el abandono de las actividades tradicionales. De Pedro ya hizo notar estos aspectos desde el tono neutro, casi de crónica, de Navagero, hasta la posición, mucho más definida, de Saavedra Fajardo. Entre ambos, más de un siglo en el que sonaron sobre todo dos poderosas voces: las de Guevara y Carvajal y Hurtado. El primero es un moralista; sobre todo en su Relox de Príncipes pensaba dar lecciones de moral política. Redondo ha puesto en luz el mecanismo guevariano de derivación de la Edad de Oro, tan cara al escritor, de los datos bíblicos y de la tradición pagana. Esos dos veneros se juntan para formar el mito del tiempo en que los hombres conservaban aún su virtud natural y vivían en paz y armonía; el moralismo conservador de Guevara lo llevaría a imputar la pérdida de ese estado de dicha al desarrollo del espíritu humano y del saber, al nacimiento de la propiedad, de la dominación y de la tiranía. Con esos fundamentos, no deberá extrañar si en Guevara, como en otros moralistas del Renacimiento, la utopía era sobre todo una fuga en el tiempo y en el espacio, para intentar restablecer un ideal político y social que se estaba viniendo abajo. Para Guevara, "la novedad y el progreso conllevan, por tanto, un aspecto negativo". La reflexión sobre el estado insatisfactorio de la actualidad en relación con el tiempo pasado, indicaba que la culpa no era de éste, sino de "la introducción de cosas ajenas a una evolución normal de la sociedad histórica". 29 La novedad tan temida por Guevara era un trastorno total en la mentalidad del hombre de su época. Del mundo cerrado tradicional se había pasado a un universo abierto rico en novedades; no hay de que asom-brarse si las consecuencias eran el hundimiento de las viejas normas morales. Así se entiende el desasosiego de un humanista, que intentaba imponer los ideales erasmistas en un ámbito ya de por sí problemático como podía serlo el de Europa en la primera mitad del siglo XVI, y que debía hacer cuentas con una realidad absolutamente nueva y además imprevista de todo punto. No cabe asombrarse entonces si la vía seguida para intentar comprender lo nuevo consistió en reducir los problemas a los contenidos y a las formas del mundo clásico. Eso es lo que ocurrió en el episodio del Villano del Danubio y en la literatura que de ese texto tomaba inspiración. Anuario de Estudios Americanos
El artículo está fundamentado en diversas quejas y peticiones formuladas por curacas al monarca en el curso de la segunda mitad del siglo XVII, y específicamente en las décadas de 1650 y de 1660. Un punto importante que se aborda es el de la política educativa de las autoridades virreinales con respecto a los "hijos de caciques", a partir de una serie de quejas en torno al funcionamiento del limeño Colegio del Príncipe, dirigido por la Compañía de Jesús. ¿Qué pretendió la Corona al insistir en la fundación de colegios para hijos de caciques? ¿Dichos planteles cumplieron las metas que se les trazó? Si bien estas dos preguntas -y sobre todo la primera-han sido contestadas por algunos autores, los testimonios que presentamos pueden plantearnos también otros interrogantes, como el referido a la sinceridad de la conversión al cristianismo de los curacas cuyas palabras recogemos. Además, el artículo ofrece algunos testimonios que pueden ayudar a conocer mejor las diversas facetas que tuvo en el Perú colonial -y en especial en el siglo XVII-la figura del curaca. Los curacas y su autoridad en el Perú colonial La figura del curaca sufrió en el Perú colonial grandes transformaciones: son muy notables las diferencias -tal como han señalado diversos autores-que pueden advertirse entre el curaca prehispánico y el colonial. Este último gozaba, en principio, de una "doble autoridad": si mantenía su prestigio entre la población indígena era porque ésta le reconocía una autoridad "andina", que era distinta a la que le otorgaba el sistema administrativo colonial, el cual vio en los curacas a los mejores "mediadores" entre españoles e indígenas. Además, la calidad de curaca no era hereditaria en los tiempos prehispánicos, de modo que éstos no eran estrictamente "señores", si por tales entendemos a quienes recibían esa denominación en la Europa feudal. 2 1 Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en el IV Congreso Internacional de Etnohistoria, celebrado en Lima entre el 23 y el 27 de junio de 1996. 2 Pease G.Y., Franklin: Curacas, reciprocidad y riqueza. Un buen ejemplo -entre muchos que se podrían citar-del convencimiento que tenían los españoles en torno a que los curacas podían ser los mejores mediadores entre ellos y la población andina lo tenemos en unas frases de Solórzano Pereira, en las que se refería al modo en que se podría lograr que los indígenas hablaran castellano: decía que ese propósito se conseguiría "sólo con que fuesen compelidos a esto sus Caciques o Curacas; porque de ellos penden los demás" (el subrayado es nuestro). Solórzano Pereira, Juan de: Política indiana. De acuerdo con el sistema establecido por los españoles, en cambio, los curacas fueron instaurados como funcionarios hereditarios y se les dotó de diversos privilegios. Así, por ejemplo, se les exoneró del pago del tributo y -a diferencia de los "indios tributarios"-tenían toda la capacidad para efectuar transacciones económicas en la sociedad hispano-peruana sin previo permiso de las autoridades. En el fondo, el ordenamiento colonial otorgó a los curacas y a sus descendientes una posición análoga a la de los hidalgos en la España peninsular. En retribución de ese status preeminente, el curaca quedaba obligado -entre otras cosas-a responsabilizarse de la cobranza del tributo indígena. 3 Igualmente, desde los inicios de la colonización se vio como prioritaria la labor de adoctrinamiento de los curacas en la fe cristiana, considerándose que de ese modo se produciría más eficazmente la propagación del Evangelio al conjunto de la población indígena, en virtud del prestigio étnico del que aquéllos gozaban. Así, los curacas tenían reservados asientos especiales en los templos, con el fin de dotar de la mayor notoriedad a su práctica cristiana. Igualmente -como afirma Scarlett O'Phelan-"estudios y ordenación fueron privilegios con los cuales se favoreció selectivamente a los hijos de los caciques pertenecientes a los principales linajes". 4 Precisamente la posibilidad de la ordenación sacerdotal fue, en principio, uno de los propósitos que movió a la fundación de los colegios de hijos de caciques. 5 Si bien en el propio siglo XVI no dejaron de oírse voces entre los españoles, que se manifestaban en desacuerdo con los privilegios otorgados a los curacas y que sostenían que no debía hacerse ninguna diferencia entre ellos y la población indígena en general, 6 las sucesivas normas legales reafirmaron el status preeminente que desde los inicios de la coloniza-3 Spalding, Karen: De indio a campesino. Cambios en la estructura social del Perú colonial. 4 O'Phelan Godoy, Scarlett: La gran rebelión en los Andes. De Túpac Amaru a Túpac Catari. Sin embargo, andando el tiempo algunos de los privilegios dados a los curacas fueron recortados, creándose una situación de ambigüedad al respecto, que pudo estar -tal como afirma la propia Scarlett O'Phelan-en el origen de algunas de las conspiraciones o rebeliones en las que se vieron envueltos ciertos curacas, muy en particular en el siglo XVIII. 5 Guibovich Pérez, Pedro: "La educación en el Perú colonial: fuentes e historiografía". 6 Por ejemplo, Juan de Matienzo manifestó muy negativas opiniones con respecto a los curacas, considerando que abusaban de la población indígena con "crueldad y fiereza". Estas expresiones fueron posteriormente citadas por Solórzano Pereira, quien también recogió similar sentir en un prelado del Paraguay, para quien no tenían sentido alguno los privilegios de los curacas, ya que -en su opinión-todos los indígenas estaban creados para "obedecer y servir" por igual. JOSÉ DE LA PUENTE BRUNKE ción se les había dado. Así, por ejemplo, el virrey marqués de Montesclaros reconocía en su memoria de gobierno que los curacas eran señores de inferior condición que los incas, pero "superiores a otros particulares". La política educativa con respecto a los hijos de curacas: el caso del Colegio del Príncipe La creación del Colegio y su propósito: De acuerdo con el papel que la administración colonial otorgó a los curacas, y a la "nobleza indígena" en su conjunto, se vio como necesario, desde los primeros tiempos de la colonización, dotar a aquéllos de una "instrucción especializada". Así, ya en 1573 Felipe II ordenó al virrey Toledo que creara en el Perú colegios para "nobles indios". 8 Dicha disposición no se vio cumplida y varias décadas después, en 1616, Felipe III reiteraba esa orden al virrey príncipe de Esquilache. 9 Incluso los propios caci-7 Fuentes, M.A.: Memorias de los virreyes que han gobernado el Perú durante el tiempo del coloniaje español (Nota preliminar de...). 8 Tal como afirma Díaz Rementería, el ordenamiento español "consideró al cacique no como un indio común o del estado llano sino como partícipe del status nobiliario de la hidalguía". Díaz Rementería, Carlos J.: El cacique en el virreinato peruano. 9 Macera, Pablo: "Noticias sobre la enseñanza elemental en el Perú durante el siglo XVIII", en Trabajos de Historia. Debe precisarse que el virrey Toledo estuvo de acuerdo con la fundación de colegios para hijos de caciques, al punto de que, por provisión de 21 de febrero de 1578, dispuso que se erigieran dos de esos planteles: uno en Lima, para quienes residían en la costa, y el otro en el Cuzco, para los de la sierra. Dicha disposición toledana no se hizo realidad -según supone Armas Medina-debido a que las rentas previstas por el virrey en favor de esas fundaciones fueron finalmente adjudicadas a otro colegio de parecidas características, creado en el seno de la Universidad limeña. Sin embargo, ese "colegio universitario" nunca estuvo dedicado, en la práctica, a la educación de hijos de caciques. En realidad, lo que ocurrió fue que el virrey Toledo encargó, sin éxito, la fundación del Colegio de Lima a la Universidad de San Marcos. Cárdenas Ayaipoma, Mario: "El Colegio de Caciques y el sometimiento ideológico de los residuos de la nobleza aborigen". Revista del Archivo General de la Nación, 4/5, Lima, 1977, pág. 6; Eguiguren, Luis Antonio: Alma Mater. Por otro lado, se ha señalado que los dos colegios previstos por Toledo vieron demorada su creación debido a ciertos desacuerdos surgidos entre dicho virrey y el arzobispo de Lima. O'Phelan: La gran rebelión..., pág. 53. Sobre las rentas asignadas por Toledo para los dos colegios, sabemos que dispuso que fueran tomadas de las producidas por el repartimiento de Livitaca, del que había sido encomendero Sebastián de Villafuerte y luego Jerónimo Rodríguez de Villafuerte. Según lo señalado por el virrey, de ese repartimiento se debía destinar 1,800 pesos anuales en beneficio de "dos casas y colegios para hijos de caciques, en Lima y en el Cuzco". Puente Brunke, José de la: Encomienda y encomenderos en el Perú. Estudio social y político de una institución colonial. Tomo LV, 2, 1998 ques del Cuzco habían solicitado al monarca, en 1601, la creación de un "colegio de los Ingas y curacas", con el objeto de que sus hijos fuesen instruidos en la fe católica, y manifestando su deseo de que luego pudieran transmitirla a toda la población andina. 10 Si bien la creación de tales colegios fue tardía en el Perú -y se produjo por reiteradas órdenes de la Corona, a diferencia de lo ocurrido en México-debe señalarse que a lo largo del siglo XVI dos instituciones religiosas destacaron por su especial interés en educar a la élite indígena, así como por su mayor disposición para incluirla en sus filas: nos referimos a los franciscanos y a los jesuitas. 11 Fue en esa misma centuria cuando dos padres jesuitas redactaron las "reglas y avisos" de los colegios para hijos de caciques que habrían de fundarse 12. Fue durante el gobierno del virrey Príncipe de Esquilache cuando se creó en Lima el Colegio del Príncipe, en el barrio del Cercado, al igual que el Colegio de San Borja en el Cuzco: ambos fundados para educar a los hijos de caciques, con el propósito -según sus primeras constituciones-de brindarles una instrucción completa, que les permitiera acceder luego a los colegios mayores y tener también, eventualmente, la posibilidad -como ya hemos indicado-de alcanzar la ordenación sacerdotal. 13 Según lo señalado por Xavier Albó, las actividades en este tipo de colegios estuvieron centradas en brindar a los alumnos una "sólida formación religiosa y moral", teniendo en cuenta que se buscaba que fueran los futuros catequistas; igualmente, en esos planteles se debía procurar que los alumnos conservaran las diversas costumbres propias de sus tierras, tanto en lo referido a su vestimenta cuanto, incluso, en lo tocante a la dieta alimenticia, 14 todo lo cual les facilitaría la labor de transmisión de la fe cristiana a la población indígena. El Colegio del Príncipe fue fundado en 1618, y de ello dejó puntual constancia el virrey en su memoria de gobierno: "(...) y así habiendo cumplido con lo que Su Majestad me manda y servídose de aprobar lo hecho, dejo fundados en Santiago del Cercado de esta ciudad, un Seminario para hijos de Caciques de este Arzobispado, a cargo de los Padres de la Compañía de Jesús (...)". Según afirma Xavier Albó, los franciscanos "fueron los primeros en recoger hijos de caciques en La Española y poco después en México, donde desde 1536 adquirió gran prestigio el colegio de Tlatelolco". Albó, Xavier: "Jesuitas y culturas indígenas. Su actitud, métodos y criterios de aculturación". Desde su fundación, estuvo a cargo de la Compañía de Jesús. Ya los jesuitas, desde los años de gobierno del virrey Toledo, eran los encargados de la doctrina del Cercado, y fue precisamente en ese barrio donde se fundó el "Colegio de hijos de caciques", con el propósito de que -en palabras del también jesuita Anello Oliva-"(...) criándose con la doctrina y buena enseñanza de la Compañía puedan después darlas a sus vasallos, y por el consiguiente ser instrumentos eficaces para desarraigar la idolatría". 16 El virrey Príncipe de Esquilache no ocultaba su favorable opinión con respecto a la labor de la Compañía de Jesús: "(...) la Compañía de Jesús es de suma utilidad para todos los ministerios de la Religión, así para la extirpación de las Idolatrías, como para la enseñanza de los Indios (...)". 17 En efecto, una de las razones inmediatas que llevó a la fundación del Colegio del Príncipe fue el interés de las autoridades por lograr la definitiva extirpación de las idolatrías. Tal como afirma el P. Vargas Ugarte, embargo, debían ser mantenidos por sus padres. Se dispuso que su atuendo estuviese compuesto por "calzón y camiseta verde, de lana o algodón, media, zapatos y sombrero negro y sobre el busto llevarían cruzada la banda con las armas reales de plata, del hombro derecho al izquierdo". 19 Además de instruirlos en la doctrina cristiana, el propósito del Colegio era -como resume el P. Vargas Ugarte-el de enseñar a los alumnos a leer, escribir y contar, al igual que el de adiestrarlos en la música, en el canto, en urbanidad y en "buenos modales". 20 En definitiva, el Colegio buscaba conseguir de sus alumnos tanto la fidelidad a la doctrina católica como la lealtad política a las autoridades coloniales: se trataba, por tanto, de integrar a la "nobleza indígena" en el régimen colonial. 21 Sin embargo, el Colegio del Príncipe tuvo, por lo general, un número corto de alumnos. La mayoría de curacas educaba a sus hijos a través de la contratación de profesores particulares. Al parecer, esto se debió fundamentalmente a razones de orden económico, ya que la manutención de cada alumno en el Colegio superaba la asignación establecida oficialmente. Quejas de curacas sobre su funcionamiento El siglo XVII fue testigo de numerosas quejas de curacas peruanos, en las que reclamaban a las autoridades españolas, y al propio monarca, el cumplimiento efectivo de las preeminencias que por su status les corres-19 Ibídem, pág. 223. 20 Vargas Ugarte S.J., Rubén: Historia de la Iglesia en el Perú. 21 Fue grande el interés de las autoridades por el aprendizaje de la lengua castellana por parte de los curacas y de sus hijos. Un ejemplo de ese interés nos lo brinda una resolución del virrey duque de la Palata -fechada el 5 de diciembre de 1683-, mediante la cual ordenaba a los corregidores de indios que fueran muy diligentes en impedir que "ninguno pueda ser cacique, gobernador, segunda persona, alcalde, ni tener ocupación alguna en el pueblo, que no sepa la lengua castellana, y la haya enseñado a sus hijos". Díaz Rementería: El cacique..., pág. 127. Desde su fundación hasta el momento de la expulsión de los jesuitas, pasaron por las aulas del Colegio del Príncipe en torno a setecientos alumnos. Galdo Gutiérrez, Virgilio: Educación de los curacas. Una forma de dominación colonial. Sin embargo, como veremos, no todos ellos fueron hijos de caciques. En sus primeros años de funcionamiento, el Colegio tuvo muy pocos alumnos (por ejemplo, en 1620 fueron doce). Después aumentó ese número, llegándose a la cifra máxima de cuarenta por año. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no se trataba necesariamente de alumnos diferentes cada año, ya que lo habitual era que los alumnos se mantuvieran varios años. Luego de la expulsión de los jesuitas, el número de alumnos descendió considerablemente. Para entonces, se ha calculado que el promedio de alumnos que se educaron en el Colegio fue de seis por cada cinco años. JOSÉ DE LA PUENTE BRUNKE pondían, frente a eventuales atropellos que sufrían. Quizá una de las muestras más notorias del inconformismo de muchos curacas esté en el desarrollo de la rebelión o conspiración de los caciques de Lima en 1666. De ese suceso poco se sabe, pero no es muy aventurado suponer que respondió a una situación social de tensión que se manifestaba en diversos lugares del virreinato. 23 Sin embargo, queremos aquí aludir a una serie de quejas relativas a un punto concreto: el funcionamiento del Colegio del Príncipe. En efecto, en carta dirigida al monarca desde Lima el 3 de julio de 1657, dos curacas -Luis Macas y Felipe Carua Mango-recordaban los diversos documentos que con anterioridad habían enviado al Consejo de Indias no sólo los curacas, sino también el fiscal protector de los indígenas, refiriéndose a los muchos "agravios" que recibían los señores naturales. Pero los firmantes de la carta a la que aludimos decían que sólo se iban a referir a un agravio "tan digno de remedio": se trataba de una queja formal contra la administración del limeño Colegio del Príncipe por parte de los jesuitas. 24 En primer lugar, manifestaban que el Colegio se había establecido en el barrio del Cercado sólo por la presión que para ello ejercieron los padres de la Compañía de Jesús, ya que -según afirmaban-la idea inicial había sido la de fundarlo en otro lugar de la ciudad. Además, se quejaban de que el rector del Colegio cobrara una "considerable" renta, que provenía "de los censos de los indios y otros efectos". 25 Decían también que si a los jesuitas se les permitió establecer el Colegio de Caciques en el Cercado fue "con cargo de que los tratase bien y que entre estos caciques no entreverase españoles, y que enseñase a leer y escribir, música y gramática y otras ciencias, que a eso se obligaron los dichos Padres". 26 23 Por ejemplo, como afirma Glave, los famosos "sucesos de Laicacota", en la década de 1660, significaron algo más que una mera disputa entre grupos de españoles de diversas regiones: "las evidencias, más detenidamente analizadas, muestran ahora que se trató de una seria disputa por los recursos locales en donde todos los grupos estuvieron involucrados y donde el propio poder central fue puesto en cuestión". Caminos indígenas en la sociedad colonial. Sobre la aludida rebelión de los caciques de Lima, véase también: Basadre, Jorge: El conde de Lemos y su tiempo (Bosquejo de una evocación y una interpretación del Perú a fines del siglo XVII). 24 Archivo General de Indias, Sevilla (en adelante, AGI), Lima, 169. 25 Coincidentemente, algunas décadas antes se habían alzado voces de protesta, en el Cuzco, contra el hecho de que "los censos de los indios" sirvieran para mantener el Colegio de caciques de San Borja. En este caso, fue el cabildo eclesiástico el que manifestó esa queja, considerando injusto que los pocos indígenas que estudiaban en dicho Colegio se sustentaran "con los censos del común de todos". Vargas Ugarte S.J., Rubén: Biblioteca Peruana. Manuscritos peruanos del Archivo de Indias. Es presumible, sin embargo, que esa queja contra el Colegio de San Borja -dirigida al monarca en 1622-respondiera también a otras motivaciones (Vargas Ugarte: Historia de la Compañía de Jesús..., pág. 225). 26 En la transcripción de los textos, hemos modernizado tanto la ortografía como la puntuación. Pero la principal queja de los firmantes del documento iba dirigida al hecho de que se hubiese admitido también en el Colegio a alumnos españoles. Los curacas reconocían que en los primeros años de funcionamiento los jesuitas habían cumplido con lo establecido. Sin embargo, señalaban que posteriormente el Colegio se había convertido en un establecimiento para la educación de españoles, relegándose a un segundo plano a los hijos de caciques: directivos del Colegio pensaran que fuera beneficioso para los hijos de caciques el trato con españoles. 28 En cualquier caso, no encontramos argumentos para sostener la idea de que quienes dirigían el Colegio del Príncipe hubieran carecido de interés por instruir adecuadamente a los hijos de curacas. Es más: cuando en la década de 1630 circuló entre las autoridades españolas la idea de que los colegios de caciques eran "dañosos", los padres de la Compañía de Jesús se dirigieron al virrey conde de Chinchón, señalándole la conveniencia de mantener dichos colegios, con el fin de terminar con las "idolatrías" y de lograr que los curacas gobernaran sus pueblos "con cristiandad y policía". 29 Volviendo a las quejas de 1657, el reclamo central de los curacas era el de que no hubiera más alumnos que los hijos de caciques y que, por tanto, no se tolerara la presencia de alumnos españoles: nal que nos podría explicar el hecho -ya mencionado líneas más arribade que fueran pocos los hijos de caciques que se educaron en el Colegio del Príncipe. En este sentido -y aunque se trata de una queja bastante posterior-es pertinente referir los reclamos que en nombre de los "indios nobles" se expresaron hacia 1750, y en los que se señalaba -entre otras cosas-cómo los hijos de caciques no habían sido atendidos en su educación prácticamente durante toda la época colonial.30 En pos del "verdadero conocimiento" y de la "corona de la sabiduría" En la aludida carta de 1657, los dos curacas firmantes manifestaban expresamente el deseo de que sus descendientes se formaran en el conocimiento de la doctrina cristiana a través de un amplio programa educativo. Obviamente, es difícil preguntarse, a través de testimonios tan particulares, sobre la sinceridad de tales afirmaciones. En todo caso, es menos discutible suponer -como ya hemos hecho antes-que los curacas aspiraban al "verdadero conocimiento" al menos como un medio para mantener esa "doble autoridad" sobre los indígenas. En ese documento consideraban, por tanto, que ese "verdadero conocimiento" podría ser alcanzado en el Colegio del Príncipe si los jesuitas prohibían el ingreso de alumnos españoles. En cuanto a los alumnos indígenas que no eran hijos de caciques, la carta de 1657 adopta, en cambio, una postura diferente: considera que no está mal que el Colegio abra sus puertas "a cualquiera muchacho indio que tenga sujeto capacidad para el estudio, que irá adelante en el conocimiento de la fe". Así pues, los autores de la carta aceptan la presencia de cualquier indígena en el Colegio del Príncipe, mas no la de españoles. Además, como vemos, comparten la preocupación de la administración española por el logro de la propagación del cristianismo entre los indígenas. Fue muy frecuente el que los curacas insistieran en la sinceridad de su adhesión a la fe cristiana. A este respecto, es oportuno recoger otro testimonio de curacas dirigido al monarca -fechado en 1669, es decir, doce años después que el anterior-en el que negaban rotundamente que fueran "idólatras": "que no lo somos, Señor, sino verdaderos católicos, que a pie juntillas confesamos y creemos la fe de Jesucristo Señor Nuestro, y moriremos por ella si se ofreciere ocasión". 31 En definitiva, los testimonios mencionados trasuntan un tono de queja, tanto frente al trato que recibían los hijos de caciques, como en cuanto a las eventuales dudas que entre las autoridades coloniales surgían sobre la sinceridad de la conversión de los curacas al cristianismo y de su adhesión al "status" colonial. 32 En este sentido, es oportuno recordar que en el siglo XVIII aumentaron este tipo de reclamaciones de curacas, ya que en el curso de esa centuria se restablecieron diversas restricciones para el acceso de los mestizos -incluidos los "mestizos reales", descendientes de los matrimonios mixtos de la élite indígena-a los cargos militares, a los puestos universitarios y al estamento eclesiástico. Así, los curacas del siglo XVIII consideraron que se les estaba impidiendo alcanzar "la corona de la sabiduría", por lo que se sentían "desplazados" en su propia tierra. 33 En cuanto al Colegio del Príncipe, la expulsión de los jesuitas significó que su local se convirtiera en "hospital para pobres", y que un inmueble que albergaba una clínica para negros fuese habilitado como colegio para hijos de curacas. Los firmantes fueron: Rodrigo Rupaychahua, "cacique principal en el repartimiento de Guamantanga", su hijo Juan de Guzmán Rupaychahua, Pedro Ventura, Francisco Flores y Juan Alberto Chuquiyauri, "cacique principal" en el corregimiento de los Huamalíes. 32 En cuanto a la adhesión de la población andina al cristianismo es pertinente citar a Manuel Marzal, sobre todo porque sus afirmaciones están referidas al mismo ámbito cronológico en el que se redactaron los escritos que aquí comentamos: en efecto, dicho autor considera demostrada -en líneas generales-la transformación religiosa de la población indígena peruana hacia la segunda mitad del siglo XVII, con lo cual no podría decirse que el cristianismo de quienes integraban dicha población fuese "una simple máscara". Marzal, Manuel M.: La transformación religiosa peruana. No olvidemos que no fue infrecuente la existencia de curacas mestizos, a pesar de que desde 1576 la Corona -al menos en teoría-decidió "no reconocer a los mestizos como titulares de la dignidad cacical". Díaz Rementería: El cacique..., pág. 132. Los curacas y sus "increíbles molestias y trabajos" Ya hemos señalado cómo en el siglo XVII no fueron pocas las quejas provenientes de miembros de la élite indígena. En ese sentido, es ilustrativo glosar la antes aludida carta del 1 de septiembre de 1669, 35 en la que los curacas firmantes no sólo afirmaban su adhesión al cristianismo, sino que además formulaban graves denuncias en contra de diversas autoridades. En efecto, aludían a "increíbles molestias y trabajos" que padecían, originados por "la insaciable codicia de los gobernadores y corregidores, que lo eran más para buscar intereses y propias conveniencias, tratándonos peores que a esclavos, de que se seguía con grandísimo menoscabo la disminución de los indios, y despoblación de nuestros lugares, porque sus habitadores, huyendo de la esclavitud y malos tratamientos, se han retirado en gran número a vivir como fieras en las cavernas y montes más incultos, teniéndolo por mejor suerte que el vivir entre cristianos". Solicitaban al monarca que pusiera remedio a dicha situación. Consideraban que una razón de dichos abusos estaba en la práctica de la venta de oficios: así, los corregidores se dedicaban a recuperar el dinero gastado en la compra del oficio, y además buscaban enriquecerse, aunque fuera -decían los curacas-a costa de "nuestra sangre". En ese sentido, denunciaban los perniciosos efectos del reparto de mercancías, 36 práctica que era la causa -según afirmaban-de la frecuente embriaguez de los indios. Esa denuncia es muy ilustrativa: "Impútannos, Señor, que somos dados a la embriaguez. Cómo no lo han de ser los indios, si la principal mira de un corregidor era meter en sus pueblos gran cantidad de botijas de vino, que porque les costase más barato, compraban siempre el peor, y éste se repartía entre los pobres indios; y aunque hubiese costado a tres o cuatro pesos cuando más, se les había de dar en plata, vendida la botija, a diez pesos cuando menos. Si este vino por fuerza se repartía entre los indios, por fuerza también los habían de hacer borrachos, que no lo habían de derramar, sino consumir". 36 Un problema adicional que, en ocasiones, trajo el reparto de mercancías, fue que llevó a la aparición de curacas "intrusos", nombrados por los corregidores de modo arbitrario por encima de los caciques "de linaje". Ocurría probablemente en los casos en los que los curacas legítimos no facilitaban a los corregidores el desarrollo del reparto de mercancías. Así, muchos curacas "de sangre" no tuvieron otro camino que el del proceso judicial para defender su condición de tales frente a los aludidos "intrusos". Estos problemas son explicados por Scarlett O'Phelan con respecto al siglo XVIII, pero pudieron quizá empezar a darse en las últimas décadas del siglo anterior. O'Phelan: La gran rebelión..., pág. 29. JOSÉ DE LA PUENTE BRUNKE Sin embargo, la misma carta reconocía que con la llegada del conde de Lemos al gobierno virreinal, la situación había mejorado. Así, por ejemplo, los curacas se vieron muy aliviados con lo dispuesto por dicho gobernante en el sentido de que en adelante el "entero" de la mita debía ser responsabilidad exclusiva de los corregidores. 37 Hasta entonces, los curacas habían sido los únicos responsables de convocar al número requerido de indígenas para acudir a la mita; 38 si no lograban reunir el número establecido de mitayos, el corregidor los presionaba de diversos modos para suplir a los "faltantes". El conde de Lemos trasladó a los corregidores la responsabilidad frente al aludido "entero" de la mita; luego de reunidos los mitayos, dichos funcionarios los entregaban a los capitanes de mita, quienes debían conducirlos a Potosí. El virrey puso mucho interés en velar porque esa reforma fuese efectivamente puesta en práctica. Así, en una carta dirigida en 1670 al corregidor de Potosí, le reiteraba que "(...) no pueden ser apremiados los indios capitanes generales, caciques y curacas a enterar los indios que no les entreguen los corregidores (...)". 39 En la carta de 1669 los curacas no regateaban elogios a la labor gubernativa del conde de Lemos, de quien decían que estaba "cortado a la medida del corazón de su Dueño": no se guiaba por intereses personales, y "depende de nuestro sudor, y los vasallos se desentrañan por su rey, cuando ven que sus ministros los tratan con amor, y los defienden y amparan". A modo de conclusión ¿Dependía el "aumento del reino" del sudor de los curacas? Desde los inicios de la colonización, los españoles vieron en ellos a los ideales "mediadores" entre la administración española y la población indígena. También sabemos que muchas veces los propios señores naturales supieron aprovechar hábilmente su "doble autoridad" para obtener importantes beneficios. Sin embargo, los ejemplos reseñados en este trabajo representan casos cuyo conocimiento puede brindar algunas referencias útiles en la tarea de continuar investigando -a través, precisamente, del estudio de mayor número de casos-las diversas facetas que mostró en el Perú colonial la figura del curaca. Como afirma Franklin Pease, se deben reconsiderar las actividades de los curacas teniendo en cuenta diversos factores, tales como su participación en la economía y en la organización tradicional andina, su presencia y actividad en el mercado colonial, su rol como defensores de los intereses de sus etnias, su relevancia como promotores de sublevaciones; o su papel como gestores de peticiones diversas ante las autoridades, algunas de las cuales han sido referidas en este trabajo. Y esa "reconsideración" -al decir del propio Pease-debe realizarse teniendo siempre en cuenta la actividad étnica de los curacas, y no solamente las actividades que realizaron en el ámbito de la administración española. 41 Por eso mismo, de los casos presentados en estas páginas no se pueden extraer conclusiones generales, sino quizá algunas preguntas más en relación con los curacas coloniales. Preguntas que podrían relacionarse, por ejemplo, con la ya aludida rebelión de 1666, o con el testimonio -recogido por Luis Miguel Glave-que en 1639 señalaba que los curacas estaban bastante "hispanizados", y que de ellos "los más son ricos". 42 En realidad, no sería aventurado afirmar que en el curso del siglo XVII siguió siendo muy notable el poder de los curacas. Ya en el siglo XVIII -y particularmente en su segunda mitad, de acuerdo con lo afirmado por Scarlett O'Phelan-se produjo el adulteramiento y la crisis del sistema cacical, 43 entendido como esa "medular, ambigua y, a veces trágica, posición de bisagra entre dos mundos". 44 Quizá una prueba de esa crisis esté en lo afirmado por un viajero que llegó a Lima precisamente a fines del siglo XVIII, y relató -en testimonio recogido por Juan Carlos Estenssoro-lo siguiente: "No se conocen ahora más que dos caciques, que son el de Miraflores y el de Surco, tan miserables, que están reducidos a vivir del ejercicio de enseñar en Lima a tocar instrumentos". 45 Estenssoro, Juan Carlos: Música y sociedad coloniales. ¿Habrían sido, quizá, en sus años mozos alumnos del Colegio del Príncipe? No olvidemos que entre las materias que en el Colegio se debían impartir se incluía el adiestramiento musical. En cualquier caso, y como es sabido, en los últimos tiempos del periodo colonial las autoridades procuraron despojar a los curacas o a sus descendientes de cualquier tipo de autoridad sobre la población indígena, profundizando con ellos el proceso de "castellanización". En ese sentido, es interesante mencionar una real cédula de 15 de enero de 1792, que disponía que se fundara en Granada, en España, "un colegio de nobles americanos en el que junto a los hijos y descendientes de españoles nacidos en las Indias y los de ministros togados, intendentes y oficiales militares, nacidos en América, figurarían los hijos de caciques e indios nobles así como los mestizos nobles, con el fin de proporcionarles la educación civil y literaria que los hiciera útiles para el servicio de la Iglesia, la magistratura, la milicia y los empleos políticos".
y Mañana " (1990-92), cuyo objetivo fue construir una base de datos con la bibliografía y las fuentes, fundamentalmente estadísticas, existentes para el estudio del tema. A continuación presentamos los resultados para el caso venezolano, manteniendo como hipótesis que el desarrollo ferroviario en ese país estuvo más determinado que en el resto de América Latina por las necesidades de la construcción del Estado y de integración de la economía nacional en el mercado mundial como productora primario-exportadora. Tal fue la dependencia que aquél tuvo de estos elementos, que tras la finalización del ciclo alcista primario-exportador en las décadas de 1920-30, la explotación ferroviaria sufrió una crisis cuya solución fue el cierre de las líneas. A pesar de la importancia que la historiografía confiere al ferrocarril en el crecimiento económico, el estudio de este medio de transporte en América Latina ha sido poco investigado. Para paliar dicha carencia, La Fundación de los Ferrocarriles Españoles (FFE) financió entre 1990-92 el proyecto "Los Ferrocarriles Latinoamericanos Ayer, Hoy y Mañana". El objetivo fue elaborar un estado de la cuestión sobre el tema para cada uno de los países de la región, completándolo con la información de algunas fuentes inexplotadas, sobre todo estadísticas. 1 Con ese material se construyó una base de datos que pudiera servir a futuras inves-1 Para Venezuela contamos con seis publicaciones periódicas (Railway Directory and Yearbook, Nueva York; Jane ́s World Railways [JWR], Nueva York; Boletín del Congreso Panamericano de Ferrocarriles [BCPF]; ALAF: Anuario Estadístico Ferroviario Latinoamericano, Nueva York; OEA: América en cifras, Nueva York y CEPAL: Anuario Estadístico, Nueva York) y cinco informes (CEPAL: El transporte en América Latina, Nueva York, 1975; W.R. Long: Railways of South America, Washington, 1925; P.E. Bloom: "Railways of Latin America. En las siguientes páginas se presentan los resultados para el caso venezolano. 2 El proyecto de la FFE estudió únicamente las líneas de servicio público universal. 3 La conclusión del trabajo fue que el desarrollo ferroviario latinoamericano estuvo ligado a la construcción de los estados y a la integración de las economías en el mercado mundial como productoras de materias primas en la segunda mitad del siglo XIX. La relación sectorexterno ferrocarril fue tan estrecha que la finalización del ciclo alcista primario-exportador en el período de entreguerras, provocó una crisis que este último no pudo superar. Por lo general, la apertura de nuevas líneas se detuvo en la década de 1920, 4 cuando sólo un pequeño número de países había logrado formar una red amplia y relativamente integrada, gracias al tamaño y diversificación de sus economías y a su extensión geográfica. 5 A la crisis del sector externo se unió también en los años veinte la competencia de nuevos medios de transporte, sobre todo de la carretera, provocando en las tres décadas siguientes dos procesos paralelos de nacionalización y cierre de los ferrocarriles. Probablemente, el ferrocarril venezolano fue el más determinado por la construcción del Estado Nacional y las necesidades de la producción exportable. Se caracterizó por su escasa extensión, la más reducida de América Latina en relación con los kilómetros cuadrados de superficie, 6 repartida entre un número relativamente grande de líneas desconectadas entre sí; por la ubicación de dichas líneas en sólo dos de las cuatro regiones geográficas del territorio; por la concentración del período de construcción en la década de 1880, 7 y por la superposición de dos rápidos procesos de nacionalización y cierre de las empresas en las décadas de 1940-60. El cuadro 1 ilustra lo que decimos. Cotejando absoluta y relativamente esa cifra con la media latinoamericana y con la de Colombia, país fronterizo y de extensión similar a la de Venezuela, la escasa implantación del ferrocarril en este último no deja lugar a dudas. La comparación no variaría sustancialmente si eligiésemos otros cortes temporales. La explicación de esos hechos requiere una introducción geográfica e histórica. El marco geográfico e histórico del ferrocarril venezolano El medio físico, humano y económico permiten distinguir dos grandes unidades geográficas en Venezuela. Población, ciudades, industria y agricultura comercial se concentran en la región costa-montaña (litoral y área 6 En el momento de máxima extensión sólo alcanzó 1,05 kms./1.000 kms 2 En República Dominicana, el segundo país latinoamericano donde este cociente fue más bajo, llegó a 5,2, Santamaría: "Los ferrocarriles dominicanos"..., cuadro 5. El ferrocarril nació para servir las necesidades de transporte de dicha unidad. El resto del país está ocupado por la cuenca del Orinoco. Su despoblación y las dificultades que los rápidos presentan para la navegación en el curso alto del río impidieron la formación de una red de transportes fluvial-marítimo-ferroviaria que permitiese integrar el territorio. La economía venezolana fue predominantemente agraria hasta la década de 1930. La independencia supuso el fin del denominado ciclo del cacao al faltar el mercado comprador (España) y el inicio del ciclo cafetalero. La falta de mano de obra debido a la despoblación del país y la competencia de la producción colombiana y brasileña, empero, impidieron la formación de una base económica asentada en el cultivo del café que hiciese viable un proyecto político nacional. 8 La historia política reprodujo los problemas económicos. A la emancipación siguió un período de luchas entre las elites locales y entre comerciantes y hacendados cafetaleros que desembocó en la Revolución Federal, la cual terminó en 1870 con la victoria de las fuerzas agrupadas en torno a Antonio Guzmán Blanco.9 Bajo su égida, Venezuela vivió un primer momento de relativa estabilidad y crecimiento que permitió construir los ferrocarriles. No obstante, los conflictos no se resolvieron, y en 1889 la Revolución Liberal Conservadora llevó al poder a la oligarquía del área andina, cuyo predominio se fue fraguando desde mediados del siglo XIX debido al traslado de los cafetales de los valles del centro-norte a la región oriental. El gobierno de Cipriano Castro y su continuación en la dictadura de Juan Vicente Gómez, prolongada hasta 1936, significaron la definitiva formación de un estado y una economía nacional. La autoridad de Gómez se basó en un aparato clientelístico, en la creación de un ejército profesional y en la participación en el gobierno del llamado Grupo de los Doctores, que intentó modernizar el país siguiendo los preceptos del Positivismo. Esto permitió a Gómez controlar a las elites locales y eliminar a la oposición. La modernización económica y la relativa integración del territorio que no permitieron café y ferrocarril fue posible gracias al petróleo y la carretera. La transición de la economía cafetalera a la petrolera comenzó en el inicio del siglo XX y se consolidó con la crisis de 1930. El crecimiento de años posteriores estuvo acompañado por una mayor complejidad de la estructura socio-política. Muerto Gómez, en 1936, las clases medias y obreras, organizadas en el Partido de Acción Democrática (AD), empezaron a demandar cambios en el sistema de dominación oligárquica, llegando al poder en 1945. El nuevo gobierno inició un proceso de intervención en la economía para proteger el incipiente desarrollo industrial y promover un reparto más equitativo de la renta, obligando a las empresas petroleras a entregar el 50% de sus ganancias. Mientras, el aumento de la demanda interna y la protección de una industria, cuyo producto se destinaba al mercado nacional, provocaron un incremento de las importaciones, inflación y déficits crónicos de la balanza de pagos. El estrangulamiento del modelo de crecimiento y la inestabilidad política se agudizaron en las siguientes décadas, hasta entrar en crisis en los años ochenta. El proceso de liberalización económica, el control de la inflación y del gasto iniciado entonces no han dado el resultado esperado y han agravado los problemas sociales. El Estado y las empresas ferroviarias En Venezuela, como en toda América Latina, el interés del Estado por el ferrocarril comenzó con la independencia. Pretendía la construcción de una red que proporcionase salida al mar a la producción y conectase entre sí los valles de la región centro-norte. No obstante, y a pesar de los múltiples contratos y de la construcción de algunos tramos de vía, la primera línea no pudo ser inaugurada hasta 1877, debido a la inestabilidad política y económica; después de ese año hubo que esperar más de un lustro para el inicio del período de expansión ferroviaria. Fue en los años ochenta cuando coadyuvaron los factores precisos para la construcción ferroviaria. La crisis de 1873 supuso la reestructuración del sistema económico internacional y el inicio del ciclo alcista de la producción primario-exportadora, con el que los países latinoamericanos se integraron en el mercado mundial. Es muy significativo que casi todas las líneas venezolanas conectasen centros económicos del interior con sus puertos más cercanos. Unido a este hecho se encuentra el comienzo de la consolidación del sistema económico y del Estado nacional, cuyo exponente político -como dijimos-fue Guzmán Blanco. El tercer factor fue el inicio de una larga fase de crecimiento económico internacional, que liberó el flujo de capital necesario para financiar la construcción de infra-10 Ver CEPAL: La industrialización en América Latina, Nueva York, 1965. ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA estructura y la explotación de los recursos de los países nuevos. Todo estado con estabilidad suficiente, capacidad política para ofrecer las garantías imprescindibles y cierta credibilidad exterior pudo aprovechar dicho flujo. El ferrocarril fue pieza clave en el sistema que se estaba configurando: atrajo capital, desarrolló las zonas que atravesó, aumentó la competividad de los productos transportados y tuvo efectos multiplicadores en la oferta y la demanda y tanto hacia el interior como hacia el exterior, pues requirió importar bienes y tecnología de los países en los que se originó el flujo de capital que permitió su construcción. En suma, fue capaz de cerrar el ciclo económico en que se integró. En cuanto a su papel como medio de transporte, la dicotomía ferrocarril-carretera que definió la historia de las comunicaciones en Venezuela, al menos hasta 1910, no se resolvió en entente. 11 Una red de caminos inadecuada para las necesidades económicas no pudo competir con el tren, y los recursos destinados a ella fueron transferidos a él. Aparte de esa decisión de carácter general, la política ferroviaria se distinguió por su liberalismo, concretado en los elementos que definieron las concesiones otorgadas por Guzmán Blanco: cesión durante 99 años, entrega de terrenos a ambos lados de la vía, exención de impuestos y de derechos de importación, liberalidad casi ilimitada en la explotación y garantía del 7% sobre el capital invertido, medida fijada por ley en 1883. 12 Nada se hizo por fomentar el desarrollo industrial, por regular la coordinación de las líneas o su distribución por el territorio. No obstante, no se debe juzgar esa actitud fuera de sus circunstancias históricas. La política ferroviaria fue la más lógica y común en su momento, y además el gobierno carecía de fuerza económica y política para ejercer un control mayor. 13 La clave para entender la política ferroviaria venezolana es la citada garantía del 7%. 13 En estas conclusiones coincidieron la mayor parte de las investigaciones del proyecto de la FFE para otros países latinoamericanos. 14 Los cuadros del texto en que no se hacen explícitas las fuentes han sido elaborados utilizando la información dispersa en la bibliografía y documentación consultadas para realizar la investigación. Es preciso señalar, asimismo, que un grupo de personas trabajó expresamente en el proyecto de la FFE reconstruyendo series estadísticas. Reconocer esa labor no nos exime de la responsabilidad por cualquier defecto en los datos presentados en el artículo. PÚBLICO EN VENEZUELA (1870-1990) Tomo LV, 2, 1998 lación y de beneficios fiscales producto del desarrollo económico que el ferrocarril debía impulsar, colocaron al país al borde de la bancarrota, mientras las compañías exigían el pago de los intereses devengados de la garantía. 15 Esa situación llevó a Joaquín Crespo, sucesor de Guzmán Blanco, a cambiar de política. Una ley de 1892 prohibió otorgar concesiones a empresas que no estuviesen debidamente constituidas, para evitar los perjuicios que en el pasado causaron los contratos que no contaron con la solvencia de éstas y la acción de especuladores, que se hicieron con los mismos para revenderlos y obtener rápidas ganancias. En segundo lugar, entendiendo que lo elevado de las tarifas había sido la causa de que el ferrocarril no arrojase las utilidades esperadas, la ley estipuló que serían fijadas por el gobierno. No obstante, éstas siguieron siendo altas debido a la escasa longitud de las líneas y a la ausencia de conexión entre ellas. 16 Intentando solucionar ese problema, en tercer lugar, se ordenó que el ancho de las vías construidas a partir de 1892 fuese de 1,067 ms. Sin embargo, la medida no fue eficaz, pues casi toda la infraestructura viaria estaba construida en ese año. Finalmente, para obligar a las empresas a cumplir los contratos, se reafirmó la concesión de tierras a ambos lados de la vía, pero condicionándola a la finalización de los tramos pactados. A pesar del mayor control del gobierno, la ley de 1892 permitió a las empresas seguir operando con suma libertad. La única disposición transcendente fue la supresión de la garantía del 7%. En cambio, estipuló que las compañías debían entregar al Estado un 5% de sus ganancias netas. 17 La medida solucionó, en parte, el conflicto Estado-ferrocarril debido al impago de las obligaciones contraídas por aquél, que en 1886 sumaban 25.000.000 de bolívares. 18 En ese año, el Diskonto Gesellschaft alemán concedió un préstamo de 50.000.000 bols. al gobierno para saldar dicha deuda y rescatar la garantía. Sin embargo, el problema no se solucionó, pues el pago del empréstito fue causa de constantes reclamaciones exteriores y ni siquiera permitió eliminar completamente la deuda ferroviaria, ya que el ferrocarril Puerto Cabello-Valencia se negó a negociarla. Hasta el acuerdo firmado en 1916, éste continuó gozando de una garantía del 5%. 16 --------------------------------------- --------------------------------------- @ C: Construcción; O: Operación; T: Traspaso de la concesión; AL: Ampliación de línea; T: Traspaso de explotación; A: Arrendamiento; P: Privatización; RC: Renovación del contrato. + 1: Kilómetros concedidos; 2: Kilómetros construidos; Años: año de finalización de las obras. * El proyecto no llegó a completarse y se dividió en varias líneas independientes. ** Fue concebido como ferrocarril de transporte universal. Finalmente se dedicó sólo al de pasajeros. # Nacio.: Nacionalidad. Con la supresión de la garantía desapareció el interés del capital extranjero por el ferrocarril. Desde 1892 su participación se redujo a la terminación de los proyectos ya iniciados. De hecho, a partir de 1893 sólo se abrieron tres nuevas líneas: la de Trujillo, la de Táchira y El Palito-Palmasola. En las tres, el capital nacional fue predominante. Además, las dos primeras estaban situadas en la región andina, donde la expansión ferroviaria fue más tardía. Recordemos que la transición del centro agrario cafetalero se desplazó hacia esa zona a finales del siglo XIX. En la región andina, al sur del Maracaibo, comenzó a levantarse en 1891 el trazado Santa Bárbara-El Vigía. Dificultades técnicas y financieras obligaron a los concesionarios a abandonar la explotación. En 1908 el Estado se hizo cargo de él, teniendo que reconstruirlo para volver a ponerlo en operación. Aunque fue el único medio de transporte para exportar la producción agraria del valle de Mérida, continuó siendo una empresa deficitaria. El Estado no se hizo cargo directamente de su administración, sino que la cedió en arrendamiento hasta 1937, año en que decidió nacionalizarla. 21 El caso del Gran Ferrocarril de Táchira es muy peculiar. Por su tardía fecha de construcción no gozó del apoyo fiscal y tuvo que entregar al Estado el 5% de sus ganancias. 22 Esas dificultades obligaron a los concesionarios, los hermanos Roncájolo, a adquirir una deuda, cuyas acciones cambiaron sucesivamente de manos hasta acabar en poder del Estado en 1936. Esta línea se concibió para sacar al mar la producción del valle de Táchira, lo que hasta ese momento se hacía a través de Colombia. Intentando absorber el tráfico fronterizo, abrió en 1926 el empalme Orope-Bocagrita con el ferrocarril de Cúcuta (Colombia), la única conexión internacional de los ferrocarriles venezolanos. Tratando de monopolizar el transporte en la zona, la empresa ferroviaria compró en 1933 la Flota del Lago, que ofrecía un servicio de navegación entre la terminal del tren en el río Encontrados y el Maracaibo. Esa decisión fue su ruina, pues la desembocadura del río se anegaba periódicamente y el Estado, que no se hizo cargo de la compañía, pero era el accionista mayoritario, obstaculizó reiteradamente su drenaje. Para entonces, la decisión de construir la carretera central de Táchira, tomada en 1911, atraía toda la atención del gobierno. Finalmente, la línea se nacionalizó en 1946 y, a pesar de esos inconvenientes, continuó operando hasta 1966. 23 La tercera línea en cuya administración intervino directamente el Estado fue la de La Vela-Coro. Línea peculiar por su escaso recorrido y por estar situada en el Noroeste del país, lejos de las zonas de expansión ferro- PÚBLICO EN VENEZUELA (1870-1990) Tomo LV, 2, 1998 viaria. Su tardía construcción (1897) le impidió gozar también de apoyo fiscal, y enseguida comenzó a arrojar pérdidas. Un sindicato norteamericano se hizo cargo de la misma y saldó sus deudas, y en 1909 pasó a manos del Estado. Aunque en principio pensó arrendarla, debido a su corto recorrido, y a pesar de que los resultados económicos mejoraron sensiblemente, permaneció bajo la dirección estatal. Ignoramos la fecha exacta, pero posiblemente se cerró al tráfico a mediados de la década de 1950. 24 El caso del ferrocarril Naricual es también peculiar. La línea de servicio público más oriental de Venezuela tuvo como razón de ser el transporte minero. De hecho sólo el tramo Guanta-Barcelona se dedicó al servicio público. Su construcción (1885-93) estuvo a cargo de capitales nacionales, los cuales decidieron venderlo al Estado en 1896, quien lo administró desde entonces. A principios de la década de 1950 se cerró al tráfico para ser remodelado. Más tarde se volvió a poner en explotación sólo para el transporte minero. 25 Aunque la política ferroviaria no experimentó grandes cambios hasta la década de 1930, a partir de 1910 encontramos algunos antecedentes de lo que posteriormente fue un plan de actuación más amplio en materia de transportes. Dicho plan, al contrario de lo que sucedió a finales del siglo XIX, favoreció a la carretera. 26 La red de carreteras se concibió de forma muy distinta a la ferroviaria. Hablar de la existencia de una red no es en este caso tan eufemístico. Completando las arterias naturales, se tendieron rutas a lo largo de la costa, entre ésta y el curso del Orinoco y desde el delta del río hasta el sur del Maracaibo. Además, el ferrocarril contó con inconvenientes añadidos. En primer lugar, sólo es competitivo frente a los automóviles en largas distancias, de forma que se vio perjudicado por la escasa longitud de los trazados y lo elevado de las tarifas. Anchos de vía y terminales diferentes, 27 incluso dentro de las mismas ciudades, impidieron la Anuario de Estudios Americanos coordinación de las líneas, agravando los problemas anteriores, y más difícil todavía fue la coordinación ferrocarril-carretera, pues ésta no surgió pensando en complementar a aquél. En segundo lugar, y aunque faltan estudios sobre el tema, el transporte automotor contó con la ventaja de no tener que hacer frente a gastos de construcción y mantenimiento de las autovías. Finalmente, la competencia de la carretera coincidió con la crisis del sistema económico que había dado origen al ferrocarril, lo que empeoró la depresión del tráfico y dificultó la remodelación de la infraestructura para mejorar el servicio. En los años treinta, mejorar el servicio o cerrar las líneas parecían ser las alternativas posibles para el ferrocarril. No obstante, fue una tercera opción la que se impuso. Coincidiendo con los cambios que tras la crisis de 1930 se produjeron en la economía y en la política del país, el Estado modificó su actitud frente al ferrocarril. En 1936 decidió hacerse cargo del Gran Ferrocarril de Venezuela, que había dejado de operar, 28 y en 1938 recuperó la administración del Santa Bárbara-El Vigía. Desde ese momento, tres líneas de actuación se superponen en el tiempo, a veces de forma contradictoria. Las nacionalizaciones continuaron a lo largo de los años cuarenta y no respondieron a una política preconcebida, sino a las dificultades de operación de las empresas. Las únicas líneas no nacionalizadas fueron las de La Ceiba, el Bolívar y el Puerto Cabello-Valencia, que dejaron de prestar servicio en 1947, 1954 y 1957 respectivamente. Antes de que cerrasen estos dos últimos ya lo había hecho el La Guaira-Caracas (1951), el Central y el Santa Bárbara-El Vigía (1954). Entre 1957-66 sólo prestaban servicio el Gran Ferrocarril de Venezuela y el de Táchira. La tercera línea de actuación tiene que ver con la mejora del servicio de la que hablamos anteriormente. Sus orígenes datan de 1938, cuando el Estado decidió llevar a cabo el tendido El Palito-Palmasola para conectar las vías del Bolívar y el Puerto Cabello-Valencia. El hecho de que su administración se cediese a los propietarios de estos dos últimos ferrocarriles muestra de nuevo la ambigüedad de la política ferroviaria; aún más cuando transcurridos cinco años el gobierno decidió no renovar el contrato y recuperar el control de la línea. La política ferroviaria iniciada en los años treinta culminó en 1944 con la creación del Instituto Autónomo de Administración de los Ferrocarriles del Estado (IAAFE), cuyo objetivo fue racionalizar la administración de las líneas, hasta entonces sujeta al Régimen de Bienes Nacionales, que impedía una gestión autónoma al considerar los beneficios de explotación como bienes públicos. El IAAFE salvó los inconvenientes de esa disposición, pero no mejoró la situación económica, como tampoco lo hizo la publicación del Plan Ferroviario Nacional (PFN) en 1950. El plan, tan ambicioso como inviable, demostró comprender los problemas históricos del ferrocarril, pero olvidó que la respuesta ya había sido dada por la carretera. Proponía construir 4.250 kms., con un ancho (1,435 ms.) e infraestructura que permitiese desarrollar velocidades comerciales; pero tropezó con dificultades financieras y con la competencia de una red caminera más completa, menos costosa y con un recorrido paralelo al de las líneas propuestas. El PFN, por tanto, fue una solución anacrónica, tuvo como saldo el inicio de una serie de obras que no se terminaron, y la reconstrucción de 177 kms. entre Barquisimeto y Puerto Cabello, antiguos tramos de los ferrocarriles Puerto Cabello-Valencia, Bolívar y Puerto Cabello-Valencia, abiertos al tráfico en 1959. 30 El tercero de los construidos en la región andina, el Gran Ferrocarril de La Ceiba tuvo características similares a las del Santa Bárbara-El Vigía y a las del ferrocarril de Táchira. Su razón de ser fue conectar los valles del suroeste del Maracaibo con el lago; tuvo el monopolio del transporte en la región debido a la ausencia de medios de comunicación en la zona; fue financiado por capital nacional y padeció la competencia de la carreta con más fuerza que otros ferrocarriles del país a causa de su aislamiento. Frente a las demás líneas andinas, su fecha de construcción (1888) le permitió gozar de la garantía del 7%, aunque sólo para el tramo La Ceiba-Sabana de Mendoza, pues la concesión para prolongar sus vías hasta Trujillo la obtuvo en 1895. Desde ese año no se produjeron nuevas variaciones en el trazado, con excepción de una pequeña ampliación hasta Varela en 1926. Su explotación fue muy rentable mientras contó con el citado monopolio del transporte. Esa misma razón explica también que fuese la línea más afectada por la competencia de la carretera y la que dejó de operar en fecha más temprana (1946) Siete de los doce ferrocarriles que comenzaron a construirse antes de 1892, fueron propiedad de capital extranjero y se situaron en la región centro-norte del país. El Carenero Rw., la más occidental de esas líneas, tuvo como razón de ser sacar al mar la producción del valle de Barlovento. La empresa fue financiada por capital franco-venezolano y se mantuvo en manos privadas hasta su cierre en 1954. 32 La región centro-norte fue el núcleo de la expansión ferroviaria venezolana. Acaparó el interés estatal, que usó todo los medios disponibles para atraer al capital extranjero. Fue precisamente la liberalidad de las concesiones lo que impidió construir una red de transportes, a pesar de la existencia de un plan original para tender un ferrocarril Central que recorriese toda la región. A falta de un inversor capaz de llevarlo a cabo, el Estado lo dividió en varias concesiones, teniendo como resultado seis líneas independientes, con anchos y terminales diferentes. Además, hasta la apertura del tramo El Palito-Palmasola, el Bolívar estuvo aislado del resto; y hasta los años treinta, tras el inicio de las nacionalizaciones, el Estado no se planteó la necesidad de resolver algunos de esos problemas. Aun así, hubo que esperar a 1942-44 para la construcción del mencionado tendido El Palito-Palmasola y para la creación del IAAFE, y a 1950 para contar con un plan ferroviario, cuyas propuestas, según hemos visto, no fueron viables. La política ferroviaria adoleció de un error de cálculo. Eliminada la garantía del 7% en 1882, el capital extranjero dejó de invertir. Al mismo tiempo, el traslado del cultivo cafetalero al área andina redujo el volumen de transporte en la región centro-norte. Las líneas más rentables, dedicadas al azúcar y al petróleo, también se concentraron alrededor del Maracaibo. 33 En suma, desde fechas muy tempranas, los mismos factores que permitieron construir el ferrocarril se convirtieron en las causas de su ineficiencia. El único resultado de las distintas concesiones para construir el ferrocarril Central fue el tramo La Guaira-Caracas, abierto en 1883. 33 Aunque su estudio no es objeto de este trabajo, las obras de Long: Railways..., págs. 382-87; Arcila: Historia..., pág. 256; Jahn: Desarrollo..., pág. 20 y Halsey: The Railway..., pág. 107 contienen información sobre los mismos. ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA Estado y éste inició las obras mientras él buscaba capital para financiarlas. En 1881, se creó en Londres La Guaira & Caracas Rw. Co., y en 1883 el Estado le cedió los trabajos realizados. A pesar de las dificultades iniciales, fue una de las empresas de transporte mejor administradas del país. Hasta la década de 1930 obtuvo siempre beneficios. De hecho, fue una de los pocos ferrocarriles que mejoró sustancialmente su infraestructura, electrificándose en 1927. La competencia de la carretera, empero, debió ser especialmente desastrosa. 34 La construcción del Central de Venezuela fue la que tropezó con más dificultades. El inglés R. Pringle inició las obras el mismo año en que recibió la concesión (1885), pero quebró y el primer tramo no fue inaugurado hasta 1892. La coincidencia de su trazado con el del Gran Ferrocarril de Venezuela le obligó a renunciar en 1890 a llevar sus vías hasta Valencia. En 1905 obtuvo del Estado un contrato para extender las paralelas hasta Santa Lucía, donde llegó el primer tren en 1913, y en 1922 éstas se prolongaron hasta Ocumare. El retraso de las obras, lo perjudicado que salió del conflicto con el Gran Ferrocarril de Venezuela y el hecho de no contar con una terminal marítima propia impidieron conseguir buenos resultados económicos hasta la década de 1920. Soluciones parciales, como la electrificación del tramo Caracas-Petare en 1906 no aliviaron la situación. Eso explica que fuese el primer trayecto nacionalizado (1936) y que cuando el Estado decidió asumir su administración, la explotación se encontrase prácticamente abandonada debido a la competencia de la carretera. 35 El Gran Ferrocarril de Venezuela fue la línea más extensa. Sus 179 kms. unían las ciudades más importantes del país: Valencia y Caracas. De ahí también que fuese la única tendida en sentido Este-Oeste y no Norte-Sur. Compartió con el ferrocarril Central la característica de carecer de terminal portuaria, dependiendo de otros trazados para llegar al mar. Esbozo geográfico, recursos naturales, legislación y condiciones económicas, Caracas, 1966, pág. 351; Halsey: The Railway..., págs. 110-11 y Railway..., págs. 72-3 y BCPF, ene.-feb. LOS FERROCARRILES DE SERVICIO PÚBLICO EN VENEZUELA (1870-1990) Tomo LV, 2, 1998 L.A. Müller, del grupo alemán Krupp, obtuvo en 1888 la concesión para iniciar las obras, junto con la propiedad del de Antimano, construido por el Estado en 1886, tras fracasar el contrato celebrado con Rivas & Hernández en 1882. Finalmente, Krupp cedió sus derechos a la también alemana Grosse Venezuela Eichbahn-Gesellschaft, 36 que asumió la dirección de la línea. Ya mencionamos los problemas surgidos por la coincidencia de su trazado con el del Central. Solucionados en 1890 y siendo la parte más favorecida, comenzaron las obras, y en 1893 se inauguró el ferrocarril. En 1924 fue vendido a la Compañía de los Ferrocarriles Sudamericanos (española), que mantuvo su propiedad hasta 1938, cuando se abandonó la explotación debido a la depresión del transporte y a la competencia de la carretera, y el Estado decidió nacionalizarlo. Debemos señalar, empero, que su relativamente largo recorrido le permitió afrontar dicha competencia mejor que otros ferrocarriles. Su línea fue la que cerró al tráfico más tarde (1966). 37 Pile obtuvo la concesión para construir la línea Puerto Cabello-Valencia en 1880 junto con la de La Guaira-Caracas. Como en ese caso, el Estado inició las obras, pero Pile no pudo hacerse cargo de ellas finalmente y fueron entregadas a los ingleses W.J. Cutbill y U. de Lungo, que las acabaron en 1890. Hasta mediados de la década de 1920 la empresa fue bastante rentable. En 1924 fue adquirida por el ferrocarril Bolívar, a cuyos dueños había entregado el gobierno en 1896 la mayoría de las acciones del ferrocarril como pago de una subvención concedida en 1886. No obstante, su gestión se mantuvo independiente, pues los reiterados proyectos para unir ambas vías no se materializaron hasta que en 1942 el Estado inauguró el trayecto El Palito-Palmasola, que fue arrendado a los propietarios del Bolívar. La depresión de 1930, la competencia de la carretera y su escaso recorrido, problema que no palió la unión de su línea con la de este último, debido a que ambos ferrocarriles tenían anchos distintos, ocasionaron una crisis que concluyó con el cierre de la línea en 1957. En 1959 el tramo El Palito-Puerto Cabello fue remo-36 La concesión debió estar relacionada con el préstamo del Diskonto-Gesellschaft al Estado para saldar la deuda ferroviaria y rescatar la garantía del 7%. ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA delado y se reabrió al tráfico como parte del de Barquisimeto-Puerto Cabello. 38 La razón de ser del ferrocarril Bolívar fue el transporte del cobre de las minas de Aroa. Aunque los primeros proyectos datan de 1835, el tendido de la vía no comenzó hasta 1873, cuando la New Quebrada Co. recibió la concesión. En 1877 se inauguró el tramo Tucacas-Aroa, el primer ferrocarril de servicio público abierto en Venezuela. En 1891 el tren llegó hasta Barquisimeto y en 1916 se completó con el ramal San Felipe-Palmasola, adjudicado en 1913, tras varios contratos infructuosos, a la Quebrada Land & Copper Co., creada en 1883 para unir las concesiones de las empresas minera y ferroviaria. Eso le permitió extender su recorrido y absorber la propiedad del trazado Puerto Cabello-Valencia. A la depresión del tráfico en los años treinta y a la competencia de la carretera, se unió en este caso la decadencia del puerto de Tucacas frente al de Puerto Cabello tras la apertura del tendido El Palito-Palmasola, problemas que condujeron el cierre de la línea en 1954. En 1959 se reabrió el tramo Barquisimeto-Palmasola como parte del ferrocarril Barquisimeto-Puerto Cabello. 39 Para terminar el estudio del marco institucional, debemos hacer referencia al capital invertido en los ferrocarriles. El cuadro 5 reúne los datos disponibles. Los rasgos más destacados de ese capital ya han sido mencionados. Las inversiones extranjeras se concentraron en la región centro-norte y procedieron principalmente de Gran Bretaña, lo que se explica en función de las fechas de construcción de las líneas. 40 Aunque se retiraron pronto de las empresas, hubo intereses franceses, junto con capital nacional, en las líneas de la región andina; un grupo norteamericano construyó el trayecto La Vela-Coro y otro alemán el Gran Ferrocarril de Venezuela, que en 1924 fue adquirido por una firma española. También hubo capital holandés durante un breve período de tiempo en el de Carenero..., págs. 74-5; Bloom: "Railways...", pág. 151 y BCPF, may.-jun. 40 Por lo general, el capital británico fue el primero en invertir en la construcción ferroviaria en América Latina. Sólo desde finales del siglo XIX, el capital norteamericano empezó a sustituir a aquél en el sector. En Venezuela la construcción de líneas se detuvo antes de que se produjese esta transición. El capital extranjero invirtió cerca de 105 millones (57%) [un 62% procedió de Gran Bretaña]; el nacional unos 80 (43%), de los cuales, 9 fueron aportados por el Estado. Calculamos, sin embargo, que la contribución de este último se cifró unos 61 millones (el 33% de la inversión total en el sector): entregó a manos privadas tramos de vía por valor de 10 millones, otros 25 en concepto de la garantía del 7%, 42 y 17 a cambio de la propiedad del ferrocarril La Vela-Coro y del Santa Bárbara-El Vigía, lo que eleva la participación del capital nacional al 68%. Desarrollo de la red ferroviaria. Infraestructura y equipos de transporte El desarrollo de la red ferroviaria venezolana respondió al de los factores históricos e institucionales. El 82% del kilometraje se construyó entre 1881-85, momento que coincidió con el período de relativa estabilidad política y económica del gobierno de Guzmán Blanco. El auge constructivo de finales de siglo contrasta con la situación posterior. Las medidas tomadas por Crespo para paliar el déficit financiero causado por la política ferroviaria paralizaron las construcciones. Entre 1885-1942 sólo se inauguraron 171 kms., y en casi todos los casos se trató de ampliaciones de las líneas abiertas en 1881-85, pues desde ese último año sólo se tendieron dos nuevos ferrocarriles: La Vela-Coro y El Palito-Palmasola. A las razones citadas para la paralización de las construcciones hay que añadir el cambio que observamos en la política estatal a partir de 1910, la crisis del sector externo y la depresión de 1930. Tras ella no hubo modificaciones en la extensión de la red hasta finales de los años cuarenta, cuando comenzaron a cerrar las líneas con la misma rapidez con que fueron tendidas, quedando abierto al tráfico solamente la de Barquisimeto-Puerto Cabello. Las fuentes consultadas apenas aportan datos sobre el resto de la infraestructura viaria. Veloz dice que en 1902 había en el país 842 kms. de ferrocarril, incluyendo tranvías y líneas industriales, 105 estaciones y 109 túneles y 523 viaductos, de los que 86 y 212 pertenecían al Gran Ferrocarril de Venezuela; es decir, una obra de ingeniería por cada 1,3 kms. y una estación por cada 8. Hay que anotar también que el tendido de las vías no pre-42 MOP: Centenario..., págs. 166-67 y Jahn: Desarrollo..., pág. 20. PÚBLICO EN VENEZUELA (1870-1990) sentó grandes problemas técnicos, si exceptuamos los ocasionados por las frecuentes inundaciones en la región centro-norte durante la estación lluviosa. Lo más relevante que destaca la información sobre la infraestructura son las diferentes soluciones empleadas por cada empresa en el trazado de sus paralelas, 43 especialmente en el ancho de la trocha que, como muestra el cuadro 7, ni siquiera respondió a razones como la región ferroviaria o el año de construcción. El cuadro 8 contiene la información disponible sobre los equipos de transporte. Aunque no tenemos datos anteriores a 1938, parece que la mayoría de los equipos fue adquirida en las últimas décadas del siglo XIX, cuando se inauguraron las líneas. Seguramente, entre esos años y la década de 1930 no hubo grandes variaciones en el número de unidades de tracción y remolque. Desde 1938 la evolución absoluta y relativa de las cifras, como cabía esperar tras el estudio de otras variables, muestra una reducción ------------------- Respecto al tipo de tracción, sólo sabemos que originalmente los ferrocarriles utilizaron locomotoras a vapor y que las únicas modificaciones importantes fueron la electrificación en 1906 del tramo Caracas-Petare del ferrocarril Central y de la línea La Guaira-Caracas en 1927. Sabemos también que tras la reapertura en 1959 del Barquisimeto-Puerto Cabello se adquirieron nuevas locomotoras diesel y que éstas experimentaron un paulatino incremento de su potencia hasta llegar a 20.000 CV/unidad en 1982. Con los vagones sucedió algo parecido: su capacidad descendió hasta principios de los ochenta, para luego aumentar y estabilizarse en torno a 10.500 tns./vagón. La capacidad de los coches de viajeros, finalmente, disminuyó hasta la década de 1950, estabilizándose en el decenio de 1980 en 1.300 por coche. 44 44 Datos obtenidos de la información dispersa en las fuentes y bibliografía. ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA Las fuentes consultadas no ofrecen información suficiente para dedicar un apartado al factor trabajo, por lo que comentamos aquí los datos disponibles. Desde ese año se observa una rápida disminución del número de trabajadores debido al cierre de las últimas líneas operativas (en 1980 trabajaban 1.332 personas en el ferrocarril Barquisimeto-Puerto Cabello), no así en el cociente operarios/km. de vía, que creció hasta 7,5 en 1980 debido al aumento del personal de servicios generales. El cuadro 9 contiene promedios quinquenales absolutos y relativos del transporte ferroviario entre 1881-1990. Sus datos confirman lo que apuntaban otras variables para las que no teníamos tanta información: el número de viajeros creció de manera constante entre 1881-1930, salvo en el lapso 1901-05, debido a la crisis finisecular. Dicho crecimiento fue especialmente alto en los años 1886-95 y 1916-25, coincidiendo con la etapa de gran expansión constructiva y con la fase álgida del ciclo primario-exportador. Los cocientes viajeros/km. y habitante evolucionaron de forma similar. A partir de 1925, las tendencias se invirtieron. Aunque la Segunda Guerra Mundial supuso una mejora transitoria, la reducción del volumen de tráfico continuó en años sucesivos, agravada por el cierre de las líneas, llegando en 1956-60 a niveles similares a los del lapso 1886-90. La recuperación que se aprecia después de 1960 se debió a la apertura del trazado Barquisimeto-Puerto Cabello, pues en esa década se cerraron el Gran Ferrocarril de Venezuela y el de Táchira. Aun así, las magnitudes absolutas se mantuvieron estables hasta 1971-75. La distancia recorrida por usuario experimentó también un sensible aumento; no así los viajeros/habitante, debido al crecimiento demográfico de esos años. Finalmente, a partir de 1975, el tráfico sufrió una nueva crisis, estabilizándose en niveles muy bajos en la década de 1980. La crisis finisecular, la depresión de 1930 y la competencia de la carretera tuvieron menos incidencia en este caso. Lo más llamativo es el estancamiento de las magnitudes absolutas y relativas entre 1921-50, como si los efectos positivos y negativos para la explotación ferroviaria se compensasen. A los factores citados se unió en ese período el cierre de las líneas. La apertura del tramo Barquisimeto-Puerto Cabello se muestra también determinante en el ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA volumen de carga: invirtió la tendencia a la baja de años precedentes, incrementando el transporte en un 115% en 1961-65 respecto de 1955-59. Debemos señalar, asimismo, que el crecimiento observado en el primer lustro de los años ochenta se debió a la renovación del parque móvil que vimos en su momento, aunque no fue suficiente para evitar una nueva crisis en la segunda mitad de la década. Los indicadores relativos no aportan nada diferente, salvo el cociente viajeros/Tns., el cual indica que la vocación del tráfico fue esencialmente mercantil, aunque el servicio de pasajeros tuvo la entidad suficiente para convertirse en la razón primordial de la crisis del transporte desde la década de 1950. 46 En lo que se refiere al tipo de mercancías acarreadas, los datos disponibles son poco explícitos. Sabemos que la mayor parte eran productos agrarios, sobre todo café, azúcar, maíz y leguminosas, destinados al consumo de las grandes ciudades y a exportación. La economía de los ferrocarriles El cuadro 10 contiene promedios quinquenales de los resultados económicos de los ferrocarriles. La evolución de sus datos es coherente con la del resto de las variables estudiadas. Desde entonces y hasta 1945 se invirtió la tendencia: ingresos, gastos y beneficios decrecieron, aunque el coeficiente de explotación siguió siendo positivo. 47 La estabilidad de los volúmenes de carga que señalamos anteriormente explica este comportamiento. A partir de 1945, el negocio dejó de ser rentable. Ya dijimos que si la vocación del tráfico fue esencialmente mercantil, la reducción de número de viajeros fue clave en la depresión del sector. Luego, cierta recuperación del tráfico, el cierre de casi todas las líneas y algunas subvenciones estatales explican una leve mejora en estos últimos a 46 La razón viajeros/Tns. entre 1881-1990 fue en Venezuela 3,0; cociente muy elevado comparado con el de otros países de la región, como Nicaragua (0,12), Cuba (0,6) o República Dominicana (0,6), Santamaría: "Los ferrocarriles de servicio público cubanos...", cuadro 7; "Los ferrocarriles de servicio público nicaragüenses...", cuadro 8 y "Los ferrocarriles dominicanos"..., cuadro 7. 47 El coeficiente de explotación es un deflactor de los resultados económicos. Es positivo siempre que su valor sea inferior a 100. 48 Fuentes: Cuadro 10 y Santamaría: "Los ferrocarriles de servicio público cubanos...", cuadro 8; "Los ferrocarriles de servicio público nicaragüenses...", cuadro 10 y "Los ferrocarriles dominicanos"..., cuadro 8. Aunque la conclusión principal de este trabajo es la necesidad de realizar más estudios sobre el tema, el examen de la documentación consultada, especialmente estadística, permite ciertas consideraciones preliminares y algunas comparaciones. Las variables analizadas confirman la tesis inicial sobre la relación entre el tendido de los ferrocarriles, la construcción del Estado y la integración de la economía venezolana en el mercado mundial como productora de materias primas en las últimas décadas del siglo XIX. Esa relación fue común a casi todos los países latinoamericanos, pero parece que en ninguno de ellos se mostró tan determinante como en Venezuela. El ferrocarril nació para atender las necesidades de un sistema económico y socio-político en formación, jugó un papel fundamental dentro del mismo, pero no tuvo capacidad para convertirse en el motor del desarrollo y de la integración territorial y económica nacional. Tras la Revolución Federal, Venezuela vivió un momento de relativa estabilidad que permitió construir las primeras líneas. Dichas líneas, empero, se ubicaron en la región más desarrollada del país (el centro-norte), uniendo los puertos con los núcleos productores del interior; desconectadas entre sí y reproduciendo el enfrentamiento entre las elites locales y la falta de integración y complementariedad entre las distintas áreas productivas. El crecimiento económico impulsado por el tren fue insuficiente para superar esos problemas. El tendido de las líneas fue posible gracias a la partici-LOS FERROCARRILES DE SERVICIO PÚBLICO EN VENEZUELA (1870-1990) pación de capital extranjero, pero sólo debido a que el Estado ofreció una garantía del 7% sobre las inversiones, pues en el momento en que éste suspendió la garantía las construcciones se detuvieron. A ello hay que añadir que cuando aún no había terminado la expansión ferroviaria en el centronorte, el centro agrario cafetalero se trasladó a la región andina. El contexto histórico en el que surgió el ferrocarril venezolano explica la concentración del período de construcción en las últimas décadas del siglo XIX, el hecho de que las líneas situadas fuera de la región centro-norte y tendidas después de la eliminación de la garantía estatal experimentasen dificultades financieras prácticamente desde que comenzaron a prestar servicio, así como que los mejores años para la explotación fuesen las primeras décadas del siglo XX, durante la fase álgida del ciclo primarioexportador. Tras esos años, coincidiendo con la finalización de dicho ciclo y con la depresión de 1930, el sector inició una crisis estructural que no pudo superar. Fue incapaz de adaptarse a los cambios que experimentó el país. La explotación petrolera sustituyó al café y a los productos agrarios para la exportación como motor de la economía. Una sociedad más compleja demandó reformas en el sistema político e indujo al Estado a intervenir en la economía para garantizar el incipiente desarrollo industrial y una mejor distribución de la renta procedente del petróleo. El ferrocarril no pudo responder a las necesidades de transporte que suscitaron esos cambios, ni resistir la competencia de unas carreteras, cuya construcción comenzó con el siglo, que consiguieron formar una red más integrada intra e interregionalmente, con un trazado paralelo al de las vías. Desde finales de los años treinta se sucedieron dos rápidos procesos de nacionalización y cierre de las líneas. La nacionalización no respondió a una política de transportes; fue producto de la asunción por parte del Estado de las empresas cuando éstas dejaron de explotar los ferrocarriles. A pesar de la existencia de algunos planes de viabilidad en los años cuarenta y cincuenta, los defectos mencionados anteriormente no pudieron paliarse y las vías se fueron cerrando paulatinamente, quedando abierto al tráfico únicamente el ferrocarril Barquisimeto-Puerto Cabello, resultado de una remodelación de varias líneas de la región centro-norte. 5 Fueron los casos de Brasil, Argentina, Uruguay (estudiados por A. Rodríguez en el proyecto de la FFE), Chile (F. Polo), México (J.C. Sola) y Cuba (A. Santamaría). El resto de los países estuvieron a cargo de M.A. García (Costa Rica y Honduras), M. García (Bolivia, Panamá y Paraguay), F. Polo (Ecuador), A. Santamaría (Nicaragua, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela), A. Sanz (El Salvador), J. Carlos Sola (Guatemala) y B. Vitar (Colombia y Perú). Bolívar; GC: La Guaira-Caracas; FC: Carenero; CR: Central; PV: Puerto Cabello-Valencia; SV: Santa Bárbara-El Vigía; GF: Gran Fc. de Venezuela (incluye el Antimano); FN: Naricual; GFT: Gran Fc. de Táchira; LC: Gran Fc. de La Ceiba (incluye el de Trujillo); FV: Ferrocarriles administrados por el Estado; VC: La Vela-Coro; PP: El Palito-Palmasola. El nombre en cursiva de un ferrocarril tras la serie kilométrica de otros indica que en ese año, la propiedad del mismo pasó al primero. # Fecha de cierre de las distintas líneas. ** Antes de esa fecha estaban construidos algunos kilómetros correspondientes al Fc. @ Ignoramos fecha de cierre. En el caso del Naricual, cerró su línea al tráfico a principios de los años cincuenta. Se reabrió en 1959 para el transporte sólo minero.
Los historiadores que se interesan por Bolívar no ignoran que, en su Carta de Jamaica, éste menciona El Español (Londres, 1810-1814), periódico redactado por Blanco White, famoso entre los americanos por haber defendido su causa durante la lucha por la independencia. Ahora bien, al recorrer este texto, o el Manifiesto de Cartagena y el Discurso de Angostura, el lector de El Español no puede menos que observar coincidencias de ideas o similitudes de forma. Similitudes tan frecuentes que llegan a sugerir irresistiblemente la hipótesis de una filiación directa entre la obra del periodista y los escritos del Libertador. Dicha hipótesis parece reforzada por el hecho, puesto en evidencia en un estudio reciente, de que existe un vínculo estrecho entre la Blanco White trató personalmente a Bolívar en el verano de 1810, cuando éste, encargado por la Junta de Caracas de una misión diplomática en Londres con Andrés Bello y López Méndez, procuró lograr el auxilio de Inglaterra al movimiento del 19 de abril. No hubo una entrevista como se ha creído sino dos. 2 La primera tuvo lugar en julio de 1810, cuando el periodista estaba redactando El Español, n.o 4, en una fecha que no se puede precisar exactamente pero probablemente entre el 21, como lo sugiere un corresponsal de Blanco White, y el 30 del mismo mes, día de publicación habitual del periódico. 3 En sus "Reflexiones políticas" Blanco White saludaba con entusiasmo la revolución de Caracas, recalcaba su moderación y se felicitaba de que no hubiera seguido "los principios exagerados de libertad, las teorías impracticables de igualdad, como los de la Revolución francesa". Los venezolanos se habían levantado para velar por su seguridad contra las autoridades coloniales sospechosas de simpatías francesas; al constituir Juntas, no habían hecho más que seguir el ejemplo de los españoles: habían formado un gobierno interino para ejercer el poder que, en ausencia del rey, había revertido al pueblo. Blanco White aconsejaba a la Regencia que no tomase medidas hostiles, a riesgo de provocar la extensión de la insurrección por todo el continente, y le pedía que aboliese el monopolio, una de las principales quejas de los criollos y una de las causas del levantamiento. 4 Sin embargo, en otro artículo -"Resumen político"-el periodista cuenta que, teniendo dudas sobre las verdaderas intenciones de los revolucionarios, se atrevió, "por amor a la causa", a consultar a los diputados de Caracas: "los señores Don Luis López Méndez y Don Simón Bolívar". Estos le entregaron una "pequeña nota" que justificaba el movimiento por la exigencia de seguridad e insistía en que "los sentimientos de fidelidad al soberano y de adhesión a la metrópoli habían sido renovados como en 1808". Nota que Blanco White reprodujo a la letra y le permitió "anunciar que la revolución de Caracas [no era] en nada hostil a la metrópoli" sino que era un movimiento moderado y antifrancés. 5 Si se sitúa este episodio en la campaña de propaganda que lanzaron los diputados de Caracas en la prensa londinense,6 es lícito pensar que Bolívar aprovechó la oportunidad que le ofrecía Blanco White al pedirle un complemento de informaciones, para propagar a través de El Español, amigo de la causa, la idea de que la revolución no era separatista sino antibonapartista. Tesis que no dejó de mantener en sus negociaciones con Lord Wellesley, pues correspondía a uno de los objetos esenciales de su misión. La segunda entrevista de Blanco White con Bolívar sucedió en septiembre de 1810, después de terminar las negociaciones con el gobierno británico (9 de septiembre de 1810) y un poco antes de la salida de Bolívar para Portsmouth (16 de septiembre de 1810) donde se embarca en el "Shappire" el 22 para Caracas. Por una carta del 19 de ese mismo mes de Blanco White a J. Allen, sabemos que "unos días antes", por el intermediario de Ricardo Wellesley, hijo del marqués, amigo suyo y amigo de Miranda, el periodista fue invitado a una cena dada por Miranda con motivo de la despedida de Bolívar. 7 Fue sin duda aquel día -quizás el 13 de septiembre de 1810-cuando Blanco White confió a Bolívar una carta para Roscio, secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de Caracas, con la misma fecha, en la que el periodista, dirigiéndose especialmente a los americanos, ofrecía sus servicios a la Junta y proclamaba su amor a la libertad de América y a la justicia. 8 Lo cierto es que Bolívar fue el portador de la carta y la entregó a su destinatario el mismo día en que llegó a Caracas y rindió cuenta de su misión a Londres (7 de diciembre de 1810). 9 En su equipaje llevaba también para Roscio varios ejemplares de El Español. 10 Este contestó inmediatamente, encargando a López Méndez que diera las gracias al periodista. 11 Más tarde Roscio iba a darle prueba de su agradecimiento, nombrándole ciudadano de honor de Caracas por haber sido el primero que había defendido su causa. 12 Si añadimos que se menciona varias veces El Español en la correspondencia de los enviados por la Junta, basta lo dicho para mostrar las relaciones de confianza y ayuda mutua que se establecieron inmediatamente entre Blanco White y Bolívar o el gobierno de Caracas, relaciones que con éste duraron hasta la caída de la Primera República. Más precisamente, en aquellos meses de verano de 1810, cruciales para Venezuela, Bolívar, que tenía como objetivos esenciales evitar la guerra con España y conseguir la ayuda o por lo menos la neutralidad benévola de Inglaterra, no podía menos que reconocer el apoyo que El Español prestaba a su propia acción. Efectivamente, al insistir sobre la "moderación" de los americanos, al defender con talento sus derechos y una política de conciliación, Blanco White prestó un señalado servicio a la causa, contribuyendo a disponer la opinión en favor de los insurgentes. El efecto de esta propaganda, difundida también por el Morning Chronicle y The Times, fue incalculable. El mismo Bolívar contribuyó personalmente a ella y se inspiró en El Español en su primer escrito en Londres. En una fingida carta con fecha de Cádiz, 8 de agosto de 1810, firmada por "un caballero español", publicada por el Morning Chronicle (5 de septiembre de 1810), hace hincapié en la moderación de Caracas y en la ausencia de resentimiento de los americanos por los agravios pasados, moderación que opone a los decretos hostiles de la Regencia, que pueden ocasionar la separación de Venezuela y de la América del Sur. Lo curioso del caso es que estas ideas ya se encontraban en El Español y que el párrafo sobre la moderación presenta similitudes literales con un pasaje del "Resumen político" que Bolívar al parecer no hace más que condensar, como lo muestra el cotejo de ambos textos. 13 Más tarde, El Español, siguiendo su línea inicial, defendió los derechos de los americanos, especialmente la autonomía, censuró duramente la política torpe y hostil de los gobiernos peninsulares y denunció la ilusión de toda solución militar. "Desde el momento en que apareció en los papeles públicos la noticia de la declaración de Venezuela, todos los hombres amantes del bien general y no fascinados por los intereses mal entendidos de patria se pagaron del tono de moderación que respiran las expresiones y medidas del nuevo gobierno de Caracas... se temía si la voz independencia significaría abandono, y si algún resentimiento influiría en los ánimos de los americanos cierta aversión a sus paisanos de Europa..." Anuario de Estudios Americanos histórica. 14 Sin embargo, criticó la declaración de independencia de Venezuela (1811) por parecerle prematura, lo que provocó una polémica con Mier, "el Americano", que defendía la separación inmediata y absoluta. Huelga decir que esta doctrina -con excepción de la tesis de la independencia prematura-reflejaba los deseos de los criollos y respondía a sus intereses; Roscio, conocido como el "teólogo de la independencia", no sólo difundió copiosamente los escritos de Blanco White en la Gaceta de Caracas sino que se valió de su doctrina para justificar la independencia. No hay que extrañarse, pues, de que Bolívar, después de su estancia en Londres, haya seguido leyendo y utilizando El Español, cuyo idealismo militante coincidía con sus propias aspiraciones y servía, con una eficacia que él mismo había comprobado, a la causa de sus compatriotas. El primer escrito político importante en que Bolívar parece acordarse de El Español, aunque sólo lo menciona en la Carta de Jamaica, es el Manifiesto de Cartagena (15 de diciembre de 1812). En él se observan muchas coincidencias de ideas o de vocabulario con artículos anteriores de Blanco White, especialmente la "Carta al Americano sobre la rendición de Caracas" (El Español, n.o 30, 30 de octubre de 1812). Como los plazos de transmisión del correo no se oponían a que Bolívar tuviera conocimiento de este número, se puede plantear la hipótesis de la influencia de éste sobre Bolívar. 15 En este primer gran documento político de la revolución, Bolívar analiza los fallos de la Primera República y trata de sacar las lecciones de su fracaso. Buscando las causas de éste, señala cinco. Ahora bien, si nos referimos a la "Carta al Americano", observamos que Blanco White -con propósito idéntico-había enunciado por lo menos tres de estas causas: constitución democrática y federal inadaptada al pueblo, terremoto explotado por el fanatismo clerical, divisiones internas. Añadamos que el periodista había señalado la falta de medios financieros y militares para defender la provincia, observación que puede asimilarse fácilmente a la carencia de un ejército permanente y al despilfarro financiero que lamenta Bolívar. Lo más curioso es otra coincidencia en un punto capital: la jerarquía de las causas. Blanco White y Bolívar consideran que el terremoto era una causa inmediata y accidental del colapso de la República, pero que la cau-sa fundamental era el sistema democrático y federal. La catástrofe no hubiera podido tener consecuencias tan funestas si no la hubiera precedido un error político de los gobernantes: un Congreso federal, débil, consecuencia de los principios democráticos a la francesa y especialmente la igualdad. 16 Lo recalca Bolívar: "Pero lo que debilitó más el Gobierno de Venezuela fue la forma federal que adoptó, siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre...". Más adelante reconoce que este sistema todavía no convenía a los estados americanos nacientes y concluye que había que elegir un gobierno adaptado a los pueblos. Ahora bien, si nos referimos a la crítica que Blanco White había hecho contra la independencia absoluta de Venezuela desde un punto de vista antidemocrático y antifederal, comprobamos que estos pasajes presentan muchas analogías con las ideas de El Español: que la Declaración francesa de 1789 -"principios exagerados" de libertad e igualdad-no podía aplicarse a un pueblo ignorante y supersticioso porque llevaba a la anarquía y luego a la esclavitud; que los americanos aún eran incapaces de ejercer la democracia porque no habían sido preparados para ella bajo el despotismo español; que el federalismo estaba inadaptado a América porque provocaba la división y la debilidad cuando necesitaba unidad y fuerza; que los jefes revolucionarios debían tener en cuenta el carácter y las circunstancias de los pueblos. Éstas eran las tesis que había sostenido Blanco White, especialmente en su polémica con Mier.17 La coincidencia general del análisis y del enfoque -conservador y pragmático-induce a pensar que Bolívar, después de leer El Español, adoptó ciertos elementos importantes de su crítica, tanto más que ésta había sido confirmada por los acontecimientos. Esta impresión viene reforzada por similitudes casi literales, que, aunque dispersas, nos parecen significativas por su frecuencia. Primer ejemplo: después de insistir en la debilidad del sistema federal y sus efectos lamentables, Bolívar observa la necesidad de elegir un gobierno adaptado al pueblo: "Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias de los tiempos y de los hombres que lo rodean". Huelga decir que enuncia aquí un principio de relativismo político, sostenido por ejemplo por Montesquieu, cuya influencia en el pensamiento del Libertador está comprobada. 18 Pero no es punto indiferente advertir que en su "Carta al Americano", Blanco White, nutrido de Montesquieu y de Burke, había dado el mismo consejo a los jefes revolucionarios: "...que calculen el carácter y las circunstancias de los pueblos a quienes excitan a ganar su libertad...". 19 Otro ejemplo: la crítica de los jefes republicanos. Con un enfoque pragmático y conservador que revela al hombre de acción preocupado por la eficacia y el orden, Bolívar, en un párrafo muy cáustico, denuncia las utopías de los revolucionarios, "filósofos" que no tenían otra "ciencia del gobierno" que la que habían sacado de "los códigos" y cuyos principios habían llevado a "una disolución universal". Merece atención este pasaje, pues recuerda muy exactamente las críticas de Blanco White contra los jefes republicanos. Siempre en la "Carta al Americano", con un enfoque idéntico y con el mismo tono irónico, se había burlado de su inexperiencia política, de su idealismo utópico y de sus pretensiones a dirigir el país sin conocer otra cosa que indigestos principios sacados de "los tratados de derecho natural y de política". Esa ciencia libresca y la aplicación de los principios revolucionarios franceses a un pueblo que no estaba preparado para entenderlos, llevaban inevitablemente a la destrucción del "orden social establecido" y a la "desorganización universal". 20 Si cotejamos los dos textos, comprobamos ciertas similitudes. Parece que Bolívar, sin duda de manera inconsciente, se acuerda de ciertas expresiones de Blanco White, dándoles una forma más concisa. El término "filósofos", aplicado a los gobernantes para burlarse de su idealismo, se halla en los dos textos; los "tratados de derecho natural y de política" se transforman en "códigos" en Bolívar; la expresión "orden social establecido" se abrevia en "orden social"; la "desorganización universal" se modifica en "disolución universal". En cuanto a la ignorancia de "la ciencia práctica del gobierno" que lamenta Bolívar, se encuentra a la letra en un número anterior de El Español y en forma menos concisa en la "Carta al Americano". 21 Para explicar esas coincidencias de ideas, de tono y de vocabulario, demasiado frecuentes para ser fortuitas, podemos sugerir a título de hipótesis que se trata de reminiscencias. Sin duda Bolívar no tenía El Español en la mesa al redactar su Manifiesto; pero se admitirá por lo menos que se acordó de él para alimentar su reflexión. Abramos aquí un paréntesis para señalar unos comentarios de El Español sobre Bolívar. En febrero de 1814, Blanco White dedica todo un artículo a "la campaña admirable" de Bolívar y rinde homenaje a su genio militar: "La actividad y energía con que este pequeño ejército marchó y peleó hasta entrar en Caracas en agosto del mismo año, es seguramente extraordinaria". 22 Sin embargo las hazañas de Bolívar no le hacen perder a Blanco White su espíritu crítico. Con motivo de la muerte heroica del coronel Girardot, Bolívar había organizado "un viaje fúnebre-triunfal" para llevar su corazón de Valencia a Caracas. Ello excita los sarcasmos del periodista, que se burla de esta ridícula afición del Libertador a "las farsas republicanas" a la francesa. Basta este episodio para que Blanco White piense que Bolívar no es el genio superior, el hombre providencial que necesita América: "...ese jefe que se hiciese respetar de aquellos pueblos, sentando con su conducta la base de ser un hombre moderado, incorruptible y defensor acérrimo de la justicia". Sin embargo parece que Bolívar no le guardó rencor al periodista por sus acerbas censuras, ya que lo encomiaría más tarde en su Carta de Jamaica. Bolívar escribe este texto (6 de septiembre de 1815) cuando el poder español está restaurado en Venezuela y Nueva Granada, "en un momento histórico en que la causa de la Independencia parece perdida irremisiblemente". 23 Es un verdadero manifiesto de propaganda que publica con el fin de atraer la atención mundial y especialmente la de Inglaterra, en un momento crítico en que su apoyo es imprescindible. Con propósito clara-mente separatista analiza el estado de América a la luz del pasado y justifica la ruptura pintando la dominación española con los colores más oscuros de la "leyenda negra" y denunciando los errores de los nuevos gobiernos peninsulares. Sin embargo sabiendo que los ingleses no son nada amigos de repúblicas a la francesa, adopta un enfoque moderado propio para interesarlos, critica los excesos del sistema democrático y federal, e imagina la forma de los futuros estados americanos no sin referirse varias veces al constitucionalismo inglés. Ha elegido unas fuentes que corresponden perfectamente a sus objetivos; se trata esencialmente de: Mier, Historia, 1813; Blanco White, El Español, 1810-1814; Walton, An Exposé of the Dissentions of Spanish América, 1814; D. de Pradt, Las Tres edades de las Colonias, París, 1802. Salvo la última, son obras recién publicadas en Londres que habían defendido la causa americana ante los ingleses. Vinculadas entre sí por tesis o documentos a menudo comunes, constituyen las fuentes primitivas de la historiografía de la Independencia. 24 Precisemos que El Español es la primera cronológicamente y la más importante para la historia reciente, ya que las otras no hacen más que recoger sus tesis por lo que toca a la interpretación de los acontecimientos. Estas obras, subversivas por lo que se refiere al problema colonial, reflejan en lo que atañe al régimen político una ideología conservadora, hostil a la Revolución Francesa y cierta admiración por el modelo inglés. Bolívar explota libremente estas fuentes juiciosamente elegidas, adaptándolas a sus objetivos y según su genio y su experiencia política. Antes de examinar la influencia de El Español, conviene precisar que aunque el autor suele señalar sus fuentes una vez, las utiliza mucho más de lo que deja suponer esta única mención. Es el caso, por ejemplo, cuando invoca un derecho feudal dimanado de los pactos del emperador Carlos V con los primeros conquistadores y cita a Guerra: "El emperador Carlos V formó un pacto...". En realidad no sólo este párrafo sino también el anterior, que trata sobre la exclusión de los empleos y las prohibiciones económicas, no es más que un resumen, notable por su concisión, de varios pasajes de la Historia, Libro XIV, de Mier, quien había firmado su obra como José Guerra. 25 Y podrían multiplicarse los ejemplos para mostrar lo que 24 Pons: Blanco White..., 3.a parte, cap. III; "Influencia de la Historia en la historiografía de la Independencia", en Mier: Historia, ed. crítica, Introducción, págs. CI-CX. 25 Sobre el pacto social, la magna carta, Mier: Historia, Lib. Tomo LV, 2, 1998 debe a la Historia la Carta de Jamaica, por lo que se refiere no sólo a los hechos sino a las ideas. 26 Volvamos a El Español. Después de mostrar que la independencia se justificaba por la larga serie de abusos de la época colonial, inspirándose en Mier, Bolívar llegaba a los acontecimientos recientes y remitía a su lector al periódico de Blanco: "Sobre la naturaleza de los gobiernos españoles, sus decretos conminatorios y hostiles, y el curso entero de su desesperada conducta hay escritos, del mayor mérito, en el periódico "El Español" cuyo autor es el señor Blanco; y estando allí esta parte de nuestra historia muy bien tratada, me limito a indicarlo". 27 Cabe advertir en seguida que Bolívar confiesa no sólo que había leído El Español sino que tenía de él un conocimiento profundo, general y detallado. Lo que llama en efecto la atención es que este elogio es incondicional; supone una adhesión sin ninguna reserva a todas las tesis fundamentales de Blanco White y a su interpretación de la historia reciente. Como si para probar la responsabilidad de los gobiernos peninsulares en el origen de la guerra y la subida del separatismo, Bolívar estimara que no hubiera podido decirlo mejor. Como si el periódico tuviera toda su confianza y fuera bastante famoso entre los americanos y los ingleses para que se ahorrara el trabajo de repetirlo. Todo eso no es extraño si se tiene en cuenta el apoyo que El Español había prestado a la causa americana, acción que había suscitado los encomios entusiastas de Roscio en la Gaceta de Caracas. Recordemos en efecto que Blanco White había defendido las primeras tesis de la Junta de Caracas; había puesto en duda la legitimidad de los gobiernos españoles para legislar sobre América; había demostrado la injusticia de la guerra declarada por la Regencia; había profetizado que la solución militar llevaría a la derrota ineluctable de España y a la ruptura moral definitiva con América. Todo ello permite entender que el Libertador suscriba enteramente la crítica de Blanco contra los gobiernos peninsulares y reconozca la importancia excepcional del periódico para justificar la lucha por la independencia. Como Bolívar se adhería totalmente a las tesis fundamentales de El Español, no hay que extrañarse de que lo haya utilizado mucho más y sin mencionarlo, como lo ha hecho con la Historia de Mier. Primer ejemplo: recalca la imposibilidad para España de mantener su dominación en 26 Véase nota 1. Anuario de Estudios Americanos América y observa irónicamente el carácter aberrante de la política de reconquista militar: "¡Qué demencia la de nuestra enemiga pretender reconquistar la América, sin marina, sin tesoro y casi sin soldados! pues los que tiene, apenas son bastantes para retener a su propio pueblo en una violenta obediencia y defenderse de sus vecinos". 28 Repárese inmediatamente en que las alusiones al mantenimiento del orden en España y a la defensa contra los franceses son completamente anacrónicas en 1815. Bolívar ha encontrado el argumento en El Español y lo utiliza sin atender a la cronología porque lo esencial para él es su incontrastable fuerza de propaganda. En efecto, no hace más que resumir una tesis fundamental de Blanco White a la que él mismo ha aludido anteriormente al hablar de la "desesperada conducta" de los gobiernos españoles: España, que carecía de medios financieros, navales y militares, no podía mantener su dominación en América y las tropas y los fondos sacrificados a la guerra colonial faltaban incluso para su propia defensa contra Napoléon. En estas circunstancias empeñarse en una solución militar era "un delirio... una locura". 29 En cuanto a la imposibilidad para el gobierno de hacerse obedecer en España cuando pretendía gobernar en América, Blanco White había escrito con tono sarcástico, aludiendo a la resistencia del clero después de la abolición de la Inquisición: "¿Quién será tan necio que crea que los que apenas pueden valerse para gobernar a los clérigos y frailes de Cádiz, dirijan pueblos más allá del Océano? Semejante delirio no cabe en cerebro humano". 30 Segundo ejemplo: Bolívar admite por un momento que España podía conseguir una pacificación temporal, pero afirma inmediatamente después que los americanos volverían a levantarse:"¿no volverán a formarse dentro de veinte años los mismos patrióticos designios...?" Otra vez se trata de un argumento de Blanco White: la pacificación era ilusoria pues la represión nutriría la rebelión. Excepto el plazo de veinte años, había emitido la misma hipótesis y había concluido de la misma manera: "De nada se servirá aquietar por el pronto a México y Buenos Aires... volverán con el menor motivo a tomar las armas en su defensa". 31 Tercer ejemplo: Bolívar insiste en la imposibilidad para España de mantener el monopolio, porque no tenía medios para ello: "...¿podrá esta nación hacer el comercio exclusivo de la mitad del mundo, sin manufacturas, sin producciones territoriales, sin artes, sin ciencias, sin política?" Es una idea que El Español había lanzado el primero, en una fórmula notable por su concisión y su fuerza de convicción: "Sin fondos, sin industria, sin máquinas ni saber, España es el país con menos derechos a exigir de sus colonias un comercio exclusivo". 32 La habían repetido Mier en su Segunda Carta y Walton en su Exposé. Es patente que Bolívar se acuerda de la fórmula, como lo confirma el cotejo de los textos que permite seguir la filiación entre El Español y la Carta de Jamaica; las similitudes son flagrantes. 33 Así pues resulta manifiesto que Bolívar, después de reconocer el valor incomparable de El Español para la defensa de los derechos de los americanos, ha recuperado su crítica de los gobiernos peninsulares para mostrar que la separación era irrevocable y justificar ante los ingleses la ruptura moral y psicológica con España. No se limitó Bolívar a utilizar en un sentido radical y subversivo la crítica al poder español de Blanco; se valió también en un sentido moderado y pragmático de una de sus tesis más originales: América no estaba madura para una verdadera independencia. El elogio de El Español está situado entre dos pasajes que desarrollan la idea, bastante inesperada en un jefe independentista, de que "la América no estaba preparada para desprenderse de la metrópoli, como súbitamente sucedió...". Aquí Bolívar reconoce más o menos implícitamente que los americanos partidarios de la independencia eran en 1808 -y aun antes-extremadamente minoritarios. 33 Mier cita libremente dos veces el periódico: "Usted mismo ha dicho en otra parte que España, sin talentos, industria ni saber, era la menos digna de exigir una sumisión entera de los americanos". SC, pág. 209; "...porque España, sin industria, sin saber, sin manufacturas, ni marina (y sin Provincias ahora) no puede llevar nada a América", ibídem, pág. 293. Walton traduce pura y simplemente la frase sacada de El Español sin mencionar la fuente (An Exposé of the dissentions of Spanish America, Londres, 1814, pág. 308). Anuario de Estudios Americanos tenía una identidad incierta: "no somos indios ni europeos, sino una especie media...". Pero la razón principal es que los americanos del sur, al contrario de los norteamericanos, carecían de experiencia política en su administración interior para asumir las responsabilidades de un estado independiente porque España los había mantenido en la "servidumbre". En resumidas cuentas, Bolívar, teniendo en cuenta la opinion general de los pueblos, la diversidad de la población, la herencia del pasado colonial y la diferencia de evolución entre la América del Sur y los Estados Unidos, admitía que ésta no estaba preparada para asumir la independencia, que el sistema democrático no le convenía de momento y era necesaria una etapa de transición antes de "elevarse al goce de la libertad". 34 Este análisis, notable por su moderación y su realismo, confiere a la doctrina de Bolívar una profunda originalidad en el pensamiento político de la emancipación. La idea de que la independencia era prematura era moderna y aun modernísima, ya que la confirmó en general toda la historia posterior de Hispanoamérica. Iba a contracorriente de todo lo que se pensaba en la época. Bien sabido es que en los años anteriores y posteriores a 1810, el ejemplo de los Estados Unidos constituyó para los hispanoamericanos una incitación a sacudir el yugo y después a imitar su régimen republicano. Que la América española estaba perfectamente madura para proclamar su independencia siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, era la tesis optimista que mantenían todos los líderes independentistas, Miranda o Mier por ejemplo. 35 Por el contrario, Blanco White fue el primer escritor que rechazó esta idea y aunque favorable a la independencia en principio, afirmó que era prematura en 1811. Se fundaba en un análisis que revelaba un profundo conocimiento de la situación política, económica y social de la América española a principios del siglo XIX, que se apoyaba en Humboldt, fuente que cita también Bolívar. La primera razón que aducía era que la opinión general no estaba decidida por la independencia; sólo una minoría de criollos pensaba en ella. La segunda razón era que América todavía carecía de cohesión social y estaba buscando su identidad: su población heterogénea, dividida en razas y castas con intereses opuestos, no formaba "un verdadero pueblo". 36 pendencia inmediata era que, a diferencia de las colonias inglesas, los americanos españoles no habían podido hacer el aprendizaje de la libertad, o sea adquirir una experiencia política -"no han tenido jamás parte en su administración interior"-porque el despotismo los había mantenido en la pasividad: "en la completa esclavitud que pinta Mr Burke".37 "No vuelvan los ojos a los Estados Unidos -repetía Blanco White a los americanos-; la América española no ha pasado aún el noviciado de la libertad...". Por eso les había aconsejado que se limitasen a pedir una "independencia moderada" que fuera una etapa de transición en la que hubieran podido aprender a manejar "su administración interior" y hacer reformas imprescindibles en el dominio económico, social y educativo, antes de alcanzar la verdadera independencia. 38 No cabe duda de que, al hacer hincapié en el concepto de la falta de madurez de América, debida a una identidad incierta y a la inexperiencia política, al rechazar el ejemplo norteamericano por estar completamente inadaptado a la realidad político-social de los estados nacientes y al reconocer la necesidad de una etapa de transición entre el régimen colonial y la verdadera libertad, Bolívar ha adoptado el análisis lúcido y realista de Blanco White para confirmar sus propias intuiciones; los dos coinciden en una idea esencial: para asumir la realidad del poder los americanos debían tener en cuenta el poder de la realidad. Exactamente lo mismo acontece cuando Bolívar reconoce cuán difícil era para una colonia recién liberada del despotismo convertirse de repente en una república. Preguntándose sobre la capacidad de sus compatriotas para asumir los riesgos de la libertad y mantener una república, Bolívar escribe: "...¿seremos capaces de mantener en un verdadero equilibrio la difícil carga de una república? ¿Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como a Icaro, se les deshagan las alas y recaiga al abismo? Tal prodigio es inconcebible". No parece sino que Bolívar tiene en la mente un pasaje donde Blanco White había recalcado esta imposibilidad, había condenado el paso precipitado de una colonia oprimida a la república y había evocado el peligro de caer en "el golfo borrascoso de la democracia": "¿Tan pronto se convierte una colonia esclavizada en una república? ¿Por qué había de ser más ignominioso para el gobierno de Caracas enseñar poco a poco a ser libre que no arrojarlo de repente en medio del golfo borrascoso de la democracia?". Amén de la similitud de la idea y del giro -interrogativo-se notará sobre todo la sorprendente analogía de la metáfora final: la caída en el mar -"el abismo, el golfo". 39 En realidad Bolívar, hombre de acción y de orden, experimenta cierta desconfianza por la democracia, régimen débil que puede llevar a la anarquía. Al lamentar la inexperiencia política de los americanos, adopta un punto de vista que dista mucho de ser democrático y llama la atención por su aspecto conservador: "Si hubiésemos siquiera manejado nuestros negocios... gozaríamos también de la consideración personal que impone a los ojos del pueblo cierto respeto maquinal que es tan necesario conservar en las revoluciones". De nuevo suscribe a una advertencia antidemocrática de Blanco White que en su "Contestación a la Carta de un Americano" había precavido a los americanos contra "esta cadena de revoluciones" y había subrayado la necesidad para los gobernantes de conservar "el respeto reverencial" del pueblo: "...la poderosa ilusión del respeto reverencial y de costumbre, que sólo se concilian los individuos o los cuerpos después de muchos años de establecidos en el mando...". 40 Observamos aquí otra similitud casi literal; Bolívar, una vez más, abrevia la expresión de Blanco White: "respeto reverencial y de costumbre" se convierte en "respeto maquinal". No sólo Bolívar se acordó de El Español para criticar la democracia porque estaba inadaptada a una antigua colonia recién salida de la tutela española, sino que se adhirió al constitucionalismo inglés que Blanco White, con espíritu moderado, había aconsejado para España. Importa señalar que optaba por "un medio entre extremos opuestos", o sea los de la democracia pura -"las anarquías demagógicas"-y los de la tiranía autocrática. Es exactamente este "camino medio... un justo medio", o sea un régimen moderado de tipo inglés, el que había elegido Blanco White 39 CJ, pág. 67; Esp. n.o 19, 30 de octubre de 1811, T. IV, pág. 44. 40 CJ, pág. 63; "Contestación... a la Carta de un Americano", Esp. Tomo LV, 2, 1998 para España y por la misma razón: evitar el absolutismo tradicional y la democracia a la francesa que llevaba a la anarquía y luego a la tiranía. 41 Conviene advertir que el concepto de que la América española no estaba preparada para la independencia absoluta y la democracia era un punto importante de la polémica entre Blanco White y Mier. No parece sino que Bolívar, después de leer atentamente esta polémica, ha rechazado las tesis del mexicano caracterizadas por cierto optimismo nacionalista y ha adoptado el análisis de Blanco White marcado por el realismo. Todo eso parece comprobado por el hecho de que Bolívar conocía la Segunda Carta al Español. El famoso pasaje sobre un Congreso en Panamá que hace de Bolívar el precursor del panamericanismo -"Es una idea grandiosa formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación..."-se inspira en Mier, Segunda Carta. 42 Se podría pensar que, con el tiempo, Bolívar hubiera olvidado El Español. En el Discurso de Angostura (1819) procuró superar la anarquía democrática y federal tomando como modelo el régimen constitucional inglés. Para convencer a los diputados apegados a la Constitución de 1811, resumió o desarrolló todas las ideas que, acordándose del análisis realista y moderado de Blanco White, había expresado ya en el Manifiesto de Cartagena o la Carta de Jamaica: falta de madurez de América debida a una identidad incierta, a una "sociedad heterogénea" y al pasado colonial que no había permitido a los americanos conocer "la ciencia del gobierno"; importancia de "la consideración personal" debida por el pueblo a los gobernantes en las revoluciones; imposibilidad para Venezuela de seguir el ejemplo, "demasiado lisonjero", de los Estados Unidos; imposibilidad de asimilar la situación de "dos estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español"; dificultades para aplicar el sistema representativo y federal en una colonia recién salida de la tutela española. 42 CJ, pág. 72; Esp. n.o 24, 30 de abril de 1812, T. IV, págs. 424-425; "Un Congreso, pues, junto al istmo de Panamá, árbitro único de la paz y la guerra en todo el Continente Colombiano, no sólo contendría la ambición del Principino del Brasil y las pretensiones que pudiesen formar los Estados Unidos sino a la Europa toda... Las desgracias del mundo viejo debieran dar estas lecciones al nuevo, donde sólo son practicables por la homogeneidad de la lengua, educación, costumbres, religión y leyes" SC, págs.197-198. Murillo Rubiera, F.: "La solidaridad americana en el pensamiento internacionalista de Andrés Bello", Quinto Centenario, Madrid, 1986, págs. 19-61. Anuario de Estudios Americanos colonial, así Bolívar reconoce la necesidad de una larga etapa de reformas -"largo tiempo"-antes de liquidar las reliquias de la dominación española. 43 Sin embargo lo que distingue el Discurso de Angostura de los escritos anteriores es que Bolívar se entrega a una crítica del democratismo jacobino, fundado en principios tomados de la Revolución Francesa, los Estados Unidos y la España liberal que habían marcado la Constitución de 1811; por otra parte, trata de imaginar un orden constitucional que pudiera superar las deficiencias de la Primera República. En esta crítica y en este proyecto es donde la influencia de Blanco White llama más la atención. Cuando Bolívar rechaza la democracia absoluta, "las brillantes formas de libertad... el ejemplo... demasiado lisonjero... la libertad absoluta... las teorías abstractas...que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada", porque llevan a la anarquía o al poder absoluto, no parece sino que se oye a Blanco White. Este, después de convertirse al conservadurismo británico de Burke, había atacado a los liberales españoles y a los republicanos de Caracas por haber instalado un régimen democrático fundado en principios abstractos, brillantes, pero peligrosos en práctica, copiados de la Revolución Francesa. No había dejado de denunciar "la libertad absoluta... la igualdad en abstracto... los planes de libertad que aparecen tan sencillos y brillantes... los prospectos lisonjeros, las teorías abstractas...". Y había profetizado que ese régimen frágil llevaría a la anarquía y luego a un nuevo despotismo. 44 Dichas ideas, decía él pensando en Francia, no eran más que "una multitud de cálculos abstractos que lejos de ser fruto de la experiencia, eran planes absurdos de personas que estrellaron a su patria en el escollo de la anarquía". Aunque no se puede excluir una coincidencia por ser la imagen un tópico, parece que Bolívar se acuerda de este pasaje cuando escribe: "La libertad indefinida, la democracia absoluta son los escollos a donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas". 45 Después de condenar el régimen democrático por su debilidad y su tendencia a la anarquía, Bolívar hace hincapié en la necesidad de crear un régimen que sea en primer lugar fuerte y eficiente, pero en segundo lugar moderado, es decir que pueda conciliar la autoridad con la libertad. Es exactamente este tipo de gobierno el que había propuesto Blanco White. 46 Para imaginar este régimen, Bolívar, acudiendo a las lecciones de la experiencia y de la historia y rechazando "las brillantes formas de libertad", elige como modelo la Constitución inglesa. Al recomendar a los legisladores el estudio de ésta "por ser la más digna de servir de modelo", al precisar que deben imitarla pero sin imitación servil, porque el sistema de gobierno debe "ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación", parece que se hace eco de verdaderas obsesiones de Blanco White. Este no había dejado de hacer el elogio de la Constitución inglesa cuya estabilidad, que oponía a "los planes de libertad brillantes" a la francesa, había sido sancionada por la experiencia de los siglos; y había recomendado a las Cortes que la tomasen como modelo pero sin copiarla servilmente porque "los principios fundamentales deben ser comunes a todas las naciones y el modo de ponerlos en práctica debe ser peculiar de cada una". 47 La República que imagina Bolívar, con un presidente vitalicio en vez de un rey, se parece mucho a la monarquía limitada a la inglesa que había recomendado Blanco White para España. Propone un gobierno fuerte y centralizado en su estructura pero liberal en sus principios: soberanía del pueblo, división y equilibrio de los poderes, libertad civil, de conciencia, de imprenta. Blanco White había propuesto la misma forma de gobierno, con ejecutivo fuerte, fundado en los mismos principios, excepto la soberanía del pueblo, pues quería mantener la soberanía real con todas sus prerrogativas. Sin embargo es en el proyecto del Senado hereditario donde la influencia de El Español aparece más notable. Como en la Carta de Jamaica, Bolívar considera la creación del Senado como el mejor medio para fundar un régimen moderado y estable. Sería un elemento de equilibrio entre los poderes del gobierno y de la Cámara de Representantes: "adicto al gobierno por el interés de su propia conservación pararía los rayos del gobierno y rechazaría las olas populares...servirá de contrapeso para el gobierno y para el pueblo". Anuario de Estudios Americanos dad del régimen constitucional mediante la creación de una segunda cámara cuyos intereses se vincularan con los del gobierno y que pudiera resistir a las inclinaciones populares de las Cortes y al autoritarismo del gobierno. Esta idea de equilibrio, repetida a menudo, se expresa dos veces con una imagen de la que al parecer se acordó Bolívar: "servirá de contrapeso". 48 Si ahora entramos en el detalle, las huellas de El Español aparecen flagrantes en un pasaje sobre el Senado, donde Bolívar se inspira muy ceñidamente en un párrafo de un número que no podía dejar de llamar su atención siquiera porque este número, que ya hemos señalado, contiene comentarios sobre "la campaña admirable" y su propia persona. El motivo de la creación de la segunda cámara y el sistema de nombramiento son los mismos. 49 Para evitar que el porvenir de la República dependiera de un cambio de mayoría en la Cámara de Representantes -el juego aventurado de las elecciones sometido al pueblo ignorante-el Libertador imaginaba crear un Senado hereditario que pudiera garantizar la continuidad del régimen: "Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura de las elecciones". Ahora bien, después de la victoria de los conservadores en las elecciones para las Cortes ordinarias (1813-1814) con el mismo propósito -asegurar la estabilidad del régimen constitucional, evitar que su existencia se viera expuesta a un cambio de mayoría en las Cortes-Blanco White había recomendado de nuevo la creación de una segunda cámara.Y en una forma que presenta cierta similitud: "La existencia de la Constitución misma depende de que no se deje todo a una votación". Más arriba asoma la idea de casualidad: "el vuelco de un dado". Por lo que se refiere a los requisitos de nombramiento, Bolívar proponía que los senadores fuesen elegidos la primera vez por el Congreso entre los libertadores de Venezuela, como prueba de gratitud por su papel en la fundación de la República -"sus primeros bienhechores". En cuanto a Blanco White, había aconsejado que los miembros de la segunda cámara fuesen elegidos entre los individuos de la Comisión constitucional, en premio de su celo por la libertad de la patria -"beneméritos de ella". Bolívar añadía que los sucesores, hereditarios, serían educados "en un Colegio especialmente destinado para instruirlos". Salvo esta precisión -el Colegio-Blanco White había sugerido que "convendría perpetuar este privilegio en sus herederos a quienes podrían educar" en el amor a la libertad Y Blanco White: "Cuando recomiendo las leyes y costumbres inglesas, fruto del saber y experiencia de los siglos, no es mi ánimo proponerlas como un dechado que se debe copiar servilmente". 50 La filiación entre El Español y Bolívar nos parece corroborada indirectamente por el periodista que reconoció en el Discurso de Angostura la realización de su propio ideario político. En 1823, en las Variedades, n.o•1, después de publicar una noticia biográfica de Bolívar, aprobó el discurso con el entusiasmo de quien veía por fin seguidos, por uno de los más famosos americanos, los consejos que había dado en materia constitucional. Hizo un curioso resumen del texto donde, más que las ideas de Bolívar, expresaba sus propias obsesiones. Lo centraba en la Constitución inglesa "que ha sido el resultado de la experiencia y no de sueños lisonjeros y brillantes" pero que había que adaptar a las "circunstancias" del pueblo. Al mencionar los principios republicanos, aunque omitía la soberanía del pueblo, hacía hincapié en los que él mismo no había dejado de recomendar, añadiendo comentarios personales que expresaban su aprobación entusiasta y que subrayamos: 50 DA, pág. 114; Esp. n.o 8, 30 de noviembre de 1810, T. II, pág. 148 nota. Anuario de Estudios Americanos "... la división de poderes, único medio de evitar toda especie de tiranía; la libertad de conciencia, único medio de criar ánimos francos y denodados; la libertad de la imprenta, antídoto sin igual de los abusos públicos...". 51 No es exagerado concluir que de la misma manera que Bolívar en 1815 había suscrito enteramente las tesis subversivas de El Español, así Blanco White expresaba implícitamente su total conformidad con el Discurso de Angostura en materia constitucional. Dos años después confirmaba su estima y admiración al Libertador. Al saludar la victoria de Ayacucho, rindió homenaje a Bolívar encomiando su integridad moral, particularmente su desinterés: "Del Libertador Bolívar siempre he tenido opinión muy favorable, no tanto por sus extraordinarios talentos militares, como por el noble desinterés que constituye su carácter". 52 La influencia de Blanco White en Bolívar que acabamos de poner en evidencia permite tratar de comprender por qué un historiador como Stoetzer ha encontrado resonancias burkeanas en el ideario político del Libertador, aunque no existen pruebas de que fuera influenciado por Edmund Burke, que había fallecido en 1797. 53 En sus Reflexiones sobre la Revolución francesa, éste había expuesto una filosofía conservadora e incluso contrarrevolucionaria que resumimos a grandes rasgos. Burke rechazaba los principios abstractos en el tratamiento de las cuestiones prácticas y la teoría de los derechos del hombre. Acudía a la historia y la experiencia para guiarse en los problemas políticos y hacía el elogio del constitucionalismo inglés que había fundado un gobierno estable y equilibrado. Finalmente recomendaba tener en cuenta las consideraciones de conveniencia, de circunstancias -palabra-clave de su vocabulario y regla fundamental para él de la acción política. Aunque, como ya lo hemos visto, estos elementos se hallan en el pensamiento de Bolívar, la dificultad es que no se ha podido probar la influencia directa de Burke en Bolívar. Para resolverla nos atrevemos a sugerir una hipótesis: como otros hispanoamericanos, el Libertador tuvo conocimiento indirecto de las ideas burkeanas gracias a El Español que las había recogido, actualizado y difundido en una lengua más asequible para ellos. Al llamar la atención sobre El Español como una de las fuentes importantes del Manifiesto de Cartagena, de la Carta de Jamaica y del Discurso de Angostura, no hemos querido poner en duda la originalidad de Bolívar: aunque se adhería a las críticas de Blanco White contra los republicanos de 1811, sacaba una conclusión diametralmente opuesta: había que seguir la lucha; por otra parte adaptaba el constitucionalismo británico vulgarizado por Blanco White a las exigencias de los nuevos estados. De las coincidencias que hemos señalado sin pretender la exhaustividad, 54 podemos por lo menos inferir la existencia indudable de un vínculo ideológico, de una comunidad de ideas entre el publicista y el Libertador. Consciente del valor histórico y crítico de El Español, Bolívar se inspiró en él para fomentar su reflexión; lo utilizó en un sentido subversivo y conservador como lo hicieron también otros líderes hispanoamericanos; en primer lugar para poner la historia al servicio de la lucha contra España, en segundo lugar para analizar las dificultades de la independencia o de la democracia en las antiguas colonias y por último para imaginar el tipo de gobierno que conviniera a los nacientes estados. Para concluir queda por tratar de explicar por qué Bolívar se acordó tan a menudo de Blanco White y se adhirió a sus ideas: no parece sino que El Español desempeñó un papel de catalizador, precisando y reforzando sus propias opiniones y permitiéndole elaborar entonces nuevas soluciones. Como advierte Manuel Fraga Iribarne: "Este educador de los pueblos, como Napoleón, desconfía de los "ideólogos", de los "buenos visionarios", de los "espíritus partidarios". Bolívar es un hombre culto de estilo anglosajón, no un ateneista de corte latino. Realismo y moderación, nada de radicalismo y utopía". 55 Realismo y moderación, pragmatismo inglés -aunque no falta el idealismo-tales son precisamente los rasgos que pueden caracterizar el ideario político de Blanco White. En definitiva si El Español ejerció sobre el pensamiento de Bolívar una atracción indudable quizás sea porque encontró en él el reflejo de ciertas de sus propias tendencias y algo que admiraba en secreto: el pragmatismo iluminado por una mente clara.
El presente ensayo, privilegia de igual modo el objeto de estudio (Sistema Representativo) y el método (histórico-semántico desde la perspectiva del análisis del discurso). Nuestro objetivo persigue enfrentar el objeto de estudio, atendiendo a la re-presentación que del mismo se hacían las minorías reflexivas rioplatenses, y hacerlo a través del análisis del discurso histórico-político por ellas producido. Como resultado de la investigación, este estudio, al poner en relación el objeto -Sistema Representativo-con el órgano conceptivo de esa realidad -discurso-accede, desde tal perspectiva, a la decodificación del mismo, ofreciendo una exégesis del discurso que descubre el sentido de sus signos dentro de su contexto histórico. Nuestra investigación atendió, respecto de nuestro objeto de estudio, al análisis de fuentes -específicamente periódicos de la época y Actas de los Congresos Constituyentesy, respecto del método elegido, a los trabajos bibliográficos relacionados con el análisis del discurso en general y con el análisis del discurso histórico-político, en particular. Si bien este ensayo toma como objeto de estudio un tema de historia de las ideas y de las instituciones políticas -el Sistema Representativo-, privilegia también el método con que se procede a su abordaje, por estimar que permite una visión menos impresionista de esa realidad. Tal objeto de estudio lo afrontamos siguiendo la re-presentación que se hacían las minorías reflexivas rioplatenses, a través del análisis de su discurso político, entendiendo por discurso "un proceso estructurante de significación"; 1 el "lugar de la contextualización". 2 Buscamos estudiarlo atendiendo a los códigos que su cultura nos impone, articulando el Sistema Representativo con el discurso y, desde tal perspectiva, descubrir el sentido de sus signos3 dentro de su contexto. En suma, método histórico -conceptualizante-de raíz lingüística -análisis del discurso-,4 es decir, enfoque interdisciplinario histórico-semántico, histórico por su objeto y lingüístico por su método. A través del análisis del discurso perseguimos demostrar que el proceso de selección de un sintagma o de un lexema, por parte de las minorías reflexivas, nada tiene de azaroso o arbitrario.Durante el período estudiado se acuñaron "conceptos", en tanto respuesta al "destino" de una sociedad concreta5 y no como simple remedo de otra realidad, conformándose osados'discursos-tipo', que permiten identificar sendos proyectos de sociedad (de signo monárquico o republicano, en una instancia, unitario o federal, en otra). "Precisar" y "rectificar" constituyen la base del pensamiento dinámico y, de suyo, lo alejan de las seductoras uniformidades,6 siempre peligrosas, aún más cuando se producen las aceleraciones de la historia que, para el caso específico del vocabulario político, el siglo XVIII traduce en violentos desplazamientos semánticos a través del envilecimiento y ennoblecimiento de lexemas y sintagmas, para todo lo cual la realidad indiana ofrece, además, perspectivas singulares. En este sentido y, atentos a nuestro objeto de estudio, observaremos que el mismo, en la misma época, coincide en tanto significante, pero difiere en su significado,7 lo cual nos inclinó a introducir una taxonomía (Sistema Representativo Ortodoxo e Imperfecto) para encuadrar las re-presentaciones que se hacían de éste las élites rioplatenses. En virtud de la relevancia que el debate sobre las modalidades gubernativas (expresiones del Sistema Representativo) alcanza en el Congreso de Tucumán; intensidad y hondura que éste retoma durante las sesiones del Congreso Constituyente de 1824-1827. Las minorías reflexivas rioplatenses y el Sistema Representativo ¿Sobre qué marcos de referencia institucional operaban estas minorías? El marco de referencia lo proporciona Europa occidental, donde pujan dos modelos institucionales antagónicos, reflejo de dos concepciones de vida radicalmente diferentes. Por un lado, el "sistema representativo" británico, cuyo modelo de Gobierno mixto será el substratum de otro que, modificado sustancialmente, pero fusionado con él -la Revolución Francesa-bautizará como Monarquía Constitucional, elevado a categoría teórica por el Curso de política constitucional. Este paradigma -modalidad monárquica de lo que llamaremos Sistema Representativo Ortodoxo-supone el eclipse de la forma Monarquía y, por ende, y en su calidad de corporaciones, del clero y la nobleza, que son sus pilares. Tal paradigma, que la ciencia política llamaría Monarquía Parlamentaria, no era conocido con ese nombre en la presente coyuntura. El sintagma Gobierno parlamentario 8 se usaba ocasionalmente como sinónimo de Sistema representativo en sentido lato, tanto para designar una Monarquía temperada (con monarca responsable), para designar el paradigma más tarde denominado presidencialista -según la invención institucional norteamericana-, como para calificar el modelo de monarca "neutro" de Constant. Depositada la soberanía en la representación, el monarca deviene irresponsable, "neutro", conforma, afirma Constant, un "cuarto poder", recayendo el Poder Ejecutivo en un Gabinete responsable ante la autoridad de las Cámaras. Es decir, poder residuario del monarca y omnipotencia legislativa. Si bien no se oculta la contradicción teórica entre el modelo de Gobierno Mixto y el de Monarquía Constitucional con monarca "neutro", el segundo absorberá el carácter arquetípico del primero; arquetipo vertebrador de cualquier modalidad de Sistema Representativo, sea imperfecto u ortodoxo: no se puede concebir éste sin aquél. En tal sentido, ya las primeras constituciones escritas (norteamericana y fran-cesa), reproducían los principios básicos del paradigma británico, pues ambas se conformaban sobre el principio de la división del poder. Pero, en tanto la primera, gesta un segundo paradigma de Sistema Representativo Ortodoxo, pues construye su Gobierno mixto con poderes absolutamente electivos, otorgando un papel protagónico al Poder Judicial y acentuando la separación de las ramas del poder, la segunda, distorsiona el concepto de Gobierno Mixto, al estructurar la rama legislativa con una sola Cámara; convirtiéndose en la primera expresión de Sistema Representativo Imperfecto. Frente al paradigma del Estado liberal se opone el modelo del legitimismo, representado por la Santa Alianza. Ante el constitucionalismo, voz que evocaba para las Monarquías continentales la subversión institucional, el legitimismo rescataba los fundamentos de la autoridad regia tradicional, la alianza santa Trono-Altar, y todo lo que evocara el acervo tradicional. Las élites rioplatenses que, con mayor o menor fidelidad, se adherían al ideario liberal e ilustrado, como sus pares europeos, identificarían en su discurso legitimismo con Monarquía Absoluta, integrando un campo léxico 9 cuyo eje era: Gobierno despótico. El sintagma Monarquía absoluta aparecía como cómodo estereotipo léxico, tanto para calificar a todo régimen monárquico que ofrecía resistencia al dogma liberal, aun cuando, en rigor, tal régimen había concluido su existencia en Europa Occidental, como para argumentar acerca de las bondades del paradigma británico. Lo cierto es que la Monarquía Constitucional que asomaba en Europa Occidental, resultaba una adaptación del legitimismo monárquico, temperado por la introducción del principio de la división del poder acuñado en una carta constitucional. En la región rioplatense, la forma de gobierno representativa aparece en las primeras propuestas de organización del Estado, sistematizadas por 9 Empleamos la expresión "CAMPO LÉXICO" y, su equivalente en el plano del contenido, "CAMPO SEMÁNTICO", como sinónimos, para referir a lexemas y sintagmas que, por pertenecer a un mismo campo, se encuentran relacionados e integrados dentro de un sistema lingüístico. Cada "CAMPO LÉXICO" lo entendemos integrado por uno o más lexemas o sintagmas que actúan como "eje". (Véase Vallejos de Llobet, Patricia: El léxico intelectual en el español bonaerense de principios del siglo XIX, Bahía Blanca, 1990, págs. 15 y sigs.). Mariano Moreno.10 En este sentido, tanto los proyectos constitucionales de 1813, como el Estatuto de 1815, el Reglamento Provisorio de 1817 y las Constituciones de 1819 y de 1826, se vacían en los moldes del Sistema Representativo.11 Importantes sectores de las minorías reflexivas rioplatenses recurren al paradigma que la literatura política liberal difundía y lo vuelcan en los documentos mencionados, aun cuando no ignoraran que tanto Juntas y Triunviratos como Directorios sólo rendían culto externo a la normativa racional, descansando su existencia, efectivamente, en la fuerza militar. 12 Producida la crisis de 1820, muchas voces se alzan advirtiendo que, por ser el Sistema "más perfecto", grandes eran las dificultades para su implementación. El periódico porteño El Centinela explica que, ni aún en Buenos Aires, donde tanto se escribió en su favor, goza "de una opinión general",13 subrayando que las provincias, aun no poseyendo "un sistema ordenado de principios",14 lo adoptan instintivamente o influidas por el espíritu del siglo. 15 Julián S. de Agüero llamó a no equivocarse con lo observado en pueblos ya constituidos, en donde el gobierno se encontraba establecido, pues si ellos estaban disconformes con el Poder Ejecutivo, trabajaban para reducirlo a los límites legales, en tanto encuentran el basamento que otorga "el prestigio y la ilusión que tienen los reyes de la Monarquía Constitucional". 16 En el Río de la Plata se trataba de establecer el Gobierno sin tener a la mano ninguno de los materiales que se ofrecían en Europa, pues no existía situación similar a la de Iberoamérica "ni en pueblo Antiguo ni Moderno". 17 Entusiasta del Sistema Representativo, pero también consciente de la realidad social rioplatense, el ministro Bernardino Rivadavia, decidió incursionar en la pedagogía política. Fue entonces cuando encargó al deán Funes la traducción de la obra Ensayo sobre las garantías individuales, escrita en 1818 por el publicista francés Pedro C. F. Daunou, aparecida en Buenos Aires en los primeros meses de 1822. Una intención admonitoria inclinó a Rivadavia hacia esta obra. En ella, Daunou enumeraba las cualidades que debían adornar a toda sociedad que aspirara a vivir bajo un Sistema Representativo. Su discurso rezumaba ambiciosos presupuestos, más aún si habían de implementarse en un ámbito donde mediaba un abismo entre la teoría y la praxis política y en el cual, además, todo proyecto de sociedad chocaba con furiosas ambiciones de facción y la absoluta indiferencia de los gobernados. El Sistema fracasa, apuntaba Daunou, cuando la "disposición general de ánimo" es compulsivamente adicta a los cargos públicos y la "masa de gobernados" escéptica respecto del mantenimiento de las "garantías individuales" y del "sistema representativo instituido para defenderlas". Nación libre es la que se gobierna por un Sistema Representativo y éste existe donde se encuentra "una forma de gobierno establecida en la cual aparezcan deslindados los poderes, marcadas sus atribuciones y el modo de ejercerlas". Cuando esto se da, estamos frente a "la forma Representativa Republicana", 19 cuyas "bases firmes" son "la Independencia, la Libertad y la Ilustración". 20 Manuel A. de Castro, Valentín Gómez y demás miembros de la Comisión constituyente del Congreso de 1824-1827, al presentar el "Proyecto" sobre la forma de administración más conveniente, consideran que el Sistema Representativo o su sustituto léxico más extendido, Gobierno Libre, es obra de tres grandes descubrimientos: las asambleas representativas del pueblo, que reemplazan a las colectivas y tumultuarias; la separación y deslinde de los tres poderes y la balanza con que deben contrapesarse las cámaras legislativas. En estricta teoría, la mención de la categoría política que nos ocupa remite a dos sintagmas sinónimos, a saber: Sistema Representativo o Sistema Representativo "Republicano", adjetivo calificativo que refuerza semánticamente la naturaleza electiva de la nueva forma de gobierno. Por tanto, dentro de una estructura sintáctica así definida, para nada alude lo republicano a la categoría clásica República o Democracia, pues supone tanto a la República liberal como a la Monarquía Constitucional, dada la estructura mixta del Sistema que disuelve las categorías políticas tradicionales. Nos importa señalar que el "discurso-tipo" de 1816-1820 planteó al Sistema Representativo casi exclusivamente como dicotomía Monarquía-República, en tanto, luego de 1820, si bien ésta se estableció entre Unidad-Federación, no lo hizo de manera excluyente pues, las élites enroladas en la corriente constitucionalista-liberal, con empatía monárquica y fidelidad principista, emplearon como estrategia discursiva, aludir a las bondades del Sistema Representativo, argumentando que, en tanto un Gobierno sea libre, no importa la modalidad que adopte, pues Monarquía Constitucional o República "sólo son aparentemente contrarios". 22 En este sentido, el "Proyecto" citado, luego de ponderar el buen sistema constitucional de Gran Bretaña y de América del Norte, expresa: "Sólo las FORMAS MIXTAS convienen a las sociedades modernas; porque, separando los vicios de cada una, acumulan las bondades de todas". 23 Cuando se trató en el Congreso General Constituyente de 1816-1820 el proyecto de coronación en el Río de la Plata del duque de Luca, el Congreso impuso como "4.a condición" que las Provincias "reconocerán por su monarca al Duque de Luca bajo la Constitución política que tienen jurada: a excepción de aquellos artículos que no son adaptables a una forma monárquica hereditaria". 24 Lo expresado denota la poca distancia que, dentro del Sistema Representativo, existe -cuando de naturaleza y estructura de Gobierno Mixto se habla-entre una modalidad absolutamente electiva y otra que privilegie el componente hereditario, de igual manera que una cuidadosa decodificación del discurso advierte sobre el carácter estrictamente mixto y no monárquico de la Constitución de 1819. Las minorías reflexivas dirigen su atención fundamentalmente hacia dos modalidades de Sistema Representativo, el Gobierno Mixto -también llamado Monarquía Constitucional-de Gran Bretaña, y, en menor medida, el Gobierno Mixto Republicano, experimentado en los Estados Unidos de América del Norte, este último examinado con mayor atención después de la crisis de 1820, específicamente la estructura de su Poder Ejecutivo, en tanto observan que en Estados Unidos no han hecho "más que poner un PRESIDENTE en lugar de un REY". 25 Tal examen -de rigor por tratarse de arquetipos constitucionales-se confunde dentro del discurso con menciones que se alejan de los arquetipos indicados, por ejemplo, cuando se toma como fuente la Constitución de Cádiz o la Carta francesa. Importa advertir que, quienes redactaron los Proyectos constitucionales de 1819 y de 1826, si bien realizaron un prolijo examen de los paradigmas mencionados y se mantuvieron dentro de sus cánones, dieron a su propuesta un enfoque singular. Es a la naturaleza republicana del Sistema Representativo que se refiere Juan I. de Gorriti cuando, para acallar las voces que estimaban declarada la forma de gobierno atento el juramento pronunciado por los diputados en 1824 al incorporarse al Congreso, acota que es cierto que se ha "jurado sostener la forma de Gobierno republicana bajo un sistema representativo" pero, se pregunta: "¿Cuál es la forma de gobierno representativo que no sea republicano? La forma monárquica, siendo representativa, es republicana". 26 Como afirma Agüero, "todos los gobiernos que son monarquías moderadas tienen mucho de republicano", pues el carácter representativo de sus Cámaras es lo que define a la República. 27 El discurso de las élites rioplatenses, al re-presentarse institucionalmente el Sistema Representativo, acentuará los principios básicos que con-24 Sesión Secreta del [...] 12 de noviembre de 1819, en ACA, v. Anuario de Estudios Americanos forman su campo léxico: división del poder; elección; publicidad. Todo Gobierno Libre se levanta sobre dos principios fundamentales: "independencia [y] armonía entre los poderes", afirma Valentín Gómez. 28 Los diputados del Congreso de 1816-1820, al referir al sistema de representación por el procedimiento electoral, nos ofrecen el discurso-tipo de la época estudiada, afirmando que tal sistema, único digno de "Pueblos libres", sustituye "a las reuniones en masa", que para diferentes asuntos de "utilidad común", implementaban "los pueblos libres de la Antigüedad". 29 Respecto de la publicidad, acotan los editores de El Argos, que allí donde el Sistema Representativo se encuentre establecido "en toda su extensión, no puede faltar la publicidad" de los actos de gobierno, pues constituye el único medio por el que "los representados se instruyen de la lealtad con que sus representantes" en el Poder Ejecutivo "llenan los deberes".30 Arquetipos y modelos teóricos Antes de abordar específicamente el tema del acápite nos importa precisar, respecto de la estructura de los "discursos-tipo" referidos en este ensayo que, si bien todo discurso es argumentativo, en la época lo es de manera superlativa, predominando los componentes descriptivos, didácticos y prescriptivos del mismo. Generalmente el locutor aparece distanciado de su enunciado y lo plantea como acto de verdad colectiva. De naturaleza neoclásica, el discurso no se aparta demasiado del modelo de la Retórica, en el cual la argumentación surge de la aplicación de una técnica exterior al discurso, suponiendo un determinado efecto persuasivo en el destinatario,31 por otra parte, concebido como receptor pasivo. Es nuestra intención evitar cualquier anarquía léxica; por tanto, y atendiendo a la estructura discursiva de la época, elegimos el lexema "arquetipo" para designar al Sistema Representativo, y "modalidad" para referir al carácter ontológico del arquetipo. Las "modalidades" que lo tipifican remiten a dos paradigmas: Monarquía, expresada por la modalidad Gobierno mixto británico o Monarquía Constitucional con monarca "neutro", y República, por la modalidad Gobierno mixto norteamericano o República democrática. En relación con el arquetipo y las modalidades enunciados, hablaremos de modelo teórico, 32 para referir a aquellas modalidades que, dada su estructura específica difieren, strictu sensu, de los paradigmas. La teoría política contemporánea, al conceptualizar el arquetipo Sistema Representativo del primer tercio del siglo XIX ofrece una visión en extremo generalizadora, impidiendo advertir que, para la época, dentro del mismo arquetipo, se encuadraban modelos teóricos, a veces muy disímiles entre sí y respecto de las modalidades paradigmáticas. Esta variedad de modelos teóricos aparece con claridad en la re-presentación que de los mismos hacen las élites rioplatenses. Atendiendo a razones estrictamente metodológicas nos referiremos a Sistema Representativo Ortodoxo y Sistema Representativo Imperfecto; deslinde que atiende a subrayar las diferencias que se observan en los modelos teóricos, las cuales, en muchos casos, son consignadas en la época imprecisamente. Damos el nombre de Sistema Representativo Ortodoxo a aquél que se identifica con los paradigmas políticos (británico y norteamericano), y encuadramos bajo el nombre de Sistema Representativo Imperfecto aquellas modalidades cuyos modelos teóricos poseen una estructura que se aparta parcialmente de los respectivos paradigmas. Excepción hecha de los paradigmas, no abunda el discurso político de las élites rioplatenses en reflexiones medulosas sobre los distintos modelos teóricos. Se pondera sí la Carta francesa de 1814, por su flexible estructura, logra articular las exigencias de sectores liberales y tradicionalistas; modelo que permitía un acercamiento al paradigma británico, sin abandonar premisas básicas del legitimismo. En orden decreciente, se examinan los modelos temporalmente cercanos, vigentes o no, como el español, el portugués y el de Baviera. Así los lineamientos generales de la Carta, aunque con un énfasis mayor puesto en el carácter histórico-tradicional, se advierten en los modelos teóricos de la Constitución de Baviera y, en la misma línea, en la de Portugal, nacida al derogarse la Constitución inspirada en los principios de la de Cádiz, ésta 32 Ferrater Mora, José: Diccionario de Filosofía, Buenos Aires, 1975, s.v., modalidad, tipo, modelo. última, obra del liberalismo doctrinario español. El discurso ofrece dos lecturas: descriptiva de la organización estamental de las Cámaras y, en su repliegue, persuasiva, en tanto busca advertir sobre la necesidad de priorizar la realidad histórica cuando se aceptan formas nuevas. Respecto de la llamada "forma de administración" (centralizada o no), podemos afirmar, siguiendo la taxonomía inaugurada por Alexis de Tocqueville luego de 1830 que, en tanto el modelo constitucional se encuadrara en el concepto del tradicionalismo-histórico, se imponía un amplio grado de descentralización espacial, el que quedaba reducido considerablemente si se aplicaba la teoría constitucionalista liberal o concepto racionalnormativo, es decir, si el concepto de Estado-Nación triunfaba sobre el de Estado-Región. 33 Importa precisar que los lexemas centralización y descentralización, están casi ausentes en el vocabulario de la época, cuando se alude a las distintas formas de administración del Estado. Lo mismo ocurre en el ámbito rioplatense, donde las voces "consolidado o concentrado" y su antónimo "federal", parecen reflejar más acertadamente ambos conceptos. En resumen, tanto centralización como su contrario, no resultaban voces ilustrativas en el léxico político de la época: carecían de significación ideológica, en tanto no se ajustaban adecuadamente para referir a cuestiones gubernativas ni a representaciones espaciales. Los modelos rioplatenses se encuadran dentro de un Sistema Representativo Imperfecto: de ellos prestaremos atención, dada la envergadura teórica que revisten, a las Constituciones de 1819 y de 1826. Ésta toma "las principales ventajas de los gobiernos monárquico, aristocrático y democrático evitando sus abusos"; lo electivo en distinto grado condensa lo aristocrático y lo democrático, al tiempo que rescata de la monarquía sus principios sustanciales: la unidad que da a los planes, la celeridad de la ejecución, el vigor, la energía. 34 ¿Establece la Constitución de 1819 como forma de gobierno una República o una Monarquía Constitucional?: establece un Gobierno mixto. Como lo apunta el deán Funes en el Manifiesto explicativo de la Constitución, ésta es "un estatuto que se acerca a la perfección: un estado medio entre la convulsión democrática, la injusticia aristocrática y el abuso del poder ilimitado". 35 Más allá de motivaciones políticas que hubieran incidido para no encuadrar la categoría Gobierno mixto dentro de los rótulos República o Monarquía Constitucional (insustanciales para el concepto de Sistema Representativo), omitiendo la sección "Forma de gobierno" del texto, lo cierto es que la designación resulta de absoluta ortodoxia teórica y solidaria con el entramado del discurso, que guarda una total unidad léxica. Tal como surge del Manifiesto que acompaña la Constitución, los autores del proyecto constitucional exhibieron coherencia doctrinaria con la modalidad adoptada. Si el modelo constitucional respondía a una estructura mixta, imponer otro nombre importaba debilitar, en rigurosa teoría, la arquitectura del mismo. Acaso en la prestigiosa constitución norteamericana la definición de la forma de gobierno no resultaba incidental, sólo aludida una vez en la Secc. 4 y última, careciendo de total relevancia. En la Constitución de 1819 puede apreciarse el carácter cuasi-estamentario o, más precisamente, sectorial, en la composición del Senado, contrariamente a la representación individual como exigía el Sistema Representativo Ortodoxo. Los autores del Proyecto Constitucional de 1819 -destacados juristas, como Juan J. Paso y Antonio Sáenz, entre otros-explican la intencionalidad que los condujo a la conformación del Poder Legislativo. Así como se determinó que los representantes fueran "del fuero común", se estimó imprescindible que la Cámara de Senadores reprodujera, aunque fuera imperfectamente, la Cámara de los Pares británica. Las decisiones adoptadas se fundamentaron en la forma mixta 36 del Proyecto Constitucional, teniendo presente la necesidad de encuadrarlo dentro de un modelo absolutamente electivo, recordando que se hacía necesario "aplicar la constitución inglesa en nuestro continente del modo que la pueda recibir". 37 El texto producido por los constituyentes fue el homenaje póstumo a la Monarquía española, entendida bajo la luz del tradicionalismo ilustrado y, en esa línea, dicho homenaje rinde un culto más bien externo al espíritu 35 Funes, G.: Manifiesto..., en ACA, v. del siglo para rescatar en todo lo posible la fuerza de la tradición, es decir, aquellas formas primarias que el imaginario social conserva latentes, reveladoras de la ley interior del discurso. 38 Homenaje al régimen venerado, saturado, prototípico, y a la nobleza como sentida carencia, aquel estamento (genuino equilibrador del Estado) que no debe su origen a la casualidad ni al capricho; estamento que, increíblemente, apunta Manuel A. de Castro, han dejado de lado los constituyentes de Cádiz para conformar las Cortes, cuando en tierras rioplatenses, por carecer de él, hubo que hacer el esfuerzo de inventar algunos. Sus autores producen un modelo teórico inspirado en la Constitución de 1819. Pero, obligados por circunstancias políticas derivadas de la crisis de 1820 y no, en menor medida, por replanteos teóricos demostrativos de las ventajas a obtenerse por la desaparición de la numerosa representación provincial, acordaron dejar de lado el Senado cuasi-estamental, guiándose por los lineamientos del paradigma estadounidense. La eliminación del Senado corporativo producía un doble efecto: por un lado le quita protagonismo efectivo al principio aristocrático, al perder el Senado el vigor y poder de decisión que, por su naturaleza, proporcionan las organizaciones corporativas. La tarea posterior consistirá en reestructurarlo sobre otras bases. Por otro, en tanto las corporaciones son exponentes de las distintas clases sociales, se obstruía el puente que acercaba los intereses sectoriales operantes en cada una de las Provincias. Eliminada en la Constitución de 1826 la forma de representación con mandato imperativo, se destruye la organización cuasi-confederal a la que está ligada, quedando la representación en manos de individuos que no responden a corporación alguna y que, a su vez, se consideran desvinculados de sus representados -base del Sistema Representativo Ortodoxo-. Éstos representan los intereses de la Nación -concepto racional-normativo-y no los de sus respectivas Provincias o Pueblos -concepto tradicional-histórico o contractualista-. 38 Foucault, M.: Las palabras..., pág. 5. Semanario de Buenos Aires, n.o 3, 24 de enero de 1815, Periódicos de la época de la Revolución de Mayo. Tomo LV, 2, 1998 La idea de Estado-Nación se identifica con un vigoroso centralismo político-administrativo que, a su vez, conduce a un aumento gradual de la centralización espacial. En tanto, el concepto de Estado de base contractual, que se encuentra en los cimientos del Imperio ibérico, alterna el vigoroso centralismo político con una acentuada descentralización espacial, de manera elocuente reflejada en el enfoque casuista del Derecho, apenas conmovido, en la praxis, con el advenimiento de la Casa de Borbón. 40 La teoría del discurso, entendida como teoría del conocimiento, 41 y la consiguiente decodificación de los textos, permite también advertir, respecto del Poder Judicial que, si bien los autores de la Constitución de 1826 lo diseñan sobre la base del texto estadounidense, no hacen de éste el eje del sistema, como lo es en la Constitución de 1787. En tal sentido, el énfasis del discurso se continúa colocando en el paradigma británico, de allí que el principio aristocrático dé el tono a la Constitución. Desaparecido el Senado corporativo, se busca fortalecer dicho principio avanzando sobre la Cámara de Diputados, debilitando el principio democrático de que se nutre. 2.a (De la Ciudadanía) obraba en esa dirección. Preservar la imagen del orden monárquico surgía como un imperativo de la hora, sobre todo cuando los efectos deletéreos de la extinción de la Monarquía se hacían inocultables; la consigna era restaurar el espíritu de aquel orden, algo de su ley interior, de su carácter inmutable. Ateniéndonos al sentido tradicional de la voz federal, la representación corporativa de la Constitución de 1819 suponía tal carácter, en tanto cada Provincia disponía de una significativa presencia, expresada en diputaciones sectoriales con mandato imperativo. Respecto del Senado, para la Comisión redactora de la Constitución de 1826, dicha composición de manera alguna compensaba el prestigio que a una Monarquía otorga el monarca hereditario quien, por lo mismo, podía actuar como árbitro y fuerza conciliadora, lo cual jamás podría darse en un régimen cuya suprema magistratura residía en una figura electiva, y de suyo afectada siempre por intereses de clase y pasiones. Es por ello que en la nueva Constitución se insistirá en otorgar al principio aristocrático una base mas extensa y segura que la que en apariencia ofrecía el texto de 1819, al tiempo que acercarse a una forma más ortodoxa de Sistema Representativo. Eliminar resabios democráticos y contrarrestar al régimen no querido, pero posible, con atributos del régimen venerado, era la consigna: por 40 Véase Tau Anzoátegui, Víctor: Casuismo y Sistema. tanto, el sistema ideado en 1826 sería consolidado en unidad de régimen; dotado de un Poder Ejecutivo vigoroso, dada su naturaleza electiva y la falta de un poder "neutro". La jefatura del Estado la ejercería un ciudadano con título de presidente, con atribuciones más amplias que su par de América del Norte y muy cercano al modelo bolivariano, aunque el cargo no sería vitalicio. El presidente era "responsable", asesorado por un Consejo de Gobierno "irresponsable", alejado del modelo ministerial y cercano a los antiguos Consejos privados de los reyes. Los autores del Proyecto Constitucional, con rigurosos fundamentos teóricos, insertan dentro del Sistema Representativo un modelo teórico que, como lo subrayarían sus detractores por lo consignado en la Secc. III -De la forma de gobierno-, parecía sólo conciliable con la categoría Gobierno Despótico, pues regía todavía el axioma determinista que alertaba: "Territorio muy Extenso y Gobierno Consolidado asociado a Centralización espacial absoluta o limitada produce Gobierno Despótico". Sólo la regionalización espacial -federal o confederal-de un territorio extenso, conjuraba el peligro. Dada su estructura discursiva: ¿puede ser clasificada, en términos absolutos, la Constitución de 1826 como unitaria? Creemos que no. Hacerlo sería quitarle coherencia semántica 42 al núcleo del discurso producido por los constituyentes, que recepta el pensamiento de un amplio sector de las élites rioplatenses; conduciría, de suyo, a un reduccionismo que desvirtuaría la compleja trama del modelo teórico. Éste busca ser mixto, desde varios ángulos: por la combinación del paradigma británico y norteamericano; por la armonización de los principios monárquico, aristocrático y democrático; por cierta concesión hacia la descentralización espacial, sin llegar a la estructura federal. No obstante, si bien la Comisión Constitucional buscó acercarse más que en 1819 al paradigma norteamericano, éste ocupó un lugar secundario respecto del paradigma británico, dado su pronunciado federalismo. La forma de administración federal se consideraba expresión de democracia tumultuaria; débil, además, por su estructura, aunque no se dudaba que si en los Estados Unidos había resultado una experiencia viable era porque, en rigurosa teoría, tampoco allí se trataba de un régimen puramente federal, aunque así se lo definiera. 42 Van Dijk, Teun A.: Estructuras y funciones del discurso. Una introducción interdisciplinaria a la lingüística del texto y a los estudios del discurso (1980), México, 1993, pág. 13. Expresión del discurso-tipo unitario, el Proyecto de la Comisión recordará que federalizar el Estado era transitar por el camino siempre sinuoso de la Democracia; amenaza latente contra la estructura mixta del Sistema Representativo; suponía olvidar que sólo las "formas mixtas [convenían] a las sociedades modernas". Aceptar la federación para un territorio extenso y en las circunstancias de despoblación en que se encontraban las provincias, era renunciar al Gobierno mixto o representativo, el cual, si bien suponía conceder un lugar al régimen federativo, nunca debía insinuarse como predominante. Los miembros de la Comisión se estremecían de sólo pensar en la existencia de pueblos o asambleas populares, pues con el "inocente designio" de lograr un mayor bien, pueden "pretender usurpar más poder que el que les conviene, sin advertir que serán la víctima de su engaño, y los agentes de tiranías individuales, cuyo poder aumentan para su propia ruina". 43 Para desarmar al federalismo dispersivo de los caudillos, la Comisión contempló la necesidad de otorgar cierto poder de decisión a las provincias, a través de Consejos de Administración que velaran por la "particular felicidad" de ellas. Elegidos popularmente en número suficiente, "podrán los vocales ejercer el derecho de representar ante el presidente, o ante el mismo congreso, cuanto consideren conducente al bien de su provincia". 44 En síntesis, descentralización espacial de carácter municipal como lo supone el paradigma británico. El paradigma británico también se busca incorporar en la composición del Poder Ejecutivo, encontrándose aquí la mayor combinación de las modalidades británica y norteamericana, con predominio de la segunda. Por eso, afirma la Comisión, "nadie puede reprobar con argumentos prácticos los efectos de la unidad de un poder constitucional". No se trata de la unidad que caracteriza a los gobiernos absolutos, sino del testimonio positivo ofrecido por el gobierno de los Estados Unidos. Éste avala la necesidad de reforzar el vigor del Poder Ejecutivo, si de estado con rótulo republicano se trata. Recuérdese que el Ejecutivo británico se re-presentaba como una estructura más débil que el Legislativo, regulado el sistema por la fuerza moral del monarca. Proyecto de la Comisión..., en ACA, v. Dictamen de la Comisión de Negocios Constitucionales sobre la Forma de gobierno. Proyecto de la Comisión... El Proyecto constitucional en su art. 87 -reemplazado su contenido en el texto definitivo-buscó rescatar algo del primer paradigma: la presencia de los ministros como observadores en el Congreso, aunque sin derecho a sufragio. 46 También en este punto se intentaba dotar a la Constitución de un carácter mixto, que no hiciera de los ministros diputados, ni fueran facultados para sufragar en el Parlamento como en Gran Bretaña, pero que tampoco se encontraran inhabilitados para entrar en la Cámara como en Estados Unidos de América del Norte. 47 "Esto es lo que tiene de ventajosa nuestra Constitución, aun con respecto a la de los Estados Unidos, porque aunque niegue el voto a los ministros no les niega la facultad de discutir las materias, y de este modo quedan deslindados los poderes", lográndose la armonía y la comunicación de éstos, afirma de Castro. Sistema Representativo: composición de la representación y sistema electoral Las minorías reflexivas entienden a la Representación integrada por dos Cámaras: Alta (Pares o Senadores) y Baja (Comunes, Diputados o Representantes). Sólo su existencia garantiza el funcionamiento equilibrado del Poder Legislativo, pues la Cámara Alta representa el principio aristocrático -aristocracia de sangre, de dinero o de mérito-, en cambio, es en la Cámara Baja donde tiene entrada el elemento democrático o popular; 48 ella es la que define al sistema, que así concebido aleja el peligro de la Democracia pura. Como apunta de Castro, el Sistema Representativo logra conciliar la Democracia con el ejercicio no tumultuario de la soberanía. 49 La existencia de una sola Cámara rompería el equilibrio que garantiza la Cámara alta, quedando el Estado a merced de las luchas entre el Ejecutivo y el Legislativo, con el peligro cierto de derivar en Despotismo. 50 Tomás M. de Anchorena prescribía que el despotismo más peligroso es el del Poder Legislativo; 51 sería nefasto huir del despotismo de uno solo y caer en el despotismo de tres o cuatro, apunta el diputado por Corrientes, Francisco Acosta. 52 Cuando ello ocurre, una ley dictada hoy puede revocarse al día siguiente. 53 Habiendo dos Cámaras, cualquier proposición queda sujeta a un examen más imparcial; su existencia da mayor estabilidad a las leyes, a la vez que amplía su respetabilidad. 54 Además, la existencia de una Cámara facilita la puja de facciones y, como es natural a todo Cuerpo, resulta más fácil que una de ellas la domine. Respecto de la forma de representación, en estricta ortodoxia sólo cabe que el representante obre sin ligaduras respecto de sus representados; forma de representación individual que se impone decididamente en el paradigma norteamericano. Nada hay allí que suponga instrucciones en forma de mandato imperativo a los representantes, concepto evocador de la "democracia pura o tumultuaria" (soberanía del pueblo o de los Pueblos). Declarada la soberanía de la Nación, sólo existe una voluntad, la de ésta, que es la misma de los que están facultados para obrar en su nombre. Los diputados del Congreso, al serlo de la Nación, afirma de Castro, obran libres de instrucciones, 55 mientras que para su opositor ideológico, José de Ugarteche, el poder de éstos es revocable, pues la soberanía reside en los Pueblos que no abjuraron de ella. 56 El tema de si el representante es independiente o no de los representados va a encontrarse estrechamente relacionado con la orientación unitaria o federalista de los expositores; define los discursos-tipo básicos, expresión de dos concepciones ideológicas que aparecían como irreductibles. Lo cierto es que, tanto en el Congreso Constituyente de 1816 como en el de 1824, los diputados acuden en calidad de embajadores de sus respectivas Provincias o Pueblos. Esta actitud responde a razones histórico-jurídicas, ya que producida la crisis del Imperio Español, cada entidad regional (Intendencia) reasumió la soberanía y, por tanto, se consideró independiente. Como lo señalaran Gorriti y de Castro, existe Nación en tanto todos comparten básicamente una misma cultura, pero no en el sentido de unidad jurídico-política, pues no se rigen por una misma ley y un mismo gobier-51 Sesión del 3, 4 y 5 de julio de 1816. Ibídem 57 Adviértase que aquellos diputados que acudieron al Congreso de 1824-1827 y adoptaron una actitud independiente de sus representados, fueron relevados por los gobiernos provinciales; como ocurrió con los diputados cordobeses. De igual forma, cuando el Congreso constituyente de 1816-1820 consideró la propuesta de coronar como monarca del Río de la Plata al duque de Luca, el diputado Jaime Zudáñez salvó su voto expresando que no tenía facultades para contrariar la voluntad de su Provincia en favor del Gobierno Republicano, "manifestada en las Instrucciones a sus Diputados para la Asamblea General del Estado". 58 Respecto del sistema electoral sustentado en el "ciudadano-átomo", éste hace a la naturaleza misma del Sistema Representativo Ortodoxo, cuya modalidad reemplaza al sistema corporativo o estamental por el individual. Tras la revolución norteamericana y francesa comienza a reglamentarse la forma de elección que se plasmara en el régimen censitario, acompañado de una igualdad formal de los ciudadanos, autorizados a votar en virtud de determinados criterios de propiedad o renta. Se parte del principio, luego desarrollado por Benjamín Constant, de que la igualdad tiene su límite en la capacidad y, por tanto, un gobierno representativo es el gobierno de la razón del pueblo y no el de la parte ciega e irreflexiva. Interpretado el régimen electoral en estos términos, la voz democracia pierde su carga semántica original para hacerse sustituto léxico de aristocracia. De forma tal que, en términos de ortodoxia liberal, un régimen será más representativo en la medida que el componente aristocrático se imponga de alguna manera en ambas Cámaras. Ejemplos elocuentes son las Constituciones de 1819 y 1826, las cuales se complementan, en la parte pertinente a la representación, y constituyen una relevante expresión de la naturaleza del Gobierno Mixto. 59 En 1819, los redactores del Proyecto constitucional afirmarán que, integrado el Senado con ciudadanos distinguidos, ya por serlo de la clase militar o eclesiástica, ya por sus riquezas y talentos, se aprovecha lo útil de la aristocracia, mientras que, reservando la Cámara de Representantes a los ciudadanos sin fueros o comunes, se salva el carácter democrático, evitán-57 Sesión 28 del 28 de abril de 1825. Alocución del diputado J. I. de Gorriti, en ACA, v. 59 A. Sáenz, después de definir esta categoría, explica distintos modelos que conducen, por la disposición de los elementos constitutivos, hacia una Monarquía Constitucional o hacia una República (Instituciones elementales sobre el Derecho Natural y de Gentes. dose a la Nación las borrascas de la simple democracia con su secuela de arbitrariedad y despotismo, dos lexemas identificados desde el siglo XVIII. Los autores del Proyecto, atendiendo a aspectos sociológicos y culturales de los Pueblos y, conociendo que en la región éstos estaban habituados a respetar ciertas clases que poseían fueros e inmunidades, no quisieron introducir innovaciones. 60 En última instancia, toda Constitución de un Pueblo libre es el "pacto social que determina la forma de gobierno" de un Estado, "asegura la libertad del ciudadano y abre los cimientos del reposo publico". 61 Ella sería efímera si se desconoce la realidad social, y llevaría a "incurrir en la temeridad de algunos legisladores" que, dejándose llevar por sistemas especulativos, buscan igualarlo todo desconociendo las jerarquías que hacen a la naturaleza de las cosas y constituyen el basamento de una sociedad. De allí que se haya pensado en un Senado que abra las puertas "a las clases y ciudadanos distinguidos". Ellos gozan de rentas que influyen "sobre la clase común o laboriosa"; dependen del Poder Ejecutivo en sus ascensos, inclinándolos hacia la autoridad y, por tanto, permiten "balancear y contener la popularidad de la Cámara" de la clase común. El tiempo de permanencia de los senadores en el cargo requiere una solución que debe apartarse del paradigma británico, en tanto la Cámara de los Pares se compone de nobles temporales y espirituales cuyo cargo es hereditario, y la Constitución de 1819 daba forma al Senado con figuras prominentes pero que no poseían grado de nobleza. Una solución alternativa se encuentra en permitir a los senadores una permanencia más prolongada en sus funciones (12 años), determinada por "la experiencia de sus miembros y la respetabilidad del Cuerpo", pero no se inclinan los constituyentes por la perpetuidad, pues ello "pone en riesgo la parte democrática de la Constitución" y facilita el camino regresivo: democracia, aristocracia, oligarquía y despotismo. De allí que si en estados como Gran Bretaña la existencia de un Senado perpetuo garantiza el equilibrio del sistema político, no se podían olvidar los movimientos revolucionarios a que dio lugar su existencia en Roma y en Creta. 61 Funes, G.: Manifiesto..., en ACA, v. RUBÉN DARÍO SALAS leros, se pregunta de Castro: "¿Quién ha dicho que todos deben ejercer el derecho de sufragio?". Jamás podía concedérsele a quienes eran económica y culturalmente dependientes, pues no podía esperarse de ellos juicios políticos libres; en consecuencia sólo debía reconocerse el derecho de sufragio a los ciudadanos susceptibles de resistir las presiones sociales o económicas y capaces de asumir la responsabilidad pública de sus preferencias el día de la elección. No puede votar quien no tiene opinión formada, encontrándose el doméstico a sueldo en una condición cercana a la del siervo. Por ello, las constituciones más libres exigen libertad en el individuo que haya de sufragar. Extender a tanto la elección destruiría el Sistema Representativo. 63 Se observará entonces que, para la integración de la Cámara de Representantes, se hace una trasposición de términos, pues su integración busca convocar a la parte más sana de la población, convirtiendo la Cámara democrática en verdaderamente aristocrática; el modelo quedaba a salvo, pues el acto de votar era de naturaleza democrática, en tanto se convocaba al pueblo más allá de que éste comprendiera sólo a acotados sectores de la opinión pública o voluntad general, sintagma este último expurgado de connotaciones roussonianas, aun en el discurso de los federales doctrinarios. 64 En un Sistema Representativo que invierte los términos de delegación de la soberanía, interesa particularmente la composición del Poder Legislativo, por constituir el motor que lo activa. La soberanía, ejercida por representantes independientes en sus decisiones, reconoce como única fuente de legitimidad política una Constitución -construcción normativa racional o histórica-. 65 Ésta reserva a la autoridad ejecutiva tradicional (rey) un lugar meramente residual. Pero, neutralizada la prototípica autoridad animadora del cuerpo social (el rey) y las fuerzas sociales que constituían los pilares básicos de la Monarquía, le urgía al principismo liberal impedir cualquier radicalización del sistema. Dentro de este contexto teórico, que en Iberoamérica debía convivir con una situación atípica derivada de su proceso emancipador, las minorías reflexivas rioplatenses advirtieron la necesidad de restringir la expresión democrática, latitud que variaba según fuera el discurso unitario o federal. Imperativo categórico para los unitarios era alejar aún de la Cámara Baja todo grupo sospechoso de "espartanismo", 66 de ideas demagógicas o despóticas, de actitudes tumultuarias o de pura democracia, según los sintagmas en boga. En un sistema puramente electivo, se imponía crear distintos grados de aristocracia: la opinión publica dominaría y, entonces, la plebe (integra un campo léxico cuyo eje es multitud), siempre propensa a dejarse envolver por caciques o caudillos, ya no sería motivo de preocupación. De Castro inquiría, en relación con el contenido del art.6.o, inc. 6: "¿Déseme una Constitución por libre y republicana que sea que no pida en los hombres para la calidad de representantes un haber u oficio, que les de una renta anual?", acerca de lo cual, Manuel Dorrego, portavoz de la oposición, advertía que, de una elección así concebida, resultaría el dominio de la aristocracia más terrible cual es la aristocracia de dinero. De Castro había señalado la peligrosidad "de las aristocracias hereditarias monárquicas porque se oponían a las leyes y a un sistema libre", táctica legislativa que buscaba, frente a la oposición, justificar a la aristocracia autóctona que, por su naturaleza, era claramente una oligarquía. La aristocracia, como opuesta a las leyes y a un sistema libre, constituía un amplio estereotipo léxico, referido a un Oriente difuso y a un Occidente atemporal, que excluía automáticamente al admirable "País Libre", Gran Bretaña, cuya Cámara de Pares garantizaba la armonía de la balanza constitucional. Pedro F. Sáenz de Cavia, atento a las palabras de de Castro, responde con un estereotipo complementario al afirmar que la exclusión de peones y domésticos sería natural en un Estado monárquico absoluto. En su intento por jaquear el discurso opositor, Valentín Gómez desnuda parte del tejido ideológico rioplatense, señalando que, al discutirse el art. 6.o, inc. 6, se tuvo presente la situación de las provincias y lo que siempre había sido en ellas costumbre, razón por la cual se eludió cualquier forma de elección absolutamente popular y directa. A través del recorrido realizado pudimos comprobar los desplazamientos discursivos, producida la quiebra de la unidad nacional en Cepeda. Se advierte entonces que, sobre todo los sectores enrolados en la República 66 "Espartanismo" fue una voz empleada por M. Dorrego, interpretada por M. A. de Castro como sinónimo de Despotismo o Democracia tumultuaria. Alocuciones de Castro, Dorrego, Sáenz de Cavia y Gómez. RUBÉN DARÍO SALAS consolidada en unidad de régimen, insistirán en la caracterización de un paradigma que estiman la Provincia de Buenos Aires ha comenzado a implementar a partir del año'20; modelo que deberán imitar las demás provincias 68 en la medida que quieran avanzar por el camino de la civilización, dejando atrás la barbarie inveterada. Tal es el meollo del discurso unitario, por otra parte, el doctrinariamente más rico. Un enfoque conceptualizante de la historiografía resulta el intento de alejarla de una visión meramente impresionista, procediendo para ello a forjar conceptos. Como este ensayo es fundamentalmente el de ese intento conceptualizador aplicado a una determinada categoría político-institucional, quiere este acápite final aparecer como una suerte de síntesis de la labor decodificadora, compendiando en cuatro grandes ejes los caracteres con que las minorías reflexivas rioplatenses se re-presentan al Sistema Representativo. Sistema electivo y Asambleas Representativas del pueblo El nuevo concepto de Asambleas Representativas es el motor del Sistema Representativo, en tanto el régimen de corporaciones -luego de 1820, tanto para el sector denominado unitario como para el federal doctrinario y, a la luz del Senado corporativo contemplado por la Constitución de 1819-, se convertirá en objeto de agrias críticas. Las corporaciones aparecerán como eje de un campo léxico identificado con las "épocas de confusión y de error, ligadas a prestigios y autoridades falsas". 69 El Sistema Representativo era el fruto de la razón; de allí que hablar de una nación que se decidiera por el funcionamiento de las Asambleas de Representantes era hacerlo de un pueblo dotado de Gobierno libre. 70 Éste fue uno de los sintagmas más difundidos para hablar de Gobierno representativo, pero su campo léxico lo integran otros como: Gobierno regular, Gobierno constituido, 71 Gobierno de Instituciones libres, 72 Gobierno racional y moderado, 73 propio de un país libre, como así llama El Argos a Buenos Aires. 74 El discurso subraya las virtudes de la República clásica 75 y las trasvasa a la naturaleza del Sistema representativo y al carácter electivo que lo define. 76 De no mediar mención explícita de la modalidad gubernativa, la voz República debe entenderse como sinónimo de Sistema Representativo. 77 En otras palabras, con una u otra denominación se apunta al único gobierno donde impera la ley; 78 es el sistema de la ley. De allí que ya no importe cuál sea el modo de organización del gobierno. 79 Para la concepción liberal racionalista, la legitimidad de la ley estará dada por el órgano del cual emana -las Asambleas legislativas-, por las formalidades externas, por su carácter coactivo, aun cuando dicha legislación resulte contraria a los intereses generales. Esta expresión del sistema electivo, traducida en la voz de los legisladores, fue el canal por medio del cual la ley adquirió el carácter omnipotente al que se refiere una figura reverencial en el ámbito rioplatense: Lázaro Carnot. Puede afirmarse que la voluntad del legislador se impondrá "en detrimento de la labor creadora del jurista, de la costumbre y de las aspiraciones de la comunidad". 80 Concebido en su forma ortodoxa, el Sistema Representativo verá en las tradiciones de los pueblos rémoras que será necesario remover lentamente para que se imponga la luz de la razón. Para instaurarlo, habrá que "desarraigar hábitos perniciosos" y enfrentarse "con pasiones encarnizadas". Gobierno Mixto: la balanza constitucional El discurso-tipo conceptualiza la división del poder como el pivote de la forma de gobierno representativo, lo que supone la independencia de las ramas del poder, pero también su interrelación y el contrapeso necesario. nerse efectivamente en épocas de madurez política 83 pues, como ocurre con toda ciencia, se perfecciona con la experiencia y la meditación. 84 Referir al deslinde de poderes, afirma Vicente Pazos Silva, es hacerlo de potencias secundarias, pues las potencias primarias con que se construye también el gobierno representativo, no son otras que las formas puras de la taxonomía aristotélica. Potencias primarias y secundarias conforman el llamado Gobierno mixto, sobre cuya estructura se levanta la categoría Sistema Representativo, pero los verdaderos poderes (Potencias primarias) de que se habla en la Constitución inglesa son el Rey, la Nobleza y el Pueblo; ellos constituyen "las bases o matriz de que parte su gallardía original, su consistencia, su majestad". 85 Como apunta el deán Funes, en América el Gobierno es mixto, pues "su organización social algo tiene de democracia [...], de aristocracia electiva [y] de Monarquía Constitucional". 86 En el Manifiesto explicativo de la Constitución de 1819, señala que ésta adoptaba la forma mixta de gobierno, elucidando que -como lo haría la Comisión constituyente en relación con el texto de 1826-tal constitución era un estatuto que se acercaba a la perfección, pues no era "ni la democracia fogosa de Atenas [...], ni la aristocracia patricia de Roma, ni el gobierno absoluto de Rusia, ni el despotismo de la Turquía, ni la federación complicada de algunos estados". 87 Según afirma Carnot, Monarquía Constitucional y República equilibrada tienen muchos puntos comunes: 88 "¿Acaso hay contrariedad en ellas?", pregunta Funes y, siguiendo a "Desttut de Tracy", señala que resulta impro-pio emplear "la clasificación de republicano [...] para indicar oposición con la de monárquico". 89 Para El Argos, los elementos que conforman el Gobierno mixto lo identifican con el gobierno de Pueblos soberanos, y resulta toda una definición de "las instituciones del siglo a que pertenecemos". 90 Entendido el Gobierno Mixto como régimen de equilibrio de fuerzas antagónicas, éste se daría entre las potencias primeras, pero además y, por su dependencia de éstas, entre los poderes ejecutivo y legislativo. El equilibrio se identifica con la imagen de la balanza constitucional, que ofrece dos interpretaciones en relación con la entidad encargada de constituirse en su fiel. Partiendo del paradigma británico se observará que, para algunos sectores de las minorías, el fiel de la balanza constitucional estaría dado por la Cámara de Senadores -la Nobleza según la teoría de Montesquieu-, y así lo refleja tanto la Constitución de 1819 como la de 1826; para otros, el equilibrio surgiría del balanceo entre dos poderes fuertes: el Ejecutivo y el Legislativo. El discurso-tipo de los constituyentes de 1819 y de aquellos que en 1826 eran partidarios de un régimen consolidado, coincidía en afirmar que sólo el Senado lograría impedir el choque entre "dos fuerzas que tienen una dirección encontrada": el Poder Ejecutivo y la Cámara de Representantes, pues permitiría equilibrar su potencia. 91 El Senado debe ser un cuerpo mediador entre el "poder armado" -ejecutivo-y "el poder popular" -Cámara de Representantes-. 92 En 1820, los redactores de La Estrella del Sud ofrecen otra interpretación de la balanza constitucional. De sus reflexiones surge que la forma de gobierno representativa requerirá de elementos niveladores diversos, de acuerdo con la modalidad gubernativa adoptada. Consideran que constituyó un error de los congresales haber hecho del Senado el fiel de la balanza constitucional, pues éste sólo puede ser apropiado para los Estados de Europa, donde existe un fiel natural, los nobles, que ponen en equilibrio a "masas de distinto peso: pueblo por una parte; hombres de sangre real [...] de la otra". Sostienen los redactores que jamás podría implementarse en el Plata esa "concepción sublime de la política moderna" que se da en la Monarquía Constitucional, pues en ella el Senado puede contrabalancear, al gozar del prestigio que le dieron los siglos, lo cual falta "en los pueblos nuestros", donde no existen distinciones tan marcadas. 93 El Censor, parafraseando a John Adams, alude a la solución más adecuada a un Estado representativo bajo la modalidad de República. Adams reflexionará sobre el Gobierno Mixto a la luz de la Constitución de 1787, con la finalidad de obtener un amplio protagonismo del Ejecutivo. Construirá su discurso refiriéndose a las luchas entre "facciones aristocráticas y democráticas" en las pólis griegas, afirmando que tal situación pudo darse en tanto ningún "partido pensó en adoptar una balanza constitucional, creando un ejecutivo con igual poder para [contrabalancearlas]". La balanza constitucional debería conformarse con dos platillos de igual peso: Poder Ejecutivo y Legislativo, pues sólo el mutuo equilibrio permite la armonía política. 94 Los criterios divergentes respecto del mecanismo de la balanza constitucional, se relacionan con la incidencia que dentro del Sistema Representativo se otorga al Poder Legislativo. En la región rioplatense, los portavoces más ortodoxos del liberalismo consideran que la realidad hispano-criolla sólo permite privilegiar la fuerza del Legislativo mediando la ausencia de oposición en las Cámaras. 95 Como parten del supuesto de que el Poder Legislativo sabrá interpretar fielmente las intenciones del Ejecutivo, éste aparecerá como aplicado ejecutor de la obra legislativa que, en último término, será la suya. El esquema planteado por Adams, no obstante, también encontrará cabida en este sector, como lo demuestran los editoriales de El Correo de las Provincias. 96 Entre quienes abogan por el sistema de administración federal se privilegia, sin ambages, la fuerza del Ejecutivo; de allí la admiración por el modelo bolivariano. 97 En lo que no existe divergencia es en la necesidad de que el Poder Legislativo se integre con dos Cámaras, conciliando el principio democrático de la Cámara de Representantes con el principio aristocrático de la Cámara de Senadores. 98 Es este equilibrio el que decide el carácter que adoptan las leyes sancionadas por el Congreso de Estados Unidos: sabias, libres y filantrópicas; 99 armonía, por otra parte, posible, en tanto existen "reputaciones patricias". Opinión pública y publicidad de los actos de gobierno En el Manifiesto con que debe acompañarse a los Pueblos la Constitución de 1826, se caracteriza al Sistema Representativo afirmando: "Es libre y feliz un gobierno que deriva sus poderes de la voluntad del pueblo [...] y que respeta inviolablemente los derechos del hombre". 101 Será su lema, como afirma el deán Funes, "trabajar todo para el pueblo, pero nada por el pueblo "102 y tal logro ocurre, acota Sáenz de Cavia, porque las formas mixtas sustentan el Sistema Representativo; por "la delegación de los poderes públicos [...] sin los inconvenientes que [...] perturbaron la tranquilidad de las Repúblicas antiguas". De allí que el Sistema Representativo requiera de la opinión pública virtudes eminentes, pues en ella descansa la elección de los magistrados; 103 un Sistema al que siempre se opondrán aquellos que no quieran abandonar la educación anterior o, lo que es lo mismo, los déspotas. 104 Sáenz de Cavia apunta que es ley del Sistema Representativo el "querer común y la opinión general", 105 para señalar en otro momento, en relación con la República Representativa Federal, que se encuentra legitimada por la opinión y voluntad general, 106 sintagmas convertidos en sinónimos dentro del nuevo marco ideológico, pues ahora hablar de voluntad general es hacerlo de razón del pueblo, quedando conjurado el fantasma de la Democracia pura. El Sistema Representativo se adoptó como medio para que "se manifieste la voluntad general", evitando así el "acto tumultuoso", afirma Manuel Dorrego 107 pues, "en los sistemas representativos la excelencia de las leyes [resulta] de la opinión pública; expresión de la voluntad general", acota Gorriti. 108 ¿Quiénes constituyen la opinión pública? Llamada genéricamente "pueblo" o "parte sana y útil "109 -Daunou la identifica con Nación-, 110 refiere a aristocracia reducida, en los países cuya forma representativa no adopta la modalidad monárquico constitucional, a serlo solamente de mérito. 111 La integran hombres de letras, empleados, capitalistas, artistas, hombres industriosos. 112 Conforma la moral pública, y es resultado "de los escritos, de las Instituciones, de la Civilización. Propia de las naciones cultas de Europa". 113 Frente a la opinión pública o razón del pueblo, encontramos la multitud, 114 eje de un campo léxico integrado por: votos ciegos, 115 bajo pueblo, 116 plebe, 117 multitud imbécil. 118 Castro, al referir al sistema electoral, explica quiénes deben quedar excluidos, pues "por democrático que sea el gobierno republicano, nunca puede comprender a aquellos que no tienen todavía una voluntad bastante ilustrada por la razón, o que tienen una voluntad sometida a la voluntad de otros". 119 En el Sistema Representativo no hay lugar para la voluntad colectiva, caprichosa, irracional; para los votos ciegos, como apuntaba El Nacional. De allí que la opinión pública deba proponer reformas en orden a la libertad, justicia y razón. Ella, la 'razón', determinará el grado de libertad. 120 La forma de gobierno representativa, como gobierno racional, requiere de la publicidad de los actos del Poder Ejecutivo, la cual reemplaza al juicio de residencia, característica de un Gobierno despótico. 121 La publicidad es "el principio vital de todo Sistema Representativo "122 pues ilustra a la opinión pública sobre la lealtad de sus representantes. El principio de virtud y la amplitud de su micro-campo 124 léxico El Sistema Representativo, en tanto de naturaleza republicana, absorbe las virtudes cívicas que tradicionalmente se consideraban inseparables de las Repúblicas de Esparta, de Atenas y de Roma; a saber, el "amor a la Patria, desinterés, sobriedad, firmeza, valor, heroicidad". 125 En este sentido Lázaro Carnot sostiene que, para que fructifique el sistema representativo, debe imponerse el amor a la patria, siendo necesario para ello crear el espíritu nacional. Camilo Henríquez, que parafrasea a Carnot, endereza su discurso hacia la realidad rioplatense y, después de resaltar el desapego que observa entre quienes lo rodean respecto de la salud y gloria del país, afirma que "si no fuese por el testimonio de la historia de los pueblos antiguos, y si no viésemos que existe en alto grado en algunas naciones vecinas [Estados Unidos], tal vez no se creería la posibilidad de la existencia del amor a la patria". 126 A la hora de citar arquetipos de hombres virtuosos, se impone un discurso-tipo en el que conviven dentro los prohombres norteamericanos y los de la Edad clásica. La Gaceta de Buenos Aires unirá por su virtud -sinó-nimo de resolución, pureza, amor a la Patria, nobleza de sentimientos, desinterés-los nombres de Bruto y Catón a los de Franklin y Washington. 127 A estas referencias, en que abundan las alocuciones de la época, se incorporarán otras que, nacidas de la fragua burguesa, ocuparán un lugar relevante junto a las prestigiosas virtudes de la Antigüedad greco-latina. En última instancia, los supuestos de las antiguas Repúblicas son también los de los gobiernos libres o representativos, y persiguen contener la anarquía, así como toda propensión al Despotismo. 128 La virtud representativa-republicana se opone a la ignorancia en cualquiera de sus manifestaciones; de allí que un país libre no puede ser compatible con la existencia de privilegios exclusivos, como los de la vieja aristocracia de sangre o de cualquier otro fuero. 129 La moral y libertad republicanas se oponen a los despotismos, sobre todo, explica El Centinela -aludando la reforma rivadaviana-, al del clero. 130 Mérito y aptitud131 se incorporan al micro-campo léxico de la virtud; aunque todavía están muy cerca de su primer significado, pudiendo incluso considerarse adjetivos de la virtud por excelencia: el amor a la patria. Pero el micro-campo se amplía notoriamente cuando incorpora el referente de la ética capitalista y su consecuente criterio de racionalismo utilitario. En términos benthanianos, lo bueno y lo útil se hacen sinónimos. De allí entonces que hablar de felicidad y de moral será hacerlo de bienes producto del espíritu del siglo liberal e ilustrado. 132 El esfuerzo económico, el espíritu industrioso, el progreso, tanto en la agricultura como en la industria, serán pilares fundamentales del nuevo concepto de dignidad moral, inseparable y sólo compatible con el Sistema Representativo. 133 Dentro de esa nueva ética, todo lo que no se identifique con el progreso, se considera fuera del campo de la virtud. El Utilitarismo decreta la autonomía definitiva de lo económico, cediendo lo político la primacía al factor económico, de allí que la civili-zación de un pueblo se mida por la disponibilidad de crédito. 134 El Nacional sostiene que es fundamental para el Sistema Representativo el orden de la Hacienda pública y el establecimiento de un adecuado sistema de crédito. 135 Igualmente, en el Río de la Plata, por obra de su impronta cultural y de la singular coyuntura histórica, los supuestos últimos del Utilitarismo quedarán acotados. El Sistema Representativo constituye el gobierno de la buena causa, de la verdad, 136 el único donde puede imperar la razón y la justicia, como lo demuestra Gran Bretaña, "modelo de las costumbres, leyes y libertad". Crea el espíritu público, por medio del cual se fija la estabilidad del gobierno y se incorpora el debate. En otras palabras, la adopción de esta forma de gobierno significa el triunfo de los principios de orden y de unión. La libertad política y civil, 137 la seguridad, 138 la libertad de prensa como garantía de todas las otras, 139 y el progreso de la ilustración 140 -cuyo principio básico persigue difundir la educación primaria-, 141 la paz y felicidad, 142 conforman otro haz de virtudes que conforman el campo léxico del Sistema Representativo. Por tanto, todo gobierno no representativo será un régimen de errores, contrastante con el régimen de razón que aglutina instituciones benéficas protectoras del comercio, las letras y la industria, tal como se observa en Buenos Aires. Fue éste un intento de avanzar sobre el examen de un determinado objeto de estudio desde otra perspectiva, con la intención de señalar las enormes posibilidades que la aplicación del método conceptualizante aplicado al análisis del discurso histórico abre, en función de la relectura de muchas páginas de la historia político-institucional argentina. Lo afirmado, de manera alguna debe interpretarse en el sentido de que el método conceptualizante apresa la realidad tal cual fue en una determinada coyuntura histórica. Tal afirmación sería falaz doblemente; primero, porque el lenguaje no capta la realidad tal cual es, no está moldeado sobre ella, sino que es "el molde en que la realidad, como significativa, se da primero". Por tanto, la re-presentación que las minorías reflexivas hacen de su realidad, es inseparable de su mundo de pensamiento y de conocimientos, y el discurso que nos ofrecen es, en términos hegelianos, una "actualización" de su cultura. 144 Por otra parte, conceptualizar, implica apartarse de la seducción generalizante, pero de manera alguna supone pretender eliminar la subjetividad interpretativa, pues partir de tal supuesto, quitaría rigor científico al quehacer historiográfico. Quiso este ensayo demostrar la importancia de la Lingüística en función del análisis del discurso histórico; cómo un análisis semántico del discurso político -analizando los hilos de la trama-permite acceder a una interpretación menos lineal de los planteamientos doctrinarios de las minorías reflexivas de la época.
Este artículo analiza el último tramo del exilio uruguayo en los años de autoritarismo en ese país. Se centra en las transformaciones resultantes del comienzo de la apertura política, a partir de 1980, que llevaron a los exiliados a trasladar el centro de su atención hacia los acontecimientos domésticos. Esto implicó una cierta revisión de sus formas de denunciar las violaciones de derechos humanos que ocurrían en su país, especialmente en relación al balance entre las exigencias de "verdad" y "justicia" sobre los hechos del pasado reciente. Se estudian también los cambiantes y complejos equilibrios que los exiliados fueron estableciendo entre su militancia política nacional y su activismo de denuncia transnacional en la etapa en que dentro de Uruguay se negociaba una salida democrática. Caetano, Gerardo, et al.: La izquierda uruguaya: Tradición, innovación y política, Trilce, Montevideo, 1995, pages 150-151. See Arismendi, R.: "Con la acción de las masas y la concertación de todas las fuerzas hacia una democracia avanzada", Estudios, 89, January 1984, page 24. For further analysis of this matter, See Rico, Álvaro: "¿Por qué Gramsci?", in Vigencia y actualización en el pensamiento de Rodney Arismendi, Fundación Rodney Arismendi, Montevideo, 2001, pages 177-190. For Gramsci's impact on the South American left, see Lesgart, C.: "El tránsito teórico de la izquierda intelectual en el Cono Sur de América Latina: ¿Reforma moral e intelectual o liberalismo político?", Revista Internacional de Filosofía Política, 16, December 2000, pages 28-31.
En el contexto de la división internacional del trabajo implementada a partir del siglo XVIII y acentuada a lo largo de la siguiente centuria, donde algunas naciones, la mayoría, aportaban materias primas que motorizaban la industrialización europea, muy especialmente la inglesa, y otras, unas pocas, introducían en el mercado mundial productos manufacturados, el Río de la Plata participará decididamente a partir de 1810 únicamente como proveedora de productos primarios provenientes de su ganadería, privado El objetivo que intenta alcanzar este trabajo es ilustrar sobre algunos aspectos de las exportaciones rioplatenses en el marco, por una parte, de la gran expansión de la economía y del comercio de Europa occidental, principalmente, y de Norteamérica, en segundo término, hacia el resto del planeta en búsqueda de mercados para la producción industrial en crecimiento; y por otra parte, de los cambios que resultaron de las gestas independentistas americanas. El patrón del comercio exterior argentino, tal como le sucedió a gran parte de los países latinoamericanos, significó una suerte de continuación de aquél que dominaba a fines de la época colonial, es decir que la incorporación a la economía mundial se produjo sin que se efectuaran cambios en la estructura económica preexistente. Sin embargo, en el caso puntual del Río de la Plata, el movimiento revolucionario de 1810 y las guerras de Independencia que el mismo trajo aparejadas produjeron la fractura del nexo Potosí-Buenos Aires por donde circulaba el flujo metálico altoperuano, principal exportación del período hispánico. Seguirá, entonces, en su condición de proveedor de bienes primarios -los pecuarios, los cuales pasan a conformar casi exclusivamente el total de las exportaciones-que alimentarán la industrialización europea, a la vez que será creciente consumidor de las manufacturas provenientes de Ultramar, dentro de una estructura comercial mundial donde la división internacional del trabajo estaba claramente establecida. 1 Las consecuencias de la liberalización comercial que siguió al proceso abierto en mayo de 1810 fueron nefastas para algunas artesanías del Interior, en especial para la del textil de algodón catamarqueño 2 y para la vitivinícola cuyana 3 -aunque en esta última mucho tuvieron que ver las luchas civiles-, pues tendrán que afrontar una competencia desfavorable, dadas la baratura y mejor calidad de los productos europeos, si bien otras, como la artesanía textil de lana de Córdoba y Santiago del Estero, corrieron con mejor suerte. 4 El Litoral de los Ríos, por su parte, se vio beneficiado con esta articulación incondicional con los mercados atlánticos, aunque nunca dejará de reclamar la libre navegación de los ríos, el cese de la intermediación porteña, el reparto equitativo de la recaudación aduanera y, en fin, la organi-1 Herrera Canales, Inés: El comercio exterior de México, 1821-1875, México, 1977, páginas 3-22. Sobre el comercio exterior del Perú se puede consultar, entre otros, el trabajo de Bonilla, Heraclio: "La coyuntura comercial del siglo XIX en el Perú", en Desarrollo Económico, v. Sobre nuestro país, para un período anterior al que nosotros tratamos, existe el trabajo de Merediz, Rodolfo: "Comercio de frutos del país entre Buenos Aires y mercados europeos entre 1815 y 1820", Trabajos y Comunicaciones, no 16, La Plata, 1966, págs. 136-152. 2 Halperín Donghi, Tulio: Revolución y guerra. Formación de una élite dirigente en la Argentina criolla, Buenos Aires, 1972, pág. 108. 3 Amaral, Samuel: "Comercio libre y economías regionales. Rosal, Miguel Ángel: "El Interior frente a Buenos Aires: flujos comerciales e integración económica, 1831-1850", Secuencia, n.o 31, México, enero-abril de 1995, págs. 51-111; dicho trabajo fue publicado también en Rosal y Schmit, Roberto: "Comercio, mercados e integración económica en la Argentina del siglo XIX", Cuadernos del Instituto Ravignani, n.o 9, Buenos Aires, 1995, págs. 5-61. zación nacional regida por una constitución, temas que interesaban poco a Buenos Aires. 5 Esta, indiferente a la situación por la que pasaban las provincias hermanas, especialmente las de las regiones interiores, gozaba de un período de crecimiento económico, cuya base estaba conformada por un significativo desenvolvimiento ganadero, apuntalado por una constante expansión territorial; disponía, además, de los ingresos aduaneros, los cuales se veían incrementados gracias a la implementación de una política arancelaria acorde a los intereses porteños, y retenía los servicios de intermediación al prohibir la libre navegación de los ríos. 6 La investigación que hemos llevado a cabo durante los últimos años nos ha permitido apreciar con bastante nitidez la dinámica de los flujos comerciales que desde el Interior se dirigían al puerto de Buenos Aires durante la extensa etapa rosista y de este modo alcanzar a comprender el grado de articulación de todo el espacio rioplatense con la capital de la Confederación. 7 A pesar de los avances realizados en la pesquisa, prácticamente no tenemos noticia alguna de la región que se convirtió a lo largo de la primera mitad del siglo XIX en la principal proveedora de los productos ganaderos con destino a los mercados de Ultramar, es decir, la campaña bonaerense, en especial la del sur. Creemos que la forma más eficaz de acercarse a este problema es a través del estudio de las exportaciones porteñas, pues a las mismas sólo bastaría restarles los aportes del Interior para vislumbrar el de la campaña de Buenos Aires -tema sobre el cual ya hemos hecho algunas aproximaciones en nuestros recientes trabajos-y poder ponderar de este modo el real desenvolvimiento económico de las tierras al sur del Salado, el ascenso -irrefutable, sin duda-de Entre Ríos y, en suma, la importancia que van adquiriendo las distintas regiones del espacio rioplatense y el peso que cada una tiene en cuanto a sus aportes al flujo exportador. 5 Chiaramonte, José Carlos: Mercaderes del Litoral. Economía y Sociedad en la provincia de Corrientes, primera mitad del siglo XIX, México, 1991. Schmit: "Mercados y flujos comerciales en los estados provinciales argentinos de la primera mitad del siglo XIX. El comercio de Corrientes a Buenos Aires, (1822-1833)", Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana "Doctor Emilio Ravignani", 3ra. serie, n.o4, Buenos Aires, segundo semestre de 1991, págs. 31-61 y "Comercio y mercado en el Litoral argentino durante la primera mitad del siglo XIX", en Rosal y Schmit: Comercio, mercados e integración económica..., págs. 63-88. 6 Halperín Donghi: "La expansión ganadera en la campaña de Buenos Aires (1810-1852)" Desarrollo Económico, v. Burgin, Miron: Aspectos económicos del federalismo argentino, Buenos Aires, 1987. 7 Sobre la cuestión se puede consultar nuestro trabajo "El Interior frente a Buenos Aires...". Tomo LV, 2, 1998 Otra de las cuestiones a considerar sería la dinámica que se va estableciendo entre los principales productos pecuarios que componen las exportaciones. El papel preponderante de los cueros vacunos, el que desempeñan los cueros baguales, el constante ascenso de la producción de carne salada y la consolidación paulatina de los flujos de lana, en especial a partir de la década del 40. Por último, el estudio que nos proponemos realizar, junto al que ya hemos efectuado, nos permitirá, creemos, visualizar una continuidad más que un rompimiento en la Argentina del siglo XIX -un país en gestación-, teniendo en cuenta que son las bases económicas implementadas en la primera mitad de la centuria, las que finalmente adquirirían un desarrollo espectacular en la segunda. El Registro Oficial nos proporciona datos sobre las "salidas marítimas" entre 1835 y junio de 1840, información dividida en semestres; sólo para el primero de 1835 existe una desagregación de aquélla según la bandera de los barcos que efectuaron el tráfico. El hecho de que también brinde un pormenor de las "entradas terrestres" -las mercancías que desde el Interior se dirigían a Buenos Aires-a partir del segundo semestre de 1836, por un lado, convierte a esta fuente en una significativa y casi única herramienta para evaluar el comercio interno de buena parte del período,8 y por otro, permite realizar algunas consideraciones sobre la interacción de ambos flujos mercantiles. La "Salida" se refiere concretamente a la exportación de mercancías desde el puerto de Buenos Aires. Consta, por lo general, de tres partes. La primera es la que nosotros denominamos Permiso, Nota o Manifiesto de Embarque, por el cual se pide autorización para cargar diversos productos y en la que se hace un resumen de lo realmente embarcado -que no necesariamente coincide con los frutos y/o cantidades de los mismos que se solicitaron cargar-y se registran los derechos de "salida" que debe pagar cada mercancía. 9 La segunda es una solicitud, en parte impresa, que se completa con lo que se desea embarcar, y en donde constará, eventualmente, un pormenor de todo lo que finalmente se cargó. La tercera, no siempre existente, es la "Declaración de lanchero", también en parte impresa, y en donde se indica la carga trasladada desde la Aduana al buque de Ultramar -recordemos que las condiciones de entonces del puerto de Buenos Aires no permitían fondear a las grandes naves-; sin embargo, los datos allí registrados no siempre coinciden con los de las anteriores, por lo que no nos resultan del todo confiables. En caso de divergencias, nos guiamos, principalmente, por la Nota de Embarque, 10 ya que en ella se asentaban, como hemos dicho, los impuestos correspondientes. Por último, debemos decir que se cotejaron los datos de la "Salida" con los del Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires entre julio de 1839 y junio de 1840 y se obtuvieron series similares, por lo que estaría establecida, en términos generales, la confiabilidad de la fuente utilizada. La obra de Parish es bien conocida; de ella se pueden extraer, entre otros datos, las cantidades de las mercancías exportadas entre julio de 1848 y junio de 1854, el valor de los frutos entre la primera de las fechas citadas y 1851, y el destino de los productos entre 1850 y 1853. 11 En el cuadro 2 -referido a los aportes del Interior y de la campaña de Buenos Aires en el total de las exportaciones-se utiliza, en el caso del flujo del comercio interior, el Registro Oficial hasta 1839, y Cargo y Data, Contribución, entre 1840 y 1850; no se consignan los datos de 1839 pues, 9 Los cueros vacunos (secos, salados, de desecho, etc), al igual que los baguales y cueros de becerro, pagaban un peso; los nonatos, dos reales; el tasajo, las astas, la cerda, el sebo en rama, las pieles de nutria, etc., el 4 % del aforo de dichos productos; y la lana, los cueros de carnero y el sebo derretido, estaban libres de derechos. 10 En ocasiones aparecen como embarcados productos que no están registrados en la Nota; en esos casos, lo supuestamente cargado no es tomado en cuenta. 11 Para el primer semestre de 1854 Parish sólo consigna el número de buques (y el total del tonelaje) según su destino. Tomo LV, 2, 1998 según información del Registro Oficial, las Entradas terrestres superan a las Salidas marítimas, excepto en el caso del tasajo; en 1840 y 1844 sucede algo similar con la lana. Las cifras de exportación de 1840, consignadas en el cuadro 1, corresponden, a su vez, al Registro Oficial (el primer semestre) y a Cargo y Data, Salida (el segundo). Buenos Aires frente al interior De los datos obtenidos en nuestro trabajo sobre el comercio que desde el Interior se dirigía a Buenos Aires se desprende que el Litoral es la región que más fuertes nexos ha entretejido con el puerto, y a través de él, con el mercado ultramarino, cuya creciente demanda de materias primas de origen pecuario garantizaba el constante desenvolvimiento de las provincias litoraleñas. Por el contrario, las regiones del centro y la cuyana -las otras dos en que dividimos el espacio rioplatense para analizar los flujos mercantiles del Interior-se encuentran en ese aspecto mucho más rezagadas, notándose un debilitamiento de los lazos entre dichas regiones y Buenos Aires. Dentro del Litoral, Entre Ríos es sin duda la provincia más pujante, con un interesante equilibrio en el desempeño económico de las dos grandes zonas en que la seccionamos: la occidental, sobre el río Paraná, y la oriental, sobre el río Uruguay. El dinamismo observado en esta última, sumado al que se desarrolla en la orilla de enfrente, territorio de la antigua Banda Oriental, permite concluir que el eje del tráfico comercial rioplatense se ha trasladado desde la primera -donde se ubicó hasta iniciada la década del 30-a la segunda de las vías fluviales mencionadas. De las restantes sub-regiones, sólo Santa Fe muestra, luego de la crisis en que estuvo inmersa en los 20, algunos signos de recuperación a lo largo del período; Corrientes, por su parte, se vio perjudicada en su progreso económico dados los constantes conflictos que mantenía con el poder rosista. De la región Central no hay mucho para decir; si bien Córdoba continúa siendo la región más firmemente vinculada al Atlántico, 12 hemos notado que se ha producido un paulatino retroceso en su porcentaje de participación en la composición total del monto comerciado a lo largo del período, situación que se repite en las restantes sub-regiones, las cuales tra-12 Assadourian, Carlos Sempat: "El sector exportador de una economía regional del interior argentino. (Esquema cuantitativo y formas de producción)", en El sistema de la economía colonial. MIGUEL ÁNGEL ROSAL tan de involucrarse en los distintos circuitos mercantiles surgidos del reacomodamiento del sistema económico luego del final de las guerras de Independencia, pero sobre este tema no tenemos cifras precisas. Fuente: A las citadas en el cuadro 1 hay que agregarles: entradas terrestres (1836-1839): registro oficial... Cit. y AGN, división nacional, sección contaduría, receptoría, cargo y data, 1840-1850, núms. Tomo LV, 2, 1998 Algo similar sucede con Cuyo, que, salvo en los períodos de bloqueo, no tiene lazos demasiado estrechos con Buenos Aires; en todo caso, mantiene bajos niveles de participación en la totalidad del monto. Chile se convierte así en la mejor -y a veces única-alternativa para la salida de los excedentes de su producción y la importación de lo imprescindible, aunque tampoco en este caso poseemos datos puntuales. 14El problema del aporte de la región bonaerense ha sido contemplado, como anticipamos, a través del análisis de las exportaciones del puerto de Buenos Aires. A las cifras del comercio exterior se le han deducido las de los flujos mercantiles desde el Interior y ello permitió completar, al menos a grandes rasgos, el mapa de la producción regional del espacio rioplatense. Los datos sobre cueros vacunos apuntalan la pujanza de la provincia de Buenos Aires, basada principalmente en la producción de su campaña sureña. Salvo los datos de algunos años para los cueros caballares y la lana que señalan que son las provincias, especialmente las litoraleñas (junto a la sub-región Uruguay), las que más aportan al flujo exportador, los registros de exportación confirman el rotundo predominio de la producción pecuaria de la campaña bonaerense. El problema del valor de las exportaciones Para el caso del valor de los cueros vacunos, no nos es posible utilizar la serie de precios pecuarios elaborada por Julio Broide 15 pues se refiere a "la pesada de 35 libras y la mejor calidad de cueros de buey" y no a unidades, tal como aparecen en nuestras fuentes y en donde se engloban distintas calidades 16 (de macho, de vaca, de desecho) e incluso no siempre están bien diferenciados los cueros secos de los salados, lo cual nos obligó a tratarlos como un todo. Además, la fuente utilizada ni siquiera los afora -lo cual nos daría cierta idea sobre los precios-, 17 sólo indica el cobro de un peso de "salida" por cada unidad, lo mismo que sucede con los cueros baguales, ya sean secos o salados. También el tasajo puede ser de mala calidad. Hay casos en que se exporta "carne vieja de desecho" a muy bajos precios. Debemos aclarar que el tasajo es el único producto, de los cuatro aquí estudiados, que recibe una valoración de aforo y sobre la cual se paga un 4 % de "salida". Al respecto, hemos manejado los valores del tasajo consignados en el Registro Oficial entre 1835 y 1840, y los "precios" de aforo extraídos de la "Salida" entre el último de los años citados y 1848, lo cual nos da un panorama muy general sin pretender finalizar con la cuestión, en especial porque los valores están expresados en pesos papel. En síntesis, si bien es cierto que los cueros de desecho y la carne salada de mala calidad no configuran casos demasiado numerosos y no involucran, en general, a grandes cantidades de los productos en cuestión, es evidente que ejercen una influencia probablemente no decisiva, pero de todos modos no despreciable a la hora de tratar de obtener el valor total de las exportaciones. La lana se constituye en un producto para el cual nuestros datos sobre exportaciones -nos referimos, en especial, a los hallados en nuestro trabajo de archivo de julio de 1840 a junio de 1848-no son precisos y nos hemos visto obligados a hacer algunas estimaciones; esta falta de precisión 15 Broide, Julio: La evolución de los precios pecuarios argentinos en el período 1830-1850, Buenos Aires, 1951. 16 Algo similar le sucedió a Chiaramonte en su estudio sobre Corrientes: Mercaderes del Litoral..., nota 22, pág. 245. 17 De todos modos, dentro de la fuente "Cargo y Data", además de la principal sección utilizada en este trabajo, es decir la "Salida", podemos consultar la "Contribución", en cierta medida similar a la primera por sus características fiscales y la cual sí indica el aforo de los productos involucrados en el comercio desde el interior del espacio rioplatense hacia Buenos Aires, tema que nos ha estado ocupando últimamente. MIGUEL ÁNGEL ROSAL en la fuente 18 se debería al hecho de que la lana no pagaba impuesto de "salida". En ocasiones la fuente indica la cantidad de fardos que se embarcan, pero no el número de arrobas que contiene cada uno; en estos casos, se estimó dicho número en 35. Debemos aclarar, sin embargo, que hemos encontrado ejemplos de fardos que contenían más y también menos de lo estimado. En otras se indica que se embarcarán fardos conteniendo diversas cantidades de arrobas, pero finalmente se embarcan menos y no se aclara qué número de las mismas contienen los fardos embarcados. También sucede que en los embarques se mezclan fardos de lana y de cueros de carnero, los cuales tampoco pagaban derecho de "salida". Para terminar, en contados casos se aclara si es lana sucia o lavada. 18 Para dar sólo un ejemplo, el 15 de marzo de 1841 el bergantín inglés "Reina Victoria" embarca con destino a Génova 25 fardos de lana "de las Pcias., con 25 hasta 30 arrobas cada fardo". Tomo LV, 2, 1998 En cuanto a las cifras de Parish, el cual indica la cantidad de fardos y bolsones de lana embarcados, hemos estimado en 35 arrobas la cantidad contenida en los mismos. En síntesis, desde el punto de vista cuantitativo, los embarques de lana son sólo estimativos, y las cifras de exportación de la misma son las más endebles de todo el trabajo, lo cual dificulta aún más el tratar de establecer el valor de dicho flujo. Los porcentajes surgidos de los datos consignados en Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires para los años 1835-1838 indican que el promedio del valor de los cueros vacunos y baguales, la lana y el tasajo ascendió a un 62,48 %, si bien el bloqueo que sufrió el puerto de Buenos Aires a partir de 1838 sin duda influyó negativamente en la evolución de dicho año Con respecto a este tema, Halperín Donghi afirma: "A lo largo de la primera mitad del siglo XIX los cueros nunca constituyeron menos del 60 por ciento del total de las exportaciones, en valor; muy frecuentemente proporcionaban más del 70 % de ese total. El resto estaba constituido en buena parte por exportaciones complementarias de las de cuero: otros productos de la industrialización del vacuno, básicamente carne salada y sebo (pero también, por valores mucho menores, astas, huesos para botones y para abono, crin...) completan, hasta mediados de la década del 40, alrededor del 90 % del valor total de las exportaciones". Las estimaciones de Halperín Donghi se acercarían más a las cifras brindadas por Parish para el período julio de 1848 a finales de 1851, cuando el promedio del valor de los cuatro productos en el total exportado alcanzó el 77,58 %. Sin embargo, los datos de Parish -al menos para los cuatro productos aquí analizados-deben tomarse con cierta reserva. En principio, dentro de los cueros vacunos incluye secos y salados, de vaca y de novillo, y probablemente algunos de desecho; algo similar sucede con los cueros baguales. En cuanto a la lana, indica la cantidad de fardos y "bolsones" -término que no ha aparecido en las fuentes que revisamos-, pero no el número de arrobas que los mismos contienen; 20 tampoco desagrega la lana sucia de la lavada. Por último, el tasajo consignado es muy probable que incluyera "carne de baja calidad". Aun así, Parish utiliza un "regulador" -en moneda británica-para cada uno de los productos exportados y que, además, permanece inalterable a lo largo del lapso indicado. Como para dicho año consigna la exportación de 21.974 fardos y bolsones de lana, cada uno debía contener 29,13 arrobas. Sin embargo, la propia estimación de Parish sugeriría una exportación aún mayor. 21 Parish, al tratar las exportaciones de los años 1852 y 1853 aclara que no "ha sido posible encontrar regulador por el cual se pudiese computar acertadamente el valor de estas exportaciones". Para el período julio de 1848-diciembre de 1851 utiliza, los siguientes valores: 10 chelines para los cueros vacunos, 3 chelines y 9 peniques para los baguales, 10 libras para el fardo o bolsón de lana y 8 chelines para el quintal de tasajo. Burgin también critica la utilización de precios medios. Destino de las exportaciones Asimismo hemos considerado algunas cuestiones referentes al destino de las exportaciones entre julio de 1840 y junio de 1848, a través de nuestro trabajo de archivo, y aquéllas producidas entre 1850 y 1853, tal como las consigna Parish Gran Bretaña continúa siendo la principal destinataria de los cueros vacunos y baguales, si bien las importaciones de Norteamérica de dichos bienes van incrementándose. En cuanto a la lana, son los Estados Unidos nuestros mejores compradores, y es significativo el rol desempeñado por Francia y Alemania, además del jugado por los ingleses. Obviamente, el tasajo era enviado casi exclusivamente hacia Brasil y la isla de Cuba. (ver cuadros 7 a 10 en el Apéndice) Los productos pecuarios rioplatenses tenían como destino los puertos -tal como aparecen en nuestras fuentes-de Río Grande, Santa Catalina, Paranaguá, Santos, Río de Janeiro, Bahía y Pernambuco, en Brasil; los de La Habana y Matanzas, en la isla de Cuba; los de Nueva York, Boston, Baltimore, Filadelfia y Salem, en Norteamérica: los de Londres, Liverpool, Cowes, Falmouth, Plymouth, Halifax, Exeter, Newcastle y Cork (Irlanda), en Gran Bretaña; los de El Havre, Burdeos, Nantes, Marsella y Cette (Séte), en Francia; los de Lisboa y Oporto, en Portugal; los de Cádiz, Málaga, Barcelona, La Coruña, Ribadeo, Santander y Bilbao, en España, además de los puertos alemanes de Bremen, Hamburgo y Altona, los de Amberes, Rotterdam y Amsterdam, en los Países Bajos, y los de Génova y Trieste, en la península itálica, unidos a los de la isla de Sicilia; encontramos también unas pocas remesas hacia las islas Bermudas, hacia la costa de Africa y hacia Valparaíso. Un párrafo aparte merecen las exportaciones correspondientes al lapso 1846-1848, época en que el puerto de Buenos Aires estuvo bloqueado por la flota anglofrancesa. Los cueros y la lana iban esencialmente a Brasil, en especial a Río Grande, aunque es probable que finalmente estos productos fueran transportados a puertos europeos o norteamericanos. Los navíos utilizados son, generalmente, goletas, balandras, balleneras y pailebotes (es decir, embarcaciones de porte menor) de bandera nacional. 22 Pensamos que los productos que se dirigían a Uruguay -prácticamente la totalidad lo hace hacia Montevideo-tenían como destino final otros mercados, muy probablemente Europa o Estados Unidos, con escala en puertos brasileños, sin embargo la fuente no hace precisiones al respecto. El tasajo destinado a La Habana se embarcaba en pequeños navíos de bandera nacional y era trasladado hacia la rada de Montevideo, donde se trasbordaba a naves de mayor porte, generalmente bergantines, de bandera española. El proceso por el cual las relaciones económicas internacionales establecidas desde fines del siglo XVIII, en donde algunas naciones, la mayoría, aportaba materias primas que motorizaban la industrialización europea, muy especialmente la inglesa, y otras, unas pocas, introducían en el mercado mundial productos manufacturados, se acentuó a lo largo de la siguiente centuria. En el contexto de la división internacional del trabajo estrictamente implementada, el Río de la Plata participará decididamente a partir de 1810 como proveedora de productos primarios provenientes de su ganadería. Este patrón comercial exterior -privado ya de los flujos de la plata potosina, principal bien exportable durante la época colonial, dada la incapacidad de los porteños para controlar militarmente la región altoperuana-regirá sin cambios apreciables durante varios lustros, algunos de los cuales han sido objeto de este estudio. 22 Es decir que el bloqueo funcionó de manera bastante estricta al impedir la entrada de mercancías europeas a Buenos Aires, pero fue más laxo en cuanto a la salida de frutos, pues permitió a los porteños exportar parte de su producción pecuaria. Anuario de Estudios Americanos La exportación de cueros, en especial de los vacunos, y de tasajo va incrementándose a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, mientras que hacia el final del período, aún con incierta evolución, comienza a vislumbrarse el significativo rol que la lana tendrá en las exportaciones porteñas de la segunda parte de la centuria. Este análisis del comercio exterior nos ha permitido, además, aportar elementos de juicio que ayuden a bosquejar, si bien en términos generales, el mapa productivo del espacio rioplatense. A las cifras de exportaciones les hemos deducido las de los flujos mercantiles del Interior, lo cual estaría indicando, en forma global, cuál es el aporte de la principal región en que hemos dividido el territorio, es decir, la campaña de Buenos Aires. Si bien hemos podido establecer con bastante seguridad las cifras de exportación de los productos pecuarios más significativos de estas regiones -aun cuando sobre la lana nos hemos visto obligados a hacer, en ocasiones, algunas estimaciones-, las características de las fuentes consultadas nos han impedido realizar, salvo en una forma muy generalizada, la tarea de obtener la evaluación de dicho comercio exterior. Por último, teniendo en cuenta el destino de nuestras exportaciones, Gran Bretaña y Estados Unidos de Norteamérica son los principales compradores de los cueros y la lana, respectivamente, y son apreciables las remesas enviadas hacia puertos franceses y alemanes; el tasajo, por su parte, tendrá como destino preferencial los de Brasil y el de La Habana. Fuente: Parish: Buenos Aires y las provincias... Se aprecian algunas diferencias entre estas cantidades y las totales (págs. 512-513); también muestran cierta disimilitud con las consignadas en la pág. 520.
Antes de las grandes huelgas patagónicas (1921-1922),en el territorio argentino de Santa Cruz, la relación entre los sectores patronales y obreros registra antecedentes de conflicto que deben entenderse dentro de un marco que incorpora no sólo la estructura socioeconómica sino también la influencia ideológica de los grupos actuantes. Los sectores de poder se mueven dentro de un contexto que incluye el dominio de las reglas de la sociedad, la cual, por sus características originarias y productivas, es terrateniente y latifundista. La reacción frente a la estructura vigente y las relaciones de trabajo surge de la agremiación de los trabajadores, primero en Magallanes y, poco después, en Santa Cruz. La primera en surgir, en el territorio austral argentino, fue la Federación Obrera de Río Gallegos que nació el 13 de mayo de 1913, conformándose la primera Comisión Directiva. La misma estaba formada en parte por trabajadores extranjeros, particularmente españoles. La influencia chilena, que es muy importante en la vida sindical del territorio, se había manifestado ya con anterioridad, actuando en las estancias argentinas con intención de crear subsedes de la Federación de Magallanes en este territorio. Por otro lado un representante de la organización chilena había actuado en forma protagonista en el momento de la creación de la de Río Gallegos, estipulándose desde el acta de fundación la hermandad entre las dos instituciones y la comunidad de ideas. La ideología que predominó, desde un primer momento, en el accionar obrero fue fundamentalmente anarquista y socialista, particularmente la primera. En este trabajo se presentan las primeras huelgas y la acción de los trabajadores, analizando sus motivaciones y las reacciones que produjo por parte de los sectores patronales y el gobierno. A fines de la presidencia de Hipólito Yrigoyen y antes de las grandes huelgas patagónicas ocurridas en 1921-1922, la relación entre los sectores patronales y obreros ya muestra antecedentes de conflicto que se sitúan dentro de un marco que agrupa no sólo la estructura socioeconómica sino también la influencia ideológica de los grupos actuantes. Este concepto resulta válido, pues es importante tener en cuenta los procesos que conducen a determinadas eclosiones sociales, para lograr una adecuada comprensión de las mismas. Los sectores de poder se mueven dentro de un contexto que incluye el dominio de las reglas de la sociedad, la cual, por sus características origi-narias y productivas, es básicamente terrateniente y latifundista. A ello se agrega la conformación, a través de uniones familiares, originadas en los matrimonios, o en la asociación de intereses económicos dentro del mismo grupo, de una élite que alcanza el control de las reglas de poder e influye sobre la autoridad política. La estructura se basa, fundamentalmente, en el dominio de la tierra, de la producción y de diferentes actividades económicas dentro de una explotación dirigida, básicamente, a la exportación, que depende para el sustento de las importaciones, procedentes del mismo país o del extranjero. El grupo pionero, fundacional dentro de este sistema, se constituye en la élite dominante cuya conducta se encuadra dentro de la mentalidad del liberalismo económico agroexportador de la oligarquía ganadera argentina de 1880, sin contar con su tradición y sus antecedentes históricos. La élite santacruceña, conformada en gran parte por extranjeros, no posee antecedentes de "notabilidad", según la definición que se le da en el trabajo de Diana Balmori, Stuart F. Voss y Miles Wortman: Las alianzas de familias y la formación del país en América Latina, por ser la mayoría de ellos inmigrantes que se iniciaron con escaso capital y poblaron tierras vírgenes poniéndolas en producción, logrando en pocos años un marcado poder. Pero una vez alcanzado el dominio de los mejores espacios, bajo el sistema de la gran propiedad, su conducta socioeconómica no los diferencia demasiado de otros grupos "notables" similares de Argentina. Sus actividades, prioritariamente ganaderas, no les impiden moverse con habilidad para insertarse en otras áreas, imperando sus intereses en el comercio y/o en el transporte. Mantienen una actitud no conflictiva con los capitales extranjeros, ya sean los británicos, los chilenos o los norteamericanos -en este último caso en relación con los frigoríficos-sin que las disputas de intereses por los precios entre los ganaderos y las industrias de la carne provoquen rompimientos definitorios, salvo las normales luchas por prebendas grupales. La mano de obra rural y urbana va creciendo a medida que también lo hacen las estancias, la producción y el desarrollo del comercio y los servicios en las ciudades. El avance de las estructuras económicas, el aumento demográfico y la definición en los roles de cada grupo social, que se iba perfilando, introduce al lejano territorio dentro de los conflictos sociales que vive la época en esos años, pero con la particularidad de las fuertes relaciones existentes, desde los primeros momentos entre el territorio de Santa Cruz, en Argentina y el de Magallanes, en Chile. La particularidad ROSARIO GÜENAGA Anuario de Estudios Americanos que en este caso se encuentra es que los distintos aspectos socioeconómicos, conforman una región supranacional y política que trasciende las limitaciones que imponían las diplomacias de los gobiernos centrales. La relación con Chile La historia del territorio de Santa Cruz, particularmente en sus primeras décadas no puede ser entendida en la totalidad de su realidad inmanente si no la relacionamos con Chile a través de Magallanes. Las vinculaciones existentes en los años de colonización y poblamiento nos hacen pensar que se creó entre el sur argentino y el chileno una región propia, desde el punto de vista socioeconómico, que entrelaza las dos historias. En muchos casos el estudio de las regiones no puede limitarse a las líneas demarcatorias de las naciones o las provincias. Si tomáramos sólo este concepto veríamos un aspecto parcial de la realidad, nos quedaríamos meramente en el análisis de un proceso fraccionado, puntual, fáctico y a veces sin encontrar la explicación subyacente del porqué ocurre algo y qué consecuencias produce más allá de la ubicación y la temporalidad inmediata. Los intereses económicos y las relaciones sociales no siempre quedan circunscriptos a lo lugareño, muchas veces atraviesan fronteras políticas y crean nuevos espacios de acción produciendo una red de intereses intraterritoriales propios que no siempre tienen que estar vinculados con los proyectos nacionales, sino que responden a proyectos propios de sectores o grupos sociales, de acuerdo a sus necesidades particulares. Esto no significa que tengamos que pensar en la ausencia del Estado Nacional, el cual se manifiesta en las leyes, las instituciones, las autoridades y los proyectos oficiales de desarrollo económico y social, sino comprender que, desde el punto de vista de las historias no oficiales, existe un movimiento paralelo que, sin desconocer o desvirtuar las pautas impuestas por el orden nacional, desarrolla una vida propia en convivencia con las regiones vecinas, que muestra una cotidianeidad más cercana a la mutua influencia e interrelación con el territorio cercano que con la región central. Ésta, a pesar de dirigir el gobierno político y económico, en los hechos es parte del desarrollo de la vida interna de la provincia. Esta convivencia se dio particularmente cuando era Territorio Nacional, originando dos movimientos con dos direcciones influyentes sobre él, a veces contrapuestas y otras convergentes según los intereses en juego: el poder del orden nacional y los intereses regionales con Magallanes. Tales fuerzas son las que se mueven dentro de la historia de Santa Cruz: el gobierno nacional imponiendo su soberanía a través de las leyes, las instituciones y los proyectos oficiales, y las fuerzas individuales que conjugan su conducta dentro del orden político del país con la influencia y centripetismo que produce Magallanes, sobre todo durante la primera época, como foco de mayor desarrollo y fuerza económica y expandiéndose en distintos aspectos sobre una zona menos desarrollada. Los dos territorios, el chileno y el argentino, tienen algunas similitudes que las hacen comparables, aunque la humedad del Pacífico origina en Magallanes zonas de mayor verdor y fertilidad. Los límites políticos sirven para marcar la soberanía de las naciones, pero no interrumpen abruptamente, en la mayoría de los casos, las características del suelo y del clima en forma inmediata a las líneas divisorias. Las particularidades geográficas de los dos territorios dan origen, en las dos partes, al desarrollo de la producción ovina y a la existencia de grandes propiedades, que originará el surgimiento de sectores rurales de fuerte poder económico. Este aspecto común propiciará la extensión de capitales y producción desde Magallanes hacia Santa Cruz, tierra más deshabitada y con un desarrollo más tardío que el chileno. La oportunidad de obtener tierras vírgenes, vacías de productividad, con características parecidas y que ofrezcan la posibilidad de prolongar en suelo argentino el desarrollo de la ganadería ovina, tal como lo hacían en Magallanes, propicia la aparición de capitales chilenos en el ámbito rural argentino. De ahí que, desde un principio, se cree una red de intereses económicos y posteriormente familiares entre los dos territorios, conformando, de hecho, una región socioeconómica que tendrá una gran fuerza. Si a esto le agregamos que con el desarrollo de la producción ganadera también se produjo una fuerte vinculación e intercambio de mano de obra de una zona a otra, las vinculaciones y relaciones se estrechan aún más. Además era inevitable que así sucediera, porque frente a las características de frontera que presentaba Santa Cruz, donde convivían indios y blancos, con pequeños poblados y con mayoría de tierras improductivas, se alzaba Magallanes, comparativamente a su favor, con un desarrollo comercial, financiero, naviero y rural ya establecido y en franco crecimiento, lo que produjo un movimiento centrípeto en cuanto a la centralización de las actividades económicas de la región santacruceña, por proximidad e ineficiencia del gobierno argentino en esta materia, y a su vez centrífugo en lo referente a la ampliación del área económica hacia las tierras argentinas. Todas estas cuestiones deben explicarse para poder entender cómo a veces las historias de las provincias han de estudiarse a través de las relaciones que se establecen fuera de sus fronteras, dada la influencia que esos vínculos ejercen en el devenir histórico de ellas. En otros trabajos ya he señalado la importancia del extranjero dentro del poblamiento del territorio. Los no nativos conformaron una mayoría activa que alcanzó un sobresaliente papel dentro de los distintos planos. Entre ellos los dos grupos más importantes en número fueron, primero los españoles y en segundo lugar los chilenos. Dentro de los primeros, la mayoría de ellos asturianos, muchos alcanzaron un fuerte poder económico y social, que los convirtió en parte de la élite originaria de la región. Todavía en el censo de 1947 el predominio de extranjeros no decrece a pesar del aumento de argentinos. 1 Así como era mayoría el número de extranjeros dentro del grupo de los propietarios, también lo era en el de los trabajadores asalariados. Esta situación está vinculada con el desarrollo del sindicalismo en Santa Cruz. Se destacan los dos grupos mayoritarios -españoles y chilenos-con algunas diferencias en su actividad. Los primeros, no sólo ejercitan la práctica activa sino que también dan un fuerte contenido ideológico a la lucha por sus derechos; los segundos mantienen una presencia más activa y directa, aunque quizá, con menos aporte teórico -por lo menos en el número de cabezas visibles-que los españoles. 1 Para obtener mayores referencias sobre esta cuestión se sugiere ver: Güenaga, Rosario: "Aportes para la historia social de la Patagonia Austral", Revista Karu-Kinka, número 28, Buenos Aires, 1981, págs. 113-124; "La presencia alemana en el extremo austral de América", Jahrbuch fur Geschichte von Staat, Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, Colonia, Alemania, 1989, páginas 201-227; "Los españoles en Patagonia", publicado en Inmigración española en la Argentina, (Seminario 1990), Oficina Cultural de la Embajada de España, Buenos Aires, 1991, págs 160-172; "La conformación social en un territorio de inmigración", Estudios Latinoamericanos, SOLAR, Santiago, Chile, 1991, págs. 54-60; Santa Cruz y Magallanes. Historia socio-económica de los territorios de la Patagonia Austral argentina y chilena. (1843-1925), Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1994; Los extranjeros en la conformación de la élite santacruceña, Bahía Blanca, Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur, 1994; "El sector trabajador santacruceño entre fines del siglo XIX y principios del XX", Estudios socioeconómicos del sur argentino N.o1, Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur, 1995, págs. 101-120. Tomo LV, 2, 1998 Por lo tanto, el significativo número de extranjeros dentro del sector laboral estará íntimamente vinculado al desarrollo de la vida sindical santacruceña, con marcada influencia ideológica de los mismos, que arrastran su anterior experiencia y formación de sus naciones de origen. Si dedicamos nuestra atención a la mano de obra dependiente de las distintas actividades, inmediatamente surge el predominio de españoles y chilenos, seguidos por otras nacionalidades como rusos, polacos, etc. Surgimiento del movimiento obrero en Santa Cruz La Federación Obrera de Río Gallegos (capital del Territorio y la primera agremiación obrera que surge) nace el 13 de mayo de 1913, conformándose la primera Comisión Directiva. La misma estaba integrada en gran parte por trabajadores extranjeros, particularmente españoles. La influencia chilena y su actividad se había manifestado ya con anterioridad, introduciéndose en las estancias argentinas con intención de crear subsedes de la Federación de Magallanes en territorio santacruceño. En el momento del surgimiento de la Federación Obrera de Río Gallegos un representante de la Federación chilena había actuado en forma protagónica en el momento de su creación, estipulándose desde el acta de fundación la hermandad entre las dos instituciones y la comunidad de ideas. La ideología que predominó, desde un primer momento, en la actividad obrera santacruceña fue fundamentalmente anarquista y socialista, destacándose la influencia de la primera. "Durante el siglo XIX anarquistas y socialistas fueron las dos principales corrientes ideológicas animadoras del movimiento obrero. Hubo otras de menor peso, como los grupos católicos que actúan en los últimos años del siglo o los mazzinistas y republicanos italianos. Además, en muchos casos aparecen militantes sindicales que no pueden ser encasillados en ninguna de las dos grandes corrientes... Pero en general son los anarquistas y los socialistas los que desempeñan los papeles más importantes como impulsores del movimiento obrero". 2 Sin que la intención de este trabajo sea desarrollar la evolución del movimiento obrero argentino diremos, brevemente, que ya a partir de la fundación de la Unión Tipográfica en 1878 se constituyen una serie de agrupaciones por actividad que hace que en 1895 sean veinticinco las aso-ciaciones de orden gremial que encauzan la acción orientada a distintos reclamos, manifestándose a través de huelgas y diferentes tipos de protesta. Finalmente en 1891 se crea la Federación Obrera, que proclama la unión de todos los trabajadores en defensa de sus derechos y la modificación de las relaciones de trabajo entre los sectores obreros y patronales. Sin embargo, las dificultades de entendimiento entre distintas posturas políticas, fundamentalmente entre socialistas y anarquistas, llevan a la desaparición de la Federación Obrera Argentina. Después de varios intentos rápidamente abortados, en 1901 aparece la cuarta Federación Obrera, que al año siguiente inicia la ruptura entre socialistas y anarquistas, quedándose éstos últimos con la dirección de la Federación, que en 1904 pasa a llamarse Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Del fragmentarismo, producto del enfrentamiento ideológico, surge otra agrupación como la Unión General de Trabajadores (UGT), al principio orientada por los socialistas y en donde, al poco tiempo, comienza a manifestarse la orientación sindicalista que inicia conversaciones con la FORA, al expresarse esta última tendencia más cerca de los anarquistas de la FORA, sin que se llegara a realizar la unidad intentada en 1907. Fuera de la FORA, surge otra agrupación, la CORA, a costa de la desaparición de la UGT. 3 A pesar de estos intentos de unificación, las diferencias ideológicas no permitirán la consolidación de la organización obrera. En 1914 se organiza un Congreso de Concentración Obrera, donde se reunieron representantes de la CORA y de la FORA. Un año después se realiza el IX Congreso de la FORA, en el cual se redacta un informe que se contradice con lo dispuesto en el V Congreso de la FORA, produciendo el alejamiento de los anarquistas y quedando el movimiento obrero separado en la FORA del V Congreso y la FORA del IX Congreso. 4 Sin embargo, estas divisiones que se manifestaban en Buenos Aires no se hicieron presentes, en un primer momento, en el sur. El mismo escudo de la Federación de Río Gallegos no indicaba a qué línea pertenecían. Aunque el espíritu predominante, como se dijo anteriormente, fue el anarquista, no impide que en los primeros años de acción gremial se vislumbren fracturas internas. Si la documentación existente nos demuestra la relación que hubo entre la política sindical argentina y la actividad política obrera de Santa Cruz, debemos hacer una brevísima mención de la situación en Chile. En el caso del sur patagónico es imposible dejar de lado la influencia del sindicalismo chileno sobre el santacruceño. A esta cuestión ya nos hemos referido en forma breve anteriormente, por lo que sólo repetiremos el concepto de que la agremiación santacruceña, desde el punto de vista pragmático y coyuntural, tenía más vinculación inmediata con la de Magallanes que con las del resto de Argentina. En Chile la actividad gremial y la lucha de los trabajadores tenía una antigüedad similar a la argentina, destacándose el enfrentamiento violento y la represión sangrienta registrada en las salitreras y en el puerto de Iquique. Con respecto a la organización obrera chilena se señala que: "Después de la represión de 1907, el movimiento mancomunal se va reorganizando lentamente, siempre con su centro de influencia en el Norte. En 1912 se funda en Iquique, el Partido Obrero Socialista, dirigido por Luis E. Recabarren, un antiguo tipógrafo. Este movimiento está íntimamente entrelazado con las mancomunales, que actúan como semilleros de sus líderes. Recabarren fue director de varios diarios y periódicos publicados por las mancomunales del Norte. Como resultado de su obra organizativa, se da la primera gran expresión organizada del sindicalismo chileno, a través de la Federación Obrera de Chile, que realiza un congreso en 1917. Esta entidad ya existía desde hacía unos años, como federación mutual. A partir de ese congreso, toma decisivo cariz sindical, iniciando una política militante y que consigue también adhesiones en Santiago y Valparaíso y de la zona de Concepción. En 1919, en un congreso realizado en Concepción, adopta como insignia la bandera roja, y dos años después adhiere a la Internacional Sindical con sede en Moscú". 5 Como fácilmente se puede entender, la existencia de las organizaciones gremiales no constituye por sí misma un factor de conflicto. Para ello tienen que prevalecer condiciones socioeconómicas que alimenten las situaciones de crisis. Si avanzamos en la segunda década del siglo XX, en el territorio de Santa Cruz observaremos que aspectos tales como las dificultades para la adquisición de la tierra con la facilidad de los primeros tiempos y las condiciones de vida del trabajador santacruceño,6 unidos al ingrediente ideológico que incorporan los grupos trabajadores, particularmente los inmigrantes y la constitución de la organización gremial, constituyen elementos a tener en cuenta, en forma muy atenta, ante el surgimiento de las primeras manifestaciones de protesta de los obreros. En cuanto a la relación patrón-obrero, Rouquié hace una interesante consideración de orden general con respecto a los trabajadores a principio de este siglo, pero que se compatibiliza con la situación en el extremo sur patagónico: "Ante esas condiciones de vida que recuerdan las de Europa durante la revolución industrial, pero que existen cincuenta o cien años más tarde, la actitud de la patronal y las autoridades consiste en negar los problemas sociales y rechazar las reivindicaciones obreras, justificando el recurso de la violencia. Los asalariados deben mostrarse agradecidos con el patrón que les da trabajo, cuando tantos de sus semejantes buscan un puesto. En esos países todavía rurales, [en este caso no se trata del país, sino de la región que aún forma parte de las sociedades rurales] donde el empleo relativamente estable y pagado con dinero es escaso, el trabajo asalariado urbano puede parecer un privilegio. Los grupos dirigentes consideran que la lucha de clases no tiene cabida en el Nuevo Mundo, que es, como las ideologías obreras, una 'planta exótica' importada desde Europa corrupta y decadente. Todo intento de organización es aplastado por la fuerza. Se expulsa a los "agitadores" extranjeros, responsables de perturbar el clima idílico de las relaciones entre el capital y el trabajo. En 1904, el gobierno argentino promulga una llamada ley "de residencia", no abolida hasta 1958". 7 Si analizamos la documentación del territorio desde principio del siglo XX, referida a conflictos y ciertas situaciones de inseguridad, que se tramita ante las autoridades oficiales, encontramos el uso del término "bandolerismo" por parte de funcionarios y patrones para calificar la acción de algunos grupos que causaban preocupación a los sectores de poder. Pero ese empleo ambiguo de la palabra "bandoleros" debe ser tomado con cuidado, pues su uso indiscriminado puede producir confusión para distinguir a los delincuentes de los gremialistas. No debe mezclarse con la actividad posterior de los trabajadores agremiados, a quienes en los primeros momentos se les consideró o llamó delincuentes. La falta de personal policial y de seguridad para las estancias llevó, en repetidas oportunidades, a las autoridades locales a solicitar refuerzos de todo tipo al Ministerio del Interior: "Como VE sabe estos departamentos [se refiere a Gallegos y Santa Cruz] por encontrarse limítrofes con Punta Arenas son el refugio obligado de todo cuanto individuo de mal vivir existe tanto en el Territorio Chileno como Argentino, viniendo a convertirse así en el azote de la campaña, lo que es motivo para que frecuentemente ocurran las estancias en demanda de auxilio, viéndose esta Gobernación obligada a hacer oídos sordos por la imposibilidad en que se halla de prestarles ninguna ayuda". 8 Archivo General de la Nación, Territorios nacionales, legajo 7, Buenos Aires, 1903. Tomo LV, 2, 1998 Los reclamos se repiten al año siguiente y sucesivamente en los distintos informes de la gobernación y de la policía. A tal punto llega la necesidad de seguridad dentro de los territorios australes que una comisión de vecinos de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego escribe una larga petición al Ministerio del Interior solicitando protección: "A los territorios del Sud afluyen todos los criminales que escapan o esquivan a la justicia de la Provincia de Buenos Aires, los que son expulsados de Chile y los que cumplida la condena o por otra causa salen del presidio de Ushuaia; el despoblado, la escasez de policía y la impunidad los incita a cometer nuevas fechorías...". La petición incluía la conveniencia de crear el cargo de comisario adhonorem, nombrando para ello a algunos estancieros que dispusieran de la ayuda de agentes "bien armados y bien montados". Esta solicitud sorprendente, hubiera retrotraído a nuestro país, por lo menos en esa región, a la época de los ejércitos particulares de los caudillos rurales. Aunque es necesario no dejar de lado estas cuestiones como elementos de análisis, hay que tener muy claro que no se debe confundir la actividad de los grupos delictivos con la acción de los sindicalistas. Vale esta aclaración, ya mencionada anteriormente pero que debe tenerse muy en cuenta, pues en varias oportunidades éstos últimos han sido denominados bandoleros por parte de distintas autoridades del territorio; y si bien en las distintas manifestaciones obreras se mezclaba diferente tipo de elementos que producían hechos confusos, los objetivos de la asociación de los trabajadores eran evidentemente otros. Como dijimos, la actividad gremial institucionalizada en Santa Cruz comienza en 1913, pero previamente ya se había notado la presencia de agremiados de Magallanes con la intención de crear subsedes en territorio argentino. En 1913 el Ministerio del Interior solicita para interés del Departamento Nacional de Trabajo información sobre huelgas y accidentes de trabajo ocurridos en el territorio en 1912. La gobernación local contesta que no tiene conocimiento de ninguna de las dos circunstancias durante el año mencionado. Pero significativamente ese mismo año el mismo Ministerio le pide información sobre la existencia y características, en caso de que las haya, de Sociedades de Socorros Mutuos en la región. No encontramos otra documentación expresa que relacione las dos inquietudes del Ministerio del Interior, pero podría resultar materia de interés ver si existe 9 Ibídem, legajo 17, 1910. ROSARIO GÜENAGA alguna relación entre las dos requisitorias del Ministerio, dado que en más de una oportunidad las Asociaciones de Socorros Mutuos fueron sede de actividades gremiales y políticas. Ya en 1914 parecen encontrarse manifestaciones de algún contenido sectorial cuando el Ministerio requiere del director de Territorios Nacionales información sobre ciertos hechos denunciados por el comandante del transporte "1 de Mayo" al Ministerio de Marina. Según el texto del telegrama, de fecha del 22 de diciembre, el subprefecto y las autoridades terrestres daban por restablecido el orden y "encuéntranse detenidos -dice-setenta y ocho individuos, mayoría agitadores y presuntos atacantes a la policía mano armada quienes están a disposición juez letrado, he dispuesto enviar un destacamento de diez hombres... para reforzar personal subprefectura dado que la policía desarrolla su cometido en la campaña. Autoridades me piden sería necesario eliminar de la población elemento pernicioso que se me indicara. En consecuencia si UD. lo considerara conveniente podría dejarse el destacamento a cargo del subprefecto y conducir con el buque en oportunidad y al punto que UD. determine y los individuos mencionados que son en su totalidad extranjeros...". 10 La información es confirmada por el gobernador, aclarando que la policía ha sido distribuida en las estancias y que los huelguistas están diseminados y buscando trabajo. Según el gobernador habría cuarenta agitadores detenidos, de quienes considera que: "Sería medida acertada expulsar de aquí o transportar en el buque agitadores y demás elementos perniciosos... ". Ya a principios de año se señala la existencia de cuadrillas de peones camineros organizados como el año anterior. En previsión de nuevos conflictos la policía local solicita más refuerzos de municiones, dado que en la huelga del año pasado habían sufrido falta de ellas. En octubre vuelven a renacer los problemas, pidiéndose que se envíe "la primera comisión que se ofrezca" junto con el jefe de policía. Nótese que los actos de descontento gremial surgen, generalmente, a fines de año, época en que comienza la esquila y el traslado de grupos humanos desde distintos países, particularmente desde Chile. Todavía algunos siguen confundiendo o mezclando a bandoleros con huelguistas, pues una comunicación desde San Julián al gobernador señala que 10 Archivo Histórico de Santa Cruz, leg. Tomo LV, 2, 1998 "seguro de la preocupación e intereses de usía en tener detalles de los acontecimientos en este departamento que revisten, por cierto, mucha gravedad no se trata de ningún movimiento obrero puesto que no existe tal huelga, casi estoy en decir que es una verdadera sedición compuesta con todo elemento maleante calculando de cincuenta individuos divididos en pequeños grupos y diseminados para cometer toda clase de tropelías". 12 Sin embargo, desde la estancia San José se comunica que se ha producido una huelga que tiene algunas características dignas de citar: "El motivo de la huelga fue que los trabajadores habían recibido orden de la Federación Obrera de Punta Arenas (Chile) de parar el trabajo el día 1 lo que así se hizo; cuando llegué los trabajadores se fueron todos a Puerto Natales de donde regresaron el día 3 por la tarde y previa un acuerdo entre el Sr. Fernández y los trabajadores en presencia del suscripto [firma de un subcomisario]; la huelga quedó solucionada y en el día de ayer volvieron todos al trabajo; no se ha producido ninguna novedad, los huelguistas estuvieron sumamente tranquilos... Continuamente llegan delegados de la Federación de Obreros de Punta Arenas a las estancias en nuestro territorio y son siempre los promotores de las huelgas, no he podido todavía detener a ninguno por cuando llega a mi conocimiento ya han salido del Territorio". 13 De hecho hubo trabajadores detenidos, porque una nota firmada por cinco obreros retenidos en la Comisaría de Río Gallegos solicitan ayuda económica, una vez recuperada su libertad, para retornar a San Julián. Sin embargo, a principios de 1915 la situación no se tranquilizaba pues en un telegrama importantes estancieros de San Julián (todos ellos con apellidos de origen británico y alemán) piden a la Gobernación de Santa Cruz, con tono de alarma, lo siguiente: "Los abajo firmados (sic) vecinos de ésta, pobladores con hacienda lanar viéndonos amenazados por instigadores al paro de trabajo si no se acude a pretensiones absurda por gente de propaganda huelguista, lo que puede traer graves consecuencias a nuestras vidas y haciendas por este elemento, en su mayoría de mal vivir, venimos ante su Excelencia a pedir garantías por cuanto la única en darlo sería la policía, pero ésta por más buena voluntad que tenga, el comisario con su personal tan reducidos que no pueden atender el auxilio que los pobladores soliciten en momentos de alteración de la tranquilidad en nuestros establecimientos por lo menos durante los meses de octubre y diciembre sería indispensable una policía volante al mando de un comisario por no tener medios rápidos de comunicaciones, la única que podrá auxiliarnos no obstante las grandes distancias que dista un punto u otras; hacemos también presente a SE que al no tomar medidas con tiempo nos veremos amenazados por este elemento pernicioso y comprometidos a afrontar cualquier situación...". ROSARIO GÜENAGA Finalmente las autoridades del Territorio consideran fundadas las denuncias de una próxima agitación obrera en el Departamento de San Julián "pues en ese punto existe un grupo de deportados por infracciones a la Ley Social y otros elementos perturbadores...". 15 La situación era doblemente peligrosa porque no sólo estaban amenazadas las estancias sino también el frigorífico y la fábrica de carnes que empleaban cuatrocientos hombres entre los meses de octubre y abril. A ellos había que agregar los trabajadores que llegaban para la esquila y que se distribuían en las estancias más poderosas. De ahí que, ante tantos temores, las autoridades consideraran la necesidad de tomar medidas de seguridad como la creación de partidas volantes a cargo de comisarios. La fuerza de contención podría estar reforzada por miembros de la gendarmería. Frente a tales informes, también haciéndose eco de la situación, el Ministerio del Interior consideró convenientes las medidas propuestas. El tema tiene continuidad, por los menos hasta que hacen eclosión los conflictos sectoriales con las grandes huelgas patagónicas de 1921-1922. Lo presentado tiene como intención mostrar, dentro de la brevedad del espacio, las fuerzas que comienzan a enfrentarse a partir de la organización gremial del territorio. Es un análisis básico de los principales elementos que encontramos en el inicio de la crisis de la estructura de trabajo en Santa Cruz. Éstos pueden ser resumidos, sin que por ello pretendamos agotar todos los factores ni queramos eliminar otros, en los siguientes aspectos: 1.-Una estructura latifundista, que crea una élite dirigente con pautas de conducta patriarcal. 2.-Una masa de mano de obra que arriba en una segunda oleada al Territorio y que no encuentra las mismas oportunidades que la primera para el desarrollo económico, dentro de un esquema de concentración de la tierra y el capital. La situación los limita a ocupar el lugar de asalariados o a dedicarse a actividades económicas más limitadas, dentro de una sociedad marcada por las reglas que impone la élite propietaria y usufructuaria predominantemente terrateniente. Tomo LV, 2, 1998 3.-Un proceso inmigratorio en el cual parte de sus miembros aportan su caudal ideológico y su experiencia como activistas en sus países de origen. 4.-Un desarrollo más o menos sistematizado dentro de la organización gremial, tanto en Argentina como en Chile. 5.-Una activa relación entre gremialistas santacruceños y magallánicos por identificación en la problemática laboral, ideológica y en muchos casos de origen, dentro de una macroestructura latifundista y ganadera común a las dos regiones. Por lo tanto, considero válido e indispensable conocer los diversos factores que precedieron a las tan conocidas grandes huelgas de la Patagonia para entenderlas en su realidad, analizando sus antecedentes.
Con dos fuentes, tan singulares como minuciosas, referidas a espacios geográficos discordantes dentro del Archipiélago Canario, una aludiendo al microespacio que conforma el municipio de Güímar y otra al macroespacio que supone el radio de acción del puerto de Santa Cruz de Tenerife, nos disponemos a replantear el estado de la cuestión que presenta el carácter de la emigración a Cuba durante el primer tercio del siglo XX con el ánimo de verificar si, como sostienen tantos autores, fue estacional en sentido estricto, esto es, "golondrina". En un principio procederemos a revisar la cuestión a escala local, lo que otorgará a las conclusiones la precisión y exactitud privativa de los microespacios, para luego hacer lo propio a escala insular, con lo que añadiremos la generalización que sólo consienten los macroespacios. Operando de tal manera, pues, podremos soslayar, a un tiempo, los inconvenientes científicos que puedan achacársele a uno y otro tipo de análisis por separado. Los períodos de estancia y la reincidencia de la afluencia de los canarios a Cuba, durante el primer tercio del siglo XX, han dado cuerpo a una de las cuestiones de más desigual interpretación entre los investigadores de la emigración isleña. Fuentes de la más diversa índole, algunas cuantitativas, como las cifras que publicaba el Consejo Superior de Emigración, y otras cualitativas, caso de las impresiones personales de algún que otro inspector de emigración de la época, manejadas con evidente ligereza por el desconocimiento de los traslados clandestinos y de la infraestructura comunicante Canarias-América, han hecho pensar a más de un especialista en una emigración golondrina, esto es, estacional en sentido estricto. 1 En el mismo sentido apuntan otras valoraciones coetáneas, tales como el testimonio que, a poco de comenzar la guerra europea, recogió un periódico isleño en Cuba: "... De las Islas Canarias sale constantemente para la república cubana una numerosa emigración que trabaja en Cuba los seis meses de la zafra -elaboración del azúcary vuelve de nuevo a su lugar de origen para emprender al cabo de otros seis meses 1 Macías Hernández, Antonio: "Un siglo de emigración canaria, 1830-1930", en Españoles hacia América. Durante los seis meses que trabajan en Cuba los labradores canarios ganan lo suficiente para cubrir sus necesidades, pagar el viaje de ida a Canarias y de retorno a Cuba y mantenerse durante seis meses en su país de origen, más lo que les dejan a sus familias...". 2 En las páginas que siguen, pretendemos dilucidar la veracidad de esta cuestión hurgando, de manera sucesiva, en sus interioridades a nivel de micro y macroespacio. En un principio, centraremos nuestro esfuerzo en un área tinerfeña muy concreta, el municipio de Güímar, dentro del período cronológico que enmarcan los años 1917 y 1934. Luego, consideraremos el radio de acción de uno de los tres puertos habilitados en las Islas para expedir emigración, el de Santa Cruz de Tenerife, aunque circunscribiendo nuestro análisis al puñado de años que fueron testigos de la guerra europea. Con la pinza que conforman dos estudios afrontados desde ámbitos geográficos tan desiguales, pretendemos obtener un conocimiento científico de la realidad objeto de estudio, toda vez que las conclusiones estarán respaldadas, a un tiempo, por la precisión y la generalidad que distinguen las investigaciones según estén centradas en micro o en macroespacios. Por si fueran pocas las precauciones científicas adoptadas, los dos análisis que, con dirección concomitante, nos proponemos acometer, cuentan de antemano con el inestimable sostén que brinda el cuerpo de conclusiones que reportan otros tantos estudios de la emigración canaria enmarcados en sus propias coordenadas cronológico-espaciales. Análisis del microespacio que representa el municipio de Güímar Una fuente que justifica la delimitación espacio-temporal señalada La elección de la demarcación territorial que comprende el término de Güímar y de aquellos poco más de quince años no responde, precisamen-te, a un antojo. Una privilegiada fuente del archivo de este municipio tinerfeño, que arrancando en noviembre de 1917 concluye en el mismo mes pero de 1934, 4 cuyos datos no admiten la asimilación con los de otras procedencias en las Islas,5 nos ha brindado o, más bien, obligado a constreñir este primer esfuerzo intelectual al marco espacio-temporal mencionado. Se trata de un singular registro en base a cuatro libros sucesivos que, en asientos específicos, recogen a todos y cada uno de los emigrantes que, evidentemente por vía legal,6 partieron del municipio en el período que media entre aquellos años. El nombre y apellidos, la edad, el estado civil, el sexo, el domicilio, la fecha de la comparecencia al ayuntamiento y, a partir de 1927, el destino, son los datos más precisos que ofrece nuestra singular fuente de los emigrantes. Como cada asiento, cumplimentado en el momento en que los candidatos a emigrar retiraban la preceptiva cartera de identidad del ayuntamiento,7 corresponde a un viaje, de cada individuo aparecen sucesivamente tantos como veces emigró. Por si fueran pocos los detalles mencionados, cada registro contiene una fotografía del emigrante y, a una o dos columnas, una detallada descripción fisiológica con referencias cualitativas a estatura, corpulencia, color de los ojos y demás señas de identidad. La impresión digital y la firma del titular, o de un testaferro en el caso de los analfabetos, completa el caudal de información que ofrece nuestra excepcional fuente. En conjunto, los libros contienen 703 asientos que arrojan un total de 778 emigrantes, fruto de la agrupación de las emigraciones familiares en el registro del cabeza de familia. Si valoramos que 53 (en efecto, sólo 53) inscripciones recogen por segunda, tercera o cuarta vez a individuos registrados en años anteriores por reincidir en la emigración, el número real de los emigrantes, considerando una sola vez a los reincidentes, asciende a 731. En nuestro afán por atar al máximo los cabos de cara a conocer la frecuencia de las idas y venidas a Cuba, en el propio archivo municipal de Güímar nos hicimos con toda la información que, de una u otra manera, delatara la partida, el regreso o, simplemente, la presencia de los emigrantes en el municipio. Es el caso de los oficios de la inspección sanitaria del puerto de Santa Cruz anunciando a las autoridades municipales el retorno, con nombre y apellidos, de algunos emigrantes durante la epidemia gripal de postguerra; de los permisos militares que por las mismas fechas solici-JULIO ANTONIO YANES MESA taron algunos reservistas para poder emigrar; de los listados vecinales más diversos de la época y, por último, del padrón de 1930, el más próximo de los conservados a nuestros años de estudio. Fuera del archivo municipal, las fuentes orales familiares, al facilitarnos más detalles de la trayectoria de sus miembros emigrados, nos completaron el caudal de información que nos propusimos recopilar. Nuestra investigación comenzó con la elaboración de una ficha individual de cada emigrante en la que recogimos todos los datos útiles de cara a los objetivos propuestos. A renglón seguido, completamos y verificamos la información de cada ficha, auxiliados por las propias fotografías de los asientos, recurriendo a fuentes orales diversas dentro del municipio. En total detectamos a 549 emigrantes, lo que representa el 70,56% de los 778 que aparecen, algunos con reiteración, en los libros. Siempre confirmamos la realización de cada emigración, careciendo de relevancia las posibles suplantaciones de personalidad8 o la reconsideración de propósitos tras la cumplimentación de los trámites previos. El destino y el carácter de cada emigración, temporal o definitiva, fueron los datos que más nos interesaron recabar para, a continuación, calibrar los períodos de estancia en Cuba de los retornados. Una vez que concluimos la fase de recogida de información, procedimos a la ordenación alfabética de las fichas de los emigrantes. Fue entonces cuando dejamos en evidencia, de manera rotunda, el carácter de las emigraciones reincidentes y, dado que todos los asientos llevaban la fecha de su elaboración, el intervalo entre unas y otras. Luego, para observar los períodos de permanencia en Cuba de los que emigraron una sola vez, la mayoría, procedimos a la detección de todos ellos en los sucesivos listados vecinales que conserva el archivo. En el sentido contrario, para conocer la fecha previa de partida de los que regresaron al municipio durante la epidemia gripal, relacionados en sucesivos oficios de la inspección sanitaria de Santa Cruz, procedimos a la localización de todos ellos en los libros. Con los mismos propósitos, también seguimos la trayectoria de aquellos emigrantes que, por ser reservistas, pidieron permisos militares por las mis-mas fechas. Finalmente, el padrón de 1930 nos desveló quienes habían regresado y quienes estando aún ausentes aparecían todavía censados en el municipio a finales de la década. Una vez que concluimos nuestra labor de contraste, las conclusiones no nos dejaron ningún resquicio a la duda. Evolución general del éxodo Los primeros datos de nuestros libros, referidos al tramo final de 1917, en concreto a las cinco últimas semanas del año, arrojan un total de 32 emigrantes, lo que a la luz de la restante información nos perfila un contingente emigrado de Güímar durante aquel año próximo al doble centenar de individuos. Dada la tardía incidencia de la crisis en el municipio,9 para los tres años bélicos previos, no consideramos descabellada la cifra de cuatrocientos emigrantes. En los años de anteguerra, la inicial expansión del sector frutero en las Islas y, a su vez, el todavía lejano apogeo del azucarero cubano, dejan entrever un éxodo mucho menos intenso, en buena medida circunscrito a los jóvenes para eludir el servicio militar y, a modo de espasmos intermitentes, al resto de la población canaria en función de la incidencia de la sequía sobre los campos isleños. En 1918, circunstancias tan puntuales como la prohibición de emigrar por la epidemia de gripe española, redujeron el contingente de emigrantes a 51 individuos. Levantada la veda, el recrudecimiento de la crisis isleña durante la postguerra, cuando el sector azucarero cubano alcanzaba su mayor apogeo, disparó la diáspora hasta alcanzar la cifra de 231 emigrantes en 1919.10 En 1920, la masiva emigración de los güimareros continuó a niveles espectaculares, pues alcanzó la cota de 174 individuos. En los restantes años, empero, el éxodo acusó una drástica contracción, pues arrojó cifras siempre inferiores a la treintena, salvo en 1923 y 1924, cuando el número de emigrantes ascendió, respectivamente, a 103 y 58, culminando el proceso con la cesación del éxodo en 1934, cuando partió el último emigrante del municipio. La diáspora, pues, describió en su transcurso oleadas decrecientes intercaladas entre otros tantos reflujos. Aunque las razones económicas, tanto de expulsión en las Islas Canarias como de atracción en las Isla de Cuba por la contrapuesta evolución de ambas economías, ganaron importancia en el momento culminante del éxodo, la desafección al servicio militar continuó ejerciendo una indudable influencia. Así, nada menos que el 36,25% del contingente de emigrantes de nuestros años de estudio pertenecía al grupo de edad comprendido entre los 15 y los 20 años, el previo al llamamiento a filas, que ejerció su derecho a emigrar dentro del marco jurídico que establecía la ley. 11 En contraposición, los emigrantes del quinquenio siguiente, que contenía la edad del llamamiento a filas, apenas representaba el 8% del contingente, conteniendo además un porcentaje notable de presencia femenina. A la vista de las escasas emigraciones reincidentes que reflejan los libros, apenas 53 que corresponden a un total de 47 individuos, entre las cuales sólo 11 fueron en años consecutivos, queda en evidencia la inexistencia de la emigración golondrina en el municipio. Esas emigraciones reincidentes se reparten entre los cuatro viajes de un emigrante, los tres de cuatro y los dos de cuarenta y dos. El resto, emigró a Cuba una sola vez. Traducidos los datos a porcentajes, tenemos que un 93,51% del contingente realizó un solo viaje, un 5,79% dos y un 0,68% tres o más. En efecto, dejando en evidencia la usual homologación de los términos prófugo-emigrante clandestino, los registros de emigrantes del municipio de Güímar nos demostraron que la inmensa mayoría, por no decir la totalidad, de los prófugos había emigrado legalmente tres o cuatro años antes del llamamiento a filas. EMIGRACIÓN GOLONDRINA A CUBA DURANTE EL PRIMER TERCIO DEL S. XX Desechada la dinámica golondrina en la emigración del momento, con el ánimo de detectar los períodos de estancia en Cuba, vamos a prestar atención al intervalo que media entre las distintas emigraciones reincidentes. En principio observamos que sólo hubo 11 emigrantes que acudieron a Cuba a dos zafras seguidas regresando al término de la primera a Güímar. Casi todos ellos, por lo demás, lo hicieron a instancias del espeluznante bienio 1919-1920, cuando tras regresar al municipio ante las expectativas que abría el cese de las hostilidades en Europa, se encontraron con la dura crisis de postguerra,12 lo que unido al apogeo del sector azucarero cubano, debió hacerles partir de nuevo hacia la isla antillana. Ninguno de ellos, por lo demás, volvió a repetir la experiencia en años sucesivos. El resto de las emigraciones reincidentes, también escoradas hacia los años de postguerra, acusan intervalos muy diferentes: 10 estuvieron distanciadas por dos años; 16 por tres o cuatro; 7 por cinco o seis; 5 por ocho o nueve; y 3, las restantes, por nueve o más años. Aunque el abanico de opciones resulta desconcertantemente amplio, el período de estancia comprendido entre los cuatro-seis años parece, en principio, el más común entre aquéllos que reiteraron en su emigración. Otros argumentos que insisten en la inviabilidad de la emigración golondrina Otros indicios, aunque más fragmentarios, dejan también en evidencia la supuesta existencia de la emigración golondrina. Los oficios remitidos por el inspector de sanidad del puerto de Santa Cruz al alcalde de Güímar durante la expansión de la gripe española, para que dejara en cuarentena a los emigrantes retornados al municipio en prevención de posibles rebrotes epidémicos, también desmienten esa dinámica estacional. En efecto, ninguno de los 4 emigrantes relacionados en los dos oficios conservados referentes a 1919 y 1920, ni lo hizo al cabo de un año de éxodo, pues no figuraban en los libros, ni volvió a emigrar en años posteriores, pues tampoco volvieron a inscribir registro alguno con posterioridad. Ahondando en la inexactitud de la emigración golondrina, el padrón municipal de 1930, con los 132 individuos censados que por entonces estaban ausentes en Sudamérica, de los que 124 residían en Cuba, resulta sumamente esclarecedor. Para calibrar los períodos mínimos de permanencia en la isla antillana, dado que todos ellos permanecían emigrados en 1930, recogimos el nombre y la edad de cada uno con el ánimo de detectar la fecha exacta de cada viaje. Pues bien, de los 132 güimareros ausentes en Sudamérica, en los libros de emigrantes localizamos a 51, mientras que el resto, descontando los escasísimos desplazamientos clandestinos, debió emigrar en fechas previas al primer libro, tal y como evidencia la superior edad de todos ellos. De los localizados, 29 regresaron en los años de la República a Güímar, 11 quedaron definitivamente en América y los otros 11 protagonizaron una trayectoria que no hemos podido reconstruir. Pues bien, de los 29 que regresaron al municipio, 23 permanecieron en Cuba por un período superior a los siete años, lo que nuevamente pone en entredicho la pretendida emigración reiterativa y, más aún, a intervalos anuales. Al margen de las evidencias reseñadas, datos tan triviales como la mera composición del contingente de emigrantes, donde el grupo dominante era el masculino a edades comprendidas entre los 15 y 20 años, 13 insiste en la improcedencia de la emigración golondrina. En efecto, ese nutrido sector de población que, evidentemente, estrenaba su derecho a emigrar, de ningún modo pudo proseguir en años sucesivos con idas y venidas anuales a Cuba, pues tuvo vedado su regreso a las Islas, al menos hasta que el Gobierno concedió el oportuno indulto, 14 por incumplimiento de sus obligaciones militares. Desechada esa supuesta periodicidad anual e, incluso, la mera reincidencia como pautas definitorias de la corriente emigratoria objeto de nuestro estudio, en las líneas que siguen pretendemos concretar el tiem-13 Dentro del quinquenio, el grueso de los emigrantes basculaba más hacia los 15 que hacia los 20 años. Por entonces, los mozos recibían el llamamiento a filas a comienzos del año en el que cumplían los 21. En los años de la guerra europea, el gobierno dio un indulto mediante los Reales Decretos de 24 de julio y 15 de septiembre de 1916 y las Reales "rdenes de 1 y 12 de agosto de 1916 y de 24 de marzo de 1917, la última de las cuales concedía una prórroga a los plazos previstos en un principio para que los prófugos, según los casos, tramitaran la redención en metálico o la reducción de su tiempo en filas abonando las cuotas correspondientes. Luego, al menos hasta finales de 1923, cuando los españoles emigrados en América desataron una dura campaña aprovechando el reciente acceso al poder del general Primo de Rivera, el gobierno no volvió a conceder indulto alguno. Tomo LV, 2, 1998 po de permanencia más común de los güimareros desplazados a Cuba, dando por sentado que la mayoría emigró, y temporariamente, una sola vez. En principio, observando que en el padrón de 1930, de los 731 individuos registrados en los libros, sólo quedaban 51 en Cuba en vísperas de la proclamación de la República, deducimos que el resto de los que regresó, unos 500, lo había hecho mucho antes de 1930. Por tanto, estimamos que la duración más frecuente del intervalo emigratorio debió ser relativamente corta, en torno a los cuatro, cinco o, como mucho, seis años. Otras fuentes documentales, aunque muy fragmentarias, respaldan esta hipótesis. Es el caso de las solicitudes que en 1919 elevaron los güimareros recientemente licenciados del servicio militar a sus jefes para poder emigrar. De las diecisiete concedidas, diez requerían autorización para trasladar su residencia a Cuba, específicamente, por cuatro años; el resto, bien por negligencia o, acaso, porque no pensaban regresar, no temporalizaron la duración de su expatriación. Sin embargo, la trayectoria de unos y otros, detectada por nosotros porque los diecisiete figuraban en los libros de emigrantes, fue similar. Así, todos recibieron la cartilla para emigrar a los pocos días y regresaron, o quedaron en Cuba, en proporciones similares al margen de su supuesta intención inicial. Por tanto, consideramos que esa temporalización de cuatro años revela, más que otra cosa, el intervalo emigratorio que la mayoría consideraba adecuado para cubrir sus objetivos pecuniarios en Cuba a la vista de experiencias previas. Luego, la suerte y los avatares de la vida decidían. El macroespacio que representa el radio de acción del puerto de Santa Cruz de Tenerife Una fuente que justifica la delimitación espacio-temporal adoptada Como nos ocurriera con el microespacio del municipio de Güímar, la delimitación geográfica que supone la zona de influencia del puerto de Santa Cruz de Tenerife, también nos vino impuesta por otra singular fuente. En esta ocasión, nos topamos con un "Boletín de la Estadística Muni-JULIO ANTONIO YANES MESA cipal de Santa Cruz de Tenerife"15 que recogía, detallando por grupos de edad, sexo, profesión y nacionalidad,16 el movimiento mensual de pasajeros de la Isla con América desde enero de 1915 hasta julio de 1918, con la única omisión de los datos de noviembre de 1917. Aunque las cifras exceden la masa poblacional objeto de nuestra atención, pues recogen a todos los viajeros incluyendo hasta los extranjeros, ello no les resta representatividad e interés ante la abrumadora mayoría que suponían los emigrantes y la escasez de fuentes alternativas.17 Dada la riqueza y densidad de la información recabada, de inmediato nos planteamos abordar un estudio de la emigración isleña ajustado al período de edición del boletín, conformando los años de la guerra europea el espacio temporal de contornos nítidos deseado. Luego, tras comprobar que los otros puertos canarios habilitados para expedir emigración -el de Santa Cruz de La Palma y el de La Luz en Gran Canaria-carecían de series parangonables a la antedicha, no tuvimos más remedio que constreñir, a su vez, el ámbito espacial de la investigación al radio de acción del puerto de Santa Cruz de Tenerife. En definitiva, nuestra fuente nos recrea la composición de la emigración canaria del momento en base a una muestra que incluye al 40% de los emigrantes. Con el ánimo de hacernos con información cualitativa diversa de cara a disponer de un marco adecuado donde interpretar los fríos datos del boletín, recurrimos a la prensa que en su día emergió y circuló en el contexto geográfico objeto de la propia investigación, esto es, aquélla que llegó a manos de los propios emigrantes y que muy bien pudo recoger, y difundir, el testimonio de alguno de ellos. Dado que por entonces el periodismo isleño estaba inmerso en etapas típicamente ideológicas, consideramos oportuno recurrir a periódicos de todas las tendencias políticas del momento con el ánimo de agenciarnos otras tantas atalayas desde las que atisbar, con la suficiente amplitud de miras, la realidad objeto de estudio. En el proceso observamos que junto a la información cualitativa deseada, llegaban a nuestras manos guarismos de la más diversa índole, la mayoría fragmentarios y muy desiguales, pero todos útiles como contrapunto a los datos del boletín. Luego, tras someter la información recabada a una fuerte criba mediante un cruzamiento general que nos depuró los datos distorsionantes o, simplemente, inservibles de cara a nuestros objetivos, nos dispusimos a engarzar todas las piezas, como si de un puzzle se tratara, para entrever la realidad. Dada la necesidad de precisar al máximo el volumen real de la emigración en aras a dilucidar la dinámica de las supuestas idas y venidas a Cuba, consideramos imprescindible hacernos, esta vez mediante fuentes bibliográficas, 18 con la cuantificación de emigrantes (los pasajeros que viajaban en tercera clase a América) del Consejo Superior de Emigración. En principio, pues, las cifras del boletín deben pecar por exceso, porque recogen a los viajeros de todas las categorías y nacionalidades, mientras que las del Consejo Superior de Emigración deben hacerlo por defecto, porque sólo recoge a los españoles de tercera cuando algún emigrante muy bien pudo viajar en categoría superior. Entre ambos márgenes, pues, debió bascular la emigración del momento, evidentemente, descontando los traslados clandestinos que, como hemos adelantado en párrafos precedentes, fueron insignificantes a pesar de su tradicional magnificación en la historiografía isleña. Dado que los recuentos de la inmigración en Cuba, el principal destino del éxodo isleño del momento, omitieron las cifras canarias entre 1911 y 1916, 19 ni que decir cabe de la importancia de nuestras fuentes. Veamos si somos capaces de operar con ellas para llegar a un nivel de concreción aceptable. En nuestro afán por precisar lo más posible el número real de migraciones en ambos sentidos, operamos con todos los datos que llegaron a nuestras manos, año a año, para luego, a la luz de la información cualitati-18 Macías: "Un siglo de emigración...", págs. 189 y 190, nota n.o 77. JULIO ANTONIO YANES MESA va y del índice corrector que demandan los traslados clandestinos, proceder a concretar el número real de migraciones, que no de migrantes, a lo largo de todo el período objeto de estudio. A renglón seguido valoramos el porcentaje que nunca pudo llevar a cabo una emigración golondrina, tanto de los que hicieron definitiva su expatriación, 20 como de los que quedaron atrapados en América tras emigrar, legalmente, 21 huyendo del oneroso servicio militar, en espera del oportuno indulto del gobierno. A sabiendas de que las cifras recogen viajes, y no viajeros, sin perder de vista tales limitaciones procedimos a dar hipotéticos porcentajes a los emigrantes golondrina para, una vez contabilizadas en una sola ocasión las emigraciones reincidentes, deducir el número real de emigrantes. 22 Al final, las cifras nos demostraron que de haber existido emigración golondrina a Cuba, ésta tuvo que ser una modalidad enormemente restringida y marginal, en tanto el volumen real de la emigración canaria del momento debió alcanzar cotas desconcertantemente bajas. Luego, los datos económicos y otros más diversos de índole cualitativa, se encargaron de demostrarnos que, en efecto, la emigración golondrina a Cuba sólo pudo ser un espejismo que percibieron, y nos legaron, los contemporáneos. Pero de momento, veamos a cuanto ascendieron las migraciones, insistimos que no los migrantes, del período objeto de estudio. Evolución general del movimiento migratorio En principio, los datos mensuales de los sucesivos años aludidos en el boletín descubren un ritmo migratorio introanual muy desigual, aunque de evolución reiterativa, pues la emigración siempre alcanzaba su cenit en torno al otoño para, en los meses previos y posteriores, registrar una paulatina inflexión que culminaba en la primavera. Las diferencias entre el montante emigrado en una y otra estación son tan acusadas, que las cifras 20 En torno a un 30% (Yanes: La emigración del municipio..., págs. 68 y 69). 21 En efecto, dejando en evidencia ciertas tesis que adolecen del más mínimo rigor, hemos demostrado que la correlación de los términos prófugo/emigrante clandestino carece de todo fundamento (Yanes: En torno a la importancia...", págs. 157-174). 22 Evidenciando que eran más los que partían que los que regresaban, las cifras del "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife" recogen que entre enero de 1915 y mayo de 1918, sin contar los datos de noviembre de 1917, hubo un total de 8.752 salidas y 5.623 retornos. Los porcentajes atribuibles a la emigración golondrina, evidentemente, de ninguna manera pueden superar las cifras anuales mínimas de los retornos. EMIGRACIÓN GOLONDRINA A CUBA DURANTE EL PRIMER TERCIO DEL S. XX específicas de los meses de octubre, noviembre y diciembre tienden a multiplicar por seis a las de abril, mayo y junio. 23 Indudablemente, el comienzo y la finalización de las zafras azucareras en Cuba,24 tal y como han comprobado todos los investigadores que han estudiado la emigración canaria del momento, ofrecen una explicación más que satisfactoria a tal inarmonía introanual. En lo que discrepamos es en que sean los mismos los que partían todos los años. Pero previamente veamos a cuanto ascendió la emigración en cada uno de aquellos penosos años. Según dejan entrever las estadísticas del Consejo Superior de Emigración, en vísperas del estallido de la guerra, la emigración por el puerto de Santa Cruz de Tenerife estaba en regresión desde el bienio 1910-1911,25 cuando de las Islas había salido una riada de isleños disparada por una "pertinaz", en palabras de los periódicos de entonces, sequía. La paulatina contracción de la emigración en años sucesivos al compás que marcaba la mejora del régimen de lluvias, por lo demás, remarca la fuerte incidencia que siempre tuvo la coyuntura del policultivo de subsistencia en la resolución de los isleños a emigrar,26 lo cual no podía ser de otra manera dada la magnitud de la población activa isleña encuadrada en el sector primario. Tal tendencia, sin embargo, cambió bruscamente en 1915 por la coincidente presión que, en sentido contrario pero con efectos concomitantes para el éxodo, ejercieron los factores de atracción en Cuba y de expulsión en Canarias a instancias de un mismo detonante: la guerra europea. En efecto, la inmediata recuperación de la economía cubana por la revalorización del azúcar en el mercado internacional ante la paralización de la producción remolachera de Europa, cuando la economía canaria entraba en un profundo atolladero por el hundimiento de los sectores portuario y frutero, precipitaron el comienzo de una nueva oleada de emigración por el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Datos de procedencia incierta esgrimidos por los contemporáneos, cuantificaban el éxodo de 1915 en 2.591 emigrantes;27 mientras el Consejo Superior de Emigración elevaba su cómputo a 2.713. Por su parte, el "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife" hablaba, una vez descontados los 209 extranjeros, de un total de 2.854 pasajeros salidos aquel año hacia América. El contraste de los diversos guarismos deja entrever que en 1916 el contingente de emigrantes que partió por el puerto de Santa Cruz de Tenerife debió moverse a niveles muy similares a los del año anterior. Esta vez, mientras el Consejo Superior de Emigración hablaba de 2.690 emigrantes, el recuento de pasajeros hacia América del "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife", una vez desagregados los 141 extranjeros, ascendía a 2.722. En 1917, la oleada de emigración del período objeto de estudio alcanzó su momento culminante sin impedir tal evolución la inestabilidad que sufrió Cuba aquel año por la incidencia de factores tan diversos como la revuelta liberal de comienzos de año, la entrada en la guerra del lado aliado y la posterior huelga general de los braceros por el envilecimiento de los jornales ante la masiva contratación de antillanos. En esta ocasión, mientras las cifras del Consejo Superior de Emigración hablaban de 3.146 emigrantes, los datos del "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife", restando los 78 extranjeros y con la omisión de los datos de noviembre, arrojaban un total de 2.594 pasajeros en los once meses restantes del año. En el último año bélico, la oleada emigratoria objeto de estudio conoció un claro retroceso, si bien, esta vez carecemos de datos globales que nos permitan poner topes a la cuantificación porque, de un lado, el Consejo Superior de Emigración no publicó las cifras de 1918 y, de otro, el "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife" cesó a mediados de año. La única referencia cuantitativa global, las salidas de pasajeros españoles por los puertos canarios hacia todos los destinos, deja entrever el alcance de la contracción, pues arroja la raquítica cifra de 3.316,28 esto es, tan solo rebasaba en unos escasos centenares a los emigrantes que, según el Consejo Superior de Emigración, habían partido el año anterior del puerto tinerfeño. Los datos parciales del "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife", al recoger que entre enero y mayo de 1918, una vez descontados los 54 extranjeros, partieron 582 pasajeros hacia América, evidencian que en el segundo semestre del año la emigración debió registrar un parón en seco. En efecto, la prohibición de la emigración por los puertos canarios tras la expansión de la epidemia gripal, precisamente, cuando era inminente el comienzo de la zafra azucarera cubana, junto al deterioro de la imagen de Cuba ante los continuos conflictos del año anterior y las amplias expectativas sociales que levantó en las Islas el cese de las hostilidades, bastan para explicar la retención del flujo emigratorio en la segunda mitad del año. Pero al siguiente, una vez levantada la veda, la inmediata frustración de las perspectivas de los sectores portuario y frutero de la economía isleña ante la problemática recomposición de las relaciones bilaterales de los países europeos y, en mayor medida aún, la reaparición de la temible sequía29 en las Islas, todo ello cuando el sector azucarero en Cuba alcanzaba su apogeo, desató otra, la última y más nutrida, avalancha emigratoria a Cuba, cuyos márgenes temporales exceden los límites del período que nos hemos propuesto analizar. Con el ánimo de aproximar al máximo la dimensión de la oleada que partió del puerto de Santa Cruz de Tenerife en los duros años de la guerra europea, los datos manejados nos vislumbran cifras que rebasan levemen-te las diez mil emigraciones, que no emigrantes, pues muchos individuos pudieron viajar en varias ocasiones tras otros tantos regresos y figurar, por consiguiente, varias veces en las estadísticas, asunto cuya dilucidación justifica la redacción de las presentes líneas. Dado que el volumen de las salidas clandestinas, tradicionalmente magnificado en la historiografía isleña, en buena medida por la insensata consideración de los prófugos como presuntos emigrantes clandestinos30 y por el desconocimiento de la infraestructura de comunicaciones Canarias-América,31 en modo alguno pudo alcanzar siquiera el 5% de las legales, su incidencia en las estadísticas debió estar contrarrestada por el montante que suponían los viajeros que no eran emigrantes. Para calibrar el volumen real de los retornos, tan sólo disponemos de las cifras del "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife" que, como sabemos, exceden a las de los emigrantes retornados porque aluden al total de viajeros. Según éstas, entre enero de 1915 y mayo de 1918, con la conocida omisión de los datos de noviembre de 1917, el puerto tinerfeño presenció la entrada de un total de 5.623 pasajeros procedentes de América, cifra que supone un 62% del contingente que entre los mismos márgenes temporales viajó en sentido contrario. En esta ocasión, los traslados clandestinos, que también los hubo aunque la historiografía canaria los haya obviado en la misma medida que ha magnificado los homólogos de dirección opuesta,32 debieron alcanzar cotas tan insignificantes que nunca pudieron contrarrestar, en modo alguno, el porcentaje de los viajeros que no eran emigrantes retornados. En este caso, pues, el "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife" ofrece una cuantificación más alta, aunque no en exceso, de la real. Las cifras de los retornos experimentaron un decidido incremento conforme avanzaron aquellos duros años induciendo, cuando a simple vista son contempladas, a una interpretación errónea pues, en efecto, guardando coherencia con la evolución de las de signo contrario, parecen ser fruto de una emigración golondrina, cuando la propia coyuntura cubana ofrece explicaciones más que satisfactorias a tal evolución. El grueso de todos ellos, por lo demás, se agolpan en los meses que presenciaban la finalización de las zafras, lo cual no podía ser de otra manera dado que tal era la ocupación de la mayoría de los emigrantes isleños. Otra cosa es suponer, sin base científica alguna, que los isleños iban a Cuba a trabajar en una sola zafra. Al margen de comprender una reducción en un 38%, 33 la composición del contingente que llegó a Tenerife procedente de América difiere de la del que viajó en sentido contrario en un grado suficiente como para evidenciar que, en efecto, unos y otros no eran los mismos todos los años. En principio, el notorio incremento de la proporción de hombres sobre mujeres en el contingente retornado, un 87% frente a un 13%, lo que supone nueve puntos más respecto a las cifras del contingente antagónico, delatan que, en efecto, las mujeres no practicaron la emigración golondrina. Los regresos de los hombres, además, se agolpaban al término de las zafras, cuando alcanzaban porcentajes que superaban el 90% en relación a las mujeres que retornaban con ellos. Ahora bien, el problema estriba en saber si los hombres que partían y regresaban de las zafras azucareras eran los mismos todos los años. 33 Tal porcentaje resulta engañoso de cara a concretar el volumen real de los retornos de la emigración canaria del momento que, según comprobamos en nuestro estudio sobre el microespacio de Güímar, debemos incrementar hasta un 70%. Al respecto conviene valorar, de un lado, que en las mencionadas cifras figuraban algunos de los isleños que habían emigrado antes de la guerra y, de otro, que los retornos más cuantiosos acontecieron en los años 20 (Yanes: La emigración del municipio..., págs. 68 y 69). La comparación por grupos de edad entre ambos contingentes, nos evidencia que un sector notable de los hombres tampoco pudo practicar la emigración golondrina. En efecto, la población que oscilaba entre los 9 y los 19 años, aquélla que nutría hasta un 34% de las salidas, apenas suponía un 7% de los regresos. Para mayor contraste, entre éstos, y también en contraposición a los que emigraron, había más población próxima a los 9 que a los 19 años. 34 La práctica desaparición de la población joven y adolescente del contingente retornado, está paliada con un incremento no menos espectacular en la que iba desde los 20 a los 59 años hasta alcanzar un 83%, cuando tal grupo de edad sólo había aportado el 56% de las salidas. En definitiva, la juventud isleña prolongaba su estancia en América los suficientes años como para alcanzar la adultez. La inviabilidad de las supuestas idas y venidas anuales a Cuba del sector joven y adolescente de los emigrantes canarios, que representaba nada menos que un tercio del contingente total, derivaba de sus problemas militares, pues había emigrado legalmente, como hemos matizado con reiteración, al amparo de la generosa legislación migratoria a edades muy tempranas con el propósito de eludir el oneroso servicio militar del momento. En efecto a tales edades no procedía regresar a Canarias al término de la zafra, por el riesgo de quedar atrapados por el servicio militar si el gobierno hacía uso del articulado de la legislación que preveía la retención de mozos, circunstancia que suponía el encarcelamiento militar una vez cumplidos los 21 años, cuando eran declarados prófugos por incomparecencia al llamamiento a filas. Por consiguiente, ni las mujeres ni el sector joven y adolescente de los hombres practicaron la emigración golondrina. ¿Tal práctica era patrimonio de los hombres adultos?. En efecto, circunstancias de muy diversa índole que afectaban a toda la población emigrante, insisten en la inviabilidad de la emigración golondrina. Tal es el caso de un detonante tan decisivo, acaso, el más determinante, para la emigración como la sequía que, dada su incidencia coyuntural y arrítmica, de ningún modo pudo desenca-denar idas y venidas anuales a Cuba. En el otro sentido, y en esto también hay que incluir a todos los emigrantes, a las menguadas cifras de los hipotéticos emigrantes golondrina habría que descontar el porcentaje de los isleños que emigró con el propósito de establecerse en América, los cuales representaron un porcentaje que rondaban el 30%. Pero es más, a poco que reflexionemos sobre los datos del "Boletín de la Estadística Municipal de Santa Cruz de Tenerife", evidenciamos que la tan cacareada emigración golondrina no pudo ser otra cosa que un fenómeno aparente. En efecto, dado que las cifras recogen, en números redondos, unas diez mil salidas y unos seis mil retornos, 35 aceptando que la emigración golondrina tan sólo era marginal, esto es, que era practicada por mil emigrantes (cifra que, en todo caso, nunca pudo superar a la luz de las llegadas anuales de los pasajeros de América), tendríamos acaparados cuatro mil viajes de ida y vuelta en nuestro período de estudio, lo que rebajaría la cifra de emigrantes reales a siete mil salidos y tres mil retornados, una vez descontados en ambas series los viajes de los pasajeros reincidentes. Y es que las estadísticas, como hemos matizado con reiteración, recogen migraciones y no migrantes, lo que significa que si damos por buena la existencia de la emigración golondrina, no tenemos más remedio que recortar el número de emigrantes reales, y tanto más conforme magnifiquemos la incidencia de tal tipo de migración. Lo insólito es que quienes han defendido la existencia de la emigración golondrina hayan sido los que han propuesto las cifras más altas para la emigración isleña de la época, superiores a los 50.000 emigrantes para el quinquenio [1915][1916][1917][1918][1919][1920]36 circunstancia que supondría una cantidad exorbitante de viajes de ida y vuelta a Cuba, inviables a la luz de las comunicaciones de la época. Y tal realidad llegaría a extremos histriónicos si, en lugar de los cuatro años de la guerra europea, consideráramos todo el tramo inicial del siglo actual. En definitiva, si defendemos el carácter golondrina de la emigración canaria del momento, no nos queda otro remedio que aceptar cifras espectacularmente bajas para el número real de emigrantes. Defender, a un tiempo, ambas características en la emigración isleña del momento es, cuanto menos, un despropósito. Al respecto conviene insistir en las limitaciones de la infraestructura de las comunicaciones Canarias-América, que en modo alguno pudieron permitir un mayor volumen de desplazamientos. Un argumento económico que insiste en la inviabilidad de la emigración golondrina Una somera aproximación a las diferencias salariales existentes entre ambos espacios insulares en los años de apogeo del sector azucarero cubano, insiste en la inviabilidad de la afluencia anual y reiterativa de los jornaleros isleños a Cuba. En efecto, las cifras, ponderadas con datos cualitativos de la época de indudable importancia, aunque de difícil concreción, cantan por sí solas. A la finalización de la guerra europea, el abanico de los jornales agrícolas en Canarias iba desde las 3,5 pesetas del Valle de La Orotava, a las escasas 2 pesetas de las áreas más deprimidas del Archipiélago. 37 El tradicional autoabastecimiento de las familias isleñas, 38 paliaba la escasa cuantía de los ingresos monetarios de la época. En la Cuba de entonces, según el Partido Comunista de la isla antillana, el abanico salarial de los centrales azucareros basculaba entre los 90 centavos y los 2,50 pesos. 39 Suponiendo a la moneda cubana paridad con la norteamericana, tales cifras suponían, en términos de la época, unas respectivas 4,66 y 12,96 pesetas. 40 En principio, pues, las diferencias salariales resultaban notorias. Pero para valorar el incremento real del beneficio que reportaba a los jornaleros canarios el desplazamiento a Cuba, tenemos que ponderar otros factores al margen de los escuetos jornales. Es el caso de la duración de las zafras que, encima de limitadas a períodos muy concretos, cada vez concluían con mayor celeridad. 41 Haciendo cuentas, tenemos que un jornalero trabajando los días promediados en 1919 a los salarios mencionados, percibiría al año, en un caso, pensamos que en la inmensa mayoría a la luz del bajo nivel socioprofesional de los emigrados, 590,88 pesetas; y en el otro, 2.030,83 pesetas. Evidentemente, los nive-37 Brito González, Oswaldo: Historia del Movimiento Obrero Canario, Madrid, 1980, pág. 203. 38 En efecto, incluso en las áreas más urbanizadas del Archipiélago, caso de Santa Cruz de Tenerife, por entonces era habitual que la mayoría de las familias cubriera buena parte de sus necesidades alimentarias a instancias de animales domésticos y de algún pedazo de terreno en régimen de policultivo. 39 les reales de ingresos debieron bascular entre ambos extremos con una acusada inclinación hacia el inferior. En cualquier caso, había que descontar el precio del pasaje, 42 el porcentaje del jornal que los centrales satisfacían con vales a canjear en sus tiendas, la escasa capacidad de ahorro de los emigrados canarios y, evidentemente, la pérdida del nada despreciable autoabastecimiento marginal en las Islas. En el sentido contrario, la posible realización de otras actividades en los 209 días restantes del año, cosa nada fácil, pues muchos quedaban en el propio central aguardando la nueva zafra subsistiendo, en algunos casos, con préstamos a cuenta de los futuros jornales. En definitiva, las diferencias salariales, ponderadas en el marco de la época, evidencian que el carácter reiterativo y anual no fueron los rasgos dominantes y definitorios de la emigración canaria de entonces. El pormenorizado análisis de la emigración del término municipal de Güímar en su carácter de paradigma de las zonas rurales de las Islas, lo que supone hablar de la inmensa mayoría del espacio insular, nos ha demostrado que los emigrantes emitidos por tales áreas en modo alguno practicaron una emigración golondrina, esto es, de tipo estacional. 43 Es más, un solo traslado y por espacio de cuatro, cinco y, como mucho, seis años, fueron los rasgos dominantes de la, por lo demás, desigual 44 emigración canaria de 42 En los años de la guerra europea, al compás de la generalizada inflación del momento, el precio del pasaje a La Habana sufrió un continuo encarecimiento que lo llevó desde las 110 pesetas de anteguerra a las 319 en vísperas del cese de las hostilidades. Por consiguiente, este factor frenó la emigración cuando había más razones, tanto en Cuba como en Canarias, para emigrar (Yanes: Crisis económica y emigración..., pág. 41). Ahora bien, para ponderar el alcance de las conclusiones, más que a los porcentajes existentes entre aquellos guarismos, debemos atender al carácter representativo de Güímar dentro de los núcleos rurales del Archipiélago. 44 No olvidemos, por caso, el tímido contingente que con un componente más cualificado, empresarial y familiar, y con un carácter más definitivo, recaló por aquellos años en las repúblicas continentales. Este sector, por colateral que resulte ante las notas dominantes de la emigración canaria del momento, pensamos, no debe ser desdeñado en futuros trabajos. En principio, su procedencia de la zona ligada al sector económico de exportación del municipio, en contraposición al que afluía a Cuba que provenía en mayor grado de la zona de subsistencia, con el desigual carácter emigratorio de ambos, el uno esencialmente definitivo y el otro más provisional, ofrece una hipotética explicación a la pérdida de recursos poblacionales de las zonas exteriores frente al mantenimiento demográfico de las tradicionales en aquellos críticos años a nivel de todo el Archipiélago (véanse Burriel de Orueta, Eugenio: Canarias: población y agricultura en una sociedad dependiente, Barcelona, 1982, págs. 73-111; y Yanes Mesa, Julio Antonio: "Modelo económico y emigración en la Historia Contemporánea Canaria", en XI Coloquio de Historia Canario-americana, Las Palmas, 1994 (en prensa). JULIO ANTONIO YANES MESA las zonas interiores del Archipiélago, siendo muy raros los que repitieron experiencia y anecdóticos los que lo hicieron en años consecutivos, ninguno de los cuales, por lo demás, reiteró en más de dos ocasiones. Factores de muy diversa índole y de incidencia generalizada en todo el Archipiélago, tales como la determinación en la emigración de un detonante tan ocasional e imprevisible como la sequía, ausente, cuando no presente, por espacio de varios años en las Islas; el rechazo de los jóvenes al servicio militar, lo que dejó atrapado en América a un tercio de los emigrantes por espacio de varios años; y los isleños que emigraron con el propósito de hacer definitiva su expatriación, que suponían nada menos que otro tercio del contingente emigrado, insisten en la improcedencia de tal tipo de emigración. A nivel de macroespacio, una somera reflexión sobre el volumen real de la emigración canaria en su conjunto a la luz de aspectos hasta ahora desatendidos por la historiografía isleña como la dimensión real de los traslados clandestinos y la limitada infraestructura comunicatoria Canarias-América, insiste en que las Islas, incluyendo sus áreas más urbanizadas, nunca pudieron emitir tal tipo de emigración, por residual que fuera su porcentaje, a no ser que aceptemos que la emigración canaria del momento alcanzó cifras desconcertantemente bajas. Otro tanto demuestra el contraste de las diferencias salariales que había entre Canarias y Cuba, obviando factores tan determinantes como las mentalidades de la época y la escasa capacidad de ahorro de los jornaleros isleños, en su inmensa mayoría analfabetos. Las insistentes versiones coetáneas del éxodo que, en contraposición a nuestras conclusiones, hablaban de reiteradas idas y venidas anuales de isleños, 45 pues, debieron configurarse en la propia isla antillana cuando, en efecto, al comenzar las zafras los cubanos veían llegar a muchos isleños y, a su término, marchar a otros tantos. 46 Pero ello, tal y como hemos observado a nivel de microespacio y deducido a nivel de macroespacio, no fue sino una aparente percepción coetánea, porque unos y otros no eran los mismos, ni a niveles residuales, todos los años. 45 Y alguna que otra vez llevando hasta el delirio tal realidad, caso del informe del Consejo Superior de Emigración que recogía: "... entre los emigrantes (canarios) no es raro encontrar tipos de psicología singularísima, que rinden al año cuatro o cinco viajes llevando productos hortícolas, para volver con mercancías antillanas..." (texto recogido de Maluquer de Motes: Nación e inmigración..., pág. 109). Evidentemente, tal afirmación, aparte de exagerar lo que debió ser el caso, y muy ocasional, de algún viajero en particular, distorsionó aún más la realidad con la generalización de su práctica. 46 Todo ello, aparte de ilustrar el recelo que nos debe producir toda valoración cualitativa que no esté verificada a posteriori con datos objetivos, nos ilustra magníficamente el riesgo que conlleva la interpretación de cualquier hecho histórico desde su propio contexto y bajo perspectivas coetáneas.
Los autores ofrecen una nueva transcripción de dos interrogatorios judiciales relacionados con Polo de Ondegardo (ca. Los dos documentos ayudan a entender el concepto que tenía Polo de Ondegardo sobre los mitimaes en el imperio inca. También ilustran sobre el importante papel económico que podía llegar a tener esta categoría social en el orden incaico. Los mitimaes no perdían por ello necesariamente la vinculación con sus grupos étnicos de origen, contrariamente a la idea más extendida sobre los llamados "mitimaes del Inca" que se encuentra en la bibliografía. Desde hace unos veinte años, el estudio de la documentación existente en el Archivo Histórico de Cochabamba (Bolivia) está permitiendo conocer detalles de la economía política inca en el valle del mismo nombre que son de una importancia comparable a los que se tienen de otras zonas no nucleares del imperio inca, como Los dos son relevantes para la comprensión de la categoría social de los mitimaes en el orden incaico, así como informativos del pensamiento de Polo de Ondegardo acerca de ella. 4 La transcripción deriva de un nuevo estudio de los textos originales, así como del contexto documental e histórico al que pertenecen. Nuestro trabajo viene a sumarse a otros recientes sobre las condiciones en el valle de Cochabamba en el periodo inca y las primeras décadas del régimen colonial. 5 Las fuentes españolas sobre este imperio (v. g., Pedro de Cieza de León, 6 fray Domingo de Santo Tomás, 7 Diego Fernández, 8 el propio Polo de Ondegardo 9 ) llamaban con este nombre, "mitimaes", o "mitimas" -del 4 Esta nueva versión de los dos interrogatorios forma parte de la compilación crítica de las obras completas de Polo de Ondegardo y los documentos sobre su vida que coordina Fermín del Pino Díaz. Agradecemos el que nos haya permitido publicar aquí nuestro trabajo antes que en esa compilación. Agradecemos también sus comentarios a la valoración que hacemos de los dos documentos; valoración enriquecida asimismo por las sugerencias de Catherine Julien, Berta Ares Queija y Alfredo Moreno Cebrián. Uno de nosotros, Juan J. R. Villarías Robles, pudo llevar a cabo su parte de la investigación gracias a una beca de viaje de la Universidad de Chicago y a fondos asignados al proyecto PB89-0051 patrocinado por el Ministerio de Educación y Ciencia de España, titulado "Discursos etnográficos y contextos histórico-sociales", dirigido por Pino Díaz, del que este trabajo es uno de sus resultados. 5 Universidad Mayor de San Simón (U.M.S.S.), Cochabamba, Departamento de Arqueología: Repartimiento de tierras por el Inca Huayna Cápac. Edición de Adolfo de Morales y Geraldine Byrne de Caballero. Gordillo, José María y Mercedes del Río (eds.): La visita de Tiquipaya. Villarías Robles, Juan J. R.: "La importancia de la categoría social de los 'mitimaes' en la configuración económico-política del imperio inca; nuevos datos procedentes del Archivo Histórico de Cochabamba (Bolivia)". Actas del IV Encuentro de Americanistas Españoles (Salamanca, 1994). Villarías Robles, Juan J. R. y Pereira Herrera, David: "El emplazamiento de Canata y la fundación colonial de la villa de Oropesa: una contribución a la geografía histórica del valle de Cochabamba (Bolivia) en los siglos XV y XVI". Edición de Carmelo Sáenz de Santa María. 7 Lexicon o vocabulario de la lengua general del Perú [1560]. Edición facsimilar de R. Porras Barrenechea. Edición de Juan Pérez de Tudela Bueso. Véase la parte II, libro 3, capítulo 11. 9 "Informe [...] al licenciado Briviesca de Muñatones sobre la perpetuidad de las encomiendas en el Perú" [1561]. Edición de Carlos A. Romero. "Relación de los fundamentos acerca del notable daño que resulta de no guardar a los indios sus fueros y de la orden que los indios tenían en dividir los tributos entre sí" [1571]. [También conocida como "Relación acerca del linaje de los incas y cómo conquistaron, y acerca del notable daño que resulta de no guardar a los indios sus fueros"]. Colección de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, vol. 17, págs. 5-177. JUAN J. R. VILLARÍAS ROBLES E ÍTALA DE MAMÁN vocablo quechua mitmaq-, a todos los grupos de familias que residían en un territorio alejado de su lugar de origen, al que habían sido desplazados por razones de tipo político, militar o económico; o por varias de estas causas a la vez. Su papel en la vertebración del poder incaico ha sido objeto de discrepancias entre los estudiosos, como lo fue entre los autores de esas fuentes. La documentación publicada en las últimas décadas sobre otras zonas, como la mencionada provincia de Chucuito, sugiere que las colonias de mitimaes -al menos en estas regiones-eran anteriores a la formación del imperio inca y existían en función del aprovechamiento local de la peculiar ecología andina, con sus múltiples recursos complementarios dispuestos verticalmente y a grandes distancias del hábitat del grupo étnico que decidiera explotarlos. 10 Polo de Ondegardo trató de estas colonias -y de los problemas que le ocasionaron a la división administrativa española-en sus informes citados de 1561 y 1571, especialmente en el primero. Contó el caso de su intercesión ante el virrey Marqués de Cañete (1556-1560) para que los mitimaes que tenían en la costa los carangas, en el altiplano boliviano, y "los de Chucuito" fueran devueltos administrativamente a sus naciones de origen y, por tanto, a la dependencia de sus caciques. Esos mitimaes habían sido encomendados a vecinos de la ciudad de Arequipa al fundarse ésta en 1540, lo que había roto su vinculación con esas naciones. Nuestro autor razonaba que las colonias de mitimaes habían contribuido significativamente desde tiempo inmemorial al sostenimiento material de sus pueblos, y que ésta era una de las peculiaridades de un orden económico-político que convenía salvaguardar en todo lo posible en aras del enraizamiento del régimen colonial. Polo añadió que había logrado su propósito: los mitimaes fueron devueltos a los carangas o a Chucuito, y los vecinos de Arequipa afectados fueron compensados con encomiendas de otros indios que no planteaban el mismo problema. Los incas habían adaptado estos "archipiélagos ecológicos" a su dominio, como habían hecho con la organización económica de otras zonas; sin embargo, crearon también nuevas colonias de mitimaes. No hay duda de que esta política perseguía la protección de las fronteras del imperio y la consolidación del poder incaico en territorios que habían sido incorporados a él con dificultad. Formaciones económicas y políticas del mundo andino. "El control vertical de un máximo de pisos ecológicos en la economía de las sociedades andinas" [1972]. Tomo LV, 2, 1998 que fue considerable, cabe pensar, con J. Rowe,11 que esta política de los incas debió atenuar mucho el poder disgregador que tenía para el imperio la diversidad étnica y organizativa de su población. Pero muchas de estas colonias, vistas de otro modo, en la medida en que fueron creadas a la fuerza no podían ser sino indicadores de inestabilidad del dominio incaico, como ya apuntaba en el siglo XVI Diego Fernández y ha argumentado, entre los investigadores contemporáneos, W. Espinoza Soriano. 12 La documentación conservada en el Archivo Histórico de Cochabamba (en adelante, AHMCo) sugiere una realidad aparte, que complica aún más el panorama social, político y económico de este imperio: la creación de colonias de mitimaes podía perseguir también, al menos en ciertas zonas, los objetivos de la economía política inca -esto es, los volúmenes de producción suficientes para sostener material e ideológicamente el poder incaico-, lo que exigía contraprestaciones a las poblaciones que debían ser movilizadas para cumplir con esos objetivos. Estas contraprestaciones podían redundar en la afirmación identitaria de tales poblaciones frente al poder central, aunque sin llegar necesariamente a cuestionarlo. La alteración de los componentes en esta ecuación tendría el mismo efecto. En aras de la legitimidad de su hegemonía, los incas podrían ofrecer tierras a muchas de las naciones incorporadas al imperio en lugares ecológicamente diferentes -cuyo aprovechamiento necesitaban-y, a cambio, estas naciones tendrían que trabajar en otras tierras, en los mismos nichos ecológicos, para el sostenimiento del dominio incaico; lo que reforzaba su identidad étnica. El primer interrogatorio que presentamos, de 1563, contra los indios de Paria, fue publicado por Nathan Wachtel en un apéndice a su estudio sobre los mitimaes del valle de Cochabamba, junto con las respuestas a algunas de las preguntas del primero de los 13 testigos. El segundo interrogatorio, de 1568, contra los indios de Tapacarí, es mucho menos conocido, pero está estrechamente relacionado con el primero; lo publicó en 1949 el erudito boliviano José M. Urquidi, en un libro que escribió sobre la historia temprana de la ciudad de Cochabamba, fundada en 1571. 13 Los dos interrogatorios forman parte de los expedientes judiciales de sendos pleitos conservados en el AHMCo; pleitos que, a su vez, son una pequeña muestra de una serie de litigios que tuvieron lugar entre 1555 y 1590 por las fértiles tierras del valle, en los que participaron diversos agentes movidos por los dos tipos de demanda que generaba entonces la explotación minera de Potosí: (1) la de productos agrícolas y ganaderos necesarios para alimentar y vestir a la creciente población del centro minero, y (2) la de trabajo en las minas y otras formas de tributo indígena, que debía provenir de los grupos étnicos más próximos al lugar. Estos grupos, como forma de contraprestación ante esa imposición tributaria, pidieron a las autoridades españolas la devolución de las tierras en el valle de Cochabamba que, según ellos, el Inca Huayna Cápac les había asignado allí a cambio de trabajar en otras, también en el valle, para el Estado incaico: bien periódicamente, como mitayos, o bien permanentemente, como mitimaes. Su reclamación chocaba con los intereses de quienes cultivaban esas tierras desde la destrucción del dominio inca: los hacendados españoles, los residentes indígenas y los encomenderos de éstos. Paradójicamente, muchos de esos residentes indígenas eran descendientes de mitayos y mitimaes del Inca, quienes habían llegado al valle procedentes de los mismos grupos étnicos de la alta Bolivia que ahora demandaban esas tierras. Los mismos indígenas debían hacer frente, por otro lado, a las demandas de los hacendados españoles, cada vez más numerosos -notablemente tras la fundación de Cochabamba en 1571-y que deseaban tierras con el fin de orientar su producción al mercado de Potosí. La publicación, por la Universidad de San Simón, de parte del expediente de uno de los litigios resultantes de esos conflictos, en 1575-1578 -entre los indígenas encomendados a Polo de Ondegardo y Rodrigo de Orellana, de una parte, y los carangas y otras naciones del Altiplano, de otra-, 14 permitió ilustrar lo que había sido la acción de los incas en la mitad occidental del valle de Cochabamba: aquella en la que Huayna Cápac había asignado tierras a esas naciones del Altiplano. El expediente contiene una copia notarial de un texto conocido como "Repartimiento de tierras por el Inca Huayna Cápac", que es un fragmento de una visita hecha al valle por Juan González entre 1556 y 1560 a instancia de los caciques de Paria. 404-462v y lleva el engañoso título "Proceso de los indios carangas sobre las tierras de Colcapirhua" en el índice parcial de R. Schramm de los fondos del AHMCo: "Archivo Histórico de Cochabamba: Índice de documentos sobre indios y tierras (siglos XVI, XVII y XVIII)". Tomo LV, 2, 1998 Los dos interrogatorios que aquí presentamos -el primero de los cuales corresponde a ese litigio iniciado por los caciques de Paria-hacen más clara aún la naturaleza del conflicto que separaba a los dos bandos indígenas. Interrogatorio contra los indios de Paria El 2 de abril de 1563, en la localidad de Canata, en el valle de Cochabamba, dos "caciques principales" del valle, Hernando Cuyo y Diego Tanquire -el primero encomendado a Rodrigo de Orellana y el segundo a Polo de Ondegardo-, se presentaron ante "el justicia del partido de Cochabamba" de entonces, Martín de la Rocha, y le hicieron entrega de una "carta receptoria" de la Audiencia de Charcas y un interrogatorio de 19 preguntas. La "carta receptoria" tenía fecha de 23 de enero de ese año y en ella la Audiencia explicaba que intervenía en un pleito entre los indios de Paria, en la sierra boliviana, y los del valle de Cochabamba sobre ciertas tierras que había en éste, y que estos últimos habían solicitado la carta tras plantear el problema de que las personas que podían testificar en su favor no podían desplazarse hasta La Plata (hoy Sucre), sede de la Audiencia, para comparecer ante ella. El tribunal había accedido a esta petición y por la carta ordenaba a las autoridades ante quienes se presentase que, en el plazo de seis meses, practicaran una "probanza" mediante testigos que hiciera valer la argumentación de los caciques de Cochabamba. Las declaraciones de esos testigos habían de hacerse contestando cada uno a las preguntas del interrogatorio que los caciques presentaran, aunque el documento debía ir firmado por el secretario de la Audiencia, Tristán Sánchez. El interrogatorio que presentaron Cuyo y Tanquire ante Martín de la Rocha puede ser consultado en el AHMCo junto con la carta de la Audiencia, las respuestas de los 13 testigos presentados y otros autos de la probanza que Martín de la Rocha hizo en Canata. El conjunto forma un expediente que R. Schramm ha titulado "Probanzas en el pleito entre los indios de Cochabamba y Paria sobre las tierras del valle". 15 El interrogatorio no tiene fecha, pero ésta cabe situarla entre la de la carta de la Audiencia, 23 de enero de 1563, y la del día en que Cuyo y Tanquire se lo entregaron a Martín de la Rocha, el 2 de abril del mismo año. Como había ordenado la Audiencia, el texto lleva la firma de Tristán Sánchez. No hay más firmas en él, pero al final, antes de la firma de Sánchez, se leen los nombres de "El liçençiado Polo", "El liçençiado Pedro de Herrera" y "Françisco Muñoz", que deben ser los de los autores -por orden de protagonismo-del texto original, que Sánchez debió copiar y firmar para que Cuyo y Tanquire lo llevaran, junto con la carta, al valle de Cochabamba. Como ya sabemos, Polo tenía entonces una de las encomiendas del valle, de las tres constituidas tras la derrota de la sublevación de Gonzalo Pizarro, en 1548. El tercer autor, Francisco Muñoz, era el procurador de Cuyo y Tanquire ante la Audiencia, según dice la carta. En cuanto a Pedro de Herrera, su papel en el caso se desconoce, pues su nombre aparece sólo en el interrogatorio. En 1561, un Pedro de Herrera había sido "teniente de corregidor y justicia mayor en el asiento de minas de Berenguela y los valles de Cochabamba y Cliza", según consta en dos expedientes de ese año que también se guardan en el AHMCo. 16 Otro expediente, éste guardado en el Archivo General de Indias, en Sevilla, 17 menciona a un Pedro de Herrera como apoderado en 1562-1565 de Hernando de Silva ante la Audiencia de Lima y los oficiales de la Hacienda Real de Potosí. Silva había tenido hasta entonces otra de las encomiendas del valle de Cochabamba -la de los indios de Sipe Sipe-y estaba a punto de perderla en beneficio de la Corona por haber regresado a España de manera presuntamente irregular. Es muy posible que el Pedro de Herrera mencionado en los tres expedientes sea la misma persona, aunque esto no nos dice mucho de su papel en el pleito entre los indios encomendados a Polo y Rodrigo de Orellana, de una parte, y los indios de Paria, de otra. Tal vez fue el apoderado de Rodrigo de Orellana. El texto firmado por él, Muñoz y Polo, junto con el resto de los autos del proceso seguido en la Audiencia de Charcas, debieron quedar en poder de Tristán Sánchez en La Plata. El expediente generado por estas actuaciones aún no se ha encontrado. 17 Justicia 656, n.o1, ramo 3, "El fiscal con Hernando de Silva [...] sobre el pago de los tributos del pueblo de Zipe Zipe que tenía en encomienda" [1564], ff. Tomo LV, 2, 1998 Por las preguntas del interrogatorio descubrimos que las tierras en litigio se llamaban Poto Poto, Illaurco, Colchacollo, Anocaraire y Villaoma, dándonos a entender que los "indios de Paria" que las reclamaban eran de las etnias sora y uru. Las tierras son las mismas que aparecen mencionadas en el litigio de los carangas y sus aliados, doce años posterior; eran grandes parcelas ("chácaras") que estaban ubicadas en la mitad occidental del valle y habían sido subdivididas en lotes llamados "suyos", "urcos" o "suertes". Los carangas y sus aliados pedirían ocho de estos lotes. Suponemos que los de Paria pidieron otros, en las mismas "chácaras". Según el texto del repartimiento de tierras de Huayna Cápac, fue en ellas donde el Inca les asignó el cultivo de cinco lotes: dos en Illaurco, dos en Colchacollo y uno en Villaoma. 18 También descubrimos por el interrogatorio que la posición en el pleito de los indios encomendados a Polo y Rodrigo de Orellana era esencialmente la misma que la que opondrían más tarde a los carangas, a saber: que los indios de fuera del valle no tenían ningún derecho a tierras en él, porque estas tierras habían pertenecido al Inca y, antes, a los naturales del valle. A muchos de estos naturales el Inca los había enviado a otros lugares; por ejemplo, a Totora, "que está junto a los Andes". Quienes las poseían ahora eran los mitimaes que el Inca había traído de fuera del valle para trabajar en ellas, en beneficio del Estado incaico. Se trataba de familias que no tenían ya nada que ver con sus etnias de origen, aunque entre éstas estuvieran los soras y los urus de Paria. 19 Muchos de los indios encomendados a Polo y Rodrigo de Orellana, si no todos -según sabemos por el expediente del pleito de los carangas-, eran, en efecto, mitimaes puestos por el Inca, o descendientes de ellos. Había también descendientes de mitayos, como sabemos por el mismo expediente; pero este interrogatorio no los menciona, como tampoco hará el interrogatorio contra Tapacarí. Los autores alegaron asimismo, en favor de los habitantes del valle, un segundo argumento: que no es bueno que los mitimaes y las tierras que cultivan sean devueltos a sus naciones de origen, ya que la política general española en todo el Virreinato es que no lo sean. 20 Este segundo argumento sorprende, por dos motivos. En primer lugar, porque parece contradecir el argumento anterior: se da a entender ahora que hay mitimaes en el valle que continúan sintiéndose vinculados a sus etnias de origen, y que estas poblaciones de fuera del valle pueden tener algún derecho a tales mitimaes o a sus tierras, a pesar de la distancia que pueda haber entre unos y otros. En las preguntas V y VI llega a afirmarse que la causa de la desvinculación de los mitimaes con sus etnias de origen había sido la intervención española, no la política inca de establecer colonias con tales mitimaes. En segundo lugar, el argumento contrasta notablemente con lo razonado por Polo de Ondegardo sobre los mitimaes carangas y de Chucuito que cayeron bajo la jurisdicción de Arequipa. El interrogatorio alude a esos mitimaes en la pregunta XIV, pero, sorprendentemente, omite la intercesión de Polo en el caso, que permitió resolverlo de manera favorable tanto para el orden indígena como para el régimen colonial: omisión que obliga a tomar con reservas el alegato de que era política general española en el Virreinato el mero criterio de la proximidad territorial a ciudades españolas para repartir mitimaes entre encomenderos. Si a ello se añadiera la diferencia de razonamientos presentados en uno y otro texto, se podría pensar, como ha hecho Wachtel, 21 que Polo simplemente estaría defendiendo sus propios intereses como encomendero en el caso de los mitimaes de Cochabamba, sin importarle mucho si esto se contradecía con sus ideas sobre el orden incaico expuestas en trabajos como el de 1561. En coherencia con esas ideas, Polo debía estar a favor, no en contra, de devolverles a los indios de Paria sus mitimaes y las tierras reclamadas en el valle, como se había hecho con los mitimaes de los carangas y de Chucuito en la costa. Sin embargo, conviene tener presente que en esos trabajos Polo distingue con claridad al menos dos clases de mitimaes: aquellos que, si bien "puestos por el Inca", estaban a las órdenes de los caciques de sus naciones, y los que, constituidos también por el Inca, estaban sin embargo a sus órdenes o a las de sus gobernadores. Cieza de León había percibido la misma diferencia unos diez años antes. 22 La primera clase tenía el sentido que manifiesta el siguiente pasaje: "El Inca tuvo tan buena orden que [a] cada provincia dio medios para que tuviese lo necesario y cogiese sustentación para pasar la vida, y así, cuando están poblados [los indios] en tierra fría, [les] repartió tierra en la caliente, aunque fuese lejos, e hizo poner en ella [en la tierra caliente] indios de cada provincia para que se enviasen 21 "The Mitimas... ", págs. 200-201. 22 La crónica del Perú... Compárese la descripción que hace este autor de las colonias de mitimaes en lugares como Tumbes (cap. 53), Guancabamba, en la sierra norte peruana (cap. 57), o el valle de Chincha (cap. 74), con la que hace de las del Collao (cap. 99). Tomo LV, 2, 1998 y beneficiasen las semillas que se dan y cogen [en ella], y ordenó que la comunidad enviase por ello en sus ganados; sin la cual orden no se pueden cómodamente sustentar". 23 Los mitimaes de los carangas y de Chucuito en la costa eran de esta primera clase, y de hecho Polo los señala como ejemplo unas líneas después del pasaje citado. Por el contrario, la segunda clase de mitimaes era de los que "salían de la sujeción de los caciques y de su naturaleza" 24 y eran un instrumento de política imperial, como los que el Inca "puso de unas partes en otras [...] para seguridad de la gente y que, como recién conquistada, no se alterase". 25 Los mitimaes de Cochabamba serían de esta segunda clase, a juicio de Polo, pues el Inca los había puesto allí para que del producto de su trabajo en las tierras en litigio "comiese él y su gente de guerra, llevándoselo a la ciudad del Cuzco en sus ganados", según se alega en la pregunta III. Los mitimaes de Totora, mencionados en la pregunta XV, serían del mismo tipo. Como también lo serían los huayacuntus estudiados por W. Espinoza Soriano. Al servir a los intereses más directos del Estado incaico, esta segunda clase de mitimaes le planteaban al régimen colonial un problema distinto que los de la primera clase. Los españoles habían derrocado a los incas y podían disponer libremente de sus recursos, tanto materiales (por ejemplo, tierras) como humanos (por ejemplo, mitimaes); pero en la medida en que el nuevo régimen dependía de la integridad del orden económico-político de los cacicazgos que le servían de base, la protección de esa integridad era una cuestión vital para ese régimen. Este es el razonamiento que cabe inferir de lo alegado en las preguntas V, VI y XV. Paradójicamente, el interrogatorio sugiere, como hemos visto, que ni siquiera los mitimaes de la segunda clase "salían de la sujeción de los caciques y de su naturaleza", contradiciendo así a Polo y a lo que es un lugar común en la bibliografía moderna sobre el imperio inca. Queda aún por explicar la omisión en la pregunta XIV de la resolución del problema planteado por los mitimaes carangas y de Chucuito en la costa. Tal vez no fuera necesario mencionar el caso, al dejar constancia Polo, en su informe de 1561, de la diferencia entre las dos clases de mitimaes. No olvidemos, por otra parte, que el interrogatorio llevaba también originalmente las firmas de Pedro de Herrera y Francisco Muñoz y que por ello debe ser entendido, antes que nada, como un documento que recoge el pensamiento de los tres acerca de las condiciones económicas, sociales y políticas en el valle de Cochabamba y territorios aledaños antes y después de la caída del imperio inca: pensamiento que naturalmente algo tendría que ver con el hecho de que al menos Polo y Francisco Muñoz eran parte interesada en la interpretación que aceptara la Audiencia de esas condiciones. Wachtel atribuyó el interrogatorio exclusivamente a Polo, sin aportar otros documentos que lo demostraran, y lo fechó por error en 1560. También lo consideró parte del expediente del pleito de los carangas; pero, como ya hemos señalado, se trata de dos litigios distintos, aunque revelan un mismo tipo de conflicto. Al transcribir el documento, Wachtel decidió no poner ningún acento en ninguna palabra, ni ningún signo de puntuación en el texto, salvo puntos para separar las preguntas. Explicables tal vez desde un estrecho punto de vista histórico, estas decisiones dificultan innecesariamente la comprensión del documento. Wachtel, en cualquier caso, no hizo referencia a ninguna regla de transcripción que las justificara. Más lamentable aún es que su versión adolece de algunos errores de lectura, como leer "mitimaes chilques y chiles y collas de Asángaro" por "mitimaes chilques y chiles y collas y de Asángaro" en la pregunta VII; o leer "indios caracotas chichas y charcas y amparayes" por "indios caracaras y chichas y charcas yamparayes" en la pregunta IX. Estos errores son importantes en la medida en que el investigador francés recurrió precisamente al interrogatorio para intentar discernir el origen étnico de los mitimaes del valle. 26 Con nuestra versión creemos haber subsanado estas deficiencias, que no hacen justicia al valor del documento. Interrogatorio contra los indios de Tapacarí Wachtel no mencionó el segundo interrogatorio que presentamos aquí, a pesar de citar la obra de J. M. Urquidi en la que va inserto.27 Esta transcripción del erudito boliviano, como la de Wachtel del interrogatorio contra Paria, tiene errores. La pregunta 4, por ejemplo, aparece transcrita así: "Item. Si saven, etc. Que con todo lo que de dichas tierras se cogía acudían al Inca y a sus mayordomos y le llevaban y ponían en los depósitos de Paria y Tapacarí, questavan fechos para el dicho efeto, de donde los ganados del Inca lo ponían en los depósitos del (ilegible) y de ahí llevavan otros hasta el Cuzco...". En el original, sin embargo, se lee sin dificultad lo siguiente (hecha la salvedad de las diferencias por uso de distintas normas de transcripción): "... acudían al Inga y a sus mayordomos y lo llevaban y ponían en los depósitos de Paria y Tapacarí, questavan fechos para el dicho efeto, de donde los ganados del Inga lo ponían en los depósitos de Luricachi, y de allí lo llevaban otros hasta el Cuzco..." En la pregunta 5, por poner otro ejemplo, Urquidi transcribió: "Item. Si saben, etc. Que para efeto que no huviese descuidado en lo suso dicho y lo sembrasen y cogiesen apto (?) y para que en lo que se cogía (hu)oviese recaudo y no se tomase ni notase cosa alguna de ello, tenía el Inca..." De nuevo el contenido real de la pregunta es otro: "... que para efeto que no huviese descuido en lo susodicho y lo senbrasen y cogiesen a tiempo, y para que en lo que se cogía oviese recaudo y no se tomase ni hurtase cosa alguna dello, tenía el Inga..." Las circunstancias históricas de este segundo interrogatorio son casi las mismas que las del primero, aunque es cinco años posterior a él. Son ahora los indios de Tapacarí, asentados en la cordillera que cierra el valle de Cochabamba por el oeste, quienes reclaman tierras en el valle a los indios que residen en él encomendados a Polo y Rodrigo de Orellana. Las tierras en litigio son otra vez las de Colchacollo, Poto Poto e Illaurco, pero no las de Anocaraire y Villaoma del pleito anterior. El 25 de mayo de 1568, de nuevo en Canata, Gerónimo Cuyo, Diego Tanquire y un cuarto cacique que aparece ahora por primera vez, Hernando Quilo, presumiblemente encomendado a Rodrigo de Orellana, hicieron entrega del interrogatorio a Andrés de Ribera, teniente de corregidor y justicia mayor entonces en el partido de Cochabamba. Al interrogatorio adjuntaron la "carta receptoria" correspondiente de la Audiencia de Charcas ordenando una nueva probanza mediante testigos que apoyara su argumentación contra los indios de Tapacarí. La carta llevaba fecha de 10 de abril de 1568, daba 50 días de plazo para la probanza y, como la anterior, mandaba que las preguntas se hicieran con arreglo a un interrogatorio que firmara Tristán Sánchez. A diferencia de la de 1563, esta segunda carta mencionaba a Polo como parte litigante junto a "los caciques principales" del valle. JUAN J. R. VILLARÍAS ROBLES E ÍTALA DE MAMÁN La carta, el interrogatorio presentado y las respuestas de los 7 testigos llamados a declarar forman parte de otro expediente que se conserva en el AHMCo. 28 Firmado en efecto por Tristán Sánchez, el interrogatorio abunda en los argumentos del primero, rechazándose ahora enfáticamente que los mitimaes mantuvieran ningún tipo de vinculación con "caçiques ni otra persona donde heran naturales" (pregunta 7). El propio documento nos informa de que esto no era verdad en el caso de los de Tapacarí, quienes hasta tenían su propio cacique en el valle; pero se afirma que era la única excepción, porque la comunidad de Tapacarí estaba a tan sólo a siete leguas de distancia del valle (pregunta 11). También ofrece este segundo interrogatorio detalles adicionales sobre la composición étnica de los mitimaes y la organización económica en el valle antes y después de la conquista española, si bien algunos testigos matizaron o corrigieron lo afirmado en algunas preguntas. El texto original llevaba las firmas de Polo, "don Hernando" (presumiblemente Hernando Quilo) y "don Gerónimo" (Gerónimo Cuyo), por este orden. Lamentablemente, la argumentación de los indios de Tapacarí tampoco la conocemos en detalle. El expediente de este segundo proceso abierto por la Audiencia de Charcas tampoco se ha encontrado. Iten, si saven, etçétera, que al tiempo que el Inga señaló las dichas chácarras, las tomó y adjudicó para sí propio y para que, lo que dellas se coxiese, comiese él y su gente de guerra, llevándoselo a la çiudad del Cuzco en sus ganados, sin que las personas que venefiçiavan el dicho maíz se pudiesen aprovechar dello en ninguna manera, lo qual se hazía ansí en todas las chácaras que el Inga tenía propias suyas para el dicho efeto [sic]. Iten, si saven, etçétera, que, en las dichas chácarras que el Inga señaló para sí e tomó a los dichos indios de Cochabamba, puso en ellas mitimaes, para que las sembrasen, benefiçiasen y coxiesen, de la provinçia de Paria, ansí soras como uros, y de la provinçia de los quillacas y de la provinçia de los chichas y de la provinçia de los carangas y de la provinçia de Chile y de la provinçia de los chilques, que es junto al Cuzco, y de otras munchas [sic], para que entendiesen en el dicho benefiçio y coxiesen la comida para el dicho Inga. V. Iten, si saven, etçétera, que al tiempo que los españoles entraron en estos reinos y los pusieron debaxo del amparo y dominio de Su Magestad, los dichos indios mitimaes, que estavan en el dicho valle de Cochabamba para benefiçiar las dichas tierras y sementeras del Inga, fueron encomendados con sus chácarras [352] e tierras en Rodrigo de Orellana y en Juan de Caravajal [sic], a quien suçedió Camargo y últimamente el liçençiado Polo. Iten, si saven, etçétera, que, por virtud de la dicha encomienda, todos los dichos mitimaes quedaron devajo de la subjeçión de los caçiques de Cochabamba, y antes de la tasa y después de la tassa [sic] contribuyen e pagan su tassa con los dichos caçiques y sienbran para su tributo las tierras que antes estavan señaladas por el Inga. Iten, si saven, etçétera, que, devaxo de la encomienda del dicho Rodrigo de Orellana, están los indios mitimaes quillacas y los mitimaes carangas y los mitimaes chilques y chiles y collas y de Asángaro, los quales tienen pueblos en el dicho valle de Cochabamba y están en las mismas tierras que se venefiçiavan para el Inga y acuden con sus tributos al dicho don Hernando Cuyo e a Rodrigo de Orellana, su encomendero. Iten, si saven, etçétera, que 32 Les mandó torturar de la siguiente manera, que describiría el español Pedro Sánchez, uno de los testigos: "mandó [...] Joan Gonçales atar al dicho don Gerónimo Cuyo con otros tres o quatro indios a unas estacas que mandó hincar en el suelo, y ansí tendidos en el suelo los pringó el dicho Joan Gonçales a todos con toçino ardiendo puesto en un asador, y en el toçino astillas de ganchos ardiendo; y ansí los pringó él propio y indios a quien lo mandava" (f. JUAN J. R. VILLARÍAS ROBLES E ÍTALA DE MAMÁN y suertes, repartiéndolos a los dichos mitimaes según la cantidad de gente que cada uno [sic] 33 tenía. Iten, si saven, etsétera, que [entre renglones: "de"] cada una de las provinçias de quel Inga puso mitimaes en el dicho valle de Cochabanba, a quien repartió los dichos suios y suertes, residían en el dicho valle por mitimaes cantidad de indios, así como de Paria, Tapacarí, aullagas y quillacas, charcas y caracaras y [de] Chile, 34 los quales estavan y residían allí por mitimaes para efeto de senbrar y coger [en] las dichas tierras, suertes y suios que les estavan señalados. Iten, si saven, etsétera, que con todo lo que de las dichas tierras se cogía acudían al Inga y a sus mayordomos y lo llevaban y ponían en los depósitos de Paria y Tapacarí, questavan fechos para el dicho efeto, de donde los ganados del Inga lo ponían en los depósitos de Luricachi, y de allí lo llevavan otros hasta el Cuzco, de manera que todo el maíz e comida que se cogía en los dichos suyos y suertes del valle de Cochabanba se ponía en el Cuzco por la horden susodicha, sin aprovecharse dello personas algunas en el camino [400v] ni gastarlo ni consumirlo hasta que llegava a la dicha çiudad. Iten, si saven, etsétera, que para efeto que no huviese descuido en lo susodicho y lo senbrasen y cogiesen a tiempo, y para que en lo que se cogía oviese recaudo y no se tomase ni hurtase cosa alguna dello, tenía el Inga puestos mayordomos ingas en el dicho valle, los quales tenían cuidado de lo susodicho y de castigar a quien hazía lo contrario, digan lo que saven, por tener como tenía aquel valle de Cochabanba por cosa propia suya. Iten, si saven, etsétera, que para poner los dichos mitimaes en el dicho valle echó dél los naturales que le ponían [sic] 35 y hera suyo, que heran los indios cotas y chuis y de otras naçiones, de los quales no dexó ninguno en el dicho valle de Cochabanba. Iten, si saven, etsétera, que los dichos indios que [entre renglones: "de"] cada provinçia estava[n] allí puestos por mitimaes, y residían en el dicho valle de hordinario, 37 éstos tan solamente senbra [tachado: "un"]van en él lo que se les repartía para su comida, limitadamente, sin llevar cosa alguna de lo demás, ni contribuir con ello a caçiques ni otra persona donde heran naturales, porque si otra cosa fuera, por ser horden universal, fuera muy notorio y los testigos lo supieran. Iten, si saven, etsétera, que de la provinçia de Tapacarí residían en las dichas tierras de Colchacollo, Poto Poto e Illaurco treinta o quarenta indios mitimaes de hordimario [sic], que entendían en el benefiçio de los dichos suyos y suertes de tierra y senbraban allí para sus comidas tan solamente, de los quales hera caçique y mitima en el dicho valle de Cochabanba Pomacollo, natural de Tapacarí, el qual dejó un hijo que se llama don Luis Mamani, que [401] que [redundancia en el original] agora reside en Tapacarí. Iten, si saven, etsétera, que al tiempo que los españoles entraron en estos reinos, y en nonbre de Su Magestad los conquista[entre renglones: "ron"] [tachado: "doras"], poblaron y repartieron, todos los repartimientos donde heran los dichos mitimaes se encomendaron a diferentes personas, y fizieron encomienda aparte de cada una de las dichas provinçias, como de Paria, Tapacarí, Sipi Sipi [sic], chichas, carangas, aullagas y quillacas y los indios de Chile, de las quales partes y de otras muchas son los mitimaes. Iten, si saven, etsétera, que todos los mitimaes que residen en el dicho valle de Cochabanba por sí y aparte se encomendaron en Rodrigo de Orellana y Juan de Caravajal, en cuya parte suçedió Alonso de Camargo, y e [redundancia en el original] en esta misma el liçençiado Polo Ondegardo, vezino desta çiudad, 38 con sus tierras e chácaras, como todas las demás encomiendas.
Un repaso historiográfico de las diversas interpretaciones sobre la crisis del siglo XVII ha servido como punto de reflexión para analizar la economía mexicana durante los siglos XVII y XVIII, y para entender de una manera global la economía colonial, cuya transformación y reajuste fue indudable a partir del siglo XVII. Los mercados internos toman el relevo al comercio exterior como base de crecimiento general, lo cual nos ha permitido un nuevo punto de partida para presentar algunas de las líneas maestras en el campo de la investigación en torno al tema del mercado interno colonial y lo que han aportado los estudios de carácter fiscal sobre el análisis de los mercados regionales en la América colonial. Atendiendo a los debates y discusiones en torno a la historiografía económica me remito en el presente análisis al tema de la fiscalidad y a la problemática del mercado interno colonial, ya que considero esta propuesta ilustrativa de una de las tendencias historiográficas más interesantes en la historia económica de la América española. No se tratará aquí de dar una lista interminable de trabajos realizados en los últimos años en los temas propuestos, sino más bien de exponer algunas de las grandes líneas historiográficas y de investigación llevadas a cabo por historiadores. En sus trabajos se han planteado ciertas cuestiones históricas con aportaciones realmente importantes y, sobre todo, novedosas tanto por la metodología empleada como por sus análisis tan sugerentes. Pero antes de entrar en dicho debate sería conveniente hacer mención de otra polémica suscitada varias décadas atrás para comprender de una manera global el tema. Me refiero a la existencia o no de una crisis general en el nuevo continente durante el siglo XVII. En este sentido, haremos un breve repaso a otros trabajos que se ocuparon del tema y presentaron una revisión historiográfica al respecto, haciendo especial hincapié en el caso mexicano. caba del estudio de los años 50 sobre la citada crisis en la historia europea. Desde que Eric Hobsbawn y Trevor-Roper plantearan en Past and Present una crisis de la Europa del seiscientos -crisis económica y crisis social respectivamente-, la polémica quedó abierta y suscitó la existencia de una crisis paralela americana, directamente relacionada con un descenso en el envío de remesas de metales preciosos al viejo continente. 2 E. Hamilton ya había expuesto la cuestión en 1934 conectándola con la revolución de los precios en España; dos décadas después fue retomada por W. Borah y P. y H. Chaunu, cuyas conclusiones expresaban una decadencia de la economía americana, manifestada por un descenso en la producción de plata. 3 Tesis que sería nuevamente discutida en los años 70 desde diversos puntos de vista por J. Lynch, P. Bakewell, D. Brading y H. Cross, A. Jara, M. Morineau y J. Israel. 4 Sevilla Soler expone en su análisis una revisión historiográfica de las principales aportaciones sobre este tema, centradas básicamente en los años 70 hasta mediados de la década siguiente, y cuyos núcleos temáticos de interés giran en torno a la importancia de la minería en la economía colonial, la mano de obra, la financiación y producción de dicho sector. Este examen historiográfico ha permitido poner de manifiesto que la gran crisis económica del siglo XVII fue una crisis fundamentalmente española y europea, y no americana; que si hubo un descenso de las remesas de plata enviadas a España y una caída del comercio atlántico no fue originado por un declive de la producción de plata ya que durante toda la centuria se siguió produciendo este metal precioso en grandes cantidades, sino que fue consecuencia de un "reajuste de la economía colonial". Este análisis nos sirve como punto de partida para estudiar otros trabajos que han aportado nuevas reflexiones sobre el tema. 4 Lynch, John: España bajo los Austrias. Barcelona, 1975; Bakewell, Peter: Minería y Sociedad en el México Colonial. MARÍA ÁNGELES GÁLVEZ RUIZ Morilla Critz analizó la situación de crisis y transformación de la economía del siglo XVII para el caso de la Nueva España. 5 Considerando algo exagerada la afirmación de E. Florescano e I. Gil de que el período comprendido entre 1640 y 1740 se define como un siglo de depresión económica para México,6 el hilo conductor de su análisis respecto a la supuesta crisis ha sido un repaso por las distintas corrientes historiográficas, para llegar a una interpretación global de la economía de la colonia en el siglo XVII. Presenta diversos testimonios que sustentan la tesis de crisis económica, apoyándose en causas de diversa índole que llegan a determinar el tipo de crisis: crisis demográfica, de comercio exterior, de producción de plata, de los sectores agrícola e industrial o crisis política y social. 7 Muchas de estas aportaciones han sido de gran relevancia y aunque la mayoría hoy ya están superadas o mayormente matizadas por investigaciones más recientes, algunas todavía cuentan con fieles seguidores. El estudio de François Chevalier, por poner un ejemplo, sobre la consolidación de la gran hacienda mexicana durante el siglo XVII, considerada como una estructura de producción bajo signo de regresión, ha sido aceptado tradicionalmente por estudiosos como Gibson, S. Zavala y hasta 1970 por E. Florescano, y pervive su influencia en autores como E. Semo, Barbosa-Ramírez o M. Carmagnani. 8 En este repaso historiográfico se pueden observar distintas periodizaciones respecto a la crisis. En torno a las diferentes tesis de depresión y sus periodizaciones, Morilla Critz establece dos grupos respecto a dichas explicaciones de crisis, atendiendo básicamente a su conceptualización económica: a) crisis de demanda provocada por un descenso en la producción de plata b) crisis en la producción y circulación de mercancías, consecuencia de la política fiscal y de las prácticas mercantilistas impuestas por la metrópoli. La primera explicación viene dada por el convencimiento de que existe una correlación entre descenso de exportación y limitación de producción. La segunda explicación deriva de lo que se ha entendido como "los sacrificios exigidos a México para sostener el complejo imperial español".11 A raíz de estas explicaciones, Morilla Critz realiza una crítica a la visión de una depresión general, apoyándose en trabajos tales como el de Morineau, Linch, o TePaske y Klein,12 para llegar a la conclusión de que no hubo un descenso general de la producción de plata en Nueva España en el siglo XVII, incluso que no fue tan acusado el descenso de las exportaciones como se ha puesto de manifiesto repetidas veces. Es mas, se ha comprobado que tendencialmente los ingresos de la tesorería central de México aumentaron en esta centuria, pero que también una proporción cada vez mayor se gastaba en el propio virreinato. Así pues, se podría decir que el siglo XVII novohispano no se puede estudiar desde una perspectiva de depresión general sino, de una forma más acertada, bajo las importantes transformaciones que operaron al interior de la colonia, y donde los mercados internos van a sustituir al comercio exterior como base de crecimiento. Si Morilla Critz afirma de manera rotunda "que hay motivos suficientes para considerar que Nueva España asistió en el siglo XVII a una transformación, que comenzó a sacar a la colonia de la característica dependencia económica de la metrópoli", 13 sin embargo, no rechaza totalmente la idea de crisis, aunque no se trata de una crisis económica general como había planteado la historiografía tradicional, sino que -como ha señalado-se trata de una crisis de la sociedad colonial con respecto a los valores del siglo anterior, y sobre todo de una crisis del poder virreinal. María Elisa Martínez de Vega sigue muy de cerca el planteamiento de Morilla Critz al formular una serie de reflexiones en torno a la crisis del siglo XVII, donde determina el problema de ésta necesariamente en dos dimensiones diferentes: la europea y la americana. 14 Siendo fundamental para la autora conocer el carácter y la evolución de las relaciones entre Europa y la América Española, estudia a John H. Elliott y a Tibor Wittman, que recoge las teorías de André Gunder Frank y E.R. Wolf sobre como dicha relación fue determinante "no sólo para dilucidar las leyes del mercado mundial naciente, sino para esclarecer también el modo de producir que se iba desarrollando en las Indias". 15 En cuanto a la especificidad del ámbito novohispano, Martínez de Vega presenta un estado de la cuestión, siguiendo básicamente a John Lynch sobre el problema de la influencia y traslado de la crisis europea a América, y a Jonathan Israel, que define el siglo XVII mexicano como un siglo de conflictos sociales y de crisis del poder virreinal. 16 Expone las tesis tradicionales que han sido objeto de revisión en las últimas décadas, repasando algunos trabajos sobre las cuestiones demográficas y sobre la supuesta grave crisis económica de México en esta centuria, destacando entre otras la visión dada por Chiaramonte, que diferencia la evolución de la población indígena en México y la de la población española, y la no correlación entre las tendencias demográficas de la población indígena con la evolución de determinados sectores productivos, entre ellos la producción minera. 17 Por último, Martínez de Vega concluye con la misma propuesta que ya señaló Morilla Critz, de que el siglo XVII novohispano hay que estudiarlo bajo la óptica de una importante transformación en la que los 14 Martínez de Vega, M.a Elisa: "Los mercaderes novohispanos: control virreinal y fraude fiscal en el primer tercio del siglo XVII". 15 Elliott, John H.: "América y el problema de la decadencia española", y Wittman, Tibor: "La crisis europea del siglo XVII e Hispanoamérica", ambos en Anuario de Estudios Americanos, T. XXVIII, Sevilla, 1971, págs. 1-23 y págs. 25 Una de las críticas más sólidas sobre las interpretaciones a la crisis la ofrece John H. Coastworth, 18 que revive en su artículo la disputa sobre la supuesta depresión del siglo XVII expuesta en los años 50 por Woodrow Borah para el virreinato de Nueva España, rebatida treinta años más tarde por Herbert Klein y John TePaske al querer demostrar, con sus estudios basados en los ingresos fiscales, que más que depresión lo que hubo fue un estancamiento de la economía. 19 Si las rentas fiscales eran constantes, es decir si éstas no habían decaído, tampoco por consiguiente había tal crisis económica. Pero el trabajo de Klein y TePaske apoyado en los ingresos fiscales presentaba varias dificultades, en opinión de Coatsworth. En primer lugar, el hecho de que hasta ahora no se tenga un índice de precios adecuado para la economía mexicana del siglo XVII que permita reflejar los efectos de la inflación. El segundo problema deriva de la relación entre dicho estancamiento de las rentas fiscales y el aumento al doble en población, como parece que ocurrió, basándose en los trabajos sobre la población de la Nueva España en el siglo XVII de Woodrow Borah y Sherburne F. Cook. 20 Por fuerza, el producto per cápita se debió reducir a la mitad, y por tanto "la productividad de la economía en 1699, entonces, sería la mitad de la de 1600". 21 Con este planteamiento Coatsworth quiso llegar a conclusiones similares a las de Klein y TePaske respecto a la tesis de un estancamiento en la economía del siglo XVII en Nueva España, pero a través de un análisis diferente al que había impulsado los trabajos de ambos autores, cuestionando pues, igualmente, la depresión de la economía mexicana en el siglo XVII. El desencuentro de las formulaciones de Coatsworth con las de Klein y TePaske arranca del mismo análisis sobre las condiciones de la economía en el siglo XVI. Para estos últimos, los datos basados en las rentas muestran prosperidad y crecimiento económico, para Coatsworth, y esta puede 18 Véase un estado de la cuestión en John H. Coatsworth: "La historiografía económica de México", Los orígenes del atraso. Nueve ensayos de historia económica de México en los siglos XVIII y XIX. México, 1990, MARÍA ÁNGELES GÁLVEZ RUIZ ser su critica más severa a Klein y TePaske, no hubo depresión en el siglo XVII en México, por una sencilla razón "porque no hubo prosperidad en el siglo XVI". Es decir, una población en clara disminución fue mayormente concentrada de forma coactiva para trabajar en las empresas agrícolas, mineras y obrajeras de españoles, de tal forma que el aumento de las rentas fiscales para éstos iba a ser más que evidente, pero a costa de transferir mano de obra de un sector productivo a otro que lo era menos, con los consiguientes perjuicios que se podían derivar para la productividad económica en general. 22 En relación con lo arriba expuesto ha llegado a ocupar un lugar destacado en la historiografía económica americanista la polémica y eterna cuestión de los costos del colonialismo español. Sobre las razones que determinaron la enorme distancia que separa hoy día la economía mexicana de aquéllas otras de naciones más desarrolladas, como la estadounidense, Coastworth delimita el período en el que se llegó a dicho atraso, entre los años 1780 y 1870, es decir, "en los albores de la edad contemporánea, y que de ninguna manera se debe a los efectos supuestamente perniciosos del imperialismo y de la dependencia de la actualidad". 23 De dicha afirmación se desprenden varias cuestiones importantes. En primer lugar, hay que buscar las causas iniciales, según el autor, en unos transportes inadecuados y en la ineficiente organización económica. 24 Las dificultades de comunicación afectaron de forma muy negativa a los costes del transporte, al desarrollo de los mercados y al aumento de la productividad. 25 Asimismo durante el período colonial la rigidez y límites legales impidieron el desarrollo de una verdadera economía mercantil, limitaciones que continuaron en la centuria siguiente. Segundo, con la Independencia no se logró un verdadero cambio en la organización interna de la economía, dada la resistencia de la élite criolla y de la Iglesia a las transformaciones institucionales necesarias. En tercer lugar, y consecuencia de lo anteriormente expuesto, no se debe acudir a los clásicos cortes cronológicos, como hasta ahora se ha veni-22 Ibídem, pág. 27. 24 Coastworth, John H.: "Los obstáculos al desarrollo económico en el siglo XIX", en Los orígenes del atraso..., pág. 94. 25 Sergio de la Peña también ha hecho hincapié en los elevados costes del transporte, caracterizado por una extrema lentitud y el uso preferente de recuas en vez de carretas. A ello añade la gran cantidad de impuestos al comercio, al transporte y a la producción de bienes, cuyas consecuencias eran "la indiferencia por la inversión productiva en las colonias y la estricta distribución de factores que impedían su movilidad, lo que a su vez incidía sobre el comercio". Tomo LV, 2, 1998 do realizando, estudiando por un lado el período colonial, y por otro, el período independiente, ambos de forma aislada, entre otras razones porque se necesitan establecer tendencias de larga duración para una mejor comprensión de la continuidad, como es el caso que nos ocupa, de las estructuras socio-económicas. Varios estudios de tipo regional y por sectores económicos apuntan igualmente ciertos descensos o estancamiento en los niveles de productividad a partir de la década de 1770 en México. Es decir, la expansión económica del siglo XVIII mexicano se ve interrumpida, o al menos reduce su ritmo de crecimiento, a partir del último tercio. Se advierten tales indicios en los datos que ofrecen trabajos como el de Brading, que se centró en el caso de Guanajuato y la minería, 26 el de Van Young para la región de Guadalajara tanto en la ciudad como en el campo y la hacienda, 27 el de Claude Morin sobre la región de Michoacán, que realizó una investigación serial para estudiar el movimiento de la población, de la producción y de los intercambios, 28 o el de Richard Salvucci, quien se centró en el sector de la industria textil en el México colonial. 29 A tales estudios habría que añadir los de Klein y TePaske, quienes fechan los años de inicio de la decadencia entre 1770 y 1790. 30 Si hubo crecimiento e incluso aumento de la productividad en el México del siglo XVIII, estos fueron finalmente contrarrestados o anulados por los efectos que se derivaron del sistema político de dominio español. Coatsworth añade que las instituciones y leyes eran los límites principales del absolutismo colonial a la economía mexicana del siglo XVIII. 31 MARÍA ÁNGELES GÁLVEZ RUIZ das de exacción al excedente económico supusieron igualmente una seria traba al desarrollo económico de México. 32 Aquí quedan referidas de nuevo las cargas fiscales impuestas por el estado absolutista con objeto de impedir cualquier tipo de acción ilegal que burlara el pago de los impuestos, y que significaron un grave obstáculo para el desarrollo de los principales centros de producción, del comercio y de los mercados, consecuencia directa de la política fiscal americana dictada por el gobierno de la metrópoli. De todas formas, tras la ruptura del orden colonial no asistimos a una mejora económica en México, antes bien, sostiene Coatsworth, con el nuevo período independiente la economía que había sufrido la gran caída entre 1780 y 1810, conoce aún un prolongado estancamiento hasta prácticamente la restauración de la República en 1867. Ruggiero Romano coincide con Coastworth en señalar una absurda legislación impuesta desde la metrópoli, que "sofocaba" las economías americanas. El autor presenta una interesante reflexión sobre los problemas del comercio, en el contexto internacional entre España e Hispanoamérica, 33 afirmando que "la caída del comercio en el siglo XVII es un hecho que se refiere a la crisis de España, pero no así a América, que tiene todavía la fuerza de absorber productos europeos". Como vemos, R. Romano también señaló el problema en torno a la supuesta depresión del siglo XVII en el continente americano, y la pérdida de importancia del monopolio español, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XVII, frente a la organización de un comercio de contrabando "semilegal". 34 Centrándose en el tema del comercio colonial exterior, la raíz del problema se encuentra, según el autor, en esa incapacidad de España para responder a las exigencias del comercio exterior, por las deficiencias que presenta tanto para importar como para exportar. Añade Romano que las razones de esta incapacidad hay que buscarlas en la consideración de que Hispanoamérica fue vista por los españoles como una fuente "parasitaria" 32 Coatsworth, "Los obstáculos al desarrollo económico...", págs. 80-109. 33 Romano, Ruggiero: "Algunas consideraciones sobre los problemas del comercio en Hispanoamérica durante la época colonial", Consideraciones. 34 Se realizaba a través de escalas imprevistas de barcos en puertos por causa del mal tiempo o averías, solicitando una licencia a las autoridades del puerto para atracar. De esta manera se establecía este comercio que Romano llama "semilegal", aunque en realidad se trataba de un comercio de contrabando que contaba con el consentimiento de las autoridades locales. Romano, Ruggiero: Coyunturas opuestas: la crisis del siglo XVII en Europa e Hispanoamérica, México, 1993, pág. 135. Tomo LV, 2, 1998 de renta, a diferencia de los extranjeros que empezaron a ver en tierras americanas un mercado y una fuente de beneficios sustanciosa. A esa incapacidad española se debe añadir por contrapartida la extraordinaria capacidad de absorción del mundo hispanoamericano. Es aquí donde, a juicio del autor, radica el principal problema, que nos lo resume así: "El 'Imperio' de América muestra un apetito extraordinario durante el siglo XVII. Si España no es capaz de satisfacerlo, es reflejo de la crisis española del siglo XVII y no de la crisis americana. Insisto: en lo que se refiere al comercio internacional, la América española no presenta ninguna señal de crisis en el siglo XVII". 35 Así pues R. Romano, niega igualmente dicha crisis para las colonias de ultramar del siglo XVII, al menos en lo que concierne al comercio colonial exterior. Los estudios fiscales sobre la América española Presentadas algunas de las discusiones que atienden a los problemas de la supuesta depresión del siglo XVII en América, y más concretamente al caso novohispano, pasamos a ver el avance que en las dos últimas décadas ha experimentado la historiografía respecto al tema de la fiscalidad en la América colonial. La consulta de las cuentas de la Real Hacienda como fuente histórica tomó un fuerte impulso a partir de los trabajos de John J. TePaske y Herbert S. Klein. Ambos autores trabajaron los datos obtenidos a partir de las Cajas Reales con la intención de estudiar el movimiento de los ciclos de la economía del imperio español en América. 36 Nos presentan un sumario de ingresos y egresos de cada caja real o distrito fiscal de la Nueva España, ofreciendo, por tanto, un panorama de las cuentas de la Real Hacienda para el conjunto del virreinato en la época colonial. De especial interés son las aclaraciones sobre las cartas-cuenta de las cajas y su manejo como fuente histórica. Una fuente sin duda muy rica para un mejor conocimiento de la historia socioeconómica de la Nueva España. Para el caso mexicano se conserva gran parte de esta documentación en el Archivo General de Indias -sección de Contaduría-, gracias al envío de los libros contables a la Contaduría Mayor en España. Entre los numerosos estudios de ambos autores, 37 cabe reseñar de Klein, "La economía de la Nueva España, 1680-1809: un análisis a partir de las cajas reales", donde se realizó una reconstrucción de las cuentas anuales de la Real Hacienda novohispana, poniendo en evidencia las relaciones entre las regiones, la economía desarrollada en cada una de ellas y lo ingresado en concepto de impuestos por cada ramo. Además de permitirnos apreciar la evolución que sufren dichas tesorerías a lo largo del período, esas cuentas reflejan variaciones regionales importantes. Partiendo de la idea, muy discutida hasta hoy, de que "el movimiento fiscal refleja los cambios fundamentales de la economía, se trata de averiguar qué nos dice ese movimiento acerca de la historia de la economía virreinal durante el período 1680-1809", 38 los objetivos han sido crear un modelo sobre los ciclos y las tendencias de la economía de la Nueva España, a través de la información que se desprende de las cajas reales. 39 A raíz de los trabajos de Klein y TePaske para el estudio de las Cajas Reales americanas, se han venido sucediendo diversas publicaciones en los últimos veinte años, cuyas aportaciones han enriquecido el panorama historiográfico para los estudios de fiscalidad en el campo americano. En el caso español es obligado reseñar los trabajos de los años 70 de Ramón M.a Serrera para el estudio de la ganadería en la región de Nueva Galicia, 40 que mostraron la realidad ganadera de esta región occidental de México a fines de la colonia, a través del análisis de diversos ramos impositivos -extracción de ganado, media annata, licencias de hierro-. 41 Varios trabajos en este sentido, centrados en el estudio de los distintos ramos de las cuentas de Real Hacienda, se han venido realizando en las 37 Klein, Herbert S.: "Últimas tendencias en el estudio de la Hacienda colonial hispanoamericana", Papeles de Economía Española, n.o 20, Madrid, 1984, págs. 39-48; TePaske, John J.: "La cuantificación en la historia colonial latinoamericana", Las dimensiones del pasado. Estudios de historia cuantitativa, Madrid, 1974, págs. 274-324; TePaske, "Recent trends in quantitative history: Colonial Latin American, Latin American Research Review, tomo X, n.o 1, Austin, Texas, Spring, 1975, págs. 51-62; TePaske, La Real Hacienda de Nueva España: La Real Caja de México (1576-1816), México, 1976; TePaske y Klein, The Royal Treasuries of the Spanish Empire in America, 3 tomos, Durham, North Carolina, 1982. 39 Tal vez la cuestión de la teorías apoyadas exclusivamente en las fuentes de carácter fiscal sea lo que más discuta Coatsworth, porque estas rentas no reflejan de forma adecuada "la tendencia de la economía en su totalidad" (Coatsworth, "La historiografía económica...", pág. 25). 40 Serrera, Ramón M.a: Guadalajara Ganadera. 41 Serrera, Ramón M.a: "La contabilidad fiscal como fuente para la historia de la ganadería: el caso de Nueva Galicia", Historia Mexicana, vol. XXIV, n.o 2, México, 1974, págs. 177-205. Tomo LV, 2, 1998 últimas dos décadas en el panorama español, como por ejemplo las investigaciones llevadas a cabo por el grupo de historiadores de la Universidad de Alcalá de Henares, 42 centradas en las fuentes de las cajas auríferas neogranadinas, 43 cuyas cifras nos muestran la producción legal de oro en la segunda mitad del siglo XVII. El trabajo de prospección ha sido llevado básicamente en la sección de Contaduría del Archivo General de Indias, pero igualmente se reconoce el vacío que puede haber entre la documentación conservada en Sevilla, y por tanto su necesidad de acudir entonces a los archivos americanos nacionales y provinciales. El trabajo ofrece ciertas orientaciones para el manejo de las cartas-cuenta de las reales cajas neogranadinas, con idea de conocer las principales fuentes de ingresos y gastos en cada territorio y su evolución durante el período colonial. 44 La producción legal de oro fue calculada a través del ramo impositivo del quinto real, quedando anotado en las cartas-cuenta. Aunque existen estudios como el de Sánchez Bella, 45 que nos ofrece más que nada una historia institucional sobre la Real Hacienda, o la extensa obra de Fabián de Fonseca y Carlos de Urrutia, 46 que presenta un estudio muy útil sobre los diversos ramos de hacienda, podemos decir que faltaban trabajos que nos explicaran mejor el funcionamiento del sistema fiscal colonial. Una aportación realmente novedosa ha sido la de H. S. Klein con su obra Las finanzas americanas del Imperio español 1680-1809, señalando las posibilidades que en materia de investigación ofrece la reconstrucción de las fuentes fiscales y el estudio de la estructura fiscal colonial. 47 Se centra básicamente en un análisis detallado de los ingresos y egresos de tipo fiscal en los virreinatos de Nueva España y Perú y en la Audiencia de Charcas. Para el caso que nos interesa, es decir, los impuestos de tipo mercantil, estos 42 Lucena Salmoral (ed.), Manuel: "Fuentes para el estudio de la fiscalidad colonial: Las cajas auríferas neogranadinas en el siglo XVII. La producción de oro en el Nuevo Reino de Granada a través de las Cajas Reales (1651-1701)", Estudios de Historia Social y Económica de América, n.o 8, Alcalá de Henares, 1992 (núm. monográfico). 43 Trabajadas las cajas de Anserma, Antioquía, Cáceres, Guamocó, Mompox, Popayán, Remedios y Zaragoza. 44 Añaden "Pero también para conocer la realidad de las prioridades de la política económica de la corona en cada región y su alcance. Se puede llegar así al establecimiento de ciclos, para luego compararlos entre sí tratando de ver relaciones de dependencia, patrones de explotación semejantes o las diferencias entre las economías de los distintos distritos y el entendimiento con sus capitalidades o ciudades principales", en Lucena, "Fuentes para el estudio de la fiscalidad colonial...", pág. 25. 45 Sánchez Bella, Ismael: La organización financiera de las Indias. "pueden brindar un importante conjunto de datos para estudiar la naturaleza del comercio y los mercados locales en América". 48 Hoy está a debate lo que realmente aportan los estudios dedicados a la historia fiscal colonial, pues frente a los que apoyan sus investigaciones en los datos basados en los ingresos fiscales para determinar tendencias generales en la economía gravada, otros ponen en duda, o al menos en discusión, tal fin. Para empezar, los trabajos de Klein han determinado que el alza o la caída de los ingresos fiscales estaban muy relacionados con los índices de productividad de las regiones. Sin embargo, ya hemos visto lo que piensa Coatsworth respecto a la supuesta prosperidad del siglo XVI basada fundamentalmente en las cifras que arrojan los ingresos fiscales para dicho período. De todas formas, Klein igualmente advierte de los problemas y señala todo tipo de precauciones para la utilización correcta de las cifras que se desprenden de los registros fiscales. Consciente de ello, apunta los errores que llevaron a determinar la supuesta crisis en el siglo XVII novohispano, basados principalmente en las cifras de Hamilton, donde una decadencia del comercio transatlántico se corresponde con un descenso en la producción de las colonias. Además, en las cifras de tipo fiscal que arrojaban las cuentas mineras en la ciudad de México se registró un descenso de ingresos en la tesorería central de México, pero que no se corresponde en absoluto con una caída de producción minera, sino con la apertura de nuevos distritos fiscales en reales mineros recién descubiertos en el norte, que absorbieron caudales que antes se dirigían directamente a la caja matriz. 49 Por tanto, debemos insistir en las limitaciones que nos imponen los estudios de carácter fiscal, y sobre las precauciones que se deben tomar para hacer una lectura y análisis correctos de las fuentes. Reflexiones acerca del Mercado Interno Colonial Con estas breves pinceladas sobre las ventajas y los inconvenientes que hallamos en los estudios que acuden a las fuentes fiscales y atienden al tema de las finanzas americanas, nos acercamos a un tema que guarda una estrecha relación con los estudios de fiscalidad; nos estamos refiriendo al del mercado interno colonial. Muchos estudios confirman hoy la existencia de mercados regionales semiautónomos, siendo de una gran uti-48 Ibídem, pág. 164. lidad los datos que arrojan las fuentes fiscales sobre estos mercados, es decir, lo que nos ofrece la renta de alcabalas para un mejor conocimiento de tales mercados. No vamos a detenernos en lo que refleja el estudio de la renta de alcabalas -tanto sus alcances como sus límites-, pues existe una abundante literatura al respecto. Sólo diremos que la alcabala era desde el punto de vista hacendístico una renta real, y desde la óptica tributaria un impuesto que gravaba las transacciones mercantiles. En el caso de Nueva España desde finales del siglo XVII tiene el carácter de un impuesto a la circulación, ya que el pago debía efectuarse en el momento de introducirse los efectos en el suelo alcabalatorio, es decir, cuando el efecto objeto de transacción mercantil entraba por primera vez a un mercado regional, o bien pasaba de un alcabalatorio a otro. 50 Garavaglia y Grosso, en su estudio sobre las alcabalas novohispanas, nos descubren un complejo sistema en torno al cobro de dicha renta, la localización de este impuesto en las fuentes documentales, su utilización como sistema de reconstrucción para la circulación de mercancías, etc. 51 La utilidad de este trabajo consiste en su carácter clarificador, al mismo tiempo que presenta un análisis crítico sobre la fuente documental. Pero, sobre todo, nos indica muy bien lo que expresan las series de alcabalas, que como señalan: "las series de alcabalas y la fuente que aquí presentamos expresan algo más que el consumo y, precisamente, ese algo más se resume en lo que hemos denominado grado de actividad económica de una región". 52 Los trabajos de Assadourian nos revelaron pronto la importancia de la fuente de alcabalas para el estudio del mercado interno y señalaron la necesidad de examinar el comercio local, frente al énfasis que había puesto la historiografía tradicional en los temas sobre el comercio de tipo internacional a través de los registros de almojarifazgo. 53 La fuente alcabalatoria 50 Los principales problemas derivan de quedar exentos del pago ciertos géneros e introductores (población indígena, Iglesia, conventos y eclesiásticos en general), así como todo aquello comerciado por vías ilegales, como el contrabando, por lo que los registros de alcabalas sólo aprehenden una parte del conjunto del movimiento mercantil. Por otro lado, la variedad en la aplicación de la normativa y los particularismos regionales dificultan aún más su estudio. 51 MARÍA ÁNGELES GÁLVEZ RUIZ fue utilizada por Assadourian para sus estudios en la región de Córdoba del virreinato del Río de la Plata. 54 Las consultas de los libros de guías y libros alcabalatorios le permitieron reconstruir las exportaciones hechas a través de la aduana de Córdoba. Pero igualmente se puede realizar una reconstrucción cuantitativa de las importaciones puesto que todas las mercancías pagaban derechos de entrada a un mercado regional. Assadourian propone la reconstrucción cuantitativa de las producciones y de los flujos mercantiles interregionales -tanto de entrada como de salida a un mercado-. Para este autor el estudio de los mercados regionales es fundamental para conocer la organización de un espacio económico determinado, no sólo por la reconstrucción de la circulación de mercancías y flujos mercantiles interregionales que operaban al interior de un territorio, sino también porque el estudio de estos mercados internos coloniales permite "reordenar la discusión sobre los modos de producción en América Latina". 55 Las teorías desarrolladas sobre la formación del mercado interno colonial han sido expuestas en diversos estudios como el que hace referencia al espacio colonial peruano. 56 El conocimiento de la producción y circulación de mercancías nos lleva a definir un espacio económico determinado, a determinar la especialización regional del trabajo, que establece a su vez un sistema de intercambios entre distintas regiones del mismo espacio, cuya intensidad puede ser superior al intercambio con cualquier otra región externa, y finalmente nos permite ver la integración de dicho espacio económico. Ruggiero Romano también vio como a partir del siglo XVII las relaciones interamericanas se hicieron más complejas y como en ellas se pudo dar un sistema de circulación de mercancías entre diferentes regiones de cierta importancia; sin embargo, para Romano esto no quiere decir que nos hallemos ante la formación de un mercado interno, sino más bien ante la suma de varios mercados regionales. 57 Esta negación a la formación de un mercado interno ha sido también puesta de manifiesto por otros autores como Marcelo Carmagnani, para quien más que la formación de un mercado colonial único, lo que se da es un "proceso de agregación de diversos mercados regionales". 58 54 Assadourian, Carlos Sempat: "El sector exportador de una economía regional del interior argentino. Córdoba, 1800-1860 (Esquema cuantitativo y formas de producción)", en El sistema de la economía colonial. El Assadourian llegó a definir el grado de autosuficiencia económica que había alcanzado el espacio peruano a fines del siglo XVI con dos polos de crecimiento que actuaron como motores de arrastre para el crecimiento regional polarizado, Potosí con la producción de plata y Lima con una función comercial monopólica. Pero dicha forma de integración se mostrará bastante vulnerable a ciertos cambios, hasta tal punto que se puede llegar a la quiebra y a la desintegración de dicho espacio, por la crisis en la producción de la plata de Potosí, y la crisis de Lima por la pérdida del control monopólico sobre las importaciones y la exportaciones del virreinato. Klein advirtió el reflejo del brusco descenso en la producción de la plata potosina del siglo XVII, al igual que ocurrió en el Alto Perú, en los ingresos fiscales de sus respectivas tesorerías. E igualmente señaló como "las economías satélite" -al norte del Río de la Plata y valles agrícolas altoperuanos-se resintieron acusando fuertes bajas en sus niveles recaudatorios en las tesorerías locales, muy relacionado todo ello con una pérdida importante del mercado de Potosí. Klein dice al respecto: "Estos hallazgos apoyan las teorías de la integración regional propuesta por Carlos Sempat Assadourian, quien sostiene que en la América colonial española existían mercados regionales semiautónomos". 59 Igualmente las teorías de Assadourian sobre el ciclo de circulación de capital minero, situaron la producción minera como la determinante en el desarrollo del proceso mercantil, tanto para el virreinato de la Nueva España como del Perú. 60 Propone para un análisis correcto de la producción minera, la combinación de una orientación de dicha producción hacia el exterior y de sus efectos al interior del espacio colonial, poniendo en relación el sector minero con el resto de los sectores productivos, y cómo el proceso de circulación en la minería tiene como resultado final la formación de un sistema económico mercantil. 61 La tesis sostenida por Assadourian sobre la formación del mercado interno colonial ha alentado diversas investigaciones que unen la historia económica de tipo serial con las teorías marxistas que caracterizan su obra. 62 Sus hipótesis acerca del mercado colonial han inspirado la obra de Juan Carlos Garavaglia para la región de Paraguay, Mercado interno y economía colonial 63 y la de Zacarías Moutoukias para el puerto de Buenos Aires. 64 La tesis de Malamud igualmente está influenciada por la obra de Assadourian, cuando trata el tema del comercio transatlántico y su articulación con el mercado interno. 65 La investigación llevada a cabo por J. C. Grosso y J. C. Garavaglia para el comercio interno de Nueva España aparece en una línea muy cercana a los trabajos de Assadourian. Sus estudios para la región "histórica" de Puebla-Tlaxcala, 66 además de acudir a la fuente decimal -el diezmopara conocer la producción agrícola de la región, han servido para determinar su nivel de actividad económica en los últimos decenios del siglo XVIII acudiendo a la fuente de alcabalas y presentándonos los montos globales de las transacciones mercantiles regidas por dicho impuesto. Asimismo Garavaglia y Grosso analizaron el mercado local de Tepeaca, mostrando la enorme complejidad económica y social de este mundo rural. 67 Basándose en las alcabalas de Tepeaca, definieron el tipo de mercancías, tanto de productos de la tierra como de importación, así como el tipo de comerciante, proponiendo a su vez algunos criterios para su clasificación social entre mercaderes españoles, indios y mestizos y su posición o grado de participación en el mercado. De esta forma llegaron a definir el perfil del consumo, que frente a lo que tradicionalmente se ha venido considerando como un predominio casi absoluto del maíz, en Tepeaca las proteínas animales ocuparon un lugar destacado. Aún más relevante es el papel que jugarán en dicho mercado, junto a los hacendados y mercaderes impor-tantes, otro sector socio-económico compuesto principalmente por rancheros y pequeños y medianos campesinos, artesanos urbanos, traficantes y arrieros, 68 disputándose entre ambos sectores el propio control del mercado. Garavaglia realiza un análisis del mercado interno de México y Perú igualmente a través de las alcabalas, tratando de medir cuantitativamente el peso que pudieron tener las importaciones europeas en dicho mercado y el lugar que ocupa en este sentido la producción interna, ya sea local, regional o intercolonial. El trabajo destaca el valor de la producción interna, como el segmento más importante en los intercambios producidos al interior del espacio colonial, frente "a la participación relativa de las mercancías europeas en el conjunto de los intercambios del mercado interno colonial". 69 Otros autores que desde fechas muy tempranas trataron el tema de la alcabala para su estudio o que la utilizaron como fuente son: Smith, Moreno Toscano, Pastor e Izard. 70 A raíz de estos trabajos y, sobre todo, de los de Assadourian primero y los de Grosso y Garavaglia después, se sucedieron otros donde la alcabala hacía su aparición de forma sistemática al ser empleada o consultada para el estudio de los mercados regionales, en los que la producción, el intercambio y el consumo iban a mantener una complejísima relación. Del estudio de los mercados coloniales para el Alto Perú por Enrique Tandeter, destacamos sus trabajos junto a Wilma Milletich, Ma. Matilde Ollier y Beatriz Ruibal sobre el mercado de Potosí en el siglo XVIII, 71 en los cuales se utilizó la serie completa de libros de alcabalas en la Aduana de Potosí, desde 1779 hasta 1810 -en el Archivo General del la Nación de Buenos Aires-. Sobre las posibilidades que ofrece la fuente señalan que 68 Grosso y Silva Riquer, Mercados..., pág. 303. 69 Garavaglia, Juan Carlos: "El mercado interno colonial a fines del siglo XVIII: México y el Perú", en Heraclio Bonilla, ed.: El sistema colonial en la América española, Barcelona, Crítica, 1991, pág. 232. 70 Smith, R. S.: "Sales Taxes in New Spain, 1575-1770" en Hispanic American Historical Review, XXVIII: 1, 1948; Moreno Toscano, A.: "Economía regional y urbanización: tres ejemplos de relación entre ciudades y regiones en Nueva España a finales del siglo XVIII" en Calnek, Edward E., Borah, Woodrow y otros: Ensayos sobre el desarrollo urbano de México, México, 1974; Pastor, R.: "La alcabala como fuente para la historia económica y social de la Nueva España" en Historia Mexicana, XXVII, n.o 1, 1977; Izard, M.: "Metropolitanos, criollos y reformistas. 71 Tandeter, Enrique, y otros: "El mercado de Potosí a fines del siglo XVIII", en Olivia Harris, Brooke Larsen, Enrique Tandeter (comps.): La participación indígena en los mercados surandinos. Estrategias y reproducción social, siglos XV) I-XX, La Paz, Bolivia, 1987. MARÍA ÁNGELES GÁLVEZ RUIZ "permite analizar en detalle el tráfico de importación al centro minero, los valores y los volúmenes totales, así como las proveniencias regionales servirán para evaluar los efectos de la economía minera sobre el conjunto de la formación social colonial, mientras que las frecuencias de las operaciones y sus valores promedio serán indicadores de las posibilidades de acceso al mercado para productos y traficantes individuales". 72 La relación entre el giro comercial y el monto total de la producción minera que se da en Potosí, confirman la teoría de un gran centro minero, foco de atracción principal de los comerciantes para trocar sus mercancías en dinero. Esta relación existente entre minería y comercio ya fue puesta de manifiesto por Assadourian, para quien el auge minero potosino a fines del siglo XVI y los tráficos mercantiles que se daban en torno a él, contribuyeron a una especialización regional y a la mercantilización de ese espacio que él llamó "espacio peruano". Uno de los trabajos más recientes de E. Tandeter fue presentado junto con W. Milletich y R. Schmit al coloquio internacional de "Circuitos mercantiles, mercados y región en Latinoamérica, Siglos XVIII-XIX", celebrado en México en el año 1993. 73 En dicho artículo se refuerza la idea de la "cadena de efectos", generados a partir de la minería, pero a la par también plantea nuevas hipótesis: la creciente autonomización de las regiones productoras y circuitos mercantiles respecto de los mercados mineros. Una tesis apoyada fundamentalmente en la idea de que si bien se detecta desde principios del siglo XVII una tendencia descendente en la producción minera potosina, y de la población urbana, ello no tuvo repercusiones uniformes para la comercialización del espacio peruano. 74 Igualmente esta investigación rechaza la teoría sobre que la producción de la plata determine los precios del sector exportador de cada economía regional, pues para los años de 1780 a 1810 niega que exista una correlación significativa entre dicha producción de la plata, que se recupera en las primeras décadas del siglo XVIII y se incrementa hasta 1800 para después volver a caer, y los precios de los principales productos regionales, "con tendencias generales a la baja" en esos mismos años. 73 Tandeter, Enrique; Milletich, Wilma, y Roberto Schmit: "Flujos mercantiles en el Potosí colonial tardío", en Jorge Silva Riquer, Juan Carlos Grosso y Carmen Yuste: Circuitos mercantiles y mercados en Latinoamérica. 74 "Sin embargo, la mercantilización de diversas regiones, empresas y comunidades indígenas del espacio peruano no se retrajo uniformemente debido a la declinación de Potosí". Tomo LV, 2, 1998 Sobre la participación indígena en los mercados, existen pocos trabajos y se trata, en tal caso, de estudios parciales ceñidos a determinadas regiones. Las investigaciones llevadas a cabo por Tandeter y su equipo, han detectado, pese a la legislación que determinaba la exención del pago de alcabala a los indígenas, la inclusión de éstos en los registros de los libros de alcabalas de Potosí durante el último cuarto del siglo XVIII, lo que nos indica, en primer lugar, que no se beneficiaban de dicha exención. Segundo, y como consecuencia de lo anterior, podemos medir su participación en el mercado potosino para este período. Los autores mantienen la hipótesis de un levantamiento de la exención, a raíz del decreto del visitador José Antonio de Areche en el año 1779, y de su vigencia posterior en Potosí, apoyándose en la abundancia de patronímicos indígenas reflejados en las fuentes de alcabalas y, sobre todo, en los indicios claros de un comercio para satisfacer su propio consumo, como por ejemplo, la comercialización de la coca. 75 Margarita Menegus ha fijado su atención en fuentes tales como los libros del viento o los libros de tianguis, e incluso en los de alcabalas, para el estudio de la participación indígena en el mercado interno colonial. Dado que con frecuencia eran transgredidas las normas que declaraban exentos del pago de la renta a los naturales, es posible encontrar documentos que corroboran este hecho en los cuadernos de alcabalas, lo cual sirve como indicador para medir la participación indígena en los mercados. La autora señala que no se ha prestado una suficiente atención a las relaciones mercantiles que tuvieron lugar en el mundo indígena, ya que en estudios de este tipo secularmente se ha relegado dicha actividad exclusivamente al repartimiento coactivo de mercancías, y que por tanto el excedente de producción indígena sólo tuvo una salida: el tributo encomendero, transferido directamente a los españoles. 76 Sin embargo, los estudios de Menegus para el valle de Toluca revelan una importante producción indígena que se comercializaba, y la presencia de los indígenas en los mercados regionales, realizando por lo general operaciones mercantiles al menudeo sobre la base de una gran variedad de géneros. 76 Menegus, Margarita: "Fuentes para el estudio de los mercados regionales y la participación de los indígenas en la colonia", América Latina en la Historia Económica. 77 Menegus, Margarita: "La participación indígena en los mercados del Valle de Toluca a fines del período colonial", en Circuitos mercantiles y mercados..., págs. 136-157. Silvia Palomeque ha querido hacer hincapié de forma particular sobre ciertos aspectos de la circulación interregional, y en la necesidad de estudiar los circuitos mercantiles que operan en regiones determinadas. 78 Realiza dos críticas a trabajos que se han ceñido al estudio de la región de Loja, que han volcado toda su atención sobre las exportaciones de cascarilla, y de forma casi irremediable han vinculado la economía regional a través de estas exportaciones al mercado externo, descuidando, sin embargo, su conexión e integración con el espacio económico interior. La segunda objeción viene dada a los trabajos que se han centrado en medir la circulación mercantil a través del puerto de Guayaquil, y que en su opinión han llevado a generalizaciones bastante peligrosas. 79 Para Palomeque no se puede negar la existencia de determinadas regiones con un cierto grado de autonomía, pese a existir una dependencia general fuerte de la economía minera del Alto Perú. En su análisis respecto a la región de Cuenca y de los "circuitos interregionales" que operaron en ella, adquiere gran importancia la función que desarrolla Loja y su región, como centros proveedores de mulas para el transporte y tráfico mercantil entre Cuenca y Piura. Resta por referir el trabajo de Pedro Pérez Herrero, que presenta un enfoque general sobre la integración de los mercados internos de la América colonial y sus relaciones con el exterior. 80 Frente a las posturas emanadas de las teorías de la dependencia, de las posturas colonialistas o de las nacionalistas, Pérez Herrero trata el tema desde el punto de vista de las complejas relaciones interregionales en el espacio colonial. Una de sus teorías más interesante y también más discutida es la que afirma que a fines del siglo XVIII, en la época del reformismo borbónico, hay un cambio de orientación en dichas relaciones volcadas hacia el exterior, rompiéndose lo que se había logrado alcanzar en épocas anteriores, una cierta interrelación espacial e integración económica. Pese a distinguir en cada capítulo las "realidades regionales", a saber: Mesoamérica, Centroamérica, Antillas y Circumcaribe, mundo andino y Brasil, y establecer un cuadro completo mediante cortes cronológicos, el propio autor advierte que tales divisiones temporales no pueden considerarse como períodos "rígidos, 78 Palomeque, Silvia: "Loja en el mercado interno colonial", en Grosso y Silva, Mercados e Historia, págs. 207-227. 79 "... por ejemplo, sobre la crisis del siglo XVIII y la identificación de todos los valles interandinos como partes de una misma región, dependiente en extremo de la economía minera altoperuana, sin una autonomía relativa y sin alternativas al autoconsumo". Palomeque, "Loja en el mercado interno...", pág. 210. 80 Pérez Herrero, Pedro: Comercio y Mercados en América Latina Colonial, Madrid, 1992. Interesa de forma particular los dos modelos de interpretación propuestos para el estudio de las relaciones de mercado: el modelo solar o de olla a presión caracterizado "por la constitución de un espacio polarizado, con una relativa complejidad en la jerarquización urbana y en la estructura social y con la presencia de flujos comerciales internos" -estudia fundamentalmente las repercusiones que tuvieron los núcleos urbanos y los reales de minas sobre la organización de los espacios internos coloniales-; y el modelo dendrítico o de embudo, que explica la articulación interna a través de variables exógenas, tratándose por tanto de economías orientadas fundamentalmente hacia fuera -una reducción en la producción interna se transformaba en una disminución de los volúmenes comerciales externos-. A modo de conclusión "¿Son buenas las regiones para pensar?", esta era la pregunta planteada por el profesor Eric Van Young. 82 Entre muchas razones sugiere el autor dos en especial: una de carácter empírico-histórico, es decir las regiones como categorías empíricas naturales, y la otra, de orden teórico, que sirve para conciliar los problemas que surgen entre las categorías generales y las particulares. 83 Para dicho autor la delimitación de la región determina la "espacialización" de las relaciones económicas. Partiendo de la idea de que el emplazamiento central de una región puede estar dentro o fuera de la misma, se pueden usar diferentes sistemas o métodos para definir las regiones. Van Young se centra en la estructura de intercambio o los mercados, y a partir de aquí define la región de Guadalajara según la teoría del modelo solar dentro de dicho sistema del emplazamiento central. Se trata de una región muy particular determinada por el área de mercado de Guadalajara y la influencia ejercida en esa zona ante la creciente demanda urbana de alimentos durante el siglo XVIII. En realidad, es una región económica espacialmente muy restringida, básicamente agrícola, que el autor denomina 81 Pérez Herrero, Pedro: "Los factores de la conformación regional en México (1700-1850): Modelos existentes e hipótesis de investigación". 83 Van Young, Eric: "Haciendo historia regional: consideraciones metodológicas y teóricas", en Región e Historia..., págs. 99-122. MARÍA ÁNGELES GÁLVEZ RUIZ "área de abasto primario" en el perímetro de la ciudad -el hinterland-,84 en la cual, la creciente demanda urbana de productos alimenticios básicos, carne y granos principalmente, trajo consigo una expansión de las áreas de abastecimiento y sentó las bases necesarias para la "integración regional". Siguiendo la categoría de análisis de Van Young, hemos podido observar cómo la región ha estado presente de forma constante en los estudios aquí presentados, y también hemos podido comprobar que la historia regional ha resultado especialmente útil para acercarnos a la problemática del mercado interno colonial. Si consideramos el concepto región en el mismo sentido que lo conoce Van Young, en su forma más útil, como la "espacialización" de una economía, y si tratamos la regionalidad como un concepto dinámico, rechazando la idea de la existencia de regiones estáticas, podemos llegar a análisis de mayor complejidad. Teniendo en cuenta que el estudio regional nos permite hacer hincapié en los elementos económicos, y en las relaciones espaciales que se derivan, la región se constituye en protagonista de los estudios que atienden al mercado interno colonial. La experiencia ha demostrado que los trabajos que se han centrando en la fiscalidad y en los mercados, han logrado excelentes resultados a partir del análisis de tipo cuantitativo y serial centrado en determinadas regiones.
afirmado en alguna ocasión que se había perdido por haberse quemado. Sin embargo, hemos encontrado en el Archivo General de Indias, además de un pequeño informe realizado en noviembre de 1661, otra relación de gobierno mucho más amplia, redactada por el duque en diciembre de ese mismo año, que son los documentos que estudiamos y que transcribimos en el Apéndice. El México del duque de Alburquerque El Virreinato de la Nueva España que se encontró el duque de Alburquerque en 1653, sin entrar en la polémica relativa a la crisis del XVII, que cuenta ya con numerosas aportaciones, 1 atravesaba ciertas dificultades como la reducción de la población indígena, si bien esto se paliaba con el incremento de las restantes etnias que, en conjunto, podían ascender a algo más de 2 ́5 millones, de los cuales la gran mayoría eran indios. 2 Por otro lado, y aun aceptando una mayor autosuficiencia colonial, parece evidente que, en las décadas centrales de esta centuria, el Virreinato afrontaba diversos problemas económicos como la decadencia de la minería, la disminución del tráfico mercantil con España, las crecientes exigencias fiscales de la metrópoli, o las restricciones impuestas al comercio mexicano. 3 A este 1 Pueden consultarse, entre otras, las de TePaske, J. J. y Klein, H. S.: "The seventeenth-Century Crisis in New Spain: Myth or Reality?". Oxford, febrero 1981, págs. 116-161; Jiménez Moreno, W.: "La crisis del siglo XVII y la conciencia nacional en Nueva España". 2 Véanse, entre otros, Borah, W.: "El siglo de la depresión en Nueva España". En Cook, S. F. y Borah, W.: El pasado de México: aspectos sociodemográficos. México, 1989, págs. 213-279; Chiaramonte, J.C.: "En torno a la recuperación demográfica y la depresión económica novohispana durante el siglo XVII. Miranda, J.: "La población indígena de México en el siglo XVII". 3 Desde variados puntos de vista abordan estos problemas, entre otros, Bakewell, P.J.: Minería y sociedad en el México colonial. México, 1980; Navarro García, L.: "El comercio interamericano por la Mar del Sur en la Edad Moderna". Separata de la Revista de Historia, T. IV, n.o 23. Caracas, 1965. panorama económico debemos añadir la incidencia de diversos factores sociales como el ascenso -frente a los primeros grupos de encomenderos, pobladores y sus descendientes-de nuevas élites basadas esencialmente en el comercio y la industria, así como el creciente protagonismo de los criollos que, por vías como la compra de títulos y mercedes, el desempeño de oficios públicos, o la fundación de mayorazgos y vínculos, alcanzaban ya una relevante influencia en la Nueva España. 4 Sobre este panorama socioeconómico actuaba la estructura política de la Monarquía, que hacia mediados del XVII había alcanzado un notable desarrollo burocrático -manifestado en la vana pretensión de querer controlar cada paso administrativo-que, sin embargo, no garantizaba en estos momentos una mayor eficacia gubernativa pues a la venta de cargos públicos y al sentido patrimonial que se tenía de éstos, se añadía que el funcionariado, exceptuando quizás los cargos más elevados, no tenía la suficiente especialización, siendo frecuentes los casos de servidores de la Corona que desempeñaban cargos muy distintos. 5 Por otro lado, tampoco se conseguían evitar los frecuentes conflictos entre el poder religioso y el poder civil -cuando Alburquerque llegó a Nueva España aún persistían los rescoldos de los conflictos de Palafox con el conde de Salvatierra, y el propio Alburquerque tendrá duros enfrentamientos con el arzobispo de México-, 6 ni los roces en el seno de éste último, no siendo raros tampoco los choques de virreyes con oidores de la Audiencia de México -como le sucedió a su antecesor el conde de Alba de Liste-o con la Audiencia de Guadalajara, siempre reacia a admitir la injerencia virreinal. 7 No era mejor la situación financiera -especialmente grave por las necesidades económicas de la Corona-pues la Hacienda virreinal ado-lecía de irregularidades y carencias como la deficiente contabilidad de las cajas reales o la ineficacia del Tribunal de Cuentas, a lo que se sumaban otros problemas como la escasez de azogue para la minería y la reducción de los tributos indígenas por la disminución de la población india. 8 Aunque la grieta principal por la que se escapaba buena parte de las finanzas reales era el fraude, que resultaba imposible de erradicar por la diferencia de intereses entre la metrópoli y la colonia, así como por el sentido patrimonial que se tenía de los cargos desempeñados. Esto era favorecido por la práctica de vender los oficios públicos,9 a la que la Corona -a pesar de sus efectos negativos-se veía obligada, como puso de manifiesto el propio Consejo de Indias con ocasión de la real cédula de junio de 1654, que daba más facilidades para esta práctica. 10 Todo ello se manifestaba en un progresivo debilitamiento del monopolio español sobre el Virreinato, síntomas de lo cual eran no sólo la creciente amenaza de las potencias europeas -pérdida de Jamaica-sino también el progresivo arraigo de los funcionarios al reino que gobernaban, reflejado en matrimonios o en la participación en negocios y actividades reservadas a naturales novohispanos. Esta situación favorecía la formación de "mallas" de intereses distintos de los de la Corona, una mayor participación de las élites locales en la administración del reino,11 el incremento del nepotismo, del contrabando y la corrupción, bien visible, por ejemplo, en las ilícitas actividades de los alcaldes mayores, o en las irregularidades cometidas con los fondos de los situados y de las cajas reales.12 Alburquerque y su gobierno Tras los conflictos político-sociales y las interinidades que en el decenio anterior paralizaron el gobierno virreinal, la década de 1650-1660 presenta una mayor tranquilidad política, lo que favoreció una cierta recuperación del centralismo madrileño y de la figura virreinal. El conde de Alba de Liste (1650-1653), siguiendo instrucciones de Madrid, procuró sosegar el reino, mitigar los anteriores enfrentamientos, y dedicar una mayor atención a la recuperación de la Real Hacienda, labores en las que encontró apoyo constante en el visitador Pedro de Gálvez, que había sustituido al obispo Palafox. En este contexto, el gobierno de Alburquerque (1653-1660) se nos aparece, tras el paréntesis pacificador de Alba de Liste, como una etapa reformista en la que se intentó restaurar el control político sobre el Virreinato, considerablemente deteriorado después de los graves problemas ocurridos en la década de 1640-1650 con los virreyes Escalona y Salvatierra. 13 El nuevo mandatario, Francisco Fernández de la Cueva, fue propuesto al monarca por la Cámara de Indias en enero de 1653; era el segundo grande de España que ocupaba la magistratura virreinal mexicana, y pertenecía a la flor y nata de la nobleza hispánica -era VIII duque de Alburquerque, marqués de Cuéllar, conde de Ledesma y Huelma-, estaba casado con la hija del virrey marqués de Cadereita, y formaba parte de una verdadera dinastía de virreyes. 14 También tenía amplia experiencia en el servicio militar a la Corona pues intervino en el socorro de Fuenterrabía, en las guerras de Flandes y Cataluña, donde participó como jefe de la caballería en Rocroi y, como capitán general de las galeras de España, en la reconquista de Barcelona. 15 13 Aunque prácticamente no hay estudios en profundidad sobre este período, pueden consultarse al respecto, Israel, J.I.: Razas..., págs. 220-269; Fernández Bulete, V.: Poder y política..., Vol. II, págs. 328-593, y la Tesis de Doctorado de próxima lectura en la Universidad de Sevilla, sobre El Cabildo de México en el Siglo XVII, escrita por Ma L. Pazos. Su padre había sido virrey de Cataluña y Sicilia; su abuelo lo fue de Aragón y su bisabuelo de Navarra. Una tía suya fue esposa del virrey de México marqués de Cerralvo; un hermano, el conde de Castellar, lo fue del Perú; y su sobrino, el X duque, sería también virrey de Nueva España a comienzos del siglo XVIII. "Copia de los Títulos de Virrey y Capitán General y de los servicios del sr. Duque de Alburquerque", 9 de marzo de 1653. Alburquerque llegó a México con un estricto sentido de sus obligaciones para con la Monarquía, dispuesto a incrementar el control fiscal sobre el Virreinato, a fortalecer el gobierno y a regenerar la vida pública, aunque no llegó a prescindir de la habitual práctica del nepotismo con los corregimientos y alcaldías mayores. 16 Orgulloso de su elevada alcurnia, su enérgico carácter se nos muestra en iniciativas como aderezar el palacio virreinal sin permitir que entrase un clavo prestado, en el destierro a que condenó al mariscal Carlos de Luna por excusar el nombramiento que le hizo para Jamaica -que se disputaba entonces a los ingleses-, en la oposición que mantuvo contra las autoridades eclesiásticas por su influencia en la vida política, así como en la atención que dedicó a reprimir a delincuentes y salteadores. 17 En cualquier caso, Alburquerque rompió el clima anodino que por aquel entonces planeaba sobre la magistratura virreinal mexicana, sacando temporalmente al gobierno del Virreinato de la parálisis en que estaba sumido desde hacía años y recuperando el prestigio de la institución. Para ello, al poco de tomar posesión del gobierno, emprendió una serie de iniciativas como atacar la especulación existente con el pulque y el abasto de alimentos a la ciudad de México,18 mejorar el estado de la capital virreinal, para lo que ordenó la limpieza y reparación de las principales acequias y procuró asegurar el abastecimiento de agua y grano. 19 Por otra parte, atendió también a una mayor observancia de las reglas de los religiosos, así como a las obligaciones de los oidores de México, de algunos de los cuales informó negativamente a Madrid, 20 y desmanteló el negocio ilícito que mantenían algunos alcaldes mayores -como Andrés de Aramburu, que lo era de la Villa Alta de San Ildefonso-y financieros de México, que se aprovechaban del trabajo indígena. 21 En el ámbito de las materias de Hacienda, Alburquerque también desplegó en estos primeros años una intensa actividad para mejorar su estado. Entre las iniciativas adoptadas podemos destacar que, en octubre de 1653, detuvo al prior del Consulado y a dos de sus cónsules por las deudas que este organismo tenía con el fisco a causa de la administración de las alcabalas; también hizo investigar las cuentas del anterior comisario del papel sellado y, sobre todo, en 1654 envió a varios oidores y contadores a visitar las cajas virreinales para mejorar su deteriorada situación. 22 A pesar de los roces que algunas de estas visitas provocaron con las autoridades locales, particularmente con la Audiencia de Guadalajara, el fruto de estas visitas para el real fisco debió ser considerable si aceptamos las cifras -660.000 pesos-que años después indicó el propio virrey. 23 Respecto a los eclesiásticos, el duque de Alburquerque manifestó una actitud más firme que su antecesor, procurando mantener sin fisuras las prerrogativas del Patronato y tratando de sosegar las tensiones heredadas de la etapa de Palafox -aunque actuó contra algunos de sus partidarios y favoreció a ciertos destacados antipalafoxianos-con lo cual el virrey gozó de unos años de tranquilidad, a lo que contribuyó también el que la sede episcopal poblana, al igual que la mitra arzobispal de México, estuviesen vacantes. 24 Tal vez por ello -a pesar de mantener la habitual política de repartir los mejores oficios entre sus allegados y de aplicar una intensa voracidad recaudatoria-Alburquerque, al contrario que sus antecesores Gelves, Escalona y Salvatierra, no encontró demasiada oposición a su gestión, lo cual, en opinión de algunos, pudo deberse tanto a que los criollos trataron de resistir al Estado por vías indirectas -retrasando el pago de impuestos, ocupando oficios públicos...-como a que ahora el clero secular estuvo más tranquilo y, por lo tanto, los criollos carecieron del tradicional apoyo que de él habían recibido, así como por una mayor disponibilidad de alimentos baratos, favorecida por las medidas del duque contra los especuladores y por las buenas cosechas. 25 Hacia 1655, sin embargo, tuvo que afrontar ciertos problemas, como la pacificación de algunos enfrentamientos entre eclesiásticos, y los roces que él mismo tuvo con el nuevo obispo de Puebla por haber sido recibido bajo palio, en contra de lo ordenado por el duque. 26 Pero los mayores quebraderos de cabeza que tuvo Alburquerque en este campo fueron las competencias que durante varios años sostuvo con el nuevo arzobispo de México, Sagade Bugueiro, por cuestiones de precedencia e injerencias mutuas, 27 si bien estas disensiones nunca llegaron a convertirse en un problema político como anteriores conflictos entre virreyes y eclesiásticos, pues Madrid advirtió en 1659 a ambos que ocultasen sus desavenencias. 28 También dedicó el duque especial atención a las obras públicas y, en este sentido, logró que fuese terminada la catedral de México, reformó el palacio virreinal, hizo reparar las acequias y puentes, y mandó ejecutar otras obras de mejora en la capital. 29 Asimismo, preocupación fundamental de Alburquerque -como vimos anteriormente-fueron los asuntos hacendísticos, campo éste en el que, como se puso de manifiesto en la famosa cédula de junio de 1654 que facilitaba aún más la venta de oficios públicos, la Corona necesitaba con urgencia incrementar su capacidad recaudatoria. Bajo el mandato del virrey se consiguió que el Cabildo mexicano prorrogase el servicio de la Unión de Armas por otros quince años, con un importe de 250.000 ducados anuales, 30 se logró cierta mejora en la renta del papel sellado, se consiguió cobrar las deudas que el Consulado tenía por la administración de las alcabalas, y se 31 El resultado de esta voracidad hacendística fue un incremento de la recaudación, y si bien no pudo eliminar los problemas estructurales -amplitud del fraude, contrabando...-, sí logró realizar importantes envíos de numerario a las exhaustas arcas del Estado. 32 Otro campo de especial importancia eran las materias militares y la seguridad, aspectos que Alburquerque no desatendió, por lo que al poco de llegar a la Nueva España impulsó la represión contra bandoleros y delincuentes. 33 Pero la preocupación fundamental en este apartada la constituían las crecientes amenazas exteriores, particularmente de los ingleses, lo que obligó al virrey a reforzar la fortaleza de Ulúa y los presidios, a enviar alguna pólvora y bastimentos para la defensa de Campeche -aunque insuficiente para garantizar la seguridad de aquellas costas, en opinión de su gobernador Francisco Bazán-, así como a solicitar que se le enviasen desde España armas de fuego, resultado de lo cual fue que se le remitieron 2.500 piezas. 34 Pero si el virrey tuvo cierto éxito en el despacho de las flotas hacia España, no pudo evitar, sin embargo, la pérdida de Jamaica por la falta de medios y la descoordinación en las acciones, tendentes a impedir que los británicos consolidasen su posición en la isla. 35 Respecto a los últimos años de su mandato, están marcados por la persistencia de cierto reformismo -puesto de manifiesto, por ejemplo, en la detención de varios corregidores de la capital por especular con el pan, así como en la fundación de la villa de Alburquerque-36 y por el intento de asesinato que sufrió el virrey en marzo de 1660 mientras se encontraba en 31 AGI, México, 37, n.o 13, Alburquerque al Consejo, 4 de noviembre de 1653; México, 5, r.o 7, n.o 268, consulta del Consejo de Hacienda, 15 de abril de 1658; México, 38, núms. 18, 69 VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE la catedral mexicana. 37 Pero sobre todo por el motín que este mismo año protagonizaron los indios de Tehuantepec y Nexapa contra sus alcaldes mayores, y que alteró sensiblemente la región, si bien la intervención pacificadora del virrey, y sobre todo la del obispo Dávalos, logró tranquilizar los ánimos 38 y evitar que degenerase en un conflicto más grave. Por último, habiendo llegado su sucesor el conde de Baños a Veracruz en julio de 1660, Alburquerque abandonó el palacio virreinal y en septiembre recibió solemnemente al nuevo mandatario. Deseoso de regresar cuanto antes a España, el virrey saliente hubo de sufrir las molestias de su riguroso juez de residencia, el licenciado Ginés Morote, que iba también nombrado para oidor de Guatemala, y quien decidió llevar adelante una residencia con toda la severidad de la ley. El juez comenzó por exigir al virrey las cédulas e instrucciones recibidas, así como relación de los oficios y comisiones concedidas bajo su gobierno, a lo que el duque se negó, produciéndose desde entonces un progresivo enfrentamiento entre ambos. Asimismo, exigió al duque una fuerte fianza y trató que compareciesen ante él los criados y allegados del virrey. Además, reclamó papeles justificativos de los gastos realizados por Alburquerque, y apremió a oficiales reales y otras autoridades para que le entregasen diversa documentación, lo que le granjeó numerosos enemigos, incluida la Audiencia; al pretender que los oidores, alcaldes y fiscales del máximo tribunal declarasen en la causa, quedó sin apoyos y sin posibilidad de culminar la residencia 39 pues el conde de Baños, finalmente, acabó ordenando el destierro de Morote fuera de la capital y la prisión de sus colaboradores. Por ello, la residencia quedó temporalmente suspendida y tuvo que ser finalizada por Francisco Vallés, cuya labor parece que se redujo a poco más que a determinar la causa, remitir los autos al Consejo y condenar al virrey a algunos pequeños cargos relacionados con la Real Hacienda. Este legajo contiene el expediente sobre estos sucesos, en tres gruesos cuadernos de testimonios, autos, cartas y relatos sobre el particular. Una breve síntesis de este motín se encuentra en Gay, J.A.: Historia de Oaxaca. 39 Véase al respecto de la residencia de Alburquerque, Fernández Bulete, V.: Poder y políti-ca... Tras algunos debates en el Consejo, se nombró nuevo juez a Vallés, fiscal de la Casa de Contratación, al que se designó oidor de la chancillería de Valladolid, encomendándosele también visitar a los oficiales reales, a los contadores de cuentas e investigar los fraudes de los quintos y azogues, así como informar del gobierno del conde de Baños. Alburquerque pudo, al fin, embarcarse en la flota y regresar a España, a donde había sido llamado por el rey. Las críticas y denuncias de Morote no sirvieron para nada porque, finalmente, el Consejo absolvió de todas ellas al virrey y declaró por recto su gobierno. 41 De hecho, fue un gobernante que no dejó indiferente a casi nadie: la Corona le respaldó siempre, y si por un lado continuó con el nepotismo virreinal y permitió en las provincias un amplio margen de actuación a los alcaldes mayores y corregidores -muchos de ellos parientes y allegados-, por otro combatió la corrupción, criticando con dureza a los ricos y poderosos que evadían sus responsabilidades para con la Monarquía. Y cuando el duque se marchó a España, atrás dejó un gobierno virreinal más estable y fortalecido que el que había encontrado, así como una mejor gestión hacendística y administrativa, aunque quedaran por abordar los problemas estructurales, que prácticamente no se plantearían en serio hasta las reformas del XVIII. Por último, su gobierno fue también respetado y obedecido, en líneas generales, por los propios mexicanos, quienes a pesar de las denuncias vertidas durante su residencia, debieron valorar su labor, tanto más cuando pronto comenzó a evidenciarse que el conde de Baños toleraba numerosas irregularidades y él mismo negociaba sin pudor con la venta de oficios, lo que unido a su mal gobierno, favorecería una amplia oposición en su contra. La "relación de gobierno" Como es sabido, una de las obligaciones que tenían los virreyes al cesar en su mandato era la de informar a la Corona, así como a su sucesor en el cargo, de la gestión realizada y de los problemas pendientes, a fin de mantener una continuidad en la administración. Diversas disposiciones así lo establecían, como las reales cédulas de 1620 y 1628 -recogidas luego en la Recopilación de 1680-que ordenaban a los virreyes dejar a sus sucesores un informe sobre los diversos asuntos de gobierno y el estado en que se encontraban, so pena de no cobrar el salario del último año. 42 Estos informes virreinales, pues, aportaban información en un doble sentido: para que su sucesor tuviese noticia del estado en que quedaba el reino y de los asuntos pendientes, y para que el Consejo de Indias recibiese información del estado del Virreinato. Respecto a la relación de gobierno del duque de Alburquerque, algunos como L. Hanke han afirmado que no existe por haberse quemado. En efecto, éste afirma que existe una relación del duque de 1662, inservible por el fuego, en AGI, Contaduría 809, n.o 36, pero hemos revisado este legajo y, aunque es cierto que está muy dañado por las llamas, la única documentación que contiene es relativa a tanteos de cajas reales, y contabilidad de diversos ramos de hacienda entre 1697 y 1701. 43 Sin embargo, hemos encontrado una memoria de gobierno que redactó este virrey en diciembre de 1661 cuando, estando ya de vuelta en la Corte, el Consejo le reclamó noticias sobre diversas materias del Virreinato. El duque se excusó argumentando que no tenía obligación de dar esa relación estando ya en España, y que había dejado informado a su sucesor el conde de Baños, pero para salir del paso envió al secretario del Consejo un pequeño informe de cuatro folios con fecha de 30 de noviembre, que es el primer documento que transcribimos en el Apéndice. No quedó conforme el Consejo pues unos días después instó de nuevo a Alburquerque a dar noticias más detalladas, por lo que el 12 de diciembre de ese mismo año el duque le remitió una relación más amplia, de veinte folios, informando de las materias de justicia, patronato, competencias entre tribunales, asuntos de guerra, y materias de hacienda, que es el segundo documento del Apéndice. Contamos, por tanto, con dos informes del duque: uno reducido, de noviembre de 1661, y otro, más extenso, de diciembre. Y por los papeles del Consejo sabemos que, en febrero de 1662, Alburquerque presentó una nueva memoria, a la que sin duda se refieren quienes afirman que la relación virreinal fue destruida, con una gran variedad de puntos -Audiencia, Unión de Armas, inquietudes en la Nueva Vizcaya, castillos de Ulúa y Acapulco, materias de hacienda...-, que recogía los principales asuntos del Virreinato, puesto que a tal documento se refería el Consejo cuando éste elaboró una "Relación del estado del Reino", basándose en la del duque y en otras informaciones. 44 Contamos, por tanto, no con una relación de gobierno, sino con dos -la de noviembre y la de diciembre-mientras que la de febrero siguiente, a tenor del informe del Consejo, no debió variar mucho de la redactada en diciembre. 43 Hanke, L. y Rodríguez, C.: Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de Austria. En el mismo error que Hanke caen E. de la Torre Villar y R. Navarro de Anda (Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos. T. I., pág. CIV), pues indican que con la memoria de Alburquerque pasó lo mismo que con la de Alba de Liste, esto es, que sufrió graves deterioros, y la dan por destruida. 44 AGI, México, 6, r.o 3, relación del Consejo sobre el estado de la Nueva España, sin fecha [1662]. Tomo LV, 2, 1998 En todo caso, como el Consejo estaba molesto por las reticencias de Alburquerque a dar el informe solicitado, consultó al monarca en marzo de 1662 indicando que el duque se había excusado de dar la relación y que había sido necesario reconvenirle recordándole las ordenanzas relativas a que los virreyes enviasen el informe sobre el estado del reino, pero que la que había dado "no contiene los puntos principales ni las noticias precisas que el Consejo deseaba". Por ello, el máximo órgano indiano planteó que "siendo ésta una falta considerable, el Consejo la reserva para la residencia del duque" (aunque posteriormente este tema ni siquiera apareció en la sentencia)45 y que, para evitar estos problemas en el futuro, había ordenado advertir al conde de Baños que dejara relación al sucesor y trajese copia a Madrid; además, propuso que en el futuro se obligase a los virreyes novohispanos, por capítulo de instrucción, a dar esta relación, advirtiendo a los oficiales reales que no pagaran el salario virreinal del último año hasta tener constancia de que había dejado la relación al sucesor y la había traído al Consejo. El rey se conformó con este parecer, ratificando así la política que se venía siguiendo en orden a exigir a los virreyes que informasen de su labor 46. En cuanto a las características y contenidos de la relación virreinal, podemos afirmar que, como es habitual en estas relaciones de gobierno, tanto en el primero como en el segundo informe, el duque presentó una imagen favorable de su gestión. En el primero de ellos47 respondió al secretario del Consejo que no conocía orden alguna sobre entregar relación de gobierno estando ya en España -además de que sólo llevaba nueve días en la Corte y había estado ocupado-, y que tampoco la cédula de 26 de febrero de 1660 a él dirigida le señalaba nada al respecto, salvo informar puntualmente a su sucesor, como lo hizo. No obstante, afirmaba que, haciendo memoria, podía informar "por mayor" de algunos asuntos, si bien no detalla prácticamente nada, pues se limita a decir poco más que -de forma muy general-la administración de Justicia, la Real Hacienda, las materias de guerra y los situados estuvieron al corriente. En la segunda relación,48 doce días más tarde, -que es la que más nos interesa por ser más extensa y detallada-reiteraba que no era su obligación informar en Madrid habiéndolo hecho ya a su sucesor, y que en la Nueva España había quedado toda la documentación relativa a su gestión, por lo que sólo podía referirse a lo que alcanzase su "flaca memoria". Pero a pesar de estas reticencias a presentar el informe, a continuación comienza abordando los diversos asuntos de gobierno, con especial atención a los gastos militares y a los diversos ramos de Hacienda, apareciendo anotaciones en los márgenes -Patronato, competencias entre tribunales, guerra, etc...-para facilitar su consulta. La exposición, completamente favorable a su gestión, refleja la preocupación por resaltar los logros de su gobierno: adecuada administración de justicia, falta de disputas, socorros realizados a los presidios en tiempos tan difíciles, mejora de las rentas reales, etc..., recurriendo con frecuencia, para confirmar sus aseveraciones, a la fórmula "como lo sabe el Sr. D. Pedro de Gálvez". Comienza refiriéndose a que la administración de Justicia corrió libremente a cargo de la Audiencia y que por su celo se eliminaron numerosos delitos, para aludir acto seguido al Patronato y a las competencias entre tribunales, afirmando que evitó las discrepancias que podían haber surgido. Pasa a continuación a referir los asuntos de guerra, señalando que no hubo problemas, exceptuando la amenaza inglesa, y que logró realizar numerosos socorros a los presidios, quejándose de lo absurdo de que se le haya puesto una demanda por los gastos realizados en este campo. Respecto a las cargas existentes, según su versión, la gestión realizada no pudo ser más eficaz, ya que pagó puntualmente los sueldos de tribunales y ministros, sin que hubieran existido quejas sobre este particular. En cuanto a los socorros militares, también resalta su buena labor, destacando -con manifiesta exageración-la mejora que logró en el estado de plazas como Ulúa, La Habana, o Florida, gracias a los pertrechos que, con gran eficacia y presteza, logró realizar, aunque para evitar algún posible reproche, indica que envió a Cuba los socorros de Jamaica cumpliendo reales órdenes, pero que él no fue allá porque ni el monarca se lo ordenó ni él podía hacerlo estando en México. Respecto a los diversos ramos de Hacienda, valoraba su buena gestión, indicando cómo aseguró las rentas de la media annata y el papel sella-do, y que la cruzada mejoró su estado y fue reorganizada al desistir su anterior tesorero. Describía igualmente la mejora lograda en la situación de las alcabalas, así como el mayor control que ejerció sobre los tributos y azogues, y sobre la renta de los naipes. Sin embargo, en alguna ocasión ha de afilar la pluma para defenderse, pues afirmaba que si bien no adelantó dinero ni empeñó la Hacienda Real, sí envió los situados puntualmente, y que las quejas de los gobernadores obedecían a querer embolsarse, con los oficiales reales, deudas atrasadas de tropas que ya no existían. Y lo mismo sucedía con Filipinas, en donde -afirmaba-no tenían en cuenta los gastos realizados en comprar géneros ni las necesidades del rey, y para demostrar lo afirmado, se remitía a los despachos y certificaciones existentes para destacar que con su gestión se logró cobrar un millón y quinientos mil pesos de atrasos de anteriores virreyes. Tras ello, finalizaba afirmando que no tenía memoria ni fuerza para dar más cuenta que ésta, aunque estaba dispuesto a informar de algún detalle más concreto si el Consejo le pidiera parecer. Visto lo anterior, parece obvio afirmar que las "relaciones de gobierno" -a pesar de su valor informativo para el estudioso-no son documentos plenamente objetivos que informen de todos los asuntos gubernativos, ya que constituían un medio por el que los virreyes rendían cuentas de su gestión y, por tanto, tendían a reflejar una visión favorable de su gobierno, ocultando aquellos asuntos más oscuros y desfavorables. Esta que nos ocupa, por ejemplo, se concentra muy particularmente en destacar la eficacia desplegada por el duque en los asuntos hacendísticos así como en los socorros y situados que envió a las plazas militares, olvidando reflejar diversos aspectos menos brillantes. Así por ejemplo, no alude a la ocupación de oficios públicos por parte de los allegados y familiares del duque -práctica común entre los gobernantes novohispanos-ni tampoco a las tensiones que Alburquerque sostuvo entre 1656 y 1659 con el arzobispo Sagade Bugueiro, y que en el informe son presentadas hábilmente como roces entre el arzobispo y otras instituciones como la Audiencia y la Inquisición, más que con el propio virrey. Por otra parte, en su afán por presentar una imagen de gobierno sólido y estable, tampoco hace referencia alguna a las competencias que el virrey tuvo con algunos ministros de la Audiencia de México, la cual, apenas concluido su mandato, denunció ante Madrid ciertos agravios sufridos de parte del duque. 49 Sin duda, por la mis-ma razón, tampoco presenta problemas cuando se refiere a las materias de defensa, limitándose a señalar el ataque inglés sobre Jamaica, y las ayudas que remitió a las diversas plazas militares, aunque no alude a las persistentes correrías indias en el norte del Virreinato 50 ni al motín indígena de Tehuantepec y Nexapa, que tanta alarma causó en la región. Esta subjetividad, que es prácticamente inevitable en cualquier documento histórico -y más cuando se trata de hacer balance de la gestión personal-no resta valor a las "relaciones de gobierno" virreinales, a través de las cuales podemos observar la visión que desde el poder se tenía de la realidad, así como contrastar numerosos datos con otras fuentes. En todo caso, no se entendería la investigación sobre una época de este u otro Virreinato, sin atender a lo que sobre ello tuviera que decir la máxima autoridad gubernativa. Este es el interés que creemos tiene el informe que a continuación transcribimos. fol. 1. "Antes de ayer (estando yo con su Majestad, Dios le guarde, en el Pardo) me envió v.m. un papel en que me dice que en conformidad de las órdenes que su Majestad tiene dadas, es cierto que yo dejaría al Sr. Marqués de Leiva mi sucesor en el Virreinato de Nueva España relación del estado en que quedaban las cosas del gobierno de aquellas provincias; y que también hay orden para que los Sres. virreyes, luego que lleguen a estos reinos, remitan copia de ella al Consejo para que en reconociéndola la ponga en las reales manos de su Majestad y que esto se ha ejecutado siempre y lo ha echado [de] menos el Consejo; y que así ha acordado que v.m. me escriba, como lo hace, pidiéndome la copia de esta relación para enviarla a su Majestad, y que el Consejo se halle enterado del estado en que quedó el gobierno de la Nueva España; que es todo lo que contiene el papel de v.m.. Y siendo lo primero estimar y venerar, como lo he hecho y hago siempre, las determinaciones del Consejo, se me ofrece representar lo siguiente: que no tengo noticia de semejante orden, y aun cuando tuviera obligación de dar la relación al Consejo, no podía haberse hecho, porque ha nueve días que llegué a esta corte, y en ellos se han ofrecido las funciones tan precisas como la del Bateo del Príncipe ntro.sr., Dios le guarde, la de la asistencia a la casa y honra del Sr. Don Luis, el ser de guarda, y el haber ido al Pardo con su Majestad Dios le guarde, y estado dos días; ni tampoco lo dice la cédula de su Majestad Dios le guarde su fecha en Madrid a 26 de febrero de 1660 años firmada de su real mano (fol. 2) y refrendada del Sr. secretario Juan de Subiza dirigida a mí; porque solamente se manda por ella que entregue al Sr. Marqués de Leiva mi sucesor todas las cédulas y cartas de su Majestad Dios le guarde que se me han enviado, y una relación del estado en que estuviere su ejecución: en cuya virtud se entregaron todas al dicho Sr. Marqués de Leiva poniendo al pie de cada una el estado en que quedaba su ejecución de que se tomó el recibo que remito a v.m., el cual se ha de servir de mostrar al Consejo y volvérmele; asimismo participé al dicho Sr. Marqués las noticias que yo tenía y lo que juzgaba en todo lo que me preguntó e informándole del estado de las noticias. En cuanto a la relación que me pide v.m. del estado de aquel gobierno cuando le dejé (que juzgo no haber sido de mi obligación el darla, porque en la dicha real cédula de 26 de febrero de 1660 solo se mandó que la diese al Marqués) aun-que ha un año que dejé de servir aquellos cargos, haciendo memoria, diré a v.m. por mayor lo siguiente Las materias de aquel Gobierno tenían el estado que representé a su Majestad en mis cartas y despachos. La administración de Justicia corría con autoridad y estimación. La Hacienda real desempeñada y corriente, siendo bastante prueba las certificaciones que paran en mi poder de todos los tribunales de Hacienda de aquel Reino, por donde consta haberse asegurado y cobrado en mi tiempo más de un millón y quinientos mil pesos, que se estaban debiendo a su Majestad de atrasados, cuando entré a servir aquellos cargos; que si el Consejo gustare de ver dichas certificaciones, se las enviaré. Las materias de guerra dentro de aquel Reino son pocas y todas se reducen a pagar la situación del castillo de San Juan de Ulúa (que quedó en mi tiempo con quince (fol. 3) días de deuda); al castillo de Acapulco se socorrió con lo que era necesario porque aquella plaza ni es importante ni tiene el riesgo de enemigos. Los socorros a Filipinas se enviaron siempre que vinieron por ellos, porque no hay buques sino los que vienen de aquellas provincias; y fueron tan considerables las cantidades como consta de las certificaciones, que con cartas mías sobre esta materia remití al Consejo y para en la secretaría de él. Los situados de La Habana, Florida y Cuba, que corren por aquel Gobierno, se remitieron en todo el tiempo del mío, como parecerá de mis cartas y certificaciones enviadas al Consejo; y a la plaza de Cuba había muchos años que ningún Sr. virrey la había remitido su situado. Los socorros que su Majestad (Dios Le guarde) me mandó hacer nuevamente a Jamaica, por haber tomado pie el inglés en ella, se hicieron y remitieron a Cuba, que es la plaza de armas que su Majestad señaló y a donde me mandó los enviase, en virtud de sus reales órdenes; y habiendo dado cuenta a su Majestad se sirvió de aprobar la remisión de estos socorros con muchas honras y gracias que me dio por diversas cédulas reales. Las materias del real Patronazgo quedaban corrientes y en uso excepto algunas presentaciones de nóminas de beneficios curados que se habían dejado de hacer ante mí, y en dejando yo el gobierno se presentaron las nóminas al señor conde de Baños que quien lo dejó de hacer (o "que cuando dejó de hacer") se halló embarazado con mi persona no considerando que la presentación se hacía al dicho presentación de su Majestad y no a mí. Lo principal del estado de gobierno de aquellas provincias va reducido en este papel y en las cédulas de su Majestad que se me remitieron (las cuales entregué a dicho Sr. Marqués de Leyva) y en mis cartas y respuestas en que di cuenta de todo al Consejo y en las aprobaciones que tuve de su Majestad Dios le guarde; si el Consejo me mandare que en alguna materia o en la que fuere servido diga su estado (haciendo reflexión de las que fueren) lo haré con la prontitud y obediencia que siempre se ha visto en mí; y con mas individualidad se hallará la noticia en mis VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE Anuario de Estudios Americanos cartas y despachos que remití al consejo; porque he deseado tanto el acierto del servicio de su Majestad en la ejecución de las órdenes del consejo, que me pareció el camino más seguro de conseguirlo, el dar cuenta de todo continuamente, como se la di al consejo remitiendo con mis cartas las certificaciones y papeles pertenecientes a cada materia que paran en la secretaría del consejo donde se podrán ver. Dios guarde a v.m. muchos años. Mayor servidor de v.m. el duque de Alburquerque. Sr. Secretario D. Jerónimo de Ortega" El virrey Alburquerque al secretario del Consejo Jerónimo Ortega. "Habiendo respondido al primer papel de v.m. diciendo como no era de la obligación de mi oficio el referir en Madrid el estado en que quedaba el gobierno de la Nueva España cuando la entregué a mi sucesor, en cuyas manos puse las cédulas de su Majestad con noticia de la ejecución y estado de todas ellas, pero que por obedecer al Consejo refería en el papel que digo algunas cosas remitiéndome a los despachos que había escrito a su Majestad donde se hallaría razón de todo, certificaciones y demás recaudos pertenecientes a cada materia, se sirve v.m. de decirme en segundo papel que el Consejo ha acordado que yo dé la relación por ser de la obligación de mi oficio. Y siendo lo primero obedecer al Consejo en cuanto alcanzare la memoria lo hago con rendimiento pero representando lo siguiente: Lo primero, que no es obligación de mi oficio, como se verá por la cédula de su Majestad y por la instrucción general que remito. Lo segundo, que todos los papeles pertenecientes (fol. 2) quedaron en la Nueva España, donde se empezó mi residencia, para poder responder conforme los casos que se podían ofrecer en ella. Lo tercero, que en las cartas y despachos que he escrito a su Majestad y al Consejo a que me remito se hallará todo. Lo cuarto, que ha más de un año que dejé y entregué el gobierno, y no obstante todas estas razones, referiré lo que pudiere alcanzar mi flaca memoria y la falta de papeles. Las cosas de Justicia se administraban y administraron en tiempo de mi gobierno por la Real Audiencia, a quien toca y pertenece absolutamente, y a mí el encargarles que cumpliesen con las ordenanzas de ella con el breve y buen despacho de las partes y pleitos, estando tan absolutos y libres que no se hallará intercesión ni palabra mía sobre los expedientes de las materias pertenecientes a estos tri-bunales, y porque no les embarazase para el uso y determinación de cuanto les pareciese conveniente (achaque que suelen atribuir a los Sres. virreyes) y por no caer en él no iba por las mañanas a la Audiencia ni sala del crimen; y también por asistir al despacho universal de aquellas provincias dando (fol. 3) las órdenes como refiero para que se guardasen las ordenanzas, que es lo que el rey me manda, y últimamente en orden dirigida a mí, dice su Majestad que había reconocido de la visita que el Sr. Don Pedro de Gálvez tomó, la falta que en esto había habido por lo pasado. En el tiempo que goberné se hicieron ahorcar por la sala del crimen muchos delincuentes; se echaron a las galeras de Filipinas muchos; y se descubrió e hizo justicia de la gran complicidad de salteadores de caminos, antiquísimos en sus delitos mucho antes que yo entrase a gobernar; y se descubrió y castigó la gran complicidad de los del pecado nefando, quemando y castigando tantos como se sabe y consta por las cartas y despachos remitidos a su Majestad sobre esto, que paran en la Secretaría; hízose el auto general de la fe en que fueron 32 reos y siete quemados, asistiendo con mi persona y mi casa al lucimiento y estimación de esta función sin haber habido una competencia, no habiendo asistido en setenta años virrey a ella hasta en mi tiempo, que fue la primera vez que se ejecutó la precedencia del virrey al tribunal, en conformidad de la concordia hecha por (fol. 4) el Consejo de la Santa Inquisición con el de Indias, y ahora quedó el real Consejo de Indias con la posesión en su Virreinato, y de todo constará por mis despachos de que di cuenta al Consejo. Patronato.-En la Nueva España estaba el Patronato (cuando dejé el gobierno) conforme las cédulas y órdenes del Consejo: aunque no suele faltar algunas veces alguna intentona para procurar hacérsele menor a su Majestad y por ser joya suya tan importante me apliqué a conservarle, como se verá por mis despachos y consta a toda la Nueva España. Competencias entre tribunales.-En mi tiempo todas las competencias entre los tribunales con maña y arte, cortesía y agasajos, procuré desvanecerlas y ningunas hubo, a Dios gracias. Los topes del arzobispo sobre jurisdicciones con la Audiencia, con la Inquisición, Cruzada y con el subdelegado de Su Santidad, cuya mitra es la de Puebla, fui solo el que estuvo de parte de tolerar, y sin llegar a rompimiento, dar cuenta a su Majestad como lo hice, y desde que dejé el oficio es la materia en que menos puedo discurrir porque es la que más olvidada tengo. Guerra.-Dentro de aquellas provincias no hay guerra por no confinar con ninguna corona ni príncipes extranjeros, y aunque algunos (fol. 5) virreyes han estado con cuatro o seis compañías en México y en la Veracruz, en cinco años no se tocó una caja y sólo se hizo cuando la guerra de Inglaterra, cuyas armadas todos los años invadían aquellos mares llegando a navegación de quince días de la Veracruz, sin que se supiese cuándo ni cómo daría el golpe, debiendo la providencia prevenir y cautelarlo además de tener repetidas órdenes de su Majestad para VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE estar prevenido, como constará en la secretaría de lo que obré y de las aprobaciones y gracias su Majestad me da sobre esto. Los socorros, por la misma razón se hicieron de municiones, bastimentos, gente, dinero y artillería, en ejecución de las órdenes de su Majestad, a las plazas de Campeche, la Florida, Habana, Puerto Rico, Santo Domingo, Cuba y Jamaica, mandándome el Rey que se ejecutase todo esto y que lo que tocaba a Jamaica lo remitiese a la plaza de Cuba, que era la señalada por su Majestad por plaza de armas. La compra y remisión de los géneros y bastimentos que se remitieron fueron en la forma ordinaria, como lo sabe el Sr. D. Pedro de Gálvez, que es por la real almoneda, por los oficiales reales de la Veracruz y los de México y por el factor, dando las órdenes con tanto trabajo, espíritu y prevención, (fol. 6) ganando las horas en la remisión, valiéndome de cuanto las experiencias militares en la tierra y en la mar en tantos años me han enseñado, y a Dios gracias no me cogió el enemigo una embarcación, ni en la mar se perdió, entrando todas en Cuba, que es donde el Rey me mandaba; y obedeciendo sus reales órdenes y teniendo aprobación de todas ellas, como consta en el Consejo, me pone Don Juan de Salinas demanda de 500.000 pesos porque he socorrido las plazas con bastimentos, dinero, gente y municiones, y sustentádoselas al Rey haciendo a su Majestad tan gran servicio como se reconoce en la importancia de ellas, y siempre con órdenes y aprobaciones de su Majestad, como consta en la secretaría, y cuando no la tuviera, la distancia y la vista de las armadas inglesas, los recelos de ellas y de sus muchas fuerzas, a cualquier general obliga y hace servicio al Rey de prevenir y socorrer las plazas. Cargas de dentro del reino.-Su Majestad paga los gajes de todos los tribunales y ministros; estos se pagaron en mi tiempo con puntualidad y día fijo cada tercio y sabe el Sr. D. Pedro de Gálvez que esto no solía hacerse así antes. Paga su Majestad a todos los alcaldes mayores, a todos los doctrineros, frailes y clérigos, y el vino y aceite, como sabe el Sr. D. Pedro de Gálvez; esto se pagaba (fol. 7) con los expedientes ordinarios de efectos de poca consideración, pagándolo quien toca, que son oficiales reales, y no llegó a mi noticia quejas de la retardación de esta ni de otras pagas porque las partes no hubieran dejado de reclamar y ninguna lo hizo. Cargas militares de dentro del reino.-Castillo de San Juan de Ulúa que le topé en el suelo sin fortificación alguna, sin pertrechos, siendo el que guarda el Puerto de la Veracruz, único de aquellas provincias; en mi tiempo se fortificó cuanto cabe en su terreno, se puso dentro de él municiones, bastimentos y demás pertrechos como constará por mi carta y por la del castellano D. Francisco Castejón. Situados fijos del Virreinato.-A Filipinas (siempre que vino bajel, porque no los hay en la Nueva España propietarios) envié socorros de todo género de cosas, y géneros que piden de allá rematados por la almoneda a quien toca y pertenece, como lo sabe el Sr. Don Pedro de Gálvez, y sin los bastimentos y géneros que piden fueron en reales algunas veces doscientos mil pesos y otros trescientos DESCONOCIDA "RELACIÓN DE GOBIERNO" DEL DUQUE DE ALBURQUERQUE mil, hechos estos despachos en ocho y cuatro días, nunca vista en la Nueva España la actividad y ejecución de tan breves socorros y tantos, teniendo a cuestas la nueva guerra de Inglaterra y las necesidades tan grandes del Rey nuestro (fol. 8) señor dentro de España. Los envíos a España en mi tiempo han sido tan grandes cual nunca se han visto en ninguno otro y con la brevedad y presteza sin ejemplar, con que los hice en quince y en veinte días, previniéndome para conseguirlo con despachar repetidos correos a las reales cajas de aquel Reino que están a distancia de doscientas y trescientas leguas de México, tierras muy dilatadas y ásperas; y en la Nueva España no hay estafetas, como lo sabe el Sr. Don Pedro de Gálvez, ni otros correos sino son los que despacha el virrey, y yo los despachaba a dichas cajas para que remitiesen con brevedad a las de México y a la Veracruz el Real Tesoro del cargo de los oficiales reales de ellas, y el de las demás personas y ministros en cuyo poder paraba la Real Hacienda, porque su Majestad en repetidas órdenes me mandaba que no invernasen las flotas en la Nueva España sino que fuese el tornaviaje de ellas el mismo año en que se servía de enviarlas para traer su real Tesoro, ordenándome su Majestad y el Real Consejo y los Sres. D. Luis de Haro y Conde de Peñaranda y el Sr. D. Juan González, que ejecutase estos despachos como se me ordenaba por las reales cédulas, y que para conseguirlo despachase los correos a todas (fol. 9) las partes del Reino y me valiese de todos los medios y disposiciones que hallase convenientes y condujesen a lograr el tornaviaje de las flotas con los Reales Tesoros sin invernar, por la importancia de la materia; y habiendo hecho estos despachos con la brevedad y felicidad que ha constado al Consejo, creciendo infinito en mi tiempo los envíos de que su Majestad por repetidas cédulas se sirvió de honrarme con aprobaciones y gracias por ello, que unas y otras cédulas paran en la secretaría del Consejo y es el gasto de los correos uno de los capítulos de la demanda que me pone Don Juan de Salinas. A Campeche, por la guerra de Inglaterra, se socorrió con algunas municiones que pidió su gobernador. A La Habana, antes de la guerra, se le envió siempre el situado que manda el Rey de los 105.000 pesos y alguna vez llegaron a 120.000, añadiendo los 15.000 para los gastos y prevenciones de aquella plaza por la guerra después de haber empezado además de su situación continua la socorrí con municiones y con gente, todo en conformidad de repetidas órdenes de su Majestad y de grandes aprobaciones que me dio sobre ello (fol. 10). A la plaza de la Florida, que cuando entré a gobernar la hallé pereciendo por falta de situado, la remití en mi tiempo los que le tocaban, y tuve órdenes de su Majestad repetidas cuando me mandó socorrer y tener las plazas amunicionadas, sustentadas y guarnecidas manda que particularmente lo haga en la Florida; porque en el Consejo de Estado se había visto aviso de D. Alonso de Cárdenas, embajador de su Majestad en Inglaterra, dándole de que el único fin de las armadas era ocupar a la Florida por su tierra firme con la Nueva España y estar en medio del VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE Anuario de Estudios Americanos canal de Bahamas cerrando, si la ocupaban, el único y solo paso que tienen galeones y flotas para venir a España; y habiéndola socorrido con gente, municiones, dineros y bastimentos y situado, obedeciendo al Rey, es este otro capítulo de la demanda de don Juan de Salinas porque he mirado por esta plaza y las demás, habiéndolo ejecutado todo con órdenes de su Majestad y teniendo aprobaciones de ello como consta en esta secretaría. A Puerto Rico, obedeciendo las órdenes del Rey por los recelos de las armadas inglesas, envié socorro de dineros y, por la misma razón, a Santo Domingo, y municiones, (fol. 11) escribiéndome el conde de Peñalva, gobernador de ella que, si la armada volvía como lo creía, no tenía un grano de pólvora, cuando recibió trescientos quintales que le envié por habérmela pedido, y doscientos quintales más después, todo por órdenes del Rey y aprobaciones, como consta por esa Secretaría. A Cuba, cuya plaza y puerto es principalísimo y muy cerca de Jamaica, había quince años que ningún virrey la enviaba su situado, que son 16.000 pesos poco más o menos. Al año la socorrí con mucha parte de sus situados y di cuenta a su Majestad y me dio las gracias; y después de la guerra se me mandó con grandes veras socorriese a esta plaza con dineros y bastimentos, con gente y municiones, con cuatro medios cañones, y todo lo envié y entró en ella, de que su Majestad me dio muchas gracias y aprobación. A Jamaica, por haber ocupado el inglés pie en ella, me mandó el Rey enviase a la plaza de armas de Cuba, para que de allí se condujese a Jamaica, bastimentos, gente, dineros y municiones como lo hice, y todo entró donde su Majestad me mandó (fol. 12) que es en Cuba, que las facciones de aquella guerra y el pelear delante de aquellas tropas ni su Majestad me lo mandó ni yo lo podía hacer estando distante México de Jamaica 1.200 leguas por el rodeo que se hace. Ramos de la hacienda que tiene su Majestad.-Por menor se verá en las relaciones que envié el año de 1655 con los galeones del cargo de Diego de Medina y por mayor diré lo que se me acuerde. Esta topé perdida y atrasada, como lo sabe el Sr. Don Pedro de Gálvez. En mi tiempo se acabaron sus cuentas, se sacaron las resultas, se cobró y aseguró lo que consta por las certificaciones que tengo enviadas, a que me remito, y también por la que traigo conmigo. Toca esta administración el regular los débitos a un Sr. oidor nombrado por su Majestad (que cuando entré lo era D. Andrés Pardo de Lagos y después don Juan Manuel de Sotomayor) y a los oficiales reales el cobrarlos. Papel sellado.-Esta administración y sus cuentas, como sabe el Sr. Don Pedro de Gálvez, estaba muy atrasada; acabáronse las cuentas (fol. 13) en el tribunal de ellas, donde mandó su Majestad; en lo porvenir se encargó a los oficiales reales cumpliesen con su obligación de cobrar lo procedido. Por comisario de este derecho en DESCONOCIDA "RELACIÓN DE GOBIERNO" DEL DUQUE DE ALBURQUERQUE mi tiempo nombré a los oidores Don Pedro de Oroz, Don Luis de Berrio y, por muerte de éstos, a Don Andrés de Ocampo, ministros muy honrados y atentos. Quintos.-La administración del derecho de los quintos corre la obligación de su cobranza, como sabe el Sr. Don Pedro de Gálvez, por los oficiales reales, que nadie tiene quintos a su cargo sino ellos; por juez de esto estaba el alcalde don Juan Manuel de Sotomayor, ministro de toda satisfacción, y lo continuó en mi tiempo. Cruzada.-La cruzada es una rama muy principal su procedido; adminístrase por su comisario y tribunal que hay en aquellas provincias, sin tocar al virrey más de ayudar y fomentar al tribunal en todo; lo que he obrado en esta materia (además de haber dado cuenta al Consejo y remitirme a ello) se hallará en el Consejo de Cruzada, y en el Sr. Don Pedro Pacheco razón que el tribunal suyo le habrá dado de lo que yo le he ayudado y adelantado su materia por mí cuando entré a (fol. 14) gobernar; de las quiebras antiquísimas de los tesoreros Pedro y Francisco de la Torre y de Alcocer se cobraron en mi tiempo lo que consta en el dicho tribunal, y yo también daba cuenta al Consejo de Indias de la administración corriente que topé en el tesorero Antonio Millán, a quien siempre ayudé y al tribunal para que viniesen los envíos de su obligación puntuales y crecidos, como lo fueron tanto y por menor consta en el Real Consejo de Cruzada; la cantidad con que tenía afianzado este ramo conforme el remate en tiempo del conde de Salvatierra había llegado, por muerte de unos, y salidos y ausentes otros, a ser mucha menos, y en mi tiempo hice que se llenase el número de las fianzas conforme la obligación del asiento y di cuenta a su Majestad, que me dio muchas gracias como consta de su real cédula, por haber mandado esto en este ramo; y habiéndose acabado el tiempo del remate hecho con el tesorero Antonio Millán, el Tribunal de la Cruzada hizo diligencias con él, y yo a pedimento del Tribunal, para que continuase y no lo quiso hacer, y el Tribunal, a quien toca y pertenece, con fianzas muy (fol. 15) grandes hizo por obispados el asiento, y yo asistí a todo lo que el Tribunal me pidió de ayuda para esto; y el Tribunal dio cuenta al Sr. Don Pedro Pacheco que me consta está contento y satisfecho, y más cuando le han traído en esta ocasión seiscientos mil pesos pertenecientes al tiempo de mi gobierno, y yo no la di al Consejo de haberse acabado el remate en Antonio Millán y empezado este otro (aunque siempre previne lo que era menester para hacer merced a Antonio Millán) porque sucedió este negocio dos meses antes que llegase la flota con el conde de Baños, mi sucesor, y no había habido despacho. Alcabalas.-Alcabalas, las principales y que comprenden todo el reino son: las de Atrisco de poca cantidad; las de la Puebla y México las primeras, habiéndose acabado el tiempo del asiento se cobró lo atrasado y se dio a la villa con el mismo asiento por Junta de Hacienda, como manda su Majestad, habiendo hecho las diligencias que en tales casos ordena. Las de la Puebla se renovaron los fiadores salidos y muertos y se cobraron algunos atrasados y con gran puntualidad lo corriente. Las de México, que corren conforme el asiento por el Consulado, se afianzaron del mis-VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE mo (fol. 16) modo y se cobró todo lo atrasado, partidas tan considerables como parece por las cartas que sobre ello escribí al Rey las aprobaciones que me ha dado y las certificaciones que he enviado, y las que paran en mi poder del contador general de alcabalas, por cuya cuenta corre la administración de dichas alcabalas. Tributos y azogues.-Tributos y azogues corre la cobranza por cuenta y riesgo del contador general de tributos y azogues, al cual se le tomaron en el Tribunal de Cuentas sus cuentas afianzando dicha administración, y también se le hizo renovar los fiadores muertos y salidos. Los tributos son aquella porción que está señalada a cada indio conforme lo que debe pagar, cuyos libros tiene el contador de tributos. La de azogues corre por cuenta y riesgo del dicho contador, cuya cantidad se envía de Sevilla registrada a entregar a oficiales reales de la Veracruz, y ellos en la misma forma a los de México. La forma que se tuvo en distribuir los azogues fue la que ha habido y topé, que es: donde hay oficiales reales envían testimonio de haberse consumido; remítese al contador de azogues y, por sus libros, coteja si corresponde con ellos, y por ello sabe la cantidad que en aquel paraje se necesita y gasta (fol. 17) cada hacienda y mineros, porque es el que tiene los libros de esta razón por cuenta y riesgo suyo; donde no hay oficiales reales se remite a los alcaldes mayores conforme las órdenes y estilos que siempre ha habido, y envían testimonio de habérseles acabado y lo coteja el contador con los libros de su obligación y cargo y todos afianzan antes la seguridad y cobranza de ellos ante el dicho contador de azogues, a quien toca y pertenece la administración y cobranza por su cuenta y riesgo, de que es buen testigo y lo sabe bien el Sr. Don Pedro de Gálvez que esto ha sido siempre así. Renta de los naipes.-La renta de los naipes es por asiento, y ha muchos años que corren por la persona a quien toca, en la cual he procurado se cobre, y entere (sic) en la real caja de México, que es donde se hacen los pagamentos de este asiento, las cantidades que está obligado a pagar el asentista por sus tercios conforme la calidad y condiciones del asiento, y lo he conseguido sin adelantar la renta ni retardar la cobranza a los plazos. En mi tiempo no adelanté un real de la Hacienda del Rey ni la empeñé, y habiéndome querido dar a censo sobre la caja de México cantidades Don Pedro de Barrientos, obispo que fue de Guadiana, y Don Luis de Camargo, factor que fue de la caja de México, no quise tomar un censo ni cargar la caja de un real; los (fol. 18) situados a todas las plazas, antes de la guerra, fueron los que manda su Majestad, conforme la obligación de aquel Virreinato y de los años que yo serví, que no faltó a enviar ninguno; y ahora el de la Habana es de mi tiempo lo que se ha enviado a ella. Pretenden todos los gobernadores de las plazas hacer alcance a su Majestad y a su Real Hacienda de todos los situados atrasados, que los accidentes y causas que tuvieron los virreyes para dejarlo de hacer no es de mi obligación; y habiendo enviado por la mía los situados con la puntualidad que se verá por los despachos, DESCONOCIDA "RELACIÓN DE GOBIERNO" DEL DUQUE DE ALBURQUERQUE se me ofrece representar que, después de ser servicio particular la puntualidad que tuve en dichas remisiones, deben los gobernadores de las plazas contentarse con haber tenido cada año su situado, que ninguna plaza no sólo cobra con puntualidad pero ni halla forma de poderlo hacer, y hacen cómputo de débito lo que no fue en tiempo del virrey que deja el gobierno o está siéndolo, y quieren cobrar unas deudas atrasadas, que ya murieron los soldados, las mujeres y los hijos, para embolsarse los gobernadores y los oficiales reales entre ellos estas cantidades con nombre de deuda y testaferro que las cobre. Filipinas tiene la misma pretensión, fundándose en que su Majestad tiene mandado muchísimos años ha socorro allí con quinientos (fol. 19) mil pesos, y no quieren tomar en cuenta el dinero que se gasta en comprar los géneros que se le remiten por pedirlos de allá por falta de ellos, como lo sabe el Sr. Don Pedro de Gálvez, ni tampoco el tener la paz con Holanda, que cesan los gastos de la guerra en aquellas provincias, ni tampoco la necesidad del Rey, los nuevos y grandes gastos que hace su Majestad en la guerra de España y fuera de ella, ni tener en la memoria que ninguna provincia ni plaza consigue cuanto pide, y pocas o ninguna la continuación delos socorros, como yo lo he hecho a todas las plazas cada año, siendo prueba de todos estos socorros antes y después de la guerra el modo de cobrar al Rey su hacienda, las órdenes y aprobaciones que he tenido de su Majestad, que en lo pasado y en cómo queda su Real Hacienda me remito a lo que digo aquí, y a lo que he dicho en dichos despachos y a las certificaciones que paran en mi poder y remito a v.m., dadas por el Tribunal de Cuentas, por los oficiales reales, por el contador de tributos y azogues y por el de alcabalas, que son los ministros y tribunales por cuya cuenta y riesgo corre la administración y cobranza de la Real Hacienda, por donde certifican todos haberse cobrado y asegurado un millón y quinientos mil pesos, por órdenes mías, de Real Hacienda debida a su Majestad de atrasados del tiempo de otros virreyes, prueba bien relevante de mi cuidado pues le tuve en cobrar lo atrasado, perdido y olvidado (fol. 20) de su Majestad, que lo corriente está como se debe creer de lo que he trabajado en su servicio y de mis obligaciones en él; asegurando a v.m. que sobre remitirme a todo lo escrito, en que se me ordena lo referido, en que he dado cuenta de ello, en que se me aprueba, y habiendo dejado todos los papeles particulares en la Nueva España por la razón que digo, y no siendo de la obligación de mi oficio, como consta de la cédula particular, y de mi instrucción no serlo, por dar gusto al Consejo he trabajado infinito en este papel, y que ni puedo ni sé ni hallo en conciencia, ni como caballero ni fuerzas, para dar más cuenta ni más individual que ésta. Si de algún negocio particular el Sr. presidente o Consejo gustare de pedirme el parecer, o apuntarme en él, con particular gusto y rendimiento le serviré con lo que pudiere y alcanzare en él. Guarde Dios a v.m. muchos años. B.l.m. a v.m. su mayor servidor el duque de Alburquerque Sr. Secretario Don Jerónimo Ortega" VIRGILIO FERNÁNDEZ BULETE
rastrear las principales tendencias dentro de las sucesivas generaciones de historiadores peruanos contemporáneos. Con este trabajo queremos brindar un aporte a la interpretación historiográfica, aspecto que ha sido relativamente descuidado en nuestro medio. Los remotos antecedentes de las actuales instituciones académicas del Perú pueden ubicarse en la Academia Antártica, fundada y presidida en Lima por Antonio Falcón, que sirvió de cenáculo a los principales poetas del virreinato entre fines del siglo XVI y principios del XVII. Después seguirían sus pasos otras agrupaciones de carácter literario; pero una preocupación más señalada por la historia del país, su situación presente y los medios para remediarla se encuentra sólo a fines de la decimoctava centuria, cuando empieza a gestarse la conciencia de nacionalidad. 2 Al poco tiempo, el conjunto se desintegró. Pero no pasarían muchos meses hasta que, en 1790, se estableciera la célebre Sociedad Académica de Amantes del País, que congregó a más o menos el mismo grupo, junto con Calero y Moreira, Baquíjano y Carrillo y otros "hombres estudiosos y verdaderos amantes de la patria". 3 Ellos decidieron publicar el Mercurio Peruano, periódico de historia, literatura y noticias públicas, con el objeto de "hacer más conocido el país que habitamos". 4 Hacia mediados del siglo pasado surgen autores con una inquietud histórica más definida, que constituyen los precursores de la historiografía peruana. Son ellos personajes como Mariano Eduardo de Rivero, científico e investigador de monumentos, Mariano Pagador y, fundamentalmente, José María Córdova y Urrutia, quien en 1844 publicó Las tres épocas del Perú y compendio de su historia, primer intento de delinear una historia general de la patria. 5 En la segunda mitad del siglo queda ya definitivamente formada la historiografía nacional, con el inicial predominio de la corriente liberal y romántica, que realizó una obra de tipo erudito, de acopio de materiales, pero por lo general carente de profundidad interpretativa. Dentro de este grupo se inscriben principalmente Sebastián Lorente, con sus textos de síntesis, el general Manuel de Mendiburu, que precisó informaciones biográficas acerca del período virreinal, y Mariano Felipe Paz Soldán, quien se fijó en la época posterior a las guerras de independencia. Aparte, destacan Manuel Atanasio Fuentes, Manuel de Odriozola, José Antonio de Lavalle y Carlos Lissón, entre otros. 6 Es a partir de la década de 1860 cuando, superada la lucha caudillista y la amenaza del dominio español y alcanzada en el país una relativa prosperidad, los hombres de letras empezaron a agruparse en entidades académicas de índole humanística. Dentro de estas instituciones, caracterizadas por el amplio marco de sus intereses culturales, los estudios de historia ocuparon un lugar preferencial. Bajo tales características se constituyeron la Academia Peruana de Ciencias y Bellas Letras (1867), la Sociedad "Amigos de las Letras" (también de 1867) y el Club Literario, que tuvieron corta vida. Más fecunda fue la labor realizada a su vez por el Ateneo de Lima, cuya comisión de Historia y Geografía se instalaría en octubre de 1885, manteniéndose luego por varios lustros. 7 Por otra parte, no faltaron iniciativas tendientes a formar una corporación exclusivamente dedicada al quehacer histórico. Fue Carlos Lissón el primero que, en la memoria que redactó en 1871 como decano de la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, se refirió a la necesidad de establecer una "Academia de Historia, la que mediante el paciente y prolijo afán de varias generaciones dará los elementos de la historia nacional en todos sus ramos". 8 Y el general Mendiburu, aludiendo a las deficiencias que padecía la investigación histórica en la patria, sentenció: "Falta organizar el Archivo Nacional, está por crearse una Academia de Historia, y aún no se ha tratado de tomar de los archivos de España copias de muchos escritos que interesan a la República". 9 Un paso más adelante fue el que dio el coronel Manuel de Odriozola, erudito y prócer de la Independencia; en 1878, siendo director de la Biblioteca Nacional, se propuso -aunque sin éxito-organizar una Sociedad de Historia del Perú, con el fin de entablar entre los investigadores un diálogo de proyectos y realizaciones, fomentar la compilación y publicación de fuentes documentales y atraer la atención del Estado hacia los estudios del pasado patrio. 10 Consumada la debacle en la guerra con Chile, los grupos dirigentes de la sociedad resolvieron emprender una profunda investigación de la realidad peruana para tratar de explicarse las causas del desastre producido y conseguir luego la "regeneración" del país. En medio de ese desolado ambiente fue surgiendo un sentimiento nacionalista, deseoso de resaltar los valores más importantes de la cultura, la lengua, las tradiciones, el paisaje. Es dentro de tales circunstancias como debe comprenderse el establecimiento de las primeras entidades académicas que han tenido vigencia per- durable en el Perú. Así, el 30 de agosto de 1887 tenía lugar la solemne inauguración de la Academia Peruana de la Lengua, formada gracias al empeño de Ricardo Palma; el 22 de febrero del año siguiente un decreto supremo, firmado por el Presidente Andrés A. Cáceres, fundaba la Sociedad Geográfica de Lima, colocándola bajo la dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores. 11 Por aquella época aparecía en los medios intelectuales limeños la corriente positivista, grandemente influida por la sociología, y en la cual se distinguieron especialmente Javier Prado, Manuel Vicente Villarán, Alejandro Deustua, Mariano H. Cornejo. En cuanto a la investigación histórica, destacan para entonces los trabajos de Enrique Torres Saldamando, Manuel González de la Rosa, José Toribio Polo y Pablo Patrón, sobre los cuales se ha señalado como característica la creencia de que "demostrar las fuentes empleadas para su tarea intelectual era condición fundamental y garantía de su probidad científica". 12 La mayor parte de esos personajes, y algunos otros más, serían precisamente los forjadores del Instituto Histórico del Perú. En el marco de su plan de fomento a la instrucción pública, y considerando que "conviene propender a la formación de la historia nacional", el Presidente José Pardo y Barreda, por decreto del 18 de febrero de 1905, fundó el Instituto Histórico del Perú. Como medida complementaria, el 8 de marzo una resolución suprema designó al personal fundador, compuesto de cuarenta individuos, entre miembros natos y de número, los únicos en ser designados por el Gobierno durante la trayectoria del organismo. A continuación, el 31 de marzo, se efectuó la primera sesión, que estuvo presidida por el ministro de Justicia, Culto e Instrucción, Jorge Polar, y en 11 La creación de la nueva Sociedad obedecía al propósito de "fomentar los estudios científicos de aplicación, facilitar la explotación e incremento de los productos naturales del país y crear un centro de datos e informaciones sobre la geografía en general y sobre la especial que interesa a la buena marcha de la administración pública", según el facsímil del decreto supremo del 22 de febrero de 1888, en Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, 97, Lima, ene.-jul. Véase también Palacios Rodríguez, Raúl: La Sociedad Geográfica de Lima; fundación y años iniciales, Lima, 1988, págs. 43 ss. Dager Alva, Joseph: Una aproximación historiográfica a la vida y obra de José Toribio Polo, tesis para optar el título de Licenciado en Historia, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Facultad de Letras y Ciencias Humanas, 1996, pág. 117. ella se eligió una junta directiva provisional, encabezada por Eugenio Larrabure y Unanue, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid. Dicha elección en favor de Larrabure sería ratificada el 11 de julio siguiente, en la primera junta general, en la que se formó el Directorio definitivo. Finalmente, el 29 de julio de 1905 se llevó a cabo la instalación oficial del Instituto, en una brillante ceremonia realizada en el local de la Cámara de Diputados, a la que concurrieron el Presidente de la República, ministros de Estado, magistrados y representantes del cuerpo diplomático. Los primeros estatutos, que habrían de normar la vida corporativa por más de medio siglo, fueron promulgados el 10 de julio de 1905. En ellos se especifican las atribuciones del Instituto, "cuerpo que tiene por objeto cultivar y promover el estudio de la historia nacional" (art. 1o). Bajo su dependencia se puso al flamante Museo de Historia Nacional, creado el 6 de mayo de 1905, que funcionó inicialmente en el Palacio de la Exposición de Lima, y se acondicionó uno de los salones de dicho establecimiento como sede del Instituto. 13 Posteriormente trasladaría sus despachos al antiguo local de la Biblioteca Nacional, en la calle Estudios. Entre los fines que se asignaron a la naciente entidad figuran los siguientes: (1) recoger y conservar ordenadamente manuscritos, libros, cartas geográficas, estampas y otros materiales útiles a la historia del Perú; (2) promover y recompensar la redacción de obras históricas, monográficas o generales, sobre el país; (3) proponer al Gobierno lo que considerase útil para el conocimiento, difusión y progreso de las ciencias históricas; (4) conservar los monumentos nacionales de carácter arqueológico o artístico; (5) supervisar la administración de todos los museos y archivos de la República, en especial del Museo de Historia Nacional y del Archivo Nacional. Observamos, pues, que se encomendó a la institución una tarea muy vasta y realmente difícil de cumplir, que la constituía en el órgano rector de todo lo relativo al quehacer histórico y arqueológico en el país. De acuerdo con los estatutos (art. 4o), el Instituto se componía de cuatro clases de miembros: numerarios, natos, honorarios y corresponsales. En cuanto a los miembros natos -categoría que pronto caería en desuso-, podían resultar tales por los cargos que ejercían en la administración pública o la docencia, o bien por ser "correspondientes en el Perú de la Real Academia de la Historia, de Madrid, y de otras academias o sociedades extranjeras dedicadas al estudio de la historia". 14 En virtud de esa disposición, alcanzaron a integrar las filas de nuestro organismo personajes de la talla de Ricardo Palma, el insigne "tradicionista", y director de la Biblioteca Nacional, Constantino R. Salazar, director del Archivo Nacional, y el ex Presidente Francisco García Calderón, que al final de su vida desempeñaba la rectoría de la Universidad de San Marcos. De otro lado, entre los miembros honorarios que han pertenecido a la institución cabe mencionar a hombres de letras tan prestigiosos como el español Rafael Altamira, el argentino Roberto Levillier, el ecuatoriano Jacinto Jijón y Caamaño, el boliviano Franz Tamayo y el hondureño Rafael Heliodoro Valle (incorporados todos en 1924), el chileno Agustín Edwards y el argentino José Pacífico Otero (en 1935), el español Salvador de Madariaga y el francés Louis Baudin (en 1947), etc. Y por lo que atañe a los miembros corresponsales, éstos han sido, entre muchos otros: Heinrich Brüning (con sede en Eten), José Toribio Medina y Tomás Thayer Ojeda (en Chile), Arturo Posnansky (en Bolivia), Carlos A. Villanueva (en Francia) y el propio escritor peruano Ventura García Calderón, residente en París, quien fuera incorporado en 1949, cuando se hallaba de visita en Lima. Tarea verdaderamente ardua debió significar para el Gobierno la designación de una treintena de miembros de número fundadores, pues a comienzos del siglo XX eran realmente pocos los estudiosos aplicados por entero a la investigación histórica. 15 De ahí se explica que muchos de ellos fueran agentes de la burocracia y del foro, que se habían dedicado a la historia de manera sólo incidental. Con todo, en el elenco de fundadores se encuentran varias de las figuras intelectuales y políticas más importantes de principios de siglo: José Sebastián Barranca, Mariano H. Cornejo, Emilio Gutiérrez de Quintanilla, Miguel Antonio de la Lama, Víctor M. Maurtúa, Javier Prado, Nemesio Vargas, Carlos Wiesse... Según lo estipulado en los estatutos (art. 5o), mientras que las plazas para honorarios y corresponsales eran ilimitadas, los miembros de número no podían exceder de treinta. Cuando se producía alguna vacante, el nuevo postulante -propuesto por tres numerarios antiguos-debía ser aceptado mediante votación en el Directorio, primero, y en la junta general después. 15 Sobre las dificultades que todavía hoy afrontan investigadores y docentes para mantenerse con su trabajo profesional en historia, véase Bronner, Fred: "Peruvian historians today: historical setting", The Americas, 43: 3, Washington DC, ene. Una vez electo, estaba obligado a tomar posesión de su asiento en el término de tres meses, exponiendo en acto público un trabajo inédito. Sin embargo, varias de estas disposiciones perdieron vigencia en breve, y la práctica simplificó el trámite de ingreso a tal punto que por muchos años se eliminó el requisito de la ceremonia especial de incorporación. Con el transcurso del tiempo, se han sucedido en las plazas del Instituto Histórico (convertido luego en Academia Nacional de la Historia) más de una centena de investigadores, hermanados por su común dedicación al pasado peruano. A través de ellos es posible reconocer las características más relevantes de cada una de las generaciones de historiadores de nuestro siglo, teniendo en cuenta que -tal como anota César Pacheco Vélez, citando a Ortega y Gasset-cada generación implica un modo peculiar de ver el mundo, de sentir la existencia e interpretar la historia. 16 Examinando la relación de los presidentes de la corporación, de los miembros de número y de los trabajos publicados en la Revista Histórica, su órgano oficial, es factible extraer conclusiones bastante certeras respecto a la intervención que han tenido diferentes ideologías, tendencias historiográficas e intereses político-económicos en la marcha de este organismo. ta 1946. Además, muchos de los miembros fundadores eran destacados representantes de la corriente positivista en el Perú; tales son los casos de M. H. Cornejo, J. Prado, C. Wiesse y varios otros, a los cuales se agregarían años después eruditos investigadores como Manuel González de la Rosa, Rómulo Cúneo Vidal, Horacio H. Urteaga y Luis Antonio Eguiguren. De otro lado, la dirección de la Revista Histórica estuvo casi todo ese tiempo en manos de Carlos A. Romero, numerario fundador, exponente también del grupo positivista, quien se encargó de dar a luz los tomos I a XVI (entre 1906 y 1943). Para comprender los contornos de notoriedad que alcanzara el organismo en su primera época, es necesario considerar que ésta coincide con lo que puede entenderse como la "primacía del historicismo" en el Perú, que abarca desde los últimos tramos del siglo pasado hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Como bien advierte Pablo Macera, durante el referido lapso la historia significó en nuestro país la ciencia social por excelencia; brindaba un tipo de conocimiento que servía de modelo a las demás disciplinas y del cual se buscaba obtener una herramienta de acción social, una técnica para operar racional y eficazmente sobre el quehacer humano. Se dio entonces una conjunción entre historia y política, se manejó la historia como un instrumento destinado a averiguar las raíces de la formación económico-social del presente y sus proyecciones hacia el porvenir. 18 En medio de ese contexto, el Estado favoreció enormemente el desarrollo de los estudios históricos, sobre todo durante el "oncenio" de Augusto B. Leguía. Tal apoyo se verificó de diversas maneras: por medio de las celebraciones alusivas al centenario de la Independencia y de la batalla de Ayacucho, que ocasionaron la realización de certámenes internacionales; la reestructuración del Archivo Nacional, puesto bajo la dirección de Urteaga a partir de 1919; la fundación del Museo Bolivariano y de repositorios arqueológicos, tanto en la capital como en provincias; la reforma 18 Macera, Pablo: "La historia en el Perú: ciencia e ideología" [1968], en sus Trabajos de historia, Lima, 1977, I, págs. 4-5. En el mismo sentido, Ernesto Yepes opina que durante la fase del segundo civilismo (1895 a 1920) la historia sirvió en el Perú como un razonamiento acerca de la sociedad, explícitamente comprometido con un orden y con el proyecto político de una larvaria burguesía no industrial, especulativa, comercial y agro-exportadora; véase "La investigación de la historia social en el Perú", Historia y sociedad en el Perú del siglo XX, La Molina [Lima], 1978, I, pág. 3. TEODORO HAMPE MARTÍNEZ universitaria de 1928, que aumentó el número de cursos de Historia del Perú, etc. 19 Pero las nuevas corrientes de pensamiento originadas en los países desarrollados de Europa no tardarían en causar su impacto en el Perú. En efecto, y de acuerdo con el planteamiento de Guillermo Lohmann Villena, será decisiva la realización en Lima del XXVII Congreso Internacional de Americanistas (1939) y de la III Asamblea General del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (1941), ya que permitieron a los estudiosos del medio capitalino tomar contacto directo con los modelos del exterior. 20 Tan es así que a partir de los años 1940, como reflejo de las concepciones económico-sociales de la escuela francesa de los Annales, se registrará un movimiento orientado a la revisión de los postulados hasta entonces vigentes en la disciplina histórica, que pasarían a llamarse "tradicionales". En consecuencia, queda relativamente liquidada la primacía del historicismo, y la iniciativa dentro de las ciencias sociales se traslada de la historia a la antropología, primero, y luego a la sociología y la economía. 21 A la vez que las nuevas corrientes doctrinarias ejercían su efecto, principalmente entre los historiadores jóvenes, se hacía más patente la escasa actividad desarrollada por el Instituto Histórico, una entidad de carácter académico-ceremonial y limitada casi exclusivamente a la edición de la Revista Histórica. Esto resultaba tan evidente que, en un discurso de 1950, Lohmann Villena -quien más tarde sería presidente de la entidad-llegó a criticarla airadamente en los términos siguientes: "Pero la vida de una institución no es simplemente la publicación esporádica de un boletín. El Instituto Histórico ha estado sumido en un sueño que le ha mantenido ausente de nuestros grandes acontecimientos conmemorativos, de las controversias nacionales y de la vida corporativa...". 22 Dentro de tales circunstancias, el año 1945 se presenta como una barrera crucial, que determina el fin de la primera época del Instituto. Lohmann Villena, Guillermo: "Los estudios históricos en el Perú en los últimos cincuenta años", Mercurio Peruano, XXV: 282, Lima, set. Sugiere dicho autor que una serie de factores de orden intelectual, político y social facilitaron la permeabilidad de los historiadores peruanos a la nueva escuela histórica francesa: "...el espíritu iconoclasta, la actitud herética, la convicción científica globalizante y la posibilidad de un acercamiento sistemático a las tradiciones culturales nacionales, que permitía y, de alguna manera, promovía la escuela de Annales" (pág. 31). 22 Lohmann Villena: "Los estudios históricos en el Perú", pág. 327. Tomo LV, 2, 1998 no político constituye un sugestivo momento de apertura democrática, permitiendo el acceso al poder del Frente Democrático Nacional, con la candidatura (de ancha base representativa) de José Luis Bustamante y Rivero, y en el ámbito de la cultura marca el florecimiento de la vida institucional. Para empezar, el 22 de julio de 1945 una docena de jóvenes catedráticos y egresados universitarios -reunidos por la diligente iniciativa de Ella Dunbar Temple-suscribían el acta fundacional de la Sociedad Peruana de Historia. Esta, que ha subsistido hasta hoy paralelamente a la Academia, introdujo en aquel momento una renovación en las concepciones científicas; propugnaba, por vez primera, "estimular la profesión de historiador" y marcaba el comienzo del trabajo multidisciplinario en equipo, promoviendo la especialización de los investigadores en áreas específicas de las ciencias humanas. 23 También en 1945 inauguraron sus actividades otras agrupaciones ligadas al cultivo de la historia, como el Centro de Estudios Histórico-Militares y el Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas. Al año siguiente se establecía en la Universidad de San Marcos el Instituto de Etnología, gracias al fecundo impulso de Luis E. Valcárcel. Y en mayo de 1947 quedaba fundado -bajo la conducción de Víctor Andrés Belaunde-el Instituto Riva-Agüero, centro de altos estudios adscrito a la Pontificia Universidad Católica del Perú, dedicado esencialmente a la investigación histórica, arqueológica, lingüística y filosófica. El advenimiento de la segunda época está signado además por un nefasto acontecimiento, el incendio de la Biblioteca Nacional en mayo de 1943, que dejó a la entidad con un par de graves problemas: la falta de local y la destrucción de sus documentos oficiales. Por lo que atañe al primer aspecto, salvo un breve intervalo en el que funcionó en el antiguo colegio de San Pedro, el Instituto careció de sede, debiendo los miembros reunirse en lugares como el Museo Nacional de Historia y las residencias de diferentes directivos, hasta que el 17 de julio de 1963 se tomó posesión de una sala que le fue asignada en la casona de Pilatos, convertida en establecimiento de la Casa de la Cultura. Sin embargo, el problema no ha quedado satisfactoriamente resuelto, y aún persiste la búsqueda de una ubicación más adecuada. De otro lado, el 28 de junio de 1945, al reiniciarse las labores tras el incendio, el prosecretario Salvador Romero Sotomayor informaba sobre la desaparición de los libros de actas -que habían estado a su cargo-como consecuencia del siniestro. 24 Pero, felizmente, "se ha podido recuperar una carpeta con actas y minutas de las sesiones del Instituto Histórico en 1921 y 1922, que se creían perdidas en el incendio de la Biblioteca Nacional y que contribuyen a facilitar la continuidad de las labores", según manifestaba Aurelio Miró Quesada, presidente del organismo, en el discurso-memoria que leyó el 24 de enero de 1964. 25 Este mismo día el académico Luis Alayza y Paz Soldán, refiriéndose a dichas actas, correspondientes al tiempo de la presidencia del general Eléspuru, argumentó "en el sentido de que se publicaran en la Revista de la Academia, ya que constituían un documento de valor para la institución en su segundo decenio". 26 Hasta la fecha, sin embargo, no se ha llevado a efecto esa valiosa propuesta. Desaparecidos físicamente los representantes del positivismo e iniciada una nueva etapa en la existencia del Instituto Histórico, son los exponentes de la generación del novecientos quienes asumirán la dirección. En su obra, en general, está latente una inquietud intelectual de firme sustento patriótico: intentan conseguir la "regeneración" de la patria mediante el estudio paciente y sistemático de su realidad, presente y pasada. En cuanto a lo historiográfico, dicha generación superó criterios mecanicistas del positivismo y se adhirió al neohumanismo espiritualista, dándole mayor animación a la evocación histórica; aportó una visión integral de la historia del Perú, que entendió como una nación mestiza y cristiana, síntesis de lo indígena con lo hispánico. Los miembros de este grupo produjeron una renovación sustantiva en la historiografía patria, y han tenido honda y fecunda trascendencia hasta la actualidad. 27 Los "novecentistas" comienzan a participar en la marcha de la institución desde los primeros años, cuando apenas egresaban de las aulas universitarias. Figuras como Víctor Andrés Belaunde y Felipe Barreda y Laos (1908), 24 Libro de actas del Instituto Histórico del Perú; segunda época (comienza el 28 de junio de 1945), pág. 4. Se trata de un volumen empastado, de 400 páginas, con notas manuscritas de todas las sesiones que ha celebrado la institución desde esa fecha. 25 José de la Riva-Agüero y Juan Bautista de Lavalle (1911), José Gálvez Barrenechea (1919) y Oscar Miró Quesada (1920) se incorporan a la entidad durante sus tres primeros lustros; posteriormente se agregarán Rubén Vargas Ugarte, Luis Alayza, Julio C. Tello y Francisco García Calderón. Sin embargo, la oposición política de casi todos ellos al gobierno de Leguía los obligaría a vivir desterrados del país hasta 1930, por lo menos. Este hecho determinó su alejamiento de los puestos rectores de la vida académica nacional, que permanecieron largo tiempo en poder de las generaciones mayores. En 1946, a la muerte de Mariano Ignacio Prado, que había regido el organismo a lo largo de dos décadas, se hizo cargo de la presidencia Víctor Andrés Belaunde. Pero se mantuvo brevemente en el puesto, ya que -ocupado en múltiples labores diplomáticas e intelectuales-optó por renunciar en enero de 1948, para ser sucedido por el primer vicepresidente, Alayza; éste a su vez traspasó el mando al cabo de 22 meses, en noviembre del año siguiente, a Oscar Miró Quesada. Bajo la gestión de Racso, el ilustre periodista, escritor y hombre de ciencia, la institución recobró impulso, consiguiéndose en 1952 un incremento en el apoyo económico del Estado, que pasó de 500 soles (monto vigente desde la fundación) a 4.000 soles anuales. 28 Tocóle a Miró Quesada organizar la conmemoración del cincuentenario del Instituto, que se efectuó el 27 de diciembre de 1955 en un acto solemne en el auditorio de la Biblioteca Nacional, en presencia del ministro de Educación Pública y otras autoridades del ramo; el discurso de orden estuvo a cargo de Alberto Tauro, quien disertó sobre la enseñanza y la investigación histórica en el primer siglo de la República. La generación del Centenario (o de la Reforma Universitaria), surgida alrededor del famoso Conversatorio sanmarquino de 1919, evidencia -como puntualiza con acierto Macera-un cambio en la composición social de la historiografía peruana: los grupos de poder tradicionales son sustituidos por capas medias. Esto queda claro, por ejemplo, en los casos de Raúl Porras Barrenechea (proveniente de una familia aristocrática pero empobrecida), Jorge Guillermo Leguía, Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre, que estuvieron entre los principales animadores de aquel Conversatorio. 29 En su obra de investigación, que nace bajo cierto matiz socialista, se aprecia una inquietud más explícita por estudiar los factores econó-28 Acta de la junta directiva del 9 de julio de 1952, en Libro de actas del Instituto Histórico del Perú, pág. 68. 29 Macera, Pablo: "La historia en el Perú", págs. 7-8, y "Explicaciones", en sus Trabajos de historia, Lima, 1977, I, pág. XXV. TEODORO HAMPE MARTÍNEZ micos y hay un avance en el rigor heurístico e interpretativo; al mismo tiempo, comienza la formación de escuelas históricas, con una dedicación más exclusiva a esta disciplina. 30 Debido a lo novedoso de sus planteamientos, empero, el grupo de la Reforma no encontró cabida en el Instituto Histórico más que a partir de la segunda época. Aunque un par de representantes "de avanzada" como L. A. Sánchez y L. E. Valcárcel se habían incorporado ya en 1928 y 1932, respectivamente, sólo desde 1945 empieza a ingresar el grueso de esta generación. Entonces quedan integrados, uno tras otro, Porras, Basadre, Manuel Moreyra, Aurelio Miró Quesada -estos dos últimos distanciados de los postulados originales del grupo reformista, pero se vinculan a él cronológicamente-, Emilio Romero, Alberto Ulloa, José Luis Bustamante y Rivero. El grupo innovador del Conversatorio alcanzó la presidencia de nuestro organismo en julio de 1956, por intermedio de Jorge Basadre, quien habría de mantener el cargo por espacio de seis años, en lo que representa sin embargo una fase de relativamente escasa actividad. No obstante que los primeros estatutos se mantenían vigentes desde la fundación en 1905, el Instituto Histórico había experimentado con el paso del tiempo una serie de modificaciones en su estructura. Primeramente, muy pronto cayó en desuso la disposición referente a los miembros natos, que dejaron de ser incluidos. En cuanto a atribuciones, se restringió en 1911 la directa injerencia que el Instituto tenía sobre la administración del Museo de Historia Nacional, que quedó limitada a la tarea de inspección; veinte años después, cuando se reorganizó la política cultural de la República, dicho Museo obtuvo plena autonomía. 31 Por otra parte, el 25 de julio de 1920 el Instituto era reconocido como correspondiente por la Real Academia de la 30 Es un hecho evidente que el oncenio de Leguía, que marca el fin de la llamada República Aristocrática, significa una ruptura en el desarrollo político peruano. Se produce entonces el ingreso al escenario del poder de nuevas fuerzas sociales, como las clases medias y obreras, hecho que conlleva la formulación de alternativas ideológicas, encaminadas a transformar en plazo más o menos breve la estructura de la sociedad. Dentro de este contexto surgen, pues, el pensamiento socialista de Mariátegui y el aprista de Haya de la Torre, con su respectiva incidencia en el quehacer historiográfico. Véase Caravedo Molinari, Baltazar: "La investigación histórica en el Perú: contexto social y lineamientos teóricos", Cuadernos del Consejo Nacional de la Universidad Peruana, 20/21, Lima, ene.jun. Tello y Mejía Xesspe: "Historia de los museos nacionales...", págs. 181-189. Tomo LV, 2, 1998 Historia de Madrid, encargándose entonces la presidencia a Felipe de Osma y Pardo, dado que era el más antiguo de los miembros corresponsales de la Academia madrileña en el Perú. Se decidió inclusive reducir progresivamente la cantidad de plazas de número a dieciocho, a fin de igualarse con la corporación española, pero tal medida no llegaría a tener efecto. Una resolución suprema emanada del Ministerio de Educación Pública el 24 de diciembre de 1962 aprobó los nuevos estatutos de la institución, derogando los que estaban en vigor desde principios de siglo. Dicho texto, que había comenzado a prepararse durante la administración de Basadre, señala en su artículo 1o que "el Instituto Histórico del Perú [...] es la Academia Nacional de la Historia, que tiene por objeto cultivar y promover el estudio de la historia patria y de los problemas conectados con las ciencias históricas". 32 Tal cambio de denominación sería confirmado mediante un decreto supremo del 18 de setiembre de 1964, suscrito por el Presidente Fernando Belaunde Terry, que reconoce el moderno apelativo de Academia Nacional de la Historia (Instituto Histórico del Perú). Entre los cometidos encargados al organismo a través de los nuevos estatutos (art. 2o) figuran los siguientes: (1) reunir y organizar materiales, éditos e inéditos, de interés para la historia del Perú y hacer que éstos sean conservados en sus originales o copias; (2) publicar colecciones de fuentes documentales, obras raras o inéditas que contribuyan a divulgar y esclarecer la historia nacional; (3) cuidar la fidelidad de los textos de Historia del Perú, pudiendo presentar observaciones para que el Estado, mediante sus órganos competentes, adopte las medidas tendientes a dicho fin; (4) proporcionar los informes que le soliciten los poderes del Estado; (5) supervigilar los archivos y museos del país; (6) intervenir con su dictamen en la nomenclatura de las calles y plazas de la República. En cuanto a los académicos, quedó oficializada la supresión de los miembros natos y se ratificó el límite de treinta numerarios -profesionales con residencia habitual en Lima-, volviéndose a insistir en el requisito del discurso de incorporación, si bien el plazo respectivo se amplió a los seis meses siguientes a la elección. Dentro de la tercera época del organismo, que se prolonga hasta nuestros días, destaca nítidamente la gestión realizada por Aurelio Miró Quesada. A nivel interno, el proyecto de nuevos estatutos había sido aprobado en la junta general del 12 de diciembre de 1962; cf. Libro de actas del Instituto Histórico del Perú, págs. 100-113. TEODORO HAMPE MARTÍNEZ nológica se le puede considerar epígono de la generación del Centenario, llevó adelante las gestiones oficiales encaminadas a brindar nueva fisonomía a la entidad, y fue elegido primer presidente de la Academia Nacional de la Historia el 25 de enero de 1963. Desde entonces, y durante exactamente cuatro años, desarrolló una profusa actividad, contribuyendo eficazmente a elevar el prestigio de la corporación; las sesiones se efectuaron a ritmo intenso, las plazas de número estuvieron enteramente cubiertas, se aplicó la obligación de realizar ceremonias especiales para incorporar a los nuevos académicos, la Revista Histórica apareció regularmente cada año y -como ya hemos adelantado-se consiguió un local propio. Además, del 15 al 24 de setiembre de 1965 tuvo lugar el Congreso sobre el Mestizaje, donde intervinieron numerosos estudiosos nacionales y extranjeros, en conmemoración del sexagésimo aniversario de la fundación del Instituto Histórico. En 1967, con el acceso de Guillermo Lohmann Villena a la presidencia, se inaugura el predominio de la llamada generación de la Sociedad Peruana de Historia en la vida institucional. Los integrantes de esta generación -conocida también con el renombre de "clausurada"-realizaron su formación universitaria en los años siguientes a la caída de Leguía, época caracterizada por la supremacía política de militares y conservadores, lo cual habría de generar en ellos la presencia de criterios y valoraciones tradicionales al estudiar el pasado, así como un retraimiento instrumental (heurístico), manifestado sobre todo en trabajos de índole bibliográfica y documental. 33 Miembros de la Sociedad Peruana de Historia han participado desde jóvenes en el seno de la Academia, publicando trabajos en la Revista Histórica y ocupando plazas de número; tal es el caso de G. Lohmann, A. Tauro y E. D. Temple, que fueron incorporados entre 1946 y 1948. 34 Algunos años más tarde ingresarían también a las filas académicas otros fundadores y miembros de los años iniciales de la Sociedad, como Jorge C. Muelle (1955), José A. de la Puente Candamo (1960) y Bolívar Ulloa Pasquette (1963). Los doce años del mandato de Lohmann Villena, de 1967 a 1979 -en coincidencia casi exacta con el gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas-, significan una de las etapas de mayor inacción en la historia del organismo. A partir de entonces faltó casi absolutamente el apoyo estatal. Pese a todo, en dicho lapso se incorporaron varios investigadores pertenecientes a las más jóvenes generaciones de la historiografía nacional, configurando de este modo la actual estructura de la Academia. Aquí distinguimos la sólida presencia de la denominada generación del medio siglo, cuyos integrantes -repartidos entre los claustros de la Católica y San Marcoshan tratado de superar la clásica historia narrativa, de sucesos políticos y militares, incluyendo esquemas de análisis económico y social. 35 Al lado de historiadores propiamente dichos, pertenecen a la generación del medio siglo varios antropólogos y arqueólogos. Sus primeros representantes -César Pacheco Vélez, Carlos Deustua Pimentel, José Antonio del Busto-empezaron a colaborar en la Revista Histórica a mediados de la década de 1950, e ingresaron como miembros de número en nuestra corporación a partir de 1967. Por otra parte, también han llegado a incluirse contribuyentes de las más jóvenes y radicales tendencias historiográficas, con una orientación de base inicialmente marxista, aportando modernos métodos de investigación, nuevos temas y enfoques interpretativos. Aquí se comprenden las tendencias de la etnohistoria andina, la historia social y económica y la perspectiva de las mentalidades, que pueden verse representadas a través de Franklin Pease G. Y. (desde 1980), Scarlett O'Phelan Godoy y Fernando de Trazegnies Granda (desde 1995), respectivamente. 36 Gracias al impulso de Félix Denegri Luna, elegido para la presidencia el 15 de junio de 1979, la Academia Nacional de la Historia reanudó sus tareas después de un prolongado letargo. Por lo menos en los inicios de su gestión, Denegri se mostró empeñado en reanimar la vida institucional de diversas maneras: cubriendo parcialmente las numerosas plazas vacantes, reiniciando la publicación de la Revista y organizando el coloquio internacional "Túpac Amaru y su tiempo", que se llevó a cabo en las ciudades de Lima y Cuzco en 1980, por el bicentenario de la gran rebelión andina. Asimismo, cabe anotar que el 31 de octubre de 1980 se celebró el 75o ani- TEODORO HAMPE MARTÍNEZ versario de la fundación del Instituto Histórico, en una sesión pública realizada en el Museo Nacional de Historia, con asistencia del Presidente de la República y de otros prominentes dignatarios (y donde el académico José A. de la Puente Candamo tuvo a su cargo la disertación central). Una nueva etapa en la trayectoria institucional se ha abierto el 13 de julio de 1995 con la elección del mencionado catedrático de la Universidad Católica, J. A. de la Puente Candamo, para el cargo de presidente. Se trata de un reconocido investigador de nuestro período de la Independencia, por larguísimos años director del Instituto Riva-Agüero, donde ha sido forjador de varias generaciones de historiadores noveles y ha defendido tenazmente la idea del ser mestizo de la nacionalidad peruana. 37 Sobre sus hombros recae la responsabilidad de asegurar el mantenimiento de la augusta corporación y guiarla hacia el umbral del tercer milenio. En total, son 110 los miembros de número que han pertenecido a la Academia Nacional de la Historia en sus noventa años de funcionamiento (cuya nómina puede verse en el Apéndice, infra). De ellos, por lo que atañe a su profesión, la mayoría han sido abogados, aunque también ha habido bastantes diplomáticos, economistas, funcionarios, educadores e ingenieros, así como sacerdotes y militares; por cierto que la dedicación exclusiva a la historia, concebida como tarea profesional, es un fenómeno únicamente de los años más recientes. Al seno de la institución se han integrado tres mujeres, brillantes investigadoras del pasado andino prehispánico y colonial, que son Ella En cuanto a la permanencia dentro de la institución, los contrastes son tanto o más pronunciados. Mientras que hubo tres miembros fundadores -Teodorico Olaechea, José Román de Idiáquez y Manuel Jesús Obín-que no completaron siquiera un año en el puesto (fallecieron a los dos, cinco y siete meses de su designación, respectivamente), se ha dado el caso de Luis Alberto Sánchez, el prolífico escritor y político aprista, que conservó su asiento durante 66 años: prácticamente toda una vida. Otros miembros que se han mantenido largo tiempo dentro de la Academia son Felipe Barreda y Laos (65 años), Oscar Miró Quesada (61 años), Juan Bautista de Lavalle (59 años), Víctor Andrés Belaunde (58 años) y Luis E. Valcárcel (55 años). Revisando la lista de miembros de número, se observa la reiteración de determinados apellidos, de conocida prosapia limeña, como demostración de cercanos lazos de parentesco. Efectivamente, entre Eugenio y Carlos Larrabure, Luis y Bolívar Ulloa, Nemesio y Rubén Vargas, se da una vinculación paterno-filial. Además, no faltan las relaciones entre hermanos (como Javier y Mariano I. Prado), entre sobrino y tío (Aurelio y Oscar Miró Quesada), entre nieto y abuelo (los homónimos José Agustín de la Puente), entre primos hermanos, etc. Tal complejo de redes familiares ilustra bien claramente la existencia de un núcleo reducido, una élite intelectual, que es la que en gran parte ha llevado adelante los estudios históricos y la vida académica en el Perú republicano. Hemos efectuado, pues, un recuento de los personajes y los hechos más relevantes en la vida de la Academia Nacional de la Historia, a lo largo de sus noventa años de existencia. Se percibe que los valores fundamentales de su obra consisten en haber editado la Revista Histórica, importantísima fuente de consulta para toda clase de investigaciones acerca de la historia peruana, y en haber congregado a muchos de los más notables TEODORO HAMPE MARTÍNEZ Anuario de Estudios Americanos exponentes del quehacer histórico en el país. Sin embargo, como siempre ocurre con este género de corporaciones, se puede discutir bastante en torno a la ausencia -y presencia-en la Academia de variados personajes, tanto de ayer como de hoy. Por lo que se refiere a los ya fallecidos, podemos señalar con lástima la falta de estudiosos como Germán Leguía y Martínez, Pedro Dávalos y Lissón, Jorge Guillermo Leguía, entre otros. En cuanto a los de la actualidad, la lista podría alargarse notablemente, pero bastará con mencionar el ejemplo de Pablo Macera, el maestro sanmarquino, autor de fundamentales trabajos sobre la vida económica, social y artística de la Colonia, cuyo nombre fuera postulado en 1970 por Guillermo Lohmann, entonces presidente de la institución, para ocupar una plaza de académico; la propuesta, sin embargo, no obtuvo acogida. 38 Con miras al futuro, será pertinente insistir en que sólo abierta a diferentes corrientes de pensamiento, y desarrollando plena actividad en la docencia y la investigación, se constituirá la Academia Nacional de la Historia en lo que efectivamente le corresponde ser: el principal cuerpo dentro de los estudios históricos en el Perú. No estará demás añadir unas someras reflexiones sobre el carácter de la historiografía nacional. Es evidente que en el correr del siglo XX ha habido progresos en cuanto a la metodología y complejidad del análisis, buscando dar mayor profundidad a la comprensión de los fenómenos históricos; pero también es cierto que aún falta remediar algunas serias deficiencias. En primer lugar, la excesiva inclinación monográfica ha impedido realizar trabajos de síntesis, obras situadas en un plano intermedio entre los textos elementales y la investigación erudita, que ofrezcan una visión global, panorámica, de la historia patria. Igualmente, hacen falta esquemas interpretativos surgidos de nuestra propia realidad, pues lo constante ha sido la importación de (y la dependencia respecto a) herramientas teóricas originadas en otros países, cuya aplicación en el medio local resulta muchas veces discutible. Y de la moderna proliferación de entidades culturales, tanto públicas como privadas, habrá que esperar -ojalá-la formación de auténticas escuelas, equipos de trabajo, grupos de investigadores vinculados por una inquietud científica común.
Los banqueros de los Austrias y el destino de los tesoros ultramarinos siempre han sido atractivos para los historiadores que, desde los trabajos pioneros de Carande y Domínguez Ortiz, han seguido profundizando y ampliando el tema. Es cierto que estos trabajos desvelan la importancia de las remesas americanas para algunas épocas de esplendor de la monarquía hispana y que dan a conocer una serie de nombres en relación con la hacienda Real. Pero también lo es que se necesitaba un estudio sistemático y seriado de la llegada de cada una de esas remesas durante el reinado de Felipe IV, que determinara la incidencia que tuvieron en los acontecimientos europeos, así como noticias de los agentes receptores de dichas remesas -banqueros y hombres de negocios-de los que apenas existen otros datos que no sean los de su relación con la Hacienda. Poco se conocía de sus personas, de sus negocios de carácter privado o de las redes familiares en las que se movían. Estas dos lagunas historiográficas es lo que vienen a cubrir los dos libros que reseñamos. Basándose en una amplia documentación de Simancas, del Archivo General de Indias, del de Protocolos de Madrid y de varios archivos públicos y privados de Génova, se consiguen dos obras sólidas y complementarias. En la primera, fruto maduro de su tesis doctoral, el autor se pregunta cómo es posible la coincidencia de dos hechos que necesariamente tienen que ser contrapuestos: la aparente disminución de la llegada de metales y la política expansiva de Olivares. Para hacer frente a este dilema, Álvarez Nogal se propone averiguar qué cantidades llegaron para el Rey y cómo se efectuó la distribución de esos fondos; es decir, establece conexiones concretas entre los principales agentes del sistema financiero y las remesas de plata americana. Para ello se recogen no sólo las cantidades que se entregaron a cada uno de los acreedores sino también el ritmo de esas entregas y los criterios establecidos para el pago. En los distintos capítulos del libro se van relacionando los acontecimientos políticos internos y externos con la llegada de metales preciosos, en los que se puede observar cómo los peores resultados de las actividades políticas coinciden con el retraso de las flotas a las que la Hacienda Real tuvo que destinar un fuerte presupuesto a través de la administración de la avería, negocio siempre ruinoso tanto en manos públicas como privadas. Es importante señalar que, después del pago de créditos, el gasto más elevado de la Real Hacienda en tiempos de Felipe IV fueron los gastos de la avería. Alto precio que hubo que pagar por el trasporte de la plata, cuya escasez fue determinante de la crisis de la monarquía. Desde que Hamilton y Chaunu pusieron de manifiesto, con cifras concretas, la grosedad de las importaciones y exportaciones americanas, nadie duda de la autoridad que Sevilla tuvo en el concierto económico de la monarquía de los Austrias. La bibliografía reciente, que ha sido generosa en estudios sobre el comercio atlántico, sobre la Hacienda Real o sobre los créditos concedidos a la corona, ha olvidado, sin embargo, a los hombres que movían los hilos de todo ello. En el segundo de los libros que reseñamos se presentan los principales banqueros de Felipe IV a través del papel que desempeñaron como acreedores de la Casa de la Contratación y se pone de manifiesto el trato de favor que tuvieron algunos de ellos. Nombres de distinguidos genoveses, portugueses y alemanes aparecen en esta obra, siempre acompañados de otros menos conocidos que actuaron en Sevilla. Relaciones de nombres y de cantidades de plata cobradas desde 1621 a 1665 así como árboles genealógicos de los más importantes "hombres de negocios" del momento complementan el trabajo. Carlos Álvarez, joven investigador que viene pisando fuerte en el campo de la historia económica, después de muchas horas de archivo, ha trabajado duro para sacar a la luz dos importantes obras en un plazo muy corto. Tienen ambas la virtud de tener muy presente la trascendencia que para el desarrollo del reinado de Felipe IV tuvieron las remesas de plata americana, no tanto por la cuantía de los ingresos como por el valor cualitativo de la plata. Y tienen también el mérito de contemplar la dimensión americana de la Historia de España, casi siempre olvidada, lo que para los americanistas tiene, sin duda, un valor añadido.-ENRIQUETA VILA VILAR. Baudot, Georges, y María Águeda Méndez: Amores prohibidos, la palabra condenada en el México de los virreyes. Siglo XXI ed., México, 1997, 282 págs. Los especialistas en literatura conocen de sobra cuán difícil es definir "lo popular", pero también y ante todo descubrir sus expresiones del pasado que, por haber prescindido las más de las veces de la escritura y totalmente de la imprenta, casi siempre han desaparecido. Los dos autores de este libro han tenido la afortunada idea de buscarlo en los archivos de la Inquisición mejicana a lo largo de un período clave y de gran dinamismo en la historia americana, esto es desde comien- Anuario de Estudios Americanos zos del siglo XVIII hasta la víspera de la Independencia. En efecto, con motivo de los procesos incoados por el Santo Oficio, éste recibió, copió o embargó, en circunstancias a veces rocambolescas que el libro refiere, una cantidad enorme de poesías de naturaleza muy diversa y cuya finalidad no era, de manera evidente, ser publicadas dado su carácter licencioso, contestatario o heterodoxo. Son obras de autores desconocidos, a menudo sencillas víctimas de la maquinaria inquisitorial para quienes la literatura distaba muchísimo de ser una preocupación: militares, comerciantes, empleados, artesanos, funcionarios, sacerdotes y frailes. Hace algunos años, ambos autores ya habían publicado varios artículos en los que daban sabrosos anticipos de su investigación. Aquí han reunido miles de versos, los más de ellos octosílabos, de vena erótico-burlesca. Si bien no suelen ser manifestaciones realmente heterodoxas y por lo tanto inquisitorialmente condenables, se trata eso sí de la expresión rebosante de vida y gracia, según los compiladores, de una "jubilosa y desenfadada falta de respeto hacia los mandamientos de la religión y hacia su reflejo social". Los inquisidores esperaban así perseguir eventuales desviaciones ideológicas, poner fin a la efervescencia descontrolada de la expresión y reducir en lo posible los desbordamientos de las conductas festivas. En realidad, nos permiten conocer hoy un poco mejor los temas y los mecanismos de la imaginación popular que parecen haberse tomado cada vez más libertad conforme iba avanzando el siglo y se cuestionaba de manera siempre más atrevida y sin rubor la norma social bajo todas sus formas. La obra se subdivide en dos partes. La primera reúne en dos capítulos (bailes, jarabes y sones por una parte, coplas, cantos, cantinelas y sainetes, por otra) una producción en general anónima, cantada y a menudo bailada durante las fiestas públicas y sobre todo privadas por su carácter algo particular. Los nombres son tan curiosos como evocadores del contexto: chuchumbé, pan de manteca, garbanzos, perejiles, chimisclanes, lloviznita, paterita, tiranas, sacamandú, merolico, catacumba, bergantín, mambrú, etc... Dichas letras van acompañadas de una presentación y de notas importantes a la vez desde un punto de vista histórico, literario y lingüístico, que echan una luz muy sugerente sobre su naturaleza festiva. Hay que añadir que, a lo largo de todo el libro, los autores se divierten también y juegan con el lector mediante una erudición envuelta en un falso candor que no es el menor atractivo de esas páginas. La segunda parte de la obra (capítulos 3, 4 y 5) ofrece poemas de otra naturaleza, ya que se trata de composiciones embargadas o reconstituidas con motivo de procesos individuales y cuyos autores fueron identificados. G. Baudot y M. A. Méndez examinan primero las causas de amores clericales. Ejemplifican así de manera muy concreta los problemas de la solicitación de los confesores, fenómeno bien conocido pero sólo, en general, a partir de testimonios aseptizados, que surgen aquí en toda su espontaneidad y a veces su humana crudeza, pero sin caer jamás en lo vulgar o lo morboso. Las consideraciones extraídas de los expedientes de los que han sido entresacados los poemas son asimismo muy sugerentes desde varios puntos de vista. En particular, más allá de lo anecdótico o de lo literario, el historiador social encontrará materia para reflexionar, por ejemplo, sobre la inserción de los eclesiásticos de aquella época en su siglo. El capítulo cuarto los abandona para dedicarse a sus feligreses, presas de amores apasionados, lascivos o burlescos y que se expresaban a través de décimas descabelladas, de coplas vengativas o retóricas, a veces de sonetos satíricos más cultos, según los accidentes de la vida, por no hablar de las curiosas y muy instructivas Décimas de las prostitutas de México embargadas en 1782 y que brindan un retrato personalizado de las especialidades y jerarquías del gremio en la capital novohispana. La antología acaba con un capítulo dedicado a amores místicos bien poco ortodoxos y hasta heréticos en sus fórmulas y propuestas, que los excesos de una piedad extraviada, entreverados con los de una pasión desbordante, llevaban a caminos a veces extraños y que ya no eran sino lejanísimos y monstruosos avatares de la poesía mística de los siglos anteriores. Como se ve, este libro de lectura extremadamente agradable pero siempre de un gran rigor científico y de una erudición sin falla, concierne a públicos muy diversos. Sin duda alguna se convertirá en poco tiempo en una obra de referencia tanto para los historiadores de las mentalidades y de lo social como para los analistas de la producción literaria.-BERNARD LAVALLÉ. Brotherston, Gordon: La América indígena en su literatura. Los libros del Cuarto Mundo. Palabras liminares de Miguel León-Portilla. Fondo de Cultura Económica. Un libro como el que vamos a comentar solamente podría ser obra de madurez de un erudito de la talla de Gordon Brotherston, profesor de Literatura en el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Indiana, en Bloomington y catedrático de la Universidad de Essex; incluso podría decirse que era previsible que llegase a darle forma, como uno de los textos más complejos y de mayor interés que es posible tener en las manos en la actualidad, sobre un tema tan particular como es el de la esencia de lo indígena en la visión literaria americana: indicios de este libro se hallaban ya en algunos de los escritos de este profesor que, con agudeza poco común, había tratado temas de ese carácter en su extensa bibliografía durante los últimos treinta años. La originalidad y complejidad del libro de Brotherston proviene de muchos de sus planteamientos, empezando por el concepto de Cuarto Mundo aplicado al continente americano; siguiendo por la nomenclatura que utiliza para designar áreas que desde la ortodoxia académica de la arqueología y la etnología son conocidas por otros nombres desde hace mucho tiempo. Se comprende que las críticas Anuario de Estudios Americanos puedan lloverle frente a nombres como un circuncaribe que poco tiene que ver con el área diseñada por Steward, o como "Gran México e Isla Tortuga" o el área "más allá de Tahuantinsuyu". En esa primera parte a la que titula Texto, analiza el lenguaje y sus formas como códices, glifos mayas o quipus andinos; pero igualmente las Configuraciones del espacio real como mapas topográficos o como planos simbólicos; y las Configuraciones del tiempo en las que incluye calendarios y sistemas cronológicos indios así como sus correlaciones. Las partes II y III tienen que ver con proyecciones diacrónicas de la historia de los hombres y sus formaciones políticas y la génesis mítica de varias de las áreas culturales que ha definido en la primera parte del libro. La IV parte viene a ser el camino inverso o la "traducción" de mitos provenientes de los otros mundos, en el lenguaje del Cuarto Mundo. El epílogo del libro de Brotherston es el palimpsesto americano en el que enlaza todo el discurso identificador del Cuarto Mundo con sus versiones en el arte, la poesía y la filosofía contemporánea; pero en el trasfondo de todo el libro late una idea unitaria que, pienso yo, es la idea más débil o más discutible de todo el texto. Sin desear hacer un fácil paralelo con el "pensamiento único" que parece dominar el mundo occidental en este momento, yo diría que ese intento de buscar la unidad en el lenguaje del Cuarto Mundo viene a ser como una obsesión del cientificismo occidental, un unitarismo que huye del caos y de la heterogeneidad, que en mi opinión se halla en el núcleo más duro del cartesianismo y que, afortunadamente, está abandonándose precisamente en este momento incluso por las ciencias más "duras", en favor de un mundo heterogéneo que asegura la variedad como algo que enriquece el mundo aun aparentando un caos que, en el fondo, no es otra cosa que la expresión de nuestra incomprensión o nuestra ignorancia. Eso no obstante, es evidente que la variedad de lenguajes que apreciamos en América tienen un indudable aire de familia, que favorece un pensamiento unitarista como el de Brotherston en este libro tan lleno de originalidad y puntos de vista tan inéditos que, aunque sólo fuese por eso, merecería todo nuestro entusiasta aplauso.-JOSÉ ALCINA. Castañeda Delgado, Paulino, e Isabel Arenas Frutos: Un portuense en México: Don Juan Antonio Vizarrón, Arzobispo y Virrey. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, Biblioteca de Temas Portuenses, 1998, 323 págs., 11 apéndices documentales, 5 ilustraciones. La doble autoría de este libro es el resultado de dos trabajos iniciados por separado y que tenían como vínculo su dedicación al mismo personaje: Juan Antonio Vizarrón (El Puerto de Santa María, 1682-Ciudad de México, 1746). Estas investigaciones de P. Castañeda (Don Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, arzobispo de México, 1730-1747) e I. Arenas (Don Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, virrey de la Nueva España (México), 1734-1740) se presentaron al Premio de Investigación "Juan de la Cosa" convocado por el Excmo. Ayuntamiento portuense en 1996, y el jurado decidió darles el premio ex aequo y hacer una publicación conjunta sobre este personaje en su doble faceta eclesiástica y civil, durante su estancia en México en el siglo XVIII. La obra muestra dos partes bien diferenciadas y que deben verse separadamente. P. Castañeda se centra en el tiempo en que este clérigo ocupó el arzobispado, de 1730 a 1747, pero su trabajo incluye tres capítulos iniciales sobre los antepasados del biografiado, remontándose a territorios no andaluces, para dedicarse luego a los padres de Vizarrón y su arraigo en El Puerto, donde la familia adquirió ejecutoria de hidalguía y hábitos de las órdenes de Alcántara y Calatrava. La entidad biográfica de estos capítulos quizás hubiera merecido una primera parte separada, previa al estudio del período arzobispal. Castañeda demuestra su experiencia investigadora y conocimiento de los temas eclesiásticos en esta Parte I: diferencia la etapa de la elección y toma de posesión (1732), que sigue con detalle en todo su proceso documental y oficial paralelo al paso a América del nuevo arzobispo, hasta su entrada solemne en la capital mexicana. Dedica atención a las tareas y preocupaciones del prelado, con aspectos como el impulso del Seminario y cuidado de la catedral, junto a cuestiones económicas polémicas como diezmos, aranceles o el subsidio de dos millones de pesos que debían sacarse de las rentas eclesiásticas para las necesidades de la Corona; todos ellos llegarían a provocarle problemas y tensiones de diverso tipo. También atacó otro tipo de cuestiones como el matrimonio de los funcionarios con habitantes de México (pese a las prohibiciones), la administración del monasterio de la Virgen de Guadalupe, o la cooperación y ayuda religiosa durante la epidemia de matlalzáhualt. Es conocida su generosidad, al donar en su testamento a la catedral de Sevilla los doce "vizarrones" (candelabros de plata de su tamaño) o dotando capellanías y novicias pobres. La II parte -escrita por I. Arenas-se centra en los años 1734-1740, con lo cual coexiste con el período arzobispal. Conecta con la figura del arzobispo-virrey (que la autora comenta en la pág. 191), designada por la Corona ante momentos de emergencia, provocados en este caso por la muerte del virrey marqués de Casafuerte. Pero, contra lo que pudiera esperarse, Vizarrón afrontó el gobierno con energía y sin eludir los problemas, convirtiéndose en un auténtico virrey. Arenas recoge con detalle en sus capítulos los problemas de orden público, describiendo las "guerrillas" (enfrentamientos entre capitalinos de distintos barrios), las dificultades de abastecimiento, con sus secuelas de hambre y carestía, y las malas consecuencias provocadas por la difusión del pulque como bebida alcohólica popular. Otro bloque temático eran las cuestiones administrativas y financieras. Vizarrón no las rehuyó, reformando la Audiencia de México y la Casa de la Moneda, preocupado por mejorar la minería y enviar remesas más altas de metales preciosos al Rey. Sin descuidar la defensa del virreinato, ante la importancia geopolítica que Hispanoamérica adquiría en las relaciones entre las naciones europeas. A través de ellos, la autora nos da una visión detenida de la época de Felipe V en la Nueva España. Es interesante el cap. VIII de esta parte, dedicado al juicio de residencia, documento que recoge el proceso al que se sometía a las autoridades indianas al final de su período de gobierno. Se trata de un texto rico en contenido, que se maneja como fuente importante, mejorando mucho el conocimiento de la labor del virrey-arzobispo. Se trata, por tanto, de una obra bien escrita, que contribuye a ampliar nuestro conocimiento del México Borbónico, teniendo como hilo conductor al portuense Don Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta.-M.a JUSTINA SARABIA VIEJO. García de los Arcos, María Fernanda: Forzados y reclutas: los criollos novohispanos en Asia (1756Asia ( -1808)). S.A. de C.V., Colección Historia, Ciudad de México, diciembre de 1996, 338 páginas, 16 ilustraciones, apéndice documental, índices analítico y de ilustraciones. En este libro, la doctora García de los Arcos avanza en una de sus líneas de investigación que se centra en el archipiélago filipino durante la época colonial y de la cual son clara muestra sus libros La Intendencia en Filipinas (Universidad, Granada, 1983) y Estado y clero en las Filipinas del siglo XVIII (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1989), junto a una serie de artículos y capítulos de libros. Con esas premisas surge esta publicación, centrada en el mundo militar, dando un promedio anual de unos doscientos hombres jóvenes que cruzaban el Océano Pacífico desde el virreinato mexicano para formar parte del ejército español destinado en las Filipinas y que en las fechas estudiadas ya eran denominados mexicanos, criollos mexicanos, españoles americanos y guachinangos (palabra de origen nahuatl, más popular que peyorativa, que se daba a los oriundos del centro de México), además de simplemente españoles. Por tanto, es más un estudio de esta migración que de los aspectos militares implicados en el tema, al referirse a la siempre difícil presencia española en estas Islas, con un ejército de mayoría malaya y oficialidad española. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LV, 2, 1998 La obra está dividida en una introducción, siete capítulos, consideraciones finales y un apéndice de siete documentos. El capítulo I es una acertada mise en scène de esa inestable organización hispanofilipina, a la que la autora no duda en denominar "una colonia violenta". Agitadas por las repercusiones de los problemas europeos y por sus propios conflictos, en los que las sublevaciones de musulmanes, chinos y malayos dieron lugar a una frontera móvil, no sólo en el Sur -que se mantendría sin someterse hasta la segunda mitad del XIX-sino en las islas oficialmente ocupadas, en cuyas regiones interiores pervivían grupos étnicos ajenos a la presencia española, que nunca llegó hasta ellos, las Filipinas constituían un problema que se afrontaba desde la Nueva España, al depender política y militarmente de este virreinato. El núcleo del libro lo constituyen dos partes internas: la primera (capítulos II a V) sigue el viaje de ida desde México, partiendo del reclutamiento; la segunda (capítulos VI y VII) se centra en la distribución y el asentamiento de estos soldados, su relación con los filipinos y su arraigo allí o regreso a Nueva España o a la metrópoli, en el caso de los peninsulares (o europeos, según la autora). Puede observarse una descompensación entre ambas partes, que viene dada por las propias fuentes y quizás por las mayores dificultades para rastrear la vida militar y cotidiana de esos soldados. Resulta mucho más ilustrativa la lectura de este libro en temas como el reclutamiento, distinguiendo entre los voluntarios, los reos y los veteranos y sus orígenes, aunque viendo entre líneas las matizaciones que planteaba cada uno de esos grupos, que llegan a aportar el encabezamiento del título del libro: Forzados y reclutas. Quizás el capítulo V, que recoge la otra presencia -de los europeos-en estas remesas, debería ir antes del capítulo IV, dedicado al traslado y embarque desde la capital mexicana, con el papeleo, los gastos y el revuelo que siempre causaba el movimiento de tropas hasta Acapulco, puerto esencial para el contacto transpacífico. Los capítulos VI y VII parten del ordenamiento militar en las Islas; así, Manila, Tondo, Cavite y Mindanao serán las receptoras de esos hombres en sus diversas instituciones y cuerpos. De nuevo la autora profundiza en la relación y las dificultades de estos guachinangos frente a la sociedad filipina, ya que su aparente superioridad de españoles y militares se veía limitada por su escasez de medios. Otros temas eran las deserciones para buscar trabajos más lucrativos o por distintos motivos y, por supuesto, las muertes por enfermedad o en combate, a las que la doctora García de los Arcos dedica un apartado recogiendo los problemas para hacer un estudio profundo sobre la tasa de mortalidad. Las consideraciones finales muestran el talante de investigadora rigurosa de la autora. Más que conclusiones, el libro plantea dudas y nuevas hipótesis sobre estos migrantes vinculados al ejército, además de recoger las aportaciones contrastadas. Estamos, por tanto, ante otro libro que va llenando la laguna historiográfica sobre Filipinas colonial.-M.a JUSTINA SARABIA VIEJO. Garrido Aranda, Antonio (comp.): Pensar América. Cosmovisión mesoamericana y andina. Ayuntamiento de Montilla-Caja Sur. Convocado como VI Jornadas del Inca Garcilaso, se celebró en Montilla (Córdoba), entre el 11 y el 13 de septiembre de 1996 un simposio que, siguiendo una larga aunque discontinua tradición, trata de enlazar y comparar diferentes aspectos de las áreas culturales mesoamericana y andina. En este caso el tema era la Cosmovisión y los convocados a la reunión distinguidos especialistas en cada una de esas regiones. La edición de las actas de este simposio se ha concebido como un libro que, muy bellamente editado y dedicado a María Rostworowski y al que esto escribe, se ha dividido en dos partes -Cosmovisión de Mesoamérica y de los Andes-que contienen respectivamente ocho y siete capítulos, lo que proporciona al texto una armonía casi perfecta. En la primera parte Alfredo López Austin traza una compleja e inteligente metodología para el estudio comparativo de la cosmovisión andina y mesoamericana, mientras Eduardo Matos estudia los templos mayores de Teotihuacán y Tenochtitlan; Leonardo López Luján se refiere a los dioses de la lluvia y analiza el principio de disyunción en la tradición religiosa de Mesoamérica; Elizabeth Baquedano se refiere en su ponencia a la guerra y la tierra; al tiempo que Michel Graulich estudia los mitos que oponen a los recién llegados con los autóctonos y Manuel Gutiérrez analiza "Cosmovisión y sistema ético de los mayeros de Yucatán". En esta parte se ha incluido un trabajo antiguo pero memorable de Roberto Moreno de los Arcos -"Los cinco soles cosmogónicos"-como un homenaje al investigador mexicano recientemente fallecido, al que se homenajeó asimismo en una sesión del Simposio de Montilla. Johanna Broda y José Alcina trataron en sus respectivas ponencias un tema común, el de las "rocas talladas" en Mesoamérica y el Área andina con intenciones comparativistas. La ponencia de J. Alcina que aparece como capítulo XIII se ha incluido en la segunda parte, en la que figuran también los trabajos de María Rostworowski sobre el universo religioso andino, el de R. Tom Zuidema sobre el Nuevo Año agrícola y la sucesión real; el ensayo de interpretación de la guerra de los incas contra los chancas de Pierre Duviols, así como el sugestivo trabajo de Ana Hocquenghem sobre "una visión del orden del mundo andino" y los ensayos de Luis Millones -"El culto a las imágenes sagradas"-y de Juan M. Ossio sobre "La imagen de la unidad social en las fiestas andinas". El simposio al que nos hemos referido y el libro, que es el resultado final del mismo, representa la recuperación de una tradición -las Jornadas Inca Garcilaso, iniciadas con acierto y oportunidad por Antonio Garrido hace algunos años-y de la que todos esperamos su culminación con la creación de una casa de estudios, que garanticen la permanencia y continuidad de la memoria histórica del escritor mestizo que residió buena parte de su vida en Montilla. El libro que hoy tenemos entre las manos es un bello ejemplo de esa tarea en marcha.-JOSÉ ALCINA. Ramos Pérez, Demetrio: España en la Independencia de América. Desde las primeras líneas de esta voluminosa obra nos está diciendo el autor que lleva treinta y cinco años -desde las conmemoraciones del sesquicentenario-trabajando sobre este tema, y verdaderamente se echa de ver que el Prof. Demetrio Ramos no es un recién llegado al campo de los estudios sobre la Emancipación. Veintiún títulos propios relacionados con el asunto recoge en la bibliografía, dispersos, eso sí, hasta ahora en distintas revistas, actas de congresos y volúmenes de homenaje. El libro que aquí comentamos, sin embargo, no es una simple recopilación de tales estudios, sino una pieza nueva y mayor, dotada de estructura propia, a la que aquella labor previa ha suministrado importantes materiales: verdaderos logros parciales que permiten a su autor ofrecer hoy una interpretación sólida del hecho de la Independencia hispanoamericana desde la óptica peninsular, que es -y no una historia más de la Independencia-lo que el título anuncia. Articulado el volumen en una breve introducción y doce capítulos, los cuatro primeros abordan el problema de la crisis de España y de la dinastía borbónica en 1808, crisis percibida desde América, con unos antecedentes bien conocidos: los de la época del reformismo y las diferentes manifestaciones de protesta, que alarmaron a distintos políticos españoles, como Abalos y Aranda, y dieron pie a varios proyectos de "independencia solidaria" presentados por Godoy a Carlos IV. En este análisis se intercala una reflexión acerca de la escasa, nula o adversa influencia que en la Independencia hispanoamericana tuvieron tanto la de los Estados Unidos como la Revolución Francesa, que "son el resultado final de procesos totalmente diferentes", correspondiendo las emancipaciones hispánicas a otra época y a otra motivación: la del "nacionalismo surgido como reacción contra la universalización del poder de Napoleón", junto con el "ansia de superar los riesgos de orfandad" al estar el rey prisionero. El Dr. Ramos plantea con énfasis el desconcierto producido en América tras los episodios de Aranjuez y Bayona, y las inmediatas noticias de estar España dividida "en tantos gobiernos cuantas son sus provincias" debido a la proliferación de las Juntas. La insospechada victoria de Bailén produciría, sin embargo, el aplazamiento del fenómeno paralelo en América. Y hasta este momento, según dice el autor al ponderar el costo del fracaso de los planes de independencia, los proyectos de reinos americanos acariciados por Carlos IV, aunque no llegaran a realizarse, "han de ser valorados como pórtico auténtico de la Emancipación". Su misma existencia provocó el "zarpazo napoleónico", pues al corso le interesaba un imperio unitario, de modo que el dominio de España trajese unido el de sus dominios ultramarinos. Tres capítulos, del V al VII, dedica Demetrio Ramos al examen de los sucesos de 1808 y 1809 en Indias, en relación con los que van ocurriendo en la metró- Anuario de Estudios Americanos poli. En el quinto analiza el "estupor, la desorientación y el peso de los municipios" ante la situación creada en España, produciéndose en distintos lugares los "motines de Aranjuez" americanos contra los antiguos "hombres de Godoy" sospechosos de napoleonismo, movimientos que, a pesar del desconcierto creado por la pluralidad de Juntas peninsulares, conducen invariablemente a reconocer a la nueva autoridad, primero la Junta de Sevilla y luego la Junta Central, al fin constituida en Aranjuez. Pero ésta era en sí misma fruto de un acto revolucionario, de legitimidad discutida, desligado de todo miembro de la dinastía y llevado a cabo sin intervención de los reinos americanos. Por eso el Prof. Ramos analiza dentro del capítulo sexto "La Junta Central como una pre-república y la sensación del apartamiento de la Monarquía" y pondera después "la peligrosa tendencia unitarista" de la Junta Central, inspirada por su presidente Floridablanca y que considera "otra reforma hecha contra América". La Junta además adoptaba una línea política antitradicional, rechazando la fórmula de la Regencia prevista en las leyes y anunciando en el manifiesto de 28 de octubre de 1809 la necesidad de llevar a cabo un cambio político. Aparte del relevo de algunas autoridades -caso de Liniers en Buenos Aires-la convocatoria de diputados americanos para la misma Central produjo conflictos. De ello dan prueba el memorial de Camilo Torres y los "movimientos fragmentadores" (Quito, Charcas) del "trágico 1809", en el que "el criollismo se sintió sorprendido y dolido por la audacia con que seguía procediéndose sin contar con ellos, por la valoración equivocada de sus sentimientos y derechos y por la extensión de unos principios que, siendo justos los más, eran inoportunos". Este es el juicio que merece la actuación de la Central en los mismos días en que cambiaba la política de Napoleón, que ahora se orienta a promover la Independencia hispanoamericana para debilitar la resistencia que hallaba en la península e impedir que la América española cayera en la órbita inglesa. En el octavo muestra Ramos Pérez la aplicación en América, como fórmula de supervivencia después de la pérdida de España (según él mismo demostró en su revelador estudio sobre "Wagram"), del modelo juntista español y, por lo mismo, la oposición a la Regencia ahora establecida en Cádiz. Juntismo que primero se ensaya en colaboración con las autoridades designadas desde la península y después prescinde de ellas. En la parte final del capítulo noveno, sobre el fondo de la práctica inevitabilidad de los levantamientos de 1810, define Ramos la singularidad de cada uno de los golpes de estado que abren el camino de la Independencia. En el capítulo décimo considera las Cortes de 1810-1812 como intento de atracción de los disidentes, pero no vacila en presentar "la Constitución de Cádiz y su erróneo contenido para América": erróneo por su empeño en unificar la enorme diversidad de los países de Ultramar, aplicando "aquella política gaditana del tiralíneas que sólo reconocía la geometría de la recta". Si bien no se olvidó el santo temor a herir los sentimientos de los crio-llos, lo que no bastó para que la Constitución de 1812, proclamada y jurada en distintas provincias, pusiese paz entre los americanos ya alzados desde 1810. De todos modos, el gobierno del restablecido Fernando VII, cuya primera parte, de 1814 a 1818, trata el capítulo XI, significaría un radical cambio de rumbo. Serían inútiles al fin todos los esfuerzos de atracción del general Morillo, así como los nombramientos de nuevos virreyes en México, Nueva Granada y Perú. Ya en estos momentos el conflicto se ha reducido en la práctica al planteamiento militar, y por eso el hecho verdaderamente significativo es el dominio del mar que los insurrectos van alcanzando en las costas de Chile, Perú y aún más al norte. En el capítulo XII y último, que ocupa 125 páginas, ha condensado Demetrio Ramos un enorme caudal de informaciones que le permiten explicar, de modo original pero sólidamente documentado, el insospechado resurgimiento de la fuerza militar de los insurrectos ya en 1817 y 1818 en Chile y Nueva Granada, lo que en parte se debe a la llegada de contingentes mercenarios europeos, y en parte a la aparición de la fuerza también mercenaria de lord Cochrane al servicio de los rebeldes en el Pacífico; el pronunciamiento de Riego como clave de los "pronunciamientos americanos" (Aznapuquio e Iguala) y las fracasadas tentativas de paz y de instauración de monarquías en América, así como el último intento de aproximación de Bolívar al virrey La Serna, anterior a Ayacucho. En la página final formula el autor la triple pregunta que queda en pie al concluir el recorrido de este proceso: por qué no fue posible llegar a la paz entre los contendientes en tres oportunidades sucesivas, la de 1814, al regresar Fernando VII al trono; la de 1820, "cuando las causas de libertad y fraternidad se hicieron comunes"; y la de 1823, tras la intervención de la Santa Alianza y el fracaso de los partidos exaltados. Estas preguntas quedan sin respuesta, pero el lector sospecha que estas ocasiones desaprovechadas indican la desconfianza mutua, la falta de voluntad de concordia y la negativa del gobierno de la Monarquía a consentir en su desmembración. El Prof. Demetrio Ramos nos ha dado con todo esto una nueva lección magistral.-LUIS NAVARRO GARCÍA. Rosario Rivera, Raquel: María de las Mercedes Barbudo, primera mujer independentista de Puerto Rico. Dada la escasez existente de trabajos en la historiografía puertorriqueña que aborden los aspectos políticos e ideológicos de la primera mitad del siglo XIX, es hasta cierto punto lógico que algunas monografías como ésta adolezcan tanto de deficiencias graves en su concepción como en sus conclusiones finales. Si bien el tema que la profesora Raquel Rosario aborda es de gran interés para el conocimiento del "compromiso independentista" de la sociedad puertorriqueña en el Anuario de Estudios Americanos período en el que las colonias españolas del continente alcanzan su independencia, pocas conclusiones "novedosas" extraemos de esta obra. Y no las extraemos porque sigue sin aclarársenos una cuestión básica que por el título del libro esperábamos quedase definitivamente zanjada: el carácter independentista o liberal de muchos puertorriqueños que tuvieron que salir de la isla por la política colonial aplicada durante los primeros años de la denominada "Década Ominosa". Con gran interés abordamos la lectura de esta obra, atraídos sin duda por lo sugestivo del título. Esperábamos que, por fin, la autora nos aportaría las pruebas definitivas sobre las que poder argumentar el carácter independentista de todos aquellos personajes que, tras el restablecimiento absolutista de 1823, fueron en su mayor parte expulsados de la isla y que en otras ocasiones huyeron voluntariamente de ella, temiendo represalias políticas de las autoridades coloniales. Desgraciadamente, tras la lectura del libro nos asaltan las mismas dudas que ya antes teníamos pues el carácter independentista de María de las Mercedes Barbudo no aparece demostrado en ningún momento. Creemos que, hoy por hoy, podemos hablar de la existencia de un círculo de liberales en Puerto Rico durante aquellos años, pero de ahí a afirmar que son independentistas creemos que media una gran distancia. A resolver la cuestión tampoco contribuye la autora pues utiliza una terminología muy confusa para calificar tanto a Barbudo como al resto de los personajes que estudia: en ocasiones les denomina liberales y en otras independentistas, como si fuesen términos equivalentes. Sus aportaciones más novedosas podría haberlas dado a conocer perfectamente a través de algún artículo, evitando así las casi trescientas páginas del libro, circunstancia que parece haber influido también en el poco celo puesto en la edición. Las primeras investigaciones de Raquel Rosario sobre el tema arrancan de su tesis doctoral "Los efectos de las revoluciones de 1791-1848 en el poblamiento de Puerto Rico", presentada en la Universidad de Valladolid el año 1988. Luego las continuó en archivos tanto de la isla como de Venezuela, Cuba, Curaçao y España, centrándose más en la figura de M.a de las Mercedes Barbudo. En el libro que atrae ahora nuestra atención la autora aporta datos novedosos sobre la familia de María de las Mercedes Barbudo y sobre su estancia en Cuba y Venezuela. Así, nos hemos enterado de que era blanca, hija de un militar español y que tenía 52 años al ser apresada en Puerto Rico... El libro gana enteros cuando la autora deja de hacer interpretaciones subjetivas acerca de la Barbudo. Algunas -que de hecho se repiten con mayor frecuencia de la deseada-son de este tono: "primera mujer independentista de Puerto Rico", "promotora y líder del independentismo puertorriqueño", "una mujer fuera de su tiempo", etc. Todas ellas hay que cuestionarlas, al igual que cuando plantea que a fines del siglo XVIII los puertorriqueños ya eran "un pueblo con madurez", término éste de difícil definición y confuso, más si cabe cuando la trayectoria de Puerto Rico en un tema como ése -el de la soberanía nacional-no ha llegado aún a buen puerto. El capítulo segundo del libro, titulado "La personalidad de María de las Mercedes Barbudo", tiene un interés bastante mayor que el primero, muy corto, en el que la autora aborda "La aparición del sentimiento nacionalista en Puerto Rico". En aquel capítulo da a conocer interesantes datos sobre el entorno familiar de M.a de las Mercedes Barbudo y nos relata, entre otras cosas, cómo su padre fue un militar español (Domingo Tomás Barbudo) y su madre una parda libre (María Belén Coronado). Nos enteramos también de cómo gracias a una herencia de su tío, Juan Veloz, pudo adquirir un nivel cultural elevado, poco común entre las mujeres de su época, circunstancia que le permitió no sólo conocer y tratar a importantes personajes como el general Valero, el administrador de la Aduana de La Guaira José M.a Rojas, etc. sino también sentir los problemas y vicisitudes de la cercana Venezuela como algo propio. El capítulo tercero, titulado "Los sucesos de Venezuela y la situación padecida por Puerto Rico", nos sitúa en el marco conflictivo que debió vivir la isla mientras el continente concluía su independencia. Las informaciones de lo que acontecía en Tierra Firme seguían teniendo una gran importancia y las redes de espionaje tendidas por España años antes seguían siendo muy importantes para poder precaver males mayores. El cuarto capítulo ("Don Miguel de La Torre y su política anti-revolucionaria") aborda las complejas relaciones internacionales vividas durante los primeros años del gobierno de La Torre, los intentos "independentistas" (reales y ficticios) en la isla, el importante papel que debió desempeñar M.a de las Mercedes Barbudo en el círculo liberal de San Juan y su apoyo al general Valero, del que se aportan interesantes datos -al parecer, Valero pudo conocer a Barbudo en Puerto Rico en algún momento del año 1823-. Con posterioridad, Valero participó en el sitio del Callao defendiendo la causa republicana como general de brigada, y regresando luego a Venezuela en 1830 para servir a las órdenes de Páez. El quinto capítulo -el más importante pero no por eso el más novedosolleva por título "Los colaboradores del movimiento independentista promovido por María de las Mercedes Barbudo". Ya hemos planteado antes nuestras reticencias al respecto: ni podemos hablar de "movimiento independentista" ni de que Barbudo lo promoviese. ¿En qué se basa la autora para "demostrar" que era la cabecilla independentista o la "pionera y puntal promotor" del independentismo puertorriqueño? ¿De dónde saca la idea de que quería crear una República independiente? Estas afirmaciones, no muy meditadas, se repiten al evaluar a otros personajes vinculados a Puerto Rico y que luego partirían mayormente a Venezuela (expulsados o fugados por "libre" voluntad): Josefa Zavaleta de Arrubla, Suárez del Solar, Matías Escuté, Martín Echegarreta, Francisco Pérez, etc. Así, por ejemplo, al hablar de Josefa Zavaleta afirma que era "indiscutiblemente, del grupo de amigos que frecuentaban la morada de María de las Mercedes" y que "no tenía miramientos en expresar su solidaridad a la causa de los insurgentes venezolanos (...) sus expresiones públicas expresaban su deseo de lograr la independencia de Puerto Rico" (!). Y lo hace sin aportar prueba documental alguna... Esto no es óbice para que, en ocasiones, se aporten algunos datos de interés, como los referentes a la mencionada Josefa Zavaleta -cuñada del más conocido Escuté-, quien fue encarcelada en San Juan sobre el mes de junio de 1823 y que luego consiguió huir (pág. 113) o ser expulsada (pág. 122) a su país de origen -Venezuela-. Lo mismo podemos decir de Matías Escuté, el intelectual y coronel del Ejército Expedicionario de Pablo Morillo nacido en 1787 y que estableció en Puerto Rico la imprenta Fraternidad, donde se publicó un importante periódico del Trienio liberal: el Diario liberal y de Variedades, primer diario de la isla. Raquel Rosario Rivera descubre que Julián Blanco no fue el propietario de dicho periódico -como se venía creyendo hasta ahora-sino sólo el encargado de la imprenta, detalle que es de sumo interés para la historia de los primeros pasos de la prensa insular, tan necesitada como está de investigaciones sobre la materia. Pocos meses después, en octubre de 1823, las investigaciones promovidas desde la Capitanía General dieron con Suárez del Solar y Matías Escuté en la cárcel. Pocas pruebas o ninguna existían de su pregonado independentismo. Tan solo los informes que llegaban de San Thomas aducían que el asturiano Suárez del Solar se hacía llamar coronel de los insurgentes y que pretendía insurreccionar Puerto Rico. Suárez del Solar fue apresado al llegar al puerto de San Juan y, paralelamente, se interrogó a Matías Escuté, para quien del Solar traía cartas y periódicos. Sin embargo, estas cartas poco debían tener de "revolucionario" pues nada comenta Raquel Rosario sobre su contenido. Y si no tenían nada de "revolucionario" ¿qué pruebas había acerca de su independentismo? ¿Cuáles eran las "pruebas contundentes"? La autora, en ocasiones, parece darse cuenta de su inexistencia y se inclina a calificarlo todo como un "andamiaje liberal", imagen que responde mucho más a la realidad. Así, tiene su lógica la justificación que encuentra Raquel Rosario Rivera a estos apresamientos al afirmar que La Torre pudo tomar estas medidas para cerrar la imprenta del Diario liberal y de Variedades. No entendemos por qué razón este sentido común se olvida en otras ocasiones. La actuación de La Torre "tuvo" que ser así de dura en unos momentos complejos y difíciles, sobre todo si se quería mantener la isla con una cierta estabilidad política. En la península no había sitio para la esperanza: gabinetes liberales moderados apenas podían hacer frente a las sublevaciones realistas, a las exigencias de los exaltados y a los temores de una intervención francesa. Por si esto fuera poco, en la vecina Venezuela se vivía el final del conflicto armado con España y en Puerto Rico era preocupante saber qué iba a ocurrir si los temores de una intervención militar promovida por los insurgentes se hacían realidad. Ante todo ello debe comprenderse su modo de actuar, deshaciéndose de quienes podían llegar a alterar y desestabilizar todavía más la ya de por sí precaria situación de la isla. El ignorar cuando se valora a La Torre las especialísimas circunstancias que vivía Puerto Rico no deja de ser un curioso ejercicio de tendenciosidad en el que muchas veces hemos caído. La Torre quizás se excedió con muchos sospechosos -amparado por una legislación cómplice-pero esos excesos eran comunes en un ambiente de guerra. Es más, si hemos de ser objetivos, las medidas de La Torre no pueden ser calificadas de excesivamente drásticas e inhumanas (repásese para ello la legislación de las repúblicas vecinas en tiempo de guerra -e incluso de posguerra-para hacer un saludable ejercicio comparativo). Así, cuando expulsa de Puerto Rico a Barbudo -acusada, no lo olvidemos, de ser una independentistalo hace con la condición que desde La Habana "podría tomar el rumbo que le sea posible y más análogo a sus designios detestables, con prohibición de volver a Puerto Rico mientras no suministrase la más positiva demostración de su sumisión perfecta al rey y a su patria, previo el competente permiso", lo cual quiere decir que la medida no fue muy dura si nos atenemos a la grave acusación -real o ficticia-que recaía sobre ella. El 25 de octubre de 1824 La Torre comunica a Madrid el hallazgo de una proclama independentista que, según él, fue hallada junto a la primera carta dirigida a Barbudo: "La primera carta que se le interceptó en la isla de San Thomas vino acompañada de la adjunta proclama incendiaria de la cual no dudo se hayan introducido algunos ejemplares...". Sin embargo, esa proclama no fue incorporada al sumario que se le hizo, lo cual es muy raro y hace indicar que no iba dirigida a ella. ¿Por qué no se incorpora al sumario? Esta es una pregunta clave que nosotros mismos nos hacíamos en 1991 y que la autora tampoco sabe responder.¿Qué mejor prueba que la proclama independentista para demostrar su culpabilidad? Es muy posible que dicha proclama sólo se "utilizase" para "legitimar" la medida de expulsión tomada contra ella. En este mismo sentido, algunas tesis de la autora también deberían ser matizadas como cuando escribe que "Los conservadores y realistas representados por el Gobierno, en su gran mayoría, prestaban atención a esas manifestaciones, para luego hacer desmedidos ataques con que fraguaban sus injusticias" (pág. 111). Esto encubre, por ejemplo, el apoyo del gobernador Aróstegui a muchas medidas liberales y el enconado empeño de la jerarquía religiosa puertorriqueña -y también peninsular-en resistirse a esos avances propuestos desde la Administración. También es al menos cuestionable afirmar que en Puerto Rico apoyaron el movimiento independentista miembros de una clase media "latente", en "vías de desarrollarse" y que "pretendía escalar los peldaños del poder para garantizar los derechos de todos los puertorriqueños", pues si algo caracteriza al liberalismo es, precisamente, el no garantizar los derechos de "todos". Quizás esta circunstancia explique otra de las afirmaciones de la autora: "[no] hubo una clase popular sólida que respaldara el movimiento [independentista] internamente". A ello añade "que no existió una aportación económica sólida que apoyara la causa por la independencia" (pág. 109). He aquí dos importantes razones que explican, sin duda, la escasa relevancia del independentismo en estos años. A Escuté se le encarceló sin prueba alguna. Lo grave es que la autora -imbuida del tono "conspirativo" que tiene el sumario-, asegure que de él se deduce la relación entre Suárez, Escuté y Molowny, cuando esto en realidad carece de importancia pues no existen pruebas contra ellos. Creemos que los datos que aporta Raquel Rosario Rivera acerca de la trayectoria de Escuté en suelo venezolano son de interés, pues escasean los trabajos de este tipo dedicados a personajes relevantes de Puerto Rico que "desaparecen" en suelo venezolano -caso de Escuté, José María Vargas, Barbudo y tantos otros-, cubano o español, por falta de investigaciones. Unos espacios físicos que, no obstante, han estado siempre muy vinculados a la historia de la isla y a la de sus habitantes. Se incluye también en el libro una interesantísima carta de Escuté a La Torre, fechada en la cercana isla de San Thomas el 28 de mayo de 1824, que describe muy bien la tragedia vivida por muchos sinceros liberales envueltos en la espiral de un tiempo especialmente conflictivo. Aunque Escuté fue enviado preso a Cádiz consiguió huir de allí. Su vida estaba ya en América. Allí vuelve y desde San Thomas le escribe a La Torre para recriminarle su actitud, exigirle que se le restituya o, al menos, que se le hiciese un juicio formal. ¿Qué sentido tendría esta carta si fuese un independentista o si hubiese pruebas contra él? Escuté escribe: "Complétese a toda satisfacción la sumaria y háganseme los cargos por medio de copias. Termínese el plenario y copiado el proceso mándeseme para mi defensa que si por fallo definitivo resultase yo reo, empeño mi palabra de honor de que me presentaré a sufrir el castigo (...) El honor de V.E. está comprometido y abriendo el juicio es como quedará libre de la detracción. No crea V.E. que las enhorabuena que ocupan las gacetas de esa isla dan valor a su administración: es la virtud, la equidad, la justicia, la imparcialidad y no tener pasiones bastardas lo que formará el concepto público. Los hechos de V.E. y no los inciertos de un gacetero son los que fijarán las ideas" (pág. 244). Son interesantes también los datos que la autora aporta acerca de Martín Echegarreta, posible contacto y enlace en San Thomas de venezolanos y puertorriqueños. Echegarreta era además el delegado venezolano que debía recibir en la pequeña isla danesa de 90 a 100.000 pesos de oro de una Compañía Prestamista de Londres. Pero una vez recogido este dinero en el mes de agosto de 1824, Echegarreta se volvió de inmediato a Venezuela, dejando la correspondencia entre Barbudo y José María Rojas sin muchas garantías de poder llegar a su destino: así se lo hace ver Rojas a Barbudo cuando le escribe el 1.o de octubre: "La falta del amigo Echegarreta en San Thomas es un mal para la seguridad de nuestra correspondencia". Si tomamos en serio la trama conspiratoria no tendría sentido que el "contacto" en San Thomas fuese una persona que deja su puesto en cuanto acaba su misión principal de índole económica. Quizás sea más sencillo pensar que Echegarreta era un simple intermediario -sin otra mira que ésa-en la corres-pondencia entre Barbudo y Rojas, a quienes les unía además una amistad personal. Si hubiera habido un intento serio de conspiración, a Echegarreta se le hubiese sustituido, sin duda, por otro hombre. Los datos que aparecen en el libro sobre el presbítero Francisco Pérez tienen bastante interés ya que bajo la excusa de hacer un viaje a Cuba, el religioso huyó a Venezuela, circunstancia que debía ser conocida previamente por María de las Mercedes Barbudo pues ésta le dio una carta de recomendación para el propio José María Rojas. Este caso comprometía a Barbudo ya que la mediación de Rojas fue definitiva para que las autoridades venezolanas no molestasen mucho al presbítero. Ahora bien, la "trama" independentista se tambalea al ser el propio intendente general de Venezuela quien pregunta por este religioso recién llegado: esto supone que desconocía a los "independentistas" puertorriqueños, circunstancia del todo improbable si Rojas fuese el contacto con todos ellos.... Así, habrá que cuestionar lo dicho por Raquel Rosario en el sentido que Pérez "pasó a ser participante activo en el grupo de los interesados en conseguir la independencia de la isla". Nada de esto puede deducirse, al menos de momento, de las comunicaciones oficiales escritas por las autoridades republicanas de Venezuela. Las investigaciones realizadas por la autora sobre el Dr. José María Vargas, el licenciado Pablo Arroyo Pichardo y el diputado Demetrio O'Daly ofrecen resultados interesantes y confirman el papel destacado de muchos personajes olvidados por la historiografía de la isla y que están necesitados de monografías detalladas. Vargas, por ejemplo, colaboró activamente en la Sociedad Económica de Amigos del País de Puerto Rico, en el Gabinete de Lectura, en la creación de una Academia de Niñas, etc. Quizás, el final del Trienio liberal le empujó a salir hacia Venezuela tras renunciar al cargo de Cirujano Mayor del Real Hospital Militar. Vargas partió un año después que María de las Mercedes Barbudo, quizás el tiempo que tardó en darse cuenta que no se vislumbraban cambios políticos inmediatos en la Administración insular. A Pablo Arroyo Pichardo, auditor de Marina, abogado y miembro también de la Sociedad Económica de Amigos del País de Puerto Rico, debió ocurrirle algo similar. La isla se quedó huérfana de importantes y cualificados personajes, que no aceptaron el control excesivo de las autoridades puertorriqueñas. Muchos de ellos prefirieron el exilio voluntario a un país cercano como Venezuela, lleno de oportunidades y al que les unía, en no pocas ocasiones, lazos muy profundos. Unos lazos mucho más intensos que los existentes entre los independentistas: "Aunque no hemos podido relacionar de manera directa con María de las Mercedes Barbudo a todos los individuos que de alguna u otra manera estaban colaborando con el movimiento independentista de la isla, queremos hacer mención de los más importantes. En la realidad la participación de cada uno permitía la conexión de uno a otro y así sucesivamente, como si fueran eslabones que poco a poco se entrelazaban para formar una enorme cadena". Dudamos que esto sea cierto y, por ello, no puede tomarse en serio. Menos en serio pueden tomarse aún otras afirmaciones en las que la autora se deja llevar por sus sentimientos, deseosa de ver en María de las Mercedes Barbudo muchas más cualidades de las que nos ofrece la documentación: "Las acciones antimonárquicas de la puertorriqueña María de las Mercedes Barbudo eran obvias", "Amaba a su patria más que a su vida", "Ella quería que [Puerto Rico] fuera parte de la Gran Colombia". En ningún lugar hemos podido constatar que defendiese estos planteamientos políticos... La obra incluye 18 apéndices que si bien en ocasiones son muy novedosos, en otras se trata de documentos ya publicados en 1986 y 1991 tanto por Rosario Sevilla Soler como por el que firma estas líneas. Entre los documentos novedosos cabe citar el testamento de M.a de las Mercedes Barbudo y el de su hermana M.a del Rosario, y entre los ya conocidos las cartas de José María Rojas, la proclama independentista o la propia sumaria instruida contra ella. Es de resaltar también la inclusión de la causa seguida contra Manuel Suárez del Solar y el coronel Matías Escuté, así como la de una carta de este último dirigida al capitán general La Torre en la que se vislumbra más el carácter liberal de todos estos personajes que sus miras independentistas. Escuté le escribía a La Torre, recriminándole haber ordenado su expulsión de la isla y solicitando, como ya vimos, un juicio formal y justo: ¿Qué sentido tendría escribir una carta como ésta para alguien que tuviese un decidido empeño independentista? ¿No se trata de alguien herido por una medida injusta?: "Yo juré sin las restricciones mentales que inventó la felonía, como jura el hombre de bien una Constitución que me restituía los derechos usurpados a la naturaleza inefable, y asegurada mi conservación y seguridad. Acabo por ahora, y no quiero vivir ni momentáneamente bajo el gobierno que la sucedió. Trato de sincerarme únicamente para patentizar al mundo que he sido una víctima del pundonor militar, objeto de especulaciones y blanco de la ingratitud de un Gobierno provincial en que he sido muy fiel". ¿Qué sentido tiene una carta como ésta cuando su firmante se encuentra ya protegido en un suelo neutral como la isla de San Thomas? Por último, quiero reseñar que la autora incluye un novedoso cuadro genealógico de María de las Mercedes Barbudo Coronado. En definitiva, estamos ante un libro en el que debemos resaltar no sólo las buenas intenciones de la autora para dar a la luz personajes no muy conocidos sino también el mal planteamiento de sus conclusiones. No podemos dejarnos llevar por los sentimientos al valorar determinadas actitudes políticas y menos aún cuando las fuentes no confirman nuestras aserciones. Quizás Barbudo y sus "amigos" fueran independentistas pero eso podremos afirmarlo cuando las fuentes -sobre todo venezolanas-nos lo confirmen. Hoy por hoy no hay muchas pruebas en ese sentido. Por todo ello, con un poco de prudencia la obra hubiese ganado bastantes enteros. Asimismo, debiera haberse incluido un índice onomástico y toponímico para facilitar las búsquedas al lector.-JESÚS RAÚL NAVARRO GARCÍA.
Tallanes o tumpis, la fundación definitiva de las ciudades y las independencias de los dos espacios son tres momentos claves para soportar un proceso de formación de identidad: la cultura nativa, el primer contacto y el posterior mestizaje y el surgimiento a la vida nacional.-R. M. G. S. Argeri, María y Sandra Chía: "Bajo la lupa del poder. La vida cotidiana de los grupos domésticos en los'Hogares-Boliche' del territorio Nacional del Río Negro, Norpatagonia, 1880-1930". Catelli, Nora: "La tensión del mestizaje. Lezama Lima sobre la teoría de la cultura en América", Cuadernos Hispanoamericanos. Cañedo-Argüelles, Teresa: "Reivindicación y supervivencia de la Comunidad Andina". Estudio sobre las comunidades del sur andino. Actitudes mancomunadas de reivindicación ante los grupos dominantes han llevado a las comunidades andinas a "confrontarse" con la sociedad global haciendo valer sus derechos a la supervivencia y a la diferencia y repercutiendo, en última instancia, en el fortalecimiento de su identidad.-R. M. G. S. El presente estudio trata de responder a los interrogantes sobre las causas, dimensiones y problemas de integración de la inmigración latinoamericana en la sociedad receptora, pero haciendo referencia concreta al caso de la inmigración cubana.-R. M. G. S. 6. Jiménez Núñez, Alfredo: "El juicio de residencia como fuente etnográfica: Fco. El trabajo pretende ahondar en las posibilidades del análisis antropológico aplicado a la documentación de archivo. El caso que utiliza es el juicio de residencia a que fue sometido Francisco Briceño, gobernador de Guatemala de 1565 a 1569. Argumenta en favor de una etnografía elaborada a partir de documentos de archivos, y subraya la riqueza informativa de un hecho social tan importante como un juicio de residencia.-R. M. G. S. Anuario de Estudios Americanos 7. Levinton, Norberto: "Vivienda y vida privada: la transformación de los conceptos por la acción evangelizadora de la Compañía de Jesús (provincia jesuítica de Paraguay, 1604-1767)". El autor estudia, desde el punto de vista arquitectónico, la evolución de las viviendas entre los indios guaraníes. Observa cómo las técnicas introducidas entre ellos por los jesuitas implicaban cambios en la concepción de la vida doméstica.-H. S. Gussinyer i Alfonso, Jordi: "La Arquitectura Paleocristiana en Mesoamérica (1.a parte)". Primer paso de un proyecto de investigación, orientado al estudio de esta etapa de la arqueología en suelo mesoamericano que, a pesar de estar aún en fase embrionaria, nos acerca al conocimiento y evolución de sus formas constructivas y a la detección del influjo y cambio cultural que pudo ejercer en el Nuevo Mundo, al igual que lo había hecho en la Vieja Europa.-A. B. M. Braojos Garrido, Alfonso: "Latinoamérica y la comunicación periodística española del siglo XX. Naturaleza y alcance de dos ensayos metodológicos". El trabajo responde a los resultados de una amplia investigación practicada con gran parte de la prensa latinoamericana propia del patrimonio documental español y, por otro lado, a los de la cuantificación de más de 65.000 registros de informaciones relativas a Latinoamérica extraídos de la prensa española correspondiente al período 1898-1976. Por su conducto se induce qué parcelas se pueden investigar en España acerca de la realidad de aquel subcontinente a través de sus mensajes periodísticos y, también, qué líneas de información periodística han determinado la comprensión que de Latinoamérica se ha ido formalizando en España en el transcurso del siglo XX.-A. E. A. 10. Flores Hernández, Benjamín: "La jineta indiana en los textos de Juan Suárez de Peralta y Bernardo de Vargas Machuca". Una vertiente importante de la bibliografía hispánica de los siglos XVI y XVII fue la dedicada a tratar las técnicas y ejercicios de la caballería, particularmente según dos escuelas de andar a caballo, la de la brida y la de la jineta, a la que generalmente se reconoció como la tradicional española. Aquí se analiza la peculiar participación dentro de esa literatura de dos autores indianos, por lo demás de personalidad muy interesante: el criollo novohispano Juan Suárez de Peralta (México, hacia 1537-España, después de 1596) y el capitán baquiano Bernardo de Vargas Machuca (Simancas, hacia 1555-Madrid, 1622).-A. E. A. 11. Irurozqui Victoriano, Marta y Víctor Peralta Ruiz: Bolivia, 1825-1930: Un siglo de impresos políticos. Recopilación bibliográfica con más de mil registros, desde libros, folletos, anuncios, etc., sobre la política en Bolivia del siglo pasado y las primeras décadas del presente. Tiene una introducción que presenta los criterios de recopilación y presentación, y la cronología política de los impresos. Índice cronológico y de autores.-J. M. S. Zubillaga, Carlos: "Renovación historiográfica en el Uruguay de la dictadura y la reinstitucionalización democrática ". Se ofrece un panorama de la situación historiográfica en Uruguay desde los prolegómenos del golpe de Estado (junio de 1973) hasta la actualidad, advirtiendo la renovación sistemática operada en este campo del conocimiento. La indagatoria supone develar los cambios registrados en los criterios teóricos, los intereses temáticos, las modalidades de articulación del colectivo de historiadores, la difusibilidad de la producción historiográfica y la profesionalización de la disciplina.-R. I. Luque Talaván, Miguel: "Narciso Clavería y Zaldúa: Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas (1844-1849)". Estudio de la figura de este brillante militar dividido en tres partes: la primera abarca los años comprendidos entre 1795 y 1844, fechas de su nacimiento y toma de posesión de su cargo como Gobernador y Capitán General, respectivamente; la segunda parte, incluye los años de su gobierno en Filipinas, desde 1844 hasta su renuncia por problemas de salud en 1849, y la tercera se inicia en 1849 y concluye en 1851, año en el que muere a consecuencia de la enfermedad contraída en las Islas Filipinas.-R. M. G. S. En esta obra los autores tratan de esclarecer la figura de un hombre casi desconocido, hasta ahora, en la Historia de América: Hernando Machado, que formó parte de la pléyade de personajes que actuaron en la administración de justicia en el Nuevo Mundo. Así mismo, reproducen su única obra conocida (aparecida en el A.G.I.): un memorial sobre la guerra de Chile en el que vemos la formación humanista-jurista de Machado, preocupado más por las soluciones prácticas de un conflicto interminable que por la simple teorización al gusto de la época.-A. M. M. R. Martínez Martín, Carmen: "Aportaciones cartográficas de D. Félix de Azara sobre el virreinato del Río de la Plata". Estudio sobre aquellas empresas cartográficas en las que participó de forma destacada D. Félix de Azara, durante su larga estancia en el Virreinato del Río de la Plata, que destaca por cartografiar terrenos muy extensos y contar con instrumental científico seleccionado en Europa.-R. M. G. S. Huesa, Pedro: "Demografía y elecciones: el caso de los latinos en EE. La importante aportación del voto de origen hispano a las elecciones norteamericanas, en concreto a las de Bill Clinton del año de 1996, ha sido el motivo del presente análi-sis, estructurado en cuatro apartados principales. En el primero se examinan varios datos de la contribución latina en las elecciones de 1996 y, mediante una serie de cuadros, se comparan sus votos en los diferentes estados americanos entre los años de 1992 y 1996; el segundo, analiza los antecedentes y la evolución del reciente comportamiento político latino; el tercero recoge las características demográficas de la población latina y el cuarto es una conclusión en base a los resultados anteriores y el reflejo de las elecciones de 1996. Un apartado donde se recogen los obstáculos que revelan la escasa relación entre el auge de la comunidad latina en EE.UU. y su influencia en la política.-M. C. D. L. P. 17. Lettieri, Alberto Rodolfo: "'La república de la opinión'. Tradicionalmente los estudios sobre el sistema político moderno en la Argentina han subrayado su carácter aristocrático, sugiriendo la existencia de un "divorcio" entre poder político y sociedad civil. En este artículo se critica esa interpretación, subrayando la importancia adquirida por el consenso de la opinión pública en la producción de un nuevo sistema de legitimación entre 1852 y 1861.-R. I. López Bofill, Héctor: "Notas sobre la experiencia federal en Argentina". El objetivo del autor es trazar un paralelismo entre el diseño del federalismo argentino -con una profunda fisura entre la realidad práctica y el texto constitucional-y el desarrollo del Estado de las Autonomías en España. Para ello, analiza la realidad del federalismo en Argentina, sus características desde la perspectiva normativa, en base a los principios constitucionales. Con los resultados reunidos llega a verificar que a los problemas prácticos del federalismo se suma el problema jurídico debido a la amalgama de su texto constitucional que, concluye, debe ser reformado.-M. C. D. L. P. Saiz Arnaiz, Alejandro: "Formas de gobierno y estructuras del poder ejecutivo: el presidente argentino tras la revisión constitucional de 1994". La reforma llevada a cabo en la Constitución argentina de 1994 se sitúa en un contexto en el que los procesos de transformación democrática en los últimos tiempos tiene uno de sus puntos centrales de debate en la cuestión de la forma de gobierno. Anuario de Estudios Americanos autor revisa y analiza varios aspectos de la Constitución que anteceden a dicha reforma: la situación del presidencialismo y poder ejecutivo en la Constitución argentina de 1853-1860, inspirada en la de EE.UU. de 1787; los proyectos de reforma del artículo 2, relativo al poder ejecutivo y las atribuciones del Presidente de la República; sus competencias en materia de poder exterior y de defensa a los que se suma los poderes de excepción. Concluye con la forma de gobierno que surge tras la reforma constitucional.-M. C. D. L. P. 20. Suriano, Juan: "Las prácticas políticas del anarquismo argentino". El presente artículo se propone explicar y analizar la relación entre la acción y la movilización anarquista y el sistema político formal, teniendo en cuenta la sanción del sufragio universal en 1912. La hipótesis central del trabajo sostiene que la automarginación anarquista de la lucha política formal contribuyó en gran medida a marcar la rápida decadencia del anarquismo argentino.-R. I. González Martínez, Elda E.: "Café, inmigración y estructura urbana: São Paulo en el siglo XIX y principios del XX". En el siglo XIX se produjo la transformación de São Paulo en una de las grandes urbes americanas como consecuencia directa de la expansión del cultivo del café. Pero si bien fueron los ingresos generados por ese producto los que impulsaron su desarrollo, no se pueden dejar al margen otros factores aunque, a su vez, fueran también consecuencia del primero. En este sentido, un componente clave en la urbanización de no pocas ciudades brasileñas -y entre ellas São Paulo es el ejemplo más claro-es la presencia de inmigrantes. La llegada de población extranjera no sólo aceleró el crecimiento demográfico, sino que alteró la composición étnica de la población y contribuyó a la aparición de barrios, como el de Brás, que se describe en este artículo, en los que el componente étnico será esencial.-A. E. A. Harris Bucher, Gilberto: "La inmigración extranjera en Chile a revisión: también proletarios, aventureros, desertores y deudores". Este trabajo, apoyado en una sobretasa de información archivística inédita, se ocupa del estudio de "la otra inmigración", hasta ahora invisible, compuesta por los proletarios, aventureros, desertores y deudores. En rigor, los datos colacionados dan por tierra con la creencia, repetida por inercia, de que todos los extranjeros que se radicaron en Chile mudaron rápidamente de condición. Asimismo se rectifican lugares comunes, generalizaciones y errores de bulto que abundan en la literatura de "divulgación".-A. E. A. Nos proponemos en este artículo determinar fases o momentos en el desarrollo histórico de la población de Santiago de León de Caracas y establecer las relaciones con la estructura y dinámica del espacio urbano desde mediados del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XIX. Las partes consideradas son las siguientes: la primera, destinada al estudio de las matrículas parroquiales o padrones eclesiásticos de la ciudad de Santiago de León de Caracas, análisis y valoración de estas fuentes, aportes, ventajas y limitaciones en la reconstrucción del proceso histórico; y la segunda, dedicada al análisis de la estructura de la población específicamente entre los años 1772 y 1815, compuesta por españoles, negros libres, negros esclavos e indios y sus relaciones con el espacio urbano integrado por las parroquias eclesiásticas: Catedral, San Pablo, Candelaria y Altagracia.-A. E. A. García Belaunde, Domingo: "El Habeas Corpus en América Latina (Algunos problemas y tendencias recientes)". El autor realiza un recorrido de la historia y desarrollo de la figura jurídica del habeas corpus, nacida en Inglaterra en fecha imprecisa aunque actuando ya en el siglo XIII. Pasó a Latinoamérica, concretamente al Imperio de Brasil donde, en 1830, se plasmó por vez primera en un texto escrito del código penal. Desde allí se extendió a varios países europeos y a otros denominados del tercer mundo. A partir del estudio de su evolución en cada uno de esos países, García Belaunde lleva a cabo una serie de reflexiones sobre la esencia de la institución como son sus relaciones con los derechos humanos, con el abuso de particulares o con el proceso penal, entre otras. Unas conexiones que le llevan a apreciar los problemas que afronta en la actualidad.-M. C. D. L. P. El trabajo presenta las líneas generales del comercio exterior de la fachada peruana del Pacífico desde el fin de los galeones de Tierra Firme a la entrada en vigor del Comercio Libre en 1778, período muy poco estudiado, pero en el que se encierran las claves que explican este calificativo. En la primera parte se presentan los efectos del paso del sistema de flotas a Portobelo al de registros sueltos, época en que la navegación al Perú se desarrolla en un régimen de privilegios o licencias sueltas. El resto del trabajo se ocupa de las tensiones que ocasionaron la conexión directa de la metrópoli con el Pacífico y las reformas de 1760, la pérdida de las posiciones del cargador de Lima frente al de Cádiz, así como el progresivo "ajuste" del comercio de Lima con la metrópoli.-A. E. A. Silva, Hernán Asdrúbal: "Bases para el establecimiento de vínculos comerciales entre el Río de la Plata y el Brasil a fines de la etapa colonial". El presente trabajo tiene por objeto estudiar las disposiciones y las condiciones conducentes al establecimiento de vínculos económicos entre el Río de la Plata y el Brasil bajo formas legales que, aunque también escondieron muchos fraudes, fueron determinantes para realizar un fluido y continuo tráfico intercolonial.-A. E. A. Vázquez de F., Belín, Ligia Berbesí de S. y Nirso Varela: "La familia Baralt-Sánchez como modelo de la élite Maracaibera durante las últimas décadas borbónicas". Situado cronológicamente en las últimas décadas del siglo XVIII y en las primeras del siguiente, se toma como ejemplo a un comerciante catalán que atraído, como otros muchos, por el florecimiento del comercio cacaotero en Maracaibo, llega a formar parte de una nueva élite urbana, con lo cual se nos quiere demostrar que establecerá vínculos matrimoniales con la oligarquía criolla, que darán como resultado no sólo alianzas a nivel familiar sino también empresarial.-A. B. M. Zubirí Marín, M.a Teresa: "Algunos productos básicos de la agricultura venezolana en el siglo XVIII. añil, cacao y tabaco". Tras una breve reseña histórica de estos tres productos agrícolas, analiza la autora el desarrollo de la economía en Venezuela durante el Siglo Ilustrado. Hace una valoración del cometido de una de sus instituciones más importantes, la Intendencia, que, con la idea de aumentar los ingresos del Real Erario, organizó los recursos del territorio.-A. B. M. X.-Educación y cultura 30. González Rodríguez, Jaime: "Lecturas e ideas en Nueva España". Acercamiento al control, tanto de la literatura "de mano" y de la producción impresa como de la lectura, en Nueva España a lo largo del siglo XVI, desde que Montúfar, exponente típico de una mentalidad dominica obsesionada por la pureza de la ortodoxia, fuera el primero que, a través del I Concilio Mexicano por él convocado, inició, bastante antes que Trento, la persecución de un campo cultural peligroso por variopinto y situado al margen de los circuitos oficiales.-R. M. G. S. 31. González Sánchez, Carlos Alberto: "Consideraciones sobre el comercio de libros en Lima a principios del siglo XVII". El estudio de la circulación libraria en la América colonial continúa siendo un tema poco explotado, contrastando con el auge de las investigaciones sobre bibliotecas particulares o de instituciones de enseñanza. Las razones, muy diversas, vienen determinadas por la escasez de fuentes, entre las que destacan los inventarios de mercaderes libreros, cuya información es indispensable para el conocimiento de las inquietudes lectoras y, en definitiva, de los esquemas mentales de la sociedad de la Edad Moderna. En esta ocasión, dos interesantes inventarios de mercancía libraria, negociada en Lima a principios del siglo XVII, nos ofrecerán algunos indicios de una faceta crucial de la vida humana: libros y lecturas.-A. E. A. A) Descubrimiento y conquista 32. Szászdi, István: "Gobierno e inicio de la recaudación áurea en el Nuevo Mundo". La presente investigación trata de aclarar el insólito gobierno colombino de la isla Española. Queremos atender a algunas peculiaridades de aquel regimiento, así como rastrear los posibles precedentes institucionales. Se centra en el Consejo que el virrey de las Indias organizó en suelo antillano a raíz del segundo viaje, estudiando sus componentes y la dificultad de poder cumplir con su función de naturaleza gubernativa, sirviendo a los reyes sin contrariar al virrey que tenía aquella competencia por exclusiva de su persona.-A. E. A. Andrade Jaramillo, Marcos: "Estudio de la trata de negros en Venezuela". Tomando como base las fuentes eclesiásticas de Caracas, se nos da a conocer en este breve trabajo la trata interna de esclavos negros en la Venezuela del siglo XVIII, analizándose los aspectos religiosos y también los socio-económicos, con el auxilio de la estadística.-A. B. M. 34. González Pujana, Laura: "Estrategias de actuación sobre las comunidades indígenas en el Cabildo de Cuzco". Trabajo basado en el Libro del Cabildo de Cuzco (1559-1561), que nos deja un amplio y meticuloso retrato de lo que fue la vida municipal y del transcurrir cotidiano de los distintos estamentos con sus deberes y obligaciones. Es una fluida riqueza informativa que nos permite estudiar la actuación del Cabildo sobre las masas indígenas.-R. M. G. S. Hampe Martínez, Teodoro: "Los testigos de Santa Rosa. (Una aproximación social a la identidad criolla en el Perú colonial)". El estudio se ocupa detenidamente de los 210 testigos que fueron llamados en Lima a declarar sobre las virtudes y prodigios de Isabel Flores de Oliva (1586-1617), doncella criolla, que fue la primera persona nacida en tierras americanas que alcanzó el privilegio de la canonización. El proceso de la elevación de Rosa a los altares es considerado aquí como la expresión de una naciente identidad criolla y de la conjunción de intereses de diversos actores políticos, tanto en el Nuevo como en el Viejo Mundo.-R. M. G. S. 36. Jiménez Pelayo, Águeda: "Tomás de Suria, un dibujante de la expedición de Malaspina. Su contribución al conocimiento del occidente de Norteamérica". Este trabajo está dedicado a destacar el papel de Tomás de Suria, dibujante de la Academia de San Carlos de la ciudad de México, en la expedición de Alejandro Malaspina. Se hacen algunas referencias al viaje alrededor del mundo y trata especialmente de las investigaciones realizadas en las costas de Canadá y Alaska. Se da énfasis a la importancia de la labor de los artistas para el conocimiento de los lugares visitados, centrándose en la obra artística de Suria. Comprende un análisis de la contribución de Suria como dibujante y las penalidades que tuvo que soportar para que su trabajo fuera reconocido. Se aprovecha también la valiosa información que proporciona Suria acerca de las costumbres de los nativos de Mulgrave y Nutka, pues con ella se enriquece la antropología y etnohistoria de estas regiones. A través de los dibujos de los artistas de la expedición tenemos un mejor conocimiento de la cartografía, geografía, geodesia, botánica, zoología y etnohistoria del noroeste de América.-A. E. A. 37. Mujeres de Quito en el siglo XVII". El artículo estudia el alto grado de vinculación familiar existente en el grupo capitular quiteño, tendente a conservar en pocas manos el poder y la riqueza. En este panorama, la mujer aparece como elemento clave, no sólo por servir de lazo de unión entre individuos o familias, sino por la función que desempeñó como transmisora de linajes y patrimonios.-R. M. G. S. 38. Simard, Jacques P.: "Formación, desarrollo y configuración socioétnica de una ciudad colonial: Cuenca, siglos XVI-XVIII". El artículo aborda el crecimiento físico y la organización social de la ciudad de Cuenca (Audiencia de Quito). Interesándose fundamentalmente en la urbanización de la población indígena y basándose en los datos de los contratos de compra-venta de tierras, distingue varias áreas de poblamiento: el centro de la ciudad, los suburbios o áreas periurbanas, y las periferias semi-rurales y trata de medir el crecimiento de Cuenca. Plantea tres modelos sucesivos de organización: primero, el intento inicial de la segregación étnica entre españoles e indios; segundo, la jerarquización socio-étnica de los barrios y lugares de residencia urbanos y periurbanos; tercero, el mestizaje y la constitución de barrios "populares". Vitar, Beatriz: Guerra y misiones en la frontera chaqueña del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1997, 372 págs., fuentes y bibliografía, apéndice documental, ilustraciones, cuadros y mapas. Aborda el análisis de las relaciones entre grupos indígenas y colonos en la frontera tucumana del Chaco dentro del período reseñado. Examina el ámbito natural y la evolución histórica de las respectivas comunidades y se centra en la diversidad de las actitudes y la complejidad de las interacciones entre ellas. Éstas varían en función de las características y ubicación de cada uno de los grupos indígenas y de los intereses diversos de los diferentes sectores de la sociedad colonial: las autoridades, los hacendados o los sectores eclesiales, con especial atención a la actuación de los jesuitas y sus repercusiones.-J. M. G. R. Puerto Rico fue objeto de una "españolización" tardía en el último tercio del siglo XIX, luego de más de tres siglos de existencia periférica dentro del perímetro imperial. Cuando sobreviene la Guerra Hispanoamericana se devela, para peninsulares y criollos, la naturaleza ambigua e irónica de la relación. Convocando textos contemporáneos a la crisis, la autora recompone unos relatos de "despedida" en los que circulan discursos contradictorios pero perfectamente compatibles respecto al fin del imperio y al tránsito a una nueva dominación.-R. I. 41. Carbó Darnaculleta, Margarita: "¡Viva la tierra y libertad! Rápida revisión del papel que desempeñó el grupo magonista en la Revolución mexicana, tanto en su faceta propagandística, tendente a la concienciación de los individuos, para que se sintiesen ciudadanos y no súbditos, como en el de alternativa política y también una breve observación de los factores que contribuyeron a su ocaso.-A. B. M. 42. Castro Arroyo, María de los Ángeles: "'¿A qué pelear si los de Madrid no quieren?'Una versión criolla de la guerra del 98 en Puerto Rico". A través del estudio del diario de guerra que Ángel Rivero Méndez comenzó a escribir en 1898, se analiza la posición mantenida por el pueblo puertorriqueño ante el 98. En el mismo se destaca que fue la disposición del propio país la que facilitó el triunfo de los norteamericanos. Una postura que era consecuencia del pasado colonial y que desembocó en el cansancio de la población ante las medidas tomadas por su antigua metrópoli, que no revertían en su desarrollo y mejora. Asimismo, se plantean los sentimientos de confusión e incertidumbre experimentados, al mismo tiempo, por la población una vez concluida la guerra.-R. I. Anuario de Estudios Americanos 43. Caudet, Francisco: Hipótesis sobre el exilio republicano de 1939. Madrid, 1997, 541 págs., prólogo de Alicia Alted Vigil, índice de nombres, bibliografía. Esta obra, mezcla de historiografía, ensayo y crítica literaria es el resultado del diálogo que el autor ha entablado con los protagonistas del exilio en la búsqueda de respuestas a interrogantes planteados a lo largo de los muchos años dedicados a la investigación de estos temas. El autor deja hablar a los exiliados a través de sus escritos para que captemos sus impresiones sobre el exilio y la influencia que éste ejerce sobre su obra. La relación entre cultura y exilio ocupa una parte importante de la obra, así como también los problemas que acuciaban al exiliado, sus diferencias políticas, etc. Caudet intenta también cuantificar el exilio, distinguir los diferentes grupos sociales que estaban representados en él, los componentes sociológicos, culturales, psíquicos, etc. que lo definen y el proceso de relaciones que se iniciaba con los países adoptivos.-J. R. N. G. 44. Cortés Zavala, María Teresa: "La memoria nacional puertorriqueña en Salvador Brau". Ensayo que a partir de la obra historiográfica de Salvador Brau, visualiza algunos de los elementos que reflejan su concepción respecto del desarrollo económico, político y social del Puerto Rico decimonónico. Igualmente analiza aquellos fundamentos que conforman o definen la identidad puertorriqueña y las consideraciones que al respecto presenta el autor. Mismos que interrelaciona en el marco de la discusión del modelo económico y político de "modernización" y "progreso" más ponderado en la época. Asimismo llama la atención en la obra de Salvador Brau, al apuntar hacia algunas de las corrientes de pensamiento que conformaron ese largo y cambiante proceso de formación colectiva en las que el propio Brau, como militante autonomista, además de tomar partido, marcó caminos.-R. I. 45. Cubano Iguina, Astrid: "Criollos ante el 98: La cambiante imagen del dominio español durante su crisis y caída en Puerto Rico, 1889-1899". Los criollos de finales del siglo XIX en Puerto Rico en sus escritos evocaron con frecuencia el lugar común de la España hidalga y heroica. Esa España era fuente de inspiración para sus mayores logros y justificación de sus aspiraciones de poder en la sociedad colonial. A la vez, criticaron la España de los privilegios y las oligarquías con tono regeneracionista y crítico. Se declaraban auténticamente españoles, expresando su sincero afecto a España. A la vez, mediante alegatos racistas sobre la superioridad anglosajona, asumieron la nueva dominación colonial estadounidense como un deber impuesto por la razón.-R. I. García, Gervasio Luis: "El otro es uno: Puerto Rico en la mirada norteamericana de 1898". Repensar el 98 en Puerto Rico supone alejarse de planteamientos victimistas que eximen de toda responsabilidad al pueblo puertorriqueño. El 98 es abordado en este trabajo como un año de liberación y dominación, en el que se valoran los aspectos positivos y negativos del imperialismo norteamericano, a la vez que se analizan críticamente las luchas, desiguales y singulares, de este pueblo por la justicia social y económica, la cultura y las libertades políticas. El pensamiento de Elihu Root y Salvador Brau ilustran parte de este proceso.-R. I. 47. García Jordán, Pilar: "Vías de penetración y métodos de conquista del territorio e indígenas amazónicos. Una lectura del informe Urrutia (1808) sobre el mejor acceso a la selva peruana, y una reflexión sobre su utilidad y vigencia en 1847". El trabajo examina los debates reflejados en El Mercurio de Valparaíso, en una etapa crítica para la evolución de los ideales americanistas en el cono sur. En efecto, en la década de 1860 se produjeron en forma casi simultánea dos conflictos bélicos significativos en América Latina: en las costas del Océano Pacífico, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador estuvieron en guerra con España, mientras que en el litoral Atlántico, Argentina, Brasil y Uruguay llevaron adelante la llamada "Guerra de la Triple Alianza" contra el Paraguay. Esta conflictiva situación dio lugar a fuertes polémicas en las cuales tomaron parte destacadas personalidades latinoamericanas del siglo XIX, como Juan Bautista Alberdi, José Victorino Lastarria, Bartolomé Mitre, Benjamín Vicuña Mackenna y Domingo Faustino Sarmiento. El Mercurio advirtió desde el primer momento la riqueza de este debate y le brindó un amplio espacio en sus páginas, con lo cual posibilitó su reconstrucción y, con ella, un aporte al conocimiento de los grandes problemas de la etapa de la organización del Estado Nacional en América Latina.-A. E. A. 50. Luque, María Dolores: "Los conflictos de la modernidad: la elite política en Puerto Rico, 1898-1904". Análisis de los significados del 98 a partir del estudio de la aceptación de la elite puertorriqueña, que en esa coyuntura vio la oportunidad de realizar un proyecto modernizador bajo la égida de Estados Unidos. El liberalismo democrático del imperio posibilitaría la puesta en marcha de una reorganización del país que, sin embargo, chocó con las condiciones particulares y estructuras económicas, sociales y culturales de Puerto Rico. Aceptando la consecución de algunos logros, cabe preguntarnos para qué se hicieron y quiénes se beneficiaron de ellos.-R. I. 51. Picó, Pernando: "Las construcciones de lo español entre los militares norteamericanos en Puerto Rico, 1898-99". En su apreciación de la población de la isla algunos militares norteamericanos contraponen lo español a lo puertorriqueño para corroborar su rechazo de lo insular. Otros culpan a los españoles de todos los males percibidos o imaginados. Estos ejercicios se dan en el contexto de supervisar una transición política en donde los militares se vieron en la necesidad de resolver la contradicción entre una invasión asumida para liberar a los puertorriqueños de España y una ocupación cuya principal tarea militar fue proteger a los españoles contra los puertorriqueños. Utilizando la correspondencia militar de los primeros dos años de ocupación habida en los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, se examinan las actitudes de tres oficiales, concluyendo que la construcción de lo puertorriqueño como lo español comenzó con los propios norteamericanos del gobierno militar.-R. I. 55. Sánchez Andrés, Agustín: "La alternativa federal a la crisis colonial. La conservación de los territorios ultramarinos sólo podía afrontarse desde la concesión de un estatuto particular a los mismos, basado en una amplia autonomía, o desde la plena integración de dichos territorios dentro de una estructura estatal de carácter federal, que resolviera de una forma global el problema planteado por todos los particularismos latentes en el Estado español.-R. M. G. S. Castro y Castro, Manuel de, OF.M.: "Documentos sobre los franciscanos de Hispanoamérica. Se incluyen siete documentos sobre las provincias franciscanas de Hispanoamérica nuevamente organizadas geográficamente en 1565 en el capítulo de Valladolid. Entre los documentos están las actas de los primeros capítulos de dos de esas nuevas provincias: las de San Francisco de Quito (1569) y las de San Antonio de los Charcas (1570). También, nuevo parecer del P. Juan Focher al virrey de Nueva España sobre los chichimecos, dos informes anónimos sobre las provincias del Nuevo Reino de Granada y la provincia de los Doce Apóstoles del Perú, interesantes relaciones de los misioneros que había en cada provincia con indicación del lugar de nacimiento, edad, oficio y lenguas que sabía cada religioso.-H. S. González Echevarría, Roberto: "La nación desde 'De dónde son los cantantes' a 'Pájaros de la playa'". Examen de la producción narrativa de Sarduy en torno al mito de lo nacional. Tal reflexión se inicia en "De dónde son los cantantes", como una crítica al proyecto origenista y a la visión hegeliana del famoso libro de Vitier, para proponernos una teleología sin fin. Estas elaboraciones se irán hilvanando, en el fluir de su producción narrativa, con un hilo biográfico, en un modo intimista y paródico que culmina en la visión de un Caribe-islasanatorio en la final "Pájaros de la playa".-M. P. Bianco, José: "Inéditos y rescates". Se rescatan algunas de las páginas críticas que Bianco dedicó a autores como Rilke, Romains o Raymond Roussel. Destacan especialmente las reflexiones que al autor le merecen quienes han sido consideradas presencias titulares de su mundo: Proust y Stendhal. El dossier dedicado a Bianco se completa con una nota introductoria y una bibliografía crítica de Cobo Borda.-M. P. 59. Guerrero, Gustavo: "A la sombra del espejo de obsidiana". El propósito del artículo es abundar en las relaciones entre Lezama Lima y quien se reconoció como su "heredero", Severo Sarduy. El contacto primero se produce en La Habana, en el marco del debate entre "Ciclón" y "Orígenes", iniciándose entonces una admiración y una fidelidad que llevan a Sarduy a convertirse en el principal defensor del autor de Paradiso en la Francia de la década del setenta.-M. P. 60. Palenzuela, Nilo: "Unamuno y Borges: disfraces del tiempo". Se ahonda en los motivos que aproximan la escritura de los dos autores. La confrontación del tiempo con la eternidad, la utopía, la visión del Otro, las lecturas de Dante o la Biblia, son algunos de los temas que posibilitan este estudio comparativo.-M. P. 61. Sebrelli, Juan José: "Borges: Nihilismo y literatura". Desde la óptica de quien se define como realista (alejado de los postulados de la literatura fantástica borgiana), el autor enhebra una reflexión en torno al escritor argentino que va desde la relación de Borges con los decadentistas (por su nostalgia de la ciudad preindustrial), pasando por "la tentación del fascismo", hasta recabar en el análisis de la filosofía. Se concluye que la postura de Borges se define entre el irracionalismo escéptico de sus maestros ingleses y el irracionalismo de Shopenhauer, para dar en un escepticismo que terminó convirtiendo la duda en dogma.-M. P. Se analiza aquí el traslado de la ciudad de Panamá la Vieja a su actual emplazamiento y las características morfológicas que la convierten en una ciudad "fortaleza y mercado" a la vez, dado que sigue desempeñando la misma función portuaria y comercial que antaño: la de centro neurálgico del comercio americano y puerto de tránsito y transbordo en la ruta de la plata, sólo que ahora su perímetro urbano es ceñido por un gran cinturón abaluartado y su trazado reproduce con gran perfección el modelo clásico de la ciudad americana colonial.-R. I. 70. Tous i Mata, Meritxell: "El patrimonio arquitectónico histórico-artístico de Santa Ana y Sonsonate, El Salvador". Conciso repaso histórico de ambas ciudades de la zona occidental salvadoreña, empezando por la época prehispánica hasta llegar a nuestros días. Desde la perspectiva arquitectónica, se determinan y divulgan sus estilos, sistemas constructivos y materiales empleados y se aprovecha el momento para hacer una llamada de atención al gobierno y los habitantes de ellas, a fin de evitar que se extinga su legado.-A. B. M. Galán, Natalio: Cuba y sus sones. Prólogo de Guillermo Cabrera Infante. Incursión en la historia de la música cubana, en busca de los antecedentes históricos de los ritmos de la isla. Por lo tanto, no es concebida en términos europeos al uso, sino como la única posible de efectuar: la música popular. Partiendo de los orígenes en el remoto pasado de la primera colonización de la isla hasta la salsa.-J. M. C. B. 72. Naranjo Orovio, Consuelo, y García González, Armando: Racismo e inmigración en Cuba en el siglo XIX. Fundación de Investigaciones Marxistas. Estudio sobre la política de colonización blanca y la posterior política de inmigración, también blanca, desarrollada en Cuba en el siglo XIX y su contribución como alternativa al modelo esclavista. Alternativa impregnada de racismo desde la segunda década del siglo pasado. Racismo que pervivió en la Cuba independiente del siglo XX, arropado por argumentos pseudocientíficos.-J. M. C. B.: "Tres temas para una identidad. Pautas historiográficas en Piura y Tumbes (Perú)".
Geográficamente, el Congreso abordo el desarrollo de las diversas temáticas en América y Filipinas, sin excluir las participaciones que trataban el panorama europeo. Previamente se habían dado a los futuros participantes cuatro grandes líneas: el arte de gobernar el imperio (el aparato del Estado desde arriba y desde abajo, la percepción del imperio, los ejércitos, etc.); un rey pobre en un Imperio rico (economía, financiación, cultura material); modelar la sociedad (iglesia, inquisición, educación, estamentos y castas); el rey y su Siglo de Oro (el rey y sus imágenes, la urbanización, lenguas, el arte y la cultura). Los días del Congreso se repartieron entre las dos sedes oficiales de Zacatecas y Guadalajara, y en cada uno de ellos, con sesiones de mañana y tarde, se presentaron las siguientes conferencias y ponencias: Lunes, 21 de septiembre, en Zacatecas: "En los albores del reinado" Tras el acto oficial de inauguración, M.a Teresa Franco actuó como moderadora, introduciendo las conferencias de: John Elliott ("Felipe II y la monarquía española: temas de un reinado") y Miguel León-Portilla ("Mesoamérica en los albores del reinado de Felipe II"). A continuación, en la mesa de ponentes, se sentaron Ethelia Ruiz Medrano ("Poder e iglesia en Nueva España: la disputa por el diezmo indígena") y Francisco Morales Valerio ("Felipe II y las órdenes religiosas en la Nueva España. Discusiones y polémicas de los franciscanos en torno a la Cédula de Real Patronato de 1574"). Moderada por M.a Justina Sarabia, incluyó las conferencias de Jean-Pierre Berthe ("El rey y el gobierno de Indias"), Rafael Diego ("Las estructuras de gobierno del mundo novohispano") y Enrique Martínez Ruiz ("Felipe II y el programa de gobierno de la Monarquía"). La Mesa de ponencias estuvo integrada por M.a Belén García López ("Fuentes jurídicas en el Archivo General de Indias") y Águeda Jiménez Pelayo ("La legislación española sobre trabajo indígena y su aplicación en la Nueva España"). Martes, 22 de septiembre, en Zacatecas: "Un Imperio frente a su espacio" Actuando como moderador Enrique Martínez Ruiz, fueron conferenciantes Magdalena Canellas Anoz ("Las Relaciones Geográficas y el conocimiento del Imperio") y Peter Bakewell ("Zacatecas y Potosí: los nortes del Imperio") y ponentes José Francisco Román Gutiérrez ("El septentrión novohispano y su expansión bajo Felipe II"), Ascensión Hernández Triviño ("La primera expedición científica al Nuevo Mundo: la misión de Francisco Hernández") y Carmen Castañeda G. ("La difusión del castellano en la Nueva España en la época de Felipe II"). Moderada por Peter Bakewell, la conferencia estuvo a cargo de Laura Gutiérrez Witt ("La elaboración de mapas en el siglo XVI: la fusión de tradiciones en las Relaciones Geográficas"), y las ponencias fueron de Jean Philippe Priotti ("Felipe II, los vascos y la defensa del Imperio"), Tamar Herzog ("La política espacial y su aplicación: las Ordenanzas del descubrimiento, nueva población Anuario de Estudios Americanos y pacificación de las Indias y las tácticas de conquista (siglos XVI-XVII") y M.a Fernanda García de los Arcos ("Filipinas en el Imperio de Felipe II"). En la jornada del miércoles los participantes en el Congreso se dirigieron en autobús hacia Guadalajara. La principal actividad de este día fue visitar la ciudad de Aguascalientes, en la que después de recorrer sus principales museos, fueron agasajados por el gobierno del Estado. Jueves, 24 de septiembre, en Guadalajara: Bajo la presidencia de mesa de Carlos Fregoso Gennis, los conferenciantes fueron M.a Justina Sarabia Viejo ("El príncipe Felipe y la nueva sociedad novohispana (1548-1558)") y Louis Cardaillac ("Felipe II y los moriscos"). Después presentó su ponencia Antonio J. López Gutiérrez ("Fuentes para el estudio de las hermandades y cofradías mexicanas en el Archivo General de Indias"). De nuevo moderada por Peter Bakewell, en esta tarde se presentaron las conferencias de Thomas Calvo ("El blanco manto de la urbanización") y Michel Bertrand ("Evangelizar un Imperio: entre sueño utópico y preocupaciones coloniales") y las ponencias de Isabel Arenas Frutos y Purificación Pérez Zarandieta ("El primer criollismo en la conspiración de Martín Cortés") y José Rubén Romero ("La nobleza indígena mexica y el absolutismo español"). Viernes, 25 de septiembre, en Guadalajara: "El rey y su Siglo de Oro" Actuando como moderador Jean-Pierre Berthe, los conferenciantes fueron Jaime González ("El pensamiento y la cultura novohispanos") y Armando Pavón Romero ("La Universidad de México en el siglo XVI") y las ponentes Consuelo Maqueda Abreu ("Felipe II y la Inquisición: el apoyo real al Santo Oficio"), Nora Jiménez Hernández ("Felipe II y los saberes de su tiempo") y Celia López-Chávez ("Dos poemas, dos fronteras y un Imperio: Felipe II y la poesía épica americana"). La última mesa del Congrego estuvo moderada por Thomas Calvo y en ella se presentaron la conferencia de Georges Baudot ("Felipe II frente a las culturas y los discursos prehispánicos de América. De la transculturación a la erradicación") y las HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LV, 2, 1998 ponencias de Lilia Oliver ("La fundación de hospitales en la época de Felipe II") y Pierre Ragon ("Sebastián Aparicio, un santo mediterráneo sobre el Altiplano"). Por tanto un Congreso denso en contenidos y trabajos, en el que también hubo actividades lúdicas en varias cenas y conciertos ofrecidos por las autoridades de las dos ciudades. Hay que acabar esta crónica agradeciendo las continuas atenciones de los equipos organizadores, personificados en Águeda Jiménez Pelayo, Nora Jiménez y José Francisco Román Gutiérrez. M.a JUSTINA SARABIA VIEJO Las Palmas de Gran Canaria, 5-9 de octubre de 1998 La coincidencia centenaria, en este presente año, del fallecimiento de Felipe II (1598) y de la guerra hispano-cubana-norteamericana (1898) ha dado lugar a la conmemoración de ambos acontecimientos históricos a través de congresos, conferencias, exposiciones, publicaciones, etc. A esta evocación se han sumado diversas instituciones públicas y privadas, que con su apoyo y ayuda han permitido ampliar el conocimiento que se tenía sobre estos dos sucesos, al igual que la unión de esfuerzos entre entidades académicas ha logrado plasmarse en la celebración de simposios científicos mucho más fructíferos que los que podrían haberse organizado de forma individual. Conscientes de estas ventajas, la Junta Directiva de la Asociación Española de Americanistas (AEA) y los organizadores de los Coloquios de Historia Canario-Americana acordaron hace tiempo unificar para la ocasión sus reuniones bienales en un Congreso que recogiera distintas aportaciones acerca de estos dos aniversarios señalados. Así, en La Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, del 5 al 9 de octubre, pudo celebrarse de forma conjunta el XIII Coloquio y el VIII Congreso Internacional de la AEA, donde se dieron cita más de 300 participantes españoles, de otras naciones europeas e hispanoamericanos. Gracias a la colaboración del Ministerio de Educación y Cultura (Direcciones Generales de Cooperación y Comunicación Cultural y de Enseñanza Superior e Investigación Científica), del Gobierno de Canarias (Viceconsejerías de Turismo y de Cultura y Deportes), del Ayuntamiento de Las Palmas, del Cabildo de Gran Canaria y del Patronato de Turismo de Gran Canaria, el Congreso logró sus objetivos principales entre los que se encontraba la discusión, por parte de un nutrido grupo de especialistas, de los temas más significativos referentes al reinado de Felipe II y a los antecedentes y consecuencias del llamado "desastre" español de 1898. No podemos dejar de señalar que el éxito del encuentro se debió C R Ó N I C A S Anuario de Estudios Americanos también a la ímproba labor desplegada por el coordinador general, el profesor Francisco Morales Padrón, y por las secretarias generales Dña. Elena Acosta Guerrero (Casa de Colón) y Dña. Emelina Martín Acosta (AEA). El Congreso había establecido cuatro líneas temáticas generales (1898. Centenario de la Independencia de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, en América y Canarias; 1598. IV Centenario de la muerte de Felipe II en América y Canarias; La mujer en la Historia en todas las épocas, en América y Canarias; y Canarias en todas las épocas) en torno a las cuales debían de aglutinarse las comunicaciones y ponencias presentadas. En algunos casos, y dada la complejidad de los temas, dentro de estas líneas temáticas se organizaron simposios específicos, de todo lo cual hablaremos más adelante. Sí conviene decir ahora que hubo además diversas sesiones plenarias donde un especialista cualificado debía disertar acerca de una materia de su competencia. Así el Dr. Luis Navarro García habló de "Cuba y el 98"; la Dra. Lourdes Díaz-Trechuelo, de "Filipinas y el 98"; el Dr. Alfredo Alvar Ezquerra, de "La conmemoración de Felipe II"; la Dra. Margarita Birriel Salcedo, de "Mujeres e Historia" y el Dr. Luis E. Agrait, de "Puerto Rico y el 98". Se asistió también a la presentación de libro de Felipe Fernández Armesto "Las islas Canarias después de la Conquista" y a la presentación de la Revista de Museología dedicada a "Museos de la región andina". La línea temática referida a la pérdida de las últimas colonias españolas de ultramar dispuso de dos simposios. El primero de ellos llevó por título general "Independencia, revolución y crisis política del 98" y estuvo coordinado por Luis Navarro García y M.a Luisa Laviana Cuetos, ambos de la Universidad de Sevilla. Desarrollado a lo largo de dos días, en el primero de ellos intervinieron, entre otros, Carlos J. Morales (Universidad de La Rioja), "Poesía y revolución en la primera crónica de José Martí: el presidio político en Cuba"; Ada. M.a Teja (U. de Roma), "La Edad de Oro, crítica de la modernidad"; M.a Luisa Laviana (U. de Sevilla), "José Martí y las revoluciones cubanas"; Luis Toledo Sande (Casa de las Américas, La Habana), "Antillanía y previsión en el proyecto cubano de José Martí"; Pedro Pablo Rodríguez (Centro de Estudios Martianos, La Habana), "La independencia antillana y el equilibrio de América y el mundo"; Ibrahim Hidalgo (Centro de Estudios Martianos, La Habana), "Presencia del ideario martiano en el 98"; Luis Navarro (U. de Sevilla), "Juan Gualberto Gómez, propagandista legal de la revolución"; José A. Ferrer (U. de Zaragoza), "La Masonería española y la crisis colonial del 98". En el segundo de los días programados pudimos asistir a las disertaciones de M.a Luisa Pérez (U. de Sevilla), "La guerra hispano-nortamericana y la identidad de los hispanos de Nuevo México"; Juan Carlos Maestro (U. de Valladolid), "Documentación inédita sobre el Capitán General D. Gabriel Baldrich"; M.a Luisa Martínez de Salinas (U. de Valladolid), "La crisis de 1895 a través de correspondencia privada"; Oscar Álvarez Gila (U. del País Vasco), "Opinión pública y vida municipal ante la guerra de Cuba"; Begoña Cava (U. de Deusto), "Vida cotidiana y sucesos históricos en Manila durante la guerra hispano-norteamericana". El otro simposio de esta misma línea temática estuvo coordinado por Consuelo Naranjo Orovio (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y englobó las ponencias referidas al tema genérico "Sociedad y economía en Cuba y Puerto Rico en 1898". En él intervinieron, entre otros, Miguel A. Puig-Samper (CSIC), "Pensamiento científico, sociedad e independencia en Cuba al finalizar el siglo XIX"; Leida Fernández (Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Tecnología, Cuba), "La agricultura cubana a fines del siglo XIX: Ciencia y economía"; Imilcy Balboa (Instituto de Historia de Cuba), "Colonización y poblamiento militar versus independencia. ¿La guerra de la voluntad y del ideal o de la pobreza y la necesidad?"; Enrique López Mesa (Centro de Estudios Martianos, La Habana), "Historiografía y nacionalidad cubana"; José L. Mora (U. de Sevilla), "La sociedad antillana en la perspectiva institucional episcopal"; Magdalena Guerrero Cano (U. de Granada), "Los centros españoles ultramarinos: el caso gaditano"; M.a Dolores González Ripoll (CSIC), "Hostos y la sociedad puertorriqueña en el tránsito de siglos"; Jesús Guanche (Instituto de Tecnología y Folclore, Cuba), "La emigración hispánica a las Antillas hispanohablantes y el conflicto bélico de 1895-1898". La línea temática que conmemoraba el IV Centenario de la muerte de Felipe II se estructuró en un simposio y en un seminario. El simposio llevó por título "Felipe II y América" y estuvo coordinado por Francisco Morales Padrón (Universidad de Sevilla). Entre los diversos participantes, se contó con la presencia de Francisco Morales Padrón, "Las Indias de Felipe II"; Jesús Varela (U. de Valladolid), "Cartografía histórica en el reinado de Felipe II"; M.a Carmen Borrego (U. de Sevilla), "Urbanismo y poder en la Cartagena indiana de Felipe II"; Edberto Oscar Acevedo (U. Nacional de Cuyo, Argentina), "Dos descripciones del 1600 hispanoamericano. Pedro de León Portocarrero y Reginaldo de Lizárraga"; M.a Ángeles Eugenio (U. de Sevilla), "Los últimos esclavos indígenas en la pesquería de perlas del Río de la Hacha: La Real provisión de Felipe II para su liberación (1567)"; Hernán A. Silva (U. Nacional del Sur, Bahía Blanca, Argentina), "Marginalidad rioplatense y relaciones comerciales con el Brasil en época de Felipe II"; Enriqueta Vila (CSIC), "La liquidación de un imperio mercantil a fines del siglo XVI"; Miguel Molina (U. de Granada), "Legislación minera colonial en tiempos de Felipe II"; Julián Ruiz Rivera (U. de Sevilla), "Cartagena de Indias, puerto indefenso en el reinado de Felipe II"; Laura González y Concepción Bravo (U. Complutense, Madrid), "La fundación de la Real Audiencia de la Región de los Charcas en la ciudad de La Plata". El seminario antes citado fue coordinado por Antonio de Bethencourt Massieu (UNED, Las Palmas), con el título de "Felipe II, el Atlántico y Canarias". En él intervinieron, entre otros, Felipe Fernández Armesto (U. de Oxford), "El carácter del imperio de Felipe II"; Joseph Pérez (U. de Burdeos), "Felipe II ante la historia"; Felipe Ruiz Martín (U. Autónoma, Madrid), "Corsarios y piratas contra Felipe II. Trascendencia del bloqueo de la flota de Indias"; Antonio Macías (U. de La C R Ó N I C A S Anuario de Estudios Americanos y Celia Parcero (UNED, Palencia), "El proyecto de colonización de Guantánamo en 1793 por el comandante del Batallón de Veteranos de Canarias D. Antonio Claraco y Sanz". El resto de los simposio estuvieron dedicados a "Historiografía" (coordinado por Vicente Suárez Grimón, U. de Las Palmas, y Manuel Hernández González, U. de La Laguna); "Arqueología" (Ernesto Martín Rodríguez, U. de Las Palmas, y Antonio Tejera, U. de La Laguna); "Geografía" (Juan Francisco Martín Ruiz, U. de La Laguna, y Guillermo Morales Matos, U. de Las Palmas); "Arte" (Francisco Galante Gómez, U. de La Laguna, y Sebastián López García, U. de Las Palmas); "Canarias y el 98" e "Historia Contemporánea de Canarias" (coordinados ambos por Teresa Noreña Salto, U. de La Laguna, y José M. Pérez García, U. de Las Palmas). La celebración conjunta del XIII Coloquio de Historia Canario-Americana y del VIII Congreso Internacional de Historia de América de la AEA respondió a las expectativas suscitadas. A posteriori solo cabría una objeción: que la organización hubiera confiado tanto la conferencia de apertura como la de clausura a dos historiadores extranjeros, Sebastian Balfour ("Nuevas y viejas interpretaciones del desastre del 98 y sus consecuencias en España") y Henry Kamen ("Felipe II ante la realidad americana. Definición y desarrollo de la actitud real"), respectivamente, en detrimento de algún concreto historiador hispano que en los temas aludidos hubiera aportado, sin duda, aspectos mucho más novedosos de los que pudimos escuchar a esta "excesiva" representación británica. Balfour se limitó a repetir, en gran medida, una conferencia que ya había expuesto meses antes en el Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Sevilla y que además fue mucho más rica en ilustraciones que esta de Gran Canaria. Y decepcionante fue participación de Kamen, pues no sólo no aportó nada nuevo al conocimiento de la "realidad americana", sino que utilizó unas referencias documentales y bibliográficas anticuadas e incluso ya rectificadas por los propios autores cuyos trabajos utilizó para su disertación. Pero desde luego estos reparos no ensombrecen para nada el éxito de una reunión científica tan compleja, con tantas sesiones y con tan nutrido grupo de participantes. Si algo queda realmente claro es la gran capacidad profesional de todos aquellos que intervinieron en su organización (AEA, Casa de Colón de las Palmas, Coordinador General, Secretarias Generales, Entidades Colaboradoras, etc.) y la cariñosa hospitalidad desplegada por todos los canarios, que podríamos personificar en doña M.a Concepción de Armas, Consejera Insular de Museos, cuyos desvelos por el buen funcionamiento del Congreso y sus constantes atenciones hacen que mantengamos con ella una gran deuda de gratitud y que desde este mismo momento estemos deseando regresar a Gran Canaria para asistir al XIV Coloquio. ANTONIO GUTIÉRREZ ESCUDERO C R Ó N I C A S
El foco de atención es desplazado desde categorías clasificatorias tradicionales hacia un nivel "meso" o de intermediación entre factores micro y macrosociales. Se observan diversos tipos y funciones de redes de latinoamericanos que ilustran cuatro usos diferentes del concepto de red. Se concluye que la perspectiva de redes puede aportar conocimientos oportunos, a pesar de su aplicación frecuentemente difusa y la falta de consenso en el seno de las ciencias sociales. A pesar de sus antecedentes históricos y sus particularidades recientes, en la mayoría de los países europeos los conocimientos sobre la dinámica de la migración latinoamericana, así como de las condiciones de vida de los inmigrantes, son aún limitados. En el caso de Francia, los estudios socio-demográficos y sociológicos relativos a los flujos latinoamericanos o a las condiciones de vida de los inmigrantes instalados son escasos, si bien existe un cúmulo significativo de literatura acerca de la historia de los lazos culturales y políticos que unen las sociedades latinoamericanas y francesa. Evidentemente esto se explica, al menos en parte, porque éste constituye un fenómeno de modesto tamaño, en comparación tanto con los destinos más importantes de la emigración latinoamericana, como con los principales orígenes de la inmigración en Francia. Sin embargo, algunos de estos grupos han despertado la atención de investigadores interesados en la región de América Latina o en perfiles migratorios específicos. Por otro lado, la inmigración de latinoamericanos encuentra ya cierto eco en la agenda de discusiones entre la Unión Europea y los representantes de la región. En nuestra opinión, a pesar de constituir un fenómeno relativamente pequeño en términos demográficos, la migración de América Latina a Francia constituye un objeto interesante de estudio de selectividad migratoria, en el que se conjugan una heterogeneidad en los perfiles sociales de inmigrantes, provenientes de diferentes orígenes y oleadas migratorias, y en consecuencia, la coexistencia de distintas generaciones -lo que permite eventuales análisis del cambio intergeneracional y de las llamadas "segundas generaciones"-. Es preciso aclarar que esta heterogeneidad migratoria ligada al propio carácter diverso de la región, no objeta, sin embargo, la presencia de una unidad socio-histórica y cultural que permite que "lo latinoamericano" remita, en el plano de las migraciones, a una mera unidad geográfica de procedencia. Tal como la mayoría de los estudios que tratan sobre determinados flujos migratorios, los desplazamientos de latinoamericanos hacia las regiones desarrolladas han sido descritos desde la perspectiva de categorías clasificatorias macrosociales. Por un lado, encontramos las referidas a la evolución temporal de los movimientos, que distinguen entre los "inmigrantes definitivos", "temporarios", "transeúntes", etc. (por ejemplo, la propuesta por G. Standing). Por otro lado, se hallan las basadas en los motivos de la migración, que establecen diferencias entre la "migración laboral", las migraciones forzadas, de exilio, de estudios, de personas altamente calificadas, etc. Otro ejemplo de clasificación es la que propusieron M. Picouet y H. Domenach en los años ochenta que, combinando los dos criterios anteriores (temporalidad y motivos), distinguieron entre "movimientos reversibles renovados", "esporádicos", "movimientos irreversibles forzosos", "provocados", "voluntarios", etc. Todo sistema clasificatorio implica una relativa simplificación de una realidad siempre más compleja. En este caso, el acento sobre la visión macrosocial aclara poco sobre el nivel de los comportamientos, y sobre situaciones que se modifican a lo largo del tiempo, corriéndose así el riesgo de dotar el análisis de simplificaciones y a prioris. Por ejemplo, muchos exiliados políticos de los años setenta que ejercían profesiones "liberales" en sus sociedades de origen debieron, al momento de su llegada a Francia, buscar empleos precarios y desarrollar estrategias de vida que no diferían de aquellas desplegadas por los inmigrantes "laborales". Sería más pertinente, por ejemplo, pensar en un sistema dinámico que incorpore una visión sobre el cambio, más que en categorías agregadas o rasgos atribuidos ("exiliado", "trabajador", "altamente calificado", etc.), ya que dichos rasgos no varían a lo largo del tiempo. Si bien estas observaciones son válidas, debemos aceptar asimismo que si una larga tradición de estudios retoma dichas categorías migratorias, es porque las mismas aluden a fenómenos de carácter más o menos típico. Es cierto, además, que estas categorías dan cuenta de ciertas representaciones construidas y plasmadas en instituciones sociales, como las empleadas en el sistema de clasificación burocrática (permisos de residencia, de trabajo, asistencia social, refugio, etc.). En definitiva, se trata de visiones diferentes del objeto de observación. De este modo, dar prioridad a otros criterios de análisis puede aportar una serie de análisis focalizados sobre otros aspectos de la experiencia migratoria distintos de los motivos o la temporalidad de la migración. Por estas razones, hemos retomado algunos de los ejemplos estudiados sobre migraciones de América Latina hacia Francia, para analizarlos desde un ángulo distinto. Nos referiremos a las migraciones de exilio, la "fuga de cerebros", la migración laboral, y a la "diáspora", no priorizando la descripción del grupo migratorio, sino focalizando los mecanismos de redes sociales que pueden haber actuado tanto posibilitando el desplazamiento, como en etapas posteriores de la experiencia migratoria. Hemos querido explorar el enfoque de redes sociales teniendo en cuenta la gran difusión que alcanzó el mismo en los últimos tiempos en el campo de los estudios migratorios. Dicha expansión sugiere algunos comentarios: En su sentido más abstracto, una red puede ser definida como un conjunto de relaciones que actúan alrededor de algún principio organizador subyacente. Las ciencias sociales han adoptado el concepto de "red social" a lo largo de un recorrido de ideas sin dudas íntimamente ligado la historia del estructuralismo, que ve en ellas estructuras duraderas de relaciones sociales. 1 Quizás sea oportuno mencionar la distinción entre la tradición sociocéntrica (que explica las propiedades de un conjunto de conexiones entre un grupo de "nodos") 2 y la tradición egocéntrica (que parte de las conexiones que pueden trazarse a partir de un ego dado -unidades o individuos-). 3 Más específicamente, en los últimos tiempos los estudios migratorios retomaron la idea de red (con aplicaciones derivadas de ambas tradiciones) como parte de un conjunto de esfuerzos tendentes a renovar las teorías existentes sobre las migraciones. A grandes rasgos, dichas teorías habían propuesto explicaciones ya sea de nivel macro-estructural (como las teorías clásica y neoclásica de los factores de atracción y repulsión, la teoría del mercado de trabajo segmentado, la de los sistemas migratorios o la de la transición de la movilidad); o bien de nivel de los factores micro-individuales (en su vertiente neoclásica, o la llamada "nueva economía de las migraciones"). 4 El enfoque de redes intenta, por su parte, situarse en lo que se piensa como el nivel "meso-social" o de intermediación entre ambos niveles. Esto implica la relación dinámica entre individuo y estructura, reconociendo efectos estructurantes de las redes sobre los individuos, así como grados de libertad del individuo para la interacción. De esta manera, el viejo y conocido concepto de "cadena migratoria" 5 se vio ampliado por el 1 Para una síntesis de dicho recorrido: Mercklé, Pierre: Les origines de l'analyse des réseaux sociaux, Centre national d'enseignement à distance (CNED) Ecole normale supérieur, Lettres et sciences humaines, 2003-2004 (disponible en Internet) (disponible en Internet). En español, puede consultarse: Requena Santos, Félix: Análisis de redes sociales. Orígenes, teorías y aplicaciones, CIS (Centro de investigaciones sociológicas) / Siglo XXI, Col. 2 El término nodo, aplicado en ciencias sociales al análisis de redes, invoca rápidamente la forma en que las ciencias sociales (o las corrientes ligadas al positivismo) adoptan, en paralelo, términos provenientes de las ciencias duras. 3 Ver por ejemplo Molina, José Luis: El estudio de las redes personales: contribuciones, métodos y perspectivas, Empiria, julio-diciembre 10, 2005, págs. 71-106. 4 Respecto al nivel "meso", puede consultarse: Faist, Thomas: "The crucial meso-level" en Hammar, T.; Brochmann, G.; Kamas, K., y Faist, T. (directores): International migration, immobility and development, Oxford, Berg, 1997, págs. 187-217. Una síntesis de las diferentes teorías sobre migraciones puede consultarse en: Slotnik, Hania: "Théories sur les migrations internationales" en Caselli, Graziella; Vallin, Jacques, et Wunch, Guillaume (dirs.): Démographie: analyse et synthèse. Estos fueron retomados en: Arango, Jorge: "Expliquer les migrations: un regard critique", Revue internationale de sciences sociales, n.o 165, 2000, págs. 283-296. 5 Las cadenas migratorias se refieren al mecanismo a través del cual ciertos flujos se perpetúan, gracias a las condiciones creadas por un grupo de inmigrantes pioneros. El principio del mecanismo señala que las relaciones sociales en el espacio perpetúan las migraciones en el tiempo. de "red de inmigrantes", "redes migratorias", o "redes sociales" a secas, haciendo referencia a las relaciones interpersonales e institucionales entre antiguos inmigrantes, inmigrantes potenciales y no inmigrantes de las regiones de origen y destino, según una muy citada definición perteneciente a la obra conjunta de D. Massey y otros autores. 6En definitiva, hasta el momento las ciencias sociales no han mostrado total consenso con respecto al concepto, de modo que los usos son vastos y las definiciones, teorías y métodos adoptados pertenecen a las más diversas extracciones disciplinarias o epistemológicas. En el campo de las migraciones, no son infrecuentes los trabajos que carecen de posicionamiento teórico o metodológico explícito, alimentando el pesimismo de los pronósticos más escépticos acerca de la utilidad del enfoque, o la crítica de sus más entusiastas defensores. Sin embargo, tal es la capacidad explicativa que se suele atribuir a los mecanismos de redes, que puede sugerirse que la idea de "red" (social o migratoria) ha reemplazado a la de "estado", como concepto estructurador del pensamiento sobre las migraciones internacionales. Lo que en todo caso nos importa resaltar aquí es lo que podría considerarse la base del enfoque, que constituye el fundamento de la sociología de G. Simmel: son las interacciones y las relaciones entre los individuos y no los individuos mismos y sus atributos lo que constituye los objetos elementales de la sociología. Dicho autor influyó en la sociología estructural que sistematizaría el análisis de redes sociales. El objeto fundamental de la sociología debe ser considerado entonces a un nivel "intermediario", es decir, las "formas sociales" que resultan de la interacción entre los individuos.7 Algunos trazos de la migración de latinoamericanos hacia Francia Antes de comenzar con la tarea principal de nuestro análisis, delineemos brevemente los trazos de esta migración. Los primeros flujos significativos de latinoamericanos que se dirigieron hacia Europa dan cuenta de forma preponderante de la llamada "fuga de cerebros" latinoamericana y los movimientos de exilio provocados por las dictaduras de América del Sur. Dichos flujos, observados durante las décadas de 1950 a 1980, dieron lugar tanto al asentamiento de comunidades de latinoamericanos, como a importantes movimientos de retorno a los países de origen. Desde mediados de los años 1990 y hasta la actualidad, el fenómeno emigratorio desde América Latina se encuentra en expansión y adquiere relevancia cuantitativa, volcándose especialmente hacia los países donde existían ya fuertes lazos históricos, especialmente hacia España. En particular, a partir de la década de 2000 el agravamiento de las crisis de carácter socioeconómico o político-institucional en varios países de la región ha constituido un importante factor de expulsión hacia las regiones prósperas. Por otro lado, el endurecimiento de la política internacional e inmigratoria de Estados Unidos desde hace un quinquenio, tuvo como consecuencia una mayor diversificación de los destinos y del aumento de la circulación migratoria. En el caso europeo, la fuerte regionalización de los mercados de trabajo, ligada a la relativa homogeneización de políticas migratorias y laborales y las disposiciones de la libre circulación intra-europea a partir de la abolición de las fronteras en el "espacio Schengen", sumadas al reconocimiento de la nacionalidad europea a descendientes de antiguos emigrantes transatlánticos (lo que se conoce como el "retorno diferido entre generaciones") constituyen factores que facilitan los desplazamientos y abren las puertas a la circulación entre distintos países. El crecimiento de estas nuevas corrientes evocó la metáfora de la "inversión" de la dirección de los flujos de europeos hacia el "Nuevo mundo", de los siglos XIX y XX, abriendo así un campo de estudio emergente. A propósito, es oportuno notar que la "presión" migratoria latinoamericana ya ha llevado a la Unión Europea a la introducción progresiva de la exigencia de visado para los ciudadanos de Colombia, Perú, Ecuador, y Bolivia. Francia constituye uno de los nuevos destinos, aunque continúan predominando los países del sur europeo como las regiones de llegada predominantes del continente. Esta nueva migración es actualmente objeto de investigación, cuyos primeros resultados la describen bajo diversas formas de migración laboral o estudiantil. Siendo una migración reciente, resta la tarea de continuar los estudios para ir dando cuenta de la evolución de tales movimientos. El censo de población prevé una estimación de la dimensión y composición de la población inmigrante y extranjera en un determinado momento.8 Puesto que el objeto de nuestro trabajo lo constituyen las experiencias de migración de latinoamericanos, aquí hacemos referencia sólo a la población inmigrante, independientemente de su nacionalidad. Es decir, el censo de población define como inmigrante latinoamericano a la persona nacida en algún país de América Latina con una nacionalidad de nacimiento distinta a la francesa, no incluyendo a los latinoamericanos nacidos en Francia (los que formarían parte de la "comunidad de latinoamericanos"). Como lo indica el gráfico 1, las poblaciones de inmigrantes (nacidos extranjeros fuera de Francia) y extranjeros (con una nacionalidad distinta a la francesa) son poblaciones divergentes, pero se superponen parcialmente. Europa y África acumulan más de 4/5 del total de la inmigración, seguidas por Asia, con casi el 13% de los efectivos. El total de continente americano representa sólo el 3% de los inmigrantes, mientras que los 20 países de América Latina representan el 2% del conjunto de la población inmigrante (estimación previa a la última oleada de principios de 2000 La composición por países refleja la diversidad de dicha migración, teniendo en cuenta que la región de América Latina es vasta y heterogénea en múltiples aspectos de su conformación social, política y económica y, consecuentemente, de su historia migratoria. En 1999 Haití y Brasil constituían los orígenes más representados, cuya población de inmigrantes representaba más del 40% del total de latinoamericanos. Si se suma Colombia, se alcanza el 54%. Chile, Argentina y Perú les siguen con un 27%, mientras que los 14 países restantes no alcanzan más del 19% del total (ver Cuadro 2). Su pasado colonial hace de Haití un caso particular de país de emigración latinoamericana a Francia, al que volveremos más adelante al hacer referencia al ejemplo de la "diáspora". Otro fenómeno que podemos constatar a partir de los datos del cuadro 2 es la diferente conformación por sexo de los inmigrantes latinoamericanos. El índice de masculinidad (IM) -que representa la cantidad de varones por cada 100 mujeres-muestra una predominancia femenina en todas las nacionalidades.9 La pirámide de sexo y edad (gráfico 2) confirma dicho predominio femenino, y muestra una población relativamente joven. Mecanismos migratorios de América Latina hacia Francia y redes sociales Un conjunto de trabajos han estudiado, desde diferentes perspectivas, los cuatro flujos migratorios que hemos seleccionado. Nuestra mirada comparativa nos permite rastrear en ellos la idea de base que hemos retenido para la observación de redes sociales, la de estructuras de relaciones sociales duraderas. A partir de esta idea general, intentaremos describir sus características y funciones, retomando la distinción realizada por D. Gurak y F. Caces10 de tres tipos principales de funciones cumplidas por las redes migratorias: la adaptación, la selección y la canalización. La función de adaptación incluye el acomodamiento a corto plazo a las condiciones temporarias de llegada frecuentemente difíciles, tanto como la integración a largo plazo en las instituciones principales de la sociedad de destino. La selección se refiere a los procesos de determinación de qué individuos serán los que migran. La canalización hace hincapié en los mecanismos de transmisión de recursos, especialmente de información. Este último enfoque puede ser emparentado a las teorías difusionistas de las redes sociales. Las migraciones de exilio: redes de información y solidaridad Con el golpe de estado de 1964 en Brasil se abre en América Latina un período de dictaduras militares que se prolonga a lo largo de la década de los setenta, seguido por un no menos penoso período de violencia política durante los ochenta, especialmente en Centroamérica. Dichos contextos de terror han impuesto el exilio como estrategia de supervivencia y de búsqueda de bienestar a un importante número de latinoamericanos. Los principales países receptores durante esa etapa fueron España, Alemania, Francia, Suecia, Italia, Holanda, Gran Bretaña e Israel, además de algunos países de la región, como Venezuela y México. El continente europeo ha significado con frecuencia el destino final de una circulación migratoria forzada, como la de numerosos paraguayos, chilenos y uruguayos que, habiendo partido a Argentina o México, han debido volver a emigrar a causa del deterioro político institucional en esos países. 11Por aquella época Europa imponía fuertes medidas restrictivas a la inmigración de trabajo, como consecuencia de la crisis económica desatada en 1973. El "cierre de fronteras" marcó el fin de una política explícita de inmigración de trabajo, llevada a cabo en la década anterior, durante el período de reconstrucción económica de la segunda posguerra. El estado francés, que otorgaba el estatus de refugiado, acogió a un número importante de latinoamericanos, entre ellos originarios de Chile y Argentina, a pesar de las medidas fuertemente restrictivas de control migratorio que el estado francés había implementado a partir de 1974. Redes de diversa índole parecen haber actuado en distintos "momentos" de la experiencia de exilio. En el momento inicial, las redes de información se movilizaron para ofrecer posibles lugares de asilo (función de selectividad y canalización), dando lugar a la circularidad migratoria hacia el interior y exterior de la región latinoamericana. En un segundo momento, las redes institucionales de partidos políticos, organizaciones civiles, sindicatos, instituciones religiosas y círculos de intelectuales cumplieron un rol fundamental para la acogida y la integración social y laboral de los exilados (función de adaptación a corto y largo plazo). En un crítico tercer momento, las redes sociales actuaron posibilitando el retorno y la reinserción en el país de origen (adaptación que incorpora los lazos con la sociedad de origen). Finalmente, y menos frecuente, se ponen de manifiesto los contactos reactivados para posibilitar la partida de los descendientes hacia las sociedades que habían anteriormente acogido a sus padres (selectividad y canalización). En la literatura sobre las experiencias de migraciones políticas, muy frecuentemente aparece la expresión de "redes de solidaridad" para referirse al dispositivo institucional, tanto de acogida, de apoyo a la inserción social de los inmigrados, como de denuncia de las violaciones de derechos humanos o de militancia política. Dicha solidaridad -con sus múltiples y complejas manifestaciones-puede ser vista, entonces, como el principio organizador de dichas redes. El carácter de las mismas parece ser de fuerte formalización, es decir, de acción coordinada entre partidos políticos, organizaciones civiles y otras instituciones de la sociedad. También suele resaltarse los dos niveles de la acción solidaria: el institucional y el de las redes de relaciones interpersonales, cada una con dinámicas propias; ambas no exentas de contradicciones y conflictos. La segunda mitad de la década de 1970 estaba impregnada por un clima de época en el que predominaban sensibilidades humanitarias y de defensa de los derechos humanos. Desde la teoría del capital social (ver recuadro 1), podría quizás también aludirse al concepto de solidaridad confinada,12 haciendo referencia a un tipo de fuente de recursos (en este caso provenientes de las organizaciones e individuos que conformaban tales "redes de solidaridad") motivada por un sentido altruista. Dicha fuente de capital social da cuenta de la transferencia de información y recursos debido a un sentido de membresía o lealtad con determinado grupo social. La importante movilización y acogida a los exilados chilenos a partir de 1973 desempeñó un rol importante como antecedente para las manifestaciones y mecanismos de solidaridad desplegados por la sociedad francesa, hacia los exilados y organizaciones argentinas que llegaban a partir de 1976-1978. 13 En cuanto a este segundo movimiento de exilio, es posible distinguir dos niveles de acción, el institucional y el individual, cada uno con sus alcances y limitaciones. En cuanto al primer nivel evocado, el institucional, el organismo oficial de acogida encargado entre otras tareas de otorgar el estatus de refugiado a los exilados, la OFPRA (l'Office de Protection des Réfugiés et Apatrides), actuó en coordinación con un conjunto de entidades privadas de diversa índole, como France, Terre d'Asile, entre otras. La acción soli-daria era además desarrollada por otro conjunto de instituciones de carácter humanitario, vinculadas a la denuncia de violaciones de los derechos humanos, como Amnesty Internacional, pero también otras directamente ligadas al contexto latinoamericano, como la Association de Parents et Amis de Français Disparus en Argentine et Uruguay, entre otros. Se distinguen además las acciones de los órganos políticos, los llamados "comités de solidaridad", los propios partidos políticos de izquierda y las acciones de las organizaciones sindicales (especialmente la CGT y la CFDT ). Dada la amplia gama de instituciones involucradas, sería apropiado hablar de diversas "redes" de acción, observando que la solidaridad pudo ser motor de acción en algunos casos, y encontrarse entre intereses más o menos marginales en otros. Como señala M. Franco, la solidaridad interorganizacional tuvo límites claros en el tiempo (con el mayor activismo entre 1978 y 1980) y también en su dinamismo. En efecto, la acción de tal complejo entramado de grupos argentinos y franceses conllevaba necesariamente conflictos internos e intereses encontrados que limitaron, condicionaron o más bien moldearon la "solidaridad" hacia los exilados. Dichos límites observados a nivel institucional se encuentran ausentes en las manifestaciones de solidaridad interpersonal -aun entre personas que forman parte de las mismas redes institucionales-. Es decir, la dinámica interpersonal ha dado lugar a un funcionamiento distinto a la institucional, incluyendo relaciones de apoyo y cooperación tanto por parte de los franceses, como de inmigrantes argentinos ya instalados en Francia. Respecto del complejo proceso de retorno al país de origen, el caso del exilio chileno nos sirve de ejemplo para analizar el rol de las redes que se activan para posibilitar el regreso. Aquí, la lógica de la red se sitúa más bien en el nivel de los lazos familiares, de amistad y también políticos que mantienen los exilados con sus países de procedencia. El retorno ha sido en muchos casos percibido como un derecho fundamental de la persona negado por la dictadura. En el caso de los chilenos en Francia, el movimiento "Pro-retorno" ha cristalizado las luchas contra el poder dictatorial en Chile. Esta dinámica forma parte de la concepción profundamente anclada en el pensamiento de que el retorno constituía un deber. Para afrontar el retorno, una infraestructura de movimientos asociativos y financiados por fondos extranjeros se instaló para ayudar a los "retornados" a reintegrarse en su país. Actualmente, uno de los planteamientos que integra con mayor fecundidad la noción de redes, las concibe como mecanismos de movilización de capital social. La clásica definición de P. Bourdieu de capital social constituye el primer análisis sistemático al que siguió un vasto desarrollo teórico, aplicaciones y vertientes no ajenas a las divergencias entre tradiciones disciplinarias dentro de las fragmentadas ciencias sociales. Recordemos que para P. Bourdieu, el capital social es "la suma de los recursos reales o potenciales ligados a la pertenencia de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de conocimiento y reconocimiento mutuo". 14 Es, además, el canal a través del cual ciertas formas de capital se transmutan en otras (capital humano, financiero, cultural). En otros términos, el capital social es entendido como la capacidad de obtener recursos materiales e información (sobre búsqueda y acceso al empleo, vivienda, transporte, ayuda financiera, etc.) a través de la pertenencia a las redes interpersonales. No trataremos aquí sobre la vasta discusión acerca de los diferentes enfoques existentes de esta noción. Notemos solamente que la mayoría de proposiciones sostienen, para el caso de los inmigrantes, que el capital social reduce los costes ligados al desplazamiento, la instalación, la búsqueda de empleo, la inserción social en la sociedad de destino y la reproducción cotidiana de la familia en la sociedad de origen, etc. Sin embargo, si el capital social es, como vemos, una capacidad que contribuye de manera positiva a las estrategias de vida, no son raras las referencias a los aspectos negativos o disfuncionales de la pertenencia a un determinado tipo de red. Si la red social del inmigrante se cierra en lo que puede ser visto como una "comunidad" inmigrante, cada forma de inclusión social y de pertenencia a tal red puede ser asimismo concebida como una forma de exclusión respecto a los espacios o personas que no pertenecen a la misma. Esto remite al complejo debate sobre los modelos de integración social de los inmigrantes, debate que ciertos autores ya empiezan a plantearse con respecto a los latinoamericanos en Francia. RECUADRO 1 RED Y CAPITAL SOCIAL La "fuga de cerebros": capital social especializado y redes institucionales Un segundo ejemplo, dado por la emigración de intelectuales, profesionales y técnicos altamente calificados, representa un tipo particular de mecanismo de selección a través de mercados laborales especializados. El mismo difiere del clásico esquema de la integración laboral de los inmigrantes en mercados de trabajos secundarios (ver recuadro 2). Las expresiones "migración calificada", "éxodo de competencias" o "fuga de cerebros" frecuentemente se refieren a fenómenos de carácter variado: la migración circular de empresarios internacionales, las redes entre investigadores y profesores de los países de inmigración y de emigración, incluso la movilidad de estudiantes. Al contrario de lo que sucede en otros tipos de movimientos migratorios, las redes a las que pertenecen los inmigrantes calificados parecen estar muy ligadas a programas políticos ad hoc. Por otro lado, a diferencia de las redes sociales que analizaremos en los siguientes dos apartados, una característica singular de este tipo de organizaciones es que en muchos casos son construidas explícitamente en tanto "redes", es decir, se autodesignan como tal y explicitan desde su origen el principio organizador que las sostienen. La coordinación de un conjunto de investigadores que se disponen a trabajar en "red" está ligada al movimiento a la vez político, teórico y científico que propuso transformar el brain drain en brain gain, gozando de un eco significativo en América Latina. Durante los años 1970 y 1980, el estudio de las migraciones calificadas desde los países en desarrollo hacia las sociedades desarrolladas había estado situado en el seno del debate sobre la dependencia de los países "periféricos" respecto de los países "centrales", en tanto que constituía uno de los factores de empobrecimiento y de pérdida definitiva de recursos humanos para las sociedades de origen. Las nociones de "fuga de cerebros" (brain drain) o de inversión de la transferencia de tecnología hacían referencia a este fenómeno. Hacia mediados de los noventa, desde organismos internacionales se propone un cambio en la teorización de este tipo de migración, proponiéndose nuevos conceptos, con el fin de explorar la existencia de "efectos positivos" en las sociedades que expulsaban sus "cerebros". El interés se centraba en explorar en qué medida la migración calificada podía transformarse en una fuente de desarrollo o en una ventaja potencial para los países de origen. En este sentido, sin subestimar del todo los aspectos negativos del brain drain, los conceptos de brain gain y de brain circulation intentaban describir los fenómenos que permitirían superar o compensar las "pérdidas" de recursos producidas por la emigración. Para esto, una de las estrategias llevadas a cabo era la de transformar a los inmigrantes en nexos entre la redes locales y globales de desarrollo científico y tecnológico, es decir, en agentes individuales o colectivos de transferencia de conocimiento y tecnología. 15La "circulación de cerebros" corresponde a la noción de "circulación migratoria" aplicada al campo de la migración calificada. Se refiere al número creciente de inmigrantes calificados que retornan al país de origen después de una estancia en otro país. Este tipo de movimiento facilita la formación de redes de inmigrantes y no inmigrantes a través de la movilidad de recursos humanos, que en particular concierne el sector de la ciencia y la tecnología, ya sea en el sector público o privado. Las relaciones se establecen entre actores individuales o colectivos, locales e internacionales, de desarrollo científico, tecnológico y académico, constituyendo redes de transferencia de conocimientos, información y tecnología. Podría pensarse en un cierto paralelismo entre este enfoque y lo que hoy se plantea en términos de "co-desarrollo". En efecto, si el brain gain concebía el aporte de parte de la población residente fuera de su país de origen al desarrollo científico y tecnológico del mismo, en la actualidad son las remesas (ingresos transferidos por los inmigrantes a sus familias destinados esencialmente al consumo) el aporte fundamental visto como recurso a "capturar" para ser reinvertido en el desarrollo del país de origen. Sin duda, estos planteamientos, que recuperan la importante dimensión de los lazos que mantienen los inmigrantes con sus sociedades de origen, no se encuentran ajenos a controversias y debates. Otro tipo de funcionamiento reticular observado ha sido el intercambio de información, en particular a través de Internet, como parte de los procesos de "desterritorialización" de la migración (idea ligada a la de "comunidades transnacionales", objeto de un debate que no abordaremos en este artículo). Al respecto, debe recordarse que el tema de la inmovili-dad de las personas interconectadas desde diversos puntos del planeta se sitúa de forma creciente en los debates actuales sobre la migración internacional. Algunos antecedentes de investigación hacen referencia a redes de inmigrantes latinoamericanos que se formaron a finales de los ochenta, algunas de carácter espontáneo y otras institucionales. En el plano de los individuos que las constituyen, cabe apuntar -retomando nuestros comentarios precedentes sobre la rigidez de las categorías migratoriasque en muchos casos el exilio y la "migración de personas altamente calificadas" fueron para América Latina fenómenos yuxtapuestos, estrategias individuales o colectivas para afrontar situaciones político-institucionales adversas. Una de las iniciativas más citadas es la de la conformación de la red CALDAS, como ejemplo de brain gain, cuyo objetivo era el de "asociar los intelectuales colombianos expatriados entre ellos y con su país, para que puedan contribuir, desde el lugar donde se encuentran, al desarrollo científico y técnico, así como socio-económico y cultural de Colombia." 16Dicha red nació bajo la iniciativa del gobierno colombiano (a través del organismo Colciencias), recibiendo el apoyo de los servicios diplomáticos del país. Tratándose de una red formalmente institucionalizada, la superposición de diversos factores demuestra cómo la red articula para su funcionamiento las macro estructuras y la acción individual. Por un lado, las políticas de internacionalización de la ciencia y la tecnología llevadas adelante por el gobierno colombiano; por otro lado, los esfuerzos de los grupos de investigadores de Colombia por entablar relaciones de trabajo con los investigadores en el extranjero; y finalmente, estos últimos, con voluntad e interés de trabajar por el país de origen desde el país de residencia. En la dinámica de funcionamiento de esta red se desarrollan tres procesos: un proceso de reconocimiento y convergencia entre los diferentes actores; un proceso de organización e institucionalización de la red, y un proceso de diferenciación. La diferenciación interna opera tanto a nivel de las "subunidades" (los nodos), como a nivel de los individuos. Respecto al primer nivel, puede afirmarse que ciertos nodos ejercían influencia sobre otros. Tal es el caso del nodo de París creado en 1991 a partir del interés de realizar acciones para fomentar el respeto de los derechos humanos en Colombia. Dicho nodo se extendió a España y Bélgica, obteniendo rápido reconocimiento por las autoridades colombianas. En cuanto a la diferenciación a nivel de los individuos, la constitución de esta red institucional de investigadores no fue contraria a su heterogeneidad interna. Ésta se expresó en una gran diversidad -a veces conflictiva-de rasgos culturales, lingüísticos, de experiencias de vida según los distintos países o ciudades, de campos de investigación, de pertenencias a tradiciones de cooperación internacional según los países o las universidades, de formación, e incluso de estatus social y económico y de intereses por parte de los diferentes actores. En resumen, la red CALDAS puede verse como un organismo que ha permitido ejercer influencias,17 un espacio móvil en el que los diversos actores involucrados movilizan su capital social para llevar adelante tanto objetivos comunes, como proyectos individuales. Desde el punto de vista del pensamiento migratorio, puede ser vista como un caso de selectividad migratoria organizada; una red por la que la información se canaliza a través de campos especializados de conocimiento; que a su vez sirve a la adaptación de los inmigrantes a las sociedades de destino, así como de vinculación para su retorno. En cuanto a los resultados obtenidos por las redes de científicos e investigadores como la que acabamos de reseñar, resulta evidente que este tipo de iniciativa constituye solamente una medida complementaria, que no puede ocupar el lugar de las políticas nacionales de formación de recursos humanos para el desarrollo social y económico del país. 18 No tenemos conocimiento de la evolución reciente de la Red CALDAS, si bien sabemos que la misma no se encuentra más activa. Recientemente el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia ha propuesto una nueva iniciativa, la "Red de estudiantes y profesionales colombianos en el exterior", que parece delinearse más como una red virtual de intercambio de información y prestación de servicios que como un mecanismo de colaboración institucional para el desarrollo científico y tecnológico del país. Una traducción en español apareció en: Requena Santos, Félix: Análisis de redes sociales... (ver nota 1). ISSN: 0210-5810 160 Una multiplicidad de teorías ha intentado dar cuenta de la demanda de mano de obra inmigrante dentro de las estructuras económicas segmentadas de los países desarrollados. La lógica general subyacente reside en la existencia de un tipo de demanda estructural de trabajadores a partir de la formación de un sector de la economía caracterizado por trabajos inestables, de baja remuneración y en sectores de la economía de trabajo intensivo, que al no ser valorizados por la población local, requiere la incorporación de inmigrantes (principio primordial de la "teoría del doble mercado de trabajo" elaborada por M. Pïore en los años setenta). Esta lógica implicaría que la fuerza de trabajo inmigrante, inserta en este sector secundario, resulta complementaria y no competidora respeto a la fuerza de trabajo local. Por otra parte, el estudio de la incorporación de personas de alto nivel de calificación -científicos, profesionales y técnicos-y de los llamados "talentos", apreciados en el mundo desarrollado, conduce a concebir diversos tipos de segmentación, no sólo "por abajo" sino por "por arriba" de la escala socioocupacional. Otras teorías suponen la influencia de variables culturales propias del colectivo inmigrante sobre la segmentación laboral, formándose un "tercer sector", el del enclave étnico (A. Portes) o de nicho étnico (R. Waldinger). 19 En ambos casos se trata de explicar los diferentes mecanismos a través de los cuales en determinado sector (o subsector) de actividad prevalece, en un momento determinado, cierto grupo étnico o nacional. Las razones y consecuencias de la conformación de tal "tercer sector" son complejas y divergentes según los diversos casos estudiados y según los niveles sobre los que se focalice el análisis: el de la estructura de oportunidades del mercado laboral general, el de la interacción entre empleadores y empleados que participan de tal sector, en fin, el de la posición de aquellas personas ajenas a tal red con base "étnica". Desde los enfoques de redes personales, uno de los argumentos más ampliamente desarrollado es el propuesto por M. Granovetter (de manera no exclusiva al caso de migrantes) sobre la "fuerza de los lazos débiles". RED Y SEGMENTACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO Algunos rasgos de una migración laboral. Migración en cadena y economía "étnica" En términos de la movilidad poblacional, una cadena migratoria se refiere al mecanismo a través del cual determinados flujos se perpetúan, gracias a condiciones creadas a partir de un grupo de inmigrantes pioneros. Se trata de la observación de la parte del proceso migratorio que corresponde al mantenimiento de un flujo determinado, una vez que éste se inició, a pesar de que los factores que impulsaron los movimientos iniciales han per-REDES SOCIALES EN LAS MIGRACIONES DE AMÉRICA LATINA HACIA FRANCIA AEA, 64, 1, enero-junio, 2007, 141-172. ISSN: 0210-5810 161 minos simples, éste sostiene que los lazos fuertes que posee el ego (grupo de parientes, de amigos íntimos) suelen estar solapados entre sí, de manera que la estructura que se conforma es "densa", poco permeable a la introducción de información novedosa, útil, por ejemplo, para la búsqueda de oportunidades laborales, o, en otras palabras, donde la información es redundante. En cambio, los lazos débiles (los "conocidos" y otras relaciones no cercanas) pertenecen a otras redes densas, de manera que es más probable que algunos de ellos actúen como puentes hacia redes donde circula información valiosa para ego. En resumen, esta visión focalizada sobre el uso instrumental de los lazos señala que existe mayor probabilidad de que la inserción en redes sociales densas obstruya procesos de movilidad, particularmente respecto al mercado de trabajo. Ahora bien, estos argumentos han planteado una serie de controversias respecto a la teoría según la cual las redes de migrantes (mayoritariamente densas en lazos fuertes) son un canal efectivo que favorece el acceso a la información, la inserción laboral, etc. En este sentido, se podría cuestionar la propia evaluación del significado de capital social, si se entiende como tal la obtención de recursos que nacen de la pertenencia a redes de relaciones duraderas (Ver recuadro 1). Sin embargo, más que refutar una u otra teoría, estas discusiones dan cuenta de la necesidad de base empírica. En particular, distintos estudios han mostrado que el rol de los lazos fuertes o débiles varía según características individuales como la clase social, el tipo de información que circula, el tipo relación establecida con los lazos débiles (de puentes o no), las variables contextuales que afectan las relaciones, la evolución de las redes en el tiempo, etc. RED Y SEGMENTACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO dido su pertinencia. De este tipo de migración nos ilustran algunos estudios sobre la comunidad colombiana en Francia. 21 Como consecuencia de la combinación de factores de crisis económicos y político-institucionales, la migración de un conjunto numeroso de pioneros trabajadores colombianos a partir de los años ochenta dio lugar a la conformación de una red migratoria de trabajo, entre estos inmigrantes y sus empleadores, antiguos inmigrantes portugueses y españoles insertos en el sector de la construcción, más específicamente en el de la pintura de edificios. Así, esta primera inserción laboral permitió el desarrollo de una migración familiar y de vecindad hacia Francia, que favoreció posteriormente su instalación definitiva, dando lugar a proyectos de movilidad social y favoreciendo una nueva dinámica de migración. Esta migración se caracteriza principalmente por una procedencia común, dado que alrededor de un 70% de los individuos viene del pueblo de 5.000 habitantes de Santuario-Risaralda y de la ciudad de Cartago, de 100.000 habitantes. Ambas localidades se encuentran situadas en la zona cafetera, no ajenas a conflictos de violencia político institucional. Durante los años noventa, un proceso de movilidad social ascendente favoreció el desarrollo de un pequeño empresariado de antiguos obreros del sector de la pintura de edificios, que a su vez reclutaba mano de obra colombiana. Este pequeño empresariado étnico posibilita la perpetuación del flujo migratorio, formándose así una segunda cadena migratoria, basada en lazos tejidos a partir de una la procedencia común. La función principal de esta red sería, entonces, la de proporcionar un tipo específico de adaptación a la sociedad de destino, basada en una "economía étnica" o "inmigrante", en el marco del mercado laboral segmentado de la sociedad francesa. Este ejemplo puede ser ilustrativo del fenómeno ampliamente evocado de clausura social, 22 por la cual el reclutamiento por redes puede dar lugar a relaciones de dependencia e interdependencia no solo entre los propios inmigrantes que se agrupan entre sí, sino entre empleados y empleadores. En el caso que describimos aquí, una consecuencia negativa de este 21 Nos basamos en los trabajos de: Gincel, Anne: L'immigration des Colombiens en France, tesis de doctorado bajo la dirección de Étienne Le Roy, Université Panthéon-Sorbonne, Paris, 2005; Luna Porras, Álvaro: Les migrations colombiennes: travailleurs colombiens dans le bâtiment à Paris, memoria de DEA, Université Paris 3, IHEAL, Paris, 1998. 22 Waldinger, Roger: "Social capital or social closure?: Immigrant networks in the labor market", Working Paper, The Lewis Center for Regional Policy Studies, n.o 26, 1997. fenómeno de clausura ha sido el ejercicio de relaciones de explotación y abuso por parte de los empleadores hacia sus empleados compatriotas, especialmente en lo relativo a la irregularidad o a la falta de pagos (lo que sin duda no debe interpretarse como un fenómeno exclusivo o causado por este tipo de organización del trabajo). La teoría sobre el capital social nos indica que los procesos de clausura social que emanan de las redes migratorias implican relaciones de poder, porque justamente se ponen en juego diversos recursos (capital social) que nacen de dichas redes. Sin embargo, las relaciones de poder no siempre son unidireccionales ni reproducen de manera rígida las jerarquías presentes en la estructura social. Por el contrario, dichas relaciones pueden ser complejas, existiendo entre los miembros de determinada red social ciertos sobrentendidos, normas informales o contratos implícitos, desconocidos por aquellos que no pertenecen a tal red, que son difíciles de romper. Tales procesos de clausura social se encuentran presentes no sólo en los mecanismos de reclutamiento laboral étnico, sino también en otros ejemplos de relaciones sociales inmersas en redes migratorias. La "diáspora" haitiana: lazos "fuertes" y circulación de información El uso del concepto de diáspora se encuentra ligado a la idea de un desastre fundacional (guerra, persecución, masacre, etc.) que ocasiona la dispersión masiva de un pueblo. Más recientemente, el sentido de la palabra se ha visto ampliado para resaltar los lazos que ligan a grupos de inmigrantes con sus sociedades de origen, comprendiendo las prácticas culturales transnacionales a través de redes familiares, lazos asociativos, comerciales, políticos. Otras dos ideas caracterizarían la diáspora: por un lado, la percepción de sí en el espacio sería una percepción de extraterritorialidad, propia de la situación de dispersión geográfica;23 por otro lado, la voluntad de un proyecto identitario común. Dichas relaciones al espacio y a la identidad de grupo distinguirían la dinámica de diáspora de otras lógicas de redes transnacionales. Ahora bien, si la migración haitiana es frecuentemente descrita como una diáspora, esto se debe a su relativa importancia numérica,24 surgida de una economía nacional de extrema pobreza y dependencia, y dispersa en el espacio (es decir, en diversos destinos y geográficamente distantes unos de otros). En efecto, la historia social y política del país ha dado lugar a una emigración producto de la exclusión y de la miseria, que siguió a otra compuesta por las elites intelectuales, en oposición a la migración de otras islas hacia las antiguas metrópolis (ver recuadro 3). Estas características explican, en parte, por qué la referencia a la emergencia de una diáspora se aplicó rápidamente, mientras que ésta no se observa en las otras comunidades caribeñas emigradas en el mundo. El trabajo de C. Délanchet Guillon25 proporciona un ejemplo del funcionamiento de diversas redes sociales cerradas en el interior de un grupo de inmigrantes, donde la información resulta un elemento central de las relaciones reticulares entre individuos. Refiriéndose a datos obtenidos a partir de entrevistas realizadas a haitianos en la región parisina, el autor observa los rasgos de una red por la cual circula información sobre las oportunidades y las condiciones de vida entre los inmigrantes más recientes, originarios de zonas rurales y urbanas. ¿Cuáles son los canales de circulación de la información? Pueden distinguirse básicamente tres, según su grado de institucionalización: En primer lugar, las dos confesiones que estructuran en mayor medida la comunidad -católica y protestante-, así como las demás confesiones minoritarias, parecen representar las vías de comunicación e interacción principales. En segundo lugar, las múltiples ocasiones informales, sociales y culturales que promueven el encuentro de un número importante de personas constituyen, según el autor del estudio, el sistema de comunicación más eficaz. Dichos encuentros son organizados por asociaciones de carácter político o cultural, pero son poco representativos del conjunto de inmigrantes y su existencia es frecuentemente efímera. Entre estas instituciones existen aquellas que son más permeables a la sociedad francesa, cuyos integrantes son tanto de nacionalidad francesa (en algunos casos ori-ginarios de las Antillas) como haitiana, y aquellas caracterizadas por estar organizadas alrededor de encuentros culturales o sociales entre compatriotas. Finalmente, hay que aludir a las redes no formales que se tejen a partir de relaciones familiares y de amistad más cercanas. A pesar de la existencia de estos canales que podríamos calificar de reticulares, la comunidad haitiana en Francia se distingue por su fragmentación. La división social y la desconfianza hacia los otros -inclusive en el interior de la propia red-producen un efecto de deformación o parcialización de la información. Al respecto, cabe destacar una consecuencia paradójica: la información se propaga permitiendo resolver problemas de orden práctico; esto hace que cada cual logre desenvolverse de manera individual, sin deber apelar a solidaridades colectivas, de las cuales en muchos casos se desconfía, quizá debido a la experiencia de un pasado particularmente adverso en Haití. De este modo, la comunidad instalada en Francia parece reproducir las divisiones sociales existentes en Haití. Y esto se observa en Francia "quizás aún con mayor vigor y crispación, dado que el modo de vida en la región parisina vuelve más compartimentados los diferentes grupos sociales que en Haití, donde en una región dada, todo el mundo conoce a todo el mundo. Los estudiantes que se encuentran actualmente en la metrópolis no mantienen contactos con la masa de nuevos emigrantes de origen popular rural o urbano. En cuanto a la pequeña minoría perteneciente a la burguesía rica, la misma vive en un mundo aparte del de las familias populares haitianas."26 Aquí, la lógica de red basada en una pertenencia nacional o comunitaria parece no poseer un peso real. Sin embargo, el libro del periodista haitiano F. Wiener Kerns27 se sitúa en una perspectiva notablemente diferente de la anterior, intentando mostrar otra realidad ("nadie puede ya más poner en duda la existencia de una verdadera comunidad haitiana en Francia"). Según este autor, la comunidad haitiana en Francia, aunque mucho más pequeña que la que reside en Estados Unidos, en República Dominicana o en Canadá, se distingue por la amplitud de su vida comunitaria. El testimonio de múltiples actividades asociativas, culturales, políticas de los haitianos que tuvieron lugar durante la década de 1990 implica una voluntad (inclusive política) de reactivar el discurso sobre un pueblo permanentemente en lucha. 28 Centro Económico para América Latina y El Caribe (CEPAL): Anuario estadístico de América Latina, CEPAL, 2002. Tempranamente independiente (1804) e intervenida tras la Segunda Guerra Mundial, Haití no conoció el proceso de descolonización de las otras islas caribeñas, lo que había engendrado un sistema migratorio propio de la región. Debe recordarse que éste es el país más pobre de América Latina. La mitad de su población de 15 años y en adelante es analfabeta. La atención primaria a la salud está reservada a una minoría, y menos de la mitad de la población tiene acceso a agua potable. 28 La historia particular de este país ha dado lugar a diversas interpretaciones, a veces discordantes, que resaltan la complejidad en la relación entre Estado y Nación. Según el periodista A. Linard (Le Monde diplomatique, febrero 2004), en el momento de su independencia, el país estaba constituido por comunidades de diversos orígenes sin contar con ningún modelo de organización política. Así, el país se transformó en un Estado sin que existiera aún como nación. Después de dos siglos de historia, en la actualidad, el estadonación de Haití se encuentra aún en construcción. El comienzo de los movimientos de emigración de la población haitiana puede situarse alrededor de los años cincuenta. La proximidad geográfica es un factor importante para determinar los destinos principales de estos movimientos, como sucede en todos los casos de migraciones asociadas a situaciones de crisis. Mientras que New York ha representado durante largo tiempo el destino privilegiado de los inmigrantes haitianos, existen asimismo otros lugares de llegada: Québec y los territorios franceses del Caribe (particularmente Guyana y Saint-Martin) por motivos de relativa facilidad lingüística, las Bahamas, las Islas Vírgenes y la Florida. 29 La larga crisis política e institucional que ha suscitado una profunda crisis social no hace más que reforzar (o reactualizar) los factores de emigración. En Francia, una primera inmigración haitiana data de los años setenta. Cuantitativamente débil y constituida mayormente por intelectuales, fue seguida desde 1980 hasta mediados de los noventa por una corriente compuesta por inmigrantes de origen popular. Como muestra el gráfico 3, según el censo de 1999, la población inmigrante en Francia proviene mayoritaria-RECUADRO 3 HAITÍ, UN CASO PARTICULAR DE EMIGRACIÓN LATINOAMERICANA mente de dichos años, lo que da como resultado una estructura de edades abultada en las edades activas tardías, alimentada además por generaciones más jóvenes (gráfico 4). Debe recordarse, sin embargo, que, en términos generales, no son nunca las capas más pobres las que logran concretar un proyecto migratorio -más aún tratándose, como es este caso, de migraciones de largas distancias-, teniéndose en cuenta los costes (variables según el tipo de migración pero siempre significativos) del desplazamiento y la instalación. Actualmente, muchas familias de emigrantes en Francia se encuentran esparcidas entre este país, Canadá y los Estados Unidos. En algunos de estos casos, la circulación migratoria entre distintos países (lo que evidentemente requiere un capital financiero considerable) favorece el desarrollo de una especie de "cultura de la migración". La comparación de los dos textos mencionados, el de C. Délanchet Guillon y el de F. Wiener Kerns, muestra dos puntos de vista alejados sobre las condiciones y experiencias de la vida de los haitianos en Francia. En última instancia, sin embargo, ambos ponen de relieve la formación de redes institucionales y personales (desde las redes familiares hasta las asociaciones políticas estructuradas) relativamente densas. Dichas redes estarían conformadas principalmente por "lazos fuertes" (relaciones estrechas de amistad o parentesco), serían socialmente homogéneas (de estudiantes, nuevos inmigrantes trabajadores, elites burguesas), con una débil presencia de "puentes", y donde la información circula de manera fragmentada. Otras apliaciones posibles del concepto de red para el estudio de las migraciones latinoamericanas Una de las vías (aunque no la única posible) de sistematización del enfoque de redes sociales es la que emparenta las redes con mecanismos de movilización de capital social. Hemos hecho referencia en los apartados anteriores a dicha noción. El enfoque del capital social permite en teoría establecer relaciones con los demás tipos de capital -financiero, humano y cultural-, los tres con interesantes aplicaciones en el campo de las migraciones internacionales. Haremos referencia a algunas de las aplicaciones posibles en el caso de las migraciones latinoamericanas hacia Europa, que no fueron abordadas por los ejemplos seleccionados en los apartados anteriores. En referencia al capital financiero, al tratarse de una migración de largas distancias que implica altos costes de desplazamiento, puede ser interesante analizar los mecanismos mediante los cuales los inmigrantes disponen de los recursos necesarios para cubrir dichos costes. Por otro lado, el tema de las remesas suscita gran interés en los estudios migratorios actuales. Existe ya un cúmulo significativo de estudios sobre las remesas que los inmigrantes latinoamericanos residentes en Estados Unidos transfieren a sus países de origen, de gran volumen e impacto relativo importante. En este sentido, la diversidad de perfiles migratorios de latinoamericanos actualmente presentes en el continente europeo permitiría realizar comparaciones novedosas sobre la existencia y el tipo diferencial de remesas transferidas por cada grupo. En lo que respecta al capital humano, la importancia de la migración estudiantil de latinoamericanos hacia Europa ha comenzado a llamar la atención de investigadores y planificadores, porque se la considera una población muy móvil, cuyas estrategias y proyectos de retorno, circulación e instalación definitiva se redefinen a lo largo del tiempo. Además, esta migración renueva la preocupación por la problemática de la "fuga de cerebros", que había quedado algo relegada a partir de los años noventa. En cuanto al capital cultural, asistimos actualmente a un intento de "etnisación" de los estudios migratorios en el contexto europeo, cuyos frutos en términos de producción de conocimientos científicos son objeto de pleno debate. Uno de los ejemplos al respecto lo constituye el de la inclusión de categorías "étnicas" en el censo de población francés, debate que, por otro lado, no es nuevo, pero se reactualiza a la luz de nuevas interrogaciones y nuevos fenómenos sociales. Otro de los campos de estudios ya abordados por los investigadores sociales se relaciona con la discriminación en el mercado de trabajo. En el caso del mercado de trabajo español se comienza a hablar de la "preferencia latinoamericana", observada en ciertos sectores de actividad, respecto del reclutamiento de inmigrantes provenientes de otras regiones, en particular de África del Norte. En efecto, todos estos temas son objeto de estudio asociados al enfoque de redes sociales. Como última observación, valga señalar dos aspectos que, a nuestro entender, pueden resultar particularmente útiles en la profundización del uso de la noción de redes en el campo de las migraciones. Por un lado, la incorporación de la dimensión temporal que tenga en cuenta los cambios en su conformación y funcionamiento. Por otro, la preservación de su calidad de estructura de intermediación, es decir, que el énfasis puesto en los fenómenos "meso" no oscurezca -paradójicamente-la visión de los otros dos niveles de lo social, los fenómenos micro y las macro-estructuras. Nos hemos propuesto abordar desde una perspectiva comparativa el tema de las migraciones latinoamericanas hacia Francia, heterogéneas en cuanto a perfiles y orígenes migratorios. Para esto hemos retomado ejemplos de diferentes tipos de migraciones: el exilio, la "fuga de cerebros", la migración de trabajo y la diáspora. Nuestro objetivo ha sido el de desplazar el foco de atención desde las categorías macrosociales de clasificación de las migraciones hacia el nivel meso o de intermediación entre los comportamientos microsociales y los factores macrosociales. Los fenómenos observados en este nivel mostraron mecanismos de redes sociales que colaboraron en llevar a cabo los desplazamientos, acceder a fuentes de información de utilidad, e incorporarse social y laboralmente a la sociedad francesa. Como conclusión de nuestro trabajo podemos señalar que los cuatro tipos de redes de latinoamericanos descritos ilustran cuatro usos considerablemente distintos del concepto de red y que todos ellos permiten poner en relación fenómenos de naturaleza macro y microsocial, en concordancia con su carácter de estructura de intermediación. Los usos del concepto de red a los que nos referimos son los siguientes: -Los contextos sociopolíticos e institucionales de los países involucrados, en relación con las acciones individuales de ayuda mutua, frecuen-temente más efectivas que las institucionales, en el caso del complejo tejido de redes que fomentaron la acción solidaria hacia los exilados de Argentina y Chile durante las dictaduras militares de los años setenta. -Las decisiones (y programas) tomadas por un gobierno en un momento sociopolítico particular, teniendo en cuenta sus recursos humanos altamente calificados residentes en el exterior, en relación con la "movilización de influencias" para la persecución de intereses personales, en concreto en el caso de las redes creadas con el fin explícito de asociar instituciones y profesionales colombianos que residieron fuera y dentro del país durante la década de los ochenta y principios de noventa. -Las condiciones del mercado laboral segmentado de la sociedad francesa en el que se desarrolló una pequeña "economía étnica", puestas en relación con las dinámicas familiares y de contactos personales que perpetuaron las migraciones pioneras, concretamente en el caso de las cadenas migratorias conformadas por trabajadores colombianos que se insertaron en el sector de la construcción. -Los canales institucionales de circulación de información y sociabilidad, en tensión con los comportamientos más bien individualistas en el seno de redes sociales densas de inmigrantes haitianos. Siguiendo esta vía de trabajo, se debería intentar una mayor sistematización de las formas de describir, relacionar y explicar los fenómenos pertenecientes a los tres niveles de observación, empresa que dista de revelarse sencilla. Recordemos finalmente, que nuestro punto de partida fue el de resaltar la relativa dispersión teórica del enfoque de redes en ciencias sociales, en general, y en el campo de las migraciones internacionales, en particular. Podríamos pensar que aquellas metáforas iniciales que sirvieron de inspiración a los precursores que darían origen al análisis social de redes a principios del siglo XX -que hacían referencia a las ideas de "grupo", "interconexión", "vínculo", "circularidad", etc.-son las mismas que en muchos casos hoy en día se utilizan de forma indistinta, haciendo un uso más bien vago del concepto de red social. No obstante, como tratamos de explorar en este trabajo, en la actualidad se constata que el enfoque de redes puede aportar conocimientos nuevos e interesantes desde una perspectiva mesosocial, sobre una gran variedad de modalidades migratorias tanto del pasado como del presente. Inmigrantes de América Latina con nacionalidad latinoamericana
Continúa abierto el plazo de presentación de solicitudes para las dos becas de alojamiento correspondientes al último trimestre del año 1999. El período de disfrute será de mediados de septiembre a mediados de diciembre y los interesados en participar en el concurso deberán enviar la documentación exigida en los requisitos de la convocatoria publicada en el Anuario de Estudios Americanos, tomo LV, 1. Las solicitudes deben recibirse en la secretaría de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), calle Alfonso XII, n.o 16, 41002-Sevilla (España), antes del 15 de mayo de 1999. Los nombres de los investigadores a quienes se les concedan las becas se harán públicos antes del 30 de mayo. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Quienes estuvieran interesados en participar en la 1.a convocatoria de becas de alojamiento para el año 2000 (de mediados de enero a mediados de julio) ya pueden enviar también sus solicitudes, a la dirección antes mencionada, hasta el 15 de octubre de 1999. en el debate historiográfico, y más en general en el debate público, su objetivo de puente entre el pensamiento europeo y el latinoamericano. El Comité Científico ha propuesto cuatro simposios institucionales cuyos títulos son: 1) "Los procesos históricos de integración regional, nacional y supranacional en América Latina", cuyo objetivo principal sería debatir las aportaciones historiográficas más recientes. 2) "Del coloniaje a la globalización: el debate histórico-económico", que trataría sobre las diferentes interpretaciones de la evolución económica de América Latina en sus etapas principales. 3) "Las identidades colectivas nacionales, étnicas y religiosas en América Latina", que enfrentará los nudos históricos de la identidad y sus logros y límites como instrumentos interpretativos. 4) "El Quinto Centenario Lusobrasileño" (título provisional). Por su parte, los grupos de Trabajo de AHILA han formulado, hasta ahora, las siguientes propuestas: -"Ideas, intelectuales y universidades en América Latina (siglo XX)". Grupo "Trabajo intelectual, pensamiento y modernidad en América Latina", coordinador Hugo Cancino Troncoso. -"Cuba y Puerto Rico entre la colonia y la independencia". Grupo "Historia de Cuba", coordinadores Consulo Naranjo y Josef Opatrný. Hay también propuestas individuales de simposios tales como "Los proyectos y las prácticas modernizadoras del siglo XIX frente a los pueblos, comunidades y municipios en América Latina" (R. Falcón y R. Buve) y "Los fascismos europeos y América Latina, interpretaciones, modelos y relaciones político-económicas (M. Bellingeri). Por último, el Dr. Pietschmann propone reflexionar sobre un simposio titulado "Las normas y las prácticas: derroteros de la administración pública en América Latina, 1750-1850", un proyecto de investigación sobre el que trabaja conjuntamente un grupo de especialistas europeos y latinoamericanos, con particular atención a los oficios, magistraturas y jurisdicciones. La reunión que el Comité Directivo y el Comité Científico celebrarán a fines de noviembre de 1998 en Praga permitirá formular un proyecto científico definitivo del XII Congreso Internacional de AHILA. Esta información será enviada personalmente a todos los miembros de la Asociación por parte de los coordinadores nacionales y estará disponible en la página web de AHILA: www.cisi.unito.it/ahila. Más detalles pueden solicitarse al Secretario General M. Bellingeri a través del correo electrónico [EMAIL] V Congreso de Geografía sobre América Latina El grupo de América Latina de la Asociación de Geógrafos Españoles (AGEAL) está organizando el V Congreso de Geografía sobre América Latina, que se celebrará en Sevilla del 11 al 13 de noviembre de 1999. El tema general elegi- Anuario de Estudios Americanos do, "Territorio y cooperación: América Latina/España", pretende englobar los diferentes procesos que se están desarrollando en las relaciones cada vez más intensas entre España y las naciones hispanoamericanas. El programa provisional contempla tres ponencias generales ("Investigación, desarrollo e innovación en el mundo rural iberoamericano", "Nuevos procesos de integración regional: dinámicas espaciales en iberoamérica" y "Medio ambiente y sociedad"), a las cuales deben referirse las comunicaciones que se presenten, y una mesa redonda titulada "Cooperación al desarrollo: América Latina/España". El comité organizador está compuesto por la Dra. Doña María de Padilla, s/n. Congreso Internacional de Americanistas (ICA) La relación de simposios promovidos por el comité organizador del 50 ICA, del que ya dimos noticias en el tomo LV-1, es la siguiente: -"Religiones en América Latina y el Caribe al advenimiento del siglo XXl". Coordinador general y secretariado simposio: Johannes Meier. Correo electrónico: [EMAIL] -"Filosofía e interculturalidad: una perspectiva universalizable desde las Américas". Correo electrónico: [EMAIL] -"El espacio en la cultura latinoamericana e interpretaciones de la historia regional". Coordinador: Bogumila Lisocka-Jaegermann (Varsovia, Polonia). Correo electrónico: [EMAIL] -"Procesos regionales y de formación territorial en América Latina: tendencias recientes y proyecciones". Coordinador: Miguel Panadero Moya. 3139. -"Metrópolis americanas: experiencias y proyecciones para el siglo XXI". Coordinador: Alfonso Iracheta Cenecorta. Correo electrónico: Iracheta.net.mx -"Derecho a la cultura y autogestión: experiencias y tendencias de los movimientos étnico-culturales en las Américas -El Estado y la etnicidad en las Américas". Correo electrónico: [EMAIL] -"Antropología física de las Américas". HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LV, 2, 1998 -"Los indígenas norteamericanos: pasado, presente, futuro". Correo electrónico: [EMAIL] -"Afroaméricas: experiencias y proyecciones empíricas y teóricas". Coordinador: Luz-María Martínez Montiel. Correo electrónico: cries. nicarao.org.ni y [EMAIL] -"Migraciones en las Américas: experiencias, proyecciones y desafíos teóricos para el siglo XXI". Coordinador: Elda González Martínez. Correo electrónico: [EMAIL] -"Comunidades de ascendencia centrooriental europea en América Latina al advenimiento del siglo XXI: sus roles, funciones locales e interculturales". Correo electrónico: [EMAIL] uw.edu.pl -"Las fronteras y las sociedades fronterizas en las Américas hacia el siglo XXI". Correo electrónico: credal.univ-paris3.fr -"Brasil a los 500 años: experiencias y desafíos sociales y políticos; nacionales y americanos". Coordinador: María T. Toribio B. Lemos. Correo electrónico: [EMAIL] -"Relaciones EE.UU. -América Latina y sus interpretaciones en las ciencias sociales; experiencias y proyecciones". Correo electrónico: [EMAIL] -"Democracia en las Américas: desafíos, peligros, expectativas para el siglo XXI". Correo electrónico: aquijano. net.pe -"El Barroco europeo y el Barroco iberoamericano a la vuelta del milenio". Correo electrónico: [EMAIL] -"Literatura iberoamericana: expectativas para el siglo XXI". Correo electrónico: [EMAIL] -"Protección del patrimonio cultural (precolombino, histórico y contemporáneo) en las Américas: experiencias y desafíos para el siglo XXI". Correo electrónico: [EMAIL] y [EMAIL] -"Los medios masivos de comunicación en el ambiente multicultural interamericano". Correo electrónico: prundquist.loc.gov -"Procesos y proyecciones de integración regional y hemisférica en las Américas en el contexto de la economía mundial". Anuario de Estudios Americanos -"Narcotráfico, desarrollo social y las relaciones interamericanas: experiencias y desafíos". Correo electrónico: [EMAIL] -"El primer poblamiento de América". IV Congreso Europeo de Latinoamericanistas CEISAL En la Asamblea General de CEISAL del ocho de septiembre de 1998 -en el marco del Congreso de Halle-se decidió que el IV Congreso de CEISAL se desarrollara en el año 2002, en Holanda. El tema definitivo del Congreso se fijará en el año 2000, aunque provisionalmente se ha adoptado el de "Cruzando fronteras en America Latina". La idea primordial es convocar a una discusión sobre el futuro de America Latina en relación a procesos contemporáneos de globalización y transnacionalización. El Congreso tiene la pretensión de centrarse en el concepto de frontera por ser una noción simbólica que históricamente ha sido -y continúa siendo-de gran importancia en la construcción del imaginario político y social latinoamericano. Una información más completa sobre todas estas cuestiones pueden solicitarse al profesor Michiel Baud, Rijksuniversiteit Leiden, TCLA, Postbus 9515. Correo electrónico: baud. leidenuniv.nl Casa de las Américas (La Habana, Cuba) ha programado una serie de eventos para el próximo año 1999 de los que a continuación señalamos los más directamente relacionados con la temática americanista: -Encuentro Internacional "La narrativa latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo". Tendrá lugar en La Habana del 25 al 28 de enero y coincidirá con la celebración de los cuarenta años del Premio Casa de las Américas. Se tratará de debatir en torno a ¿Qué nos dejó el boom?, ¿existe una narrativa continental?, ¿qué futuro le espera al testimonio y qué espacio a las voces marginales?, ¿qué papel ha tenido el Premio Casa en la conformación de un canon narrativo en el continente?, entre otras cuestiones. -Coloquio Internacional "Género, raza y clase en la cultura latinoamericana y caribeña". Se celebrará en La Habana del 15 al 19 de febrero y en esta ocasión los temas a tratar son: 1) Aspectos teóricos de las relaciones de género, raza y clase; 2) Género, raza y clase en la historia de la cultura latinoamericana y cari-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LV, 2,1998 beña; 3) Género, raza y clase en la obra de escritoras/es y artistas de la América Latina y el Caribe. Existe la intención de convocar para el año 2000 un Coloquio Internacional con el tema de "Mujeres latinoamericanas y caribeñas: cultura popular y cultura de masas" -Coloquio iberoamericano sobre el destino del libro y las bilbiotecas "Del papiro a la biblioteca virtual". Se realizará en La Habana del 22 al 26 de marzo, en coauspicio con la Oficina Regional de la Unesco para América Latina y el Caribe y la Fundación Jorge Guillén. El coloquio quiere reflexionar sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el universo del libro y las bibliotecas. -Coloquio Internacional "La literatura fantástica latinoamericana". Se desarrollará en La Habana del 19 al 22 de julio. Con motivo del centenario de Jorge Luis Borges se tratará de analizar lo fantástico y su presencia en la literatura del continente americano. -VII Seminario de cultura afroamericana "Religiones afroamericanas: de los orígenes a la diáspora", del 9 al 13 de agosto. Las ponencias deben abordar los siguientes temas: 1) Sistemas de pensamiento, formas expresivas, cosmogonías, etc.; 2) Vínculos y relaciones con las religiones africanas; 3) religiones afroamericanas en la diáspora. -III Seminario "El Caribe continental y sus expresiones musicales", La Habana, del 13 al 17 de septiembre. Temas: 1) Música, danza y liturgia en la región; 2) Los vínculos musicales entre el Caribe insular y continental; 3) Los "enclaves" demográficos y su música. Estudios de caso; 4) El complejo afroandaluz en el Caribe Continental; 5) Estudio comparado de algunos instrumentos musicales de la región circuncaribeña; 6) Formas de carnaval y su impacto social en el Caribe Continental; 7) Música popular y turismo. Cualquier información adicional sobre estos acontecimientos puede solicitarse a Casa de las Américas. Correo electrónico: [EMAIL] Noticias sobre revistas -El Centro de estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe (EIAL) de la Universidad de Tel Aviv, publica una revista que puede consultarse en la página web http://tau.ac.il/eial/. El volumen 9, n.o 1 de enero-junio de 1998 contiene, entre otros, artículos sobre cine y fotografía de Hispanoamérica. -GUARAGUAO, Revista de Cultura Latinoamericana, es una publicación del Centro de Estudios y Cooperación para América Latina con el auspicio de la Universidad Autónoma de Barcelona (CECAL-UAB). Se invita a enviar artículos o colaboraciones con interés preferente a: 1) ensayos que analicen las formas culturales latinoamericanas en su diversidad y en la relación que mantienen entre sí N OT I C I A S Anuario de Estudios Americanos y con otras culturas; 2) productos artísticos que contribuyan al desarrollo de proyectos estéticos latinoamericanos y los que constituyan por sí mismos aportes al quehacer artístico de sus países o del continente; 3) resultados de investigaciones que contribuyan al conocimiento y valoración de las manifestaciones culturales latinoamericanas del pasado o del presente. Solicitar información a CECAL-UAB, calle Tapioles, 34, 4.a, 2.a, 08004-Barcelona o enviar un correo electrónico a [EMAIL] -Dactylus es la revista de los estudiantes graduados del Departamento de español y portugués de la Universidad de Texas en Austin. Se publica una vez al año y acepta obras creativas en español y portugués y estudios críticos en español, portugués e inglés. Los autores de prosa creativa y de artículos deben mandar tres copias impresas del trabajo y una copia electrónica en disco de 3.5, Microsoft Word 6.0. -La Revista Mexicana de Sociología -órgano editorial del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM-, que ha publicado diversos artículos sobre historia de América Latina, tanto casos nacionales como cuestiones regionales, invita al envío de artículos de acuerdo con ciertos temas definidos por el Comité Editorial. Quienes estén interesados en remitir una contribución científica pueden dirigirse al correo electrónico [EMAIL] Las normas editoriales, el índice de la Revista, así como los proyectos de investigación del Instituto pueden consultarse en la página web: www.unam.mx/iisuman Miscelánea de congresos, simposios, reuniones científicas, etc. -El Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM convoca las Terceras Jornadas Latinoamericanas de Estudios Sociales de la Ciencia y Tecnología, que tendrán lugar en el Hotel Real de Minas, en Querétaro (México), del 19 al 21 de febrero de 1999. Una mayor información puede solicitarse a los correos electrónicos [EMAIL] y [EMAIL] -El cinco y seis de marzo de 1999, LIRA (Laboratoire Interdisciplinaire de Recherche sur les Ameriques, Universite de Rennes 2) organizará un coloquio con el título de "Musiques et Societes dans les Ameriques". Los idiomas del coloquio serán el francés, el español y el portugués. Los interesados deberán dirigirse a Gerard Borras. Correo electrónico [EMAIL] -En la Universidad de Princeton, el domingo 15 y el lunes 15 de marzo de 1999, tendrá lugar el Congreso de LAJSA (Latin American Jewish Studies Association), que analizará la historia, sociología, cultura y literatura en torno al tema central de "Migration, borders and displacement: the jewish diaspora in Latin America".
DISTINTAS PERSPECTIVAS EN TORNO AL "98" Pocos hechos de la historia española han calado tan profundamente en la conciencia popular como la pérdida de las últimas colonias españolas en Ultramar. A pesar de que la segregación de las Antillas y Filipinas tuvo para España mucho menos trascendencia política y económica que la anterior de las colonias continentales, mientras esta última pasó prácticamente desapercibida para la mayor parte de la población peninsular, la de aquéllas se vivió en la metrópoli prácticamente día a día, con un interés -distinto según los diferentes grupos sociales-muy superior al despertado por otros procesos históricos, al menos en apariencia, más relevantes. Si hoy hiciéramos una encuesta por la calles españolas sobre la fecha en que España perdió su imperio colonial, creo que la mayor parte de los encuestados responderían que en 1898. Pocos sabrían algo de la batalla de Ayacucho pero, probablemente, una gran parte de ellos habría oído hablar de la Guerra de Cuba. Y es que esta guerra caló tan profundamente en la conciencia popular que, al margen de las consideraciones de intelectuales y políticos, hasta nosotros ha llegado un número importante de canciones populares de la época que hacen referencia al tema, y encontramos también alusiones a ese conflicto en el refranero. Son varias las causas que determinan este hecho; pero, entre ellas, hay dos que cabe destacar si queremos llegar a entender las repercusiones que la independencia antillana tuvo en amplios sectores de la sociedad española. Por una parte, el hecho de que "el 98" no sólo trajo consigo la pérdida de unas colonias, sino que representó el fin de España como potencia en el concierto internacional; significando, al mismo tiempo, su derrota frente a un enemigo, los Estados Unidos, al que la mayor parte de la prensa había llevado a despreciar, y produciendo un sentimiento de "humillación" e "impotencia" en determinados sectores sociales que, según algunos autores, marcó a toda una generación de intelectuales y políticos. Por otra, y esa es, a mi juicio, la causa fundamental de la persistencia del fenómeno en la memoria colectiva, el sistema de reclutamiento forzoso y constante que se empleó en la lucha contra la segregación de las colonias insulares hizo llegar la guerra a todos los rincones del país, afectando, a diferencia de lo que había ocurrido en las guerras de independencia continentales, a un sector muy amplio de la población peninsular. Eran pocas las familias españolas, especialmente de los sectores sociales menos favorecidos, que no tenían un pariente en el ejército de Ultramar; las clases populares no tenían medios económicos para eludir el servicio y el pueblo vivió la guerra en sus propias carnes como no lo había hecho desde 1808, desde los tiempos de la presencia francesa en España. Quizás por todo ello, a menudo nos olvidamos de que, además de ser una parte de la historia española, considerada generalmente como el desencadenante de una crisis más amplia que afectaba a la propia esencia del estado canovista, la guerra de Cuba fue, fundamentalmente, un proceso cubano. Y fue así, al margen de la trascendencia que en él tuvieran las distintas intervenciones internacionales. Con frecuencia tratamos el proceso como un conflicto hispano-norteamericano por Cuba, conflicto que, si bien fue esencial en la forma en que se desarrolló, no pudo nunca llegar a alterar una realidad: que aunque las relaciones entre metrópoli y colonia habían sido, tradicionalmente, buenas -hasta el punto de que los independentistas cubanos no sólo estaban dispuestos a respetar las propiedades de los peninsulares que quedaran allí tras la emancipación, sino que deseaban contar con ellos para levantar el nuevo país-, un sector cada vez más amplio de la sociedad cubana estaba dispuesto a luchar hasta el fin por su independencia. En este sentido no deja de ser significativo que a pesar de que la intervención estadounidense fue, en definitiva, lo que aceleró el proceso, no es precisamente ese aspecto de la guerra el que reflejan las numerosas canciones populares de aquella época que se mantienen vivas en el folklore español. Es posible que sin la intervención de los Estados Unidos la segregación se hubiera demorado; la situación política y económica de la isla, así como la falta de medios de los insurrectos, hubieran permitido, probablemente, una prolongación del dominio español. Pero es evidente que, antes o después, esa segregación se hubiera producido sin intervención exterior; el proceso hubiera sido, quizá, diferente y, lógicamente, también lo hubieran sido sus resultados; pero no creo que alguien pueda poner en duda que los cubanos hubieran seguido luchando por su emancipación y que, sin la intervención extranjera, la hubieran logrado en un contexto mucho más favorable a sus lógicas aspiraciones. Conscientes de esa visión parcial que desde la antigua metrópoli se tiene, a menudo, del proceso y de los prejuicios que la intervención norteamericana ocasiona a muchos de los que intentamos enfrentarnos a la pro-blemática, cuando nos propusimos la edición de este volumen no hicimos, como se suele en estos casos, un listado de los trabajos que debían aparecer en él y cuyo contenido podría estar determinado por una visión parcial de aquélla. Con el fin de dejar al margen ideas preconcebidas decidimos hacer una invitación abierta a especialistas de la época para que fueran ellos, con sus aportaciones, los que marcaran las problemáticas a tratar. Dada su distinta procedencia geográfica e ideológica, sabíamos que sus preferencias temáticas nos ofrecerían visiones diferentes de una misma realidad, de manera que este monográfico llegara a representar para el lector no sólo un aporte al mayor conocimiento de aquélla, sino una fuente de interrogantes a las que buscar respuestas. Los resultados están ahí: una variedad de trabajos que nos ayudan a conocer y entender mejor el proceso desde distintas perspectivas. A pesar de no haber podido contar, por diversas razones, con aportaciones propiamente antillanas, Paul Estrade y María Dolores González Ripoll nos ofrecen, no obstante, el punto de vista de autores antillanos, Martí, Hostos, Luperón... -muchos de los cuales siguen hoy "vivos" en la región-, la utopía de "una república moral, justa y democrática" independiente no sólo de España, sino también de los Estados Unidos. Y también, junto con Serge Ricard, nos muestran la frustración que significó para los pensadores antillanos el desenlace del proceso al ver cómo -tal y como afirma en estas páginas este último autor-la revolución, por la que tanto habían luchado, les era confiscada. El papel de los Estados Unidos en el conflicto y la utilización de la prensa -diaria o no-por parte de todos los implicados en el proceso es abordada en los trabajos de Sánchez Baena (obras impresas norteamericanas), Opatrný (prensa checa) o Sylvia Hilton (prensa española). El debate sobre las similitudes y diferencias existentes entre "opinión pública" y "opinión publicada" así como sobre el papel de la prensa como "creadora" de opinión, del que tanto se habla hoy en nuestro país, no es, desde luego, nuevo. No hay más que recordar, en este sentido, la actuación de los periódicos de William Randolph Hearst o de Joseph Pulitzer. Sus incitaciones a la intervención estadounidense en Cuba y sus tendenciosos artículos fueron decisivos para que la opinión pública norteamericana aprobara tanto esa intervención, como la posterior anexión de las Antillas españolas a los Estados Unidos. También la prensa española de aquellos años intentó influir en la opinión pública en relación con aquel proceso, aunque los resultados de esos intentos fueran, a nuestro juicio, bastante más dudosos que los logrados por la norteamericana. Pero es que, además, en países que no intervinieron en el proceso -el caso checo presentado por Opatrný-los distintos grupos editoriales utilizan el conflicto para hacer llegar sus doctrinas a la opinión pública. En una línea paralela, y mostrando el subjetivismo con que todavía hoy se hace frente a esta problemática, Ádám Anderle opone dos visiones actuales sobre aquel proceso que resultan radicalmente distintas: la cubana y la norteamericana, ahora, como entonces, bastante diferentes, y su integración en el discurso político actual. Por su parte, M.a Dolores Domingo Acebrón, Luis Navarro y Carmen Borrego nos aportan tres visiones muy distintas de esa realidad, aunque las tres estén dadas desde la perspectiva del "vencido", de la metrópoli. Pero mientras Domingo Acebrón nos ofrece el punto de vista de un intelectual español preocupado por el tema colonial, Rafael M.a de Labra, que en ocasiones se aleja de las tesis oficiales españolas de la época, Luis Navarro nos ofrece el de los que creyeron, y todavía hoy siguen creyendo, que de no mediar la intervención norteamericana en el conflicto España hubiera ganado aquella guerra. Una visión distinta, la que se pudo tener de todo el conflicto en amplias capas de la sociedad, que a través, principalmente, de la prensa vivieron aquel proceso con interés creciente, así como la influencia real sobre un grupo de población concreto -el de El Puerto de Santa María-es la que nos ofrece en su trabajo Carmen Borrego. Mientras, Allan Kuethe se desmarca de esas visiones más o menos condicionadas para tratar de explicar "desde fuera" el porqué del retraso de la independencia cubana en relación con el continente, las causas objetivas de lo que él llama la "fidelidad" cubana a España durante gran parte del siglo XIX. Enlazando con esas causas "objetivas" y sus "cambios", los trabajos de Eduardo Moyano-Serena Fernández, Joan Casanovas, Armando García-Consuelo Naranjo y M.a del Valle Álvarez Maestre, nos ofrecen diversos aspectos de la situación social, política y económica de los territorios ultramarinos, que puede ayudarnos a una mejor comprensión de los orígenes y el desarrollo de todo el proceso. En definitiva, en estas páginas tienen reflejo una gran variedad de puntos de vista, lo que, por sí mismo, sería suficiente para poner en evidencia que este volumen "conmemorativo" del 98 no pretende ser una reivindicación de la presencia española en los territorios ultramarinos; ni siquiera del agravio que el papel jugado por los Estados Unidos en el con-flicto pudo significar para España o para antillanos y filipinos, cuyas aspiraciones fueron despreciadas por aquéllos. Es sólo un homenaje -el único que como investigadores del pasado podemos hacer-a un pueblo en otro tiempo tan unido al nuestro; a un pueblo que tanto luchó -y aún hoy tiene que hacerlo-por su independencia y su libertad; pero quiere serlo también a otro, el español, que tuvo que ver cómo sus hijos morían en "ultramar" defendiendo intereses que les eran ajenos, en una guerra que -a pesar de las consignas de sus dirigentes, reflejadas repetidamente en la prensa-nunca entendió ni quiso. ROSARIO SEVILLA SOLER EEHA-CSIC PRESENTACIÓN
moral, justa y democrática, totalmente nueva. Si bien el escenario es disímil y disperso, como eran las Antillas, la aspiración democrática y el proyecto antillanista, expresados por autores y actores del temple de Martí, Gómez, Luperón, Hostos o Betances, le confieren unidad y fuerza a la vía que se estaba buscando mediante la guerra libertadora, fuera de los imperios y los modelos, y que debía desembocar en la Confederación de las Antillas libres. El historiador no puede desconocer la existencia y el poder de semejante sueño entre los combatientes mambises, para entender el sentimiento de frustración que nació también allá a raíz de 1898. Varias son las perspectivas geopolíticas e históricas desde las cuales se puede enfocar legítimamente la última fase de las guerras de la independencia cubana al inicio de la misma en 1895. 1) Desde la perspectiva cubana, desde luego y ante todo, aunque es una consideración que a veces ha sido pasada por alto en recientes foros internacionales, como si Cuba fuera sólo lugar de enfrentamientos mundiales y no protagonista viva y autónoma. Desde la parte cubana involucrada en la contienda, esa guerra deseada y preparada era la continuación de las anteriores comenzadas en Yara en 1868; el último forcejeo para afirmar la nacionalidad y conseguir el reconocimiento del Estado-Nación gestado a lo largo del siglo. 2) Desde la perspectiva contraria -la española-esa guerra impuesta era un descomunal reto, cuya conclusión podía ser, si se perdiera la guerra (lo que nadie imaginaba), el derrumbe del imperio en América, el hundimiento de la monarquía constitucional, el retroceso de la civilización europea. 3) Desde la perspectiva europea -la de las principales potencias (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia, Austria, Italia), que oscilaban entre neutralidad y solidaridad con España (por temor al triunfo cubano o a la intervención norteamericana)-, esa guerra incómoda se apreciaba según las consecuencias previsibles que sufriría la correlación de fuerzas a escala internacional en caso de derrota española. 4) Desde la perspectiva norteamericana, esa guerra azuzada por algunos sectores económicos y populares (jingoístas) y frenada en las altas esferas del poder, se veía sin embargo como la oportunidad inesperada de dar cumplimiento a la ley de "gravitación política" de Adams, a la "espera paciente", al "Destino manifiesto", etc., o sea a la aspiración, casi secular, de Jefferson y sus continuadores de convertir a la Antilla mayor en posesión norteamericana. 5) Desde la perspectiva latinoamericana, la guerra renaciente de Cuba debía ser el último golpe dado a la antigua metrópoli obsoleta, la coronación de la gesta bolivariana empezada en 1810, la generalización de la libertad política y la república a todo el Nuevo Mundo. Digo "debía ser" porque si la opinión pública latinoamericana en general y algún que otro gobierno (como el de Ecuador) mostraban simpatía por la causa cubana, a la mayor parte de los gobiernos la guerra les ponía en un aprieto, pues no querían tener que elegir entre EEUU y España, y para algunos pueblos (como el mexicano) el peligro yanqui era tal que la causa española les parecía justa. 6) Desde la perspectiva antillana, compleja por cierto y nada homogénea, por ser las Antillas divididas coto de Europa, parte de América Latina, blanco de EEUU, nudo de contradicciones y objeto de rivalidades imperiales, con la guerra de Cuba renacía para unos una pesadilla, pero para otros una utopía: la posible realización de un destino propio e innovador para todo el archipiélago que había sido el de la destrucción, la esclavitud y la sumisión durante cuatro siglos de explotación colonial bajo uno u otro nombre. En este caso, como en los anteriores, es obvio que la perspectiva no se abre de la misma manera cuando estalla el Grito de Baire o cuando se hunde la escuadra del almirante Cervera en la bahía de Santiago de Cuba, tres años después. Al inicio de la Revolución de Martí, 24 de febrero de 1895, el triunfo de ésta en Cuba debe acarrear -se presume-cambios radicales en las Antillas tempranamente libres. Al ser derrotada la armada española (el 3 de julio de 1898), apartados de las negociaciones de paz y vejados los mambises, ocupadas militarmente Cuba y Puerto Rico, la libertad de todas las Antillas parece comprometida por un tiempo indeterminado. Ya no hay perspectiva antillana. Huelga decir también que, cuando hablamos de perspectiva española o norteamericana -o la que sea, inclusive la asiática no mencionada-, no postulamos que desde un escenario exista sólo una perspectiva y una mirada posible. En cualquier escenario hubo conocimientos y conciencias, intereses y posturas a veces opuestos, que desembocaron en duros enfrentamientos de guerra civil en Cuba, de guerra social sorda en España, de tensión interna en países como EEUU, Francia, Italia y algunos Estados latinoamericanos (como Chile o México), en pro o en contra del statu quo colonial en Cuba. Pero donde mejor queda reflejada esa diversidad de criterios y comportamientos es precisamente en las Antillas. Desde las Antillas menores aún colonizadas El panorama antillano, en 1895, en lo que al sistema de gobierno se refiere, ha evolucionado bastante desde la revolución de Saint-Domingue, pero con la salvedad de las dos repúblicas que comparten la antigua Isla Española, todas las demás islas siguen siendo posesiones coloniales de metrópolis europeas. Por un lado el número de imperios allí presentes va reduciéndose (Suecia renunció en 1876, Dinamarca lo hará en 1917), pero por otro lado van asomando nuevos imperios desprovistos de tierras antillanas cuando el primer reparto, que ahora las codician por sus bases o mercados potenciales. Aprovechando las debilidades de los dos Estados independientes de la zona -Haití y la República Dominicana-y las de la administración de España en las llamadas provincias ultramarinas, Alemania y sobre todo EEUU presionan solapadamente a los imperios arraigados en las Antillas desde tiempo atrás para poder convertirse también, a su vez, en potencias en esa región, estratégica por la proximidad del futuro canal interoceánico. Las obras están paradas, pero nadie pone en duda su conclusión. No se asemejan los sistemas de dominación colonial que imperan en las Antillas británicas, francesas u holandesas ni por el estatuto otorgado, ni por el grado de representación de la población insular en la metrópoli. Sin embargo, en esas islas la opinión pública, en la medida en que existe (la prensa) y está enterada de los acontecimientos de la mayor de las Antillas, ¿será diferente del eco repercutido y medio absorbido de la opinión pública en aquellas metrópolis? Habría que estudiarlo concretamente en realidad, porque si tales estudios locales, o meros sondeos, se han lleva-LA ÚLTIMA GUERRA DE INDEPENDENCIA do a cabo a nivel de tesinas en las universidades caribeñas, permanecen desconocidos para nosotros. Es probable, aunque no se ha comprobado, que esporádicamente en tal o cual isla se haya manifestado algún interés o temor por la guerra desatada en la isla vecina, y se hayan pronunciado unos a favor del orden colonial y otros a favor de la insurgencia. La propaganda española en Europa, según la cual en la manigua cubana los más de los rebeldes eran negros, puede que haya sido contraproducente en aquellas Antillas negras y hasta haya engendrado admiración y celos en individuos de aquella población. El caso es que, entre los parlamentarios franceses que representaban a la isla de Guadalupe en las Asambleas en París, existió una expresión real de solidaridad con la causa cubana. La apoyaron por ejemplo el diputado Gastón Gerville-Réache y el senador Alexandre Isaac, ambos de la tendencia republicana "radical" y ambos "de color", como se decía. Oigamos a Isaac: Esta es la posición genuina de un republicano francés de origen antillano, solidario del Comité Francés de Cuba Libre. Sería exagerado tenerla por una línea de conducta antillanista, porque satisfecho del orden republicano que rige en las Antillas francesas, no aspira a su independencia política. En las demás Antillas menores, donde tampoco en parte alguna se planteaba esta última cuestión, la guerra de independencia de Cuba no parece haber provocado en la población ni grandes temores ni locas esperanzas. Tal vez sea oportuno examinar aquí el caso jamaicano. Jamaica pertenece más bien a las Antillas mayores; por esto y por su proximidad a Cuba acogió permanentemente desde 1868 a independentistas cubanos perseguidos (muchos de ellos negros y mulatos) que allí se instalaron (vegas y fábricas de tabaco) y desde allí "laboraron", aprovechando cierta corriente de simpatía local y cierta complicidad de la administración británica, tradicionalmente antiespañola, en Kingston. Cuando José Martí visitó a los cubanos de Jamaica, en octubre de 1892, un periodista de Kingston le entrevistó con marcada benevolencia y dio a conocer, por otra parte, el saludo final que dirigiera el líder revolucionario a la concurrencia cubano-jamaicana, agradeciendo en particular "la bondad y hospitalidad demostradas por el gobierno y el pueblo jamaicano a los exiliados cubanos".2 De hecho la causa cubana encontró en Jamaica, en 1895, una apreciable base de comprensión y acción. Desde las Antillas independientes En 1895, en las dos repúblicas independientes de las Antillas -Haití y la República Dominicana-, el poder está concentrado en manos de jefes militares. 3 Entre ambas, con el tratado fronterizo de 1874, han cesado las guerras continuas de los años 40 y 50 y los hostigamientos ulteriores. Prevalece cierta coexistencia pacífica y se adoptan ciertas actitudes paralelas. En particular respecto al peligro de ingerencia, intervención y hasta anexión que bajo cualquier pretexto puede brotar desde Washington, desde donde se miran con un interés nada disimulado las magníficas posiciones del Môle Saint-Nicolas y de la Bahía de Samaná. Quienes en Haití y la República Dominicana intentaron cederlas, tuvieron que retroceder o fueron expulsados del poder. De modo que si los gobiernos -y en especial el de la dictadura dominicana-van creando, por el endeudamiento público, las condiciones de la sumisión de sus respectivos países a los intereses norteamericanos, reafirman pública y enfáticamente su plena soberanía, a veces de manera más espectacular que en las repúblicas del continente donde el peligro parece más lejano. Francia absorbe el café haitiano y Alemania el tabaco dominicano; Francia ejerce una influencia cultural dominante en ambos países, donde el peso de los Estados Unidos es el que crece más sin embargo. Estas son las tres potencias cuyas decisiones y relaciones interfieren en la vida y la diplomacia de Haití y la República Dominicana, relegando a España a un segundo plano. Resulta de ello una actuación ambigua ante la reanudación de la guerra de independencia cubana. El impacto de las guerras precedentes, la cercanía del campo de batalla, la presencia activa de exiliados cubanos en su territorio, el celo de los no menos activos agentes españoles, todo ello obliga a los dos gobiernos, molestos, a que se definan y a veces a que intervengan. Por un lado saben justificada la guerra emancipadora, fundadora de la propia legitimidad de los Estados que encabezan. Por otro lado, la temen porque puede concluir en una expansión de EEUU en la región. Indisponerse con España puede conciliar la simpatía norteamericana, pero puede también acarrear el descontento francés. Apoyar a España puede, a la larga, traer un mayor provecho que un apoyo franco a la causa cubana, pero la opinión pública no lo entendería. Esta ambigüedad es la que caracteriza la política de muchas repúblicas latinoamericanas que afrontan un dilema parecido y en las que se impone, por cálculo, un deber de supervivencia nacional en detrimento de los deberes de solidaridad continental. Política de expectativa más que de compromiso, de todas formas. Basta leer algunas piezas de la correspondencia diplomática o algunos informes de los agentes secretos de España para quedar enterado del grado de colaboración entre las autoridades haitianas y las españolas en lo que concierne a la persecución de los cubanos independentistas. A petición del cónsul español, el presidente haitiano ordena que se arreste a José Martí y a Máximo Gómez en el momento en que intenten salir del país rumbo a las PAUL ESTRADE costas orientales de Cuba. 4 La actitud del presidente dominicano revela mayor duplicidad, bastante comparable a la del presidente mexicano Porfirio Díaz en la misma coyuntura. 5 Emilio Rodríguez Demorizi está convencido de que Lilís era adicto a Cuba, pero que no lo quería proclamar. Entregó dinero en Catimini a Martí y Gómez. 6 En realidad, parece que "a todos interesaba el secreto", según contó uno de los intercesores cubanos. ¿Cuál era la motivación íntima del general Heureaux (Lilís)? Algunos historiadores estiman que él abrigó hasta el final sentimientos antiespañoles, heredados de la época de los gobiernos "azules". 7 Otros que, en el fondo, aparentaba agradar a todos a la vez porque quería salir del aislamiento y apuro en que se ahogaba su gobierno. Al tener a todos los protagonistas en su mano y a raya, podía esperar sacar el mayor beneficio -tanto nacional como personal-a la hora de las ineludibles y difíciles negociaciones financieras. Sea lo que fuere, valiéndose de la olímpica posición de principio que era que la República Dominicana no dividía el mundo entre europeos y americanos, el dictador se atrevió a sugerir una mediación ¡norteamericana! para concluir con la guerra hispano-cubana, y a abogar por la constitución de una Comisión Internacional de Arbitraje mixta europeo-americana. 8 Los cubanos y puertorriqueños estaban divididos también. Unos no deseaban pactar con el tirano que perjudicaba la república y ultrajaba la democracia. Otros, desconfiados, Ramón E. Betances entre ellos, dudaban de su sinceridad, conocedores de cómo había desterrado a los amigos reales de la independencia cubana (a Gregorio Luperón concretamente). Hasta hubo quien, como Eugenio María de Hostos, llegó a pensar que la independencia de Cuba y Puerto Rico se conseguiría mediante la eliminación de la dictadura dominicana. "Es indudable -escribió Hostos a Luperón-que el paso previo es la liberación de la República Dominicana, que, una vez libertada de su actual ignominia, y sujeta al régimen político, económico y administrativo que ya hubiera podido asegurar su desarrollo, prosperidad e influencia..., sería el centro natural y fecundo de reunión, concepción y ejecución de los planes que los Antillanos deseosos de asegurar el porvenir de las Antillas pudieran formar.... En el fondo de las cosas, es tan esencial la libertad de Quisqueya para la independencia en Cuba y Puerto Rico que si acaso la de Cuba sobreviene sin ella, lo que es la de Puerto Rico y la Confederación, no". 9 No todos los cubanos y puertorriqueños compartían esta estrategia de lucha, pero casi todos confiaban más en el apoyo de los sectores populares de la República Dominicana que en el de su gobierno sin prestigio ni brújula. Les asistió la razón. Desde que Martí, acompañado de Gómez, recorrió la República Dominicana en 1892 hasta la separación de Cuba de España a fines de 1898, la actividad a favor de la Cuba insurrecta alcanzó en ese país -pese a las trabas y las obligaciones de discreción-un importante nivel. Fuera de los EEUU, es el país en cuyo seno surgió y se desarrolló el mayor número de clubes revolucionarios. 10 En vísperas de la disolución del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y suspensión de Patria, el Cuerpo de Consejo que demostró mayor disgusto -estimando que realmente no estaba lograda la independencia absoluta de Cuba y Puerto Rico-fue el de Santo Domingo. 11 En Haití, la labor de los clubes revolucionarios cubanos fue también de gran ayuda, aunque por la vigilancia gubernativa y sobre todo por razones de idioma y cultura fue inferior a la de los clubes radicados en la República Dominicana. 12 Esos clubes, en uno y otro caso, reunían a cubanos (y puertorriqueños) con nacionales, haitianos o dominicanos. Pero es verdad, tanto por las razones arriba aducidas como por la política atractiva que siguieron los gobiernos "azules" a fines de la Guerra de los Diez Años, que en la República Dominicana los emigrados cubanos eran más numerosos -4 ó 5000 según las fuentes -13 que en la república vecina, donde no alcanzaban sino la décima parte y tenían más peso. Mediante inversiones en capital y tecnología en la industria azucarera, contribuyeron al despegue capitalista del país, mientras que en Haití quedó circunscrito su aporte económico a la artesanía y comercio del vestido y calzado. Muy presentes los dominicanos al lado de sus hermanos cubanos en el país -encabezando a veces los clubes revolucionarios -14 lo estuvieron también en la manigua, tras el más ilustre de ellos, el general dominicano-cubano Máximo Gómez. Desde las posiciones y aspiraciones antillanistas de los independentistas Al empezar la Revolución del 24 de febrero de 1895, ésta fue condenada en Cuba por casi todos los intereses económicos, todas las corporaciones, todos los partidos políticos, incluido el que pretendía representar el alma cubana: el Partido Liberal Autonomista (PLA). Ha sido frecuentemente comentado el inequívoco manifiesto de la Junta Central del Partido. 15 Para dicha Junta Central, al romperse la paz se rompía el orden; la producción iba a disminuir, el deterioro de las relaciones sociales iba a aumentar y, con él, la inseguridad y la violencia; se abría un período peligroso e incierto si el movimiento armado no era sofocado inmediatamente. Por esta razón, la Junta Central acudió apresurada y vigorosamente en defensa del orden colonial, brindando sus servicios, como lo hiciera ya al inicio de la Guerra Chiquita en 1879, para desacreditar, aislar y aplastar a los rebeldes, tildados de gente irresponsable y de la peor ralea. Detrás de la defensa de los intereses económicos que se expresan a través de la Junta Central del PLA -la gran propiedad rural y la exportación de azúcar en primer lugar-, esta actitud traduce una concepción de la 13 Nelson Carreño, en su Historia económica dominicana (Santo Domingo, 1989, pág. 23) dice "aproximadamente 4.000". Frank Moya Pons, en diversas oportunidades y en especial en su Manual de Historia Dominicana (9.a ed. Santo Domingo, 1992, pág. 407), habla de "unos 5.000 exiliados". 14 El ex-presidente de la República Francisco Gregorio Billini presidía el club "Máximo Gómez"; el intelectual Federico Henríquez y Carvajal presidía el club "27 de Febrero"; etc. 15 El manifiesto de la Junta Central del PLA -4 de abril de 1895-censura a los "conspiradores, irresponsables de hecho, que han vivido muchos años lejos del país, cuyo verdadero estado desconocen... Y [que] sólo ha[n] conseguido arrastrar, salvo pocas excepciones, a gentes salidas de las clases más ignorantes y desvalidas de la población". Según el texto ofrecido por El País, La Habana, 5 de abril de 1895. LA ÚLTIMA GUERRA DE INDEPENDENCIA nación varias veces expuesta por los líderes autonomistas. Según ellos, por justificado que sea el descontento y, circunstancialmente, explicable el alzamiento, la guerra no es sólo una catástrofe, es un error, no tiene fundamento, no ofrece perspectivas. Según ellos, Cuba pertenece a la nación española. Su anhelo, permanente desde Arango y Parreño, lógico y vital, es la autonomía, la autoadministración, el self government dentro del Estado español. Si la autonomía es la aspiración esencial del pueblo cubano, la independencia es lo accidental, lo transitorio, lo indeseable en esa vía. En un discurso de 1886 pronunciado por un alto y representativo dirigente autonomista -Rafael Fernández de Castro-, en términos que suscribían todos los jefes de la misma corriente política, el orador afirmó lo siguiente: Llama la atención cómo en los textos orientadores de los autonomistas cubanos (y puertorriqueños también), en vísperas o a raíz de la guerra de Cuba, la preocupación constante es la "justicia para los anhelos del país y respeto por sus derechos e intereses" -que son los de los productores exportadores-, excluyéndose de esta justicia la justicia social, y de estos derechos e intereses los de las capas populares, y limitando los anhelos del país al territorio cerrado de una isla perdida en el mar de las Antillas. Pero no todo fue conservadurismo y estrechez en el pensamiento antillano con motivo de la guerra de independencia, aunque fueron estas reacciones las de las fuerzas económicas y las tendencias ideológicas dominantes en Cuba y Puerto Rico. Por un lado, hubo quien vio en la guerra de Cuba el punto de partida de la realización futura de profundos cambios sociales y morales, y, por otro lado, hubo quien vio en esa misma guerra fecunda el punto de partida de la realización de una futura Confederación de las Antillas libres, agrupadas en torno a Cuba libre. Para medir la fuerza de esa tendencia que veía en la "guerra necesaria" de Cuba la condición y el principio de una república inédita, más justa y más armónica, podemos apoyarnos tanto en el texto de las prédicas revolucionarias como en el testimonio de quienes iban a alistarse en las filas mambisas sobre la base de las promesas oídas y las ilusiones arraigadas, y con la convicción de que iban a cambiar la sociedad y el mundo. No hace falta extrapolar ni interpretar para comprobar la realidad de tal tendencia. Basta leer hoy los artículos que el Delegado del PRC, José Martí, escribió semanalmente en Patria (Nueva York), de 1892 a 1895. Reiteradamente explica en ellos, dirigiéndose especialmente a los tabaqueros emigrados, que la meta de la Revolución es la independencia absoluta; que el fin de ésta es la república democrática, a la que suele calificar de "justa", "moral", "trabajadora", "cordial", "equitativa", etc.; que la justicia social y la dignidad individual serán los pilares de la política republicana, sus valores supremos, y que la república no será ingrata para con los pobres que crean en ella y trabajen por ella. Para que el lector/actor entienda la naturaleza del compromiso, Martí expone que esto no resultará de milagro alguno ni de la adopción de ningún modelo extranjero. Esta república "para todos", por venir, está por inventar con la participación "de todos". Cuba, según él, debido a su experiencia histórica, su situación geográfica, su producción económica, su gente abierta y capacitada, está en condiciones, en un momento oportuno, de crear una república de tipo nuevo, alejada tanto de la república oligárquica LA ÚLTIMA GUERRA DE INDEPENDENCIA Tomo LV, 1, 1998 del Norte como de las repúblicas despóticas o nominales del Sur. Para Martí, Cuba puede ser el mayor laboratorio de la democracia en la América Latina; como "¡futura Universidad americana!" la designó un día. 18 No cabe duda que esta perspectiva de reconstruir la sociedad cubana sobre una base nueva y popular, una vez descartadas la dominación española y la amenaza anexionista, haya motivado el apoyo extraordinario que la clase trabajadora de los talleres de tabacos y de los campos de Cuba y la gente de color le tributaron al PRC, portador de tamaña esperanza. Muchos trabajadores de ideas avanzadas -republicanos, socialistas, anarquistas-se lanzaron también a la guerra, o la sostuvieron desde los centros laborales, porque esta república, abierta a todos y con prioridad a ellos, sería abierta también, en su evolución posterior, a las aspiraciones más radicales. Escuchemos a uno de ellos, al tabaquero Enrique Creci, líder anarquista del proletariado habanero, cuando, al irse a la manigua en mayo de 1895, lanza a sus compañeros, en la prensa anarquista de la capital, una exhortación a seguir su ejemplo: "Así pues, compañeros, si es verdad que la guerra de Cuba reviste un carácter esencialmente democrático, hasta el punto que los individuos que componen el partido revolucionario han llegado a declarar que con la independencia podrá el hombre "gozar del derecho al trabajo en una tierra libre"; si es verdad que la emancipación política de este país ha de ser precursora de la emancipación económica, y por consecuencia, -realizada la aspiración del obrero cubano de gozar de la libertad de su patria-ha de sernos dable propagar nuestros principios igualitarios sin que se estrellen nuestras predicciones en la desconfianza de los trabajadores, no cabe vacilar por más tiempo, y debemos resueltamente colocarnos al lado de los revolucionarios cubanos y luchar con denuedo por su causa, que es nuestra causa, ayundándoles a sacudir la dominación que sobre Cuba pesa y que es causa de tantas desdichas". 19 Muchos de los voluntarios europeos alistados en el ejército mambí, los italianos y los franceses en particular, cruzaron el Atlántico con ese fin social y esa fe. 20 La ilusión fue grande entre quienes tenían conciencia de emprender una auténtica revolución desde abajo. Proporcionalmente grande fue luego la desilusión de los sobrevivientes al comprobar a fines de 1898 que las circunstancias no eran las esperadas. 21 El otro aspecto utópico que revistió, al inicio, la guerra de 1895 fue que con la independencia de Cuba se iba a producir en las Antillas mayores de habla hispana un amplio movimiento solidario y convergente que conduciría a la unión, y hasta a la confederación, de las islas antillanas, en un momento de reequilibrio y recomposición mundial. La idea, es sabido, había nacido antes de la guerra de 1868, promovida por los independentistas puertorriqueños Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos. 22 En 1895 renace, siempre viva bajo la pluma de Betances y Hostos, incansables abogados de la causa cubana en su lejano exilio, pero ahora retomada por gente de la nueva generación borícua (Sotero Figueroa) y por cubanos. Existen diferencias entre ellos en la formulación que hacen entonces de las formas posibles de la futura unión antillana; pero no las hay ni en la práctica solidaria ni en los propósitos perseguidos. En lo que suele llamarse el testamento antillanista de José Martí -su última carta al amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal, del 25 de marzo de 1895-el prócer cubano afirmó: "Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo". 23 No hacía más que confirmar en carta privada lo que había desarrollado en la tribuna o en el periódico y que viene magníficamente estampado en dos artículos anteriores de Patria: "Las Antillas y Baldorioty Castro", de 1892, y "El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América", de 1894. En el primer artículo referido, cual obsesión, repite que las "tres Antillas hermanas", las "tres islas abrazadas de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo", "las tres vigías de la América hospitalaria y durable", "las tres 21 Véase por ejemplo la carta de Gualterio García a Tomás Estrada Palma, 14 de enero de 1899. Archivo Nacional de Cuba, Correspondencia de la Delegación del PRC en Nueva York, carta n.o 1396. 22 Desarrollamos el tema del antillanismo de Hostos y Betances en trabajos anteriores, y últimamente en España en una ponencia intitulada "La nación antillana: sueño y afán de El Antillano (Betances)" y recogida en La Nación Soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98. En Martí: Obras completas, t. LA ÚLTIMA GUERRA DE INDEPENDENCIA hermanas que de siglos atrás se vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores", "han de salvarse juntas o juntas han de perecer". 24 En el segundo, más explícito, expone que "en el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder -mero fortín de la Roma imperial-, y si libres -y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora-serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio -por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles-hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo. No a mano ligera, sino como con conciencia de siglos, se ha de componer la vida nueva de las Antillas redimidas. Con augusto temor se ha de entrar en esa grande responsabilidad humana... Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son sólo dos islas las que vamos a libertar... Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna". 25 Estas líneas de Martí, como las cartas y artículos de Betances y Hostos, o como el combate de Luperón, Henríquez y Carvajal y Gómez, revelan y delinean el profundo plan antillanista que todos acariciaban, como medio para conseguir la independencia de Cuba y Puerto Rico, inseparables, y luego para garantizarla, y como fin para instaurar una república sólida y novedosa, que aglutine paulatinamente a las Antillas menores, que impida el avance del expansionismo norteamericano, que sustraiga a las rivalidades imperiales esa porción antillana del mundo, que mantenga así la paz mundial amenazada por las ambiciones de dominación del acceso al canal interoceánico y que, respecto a la América Latina reincorporada, sirva de factor de progreso y de referencia democrática. Concebida así, la guerra de independencia de Cuba, al volver a encenderse en 1895, no era sólo la conclusión de un movimiento interrumpido en 1878 y 1880, no era sólo el pretexto a una batalla entre dos imperios que iban a medirse. Desde Cuba, desde las Antillas, desde el exilio antillano, en el pensar y el sentir "antillanistas" de notables cubanos, puertorriqueños, dominicanos y demás antillanos (haitianos como Firmin, por ejemplo), en 24 "Las Antillas y Baldorioty Castro", Patria, Nueva York, 14 de mayo de 1892. 25 "El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de América, y el deber de Cuba en América", Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894. PAUL ESTRADE la mente exaltada de algunos obreros que creían en la revolución social, la guerra de 1895 era el comienzo de un movimiento formidable que debía cambiar la faz del mundo en la región, "desatar a América y desuncir el hombre", según la expresión de Martí (1893). El análisis de aquella dimensión utópica de la guerra de Cuba no debe estar ausente un siglo después, no sólo porque varios jefes y ciertos combatientes abrigaban tal esperanza, sino también porque hoy nadie puede certificar que aquella utopía murió allí para siempre. LA ÚLTIMA GUERRA DE INDEPENDENCIA
Rico en torno a 1898, prueba dolorosa para su ideal independentista en las Antillas. Hasta entonces había combatido en dos frentes: el de la propaganda por la lucha (modélica en su opinión) que se libraba en Cuba desde 1868 y el deseo de modernización y educación de todos los habitantes de América, única manera de lograr la verdadera independencia, aquélla que conducía a una sociedad civilizada. El trabajo analiza también el eco del pensamiento hostosiano en la Cuba del siglo XX y el alcance de sus ideas de plebiscito e inevitable etapa de "americanización" en Puerto Rico. "Con el patriotismo de las pasiones enfurecidas, con la revolución de salvarse o de morir, con los viejos heroísmos que ya han pasado de edad, con los resabios morales e intelectuales de aquel siglo pasado tan sujeto a espejismos de la mente, con eso, con lo que no sea verdad, poder y fuerza, no se irá en el siglo XX a parte alguna. Los que no puedan llegar a alguna parte, aunque no sea más que a ser dueños de sí mismos en un rincón del espacio, que se civilicen. La orden del siglo es terminante: Civilización o muerte". Eugenio M.a de Hostos 1 * Este trabajo fue elaborado en el marco del Proyecto PB94-0060 (DGICYT) y fue presentado en el Con esta sentencia de "civilización o muerte", aparecida en 1901 en las páginas de un periódico de Santo Domingo y evocadora por otra parte de consignas más recientes, 2 se resume el pensamiento final de un viejo luchador por la independencia, democratización política, educación del individuo y modernización de las sociedades americanas, que fue Eugenio M.a de Hostos. 3 El pensamiento que refleja esta máxima -el remedio a una muerte identificada con la barbarie de la dicotomía sarmientina-, se centra en una idea civilizadora y potenciadora de la "educación" y de la "porción culta del pueblo", frente a la ignorancia y la esclavitud que Hostos percibía en las Antillas. 4 Sin embargo y como señalan algunos autores, Hostos se despojaría de pesimismo en el análisis de las sociedades antillanas al cuestionar también el modelo europeo de civilización, que tampoco había logrado sofocar la ignorancia y la barbarie; además habría que reconocerle cierto romanticismo en la opción que realizó por el hombre sencillo del campo porque, según Hostos, "los reptiles están en las ciudades". 5 Las ideas vertidas por Hostos en los últimos decenios del siglo XIX constituyeron medidas de carácter muy radical, al concretarse en reclamaciones políticas específicas contra la esclavitud y el régimen colonial español que pervivía en Cuba y Puerto Rico y a favor de la república como sistema de gobierno, la secularización de la sociedad, la renovación de los planes de enseñanza y la emulación de la vida estadounidense como ejemplo del triunfo de la civilización sobre el considerado atavismo de las tradiciones hispanas. Estos principios marcaron, además, distintas etapas en la vida y obra de Hostos: revolucionario antillanista primero, revolucionario educativo, modernizador y antianexionista después, y una última etapa determinada por la creencia desesperanzada en el poder de la civilización como pacto entre lo ideal y lo real, entre el sueño de unas Antillas libres y soberanas pero irremediablemente abocadas a la senda modernizadora de Estados Unidos. Eugenio M.a de Hostos murió en el verano de 1903, el mismo año de la aprobación del Tratado de reciprocidad comercial entre Estados Unidos y Cuba, y uno después de la proclamación de la república en Cuba con la designación de Tomás Estrada Palma como presidente y la aplicación de 3 Entre la abundante producción bibliográfica sobre Hostos, véase López, Julio César: Hostos: Sentido y proyección de su obra en América, San Juan de Puerto Rico, 1995; en la misma obra, Julio César López: "Hacia un esquema de la bibliografía hostosiana", págs. 13-28; López Cantos, Ángel: Eugenio M.a de Hostos, Madrid, 1990; Ruano, Argimiro: Biografía de Hostos, Moca, 1993 y González-Ripoll Navarro, M.a Dolores: Eugenio M.a de Hostos: Utopía y federación, Colección Latinoamericanos, 4, Morelia, 1996. 4 Según Adriana Arpini en "Auto y heteroimagen en los escritos de Eugenio M.a de Hostos", Cuadernos Americanos, 46, julio-agosto, año VIII, vol. 4, 1994, págs. 239-256. 5 Fernández-Méndez, Eugenio: "El pensamiento social de Eugenio M.a de Hostos", Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, año VII, núm. 23, San Juan, abril-junio de 1964, pág. 46. M.a DOLORES GONZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO la enmienda Platt, que fuera el inicio de una etapa de dependencia política y económica, denominada "república neocolonial" en la historiografía cubana y que se extendió hasta 1959. El espectáculo que ofrecieron las dos islas de Cuba y Puerto Rico, desde 1898 a merced de la política norteamericana -Puerto Rico era gobernada desde Washington a través de la ley Foraker aprobada en 1900-, hizo mella en Eugenio M.a de Hostos, agotado ya de una vida entregada a la lucha por la soberanía de las Antillas y presidida por el anhelo de que la unión de las islas dada por la naturaleza se vinculase a un sistema político que lograra su supervivencia: la confederación antillana. 6 Este trabajo sobre la relación de Hostos con los últimos territorios coloniales de España en el tránsito de siglo, se centra en su pensamiento y acción respecto a una y otra realidad, tanto en el período anterior a los acontecimientos de 1898 como a su consecuencia: independencias mediatizadas por la política norteamericana que, sin embargo, se producían en dos sociedades hacía tiempo distintas, que pusieron en marcha dos modos de entender la relación con el máximo exponente de la modernidad, lo que desembocaría, en la década de los años 50, en una mayor dependencia de Puerto Rico al convertirse en el Estado Libre Asociado y en la "segunda independencia cubana" que supuso la revolución de 1959. En ambos países hubo una cierta repercusión del pensamiento de Hostos, dependiendo de la coyuntura política y cultural; así, en Puerto Rico renació con la generación independentista encarnada por Albizu Campos 7 y en Cuba aumentó el interés por su figura a medida que se estudiaba y ensalzaba la de José Martí (Emilio Roig de Leuchsenrig consideraría a Hostos el representante puertorriqueño del genio cubano de Martí). 6 Sobre el tema de la unión antillana, véase Reyes, A., y J. Ruscalleda: "El ideal de la Confederación de las Grandes Antillas españolas en Eugenio M.a de Hostos y José Martí", RICP, año XVI, núm. 58, San Juan, enero-marzo de 1973, págs. 39-55; Rama, C.: La idea de federación antillana en los independentistas puertorriqueños del siglo XIX, Río Piedras, 1971; del mismo autor La independencia de las Antillas y Ramón E. Betances, San Juan, 1980; Armas, R. de: "La idea de unión antillana en algunos revolucionarios cubanos del siglo XIX", Anales del Caribe, núms. I, Bordeaux, 1982 y González-Ripoll Navarro, M.a D.: "Independencia y antillanismo en la obra de Hostos", La Nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Aranjuez, 1995, págs. 37-47. 7 Respecto al origen ideológico de los independentistas del siglo XX puertorriqueño, es muy interesante aludir al ensayo, en su día polémico y contestado, de González, José L.: El país de cuatro pisos y otros ensayos, San Juan, 1989. Para una visión diferente véase Cortés Zavala, M.a Teresa (Coord.): Albizu Campos y la nación puertorriqueña, 1992. Las Antillas con y sin España Hostos tomó conciencia sobre la realidad antillana a muchos kilómetros de distancia ya que pasó su juventud en España, adonde fue enviado en 1852 para estudiar primero en un Instituto de Bilbao y después en la Universidad Central de Madrid. Nunca concluyó la carrera de Leyes en la que se había inscrito aunque fue muy influido por la filosofía krausista en boga en esta institución madrileña, corriente de pensamiento y moral que, junto a la corriente positivista de fines de siglo, constituyeron elementos primordiales en su evolución pedagógica y política y en su valoración de las Antillas y el futuro de América. La importancia del krausismo y del positivismo como elementos forjadores del pensamiento hostosiano ha sido puesta de relieve, entre otros, por José Luis Abellán y Manuel Maldonado Denis, quienes conciben elementos propios de un "planteamiento filosófico autónomo y con carácter ideológico específico": el krausopositivismo, que explicaría la unión estrecha del Hostos científico y del moralista "en lo más radical de su pensamiento y de su actitud humana", además de ser esta transformación "del krausista en positivista y del positivista en krausopositivista" lo que confiere a Hostos una dimensión continental. 8 Algunos de estos elementos se encuentran en las primeras reflexiones de Hostos sobre las tres Antillas de tradición hispana, a las que denominó "la isla esclava" (Puerto Rico), "la isla mártir" (Cuba) y "la isla heroica" 9 (Santo Domingo), cuando expresaba el deseo de unidad política de estos territorios con una España que pretendía también republicana y progresista en un régimen de igualdad y autonomía. Y todavía más allá, en su deseo de confederación de las Antillas con España, sueña con una federación de todas las repúblicas americanas y de éstas con la del Norte, "porque los pueblos de América, es decir, de todo el continente, Sur y Norte, Costafirme e Islas, están llamados a formar una sola nación y a ser la admiración del mundo". 10 Durante los años de estancia en España, exactamente hasta el momento en que rompió con los republicanos españoles en 1868, intentó sensibi-lizar a la opinión pública sobre la realidad y los problemas de Cuba y Puerto Rico y, también, sobre posibles soluciones de futuro basadas en la imaginación, la lógica y la serenidad de sus postulados: "Cuando todo el mundo me aconsejaba que no pensara en las Antillas y ellos mismos no pensaban en su libertad, yo me enajenaba la simpatía de los españoles y de los antillanos por ocuparme con constancia de mis islas. Cuando todo el mundo esperaba en España que yo utilizara la revolución a que había contribuido, por ser lógico me puse a pedir para Cuba y Puerto Rico lo que me costaba la pérdida de mi propio porvenir". 11 A esta etapa corresponde la publicación del "diario novelado" La Peregrinación de Bayoán (1863), 12 texto en el que el propio Hostos-Bayoán acomete una empresa espiritual de redescubrimiento y revisión del espacio propio en busca de una identidad americana que será el fundamento de sus ideas de confederación y finalmente de inevitable separación de España: "El patriotismo, que hasta entonces había sido sentimiento, se irguió como resuelta voluntad. Pero si mi patria política era la Isla infortunada en que nací, mi patria geográfica estaba en todas las Antillas, sus hermanos ante la geología y la desgracia, y estaba también en la libertad, su redentora". 13 Resuelto a luchar por la libertad de las Antillas a partir de la libertad también en España, en lo que fue su etapa reformista, Hostos combatió en la prensa del momento por hacer oír la voz y la queja de Cuba y Puerto Rico, porque "La isla de Cuba, sujeta a la autoridad absoluta (...) es una acusación para los liberales españoles, es un borrón para el gobierno de España", 14 porque "los hijos del país (de Cuba) no se contentan, como se decía, con mejoras administrativas, sino que aspiran a gozar de derechos políticos", 15 porque "lo que deseamos es que Cuba y Puerto Rico sean partes integrantes de la Monarquía". Fue reeditada en 1873, Imprenta de Sud-América (Santiago de Chile) con un prólogo del propio Hostos en el que recalcaba la intencionalidad política de la obra; la última edición en Obras Completas. La A pesar del carácter integrador de la lucha, sentía cómo la cuestión de las Antillas se reducía a la isla de Cuba tanto en los debates del Congreso, como en la prensa y hasta en el sentir del pueblo, con el consiguiente olvido de Puerto Rico, cuya propia realidad no era tenida en cuenta sino como una prolongación de los acontecimientos de Cuba. En varios artículos periodísticos, como el titulado "La política" publicado en La Nación, abogaba Hostos por "una regeneración",17 por "la reforma política inmediata de Cuba y Puerto Rico", 18 porque "todas las provincias de la Monarquía son hermanas (...) Abajo antagonismo" 19 y, en otros, aunando propósitos para las dos islas, incidía en el peligro que comportaba la inercia de la política española advirtiendo del peligro de no actuar a tiempo: "si es cierto que esta confianza se alimenta de la paciencia de aquellos nobles pueblos, no es menos cierto que la paciencia se acaba y, sobre todo, que ese peligro lejano, aun siendo próximo, tal vez sería menor el que hoy amenaza". 20 No fue hasta después de 1868 cuando se produjo la fractura en la vida y el pensamiento hostosiano. La ruptura con la España republicana fue un trance doloroso para Hostos. En las páginas de su diario, en numerosos artículos periodísticos, dejó rastro del intento fallido de reconciliación y acuerdo respecto a la política antillana entre la familia republicana española: "En 1868, después de la revolución de septiembre en España, (...) yo luchaba de buena fe por la libertad de España y las Antillas (...) Aproveché todas las ocasiones que se me presentaron para condenar de frente al Gobierno, la mayor parte de cuyos miembros eran mis amigos, por su conducta y la de España hacia las Antillas. Eso y el comienzo de la revolución de Cuba me decidieron a tomar una resolución definitiva". 21 A punto de abandonar España para siempre, dejaba constancia de su anhelo de igualdad con América: "No olvidemos que los primeros aplausos que han saludado a la revolución española han venido del otro lado de los mares. No ha mucho que un ilustre estadista del Nuevo Mundo decía que España es también una nación americana", 22 en una fecha que además del principio para Cuba de una larga lucha por la independencia, fue paralela en el tiempo a la emprendida por Hostos con aspiraciones todavía más ambiciosas: independizar las islas, lograr la libertad material y espiritual de sus individuos y levantar una sociedad sobre los pilares de la educación, la justicia y la solidaridad entre los países americanos. En definitiva, esa búsqueda de solidaridad hubo de centrarse en el apoyo a la lucha iniciada en Cuba, dado el fallido grito de Lares en Puerto Rico, y en la formulación de un programa de mayor contenido social que político para el momento de la mayoría de edad de las Antillas. Propaganda antillanista y revolución: Cuba y Hostos Hostos no llegó a pisar tierra cubana y tampoco conoció a José Martí, pero le hacen merecedor de la atención de todos los cubanos de ayer y de hoy tanto su personal cruzada solidaria por la lucha independentista de Cuba como su relación con algunos de sus protagonistas (Máximo Gómez y Francisco Vicente Aguilera), 23 sin olvidar la incansable labor propagandista que realizó en el resto de América y sus estudios sobre la historia y los mitos literarios de la isla. 24 Desde el ensayo dedicado al poeta Plácido hasta el breve recuerdo a la memoria de Aguilera, Hostos escribió acerca de hombres de la revolución como Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez, Antonio Maceo y Silverio del Prado; analizó el problema de Cuba desde diversos puntos de vista: su peso en Latinoamérica, la situación interna, la amenaza de los Estados Unidos, las estrategias bélicas inmediatas y las estrategias económicas de futuro; criticó ferozmente a los españoles a la vez que recogió maneras de sentir alternativas (el caso de cierta prensa antibelicista y de figuras como Pi y Margall y Francisco Díaz Quintero que abogaban por la pacificación, etc.); por último, y en escritos de 1902, un año antes de su muerte, Hostos mostraba cierta desconfianza en el futuro 23 Es de gran interés reseñar el hallazgo de un epistolario inédito de Hostos con cartas dirigidas a revolucionarios cubanos así como a otros antillanos relevantes por Loida Figueroa: "Eugenio M.a de Hostos y Bonilla, según su epistolario inédito", Hostos: Sentido y proyección de su obra en América, págs. 55-92. 24 "Plácido", "Hombres de la revolución cubana", "Retrato de Francisco Vicente Aguilera", "Silverio del Prado", "Quién era Maceo", "Máximo Gómez y la revolución de Cuba" se encuentran en Hostos, E. M.a de: Temas Cubanos (Obras Completas), vol. IX, La Habana, 1939 y reproducidos parcialmente -junto a otros textos de Hostos-en la antología de Camila Henríquez Ureña (comp. y pról.): Eugenio M.a de Hostos. de una república, la de Cuba, que había nacido mediatizada; pero en su viejo idealismo se dejaba llevar por la esperanza en el efecto civilizador que suponía el sistema político norteamericano. Profundizando en el pensamiento y obra de Eugenio M.a de Hostos sobre Cuba, hay que decir que en su peculiar visión de los hombres y de sí mismo, Hostos se identifica con muchas de las cualidades que atribuye a las figuras que analiza y ensalza. 25 Hostos es Plácido, el poeta ajusticiado por su implicación en una revuelta de esclavos en la isla en 1842, 26 en el común descubrimiento de un deber, 27 en la lucha por la libertad y la justicia dejando atrás la creencia en las bondades del sistema colonial, elementos que a su vez asimila al estado de Cuba, porque "no podríamos leer sin invencibles repulsiones de estómago las páginas consagradas por Plácido a enaltecer la indignidad (...) la peor de las situaciones en que puede estar un pueblo esclavo: contento con su amo". 28 Hostos será Carlos Manuel de Céspedes, primer presidente de Cuba, que como él fue enviado a estudiar a Europa y "viajó, vio, deseó y volvió más cubano que había ido", 29 y al que aprecia sobre todo en lo que hace grandes a los hombres, en lo que hizo grande a Céspedes: su utilidad a la humanidad. 30 Se fundirá en los deseos de acción de Francisco V. Aguilera y en el patriotismo del general Silverio del Prado "verdadero cubano en la época de la revolución que tantos falsos cubanos malparió". 31 Hostos será Maceo y Gómez en su dimensión de soldados y ciudadanos ejemplares. Si bien la imagen de España como encarnación del mal, del infierno, de todos los horrores posibles, está muy presente en los escritos de Hostos durante la guerra de los diez años, hay un pecado que, según Hostos, no han cometido los españoles: "¡no han podido hacer hijos españoles. Se mezclaron con los indios y salieron cubanos; con los negros y salieron cubanos, con las mulatas y salieron cubanos, con extranjeros y salieron cubanos; los mandaron a España a olvidar a Cuba y volvieron a Cuba maldiciendo a España". 32 El juicio que le merece entonces la política de la primera república española es similar a la opinión de José Martí para ese mismo momento histórico, en el sentido de que la República española, mediante su política antillana, de libertadora se convertía en liberticida. Para combatirla, Hostos llega a Nueva York en la primavera de 1874, atraído por la noticia de que se preparaba una expedición para libertar Puerto Rico, viaje de regreso a América que sería definitivo tras una breve estancia en París, donde tuvo ocasión de conocer a muchos cubanos emigrados que le parecieron "refugiados del placer" que buscaban en esta ciudad lo que habían perdido en La Habana. 33 El resto del exilio antillano que fue conociendo poco a poco le decepcionó profundamente por su carencia de ideas y de coordinación, por estar dividido y receloso. Si la emigración de Nueva York era una ruina, la de Nueva Orleans se había fatigado o había perdido la fe, y la de Puerto Plata no obedecía a planes eficaces: en 1874 exclamaba: "hace seis años que empezó el martirio de Cuba. ¿Ha faltado el dinero? centenares de cubanos poderosos hubieran podido ofrecer a su patria una parte de los bienes que deben. Han faltado otras cosas importantes en la revolución como el dinero. Ha faltado fervor; ha faltado oportunidad en los donativos patrióticos; ha faltado elevación del alma; ha faltado el olvido de sí mismos, que es por donde empiezan y concluyen las revoluciones, que es el arma con que se asegura la victoria". 34 Pero el combate más importante que hubo de librar Hostos en Nueva York fue contra el brote anexionista que se percibía en el gobierno y la opinión pública norteamericana e, incluso, entre las filas del movimiento cubano. Quizás porque, como bien señalaba Betances, "los cubanos no han querido ver en el mundo más que a los americanos. Es lo que los pierde". Sobre la estancia de Hostos en París, consúltese Vázquez, Carmen: "Los trabajos y los días. Hostos en París (1868 y 1869)", en Hostos: Sentido y proyeccion de su obra en América, págs. 165-182, y para una visión general del exilio cubano véase el estudio de Estrade, P.: La colonia cubana de Un año más tarde, en 1875, tiene Hostos la oportunidad de unirse a la expedición que estaba preparando el cubano Francisco Vicente Aguilera y escribe: "Han venido a preguntarme si estoy dispuesto a emprender otra vez la aventura. Voy preparándome para salir pasado mañana. Será una locura, pero es preferible ser un loco a vivir entre esta gente". 36 La expedición, compuesta por cuatro revolucionarios y seis marineros, partió del puerto de Boston en el vapor Charles Miller, pero se frustró a los seis días por las adversas condiciones meteorológicas y la infiltración de agentes enemigos que traicionaron el plan: "¡Qué barco para una aventura! -se lamentaba Hostos-No quiero hacer comentarios. Solamente quiero expresar mi intención: no emprenderé aventuras de que yo mismo no sea el director. El ridículo es demasiado grave cuando es el resultado de una tentativa heroica". 37 Sin embargo, su colaboración con los cubanos de la emigración continuará con la codirección, junto al escritor cubano Enrique Piñeyro, del periódico El Mundo Nuevo-La América Ilustrada, 38 donde describirá la situación de Cuba como un problema latinoamericano que afecta, directa o indirectamente, a todo el continente. La estrategia que Hostos propone pasa por plantear los elementos que tienen Cuba y las demás Antillas centrales para alcanzar y conservar la independencia, el modo de salvar los obstáculos que se oponen y las bases en que debe reconstituirse la sociedad cubana y el resto de sociedades del archipiélago. La lucha por la independencia de Cuba llevará a Hostos, en esta estrenada etapa de madurez política, a pisar las Antillas en lo que fue su primer viaje a Santo Domingo en la primavera de 1875, para establecerse en la ciudad de Puerto Plata. Regresó a Nueva York en 1876 y continuó sus tareas periodísticas con la publicación de siete artículos en el semanario de la emigración cubana La Voz de la Patria, que constituyen un corpus político, el denominado Programa de la liga de los Independientes, cuyo objetivo era trabajar material, intelectual y moralmente en favor de la independencia absoluta de Cuba y Puerto Rico, hasta conseguir su total separación de España y su indiscutible existencia como naciones soberanas. La primera edición fue publicada en la Colección Histórica Cubana y Americana, La Habana, 1939. 38 Hostos escribió sin firma, con su nombre y bajo diversos seudónimos, artículos como "El problema de Cuba", "Guillermo Matta", "En la tumba de Segundo Ruiz Belvis", etc. En Hostos: Eugenio M.a de Hostos. El José Martí de "Nuestra América" los conoció en profundidad y desde México dedicó unas reflexiones, con el título significativo de "Catecismo democrático", 40 a estas propuestas de Hostos para establecer en las Antillas un régimen político asentado en los principios de libertad, autoridad de las leyes, igualdad, separación de poderes, nacionalidad y expansión: "E. M.a de Hostos es una hermosa inteligencia puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publican en Nueva York. (...) en tiempo de convulsiones políticas, nunca está de más la palabra que recuerda cómo el principio de soberanía, que es la expresa e incontestable voluntad de todos, es el único que puede ya regir a un pueblo como el nuestro, habituado a ejercer con energía y sin contradicción su voluntad". 41 Hostos concluiría años más tarde que su programa sirvió a Martí como base para la fundación del Partido Revolucionario cubano en 1892 y para el Manifiesto de Montecristi en 1895. 43 Y volverá por sus fueros revolucionarios con el cargo de Agente de la Junta del Partido Revolucionario de Cuba y Puerto Rico de Nueva York en Santiago de Chile, con su labor como socio correspondiente del Centro Propagandista Cubano Martí de Caracas, y convertirá nuevamente la tribuna periodística en azote contra el colonialismo español y el peligro que representaba para el porvenir de las Antillas la presencia expansionista de los Estados Unidos. Además de trabajar como director de la Sociedad Unión Americana (pro Cuba) en Santiago, formó, junto a otros siete cubanos, el denominado "Círculo Revolucionario Cubano" que emprendió una labor propagandista de la revolución en la prensa que tuvo muchos obstáculos. Reproducido por Revista de la Biblioteca Nacional, Cuba, tomo IV, núm. En el otoño de 1897, Hostos retoma la pluma para ensalzar la lucha independentista cubana en treinta y dos cartas públicas, dirigidas al senador Guillermo Matta y publicadas en la prensa de Chile y de la República Dominicana, sobre el derecho de Cuba a su independencia, como primera etapa de la Confederación antillana y de la exigencia de solidaridad al resto de las repúblicas americanas. 45 Tienen mucho interés porque Hostos madura su juicio sobre la situación de las Antillas y ofrece elementos diversos para su análisis, aun desde la lejanía y el conocimiento de la realidad a través de la prensa y el telégrafo, artefacto convertido en su opinión en arma psicológica de los españoles contra los independentistas: "todo lo veremos en los despachos telegráficos; pero no veremos resuelto el problema de Cuba [Porque los cubanos revolucionarios] No combaten, no resisten, no triunfan contra un enemigo superior en fuerza numérica, en disciplina orgánica, en recursos pecuniarios, militares y sociales, combaten, resisten, triunfan contra las fuerzas ciegas de la naturaleza, utilizadas por la civilización y entregadas por la iniquidad a sus contrarios". 46 Pero las preocupaciones de Hostos seguían siendo de índole general; ya había dirigido otra carta al general dominicano Gregorio Luperón, expulso entonces en Saint Thomas, incitándole a dirigir "el movimiento de las Antillas que Cuba ha vuelto a iniciar" 47 y señalando que si la independencia de Cuba sobrevenía sin que Santo Domingo estuviera libre de la dictadura que todavía padecía, Puerto Rico seguiría esclava y la soñada confederación se tornaría un sueño imposible. En Estados Unidos la opinión pública era cada vez más favorable a la intervención en el Caribe, amenaza que se concretó con la llegada a la Casa Blanca del presidente Mckinley en 1897 -representante del grupo más expansionista del Congreso-y que se consumó con la voladura del acorazado "Maine" durante su visita al puerto de La Habana y con un ultimátum que exigía al gobierno español que en el plazo de tres días renunciase a sus derechos de soberanía en Cuba. La guerra emprendida se saldó con anexiones e independencias nominales de las últimas colonias españolas, tanto en América como en Asia, a favor de los Estados Unidos. 45 Llevan el subtítulo de "Cuba ante América. Examen crítico del conflicto hispano-americano y del derecho de Cuba a la Independencia", en Hostos, E. M.a de: Temas cubanos, págs. 341-453. Eco de la figura de Hostos en Cuba El eco de la figura y la obra de Hostos en las Antillas ha sido desigual en el tiempo y en los elementos resaltados por la historiografía de cada país, aunque los calificativos y sobrenombres que se le han atribuido son elocuentes del interés que ha despertado su pensamiento y su obra: "el sembrador", "el sembrador apasionado", "ciudadano de América", "peregrino del ideal", "hombre de América", "apóstol de la libertad", "promotor del Panamericanismo", "revolucionario", "el antillano", "vivir peregrinante en confesión", "voz de América", "el olvidado", "sembrador sin cosecha", etc. En la isla de Cuba, se hizo muy temprano una semblanza de Hostos en las páginas de Cuba Contemporánea 48 y en 1938 se creó una Comisión Cubana Pro Centenario de Hostos a celebrarse el año siguiente en Puerto Rico. Fue precisamente en La Habana donde se realizó la primera edición de las Obras Completas de Hostos con ocasión del centenario de su nacimiento, año en que también vieron la luz muchos otros trabajos, tanto ensayos biográficos como publicación de escritos suyos, 49 con el sentimiento que Cuba, al unirse a esa gloriosa rememoración, saldaba una vieja deuda que tenía pendiente con Hostos. El historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring publicó en 1953 Puerto Rico en lucha por su independencia, 50 donde criticaba, sin embargo, cómo el régimen colonial e imperialista de Estados Unidos había celebrado el centenario de Hostos en 1939, resaltando su faceta de pedagogo, sociólogo y jurista y ocultando al verdadero "defensor incansable de la independencia y libertad de Cuba y Puerto Rico". 51 Escrita en el centenario del nacimiento de Martí, la obra de Roig la dedica a quienes están en continua lucha por convertir a Puerto Rico en una República independiente y soberana. Es interesante destacar la repercusión de la figura y el pensamiento de Hostos no sólo en la historiografía sino en algunas instituciones y agrupaciones políticas de Cuba y, sobre todo, entre los nacionalistas puertorriqueños del siglo XX. Inspirándose en la figura de José Martí y en cómo el libertador unía siempre los nombres de Cuba y Puerto Rico, Roig resalta en algunas obras la proyección internacional como elemento clave de la lucha por la soberanía nacional (El internacionalismo antiimperialista en la obra político-revolucionaria de José Martí, 52 Martí antiimperialista 53 y La revolución de Martí. 54 Si no pudo consumarse la confederación de las Antillas, sí podríamos referirnos al menos -a través del vínculo entre Martí y Hostos-, a una "federación de ideas" por encima de las personas que las encarnaron a lo largo del siglo XX, ya que el continuo apoyo de Hostos a los rebeldes cubanos se proyectó luego en las acciones de ciertos antillanos inconformistas, de puertorriqueños como Matienzo Cintrón, fundador en 1911 del Partido Independentista, de José de Diego, de integrantes del Partido Nacionalista como Ramón Mayoral Bandrés, Antonio Vélez Alvarado y por supuesto Pedro Albizu Campos, quienes optaron por batirse en la arena política, más en la línea de Martí que de Hostos. 55 En Cuba, a su vez, se mantenía la solidaridad con Puerto Rico a través de comités de apoyo en los que participó Roig de Leuchsenring, y que evocan los numerosos que fundó Hostos por toda América continental como la Sociedad de Auxilios para Cuba, fundada en Lima en 1871, en Valparaíso en 1872 y la Sociedad Pro Independencia de Cuba creada en Buenos Aires en 1873. En 1927 se constituyó la Junta Nacional Cubana Pro Independencia de Puerto Rico, presidida hasta su muerte por Enrique José Varona, y que dio lugar a otras asociaciones afines como la comisión creada por el propio Roig en 1938 para conmemorar el nacimiento de Hostos, la Comisión Cubana pro Centenario de Hostos, que realizó un llamamiento al presidente Roosevelt solicitando la libertad de Albizu Campos y la independencia y libertad de Puerto Rico. 56 Un año más tarde, durante la estancia de la esposa del líder nacionalista Albizu Campos en Cuba, se fundó el Comité Cubano Pro libertad de Patriotas Puertorriqueños para llevar sus exigencias a todos los foros políticos americanos. A estas agrupaciones se unió otra de menor carácter político, pero no menos militante con la causa independentista y antiimperia- M.a DOLORES GONZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO lista, que era la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales presidida por el propio Roig de Leuchsenring y que no dejó de formular protestas y reclamar atención sobre la situación de Puerto Rico Con la revolución cubana de 1959, las ideas se radicalizan y la figura de Hostos parece ser clave, entonces, para entender el propio proceso interno de Cuba: una historia revolucionaria que se hace arrancar desde 1868 y que necesita de claves e ideas en las que asentar la nueva lucha contra el imperialismo norteamericano y por la libertad (ya Hostos distinguió entre la consecución, primero, de la independencia, y después de la libertad), en la idea de que si Cuba ha pasado ya por una independencia mediatizada le ha llegado el momento de la libertad con la revolución y vuelve su mirada a aquellos que lo soñaron antes. Así, en los primeros años de la revolución se privilegió la reedición de las obras históricas de la generación de los cuarenta, por lo general académicos en ejercicio ligados al movimiento revolucionario; y un claro ejemplo fue el trabajo emprendido por E. Roig de Leuchsenring 57 como encargado de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, desde donde se promovió la publicación de obras que respaldaran el espíritu nacional y antiimperialista, además de la exaltación del momento histórico que se vivía, iniciándose también, como se ha visto, la divulgación del pensamiento de Martí. 58 Hasta los años setenta no vuelve el interés por Hostos al reeditarse, en 1974, el volumen titulado Hostos y Cuba, 59 que había sido publicado en 1939 y en el que Emilio Roig de Leuchsenring recogió muchos de los escritos de Hostos sobre Cuba, así como trabajos de Lino D'Ou, Medardo Vitier y de su autoría. En la recopilación de Roig se ponía de manifiesto el carácter precursor de Hostos en la obra de Martí, el olvido e ingratitud de los cubanos hacia él y su énfasis en las previsiones antiimperialistas, "consejo oportunísimo que Hostos nos envía en estos momentos tan difíciles por el confusionismo y las contradicciones imperantes en la actual situación de 57 Almodóvar, C.: Antología crítica de la historiografía cubana ( período neocolonial), 1989; la misma autora en "Historiografía realizada en Cuba después de la revolución "castrista" (1959-1984)", Revista de Indias, 1989, vol. XLIX, núm. 185, págs. 173-191, destaca su labor al frente de la Oficina del historiador de la ciudad de La Habana con títulos como: Males y vicios de Cuba republicana (1959), El antiimperialismo de D. Francisco Hernández y Carvajal (1959), Los Estados Unidos contra Cuba libre (4 t., 1959), etc. 58 Cortés Zavala, T.: "Análisis historiográfico de Cuba contemporánea", Cuba. 59 Roig de Leuchsenring, E.: Hostos y Cuba, La Habana. 60 Es de resaltar también la publicación en 1976 de una selección de las obras de Hostos a cargo de Camila Henríquez Ureña por la Casa de las Américas ya mencionada. En 1986 José A. Benítez destacaba a Hostos como uno de los mártires del continente americano que más luchó por su pueblo, un hombre consagrado a la libertad, la dignidad, la solidaridad y la internacionalización del movimiento revolucionario, 61 dentro de lo que sería una búsqueda de la "patria grande". La importancia de esta obra es que señala la vigencia de su pensamiento en una realidad diferente, arma del pasado forjadora de un futuro, ideas que, según Benítez "pueden también estar referidas a la situación actual de América Latina en el campo de la educación, de la unidad necesaria frente al enemigo común, del patriotismo, de las causas populares, de la revolución latinoamericana, del internacionalismo, de la segunda independencia del continente. (...) 62 Con el fin de recuperar y difundir el legado hostosiano en Cuba, hay que señalar el interés de la publicación de los fondos depositados en la Biblioteca Nacional José Martí relativos a Hostos con ocasión del sesquicentenario de su nacimiento. 63 Para finalizar, señalar que muy recientemente Jorge Ibarra, en referencia a la cultura e identidad nacional puertorriqueña en relación con la cubana, señalaba cómo Puerto Rico "ha resistido los embates de la ocupación colonial estadounidense (...) ha defendido su lengua, su cultura y su manera de ser, frente a la penetración cultural anglosajona". Hostos y sus ideas de plebiscito y modernización para Puerto Rico De sus Obras Completas, publicadas por primera vez en 1939, es el volumen V el que está dedicado a la campaña política por Puerto Rico, volumen titulado "Madre Isla" y que abarca desde 1898 a 1903. Ya se ha hecho mención del poco tiempo que Hostos residió en su tierra; precisa-60 Ibídem, pág. 100. 61 Benítez, José A.: El pensamiento revolucionario de hombres de nuestra América, La Habana, 1986. 62 Breve texto en la contraportada, Ibídem. 63 García Carranza, A.: Eugenio M.a de Hostos en la Biblioteca Nacional José Martí. 64 Ibarra, J.: "Cultura e identidad nacional en el Caribe hispánico", La Nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, pág. 95. M.a DOLORES GONZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO mente en estos años críticos del cambio de siglo estuvo en Puerto Rico durante poco más de un año. Había llegado en septiembre de 1898 (la bandera estadounidense se izó por vez primera en el mes de julio) y lo había hecho vía Nueva York; pero desde Chile, donde llevaba diez años viviendo y trabajando en el campo educativo. 65 Tras casi veinte años de ausencia, regresaba Hostos a su Madre Isla con el fin de poner en acción a sus habitantes. En su diario de viaje dice experimentar "una alegría conturbada por una tristeza llena de indignación": "pensaba en lo noble que hubiera sido verla libre por su esfuerzo y en lo triste y abrumador y vergonzoso que es verla salir de dueño en dueño sin jamás serlo de sí misma y pasar de soberanía en soberanía sin jamás usar de la suya". 66 En Puerto Rico asistió a lo largo de 1899 a ese cambio de soberanía cuyo símbolo puede ser el huracán que asoló la isla en agosto de 1899, "último del siglo XIX y primero bajo mandato americano" y, cuyo efecto devastador, señala la historiadora puertorriqueña Irene Fernández Aponte, podría tener mucho que ver con ese cambio ya que, hasta entonces, los avisos meteorológicos venían del observatorio del Colegio de Belén de La Habana y los norteamericanos lo cambiaron a San Juan. En el momento de producirse el huracán ya estaba interrumpido el servicio con Cuba y, al parecer, no se recibió y difundió a tiempo la noticia. 67 Hostos abandonaría para siempre la isla de Puerto Rico en enero de 1900 al ser llamado por el presidente de la República Dominicana con el objeto de confiarle la mejora de la educación; y allí trabajaría los escasos años que le quedaban de vida ya que murió en 1903. En una carta al presidente dominicano Horacio Vásquez, escribía Hostos en septiembre de 1899: "La patria se me escapa de las manos. Siendo vanos mis esfuerzos de un año entero por detenerla...el ideal...la Confederación de las Antillas...ése es el porvenir positivo de las Antillas...el lógico propósito de nuestra vida es, como debe ser, constituir una confederación de pueblos insulares que ayuden a los pueblos continentales de nuestro hemisferio occidental a completar, extender y sanear la civilización". 68 Un año de permanencia en su tierra natal había sido suficiente para asistir a cambios como la aprobación del Acta Foraker. Con ella se suprimía el régimen autónomo concedido por España en 1897, que había establecido una cámara de representantes y un consejo de administración, preservando la representación en las Cortes y decretando la ampliación de las atribuciones de la Diputación Provincial. De este modo, el gobierno de España sólo mantenía sobre la colonia las facultades inherentes a la soberanía, habiéndose otorgado por fin el derecho de Puerto Rico a fijar su propio arancel, firmar tratados comerciales y establecer su propio presupuesto. Las imposiciones de la nueva situación tuvieron rápidamente consecuencias y en el caso de la tarifa arancelaria de Estados Unidos en Puerto Rico barrió las artesanías e incipientes industrias locales, produjo el definitivo desplazamiento del café puertorriqueño del mercado europeo y ocasionó nuevas disposiciones como la devaluación del peso, congelación de créditos y fijación de precios de la tierra al nivel de Estados Unidos que dificultaron la situación. Por tanto, desde la firma del Tratado de París de 1898 por el que Cuba obtenía una independencia mediatizada y Puerto Rico pasaba a los Estados Unidos, y desde que impusieron un gobierno militar (1898-1900) y más tarde la Carta Orgánica aprobada por el Congreso Norteamericano -la mencionada ley Foraker de 1900 mediante la cual el poder legislativo se ejercía desde Washington-, 69 Hostos captaba la anexión de la isla a Estados Unidos, asumiendo una posición teñida de desconfianza y beligerancia, por una parte, y de admiración por otra: "la invasión de Puerto Rico por las armas norteamericanas tiene por confeso objeto la anexión de la isla (...) Lo único que se me presenta como seguro es que el gobierno americano, al resolver, tomará en cuenta la voluntad de la isla". 70 La solución concebida por Hostos para que Puerto Rico alcanzara la verdadera civilización y venciera "los obstáculos que [a ella] opone la tradición española", 71 fue la creación de la denominada "Liga de Patriotas" con un objetivo social a corto plazo y de gran alcance (formar a la juventud para el futuro), y uno político que sería más una consecuencia natural de aquél. En su primer manifiesto público sobre los propósitos de la liga en Nueva York, de la que Hostos es nombrado presidente y Roberto H. Todd secretario, se señalan los dos fines de su constitución: "uno, inmediato, que es el poner a nuestra Madre Isla en condiciones de derecho; otro, mediato, que es el poner en actividad los medios que necesitan para educar a un pue-69 Luque, M.a D.: La ocupación norteamericana y la Ley Foraker, Río Piedras, 1980. 70 Ambos textos en sendas cartas enviadas por Hostos desde Washington, el 27 de julio de 1898 a Francisco Arredondo y a Marías Vidal, en Henríquez Ureña, C.: E. M.a..., págs. 480-481. 71 Hostos, E. M.a de: Madre Isla, OC, vol. pág. 316, alude en innumerables ocasiones a la necesidad de "salir del pasado ibérico y entrar en el porvenir americano", "dejar de ser representantes del pasado y ser hombres de nuestro tiempo y sociedad del porvenir", pág. 8, etc. M.a DOLORES GONZÁLEZ-RIPOLL NAVARRO blo en la práctica de las libertades que han de servir a su vida, privada y pública, industrial y colectiva, económica y política, moral y material". 72 La primera liga fue instaurada en Ponce con no demasiado éxito; en una carta a Federico Henríquez Carvajal señalaba Hostos que "la tarea de la liga de patriotas, que trascenderá con el tiempo en Quisqueya y Cuba, cuesta imponderablemente en Borinquen; pero va...". 73 Cuando se conocen y discuten los estatutos de la liga en Ponce, Juana Díaz y Yauco, sus habitantes disienten en algún punto al pensar que el fin último de la liga puede llegar a ser la independencia, objetivo por el que no están dispuestos a luchar. Resultado de todo ello es que Hostos tratará de "llegar a hacer entender (...) de qué independencia, tan distinta de la que anhelábamos contra España, puede algún día, para bien de todos, continente e islas, llegar a ser necesario, práctico y económico ocuparse". 74 Los estatutos de la Liga pretendían la toma de conciencia por parte del pueblo, no la toma del poder como el Partido Revolucionario Cubano de Martí. Sus propósitos educadores y cívicos muestran claramente el idealismo hostosiano: "claro está que la liga de patriotas no es un partido ni puede ser partido, no quiere ser partido. No por eso deja de tener una política, pero absolutamente subordinada a su propósito social que es el formar un pueblo. Maldito, si a quien tiene tal propósito se le puede ocurrir hacer política". 75 Hasta tal punto el objetivo de la liga era amplio y su filosofía nada sectaria, que agrupó tanto a partidarios de la anexión -la mayoría-como al reducido número de los que, como señala Hostos con cautela y cierto eufemismo, eran "conocedores de la necesidad de independencia" 76 y, finalmente, sostenedores de un gobierno temporal de Estados Unidos en Puerto Rico "para americanizar, es decir, para poner al pueblo puertorriqueño en aptitud de vivir a la manera del pueblo americano". 77 La liga de patriotas defendió la convocatoria de un plebiscito para que el pueblo puertorriqueño pudiera decidir sobre la situación de anexión, tachada por Hostos de contraria "al desarrollo del sistema americano de gobierno, (...) sujeción violenta de Puerto Rico a una dominación que, por salvadora que sea, para nada ha contado con Puerto Rico". 78 Los artículos que tratan del plebiscito están también publicados en el volumen V "Madre Isla", y parece que surgieron de la pluma de Hostos como respuesta a un comentario de un periódico ponceño, en el que se trataba de ridiculizar los argumentos a favor de esta solución formulada por la liga de patriotas. 79 Hostos integraba en su defensa del "plebiscito como política" la crítica a la falta de ética de Estados Unidos, ya que "a la cesión no debió seguir una transferencia de dominio, sino una consulta de la voluntad de Puerto Rico" porque "una anexión forzada es una agresión criminal", y defendía la solicitud de un gobierno temporal de los Estados Unidos "no por el prurito de constituir nación, sino por devoción profunda a la civilización": por el sistema americano de gobierno y reformara la instrucción pública. El resultado de todo esto sería, como señala el puertorriqueño José Luis Méndez, "una transfiguración de nuestro país en un coeficiente de civilización universal", 82 ideas que vierte en numerosos artículos en la prensa de la isla: El Combate, Estrella Solitaria, La Nueva Era de Ponce, El Demócrata de Cayey, América, El Imparcial, La Nueva Bandera, El Amigo del Obrero, El Porvenir de Borinquen de Mayagüez y, por supuesto, de San Juan La Correspondencia de Puerto Rico. Todavía en el último otoño del siglo XIX, consumadas tantas cosas en las Antillas, Hostos muestra la resignación esperanzada de quien confía, sin embargo, en la facción antiexpansionista, moderna y civilizadora de la vida americana. La política norteamericana en Puerto Rico, "mano de hierro en guante de seda" en palabras de uno de sus cónsules, fue asimilada por Hostos, cuando en calidad de comisionado por la isla junto a Julio J. Henna, Manuel Zeno Gandía y Rafael del Valle, se reunió con el presidente norteamericano a fin de exponerle ciertas demandas. 83 "Lo que pediremos al Congreso de los Estados Unidos -señalan los miembros de la Comisiónserá, no que nos ponga en aptitud de federarnos o de independizarnos, sino de hacer constar en el plebiscito y por medio del plebiscito, las personalidades de nuestra patria". Las declaraciones en la prensa traslucen otros elementos inherentes al nuevo orden de cosas: "Por supuesto, [los puertorriqueños] esperan ser tratados como si fuésemos un hermano menor que debe ir a la escuela a aprender y que debe respetar al hermano mayor hasta que cuando hayamos crecido y hayamos sido educados en el gobierno propio podamos llegar a ser parte del pueblo americano y no permanecer por siempre sus subordinados". 84 Una de las conclusiones de Hostos no es baladí: "Por mi parte y para mi caso personal he sacado en limpio que es una torpeza no hablar con fluencia el inglés". 85 La trampa del gigante de la modernización estaba tendida porque se aceptaba de antemano la evidente intervención norteamericana, y la exigencia puertorriqueña se reducía al plebiscito para confirmar la aceptación del gobierno temporal y la fijación del tiempo de duración. "El plebiscito 82 Méndez: "La actualidad del pensamiento...", en Hostos: Sentido y proyección..., pág. 663. 83 Éstas eran en esencia: derechos y gobiernos (civil), concesiones económicas (libre cambio), concesiones educacionales (educación y fomento de la población puertorriqueña), enseñanza agrícola y concesiones militares (reducción fuerzas de Estados Unidos y creación de una milicia puertorriqueña). 84 Entrevista concedida a The Press, Nueva York. -dirá Hostos-, es política alta, noble, digna, previsora y permanente, que los puertorriqueños adoptarán como política única del momento, como política de todos los puertorriqueños, de todos los que amen la dignidad de la tierra en que crecieron, de todos los que no se contentan por suspirar el advenimiento de una patria hecha por otros y quieren fabricarla por sí mismos sobre el cemento berroqueño del derecho". 86 Dos años más tarde, el inicio de vida independiente en Cuba es visto por Hostos "como hora de sombría meditación más que hora de esperanzas luminosas". Sin embargo, esta "obra dudosa que empiezan hoy los cubanos a llevar a cabo", caracterizada por la mediatización norteamericana le parece que puede tener también un efecto benefactor: "con los cuatro años de limpieza que les han impuesto los yankees, limpiándoles sus ciudades a fuerza de trenes de limpieza y limpiándoles el cerebro a fuerza de reformas escolares, lícito es temer por Cuba un poco menos de lo que hay que temer por el resto de continente y del archipiélago hispanoamericano". En estas mismas páginas Hostos parece vaticinar un futuro de mayor libertad para Cuba que, en parte, la revolución de 1959 brindó: "Ganosos de civilización, como ningún otro pueblo de nuestro origen, los cubanos han sido los únicos hispanoamericanos que han tenido puestos los ojos en donde conviene a los que llevan el viaje a que están predestinados los pueblos de nuestro archipiélago y continente: en vez de estar mirando boquiabiertos hacia Europa, han estado a América. Esto ha equivalido a mirar hacia el destino propio y no al ajeno". 87 De alguna manera Hostos es ejemplo de una contradicción no patente en la época que nos ocupa, pero que el posterior desarrollo de los acontecimientos ha evidenciado; es una referencia a su idea de que el modelo de desarrollo norteamericano era un medio de resistir al propio imperialismo americano. Idea destinada al fracaso pero que, al menos él, tuvo la clarividencia de intentar resistir desde presupuestos netamente americanistas y luchando, desde su utopismo, contra el regionalismo de las nuevas repúblicas y por la unidad de acción y la solidaridad de toda América Latina. No hay que olvidar que el sentido último de su lucha vital es la independencia de las Antillas y el sueño de una confederación no sólo en el Caribe sino en toda América, incluyendo a los Estados Unidos. Desde esta postura idealista sueña con revalorizar la imagen de Latinoamérica tenida como cultura inferior dentro de los parámetros del discurso dominante.
Teodoro Roosevelt, el imperialista Las elecciones de noviembre de 1904 fueron un éxito personal para Teodoro Roosevelt, el vicepresidente elegido en 1900, que había sucedido a William McKinley el 14 de septiembre 1901, ocho días después de que los disparos de un anarquista hubieran causado a éste una herida fatal. En esta ocasión recibió Roosevelt una consagración presidencial que debía a sus méritos propios. La campaña electoral le dio también la oportunidad de defender la política exterior del Partido Republicano, desde 1898, en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, y de valorar su propia contribución. Él había sido subsecretario de la Marina de Guerra en 1897-1898; su acción determinada, apoyada sobre un conocimiento excelente de los asuntos técnicos, es considerada, según los historiadores norteamericanos, como mínimo importante, si no decisiva. 1 Al estallar la guerra contra España presentó su dimisión de la subsecretaría para ir a combatir en Cuba como teniente coronel de un regimiento de voluntarios famosos, los Rough Conoció su hora de gloria en la colina de San Juan, lo que garantizó su elección al puesto de gobernador del Estado de Nueva York en 1899. Defensor resuelto militante y de la doctrina de Monroe de un "hemisferio" liberado de la presencia colonialista, o puramente militar, de los europeos, temía particularmente las ambiciones germánicas y no disimulaba su desprecio por España; la perspectiva de una guerra sobre Cuba, "la guerra más justa de los últimos cincuenta años", 3 iba a despertar su antipatía hacia la nación europea que más menospreciaba. Estaba preparado desde hacía mucho tiempo. Su visión geopolítica comportaba la eliminación de un insoportable anacronismo: con la excepción de Inglaterra y Francia, discretas en el mar Caribe, y si no se olvidaba que Canadá era, en cierto sentido, un rehén de Washington, es decir, una garantía de buena conducta de parte de Gran Bretaña, España era la única potencia europea sospechosa con territorios en el mar Caribe. Era, pues, necesario echarla de las Américas para borrar este vestigio arcaico de un detestable pasado colonial, y así liberar Cuba del régimen autocrático de "la nación más atrasada de Europa", 4 como también importaba adquirir las Islas Vírgenes danesas, a fin de disuadir cualquier nueva tentativa de implantanción europea, alemana sobre todo. 5 Evidentemente, Cuba tenía para Roosevelt, el imperialista, valor de símbolo, quizás a causa de la suma de frustraciones que había llegado a ser para los expansionistas norteamericanos esta vergonzosa ilustración de un siglo de fracasos anexionistas. Además, el futuro presidente estimaba que una administración incompetente y bárbara había transformado la "perla de 2 Es imposible dar aquí la lista completa de las obras que tratan de la vida de Roosevelt antes de la presidencia. Una de las mejores es, sin duda, la de Morris, Edmund: The Rise of Theodore Roosevelt. SERGE RICARD las Antillas" en la "Armenia" de las Américas, y que la gestión unilateral de la crisis por Madrid era un insulto permanente para EE.UU. El subsecretario de la Marina de Guerra lamentó muchas veces, desde 1895 hasta el principio de las hostilidades, el no ser "el patrón de este gobierno". 6 Un año antes de la declaración de guerra parecía alegrarse secretamente de la indignación popular, no tanto porque era la expresión de motivos humanitarios, sino porque ofrecía una justificación irresistible para intervenir. No importaba tanto la liberación de los cubanos oprimidos como los imperativos estratégicos de los Estados Unidos en el Nuevo Mundo -la exclusión de Madrid, la adquisición de nuevos territorios, Hawai y Santo Tomás, por ejemplo -y las ventajas militares, en particular la oportunidad de probar el valor del armamento y del ejército norteamericanos. UU. y la Cuba "liberada" Se recordará que en virtud de la enmienda Teller del 9 de marzo de 1898, adoptada bajo la presión de los antiexpansionistas, el Congreso de los EE.UU. había prometido que Cuba no sería anexionada. Si embargo, un año después la enmienda Platt -cuyas cláusulas fueron encerradas en la nueva Constitución cubana del 12 de junio de 1901 y también en el tratado estadounidense-cubano del 22 de mayo de 1903-transformó la nueva república en un protectorado virtual, casi un apéndice de los EE.UU. Cuba se comprometía a no arriesgar su independencia a favor de una tercera potencia. En la opinión de Teodoro Roosevelt, no cabía la menor duda de que su país había demostrado magníficamente un auténtico altruismo: "Jamás en la historia de estos últimos años un gran país ha obrado con desinterés igual al que manifestamos en Cuba". 8 La nación norteamericana no había pedido a los cubanos "absolutamente nada" en compensación, salvo "que en ningún momento prostituyeran su independencia a favor de uno de nuestros competidores extranjeros, o de tal modo que nuestro bienestar fuera amenazado". 9 Sin embargo, Como sabemos, tras su "liberación" por las tropas estadounidenses, y antes de lograr ser digna de su independencia, según el punto de vista de Washington, Cuba pasó cuatro años, desde el verano de 1898 hasta el de 1902, bajo el mandato de un gobierno de ocupación encabezado inicialmente por el general Leonard Wood, un amigo de Roosevelt y su superior durante la expedición militar en la isla. La intervención no tuvo sólo motivos humanitarios; las compañías norteamericanas que habían invertido capitales en la isla, o que hacían negocio con ella (puesto que Cuba era el primer importador latinoamericano de productos estadounidenses) se habían convertido gradualmente a una solución militar, frente al perjuicio resultante de la lucha de los cubanos por su independencia. Después de la eliminación de España, el objetivo esencial de la ocupación fue la creación de estructuras administrativas, jurídicas, políticas y económicas más propicias que las antiguas para los intereses mercantiles de Washington. El modelo ideal no podía ser otro que la sociedad industrial de "nuestra gran república anglosajona", como decía el general Wood. Nuevas leyes fueron promulgadas con intención de proteger a las grandes compañías norteamericanas, azucareras, mineras y otras, como General Electric, Union Carbide, United Fruit, Bethlehem Steel, International Telephone and Telegraph, etc. Un esfuerzo educativo particular acompañó esa revolución modernista, cuya finalidad era la transformación radical de una cultura considerada como inferior. Pero estos "cambios revolucionarios", según una obra reciente, no mejoraron la situación de los cubanos, ya fueran trabajadores o miembros de la clase media. En 1902, la Liga General de Trabajadores Cubanos recibió el apoyo de ambos grupos, cuando denunció la explotación de la isla por empresas extranjeras. El crecimiento del sentimiento nacionalista iba a desarrollarse durante unos treinta años, e iba a alimentar 10 Rosevelt a su amigo Whitelaw Reid, 24 de septiembre de 1906, Archivo de Theodoro Roosevelt, Biblioteca del Congreso, 2.a serie, cinta n.o 343. SERGE RICARD varios movimientos revolucionarios; iba a ser la consecuencia más espectacular del control por EE.UU. de la mayoría de las economías de América Central y del Sur, un fenómeno que nunca entendieron los norteamericanos, que siempre confundieron nacionalismo con comunismo. 11 Lo más irónico, en ese contexto, es que para el nuevo ocupante de la Casa Blanca los problemas económicos correspondían a bajas preocupaciones materiales, y éstos, aunque a lo largo de toda su presidencia se preocupara por la integridad de la vida y los bienes de sus compatriotas en el extranjero -si no personalmente, sí al menos por medio del Departamento de Estado-, pasaban para él a un segundo plano eclipsados por los asuntos estratégicos. La estabilidad de Cuba se inscribía dentro de una visión geopolítica del "hemisferio occidental", en la cual figuraba la construcción del futuro canal de Panamá y su protección. En 1904 y 1905 Roosevelt definió el papel de Washington con respeto a su zona de influencia; con su "corolario a la doctrina de Monroe", suministró a EE.UU. la justificación ideológica y moral que les faltaba para intervenir, sistemáticamente, en lugar de las potencias europeas, en su calidad de "policía del hemisferio", cada vez que ellos lo estimaran necesario; es decir, si cualquier desorden político pusiera en peligro sus intereses vitales y su seguridad. El 20 de mayo de 1902, Washington dio término a la ocupación, retirando sus tropas, y Cuba tuvo verdaderamente acceso a la independencia. Paradójicamente, se dio por primer jefe del Estado a Tomás Estrada Palma, líder del Partido Moderado y partidario desde siempre de una anexión por EE.UU. Tres años después, la isla conoció su primera crisis política. El descontento de los obreros y campesinos amenazaba la supervivencia de un gobierno dispuesto sobre todo a defender los privilegios de la burguesía negociante por encima de los de los otros grupos sociales. Las elecciones de diciembre de 1905, la corrupción y la trampa que las caracterizaron, la victoria fraudulenta de los Moderados sobre el Partido Liberal, acabaron de acrecentar la impopularidad de Palma y engendraron una sublevación armada. Incapaz de controlar la situación insurreccional en la isla y opues-11 O'Brien, Thomas F.: The Revolutionary Mission: American Enterprise in Latin America, 1900-1945. TEODORO ROOSEVELT Y EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA DE CUBA to a cualquier compromiso con los rebeldes, el presidente de la república prefirió buscar ayuda fuera, es decir, acudir al protector norteamericano. 12 Asuntos de política "semi-extranjera" Antes de examinar la reacción de Teodoro Roosevelt respecto al episodio de 1906, estos asuntos de política "semi-extranjera", como él llamaba a los problemas cubanos, 13 me parece útil subrayar que desde el invierno precedente le inquietaba el deterioro del clima político en Cuba. El general de brigada J. Franklin Bell, jefe del estado mayor del ejército estadounidense, había previsto el envío de tres divisiones si la situación exigía esa medida excepcional, y la Casa Blanca había aprobado estos preparativos. 14 Pero al presidente la necesidad, cada día más probable, de una intervención militar le contrariaba considerablemente. Desde la independencia de la isla tenía miedo a una insurrección como la que acababa de estallar, y le dolía mucho que tres años de tutela norteamericana no hubiesen dado a los cubanos un impulso suficiente para que continuaran "en la vía de la eficiencia y de la justicia". Además de ataques contra las personas y los bienes, temía el desarrollo de un síndrome revolucionario y el nacimiento de una clase de especialistas de la impugnación y de la violencia, una visión típica de su opinión sobre los latinoamericanos. Informado el 8 de septiembre de 1906 de la inminencia de una llamada de parte del gobierno cubano para que Washington le ayudara, su primera reacción fue la de protestar enérgicamente contra esa demanda y reservarse la opción de no acceder a la súplica de Palma. 15 En realidad, se encontraba en un lío y no sabía qué hacer: Se puede también consultar el informe del ministro de la Guerra, War Department, Bureau of Consular Affairs, Cuban Pacification: Report of William H. Taft, Secretary of War, and Robert Bacon, Assistant Secretary of State, December 11, 1906, 59.o Congreso, 2.a sesión, Documento de la Cámara de Representantes n.o 2, Apéndice E, y la compilación de documentos diplomáticos publicados por la imprenta del gobierno de los EE.UU. (Government Printing Office): Papers Relating to the Foreign Relations of the United States, 1906, págs. 454-494. 13 Roosevelt a Charles William Eliot, presidente de la Universidad de Harvard, 22 de septiembre de 1906, The Letters..., V, pág. 419. De un lado, no podemos tolerar que Cuba sea presa continuamente de desorden y anarquía; de otro lado, me repugna la idea de asumir cualquier control de la isla, como es el caso en Puerto Rico y las Filipinas. 16 Imaginaba la impresión desastrosa que produciría en el extranjero otra intervención militar de Washington y las acusaciones de colonialismo que resultarían de su decisión, teniendo en cuenta el recelo de los europeos, para quienes desde el principio Washington quería poseer "la perla de las Antillas". Él siempre había querido demostrar la superioridad de los cubanos sobre los "salvajes" filipinos y nunca había pensado tratarlos de la misma manera. Al contrario, le parecía posible llevar las Filipinas al nivel de Cuba. 17 También se preocupaba por las repercusiones previsibles en el Congreso de los EE.UU., especialmente en el Senado, donde tenía muchos enemigos, muy enfurecidos con su política extranjera intervencionista, en 1903 en Panamá y en Santo Domingo dos años después. Por todas estas razones no quería Roosevelt interponerse, sino por absoluta necesidad, un extremo que su ministro de la Guerra, William Howard Taft, y el asistente del secretario de Estado, Robert Bacon, ambos enviados en misión a La Habana, debían juzgar. Es poco decir que jamás el célebre garrote rooseveltense había sido manejado con tanta precaución, delicadeza y discreción. 18 El presidente norteamericano estaba muy reticente, como lo demuestra su primera iniciativa. A fin de disuadir a los insurgentes pensó, en primer lugar, en advertir a los cubanos sobre las consecuencias inevitables de la anarquía, es decir, la intervención contra su voluntad de los EE.UU. 19 La situación en la isla era caótica: Palma buscaba un pretexto para dimitir, pero el vicepresidente y el gabinete daban la impresión de no tener ganas de mantener la continuidad del Estado. El 14 de septiembre Roosevelt escribió solemnemente a don Gonzalo de Quesada, ministro plenipotenciario de Cuba en Washington; la carta presidencial fue transmitida 16 Ibídem. 18 A pesar de sus acusaciones de "cinismo", "hipocresía" y "duplicidad" así lo admite Jorge Ibarra en: "Agosto de 1906. Según una interpretación poco convincente de Christopher A. Abel en "Controlling the Big Stick: Theodore Roosevelt and the Cuban Crisis of 1906", Naval War College Review, 40.3.319, Summer 1987, págs. 88-98, fue incapaz el teórico del "gran garrote" de controlar el celo intempestivo en Cuba de varios oficiales de la marina de guerra estado-unidense. TEODORO ROOSEVELT Y EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA DE CUBA al encargado de negocios norteamericano en La Habana con instrucciones de entregarla a Tomás Estrada Palma y de hacerla publicar en la prensa de la isla. Eso le parecía constituir el mejor medio de comunicación no sólo con las autoridades gubernamentales, sino también con el pueblo cubano. 20 Roosevelt se enorgullecía de haber proclamado la independencia de Cuba y retirado las tropas estadounidenses en 1902; recordaba su admiración por el pueblo cubano y se inquietaba al ver que la anarquía comprometía siete años de prosperidad, cuatro de ellos como nación soberana. Los EE.UU. no querían nada más que la continuidad del desarrollo de la isla, de manera ordenada y respetuosa de las libertades individuales. Conminaba a los cubanos a no abandonarse al reflejo insurreccional, a recobrarse, a acallar sus diferencias, a unirse, a demostrar así su aptitud para ocuparse de sus propios asuntos, a fin de evitar "la necesidad de una intervención exterior". El tercer artículo del tratado norteamericano-cubano daba explícitamente a Washington el derecho de intervenir para mantener o imponer un gobierno capaz de proteger las vidas, los bienes y las libertades individuales. Con esa última mención se proponía intimidar a los insurgentes con la intención de salvaguardar los intereses de sus compatriotas, pues afirmaba tener informaciones dignas de confianza sobre daños y destrucciones inflingidos a los bienes norteamericanos. Concluía con la necesidad imperativa de poner fin a las hostilidades y de un acuerdo que garantizase una paz duradera.21 La correspondencia de Roosevelt durante la crisis, a mediados de septiembre de 1906, reflejaba su perplejidad y era una clara muestra de su deseo de comprender el origen de los sobresaltos políticos que sacudían a Cuba. Instintivamente, su primera reacción fue sostener el poder existente, el cual continuaría beneficiándose de una opinión favorable por su parte, después de que se hubiera impuesto la necesidad de consentir el hacer concesiones a la oposición. Aunque finalmente se daría cuenta de que la causa principal de la inestabilidad del momento era la obstinación de Palma y de los Moderados, no manifestaría ninguna simpatía especial hacia los rebel-des, sino que tomaría en cuenta sus reclamaciones y exigencias, resignándose ante la falta de una solución que pudiera salvar las apariencias constitucionales. Al principio aprobó el plan del secretario de la Guerra, Taft, que preveía el establecimiento de un ejecutivo provisional, la dimisión de la mitad del senado y de la cámara de diputados y la reintegración de los oficiales municipales que habían sido despedidos abusivamente, además de la organización de una votación según una nueva ley electoral. En su opinión, el Partido Moderado no podría negar estas condiciones y los insurgentes, por su parte, tendrían que convencerse de la idea de que tropas norteamericanas desembarcarían en la isla para defender las vidas humanas si aumentaban demasiado su presión. Curiosamente, no quería Roosevelt dirigir un ultimátum en caso de intransigencia de parte de los rebeldes; prefería solicitar contrapropuestas, de modo que el público norteamericano pudiera observar que su gobierno hacía todo lo que estaba a su alcance, excepto el recurso a la fuerza, para conseguir un acuerdo aceptable por todos. Esperaba convencer a Palma de quedarse, por lo menos provisionalmente, a la cabeza de la república, nada más que el tiempo necesario para inaugurar "el nuevo gobierno transitorio" encargado de cumplir el plan de paz. Quería, sobre todo, de manera casi obsesiva, que fuesen salvadas las apariencias constitucionales, un reflejo legitimista que, al cabo, la terquedad de los Moderados no le permitiría satisfacer. Paralelamente, Taft tenía que prevenir a los insurgentes contra toda tentación extremista de su movimiento, a riesgo de asumir la responsabilidad del derribo de la república y además la de su propia perdición, puesto que Estados Unidos estarían obligados a intervenir. 22 Irritaba a Roosevelt la incertidumbre de la situación política descrita en los telegramas de su secretario de la Guerra, sobre el terreno. En realidad, se daba cuenta con cierto retraso de los graves errores e injusticias cometidos por el gobierno del presidente Palma. Le enfurecía que la legación norteamericana le hubiera informado tan mal, y que el ministro se hubiera ido de vacaciones a Europa el día antes de la sublevación. El 25 de septiembre de 1906 se decidió por la solución de un desembarco de tropas para dar término a la carencia, o más exactamente la vacante, del poder, pero aconsejó a Taft no hablar de represión de la insurrección, 22 Roosevelt a Taft, secretario de la Guerra, 22 y 25 de septiembre de 1906, The Letters, V, págs. 419, 422-423. TEODORO ROOSEVELT Y EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA DE CUBA excluir la palabra "intervención" de cualquier documento o proclamación, y sellar mediante un acuerdo con los jefes rebeldes la sustitución temporal de la autoridad del presidente dimisionario por la militar norteamericana, con objeto de realizar el programa que Taft y ellos habían pactado. 23 El 26, el día antes de la intervención de Washington, lo bombardeó con directivas y llamadas a la prudencia. Era capital que la gente entendiera, nacional e internacionalmente, que Estados Unidos no proyectaban atentar contra la independencia de Cuba. No olvidaba Roosevelt la proximidad de la elecciones legislativas y senatoriales de noviembre; también contaba con los asaltos en el Congreso de una oposición virulenta, sin duda dirigida por el senador Joseph B. Foraker, su detractor más persistente en la cámara alta. Más que acusaciones extranjeras de imperialismo hipócrita, temía entonces las reacciones interiores; por eso no quería dramatizar y recomendaba una intervención a escondidas. Desembarcadas las tropas, Taft tendría que subrayar el vacío de poder y la necesidad de mantener el orden en la isla; tendría que insistir sobre la defensa legítima de los intereses norteamericanos y, sobre todo, en el carácter provisional de la misión estadounidense, cuyo objetivo esencial era establecer un gobierno de transición. Habría que limitar el número de guarniciones, a fin de no dar la impresión desagradable de que se trataba de una ocupación, ni tampoco de hostilizar a los insurrectos, a quienes le ligaba un acuerdo que, moralmente, ponía a EE.UU. en posición de fuerza. 24 De esa manera Roosevelt deseaba disfrazar el aspecto militar de la operación y crear la ilusión de una mediación consensuada. Esperaba que la intervención así circunscrita bastaría, que los insurgentes no decidirían luchar contra el ocupante o, peor, lanzarse a guerrillear. Aun cuando admitía la profunda responsabilidad del gobierno de Tomás Estrada Palma y la realidad de las causas de resentimiento popular, era incapaz, por principios, de aceptar "el espíritu insurreccional" y el recurso a la violencia política. Nunca pudo comprender Roosevelt que la violencia de los oprimidos resulta, a menudo, de violaciones de la legalidad por sus opresores. Como conservador legalista de siempre, lamentaba en el caso presente el haber parecido respaldar el recurso a la ilegalidad y servido la causa insu-23 Roosevelt a Taft, 25 de septiembre de 1906, Ibídem, V, pág. 423. El presidente quería, sobre todo, que no se derramara sangre entre norteamericanos y cubanos. Los combates tenían que desarrollarse exclusivamente entre cubanos. Se consolaba pensando que lo peor había sido evitado, la llegada al poder de los "revolucionarios", aunque, moderadamente optimista, no excluía complicaciones. También temía que los cubanos, en adelante, utilizaran la técnica del golpe para deshacerse de cualquier gobierno impopular. 25 Un garrote pequeño... Hombre de certidumbres, Teodoro Roosevelt conoció excepcionalmente en este asunto la duda y la perplejidad, y consultó a sus colaboradores mucho más a menudo de lo que lo hacía habitualmente. Su evaluación de la situación se basó únicamente en los informes de su ministro de la Guerra y amigo, William H. Taft, antiguo gobernador de las Filipinas, en quién tenía una confianza absoluta. Escogió finalmente, de mala gana, la medida intervencionista, pero fue fiel a su práctica política y a su concepción de la eficacia, en el sentido de que dejó de vacilar una vez que hubo tomado su decisión y, dando su firma en blanco a Taft, asumió la responsabilidad total de la operación y todas las consecuencias. 26 Como siempre, exhibió después una intensa autosatisfacción por la manera elegida para resolver la crisis, la intimidación discreta. El envío a Cienfuegos de unos buques y de menos de doscientos soldados había sido suficiente para restablecer la paz civil, sin oposición por parte de los insurgentes. Si no hubiesen intervenido los EE.UU., si hubiesen prometido no emplear la fuerza bajo cualquier pretexto, como sugería William Jennings Bryan, líder de los Demócratas, "la isla entera estaría hoy a sangre y a fuego". El éxito de su política demostraba la justeza de su célebre método: evidenciar su determinación de recurrir a la fuerza si una situación lo exigiera para que el uso de la fuerza no fuera necesario. 27 Taft ejerció brevemente las funciones de gobernador provisional, hasta que lo reemplazara Charles Magoon, antiguo ministro en Panamá y gobernador de la zona del canal. 28 Evoca Roosevelt la preocupación de Cuba en sus tres últimos "mensajes anuales". TEODORO ROOSEVELT Y EL NACIMIENTO DE LA REPÚBLICA DE CUBA en los últimos días de enero de 1909, después de dos años de relativa tranquilidad y prosperidad y de calma política, a pesar de que los acontecimientos de los decenios siguientes demostrarían que la mayoría de los problemas y frustraciones permanecían. Cinco semanas después Roosevelt entregó la presidencia a Taft. La sincronización había sido perfecta. Lo de la opinión de los cubanos, como la responsabilidad de los EE.UU. en el futuro de la isla, es otra historia...
El ensayo presenta las dos interpretaciones político-históricas antagónicas: la versión norteamericana y cubana actuales. En vez de una revisión detallada de la historiografía larga de cien años se analizan dos ensayos prototípicos: C. Ripoll (de Pittsburg) y Salvador Morales (de La Habana), para presentar las mutuas y antagónicas preocupaciones y las apologías de este tipo de literatura. En la segunda parte del ensayo el autor plantea -en forma de hipótesis-algunas interrogantes, con la sugerencia de buscar nuevas interpretaciones para entender la relación entre la obra martiana y la política actual del régimen de Fidel Castro. "El sincretismo político", "la interferencia política" entre la obra martiana y el marxismo leninismo en la ideología fideliana, son las nociones nuevas de esta interpretación, con la que se entienden mejor los problemas y temas concretos de Cuba: el carácter del poder, las características del Partido Comunista de Cuba, etc., que nos muestran un poder populista caribeño original "sincrético". A principios de la década de los 70, cuando los partidos comunistas de los países socialistas europeos de entonces vivían uno de los períodos de enemistad -y discusiones ideológicas regularmente repetidas-en cuanto a sus relaciones con Cuba, el Partido Socialista Obrero Húngaro (en adelante, PSOH), deseando comprender la esencia de los conflictos con los "camaradas" cubanos, encargó unas amplias investigaciones sobre Cuba. El material de estas investigaciones se publicó en una edición "cerrada" del PSOH, en cuatro tomos. Una de las preguntas planteadas en este trabajo era: ¿quién es José Martí, a quien los cubanos, entre ellos el mismo Fidel Castro, hacen referencia con tanta frecuencia? Las sospechas de los partidos comunistas europeos eran obvias: ¿puede ser realmente "marxista-leninista" un partido comunista que alude a los pensamientos e ideas de la obra de José Martí con más intensidad y frecuencia que a los "clásicos" del marxismo-leninismo? En esta investigación de carácter colectivo, yo recibí la tarea de aportar informaciones sobre la obra política de Martí. El fruto real (y legal) de este trabajo era una selección de los escritos de Martí en húngaro (Nuestra América) 1 y algunos ensayos. 2 Por este motivo desde ese período leo con gran atención la literatura científica y política sobre Martí. * Este trabajo fue presentado en el XI Congreso Internacional de AHILA, Liverpool, 17-22 de septiembre de 1996. (José Martí, el Político). Sin embargo, con esta tarea, para mí obligatoria, pudimos cerrar el período "infantil" de la crítica literaria húngara, utilizando la fórmula de Salvador Bueno, científico cubano que habló sobre Martí como "el PetÐfi cubano", destacando su muerte heroica en el campo de batalla como motivo común de la vida de los dos poetas.3 La obra de Martí, principalmente su producción político-ideológica, provocó, y provoca, una "guerra" casi continua desde hace cien años; una guerra política en la que se utilizaron argumentos diferentes, en distintos períodos y desde posiciones políticas diversas, pero en la que el objetivo político básico es/era siempre común: dominar y expropiar exclusivamente toda la obra de Martí y presentar las corrientes adversarias como herederos injustos o ilegítimos de esta obra martiana. Apologías, odios, falsificaciones, malas intenciones, etc., son elementos básicos de esta lucha que -además de las mencionadas "calificaciones" políticas-con todo su mal gusto nos demuestran un hecho elemental: las raíces fuertes y profundas de la obra de Martí en la memoria histórica y la conciencia nacional de Cuba. En esta "guerra", algunas veces bastante sucia, los frentes principales podemos localizarlos actualmente entre los ideólogos cubanos y norteamericanos. Utilizo conscientemente la noción "ideólogos", y no la de "científicos", para cualificar el carácter de este debate. De esta "rica" literatura de "guerra" quisiera mencionar y comentar dos ensayos de carácter prototípico -un artículo cubano y un ensayo norteamericano-como ilustraciones de este género. Por lo que se refiere al primero, se trata del ensayo titulado "La batalla ideológica en torno a José Martí", publicado por un cubano, el conocido autor martiano Salvador Morales, en 1975, en el n.o 5 del Anuario Martiano. El segundo, opuesto aunque de título similar, "La falsificación de José Martí en Cuba", se debe a la pluma de Carlos Ripoll y fue publicado en Pittsburg, Estados Unidos, en la revista Cuban Studies, en 1994. En la visión de Salvador Morales existen dos "campos". El primero, el campo antimartiano, tiene carácter de "pesimismo burgués", "fatalismo absoluto", "desprecio" de Martí, "prostitución de la soberanía", etc. Este campo "negativo" de los enemigos tiene "la tarea de neutralizar a Martí"; es decir, según Salvador Morales, este campo es proyanqui, servidor del imperialismo. El otro campo significa para él el panteón auténtico y cubano de la lucha por la independencia y por la justicia social. 4 El concepto de Salvador Morales, que es también la posición oficial cubana de hoy, coloca en el panteón cubano, en el centro del arco histórico, entre Martí y Fidel Castro, la obra de Carlos Baliño y José Antonio Mella. Salvador Morales, redactor-jefe del Anuario Martiano, entre los jóvenes radicales inspirados por la obra de Martí en el período entre Mella y el Movimiento 26 de Julio, destacó a aquéllos que se movían hacia el partido comunista: Rubén Martínez Villena, Raúl Roa, Juan Marinello y Pablo Torriente Brau. Pero, en el caso de Antonio Guiteras, Salvador Morales y la posición oficial cubana nos muestran cierta ambigüedad. Lo que nos puede llamar la atención, sin embargo, es más bien el hecho de que el personaje de Antonio Guiteras no aparece en este panteón cubano constituido por Martí, Baliño, Mella y Fidel Castro. Sin embargo, entre paréntesis, sí se puede hacer una observación personal: antes que Mella, Guiteras podría ser considerado el verdadero precursor de Fidel Castro. El partido Joven Cuba, organizado por el líder estudiantil radical, evoca el programa de Martí. Y cuando se enfrentó con el fracaso de los pocos meses de gobierno de Grau San Martín, Guiteras decidió organizar una guerrilla y, con sus compañeros, fue a México para prepararse. Naturalmente, en las obras de Guiteras no son éstos los elementos de la base de la mencionada ambigüedad, sino su posición no-comunista: aunque Guiteras también esbozó una visión socialista, la hace sin inspiración comunista y no en el sentido comunista. Y tampoco con la dirección del Partido Comunista Cubano (en adelante, PCC). En el otro "campo" señalado por Salvador Morales, es decir, en la política de los EEUU, se quisiera también utilizar la obra y el nombre de Martí: una fundación, televisión y radios norteamericanas nos señalan estos intentos. La verdad es que el interés norteamericano por la obra de Martí no era muy "intensivo" en las primeras siete décadas de este siglo: en 1979 todavía no existía allí ninguna monografía sobre Martí, aunque en España tampoco; si no me equivoco, el primer libro de divulgación sobre Martí en España se publicó en 1988. 6 El ensayo de Cuban Studies de 1994 7 rechaza las argumentaciones actuales cubanas que, según Carlos Ripoll, con el nombre de Martí "quieren justificar los abusos del poder" ("... to justify its abuses of power"). Para él, Martí es "antileninista" ("anti-leninist Martí") y por eso rechaza las tentativas oficialistas cubanas que quieren documentar "la luminosa prolongación de Martí en el pensamiento y los actos de Fidel Castro". 8 En su ensayo nos presenta, por citas que ilustran que el PCC en los años treinta no sólo rechazó la obra de Martí sino que quiso desacreditar sus posiciones. Sin embargo, los argumentos de Ripoll no tienen gran fuerza intelectual cuando nos cita un párrafo de Juan Marinello. Según él, la cita de Marinello significa que la obra de Martí no puede "servir más que como trampolín de los oportunistas". 9 Con esta cita -mejor dicho, con la utilización de esta cita-tenemos dos problemas. El primero de ellos sería que Marinello en ella habla sobre el Partido Revolucionario Cubano-Auténtico, que prestó y usó el nombre del partido de Martí (PRC-Auténtico), y el segundo, que el movimiento comunista latinoamericano, sin embargo, no valoró mucho en los años treinta las ideas revolucionarias no-comunistas; a los representantes de esta corriente se los calificó como enemigos "pequeñoburgueses". Es el mismo período en el que en el Partido Comunista del Perú (en adelante, PCP), se habló sobre "las desviaciones pequeñoburguesas de José Carlos Mariátegui". 10 Pero, a pesar de todo, en el PCP como en el PCC, una "corriente patriótica" de los comunistas se conectó muy estrechamente a la obra de Mariátegui y/o a la de Martí, respectivamente. Es decir, el movimiento comunista latinoamericano no era un movimiento unicolor. Además, buscando las raíces de la política actual del gobierno cubano en la posición comunista de los años treinta, podemos ver que no es una posición claramente científica... Y, finalmente, según mi opinión, no hay que buscar el prototipo del estalinismo en la obra de Juan Marinello. 6 Según Laviana, María Luisa: José Martí. 7 Ripoll, Carlos: "The falsificación of José Martí en Cuba". 10 Anderle, Ádám: Los movimientos políticos en el Peru entre las dos guerras mundiales. Naturalmente, la posición cubana actual también tiene sus debilidades cuando declara que "La postura martiana (..) es un antecedente poderoso y legítimo de nuestra etapa socialista (..); la patria martiana construida por la revolución encabezada por Fidel Castro es la que lleva a todos los cubanos la obra del libertador del 95". 11 Las acusaciones mutuas sobre "la utilización tendenciosa" de la obra martiana no nos ayudan en las tranquilas y equilibradas investigaciones científicas. Pero ¿cómo podemos independizarnos de este debate político?, ¿De estos cien años de guerra? Convivencia de ideas: ¿sincretismo político? A mí me parece que, como primer paso de esta independencia intelectual, hay que formular buenas preguntas, redactando cuestiones concretas sobre la obra de Martí. Bajo mi punto de vista, la primera cuestión posible es la siguiente: ¿por qué la influencia tan fuerte de la obra de Martí durante todo nuestro siglo?, ¿por la falta de independencia real?, ¿por la preponderancia de los EEUU en los asuntos cubanos? Continuando con otras interrogantes, ¿hasta qué punto son correctas las argumentaciones cubanas relativas a la "herencia martiana" en la política actual y a partir de cuándo no lo son? ¿Sí, en el caso del bloqueo actual, y no en los asuntos del "socialismo" inspirado por Martí (véase la cita anterior)? ¿Dónde están los límites? Sin embargo, creo que los cubanos de hoy tienen importantes razones para utilizar la obra martiana en la problemática de la soberanía nacional. Siguiendo con más interrogantes, habría que plantearse otro problema, un fenómeno muy interesante y hasta hoy poco investigado. Me refiero al fenómeno de la "convivencia" de las ideas martianas y las "marxistasleninistas" en la ideología actual cubana. Esta "convivencia", ¿qué carácter tiene?, ¿cómo se caracteriza este fenómeno? En forma de pregunta quisiera dar mi respuesta preliminar, hipotética: los contactos y lazos entre estas dos "capas" (martiana y marxista) de la ideología actual cubana ¿podríamos estudiarlos como un fenómeno típicamente cubano, tropical, como un especial "sincretismo político" donde, como en el caso de la cristianización de los indígenas, o, en el de la evan-11 Fernández Retamar, Roberto: "Algunos problemas de una biografía ideológica de José Martí". CIEN AÑOS DE GUERRA POR MARTÍ Tomo LV, 1, 1998 gelización de los esclavos negros, las creencias originales, autóctonas (en nuestro caso son las ideas martianas), sobrevivían discretamente tras la creencia nueva, poderosa (en el caso cubano la marxista-leninista) provocando interferencias continuas entre ambas "creencias"? Y continuando en forma de interrogación: ¿este "sincretismo" se encuentra también en el carácter del poder (actual) cubano? Cuando se trata del poder en el caso de la Cuba socialista siempre escuchamos alusiones sobre "el carácter estalinista" o carácter comunista de la dictadura. Los cubanos también hablan frecuentemente de "la dictadura del proletariado". Yo tengo profundas dudas sobre ambas versiones. Utilizando la fórmula antes mencionada sobre el "sincretismo", veo en el poder cubano contemporáneo un producto original latinoamericano, y encuentro el parentesco más cercano en la dictadura del Dr. Francia en el Paraguay del siglo pasado. Ambos países están/estuvieron bloqueados, amenazados, y ambas dictaduras desempeñaron/desempeñan el papel de mantener y defender la soberanía y la independencia nacional, a cualquier precio. El "culto personal" estalinista y el caudillismo carismático se "interfieren" también, creando una amalgama sincrética cubana. Sin embargo, por el papel del Estado, por la función de las organizaciones de masas (sindicatos, CDR, milicia, etc.) se presenta al Estado cubano también como un poder corporativista. En esta serie de interrogantes merecería especial atención el problema del partido martiano, el Partido Revolucionario Cubano. En los debates políticos actuales este tema tiene un lugar central; el PCC actual pretende presentar el PRC martiano como precursor directo y, por eso, las posiciones norteamericanas presentan, con gran minuciosidad, las diferencias, las críticas de esta apología cubana. En este tema quisiera proponer otro punto de vista para entender la importancia, el carácter y la función del Partido Revolucionario Cubano. Quisiera sugerir una hipótesis para entender el lugar del PRC en la historia política del tercer mundo, y es la siguiente: con la creación del PRC nació un tipo nuevo de partido político; no el del partido de Lenin, sino un partido de liberación nacional, prototipo del tercer mundo. Partido que tiene el mismo carácter y función que el Congress Party en la India o el Kuomintang en China (dirigido por Chan Kai Shek) y, más tarde, después de la segunda guerra mundial, el partido de Nasser en Egipto, el Front of Liberation National en Algeria, The Convention People's Party en Ghana o el Parti Democratique du Guinea. Todos los partidos de este tipo nacieron para organizar la lucha por la independencia, y en esta familia de partidos hay que colocar el PRC como posible prototipo. Ideas martianas: sin democracia política Otro tema digno de analizar es la posible conexión entre las ideas martianas y marxistas leninistas. Por ello, dejando -pero no olvidandola hipótesis mencionada sobre un posible "sincretismo" político, quisiera plantear de otro modo esta relación, pero no en la manera de Fernández Retamar, quien realizó una "operación intelectual" delicada, uniendo a Martí con el marxismo-leninismo. Fernández Retamar encontró un cliché útil, una fórmula conocida de la historia rusa del siglo XIX sobre una corriente de demócratas-revolucionarias. Para este autor, Martí es un demócrata-revolucionario (como por ejemplo Herzen) y -como esta corriente rusa-Martí también es, según él, el precursor del marxismo-leninismo. En este sentido, según Retamar, las ideas políticas de Martí tienen "carácter de transición": "Martí no es ya (no quiere serlo) un ideólogo burgués; y no es todavía (no puede serlo) un ideólogo proletario". O, en otras palabras: "Martí, que va del radicalismo político al democrático revolucionario, del romanticismo al realismo poético".12 En el caso de Martí la analogía rusa necesitaría más investigaciones y yo no quiero seguir en este camino a Roberto Fernández Retamar. Quisiera plantear y presentar este problema de otra manera. Existe un fenómeno obvio, y es que durante todo este siglo muchos jóvenes radicales-revolucionarios martianos llegaron al PCC. Salvador Morales nos presenta el catálogo de los nombres. Mi problema y mi pregunta es muy simple: ¿por qué los patriotas radicales cubanos con formación martiana recurrieron a menudo a las ideas también radicales y eficaces del comunismo? Por ejemplo: a Mella las ideas de Martí le parecían compatibles con las de Lenin. Pero eso también puede formularse como una experiencia más general: las generaciones de los movimientos estudiantiles cubanos basados en la plataforma radical independentista llegaron regularmente desde Martí hasta el movimiento comunista. Este hecho sugiere que la estructura y el carácter de las ideas de Martí presentaban cierta apertura (carácter abierto) en esta dirección de izquierda, comunista. La respuesta directa e inmediata se explicaría con la situación neocolonial de Cuba, creando un contacto directo entre la posición antiyanqui de Martí y la del antiimperialismo comunista. Aunque esta respuesta es posible y esta posición tiene firme base histórica, quisiera plantear otra respuesta. Esta respuesta hipotética reside en el concepto martiano de la libertad, que para él supone la libertad colectiva de una comunidad: o la nación cubana, o los negros, o América Latina, o bien los obreros o los pobres. En su obra no surge la idea del pluralismo político, ni tampoco elaboró las normas de los derechos políticos individuales. En sus escritos no se concede a estos aspectos la importancia debida. A mí me parece que para Martí la democracia significaba en primer lugar una democracia social y no la democracia política. Esta naturaleza del patrimonio martiano, que dejó para la posteridad los ideales de la solidaridad, igualdad, justicia, independencia nacional, que, a causa de la situación neocolonial de Cuba, siguen siendo actuales a lo largo del siglo -hasta hoy-, influyó también en las generaciones revolucionarias posteriores, casi predeterminando los acontecimientos realizados por sus discípulos. En otras palabras, en la situación del bloqueo constante, la política cubana actual tiene en la obra de Martí una buena argumentación para defender la libertad colectiva cubana amenazada por los EEUU. Como final podríamos decir, pues, que Cuba, por su situación expuesta a la constante amenaza de los Estados Unidos, no ha llegado hasta ahora al lujo de entender la importancia de las libertades políticas individuales.
El exilio cubano en Estados Unidos formó en Nueva York el núcleo impresor más importante. Sus imprentas avanzaban al ritmo de los movimientos socio-políticos de anexionistas e independentistas. Los formatos más utilizados para la batalla ideológica librada desde el exterior eran, aparte de las publicaciones periódicas, el folleto y el cuaderno. Los resultados confirman que para las obras permitidas, el encorsetamiento editorial producido por la censura no podía cubrir las necesidades de obras impresas del público cubano, lo que unido al desarrollo de las imprentas norteamericanas y al momento de expansión del país vecino, hicieron posible la creación en Cuba de un mercado para las obras impresas en Estados Unidos. A pesar de que el establecimiento de la imprenta en los territorios de la América anglosajona fue un siglo después que en Hispanoamérica,1 este retraso no fue determinante en el desarrollo de la misma. Por el contrario, el movimiento impresor y editorial norteamericano alcanzó un avance importante en poco tiempo y, además, sus obras lograron una amplia difusión interna y externa. El primer ejemplo documentado de ello lo encontramos en 1811, cuando llega al puerto de La Habana el bergantín "Boston" con un cargamento de libros que habían sido encargados por la Junta de Instrucciones al vecino país, cuya temática era mayoritariamente de economía y política norteamericana. 2 En tan sólo cuarenta o cincuenta años de vida desde su independencia, Estados Unidos logró desarrollar y potenciar todo el espectro del "arte de imprimir" en casi todas sus vertientes. La continuación del camino iniciado por la metrópoli, y lo más importante, el mantenimiento y desarrollo de todos aquellos avances técnicos, materiales y de organización del trabajo, hace que los Estados Unidos, en muy poco tiempo, comiencen incluso a perfeccionar muchos de estos avances de la era industrial. Obviamente, la imprenta también va a recoger parte de esa eclosión técnica, aplicándosele a todo lo que rodea al mundo de la impresión. Ya desde los comienzos, los jóvenes Estados Unidos fueron conscientes de la importancia de la divulgación de las ideas -políticas, culturales, económicas, etc.-, y por consiguiente, que la herramienta básica de difusión de la información, la imprenta, podía ser determinante en el desarrollo, consolidación y expansión del país. Así, no es de extrañar que en la primera mitad del siglo XIX ya hubieran adquirido, desarrollado, e incluso perfeccionado, la maquinaria más sobresaliente que en esos momentos había en el mundo. 3 De esta manera, a fines de siglo la prensa se empezará a consolidar como uno de los poderes fácticos más importantes del país. 4 Desde finales del siglo XVIII Estados Unidos mantenía una estrecha relación comercial con Cuba, 5 convirtiéndose en uno de los impulsores más importantes del crecimiento económico de la Isla, sobre todo desde el comienzo del "boom" azucarero, 6 determinante en el devenir histórico de la Isla. Y será en los años cuarenta del siglo XIX, coincidiendo además con dos de los temas más polémicos del momento, esclavismo y anexionismo, cuando asistamos a un aumento en la adquisición e introducción de obras impresas que llegaron del vecino país. 7 3 Algunos ejemplos son: la "componedora" del norteamericano Willian Church construida en 1822, considerada la primera máquina automática de composición de textos. En 1845 Richard Hoe obtuvo en los Estados Unidos una patente a la primera rotativa moderna. En 1863 Willian A. Bullock obtiene otra patente referida a la primera rotativa para la impresión de libros sobre papel continuo. En 1866 el americano Tilghman ideó en la producción del papel el procedimiento al bisulfito. En 1884 el alemán Ottmar Mergenthaler inventa en la ciudad de Cincinnati la composición automática de textos, la linotipia ("line on type"). Otro aparato de uso muy extendido es la "monotipia" o "monotipo", inventado por el norteamericano Tolbert Lanston, cuyas primeras investigaciones se remontan a 1883. 4 Dos buenas biografías en donde se estudian los cambios en la prensa en este sentido son: Swanberg, W.A.: Citizen Hearst. 5 Tornero Tinajero, P.: "Los Estados Unidos en la economía cubana del siglo XVIII". La América Española en la Epoca de las Luces. 6 Moreno Fraginals, M.: El Ingenio. 7 Entre los años 1844 a 1848 asistimos a una expansión en la introducción de libros y periódicos estadounidenses que llegaban a distintos puntos de la Isla. ANC, Gobierno Superior Civil, 659, exp. JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BAENA No sólo va a ser en los avances en el campo de la industria y las comunicaciones donde Estados Unidos verá en Cuba un buen negocio. 8 También, desde muy temprano, la Isla representó un mercado de venta de su propia maquinaria y técnica en el contexto de la imprenta. Sirva de ejemplo la nota aparecida en el diario El Noticioso y Lucero de La Habana del año 1834 donde podía leerse: "... hemos hecho venir de los Estados Unidos una ingeniosa prensa mecánica, la primera que se ha visto en este país, que tira 1.500 ejemplares por hora y cuyos primeros ensayos nos han dejado satisfechos". Este ejemplo no fue un hecho aislado, ya que se iba a desarrollar el concepto de competencia a raíz de estos nuevos avances. Así, en 1836 la imprenta de José Severino Boloña 10 ofrece al público su nuevo catálogo de tipos y viñetas, presentándolo como la adquisición de lo último inventado en este campo: "... gran acopio de caracteres y viñetas, cual no se había visto hasta el día en esta ciudad, y cinco prensas de patente de primer orden, con todos sus utensilios, principalmente una de ellas de un tamaño extraordinario, de máquina de nueva invención, en la que un niño puede trabajar con la mayor facilidad y prontitud; dos prensas de cortar impresiones y otras de marca mayor para aprensarlas, hecho venir todo con especial encargo de España, Francia y los Estados Unidos de América". 11 Esta situación originó que algunas de las imprentas importantes buscaran actualizar su maquinaria, siendo la mayoría de las veces sus suministradores los Estados Unidos, ya que la metrópoli no podía competir, ni en técnica ni en costos, con éstos. La Isla se convierte así en un mercado para los editores e impresores establecidos en los Estados Unidos. Inversamente, éstos son a la vez para Cuba los suministradores de maquinaria de impresión, de formación especializada (muchos impresores o allegados a ellos, iban a formarse princi-8 Algunos ejemplos significativos los encontramos en la primera mitad del siglo. Una de las mayores fábricas de maquinaria, la "Novelty Iron Works", y la "West Point Foundry" se especializaron muy pronto en maquinaria azucarera, desplazando y haciéndose con el mercado cubano en poco tiempo. Ambas se localizaban en Nueva York. Con la instalación del tramo de ferrocarril Habana-Bejucal la empresa norteamericana "Baldwin Locomotive Works" exportó las dos primeras máquinas construidas en Estados Unidos fuera de sus fronteras. 9 Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), Colección Cubana. Publicaciones periódicas.: "El Noticioso y Lucero de La Habana", viernes, 10 de octubre de 1834, pág. 2. 10 Sánchez Baena, J.J.: El libro en Cuba: Imprenta, bibliotecas y publicaciones periódicas, S. XVIII y XIX. 11 palmente en Nueva York, o Filadelfia), 12 y sus imprentas, en centro de acogida para la difusión de ideas y de todos aquellos temas censurados por el gobierno español. Precisamente en el período que entramos a examinar, el término "editor" es aplicado a quien ejerce la industria de la producción y divulgación de obras por medio de la imprenta, aunque no siempre se ocupe del arte tipográfico y del comercio de libros. La evolución económica y técnica de la imprenta norteamericana a fines de siglo XIX coincide con el desarrollo de acontecimientos importantes en Cuba. El propio José Martí, en un artículo de 1883 describía el fascinante mundo de la impresión en los Estados Unidos: "¡Qué lujo de máquinas, estos obreros de hierro! ¡Qué minuciosos y artísticos cuidados del formador, del preparador, del prensista, del obrero hombre, máquina por ninguna otra vencida!". 13 También manifiesta las virtudes de la obras allí publicadas: "¡Qué nítidos, qué hermosos, qué convidadores son los libros que se imprimen en los Estados Unidos¡... no dan las prensas de país alguno tanto libro sólido, claro y perfecto. La obrilla más ruin, el más vano catálogo, el folleto veloz y levantisco que hoy hiere y mañana ya es perdido y pisoteado en el ardor de la batalla, están impresos de manera que invitan a escribir, por ver en molde tan gallardo los propios pensamientos, que parece que ya han de ser tenidos como buenos". 14 Vamos pues a centrarnos en lo que supone el mundo de la edición e impresión en tierras norteamericanas en un aspecto concreto: su repercusión y relación directa o indirecta con los acontecimientos acaecidos en la isla de Cuba. De las imprentas aquí citadas debemos distinguir, por un lado, aquellas cuyos titulares eran emigrantes cubanos, y por otro, las que tenían responsables o propietarios norteamericanos. Ambas suministraban aquellas publicaciones que la censura no dejaba producir en la isla, a las que llamaremos no oficiales, y una parte importante de las que estaban permitidas y que respondían a la demanda que en esos momentos generaba el mercado editorial de la Isla. 12 Un ejemplo lo tenemos en uno de los impresores y tipógrafos más importantes del siglo XIX en Cuba, Francisco Murtra, a quien su padre había enviado a Filadelfia, a la imprenta de James Hardig, para que aumentara y perfeccionara los conocimientos en el arte y la técnica de la impresión. Sánchez Baena: El Libro en Cuba:..., pág. 141. Esta formación sería importante en la publicación de su Diccionario de tipografía cubana redactado, tal y como consta en el mismo, "para auxilio de los regentes, de los operarios cajistas, prensistas y demás que ejercen en esta Isla el noble arte de la imprenta". 13 Martí Perez, J.: "Martí en los Estados Unidos. Cómo se imprime un libro en los Estados Unidos". Este artículo fue publicado en la revista La América de Nueva York en noviembre de 1883. Censura y exilio editorial La importancia del desarrollo de la imprenta en la historia de la formación de un país es evidente desde el momento en que ésta facilita la difusión de las nuevas ideas. El hecho de que se eligiera desde el comienzo 15 Estados Unidos como centro neurálgico de operaciones responde a factores geográficos, políticos y económicos conocidos. En la historia de Cuba hay abundantes muestras del temor que existía por parte del gobierno español de que tanto impresores como impresos se desviaran de la línea oficial marcada por la metrópoli. 16 Ejemplos de esta política represora y de la importancia de la impresión en los procesos revolucionarios son las pequeñas imprentas portátiles 17 que el ejército independentista llevaba entre sus armas, o los tipógrafos que pagaron con su vida el apoyo a conspiraciones contra el poder español en Cuba. 18 Esta censura ejercida durante todo el período colonial en el ámbito de la impresión, fue la causa principal de la búsqueda de un lugar seguro fuera de Cuba, dando lugar a la dispersión editorial, y provocando dentro de la Isla el encorsetamiento de toda su producción literaria. Pero la censura no afectaba solamente a las publicaciones cubanas, sino que se extendía, tal y como hemos señalado anteriormente, 19 a cualquier publicación que llegara a la Isla y que pusiera en duda las directrices de la política española: "...y por lo mismo sería un bien la prohibición absoluta, no solo ahora sino en cualquier tiempo, de que entrasen en la isla los periódicos que ataquen el poder que exista en España". 20 También eran continuas las disposiciones para impedir la importación de libros, folletos y "papeles de mala doctrina". 21 Asimismo, en las leyes de 15 Ya desde los primeros años del siglo XIX las imprentas de los Estados Unidos se convirtieron, junto a los primeros emigrados independentistas en un "peligro" para la Isla. Un ejemplo de ello es la real orden para que no se permita la introducción en la ciudad de La Habana de "El Habanero", periódico que se publicaba en Filadelfia, bajo la dirección del presbítero Félix Varela. 16 Sánchez Baena, y Chaín Navarro, C.: "Prensa e Ilustración. Las élites cubanas y el control de la información a finales del siglo XVIII". En: Familia, tradición y grupos sociales en América Latina. 18 En esa relación independencia-imprenta podemos situar, por ejemplo, la conspiración fallida llamada de "Vuelta Abajo", que le costó la vida al tipógrafo Eduardo Facciolo. Ceballos, G.: Apuntes biográficos sobre Eduardo Facciolo y síntesis del proceso que culminó en su inmolación. 20 Archivo Histórico Nacional (AHN), Ultramar, 8, exp. "IMPERIALISMO EDITORIAL" DE EE.UU EN LA PREINDEPENDENCIA DE CUBA imprenta con que se dotaba a la Isla siempre había algún artículo dedicado a la censura aplicable a las publicaciones que procedían del extranjero. Por ejemplo, el artículo 91 de la Ley de imprenta para la Isla de Cuba de 1881 otorgaba autorización al gobernador general "para prohibir la introducción y circulación en la Isla de Cuba de cualquier impreso de los que son objeto esta Ley". En las Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, se recoge el sentir general sobre este tema: "En la época a que nos referimos el periodismo se encontraba consagrado a la literatura y a la crítica, puesto que la política estaba sujeta al capricho de un censor nombrado por el Gobierno, quien era a la vez fiscal de las obras que se introducían de la península y del extrangero (sic), a fin de evitar la lectura de libros políticos, sociológicos. Pero, a pesar de las prevenciones dictadas por las autoridades tanto civil como eclesiástica, se introducían obras sociales que eran leídas con avidez por el pueblo". 23 Esta censura, además, contribuyó igualmente a reducir el interés de los autores por publicar sus obras en la Isla ya que al propio coste de las impresiones había que unir la fianza -sobre todo si de una nueva publicación periódica se trataba-y el seguimiento a veces agobiante de los censores de imprenta.24 Análisis de las fuentes para el estudio de las publicaciones no periódicas editadas en Estados Unidos sobre temas cubanos En ciertas ciudades norteamericanas, a donde emigró un mayor número de cubanos, comenzaron a imprimirse una serie de libros, folletos y cuadernos sobre temas relacionados con la Isla, en español y en inglés, que son la mejor muestra del interés y el apoyo prestado a la causa independentista cubana. Del análisis de esas publicaciones se puede detectar de forma evidente el posicionamiento y la corriente ideológica que de ellas se desprendía. La cobertura del análisis que aquí presentamos se ciñe, principalmente, a las publicaciones no periódicas que de una u otra forma llegaron a Cuba tras ser editadas en Estados Unidos. No nos referimos a la prensa, o publicaciones similares, de aparición periódica, ya que nos limitamos a tratar la información que por el soporte elegido tenía un carácter más duradero y un contexto diferente. Por ello, aquí analizaremos monografías, cuadernos 25 y folletos. 26 Así, hemos tomado como fuentes las publicaciones de dos bibliotecas cubanas. Primero, las que hoy se conservan en la biblioteca de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, la más selecta en cuanto a temas cubanos, situada en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales. 27 Por otro lado, los fondos adquiridos en 1895 por la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. De la primera biblioteca se han seleccionado todas las obras que fueron publicadas en Estados Unidos, que pudieron llegar a la Isla de forma legal o ilegal, y que a pesar de no dejar constancia de en qué momento llegaron, nos ofrecen una información inestimable sobre qué se publicaba en esos momentos en el país vecino. De ellas se ha realizado un análisis de su contenido y otro del soporte que lo contiene. Sin embargo, este tipo de información necesitaba contrastarse con otra, ya que no se han encontrado los libros de registro de adquisiciones de las bibliotecas que la precedieron. Una información de este tipo era esencial para saber en cada momento de la historia de Cuba cuál era la temática de las publicaciones estadounidenses que se adquirían en esa época de forma oficial. Es decir, conocer qué publicaciones entraban en una biblioteca pública controlada todavía por la metrópoli, o lo que es lo mismo, qué información era la permitida por el gobierno español en esos momentos. Por desgracia, los libros de registro de las bibliotecas no abundan en archivos y bibliotecas públicas ni cubanas, ni españolas. Como siempre existen excepciones, y una de ellas es el registro de adquisiciones de la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del 25 Cuaderno: "Conjunto de cuatro pliegos metidos uno dentro del otro, donde se escribían noticias, las ordenanzas o instrucciones". Martínez de Sousa, J.: Diccionario de Bibliología y Ciencias Afines. 26 Según Martínez de Sousa "folleto" es un "impreso no periódico que consta de más de cuatro páginas y de menos de cincuenta. Sobre todo son utilizados en los impresos propagandísticos". 27 Formada principalmente por los fondos de la Biblioteca Histórica Cubana y Americana "Francisco González del Valle". Biblioteca inaugurada en 1938 que a su vez es el resultado de la suma de varias colecciones privadas de importantes representantes de la cultura de esa época: Emilio Roig de Leuchsenring -su director-, Enrique Gay-Calbó, Francisco G. del Valle, Fermín Peraza, Joaquín Llaverias, Emeterio S. Santovenia y un largo etc. "IMPERIALISMO EDITORIAL" DE EE.UU EN LA PREINDEPENDENCIA DE CUBA País, en un año tan significativo como el de 1895. De esta manera podemos obtener, como si de una foto se tratara, una instantánea de la vida de esta institución en uno de sus aspectos fundamentales: la adquisición de obras. La fecha ha sido seleccionada por dos motivos principales: uno, porque las Memorias de la Sociedad Económica, de ese año nos suministran un estudio estadístico muy completo, desde el punto de vista bibliográfico externo, y, por otro lado, porque es el comienzo, el 24 febrero, del alzamiento definitivo en armas con el llamado "Grito de Baire".28 Publicaciones editadas en Estados Unidos en las colecciones privadas cubanas Realizado el primer trabajo de selección entre las publicaciones de la segunda mitad del siglo XIX que se conservan en la Biblioteca de la Oficina del Historiador,29 el fondo documental resultante se compone de 123 obras que fueron publicadas en Estados Unidos. Estas suponen el 22% del total en esos años. La mayoría de estos libros y folletos son de carácter político y podrían encuadrarse en tres grupos principales: el reformista encabezado por José Antonio Saco, el autonomista de Rafael Montoro, y el separatista de Joaquín Infante. Pero la publicación de obras cubanas en el país vecino no es una característica de fines de siglo, sino que tuvo sus antecedentes en los años cuarenta. Desde esta década existe una corriente anexionista organizada que se instala en Nueva York sobre el "Consejo Cubano", integrado por Gaspar Betancourt Cisneros, Cristóbal Madam y Miguel Teurbe. El instrumento activo de esa corriente fue el general español, nacido en Venezuela, Narciso López. 30 De los libros quizás una de las obras más representativas sea Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos de Saco, respondida incluso desde la misma ciudad, Nueva York, en una serie de folletos sin editorial, en los que pocas veces aparece el nombre de los autores y la ciudad en la que se publicaron. Con algunas excep-ciones, es muy significativo que una gran mayoría de estas obras 31 careciera de autor y lugar de edición, aunque supuestamente -como así manifiesta la historiografía cubana actual-fueron impresas en Estados Unidos. La repuesta a posteriores obras de Saco tiene iguales características, 32 aunque parte de los autores ya se deciden a firmar sus obras. 33 El lugar de edición de la mayoría de las publicaciones analizadas se corresponde con las ciudades que mayor número de cubanos emigrados recibieron: Nueva York, Filadelfia, Boston y varias poblaciones de la Florida, y que eran además los centros impresores más importantes del país. Martí, durante su estancia en los Estados Unidos, describió esta situación, que sirve de primera explicación a las cifras que encontramos en la tabla 1: "... los libros que por centenas (salen) cada día, en tal abundancia que no hay conocimiento humano que no esté en ellos ya especializado y diluido, brotan de las imprentas nunca desocupadas de Boston, Nueva York y Filadelfia; que en Chicago imprimen poco". Ciudades de impresión Totales Porcentajes Nueva Existe otra característica que diferencia la producción de las imprentas norteamericanas sobre temas cubanos. Nueva York no sólo supone las tres cuartas partes de esta producción sino que, probablemente debido a la emigración cubana y a su organización, se convierte en el centro de publicaciones en idioma español de temas cubanos en el exilio. Filadelfia es la segunda ciudad más importante, sin embargo, la producción era casi siempre en idioma inglés. El español se utilizó preferentemente para temas históricos, biografías, discursos y literatura, cuyas obras serían publicadas por una imprenta que destacará sobre las demás: "Levytype". El inglés era utilizado para publicar los incidentes y luchas del pueblo cubano en su búsqueda de la independencia. Otras ciudades como Boston o Washington dedican sus esfuerzos a publicar en inglés temas bélicos en los que se trata al pueblo cubano como la víctima de la situación colonial, y los Estados Unidos aparecen como "observador neutral" que apadrina la causa cubana. El resto de las impresiones encontradas definen un panorama poco organizado, disperso y más sujeto a las necesidades del momento que a planes de actuación a medio o a largo plazo. La excepción es Key West, en Florida, donde imprentas de significativos nombres como "El Obrero", "Revista Popular" y "La Propaganda" publican en castellano ensayos, biografías y folletos en apoyo de la causa, como La revolución cubana y la raza de color de Manuel de la Cruz Fernández (1895), o La guerra de Cuba de L. Portillo (1896). Esta originalidad respecto al resto de las ciudades se debe a la cercanía geográfica de la Isla y a la masiva emigración cubana a Florida, 35 en la que destaca el gran número de trabajadores del ramo del tabaco. Un posterior análisis de las obras publicadas en inglés vuelve a ofrecer la primacía a Nueva York, con un 47% del total frente a un 9% de Boston, otro tanto de Washington y un 6% de Filadelfia. También es destacable el hecho de que en un 13% de los formatos encontramos un escueto "US" en el lugar de impresión. Un tercer análisis de las publicaciones según fecha de edición (Tabla 2), deja evidencia del aumento discontinuo registrado conforme avanza el siglo. Siendo las décadas del 50, 70 y sobre todo 90 en las que se registran mayor número de publicaciones. Períodos en donde podemos observar de forma más clara las inquietudes socio-políticas y en los que se desarrollan los conflictos más importantes entre la metrópoli y la Isla. Vamos a analizarlo más detenidamente. 35 Alvarez Quijano, J.: Historia de La Florida. Las obras encontradas en esta biblioteca previas a 1850 corresponden a trabajos publicados en la ciudad de Filadelfia en 1839, que ya ofrecen en castellano temas literarios cubanos de autores como la condesa de Merlín,36 y políticos como el Juicio de residencia... del capitán general Tacón,37 contestado desde Nueva York por Salustiano de Olózaga38 en ese mismo año. Por su relevancia es destacable la voluminosa obra de Jacobo de la Pezuela Ensayo histórico de la Isla de Cuba, un clásico publicado en Nueva York en 1842, y la no menos conocida y replicada de José Antonio Saco a la que aludíamos anteriormente, o las Notes on Cuba de J. Wurdemann, publicadas en Boston en 1844. TABLA 2 ---------------- Pero será a partir de los años cincuenta, con el desarrollo de los hechos socio-políticos y la cada vez más abundante emigración hacia Estados Unidos, cuando las imprentas allá radicadas se pongan en marcha al mismo ritmo de los acontecimientos. Así en 1850, Cristóbal Madam, uno de los fundadores del Consejo Cubano, escribiría y publicaría en Nueva York su pensamiento en un libro de más de 250 páginas en inglés, titulado Cuba, and the Cubans; comprising a history of the island of Cuba, y Saco continuaría publicando sus obras, a las que seguirían sus respectivas réplicas. También encontramos varios libros y folletos sobre temas cubanos de actualidad o históricos en Nueva York y Boston. En estos años es destacable la producción de folletos de la imprenta neoyorquina "La Verdad", sin autor conocido, con menos de 15 páginas y con títulos tan sugerentes como: De la ciencia política, Catecismo político, etc. Ya en la década de los setenta, la imprenta y librería de Néstor Ponce de León, 39 situada en Nueva York, asumirá hasta final de siglo las funciones propias de un pequeño centro editor. Por ello, publica en 1875 en dos tomos una de las mejores ediciones de las Obras Poéticas de José María Heredia, la novela de Suárez Romero titulada Francisco, y el Diccionario biográfico cubano de Francisco Calcagno, una de las obras más representativas de la bibliografía cubana del siglo XIX. Otras imprentas menos conocidas publicaban libros de Ferrer Couto, como la de "Esteban Hallet" que sacó a la luz una de sus obras en la que se ofrecían cinco razones para restablecer el tráfico ilícito de esclavos, 40 la imprenta de "El Cronista" que publicaba títulos como Cuba puede ser independiente (1872), o La verdad (1876) del mismo autor, al que Moreno Fraginals califica de especialista en Institutional advertising negrera. 41 La de "E.H. Jones" cuestionaba la situación social en Cuba publicando un folleto de Enrique Dónderis, 42 la "de Zarzamendi" edita en 1871 la obra de E. Piñeyro Morales Lemus y la Revolución de Cuba; estudio histórico; o aquellas cuyo significativo nombre hablaba por sí solo de sus intenciones: la imprenta de "La Revolución" ofrecía en 1869 las obras políticas del conocido profesor y divulgador de importantes trabajos sobre agricultura Francisco Javier Balmaseda, como Los confinados a Fernando Poo e impresiones de un viaje a Guinea. En los años ochenta se evidencia un fuerte estancamiento editorial. En el último año de este período Trujillo emprende en su taller el más ambicioso proyecto editorial realizado por un impresor cubano en todo el siglo: el Álbum de "El Porvenir", cinco tomos de gran formato -con 25 semblanzas biográficas cada uno, gran cantidad de ilustraciones y un total de 620 páginas-que se publicaron en Nueva York entre 1890 y 1895. En En la última década asistimos al desarrollo de un movimiento editorial fuerte cuando la confluencia de varios elementos básicos (editores capaces, en un mercado propicio y una organización que hace posible una relación dinámica entre ambos) confluyan con la creación del Partido Revolucionario Cubano en 1892. De tal forma, que esa masa relativamente dispersa y desorganizada políticamente bajo raras excepciones, encuentra al fin el medio de articular y encauzar sus esfuerzos. En estos momentos, los editores separatistas son los propios impresores y los más importantes defensores de esta causa. En esta relación son nombres importantes José Dolores Poyo, decano del gremio; Enrique Trujillo, director y propietario de la imprenta "El Porvenir", de Nueva York; y Sotero Figueroa, propietario de la imprenta "América" de la misma ciudad. 44 Otras imprentas de dueños estadounidenses, como las de "G.P. Putnam", "Thompson y Moreau", "W. Johnson", "R.H. Ruseell", "Street & Smith", "J.B. Chandler", "J.L. Little" "J. Munroe", etc., se unen a esta carrera, aunque de forma mucho menos profusa. La eclosión editorial se desarrolla en un clima de exaltado patriotismo, debates virulentos y crecientes expectativas de independencia. 45 Se publican una serie de libros y folletos cuyos títulos son suficientemente expresivos, los autores firman sus obras, y tan sólo encontramos una pequeña cantidad de folletos editados en la ciudad de Nueva York en los que no aparece la imprenta o el editor. "IMPERIALISMO EDITORIAL" DE EE.UU EN LA PREINDEPENDENCIA DE CUBA Quesada Aróstegui, 46 colaborador de Martí, publicando obras en las Imprentas "América" y "El Porvenir". Sin embargo, la gran producción editorial tiene lugar a partir del año 1895, alcanzando su culmen en el año del fin de la guerra. Este fenómeno no es específico de los Estados Unidos, sino que afecta a otras grandes capitales de América Latina y de Europa, en las que se publican libros sobre Cuba. Pero lógicamente la producción neoyorquina es la que marca la pauta, ya que de los 47 títulos publicados en Estados Unidos, 33 son de Nueva York. En esta época también crecen de forma considerable las obras en inglés, ya que suponen el 36% del total. Los folletos aumentan igualmente su número y las imprentas neoyorquinas se centran en ellos; los temas son de polémica y denuncia, y toma fuerza la literatura de campaña. Aquellas obras que no tienen entre sus páginas la editorial o imprenta, publican casi exclusivamente temas de denuncia; son los folletos de Sanguily como Cuba y la furia española (1895) o José Martí y la revolución cubana (1896), de F.G. Piera Spanish misrule in America (1897). La imprenta "América" sigue la misma tónica general, publicando en 1896 los folletos de Sanguily La anarquía española y el sacrificio de los cubanos, del novelista Armas y Céspedes La perfidia española ante la revolución cubana, del bayamés Izaguirre Asuntos cubanos; colección de artículos y poesías, del médico Borrero Echevarría En la intimidad; a Diego Vicente Tejera o de Eduardo Yero La voz de Caín; cartas abiertas a Rafael Montoro. Mientras tanto, la imprenta "El Porvenir" continúa en su esfuerzo de publicar en formato libro, y ofrece en 1896 los apuntes históricos de Trujillo, su propietario, que recoge los movimientos revolucionarios de cubanos en Estados Unidos en el último quinquenio. 47 Los años 1897 y 1898 registran también un considerable aumento editor, los folletos son denuncias de situaciones del momento bélico por el que atraviesa la Isla, mientras que los libros se convierten en denuncias razonadas y en planteamientos de futuro sobre la situación en Cuba. En formato libro, Barroeta publica, sin editor conocido, Los sucesos de Cienfuegos y la situación actual de la Isla de Cuba en 1897, y la imprenta de "Howes" 46 Quesada Aróstegui, Gonzalo de: Mi primera ofrenda. 47 Trujillo, E.: Apuntes históricos; propaganda y movimientos revolucionarios cubanos en los Estados Unidos desde enero de 1880 hasta febrero de 1895. JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BAENA publica un libro anónimo titulado Por la independencia. Al año siguiente, casi todas las monografías encontradas son revisiones históricas realizadas por autores de todas las partes implicadas en la guerra: cubanos como Quesada y Merchán publican Free Cuba; her opression and Struggles for liberty, history and description of the Island; españoles como L.O. Diviñó, Pro-patria; exposición al Excmo. Sr. Don José Canalejas, delegado del gobierno español para informar acerca del problema cubano, y autores norteamericanos que escriben sobre el pasado, presente y futuro de Cuba como F.M. Noa (The pearl of Antilles; a view of the past and glance at the future), Hall (Cuba, it's past, present and future), de la imprenta "Street & Smith", y R.H. Davis (Cuba in war time). Estos dos años se caracterizan sobre todo por la aparición de folletos de todas las razones políticas de unos y de otros. La imprenta "América" edita El dualismo autonomista del literato Nicolás Heredia, El fracaso colonial de España de Varona, y la imprenta de "A.W Howes" saca a la luz una buena muestra de la literatura de campaña: La Victoria de las Tunas de Sanguily. En el mismo sentido, también algunas imprentas neoyorquinas publican correspondencia de guerra, como las de F.R. Woodward, o las del futuro presidente Tomás Estrada. El resto de las imprentas de las otras ciudades se ven menos afectadas por esta avalancha de folletos, y responden con obras terminadas de literatura y demostraciones históricas. Las ediciones del último año del siglo no pertenecen al movimiento editorial de la emigración, ya que coinciden con la ocupación estadounidense de Cuba tras la guerra con España. Una vez apagado el fuego independentista, el círculo neoyorquino deja de producir masivamente, y durante ese año encontramos, casi exclusivamente, obras publicadas sobre la pasada guerra con una evidente carga partidista, como las 766 páginas de J.R. Young sin editorial conocida, Reminiscences and thrilling stories of the war by returned heroes, las notas del conflicto hispano-norteamericano del Departamento de Guerra estadounidense, o The Rough Riders, de Theodore Roosevelt en Nueva York, explicando el intervencionismo, apoyándose en las figuras del cowboy y el marine. Mientras en Washington se sigue la misma línea, y aparecen autores como Charles Morris (The war with Spain; a complete history of the war of 1898 between the United States and Spain), publicado por J. B. Lippincott en 1899), que ofrecen explicaciones al pueblo sobre la importancia de las nuevas posesiones adquiridas, en sendas obras de más de 500 páginas. En Filadelfia, T. White publica Our new possesions; a graphic account, descriptive and historical, of the tropics islands "IMPERIALISMO EDITORIAL" DE EE.UU EN LA PREINDEPENDENCIA DE CUBA of the sea which have fallen under our sway, de justificación similar a la de Morris, poco después del fin de la guerra; biografías e historiografía heroicas, The rescue of Cuba; an episode in the growth of free government, de B. Silver; y análisis de autores norteamericanos como Mahan, el ideólogo del intervencionismo, sobre la actitud española, bajo el título Lessons of the war with Spain and other articles, publicada en Boston, o la situación creada en Cuba tras el final de la guerra con España: Under three flags in Cuba; a personal account of the Cuban insurrection and Spanish-American War, de G.C. Musgrave. La presencia editorial norteamericana en una biblioteca cubana en 1895 Uno de los "clientes" naturales de cualquier obra impresa suelen ser las bibliotecas, y las imprentas norteamericanas también surtían de publicaciones "autorizadas" a estas instituciones públicas cubanas. Para estudiar este tema nos basaremos en las adquisiciones de una de estas instituciones, concretamente las realizadas durante el año 1895 por la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, una de las más representativas de su género en todo el siglo XIX, 48 que contó en ese año con más de 4.500 visitantes según consta en las Memorias. 49 Las 5516 obras adquiridas, clasificadas según el tipo de formato, como ya hicimos con el anterior análisis de la otra biblioteca, aparecen en la tabla 3. Es una cifra considerable si la comparamos con las que ingresan el año anterior, 2117. Es un dato representativo que en esta época tan convulsiva, aumentaran las adquisiciones un 261 % en tan sólo un año. La nota más llamativa, a primera vista, en la tabla 3 es que los cuadernos representan la mayoría de las publicaciones, con un 78% del total, siendo los volúmenes y folletos el 14 % y el 8 % respectivamente. Con el análisis del origen de las publicaciones obtenemos el lugar de procedencia, tanto el país como la ciudad donde se llevó a cabo la impresión de cada una de las obras. De las cifras de la tabla 4 se desprenden algunos resultados significativos. Como parece lógico, la Isla 50 ocupaba el primer puesto en el número de impresiones, casi la mitad de éstas. En segundo lugar aparecen, y es el tema que nos ocupa, con un 23 %, los Estados Unidos. Este dato es relevante porque las publicaciones procedentes de este país duplican en cantidad las llegadas desde la metrópoli. No sólo la cuestión geográfica, sino sobre todo la política desarrollada por aquéllos va a ser determinante tanto en el contenido como en la edición material de las publicaciones, inundando el mercado editorial con obras de pequeño y mediano formato, mucho más ágiles y menos costosas. En un tercer lugar se sitúa Francia, con un 15 %, superando, también, a la todavía metrópoli, que con un 11% demuestra que era incapaz de surtir a la Isla de las publicaciones que ésta demandaba. 51 Sin embargo, la cantidad global de publicaciones puede inducirnos a error si no tenemos en cuenta, como ya dijimos, el formato de éstas. Para ello hemos elaborado la tabla 5. 50 Aunque es evidente que en esos momentos Cuba no era todavía un país independiente, hemos considerado oportuno incluirla así para facilitar la lectura y el tratamiento de los datos. 51 Sánchez Baena: "Análisis externo de las adquisiciones de la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana en los inicios de la guerra de independencia". V Encuentro de Latinoamericanistas Españoles. (En prensa) El mayor número de volúmenes corresponde a Francia, seguido de España, Cuba y Estados Unidos. En lo referente a folletos y cuadernos, Cuba es la que cuenta con mayor producción. Esto nos indica varias cosas: que a nivel científico, las publicaciones "clásicas" seguían llegando del continente europeo, y de la mano de Francia, como hasta entonces se había venido haciendo. 53 El elevado número de folletos, y sobre todo cuadernos cubanos, nos indica el grado de desarrollo de las imprentas cubanas, o lo que es lo mismo: a) que no era una industria fuerte como para editar libros o volúmenes de gran número de páginas, (aunque si lo fuera para sacar a la luz publicaciones periódicas, menos costosas y con alguna esperanza de amortización o continuidad) y b) que el desarrollo editorial cubano era todavía insuficiente para competir con Europa, y sobre todo con Estados Unidos. Sin embargo, no debemos entender que la Isla no contara con suficiente infraestructura, ya que existían en ese momento sólo en La Habana más de 50 imprentas, 54 sino que la producción estaba realmente encorsetada por la mano de la censura, y ocupada, sobre todo, en ofrecer las publicaciones oficiales. La tabla 5 también indica que la biblioteca apuesta por adquirir, sobre todo, obras de pequeño formato en cuanto al número de páginas se refiere. Son publicaciones menos costosas y suelen ofrecer información mucho más actualizada. Con este criterio, es Estados Unidos quien suministraba de forma oficial el mayor número de cuadernos, tras la propia empresa editorial cubana. Sin embargo, observamos diferente tendencia en cuanto a los porcentajes de los formatos adquiridos de Francia y España con respecto a 52 Los porcentajes al lado de la cantidad son los correspondientes a cada tipo de formato en cada país. 53 Sánchez Baena: "Análisis externo de las...". JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BAENA las monografías. Parece claro que la censura no dejaba introducir desde Estados Unidos a Cuba más obra impresa que la de temática no comprometida, como literatura 55 (sobre todo novelas) y revistas de actualidad que comenzaban en esa época, y que precisamente por ello se eligiera como soporte más adecuado el cuaderno. Si nos adentramos en analizar las ciudades cuyas obras llegaron a la biblioteca, obtenemos una localización geográfica concreta que puede ayudarnos a corroborar ideas anteriores. En la tabla 6, se detallan las cinco ciudades con un número más significativo de impresiones: Debemos resaltar un primer dato significativo. Las cifras por ciudades nos evidencian que, en Cuba, casi todo se resumía a la capital, ya que de las 2519 publicaciones editadas en la Isla, el 96 % corresponden a la ciudad de La Habana, siendo el centro impresor y editor por excelencia. En cambio, sólo en Estados Unidos existía una demanda suficiente como para no estar delimitada a una sola ciudad. De esta forma, Nueva York (16 %) y Washington (8 %) cubren esa "necesidad" de publicaciones. También hay que apuntar que aquí estamos analizando tan sólo las adquisiciones permitidas oficialmente, y que podían estar en una biblioteca pública. A estas deberíamos unir las introducidas "ilegalmente", que formaban parte del despliegue propagandístico y de ideología separatista o anexionista que llegaban a la Isla. El siguiente criterio, el idioma (tabla 7), nos ofrece otra variable significativa: en el formato cuadernos, el español supone el 66%, en tanto que al inglés le corresponde ya el 30 %. Si bien en el análisis de la biblioteca anterior no era extraño que en Estados Unidos los talleres de cubanos emi-55 Gaur, A.: A history of writing. "IMPERIALISMO EDITORIAL" DE EE.UU EN LA PREINDEPENDENCIA DE CUBA grados publicaran en inglés, sí que llama la atención que en una biblioteca pública cubana se adquiera un número considerable de cuadernos en inglés. Este hecho puede deberse a la necesidad de adquirir revistas 56 y obras publicadas en Estados Unidos frente a las que la censura no actuaba de forma tan rápida. 57 Además, en esta época el inglés no era un idioma desconocido en la isla, ya que desde las primeras décadas del siglo XIX, y fruto de la intensa relación comercial con el vecino del norte, se comienzan a imprimir en la Isla publicaciones periódicas cubanas en español e inglés. 58 Otro parámetro importante a tener en cuenta es el año en que fueron impresas las publicaciones adquiridas en 1895. Del análisis se observa cómo el mayor número de obras comienzan a partir de las décadas de los ochenta y noventa, fechas que coinciden con un aumento de la producción editorial dentro y fuera de la Isla. El número de imprentas no sólo había aumentado, sino que éstas se habían modernizado, y la situación social y política muchas veces era propicia. Las cifras de 1890-95 -2740 cuader-56 En estos momentos en Estados Unidos, debido a la rebaja de las tarifas postales en 1879, comenzó a tener un auge espectacular la venta de revistas como Cosmopolitan, Minsey's, McClure's, Scribner's, Ladie's Home Journal y Saturday Evening Post. Eran más económicas que algunos diarios, contenían asuntos públicos, literatura y artes, y acabaron popularizando un tipo de historias cortas. 57 El artículo 91 de la Ley de imprenta para la isla de Cuba de 1881 (y posteriores como la de 1886) trata de las impresiones que llegan a Cuba desde el extranjero y dice textualmente: "Se exceptúan de esta disposición los libros impresos en idioma extranjero, cuya introducción y circulación no podrán prohibirse gubernativamente hasta que se haya incoado contra ellos querella o denuncia criminal... entendiéndose que la responsabilidad respecto a los libros impresos en el Extranjero recaerá sobre los que verifiquen su expedición o circulación en el territorio de la Isla". 58 Ejemplos los tenemos en las décadas de 1820 y 1850 con varios periódicos bilingües de temática comercial, como es el caso del Diario Mercantil de La Habana, que desde 1823 tenía un suplemento semanal en inglés titulado The Mercantile Weekly Report, editado durante varios años y sustituido posteriormente por hojas sueltas en edición bilingüe. JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BAENA nos, 49 folletos y 57 volúmenes-son demostrativas de esa eclosión de la imprenta cubana, ya que respecto al período 1880-89 se duplica el número de cuadernos y aumenta en casi un 50 % el resto de los formatos en tan sólo cinco años. Cruzando esta variable con las ciudades (tabla 6) podemos corroborar que la gran mayoría de los cuadernos estaban impresos en La Habana y Nueva York. La temática de esas obras también aporta un dato importante al estudio del fondo: la literatura ocupa el primer puesto, 56% (las novelas por entregas en cuadernos suponen una buena parte de estas cifras), seguidas de la materia médica y sanitaria (13%), artes, industria y comercio (11%) e historia (6%). El posterior análisis de las consultas revela que las obras más solicitadas coinciden con los temas más adquiridos (con la excepción de las obras de referencia), lo que corrobora que las adquisiciones se correspondían con las demandas de los casi cinco mil usuarios que visitaron ese año la biblioteca. La censura editorial ejercida en Cuba ahogó durante siglos la producción de las imprentas de la Isla. En el interior, la demanda de publicaciones no pudo ser satisfecha ni con la producción propia ni con la de la metrópoli. A partir de la segunda mitad del siglo XIX Estados Unidos se había convertido en el centro suministrador de maquinaria, de formación especializada y de nuevas ideas, que ya no llegaban desde el otro lado del Atlántico. A la dependencia económica, -no debemos olvidar que en el año 1895 la Isla exportaba casi el 86 % de su producción azucarera al vecino país-vinieron a unirse otras. Para Estados Unidos, Cuba era un mercado interesante por dos motivos: el primero, porque era un mercado editorial que estaba en franca consolidación y expansión, y el segundo, porque se presentaba como contexto idóneo para el cumplimiento del cada vez más cercano "destino manifiesto". La emigración cubana a Estados Unidos aprovechó el gran desarrollo de las imprentas norteamericanas para sumarse a la batalla ideológica contra el poder colonial español. El ritmo de crecimiento de la producción en estas imprentas fue paralelo al desarrollo y organización de los grupos revolucionarios en el exilio norteamericano, y respondía con frecuencia al desarrollo de los acontecimientos bélicos que tenían lugar en Cuba. "IMPERIALISMO EDITORIAL" DE EE.UU EN LA PREINDEPENDENCIA DE CUBA Las imprentas no sólo sirvieron para dar salida a las espectaculares publicaciones periódicas, sino que la batalla librada tomó también forma en otro tipo de publicaciones muy concretas: el folleto y el cuaderno, campos de expresión de ideas, económicos y ágiles. Y convirtió a Nueva York en el centro político e impresor por antonomasia del exilio cubano. El panorama editorial norteamericano, una vez acabada la confrontación hispano-norteamericana, varía la línea ideológica y de acción, dedicando sus esfuerzos a publicar en formatos de gran tamaño (dejando atrás la propaganda en folletos) razones, causas y motivos, escritos y editados por autores estadounidenses, sobre el dominio de la Isla y del resto de las nuevas posesiones.
El estudio esboza el panorama de las opiniones de los periódicos checos más importantes sobre la guerra hispano-norteamericana incluidos los periódicos publicados por la numerosa emigración checa en los Estados Unidos. Para los periodistas checos, la guerra no era objeto de un interés económico o político directo; no obstante, servía como una oportunidad de presentar su postura a un nivel ideológico general. Los liberales apoyaban a los Estados Unidos presentándolos como defensores del derecho a la lucha por la libertad nacional. España tuvo, por el contrario, las simpatías de la prensa católica que defendía las tradiciones y la religión de este país. La prensa del movimiento obrero, po su parte, criticaba la guerra que perjudicaba los intereses de la mayoría de la sociedad, ofreciendo ganancias solamente al capital. * Este artículo fue escrito como una parte del proyecto no. 404/95/ Al menos para tres naciones, esta guerra hispano-americana representa uno de los momentos más importantes en el desarrollo de la sociedad nacional y los historiadores la analizan desde muchos ángulos. En Cuba, en los Estados Unidos y en España se publicaron centenares de libros (por no hablar de artículos) sobre este evento que hasta un grupo de los historiadores marxistas consideraba como uno de los acontecimientos claves de la historia universal. 1 Una parte de los historiadores presenta la guerra como fruto de las actividades de los periodistas 2 y, por eso, no sorprende mucho que existan estudios especializados dedicados a la prensa de ambas partes beligerantes. 3 Es también la prensa la que ofrece las opiniones en lo refe-rente a la guerra hispano-americana por parte de aquellas sociedades que no tenían ningún interés directo en los acontecimientos en Cuba, las Filipinas y Puerto Rico. A pesar de que los países checos formaban parte a fines del siglo XIX del imperio austro-húngaro, se interesaron en el conflicto entre España y los Estados Unidos; 4 la propia sociedad checa tenía otras prioridades antes que la tensión creciente en la región caribeña, ya que fue un tiempo de luchas feroces entre los checos y los alemanes, y de intentos incesantes de los primeros por obtener algunos derechos en la esfera cultural y política. Sin embargo, curiosamente, estas tensiones entre los portavoces de la sociedad checa y el gobierno en Viena fueron una de las razones del interés de la prensa checa por los acontecimientos que ocurrían en el mundo hispanohablante: la parte "nacional" de la prensa atacaba la política oficial austríaca por su apoyo de España. 5 Otro motivo era, sin duda, el interés de los productores checos de azúcar de remolacha. Además, los países checos pertenecían a las regiones más desarrolladas de Europa, y producían maquinaria para las fábricas de azúcar y, por eso, la sociedad checa sabía algo sobre Cuba. Muchos de los artículos que en ese tiempo mencionaban la colonia española, la presentaban como el primer productor mundial de azúcar de caña. Antes de finalizar el siglo, aparecieron ya en las centrales de Cuba los técnicos checos y este hecho demuestra los contactos prácticos entre ambos países. 6 No obstante, es verdad que en el año 1898 prevalecieron en la prensa checa las informaciones sobre la inminente guerra entre los Estados Unidos y España. 7 Tan sólo excepcionalmente los periódicos checos tuvieron sus corresponsales directos en los países beligerantes; ese fue el caso de Národní listy (El Diario Nacional), con un corresponsal en Madrid y en Chicago. Como fuentes de información sirvieron en la mayoría de los casos las noticias de 4 Sobre el contexto internacional de la guerra hispano-americana véase ante todo Vladimirov, L. S.: Diplomatija SÒA v period amerikansko-ispanskoj vojny, Moskva, 1957. 5 Es, sin embargo, interesante que precisamente en los años ochenta y noventa apareciera en la sociedad culta checa el interés por la cultura española como lo demuestra, por ejemplo, el libro de Pinkas, Ota: Cesta po Òpanlích (Viaje a España), Praha, 1880, o las traducciones de la literatura clásica española llevadas a cabo por los mejores artistas checos de la época, que buscaban el modo de cómo liquidar la dependencia de la cultura checa de las fuentes tradicionales -es decir, ante todo de la literatura de habla alemana y, en menor medida, de la francesa o italiana. 6 Sobre esta problemática ver Schejbal, Jan: "Los especialistas azucareros en Cuba y España alrededor de 1900", Ibero-Americana Pragensia, vol. XIV, Praga 1980, págs. 155-167. 7 El primero que estudió esta problemática fue PoliÓenský, Josef: "Guerra hispano-americana de 1898 y la opinión pública checa", Historica, VII, Praga, 1963, págs. 99-113. JOSEF OPATRNÝ grandes agencias y de periódicos extranjeros -ante todo alemanes pero también franceses, ingleses y americanos-8 y con cierto retraso los periódicos que numerosos editores checos publicaban en los Estados Unidos para los emigrantes de procedencia checa, ante todo en la parte oriental y centrooccidental de aquel país. 9 Analizaremos las opiniones de esos "checo-americanos" en la segunda parte de este artículo. Los años finales del siglo XIX significaron en Bohemia un período de cambios sustanciales en la escena política, donde los partidos tradicionales de "staroeÓi" (los checos viejos) y "mladoeÓi" (los checos jóvenes) iban perdiendo lentamente sus posiciones, mientras progresaban partidos nuevos, encabezados por el partido socialdemócrata. Apareció también un grupo muy pequeño, pero influyente, de intelectuales -los realistas-cuyo portavoz TomáÓ Garrigue Masaryk llegó a ser una de las personalidades más destacadas de la sociedad checa. El tiempo de los cambios y de la modernización de esa sociedad, no solamente en el sentido de introducción de técnicas y tecnologías nuevas, sino ante todo en lo referente a las relaciones entre diferentes capas sociales y a su lugar en la vida política, en la cultura, etc., influyó también en los tradicionalistas cuyo programa era la defensa de las tradiciones, ante todo religiosas y que se agruparon en varios partidos católicos. Esa situación nueva, compleja ya en sí misma, la complicó aún más la existencia de una numerosa entidad de habla alemana en Praga y en algunas regiones más del país. 10 Todos esos partidos, grupos y corrientes se esforzaban por poder presentar sus opiniones en la prensa. Algunos partidos tenían sus propios órganos de expresión, como fue el caso del partido socialdemócrata y su periódico Právo lidu (El derecho del Pueblo). Otros periódicos simpatizaban con ciertos partidos o políticos, colaborando a veces con los portavoces de dichos partidos. De tal manera, Katolické listy (El Periódico Católico) expresaba las opiniones no solamente del partido católico, sino también de 8 Ya desde los años sesenta existió en Praga un centro de aficionados a la cultura americana agrupados alrededor de la famosa persona de los círculos culturales checos, Vojta Náprstek, contando con una pequeña biblioteca provista de periódicos estadounidenses; para más, ver ante todo Òolle, Zdenk: Vojta Náprstek a jeho doba (Vojta Náprstek y su tiempo), Praha, 1994. 9 Sobre esta emigración y su prensa está la obra clásica de apek, TomáÓ: NaÓe Amerika (Nuestra América), Praha, 1926. 10 A pesar de la vasta bibliografía sobre la problemática de las diferentes corrientes políticas en la Bohemia del siglo XIX, se repiten siempre grandes discusiones sobre este tema. LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA los grupos simpatizantes con el catolicismo. Los periódicos que gozaban probablemente de la mayor repercusión en la sociedad checa se encontraban, respectivamente, "cerca" de los checos jóvenes -esto fue el caso de Národní listy-y de los checos viejos -Politik (Política)-cuyas opiniones repetía muchas veces el periódico quizás más popular y de circulación muy amplia, a saber Národní politika (La Política Nacional), diario conservador leído por la capa media, mientras que Politik, publicado en alemán, encontró sus lectores en la capa media alta. Los autores de las noticias, comentarios, etc., no sólo presentaban sus opiniones sobre los acontecimientos en Cuba o en las Filipinas, sino que aprovechaban muy a menudo la oportunidad para atacar a sus adversarios políticos nacionales o para expresar sus consideraciones más generales. En este sentido, los socialdemócratas checos adoptaron una postura típica. Rechazaron la guerra como un medio de enriquecimiento de la burguesía y de empobrecimiento de las capas trabajadoras: "La guerra traerá la subida de los precios también en Europa. Los americanos y los españoles van a asesinar y los capitalistas van a llenarse las bolsas. Les interesa solamente la ganancia y nadie les impedirá liquidar a la gente trabajadora". 11 No obstante, comparando la política de los Estados Unidos y de España y analizando las causas del conflicto, el autor del artículo "Rozvrat ve Òpanlsku" ("Perturbaciones en España") escribió: "Nunca creímos en el idealismo de los yankees. Preguntando por las causas de la guerra, debemos contestar con justeza. Fue la política colonial española la que causó la catástrofe. A lo largo de tres años, los americanos observaron tranquilamente la destrucción y los asesinatos en Cuba, otras naciones quizás no pudieran soportar tal situación durante tanto tiempo. Cualesquiera sean los móviles de los norteamericanos, su intervención podría solamente mejorar la situación de las colonias torturadas por España, al menos por un momento. Qué ocurrirá después, es una pregunta seria, hay que esperar la evolución de las cosas". 12 Según el autor anónimo del artículo, todo el asunto demuestra que la cruel explotación no aportó nada a España. La sublevación de los cubanos y la guerra sirvieron de ejemplo para demostrar que el Estado debe fun-darse en "la soberanía y la justicia social". 13 Právo lidu no informaba mucho sobre los acontecimientos bélicos, pero publicaba frecuentes noticias sobre los precios crecientes de la harina y sobre la falta de material bélico, que despertaba grandes esperanzas en los propietarios de las fábricas productoras de armas. A pesar de una crítica dura sobre la actitud de la "burguesía yankee" que buscaba dinero en la miseria de otro pueblo, los periódicos socialdemócratas consideraban la guerra hispano-americana en cierto sentido como positiva. La victoria de los Estados Unidos (los periodistas de la prensa socialdemócrata no ponían en duda el resultado de la guerra) significaría un nuevo impulso para el desarrollo de la economía estadounidense, que ya representaba un grado más alto de la sociedad capitalista. Según las leyes de la evolución histórica, como opinaban los partidarios checos del marxismo, el progreso del capitalismo culminaría con una revolución socialista precisamente en el país capitalista más desarrollado. De este modo, una guerra victoriosa -con destruir las estructuras viejas-ayudaría al triunfo de la revolución, a la "futura aurora socialista". 14 Por otro lado, también la derrota de España significaría nuevas esperanzas para el socialismo en ese país, ya que "cuanto mayor el desastre, tanto mayor el número de los partidarios del socialismo", 15 opinaron en Právo lidu. Fuertemente ideologizada fue también la opinión de la prensa católica, representada ante todo por el periódico Katolické listy (El Periódico Católico). Durante la sublevación en Cuba, sus periodistas no prestaban prácticamente ninguna atención a los acontecimientos en el imperio colonial español. Hasta el 18 de febrero de 1898, Katolické listy no informó sobre la explosión en el crucero "Maine". Sintomático es que la breve noticia fue colocada muy en el fondo del periódico y trató sobre la "causa interna" del accidente. 16 La tensión entre España y los EE. En el comentario sobre la situación internacional, el periodista consideró que los esfuerzos de España dirigidos a la liquidación del levantamiento en Cuba fracasaron por la ayuda que los Estados Unidos prestaron a la insurrección. LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA "...el embajador en Cuba Lee apoya con todas las medidas a los insurrectos y la pobre España no puede desterrarlo sin arriesgar la declaración de la guerra. La agobiada España debe soportar todo de parte de los yankees para mantener la paz". 17 Entre la creciente cantidad de noticias sobre el progreso de los acontecimientos en la segunda mitad de marzo y la primera mitad de abril, Katolické listy subrayó el interés de España por solucionar la situación pacíficamente, repitiendo que la actitud de los Estados Unidos difería sustancialmente. La campaña del interés a favor de los cubanos sufrientes no era más que un chantaje: "Toda la historia de la isla de Cuba no es, probablemente, sólo una acusación a España, como generalmente se presenta ahora, sino que es también una acusación a los Estados Unidos que aprovechaban cada oportunidad para provocar a los cubanos contra España. Un esbozo breve de la historia de esta tierra fértil basta para convencerse de que los estados americanos no dejaron a los cubanos en paz". 23 Con toda una serie de errores, el autor sigue esbozando la historia de la colonia subrayando su "dulce" riqueza: "A los capitalistas de América del Norte no basta su trigo, tocino y algodón, ellos buscan una nueva comodidad para "su" industria y por eso la querían comprar primero, después ganar por convencimiento y ahora quieren apoderarse de ella por la violencia bajo la máscara de la liberación". 24 Rechazando las afirmaciones sobre las crueldades de los españoles, el autor pide que se tome en cuenta el tratamiento de los indios por parte de Estados Unidos llamándolo la vergüenza del ilustrado siglo decimonónico: "La justicia pide reconocer, que a América (compréndase: a los Estados Unidos, nota del autor) no la dirige el amor a la humanidad sino el amor a la ganancia. El curso de la humanidad es más bajo que el del azúcar". 25 El conflicto entre España y los Estados Unidos no fue para Katolické listy solamente un choque entre esos dos países, sino también una controversia entre la potencia americana y toda Europa. Mencionando los méritos históricos de España en la defensa del continente contra la invasión del Islam, el autor concluye su comentario categóricamente: "La diplomacia europea tiene ojos y hace como si no viera que la victoria de España sería la victoria de Europa y viceversa". 26 Volviendo al papel religioso de España en el mundo, el autor de otro artículo en Katolické listy se refiere a la guerra como resultado de la conspiración masónica contra el país católico. No solamente todos los partidarios de la independencia en Cuba, sino también todos los miembros de la administración colonial que aportaron a la situación lamentable de España, pertenecían a las logias masónicas. 26 "Lovci zlata..." 27 "Glossy ku Ópanlsko-americké válce" ("Glosas en torno a la guerra hispano-americana"), Katolické listy, vol. II, n.o 136, 19 de mayo de 1898, pág. 1. LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA el centro de interés del periódico católico al hacerse la pregunta por el motivo de la guerra en el extenso artículo "¿Quién causó la guerra hispano-americana?" Esta guerra, "una de las más frívolas en la historia", 28 la provocaron los periódicos estadounidenses, ante todo el periódico del "judío ruso" Pulitzer y su competidor, "hijo del millonario de California" Hearst. Esa combinación promovió una campaña probélica en toda la sociedad y la fiebre bélica aplastó a los críticos de los planes aventureros. Después de la derrota de la flota española en la Bahía de Santiago de Cuba, el resultado de la guerra estaba claro para Katolické listy. "Un coloso surge de los dos océanos", 29 previno el autor del artículo. "Con la anexión de las islas más importantes del Caribe a los Estados Unidos aumentará tanto su influencia en el mundo que la vieja Europa empieza a temblar. Ya comienza a pensar en aislarse de América". UU. orientarán su atención a Asia y al continente americano -añadía-y la interrupción de las relaciones entre esta potencia y Europa, ante todo en la esfera comercial, traerá a este continente peligros insospechados. La industria europea no puede existir sin posibilidades exportadoras, por lo cual las potencias buscan ganarse sus partes del mundo. No obstante, el gigante de los dos océanos puede preparar una catástrofe para la vieja Europa. "La derrota de España significa un desastre para Europa. Ahora ya es muy tarde para detener a este gigante", 31 concluía el articulista. También Národní politika, interesándose en el conflicto entre España y los Estados Unidos, subrayó la importancia de este fenómeno para la sociedad checa. En las primeras informaciones el periódico mantuvo una posición neutral esperando la victoria de la potencia americana: "No es posible continuar en la posesión de Cuba. Caerá en las manos de los EE.UU., a los que pertenece, como una manzana madura. Solamente que este hecho terminará con una tensión, que enseguida por la guerra o por el tratado de paz...". 32 No obstante, en los artículos se manifestó la postura de reserva hacia el país llamado en las páginas de Národní politika "el imperio de los millo-28 "Kdo zpçsobil Ópanlsko-americkou válku?" Según este periódico, para España el conflicto no tenía ninguna salida, ni la victoria en la guerra con los norteamericanos, que Národní politika tenía por imposible, podría resolver la situación en la colonia insurrecta. Por eso había que observar los resultados de la guerra desde un ángulo general. "La guerra siguiente es la de América y Europa", 33 y tendría una gran importancia para los intereses económicos europeos. Aun sin hablar sobre las pérdidas del comercio durante el conflicto bélico, la anexión de Cuba a los EE. UU. perjudicaría ante todo a los países agrícolas europeos. El avance de la industria azucarera cubana, en las manos de los agresivos empresarios estadounidenses, podría liquidar "el último asilo de los agricultores nuestros, es decir la producción azucarera europea". 34 Las informaciones sobre los acontecimientos de las cercanías de Santiago de Cuba inspiraron a Národní politika a desarrollar sus consideraciones de mediados de abril: "Los resultados prácticos de los vencedores estadounidenses no son favorables ni para nosotros, ni para otras naciones europeas. Especialmente Cuba, en manos de los americanos, llegó a ser sensible por su competencia también para nosotros en Bohemia y Moravia. Allí producen azúcar en condiciones muy propicias y la mayor parte de la isla puede convertirse en plantaciones cañeras cuya producción baratísima podría tener influencia fatal en la caída de los precios". 35 Según la opinión de Národní politika, la causa real de la intervención estadounidense en la guerra de España contra sus colonias sublevadas eran las razones económicas. El único resultado positivo del conflicto para Europa era de tipo didáctico: "Para las naciones europeas, la España decadente era un aviso de hasta donde lleva a las naciones la escasez de esfuerzo, de trabajo y fervor". 36 El único periódico importante que simpatizó claramente con los Estados Unidos fue Národní listy. Durante los primeros meses del año 1898 aportó sólo noticias informativas y en abril aparecieron los primeros comentarios. Národní listy apreció la intervención americana como una ayuda a la nación cubana comparando esta acción con la guerra de Rusia contra el imperio turco en los Balcanes, presentada como el apoyo a la 33 "Válka americko-Ópanlská a zájmy evropské" ("La guerra americano-española y los intereses europeos"), Ibídem, n.o 106, 17 de abril de 1898, pág. 1. LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA lucha de los búlgaros contra la opresión tiránica. Las actividades de los Estados Unidos no significaban la anexión, sino una guerra por "la liberación de un pueblo pobre, oprimido por un gobierno ajeno, inhumano y bárbaro". 37 Considerando la guerra como un conflicto entre el tradicionalismo español y la modernidad estadounidense, el autor no ocultó su fe y esperanza en la victoria de la segunda. Cada número del periódico desde mayo a junio traía los ecos de las capitales europeas y americanas sobre el transcurso de la guerra, las comparaciones de la economías, flotas y ejércitos de los participantes del conflicto y la crítica de la política colonial española, presentando a España como símbolo del catolicismo y de los regímenes reaccionarios del viejo mundo. Národní listy mencionaba repetidamente la participación de los emigrantes checos en la guerra y la ayuda prestada a la nación cubana que luchaba por su independencia. Después de las noticias que llegaron desde las Filipinas y las de la victoria de la flota estadounidense en la Bahía de Manila, los periodistas esperaban cada día del mes de junio la misma noticia desde Santiago. El 16 de julio comentaron la caída de esta ciudad como fin de la guerra, comparándolo una vez más con los Balcanes y con la caída de Plevno y llamándolo "...fin del orgulloso dominio sobre otras naciones, la cubana y la filipina, y al mismo tiempo, la pérdida de los últimos restos de la potencia mundial, antaño terrible". 38 La derrota de España significaba también la derrota del militarismo europeo, concluía el autor de ese comentario. Durante agosto, Národní listy cambió de postura para con los cubanos, presentando a los "luchadores por la independencia nacional" de la primera mitad del año 1898 como un grupo de generales y políticos que buscaban la oportunidad de cómo apoderarse del gobierno. Los Estados Unidos tenían en esta situación el deber civilizador de educar a los independentistas en la democracia y, después, entregarles todos los derechos del estado soberano. 39 No obstante, para Národní listy la guerra había terminado con la caída de Santiago y, salvo excepciones, no aparecieron más noticias ni comentarios sobre el desarrollo de los asuntos ligados con el conflicto y con el tratado firmado en París. 39 Esta opinión aparece también en la memoria del viajero checo Enrique Stanko Vráz, que visitó Cuba en 1897, publicada bajo el título "Santiago de Cuba", en: Národní listy, vol. XXXVIII, n.o 280, 11 de octubre de 1898, págs. 1-2. Hay que mencionar también que quizás la mayor autoridad en la problemática del colonialismo español de fines del siglo XIX orientado al caso de las Filipinas y que vivió en Bohemia, Ferdinand Blumentritt, 40 presentó en aquel tiempo su postura poco positiva frente a los EE. 41 Después de la declaración de la guerra, en una pequeña imprenta afuera de Praga se publicó el folletito NámoÍská válka Ópanlsko-americká (La Guerra naval hispano-americana). 42 En la introducción, su autor apunta: "a pesar de que la guerra naval hispano americana resulte, quizás, demasiado lejana para el pueblo checo, no dudo que la gran parte del público checo observará este enfrentamiento con un interés afectuoso por las razones siguientes...". 43 La primera de esas razones era la experiencia de la nación checa con la opresión ajena y con la lucha por la libertad. Por eso, los checos podían apreciar la justa lucha de una nación desgraciada sabiendo que se acercaba también el momento en que ellos mismos lucharían contra sus opresores. La segunda razón era el hecho de que en los Estados Unidos vivía una numerosa emigración checa. El autor expresó su opinión de que: "muchos entusiasmados compatriotas nuestros entrarían en las tropas como voluntarios participando de esta manera en nombre de la libertad en la guerra por los derechos del desdichado pueblo cubano. Naturalmente, los destinos de esos compatriotas-soldados nos interesarán a nosotros en Bohemia". 44 Por eso, el autor ofreció al lector checo una breve información sobre España, los Estados Unidos y Cuba, para que se pudiera orientar en el conflicto bélico. Informando sobre España mencionó su gran pasado 45 y -en el capítulo intitulado Historia- 46 dedicó mucha atención a la colonización de América, criticando la política adoptada para con los nativos y la institución de la esclavitud. Escribiendo sobre las guerras de la independencia en América, las atribuía a la inestabilidad en la Península, que las colonias aprovecharon para pedir la igualdad de derechos con la metrópoli. El rechazo de las exigencias de los portavoces de las sociedades en América por parte del gobierno español causó la proclamación de la independencia acompañada por guerras sangrientas que culminaban con la victoria del partido que luchaba en una guerra justa. El autor atribuía también el subdesarrollo de la industria y de la agricultura españolas, entre otras cosas, a la disminución de la población causada por la emigración a América y como consecuencia de las guerras religiosas. Tras la descripción de España seguían las páginas dedicadas a los Estados Unidos, en las que el autor subrayó el nivel fascinante de la economía estadounidense, mencionando ante todo la industria y el desarrollo del comercio en la segunda mitad del siglo XIX y vinculando los éxitos de la economía con el nivel de la enseñanza. Al inicio del capítulo sobre la historia, el autor compara de manera interesante el mismo proceso de la lucha contra las metrópolis europeas en las colonias americanas de la Gran Bretaña y las de España. A los eventos más importantes en la historia de los EE. UU. pertenecía, según su opinión, la guerra civil, que consideraba como una lucha por la liberación de los esclavos. La admiración que tenía a los Estados Unidos la reflejan las sentencias que concluyen esta parte del folleto: "La Unión es un país libre, un país de derechos iguales, en el que no existe ni la aristocracia, ni la diferenciación en las capas de la población urbana y campesina. La igualdad política empezó en 1870 y la libertad grande en toda la vida tiene grandes consecuencias en la vida de todos los americanos. Su vida, no encadenada por los hierros y pesadillas, avanza con una rapidez siempre mayor... Europa no sirve más de modelo para los Estados Unidos los que, en muchos casos, además de ser ejemplo para nosotros llegan a ser hasta un ideal no alcanzable...". 47 La tercera parte del folleto, dedicada a Cuba, la abría su autor con la opinión de que la isla significaba para la caja estatal española, siempre vacía, una mina de oro que España consideraba lo mejor de todas sus colonias americanas. Su riqueza consistió en la caña de azúcar, en el café y en el tabaco de una calidad extraordinaria. No obstante, la política española en la isla provocó un gran descontento que siempre iba aumentando y que desembocó en algunos alzamientos, el más grande de ellos en el año 1868. JOSEF OPATRNÝ denó una nueva insurrección. Según las palabras del autor del folletito, los españoles que durante meses no lograban liquidar las tropas de los independentistas apoyadas por capas amplias de la población rural y urbana, empezaron con la política de Weyler el programa de reconcentración. El traslado de la población rural desde las regiones insurrectas significaría, según este programa, hambrear a los guerrilleros y, por consiguiente, la victoria sería de los españoles. En este contexto, el autor informó sobre los daños que la población civil sufrió con esta política, ante todo "los ancianos, las mujeres y los niños", refiriéndose a los resultados de la investigación del senador estadounidense Gollinger. "Según las estimaciones de los españoles mismos, al menos 210.000 de esos desdichados fallecieron por hambre. Y si no llega la ayuda de los Estados Unidos, fallecerán aún otros, de tal manera rezaban las noticias mandadas a la Unión". 48 Dicha política despertó, según la opinión del autor, grandes simpatías hacia los cubanos en los EE. UU. donde "el pueblo" pedía una intervención de su gobierno. Sin embargo, no fue esa reacción del público norteamericano lo que cambió la política de España en la colonia. Hasta el momento en que los españoles "convirtieron la isla floreciente en un desierto de pobreza y de hambre", 49 no nombró el gobierno madrileño al nuevo capitán general. No obstante, las reformas del general Blanco llegaron demasiado tarde y los insurgentes ya no pedían menos que la independencia. En aquel tiempo de crisis ocurrió la explosión en el crucero "Maine", que aumentó la enemistad del público estadounidense hacia España. Resulta interesante que, si bien el autor checo no atribuye categóricamente la culpa de la explosión a España, 50 opina que precisamente la explosión impulsó una nueva ola de intervencionismo en la sociedad estadounidense, frenada sin embargo en sus manifestaciones por la postura antibélica del presidente McKinley. En ese mismo tiempo se desencadenó una fuerte campaña antiamericana en España acompañada por las manifestaciones masivas en contra de los Estados Unidos y su presidente: "A ambos gobiernos, el americano y el español, no le quedó otro remedio que fortalecer los ejércitos y preparar la guerra, obligados a ella por las masas indignadas y por la indignación del pueblo". 50 La cuestión de la explosión del "Maine" representó hasta los años sesenta del siglo XX uno de los puntos siempre investigados por los historiadores y periodistas. Parece que el secreto de la explosión la esclareció Rickover, H. G.: How the Battleship Maine Was Destroyed, Washington D. C., 1976. LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA En esta situación McKinley intentó rebajar una vez más la tensión e impedir el conflicto abierto pidiendo el final de la insurrección en Cuba mediante medidas pacíficas. También el gobierno español mostró su complacencia en acabar con la guerra ofreciendo a los insurrectos el armisticio que, sin embargo, no fue aceptado. Tampoco ayudaron las actividades de la potencias -"el pueblo pedía solamente la guerra". 52 El Congreso de los Estados Unidos -escuchando esta voz-aceptó la resolución que proclamó el derecho del pueblo cubano a alcanzar la libertad e independencia, rechazó la política española en Cuba pidiendo categóricamente que el ejército español se marchara de la isla y dio al presidente americano los plenos poderes para realizar esta resolución. La firma de McKinley y el envío del ultimátum americano a Madrid significaron la interrupción de las relaciones diplomáticas entre ambos países. El gobierno español no aceptó el ultimátum y la guerra estalló. Después de esta información, el autor del escrito proseguía con un breve análisis del estado de las fuerzas armadas de ambos países y de la economía que, en el caso de España, no despertaba grandes esperanzas. La amenazante bancarrota financiera del gobierno madrileño representó un peligro muy serio para la financiación de la guerra y, al mismo tiempo, la única desventaja sustancial de España en comparación con los EE. El autor encontró más o menos equilibradas las fuerzas armadas y concluyó esta parte de su información reproduciendo las opiniones de los especialistas presentadas en la prensa. El resultado de la guerra dependería de la calidad de las flotas ya que se efectuaría prácticamente sólo en el mar. En el caso de combates en la tierra firme, transcurrirían -siempre según nuestro autor-en Cuba o en otras islas. La flota americana tenía la gran ventaja en la cercanía de sus bases a los campos de guerra, mientras que los españoles debían cruzar el Atlántico. La circunstancia quizás más importante era el estado financiero de ambos países. También en este caso la situación parecía más ventajosa para los EE. Mientras que sufridas, eventualmente, las primeras derrotas, los americanos podían movilizar sus recursos, el poco éxito de los españoles significaría, con suma probabilidad, "la revolución y la expulsión de la dinastía actual". 53 El autor mencionó a Don Carlos, quien esperaba su oportunidad, y prevenía que la posible guerra provocada por los carlistas en España podía significar una 52 Ibídem. JOSEF OPATRNÝ conflagración bélica en toda Europa. En lo que se refería a las simpatías de los gobiernos europeos, diferían fundamentalmente: con la Unión simpatizaban los ingleses, mientras que la mayoría de los franceses e italianos, los alemanes y la Austria oficial (el subrayado es del autor del folletito) apoyaban a España y solamente Rusia mantenía una postura neutral. No obstante, opinó el autor, todos los estados mencionados podrían intervenir en la guerra si los acontecimientos dañaran sus intereses económicos. El autor concluía su información sobre la guerra presentando su opinión personal acerca del resultado del conflicto: "La guerra hispano-americana, que es un acto de justicia y de generosidad por ayudar a hombres valientes a defender su libertad en contra de los opresores, terminará sin duda con la victoria de los americanos y con la expulsión de los españoles de Cuba para siempre". 54 Hicimos constar que el autor de la última relación más extensa sobre la guerra hispano-americana mencionaba repetidamente el interés de la sociedad checa por los destinos de los compatriotas -emigrantes que vivían en los Estados Unidos-durante este conflicto bélico. Precisamente este grupo tuvo un contacto directo con los acontecimientos y la prensa checo-americana observaba con una gran atención el desarrollo en Cuba, las relaciones entre los EE. UU. y España y, más tarde, naturalmente, ante todo los preparativos para la invasión americana de la isla y las operaciones de las tropas norteamericanas en las colonias españolas. Los numerosos periódicos checos 55 publicados principalmente en Chicago, Nueva York, St. Louis, etc., es decir en los centros donde más se concentraban los emigrantes de los países checos, no siempre presentaban las mismas opiniones que, en muchos casos, incluso diferían sustancialmente. Podemos dividir esas opiniones en tres grupos básicos. Dos primeros grupos representaban las ideas de los emigrantes "viejos", es decir, de la primera gran ola que había llegado a América en los años sesenta y setenta. Esta emigración, a fines del siglo ya se había compenetrado con la sociedad de su nueva patria en tal medida que no hacía diferencia entre "nosotros" y los americanos, mientras que los participantes de la emigración obrera de la segunda mitad de los años ochenta y del último decenio 54 Ibídem. 55 Sobre esa prensa periódica ver Òtdronský, F.: Zahraniní krajanské noviny, asopisy a kalendáÍe (Los periódicos, revistas y almanaques publicados por los checos naturalizados en el extranjero), Praha, 1958. LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA del siglo XIX a menudo se ponían en la oposición, en algunos casos muy aguda, contra los americanos, a quienes identificaban, frecuentemente, con sus patrones. No obstante, el primer grupo resultaba dividido en su postura hacia la guerra hispano-americana por una línea clara, trazada por la religión. A pesar de que solamente una minoría pequeña de la emigración checa fueran personas de una firme convicción católica, los portavoces de ese grupo desarrollaban muchas actividades religiosas y culturales, publicando algunos periódicos influyentes, entre otros el titulado Národ (La Nación) que hasta la segunda mitad de abril de 1898 apoyaba en sus artículos las pretensiones españolas en Cuba subrayando el carácter católico del reino español. Una posición diferente defendían, sin embargo, los periódicos de mayor circulación en la comunidad checo-americana, es decir los diarios y almanaques publicados por la editorial de August Geringer en Chicago. Geringer representaba a los inmigrantes triunfadores y bien incorporados a la sociedad de su nueva patria. Nació en 1842 en una pequeña ciudad de Bohemia, Beznice, emigrando en el año 1869 a los Estados Unidos. Tipógrafo cualificado, empezó su carrera americana en Chicago vendiendo libros e intentando editar prensa checa. Después de unos principios difíciles, su periódico Svornost (La Concordia) llegó a ser el más grande y más conocido entre la prensa publicada para la comunidad checo-americana. Geringer editaba toda una serie de revistas, almanaques y periódicos cuyos materiales no diferían, naturalmente, de los que presentaba Svornost. Geringer pertenecía a aquella parte considerable de los periodistas y políticos estadounidenses que a pesar de que criticaban la política española en sus colonias, ante todo en Cuba, no simpatizaban en absoluto con la idea de la intervención americana en esa isla temiendo las consecuencias de la guerra, ante todo para la vida económica de los Estados Unidos. Desde 1895, los periódicos de Geringer informaban extensamente sobre los acontecimientos en la isla vecina rechazando muy severamente ante todo la política del capitán general Weyler. 56 Comparando el tono de los periódicos de Geringer con el de algunos títulos de la prensa americana del editor Hearst, Svornost o Amerikán (El Americano) parecen muy conservadores y cautelosos. Todavía en el tiempo del hundimiento del "Maine" en las cercanías del puerto de La Habana, 56 En este contexto surge, naturalmente, la pregunta ¿en qué medida conoció el autor del folletito NámoÍská válka Ópanlsko-americká el contenido de los periódicos de Geringer que circulaban en la sociedad checa, encontrándose al menos en la biblioteca pública de Náprstek, en Praga? JOSEF OPATRNÝ Amerikán mantenía una posición moderada, mencionando como una de las posibles causas de la catástrofe un accidente a bordo del barco. 57 No obstante, durante la primavera de 1898, la postura de los periódicos publicados por la casa editorial Geringer cambió sustancialmente y en abril los periodistas exigían ya la guerra contra España. En las páginas de Amerikán apareció una consideración curiosa. El autor del editorial 58 se identificó con la opinión de la mayoría de la prensa estadounidense, considerando la guerra como una lucha por la libertad contra la opresión tiránica. Sin embargo, después hizo un paralelismo histórico: al mencionar el papel negativo de España, el autor escribió sobre el "catolicismo español" en la historia checa -en la Guerra de los Treinta Años y en la batalla de la Montaña Blanca. Este momento parece muy interesante al menos por dos razones: atestigua los buenos conocimientos históricos de los checos, lo que se relacionaba, indudablemente, con la orientación histórica del renacimiento nacional checo, 59 y demuestra que -a pesar del proceso de asimilación de los emigrantes checos en la sociedad estadounidense, la que precisamente Geringer y su grupo apoyaban y apreciaban-los emigrantes checos mantenían siempre cierta conciencia de una identidad doble, considerándose al mismo tiempo americanos y checos. No obstante, es verdad que la comparación de la situación en el Caribe con la de Europa central apareció ya antes. Hay un testimonio de ello en las memorias de uno de los representantes del movimiento obrero checo, Gustav Habrman, quien en los años noventa buscó asilo en los Estados Unidos. En su libro 60 dedicó mucho espacio a la descripción de su intento de incorporarse a las tropas de los insurrectos en Cuba en los años 1896-1897, 61 comparando en un capítulo de sus memorias a Antonio Maceo con el héroe nacional checo del siglo XV, Jan ðiñka. 62 Los periódicos checo-americanos empezaron a publicar también en abril de 1898 las informaciones sobre las reuniones de los emigrantes che-cos en Chicago, Nueva York y otras ciudades cuyos participantes propusieron la formación de cuerpos militares, compuestos únicamente de personas de origen checo, para luchar en la guerra hispano-americana. 63 Incluso los periódicos católicos publicaron en ese tiempo las proclamas siguientes: "Si no estás limitado por la situación familiar, cógete tu arma y arriba a la lucha por la libertad de la Cuba desgraciada". 64 Una opinión contraria la defendió el periódico Dlnické listy (Diario obrero) publicado por la asociación de obreros de procedencia checa en Nueva York, una de las ciudades en las que esta emigración obrera checa era muy fuerte, formando la misma una parte importante de la población de esa metrópoli. 65 El autor del artículo, del 23 de abril, con un título característico de "¿Qué hacer hoy?", 66 rechazó decisivamente todas las guerras, advirtiendo que no significaban más que sufrimiento para la población de todos los estratos sociales y un dineral inmenso para los monopolios, enemigos mortales de los intereses de la clase obrera. Algunos días más tarde, el corresponsal de Dlnické listy en Chicago informó a los lectores sobre la reunión de la asociación deportiva Sokol (El Falcón). 67 En esa reunión se propuso una vez más la formación de un cuerpo checo que participaría en la guerra hispano-americana, lo que el autor de la noticia comentó despectivamente, escribiendo no obstante al mismo tiempo: "Declaro que -por todos esos hechos terribles, cometidos en sus colonias-el castigo ejemplar de la España soberbia sería imprescindible. La historia de las colonias es una historia de sangre, barbarie y 63 Ver, por ejemplo, el artículo "Schçze eských dobrovolníkç" ("Reunión de los voluntarios checos"), Amerikán, vol. XXIII, 28 de abril de 1898, n.o 34a, pág. 20. 65 La colonia más numerosa de obreros de procedencia checa existió en ese tiempo en Chicago; no obstante, en esta ciudad actuaban también los portavoces de las capas medias de la misma nacionalidad que, al parecer, influyeron en los sectores obreros de este lugar en el sentido del pensamiento "nacionalista" americano, o sea antiespañol. Fue precisamente en Chicago donde publicaba sus periódicos August Geringer y donde los organizadores de los meetings probélicos desarrollaron sus mayores actividades. 67 Sokol, fundado en 1867, se convirtió rápidamente de un símbolo puramente deportivo en un símbolo de la vida nacional checa. Los miembros de esta organización desarrollaron muchas acciones culturales, públicas y políticas, acentuando siempre que sus actividades deportivas servían como preparación para el cumplimiento de las tareas "nacionales" en otras esferas. Con motivo de los aniversarios "nacionales" organizaban fiestas, demostrando su voluntad de proteger los intereses de la oprimida nación checa. Sokol contó pronto no solamente con miles de organizaciones que agrupaban una cantidad siempre creciente de miembros en todo el país, sino que tuvo también muchos grupos entre los emigrantes checos de diferentes Estados, que deseaban apoyar los lazos entre la nueva y la vieja patria esperando que de esta manera ayudarían a la destrucción del régimen opresor en Bohemia. Actividades muy fuertes en este sentido desarrollaron precisamente las organizaciones del Sokol en los EE. 68 Un autor anónimo presentó en su artículo en Dlnické listy una opinión aún más crítica. 69 Informando sobre los centros de reclutamiento en Nueva York se refirió a los checos que solicitaban el ingreso en las tropas americanas de manera siguiente: "Además de zapatos llenos de agujeros y algunos trapos, llamados vestidos, no ves en ellos nada más que cuerpo desnudo con estómago violento... Al mirar a estos desdichados te llega a la mente una idea: ¿No deberían defenderse antes contra los americanos, ya que son ellos los que les roban todo? 70 La postura crítica de Dlnické listy hacia la guerra y hacia los Estados Unidos no cambió durante todo el tiempo del conflicto. En verano, Dlnické listy informó sobre la tensión entre el ejército americano en Cuba y los órganos militares de los insurrectos advirtiendo que los EE. UU. introducían en la isla una dictadura militar. La administración y el gobierno estadounidenses "después de la guerra irían a cortar a los cubanos la libertad hasta tal punto que no les quedaría más que una frase de paja". 71 Observando el cambio de la presentación de los insurrectos cubanos en la prensa y opinión pública estadounidenses, 72 el corresponsal de Dlnické listy residente en Chicago expresó algunos días más tarde la misma conclusión: "Mientras que la opinión pública de los anglosajones simpatizaba antes con los cubanos, ahora empieza a dirigirse contra ellos, ya que las velas inglesas de aquí se esfuerzan por presentar el desgraciado pueblo, azotado por el dominio español, como un populacho harapiento y salvaje. Esto no significa otra cosa que el gobierno de los EE. UU. quiere privar a los cubanos de la libertad prometida. No me siento profeta ni político, no obstante, según las circunstancias existentes, opino que los proyectos de libertad fracasarán". 69 "Z newyorského ovzduÓí a válenického cirku" ("Del ambiente neoyorquino y del círco bélico"), LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA EN LA PRENSA CHECA reflejaban cambios de postura. Durante los primeros meses de la guerra, las simpatías para con los insurgentes cubanos se hacían patentes no solamente en los editoriales y en los artículos de los periodistas sino también en las cartas de los soldados de origen checo que formaban parte de las tropas invasoras estadounidenses en Cuba. Algunos de ellos escribieron sobre sus experiencias de las batallas, 74 otros dirigieron su atención a los cubanos y a la naturaleza de la isla. FrantiÓek Jeniek, del primer regimiento de Caballería que llegó a Cuba con uno de los primeros transportes, perteneció a los admiradores de los insurgentes subrayando su voluntad de luchar por la libertad hasta la victoria final. En una de sus cartas escribió: "desearía que vieran a los cubanos que, pobres, a pesar de no tener a veces más que la cartuchera, luchan -jóvenes y viejos-con el mismo entusiasmo". 75 En otra carta mencionó también la situación de los civiles cubanos diciendo: "Conocí a los cubanos y me veo obligado a decir que su estado es horrible... Están medio muertos de hambre, desnudos por completo...". 76 No obstante, después de tomado Santiago de Cuba por los americanos, en el contexto del empeoramiento de las relaciones entre García y los jefes de las tropas estadounidenses apareció la crítica de las tropas insurgentes. El autor del artículo con un título característico ("¿Qué suerte espera a Cuba?") 77 expresó sus dudas en lo que tocaba a las capacidades organizadoras de los jefes del ejército cubano y a la eficiencia de los órganos gubernamentales del Estado insurgente. Según la opinión del autor, la administración no debía entregarse a los cubanos antes de tranquilizarse la situación con el fin de asegurar a los comerciantes y empresarios de los EE. UU. condiciones apropiadas para sus negocios. Cuba debía convertirse transitoriamente en un territorio gobernado por la administración estadounidense para poder desarrollarse hacia el fin deseado -es decir, hasta formar un mercado consolidado capaz de absorber productos de los 74 M. erný describió el primer contacto con las tropas españolas en su carta del 26 de junio de 1898 diciendo: "El día 20 de este mes arribamos a Cuba; sin embargo, de los españoles no había ni señal. Avanzamos, pues, hacia Santiago y en la marcha el cuarto día encontramos aproximadamente 1500 españoles. Empezamos a disparar, y en medio minuto los dispersamos. Matamos a 79, habiendo perdido tan sólo 17 hombres. Ahora seguimos avanzando hacia Santiago; escribiendo esto, no faltan más que 8 millas para llegar." carta de M. erný del 26 de junio, en: Amerikán, vol. XXIII, 25 de julio de 1898, n.o 46b, pág. 1. 75 FrantiÓek Jeníek en carta del 3 de julio. JOSEF OPATRNÝ Estados Unidos. No sorprende mucho que Dlnické listy criticara severamente este proyecto del protectorado estadounidense en Cuba, si bien limitado a un período breve. Según la opinión expresada en el periódico, tal protectorado reemplazó a la "plutocracia española" y los cubanos no tenían otra posililidad que continuar en su lucha por la libertad "contra los ladrones modernos, los capitalistas". 78 El análisis de las opiniones de la prensa checo-americana demuestra que la guerra hispano-americana se reflejaba en dichos periódicos de manera similar a las expresadas por la prensa estadounidense. Una parte de los titulares criticaba la invasión y la guerra, no obstante, la mayoría de la prensa mostraba apoyo a la política del gobierno estadounidense. Hay que acentuar que los periódicos checo-americanos no informaban solamente al público checo en los Estados Unidos, sino que servían también como una fuente importante de informaciones directas para los lectores en la "patria vieja". Sin embargo, resulta patente que la fuente principal de las informaciones y opiniones sobre el conflicto y, naturalmente, también la institución que iba formando la imagen de la guerra hispano-americana en la sociedad checa eran los periódicos y revistas publicados en el país. Para la sociedad y para los periodistas checos, la guerra lejana no era objeto de un interés económico o político directo, no obstante, servía como oportunidad de presentar su postura a un nivel ideológico general. Los liberales apoyaban a los Estados Unidos presentando su sociedad como un símbolo del liberalismo y como defensor del derecho a la lucha por la libertad nacional. Un papel importante para la actitud de la sociedad patriótica checa lo desempeñó también el hecho de que la política oficial austríaca buscaba las posibilidades de cómo apoyar al gobierno de España. Ese país católico encontró también las simpatías en la prensa católica que defendía en España las tradiciones y la religión. Por el contrario, la prensa del movimiento social y obrero criticaba la guerra por principio, ya que perjudicaba los intereses de la mayoría de la sociedad, ofreciendo ganancias solamente al capital. Diferencias marcadas entre las opiniones de los periodistas alemanes y checos, siempre en el marco de la prensa antibélica, hay que buscarlas, ante todo, en la oposición de la prensa socialdemócrata checa en contra del gobierno en Viena que frenaba, en cierta medida, la crí-tica de la política estadounidense al menos en un punto: allí donde estos críticos de la "guerra del capital" defendían la misma opinión que los católicos, los liberales, etc. Es que escribiendo sobre la guerra hispano-americana, la prensa checa publicada en Bohemia a fines del siglo XIX presentaba la convicción de que el derecho de las naciones a luchar por su independencia, o al menos por la mejora de sus posiciones en la esfera política, cultural y económica, pertenecía a los derechos más importantes para todas las comunidades nacionales. Precisamente este problema atrajo en aquel momento histórico el interés de todos los partidos políticos y capas sociales de la sociedad checa. La guerra hispano-americana llegó a ser, en cierta medida, un argumento más para la discusión política en un país que no tenía ningún interés directo en los resultados del conflicto.
Sin embargo, al contrario que el presidente Cleveland, McKinley no apeló a esta Doctrina como justificación de su política exterior iberoamericana o de su actitud ante la guerra hispano-cubana, por lo que se interpreta que las referencias a ella en el discurso periodístico peninsular de estos años obedecen a móviles más relacionados con los resortes y objetivos de la propia retórica periodística, dentro del contexto de la política española, tanto doméstica y colonial como internacional. Esto explica las contradicciones y diferencias interpretativas en torno a la Doctrina Monroe que se reflejan en la prensa española. * Trabajo realizado dentro del proyecto de investigación PB 96-0868 (DGES). Provocó un verdadero revuelo internacional la extraordinaria interpretación dada a la Doctrina Monroe en 1895 por el presidente Cleveland y su secretario de Estado Richard Olney, a raíz de su intervención en la disputa anglo-venezolana sobre los límites de la Guayana Británica. En síntesis, la 'nueva' Doctrina Monroe daba el derecho a los Estados Unidos a intervenir en casi cualquier conflicto surgido en América entre una potencia europea y otra americana. "Hoy los Estados Unidos son prácticamente soberanos en este continente, y su fiat es ley respecto de los asuntos a los cuales confinan su interposición". 1 Así pues, en 1895 la Doctrina Monroe fue protagonista principal de una grave crisis anglo-americana, captando la atención de todo el mundo occidental. De nuevo en 1900-1902, durante los debates en torno a la Enmienda Platt, y sobre todo en 1904, cuando el presidente Roosevelt reivindicó para los Estados Unidos la función de policía internacional en el hemisferio americano, esta Doctrina volvió a protagonizar la política exte-rior estadounidense. En cambio, durante la crisis de 1898 el "gran dogma americano" brilló por su ausencia en los discursos justificativos de la política del presidente McKinley; intrigante ausencia que hemos analizado en otro trabajo. 2 En noviembre de 1896, superada ya la crisis anglo-americana, los periódicos franceses Le Temps y Le Figaro comentan la actitud británica. Los diarios galos la califican como egoísta, al aceptar la interferencia de Estados Unidos e implícitamente la 'nueva' Doctrina Monroe, y sugieren que España sufrirá las consecuencias de este nuevo ensanche del monroísmo, porque crecerán las pretensiones estadounidenses respecto de Cuba. El periódico madrileño La Epoca rechaza rotundamente esta sugerencia, afirmando que el conflicto hispano-cubano no tiene nada que ver con el caso anglo-venezolano. 3 La historiografía posterior ha tendido a reforzar este análisis, pues pocas obras se plantean siquiera alguna comparación o relación entre la intervención de Cleveland de 1895 y la de McKinley de 1898. 4 No obstante, otros comentaristas españoles coetáneos sí que perciben rápidamente la relación entre ambos casos, discutiendo las posibles implicaciones para la crisis colonial española de la reciente extensión de la Doctrina Monroe. Así, en 1898 un considerable número de periodistas españoles interpretarán la intervención estadounidense en la guerra hispano-cubana como una función de la Doctrina Monroe, a pesar de que McKinley no apela a ella en ningún momento. El objeto de este estudio es, pues, analizar algunas de las interpretaciones aparecidas en la prensa española sobre este tema. 5 En octubre de 1895, La Epoca puntualiza sobre la Doctrina Monroe: "se ha sintetizado impropiamente en la frase:'América para los americanos'. La declaración de aquel presidente contenía una excepción categórica a favor de las naciones europeas que actualmente conservasen colonias en el Nuevo Mundo, en cuyo caso estaba España". 6 Esta es, pues, la salvedad que, al menos en principio, establece una garantía para las posesiones europeas existentes en América, y particularmente para las españolas en el Caribe. 7 Ahora bien, desde un enfoque ideológico democrático, la Doctrina Monroe encierra, además, principios de alto valor. El republicano Emilio Castelar lo expresa así: "El principio de no intervención es un principio rudimentario de la democracia moderna. Por él y para él surgió el credo de Monroe impidiendo que interviniera en América la terrible alianza del despotismo europeo". 8 Incluso La Epoca, aun matizando que "no hemos de entusiasmarnos con una doctrina abiertamente hostil a la influencia europea en América", recuerda el origen anti-intervencionista del monroísmo, y reconoce que "es indudable que hay muchas circunstancias que esfuerzan la aplicación de la máxima:'América para los americanos'". Para mantener el presente análisis dentro de unos límites razonables de extensión, se ha examinado una selección de periódicos de circulación nacional y diferente orientación ideológica: El Correo Español, en adelante ECE (tradicionalista carlista), La Epoca, LE (liberal conservador canovista), La Vanguardia, LV (liberal informativo catalán), El Liberal, EL (liberal reformista de afinidades republicanas), El Globo, EG (republicano castelariano), La Justicia, LJ (republicano moderado salmeroniano), El (Nuevo) País, E(N)P (republicano progresista de inclinaciones socialistas), El Nuevo Régimen, ENR (republicano federalista), y Las Dominicales del Libre Pensamiento, LDLP (republicano radical anti-clerical), diversas recopilaciones de artículos publicados en El Pueblo (republicano), Diario de Cádiz, DC, y La España Moderna, LEM, y de otros escritos y discursos de personajes políticos. 6 "España en América". 7 Los comentaristas españoles a menudo se remontan a las circunstancias históricas del mensaje de Monroe para explicar su verdadero significado, casi siempre al objeto de subrayar su valor como 'garantía' estadounidense de las colonias existentes en 1823. LE, 3 de enero de 1896, 1/1, dice que la Doctrina "puede ser juzgada.. como doctrina anti-revolucionaria o conservadora, por las naciones de segundo orden, como España, que aún conservan ricas provincias en aquella parte del mundo"; "La beligerancia de los insurrectos cubanos", "España y los Estados Unidos" y "La diplomacia de los Estados Unidos", en EL, 18 de octubre de 1895 (1/2), y 27 de noviembre (1/5) y 6 de diciembre (2/1-2) de 1896; Varela, Luis V.: "España y Estados Unidos. Monroe y Mac Kinley". Algunas de estas reconstrucciones históricas llegan a veces al disparate, como en este caso: "los Estados Unidos, por gratitud al oro derramado y a la sangre vertida por los soldados españoles en pro de su independencia, declararon con Monroe que 'América era para los americanos', y ayudaron a los enemigos de nuestra soberanía tan hidalga y gallardamente como era menester...", en "Enseñanzas de la Historia". 8 "Declaraciones del Sr. Castelar". 9 "Inglaterra y los Estados Unidos". Es más, para Rafael María de Labra, el mensaje original de Monroe no sólo no se hace acreedor de críticas, sino que se considera como digno del mayor elogio, como un gesto glorioso y eficaz en defensa de la autonomía de los pueblos y de los principios democráticos, contra el despótico intervencionismo monárquico europeo en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas.10 Labra piensa que muchos políticos y publicistas europeos, poco amigos de los Estados Unidos, deliberadamente interpretan esta Doctrina en sentido alarmista, aprovechándose de algunas "impaciencias" y "extravagancias.. de un puñado de hombres", no imputables a toda la nación estadounidense ni a su gobierno, para fomentar el anti-yanquismo popular.11 Del mismo modo, al novelista Benito Pérez Galdós tampoco se le escapa cómo los publicistas intentan manipular el sentimiento anti-yanqui para desviar la atención de otros abusos más cercanos: "Dicen que América para los americanos. América para los usureros de Madrid". 12 Todo ello suscita cierta ambivalencia española respecto de la Doctrina Monroe y la política hemisférica de los Estados Unidos. Durante la mayor parte del siglo XIX, los dirigentes políticos españoles consideran esta Doctrina como una garantía de las colonias españolas -ciertamente no solicitada, quizás no deseada, siempre incómoda y ambigüa-, pero con todo, una salvaguardia contra las apetencias de otras potencias coloniales europeas (e incluso contra las propias veleidades estadounidenses), y por lo tanto, un recurso diplomático que se debe valorar. 13 Sin embargo, los sucesivos "ensanches" interpretativos de la Doctrina Monroe comienzan a preocupar a los dirigentes y comentaristas políticos españoles de finales del siglo XIX, en vista del declarado deseo de los Estados Unidos de comprar Cuba, sus inversiones en la isla y la creciente dependencia comercial del azúcar cubano respecto de ese mercado. Cleveland, Venezuela y Cuba Cuando estalla la crisis anglo-americana de 1895, la mayoría de los periódicos españoles coinciden en la opinión, ampliamente compartida en toda Europa, de que la Doctrina Monroe no forma parte ni del derecho público estadounidense, ni, por supuesto, del derecho internacional, por lo que no tiene ningún valor legal ni diplomático, y además no es aplicable al conflicto entre Inglaterra y Venezuela. 15 Así, La Epoca niega absolutamente el derecho de Cleveland a intervenir. "La invocación de la doctrina de Monroe, para entrometerse en todo lo que afecte a las relaciones entre una potencia americana y otra europea, 14 Gabriel García Tassara, embajador español en Estados Unidos de 1857 a 1867, puede servir como punto de referencia. En cartas de 1865, mantuvo que había dos interpretaciones de la Doctrina Monroe: una puramente defensiva,'diplomática', y otra más expansiva, popular y 'política', y que el sistema de gobierno estadounidense no permitía prever cuál de ellas prevalecería en el futuro, por lo que España debía estar prevenida. Oltra, Joaquín: "El poeta García Tassara y la Doctrina de Monroe". Revista de Estudios Políticos. El reinicio de la lucha cubana en 1895 suscita alusiones a la amenaza monroísta: "No se debe olvidar que hay una potencia, Estados Unidos, que quiere contrarrestar la presencia europea en América y que aprovechará cualquier circunstancia para crearnos problemas". En la misma obra (págs. 233-235), se reproduce otro artículo del DC de 8 de septiembre del mismo año, "La insurrección cubana y los periódicos extranjeros", firmado por Emilio Castelar, en el que evidenciando una inquietud similar afirma que "digan cuanto quieran esos yankis, tan enemigos de nuestro dominio en América, y que predican una especie de panamericanismo muy semejante al moscovita paneslavismo, a nadie conviene como a ellos la continuación en Cuba de nuestra España". Con cierta incoherencia, critica a los Estados Unidos por no proteger a las repúblicas hispanoamericanas contra las agresiones europeas, y por "el pensamiento de dilatar sobre todo el Nuevo Mundo, interpretando a lo yanki la doctrina de Monroe, política tutela". LA "NUEVA" DOCTRINA MONROE DE 1895 Y EL CARIBE ESPAÑOL implica una absorción de América por los Estados Unidos, y un reto a la influencia europea que merecen serio correctivo". 16 Pocos días después, abunda en esta línea: "no hay en nuestro concepto, la menor probabilidad de que la Gran Bretaña acepte discusión sobre un tema tan vago, tan peligroso y poco diplomático. La mediación de los Estados Unidos en aquel caso, en vez de ser útil, perjudicaría a Venezuela, pues daría a un conflicto sobre rectificación de fronteras, las proporciones de una lucha de dominación, o de exclusión, nada menos que entre los dos continentes: Europa y América". 17 Por su parte, La Vanguardia afirma: "El presidente Cleveland, a quien antes de ahora se acusó de haber restringido la doctrina de Monroe, le da ahora un alcance que muchos califican de exagerado, añadiendo que ni el mismo Monroe pudo pensar esto jamás, al formular una teoría que no es, después de todo, un principio del derecho de gentes, sino que en definitiva sólo expresa y traduce un estado permanente y fijo de la opinión americana". En suma, juzga que la Doctrina de 1823 no es aceptable ni siquiera "encerrada en su natural sentido y justos límites", y menos aún se puede tolerar "la modernizada doctrina de Monroe", indicando claramente su percepción de que la "novísima interpretación" de Cleveland y Olney representa un importante cambio respecto del mensaje 'original'. 18 Absolutamente despreciativo es el novelista y diplomático Juan Valera: "Lo que es verdaderamente odioso y ridículo es que ese expansionismo yanki se apoye en la necia doctrina de Monroe. ¿Qué significa racionalmente que América ha de ser para los americanos?¿Dónde están los americanos a quienes América en todo caso pertenece? Los que han dejado vivos los yankees están acorralados como toros bravos en una dehesa o como jabalíes en un coto. Fuera de esto, América es y seguirá siendo, durante muchos siglos, de los europeos". 19 Ahora bien, legalismos y teorías aparte, el rechazo español a la validez de la 'nueva' Doctrina Monroe de 1895 se hace más rotundo por el 16 "Los Estados Unidos e Inglaterra". Véase además Vilaplana Montes, Manuel: "Juan Valera y la guerra hispano-cubana", Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, 1977, T. XXXIV, págs. 589-605. La descalificación moral de la nación estadounidense mediante la condena de su política indígena será habitual en la prensa española de estos años. Véase por ejemplo "De la prensa extranjera sobre la guerra" y las entregas de la novela "Infamias yankees, o el exterminio de los pieles rojas", en EP, 26 abril 1898 (1/4) el primero, y del 17 de abril (2/1-5) al 4 de septiembre (2/1-4) del mismo año las segundas, y la nota 59. SYLVIA L. HILTON temor ante la perspectiva de que se utilice para justificar una intervención estadounidense en el conflicto hispano-cubano. Tras la pretensión de Cleveland de intervenir en todas las disputas territoriales suscitadas entre europeos y americanos, la prensa peninsular claramente percibe como amenaza para las posesiones españolas del Caribe este fortalecimiento del secular afán monroísta de ver el hemisferio americano liberado de todo colonialismo europeo. 20 En principio, la mayoría de los periódicos políticos españoles defienden la soberanía española en Cuba, con o sin recortes, y creen que la postura de neutralidad que mantiene Cleveland en 1895 es aceptable, llegando algunos incluso a elogiar su liderazgo y su conducta hacia España. 21 Evidentemente, mientras Cleveland permanece en una actitud favorable para los intereses españoles en Cuba, no resulta muy prudente ni diplomático señalar la conexión entre los conflictos anglo-venezolano e hispanocubano desde la perspectiva de la nueva extensión que se acaba de dar a la Doctrina Monroe. A la mayoría de los observadores peninsulares, defensores del mantenimiento del statu quo de las provincias españolas de Ultramar, no les interesa particularizar tanto, ni llamar la atención sobre su propio problema colonial, tan reciente y angustiosamente renovado, estableciendo una comparación entre los dos casos. 22 20 En seguida se palpa el temor de la posible aplicación de la Doctrina Monroe para justificar la intervención en Cuba. "La actitud de los Estados Unidos con relación a España y Cuba", LV, 11 de octubre de 1895, 4/3-4, critica la explotación por la clase política americana de la ignorancia popular: "la parte menos ilustrada de la opinión pública en los Estados Unidos, entre la cual corre, como aplicable a la insurrección cubana, la sabida Doctrina de Monroe (América para los americanos) y se invoca y trae a cuento en todo conflicto o cuestión que surja entre cualesquiera americanos y europeos cualesquiera, sean quienes fueren unos y otros". New York, 1961, págs. 85-86, ofrece una especulación interpretativa original, no comentado por otros autores, acerca de los motivos que pudo encerrar el mensaje presidencial de 17 diciembre 1895. Sugiere "puede incluso que Cleveland emitiera el mensaje en parte como advertencia a las potencias europeas que pudiesen aliarse con España" en Cuba. El mismo periódico, (20 del mismo mes y año, 1/4), dice: "Es muy general aquí, entre la gente sensata, la opinión de que Mr. Cleveland es superior a su partido; yo voy más lejos y digo que en algunas ocasiones, como en el asunto de las islas Hawai y en el de los insurrectos cubanos, el actual Presidente de la República ha demostrado ser superior a su país". 22 Se trata de una manifestación concreta de una actitud general señalada por Gil Munilla, Octavio: "Cuba, problema español, 1891-1898", Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, 1952, t. IX, págs. 499-500: "La intervención más o menos directa de los Estados Unidos se había convertido en una especie de compartido secreto, el silencio patriótico, al que se prohibía implícitamente toda alusión. Y no por razones de prudencia, sino por las mismas que mueven al avestruz a esconder su cabeza". Como se ve, este autor lo interpreta como muestra de irracionalidad. No obstante, el "silencio" a que alude no será tan cerrado. Por esta razón, La Epoca informa sin comentario sobre un artículo del periódico londinense The Standard, portavoz de Lord Salisbury, quejándose de la interferencia de Cleveland en la disputa anglo-venezolana, mientras que mantiene una estricta y correcta neutralidad en la guerra cubana. 23 Tampoco hacen La Justicia y El Liberal más que informar en la página 3 sobre el debate periodístico británico, que intenta trazar una conexión monroísta entre los dos conflictos. 24 No es que desconozcan los observadores españoles dicha conexión. Sin duda suscribe La Epoca el dicho'a buen entendedor, pocas palabras', cuando opta por publicar sin comentario las partes del mensaje de Olney que pueden tener mayor aplicación al caso hispano-cubano: "Una distancia de 3.000 millas a través del Océano hace que sea contraria a la naturaleza y que deba, por tanto, condenarse la unión política permanente de un Estado europeo y de un Estado americano. A la distancia kilométrica que separa a Europa de América, se agrega una distancia moral más grande aun, esto es, la que establece la convicción de que si el principio monárquico puede parecer bueno en Europa, tiene que parecer malo en un Continente nuevo. La intervención de una Monarquía en América es sospechosa y puede dar motivo a represalias. Los Estados Unidos no pueden tolerar que ningún Estado de Europa intervenga por medio de la fuerza en ningún Estado americano". 25 Asimismo, en velada alusión a las implicaciones de todo esto para España, La Epoca, aun negando la validez legal de la Doctrina Monroe, reconoce que el gobierno de los Estados Unidos "tiende a erigirse en representante del Nuevo Mundo en sus relaciones con los Estados de Europa". Añade que "como frase que revela una tendencia del pueblo norteamericano tiene significación y valor indisputables", mostrando tener conciencia de que la importancia de la Doctrina Monroe en el discurso público doméstico estadounidense transciende lo estrictamente legal, entrando en el terreno resbaladizo de la simbología nacional. 26 El Liberal también tiene cuidado de subrayar la inexistencia de cualquier conexión legal entre ambos casos, al mismo tiempo que recuerda la interpretación 'restrictiva' conservadora de la Doctrina Monroe. Las rela-ciones hispano-estadounidenses en lo tocante a Cuba tienen importantes precedentes, dice, pero que "no lo es, ni tiene nada que hacer en ellos, la doctrina Monroe. Cualquiera que sea el sentido que se la dé, y hay para todos los gustos, la política de los Estados Unidos en Cuba tiene su historia, sus antecedentes y su criterio especial. Aun sin éstos, la doctrina Monroe carecería de aplicación al caso actual, pues según acaba de definirla Mr. Olney, en su nota a Inglaterra sobre la cuestión de Venezuela, esa doctrina consiste en afirmar 'que ninguna potencia europea podrá aumentar por la fuerza sus territorios en el continente americano'". 27 En cambio La Vanguardia no se resiste a la protesta abierta y, respondiendo a la provocación percibida, insiste que la Doctrina no obliga a España a abandonar Cuba,28 por mucho que en los Estados Unidos se hable de la relación entre los dos conflictos. 29 Tampoco anda a la zaga El Liberal en advertir el peligro para las posesiones españolas,30 y, por si alguien no se percatase de la conexión, aclara: "Tal vez pregunte alguien:¿Qué tiene que ver Cuba con la cuestión de Inglaterra? Pues no tiene más relación sino que Cuba pertenece a Europa, y Europa, por medio del gabinete de Londres, ha dado un golpe muy duro al pan-americanismo". Entiende que el rechazo de la Doctrina Monroe por Lord Salisbury no hará sino fomentar el belicismo estadounidense, lo cual perjudicará la causa española en Cuba. 31 Aun más vitriólica es la condena lanzada por Emilio Castelar, cuando la crisis anglo-americana ha entrado ya en vías de solución, pero estando el conflicto hispano-cubano en pleno auge. Lamenta la "entrada en escena de los Estados Unidos, quienes pretenden arrogarse por interpretaciones absurdas y maquiavélicas del dogma de Monroe un arbitraje nato para dirimir pleitos entre las potencias americanas y potencias europeas, amén de un pontificado enriquecido con excomuniones y anatemas que se permiten con insolencia patente y sin derecho alguno sobre nuestro modo de combatir insurrecciones interiores,...". 32 El mes siguiente, Emilio Castelar denuncia la amenaza que flota sobre Cuba, apelando a la tradicional interpretación española en una carta abierta al pueblo estadounidense: "Y no invoquéis la doctrina de Monroe, desconociéndola y falseándola. Esta doctrina se revuelve contra la reconquista de América por Europa; mas reconoce la posesión secular de los territorios europeos en ese continente, y con especialidad del territorio antillano". 33 Sin embargo, no todo son silencios tácticos o desautorizaciones. Algunas voces republicanas adoptan otras posturas. En octubre de 1895 La Justicia, por ejemplo, después de meditar sobre la fortuna de ciertas frases con alto (aunque cambiante) valor propagandístico, define la Doctrina Monroe en términos favorables. "Es nada menos que el reconocimiento de la independencia y autonomía de todo organismo político o de todo ser para el cumplimiento de su propio derecho; es la negación de toda autoridad y soberanía impuesta desde fuera; es la afirmación de la sustantividad de todo cuerpo social para vivir y determinarse lo que se encierra en esas cuatro palabras,..'América para los americanos'". El periódico reconoce la justicia y la inevitabilidad de la propuesta, aun sosteniendo que el momento no ha llegado todavía para Cuba, al tiempo que rechaza de plano la opción anexionista. "España como América se encuentran para la aplicación de la llamada doctrina de Monroe, no allí donde los confeccionadores de cartas geográficas tiñen los continentes de verde o de encarnado, sino en donde palpita el espíritu de nuestra raza. América podrá ser algún día para los americanos; pero España tiene forzosamente que ser para los españoles, y Cuba es un pedazo de España...". 34 Asombra ver cómo este mismo periódico, en su afán por criticar la política exterior de la Restauración, a los pocos meses se contradice del siguiente modo: "Puede que alguno de los cancilleres de menor cuantía que tiene la restauración para casos de apuro, haya tomado en serio la mal llamada doctrina de Monroe, que no es tal doctrina, ni en rigor es de la inventiva intelectual de Monroe, ni es más que una colección deshilvanada de afirmaciones incoherentes que no suponen que América sea sólo para los americanos. Aun admitiendo que tal pensara Monroe,...". 35 La comprensión de semejante cambio reside quizás en la tensión creada en el seno de la minoría republicana entre su inclinación ideológica, en principio favorable a la interpretación idealista tradicional de la 33 Castelar: "Crónica Internacional", LEM, marzo de 1896, Ibídem, pág. 352. SYLVIA L. HILTON Doctrina Monroe, y su decisión estratégica de aprovechar todos los recursos retóricos proporcionados por la crisis colonial para desestabilizar el régimen español. 36 Dicha estrategia se basa en la adopción de una actitud patriótica, irredentista, que critica al gobierno por su ineptitud para resolver el conflicto cubano, y por su debilidad frente a las presiones estadounidenses. Esta postura oportunista naturalmente requiere, a su vez, actitudes condenatorias de los Estados Unidos que no siempre se concilian fácilmente con la propia ideología republicana. 37 Ahora bien, dentro del panorama periodístico español, los comentarios más incisivos y originales sobre este tema aparecen en el semanario republicano federalista El Nuevo Régimen, redactado en su mayor parte por el jefe e ideólogo de este partido, Francisco Pí y Margall. A mediados de octubre de 1895, justo cuando surge la noticia del enfrentamiento anglo-americano, aparece en este periódico la insinuación (no manifiestamente condenatoria) de que si la Doctrina Monroe da a los Estados Unidos el derecho de intervenir en la disputa anglo-venezolana y en todas las cuestiones europeas en América, quizás se intentará invocarla para justificar su intervención también en el conflicto hispano-cubano. 38 En principio, el órgano federalista coincide con la opinión mayoritaria europea y española de que la Doctrina Monroe no es aplicable al litigio anglo-venezolano, y que Cleveland y Olney han alterado el sentido verdadero del mensaje de 1823. 39 Pero, desde la perspectiva ideológica federalista, la interpretación de la postura de Cleveland provoca inquietudes más complejas que el simple rechazo. ¿Por qué -se preguntan-intervenir en Venezuela, donde los Estados Unidos no tiene un interés legítimo, y arriesgándose a una guerra contra la poderosa y civilizada Gran Bretaña, al tiempo que se sigue una 36 Sobre la esperanza republicana (y carlista) de que la crisis colonial fuese "el túmulo de la monarquía", véase por ejemplo, Serrano, Carlos: Final del Imperio: España, 1895-1898. 37 Véase por ejemplo las contradicciones de Emilio Castelar, una de las voces más agresivamente críticas de la política de McKinley (notas 32, 57), pero quien, en "La acción diplomática", EL, 17 de enero de 1897, 2/1, tras afirmar que los Estados Unidos no quieren Cuba, que la quieren española, y que una guerra con ellos sería el colmo de la insensatez, dice "Yo republicano, liberal, demócrata, pertenezco a todos aquellos que los creen, por Franklin, por Washington, por Lincoln, por Edison, hijos predilectos de la Humanidad y ornato incomparable del planeta". En esa penúltima fecha se escribía: "Fuerza Cleveland la significación y el sentido de la doctrina de Monroe, reducida a vedar a Europa que tome por campo de colonización la América..". LA "NUEVA" DOCTRINA MONROE DE 1895 Y EL CARIBE ESPAÑOL política de inhibición en Cuba, donde sí tiene un interés patente? Si Cleveland es sincero en la defensa del sentido recto del principio de 'América para los americanos' -su justificación para la intervención en la disputa anglo-venezolana-, debería apoyar todos los movimientos independentistas americanos. Los federalistas españoles comprenden que el pueblo americano simpatice con la causa cubana, que sienta preocupación humanitaria ante las crueldades de la guerra, y que desee proteger sus diversos intereses económicos en la isla, todo lo cual justifica plenamente al gobierno estadounidense en intervenir para promover una paz estable en la isla. Sin embargo, el gobierno de Cleveland, al tiempo que repentinamente hace gala de decisión y energía en el caso anglo-venezolano, muestra debilidad y temor en el caso hispano-cubano. Esto, en el análisis federalista, resulta incomprensible e incluso sospechoso. Habida cuenta de que los federalistas españoles son partidarios de una amplia autonomía (y en última instancia, de la independencia) para Cuba, les desconcierta y les repele lo que perciben como la inconsistencia política de Cleveland en 1895-96: "Esta política de doble faz que en Cleveland observamos no nos es, a decir verdad, simpática". 40 Más tarde, El Nuevo Régimen volverá sobre la relación entre ambos casos, señalando en octubre de 1897 que los insurgentes cubanos a menudo se quejan de que Estados Unidos no haya intervenido en la guerra hispano-cubana con la misma energía que mostró en la disputa anglo-venezolana; 41 y en diciembre del mismo año, contrariando la opinión prevalente en la prensa española sobre el mensaje de McKinley al Congreso, para sostener que una intervención estadounidense en Cuba estaría mucho más justificada que la efectuada en Venezuela. 42 De hecho, el semanario federalista repite con cierta insistencia la idea de que los Estados Unidos tiene un interés legítimo en que se encuentre una solución civilizada al conflicto cubano, y, confiado en las aparentes buenas intenciones del discurso oficial, contempla con esperanza, e incluso con impaciencia, la intervención diplomática del gobierno estadounidense. 42 "El mensaje de Mackinley. 43 "Cuba", "Lo raro es que esos Estados no hayan ya intervenido en la lucha a favor de los cubanos", "Nuestro patriotismo", "La declaración de beligerancia", "La alianza", "El mensaje de McKinley. En la misma publicación (28 de noviembre de 1896, 1/2-3), en el SYLVIA L. HILTON mo federalista no puede menos que manifestar estar en pleno acorde con el principio del arbitraje internacional, como medio de resolver los conflictos internacionales. La poderosa Gran Bretaña se vio obligada por Cleveland a aceptar una solución arbitrada en su disputa con Venezuela, y por lo tanto, ni los Estados Unidos podría obstaculizar una solución similar para el conflicto hispano-cubano, ni España tendría por qué sentirse humillada por avenirse a ello, con tal de evitar una guerra ruinosa contra Estados Unidos. Quizás la declaración más rotunda que hace William McKinley en apoyo de la Doctrina Monroe sea precisamente su aprobación, en diciembre de 1895, del mensaje de Cleveland al Congreso que, a su juicio, "impone con fuerza y vigor la posición de los Estados Unidos en sus relaciones con las potencias europeas durante más de setenta años. Es norteamericano en letra y espíritu, y su estilo tranquilo y desapasionado sostiene el honor de la nación y garantiza su seguridad". 45 Su monroísmo parece confirmado en sentido general por la rotunda defensa de la Doctrina incluida en la plataforma republicana para las elecciones presidenciales de 1896, que a su vez refrenda una larga tradición monroísta de este partido. 46 artículo "La intervención de los Estados Unidos", F. Pí y Margall reitera la idea de que Estados Unidos tiene un interés mayor en la guerra hispano-cubana que en el litigio anglo-venezolano, y, aun deplorando una posible intervención armada, llega a sugerir que "meramente diplomática, podría ser un bien para ellos, para Cuba, para nosotros y para las demás naciones". Sobre este tema, "La cuestión de Venezuela", LE, 24 de octubre de 1895, 1/1, también opinaba que la mediación de los Estados Unidos en el conflicto anglo-venezolano podía considerarse como usual y amistosa, y el arbitraje como un "verdadero adelanto en el derecho público internacional", pero no opinará del mismo modo tratándose del conflicto hispano-cubano. Obsérvese que, aunque la alusión a la Doctrina Monroe es inequívoca, McKinley no lo nombra. 46 La plataforma republicana de 1896, además, vincula la Doctrina Monroe al tema cubano, expresando en el mismo párrafo sus simpatías hacia los rebeldes: "Nuestra política extranjera debería ser en todo momento firme, vigorosa, y digna.. Ratificamos la Doctrina Monroe en toda su extensión, y reafirmamos el derecho de los Estados Unidos a darle efectividad respondiendo a la petición de cualquier Estado americano de una intervención amistosa en caso de intrusismo europeo.. Observamos con profundo y constante interés las batallas heroicas de los patriotas cubanos contra la crueldad y la opresión.. Con esperanza anticipamos la futura retirada de las potencias europeas de este hemisferio..", en National Party Platforms, 1840-1960. LA "NUEVA" DOCTRINA MONROE DE 1895 Y EL CARIBE ESPAÑOL Sin embargo, durante su campaña electoral McKinley apenas menciona la Doctrina Monroe, y tampoco va a incluirla en su discurso público habitual durante sus mandatos, ni en relación con la política general de los Estados Unidos en Iberoamérica, ni en relación con la guerra hispano-cubana. 47 No obstante, el nuevo presidente es retratado inmediatamente en España como un firme defensor de la Doctrina Monroe. 48 Hacia finales del año 1897 y a lo largo de los primeros meses de 1898, se va tejiendo un discurso receloso respecto de la amenaza que supone el auge del 'nuevo' monroísmo para las colonias españolas del Caribe. Pese a que McKinley no hace alusión alguna a esta Doctrina para justificar o explicar sus decisiones cara al conflicto hispano-cubano, varios comentaristas españoles dan por sentado que la intervención será una función del monroísmo republicano. La Epoca, por ejemplo, ve veleidades monroístas en el mensaje presidencial al Congreso de 1897, comentando que contiene "no pocas declaraciones propicias a España expuestas con claridad y firmeza; pero hay también otras que envuelven la afirmación de la doctrina de Monroe, que limitan los derechos de nuestra patria y que dejan en pie para lo futuro los motivos de conflicto que el Mensaje tiende a alejar en el presente.. Adviértase claramente que mister Mac-Kinley admite y continúa la doctrina de Monroe, puesto que afirma sin vacilar el derecho de los Estados Unidos de intervenir en los destinos de Cuba". 49 Asimismo, El Correo Español afirma: "Ellos, los yankees, se anexionan las islas Hawai, y quieren anexionarse Cuba y Puerto Rico y toda la América que fue española, disfrazando su ambición con la máxima de Monroe,'América para los americanos'". 50 Al mismo tiempo, El Nuevo Régimen advierte que, si no acaba la guerra cubana pronto, McKinley intervendrá en virtud de la Doctrina Monroe. 51 Por su parte, El País plantea el peligro en términos de 47 Atkins, George P.: "McKinley and Latin America", en Paolo E. Coletta (ed.): Threshold to American Internationalism. "Estados Unidos", EP, 10 de noviembre de 1896, 3/3-4, dice que McKinley "es la encarnación de la doctrina de Monroe expuesta por él mismo una vez más en su discurso-programa pronunciado en San Luis". "Contingencias posibles", en EL, 5 de noviembre de 1896, 1/1-2, dice sobre McKinley: "Desde que unió su nombre al famoso bill, cuyos efectos se han hecho sentir en la vida comercial de los dos continentes, tiénenle sus partidarios por heredero legítimo de Monroe...En cuanto a la política exterior, desea ampliar la famosa doctrina del quinto presidente de la gran República". 49 "El mensaje de Mac-Kinley. 51 "El mensaje de McKinley. SYLVIA L. HILTON crítica al gobierno español, diciendo que "nos pone en el duro trance de humillarnos ante las imposiciones de los que profesan y practican las doctrinas de Monroe". 52 El ministro de Ultramar, Segismundo Moret, tampoco tiene dudas y, en discurso ante el Senado, asegura que se ha llegado a la guerra contra los Estados Unidos "porque la política norteamericana, con la doctrina de Monroe, hace ya años que acecha el momento en el cual la isla de Cuba pueda ser suya". 53 Todavía hay intentos de salvar la interpretación 'restrictiva' tradicional de la Doctrina Monroe. Castelar, criticando "la petulancia de los yankees, empeñados en hacer para todo el Nuevo Mundo la lluvia y el buen tiempo", insiste que "La doctrina de Monroe no corta el cable que une los viejos continentes con el nuevo y no desconoce la maternidad histórica por un derecho natural casi, correspondiente a nuestra madre España para con sus dos Antillas. Todo lo contrario: la doctrina de Monroe proclama la unión eterna e indisoluble de Cuba con su gloriosa Metrópoli". 54 Por su parte, El Globo comenta con aprobación la opinión de uno de los más prestigiosos teóricos estadounidenses del Derecho. Internacional, el profesor John Basset Moore, para quien Monroe no pensó en establecer ningún tipo de dominio estadounidense sobre toda América, sino en proponer una "doctrina de defensa y no de agresión". 55 Sin embargo, en vísperas de la ruptura, prevalece en la prensa española el rechazo absoluto a la legitimidad de la Doctrina Monroe, blandiéndose varios argumentos: la simple negación de su validez como norma del Derecho Internacional; 56 el desprecio basado en su historial de aplicaciones arbitrarias e hipócritas en casos concretos; 57 la indignación dolida contra una pretensión que desatiende los lazos históricos entre España y América; 58 la desautorización en tono de sarcasmo de una Doctrina percibida como mero disfraz de una política egoísta, interesada y bárbara al servicio del expansionismo económico. 59 Incluso los federalistas, debatiéndose penosamente entre su inmensa admiración por los Estados Unidos y las pruebas irrefutables de que está comenzando una nueva etapa en la acción exterior de la 'Gran República', se rinden ante la evidencia de la política de McKinley. 60 Consumada la derrota, El Nuevo Régimen ya no duda que la intervención estadounidense para poner fin al dominio español en Cuba y Puerto Rico es una manifestación del 'nuevo' monroísmo: "Ha venido ahora en auxilio de los insu-56 "Regalos austríacos", EP, 11 de abril de 1898, 1/1; La Baronesa de Wilson: América en fin de siglo, Madrid, 1897, pág. 51; Incluso Labra (Aspecto internacional.... págs. 229-230) reconoce que "se había señalado por las cancillerías europeas, y por los más respetados jurisconsultos contemporáneos, la ambiciosa pretensión del Gobierno norteamericano de invocar y practicar una especie de Derecho Internacional de su exclusiva producción y su especial marca", suscitando fuertes protestas a partir de 1895. Así, dice, "las últimas fórmulas de la bastardeada política de Monroe y la aspiración del Gobierno de la Casa Blanca de aparecer, o ser realmente, el protector de todo el Nuevo Mundo, no han pasado desapercibidas y sin contradicción por parte de casi todos los estadistas y tratadistas de nuestro tiempo". 57 Castelar, Emilio: "La acción diplomática", EL, 17 de enero 1897, 1/2: "Muchos creen que llevan a punta de lanza los americanos el programa de Monroe. Les importa una higa. No llaman al traído y llevado programa, ley, derecho, jurisprudencia ni cosa que lo valga, por el respeto religioso de todos los anglosajones al sentido literal de sus códigos. Le llaman doctrina, la doctrina de Monroe.¿Porqué le llaman doctrina? ¿Por interpretarla según la ocasión, la circunstancia, el interés?¿Les conviene que los franceses no abran el paso por Panamá? Pues invocan la doctrina de Monroe.¿Quieren hacer ellos el paso por Nicaragua? Pues, no teniendo dinero bastante, le ceden la mitad entera del canal a los ingleses contra la doctrina de Monroe. Buen caso le hacen a Monroe. Tal nombre no pasa de una plataforma, como dicen ellos; de un comodín, como decimos nosotros". 58 "Unica solución", LDLP, 16 de abril de 1898, 1/3: "¿Dónde se atreve siquiera la Unión republicana del Norte a invocar la doctrina de Monroe contra una España que tenía en su corazón la mayor parte del corazón americano?". 59 "De la prensa extranjera sobre la guerra", EP, 26 de abril de 1898, 1/4, publica extractos de un artículo de La Patrie que denuncia la política de los Estados Unidos hacia su población indígena y los motivos económicos subyacentes al anexionismo de Cuba: "Esta es sencillamente, toda nuestra doctrina de Monroe y toda nuestra humanidad". "Una opinión sobre la guerra", EG, 5 de mayo de 1898, 2/1, traduce un artículo de Juliette Adam, de La Nouvelle Revue, condenando la hipocresía del pueblo estadounidense que "ha tomado como principio de explotación industrial en el exterior la doctrina de Monroe". Podría muy bien revelar el pensamiento de arrojarnos totalmente de América y arrojar más tarde de América a las demás naciones de Europa. No se olvide que a la doctrina de Monroe se ha sustituido recientemente la de América para los americanos". SYLVIA L. HILTON rrectos de Cuba el ensanche que se ha dado a la doctrina de Monroe. Monroe se limitó a decir que no se debía ni podía tolerar nuevas invasiones de Europa en América; hoy se sostiene que América es para los americanos, y se debe, por lo tanto, expulsar de ella a la intrusa Europa. Por arrojarnos a nosostros se ha iniciado esta política". La Doctrina Monroe en Europa e Iberoamérica Ante la crisis anglo-americana de 1895, la mayoría de las potencias europeas se hacen eco de la demoledora respuesta inicial dada por Lord Salisbury a la nota de Olney. Estos comentarios condenatorios no están inspirados precisamente por un sentimiento de solidaridad o simpatía hacia Inglaterra, sino por la convicción de que esta 'nueva' Doctrina Monroe, aun más que el mensaje original de 1823, amenaza los intereses coloniales y económicos europeos en América. 62 En España la prensa se hace eco de esta indignación europea generalizada. La previsible aplicación de la 'nueva' Doctrina Monroe de 1895 a todas las dependencias europeas en América, advierte insistentemente la prensa española, tenderá a promover la expulsión de toda Europa del hemisferio americano, por lo que las potencias europeas deben necesariamente hacer causa común con España para disuadir al gobierno estadounidense de una intervención similar en Cuba. Para un estudio más detallado de la percepción federalista española de los Estados Unidos en 1898, véase Hilton, Sylvia L.: "República e Imperio: los federalistas españoles y el mito americano (1895-98)", Ibero-Americana Pragensia, Praga, en prensa. 62 Véase por ejemplo, Perkins, Dexter: A History of the Monroe Doctrine, Boston, 1955, págs. 186-189; Seed, Geoffrey: "British Reactions to American Imperialism. Entre los periódicos que hemos revisado, Tulio, "Aún es tiempo", ECE, 19 de marzo de 1898, 1/1-3, es el que más desconfía de la posible ayuda europea a España. La supuesta creencia mayoritaria en el apoyo europeo apenas repara en que las vehementes críticas periodísticas al 'nuevo' monroísmo de 1895 no se tradujeron en un apoyo (ni europeo ni español) eficaz a Gran Bretaña en esa crisis. De hecho, en el verano de 1896 el propio gobierno español pretende advertir oficialmente a las potencias europeas del peligro que representa para sus intereses coloniales y marítimos la cada día más absorbente y expansiva Doctrina Monroe, en un intento claro de promover la solidaridad europea con España frente al creciente intervencionismo y hegemonismo estadounidense en las Américas. 64 Al convertirse en realidad la amenaza percibida, la supuesta solidaridad europea con la causa española es un tópico ubicuo en la prensa del año 1898. Durante los primeros meses se trata de argumentar que esta circunstancia, si no impide que Estados Unidos declare la guerra a España, asegurará el triunfo europeo y español, mientras que después de la derrota se trata de hacer un melancólico intento de última hora de movilizar la opinión europea contra las excesivas pretensiones estadounidenses, cara a las negociaciones de las condiciones de paz. 65 La publicación de numerosos resúmenes y glosas de artículos aparecidos en la prensa europea, criticando la más reciente extensión de la Doctrina Monroe, tiene la misma finalidad. 66 A tenor de las referencias aparecidas en los periódicos españoles, gran parte de la prensa francesa se muestra extremadamente vehemente en su anti-yanquismo. En marzo, por ejemplo, El Globo reproduce del diario francés Le Matin un artículo de Henry Girard, simpatizante de la postura española, afirmando que "la 64 El duque de Tetuán, ministro de Estado, Carta circular a los embajadores españoles en Europa, 28 de julio de 1896. Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Histórico-Política, leg. 65 EP confía en "el apoyo de algunas potencias, grandemente interesadas en que no predomine en América, contra toda ley histórica y de justicia, la doctrina de Monroe"; dice que los Estados Unidos, "armados así en corso contra toda la especie humana, no es extraño que ahora piensen en la anexión de la isla de Cuba como primer paso para arrojar del golfo de Méjico a los europeos"; arguye que la amenaza monroísta motivará a Francia, Inglaterra y Dinamarca para solidarizarse con España frente a los Estados Unidos, recordando una vez más la crisis de 1895: "los Estados Unidos hicieron cuanto les fue posible por atizar la discordia, presentándose en los últimos momentos invocando la doctrina de Monroe para justificar su intervención en el asunto.."; que "es nuestra nación paladín de los derechos europeos en América y valladar opuesto a las desapoderadas ambiciones de los yankis", y asegura que "La doctrina de Monroe es de una increible imprudencia para con los países europeos que tienen intereses en América". 66 Por ejemplo, "La prensa suiza. Europa no debe aceptar la doctrina de Monroe", EG, 18 de abril de 1898, 1/2, referido a un artículo del Diario de Ginebra; "Hungría. SYLVIA L. HILTON vieja Europa no podría mirar con indiferencia una explosión belicosa del spreadeaglismo". "Las cancillerías europeas", advierte, "empiezan a encontrar en la interpretación que dan los americanos a la doctrina de Monroe, un sabor muy marcado de intransigencia. Inglaterra encontraba ayer el veto brutal del Tío Sam entre ella y Caracas, con motivo de la cuestión de Venezuela". En fin, asegura el autor francés que si los Estados Unidos venciera a España en una guerra, "sería insostenible la situación para las naciones que tienen intereses de carácter económico o territorial en aquellas regiones donde la doctrina de Monroe pudiera ser llevada a la práctica".67 Incluso cuando los acontecimientos de la guerra de 1898 hacen temer que puedan ser atacados territorios españoles en el Viejo Mundo, se propugna un contra-ataque europeo a la Doctrina Monroe -una especie de 'Europa para los europeos'-"que consista en impedir en absoluto a los Estados Unidos la menor ingerencia en los asuntos europeos". 68 En relación con este aspecto, es interesante comprobar la actitud de la prensa española respecto de Gran Bretaña. Albergando esperanzas de una ayuda británica (y por tanto, previsiblemente, europea) para defender la soberanía española en Cuba, al comienzo de la crisis de 1895-96 se muestra cierta simpatía hacia Gran Bretaña, haciendo votos por una solución pacífica, elogiando la 'sangre fría' de los ingleses, y criticando la postura de Cleveland. 69 Sin embargo, la aceptación británica de esa intervención, y después su inhibición frente a la política de McKinley, darán lugar a denuncias que de nuevo ponen claramente de manifiesto la relación percibida entre la intervención de 1895 y la de 1898. Para gran parte de la prensa española (como ocurre con la europea, y especialmente la francesa y la alemana), la solución dada a la crisis anglo-americana de 1895 significa no sólo una claudicación egoísta de Gran Bretaña ante las tendencias intervencionistas y hegemónicas de los Estados Unidos, sino que incluso hace temer una posible alianza 'anglosajona', uno de cuyos pilares será el fortalecimiento de la 'nueva' Doctrina Monroe, a resultas de su implícito reconocimiento por la poderosa Gran Bretaña, todo en perjuicio de los intereses europeos y españoles. 70 Sobre esto comenta El Correo Español: "Desde que los Estados Unidos empezaron a demostrar que su poder naval era de alguna importancia, y que ambicionaban extender sus dominios al amparo o contra la doctrina Monroe, vio Inglaterra que allí encontraría lo que buscaba y tanto le convenía". 71 En Iberoamérica, las ambivalencias presiden las actitudes acerca de la Doctrina Monroe. Existe una tradición de ensalzarla por cuanto se opone al colonialismo europeo y defiende la auto-determinación de los pueblos americanos, pero al mismo tiempo provoca inquietud el papel dominante que se auto-atribuye el gobierno estadounidense. No obstante, a lo largo del siglo XIX varios países iberoamericanos (incluida Venezuela para su litigio fronterizo con Inglaterra) han reclamado la ayuda de los Estados Unidos en 70 "El arbitraje anglo-americano", y "El Mensaje de Cleveland y la Bolsa", LJ, 14 de noviembre (3/3), y 8 de diciembre (3/3) de 1896. En el primero de ellos dice: "Tampoco Inglaterra queda en muy buen lugar cuando se ve obligada a aceptar y reconocer implícitamente la doctrina de Monroe"; "Europa y los Estados Unidos", "La cuestión de Venezuela. Inglaterra y los Estados Unidos", e "Inglaterra y los Estados Unidosy", en LE, 16 (3/1 y 3/4;) y 17 (3/1) de noviembre de 1896; "El conflicto anglo-americano" y "La política de arbitraje", en LV, 15 (4/3-4) y 18 (6/2) de noviembre de 1896; "La diplomacia de los Estados Unidos", EL, 6 de diciembre de 1896, 2/1-2, dice: "afirmándose constantemente, plegándose a las circunstancias pero sin modificarse nunca, la doctrina Monroe, se ha venido desarrollando hasta obtener su reconocimiento por Inglaterra, en la reciente negociación sobre Venezuela"; "Inglaterra y los Estados Unidos", EP, 2 de junio de 1898, 3/1, informando de una noticia dada en el Daily Telegraph sobre posibles tratados de alianza y arbitraje entre las dos potencias, dice: "La Gran Bretaña reconociendo la doctrina de Monroe aceptaría la interpretación dada a dicha doctrina por los yankis y no intentaría nada para aumentar sus posesiones en América". y "Todos los asuntos que no se relacionen con la doctrina de Monroe o el Canal de Nicaragua serán sometidos a un tribunal interesado"; "Notas parisienses. La opinión ante el conflicto", sobre un artículo de Le Matin y "Un artículo de Castelar", en EG, 1 de mayo (2/2) y 28 de octubre (1/4) de 1898. En este último sostiene que el acercamiento anglo-americano desde 1895 quitó a España el importante apoyo británico en 1898. SYLVIA L. HILTON diversos conflictos con potencias europeas, en virtud de la Doctrina Monroe. Por consiguiente, las reacciones iberoamericanas a la intervención de 1895 no son homogéneas. Hay manifestaciones favorables no sólo en Venezuela sino en Colombia, Brasil, Ecuador, Guatemala, El Salvador, y Perú, mientras que dominan el recelo y la hostilidad en Argentina, Chile y México. 72 En México, por ejemplo, el presidente Porfirio Díaz envía un mensaje al Congreso mexicano el 1.o de abril de 1896, propugnando el interés de adherirse a una doctrina que condena las agresiones europeas contra las soberanías americanas; pero añade el "principio Díaz", según el cual cada país americano debería emitir su propia declaración de que cualquier ataque extranjero contra el territorio o la independencia de una república americana tendría que enfrentarse con la solidaridad americana general, en el supuesto de que los Estados Unidos no podría defender toda América en solitario contra las agresiones europeas. Díaz aboga, pues, por la internacionalización de la Doctrina Monroe mediante su definición y su defensa por todo el hemisferio americano. 73 Las reflexiones que hace para Las Dominicales del Libre Pensamiento desde Buenos Aires un abogado argentino, Luis Varela, ilustran las actitudes hispanoamericanas ante la Doctrina Monroe y los Estados Unidos en el año 1898. "Monroe, con verdadera grandeza de alma, sin ambiciones de dominio ni veleidades de dictador internacional, había señalado a los Estados Unidos una noble misión", y las repúblicas hispanoamericanas han 72 Robertson, William S.: "Hispanic American Appreciations of the Monroe Doctrine", Hispanic American Historical Review, 1920, t. Otros estudios sobre reacciones mexicanas a la guerra de 1895-1898 son Gilmore, N. Ray: "Mexico and the Spanish-American War", Hispanic American Historical Review, November, 1963, t. Guerra Vilaboy, Sergio: "La revolución independentista de Cuba y la Guerra de 1898 desde la perspectiva de América Latina", Contrastes. 7-8, págs. 65-79, explica la falta de apoyo oficial iberoamericano a la causa independentista cubana en 1898 (que contrasta con la gran solidaridad popular) por el agotamiento del reformismo liberal, la consolidación de oligarquías conservadoras, racistas e hispanófilas, y el rechazo del hegemonismo estadounidense, simbolizado por el "nuevo" monroísmo. LA "NUEVA" DOCTRINA MONROE DE 1895 Y EL CARIBE ESPAÑOL tenido motivos de agradecer el apoyo estadounidense frente a las injerencias europeas, aplaudiéndose recientemente con "candoroso entusiasmo" la intervención en el litigio anglo-venezolano. Sin embargo, ahora con McKinley se aprecia "una modificación sustancial" en la interpretación de la Doctrina Monroe, arrogándose "el derecho de intervenir, por la fuerza, en las contiendas de los territorios limítrofes". En definitiva, al declarar la guerra a España, McKinley ha traicionado el genuino sentido del monroísmo, y "su mensaje tiene que alarmar a todos los gobiernos de la América Latina, y enajenarle la voluntad y las simpatías de los pueblos que hasta ayer le admiraron". 74 El abogado argentino no quiere renunciar a lo que percibe de positivo en el mensaje original: "la doctrina de Monroe es amplia, generosa y verdaderamente común en sus consecuencias al interés de todos los pueblos americanos", por lo que opta por acusar a McKinley de traicionar ese espíritu: "las teorías de MacKinley son egoístas, estrechas, mercantiles y sólo peculiares a los Estados Unidos. Monroe hace de su evangelio una fuente de principios de derecho internacional que establecen y confortan la confraternidad y la solidaridad de todas las naciones que ocupan este hemisferio. MacKinley se segrega del concierto de los pueblos de ambas Américas, y preocupado sólo de los intereses materiales de los Estados Unidos, proclama el derecho de la intervención armada sin otro criterio que la propia opinión del gobierno norteamericano, y no para amparar y defender a un pueblo oprimido, sino para atacarlo y acaso destruirlo". 75 Ahora bien, Varela, advirtiendo que "la doctrina de Monroe ha sido una frase acomodaticia, que ha hecho camino en el mundo jurídico e internacional con un sentido convencional", reconoce que las interpretaciones desvirtuadas no han surgido exclusivamente del afán de promover los intereses estadounidenses. En una clara alusión a la táctica de apropiación y manipulación de declaraciones ajenas para servir los propios intereses, puntualiza que los propios hispanoamericanos han prestado apoyo a la noción errónea de que "las palabras de Monroe envolvían la promesa de una especie de protección política o de tutela de las dos Américas". En fin, opina este abogado, si los Estados Unidos reconociesen la independencia cubana antes de intervenir, "en ese caso su intervención podría aca-74 Varela, Luis V.: "El fondo de la cuestión", LDLP, 19 de mayo de 1898, 1/4 a 2/3. 75 Varela, Luis V.: "España y Estados Unidos. SYLVIA L. HILTON so buscar apoyarse en alguna de las interpretaciones dadas a la doctrina de Monroe". 76 En España, la prensa se muestra consciente de esta ambivalencia iberoamericana, reconociendo por un lado el valor retórico del monroísmo para la defensa de las soberanías americanas frente a las interferencias europeas, pero por otro lado enfatizando el peligro del hegemonismo estadounidense en las Américas. La Epoca lo expresa así: "la doctrina de Monroe, como el dios Jano, tiene dos caras, de las que, si la una expresa simpatía y afecto, la otra expresa soberbia y dominación". 77 Para El Liberal, las repúblicas iberoamericanas cometen un error al abrazar la Doctrina Monroe, "tomada sin razón por base del panamericanismo", 78 y poco después, estando a punto de estallar la crisis anglo-americana, informa que la prensa neoyorquina publicó una carta del insurrecto cubano Carlos Roloff, quien, "para hacerse más simpático a los americanos, concluye con estas palabras'La doctrina de Monroe debe ponerse en vigor: América para los americanos'". 79 En toda la prensa peninsular de estos años, es bastante frecuente ver lúgubres advertencias acerca de las pretensiones tutelares y hegemónicas de los Estados Unidos en las Américas. Richard Olney en carta de 24 de diciembre de 1896 (cit. en Eggert, Gerald G.: Richard Olney: Evolution of a Statesman. University Park, 1974, pág. 266) pensó que su gobierno no podía reconocer la independencia de Cuba después de la interpretación dada a la Doctrina Monroe en 1895, porque eso le habría obligado inmediatamente a declarar la guerra a España. Si McKinley compartía ese análisis, contribuiría a explicar porqué se opuso siempre a tal reconocimiento (al margen de interpretaciones que ven sólo maquiavelismos colonialistas en su política), y porqué nunca utilizó la Doctrina para justificar su propia intervención en el conflicto hispano-cubano. Sin embargo los comentaristas españoles, empeñados en tachar la política de McKinley de monroísta, no analizan este argumento. "España en América", EP, 25 de octubre de 1895, 1/2, utiliza la misma imagen: "la Doctrina de Monroe, como el dios Jano, tiene para las naciones de América latina dos caras..". LA "NUEVA" DOCTRINA MONROE DE 1895 Y EL CARIBE ESPAÑOL Así, por ejemplo, a raíz de la crisis de 1895 comenta El Nuevo Régimen: "Sin duda que es inaplicable la egoista doctrina de Monroe;.. Es censurable que los Estados Unidos quieran ejercer una tutela sobre todos los demás pueblos americanos...", 81 y poco después: "Fuerza Cleveland la significación y el sentido de la doctrina de Monroe,... se inmiscuye en el régimen político de las Repúblicas, ayer colonias;... con el claro y manifiesto fin de conseguir para su pueblo la hegemonía de las naciones americanas...". 82 Por su parte, La Justicia juzga: "La situación de Venezuela resulta, por lo tanto, humillante con esta solución, pues siendo la principal interesada, queda bajo una especie de tutela de los Estados Unidos". 83 Mientras tanto, El País revela sus propias incoherencias imperialistas, soñando con una república española que presida una hegemonía latina que se oponga al hegemonismo monroísta: "España republicana... sería el lazo de unión entre todas las naciones ibéricas del uno y el otro continente, y la Doctrina de Monroe, absorbente, egoista, utilitaria, tras la cual se esconde la ambición yankee, sería sustituída por el principio más lógico y más positivo de la hegemonía de la raza latina en América, que bien pudiera aplicarse a la hegemonía de la raza latina en todo el globo". 84 Ya en el contexto del conflicto hispano-cubano, advierte el Diario de Cádiz: "la anexión de Cuba a los Estados Unidos sería la señal de alarma para todas las naciones americanas, que comprenderían entonces por los hechos la verdadera significación de la doctrina de Monroe...". 85 Asimismo, El Nuevo País reproduce un artículo de Rubén Darío publicado en El Tiempo de Buenos Aires, que, solidarizándose con España, denuncia vehementemente la Doctrina Monroe, al mismo tiempo que lamenta la falta de coherencia de algunos países iberoamericanos al respecto. 83 "El arbitraje anglo-americano", y "El conflicto de Venezuela", en LJ, 14 de noviembre (3/3) y 14 de diciembre (2/4) de 1896; este último, comentando el inicial entusiasmo venezolano por la intervención de Cleveland, dice: "los venezolanos se llaman ahora a engaño". Serrano, Final del Imperio....., págs. 79-80, comenta sueños similares acariciados por Salmerón. 86 Darío, Rubén: "El triunfo de Calibán. Contra los yankis", ENP, 21 de agosto de 1898, 3/1-3: "sus grandes hombres, como no sea Edison, se llaman Lynch, Monroe, y ese Grant"; "Roque Sáenz Peña, el argentino cuya voz en el Congreso panamericano opuso al slang fanfarrón de Monroe una alta fórmula de grandeza continental, y demostró en su propia casa al piel roja que hay quienes velan en nuestras Repúblicas por la asechanza de la boca del bárbaro". Por su parte, El Correo Español, muy escéptico sobre la esperanza de la posible ayuda europea, cree que "el aliado natural de España contra los Estados Unidos, cuyas tendencias absorbentes no son nuevas,... no está en Europa, sino en la misma América... los pueblos que pertenecen a nuestra raza,... Esos pueblos, en fin, han sido los primeros en compenetrarse de que la doctrina de Monroe es una añagaza vilísima para esclavizarlos, puesto que los yankees no aspiran a que América sea para los americanos, como esa doctrina enseña, sino a que sea para los Estados Unidos...". 87 Sin embargo, pese a estas advertencias, no se aprecia en la mayor parte de la prensa española una verdadera corriente de opinión solidaria con los intereses iberoamericanos. Enjuiciando el contexto internacional de la guerra cubana, Rafael María de Labra se lamenta de que el gobierno español no haya tratado ni trate de movilizar las simpatías hispanoamericanas a favor de España, al tiempo que deplora la falta de una clara propuesta de política iberoamericanista global por parte de la diplomacia española. 88 En efecto, la mayoría de las denuncias periodísticas españolas de las intervenciones de Cleveland y McKinley representan una perspectiva colonialista a ultranza. Resultan significativos los intentos españoles de fomentar la solidaridad colonial europea frente a la Doctrina Monroe, desde la perspectiva de los movimientos panamericano, iberoamericanista, hispanoamericanista, y anticolonialista finiseculares, pues evidentemente, si las repúblicas hispanoamericanas miran al monroísmo con ambivalencia, la postura colonialista de la monarquía española no les puede resultar menos desalentadora. La mayoría de los periódicos peninsulares relacionan insistentemente la intervención de Cleveland en el litigio anglo-venezolano con la de McKinley en el conflicto hispano-cubano, apreciándose una clara conciencia de que se inaugura una nueva etapa en la política exterior de los Estados Unidos. Más concretamente, estas comparaciones se centran en diversas valoraciones de la Doctrina Monroe y de su significación como fundamento teórico y justificación de la acción exterior estadounidense. LA "NUEVA" DOCTRINA MONROE DE 1895 Y EL CARIBE ESPAÑOL nal interpretación conservadora de esta Doctrina como garantía para las posesiones españolas en el Caribe pierde fuerza a raíz de la crisis angloamericana de 1895, perfilándose el 'nuevo' monroísmo como una amenaza creciente. Ahora bien, no se aprecia una homogeneidad de criterios en la argumentación española surgida en torno a la Doctrina Monroe en estos años. Tan pronto aparecen intentos de utilizarla, desde una construcción 'primitiva' favorable y restrictiva, para contener o desautorizar el intervencionismo estadounidense, como se la condena por considerar que simboliza todo cuanto hace recelar de la política del coloso americano: su poderío económico, su expansionismo comercial y naval, su afán de hegemonismo en las Américas, su arrogancia en el concierto de las naciones. Lo que sí tienen en común la gran mayoría es su punto de partida: la suposición de que la política de McKinley ante la crisis colonial española es, de hecho, una función de la Doctrina Monroe. Apenas se encuentran ecos en la prensa peninsular de los argumentos anti-imperialistas de inspiración monroísta que se esgrimen en los debates del Congreso estadounidense, y en cambio al gobierno de McKinley se le atribuye y se le critica repetidamente su monroísmo. Como es inexacto que McKinley utilice la Doctrina como justificación o explicación de su política en 1898, es necesario e interesante preguntarse porqué se plantea el discurso periodístico español en estos términos. Parece razonable interpretar este aparente divorcio entre la realidad discursiva del gobierno de McKinley y la respuesta española, no en función del (insignificante) peso real de la Doctrina Monroe en las justificaciones oficiales estadounidenses de 1898, sino en función de otras consideraciones relacionadas con la política doméstica peninsular y con los recursos y objetivos propagandísticos de la prensa periódica. Las posturas mayoritarias muestran una fuerte carga de anti-yanquismo. En su caso, cabe argumentar que es irrelevante el hecho de que McKinley no mencione la Doctrina de forma explícita, toda vez que el monroísmo ('nuevo', o 'viejo' y esencialmente inalterable, según los argumentos) se reconoce como poderosa influencia real subyacente en toda su política. En el supuesto de que la Doctrina Monroe es percibida y despreciada por muchos comentaristas europeos e iberoamericanos como una pretensión unilateral, egoísta, arbitraria, y de tendencias expansionistas cuando no hegemónicas, centrar la atención crítica en ella se convierte en un recurso retórico valioso en el intento de movilizar la opinión pública SYLVIA L. HILTON española e internacional contra los Estados Unidos, inflamando las pasiones anti-estadounidenses populares y patrioteras. Ahora bien, encierra una contradicción patente este intento de apelar a la solidaridad con España de las monarquías europeas que conservan intereses coloniales en América, y al mismo tiempo, promover los recelos nacionales iberoamericanos contra los Estados Unidos, puesto que se trata de dos discursos que son fundamentalmente incompatibles. Esto pone de manifiesto que el elemento dominante de este discurso es el sentimiento anti-yanqui y no la propia coherencia de sus argumentos en su conjunto. Los defensores de la interpretación más idealista del mensaje de Monroe representan una pequeña minoría, desbordada por la ola despreciativa de McKinley, del monroísmo, y de todo lo norteamericano, que predomina en la prensa española. Asumen la futilidad de intentar disociar la Doctrina Monroe de la política de McKinley, y optan por arguir que el supuesto monroísmo de McKinley en realidad no es tal, sino que subvierte el 'verdadero' espíritu de dicha Doctrina, al pretender ponerla al servicio exclusivo de los intereses estadounidenses. Así pues, al igual que la reacción anti-yanqui, esta respuesta obedece a unos objetivos retóricos al margen de los términos del discurso oficial de McKinley en 1898. Se trata no sólo de contener las tendencias hegemónicas de los Estados Unidos, sino de defender y promover unos valores internacionales solidarios y progresistas de alta significación ética. Para ello, aplica la táctica discursiva de apropiarse, mediante el ensalzamiento, de los propios símbolos y héroes nacionales estadounidenses como recurso retórico. En definitiva, se trata de salvar a Monroe como símbolo de solidaridad democrática internacional, para lo cual es preciso distanciar su mensaje 'original' de la 'nueva' interpretación de 1895, y desacreditar la política de McKinley como ruptura y traición respecto de los más genuinos valores y tradiciones nacionales estadounidenses.
por conseguir reformas políticas para las dos últimas colonias, Cuba y Puerto Rico, su defensa del sistema político autonomista y el respeto y tolerancia hacia los revolucionarios cubanos le valdría incluso, después de la independencia de Cuba en 1898, el reconocimiento moral de la nueva nación. Rafael M.a de Labra es uno de los intelectuales del siglo XIX más preocupado por lo que se denominaba como la cuestión colonial, o la "cuestión de Cuba", en una época crucial para España como fue 1898, que supuso la pérdida de las dos últimas colonias en América, Cuba y Puerto Rico. El interés de Labra por la cuestión de Cuba fue palpable a través de su labor parlamentaria, como diputado y senador, y asimismo fuera del Parlamento, en instituciones de reconocido prestigio intelectual, como el "Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, 1 la "Sociedad Abolicionista Española", 2 el "Fomento de las Artes", 3 la "Unión Iberoamericana" o la "Casa de América" de Barcelona, entre otras. Acción parlamentaria y la defensa de las reformas para Cuba La actividad parlamentaria de Labra fue muy intensa durante cerca de cuarenta años, siempre en favor de las mismas ideas políticas y sociales 1 Rafael M.a de Labra se convertiría en el historiador del Ateneo como autor de dos de sus más importantes obras: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes, desenvolvimiento, representación y porvenir. 2 Labra fue elegido en 1869 como presidente de la Sociedad Abolicionista Española fundada en 1865 por Julio Vizcarrondo, con el apoyo de importantes personalidades del liberalismo, de la cual será Vizcarrondo su infatigable secretario. Morales Carrión, Arturo: "Las corrientes abolicionistas en Puerto Rico". 3 Labra fue presidente honorario de dicha asociación que había sido fundada en 1852, y que llegaría a convertirse en la primera sociedad de educación popular de España, la cual impulsará notablemente las reformas pedagógicas. Labra, Rafael M.a: La acción particular en el movimiento pedagógico de la España contemporánea. Discurso pronunciado en el banquete que se celebró el 19 de noviembre de 1892 en el restaurante Rusia de Madrid. Labra, Rafael M.a: El Congreso Pedagógico Hispano-Americano de 1892. Madrid, Librería de la Viuda de Hernando y C.a, 1893, pág. 321. y en defensa de la personalidad internacional de España, seriamente dañada por la política colonial durante todo el siglo XIX. 4 Desde su primer discurso parlamentario en 1872, en representación de los liberales y reformistas, hasta su discurso autonomista de 1880 será alentado por sus amigos cubanos en el Congreso, hombres como Calixto Bernal, José Ramón Betancourt o José Güell y Renté. Labra es, sin duda, el hombre que representa a los autonomistas, y es, sobre todo, uno de los políticos españoles más sensibilizados por la "cuestión antillana". La abolición de la esclavitud se convierte para Labra en una "obsesión". Paulatinamente, se irá preocupando por la dignificación del español antillano y por la igualdad civil y política en este y en el otro lado del Atlántico. A partir de 1879 se dedica fundamentalmente a defender mediante la propaganda y la realización de gestiones directas la necesidad de instaurar la autonomía colonial. 5 En sus campañas parlamentarias y extraparlamentarias, desde 1879 hasta 1900, destacan sobre todo dos cuestiones: el abolicionismo y el autonomismo en el orden colonial, sobre las bases de los derechos políticos y civiles de españoles y antillanos, de toda clase y color, y de la representación parlamentaria de las Antillas en el Congreso. Su discurso del 4 de julio de 1880 en el Congreso en nombre de la minoría parlamentaria, sobre "El Primer Presupuesto de Cuba", plantea la primera reclamación de la autonomía colonial y práctica para las Antillas. El último discurso que pronuncia en el Senado, el 30 de junio de 1896, es la última protesta de los autonomistas "desheredados"; la última protesta de la propaganda autonomista en la oposición, convirtiéndose Labra en el único representante de los dos partidos autonomistas de las Antillas.6 Uno de los acontecimientos históricos más importantes y que llevaron a Labra a una reflexión profunda sobre la "cuestión de Cuba" fue el comienzo de la guerra en 1895. En ese año Labra ostentaba el puesto de senador, después de haber sido elegido con el apoyo de la Universidad de La Habana y del Partido Autonomista cubano. El 30 de mayo pronuncia un discurso en el cual queda de manifiesto su posición ante este nuevo conflicto. En primer lugar, aborda la gravedad de la situación en el orden interno e internacional, debido a la guerra de Cuba; en segundo lugar, solicita a los partidos gubernamentales de la península que realicen una declaración en favor de la pacificación de Cuba y del futuro político y social, y en tercer lugar, ratificaba los compromisos con el Partido Autonomista Cubano en pro de la bandera española y de la pacificación de la isla. "no sólo España tenía el derecho a conservar Cuba, como parte integrante de la Nación como lo son las playas de Andalucía, los llanos de Castilla y las playas de Cataluña. Además creía y creo que España tiene el deber de dominar pronto y bien la insurrección separatista, por la ley del honor en beneficio de la complicada sociedad antillana, por el interés del derecho internacional contemporáneo y en cumplimiento de los trascendentales y prestigiosos compromisos de los grandes pueblos colonizadores". 7 El problema cubano no era para él una cuestión de política nacional, sino un problema de política internacional, por las implicaciones que provocó y por la posición de Estados Unidos ante el conflicto, con el reconocimiento de beligerancia a los rebeldes cubanos. 8 Labra consideraba a los Estados Unidos como la gran patria de Washington, Lincoln y Monroe, y fue una decepción para un demócrata reflexivo y convencido republicano -como el mismo se definía-el atropello de los principios y reglas del Derecho internacional contemporáneo, los cuales perjudicarían al prestigio internacional de la joven república y a la paz y al progreso del mundo. El mensaje del presidente McKinley de 6 de diciembre de 1897 exponía el apoyo que tenían del mundo civilizado para intervenir por la fuerza en la cuestión de Cuba, "si así lo imponían la civilización, la humanidad y los intereses de los Estados Unidos". El Congreso había determi-nado la expulsión inmediata de España de Cuba. Y además el mismo había atribuido el derecho a hacer entrar en el concierto del mundo contemporáneo a un pueblo libre e independiente, y había fijado incluso la hora y el modo como debía hacerse. El presidente norteamericano señalaba los perjuicios más importantes de la guerra de Cuba, entre los que destacaba la imposibilidad del gobierno español para proteger a los ciudadanos norteamericanos y sus intereses allí, los numerosos gastos provocados por las expediciones con armas a la isla y los problemas de los barcos que podían ser apresados por la marina extranjera. Labra era consciente de que tanto McKinley como Cleveland habían considerado la anexión de Cuba como algo fundamental para los Estados Unidos, que sólo era una cuestión de tiempo, teniendo Estados Unidos el papel de redentor y no el de país agresor. Incluso Cleveland incitaba a las autoridades españolas para que realizaran las reformas necesarias y, en definitiva, una política de pacificación en la situación de guerra en la cual se encontraba. Sin embargo, Mc Kinley optó por una política de expansión colonial e imperialista. Labra, en una reflexión profunda sobre la guerra hispanoamericana, exponía el interés internacional que ésta suponía y lo que representaba para España: "es mucho, muchísimo más que el reducido interés de poseer las Antillas y las Filipinas, mucho muchísimo más que su aspiración legítima, pero apenas comprendida por la casi totalidad de nuestros actuales hombres políticos, a ser una gran personalidad en el mundo contemporáneo, mediante un cambio profundo en su manera de ser y en sus relaciones coloniales e internacionales". La guerra del 98 termina con el dominio colonial español en Cuba. Pero lo que podría haber culminado con el proceso de liberación del pueblo cubano, quedó frustrado debido a la intervención de Estados Unidos en la guerra y las consecuencias que posteriomente se derivaron. El interés de Estados Unidos por anexionarse Cuba tuvo una negativa bastante rotunda del pueblo cubano, pero la "Enmienda Platt" fue la fórmula ideal para el imperialismo norteamericano; el 21 de febrero de 1901 se sancionó la constitución de la nueva República, y el 12 de junio dicha 9 Labra, Rafael M.a: Aspecto internacional de la cuestión de Cuba. Enmienda, como apéndice constitucional, quedando de este modo legalizada la dependencia neocolonial del nuevo estado.10 Labra y el proceso de independencia de Cuba Uno de los aspectos más importantes en el "problema cubano" era no olvidar que los revolucionarios cubanos -y numerosos españoles -11 aglutinados en el Ejército Libertador pretendían conseguir la independencia de Cuba del colonialismo español. La posición de Labra ante la independencia de Cuba en 1898 fue bastante tajante y clara: "...no he sido partidario de la independencia de nuestras Antillas", y defendía la perfecta compatibilidad de la autonomía de las colonias y la integridad nacional española. Incluso unos años antes, en 1868, cuando comienza la Guerra de los Diez Años, Rafael M.a de Labra era consciente de que la Revolución de Septiembre tendría que haber proclamado una serie de libertades en las colonias. Respecto a este tema la opinión pública internacional se hizo eco de cómo, a pesar de haberse producido algunos cambios importantes en la península -destronamiento de Isabel II, proclamación de la Primera República en 1873, entre otros-, Cuba continuaba sin obtener ningún tipo de reformas políticas. El fracaso de la Junta de Información en 1866 fue el detonante para que algunos reformistas, todavía con esperanzas de que se produjeran algunos cambios, tomaran posiciones en favor de la independencia. 12 "He condenado esa insurrección y he hecho todos los posibles para evitar sus progresos...Tengo la convicción profunda que sin esa insurrección la libertad se hubiera proclamado en Ultramar...Creía en fin, y hoy creo más que por el camino que vamos, que es el abierto en 1868, Cuba se pierde para España para la raza latina, si que (horror me causa decirlo porque yo he cifrado muchas esperanzas sobre nuestras Antillas), para la civilización". 13 Idéntica posición fue la defendida por Labra en el Congreso de los Diputados en el inicio de la Guerra Chiquita (1879-1881); el discurso pronunciado en 1880 defendía la idea de que España sí podía conceder reformas de tipo liberal en Cuba, cuestión que era puesta en duda en los medios políticos. El verdadero obstáculo de las reformas coloniales había sido la guerra, que adquirió enseguida tintes separatistas. Y volvía a manifestar: "protesto desde el fondo de mi alma contra la guerra que de nuevo arde en una parte de Cuba; por eso felicito al partido liberal cubano que con tanta decisión trata de sofocar esa descabellada intentona.¡Paz! Ésa es una de nuestras primeras armas". 14 En una entrevista concedida al periodista Luis Morote, que apareció publicada en El Heraldo de Madrid y en El Mundo de La Habana, volvía a resaltar como el problema cubano del 98 era de tipo internacional, y como éste había sido uno de los más graves y que más había pesado a la hora del resultado obtenido, además de la falta de una política internacional con los países europeos. Y si a esto sumamos la incomunicación oficial y la inexistencia de relaciones estrechas con el mundo intelectual europeo, todo ello había producido el aislamiento con el mundo exterior. Los principales causantes de esta situación habían sido los embajadores y los políticos, los cuales habían obstruido la proyección internacional cubana, principalmente en Europa. Para Labra "la catástrofe colonial nunca se hubiera producido de existir en el alma nacional un criterio, una voluntad. Caíamos de tumbo en tumbo por no saber lo que era la guerra de Cuba y por no saber lo que era la fuerza de los Estados Unidos". 15 13 Discurso pronunciado por Rafael M.a de Labra en el Congreso de los Diputados el 10 de julio de 1871 y que apareció publicado en el libro titulado: La Política colonial y la revolución española de 1868. 14 Discurso pronunciado por Rafael M.a de Labra en el Congreso de los Diputados el 15 de abril de 1880 y que apareció publicado con el título: "El primer Presupuesto de Cuba", en Discursos políticos, académicos y forenses. 15 Morote, Luis: El Pulso de España. Esta situación no había sido asumida nada más que por algunos autonomistas antillanos y otros republicanos peninsulares. En la reflexión que Labra hacía se retrotraía hasta considerar que las reformas implantadas en América, a comienzos del siglo XIX, habían sido la causa de que Cuba y Puerto Rico no se hubieran independizado, al igual que el resto de las repúblicas sudamericanas (reformas del marqués de Sonora en 1775 y de las Cortes de Cádiz en 1812). Sin embargo, esta política de reformas se vio bruscamente interrumpida con la real cédula de 1825, que dio a los capitanes generales en las Antillas, aún en tiempo de paz, las facultades omnímodas de los jefes de plazas sitiadas en tiempo de guerra, el monopolio de los mercados antillanos para las harinas de Castilla y los géneros de Cataluña, junto con la expulsión de los diputados de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en las Cortes de 1835; la política reaccionaria en 1865, que concluiría con la separación de la República Dominicana, y un largo etcétera. Por consiguiente, la crisis colonial e internacional del 98 no era una cuestión casual, sino una de las manifestaciones de la crisis general de la España Moderna: "Ni en la Península, ni en las colonias podían producirse más que efectos de perdición, el centralismo, la dictadura más o menos intermitente, la mistificación sistemática de las libertades públicas, el clericalismo, el proteccionismo mercantil y la supeditación de las atenciones de la enseñanza pública y del presupuesto de paz a las exigencias de la burocracia y el militarismo". 16 A raíz del desastre del 98 Rafael M.a de Labra realizó importantes estudios donde analizó la situación de España. Su labor fue la de difundir a través de conferencias esta nueva circunstancia. En la titulada "El pesimismo de última hora" analizó la situación interna de España en comparación con la de otros países, a los que consideraba "naciones contemporáneas" y a los que llamaba a adoptar distintas reformas para salir de la crisis. Efectivamente, Labra está combatiendo el pesimismo del momento y lo hace con un discurso regeneracionista en el que apunta distintas soluciones para imprimir cierto dinamismo a la sociedad española. Paralelamente inicia una crítica razonada del Tratado de París, que violaba las más elementales normas del Derecho internacional, poniendo de manifiesto la "ilegal" intervención de los Estados Unidos en la guerra hispano-cubana. La posición política de Labra después del 98 fue ofrecer un claro apoyo al partido republicano y defender públicamente cómo los únicos que podían "salvar a España de la anemia que padecía eran los republicanos al estar más capacitados moralmente y poner término al espectáculo que si continuara aumentaría las causas desmoralizadoras y destructoras de nuestro país". 17 Ya en 1897 había pronunciado un discurso en el Teatro León mostrando sus simpatías hacia el partido Fusión Republicana y a la República española, "cuya causa sirvo desde 1873 sin haber rectificado en lo fundamental de mi doctrina política de 1870". 18 A pesar de que Labra mantuvo una posición firme frente a la independencia de Cuba, su labor fue reconocida por los cubanos de las diversas tendencias políticas. El 12 de diciembre de 1915 numerosos periódicos de La Habana recogieron la noticia sobre el cambio de nombre de la conocida calle del Aguila, por el de "Rafael María de Labra". Presidieron el acto solemne el general Freire Andrade, alcalde de La Habana; el ministro de España en Cuba, Sr. Mariátegui; el presidente de la República, representado por el secretario general del Gobierno, Rafael Montoro, y los ministros de Hacienda, Instrucción Pública y Negocios Extranjeros. Los promotores de esta iniciativa habían sido los principales representantes de la Fiesta de la Raza, y el diputado Juan Gualberto Gómez, fundador de la "Junta Suprema de Color". En la Península aparecieron reseñas en El País, enviadas por Juan Gualberto Gómez, con el título: "Demostración trascendental en América", en la cual destacaba la campaña democrática, autonomista y abolicionista de Labra, aclamándole como uno de los hijos predilectos de Cuba por su contribución a la intimidad de los pueblos trasatlánticos. 19 Decía Gómez: "Labra nunca ha sido revolucionario, permaneció siempre fiel a España, aunque esto no le impidió solicitar reformas para Cuba, tachándosele incluso en alguna época como desafecto a la soberanía española. Cuba estaba en deuda con él y ya la ha saldado". 20 17 Labra, Rafael M.a: El Partido Republicano en España. Discurso pronunciado en el mitin de propaganda republicana en el Teatro de los Campos Eliseos de Gijón, el 15 de octubre de 1899. 18 Labra, Rafael M.a: La Política colonial, pág 8. 19 Labra, Rafael M.a: El Poder de las Ideas. También aparecieron artículos laudatorios en La Correspondencia de España de Madrid, llamándole "el más importante propagandista de la unión espiritual y material entre España y América, y patriota del americanismo en España"; en El Liberal, el ABC, en La Ilustración Española y Americana, El Popular de Málaga, El Noroeste de Gijón, El Naranco de Oviedo. Y en La Habana en La Noche, La Discusión, El Triunfo, El Heraldo de Cuba, etc. La respuesta de Labra ante estos hechos fue bastante elocuente y llena de sinceridad, con frases como "esta iniciativa de la raza de color, que había sido levantada y dignificada por nuestras leyes abolicionistas y el concurso admirable de todos los negros y blancos españoles que vivían en la Gran Antilla". Los negros de otro tiempo que hoy se encontraban en posesión de todos los derechos políticos y sociales eran senadores, diputados, concejales, oradores, militares, publicistas, periodistas... "Yo siempre he tenido una posición franca frente al problema antillano. Comprometí mi honor asegurando la perfecta compatibilidad de la autonomía colonial con la integridad de la patria española. Creo sin vana modestia que esta garantía de mi persona sirvió para algo, para que las soluciones autonomistas, aparte de la abolición de la esclavitud, encontraran simpatías en algunos españoles dudosos o resistentes. Y cuando se perdieron las colonias yo no tuve que pensar donde estaba mi puesto. Me decidí silenciosamente, quebrantado y dolorido y en medio del respeto de todos, por la Nación ofendida y mal tratada por el Tratado de París de 1898. No creo que hice una heroicidad. Pero tengo la convicción de que ningún español perdió entonces individualmente más que yo, que perdí mi bufete, mi posición parlamentaria y mi tranquilidad. Ningún insurrecto ha dudado jamás de mi lealtad a la bandera española. Pero yo no he ofendido nunca a los insurrectos. Los tenía por equivocados y reconocí honradamente la sinceridad de esto en mi último discurso en el Senado en 1896". 21 Labra sería reconocido como "El Embajador Moral de la América Libre". 22 A modo de conclusión destacaremos las siguientes cuestiones. Rafael M.a de Labra es, en el panorama político español de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, uno de los intelectuales más preocupados por lo que se denominaba en la época "la cuestión colonial". 22 Homenaje del Casino Español de La Habana. Labra, Rafael M.a: El Poder de las ideas. Gran demostración cubana en favor de la Intimidad Hispano-Americana. La prensa de Cuba, América y España. RAFAEL MARÍA DE LABRA ANTE LA CUESTIÓN DE CUBA, 1898 los graves problemas en los que se encontraban sumidas las últimas colonias del imperio español, como eran la esclavitud, la intransigencia e intolerancia representada por la mayoría de los capitanes generales enviados a Cuba, a excepción de algunos entre los que podemos citar al general Domingo Dulce (depuesto de su mando en 1869 por los Cuerpos de Voluntarios),23 fue bastante clara y tajante ante una situación que debía ser transformada. De ahí la insistencia de Labra de ahondar en el análisis de la situación social, política y económica de las colonias. A pesar de su posición tolerante, reformista y sus simpatías hacia los republicanos, Labra defendió, sin lugar a dudas, el sistema colonial imperante en la Europa del siglo XIX y en ningún momento puso en tela de juicio el sistema como tal. Ahora bien, debido a su voluntad democrática y conciliadora, no podía mantenerse impasible ante la situación de injusticia, desigualdad, ignorancia e intransigencia que padecían no sólo Cuba y Puerto Rico, sino también la propia sociedad en la metrópoli. Debido a este deseo de Labra de transformar la realidad con su lucha infatigable por conseguir reformas políticas, sociales y económicas para las colonias, abogó por una política reformista; de ahí las alusiones en sus discursos en el Congreso y en el Senado a los intelectuales cubanos de tendencia reformista, entre los que citaba a José Antonio Saco, Francisco Frias y Jacott, conde de Pozos Dulces, y José Ramón Betancourt, los cuales fueron desterrados por las autoridades a mediados del siglo XIX, o en otros casos tomaron el camino del destierro voluntariamente hacia Nueva York, Madrid o París. 24 Por ejemplo, Betancourt en 1873 pedía que se cumplieran las promesas de los revolucionarios del 68 sobre la abolición de la esclavitud. "Que no medien otros cuarenta años de fraudes legales". 25 En realidad nos ha resultado bastante clarificadora para nuestro análisis la definición, dada por Elena Hernández, sobre lo que significaba el término "reforma" para estos liberal-radicales de la España de la segunda mitad del XIX. Se centraba en la reforma social, mediante una educación laica e igual para todos; reforma económica, basada sobre todo en la liberalización de los intercambios y en la abolición de todo tipo de trabas proteccionistas, y reforma política, como medio de acabar con la corrupción del antiguo régimen. 26 Haciendo gala de la coherencia que le caracterizara a lo largo de toda su vida, Labra colaboró y defendió con todos los medios a su alcance la abolición de la esclavitud, en Cuba y Puerto Rico, al considerarla como una de las lacras sociales fundamentales y que debía ser erradicada para el progreso social y político en las colonias. A pesar de considerar los problemas inherentes al sistema colonial, no por eso apoyó en ningún momento los movimientos de independencia en Cuba, los cuales comienzan en 1868, con la Guerra de los Diez Años, continúan con la Guerra Chiquita, entre los años 1879-1881, y culminan con la última guerra de independencia, entre 1895-1898. Por el contrario, fue bastante crítico, aunque respetuoso, concediéndoles en algún momento parte de culpa en la paralización de las reformas. La guerra del 68, Guerra de los Diez Años o movimiento cespedista, puesto que este fue iniciado por el abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes, estalla en Cuba después de un largo proceso social y político. Ejemplo que va desde las revueltas de esclavos, como la Conspiración de Aponte (1812), la Conspiración de la Escalera (1844), las conspiraciones masónicas de los Soles y Rayos de Bolivar (1822-1824) y del Aguila Negra, hasta el fracasado intento de los comisionados de Cuba y Puerto Rico en la famosa Junta de Información en 1866, los cuales vieron como todas sus peticiones eran denegadas, haciendo referencia una de las principales a la abolición de la esclavitud. Labra no podía justificar la paralización de las reformas debido al estallido de la guerra, sino que por el contrario, y él mismo lo reconocerá en algunas ocasiones, la guerra del 68 se produce debido a la asfixia política y malestar social de la sociedad en Cuba y a la negativa de España a conceder reformas. Por otra parte, Labra fue partidario del sistema político autonomista, puesto que de esta forma quedaba a salvo la "integridad del territorio"; es decir, un sistema por el que sin tener que desprenderse de las antiguas colo-nias del Imperio español, se concederían reformas políticas y sociales tendentes a mejorar la situación política de las mismas. De mayor relieve es la intuición de Labra, que supo ver con bastante claridad lo que iba a suponer el naciente imperialismo norteamericano, siendo bastante crítico con la posición adoptada por Estados Unidos ante la guerra de 1898, y muy especialmente con lo que supuso el Tratado de París, para España y para la propia Cuba. Ante una situación de cierta crisis en España después del 98, Labra se mostrará partidario de la necesidad de regenerar la sociedad española a través de la educación. Sólo nos resta añadir la importancia de la talla intelectual de Rafael M.a de Labra. Su posición sincera, tolerante y democrática ante la convulsa sociedad española del siglo XIX y su mirada hacia América, que favoreció, después de obtenida la independencia de Cuba y Puerto Rico, una cierta unión de los pueblos de uno y otro lado del Atlántico.
A pesar de la atención que la prensa ha prestado durante las últimas décadas a las excavaciones científicas y al saqueo ilegal de antiguas tumbas de elite que contenían numerosos objetos de oro, plata, cobre y otros metales, durante largo tiempo los etnohistoriadores han descuidado el estudio de la actividad minera en el norte peruano. Una razón fue el sesgo "bullonista" de las primeras oleadas de conquistadores y colonos españoles. Ellos equiparaban los montos de oro y plata (bullion) -ya fueran de un reino, una nación o una persona-con la fuerza y la riqueza y, en consecuencia, dadas sus aspiraciones, no estaban demasiado interesados por los metales más utilitarios como el cobre, el estaño, el plomo y el bronce. El descubrimiento de la mountain of silver (la "montaña de plata" que rendía hasta un marco [8-8.5 onzas cada uno] por libra de mineral de plata), el 1 Unos párrafos de este trabajo fueron publicados en "Ethnohistorical Dimensions of Mining and Metallurgy in Sixteenth Century Northern Peru", en Craig, Alan, K., y West, Robert C. (eds.): In Quest of Mineral Wealth: Aboriginal and Colonial Mining and Metallurgy in Spanish America, Geoscience and Man XXXIII, diciembre 1994, págs. 93-108. Cerro Rico de Potosí, en 1545 desvió rápidamente su atención y los esfuerzos colonizadores hacia el sur. En ese momento el norte -ya fuera sólo la costa lambayecana o la planicie marítima con su hinterland serrano de Cajamarca (e incluso hacia el norte, en territorio cañar)-ofrecía pocas oportunidades semejantes para enriquecerse rápidamente. 2 Es más, durante las primeras décadas de la invasión y conquista, los españoles asumieron que la prospección, extracción e incluso el trabajo del metal (como se verá luego con el examen de los plateros) eran trabajos propios de los nativos. Hernando de Santillán, un observador español del siglo XVI, sostuvo que "no hay [español] quien sepa de que minas ni como se sacan, porque es cosa que anda entre los indios". Debido a estas actitudes y a la concentrada atención prestada a Potosí y, posteriormente, a Huancavelica y otros ricos lugares (por lo general en la sierra sur), los españoles dejaron pocos registros escritos sobre la minería y la metalurgia en el norte. Los cronistas, algunos de los cuales serán citados más adelante, lo mencionan pero no se detienen a describir las minas y procesos tecnológicos del norte como lo hacen con la zona sur, sobre la cual incluyen extensos, detallados y que, a menudo, complejos informes. Hasta la segunda mitad del siglo XVII, las otras fuentes manuscritas coloniales, como los padrones de tributarios y de censos, los expedientes judiciales, diarios de visitas y otras fuentes administrativas, únicamente se refieren a la minería (si lo hacen) de forma sumaria e incidental. En cuanto las ricas menas del sur se agotaron en su mayor parte y la inundación de los socavones llevó al abandono de varias minas, los recursos minerales del norte atrajeron la sistemática atención burocrática. Luego, los entusiastas oficiales reales hispa-2 Cobo, Bernabé: Historia del Nuevo Mundo, I, Biblioteca de Autores Españoles, XCI-XCII, Ediciones Atlas, Madrid, 1956, pág. 137; Lohmann Villena, Guillermo: "La minería en el virreinato peruano", La minería hispana e ibero-americana, ponencias del I Coloquio Internacional sobre historia de la minería, I, Congreso Internacional de Minería, Departamento de Publicaciones, León, España, 1970, pág. 644; Shimada, Izumi; Epstein, Stephen, y Craig, Alan K.: "The Metallurgical Process in Ancient North Peru", Archaeology, 1983, pág. 38; Bargalló, Modesto: La minería y la metalurgia en la América española durante la época colonial, Fondo de Cultura Económica, México, 1955, pág. 74. Zárate (citado en Bargalló: La minería..., pág. 74) asegura que los rendimientos eran de 80 marcos por quintal. Para la importancia que el oro y la plata tenían para los conquistadores véase Jara, Álvaro: "Economía minera e historia económica hispanoamericana", Tres ensayos sobre economía minera Hispanoamericana, Universidad de Chile, Centro de Investigaciones de Historia Americana, Santiago de Chile, 1966, pág. 24; Ramírez, Susan: Provincial Patriarchs, Land Tenure and the Economics of Power in Colonial Peru, University of New Mexico Press, Albuquerque, 1986, capítulo 2. El libro de Contreras, Carlos: Los mineros y el Rey. Los Andes del norte: Hualgayoc, 1770-1825, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1995 y el artículo de González Pujana, Laura: "Minería y trabajo indígena en los Andes, Guamanga y Zaruma", Revista Complutense de Historia de América (Madrid), XVIII, 1992, págs. 117-131, son dos trabajos que inician la investigación de la industria minera en el norte. Sus registros, por lo general globales, cada vez más numerosos, se complementan con los casos judiciales y otros informes del tardío siglo XVIII, bajo el estímulo administrativo y fiscal de los reformadores borbones. Pero la minería del siglo XVIII es otra historia. 3 Aquí se resumirá la información actualmente disponible y algo dispersa sobre los siglos XVI y XVII para brindar un contexto y perspectiva históricos a la información arqueológica y sugerir cómo la minería y la metalurgia se ajustan en la organización socioeconómica de la costa norte. Mis observaciones sobre la metalurgia indígena se basan en los hallazgos prehispánicos reportados en la bibliografía secundaria y en las fuentes manuscritas, que datan de entre 1535 (tres años después de que Francisco Pizarro capturase al inca Atahualpa en Cajamarca) y 1600, aunque la mayoría antecede a la visita toledana de 1572-1573, la cual alteró de manera significativa las costumbres y prácticas de las sociedades nativas de la zona. Se incluyen unos breves comentarios sobre la minería colonial posterior con el fin de indicar los potenciales recursos mineros del norte que, si bien sólo fueron desarrollados tardíamente por los españoles y sus sucesores criollos, tal vez fueron una fuente importante de minerales en tiempos precolombinos. Éstos ciertamente merecen un futuro examen arqueológico. La metalurgia nativa en el siglo XVI Para los pobladores nativos del norte peruano, al igual que para los de otros lugares, las minas eran objetos o lugares de culto. Cristóbal de Albornoz afirmó que los indios de las huacas de Lucanas, Angaraes, Jauxa y otras provincias del Chinchaysuyu "Escoxen el más hermoso fruto y le guardan... y desta forma de todos los minerales de oro o plata o azogue que antiquísimamente se han descubierto. Han escogido las mas hermosas piedras de los metales y los han guardado y guardan y los mochan llamándolas madres de las tales minas. Y, primero que los vayan a labrar, el día que han de travajar, mochan y beven a la tal piedra llamándola mama de lo que travajan." 4 El cronista Bernabé Cobo lo corrobora e informa acerca de que las minas eran consideradas huacas en donde los nativos rezaban y celebraban en su honor con "fiestas en las que los mineros danzaban y bebían chicha durante toda la noche". 5 Fray Martín de Morúa, un contemporáneo suyo, da mayores detalles: "los solían adorar, e hacer muchas ceremonias particulares de adoración, bebiendo y bailando, teniendolo por aguero; lo mismo solían hacer en las minas que llaman copa, que adoraban y reverenciaban a los metales que llamaban mama, y las piedras de los metales, que llaman corpa, adorábanlas, besándoles y haciéndoles diferentes ceremonias; y a las pepitas de oro en polvo y la plata, y las guayras donde se funde la plata hacían lo mismo..." 6 Está comprobado que los habitantes de la costa norte siguieron esta práctica gracias a los datos proporcionados por un informe administrativo sobre el distrito de Piura, ubicado junto a lo que posteriormente fue el distrito colonial de Lambayeque, que hasta mediados del siglo XVI también incluyó al distrito habitado por los Jayanca. El informe anónimo, 7 titulado "Relación de la Ciudad de San Miguel de Piura", afirma que los pobladores ofrecían oro y plata a sus huacas y adoratorios, tal como hacían sus análogos del sur. 8 Si bien el informe no vincula directamente las minas conocidas en el distrito con las huacas y las ofrendas, las evidencias arqueológicas confir-4 Duviols, Pierre: "Un inédit de Cristóbal de Albornoz: La instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú y sus camoyos y haziendas", Journal de la Société des Américanistes, LVI, 1967, págs. 18, 38. Las afirmaciones de Albornoz comprenden desde Quito hacia el sur. Duviols data el manuscrito hacia finales del siglo XVI. 5 Cobo: Historia...(1890-95), lib. 3, cap. 2, parafraseado por Franch, José Alcina: "La producción y el uso de metales en la América precolombina", La minería hispana e ibero-americana, ponencias del I Coloquio Internacional sobre historia de la minería, VI Congreso Internacional de Minería, Departamento de Publicaciones, León, España, 1970, pág. 311. 6 Morúa [o Múrua], Fray Martín de: Historia del origen y genealogía real de los reyes incas del Perú, Biblioteca "Missionalia Hispánica", II, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1590/1946, págs. 278-279. 7 Espinoza Soriano, Waldemar: "El Valle de Jayanca y el reino de los Mochica, siglos XV y XVI", Bulletin de l 'Institut Français d' Études Andines, IV, núms. Espinoza atribuye el manuscrito a una persona de nombre Céspedes y fecha el documento en 1586. 8 Anónimo: "Relación de la ciudad de San Miguel de Piura", en Urteaga, Horacio H. (ed.): CLDHP, V, segunda serie, Sanmarti y Ca., Lima, 1925, pág. 96. En 1984, durante cinco semanas, un equipo, conformado por Izumi Shimada, Alan Craig y el ingeniero José Suárez, halló un depósito de ocho conchas de Spondylus completas, un bien sagrado y preciado entre los nativos precolombinos, en la base del antiguo pozo de una mina en Cerro Meilliso, y concluyó que eran ofrendas rituales similares a las que fueran descritas por Albornoz. Shimada asimismo afirma haber excavado catorce camélidos sacrificados en la Huaca del Pueblo, en Batán Grande, un lugar residencial y metalúrgico relativamente pequeño, de alrededor del año 900 d.C. 9 Las conchas de spondylus y la ofrendas de camélidos fueron mencionadas por Albornoz al describir un método utilizado para ubicar huacas. Él sostuvo que "en todas las más guacas que están en los cerros y en llanos, tienen al rededor de si unas señales que llaman cachauis, que son señales de los ofrescimientos que a las tales guacas hazían y tienen sus nombres en nombre cada señal del que allí ofresció hijo o carnero[,] de oro o plata o de mollo. Hallarán los ofrescimientos en los tales ceques o cachauis." 10 Estos cachauis o ceques, nos dice, podían ayudar a ubicar las huacas y, por extensión, a otras minas. Al parecer, en el norte, los españoles no siguieron este consejo. Si bien las consideraron construcciones que albergaban tesoros ocultos, como las pirámides o los templos, no descubrieron muchas minas. Son pocas las tempranas noticias coloniales de minas en la costa norte. Felipe Guamán Poma de Ayala escribió que Saña, un pequeño curacazgo al sur del valle de Lambayeque, era "pobrécimo de plata y poco oro...". Su información queda confirmada por una copia de la tasa del tributo de los Saña de 1549, 9 Véase Shimada: "Preliminary Report on the 1984 Survey of Ancient Mines in the Lambayeque Region, Peru", Cambridge, 1984, págs. 4 y 7; "Pre-historic Metallurgy and Mining in the Andes: Recent Advances and Future Tasks", en Craig: In Quest..., págs. 53-54; Shimada, Izumi, y Shimada, Melody: "Prehistoric Llama Breeding and Herding on the North Coast of Peru", American Antiquity, 50-51, 1985, págs. 14-15. ISSN: 0210-5810 hecha por el presidente Pedro de la Gasca, en donde se lee que "no tiene nyngun genero de minas en sus t[ier]rras." Sin embargo, en 1562 hay una referencia a una mina ubicada allí, aunque ignoramos qué mineral era explotado o si en realidad era una mina natural o una "guaca [de] entierro", a veces llamadas "mina" por los españoles. Ese mismo año los españoles reportaron depósitos de oro y plata en el valle de Túcume o La Leche, unos cuantos kilómetros al norte. La antes mencionada "relación" temprana que describe a Piura también transmite que había minas de oro y plata a la vista de la ciudad, pero que no se las explotaba porque no eran rentables. 11 Las modernas prospecciones del valle de Saña y otros valles han mostrado que la región tiene numerosas minas prehispánicas y coloniales, la mayoría de cobre. Más exploraciones descubrieron amplias evidencias de excavaciones indígenas. Heather Lechtman halló, en la prospección que hiciera de la costa norte, por lo menos tres yacimientos mineros prehispánicos de cobre (aunque posiblemente existieron más), sin contar los que fueron explotados en tiempos coloniales y después, en donde los restos de la minería y el procesamiento precolombinos podrían haber sido destruidos. 12 Ella concluye "que la costa norte peruana es una zona repleta de minerales de cobre, en particular los óxidos y carbonatos que son tan fáciles de fundir... Todas las evidencias indican que dichos minerales fueron explotados sistemáticamente por los españoles, y estoy segura que también lo fueron mucho antes por los pobladores andinos." 13 Lechtman también menciona a Chilete (Chilequete en la temprana [1540] documentación colonial, a 1000 metros de altura y a un día de cami-11 Ramírez: The World Upside Down: Cross-cultural Contact and Conflict in Sixteenth Century Peru, Stanford University Press, Stanford, 1996, cap. 5; Anónimo: "Breve relación de la ciudad de Truxillo y de las Villas de Miraflores, La Parrilla, Arnedo y Cañete", en Urteaga, Horacio (ed.): Colección de libros y documentos referentes a la historia del Perú (CLDHP), V, segunda serie, Sanmarti y Ca., Lima, 1925, pág. 129; Anónimo: "Relación...", pág. 79; Archivo General de las Indias (AGI), Justicia 458, f. Es posible que los nativos informaran a la Gasca de que no había minas en sus tierras para escapar de la obligación de trabajarlas. Véase también su nota 23 y la página 13 para la costa más próxima a Trujillo. Una prospección alemana de la zona es más pesimista. no de la costa, en la orilla norte del valle del Jequetepeque) como una fuente costeña14 precolombina de plata, aunque en 1540 los españoles consideraron que el lugar formaba parte de Cajamarca y era, por lo tanto, un dominio serrano. La prospección arqueológica mencionada muestra la presencia de por lo menos media docena de minas. La de Cerro Meilliso es rica en plata. La arquitectura de mampostería estandarizada y las impresionantes terrazas argumentan en favor de la importancia particular de esta mina, tal vez precisamente debida a sus minerales de plata. La mayor parte de los yacimientos restantes son fuentes de cobre. Tanto los registros arqueológicos como los virreinales indican, en cambio, que la sierra norte era más rica en recursos minerales que la costa. Se sabía que partes de la región general de Cajamarca tenían numerosos depósitos minerales, en especial de plata. Como ya se mencionó, Chilete muy probablemente fue un importante centro minero de plata ya en 1540 e incluso antes de que lo descubrieran y explotaran los españoles. 15 También, se extraía plata y oro en la zona serrana de Conchucos. De hecho, ya en 1535 Pizarro dio permiso a su teniente en el Valle de Trujillo, el capitán Martín de Estete, para que "rescatar[a]" con los caciques de Chimo y Conchuco, sus subordinados y súbditos, el oro y plata que tuvieran en su posesión. Hernando Pizarro, el hermano de Francisco, menciona a Cajamarca en 1541 como una importante zona potencialmente minera. El licenciado Vaca de Castro asimismo incluyó a Cajamarca y Conchucos en las observaciones que hiciera al rey, señalando que "el provecho destas tales minas esta en correr bien el metal y aber leña que avnque rresponda a poco por quintal es grande el prouecho". 16 El distrito de Huamachuco era una zona rica en minerales, así como la zona cerca de Chota, en donde los nativos de Conduzmarca y Bambamarca trabajaban las minas 17 en 1560. Luego, en su visita a la zona norte, el arzobispo don Toribio Alfonso de Mogrovejo encontró cuatro familias nativas con dieciséis miembros trabajando minas en la década de 1590. Otra mina que también visitó en la misma época, cerca de Celendín, era trabajada por esclavos negros y un número indeterminado de campesinos de la localidad. Sólo los pobladores nativos de Guambos, la zona que incluye las cabeceras del río Lambayeque o Chancay, tierra en dirección al este de Íllimo, negaron categórica y repetidamente tener acceso a mina alguna: "los nat[urale]s de guambos son pobres. 18 Tierra adentro se sabía que había plata en el territorio cañar, en lo que hoy es Ecuador. También se informó acerca de que los Chachapoyas (más al interior todavía) tenían depósitos ricos de oro y plata ya en 1538, por lo que se puede afirmar, casi con toda seguridad, que se desarrollaban actividades mineras precolombinas. Las fuentes son curiosamente silenciosas con respecto a las ricas zonas mineras de oro de Pataz y los depósitos de plata de Hualgayoc, cerca de Chota, 19 que fueron descubiertos en siglos posteriores. Además, rara vez se mencionan los depósitos de cobre que, según los arqueólogos, eran de suma importancia para la economía nativa. Sin embargo, los habitantes prehispánicos de la región ciertamente sabían dónde estaban las minas. Craig sostiene que las fuentes de minerales podrían haber sido localizadas encontrando float mineralizado en los lechos secos de los ríos y siguiendo el rastro corriente arriba, o usando plantas indicadoras. En consecuencia, una avanzada industria metalúrgica había florecido en la costa norte durante siglos, bajo el mando de las autoridades locales. Cobo afirma que "sacábanlo [al cobre] antiguamente los indios en mucha cantidad, a cuya causa se ven hoy muchas minas labradas de tiempo antiguo". Más tarde, con la conquista de estas poblaciones, los incas tal vez tomaron medidas para expandir las dimensiones de la indus-tria. Guamán Poma de Ayala sugiere que Cápac Yupanqui, y presumiblemente también sus sucesores, iniciaban la búsqueda sistemática de recursos minerales una vez asegurada la lealtad de los pueblos recién contactados. Él escribió que "Capa Yupanqui Ynga mandó descubrir todas las minas de oro y plata, azogue, limpi, y chima, cobre, estaño, y de todas las colores". Esta búsqueda organizada de recursos minerales indica cuán importantes eran cultural y económicamente.21 Las fuentes hispanas afirman que todas las minas pertenecían al soberano inca por derecho de conquista, y que eran explotadas en su beneficio. 22 En palabras de un autor del siglo XVI, "en las prouincias donde avia minas echavan a sacallo cierta cantidad de indios y todo lo que se hallaua se enbiava cada un año al ynga y tanbien en esto avia q[uen]ta...". Un manuscrito del Museo Británico, titulado "Horden que el Inga tubo en la governacion del Piru", reitera que "Donde auia minas de joro y plata Andaban yndios En ellas Sacando para el ynga, y los que hacian esto no daban otro tributo ni Seruiçio". 23 El oro y la plata estaban reservados para el uso exclusivo del inca y los señores que le estaban sujetos. 24 Los metales eran trabajados en diversas formas ornamentales y artículos funerarios. La relación de 1561 afirma que "si era oro o plata todo lo hazia vassos y ornatos de las casas de su rreligion y enterravanse con ello...". 25 Sin embargo, los artículos de cobre y bronce (como anzuelos y cuchillos) estaban a disposición de la gente del común. 26 En la práctica, los curacas locales, que organizaban y supervisaban la mano de obra, controlaban las minas al igual que otros recursos naturales y producción. Un informe inédito, redactado en 1561, relata cómo el gobernador provincial solicitaba mineros "si el governador mandava que mill indios desta provinçia fuessen este verano a sacar oro para el inga davanlos las parçialidades por su q[uen]ta y rrason cada uno según los indios que tenia". Si bien este pasaje tal vez evoque imágenes de una hueste de mineros que partían a las minas como un cuerpo, como una gran centralización, las fuentes arqueológicas y las manuscritas de nivel local indican lo contrario. En realidad, es probable que los señores locales supervisaran la adquisición y extracción misma de los minerales. En general, las fuentes históricas sugieren que los curacas asignaban gente del común ("mineros") para que trabajaran en los pozos y minas poco profundos de donde se extraía la mayor parte de los minerales (salvo el oro). 27 Los comuneros trabajaban como mineros de forma estacional y temporal, tal vez como parte de su mita (el tributo en servicios laborales rotatorios). El número de trabajadores asignados a estas tareas era pequeño. Santillán afirma que "en la provincia que tenía minas o las alcanzaba cerca, pedia el inga para sacar oro dellas de cient Indios uno". Dada la pequeña escala de las actividades mineras prehispánicas en el norte, es probable que el trabajo fuera individual o bien realizado por pequeños grupos. 28 Los medios exactos con los que se accedía a los recursos minerales sigue siendo materia de debate. Hay evidencias para respaldar varios mecanismos distintos. Uno de ellos era la explotación directa de los recursos por un curaca y su gente. Tanto las evidencias arqueológicas como las históricas respaldan esta explicación. Los informes de prospecciones geológicas recientes señalan la presencia tanto de los minerales de cobre como de las portadoras de arsénico, necesarias para producir los artefactos ceremonia-26 AGI, Patronato 188, R. 22, 1561, f. 27 El oro aparentemente se obtenía lavando en los arroyos. Cobo (Historia..., I, pág. 140) afirma que en la época prehispánica se le conseguía en placeres. Los indios no sabían cómo extraer oro de la roca. 10; Shimada: "Preliminary Report...", pág. 4; "Procurement and management of Resources..."; "Pre-historic Metallurgy and Mining...", págs. 49, 54; Carranza: "La metalurgia...", pág. 53; Rodríguez-Rivas: "La legislación...", pág. 659; BAH, A92, f. 10; Santillán: Relación..., pág. 39. les y utilitarios que los arqueólogos han encontrado, y por los que la región fue adquiriendo fama. 29 Pero en ciertos casos los minerales necesarios tal vez no estaban disponibles a corta distancia. En estas condiciones, los curacas de la costa habrían tenido dos opciones: una era la explotación directa efectuada por sus propios súbditos, a quienes se enviaba y estacionaba en áreas relativamente distantes para que extrajeran las menas. Martín de Morúa, el cronista del tardío siglo XVI, señala que los "indios mitimaes para las minas de oro y plata y demás metal y minas de colores... no trabajaban en ellas sino era cuando el Inga lo mandaba; residian de ordinario en las minas, sustentabanse de las chácaras". Otros mitimaes (colonos) eran establecidos en zonas lejanas para que proporcionaran a su comunidad recursos tales como la coca, que a veces no estaban a la mano. 30 En los escritos de diversos cronistas y en los informes de otros contemporáneos hay un indicio de que ésta era una práctica común; ellos afirman que ciertas zonas mineras eran multiétnicas, en el sentido de que los nativos de varias etnías trabajaban los depósitos de manera simultánea bajo la dirección de sus distintos curacas. Pedro Sancho de la Hoz comenta respecto del principal centro minero en Guarnacabo (en el Collao): "La[s] gentes que aquí sacan oro podrán ser hasta cincuenta entre hombres y mujeres y éstos son de toda esta tierra, de un cacique veinte y de otra cincuenta y de otra treinta; y de otra más o menos, según que tienen, y lo sacan para el señor principal." 31 Santillán alude al mismo patrón en Zamora (en el actual Ecuador): "En Zamora, que es un poco mas grueso el trato de oro, mueren los que de otras partes allí vienen...". 32 Los trabajadores viajaban desde zonas tan dis-29 Merkel, J. F., Shimada, I., Swann, C.P., y Doonan, R.: "Pre-Hispanic Copper Alloy Production at Batan Grande", en Scott, David A., y Meyers, Pierter (eds.): Archaeometry of Pre-Columbian Sites and Artifacts, Getty Conservation Institute, Los Ángeles, 1994, págs. 199 "en este asiento de Chuquibamba habia puesto en tiempo del Ynga yndios curicamayocs que son yndios para sacar oro del poço que esta en esta puente de diferentes naciones y estaban poblados y avencindados en una y otra parte del rio." 33 Un número cada vez mayor de fuentes primarias, entre ellas la visita de Jayanca de 1540, la merced de encomienda de Túcume de 1541 y numerosas otras que datan de antes de las reducciones emprendidas por el Dr. Gregorio González de Cuenca, oidor de la Real Audiencia y visitador, en 1566, así como por el virrey Francisco de Toledo en 1572-1573, indican que era usual que los señores costeños tuvieran súbditos en la sierra. El patrón de asentamiento original de los súbditos de un curaca principal era el de estancias pequeñas ampliamente dispersas que rodeaban al tambo o centro religioso y administrativo y a las que los españoles, a veces, llamaban mitimaes; algunas estaban dispersas desde el litoral hasta la sierra de Cajamarca. Un cacique principal de la costa aseguró en 1566 que él tenía "sus pueblos en distrito de mas de treinta leguas desde la mar hasta caxamarca". 34 Algunos grupos costeños que vivían en la sierra todavía seguían sirviendo a su señor en la década de 1560, como aquellos olleros naturales de Jayanca pero que vivían en la sierra entre los Guambos y las nueve aldeas de los súbditos del curaca de Saña 35 que vivian en la sierra entre los Cajamarca. A pesar de que existen numerosas referencias a los grupos periféricos de Cajamarca, no sabemos con exactitud cómo y dónde vivían. Sólo conocemos cinco de los nueve poblados habitados por los llamados mitimaes de Saña en Cajamarca; probablemente no eran mineros porque a fina-les de la década de 1560 sostenían no tener plata para pagar el tributo, por lo cual se presume entregarían ropa a su curaca. 36 En el norte, un lugar lógico de interacción entre costa y sierra están las minas de Chilete, ubicadas a 1000 metros por encima del nivel del mar tierra adentro, siguiendo al río Jequetepeque, entre Pacasmayo y Cajamarca. Se sabe que Chilete es una fuente de minerales arsenicales necesarios para fabricar el bronce o la aleación de cobre que es común en los artefactos encontrados por arqueólogos en la costa. Un documento afirma que por lo menos dos grupos de nativos trabajaban allí en la década de 1540 bajo el mando de distintos señores. Por desgracia, la fuente manuscrita no identifica a los grupos por su origen, ni tampoco les denomina mitimaes. Otro manuscrito informa de que en esa época, algunos de los mineros de Chilete eran pobladores de la costa que no trabajaban directamente para sus propios señores. Citando fuentes coloniales tempranas, José Antonio del Busto afirma que los curacas de Cajamarca hacían que los nativos de la costa explotaran ciertas minas de la sierra que se encontraban bajo su jurisdicción o control. De esta manera, sugiere que sus propios señores costeños no manejaban dichos recursos minerales. Por lo tanto, las evidencias de una explotación directa de estos recursos en la sierra por parte de colonos costeños siguen siendo circunstanciales. 37 El problema es, entonces, establecer los mecanismos que daban acceso al grupo (a los grupos) foráneo(s). Una posibilidad es que los señores de la sierra permitieran a los trabajadores costeños compartir los depósitos a cambio de parte del producto de su trabajo; a saber, las menas [ore]. 38 Por lo tanto, los curacas de Cajamarca que, al parecer, controlaban Chilete y otros lugares, y otros señores que administraban los recursos de minerales exóticos (por ejemplo, oro en el área ocupada por los Chachapoyas) probablemente daban la bienvenida a los reclutas externos, pues como condición para compartir el recurso recibían parte de la producción. El acceso sería una señal de la generosidad del señor, que asociada a los banquetes y la bebida, que probablemente precedían al inicio de las obras, también mejo-36 AGI, Justicia 457, f. 38 Para un examen de los recursos compartidos a cambio de trabajo, sobre todo tierra y agua, véase Ramírez: "Social Frontiers and the Territorial Base of Curacazgos", en Masuda: Andean Ecology..., págs. 423-444. Semejante generosidad era un aliciente para que los trabajadores extrajeran más metal. 39 Otra posibilidad es que los minerales en bruto, incluso artefactos de metal terminados, hayan sido intercambiados por ciertos productos de la costa, tales como las telas de algodón, el ají o el maíz. Las leyendas y la documentación virreinal sobrevivientes describen cómo los señores costeños pagaban con sal, ají y ropa a sus pares de la sierra a cambio del derecho al agua. Shimada también comenta que los batangrandinos antes de 1950 llevaban algodón, pescado salado y seco y otros productos en burro hasta las cabeceras de los ríos La Leche y Lambayeque, para trocarlos por productos de la sierra. 40 La documentación de la visita y la residencia del Dr. Cuenca también menciona a los "mercaderes". He sostenido en otro lugar que éstos no eran comerciantes en un sentido comercial y capitalista, como el grupo especializado de comerciantes de México -los pochteca-, que intercambiaban para obtener ganancias personales y enriquecerse, como sugiere la obra pionera de María Rostworowski. Sostengo, más bien, que eran criados [retainers] del señor, especialistas en el intercambio, dedicados al transporte e intercambio de bienes bajo la supervisión directa del curaca o del estado inca. Sea cual fuere su identidad verdadera, su existencia sugiere la posibilidad del intercambio. 41 El informe de 1561 ya citado indica que el intercambio inter-comunal era practicado en la costa antes de su conquista por los incas. El manuscrito dice así: "en t[iem]po de los ingas no avia estimaçión en ning[un]a cosa a dineros porque no se comprava comida con oro ni con plata dado casso que alg[un]as comunidades de los llanos Rescatavan oro y plata con los bastimientos que llevavan a la sierra pero en esto concluyen cassi todos los viejos que esto fue antes quel inga los conquistasse por que despues avia pocas contractaçiones desta manera y las que avia eran permutaçiones como ropa de algodon por de lana o pescado por otras comidas lo primero se hazia con los prinçipales por que la gente comun solo rescatava comida por comida y en poca cantidad en lo qual tanbien ay diferentes costumbres en unas partes que en otras." 42 Esta cita clave afirma que antes de que los incas conquistasen a los chimúes de la costa, los alimentos y la ropa (los "bastimientos") eran intercambiados respectivamente por minerales por los pueblos de esta zona geográfica y los de la sierra. Después de que los incas tomaran el control, los intercambios disminuyeron en número e importancia, coincidiendo tal vez con la notoria reubicación de pueblos que siguió a la expansión incaica. La escala de los intercambios tanto antes como después de la conquista inca argumenta a favor de la administración estatal. Esta cita y su interpretación debieran asimismo respaldar la hipótesis de que los "naipes" (objetos de metal en forma de hacha) encontrados en contextos funerarios, en lo que hoy es la costa sur de Ecuador y el norte de Perú, fueron tal vez un medio de intercambio estandarizado en la época preinca. 43 En suma, las evidencias no aclaran la ubicación exacta de los recursos minerales necesarios para la metalurgia costera, pero sí ayudan a resolver el debate en torno al (a los) mecanismo(s) con que se les conseguía. Si los minerales estaban disponibles localmente, la explotación directa probablemente habría sido la norma. De lo contrario, el intercambio de productos entre señores habría sido un mecanismo que, según nuestros conocimientos actuales, antecedió en la costa al dominio inca. Esto podría explicar la supervivencia de especialistas en el intercambio en las etnias incorporadas por un breve lapso al imperio inca. Luego, el intercambio directo fue reemplazado con la explotación directa (una explicación problemática) y/o el 42 AGI, Patronato 188, R. 22, 1561, f. 43 Shimada: "Procurement and management of Resources...", págs. 375-376. compartir los recursos trabajados con colonos o mitayos. Las opciones están resumidas en la siguiente figura. 44 Procesamiento: Los minerales, hayan sido extraídos o conseguidos de otro modo por estos trabajadores, al parecer, eran transportados en caravanas de llamas a un centro para su procesamiento. 45 En el siglo XVI, varios de los señores de la costa poseían pequeños rebaños; por ejemplo, don Diego Mocchumi, principal de Túcume tenía nueve de ellos. Los habitantes de Moro y Tecap(a) también tenían llamas en 1582. En los caminos y pistas 46 entre la costa (y sobre todo entre la comunidad de Collique) y Cajamarca había "corrales hechos de tierra y de piedra o de tierra donde dizen que antiguamente tenian en los d [ich] Una vez en el centro de procesamiento, los minerales eran fundidos y los metales resultantes eran convertidos en artefactos por pequeños grupos de trabajadores especializados. Los descubrimientos arqueológicos y las obras de los cronistas tempranos sugieren que se molían con martillos de piedra y/o batanes (piedras de moler andinas), y luego fundían en pequeños hornos de arcilla que usaban la energía eólica que a veces circulaba por tubos para obtener una llama intensa y la temperatura necesaria para fundir el mineral. 48 Morúa describe el proceso practicado en la sierra sur, lo que nos da cierta idea de la probable tradición norteña: "guayréanse solamente los metales muy ricos, por si solos, si son plomizos; y si secos, con alguna liga que los haga luego derretirse y correr... Para derretirlos los ponen en los collados y laderas, donde con mas fuerza soplan los vientos en unos braseros grandes de barro que llaman guayras, con carbón encendido y el metal dentro; y como se va derritiendo, va consumiendo el fuego la escoria y purificando la plata. Toda la que sacaban los indios... antiguamente era por este modo de fundición, por que no supieron otro beneficio; y a esta causa no aprovechaban sino los metales muy ricos." 49 En la costa, en lugar de colocar hornos de arcilla en las laderas para aprovechar el viento, parece ser que era más común elevar la temperatura interna usando "tubos para soplar" (blow tubes). Garcilaso de la Vega describe esta práctica (hacia 1609): "Fundían a poder de soplos con unos cañutos de cobre, largos de media braza, más o menos, como era la fundición, grande o chica. (...) Juntavanse ocho, diez, y doce, como era menester para la fundición: andaban al derredor del fuego, soplando con los canutos, y oy se están en lo mismo que no han querido mudar costumbre." 50 cionadas por los curacas. Pequeños grupos de estos plateros 51 trabajaban en las cortes de los señores de Lambayeque, Collique y Jayanca y recibían de ellos comida, ropa y otros artículos necesarios para subsistir. 52 Según Morúa, también estaban exentos de otros servicios en tributo. 53 La madera o el carbón necesarios para alimentar el fuego también eran proporcionados en la cantidad necesaria por los curacas, para quienes trabajaban los orfebres. Era una antigua tradición que cada señor recibiera de sus súbditos trabajo para su casa. Además de llevar agua, una de sus obligaciones era cortar y reunir leña, y transportarla al centro administrativo, donde probablemente era almacenada y usada por los cocineros, los fundidores y los orfebres según la necesitaran. 54 Los plateros eran tan afamados por su habilidad técnica que el inca envió un grupo de ellos a que viviera en Cuzco; fabricaban diversos utensilios de cobre y bronce, y adornos de oro y plata -como agujas, pinzas y anzuelos-para fines decorativos, y trompetas de cobre, coronas de plata ("coronas de plata baja de baile de yndios") y vasijas para beber ("cocos de plata yunga") lo suficientemente grandes como para dos personas, utilizadas en celebraciones y festividades rituales hasta el siglo XVII. 55 Los nativos también fabricaban naipes en la época prehispánica, así como planchas, cuentas y pedazos más grandes de metal, descritos en diversos textos hispanos como barretillas (pequeñas barras), tejuelos (pequeños lingotes o pedazos), planchas, "ojas" y platos, cuya forma y distribución han provocado un amplio debate con respecto a su uso. Algunos estudiosos creen que los objetos eran comercializados o usados como medios de cambio estandarizados. 56 Otros piensan que tal vez fueron usados como armadura y que se les cosía a la ropa. Heinrich Ubbelohde-Doering informó de un descubrimiento arqueológico que consistía en un casco con discos de cobre dorado que se superponía como escamas. Recordemos que los actuales pueblos andinos siguen usando monedas para decorar la ropa. 57 Asimismo, los cronistas afirman que los pedazos de metal se empleaban en los entierros. Los arqueólogos lo han verificado al encontrar que en los entierros mochicas, sicán y chimú, los muertos a menudo tenían objetos de cobre en sus manos, brazos, pies, labios y en la boca. Los curacas entregaban los objetos de metal producidos con el trabajo de sus súbditos al estado, lo que a menudo implicaba su transporte a tierras lejanas. Una fuente anónima dice así: "Que antiguamente Ponian los tributos en los tambos de los caminos rreales y que los mas dellos hera fuera de sus naturalezas y En el cuzco y demas partes que se les mandaba y en fronteras y fortalezas harto bien lexos de sus tierras." 59 En 1540, Cristóbal de Barrientos preguntó a los señores de Cajamarca qué otros nativos (identificados como mitimaes) vivían entre ellos que no fueran súbditos suyos. Parte de la respuesta dice así: Esto indica que los pueblos costeños también tenían que entregar bienes de tributo a los centros situados en la sierra. Otra fuente temprana afirma que el tributo era llevado a Cuzco desde lugares tan alejados como Quito. Santillán afirma en general que "[el] oro y plata que sacaban de las minas y chipanas y brazaletes, todo esto lo llevaban al Cuzco sin que quedase cosa en poder del curaca". 61 Probablemente no causaba problemas pues las cantidades producidas eran pocas, "porque alli [Cuzco] se traya [tributo] para el inga y su gente de toda la t[ie]rra pero avia una orden que de las t[ie]rras que estavan lexos se traya poco", comenta la fuente anónima de 1561. Santillán menciona que "en la provincia que habia plateros, le daban chipana [manillas, pulseras, brazaletes], en poca cantidad, porque una guaranga dicen que daba una chipana...". Y a cambio, según la "Horden" citada, "[e]l ynga Pagaba los tales caciques ansi como el rrey paga a Sus corregidores y la paga hera alguna rropa de su bestir o algun baso de oro y plata quando le yban a ver por via de m[e]r[ce]d q[ue] les hazia". 62 De este modo, en líneas generales parece probable que los pueblos de la costa hayan extraído cobre y otros minerales bajo la supervisión de sus curacas en los depósitos que descubrieron y administraron. Además, los curacas tal vez enviaban a sus súbditos a conseguir minerales adicionales en depósitos más distantes. Allí o bien intercambiaban un tipo de bien (hilo de algodón o ají) por minerales, o incluso productos terminados (aparentemente el mecanismo imperante antes de la conquista incaica) o, lo que es más probable, trabajo -el cual podría haber tomado la forma de parte de 60 AGI, Justicia 1063, n.o 3, 1570, f. 20v; Santillán: Relación..., pág. 39; British Museum, Add. las menas extraídas por los trabajadores visitantes-a cambio del acceso a los recursos (al parecer el mecanismo vigente tras la conquista inca). En este último caso, los señores de la sierra probablemente daban a los trabajadores costeños acceso a los depósitos de minerales, pues el anfitrión podría beneficiarse recibiendo tal vez presentes exóticos de la costa y parte de lo producido por el trabajo de los visitantes. Esta generosidad asimismo mejoraba el prestigio y la reputación de su persona y su clientela. Ya fueran extraídas de depósitos de la costa o no, las menas eran llevadas de vuelta al centro administrativo del señor para su transformación. Los curacas entregaban algunos de los bienes resultantes al inca y a su vez recibían a cambio otros para sus propias necesidades personales y rituales. Todo el proceso parece haber sido redistributivo y haberse efectuado bajo el control estatal, lo que respalda al registro arqueológico tal como lo interpreta Shimada. El caso de los incas puede resumirse esquemáticamente con la figura de la página anterior. La metalurgia en la costa norte en la época virreinal La invasión y el posterior asentamiento español perturbó seriamente este patrón de obtención y producción. Sin embargo, los españoles insistieron en encontrar más. 64 Las primeras mercedes de encomienda reflejan dicho interés, ya que los encomendados podían ser empleados para trabajar en las minas, incluso en aquellos distritos donde se sabía que éstas no existían. La libertad plena que las primeras mercedes implicaban dio a personas como Melchor Verdugo, el encomendero de los Cajamarca, la autoridad necesaria para enviar a cientos de personas a los pozos. Ya en 1540 Verdugo, que luego sostuvo ser el primer español en descubrir y explotar las minas de plata de Perú, presionó a los señores de los Cajamarca con amenazas de muerte y otros medios, para que cada uno enviara 100 hombres a las minas de Chilete. La visita de Barrientos dice así: 63 Shimada: "The Sicán Culture...". "Ay en la d[ic]ha tierra de caxamalca minas de plata en las quales el visitador vio sacar plata e andar en ella sirviendo los d[ic]hos y[ndi]os de caxamalca. Los señores de caxamalca dijeron que cada uno dellos dava de servicio ordinarios en las d[ic]has minas de plata 100 personas de servicio." 65 Esto implica que de 600 a 700 hombres fueron despachados a trabajar en esas minas, posiblemente muchos más de los que jamás fueron enviados por los incas, que (como ya se ha mencionado) usualmente requerían que uno de cada cien cumpliera esta obligación. 66 La Memoria de 1548, publicada por Rafael Loredo, estima que los 3.000 nativos de encomienda que Verdugo seguía controlando para la fecha producían 6.000 pesos de renta al año en las minas. 67 Al parecer, los mil indios que Verdugo perdió con Hernando de Alvarado (de los 4.000 que originalmente tuvo), debido al arreglo y redistribución de encomiendas efectuadas por la corona, podían producir casi tanto en las minas como los 3.000 que aún le quedaban. La Memoria calcula que los súbditos de Alvarado podían producir de 5.000 a 6.000 pesos al año, y enumera las restantes encomiendas en que los nativos tenían acceso a las minas y cuánto valía dicha producción. De esta manera, en la sierra, en comparación con la costa, la mayoría de los tributarios de las encomiendas podría haber tenido -y tal vez tenía-acceso a las minas. 68 Las cifras de la Memoria parecen ser algo elevadas. En ese mismo año, la tasa de Gasca para Cajamarca especificaba que los nativos debían entregarle al encomendero 2.100 pesos anuales por valor de 450 maravedíes cada uno, ya fuera en oro o plata según aquél lo deseara. Gasca entonces añadió lo siguiente: Sin duda, Gasca está recordando un decreto de 1549 que prohibía a los encomenderos enviar indios de encomienda a las minas so pena de perder su merced y una multa de 100.000 maravedíes, porque agregó que Verdugo no podía obligar a los cajamarquinos a trabajar en las minas. La elección de cómo obtener el tributo en metal era de ellos. 70 Verdugo no quedó satisfecho, a pesar de la cantidad y productividad de los cajamarquinos. Repetidas veces se lamentó de que sus encomendados no producían nada de oro, lo cual evidentemente era una exageración puesto que él enviaba oro a su madre en España con regularidad. Todavía en 1556, Verdugo seguía importunando a los serranos para conseguir el metal precioso. Los curacas de algún modo encontraron oro que darle en el transcurso de sus inspecciones personales de sus asentamientos. 71 Lo hicieron por temor. Verdugo tenía una reputación de ser un déspota cruel. Las autoridades eventualmente lo enjuiciaron porque su crueldad en las minas ocasionó la muerte de mineros nativos. En otra ocasión, en el pueblo de Bambamarca, permitió que un perro de caza descuartizara al hijo de un curaca que había intentado excusarse de darle el metal precioso. 72 Los encomenderos también obligaron a los curacas y principales a conseguir los metales preciosos en zonas donde no se sabía de la existencia de minas. En Jayanca, por ejemplo, los señores costeños tuvieron que buscar oro y plata. Según el testimonio de 1540, el principal Labamy y sus casi 200 súbditos vivían entre los túcume, en la sierra de los Guambos, y daban a su curaca nueve platos de plata cada tres meses lunares. 73 El curaca de Jayanca le entregaba a Francisco Lobo, su encomendero, diez tejuelos de oro y barretillas de plata cada dos meses lunares; además, dos principales le daban tres tejuelos y barretillas de plata, y una de oro. Asimismo, el principal Facollapa, encomendado a Diego Gutiérrez, le entregaba cinco pequeñas barras de plata cada tres meses lunares, o cuatro o cinco tejuelos 69 AGI, Justicia 415, f. 73 Espinoza Soriano ("El Valle de Jayanca...", pág. 257) afirma que Labamy dio tres platos de plata a su señor, cuando en realidad el testimonio de la visita que él transcribe y publica dice nueve (pág. 268). de oro, dos de sus principales también daban a Gutiérrez dos tejuelos de plata. 74 Sin embargo, el curaca de Jayanca sostuvo que no había minas de plata u oro bajo su jurisdicción; lo que entregaban a su "amo" "lo rescata[ba]n el y sus prencipales". Ello implica que el estado (el gobierno) controlaba el proceso de obtención. El término "rescate" 75 podría implicar el trueque o el intercambio de bienes (como usualmente se le define) o un intercambio de trabajo. 76 Otras comunidades de la costa, como Saña, también se vieron obligadas a encontrar plata para su encomendero. La tasa de Gasca para Saña, fechada en 1549, afirma que los 1300-1500 tributarios debían pagar "dozientos pesos de ley perfect en oro o plata", pese a no conocerse ninguna mina bajo su control. 77 No sabemos si esta obligación estaba diseñada para obligar a los de Saña a ingresar en la economía monetaria, y/o si se esperaba que obtuvieran los pesos a través de su trabajo o del intercambio de bienes. A favor de la primera explicación está el hecho de que ya en 1556 los españoles tenían que hacer frente a una escasez de mano de obra. Los nativos ya no deseaban trabajar para los españoles: debía obligárseles. Un español se quejó del siguiente modo: "los yndios se alquilan p[ar]a guardar ganados y p[ar]a labores q[ue] hay en este valle podrian ganar su tributo...; ellos de mala gana van a cosas semejantes aunque los españoles les rruegan con la plata y q[ue] siempre dizen q[ue] estan ocupados en sus haziendas sino es con mandami[ent]o o provi[ci]on no quieren trabajar por q[ue] no son amigos de adquirir haziendas mas de para el presente." 78 74 Espinoza Soriano: "El Valle de Jayanca...", págs. 270-271. ¿Acaso el hecho de que únicamente ciertos principales entregaban tributo en plata indica que eran productores especializados de esta sustancia?, ¿o más bien señala que tenían una capacidad (¿o ubicación?) especial para conseguirla, con la que los restantes señores y sus súbditos no contaban? 75 Se define "rescatar" como "recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido, y por extensión, cualquier cosa que pasa a mano ajena; cambiar o trocar oro u otros objetos preciosos por mercaderías ordinarias; redimir la vejación; librar del trabajo o contratiempo; recobrar el tiempo o la ocasión perdidos" (Real Academia Española: Diccionario de la lengua Española, Espasa-Calpe, Madrid, 1970, pág. 1137). En la época precolombina podría haber querido decir intercambio de trabajo y eventualmente haber significado un trueque en el sentido de intercambio de bienes, a medida que el sistema de reciprocidad y redistribución se desintegraba. Si nuestra suposición es correcta, los españoles usaron rescate de un modo y los indios, inicialmente al menos, de otro. No hay evidencia de que hubiera minas explotadas por los Jayancas. Así, el Dr. Cuenca dictó ordenanzas que especificaban el jornal que debía pagarse a los jornaleros de la villa de Saña y todas las comunidades vecinas; además otorgó a los indios mayores oportunidades para que conmutaran sus obligaciones tributarias en dinero, así como su número decreciente. Todo sugiere que la razón subyacente a sus actos era forzarles a ingresar en la economía monetaria. Los nativos serranos de Guambos se quejaron de que su tributo en plata era demasiado alto, pues "los indios de guambos son pobres, no tienen minas y estan como estan tan adentro del trato de los españoles q[ue] no tienen a que ganales [los pesos o la plata]". Las exacciones tal vez irreales, así como la crueldad de algunos de los encomenderos, auxiliados por oficiales reales como el Dr. Cuenca, son otras dos razones adicionales de por qué la tasa de mortandad indígena se disparó y por qué muchos de ellos huyeron. 79 La visita del Dr. Cuenca a la región trajo consigo mayores y más sistemáticos cambios en la economía política de los señoríos, que habrían de tener serias implicaciones para la minería en el norte. Entre sus medidas estaban la continua reubicación de los indios en lugares céntricos: reasentó los centenares de hogares, aldeas y caseríos dispersos de Jayanca en tres pueblos. Por lo tanto, ya no era posible despachar o mantener súbditos explotando recursos lejos de sus nuevos hogares. 80 Otras medidas tuvieron efectos de gran alcance sobre la economía indígena como, por ejemplo, la restricción de los viajes, lo que limitó la movilidad física de los nativos; o la revisión del tributo de cada curaca y sus súbditos. Por último, Cuenca prohibió a los señores que invitaran a sus trabajadores a que bebieran chicha, como era su costumbre cuando trabajaban juntos. Para mediados de la década de 1560, el efecto de estos cambios fue el quiebre de todo el sistema económico encabezado y regulado por el curaca y los principales. Los súbditos ya no trabajaban para ellos a menos que los caciques tuvieran los medios para cumplir las obligaciones esperadas de reciprocidad y redistribución, que eran la piedra angular de la obediencia y la producción en masa. Así, durante los primeros 35 años posteriores a la conquista, el curaca ya no podía enviar fácilmente a grupos de "intercambiadores" o de trabajadores a conseguir los minerales: el viaje estaba prohibido. La necesidad disminuía a medida que los nativos eran obligados a trabajar para los 79 AGI, Justicia 457, f. 80 Ramírez: "Chérrepe..."; "Social Frontiers... ", pág. 425; AGI, Patronato 189, R. 11, 1566. españoles al jornal diario prescrito, además estos últimos ofrecían comprarles con dinero los productos de sus campos y ganado. 81 De igual modo, la escasez cada vez más aguda de trabajadores probablemente impidió a los curacas enviar indios a que extrajeran minerales, incluso aquellos encontrados en la costa, como lo hacían antes de la invasión española. Sin embargo, en un principio la minería del cobre aparentemente prosiguió como antes, pues en 1566 unos cuantos nativos de la zona empleaban cobre y plomo como moneda; otros usaban tejos o "pancitos" (pequeños cubos o pedazos) de plata. La moneda de este metal no circuló con regularidad hasta décadas después. Los implementos fabricados por ellos mismos también fueron reemplazados con rapidez por otros de cobre, importados tempranamente del Viejo Mundo y posteriormente de Chile. 82 La desintegración de la economía política indígena queda ejemplificada con el destino de los plateros. La "Horden" citada antes dice en este sentido que los "plateros q[ue] En tiempo de Ynga hacian de joro y plata las basijas y otras obras... ya no viben Entre los yndios por que no hallan a que ganar de comer sino En las ciudades donde lo ganan entre españoles. 83 Con todo, los trabajadores nativos dominaron el proceso de fundición y el trabajo de los metales preciosos hasta la década de 1570. Debido a la tecnología, la producción siguió dependiendo de las menas de alta calidad y era de escala relativamente pequeña e intensiva en mano de obra, un patrón que aparentemente se remonta al período Sicán Medio. 84 En 1560 el portugués Enrique Garcés logró obtener 400 marcos de plata usando el beneficio por azogue y 12 años después el español Pedro Fernández de Velasco, respaldado por el virrey Toledo, experimentó con éxito con el proceso de amalgama (perfeccionado originalmente en Nueva España) usando mercurio y sal. En el sur, donde el proceso fue aplicado por primera vez, las menas fueron mezcladas con mercurio, sal y, a veces, con otros ingredientes en tanques de piedra o recipientes recubiertos con azulejos. El calor aceleraba el proceso de amalgama. ISSN: 0210-5810 nológico permitió usar las menas de menor calidad y asimismo incrementó la escala de la producción. 85 En el norte, el proceso de amalgama se llevaba a cabo en tinas o cajones de 50 quintales de mineral cada uno y, para finales del siglo XVI, el proceso ya se efectuaba sin calor. Este avance tecnológico significó que los españoles tomaron el control del proceso de refinamiento, aunque siempre dependieron de los indios para la mayor parte del trabajo manual. Es evidente que la fundición ya se hallaba establecida en la costa norte, lo demuestra un documento encontrado en el Archivo de Cayaltí (un complejo agro-industrial azucarero ), referido al siglo XVI: Gaspar de Coria (n. 1545-1551), un temprano residente y estanciero de los valles de la costa norte, tenía en funcionamiento un "ingenio de moler metales con cuatro hornillos" cerca de Sipán, donde -como menciona Lechtman-fueron hallados varios grandes panes o lingotes de cobre vaciado. 86 A comienzos de la década de 1970, junto con un geólogo, visité Sipán (en el valle de Lambayeque, a trece kilómetros de Saña), cerca de las posesiones conocidas de Coria: aún se podían ver las bases de los hornos. Hay que señalar, sin embargo, que a lo largo de la época virreinal, la mayor parte del cobre empleado en la costa para hacer calderas y trapiches para la industria azucarera era importado. El Padre Acosta dijo: "se sirven de lo [de cobre] que va de España o de lo que a vueltas del beneficio de oro y plata resulta." Pero salvo por la referencia al ingenio de Coria, no se encontró ninguna otra referencia al refinamiento del mineral en la costa durante el virreinato. 87 En los siglos XVI y XVII la minería parece haber sido de dos tipos. En la costa norte, el único padrón oficial de las actividades "mineras" 88 figura en copias de los registros de personas que habían descubierto tesoros enterrados. El ejemplo más espectacular y completo es el expediente de 85 Brading, David A., y Cross, Harry E.: "Colonial Silver Mining: Mexico and Peru," Hispanic American Historical Review, VII-4, 1972, págs. 552-555. Para una descripción de los procesos de extracción y refinamiento en Potosí, véase Bargalló: La minería..., págs. 83, 91-103; Lohmann Villena: "La minería...", págs. 644-645; Contreras: "Técnicas...", págs. 49-50. 87 Ramírez: Provincial Patriarcas..., capítulo 6; Acosta, Joseph de: Historia natural y moral de las Indias, Fondo de Cultura Económica, México, 1590/1979, pág. 144. Cobo (Historia..., I: 151), en cambio, informa acerca de que algo de cobre se extraía en Charcas y Chile. 88 Excepción hecha de un voluminoso registro [record] de la minería de la cal y el azufre en la costa. la licencia y saqueo de la huaca Yamayoguán, uno de los palacios-mausoleos de Chan Chan, iniciado en 1558 y del cual se extrajeron 144.612 pesos de plata y 21.859 de oro en dos años. Otras "huacas" también fueron fuente de grandes hallazgos a mediados del siglo XVI. De hecho, los funcionarios ediles subsidiaban estas actividades "mineras" ya en 1562, asignando mitayos para que ayudaran a excavar y desmantelar las estructuras. De los 882 trabajadores nativos asignados a todas las actividades de la mita, el 46% fue específicamente destinado a que excavara en huacas. La distribución de la mano de obra indica que la extracción de tesoros enterrados era un gran negocio, importante para los vecinos y el rey. 89 Otra denuncia y registro de un "entiero escodixo o mina de tesoro de oro o plata o otro xenero de metal" cerca del asentamiento nativo de Santiago fue hecha en dos ocasiones distintas: primero por Simón de Silva y el maestre de campo don Luys Joseph de Mora, cacique principal (curaca) y gobernador del valle de Chicama, en 1684, y después por Simón de Silva y don Juan Galindo, un sacerdote, en 1686. Luego, don Melchior Chamo Chunbi, un nativo del pueblo de Nuestra Señora de Jequetepeque, denunció una "guaca entierro o escondedijo de plata oro piedras pressiosas" que estaba a tres calles de la ciudad de Trujillo, cerca del molino llamado "del Viento". De este modo, las actividades "mineras" de la costa estuvieron limitadas, según lo muestra el registro oficial, a la recuperación de tesoros indígenas antiguamente enterrados, lo que en esencia viene a ser pillaje. 90 En el hinterland serrano de la costa, sin embargo, los españoles y criollos estaban descubriendo y trabajando depósitos naturales. 91 La mayoría de las referencias a la minería de la plata provienen de los distritos de Cajamarca y Guamachuco. Posteriormente, un aspirante a minero declaró haber explorado los cerros de Cajamarca Aguilar, Madrid, 1958, pág. 1280. Don Juan de Collique conocía otra huaca en donde había plata escondida. Se la ofreció al Dr. Cuenca en 1566 para evitar que le ahorcaran. No sabemos si le mencionó la ubicación a alguien antes de morir (AGI, Justicia 457: 1178v). 91 Hay una denuncia de un "entierro escondedijo o guaca de oro y plata" en la sierra, en la montaña llamada "San Martín", entre los pueblos de Contumasa y Cascas (ART, Jud, R.H., Ped., l. Sin duda hubo muchos más descubrimientos que jamás fueron registrados. durante seis años antes de hacer su descubrimiento. Al mismo tiempo había personas lavando oro en los asientos de San Juan de Parcoy [Porcoy?] y San Pedro de Pataz, más hacia el interior. Para finales del siglo XVII, las cuentas de la caja real muestran que la minería era llevada a cabo por varias personas distintas, la mayoría de las cuales sólo había sido denunciada una vez. La organización de la minería en el norte El presente estudio es un primer intento de describir la importancia que la minería y la metalurgia tuvieron dentro del contexto de la organización socioeconómica de la costa norte en los siglos XVI y XVII. El cuadro que se desprende de las fuentes y descubrimientos disponibles para el período prehispánico es el de un sistema indígena de abastecimiento y producción que satisfacía las necesidades de la comunidad y el estado. Bajo el dominio de los incas, un señor asignaba una parte relativamente pequeña de sus súbditos, por un breve lapso o de forma rotativa, para que consiguieran menas tanto en la costa y quizá también en el hinterland serrano. Los minerales eran transportados a los talleres centrales, probablemente cerca de la residencia del curaca, donde los trabajadores las fundían y pasaban a ser las materias primas para los orfebres más especializados, que fabricaban los bienes terminados a cambio de su mantenimiento y prestigio. Al parecer, los objetos de oro y plata ingresaron en el sistema redistributivo del estado imperial inca. Los objetos utilitarios, rara vez mencionados en las fuentes manuscritas hispanas, probablemente entraban en las redes redistributivas locales, y eran asignados por el señor a quienes los necesitaban o merecían, por ejemplo, anzuelos de cobre o bronce a los pescadores; implementos agrícolas, como las rejas de las azadas, para los agricultores y herramientas domésticas, como agujas y cuchillos tumi, a tejedores y cocineros, respectivamente. Este cuadro general se disgregó con rapidez debido a la invasión española. Los primeros españoles llegados al norte habían arriesgado su vida por la oportunidad de conseguir riquezas: primero tesoros, y luego súbditos nativos que cumplieran su voluntad, tal como sucedía en la sociedad 92 ART, Jud., R.H., Ord., 1. El éxito fue definido por el metálico y la posición y el status que éste podía comprar. Dados sus objetivos, la presencia misma de los conquistadores produjo el desmantelamiento de la economía política nativa. Las enfermedades diezmaron las etnias indígenas; la población superviviente fue concentrada en reducciones para facilitar el cobro del tributo, la conversión religiosa y el control. Este reasentamiento significaba no sólo la pérdida de sus hogares, sino también de sus chacras tradicionales y otros recursos que los españoles posteriormente desecharon porque aseguraban que quedaban demasiado lejos como para ser utilizados de modo eficaz. Las demandas tributarias de trabajo y artículos exóticos -como lo era el oro para muchas personas de la costa-consumieron un monto desproporcionadamente grande de la mano de obra y restaron tiempo a otras tareas. Por último, las proscripciones dictadas por la corona con respecto al tributo, los viajes y la hospitalidad -tal como las interpretara e implementara el Dr. Cuenca en la década de 1560-y la interferencia de los encomenderos españoles con la sucesión y las bases de la legitimidad minaron la posición y el poder de los señores, hasta el punto de que su palabra y órdenes fueron cuestionadas, e incluso ignoradas o desobedecidas. Al mismo tiempo, la mano de obra indígena fue gradualmente expropiada del control de los señores por medio de la creciente economía de mercado. Parte de esta mano de obra fue encauzada hacia las minas, sobre todo las de plata, ubicadas en las cercanías de las ciudades y villas españolas del norte. La escala de las operaciones se multiplicó con la introducción del proceso de amalgama en la década de 1570. Para ese entonces, la mayor parte de las huellas del sistema indígena se había desvanecido y reemplazado por un sistema de gran escala controlado por los españoles y diseñado para cumplir con sus objetivos. Irónicamente, la población nativa siguió suministrando el grueso de la mano de obra para las actividades extractivas. Asimismo, los orfebres fueron forzados a dejar la corte de sus señores indígenas tradicionales y pasaron a depender de sus nuevos señores: los españoles.
La última guerra hispano-cubana comenzó en 1895 mostrando la superioridad del ejército mambí, como lo acredita la "invasión" de las provincias occidentales de la isla por Gómez y Maceo. Sin embargo, el curso de la contienda experimentó, aunque lentamente, un giro favorable a las tropas españolas, dirigidas por el general Weyler durante los dos años siguientes, restableciéndose el dominio español en casi todo el territorio al oeste de Un hombre que se hallaba en 1897 en el primer plano de la política y de la guerra, el general Weyler, expresó con absoluta claridad el sentido y alcance del magnicidio del balneario de Santa Águeda, cuando lamenta las consecuencias de la desaparición del gran político: "consiguiendo por este medio la victoria los Estados Unidos y los insurrectos que hasta entonces no habían logrado ni era probable que lograsen por las armas ni por la diplomacia ante aquella voluntad de hierro y aquel envidiable talento". 3 Se puede, por tanto, hablar de la guerra de Cuba en tiempos de Cánovas y después de Cánovas. En la primera etapa el rasgo más acusado desde el lado español es la voluntad de dominar la insurrección. Primero por ofrecimientos conciliadores (Martínez Campos) y después por la pura fuerza militar ("a la guerra con la guerra", Weyler), aunque no descartase Cánovas ciertas reformas que no le dio tiempo a aplicar. En la segunda, con Sagasta, hay un aflojamiento de la presión bélica y un intento de pacificación que sólo sirvió para que McKinley pudiese dictaminar que el ensayo autonómico había fracasado, después de lo cual sólo cabía proceder a la intervención norteamericana, gustase o no a los cubanos de entonces y de ahora. Gloria cubana, desastre español La Constitución cubana de 1976, en su preámbulo, alude entre otros antecesores ilustres a "los patriotas que en 1868 iniciaron las guerras de independencia contra el colonialismo español y los que en el último impulso de 1895 las llevaron a la victoria de 1898, arrebatada por la intervención y ocupación militar del imperialismo yanqui". 4 Esta formulación, en un documento del máximo rango, y cuya última frase debió ser concebida como un dardo contra el irreconciliable adversario de la Cuba castrista, contiene no sólo una muestra de desagradecimiento contra quienes contribuyeron de manera decisiva a liquidar "el colonialismo español" en Cuba, sino una aseveración más que discutible y para el objetivo de estas páginas más importante: la supuesta victoria de los separatistas en 1898. Semejante afirmación tiene unos claros antecedentes y una comprensible motivación. Están los antecedentes en la apreciable labor historiográ-fica "revisionista" desplegada por historiadores como Herminio Portell Vilá y, más aún, Emilio Roig de Leuchsenring y Benigno Souza y Rodríguez, 5 que sentaron la tesis del fracaso militar español previo a la intervención yanqui, y no sólo la sostuvieron, sino que la hicieron aprobar en congresos de historiadores, y por lo tanto insertar en los libros de texto cubanos como verdad demostrada. Desde entonces se dirá en esos textos como cosa sabida que en 1898, antes -para ellos esto es lo importante-de que los Estados Unidos entraran en el escenario bélico, España estaba agotada y había consumido hasta "el último soldado y la última peseta", según la frase que, con distintas variantes, saliera de labios de Sagasta y de Cánovas. 6 Entre los acuerdos aprobados por los Congresos Nacionales de Historia II y VII (La Habana, 1943 y 1948), al producirse la Resolución Conjunta del Congreso de Washington sancionada por McKinley "Cuba estaba irremisiblemente perdida para España". 7 Y hallándose España en definitiva postración, la victoria estaba al alcance de la mano del ejército mambí y puede ser adjudicada póstumamente al general Calixto García Sánchez. El general, sin embargo, por lo que sabemos, murió poco después de concluir las hostilidades ignorante de haber sido el vencedor. La motivación de tal proceder por parte de historiadores y políticos cubanos ha sido bien explícita: el acuerdo 1.o del citado Congreso proclama que "Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos", 8 y Roig de Leuchsenring declaró sin ambages el impulso patriótico que lo llevaba a luchar en defensa de semejante tesis: "Contra el derrotismo, basado en una falsa visión de la realidad, que ha provocado un funesto complejo de inferioridad en nuestro pueblo, puede asegurarse que la Guerra de Independencia de 1895 fue una guerra victoriosa de Cuba contra España". 9 5 Puede consultarse sobre el particular, aunque tenga un planteamiento distinto del nuestro, el trabajo de Gonzalo Zaragoza Ruvira: "Tres interpretaciones de la Guerra de Independencia cubana". 6 La misma idea con diferentes palabras había sido repetida en distintas ocasiones desde que la formulara en 1869 Manuel Becerra, ministro de Ultramar. Rubio, Javier: La cuestión de Cuba y las relaciones con los Estados Unidos durante el reinado de Alfonso XII. 7 Punto 17 de los acuerdos del VII Congreso. El texto de estos acuerdos aparece como apéndice en varias obras de Emilio Roig de Leuchsenring: 1895 y 1898. Ensayo de valoración, La Habana, 1945; Triunfo del esfuerzo cubano por la independencia, La Habana, 1948; Reivindicaciones históricas, La Habana, 1949; La guerra libertadora cubana de los treinta años, La Habana, 1952. 8 Roig puso este discutible título a una de sus obras, publicada en La Habana, 1950. 9 Roig de Leuchsenring, Emilio: 13 conclusiones fundamentales sobre la Guerra Libertadora Cubana de 1895. 1898, LA INCIERTA VICTORIA DE CUBA Tomo LV, 1, 1998 Por otra parte, cabe adelantar una explicación de cómo se pudo llegar a la fijación de ese clisé que pretendidamente define la guerra de 1895 al 98 como victoria cubana y derrota española. El punto de partida objetivo es que España tuvo que abandonar Cuba. A partir de aquí se podría debatir acerca de qué responsabilidad cupo a los insurrectos en este hecho. Y para probar que su responsabilidad fue grande basta esgrimir, por paradójico que resulte, ciertas informaciones periodísticas españolas, ciertos discursos de políticos españoles, en los que, a lo largo de 1897 -insistimos en la fecha, 1897-, se fue creando la imagen de un fracaso militar en Cuba, fracaso tal vez ocultado por las informaciones falsas proporcionadas al mismo gobierno español por el capitán general Weyler. Eso explica el cambio de política sobrevenido tras la desaparición de Cánovas: era urgente buscar un modo de reconciliación política, toda vez que el recurso a la guerra no había dado resultado. Esa es la sencilla explicación que por entonces dio Piñeyro: "Como Weyler evidentemente ni cumplía ni podía ya cumplir la pacificación prometida...". 10 Es muy fácil construir un discurso que enlace la gloria de los "invasores", el heroísmo de Maceo y la genial estrategia de Gómez, con la penosa estampa de los soldados españoles repatriados, los que lograron sobrevivir, después de haber sufrido toda clase de penalidades y padecimientos. El triunfo militar cubano parece así reconocido. La "invasión" y el culto a Maceo La historiografía cubana tiene unos jefes militares que contraponer a los españoles, unos éxitos o victorias que prueben la aptitud bélica de sus soldados y generales y hagan creíble la derrota española. El triunfo cubano sería, además, tanto más meritorio por haberse alcanzado en condiciones de inferioridad por el número de combatientes, el ningún adiestramiento de éstos, la escasez de armas y municiones, etc. A pesar de eso, sus dos grandes figuras militares, Máximo Gómez y Antonio Maceo, alcanzaron repetidas victorias: el paso de la "trocha", la penetración hacia Occidente, una serie de encuentros, desde los de Peralejo y Mal Tiempo hasta el de Coliseo, la contramarcha o "lazo" de la invasión, las correrías por la provincia de La Habana, la entrada en Pinar del Río, hasta Mantua... La exaltación de esta campaña es tema obligado. Tal vez la mejor muestra la proporcione José Luciano Franco: "En el salón de actos del Ayuntamiento de Mantua, en sesión solemne presidida por el general Maceo, se levanta el acta haciendo constar el término de la Campaña de Invasión. En 90 días, desde Baraguá, Oriente, en 78 jornadas ha hecho Maceo con sus mambises 424 leguas, después de sostener 27 combates y ocupar 22 pueblos importantes, 2.120 fusiles y 82.000 cartuchos quitados a los españoles, consumándose, como dijera Clarence King, en revistas belga y americana, el plan militar más audaz de la centuria... ". 11 Según Philip S. Foner, que recoge cifras parecidas y la cita de King, "todos decían que la Campaña de Invasión era un logro remarcable. Un historiador militar la ha comparado con la de Aníbal en Italia y las marchas de San Martín, Sherman y Napoleón". 12 Por su parte, la Historia de Cuba de las Fuerzas Armadas Revolucionarias transcribe un comentario del periódico norteamericano "The Sun", según el cual "la habilidad de la estrategia del jefe revolucionario jamás ha sido sobrepujada en una guerra... (La Invasión) se acerca más a los prodigios de la leyenda que a los anales auténticos de nuestro tiempo. Gómez ha desplegado en toda esta campaña admirable genio militar". Y en la misma obra se reproduce un juicio del general norteamericano Sickles, para quien "La marcha de Gómez, desde el punto de vista militar, es tan notable como la de Sherman... debemos poner a Gómez y a Maceo en la primera fila de la capacidad". 13 No es nuestro propósito poner en duda la competencia de Gómez y Maceo, sino sólo llamar la atención acerca de los elogios, que rayan en lo hiperbólico, que se les dedican. Elogios que resultan comprensibles en el clima de exaltación producido por la misma guerra, pero no tanto una vez transcurridas varias décadas, aproximándose al cumplimiento del siglo. Llamar "invasión" a una incursión realizada por unos 4.000 hombres ya es magnificar la empresa con fines propagandísticos. Comparar esta empresa con las de Aníbal, San Martín o Napoleón resulta sencillamente desproporcionado, tratándose de operaciones de muy diferente carácter y circunstancias y de algunos de los jefes militares de mayor categoría histórica; la equiparación con Sherman, aparte de su desmesura, podría no resultar pre-11 Franco, José Luciano: La vida heroica y ejemplar de Antonio Maceo (Cronología). 12 Foner, Philip S.: La guerra hispano/cubano/americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano. Y puestos a buscar paralelos, a nadie se le ocurrió establecer uno con las "invasiones" de Hernán Cortés y Pizarro y algunos otros conquistadores o, todavía más fácil, con las "expediciones" realizadas por los carlistas sobre territorio enemigo durante las guerras civiles en la Península. Pero la observación más importante para nuestro objeto es la de que, sea cual fuere el valor de esta campaña victoriosa de 1895-1896, constituye un episodio excepcional en el curso de la guerra. La larga incursión de Gómez y Maceo fue posible por toda una serie de factores -la sorpresa, la impreparación y dispersión de las tropas españolas-entre los que destaca uno principal: los "invasores", conscientes desde el principio de su neta inferioridad para la lucha en campo abierto, rehuían el combate con las columnas de Martínez Campos y en cambio atacaban, aprovechando su superioridad numérica en un punto concreto, poblados prácticamente desguarnecidos. Así lo afirma Francisco Pérez Guzmán hablando de los asaltos realizados durante la Invasión: encontramos, ha sido, y así lo consignará un día la Historia, una de las principales causas de nuestro éxito y de nuestro triunfo". La situación se invertirá cuando el capitán general de La Habana pueda contar con más tropas -y tropas entrenadas y familiarizadas con el nuevo fusil Mauser, lo que no ocurría al principio-, cuando los poblados empiecen a defenderse con fuertes, trincheras y alambradas, y cuando la caballería española se reorganice en regimientos completos, capaces de operar por sí solos contra los insurrectos. La balanza, antes absolutamente desnivelada, se fue reequilibrando a lo largo de 1896. La estrella de Gómez empezó a palidecer. La de Maceo, aunque alcanzó su máximo esplendor durante unos meses en Pinar del Río, se apagó definitivamente el 7 de diciembre en el combate de San Pedro, en la provincia de La Habana, una vez que las tropas españolas habían debelado su reducto del Rubí, en la sierra del Rosario, donde se ve acosado desde el 20 de marzo,16 hasta que el 10 de noviembre es desalojado por la acción convergente de las columnas de Weyler. La progresión de Weyler hasta La Reforma La muerte de Maceo, fruto de la incesante persecución de los mambises que Weyler impulsó a ambos lados de la trocha de Mariel, marca con claridad un punto de inflexión en el curso de una guerra en la que, por sus características, nunca se darían grandes combates ni se alcanzarían resonantes victorias. Pero el ejército mambí había tenido dos jefes y ahora sólo quedaba uno. La caída de Maceo, todos lo adivinaron de inmediato, significaba un decisivo retroceso de la insurrección no solo en Pinar del Río, sino también en La Habana y Matanzas, por lo menos, y esto era un grave descalabro para Gómez, cuyo plan había sido, precisamente, el de ganar para la insurgencia las provincias occidentales y privar a la metrópoli de los recursos que de ellas obtenía. Para entonces, el plan de Weyler estaba funcionando a la perfección. Sus tropas regulares habían alcanzado una cifra superior a los 200.000 hombres -el mayor ejército jamás enviado a América por una potencia europea-, a los que se sumaban los voluntarios y guerrillas locales, y llegaría el momento en que el capitán general pidiera que no se le enviasen más refuerzos, ni siquiera para reponer las bajas naturales. Estaba seguro de que con esas tropas, ya bastante experimentadas y aclimatadas, podía cumplir su compromiso de acabar la guerra a principios de 1898. Además de la trocha de Mariel, había reconstruido y completado la de Júcaro a Morón, prolongada a través de la laguna de la Leche, donde situaría lanchas armadas, hasta la isla de Turiguanó. Esta trocha de Oriente se haría para Gómez tan invulnerable como la de Mariel lo fuera para Maceo. Además de arrinconar y batir a Maceo en Oriente, Weyler había dividido en zonas las provincias centrales, situando en cada una una columna de batallón encargada de batir continuamente ese distrito para limpiarlo de mambises. Ya no serían precisas largas persecuciones y los soldados se familiarizarían con la región en la que operaban. Los insurrectos no aparecían ya en grandes contingentes, sino en pequeñas partidas que rehuían el combate. Weyler ordenó además la destrucción de todos los asentamientos de los rebeldes y de todo aquello que pudiera servirles para subsistir: viviendas, talleres, siembras, ganados, etc. Ya había empezado a hacerlo en Pinar del Río, cuando las tropas comenzaron a talar los platanares de la sierra del Rosario. Los mambises llamaron a esta operación "la campaña de los plátanos" para ridiculizarla, pero lo cierto es que, privando a los insurrectos de sus habituales recursos alimenticios, buscaba Weyler obligarles a salir de sus escondrijos para combatir o para presentarse de paz, y muy pronto empezaron a advertirse estos efectos en la mayoría de las provincias. Los "bandos de reconcentración" forman parte de este mismo sistema de guerra. Impidiendo la labor de espionaje o de socorro que los "pacíficos" habían desarrollado voluntaria o forzadamente en el primer año de la guerra -lo que tanto había desmoralizado a Martínez Campos-se dificultarían en gran medida las actividades de las partidas insurgentes. 18 No es 18 Carlos Serrano dice que "Weyler inauguró la que prácticamente iba a ser la primera guerra antiguerrilla de la historia, tratando de quitarle el agua al pez". Serrano, Carlos: Final del Imperio. Generalmente se recuerda que la misma orden de reconcentración impusieron poco después los ingleses en el Transvaal y los norteamericanos en Filipinas. Robles Muñoz añade la aplicación de esta medida por los franceses en Madagascar. Robles Muñoz, Cristóbal: "Triunfar en Washington. LUIS NAVARRO GARCÍA del caso ponderar los sufrimientos y mortandad que esto produjera a la población civil. Era una medida de guerra ya aplicada en la Guerra de los Diez Años por el conde de Valmaseda, a cuyas órdenes sirvieron un tiempo Weyler y Martínez Campos, que la describió perfectamente, sintiéndose sin embargo sin ánimos para ponerla en vigor. Ahora Weyler lo hará, contribuyendo con ello a asentar la superioridad de sus fuerzas y, como dirá un documento oficial español, con una finalidad humanitaria: la de abreviar la duración del conflicto. Parte de los fallecimientos ocurridos en las zonas de concentración se deberían, según el mismo Weyler, a la absoluta depauperación física con que se presentaban muchos individuos y familias que habían permanecido meses pasando hambre con los rebeldes. Las operaciones militares de mayor envergadura, ya en 1897, tomaron una orientación muy decidida: la marcha desde Pinar del Río y La Habana hacia la trocha de Júcaro, contra la que queda acorralado Gómez, como antes lo fuera Maceo en la sierra pinareña. "Al lado oeste (de la trocha) -dice Fernando Portuondo-Máximo Gómez resistía el embate del ejército español en operaciones. Fraccionados e incapacitados para organizar una campaña ofensiva, los insurrectos se sostenían en las comarcas occidentales refugiándose en las peores circunstancias en las sierras y los pantanos". Pero este mismo autor escribe algo después que Gómez "se propuso burlarse del jefe español, al mismo tiempo que librar a los insurrectos de la mitad occidental de la isla de la persecución de que eran objeto", y para ello "planeó Máximo Gómez entonces la genial campaña de La Reforma, llamada así porque tuvo como centro el potrero de ese nombre. Ideó atraer grandes fuerzas adversarias sobre sí mismo, y batirlas y entretenerlas en una zona de apenas diez leguas cuadradas, que abarcaba como la tercera parte de la región comprendida entre la trocha de Júcaro a Morón y los dos Jatibonicos". 19 La verdad es que esta campaña de La Reforma, o de Las Villas, 20 no fue, casi desde el principio, sino una desesperada defensa por parte de Gómez que, más afortunado que Maceo, logró sobrevivir al prematuro término del gobierno de Weyler. La enaltecedora historiografía cubana enfatiza la habilidad del "generalísimo" para escapar del cerco, para atraer a los españoles a lugares enfermizos, para no dejarles descansar, etc., así como su maniobra de distracción para hacer creer que intentaba una nueva marcha hacia Occidente. "Las causas de un descenso en sus hechos de armas en 1897 y 1898 están dadas en la carencia de material bélico, lo que incidió en la concepción de la campaña de La Reforma", manteniendo al enemigo en continuo movimiento pero sin entablar combate, y esto en un territorio de no más de 160 kilómetros cuadrados. La partida que manda ahora Gómez tiene menos de 300 hombres. "Los encuentros armados con menos de 300 hombres pertenecen casi todos a la campaña de la Reforma y a los últimos meses de la guerra de 1898 -etapa de resistencia sin recursos bélicos y sometido a una persistente persecución por las columnas españolas". 22 En estas líneas se reconoce la eficacia de la vigilancia por mar y tierra de las fuerzas de Weyler para impedir la llegada de expediciones filibusteras a los rebeldes. Por otra parte, las verdaderas intenciones de Gómez a principios de 1897, que alguna historiografía trata de encubrir, podían ser realmente las de llevar a cabo una nueva incursión sobre Matanzas y La Habana. Lo cierto es que Gómez, que estaba en Camagüey, ignorando aún la muerte de Maceo, pasó la trocha al norte de Morón con 400 hombres en los últimos días del año 1896. La campaña de la Reforma comenzó con el ataque al poblado fortificado de Arroyo Blanco, próximo a la trocha, el 27 de enero. Su propósito era reanimar la insurrección en Occidente enviando refuerzos, lo que no pudo lograr, en parte por la creciente resistencia de los mambises de Oriente a pasar la trocha, y en parte por la rápida acción de Weyler disponiendo un desplazamiento general de sus columnas de Oeste a Este, desde Pinar del Río hasta la línea de los ríos Hanábana y Palma, que separan Matanzas de Las Villas, donde ya se hallaba instalado en la última semana de enero. Allí hizo construir doce fortines, y seis más al norte de la Ciénaga, para impedir el paso de partidas hacia Matanzas. Difícilmente podía Gómez aliviar la presión que ejercía Weyler sobre los rebeldes de las provincias occidentales, donde la persecución se mantenía incesante, así como la reconcentración de personas, la recogida de ganado y la destrucción de otros bienes, siguiendo las instrucciones del capitán general. 23 Tan seguro estaba éste del grado de pacificación alcanzado, que autorizó la zafra en las tres provincias occidentales, y poco después en Las Villas, sabiendo ya que los dueños de plantaciones e ingenios no serían obligados a pagar contribución por los insurrectos. Pocos días después, habiendo rebasado la línea de Sagua, Santa Clara y Cienfuegos, avanza el 11 de febrero a la de Caibarién a Trinidad, por Remedios, Placetas, Fomento y Jiquima y dispone operaciones sobre la Siguanea y el Escambray. Gómez va a quedar encerrado entre los ríos Jatibonicos Norte y Sur y la trocha. Es ahora cuando el Consejo de Gobierno rebelde, que estaba con él, regresa a Oriente aprovechando el paso todavía no cerrado al norte de Morón. Esto no impide a un autor escribir que "los rebeldes mandados por Gómez se movían con toda libertad, sin que los españoles fueran capaces de desalojarlos o de infligirles pérdidas decisivas. En la campaña de la Reforma, Weyler fue decisivamente vencido por Gómez". 24 La realidad es que desde marzo se intensifica el acoso de Gómez en la Reforma, causándole importantes bajas, aunque el jefe rebelde no pudiera ser capturado ni abatido; que Weyler empieza a colocar blocaos en la costa sur de Las Villas -en La Broa, Cazones y Bahía de Cochinospara impedir la llegada de expediciones filibusteras, y que Quintín Banderas, que todavía logró pasar por los esteros de Turiguanó con 150 hombres y 50 caballos, fue varias veces batido juntamente con Carrillo y su fuerza enteramente dispersada a mediados de abril, frustrándose su marcha hacia Matanzas según el plan de Gómez. Detrás de Banderas debía cruzar la trocha Calixto García, pero la gente que había reunido desertó negándose a seguirle, aunque se les había dicho que sólo irían a Camagüey. En mayo Weyler dirige el rastreo del reducto de Gómez sin hallarlo, y al mismo tiempo va completando el sistema de comunicaciones de la 23 Instrucciones de 8 de enero de 1896, punto 5.o: "En resumen, lo que espero de las columnas y guerrillas y demás fuerzas armadas es que contribuyan del modo más rápido posible a quitar... los recursos que el enemigo pueda utilizar por no estar suficientemente protegidos, para obligarle a que la falta de alimentos le haga salir de sus guaridas a batirse o entregarse". Ya se ve a qué llama "vencer decisivamente" por parte de Gómez, mientras pondera que los españoles no le causaron "pérdidas decisivas", que no pueden obtenerse en este tipo de guerra, no siendo la muerte del mismo jefe, como en el caso de Maceo. También niega que estuviera pacificado el Occidente porque alguna vez se producía el asalto de un pueblo o la voladura de un tren, cosa difícil de impedir a corto plazo. LUIS NAVARRO GARCÍA zona -ferrocarril, telégrafo, heliógrafo-, mientras se va recogiendo el ganado que allí abundaba, y destruyendo las siembras de los rebeldes. "En el campo no queda con qué vivir", dice Weyler en un informe al ministro de la Guerra de 10 de junio. 25 A finales de este mes se podía considerar concluida la pacificación de Occidente, aunque todavía subsistiese la partida de Gómez26 y alguna otra en La Habana, cuya destrucción se produciría a corto plazo. El proyecto final y la crisis de agosto A mediados de 1897, entrando ya la estación de aguas que obligaba a paralizar las operaciones militares, Weyler se prometía acabar la guerra en pocos meses a partir del cese de las lluvias. Tan es así que empezó a estudiar el envío de parte de sus fuerzas a Oriente, al otro lado de la trocha, para ir tomando posiciones allí con vistas a la que debía ser la última campaña contra los insurrectos. En julio dio instrucciones para reducir al mínimo los puestos guarnicionados en Oriente, puestos o poblados que carecían de importancia o de valor estratégico. Se ahorraban así muchos destacamentos de escasa utilidad, que absorbían tropas y eran costosos de mantener y aprovisionar. Entre otras cosas, Weyler, que conocía bien la provincia de Oriente, donde había combatido en la "guerra larga", descartaba operar en la región del río Cauto, aunque conservaría Manzanillo y Bayamo, y proyectaba establecer en este sector algunos poblados y fuertes, y trasladar otros, para asegurar las comunicaciones. Entre junio y julio visitó Manzanillo y Santiago para hacerse cargo de la situación sobre el terreno y conferenciar con los jefes de la zona. 27 Llegó a enviar dos batallones para comenzar la limpieza del distrito de Baracoa. A principios de julio había proyectado operar en la provincia de Santiago de Este a Oeste, según anunciara desde el principio, es decir, des-de el cabo Maisí hacia la trocha de Júcaro. 28 Los primeros movimientos debían proporcionarle la ocupación del territorio desde el cabo Maisí hasta Cauto Abajo, importante cruce de caminos. En el territorio intermedio establecería tres líneas de costa a costa: la primera, de Baracoa a Cajobabo por Sabanilla; la segunda, de Sagua de Tánamo a Guantánamo, y la tercera desde la bahía de Nipe al Aserradero, siguiendo el curso de los ríos Mayarí y Cauto. 29 Pronto determinaría los puntos de desembarco de los veinticinco batallones, más artillería y otros efectivos que enviaría a Oriente, así como dispondría de los barcos que debían realizar el transporte, más un buque hospital para retirar heridos graves. Es posible que la proximidad de la completa victoria de Weyler exacerbase la campaña desplegada contra él por la prensa norteamericana y la prensa liberal española, que se alimentaban mutuamente. Dicha campaña, aparte de la denuncia de los procedimientos represivos aplicados por el general, adoptó además la táctica de negar su eficacia, y como Weyler mostrara el balance positivo de su labor -la pacificación de Occidente-, se añadió contra él la acusación de mentiroso. El gobierno de Cánovas no podía perder de vista el persistente interés del gobierno norteamericano por intervenir en los asuntos de Cuba, y por eso, al tiempo que le urgía para que concluyese la guerra -lo que no podía ocurrir mientras durase la estación de lluvias-había dictado en febrero de 1897 un decreto de reforma y descentralización administrativa 30 que Weyler se disponía a poner en vigor en las provincias ya pacificadas. El general, por su parte, hacía nuevos ofrecimientos de perdón y ayuda a los presentados, trataba de asegurar la manutención de los reconcentrados y proyectaba obras públicas para crear puestos de trabajo para estos, muchos de los cuales habían ingresado en las guerrillas, donde prestaban buenos servicios. 31 28 Este planteamiento de la campaña coincide en lo esencial con el que en situación semejante propuso Valmaseda en 1869: concentrar los esfuerzos en Las Villas y Oriente; cuando estos dos territorios estuviesen pacificados, caer sobre Camagüey y sofocar la rebelión en quince días. Valmaseda a Caballero de Rodas. En Muñoz de las Heras, Agustín: La crisis cubana en el arranque del sexenio democrático, tesis inédita, Universidad Complutense, 1986, 2 vols., t. 30 En el preámbulo del decreto (Serrano, págs. 145-151) dice Cánovas que ya antes el gobierno había declarado "que no aguardaría a que desapareciese el último insurrecto de Cuba, bastándole que la final victoria pareciese asegurada y estuviese el honor satisfecho, para atender a la real necesidad que la isla siente de experimentar lo que los ingleses titulan self government, o sea, una descentralización amplia...". Para una autora reciente, el decreto de Cánovas representaba el fracaso de toda la política monárquica desde hacía veinte años". Roldán de Montaud, Inés: La Unión Constitucional y la política colonial de España en Cuba (1868-1898). 1898, LA INCIERTA VICTORIA DE CUBA Tomo LV, 1, 1998 Pero los ataques más fuertes contra él vinieron del partido liberal. Su jefe, D. Práxedes Mateo Sagasta, afirmaría en un discurso: "Después de haber enviado 200.000 hombres y de haberse derramado tanta sangre, no somos dueños en la isla de más terreno que el que pisan nuestros soldados". Falsedad que, recogida de boca tan autorizada, inmediatamente se esgrimiría en Washington para probar que, efectivamente, Weyler había fracasado. Por su parte, Silvela, conservador disidente del grupo de Cánovas, diría que "una política nueva debía hacerse por otro hombre que no fuera Weyler", y que "era preciso ir a la liquidación del asunto". Pero fue Segismundo Moret quien llegó a admitir en el Senado la posibilidad de que Weyler mintiese en sus informes acerca de la buena marcha de las operaciones. Cánovas se vio obligado a responder el 31 de mayo que "el gobierno no puede partir de la idea de que un General en Jefe español delante del enemigo oculte la verdad a su gobierno y a su Patria...". Por lo demás, había pruebas de todo tipo del éxito logrado hasta entonces: nadie negaba que los trenes circulaban libremente entre Pinar del Río y Las Villas; Weyler había pedido que no se le enviasen más reemplazos, ni siquiera para reponer las bajas, y estaba enviando soldados a la península... Los generales que llegaban de Cuba decían que la guerra estaba terminada, por lo menos en los departamentos aludidos... El mismo general Lee (cónsul norteamericano en La Habana) había reconocido espontáneamente la impotencia de la insurrección... 32 Esto no obstante, la tormenta política seguía arreciando durante el verano. Silvela aseguraba en un discurso en Burgos que se gobernaba Cuba "asolándola, destruyéndola, sujetándola al más funesto rigor". Esto cuando toda la porción occidental, la más rica, estaba en condiciones de hacer su zafra y cosechar el tabaco. Moret insistiría en Zaragoza en que "se aplica la política de la destrucción y el exterminio..., la fuerza sin atenuaciones ni misericordia..., asolando y devastando", describiendo en tono melodramático los campos desolados, la reconcentración, las ejecuciones y el incen-32 Discurso transcrito en Ibídem, t. El historiador norteamericano Foner (I, pág. 167) reprocha a su compatriota Walter Millis el haberse creído las fanfarronadas de Weyler cuando aseguró que con la muerte de Maceo la situación de Pinar del Río quedaba bastante aclarada. Con igual razón cabría decir que Foner se ha creído la propaganda de la Junta de Nueva York y los ataques políticos a Weyler; además, como otros, ignora prácticamente la campaña de 1897, pasando de la muerte de Maceo al resurgimiento de la insurrección en 1898. Por cierto que en el mismo lugar indica Foner que ya en marzo y abril de 1897 el cónsul Lee escribía al secretario de Estado Sherman que Weyler publicaba informes falsos que impedían al mismo gobierno español conocer la verdadera situación en Cuba. LUIS NAVARRO GARCÍA dio de viviendas. Como dice Weyler, Moret debería haber visitado Cuba para conocer aquello de que hablaba. Y todavía este mismo político, del que Weyler se declara admirador, proclamaba: "el partido liberal entiende que la fórmula necesaria para lograr este resultado es una: la autonomía de la isla de Cuba". El oportunismo dictaba estas frases que habían de servir para justificar las protestas humanitarias del gobierno de Washington y para que los modernos historiadores atestigüen el horror y el fracaso de los métodos de Weyler. Pero no habrán de pasar muchos meses antes de que el mismo Sagasta, desde la presidencia del gobierno, asuma como positiva la obra del penúltimo capitán general de la isla. En cuanto a la fórmula política propuesta enfáticamente por Moret, basta recordar que el partido liberal no respaldó la posible autonomía de Cuba, ni antes de Baire, ni inmediatamente después, cuando estaba en el poder, habiendo aceptado luego como necesario el relevo de Martínez Campos por Weyler. En esta tesitura, cuando el gobierno español intentaba acelerar la conclusión de la guerra, evitando al mismo tiempo la injerencia en ella de los Estados Unidos, sobrevino el 8 de agosto el asesinato de Cánovas. El partido conservador se mantuvo en el poder unas semanas, bajo la presidencia del general Azcárraga, fiel a las directrices de su antecesor, pero a principios de octubre la reina regente consideró oportuno poner el gobierno en manos del partido liberal. Sagasta sería el presidente y Moret el ministro de Ultramar. A demanda de Weyler, que aludía a las censuras que antes le habían dirigido estas personas, respondió Sagasta que no le negaba su confianza, pero que el cambio de política que iba a introducir requería contar con personas identificadas con él. El 9 de octubre le comunicaba el cese, acogido con enorme clamor por cuantos en Cuba creían que de la permanencia de Weyler en el mando dependía el mantenimiento de la isla dentro de la Monarquía española. Se completaba así el inevitable cambio originado por la desaparición de Cánovas. 33 La crisis de agosto se cerraba el 31 de octubre de 1897, con la llegada a La Habana del nuevo capitán general, don Ramón Blanco. Los últimos pasos hacia la victoria La nueva política preconizada por Sagasta incluía la continuación de las operaciones para someter la porción oriental de la isla --incluso enviando nuevas tropas de refuerzo-, 34 la tentativa de pacificación mediante el ofrecimiento de cantidades de dinero a los jefes rebeldes, la anulación de las órdenes de reconcentración, y la promesa, que se realizaría en breve, de una ley de autonomía para Cuba. Al mismo tiempo, se trataría de mantener a distancia al incómodo vecino de Washington, donde desde principios del año gobernaba el presidente McKinley. No sería justo decir que la política de Sagasta fracasó, puesto que, lo mismo que a Cánovas y a Weyler, tampoco a él le fue dado el tiempo necesario para alcanzar sus objetivos. Ciertamente en el terreno militar, la labor de Blanco y del general Pando, su jefe de Estado Mayor, fue en cierto modo continuación de la de la etapa anterior frente a un enemigo que apenas presentaba resistencia. El 30 de agosto de 1897 había tomado Calixto García la población de Victoria de las Tunas, suceso lamentable pero de escasa trascendencia en un frente todavía secundario y cuando se preparaba la gran campaña de Oriente. Tres meses después, ya durante el mandato del general Blanco, tomó García en la misma provincia el pueblo de Guisa. Como los "invasores" de 1895, el general mambí había aprovechado en ambos casos, no solo la superioridad numérica, sino la de su artillería sobre modestas "fortificaciones" de tapia y tablas, eficaces sólo frente a la infantería. Ambos triunfos resultaron por otra parte manchados por las atrocidades cometidas contra los rendidos. 35 Y después de Guisa parece que Calixto pasa a la defensiva o a la inactividad. Moreno Fraginals y José J. Moreno Masó, Manuel R.: Guerra, migración y muerte. Estos autores toman el dato de un estudio inédito de César R. Yáñez Gallardo. 35 En Tunas, "los guerrilleros cautivos, casi todos cubanos y de la raza negra, fueron implacablemente pasados por el filo del terrible machete; era el criterio inflexible del general contra aquellos infelices asalariados, en gran parte cubanos". En Guisa, "los voluntarios y guerrilleros capturados fueron ejecutados inmediatamente". Casasús, Juan J. E.: Calixto García (El estratega). La Habana, 1962, 2.a ed. págs. 232 Mientras se completaba la pacificación de las provincias occidentales, Blanco y Pando podían concentrar el mayor esfuerzo sobre el reducto de Gómez, en La Reforma y, más aún, al otro lado de la trocha, en Camagüey y Oriente. Se advertiría, sin embargo, un ritmo más pausado en las operaciones y un cambio en el plan general de éstas. El traslado de tropas a Oriente no comenzaría hasta mediado noviembre, y no alcanzaría las proporciones que Weyler había anunciado. Por otra parte, descartado el proyecto de operar de este a oeste, empujando a los rebeldes contra la trocha, Pando comenzaría por la reconquista desde Manzanillo del valle del Cauto, acometida a principios de diciembre. Convertida Bayamo en base de operaciones, y establecida la línea Cauto-Bayamo-Jiguaní-Palma, desde febrero de 1898 se emprendieron campañas en el interior del territorio, en combinación con las fuerzas de Holguín, y hacia el sur, combinando con las de Santiago y Manzanillo, para expulsar a los insurrectos de Sierra Maestra, forzándolos a retirarse hacia las Tunas. Poco después "en la corta pero fructífera campaña del 18 de marzo al 9 de abril", dirá Pando, desde Puerto Príncipe las tropas atacaban la porción oriental de Camagüey, hostigando a los mambises en La Esperanza (Sierra Cubitas) y en la Najasa. 36 De modo que, aunque tampoco ahora se lograse la muerte o captura de Gómez, casi inactivo en su escondite, la presencia del ejército español crecía de continuo en las regiones que fueron cuna de la insurrección y punto de partida de la "invasión". El ejército mambí se veía acosado en territorios que durante más de dos años había considerado suyos. Mientras consolidaban cada día el dominio sobre las provincias occidentales, las tropas españolas habían emprendido la ofensiva final contra Calixto García en Oriente. En los primeros meses de 1898 todo apuntaba al triunfo definitivo de las armas españolas en plazo no muy largo, y esta sería la situación imperante hasta la suspensión unilateral de las hostilidades decidida por el gobierno español. Según lo expresó el capitán general Blanco, la ocupación de la línea del Cauto y las posteriores operaciones combinadas "determinaron un indiscutible progreso en el estado de la guerra separatista, que todo hacía creer terminaría en breve plazo"; se había producido "gran quebranto de la insurrección", de modo que "el enemigo, batido en sus principales refugios, apenas presentaba ya resistencia, recorriendo las tropas el 36 Escrito presentado por Pando ante el Senado, 22 de octubre de 1898. En Ortega Rubio, Juan: Historia de la Regencia de D.a María Cristina de Habsbourg-Lorena, Madrid, 1905-1906, 5 vols., t. LUIS NAVARRO GARCÍA país en pequeñas columnas y acentuándose en él una saludable reacción favorable a la paz". 37 Por eso, decir que el ejército mambí y Calixto García alcanzaron la victoria de 1898 es, cuando menos, una inexactitud nada leve. La sustitución de Weyler por Blanco hizo que se renunciase a la que pudiera haber sido la campaña final de la guerra, pero no significó la derrota de las tropas españolas por las cubanas, ni tal cosa podía considerarse ni remotamente previsible. 38 La tentativa de pacificación preconizada por Sagasta y Moret, en cambio, no podía dar frutos a corto plazo. No mientras los mambises se mantuvieran con las armas en la mano y negándose rotundamente a oír siquiera una propuesta de paz. Los intentos de ganar las voluntades de los jefes insurrectos, repitiendo la experiencia del Zanjón, fueron generalmente rechazados, y aunque se produjeron varias presentaciones, algunos de los enviados para parlamentar fueron asesinados por los rebeldes. Sin duda crecía entre los jefes mambises que aún resistían, aunque acorralados y en situación desesperada, la esperanza de que, con la desaparición de Cánovas y la destitución de Weyler, el dominio español sobre la isla tocaba a su fin. Las medidas políticas buscaban aliviar tensiones. Entre ellas figuraba la de suprimir la concentración. A los que antes permanecían recluidos y a la vista de las guarniciones, y a los que se presentaban, se les dieron socorros en dinero y se les permitió volver a los campos y tener armas. Esto pudo influir en algún rebrote de las partidas. Por otra parte, el ofrecimiento de la autonomía desde una posición considerada de debilidad tropezaba con algunas dificultades. Quienes en Cuba habían luchado del lado español no necesitaban la autonomía y muchos seguían oponiéndose a ella. Quienes venían enfrentándose contra 37 Certificación de los servicios prestados por el teniente general Pando. Discursos pronunciados por el Excmo. Más adelante recoge Weyler (Mi mando..., t. V, pág. 510), citando a Pando, que Blanco quiso movilizar 40.000 ó 50.000 hombres del país, con lo que en seis meses hubiera acabado la guerra, pero no le fueron concedidos los créditos precisos. "Terrible acusación -apostilla Weyler-para el gobierno liberal". España, no la aceptaban, pues no se conformarían con menos que la independencia. De todos modos el gobierno autónomo quedó instalado el 1.o de enero de 1898 y el parlamento insular el 4 de mayo. No sería aventurado suponer que, disponiendo de tiempo, el funcionamiento de estas instituciones hubiera podido dar un giro a la situación. Por el momento, junto con algunas deserciones del campo rebelde, fue perceptible alguna tensión entre asimilistas y autonomistas, mientras que cierta prensa se desataba en injurias contra los españoles, el ejército y los voluntarios. De estas provocaciones se derivaría el incidente que motivó la visita del "Maine" al puerto de La Habana. Rectificación de los juicios de Sagasta y su gobierno Con la intervención armada de los Estados Unidos, a los capitanes generales españoles les fue arrebatada la victoria sobre la insurrección, pero Weyler tuvo al menos la oportunidad de ver desautorizada muy pronto la campaña denigratoria de la que había sido víctima. En octubre de 1897, cuando aún no se había producido el relevo del capitán general, el gobierno de Sagasta dio por buenos los informes de Weyler cuya veracidad antes había puesto en duda. En la larga nota dirigida el 23 de octubre por el nuevo ministro de Estado, don Pío Gullón, al ministro plenipotenciario norteamericano se lee: "muy adelantada por el valiente esfuerzo de las armas españolas la pacificación de las provincias occidentales de la isla... la situación resulta muy diversa de cuando las huestes de Maceo y Máximo Gómez recorrieron las provincias de la Habana y Pinar del Río". Y en una nueva nota de 1.o de febrero de 1898 negó Gullón la acusación de posibles desmanes del ejército español, que durante cerca de tres años -incluyendo, por tanto, la época de Weyler-había actuado disciplinadamente, siendo algunos hechos lamentables consecuencia inevitable de la guerra. "Si como es de suponer -reflexiona Weyler-esta nota representaba el juicio del gobierno del Sr. Sagasta, bien pronto su partido había cambiado de modo de pensar, reconociendo el error de sus juicios y censuras en la oposición". 39 Esto no obstante, todavía después de perdida la isla volvería el mismo Gullón a poner en duda ante el Senado la promesa de Weyler de acabar la 39 Weyler: Mi mando..., t. LUIS NAVARRO GARCÍA guerra de Cuba a corto plazo, mereciendo esta contundente réplica del Conde de Tejada de Valdosera: "Me ha preguntado S. S. si soy lo bastante cándido para creer que el general Weyler concluiría la guerra... Ha manifestado S. S. que no comprendía en mi perspicacia que yo presumiese que el general Weyler iba a concluir la guerra. A eso no tengo que decir más que lo siguiente: pesará eternamente sobre el partido liberal, y la Historia de España registrará en sus páginas la responsabilidad del partido liberal, aconsejando a S. M. el cambio de Ministerio, provocando la crisis de octubre, sin dejar pasar el corto plazo que pedía aquel para terminar la guerra". 40 Esa responsabilidad es indiscutible, como la de los sucesos que de aquel cambio de gobierno se derivaron inmediatamente. El cambio, sin embargo, podemos creer que no se hubiera producido -al menos, no en esa forma-41 de no haber ocurrido en agosto el asesinato de Cánovas, cualesquiera que fuesen sus inductores, abriendo o anticipando la posibilidad de relevar al capitán general de Cuba y de ensayar la política que la prensa y los jefes liberales venían reclamando en los meses anteriores. 41 Cánovas había manifestado en su última conversación con el exministro Fabié, según cuenta el hijo de éste, su propósito de hacer un último esfuerzo hasta el final del año 1897, añadiendo: "si con el esfuerzo que hagamos no ha terminado la insurrección cubana de modo que no tengan más remedio que reconocerlo así los Estados Unidos, el 31 de diciembre daré paso al partido liberal para que resuelva el problema con una solución autonómica y yo me retiraré a mi casa", lo que no pasa de ser una declaración de intenciones. María Fabié, Antonio: Cánovas del Castillo (Su juventud.
opinión que de él se tenía y cotidianidad del momento. Finaliza con el análisis de la filosofía regeneracionista y de progreso que llegaría a toda España y por tanto también a El Puerto. Pero que en éste último caso y debido a las especiales características del mismo, daría lugar a una original clave de futuro que aún hoy día está vigente. yunta de bueyes. Para todo lo referente a la mencionada actividad pesquera resulta útil el trabajo de Carmen Borrego Plá: "Prensa y pesca portuense en los inicios del siglo XX" La coyuntura de una crisis En los estertores del siglo XIX toda la bahía gaditana -y por ende la localidad portuense-hacía ya tiempo que había dejado de ser aquella zona relativamente próspera y feliz que se reflejara años atrás en algunas crónicas del momento. Después de una dificilísima andadura histórica, su inestable conformación socioeconómica aparecía ahora víctima de terribles hachazos. En primer lugar, la explosiva situación de la tierra, concentrada en muy pocas manos gracias a las respectivas compras provenientes, según el caso, de la desamortización eclesiástica o de las grandes desvinculaciones patrimoniales efectuadas por la nobleza. Sin apenas industria, su principal cultivo radicaba en el cereal y sobre todo en la vid, aunque esta última, a su vez, estaba siendo víctima de una terrible plaga de filoxera que amenazaba su propia existencia. Todo ello inserto en un cuadro meteorológico muy cíclico, con períodos alternativos de sequías e inundaciones -la última en 1895-, que habían dado al traste con gran parte de las cosechas. 1 Y como segundo problema a destacar, aunque de importancia similar al primero, la negra perspectiva en que se encontraba la pesca, característica fuente de riqueza portuense desde el inicio de los tiempos y que se debatía ante deficiencias estructurales de todo tipo. Hacía falta ampliar su 1 Borrego Plá, Carmen: "El comercio del vino y El Puerto de Santa María en la crisis del noventa y ocho". Andalucía y América en el siglo XIX. Actas de las V Jornadas de Andalucía y América. Sevilla, 1986, vol. I, págs. 455-479. puerto, dragar el citado Guadalete, renovar su flota pesquera por entonces en competencia frontal con los barcos de vapor, estudiar la conveniencia de determinadas artes -sobre todo las desarrolladas por los "bous"-, para tratar de evitar la esquilmación de las especies... 2 Como resultado de lo expuesto, una población laboral rozando mayoritariamente la penuria en unos momentos muy proclives a la escasez y carestía de abastecimientos. Un ejemplo de lo dicho, el que en 1897 un kilogramo de vacuno o carnero costase 1,60 pesetas, el de cerdo 2 y el de ternera 4 pesetas respectivamente. Por su parte, el kilogramo de "pan de primera" aparecía a 58 céntimos y a 50 y 45 los de calidades inferiores. A destacar, el que no hubiese harineras en Andalucía, debiendo efectuarse el proceso de transformación en las catalanas, con el consiguiente encarecimiento que ello suponía en los costes de la mencionada panificación. 3 No es de extrañar pues que todo este segmento laboral conformase la principal "clientela política" del partido anarquista, de gran implantación en toda la zona. Gente bronca, dura y difícil que tan extraordinariamente retrataran algunos autores como Azorín o Blasco Ibáñez 4 y cuyas reivindicaciones, expuestas de forma muy violenta, serían una gravísima nota para desestabilizar un panorama de por sí tan sombrío. 5 Fenómeno todo el tan interesante como poco conocido y que estaría siendo objeto actualmente de diversos estudios aún en fase de elaboración. El colofón a todo lo expuesto, vendría dado por una despoblación cada vez mayor en el área local portuense, que si en 1887 contaba con 20.000 personas como población de derecho, diez años después había descendido a 18.500. La propia prensa del momento llegaría a denunciar: "Unos, engolfados en las cues-tiones políticas, otros, entregados a los placeres, olvidan que se precisa una solución". 6 Pero por si todo ello no fuera suficiente, en el horizonte peninsular permanecían aún los negros nubarrones de una guerra allende el Atlántico que parecía no tener fin. La isla de Cuba, el último eslabón colonial, andaba revuelto desde hacía tiempo. 7 Desde 1895 en que se diera el famoso Grito de Baire, El Puerto de Santa María había visto marchar a muchos de sus hijos rumbo a Cádiz, donde, en medio de alegres despedidas, las tropas desfilaban eufóricas, pensando en la victoria, después de haberla celebrado prematuramente en sugestivos banquetes con asistencia de las principales autoridades provinciales y locales. Los gaditanos, orgullosos, las veían partir, regalándoles recuerdos, como pañuelos o petacas... 8 Pero el tiempo pasaba, el desarrollo bélico no tomaba el rumbo previsto y muy pronto la euforia se trocó en descontento. La posibilidad de un desastre iba poco a poco calando en la clase política española y cuando en 1897 el conservador Cánovas moría a manos de un anarquista, el nuevo gobierno liberal, con su presidente Sagasta a la cabeza, decidió efectuar un giro en las relaciones hispanocubanas. La confrontación bélica, hasta aquellos momentos en manos del general Weyler, fue cambiada por una salida política, basada en una amplia autonomía con un parlamento y administración propias. 9 Para entonces -inicios del fatídico 1898-, nuestra localidad portuense, aunque sin perder nunca de vista los sucesos isleños, vivía con intensidad la realidad cotidiana. En este sentido, por ejemplo, su consistorio se encontraba inmerso en un desesperado intento por potenciar la ciudad. De entre las medidas a tomar, la insistente solicitud al Ministerio de Fomento para que ampliase el sistema portuario y la red viaria, dada la extraordinaria repercusión que todo ello tendría para la zona en cuestión. Incluso la citada institución municipal, ante la proximidad de los carnavales, iniciaba una mejora en el adecentamiento de la ciudad, fijando su aten-ción especialmente en la Plaza de Isaac Peral y alrededores, "para que desaparezcan los rincones perjudiciales para el boato público". 10 Aunque asunto igualmente importante sería la subasta pública por 4.900 pesetas del pósito municipal, edificio que otrora fuese de don Gabriel Selma y que se encontraba situado en el número 2 de la calle Ejido, lo que provocaría más de un problema en el abastecimiento de los batallones que marchaban a Cuba, según posteriormente veremos. 11 Por último habría que destacar el intento de los munícipes por tratar de solventar los ya endémicos conflictos derivados de una difícil sanidad pública. Porque El Puerto, entre el más que cuestionable alcantarillado, la adversa climatología ya expuesta, la costosa llegada de agua potable desde el Manantial de La Piedad y la proximidad del Penal, siempre había estado amenazado de fiebres y epidemias. Por ello este año de 1898 las arcas municipales libraron 144 pesetas para vacunar contra la difteria a todos los mendigos e indigentes -"vagamundos"-que pululaban por la ciudad. Ya existía demasiado peligro de contagiarse con la fiebre amarilla que traían los repatriados cubanos, para que la situación se complicase con otro tipo de enfermedades. 12 De alguna u otra forma, Cuba pues siempre presente, aunque observada políticamente desde la suspicacia. Porque al contrario de lo que ocurría en otros lugares, como por ejemplo Sevilla, más esperanzada con las medidas autonomistas, 13 en El Puerto la opinión mas generalizada era la de que dicha autonomía no respondía a ningún tipo de panacea y que los Estados Unidos no iban a abandonar sus veladas ansias expansionistas. Al menos esto era lo que recogían los dos periódicos del momento, ambos de carácter conservador, aunque con determinados matices diferenciadores. Ellos fueron los únicos medios de información y de expresión populares, ya que los correspondientes a otros sectores mas izquierdistas -por ejemplo El Sudor del Obrero, de ideología anarquista-no aparecerían hasta pocos años mas tarde. Siguiendo pues estos parámetros expuestos, los escasos números existentes de La Región Andaluza, semanario conservador de corte muy extremista, aunque en sus editoriales se autodefiniera como "conservador liberal" o "conservador a la moderna", solicitaron machaconamente la dimisión del gobierno liberal. Como causa, la inoportuna destitución del general Weyler y la "vergüenza que había supuesto la autonomía para la integridad y el honor de España". A veces incluso el colofón poético no solía faltar: "! Frutos de la autonomía,/ venid a inspirar mi pluma/ y haced subir cual la espuma/ de la ciega idolatría;/...entre sarcasmos la patria/ de Bailén y de Lepanto/... venid por esos caminos/ que alumbró nuestra Nación,/ para otorgar el perdón/ de cobardes y asesinos!/". 14 A la misma conclusión -aunque con expresiones menos hirientesllegaría La Revista Portuense, diario igualmente conservador pero de sesgo bastante mas moderado, muy inspirado por la encíclica Rerum Novarum de León XIII. A comienzos del mes de enero dicho periódico reproducía un sustancioso artículo del también conservador gaditano don Emilio Castelar, en el que la citada autonomía era considerada como "una mala cosa". Siempre según su opinión, los autonomistas, una vez conseguido el poder político, al igual que había ocurrido con los revolucionarios franceses, se habrían enquistado en el mismo, no consiguiendo su intolerancia atraer hacia sí a un mayor número de ciudadanos, fundamentalmente "los conservadores, que son los que tienen el poder y la riqueza". No obstante, continuaba, su laxitud era manifiesta con la prensa, ya que al no aplicársele la censura propia de un estado de guerra, se propiciaba "que pudiera decir lo que se le antojase de cada jefe, de cada grupo en armas... Cosa que solo resultaba aconsejable en épocas de absoluta tranquilidad". En aquellos difíciles días, el gobierno autonomista de la Isla -proseguía-, estaba en manos de reformistas -Ministerio de Comercio, radicales históricos -Hacienda y Presidencia del Consejo-, así como de radicales intransigentes -Justicia e Instrucción-, por lo que se hacía necesaria una negociación. "No teman los nuevos ministros que les llamen "pasteleros", con tal que su pastel, bien condimentado, procure a Cuba paz y libertad". 15 Y para incidir aún más en la ineficacia autonómica, La Revista en cuestión reproducía igualmente días mas tarde la totalidad del Manifiesto Cubano dado el 30 de octubre del año anterior en La Yaya (Camagüey). En el mismo, los independentistas reunidos en Cámara Constituyente para elegir un gobierno provisional, al grito de "Libertad o Muerte", habían pro-clamado su derecho irrenunciable a la independencia. Porque para ellos la autonomía resultaba el recurso extremo de España, "que nos remite leyes cuando no puede enviarnos soldados... Mientras Cuba, arruinada por una deuda enorme, con la perspectiva de una costosísima ocupación militar, entregada a una administración deshonrada y deshonrosa, oprimida por los aranceles, vive entre la desconfianza, el celo y la miseria". 16 De lejos, como gendarme vigilante, el coloso norteamericano, con un presidente republicano, McKinley, quién no ocultaba su deseo más o menos velado de que la isla caribeña entrase de cualquier forma en la órbita de la nación que él presidía. Incluso -a través de una asociación bancaria-había llegado a ofrecer secretamente a España la compra de su independencia por 150 millones de dólares, además de otro millón para los políticos que gestionasen dicha cesión. La estratagema recordaba mucho la utilizada tiempo atrás con México, el cual, por 15 millones de pesos, le había vendido Texas, Nuevo México y la Alta California.17 Pero la reacción del gobierno español fue muy distinta al mexicano. Su negativa a semejante maniobra fue terminante, quedando a la espera de la impredecible respuesta norteamericana. Por su parte, en el pueblo y aun sin llegar a conocer estos extremos, la alarma iba creciendo; y como muestra paradigmática de todo ello, la prensa portuense reproducía la entrevista efectuada al director del Mundo Naval por el corresponsal del New York Herald, Mr. Ambrey Stanhope. En la misma éste último "espontáneamente" explicaba las amistosas relaciones de Estados Unidos con España, citando como ejemplo un futuro e importante tratado comercial, que con toda seguridad iba a ser firmado entre ambas naciones. Pensaba que, con ello, se podía de alguna forma suavizar las pretensiones estadounidenses, de que el gobierno español abonase las pérdidas que habían sufrido los intereses norteamericanos en la Isla con motivo de la insurrección, y que ascendían a varios millones de duros. Asimismo hacía especial mención a las ansias de paz de sus compatriotas y al respeto que todos ellos tenían por la extraordinaria y experimentada artillería española, aclarando que la futura visita del acorazado "Maine" era mera cortesía. Terminaba con las siguientes palabras: "esté usted seguro que con su presencia no se producirán conflictos, aún cuando ocurra cualquier suceso desagradable". 18 Ante esto, los portuenses se preguntaban: "¿No encuentran modo de demostrar su cordialidad los Estados Unidos que enviando buques a Cuba?. ¿Porqué no la demuestran evitando la protección que se da por los americanos yankees a la insurrección?. ¿Es un alarde de fuerza o un apresto para la guerra?". La consumación del Desastre La tensión alcanzaba su cenit cuando a mediados de febrero estallaba el "Maine", convulsionando a toda la Península. La desorientación española al respecto resultaba evidente. En El Puerto era tiempo de carnaval y curiosamente su alcalde recibía la siguiente orden desde el gobierno civil de Cádiz: al asunto isleño, aunque ahora las diatribas iban no sólo contra los yanquis, sino también contra la -a veces interesada-ineficacia de la administración española para buscar una solución. A este respecto el coro de "Los Aragoneses" llegaba a cantar: "¿Qué es lo que en Cuba sucede/ nosotros nos preguntamos/ que la guerra tanto dura/ y tan poco adelantamos?/... Y mientras muere el soldado/ se gastan nuestros millones/ y vemos muy encumbrado/ al que no tenía calzones/". Por su parte, el coro de "Los Excéntricos" ironizaba: "Como señal de respeto/ y de cortesía/ mandan los yanquis a Cuba/ su acorazado mejor./ Seguramente no hay otro Gobierno en la Tierra/ que su amistad demuestre/ mandando barcos de guerra.../ Voy a hacer con mis amigos/ lo que manda la etiqueta/ y cuando vaya a sus casas/ iré apuntando con escopeta/". 23 Mientras tanto la situación se hacía cada vez más compleja, al aducir los Estados Unidos que la causa del desastre del "Maine" "era debida a un agente externo". Por su parte, España se reafirmaba en que el problema se había desatado dentro de la propia sala de máquinas del citado navío, lo cual no era de extrañar, dado que los destructores "Iowa" e "Indiana" habían sufrido accidentes similares en las Islas Tortugas. 24 Eran días en los que nuestra prensa en cuestión se hacía eco de cómo los viajeros recién llegados de la Isla sentenciaban convencidos: "aquello se pierde". Para los mas radicales, la confrontación armada con la todopoderosa nación norteamericana parecía inevitable: "Los que buscaban la paz de manera indecorosa se equivocaban, porque por ese camino se va a la pérdida de la perla de las Antillas... ¿Qué hemos adelantado con tanta blandura?. Va a caer en manos de la Unión el árbol regado con el oro y la sangre españoles... Hay que dejar a un lado temores femeninos impropios de nuestra historia. Mala es la guerra, pero peor la expoliación". 25 Las críticas generalizadas ante "la desdichada autonomía" eran constantes por parte de todos, porque -en su opinión-había despertado las ansias expansionistas del vecino norteño. Y ello a pesar de que "estos autonomistas no van a tener ninguna ventaja... 26 La coyuntura política del momento se hacía cada vez mas difícil y los ánimos continuaban caldeándose: "No faltan por desgracia los pobres de espíritu que en su afán de sacarle punta a los cuernos de la luna, culpan a la prensa periódica de cuantas calamidades nos agobian y claman contra los que ellos llaman los abusos intolerables del noticismo a la moda... ¿Puede nadie que se precie de español y que de liberal blasone, pedir correctivo para nuestro periodismo, hoy mas que nada sensato y prudente?". 27 España llegó incluso a pedir la mediación del papa León XIII, aunque el Vaticano únicamente se limitó a instar a la negociación entre ambas partes. Para entonces McKinley había conseguido ya que el Congreso le concediera libertad para actuar en dicho asunto. La contienda colonial se había convertido en internacional, declarándose la guerra el 24 de abril. 28 La campaña, al igual que en el resto de España, comenzó a verse como un "Juicio de Dios" entre un mercader infame y un ejército lleno de historia y honor. 29 La propia Revista Portuense sería proclive a relatos y composiciones épicas, algunas con títulos tan sugerentes como "La Bandera y La Espada": "La verdad, a tiempo vienes,/ que mi pabellón glorioso/ por nadie jamás vencido/ hoy se mira escarnecido/ por un pueblo codicioso/ que juzga fácil victoria/ quitar a la hispana gente/ la perla mas reluciente/ de su diadema de gloria/". 30 El Ayuntamiento, por su parte, emitía un bando, cuyo contenido debió ser similar al dictado por otros municipios, en el que se solicitaba el sacrificio económico del vecindario para ayudar a la Suscripción Nacional abierta en Madrid con motivo de la guerra. Porque como el Santo Padre había indicado: "todo se puede tolerar menos el deshonor". 31 Aunque el principal problema radicaba en las posibles consecuencias del conflicto. La propia autoridad militar gaditana, temiendo un eventual ataque yanqui a toda la zona, dado su alto valor estratégico, militar y naval, tomaba las medidas oportunas. E inmediatamente El Puerto recibía la orden de establecer una fácil comunicación con el castillo de Santa Catalina, situa-26 "Haciendo Historia", La Revista, 1 de marzo de 1898. 27 "Réplica a los Sensatos". 29 Sevilla: La Guerra de Cuba y la memoria..., pág. 58. 30 "La Bandera y La Espada". 31 "Bando del Ayuntamiento". Tomo LV, 1, 1998 do a sus afueras, bajo promesa gubernativa de que se mejorarían las instalaciones militares de éste último. Asimismo y por idéntico motivo, el citado consistorio se veía obligado a concentrar en el cuartel del Polvorista, a los pequeños destacamentos de la guardia civil ubicados hasta entonces en La Puntilla, El Salao, La Bermeja, La Victoria y Pescadería. 32 Las razones de semejante "alerta" se justificaban ante las extraordinarias relaciones que mantenían los Estados Unidos con Gran Bretaña, la cual les podía llegar a prestar la cercana Gibraltar como base logística, "permitiendo al enemigo adquirir todo lo necesario de víveres y municiones...Por este motivo era justa la prevención de un ataque a esta plaza -Cádizdesde el momento en que se decidiera una escuadra yankee a venir a la Península". Con ello incluso se corría el peligro -finalizaban los estrategas gaditanos-, de que Inglaterra viera por fin colmada su antigua obsesión histórica: contemplar la "conquista" del puerto de Cádiz. 33 En otro orden de cosas, se solicitaba igualmente información del grano y harina existente en El Puerto, con vistas a un eventual abastecimiento de la tropa. La respuesta, que no se haría esperar, recogía la inoperancia del pósito municipal -ya comentada-, pero proporcionaba la lista de aquellos vecinos -Sinforiano Molleda, Julián García, José de la Cuesta, Serafín Álvarez, Domingo Yato, Manuel Rosado, José Leonisio y José Velarde-, que disponían de cantidades suficientes para ser adquiridas en caso de necesidad, las cuales ascendían a 66.504 y 148.292 kilogramos de harina y trigo respectivamente. Ellos serían de los pocos portuenses que sacasen algún provecho de esta guerra ultramarina, dada la necesidad de avituallamiento que para la travesía oceánica presentaban los navíos atracados en el cercano puerto gaditano. Como también lo sería la Compañía Trasatlántica que -con sede en éste último-, poseía el monopolio de dicho transporte, percibiendo 32 pesos por soldado, "más de lo que pagaba un particular viajando en primera clase". Orden del gobernador de Cádiz al alcalde de El Puerto, Cádiz, 18 de abril de 1898 y el alcalde de El Puerto al gobernador de Cádiz, El Puerto, 31 de mayo de 1898. Gobernador de Cádiz al alcalde de El Puerto, Cádiz, 11 de mayo de 1898 y certificación del administrador José Joaquín de Castro del trigo y harina existentes en los depósitos autorizados por la administración de consumo, El Puerto, 11 de mayo de 1898. Hernández Sandoica, Elena y M.a Fernanda Mancebo: "Higiene y sociedad en la guerra de Cuba (1895-1898). Notas sobre soldados y proletarios". Mientras tanto, el gobierno acentuaba su presión sobre el alistamiento de la tropa no profesional, dada la negativa marcha de la contienda. Para entonces los triunfales embarques se habían trocado ya en despedidas amargas. No había ni banquetes ni desfiles; sólo una comida de confraternidad entre soldados y oficiales, como augurando que ante la muerte todos iban a ser iguales. 35 Y El Puerto se preocupaba por aquellos reclutas, muchos de ellos analfabetos, que sin haber visto nunca un fusil, debían marchar a una contienda que se sabía ya perdida de antemano. En este año de 1898 que nos ocupa, de los 137 mozos alistados 45 fueron declarados exentos ante el correspondiente tribunal médico. Como causas mas frecuentes: insuficiencia en la talla, cataratas, lesiones en la columna o en las articulaciones, dificultad para respirar, dolor en el pecho... De la lectura de las correspondientes actas parece desprenderse una cierta permisividad de las citadas autoridades médicas, aunque por razones obvias resulta imposible saber si era debida a razones puramente humanitarias o económicamente interesadas. Actitud que parece fue compartida en cierto modo por el propio Ayuntamiento, ya que de los 92 mozos restantes sólo 35 embarcarían rumbo a ultramar, frente a los otros 57 que no llegarían jamás a presentarse. 36 Aunque de este último grupo se desconoce por ahora el porcentaje de prófugos y de "redimidos". En cuanto a los primeros, no se puede olvidar que el darse a la fuga era el medio más radical de eludir la tan problemática llamada a filas, y que fue el elegido por una significativa parte de la población española. 37 Respecto a los segundos, su servicio a la patria les quedaba legalmente conmutado por la entrega de una sustanciosa cantidad a las arcas estatales, las cuales, al estar prácticamente exhaustas, potenciaban semejante medida. Situación toda ella profundamente injusta que comenzaba a plantear la necesidad de un servicio militar obligatorio, similar al prestado en otras partes de Europa. No en vano el Comité Nacional del Partido Socialista había remitido el siguiente comunicado: "Trabajadores, es preciso que no nos dispongamos a consentir que se envíe a la manigua, solamente a los hijos de los que nada tienen, de los que diariamente son 35 Baraja: La Guerra de Independencia..., págs. 52-53. 36 AMPSM, actas de cabildo. 37 Serrano, Carlos: "Prófugos y desertores en la Guerra de Cuba". Tomo LV, 1, 1998 despojados de la parte principal del fruto de su trabajo, por quienes, hablando a todas horas de patriotismo, ni empuñan el fusil ni mandan a sus hijos a los campos de Cuba". 38 No obstante El Puerto continuaba siendo un marco idóneo para el paso de fuerzas y más fuerzas procedentes de Andalucía, Extremadura, parte de Castilla..., camino de la inmensa boca gaditana. La situación llegó a tales dimensiones, que en julio el Ayuntamiento libraba 3.000 pesetas de su capítulo reservado a "gastos imprevistos", para alimentar aquella marea humana. 39 Pero ninguno de estos esfuerzos iba a servir de nada. Desde el desastre de Montojo en Cavite -Filipinas-, se presagiaba el fin de nuestra armada. La noticia cayó en toda la Península como un auténtico revulsivo, incluida por supuesto la localidad portuense: "¡España no ha sido vencida ni lo será: el favor de Dios, la justicia que le asiste y el valor de sus hijos la ayudarán...!". Por otra parte, se arremetía contra aquellos españoles -sin citar nombres-que a pesar de sucesos tan adversos, seguían comerciando veladamente con la Unión: "Contra la nación infame que nos deshonra, calumnia y pretende robarnos... Quizás hagamos fruncir el ceño a algunos católicos patricios que continúan embarcando sus productos a los mercados de la Unión americana en bandera inglesa, para seguridad de su honrado negocio.. Jamás ningún español de verdad se prestaría a este tipo de juego... Y si lo hubiere, no merece serlo, llámese como se llame". 40 Mientras tanto la coyuntura en Cuba era muy negativa, para una tropa española que se encontraba mal instruida, mal vestida y en un escenario de operaciones muy difícil de abordar, dadas las condiciones físicas, tan diferentes a las peninsulares, que presentaba. Agotamiento y fiebre resultaban monedas corrientes, pero también lo era el hambre. Porque los pequeños comerciantes cubanos se negaban a seguir sirviendo los suministros al ejército mientras éste no pagase sus deudas, con lo que la alimentación dejaba mucho que desear, fundamentalmente en lo relativo al abastecimiento de carne. El corresponsal en Manzanillo de El Imparcial hacía tiempo que lo había denunciado: "No hay nada de lo mas indispensable y las columnas 38 Baraja: La Guerra de Independencia..., pág.52. 40 "Ligereza Inconcebible" y "Los yanquees de acá". están en una situación delicadísima: tienen la mitad de la gente en los hospitales y la otra mitad sin comer". 41 Y los días fueron transcurriendo sin apenas cambios, con la lenta angustia de los que se saben condenados. Aunque no faltaban las arengas de algunos conservadores radicales que, como los de El Puerto, llegaban a empecinarse: "España prefiere como Hernán Cortés, quemar sus naves y quemar con ellas a todos esos infames... que la han conducido a tal extremo... -Los cuales-desean la paz para obtener por el ardid diplomático lo que son imposibles de arrancar por la fuerza y -así-que el león español arrastre su melena por la inmunda zahurda del cerdo". 42 Pero cuando el temido y definitivo golpe se materializó, cuando lo que quedaba de la flota española al mando el almirante Cervera, caía durante el mes de julio ante los norteamericanos en la bahía de Santiago de Cuba, el impacto entre los españoles resultó memorable. Y El Baluarte sevillano llegaría a ironizar: "A la orilla de un arroyo/ me puse a considerar/ aquí cabe nuestra escuadra/ y hasta puede navegar/". Entre la solidaridad y el criticismo Y en semejante coyuntura, cuando las dos Españas, la liberal y la conservadora, se mantenían enfrascadas en una durísima diatriba política, lamentando lo que ya no tenía remedio, toda la provincia de Cádiz, al igual que había ocurrido antes con la guerra de Africa, iba a dedicarse al permanente consuelo de tanta aflicción humana. Cuando los "caídos en la manigua", victimas de la debilidad y la fiebre -que no tanto por herida de bala según hemos visto-, desembarcaban en el puerto gaditano, dos humildes "casetas" los recibían. La primera, destinada a los respectivos reconocimientos médicos. La segunda, convertida en hospital temporal para aquellos que lo necesitasen. Pero la capital provincial no daba abasto: camillas, enfermos, familiares, llantos... Eran las llagas de una contienda tan injusta 41 Hernández y Mancebo: Higiene y sociedad..., págs.365-367. 42 "La Ley de la Expiación". El Casino Gaditano -en colaboración con Los Hermanos de San Juan de Dios-, así como el Cuartel de San Fernando se volcaron con este trozo de España doliente. 45 Pero aún no era bastante. Por ello se escogía de nuevo El Puerto como solución. Ya en julio la Comisión de Beneficencia Provincial había solicitado información sobre los lugares más adecuados para el cuidado de los enfermos. Y el consistorio había respondido que para tal menester podía servir el otrora edificio de La Aurora, antigua institución portuense de gran prestigio, mezcla de cofradía, centro de estudios y biblioteca, la cual se encontraba situada colateralmente a la Iglesia Prioral. 46 Aunque su acondicionamiento supondría un costo de 5.000 pesetas y aproximadamente setenta días de trabajo. 47 Sin embargo el rápido desenlace de la guerra hizo imposible la materialización de dicho proyecto y ante la advertencia de que en el mes de septiembre llegarían a Cádiz 1.500 enfermos, el citado consistorio portuense se vio obligado a buscar alguna solución alternativa. Esta vendría dada por el ex convento de Santo Domingo, con capacidad para cien camas, así como por el pabellón de alienados del Penal de La Victoria, en donde podrían instalarse doscientas más. El resto debía repartirse entre la capital de la provincia y otros pueblos de la comarca, fundamentalmente Jerez de la Frontera. La magnitud de todo el fenómeno podría medirse por el hecho de que Cádiz se viera obligada a levantar no sólo un hospital de sangre y dos casas de socorro nuevas, sino incluso a ampliar la capacidad de su cementerio. 48 Por su parte el sentir general de la población portuense al respecto, quedaba manifiestamente claro en un artículo que bajo el expresivo título de "Despojos", aparecía publicado por aquellas fechas: 45 Millán Chivite, José Luis: "EL Noventaiocho en Cádiz: el ocaso de una gran ciudad portuaria y comercial" en Cádiz en el siglo XX, vol. IV de Historia de Cádiz (coord. Como muestra del tratamiento dado a los repatriados por la prensa de Madrid, puede consultarse el trabajo de Rafael Núñez Florencio: "Los otros españoles que fueron a Cuba: el drama de los repatriados" en La Nación..., págs. 597-621. 46 Sancho de Sopranis, Hipólito: Un Centro Cultural del siglo XVIII. La Cofradía y Escuelas Pías de Nuestra Señora del Rosario de la Aurora. Comisión de Beneficencia al alcalde de El Puerto, Cádiz, 14 de julio de 1898 y el alcalde de El Puerto a la Comisión de Beneficencia, El Puerto, 23 de julio de 1898. "Al descender del tren -los repatriados-parecían despojos que se alzaban de sus tumbas para arrojar sobre nuestras frentes la maldición que por enormes culpas merecemos...¡Pobres despojos de la guerra y que mal os paga esta España por la que habéis perdido la salud!". 49 De ahí que los acogidos en dicha ciudad recibieran no sólo el apoyo médico, sino también moral, "porque necesitan mucho cariño, cuidados y auxilio espiritual". A todos ellos se les proporcionarían "buenas camas y colchones, no faltándoles en su alimentación caldo, leche y huevos". A destacar, las limosnas del vecindario, que canalizadas a través de la Cruz Roja, servirían para todo lo expuesto, así como para financiar los entierros de los fallecidos o la ropa de aquellos que, ya restablecidos, regresaban a sus hogares -vino, tabaco, calcetines, pañuelos, chalecos de bayona...-. 50 A pesar de todo, no eran éstas las únicas cuestiones que martilleaban a nuestra opinión pública. Existían algunas otras que también eran compartidas por el resto del territorio nacional. Así, por ejemplo, se tenía una gran preocupación por las insuficientes garantías higiénicas ofrecidas a la tropa recién regresada a España. Como contraste se citaba a la desembarcada por Barcelona, que ingresaba inmediatamente en el Instituto de Higiene. Allí, tanto los enfermos como los que no lo estaban, recibían todo tipo de atenciones, desinfectándoseles las ropas y permaneciendo en dicho Centro unos días, hasta estar plenamente curados o, en su caso, restablecidos, después de un necesario intervalo de descanso. 51 De dicha manera, al regresar a sus hogares se tenía la plena seguridad de que no iban a propiciar -otra vez el miedo a la epidemia-un contagio de fiebre amarilla. Opinión ésta que no resultaba nada gratuita, ya que era compartida por muchos profesionales de la medicina como el doctor Tejeiro, rector de la Universidad de Santiago, quién afirmaba lo siguiente: "el peligro es muy grande y hay que impedir a toda costa que los enfermos, antes de su completa curación, se desparramen por el país". 52 Incluso muy en relación con todos estos razonamientos, se había llegado a presentar en Madrid un proyecto -el cual parece no prosperó-49 "Despojos". 50 "Por los Repatriados". 51 "Los Reembarcados" y "La Salud Pública". 52 Hernández y Mancebo: Higiene y sociedad..., págs. 382-383. proclive a que todos los soldados y civiles provenientes de Cuba pasaran una "cuarentena" en aquellos lugares de las Islas Canarias previamente seleccionados para tal fin. Se argumentaba que al gozar estas últimas de unas condiciones físicas muy similares a las cubanas, se ayudaría a una mejor aclimatación de los recién llegados, conjurándose asimismo cualquier peligro epidemiológico para la Península. 53 Aunque a este respecto ya comenzaban a alzarse algunas voces -la del doctor González del Valle por ejemplo-, advirtiendo que el mayor problema no radicaba tanto en la tan citada y temida fiebre amarilla -dado su difícil arraigo en un territorio con las características del español-, como en "esas masas de tuberculosos que nos está enviando Cuba desde el comienzo de la campaña y que originan en nuestros ciudadanos grandes focos de infección, que andando el tiempo, han de producir mas víctimas entre los que no han ido a la guerra, que la guerra misma". 54 Pero la indignación mayor de los portuenses se centraba en todo lo relativo a las pensiones de guerra. Gente inútil, viudas y huérfanos de sus propios vecinos, que no alcanzaban a obtener las compensaciones económicas prometidas y a las cuales tenían pleno derecho. Ya en Sevilla el citado Baluarte había llegado a escribir algún tiempo atrás: "Los soldaditos de Cuba/ hace un año que no cobran/ en cambio los arzobispos/ alhajas y oro les sobran/". 55 El Estado estaba pues en franca bancarrota y las bocas pedían pan. Nuestro vecindario en cuestión hizo lo que pudo: mantas, ropas, presión ante Cádiz a través de la propia prensa... Se llegó incluso a solicitar que el dinero que se tenía recaudado para la Suscripción Nacional, se quedara en El Puerto como socorro de estos hijos necesitados, porque "¿Qué hacen ahora -las autoridades-que no acuden en auxilio de los que cumplieron su voluntad, de los que fueron al sacrificio, porque así se lo pedía España?". 56 Mientras tanto se iniciaban los preparativos de lo que luego sería conocida como la Paz de París, pero el refrendo internacional de la pérdida cubana poco importaba ya. La firma de la misma en diciembre del agónico 98, sólo sería recogida en escuetas notas de prensa, sin ningún comentario al respecto. A destacar, el reiterativo tratamiento dado a los restos de 53 Véase nota 51. 56 "Por los Repatriados". Colón -"el último repatriado"-, que iban a ser trasladados desde la catedral cubana a la "Madre Patria". 57 Sin embargo no todos creían acertado olvidarse del pasado dejado atrás, al otro lado del Atlántico. En este sentido muy a tenerse en cuenta fue el enjundioso artículo -"Nuestro Porvenir Colonial"-que en noviembre y bajo la firma de Alfau Baralt, publicaba la tantas veces nombrada Revista Portuense. En el mismo se abogaba en favor de no cortar las pocas amarras aún existentes con aquellas nuevas naciones americanas -incluida por supuesto Cuba-, las cuales conformaran antiguamente el imperio español. Se aceptaba que el papel de España en el Nuevo Continente había terminado, pero no por ello quedaba sin reconocimiento -a pesar de sus defectos-, la profunda huella dejada. "Porque el fin de toda colonización es proporcionar o procurar un campo de expansión de las fuerzas vitales y productivas de los pueblos. Y esto se ha hecho: se ha llevado vida, costumbres, actividad y soberanía..." No obstante no dolían prendas para denunciar el tremendo error cometido al atrincherarse el gobierno español en posiciones políticas nada aperturistas: "Sin embargo el signo de soberanía ha sido el mas conflictivo, porque ha debido de modificarse, como por ejemplo Inglaterra, creando una autonomía especial como en Canadá o un imperio como en la India...". Y la consideración final, de clara raíz premonitoria: "Nuestro porvenir está allí donde hemos dejado jalones de nuestra raza, de nuestra sangre, de nuestro genio nacional: La Unión Iberoamericana, pero que no sea simplemente una institución romántica, idealista. Cohesión directa y solidaridad entre todos los pueblos, defendiéndose de todo tipo de agresión posible. Porque el duelo a muerte está planteado desde los días de Monroe". 58 Pero El Puerto tampoco era ajeno al profundo y combativo sentido crítico -a veces teñido de un cierto desencanto-, que estaba extendiéndose a lo largo y ancho de España, pues como ya había sentenciado El Progreso Sevillano: "no se trataba de morir por la patria, sino de vivir para 57 Como estudio de conjunto sobre los posicionamientos e impacto que a nivel internacional se produjeron con motivo de la pérdida de Cuba, puede consultarse La Nación Soñada..., cap. VII, pags. "Los Restos de Colón", "Colón Empaquetado" y "El Gran Repatriado". Tomo LV, 1, 1998 ella, olvidando su caduco significado del honor hasta entonces vigente". 59 Y en nuestra localidad en cuestión, dicho espíritu regeneracionista lo estaba abarcando todo: la política, la milicia, la economía... La patria tenía que aprender de sus errores y se necesitaban hombres nuevos que timonearan el también nuevo rumbo que debía iniciarse. Obviamente los portuenses exigían responsabilidades por lo sucedido, pero ahora la crítica más dura no se centraba tanto en la acción de gobierno ejercida en Cuba, como en la desorganización de la posterior contienda. Unánimemente se calificaban de "vergonzosas" las condiciones en las que habían tenido que combatir los soldados y se reconocía que su mayor enemigo había estado en "la manigua", para la que ni oficialidad ni tropa habían sido preparadas. Y mientras todas estas cuestiones iban corriendo de boca en boca, cada vez iba ganando más importancia el papel de la marina, que -siempre según los citados portuenses-nunca había gozado de la atención y aprecio que merecía. Por ello un clamor generalizado solicitaba su aumento y reconversión, recordando en muchos aspectos la filosofía que un siglo atrás desplegara el marqués de La Ensenada, tan vinculado con esta tierra en donde vivió algunos años. Toda la bahía y el traspaís gaditano recordaban con auténtica añoranza su labor como máximo responsable de la marina española, en la que tan presente había estado la construcción naval y la creación del arsenal y carenero de La Carraca, sito en el vecino San Fernando. No podía olvidarse como desde siempre los portuenses habían vivido pendientes de la mar; y por razones tanto defensivas como económicas, se hallaban interesados en conseguir la mejor marina posible, así como la potenciación de los correspondientes astilleros. Las élites locales, porque sus productos necesitaban transportes rápidos y fletes baratos; la autoridad militar, porque así se lo pedía la defensa de una zona geoestratégica tan importante como la gaditana; y por último el pueblo llano, porque mayoritariamente vivía de la pesca o del trabajo -como mano de obraen los pequeños varaderos locales e incluso, a veces, en los dos grandes centros gaditanos por excelencia: el astillero de la Compañía Transatlántica o el de Vea-Murguía. 60 Para todo lo referente a la filosofía política del marqués de La Ensenada y a sus relaciones con El Puerto y Cádiz, resulta de interés el estudio de Borrego Plá: "Los universos reformistas de Ensenada: una visión anónima de los hombres de su tiempo". Temas Americanistas, n.o 14 (en prensa). Millán: El Noventaiocho en Cádiz..., pág. 33. Cano: Las Defensas de la Bahía..., pág. 135. Y en tal sentido se veía conveniente la unión del Ministerio de Guerra con el de Marina, para que existiera una mayor y mejor coordinación, así como la creación de un cuerpo de artilleros de armada, y otro dos de pilotos y maquinistas, "distinguidísimos por su utilidad". E igualmente considerábase deseable, el que los ingenieros navales pudieran ampliar estudios en las respectivas academias militares. Aunque el mayor énfasis estaba puesto en el nuevo papel que debía desempeñar la armada, no sólo como defensa, sino también como apoyo a los intereses internacionales y comerciales de España. Por ello se le debía de equipar con los mejores adelantos técnicos y el personal más cualificado. Estaba claro que el reciente ejemplo de la marina norteamericana no se había echado en saco roto. 61 Pero junto a todo lo expuesto, se asistía también a un efervescente afán desarrollista que se reflejaba en todo tipo de tribunas, especialmente las periodísticas, intentando potenciar el exhausto nervio económico de la zona. 62 Desde las mismas se abordarían los perfiles estructurales mas modernos -cultivo de la remolacha-, pero también la incentivación delos mas tradicionales, fundamentalmente el consabido vino o la pesca. Respecto a la producción vinícola, se propugnaban soluciones tan acertadas y novedosas como el injerto con vides americanas para frenar la plaga de filoxera o la búsqueda de nuevos mercados, dado que uno muy significativo, el cubano, acababa de perderse por razones obvias. Igualmente se aconsejaba una mejor calidad en los vinos y un abaratamiento en sus costes; cuestión ésta que por parte del gobierno debía implicar la supresión de aquellos impuestos especiales con los que se gravaban todos los caldos que salían desde al puerto de Cádiz y que habían ayudado a financiar la terrible guerra. 63 En cuanto a la pesca, se predicaban varias opciones que iban desde significativas mejoras laborales para las tripulaciones, hasta la modernización de la flota artesanal, pasando por la creación de "laboratorios hidrológicos" -viveros-o la repoblación de especies en el Guadalete, por citar sólo algunos ejemplos. 64 El Puerto de Santa María iniciaba pues, esperanzado, una nueva andadura histórica que lo iba a llevar por caminos crispados y terrible-61 "De Interés" y "Lo que dicen los Repatriados". 62 Para un estudio comparativo del mismo fenómeno en Sevilla, resulta muy útil la obra de Ruiz Acosta, M.a José: Sevilla e Hispanoamérica. Prensa y Opinión Públicas. mente problemáticos; pero todo ello aún se desconocía. Por aquel entonces destacaba, como colofón a todo lo expuesto, un editorial de sugestivo título -"Peligros para el Devenir"-, aparecido en la prensa local el 17 de septiembre y en el cual, dentro de un profundo afán revisionista, realmente se profetizaba la sesgada visión -a veces víctima de manipulaciones interesadas-, que sobre el Desastre del 98 iban a propiciar las generaciones venideras: "En España no se enseña historia... Nos hemos acostumbrado a considerar espada y lanza, fusil y cañón como únicos causantes de nuestro poderío o de nuestra crítica. Nos han embebecido con cuatro pinceladas de relumbrón... La historia de los pueblos es algo mas que los hechos gloriosos o desgraciados. Es necesario poner de manifiesto su estado social, su carácter, su instinto, la construcción de la familia, sus aptitudes administrativas. Cuando nuestros descendientes narren la hecatombe actual y expliquen el entusiasmo público de los puertorriqueños por los yankees, el contenido aún del elemento cubano que no está por la insurrección y el de gran parte del comercio de Manila, lo achacarán a causas muy ajenas a las verdaderas y saldrán héroes y traidores de los que hoy no tenemos ni la mas remota idea".
La historiografía cubana tradicional explica la fidelidad de la perla de las Antillas durante las revoluciones americanas por razón del miedo al intimidante ejército español acuartelado en la isla y por miedo a que cualquier división política diera aliento a una sublevación de la masiva población esclava. Este artículo plantea la tesis de que el asunto fue mucho más complicado que lo que estas explicaciones dan a entender. Por una parte, el ejército de la isla llegó a estar esencialmente controlado por cubanos y, por otra, un movimiento revolucionario nació entre los elementos ilustrados; pero falló por la oposición abrumadora que surgió dentro de la propia clase criolla. La fidelidad cubana no se explica actualmente tanto por los temores como por las relaciones positivas que se crearon entre la corona española y las elites cubanas durante el siglo XVIII, sobre todo durante el reinado de Carlos III, relaciones que resultaron sumamente ventajosas para los azucareros que dominaban la vida económica y política de la isla. La fidelidad de Cuba en la época de las Guerras de Independencia Americana, además de la de Puerto Rico, coloca la isla en pleno contraste con las demás posesiones de España en América. Generalmente, la explicación tradicional del comportamiento excepcional de Cuba se basa en el supuesto miedo de que una división política pudiera abrir la puerta a una sublevación de la masiva población esclava y en la intimidante influencia de la poderosa guarnición española en el antemural de las Indias. 1 Sin embargo, investigaciones recientes indican que las causas para la lealtad cubana fueron mucho más complicadas de lo que tradicionalmente se ha entendido, que la población esclava no fue una consideración determinante y que la supuesta intimidación militar ha sido mal entendida. No hay duda de que la población negra suponía un problema de seguridad para los grandes azucareros que manejaban la colonia y para los blancos en general. 2 En vista de los resultados de la cruenta sublevación de esclavos en Saint Domingue de 1791, el directorio cubano se puso en estado de alerta, aplastando varias conspiraciones, reales o supuestas, a fines del siglo XVIII y principios del XIX. 3 No había duda alguna de que aquello era una preocupación importante, pero este miedo no tuvo la fuerza suficiente para impedir que el portavoz de la élite habanera, Francisco Arango y Parreño, y un grupo de conspiradores tratasen el 26 de julio de 1808 de hacerse cargo de la isla en un acto claramente revolucionario, si no claramente independentista, al llegar noticias de la ocupación de España por fuerzas francesas y de la captura de la familia real. Este movimiento fue bloqueado decisivamente por las fuerzas armadas coloniales; pero eran fuerzas armadas esencialmente cubanas, con un liderazgo dominado por la élite cubana azucarera. Obviamente, las explicaciones para la fidelidad cubana se encuentran en otros niveles de la realidad de la experiencia colonial. Vista dentro del amplio contexto del imperio español en América, Cuba era una colonia especial, gobernada con mano particularmente suave y beneficiaria de desembolsos masivos por parte del Real Erario. La realidad determinante era la posición geográfica de la isla, capaz de controlar el acceso al estratégico Golfo de México así como la salida de él y del Mar Caribe. Las flotas que llevaban el tesoro de América a España hacían escala en la magnífica Bahía de La Habana en preparación para su viaje a Cádiz. Sus fortificaciones atestiguaban la importancia militar de La Habana, la cual habitualmente era denominada como el "antemural" del imperio. 4 Esta posición militar implicaba una gran importancia estratégica y una condición muy especial para la isla. Además, Cuba era la colonia mayor más próxima a España en cuanto a tiempo de navegación, y la élite cubana podía trasladarse a la corte con relativa libertad, manteniendo, de esta forma, importantes enlaces personales en el centro político. En este sentido, Cuba era tanto una extensión de España como una parte de América. 5 A veces, parecía más una provincia de España que una colonia americana. La fidelidad cubana se explica, entonces, claramente, dentro de estas realidades. El mejor ejemplo de la relación especial entre España y Cuba -lo que ofrece un contraste radical con las experiencias del resto del imperio-tiene su origen en el período inmediatemente posterior a la devolución de La Habana a España por Gran Bretaña según las provisiones del Tratado de París de 10 de febrero de 1763. Capturada por las fuerzas de Earl de Ablemarle en agosto de 1762, la pérdida de La Habana fue un duro golpe para el orgullo de España y para la seguridad de su acceso a México, su colonia más rica. Una vez en manos españolas, la colonia cubana, y sobre todo su capital, fueron objeto del más refinado pensamiento reformador del momento por parte de su majestad Carlos III y de su ministro de hacienda y guerra, el marqués de Esquilache. 6 Por medio de reformas radicales, ambos habrían de intentar poner a Cuba y, sobre todo, a La Habana, en un estado defensivo capaz de resistir la amenaza inglesa, que parecía acrecentarse cada día más. Como los ingleses, en razón de su superioridad naval, podían seleccionar su punto de ataque, poniendo en juego a miles de hombres, y España, a causa de la extensión de su imperio, tenía que dividir sus fuerzas entre innumerables plazas fuertes, Gran Bretaña siempre tendría una superioridad numérica si no se involucraba directamente a los americanos en la defensa colonial. Hasta ese momento, la defensa americana había sido asunto de españoles; pero Carlos III resolvió, por falta de otras buenas alternativas, asumir el riesgo de armar a su vasallos americanos y, al mismo tiempo, dar el peligroso paso de pedir contribuciones más altas para pagar los costos del ejército reformado. 7 Por medio de su ministro Esquilache, y del nuevo gobernador de Cuba, el conde de Ricla, Carlos manejó esta difícil tarea con suma delicadeza, por medio de consultas y compromisos hasta un punto francamente extraordinario, aun para este monarca ilustrado. En cuanto a los temas actualmente bajo consideración, es fundamental tener presente que el rey, por medio de Esquilache, instruyó a Ricla, encargado de reclamar a Cuba y poner en marcha un programa de reformas, a actuar en consulta con la élite de La Habana. La idea era atraerse al liderazgo de su antemural imperial a la causa de la monarquía, por medio de estímulos tantos económicos como honoríficos. Por su parte, el avispado patriciado habanero intentó aprovecharse de su, nuevamente, reafirmada importancia militar para sacar tantas ventajas como fuera posible. Estas relaciones se concretaron cuando Ricla arregló un par de consultas con las familias principales de La Habana para delinear un plan de reforma, primero por medio de un cura jesuita, Ignacio Tomás Butler, y después, por medio de José Antonio Gelabert, contador mayor de la Tesorería General de La Habana. La primera de estas consultas tuvo lugar casi inmediatamente, durante el otoño de 1763, y la segunda un año después.8 Entre tanto, la corona eligió atraerse a seis familias poderosas a cambio de otorgar a sus señores títulos de Castilla, llevando el total de tales familias a once. 9 Los acuerdos que resultaron de las consultas de 1763-1764 y los demás acontecimientos relacionados con ellas, produjeron el primer paquete de reformas coloniales del régimen de Carlos III. Los cubanos aceptaron un aumento de su alcabala del dos al seis por ciento y el establecimiento de un intendente de guerra; pero ganaron el derecho a comerciar directamente con ocho nuevos puertos de España y el de usar sus propios buques. 10 Miembros de la élite cubana ganaron el mando de los nuevos regimientos de infantería y de caballería de milicias disciplinadas establecidos por el mariscal de campo Alejandro O'Reilly durante el otoño de 1763 para respaldar la guarnición de tropa veterana. Los nuevos coroneles, capitanes, y tenientes, no solamente tenían el honor y el prestigio del uniforme sino también el goce del fuero militar, en este caso tanto activo como pasivo. Para los azucareros cubanos estas distinciones, sin duda, reforzaron sus pretensiones neofeudales; y así, los empleos militares mantuvieron una fuerte atracción para la élite habanera durante las décadas siguientes. 11 Desde la perspectiva cubana, el Reglamento de Comercio Libre del 16 de octubre de 1765 fue la reforma indispensable de la reorganización de sus estructuras coloniales. Esta medida permitió a los productores nueva flexibilidad en la venta del azúcar, siendo además reemplazados los impuestos sobre su venta por un simple seis por ciento "ad valorem". 12 Por su parte, la corona ya se hallaba en el proceso más amplio de desregular su sistema comercial, y las demandas de La Habana, bien justificables en este contex-to por urgencias militares, daban respaldo a la voz reformadora en la política de Madrid. 13 Esta colaboración entre los habaneros y la corona que se desarrolló durante los años 1763 a 1765, perduraría por muchos años. La diplomacia del conde de Ricla en Cuba presenta un agudo contraste con el comportamiento de los visitadores para las otras colonias. La áspera y despótica manera de José de Gálvez en Nueva España, 1765-1771, con su antiamericanismo, es bien conocida, así como aquélla de los regentes-visitadores, Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres y José Antonio de Areche, que Gálvez, ya después como ministro de las Indias, mandó a Nueva Granada y al Perú. Esta diferencia pone claramente de manifiesto el contraste entre la política real para Cuba y la que se aplicaba a las otras colonias. Fundamental también para comprender la relación entre Cuba y España, y Cuba y el imperio, es el papel de los situados. Como la plaza fuerte principal de América, La Habana había disfrutado, históricamente, de subsidios relativamente cuantiosos procedentes de México, recibiendo, por ejemplo, durante los años cincuenta, un promedio anual de 291.000 pesos. 15 Estos incluían la construcción de fortificaciones, lo que ya involucraba el gran proyecto de La Cabaña; el mantenimiento de la guarnición fija, que fue aumentada por O'Reilly de 2.330 a 3.354 hombres, así como el de los regimientos de refuerzo que llegaban regularmente; los sueldos de los entrenadores veteranos de las milicias disciplinadas y la provisión del equipo necesario para estos cuerpos; y el pago 13 Archivo Histórico Nacional, Estado, 2314, "Consulta original... sobre el proyecto de comercio de América"' Madrid, 14 de febrero, 1765. 14 La estadística anual para estos años la he publicado en "Guns, Subsidies, and Commercial Privilege: Some Historical Factors in the Emergence of the Cuban National Character, 1763-1815", en Cuban Studies, vol. 16, Pittsburgh, 1986, pág. 130. LA FIDELIDAD CUBANA DURANTE LA EDAD DE LAS REVOLUCIONES de la creciente construcción de buques de guerra en el astillero de la bahía. 16 Para apreciar la importancia de las cantidades involucradas en los situados basta recordar que los ingresos de las cajas reales del Virreinato de Nueva Granada en 1772 no lograron llegar a un millón de pesos. 17 La Habana fue, por mucho, el receptor mayor de situados en todo el imperio. En tales circunstancias fue, lógicamente, fácil para la élite cubana identificarse como fieles vasallos. El sistema funcionaba claramente a su favor. Los cubanos pagaban más impuestos, pero gozaban de privilegios comerciales para el beneficio de sus intereses económicos y, además, controlaban el mando de las milicias que ellos costeaban. Aunque los documentos de que disponemos no nos permiten estimar con precisión el porcentaje de los situados que anualmente se gastó como era debido, podemos asumir que una buen cantidad llegó a manos de gente influyente, bien en forma de contratos para proveer necesidades militares, o por acceso directo a la tesorería colonial. Franklin Knight y Manuel Moreno Fraginals han postulado que gran parte del capital que financió la revolución azucarera de estos años se originó en el situado mejicano, algo que parece indiscutible. 18 Es de gran significación que durante la Guerra de la Revolución Americana la élite cubana mantuviera su parte del trato. Durante gran parte del conflicto los cuerpos milicianos, a costa de gran sacrificio personal, se mantuvieron sobre las armas, permitiendo así a la tropa veterana salir de la isla para tomar la ofensiva en la Florida y lograr venganza para Carlos III y gloria para las armas españolas. Aunque un sector de las fuerzas voluntarias se unió al ejército invasor, la mayor parte contribuyó a defender la isla durante la ausencia de la guarnición. 19 Y los vecinos de La Habana, si demasiada presión, montaron para Su Majestad un préstamo de medio millón de pesos destinados a las fuerzas francesas que subieron del Caribe para reforzar a Lafayette y a Washington en Yorktown. 20 El ejemplo de la cooperación cubana en un momento crítico para la monarquía, cuando en otras colonias había frialdad hacia el sacrificio en nombre de las urgencias de guerra, incluyendo las masivas sublevaciones que estallaron en Perú y Nueva Granada, sin duda dejó una impresión sumamente favorable en Madrid, algo que los cubanos no tardaron en explotar. El asunto de más importancia para la élite cubana, que se quedó sin resolver en las peticiones de 1764, fue el de libre acceso a mano de obra abundante y barata para la rápidamente creciente industria azucarera. El comercio libre de negros fue un privilegio que Carlos III no pudo conceder a La Habana en 1764, ya que la corona había hecho un contrato con la gaditana Compañía del Real Asiento para proveer esclavos a las colonias americanas. Durante la guerra, Madrid permitió a Cuba este comercio con las colonias francesas, lo que duró hasta 1786. En la post-guerra, sin embargo, con la contribución militar cubana todavía en la real memoria y con el impresionante fomento de la industria azucarera a plena vista, había llegado la hora para pagar sus servicios a Cuba. Por real cédula de 28 de febrero de 1789, se permitió a todos los vasallos españoles negociar en esclavos; y la entrada a extranjeros en el mercado cubano, por dos años al principio, después por otros seis más, y finalmente sin límite. 21 Además, después de que la sublevación de los esclavos de Saint Domingue destruyera la producción del primer proveedor de azúcar del mundo, la corona, escuchando la voz de Cuba, representada ya por su altamente capaz apoderado Francisco Arango y Parreño, efectuó una serie de concesiones para aumentar la capacidad de aprovecharse de las nuevas oportunidades que entonces aparecieron. 22 Ya en cuarto lugar entre los productores de azúcar, Cuba pronto llegaría a establecerse como el líder mundial. Importantes vehículos del acelerado fomento económico de Cuba a finales del siglo fueron la Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en 1792, y el Consulado de La Habana, también aprobado aquel año. Tal tipo de institución no fue, por supuesto, nada nuevo durante estos años, ya que, si no iguales, similares, se crearon en otros muchos lugares. Lo especial en el caso de Cuba es la agresividad con que La Habana logró explotar las oportunidades creadas por estos nuevos instrumentos para avanzar en sus fines económicos y políticos. 23 Cuba ya había alcanzado su edad de oro. Para 1790 el número de títulos de Castilla en Cuba había llegado a veinte, incluyendo nombres como Casa Bayona (Chacón), Buena Vista (Calvo), Macuriges (Montalvo), Casa Montalvo (Montalvo), Mompós y San Juan de Jaruco (Beltrán), San Felipe y Santiago (Núñez del Castillo), Real Socorro (Beitia), y Jibacoa (Contreras). Otras familias, aunque sin posesión de un título de Castilla, también se clasificaban con la reputación de "nobles". Estas incluían la familia probablemente más ilustre de esta época, la de Juan O'Farrill, cuñado del conde de Buena Vista y suegro de los condes de Casa Montalvo y de Casa Bayona y del marqués del Real Socorro (todos coroneles milicianos), y el padre de dos tenientes coroneles de milicias y del teniente general del ejército Gonzalo O'Farrill, que llegaría a hacerse ministro de guerra en Madrid. Estas familias constituyeron un típico directorio colonial. Líderes de la nueva ola económica, dominaron el Ayuntamiento de La Habana, el Consulado, la Sociedad de Amigos del País, y las posiciones de mando en las milicias. 24 De suma importancia para el presente análisis es el hecho de que estas familias también llegaron a dominar los cuerpos de oficiales de la guarnición veterana fija. Aunque tradicionalmente ocupantes de un "espacio" español por razón de la política real, los europeos perdieron su mayoría por los años ochenta en Cuba, así como en gran parte de América. Varios factores influyeron en la ascendencia criolla. Los cubanos entraban en el ejército como cadetes y lograban hacerse oficiales con el paso del tiempo. Con el crecimiento del ejército en América, resultaba imposible para España proveer la cantidad de oficiales requerida. Además, la poderosa oligarquía local, quizás por servicios a su majestad en tiempo de emergencia, o por medio de préstamos oportunos, buscaba carreras para sus hijos. Otros entraban al nivel de oficiales, normalmente por medio de beneficios directos. La venta de nombramientos militares empezó en la guarnición de Luisiana en 1780 y se extendió después al ejército de Cuba, aunque su uso nunca fue excesivo por miedo a destruir la integridad de las fuerzas armadas. Sin embargo, esta práctica ofrecía una medida más para permitir a las 23 Alvarez Cuartero, Izaskun: "Las sociedades económicas de amigos del país en Cuba (1787-1832): Una aportación al pensamiento ilustrado", en Cuba la perla de las Antillas: Actas de las I Jornadas sobre Cuba y su historia, editada por Consuelo Naranjo Orovio y Tomás Mallo Gutiérrez, Madrid, 1994, págs. 37-41; Lampros, Peter James: "Merchant-Planter Cooperation and Conflict: The Havana Consulado, 1794-1832", tesis doctoral, Tulane University, 1980. ALLAN J. KUETHE élites entrar en el cuerpo de oficiales, muchas veces simplemente como coroneles o teniente coroneles agregados. Con el tiempo, los cubanos llegaron a dominar el ejército veterano, lo que sirvió como una vía más para las aspiraciones criollas. 25 Las guerras de la Revolución Francesa y de Napoleón pusieron a prueba la colaboración entre Madrid y su colonia favorita. Vencida por las fuerzas terrestres de la Francia revolucionaria, 1793-1795, y, como infeliz aliado francés, objetivo del ataque de las fuerzas navales inglesas durante la Primera Guerra Británica, 1796-1802, y de la segunda, 1804-1808, España perdió rápidamente su capacidad de controlar la política colonial. En esta situación, aun antes de que la armada británica destruyera la flota francesa-española en Trafalgar, es evidente que la ventaja en las relaciones entre la madre patria y la colonia habían cambiado. Los Cubanos demandaban comercio neutral para su azúcar al mismo tiempo que, como de costumbre, se hacían cargo de la defensa colonial. 26 La situación militar de España en Cuba se deterioraba año tras año. La estructura del estado del antiguo régimen podía sostener un estado de guerra seis, siete, quizás ocho años o un poco más; pero quince años, casi sin interrupción, era más de lo posible. En este sentido, la supervivencia del régimen español fue impresionante, ya que se iba improvisando año por año, pero, por lo menos hasta Trafalgar, siempre con el respaldo del imperio. 27 No llegó a un estado de postración hasta 1807, pero poco después entró directamente en el proceso histórico la intervención francesa y ocuparon su sitio otros temas. Durante esta heroica lucha de España para sobrevivir, las oportunidades de la élite cubana aumentaban en proporción a la debilidad española. Con la ausencia de refuerzos sustanciales procedentes de la península, la guarnición veterana disminuyó año tras año, hasta constituir solamente una sombra del número de plazas autorizado, con el resto siendo en su mayoría cubano. En estas circunstancias, las milicias disciplinadas otra vez asumieron la responsabilidad mayor en la defensa de la isla. 28 perspectiva más amplia, los cubanos mantenían abierto a España el acceso a México, su colonia más productiva, con cuya plata se mantenía. Dadas estas circunstancias, los cubanos podían demandar lo que querían, y esto era el comercio libre con neutrales, es decir, con Los Estados Unidos, que tenían la capacidad de proveer a Cuba de harina de trigo y, a la vez, llevar su azúcar y tabaco al mercado mundial. 29 Mientras que el comercio neutral era una política aplicada esporádicamente a las otras colonias, con importantes interrupciones, en Cuba la administración real no se atrevió a interrumpir este nuevo "derecho" por miedo a comprometer el tan crítico respaldo cubano demandado por las urgencias de guerra. La miseria de España, sin duda, significó una edad de oro para las élites cubanas. La revolución que intentó iniciar Francisco Arango y Parreño en 1808, con la monarquía ya prisionera de Napoleón, tuvo el objetivo concreto de poner bajo una sola autoridad, una Junta Suprema de Gobierno, las instituciones autónomas de la intendencia de marina, que protegía los montes para la construcción naval contra los intereses azucareros; el monopolio de tabaco, un impedimiento a un mercado libre; y la intendencia, cuya independencia constituía un obstáculo irritante a la dominación política habanera. Este movimiento tuvo el tono de la ilustración y el nuevo concepto del ciudadano, con énfasis en la igualdad de oportunidad para blancos. El desprecio de Arango y Parreño hacia los privilegios militares, tan sagrados para los oficiales veteranos y para los milicianos, y la de su aliado principal, el teniente de gobernador José Ilincheta, no fue bien recibido por la mayor parte de las familias principales. Hombres militares, orgullosos de sus uniformes y de su fuero y contentos con el sistema existiente, no buscaban cambios. 30 En estas circunstancias, según nos informa Jacobo de la Pezuela, el brigadier Francisco Montalvo, del Estado Mayor de La Habana, personalmente, en una agitada confrontación con los insurgentes, instruyó a Arango de sus deberes para con el liderazgo cubano, y éste accedió sin violencia ni sangre, dispuesto a no arriesgar demasiado para cambiar el sistema. 31 Sería un grave error atribuir al comportamiento cubano una fidelidad intrínseca, nacida de algún tipo de virtud particularmente cubana. La fidelidad cubana surgió de La Habana, que siempre había gozado de ventajas políticas. Los cubanos eran reaccionarios con razón. Es verdad que el situado mejicano había dejado de funcionar en 1811; pero la memoria era dulce, y entre tanto Cuba había tenido libre acceso al mercado norteamericano. 32 Es de notar que los cubanos más prominentes en España durante esta época se habían aliado a los franceses. Entre éstos se hallaban el ministro de guerra Gonzalo O'Farrill, el mariscal de campo marqués de Casa Calvo, y Teresa Montalvo y O'Farrill, viuda del conde de San Juan de Jaruco y Santa Cruz de Mompós, quien se convirtió en la amante de José Bonaparte, el hermano de Napoleón y rey pretendiente al trono de España. 33 Estos casos nos indican que la lealtad era algo relativo en una época increíblemente incierta. La perspectiva de La Habana fue la de mantener su buena posición. Con la restauración al trono de Fernando VII, La Habana pidió nuevas concesiones en razón de su supuesta virtud de fidelidad. Por su parte, Madrid necesitaba a Cuba más que nunca, ahora como base para la reconquista y conservación de su imperio. Por una serie de reales medidas, la corona concedió a los cubanos el derecho de cortar libremente los árboles en sus propiedades (1815), la abolición del monopolio del tabaco (1817), y el comercio libre sin restricciones (1818). 34 Un antemural para la reconquista de América, Cuba quedó segura en sus privilegios al entrar en la década de los veinte. Y aunque el situado mejicano ya había dejado de funcionar, la isla ya iba surgiendo como el primer productor de azúcar en el mundo. En palabras de Moreno Fraginals, "En la última década del siglo XVIII y hasta pasado 1820, La Habana vivió una absurda orgía millonaria". 35 Pero el estado especial de Cuba perdió su razón de ser cuando las colonias continentales, sobre todo México, establecieron su independencia. La relación especial entre La Habana y Madrid perdió su sentido una vez que Cuba dejó de ser el antemural español. La rica isla azucarera ya era el impe- rio, o gran parte de lo que quedaba, y su nueva condición no tardó mucho en expresarse política y administrativamente. El 25 de mayo de 1825, el capitán general Francisco Vives recibió suficientes poderes extraordinarios como para imponer un estado de sitio. Aunque Vives y su sucesor, Mariano Ricafort, gobernaron con una política de acomodación, Miguel Tacón, nombrado en 1834, impuso una política sorprendentamente severa, no mostrando nada de la deferencia tradicional de los gobernantes españoles hacia la perspectiva habanera. Este cambio se expresó ásperamente durante el tercer gobierno constitucional de España cuando, el 16 de abril de 1837, las Cortes por voto de 90 a 65 rechazaron a los diputados mandados por Cuba y afirmaron el estado colonial de la isla. 36 Ya cualquier ilusión cubana en cuanto a su relación con España había desaparecido. Había llegado el momento de empezar a pensar en una separación de aquélla. Durante los difíciles años de las reformas de Carlos III, Cuba no había experimentado las mismas dificultades que las colonias típicas ni se había tenido que sacrificar financieramente de la misma manera. Cuba había sido gobernada con suavidad política, su voz llegaba a Madrid, y su peticiones eran recibidas con simpatía. Además, importantes situados mejicanos para costear las numerosas defensas de Cuba habían jugado un papel clave en el fomento económico de la isla. A cambio, Cuba había prestado indispensables servicios militares dentro del sistema defensivo del imperio americano, servicios que alcanzaron su mejor expresión durante la Guerra de la Revolución Americana y, sobre todo, en la campaña por el Golfo de México y La Florida. Esta relación se había mantenido durante el reinado de Carlos IV, la época de las Guerras de la Revolución Francesa y Napoleón y, para Cuba, la del comercio neutral con Los Estados Unidos; y Fernando VII, fustigado por un imperio en rebelión, había reafirmado la importancia de la lealtad cubana con una serie de reformas mayores al servicio de la industria azucarera y de la élite cubana. Esta lealtad a España no había nacido de ningún tipo de fidelidad intrínseca, sino de una certera comprensión de las ventajas enormes de su posición dentro del sistema del imperio americano. Una vez que esta posición desaparece, también la famosa fidelidad cubana habría de desaparecer.
trabajo anterior sobre la primera mitad del siglo, los autores analizan el estado de los yacimientos y principales minerales en explotación, su producción y destino de la misma, las compañías mineras implicadas en la extracción y el papel del gobierno metropolitano en el fomento de dicha industria. Se señalan, asimismo, los problemas fundamentales del ramo desde el punto de vista legal, financiero, técnico, así como los acontecimientos históricos que afectaron directamente a su desarrollo. El estudio de la actividad extractiva en la isla de Cuba sigue siendo un campo infravalorado en su interés debido a la visión que de la misma dio la historiografía tradicional. Autores clásicos como Calvache, 1 entre otros, no dudaron en afirmar que no debió ser importante, puesto que el ilustre barón de Humboldt no hizo mención alguna de ella en su Ensayo Político sobre la isla de Cuba (1827); y en su correspondencia privada con el capitán general de la isla afirmó: "en un país cuya verdadera riqueza consiste en la agricultura... el trabajo en las minas sólo convidaría a la holgazanería en menoscabo de aquélla". 2 No obstante esta visión ya convertida en tópico, trabajos recientes que han ahondado, como el presente, en los nutridos fondos de la Sección de Ultramar del Archivo Histórico Nacional de Madrid, ponen de manifiesto que la Corona española, aunque sin duda dio prioridad a otras áreas más productivas de aquel territorio, dedicó gran parte de sus quehaceres a potenciar la explotación minera en Cuba. 3 Nuestro último trabajo 4 se centró en demostrar cómo, lejos de ser la actividad minera un ramo marginal de la economía cubana y marginado como se creía del interés del gobierno peninsular, constituyó, por el contrario, uno de los sectores emergentes en la primera mitad del siglo XIX, en gran medida gracias a las iniciativas del gobierno peninsular, que no escatimó esfuerzo alguno (exenciones impositivas, legislación específica, contratación y envío de expertos, etc.) en aras de su fomento y prosperidad. Con estas páginas se pretende añadir nuevos datos a la visión dada anteriormente sobre las iniciativas renovadoras del gobierno metropolitano en la primera mitad del XIX en el fomento de la minería cuprífera, ampliando el campo de estudio a la actividad extractiva en su conjunto, e incluyendo minerales poco conocidos, en las décadas finales de la dominación colonial. Va en ellas el deseo de contribuir modestamente al conocimiento de lo que ya en la Cátedra de Mineralogía y Geología de la Universidad de La Habana se definió en 1826 como "el oscuro y poco trillado estudio de la minerología". Parece un hecho comprobado y generalmente admitido que, al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX, la industria extractiva de la isla de Cuba ve roto el ritmo de crecimiento productivo 6 al que habían contribuido en gran medida factores como la liberación por la Corona de cargas fiscales y de excesivas regulaciones (iniciando desde 1830 una política más transigente hacia los intereses de los empresarios), así como las notables inversiones extranjeras (capital británico y norteamericano) que favorecieron una importante modernización de la tecnología empleada. 3 González Loscertales, Vicente y Roldán de Montaud, Inés: "La minería del cobre en Cuba. 4 Fernández Alonso, Serena y Moyano Bazzani, Eduardo L.: "Problemas de reforma y conflicto de intereses en la minería cubana de la primera mitad del siglo XIX". Ponencia presentada a la V Reunión de Historiadores de la Minería Latinoamericana, celebrada en San Luis Potosí (México), en julio de 1997. Trabajo actualmente en prensa. 5 Archivo Histórico Nacional de Madrid (en adelante, AHNM), Ultramar, Fomento, 6. Memoria presentada a la Comisión Regia por las Secciones de Hacienda y Secretaría de Gobernación sobre el ramo de minería en la isla de Cuba. EDUARDO L. MOYANO BAZZANI Y SERENA FERNÁNDEZ ALONSO Los acontecimientos políticos, en concreto el inicio por Carlos Manuel de Céspedes de la guerra de liberación colonial en 1868, son el detonante de una nueva situación de crisis, pues determinan la paralización de las labores extractivas con la incorporación masiva de operarios a las filas de la revolución. Junto a ello, los daños causados por las operaciones bélicas vienen a ahondar la ya antigua problemática de las minas cubanas, cuya explotación fue en épocas anteriores anárquica y especulativa, en muchos casos, y dificultosa casi siempre por inundaciones y hundimiento de galerías, con la consiguiente pérdida de las vetas. Es sabido que los empresarios particulares se veían, por todo ello, imposibilitados en su deseo de llevar adelante el laboreo de las minas, debiendo abandonarlas después de denunciarlas, lo que favoreció la proliferación de grandes compañías extranjeras, que acapararon los beneficios de la minería, siendo las únicas con capacidad financiera para asumir los riesgos de la explotación. Ese efecto negativo de la Guerra de los Diez Años en la economía colonial y, muy directamente, en la minería, se hace aún más evidente si se tiene en cuenta que el escenario clave de las operaciones militares fue, precisamente, la zona minera por excelencia, es decir, el centro y oriente de la isla, fundamentalmente Puerto Príncipe (actual Camagüey) y la jurisdicción de Santiago de Cuba, donde se ubicaban los principales yacimientos y cuya bahía era el puerto de salida de los minerales. Sólo un mes después de haberse producido el "Grito de Yara", se había bloqueado Puerto Príncipe, cortado el ferrocarril de Nuevitas, cercado Santiago de Cuba y destruido el Ferrocarril del Cobre, además de producir innumerables daños y quemas en pequeños poblados. 7 Las grandes compañías explotadoras del mineral de cobre, la Consolidada y San José de Santiago de Cuba, se hundieron con la contienda: "destruido su ferrocarril al puerto, incendiadas sus casas, oxidadas y mutiladas sus numerosas y magníficas máquinas de vapor, de extracción y desagüe, y las de preparación mecánica de las menas...". 8 La destrucción de pueblos y caseríos, la devastación de las haciendas, el arrasamiento de 6 Hacia 1851 Cuba mantenía su posición de principal abastecedor de la industria inglesa, exportando unas 10.000 toneladas de cobre al año, lo que representaba un 12% de la producción mundial. Citado por Le Riverend, Julio: Historia Económica de Cuba. 7 Moyano Bazzani, Eduardo L.: La nueva frontera del azúcar: El ferrocarril y la economía cubana del siglo XIX. LA MINERÍA CUBANA EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XIX ingenios y campos y la dispersión de las poblaciones, fueron efectos inherentes a las acciones militares. Junto a ello, la destrucción de zonas de cultivo, con la consiguiente alza de precios, especulación y huida masiva de población, provocaron una crisis general frente a la que las medidas rehabilitadoras del gobierno poco pudieron lograr. 9 La Guerra de los Diez Años significó, pues, una conmoción sin precedentes en la economía isleña. En el ámbito concreto de la minería, tras la suspensión total de las labores extractivas durante la contienda, se inicia un período de resurgimiento de la industria minera de Cuba después de 1878. En ese proceso, el fenómeno ya detectado en la primera mitad del XIX del intervencionismo financiero, primero británico y posteriormente estadounidense, se acentúa poderosamente. Le Riverend juzga determinante en el mismo el desarrollo de la industria metalúrgica pesada en Estados Unidos, precisamente coincidiendo con el período de inactividad productiva en Cuba. La fuerte demanda de materias primas y recursos mineros para alimentar dicha industria, despertarían nuevamente los intereses industriales, orientándose hacia las reservas de Cuba, sobre las que los geólogos norteamericanos ya habían realizado estudios.10 Se manifiesta, una vez más, la situación de dependencia económica ejercida por las potencias anglosajonas, tan característica del siglo XIX americano: el llamado "imperialismo contractual", "la fabulosa expansión de los Estados Unidos de América y su constante presión sobre las últimas colonias españolas en el Caribe, según el concepto del mundo como mercado, donde todo tiene un precio y se puede comprar todo, desde un país a una conciencia". 11 Lo cierto es que la entrada de capital extranjero constituyó el medio más rápido y seguro para insuflar a la maltrecha economía cubana recursos financieros para su reconstrucción. El capital foráneo proveniente de Estados Unidos permitiría, a través de poderosas compañías, poner en explotación a gran escala los recursos minerales cubanos, que sostendrían en gran medida la naciente industria de aquel país. Y aunque el cobre había sido el eje fundamental de la industria extractiva de la isla, otros metales como el hierro, y minerales como el manganeso, el guano o el asfalto, habrán de considerarse en el período postbélico. La presencia de compañías norteamericanas en la explotación de los mismos, se deja sentir con renovada fuerza en contraste con la primera mitad del siglo XIX, en que las inversiones eran fundamentalmente británicas y de tipo indirecto, a través de créditos y empréstitos aplicados por apoderados en empresas aparentemente cubanas o casas de comercio norteamericanas establecidas en Cuba. "Pero es que entre 1878-1902, las inversiones directas habrían de adquirir un nuevo carácter y se transformarían en el principal, si no único, instrumento financiero del país". 12 Mientras, los británicos reorientaban su viejo interés sobre el área antillana y sus tradicionales inversiones hacia otros ámbitos coloniales de África y Asia, dejando a los estadounidenses en una posición de absoluta exclusividad, haciendo éstos de Cuba un auténtico "mercado reservado de producción y consumo", tan característico de las experiencias colonialistas europeas de fines del XIX. Proliferaron así grandes compañías de explotación minera con capital norteamericano, como la Juraguá Iron Company de Filadelfia, creada en 1883 y adquirida una año después por la Bethlehem and Pennsylvania Steel Company, dedicada a la extracción de hierro, al igual que la Spanish-American Iron Company y la Sigua Iron Company, ambas erigidas en 1892. Dos años más tarde, la Ponupo Manganesse Company activaba notablemente los yacimientos de manganeso en la provincia de Oriente. 13 Aunque el desarrollo de sus actividades no estuvo exento de avatares, fruto a menudo de las agitaciones políticas, lo cierto es que se alcanzaron niveles destacados de producción, asociados lógicamente a la disponibilidad de capital y a la adopción de un método de explotación sistemático. Debe recordarse que gracias a los capitales británicos llegados a la isla en la primera mitad del siglo, se alcanzaron niveles de desarrollo tecnológico en la minería del cobre muy satisfactorios, con la aplicación del vapor a las tareas de extracción y desagüe de galerías, así como con la contratación de técnicos británicos, manifestaciones de progreso que se vieron interrumpidas con el estallido de la guerra. En 1884, apenas un año después de su creación, la Juraguá Iron Company exportaba 21.000 toneladas de hierro a Estados Unidos, cifra superada en 1895 por las labores de la Spanish-American Company en los yacimientos de Daiquirí a 74.000 toneladas. 14 Frente a este panorama, la producción de cobre disminuyó extraordinariamente tras la Guerra de los Diez Años, durante la cual se destruyeron las instalaciones de las minas, confiscando el gobierno la propiedad de las mismas. 15 En cuanto a la extracción aurífera, paralizada asimismo durante la década de contienda, se restableció a partir de 1880, con un sistema de explotación regular y una planta de beneficio en las minas de Holguín, valorándose su producción hasta 1898 en un millón de pesos. 16 No era, pues, la industria extractiva de Cuba, un ramo de la economía ignorado o prescindible. La vieja metrópoli, conmocionada tanto o más que la propia Cuba por los acontecimientos políticos de aquellas décadas, perdida ya la esperanza de los años 40 de crear una industria minera auténticamente nacional, renovará sus permanentes esfuerzos por ordenar una legislación a veces confusa o contradictoria, y una fiscalidad siempre deficitaria, sin abandonar nunca el interés por descubrir y explotar nuevos yacimientos minerales, ni las medidas proteccionistas sobre el ramo. Estos aspectos se abordarán a continuación. La problemática minera en Cuba y las iniciativas del gobierno metropolitano En primer lugar, consta el deseo de poner fin a las contradicciones derivadas de la normativa del ramo, que ya en la primera mitad del siglo habían generado conflictos jurisdiccionales entre autoridades y favorecido abusos por parte de los empresarios mineros. La confusión provenía de estar vigentes de forma simultánea las Ordenanzas de Minería de Nueva España de 1783 y el Real Decreto e Instrucción provisional de 8 de diciembre de 1825, haciéndose en cada caso, "una difusa mezcla de ambas disposiciones". 17 Para poner fin a dicha situación, y considerando "la urgencia que el fomento de la industria minera exige, hoy sensiblemente entorpecido por la deficiencia de la legislación del ramo en aquella Antilla...", el ministro de Ultramar, Gaspar Núñez de Arce, propone en 1883 se declaren vigentes en Cuba la Ley de Minas dictada para la Península el 6 de julio de 1859 y las 15 Ibídem, pág. 210. Memoria presentada a la Comisión Regia... EDUARDO L. MOYANO BAZZANI Y SERENA FERNÁNDEZ ALONSO bases generales para una nueva legislación de minas, aprobadas por Real Decreto de 29 de diciembre de 1868. 18 Ambas disposiciones tendrían carácter de interinidad hasta la aprobación de una Ley de Minas especial para las provincias de Ultramar que, sin embargo, nunca llegó a emitirse. Con verdadera desesperación la reclamaron incansablemente los sucesivos inspectores de minas de Cuba, tanto Salterain como su sucesor Cantalapiedra. Este último denunciaba en su Estadística Minera de 1894 (!) las contradicciones, el excesivo carácter teórico, lo ficticio y alejado de la realidad de las disposiciones vigentes en Cuba, siendo origen estas circunstancias de innumerables pleitos, "carcoma de esta industria", y puerta abierta a todo tipo de abusos, especulación y codicia. 19 Un segundo aspecto, y quizá el más importante, porque permitirá valorar en su justa medida el potencial minero de la isla, es el interés permanente del gobierno central por conocer el estado de las explotaciones con vistas a su fomento directo. Esta innegable preocupación está en la base de los nutridos y detallados informes que la Inspección de Minas de Cuba remitió periódicamente al Ministerio de Ultramar, bien que nunca con la exhaustividad que hubiera sido deseable, dada la negligencia de los gobernadores provinciales en la remisión de los estados trimestrales de la producción local, obligación incumplida sistemáticamente. La reorganización completa de la plantilla de tan notable institución no tendría lugar, sin embargo, hasta 1893, en que se nombró para la demarcación minera de La Habana a don Pedro Salterain y Legarra, ingeniero jefe de 2.a clase, como jefe de la sección central y occidental de minas, con 3.500 pesos de sueldo, auxiliado por un facultativo de 2.a clase (1.500 pesos), un escribiente (425 pesos) y un ordenanza (250 pesos). A la demarcación de Santiago de Cuba fueron destinados don Juan Aguilera Kindelán, como jefe de la región oriental (con 2.500 pesos), y don Vicente Kindelán y de la Torre, adjunto a la misma como 2.o jefe del Negociado (con 2.000 pesos), así como un escribiente (300 pesos) y un ordenanza (200 pesos). 20 A pesar de lo tardío de una medida largamente reclamada por los inspectores de minas, lo cierto es que éstos cumplieron fielmente la labor informativa sobre el ramo que tenían encomendada. Plantilla del personal de minas de la isla de Cuba. Por Real Orden de 7 de octubre de 1879, se solicita a don Manuel Fernández de Castro, como inspector general de minas en Cuba, la realización de una memoria geológico-minera de la isla, destacándole por especial comisión para ello. Su traslado poco después a la Junta Superior Facultativa de Minas y, posteriormente, a la Dirección de la Comisión del Mapa Geológico de España y como vocal de la Junta Superior de Minería, dejarían esas tareas en manos de otro ingeniero, el mencionado don Pedro Salterain. Este ejercería como jefe de la sección central y occidental de minas en el gobierno general de la isla de Cuba. 21 De los oficios de ambos al Ministerio se desprende que el gobierno metropolitano quería que se escribiera la historia de la minería de la isla desde su descubrimiento hasta la época actual, tarea que queda pendiente para los historiadores de hoy. Salterain cumplió con exactitud lo que la Real Orden le solicitaba, lo que permite conocer el grado de recuperación de la minería cubana tras la Guerra de los Diez Años, particularmente en las regiones de Santiago de Cuba y Santa Clara. La pacificación del territorio volvió a crear las ventajosas condiciones que el ramo necesitaba para su reconstrucción y desarrollo, siendo numerosos los registros incoados para la extracción de hierro, cobre, oro, manganeso, minerales bituminosos y guano, a cuya explotación se hará referencia en los siguientes apartados. Constituyen la más importante fuente de riqueza de la industria extractiva cubana durante la segunda mitad del siglo XIX, privando a la extracción cuprífera del papel protagonista que había acaparado hasta entonces. Se trata de un mineral muy puro y de excelente calidad, extendiéndose sus vetas, de gran potencia y en dirección oeste-este, desde la zona oriental de Santiago de Cuba, hasta aproximadamente 5 ó 6 kilómetros de la costa sur. Los registros de estos criaderos fueron iniciados por el inspector de minas don José Ruiz León, con las minas tituladas "Lola", "Victoria" y "Rosa", constituidas las tres por potentes masas a la vista de hierro oligisto y magnético de gran pureza, "cuyas muestras fueron analizadas en Nueva York y en esta Ynspección...que hoy parece tocan a su término las negociaciones para la organización de una sociedad de considerable capital que ha de emprender los trabajos a grande escala,... pro-21 Ibídem, 227, 7. EDUARDO L. MOYANO BAZZANI Y SERENA FERNÁNDEZ ALONSO yectándose... el trazado de un ferrocarril desde la mina "Lola" pasando por las otras dos, a la bahía de Santiago de Cuba". 22 Se mencionó en el apartado anterior la injerencia en exclusiva del capital norteamericano a través de la creación de compañías para la explotación minera de Cuba durante las décadas finales del siglo XIX. La Sigua Iron Company de Filadelfia adquirió un amplio grupo de minas de hierro invirtiendo un capital de 500.000 dólares sólo en la construcción de un puente y un puerto artificial, así como un ferrocarril desde allí a las minas. Conviene recordar que dichas compañías extranjeras solían arrendar las minas a los concesionarios cubanos que las habían denunciado, obteniendo después las demarcaciones del gobierno general de la isla. Estos datos ilustran tanto la positiva visión del ingeniero de minas en sus informes a la Corona sobre la evolución de la actividad extractiva, como el abandono total del capital británico respecto de su interés por la inversión minera en Cuba. Esta dejación fue dolorosamente denunciada en un informe remitido por el cónsul general inglés en La Habana, A. de C. Crowe, a su gobierno. En sus páginas, fechadas en 1890, Crowe desgrana la fabulosa progresión seguida tras la guerra por la industria del hierro en la isla: el ansia descubridora de yacimientos y la proliferación de denuncias, la existencia en el mercado de varios grupos de minas de brillante promesa y fácil acceso, y la notable pureza del mineral (67% de hierro puro en algunos casos), así como su creciente nivel de producción, datos refrendados por los dictámenes de los expertos, tanto en la propia Cuba como en los Estados Unidos. Junto a ello, las exenciones de que disfrutaban dichas explotaciones y otras ventajas, como la facilidad de obtener mano de obra (punto discutible, a juzgar por la visión inversa que sobre este aspecto dan los inspectores de minas) y la creciente demanda de hierro, llevan al cónsul británico a proponer ante el Parlamento tanto el transporte del metal puro a Inglaterra, como la instalación de fundiciones in situ. En suma, pretende la implicación de los inversores británicos en una industria que ofrece todas las ventajas -confirmadas asimismo por los informes consulares alema-22 Ibídem, 3. LA MINERÍA CUBANA EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XIX nes-, pues, insiste, "sería un asunto que remordería a los británicos si por descuido perdieran buenas oportunidades más cerca de casa (tan acostumbrados como están a viajar lejos para hacer dudosas inversiones)". 23 No es extraño que los cónsules extranjeros en Cuba informasen positivamente del desarrollo de la industria minera del hierro. Y no debe ignorarse que la extracción de hierro en esos años fue considerablemente superior a la de otros minerales como los bituminosos o el cobre. El siguiente cuadro permitirá apreciar esa evolución: 24 Los años 90 dieron, como es apreciable, cifras de producción más fluctuantes, afectado el mercado norteamericano por la crisis financiera que obligaría a algunas empresas a presentarse en liquidación, con lo que la explotación de los ricos criaderos de hierro de Santiago de Cuba decayeron en gran medida desde el 2.o semestre de 1893, hasta cuya época iba creciendo. Otro elemento indicador del alto desarrollo de la industria siderúrgica en la isla es el número de operarios empleado para las labores. La Juraguá Iron Company Limited, la más importante compañía norteamericana dedicada desde 1883 en exclusiva a la explotación del hierro, llegó a emplear 1850 obreros en 1892. El progreso tecnológico y las elevadas inversiones de capital no fueron acompañadas, sin embargo, de ninguna medida sanitaria o protectiva de los empleados, aspecto que ignoró por completo la legislación española sobre el ramo. La Inspección de Minas llamó la atención sobre el hecho de que los índices de accidentalidad y mortalidad en las explotaciones de hierro de Cuba, con frecuentes labores en superficie, eran con mucho superiores a los registrados en las minas de carbón de Francia, cuyas explotaciones resultaban mucho más peligrosas, tanto por su extensión como por las propias características del laboreo, en complejas galerías a mucha profundidad y con constante amenaza de explosiones y desprendimiento de gases tóxicos. Las principales causas de las desgracias ocurridas en las minas eran, en primer lugar, las explosiones de barreno y, en segundo término, los desprendimientos de rocas y rotura de máquinas, aparatos, cables, etc. Las cifras más elevadas correspondieron siempre a la industria siderúrgica, la que más desarrollo alcanzó en la isla en la segunda mitad del siglo y mayor número de empleados tuvo trabajando en ella. Salterain las calificó en sus informes de "desconsoladoras", pues el número de accidentes y víctimas no hizo sino aumentar a lo largo del período estudiado. Estos elevados niveles de accidentalidad se debieron, en gran parte, a la falta de cualificación de los operarios empleados para las tareas de mina. La dificultad para encontrar mano de obra llevó a contratar a gentes sin experiencia, como lo demuestra el hecho de que existieran dos tipos de salario: la Spanish-American Iron Company pagaba 1 peso diario a todos los que no tenían oficio ni arte alguno, y 2 pesos y más a los que lo tenían. La industria minera luchaba con la falta de brazos y, aunque se procuraba fomentar la emigración desde la Península pagando el pasaje a los obreros, no se lograba obtener el número necesario para la actividad desplegada en las minas en la época, lo que permite deducir que los empleados podían estar sobresaturados en las tareas a realizar, lo que también pudo influir en los índices de accidentalidad. Las regiones de Santiago de Cuba y Santa Clara eran, asimismo, los puntos clave de ubicación de los principales yacimientos cupríferos. Es digno de mención el hecho de que las famosas compañías que los explotaron hasta los años 68-70, la Consolidada y la San José, de capital cubano y británico, nunca pudieron recuperarse de los daños causados por la guerra ni reanudar sus trabajos, por lo que las minas tradicionales quedaron abandonadas con posterioridad a esas fechas, y bautizadas significativamente con el nombre de "Ruinas Grandes", pues a sus restos acudían algunos operarios a extraer y beneficiar los residuos que quedaron en superficie. Del antiguo esplendor de aquellos yacimientos, ahora arruinados, da buena muestra lo obtenido en 1887 por la Empresa del Ferrocarril del Cobre sólo con el aprovechamiento de las aguas de lluvia, sin máquina alguna y empleando sólo 8 ó 10 trabajadores, que ascendió a 52 toneladas de cobre cementado con una riqueza del 60%. 25 Tras una década de interrupción total de los trabajos de extracción, se detectan en torno a 1880 nuevos registros de minas de cobre en la provincia de Santiago de Cuba, aunque es la de Santa Clara la que parece acaparar el mayor interés. Existen minas de importancia, como la de "San José" de Malezas en la provincia de Santa Clara, cuyos trabajos eran en su mayor parte superficiales, y se detectan registros en las minas "San Fernando" y "Santa Rosa", término municipal de Manicaragua, así como otras cuatro en Cumanayagua. Las empresas de fundición de la localidad abonaron a los concesionarios de la "San Fernando" por sus minerales a razón de 16 chelines 82/5 din. por cada unidad de cobre contenida en 100 partes de mineral". 26 No obstante, la destacada importancia de Gran Bretaña como principal receptor de los productos minerales de Cuba prácticamente hasta los años 60, quedó definitivamente rota en los años 80 y 90, convirtiéndose los Estados Unidos en su mercado natural, como se verá más adelante. Memoria estadística de la isla de Cuba correspondiente al año 1887. Los análisis del cobre, realizados por ingenieros norteamericanos comisionados a ese fin por una empresa de Nueva York, llevaron a la constitución, en enero de 1882, de una sociedad por acciones con un capital de 2 millones de pesos para explotar en gran escala las minas "San Fernando" y "Santa Rosa", y todas las que pudieran registrarse en el término de Manicaragua. Ese mismo año, el gobierno general de la isla hizo nuevas concesiones de minas en el mismo término, las tituladas "Caridad", "Mi Fortuna", "La Aventura" y "Portes", laboradas sólo en superficie (el sistema más común en Cuba durante estos años), pero que "muestran un crestón ferruginoso de unos 8 metros de espesor, atravesado de menas de cobre sulfurado, óxido de cobre y carbonatos de cobre...siendo de esperar que entre las muchas vetas descubiertas...y las que hoy son objeto de otros registros en tramitación, llegue a constituirse un centro de explotación tan rico e importante como el de las minas antiguas del cobre, que coadyuvarán en gran manera a la inmediata reconstrucción industrial de la provincia....". 27 En resumen, la minería extractiva del cobre pugna, en la década del 80, por salir a flote tras la desolación provocada por la guerra, y cuenta para ello con el interés de algunos concesionarios particulares, que emprenderán prospecciones a la búsqueda de nuevas vetas, pero nunca recuperaría el esplendor de que disfrutó en la primera mitad del siglo, sumiéndose, de hecho, en una progresiva decadencia hasta el fin del período colonial. Las cifras de producción son bien expresivas al respecto: 28 La zona aurífera se encontraba situada en la provincia de Santa Clara, en el término municipal de Guaracabuyá. La situación al término de la Guerra de los Diez Años es análoga a la mencionada para otras explotaciones minerales (paralización de labores, nuevos registros en los años 80, escaso número de concesiones en explotación, etc.), aunque es sabido que la extracción de oro siempre ocupó en Cuba un lugar secundario. Y es así hasta el punto de que las estadísticas de producción minera no recogen siquiera las cifras correspondientes al oro. El foco de atención se dirige en 1882 hacia los criaderos de oro del distrito de Holguín, en la provincia de Santiago de Cuba, los cuales, tras los ensayos realizados en 1855 por el ingeniero don Diego López de Quintana, parecían ofrecer grandes posibilidades. Sin embargo, las minas nunca fueron objeto de trabajos sistemáticos de exploración de las vetas, y las concesiones realizadas, tanto a sociedades como a particulares, fueron constantemente abandonadas, hasta el punto de que en 1882 sólo se encuentra en explotación la mina denominada "La Central", perteneciente a don Vicente Guillén. Dicha mina, aunque cuenta con pozos, entibado, oficinas de beneficio e instrumentos para pulverización en molino, amalgama con mercurio y destilación, son éstos "aparatos bastante imperfectos, costando cara la mano de obra y obrando lentamente, siendo por lo tanto inadmisible para la explotación en grande escala". 29 Estos hechos vienen a poner de manifiesto "El poco espíritu industrial del país, debido... a la riqueza agrícola que ha absorbido todos los capitales, desatendiendo la minera que exige conocimientos especiales, operarios expertos en esta clase de trabajos y que se halla expuesta a mayores eventualidades en su producción". Se presentan en Cuba bajo tres estados, sólido, pastoso o líquido, dependiendo de la roca del terreno, que es determinante, asimismo, de su pureza. El pastoso y el líquido no fueron objeto de una verdadera explotación, aunque en algunas fincas se aprovechaban como combustible y para 29 Ibídem, 227, 3. EDUARDO L. MOYANO BAZZANI Y SERENA FERNÁNDEZ ALONSO el alumbrado. Lo significativo es que su presencia constituía un indicio más que fiable de la existencia en profundidad de aceites bituminosos más ligeros o del aceite del petróleo, "que en otras condiciones de desarrollo de la industria, habrían motivado trabajos de investigación más formales y numerosos que los muy escasos de sondeo llevados a cabo hasta ahora". De gran importancia fue el asfalto de la bahía de Cárdenas, con un espesor de más de 70 pies, extendido como un manto sobre el suelo de la misma, constituyendo "un mineral bituminoso de los más puros que se conocen y muy apreciado en el mercado de Nueva York para su empleo en los barnices, donde alcanza un valor de 80 a 110 pesos por tonelada". 31 Otras minas de asfalto sólido se explotaron en la isla: "Cayo Diana" y "Cayo Cupey", "Santa Rosa" en el término de Guanabacoa, provincia de La Habana; "Magdalena", "Concepción" y "Rodas" en el término de Mariel; y "San José" y "Constancia" en Banes, provincia de Pinar del Río. 32 Sin embargo, la producción total del período no resultó muy elevada debido, fundamentalmente, a la escasa demanda del mercado estadounidense, que se surtía del mismo en la isla de Trinidad. Con gran entusiasmo se informó al gobierno central en 1881 del descubrimiento, a 95 metros de profundidad, de un depósito de aceite mineral de pureza extraordinaria, sin residuos, fácilmente inflamable, de densidad 0,754; en suma, un aceite de nafta puro. El concesionario del yacimiento, don Manuel de Cueto, que había fracasado anteriormente en la perforación de la mina "San Juan", en la hacienda Motembo de la provincia de Matanzas, lograría esta vez pasar en sólo un año, de una producción de 25 galones diarios a 250, al llegar a perforar hasta una profundidad de 816 pies (248,72 metros). La importancia del asfalto en Cuba radicaba tanto en su abundancia como en la variedad de aplicaciones, entre ellas como combustible en la fabricación de gas de alumbrado. Muchos ingenios lo incorporaron para sus hornos, pero fue la Compañía Española de Gas de La Habana la que obtuvo, en su ingeniero José Paz Peraza, el privilegio del gobierno general para la fabricación de panes o ladrillos de asfalto con mezcla de otras sustancias, que ardían perfectamente en los hornos sin derretirse ni perder su forma, y con una potencia calorífica igual a la del carbón de piedra. Existían minerales de manganeso en muchos puntos de la provincia de Santiago de Cuba, pero en 1883 no habían sido objeto de explotación, fundamentalmente por su escaso valor en el mercado norteamericano (0,36 pesos oro por unidad, siempre que su riqueza no bajase del 45%), a pesar de su excelente calidad y relativa riqueza. Ese mismo año la Inspección de Minas registró sólo dos en el ingenio de Santa Margarita del Quemado, término de Alto Songo, propiedad de don Francisco Portuondo. La mina "Isabelita", de la que se le concedió título de propiedad, presentaba peróxido de magnesio formando vetas y bolsadas de cierta consideración en el jaspe rojo. 34 La extracción de magnesio presenta cifras modestas y fluctuantes en los informes estadísticos de dicha oficina; en 1886, con 2 operarios trabajando, se obtuvo una producción de 39,59 toneladas, exportadas 4 a Nueva York y 35 a Filadelfia; en 1887, con 3 operarios y destino Nueva York, sólo 5 toneladas. En 1888, y gracias al impulso y capital de la Cuba Manganesse Company, se contrataron un número considerable de minas de Santiago de Cuba para su explotación, con lo que la producción ascendió a 1.923 toneladas procedentes de las minas "Isabelita", "Boston" y "Ponupo", exportadas a Filadelfia (1.313 toneladas), Baltimore (599 toneladas) y Nueva York (10 toneladas). Sin embargo, la falta de fondos obligó a la compañía a dejar de satisfacer el importe del arrendamiento a los concesionarios, debiendo traspasar sus derechos a otra compañía, que tuvo la misma suerte, "por lo que las ricas minas de manganeso se encuentran en la actualidad sin explotación alguna, pues de tal no debe considerarse los pequeños trabajos que algunos propietarios hacen por cuenta propia en sus concesiones". Los cayos de la costa sur de Cuba y las numerosas y grandiosas cuevas de las sierras de la provincia de Santa Clara y Pinar del Río fueron los lugares de depósito de excrementos de aves como murciélagos y guanays 34 Salterain, Pedro: Breve reseña de la minería..., pág. 17. LA MINERÍA CUBANA EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XIX entre otras, cuya composición química (sales amoniacales, fosfatos de cal, ácido fosfórico, amonio, potasio, sodio, etc.), hacía de él en el siglo pasado un excelente abono agrícola -su uso fundamental desde 1840 en que comenzó su explotación-, y un remedio para algunas enfermedades oculares y dérmicas. Debe reseñarse lo científico y sistemático de la explotación del guano en Cuba, iniciada en 1879 con la adjudicación para ello, en pública subasta, a don Lorenzo Ferrán, y respaldada por los análisis de su composición por 60 químicos norteamericanos (entre ellos el ilustre J. Y. Lehmann, de Baltimore), quienes dieron fe de su excelente calidad. 37 La más destacada explotación estuvo situada en Cayo Abalos, donde, tras largos y muy costosos reconocimientos en 1881, se detectó una capa de guano en superficie con una extensión de 1 milla de largo por 0,5 de ancho y unos 3 pies de espesor. Sobre el cayo se erigieron casas y almacenes de gran tamaño importados de Estados Unidos. Para el transporte y embarque del guano se utilizaba un ferrocarril portátil de una milla de largo, cuatro mulos y un muelle de 41 metros que alcanzaba un fondo de 1 1/2 metros para hacer el "lanchage", que se efectuaba por medio de seis carros de volteo y seis lanchas de 4 a 4 1/2 toneladas. Con objeto de facilitar la arribada de los buques, se colocaron boyas en una extensión de 11 por 5 millas. Y para el servicio necesario entre la isla y el cayo, contaban con una goleta de 53 toneladas y otra de 27, las que además servían tanto para el reconocimiento de otros cayos como para la investigación de nuevos depósitos de guano. El mercado para esta producción fueron los Estados Unidos, destinándola a sus plantaciones sureñas de algodón. A lo producido por esta industria se agregaban los ingresos obtenidos por derechos de tonelaje de arqueo de los buques que exportaban el mineral, así como los satisfechos por los de importación de casas, herramientas, abanderamiento de goletas, etc. Conviene reseñar que el guano fue el úni-37 Ibídem, 227. Decreto del gobierno general de la isla de Cuba de 27 de mayo de 1879 adjudicando a don Lorenzo Ferrán la explotación del guano por 10 años. Resultado del análisis de guano en pedazos recibido en 9 de agosto de 1881 de P. de Murguiondo. EDUARDO L. MOYANO BAZZANI Y SERENA FERNÁNDEZ ALONSO co producto mineral de Cuba no eximido del pago de derechos a la Real Hacienda, frente al exacerbado proteccionismo que ejerció el Estado sobre los demás productos de la industria extractiva. Este hecho llevaría al inspector de minas Pedro Salterain, a recomendar en sus informes la conveniencia de que la Corona protegiese una industria tan incipiente, amenazada por la competencia del guano de los cayos de otras Antillas extranjeras (del que se surtían los Estados Unidos), y sujeta a grandes inversiones por parte del concesionario, que obtenía, sin embargo, el bajo precio de 20 pesos por tonelada. El estudio de esta proposición fue lento y minucioso, con elaborados informes del gobernador general de Cuba, de la Junta Superior Facultativa de Minería y del Ministerio de Ultramar, hasta que el Consejo de Estado en pleno, basándose en que el guano era una sustancia mineralizada peculiar, tanto por lo especial de los afloramientos en que se presenta, como por acumularse generalmente en tierras de propiedad particular, así como por su aplicación agrícola, dictaminó en 1895, su no equiparación en exenciones impositivas al resto de minerales de la isla, 38 a pesar de lo cual no vuelve a haber dato alguno desde 1881 en los memoriales estadísticos de los inspectores de minas, ni sobre producción, ni sobre derechos devengados al Estado. La isla de Cuba constituyó un ámbito territorial de gran riqueza geológica, tanto por la variedad de sus minerales como por la pureza y alta ley de los mismos, conocidas mediante informes de la Inspección de Minas y por procedimientos de ensayo realizados por expertos de la propia oficina y de las empresas norteamericanas que tenían intereses en la zona. Su explotación en la segunda mitad del XIX fue prioritaria para el gobierno metropolitano, que dictó numerosas disposiciones para fomentar la industria extractiva, teñidas todas ellas de un proteccionismo a ultranza que, lejos de favorecer su desarrollo, abrió paso a la especulación y al fraude. Las franquicias otorgadas en la dotación de insumos se combinaron con el abandono en las leyes mineras de las más elementales exigencias para los denunciantes y concesionarios de yacimientos, que no dudaron en acaparar terrenos para arrendarlos ulteriormente a las compañías extranjeras. Consulta del gobernador general de Cuba sobre si el guano de murciélago se halla o no comprendido entre las sustancias que son objeto de la Legislación de Minas vigente en Cuba. Un aspecto del máximo interés para la comprensión de la evolución seguida por la minería cubana, es el de las exenciones otorgadas por el gobierno peninsular. No son una novedad de la segunda mitad del siglo XIX; existieron desde los mismos inicios de la actividad extractiva, concebidas como gracia temporal y extraordinaria y concedidas a determinados empresarios para favorecer las explotaciones. Consistían en la exención de derechos como la alcabala en la compra de esclavos como mano de obra para las minas, así como para la adquisición de combustible, herramientas, maquinaria, vigas de madera o cualquier otro de los insumos exigidos para el laboreo. La liberalidad con que estas medidas se interpretaron y aplicaron en Cuba, constituyeron un grave perjuicio a los intereses de la Corona ya en la primera mitad del XIX, 39 y alcanzan su máxima cota en los años que ahora nos ocupan. La Ley de Franquicias mineras de 1883, concedía la exención total de derechos arancelarios por 20 años en la importación de efectos destinados a la industria metalúrgica, ampliada después a las de asfalto y petróleo y más tarde a todos los minerales a excepción del guano. 40 Curiosamente, las compañías ferrocarrileras no gozaron de estas ventajas, a pesar de resultar fundamentales para la mejora de la deficitaria red de comunicaciones de la isla. Esta actitud proteccionista del Estado español sobre la industria extractiva de sus últimos territorios coloniales implicó, lógicamente, la pérdida de cuantiosos ingresos por ese concepto, valorados por la Inspección de Minas de Cuba en 109.483 pesos sólo en el lustro 1884-1889. 41 Sin embargo, y según el criterio de los máximos profesionales del ramo en Cuba, fueron los defectos de una legislación absolutamente permisiva lo que llevaría a la paralización de las notables expectativas de la minería isleña. La excesiva facilidad para obtener concesiones de minas, junto a la supresión de la obligación que antes exigían las leyes de trabajar los yacimientos, unida a la exención total del canon de superficie y del impuesto sobre la producción, derivó en todo tipo de abusos. Los más frecuentes consistían en denunciar minas donde a veces no existían minerales que explotar, o de minerales distintos a los solicitados, algo explicable si se recuerda que dejó de ser obligatorio el reconocimiento de los criaderos, como lo era en el pasado. 39 Fernández Alonso, S. y Moyano Bazzani E. L.: "Problemas de reforma...". Estos hechos implican que el número de minas denunciadas y concedidas, en ascenso durante todo el período, no sea indicativo de las que se encontraban en explotación, pues sólo una parte mínima de ellas se laboreaba. La propia Juraguá Iron Company, la empresa más activa e importante de los años 80 y 90 (con más de 1.000 empleados en las labores de mina), era propietaria de 17 concesiones en Santiago de Cuba, de las que sólo trabajaba 7 en 1888 y 1889. Escandalizado reclama en 1894 el ingeniero Cantalapiedra una solución a estos abusos: "...en nuestro país se da, por excepción, el singular y raro caso, desde la última llamada Ley de Minas, (...) de que el Estado da una cosa cuya existencia no le consta, haciendo, como suele decirse, la vista gorda...". 42 Los intentos de reforma en este sentido por parte del gobierno central no tuvieron efecto alguno. La Instrucción de 7 de julio de 1892 respetaba las franquicias para todas las minas puestas en explotación con anterioridad al 1 de julio de 1890, pero pretendía volver a cobrar el canon de superficie y el 2% sobre el producto a las minas en activo a partir de entonces. Muestra del escaso éxito en la aplicación de la medida fue que en 1895 se recaudaron 278 pesos en 11 meses por esos conceptos, frente a los 15.000 que el Estado esperaba recaudar según sus presupuestos. 43 Faltaron registros adecuados y hubo confusión, deliberada o no, en la interpretación de las medidas por parte de las administraciones locales. En cualquier caso, no era posible borrar de un plumazo la tónica general de los últimos 20 años de privilegios y exenciones. En la misma línea, en 1890 la Junta de Obras del puerto de Santiago de Cuba, promovió un expediente para que se le autorizase a cobrar a las empresas mineras un arbitrio sobre los artefactos que introducían por dicho puerto, con el fin de atender a las obras emprendidas, basándose en que dichas empresas serían las primeras en beneficiarse de las mismas, pues las tareas de carga y descarga de mercancías no habrían de verse interrumpidas con la llegada de la noche. "...las empresas mineras establecidas en esta capital y cuyo desarrollo es bien notorio, constantemente tienen los muelles ocupados con los artefactos a ellas destinados, dándose el caso con frecuencia de ser imposible utilizarlos con las mercancías de trá-42 Ibídem, 11 (3). Informe de la Mesa de Subsidio del Negociado Central de Contribuciones. LA MINERÍA CUBANA EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XIX fico ordinario y natural del comercio... esta Corporación ve que el desarrollo de esta industria toma proporciones gigantescas, compite con las del extranjero en riqueza y facilidades para su extracción del mineral, se nota su crecimiento por el movimiento de los buques que frecuentan el puerto...". 44 A pesar de esta exaltadora visión sobre el progreso de la industria minera y de lo modesto de la tasa que se propone (10 centavos de peso por cada 100 kilos de material y maquinaria importados), el Consejo de Administración de la isla de Cuba, y finalmente el Consejo de Estado, lo desestiman en sus dictámenes, apoyados en la Ley de Franquicias mineras ya mencionada. La Real Hacienda no sólo perdió así definitivamente su posibilidad de recabar ingresos procedentes de dicha actividad, sino que dejó la industria en manos del capital norteamericano, que dirigió las operaciones extractivas a través de sus compañías y se convirtió en el mercado principal de los minerales extraídos, fundamentalmente hierro y asfalto y, en menor cuantía, manganeso, guano y cobre. Mientras, Gran Bretaña reorientaba sus intereses financieros hacia otros ámbitos coloniales, siendo receptor de productos minerales cubanos a gran distancia de los Estados Unidos, perdiendo el papel protagonista que había disfrutado en la primera mitad del siglo. Los tímidos intentos de reforma del gobierno central en orden a reordenar la actividad minera y recuperar el control fiscal sobre la misma, chocarían con la desinformación y el inmovilismo locales. Dicho impulso, muy poco vigoroso por cierto, no es manifiesto hasta 1892, fecha demasiado cercana a los tristes acontecimientos que abrirían paso a una nueva contienda, tras la cual España perdería sus últimos reductos de dominio colonial en América. Propuesta de la Junta de Obras Públicas del puerto de Santiago de Cuba.
El intento de España por modificar su política hacia Cuba en la década de 1860, creó un marco político favorable para que el movimiento obrero diese sus primeros signos de vida y se convirtiese en una fuerza importante en la transformación de la sociedad colonial y esclavista cubana. 1 En su colaboración con el reformismo criollo que surgió a inicios de esta década, el movimiento obrero descubrió nuevas formas para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares. El éxito del movimiento obrero reformista a la hora de establecer la lectura en los talleres de tabaquería, y de movilizar a personas de origen y color diferente, reforzó esta línea de acción. Sin embargo, esta ola de activismo obrero fue muy breve puesto que ya desde mediados de 1866 la administración colonial emprendió una campaña represiva contra él. Un año después, la represión gubernamental se intensificaría aún más. 2 Al estallar la Guerra de los Diez Años en 1868, el entonces capitán general, Francisco Lersundi, movilizó a las pocas tropas regulares con capacidad de combatir (unos ocho mil soldados de los 22.000 que tenía el ejército regular en Cuba), para que acabaran con el levantamiento en la región oriental de la isla, y rearmó a los batallones de voluntarios (una milicia irregular) para proteger las ciudades de toda la isla y la economía de plantación de las regiones occidental y central. Hasta el final de la guerra, éste fue el destino militar de la mayoría de voluntarios. 3 Por su parte, durante varios años el gobierno metropolitano no pudo enviar refuerzos debido a las insurrecciones carlistas y republicanas en la península. Alarmado por los sucesos, el gobierno metropolitano trató de apaciguar a los separatistas cubanos con la promesa de que, tan pronto depusiesen las armas, se introducirían importantes reformas políticas en Cuba. No obstante, el reaccionario general Lersundi se negó absolutamente a modificar su forma de gobernar y recurrió al ala más integrista del partido español ("los buenos españoles") para impedir cualquier negociación con los separatistas, y aun la mera posibilidad de que se reformara la política colonial. 4 Con el apoyo y la ayuda financiera del partido español, en sólo tres meses Lersundi incrementó el cuerpo de Voluntarios de 10.000 a 35.000 soldados, de los cuales 9.000 se concentraban en La Habana. Al igual que cuando se constituyó esta milicia en 1855, la oficialidad del cuerpo quedó en manos de los peninsulares, que obligaron a sus empleados o a los tenderos subordinados a ellos a través de las redes comerciales y los círculos sociales, a alistarse masivamente, de manera que la tropa de este cuerpo armado pasó a estar compuesta casi exclusivamente por tenderos, cocheros, carretoneros, dependientes y artesanos, todos ellos de origen peninsular. 5 A diferencia de las tropas regulares, los Voluntarios guardaban su fusil en casa y lo 3 El Instituto de Voluntarios de Cuba no debe confundirse con los batallones de mercenarios enviados desde la península por las distintas burguesías metropolitanas desde comienzos de 1869 con nombres tales como Voluntarios Catalanes, Chapelgorris, etc., y que se ocuparían principalmente de vigilar las haciendas y de combatir en el frente. Sobre los Chapelgorris en Matanzas, véase Bergad, Laird W.: Cuban Rural Society: the Social and Economic History of Monoculture in Matanzas, Princeton, 1990, pág. 184. Sobre los Voluntarios Catalanes, véase Moreno Masó, Joaquín José: La petjada dels catalans a Cuba, Barcelona, 1992. Jiménez Castellanos, Adolfo: Sistema para combatir las insurrecciones en Cuba, Madrid, 1883, pág. 13. JOAN CASANOVAS CODINA llevaban consigo cuando salían a la calle, permitiéndoles imponer su voluntad por la fuerza a cualquier persona sospechosa de ser reformista o separatista. 6 Los batallones de Voluntarios pronto tendrían un órgano de prensa diario, La Voz de Cuba, dirigido por Gonzalo Castañón, un abogado peninsular que utilizaba un lenguaje violentamente anti-criollo y racista, haciendo gala del más puro integrismo. Para superar el obstruccionismo de Lersundi a la introducción de reformas políticas en Cuba, a finales de 1868 los nuevos gobernantes metropolitanos (los generales Francisco Serrano y Juan Prim) ordenaron que lo sustituyera el general Domingo Dulce, uno de los líderes de la revolución de 1868 en España y ex-gobernador de Cuba durante el período reformista. Ya en Cuba, Dulce intentó llegar a un entendimiento con los reformistas, así como negociar la paz con los separatistas alzados en armas en Oriente, sobre la base de una amplia reforma de las leyes coloniales. Para mostrar su buena voluntad, permitió que la prensa tratara libremente cualquier tema excepto la abolición de la esclavitud y el separatismo cubano, suprimió las comisiones militares establecidas por Lersundi, amnistió a los prisioneros políticos y dio cuarenta días a los separatistas para presentarse a las autoridades sin que se formase causa alguna contra ellos. Con su política Dulce no consiguió apaciguar a los separatistas, pero en cambio se ganó la absoluta enemistad del partido español. Los sucesos de enero de 1869 ponen de relieve que el separatismo era popular entre muchos criollos de la región habanera, la más urbanizada de Cuba, a la vez que muestran la fuerte división existente entre las clases populares. Poco antes de la llegada de Dulce ya habían tenido lugar algunas manifestaciones separatistas. Por ejemplo, el 30 de diciembre de 1868 una multitud de 9.000 personas asistió en La Habana al entierro de un joven separatista llamado Camilo Cepeda. El cortejo fúnebre tuvo que hacer frente a la oposición de la Iglesia y de la administración colonial para poder enterrarlo cristianamente. 7 El 6 de enero, dos días después de la llegada de Dulce, el funeral del popular simpatizante del separatismo Tirso Vázquez, al que un militar español había matado por no cederle el paso en una vereda, convocó a una multitud de 5.000 personas que intentaron llevar el ataúd a hombros por toda La Habana. Cuando las fuerzas del orden se lo impidieron, los asistentes prorrumpieron en vivas al separatismo y se enfrenta-ron a ellas. En las dos semanas siguientes, en la capital y las poblaciones cercanas tuvieron lugar varias escaramuzas entre algunos separatistas y las fuerzas armadas españolas, que se saldaron con varios muertos por ambas partes. Algunas mujeres, conocidas como "ángeles", participaron en las manifestaciones separatistas vestidas con los colores de la bandera cubana salpicados de estrellas blancas. Por último, la efímera libertad de prensa concedida por Dulce en enero de 1869 permitió que súbitamente surgieran más de cincuenta periódicos en quince días, varios de los cuales hicieron propaganda separatista sin transgredir formalmente la ley de prensa. 8 En medio de esta tensa atmósfera, el 22 de enero Dulce anunció que Cuba elegiría dieciséis diputados para que representaran a Cuba en las cortes de Madrid. La reacción del partido español no se hizo esperar. Inmediatamente desató una ola de violencia que le dio el control efectivo de La Habana y de la mayoría de las poblaciones grandes de la isla, con lo que cualquier esperanza de una solución negociada a la guerra, como la propuesta por Dulce, quedó destruida. La representación de una obra cómica en el teatro Villanueva de La Habana fue el detonante. Al saber que los separatistas utilizaban el evento para hacer propaganda y recaudar fondos para la revolución, varios voluntarios asaltaron el local e intercambiaron disparos con miembros del público, mayoritariamente compuesto por tabaqueros y artesanos con sus familias. Después del asalto al Villanueva hubo tiroteos en varios barrios de La Habana. El café El Louvre fue escenario de un enfrentamiento particularmente sangriento. Tras cuatro días de violencia en las calles, el balance fue de entre quince y treinta muertos. Una vez consiguieron controlar la ciudad, los voluntarios empezaron a hostigar y a detener a los líderes reformistas o a cualquier persona sospechosa de apoyar a los separatistas; simultáneamente, en otras poblaciones de la isla llevaron a cabo acciones parecidas. Un listado bastante completo de estos periódicos se encuentra en Labraña, José M.: "La prensa en Cuba", en Esteban Roldán Oliarte, ed.: Cuba en la mano, La Habana, 1940, págs. 649-786. Sobre el fracaso de introducir elecciones en Cuba a comienzos de la guerra, véase Roldán, Inés: "El fracaso de las reformas en Cuba: la cuestión electoral (1869-1872)", en Consuelo Naranjo y Tomás Mallo, eds.: Cuba, la perla de las Antillas, Aranjuez, 1994, págs. 223-237. JOAN CASANOVAS CODINA último, dado que la mayoría de los liceos y las sociedades filarmónicas habían sido centros reformistas a lo largo de la década de 1860, e incluso algunas de estas sociedades habían servido como centros de conspiración separatista, la administración española en la isla ordenó su cierre. Con el partido español dictando la política en Cuba, el capitán general se vio forzado a suprimir todas las libertades que había concedido a su llegada a la isla, y a aplicar severos castigos a todo individuo sospechoso de estar involucrado en actividades subversivas. Entre otras medidas, Dulce prohibió "la coalición de jornaleros", 10 con lo que los trabajadores perdieron toda esperanza de reconstruir a corto plazo el movimiento obrero suprimido por Lersundi. A raíz de estas disposiciones comenzó una ola de arrestos y encarcelamientos en la que los voluntarios actuaron por su cuenta, sin atender al orden legal. Al cabo de dos meses Dulce había deportado gubernativamente (es decir, sin juicio previo) a 250 prisioneros a Fernando Poo (Bioko). La mayoría eran criollos acaudalados o de profesiones liberales; pero entre los deportados también había algunos artesanos y campesinos, así como unos cuantos peninsulares. 11 Hasta el fin de la guerra la administración colonial deportó, como mínimo, a 1.400 personas (58 % de ellos a la isla de Pinos, 21 % a Fernando Poo, 17 % a España, y el resto a los enclaves españoles en el norte de África). 12 De la misma manera, Dulce aceptó la brutal táctica de guerra del general Blas Villate (conde de Valmaseda) en Oriente, basada en la guerra a muerte y la reconcentración de todos los habitantes en poblaciones con guarnición. En los meses siguientes, casi todos los peninsulares adultos que aún no pertenecían a los voluntarios fueron obligados a alistarse al cuerpo. Por ejemplo, poco después del asalto al café El Louvre, su propietario, el catalán Joaquín Payret, formó una compañía con el apoyo de todos los comerciantes de la calle donde se encontraba dicho café, integrada por todos los dependientes de cada uno de sus establecimientos. Tal como el mismo Payret declaró: "Nos hemos hecho voluntarios para defendernos de 'nosotros mismos'". 13 A menudo los peninsulares de clase trabajadora se alistaron a ese cuerpo para evitar ser reclutados por el ejército regular y enviados al frente, o ser enjuiciados por no haberse presentado a filas en la península. En el caso de Saturnino Martínez, un destacado líder obrero desde mediados de la década de 1860, probablemente se alistó, no sólo por sus convicciones nacionalistas, sino, sobre todo, para evitar sospechas por su proximidad al reformismo criollo antes de la guerra. Como voluntario, Martínez alcanzó el rango de teniente segundo, e incluso dedicó algunos de sus pésimos poemas al Instituto. 14 La violencia desencadenada por los voluntarios obligó a miles de personas -en su mayoría de origen criollo-a huir de la isla. Los criollos no estaban sujetos a las quintas, lo que facilitó su salida de la isla. En los cinco días siguientes a los sucesos del teatro Villanueva y El Louvre, 300 familias solicitaron autorización para salir de Cuba. En los seis meses siguientes probablemente se exiliaron alrededor de 20.000 personas. Durante la guerra, muchas más lo hicieron para escapar de la represión política y la inestabilidad económica. 15 Fueron tantas las personas que se marcharon, que pese a la llegada de gran número de inmigrantes españoles durante toda la década de 1870, la población de La Habana quedó estancada en unos doscientos mil habitantes. Los emigrados más adinerados se establecieron en Nueva York, París, y en varias ciudades de América Latina y el Caribe; algunos hacendados reformistas se afincaron en Madrid, donde publicaron algunos periódicos. Por su parte, los trabajadores cubanos se encaminaron principalmente a la isla de Cayo Hueso (en inglés Key West, una isla del sur de La Florida cercana a Cuba), pero también a Nueva York, Nueva Orleans y otras poblaciones estadounidenses en las que había manufacturas de tabacos, o donde 13 Robreño: "Los sucesos...", págs. 135-150. 14 Sobre Martínez, véase Archivo Histórico Nacional de Madrid, en adelante AHN, Ultramar, 5899, expediente sobre el "Instituto de Artesanos"; y Friera, Florencio: "Historia de un emigrante a Cuba: Saturnino Martínez (1837-1905)", Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 43, Oviedo, 1989, pág. 222. 15 Los libros que tratan este tema ofrecen cifras de emigrados muy dispares. Según Justo Zaragoza (Las insurrecciones..., vol. 2, págs. 374 y 774), unas cien mil personas salieron de la isla en estos seis meses (citado por Guerra y Sánchez: La Guerra..., vol. 1, pág. 163, n. Portell Vilá, Herminio (Historia de Cuba en sus relaciones con los Estados Unidos y España, Miami, 1969, vol. 2, pág. 227) menciona que pudieron ser más de treinta mil los exiliados. Tomando en cuenta que la mayoría de emigrados se dirigieron a EE.UU., donde a mediados de la década de 1870 había más de doce mil cubanos, es razonable pensar que en esta época se exiliaran como máximo unas veinte mil personas con destino a varios países. JOAN CASANOVAS CODINA empresarios cubanos, españoles o americanos las estuvieran construyendo. 16 Según los propios fabricantes de tabacos de La Habana -casi todos ellos de origen peninsular-, a raíz de la guerra salieron "de la isla de Cuba sobre catorce mil operarios torcedores de cigarros puros y de papel" que se establecieron en los Estados Unidos, 17 lo que confirma que muchos artesanos criollos eran partidarios del separatismo. 19 Entre estos primeros exilados había líderes del movimiento obrero de mediados de la década de 1860 que se habían decantado por el separatismo, como el intelectual criollo y editor de prensa obrera Juan María Reyes. Una vez en el Cayo, Reyes fundó el semanario El Republicano, y fue uno de los principales promotores de un importante centro cultural de la comunidad cubana cayohuesera. 20 Otros líderes obreros criollos permanecieron en la isla. Éste es el caso de José de Jesús Márquez, que en 1870 fue arrestado y deportado a la Isla de Pinos acusado de estar en contacto con los separatistas. 21 A pesar de la represión gubernamental y de la violencia de los voluntarios, los independentistas, muchos de ellos tabaqueros, continuaron ope- rando en La Habana y sus alrededores. El 9 de abril, durante la ejecución de dos implicados en los hechos del teatro Villanueva, se reunió una gran multitud que manifestó su apoyo a los reos y al levantamiento separatista. La respuesta de los voluntarios fue disparar indiscriminadamente contra los manifestantes causando siete muertes. 22 Las actividades de aquéllos sirvieron al partido español para conseguir sus principales objetivos. Poco después de este suceso, Dulce ordenó que se embargasen las propiedades de personas sospechosas de estar en contacto con los independentistas, pero de nuevo los voluntarios tomaron la ley en sus manos arrestando y embargando a quien quisieron sin atender a los procedimientos judiciales. Desde entonces hasta finales de la guerra, se embargaron las propiedades de unas cuatro mil quinientas personas. 23 Los voluntarios, guiados por el partido español, llegaron incluso a derrocar al capitán general Dulce. Pese a que desde febrero de 1869 éste había accedido a todas las exigencias del partido español, su pasado reformista no era del agrado de los partidarios del statu quo, por lo que a mediados de mayo los "buenos españoles" lanzaron una campaña en su contra. A partir de entonces el acoso a Dulce y sus colaboradores fue aumentando hasta que en la noche del 1 de junio, los voluntarios armados se concentraron en la Plaza de Armas, contando con el apoyo de algunos oficiales del ejército regular, obligaron a Dulce a renunciar al cargo y a entregarlo a otro general más afín a los deseos del partido español; lo mismo ocurrió en otras poblaciones de Cuba, donde depusieron a varios oficiales leales al capitán general. Pese a la gravedad de esta insubordinación, el gobierno de Madrid no quiso desafiar al partido español y nombró a un nuevo capitán general, Antonio Caballero de Rodas, quien se adaptó perfectamente a la voluntad de los "buenos españoles". El nuevo partido español La ampliación de la base del partido español con el alistamiento de la mayoría de peninsulares al cuerpo de voluntarios provocó cambios muy significativos en las asociaciones peninsulares en Cuba. Antes de que Caballero de Rodas tomara posesión del cargo, los dirigentes del partido español fundaron el Casino Español de La Habana, a través del cual intentaron mantener la cohesión, dirigir la acción y proteger los intereses de todos los "buenos españoles" en Cuba. Dado que sus salones estaban abiertos tanto a la elite peninsular como a los pequeños comerciantes y a los trabajadores de ese origen, el partido español sostenía que el Casino, al igual que el Instituto de Voluntarios, era una entidad modélica porque agrupaba a personas de todos los niveles sociales. 25 No obstante, eran los peninsulares más ricos, principalmente los comerciantes, los que controlaban el Casino y lo utilizaban como plataforma para proteger sus intereses políticos y económicos. Por su parte, los grandes fabricantes de tabacos (marquistas), aprovechando su condición de miembros destacados del partido español y de oficiales del cuerpo de voluntarios, hicieron realidad uno de sus viejos sueños al fundar, en 1871, una organización empresarial llamada Gremio Central del Tabaco de La Habana para defender los suyos. 26 Después del establecimiento del Casino Español de La Habana, los "buenos españoles" de toda la isla fundaron centros similares en muchas otras poblaciones, algunos de los cuales continuaron existiendo hasta bien entrado el siglo XX. 27 A menudo los casinos españoles se establecieron en los locales de los liceos, las sociedades filarmónicas y las sociedades de ayuda mutua que habían sido clausurados al empezar la guerra. Pese a ser centros dirigidos por peninsulares, muchos criollos también participaban en sus actividades. Los círculos españoles, por tanto, no representaron una ruptura absoluta con las sociedades de recreo de antes de la guerra, y muchos de ellos continuaron ofreciendo servicios educativos y de ayuda mutua para los asociados y sus hijos. Por otro lado, los sectores burgueses metropolitanos más interesados en que se mantuviese el statu quo colonial en Cuba, fundaron una red de organizaciones llamadas centros hispanoultramarinos. 28 to en la red de casinos españoles de toda la isla como en los centros hispano-ultramarinos en la metrópoli, la elite peninsular gobernó de facto el territorio hasta la proclamación de la Primera República en 1873. La inmigración de miles de españoles, ya fuesen civiles o militares, durante toda la guerra, también propició la fundación de sociedades regionales peninsulares. En este período, gallegos, catalanes, baleáricos, valencianos, asturianos, montañeses, vascos (incluyendo a los navarros), castellanos, murcianos, andaluces y canarios fundaron asociaciones de ayuda mutua o centros culturales a lo largo de toda la isla. De ellas, la gallega y la asturiana adquirieron pronto gran tamaño e influencia, reflejando así que desde hacía algunos años la mayoría de los inmigrantes peninsulares procedía de Galicia y Asturias. Los primeros pasos del movimiento obrero durante la guerra La guerra produjo el colapso temporal del movimiento obrero así como la creciente militarización de las relaciones laborales en gran número de industrias y talleres. Muchos patronos, entre ellos casi todos los marquistas, adquirieron rango de oficiales del cuerpo de voluntarios. Los capataces de las fábricas y los talleres, por lo general peninsulares, se alistaron a esta milicia irregular como oficiales de baja graduación. La gran mayoría de trabajadores peninsulares se convirtieron en soldados rasos de este cuerpo armado, con lo que al menos parte de la fuerza laboral retuvo cierta capacidad de negociación ante la patronal y la administración. Durante estos años vemos como esos trabajadores solicitaban sistemáticamente a la administración que sus servicios de armas fuesen recompensados permitiéndoles establecer asociaciones populares, las cuales adoptaban nombres que expresaban apoyo al dominio español en Cuba. Por ejemplo, en 1870, algunos artesanos habaneros fundaron la Sociedad el Recreo Español; y en Cienfuegos un grupo de inmigrantes catalanes fundó el Casino Español de Artesanos, que proporcionaba servicios de recreo y educación. 29 En algunos casos se fundaron asociaciones de socorros mutuos que sólo admitían a voluntarios, como La Integridad Nacional, con sede en La Habana. Una asociación artesanal que tuvo una larga vida fue la Sociedad 29 Sobre estas sociedades, véase La Unión, 12, La Habana, 17 de agosto de 1873; AHN, Ultramar, 5898; y Edo, Enrique: Memoria histórica de Cienfuegos y su jurisdicción, La Habana, 1943, pág. 570. Otra asociación fundada en estos años es el Recreo Español del Carmelo, en La Habana (véase AHN, Ultramar, 5897). JOAN CASANOVAS CODINA de Socorros Mutuos Nuestra Señora del Buen Socorro, fundada en 1872 por un grupo de artesanos asturianos residentes en La Habana. Según su reglamento, el Buen Socorro sólo podía tener 100 socios, todos ellos de origen asturiano. Hasta la década de 1890 la asociación no superó este número de asociados. 30 Por su condición de voluntarios y de peninsulares, en 1872 los escogedores de tabacos de La Habana pudieron establecer la Sociedad Protectora del Gremio de Escogedores, el primer sindicato de oficio de Cuba, cuyo objeto era "proteger a los trabajadores del Gremio contra las injustas exigencias de los fabricantes". 31 Mientras tanto, los litógrafos y los cocheros, dos oficios en que había muchos españoles, pudieron incluso declarar algunas pequeñas huelgas durante el otoño de 1872. Ya en esta fecha vemos que la administración colonial se preocupó porque muchos de los huelguistas eran voluntarios que llevaban el fusil consigo, lo que motivó que se intercambiaran varios telegramas entre La Habana y Madrid. 32 A pesar de haber conseguido algunos avances, la represión contra el movimiento obrero continuó. La administración se negó sistemáticamente a autorizar la constitución de sociedades de artesanos aunque éstos fueran miembros del cuerpo de voluntarios. Por ejemplo, en 1871 un grupo de asturianos -entre ellos Saturnino Martínez, el principal líder obrero de la década de 1860-, solicitó sin éxito fundar una sociedad de recreo. Después de dos meses de investigaciones, el secretario de orden público informó al capitán general del pasado de Martínez como líder obrero y de su actuación durante la huelga de 1867, y le comentó que consideraba peligrosa esta asociación porque la mayoría de sus miembros serían tabaqueros, "siendo de notar que no es ésta la gente más pacífica y moral de La Habana". 33 Algunos meses después, en enero de 1872, el capitán general envió una circular a los gobernadores de provincia, dando instrucciones de actuar con severidad en caso de producirse huelgas. 34 La administración colonial y el partido español temían que los soldados o los deportados procedentes de la península facilitaran que los traba-30 AHN, Ultramar, 5897 y 5899. 32 Sobre los litógrafos, véase Seco Serrano, Carlos, introducción y ed.: Colección de documentos para el estudio de los movimientos obreros en España en la época contemporánea, Barcelona, 1969-1972, vol jadores en Cuba se pusiesen en contacto con los representantes de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Primera Internacional) en la metrópoli. Con la revolución española de 1868, la Primera Internacional expandió enormemente su influencia en la península, y en el congreso obrero de Barcelona de 1870 las asociaciones de trabajadores constituyeron la Federación Regional Española (FRE), adscrita a La Internacional. En referencia a las diferencias entre marxistas y bakuninistas, desde el principio la mayoría de las organizaciones obreras de la FRE, sobre todo en Cataluña y Andalucía, se inclinaron por el bakuninismo. A pesar del éxito que tuvo la FRE en España, es muy probable que los trabajadores de Cuba nunca consiguieran organizar una sección de la Internacional. No ha quedado registro de ninguna comunicación formal entre la FRE y los trabajadores cubanos. 35 El gobierno español, a la vez que lanzaba una campaña represiva en contra de la FRE, intensificó sus esfuerzos para evitar que el movimiento obrero en España se vinculara con los trabajadores de Cuba y Puerto Rico. El hecho de que la mayoría de los peninsulares que inmigraban a Cuba procediesen de Galicia o Asturias -dos regiones en las que la FRE tenía poco arraigo-ayudó a mantener el aislamiento de las organizaciones obreras cubanas. Desde comienzos de la guerra, los periódicos integristas de mayor circulación, así como varios folletos publicados en Cuba y España, expresaron alarma ante la posibilidad de que La Internacional extendiera su influencia a la isla. Con todo, la impresionante campaña de propaganda en contra de La Internacional contribuyó a difundir sus principios en aquélla. Según un artículo de Saturnino Martínez, esta campaña no sólo provocó "terror en las clases pudientes", sino también fascinación en "la mente de las masas, inclinándola en realidad a ese género de principios". El movimiento obrero de los trabajadores cubanos en Estados Unidos Otra de las preocupaciones del partido español y la administración colonial, tanto en Cuba como en España, era la radicalización de los tabaqueros emigrados a Estados Unidos. La libertad de que disfrutaban los obreros exilados en ese país, les permitió establecer organizaciones obreras estrechamente asociadas al ala más progresista del movimiento indepen-35 Seco Serrano: Colección de documentos..., vol. 2, págs. XVII-XVIII. JOAN CASANOVAS CODINA dentista, liderada por el general Manuel de Quesada. Los quesadistas sostenían que la república en armas debía poner fin inmediatamente a la esclavitud en Cuba y que debía atender a los intereses de las clases trabajadoras. En cambio, los seguidores de Miguel Aldama, un rico hacendado de Occidente, querían el fin del dominio español en la isla, pero sin que esto comportara cambios sociales significativos. 36 Los quesadistas, con el apoyo masivo de los trabajadores tabacaleros, fundaron asociaciones para aprovisionar expediciones y proporcionar hombres a la república en armas. En Cayo Hueso los artesanos fundaron la Sociedad de los Pares, el Club Patriótico Cubano, la Asociación Cubana del Sur y la Sociedad de Instrucción y Recreo San Carlos; en Nueva Orleans la Sociedad de Artesanos de Nueva Orleans, la Sociedad Hijos del Pueblo y el Club de Artesanos; y en Nueva York la Sociedad de Artesanos de Brooklyn y la Sociedad de Artesanos Cubanos. Asimismo, muchos hombres de todos los estratos sociales del exilio ingresaron en logias masónicas, órdenes fraternales e iglesias protestantes. Entre los artesanos, la fraternidad más popular era la Orden Independiente de los Odd Fellows (IOOF) -que sigue teniendo algunas logias en la Cuba actual-, probablemente porque en Estados Unidos la mayoría de sus integrantes eran trabajadores. Asociarse a órdenes como la IOOF, permitía a los trabajadores cubanos recibir asistencia en casi todas las ciudades manufactureras estadounidenses. 37 Los artesanos cubanos en el exilio, al fundar sus asociaciones, se basaron tanto en la experiencia adquirida por su participación en el movimiento obrero en Cuba antes de la guerra, como en las nuevas formas asociativas existentes en Estados Unidos. A lo largo de los diez años que duró la guerra, esta rama del movimiento obrero cubano evolucionó desconectada de las organizaciones de trabajadores en la isla. Al igual que las asociaciones de artesanos existentes en Cuba antes de la guerra, las de la emigración también proporcionaban asistencia mutua, así como escuelas para los asociados y sus familias. En algunos casos incluso llegaron a fundar cooperativas. 38 36 Sobre los aldamistas, véase Cepero Bonilla, Raúl: "Azúcar y abolición" [1.a ed. 1948], en ídem., Escritos históricos, La Habana, 1989, caps. 14-18; y el excelente ensayo de Dionisio Poey Baró: La entrada de los aldamistas en la Guerra Por otra parte, los trabajadores cubanos en los Estados Unidos restablecieron las lecturas de libros y periódicos en las fábricas de tabacos, que habían sido prohibidas en Cuba a mediados de 1866. La lectura alcanzó tal grado de popularidad que en ciudades como Nueva York varios colectivos de trabajadores tabacaleros no cubanos adoptaron esta práctica. Según La Revolución, un periódico cubano de tendencia quesadista publicado en Nueva York, "el Gobierno español prohibió en La Habana las lecturas" para mantener a las masas ignorantes, y por esta razón "nuestros artesanos buscan hoy el modo de aprender todo lo que el despotismo quiso que desconocieran". A menudo, los líderes independentistas eran los lectores de tabaquería más populares. 39 Por otra parte, a diferencia de las organizaciones de trabajadores que seguían operando en Cuba con muchas dificultades, el movimiento obrero en el exilio entró en contacto con La Internacional directamente. A finales de la década de 1860 Nueva York contaba con varias delegaciones de La Internacional. Después de que a inicios de la década de 1870 se produjera el cisma entre marxistas y bakuninistas, el Consejo General de La Internacional -de tendencia marxista-se estableció en Nueva York entre 1872 y 1876. Una carta del cónsul español en aquella ciudad enviada al ministro de estado en Madrid, muestra que los quesadistas apoyaban a La Internacional y a los comuneros de París. Según el informe del cónsul, los trabajadores tabacaleros cubanos que vivían en Nueva York y en Brooklyn, la mayoría de ellos quesadistas, se manifestaron en enero de 1872, junto a un grupo de comuneros exiliados, en contra de la ejecución de dos revolucionarios en Francia, lo cual evidenciaba, "que gran número de los insurrectos cubanos, forman parte de la sociedad 'La Internacional', particularmente los del partido llamado Quesadista, que declaran que 'la causa de la Comuna' es la causa de 'Cuba Independiente', y aceptando todos los demás principios de tan funesta Sociedad". A raíz de la creciente radicalización de los trabajadores cubanos, el cónsul informaba con satisfacción que el movimiento separatista estaba cada vez más dividido entre los aldamistas y los quesadistas; pero consideraba peligroso que los emigrados cubanos hubiesen adoptado "las disolventes doctrinas de la Internacional", lo cual ponía de manifiesto que el objetivo de los independentistas era "la destrucción de las grandes propiedades y la disolución de la Sociedad y la familia en aque-lla Antilla". 40 Paralelamente a esta manifestación, los dos periódicos quesadistas de Nueva York, La República y La Revolución, expresaron su apoyo a la Comuna, en tanto que en Cayo Hueso, El Republicano y La Revolución incluso debatieron sobre la necesidad de adoptar las ideas socialistas. 41 Entretanto, la guerra en Cuba quedaba estancada: los separatistas, a pesar de estar mal pertrechados, consiguieron desarrollar una guerra de guerrillas en el este de la isla; mientras que el ejército español pudo mantener el control de la mayoría de las poblaciones gracias a los envíos de tropas y armamento desde la península. Por otro lado, a causa de la falta de acuerdo entre los dirigentes independentistas, algunos de los cuales no estaban interesados en provocar el colapso de la economía esclavista, las fuerzas insurrectas no se atrevieron a invadir Occidente y destruir la economía de plantación. 42 Por tanto, vemos que con la construcción de una línea fortificada (llamada "trocha") en el punto más estrecho de la isla entre Júcaro y Morón (entre el Camagüey y la región central), España pudo evitar que la guerra destruyera las ricas regiones azucareras y tabacaleras del centro y el oeste del territorio. Durante este período el gobierno quedó de facto en manos del partido español, que no tuvo problema para conseguir que la administración colonial nombrara capitanes generales que se distinguieran por su integrismo. Los republicanos federales en Cuba durante la Primera República Española La proclamación de la Primera República Española en febrero de 1873 hizo virar de nuevo a la administración metropolitana hacia una política colonial reformista. En marzo, la abolición de la esclavitud en Puerto 40 RAH, Colección Caballero de Rodas, vol. IV, doc. 858, ff. 270-71, carta del embajador español en Washington al ministro de Estado, 27 de enero de 1872: "Manifestación de comunistas franceses y emigrados cubanos, La Internacional, la Alianza". 42 Sobre las tensiones existentes en el campo separatista en relación a la estratificación racial y la esclavitud, véase Ferrer, Ada: "To Make a Free Nation: Race and the Struggle for Independence in Cuba, 1868-1898". Rico, con la promesa de indemnizar a los propietarios de esclavos, causó el pánico en el partido español en Cuba. Asimismo, el gobierno depuso al ultraconservador capitán general Francisco Cevallos y nombró al reformista Cándido Pieltain. Al llegar a Cuba en abril, Pieltain comenzó a devolver algunos de los bienes embargados por sus predecesores desde 1869, y concedió un cierto margen de libertad a la prensa. Inmediatamente surgieron varios periódicos republicano-federales. Los más populares eran La Legalidad, La República Española, El Tribuno, El Gorro Frigio, La Unión y El Trabajo, todos ellos publicados en La Habana. Pieltain incluso autorizó la fundación de varias asociaciones obreras de ayuda mutua, de recreo y de educación. Como era previsible los miembros del Casino Español se opusieron visceralmente a todas estas medidas reformistas, e hicieron todo lo posible por limitar la capacidad de acción del nuevo capitán general. 43 La tolerancia de Pieltain permitió que varios grupos pro-españoles de ideas avanzadas -tales como los masones, los espiritistas, los republicanos federales y los activistas obreros-abandonaran la clandestinidad e iniciaran una campaña en favor de la aplicación de importantes reformas administrativas en Cuba. Todos estos grupos estaban estrechamente relacionados entre sí, circunstancia que explica las numerosas referencias masónicas contenidas en la prensa obrera impresa en la isla durante la Primera República. Además del auge de la masonería, el espiritismo comenzó a difundirse en el territorio, y en pocos años conseguiría tener gran arraigo. En marzo de 1873, el capitán general permitió el establecimiento de la Sociedad Spiritista, en La Habana. Según sus fundadores era ésta una "Sociedad científica cual las establecidas en otras épocas para estudiar los fenómenos del sonambulismo y del magnetismo animal". No obstante, al igual que en las logias masónicas partidarias del dominio español, la Sociedad Spiritista formaba parte de la red de organizaciones republicano-federales en Cuba. 44 Las actividades de los republicanos federales consiguieron movilizar a un amplio sector de las clases subalternas en las poblaciones del Occidente cubano. El programa de los federales era la asimilación de Cuba a España -ello significaba que todas las leyes vigentes en la península se 43 Pieltain, Cándido: La isla de Cuba desde mediados de Abril a fines de Octubre de 1873, Madrid, 1879, págs. 107-115. 44 AHN, Ultramar, 5897; y Archivo Nacional de Cuba (en adelante, ANC), Gobierno General (en adelante, G.G.), 555, exp. JOAN CASANOVAS CODINA aplicasen íntegramente allí-. 45 Fue en este período que Niceto Solá y Freixas, un periodista catalán, se convirtió en una figura popular en la isla como editor del El Tribuno Español (febrero-julio de 1873) y de El Gorro Frigio (agosto-noviembre de 1873), dos de los periódicos republicanos federales de más difusión. En su defensa de la república, Solá llegó a afirmar: "El odio de muchos de los hijos de Cuba a España no es motivado por otras causas que las que motivaban el odio de los catalanes a Castilla; las libertades extinguieron aquél, las libertades extinguirán éste". 46 Poco después del desembarco de Pieltain en Cuba, Niceto Solá y Enrique Hompanera, otro colaborador de El Tribuno de origen madrileño, establecieron el Centro Nacional de Artesanos. En la solicitud al gobierno general, Solá y Hompanera declaraban que eran leales "peninsulares" que deseaban "establecer en esta ciudad una institución de recreo con iguales condiciones a las sociedades El Casino español de La Habana, [y el] Recreo Social y Sociedad del Pilar" -la primera sociedad de artesanos de Cuba fundada en 1848-. A diferencia de la habitual lentitud con que se tramitaban este tipo de solicitudes, Pieltain no se lo pensó dos veces y autorizó la asociación inmediatamente. Poco después de la fundación del Centro Nacional, el capitán general autorizó otras asociaciones vinculadas al Centro, a la vez que daba más libertad a las asociaciones populares ya existentes tales como El Pilar. Sin duda Pieltain veía en estas sociedades una forma de contrarrestar la oposición que le hacían los comerciantes, los marquistas y los hacendados del Casino Español. Como era de suponer, el Centro Nacional de Artesanos nunca fue un club de recreo o una sociedad de socorros mutuos, sino un centro republicano federal en cuya sede -el teatro Ariosa con un aforo para 800 personas-se reunían los trabajadores para intentar recomponer el movimiento obrero. Según los informes de la policía, en las reuniones que cada domingo convocaba esta sociedad, el teatro Ariosa se llenaba a rebosar. 47 Solá y Hompanera estaban vinculados al grupo de artesanos de oficios calificados que lideraba Saturnino Martínez, quien se había convertido en un fervoroso propagandista de la república federal. En realidad, el Centro Nacional partía de un proyecto expuesto en 1865 en las páginas de La Aurora de fundar una gran asociación de todos los tabaqueros de La Habana que estuviese abierta a cualquier persona de la clase trabajadora. En octubre de 1873, algunos de sus miembros, casi todos ellos tabaqueros, eligieron a Martínez presidente y a Niceto Solá vicepresidente de la sociedad. 48 Además de participar en la fundación y dirección del Centro Nacional, desde mediados de este mismo año Martínez inició la publicación de un semanario republicano titulado La Unión: Semanario político de ciencias y literatura, dedicado a los artesanos. Desde las páginas de La Unión, Martínez dio a conocer el programa de una nueva organización política, el Comité Central Republicano Federal de Artesanos de La Habana, que estableció su sede en los locales del Centro Nacional de Artesanos. El Comité Central estaba conectado con los republicanos federales en la península y afirmaba tener representantes en todas las ciudades de la isla, desde Santiago de Cuba hasta Pinar del Río, e incluso en ciudades extranjeras como Nueva York. 49 Al contrario que los republicanos federales, los republicanos conservadores fracasaron estrepitosamente en su intento por constituir un partido que contase con el respaldo de todos los peninsulares fueran de clase trabajadora o no. Poco después de la fundación del Centro Nacional de Artesanos, un grupo republicano de ideas conservadoras, contando con el respaldo de algunos marquistas, fundó el Casino Nacional. La prensa integrista utilizó la similitud en los nombres del Casino Nacional y el Centro Nacional para crear confusión, utilizándolos indistintamente como si fueran una misma cosa. Sin embargo, el Casino Nacional tuvo poquísimos asociados, que se reunían en el café El Louvre. 50 Aparte de promover las organizaciones obreras y las cooperativas, los republicanos federales de Cuba apoyaron la extinción inmediata de la esclavitud, pese a que estaba prohibido hacer propaganda abolicionista en 48 El Trabajo, 6, La Habana, 12 de octubre de 1873, pág. 48. JOAN CASANOVAS CODINA la isla. Tan pronto llegó Pieltain a Cuba, la prensa republicana comenzó a atacar la existencia de esa institución por su crueldad y por ser contraria a los derechos fundamentales de la humanidad. Esta campaña se intensificó a partir de junio de 1873, tras manifestar el gobierno metropolitano que la abolición de la esclavitud en Cuba era una de sus prioridades. 51 El Comité Central Republicano Federal, al nombrar a Emilio Castelar presidente honorario unos meses antes de que fuese nombrado presidente de la república, puso de manifiesto tanto su republicanismo como su abolicionismo. Castelar era un destacado miembro de la Sociedad Abolicionista Española, que criticó por demasiado moderada la ley Moret promulgada en 1870, la cual liberaba a todos los hijos nacidos de una esclava después de septiembre de 1868, y a todos los esclavos mayores de sesenta años. 52 Los republicanos federales constantemente recurrían al ejemplo de la abolición en Puerto Rico para mostrar que era posible en Cuba sin ningún trastorno social. Las importantes reformas políticas introducidas por el gobierno de la República en aquella isla, y la popularidad alcanzada por los republicanos federales puertorriqueños con su apoyo a la organización de los trabajadores, alentaron a homónimos cubanos a promover la extensión de estas reformas a la Gran Antilla. 53 Así vemos como ya en su primer número, el semanario El Trabajo publicó un artículo de Ángel Claveles, un integrante del Comité Central Republicano Federal de La Habana, en el que se defendía la abolición de la esclavitud en Cuba basándose en el modelo puertorriqueño: "Tres veces han pedido los porto-riqueños la abolición inmediata e indemnizada. Hoy el problema está resuelto según sus deseos, sin que las catástrofes y las conmociones que se temían, hayan tenido lugar". Según Claveles, una vez emancipados los esclavos, en lugar de pensar en vengarse, se olvidarían del pasado y trabajarían en la construcción del futuro. 52 Posteriormente, como presidente de la República, Castelar reprimió violentamente los levantamientos cantonalistas y eludió cualquier referencia a la abolición de la esclavitud en Cuba. 53 Sobre los republicanos federales en Puerto Rico en 1873, véase García, Gervasio Luis, y Quintero Rivera, A.G.: Desafío y solidaridad: breve historia del movimiento obrero puertorriqueño, Río Piedras, 1982, págs. 18-29. El Trabajo, además, publicó que en la fábrica Partagás, en la que Martínez trabajaba como capataz, los trabajadores habían realizado una colecta para manumitir a "varios siervos". En otro artículo, El Trabajo informó que los trabajadores de esa misma fábrica pagaron la cuota de la carta de libertad de un esclavo cuya dueña había decidido liberarlo después de leer una editorial del semanario obrero La Unión, sin duda el principal órgano del abolicionismo en Cuba. 55 Propagar este modo de manumisión, aunque muy moderado, era una de los pocos recursos de que disponía el movimiento obrero para expresar su deseo "de ver desaparecer la fatal esclavitud". 56 Este abolicionismo, no obstante, no significaba ausencia de racismo. Siguiendo al ideario reformista, siempre tan preocupado por el blanqueamiento de la isla, un artículo editorial de La Unión, contrario a la entrada de trabajadores asiáticos sujetos a contrata, manifestaba que Cuba debía aumentar su población, pero que ésta debía ser de "raza blanca o europea". 57 La popularidad de los republicanos federales entre la clase artesana contribuyó a limitar la influencia que la prensa integrista y los casinos españoles ejercían sobre los trabajadores y la tropa de los batallones de voluntarios. El Trabajo, mucho más cercano que La Unión a las posturas pro-criollas, llegó a sugerir que los cubanos no eran un pueblo libre. 58 Para contrarrestar el avance republicano, el partido español lanzó una venenosa campaña en que acusó a los federalistas de defender peligrosas ideas radicales. Concretamente, el diario integrista La Voz de Cuba, basándose en un artículo publicado por La Nación -un periódico separatista impreso en la ciudad de México-insinuó que Saturnino Martínez era el "Presidente de la Internacional en toda la isla de Cuba". Como era de suponer, Martínez lo negó rotundamente, en tanto que El Trabajo declaraba que si hubiese sido cierto el nombramiento de aquél como delegado de La Internacional, él no hubiera tenido "empacho en manifestarlo así, porque después de todo, la Internacional de obreros no es lo que aquí se pretende hacer creer por los encubiertos enemigos del gobierno y de la Repú-blica". 59 En otros artículos, El Trabajo manifestó sus simpatías por organizaciones como el Gran Círculo de Obreros, fundado en 1870 en la ciudad de México por algunos anarquistas que estaban al corriente del movimiento obrero internacional. 60 A medida que la polémica subía de tono, la prensa integrista afirmó que los republicanos federales carecían de fervor patriótico, e incluso que pertenecían al ala más radical del independentismo, los seguidores de Carlos Manuel de Céspedes. 61 Paralelamente a esta polémica, y en contra de la voluntad de Pieltain, el partido español comenzó a expulsar a los republicanos federales del cuerpo de voluntarios. 62 Como respuesta a las maniobras integristas, El Trabajo manifestó que "la inmensa mayoría de voluntarios" eran artesanos, quienes, "para cubrir una guardia han tenido que sacrificar su trabajo y su comodidad en aras del bien común, mientras algunos prohombres a la sombra de la bandera nacional y cubiertos con el manto de un patriotismo fingido, han amontonado inmensos capitales que quizá sirven hoy para hacer cruda guerra a las instituciones patrias". 63 Según El Trabajo, los voluntarios no pertenecían, como tales, "a ningún partido político", sino "a la nación española", y por esta razón no podían estar sujetos "a la opinión de ningún jefe". Por otra parte, la libertad de que disfrutaban como ciudadanos leales a la República estimulaba su "amor a la patria". 64 La presión que el partido español ejerció sobre la administración colonial fue tal, que logró que el gobierno relevara a Pieltain y entregara el mando de la isla al intransigente general Joaquín Jovellar. A su llegada a comienzos de noviembre, Jovellar se puso incondicionalmente del lado del partido español y, atendiendo a las insidiosas acusaciones de La Voz, impuso de nuevo una estricta censura de prensa a todos los periódicos que no 59 "El Jefe de la Internacional", La Voz de Cuba fueran integristas. 65 Para justificar su decisión, el capitán general telegrafió a Madrid: "Las clases superiores están sometidas, cosa que no ocurre con las inferiores". 66 Pese a la política de Jovellar, en diciembre de 1873 el Centro Nacional sirvió de plataforma desde la que se coordinó la petición de un aumento de jornal en varias fábricas de tabacos. Aunque entre 1870 y 1874 las exportaciones de azúcar y tabaco aumentaron, desde 1869 el Banco Español de L Habana comenzó a imprimir grandes cantidades de moneda fiduciaria para financiar la guerra. Por ello, en muy poco tiempo la moneda en metálico dejó de circular, mientras que los billetes no dejaban de perder valor, hecho que unido a la escasez de alimentos debida a la guerra, provocó una fuerte subida de los precios de los productos básicos de consumo. 67 La proclamación de la República y el miedo de la elite insular a la abolición de la esclavitud ocasionaron la caída libre del peso en billete, que a fines de 1873 sólo valía el 55 % del peso en oro. La inestabilidad monetaria era tal, que hacia finales de 1873 bastantes fábricas de tabacos cerraron o redujeron el número de trabajadores que empleaban, generándose así una ola de desempleo. 68 Al igual que en la huelga de los tabaqueros de La Habana de septiembre de 1867, Saturnino Martínez fue uno de los principales dirigentes del conflicto obrero que se desarrolló entre finales de diciembre de 1873 y comienzos de enero de 1874. La policía informó al gobierno de la isla que en una asamblea de trabajadores en el teatro Ariosa, entre setecientas y ochocientas personas habían elegido como delegado a aquel dirigente, quien propuso ante todos la formación de "Comisiones para pasar a todas las fábricas donde trabajan operarios para exigir a los dueños el aumento del tanto por ciento a los salarios de los mismos". En caso de que los patrones "no estuviesen conformes", las comisiones debían dar cuenta al Centro Nacional, el cual -según la policía-apoyaría a los trabajadores que se declarasen en huelga. 69 Paralelamente a las reivindicaciones de los tabaqueros, los "cargadores del muelle, los carretoneros y cocheros" -por aquellos años ya mayoritariamente peninsulares-amenazaban con una huelga general. 70 En estos mismos días, el general Manuel Pavía entraba con sus tropas en el Congreso en Madrid y ponía fin a la República. Inmediatamente, el gobierno provisional obligó a las organizaciones de trabajadores a actuar en la más absoluta clandestinidad. Entonces, contando con el apoyo del partido español, Jovellar puso fin al movimiento obrero republicano federal. A finales de enero cerró el Centro Nacional y suspendió definitivamente La Unión y El Trabajo, así como a varios periódicos masónicos y espiritistas. 71 Por otra parte, comenzó a reestructurar las fuerzas militares. En una de sus primeras disposiciones, ordenó la movilización a las zonas de guerra del 10 % de la tropa de los voluntarios. 72 A raíz de la medida, varios centenares de trabajadores peninsulares se manifestaron frente al palacio del capitán general para "pedirle que mandase a campaña los cuerpos de voluntarios enteros con sus respectivos oficiales", en lugar de sólo a la tropa. Para dispersar a los voluntarios, Jovellar tuvo que recurrir a la Guardia Civil. Como consecuencia de la manifestación, Saturnino Martínez fue arrestado y deportado a la península. Solá, por su parte, consiguió eludir la persecución policial durante algún tiempo hasta ser arrestado y encarcelado, en tanto que Enrique Hompanera, un coeditor de El Tribuno, fue encarcelado a mediados de 1874 y murió poco después de quedar en libertad. 73 A pesar de la represión, el movimiento obrero republicano federal no desapareció por completo, simplemente tuvo que refugiarse en la clandestinidad por espacio de dos años. Al ir asentándose el nuevo régimen de la Restauración, y sobretodo con la llegada a Cuba del reformista general Martínez Campos a finales de 1876, el asociacionismo popular comenzó a recuperarse, de modo que al finalizar la guerra en 1878, el movimiento obrero cubano no tuvo mayor dificultad en expandirse enormemente en muy poco tiempo. La Guerra de los Diez Años puso de relieve las fuertes divisiones existentes dentro de las clases subalternas urbanas, basadas en diferencias de origen (peninsular-criollo) o de color (blancos-no blancos). Aunque la mayoría de trabajadores urbanos no abandonaron la isla a raíz de la guerra, la intensificación de la represión gubernamental significó la casi completa desaparición del movimiento obrero. De todos modos, poco a poco, y bajo el liderazgo de trabajadores peninsulares, dicho movimiento fue recomponiéndose dentro de la isla. Paralelamente, los trabajadores criollos exiliados aprovecharon la mayor libertad que gozaban en Estados Unidos para fundar sus propias organizaciones vinculadas al movimiento independentista. Aunque estas dos ramas del movimiento obrero cubano habían participado conjuntamente en las luchas del obrerismo reformista de mediados de 1860, la guerra las aisló de tal manera que cada una de ellas siguió su propio camino hasta el fin de la Guerra. La evolución de estas dos ramas del movimiento obrero muestra que a pesar de estar subordinadas a los líderes del partido español y del movimiento separatista respectivamente, ambas procuraron desarrollar formas de organización y lucha obrera autónomas. En el interior de la isla, los trabajadores urbanos lucharon tenazmente por reconstruir el movimiento obrero y cada vez más expresaron su disconformidad con los peninsulares adinerados que dirigían el partido español. Fue durante la Primera República cuando se observan más claramente las fuertes fricciones existentes entre estas dos clases sociales. Por su parte, los trabajadores de la emigración expresaron su disconformidad con el sector más conservador del movimiento independentista -dirigido por Miguel Aldama-, apoyando al más progresista -dirigido por Manuel de Quesada-. En su conjunto, las asociaciones que fundaron estas dos ramas del movimiento obrero cubano pusieron los cimientos que permitirían su fuerte expansión después de finalizada la guerra.
El análisis del discurso racial emanado desde las ciencias antropológicas, médicas y biológicas revela la formación de categorías raciales que hacen que la "raza" no sólo sea una categoría social y cultural, así como que el racismo no sea un fenómeno coyuntural. El estudio de estos discursos científicos o pseudocientíficos y los instrumentos conceptuales que los sustentaron, nos ayudará a comprender por qué la "raza" ha sido siempre un factor recurrente en Cuba, Al abordar el tema de la discriminación racial, del racismo tanto cultural como social y/o científico, diferenciado por algunos autores, nuestro propósito es constatar que éste no es un fenómeno coyuntural, que obedezca a determinadas situaciones económicas, sociales, políticas o culturales. Si bien en determinados momentos se producen acontecimientos que refuerzan manifestaciones o actitudes racistas y, en definitiva, la discriminación, el racismo -entendiendo por éste la marginación de un sector social en función del color de la piel-no es coyuntural al estar afianzado en las culturas y en las sociedades a través de creencias, mitos, actitudes y teorías pseudocientíficas que con mayor o menor intensidad aparecen en determinados momentos. Este hecho, que hace que el racismo subyazca en las sociedades, se ve reforzado por las relaciones de poder y de clase. Considerando a la "raza" como una construcción no sólo social, sino cultural, política y científica, nuestro propósito es estudiar las fuentes y teorías científicas que subyacen en los discursos de políticos e intelectuales, y que, a menudo, es a partir de éstas que se establecen con mayor "autoridad científica" las diferencias entre las distintas poblaciones, hasta llegar a con-formar un cuerpo conceptual que permite establecer una rígida jerarquización biológica que subyace en las culturas y sociedades. Dicha jerarquización, según los momentos históricos, se manifiesta de formas diferentes, como categorías culturales, sociales, etc. Partiendo de esto, la "raza" es, además, una categoría social y una construcción política y cultural. 1 La "raza" en Cuba siempre ha sido un tema recurrente al que acudieron distintos sectores de la elite y la población en aquellos momentos en los que el orden establecido parecía tambalearse. El miedo a la africanización de la isla, los deseos de "blanquear" el país y las tentativas de consolidar una nación con coherencia étnica y cultural, equivalente a un país "blanco", encontraron las diferentes soluciones, que según los momentos adoptaron, en las teorías científicas y creencias populares que establecían fuertes desigualdades culturales y sociales entre los individuos según su tonalidad. La antropología, fundamentalmente física, nos ayudará a adentrarnos en los prejuicios raciales esgrimidos en el siglo XIX, sobre todo a partir del último cuarto del siglo, y que continuaron presentes en las décadas siguientes. La utilización de la ciencia, sobre todo de los conceptos procedentes de la medicina, antropología y biología, para demostrar la superioridad de unos pueblos ("razas") sobre otros la hemos abordado en otros estudios sobre el siglo XIX y XX: Naranjo Orovio, Consuelo, y García González, Armando: Inmigración y racismo en Cuba en el siglo XIX, Madrid, 1996; Medicina y racismo en Cuba. La ciencia ante la inmigración canaria, siglo XX, La Laguna, Tenerife, 1996. En otra línea y objetivos de análisis se encuentran los últimos estudios historiográficos que inciden en el papel desempeñado por los afrocubanos en las luchas de independencia cubana. Dentro de estos estudios interesantes, y centrados en el caso de Cuba, hay que destacar los siguientes: Helg, Aline: Our Rightful Share. 2 Algunas investigaciones recientes se centran en la politización de la "línea de color" y en la utilización de los prejuicios raciales en la definición de la ciudadanía: Irurozqui, Marta: "La amenaza chola. Naranjo, Consuelo, Puig-Samper, Miguel Angel y García Mora, Luis M. (eds.): La Nación Soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Madrid, 1996, págs. 163-177; Scott, Rebecca: "'The lower class of whites' and 'the negro element': race, social identity, and politics in Central Cuba, 1899-1909", Naranjo, Puig-Samper y García Mora (eds.): La Nación Soñada..., págs. 179-191. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO La antropología en Cuba y el discurso racial científico Nuestro interés se centra en el análisis del discurso racial emanado desde la ciencia y los instrumentos conceptuales que sustentaron dicho discurso, ya que consideramos que, independientemente del momento, de las manifestaciones del racismo y de la utilización de la "raza", bajo todo ello permanecen las teorías científicas (categorías biológicas), que son las que nutren y dan contenido a las categorías sociales y culturales raciales. La Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana La creación de esta Academia y de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba supuso la institucionalización de algunas ciencias, como la medicina, antropología, zoología y biología, que en esos momentos contaban con gran prestigio en Europa y Estados Unidos. 4 En 1861 tuvo lugar en La Habana la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, que contó con los Anales, a partir de 1864, como órgano de difusión de los debates que en su seno tenían lugar. Estos debates estuvieron focalizados en aspectos relacionados con la anatomía y patología de las "razas"; por un lado se ocupó de investiga-3 La importancia de la "raza" en la formación de las naciones en América Latina ha sido tema de investigación reciente de algunos historiadores, véanse los trabajos pioneros de Graham, Richard: The Idea of Race in Latin America, Texas, 1990; Quijada Mauriño, Mónica: "De Perón a Alberdi: selectividad étnica y construcción nacional en la política inmigratoria argentina", Revista de Indias, Madrid, 1992, Vol. Homenaje a Lorenzo Luna, México, 1996, págs. 163-185; Wade, Peter: Blackness and Race Mixture: The Dynamics of Racial Identity in Colombia, Baltimore, 1993; Wright, W.: Café con leche: Race, Class and National Image in Venezuela, Texas, 1990; Needell, Jeffrey D.: "History, Race, and the State in the Thought of Oliveira Viana", HAHR, 75:1, 1995, págs. 1-30; Naranjo Orovio, Consuelo: "En búsqueda de lo nacional: migraciones y racismo en Cuba (1880-1910)", Naranjo, Puig-Samper y García Mora (eds.): La Nación Soñada..., págs. 149-162; García Mora, Luis M. y Naranjo, Consuelo: "Intelectualidad criolla y nación en Cuba, 1878-1898", Studia Historica, Salamanca, 1997 (en prensa). 4 El positivismo francés y la antropología norteamericana fueron las corrientes que mayor influencia ejercieron en los medios científicos cubanos. El desarrollo de la antropología en Francia ha sido estudiado en distintos trabajos por Elvira Arquiola; véase Arquiola, E.: "Racismo y antropología en Francia (1859-1880)", en Albarracín, Agustín, López Piñero, José M.a, y Graniel, L. S.: Medicina e historia, Madrid, 1980, págs. 235-249. Para el caso del desarrollo de la antropología en Estados Unidos, Peset Reig, José Luis: Ciencia y marginación. Sobre negros, locos y criminales, Barcelona, 1983. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX ciones sobre inmunidad y aclimatación de los distintos pueblos, y, por otro, se centró en estudios puramente antropológicos, a partir de los cuales se pudiera determinar la "raza" a la cual pertenecía un individuo, en los casos en los que, como era habitual, se solicitaba a la Academia que así lo dictaminase. La relación estrecha entre la medicina y la geografía, debido al peso de la tradición médica en los conocimientos y aplicación de la geografía, determinó la concepción que de determinadas "razas", países y climas se tenía, sobre su salubridad o no, sobre la inmunidad a ciertas enfermedades y sobre las posibilidades de aclimatación a distintas latitudes. En el trabajo elaborado por M. Dupierris, Memoria sobre la topografía médica de La Habana y sus alrededores y sobre el estudio físico y natural de los colonos asiáticos, de 1857, se maneja la teoría hipocrática, que establecía una estrecha relación entre la geografía y la salud de los individuos, y en concreto entre el clima, la atmósfera, los vientos, el agua y la existencia de epidemias. 5 La carestía del esclavo africano y la introducción de chinos, a partir de 1847, volvió a reavivar la polémica sobre la idoneidad de los distintos pueblos para aclimatarse a los climas cálidos. La falta de aclimatación que, en estos momentos, era vista como imposibilidad de adaptación de algunos pueblos a los climas tropicales, inclinaba la balanza de estos médicos hacia el esclavo africano o asiático como la única fuerza de trabajo. La excesiva importancia que se le concedía al clima, así como a la influencia que ejercía sobre las poblaciones, llevaron a los científicos a defender, hasta, al menos, la década de 1870, la necesidad de importar mano de obra no blanca para realizar las tareas agrícolas. A pesar de considerar al hombre blanco el más inteligente y conveniente, en principio, para Cuba, pensaban que el clima influía en él de forma negativa, provocándole ciertas modificaciones fisiológicas que modificaban su carácter y le hacían caer en la indolencia. Por otra parte, el trato que debía darse a éstos ocasionaba gastos muy superiores a los de un esclavo o semiesclavo. A la vista de estas consideraciones, el negro africano era el trabajador más adecuado para el clima y faenas agrícolas de Cuba, si bien, apuntaba Dupierris, se debía comenzar a desterrar determinados criterios acerca de los chinos, que habían demostrado ser una fuerza de trabajo alternativa a la africana, siendo los únicos que tal vez pudieran sustituir a los negros. En su Memoria Dupierris desvelaba su intención de demostrar la viabilidad de la importación de trabajadores asiáticos como sustitutos de la mano de obra esclava: "....tiene como objeto contribuir al plan de conducta necesario que debe seguirse, para que la colonización asiática, que el país reconoce ya muy útil y a propósito para los trabajos que constituyen su riqueza, preste todos los servicios de su inteligencia, de su actividad y hasta de su ambición...". 6 Otros estudios interesantes llevados a cabo sobre la anatomía y patología de las "razas" fueron los de Henri Dumont y Antonio Reynés de Verdier. Las investigaciones de Dumont sobre las patologías de las "razas" condujeron al médico francés a defender la idea de que existía una especial para cada pueblo, debido a la predisposición que cada "raza" tenía a adquirir una u otra enfermedad, así como a mantener que cada pueblo tenía una determinada inmunidad. 7 En sus estudios Dumont, que basó parte de sus investigaciones en el análisis antropométrico de los distintos pueblos llegados a Cuba y Puerto Rico, se mostró contrario al mestizaje, por considerar que el "cruzamiento" ocasionaba siempre degeneración, la cual aumentaba con el influjo negativo del clima. La presencia de blancos en las Antillas, y sobre todo el trabajo de éstos en el campo, era en estos momentos una idea desestimada y desaconsejada por Dumont: "razas", en cuya formación y transformaciones tenía una importancia decisiva el clima, la alimentación y las costumbres. La perpetuación de los nuevos caracteres adquiridos era posible a través de la herencia. Para Reynés el medio ambiente y el influjo que éste ejerciera sobre la población ocasionaba un "adelantamiento" de las poblaciones más atrasadas. 9 Estudios como éste y los que a continuación expondremos ayudaron a sentar las bases que "legitimaron" y autorizaron desde un punto de vista científico la entrada de trabajadores blancos, muchos de ellos destinados a las labores del campo. La Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba fue el otro gran escenario donde tuvieron lugar los debates de mayor interés y trascendencia para nuestro tema de estudio. La Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba La fundación de esta Sociedad, el 26 de julio de 1877, supuso la institucionalización de la antropología y el desarrollo de diferentes investigaciones, las cuales tenían como eje central el estudio del hombre en todas sus dimensiones; su creación, además, supuso la apertura de un nuevo foro de debate de las teorías llegadas del viejo continente y Estados Unidos y de los trabajos de los científicos criollos. 10 La Sociedad sirvió para canalizar y potenciar los trabajos e investigaciones que se venían realizando en Cuba sobre la conformación étnica del país, la diversidad de sus componentes étnicos, las modificaciones provocadas en determinadas poblaciones por la aclimatación, el surgimiento de nuevos grupos en función del cruzamiento, así como sus posibilidades de reproducción, la degeneración física de las "razas", la resistencia a las enfermedades y las patologías en función de su origen y adscripción étnica. Asimismo, se tendría en cuenta el estudio no 9 Reynés de Verdier, Antonio: "Algunas consideraciones generales sobre la raza negra. Su patología y terapéutica", Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, t. 10 Entre los estudios más relevantes sobre la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba y la ciencia antropológica caben destacar los realizados por Pruna, Pedro M. y García, Armando: Darwinismo y Sociedad en Cuba -Siglo XIX-, Madrid, 1989; García, A. y Pruna, A.: "El Transformismo en la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba", Asclepio, vol. 39, núm. 1, Madrid, 1987, págs. 205-236; Rivero de la Calle, Manuel: Actas de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, La Habana,1966; García, Armando: Actas y resúmenes de Actas en la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba en publicaciones del siglo XIX, La Habana, 1988; Puig-Samper, Miguel Angel y Pelayo, Francisco: "Darwin en Cuba. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO sólo físico de las "razas", sino también el moral, intelectual, psicológico y lingüístico, pero fundamentalmente centrado en las "razas" que poblaron y habitaban la isla. La gran diversidad de las cuestiones que se debatieron en la Sociedad hizo de ésta uno de los principales centros académicos del siglo XIX cubano en el que la antropología, la etnografía, la sociología, la arqueología, la etnología, la historia, la paleontología, etc. encontraron amplio desarrollo, y en el que participaron los más prestigiosos investigadores, algunos de los cuales eran a su vez miembros de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. 11 En un principio la Sociedad Antropológica estuvo compuesta por una Junta directiva, integrada por Joaquín Jovellar, presidente; Juan Santos Fernández, vicepresidente; Gabriel Pichardo, tesorero vocal, y Luis H. Delmas, secretario general. El número limitado de socios, 24, fue aumentando considerablemente en los meses siguientes a la creación de la Sociedad, integrada por miembros de la elite intelectual, algunos de ellos directivos y seguidores del Partido Liberal Autonomista, como Luis Montané, Nicolás J. Gutiérrez, José Argumosa, Freire Andrade, Guillermo Willis, Ambrosio González del Valle, Antonio Govín y Torres, Julián Gassie, Enrique José Varona, José Antonio Cortina, José Rafael Montalvo, Antonio Mestre, Agustín W. Reyes, Arístides Mestre, Manuel Rafael de Castro, Vicente B. Valdés, José R. Torralbas, José Varela Zequeira, Juan Santos Fernández, Antonio Zambrana, J. Luis Dueñas y Felipe Poey, entre otros. A mediados de julio de 1878 la Sociedad contaba con cinco Secciones: Gobierno, Antropología anatómica y prehistórica, Antropología fisiológica y patológica, Etnología y Ciencias auxiliares. Durante los primeros años, y hasta 1879, el órgano oficial de la Sociedad fue la Crónica Médico-Quirúrjica de La Habana; a pesar de que en 1879 comenzó a publicarse el Boletín de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, la Crónica Médico Quirúrjica continuó recogiendo en sus páginas los principales debates que tuvieron lugar en la Sociedad. La introducción de nuevas "razas" y pueblos en Cuba provocó a lo largo del siglo XIX un rico discurso científico destinado, en un principio, a justificar la esclavitud y, posteriormente, a defender la inmigración y colonización del país a base de familias blancas. 12 Los argumentos contenidos en dicho discurso se superpusieron y, según las épocas, se moldearon de acuerdo a las necesidades de las elites económica y política. Las diferencias y barreras entre las poblaciones según su color y procedencia eran hechos constatables que podían analizarse a la luz de los conocimientos médicos, biológicos y antropológicos, y que determinaban, en última instancia, la posición que cada grupo debía ocupar en la escala social; una clasificación que justificaba el orden establecido y las diferencias, a todos los niveles, entre los individuos. Y es precisamente en la defensa del orden social y económico en la que la utilización de la ciencia adquirió un mayor significado, acomodándose a las circunstancias y cambios de las estructuras económico-sociales ocurridos en Cuba en el último cuarto del siglo XIX. De esta manera, de probarse que la aclimatación y adaptación a los trópicos no era monopolio de la "raza negra", y que ésta no tenía inmunidad a determinadas enfermedades, podría desarrollarse con éxito la incorporación del hombre blanco a los trabajos agrícolas de las Antillas, como lo manifestó José Argumosa en la sesión de la Sociedad del 2 de marzo de 1879. 13 A partir de la década del 70, ya en plena descomposición del sistema esclavista, otros factores, que podían analizarse desde un punto de vista científico, comenzaron a tener importancia en el desarrollo de Cuba. Así, se iniciaron estudios sobre la diferente fecundidad entre las mujeres de color y las blancas, a fin de conocer si era o no real la necesidad de importar mano de obra; de demostrarse que las mujeres de color se reproducían más que las blancas, no sería necesario traer nuevos inmigrantes. Por otra parte, la creencia generalizada de la existencia de una estrecha interrelación entre la "raza" y las enfermedades por la que se atribuía a individuos negros inmunidad frente a determinadas enfermedades, como la fiebre amarilla o el escorbuto, o bien su propensión a otros males, como la llamada "enfermedad del sueño", enfermedad endémica en algunas regiones africanas y que se pensaba que era una cualidad innata de la "raza" negra, así como la creencia de una aclimatación innata dada por las semejanzas de climas, fueron argumentos utilizados para justificar la existencia 12 García González, Armando y Naranjo Orovio, Consuelo: "Antropología, racismo e inmigración en la Sociedad Económica de Amigos del País de la Habana", Asclepio, Monográfico dedicado a Ciencia y Sociedad en Cuba, vol. XLIII, fasc. 2, Madrid, 1991, págs. 139-164. 13 Acta de la sesión pública ordinaria del 2 de marzo de 1879, Rivero de la Calle: Actas de la Sociedad Antropológica....., págs. 85-88. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO de la esclavitud. Las teorías sobre las que sustentaron dichos presupuestos fueron evolucionando en la medida que variaban las condiciones económicas y sociales.14 A ello contribuyeron los estudios que comenzaron a realizarse sobre los índices de natalidad y mortalidad de la población blanca y de color, que demostraron no sólo la falsedad de la teoría que otorgaba una mayor resistencia a determinadas enfermedades a las poblaciones según su procedencia y etnia, sino que probaron la capacidad de la población blanca para aclimatarse en las Antillas. En esta misma línea se presentaron diferentes estudios a través de los que se trataba de demostrar los perjuicios e inconvenientes para el desarrollo y futuro de Cuba que causaba la continua introducción de trabajadores no blancos, y los beneficios que conllevaría la entrada de pobladores blancos. El trabajo de José Varela Zequeira titulado Estudios Estadísticos. Desnivel de los sexos en la Isla de Cuba, en 1882, relacionaba la desigualdad entre los sexos con la introducción de esclavos africanos y asiáticos, y expresaba la necesidad de auspiciar la colonización de la isla mediante familias blancas, que además de contribuir a equilibrar la balanza entre hombres y mujeres, con lo que sería posible un incremento de la población, ayudaría a mantener la "moralidad" en el país. 15 En un gran número de debates se pusieron de manifiesto las concepciones que los científicos cubanos tenían en torno a la "raza", sinónimo de cultura, civilización y progreso. Para muchos de estos intelectuales la llamada "raza negra", los pertenecientes al tronco etíope, habían demostrado su incapacidad para generar civilización; una incapacidad que era inherente a ellos e independiente del medio (Montané, "La raza negra"). El afán por establecer categorías y jerarquías en la escala evolutiva y por probar científicamente que unos pueblos eran inferiores a otros provocó que dentro de la antropología se desarrollase con gran fuerza la antropometría. El inicio de un gran número de estudios de distintas poblaciones, a partir de los cuales fueron elaboradas tablas y medidas, motivó que los factores anatómicos y fisiológicos, como la estructura del cerebro, el peso y volumen del encéfalo, la capacidad craneana, la forma del cráneo (dolicocefalia, braquicefalia y mesocefalia) y el ángulo de Camper fueran elementos decisivos a la hora de establecer el grado de inteligencia de los pueblos. 16 Otro de los grandes temas debatidos en la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba y en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana fue el de la inteligencia de los pueblos, y en el que se hacía depender el grado de inteligencia y la capacidad intelectual de éstos con la "raza" a la que pertenecieran, sobre todo a partir de los estudios craneológicos de Morton. En Cuba fue un antropólogo y arqueólogo sevillano, Miguel Rodríguez Ferrer, quien siguió la clasificación de Morton para establecer categorías entre las distintas poblaciones que sucesivamente habían habitado la isla. 17 La inferioridad de unas "razas" era un hecho que podía ser demostrado a partir de los estudios sobre el menor grado de inteligencia de los pueblos, encontrándose en los que ocupaban un lugar secundario en la escala evolutiva un cerebro de menor peso, volumen, y con una cantidad menor de sustancia gris y circunvoluciones. Seguidor de la antropología francesa, Enrique José Varona intentó demostrar que la masa encefálica de algunos europeos, alemanes o franceses, era superior a la de un hotentote en un treinta por ciento, a la vez que apuntaba otras diferencias en los hemisferios cerebrales de los primeros, con un número mayor de circunvoluciones y mayor sustancia gris. 18 La antropometría y otros métodos fueron utilizados en los estudios que en estos momentos la antropología tenía como prioridad y entre los que 16 A partir de los criterios de Louis Pierre Gratiolet, Vacher de Lapouge o Clavel se establecieron diferencias entre las "razas" frontales superiores y las occipitales inferiores. Un trabajo que ilustra la aceptación de algunos de los conceptos discriminatorios de estos autores es la memoria de Mestre, Arístides: "La política moderna y la ciencia antropológica", Revista de Cuba, t. Para el caso de la utilización de los métodos antropométricos en la antropología norteamericana véanse los libros de Gould, Stephen: La falsa medida del hombre, Barcelona, 1984 y de Peset Reig, Ciencia y marginación...... 18 Varona, Enrique José: "La moral positivista y la moral evolucionista", Revista de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad de la Habana, Vol. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO caben destacar aquéllos relacionados con los posibles problemas que originaba la convivencia entre distintos pueblos. La composición multiétnica de Cuba provocó una interesante discusión sobre la posibilidad o no de reproducción de los mestizos, que dividió a los miembros de la Sociedad entre los partidarios de las teorías más radicales de Gobineau y aquéllos, como Varona, que pensaban que el cruzamiento era beneficioso para la "raza" inferior. Los primeros, entre los que se encontraban Valdés Ragués, Mestre y Montalvo, mantenían la tesis de la incapacidad del mestizo para evolucionar y reproducirse más allá de la tercera o cuarta generación debido a ser individuos degenerados, que la propia selección se encargaría de eliminar. 19 Estos científicos aplicaban al hombre la teoría de la hibridación que Darwin elaboró para los animales, según la cual no era posible la reproducción entre éstos después de la segunda o tercera generación, ya que consideraban al hombre negro una especie distinta del blanco. Para Montalvo la mezcla de las "razas" sólo producía degeneración, para lo cual se apoyaba en Darwin y citaba las observaciones de Humboldt sobre las deformaciones de las "razas" que se cruzaban y la longevidad de las "razas puras". 20 En su discurso en torno a la influencia del cruzamiento de las familias, alababa las aristocracias de varios países considerándolas como los elementos que habían permitido conservar puras las "razas", e incluso llegaba a decir que un noble era "un producto de la selección bajo el doble aspecto físico y psíquico" (1 de abril de 1883). En el caso de Cuba comentaba que, de continuar existiendo la mezcla de "razas", lo que él llamaba "nuestra raza" iría descendiendo hasta desaparecer. A similares conclusiones llegaba Arístides Mestre, quien, apoyándose también parcialmente en las tesis de Darwin, Spencer y Lapouge, aseguraba que la selección natural y social provocaba la supervivencia de las "razas" más aptas: "Los pueblos no son más que aglomeraciones de individuos de razas más o menos homogéneas y a veces muy heterogéneas, con grados diversos de evolución y cualidad o aptitudes muy diferentes; la brillantez de las naciones no descansa más que en los caracteres de las razas que las constituyen. Mr. Lapouge expone que en Francia los artistas y poetas salen del tipo mediterráneo, así como también piensa que la raza 19 Gobineau, Joseph Arthur: Essai sur l'inegalité des races humaines, 4 vols., Paris, 1853-1855. Véase, Naranjo Orovio y García González: Inmigración y racismo en Cuba en el siglo XIX... "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX aria produce individuos activos que juegan el principal papel a los ojos del extranjero y ante la historia, haciendo para aquel autor la función de moléculas nerviosas, verdaderos cerebros del organismo social...". 21 Por otra parte, en sus tesis sobresalía cierto determinismo biológico, que otorgaba a la herencia un papel fundamental a la hora de establecer categorías entre los pueblos, a pesar de lo cual dejaba abierta una posibilidad de cambio y "mejora" mediante la educación y el progreso. Para los seguidores de esta teoría, la herencia era el vehículo de transmisión de cualidades morales e intelectuales y de sentimientos, lo cual les permitía establecer una correlación entre la inteligencia, el carácter y la personalidad de los individuos y pueblos con los caracteres de las "razas". La degeneración como producto del cruzamiento fue defendida por la gran mayoría de los científicos del momento. Así lo expresaba de forma rotunda José I. Torralbas en sus discursos y en su obra Los grupos satos en las razas humanas, en la que insiste en la inferioridad de los mestizos o "productos intermedios o satos". Desde un punto de vista etnológico el cruzamiento era calificado por este autor como algo negativo para la humanidad, generador de híbridos que poseían "una fusión de caracteres que los hace valer menos que el más inferior de los dos elementos que los ha producido". 22 A estas tesis se opusieron, en parte, Armas y Varona en distintas sesiones de la Sociedad. Armas manifestó su opinión contraria a las emitidas sobre los cruzamientos y defendió que la heterogeneidad era el factor que hacía que los pueblos evolucionasen y se transformasen en pueblos poderosos, como lo habían demostrado algunos casos y, en particular, los romanos y americanos: "pues el cruzamiento de una raza con otras ha ido perfeccionando las castas de la misma manera que cruzando las mejores razas de animales se obtienen mejores crías". La selección natural se encargaba, según Armas, de que las "razas" inferiores no se perpetuasen ya que, afirmaba, como "vemos los mulatos no procrean más allá de una o dos generaciones". 23 Como ya apuntamos, Enrique José Varona lideraba una tesis menos radical y determinista que los anteriores, al sustentar que el cruzamiento entre dos "razas" era un hecho beneficioso para la inferior, que tendía a 21 Mestre: "La política moderna y la ciencia antropológica"...., págs. 289-309. 22 Torralbas: José I.: Los grupos satos en las razas humanas, La Habana, 1893. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO desaparecer. Para llevar a cabo sus investigaciones sobre el proceso de adaptación y evolución cultural de las poblaciones y a fin de medir científicamente los hechos, Varona elaboró un Cuestionario sobre los niños de color, sus antecedentes étnicos, los grados de inteligencia y las cualidades de carácter. Dicho Cuestionario estaba restringido a los maestros de los niños de color -negros y mestizos-, y se ceñía a las asignaturas impartidas en las escuelas. El Cuestionario sería una forma empírica de hacer estadística en aras de la ciencia, y estaba orientado fundamentalmente a la observación de la evolución psicológica de estos niños. 24 A fin de estudiar la conveniencia de su aplicación y llevarlo a cabo, se nombró dentro de la Sociedad una Comisión en la cual de nuevo aparecieron diferentes posturas. A pesar de los planteamientos científicos que sustentaba el Cuestionario hubo quienes se opusieron a su aplicación, como Vicente B. Valdés, al considerarlo "inoportuno e indeseable para la higiene moral". Finalmente, contó con el respaldo de muchos científicos, como Gassie, Reyes y Argumosa, para quienes sería una forma de de observar la evolución psíquica de los niños de "raza inferior", tanto en lo que se refería a la inteligencia como en lo relacionado con el carácter; por su parte Argumosa destacaba la importancia que tenía el hecho de estudiar una "raza" cuyo destino final era la emancipación, y para la cual debería ser preparada, "destituida como está de toda instrucción". 25 En este sentido hay que destacar las tesis de algunos científicos que trataban de demostrar la superioridad física e intelectual de los negros criollos frente a los africanos (Reyes y Montalvo), derivada de la influencia del medio y del contacto de las "razas" inferiores con las superiores. Para Reyes la evolución, la herencia y el clima jugaban un papel decisivo en este proceso. Entre las causas que motivaban tales diferencias Reyes señalaba que el contacto con los blancos generaba en las "razas inferiores" ideas nuevas y "civilizadas", de las que hasta ese momento carecían, lo cual provocaba una modificación en sus cerebros y el desarrollo de facultades, todo lo cual podía ser transmitido por herencia a sus descendientes. Por otra parte, el clima, considerado elemento capaz de modificar la "raza", contribuía a variar y "mejorar" los rasgos físicos, intelectuales y 24 "Acta de la sesión pública ordinaria del 7 de julio de 1878", Actas de la Sociedad..., págs. 41-47. El Cuestionario elaborado por Varona era similar al "Cuestionario de Psicología Antropológica", realizado por Letourneau en 1877 para la Sociedad Antropológica de Florencia. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX morales. Seguidor de la antropología francesa, cuyo dirigente más destacado pensaba que la capacidad craneana guardaba relación con el progreso intelectual de los pueblos, Reyes propuso llevar a cabo estudios comparativos entre adultos africanos y criollos, tales como medición y peso de cerebros, a fin de demostrar científicamente sus teorías. 26 A una parte de estas afirmaciones y propuestas contestó Montalvo objetando la correlación entre el tamaño del cráneo y la inteligencia de los pueblos, ya que en muchos casos los cráneos mayores pertenecían a poblaciones menos evolucionadas, como era el caso de los negros africanos en Cuba. Para él, la capacidad intelectual dependía más de factores fisiológicos, como era el tamaño de los lóbulos cerebrales y el número de circunvoluciones, que del tamaño del cráneo. Asimismo, manifestaba que las diferencias entre los negros africanos y los negros criollos eran consecuencia del medio ambiente y de las relaciones que unos y otros tenían con otras poblaciones; en este sentido argumentaba que los negros africanos, residentes en el medio rural, eran inferiores debido a que no mantenían relación con otras poblaciones, mientras que los negros criollos, establecidos en las ciudades, presentaban un mayor grado de evolución debido a su contacto con la "raza" blanca. En cuanto al clima, Montalvo consideraba que éste no era un factor que influyera de forma tan determinante sobre las poblaciones como había manifestado Reyes. Argumosa manifestó su conformidad con parte de las tesis expuestas por Montalvo, sobre todo en lo referente a la influencia que el medio ambiente y el contacto con "razas" superiores ejercía sobre las consideradas inferiores, fundamentalmente en el desarrollo de la inteligencia. 27 La trascendencia que este tema tenía en Cuba mantuvo viva la polémica en la Sociedad Antropológica. La pregunta planteada por Antonio de León, en la sesión del 4 de febrero de 1883, sobre la influencia que ejercían las "razas" inferiores en los países habitados por la "raza caucásica" redirigía el debate hacia la conveniencia o no de continuar importando individuos no blancos en Cuba, o bien era necesario auspiciar la inmigración sólo de hombres blancos. En la discusión de nuevo cobró importancia el tema de la aclimatación, debido a la excesiva importancia que el orador concedía 26 Reyes, Agustín W.: "Estudio comparativo de los negros criollos y africanos", Boletín de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, t. Véase también "Acta de la sesión pública ordinaria del 12 de enero de 1879", Actas de la Sociedad Antropológica...., págs. 75-77. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO al clima como factor determinante de la adaptación de las poblaciones, capaz de provocar cambios en el modo de ser físico u orgánico de éstas, pero no en cuanto a sus condiciones morales o intelectuales. Rechazaba el cruzamiento entre distintas "razas" ya que consideraba que, tan sólo, la presencia de "razas" inferiores en países habitados por otras superiores era perniciosa. 28 La polémica estaba servida y la respuesta de Montalvo no se hizo esperar. En su argumentación éste explicó con algunos ejemplos históricos que el clima no era un factor que influyera en la alteración de los caracteres de los pueblos, ni que pudiera afirmarse que las "razas" se extinguieran. En su discurso recordó algunas de las teorías antropológicas de Quatrefages, que establecían subrazas dentro de los troncos raciales, que venían a demostrar la existencia de caracteres psíquicos y físicos distintos en cada subraza, y por lo cual no podían hacerse generalizaciones sobre el carácter feroz o el salvajismo de una "raza", como lo hiciera León. Desde la creación de la Junta de Población Blanca, en 1818, la posibilidad y capacidad de aclimatación del hombre blanco a Cuba fue uno de los temas que más preocupó a los promotores de la inmigración y del "blanqueamiento" de Cuba. Algunas enfermedades consideradas endémicas de la isla, como la fiebre amarilla o el vómito negro, limitaban la llegada de colonos y favorecían la importación de esclavos africanos, a los cuales, como hemos indicado, se creía inmunes a determinadas enfermedades. Pero no fue hasta mediados del siglo XIX cuando se inició la publicación de estudios que trataban de demostrar la posibilidad de adaptación y aclimatación del hombre blanco a los trópicos. Parte de estos trabajos aparecieron en las Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana; en algunos de éstos se daba la vuelta a los argumentos hasta el momento esgrimidos e inclinaban la balanza hacia las posibilidades de la llamada "raza trigueña", cuyas cualidades generaban una mejor adaptación. En las comparaciones entre los pueblos y su capacidad de aclimatación se llegó a decir que la "raza trigueña" era la más apta para traer a 28 "Acta de la sesión pública ordinaria de 4 de febrero de 1883", Actas de la Sociedad Antropológica...., págs. 145-146. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX Cuba, cuyas condiciones la aventajaba a la "raza aria", incapaz de trabajar en los campos cubanos y tropicales. 29 La importancia que la higiene fue adquiriendo como medio de controlar la propagación y contagio de enfermedades y epidemias, fundamentalmente a partir de la década del 30 del siglo XIX, convivió con el excesivo papel que se le siguió otorgando a la influencia del ambiente en la producción de enfermedades. Los partidarios de la aclimatación del europeo al clima tropical apoyaban sus tesis en estudios realizados en los que se tenía en cuenta la adopción de determinadas medidas de carácter higiénico o estratégico, como la elección de ciertas regiones del país y épocas del año para llevar a cabo los asentamientos de colonos, con las cuales podían mitigarse, e incluso evitarse, el contagio de enfermedades. Con estos estudios los defensores de la colonización y del aumento de población blanca contrarrestaron las tesis sobre el fatalismo del clima, insano para los inmigrantes procedentes de latitudes frías, y, sobre todo, la creencia generalizada de que las poblaciones negras eran las más capacitadas fisiológicamente para trabajar y vivir en los climas tropicales. Asimismo, se pensaba que el clima influía de forma negativa en las poblaciones y que, por ello, en las zonas tropicales los habitantes adolecían de cierta apatía, provocada por el clima. 30 La importancia que se le concedía al medio ambiente y, en especial, al clima llegaba a tal extremo que se pensaba que éste imprimía al hombre caracteres especiales, que estaban en consonancia con las condiciones climatológicas del país que habitaban. Estas teorías y, en concreto, la que mantenía que el organismo del individuo sufría modificaciones en relación con el medio en que vivía fue mantenida por algunos científicos españoles, como fue el caso de Ramón Hernández Poggio. Desde un punto de vista lamarckista Hernández Poggio planteaba en su obra Aclimatación e higiene de los países europeos en Cuba, de 1874, que la aclimatación era un pro-29 Véase el artículo traducido por Miguel Pons Guimerá, del médico francés Bordichon: "Inmigración de los países cálidos", Memorias de la Sociedad de Amigos del País, t. 30 Para Pedro Armando Dufau, autor del libro De la abolición de la esclavitud colonial, el clima no era el factor responsable de la ocupación de determinados trabajos sólo por población de color. Entre las causas que motivaban este hecho Dufau señalaba la creencia generalizada de que determinados trabajos, relacionados con las labores del campo, eran degradantes y envilecidos y tenían que ser realizados por esclavos. La obra de Dufau está reproducida por Arango; véase Arango y Parreño, Francisco: Obras del Excmo. Señor D. Francisco de Arango y Parreño, t. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO ceso individual, que se producía de forma gradual. 31 Según él, la aclimatación de los europeos al trópico era posible si se hacía gradualmente, de tal manera que el individuo hiciera escalas en zonas con temperaturas similares a la del país al que se dirigía. Estas escalas permitirían que el organismo se fuera lentamente adaptando al nuevo medio y se produjera la transformación: "...la aptitud para la aclimatación depende del temperamento del emigrante; por lo tanto, el conocimiento de aquél y del punto que van a habitar, deben constituir la cuestión preliminar al tratarse del cambio de clima... La disposición orgánica del emigrante influye mucho en los efectos sensibles que debe experimentar su constitución y el tiempo que durará dicho cambio..". 32 Como otros autores de la época, Hernández Poggio conocía la importancia de sus estudios y la aplicación de sus teorías para el desarrollo de los países, por lo cual dedicó gran parte de su investigación a probar la posibilidad real de la aclimatación de los europeos a las Antillas, y, fundamentalmente, las medidas higiénicas que habrían de seguirse. En su trabajo, tras un estudio minucioso de la geografía y clima de Cuba, comentaba algunas de las normas higiénicas y de alimentación que debían seguirse para lograr la aclimatación del europeo a la isla, así mismo indicaba que era necesario que el emigrante hiciera escala y permaneciera algunos días en lugares con climas similares, como Málaga o Tenerife: "... todo emigrante debe graduar la transición de un clima a otro por una permanencia prolongada en climas parecidos al que va a habitar. Siguiendo este importante precepto, la organización humana se adapta gradualmente a las modificaciones climatológicas diferentes a las que estaba habituado.... Los climas mejores que conozco por sus cualidades y que más se aproximan a los tropicales, son: Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, y Málaga". 33 Para demostrar la veracidad de su tesis Ramón Hernández Poggio ponía el ejemplo de la adaptación de los canarios a Cuba y Puerto Rico, cuyas costumbres, clima y vestimenta habían facilitado el cambio orgánico, que en cierta manera les hacía inmunes a determinadas enfermedades sufridas por los blancos cuando llegaban a estos países. La epidemia de fie-31 Hernández Poggio, Ramón: Aclimatación e higiene de los países europeos en Cuba, Cádiz, 1874. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX bre amarilla que asoló Cuba en 1834, que causó el fallecimiento de sólo un 6% de los canarios que la habían contraído, evidenciaba la inmunidad de éstos a ciertas enfermedades. En esta interesante polémica hay que destacar la contribución hecha por el médico naval español, Ángel Fernández-Caro y Nouvillas, quien dedicó gran parte de sus estudios a explicar cómo se llevaba a cabo la aclimatación del individuo y cómo, en definitiva, la adaptación del hombre blanco a climas tropicales era posible. 34 En sus trabajos, Fernández-Caro y Nouvillas indicaba la importancia de la aplicación de estas investigaciones a las necesidades políticas y económicas de España, resaltando en ellas la capacidad del pueblo español para establecer colonias en otros países y latitudes como lo estaban haciendo las grandes potencias europeas. Para este científico la aclimatación era una cualidad de la humanidad y de determinados pueblos, y no del individuo. Según su tesis, el hombre no nacía aclimatado a todos los países, por lo que el "cosmopolitismo" no era una cualidad inherente a él, pero sí lo era respecto a la humanidad. El "cosmopolitismo" y la aclimatación se lograban tras años y siglos de continuo cruzamiento entre distintos pueblos, lo cual generaba la aparición de una "nueva raza", y en este caso superior: "La influencia del medio empieza a ejercerse tan pronto como el individuo cambia las condiciones que lo rodean. Razas nuevas se forman sin más modificaciones que las del medio geográfico... Véase el criollo de las Antillas, producto inmediato de individuos de una misma raza, pero extraños al suelo tropical y obsérvese su color, la proporción de sus extremidades, la conformación de los pies y de las manos, multitud de detalles, que sin apartarlo del tipo primitivo, hacen de él una sub-raza con caracteres propios y, lo que es más admirable, con condiciones fisiológicas determinadas". 35 Partidario de la unidad de la especie humana, Fernández-Caro defendía la superioridad de unos pueblos frente a otros; una superioridad que, en su opinión, era consecuencia de los cruzamientos y de la influencia del medio: "el blanco tiene condiciones de inteligencia de que carece el negro, así como cada raza presenta ciertas actitudes de que están privadas otras". 36 34 Sobre la aclimatación véase la obra de Fernández-Caro y Nouvillas, Angel: El hombre y el clima, Discurso de recepción en la Real Academia de Medicina, Madrid, 1887, págs. 31-32, y Para él, el mestizaje no era sinónimo o causa de degeneración, sino de "mejoramiento". Partiendo de estos presupuestos, Fernández-Caro defendía que la aclimatación era una facultad que dependía de las "razas", y no del individuo. Esta interesante tesis desembocaba en la defensa del mestizaje como proceso beneficioso a los pueblos, que habían ido cambiando sus condiciones genéticas y fisiológicas, adaptándolas a las nuevas condiciones y medios, y que hacían de éstos unos pueblos "superiores" capaces de aclimatarse a otras latitudes. Estos cambios beneficiosos producidos por la adaptación al medio se transmitían de generación en generación por la herencia. Para el médico español la "raza" era el resultado de una serie de generaciones, de adaptación al medio, de aclimatación y de cruzamientos. El proceso de mestizaje del pueblo español, llamado por él "raza española", conferían al mismo unas ventajas insuperables para la colonización de otros países y, en concreto, para su asentamiento y adaptación a las Antillas. En su libro El clima y el hombre, editado en Madrid en 1887, Fernández-Caro defendía la superioridad de los españoles en los climas tropicales: "¿A qué es debida esta superioridad climatológica de los españoles en los climas tropicales? Aquí, como en todo cuanto a aclimatación se refiere, encontramos la razón de la raza. Aunque indo-europea por su origen, la sangre española ha sufrido diversas fusiones con la sangre africana. Siro-árabes fueron los fenicios y cartagineses, primeros colonizadores de las costas meridionales de España, Portugal y Sicilia; moros procedentes de África dominaron durante ocho siglos toda la península ibérica, y hasta los lusitanos y cántabros (raza primitiva y autóctona en el suelo de la península, proceden, según ha demostrado el sabio filólogo Eschhoff por las afinidades del lenguaje, de la antigua Caldea, es decir, del África)". 37 La importancia del clima como factor decisivo en la adaptación o no a latitudes tropicales motivó que se tratara de forma reiterada en distintas sesiones de la Sociedad Antropológica, en cuyo debate participaron muchos médicos y antropólogos. No sólo se trataba de hallar las causas científicas que permitieran establecer si la aclimatación era un fenómeno individual o colectivo, o si dependía de la "raza" del individuo, sino que se intentaba justificar por qué era conveniente, e incluso necesaria, la importación de trabajadores blancos. A modo de ejemplo citamos otra de las sesiones, que tuvo lugar en 1887, en la que otro científico se manifestó a favor de la adaptación y aclimatación del hombre blanco en los climas tro-37 Ibídem, pág. 32. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX picales y en concreto de los españoles, defendido por Carlos de La Torre. En contra de los planteamientos de Orgeas, quien negaba la posibilidad de que un pueblo se aclimatase, La Torre -seguidor de Darwin-mantenía que la aclimatación era un caso particular de adaptación, que se lograría tras algunas generaciones. En sus conferencia se refirió de forma especial al pueblo ibero y a la capacidad del mismo de adaptarse al clima tropical. 38 Dentro de los estudios realizados en Cuba sobre el clima hay que mencionar los de Carlos J. Finlay, que contribuyeron a desterrar las ideas sobre la benignidad y/o permisividad de determinados climas y a asentar la teoría sobre la posibilidad real de aclimatación del hombre blanco a los climas cálidos. 39 Como ponente de la Comisión que juzgaba el trabajo de Ramón Hernández Poggio, aspirante a un premio en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en 1874, elaboró un informe en el que rebatía parte de los argumentos del aspirante sobre la insalubridad del clima cubano, cuyas características propiciaban la aparición de enfermedades y epidemias. Para ello, Finlay se apoyaba en las estadísticas de mortalidad de la "raza" blanca, entre 1870 y 1874, de la ciudad de La Habana, y las comparaba con las de otras ciudades europeas y americanas, en las cuales la proporción de muertes era superior a las ocurridas en la capital cubana. 40 Tres años después, Finlay volvía a presentar otras investigaciones en la Academia que sustentaban la tesis mantenida sobre la posibilidad de adaptación del hombre blanco a las Antillas y los beneficios de la colonización blanca. Una vez más las estadísticas demostraban la escasa mortalidad de la población blanca en Cuba, a pesar de estar constituida en una sexta parte por individuos procedentes de climas templados o fríos; asimismo, las tasas de mortalidad de los blancos -22 por 1.000-eran inferiores a las registradas en otras poblaciones, sobre todo entre los asiáticos -que alcanzaban un 67 por 1.000-, cuyas costumbres "inmorales"-señalaba Finlay-eran motivo de su elevada mortalidad. Finlay consideraba que sólo estos datos podían ser tomados como fundamentos científicos en los que basar los proyectos de colonización e inmigración blanca. 39 Finlay, Carlos J.: "Apología del clima de Cuba", Gaceta Médica de la Habana, año I, núm. 2, La Habana, 1878, págs. 1-3. 40 Finlay, Carlos J.: "Informe acerca de la memoria Aclimatación e higiene de los europeos a Cuba, presentada con opción a uno de los premios de la Real Academia", Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, t. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO Con respecto a la población negra, con una tasa de mortalidad muy superior a la registrada en la blanca, y que además presentaba índices más altos entre la población libre que entre la esclava, Finlay aseguraba que ésta no reunía las condiciones adecuadas para reproducirse en Cuba, rechazando de esta manera la idea sustentada por otros científicos por la que hacían depender la aclimatación del hombre blanco del cruzamiento con poblaciones de color. Una sociedad homogénea y civilizada La pluralidad étnica de la isla pesó en las concepciones y proyectos de los intelectuales y políticos, para quienes la homogeneidad cultural y étnica era sinónimo de civilización. Dicha homogeneidad sólo podría alcanzarse mediante la consolidación de una única "raza", considerada, por otra parte, bastión imprescindible en la formación de un pueblo y una nación. En estos momentos la "raza" no sólo era una categoría social, sino que fue instrumentalizada y convertida en uno de los principales elementos de configuración de la nacionalidad cubana en formación. Para estos intelectuales, algunos de ellos políticos, la cubanidad, como lo era para José Antonio Saco, estaba restringida a un grupo concreto, compuesto exclusivamente por blancos. Los límites de la nacionalidad cubana seguían estando marcados en función del color de la piel, que además era símbolo de cultura. Por tanto, los portadores de la cubanidad, como pilar de la nacionalidad, tenían que ser, ahora como entonces, blancos. Por otra parte, la descomposición del sistema esclavista aceleró el proceso y la puesta en marcha de forma más activa de una política de inmigración y colonización blanca. Por vez primera, en dicha tarea colaboraron desde sus distintos campos intelectuales, hacendados y políticos. Se hacía hincapié en la conveniencia de que la inmigración fuera libre y espontánea, con escasa intervención del Estado. Pero la apertura de la inmigración en Cuba hacía albergar ciertos temores que resucitaban el fantasma de la "negritud". Si bien era necesaria y urgente la entrada de mano de obra barata y abundante, había que establecer los límites en la entrada y controlar la posible llegada de "indeseables", como asiáticos o inmigrantes de color 41 Finlay, Carlos J.: "Breves observaciones del Dr. Juan Espada", Gaceta Médica de la Habana, núm. 5, La Habana, 1879, págs. 68-72. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX procedentes de Jamaica, Haití y África. Con ello se inició un proceso en el que la política inmigratoria estuvo presidida por criterios de selección étnica que se mantuvieron en las tres primeras décadas, años centrales de inmigración en Cuba en el siglo XX. 42 El miedo a la "africanización" de Cuba, presente a lo largo de todo el siglo XIX, continuó en las últimas décadas de siglo, siendo una amenaza no sólo para el bienestar de la elite, sino también para el orden político. La participación de esclavos y gentes de color en la primera guerra de independencia evidenció a la metrópoli la necesidad de reforzar con elementos humanos su presencia y poder. La creación de colonias agrícolas y de colonias militares, así como la entrada de inmigrantes españoles, sin duda contribuirían a cumplir parte de los objetivos que España se propuso tras el Zanjón. La presencia mayor de españoles ayudaría a que la llamada "raza latina" terminara por absorber a la "negra". Si para muchos intelectuales la población de color era un elemento que impedía el avance y el progreso y frenaba la formación de una sociedad civilizada, para otros era, además, un elemento perturbador del orden. El fin de la esclavitud, el crecimiento de la industria azucarera, la expansión económica y la necesidad de mano de obra fueron otros elementos que hay que tener en cuenta en el análisis de la sociedad y corrientes de pensamiento de la época; una época en la que la formación de la nación cubana confluyó con el cambio de las estructuras sociales y económicas que alteraron el sistema de producción, modificaron sus medios y sentaron las bases de una nueva sociedad. En este nuevo contexto se formaron distintas sociedades con el fin de auspiciar y fomentar la entrada de colonos e inmigrantes, que actuaron como intermediarias entre los hacendados y los colonos, como la Sociedad de Colonización de 1872, la Comisión Central de Colonización, que desde 1878 tenía unas atribuciones parecidas a las de la Junta de Fomento, y el Círculo de Hacendados de la isla de Cuba, también de 1878. 43 42 Pérez de la Riva, Juan: El barracón y otros ensayos, La Habana, 1975; "Los recursos humanos de Cuba al comenzar el siglo: inmigración, economía y nacionalidad (1899-1906)", La república neocolonial. Sobre el control que ejercieron algunos científicos, sobre todo los médicos, en la sociedad y en la política cubana, y en concreto en la legislación sobre inmigración en las primeras cuatro décadas del siglo XX en Cuba, puede consultarse el libro de Naranjo Orovio y García González, Medicina y racismo en Cuba.... 43 Archivo Histórico Nacional, Madrid (AHN), Ultramar, Cuba, Fomento, Leg. ARMANDO GARCÍA GONZÁLEZ Y CONSUELO NARANJO OROVIO Este contexto, en el que se combinaron diferentes factores, desembocó en la puesta en marcha con gran fuerza de diferentes proyectos de inmigración y colonización. El "hecho demográfico" comenzó a tomar nuevas dimensiones a partir de este momento, en el que fue instrumentalizado por políticos e intelectuales como uno de los elementos fundamentales en la consecución de sus fines y en el logro de una sociedad moderna y civilizada; una sociedad sobre la que sentar las bases de un Estado nacional, en el que la población de color continuó siendo marginada. Esta política de colonización e inmigración, ahora auspiciada desde el Estado e instituciones privadas, algunas de las cuales fueron creadas para tal fin, si bien era heredera en parte de la mantenida a lo largo del siglo, cobró una mayor fuerza y contenido cultural, político y social que, en gran medida, determinó que la ruptura con España no significara el fin de la afluencia de españoles a Cuba. A partir de 1898 la corriente inmigratoria española en la isla no sólo permaneció, sino que se incrementó, alcanzando cotas hasta ese momento desconocidas. Las causas no fueron sólo económicas, sino también sociales y culturales. La medicina, la antropología y la biología continuaron marcando las normas que dictaban qué poblaciones eran deseables y cuáles no; quiénes eran los aptos y quiénes debían ser excluidos. Estas ciencias continuaron dando el contenido al discurso racial que presidió la política inmigratoria del siglo XX. La diversidad étnica y cultural continuó siendo considerada un factor de desintegración y no de riqueza, el miedo al "otro" entrañó nuevas fórmulas bajo preceptos médicos y sanitarios que calificaron a las poblaciones no "deseables" como inmigraciones "antisanitarias", a las cuales también se les acusó de ser un elemento que favorecía la desintegración nacional. Apoyados en determinadas teorías pseudocientíficas y de acuerdo a la legislación, en aras de la unidad nacional, de la soberanía, de la integridad cultural y de la defensa de los trabajadores nacionales se excluyó a todo individuo que se apartara de la norma establecida durante tantos años. 44 44 En otro trabajo hemos analizado el papel que los científicos, fundamentalmente los médicos, tuvieron en el diseño de la política inmigratoria cubana, así como la influencia de las teorías pseudocientíficas en su legislación. La "higiene racial" en Cuba cobró importancia a medida que avanzó el siglo XX y se adoptaron en la isla políticas emanadas de legislaciones extranjeras que, acordes con los sentimientos "nacionales" de la elite, limitaron la entrada de extranjeros "indeseables". En los controles sobre la entrada de extranjeros, ceñidos a las poblaciones no blancas, encontramos no sólo argumentos culturales, sino también biológicos, sobre todo genéticos y médicos, por los que se calificaba a dichas inmigraciones de antisanitarias. "RAZA" Y POBLACIÓN EN CUBA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX
donde las Filipinas mostraran al resto del mundo sus avances técnicos, agrícolas e industriales, que se inauguró el 23 de enero de 1895. Este trabajo explica las diferentes reacciones de la prensa filipina de la época ante este acontecimiento, desde su anuncio en marzo de 1894 hasta febrero de 1895. A través de ella, podemos tener una idea sobre los hábitos de vida, las costumbres y el comportamiento de los habitantes de las Islas, su participación en la preparación de la exposición, las fiestas que se proyectaron para asegurar el mayor número de visitantes, el grado de utilidad que los periódicos otorgaban a esta celebración y el estado socioeconómico en el que se encontraba el archipiélago en este periodo. La fundación de la ciudad de Singapur en 1824, el inicio al tráfico comercial de algunos puertos chinos en 1840 y sobre todo la apertura del canal de Suez en 1869, que acortó la distancia entre las Islas y la península, pusieron de relieve el potencial de las Filipinas, que tras la pérdida de los territorios americanos dejaron de ser una zona "olvidada" para considerarse un filón a explotar. Los primeros signos de esa voluntad de cambio se vieron tras la Constitución de 1869, donde se preveía la representación de los habitantes de Cuba y Puerto Rico en las Cortes españolas y anunciaba una ley que reformaría el régimen de gobierno del archipiélago. Consecuencia de esta ley fue la creación, en 1870, del Cuerpo de Administración Civil de Filipinas y el intento de establecer una serie de reformas que asimilaran las instituciones de las Islas a las de la metrópoli. El estreno de la nueva ruta coincide con los aires de crecimiento económico en España. La política librecambista de Figuerola (1869) abrió las puertas a las inversiones extranjeras, posibilitó la instalación de nuevos ferrocarriles, incrementar la producción agrícola e industrial y mejorar los servicios públicos. Una muestra de la prosperidad adquirida por la burguesía es la exposición universal de Barcelona de 1888. Como en la metrópolis, en el archipiélago también hubo una etapa de florecimiento económico. En el último tercio del siglo XIX aumentó la población urbana, se intensificaron las vías de comunicación con la apertura de la línea oficial de vapores en 1873, que unía mensualmente las Islas con la península, y el tendido del cable submarino entre España y Luzón en 1880. La inauguración del ferrocarril Manila-Dagupan en 1892 posibilitó la explotación de provincias como Tarlac, Pampanga, Pangasinan o Bulacan. En el terreno intelectual, las órdenes religiosas seguían teniendo preponderancia, pero el Estado empieza a tomar conciencia de su papel en la formación, fundando la Escuela de Agricultura de Manila en 1889, la Práctica de Artes y Oficios en 1890 y la Normal Superior de Maestras en 1892. A pesar de este panorama prometedor, no todo era un camino de rosas. Los moros de Mindanao, tradicionales enemigos de España, se habían sublevado de nuevo. 1 La epidemia de cólera morbo desatada en Cantón y sobre todo la de peste bubónica, que comenzó en Hong-Kong, empezaban a hacer estragos entre la población y la cuarentena impuesta en los puertos para evitarla destrozaba el comercio. 2 El desconocimiento de los asuntos filipinos en España era un hecho y el pueblo filipino, que veía llegar las reformas con cuentagotas, iba deshaciendo el lazo que lo unía con la "Madre Patria". El contacto entre las dos comunidades se hacía imprescindible y así se comprendió cuando en 1887 se celebró en Madrid una exposición filipina que difundió las costumbres, arte e industrias de sus habitantes, pero esto no era suficiente para contrarrestar las visiones negativas sobre estas islas reflejadas en la prensa. Para que las Filipinas fuesen valoradas en su justo término era necesario que tanto la metrópolis como otras naciones conocieran sus progresos industriales y agrícolas, así como su arte y cultura. El proyecto de la exposición regional. Opiniones iniciales de la prensa 3 Cuando don Ángel Avilés llega a Manila en 1893, como director general de Administración Civil, se da cuenta de la necesidad que tenían las Islas 1 Sobre la política a seguir con los moros de Mindanao había divergencias entre la prensa filipina, así, La Oceanía Española del 18 de febrero de 1894 rechaza todo acercamiento a los rebeldes. En su lugar, propone mano dura y cita como ejemplos la actuación de Inglaterra en El Cabo, la de Francia en Dahomey y Siam y la de Italia, que hizo pasar a cuchillo a 4.000 derviches de Hament Alí. 2 Noticias recogidas por La Oceanía Española de 9 de junio, El Eco de Filipinas de 11 de junio y Diario de Manila de 6 de julio de 1894. 3 Este trabajo lo he hecho consultando la prensa filipina de la época que se encuentra en la Biblioteca Municipal de Córdoba, fruto de la donación que hizo el señor Avilés de su biblioteca particular al Ayuntamiento de Córdoba. Sobre esta donación, ver mi trabajo Fuentes para el estudio de Filipinas en la Biblioteca Municipal de Córdoba, en prensa. de un acercamiento a los centros de compra y producción industrial, pues como él mismo escribía a don Ramón Blanco, gobernador general de Filipinas, "el bienestar sólo lo alcanzan en los modernos tiempos, los pueblos que por su ingenio y actividad, más que por los privilegios naturales de que disfrutan, logran salida fácil y colocación segura de sus productos,... es preciso por lo tanto, que los pueblos hasta hace poco tranquilos y sin necesidades por falta de comparaciones, se apresten a la lucha del trabajo si no quieren ser arrollados por la competencia"; 4 y nada tan eficaz, a su juicio, como la celebración de una exposición regional en Manila, a la que podrían concurrir también las naciones y colonias vecinas, aunque sin invitar oficialmente a sus gobiernos. Su inauguración debería hacerse coincidir con la fiesta cívico-religiosa de San Andrés (30 de noviembre), ya que anualmente se conmemoraba la victoria española sobre el pirata Li-Ma-Hong en 1574. 5 Avilés consultó la propuesta de la exposición a los principales órganos económicos de las Islas: La Junta Central de Agricultura, Industria y Comercio, Cámara de Comercio, Real Sociedad Económica de Amigos del País y Consejo de Administración de Filipinas. Todos coincidieron en la necesidad de hacer un certamen donde se pusiese de manifiesto el potencial de las Islas, aunque diferían en la forma de hacerlo. El Sr. Luengo, consejero del consejo de administración, propone que la exposición sea puramente regional, como una demostración de las actividades del archipiélago, pero que también se celebren conferencias científicas e instructivas acerca de la higiene de "estos países", sus religiones y costumbres, agricultura, régimen monetario conveniente a las Islas, tratados de comercio, inmigración y emigración, bellas artes y literatura, medios de estrechar los lazos de unión existente entre España y los naturales y otros. Para conseguirlo, deben tomar parte de la junta permanente representantes de La Trasatlántica y Tabacalera, algunos grandes industriales, el director del Museo-Biblioteca y el padre director del Observatorio Meteorológico. 6 Por su parte, don Matías García, consiliario de comercio de la Sociedad de Amigos del País, concluía su informe sobre la conveniencia de un certamen en dos puntos principales: 4 Escrito del director de Administración Civil al gobernador general de Filipinas. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS 1.o Si se tenían recursos para ello, debía desde luego organizarse una exposición en la que tomasen parte España, China, Japón, Siam, Anam, posesiones inglesas, francesas, portuguesas, holandesas y danesas, aunque para prepararla debidamente hubiese que retrasar la fecha de celebración. 2.o En caso contrario, el certamen a celebrar serviría como avanzada, para poner de manifiesto los productos naturales e industriales de estas islas y cuantos datos, antecedentes y noticias pudieran servir de base a exposiciones futuras de mayor alcance cuando hubiera dinero. 7 Terminado el período de información, y como convenía empezar cuanto antes la organización, Avilés propone a Blanco pedir telegráficamente al ministro de Ultramar la autorización del gasto necesario, calculado en 100.000 pesos. Tras recibir el telegrama por el que el ministro, don Antonio Maura, aprobaba el presupuesto, el gobernador general de Filipinas dispone: -"El 30 de noviembre de 1894 se inaugurará una Exposición Regional de Filipinas a la que podrán concurrir las empresas, sociedades, propietarios, industriales y artistas, nacionales y extranjeros que deseen. Dicha Exposición tendrá lugar en los terrenos que el Estado posee en el arrabal de la Ermita, donde se halla establecida la Escuela de Agricultura, cuyo edificio convenientemente dispuesto, servirá de Pabellón central. -Para organizar y dirigir la Exposición, se crea bajo su presidencia, una Junta General, siendo su vicepresidente el director general de Administración Civil y el secretario general, el director de la Escuela de Agricultura de Manila. En ella, tendrán representación las órdenes religiosas, el Ejercito, la Armada, la Administración Pública, los establecimientos de enseñanza, la agricultura, la industria, el comercio y las artes". Desde que Avilés tuvo la idea de la exposición, en septiembre de 1893, la prensa en general se dedicó a hacer una intensa publicidad sobre la preocupación de España por el desarrollo y prosperidad del país, sobre los beneficios que obtendrían todos los expositores: "para que pueda apreciarse los resultados del ayer con los de hoy", ya que Filipinas estuvo ais-7 El Comercio de 7 de febrero de 1894. M.a DEL VALLE ÁLVAREZ MAESTRE lada por completo "de la culta Europa". 9 Se destacaba el gran apoyo del ministro de Ultramar a esta empresa, "que tanto honra la civilizadora misión que España se impuso en Extremo Oriente", preguntándose si el pueblo filipino sabría aprovechar esta ocasión aportando todos los adelantos técnicos, avances industriales y agrícolas y obras de arte y cultura. Para animarlo, la mayoría de los medios de información inician una campaña donde se insiste en que de todo el esfuerzo que hacen las autoridades, tanto españolas como isleñas, los principales beneficiados serán los expositores, pero que de nada serviría si "dejándose llevar por su tradicional apatía y su injustificada desconfianza, no contribuyesen con toda su energía a asegurar el éxito de esta empresa". 10 Todo estaba preparado. Se confiaba que con la exposición se conocieran los adelantos técnicos extranjeros para mejorar la industria, la agricultura y la ganadería, que según El Diario de Manila se encontraban en un estado muy primitivo: "Nadie desconoce -dice refiriéndose a la agricultura-... que los naturales usan los mismos medios que usaban los que existían cuando llegó Legazpi". 11 Con respecto a la crisis pecuaria que atravesaban las Islas, el mismo periódico afirmaba: "Estamos sentenciados a quedarnos sin ganado vacuno,... que va degenerando de día en día, por multitud de causas...", por lo que para mejorar esta situación, resultaría imprescindible que se otorgasen premios a los que presentasen el ganado en mejores condiciones y "ofrezcan medios para multiplicar y mejorar las razas". 12 Cuando se supo que China y Japón no concurrirían, se esperaba que al menos viniesen sus industriales a presenciar el certamen, lo que daría un impulso a la balanza comercial; sin embargo, el tiempo pasaba y muy pocos pedían concursar en el certamen. En los diarios se empieza a censurar la apatía del filipino, y como estímulo a su concurrencia explican una y otra vez las ventajas económicas que pueden obtener, tanto por los premios que consigan como por las ventas que puedan hacer. Esta opinión sobre el estado de la agricultura y la ganadería no era compartida por todos los medios. El Amigo del Pueblo, de 16 de marzo de 1894, afirma que: "desde la apertura del Canal de Suez, este suelo produce más y mejor, debido en gran parte al conocimiento de los adelantos modernos". Un ejemplo de ello sería la isla de Negros. Si la producción de las islas no aumenta todo lo que debiera -afirma el periódico-es por las trabas que encuentra el agricultor para dar salida a sus productos y, sobre todo, "a esos exorbitantes derechos fiscales que se les exigen a la entrada en España". PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS ción de la prensa en los primeros momentos se va transformando en críticas, veladas por la censura, y dentro de un contexto patriótico, pero que revelan las deficiencias de la organización de la exposición, el gasto que supondría, la calidad y cantidad de expositores que participarían, las exclusivas ofrecidas a alguna publicación sobre los acuerdos adoptados por la Junta 13 y, sobre todo, la mediocridad que resultaría si el certamen se preparaba en tan poco tiempo. La Semana, de una forma satírica, comienza el bombardeo contra la organización: "Allá por el mes de octubre de 1893 se dijo poco menos que oficialmente... que en noviembre del 94 se celebraría en Manila una Exposición Regional. Eso se dijo entonces y todos creímos que iba de veras; pero después ha empezado a discutirse en el seno de varias corporaciones, la conveniencia o inconveniencia de que se celebre la anunciada Exposición... y en eso estamos. Lo que yo siento es que a este paso llegará el mes de noviembre y no sabremos si conviene o no conviene". 14 En el mes de abril aún se estaba pidiendo opiniones sobre la construcción de edificios, concluyéndose que en su mayor parte deberían ser de un solo piso y de entramado de ladrillo. Esta parsimonia desesperaba a la mayoría de los medios. "Ya va haciendo falta esa urgencia si la Exposición no ha de ser de caña y nipa", 15 apunta El Comercio. La Semana, con su peculiar estilo, hace una crítica más rotunda: "Bueno, ya tenemos programa, reglamento, bases, etc., etc.; y una comisión organizadora compuesta de cuarenta o cincuenta vocales, por lo menos. Yo pido a Dios que resulte La futura exposición Tan rica...como de bases Y de vocalización". 16 Respecto al gasto, El Comercio del 3 de marzo de 1894 habla de la autorización de los cien mil pesos: "Esta suma se aplicará con cargo al sobrante de la Caja Central de Fondos Locales". 13 Durante casi todo el mes de abril de 1894, El Comercio, Heraldo Militar y La Oceanía Española, entre otros, critican la falta de información proporcionada por las diferentes subcomisiones, la cual sí tenía el Diario de Manila. La colección de oficios, comunicaciones, volantes y demás papeles mojados que se crucen entre las oficinas del Estado, los individuos de la Junta organizadora, los secretarios y sus ayudantes desde el día que quedó organizado el Certamen al que se verifique la apertura. El no menos prolífico cuerpo de secretarios, subsecretarios, ayudantes de secretaría, faginantes, ordenanzas, porteros etc. etc. etc. etc. La prolífica junta organizadora y directiva. COSAS DIGNAS DE FIGURAR EN LA PROXIMA EXPOSICION PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS "Vemos que se sigue usando la palabra sobrantes, cuando aquí nada sobra, al contrario, falta mucho...Dígase...con cargo a las Cajas de Fondos Locales, pero no se haga creer que nos sobran cien mil duros de esa Caja con lo cual quiere decirse que todo está hecho y que no tenemos en qué emplear el dinero". Empezaron a correr rumores sobre un aplazamiento de la exposición, e incluso que su presupuesto podría destinarse a las necesidades de la campaña de Mindanao.17 Rápidamente surgen los desmentidos y la guerra entre periódicos. La Voz Española, El Eco de Filipinas y otros se apresuran a negarlo. "Perfectamente informados, podemos decir....que semejante noticia es completamente inexacta". 18 Otros llegan más lejos. Si hiciera falta dinero para Mindanao, no sería el de la exposición, "sino que contando con la confianza del Gobierno de S.M. no ha de escatimarle éste ningún recurso". A pesar de ello y mostrando poca confianza en el certamen, aceptan que se retrase, dada la agobiante situación monetaria, la falta de iniciativa y el riesgo de que no estuviese concurrido, "como regularmente sucederá de celebrarse en la época anunciada". Nada tendría de particular entonces -añadían-que los 100.000 pesos tuviesen una aplicación "más útil". 19 Para terminar con el conflicto sobre las necesidades de Mindanao, La Voz Española publica el 2 de mayo la noticia de que el ministro de Ultramar ha autorizado telegráficamente al gobernador general para que, con cargo a los sobrantes de la Caja Central de Fondos Locales, pueda invertir 150.000 pesos en las operaciones de Mindanao 20 y aunque no desprecia un posible aplazamiento de la exposición por razones de tiempo, "mientras el gobierno no lo anuncie, conviene no propagar esas noticias, para no desanimar a los posibles expositores que pueden creer que se ha desistido de su celebración". 21 Aprovechando la polémica, El Heraldo Militar da una idea a los "celosos gobernantes": "La Exposición regional primero y después la campaña de Mindanao, nos han dado a conocer un recurso del que se puede fácilmente echar mano, nos referimos a los sobrantes del presupuesto de Fondos Locales". Todo el mundo aplaude que sirvan para sufragar ambos gastos, "pero como ni todos los años ha de haber exposiciones, ni se han de emprender campañas, es indudable que con esos sobrantes pudieran irse acometiendo empresas de verdadera utilidad", por ejemplo, préstamos con interés razonable a los agricultores. 22 El Diario de Manila se defiende de sus compañeros de prensa que le recriminaron "ir a degüello con la Exposición", por haber dado la primicia del retraso y del posible destino del dinero, diciendo que ellos trasmiten lo que oyen, y que su sección noticiera no podía ser declarada "texto oficial" como la Gaceta. Sobre lo que se haga con el dinero no querían definirse porque, entre otras cosas, "las opiniones de la prensa se estiman en tan poco que, desgraciadamente, hay quien tiene a gala hacer lo contrario de lo que indican los periódicos". Remata su argumento informando que en adelante no emitirían ninguna opinión, porque "sin haber hecho nada se nos señala ya como enemigos declarados, no queremos pensar lo que se nos diría si expusiésemos nuestro franco parecer, en el caso de que éste tuviese la desgracia de no ser el mismo de los que todo lo ven, o lo quieren ver, de color de rosa". 23 Las críticas a los organismos encargados de la exposición, en comparación a los que hicieron las de París, Barcelona o Chicago, se hacían cada vez más descaradamente. A ellos nos les faltaba tiempo para propagar sus acuerdos, de modo que entusiasmaban al público, mientras que "aquí, han decidido guardar absoluta reserva. ¿Se quiere que una exposición sea muy concurrida?. Pues lo primero que hay que hacer es que no lo sepa nadie". 24 Esto, unido a la dejadez de los vocales de la subcomisión de propaganda, que en ocasiones no podía reunirse por no haber suficiente número de ellos, era objeto de chanza. "Si tras de que se dispone de poco tiempo, no acuden a las sesiones los señores vocales, es indudable que la propaganda va a ser activísima". 25 El 11 de mayo se reúne la comisión directiva de la exposición para agilizar los trabajos preparatorios, acordando abrir un concurso y premiar con 1.000 y 500 pesos los dos mejores proyectos que se presenten para los edificios y jardines, 26 sin tener en cuenta que en el plazo de seis meses los 22 El Heraldo Militar de 8 de mayo de 1894. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS autores tendrían que preparar los proyectos y presentarlos a la comisión, y ésta debía exponerlos al público, estudiarlos, juzgarlos y otorgar los premios. Una vez elegido el mejor proyecto, se tendrían que construir los edificios, decorar el interior, arreglar y embellecer los terrenos circundantes, presentar los objetos que habían de exponerse, catalogarlos e instalarlos y todo esto teniendo en cuenta que septiembre y octubre eran meses de lluvias torrenciales y baguios... 27 Aunque casi toda la prensa está de acuerdo en que el tiempo se echa encima y no hay nada hecho, cada periódico lo achaca a diferentes razones. El Diario de Manila defiende a la organización aludida unos días antes por El Comercio; en efecto, el poco tiempo que queda es el peor por ser el de la temporada de lluvias, pero ni la junta ni la comisión ni el personal son culpables, más bien lo son una serie de circunstancias que han rodeado a los preparativos: lo tarde que se anunció y se constituyeron las juntas, la falta de fondos a tiempo, la ausencia del iniciador del proyecto, señor Avilés (de viaje por China y Japón) y la escasez de medios. Sin embargo, está de acuerdo con los demás periódicos en que en ese período, con la temporada de aguas, las comunicaciones se hacen dificilísimas y la junta ni siquiera podría recibir las contestaciones a su correspondencia, entre otras dificultades, de manera que, antes de que resultase un fracaso, sería mejor retrasarla. 28 Otro punto de conflicto era la afluencia de expositores, pues -como decía El Comercio-el éxito de este tipo de certámenes depende en gran medida del número de participantes y de visitantes que acuden a ellos; de ahí, la importancia de la propaganda. Pero para que ésta sea efectiva, debe de ser, a su juicio, muy popular y muy "poco centralizada". "A estas horas, debían de haberse constituido en todas las provincias y pueblos, comités especiales, dirigidos por los alcaldes o capitanes y los párrocos. Así, trabajando todos en común, sin disgregaciones que estorban, sino bajo unificadas instrucciones, que ya debían de estar redactadas, publicadas y profusamente repartidas por la junta central, el éxito en cuanto a la presentación de expositores, no sería dudoso". En el mes de marzo varios periódicos dan la noticia de que Ángel Avilés, su hermana y otros iban a Japón y China para estudiar un convenio comercial. Tras un rectificado de esa noticia, se da entre el 14 y 18 de abril la de que al señor Avilés le han concedido licencia de 45 días por enfermo para el viaje a China y Japón. Todos los medios se hacen eco de su partida en el "Hiogo Maru". A finales de mayo pide una prórroga de 22 días, que le es concedida, y cuando volvía tuvo que esperar un tiempo debido a la cuarentena que se había impuesto en Hong-Kong, con lo que no regresa hasta el 13 de julio. En su ausencia se nombró para ocupar la vicepresidencia a don Manuel Asensi. Añade que la junta debía hacer conciertos con las empresas de transporte para abaratar los fletes y pasajes, anunciar las tarifas, hacer saber que el Estado corre con los gastos de los envíos de los productos que participen en la exposición y garantiza su devolución, propagar los premios que se pueden obtener y acordar y anunciar el plan de festejos. De lo contrario "no se puede esperar nada de la espontaneidad de los particulares". 29 El Eco de Filipinas abordó de forma jocosa el problema de la falta de expositores, pero en el artículo, firmado por Manuel Lerinig, se refleja el poco valor que en principio se le otorga al certamen y la denuncia de algunas iniciativas de la administración: "Líbreme Dios de meterme a discutir si su apertura (de la Exposición) se verificará este año o el que viene, pues para eso, Diario y Comercio tiene Manila... El objeto de este articulejo, es el de enumerar los que a la Exposición concurrirán; y para eso muchos se me quedarán en el tintero, pues no he tenido tiempo material para ir a preguntar a cada hijo de vecino que chisme o artefacto piensan exponer... Doña Salomé Carrillos, persona ilustrada con monos en el texto, es decir, con la cara como el empedrado de la calle de Joló, vecina mía y además prima carnal de un carabinero retirado, piensa (cosa que yo juzgaba increíble en ella) mandar a la exhibitión compani, su último vástago, criatura de veinticinco abriles, pero con una nariz como una espuerta... También don Ruperto, persona que vive de lo que come, pero que se ignora cómo se las arregla para hacerlo, está escribiendo a gran velocidad... un estudio sobre la carencia de calderilla en Ilo-Ilo y sus causas. Mucho tiene que devanarse los sesos para saber cuales son éstas; sin embargo, él no para hasta que se dé de bruces en el Hospicio de San José. Don Mariano, punto retirado, no por su voluntad sino por los achaques de la vejez y por un sobrehueso que le ha salido sobre la tibia y el peroné, va a presentar una protesta contra la determinación que han tomado sus acreedores. Y por último, la ciudad de Manila, representada por varias corporaciones, remitirá los objetos que a continuación enumero: El modelo de monumento que se erigirá a la memoria de los esclarecidos patricios Legazpi y Urdaneta (al pie del modelo estará el retrato del iniciador de tan feliz idea). La primera piedra del teatro Colón, con los periódicos, monedas y actas que con aquélla yacen en profunda sepultura. Tratado sobre construcciones rápidas, redactado por los arquitectos que han construido el edificio Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Manila. El presupuesto de las obras del puerto de Manila, documento que podrá servir de estudio a los ministros de Hacienda. Modelo de los puentes en construcción sobre el río Pasing y el estero de Meisíc. (El modelo irá acompañado de un volumen de innumerables páginas, el cual será una Memoria explicativa de las cualidades del cemento Porlan y sus derivaciones). También serán presentados al concurso, los candidatos a la plaza de pintor pensionado por el Ayuntamiento, como personas que simbolizan la paciencia. El Cuerpo de Bomberos en traje de gala. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS de la apertura de la Exposición, varios individuos del Cuerpo harán diferentes ejercicios con la cuerda. Y por último, en primoroso estuche, un facsímil de los expedientes en trámite para el tendido del cable a Visayas y para la dotación del personal y material con destino a la Escuela de Artes y Oficios de la Pampanga; cuyo edificio, se está muriendo de risa. Estos son, que yo sepa hasta ahora, los objetos que serán expuestos en la Exposición Regional...". 30 A finales de mayo se nombra a don Lorenzo Rocha para que empiece a preparar un concurso sobre el grabado de diplomas y acuñación de medallas para el certamen. Se proyectaban 600 medallas de bronce de seis centímetros de diámetro, llevando en el anverso los bustos de SS.MM. el rey y la reina regente y, en el reverso, una alegoría alusiva al objeto de la exposición. El ganador, obtendría 600 pesos y tendría la obligación de grabar en acero los troqueles y dirigir la acuñación. También se daría un accésit de 100 pesos. Para los diplomas se señalaba un premio de 300 pesos y un accésit de 50; su diseño debía consistir en una composición alegórica a la exposición, de 35 por 55 cm. Hasta el 5 de junio no se publican las bases para el concurso de dos anteproyectos de construcción, uno de edificios y otro de paseos, kioscos, pajareras, etc., y hasta dos meses después no se elige el proyecto del comandante de ingenieros, don Rafael Aguilar, marqués de Villamarín, a quien se encarga la dirección de obras y cuyo lema era "Optium Simplex". 31 El 14 de junio se abre el concurso para premiar con 250 pesos el mejor anuncio-cartel, a varias tintas, que en su día se imprimiría por el procedimiento cromolitográfico. Los trabajos debían estar entregados el día 25. El ganador de este premio resultó ser el cartel con el lema España conduciendo a Filipinas por el camino de la gloria, de Juan Luna Novicio. 32 La cuantía del premio también fue objeto de polémicas. Con 100 pesos sería suficiente, "no porque los diseños no merezcan más, sino porque el presupuesto es muy limitado y van corriendo los gastos burocráticos y no estamos todavía más que en periodo de proyectos. 31 Además del premiado, se presentaron los proyectos relativos a edificios: Lara de Levante; Legaspi; Deus, natura et homo facient opus perfecta; Ars longa, vita brevis; Barcelona; A quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga; Path e Inteligencia, actividad, trabajo. La subcomisión propuso declarar desierto el concurso referente a jardines, ya que los anteproyectos presentados no podían llevarse a cabo. Además del cartel ganador se presentaron otros seis con los lemas A Avilés, Las exposiciones son la fuente de la riqueza de los pueblos, España, Ayer, hoy y mañana y No basta que tengas razón, es preciso que te la den. M.a DEL VALLE ÁLVAREZ MAESTRE decir: que no se gaste la pólvora en salvas". 33 El 23 de julio se entregaba al litógrafo sr. Partier el anuncio-cartel para su composición. 34 Hasta noviembre no se eligen los proyectos ganadores del concurso de diplomas y medallas que resultaron ser para los diplomas el que llevaba por lema Progreso, de Juan Luna Novicio, y para las medallas, Lealtad, de don Melecio Figueroa, profesor de la Academia de Dibujo, Pintura y Grabado. 35 Esto nos da una idea de cómo estaba la situación en Filipinas; la prensa ya estaba unánimemente de acuerdo en que todo iba tan lento que no daría tiempo de hacer nada en condiciones. El editorial del Eco de Filipinas reflejaba el ambiente que se vivía: "Discrepamos en la forma y fecha en que se va a celebrar; en la forma, porque nos parece demasiado poco el dinero con que el estado va a contribuir a los gastos y en la fecha, porque dadas las dificultades con las que aquí se tropieza para todo y la fuerza de inercia que hay que vencer en los naturales, nos parece muy escaso el tiempo y prevemos que el certamen va a resultar desairado y no ha de evidenciar entre propios y extraños, que es su principal objeto, el verdadero estado del país en todo aquello que le conviene evidenciar... Esto no es América sino Filipinas y la febril actividad de los yankees contrasta de manera admirable con la atonía del pueblo filipino, así como contrastan las iniciativas de aquellos con el marasmo de este". 36 Efectivamente, el presupuesto era escaso. Los 35.000 pesos presupuestados para la construcción de los edificios de la exposición y su cerramiento no tuvieron postor en la subasta que para tal fin se celebró en julio ni en la posterior de septiembre, por lo que las obras se tendrían que ejecutar por el sistema administrativo. 37 El 13 de julio vuelve Avilés de su viaje a China y Japón y, estudiada la situación a propuesta del secretario de la exposición, se decidió aplazar la inauguración hasta el 23 de enero de 1895, día del santo del rey. La prensa a favor de la Exposición Una de las medidas más acertadas tomadas por la comisión fue la comunicación que don Benito Francia, presidente de la subcomisión de 33 El Amigo del Pueblo de 14 de junio de 1894. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS propaganda y publicidad, hace a la prensa de que aisladamente o en asociación vayan a la exposición y den a través de sus periódicos la máxima publicidad posible, para que todos se animen a ir. A través de varios medios he tenido conocimiento de reuniones mantenidas con los periodistas; aunque no he podido saber el contenido de éstas, lo cierto es que la actitud de los periódicos cambió radicalmente. De no haber casi noticias se empieza a hablar de la exposición a diario, se notifica cuando algún industrial o empresa piensa concurrir como expositor, cuando se presentan planos de pabellones, los acuerdos con empresas, las peticiones de terreno para hacer instalaciones, etc., pero sobre todo se pasa de pensar que todo iba a ser un fracaso a la esperanza del éxito. Reflejo de este cambio es el editorial de El Comercio: "La actividad desplegada últimamente es como un desquite a la fría actitud con que comenzó. Los certámenes de esta clase deben tener un mínimo de esplendor, dando vistosidad, porque no sólo se reduce a premiar los mejores productos u objetos de arte de los expositores, sino que en el orden económico son para las ciudades donde se verifican muy provechosos por los ingresos que proporcionan al comercio e industria local la extraordinaria afluencia de viajeros que concurran a la Exposición". 39 La abundancia de visitantes fue fomentada desde la prensa con todos los recursos propagandísticos a su alcance, desde animar a ir paseando a visitar los trabajos al recinto, dado "el buen estado de la calzada que conduce al campo destinado a la Exposición", 40 a llamar la atención a los comerciantes e industriales de todo tipo, especialmente a los propietarios de hoteles, fondas y hospederías, a empresas de espectáculos y de alquiler de carruajes, entre otros, para que se preparasen a recibir un gran número de visitantes y no tuviesen pérdidas cuantiosas por su apatía y abandono. 41 Se divulga el acuerdo adoptado por las empresas navieras y la del ferrocarril de Manila a Dagupan de rebajar el cincuenta por ciento en los billetes de las personas que con este motivo viajen a Manila, y a la vez que se daba la noticia de que hacendados ricos de la mayor parte de las provincias vendrían a Manila para la inauguración, se publican las normas para su control: "Es obligación de las fondas y casas de hospedaje dar cuenta a la autoridad competente del número de huéspedes que entran y salen diariamente de sus establecimientos, así como es obligación de cualquier vecino de la ciudad que aloje en su casa a 39 El Comercio de 13 de diciembre de 1894. parientes o amigos, dar cuenta de quienes son, sus nombres y demás señas oportunas. Estas son garantías que deben ofrecerse al viajero, que al llegar a Manila tiene la autoridad el deber de saber quien sea aquél, para no escasearle cuantos auxilios deba". 42 En el afán por dar información sobre cosas relacionadas con el certamen se anunciaban cosas baladíes para los habitantes filipinos, pero que seguramente les resultaban atractivas, como que se había dotado de un uniforme sencillo al personal subalterno de porteros y "faginantes" y que se comisiona al señor Nubla para dirigir la confección de distintivos para los vocales de la comisión directiva, 43 o la descripción de los distintivos destinados a los empleados de las diferentes secciones: "Sobre un lazo formado con una cinta de seda y colores nacionales, de dos centímetros de ancho, va colocada una pequeña medalla de plata sobredorada, en la que están grabados los cuarteles centrales de las armas reales. Por la parte opuesta, una pequeña rama de laurel cruza diagonalmente el escudo. Los extremos del lazo van rematados con un fleco de oro. La idea está tomada del distintivo que usan los generales y jefes del Cuarto Militar del rey". A la búsqueda de expositores No obstante el nuevo criterio, a estas alturas (diciembre de 1894-primera quincena de enero de 1895) sólo se tenía noticia de la instalación, como motor de la galería de máquinas de la exposición, de una locomóvil o máquina de vapor y otros aparatos de la extinguida colonia agrícola de Puerto Princesa, cuyo transporte y montaje costaría 800 pesos; 45 de la participación de la Subinspección de Sanidad Militar y de la Inspección de Comunicaciones, 46 de la Maestranza de Artillería; 47 algunos productos de la isla de Paragua, de la que ya se anuncia una participación modesta debido, por una parte, a las dificultades de comunicación entre la cabecera y el interior del territorio, lo que impedía que muchas de las colecciones celosamente preparadas por el gobernador y los misioneros llegasen a tiempo y, por la otra, a haber coincidido la convocatoria del certamen con el rele-42 El Comercio de 13 de diciembre de 1894. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS vo de la mayoría de los padres misioneros, precisamente en el momento que más necesaria era su influencia y sus conocimientos locales, "pues nadie ignora que en poblados de razas selváticas, sin el auxilio del misionero poco o nada se puede hacer". 48 Los productos, que pudiera enviar Iloilo despertaban gran expectación, aunque tal vez, recordando su participación en la exposición de Madrid de 1887, en algunos medios se dudaba de si allí se había entendido bien el objetivo de la misma. "Suponemos que habrán evitado el error de creer que los certámenes de esta naturaleza son una exhibición de cosas raras que se hacen como especial capricho, pero que si alguien quiere comprarlas a gran escala no hay forma de conseguirlas". Su industria más apreciada... "como es la del tejido de sinamay, piña, jusi y seda, necesita presentarse a la Exposición como a un mercado donde se va a ver, a comprar y a estimular el progreso industrial". 49 La provincia de Cebú estaría representada por unas muestras de carbón de piedra. Esta noticia se aprovecha para criticar la política de explotación minera, que si se hiciera con capital suficiente, liberaría a la industria y navegación insular de los impuestos que tenían que pagar a Australia, Inglaterra y Japón. 50 La participación de artistas estaba más clara; escultores como Tampico, Arévalo, Gaudinez Vicente Francisco y otros ya habían dado noticias de las obras que pensaban exponer, así como los pintores Luna, Bueso, Martínez, Cascarosa (hijo), Rivera y Mir. 51 En cuanto a instalaciones particulares, sólo se tenía seguridad de la participación del señor Coso, dueño de la fábrica de ladrillos La Castellana, de la Compañía General de Tabacos, de la destilería La Clementina y alguna más. 52 La fecha de inauguración se acercaba y todavía no se tenía claro qué se iba a exponer. A mediados de diciembre sólo se tenía seguridad de que concurrirían dos docenas de expositores. 53 Ante este contratiempo, la comisión se pone manos a la obra. La Dirección General de Administración Civil manda una circular a los jefes de provincias para que, por todos los medios a su alcance, contribuyan a que los diferentes pueblos bajo su mando envíen produc-48 Diario de Manila de 11 de diciembre de 1894 y 13 de enero de 1895. M.a DEL VALLE ÁLVAREZ MAESTRE tos a la exposición. Para facilitarles la labor, se les proporciona un catálogo de las personas que presentaron "objetos y frutos" en la exposición general de Filipinas (Madrid, 1887), para que pudieran dirigirse a todos aquellos que, habiendo figurado en aquel certamen, hasta ahora no habían hecho ninguna gestión para presentarse en la regional. 54 Don Benito Francia, presidente de la subcomisión de propaganda, invitó a concurrir a los centros más prestigiosos como la Universidad de Santo Tomás o el Colegio de Farmacéuticos, así como a algunas personalidades en las Islas como don Anacleto del Rosario, reputado químico y micrógrafo. En principio todos aceptaron llevar trabajos científicos que diesen una idea clara del nivel intelectual alcanzado por Filipinas, aunque pocos días después, el Colegio de Farmacéuticos, en vista del poco tiempo que les quedaba para ofrecer algo digno, declinó la invitación a nivel colegial, aunque participó que sus socios podrían presentar estudios a título personal. 55 La Academia Pedagógica también envió una circular a todos los maestros del archipiélago para que exhibieran objetos y trabajos propios del magisterio. Se pide auxilio a la prensa para que publique todos los avisos, ya que, dadas las deficiencias del correo, es posible que todos no hubiesen recibido la notificación; aún así, por los periódicos debían darse por enterados. 56 El director de la Escuela de Agricultura, don Manuel del Busto, comisiona a un empleado de la misma para ir a las provincias cercanas a la capital, para recoger y coleccionar útiles y aperos de labranza, desde los más primitivos a los más modernos, y máquinas y artefactos para la molienda de la caña, descascarillado del palay, desfloramiento del abacá y otros, con el fin de presentarlos debidamente catalogados y clasificados. La primera visita sería a la provincia de Bataan, en cuyo pueblo Samal se esperaba encontrar curiosos útiles de agricultura. 57 Por otra parte, la prensa publica que las empresas navieras y la del ferrocarril de Manila a Dagupan han determinado transportar gratis los objetos que se presenten a la exposición. Los obreros y la construcción Debido a la publicidad, parece que todo se iba animando. El 15 de octubre empezaron las construcciones y con gran pompa se informaba en el mes de noviembre que las obras de la exposición estaban muy avanzadas: "ya están colocados todos los pies derechos de las edificaciones que se preparan"; 59 sin embargo se cometen errores, quizá porque con las prisas no se piensa en las consecuencias, como el de tener que desmontar todas las cubiertas de hierro galvanizado de las cuadras y establos y reemplazarlas por unas de madera para evitar las repercusiones que las metálicas, "podrían causar en las observaciones magnéticas por la proximidad al Observatorio de los Jesuitas". 60 Se tiene que ampliar al 16 de enero el plazo para obtener las primas prometidas si las construcciones se terminaban el día 6. 61 Pero estos fallos no achicaban el ánimo de la prensa, que insistía en que los trabajos se estaban llevando a cabo "con una rapidez pasmosa y digna de los Estados Unidos". "Somos de la opinión, dice El Eco de Filipinas, que tan activos obreros figuren en la Exposición como ejemplares nunca vistos en el Archipiélago". 62 Además de trabajar bien, debían trabajar bien protegidos, porque en toda la obra, solo hubo un "lisiado", al que el señor Avilés dio 10 pesos como donativo. 63 Todas estas alabanzas a los obreros de la exposición podían hacernos pensar que los indígenas habían cambiado de actitud y se habían implicado definitivamente en el proyecto; sin embargo, la crítica que sobre ellos hace El Español nos indica que, como siempre, el trabajo cotidiano en Filipinas era casi exclusivamente de los chinos, "que sumisos a su cabecilla, sin escuchar más que su voz, trabajan horas y horas y por fin entregan las obras recibiendo por ellas el salario estipulado. Su único interés es la retribución y no el cariño a un trabajo noble y honrado". Un periodista llegó a escribir: "Sentimos pena e indignación ante la idea de que por su modo de ser especial, por su tibieza de carácter y por la ausencia de grandes necesidades, el indio nacido en este fértil suelo y al amparo de la noble España, se deje despojar impunemente por abandono e indiferencia de uno de los veneros de riqueza, el trabajo." 64 59 El Comercio de 20 de octubre y Diario de Manila de 15 de noviembre de 1894 y 18 de enero de 1895. A pesar del impulso, muchas instalaciones no estaban terminadas para la inauguración, entre otras las de La Insular, Compañía General de Tabacos, Ayuntamiento de Manila, varias casetas de materiales ligeros para restaurantes y refrescos y la del Arsenal Civil de Barcelona, por no haber llegado los materiales para su construcción. La afluencia de público a la exposición era un tema que tenía preocupada a la organización de la misma; por un lado, porque sería el termómetro que indicara su éxito y, por otro, porque ya que el certamen se entendía no sólo como un alarde de su industria, agricultura, comercio, etc., sino también como una manera de que todos aprendieran de lo expuesto. Para que esto sucediera había que despertar, con el reclamo de los festejos, el interés por acudir al recinto, porque -como indica El Comercio-"por desgracia, la sociedad actual es frívola, por lo que, junto a los alardes de la industria y los avances en el comercio y la agricultura, se debe poner lo sublime de la poesía; ante la máquina de vapor, la música; frente a un invento mecánico, una joya artística de mérito. Así, la multitud, en busca del pasatiempo, se pone sin apenas notarlo, frente a lo práctico y útil, y con ello, aprende". 65 La prensa empieza a dar ideas sobre los festejos que deberían prepararse y, a la vez, anunciaban los proyectos ya elaborados para animar al público. Ignoro si todos se llevarían a cabo; sin embargo, creo que las disposiciones en este tema nos pueden dar una idea de cómo se planteaba la sociedad filipina de la época un certamen de estas características. En lo primero que se piensa es en arreglar la ciudad, por lo que se encarga a los gobernadorcillos de los arrabales levantar arcos triunfales en las calles principales de sus jurisdicciones como en el de Tondo, desde la iglesia hasta el puente de Joló, plaza de Calderón de la Barca, Rosario, San Fernando, Escolta, plaza de Goiti, Carriedo, calzada de San Sebastián, Alix, hasta la rotonda de Sampaloc, la de Malacañang, General Solano, San Miguel, Echagüe; desde el puente de España hasta la puerta de Parián, calle Real de Manila, hasta la puerta de Santa Lucía, calzada de las Aguadas, calle Real de la Ermita y Malate, Paco, San Marcelino y toda la extensa cal-65 El Comercio de 11 de enero de 1895. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS zada de Iris, desde la orilla del mar hasta la plaza de Santa Ana. Los arcos debían distanciarse 100 metros y estar bien adornados, con faroles para su iluminación; también debían decorarse con gallardetes y abullonados los puentes de España, General Blanco, Ayala y Colgante. Como se esperaba a un gran número de forasteros, con lo que podría colapsarse el tráfico por el puente de España, se acordó subvencionar a los propietarios del puente colgante para que dejasen libre el paso por éste. 66 Para el día de la inauguración se proyectó una procesión cívica que, partiendo a las tres en punto de la tarde del palacio de Malacañang, recorrería las calzadas de San Rafael, San Sebastián, Carriedo, Escolta, puente de España, puerta de Parián, calle Real, puerta de Santa Lucía, paseo de María Cristina, calle Real de la Ermita y calle del Observatorio, hasta entrar en la exposición. La procesión se organizaría de la siguiente manera: 1.o Un escuadrón de lanceros compuesto por veinte jinetes vestidos a la federica, precedidos de timbales y cornetas, con caballos bien enjaezados. 2.o Carros alegóricos de cada una de las provincias del archipiélago presentando sus industrias, tirados o por dos parejas de caballos empenachados y ricamente vestidos o por animales propios del país, como toros, carabaos o aves grandes de papel, empujadas por hombres en el interior. El último carro debía ser el de la provincia de Manila, representando a España y Filipinas con un gran león sobre el mundo. Cada carro iría acompañado por una banda de música. 3.o Comisiones de las corporaciones eclesiásticas, civiles y militares, en coches descubiertos, tirados por una pareja de caballos empenachados. 4.o Coches descubiertos conduciendo a las autoridades, tirados por dos parejas de caballos empenachados. 5.o El Cuerpo de Estado Mayor a caballo. 6.o Un gran coche triunfal descubierto, tirado por cuatro parejas de caballos, conduciendo al gobernador general y sus ayudantes. 7.o Todos los generales francos de servicio a caballo. 8.o El escuadrón de caballería. 9.o Un piquete de artillería con banda de música y gastadores. M.a DEL VALLE ÁLVAREZ MAESTRE 10.o La procesión debía ir escoltada, a ambos lados, por dos filas de soldados del ejército, vestidos de gala, con el arma terciada, con el fin de abrir paso e impedir a la gente que se echase encima de la procesión. 11.o Llegada ésta al recinto de la exposición, se disolvería, procediéndose a su apertura e inauguración. Para el segundo día se proyectó una gran batalla naval en la bahía, con fuegos artificiales, frente al paseo de la Luneta. Esta batalla estaría protagonizada por 30 pagodas. El tercer día, a las cuatro de la tarde y por las calles señaladas con arcos, se daría un gran paseo de gigantes, enanos, mujeres y hombres representando las diferentes razas del mundo y del país, con sus trajes peculiares, acompañados de una orquesta de 50 individuos, compuesta solamente por guitarras y bandurrias con bajos de cuerda. El paseo partiría del Ayuntamiento y se disolvería en la exposición. 67 Otros festejos preparados eran un baile de gala en el palacio de Malacañang, otro baile de niños en el salón del Ayuntamiento, conciertos musicales, regatas en el Pasing, concursos de "belleza y virtud", batalla de flores en La Luneta, con premio al carruaje más elegante, funciones en el teatro Zorrilla, 68 fuegos artificiales especiales, contratados por el Ayuntamiento, para el domingo siguiente a la inauguración. El pirotécnico se comprometía a cumplir con un grandioso programa, que si gustaba al público sería recompensado con una gratificación de 50 pesos sobre el precio estipulado. En caso contrario, se rebajaría del precio convenido una cantidad alzada, que se destinaría a establecimientos benéficos. 69 La comisión directiva empieza a hacer gestiones para que las bandas militares toquen todas las tardes en el recinto de la exposición, en lugar de hacerlo en la Luneta. Al Diario de Manila le pareció muy acertada esta medida, pero para que la gente prefiriera ir al recinto, en lugar de a los paseos, propone arreglar el piso para poder andar sin molestias y colocar bancos o sillas. Si la comisión no pudiera permitirse este gasto, debía autorizar a 67 Ibídem. Los fuegos artificiales se harían en la bahía de Manila de acuerdo al siguiente programa: 2.000 cohetes de bomba de los llamados desaparecidos, 1.500 bombas pequeñas, 1.500 bombas reales, 50 morteros, 50 bombas con flores, 50 meteoros de Arstrom, 100 bombas meteoras de bomba, 100 de paracaídas y 100 de luces, 5 grandes piezas de 10 varas por 5 varas y 6 piezas de mosaicos de varios modelos. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS algún industrial para llevar sillas de alquiler por un precio módico, como en la Luneta. 70 El municipio, como parte de los festejos, se proponía contratar para varias funciones en el recinto de la exposición a la compañía de Carvajal. A la prensa en general le pareció bien la actuación de un circo, aunque veía mejor que se representasen piezas lírico-cómicas en español. 71 También La Voz Española propone al Manila Jockey Club celebrar carreras extraordinarias de caballos en enero y así aumentar con un número más el programa de festejos preparados. 72 Además, como no todas las instalaciones estaban terminadas el día de la inauguración, para animar a su visita cuando lo estuviesen, sus propietarios preparaban distracciones varias, entre ellas, "una fiesta andaluza que promete ser de mucho efecto". 73 La entrada al recinto sería gratis excepto los jueves por la tarde, que se pagará a razón de media peseta, una peseta, medio peso y un peso, según se tratara de peatones, jinetes y vehículos de dos o cuatro ruedas. El día de la inauguración Por fin llegó el 23 de enero. Al apuntar el sol, una salva de 21 cañonazos anunció a la ciudad la onomástica de Alfonso XII y pocas horas después se celebraba en la catedral un grandioso Te-Deum. Terminado éste, se dio una recepción en Malacañang. Pero la verdadera fiesta fue por la tarde, 75 cuando a las cinco y media la fila de carruajes llegaba hasta la antigua plaza de toros, ya que, a pesar de las medidas adoptadas, los coches tardaban cerca de una hora en llegar a la exposición, pues como se había corrido la voz de que no se pedían las invitaciones en la entrada para la ceremonia de inauguración, el gentío era inmenso. 76 En el patio formado por los cuatro edificios principales de la exposición, adosado al de la Escuela de Agricultura y dando frente al pabellón central, se dispuso una tribuna rodeada de gallardetes que ostentaban el 70 Diario de Manila de 26 de enero de 1895. 76 La crónica de la fiesta de inauguración la hacen desde distintos puntos de vista los periódicos: El Español, El Comercio, La Voz Española y el Diario de Manila. M.a DEL VALLE ÁLVAREZ MAESTRE escudo de España, bajo un artístico dosel, al lado del cual se veía el retrato al óleo de la reina regente y el rey, cedido para el acto por don Ildefonso Tambunting, y un busto del rey, obra del señor Arévalo. El gobernador general ocupó la presidencia en el estrado junto a otras personalidades, y desde un pequeño altar don Silvino P. Tuñón, gobernador eclesiástico de la archidiócesis, bendijo el certamen. Terminada la bendición, don Manuel del Busto, secretario general de la exposición, leyó la real orden de convocatoria y prórroga de apertura de 9 de marzo y 27 de julio de 1894, e inmediatamente después el director de Administración Civil, señor Avilés, pronunció el discurso inaugural, el cual concluyó con elogios patrióticos a don Antonio Maura, al rey, a don Ramón Blanco y al pueblo filipino. 77 Después, el gobernador general visitó, uno por uno, los pabellones y cuando se marchó, la concurrencia de público fue tan numerosa que por algunos sitios apenas se podía transitar. Se calculó que fueron "más de 20.000 las personas que visitaron el recinto, desde el anochecer a las 10 del la noche y no bajaron de 1.000 los vehículos de todas clases que llenaban las calles adyacentes al lugar del certamen". Este llamativo número de visitantes no se mantuvo durante muchos días, por lo que la organización, en vista de las pocas personas que visitaban la exposición por la mañana, decidió abrir sólo desde las 4 de la tarde a las 11 de la noche y cerrar los días siguientes a los festivos, para limpiar el local. Estas medidas suscitaron algunas críticas porque, aunque se habían publicado en los periódicos, "como por desgracia eran muchos los que no leían la prensa", por ignorancia acudieron al recinto, por lo que se recomienda poner carteles en las inmediaciones con gruesos caracteres y en varios idiomas, incluso en chino. Además, la restricción en el horario de visita perjudicaba a los que "iban a aprender" a la exposición, ya que a partir de las cinco oscurecía y casi ninguna sección estaba suficientemente alumbrada. Al margen de estas discrepancias, hay que destacar la afluencia de los indígenas de ambos sexos, que con avidez procuraban enterarse de todo y de personas venidas de provincias. Director General de Administración Civil, en el solemne acto de inauguración de la primera Exposición Regional de Filipinas. Esta edición fue costeada por el personal de la Dirección General de Administración Civil. En Biblioteca Municipal de Córdoba. Sobre la Exposición Regional en sí, la fiesta de inauguración con el discurso inaugural, la descripción del recinto y la relación de productos expuestos, véase mi trabajo "La primera exposición regional de Filipinas a través de la prensa local del momento", Revista Española de Estudios del Pacífico, en prensa. PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS Resultado de la Exposición Los objetivos principales de la exposición eran poner de manifiesto la riqueza potencial de Filipinas, hacer un alarde de los progresos técnicos y estrechar lazos con España y las otras naciones. Ya hemos visto cómo, por distintas circunstancias, no hubo una participación internacional y pienso que tampoco fueron a visitarla sus industriales, porque la prensa, que publica una y otra vez la cantidad de visitantes que llegan de provincias, no hace mención de la presencia de extranjeros o peninsulares en el certamen. Tampoco, a la vista de los objetos expuestos, se dieron a conocer demasiadas novedades técnicas. El único producto que se anunciaba como novedoso, la xilolita, 79 no se encuentra en ninguna de las relaciones de productos exhibidos que hacen los periódicos. Lo que sí sirvió fue para que los habitantes de Filipinas, a través de su prensa, se sintieran orgullosos de su tradición y de su cultura y tomara conciencia de su riqueza potencial. Además de criticar fallos de la propia exposición, como que no hubiese una sección exclusivamente marítima, siendo el mar su principal fuente de ingresos, o no saber si los edificios construidos se derribarían una vez terminada ésta, lo que se consideraba un despilfarro, 80 los medios aprovecharon sus crónicas para sacar a la palestra todas sus carencias. En efecto, con la excusa de hacer propaganda para que la exposición estuviese concurrida, El Porvenir de Bisayas publica, entre alabanzas al gobierno: "Quizás sean estas Exposiciones la muestra mejor del interés con que miran los gobernantes a los gobernados... El pueblo filipino está interesado en demostrar con esta ocasión que no es un pueblo inculto, atrasado, rudimentario, y todo su afán debe encaminarse a poner de manifiesto que tiene disposición ingénita para el progreso, el vehemente deseo de adquirirlo y la carencia de medios para lograrlo: su misión consiste en presentar cuanto es, significar cuanto desea y demandar lo que necesita". 81 79 El Español de 9 de enero de 1895 hace publicidad de un producto novedoso que pensaba presentarse en la Exposición. Se llamaba xilolita y la describe como semejante a la madera, es susceptible de labrarla, cepillarla y tallarla, puede aceptar el tornillo, clavo y cola para unir las diferentes piezas, acepta toda clase de pinturas y barniz y se puede utilizar en todos los trabajos que se necesite madera, desde la escultura a la construcción. Tiene las ventajas de ser más barata y más fácil de labrar y trasportar, pero sobre todo era incombustible y refractaria a la humedad. En el mismo contexto y refiriéndose a lo que se debe de exponer, el mismo periódico explica: "Lo que debe procurarse es retratar al país con fidelidad extrema y exactitud matemática, a ver si, ante los defectos de la copia, aprendemos a corregir los del original. Esta es la ventaja indiscutible de la Exposición... Como alarde de exhibición y muestra de perfecciones, sería ridículo: Como juiciosa revelación de lo que somos y podríamos ser, el concurso del 23 de enero resultará un acertado y oportuno procedimiento de gobierno". 82 De esta manera se expresa la prensa en general, aunque algunos medios aprovechan las descripciones de las diferentes secciones para ahondar en distintas reivindicaciones. Como muestra, destacaré algunas de las más exigidas. La minería: "al visitar la sala destinada a la misma... hemos comprendido que, si Dios no lo remedia, la minería y metalurgia son, por ahora, cosa perdida en Filipinas. En este año de 1895, no contamos con una sola mina de carbón en explotación formal. Si se obtuviera, Filipinas podría contar con una flota de cabotaje que cobrara los fletes baratos, con lo que se multiplicaría las explotaciones agrícolas y comenzaría a renacer la vida industrial". 83 Otra queja se refería a la política forestal, relacionándola con la copra o carne de coco seca, que a pesar de no haber estado representada en la exposición, es un nuevo y rico ramo de la exportación. "El día que el ministro de Ultramar, previamente asesorado de esta Inspección de Montes, se decida a dotarnos de un liberal Reglamento para explotaciones forestales en Filipinas, en que desaparezcan las enojosas trabas y se rebajen considerablemente las cuotas altísimas que se pagan al Estado por pie cúbico, se habrá iniciado para este país una nueva era de magníficos y florecientes negocios madereros y forestales, con mayores rendimientos para la real hacienda... en vez de los mezquinos y poco productivos por el efecto de las susodichas trabas". 84 La sección de industria demostró el estado primitivo en el que se hallaba. "¿Dónde están las fábricas de artículos de primera necesidad como papel, bujías, fosforo, hilado, etc.?, -se pregunta El Comercio-. Ojalá que esta desilusión sirva para implantar alguna de las más necesarias". PRENSA Y CRÍTICA ANTE LA PRIMERA EXPOSICIÓN REGIONAL DE FILIPINAS En definitiva, vemos cómo a pesar de todos los esfuerzos de la Administración por estrechar las relaciones con la metrópoli, la mayoría de la prensa, que insiste en la fortuna de pertenecer a España, que dio a las Islas cultura, paz y religión, utilizan la palabra país para referirse a Filipinas y demandan reformas socioeconómicas e inversiones fuertes de capital como única alternativa para que el progreso del archipiélago caminase unido al de la península.
En la serie de libros que se publican actualmente bajo el rubro de Fideicomiso Historia de las Américas con la coordinación de Alicia Hernández Chávez, la obra de Pedro Carrasco que comentamos con estas líneas es, sin lugar a dudas, una de las más importantes que han aparecido hasta el momento. Pese a que la bibliografía de Pedro Carrasco no sólo es muy extensa, sino que cuenta con libros y artículos de la mayor importancia para el esclarecimiento de la historia y cultura de los mexica y/o tenochca, este extenso volumen (670 págs.) es, posiblemente, el estudio de mayor envergadura documental y de más profundos análisis que tenemos hasta este momento y, a no dudarlo, una de las contribuciones más importantes del Profesor Carrasco sobre la materia. Se trata, en realidad, de un estudio de la Triple Alianza, utilizando de manera equilibrada y equitativa las fuentes de las tres ciudades, Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan, lo que hasta este libro había sido descuidado, concediendo una casi exclusiva predominancia a las fuentes relativas a Tenochtitlan y muy especialmente al Códice Mendocino, lo que proporcionaba una visión excesivamente sesgada a la estructura político-territorial del Imperio azteca. A lo largo del extenso volumen, no sólo se explicitan los diferentes reinos dependientes de las tres ciudades de la Alianza, sino que se hace relación y se localizan los centenares de asentamientos rurales, con su específico carácter agrícola, militar o comercial de cada uno. De acuerdo con ese análisis minucioso se puede apreciar la extensa y densa malla de relaciones que se establecen entre esa serie de poblaciones, al tiempo que se esboza la historia de la formación y expansión del Imperio a través de los diferentes soberanos, lo que condujo al establecimiento de una estructura de dominación sumamente fuerte y estable, a pesar del desigual control imperial de las regiones sometidas a la Triple Alianza. Los 30 mapas y 31 cuadros que se publican junto al texto representan un esfuerzo de análisis sumamente importante, lo que nos lleva a concluir que la obra que comentamos es, sin lugar a dudas, no sólo una de las contribuciones más destacadas de Pedro Carrasco, sino uno de los libros fundamentales para la comprensión de la cultura mexica que conocemos hasta el presente.-JOSÉ ALCINA. Cervantes, Fernando: El diablo en el Nuevo Mundo. El impacto del diabolismo a través de la colonización de Hispanoamérica. Traducción de Nicole D'Amonville. El autor escribe al final de la Introducción que se daría por satisfecho si, después de leer el libro, sus lectores entendieran que "la creencia en el demonio pudo haber sido tan racional y razonable para la mentalidad pre-industrial, como lo es, por ejemplo, la creencia actual en la existencia de los virus". Es un objetivo demasiado modesto y, a medida que uno avanza en la lectura de la obra, bastante desconcertante. Es difícil imaginar que entre los posibles lectores -que deben estar algo familiarizados con la historia del cristianismo, aparte de estarlo con la de la América española-, haya alguien que piense que la creencia en el demonio no fue racional y razonable. Además, el libro contiene tesis de alto calado, y esa declaración de modestia hace pensar que el autor, extrañamente, no está muy seguro de ellas. El título del libro es asimismo engañoso, ya que no trata del diabolismo en el Nuevo Mundo, así en general, sino en el virreinato de Nueva España hasta la expulsión de los jesuitas en 1767; aunque cabe pensar que el autor sugiere con él -y con poco más-que sus argumentos son de aplicación para toda la América española en el periodo colonial. Sus tesis fundamentales aparecen con claridad sólo en el último tercio de la obra, y con la mayor claridad sólo en las últimas cinco páginas. La primera es que el ascenso y declive del demonismo en el Virreinato estuvo determinado por el ascenso y declive de cierta posición teológica cristiana: la de los franciscanos nominalistas Guillermo de Occam y Duns Escoto. Contrariamente al naturalismo de Santo Tomás, que debía mucho al pensamiento de Aristóteles, Occam y Escoto separaban lo natural de lo sobrenatural y concebían el mundo sensible como una realidad totalmente subordinada a la voluntad omnipotente de Dios. La negación o resistencia a este orden divino proveniente de tradiciones religiosas no cristianas, o de descontentos sociales, implicaba necesariamente la existencia de un orden cosmológico alternativo, a imagen y semejanza del primero, regido por un ser que se situaba en el mismo plano ontológico que Dios y que por tanto amenazaba el ejercicio de su voluntad. Este enemigo de Dios era el demonio, y la lucha contra él no admitía cuartel: lo que estaba en juego era todo el edificio de la Creación. Se explicaría así la obsesión de la Iglesia contra cualquier asomo o sospecha de heterodoxia en la Edad de Oro de esta corriente de pensamiento cristiano. Fue el arzobispo Juan de Zumárraga en la década de 1530, y después el jesuita José de Acosta en la de 1580, quienes la introdujeron en América, pasando entonces a dominar el discurso eclesiástico en el Virreinato -y determinar la práctica inquisitorial en el mismo-por espacio de más de un siglo. Hasta mediados del siglo XVI ese discurso había estado dominado por la teología tomista, que entendía lo sobrenatural como acorde con lo natural, y para la RESEÑAS CRÍTICAS que el demonio no era más que un ser maléfico para el hombre. No estaba en el mismo plano ontológico que Dios y, por consiguiente, no podía ser una amenaza para el orden cosmológico presidido por Él. El pensamiento teológico de Bartolomé de Las Casas era un exponente de esta posición naturalista. A finales del siglo XVII y durante la primera mitad del siglo XVIII, la obsesión nominalista por el demonio perdió mucha de su fuerza; la Inquisición se tomaba cada vez menos en serio las acusaciones de posesión o pacto con Satanás. Un caso especialmente ilustrativo, y al que el autor dedica varias páginas, es el de las endemoniadas de Querétaro entre 1691 y 1692, que tras múltiples denuncias, y no menos exorcismos por los frailes de la localidad, fue archivado por la Inquisición con el argumento de que no había encontrado otra cosa en él que declaraciones interesadas de las mujeres y algunos de los frailes. Resoluciones inhibitorias así se harían cada vez más frecuentes a lo largo de las décadas siguientes. Ante la pregunta de qué fue lo que motivó el cambio de actitud, Fernando Cervantes propone su segunda tesis fundamental: que dicho cambio no fue por la influencia de las nuevas ideas filosóficas, procedentes de Europa (las de Descartes, Hobbes, Locke y después los enciclopedistas), sino por la crisis de la teología nominalista; una crisis derivada, paradójicamente, de la proliferación de las acusaciones de demonización en la segunda mitad del siglo XVII, que o bien ponían en entredicho la bondad absoluta de Dios o bien sugerían un concepto de Dios omnipotente pero arbitrario cuando permitía la demonización como medio de probar a los fieles. La crisis no significó que las autoridades eclesiásticas ni los inquisidores dejaran de creer en el demonio; antes al contrario: significó que empezaron a pensar que, si se tomaban en serio las acusaciones, la gente acabaría no creyendo en su concepto de Satanás, y después tampoco en el sistema nominalista. El ascenso y declive de este sistema no tuvo un claro reflejo en la religiosidad popular, advierte asimismo Cervantes, que no quería desaprovechar la ocasión de estudiar también el demonismo desde la perspectiva del sentido común y contribuir así a rellenar una laguna en la bibliografía. Según él, el demonio tomista nunca abandonó la mentalidad de la población aborigen y de las clases populares de las ciudades. La principal razón de ello fue la actividad del clero regular, que mantuvo ese concepto naturalista del demonio y estaba más próximo que la jerarquía eclesiástica a los sectores más desfavorecidos de la población. En el caso de los indígenas, la contradicción doctrinal les afectó profundamente; por un lado, el clero regular predicaba entre ellos la idea de un Satanás enemigo del hombre, con el fin de facilitar la conversión; por otro lado, la dualidad moral de sus antiguos dioses hacía que los nominalistas vieran en sus prácticas religiosas la acción del enemigo de Dios. Para su análisis de la religiosidad popular, mucho más que para el debate teológico, Cervantes recurre a los documentos de la Inquisición que se guardan en el Archivo General de la Nación de México, aunque sin entrar mucho en conside-raciones sobre los condicionantes sociales, políticos y económicos de los casos descritos, elegidos además de entre épocas diferentes a lo largo de doscientos años de régimen virreinal. No está tampoco clara la representatividad de tales casos, ni el sentido de muchos de ellos. El autor se dedica en ocasiones a detallar la multitud de situaciones personales reflejadas en los expedientes; mientras que, en otras, procede a sacar conclusiones generales que parecen aventuradas, como aquella (en la pág. 133) de que los casos de autodenuncia de invocación a Satanás revelan un sentimiento generalizado de culpa en la mayoría de los afectados. No he podido evitar la sensación de que se trata en buena parte de un anecdotario anexo al argumento principal, un vicio en el que él dice (en la pág. 13) que no quería caer, y que ha notado en otros historiadores intelectuales del demonismo. Contrariamente a estos autores -declara-, él es consciente de los dos niveles, el intelectual y el popular, que son autónomos entre sí y sin embargo se condicionan. Pero tener buenos propósitos no es suficiente; el libro me ha parecido menos sólido y sugerente en este terreno. Su verdadero valor está en el otro frente, el del conflicto teológico y sus efectos materiales sobre vidas y haciendas: en el nivel de las "opiniones cultas", como él dice. Por eso, El diablo en el Nuevo Mundo debería verse, ante todo, como un brillante ejercicio de historiografía intelectual, aunque a su autor le gustaría que también se viera como un estudio del demonio desde la perspectiva "de la historia local, cultural y social".-JUAN J. R. VILLARÍAS ROBLES. Estudio y paleografía de Ana Rita Valero de García Lascuráin. Paleografía y traducción de los textos nahuas por Rafael Tena. Instituto Nacional de Antropología e Historia y Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 1994. Hace unos años, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México consideró poner en marcha un valioso proyecto de edición de códices bajo la dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia, con los objetivos de conservación, estudio y difusión del patrimonio de México. Esto ha hecho posible la edición facsimilar de otro importante manuscrito, junto a su correspondiente texto explicativo, a cargo de la maestra Ana Rita Valero de García Lascuráin, en colaboración con el Instituto anteriormente mencionado y la Universidad Autónoma de Puebla. Se trata del Códice Cozcatzin, nombre que proviene de su antiguo propietario don Juan Luis Cozcatzin -mencionado en la hoja 10r del manuscrito-, quien en 1572 fue alcalde ordinario e indio principal del barrio de Coyutla en la ciudad de México. El documento, que consta de diecisiete hojas de papel europeo de 20 x 22 cms., es de contenido histórico, genealógico, económico y astronómico-astrológico. Fue llevado a Francia en 1840 por Joseph M. Alexis Aubin junto a otros RESEÑAS CRÍTICAS muchos manuscritos, los cuales desencuadernó y desordenó deliberadamente para pasarlos por la aduana. En 1889, su colección se vendió al anticuario Eugène Goupil quien, finalmente, la donó a la Biblioteca Nacional de París donde hoy se conserva bajo el registro de Manuscrits Mexicans 41-45. Para investigadores como Rafael Tena o Donald Robertson persiste la duda de que se trate del original, hecho que en 1891 ya planteaba Eugéne Boban al indicarnos que por entonces éste se encontraba en manos de los indígenas de Ixhuatepec. Sea la copia o el original, gracias a los esfuerzos de numerosas instituciones y al estudio de la maestra Valero, hoy contamos con una nueva y completa publicación facsimilar a través de la cual podemos estudiar varios aspectos del mundo prehispánico y colonial, donde el tema de la tenencia de la tierra y los litigios por ella es el más sobresaliente. Una cuestión en la que la autora del texto explicativo, profesora titular de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, ha ahondado anteriormente y cuyo fruto son sus libros sobre los orígenes de la propiedad en la ciudad de México. Actualmente sigue realizando trabajos sobre el período colonial mexicano. Tras una presentación con los correspondientes agradecimientos, la maestra Ana Rita Valero inicia su estudio del Cozcatzin con una breve historia del documento así como el motivo de su elaboración: un asunto de materia judicial suscitado por la crisis de la propiedad que se vivió en la cuenca de México, y más concretamente en las localidades de Ixhuatepec-Santa Isabel Tola, Tenochtitlan y Tlatelolco, Iztapalapa e Iztacalco y, por último, el señorío de Xochimilco. Una sección a la que se adjuntan cinco planos donde se aprecian las zonas referidas. El grueso del estudio del Cozcatzin está estructurado en dos bloques independientes. El primero, es decir el estudio preliminar, ha sido dividido en seis apartados de acuerdo con su diverso contenido: asuntos económicos e históricos, principalmente, a veces desordenados debido a la acción de desencuadernación del señor Aubin anteriormente comentada. Un último apartado es el de contenido astronómico-astrológico. El segundo es un gran bloque homogéneo, que contiene toda la transcripción paleográfica y de traducción de los numerosos textos en náhuatl del Códice. Esta sección corre a cargo del maestro Rafael Tena, de quien debemos destacar su exhaustiva labor de transcripción y traducción por la dificultad que estos textos suelen encerrar. En lo que se refiere a los apartados del estudio preliminar, el primero comprende el alegato indígena contra don Diego de Mendoza. La razón del pleito es la actuación de don Diego al desposeer a estos indígenas de unas tierras que Itzcoatl les otorgó en 1439. Para demostrar su derecho a ellas, los demandantes reprodujeron, por una parte, las cincuenta y cinco parcelas motivo de litigio, representadas por su correspondiente glifo y una glosa con la transcripción de los mismos; a continuación, a cada uno de los dueños de la propiedad a quien Itzcoatl hizo la entrega de la tierra y a quienes podemos identificar por su respectivo antropónimo; finalmente, un texto en castellano cita a las antiguas generaciones de los recla-mantes con el objeto de justificar y demostrar que su derecho a la tierra era totalmente legítimo. Este incluye las medidas de la parcela expropiada. La maestra Valero, además de hacer una breve descripción de estas láminas e incluir una lista con todos los glifos y su correspondiente traducción al castellano, indaga sobre la figura principal del Códice, don Diego de Mendoza, y realiza un interesante estudio del tema del litigio, situándonos en el contexto histórico del momento. Sin duda, unas láminas de sumo interés por su información acerca del estado en el que se encontraba la propiedad indígena al comienzo de la colonia y por su rico contenido en glifos, los cuales contribuyen a un mejor desciframiento del sistema escriturario náhuatl. El segundo apartado está compuesto de una serie de láminas que siguen la misma tónica: representan a los señores de Tenochtitlan -desde tiempos prehispánicos-y, frente a ellos, a los de Tlatelolco; estos últimos intercalados con algunos señores de la nobleza tlatelolca. Cada uno va acompañado de su glifo nominal y, a veces, de la glosa con su nombre u otras breves anotaciones. A partir de la lámina 13r, junto a cada señor aparecen unos textos en náhuatl -traducidos hoy por primera vez-que relatan los sucesos más importantes de cada gobierno. Como apunta la autora de este trabajo, Barlow dijo haberlos estudiado en su día, sin embargo, hasta la fecha no se han tenido noticias de ellos. En esta sección, que finaliza con el gobierno tenochca de Cristóbal Guzmán Cecetzin en 1557, únicamente se han realizado breves comentarios sobre el contexto histórico de cada reinado y la traducción de algunos de los antropónimos según el trabajo de otros investigadores, a los que se cita. El tercer apartado lo constituyen las hojas 14v y 15r donde una gran pictografía y un extenso texto náhuatl las ocupan completamente. Se trata de la conocida batalla en la que Axayacatl de Tenochtitlan vence a Moquihuix de Tlatelolco y somete a esta parcialidad de la ciudad. La maestra Valero se limita a una sucinta descripción de la escena que, sin embargo, tiene paralelos con otras fuentes pictográficas que aluden a los mismos acontecimientos. En el cuarto apartado también se ciñe a una concisa descripción de las dos pictografías que lo constituyen. Se trata de unas láminas de gran importancia para el investigador ya que de ellas se puede extraer abundante información sobre la organización territorial. Pictográficamente describen las tres jurisdicciones de Xochimilco con sus respectivos tlatoanis y, junto a ellos, su descendencia genealógica. Un interesante sistema tripartito que, como señala la profesora Valero, continuó a lo largo del siglo XVI, fecha en la que los tlatoanis pasaron a ocupar el cargo de gobernadores. La quinta parte del primer bloque son tres páginas divididas en varios renglones que contienen los tributos de ciertos pueblos del sureste de Tenochtitlan. Ana Rita Valero realiza un breve estudio del tributo y analiza los elementos que aparecen dispuestos junto a cada una de las jurisdicciones aludidas: forma de numerales, iglesias, personajes y magueyes, entre otros. El sexto y último apartado del Cozcatzin lo constituye un texto de astrología donde se describen siete estrellas y su influencia sobre la tierra y el destino de los hombres. Este aspecto estuvo siempre presente en la vida del pueblo ya que a través de los fenómenos celestes se auguraban numerosos aconteceres de la vida diaria. Para esta interesante sección se ha contado con los conocimientos del astrónomo Daniel Flores Gutiérrez, cuya labor ha sido la identificación de las estrellas, intercalando en el texto ilustraciones y fotografías de las mismas. Tras este último apartado, el Códice Cozcatzin se ha visto enriquecido por una sección donde, mediante una selección pictográfica de algunos edificios, representación de mujeres y hombres y ejemplos de la fauna y flora, la maestra Valero lleva a cabo un acercamiento a la estética del documento. Por último, se incluye una bibliografía con las obras consultadas entre las que destaca algunas fuentes primarias del Archivo General de la Nación, que son de gran interés. Además, junto a la obra de importantes cronistas, también se incluyen las investigaciones de autores modernos que han tratado algunos de los asuntos relacionados que observa el manuscrito. Ahondar en el tema de la tenencia de la propiedad indígena en tiempos prehispánicos, conocer el lugar de los demandantes de ésta dentro de la estructura social indígena o si don Diego actuó dentro de la legalidad son muchos de los aspectos que, como la misma Ana Rita Valero comenta, aún continúan con interrogantes. Su deseo es que, mediante el presente estudio preliminar, el Cozcatzin se convierta en una obra de gran utilidad con la cual se lleven a cabo futuras investigaciones que contribuyan a esclarecer asuntos que todavía requieren importantes análisis.-MARÍA CASTAÑEDA DE LA PAZ. Escobedo Mansilla, Ronald: Las comunidades indígenas y la economía colonial peruana. Entre los numerosos temas que la historiografía americanista tiene aún pendientes se encuentran la mayoría de los rasgos de la vida en las comunidades indígenas, que con tanta frecuencia se escapan al análisis del investigador precisamente por tratarse de grupos sin protagonismo individual. Salvo contadísimas excepciones, los indios formaron una masa anónima que trabajó, pagó tributo y vivió en comunidades. La presente obra del profesor Ronald Escobedo Mansilla tiene la virtud de llamar la atención acerca de las comunidades indígenas del Perú en el aspecto de su contribución a la economía colonial, sobre todo por medio de las rentas de comunidad, que eran apetecidas no sólo por quienes directamente las administraban -con frecuencia sucumbían caciques y corregidores a la tentación de apropiarse indebidamente de sus fondos-sino también por las autoridades virreinales, que encontraron en ellas un alivio en momentos de agobio financiero, además de un medio de enriquecimiento personal, si carecían de escrúpulos. Este objetivo lo ha conseguido el autor sobradamente en una visión detallada y amplia mediante el análisis de los bienes de las comunidades indígenas, a partir del esfuerzo investigador en fuentes documentales y, sobre todo, bibliográficas. Otro de los grandes méritos del autor es, sin duda, abrir caminos a la investigación, porque como no se le oculta y él mismo señala, "se necesitaría una mayor profundización con base en la documentación local" (pág. 67), de forma que se conocieran más casos de comunidades específicas que esclarecieran las actuaciones de las propias comunidades y de las autoridades de fuera de las mismas. Esta es tarea a realizar en archivos regionales y locales por quienes se hallan permanentemente cerca de esos archivos, superando los obstáculos de la capacitación, de los medios económicos y del tiempo. Pero, llamar la atención sobre el tema y apuntar el derrotero a seguir es tarea del investigador, como es el caso de la presente obra. El profesor Escobedo sigue en una de las líneas que más ha cultivado, cual es el estudio de la real hacienda no por el gusto de los números, sino en función de los contribuyentes, fueran indios de tributo u otros pagadores de impuestos. En este caso aborda no ya las contribuciones de la comunidad hacia fuera, sino los recursos mismos de las comunidades de cuya inversión se servían muchos otros grupos. En tercer lugar, llama la atención la abundantísima recopilación de fuentes y de testimonios de autores que escriben sobre las comunidades indígenas, que en sí misma constituye un repertorio excelente de consulta. No obstante, la aportación específica del autor en este libro se centra en el estudio de las cajas de comunidad y de las cajas de censos, que forman los capítulos III y IV, obviando aquellos otros aspectos más conocidos de las contribuciones indígenas a la economía colonial, como el tributo o la mita, el primero generalmente en especie y la segunda en trabajo. En cuarto lugar, el autor ha fundamentado su análisis en la legislación y en estudios jurídicos para construir sobre bases sólidas, dado que tampoco existen por el momento análisis cuantitativos ni seriados, que de haberlos constituirían una novedad de valor incalculable. Si su propósito de estudio se centra en el análisis de las cajas de comunidad y de censos, antes considera con buen criterio que debe dar unos antecedentes acerca de la economía indígena en lo tocante a la organización social y al sistema económico de la propiedad comunal. En el primer capítulo dibuja con brevedad las líneas básicas de la sociedad incaica dentro del seno del ayllu, junto a los imprescindibles complementos de la distribución de la tierra y la regulación de las cargas laborales, que tenían por finalidad el sostenimiento del Inca, del estamento religioso y de la comunidad. Toda la tradición comunitaria indígena se compaginó en cierta manera con la comunal castellana por la corriente de organización municipal, que recoge la obra de Joaquín Costa con alto grado de admiración por el caso peruano. El capítulo segundo reviste una importancia capital para entender el sistema económico indígena. En él se trata el tema de la propiedad de la tierra entre los dos competidores a la misma, indios y españoles, que nunca puede considerarse de una manera estática ya que sufrió transformaciones muy importantes solo como consecuencia de la contrapuesta evolución de los integrantes de cada una de las dos repúblicas, pues mientras los blancos aumentaron, los indios experimentaron unas mermas considerables. La tierra, consiguientemente, quedó en parte desocupada o sobrante para la cantidad de habitantes supervivientes. Por otro lado, los reajustes en cuanto a las tierras tuvieron que ver con lo que el autor denomina reducciones de pueblos de indios, que en otras partes de las Indias llamaron agregaciones, porque efectivamente consistían en agregar o reducir varios pueblos pequeños o caseríos dispersos en un núcleo mayor. En el Perú fueron muy importantes los diseños elaborados por el virrey Toledo, en los que se detiene especialmente. El tipo de análisis basado fundamentalmente en la legislación tiene una carencia: desconocer el resultado de la política de reducciones. Como es sabido, las disposiciones gubernativas no se obedecían automáticamente y las de concentrar los pueblos no fueron la excepción, tanto por causa de las complicaciones surgidas a la hora de trasladar a los indios, asignarles tierras en los nuevos lugares, como al aclimatarlos a los nuevos lugares o hacerles convivir con los lugareños. Los reajustes y reducciones vinieron con mayor frecuencia por efecto de la desaparición de pobladores y de pueblos de forma no buscada. La propiedad de la tierra, en la que consistía la principal riqueza de las comunidades, está tratada en la obra a partir de las conocidas visitas de Huánuco y Chucuito. Al igual que en esos dos casos la tierra fue objeto de la inspección de los visitadores. No se menciona el procedimiento de la composición de tierras para la legalización de adquisiciones ilegítimas, que deja la duda sobre si allí no se aplicó lo que en la práctica fue un impuesto a la asignación de tierras mal adquiridas. Sí fue peculiar del Perú lo relativo a las tierras de curacas, tanto por la tradición incaica de tenerlas en lugares distantes y a distintos niveles ecológicos, como por ser acreedores a servicios laborales de los miembros de su comunidad. Los bienes de comunidad, por tanto, los constituían las tierras comunales de que se ha hablado, los rebaños de ganado y las restituciones de conquistadores y encomenderos, que en más de una ocasión se daban en forma de dotaciones para hospitales de indios. Este último aspecto tan original excita la curiosidad del lector que desearía conocer algún caso específico. Varios son los casos de restituciones que se describen desde el de Pedro Cieza de León hasta los de Lorenzo de Aldana y Lucas Martínez Vegazo. El tiempo y el esfuerzo de los estudiosos dará a conocer sin duda muchos otros. Por el momento sólo cabe esperar que con estudios locales se vayan conociendo casos con los que poder extrapolar. Como no podía ser menos, la existencia de estos bienes comunales planteó dificultades de administración porque tanto los caciques como administradores de fuera de la comunidad sucumbían a la tentación de apropiarse de los mismos. Con todo esto ya se está en condiciones de abordar los bienes de comunidad, para cuya custodia existían las cajas de comunidad. Los bienes de la comunidad puestos a censo se gestionaban en cajas separadas, las cajas de censos. Ambos capítulos resultan de gran valor por el análisis pormenorizado de la regulación de las cajas y del acceso a esos bienes por parte de autoridades externas. Al menos desde el punto de vista normativo, según el análisis detallado del autor, el control era riguroso, ya que se trataba de arcas de tres llaves, que tenían por finalidad la asistencia a los miembros de las comunidades indígenas y que, consiguientemente, los intereses que devengaran esos capitales debían ser los más altos, como lo admitió el propio rey contra el criterio de los consejeros. Las cajas llegaron hasta los intendentes, cuando ya los pueblos habían experimentado una mezcla, un mestizaje y, por tanto, también la administración de esos bienes dejó de ser asunto exclusivo de las comunidades para pasar a manos de los subdelegados, como antes lo había sido de los corregidores. Sumamente interesante e importante es el tratamiento de las cajas de censos, es decir, de la economía rural indígena puesta al servicio del conjunto de toda la sociedad. Es sintomático y paradójico que fueran las comunidades indígenas quienes tuvieran que socorrer a la contaduría virreinal, o la economía de los pobres a la de los más ricos. Queda la duda, no pequeña, de cuánto ingresaban las cajas comunitarias y de dónde. Además de los logros, el trabajo deja con las ganas de conocer más, por lo que ojalá en breve tiempo se completen estudios para penetrar en la economía rural indígena tan necesitada de análisis. A lo largo del trabajo desfilan los principales virreyes del Perú con sus intervenciones en esta materia, así como aquellos autores que han tratado estos temas con más profundidad, Guillermo Lohman y Carlos Díaz Rementería, desgraciadamente desaparecido. Para quienes se interesan por la historia colonial en el campo o por la historia de las comunidades indígenas he aquí una obra de consulta, muy provechosa para comprender la estructura de la propiedad y del manejo de los bienes comunitarios.-JULIÁN B. RUIZ RIVERA. Edición en inglés del Segundo Diario de una mujer brasileña de raza negra, nieta de esclavos y nacida en 1914 en el interior de Brasil, que luego emigró a São Paulo buscando una vida mejor. Pudo ir a la escuela dos años y llegó a tener verdadera pasión por la lectura, pasando a convertirse después en escritora, para describir su vida y sus sentimientos. En 1958 el periodista A. Dantas descubrió su Primer Diario y dio a conocer a la autora. Poco después, en el año 1960, se editó Quarto de Despejo (traducido al inglés como Child of the Dark, New York, E.P. Dutton, 1962), que se convertiría en uno de los libros más vendidos en la historia de Brasil, haciéndola famosa y dándole un mejor nivel de vida. Luego escribiría varios libros más, poemas, historias cortas y otros de menor importancia, volviendo a vivir pobremente hasta su muerte en 1977. El Segundo Diario, que aquí se reseña -publicado por primera vez en portugués en Río de Janeiro, Paulo de Azevedo Ltda., 1961 y con otra edición temprana en español, aparecida en Argentina-interesó mucho al proyecto de Historia Oral encabezado desde 1990 por R. M. Levine y J. C. Sebe Bom Meiby. Se centraba éste en la actividad de Carolina y sus hijos desde el 5 de Mayo de 1960 hasta el 21 de Mayo de 1961, incluyendo el paso de abandonar la favela para residir en un barrio mejor, y hasta llegar a tener "casita propia", como indica el título. Abre el libro un prefacio, incluyendo todos esos datos biográficos y editoriales, así como una serie de aclaraciones sobre el estilo coloquial y las licencias gramaticales empleadas por la autora en este Segundo Diario. El relato de I'm going... es sencillo y lleno de detalles cotidianos como las idas y venidas, los problemas de todo tipo, encabezados por los económicos, de una mujer negra con dos hijos y sin marido, y la actividad en sí de la favela paulista de Canindé, con datos más cultos debido a la actividad y cierta fama de la autora. Pero no faltan opiniones sobre la dureza de la vida, como cuando Carolina afirma que la esclavitud (abolida oficialmente en 1888) aún continúa para ella por ser negra y pobre, el momento en que, al abandonar la favela, sintió la envidia en forma de enemistad de algunos de los que se quedaban allí, o cuando ya siendo popular, no se siente feliz. La coincidencia temporal entre la publicación del Primer Diario y la redacción de este Segundo muestra el cambio vital experimentado por Carolina y sus hijos, llegando a cortarse el relato durante un mes. En ese tiempo, su mayor ilusión era comprar una casa, lo cual conseguiría en la Nochebuena de 1960, pero no podía evitar dar a sus hijos lujos pequeños, hasta entonces imposibles, como subir a un aeroplano o comprar fruta y leche diariamente. También aparecen pretendientes y personas diversas en solicitud de dinero para distintos fines, pensando en su mejora económica. Impresionan a la autora un recorrido en avión por varias ciudades o cuando por primera vez la llaman Doña. Pero, incluso en ese tiempo de riqueza, tiene problemas que la hacen infeliz. Como epílogo, y con el título "Un pez fuera del agua", R. M. Levine recoge diversa información acerca de la "historia" de Carolina Maria de Jesus desde que empezó a ser conocida. Por tanto, una publicación interesante, que saca a la luz unas vidas sencillas, y a la vez excepcionales, por la posibilidad que Carolina tuvo de abandonar la favela gracias a sus escritos. Hay que seguir publicando estos textos que dan a conocer historias de vidas femeninas desde su propia visión.-M.a JUSTINA SARABIA VIEJO. Latasa Vassallo, Pilar: Administración virreinal en el Perú: gobierno del marqués de Montesclaros (1607Montesclaros ( -1615)). El estudio de la historia de la administración es, indudablemente, importante para obtener una visión integral de las características de una determinada época histórica. En efecto, el análisis de las instituciones de gobierno, y de los fenómenos políticos en general, es muy útil para la mejor comprensión de cuestiones tales como las económicas o sociales. En esa línea se inscribe el libro de Pilar Latasa, consistente en un amplio análisis del gobierno en la época del marqués de Montesclaros. Es una sólida contribución para profundizar en el conocimiento del Perú en el siglo XVII. Si bien la obra está específicamente referida al gobierno de Montesclaros -el primer virrey-poeta de América", al decir de Aurelio Miró Quesada, en alusión a sus aficiones literarias-, nos brinda, en realidad, una visión bastante amplia de la administración virreinal en su conjunto. A partir de la consulta de gran cantidad de fuentes -en cuanto a ello cabe hacer especial mención del rico material revisado por la autora en el archivo madrileño del duque del lnfantado-Pilar Latasa nos ofrece, en los ocho capítulos del libro -caracterizado, además, por la pulcritud de su edición-un claro panorama del gobierno del Perú y de sus complejidades. En primer lugar, se nos explica la trayectoria política del personaje hasta su nombramiento como virrey del Perú, se analizan los poderes que la legislación le reconocía como vicesoberano, y se hace referencia a los principales colaboradores con los que contó para su gestión gubernativa. El segundo capítulo está dedicado a las atribuciones del virrey con respecto a los diversos órganos de gobierno y de justicia: así, por ejemplo, estudia sus relaciones con los ministros de la Audiencia limeña, con los corregidores y con los cabildos, e igualmente se refiere a la delicada cuestión de las provisiones de oficios. El gobierno eclesiástico, en el marco de la vigencia del derecho de patronato, es asunto que trata la parte tercera de la obra que comentamos. En efecto, se analiza con detalle cuestiones tales como las relaciones del marqués con la jerarquía eclesiástica y con las órdenes religiosas; las diversas situaciones suscitadas en torno a la administración de los diezmos, o las actividades del Tribunal del Santo Oficio. Igualmente, se destaca la iniciativa que mostró Montesclaros en cuanto a la reorganización eclesiástica del territorio, lo cual se plasmó en la efectiva creación de las nuevas diócesis de Arequipa, Trujillo y Huamanga. Prestó especial atención a los problemas relacionados con la evangelización de la población indígena, en el contexto de la "extirpación de la idolatría"; así, apoyó decididamente la celebración del Sínodo de Lima de 1613, el cual tuvo como una de sus finalidades fundamentales la de mejorar los modos de evangelización. Por otro lado, tres son los capítulos dedicados a analizar la política social y económico-financiera del virrey. En cuanto a lo primero, se traza un amplio panorama con respecto a la situación de los diversos grupos sociales, prestándose especial atención al asunto del trabajo indígena, a propósito de la real cédula de 1609 sobre servicios personales. En el conjunto de la política económica impulsada por el marqués, destaca su interés por la minería, y en particular por el "relanzamiento'' de los yacimientos de azogue de Huancavelica. Queda también patente su interés por el fomento de las actividades comerciales, en el contexto del nacimiento del Consulado de mercaderes de Lima. Junto con ello, se hace una amplia explicación de la política fiscal, en un tiempo en el que era creciente el interés de las autoridades por aumentar la recaudación, teniendo en cuenta la crisis financiera imperial. La autora llega a afirmar que el "objetivo fundamental" del gobierno de Montesclaros fue el de "incrementar las remesas de plata enviadas a España, siguiendo las pautas marcadas por el mercantilismo metropolitano", para lo cual buscó mejorar los sistemas de recaudación de los ingresos fiscales. A juicio del propio virrey, dicho objetivo fue alcanzado, e incluso ello le mereció un reconocimiento expreso de parte del rey Felipe III. Así, Montesclaros manifestó, al final de su gobierno, su satisfacción por haber logrado aumentar los ingresos de las arcas fiscales, centrándose más en una eficaz administración que en la creación de "nuevas imposiciones" (pág. 374). En ese contexto -y, ciertamente, no por coincidencia-había sido creado en Lima el Tribunal de Cuentas. Igualmente, es muy amplio el capítulo relativo a la "política de expansión y defensa". En cuanto a esta última, se presta especial atención a lo que fue la reorganización de la Armada del Mar del Sur, a los peligros de ataques de piratas y corsarios, y a la guerra "defensiva" que se estaba desarrollando en Chile. En cuanto a las fuerzas navales, la autora señala que Montesclaros logró su aumento, pero no de modo suficiente, tal como quedó demostrado por entonces con las incursiones marítimas del corsario holandés Spilbergen. Por otro lado, los esfuerzos de expansión y poblamiento -en el inmenso territorio comprendido entonces por el virreinato-se iban desarrollando en diversos frentes: entre otros, en la región oriental del Marañón, en el Paraguay y en la zona de Tucumán. El libro concluye con una detallada explicación del juicio de residencia que tuvo que enfrentar Montesclaros al concluir su gestión -y en el curso del cual quedó evidenciado que la faceta más negativa de su desempeño estuvo constituida por los numerosos casos en los que favoreció arbitrariamente a los muchos "deudos y allegados" que tuvo-, reseñándose también lo que sería su carrera posterior. En definitiva, puede afirmarse que dicho virrey prestó especial atención a cuatro asuntos principales: la Hacienda, la producción minera, la mejora de las condiciones de trabajo de los indígenas y el progreso de la Armada. Además, es fundamentalmente con relación a esos aspectos que se puede comprobar su desta-cada contribución "a la creación de una normativa local": es decir, sobre todo en lo relativo a esos asuntos se manifestó el "Montesclaros legislador" (págs. 45-46). En ese sentido, particularmente relevantes fueron sus nuevas ordenanzas mineras para Potosí y Huancavelica, así como las Instrucciones dadas a los oficiales de la Real Hacienda y a los de la Armada del Mar del Sur. Sin embargo, durante su gestión ya se empezaban a notar las primeras señales del paso de una economía basada en un sistema comercial transatlántico, hacia una economía más autosuficiente, coincidiendo con la decadencia de la producción de plata (pág. 418). Así, un desafío que el virrey tuvo que enfrentar fue el de hacer compatibles los intereses de la Corona con "las aspiraciones económicas de las provincias indianas" (pág. 540). Se trataba de intereses y aspiraciones que con frecuencia aparecían abiertamente enfrentados; enfrentamiento que fue acrecentándose a medida que avanzó el siglo XVII, lo cual fue haciendo cada vez más compleja la labor gubernativa de los sucesivos virreyes. Como fruto de su progresivo conocimiento de la realidad peruana, en no pocas ocasiones Montesclaros amparó ciertos intereses de los criollos -por ejemplo, en lo relativo a su acceso a rentas y oficios-, aunque nunca apoyó aquellas aspiraciones que pudieran manifestar señales de búsqueda de "cierta autonomía política" (pág. 681). Debe señalarse también que, en cuanto a lo económico, si bien el virrey defendió el monopolio comercial -basado en las ideas mercantilistas entonces en boga-, el aludido conocimiento de la realidad del Perú le llevó a afirmar, al mismo tiempo, que la dependencia económica con respecto a la metrópoli no debía ser absoluta. Para la autora, el período gubernativo de Montesclaros se sitúa en el contexto del "proceso de consolidación" de la administración pública, cuya organización habría quedado fijada a fines del siglo XVI, "experimentando después pocas innovaciones sustanciales" (pág. 47). Desde otra perspectiva, sin embargo, puede afirmarse que, si bien formalmente el marco institucional diseñado en las décadas finales del siglo XVI permaneció sin mayores cambios durante la centuria siguiente, no fueron pocas las transformaciones "de fondo" que se fueron produciendo, y que el propio libro pone en evidencia: citemos como ejemplo la ya aludida -y creciente-autosuficiencia económica del virreinato, y sus repercusiones en el funcionamiento de la administración; o las cada vez mayores vinculaciones que fueron estableciendo en el Perú muchos funcionarios, lo cual iba en contra de los deseos del gobierno metropolitano, y era, en cierto modo, un anuncio de esa "autonomía política" que Montesclaros quiso evitar. En suma, estamos ante un libro muy sugerente, y que nos ofrece rica información -a partir de la gran cantidad y variedad de las fuentes consultadasno sólo para entender el gobierno virreinal durante la gestión de Montesclaros, sino también -como ya lo hemos señalado-para profundizar en el conocimiento de muchos de los problemas del Perú del siglo XVII.-JOSÉ DE LA PUENTE BRUNKE. Las voces de la escritura. (Ensayos y textos de literatura maya). Universidad Autónoma de Yucatán. El libro que vamos a comentar y al que cabe atribuirle -como lo hace su autor-el adjetivo de inaudito, podría ser, por ese mero hecho, digno de ser resaltado: la obra de un etnólogo catalán, estudiando y valorando la literatura oral de los mayas yukatekos actuales es, indudablemente, una rareza no exenta de atrevimiento y, en realidad, muy coherente desde el punto de vista ideológico. Defender, estudiar y valorar la lengua y la poética maya es, en cierto modo, defender, estudiar y valorar la lengua y la poética catalana, frente a la predominación castellana/española, cuyos efectos padecen catalanes y mayas, tan aparentemente distanciados. La obra que comentamos se ha dividido en dos partes principales. En la primera se reproducen los textos actualizados de diez ensayos publicados en lugares diferentes durante los últimos diez años (págs. 45-233); en la segunda parte se han reunido treinta y tres textos -generalmente poemas-, con su traducción al castellano (págs. 251-345), una selección ejemplar de la literatura maya actual. A ambas partes hay que agregar una Introducción, una bibliografía y una serie de ilustraciones. El libro de Ligorred es el resultado de una dedicación casi constante al tema de la lengua y literatura de los mayas, en los últimos quince años: se trata de estudios en los que se enlaza el pasado -incluso el de los jeroglíficos-con el presente, en los que la lingüística del siglo XVI alterna con los análisis de la poesía o de las narraciones contemporáneas, en los que se aprecia la fusión de tradiciones indígenas con otras provenientes de la cultura invasora. Al comparar los resultados alcanzados en los últimos treinta o cuarenta años por el americanismo español, especialmente en el ámbito de la antropología, hay que reconocer y aplaudir en la obra de Francesc Ligorred uno de los aportes más significativos de ese nuevo americanismo y la esperanza, dada la juventud de su autor, de un futuro muy prometedor.-JOSE ALCINA. López-Austin, Alfredo, y Leonardo López Luján: El pasado indígena. El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica. El hecho de que los autores de este libro -independientemente de su parentesco y de que su relación intelectual sea tan próxima-cubran dos frentes no por inmediatos menos importantes, como son la historia y la arqueología, debía ser una garantía de que el producto final sería de una excelencia pocas veces alcanzada. Naturalmente hay mucho más y ello es lo que nos lleva a hacer el presente comentario, porque si, como es bien conocido, la tradición editorial de El Colegio de México nos podía hacer sospechar que el actual proyecto, Hacia una Nueva Historia de México, serviría de perfeccionamiento y actualización de la ya clásica "Historia General de México", los primeros títulos aparecidos nos reafirman en esta creencia. El libro encomendado por Alicia Hernández Chávez a Alfredo López Austin y Leonardo López Luján era verdaderamente un reto, ya que sintetizar en trescientas páginas la historia del México Antiguo no dejaba de ser una tarea en la práctica "imposible". A ello hay que añadir una novedad que agregaba riesgo y dificultad: tratar no solamente de historia cultural de Mesoamérica, sino hacer otro tanto con las dos superáreas generalmente ignoradas o no tratadas en libros semejantes, Oasisamérica y Aridamérica. La gran dificultad que representaba la inclusión en términos de paridad de las dos superáreas mencionadas en relación con Mesoamérica ha sido resuelto con cierta habilidad, tratando de ellas al tiempo que se estudiaba la etapa lítica en una primera parte, a la que se le ha dado el título parcialmente ambiguo de "Las grandes divisiones" (págs. 19-75), mientras que el resto del libro (págs. 76-280) se destinaba al área mesoamericana. La evidente desproporción, estando más que justificada, permitiría a los autores tratar con justicia la compleja secuencia cultural de Mesoamérica, en la que, como se lo habían propuesto, los valores interpretativos y de síntesis predominarían sobre la acumulación erudita de datos. La serie de cuadros, mapas y bibliografía, siendo poco cuantiosos, son suficientes y permiten una comprensión adecuada del proceso histórico a un nivel y con una intención que va a cubrir los objetivos perseguidos de acceder a "historiadores y a un público más amplio, pero culto e interesado por la historia". Por todo ello, debemos y queremos felicitar a los editores y, sobre todo, a los autores que, al proponerse una obra tan compleja han salido no solamente airosos del empeño, sino con un libro de gran originalidad y autoridad.-JOSÉ ALCINA. Malamud Rikles, Carlos: Partidos políticos y elecciones en la Argentina: Esta monografía se centra en los cambios del panorama político argentino en el tránsito al siglo XX, cuando el Partido Autonomista Nacional (PAN) desapareció para dar paso a formaciones de ámbito nacional como el Partido Socialista y especialmente la Unión Cívica Radical. Pero quizá la aportación más interesante del autor es la de estudiar una organización política de ámbito mas restringido -la Liga del Sur (LS)-centrada en Santa Fe y más concretamente en la ciudad de Rosario. Precisamente la región santafesina había conocido en 1893 un doble movimiento, el radical y el de los colonos rurales que protestaban ante un nuevo impuesto sobre el trigo. Los tres primeros capítulos se dedican a los cambios socioeconómicos argentinos de fines del siglo XIX, como el desarrollo de las colonias de inmigrantes, dedicadas en Santa Fe al cultivo de cereales, o el asociacionismo étnico vinculado RESEÑAS CRÍTICAS más bien a una mayor autonomía municipal y provincial, frente a un sistema político todavía sin evolucionar en sus elementos caudillistas, restricciones electorales, etc. Como elementos de comparación, se analizan los casos de distintas ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Los capítulos IV a VIII se centran en la Liga del Sur desde su creación hasta su decadencia y posterior integración en el nuevo Partido Demócrata Progresista (PDP). En ellos, el autor estudia los principios ideológicos y políticos de la LS, que fue elaborando su programa desde la ciudad de Rosario, en crecimiento hacia 1910. Durante dos campañas esta corriente política, con un matiz conservador de base más popular, tuvo un papel destacado en la vida política santafesina, con figuras emblemáticas como Lisandro de la Torre, y pese a la oposición desde diversos frentes -el radicalismo, los grandes propietarios-, fue creciendo en importancia pero los resultados obtenidos en los comicios serían pobres, tanto en 1809 y 1812 como en las elecciones municipales realizadas anualmente, de las cuales C. Malamud incluye cuadros detallados. El capítulo IX refleja el nacimiento del Partido Demócrata Progresista, respondiendo a una demanda que, desde 1910, tratará de integrar a todos los opositores al radicalismo (liberales, conservadores). Todo ello no impediría el triunfo de Hipólito Irigoyen. Es interesante la continuidad recogida en la constitución santafesina, cuyo nuevo texto se aprobó en 1921, incluyendo muchas de las reivindicaciones de la LS, puestas al día por el PDP. Para concluir, un estudio importante, que tiene como centro la región santafesina, alrededor del eje de la LS, pero extendiéndose en sus conexiones con la política nacional argentina de la época. Se necesitan estas monografías para ampliar el conocimiento del poder y la política vistos desde fuera del gobierno nacional, en este caso argentino.-M.a JUSTINA SARABIA VIEJO. Morga, Antonio de: Sucesos de las Islas Filipinas. Ediciones Polifemo ha tenido la oportunísima iniciativa de reeditar la única obra de historia de Filipinas escrita por un seglar en los siglos XVI y XVII. La primera edición de los Sucesos de las Islas Filipinas apareció en México el año 1609. Trescientos años más tarde el ilustre filipinista español W. E. Retana la reeditó en Madrid, enriquecida con un excelente estudio preliminar que contiene datos interesantísimos y donde describe la situación de Filipinas cuando llegó allá el Dr. Antonio de Morga, nombrado teniente general y asesor del gobernador de las islas. Sigue luego un estudio biográfico del personaje, lleno de datos de extraordinario interés para el historiador. A la llegada de Morga gobernaba el joven e inexperto don Luis Pérez Dasmariñas, lo que permitió al teniente general intervenir activamente en el gobierno de las islas. A éste sucedió el sevillano don Francisco Tello de Guzmán, que recibió a disgusto el cargo porque aspiraba a uno de los virreinatos americanos, y se ocupó poco de su cometido y mucho de sus aventuras amorosas, con lo que Morga siguió siendo primera figura en Manila. Por eso se explica su contrariedad cuando, restablecida la audiencia, llegó a Filipinas como oidor más antiguo, don Antonio Rivera Maldonado, al que incluso hubo de ceder la casa en que habitaba con su numerosa familia. La obra histórica de Morga puede decirse que tiene como fin principal su propia exaltación: todo lo sucedido en Filipinas antes de su llegada lo despacha en pocas páginas y el grueso del relato se centra en los años en que él estuvo en las islas, después de un largo viaje, emprendido en Cádiz el 23 de febrero de 1594. El 30 de mayo siguiente escribe al rey desde Veracruz y de allí se trasladó a México. Permaneció en la Nueva España hasta el 22 de marzo de 1595, en que zarpó de Acapulco a bordo de la nao "San Felipe", con su familia y criados. El 10 de junio siguiente desembarcó en Manila. Su estancia en Filipinas se prolongó hasta julio de 1603 y llegó a Acapulco en diciembre del mismo año, trasladándose a continuación a México, a cuya audiencia iba destinado como alcalde del crimen. Allí falleció su primera esposa, doña Juana de Briviesca Muñatones, y él contrajo segundas nupcias con doña Catalina de Alcega, en 1609, año importante para Morga porque en él publicó la primera edición de los Sucesos "En casa de Geronymo Balli. Por Cornelio Adriano César". Tenía entonces cincuenta años y aún le quedaba mucho camino que recorrer, hasta el 21 de julio de 1636, día en que falleció en Quito a donde fue destinado como presidente de la audiencia. Los años que pasó en Filipinas (1595-1603) son los que mejor refleja en su obra, puesto que fue testigo de todos y actor de muchos de los Sucesos que narra. También es muy interesante el capítulo octavo y último, que habla de los naturales de Filipinas y de su "antigüedad, costumbres y gobierno", así como de las producciones del país. Hace una excelente descripción de la ciudad de la Manila que él vio, con sus fortificaciones y edificios religiosos y civiles. Habla del comercio con la China y con Nueva España, y de las ciudades fundadas por los españoles en Luzón, Cebú y otras islas, y da además muchas noticias acerca de la organización establecida por los españoles en el país. En la presente edición se han refundido la de Retana (Madrid, 1909) con la de Rizal (París, 1890), idea que no me parece muy feliz, pues Retana aporta un importantísimo caudal de información en las abundantes y extensas notas que acompañan a cada uno de los capítulos, y además del Estudio preliminar y de la biografía de Morga, ya citados, le añadió en apéndice dieciocho escritos del autor de los Sucesos hasta entonces inéditos. El mérito principal de la edición de Rizal es que fue la primera en castellano, después de la que se imprimió en México (1609), pero en general sus notas no son de gran valor. Bastantes de ellas las dedica a tratar de probar que los habitantes de las islas poseían una cultura superior a la que les llevaron los españoles, y a denigrar a éstos y a la religión católica, intención que claramente se trasluce en su breve dedicatoria "A los Filipinos". En el prólogo el profesor austriaco Fernando Blumenttrit, a pesar de su gran amistad con Rizal, afirma que censura hechos pasados "según conceptos que corresponden a las ideas contemporáneas" y se muestra disconforme con "algunos desahogos contra el catolicismo". Destaca, en cambio, el interés de las notas relativas a los asuntos actuales -actuales cuando escribía Rizal-cuya lectura recomienda "a los peninsulares que aman a Filipinas y desean la conservación del archipiélago" (págs. XII y XIII del Prólogo). La edición que comentamos de los Sucesos ha sido prologada por el filipinista Patricio Hidalgo Nucheras, que en lo relativo a la personalidad del autor no añade nada a lo dicho por Retana, y hace un buen estudio de las ediciones de esta obra. Estimo que hubiera sido mejor reeditar sola la edición de Retana, que es hoy una verdadera rareza bibliográfica, y así no se hubiera alterado la numeración de los Apéndices. Bien es cierto que la solución adoptada permite tener en un solo volumen las ediciones de Rizal y de Retana. Es lástima que los editores no se hayan tomado el trabajo de actualizar las múltiples referencias de documentos del Archivo General de Indias que da Retana, y mantengan las vigentes cuando este gran filipinista hizo su edición. Habría costado poco trabajo convertirlas, puesto que existen tablas que establecen la correspondencia entre las signaturas antiguas y las actuales. A pesar de este lunar, Ediciones Polifemo merece plácemes por haber puesto al alcance de los estudiosos de la historia de Filipinas esta hermosa reedición de una obra fundamental.-LOURDES DÍAZ-TRECHUELO. Otte, Enrique: Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media. Edición de Antonio M. Bernal y Antonio Collantes de Terán. Fundación El Monte y Universidad de Sevilla. Todo un universo interno y externo de la vida sevillana en la época del Descubrimiento de América se plasma en estas páginas, con las que nos adentramos en un mundo agrícola, fabril y comercial y por las que desfilan mercaderes de todos los estamentos sociales, banqueros, cambiadores, artesanos, hombres de mar, traperos, calafates... Páginas que son el resultado de la investigación de muchos años y del esfuerzo de un hombre dedicado a ella. Miles de datos, tomados en gran parte del Archivo de Protocolos de Sevilla, pero también de otros nacionales y extranjeros, proporcionan cifras y nombres que nos hacen entrar de lleno en los entresijos de la vida cotidiana de fines de la Edad Media. Este libro, que viene a engrosar la muy numerosa historiografía hispalense, contiene, según mi criterio, dos elementos esenciales que logran engrandecer el indudable interés que ofrecen los centenares de datos inéditos que en ella se vuelcan: me refiero a la época que se estudia y, en consecuencia, el resaltar el papel inequívoco de nuestra ciudad como nexo entre el Mediterráneo y el Atlántico. Porque es indudable que es en esta época cuando se fraguan los cimientos de lo que sería una sociedad cosmopolita, que iba a proporcionar a Sevilla su máximo periodo de esplendor. Y es también en esta época cuando se perfila su papel de intermediaria entre las plazas mercantiles europeas y el mundo atlántico, que irrumpía con una fuerza imparable. Nadie mejor que Enrique Otte para describir y plasmar ese papel. Su visión del Descubrimiento como una empresa europea más que netamente castellana y su percepción de la mutua influencia entre los acontecimientos del Viejo Mundo y el Nuevo -empleando el título de un trabajo de John Elliott-no es demasiado frecuente entre los historiadores, empeñados cada uno en estudiarlos en parcelas diferentes. La obra está dividida en cinco capítulos que forman un conjunto en el que cada una de las partes juega un determinado papel. El capítulo primero está dedicado al sector agropecuario y pesquero, en especial a lo que el autor llama "la tríada mediterránea"-aceite, cereales y vino-; el segundo a las actividades industriales y artesanas, haciéndose hincapié en la industria del jabón a la que considera una empresa capitalista, sin olvidar las textiles, la del cuero, la naval o la artesanía en todas sus modalidades; el tercero y el cuarto están dedicados al comercio con un profundo estudio de la infraestructura viaria e instrumental y con un amplio conocimiento sobre las exportaciones e importaciones. Y por último, el quinto trata de los mercaderes y los instrumentos del comercio; en él irrumpen los protagonistas de la obra que han estado presentes, más o menos tímidamente, en todos los apartados anteriores. Otte describe con precisión el mundo mercantil en el que se mueve como pez en el agua. Comerciantes genoveses, florentinos, sieneses, altocastellanos y andaluces en general, revolucionan la ciudad del Guadalquivir -nervio y base de su actividad-con su impulso a la agricultura y a la industria, con sus tratos de exportaciones e importaciones y con sus actividades finacieras y crediticias. Muchos de estos mercaderes -entre los que se contabilizan desde 1489 a 1515, 437 genoveses, 358 andaluces y 92 burgaleses-participaron en los negocios africanos sobre todo del oro y esclavos, intervinieron en la integración de las Islas Canarias y adquirieron bienes rústicos, accediendo a la aristocracia y al control del cabildo. Con ello, no sólo inician un modelo social que se repetirá secularmente sino que están poniendo las bases para la gran expansión ultramarina que haría de España el primer país del mundo. La obra, editada por la Fundación El Monte al cuidado de dos profesores de la Universidad de Sevilla -Antonio Miguel Bernal y Antonio Collantes-, se completa con unas bellas ilustraciones, unos ricos apéndices y unos muy cuidados índices. Pero para nosotros, por encima de todo ello, y repetimos lo que decíamos al principio, su mayor interés radica en que plasma la vida de Sevilla en un momento emprendedor y brillante en la que aparece como un núcleo que, al desbordarse, hizo inevitable, a decir del propio autor, el descubrimiento de América.-ENRIQUETA VILA.
Libro de divulgación sobre múltiples aspectos de la realidad del gigante norteamericano, desde la inmigración a la peculiar forma de entender el sentimiento religioso, sus posiciones económicas o el actual debate político sobre su democracia, su percepción de ellos mismos, plural y cerrada a la vez. Todas ellas son piezas de su complejo e inacabado rompecabezas.-J. M. C. B. Flores Clair, Eduardo: "El lado oscuro de la plata. La vida en los reales mineros novohispanos a finales del siglo XVIII". Ramírez Calzadilla, Jorge: "Religión, cultura y sociedad en Cuba". Papers (Revista de Sociología), Universitat Autónoma de Barcelona. La complejidad cubana del cuadro religioso responde principalmente a diferentes modelos socioculturales instalados: el aborigen, el español, el africano, el norteamericano y por otras influencias. Ninguna expresión religiosa organizada prevaleció. La religiosidad en la mayoría de la población es espontánea, independiente de sistemas religiosos organizados, con una referencia a la cotidianeidad. Se constata, dentro de una reducida significación social más estable, momentos de reavivamiento religioso como en la actualidad, acompañando una situación de crisis socioeconómica.-I. A. F. Fainstein-Lamuedra, Graciela: "Internet: La información de y sobre América Latina. Una aproximación a los recursos disponibles para internautas americanistas novatos". Con un enfoque sencillo y accesible, la autora plantea en este artículo las diversas circunstancias que han hecho posible el éxito de Internet, señala los aspectos más relevantes que tiene en la investigación americanista y sus aplicaciones entre los miembros de la Comunidad Científica. Tampoco olvida la contribución de Internet al incremento de los recursos de información disponibles sobre América Latina, a la información y la documentación de los propios países de América, y a la producción americanista europea y latinoamericana. Por último, se incorporan algunas orientaciones sobre el tipo de información que podemos encontrar y el modo de buscarla, así como algunas direcciones de interés.-J. R. N. G. 5. Pimienta, Daniel: "La comunicación mediante computador. Una esperanza para el sector académico y de investigación del Tercer Mundo. La experiencia REDALC en América Latina y el Caribe". Estudio de la Comunicación Mediante Computador (CMC) como recurso tecnológico que facilita el acceso a la información científica y técnica a partir de recursos informáticos y de telecomunicación (correo electrónico, conferencias electrónicas, acceso a bancos de datos por las redes telemáticas). El artículo profundiza en las ventajas que puede tener la CMC para los países en vías de desarrollo y, como ejemplo, se presenta la experiencia REDALC que parte de principios como la solidaridad, la transparencia, la apertura y el pluralismo de los científicos, expresando la federación y la cooperación por parte de los organismos promotores.-J. R. N. G. IV.-Bibliografía e historiografía 6. Partiendo de lo periférica que es esta región para Europa se constata en este artículo que algunos países como Nicaragua, El Salvador o Guatemala han gozado, en el período comprendido entre 1980 y 1994, de una mayor atención por parte de investigadores españoles, italianos, franceses y británicos, en especial en la producción de artículos. A este limitado interés por la zona centroamericana se añade la circunstancia negativa de que ni la historia social ni la sociología han sido materias prioritarias en el área. No se trata de una edición crítica, aunque se pretende que sea correcta, cómoda para el lector y útil para el especialista. La base tomada para su realización es la edición de 1736, adicionada por Ramírez de Valenzuela, y para la fijación del texto se ha tenido en cuenta también la edición princeps de 1647. Para una mejor comprensión del texto y su más fácil lectura, se ha procedido a la actualización del mismo en su puntuación y grafía.-A. M. M. R. Fernández Revuelta, Alina: Alina. Memorias de la hija rebelde de Fidel Castro. Plaza & Janés Editores, S. A. Barcelona, 1997, 250 págs., índice onomástico, fotografías. Primer libro de Alina Fernández, hija de Fidel Castro, exiliada en la actualidad. Libro de memorias, con un prólogo sobre los orígenes de su familia y llegada a Cuba. Dividido en tres partes, la narración discurre desde los recuerdos de su infancia, hasta las actuales denuncias contra el régimen castrista.-J. M. C. B. González Cuellas, Tomás: Diego de Salamanca (1519-ca. Obispo de Puerto Rico. La editorial Revista Agustiniana ha lanzado una colección de biografías entre las que figura la de fray Diego de Salamanca, misionero de México y obispo de Puerto Rico. La obra consta de diez capítulos; en el primero nos presenta el autor los datos biográficos de fray Diego para pasar luego a su estancia en la Nueva España. A partir del tercer capítulo estudia su faceta como obispo de Puerto Rico, diócesis que en esta época abarca no sólo la citada isla, sino también la provincia de Cumaná (Venezuela), isla Margarita, Pequeñas Antillas y la isla de Mona. Continúa con el análisis de la realidad y situación de la diócesis, y la acción pastoral de Diego de Salamanca.-M. M. C. S. Jerico Bermejo, Ignacio: Fray Pedro de Aragón, un salmantino del siglo XVI. Otra biografía de la Revista Agustiniana es este trabajo sobre fray Pedro de Aragón, teólogo, moralista y jurista del siglo XVI, miembro de la famosa y prestigiosa escuela de Salamanca. El autor se centra en la obra teológica de fray Pedro, su exposición sobre la fe y la Iglesia. Finalmente analiza cómo entendió este agustino el tratado sobre la justicia y el derecho, partiendo de la ley, tanto divina como humana.-M. M. C. S. Estudio biográfico del maestro fray Juan de Guevara, donde se ofrece una síntesis de su vida y de su obra. Maestro en Teología, catedrático de la Universidad de Salamanca, aunque no publicó nada, realizó numerosos escritos reportata que aprovecharon sus discípulos y compañeros por su gran contenido teológico y por ser considerado, en su tiempo, uno de los más autorizados intérpretes de Santo Tomás de Aquino. En esta obra también se resalta la faceta de religioso de fray Juan de Guevara y los diversos cargos que desempeñó, concretamente en la provincia de Castilla de la Orden de San Agustín.-M. M. C. S. Manso Porto, Carmen: Cartografía de América. Catálogo de Manuscritos (Siglos XVIII-XIX). Real Academia de la Historia, Servicio de Cartografía y Bellas Artes. Madrid, 1997, XXXII + 140 págs., fotografías de mapas en color, índices geográfico y de materias. La presentación de la obra corre a cargo de Antonio López Gómez. A continuación la autora hace una introducción, seguida de las fichas de los 108 mapas, procedentes en su mayoría de la colección de Juan Ruiz de Apodaca (1754-1835), que fue virrey de Nueva España. La cartografía se ordena geográfica y alfabéticamente en siete apartados: Atlántico Norte, Expediciones al Pacífico desde el virreinato de Perú, Brasil, Cuba, Ecuador, México y Texas.-M. A. D. M. Cavarozzi, Marcelo: "Partidos políticos y elecciones en la América Latina contemporánea". El autor, recuperando uno de sus temas más tratados, examina los partidos durante los últimos diez o doce años a la luz de los éxitos que han tenido en un número significativo de casos al responder, aunque fuera parcialmente, a las demandas mayoritarias de las ciudadanías. Este examen lo hace a partir de tres momentos en la evolución de esos partidos: las transiciones desde el autoritarismo; los partidos opositores y la canalización del rechazo mayoritario a la inestabilidad económica; y el éxito de los "incumbents". Un cuarto ciclo sobre el que el autor reflexiona y plantea algunas cuestiones es: los partidos como un recurso para la gobernabilidad democrática.-J. M. S. 17. Coppedge, Michael: "Instituciones y gobernabilidad democrática en América Latina". El artículo presenta las bases teóricas desde las que describir y documentar las principales tendencias en el cambio político de los países latinoamericanos en la última década, enmarcadas por las transiciones a la democracia y la crisis económica como resultado del colapso de la industrialización por sustitución de importaciones. La primera parte define lo que es la gobernabilidad, explica cómo la tensión entre gobernabilidad y democracia puede equilibrarse, y propone un método para analizar la gobernabilidad. La segunda parte aplica este método en un análisis comparativo de cómo y por qué la gobernabilidad se deterioró en nueve países latinoamericanos de 1981 a 1993.-J. M. S. Garretón, Manuel Antonio: "Redefinición de gobernabilidad y cambio político". Plantea la necesidad y posibilidades de cambio político en América latina desde una doble dimensión: cultural, como nueva manera de ver y ejercer la política, e institucional, en la búsqueda de nuevas reglas políticas. Redefine la gobernabilidad en función de los regímenes políticos concretos, haciéndose necesario hablar de gobernabilidad democrática, entendiéndose ésta como la realización efectiva por la democracia de su función de régimen político, de mediación entre el Estado y la sociedad civil. Es a partir de aquí que habría que discutir cuatro temas centrales: la reforma del Estado, la representatividad, la autonomía de los actores sociales, el fortalecimiento del régimen democrático y de la política.-J. M. S. Hartlyn, Jonathan: "Democracia en la actual América del sur: convergencias y diversidades". El artículo nos ofrece una revisión comparativa de la situación de las democracias en América Latina, ponderando la incidencia de los factores internacionales, el desafío a la coherencia del Estado y los Estados de derecho, y la estabilidad de las instituciones políticas. El autor asume una conceptualización de la democracia como procedimiento que le permite operacionalizar algunas de las variables que marcan su funcionamiento, de manera que se pueda comparar entre los diversos casos nacionales.-J. M. S. Mansilla, H.C.F.: "La fascinación irradiada por modelos socialistas de desarrollo en América Latina". El autor revisa la atracción intelectual y política que los modelos socialistas de desarrollo tuvieron en América ahora que la teoría marxista está en crisis y que han caído buena parte de los países del "socialismo" real. Según el autor, la relevancia de los modelos socialistas para el desenvolvimiento de la identidad colectiva estriba igualmente en la creencia -compartida por todo el Tercer Mundo-de que un sistema socialista revolucionario constituye el camino más breve y adecuado para la instauración de una sociedad industrial de corte moderno. Se discuten algunos efectos de esta creencia en la política latinoamericana, favoreciendo un desarrollo autoritario y poco flexible.-J. M. S. Olesti Rayo, Andreu: "La actuación de la Unión Europea en la respuesta a la ley Helms-Burton". Revista Española de Derecho Internacional. Universidad Carlos III y Boletín Oficial del Estado, CSID. Dividido en tres partes, gira este trabajo en torno a la reacción de la Comunidad Europea ante la ley conocida como Helms-Burton, adoptada por Norteamérica en 1996 como respuesta al derribo de dos aviones por cazas cubanos. Se comenta primero la estructura de dicha ley y se interpretan sus puntos más polémicos, se sigue con un breve razonamiento acerca de las medidas tomadas por la Unión Europea, para terminar haciendo un juicio de valor de las mismas.-A. B. M. Cabrera Deniz, Gregorio José: Canarios en Cuba: un capítulo en la Historia del archipiélago (1875Historia del archipiélago ( -1931)). Cabildo insular de Gran Canaria. Aborda el autor el estudio del emigrante canario y el de sus instituciones regionales -sobre todo la Canaria de Beneficencia y Protección Agrícola-en una Cuba marcada por el final de la esclavitud y su sustitución por mano de obra libre barata. La investigación sobre el pensamiento y la ideología política de la colonia canaria en Cuba ocupa también un espacio importante en esta obra, dejándose traslucir las limitaciones del regionalismo canario y la lucha entre la tradición y la ruptura. El estudio de la prensa canaria en Cuba, el de las raíces culturales del inmigrante, sus rangos socioeconómicos, su mayor o menor integración en la sociedad cubana o el papel de la mujer emigrante, le llevan a afirmar al autor que la colonia canaria fue una de las más pobres en su proyección sobre la sociedad de procedencia (sobre todo en lo educativo). Esta relación con el Archipiélago se complementa con el estudio de la visión que los isleños tenían de su tierra natal en Cuba.-J. R. N. G. Hernández González, Manuel: La emigración canaria a América. Entre el libre comercio y la emancipación. Centro de la Cultura Popular Canaria. Junto al estudio pormenorizado de los canarios en Cuba, Puerto Rico y Venezuela, el autor aborda la economía canaria para derivar de ella al tema de la emigración -como válvula de escape-y al del mito indiano. No sólo se centra Manuel Hernández en el papel desempeñado por los isleños en la elite caribeña (clero, universidad, comercio, propietarios agrícolas) sino también en otros sectores como el contrabando, el comercio al por menor, las pulperías o los oficios. Asimismo, hay un importante capítulo dedicado al estudio de cómo evolucionan las corrientes migratorias desde 1765 a 1824 y otro centrado en el estudio de la vida cotidiana del emigrante: en sus relaciones de concubinato y bigamia, en la punición adoptada por la Iglesia y las autoridades públicas ante el fenómeno de la emigración de los casados varones y en cómo afectaba esta emigración a la vida cotidiana de la mujer canaria.-J. R. N. G. Klein, Herbert: La inmigración española en Brasil (siglos XIX y XX). Centrándose en la zona de São Paulo esta obra estudia desde el ámbito social y económico la experiencia vivida por la primera generación de inmigrantes españoles, sin olvidar las razones por las que éstos emigraron al país sudamericano: la atracción por la naturaleza y las buenas perspectivas laborales que se presagiaban, reemplazando la mano de obra esclava africana en el cultivo y recolección del café. De aquí se deduce la importancia que concede el autor a los antecedentes de la esclavitud y a la evolución del sistema de cafetales. Se estudia también el movimiento de las colonias agrícolas de emigración europea en los dos primeros tercios del siglo XIX que precedieron y determinaron luego la migración masiva de los años posteriores a 1880. Asimismo, se examina el sistema de trabajo adoptado por la elite para explotar a esta nueva fuerza de trabajo libre, el origen, cantidad, composición y dirección de los movimientos migratorios desde España, los modelos de integración económica y social de éstos y el grado de incorporación en la economía y sociedad nacionales.-J. R. N. G. Reflexión sobre la afinidad e incompatibilidad entre la aplicación del Derecho Internacional y la normativa interna de los Estados, así como de la jerarquía de sus tratados. Se centra particularmente en la República Argentina y en las modificaciones introducidas en sus textos constitucionales en el año 1994, y analiza el cambio experimentado en las relaciones de ambos Derechos, que si bien es parcial, abre las puertas a futuras expectativas.-A. B. M. Boschi, Renato R.: "Democratización y reestructuración del sector privado en América Latina". El artículo se ubica en el estudio de las últimas transformaciones socioeconómicas de los países latinoamericanos, centrando su análisis en el papel jugado por los empresarios y sus organizaciones corporativas en la marcha de los planes de reforma estructural. Hace para ello un estudio comparativo de varios países, según el peso que las organizaciones de intereses han jugado en el diseño y desarrollo de esos planes. El corporativismo es, pues, el concepto clave del análisis que ayuda a relacionar las políticas públicas con los intereses privados y la redefinición del papel del Estado en la economía.-J. M. S. 27. Este artículo estudia el importante esfuerzo financiero que España realizó entre 1895 y 1898 para obtener los recursos que exigían las guerras, que tuvo que sostener en defensa de los restos de su imperio colonial. Se muestra cómo se recurrió fundamentalmente al uso del crédito en sus diversas formas, en particular al empleo de la deuda del Tesoro.-R. M. G. S. Soriano, Manuel, editor: Cuba despierta. Se recogen aquí las actas de lo que fueron las jornadas Cuba y la Unión Europea, celebradas en La Habana en 1996 y organizadas por la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. En ellas participaron tanto representantes políticos hispano-cubanos, como periodistas y ejecutivos de cadenas hoteleras, quienes no sólo reflexionaron acerca de cómo aparecía tratada Cuba en los medios de comunicación europeos sino también de cuál era la imagen de la UE en Cuba. Se analizaron en otro momento las reformas económicas y políticas en la isla, así como la incidencia de los medios de comunicación social en el horizonte eurocubano, sin olvidar sus sectores económicos más activos, las oportunidades abiertas en el país y su papel en el nuevo orden internacional y en el marco de las relaciones eurocubanas.-J. R. N. G. Vigo, Abelardo del: Cambistas, mercaderes y banqueros en el siglo de Oro español. Biblioteca de Autores Cristianos. Se estudia el aspecto ético y moral del sistema bancario del siglo XVI a través de los grandes moralistas españoles y se da una visión del sistema económico de una época en la que el comercio con Indias revoluciona el sistema. La obra consta de tres partes: en la primera se presenta el contexto histórico de los reinados de Carlos V, Felipe II y Felipe III y la organización de la actividad económica y financiera; en la segunda se ofrece una nómina de treinta tratadistas del siglo XVI y principios del XVII, muy útil para su identificación, y en la tercera, la más densa y profunda, se estudia la doctrina moral sobre los cambios, los bancos y el comercio del dinero. Muchas de las obras sobre las que se trabaja son absolutamente inéditas, consultadas por el autor en las Biblioteca Vaticana y en la General de la Universidad de Coimbra. Añade un índice de autores.-E. V. V. AA.: "América latina: medio ambiente y ciencias sociales". En este número se recogen varias de las ponencias presentadas al 48.o Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Estocolmo en julio de 1994. En ellas se aborda, como temas de mayor relevancia, la producción bibliográfica española sobre el medio ambiente y los pueblos amenazados en América latina, las estructuras y recursos de investigación sobre medio ambiente existentes en algunos países, el estado de la cooperación francesa en materias medioambientales o, por último, las actividades de investigación y recursos sobre medio ambiente de América latina en el Reino Unido.-J. R. N. G. Calderón Quijano, José Antonio: Las fortificaciones españolas en América y Filininas. Prólogo de Ramón Serrera Contreras. Estudio pormenorizado por zonas de las fortificaciones, incluyendo un capítulo a la legislación indiana sobre el tema. Incorpora un apéndice con la relación alfabética de ingenieros militares, arquitectos, técnicos... y otro con una guía bibliográfica exhaustiva.-M. A. D. M. 32. Hernando Sánchez, Carlos J.: Las Indias en la Monarquía católica. Imágenes e ideas políticas. Secretariado de Publicaciones e Intercambio Científico, Universidad de Valladolid, Serie Breve: Historia, n.o 1. El autor de este libro trata de aproximarse a la realidad histórica del Estado y de las ideas políticas a través de la interpretación de una fuente privilegiada, como son algunos ejemplos del abundante material gráfico o descriptivo existente. El primer conjunto de imágenes evocadas a modo de guía nos habla de los principios que enmarcaron esa realidad; el segundo nos sitúa en el mundo de las instituciones y de la configuración general del poder; el tercero nos conducirá a una visión general de la inserción de las Indias en la estrategia desarrollada por la cultura del gobierno de la Monarquía.-A. M. M. R. Ruvalcaba Mercado, Jesús: "Vacas, mulas, azúcar y café; los efectos de su introducción en la Huasteca, México". Debido al diverso contenido de los artículos, éstos han sido clasificados en un índice de carácter temático que se abre con dos artículos sobre la prolífica vida académica y científica del homenajeado. En el apartado de cartografía se incluye un artículo del mismo Dr. Calderón Quijano, en colaboración con otros dos investigadores, con el deseo de todos los autores de hacerlo partícipe de la obra que le rinde homenaje.-M. C. D. L. P. B) Descubrimiento y conquista Batalla Rosado, Juan José: "Prisión y muerte de Motecuhzoma, según el relato de los códices mesoamericanos". Estudio basado en Códices, que ofrece la relación que se estableció entre Hernán Cortés y Motecuhzoma Xocoyotzin, incluyendo la muerte del segundo. Se proporcionan datos históricos, pero los resultados se concentran en la mejor comprensión de la iconografía y de la escritura logosilábica indígenas.-A. I. M. O. Prien, Hans-Jürgen: "La justificación de Hernán Cortés de su conquista de México y de la conquista española de América". Este estudio se centra en el análisis detallado de los acontecimientos históricos que desembocaron en la firma del Tratado de Tordesillas entre Castilla y Portugal. El autor presta especial atención al significado de los primeros viajes colombinos de descubrimiento y a la cartografía de la época, que determinó el reparto del Atlántico.-C. M. P. R. 39. Vitar, Beatriz: "La otredad lingüística y su impacto en la conquista de las Indias". Estudio de la problemática que plantea el choque lingüístico en el tiempo de la conquista. Se reflexiona sobre el alcance del conocimiento de las lenguas indígenas que aportaron los estudios, gramáticas, diccionarios y catecismos realizados por los misioneros. Igualmente, se analiza la intervención de los intérpretes como instrumento de interacción cultural en el proceso de conquista de los pueblos de la América indígena.-A. I. M. O. Semejanzas y diferencias entre la Nueva España y la España europea". En el período estudiado (1761-1786) fueron bastantes los motines de abastecimiento (food riots) habidos en la España europea y pocos los registrados en Nueva España. El autor intenta buscar una explicación examinando el sistema de abastecimiento mexicano en una perspectiva económica, social y antropológica, y comparándolo con el español. La comparación pone de manifiesto diferencias sociales (abasto indígena al margen de los cauces públicos en gran parte), doctrinales (doctrinas comunitarias sobre la propiedad) y mentales (mayor peso de la limosna y cultura de la protesta menos desarrollada).-R. I. 41. Ares Queija, Berta y Serge Gruzinski (coordinadores): Entre dos mundos. Fronteras culturales y agentes mediadores. La obra recoge los primeros resultados del proyecto de un grupo de historiadores y antropólogos, cuyo objetivo es contribuir a una reflexión general acerca del intenso y rico contacto intercultural que se vivió en el continente americano. Para ello, abordan el estudio de los distintos procesos de hibridación cultural desde una perspectiva comparativa, tomando como punto de partida y como eje común de sus investigaciones a los agentes sociales y mediadores (misioneros, cronistas, caciques, mestizos... ) que, desde su posición entre dos culturas, desempeñaron un importante papel en el intercambio cultural. Teniendo siempre de referencia a esos agentes mediadores, la primera fase de su estudio se ha centrado en tres áreas fundamentales: la sociedad y la política; los saberes científicos y, por último, la religión y el arte.-M. C. D. L. P. 42. Boccara, Guillaume: "Notas acerca de los dispositivos de poder en la sociedad colonial-fronteriza, la resistencia y la transculturación de los reche-mapuche del centro-sur de Chile (XVI-XVIII)". Los mapuche o araucanos del centro-sur de Chile son célebres por la plurisecular resistencia que opusieron al invasor español en su voluntad de dominar la frontera sur del Tahuantinsuyu. Esta imagen tradicional del indio indómito, valiente y guerrero y de la Colonia como período de guerra permanente ha sido objeto de crítica por parte de los Estudios Fronterizos. Esta corriente historiográfica propuso una nueva visión del "encuentro" hispano-indígena que tomara en cuenta las relaciones fronterizas. Se muestra, sin embargo, que en su afán de escapar al paradigma de la guerra permanente, esta corriente ha caído en otro escollo que consiste en hablar de paz cuando parece más ajustado hablar de cambios en los dispositivos de poder, y asimismo ha dejado escapar la principal consecuencia del contacto hispano-indígena, a saber: la gestación de una nueva entidad e identidad étnica a través de un largo proceso de etnogénesis que nos hace pasar de los reche del siglo XVl a los mapuche del siglo XVlll.-R. I. 43. Honor y estratificación social en el distrito de la Audiencia de Quito (siglo XVIII)". El presente estudio examina la naturaleza y la función del concepto del "honor" en el distrito de la Audiencia de Quito durante el siglo XVIII, analizando una amplia gama de documentos, en su mayoría de origen judicial. El honor se presenta en su esencia como un concepto de distinción y exclusión social, empleado por las capas altas de las sociedades locales, reflejando identidades sociales que van más allá de características puramente económicas y muestran de esta manera rasgos típicos de una sociedad del Antiguo Régimen.-R. I. 44. Díaz González, Francisco Javier: "Las bases jurídicas de la expansión holandesa en América y Asia: Hugo Grocio y su Mare Liberum". En este trabajo se hace un estudio de la obra de Hugo Grocio Mare Liberum en la que se pretende justificar jurídicamente la expansión holandesa por las Indias Occidentales RESEÑAS INFORMATIVAS y Orientales, llegándose a las siguientes conclusiones: a partir de la publicación de esta obra se desencadenó una fuerte polémica doctrinal durante gran parte de los siglos XVII y XVIII en torno al principio de la libertad o del dominio marítimo, que se resolvió con la imposición de dicho principio pero limitado por la nueva noción del mar territorial, que consagra el dominio soberano del Estado ribereño.-A. M. M. R. Domínguez Ortiz, Antonio: La sociedad americana y la Corona española en el siglo XVII. Síntesis histórica que se aproxima, desde una perspectiva didáctica, a la sociedad indiana en el siglo XVII, y a la tutela que sobre ella ejercía la Corona. Se describe la situación demográfica de los amplios territorios indianos, así como la configuración de las ciudades y las consecuencias de la supremacía del conquistador en la variada sociedad hispanoamericana. Igualmente se proporciona un sintético estudio sobre el capital humano de aquella sociedad, es decir, nobles y plebeyos, laicos y eclesiásticos, metropolitanos y criollos, así como hacendados, comerciantes, mineros y obrajeros.-A. I. M. O. Gussinyer I Alfonso, Jordi: "Sincretismo, religión y arquitectura en Mesoamérica (1521-1571)". Expone los cambios de actitud en el ámbito social, político y religioso, que fue adoptando la civilización occidental en el Nuevo Mundo, específicamente en el área mesoamericana, y su repercusión para la población y cultura aborigen. Cambios que quedarían también plasmados en los ordenamientos arquitectónicos.-A. B. M. 47. Juárez, Abel: "Las redes de poder de una oligarquía regional". Sobre la base de una de las instituciones coloniales indianas, las Alcaldías Mayores, y teniendo como escenario la región de San Martín de Acayucán en Nueva España, sigue los pasos a uno de los alcaldes mayores del siglo XVIII. Describe y analiza la evolución que experimentó ese cargo y el entramado de poder interior y exterior que lograron urdir los que lo ostentaban, a través de numerosas actividades especulativas y la explotación de los naturales, con lo cual se suscitarían algunas rebeliones indígenas.-A. B. M. 48. Lázaro Ávila, Carlos: "Los tratados de paz con los indígenas fronterizos de América: evolución histórica y estado de la cuestión". Los tratados de paz realizados con los indígenas fronterizos americanos es un aspecto poco conocido de la historia colonial española; en este trabajo, a la vez que se aporta una revisión de la bibliografía histórico-antropológica relacionada con el tema, se sugieren algunas de las hipótesis que guían el proyecto de investigación de su autor.-A. M. M. R. López Beltrán, Clara: "El círculo del poder. Matrimonio y parentesco en la élite colonial: La Paz". Este artículo analiza la política matrimonial y los mecanismos de acceso al círculo del poder de dos troncos familiares de la provinciana ciudad de La Paz durante el primer siglo de su existencia. Éstos construyeron una complicada red de relaciones familiares unidas por matrimonio formando un tejido casi continuo, con algunos cabos sueltos, es decir, los hijos ilegítimos.-R. M. G. S. 50. López Bernal, José Manuel: "Las islas Canarias: escala del correo marítimo entre España y América (1793-1808)". Sucinto esquema del funcionamiento de Canarias coma escala del tráfico de buquescorreo España-América a finales del período colonial. Lucena Salmoral, Manuel: "La Instrucción sobre educación, trato y ocupaciones de los esclavos de 1789: una prueba de poder de los amos de esclavos frente a la debilidad de la Corona española". Este artículo analiza el origen, contenido y efectos de dicha Instrucción. Se muestra la situación de poder de las instituciones indianas y criollas frente a una monarquía debilitada que no podía enfrentarse a ellos sin poner en peligro el sistema colonial.-A. M. M. R. 52. Mantilla, Luis Carlos: "Los presupuestos teóricos del criollismo americano en la obra del colombiano Luis de Betancur y Figueroa (1634)". Madrid, 1996, n.o 22, págs. 121-138 El autor pretende establecer una aproximación al movimiento criollista, destacando el papel de liderazgo que jugó en el Nuevo Reino de Granada, a través de la figura del antioqueño don Luis de Betancur y Figueroa y su obra Memorial i Información.-R. M. G. S. Marín Barriguete, Fermín: "La Mesta en América y la Mesta en Castilla: los intentos de traslado y las Ordenanzas de 1537 en la Nueva España". Una de las ideas más extendidas sobre la ganadería en América ha sido que los Reyes Católicos trasladaron de forma literal los privilegios y la organización del Honrado Concejo de la Mesta al Nuevo Mundo. Con este trabajo se pretende aportar nuevas visiones para abordar el tema, pues, mediante un método comparativo, se demuestra que no hubo tal traslado en lo referente a las leyes, cargos, cañadas o tribunales.-R. M. G. S. 54. Nestares Pleguezuelo, M.a José: "La difícil colonización del Oriente Venezolano. Francisco de Vides y la expedición pobladora de 1592". El presente trabajo analiza la labor pobladora que ejerció el gobernador de Nueva Andalucía, Francisco de Vides, durante los años 1592 a 1597, merced al contingente colonizador que trajo consigo desde la Península Ibérica. Se cuestionan las causas que motivaron a la Corona para nombrar a su gobernador mediante una capitulación. Se estudia el origen y la composición de la expedición pobladora, la figura de Vides al frente de la gobernación, los conflictos que originó, las causas de la despoblación y el proceso judicial que se levantó contra él.-A. E. A. 55. Olmo Sánchez, Isabel: "Movimientos migratorios España-América. Teniendo como premisa la limitación en las fuentes, que impiden una cuantificación exacta, se intenta analizar, a través de licencias, pasaportes y listas de pasajeros, el flujo migratorio entre la Península y el Virreinato de Nueva España a finales de la colonia. La observación de datos muestra las diferentes fluctuaciones que se producen en el intercambio poblacional explicándose cada variación en función de los acontecimientos políticos y económicos del momento.-A. M. M. R. 56. Presta, Ana María: "Encomienda, familia y redes en Charcas". La encomienda de indios fue, en Hispanoamérica colonial, la merced que posibilitó a un conquistador la oportunidad de alcanzar éxito económico y ascenso social, a la vez que contribuyó a la diversificación e integración de sus inversiones y empresas. Detrás de un encomendero acaudalado se movía una estructura familiar que, integrada en una parentela y vinculada en una cadena informal de relaciones personales, ligaba a los individuos, sus negocios e instituciones contribuyendo a incrementar las oportunidades económicas y mantener el status social. Este estudio ejemplifica el rol multifacético de los primeros conquistadores peruanos, observando la influencia que en la adquisición de su patrimonio y ascenso social tuvieron factores tales como el parentesco, regionalismo, patronazgo y clientelismo.-R. I. 57. Ramos Gómez, Luis y Ruigómez Gómez, Carmen: "La entrada en religión (1739) de Pedro Martínez de Arizala, oidor de la Audiencia de Quito, y sus consecuencias". Estudio de la figura de Pedro Martínez de Arizala, oidor de la Audiencia de Quito, a quien las autoridades metropolitanas encomendaron la corrección de algunos de los problemas que aquejaban a las tierras de Quito en el primer tercio del siglo XVIII. Pero pronto el oidor decidió abandonar su puesto en la Audiencia e ingresar en la orden religiosa de San Francisco.-R. M. G. S. 58. Santamaría, Daniel J.: "Recaudación y políticas tributarias en Charcas, fines del siglo XVIII". Se analizan las políticas de recaudación tributaria y las estrategias estatales de asignación de tierras a la población campesina en todo el territorio de Charcas (Bolivia) durante el período 1780-1810; se incluye un anexo sobre las categorías tributarias en que se divide la población aborigen.-R. I. 59. Silva, Hernán A., y Tejerina, Marcela V.: "Españoles y extranjeros en las regiones australes: aspectos económicos y sociales de una vinculación obligada". La presencia cada vez más frecuente de extranjeros en las costas más meridionales del Imperio inducirá a la Corona española a promover la ocupación efectiva de aquellos territorios en las últimas décadas del siglo XVIII. El poblamiento será mínimo y en condiciones poco favorables, lo que hará que las relaciones con los extranjeros presentes en la zona sean cordiales e incluso de ayuda mutua, como dejaban entrever los relatos, noticias y memoriales que llegaban a la metrópoli.-A. M. M. R. AA.: El reformismo borbónico. Precedida de una introducción, que ofrece un breve recorrido por la historiografía del reformismo borbónico, esta obra comprende trece artículos en los que se combinan las firmas de autores ya consagrados, como John Lynch, Fisher, etc., con las de investigadores noveles. Está dividida en dos grandes bloques, uno dedicado al estudio de algunos aspectos políticos y económicos y el otro a los sociales, científicos y culturales. Se defiende una interpretación equilibrada y multidisciplinar del tema, abarcando tanto España como Iberoamérica, y se abren nuevos cauces para futuras investigaciones.-A. B. M. Aldana Rivera, Susana: "Un norte diferente para la independencia peruana". La independencia es uno de los temas más trabajados en el Perú. Sin embargo, poco se sabe de cómo se desarrolló este proceso en otros espacios más allá de Lima, sobre todo, y del sur andino. El interés de este trabajo es abrir esta visión tan cerrada, delineando la participación del norte peruano en ese proceso y tratar de plantear preguntas que lleven a una reflexión que recoja la riqueza de matices del conjunto nacional.-R. I. Antonio José de Sucre y la Independencia de los pueblos de América. José María Cadenas, director. Universidad Internacional de Andalucía. Sede Iberoamericana de La Rábida. La obra reúne una serie de trabajos expuestos en los "Cursos en Verano" de la Sede Iberoamericana de Santa María de La Rábida, entre el 31 de julio y el 4 de agosto de 1995, bajo el título de "Venezuela en el contexto Iberoamericano en los tiempos de Antonio José de Sucre". En ella se analiza la figura del gran mariscal de Ayacucho y la situación Iberoamericana en los tiempos de la Independencia.-R. M. G. S. 63. Langue, Frédérique: "La representación venezolana en las Cortes de Cádiz: José Domingo Rus". Universidad de Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, Sección de Historia de América. Reflexión sobre algunos sucesos históricos poco tenidos en cuenta a la hora de valorar en su justa medida el proceso independentista latinoamericano. La transcendencia de los Cabildos americanos, con la elección de sus diputados, y las propuestas reivindicativas a nivel central y local, las pone de manifiesto la autora por medio del análisis de la figura y comportamiento de este representante venezolano en Cádiz.-A. B. M. Álvarez Gutiérrez, Luis: "Los imperios centrales ante el progresivo deterioro de las relaciones entre España y los Estados Unidos". En este artículo se expone cómo la diplomacia alemana y austríaca captaron y valoraron el creciente deterioro en las relaciones hispano-norteamericanas, que experimentaron una serie de vaivenes desde la llegada de los liberales al gobierno, a principios de octubre de 1897, hasta la explosión del "Maine", a mediados de febrero de 1898, y que hacía prever un inminente enfrentamiento militar entre ambos países.-R. M. G. S. 65. Castellano Gil, José Manuel: La Masonería española en Cuba. Centro de la Cultura Popular Canaria y otros. Santa Cruz de Tenerife, 1996, 414 págs., bibliografía, apéndice, gráficos, tablas. El autor pretende analizar el origen y desarrollo histórico de los organismos masónicos españoles en Cuba. Cronológicamente abarca el siglo XIX, pero hace especial hincapié en los inicios de la institución en la isla, a mediados de 1870 y en su epílogo, tras el desastre de 1898. Conocer el origen del movimiento, las distintas obediencias establecidas, sus cuerpos filosóficos, la vida interna, su labor cultural, su potencial económico, así como su práctica política y su posición frente al movimiento emancipador, son los objetivos que persigue este trabajo.-J. M. C. B. Elizalde Pérez-Grueso, María Dolores: "De nación a imperio: la expansión de los Estados Unidos por el Pacífico durante la Guerra Hispano-norteamericana de 1898". Se analizan en este trabajo los condicionantes internacionales en que se enmarcó la guerra hispano-norteamericana. Se estudia la política exterior de William Mckinley, resaltando los distintos factores de carácter político, económico e ideológico que, en 1898, impulsaron a Estados Unidos a la expansión más allá de sus fronteras continentales. Se relaciona la guerra en Cuba con la guerra en Filipinas, y se dedica una atención especial a la dimensión oriental del conflicto.-R. M. G. S. 67. Esvertit Cobes, Natalia: "La Colonia Oriental: Un proyecto de colonización fracasado en la Amazonía ecuatoriana (1884-1885)". Fernández Gaytan, José: "La ocupación británica de la Isla de Trinidad de Barlovento". Partiendo de las expediciones a la isla de Trinidad de Barlovento posteriores a Colón, el autor analiza la ocupación de la isla por los británicos a partir de 1797, confirmada por el Tratado de Amiens (27 de marzo de 1802). -M. Gómez Díez, Francisco Javier: "La revolución guatemalteca de 1944: la Asamblea Constituyente y la mentalidad revolucionaria". Este trabajo se basa, fundamentalmente, en un análisis biográfico de los diputados y en la información proporcionada por la prensa y el Archivo del Congreso de la República y pretende caracterizar la mentalidad revolucionaria guatemalteca, observando las principales preocupaciones e inquietudes de los representantes y las coincidencias entre éstos y la opinión pública en torno a una serie de cuestiones.-A. M. M. R. 70. González Leal, Miguel Angel: "Insurgencia popular, oligarquía regional y estado en el Ecuador liberal: la huelga general de Guayaquil, 1922". Los acontecimientos de Guayaquil, en noviembre de 1922, constituyeron la expresión social más relevante de la crisis económica que, desde la I Guerra Mundial, afectaba al país. Los violentos sucesos supusieron el inicio de un cambio sustantivo en la correlación de las fuerzas sociales y políticas del Ecuador de los años 20; anunciaron el debilitamiento e inmediato final del régimen liberal que, sostenido por la oligarquía cacaotera de la costa ecuatoriana, se había mantenido en el poder desde 1895, a la par que significaron el comienzo de la presencia efectiva de nuevos actores sociales en la escena nacional. Sin embargo, por sus dimensiones de sacrificio popular y rebeldía ante el Estado, los sucesos han venido representando un auténtico hito fundacional para el movimiento obrero ecuatoriano, motivo que ha propiciado que esta perspectiva haya sido la predominante en la historiografía sobre el tema. En el presente artículo se ofrece una visión que, rebasando los márgenes estrictamente obreros de la cuestión, expone toda la complejidad de este hecho social, frecuentemente obviada, a través de las diversas interrelaciones de los diferentes sectores sociopolíticos que en él participaron.-A. E. A. 71. Irurozqui, Marta: "Ebrios, vagos y analfabetos. Este texto analiza los motivos y las estrategias de los sectores populares bolivianos, artesanos mestizos y campesinos indígenas, destinados a lograr existencia social y presencia pública y política en un régimen electoral censitario. Para ser considerados ciudadanos no pidieron la ampliación del sufragio, sino que demostraron tener las cualidades exigidas en un sistema de voto "letrado", recurriendo tanto a la ambigüedad de la ley como a la retórica política dominante que hacía inseparables educación y ciudadanía.-R. I. 72. Negreira Parets, Juan José: "Apuntes sobre la formación y envío de unidades militares a Cuba, a través de la que fuera Capitanía General de Baleares entre 1895 y 1898". Baleares no fue ajena a las guerras coloniales de fin de siglo pasado; de sus islas fueron reclutados y enviados hombres hacia Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En este artículo se ofrece una aproximación sobre la legislación que dicho reclutamiento generó, así como la RESEÑAS INFORMATIVAS forma en que éste se aplicaba en las distintas unidades militares. También se dan algunas pinceladas del drama humano que las clases más humildes tuvieron que soportar.-A. M. M. R. 73. Núñez Rozas, Iván: "Los españoles de América y la cuestión religiosa en las Cortes Constituyentes de 1931". Pumar Martínez, Carmen: "1898 en el contexto del intervencionismo norteamericano en Hispanoamérica". En estas notas se pretende recobrar el 98 en su línea del intervencionismo norteamericano sobre Latinoamérica destacando que, si bien el 98 tuvo unas raíces totalmente americanas y unas proyecciones universales, no podemos confundir unas con otras.-A. M. M. R. 78. Quijada, Mónica: "Latinos y anglosajones. El 98 en el fin de siglo sudamericano". Se estudian las reacciones oficiales y oficiosas de los países de América del Sur ante la guerra hispano-norteamericana, y se revisan las interpretaciones existentes sobre la proyección del 98 en el imaginario colectivo de esas poblaciones, mediante el análisis del clima de ideas en cuyo contexto se produjo la guerra y de los procesos ideológicos y simbólicos a ella asociados. Se trata en particular la visión de la guerra como el enfrentamiento entre dos "razas" rivales y opuestas (latinos y anglosajones).-R. M. G. S. 79. Robles Muñoz, Cristóbal: "España y las alianzas europeas en 1898". El artículo examina el valor que se daba a España en la Europa del 98. Desde esa perspectiva tiene en cuenta, primero, la imagen de España que se percibe en Italia y Francia, cada una en un bloque distinto; segundo, las decisiones de política exterior que se toman en España, y tercero, el juicio que sobre su situación interna hacen los gobiernos europeos, cuando todos ellos reconocían que aislarse era un error.-R. M. G. S. 80. Ruiz Acosta, M.a José: Sevilla e Hispanoamerica. Prensa y opinión Pública tras el desastre de 1898. Los objetivos de la autora son los de precisar qué imagen de Hispanoamerica divulgó la prensa española entre 1898 a 1905. El tratamiento de la gran cantidad de datos ha permitido la apreciacion continua y relativa, temática e histórica, de cómo la prensa diaria de Sevilla trató los acontecimientos de las relaciones de Hispanoamérica con Sevilla entre los siglos XIX y XX, y de la trayectoria de esos mismos medios de comunicación. Un tema que nos acerca al amplio y complejo mundo de los Medios de Comunicación Social y de su función como exponentes fidedignos -aunque contradictorios a veces-, enriquecido con el análisis de la opinión pública de la Sevilla de esos momentos.-M. C. D. L. P. Ruiz Acosta, M.a José: "Hispanoamérica en la prensa sevillana: el reflejo público de una opinión (1898-1914)". En este trabajo se trata de analizar la imagen que de Hispanoamérica se proyectó en el mensaje periodístico español, enmarcándolo en la Sevilla de fines del XIX y primeros del XX.-A. M. M. R. Ruiz de Azcárate, Apolo: "La Guerra del '98' y las Comandancias de obras". En este artículo se destaca la importante misión que tuvieron las Comandancias de Obras de Las Palmas de Gran Canaria y de Santa Cruz de Tenerife en la guerra del 98. Antes se resumen escuetamente los antecedentes y motivos de dicha guerra. Para realizar este trabajo el autor se ha basado en la Memoria de todos los trabajos de fortificación llevados a cabo por la Comandancia de Las Palmas, firmada por el cte. acctal. Wenceslao Carreño y el tte. col. ingro. cte. Salvador Bethencourt.-A. M. M. R. 83. Sevilla Soler, Rosario: La guerra de Cuba y la memoria colectiva. La crisis del 98 en la prensa sevillana. Colección Difusión y Estudio. La pérdida de la última colonia española en América produjo un fuerte impacto entre las clases medias y populares de la población peninsular debido, en parte, al reclutamiento constante y forzoso de las clases más débiles de la sociedad. La derrota supuso el fin de España como "potencia" y la pérdida de su "honor". Los sentimientos colectivos de la sociedad quedaron recogidos en la prensa sevillana de la época. Es a través de estos medios, además de otras fuentes impresas, como la autora logra sus objetivos: llegar a tener una idea aproximada de la visión que la sociedad sevillana tuvo del problema y sus opiniones al respecto. Es decir, acceder a la visión que las publicaciones dieron a los lectores sobre el conflicto cubano, sus opiniones y reacciones.-M. C. D. L. P. 84. Sevilla Soler, Rosario: "La intervención de los Estados Unidos en México y la prensa sevillana, 1910-1917", en Narrativa de la Revolución mexicana. La Revolución en las artes y en la prensa. A través de este artículo se ofrece, por un lado, una visión de las relaciones entre los Estados Unidos y México en los años de la Revolución Mexicana utilizando para ello la prensa diaria sevillana (El Liberal, El Correo de Andalucía y El Noticioso Sevillano) y, por otro, una reflexión sobre cómo la opinión pública sevillana se vio condicionada o mediatizada por el tipo de información que la citada prensa les ofrecía. Entre las conclusiones principales la autora señala que la intervención norteamericana en el proceso revolucionario mexicano no recibió excesiva atención y que la ideología política de los diferentes periódicos apenas se dejó traslucir en la información suministrada. Todo ello influyó en que la prensa apenas crease opinión y coincidiese en el general rechazo al imperialismo norteamericano, acusándole de promover y fomentar las disensiones internas en México y de ser, en parte, culpables de lo que estaba sucediendo en este país.-J. R. N. G. Torre del Río, Rosario de la: "1895-1898: Inglaterra y la búsqueda de un compromiso internacional para frenar la intervención norteamericana en Cuba". Este artículo analiza la nueva situación internacional que caracteriza la última década del Siglo XIX, las líneas generales de la política exterior española y la posición internacional de Inglaterra como consecuencia de su posición en el Pacífico, con el reforzamiento de la seguridad de Gibraltar cuando se formaliza la alianza franco-rusa.-R. M. G. S. 86. Victoria Ojeda, M. C. Jorge: "Planes de reconquista del Yucatán independiente: el proyecto de Manuel de Mediavilla". El trabajo se centra en uno de los planes de reconquista del Yucatán y de la Nueva España, en este caso, el de Manuel de Mediavilla, que actuaron como amenazas por parte española durante toda la década siguiente a la Independencia de México. Plan que nos proporciona información sobre el Yucatán y su gente, sobre la economía, las producciones y posibilidades, sobre la situación política, etc.-R. M. G. S. Ciudad Suárez, M.a Milagros: Los dominicos, un grupo de poder en Chiapas y Guatemala. El libro contiene la historia de los predicadores en los territorios de la Audiencia de Guatemala, una zona que tuvo su propio proceso y evolución particular debido, en parte, a su aislamiento y marginación frente a los grandes focos colonizadores. La autora analiza en cuatro grandes bloques la acción de los religiosos de la citada orden durante los siglos XVI y XVII: el primero trata las expediciones dominicas y la evolución normativa de su envío a Indias; el segundo investiga quiénes eran los dominicos que llegaron, dónde estudiaron, etc.; el tercero realiza un estudio de los conventos urbanos y rurales; y, por último, lleva a cabo un intento de estudio aproximativo de la economía de la provincia mediante un análisis de los distintos resortes económicos y su importancia dentro de la sociedad colonial centroamericana.-M. C. D. L. P. Guerra Moscoso, Sabrina: "La secularización de doctrinas, el conflicto y la participación indígena, s. XVIII: Alangansí y Guano". A través de la investigación sobre la secularización de doctrinas y la disputa interna que atraviesa la Iglesia como institución se han evidenciado los diversos intereses que estaban en juego, referidos no sólo al control ideológico de las masas sino, y sobre todo, al control económico, mediante la administración de doctrinas como fuente de enriquecimiento institucional y personal. En este conflicto por el control de las doctrinas están implicados otros sectores de la sociedad además de la Iglesia. Igualmente, esta disputa afectó a los indígenas, cuya participación en el proceso fue contradictoria.-A. M. M. R. Rodríguez Barranco, Francisco Javier: "Eduardo Carranza: ideario político de un poeta colombiano". En este artículo el autor se propone abordar el complejo, cuando no contradictorio, pensamiento político del poeta colombiano Eduardo Carranza.-A. M. M. R. López Lemus, Virgilio: "E1 puente decimista cubano-canario". Artículo que recoge la historia de cómo la décima espinela nació como estrofa culta a fines del siglo XVI y de cómo viajó en las naves de conquistadores y colonizadores de América. Con el tiempo, se hizo dueña absoluta del folclore cubano, sobre todo tras el surgimiento de la nacionalidad. De hecho, ya en el siglo XIX su canto era ya tradicional en los campos y principal expresión de la cultura popular campesina, sin olvidar que en la poesía culta también tuvo, y tiene, un papel destacadísimo, tanto en el siboneyismo como en el criollismo. La estrofa encontró en las zonas donde se radicaron los canarios un medio natural apropiado no sólo por el tipo de labor agrícola al que se dedicaban, sino también por la mejor comunicación social que se establecía entre poblaciones afines. Por último, el autor asegura que la décima sigue siendo un puente vivo de Iberoamérica y la única estrofa hispánica de origen culto que goza de universalidad compartida por la poesía popular y culta.-J. R. N. G. Orozco, M.a Elena: "Afirmación de la función portuaria de Santiago de Cuba: el barrio de la Marina (1800-1860)". En este artículo se señalan los esfuerzos para la rehabilitación de la Calzada de la Marina, punto neurálgico del barrio del mismo nombre, y por su remodelación, en un momento en que se define la función portuaria y comercial como una de las representativas e indisolublemente ligadas al desarrollo económico de la ciudad y los propósitos de gene-RESEÑAS INFORMATIVAS raciones de santiagueros empeñados en regenerar la imagen rostral citadina, emulando la acción modernizadora observada en La Habana, tanto en la urbanización de algunos barrios como en la llevada a cabo en la zona de las antiguas murallas.-A. M. M. R. 94. Ribera Carbó, Eulalia: "Independencia política y transformación de una metrópoli colonial: La Ciudad de México vista por tres británicos. Instituto de Economía y Geografía, CSIC. Después de once años de luchas y una vez lograda la independencia política en 1821, México quedó sumido en una difícil situación de crisis y transformación de su estructura económica, de reacomodo social y de violencia generalizada y militarización costosa. El reflejo de este país convulsionado fue el que encontraron los viajeros que visitaron la Ciudad de México en las primeras décadas de vida independiente.-R. M. G. S. 95. Solano, Francisco de: "La expansión urbana ibérica por América y Asia. Una consecuencia de los Tratados de Tordesillas". Se analizan las expansiones española y portuguesa, partiendo del meridiano establecido en Tordesillas. La ocupación espacial hispanoamericana alcanza, desde bien temprano el siglo XVI, unos límites geográficos desproporcionados: no obstante se procede a su colonización e integración. Los medios para obtenerlos (Asia y África, incluidas, también) se verifican sobre el núcleo urbano -ciudad, villa, pueblos de indios, aldeas-, cuyo proceso se acomete en diversas fases: destacando el elevado número de fundaciones en el mundo hispánico y señalando el escaso (aunque significativo) número de fundaciones lusoamericanas.-R. I. Álvarez Suárez, Mayda: "Familia e inserción social". El análisis de las variaciones que la inserción social de los miembros adultos introduce al funcionamiento familiar, constituye el objetivo central del artículo. A partir de un estudio realizado en una muestra nacional de hogares cubanos, se comparan familias obreras y de trabajadores intelectuales en cuanto al cumplimiento de sus funciones bisocial, económica y cultural.-I. A. F. 97. Andreo García, Juan, y Gullón Abao, Alberto José: "'Vida y muerte de la Mulata'. Crónica ilustrada de la prostitución en la Cuba del XIX". El presente artículo pretende una aproximación a un tema un tanto olvidado por la historiografía cubana: el de la prostitución en la segunda mitad del siglo XIX, tema que presenta graves problemas; entre ellos destaca la falta de fuentes directas ya que el Gobierno Civil destruyó tras la guerra hispano-cubana los antecedentes que había en sus archivos de la sección de Higiene. Por eso proponemos la utilización de fuentes menos convencionales (la litografía) que pueden ser tanto o más reveladoras que las tradicionales. Concretamente nos referimos a las ilustraciones que envolvían las cajetillas de tabaco cubano -las marquillas-que constituyen por sí mismas una verdadera joya artística, además de un reflejo, de la realidad social y económica del entorno en el que se crearon. Estas marquillas se agrupan en series coleccionables de las que el objeto de nuestro estudio serán las que se recogen con el título "Vida o Vida y muerte de la Mulata".-A. E. A. 98. Azaola, Elena: "Mujeres sentenciadas por homicidio en la ciudad de México". Aborda los resultados de un estudio comparativo entre hombres y mujeres sentenciados por ese delito en la ciudad mexicana, con un énfasis particular en las mujeres.-I. A. F. 99. Casanovas Codina, Joan: "Movimiento obrero y lucha anticolonial en Cuba después de la abolición de la esclavitud". Publicaciones de la Universidad de Barcelona, Sección Historia de América. Una nueva visión del papel que, en la Cuba de finales del siglo XIX, ejercieron los movimientos obreros como promotores de los líderes revolucionarios y cooperadores a la construcción de un estado independiente.-A. B. M. 100. Díaz, Álvaro: "Tendencias de la reestructuración económica y social en Latinoamérica". La tesis central de este ensayo es que en América Latina existieron grandes transformaciones en las estructuras económicas, sociales, estatales e institucionales, cuya cristalización definitiva culmina en la década de los 90. Esto generó procesos simultáneos de RESEÑAS INFORMATIVAS desestructuración y reestructuración social que aún continúan su marcha. El análisis considera cuatro capítulos. Primero, el proceso y dirección del ajuste estructural de las economías latinoamericanas, destacando el rol del Estado. Segundo, dado que los análisis de la década de los 80 se concentraron en la informalidad, desempleo y pobreza, así como en la crisis, rezago y declinación de sectores, lo que se pretende revelar en este capítulo es el carácter de algunas de las nuevas estructuras productivas que están emergiendo, concretamente el caso de las cadenas productivas. Tercero, el impacto de la reestructuración en las estructuras sociales. Cuarto, algunas consideraciones sobre los procesos de estructuración y desestructuración en los sujetos o actores sociales.-J. M. S. Díaz Canals, Teresa, y González Olmedo, Graciela: "Cultura y prostitución: una solución posible". Para los autores, la Revolución Cubana, con sus transformaciones económicas, políticas y sociales, significó la posibilidad para el pueblo de acceder a la educación, a la cultura, a la salud y a la seguridad social, eliminándose las bases de la prostitución anterior. La crisis económica como resultado del bloqueo norteamericano y el derrumbe del socialismo, incidieron directamente -junto a otros factores-para que reapareciera este fenómeno social en los últimos años. Es necesario reflexionar sobre el problema teniendo en cuenta una dimensión cultural que excluya todo tipo de discriminación hacia la mujer y una solución moralista del mismo.-I. A. F. 102. Domínguez García, María Isabel: "La juventud en el contexto de la estructura social cubana". El trabajo analiza al sector juvenil en el ámbito de la estructura generacional, demográfica y socioclasista de la población cubana y aborda los cambios que se están produciendo en su situación social como efecto de la crisis económica que vive el país desde 1990 y de la estrategia de reestructuración que se desarrolla para salir de ella.-I. A. F. 103. Espina Prieto, Mayra Paula: "Transformaciones recientes de la estructura socioclasista cubana". Se muestran las características de la composición socioclasista cubana en la transición socialista, valorándose los nuevos escenarios que la actual crisis económica y la estrategia diseñada para enfrentarla han hecho aparecer ante la reproducción de la estructura social. Reflexiona sobre los cambios que se están produciendo en dicha estructura y su relación con la posibilidad de continuidad de un proyecto sociopolítico de carácter socialista.-I. A. F. se abordan los diferentes medios utilizados para exiliarse -vías diplomáticas, salidas "directas", etc.-, las características específicas del exilio español, las limitaciones impuestas a la emigración americana, los proyectos políticos del exilio, etc. La segunda parte, escrita por Rosa María Grillo, se titula "La literatura del exilio" y aborda la actividad que desarrollaron los exiliados en el ámbito cultural y literario. La tercera parte ("La cultura filosófica de los transterrados") está escrita por Luis de Llera, quien presenta el estado de la Filosofía española hacia 1936 y la búsqueda de una identidad para ella en el exilio americano. Por último, Paola Laura Gorla aborda el ámbito de "Las ciencias y las artes", deteniéndose en el exilio de los científicos españoles de México y Argentina, de los músicos, arquitectos y personas vinculadas al arte cinematográfico.-J. R. N. G. Núñez Jover, Jorge: "Aproximación a la sociología cubana". Existen muy pocos estudios sobre la evolución de las ciencias sociales en Cuba. En este ensayo se ofrece una descripción sintética de algunos de los procesos más importantes vinculados con la enseñanza universitaria, la formación de postgrado, las publicaciones y la investigación en el área de la sociología entre 1959 y 1995.-I. A. F. 109. Rodríguez Roch, Liana: "El sida en Cuba". Análisis de la aparición del sida, sus grupos de riesgo y su relación con la enfermedad y la muerte, así como la estrategia del "Programa Nacional de lucha contra el Sida" realizado en Cuba.-I. A. F. 110. Torres Sánchez, Jaime: "Consumo de carne y nutrición. Se examina el consumo de proteína animal en la evolución del régimen alimenticio y nutricional de Venezuela hasta 1873. De acuerdo al comportamiento del consumo neto, el régimen alimenticio fue relativamente estable y dependió de muy pocos productos: plátano-maíz-granos-carne. La carne experimentó un consumo creciente hasta la segunda mitad del XVIII, con una aguda caída en el siglo XIX. El régimen nutricional dependió así de las calorías del plátano y de los granos a fines del período. Tales tendencias pudieron ser características de toda la sociedad colonial y postindependentista latinoamericana. En una perspectiva comparativa, la alimentación venezolana no aparece tan excepcionalmente nutritiva, aunque en el siglo XVIII se hubieran alcanzado los máximos de consumo de carne per cápita, como lo indicaron los comtemporáneos. Tampoco los porcentajes de proteína animal parecen tan considerables.-A. E. A..-Derecho
cuyo Comité ejecutivo estuvo encabezado por el Dr. Hernán A. Andrade, S. J. como presidente y por el Dr. Segundo Moreno Yánez, secretario ejecutivo, quien junto con la Dra. Christiana Borchart de Moreno, coordinadora general de simposios y foros de investigación, merecen el reconocimiento de todos los participantes por la magnífica organización del Congreso, actividades paralelas, infraestructura, información y secretaría. Ante la imposibilidad de reseñar individualmente todos los simposios, conferencias, foros de investigación y comunicaciones se ha optado por ofrecer los simposios de Antropología e Historia, que han sido los más numerosos. Hay que advertir que algunos no llegaron a celebrarse por la ausencia de sus componentes y en otros faltaron algunos de los participantes anunciados. Seguimos el programa oficial incluido en los tres tomos que los organizadores, acertadamente, habían editado y facilitaron a los congresistas. Cada día del Congreso, salvo el último, se pronunciaron dos conferencias magistrales, como principio y fin de la jornada, que estuvieron a cargo de diferentes autoridades: Los Simposios de Antropología, entre otros, fueron los siguientes: "El movimiento indígena y democracia en las Américas. Filosofía política amerindia e innovación política indígena", coordinado por Catherine Ales y Paul Oldham. "Yucatán a través de los siglos: estudios recientes multidisciplinarios sobre su pasado, presente y futuro", por Ruth Gubler y Edward B. Kurjack. "Aguas que fluyen, aguas que gotean: las luchas por el control de un recurso vital", por Luz Nereida Pérez Prado y Roberto Melville. "Caminos del cuarzo y del jade en Amazonia", por Betty Osorio y Beatriz Alzate. "Construcción de sociedades y re-creación cultural en contextos de modernización", por María Lucía Sotomayor y Carlos Vladimir Zambrano. "Diversidad cultural y biológica en los bosques andinos", por Inge Schjellerup. "El espacio en la cultura latinoamericana: conformación, percepción, interpretación", por Andrzej Dembicz y Bogumila Lisocka-Jaegermann. "El mito y la historia en la representación del contacto entre sociedades indígenas y mestizas de América", por Anatilde Indoyaga y Ángel Gonzalo. "El racismo en las Américas y el Caribe", por José Almeida Vinueza. "El saber shamanístico y sus manifestaciones artísticas", por William Torres C. "Etnicidad como estrategia en América Latina y el Caribe", por Patricio Silva y Kees Koonings. "Interacción transcultural y transmisión de conocimiento y poder entre diferentes tradiciones simbólicas y rituales en América Latina", por Elke Mader. "La expansión del pentecostalismo en América Latina", por Angelina Pollak-Eltz. "Las artesanías tradicionales, fuente de riqueza cultural y económica para los pueblos", por Ismanda Correa y Germán Vásquez. "Lógicas simbólicas en el mundo amerindio", por Marie Odile Marion. "Los pueblos indígenas entre el Estado y la transnacionalización", por Francoise Morin y Roberto Santana. "Migraciones voluntarias e involuntarias en la zona andina", por William P. Mitchell y María A. Benavides. Los Simposios de Historia, entre otros, fueron los siguientes: "Microhistory and micro-biography. "Revuelta, rebelión y revolución en México 1990", por Javier Garcíadiego y Mónica Blanco. "Africanía en la región andina: pasado y presente", por Manuel Lucena Salmoral, Carmen Pumar Martínez y Manuel Casado Arboníes. "América Latina ante la Segunda Guerra Mundial", por Gloria Carreño y Celia Zack de Zukerman. "Cambios y continuidades en las pautas de consumo y vida material en los espacios latinoamericanos e ibéricos: XVI-XX", por Neus Escandell-Tur. "Elites, poder e identidad en América colonial", por Frédérique Langue, Susan Socolow. "Espacio jesuítico misionero: aspectos de colonización iberoamericana y su impacto en la sociedad contemporánea", por Regina Maria d'Aquino Fonseca Gadelha y Ernesto J. A. Maeder. "Estado y partidos políticos, siglos XIX y XX en Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela", por Medófilo Medina y Heraclio Bonilla. "Etnicidad, inmigración y crisis nacionales en América Latina, siglos XIX-XX", por Vincent Peloso y Newton Ronald. "Europeos a América y americanos a Europa: las dos fases del movimiento migratorio en los últimos cincuenta años", por Elda González Martínez y Jorge Saborido. "Familia y educación en la Historia de Iberoamérica", por Pilar Gonzalbo Aizpuru. "Formas familiares, procesos históricos y cambio social en América Latina", por Ricardo Cicerchia. "Fuentes para la etnohistoria mexicana", por Celia Islas y Lourdes Díaz. "Fuentes útiles para los estudios de la población americana existente en diferentes archivos y colecciones del mundo", por Dora Celton y José Gordillo. "Mentalidades y cultura en América Latina", por José Enrique Sánchez, Ronaldo Vainfas y Valeria Coronel. "Historia e historiografía de la sal en Latinoamérica", por Juan Carlos Reyes. "Historia urbana de las Américas", por Camilo Mendoza y Germán Mejía. "Historia y ambiente en América desde la época colonial", por Bernardo García y María de la Luz Ayala. "La construcción de la amazonia andina: vertebración regional y articulación al estado-nación (siglos XIX-XX)", por Pilar Garcia Jordan y Nuria Sala i Vila. "La cuestión social en debate. Abordajes, temas y problemas. "La cultura del libro en Hispanoamérica", por Carmen Castañeda. "La etapa de madurez del virreinato peruano: sociedad y cultura en el largo siglo XVII", por Teodoro Hampe y Clara López Beltrán. "La historia médica en América Latina: sistemas, epidemias y médicos", por David Sowell, Donald F. Stevens y Lauris Mckee. "Las misiones jesuitas en la América colonial, siglos XVI al XVIII", por Sandra Negro y Manuel M. Marzal, S. J. "Las tierras comunales indígenas: pasado y presente", por Edda O. Samudio A. "Las transformaciones de la sociedad latinoamericana en el contexto de los años 1940", por Dorothea Melcher y Catalina Banko. "Los campesinos del café en el pasado y presente de América Latina", por Jean Christian Tulet y Mario Samper K. "Procesos de construcción de identidad en comunidades afroamericanas: estudios comparativos", Javier Laviña y María Elena Morales. "Propietarios y empresarios regionales ante la configuración del estado-nación en América Latina (1830-1930)", por Mario Cerutti y Daniel Campi. "Reformas educativas en la historia de América Latina", por Gabriela Ossenbach y Rosemarie Terán. "Sociedad, moralidad, religión y política en los siglos XVIII y XIX", por Donald F. Stevens y Sonya Lipsett-Rivera. Hay que destacar también el desarrollo de diversas actividades paralelas y la atención al congresista, con amabilidad, eficacia y puntualidad. Finalmente, tras una reñida votación, se proclamó la próxima celebración del Congreso en Varsovia, superando a la candidatura de la célebre ciudad del Tormes, Salamanca. JAVIER ORTIZ DE LA TABLA En el seno del 49 Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en Quito del 7 al 11 de julio de 1997, tuvo lugar, el martes día 8, un Foro de Investigación que, bajo el título La política comercial española en América durante el período colonial, estuvo coordinado por los profesores John Fisher, director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Liverpool, Allan Kuethe, de la Texas Tech University de Lubbock, y Enriqueta Vila Vilar, de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla. El Foro se proponía reunir a varios estudiosos de distintas facetas del comercio para discutir nuevas perspectivas y nuevas vías que reforzaran el conocimiento de la importancia que en la política, en la economía, en la sociedad, e incluso, en la cultura del Antiguo Régimen tuvo el comercio en general y los hombres e instituciones que lo regían. Se presentaron un total de seis ponencias con los siguientes títulos y autores: Cambios sociopolíticos en el Consulado sevillano: el asiento de avería como instrumento de poder, por Enriqueta Vila Vilar; El traslado del Consulado sevillano: un asunto de poder, por Allan Kuethe; Redes familiares en el comercio colonial hispanoamericano, por Javier Ortiz de la Tabla; Nuevas perspectivas sobre la política del siglo XVIII para Perú, por Carmen Parrón Salas; La regulación del comercio local en Perú y Nueva España (1746-1756) ¿Connivencia, corrupción o adecuación al mercado?, por Alfredo Moreno Cebrián, y por último, La política comercial española en América en el período borbónico: una síntesis, por John Fisher. Se discutieron, sobre todo, aspectos internos del comercio y sus implicaciones sociales así como su proyección e incidencia en la vida política nacional e internacional, y salvo el presentado por E. Vila referido al siglo XVII, los trabajos se centraron en el siglo XVIII. Se llegó al compromiso de hacer una publicación que recogiera todas estas ponencias, como contribución de este Foro a los resultados del Congreso. ENRIQUETA VILA VILAR HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LV, 1, 1998 Segundo seminario España/Cuba 98: Historia, Cultura y Cine Sevilla, 16 a 20 de marzo de 1998 En octubre de 1996 tuvo lugar el Primer Seminario España/Cuba 98: Historia, Cultura y Cine, organizado por la Universidad de Sevilla y la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC). Estas mismas instituciones auspiciaron también la celebración del Segundo Seminario que -en el marco del convenio suscrito entre la Universidad Hispalense y la Fundación El Monte, con la colaboración asimismo de la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial de Sevillase realizó en nuestra ciudad durante los días 16 al 20 de marzo bajo la dirección del Dr. Antonio Gutiérrez Escudero (EEHA, CSIC) y la Dra. M.a Luisa Laviana Cuetos (Departamento de Historia de América, Universidad de Sevilla). En este Segundo Seminario el principal objetivo consistió en el análisis de temas no tratados en el encuentro anterior (como el intervencionismo norteamericano en Cuba y Puerto Rico, o las relaciones políticas entre las Antillas), aparte de profundizar en el estudio del proceso independentista cubano, aspectos que nos parecieron de particular interés en este año del Centenario de 1898, fecha que, al margen de toda retórica, es tan importante y simbólica en la historia de España y de América Latina porque, si bien supuso el fin del dominio colonial español en aquel continente, supuso a la vez el inicio de una nueva relación entre España y Cuba, relación enmarcada en esta entidad mayor que José Martí llamó "Nuestra América", de la cual España y los españoles formamos parte. Como en el Primer Seminario, este Segundo Seminario se basó en la interdisciplinariedad (historia, literatura, arte), así como en una amplia utilización de material audiovisual (documentales, películas y diapositivas que se proyectaron como apoyo e ilustración de las conferencias impartidas) y en la realización de exposiciones bibliográficas y pictóricas. En la mañana del lunes 16 se inauguró en primer lugar la exposición "José Martí, entre la tala y la semilla", un conjunto de acuarelas del pintor cubano Jorge P. Duporté. A continuación se exhibió al público asistente una selección de los fondos de la biblioteca de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos sobre "Cuba y el 98", que comprendía tanto libros publicados recientemente como ejemplares del siglo pasado referentes a los acontecimientos históricos de que trataba el Seminario. En la tarde de este mismo día se abrió oficialmente el Seminario bajo la presidencia del Dr. Adolfo L. González Rodríguez (Vicerrector de Relaciones Institucionales de la Universidad de Sevilla). La conferencia magistral fue dictada por D. Javier Figuero y D. Carlos G. Santa Cecilia, quienes hablaron sobre "1898: la España del Desastre" a través de los hechos más destacados que la prensa de aquella época recogió en sus páginas. Durante la mañana y la tarde del martes día 17 tuvieron lugar las siguientes intervenciones: Dr. Antonio Merchán (Universidad de Sevilla), "La ley de refor-C R Ó N I C A S El viernes día 20 el Dr. Adolfo González Rodríguez moderó una mesa redonda sobre el tema "1998: la España de la Cooperación" en la que intervinieron D.Antonio Acosta Rodríguez (Director de la Universidad Internacional de Andalucía, Sede Iberoamericana de La Rábida), D. Jesús Cantero (Jefe del Área de Cultura y Ecología de la Diputación Provincial de Sevilla), D. Agustín García Asuero (Director del Secretariado de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sevilla), D. Jorge Jiménez Barrientos (Presidente de la Fundación para el Progreso de Andalucía), D. Manuel Marchena Gómez (Director del Patronato Provincial de Turismo de Sevilla), D. Ion de la Riva (Consejero de Cultura y Cooperación de la Embajada de España en Cuba) y D. Antonio Cáceres (Fundación El Monte, Sevilla). La clausura del este Segundo Seminario la realizó la Dra. Consuelo Varela, Directora de la EEHA (CSIC), quien se congratuló de la colaboración entre todas las instituciones implicadas que había permitido alcanzar los objetivos propuestos y que debía servir como modelo para futuras actuaciones. La celebración de este Segundo Seminario España/Cuba 98 permitió mostrar a los presentes el libro coordinado por Antonio Gutiérrez Escudero y M.a Luisa Laviana Cuetos, Cuba entre dos revoluciones. Un siglo de historia y cultura cubanas, que publicado por la Diputación de Sevilla y presentado oficialmente el 14 de mayo en el Salón de Actos del Rectorado de la Universidad de Sevilla, recoge las conferencias dictadas en el Primer Seminario organizado en 1996. Los trabajos que se contienen en dicho libro abordan temas que hacen referencia a la historia y cultura cubanas desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. De ahí el título de la obra y los dos bloques en que puede dividirse, donde se estudian por una parte el período próximo a 1898 y sus acontecimientos más significativos, y por otra la literatura, el arte, la educación, la historia y la política de Cuba en pleno siglo XX. El volumen cuenta con una presentación de D. Manuel Copete Muñoz (Vicepresidente de la Diputación de Sevilla), una Introducción a cargo de Antonio Gutiérrez y M.a Luisa Laviana y los siguientes artículos: Luis Navarro García, "Cuba y España en el siglo XIX: las razones de un desencuentro"; Rosario Sevilla Soler, "España-Cuba 1898: prensa y opinión pública"; Julián B. Ruiz Rivera, "Los Estados Unidos hacia 1898"; Luis Toledo Sande, "En vísperas de 'otro' 98 y a propósito de Espartaco"; Manuela Cristina García Bernal, "La economía cubana en la disyuntiva del 98"; Juan Maestre Alfonso, "Vectores jurídicos y políticos de la dinámica cubana"; Carmen Pérez Alonso, "Notas sobre la educación en Cuba"; Luis Toledo Sande, "La Literatura cubana hacia/desde 1898"; María Caballero Wangüemert, "'El arpa y la sombra': penúltimos viajes del Almirante Colón"; Carmen de Mora Valcárcel, "Virgilio Piñera o la estética del disparate"; Trinidad Barrera, "Nicolás Guillén y su concepción de la poesía mulata a través de la prosa"; Lourdes Pérez Villarreal, "La sociedad cubana vista a través de su cine"; y Fernando Martín Martín, "Una 'mirada impresionista' sobre el arte cubano contemporáneo". ANTONIO GUTIÉRREZ ESCUDERO Y M.a LUISA LAVIANA CUETOS C R Ó N I C A S
no ha sido todavía analizada con demasiado detenimiento por los hispanistas, hay que destacar que el personaje del indiano -el emigrante español en las Indias Occidentales-es condenado por un escritor en prosa de Valladolid, el doctor Cristóbal Suárez de Figueroa, en su obra de ficción El pasajero, de 1617. En ese relato, Suárez desaprueba la colonización y, sin defender abiertamente a los indígenas, ataca a los indianos por su codicia, ignorancia y doblez. En este estudio, la denuncia de ese autor es contrastada con otras visiones de sus contemporáneos, en general más matizadas. acerca del impacto de las Indias en la literatura española del Siglo de Oro, aunque, en sentido inverso, los balances más o menos críticos o revisionistas del dominio del continente americano por su metrópoli y los repasos historiográficos de los informes -crónicas y relaciones-que las autoridades metropolitanas hicieron de sus posesiones son numerosos y conocidos. 2 Sobre el indiano literario en particular, muchos estudiosos han registrado correctamente las tendencias más habituales de la época a la instrumentalización del personaje o a su denigración en los textos. Se ha señalado, por ejemplo, el tono amargo y moral de Cervantes en el célebre comienzo de su novela ejemplar de El celoso extremeño, donde se narra magistralmente la peripecia de su protagonista, el pródigo y vicioso Felipo de Carrizales. 3 No puede negarse que una porción importante de las menciones de América soslayan o maltratan a los colonos de entonces, los llamados indianos. Tampoco cabe ignorar el hecho de que el Nuevo Mundo tiene, en términos brutos, una reducida representación en la literatura española contemporánea escrita en la Península y que buena parte de esa representación americana consiste en la aparición de indianos en las páginas de la novela o en el escenario de las comedias de capa y espada. Acaso las dos tendencias están relacionadas entre sí y el indiano ejerce como representante de Ultramar en la cultura de la metrópoli, sobre todo a tenor de la relativa escasez de apariciones de indígenas o de alusiones a ellos en nuestra literatura clásica. Precisamente, dadas las limitaciones de un artículo, me propongo ahora atar algunos cabos acerca de esta cuestión armado de un número corto de testimonios procedentes de una única fuente, que podrán ampliarse bastante más en otros sucesivos. En efecto, por poner un ejemplo muy extremo de las idiosincrasias de un sector de la intelectualidad española del XVII, el más enconado que conozco sin entrar en un dominio como el de las crónicas, en el que autores como el padre Las Casas o Fernández de Oviedo ofrecen párrafos memorables sobre la codicia de los colonos, soldados y clérigos españoles, recordaré que el lector de El pasajero de Cristóbal Suárez de Figueroa (1617) se encuentra en una de las páginas de esa amena miscelánea de viaje con una auténtica condena de los indianos y de la colonización. Los anatemas literarios contra el invento de la navegación en general y, siglos después, contra el periplo a Indias en particular no son infrecuentes desde la antigüedad latina, sino que aparecen señaladamente en obras de Petrarca, Luis de Camoens, fray Luis de León, Francisco de Quevedo o Luis de Góngora, entre muchos otros, como he estudiado en un artículo de hace años. Bastará un ejemplo poco conocido de esta condena extraído de la novela Vida de Marcos de Obregón de Vicente Espinel (donde, además, se recuerda un chiste antimarítimo del autor cordobés de Las soledades): Confiado yo en que sabía nadar y los otros no, arrojéme al charco de los atunes, como dice don Luis de Góngora, donde me pudiera suceder lo que al escarabajo, si Dios no lo remediara, que para una bestia tan cruel y desleal como el mar no aprovecha saber nadar; que echarse un hombre en el mar es echarse un mosquito en la laguna Urbión. Los animales de la tierra están enseñados a tratar con un elemento fiel, amigable, suave y apacible, que dondequiera da acogida y sustenta al cansado; pero el mar ingrato, tragador de los bienes de la tierra, sepultura perpetua de lo que en él se esconde, que se sale a la tierra a ver si puede llevarse adentro lo que está en la orilla; hambriento animal de todo lo que puede alcanzar; asolador de ciudades, islas y montañas; envidioso enemigo de la quietud, verdugo de vivos y despreciador de muertos, y tan avariento, que estando lleno de agua y de peces mueren en él de sed y de hambre, ¿qué puede hacer sino destruir a quien dél se fiare?4 Y en una obra de veinte años después, las Empresas políticas de Diego de Saavedra Fajardo (1640), todavía leemos, en su empresa doceava, que "no hay arte mágica y diabólica que no se ejercitase en el descubrimiento del oro y de la plata", en clara alusión a las Indias Occidentales y a los viajes a ellas encaminados. 5 Todo esto se había convertido en un tópico de dominio público desde, por lo menos, la aparición del Libro de los inventores del arte de marear guevariano. El mismo Suárez de Figueroa anota un discurso en el que el personaje del Doctor protesta también contra la navegación: No deben los que navegan contarse con los vivos ni con los muertos; mas como gente que tiene su vida puesta en balanza. Sólo el esperar les conserva un cierto rastro y sombra de la vida, siendo él sólo en tanto peligro su aliento y su vivir. ¿Hay trance tan espantoso como es estar los que navegan no más lejos de la muerte de cuanto tiene de grueso la tabla del navío, casi como desesperados de todo remedio? Grande audacia fue (dice Plinio) querer probar el mar; ni fue sin injuria de los hombres la temeridad del que tal arte inventó. ¿No le bastaba la tierra para sepultura, sin querer también eligir la mar, o que careciesen muchos de la misma, muriendo en ella... 6 Pero el extremismo de Suárez lo hace transitar desde el hermoso cauce horaciano consabido hacia la ruta del más acendrado antagonismo contra Ultramar, expresado a través del puro insulto. Ese escritor destila también en esta parrafada un odio mal contenido en el resto de la obra. El abogado vallisoletano Cristóbal Suárez de Figueroa era hombre descontentadizo y envidioso de los que tenían más éxito que él, ya fuera éste literario o económico, por lo que sus libros aparecen plagados de esta suerte de anatemas y de las malquerencias del entonces apodado Fisgarroa, personajillo que -al decir de lenguas no menos malas que la suya-fisgaba y roía la fama y el prestigio de otros. En este punto saca a colación Suárez reparos grandes y pequeños contra la colonización hispana del Nuevo Mundo y, lo que es más importante y menos frecuente, contra la propia América como fuente de problemas de alcance nacional. Va más allá en ese punto que los arbitristas que habitualmente proponían entonces una política exterior basada en las reformas en la política dentro de la Península y en la contención internacional. E incluso supera a un Miguel Caxa de Leruela, que anotaba que América era un señuelo engañoso para la economía española: Este daño tuvo principio conocidamente del descubrimiento de las Indias, porque al cebo de aquellos tesoros han pasado a ellos millones de naturales, y los extranjeros pusieron todo su estudio en ministrar, a los que quedan, comodidades y delicias, y dis-traerlos de la costumbre antigua, y del trabajo, y ocupación, pasando de las cosas útiles a curiosidades impertinentes, inventando tantas maneras de sacaliñas (...) (p. Frente a este ponderado economicismo, nuestro autor hace una declaración como la siguiente, que transcribo por extenso en razón de su interés: Las Indias, para mí, no sé qué se tienen de malo, que hasta su nombre aborrezco. Todo cuanto viene de allá es muy diferente, y aun opuesto, iba a decir, de lo que en España poseemos y gozamos. Pues los hombres (queden siempre reservados los buenos) ¡qué redundantes, qué abundosos de palabras, qué estrechos de ánimo, qué inciertos de crédito y fe; cuán rendidos al interés, al ahorro! ¡Qué mal se avienen con los de acá, observando diversas acciones, profesando diferentes costumbres; siempre sospechosos, siempre retirados y montaraces! ¡Pues la presunción es como quiera! Todos, sino ellos, ignoran, todos yerran, todos son inexpertos; fundando la verdadera sabiduría y la más fina agudeza sólo en estar siempre en la malicia, en el engaño y doblez. No he visto hacienda adquirida en aquellas partes lograda bien en las nuestras (...) (pág. 337). 7 Así pues, confiesa Suárez primero su odio incondicional hacia el Nuevo Mundo. Incluso les reprocha ser unas tierras novedosas -otros autores reproducirán este mismo reproche injusto fundado en la reticencia de su cultura a la novedad-, un lugar enteramente nuevo. Semejante idea no indica sólo un prejuicio; constituye, además, la simple formulación de un importante hecho intelectual y epistemológico: la radical novedad de América, sus cosas y sus hombres sorprende desfavorablemente a muchos, que recelan ante tanta novedad y sugieren la peligrosidad económica, social, religiosa y moral de una empresa claramente dificultada por la terrible profundidad -dispuesta por el Creador para sustraerlos a la codicia de los hombres-a la que están sepultados el oro y la plata en el Nuevo Mundo, el peligroso océano, los desastres naturales, la codicia criminal de los españoles y la piratería internacional. Mas quien denuesta el lugar, denuesta a sus habitantes, al emigrante que a él aporta y al que lo visita circunstancialmente. Suárez, como muchos escritores, la emprende contra el indiano, cabeza de turco de mil críticas intelectuales a la conquista en diversos géneros de la literatura, desde el 7 El primer comentario que conozco de estas líneas es el de Américo Castro en su De la edad conflictiva: crisis de la cultura española en el siglo XVII, Taurus, Madrid, 1976, pág. 216n., donde asegura que "Suárez de Figueroa odiaba a las Indias y a los enriquecidos en ellas". Véase también mi estudio ya citado de 1999, donde comentaba brevemente parte del pasaje (págs. 110-111), aunque en bastantes más lugares del libro aludía a Suárez. ISSN: 0210-5810 entremés hasta la novela y la poesía.8 Como hemos visto, en efecto, del indiano destaca Suárez, con una cristiana salvedad para los mejores de entre ellos -según hemos visto: "queden siempre reservados los buenos"-, la redundancia y la verbosidad. En general, el indiano es habitualmente, tanto en este tipo de alegatos como en las más ligeras comedias, un exagerado e insoportable charlatán, un mentiroso y un cobarde, aunque, por lo común, estas acusaciones se le hagan en tono de solfa, con una gracia que no exhibe Suárez de Figueroa en su pasaje. CRISTÓBAL SUÁREZ DE FIGUEROA: UN ENEMIGO DE AMÉRICA Y DE LOS INDIANOS El interesante Diccionario de la comedia define al indiano teatral como "un hombre ya mayor, rico pero grosero y avariento, que a veces aparece como antagonista del galán en comedias de capa y espada ambientadas en España".9 Porque, el indiano es, amén de codicioso, supremamente tacaño o, según reza la voz acuñada casi en exclusiva para él, guardoso. De ahí que Fisgarroa les reproche: "¡...cuán rendidos al interés, al ahorro!". Casi parecen confirmar estas palabras una conjetura de Américo Castro acerca de que sobre los indianos podía pesar una sospecha de judaísmo. 10 Es posible que ésta obrase en la mentalidad de Suárez, aunque no tenemos pruebas de que así fuera, ni en su caso ni en el de muchos otros escritores adheridos a esta campaña anti-indiano. Castro, en efecto, señalaba, en su libro polémico Cervantes y los casticismos españoles, que "(...) La riqueza de los 'indianos' no daba honores, y el oro de las Indias no remediaba la pobreza de España".11 Y anotaba además estas consideraciones: La significación de las Indias para los españoles que permanecían en la Península está bien clara: enriquecerse en el Nuevo Mundo ponía en peligro la limpieza del linaje, convertía al indiano en un posible judío, interesado en acumular una fortuna individual y secular (no como aureola de su rango nobiliario o para fines religiosos). 12 La codicia sí era atributo frecuente del colono real13 y del indiano literario, según lo formulase ya Alonso de Ercilla en su poema La Araucana, en versos lapidarios: Codicia fue ocasión de tanta guerra y perdición total de aquesta tierra. 14 Y como ha estudiado en su libro Marcos Augusto Morínigo. 15 La consideración siguiente en la terrible enumeración de pecados que entona el Doctor es la relativa al difícil retorno del indiano a su patria. El lector recordará los recelos y el extraño ambiente que atemorizan al celoso extremeño cervantino, bien pertrechado de oro americano y medroso de cualquier injerencia del exterior en su nueva vida de casado en Sevilla. Con todo, el desarrollo de la novela ejemplar resulta infinitamente más rico que la alusión de Suárez, pues Cervantes rechaza las obviedades del indiano avaro y desconfiado, oculto en su rincón, o las del personaje parlanchín, fabulador y mentiroso, para atribuirle un tópico mucho más antiguo y fecundo: el del viejo celoso casado con la niña, ahora en versión seria y en tono de más hondo análisis psicológico. En cambio, el amargado Suárez de Figueroa, sin la sutileza, la habilidad y la imaginación cervantinas, se contenta con entonar su sarta de improperios ya citada, que incluye la incompatibilidad con los peninsulares ("¡Qué mal se avienen con los de acá...!"); su alejamiento del modo de ser de los verdaderos españoles ("observando diversas acciones, profesando diferentes costumbres"); y su carácter arisco, retraído e insociable ("siempre sospechosos, siempre retirados y montaraces!"). Ahora bien, como el tópico es, en realidad, una madeja de lugares comunes muy mal avenidos entre sí, comprobamos que el indiano puede ser retirado y montaraz, presuntuoso y hablador a un mismo tiempo: "¡Pues la presunción es como quiera!"; a la par que resulta tan seguro de sí, que habla y porfía en demasía con otras personas -el porfiado, el obsesivo es otro tipo satírico menor de la época-: "Todos, sino ellos, ignoran, todos yerran, todos son inexpertos; fundando la verdadera sabiduría y la más fina agudeza sólo en estar siempre en la malicia, en el engaño y doblez". Aquí se ha alcanzado uno de los límites críticos del personaje. Éste, si bien había sido acusado de astucia maliciosa por Lope de Vega en La Dorotea, 16 no es generalmente tan engañoso en la literatura como lo pinta Suárez, que extrema la nota en su catálogo de defectos. Más bien el indiano solía ser acusado de hablador vano y de chapetón, o sea, de inexperto y fácil de embaucar, como en la misma Dorotea es llamado don Bela -"chapetón de la Corte (que así llaman ellos a los modernos)" (pág. 178)-. Aunque también se anota la idea contraria en esa obra: "Siempre oí decir que los indianos hablan mucho, si bien todo es bueno, porque aquel clima produce raros y sutiles ingenios" (págs. 184-185). Lo corriente, en el medio literario contemporáneo de nuestro autor, era, en realidad, un personaje dúctil y acomodado a las necesidades de cada argumento. Precisamente el don Bela indiano de la acción en prosa del Fénix resulta un carácter equilibrado y es descrito en esa obra desde varios ángulos. Obsérvese que, para empezar, en el tratamiento magistralmente complejo de su viejo episodio de juventud, Lope dispone nada menos que dos indianos en la vida de Dorotea: un marido presuntamente fallecido en Lima -Ricardo (pág. 135)-y el pretendiente enamorado y rico que es don Bela, rival del protagonista don Fernando, trasunto del propio Lope. La caracterización de Bela, es múltiple: por medio de una descripción favorable e interesada de Gerarda, una amiga de la madre de la dama, directamente por la aparición del mismo Bela, e indirectamente, por vía de un Arancel con que ha de andar un caballero en la Corte enderezado a prevenir a los recién llegados contra alcahuetas y pedigüeños. Frente a la ingenuidad que sugiere el último texto, don Bela es en realidad un indiano precavido y astuto que conseguirá finalmente a la sufrida Dorotea. Y no en vano, en esa pieza lopiana, la celestina Gerarda intenta incitar a Teodora para que persuada a Dorotea a que se entregue al indiano, pues éste es hombre rico, maduro, discreto y liberal, esto es, generoso con sus caudales. Con ese fin, traza Gerarda ante su amiga un retrato físico del personaje: Es hombre de hasta treinta y siete años poco más o menos, que unas pocas de canas que tiene son de los trabajos de la mar, que luego se le quitarán con los aires de la corte; y yo vi el otro día un rótulo en una calle que decía: "Aquí se vende el agua para las canas". Tiene linda presencia, alegre de ojos, dientes blancos, que lucen con el bigote negro como sarta de perlas en terciopelo liso; muy entendido, despejado y gracioso; y, finalmente, hombre de disculpa, y no mocitos cansados, que se llevan la flor de la harina y dejan una mujer en el puro salvado, que ya entendéis para lo que será buena (págs. 82-83). Aunque Dorotea acabará por rendirse a los encantos del maduro personaje y abandonará al infeliz don Fernando -un Lope joven, poeta y pobre-, en un principio se resiste a la seducción lanzando una andanada contra los argumentos de su madre: "¡Notable batería hizo en el muro de tu entendimiento la fisionomía liberal del rico indiano! ¡Así suelen ser ellos, como te le pintó la Circe!", en alusión clara a la celestina Gerarda, que se entromete en sus amores (pág. 86). En realidad, la más dura crítica de muchos españoles a los indianos estribaba, como tantas cosas, en un móvil de la más rancia economía, 17 justamente subrayada por Lope en el pasaje citado y en otros, como el del sueño de Fernando, en el que, desde una nave, "un hombre solo -trasunto onírico de don Bela-, que desde el corredor de popa arrojaba a una barca barras de plata y tejos de oro", riquezas que una Dorotea imaginaria recoge "con las dos manos" (pág. 92). Esto es, exactamente el cuadro habitual de la relación entre las depauperadas mujeres cortesanas y sus amantes ricos provenientes de Indias. En el mismo orden de cosas, sobre Bela sabremos que es "liberalísimo". 18 También se anota que es "muy discreto" y que "ha visto mucho mundo" (pág. 195). Y después leemos otro encendido elogio: "¡Mira que sabiduría con aquel talle! Entendimiento tiene que podría ser feo" (pág. 198), porque el indiano sabio no cesa en ese pasaje de perorar sobre Teócrito, Virgilio, el romancero y Orfeo (págs. 198-199). Volviendo a nuestro autor, uno de los últimos puntos aducidos por Suárez consiste en la idea de que la hacienda americana no fructifica ni enriquece a sus nuevos propietarios peninsulares a causa de haber sido 17 Todo esto ha sido estudiado, en su vertiente histórica, en la que no entraré aquí, por Hamilton, Earl J.: El tesoro americano y la revolución de los precios en España, 1501-1650, Ariel, Barcelona, 1975. En la pág. 190 leemos que es nada menos que un "liberalísimo príncipe". obtenida de forma pecaminosa por los colonos en las mismas Indias: "No he visto hacienda adquirida en aquellas partes lograda bien en las nuestras". Así, con una frase lapidaria, Suárez de Figueroa sentencia al indiano de la literatura y de la realidad. El tópico podía ser más complicado aún en esos años, pues solía acusarse a los emigrantes de dejar sus conciencias en España antes de partir a Ultramar, en Sevilla, como escribe Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache: Donde hay muchas escuelas de niños, y maestros que guardan conciencias -aunque, como digo, ninguna ciudad, villa, ni lugar se escapa en todo el mundo-es en Sevilla, de los que se embarcan para pasar la mar, que los más dellos, como si fuera de tanto peso y balume que se hubiera de hundir el navío con ellas, así las dejan en sus casas o a sus huéspedes, que las guarden hasta la vuelta. 19 Sólo después de explayarse a gusto contra los colonos emigrantes, piensa Suárez en recapitular enfáticamente con una postrera andanada de denuestos: ¡Qué deslucidos casi todos, qué míseros, qué faltos de amistad, qué sobrados de odio, qué inútiles, qué despegados, qué malquistos! ¡Notables sabandijas crían los límites antárticos y occidentales! (pág. 337). Mientras que añade la nota personal del resentido, no poco retórica en este caso: Desde que nací aguardo venga de allá algún varón no menos rico que espléndido en quien tenga albergue la virtud, amparo la ciencia, socorro la necesidad (pág. 337). Y, a modo de recapitulación, recuerda un tópico reciente de Lope de Vega, 20 ahora extendido desde el palenque de las glorias épico-literarias a todos los campos: ¿Es posible no haya producido en más de un siglo aquella tierra algún sujeto heroico en armas, insigne en letras, o singular por cualquier camino? 21 19 Alemán, Mateo: Guzmán de Alfarache, Micó, José M.a (ed.), Cátedra, Madrid, 1987, pág. 387. ISSN: 0210-5810 Evidentemente, nuestro autor no piensa en este instante ni en los Varones ilustres, ni en los héroes ercillanos o en la misma Araucana, ni en la famosa epístola de Lope de Vega a la Amarilis Indiana, ni en los ingenios americanos del Canto de Calíope de Cervantes. Tampoco repara en un título de un capítulo de Juan de Cárdenas, "Qual sea la causa de ser todos los Españoles nacidos en Indias por la mayor parte de ingenio bivo, tracendido y delicado". 22 La última frase del pasaje de Suárez de Figueroa retorna al lugar común del interés, o sea, la codicia del oro y la plata que sugirió a Castro su razonamiento y que campa por doquier a lo ancho de la literatura española barroca más crítica contra la colonización de las Indias: "Mas ¿qué puede haber en parte donde tanto triunfan los vicios, donde tanto campea el interés?". 23 La arenga de Fisgarroa ha concluido. Frente a ella, se alinean algunos -pocos-textos de otros escritores que defienden a los indianos, como la Refutación de Las Casas de Bernardo Vargas Machuca, y decenas de autores que se sirven del carácter del indiano para enriquecer sus respectivos catálogos de criaturas narrativas y teatrales, bondadosas o mendaces, habladoras o reservadas, graciosas o siniestras en función de las variadas necesidades de las tramas teatrales o narrativas en las que participan. 24 Porque a pesar de los grandes esfuerzos propagandísticos, tanto de Suárez como de sus antagonistas, ni toda la literatura contemporánea aparece enconada contra el colono y la colonización, ni toda ella refleja una creencia firme en la incorporación benéfica y pacífica de Ultramar al Imperio español. En suma, sería de desear que los estudiosos y los historiadores del futuro se acercasen al problema del impacto de lo americano en la literatura del XVII y ofrecieran soluciones equilibradas y ecuánimes que tuvieran en cuenta que el patriotismo a destiempo y las leyendas antiespañolas no hacen ninguna justicia a la imagen literaria de América en la España barroca, unas veces teñida de un retoricismo estéril y otras de un indigenismo en 22 Primera parte de los problemas y secretos maravillosos de las Indias, Imprenta del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, México, 1913, Libro III, cap. II; págs. 159-163. 23 Añádase a sus contribuciones al tema ya citadas la nota "Sobre lo precario de las relaciones entre España y las Indias", en Cervantes y los casticismos..., págs. 228-244. 24 Tal y como intenté demostrar en mi artículo de 1998: "La figura grotesca del indiano teatral en el Siglo de Oro español", en Reverte Bernal, Concepción, y de los Reyes Peña, Mercedes (eds.): II Congreso Iberoamericano de Teatro "América y el teatro Español del Siglo de Oro", Universidad de Cádiz, Cádiz, 1998, págs. 423-434. ISSN: 0210-5810 ciernes que sorprendería a muchos, o -finalmente-de un anticolonialismo tan extemporáneo y tan poco ecuánime como es el de Suárez de Figueroa o Fisgarroa. Y, aunque no sea éste el objeto de estudio de estas notas, más interesadas en la imagen del colono, no podemos por menos de destacar el testimonio verdaderamente lascasiano de nuestro autor: Mas ¿qué puede haber en parte donde tanto triunfan los vicios, donde tanto campea el interés? Todo es destruir, todo es aniquilar las vidas y haciendas de los que tienen entre manos. Tiranos crueles, no blandos mayordomos de los bienes y frutos de aquellos simples, de aquellos inocentes, que sumergidos entre las ondas del perpetuo trabajo, despiden las miserables vidas que les quedan, librándose con una de casi infinitas muertes; que por instantes les resulta del incesable sudor, de la insufrible fatiga. Siendo esto así, y que, según se afirma generalmente, los buenos se estragan en pisando aquellos confines, ¿de qué sirve para buscar su daño entregarse a los tremendos peligros y a las innumerables molestias de tan larga navegación? (pág. 338).
La Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA) de Sevilla, a lo largo de sus cincuenta años de dedicación a los estudios americanistas, ha venido apoyando la labor investigadora de todos aquellos profesores e investigadores que, para desarrollar su actividad, han debido permanecer en la ciudad hispalense. En este sentido, también la Residencia de la EEHA, sita en la calle Alfonso XII, número 16, de Sevilla, viene siendo desde hace tiempo un lugar de encuentro de muchos americanistas que acuden a su Biblioteca para consultar sus ricos fondos y los del Archivo General de Indias. Siendo un objetivo de la Escuela el decidido apoyo de la investigación de calidad que se realiza en los países americanos y europeos, tanto por jóvenes post-graduados como por parte de renombrados investigadores, se acuerda convocar dos becas de estancia en su Residencia por un tiempo de seis meses de duración y otras dos por tres meses. Las becas incluyen el alojamiento, corriendo por cuenta del becario los gastos del viaje a España y su manutención. Requisitos y condiciones generales Los candidatos deberán ser extranjeros no residentes en España, quienes para optar a la beca deberán presentar la siguiente documentación: a) Solicitud para participar en esta convocatoria, dirigida a la Sra. Directora de la EEHA, especificando el período de tiempo que solicita, considerándose también la posibilidad de conceder becas por períodos inferiores a los seis y tres meses antes mencionados. b) Currículum vitae. c) Proyecto detallado (máximo de tres páginas) del trabajo de investigación sobre Iberoamérica o Filipinas a realizar en Sevilla, ya sea en materia de ciencias humanas o sociales. En el caso de investigadores de acreditada valía se considerará con preferencia a los candidatos que vayan a impartir en la Escuela, paralelamente a su labor investigadora, algún seminario o taller monográfico dirigido a jóvenes licenciados, en cuyo caso deberán presentar un programa del mismo. d) Los candidatos de países no hispanos deberán acreditar un buen conocimiento del idioma español. Se considerarán con preferencia las solicitudes de aquellos países en los que sus investigadores tengan especiales dificultades económicas para afrontar una estancia prolongada en Sevilla. El período de disfrute de las becas semestrales estará comprendido entre principios de enero y mediados de julio de 1999, y el de las trimestrales entre mediados de septiembre y mediados de diciembre del mismo año. En el caso de becas por períodos inferiores de tiempo, su disfrute siempre será dentro de las fechas anteriormente mencionadas. Las solicitudes deberán recibirse en la Secretaría de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), calle Alfonso XII, n.o 16, 41002 Sevilla (España), antes del 16 de octubre de 1998 para las becas del primer semestre y antes del 15 de mayo de 1999 para las becas del último trimestre. La resolución de la presente convocatoria se hará pública antes del 15 de noviembre de 1998 para las becas del primer semestre y antes del 31 de mayo de 1999 para las becas de tres meses. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Premio "Casa de las Américas" Casa de las Américas convoca para 1999 la XL edición de su premio literario. Las convocatorias al premio se dividen en dos grupos de géneros y categorías que alternan cada año. En 1999 concursarán los géneros de novela, cuento y testimonio, así como la categoría de literatura brasileña (en ésta podrán concursar todos los géneros, menos ensayo). Podrán participar los autores latinoamericanos y caribeños, naturales o naturalizados. Se deberá enviar un original y dos copias en español (excepto los brasileños, que lo harán en portugués). Las obras no excederán de quinientas páginas de treinta líneas mecanografiadas a dos espacios y foliadas, deberán ser inéditas y no podrán estar en proceso de impresión en otra editorial. Se otorgará un premio único e indivisible por cada género o categoría. El premio consistirá en 3.000 dólares y la publicación de la obra por la Casa de las Américas. Las obras deberán ser remitidas a la Casa de las Américas (3.a y G, El Vedado, La Habana 10400, Cuba) o a cualquiera de las embajadas de Cuba, antes del 30 de noviembre de 1998. La Casa de las Américas aprovecha esta ocasión para anunciar que ha decidido establecer un Premio Extraordinario de Ensayo sobre el siglo XX en la América Latina y el Caribe, que será otorgado en el año 2000. En él podrán concursar, en español o portugués, libros que aborden temas de carácter históricosocial o artístico-literario sobre nuestra región en el siglo que termina. Congreso Internacional sobre Felipe II Del 21 al 25 de septiembre de 1998 se realizará en Zacatecas y Guadalajara (México) un Congreso Internacional sobre "Felipe II y el oficio de rey: la fragua de un imperio". El Congreso abordará el desarrollo de los entonces llamados reinos de las Indias Occidentales, América y Filipinas, sin excluir participaciones que traten del panorama europeo. El Congreso se organizará en torno a conferencias magistrales y mesas de ponencias. Entre las primeras destacan las que impartirán el Dr. Jean Pierre Berthe, "El rey y el gobierno de las Indias"; el Dr. Ruggiero Romano, "La riqueza de las Indias Occidentales", y el Dr. Geoffrey Parker, "Las Indias y la renovación de las artes militares". Entre las segundas resaltemos la moderada por la Dra. Justina Sarabia Viejo sobre "El arte de gobernar un imperio", que contendrá comunicaciones acerca de Geografía y percepción del imperio; El rey y los reinos: el aparato de estado desde arriba y desde abajo; Revueltas y ejércitos. Otras mesas de ponencias estarán dedicadas a "Un rey pobre en un imperio rico" (El costo del imperio; La Real Hacienda: mecánica imperial; La gran noria imperial; El orden de la cultura material); "Modelar la sociedad" (Iglesia, Inquisición, Universidades y Órdenes; De los estamentos a las castas. Los marcos sociales y la ley; La sociedad a través de sus prismas), y "El rey y su siglo de oro" (El rey y sus imágenes; El blanco manto de la urbanización; Las lenguas y el imperio; Las artes y la cultura). IX Congreso de la Federación Internacional de Estudios sobre América Latina y el Caribe (FIEALC) El IX Congreso de la FIEALC se celebrará en la Universidad de Tel Aviv (Israel), del 12 al 15 de abril de 1999, y tendrá como tema central "El Mediterráneo y América Latina". Las áreas temáticas propuestas son las siguientes: 1. La cuenca mediterránea y el subcontinente latinoamericano. Encuentro y crisol de pueblos y culturas; 2. El Medio Oriente y Europa. Latinoamérica y Estados Unidos: un acercamiento; 3. Sociedad e inmigración en la cuenca mediterránea y el subcontinente latinoamericano; 4. Influencias culturales e ideológicas recíprocas en ambas zonas; 5. Relaciones políticas y económicas entre los pueblos de estas zonas y el mundo occidental; 6. Papel y relación de ambas zonas en la globalización; 7. Experiencias en el Medio Oriente y Noráfrica y experiencias latinoamericanas. Hasta el mes de marzo se habían recibido 35 propuestas de paneles temáticos. Las ponencias podrán presentarse en español, portugués e inglés, no excederán de 15 páginas DIN A-4 y deberán ir acompañadas del envío de un resumen (entre 15 y 30 líneas) y un currículum vitae antes del 1 de octubre de 1998. Todo el envío de material y consultas relativas al funcionamiento del Congreso deberán dirigirse a Dr. Tzvi Medin o a Dr. Raanan Rein. Correo electrónico del Dr. Raanan Rein: [EMAIL] 50 Congreso Internacional de Americanistas (ICA) Las autoridades y la Comunidad Académica de la Universidad de Varsovia, así como los organizadores y los patrocinadores, comunican la celebración del 50 Congreso Internacional de Americanistas que se celebrará en Varsovia del 10 al 15 de julio del año 2000, bajo el lema general de "Mensajes universales de Las Américas para el siglo XXI". La estructura general del Congreso seguirá la tradición ya establecida de Plenarias de apertura y clausura; simposios temáticos; conferencias y sesiones temáticas abiertas; exposiciones, reuniones sociales, etc. Los organizadores pretenden que el 50 ICA sea un evento de "Ambas Américas", de "Todas las Américas" y de "Temas comunes para las Américas". Un segundo gran desafío es contrarrestar la tendencia a la atomización interna de los congresos. Por tanto, se propone en Varsovia un Congreso desarrollado alrededor de un número limitado de "simposios básicos", relativos a grandes temas americanos, complementados con una cantidad razonable de simposios más específicos. El Comité organizador elaborará y dará a conocer en la primera circular los criterios de inscripción y aprobación de los simposios. Los "simposios básicos" deben ser coordinados por dos o tres responsables y auspiciados oficialmente por sus instituciones matrices. Por consultas previas surgieron varias propuestas de tales simposios, como por ejemplo "Procesos, tendencias y proyecciones de integración regional, hemisférica y global en Las Américas", "Religiones e iglesias en América Latina al advenimiento del siglo XXI", "Afroamérica: experiencias y proyecciones empíricas y teóricas", "Sociedades y culturas latinoamericanas en los EE.UU.: espacios de convivencia, competencia y expansión", "Brasil a los 500 años: experiencias y desafíos sociales y políticos, nacionales y americanos", etc. Se pretende que el 50 Congreso sea un gran foro de diálogo entre distintos personajes, grupos y organizaciones americanistas. Es un reto para contrarrestar la atomización del movimiento americanista mundial y para ello se ha propuesto que tal idea se materialice en forma de una sesión especial plenaria de debate titulada "Puentes para el diálogo americanista". La dirección para toda correspondencia es 50 ICA, CESLA, Universidad de Varsovia, Zurawia 4, 00-503 Warszawa, Polonia. Miscelánea de congresos, simposios, reuniones científicas, etc. -Dirigidas por el profesor Dr. Antonio Garrido Aranda (Universidad de Córdoba, del 16 al 19 de septiembre de 1997 se celebraron en Montilla las VII Jornadas "Inca Garcilaso". Dado que se cumplía el centenario del nacimiento del gran historiador y diplomático peruano Raúl Porras, descubridor de la biografía del Inca Garcilaso en Montilla y de la mansión en que transcurrieron sus primeros treinta años de estancia en España, donde concebiría su producción intelectual, el tema central del encuentro fue "Tras las huellas historiográficas de Raúl Porras Barrenechea. -La Asociación Española de Estudios del Pacífico celebró su IV Congreso Internacional en la ciudad de Valladolid del 26 al 29 de noviembre de 1997. El título general elegido fue "1898: España y el Pacífico. Investigación del Pasado e Interpretación del Presente". La convocatoria del Congreso pretendía un intercambio de ideas y la apertura de nuevas líneas de trabajo para futuras investigaciones en equipo o individuales. Contó además con la presencia de especialistas procedentes del extranjero (Australia, Taiwan, Japón, Marianas, México, Nueva Zelanda, Filipinas, etc.) y nacionales (CSIC, Universidades de Barcelona, Complutense de Madrid, Córdoba, Sevilla, etc.). -El Comité Español de Historia Militar (CEHISMI) promovió un congreso internacional sobre "Ejército y armada en el 98. Su principal interés radicaba en el análisis de temas que "siguen siendo una asignatura pendiente", como el "estudio de la actuación militar, de la situación de las tropas, de las decisiones y operaciones militares, de las causas que llevaron a la pérdida de las provincias, de la repatriación de las fuerzas, de las características de los militares nativos, etc." -La Universidad de Tel Aviv (Israel) organizó, del 5 al 7 de abril de 1998, un Coloquio Internacional sobre "Cine y política en América Latina". Los tres temas principales tratados fueron: a) Cine y conciencia política; b) El cine como protesta; c) El cine latinoamericano frente a la hegemonia de Hollywood. -El Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello organizará en La Habana, del 15 al 26 de junio, un curso sobre "Cine latinoamericano: cien años de cine en América Latina, 1897-1997", que impartido por una de las especialistas de más reconocido prestigio, la Dra. Lourdes Pérez Villarreal, realizará un panorama del cine latinoamericano desde su surgimiento hasta nuestros días, analizándose sus temas, tendencias y representantes más importantes a través de varios filmes que así lo demuestran. -En la Universidad de Halle-Wittenberg (Alemania) tendrá lugar, del 4 al 9 de septiembre de 1998, el II Congreso del Consejo Europeo de Investigaciones Sociales de América Latina (CEISAL), con el tema central de "América Latina: cruce de culturas y sociedades -La dimensión histórica y la globalización futura".
ríos que riegan el valle: el Tomebamba, el Yanuncay, el Tarquí y el Machángara, el nuevo establecimiento urbano llevó el nombre bucólico de Santa Ana de los Ríos. Del antiguo pueblo cañari sólo se conoce el nombre: Guapdondelic. 1 El santuario incáico, Tomebamba, es mejor conocido. 2 Sin embargo la ciu-* Una versión previa del texto ha sido leída en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos en mayo de 1993 en el marco del "Encuentro de historia. Élites criollas y comunidades indígenas en los Andes, siglos XVI-XVIII", organizado en dichas fechas. 1 "Primeramente, se llama este asiento de la ciudad de Cuenca y todo el valle que se extiende desde Los Baños hasta la ribera de Machángara, en lengua de los naturales de estos cañares, Gaupdondelic, (...) que quiere decir llano grande como el cielo". (Hernando Pablos, "Cuenca", en Pilar dad española no se instaló exactamente en las ruinas del mismo, sino a poca distancia. En efecto, parece que los templos y palacios incáicos ya se encontraban en ruina en el momento de la fundación de la ciudad y sólo había un pequeño establecimiento humano en el lugar, con presencia de algunos españoles, que tenía el nombre de Paucarbamba. De las ciudades de la Audiencia de Quito, Cuenca pertenece al último grupo de fundaciones. 3 Las motivaciones de las autoridades para crear una nueva urbe obedecen a la voluntad de enmarcar a la población indígena, de fijar los grupos flotantes de aventureros españoles, de mejorar el control de los territorios sureños de la Audiencia, de favorecer las expediciones hacia el territorio de los indios rebeldes jíbaros, de controlar la explotación de las minas de oro y plata que se descubrieron en la zona y, especialmente, las que estaban en pleno auge en el valle del Santa Bárbara. 4 Una vez cumplido el ritual de fundación, determinados los límites jurídicos y consignada la aceptación de los caciques de la región, 5 la repartición de los solares a los diez y ocho fundadores significó la creación física de la ciudad. Como de costumbre, Gil Ramírez Dávalos estableció sitios para los edificios civiles (cabildo, cárcel, hospital, carnicería y tiendas) y religiosos (futura iglesia mayor, convento de Santo Domingo). Gracias al acta de fundación de 1557 consignada en el primer libro de cabildos, Octavio Cordero Palacios reconstruyó el plano original de Cuenca. 6 Luego hay que esperar hasta el año 1889 para tener una representación de la ciudad. 7 Entre esas dos fechas, no disponemos de ningún plano que nos pueda ofrecer una imagen de su crecimiento físico. El primer objetivo de la investigación es proponer unos mapas de Cuenca entre esas dos fechas que muestren su crecimiento. 4 Sobre estos diversos factores, ver Chantal Caillavet: "Los grupos étnicos prehispánicos del sur del Ecuador según las fuentes etnohistóricas", en Segundo Moreno Yánez: Antropología del Ecuador, Quito, 1989, págs. 149-179; Anne-Christine Taylor: "Los Palta-Jivaro andins précolombiens à la lumière de l 'ethnographie contemporaine", Bulletin de l' IFEA, 20-2, Lima, 1991, págs. 439-459; y Juan Chacón Zhapán, Historia de la minería en Cuenca, Cuenca, 1986. 5 Para el ritual y el proceso de fundación, ver el Libro primero de cabildos de la ciudad de Cuenca (Victor Manuel Albornoz, Libro de cabildos de la ciudad de Cuenca. 6 El plano de Cuenca que proporciona Felipe Guamán Poma de Ayala (Nueva corónica y buen gobierno, México, [1615] 1980, pág. 926) es un mero estereotipo de las representaciones urbanas que ofrece el cronista. Año de 1889, por Tomás Piodil", colección Carvallo Álvarez, Cuenca. Pero el interés no radica solamente en determinar el desarrollo de la ciudad, sino también en establecer la repartición de la población dentro y fuera del casco urbano. Por eso el problema del crecimiento demográfico ya plantea de por sí dificultades por la ausencia de datos censales hasta el final de la colonia. A partir de la documentación notarial (en este caso las compra-ventas de tierras) intentaremos cartografiar los cambios ocurridos a lo largo de tres siglos de la historia de Cuenca, especialmente el proceso de integración de parte del espacio rural y de consolidación de la construcción urbana. En ese marco distinguiremos las siguientes áreas en base a la densidad relativa del poblamiento, a la continuidad o no de las construcciones, a la existencia o la ausencia de una organización urbanística de las cuadras o manzanas: el centro de la ciudad, la periferia o área periurbana con los suburbios y el área semirural. 8 En base a un análisis de la repartición de la población, nos proponemos responder a la pregunta siguiente: ¿qué es una ciudad colonial como espacio físico y cuerpo social?9 Tomando en cuenta que era el centro de los diversos poderes y del mayor prestigio social, el lugar de la producción artesanal y de los intercambios, la ciudad permitía el encuentro entre los estratos blancos que tenían ahí su residencia privilegiada y los sectores indígenas atraídos por ella en búsqueda de fuentes de ingresos o de movilidad social. La ciudad era el lugar de residencia de los españoles, al igual que el pueblo para la población indígena. Pero no hay que sistematizar ni simplificar esta imagen de la sociedad colonial: muy pronto los indios se instalaron en Cuenca y eso dio lugar al desarrollo de una sociedad en la que intervenía el mestizaje en larga escala. De esta manera, el propósito final es ofrecer un modelo de comprensión del desarrollo socioétnico de Cuenca, dando especial énfasis al problema de la ubicación de los diversos grupos que la componían y a las modificaciones de las relaciones que tenían entre sí dentro y fuera del espacio urbano. La imagen de la ciudad corresponde a varias etapas y distintos estados del desarrollo socioétnico: de la segregación primero a la jerarquía de las áreas urbanas en segundo lugar y para llegar, al final, al mestizaje de los barrios. La segregación, primer modelo de la ciudad En el horizonte de los años 1600, la ciudad había registrado varios cambios. El más significativo es el crecimiento del número de vecinos. De diez y ocho en 1557 pasaron a ciento cincuenta en 1582, según Hernando Pablos, y a quinientos a principios del siglo XVII, según Antonio Vázquez de Espinoza. 10 Las actas del Cabildo registraban ese aumento al referirse a las peticiones de vecindad que recibían los regidores y a la distribución por el concejo de solares a los nuevos vecinos. Sin embargo, toda la población blanca no tenía ese estatuto. Además, a partir de 1563, el Cabildo decidió vender los terrenos para permitir la construcción de las casas y la concesión gratuita de solares cesó a partir de 1579. A pesar del crecimiento del número de los habitantes, el desarrollo de la ciudad fue paulatino en el siglo XVII. Algunos vecinos -y hasta fundadores-abandonaron sus solares o los dejaron sin construir. Cuenca quedó en obras durante los primeros decenios después de su fundación y conservó durante mucho tiempo un aspecto semirrural. Un documento de 1609 permite medir el carácter inacabado de la ciudad a partir del estado de los conventos en comparación con los de otras ciudades de la Audiencia. 11 Se trata de un informe para saber si los conventos debían seguir disfrutando de mercedes reales: recibir el vino, la cera y el aceite necesarios para el culto. Los oficiales reales indicaron el estado de la construcción de la iglesia y del convento de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín y de las Conceptas. Al principio del siglo XVII, ninguna de las cuatro órdenes religiosas disponía de un convento totalmente acabado. Los de Loja y aun de Riobamba estaban en mejor estado en la misma fecha. En segundo lugar, la ciudad atrajo elementos de la sociedad indígena pues los indígenas debían trabajar en ella en el marco de la mita. No solamente las autoridades repartieron los mitayos entre los vecinos, sino también fueron ellos los que construyeron los edificios públicos: en este caso los indios de Tiquizambe, Sibambe, Pomallacta, Macas y Cañaribamba. Y se puede pensar que algunos se quedaron en la ciudad para residir de manera permanente. Es más, parece que las autoridades coloniales fomentaron 10 Hernando Pablos, en Pilar Ponce Leiva, RHGAQ-I, pág. 373; Antonio Vázquez de Espinoza: "De la ciudad de Cuenca y sus provincias y ríos de su distrito", en Luis A. León: Compilación de crónicas, relatos y descripciones de Cuenca y su provincia. 11 Archivo General de Indias/Sevilla (AGI/S), Audiencia de Quito 9, r. CONFIGURACIÓN SOCIO-ÉTNICA DE CUENCA, SIGLOS XVI-XVIII la instalación de indígenas en la ciudad para cubrir las necesidades de la población blanca. Un grupo de cinco carpinteros lo expresaban claramente: "Ellos de hordinario asisten y rreziden en esta ciudad porque el gouernador Jil Ramirez de Abalos que poblo esta ciudad los saco de sus tierras para que vsasemos y aprendiesen el dicho ofiçio de carpinteria y sirbiesen a los vezinos desta çiudad como lo han hecho y hacen de ordinario". 12 Solicitaban ocho cuadras de tierras en las riberas del río Yanuncay para construir allí sus casas y cultivar sus tierras. Los tejeros de Cuenca tienen un origen semejante, fueron apoyados que el Cabildo de la ciudad: "Porque no auia entonces oficiales que supiesen hazerles auia mandado poblar el dho pueblo y alli les señalo y dio tierras y solares y sitio para hazer texa y ansi desde entonces hasta agora ellos y sus hijos se auian ocupado en hazer la dha texa". 13 Se puede pensar que se instalaron en el sector del Tejar del Rey, al oeste, gozando de la exoneración de la mita. Esos artesanos se beneficiaban de la protección de las autoridades y se aprovechaban de la fuerte demanda para la construcción de las casas de los vecinos. 14 Por último, el servicio de la mita 15 o el aprendizaje 16 en casa de un artesano representaron otras formas de acceder a oficios especializados. De esa manera nació un grupo de indios de la ciudad con especialización laboral. De las diez y ocho mercedes de tierras que recibieron los caciques por parte del Cabildo, algunas han podido servir de base a la instalación de sus indios cerca de Cuenca. Así lo dice el cacique de Pomallacta: "Don Luis Chauancallo casique de Pomallacta por si y en nombre de los demas principales dixo que por quanto ellos bienen a seruir a esta çiudad por mandado de la Real Audiencia e para el sustento de los yndios tiene nes-12 Archivo Histórico Municipal/Cuenca (AHM/C), Libro V de cabildos de Cuenca, 14 de noviembre de 1583, fol. 362. 14 "Los indios que hacen teja y ladrillo llevan a subidos precios por la teja e ladrillo y que hay españoles que lo darían más barato quellos si se pretendiese quitar el provecho que dello a los dichos indios se la sigue y porque los vecinos desta ciudad se animen a facer sus casas de teja". 15 "Los dichos señores Justicia e Regimiento mandaron que se pregone que los oficiales ansí de zapateros como otros cualesquiera trabajen a los dichos sus oficios con el servicio que para ello se les ha dado, con aprecibimiento [sic] que si no lo hicieren les quitarán los dichos indios que trabajan a los dichos oficios". Así el maestro sastre Pedro de Escobar debía al indígena Martín, oriundo de Cañaribamba "mostrar el officio de sastre al dho Martin yndio en tiempo y espacio de tres años de suerte y manera que acabado que sea el dho tiempo de los dhos tres años a de saber el dho Martin cortar cosser y lo demas que deua saber como official del dho officio y que salga maestro o pueda ganar de comer". JACQUES P. SIMARD cesidad de tierras para hazer sus sementeras para el sustento de todos por thener lexos sus tierras y padescerse mucho trauajo en traer la comida".17 Además, la ubicación de los predios entregados con título de merced se encontraba en los sectores que ya ocupaban sus respectivos indios: Pedro Llivicela, cacique de Molleturo a Putusiu; Pedro Pallay, principal de Tiquizambe, a Moyobamba. De esta manera, las autoridades coloniales favorecían la instalación de los indígenas cerca de la ciudad sobre una base étnica. Constituían o fortalecían núcleos indígenas a poca distancia de Cuenca y los caciques actuaban en el nombre de la comunidad para obtener tierras. El esquema de la ciudad colonial es bien conocido (cfr. Mapa 2) con su plaza mayor y sus calles rectas en damero. 18 Alrededor del espacio de mayor prestigio debían disponerse los símbolos del poder religioso y político, tanto real como municipal. En realidad solamente dos lados de ese cuadrado céntrico fueron ocupados tal como lo había planteado el fundador de la ciudad. La iglesia se ubicó al lado oriental pero todas las autoridades civiles se agruparon para ocupar el lado meridional: el Cabildo, la residencia del corregidor a partir de 1579, la cárcel, la carnicería y las pulperías municipales y también la efímera Caja Real trasladada luego a Loja. La ubicación de los conventos (números 2, 3, 4 y 5 en el mapa) no es casual. 19 Dibujan un cuadrilátero casi perfecto cuyos ángulos debían estar materializados por los campaniles o las portadas. Esa disposición se encuentra en otras ciudades iberoamericanas, como por ejemplo Santiago de Guatemala y muchas otras. 20 Gracias a esos puntos claramente dispuestos en el espacio se puede entender tal vez las expresiones de los documentos notariales "dentro" y "fuera de la traza de la ciudad". Ciudad sin muralla, era el trazado de las calles el que definía el espacio urbanizado de Cuenca y los conventos podían servir de punto de referencia. Esa observación vale solamente al inicio de su historia porque las expresiones con su significado se mantuvieron en uso en la documentación a lo largo del desarrollo de la ciudad y podemos suponer que eran sinónimos de la continui- dad de la construcción y del trazado de las calles. De todas ellas, pocas llevaron un nombre especial: por ejemplo, la calle Santa Ana, que divide la cuadra del lado occidental de la plaza, y la de Ronda, que domina las riberas del Tomebamba (río Grande o Matadero) y que sirvió para determinar un límite del centro de la ciudad. Fuera de éstas, todas las otras calles llevaban el nombre de algún vecino que tenía en ellas su casa. Dentro de ese espacio central residía la población española: fundadores y luego sus herederos, primeros vecinos. Los indígenas quedaban confinados más allá de los límites de la ciudad y debían vivir en sus propios barrios. La cuestión de la instalación y de la ubicación de los indios en Cuenca es fundamental para nuestro propósito. De hecho, y muy rápidamente, los indígenas se instalaron en la ciudad o, mejor dicho, en sus alrededores, atraídos por las posibilidades que ofrecían y también traídos por los españoles para poder disponer de mano de obra. Los lugares donde se instalaron los indígenas quedaban a ciertas distancias del perímetro de la residencia de los blancos, los cuales reemplazaron a los primeros (¿a través de compras de tierras?) en el anterior sitio de Paucarbamba, alrededor de una capilla que tomó el nombre de Todos Santos. Ese esquema de habitaciones agrupadas a la sombra de un santuario parece haber sido el modelo vigente. Otras ermitas iban a servir de polos para la residencia de los indígenas: la primera, al este, estaba dedicada a San Blas, la segunda, al oeste, a San Sebastián y San Fabián. Cuando los cabildantes de Cuenca mencionaron por primera vez en 1578 la capilla de la parte occidental, no indicaban alguna presencia humana pero sí su deseo de que se convirtiera en parroquia. 21 Otros sectores periféricos estuvieron pronto habitados. La particularidad de dos de ellos era de encontrarse en el sitio mismo de la antigua ciudad incáica de Tomebamba y sector de Pumapongo: son los topónimos de Usnu y de Guataná, también llamados "población de los caciques" y "población de los naturales" respectivamente. Es de sumo interés constatar que la población indígena ocupó la ciudad prehispánica, guardando aun el antiguo nombre de la plaza ceremonial, cuyo prestigio atrajo especialmen-te a los caciques. 22 El mismo concejo de la ciudad sancionó o promovió esa ubicación en el sector de las ruinas prehispánicas, cuando repartió tierras en 1561 a los caciques cuyos indios venían a cumplir el servicio de la mita en Cuenca. 23 La residencia urbana de los caciques -permanente o temporal-estaba asegurada. Así lo demuestra no solamente el nombre de un barrio periférico, sino también las peticiones de mercedes de tierras en este sector donde la propiedad cacical se fortalecía. 24 Fuera de la traza de la ciudad, como dicen los textos, otros sectores registraron la residencia de indios oriundos de un mismo pueblo. Esa exclusividad era tal que llegó a convertirse en topónimos; podemos mencionar los Molleturos y los Pomallactas. Otros topónimos encontrados en los tempranos contratos notariales de venta de tierras, como las Carpinterías, las Ollerías o el Tejar, indican la residencia de artesanos indígenas con un grado de especialización suficiente como para darle el nombre de la profesión al lugar que les correspondía. En fin, cabe indicar algunos pueblos localizados a pocos kilómetros de Cuenca, aunque no en su periferia. Podemos mencionar el caso de indios Juncales en Checa, Cañaribambas en Narancay, etc. Estas aldeas se convirtieron luego en anejos de las parroquias indígenas pero la cuestión de sus orígenes es difícil de resolver. Para el caso de los Molleturos, asociados a menudo con Deleg, Cojitambo y Sayausí, se puede preguntar si las poblaciones no correspondían a antiguos establecimientos preincaicos, en una variante de la discontinuidad de los territorios étnicos. 25 También podían tener su origen en los incas que habían desarrollado una política de desplazamiento de las poblaciones, haciendo del valle de Tomebamba un sec-tor pluriétnico. O si no, el propio fundador de la ciudad española distribuyó tierras e instaló a indios foráneos en las cercanías de Cuenca. Luego el Cabildo de la ciudad desarrolló una política similar, como hemos dicho, haciendo mercedes de tierras a caciques con el explícito fin de la residencia de los indígenas; (¿o quiere decir que la merced de tierra solamente confirmaba y fundamentaba una ubicación anterior?). La imagen que se tiene de la ciudad de Cuenca en los primeros años de su historia es la de una yuxtaposición de un núcleo urbano español y de numerosos lugares periféricos de poblamiento indígena, éstos bajo diversos criterios de estatuto social, de origen geográfico y de profesión. Cada uno de los dos grupos étnicos fundamentales hubieran vivido separados, en sus respectivos barrios, con su modo de vida particular. 26 Este modelo segregativo estuvo fortalecido por la creación de las parroquias indígenas. San Blas, la primera, fundada en 1583, agrupó bajo su jurisdicción todos los lugares de culto de la periferia de la ciudad. 27 La segunda, en 1592, bajo la protección de San Sebastián, representa una división de la parroquia anterior. 28 Las dos iglesias se hacían frente casi perfectamente, dibujando así un eje este-oeste, y los dos barrios que debían albergar a los indígenas rodeaban a la ciudad española. Esa creación obedecía al modelo de las reducciones de indios que se habían fundado en el corregimiento durante los años 1570. Así lo presentan los testimonios de la época. Cuando Juan Muñoz Galán, cura de San Blas, hizo una relación de servicios en 1607, presentó un testigo, Pedro Arias Dávila, cura de Girón y capellán del convento de las Conceptas, quien declaró: "A hecho ygleçia y la ba acabando. (...) A rreduzido a los yndios yanaconas y forasteros que auia en esta ciudad a la dha parrochia". 29 Un testimonio de finales del siglo XVI, el del obispo de Quito, Luis López de Solís, presenta una descripción de la parroquia de San Sebastián confirmando un beneficio a Rodrigo Márquez en 1597: "Parrochia de sant sebastian con los yndios que estan, desde la calle arriba de la quadra de alonso de Campoverde, hazia san sebastian, como dize desde lo alto de ella, hasta el rrio, y ua corriendo has-ta la estançia del Padre Gomez de Moscosso, y lo demas que hubiere, alli, anejo, assi anaconas como ofiçiales, y mas el pueblo de Arancay e yndios del, y mas las estançias que por alli oviere de qualesquier españoles y los uaqueros yanaconas y otra gente, de seruicio, en los dhos terminos y jurisdicion agora nueuamente, eregida, en la çiudad de Cuenca".30 La parroquia abarcaba indios del "barrio" de San Sebastián, del anejo de Narancay y de las estancias, o sea, según los términos de los documentos: oficiales, indios de servicio y pequeños campesinos. Esa fundación correspondía, consagraba y fortalecía el esquema jurídico de las dos Repúblicas, en su dependencia mutua y subordinación jerárquica. A pesar de su semejanza con las reducciones del campo, no hay que considerar las dos parroquias indígenas de Cuenca como una proyección de las comunidades indígenas. Más bien parece que albergaron la población migrante, forasteros de todas las procedencias a la búsqueda de algún salario y primeros artesanos. Además, por su cercanía con el centro de la ciudad y por su parecida estructura física (la organización del barrio alrededor de la plaza central que domina la fachada de la iglesia), San Blas y San Sebastián dependían más de un modelo urbano que rural. 31 En los anejos de las parroquias sobrevivieron los lazos de solidaridad tradicionales, arraigados en la parcialidad y en el reconocimiento del cacique natural. En efecto, las aldeas se mantuvieron; y sus fuertes identidades, basadas en el mismo origen geográfico, favorecieron la supervivencia de este modelo, por lo menos durante algunos decenios. Sin embargo no hay que exagerar el esquema de la yuxtaposición de las dos Repúblicas. Corresponde más a un modelo teórico que práctico. En el aspecto religioso, el cura de la iglesia mayor seguía distribuyendo sacramentos a los yanaconas que debían depender de San Blas. 32 Los domésticos, los mitayos convivían con sus amos dentro del espacio urbano; algunos españoles o descendientes de españoles residían en la periferia de la ciudad. Había otra excepción a ese modelo de la segregación entre las dos Repúblicas. En las inmediaciones del cuadrilátero "blanco", encontramos un espacio mixto que llamamos "pluriétnico". Así lo demuestran los con-tratos notariales y los testamentos porque algunos indígenas tenían su casa "dentro de la traza de la ciudad", por ejemplo Francisca de Tapia, así como ciertos caciques. La peculiaridad del caso muestra la poca eficacia del intento de separación entre indios y blancos. Modelo teórico, traducción en el espacio de sus fundamentos jurídicos, encontró casi enseguida sus límites. 33 Y las repetidas decisiones de los cabildantes de expulsar a los indígenas del centro de la ciudad no tuvieron efecto alguno. 34 El siglo XVII no hizo otra cosa que echarlo abajo proponiendo otro modelo de organización, la de la jerarquización social del espacio. La jerarquización del espacio urbano, segundo modelo No se dispone de datos sobre la población total de Cuenca en el siglo XVII, pero sí sobre la población indígena, a partir de las visitas de Luis de Torres Altamirano en 1647 y de Miguel de Noroña en 1677, que no contemplan sin embargo el sector muy poblado de Alausí. 36 Quiere decir que la población tributaria se duplicó en menos de un siglo. Ahora bien, registramos en el siglo XVII un dinamismo demográfico de los indígenas de la ciudad de Cuenca mayor al del resto de la provincia, lo que implica también un fenómeno de urbanización. Según las dos visitas, el número de indios que residían en las parroquias de San Blas y de San Sebastián era 350 en 1647 y 727 en 1677, 37 lo que indica que los indígenas urbanos contribuye-33 Sobre la Lima colonial, Manuel Burga escribe: "Nunca fue una ciudad de ghettos étnicos, de compartimientos estancos, aunque sí se podían distinguir barrios [de indios, negros o españoles]; pero indios y negros vivían de hecho mezclados con los españoles, criollos y mestizos". ("Una turbulenta historia", Que Hacer, 97, pág. 25). 34 Así lo expresan los cabildantes en su sessión del 6 de junio de 1580: "Muchos yndios poblados entre las casas de los españoles desta çibdad y el pueblo se ba ensanchando y vernan como lo estan a quedar dentro de la çibdad y entre los bezinos". Ante tal "desorden", a sus ojos, tomaron la orden de expulsión: "Que salgan dentre los españoles y se les aprecie los solares que tubieran y se les pague lo que asi balieren o se les de otra tanta tiera en otra parte cada vno que valgan otra tanta cantidad como el solar o tiera que dexaren". CONFIGURACIÓN SOCIO-ÉTNICA DE CUENCA, SIGLOS XVI-XVIII ron a casi la mitad del crecimiento total de la provincia de Cuenca. Además, la proporción de los indios de la ciudad se establecía en un 10,9% del total en la época de Torres Altamirano y en un 17,8% en la de Noroña, lo que demuestra el peso de la ciudad en la demografía indígena. Plantear tal propuesta sería abusivo. No queremos decir que la mayoría de la población era indígena, ni menos que la élite criolla perdiera el control de la misma. Solamente queremos subrayar el hecho de que sectores cada vez más numerosos del mundo indígena residían en la ciudad, lo que hace cambiar el perfil tanto de la sociedad urbana como de la sociedad indígena del corregimiento. En realidad, y queremos dar énfasis al fenómeno, asistimos a una urbanización de parte de los grupos indígenas. 38 Para suplir la insuficiencia de la información demográfica, intentamos un método para medir el crecimiento de la ciudad y, más precisamente, el del espacio construido y el de los límites del poblamiento urbano y periurbano. En base al corpus de los contratos de compra y venta de tierras en los que intervinieron los indígenas, seleccionamos todos los topónimos en relación con la ciudad (cfr. cuadro 1). Tomamos el dato de la unidad de medida como indicador del carácter rural o urbano de los predios. De hecho la cuadra designaba zonas rurales mientras que el solar correspondía a sectores urbanos. De esta manera, el cambio de la unidad de medida utilizada para designar un mismo lugar puede indicar el cambio de carácter del mismo, haciéndolo pasar de la categoría "espacio rural" a la de "espacio urbano" o "periurbano". Cabe señalar que la encuesta se basa solamente en los terrenos cuya localización es conocida con exactitud, y que el número de actas correpondientes al mismo topónimo es a veces reducido. A pesar de sus debilidades, consideramos que el método de trabajo sirve para determinar el límite entre el área urbana o periurbana y el espacio todavía rural. La fuente notarial mide la extensión del espacio bajo la influencia directa de la ciudad, muestra las transformaciones del casco urbano e indica las ubicaciones privilegiadas de los indígenas. De la plaza central hasta el campo cercano, varias áreas aparecen, más o menos densamente pobladas, varios círculos sobresalen con características socio-étnicas propias. 38 Ver Charles Gibson, Los aztecas bajo el dominio español, 1519-1810, México, 1986, págs. 386-389; Ana Rita Valero de García Lascurain: "Los indios de Tenochtitlán; la ciudad imperial mexica", Anuario de Estudios Americanos, XLVII, Sevilla, 1990, págs. 27-35 Agrupamos los topónimos en cinco sectores: San Blas, San Sebastián, Todos Santos, Cullca y el Ejido. Observamos que crece el número de los lugares ocupados en las inmediaciones de Cuenca. Aunque no pudimos localizar todos con exactitud en el mapa, parece que hay dos tipos: los que designan la extensión de la ciudad con continuidad de las habitaciones y ordenamiento de las calles, y los que identifican nuevos polos de poblamiento, donde se instalaban los indígenas que determinaban el crecimiento urbano. De esta manera, se pueden identificar los límites de la ciudad y de la periferia. Más allá, las compras de tierras indicadas en cuadras y solares o solamente en cuadras, muestran el área ciertamente cercana a la ciudad pero con características todavía rurales. Además del aumento del número de los topónimos urbanos o periurbanos, hay cambios en las categorías utilizadas por los notarios. En la segunda mitad del siglo XVII, la palabra "barrio" se refiere no solamente a los sectores de San Blas, San Sebastián o Todos Santos, sino también a otros tales como el Usnu, el Vecino o San Cristóbal. Esta apelación sugiere la mayor densidad y la organización de la construcción, sin que los últimos sectores mencionados pertenecieran aún al casco urbano. A pesar de su designación como "barrios", la distancia que los separaba del centro hace dudar de que tuvieran una integración física con los verdaderos barrios urbanos; todavía pertenecían a la periferia, aunque con una peculiaridad propia. De esta manera, solamente los barrios que tenían iglesias y capillas estaban estrechamente ligados al centro: San Blas, San Sebastián y Todos Santos constituían algo así como "suburbios", si bien, como mencionamos, la ciudad nunca tuvo cerco. Los notarios anotaban con poca precisión el lugar de las compras de tierras realizadas por los indígenas (cfr. cuadro 2). Prevalecen las denominaciones "dentro" y "fuera de la traza de la ciudad". Cuando el escribano se hace más preciso, volvemos a encontrar los tres sectores prioritarios: San Blas, San Sebastián y Todos Santos. El 35,3% de las actas se refieren a estos suburbios, a los cuales se puede añadir el 26,6% de los contratos en otros sectores situados "fuera de la traza de la ciudad". Otro tercio (32%) abarcaba zonas más alejadas del espacio periurbano de Cuenca. Está claro el proceso de urbanización de los indígenas en los márgenes de la ciudad. Sin embargo, había un pequeño resto de compras (6,1%) que tenían lugar "dentro de la traza de la ciudad", o sea en la parroquia del Sagrario. Este era el lugar privilegiado de la residencia de los blancos, pero no exclusivo. Al revés, cuando los indígenas vendían un solar a un individuo clasificado como "blanco", se trataba de un pedazo de tierra localizado en San Blas o en San Sebastián. Parte de la población blanca residía en los suburbios o, por lo menos, en los barrios en vía de integración al centro de la ciudad; y una minoría de los indígenas vivía en los límites del área de mayor prestigio de Cuenca. ---------------------------- Un dato permite vislumbrar la ubicación de los indígenas con más precisión: se trata de la indicación de calles como líndero del terreno comprado. Podemos tomar ese criterio como un indicador del carácter urbano o solamente periurbano de los lugares poblados (cfr. cuadro 3). Los dos tercios de los documentos de las compras indígenas no especifican tal líndero. El proceso de urbanización de los indígenas se hacía en los límites de la ciudad y aún más allá de los barrios periféricos, en lugares que no tenían todavía el carácter urbano. Al contrario, las compras dentro del casco urbano, las que indican la presencia de tres o cuatro calles, representan una ínfima minoría. Una cuarta parte de las actas especifica una calle como líndero, lo que podría hacer referencia a barrios en proceso de urbanización. ----------------------------- El método utilizado para identificar las diversas áreas del poblamiento urbano y periurbano, en base a los contratos notariales, permite distinguir el centro de la ciudad, con una franja de manzanas que lo rodeaba y crecía según los ejes de circulación hacia los suburbios de San Blas, San Sebastián y Todos Santos. Estos sectores, ya barrios, aunque periféricos, se encontraban en proceso de integración a la ciudad a lo largo del siglo XVII. Fuera de ellos otros sectores pertenecían a la periferia de Cuenca, pero integrando un área en la que se mezclaban los carácteres urbanos y rurales. ----------------------------- Queda por plantear el problema de la composición socio-étnica de la población de los diversos sectores de la ciudad de Cuenca y de sus periferias. Para eso el corpus de las compras y ventas de tierra ofrece de nuevo una posibilidad, gracias a la indicación de los dueños que colindaban el fundo objeto de la transacción. Aquí la constitución de barrios mono o pluriétnicos está en juego, con el establecimiento de una jerarquía entre ellos (cfr. cuadro 4). CUADRO 3 CALLES EN EL VECINDARIO DE LOS TERRENOS URBANOS COMPRADOS POR LOS INDÍGENAS CUADRO 4 INDIOS EN EL VECINDARIO DE LOS TERRENOS URBANOS COMPRADOS POR LOS INDÍGENAS Sería falso oponer de manera sencilla el centro de la ciudad ocupado por los blancos y las distintas periferias como residencia de los indios. Aquí se plantea el problema de la distribución socio-étnica de la población. El 18% de las compras hechas por los indígenas tenía lugar en manzanas sin ocupante de la misma raza. Superior a las compras realizadas "dentro de la traza de la ciudad", ese porcentaje demuestra la existencia de un grupo de la población indígena asociada a una población blanca-mestiza, e identifica a sectores de la ciudad mayoritaria, pero no exclusivamente, blancos. Al contrario, el 13,7% de la población ocupa áreas exclusivamente indígenas; JACQUES P. SIMARD situadas más lejos del centro, reflejan la zona de expansión de la influencia urbana e identifican a los indígenas como los actores de ese crecimiento. Los dos tercios de los contratos se refieren a predios que tenían uno o dos colindantes indígenas, lo que permite definirlos como sectores mayoritariamente indígenas o con una fuerte minoría no indígena. Aquí cabe repetir que el criterio utilizado para distinguir el indígena del no indígena es muy impreciso: el patronímico. Sin embargo, ya en el siglo XVII la mezcla de razas tenía lugar en algunas partes de la ciudad o, mejor dicho, en el área periférica. El principio de la separación había fracasado y en la ciudad la distinción de la población operaba sobre un criterio que no era exclusivamente étnico, pero que integraba elementos socio-económicos. Al centro "blanco" se oponían los "márgenes" indígenas, dejando que se desarrollara la "mezcla de razas" a diversas escalas en el espacio intermedio de los suburbios y de los otros sectores periféricos. De todos estos sectores de mayoría indígena, tampoco han sobrevivido las características del siglo anterior. Si bien los topónimos étnicos como "Molleturos" o "población de los naturales" se mantienen en la documentación, no es seguro que mantuvieran su significado específico e inicial. Más bien parecen herencias del pasado: las transferencias de propiedad a personas foráneas al grupo y aun a no indígenas lo comprueban. Tampoco es seguro que se hayan constituido barrios artesanales exclusivos de una profesión. A pesar del incremento de la presencia de artesanos en la ciudad (por ejemplo la aparición de un sector de los olleros en cada una de las parroquias periféricas), Cuenca no registró un desarrollo urbano sobre el modelo de la agrupación de las corporaciones. Mapa 3) obedece a las siguientes pautas. Cuenca ha crecido a lo largo del siglo XVII. La construcción urbana y el trazado de las calles ha alcanzado San Blas y San Sebastián. Estos barrios, alrededor de sus iglesias y de una plaza, prolongaban y reproducían la organización del espacio que prevaleció en todas las ciudades hispánicas. Esas dos periferias exclusivamente indígenas, constituidas en el modelo de las reducciones, se transformaban en suburbios con una población mayoritariamente indígena. Entre los siglos XVI y XVII se amplió la franja de las manzanas con características pluriétnicas. La población únicamente indígena estaba relegada más allá de las iglesias y de las capillas periféricas, en los sectores que acogían a los nuevos pobladores, que venían a agrandar de esta manera el área periurbana de Cuenca. La jerarquización social de los barrios y de los sectores de vivienda empezaba a desarrollarse con el mestizaje étnico como modelo dominante. Mestizaje y "cholificación", tercer modelo El conocimiento que podemos tener del poblamiento urbano de Cuenca mejora bastante en el siglo XVIII, gracias al censo realizado en 1778 por el gobernador de la ciudad, Antonio de Vallejo. A pesar de sus defectos y limitaciones -como cualquier documento de ese tipo-queda como fuente fundamental para dar cuenta de la evolución de la población de Cuenca. 41 Antes de esa fecha sólo disponemos de meras evaluaciones. Esa cifra excluye la población de los pueblos anejos a una u otra de las parroquias de San Blas y San Sebastián, que pertenecían al campo cercano a la ciudad. En total Cuenca agrupaba casi el 20% de la población de la provincia, sin incluir al sector de Alausí, que no estuvo censado. Etnicamente los blancos y mestizos representaban el 61% de la población, los indígenas el 35,8% y los negros solamente el 3,3%. Sin embargo, la proporción de los indios de la ciudad se elevaba al 10,3%, lo que significa una disminución en comparación con las cifras de 1677: 17,8%. El crecimiento de los indios del campo y de los pueblos había sido mayor todavía durante el siglo XVIII, y el aumento de Cuenca se debió más a la población mestiza. El caso específico de la población indígena plantea una dificultad. Según el censo realizado en 1726 por Francisco Abad de Hinojosa, había 2.232 tributarios que residían en Cuenca y su periferia, o sea 11.160 indígenas, con una coeficiente de cinco personas por hogar. El escribano ofrece una cifra de 12.246 indígenas, incluidos los habitantes de los anejos de las parroquias de San Blas y San Sebastián. Sin embargo, parte de la población indígena se quedaba cada vez más en Cuenca. El corpus de los contratos de compra-ventas de tierras en el siglo XVIII lo confirma, puesto que la mayoría de los indígenas que participaban en alguna transacción era oriunda de la ciudad (64%). En el siglo XVII representaba solamente el 27,6% del total. Aun tomando en cuenta que, en ese lapso de tiempo, otros escribanos pudieron instalarse en pueblos, especialmente en Cañar -hecho comprobado-y captar parte de la clientela del notario de Cuenca, la diferencia es demasiado grande como para que no tenga algún sentido. A lo largo de estos dos siglos hubo una urbanización y un arraigamiento de los indígenas en la ciudad: oriundos y residentes se confundían entonces. La ciudad, tal como aparece a fines del siglo XVIII, se extendió en el espacio y su estructura se hizo más compleja (cfr. El dibujo que sirvió de base a su establecimiento: "Plano de Cuenca. Edificios públicos", data de 1889 y fue realizado por Tomás Piodil. Tratamos de dejar espacio al posible crecimiento de la ciudad en el siglo XIX, pero hay que subrayar una vez más que el mapa es solamente una propuesta cartográfica. El principal cambio con el plano de 1700 es el "relleno" del espacio que separaba el centro de la ciudad de las dos parroquias de San Blas y de San Sebastián. De esta manera había continuidad en la construcción y los suburbios del siglo XVII se incorporaron al casco urbano a lo largo del siglo XVIII. Los contratos de compra y venta de tierras lo demuestran. Subsisten las denominaciones "dentro [y] fuera de la traza de la ciudad"; otras aparecen para distinguir el casco urbano de los suburbios: "dentro [y] fuera de las goteras de la ciudad". Ahora bien, dos actas manifiestan que los límites de la ciudad correspondían a las espaldas de San Blas y de San Sebastián y que los respectivos barrios se ubicaban dentro de la misma. La primera de ellos dice: "en el barrio de San Blas dentro de las goteras de la ciudad"; la segunda reza: "fuera de las goteras de la ciudad, tras el convento de San Sebastián". 46 Otro signo del carácter urbano -y urbanizado-de los dos barrios orientales y occidentales son los cambios urbanísticos que modificaron su aspecto. En 1732 el Cabildo dio la orden de empedrar las calles y de alinear las casas en el sector de Todos Santos y en 1778 el Usnu seguía los cánones de cualquier otra plaza colonial. 47 Las medidas que tomaron los cabildantes en este siglo para embellecer la ciudad interasaban también a los exsuburbios. Suburbios aparecieron nuevos a los que podemos identificar fácilmente gracias a la presencia de diversos signos civiles y religiosos: tal es el caso de San Cristóbal con una capilla, del Vecino con el humilladero o de Todos Santos alcanzando las ruinas, al este de la ciudad; del Batán en la orilla derecha del Tomebamba (sector del Ejido), con la capilla de San Roque o de las tres cruces en Turubamba, al oeste de San Sebastián. El aumento de las ventas de predios de muy pequeña dimensión indica también el proceso de densificación de la construcción y de la residencia. Además la proporción de los solares -o sus divisiones-que no mencionan calles como linderos, disminuyó considerablemente en el corpus de las compras del siglo XVIII (41% frente a 67,5% en el siglo anterior). La ciudad crecía e incorporaba parte de su periferia en el casco o, por lo menos, en sus suburbios. De esa manera se pueden identificar los límites del espacio urbano: la acequía de Cullca al norte, San Cristóbal y Pumapongo al este, las Tres Cruces de Turubamba al oeste y el Batán al sur. Nuevos topónimos aparecieron en este siglo por el intermedio del corpus de los contratos notariales (cfr. cuadro 1): Barrio Blanco, Humilladero, Gallinazos, Peraspata, Tandacato, Hornopamba, Porotopamba, Horungo, Yuragallpa. Al mismo tiempo otros desaparecieron, especialmente los que se referían a grupos étnicos precisos: Pomallactas, Molleturos y Población de los naturales, acompañando el proceso de mestizaje de los barrios. Sin embargo esto depende tal vez solamente de la fuente. Al contrario, los antiguos "barrios artesanos": Carpinterías, Ollerías y Tejar, subsistieron en la nomenclatura elaborada, pero ¿con o sin un contenido profesional? Hay un solo nuevo topónimo artesanal que aparece: los Tintoreros. De esta manera la periferia registraba un crecimiento. Este espacio periurbano empezaba a alcanzar las primeras vertientes del cerro de Cullca al norte, pasaba el Tomebamba para abarcar una franja del Ejido hasta Chaguarchimbana al sur, alcanzaba los sectores del Tejar del Rey al oeste, cuyo dibujo en 1764 lo muestra claramente como lotizado 48 y se extendía sobre todo en el lado este hacia Totoracocha. Más allá de la periferia de Cuenca, quedan los sectores todavía rurales pero en estrecha relación con la ciudad, que dibujan una última área, la semirural de Cuenca (cfr. Los pueblos del valle de Cuenca dibujan un cinturón de centros poblados: son las reducciones de Paccha o Baños, los anejos de los centros parroquiales, por ejemplo Narancay, Sayausí, Chiquintad, Nulti o San Juan del Valle. Pero entre la periferia de la ciudad y esos pueblos quedaba un área intermedia. El método de la unidad de medida de las tierras vendidas parece indicar una presión demográfica que hace cambiar la naturaleza de los lugares poblados, llevándolos a una influencia más directa de la ciudad (cfr. cuadro 5). Estos sectores siguen generalmente el río Tomebamba: de Bibín a Milchigchig pasando por Monay, o se ubican en las laderas septentrionales: de Racar a Machángara pasando por Miraflores. Creció ese área semirural, ese espacio de transición entre ciudad y campo, demasiado lejos como para pertenecer a la "aglomeración" de Cuenca, pero demasiado cercana como para desarrollar una organización autónoma al ejemplo de los pueblos y anejos del valle que tenían sus propios cabildos de indios. Si volvemos a la ciudad propiamente dicha y su periferia, los cuatro sectores socioétnicos han ido ampliándose tal y como lo representamos en 48 "Los texares de San Sebastián", portada del libro de Juan Chacón Zhapán: Cuarto libro de cabildos de Cuenca, 1575-1578, Cuenca, 1982. CONFIGURACIÓN SOCIO-ÉTNICA DE CUENCA, SIGLOS XVI-XVIII el mapa: espacio prestigioso, sectores pluriétnicos o con una mayoría de indígenas, periferias indígenas. El cambio mayor que observamos en la ciudad del siglo XVIII es la extensión de los "barrios pluriétnicos", en otra palabra: el desarrollo de barrios mestizos. JACQUES P. SIMARD El proceso de mestizaje de la ciudad se comprueba gracias a los contratos de compra-ventas de tierras en la misma. A diferencia de lo que ocurría en el siglo XVII, durante el cual había una clara oposición entre las compras realizadas por los indios con o sin linderos indígenas (cfr. cuadro 4), hay una homogenización de las actas en el siglo XVIII. En este período los contratos de cero a cuatro linderos indígenas se reparten de la manera siguiente: 18%, 33,2%, 33,6% y 11%. Cualquiera que fuera la ubicación de los terrenos, es clara la cohabitación interétnica que se desarrollaba y ganaba más espacio en la ciudad. La consolidación de los barrios llegaba a la implantación de una configuración social bajo el criterio del mestizaje. -------------------- El censo de Vallejo permite comparar la composición étnica de la población según los sectores que considera (cfr. cuadro 6). Cabe indicar que los límites de las cuatro unidades geográficas no están bien precisados. Sorprende la oposición entre San Blas y San Sebastián. El espacio de la primera parroquia ha sido dividido en tres partes: todos los sectores que se encontraban a la espalda de la iglesia estuvieron agrupados con los anejos; es posible que parte de las manzanas más cercanas a la plaza mayor hayan sido incluidas en el Vecino; por eso queda muy poco para el sector de San Blas propiamente dicho, que rodeaba la iglesia. El centro de la ciudad era habitado por una mayoría de blancos. Sin embargo los indígenas alcanzaban un tercio de la población. El barrio céntrico, llamado "Vecino" en el censo de Vallejo, no constituía un "ghetto" blanco; solamente era el sector de mayor prestigio de la ciudad. Ciertamente habría que distinguir entre las diversas manzanas para determinar la distri-JACQUES P. SIMARD bución socioétnica de la población, lo que la fuente no permite desgraciadamente. Podemos suponer sin embargo diferencias entre la plaza central y el perímetro de los conventos de un lado y por otro las cuadras más alejadas de estos puntos de prestigio. A pesar de esas limitaciones la cohabitación interétnica existía aun en el espacio central de la ciudad. Algunos indios ricos, artesanos al servicio de la clientela blanca o simples domésticos, residían cerca o dentro de los solares de los miembros de la élite local. En los suburbios había una mezcla de grupos étnicos. El caso de la parroquia de San Sebastián lo demuestra claramente. Ese sector se beneficia de la existencia de una numeración casa por casa de su población, que tiene la ventaja de distinguir los blancos y los mestizos. 50 Ahora bien la repartición socioétnica de la parroquia presenta un cuadro clarísimo, con un escaso 2,9% de pobladores negros, solamente 23% de indígenas, todavía 28% de blancos y sobre todo 46,2% de mestizos. Lo que nos conduce a calificar San Sebastián como "un barrio mestizo", expresión que sirve de llave para entender a la ciudad del siglo XVIII. 51 Sin embargo, a lo largo de los folios desaparecen los "españoles" para luego reaparecer, siendo los indígenas mayoritarios para más tarde pasar a ser minoritarios. Es como si los agentes del censo hubieran dividido el territorio de la parroquia en sectores. Sin que se pueda estar seguro de eso, ¿han ido partiendo de una esquina de la plaza de San Sebastián y siguieron la numeración hasta la última casa, volviendo después al centro para tomar otra dirección? Esa hipótesis sería muy satisfactoria, tal vez demasiado. 52 Sin embargo observamos que no había una "mezcla de razas" en todos los sectores y que se mantenía una diferencia de prestigio entre las diversas áreas del territorio de la parroquia de San Sebastián, en función de la distancia que las separaba del santuario que servía de epicentro al barrio. La parroquia de San Blas, según las cifras del censo, no presenta una misma composición socioétnica: casi las tres cuartas partes de la población era indígena y solamente la quinta parte blanca y mestiza. Pero esa diferencia con San Sebastián se debe al procedimiento empleado para la confección del censo. El hecho de haber contabilizado parte de la población con el sector del Vecino demuestra la evolución estructural y social de la ciudad. 51 Lo mismo constata John K. Chance para el pueblo de Jalatlaco, cercano a Antequera, que perdió su carácter indígena en el siglo XVIII (Razas y clases de la Oaxaca colonial, México, 1982, págs. 190-193). CONFIGURACIÓN SOCIO-ÉTNICA DE CUENCA, SIGLOS XVI-XVIII Las autoridades tendían a integrar las manzanas más cercanas al centro, teniendo en cuenta la presión mestiza que ganaba nuevos solares, cuando rechazaban los sectores menos urbanizados hacia las periferias indígenas. A pesar de la diferencia de la repartición socioétnica de la población según las cifras proporcionadas por el censo, San Blas y San Sebastián obedecen al mismo modelo. Sin embargo el mestizaje no era general en todo el territorio de las dos parroquias. Esas "ciudades" reproducían a escala reducida la jerarquía de los estamentos a nivel del barrio. Si bien en conjunto es el mestizaje el que domina, en detalle había una oposición entre la plaza de la iglesia y las manzanas más cercanas al centro de Cuenca con los sectores más alejados que unían la ciudad al campo. Es solamente en las zonas periféricas y más aún en el área semirural donde el poblamiento indígena seguía dominando. Sin embargo allí tampoco era exclusivo según un documento en el que, no obstante no se precisa el total de pobladores, en el sector de Putusiu, al oeste de San Sebastián, residían quinientas personas no indígenas. Podemos ir más allá de esas cifras globales para medir el mestizaje. Gracias a la numeración casa por casa de San Sebastián, podemos conocer el mestizaje no solamente a nivel del barrio, sino también al de la unidad de residencia. Los residentes de ese sector de la ciudad vivían en lo que el documento llama "casas" y "tiendas" (cfr. cuadro 7). Ahora bien, observamos que el 49% de las viviendas eran pluriétnicas, lo que correspondía al 68,6% de la población (3'049 habitantes). De esta manera el mestizaje se encuentra valorado, incluyendo a la población negra y dándole mayor papel en las combinaciones entre las distintas categorías étnicas. Y las cifras ponen de relieve ese proceso en la escala que tal vez más importaba: la de los contactos a diario dentro de las casas, en las calles y las tiendas. Precisemos que ese barrio albergaba muchos artesanos y que numerosas casas tenían puestos de venta abiertos a la calle. Hasta tal punto que nos preguntamos si no podemos decir que San Sebastián, más que un barrio mestizo era un barrio "popular", y que los indios que ahí vivían eran cholos. 54 Las mismas observaciones se pueden hacer con el Ejido. Allí la población se repartía en dos mitades casi iguales entre indios de un lado y blancos y mestizos del otro: 52,5% y 45,5% respectivamente según el censo de Vallejo. A pesar de que disponemos de una lista de los arrendatarios en 1778, no se puede precisar más en cuanto a la repartición étnica en este sector periférico de la ciudad. La falta de datos explícitos y el mestizaje de la onomástica en el siglo final de la colonia no lo permite. Más útiles que las cifras son algunos testimonios sobre el carácter cholo y mestizo de la población del Ejido. Joaquín de Merisalde y Santisteban, corregidor de la ciudad, describía el Ejido de Cuenca en 1765: "Regúlanse aquí sobre cuatro mil almas de ambos sexos, la mayor parte mestizos". 55 Algunos decenios más tarde, Juan de Velasco, en su Historia del reyno de Quito, iba más allá todavía en 1789: "No hay una ciudad en el Reino que tenga los propios ó rentas del público tan crecidas como esta. Es la razón, porque a más de los que ya tenia, fue vendiendo á pequeños pedazos todo el gran egido comun de la otra banda del rio. 55 Joaquín de Merisalde y Santisteban: Relación histórica..., pág. 29. CONFIGURACIÓN SOCIO-ÉTNICA DE CUENCA, SIGLOS XVI-XVIII por eso a otra nueva ciudad, que suelen dar el nombre de Jamaica, y esta llena de huertos, jardines y caserías. El año de 1754, hallándose en Cuenca el Obispo de Quito mandó hacer la numeración de las personas que allí habitaban de firme, y pasaron de cuatro mil, sin mas pasto espiritual que el de un sostituto del Cura, que iba tal vez, por lo qué se trató de darles un párroco propio". 56 El autor no explica la razón por la cual el Ejido era llamado "Jamáica". Pero se puede afirmar su carácter mestizo. El cabildo de Cuenca en 1751, al pedir al obispo de Quito la construcción de una capilla en el sector del Ejido, ofrece una descripción poco agradable de sus habitantes: "Hasiendo representasion de los graues y continuados yncombenientes que experimentauan, todas las personas y numeroso gentio de españoles e yndios que ensierra en si todo el ambito y terreno de el egido de esta ciudad onde auitan con sus casas y sementeras, por la carensia que experimentan de cosa tan ymportantisima, qual es la medisina espiritual que sirua de curasion prouechosa a las almas de aquellos fieles moradores por la total falta de saserdote que los ynstruia (...) viuiendo todos los dhos auitadores y cada uno de ellos como ynfieles o varbaros [por] la suma ynopia de pobresa en que se hallan como gente en quien concurre y se experimenta toda miseria que muebe apura compasion, no sólo en considerarlos, sino en observarlos, por la notable yndesensia que manifiestan en sus trajes así de el vestuario como de el calsado cuios yncombenientes los prohiuen de la asistensia a todo acto espiritual". 57 Para dar cuenta del estado de abandono espiritual de la población, las autoridades municipales invocaban la distancia que separaba el Ejido de la ciudad, las subidas de las aguas, la destrucción de los puentes, el rechazo del clero de ir a la otra banda del río. Argumentos que parecen más pretextos que causas. El interés de esa petición radica en la descripción de la vestimenta de los pobladores y en los prejuicios que manifiestan los cabildantes. Blancos, mestizos e indios constituían la población del Ejido. Pero la pobreza que ahí reinaba, la vestimenta y los zapatos de poco valor, todo indicaba que la gente pertenecía a los estratos bajos de la sociedad. A pesar de que muchas de esas familias pertenecían al mismo estamento que los miembros del Cabildo, éstos las rechazaban hacia el mundo de los "barbaros". No podían ni querían tener algo en común con esos humildes que se parecían más a los indios cholos que a los pudientes de la ciudad. De esta manera, y gracias también a los miembros de la élite local, los blancos más desfavorecidos los mestizos y los indígenas que compartían el mismo espacio y semejantes actividades, que padecían el mismo menosprecio y semejantes condiciones de vida, iban formando un estrato popular urbano. JACQUES P. SIMARD La historia de Cuenca como espacio urbano y cuerpo social obedece a tres modelos que la investigación permitió distinguir. Entre el intento de un "desarrollo separado" entre españoles e indígenas de los inicios y la ciudad mayoritariamente mestiza de finales del siglo XVIII está el proceso de jerarquización de los barrios y de sus habitantes que se implanta en el XVII. La fuente notarial permitió suplir la ausencia de cualquier dato sobre la repartición socio-étnica de la población y distinguir las diferentes áreas de desarrollo de la ciudad con las respectivas características de sus habitantes. De esta manera el crecimiento físico de la ciudad iba acompañado de la afirmación del mestizaje en cuanto a su población, cuando el centro quedaba como el espacio de la élite local y las aldeas periféricas el territorio de los indígenas, aunque en estrecha relación con la ciudad. Las principales figuras de la sociedad colonial, el criollo, el mestizo y el "cholo" se cruzaban a diario; pero el espacio de la ciudad y de sus alrededores se repartía entre ellos función de factores sociales. He aquí el aspecto clave que demuestra ese panorama de la historia urbana de Cuenca: fundada y organizada bajo criterios étnicos, vio nacer la sociedad mestiza que justamente caracteriza a la ciudad colonial. En términos generales ya mencionamos que la proporción de los distintos grupos étnicos en Cuenca se establecía de la manera siguiente según el censo de 1778: 60,9% de blancos y mestizos, 35,8% de indios y 3,3% de negros. Desgraciadamente el censo de José Antonio de Vallejo no distingue entre blancos y mestizos, más bien los asocia. Al contrario el presidente de Quito, Juan Pío Montufar y Fraso parecía trasladar los segundos al lado de los indígenas. Al describir la población de Cuenca en 1754, anotaba: "Su vecindario consiste en muchas familias de españoles y considerable número de mestizos e indios". 49 En todo caso la ciudad aparece como el lugar privilegiado del mestizaje. Pero hay que precisar la composición socioétnica de la población de los diversos barrios y tratar de distinguir los mestizos del resto de los habitantes.
El trabajo presenta las líneas generales del comercio exterior de la fachada peruana del Pacífico desde el fin de los galeones de Tierra Firme a la entrada en vigor del Comercio Libre en 1778, período muy poco estudiado, pero en el que se encierran las claves que explican este calificativo. En la primera parte se presentan los efectos del paso del sistema de flotas a Portobelo al de registros sueltos, época en que la navegación al Perú se desarrolla en un régimen de privilegios o licencias sueltas. El resto del trabajo se ocupa de las tensiones que ocasionaron la conexión directa de la metrópoli con el Pacífico y las reformas de 1760, la pérdida de las posiciones del cargador de Lima frente al de Cádiz, así como el progresivo "ajuste" del comercio de Lima con la metrópoli. El presente trabajo parte de la consabida premisa de que el calificativo de Libre Comercio que usa el Estado durante la segunda mitad del siglo XVIII para referirse a los intercambios de España con sus dominios americanos, es una expresión cargada de equívocos. Iniciado en 1765, el Reglamento de 1778 representa el cierre de su primera etapa, ya que continuó su onda expansiva hasta que las guerras emancipadoras lo fueron liquidando en cada territorio. 1 Pero a pesar de las numerosas publicaciones que el tema del comercio americano del siglo XVIII ha originado desde la década de 1970, todavía seguimos sin conocer muchos aspectos básicos del que se desarrolló antes del régimen de 1778. Lo que me propongo es develar algunas claves de la realidad a la que atiende ese calificativo de Libre Comercio y el significado que tal proyecto político tenía para los ilustrados que lo empujaron. Y como el contenido de estas páginas está centrado en Perú y especialmente en la capital del monopolio, Lima, el título me ha parecido el más apropiado, extraído de los iluminadores conceptos que manejaba uno de los grandes protagonistas de la época, el virrey Croix. Él resume en pocas palabras la visión estatal del comercio americano y le vienen como anillo al dedo a la situación que intento describir: "El Comerciante por mas que trabaje el Ministerio, nunca querra entender la enorme diferencia que hay entre el comercio mercantil y el politico, y siempre mirará con insensibilidad la industria y fomento de la Nacion, con tal que consiga utilidades. Perezcan en hora buena todos los artesanos Españoles, arruynense sus fabricas, cayga en abatimiento la agricultura, acabese la marina mercantil, que a ellos nada les importa, con tal que ganen un 200 por 100 con generos extrangeros".2 Tráfico y comercio entre Cádiz y el Mar del Sur Conocemos aún poca cosa del comercio directo de Cádiz con el puerto de Lima, El Callao, entre 1740 y 1778, y el tópico común es el de que la apertura de la ruta del cabo de Hornos para el comercio de España se tomó sobre la marcha, efecto de la destrucción de Portobelo, aunque el gobierno la venía estudiando. 3 En consecuencia, es frecuente que el tema se obvie o se difumine al intentar zanjar con generalizaciones un vacío de información de casi cuarenta años. Una de ellas sería la de que la "gran característica" del comercio peruano es la de que empieza a hacerse en registros sueltos y que por lo tanto hay "estrecha" conexión entre 1778 y 1740, el "punto de partida". Como poco, es una visión altamente insatisfactoria. Sólo en el trabajo de P.E. Pérez-Mallaína y B. Torres sobre la Armada del Mar del Sur se plantea abiertamente la discusión de tal "característica", y precisamente para concluir en que no se puede seguir afirmando que la destrucción de Portobelo fue "causa" de la supresión de los convoyes: sus fortalezas fueron reconstruídas pero los galeones no volvieron. Por mi parte intentaré conjugar algunas variables sobre el tema y trazaré algunas hipótesis y líneas a explorar. A principios del siglo XVIII, con el despacho de los galeones a Tierra Firme congelado -entre las dos ferias de Portobelo de 1695 y 1721 sólo se expidió una de estas flotas, interceptada por los ingleses-, la situación del comercio colonial era tan crítica que se empezaron a dar numerosas licencias a barcos franceses, como aliados borbónicos, para sostener y explotar los intercambios "españoles" con Perú. Estos buques estuvieron pululando durante muchos años por las aguas del Pacífico 4 porque a Felipe V no le fue fácil desembarazarse de la presión francesa teniendo que soportar mayores presiones de los ingleses (navío de permiso, asiento de negros). 5 Pero la intromisión de los buques galos también era peligrosa y empezó a palparse la gravedad de la situación en cuanto el gobierno remozó el sistema de convoyes a Tierra Firme, en 1720, 6 ya que Lima se dedicó desde entonces a resistir tales planes de rescate del tráfico colonial. La atonía de la situación se prolongó largo tiempo, hasta que estalló la guerra con los ingleses (1739) y Portobelo fue destruido. Pero eso no significó, ni mucho menos, el abandono del istmo panameño, de inapreciable valor estratégico, 7 ni siquiera para el comercio de Cádiz. Sin embargo ya no hubo voluntad de recuperar el esquema galeones/Armada del Mar del Sur y en adelante el comercio con Perú de hizo por el Cabo. Así pues, al socaire de la nueva guerra se resucitó el "sistema" de licencias para la navegación hacia el Sur, pero en esos momentos los navieros gaditanos no contaban con barcos apropiados y de gran porte para una travesía tan larga y peligrosa. Es más, por lo que ya sabemos sobre la marina de este siglo, la industria naval propiamente "española" era insuficiente: casi tres cuartas partes de los buques de la Carrera eran de "fábrica" extranjera. 8 Es lógico que mientras duraran las hostilidades y mientras que 4 C.D. Malamud Rikles ha dedicado al tema muchos trabajos, entre ellos "España, Francia y el comercio directo con el espacio peruano (1695-1730): Cádiz y Saint Maló". En: La economía española al final del Antiguo Régimen, vol. III: Comercio y colonias, Madrid, 1982, págs. 1-95; y sobre todo, Cádiz y Saint Maló en el comercio colonial peruano. 5 La Compañía del Mar del Sur conseguiría aumentar las toneladas de sus navíos de permiso y que no concurrieran en América con las flotas españolas. Sus despachos se hicieron acumulativos, es decir, en la práctica respondieron más a un impreciso "permiso de toneladas" que a un régimen de licencias concretas de navegación por unidad de transporte, matiz en el que se apoyaba la Compañía para aumentar sus expediciones si no había usado alguna. Pero el gobierno español se afirmó en la postura de no aceptar excusas de la Compañía cuando no hacía alguna expedición y las toneladas "adeudadas" por España dejaron de acumularse. 6 El "Proyecto de flotas y galeones", que impone una nueva fiscalidad en el comercio colonial porque con el derecho de palmeo las mercancías pagan en razón de su volumen. 7 Es ya todo un clásico Céspedes del Castillo, G.: Lima y Buenos Aires. Repercusiones económicas y políticas de la creación del virreinato del Plata, Sevilla, 1947. Véase también el trabajo ya citado de Pérez-Mallaína y Torres Ramírez, el de este último La Armada de Barlovento, Sevilla, 1981, y Vila Vilar, E.: "Las ferias de Portobelo, apariencia y realidad del comercio con Indias", Anuario de Estudios Americanos, XXXIX, Sevilla, 1985, págs. Cádiz no se hiciera de barcos "españoles" adecuados para la navegación de altura, el gobierno no tuviera ningún problema en recurrir a algo tan poco novedoso como la navegación de buques extranjeros / pabellones neutrales al Perú. Un tráfico de las mismas características que el que luego se puso en marcha en idénticas situaciones de excepción y que se generalizó a comienzos del siglo XIX, por lo tanto, y en el sentido en que hablamos, todavía menos innovador. 9 En la década de 1740 el abasto del virreinato peruano fue asegurado, una vez más, por barcos franceses que zarparon con permisos en cuanto se firmó el último Pacto de Familia. Estas licencias se concedieron hasta que España abandonó la guerra de Sucesión Austríaca (1748). Cádiz controló aquellas operaciones. En 1742 se dio a José del Villar Andrade una licencia para llevar 200 toneladas al Mar del Sur con pabellón neutral, motivo por el que fletó el buque francés La Marquesa Dantein. Varios individuos dieron fianzas por el maestre, al que se ordenó terminantemente retornar a puerto español bajo pena de 3.000 pesos. El navío llegó al Callao en 1743, meses después de los buques La Lis, La Déliverance y Luis Erasmo, que "siendo franceses pasaron á aquella mar con registro de ropas españolas, y fletados por comerciantes de Cadiz", 10 y posiblemente es el "navío francés" retornado a Europa ese mismo año con cuatro millones de pesos. 11 Entre fines de 1742 y comienzos de 1743 se prepararon otros dos navíos franceses al Mar del Sur, El Héctor y El Henrique, si bien una parte de la carga del segundo fue transbordada, a petición de sus propietarios, al Duque de Chartres, que zarpaba para Buenos Aires -cuyas internaciones eran ya cotidianas-. A su regreso El Héctor arribó a Tenerife (1746) y transbordó su tesoro al navío Nuestra Señora de Nazareto, que arribó a 9 Véase Parrón Salas: De las Reformas..., págs. 165-213, y 410-455 para el planteamiento de esta cuestión. 10 Juan, J. y Ulloa, A.: Noticias secretas de América. De su llegada al Pacífico dan noticia Tord Nicolini, J. y Lazo García, C.: Hacienda, comercio, fiscalidad y luchas sociales (Perú Colonial), Lima, 1981, pág. 122. La información sobre buques que responden a esos nombres, todos ellos de fábrica francesa, es la siguiente: el navío La Marquesa Dantin, 280 ton., propiedad de Pedro Francisco Lifer; el navío Nuestra Señora de las Delibranzas, 218 1/5 ton., de Pedro Litant; el navío El Lis, 186 3/4 ton., perteneciente a Jacobo Duquen, aunque también se registra la fragata El Lis de Nantes de 200 ton. sin propietario conocido; y el navío Luis Herasmo, 433 ton., propiedad de Pedro Lagrine. Les retours des trésors américains d'après les gazettes hollandaises (XVIe-XVIIIe siècles), Cambridge/Paris, 1985, pág. 374; García-Baquero González, A.: "Las remesas de metales preciosos americanos en el siglo XVIII: una aritmética controvertida", Hispania, LVI/I, 192, 1996, pág. 241. 12 En 1746 se envió al Mar del Sur El Condé, otro navío francés que llegó a aquellas costas el mismo año, pero que tardaría en volver a Europa (1749). 13 Finalmente, el comercio de Perú también parece acusar el fin de la guerra para España, pues en 1748 se despacharían los navíos de fábrica inglesa Nuestra Señora del Pilar y San José (El Baltimore) y San Juan Bautista, San Antonio de Padua y Las Animas (El Toscano). La licencia dada a Santos Anton Mathey, su propietario, destaca que su permiso para navegar a Lima es excepcional, porque está prohibido a los extranjeros ir a la América española. 14 Pero después de 1750 el tráfico "nacional" de Cádiz con El Callao siguió realizándose en buques extranjeros, comprados en Cádiz y otros lugares; muchos delatan su nombre y origen en el seudónimo con que se conocen y cambian frecuentemente de propietario. 15 Los navíos eran los barcos predominantes y conforme a la matrícula de 1773 para la Carrera -trece de ellos, algo más de la quinta parte de las unidades, sumaban más de 9.000 toneladas, casi la mitad del total-, los del tráfico con Perú eran imponentes, siendo escasos los de menos de 200 toneladas. Este comercio, pues, lo gestionaban pocos, pero enormes barcos. Según las unidades detectadas entre 1740 y 1780, incluidos los buques de guerra con caudales, la mayor densidad de tráfico tuvo lugar en la década de 1770, en lo que influiría la aceleración del ciclo de las expediciones. 16 Algunos registros partieron para el "Mar del Sur" sin señalarse puerto, pudiendo arribar a otros antes del Callao o a su regreso. El navío de guerra San José (El Peruano), fabricado en Guayaquil y adscrito a la defensa de este litoral, hizo necesariamente la ruta Callao-Cádiz. En este perío-do también hubo al menos un sonado naufragio (el del registro Nuestra Señora del Buen Consejo, Oriflame, de 1770)17 y algunos buques no entrarían en Cádiz a la vuelta. Pero lo más singular del tráfico fue la alta participación de la marina real. La navegación recién estrenada no podía estar desamparada. De hecho los tesoros se conducían en buques de la armada, o que lo habían sido; y si se cargaban en mercantes propiamente dichos solían navegar acompañados por aquéllos a la ida o a la vuelta. En esencia el sistema de convoyes se mantenía, pero realizado por el Cabo. Morineau cita entre los retornos a Europa seis buques de la armada; pero hay otros once en sus listas que también deben serlo, por sus nombres y porque no se detecta su salida de Cádiz. 18 Por ejemplo, con el nombre Hermiona, que García-Baquero no registra como mercante y sí como barco perdido en 1762 a manos de los ingleses en La Habana, 19 hubo varios en la marina real; entre otros, una fragata de 30 cañones "construida en España" en 1730 y otra de 26 cañones botada en La Carraca en 1753. El Septentrión es poco dudoso: seguramente es el navío de guerra construido en el arsenal de Cartagena en 1753 y que tuvo un gemelo, el Aquiles, nombre conectado a muchas expediciones al Pacífico. García-Baquero otorga fabricación francesa y propiedad de Uztáriz Hermanos a un barco mercante de este nombre; 20 pero según otra fuente, el Aquiles de Uztáriz que llegó a Callao en 1780 era originariamente un buque de guerra. 21 Es probable que Uztáriz hubiera perdido o se hubiera deshecho de su Aquiles francés y que la Corona le vendiera o prestara para sus operaciones el de la armada, construido en España, debido al carácter paraestatal de su comercio. Lo más conveniente era cederle formalmente la propiedad del navío de guerra, porque no debía ser muy apropiado que un buque con pabellón del rey se presentara repetidamente en Callao llevando mercaderías de un solo particular, y siempre el mismo. Además, vigentes los repartos forzosos de mercancías en el virreinato, sería prudente ocultar los participación de la Corona en las empresas de Uztáriz, al que apoyaba en todo para que fueran exitosas. Suprimidos los repartos, la realidad sale a la luz con los buques de la compañía de Filipinas, auténtica "Real Compañía". También debe observarse que desde 1760 hay una sospechosa alternancia en los despachos de Cádiz, dando la impresión de que, en efecto, el tráfico se sigue haciendo al estilo de los galeones. Hasta 1758 son habituales los registros aislados, pero ese año se preparan cinco -dos salen ese mismo año y dos en el siguiente-y el tráfico se amortigua a tres y dos registros anuales hasta 1765-66, en que se despachan ocho. Desde entonces hay mayor regularidad y aumenta el número de viajes. Así, la impresión que ofrece el movimiento de buques con el Mar del Sur es la de que hubo un incremento del tráfico, con lógico ajuste a la evolución que se observa en Cádiz. 22 En la década de 1740-1750, de conflicto declarado, es notorio el desconcierto y falta de equipamiento de los navieros gaditanos para la navegación al Pacífico, siendo unos pocos barcos neutrales los que sostienen el comercio exterior de Lima; pero luego las expediciones aumentan progresivamente y son numerosas en los años setenta. La gran cantidad de caudales exportados a Europa en todo el período, revisada ahora con detalle por García-Baquero, 23 y sobre todo los datos disponibles para la exportación de frutos, permiten comprender por qué el gobierno dejó de preocuparse por los galeones. El cabo de Hornos abrió grandes posibilidades a la cascarilla, al cobre chileno y sobre todo al cacao de Guayaquil. Su extracción a España atravesando Panamá era complicada y, además, tropezaba con la red de intereses en torno a la Guipuzcoana. Jorge Juan y Antonio de Ulloa dan testimonio del impacto inmediato en Perú de la quiebra del sistema transístmico en la crucial década de 1740. 26 Para ellos la extensión por todo el continente del comercio ilícito de productos extranjeros se debía a los largos períodos sin galeones ni ferias. El comerciante americano, que no mezclaba sus caudales del comercio con España con los de los artículos indianos, no podía dejarlos paralizados indefinidamente mientras no llegaran los aluviones de mercancías desde Panamá, porque su mayor preocupación era que su capital siguiera rindiendo beneficios. Debía activarse la circulación en América de productos genas en la sociedad colonial, siglos XVI-XVII), Lima, 1989; Jara, A.: "Estructuras de colonización y modalidades del tráfico en el Pacífico Sur Hispanoamericano". Historia y Cultura, Lima, 1966, págs. 1-23; Vázquez de Prada, V.: "Las rutas comerciales entre España y América en el siglo XVIII". 25 Cifras conforme a las de Laviana Cuetos: Guayaquil..., pág. 186. CARMEN PARRÓN SALAS importados de la metrópoli, porque la ausencia de los Galeones se traducía en desvío de grandes sumas hacia el comercio ilegal; pero nadie se enredaba en él si las ganancias no se igualaban con mucho a las del comercio legal, ya demostrado con los registros La Lis, La Déliverance y Luis Erasmo. Cuando se supo en Perú que habían entrado en puertos chilenos tras doblar el Cabo, los precios cayeron tanto que los que habían introducido géneros de Europa ilícitamente los rebajaron inmediatamente y los liquidaron con grandes pérdidas. Según Juan y Ulloa, tras la arribada de esos buques Lima quedó tan abastecida que cesaron los tratos con Panamá. 27 Seguramente era cierto. Para los grandes comerciantes de la capital peruana la llegada de los registros fue un varapalo porque perdieron una buena clientela: los de la Sierra bajaron a hacerse de efectos directamente de los buques, y los cargadores limeños sólo pudieron comprar algunas partidas para remitirlas al interior. Además, al pequeño comerciante de la capital le debía traer más cuenta adquirir los géneros allí mismo que arriesgar sus capitales y pagar los costes del circuito ilícito. La conclusión era obvia: si los registros frecuentaban el Sur los precios no subirían tanto, se dejaría de buscar géneros en Panamá, se haría mucho daño a los implicados en el contrabando y se acercaría la oferta europea al interior peruano. 28 Esta debía ser ya una impresión muy extendida en la administración central, de modo que decidió continuar mandando "navíos de permiso" al Callao o con destino al "Mar del Sur", neutrales de momento, españoles en cuanto acabara la guerra. Pero conviene no perder de vista que aunque esos registros "españoles" al Pacífico habían entrado en puertos chilenos antes de su llegada al de Lima, nada estaba más lejos de la mente de los gobernantes que la eliminación de los monopolios portuarios en ambos continentes. Hasta tal punto, que ni siquiera pueden concebir que Panamá deje de seguir redespachando mercancías a Perú. 29 El Istmo acusó el golpe de 1739, pero no hasta el extremo que se ha pretendido. Juan y Ulloa se equi-26 Juan y Ulloa: Noticias secretas..., págs. 196 y ss. Para una revisión de sus obras, Gutiérrez Escudero, A.: "Entre España e Hispanoamérica: Antonio de Ulloa, un hombre de su tiempo. Sus escritos y publicaciones". 29 En 1750 Juan Bautista de Algorta tuvo que prestar juramento de que tres fardos y dos cajones de "ropa de Castilla" (18 arrobas de peso) que enviaba a Juan de Reina, eran "los mismos que condujo a esta Ciudad de la de Panama". Llegados a Lima a consignación de Algorta, las autoridades locales le dieron licencia para despacharlos de su cuenta y riesgo. Biblioteca Nacional (Lima), Manuscritos, C. 261. Juramento hecho por don Juan Bautista Algorta, sobre ser cierta la recepción de Panamá y el envío a las provincias del Norte (sic) de unos fardos de ropa. PERÚ, DEL COMERCIO POLÍTICO AL COMERCIO LIBRE, 1740-1778 vocaban en su pronóstico de que los registros a Lima cerrarían de forma natural los tratos con Panamá. De hecho, en 1746 naufragó en Santa, al norte de Lima, la fragata Nuestra Señora de la Concepción, procedente de Tierra Firme, al menos con 200.000 pesos en géneros ilícitos. 30 En realidad lo que sucedió en el cono sur fue una inversión de papeles; si antes la entrada de barcos por el Cabo había sido el elemento perturbador de las ferias de Portobelo, desde 1740 Panamá fue el factor de distorsión de las relaciones directas entre Cádiz y Lima. Ambas eran los extremos de una larguísima línea marítima, pero sin que se cerrara la vía panameña. Lo que se mantenía en pie era el sistema de puerto único. Así, habilitado solamente el de Cádiz, la extinción de los galeones a Tierra Firme teóricamente no tenía por qué alterar nada, pero aun en el caso de que así fuera, el Estado tampoco pretendía evitarlo. Al contrario, la conexión directa de Cádiz con Lima era toda una coacción para que los comerciantes peruanos se reubicaran en el comercio de España, al que pertenecía la iniciativa en la Carrera; 31 y si el comerciante criollo quería sobrevivir en la remodelación imperial, debía ceder y adaptarse a los nuevos tiempos. Ese plan de Estado afectaba, forzosamente, al comercio interior del Perú -demostrado con los registros franceses-y daba de lleno en la privacidad de los negocios; pero seguimos sin conocer los efectos y la cronología de las alteraciones que se produjeron en el seno mercantil, en los tratos y contratos. Lo único cierto es que en 1750-1770 gentes procedentes de Cádiz, españoles y extranjeros, copaban posiciones en el comercio limeño y tuvieron enfrentamientos con el gremio local, el consulado. Seguramente muchos criollos lograron conservar un espacio propio en el nuevo "comercio nacional", enfrentados al principio a los comerciantes que llegaban de Cádiz y más tarde aliados a ellos, algo de lo que hay indicios (la conexión consulado-Uztáriz y la conexión registros de España-Arica), pero que ha de comprobarse y detallarse. Aunque las transformaciones del comercio exterior de Lima después de 1778 conducían al mismo objetivo de Estado que las anteriores -sujeción colonial-su instrumentación y su contexto fueron ya muy diferentes. En efecto, hacia 1775 el comercio de la capital peruana parecía haber asimilado el cambio de sus relaciones con Cádiz y estar acomodado a la nueva situación. Efectos inmediatos de todas las transformaciones habían 30 Vargas Ugarte, R.: Historia General del Perú, vol. IV, Lima, 1966, pág. 280. Dinero y crédito en el comercio colonial español con América, Sevilla/Madrid, 1992. CARMEN PARRÓN SALAS sido, por un lado, la mayor proximidad entre lo que, sólo para entendernos, podemos denominar "oferta y demanda" de productos europeos -están vigentes los repartos-, y por otro, la consolidación en Lima, tras la expulsión de los negociantes extranjeros, 32 de un sector que se denomina y reconoce genéricamente a sí mismo como "el comercio de Cádiz". Una clave básica para comprender cómo se gesta la reordenación de las relaciones gaditanas con Perú entre 1740 y 1778 es la internación, término que designaba el acceso y venta de mercancías europeas en un espacio interior definido o aislado, física y/o jurídicamente. En líneas generales se puede decir que la internación era el armazón del comercio colonial, porque los mercados de mayor envergadura habían sido y eran aún en el XVIII los interiores; el despegue de los litorales se produjo precisamente en esta centuria, sobre todo en su segunda mitad. Pero en el concepto de internación estaba implícito el reconocimiento de la ordenación jurídica del territorio, ordenación que en la época de los Austrias impedía las relaciones de entidades administrativas cuando iban en menoscabo de intereses generales, entendidos éstos siempre como no lesivos para la metrópoli -el secular aislamiento de Nueva España y Perú-, y que usualmente también establecía derechos preferentes en el seno de las colonias. Así sucedía con el comercio "pactado" en el Istmo, ya que los comerciantes que llegaban a Portobelo estaban obligados a negociar exclusivamente en las ferias, debiendo tener cerrados sus tratos cuando se clausuraran, y regresar a España con los restos sin vender; los comerciantes criollos tenían bajo su total control los circuitos de esas mercancías en América. Por eso, con la crisis de los Galeones, cuando el Estado borbónico se tropieza con enormes resistencias en Indias para rescatar el comercio, explota el mecanismo de la internación y las gentes de España penetran en las blindadas economías "interiores". 33 Es, pues, un concepto-llave del comercio americano del siglo XVIII. Crisis de los galeones e internaciones Una de las áreas más codiciadas era, inevitablemente, el Alto Perú. Lima se había pasado casi todo el siglo XVII intentando taponar la fuga de 32 Parrón Salas, C.: "El nacionalismo emergente y el comercio. La expulsión de extranjeros de América (Perú) plata potosina por El Plata. Desde 1633 quedó prohibido extraer metales preciosos por Buenos Aires e internar mercaderías a Charcas y Perú por distinta vía a la de Callao, orden que se reiteró en 1661. 34 A finales de la centuria el tráfico bonaerense era difícil de contener, y la realidad seguía sin responder a las disposiciones que se repetían una y otra vez. El comercio de Lima atravesó dos momentos críticos, el primero en torno a 1680 35 y el segundo hacia 1730, fechas que encuadran la época de marasmo de los galeones. Las introducciones al Alto Perú por el Plata, fraudulentas o lícitas, perturbaban visiblemente el comercio transístmico. Sabemos bien lo que sucedió en la catastrófica feria de 1731. En esta ocasión los comerciantes peruanos no asistieron a ella con tantos caudales como el virrey peruano se había apresurado a avisar a España; y el general López Pintado, al mando de la expedición, se había encontrado en Portobelo con la absoluta falta de cooperación de los peruanos para realizar la feria. Los problemas que se produjeron en ella son atribuibles en buena parte a López Pintado, que les obligó a comprar forzosamente las partidas de paños de la Real Fábrica de Guadalajara (por un importe de 164.252 pesos) antes que ninguna otra mercancía. 36 Y ellos se negaron adoptando una actitud osada: criticaron abiertamente los paños del rey diciendo que su precio era excesivo para la calidad que tenían, 34 Respectivamente, las reales cédulas de 31 de diciembre de 1633 y 19 de noviembre de 1661. "Indice" del Archivo del consulado. En 1679 se indultó a Antonio de Oriaga Lezama de su introducción de ropas por Buenos Aires y el Acuerdo de Lima expidió un auto (23 de marzo) limitando esas internaciones hasta Salta y Jujui, cayendo en comiso si pasaban de Tucumán. Aprobado por el rey (1681), interesó a las autoridades de Charcas en las medidas de control pedidas por el consulado de Lima. En 1684 otra real cédula reiteró la prohibición general y a fines de aquella década el consulado ya tenía un comisionado en Santiago del Estero para controlar los "extravíos" de Buenos Aires a Perú. Estrechó a sus apoderados a vigilar las internaciones y consiguió que la Casa de Contratación también reiterara (1689) el límite de 100.000 pesos de mercancías para los registros de Buenos Aires. Tantas precauciones debieron ser ineficaces porque en 1690 los limeños volvían a deliberar sobre el tema y solicitaban al virrey que recordara a Chile y Tucumán las prohibiciones, dándoles facultades para nombrar jueces de comisos. El rey también recalcó a la Audiencia de Charcas que pusiera solución al problema. 36 Los precios de las ferias se ajustaban en las reuniones previas que sostenían representantes de los mercaderes españoles y peruanos en presencia de oficiales reales y los respectivos almirantes de los Galeones y la Armada. Parece ser que los encargados de vender las manufacturas del rey en las ferias eran los comandantes de las Flotas novohispanas y de los Galeones, en el reinado de Fernando VI empezaron las consignaciones y después de 1767 fueron los encomenderos de España los que las llevaron a América. CARMEN PARRÓN SALAS mediocre y de mal gusto. López Pintado, irritado, les acusó de desleales y las conversaciones se rompieron. Finalmente a los peruanos no se les ocurrió otra cosa que ofrecer un donativo con tal de no tener que comprar los paños del monarca, pues decían que su venta en Perú sólo les acarrearía problemas. Tal actitud colmó la paciencia del general, que había soportado sus reticencias a celebrar la feria; los jefes de la expedición peruana terminaron arrestados y los mercaderes no tuvieron más remedio que claudicar. 37 No habían entendido que su intento de silenciar con dinero contante a un rey que iniciaba la carrera empresarial debía sonar muy mal, aunque el donativo ofrecido no era despreciable (80.000 pesos); pero parece que tenían razón al intentar evitar esa adquisición "por la vicible perdida que ofrecian": incluídos los intereses, el valor final de los paños de Guadalajara fue de 246.500 pesos y en su venta se perdieron 113.000. 38 Con todo, la razón última del descalabro en la feria de 1731 fue la falta de metales preciosos para realizarla, lo que obedecía a que buena parte del dinero presuntamente disponible no había viajado a Panamá. Se había quedado en Charcas a la espera de la internación, ya autorizada, que se iba a realizar por Buenos Aires. 39 Finalmente, como se ha apuntado, Cádiz redondeó su situación impidiendo que los americanos tomaran la iniciativa en el comercio colonial: no les reconoció en la práctica la libertad de hacer negocios de propia cuenta, es decir, sin recurrir a intermediarios de la Península. Esto encrespó sus relaciones con Lima ya que, a su vez, el intermediario limeño se encontraba indefenso ante el comisionista gaditano que llegaba en los registros, si bien esa lucha no comenzó hasta los años finales del mandato de Superunda. Por lo tanto, en la década de 1730 habían comenzado serios problemas para Lima debido a la unidad de intereses de Buenos Aires y Cádiz, muy desengañada del comercio por Panamá. Era una dulce venganza; los gaditanos habían obtenido últimamente numerosas licencias para internar mercancías al virreinato peruano vía El Plata, desplazando así el escenario de su lucha con los limeños desde Panamá a los mercados interiores bajo su control. 40 Con su mayor proximidad al consumo, les devolvían los reveses sufridos en las últimas ferias de Portobelo. Las provincias del Alto Perú no tardaron en estar bien surtidas de mercaderías, tanto de Lima como de Buenos Aires. En Cuzco mismo se vendían los artículos "á mejores precios que en esta capital". 41 Y la situación de los comerciantes peruanos se agravaba, porque seguían suponiendo que los registros no podían transportar encomiendas de vecinos del virreinato; si acaso les mandaban algunas, las recibían a nombre de los dueños de los barcos, que cobraban altos fletes y pedían su tasación a precios corrientes, cargándoles un 12% "ó poco menos". 42 Los limeños se habían equivocado y comenzaban a sufrir en propia carne las consecuencias de su desidia para comerciar con los galeonistas. Lógicamente, intentaron dar marcha atrás. Ellos, que tantos quebraderos de cabeza habían dado a un gobierno empeñado, estérilmente, en obligarles a comerciar en Portobelo, en cuanto España abandonó la guerra austríaca (1748) solicitaron la inmediata restauración de los Galeones, e insistieron en el cierre absoluto de Buenos Aires para las internaciones. Contaban para ello con el apoyo de Superunda, en cuyo informe al gobierno de 1749 expuso la la "ruina del comercio" e insistió en la necesidad de reponer los convoyes a Tierra Firme. Pero Superunda se contradecía y no tenía más remedio que reconocer que había ventajas en la navegación del Cabo, pues los peruanos podían enviar caudales a España para comprar mercancías, y recibirlas de vuelta sin intermediarios como había sucedido en las ferias de Panamá; percibían antes sus ganancias y todo redundaba en beneficio del público. Más aún, al virrey le constaba que cuatro registros sueltos al Callao dejaban más ingresos al fisco que una Armada; pero aun así recomendaba que el Estado regulara de alguna forma el comercio con Lima -dos registros anuales, uno de ellos para encomiendas de peruanos-y que se cerraran las internaciones al Perú, tanto las de Buenos Aires como las de Panamá. 43 Quiere decir que, al fin y al cabo, la desaparición de los galeones no había causado tanto impacto y que los mercaderes de Lima seguían controlando el comercio del virreinato a pesar de sus crecientes dificultades. Por su parte, los de Cádiz empezaron a alinearse con los peruanos al percatarse de que un comercio sin ningún tipo de control, más que beneficiarles, les perjudicaba. Se encontraban con que muchos mercados estaban saturados y sus negocios acababan en pérdidas. No se podía calcular el consumo, como hasta cierto punto habían permitido las flotas a Portobelo, porque, a pesar de la gran demanda, había sido habitual no satisfacerla del todo, comercio especulativo del que habían vivido hasta entonces galeonistas y feriantes, éstos en particular porque su cercanía al consumo les permitía jugar con los precios. De modo que en Cádiz se terminó pensando que era menos arriesgado hacer negocios con Perú, sin los altos costes que suponía su proximidad al mercado; es decir, eludiendo a los intermediarios americanos y traspasando los límites físicos y cronológicos de las ferias. Consecuentemente, en paralelo a los peruanos, reclamaron la vuelta al antiguo sistema como el menos perjudicial para todos. 44 Pero era demasiado tarde. Como Juan y Ulloa habían anunciado, y como Superunda había corroborado tibiamente, los resultados del improvisado régimen no habían sido nada desastrosos. El secretario de Estado, Ensenada, simplemente no consideró posible la restauración de los galeones, que dio por finiquitados, y sólo accedió a prohibir las internaciones por Buenos Aires. 45 Pero ni siquiera esto fue una victoria definitiva para Lima, ya que el gobierno trabajaba en otro rumbo; y en la década de 1760, puso en marcha un plan de choque para el comercio colonial que tuvo secuelas para Lima. Las medidas tomadas no la afectaban directamente, pero sí a Cádiz y los distritos americanos vecinos. La oleada reformadora de la década de 1760 en Perú La instalación de la sede de los Correos Marítimos en La Coruña en 1764 (real cédula de 26 de agosto), justificada en la necesidad de fluidificar la comunicación con América -y sobre todo con el Caribe -46 y la 44 Estas conclusiones derivan del trabajo ya citado de Walker. 45 Superunda había elevado las quejas de los comerciantes junto con un proyecto "formado por persona bien inteligente" para reponer las Armadas. Memorias de los Virreyes, pág. 37. 46 El buque correo del Caribe salía cada mes para Puerto Rico, donde desembarcaba la estafeta de Nueva Granada, y seguía hacia La Habana, dejando en ella la de Nueva España. El correo del sur salía cada dos meses y se dirigía a Buenos Aires con la correspondencia del Río de la Plata, Chile y Alto Perú (Vargas Ugarte, R.: Historia General del Perú, vol. V, Lima, 1966, pág. 303). Las comunicaciones de Lima estaban aseguradas por esta vía y con los buques directos de Cádiz, pero cuando era necesario asegurar la llegada de informes y documentos importantes a España se duplicaban por la vía de Nueva Granada. PERÚ, DEL COMERCIO POLÍTICO AL COMERCIO LIBRE, 1740-1778 inmediata autorización en 1765 de varios puertos peninsulares al comercio con Barlovento, habían supuesto una doble brecha en el monopolio de Cádiz y tendrían efecto rebote en Perú, al menos en la medida en que afectaban directamente a territorios de su jurisdicción. Los correos que se dirigían al Río de la Plata eran barcos bien artillados y navegaban bajo bandera del rey (se incorporó este servicio en 1768), pero iban repletos de mercancías y a la vuelta podían transportar encomiendas de oro y plata. 47 A continuación la Corona consagró las internaciones recíprocas de efectos de Europa entre Nueva Granada y Perú (en 1768) 48 y finalmente dio un vuelco definitivo al anterior estado de cosas cuando, al crear en 1776 el virreinato del Plata, le dio igual licencia. En efecto, la entrada en funcionamiento de la ruta del Cabo significó, durante bastantes años, una bipolaridad de suministros para Lima; mientras ella redespachaba efectos de Cádiz a Quito, desde 1739 dependiente del virreinato de Nueva Granada, Panamá seguía internando efectos europeos al Perú. A fines de la década de 1760 esa bipolaridad generaba muchas tensiones entre ambos virreinatos y probablemente también era efecto de la presión del comercio de Cádiz sobre Cartagena después de 1764-65. El rey, sin embargo, decidió el conflicto salomónicamente y en 1768 dispuso que las mutuas internaciones entre Perú y Nueva Granada continuaran, aunque no de forma descontrolada, sino poniéndose sus gobiernos de acuerdo sobre los términos de ese comercio y las medidas para evitar el fraude, 49 que en el fondo era lo que más preocupaba al Estado. Llamado a informar el consulado de Lima, expuso que las internaciones neogranadinas a Perú eran inadminisibles porque estaba muy abastecido por el Cabo y los precios de las ropas estaban "en la mayor decadencia"; pero en sentido opuesto eran irrenunciables, porque hasta los mismos vecinos de la ciudad de Quito las habían reclamado al virrey de Santa Fe. En todo caso, la voluntad regia no podía ser que aquellos habitantes y los de Perú se perjudicaran mutuamente, sino limitar la oferta "al surtido de la necesidad". 50 Según todo lo expuesto, nos encontramos con varios hechos relevantes: CARMEN PARRÓN SALAS a) Es imposible seguir sosteniendo que en 1740 se produjo el "definitivo" colapso y/o cierre de la ruta del Istmo para la circulación de productos europeos al Perú. Más aún, sin galeones y en situación de guerra, lo ilógico hubiera sido que se cortaran esos suministros desde los territorios caribeños. Alcanzada la paz, Lima reexportó a Guayaquil ropas que Cádiz le enviaba directamente e incluso las internaba hasta Quito; pero a Perú siguieron llegando mercaderías europeas vía Cartagena/ Panamá. b) En segundo lugar, que esas reformas de la década de 1760 -los Correos Marítimos (1764), el Comercio Libre con Barlovento (1765) y la legalización de las mutuas internaciones entre Perú y Nueva Granada (1768)-afectaron al virreinato peruano, y que su significado conjunto debe remarcarse. Era lógico que el Estado, que debía reforzar el frente atlántico -el fallido intento de los ingleses contra Cartagena y la toma efectiva de La Habana, tan fresca en la memoria-, "fomentara" el virreinato de Santa Fe con las internaciones al Perú, y que intensificara las relaciones de la Península con Buenos Aires, cuyas internaciones también fueron legalizadas ocho años después. apoyados en el consulado, obstaculizaban como podían sus operaciones y negocios. En 1769 ganaron una batalla importante a los peninsulares; éstos podían consignar al interior desde Lima y también internarse, pero se les prohibió vender como minoristas. 52 En cambio no consiguieron que Cádiz reconociera su libertad para negociar con ella. Lo primero era una garantía de que se reservaba a los comerciantes del país una fase crucial de la cadena mercantil, la del consumo final. Los negociantes de Cádiz debían haber alterado incluso el de Lima, brindando al vecindario la posibilidad de comprar artículos importados sin la mediación de los tenderos locales. Cabe imaginar lo que significaba para las firmas limeñas y para la propia administración colonial que los advenedizos, además de consignar a las provincias e internarse con mercancías, pudieran vender al detall y por el interior del virreinato, donde estaba el bastión de todo el sistema, la mecánica repartos-corregidores. En cuanto a lo segundo, una real cédula de 1749 había reconocido la libertad de los comerciantes de Nueva España para sus "recíprocas consignaciones" con Cádiz. Los criollos podían hacer pedidos sin depender necesariamente de suministros ofertados y conducidos por personas matriculadas en aquel consulado; es decir, podían tomar iniciativas y emprender estrechas relaciones con casas gaditanas e incluso extranjeras. Esa cédula era tan transcendental que Cádiz, valiéndose de "manejos muy interiores", estableció de facto un procedimiento específico -un juramento-para boicotear las consignaciones criollas, respaldando su proceder con lo resuelto en dos casos particulares, uno de Nueva España (1752) y otro de Perú, el de Sebastián de Valdivieso en 1769. Este año el consulado limeño pidió sobrecarta de la norma dada a Nueva España veinte años antes, pero no debió servir de mucho porque tuvo que plantear el problema ante el Consejo en 1778, que lo resolvió a su favor ya en 1780. 53 En fin, la disposición de 1749, que había asegurado a los criollos que tampoco se les pretendía expulsar de la primera cadena del comercio colonial, realmente había sido otro aviso de que debían "pactar" con Cádiz. Así, en la década de 1760 queda activado un complejo programa de reformas, totalmente desentendido de su impacto en los tradicionales emporios mercantiles de América e incluso de Cádiz. El gobierno hace ya 52 Por real cédula de 25 de julio de ese año. Consulta del consulado al virrey. CARMEN PARRÓN SALAS del comercio oceánico una cuestión "española". De ello dan prueba las licencias de navegación y los privilegios con que fueron agraciados algunos particulares. Actividades y empresas del comercio con Perú Una de las aventuras más importantes del Estado del siglo XVIII en el mundo colonial, comenzó con la experiencia piloto iniciada en 1756 por Miguel de Uriarte, un quiteño avecindado en el Puerto de Santa María y residente en Cádiz. Uriarte propuso al rey encargarse de introducir en Perú durante seis años todos los géneros y efectos sobrantes de las fábricas reales, para lo que pidió exenciones fiscales. El monarca acogió muy bien su proyecto y no sólo le dio permiso para comerciar productos de sus fábricas, sino también otros artículos de Sevilla y Valencia (brea, alquitrán y madera labrada) pagando sólo la mitad del palmeo. Luego le amplió el privilegio, dándole licencia para traficar productos de la tierra por el Pacífico, llevando los de Guayaquil y Chile a Callao. 54 Conseguido este amplísimo permiso, Uriarte compró a continuación su primer navío al genovés Lázaro Solari, el San Francisco de Borja (alias La Virgen de la Asunción y San Fernando), 55 y luego adquirió otros de origen extranjero, 56 que también viajaron al Sur. 57 En 1763, expirado ya su contrato, el rey le permitió enviar dos registros más que aún le quedaban por disfrutar, 58 y después Uriarte pleiteó durante años con la Corona, hasta 1786, porque se consideraba engañado por la Real Hacienda. 59 La eliminación de este quiteño del comercio con Perú debió ser contra su voluntad. El rey le otorga dos nuevos registros al Sur, reconociendo que tiene pérdidas; pero los resultados de las expediciones realizadas no debían ser tan malos cuando Uriarte se proponía resarcirse haciendo más negocios con Perú. Sus pérdidas, algo a comprobar, serían más bien "daños" de otra índole y naturaleza, no derivados de sus operaciones mercantiles. 60 Uriarte seguramente quería prorrogar y ampliar su privilegio, que finalizaba en 1762; pero nos encontramos con que ese año el rey firma con Juan Bautista de Uztáriz y Gaztelu (conde de Reparaz) 61 un contrato de cláusulas similares y mucha más envergadura: le entrega las Reales Fábricas de Talavera -que elaboraban lana y seda-por un plazo de veinte años. 62 Con este convenio es obvio que ya no se trata de dar salida en América a las manufacturas reales "sobrantes". Según sus propias expresiones, Uztáriz envió muchas expediciones a Indias -de lo que no cabe ninguna duda-, aportó muchos ingresos al erario y sobre todo espoleó a las casas mercantiles de Cádiz. Estaba estrechamente vinculado a los Cinco Gremios Mayores de Madrid, de los que fue socio y director, y más tarde constituyó la firma "Uztáriz, San Ginés y Compañía" con un gran comerciante de Cádiz, Francisco de Llano y San Ginés (conde de Torrealegre), también de enorme actividad en Perú. Hizo un donativo para el sitio de Gibraltar y después de 1780 se reconvirtió al negocio maderero haciendo un asiento con el rey para cortar cedros en Nueva España (1784), 58 AGI, Contratación 1760. Copia de la real orden al marqués del Tesoro. Aranjuez, 26 de mayo de 1763.-De los dos últimos registros que se le concedieron tal vez uno corresponde a la expedición en 1767 del mismo San Francisco de Borja y San Miguel (La Desidere) -ya no como "navío del rey"-, que estaría de regreso en 1770. Nota de todas las embarcaciones que salieron de Cádiz para América desde el 1 de abril de 1766 a 31 de marzo de 1767, y nota (7) de la carga de frutos del San Miguel, de Lima (1770); García-Baquero, "Las remesas de metales preciosos", pág. 256. 61 Personaje prototipo de la nobleza que se dedica al comercio con las colonias. 62 Ruiz Rivera, J.B.: "La Casa de Ustáriz, San Ginés y Compañía". En Ponencias del XXXI Congreso Luso-Español para el progreso de las Ciencias (Cádiz), Cádiz, 1975, págs. 183-199; y del mismo, "La Compañía de Uztáriz, las reales fábricas de Talavera y el comercio con Indias", Anuario de Estudios Americanos, XXXVI, Sevilla, 1979, págs. 209-250. CARMEN PARRÓN SALAS motivo por el que compró el navío de guerra San Leandro. Llegado el momento de su quiebra (1786), que fue voluntaria, se suspendieron sus operaciones en Centroamérica 63 y él entregó los bienes a sus acreedores, que le señalaron una renta anual (3.000 pesos). Cuando en 1795 dejaron de abonársela, empezó a solicitar nuevos privilegios para el comercio americano, incluso en pabellón neutral, pero todos le fueron denegados. 64 Se ha desmentido que la casa Uztáriz tuviera muchos barcos; 65 pero en 1773 la firma "Uztáriz Hermanos" poseía seis navíos, cinco de ellos superando las 500 toneladas fijadas para la Carrera; concretamente el Aquiles casi las duplicaba (945-6/8 toneladas). 66 Su gran vocación para el comercio de Perú se manifiesta en que la mayoría de sus barcos viajó a El Callao, sosteniendo un tráfico regular entre 1763 y 1770 (ocho registros). 67 Pero Uztáriz también debió usar los barcos de guerra más de lo que se cree, ya que muchos zarparon de Cádiz "con registro de ropas" y sobre todo con unos inquietantes "pertrechos", cada vez más frecuentes -cuando navegan en "servicio del Rey" se expresa así-. Por ejemplo, el mencionado Aquiles, que viajó como registro en 1779-80, había pertenecido o aún pertenecía a la armada. 68 introducir un enorme volumen de "pertrechos". Estos fueron pasados por la aduana de Lima y fueron evaluados, ascendiendo su valor conjunto con los efectos del Aquiles a la astronómica cifra de 3.500.000 pesos. Evidentemente, nadie podía impedir que los géneros del rey, aunque explotados por un particular, se embarcaran en buques del rey; cobrando fletes si llevaban carga, o precediendo una operación de venta del barco, como parece ser el caso del Aquiles. El abono de los derechos regios, sello de la soberanía, era inexcusable para todo el mundo; pero Uztáriz disfrutaba de una situación envidiable de cara al fisco. En 1773 algunos comerciantes de Cádiz protestaron contra sus privilegios y prerrogativas, 69 pero fue inútil. Cuando Uztáriz revisó sus cuentas con Carlos III en 1777, tenía ya una enorme deuda con la Real Hacienda en concepto de derechos y fletes; pero el rey aún se la acreditó como capital para que continuara sus operaciones. En definitiva, la multitentacular "empresa Uztáriz" debía ser un gran canal de introducciones al Perú de manufacturas de lana y seda procedentes de las fábricas reales, pero sin descartar que a su compás circulara efectos extranjeros -lanas sobre todo-y que cobijara actividades de muchos comerciantes criollos -por las relaciones estrechas del consulado y Uztáriz-. En 1778, nada más extenderse el Comercio Libre al Mar del Sur, en Cádiz se volvió a protestar por la excepcional situación de Uztáriz, 70 que a partir de esa fecha éste empezó a experimentar serias dificultades en sus negocios. Finalmente, el 17 de mayo de 1780 -en el sur andino ya han estallado las revueltas preliminares a la gran rebelión-el rey aceptó su renuncia a seguir al frente de las reales fábricas que había puesto a su cargo. Carlos III lo mantuvo bajo su protección durante algunos años más, pero seguramente fue inevitable que los enemigos de Uztáriz se multiplicaran en la corte. La Real Hacienda lo persiguió y arremetió contra él, apoyándose precisamente en su renuncia a las fábricas del monarca. En definitiva, la gran característica del período central del siglo XVIII fue la sustantiva reordenación de todos los mecanismos del comercio exterior del cono sur, anunciada ya con los últimos Galeones y las primeras 69 AGI, Indiferente General 2485. Memorial de varios comerciantes. José María Suárez a José de Gálvez. CARMEN PARRÓN SALAS internaciones. Entre 1740 y 1778 se aceleró la dinámica mercantil en Perú, entre otros cosas por la simple concurrencia de muchos individuos en el comercio, forzados a competir entre ellos. La navegación al Pacífico en registros desde 1740 y la política mercantil que se despliega en Perú desde 1778 no son en absoluto homologables. En primer lugar, porque lo que se varió fue la ruta de los intercambios, no el fundamento del sistema. El monopolio portuario de Cádiz para el comercio con el amplio virreinato peruano se sostuvo, al menos, hasta 1764; y el de Lima en el Pacífico formalmente hasta 1778, ya que en los años anteriores los registros desembarcaban con frecuencia mercancías en Intermedios, de camino al Callao. Cambió el sistema aparente del comercio, pero estaba intacto su espíritu. Y en segundo lugar, porque la Corona siguió poniendo su confianza hasta fines de siglo en las expediciones convoyadas, así que la apertura del cabo de Hornos para el comercio con Lima tampoco implicó un cambio sustantivo en la concepción estatal del tráfico. Si el mantenimiento oficial de las flotas a Nueva España hasta 1789 es una señal inequívoca de la resistencia a modificarla, en el caso de Perú también se comprueba que la adaptación a las nuevas circunstancias -doblar el temible Cabo, los continuos intentos ingleses de asentarse en algunos parajes por inhóspitos que fueran: Malvinas, Chiloé, Juan Fernández-y el criterio preferente de la custodia de los tesoros, impusieron el uso de flotillas. Pero también es verdad que la supeditación del comercio de Lima a ciclos de envíos-retornos de España, independientemente de que éstos se aceleraron con los años, debía resultar cómoda para unos comerciantes acostumbrados a ritmos de galeones/ferias en el Istmo, y seguramente es el mejor indicio de que mantenían muy controlada la oferta de productos europeos. Si a todo esto unimos que la navegación al Perú se fundamenta en licencias o "permisos" de toneladas (privilegio más volumen apriorístico a negociar), ante lo que se está es ante una versión de los Galeones modernizada, un tráfico para el "abastecimiento" de productos -conjugando la escasez-, no un comercio "libre" y competitivo -conjugando la abundancia-. Ante este panorama del comercio exterior de las costas del Sur los términos comercio mercantil y comercio político resultan apropiados para definir su evolución de 1740 en adelante. El sostenido entre Cádiz y la capital peruana era aún un comercio transaccionado, de cuestionable carácter "colonial" en el sentido que alcanzaría posteriormente, porque llevaba implícito un remanente de autarquía del virreinato peruano. No hay duda de que ese comercio de mediados de la centuria era un comercio "político". Pero cuando Croix se lamenta en 1787 de que el "comercio mercantil" se contrapone al "comercio político", lo hace sobreentendiendo otro carácter en este último (metrópoli/ colonias) y además lo rotula con el término Nación. Por todo lo expresado, se comprende que en Perú tenga razón de ser el nombre de comercio libre con que se bautiza el régimen de 1778: elimina el monopolio de El Callao de Lima -se habilitan Buenos Aires, Concepción, Valparaíso, Arica y Guayaquil-y ante todo, liquida ese régimen de "permisos" para navegar y comerciar con el virreinato. Ya no se necesitará hacer ninguna instancia bien recomendada y/o con servicios al monarca para conseguir de las altas esferas administrativas "licencias" que en realidad no son más que enormes privilegios. Simplemente bastará con hacer en los puertos habilitados de la Península determinados trámites administrativos, prefijados en el Reglamento y válidos para todo el mundo. Por eso después de publicarse, y con el inmediato colapso del mercado peruano por la inundación de mercancías llegadas de Cádiz, desde Lima parten demandas que ya nos resultan muy familiares: inhabilitación del puerto de Arica -devolución del monopolio al menos en el territorio propiamente virreinal-, prohibición de las internaciones de Buenos Aires, al menos en las provincias altoperuanas dependientes de Lima, y "control" de las exportaciones de Cádiz, para lo cual debe establecerse un tope en el número/toneladas de los registros y que éstos tengan periodicidad fija. Por puro contraste con el período anterior, en 1778 Perú sí entra en un comercio libre y a partir de 1789 el comercio de Lima empezará a encajarse en él sin que se le haya hecho concesión alguna.
El presente trabajo tiene por objeto estudiar las disposiciones y las condiciones conducentes al establecimiento de vínculos económicos entre el Río de la Plata y el Brasil bajo formas legales que, aunque también escondieron muchos fraudes, fueron determinantes para realizar un fluido y continuo tráfico intercolonial. La apertura del tráfico negrero En la última década del siglo XVIII, dos importantes disposiciones en materia comercial, con sus correspondientes medidas complementarias, generaron las condiciones para el establecimiento de vínculos económicos entre el Río de la Plata y el Brasil bajo formas legales. Me refiero en primer lugar a la libre trata de negros y posteriormente a la apertura más amplia que se produce con la autorización para comerciar, "por vía de ensayo", con colonias extranjeras. El interés por incorporar a las colonias mano de obra abundante y barata, motivó la implementación de medidas más liberales en materia de tráfico negrero. Las ideas fisiocráticas que propulsaban el desarrollo de la actividad agrícola fueron un importante incentivo y, en 1789, se disponía el libre comercio de esclavos a Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Venezuela. Medida ésta que, en 1791, se extiende -entre otras regiones-al Río de la Plata. Si bien la real cédula que otorga a la región platina los privilegios acordados a otras zonas data del 24 de noviembre de 1791, 1 ya para entonces se habían otorgado permisos especiales a Nicolás del Acha, comerciante de Buenos Aires, y a Manuel Pereyra, portugués residente en Sevilla, para introducir 1.000 negros cada uno desde el Brasil. Ambas resoluciones, del 7 de junio de 1791, tenían como fundamento la necesidad de fomentar la agricultura y el desarrollo de la ganadería. 2 Además, otra real orden de septiembre, preanunciaba la disposición general, reactualizando un permiso para que el comerciante local Tomás Antonio Romero ingresara otros 1.000 esclavos desde puertos brasileños, bajo "las franquicias y gratificaciones" expedidas en 1789. 3 La implementación del nuevo sistema incentivó la introducción de esclavos, con una importante participación de navíos extranjeros, no debiéndonos extrañar que gran parte de las expediciones negreras procedieran del Brasil, desde donde se podían traer los negros en mejores condiciones físicas. El efecto fue rápido, sintiéndose particularmente en 1793. En 1792, 660 negros eran desembarcados de 4 navíos portugueses y 1 español, produciéndose hasta 1796 las siguientes introducciones: 4 El puerto de Montevideo fue la base del tráfico negrero regional, constituyéndose este comercio en otro de los factores de rivalidad entre las dos bandas del Río de la Plata. Los esclavos no sólo encontraron colocación en el área rioplatense, sino también en Chile y Perú. Nuevas autorizaciones reales fueron dando un mayor margen de acción a los esclavistas. A la real orden de 1791, se le suma en la ampliación del plazo de permanencia en puerto de las naves extranjeras de 8 a 40 días, aspecto importante para incrementar no sólo los nexos entre los foráneos y los comerciantes locales, sino también con sectores de la población. Es justamente Romero uno de los principales esclavistas que generan y mantienen las relaciones comerciales con el Brasil. Cabe acotar que esta presencia de Romero en el trato esclavista con Brasil, se combinó con el realizado con África, desde donde, con gran riesgo logró en 1793 introducir 426 negros de los 542 que había embarcado en Guinea. 6 Actitud esta que le valió un largo elogio del virrey Arredondo, quien luego de quejarse de la "inacción" de otros españoles, lo denomina "hombre de posibles y de bizarro espíritu para negocios grandes": "De manera que, a no haber sido por los singulares bríos de este español [Tomás Antonio Romero], nunca hubiera tenido el Rey la complacencia de ver que hay por lo menos un vasallo que piensa y obra según sus reales miras en negocio de tanto costo y de tantas aventuras. A la verdad no debe ser el comercio de negros cosa tan llana para los españoles, cuando estamos observando que hasta el presente no ha entrado un solo barco con negros, en Montevideo ni Buenos Aires, traído derechamente del África por cuenta de nuestros comerciantes europeos, entre los cuales cuento a los animosos catalanes...". 7 Es interesante observar cómo este comerciante, con sus actitudes, aparece como un caso típico en esta etapa de profundas contradicciones, enfrentamientos ideológicos y puja de intereses. Mientras en esta Memoria virreinal de marzo de 1795 se exaltaba su empuje empresarial, en la del virrey anterior [febrero de 1790], el marqués de Loreto se congratulaba de que el rey hubiera aprobado sus providencias "contra el asentista D. Tomás Antonio Romero, que se había propuesto franquear estos puertos a la bandera que él eligiese para otro negociado de negros". 8 Junto a Romero actuaron otros esclavistas, que no siempre vieron favorecidas sus actividades. Tal fue el caso de José Fernández de Castro que, en 1794, luego de llegar a Bahía, por orden del capitán general no pudo embarcar los negros que tenía comprados. Situación esta que no impidió la transacción, ya que los esclavos fueron dirigidos a Río Grande y desde allí por tierra a Montevideo. 9 Tanto esta apertura, como las que llegarán antes y después de la guerra de 1796, traerán aparejadas intensas discusiones, siendo los argumentos más importantes de la oposición la extracción de metálico y los fraudes cometidos a su amparo. En realidad esto no era nuevo, ya que como señala Corcino Medeiros dos Santos, existían por lo menos dos razones fuertes que habían cimentado las relaciones comerciales entre el Brasil y el Plata. Por un lado se encontraba la necesidad que Portugal tenía de plata española y por otro, el requerimiento de esclavos, géneros de Brasil y manufacturas de Europa. Esto, agrega, fue lo que hizo que muchas veces los gobernantes de Buenos Aires y de Río de Janeiro, cuando no participaban directamente en los negocios, fingieran ignorarlos. 8 Ibídem, pág. 255 Las cifras del quinquenio 1792-1796, fueron utilizadas por Azara para componer un "Cuadro demostrativo del estado de comercio de todos los puertos del Río de la Plata", citado en varios trabajos historiográficos, pero que tiene el problema de promediar los resultados del movimiento mercantil y naviero. Si bien existen compensaciones por exportaciones de efectos hacia otros destinos, es interesante observar las declaraciones que hace nuestro conocido Romero, con respecto a las cantidades extraídas por las aduanas 11 AGI, Buenos Aires, 346. COMERCIO ENTRE RÍO DE LA PLATA Y BRASIL A FINES DE LA ETAPA COLONIAL de Buenos Aires y Montevideo, correspondientes a los esclavos conducidos " en embarcaciones portuguesas de las Colonias del Brasil...". 13 Cabe acotar aquí, aunque escape a los alcances y objetivos de este trabajo, la influencia momentánea que tuvo en la extracción de mercancías y dinero, el singular pleito referido a si los cueros podían o no considerarse frutos del país, que llevó a paralizar la salida de los mismos. Los tradicionales nexos con el Brasil, que por lo general no se habían caracterizado por la legalidad o que habían tenido que ser aprobados formalmente para paliar situaciones de extrema necesidad, como las causadas por las guerras, al poco tiempo encontraron una nueva y más amplia medida de legalización. A través de una real orden, el 4 de marzo de 1795, se daba un nuevo y fundamental paso en el proceso aperturista del Río de la Plata, al autorizarse la comercialización "por vía de ensayo", con colonias extranjeras. Cabe agregar que el contenido de tal disposición, era comunicado formalmente por el virrey Melo de Portugal al Tribunal del Consulado, el 2 de enero del año siguiente; aspecto interesante para la consideración de los tiempos que afectan a la aplicación de las decisiones gubernamentales. Aunque en realidad la resolución real tiene como fundamento una presentación efectuada por el conde de Liniers, con relación a la necesidad de carnes y harinas que tenían "las islas francesas conquistadas por los Ingleses", esta determinación fue fundamental para incrementar el intercambio con diversos puertos del Brasil. La petición particular del conde de Liniers, para realizar "algunas" expediciones, cuando retornara a Buenos Aires, dará pie a una trascendental medida gubernamental, no sólo por lo que significó desde el punto de vista de los vínculos mercantiles rioplatenses, sino fundamentalmente por su trascendencia en materia de política económica: 13 AGN, IX-18-8-11 14 Tjarks, G.: El Consulado de Buenos Aires y su proyección en la Historia del Río de la Plata. Studer, E. F. S. de: La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVIII, Buenos Aires, 1958, pág. 279. HERNÁN ASDRÚBAL SILVA "S.M. -dice el documento-considerando que la extracción de frutos y producciones que no sean retorno para España, pueden influir en los progresos de la Agricultura, Comercio y Navegación, como ha sucedido en Caracas con los Ganados y Víveres que llevan a las colonias extranjeras, se ha servido condescender a la instancia del Conde, concediendo al mismo tiempo permiso general por vía de ensayo a todos los que quieran hacer semejantes expediciones...". 15 A partir de entonces, los comerciantes podrían dirigir a las colonias extranjeras los productos que no tuvieran colocación en la Península, trayendo de retorno frutos (como azúcar, café o algodón), dinero y negros. Es cierto que se aclaraba que tales expediciones deberían de hacerse en buques nacionales y que no podrían introducirse efectos europeos. Aspectos estos que, por necesidad o conveniencia, no tardaron en ser soslayados o burlados. 16 De acuerdo a la misma resolución se permitía "el retorno desde las [colonias] extranjeras a cualquiera puerto de las nuestras del mismo modo que a Buenos Aires", agregando que desde dichas colonias podrían despacharse a Europa, "en buques de las respectivas naciones", parte de dichos frutos y producciones. Evidentemente se abrían nuevas posibilidades para las interrelaciones mercantiles de América, pudiéndose señalar con respecto al Río de la Plata que, si bien se establecieron comunicaciones con lugares distantes como Cayena o Mauricio, esta resolución fue fundamental para incrementar el intercambio con diversos puertos del Brasil. La implementación de este sistema trajo aparejada otra serie de discusiones y enfrentamientos en el marco rioplatense, no sólo por las implicaciones mercantiles derivadas de la incorporación de nuevos centros de intercambio, sino también por los abusos e ilegalidades cometidas a su amparo. Sin embargo, contra la opinión de quienes dudaban sobre los alcances de la real orden de 1795, o que incluso pretendieron que se coartase directamente este tráfico con los puertos brasileños, el 10 de julio de 1796 se daba otra real orden aclarando la cuestión. En ella se señalaba taxativamente, con respecto a la autorización dada al Río de la Plata para 15 AGN, IX-4-7-8 16 Silva, H. A.: "La españolización de navíos norteamericanos en el Río de la Plata. Entre la legalidad y el fraude". Estudios de Historia Social y Económica de América, Revista de la Universidad de Alcalá, Alcalá de Henares, 1990, T. 6, págs. 65-69, y La portuguización y españolización de navíos en las relaciones entre Brasil y el Río de la Plata. (Finales del siglo XVIII y principios del XIX), elaborado para el "V Congreso de la Sociedad Latinoamericana de estudios sobre América Latina y el Caribe", PROLAM, Programa de pós-graduaçao em integraçao da América Latina, Universidade de Sao Paulo, Brasil. COMERCIO ENTRE RÍO DE LA PLATA Y BRASIL A FINES DE LA ETAPA COLONIAL comerciar con colonias extranjeras, que el rey había "resuelto que por ahora sea y se entienda general para todas las colonias extranjeras de las islas y continente de América, y particularmente para las portuguesas del Brasil...". 17 Pese a esta resolución real, durante muchos años continuaron las controversias en torno al tráfico con colonias extranjeras y las presiones para su derogación. No obstante, tanto las alternativas derivadas del enfrentamiento de coyunturas internacionales y regionales difíciles, como el predominio de actitudes aperturistas y el peso de los nexos económicos que se fueron forjando al amparo de las disposiciones metropolitanas coadyuvaron a su mantenimiento. La "vía de ensayo" con que se había iniciado la apertura del tráfico se hizo prolongada, y pese a la expresión "por ahora" que se estampa en la real orden del 10 de julio de 1796, el sistema tiende a consolidarse. Angel Izquierdo, administrador de la Aduana de Buenos Aires, en un extenso informe al virrey de julio de 1798, avalaba con una serie de preguntas y consideraciones la determinacion metropolitana: "¿Qué progresos puede calcular el comercio de España con lo que no importa ni exporta en América? ¿Acaso las materias, frutos y producciones de este fecundo suelo en toda su extensión hacen la gruesa contratacion del comercio español en Europa? ¿Por ventura la pérdida de lo que no puede exportar aquél le deja algún provecho? o al contrario ¿no es cierto que las ventajas que saque el colono de lo que pospone el español, trasciende y se comunica por mil modos indirectos en beneficio de éste? Estas verdades son de mucho bulto; y el principio de que se deriban es tan acreditado, que por él sólo se dirige el Gobierno para disponer con destreza y sabia economía los medios y rumbos por donde se haga el Comercio de América con los colonos extranjeros". 18 Los cambios producidos en las reglas que regían el comercio, además de provocar discusiones de orden teórico, llevaron necesariamente a un reacomodamiento del conjunto del giro al exterior. Brasil aportaba azúcar, aguardiente, arroz, almidón, cera, café y añil, etc., sin olvidar a los negros esclavos. De allí que uno de los problemas principales que creó esta apertura comercial, se vinculó a la competencia con otras posesiones españolas de América con las que el Río de la Plata mantenía relaciones comerciales. Tal es el caso de Cuba, con quien por aquellos años se había generado un singular intercambio que, a su vez, promovía el desarrollo de la industria 17 AGN, IX-4-7-8 18 AGI, Buenos Aires, 346. Las exportaciones de carnes saladas, sebo y otros productos regionales hacia La Habana se incrementaban 19 y, aunque los retornos no tuvieron el mismo peso, aportaron interesantes proporciones de productos tropicales a estas lejanas tierras australes. -------------------- También se traía de Cuba dulce, miel, palo de tinte, maná, cera, palos de acana, arroz y, curiosamente, cacao, aunque desde el Río de la Plata se reexportaba cacao de Guayaquil. Igualmente de Lima y Guayaquil se importaban productos que recibían la competencia brasileña, tales como azúcar y arroz, que también se trajo en ocasiones de La Habana. Además, a los ingresos por vía marítima se sumaban los trasportados por tierra. Azúcar de las intendencias peruanas próximas al virreinato rioplatense abastecían al Alto Perú y otras remesas desembarcadas en Valparaíso, atravesaban la cordillera a lomo de mula. 21 Evidentemente, las producciones de retorno encontraron un férreo competidor en el Brasil, cuya cercanía favorecía el intercambio. Situación que sirvió de argumento para impugnar el nuevo sistema, no sólo a quienes no compartían las concepciones aperturistas, sino a los interesados en el otro tráfico. IMPORTACIONES DESDE LA HABANA 20 Las impugnaciones fueron de diversos tipos. A las vinculadas a la competencia que afectaba al comercio preestablecido, como el señalado con La Habana y Lima, o incluso a la comercialización de productos regio-19 Silva, H. A.: "La estructuración del comercio y la navegación desde el Río de la Plata a Cuba". Anuario de Estudios Americanos, T. LI-2, Sevilla, 1994, págs. 61-73, y nales como los aguardientes cuyanos, se sumaron las imputadas al propio tráfico con colonias extranjeras. Las ilegalidades que podían cometerse a su amparo y la extracción de metálico, aparecen como imputaciones fundamentales para denostar el sistema. Situación que es más comprometida al mostrarse, desde un principio, la existencia de una balanza comercial desfavorable, que debía llevar necesariamente a la extracción de metálico hacia las colonias portuguesas. Observaciones que, como hemos visto, también habían recaído sobre el comercio negrero. En julio de 1798, el virrey Olaguer Feliú trataba de tener una visión integral del comercio con Brasil, pero sólo consiguió un informe limitado al puerto de Montevideo, debido a que "por sus muchas ocupaciones", el administrador de la aduana porteña, firme defensor del aperturismo, no lo había podido elaborar. El hecho de no poder registrar los movimientos navieros entre Brasil y Buenos Aires, tal como lo indica el mismo virrey, relativiza los resultados de estos datos estadisticos; sin embargo estimo que igualmente son significativos del giro, particularmente si tenemos en cuenta que los embarques de carnes se hacían básicamente en la Banda Oriental. El movimiento de entradas y salidas de barcos destinados al comercio con colonias extranjeras, producido en el puerto de Montevideo hasta finalizar 1797, nos muestra un tremendo desfase entre los valores de los productos exportados y los ingresados. Seis (5 zumacas y una corbeta), salían con destino a colonias extranjeras, conduciendo productos por valor de 23.782 pesos, entre los que se incluyen 5.900 de elementos destinados a la isla de Mauricio. Como contrapartida entraban otros seis navíos (5 zumacas y un bergantín), con importaciones evaluadas en 133.270 pesos. Calculado el contenido de cada caja, segun información de Río de Janeiro, en 40 arrobas, el ingreso fue de 16.876 1/2 @ de azúcar. 22 Paralelamente entraban por la aduana de Montevideo 443 pipas de aguardiente y 427 sacos de arroz, además de almidón, cera, café y añil; a los que se sumaban 51 negros esclavos, introducidos por Tomás A. Romero y Antonio Sar. Es importante señalar, tanto para la comprensión de los datos expuestos, como de la puesta en marcha y mantenimiento del comercio con colonias extranjeras que, tal como ocurriera en momentos de aplicarse el Reglamento de Libre Comercio, otra contienda había puesto nuevos ingredientes a la implementación del sistema. La guerra con Gran Bretaña, desatada en 1796, había sacudido las bases del intercambio imperial español y provocado fuertes transformaciones en el tráfico colonial. Tanto la acción de la armada inglesa como la de los corsarios, afectaron duramente al comercio de ultramar. Cercaron los puertos y dieron lugar a un fuerte control en las más importantes rutas. El comercio colonial que había tenido un singular impulso en los años anteriores al rompimiento, recibió un duro golpe al firmarse con Francia, el 19 de agosto de 1796, el tratado de San Ildefonso. El cambio de frente efectuado por España, acarreó a su movimiento económico una de las situaciones más críticas vividas hasta entonces. Una brusca caída de los niveles de exportación e importación afectó al Río de la Plata no sólo en el orden económico, sino incluso en el político y en el social. La caída de las importaciones trajo un importante aumento en los precios en mercancías que incluso llegaban a desaparecer del mercado local, mientras la producción regional quedaba paralizada en los puertos de embarque. Situación que tampoco dejó de afectar al Brasil, particularmente por la presencia de corsarios franceses. Por entonces, España debió buscar vías colaterales para paliar los efectos de la acción británica en los mares, vivificando el comercio, por lo que el 18 de noviembre de 1797, la Corona permitía "como recurso extraordinario" que se hicieran expediciones en buques neutrales desde puertos españoles o extranjeros que mantuvieran neutralidad. Determinación real que, combinada con las dos anteriores -libertad de tráfico negrero y comercio "por via de ensayo" con colonias extranjeras-permitió que, además de acrecentarse los vínculos con el Brasil, se abriera el Río de la Plata a un amplio tráfico internacional, en el que participaron activamente comerciantes y navieros de diversas nacionalidades: "América -decía el administrador de la Aduana de Buenos Aires al Virrey, en julio de 1798-prohibida de tener fábricas, falta de utensilios para la labranza y beneficio de las primeras materias, carece de las principales ropas para vestir sus habitantes. Sin aperos para poner navegables sus embarcaciones y sin muchos otros efectos que la precisan a subsistir con Europa, necesita socorrerse de todo". COMERCIO ENTRE RÍO DE LA PLATA Y BRASIL A FINES DE LA ETAPA COLONIAL Las variantes en los precios del azúcar y el aguardiente, incluidos entre los "efectos de mayor consumo", muestran con claridad el incentivo que se produce para incrementar las importaciones del Brasil y, consecuentemente, tender a afianzar el nuevo sistema. 25 Precios (en pesos) ------------ En poco tiempo, tanto como consecuencia de la implementación de medidas promotoras de la producción y del comercio, como del enfrentamiento de una coyuntura internacional difícil, producida por la guerra de 1796, el tráfico con el Brasil -pese a acaloradas críticas locales-se fue consolidando. Las actitudes gubernamentales tendentes a promover por un lado la incorporación de mano de obra esclava y por otro el desarrollo de un mayor intercambio, a través del comercio con colonias extranjeras, debieron ahora conjugarse con los requerimientos impuestos por una contienda que, desde el punto de vista económico, fue desastrosa para el Imperio Español. Si bien el objetivo de este trabajo está dirigido a estudiar el establecimiento formal de vínculos comerciales sobre visos de legalidad entre el Río de la Plata y el Brasil, acotándonos al período 1791-1797, es interesante señalar la continuidad que se produce en el sistema. De allí que aunque cuestiones como las disputas en torno al comercio con el Brasil o las variantes en el movimiento económico -como la producida por la "guerra de las naranjas"-merezcan un tratamiento especial, sea interesante insertar algunos conceptos contrarios al mantenimiento de tales relaciones que ejemplifican la consistencia de las resoluciones tomadas en el período que nos ocupa. Cuando en 1799 se discuten en el Consulado los alcances de la real orden inhibitoria del comercio con neutrales, el prior Martín de Alzaga, señalaba, aunque sin conseguir su objetivo, que "si el espíritu es remediar los males de la extracción de plata y demás fraudes, no de otra suerte puede conseguirse este fin que cortando toda comunicación con colonias extranjeras". 26 Por entonces se estaba en plena guerra, pero además podemos observar cómo aun en el interregno de paz 1802-1804, se mantenía la vigencia del tráfico con colonias extranjeras, con disputas que alcanzaban incluso a las más altas autoridades. De allí que el virrey del Pino, riguroso partidario de las estructuras tradicionales, impugnara el sistema indicando que no se había beneficiado la agricultura local, mientras que la balanza comercial mostraba la preponderancia de los retornos de mercaderías foráneas. A su entender, todo se movía en un plano de ilegalidad, porque aun los teóricos beneficiarios "prestan infielmente su nombre para retornar a su sombra en el valor de los frutos que se suponen cambiados, crecidos intereses extranjeros cuyo producto, en la mayor parte, vuelve a sus manos en dinero contante extraído por medios más sagaces, burlando la actividad del gobierno y diligencias del resguardo; además de la proporción de ejercitar el contrabando de efectos europeos, como se ejecuta sin cesar, con gravísimo daño de nuestro comercio nacional, sin que baste precaverlo la mayor vigilancia y energía, por la facilidad del trasbordo en este Río de la Plata, o desembarco en sus dilatadas y desiertas costas a donde por falta de auxilios no llega el celo del resguardo, presentándose después los buques en estos puertos con sólo los frutos permitidos al cambio". 27 Sin duda las acusaciones emanadas de la más alta autoridad virreinal eran serias. La extracción de metálico y la ilegalidad seguían siendo los argumentos principales de los detractores. No obstante, sin entrar a analizar en este momento los alcances y connotaciones de los mismos, considero que es justamente esa seriedad y el nivel de quien las expresa, un elemento sustancial para apreciar hasta qué punto fue impugnado este tráfico. Situación que, asimismo, nos permite observar como, luego de ponerse la piedra fundamental con la libertad de tráfico negrero, aquel sistema de relaciones económicas con colonias extranjeras iniciado "por vía de ensayo" en 1795 y ratificado expresamente para fomentar el comercio con el Brasil, con un "por ahora" del rey, en 1796, sentó las bases de una relación comercial estable. Por su situación geográfica, por su condición de marginalidad dentro del mundo hispano, por interés o necesidad, el Río de la Plata, desde el siglo XVI había estado conectado económicamente con el Brasil. Por diversas vías se concretó la introducción de mercancías y esclavos que condujeron hasta la zona altoperuana. Si bien por parte de la Corona Hispana se dieron autorizaciones especiales para establecer relaciones comerciales, éstas tuvieron características limitadas, obedeciendo, por lo general, al deseo de paliar situaciones o mostrar algun tipo de favorecimiento personal. Frente a esto, a través del Brasil, el mundo lusitano y, particularmente su aliado británico, encontraron vías para establecer un importante tráfico, favorecidos particularmente por la instalación, desde 1680, de la Colonia del Sacramento. Enclave portugués en la margen oriental del Río de la Plata que, si bien sufrió los vaivenes de la política internacional, con ocupaciones y reintegros, cimentó uno de los comercios ilícitos más florecientes y amplios de América. Ubicada frente a Buenos Aires, en una zona donde las autoridades españolas no podían -o no querían-ejercer patrullajes permanentes y efectivos, la Colonia del Sacramento se constituyó desde su fundación, en un gran almacén destinado al contrabando. La puerta portuguesa era adecuada para la introducción de artículos propios y ajenos. Tal es el caso de productos de la tierra y esclavos, a los que se sumaban las manufacturas británicas y otras que en calidad de intermediarios, traficaban los ingleses desde las más diversas partes del mundo. No son alejados de la realidad los conceptos de John Lynch, cuando señala que "lo que Jamaica significaba para el Caribe el Sacramento significaba para el Río de la Plata". 28 La creación del Virreinato rioplatense, con la consecuente toma final de la Colonia del Sacramento, significó un duro revés para el contrabando, pero no por ello produjo el rompimiento de lazos mercantiles con el Brasil. Ya a través de la extensa frontera, o del empleo de artilugios como las arribadas forzosas, se hicieron presentes en los mercados regionales; a lo que se sumaron autorizaciones como las dadas frente a las necesidades producidas por los conflictos bélicos. De allí que el planteamiento expuesto en el presente trabajo no deba confundirse con la instalación de un comercio que ya tenía siglos de subsistencia y experiencia, sino con el establecimiento de disposiciones legales que, aunque también escondieron muchos fraudes, fueron determinantes para realizar un fluido y continuo tráfico intercolonial. El sistema de intendencias en el Virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires, 1967, pág. 38.
En la segunda mitad del Siglo de Las Luces, como un resultado del notable interés europeo en las ciencias, varias naciones realizaron viajes marítimos alrededor del mundo, con el fin de ampliar los conocimientos acerca de la geología, cartografía, geografía y etnohistoria. Los ingleses y franceses recibieron el apoyo imperial para realizar estas expediciones, entre los primeros se distinguieron George Anson, John Byron y Philip Carteret; más tarde James Cook y otros. 1 España también participó en la organización de empresas marítimo científicas ilustradas, principalmente durante los reinados de Carlos III y Carlos IV. El área geográfica de mayor interés para los iberos abarcaba los territorios españoles en América y Asia. Varios motivos influyeron para que se llevaran a cabo, entre ellos los fines políticos del Estado y la organización institucionalizada que proporcionó medios e infraestructura para la renovación de la armada, lo cual sería un instrumento vital en el desarrollo de la ciencia. Las expediciones fueron sistematizadas y custodiadas, en su mayor parte, por las instituciones científicas de la propia marina, como el Observatorio Astronómico y el Depósito Hidrográfico. 2 Asimismo se llevó a cabo un programa de la marina y la armada para reforzar el control de la administración ultramarina y para responder a la amenaza que se presentaba en los mares. La presencia en aumento de rusos, franceses e ingleses exigía un rápido control marítimo desde Magallanes hasta Alaska, las Filipinas y otros archipiélagos del Pacífico, reforzando la presencia española en la Polinesia y reorganizando rutas comerciales alternas y nuevos puestos de abastecimiento. Los iniciadores del impulso europeista de la marina española fueron sin duda Jorge Juan y Antonio de Ulloa en 1734. Este interés continuó en la generación de marinos de 1783, en el Observatorio de Cádiz, alrededor de Vicente Tofiño. La política de Estado demandaba con más urgencia "nueva y moderna cartografía levantada por españoles que evitara la dependencia de la cartografía elaborada por extranjeros". 3 La Corona española otorgó valiosa ayuda a las ciencias naturales europeas con la organización de expediciones científicas a América entre 1775 y 1800. Una de las más grandes empresas científico políticas organizada por el Estado Español fue la dirigida por Alejandro Malaspina, de 1789 a 1794. Según María Dolores Higueras, esta expedición reúne los ideales intelectuales, políticos y científicos de una tardía ilustración y con ella culmina la expansión marítima española de la Edad Moderna. 4 Entre los objetivos del viaje, se incluían: establecer los puertos más adecuados para la marina militar; asegurar las rutas marítimas comerciales; informar sobre la situación defensiva en las costas y puertos, averiguar el estado de los puestos extranjeros de la región y cartografiar las costas del Pacífico. 5 Les interesaba también la investigación acerca de la verdad o falsedad de la existencia de un paso entre los dos océanos; y recomendar alter-nativas respecto a la posición política de España en la costa noroeste del Pacífico. Por estos motivos era necesario examinar físicamente el territorio de Alaska y las costas canadienses, no reconocidas previamente por Cook, Dixon, La Pérouse y los marineros españoles que zarparon de San Blas. Otras actividades serían: el trazado de mapas, la investigación geológica y etnográfica, cálculos sobre la gravedad y observaciones astronómicas, lo mismo que estudios acerca de la flora y la fauna del noroeste. Como un complemento para la investigación y para ilustrar mejor las actividades realizadas, las expediciones contaban con los servicios de artistas que actuaban como dibujantes de especímenes de botánica y zoología, lo mismo que de nativos, paisajes y mapas. 6 Durante su recorrido por las costas americanas, los expedicionarios visitaron Montevideo, Río de la Plata, la Patagonia, las islas Malvinas y las Aurora, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Centroamérica, la Nueva España, California y la costa noroeste del Pacífico hasta Alaska; de regreso hacia el sur, cruzaron el Pacífico y se dirigieron a las Marianas, Filipinas y Vavao, Macao, Nueva Zelanda y Australia. El viaje de Malaspina El hombre que planeó el viaje al círculo del globo, fue Alejandro Malaspina, nacido en 1754 en Mulazzo, en el ducado de Parma. Se unió a la marina española a los veinte años y en 1784 circunnavegó la tierra en dirección oeste. Debido a esta experiencia concibió la idea de realizar una expedición científica exploradora. Pronto encontró apoyo en el ministro español de Marina, Antonio Valdés. 8 Para llevar a cabo el viaje se construyeron dos corbetas: la "Descubierta" y la "Atrevida", las cuales fueron provistas con su tripulación, oficiales necesarios y personal técnico, en los que recaía la responsabilidad científica. La expedición zarpó de Cádiz el 30 de julio de 1789; visitaron Río de La Plata, y posteriormente atravesaron el Cabo de Hornos y continuaron sus trabajos en Chile y Perú.9 Panamá, Realejo y Acapulco fueron los siguientes puertos de escala: en febrero llegó la "Atrevida" a Acapulco, después visitó San Blas y finalmente se reunieron las dos corbetas en Acapulco. 10 De este puerto Malaspina viajó a la ciudad de México para entrevistarse con el virrey Revillagigedo. Antes de continuar el viaje decidió dejar una comisión de ocho científicos para realizar investigaciones en la Nueva España. 11 Cuando Malaspina se encontraba en la costa sudamericana pensaba que, tal vez, ya no sería conveniente, ni necesario, hacer el viaje al noroeste de América. Sin embargo, órdenes de España determinaron que la visita debería realizarse. El motivo principal, tal como se había proyectado en 1789, era investigar las reclamaciones hispanas y las de sus rivales sobre el noroeste. En 1790 el asunto de la soberanía sobre la costa norte del Pacífico pasó a primer plano en la controversia de la Rada de Nootka o Nutka. El comandante esperaba que el asunto ya habría sido decidido en las negociaciones que se realizaban en Europa y que su presencia en la costa del noroeste no sería necesaria. Pero el ministro de Marina determinó que el capitán hiciera una inspección más minuciosa de la costa que la realizada por las expediciones españolas previas: las de Juan Pérez, Esteban José Martínez, Ignacio Arteaga, Juan de la Bodega y Cuadra y otras. Además, aunque para entonces se creía improbable, no estaba definitivamente determinado si había o no un pasaje que conectara los dos océanos, lo cual seguía siendo un misterio.12 Los pintores de la expedición En el siglo XVIII el dibujo se había convertido en un instrumento indispensable para el desarrollo de los estudios geográficos, botánicos, zoológicos y antropológicos dentro de las expediciones científicas. La úni-ca forma de conservar imágenes de las tierras que visitaban era a través de dibujos, bocetos, diseños o pinturas. Así, la labor del pintor o dibujante consistía en describir por medio de su obra artística las costumbres, trajes, danzas y viviendas; hacer retratos de los nativos y dibujos de animales y plantas. Como lo afirma Carmen Sotos Serrano, el dibujo ocupó un lugar muy destacado durante el siglo XVIII; para que los trabajos naturalistas que se llevaban a cabo en las expediciones adquiriesen el máximo rigor científico, se necesitaba que dibujaran al natural las especies recogidas antes de disecarlas. El dibujo constituía, por tanto, la única herramienta capaz de ofrecer al investigador las características más intrínsecas y relevantes. Por más detallada que fuera la descripción escrita, no proporcionaría la fidelidad suficiente al modelo natural representado. Gracias a estos trabajos, los científicos de aquella época y los actuales pueden clasificar los especímenes encontrados. 13 Al partir la expedición de Cádiz contaba con los servicios de dos artistas: José del Pozo, a bordo de la "Descubierta", y José Guío en la "Atrevida". Del Pozo, pintor sevillano, realizó su obra pictórica principalmente en Río de la Plata y Chile. Según Malaspina, era un hombre con algo de talento, pero indisciplinado, flojo y no apto para su misión, por lo cual fue destituido al llegar al Perú. 14 Guío se dedicó casi totalmente a reproducir plantas y a adelantar con algún éxito el estudio de la historia natural, a la que era muy inclinado; pero gozaba de poco favor a bordo y su salud no era buena, por lo que se pensó dejarlo en Acapulco. 15 Sin, embargo Sotos Serrano considera que es sorprendente que se despidiera a Guío, ya que de acuerdo con los informes de sus superiores, su comportamiento y su asiduidad al trabajo fueron intachables. Supone que tal vez haya influido el hecho de que "no llenaba los grandes fines de la expedición". Su labor era muy especializada, estaba encargado del dibujo botánico y de la disección, pero estas actividades no constituían el objetivo primordial del viaje. 16 Cuando Malaspina decidió despedir a los dos artistas, escribió a España para pedir suplentes. Los italianos Juan Ravenet y Fernando Brambila fueron contratados, pero no se unieron a ellos hasta después del 13 Sotos Serrano, Carmen:"La botánica y el dibujo en el siglo XVIII", en Los pintores de la expedición de Alejandro Malaspina, Madrid, 1982, vol. I, págs. 73-74. 14 Casi simultáneamente a la partida de Del Pozo, comenzó a trabajar como artista José Cardero, quien iba en la tripulación como primer contramaestre. 18 Es posible que haya iniciado su actividad como pintor en Montevideo con una vista de la Colonia de Sacramento; acerca de este dibujo Sotos Serrano comenta: artista. Al llegar la "Descubierta" a Acapulco, Cardero continuó su trabajo, trazó perspectivas e hizo dibujos en colores de aves y peces. Tal vez por falta de confianza, en sus primeros trabajos dibujó con menos licencia artística, pero con más precisión que muchos de sus contemporáneos. Esta fidelidad para los detalles ha servido de gran ayuda a los historiadores. En el noroeste hizo dibujos de las costumbres de los nativos, tipos indígenas y escenas generales de la región. 21 Sin embargo, desde Guayaquil, Malaspina ya había escrito al virrey de México para solicitar que contratara algún pintor de la Academia de San Carlos, para que los acompañara en el viaje al norte del Pacífico mientras llegaban los artistas españoles que había solicitado en Lima. Por lo tanto se unió a la expedición el grabador Tomás de Suria, quien junto con Cardero realizó la obra pictórica en esta parte de la expedición. 22 drid, en abril de 1761 y el año en que se inició la expedición trabajaba en San Carlos, tenía dos hijos y residía en la misma casa que sus parientes políticos en México. 24 Desde Guayaquil, el comandante Alejandro Malaspina se comunicó con el virrey de México, segundo conde de Revillagigedo, para pedirle un dibujante que supliera a José del Pozo. Agregaba que "fuera muy útil para la comisión, una u otra persona experta en el dibujo y en la perspectiva, aunque no lo fuese en el colorido, que quisiese seguirnos en esa campaña y restituirse luego a México". El sueldo sería de 500 a 800 pesos anuales, tendría alojamiento y mesa decentes y se uniría a la expedición en San Blas o Acapulco. 25 Revillagigedo escribió al presidente de la Junta de la Real Academia de San Carlos, Ramón Posada, y le solicitó que escogiera a quien quisiera voluntariamente hacer el viaje entre los alumnos más adelantados. Posada notificó al director, Jerónimo Antonio Gil, la orden del virrey y éste propuso a Tomás de Suria y otros tres pintores. Suria fue quien reunió los requisitos exigidos y aceptó llevar a cabo la misión; era hombre animoso y se sentía atraído por la aventura de visitar lugares lejanos y misteriosos. Sin embargo debe haber pensado en los riesgos que suponía unirse a la expedición, puesto que pidió que si moría se le siguiera pagando la pensión que recibía a su esposa. 26 Las excelentes recomendaciones contribuyeron a que obtuviera el empleo bajo las condiciones que el mismo exigía. Posada lo consideraba un artista hábil en el grabado y la pintura, "sujeto de buenas circunstancias, el más aprovechado de cuantos hay en la capital en proporción". 27 El dibujante puso sus condiciones para aceptar el trabajo: sueldo de 1.000 pesos, más la pensión que recibía de 600, la cual se entregaría a su esposa, conservar su empleo y los derechos adquiridos durante doce años de servicios, prin-24 Sus padres fueron Francisco Suria y Feliciana Lozano. Contrajo matrimonio con María Josefa Fernández de Mendoza, hija de Joaquín Fernández y Josefa Molina. Jiménez Pelayo, Agueda: Tomás de Suria y su participación en la expedición al noroeste de América. Entre los candidatos estaba Francisco Lindo, de quien no dio buenas recomendaciones Posada, pues se refirió a él como un dibujante que no tenía práctica en la perspectiva; sin embargo, fue comisionado para compañar a Antonio Pineda y Née en la investigación que hicieron en territorio mexicano.Sotos Serrano (Los pintores..., pág. 152) comenta que su estilo era bastante pobre, tal vez debido a su juventud y falta de experiencia 27 AGN, Historia, 397, Posada al virrey, 19 de enero de 1791. ÁGUEDA JIMÉNEZ PELAYO cipalmente respecto a los ascensos, recibir 200 pesos para gastos de viajes, y tener "mesa decente de primera clase". 28 El virrey informó que Suria se embarcaría con el comandante de la Expedición del Círculo del Globo, don Alejandro Malaspina, para trabajar en lo que se ofreciera en dibujo y perspectiva, añadiendo que el dibujante ya había convenido en las condiciones de trabajo. Suria recorrió 110 leguas a caballo para llegar a Acapulco y finalmente en febrero se embarcó en la "Descubierta". 29 Al unirse el dibujante a la expedición, Malaspina opinó en su Diario: "Don Tomás de Suria sujeto muy experto, así en el dibujo como en el grabado y dependiente de la Real Casa de Moneda en México". 30 A bordo de esta nave escribió Suria un Diario particular que inició desde su llegada al puerto de Acapulco, el cual proporciona rica información sobre el viaje. Para este trabajo se utilizan el Diario mencionado y el Diario del teniente Antonio de Tova y Arredondo, segundo comandante de la "Atrevida". 31 Al comparar ambos diarios se debe tener en cuenta que Tova y Arredondo era marino de profesión, por lo tanto sus datos sobre la navegación tienen mayor valor que los de Suria, quien tenía pocos conocimientos sobre viajes marítimos; él mismo comenta que aunque quería obtener información, los marinos no se la proporcionaban. Sin embargo, describe con exactitud y gracia muchos incidentes interesantes de la travesía y da numerosos detalles sobre las costumbres de los pueblos visitados. Desde el 17 de febrero hasta fines de abril Suria trabajó en Acapulco. Las dos corbetas zarparon de este puerto el 1.o de mayo, y se dirigieron hacia el noroeste. El punto de reunión sería Mulgrave (Alaska), a donde llegaron el 23 de junio, después de 54 días de navegación. Durante el viaje se visitaban los comandantes y oficiales de las embarcaciones con el fin de cambiar mapas, comparar latitudes y longitudes y ponerse de acuerdo sobre las maniobras que debían realizar. Suria comenta los acontecimientos que rompían la monotonía del viaje, como las fiestas a los oficiales; el 30 de mayo, celebraron la onomástica de Fernando Quintero brindando con un exquisito vino malagueño, que había adquirido un grado de excelencia inexplicable al pasar el Cabo de Hornos. Es interesante la información que proporciona el artista acerca de los problemas de la travesía, como las precauciones que se tomaban en los barcos para evitar enfermedades, y el mal tiempo con "mares gruesas". Así, anota que en la latitud de Monterrey (California) a 224 leguas de la costa, a causa del mal tiempo se rompió el trinquete, y "fue cosa de risa la comida, pues andaban los platos y todo lo demás rodando sin que nadie los pudiera contener". 32 Sobre las condiciones en que viajaban comenta: "no quiero tratar de las incomodidades porque no es de este lugar, sólo diré que tendido en mi cama doy con los pies en el costado de la corbeta y con la cabeza en el mamparo (que así llaman a las tablas que cierran el camarote) y desde el pecho a la cubierta que es mi techo hay cuatro dedos de distancia cuya estrechura no me deja menear en la cama y necesito hacerme un rollo cubriéndome la cabeza aunque me sofoque pues es menos mal que verse acometer por millares de cucarachas de que tanta peste han ocasionado que a algunos individuos les hacían llagas en la frente y puntas de los dedos". 33 En el Diario, Suria registra también la latitud a que se encuentran cada día, la dirección del viento y rumbo de la navegación, lo mismo que problemas técnicos en las corbetas. Frente a las Islas de la Reina Carlota, a los 52 de latitud, don Tomás se maravilla de que a las 8:45 de la tarde -"porque con luz diurna no se puede llamar noche"-el sol se acaba de poner, pero queda un crepúsculo hasta las 10; amanece a las dos y sale el sol a las 2:30 (A.M.); el dibujante disfruta por tener la oportunidad de contemplar estos fenómenos tan diferentes a los de México. 34 31 El manuscrito original del Diario de Suria pertenece a la Colección Coe de la Biblioteca de la Universidad de Yale; está incompleto, pues le faltan algunos folios relativos a las estancias en Nutka y en Monterrey. El documento tiene un título que dice "Primer cuaderno", lo que hace suponer que hay un "Segundo cuaderno" referente al viaje desde la salida de Nutka.Henry Raup Wagner, historiador y bibliófilo, tradujo y editó la Primera parte del Diario de Suria en Journal of Tomás de Suria of this Voyage with Malaspina to the Northwest Coast of América in 1791, Glendale, Cal., 1936. Ese mismo año se autorizó la reimpresión en Pacific Historical Review, September 1936.Y en 1939 aparecía una traducción española, aunque no literal, del doctor Justino Fernández, en su Tomás de Suria... En 1980 se reprodujo en inglés la edición de Wagner, con el mismo título y con introducción y notas de Donald C. Cutter, publicada en Washington, D.C. Para este trabajo se han utilizado microfilms del manuscrito original, que se cita como Suria, Diario. Aparece también el Diario de Antonio de Tova y Arredondo, cuyo original se encuentra en la Biblioteca Municipal de Santander, España, y que se cita como Tova y Arredondo, Diario, pero, al no haberse contado con una copia del original, se aprovechó la información aportada por Sanfeliú Ortiz: 62 meses a bordo. El 23 de junio vieron tierra por primera vez después de su salida de Acapulco: era el Cabo Engaño. 35 Suria trazó vistas de la costa y el geógrafo Bauzá hizo otras y determinó la longitud; además notó que todos los relojes adelantaron su movimiento. 36 En estos lugares Bauzá y Suria continuaron dibujando montañas, costas, cabos y bahías. Cuatro días después, las corbetas se encontraban en la bahía del puerto de Mulgrave. 37 Bauzá vio un abra que dividía la cordillera, formando un pequeño estrecho; grande fue la alegría de Malaspina y sus oficiales, pues creyeron que podía ser el tan deseado estrecho que unía los dos océanos. Ferrer Maldonado situaba el estrecho en la misma latitud en que se hallaban: 59o 31'. Finalmente anclaron en el puerto de Mulgrave, descubierto por La Pérouse en 1786, pero explorado y nombrado Mulgrave por Dixon en 1787. Un pedazo de costa antes de llegar al puerto Príncipe Guillermo aún no se conocía, por lo que decidieron explorarlo. A una legua del puerto se realizó el primer encuentro con los nativos del lugar, hoy conocidos como Tlingit. La primera impresión fue una gran admiración mútua entre indios y españoles; los nativos "no se hartaban de mirar las embarcaciones", aunque advirtieron los marinos que no eran las primeras que veían. 38 Para los expedicionarios fue impresionante ver a los naturales. Según Suria, vestían con pieles que parecían ser de oso, tigre, león, venado o marmotas, con el pelo para afuera; con una piel se cubrían de la cintura hacia abajo y otra pendía del hombro a manera de capa, llegando hasta las rodillas; las pieles eran de varios colores, bien curtidas, grandes y flexibles. El aspecto de los nativos no era desagradable, aunque sí salvaje; los colores con que se pintaban los desfiguraban enteramente, pues según los españoles parecía que mientras más horribles se veían, se consideraba de mayor lujo el adorno. Su pelo era grueso y lo llevaban sin ningún arreglo, 35 El capitán Cook les nombró cabo y monte Edgecumbe; Bodega y Cuadra llamó Engaño al cabo y San Jacinto al monte. 36 Tova y Arredondo, Diario. 37 Bahía Yakutat, en Alaska. Mulgrave fue descubierto por La Pérouse, pero recibió ese nombre por el inglés Constantine John Phipps, conde de Mulgrave. La bahía más grande es la de Yakutat, en la cual Mulgrave forma una pequeña parte. 38 Los nativos de la bahía de Yakutat pertenecen a la familia lingüística Tlingit, de la costa noroeste de América. Se adornan los labios con piezas de madera de gran tamaño, viven de la caza, la pesca y el comercio, y se distinguen por su habilidad para la navegación, según Wagener: Journal. Un estudio muy completo acerca de los Tlingit es el de Laguna, Frederica: Under Mount Saint Elias: The History and Culture of the Yakutat Tlingit. ni aseo, suelto y untado de almagre y grasa que, según el olor, parecía de venado. 39 Los naturales navegaron hacia los viajeros en dos canoas, al acercarse se pusieron de pie y "al sonido de una voz espantosa y amenazante que dio el más feo", todos a compás extendieron los brazos en cruz y entonaron un canto triste, pero lleno de armonía y cadencia; se componía sólo de tres notas, aunque el compás variaba. Esta recepción se consideró como un signo de paz. 40 Durante la estancia de Malaspina y sus hombres en Mulgrave, la relación con los naturales fue amistosa, aunque no dejaron de suscitarse algunos conflictos. Desde el principio se realizó el trueque de diferentes productos. Los nativos cambiaban con los expedicionarios pieles de nutria por cuentas de vidrio; además, a cambio de botones, los indios les daban magnífico salmón fresco al precio de uno por botón, o un pequeño clavo. Suria considera este pescado como el más delicioso que se podía imaginar, por lo cual nunca se satisfacían los marinos, a pesar de comerlo en abundancia. 41 Tova y Arredondo comenta que eran unos pescados exquisitos "que en Europa se miran como ornamentos de mesas suntuosas, y en el puerto de Mulgrave llegaron a ser desdeñados por los propios marineros". 42 Los nativos también canjeaban sus útiles de pesca, muebles, armas y otros objetos de manufactura propia, por ropa vieja, clavos, cascabeles y otros artículos semejantes. Los conflictos surgieron por robos que hacían los tlingit cuando subían a cubierta. Como en el caso del robo de un arpón y un candado, la chaqueta de Luis Pesoni y un gorro. En otra ocasión, el hurto de unos "calzones" ocasionó un serio problema. 43 Para evitar robos, los marinos presionaban suspendiendo el comercio y los objetos robados eran regresados. Por su parte, los naturales tomaban rehenes para exigir que continuara el comercio. No faltaban casos en que los indígenas amenazaran con sus 40 Tova y Arredondo, Diario. Según Malaspina, se fijó el precio de un salmón por un clavo de 3 a 3 y media pulgadas. 42 Tova y Arredondo, Diario. 43 Curiosamente Wagner confundió el término "calzones", usado en el Diario de Suria, y lo tradujo como goats (cabras). Justino Fernández, al hacer la publicación en español sin haber tenido acceso al texto original, lo tradujo como cabras. En mi Tesis de Maestría antes citada aclaré éste y otros errores de Wagner y Cutter, en la reedición en inglés de 1980, menciona en la Introducción, pero no en notas junto al texto correspondiente, estas aclaraciones que encontré al confrontar la obra de Wagner con el texto original en español. Al ver el dibujo de Cardero que representa a los nativos en una canoa enarbolando unos pantalones, para obtener la paz, queda perfectamente aclarado el error. ÁGUEDA JIMÉNEZ PELAYO puñales, por lo que los españoles respondían con las estrategias utilizadas desde el siglo XVI, realizando prácticas de tiro al blanco, para manifestar indirectamente a los naturales la terrible fuerza de sus armas y la ventaja que tenían sobre las de los nativos. A pesar de estas pequeñas dificultades, no se menciona ningún caso de heridas graves o muerte de gente de ninguno de los bandos, aunque en ocasiones estuvieron a punto de entablar una lucha armada. La estancia en Mulgrave tuvo resultados muy positivos en todos los aspectos. Se logró comprobar que el estrecho de Ferrer Maldonado no existía; se tomaron las latitudes y longitudes del puerto y lugares cercanos; se exploraron las islas vecinas y glaciares; se delineó la costa; se hicieron estudios sobre la flora y fauna del lugar; hubo gran aportación para la etnografía con el minucioso estudio sobre los naturales. Concretándonos a nuestro artista, en Mulgrave es donde tuvo oportunidad de desarrollar una labor más minuciosa; a través de sus dibujos dio al mundo una idea clara y precisa de aquellos hombres de tan distantes latitudes y exóticas costumbres. Así, aunque delineó la costa y dibujó las montañas, glaciares, islas y la bahía de Yakutat, su labor más valiosa consistió en los dibujos que elaboró de los indios, sus habitaciones y armaduras; un solo diseño nos basta para conocer a los de Mulgrave. No fue ésta la única contribución de Suria; su Diario proporciona detalles que no es posible encontrar en otros documentos. Observador agudísimo, trata de profundizar para comprender la psicología de los tlingit: su experiencia por haber vivido trece años en Nueva España, donde tuvo conocimiento de los nativos, la aprovecha para hacer comparaciones entre los naturales de México y los de la costa noroeste del Pacífico. De Mulgrave, Malaspina continuó el viaje el 8 de julio hacia las regiones del norte, vieron el cabo Hinchinbrook, a la entrada de la ensenada del Príncipe Guillermo; entraron en el canal que forman la isla Montague y la isla Magdalena; ahí estaban a los 61o minutos, lo que excedía las órdenes de la corte, que le mandaban llegar a los 60 grados de latitud. 44 De regreso, pasaron por las islas Hijosa, visitadas y nombradas anteriormente por marinos españoles. 44 La isla Magdalena, según Suria, había sido descubierta por Bodega y Cuadra. Hubo deliberaciones a bordo sobre si se subía a los 70 u 80, en donde por el estrecho de Behring se unen los dos océanos para hacer los reconocimientos de las costas exploradas por Cook. Partieron el 8 de julio y durante cuatro días no vieron la costa a causa del viento, el día 13 aclaró un poco y descubrieron al oeste la costa y algunas islas; según la traducción de Wagner, los pilotos opinaron que eran las islas "Ami", pero lo que Suria escribe en su Diario es: "Ami [A mí] no me parezen tales". 45 Despúes de haber llegado a la entrada de la Ensenada del Príncipe Guillermo, y con la temporada avanzada, Malaspina decidió abandonar el proyecto y regresar hacia el sur. Según Suria, hasta los más humildes marineros, empezaron a murmurar y se les notaba disgusto e impaciencia, porque habían sabido que los ingleses les llevaban ventaja a los españoles en estos descubrimientos. Sin embargo, el comandante invitó a todos a una reunión en la cabina, y así cortó de raíz todos los rumores. 46 La siguiente escala de la expedición se hizo en Nootka. Este lugar fue un punto de gran importancia y motivo de controversia en el siglo XVIII. Juan Pérez y su piloto Esteban José Martínez fondearon en 1774 en la rada de Nootka, a la que dieron el nombre de San Lorenzo, cuatro años antes de que Cook la denominara King George's Sound. Después de la expedición de Martínez, otros españoles recorrieron el noroeste y también lo exploraron los ingleses Cook, Dixon, Meares y Duncan. A partir de estas expediciones, el puerto de Nootka se convirtió en el principal mercado de pieles de la costa noroeste de América. Por este motivo, la corte de Madrid se vio en la necesidad de protegerlo, fundando allí un establecimiento y presidio permanente. A los dos meses de haber llegado Martínez a Nootka, arribó el inglés James Colnett, con orden de establecer una factoría y permitir que otros europeos participaran en el comercio de pieles. Martínez capturó a Colnett y lo envió a la ciudad de México. Esto casi ocasionó una guerra entre Inglaterra y España. Finalmente España tuvo que admitir que la costa noroeste de América fuera abierta a todas las naciones y renunciar a las pretensiones sobre Nootka en favor de los ingleses, pero esto no se supo allí hasta agosto de 1792. 47 45 Wagner comenta que no sabe lo que Suria quiere decir en este pasaje.Esta es otra parte del texto que Wagner no pudo descifrar por estar unidas las dos palabras "A mí". Esto también lo aclaré en mi Tesis de Maestría. 47 Humboldt, Alexander von: Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. San Pío, M.a P. de: Expediciones españolas del siglo XVIII. El paso del Noroeste. Cuando llegó Malaspina a Santa Cruz de Nootka, el establecimiento estaba bajo las órdenes de Francisco de Eliza, quien estaba ausente. En su lugar, el capitán Alberni les dio la bienvenida. Suria considera que el puerto no era de los mejores, "la entrada era muy angosta y apenas podían entrar y salir los barcos pequeños a la vez". El dibujante hizo una carta geográfica del lugar. Desde las primeras décadas del siglo XVIII los españoles sabían que había nutrias marinas en las costas del noroeste de Nueva España. En 1733 se enviaban algunas pieles de Baja California a la ciudad de México. Treinta años después las cazaban con éxito en el norte de California. La Pérouse, en 1786, informó que eran tan abundantes como en las Aleutianas y otros mares visitados por los rusos. 48 A los españoles les favoreció el haber sido los primeros que hicieron cartas y planos de la costa y darse cuenta de la existencia de fondeaderos cómodos y protegidos con suficiente madera y agua como en la bahía de Bucareli, la rada de Nootka y el puerto Trinidad. Además, durante el viaje de Martínez notaron que los Haidas y Nootkas cogían abundantes pieles y les gustaba el comercio. La abundancia de pieles de nutria fue uno de los motivos que contribuyó a despertar el interés de los franceses, ingleses y españoles por controlar Nootka. 49 En Nootka, los expedicionarios también realizaron trueque con los nativos nutkeños. El jefe Tlupanamibo los visitó al siguiente día de su llegada, pero supieron que el primer jefe era Macuina. El primero acusaba a este último de querer desalojar a los españoles de Nootka porque los veía con odio y aborrecimiento, pero les anunciaba que no temieran, que mientras él viviese sabría oponerse a Macuina. Suria hizo retratos del jefe Tlupanamibo y los oficiales le ofrecieron regalos. Los recién llegados se dieron cuenta de que los residentes en Nootka recogían niños de ambos sexos por medio de trueque: eran prisioneros de guerra que servían de manjar a Macuina. Ellos los llevaron a San Blas, donde los familiares de los oficiales los evangelizaban. Los nativos se alojaron en la playa de Nootka y lo mismo que los tlingit entonaron cantos sobre las glorias de su nación (en ningún lugar mencionan los diarios si había intérpretes o en qué forma se comunicaron con los nativos de Mulgrave y Nootka). Los expedicionarios hicieron una visita a los establecimientos de Macuina y confirmaron que este jefe temía verlos. Sin embargo, el día 19 los visitó, les hizo regalos y aceptó que subieran algunas mujeres a las corbetas para retratarlas. Suria también dibujó la escena de una visita de Tlupanamibo y su comitiva, cuando bailaban y cantaban. Durante la estancia en Nootka se realizó una exploración de la costa hasta Tasis, residencia principal de Macuina; se reconoció también el puerto de la Esperanza y se hizo un plano del puerto. Recopilaron información acerca de las costumbres de los nutquenses. 50 Después de 17 días de estancia en Nootka zarparon hacia el sur, pasaron frente al cabo Mendocino y posteriormente fondearon en Monterrey, donde permanecieron del 12 al 15 de septiembre. Durante su estancia en este puerto completaron los acopios para el Real Gabinete y adquirieron ganado fresco para la tripulación. 51 Después de pasar por la península de California, las corbetas se separaron y la "Descubierta" se dirigió a San Blas. Llegaron a Acapulco el 19 de septiembre, donde finalmente desembarcó Suria, y se incorporaron a la expedición los artistas Ravenet y Brambila. La obra artística de Tomás de Suria En los siete meses transcurridos desde que el dibujante se unió a la expedición hasta su regreso a Acapulco, el trabajo realizado por los científicos y artistas participantes fue muy amplio en todos los campos: geografía, geodesia, zoología, botánica y etnografía. La labor de Suria se inició en el puerto de Acapulco y en la fase del viaje hacia la costa del noroeste de América, desempeñó su trabajo a completa satisfacción de los exploradores. Acostumbraba firmar sus dibujos usando la siguiente fórmula: "Suria fecit". Sin embargo, se tiene que lamentar que haya dejado un gran número de dibujos, aparentemente de su pluma, brocha y lápiz, sin firmar. 52 50 Al año siguiente, 1792, José M. Mociño fue comisionado para continuar con los estudios de historia natural en Nutka; pudo acopiar más de 200 especies de vegetales y varias de animales. Pero la aportación más importante es el estudio realizado sobre los nutkeños. Da información acerca de sus hábitos, ritos religiosos, gobierno e idioma. Arias Divito, Juan Carlos: Las expediciones científicas españolas durante el siglo XVIII. 51 Tova y Arredondo, Diario. En el puerto de Acapulco Suria elaboró siete dibujos de peces de distintas clases, en colores, y además un borrador de un pez en colores, según Sotos Serrano carente de valor artístico, pero importante porque incluye en la misma lámina unos estudios de manos. 53 También dibujó tres láminas de aves en colores y una de un pajarito con cierta gracia, el cual tiene anotaciones de Suria que sirven para identificarlo. Tiene asimismo un dibujo y un boceto en posición diferente al primero, de un tejón; a estos trabajos hay que añadir un diseño de una serpiente con la porción anatómica de un pez. Antes de partir las corbetas al noroeste, Suria diseñó una panorámica en colores de la bahía y puerto de Acapulco, Cardero y Bauzá sacaron otras semejantes. Muy interesante es el dibujo titulado "Pelea de gallos en Acapulco", en el que representa dos indígenas con un gallo en las manos, en el momento en que va a empezar el espectáculo, y un público numeroso y heterogéneo: negros, españoles y castas. 54 Suria puede considerarse como un artista muy prolífico en dibujos de las regiones del noroeste de América, en especial de Mulgrave y Nootka; se conservan numerosas obras suyas. En Mulgrave hizo una serie de diseños de los cuales dejó varios en su Diario. 55 Existen también en la colección del Museo Naval de Madrid varios dibujos que, al compararlos con los del Diario, se pueden atribuir a Suria, especialmente los que representan a los naturales de Mulgrave. En este puerto Suria retrató a los nativos y a través de estos dibujos se pueden apreciar las distintas clases sociales que formaban la etnia. Alrededor de la mitad de estos dibujos están incluidos en su Diario. Las diversas láminas muestran el modo de vida de los nativos. Sotos Guerrero considera que en los dibujos femeninos puso especial atención y cuidado, con un trazo firme y de gran estilo. Son cuatro retratos de mujeres: uno de ellos se titula "Mujer plebeya"; otro representa una mujer con su hijo en los brazos y para Sotos Serrano, éste es el mejor de los retratos que Suria hizo en Mulgrave. En un estudio de cabezas femeninas, traza los rasgos de las nativas en diversas posiciones. 54 Los retratos masculinos, lo mismo que los de mujeres, contribuyen a confirmar las descripciones de Suria en su Diario: eran de mediana estatura, robustos y fuertes, con el rostro redondo y ojos vivos rasgados, parece que no tenían mucho pelo y su barba era escasa. Cuando retrata al indio común lo titula "Plebeyo" o "indio", pero en el caso de ser un hombre importante, lo menciona, por ejemplo: "Jefe del puerto de Mulgrabe nombrado Ankaiui", o "Indio armado en Guerra del Puerto de Mulgrabe". 57 Se conserva una marina con parte de costa y las dos corbetas, que se atribuye a Suria; lo mismo que una panorámica de la entrada del puerto, en donde aparecen los barcos ligeramente esbozados. Los acontecimientos inusitados son también dibujados por el artista, como podemos apreciar en "Discordia con los naturales del Pto. de Mulgrabe en 5 de junio de 1791", que incluye en su Diario. Otra aportación de Suria consistió en la influencia que ejerció sobre Cardero, quien lo apreciaba como maestro y se esforzó en asimilar todo lo que le enseñaba. Es muy posible que a esto se deba la forma en que Cardero mejoró su estilo, adquiriendo una soltura y calidad "propias ya de un especialista". 58 Los dibujos precalifornianos de Suria durante la expedición de Malaspina, pueden ser fijados en lugar y fecha por su mismo Diario y otras crónicas de la expedición. Respecto a California existe alguna dificultad, porque no hay un solo dibujo firmado por él durante su estancia en estos lugares. Se le reconoce que trazaba bien los rasgos faciales y los trajes de los neófitos recientemente llevados a la misión del Carmelo. Esto demuestra que hay muchas más obras suyas de las que se supone. Al terminar la etapa de la expedición al noroeste, Malaspina recomendó a Suria ante Antonio Valdés, en los siguientes términos: "Finalmente nuestras colecciones para el Museo Real han sido numerosas e interesantes, tanto que Don Tomás de Suria ha descrito con gran fidelidad a la naturaleza, todo lo que merece ayuda del grabador para asegurar mejor entendimiento de la narración histórica del viaje". 59 La mayoría de los trabajos de Suria se encuentran actualmente en la colección del Museo Naval de Madrid y otros en el Museo de América, de la misma ciudad. Hay un oficio en el Archivo General de la Nación, en México, sobre el envío de varios cajones de curiosidades de la Expedición de don Alejandro Malaspina, y entre 57 Ibídem.E Ibídem, págs. 143-144. ÁGUEDA JIMÉNEZ PELAYO otras cosas dice: "se envían dibujos de Suria y Cardero de los objetos más importantes de la campaña pasada. Se ha hecho poner cristal a los que se han ejecutado con lápiz para que no se borrasen. Faltan algunos que Suria está poniendo en limpio". 60 Los dibujos del artista reflejan una característica muy acentuada: el vigor de los rasgos de sus figuras. Da forma a estos rasgos a través de manchas, casi no utiliza las líneas, las enfatiza únicamente para obtener claroscuro, especialmente en el pelo y en las pieles de los naturales. La mayoría de sus trabajos están hechos en tinta o agua tinta. Se nota gran diferencia con los trabajos de Cardero, que utilizaba más el pincel; algunos de sus trabajos están hechos al carboncillo. Así, a través de sus dibujos y las descripciones escritas en su Diario, Suria cumplió con el objetivo de su misión: dar una idea exacta de las regiones visitadas y sus habitantes. Si añadimos a la labor artística las descripciones que proporciona en el Diario sobre los naturales y las regiones visitadas, no queda ninguna duda del valor de su contribución a la expedición alrededor del mundo. Suria no fue muy afortunado respecto a su trabajo; en 1785, José Estebe, Bernardo Gil y él, pensionados del Ramo de Grabado de la Real Casa de Moneda, hicieron una petición diciendo que desde el establecimiento de la Academia se dedicaron a trabajar horas extras para hacer los ejemplares necesarios para instruir a los jóvenes que concurrían a ella, que eran más de 112. 61 Algunos años más tarde, Suria y sus compañeros pensionados de San Carlos se quejaron ante el virrey de las diferencias en las enseñanzas dentro de la misma institución, pidiendo se hiciera justicia. 62 El hecho de que don Tomás era reconocido como buen dibujante y tallador, contribuyó para que fuese escogido para unirse a la expedición de Malaspina. Al regresar la expedición a Acapulco, Malaspina envió una carta al virrey el 10 de noviembre de 1791, en la cual decía que Tomás de Suria regresaba ya a la Ciudad de México, y agregaba: "En esta ocasión me ha parecido debido asegurar a V. E., como lo hago ahora, que este hábil sujeto ha correspondido completamente a la acertada atención de V. E. y que la expedición espera un lustre no indiferente no sólo de sus asiduas tareas en todo el tiem- po de la navegación, sino también de las que continuará con la actual quietud, si V. E. tiene a bien concederle que por otros seis meses se ocupe de los objetos de la expedición en lugar de los que corresponderían directamente por su destino en esta capital". 63 En la misma carta dice el capitán que Dionisio Alcalá Galiano cancelará la cuenta de Suria. Revillagigedo contestó al comandante diciéndole que vio el buen informe de Suria, quien podía continuar los trabajos todo el tiempo que fuera necesario. 64 El artista pasó los ocho meses que siguieron a la expedición terminando sus diseños, los que despachó luego a Madrid. Los grabadores españoles iban a usar estos dibujos para hacer las placas finales de cobre, e imprimir la memoria que se había propuesto elaborar sobre la expedición. Se esperaba que el trabajo terminado rivalizara con la computación del capitán James Cook y diera mayor crédito a la nación española. 65 En la Gaceta de México de diciembre de 1791 se dio un informe sobre la expedición, que terminaba en la forma siguiente: "y algún día se presentarán al público (los datos) con sus correspondientes mapas, y una primorosa colección de exactos dibujos ejecutados por don Tomás de Suria sobre lo que podrá formarse cabal idea, así de los trabajos científicos y los diversos acaecimientos durante la mansión en los puertos, como de las fisonomías, trajes, habitaciones y útiles de aquellos habitantes". 66 Se encuentra un oficio en el Archivo de la Academia de San Carlos cuya información parece contradictoria respecto a lo que anteriormente se había dicho de Suria; don Jerónimo Antonio Gil dice que " tomará a su cargo a Suria de cuya expresión se deduce que no tiene aún la aptitud necesaria para trabajar por sí, y en este caso tampoco sería regular que percibiese la misma asignación de cuatro reales". 67 Es extraña la opinión del director de la Academia, por haber sido él mismo quien un año antes dio excelentes recomendaciones de Suria al virrey y al comandante. Parece que la mala suerte de Malaspina se extendió a sus colaboradores. Algún tiempo después de que Suria terminase los dibujos para el Real Gabinete, se dirigió a Revillagigedo quejándose de su mala situación, de que se encontraba sin recursos y solicitó un ascenso; decía que había trabajado 16 años en la Casa de Moneda sin haber sido promovido; que había 63 AGN, Historia, 397. Malaspina al virrey, primero de noviembre de 1791. 64 Ibídem, el virrey Revillagigedo a Malaspina. ÁGUEDA JIMÉNEZ PELAYO cooperado en el establecimiento de la Academia de San Carlos, haciendo dibujos para modelos, sin recibir gratificación; construyó planos para el nuevo reglamento del ejército y, desempeñó con gran éxito su comisión en la expedición de Malaspina, por la cual él pensó que podría llegar hasta España, y finalmente empleó ocho meses en poner en limpio los trabajos del viaje. Añadía que se remediaría con una plaza de oficial mayor de 1,500, pero consideraba que era imposible adquirirla y por lo tanto pedía que se le diera otro destino y que se certificara su actuación en el viaje al noroeste. 68 El virrey ordenó el 2 de julio que se le otorgase el certificado que solicitaba y le daba esperanzas de contribuir a sus alivios. Lo recibió una semana después. 69 A pesar de las promesas de Revillagigedo, Suria siguió como tallador hasta la muerte de su maestro don Jerónimo Antonio Gil en 1798. Pasó entonces a ocupar el puesto de grabador mayor en la Casa de Moneda de México y en 1805 le dieron el cargo de contador ordinario de pagos de tercera clase. Aunque económicamente mejorara la situación de Suria, él no estaba satisfecho; consideró que no se le reconocían sus méritos y el 28 de febrero de 1826, se dirigió al presidente de la Junta de la Academia de San Carlos, quejándose del gobierno anterior y del actual pues habiendo sido uno de los fundadores de tan útil y benéfico establecimiento, en unión de don Jerónimo Antonio Gil, jamás la Academia le había tenido la más mínima consideración para darle al menos uno de los tres honores que concedía. A continuación exponía todos los servicios prestados desde la fundación de la Real Academia. Consideraba que después de Gil, nadie podía en justicia tener más méritos que él mismo. Les recuerda que la Academia, para inmortalizar a su fundador Gil, lo comisionó, por los años de 1792, para que sacase al natural un dibujo de su retrato, que con 500 ejemplares impresos y la lámina, remitió a la Academia, donde debía existir en su archivo. Por último, decía que deseaba recibir los honores sin presentar ya ninguna obra. Terminaba añadiendo: "para la contestación que espero, vivo frente a los Arcos de Belén de Mochas junto a la fábrica de Indianillas del Señor Iglesias No. 26". 70 No se ha encontrado un documento que certifique si recibió o no los merecidos honores que reclamaba. Siguió trabajando Suria, puesto que todavía en 1830 firma los grabados que adornan el papel de la Inspección General de Infantería y Caballería Permanente.
La herramienta fundamental de esta investigación es la fuente primaria; es decir, los documentos originales. Con la ventaja de que este tipo de fuente, por su carácter cuantitativo, está menos expuesta a las dificultades de la subjetividad y los prejuicios y errores de interpretación a los que con frecuencia nos enfrentamos los que realizamos el difícil oficio de investigador, sobre la base de documentos que recogen hechos del pasado reciente. No quiere esto decir que escapemos, en el caso concreto de estas fuentes, a los problemas de la complejidad del hecho histórico y a las dificultades de su reconstrucción. Trataremos en este análisis de su valoración, exactitud y significación. Las matrículas parroquiales son fuentes de inestimable valor que permiten a la demografía histórica la reconstrucción del proceso demográfico de poblaciones históricas, a través de la información directa y original de los hechos sociales que regían las relaciones entre la Iglesia y la feligresía de la parroquia eclesiástica en la sociedad colonial. Estas fuentes constituyen los únicos censos de población colonial realizados de manera constante y permanente por las autoridades eclesiásticas, sobre todo a partir del año 1754 -según los registros depositados en el Archivo Arzobispal de Caracas-cuando la Iglesia Católica, a través de la legislación emanada de obispos, Concilios y Sinodales, ordena un mayor control de su población eclesiástica. En el año 1687, en el Sínodo celebrado en Caracas, con asistencia de las autoridades eclesiásticas más importantes de ciudades, pueblos, valles, villas y demás lugares del Obispado, se establecieron las finalidades de la Iglesia en la sociedad colonial recogidas en las llamadas Constituciones Sinodales del Obispado de Venezuela y Santiago de León de Caracas. 1 Desde esa fecha, según esta legislación, la Iglesia acordó la obligación de aplicar la matrícula o padrón, según una constitución en la cual se lee lo siguiente: "Se empezará a hacer matrícula desde la Dominica Septuagésima, dividiéndose por barrios, asentando con distinción cada casa, el dueño de ella, el nombre de su mujer, e hijos, y los que son de confesión sola, y los de comunión: Advirtiendo que no hay persona exenta, por de oficio que no haya de matrícularse: y asimismo los encarcelados, para que envíemos quien los confiese y se les lleve el Señor, para cumplir con la Iglesia: y al recoger las cédulas, las deben dar todas, pues siendo católicos, han de ser iguales en el cumplimiento por lo mandado por Nuestra Santa Madre Iglesia y la dicha matrícula ha de servir para recoger las cédulas; y al fin de ella certificasen los curas que las hicieron aquel año, con todo cuidado y que no hay mas parroquianos de los contenidos en ella; afirmándolo in verbo sacerdotis; y la presentaren ante más, o vuestros provisores; y en los demás lugares ante nuestros vicarios; con apercibimiento que presentaremos contra ellos, con las penas que parecieren; y de la misma suerte, si no vinieren dichas matrículas con la claridad que mandamos". 2 Respecto a otras obligaciones de la Iglesia, el Sínodo acordó todo lo referente a bienes raíces, censos, derechos, diezmos, etc. para evitar pérdidas económicas. Convertida la Iglesia en el único agente financiero de la economía colonial venezolana, se convierte también en el poder económico más importante que dirige los distintos grupos sociales que forman la sociedad colonial. 3 1 Hechas en la Santa Iglesia Catedral de dicha ciudad de Caracas en el año del Señor de 1687. Por el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Doctor Don Diego de Baños y Sotomayor, Obispo de dicho Obispado, del Consejo de su Majestad, su Predicador y Capellán de Honor, etc. y aprobadas por la Majestad del Rey Don Carlos II, Año de 1693. Reimpresas en el Reinado del Señor Don Carlos Tercero, Año de 1761, siendo Obispo el Ilustrísimo Señor Don Diego Antonio Diez Madroñero. Con las Licencias necesarias. En la Imprenta de Joseph Rico, Impresor del Real y Supremo Consejo de Indias. Véase en Troconis de Veracoechea, Ermila: Los Censos en la Iglesia Colonial Venezolana. 2 Academia Nacional de la Historia. Constituciones Sinodales de la Diócesis de Santiago de León de Caracas, Tomo I, pág. 166. Véase en Farías, José Luis: "Las Matrículas y los Problemas de Historia Económica colonial en Venezuela". 3 Troconis de Veracoechea: Los censos..., pág. 69. La función de la Iglesia Católica como poder espiritual crea, a su vez, las bases ideológicas y políticas del poder temporal, en una comunidad de intereses con la Corona, con manifestaciones de poder en atención a la jerarquía política y económica; es el caso de los Virreinatos en la realidad social americana. Todas las actividades económicas que realizaba la población, giraban en torno a la Iglesia. Su injerencia se advierte tanto en las actividades agrícolas y pecuarias, eje de la vida económica, como en los otros aspectos de la vida social. Los libros de bautismo y entierros de blancos, indios, pardos y negros, son fuentes inagotables de la actividad social y cultural de la Iglesia. Hospitales, hospicios, casas de misericordia, escuelas y colegios, recibían ayuda y supervisión de la Iglesia. La ayuda económica era posible gracias a los beneficios en las operaciones comerciales a través de los censos y obras pías 4 administradas por conventos y cofradías, y por otros medios como donativos y cobros de bautizos, matrimonios, entierros, misas y rezos que se hacían en las parroquias. Las matrículas o padrones eclesiásticos, punto central de este análisis, recogen la síntesis de la organización familiar dentro de la sociedad colonial: el empadronamiento por casas, número de personas que las habitan, grupo étnico-social al que corresponden, estado civil, sexo y otras consideraciones de interés para la investigación histórica. La aplicación de la matrícula eclesiástica, como ya hemos visto, obedece a una disposición proveniente del Sínodo de Santiago de León de Caracas en 1687, en íntima relación con otros acuerdos que se hicieron en las ya mencionadas Constituciones Sinodales, como es el caso de los diezmos y primicias. Quedó establecido por diezmo: "Diezmo, según la común sentencia de los Doctores, es la décima parte de los frutos que se da a los Ministros de la Iglesia y por el ministerio espiritual que ejercita, se les debe; con lo cual hace el pueblo cristiano un obsequio a Dios, reconociéndole por autor de todos sus beneficios". Con respecto a los vecinos que no pagaren los diezmos, se acordó lo siguiente: 4 Entiéndase aquí por Censo el "crédito hipotecario dado por una institución o particular (Conventos, Cofradías, Iglesia parroquial, Colegio Universidad, etc.), la cual entregaba cierta suma de dinero en efectivo a un solicitante, con la garantía de un bien hipotecado: hacienda, hato, vivienda, etc. En ciertos casos la entrega podía no ser en efectivo, sino en inmuebles. LA POBLACIÓN DE CARACAS (1754-1820) "Y así son grandes y graves las amenazas y castigos que Dios ha hecho y hace a los que quebrantan tan justo precepto, dejando de pagar, retardando o pagando con disminución los diezmos que deben a su Deidad e Iglesias; pues es conforme a razón que sirviendo los Ministros de ella al pueblo cristiano, el pueblo les debe corresponder con la congrua sustentación de que viven y se mantienen las fábricas en que se celebra el Divino Culto". 5 También se legisló sobre el castigo que debía imponérsele a quien no cumpliera las disposiciones establecidas. Se aplicaba la excomunión mayor a los infractores y se les privaba de la sepultura eclesiástica. En cuanto a la primicia se estableció el siguiente concepto: "Las primicias son principios de los frutos que da la tierra y se consagran a Dios, los cuales tienen obligación de pagar todos los feligreses a sus propios párrocos en la iglesia en donde son parroquianos. La diferencia que hay entre diezmos y primicias es esta: que los diezmos se deben de diez, uno; la primicia se debe del primer fruto, y más sazonado, en que de ordinario suele ser defraudado el Derecho Parroquial. Páguese la primicia de todo género de granos, según la costumbre de este Obispado, de siete medidas, una". El significado de estos dos conceptos ratifica el control tan estricto que ejercía la Iglesia sobre su feligresía, así como también el valor económico que tenía la aplicación de los mismos. El Sínodo dejó claramente estipulado quiénes debían pagar este tipo de renta, es decir, "Todos los fieles cristianos, de los frutos que Dios les diere". Los diezmos debían ser pagados de las haciendas que tuvieren propias o arrendadas; de las heredades, haciendas patrimoniales, estancias de ganado, etc. Afectaba a los clérigos seculares, los monasterios de Regulares, los caballeros de las Ordenes Militares, mayordomos y trabajadores libres que poseyeran algún tipo de labranza, igualmente, los esclavos que en ciertos días sembraban sus pegujales (porción de tierra cedida por su amo para ser labrada por él con derecho a obtener los beneficios), o los que tenían hornos de cal, teja o ladrillo. Pagaban asimismo "todas las personas que hurtaren cualquier fruto de tierras o ganados, o hicieren o causaren daños o pérdidas en ellos, lo cual se ha de regular pagando a los dueños de las haciendas las nueve partes y a la Iglesia, que tenía derecho a dicho diezmo, la una". Los indios también pagaban el diezmo "de todo fruto que les queda de sus labores". Con respecto a éstos últimos, antes del Sínodo el diez-mo se convierte en un impuesto indirecto que pagaban a través del encomendero, deducido de los beneficios recibidos del trabajo de aquéllos. Al suprimirse el servicio personal de la encomienda, los indios, en vez de pagar el impuesto a su encomendero, debían pagarlo directamente a la Iglesia, sin rebajar el diezmo del producto de la gran hacienda beneficiado con el servicio de la mano de obra esclava o indígena. 7 La matrícula parroquial o censo eclesiástico era el principal instrumento legal que permitía el cobro efectivo de esta tributación. Los registros se realizaban anualmente, entre los meses de mayo y junio, de acuerdo con lo dispuesto en las Constituciones Sinodales del año 1687 y a partir de 1800 con arreglo al mandato del rey en su real orden de 25 de julio de ese mismo año. 8 De acuerdo con esta disposición, en las matrículas de esos años se asienta la siguiente información: "Número de sus feligreses con división de castas, sexos y estados... con arreglo a lo mandado por el Rey nuestro señor en su Real Orden del 25 de Julio de 1800; a lo dispuesto en su consecuencia por el ilustrísimo Señor (de buena memoria) primero Arzobispo que fue de esta Metrópoli". A continuación se expresa: "Y en cumplimiento de las Constituciones Sinodales de este arzobispado, y órdenes posteriores de los ilustrísimos Señores Obispos, de esta Diócesis".9 Obsérvese, una vez más, la cooperación mutua entre la Corona y la Iglesia en el cumplimiento de esta obligación, y la importancia de estos registros, que exigían un estricto control de la feligresía por parroquias eclesiásticas. Es nuestro interés resaltar la importancia del estudio y análisis de estos documentos en la reconstrucción del proceso demográfico de la ciudad de Santiago de León de Caracas en su contexto histórico social, en un período caracterizado por la ausencia de otras fuentes fiables que permitan la cuantificación de los datos. La población de Caracas, sin embargo, fue estimada por cronistas, visitantes, funcionarios del rey y de la Iglesia. A mediados del siglo XVIII Joseph Luis de Cisneros calculó para Caracas un vecindario compuesto de 26.340 almas. 10 En 1772 el obispo Mariano Martí, en su famoso censo con motivo de su visita pastoral a la diócesis de Caracas, dio un total de 18.669 habitantes, correspondiente a la suma de las cuatro parroquias que integraban el plano urbano de Santiago de León de Caracas: Catedral, San Pablo, Nuestra Señora de Altagracia y Nuestra Señora de la Candelaria. 11 La diferencia entre Cisneros y Martí es bastante notoria. Se hicieron otros cálculos igualmente importantes. Para el año 1792, según los datos asentados en las matrículas parroquiales de la población de Caracas, ésta era de 28.362 habitantes. Si comparamos con las estimaciones de Castro y Araóz, la población disminuyó, con una diferencia de 660 habitantes en el transcurso de nueve años; pero con respecto a las cifras de Martí hubo un aumento de 9.693 en veinte años. Finalizando el período colonial, el sabio naturalista alemán Alejandro de Humboldt calculó unos 40.000 habitantes para Caracas en 1800. Los datos que hemos obtenido de los asientos de las matrículas eclesiásticas presentan una notable diferencia con las cifras antes mencionadas. Nos inclinamos a confiar más en los datos localizados en los documentos eclesiásticos, por la secuencia de los mismos y las razones de fiabilidad que ya han sido expuestas. El análisis de las matrículas parroquiales nos permite establecer la estructura de la población dividida en categorías étnico-sociales, por sexo, estado civil y otras consideraciones de interés histórico que pueden contribuir a la reconstrucción del proceso demográfico de Caracas durante el período colonial. Los resultados parciales, por parroquias y por años, nos facilitaron la elaboración de matrices de la población total, con la utilización de variables demográficas que permitieron determinar el ritmo de cre-10 Cisneros, Joseph Luis de: Descripción exacta de la Provincia de Venezuela. 11 Mago de Chópite, Lila: Caracas y su Crecimiento Urbano. LILA MAGO DE CHÓPITE cimiento y las tendencias de la población de acuerdo a la continuidad de los datos localizados. Aportes a la investigación histórica Las matrículas eclesiásticas constituyen la fuente más importante para la reconstrucción del proceso de desarrollo social y urbano de la ciudad de Caracas en tiempos coloniales, y permiten establecer la relación entre la organización espacial y la población. El espacio estaba organizado por el Cabildo, órgano del gobierno local, y permaneció bajo la supervisión de este organismo, en cuanto a la distribución geográfica de las actividades productivas que separaban los límites de la ciudad propiamente dicha de sus alrededores. Le correspondió al Cabildo la asignación de tierras llamadas solares (urbanos), peonías y caballerías (rurales), que se otorgaban a los primeros conquistadores y pobladores. La Iglesia, convertida en otro de los grandes propietarios de tierra durante el régimen de dominación colonial, llegó a poseer una gran propiedad territorial, administrada por el poder eclesiástico. Es de su control exclusivo todo lo referente a la distribución de la población por parroquias eclesiásticas, en completa concordancia con las ordenanzas municipales en lo que respecta a la organización de la ciudad, nomenclatura y otras medidas urbanas sobre la construcción de viviendas y prestación de servicios. Los cambios operados en el desarrollo urbano que se observan en las secuencias de las matrículas parroquiales, asociados con los cambios demográficos y socio-culturales, constituyen los aportes más importantes para la reconstrucción del proceso histórico que caracteriza a la sociedad caraqueña durante la dominación colonial. A través de ellas puede obtenerse información de la organización espacial, topografía, actividades económicas, nomenclatura eclesiástica, número y estado de las viviendas, estructura social, instituciones culturales, etc., datos que constituyen la base fundamental del historiador interesado en realizar estudios de historia local y regional. Los datos obtenidos, organizados y analizados, permiten la reconstrucción del plano de la ciudad, dividida en parroquias, cuyo centro de relaciones era la iglesia parroquial, alrededor de la cual giraban muchas de las actividades de la vida cotidiana, en cuanto al suministro de los servicios del LA POBLACIÓN DE CARACAS (1754-1820) culto católico, instrucción elemental y superior, obras sociales, centros de salud (hospitales), limosnas y obras de caridad. En el año 1766 el obispo ilustrísimo señor don Diego Antonio Diez Madroñero, ordenó la elaboración del plano de Caracas para una mejor organización eclesiástica por parroquias. Este plano se ajustó al modelo tradicional desde los tiempos del gobernador don Juan de Pimentel (1578); es decir, cuadricular con cinco calles de norte a sur y cinco calles de este a oeste. El plano se conoce con el nombre de Plano de la Ciudad Mariana de Caracas, dedicado a Dios, su Santísimo Hijo, Santísima Madre y Santos Protectores de sus casas y vecinos. 13 Esta organización corresponde al primer intento de dotar a Caracas de una nomenclatura sistematizada bajo la dirección del gobierno eclesiástico del citado obispo, quien se propuso convertir Caracas en una auténtica ciudad convento y cambiar muchas de las costumbres y hábitos de sus pobladores por el rezo colectivo y continuo en capillas y hogares. El 3 de enero de 1766 decretó, con el apoyo del gobernador don Felipe de Ricardo y de la mayoría de la aristocracia caraqueña, el plano de Nuestra Señora Mariana de Caracas, donde las calles -señaladas con el número romano recibieron los nombres de los episodios de la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo; las cuadras -señaladas en números arábigos-adoptaron los nombres relativos a las distintas advocaciones de la Madre de Dios; y las casas, los nombres de los Santos Patronos. 14 En 1772 la ciudad de Caracas, de acuerdo a los datos de las matrículas parroquiales, estaba organizada en 4 parroquias: Catedral (Oriente y Poniente), San Pablo, Altagracia y Candelaria. Según los datos que arroja el censo eclesiástico realizado por el obispo Mariano Martí, sus habitantes sumaban un total de 18.669. Se estableció la demarcación de los límites de la ciudad y la separación de los pueblos vecinos, quedando igualmente marcados los límites de las parroquias eclesiásticas y lo correspondiente al número de calles, cuadras y casas, de norte a sur y de oriente a poniente, en atención a la ubicación en el plano previamente establecido. Del análisis de estos datos asentados con extrema minuciosidad, en cumplimiento de las disposiciones del obispo y demás autoridades ecle- siásticas podemos reconstruir, haciendo uso del análisis histórico en su concepción global y totalizadora de la realidad social, el pasado de la sociedad colonial caraqueña. Ventajas y limitaciones del uso de estas fuentes Tomando en consideración las matrículas referidas a Caracas, centro de atención de nuestro estudio, el trabajo de investigación de archivo sobre ellas nos permite señalar las siguientes ventajas y limitaciones en el uso de las mismas: I) La población censada para fines de la organización de la Iglesia, como pago de diezmos, suministros de los servicios eclesiásticos, etc., corresponde a la feligresía católica empadronada por parroquias, incluyendo barrios, cantones, ranchos, haciendas y terrenos despoblados. Esta población, totalizada por parroquias, proporciona datos importantes para la elaboración de matrices por año, que permiten, a su vez, estimar la población general por año en la medida que se obtiene la información de todas las parroquias en determinados períodos, los cuales nos sirven de hitos en la reconstrucción del proceso de crecimiento de la población y de desarrollo urbano de la ciudad de Caracas de fines de siglo XVIII y de una parte del siglo XIX, hasta la instauración de la república. II) Resulta difícil precisar si, además de esta población católica empadronada, pudiera existir un número escasamente reducido de personas herejes, ateos, judíos, árabes y luteranos, los cuales no participaban del culto católico; así como también de extranjeros, que se encontraban de paso por la capital por razones políticas, militares, etc. Sin embargo, las matrículas recogen algunas aclaratorias; sobre el particular nos remitimos a una de ellas que aparece en la matrícula de la parroquia Catedral, parte oriente, del año 1799: "Y han dado cédulas del cumplimiento de los preceptos de confesión y comunión respectivamente a excepción de los que se han hallado ausentados de los que se tiene causa pendiente y otros que están reconvenidos sobre cuyo cumplimiento velare, como también sobre la reconciliación de los luteranos de los que se ha ausentado uno de esta feligresía". 15 En la matrícula correspondiente al año anterior se hace referencia a la reconciliación de tres herejes que deseaban su conversión, pero que la falta del conocimiento del idioma castellano, dificultaba conocer el grado de instrucción que tenían, impidiendo que se les otorgase; así mismo a otros extranjeros, que decían ser católicos; pero la misma falta del idioma obstaculizaba su aceptación en la práctica del sacramento de la confesión. A este respecto consideramos, que la falta de información más precisa sobre el particular, no afecta los resultados ni las estimaciones, bastantes fiables, que arrojan los datos; esta población, por lo que se deduce del análisis de los documentos, debió ser muy escasa. Hay que tener en cuenta, por una parte, los fuertes controles ejercidos por la Corona sobre las personas que viajaban a las colonias americanas; y por otra parte, el estado de sumisión y otros mecanismos ideológicos que ejerció la Iglesia Católica, no solamente sobre los españoles sino también sobre la población esclava y aborigen. Consideramos que, desde el punto de vista demográfico, estas dudas por falta de información más precisa no invalidan los resultados, si se tiene en cuenta que no disponemos de otra documentación. Le corresponde a la demografía histórica aclarar estas dudas mediante la localización y trabajos de otras fuentes. III) Las limitaciones en el uso de estas fuentes están dadas por la falta de continuidad de los datos y las distintas modalidades que adoptaban los curas párrocos responsables de la elaboración de las matrículas; sobre todo en las primeras, que abarcan un período desde 1754 a 1780. En lo que respecta a éstas, la gran mayoría se conserva en buen estado, con número de folios completo, etc. Se lleva un estricto y minucioso control del número de sus habitantes por casas, incluyendo esclavos, indios, agregados y visitantes, formando parte de una auténtica comunidad familiar. Al final, los datos no aparecen discriminados por clases, por lo que se requiere el conteo cuidadoso. Esta labor resulta bastante tediosa y necesita de mucho tiempo para llevarla a cabo, sin riesgo de cometer errores. En la mayoría de ellas aparece la población discriminada según el cumplimiento de los preceptos religiosos: por lo que se refiere al número de personas con confesión y comunión, de sólo confesión y el número de párvulos, así como también se menciona el número de locos y bozales. A partir del año 1781, la información es más ordenada en cuanto a elementos estructurales de la población. El resumen discrimina por grupos: eclesiásticos, blancos, mulatos y negros. En los años siguientes se agregan Anuario de Estudios Americanos nuevos datos en los totales: sexo, estado civil, incluyendo el total de viudos y viudas, niños, catecúmenos y luteranos. De 1800 en adelante, la matrícula se representa en un cuadro resumen, con una información cuyos datos no ofrecen variaciones notables en los años subsiguientes. Los datos expresados en la matriz representan las siguientes columnas: castas, que incluyen, colocados verticalmente, los siguientes grupos socio-raciales: blancos, indios, pardos libres, negros libres y esclavos; estos rubros se corresponden con los otros de las demás columnas horizontales: hombres casados, mujeres casadas, hombres solteros, mujeres solteras, párvulos, párvulas, totales. La información obtenida sobre el crecimiento de la población por grupos étnico-sociales, su localización por parroquias, el surgimiento de nuevas viviendas, la formación de caseríos en la periferia, la construcción de barrios en áreas marginales y arrabales pobres, la instalación de nuevas unidades de producción -trapiches, carbonerías, comercios, conucos, etc.constituyen elementos de gran utilidad para la elaboración de cartas geohistóricas que permiten captar con mayor claridad el proceso integral, en su dimensión temporal-espacial, cuyos cambios permanentes recogidos en cartas sucesivas, por períodos, proporcionan un recurso válido para la comprensión de la dinámica espacial y socio-cultural, como también los otros factores que han participado en todo el proceso. En cuanto a la composición por edades y sexo, la información resulta incompleta y sin continuidad, por lo que el solo uso de estas fuentes, imposibilita al historiador a usar reglas propias de la demografía, para determinar las tasas de fecundidad, natalidad y mortalidad. En el caso de la parroquia Catedral (Oriente y Poniente), en 1807 localizamos una matrícula de sumo interés, por ser la única en su estilo en todos los años consultados, donde la población se divide por sexo, edades y grupos sociales. 16 Las limitaciones de esta fuente, están dadas por los grupos o categorías de edades consideradas: de 0 a 16 años, de 16 a 40 y de 40 años en adelante. Primera observación: dominan las hembras sobre los varones. Este fenómeno es típico en todo el período que hemos trabajado, lo que demuestra que la mortalidad 16 Ibídem. Matrícula de la Parroquia de la Santa Iglesia Catedral de Caracas. LA POBLACIÓN DE CARACAS (1754-1820) es más elevada en el hombre que en la mujer; esto pudimos comprobarlo en los registros de párvulas y párvulos, donde los primeros siempre son mayores que los segundos. Debemos considerar otros elementos importantes: la emigración de hombres por razones económicas y políticas, mayores riesgos y peligros y su menor resistencia a las enfermedades. Este grupo incluye a la población infantil, sin embargo, tenemos algunas reservas para denominarla como tal, sobre todo en el caso de las mujeres; en esa edad tope, 16 años, muchas mujeres ya estaban casadas y con hijos; en los hombres, sin embargo, era menos frecuente. Este porcentaje corresponde a la población en capacidad reproductiva. En este grupo resulta difícil precisar el número de personas que podían pasar de 40 a 50 o más años; si se tiene en cuenta que la expectativa de vida para el siglo XVIII estaba entre 35 y 40 años, el número de personas de más de 50 años no debió ser muy alto. En síntesis, dominaba en la estructura el grupo entre 16 y 40 años, es decir, que puede hablarse de una población joven en plena capacidad reproductiva y que actúa de manera positiva en el desarrollo demográfico, lo que permitió mantener la población en niveles casi estables, o con ligeros aumentos, a pesar de que durante la últimas tres décadas del siglo XVIII Caracas venía padeciendo fuertemente los efectos de las enfermedades infecto-contagiosas, que desde el siglo anterior azotaban a la población a causa del atraso de la medicina y las bajas condiciones sanitarias. De la misma manera localizamos la matrícula de la parroquia Altagracia, del mismo año, con las mismas especificaciones. 17 No se localizaron otros datos similares correspondientes a las demás parroquias, por lo que no se pudo obtener el total de la población de Caracas en 1807, por edades, sexo y grupos étnico-sociales. Sin embargo, la información obtenida fue de gran utilidad en el establecimiento de comparaciones de relaciones de la estructura demográfica. IV) Estas fuentes están al alcance del investigador sin limitación alguna en el Archivo Arquidiócesano de Caracas. Incluyen toda la documentación de las 205 parroquias eclesiásticas que constituían el Obispado de la Provincia de Venezuela. Ocupación física del espacio urbano y comportamientos En atención a la documentación trabajada, complementada con otro tipo de fuente -con todas las limitaciones del caso-precisaremos dos aspectos fundamentales: la ocupación física del espacio urbano y su dinámica y las características de la estructura demográfica y el comportamiento de la población, ante determinadas condiciones socio-económicas y culturales. Estudiar el marco físico-espacial de Caracas nos lleva a determinar a través del enfoque geohistórico, momentos o períodos fundamentales, tomando en cuenta los elementos o factores que intervienen en el proceso social y de desarrollo urbano. La ciudad de Santiago de León de Caracas, fundada por don Diego de Losada en 1567, se situó geográficamente al noroeste de un estrecho valle longitudinal enmarcado, de oeste a este, por las quebradas: Caroata y Catuche, seguidas éstas por la de Anauco. Al norte, la gran montaña del Avila, de donde se desprenden las quebradas ya mencionadas. Por el sur, el río Guaire, donde desembocan. 18 En lo que respecta a la estructura urbana, la ciudad adoptó el modelo clásico impuesto por los españoles en América, para lo cual se habían dictado normas precisas por parte de la Corona. 19 La planta de la ciudad siguió el trazado del plano cuadricular o damero formado por elementos iguales, uno de los cuales servía de Plaza Mayor. Alrededor de la misma se agrupaban la Catedral o Iglesia Mayor, el Palacio Episcopal, el Ayuntamiento o Cabildo y demás dependencias del gobierno civil y político. De los cuatro ángulos de la Plaza Mayor salían las calles principales, cuatro de norte a sur y cuatro de este a oeste, perfectamente alineadas, sobre las cuales se distribuían las manzanas o solares, destinadas a las construcciones de las viviendas en orden jerárquico; primero las autoridades coloniales y después los vecinos. 20 Estas calles se prolongaban y terminaban en los caminos principales que daban salida a la ciudad, ofreciendo la posibilidad de que continuaran en la medida en que Caracas crecía. Sus elementos esenciales quedaron definidos desde el comienzo del siglo XVII, y así permanecieron a lo largo del siglo XVIII, con muy pocas alteraciones en cuanto a cambios sustanciales en su estructura física y monumental. No tuvo Caracas grandes conjuntos urbanos ni obras trascendentales de diseños arquitectónicos. José de Oviedo y Baños destaca con singular atención la arquitectura eclesiástica en Caracas durante el siglo XVII. Los detalles arquitectónicos más notables de la catedral caraqueña durante el siglo XVII eran: "Su fábrica se forma en cinco naves, cuya techumbre carga sobre pilares de ladrillo, con arcos de lo mismo; y aunque cada nave de por sí es algo angosta, todas juntas disponen una obra muy vistosa en proporción simétrica: el presbiterio es de bóveda, y de forma en el crucero con los primores de la arquitectura á lo moderno una media naranja bien airosa. "Fuera de las cinco naves adornan su edificio cuatro capillas de particulares patronatos que unidas al lado de la epístola forman otra nave separada". 21 Las cuatro capillas particulares correspondían a la Santísima Trinidad, otra donde se veneraba el Portento de los Milagros, San Nicolás de Bari, la de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza y la de Nuestra Señora del Pópulo. La ciudad contaba con los servicios de tres ayudas de parroquias: la dedicada a Nuestra Señora de Altagracia, fundada por mulatos que cuidaban de su asistencia, aseo y ornato; la dedicada a San Pablo Primer Ermitaño, convertida en Hospital en ocasión de una peste de viruela que diezmó la mitad de los indios de la Provincia; y, por último, la de Nuestra 20 Ibídem. 21 Oviedo y Baños, José de: Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. LILA MAGO DE CHÓPITE Señora de la Candelaria, extramuros de la ciudad -la más moderna-edificada por los naturales de las Islas Canarias. 22 Estas tres ayudas de parroquias fijaron las bases para la creación de las parroquias Nuestra Señora de Altagracia, San Pablo y la de Nuestra Señora de la Candelaria, que conjuntamente con la Catedral formaron las cuatro parroquias eclesiásticas que dieron unidad al paisaje urbano caraqueño, como ya se ha indicado. El crecimiento de la parroquia San Pablo originó una nueva parroquia, Santa Rosalía, en la medida en que la ciudad se expandía y crecía en distintas direcciones por efecto de los cambios demográficos. En el año 1708 se creó la ermita de Santa Rosalía, cerca de la de San Pablo, distante de ésta unas 4 ó 5 cuadras, prestando servicios religiosos a los habitantes que residían en el campo y que constituían uno de los sectores más pobres de la ciudad. En 1777 se erigió en ayuda de parroquia; y en 1779 fue autorizada por el rey para que se erigiera en parroquia separada de la de San Pablo. 23 Durante el siglo XVIII la ciudad crecía hacia el oeste, hacia el norte, y algo hacia el este. Las numerosas viviendas, desde las más lujosas, pertenecientes a la aristocracia terrateniente, fabricadas bajo el sistema de tapias y con materiales traídos desde España por la Compañía Guipuzcoana, hasta las más humildes fabricadas con bahareque -sistema que utilizaron los indios y que fue adoptado por los españoles-emplearon la teja para los techos y ladrillos para los pisos. Estos dos últimos elementos se convirtieron en materiales básicos para la construcción de viviendas, encontrándose en abundancia la tierra apropiada para su elaboración en diversos lugares de la ciudad, especialmente en la zona del río Caroata, donde se establecieron las instalaciones productivas más importantes: hornos de cal, de ladrillo, tejerías, canteras, mataderos, tenerías, carnicerías, etc. El progreso de la ciudad se manifestaba, sobre todo, en las mejoras de las viviendas y en el aumento de éstas en la periferia, debido principalmente al gran número de pardos libres y negros libres, así como de algunos indios que establecieron allí su residencia. En Caracas la diferenciación social se manifestaba en la vida urbana, en cuanto a la organización de la ciudad y en la construcción de la vivienda. En la zona central, después de la Plaza Mayor, se residenciaban en las LA POBLACIÓN DE CARACAS (1754-1820) cuadras principales las familias del estrato más alto de la sociedad colonial y demás sectores importantes, cuyas viviendas sobresalían con respecto a las demás por la decoración de sus portales y la calidad y solidez de los materiales de construcción. La zona intermedia, inmediata a la central, albergaba numerosas viviendas y edificios religiosos, los cuales se ubicaban cada dos o tres cuadras en correspondencia con los caminos principales de salida de la ciudad. El intenso mestizaje habitaba la periferia, principalmente el sur hacia el río Guaire, y al oeste en las riberas del río Caroata. Sin embargo, en la Matrícula de la Parroquia Catedral del año 1774 puede observarse que la periferia no fue siempre asiento de los desposeídos;24 también se encontraban allí las estancias o haciendas, habitadas por sus dueños y familiares. En el sitio de Catia aparecen empadronadas tres estancias: la de don Beltrán de Masa, donde vivía con su mujer y dos personas más; la de don Salvador Madrid, habitada por él y dos indios; y la estancia de don Manuel Madrid, ocupada además de él por otra persona (no se especifica su posición social ni parentesco), y un indio. En los linderos encontramos la casa de Francisco Fuenmaron, de condición pardo libre, casado, que vivía con su mujer y cinco hijos. En Tipe, también en la periferia, se ubicaban cuatro casas más de personas de condición muy humilde. 25 Desde mediados del siglo XVIII, según testimonios de las matrículas parroquiales y el que nos dejó el obispo Mariano Martí, la Iglesia dividió la ciudad en las cuatro parroquias ya mencionadas. Los pueblos que rodeaban el valle de Caracas, bajo la jurisdicción de la Iglesia -Chacao, La Vega, Antímano, La Guaira y el de Valle de la Pascua-mantenían con la ciudad estrechas relaciones comerciales. Estos contactos aumentaron en la medida en que Caracas crecía en sus límites urbanos por efecto de los cambios demográficos que originó el incremento del consumo interno. Caracas, convertida en residencia de los grandes propietarios tanto del valle como de sus alrededores -algunos ausentistas cuyas riquezas provenían de las plantaciones de cacao producto del trabajo de los esclavos y otras categorías serviles-, se transformó en el centro financiero más importante de este producto. La comercialización del cacao la abre a la exportación a través del Puerto de La Guaira. Los beneficios obtenidos en las transacciones se vertían en sus haciendas y en la construcción de casonas coloniales donde fijaron su residencia con algunos esclavos y sirvientes. Su proximidad con los centros de producción agrícola y pecuaria más importantes, la necesidad de mayor abastecimiento y su rango de capital de la provincia, la convierten en mercado y centro de decisiones políticas más importantes y, en general, de la administración colonial, con residencia obligada de la burocracia administrativa y eclesiástica. Residen en ella el gobernador y capitán general y el resto de los funcionarios con jurisdicción en los asuntos civiles, políticos, administrativos y judiciales; residen también el obispo y demás funcionarios del estado eclesiástico. Esta población se incluía en la categoría de blancos europeos y blancos americanos. Partiendo de esta información podemos comprobar las tendencias en el ritmo de crecimiento de la población entre 1772 y 1815. La discriminación de los datos nos permitió partir del año 1772 con la información que nos dejó el obispo Martí que contenía el número de habitantes de las cuatro parroquias eclesiásticas, cuyo total asciende a 18.669 habitantes (cuadros 1 y 2). En el cuadro 2, elaborado con los asientos hechos en las matrículas parroquiales de ese mismo año, el total ascendió a 18.628 habitantes. Veinte años después del censo del obispo Martí hubo un aumento de 9.693 habitantes (cuadro 3). Como puede observarse, los pardos libres eran más que los blancos; los esclavos ocupan un lugar significativo, y por último los negros libres e indios en minoría. Es de advertir que a partir de 1782 los datos en los totales aparecen discriminados por grupos étnico-sociales y así continúan apareciendo en el resto de los años correspondientes al período estudiado. Hasta la última fecha señalada, podemos apreciar en la estructura de la población, con muy pocas alteraciones, el dominio de los pardos sobre los blancos en todas las parroquias estudiadas; y si agregamos el número de negros (libres y esclavos) e indios, a los pardos, en total hacen la mayoría de la población en relación a los blancos. En 1811 se observan cambios en el comportamiento de la población. Los blancos disminuyen de 10.899 en 1804 a 9.608; los otros grupos sociales se mantienen con poca diferencia; los esclavos permanecen en una proporción bastante considerable, si se tiene en cuenta que en el año 1811 la población disminuyó (cuadro 6). La tendencia es a bajar considerablemente el número de habitantes. De acuerdo al análisis de los datos se observa, en relación a 1811, una progresiva tendencia a disminuir la población; lentamente a partir de 1811, para luego acentuarse considerablemente en 1815. Para 1812, Caracas sufrió un devastador terremoto que ocasionó innumerables pérdidas humanas. Paralelamente a este fenómeno natural, la población se vio afectada negativamente a causa de los sucesos desencadenados por la Guerra de Independencia. Todos estos factores, unidos al abandono de las actividades productivas en el campo, el deterioro de las condiciones de vida, la baja producción agrícola y pecuaria, las migraciones por razones políticas, la miseria, las epidemias y las bajas condiciones sanitarias, afectaron el desarrollo de las relaciones sociales y el crecimiento demográfico (cuadro 7). En síntesis, el estudio de los datos nos llevó a establecer tentativamente dos tendencias en el crecimiento de la población de Caracas entre 1772 y 1815. A partir de 1802 se inicia un proceso de recupe-LILA MAGO DE CHÓPITE ración en casi todas las parroquias estudiadas, tendencia que se acentuó en el transcurso de esta primera década del siglo XIX. Las causas de este deterioro demográfico pueden atribuirse a dos hechos fundamentales que afectaron notablemente la sociedad caraqueña: el terremoto de 1812 y los sucesos que condujeron a la Guerra de Independencia. En cuanto a la distribución por grupos étnico-sociales, durante todo el período en estudio se mantuvo el dominio de los pardos sobre los blancos, lo cual nos permitió establecer como rasgo dominante de la estructura demográfica de la población colonial la existencia mayoritaria de los pardos sobre los otros grupos sociales. El número de esclavos se mantuvo en forma significativa, por encima de los 6.000, algo más de una cuarta parte de la población, con excepción del año 1815 en que disminuyó en términos absolutos, aunque en términos relativos se mantuvo en el mismo nivel. En menor proporción se mantuvieron los negros libres y, por último, los indios. Difícilmente podemos llegar a conclusiones de carácter definitivo en este trabajo; pensamos que, en el futuro, la ejecución de las otras etapas del proyecto nos llevará a confirmar o a rebatir lo que en principio hemos afirmado. El trabajo del historiador conlleva estos riesgos. De modo que asumimos el compromiso de continuar en la indagación del tema que nos interesa. En este caso concreto, tal como nos enseña Marc Bloch, el trabajo sobre los documentos no solamente está sujeto a los errores de la subjetividad del investigador, sino que también hay que tener en cuenta, "Su presencia o su ausencia, en tales o cuales archivos, en una u otra biblioteca, en el suelo, dependen de causas humanas que no escapan al análisis, y a los problemas que plantea su transmisión, lejos de tener únicamente el mero alcance de ejercicios técnicos, rozan lo más íntimo de la vida del pasado, porque lo que se encuentra así puesto en juego es nada menos que el paso del recuerdo a través de las generaciones". 26 Asumimos los riesgos persuadidos de que, "El espectáculo de la investigación, con sus éxitos y fracasos, no es casi nunca aburrido. Lo acabado es lo que destila pesadez y tedio".
Sería una irreverencia histórica mayúscula negar la importancia del elemento alógeno en el desenvolvimiento decimonónico chileno, aporte que ha sido sintetizado, en un penetrante ensayo, como "extraordinario en el pequeño comercio, la importación y la exportación, la creación de talleres e industrias, la introducción de nuevas técnicas, la prestación de servicios artesanales y profesionales y el manejo de las grandes casas comerciales y bancarias". 1 En verdad, la trascendencia, en términos cualitativos, de la inmigración extranjera es algo que nadie puede discutir; mas, la afirmación de que los europeos en Chile "no se cuentan, se pesan", 2 es una burda exageración. Pero más preocupante es que mucha información documental sea desechada a la hora de hacer apología, y que otros, que son los más, aún no se den a la tarea de compulsar la frondosa información archivística que guardan nuestros repositorios. Las notas que aquí presentamos no son ideas aisladas, segundas lecturas, rebuscadas interpretaciones o inferencias a una borra documental desechada por los especialistas en trance de historiadores. Son simplemente novedades, algunas de calado, que se desprenden del examen al mejor material y que ciertamente sorprenderán a quienes han sido sensibilizados ad nauseam por una historia muy parcial. Aquí abundaremos sobre "la otra inmigración", hasta ahora invisible, compuesta por los proletarios, aventureros, desertores y deudores; y éste es apenas un punto de partida que pretende rectificar errores, llenar vacíos y adelantar nuevos puntos de vista que ciertamente colisionarán con la literatura de "divulgación". Es lamentable que tantos apurados e interesados juicios, aceptados a fardo cerrado, no hayan sido sometidos a revisión posterior. Es momento de comenzar. ¿Cómo es posible aceptar tantos dislates y repetirlos? María Rosaria Stabili, muy citada, sin ocupar un papel de información archivística, ha simplificado todo al afirmar, siguiendo a Gonzalo Vial, que "el intercambio comercial, el tráfico naval y la explotación del salitre hicieron llegar a los ingleses; la construcción de las obras públicas y la explotación del cobre a los norteamericanos; la organización de las estructuras educativas superiores y de las estructuras militares a los alemanes. Los franceses arribaron como técnicos agrícolas (especialmente viticultores y enólogos), artistas, arquitectos, paisajistas y comerciantes de productos de lujo para la oligarquía; los italianos arriban para organizar las instituciones culturales-artísticas como el Teatro municipal y la Academia de Bellas Artes, como profesores de la Universidad, pero sobre todo -llamados a Chile por parientes o amigos ya establecidos-controlaban junto a los españoles el pequeño comercio, mientras la venta ambulante estaba bajo el control de los árabes". Muchos autores que han orillado el tema de la inmigración extranjera en Chile han pontificado -sin trabajo exhaustivo en archivos-que los flujos europeos fueron, en su gran mayoría, comerciantes, empresarios o empleados prominentes que desarrollaron una gran movilidad ascendente demostrando cualidades de liderazgo y de organización superior. Otros, en sagas apologéticas y sin ningún escrúpulo documental, han "hidalguizado" de un plumazo a una corriente que, plurinacionalmente hablando, estuvo conformada fundamentalmente por elementos de origen proletario. Las "muestras" en que intentan probar lo contrario son tan cortas, que no resisten un análisis serio. 3 Stabili, María Rosaria: "Las políticas inmigratorias de los gobiernos chilenos desde la segunda mitad del siglo pasado hasta la década de 1920", Revista Estudios Migratorios Latinoamericanos, 2, Buenos Aires, 1986, pág. 183. Alejándonos de una literatura que está marcada por silencios, lugares comunes, errores de bulto, groseras generalizaciones y alambicadas teorías, los mejores papeles revelan que ya en 1820, y a pesar de expresas prohibiciones, los extranjeros avecindados en Santiago se ocupaban de abrir tiendas de menudeo; 4 que María Graham, al visitar la capital en 1822 constató, con cortas excepciones, que los ingleses allí avecindados eran "muy vulgares"; 5 que una representación agitada al gobierno en 1823, rubricada por más de veinte firmas, certificaba "que ningún extranjero podía mantenerse en Chile por menos de $ 80 mensuales"; 6 que en 1827 el inspector general del Comercio Francés acreditado en Chile, al denunciar el arribo del desecho de la población europea a las playas nacionales, argumentaba que si no se extremaban medidas se acumularía en "Santiago un enjambre de gentes sin hogar ni oficios y que prontamente se darían a conocer por sus excesos y acaso sus crímenes"; 7 que en el marco de los disturbios verificados durante la revolución de 1829 algunos de los súbditos franceses que solicitaron reparaciones "eran prácticamente indigentes"; 8 que en 1830 algunos de los extranjeros asilados carentes "de toda ocupación con que pudieran ganar el sustento y en ese estado de vagos en que se hallan..." fueron expulsados por violar la neutralidad durante los sucesos del veintinueve; 9 que en 1831 los tripulantes desembarcados de la corbeta de SMB "Clio", estacionada de Talcahuano, se hallaban casi desnudos y totalmente desamparados, siendo auxiliados en su indigencia por el cónsul británico. 10 Igualmente, hacia 1841 los "artesanos" extranjeros establecidos en Santiago -poco más de ochenta-se ganaban el pan de cada día en las populares actividades de tenderos, pulperos, bodegoneros, peluqueros y modistas; 11 que si todos los foráneos eran tan prominentes, cuestión majaderamente reiterada, ¿por qué "capitalistas" como Roberto Bugger, afianzado por Andrés Blest y Eduardo Crosft, o Francisco Álvarez, entre otros, tomaban préstamos de la Caja del Gremio de Jornaleros y Lancheros de Valparaíso por cifras que englobaban, para 1841 y 1849, la importante suma de $ 11.500; 12 que en 1844 contingentes británicos provenientes de New South Wales, "muy pobres y desarropados", llevaban una vida llena de privaciones en Valparaíso, y que una sociedad de damas se preocupaba de proporcionarles vestimenta a las mujeres y niños; 13 que en 1844, en los departamentos de Ancud, Calbuco, Carelmapu, Dalcahue y Castro, los extranjeros que pagaban patente lo hacían fundamentalmente por pulperías y otros despachos por menor; 14 que si todos eran "ricos", como afirman varios ¿por qué en 1845 los setenta y cinco deudores del comerciante porteño Juan Alonso eran predominantemente franceses, alemanes, británicos y norteamericanos, y sus oficios, apenas, los de marineros, carpinteros, capitanes, sobrecargos, panaderos y 11 Archivo Nacional, Fondo Claudio Gay (en adelante AN, FCCY), vol. 19 y Archivo Nacional, Fondo Ministerio de Interior (en adelante AN, FMI), solicitudes particulares. 12 Archivo Nacional, Fondo Notarial de Valparaíso (en adelante AN, FNV), vol. 58. Escritura de obligación de Roberto Bugger. Escritura de Francisco Álvarez e hijo. Valparaíso, 13 de septiembre de 1844, en Schwarsenberg, Georg (editor): Aus Granny's Nachlab. Debemos esta referencia a la profesora Elizabeth Von Loe. Es casi seguro que estos contingentes desheredados de todo fueron parte de los más de 300 que arribaron a Valparaíso en 1843, huyendo de un cataclismo que afectó a Nueva Holanda. Precisamente para ellos se volvió a mover el antiguo proyecto de colonización de los baldíos del sur, lo que a la postre se materializaría en 1845. Curiosamente, para casi todos los autores, repitiendo errores, la ley del cuarenta y cinco fue dictada para dar inicio a la inmigración de contingentes teutones. Nosotros hemos visto: Oficio del presidente de la República que propone un proyecto de Ley que le autorice para colonizar los territorios del sur. Cámara de Diputados, Sesión del 17 de julio de 1844, en Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la República, tomo XXXIV, págs. 170 y ss. Un editorial de El Agricultor, núm. 40 (Santiago, diciembre de 1843), aplaude el arribo de agricultores y artesanos de Nueva Holanda. Algunos de estos contingentes se trasladaron hacia la provincia de Concepción convencidos de que el Gobierno les concedería terrenos y auxilios; AN, FIV, vol. 47. J. Prieto al ministro de Interior. Posteriormente, 29 de ellos, incluidas mujeres y niños, catalogados como "labradores de campo" se reembarcaron en Valparaíso hacia Norte América. AN, FICO, vol. 256, Miguel Bayons al intendente de Concepción. 14 Archivo Nacional, Fondo Intendencia de Chiloé (en adelante AN, FICH), vol. 19. Informe del administrador de Ramos Estancados, José Sánchez. Entre 1844 y 1854, en la Chimba, Juan Godoy y otros puntos del norte, apellidos como Probost, Iribaron, Mermur, Duncan o Lafosse aparecen vinculados al remate de chinganas y canchas de palitroque. Archivo Nacional, Fondo Intendencia de Atacama (en adelante AN, FIA), vol. 53. Registro de cafés, fondas y chinganas. GILBERTO HARRIS BUCHER fonderos?; 15 que antes de 1850, un baldón para los que aseguran que casi todos llegaban como comerciantes o contratados por firmas extranjeras, la vía de ingreso más importante de ingleses, norteamericanos y franceses fue la deserción, y esos aventureros-proletarios difícilmente pudieron ingresar capitales o maquinarias entre sus improvisados bártulos; 16 que un número nada despreciable de colonos alemanes eran peones o labradores y que sus mujeres e hijas trabajaron en un comienzo como domésticas de familias chilenas en el sur; 17 que Vicente Pérez Rosales tachó de "viciosos e inútiles" a algunos de los teutones que colonizaban Llanquihue; 18 que entre 1830 y 1870 el Estado accedió a las "súplicas" de muchísimos extranjeros que, entre otras cosas, pedían educación gratuita para sus hijos; 19 que entre 1849 y 1852, en las partidas de "peones para todo servicio" contratados para trabajar en faenas auríferas en California, también figuraban los Daroch, Chebantt, Reed, Alan, Nagel, Wolman, Maffet, Felson, Wilson, Smith, Swett y muchos otros patronímicos extranjeros; 20 que entre enero y marzo de 1855, más de cien franceses, ingleses, alemanes, españoles, italianos y norteamericanos fueron atendidos en el hospital de caridad de Valparaíso; 21 que en los años de 1856, 1857 y 1858 decenas de extranjeros afrontaban "arraigo", por juicios civiles ventilados en el Tribunal del Consulado de Valparaíso; 22 que en el marco de la escandalosa deserción de marinería norteamericana en Valparaíso y Talcahuano, un comisionado especial de la Marina de ese país reconocía en 1860 la posibilidad, y así ocurriría, de que se produjesen disturbios, tumultos y "complicaciones internacionales por el alto número de marineros ociosos, depravados, irresponsables, y generalmente ebrios, en una comunidad, satisfaciendo inclinaciones viciosas y pasiones desenfrenadas"; 23 que entre 1861 y 1870 el número de reos de nacionalidad extranjera llegó en todo el país a 1.041, de los cuales más de la mitad eran ingleses, alemanes, italianos, franceses, norteamericanos y españoles, y cuya incidencia porcentual resulta importantísima si al total de las colonias le descontamos los naturales de los países circunvecinos; 24 que en 1858 grupos de alemanes pobres actuaban como "musiqueros" en lugares públicos de Valparaíso; 25 que entre 1861 y 1883 muchos de los ingleses establecidos en Copiapó mal podían ser catalogados como empresarios-capitalistas puesto que desarrollaban mayoritariamente los duros oficios de barreteros y apires; 26 que en 1860, en el principal punto, más de un tercio de los establecimientos pertenecientes a extranjeros afectos a la contribución de patente, correspondía a bodegones, baratillos, casas de posta, fondas, pulperías y tiendas de menudeo, cuestión que echa por tierra las altisonantes declaraciones de varios de que sólo la canalla chilena se ocupaba del "comercio sucio". Informe de Willis Bayley. Noticias sobre desórdenes cometidos por tripulaciones norteamericanas e inglesas en Coquimbo, Valparaíso, Concepción y Talcahuano entre 1853 y 1867, en Archivo Nacional, Fondo Intendencia de Coquimbo (en adelante AN, FICQ), vol. 517; AN, FMRREE, vol. 69; AN, FIV, vol. 115; AN, FMRREE, vol. 108; AN, FICO, vol. 368. Un ejemplo: en 1862, un marinero inglés que maltrataba a una mujer en una calle porteña fue apresado por un piquete de policías; posteriormente serían atacados por unos cincuenta tripulantes de esa nacionalidad armados con navajas y salvavidas. En la trifulca, que terminó con varios heridos, terciarían también paisanos chilenos y marineros norteamericanos que ayudaron a las fuerzas de orden. F. Valdivieso al intendente de Valparaíso. 24 Garrido, Eugenia: Acontecer infausto y mentalidad. El crimen en Valparaíso. Es importante consignar que centenares de extranjeros condenados por homicidio, robos y heridas fueron indultados por el presidente de la República y el Consejo de Estado. Hemos visto: Archivo Nacional, Fondo Actas del Consejo de Estado (en adelante AN, FACE); AN, FIV; AN, FMRREE; Ministerio de Relaciones Exteriores, Archivo General Histórico (en adelante MRREE, AGH), volúmenes diversos. 25 "Nuevos huéspedes en Valparaíso", en El Mercurio. 26 AN, FIA, vol. 247, Registro del panteón de disidentes de Copiapó. 27 Archivo Nacional, Fondo Ministerio de Hacienda (en adelante AN, FMH), vol. 412, Matrícula de las casas de comercio y demás establecimientos sujetos por la ley al pago de la contribución de patentes, formada en Valparaíso. En 1870, lamentando no contar con información para otros períodos, en el hospital de caridad de Valparaíso fueron asistidos 709 extranjeros, entre los que se contaban 181 ingleses, 92 franceses, 87 norteamericanos, 151 alemanes, 23 irlandeses, 20 italianos, 21 portugueses, 18 holandeses y 16 belgas, entre otros; 28 que en 1876 muchos europeos mendigaban por las calles de Santiago; 29 que en 1880, nuevamente en la capital, grupos de británicos limosneaban y lavaban sus harapos en lugares públicos a vista y paciencia de todos, 30 lo que echa por tierra las afirmaciones de que todos los extranjeros mudaron rápidamente de posición económica y social, pues más de un tercio de los europeos con profesión censados en 1885 y 1895 desempeñaban los oficios de afiladores, albañiles, bordadores, caballerizos, carpinteros, carretoneros, cocineros, costureras, enyesadores, estucadores, fleteros, lancheros, gañanes, tejedoras, hojalateros, jardineros, fondistas, jornaleros, labradores, lavanderas, marineros, modistas, paragueros, sirvientes, vendedores ambulantes y otras denominaciones "bajas"; 31 que, al caer de los años ochenta, el número de extranjeros buscando trabajo en diversos lugares del país se ensanchó dramáticamente, y al comenzar los noventa aumentó peligrosamente la presencia de desesperados, reducidos a la mendicidad al faltarles pan y trabajo; 32 que por ese entonces nuestras autoridades ordenaron "suprimir" en absoluto la contratación de italianos al constatarse que unos mil prolongaban indefinidamente su permanencia en las hospederías habilitadas donde se les procuraba de comida y habitación gratuita; 33 que en 1885 la Sociedad Española de Beneficencia ocupábase de sepultar a los paisanos que fallecían en completa indigencia; 34 que en 1889 y 1890, de acuerdo con un medio informativo, los emigrados subvencionados por el Estado eran "harapientos que desde que llegan no tratan de buscar trabajo, ni de establecer una industria, sino que se van directamente a la Casa que sirve de agencia de transporte para la República Argentina"; 35 en fin, hacia 1907, centenares de italianos, españoles, franceses y alemanes, muchos enfermos y reducidos a una gran estrechez, asediaban diariamente nuestro consulado en Panamá, logrando finalmente ser contratados y trasladados hacia Chile. 36 Por todo lo señalado hasta aquí, nadie podría negar que resultan débiles, insostenibles y fuera de lugar las argumentaciones, siempre al voleo, de que los "europeos avecindados en el país no engrosaron la masa proletaria, sino que mayoritariamente ascendieron a posiciones empresariales". 37 ¿Intuiciones, generalizaciones o pirotecnia? Blancpain fue más allá al afirmar, rimbombantemente, que los franceses, en un contexto temporal amplio, "contribuyeron a transformar la vida cotidiana de los chilenos, cuyos gustos, aspiraciones y consiguientemente, modo de vida, gracias a estos emigrados, adquirieron más urbanidad, se hicieron más europeos". El azote de la deserción norteamericana y europea Del examen a un cáustico, pero importante número de informes, memoriales, protestas, requisitorias y especialmente reclamos de los cónsules extranjeros acreditados en Chile, puede colegirse que la deserción sistemática de marinería foránea en Coquimbo, Valparaíso, Talcahuano, Coronel y Ancud llegó a ser una "enfermedad endémica", entre los años veinte hasta clarear los ochenta. Las cifras involucradas, poco más de dos mil, de acuerdo a nuestros precisos cómputos -provisionales todavía GILBERTO HARRIS BUCHER mientras no prosiga nuestra pesquisa documental; probablemente deberán pulsar al doble o el triple si consideramos que en los informes de los attachez no figuran los que se fugaban luego de que se visaban las nóminas y se despachaban las naves-, abarcan fundamentalmente a tripulaciones británicas, norteamericanas y francesas, y muy rezagadas numéricamente, las italianas y alemanas. 39 En un contexto amplio, nuestras referencias, aunque sean forzosamente incompletas y presenten lagunas de calado -especialmente para los años sesenta-vienen a poner en tela de juicio el argumento, tan manido, de que los flujos alógenos desarrollaron una gran movilidad ascendente demostrando cualidades de liderazgo y de organización superior, feble "apreciación" que en otro lugar hemos revisado. 40 En las líneas que siguen examinaremos ciertos aspectos sobre uno de los ramales, o vía de ingreso no directa, más importante de la inmigración extranjera; el que dice relación con los desertores, o lo que es lo mismo, sobre los proletarios y aventureros. Sobre esto mismo, más de alguno podría contrargumentar que probablemente estos contingentes fueron "aves de paso" que en caso alguno sentaron sus reales en el país. Mas, hay evidencia documental que abona ampliamente la tesis de que se habrían radicado en número importante en nuestras latitudes. Por ejemplo, en los relevamientos de población de 1885 y 1895, y antes también, la marinería europea y norteamericana muestra importantes guarismos -más de cinco mil almas, en ambos casos-, cifras que deben ser más amplias puesto que no engloban a los registrados en los censos de bahía. Asimismo, para los años sesenta y setenta, el segmento marinería es particularmente expresivo en relación a las defunciones consignadas en las actas de los cementerios de disidentes de Copiapó, Caldera y Valparaíso. Más aún, en toda la centuria la presencia extranjera en la marina mercante chilena -y de capitán a paje-fue a todas luces importantísima. También, en contra de la tendencia endogámica "total", que pregonan los especialistas en inmigración, se ha calculado que en las actas de informaciones matrimoniales de las parroquias porteñas de La Matriz, Doce Apóstoles y Espíritu Santo en la brecha 1845-1885, aproximadamente un 10% de los novios eran extranjeros que casaban con chilenas, y en lo tocante a La Matriz, que hemos revisado, un alto porcentaje corresponde a marinería de patronímico británico o norteamericano. También hemos calculado en un par de miles, para el período 1876-1880 -probablemente muchos más, por no tener información para todo el país-, las tripulaciones foráneas que oficializaron su enganche en las Oficinas de marineros de Caldera, Lota, Coronel, Tomé y Talcahuano. 41 Y si de cifras esclarecedoras se trata, es importante consignar que la oficina general de enganche de marineros de Valparaíso proporcionó en 1868 y 1869 más de tres mil libretas de enrolamiento a extranjeros, cifras que son más amplias puesto que las casas de agencias y los consulados siempre embarcaban a muchos más. Si considerásemos que en esos años por lo menos fueron enrolados unos seis mil extranjeros, cifra todavía bajista, éstos representarían el 27,2% del total de los forasteros residentes en Chile considerando el censo de población de 1865; ese porcentaje es tremendamente importante puesto que de los 21.982 extranjeros registrados sólo 12.613 eran europeos o norteamericanos. 42 Por otra parte, a la hora de indicar problemas importantes y de larga duración, hay que señalar que la defección de las tripulaciones extran-41 Harris Bucher: Participación de los extranjeros...; del mismo: Emigración y políticas gubernamentales en Chile durante el siglo diecinueve. Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 1993; Actas y Registros de defunciones de los cementerios de disidentes de Copiapó, Caldera y Valparaíso; Salinas, René: "Nupcialidad, familia y funcionamiento del mercado matrimonial en Valparaíso durante el siglo XIX", en Valparaíso. Valparaíso, 1993; Actas matrimoniales de la Iglesia de La Matriz de Valparaíso; Informes de gobernadores marítimos y papeles de las Oficinas de Enganche de marineros de Caldera, Lota, Coronel y Talcahuano; Memorias del ministro de Marina. Anotemos también que la desnacionalización de las tripulaciones de la marina comercial obligó a las autoridades gubernamentales a permitir que la concurrencia extranjera pulsara hasta dos tercios del total de contingentes, medida que fue necesaria reeditarla frecuentemente. En verdad, las medidas del ministro Portales en orden a que las tripulaciones fuesen mayoritariamente chilenas fracasaron rotundamente. Francisco Le Dantec, Diego Portales y Valparaíso, en El Mercurio. Valparaíso, 2 de junio de 1974, manifiesta erróneamente que las medidas tuvieron éxito. En 1849 el senador J. Bello fue lapidario al manifestar que la marina comercial no era "más que unos palos con bandera chilena", en la que ni siquiera los capitanes eran nacionales. jeras causó serios problemas a los capitanes de naves mercantes, de pesca y de guerra, los que ante la imposibilidad de reemplazar las dotaciones con sus paisanos -extraño con tanto fugado residiendo, como se verá-recurrieron a marinería chilena, la que en gran número era finalmente abandonada en puertos lejanos puesto que el enganche no era por el viaje "en redondo". 43 Si bien es cierto que la documentación permite situar cronológicamente el problema de las defecciones de extranjeros en la brecha autonomista-separatista,44 parece ser que desde los años veinte las fugas adquieren mayor notoriedad, lo que se desprende tanto de las cifras involucradas como de las múltiples referencias que tocan el problema. Comenzando, mencionemos que en 1824 el capellán del buque inglés "Cambridge" consignaba que muchos de los británicos residentes en Valparaíso eran desertores que luego se ocupaban en actividades relacionadas con las pulperías y el contrabando;45 para 1827 sabemos que el inspector general del Comercio Francés acreditado en Chile, al denunciar el arribo a estas costas del desecho de población europea, explicitaba la notoriedad que ya presentaba el fenómeno de la deserción;46 el mismo año el comandante del navío de guerra norteamericano "Congreso" solicitaba el concurso de las autoridades chilenas para "recoger" en Santiago, Quillota y Valparaíso a los fugados que se encontraban en esos puntos;47 también en 1827, pero ahora tanto en Talcahuano como Valparaíso, verificábase la huída de nueve marineros ingleses y norteamericanos de los balleneros "Diana" y "Marie Fefton". 48 Más tarde, en 1833, se producían en Valparaíso deserciones de la fragata norteamericana "Falmouth";49 en 1836, desde Copiapó, eran remitidos a Valparaíso algunos desertores españoles de la nave "María Isabel"; 50 en 1837 los balleneros franceses "Le Gretry", "La Meuse", "Le Ferdinand" y "Le Nazwal", surtos en la bahía de Coquimbo, habían perdido a siete de sus hombres, 51 y en Serena este problema también afectaba a la fragata norteamericana "Corintha"; 52 ese mismo año el representante diplomático de Francia acreditado en Talcahuano manifestaba su molestia por las reiteradas fugas de sus paisanos en ese lugar, 53 y al año siguiente solicitaba la detención de marinería desertora de las naves "Jorge", "Astrolabe", "Carrera de las Indias" y "Alcance"; 54 en 1838 el capitán de Puerto de Copiapó detenía y remitía a Valparaíso a tres desertores ingleses en el bergantín "San Carlos"; 55 también en 1838, el cónsul francés denunciaba la fuga del buque "Jorge" de sus coterráneos Hamel, Padre e hijo, ocultos en Hualqui, lugar en que también se habían refugiado otros dos que habían abandonado el ballenero "Aramis"; 56 en 1839, el buque de guerra "Samarang" perdía a ocho de sus marineros en Valparaíso. 57 Para los años cuarenta las referencias documentales permiten precisar la defección de veintinueve tripulantes de la fragata de guerra británica "President", cuya aprehensión era encargada a las autoridades de Quillota, Casablanca, San Antonio, Valparaíso, Constitución y Concepción; 58 en 1841 el cónsul norteamericano destacado en Talcahuano informaba que proseguía la deserción sistemática de sus paisanos, aunque hacía notar que al menos algunos eran finalmente aprehendidos; 59 en 1840 y 1843 el encar-gado de los Asuntos Franceses pedía la detención de tres desertores de las fragatas "Le France" y "Gretry";60 en 1845, en Ancud fugábanse en una chalupa 6 tripulantes de la ballenera norteamericana "Balenay";61 en 1846, en Talcahuano, se fugaban marineros del ballenero "La Reunión";62 ese mismo año la Provincia de Chiloé "se hallaba plagada de marineros desertores, especialmente balleneros franceses y norteamericanos"; 63 en 1847 arribaban a la costa de la subdelegación de Chanquinque, tras fugarse en Talcahuano, siete tripulantes del ballenero norteamericano "Fracat"; 64 el mismo año desertaban en la jurisdicción marítima de Atacama cuatro ingleses de la barca "Baltazara", llevándose prendas por valor de $109; 65 en 1849 el attache español informaba de insubordinaciones y fugas de la fragata "Isabel I", fondeada en Valparaíso, 66 y para la brecha 1840-1860, de acuerdo a precisos informes diplomáticos, las deserciones de la marinería hispana en Valparaíso constituían "un mal endémico"; 67 en 1849 el comandante de la Estación Naval de Francia en el Pacífico reaccionaba con alarma por las defecciones que se verificaban diariamente; 68 en enero de ese año, de 31 reos confinados en la cárcel de Talcahuano, 24 eran marineros extranjeros remitidos por la capitanía de puerto, no faltando los encarcelados a solicitud de los cónsules extranjeros. 69 Con respecto a los datos de que disponemos para la década de los cincuenta, todo indica que el problema pulsó a cifras más importantes. Por ejemplo, en 1850 las naves galas "Le Roe", "La Henriette", "Le Rochen" y "La Elisa" habían perdido gran parte de sus tripulaciones en Valparaíso, y a la fragata de guerra "L 'Poursminot" se le habían fugado ciento cincuenta hombres de una dotación total de trescientos cincuenta; 70 en ese año en un remitido, publicado en el principal periódico porteño, se sentenciaba que "la deserción es ahora el gravamen más pesado que aflige a la marina mercante extranjera"; 71 asimismo, también en 1850, se producía la deserción de la nave "Preble" de Roberto Reed, alias Carlos Farwell, reincidente y acusado de hurto; 72 en 1851 la nave norteamericana "Chester" perdía a seis de sus tripulantes en Coquimbo; 73 en 1853 el representante militar del puerto de Talcahuano informaba de frecuentes fugas de la marinería enganchada en naves de bandera foránea 74 y, también en ese punto, individuos vinculados a las casas de trato protestaban contra el cónsul norteamericano por las reiteradas deserciones de individuos de esa nacionalidad a los que se le había adelantado el prest de enganche; 75 el mismo año J. Echel evacuaba alarmantes informes al plenipotenciario norteamericano por las frecuentes fugas de connacionales en los puertos del sur; 76 también en 1853, desertaban en Valparaíso 5 tripulantes del buque SMB "Portland"; 77 1854 Varas comunicaba al intendente de Valparaíso su convencimiento de que "el fomento y auxilio de la deserción de marineros extranjeros [causaría] perjuicios al comercio"; 78 en ese año siete tripulantes de la fragata norteamericana "Hibernia" defeccionaban en Ancud; 79 en 1857 el francés Pedro Garnier, desertor del buque "Mégeré", era reclamado por el cónsul de esa nacionalidad y conducido desde Santiago a Valparaíso; 80 en 1858 una autoridad naval inglesa solicitaba la aprehensión de tres fugados de la nave de combate "Ganges"; 81 entre 1857 y 1859, de acuerdo a prolijos cálculos de Willis Bayley, comisionado de la Marina de Estados Unidos, habían desertado en Talcahuano y Valparaíso la friolera cifra de mil doscientos cincuenta y cuatro contingentes de esa nacionalidad; 82 en 1859 también se registraban fugas de marineros sardos; 83 entre abril y diciembre de 1860, cinco naves de bandera americana perdían a ciento cincuenta y ocho de sus efectivos; 84 en diciembre de 1866 diez fugados de la fragata española "Adela" encontrábanse detenidos en la cárcel pública de Valparaíso; 85 también en 1866, los marineros de la barca británica "Florence Danvers" eran tratados como desertores por las autoridades apostadas en Caldera; 86 en 1868 se producía en Coronel, la fuga de tres tripulantes de la barca inglesa "Scotish Maid". 87 Posteriormente, ahora en los años setenta y ochenta, el problema de las pérdidas de efectivos extranjeros nuevamente adquieren notoriedad. Para 1873 sabemos, a partir de informes del comandante de la nave gala "Resolvue", que la deserción de contingentes de las naves de comercio LA INMIGRACIÓN EXTRANJERA EN CHILE A REVISIÓN "Lonrobaya" y "Valentín" impedía que abandonasen puerto; 88 en 1874 el cónsul británico destacado en Valparaíso solicitaba el arresto de marinería desertora de las naves "Cotopaiti", "Lavia", "Lima", "Macedonia", "Maipú" y "Bentthon"; 89 en el mismo puerto, en 1875 y 1876, diversos representantes extranjeros solicitaban la captura de decenas de fugados ingleses y de medio centenar de italianos, franceses, alemanes y norteamericanos; 90 en 1879 y 1880, también en Valparaíso, defeccionaban en número importante contingentes británicos y algunos italianos, alemanes y franceses; 91 allí, en 1880, desertaban tripulantes de la corbeta alemana "Viñeta" y de otra embarcación no identificada; 92 en 1881 los cónsules extranjeros solicitaban la aprehensión de siete franceses, cuarenta y dos ingleses y diez alemanes; 93 en 1882, en Coquimbo, fugábanse marineros de la corbeta alemana "Moltre"; 94 por esos años, según las observaciones de Albert Davin, respetable viajero francés, el puerto de Iquique se había convertido en "refugio de los desertores de todas las naciones, atraídos por el cebo de los salarios"; 95 en fin, en 1886, y sólo en el puerto de Valparaíso, los diplomáticos extranjeros solicitaban la aprehensión de veintidós británicos y algunos franceses e italianos. 96 El cuadro hasta aquí trazado, que esperamos ampliar, 97 da por tierra con muchos puntos de vista acomodaticios vertidos por quienes han pontificado sobre inmigración olvidando realizar el trabajo previo de hurgar en archivos; los datos colacionados sobre la profusa defección de marinería europea y norteamericana permite afirmar con propiedad que todavía hay mucho de provisional. Asimismo, esta información de primera mano 97 El tema de las defecciones corregido y ampliado considerablemente -cifras, referencias, denuncias, contexto, acusaciones, descargos, políticas y doctrina consular, lo abordamos en nuestro trabajo "La marinería desertora... (en prensa). GILBERTO HARRIS BUCHER demuestra que es una majadería intelectual seguir insistiendo que en la mayoría de los casos los extranjeros lograron éxito económico y ascenso social. 98 ¿Desertores integrándose a las elites aristocráticas? La condición económico-social de los alemanes establecidos en el sur Acerca del origen social de los alemanes establecidos en Llanquihue, y en contra de lo sentenciado por la literatura de "divulgación", hay que señalar que muchos eran obreros, peones y jornaleros "sin pasado", quienes en su gran mayoría fueron subvencionados por el Estado chileno. 101 No debe creerse, pese a la liberalísima ayuda estatal, siempre silenciada, que los contingentes mudaron rápidamente de condición; tras haber transcurrido bastantes años luego de la radicación, los oficios principales que desarrollaban, en 1858 y 1859, eran los de carpinteros, zapateros, herreros, sirvientes y comerciantes. 102 Anotemos también que los teutones radicados en Human hacia 1859, en su inmensa mayoría habían sido auxiliados por las administraciones chilenas, abandonando su país en virtud de una importante y liberal ayuda; 103 sin embargo, poco tiempo después se debatían en la más completa indi-gencia. 104 Es más, en una de las "sagas" de Jean-Pierre Blancpain 105 se nos pretende hacer creer que todos tenían una holgada situación económica. Nosotros preguntamos ¿Por qué todavía en 1868 los alemanes residentes en Valdivia, que indiscutiblemente tenían mejor situación que los establecidos en los alrededores de la laguna, solicitaban auxilios al gobierno para hacer venir a parientes y amigos? 106 Y respecto a otras 32 familias de esa nacionalidad establecidas en Human en 1865 la opinión del intendente de Arauco es muy clara: "pertenecientes a la última clase de la Alemania, los colonos, con cortísimas excepciones, no han podido traer capitales, ni conocimientos notables en ninguna industria u oficio". Ya en 1849 M. Fehrmann, agente de algunos emigrados alemanes que se habían establecido en Valdivia, insistía en que la emigración debía ser socorrida y protegida por el gobierno con franquicias especiales; 108 para los artesanos teutones conducidos por C. Mushgay a la laguna de Llanquihue en 1850 fue necesario disponer de galpones, animales y víveres; 109 en 1870 eran atendidos gratuitamente en el dispensario, hospital y en sus casas un total de 690 almas, la mayoría colonos del sector del lago y Melipulli; 110 finalmente, todavía hacia los años noventa las administraciones chilenas se ocupaban de gastos "menudos" relacionados con la apertura de sendas, talajes, hijuelizaciones, construcción de escuelas y pago de fletes, traslados internos y "viáticos". 111 También hay que señalar que los extranjeros que se radicaron en la región de Llanquihue no sufrieron las contingencias que a muchos deparaba el diario vivir en otras latitudes; asimismo, la ayuda estatal, que cubrió casi todo y por mucho tiempo, sacó a muchísimos de una tristísima situación anterior. Y a pesar de que se insistía, muy emocionalmente, que arribaron burgomaestres, científicos universitarios e industriales, éstos representan un puñado que ya ha sido identificado. Pero ¿y el resto, unos siete mil? Es claro que muchos eran "hombres sin pasado". La colonización de aquel territorio fue una empresa difícil para los inmigrantes y gravosa para las administraciones chilenas; empero, jamás podría compararse, por ejemplo, con la colonización de Magallanes, periferia donde las lluvias y nieves, barrizales y ciénagas dificultaron, y por mucho tiempo, el normal establecimiento humano. Para los convencidos que hablan de un "sur alemán", 112 es importante mencionar que aquéllos jamás sobrepasaron numéricamente a los chilenos residentes; sólo de Chiloé más de diez mil habitantes se trasladaron a Valdivia y Llanquihue. 113 Y si nos referimos al esfuerzo desplegado por los chilenos mencionemos que los trabajos de apertura de los caminos de Osorno y Melipulli en 1852, incluso la casa que cobijó a los primeros teutones que arribaron a Llanquihue, fueron obras verificadas gracias al concurso de 680 chilotes procedentes de San Carlos, Calbuco e islas vecinas. 114 Quienes atacaban las campañas propagandísticas y de reclutamiento del gobierno chileno en Europa solían señalar que en nuestro sur los chilenos recibían a los extranjeros con un crucifijo en una mano y un puñal en la otra, cuestión que en verdad no correspondía a una gratuita calumnia; mas, en Valdivia por ejemplo, hacia 1895 veintisiete europeos cumplían condena en la cárcel por diferentes delitos, contándose entre ellos 7 alemanes, 6 austríacos, 1 belga y 13 italianos; 115 casi 60 años más tarde, concretamente en 1937 y 1938 entre los centenares de hombres y mujeres ingresados a presidio, cárcel y casa de corrección en Valdivia, figuraban 15 alemanes, 1 árabe, 3 argentinos, 1 austríaco, 13 españoles, 1 italiano y 9 turcos. 116 Al terminar esta sección es importante recordar que la exigua e "hidalguizada" inmigración alemana que recibió nuestro país fue -ex-ceptuando a un puñado de burgueses que alzó el vuelo por los acontecimientos políticos europeos del cuarenta y ocho-presidida exclusivamente por el estado de necesidad o, lo que es lo mismo, para volverle la espalda al pauperismo. Una fuente, bastante autorizada por lo demás, pintaba en los años sesenta el siguiente cuadro sobre los potenciales migrantes teutones, algunos de los cuales recibiría nuestro país: "se encuentra [señala Jules Duval] familias amontonadas en una sola pieza con un tabique de greda por toda separación. Aquellos que poseen una silleta, una mesa, un lecho común, un tiesto de barro por todo utensilio se creen privilegiadas. Algunos andan desnudos y sin zapatos, aun en invierno. Muchos pobres no viven sino de la papa y de una ficticia que apellidan café, mientras los aficionados beben un aguardiente insoportable, destilado de papas, tan ruinoso para el bolsillo como para la salud. En este estado de abandono, la miseria degenera en una espontánea desmoralización, superior a todo remedio, entre cuyas consecuencias los motines de obreros no es el peor síntoma, porque manifiestan todavía cierto resto de energía". 117 Hacia los años ochenta todavía debe de haber persistido este estado de cosas si consideramos el revuelo que causaban en algunos estados alemanes las liberalísimas franquicias que nuestras administraciones ofrecían a los que deseaban expatriarse. Una autoridad edilicia de Voigstberg graficaba así la reacción de sus paisanos ante las campañas propagandísticas verificadas por nuestros enganchadores: "habiendo éste [aviso] causado gran expectación se permite el muy respetuoso infraescrito a solicitud de varias partes, a preguntar si él descansa en la verdad, y en este caso qué condiciones pone el gobierno a los emigrantes, o si sólo se trata de un embuste". 118 Otro, un talabartero, más expresivo por cierto, indicaba: "me siento deseoso de emigrar a la República de V.E. no con la esperanza de llegar a ser un propietario sino con el deseo de vivir con menos penalidades que aquí". 119 En la literatura apologética que ha rodeado el tema de la inmigración extranjera rarísima vez se menciona que los teutones huían de la pobreza. Es importante mencionar aquí que el ducado de Baden y algunos municipios subvencionaron, entre 1850 y 1855, la salida de quienes vivían "de la caridad pública"; 120 Vicente Pérez Rosales fue clarísimo: "playas a donde los condujo la necesidad". 121 Incluso más tarde nuestro encargado general de Inmigración en Europa señalaría que si se costease el pasaje de los contingentes alemanes y se les asignase una pequeña ayuda económica se encontrarían "miles de emigrantes para cada vapor, reclutados entre la canalla que tanto abunda en Hamburgo, Bremen y demás puertos". 122 De todo lo reseñado se desprende claramente que el grueso de los alemanes que ingresaron al país fueron contratados por el Estado, y estaban perfectamente interiorizados de que nuestras administraciones correrían con los gastos que demandaba su traslado, que graciosamente les otorgarían en calidad de préstamo tierras -no precisamente muladares-, 123 útiles de labranza, animales, semillas, todo lo necesario para levantar una vivienda, y más importante aún, que los auxiliaría en su manutención con un diario en dinero durante un año, amen de importantes franquicias tributarias. 124 Son precisamente estas prerrogativas, que no quedaron en el papel -como piensan algunos-las que los incentivaron a expatriarse. Las deudas de los colonos de Llanquihue En cuanto a las deudas de los alemanes establecidos en Llanquihue, tema poco arado por la historiografía, nos ocuparemos aquí del período 1852-1868. 125 Aunque nos ha sido imposible dar con los originales que contienen todas las obligaciones de los teutones -deudas que fueron extinguidas graciosamente por el Gobierno chileno hacia fines del siglo-podemos adelantar que entre 1852 y 1858 la administración Montt había gastado un total de $ 172.862 en la empresa colonizadora, debiendo los europeos reembolsar a la Tesorería provincial cantidades que para ese entonces montaban $ 68.017. 130 De la atenta lectura del documento original que contiene las deudas de los alemanes de Llanquihue, y que hemos publicado íntegramente en otro lugar, 131 puede colegirse que las primeras cien asignaciones a cabezas de familia dieron margen a que un 22% recibiera todo tipo de ayuda entre uno y doce meses, un 30% entre trece y veinticuatro meses, un 32% entre veinticinco y treinta y seis meses, un 12% entre treinta y siete y cuarenta y ocho meses, un 2% entre sesenta y uno y setenta y dos meses. En cuanto a las segundas cien asignaciones la tónica fue la un 77% entre trece y veinticuatro meses, un 4% entre treinta y siete y cuarenta y ocho meses. En cuanto a las últimas noventa y cinco, el cuadro es el que sigue: un 38,9% recibió ayuda entre uno y doce meses, un 47,3% entre trece y veinticuatro meses, un 7,36% entre veinticinco y treinta y seis meses y un 3,15% entre treinta y siete y cuarenta y ocho meses. Ahora en relación a los débitos totales de la colonia, señalemos que entre abril de 1852 y julio de 1867 sólo un 2,3% había abonado porcentajes fluctuantes entre un 6,2% y un 40%; el resto no había pagado absolutamente nada. Finalmente, del total de $ 111.923 invertidos desde la fundación de la colonia hasta julio de 1867, sólo se había devuelto un irrelevante 2%. 132 Aunque nuestras autoridades tempranamente habían confiado en el servicio regular de la devolución parcializada de las quintas partes adeudadas,133 el servicio falló totalmente, como puede deducirse de las fuentes, ya que la gran mayoría de los colonos no habían cancelado absolutamente nada. 134 Y es importante consignar que los auxilios sobrepasaron, y en mucho, los doce meses que estipulaban los decretos y reglamentos que vinieron a ampliar la Ley de Tierras de 1845. También se equivocaron los miembros de una comisión encargada de investigar "el estado de fortuna de los colonos deudores", quienes en 1876 llegaron a concluir que en cuatro años podría recuperarse un 64,8% de los totales devengados. 135 Finalmente sería presentada a la Cámara de Diputados una moción para condonar las deudas contraídas con el fisco.
En estos tiempos en que los países americanos debían presentarse ante el mundo fuertes y unidos, se da el pernicioso ejemplo de una división que cada día alejará más a los países combatientes". El Mercurio, 10 de julio de 1867, pág. 2. * El autor agradece las sugerencias y aportes de Arturo Andrés Roig, Clara Jalif, Enrique Zuleta Álvarez y María del Rosario Prieto, que resultaron de suma importancia para la elaboración del presente trabajo. En la década de 1860, el cono sur se convirtió en escenario de dos guerras en las cuales participaron directamente un país europeo y ocho latinoamericanos. En el Pacífico se produjo la guerra hispanoamericana, entre España y la coalición formada por Perú, Chile, Ecuador y Bolivia. Casi simultáneamente, en el Atlántico, se verificó la guerra de la Triple Alianza, en la cual Brasil, Uruguay y Argentina combatieron con el Paraguay. Estos enfrentamientos tuvieron una fuerte influencia en la etapa de consolidación de los estados nacionales y reflotaron el debate en torno a los ideales de integración americanista impulsados en la epopeya emancipadora por Bolívar, O'Higgins y San Martín. En el litoral Pacífico, las acciones bélicas comenzaron el 14 de abril de 1864, cuando la armada española ocupó territorio peruano (islas Chincha, ricas en guano, fuentes del 30% del erario nacional), en demanda de ciertas reivindicaciones. Perú recibió la solidaridad de sus vecinos y selló alianzas con Chile (5 de diciembre de 1865), Ecuador (30 de enero de 1866) y Bolivia (15 de febrero de 1866); las cuatro naciones declararon la guerra a España. A pesar de la superioridad naval de ésta, los aliados lograron algunas victorias significativas, como la captura de la goleta cañonera "Covadonga". Finalmente, la flota española decidió lavar su honor bombardeando los puertos de Valparaíso (31 de marzo de 1866) y El Callao (2 de mayo de 1866), para luego retirarse definitivamente del teatro de operaciones. El principal damnificado de esta guerra fue Chile, cuyo principal puerto sufrió fuertes pérdidas. 1 Los países latinoamericanos del Pacífico experimentaron un fuerte sentimiento de solidaridad "americanista", como se indicaba en aquella época, e invitaron a las demás naciones latinoamericanas a aunar esfuerzos ante un enemigo común de origen europeo. Algunos países participaron a través del Congreso Americano celebrado en Lima (1864-1865), y parte de ellos participaron activamente en el conflicto bélico. Paradójicamente, los países latinoamericanos del Atlántico estaban en una línea política e ideológica exactamente opuesta. Argentina, Uruguay y Brasil, desoyendo el reclamo de sus hermanos del oeste, se aproximaron a España asegurándole el aprovisionamiento a su flota de guerra. También empuñaron las armas, pero no contra las potencias europeas, sino contra una nación latinoamericana: el Paraguay. Brasil, Uruguay y Argentina se unieron, firmaron el llamado pacto de la Triple Alianza, y llevaron la guerra a la nación guaraní. Como resultado, Paraguay perdió la mitad de su población y quedó reducido a un país habitado por mujeres, viudas, inválidos y huérfanos, 2 en tanto que su economía fue golpeada en puntos claves, para impe-dir su recuperación. 3 Pero los países "triunfantes" también sufrieron serias pérdidas. Sobre todo Argentina, cuyas bajas vinculadas directa o indirectamente a esta contienda ascendieron a 30. 4 Según este autor, Argentina fue el país triunfante que más perdidas per cápita sufrió en esa guerra, y mientras que para la mayoría de los brasileros la contienda fue un episodio distante y remoto, en los argentinos produjo un "sentido de trauma nacional". McLynn califica esta guerra en términos de "Vietnam argentino". 5 Los tres países del Atlántico no sólo se negaron a participar en la alianza de las naciones latinoamericanas del Pacífico, sino que incluso favorecieron a España. Desde el punto de vista formal, Argentina, Uruguay y Brasil se proclamaron neutrales en el conflicto del Pacífico. Pero en los hechos, fueron parciales. La prensa opositora de esas naciones, que se solidarizaba con Chile y Perú y cuestionaba la política exterior de las respectivas cancillerías, era atacada por los gobiernos rioplatenses y su circulación restringida e incluso prohibida. En cambio, los periódicos de las comunidades españolas, donde se exaltaba la acción de la armada de guerra peninsular en el Pacífico, circulaban con total libertad. Por otra parte, los tres países atlánticos negaron a los corsarios chilenos la posibilidad de entrar a sus puertos y vender sus presas, actividad ésta que significaba una de las pocas réplicas que podían llevar adelante las naciones del Pacífico contra España, dada la asimetría de las armadas de guerra de ambos beligerantes. Desde Uruguay se enviaba todo tipo de aprovisionamientos para la flota española del Pacífico. Incluso el gobierno oriental negó el exequatur al cónsul de Chile y le canceló las credenciales al ministro plenipotenciario de esa nación. En Argentina, el canciller Rufino de Elizalde hostilizó de distintos modos al ministro chileno, tanto desde la esfera oficial como desde la prensa. El contraste de las políticas oficiales a ambos costados de América Latina generó situaciones polémicas. Sobre todo porque esta incongruencia no era compartida, como se reflejaba a través de la prensa, por amplios sectores de la población, de los intelectuales y de sectores políticos disidentes que manifestaron sus críticas a las políticas oficiales. Importantes intelectuales argentinos se manifestaron en contra de la guerra del Paraguay, como Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Francisco Seeber, Miguel Navarro Viola, Olegario V. Andrade y Carlos Guido Spano. 6 En muchas provincias argentinas se registraron manifestaciones de resistencia a la guerra, sublevaciones, revoluciones y episodios sediciosos. 7 Incluso algunos funcionarios del Gobierno argentino intentaron solidarizarse con la causa latinoamericana del Pacífico, como el ministro plenipotenciario en Chile y Perú, Domingo F. Sarmiento, que llegó a desobedecer a su Gobierno en aras del ideal americanista. La complejidad y simultaneidad de los conflictos del cono sur se reflejó en la prensa de la época, que recogió material de suma riqueza. Por ello, examinar el impacto de la guerra del Paraguay en la prensa chilena, cuando todavía estaba fresco el conflicto con España y el bombardeo de Valparaíso puede significar un aporte para conocer la posición fijada al respecto por la elite chilena, así como para acceder a información de la clase dirigente argentina sobre estos complicados procesos sociopolíticos y de identidad latinoamericana. Para este trabajo se ha seleccionado el diario El Mercurio de Valparaíso por varios motivos. Primero, por el peso tradicional que dicho medio tiene en América Latina, al ser el más antiguo de los diarios latinoamericanos existentes (fue fundado en 1827). Segundo, ese diario mantuvo durante mucho tiempo una estrecha relación con la Argentina y su clase dirigente; incluso Juan Bautista Alberdi desempeñó un importante papel en la redacción del mismo. Tercero, se trata de un medio que en la segunda mitad del siglo XIX era importante en Chile y se encontraba en un proceso de expansión que cristalizará a comienzos del siglo XX con la apertura de su edición en la ciudad de Santiago. Cuarto, de los diarios chilenos más importantes en la actualidad, El Mercurio de Valparaíso es prácticamente el único que se editaba en la época de este estudio. Quinto, la riqueza de la información sobre la guerra del Paraguay incluida en sus páginas. El Mercurio reflejó los conflictos del cono sur a través de distintos tipos de artículos. Al no contar con agencias de noticias internacionales y con escasos corresponsales en el extranjero, su servicio informativo apelaba muchas veces a la transcripción de notas publicadas en diarios de otros países, o de artículos escritos y enviados por los propios actores y/o viajeros. Este conjunto de notas informativas era muy heterogéneo e incluía distintos puntos de vista, en muchos casos contrarios. De todos modos, la posición del diario se fijaba en sus notas editoriales. Esos artículos guardaban coherencia interna y expresaban una definición política e ideológica sobre los temas. Además, tanto las notas de los protagonistas de las guerras civiles e internacionales como los editoriales del diario, exhibían posiciones claras y francas, apelando a escasas sutilezas y vacilaciones. Las notas no se limitaban a enumerar hechos sino que los contextualizaban en el tiempo y en el espacio. Los ideales del americanismo estaban presentes en la redacción de El Mercurio para encuadrar la política exterior de uno u otro país, así como los principios del liberalismo político, los ideales de integración y progreso económico y los antecedentes históricos. De ahí la riqueza del material y las distintas lecturas que se pueden realizar de un mismo acontecimiento a partir de un mismo medio de prensa. El impacto en la prensa de las guerras del cono sur en la década de 1860 constituye un terreno sumamente amplio, que no puede desarrollarse en forma completa en un solo artículo. Por tal motivo ha sido preciso seleccionar los temas. En este trabajo se examinan fundamentalmente cuatro aspectos: la guerra de la Triple Alianza como golpe al americanismo; los escándalos que afectaron a grandes americanistas como Lastarria y Alberdi; el impacto en El Mercurio de la prensa rioplatense oficialista y opositora; y la posicion adoptada por el diario chileno en la sucesión presidencial argentina. Para futuros trabajos quedará el tratamiento de otros aspectos importantes como los movimientos argentinos de resistencia a la guerra de la Triple Alianza, especialmente la llamada Revolución de los Colorados, iniciada en Mendoza. Las guerras del Cono Sur en la década de 1860 y el americanismo La política exterior de Argentina, Uruguay y Brasil en la década de 1860 generó un fuerte desgaste al pensamiento "americanista" o de "solidaridad latinoamericana", liderado entonces por Chile. Este país se solidarizó con Perú, con la esperanza de lograr unir a todos los países americanos para hacer frente a la amenaza de una nación europea. Pero el resultado AMERICANISMO Y GUERRA A TRAVÉS DE EL MERCURIO DE VALPARAÍSO fue muy distinto al esperado: los países atlánticos le negaron su auxilio y Chile debió pagar su americanismo con cifras millonarias motivadas por el incendio del puerto de Valparaíso. Chile resolvió respaldar al Perú estimando que rápidamente obtendría la solidaridad del resto de las naciones latinoamericanas. Pero los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil dieron la espalda a las demandas de Chile y Perú. En lugar de escuchar el reclamo de sus vecinos del oeste, pusieron sus recursos al servicio de la guerra contra el Paraguay. Con esta actitud defraudaron todas las expectativas de las naciones del Pacífico. En 1866, el argentino Carlos Guido y Spano sintetizó este espíritu, al señalar que: "esas naciones hermanas ponen en vano el oído para escuchar la voz o los clarines de la tierra de Moreno, de San Martín y de Belgrano. Al tronar el cañón de la conquista allá en las regiones de Occidente, los gallardos defensores de la República, los veteranos de la independencia que aún existen, volverán instintivamente la vista hacia los Andes, creyendo distinguir a cada instante entre las nieves en dirección a los valles, las legiones argentinas ocupadas hoy en la destrucción de un pueblo americano". 8 La actitud de las naciones latinoamericanas del Atlántico, especialmente de Argentina, causó una fuerte decepción en sus hermanas del Pacífico. Poco después de concluido el conflicto del Pacífico, el presidente de Chile, en su mensaje al Congreso de 1867, se refirió a la falta de solidaridad argentina en aquellas circunstancias. Este discurso generó una seria polémica entre los diplomáticos chilenos y argentinos. 9 La posición adoptada por los países atlánticos provocó una suerte de quiebra en la evolución del americanismo. "Las negativas de Argentina y Brasil a embarcarse en la guerra contra España provocaron en Chile una violenta reacción contra los desertores de causa tan noble". 10 Esta actitud se agravó con la formación de la Triple Alianza contra el Paraguay que "horrorizó a los americanistas de la Moneda" y fue calificada como "crimen de leso americanismo". 11 A la desilusión de chilenos y peruanos con los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay, siguió un decaimiento del espíritu americanista. En Chile se abrió un espacio para la crítica contra los intelectuales y políticos que impulsaron esa orientación. La crítica de parte de la elite chilena a los americanis-8 Guido y Spano, Carlos: "El gobierno y la Alianza", 1866, cit. en Pomer: Proceso a la guerra..., pág. 97. Su obra ha sido criticada en foros académicos por distintos motivos; incluso el valor científico de su aporte se encuentra actualmente muy cuestionado por historiadores chilenos y extranjeros. Pero saliendo de los foros académicos, el trabajo de Encina es la Historia de Chile que más difusión ha tenido entre la población. El trabajo fue publicado inicialmente en 20 tomos y a pesar de su extensión, se agotaron varias ediciones. En poco tiempo la obra de Encina alcanzó una gran aceptación, incrementada con la publicación de una edición sintetizada por Encina y Leopoldo Castedo, versión de la cual se agotaron numerosas ediciones. A ellos hay que añadir la reedición especial de la obra completa, publicada en 1983. Ésta se realizó en 37 tomos de rústica calidad que se entregaban semanalmente con la revista Ercilla, a precio muy económico. De esta manera, la obra de Encina se mantuvo vigente y llegó a hogares donde pocos libros de historia lograban penetrar. La línea antiamericanista de Encina ha sido compartida y profundizada por otros historiadores e intelectuales chilenos. Un ejemplo puede ser el de uno de sus destacados discípulos, Espinosa Moraga. Conforme a este autor, "la guerra con España hizo saltar en mil pedazos las compuertas que un último retazo de sentido común habían levantado para contener el torrente que amenazaba arrasar con el país entero en aras de la unión americana". 12 La crítica al americanismo en Chile después del bombardeo de Valparaíso, encuentra asidero en la falta de correspondencia por parte de otros países de América Latina, que fijaron posiciones más pragmáticas. Encina y Espinoza Moraga aciertan al destacar la posición de aislamiento que sufrió Chile, especialmente por la actitud de los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil. Pero esos países se expresaron no sólo a través de posiciones oficiales, sino también a través de otros representantes como intelectuales, periodistas, diplomáticos y políticos. La historiografía ha dedicado un espacio relativamente escaso al estudio de las manifestaciones disidentes argentinas ante la guerra hispano-americana. La crítica de Alberdi a la guerra del Paraguay y su convocatoria de solidaridad con Chile ha pasado casi desapercibida en los trabajos sobre el tema. La posición de Sarmiento, en cambio, sí ha sido mencionada por la historiografía, pero de una forma inconsistente. Como veremos más adelante, Sarmiento fijó su posición en dos oportunidades durante la guerra hispanoamericana: primero en el Congreso Americano de Lima (1864) y después durante su gestión como embajador en Estados Unidos (1865-1868). La actuación de Sarmiento en el Congreso de Lima ha sido objeto de distintas lecturas. Para Grez Pérez, la posición del sanjuanino, al desobedecer las instrucciones de su Gobierno, fue un hecho "raro e incomprensible". 13 Este autor no menciona posibles móviles vinculados a ideales americanistas en Sarmiento. Sí menciona estas ideas Silva, quien ilustra de esta forma lo que considera una constante en la política exterior argentina. De todos modos, este autor incurre en algunas afirmaciones discutibles, sobre todo al justificar la actitud del gobierno de Mitre frente a la guerra hispanoamericana. Es preciso reexaminar esta tesis, y para ello resultará de utilidad el empleo de una fuente como El Mercurio de Valparaíso. La tarea desempeñada por Sarmiento en Estados Unidos, especialmente su relación y colaboración con el enviado chileno, Benjamín Vicuña Mackenna, ha sido examinada por Cerda Catalán quien relativiza el aporte de Sarmiento a la causa chilena. 14 Este autor coincide con Grez Pérez en cuanto a la concepción de la actividad sarmientina durante la guerra hispanoamericana: se trataría de elementos aislados, evaluables en términos muy relativos. En el caso de Mitre sucede algo parecido. Los autores se limitan a reflejar su actitud hacia Chile durante su presidencia, sin tener en cuenta su evolución posterior: fundamentalmente en la crisis de la década de 1870, cuando Argentina casi se incorpora a la guerra del Pacífico, y sobre todo, en su labor como historiador, a partir de la cual se iban a construir las grandes matrices ideológicas en torno a la identidad de las relaciones entre Chile y Argentina. Conviene reexaminar la actitud argentina ante la guerra hispanoamericana, tratando de enriquecer el análisis con una profundización del tema y los aportes de El Mercurio de Valparaíso. Para ello hay que tener en cuenta el estrecho lazo de Alberdi, Sarmiento y Mitre con la sociedad chilena, 13 Grez Pérez: Los intentos de unión..., pág. 163. 14 Cerda Catalán: "La guerra entre España...", pág. 11. PABLO LACOSTE que les brindó asilo durante la dictadura de Rosas, y a partir de lo cual surgieron estrechos lazos de los tres con representativos miembros de la elite chilena. Partimos de la sospecha que la hospitalidad chilena, tarde o temprano, debió haber sido correspondida. Además, estimamos que actitudes como la de Sarmiento en Lima, no pueden explicarse exclusivamente desde las tendencias del carácter personal. Y dejaremos que el propio Mercurio informe sobre la actitud de este argentino en Estados Unidos. Dos americanistas ante la guerra: Lastarria y Alberdi Tanto en Chile como en Argentina, han convivido dirigentes políticos e intelectuales con orientaciones nacionalistas con pensadores partidarios de la unidad americanista o latinoamericana. Entre estos últimos se han destacado José Victorino Lastarria y Juan Bautista Alberdi. Ambos defendieron la necesidad de priorizar las políticas de solidaridad continental y criticaron a los gobiernos que impulsaron la guerra de la Triple Alianza. El Mercurio reservó un espacio privilegiado para ambas figuras. La elite americanista de Chile encontraba un buen representante en Lastarria. Éste había expresado públicamente sus posiciones en este sentido, a través de distintos medios, entre ellos, el libro Unión y Confederación de los pueblos hispanoamericanos, que publicó en 1861 junto a otros destacados e influyentes dirigentes como Benjamín Vicuña Mackenna, Domingo Santamaría y Álvaro Covarrubias. Ante la misión que el Gobierno le encomendó en el Río de la Plata, Lastarria confiaba en la solidaridad argentina, especialmente en el presidente Bartolomé Mitre, que estaba unido a Chile a través de un estrecho lazo personal: Chile le brindó asilo durante la dictadura de Rosas (1848-1851). Mitre desarrolló allí intensas actividades literarias, periodísticas y sociales a la vez que se vinculó con importantes miembros de la elite chilena como José Victorino Lastarria, Benjamín Vicuña Mackenna, José Manuel Balmaceda, Domingo Santa María, Diego Barros Arana, Marcial González, Ambrosio Montt, Miguel Luis Amunátegui, Aníbal Pinto, entre otros miembros de la elite chilena. 15 Con estos antecedentes, era lógico suponer que el presidente argentino tendría un gesto de gratitud. 15 Fuenzalida Grandón, Alejandro: "Mitre en Chile", Anales de la Universidad de Chile; Año C, primero y segundo trimestre de 1942, núms. El gobierno chileno designó a Lastarria como ministro plenipotenciario de Chile en Argentina, Uruguay y Brasil. Miembro de aquel grupo del cual había formado parte Mitre, Lastarria no dudaba de su solidaridad y con esta convicción actuó en el escenario del Río de la Plata (26 de enero de 1865 al 28 de octubre de 1886) con un objetivo de máxima y de mínima. El objetivo de máxima era formalizar una alianza ofensiva-defensiva con los países americanos del Atlántico y el de mínima, obtener la autorización para operaciones de los corsarios chilenos contra los barcos mercantes españoles y realizar gestiones para sacar de puertos europeos y norteamericanos, buques de guerra comprados por el gobierno chileno. El resultado fue desalentador: "nada, absolutamente nada logrará Lastarria del gobierno de Mitre". 16 El canciller Rufino de Elizalde profundizó la distancia con Lastarria. Su actitud alcanzó niveles prácticamente ofensivos, tanto desde la esfera oficial como a partir de las páginas del diario La Nación Argentina. 17 La situación se complicó aún más cuando en Uruguay, Lastarria obtuvo un resultado todavía peor, que culminó con la cancelación de sus credenciales por parte del Gobierno oriental. Posteriormente Lastarria se trasladó al Brasil donde su propuesta americanista sufrió un nuevo rechazo. 18 El rechazo de Lastarria por parte del Gobierno uruguayo causó un fuerte impacto en la prensa chilena. El Mercurio dedicó un espacio importante al mismo, censurando el hecho. Se refirió al mismo en términos de "el gobierno de hecho que ejerce la dictadura en la Banda Oriental" y lo acusó de favorecer a los barcos españoles. 19 También publicó un enjundioso artículo de Lastarria en el cual éste explicaba su indignada posición. 20 Posteriormente, El Mercurio dedicó una nota editorial para criticar el españolismo del Gobierno uruguayo. En esa nota, el redactor aseguraba que Uruguay había adoptado esa decisión para atraerse la simpatía española, especulando con la posibilidad de obtener eventuales ventajas en el corto plazo, y a la larga perjudiciales para ese país, pues lo español es "bárbaro y supersticioso" y contrario al "progreso y cultura europea". 21 El pensamiento de Alberdi también mereció un importante espacio en El Mercurio. El citado intelectual argentino tenía fuertes lazos con la comu-nidad chilena. En Chile escribió su obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina (1852), aporte decisivo para la Constitución Nacional argentina de 1853. Incluso su tesis doctoral fue presentada en la Universidad de Chile (1844). La misma reivindicaba los ideales de unión de los países sudamericanos. Congruente con esta posición, en la década de 1860, Alberdi fijó públicamente posiciones de alto perfil crítico hacia la guerra del Paraguay en escritos difundidos mediante distintas publicaciones. Entre ellas cabe incluir a El Mercurio, que le brindó un significativo espacio. Entre otros conceptos de Alberdi, se publicaron los siguientes: "Chile y Paraguay, estos dos representantes de la paz en medio del caos de las guerras sudamericanas, acaban de ser atacados a un mismo tiempo por dos monarquías esclavócratas y retrógradas". 22 Más allá de la posición fijada por Alberdi, El Mercurio publicó artículos donde el intelectual argentino explicaba las razones que fundamentaban sus conclusiones. Entre otras notas, cabe señalar la siguiente: "¿Por qué hacen la guerra al Paraguay el Brasil y el gobierno de Mitre? Aparte de los ambiciosos sueños del ministro Elizalde, del moderno Metternich, de anexarse el Paraguay y Bolivia, como lo comunicó al conde Russell el ministro inglés Mr. Thornton, aparte de esta locura que hacía en América de la Triple Alianza una segunda edición de la Santa Alianza, cada uno de los gobiernos aliados, el imperial y el cesarino, tienen siempre, según la opinión del autor, sus fines particulares. El Brasil quiere recobrar una provincia; el César Mitre quiere asegurar el triunfo de Buenos Aires sobre las provincias. Si el Paraguay, dice el autor, Corrientes y Entre Ríos son vencidos, la Argentina no vuelve a ver en 40 años los 10 millones que ella produce y gasta Buenos Aires. Aquí está la explicación de los sucesos de Basualdo y de Toledo. Los soldados entrerrianos y correntinos se han dispersado. No. Por no hacer armas contra sus propios intereses". 23 El diario chileno no se limitó a reproducir la crítica lapidaria de Alberdi al Gobierno argentino por participar en la guerra de la Triple Alianza. Para ampliar el tema, desarrolló reflexiones y comentarios sobre el particular, asumiendo la actitud alberdiana prácticamente como propia: "Con estos antecedentes entregados por la pluma del Dr. Alberdi, no debemos extrañar que en las orillas del Plata se hayan mostrado hostiles a Chile en la causa que sostiene. Los factores de la Santa Alianza ¿cómo habían de tener simpatías por la causa americana? Por eso el gobierno de Mitre desconoce la solidaridad de otros países. Si no la quieren para la Argentina, el Buenos Aires nada quiere con las provincias, no 22 Ibídem, 2 de septiembre de 1866, pág. 2. AMERICANISMO Y GUERRA A TRAVÉS DE EL MERCURIO DE VALPARAÍSO es de extrañar que el partido que lo domina no quiera nada con los países americanos. Pero no, algo quieren con las demás repúblicas los Metternich; quieren estrecharse con ellas no en un abrazo fraternal sino en el abrazo de Apega, aquella máquina del tirano Nabis que ocultaba aceradas puntas bajo ricas vestiduras y que estrechando a la víctima contra su pecho, lo hacía perecer en medio de los más acerbos dolores. Éste es el abrazo de Mitre a su Patria!" 24 La crítica de Alberdi a la guerra del Paraguay fue compartida por buena parte de la prensa chilena, que rápidamente expresó su simpatía y solidaridad con el intelectual argentino. Así lo reflejó El Mercurio en un artículo concebido en los siguientes términos: "Este distinguido publicista [Alberdi] se hizo reo de un gran crimen para con el gobierno argentino por haber censurado la alianza de su Patria con el Uruguay y el Brasil en contra del Paraguay. Es el mismo crimen en que han incurrido algunos diarios chilenos, a quienes los paladines de la civilización no han perdonado su voto imparcial y justiciero. La causa que sostuviera el Dr. Alberdi es la misma que ha sido sostenida por algunos escritores chilenos. Tanto aquél como éstos, condenan la Constitución Nacional paraguaya, obra de la dictadura y no de la opinión del pueblo; pero reconocen que es un negocio de la exclusiva incumbencia de los paraguayos, únicos interesados en su buen gobierno y únicos jueces de la política del presidente López". 25 La prensa chilena expresó claramente su solidaridad con el pensamiento americanista de Alberdi y Lastarria, tanto al brindarles espacio para difundir sus ideas como al evaluar críticamente las mismas. Inclusive, a partir de un análisis de la medulosa obra de Alberdi sobre la guerra del Paraguay, y dada la coincidencia de la prensa chilena con ese pensamiento -a pesar de su distancia con relación al conflicto-es posible que las ideas alberdianas hayan servido a los redactores de El Mercurio como marco de referencia para los comentarios que escribieron sobre tan complicado tema. La prensa rioplatense oficialista y su impacto en El Mercurio de Valparaíso La prensa oficialista del Río de la Plata reflejó las actitudes contradictorias de los gobernantes en los conflictos bélicos de la década de 1860. Antes del estallido de la guerra del Paraguay, estos medios exhibieron manifestaciones de solidaridad con las naciones americanas del Pacífico. Un buen ejemplo fue la posicion fijada por La Nación Argentina, diario fundado por el entonces presidente Bartolomé Mitre como arma política y antecesor de La Nación, fundado poco después por el mismo Mitre. La Nación Argentina criticó la ocupación de territorio peruano (islas Chinchas) por parte de la armada española. Mediante un artículo firmado por el presidente Mitre, el citado diario fijó posición en el sentido de evaluar el episodio como amenaza colonialista contra el conjunto de los países americanos y exhortaba a la unidad de estas naciones para hacer frente al enemigo común. 26 Pero con el desencadenamiento de la guerra del Paraguay los diarios influidos por el Gobierno tomaron distancia de la suerte de Chile y Perú y terminaron por asumir actitudes hostiles hacia esos países. La distancia entre la prensa oficialista rioplatense y los ideales del americanismo se puso de manifiesto, por ejemplo, con la captura de la nave española "Covadonga" por parte de las fuerzas chilenas. La "Covadonga" era una goleta cañonera, integrante de la flota de guerra que España había enviado al Pacífico. En conjunto, la armada española era muy superior a las fuerzas que podían oponerle las escuadras aliadas de Chile y Perú. Pero los marinos americanos diseñaron una eficaz táctica de evitar el combate abierto entre ambas armadas completas y sustituirlo por enfrentamientos parciales donde las fuerzas se equilibrasen. En este contexto, la corbeta chilena "Esmeralda", detectó a la goleta cañonera española "Covadonga" que bloqueaba el puerto de Coquimbo. Después de un breve combate, el barco español fue capturado y pasó a formar parte de la escuadra chilena (26 de noviembre de 1865). La historiografía chilena definió el episodio como el triunfo de "un viejo navío de madera tripulado por campesinos y pescadores" sobre "una nave moderna, poderosamente equipada". 27 El episodio causó un fuerte impacto en el escenario internacional, tanto europeo como americano. El Gobierno español se manifestó seriamente agraviado; el almirante Pareja, comandante de la flota española, se suicidó. 28 La captura de la "Covadonga" fue ruidosamente festejada en Chile como un gran triunfo de la causa nacional y americana. Sobre todo porque parecía dar la razón a los sectores que habían empujado a Chile a entrar en guerra para solidarizarse con Perú. Pero esta interpretación no fue compar-26 Cerda Catalán, Alfonso: "La guerra entre España y las repúblicas del Pacífico (1864-1866)", en Revista Histórica, Montevideo, 1977 tida por los medios de prensa oficialistas del Río de la Plata que apenas concedieron importancia al episodio. Esta actitud lastimó los sentimientos colectivos de parte de la elite chilena, según reflejó la pluma de la redacción de El Mercurio. Este diario llamó la atención sobre la indiferencia de La Nación Argentina que "ha guardado un silencio que revela, si no despecho, el profundo sentimiento con que recibe aquel gobierno la noticia de los sucesos prósperos para Chile". 29 La indiferencia de la prensa rioplatense oficialista para con la suerte de Chile, no fue la única actitud criticada por El Mercurio. El diario de Valparaíso estuvo atento a las distintas actitudes asumidas por su par de Buenos Aires, y encontró numerosos motivos para expresar su desagrado. En otro momento, El Mercurio acusó al diario de Mitre de atacar directamente a Chile: captaba claramente que la posición de los diarios del círculo gobernante argentino no representaban al conjunto de la sociedad y sabía expresar esto en sus páginas al afirmar, por ejemplo, que el pueblo argentino "no se ha hecho cómplice del egoísmo de Mitre". El Mercurio reflejó las manifestaciones de resistencia argentina a la guerra del Paraguay que culminaron en revoluciones y movimientos sediciosos extendidos por casi toda la Argentina. 32 El diario chileno brindó un amplio espacio a estos sucesos, aspecto que excede los objetivos del presente artículo. El Mercurio criticó al Gobierno argentino por su falta de solidaridad para con la nación chilena y lo acusó de estar entregado "todo entero a las influencias europeas". Aseguró que Mitre, "para acercarse a la Europa, se aleja de América, renegando del pasado de gloria del pueblo argentino". El interés del diario chileno en la política argentina creció hasta llegar a pronunciamientos sobre temas propiamente argentinos como sus intereses económicos. El Mercurio llegó a polemizar con La Nación Argentina en torno a los volúmenes del comercio exterior argentino. El diario chileno informó en un artículo que La Nación Argentina fundamentó la política exterior argentina (en el sentido de dar la espalda a la demanda chilena y mantener relaciones normales con España) con argumentos comerciales. 33 El periódico chileno no sólo opinaba sobre los intereses comerciales de la Argentina como país, sino también señalaba los conflictos internos entre los intereses del puerto de Buenos Aires y las economías regionales. En reiteradas oportunidades, El Mercurio criticaba las posiciones adopta-32 Gargaro: "Antecedentes de la guerra..."; Rosa: La guerra del Paraguay...; Bazán: Felipe Varela...; Chávez: El revisionismo.... 33 "No debemos favorecer en nada a Chile, decía el diario oficial del gobierno argentino, porque hacemos más comercio con España que con Chile. Antes que a los intereses americanos, la nación debe atender a sus propios intereses. Y en prueba de ello citaba las cifras de ese comercio que demostraban la superioridad del de España". El Mercurio citaba esta posición del periódico oficialista rioplatense para luego refutarlo. Pero "¿En favor de quién es esta importación? ¿En favor de la Nación Argentina?", se pregunta El Mercurio. Para responder: "No; es en beneficio de la provincia de Buenos Aires, lo que a juicio del colega, podría proporcionarse de muchos otros mercados los artículos de importación española". El análisis crítico del comercio argentino culmina con una interpretación: "El gobierno nacional tiene tanto cariño a su comercio español por que él significa una buena entrada aduanera para la provincia de Buenos Aires. Ella es la que monopoliza este comercio pues las provincias centrales no pueden hacerle competencia por la carestía del acarreo. Esto explica también el activo comercio que han mantenido con Chile las provincias limítrofes, particularmente San Juan y Mendoza. Y estas provincias -preguntaríamos al diario oficial, ¿no forman parte de la República Argentina? ¿No les será perjudicial la interrupción de su gobierno con Chile?" das por el Gobierno argentino, perjudicando los intereses económicos del interior del país, especialmente de la región cuyana. Insinuaba un enlace entre intereses económicos y posiciones políticas. En el fondo, para el diario de Valparaíso los sucesos políticos argentinos tenían explicaciones económicas: la política exterior se había subordinado a los intereses del puerto, en tanto que los movimientos de resistencia verificados en el interior del país serían una expresión de resistencia a la política económica impuesta por Buenos Aires. Las críticas de El Mercurio a La Nación Argentina se centraron también en el perfil represivo de la política interna argentina. El diario chileno dedicó varias notas a informar sobre las convulsiones generadas a partir de los movimientos de resistencia a la política exterior de Mitre en las provincias argentinas. Esos artículos eran complementados con datos sobre la represion violenta desatada por el Gobierno argentino en los distintos puntos del país. Una de esas notas, firmada por "Leónidas", refleja las consecuencias cruentas de estos episodios. El diario de Valparaíso llega a calificar como responsables de la guerra civil argentina al presidente Mitre y a La Nación Argentina. 34 El interés chileno por la prensa rioplatense no se restringió a La Nación Argentina sino que se extendió hacia otros periódicos. Especial atención dedicó a El Nacional de Buenos Aires que "publica el siguiente curioso artículo que, sin duda, ha sido inspirado por los gallegos de aquella ciudad con el propósito de sembrar desconfianza". Después de esta presentación, el diario chileno reprodujo el siguiente fragmento de su colega argentino: "Hoy es un día de descubrimiento. Una persona caracterizada nos asegura que el gobierno nacional ha descubierto que la mano del gobierno de Chile anda metida en los asuntos de las provincias en que han estallado algunas pequeñas revoluciones". El diario de Valparaíso reprodujo estas afirmaciones con el objeto de analizarlas críticamente y desmentirlas en forma terminante: "Esto sorprenderá a nuestros lectores como nos ha sorprendido a nosotros. ¿No tiene bastante el gobierno de Chile con el bombardeo de Valparaíso, con la casi ruina de su comercio, con la oposición de su propio pueblo?" 35 34 Ibídem, 12 de junio de 1868, pág. 3. Anuario de Estudios Americanos La línea editorial de El Mercurio tendía a debatir con las posiciones fijadas por la prensa oficialista y los gobiernos rioplatenses, con vistas a criticar las definiciones contrarias a las políticas y los políticos chilenos. Otro ejemplo ilustrativo lo constituyó el caso de Lastarria. Cuando el enviado chileno fue expulsado de Uruguay, El Mercurio señaló que la prensa uruguaya y el Gobierno argentino aplaudieron esta medida. 36 Como respuesta, el diario chileno efectuó una amplia defensa de Lastarria, como se ha señalado oportunamente. El Mercurio y la prensa rioplatense opositora En Argentina y Uruguay, diversos medios de prensa exhibieron posiciones críticas ante la política exterior de sus respectivos gobiernos. Entre ellos los periódicos Tribuna, El Pueblo y La América. Cuando la armada chilena capturó la nave española "Covadonga", los periodistas de ese país estuvieron atentos al impacto del episodio en Buenos Aires, y como resultado de sus observaciones, escribieron lo siguiente: "La noticia de la toma de la 'Covadonga' ha producido en Buenos Aires un gran entusiasmo. Los principales diarios, entre ellos La Tribuna y El Pueblo han tenido sentidas palabras para Chile". 37 Los movimientos de resistencia a la guerra del Paraguay fue otro tema seguido y reflejado con interés por la prensa opositora de la región rioplatense. Especialmente los grupos y tropas que se oponían a marchar al frente. El Mercurio reprodujo en reiteradas oportunidades fragmentos como el siguiente, publicado en el periódico Europa de Montevideo el 15 de diciembre de 1865: "Es menester agregar la deserción en masa del ejército entrerriano, que se reveló de nuevo y no quiso seguir al oscilante Urquiza". 38 Estas notas aparecieron en los diarios chilenos para reflejar artículos de distintos medios de prensa opositores de Uruguay y Argentina. Pero tal vez el diario que más interés generó en Chile fue La América, de Agustín De Vedia. Éste publicó numerosos artículos críticos hacia la política exterior del Gobierno nacional argentino. Entre otros trabajos, editó en entregas sucesivas la obra de Carlos Guido y Spano titulada El gobierno y la 36 Ibídem, 23 de enero de 1866, pág. 2. El Mercurio reprodujo un artículo publicado en aquel diario donde se sostenía que la guerra de España en el Pacífico alcanzaba una envergadura "continental". 39 Por otra parte, El Mercurio informó que el 27 de julio de 1866 las autoridades argentinas ordenaron suspender la edición del diario La América y encarcelaron a sus propietarios y redactores. Para explicar esta actitud, el diario chileno señaló que "el gobierno nacional (argentino) no ha podido soportar por más tiempo la fuerza de la palabra independiente que le enrostraba los extravíos de su política". El Mercurio y el tratado secreto de la Triple Alianza Cuando tomó estado público el tratado secreto firmado por los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay, se desencadenó un escándalo de proporciones internacionales. En diversos países europeos y americanos se elevaron voces de protesta contra el polémico documento. En Chile, el texto del tratado fue publicado como primicia por el diario El Ferrocarril. La noticia causó un fuerte impacto en la clase dirigente chilena, y muchos se resistieron a creerla. Incluso El Mercurio tomó ciertas prevenciones al comunicarla, enfatizando la responsabilidad de El Ferrocarril como fuente que era. Pero a pesar de estas dudas, la respuesta del diario de Valparaíso fue de dura condena a los términos del tratado. El Mercurio difundió el contenido del tratado secreto, y acompañó la parte meramente informativa con su propia posición: "El Brasil es el país que en América ha mostrado siempre una predilección especial por las anexiones, título que se da en nuestros días de progreso a lo que en otros siglos pasados se llamaba conquistas. Tiempo hace que mira con ojos ávidos al Paraguay, cuyas fértiles provincias excitan su codicia. La ocasión se le presenta esta vez demasiado propicia y el ejército argentino le regala lo que el suyo no hubiera podido conquistarle jamás". Nótese el empleo del concepto "codicia" para explicar el móvil de la política brasilera y la insinuación crítica por la actitud argentina, que aparece como a remolque de los intereses del Brasil. Se percibe la influencia alberdiana en la inspiración del redactor de esta página. Para El Mercurio, el Tratado de la Triple Alianza, al desconocer la soberanía nacional del Paraguay y el principio de autodeterminación de los pueblos, dejaba de ser una cuestión localizada para establecer un peligroso precedente en la política internacional de toda América del Sur. El diario chileno interpretó que, detrás de la letra del Tratado de la Triple Alianza, aleteaba una ideología o doctrina teórica que podría ser aplicada para otros casos. La definió como "una doctrina que aplicada hoy al Paraguay como lo fue hace poco en la república mexicana, pondría a los demás estados de América a merced de lo que una o más potencias vecinas o lejanas tuviesen a bien resolver sobre sus destinos presentes y futuros. Y ¿qué seguridad tendría ya una nación de conservar su soberanía, su independencia, su integridad territorial, sus instituciones, todos y cada uno de aquellos elementos que constituyen su autonomía? La existencia de los gobiernos y, por tanto, de las naciones mismas no dependería ya única y exclusivamente de la voluntad del pueblo sino de los juicios y conveniencias de otras naciones". Como otros medios diplomáticos, políticos y periodísticos del mundo, El Mercurio criticó severamente el Tratado y lo visualizó como una amenaza sin precedentes. Avanzó en el análisis de las imposiciones que los aliados aspiraban a aplicarle al Paraguay y llegó a conclusiones de censura clara y franca. Para El Mercurio, el objetivo final de la Triple Alianza al respecto "es una pretensión de que acaso no hay ejemplo en la Historia y es el más explícito desconocimiento de la soberanía e independencia del Paraguay". El diario porteño señaló que "los aliados no han podido pensar por un momento que el sistema que se proponían adoptar respecto del Paraguay, mereciese la aquiescencia de los demás estados de América. Hacer del Paraguay una Polonia Americana sería un escándalo que la América no podría presenciar sin cubrirse de vergüenza". Conforme a la información de El Mercurio, esta posición crítica ante el tratado secreto de la Triple Alianza era compartida por los gobiernos de Perú, Bolivia, Chile y Ecuador. 42 El Mercurio y la sucesión presidencial argentina: apoyo a Sarmiento debido a sus actitudes americanistas El tradicional diario de Valparaíso llegó a fijar posición en aspectos políticos tan específicos de un país extranjero como la sucesión presidencial. El hecho constituye un aspecto más del interés que despertaban los temas de los países latinoamericanos en Chile y refleja, además, la percepción que la elite chilena tenía de los distintos grupos y dirigentes argentinos, muchos de los cuales había conocido directamente durante el exilio en tiempos de Rosas. Un año antes de cumplir su mandato, comenzó la lucha por la sucesión. El Gobierno respaldaba la candidatura de Rufino de Elizalde, en tanto que otros sectores impulsaban a Domingo Faustino Sarmiento, Justo José de Urquiza o Adolfo Alsina. El tema generó una gran expectativa en la prensa del país y del extranjero. Los medios de prensa de Buenos Aires dedicaban importantes espacios al tema de las candidaturas y luego eran reproducidos por periódicos extranjeros, entre ellos El Mercurio. Este diario informó sobre las posiciones de la prensa de Buenos Aires. Por ejemplo, sostuvo que El Correo se manifestaba por la fórmula Urquiza-Alsina; El Pueblo también proclamaba al entrerriano. La Tribuna y El Nacional se expresaban por el binomio Sarmiento-Alsina. 43 La clase dirigente chilena tenía interés en estos acontecimientos y motivos para fijar sus inclinaciones por el estrecho lazo que unía a los intelectuales y políticos chilenos con uno de esos candidatos: Domingo F. Sarmiento. 44 todo el Congreso Americano de Lima (1864-1865), que estuvo estrechamente relacionado con el americanismo, los intereses de Chile y la guerra hispanoamericana. 45 El Gobierno argentino decidió no participar en ese Congreso, pero Sarmiento, ministro plenipotenciario en Chile y Perú, desobedeció las órdenes de su cancillería y desarrolló un rol activo en defensa del americanismo y en solidaridad con Chile. 46 Esta tarea fue criticada por el Gobierno argentino, que envió a Sarmiento a Estados Unidos, con el deliberado propósito de alejarlo del teatro de operaciones del Pacífico Sur. Pero una vez en Estados Unidos, Sarmiento encontró la forma de continuar su colaboración con Chile a través del enviado de este país, Benjamín Vicuña Mackenna. 47 La actitud constante de Sarmiento en el sentido de respaldar a Chile en su complicada situación, se reflejó en las páginas de El Mercurio, con motivo de comentarse la sucesión presidencial en Argentina. Fue justamente uno de los testigos de las actividades pro-chilenas del sanjuanino, Vicuña Mackenna, quien difundió públicamente las posiciones sarmientinas y lo reivindicó como el más adecuado candidato a la presidencia de la Argentina. En el espacio correspondiente a su nota editorial, El Mercurio publicó un artículo sobre la sucesión presidencial en la Argentina. 46 Fue muy llamativa la discrepancia de posiciones fijadas por Sarmiento por un lado, y por el gobierno argentino por otro. El tema ha sido destacado por distintos historiadores: Belgrano, Mario: "España y el conflicto del Pacífico, 1864-1867. La actitud de Argentina ante España y otras cortes europeas", en Varios Autores: Contribuciones para el estudio de la Historia de América, Buenos Aires, 1941, pág. 533; Frazer: "The Role...", pág. 331; Grez Pérez: Los intentos de unión..., págs. 163 y 168; Centeno, Francisco: "La diplomacia argentina en el Pacífico" (Guerra hispanoamericana, 1865-1866), en Revista de Derecho, Historia y Letras, Buenos Aires, 1917, tomo LVII; Silva, Carlos Alberto: La política internacional de la Nación Argentina. Buenos Aires, 1946, págs. 28-30; Sinn Bruno, Juan: La política americanista de Chile y la guerra de España. 47 Benjamín Vicuña Mackenna fue enviado por su gobierno para obtener respaldo en el marco de la guerra, en una delicada misión diplomática (Grez Pérez: Los intentos de unión..., págs. 312-320; Cerda Catalán: "La guerra entre España...", 1981, págs. 139-141; Guerrero Yoacham, Cristian: "La misión de Vicuña Mackenna a los Estados Unidos (1865-1866)", en Atenea: Ciencia, Arte y Literatura. Sarmiento tenía motivos para rechazar a Vicuña Mackenna, quien lo había criticado severamente en su libro Viajes (1856). No obstante, Sarmiento sobrepuso su americanismo a las cuestiones personales, tomó contacto con el enviado trasandino y encontró la forma de colaborar con la causa chilena. AMERICANISMO Y GUERRA A TRAVÉS DE EL MERCURIO DE VALPARAÍSO la firma de Vicuña Mackenna y señalaba que "La campaña electoral que se prepara en la República Argentina no puede ser indiferente para Chile, interesada como está en que predomine al otro lado de los Andes una política conciliadora y fraternal". 48 El artículo examinó los tres postulantes a la presidencia argentina y, fundado en distintos argumentos, señaló una y otra vez que el sanjuanino era el candidato más conveniente para asegurar relaciones cordiales entre los dos países. El autor hizo la autocrítica de su libro Viajes (1856), en el cual había criticado severamente a Sarmiento y pasó a reivindicarlo. Además de agradecer la colaboración recibida en Estados Unidos, Vicuña Mackenna ponderó su perfil de estadista y aseguró públicamente que Sarmiento era el mejor candidato a la presidencia argentina: "Sarmiento ha dado muestras de un espíritu elevado y del más puro americanismo", señaló Vicuña Mackenna. En efecto, "en Estados Unidos, Sarmiento cooperó con sus escritos y el influjo de su alta posición a los trabajos propagandistas de Chile". El escritor tenía autoridad para emitir esta opinión, pues el Gobierno de su país le había encargado esas tareas propagandistas; de aquí la importancia de esta opinión. Pero además brindó otros argumentos significativos: Profundizando esta línea, el matutino porteño reprodujo un artículo de El Constitucional de Mendoza, donde se señalaban fuertes críticas al candidato oficial a la vez que se pronunciaban simpatías hacia Sarmiento. La nota mencionaba "la postrera farsa que han querido jugar a la república los partidarios de Elizalde", y califica estas tentativas en términos de "inútiles esfuerzos", dado que "nuestros amigos han contrarrestado el golpe; y hoy podemos exclamar con entera seguridad: la combinación Sarmiento-Alsina triunfará el 12 de junio de 1868 para honra y bienestar de la nación". El Mercurio calificó la candidatura de Sarmiento en términos de "patriota" y dio por seguro el triunfo de la misma. 52 Con adjetivos y argumentos, las páginas del diario redondearon su simpatía por la figura del sanjuanino. La prensa chilena, representada por El Mercurio de Valparaíso, brindó amplia información sobre las guerras hispanoamericanas de la década de 1860 y orientó su opinión en dirección del americanismo. Condenó la guerra del Paraguay, el tratado secreto de la Triple Alianza y la actitud de los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil. No sólo por negar su solidaridad con Chile y Perú en su conflicto con España, sino por llevar la guerra al Paraguay, inmiscuirse en asuntos internos de un país independiente y, finalmente, repartir sus territorios de forma arbitraria. Si se establece una comparación entre El Mercurio de Valparaíso y La Nación Argentina de Buenos Aires, surgen datos de interés. Ambos periódicos estaban vinculados a la elite de sus respectivos países y coincidían en la reivindicación del liberalismo económico y político, conforme a la ideología dominante en esos años. Pero sus puntos de vista en materia de americanismo eran muy distantes. El Mercurio de Valparaíso se manifestaba netamente comprometido con la causa de la solidaridad americana, en tanto que La Nación Argentina menospreciaba estas tendencias para subordinarlas a la pareja de opuestos civilización y barbarie, a partir de lo cual procuraba legitimar tanto la guerra de la Triple Alianza como la represión de los alzamientos en el interior del país. Además, La Nación Argentina reflejaba las tendencias eurocéntricas de la elite argentina. El Mercurio formuló severas críticas hacia el presidente argentino, Bartolomé Mitre, a quien acusó de europeizante y contrario a la causa americana. La clase dirigente chilena alentaba otras expectativas en torno a la actitud de Mitre, debido a los lazos que éste había establecido en el país trasandino durante su exilio en tiempos de Rosas. El contraste entre estos antecedentes y la actitud asumida por Mitre durante su presidencia, generaron comentarios negativos en Chile, según expresó El Mercurio. La crítica de El Mercurio no sólo se dirigió hacia la política exterior argentina y al canciller Rufino de Elizalde, sino también involucró su comercio exterior y su política interna. Inclusive, El Mercurio llegó a intervenir directamente en la sucesión presidencial argentina, criticando públicamente al candidato oficial y propiciando al opositor. El diario de Valparaíso se solidarizó con los impulsores del pensamiento americanista, tanto periódicos como intelectuales. Entre éstos, Lastarria y Alberdi tenían espacios privilegiados en El Mercurio, cuya línea editorial se inspiraba en sus escritos. Especialmente en Alberdi, para quien estaba claro que el Gobierno argentino debía suspender la guerra del Paraguay y volcar su esfuerzo hacia el Pacífico para solidarizarse con Chile. Otro tanto puede decirse de Sarmiento. El Mercurio expresó simpatías extraordinarias hacia Sarmiento y llegó a respaldar abiertamente su candidatura a presidente de la Argentina como reconocimiento por su solidaridad americanista. Sarmiento hizo lo que estaba en sus manos de diplomático en favor de Chile, llegando a traspasar los límites tradicionales de la diplomacia y exponiéndose a la sanción de su Gobierno. Su actitud en Lima no fue -como sostiene Grez Pérezun gesto "raro e incomprensible". Al contrario, fue un reflejo de la concepción americana del sanjuanino. En Estados Unidos sucedió lo mismo. Sarmiento resultó un colaborador eficaz de Vicuña Mackenna, a diferencia de lo sostenido por Cerda Catalán. Así lo demuestra el artículo publicado en El Mercurio por el mismo Vicuña Mackenna, que posiblemente Cerda Catalán no conoció. Durante su presidencia, Sarmiento tuvo que concluir la guerra del Para-53 El importante trabajo de Cerda Catalán se funda principalmente en documentación de archivos de distintos países del mundo, lo cual puede explicar que, involuntariamente, no haya tenido en cuenta el artículo de Vicuña Mackenna publicado en El Mercurio. guay; a tal efecto designó como canciller a Mariano Varela, quien modificó la posición argentina ante el conflicto. Por un lado, se negó a firmar tratados con el Gobierno provisorio paraguayo, alegando que el mismo carecía de legitimidad por no haber sido elegido por la voluntad popular. Por otro, Varela acuñó la expresión "la victoria no da derechos", para amortiguar el impacto de la derrota en la nación guaraní. 54 La concepción de El Mercurio en torno al americanismo de Sarmiento se vio confirmada también en otros ámbitos. Entre ellos, en la definición de concesiones en áreas estratégicas como los transportes y las comunicaciones. En efecto, durante su gestión el Gobierno argentino autorizó a empresarios chilenos (los hermanos Clark) a construir el telégrafo (ley 353, 1869) y el ferrocarril trasandino (ley 583, 1872), con vistas a unir con lazos de acero los puertos de Valparaíso y Buenos Aires. En este sentido el primer mandatario argentino tuvo mayor confianza en los empresarios chilenos que el Gobierno de aquel país. 55 Además, al aceptar que capitales chilenos controlasen estratégicos instrumentos de transportes y comunicaciones internas y externas, Sarmiento ponía en evidencia actitudes de confianza en el país vecino y emitía señales claras a la sociedad, tanto argentina como del cono sur en general. Con estos antecedentes, no fue casualidad entonces que, en su último mensaje presidencial, Sarmiento reivindicase el Congreso de Lima juntamente con los ideales del americanismo y la paz. 56 En la década de 1860, la línea editorial de El Mercurio resultó contraria a la política fijada por el Gobierno entonces de turno en la Argentina, en cuanto a la guerra del Paraguay. Pero posteriormente, el Gobierno argentino modificó sus posiciones y se fue acercando cada vez más a la línea de El Mercurio. Así se verificó a partir de la puesta en vigencia de la participación popular en las elecciones: basta recordar las actitudes de los presidentes Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón con respecto al Paraguay: el primero condonó la deuda de ese país y el segundo le devolvió los trofeos de guerra (16 de agosto de 1954), en señal de revisión crítica de la contienda y solidaridad latinoamericana. Cuando Argentina fijó esta nueva posición, entonces sí resultó coincidente con la establecida por Alberdi, Lastarria, Sarmiento y El Mercurio en aquellos lejanos años de la década de 1860. En este sentido, el diario de Valparaíso se adelantó casi un siglo a la posición que, en definitiva, fijaría el Gobierno argentino hacia sus países vecinos.
Pero si bien fueron los ingresos generados por ese producto los que impulsaron su desarrollo, no se pueden dejar al margen otros factores aunque, a su vez, fueran también consecuencia del primero. En este sentido, un componente clave en la urbanización de no pocas ciudades brasileñas -y entre ellas São Paulo es el ejemplo más claro-es la presencia de inmigrantes. La llegada de población extranjera no sólo aceleró el crecimiento demográfico, sino que alteró la composición étnica de la población y contribuyó a la aparición de barrios, como el de Brás, que se describe en este artículo, en los que el componente étnico será esencial. Hablar sobre São Paulo es hablar del café, ya que si hay algo que la caracteriza en un período de tiempo que podemos delimitar entre 1880 y 1930, es que todo el Estado se va a convertir en una gran plantación que abastecerá gran parte del mercado mundial. Y es precisamente la economía cafetalera la que va a ser definitoria en cuanto a sus influencias en la capital: aumento de población urbana, desarrollo comercial y mejoras en la infraestructura, por una parte. Por otra, el inicio de la expansión industrial. 1 Pero antes de analizar esos años, recordemos cómo fueron los comienzos. Los jesuitas Nóbrega y José Anchieta -por cierto de origen canario-fueron los fundadores de São Paulo de Piratininga, el 25 de enero de 1554, en las confluencias de los ríos Tamanduateí y Anhangabaú. La capilla y el colegio de los jesuitas constituían, junto a algunas aldeas de indios que se organizaron desde los orígenes de la villa y desempeñaban el papel de satélites de ésta, el municipio. Sus primeros habitantes tuvieron que enfrentarse a diferentes peligros: las epidemias, en particular la de viruela, los ataques de tribus beligerantes y los conflictos entre los primeros colonos y los propios jesuitas sobre el tema indígena; los primeros querían exclavizarlos mientras que los padres se oponían a tal sistema. A partir del siglo XVII la situación sería, en parte, diferente ya que las tribus agresivas fueron organizadas en aldeas dirigidas por los religiosos. Un viajero que llegase a la ciudad a comienzos del siglo XVIII podía observar las torres de las ocho iglesias, los dos conventos y los tres monasterios que existían. 2 Una vez atravesado el río Tamanduateí se accedía a lo que se consideraba el núcleo central, en el que el mercado sobresalía por su animación. 3 El centro estaba compuesto por una docena de calles sin ningún tipo de ordenamiento. 4 Los edificios públicos tampoco eran suntuosos; además de las iglesias, conventos y monasterios que mencionamos, estaba el Colegio de los Jesuitas, que en esa época ya habían sido expulsados, y que era usado como Palacio de Gobierno; la catedral, de características muy humildes, que sustituyó en 1745 a la primera iglesia jesuita levantada casi dos siglos antes, y el cuartel general de tropas, entre otros. En verdad São Paulo, a partir del siglo XVIII, dejó de ser un puesto avanzado que respondía a los intereses portugueses; ya se había estructurado un sistema económico propio, trayendo como consecuencia más inmediata una mayor autonomía de la Cámara Municipal. Desde ese momento podemos afirmar que aparecen las reivindicaciones urbanas. Por primera vez se diferencia lo público de lo privado, ya que se exige a uno u otro habitante demoler algo construido en un camino, plaza etc. Theodoro da Silva resume muy bien como fue esta evolución. En el caso de São Paulo los colonizadores tenían como preocupación básica sobrevivir; por ello no hay que pensar en el concepto tradicional que tiende a ver la ciudad como una red de calles que limitan los edificios. Por el contrario, uno de los esfuerzos de los pioneros fue defenderse de los indígenas, construyendo un muro sin tener en cuenta el trazado viario. Por lo tanto no era la calle el elemento definidor de la localización de las casas, sino que, a lo largo de los años, su trazado tuvo en cuenta dónde estaban construidos los edificios. En esos años sólo se castigaba a aquél que no conservase un camino, o que no facilitara la construcción de un puente.5 Los comienzos de una ciudad industrial Hacia la tercera década del siglo XIX, además del núcleo central, ya señalado, comenzaron a perfilarse algunos barrios. Entre las chacras de la Figueira y Tatuapé surgía el Brás -con 600 habitantes en 1836-que hasta entonces había sido zona de paso para los viajeros que seguían a Rio de Janeiro. Este barrio, con los años, se convertiría en uno de los más populares de la ciudad, albergando a un buen número de inmigrantes, fundamentalmente italianos y españoles. También en esos años se pudo atravesar el río Anhagabaú, y un núcleo de 3.000 habitantes se situaba en la margen izquierda, hacia el actual barrio de Santa Ifigênia. En 1836 diez parroquias componían el término de la ciudad: la de Sé, Santa Ifigènia y Brás eran las que podríamos considerar como más céntricas; la mayoría de los habitantes se repartía en las restantes, que formaban parte de los suburbios de la ciudad: Guarulhos, Nossa Senhora do O, Cotia, Nossa Senhora da Penha, São Bernardo, Juquerí y Embú. En cuanto a los transportes, se sabe que en 1822 existía sólo un carruaje, el del obispo. Los particulares adinerados comenzaron a adquirirlos en 1850. Hacia ese año algunas de las personas más destacadas de la ciudad -la marquesa de Santos, el barón de Sousa Queiroz, el brigadier Tobías Aguiar, etc.-poseían ese medio de transporte, generalmente con un chofer uniformado. Los carros de alquiler para particulares circularon en 1865 y su lugar de estacionamiento fue la plaza da Sé; no tenían luz y los cocheros parece ser que eran poco diestros en su manejo. Según indican las fuentes, a partir de un reglamento de circulación en 1867 se corrigieron, en parte, estas deficiencias. De todos modos en el Diario de São Paulo aparecían anuncios como los que transcribimos: "Progresso. 6 Otro anuncio, aparecido cuando se inauguró el ferrocarril de la línea inglesa, publicitaba un servicio de diligencias para el barrio de Luz -en el que se ubicaba la estación del mismo nombre-, desde Sé. Circulaban cada hora desde Sé, y después de la llegada de cada tren desde Luz. Se especificaba que sólo se iban a admitir personas decentemente vestidas. Las diligencias funcionaron hasta 1872, cuando se estableció una línea de tranvías. Y en 1897 se les da una concesión en exclusividad a Francisco Gualco y Antônio de Souza para explotar los servicios de tranvías eléctricos en la ciudad. 7 En lo que respecta a los servicios públicos, se hacían esfuerzos para dotar a la ciudad de mejoras, gastándose grandes sumas de dinero, aunque descontroladamente. Por ejemplo, si nos detenemos en la iluminación de las calles, en 1830 ésta consistía en 24 faroles de aceite de pescado que emitían una luz pálida; diez años después habían aumentado a 50, aunque por razones económicas se encendían entre el crepúsculo y la medianoche; y sólo a partir de la tercera noche de la luna llena y hasta la cuarta noche de luna nueva. En 1863 comenzó a utilizarse el queroseno como combustible para la iluminación de las calles; sin embargo continuaron las reclamaciones por las deficiencias del servicio, por lo que las autoridades iniciaron las negociaciones para instalar el uso del gas de carbón. En 1898 se comenzó a implantar líneas de transmisión de energía en todas las calles de São Paulo para iluminación y fuerza motriz. El abastecimiento de agua también irritaba los ánimos de los ciudadanos. No se aprovechaba la fuente de la Sierra de Cantareira por encontrarse situada algunos kilómetros al norte de la ciudad, sino que se acudía a fuentes más próximas pero insuficientes. Como las ideas higiénicas de la época no aconsejaban el uso de tuberías de plomo, y dado que después de la guerra del Paraguay no se podían obtener tubos de hierro fundido, duran-te un período de ocho años el agua se traía en tubos de cartón, impregnados con una gruesa capa de betún. 8 São Paulo había ido creciendo lentamente. En 1860 albergaba 31.385 personas, mientras que la provincia alcanzaba unos 326.077.9 En los distritos más importantes de la ciudad la situación fue la siguiente: Mientras que el triángulo central, que incluye al distrito de Sé, tiene un crecimiento constante, son las tierras adyacentes a él -Brás y Santa Ifigênia-Consolação-las que muestran un aumento más marcado. Esta concentración de personas atraía la aparición de algunas enfermedades. Los paulistas comenzaron a pensar que el aumento en la densidad de la población favorecía el contagio, aunque también podía facilitar medidas más eficaces para su combate. En un artículo del periódico O Paulista, del 26 de julio de 1832, se afirmaba que el cólera estaba presente en la ciudad, sobre todo en aquellos lugares en donde existía menos limpieza, y que el matadero -situado cerca del camino de Santo Amaro-enrarecía el aire con sus olores y pestilencias; por último, el periódico terminaba alertando sobre la antihigiénica medida de enterrar cadáveres dentro de las iglesias. 11 En 1836 se determina -por orden imperial-la construcción de cementerios.12 Con respecto a las prácticas asistenciales, hasta comienzos del siglo XVIII no hubo ningún espacio definido; la iniciativa de dotar a la ciudad de un hospital fue de 1717, fecha en que la Hermandad de la Misericordia instala una pequeña enfermería. Este hospital, denominado -ya vimos-Santa Casa, fue, hasta la creación del Hospital de Clínicas en 1948, el recurso básico de asistencia médico hospitalaria para los grupos populares de São Paulo. 14 También bajo la tutela de la Irmandadê da Misericórdia estuvo tanto el lazareto, instalado en 1802, en un edificio en la calle de João Teodoro, como la atención de los expósitos. La "roda" era un mecanismo que permitía la entrada de niños sin la identificación del portador. En todos los casos el gobierno provincial colaboraba con la hermandad con un apoyo financiero. Además de la Roda se establecieron dos asilos, uno para niños, el Seminario de Sant'Anna, en 1824 y, un año más tarde, el de Gloria, para niñas. Ambos eran gestionados por la Irmandadê de Misericórdia. 15 Sucesivamente se fueron creando distintas instituciones. En 1847 se fundó un hospicio -hasta ese momento los locos permanecían en la cárcel pública-, que se instaló cinco años después en la Avenida São João. La prisión tuvo distintos emplazamientos; a comienzos del siglo XVIII se hallaba jun-to a la iglesia de São Francisco y en 1850 se estableció en un edificio en el barrio de Luz. Para entonces ya había sido creada por el Concelho Geral la primer fuerza policial de la ciudad -el Corpo de Municipais Permanentes-entre cuyas atribuciones estaba la de cazar a los esclavos fugitivos y desactivar sus quilombos autónomos. Con respecto a la enseñanza universitaria, vemos que existieron profundas diferencias entre la que España llevó a América de lo que hizo Portugal. En el área de influencia española, desde épocas tempranas se fundaron universidades; en Brasil existieron academias o facultades, pero en ningún caso cursos estructurados superiores. Sólo a partir de la independencia comienza a debatirse su necesidad. En 1827 un decreto del 11 de agosto creaba los dos primeros cursos jurídicos en el país, uno en Olinda, Pernambuco, y el otro en São Paulo, en la facultad de Derecho. 16 Hacia mediados de siglo todavía no se disponía de periódicos diarios, El Correio Paulistano será el primero. A pesar de todos estos cambios Sâo Paulo continuaba siendo pequeña y provinciana; no obstante, los periódicos comenzaban a registrar la presencia de representantes europeos en oficios tan variopintos como un peluquero francés que ofrecía, en 1831, hacer peinados con postizos y arreglos de todo tipo, inclusive teñidos de cabello en cualquier color. También ofrecía a la venta bisuterías y perfumes. O un inglés que para el bienestar de los paulistanos les vendía "agua de perlas", que servía para curarse de las quemaduras del sol y todo tipo de molestias de la piel, volviéndola lisa y clara; gotas anodinas que eran "conocidas" por curar el dolor de muelas; la pasta de dientes flor de lirio, especial para señoras, pues no sólo conservaba los dientes, sino que les daba un nuevo brillo y un delicioso aliento. 17 Poco a poco los viejos patrones de la vida ciudadana empezaban a ser modificados. Ya se celebraba el carnaval, aunque se utilizaban con abuso unos frutos hechos de cera que rellenaban con agua, costumbre criticada por todos. En 1830 los estudiantes fundaron el Teatro Académico y tres años después el Teatro Harmonia Paulistana, cuyo objetivo era ofrecer "dramas decentes y acomodados a la luz del siglo". 18 Por otra parte, en 1839 la Câmara Municipal había autorizado la apertura de un salón de billar. Todo esto en lo que respecta a los pasatiempos; pero por ejemplo, un viajero que llegase a São Paulo a mediados del siglo XIX, todavía no encontraba un hotel en donde pasar la noche. Los paulistanos entendían que las personas que utilizasen ese medio para alojarse eran inmorales, especialmente si se trataba de mujeres. Sólo a finales de la década de los años cincuenta comenzaron a aparecer los primeros hoteles. Las influencias de la economía cafetalera Lentamente se llegaría a la que fue la gran transformación; todo ello gracias a un producto, el café, y gracias también a que los europeos y -sobre todo-norteamericanos, comienzan a incorporar entre sus hábitos el tomar este producto. 19 Todo se inició cuando, a fines del siglo XVIII, se trajeron los primeros esquejes desde Maranhão a Rio de Janeiro. Desde comienzos del siglo XIX se cultivó en las tierras del valle del río Paraiba do Sul, alcanzando sus niveles más altos en 1860, fecha en la que el 81,6% de la producción salía de ese valle. Los métodos predatorios utilizados en sus cultivos llevaron a traspasar la frontera estatal hacia São Paulo, en busca de nuevas zonas. Esa expansión fue constante y con ella se llegó al "Oeste" paulista, en donde se encontrarían un suelo plano, rico en humus y poroso, que permitía un mejor arraigo de las plantas y la obtención de abundantes cosechas. También encontrarían una región fronteriza, selvática, escasamente poblada por indios y algunos labradores brasileños dedicados al ganado y a la caña de azúcar. Esta zona reemplazará a la del valle del Paraiba ya en plena decadencia; mientras que en 1870 São Paulo produce el 16% de la producción nacional, en 1886 ya llegaba al 40%; y en 1902 producía el 65% del café que se exportaba desde Brasil. 20 Para poder comprender la dimensión de estos volúmenes, Brasil proporcionó, entre 1870 y 1930, más de la mitad del café que se consumía en el mundo, aunque desde comienzos del siglo XX, y hasta la primera guerra, ese porcentaje alcanzó a las tres cuartas partes. Y entre 1900 y 1918, a modo de ejemplo, a través de Santos, es decir producido en el oeste paulista, se exportaba más del 50% de todo el café que se consumía en el mundo. 22 Y estos barones del café, así se los conoció, fueron también los impulsores del desarrollo ferroviario. A excepción de la primer línea férrea, la "Inglesa" o São Paulo Railway Company Ltd. que fue organizada con capital de ese origen, las restantes fueron costeadas por paulistas. La "Inglesa" se comenzó a construir en 1860 y debía salvar el gran escollo que suponía atravesar la Sierra del Mar, desde Santos a la capital del estado. Ella se convertiría en el embudo por donde debía pasar todo el café que se exportaba desde Santos. Sucesivas líneas la siguieron, todas con rumbo al oeste: en 1872, la Companhia Paulista de estradas de Ferro une Juandiaí con Campinas; años más tarde llegaría hasta Rio Claro; La Ituana creada en 1870; la Sorocabana, en 1871; Bragantina y la Mogiana en 1872; saliéndonos de esta dirección, en 1877 la que unía Rio de Janeiro con São Paulo. A partir de la década de los años 30 comenzó la competencia del tránsito rodado, que en poco tiempo suplió totalmente al transporte ferroviario. 23 Concomitante al ferrocarril fue la aparición del telégrafo, que permitió a la élite de fazendeiros comunicarse rápidamente; las distancias que separaban la frontera del café de la capital eran vencidas, y muchos negocios se resolvían en el Jockey Club paulista. Desde esa época vemos que comienzan a construirse los palacetes en los barrios más distinguidos de la ciudad, los barrios altos, algunos de los cuales lograron sobrevivir a la especulación inmobiliaria y pueden ser contemplados, decadentes pero mayestáticos, en la avenida Paulista. La llegada de inmigrantes y el desarrollo de barrios periféricos Y nos queda por mencionar otro elemento clave en este contexto. Si bien podemos afirmar que los lucros del café prolongaron la esclavitud, este sistema estaba ya sentenciado a muerte. Su abolición, en 1888, no marcó el fin de la industria cafetalera, sino que, al contrario, en esos años comenzó a crecer el área cultivada. La solución que encontraron los fazendeiros paulistas fue atraer mano de obra excedente de Italia, de España y de Portugal. El gobierno estatal -en manos de los barones del café-implantó una política inmigratoria, que consistía en sufragar los pasajes de todos aquellos grupos familiares que quisieran trabajar en las fazendas de café del estado de São Paulo. 24 Y más aún, otra consecuencia que debemos destacar, el flujo de mano de obra libre contribuyó al aumento del mercado interno y a la formación de una mano de obra obrera calificada. 25 Si bien estos inmigrantes se dirigieron en su mayoría al medio rural, un número considerable se instaló en las ciudades, sobre todo en los centros urbanos más importantes -la propia capital, Santos, Campinas, Riberão Preto, Piracicaba, entre otros-. En São Paulo, la mayoría de ellos engrosaron las filas de la mano de obra fabril. Vemos, pues, que la inmigración tuvo un papel de suma importancia en el proceso de urbanización de algunas de las más importantes ciudades brasileñas, entre otras, São Paulo. Pero no sólo por lo que representa en términos demográficos, sino también en cuanto a que alteró la composición 24 Sobre política inmigratoria paulista -y en especial sobre las campañas para atraer mano de obra procedente de España ver González Martínez, Elda: Café e inmigración: los españoles en São Paulo, 1880-1930, Madrid, 1992, págs. 29-48. Sin número de página. ELDA E. GONZÁLEZ MARTÍNEZ étnica de la población. En el caso de São Paulo, se convirtió en la ciudad étnicamente más plural del Brasil, dada la heterogeneidad de los colectivos inmigrantes que allí arribaron: italianos, portugueses, españoles, japoneses, alemanes, sirios, libaneses, etc. Uno de los estudiosos de la ciudad la describe muy acertadamente, hacia la primera década del siglo XX: "São Paulo no es una ciudad brasileña de 450.000 habitantes, sino una ciudad italiana de aproximadamente 100.000, una portuguesa de unos 40.000, una española de igual tamaño y una alemana de 10.000 habitantes más o menos, con pocas de sus desventajas. Incluso tiene unos 5.000 sirios que poseen tres periódicos impresos en caracteres arábigos; unos 1.000 franceses, rusos, japoneses, polacos, turcos, además de ingleses, escandinavos, americanos en número desconocido por falta de una estadística fidedigna. El resto, probablemente un tercio del total, debían de ser brasileños". 26 Y estos inmigrantes -en general-tratan de agruparse en torno a un barrio, una calle. Por citar algunos ejemplos, en Brás viven españoles e italianos -napolitanos-; en Bexiga, italianos-calabreses; en Bom Retiro, judíos; los japoneses se aglutinan en Liberdade, Pinheiros e Ipiranga o en la periferia cuando se dedican a la agricultura; los sirios proliferan en las áreas de fuerte concentración comercial, Sé y Santa Ifigénia; los libaneses en una calle, 25 de Março, y los portugueses en Penha y Vila Matilde. 27 Recapitulando, la ciudad comienza a expandirse rapidamente. Enormes zonas fueron compradas a bajo precio por particulares y luego divididas en parcelas para ser vendidas. Los lotes se dividían con idéntico tamaño y nunca se tenían en cuenta las características topográficas de la zona. La única excepción fueron los barrios-jardín: Jardín América -fue el primero-, Paulista, Europa, etc. La City of San Paulo Improvements and Freehold Land Co., Ltd., organizada en Londres con capital inglés y la participación de algunos hombres de negocios brasileños -Campos Sales, Cincinato Braga, etc.-compró doce millones de metros cuadrados de terreno en el oeste de la ciudad, y llamó a un arquitecto inglés conocido por el diseño de una ciudad jardín -la de Letchworth-para que planificara lo que después se denominó Jardín América. La Compañía exigía que el comprador respetase los planos en cuanto a tamaño de las residencias y área destinada a los jardines; a cambio entregó calles que se adecuaban a la topografía del terreno, arboladas e, inclusive. algunas casas consideradas como modelo. 28 Esto en lo que se refiere a los barrios altos; paralelamente han crecido el Brás y la Mooca; surgieron Belenzinho y Tatuapé siguiendo el Ferrocarril Central do Brasil; Pari e Ipiranga junto a las vías del Santos-Jundiaí, entre otros; la ciudad se extiende en todas las direcciones, formando nuevos agrupamientos en distancias cada día mayores. En síntesis, mientras que los barrios de los grupos con mayor poder adquisitivo se concentraban en las zonas altas, los barrios obreros se instalaron junto a las vías férreas, donde los terrenos eran de poco valor: 29 Como vemos, Brás y Mooca 30 forman parte de los barrios pobres de São Paulo. En ambos los inmigrantes en general, y los españoles en particular, residieron en forma casi masiva. La elección de estos lugares por parte de los inmigrantes se debió a que en ellos se instalaron las principales industrias del estado; allí -por tanto-se encontraba trabajo y también, como ya veremos, vivienda. En el desarrollo urbano de ambos jugó un papel fundamental la creación de una estación de ferrocarril que unía el puerto de Santos con São Paulo y que permitía el embarque de mercancías en un radio cercano. Con esto, los industriales paulistas comenzaron a asentar sus fábricas dentro de los perímetros de estos barrios. 31 También influiría en esta elección la posibilidad de acceso directo al contrato de inmigrantes; tengamos en cuenta que la Hospedaria de Imigração se instaló en el barrio de Brás en 1887. En una memoria elevada en 1912 por el jefe de la sección de informaciones del Departamento Estadual do Trabalho a su director, vemos que de las 31 fábricas téxtiles localizadas en el estado, 19 lo estaban en la capital, una en São Bernardo y otra en Santos. De las situadas en la capital, el 41,43% se radicaba en Brás. 30 El barrio de Mooca fue una especie de apéndice del de Brás ya que los límites entre uno y otro prácticamente no existían. Analicemos un poco más detenidamente cómo fue la urbanización de este barrio. Las descripciones que hemos podido reunir nos muestran que hasta la instalación del ferrocarril del norte, el barrio prácticamente no existía, puesto que no dejaba de ser un conjunto de casas más o menos esparcidas. A partir del establecimiento de la estación se inició el poblamiento de calles como Carneiro Leão, Travessa do Brás y Piratininga. La avenida Rangel Pestana, uno de los ejes de circulación del barrio hacia el centro, tenía un cantero de eucaliptos en el medio, habitado por periquitos y monos. Existían también unos quioscos de portugueses que vendían sardinas, bacalao y croquetas de carne hechas en el momento. 33 A fines del siglo XIX esta avenida era la única que podía ser transitada; el resto de las calles se encontraban llenan de pozos. 34 El barrio carecía de agua, la luz en sus calles era escasa y no poseía ningún sistema de desagües, con lo cual el agua se estancaba en lugares por los que la gente tenía que transitar. Las descripciones sobre las condiciones en que se encontraban las calles son muy sugestivas. 35 Que las calles estuvieran llenas de inmundicias no sólo ocasionaba molestias en el tránsito de los peatones; el peligro mayor era que constituían focos infecciosos de enfermedades tales como la fiebre tifoidea, la escarlatina y la viruela. Si a las características generales del barrio le unimos el tipo de vivienda que albergaba a los trabajadores hasta bien avanzado el siglo XX, tendremos un panorama general de sus condiciones de vida. La típica vivienda del Brás, Mooca y Barra Funda fue la colectiva. Para muchas familias la única posibilidad de alojarse consistía en compartir espacio en cortiços y 33 Cenni, Franco: Italianos no Brasil. Era el cortiço una especie de corrala, en el que una cantidad de cuartos alineados eran habitados cada uno por una familia. Y es que la ciudad ya tenía sus espacios bien definidos; al palacete de la avenida Paulista -lugar de residencia de los barones del café-se le contrapone la casa colectiva del Brás. En el primero, cada función tiene su espacio; en el segundo, todas las funciones son realizadas en el mismo espacio. El cortiço se encontraba comunmente ocupando el corazón de una manzana. Al frente podía tener una tienda, bar, o cualquier tipo de establecimiento de venta al público. Por una puerta lateral se accedía a un largo pasillo que comunicaba con un patio central rodeado de habitaciones pequeñas; en los fondos, al aire libre, una letrina y una cocina de uso comunitario. Un artículo del periódico italiano Fanfulla ilustra sobre las condiciones de hacinamiento de las personas en los cortiços: una estrategia, por una parte, para obtener una dedicación más completa del trabajador y, por otra, para disciplinarlo. Allí vivían bajo un reglamento, dado que el industrial definía un programa que organizaba la vida cotidiana y el tiempo libre de los obreros. A lo largo de los años van surgiendo informes y propuestas de concurso para mejorar la vivienda; pero en ningún caso nos enfrentamos con medidas efectivas que alteren la situación existente. Un andaluz de Almuñecar, que llegó a Brasil en 1926, militante del Partido Comunista, describe en sus memorias su llegada a São Paulo: 37 Veinticinco años más tarde, en un informe de la embajada española en Rio de Janeiro, se describía a los españoles residentes en São Paulo como una colonia modesta, que vivía de su trabajo y compartía la misma suerte que el resto de la población pobre de Brás. En lo que respecta al Brás señalaba: "Un sector de españoles reside en el llamado barrio de Brás. Barrio pobre y si se quiere miserable en algunos aspectos". 38 Dos días después otro informe era más explícito: "El barrio de Mooca, contiguo al Brás, es como este un barrio de tipo industrial y popular. La promiscuidad en la habitación es consecuencia de la enorme carestía de los alquileres y de la escasez de la vivienda que hace que los propietarios o inquilinos de pisos, arrienden o subarrienden cuartos donde a veces viven diversos individuos". Ahora bien, no sólo los grupos étnicos se concentran para vivir en un radio cercano los unos de los otros; existen otras formas de organización colectiva que influyen también en el paisaje urbano. Nos referimos en concreto a la solidaridad grupal, que es actualizada a través de la convivencia en los niveles de recreación, ocio, ayuda mutua, etc. Y en ese sentido la fisonomía de la ciudad también sufre el impacto no sólo de la concentración de personas sino de la presencia de clubes, centros, escuelas, etc. asociadas a determinados grupos étnicos. 40 Es decir, que una de las características de la inmigración en el contexto urbano es la reunión de individuos de un mismo origen en torno a intereses comunes. Sobre todo vemos que va a existir una solidaridad étnica que les permitirá afrontar la nueva situación en la que se encuentran. Una de las formas de desarrollar esa solidaridad la encontramos en las asociaciones de cuño asistencial y benéfico. Los inmigrantes llevaron a la práctica en Brasil -y en toda América-este tipo de acciones, de las cuales, algunas sobreviven hasta nuestros días. La primera iniciativa popular que intentó reemplazar la asistencia prestada por el Estado y por la Iglesia fue realizada por un grupo de portugueses que en 1859 fundó la Sociedade Portugêsa de Beneficência, que contó -al comienzo-con 168 socios. Entre sus objetivos merecen destacarse la ayuda para encontrar empleo, promover la subsistencia de aquellos más necesitados, rehabilitar a los inválidos y dar sepultura a los que muriesen en la indigencia. Un año después de su fundación disponía de una enfermería que atendía, inclusive, a aquellas personas que por falta de recursos no podían asociarse. Este centro fue la primera organización mutualista que funcionó en el estado. 41 Pocos años después los alemanes siguieron su ejemplo, y en 1863 fundaron una Sociedad de Beneficencia semejante a la portuguesa; en 1879 los italianos crearon la Società Italiana de Beneficenza Vittorio Emanuelle -años más tarde esta institución dio origen al Hospital Humberto I-. En 1884, la colonia italiana en Brasil se reunió en un congreso en el que participaron 242 representantes de distintas asociaciones; sólo en São Paulo, a principios del siglo XX, se contaban una centena de centros. ELDA E. GONZÁLEZ MARTÍNEZ nas como la Sociedad de Meridionales, la de Calabreses Unidos y la de Venecianos, entre otras. 42 El mutualismo español se inició con la fundación de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de São Paulo, en el barrio de Brás, el l3 de marzo de 1898. La elección del barrio no fue aleatoria; ya se ha indicado que el Brás poseía la más alta concentración de españoles de la ciudad. En su fundación participaron un grupo heterogéneo de españoles, desde pequeños comerciantes hasta artesanos. Algunos de estos últimos -Everardo Días y Valentín Diego-se convertirían con el tiempo en líderes del movimiento obrero brasileño. Que hayan estado incluidos Dias y Diego en el grupo fundacional no tiene porque llamarnos la atención; los objetivos que perseguía una sociedad de este tipo no entraban en contradicción con los ideales que ellos llegarían a propugnar aunque los alcances fuesen diferentes, ya que las asociaciones mutualistas de base étnica sólo estaban destinadas a un grupo en concreto de personas: aquéllas que compartían una nacionalidad. Otra institución de caracter mutualista creada en São Paulo, también en el Brás, fue el Centro Gallego, "Sociedad fundada por los hijos de la región galaica el 17 de mayo e inaugurada en octubre de 1903". No es de extrañar que sea la primera institución regionalista, ya que los gallegos formaron parte del contingente inmigratorio español que llegó a Santos y que se dirigió, casi en su totalidad, a los empleos urbanos. El 4 de febrero de 1912 fue organizada la Federación Española, que también fijó su sede en el barrio de Brás. Se diferenciaba de las anteriores porque entre sus objetivos tenía el de fomentar el progreso de los españoles por medio de la instrucción y de la cultura. Para ello inauguraron una escuela nocturna, viejo anhelo que tuvieron no pocos de los centros, pero que en casi ningún caso se llegó a realizar. Debido a los altos índices de analfabetismo del grupo español, el funcionamiento de una escuela, con horario que permitiese la asistencia de trabajadores, fue una labor encomiable. Pero también atendía a otro tipo de requerimientos, sobre todo al de los hijos de españoles que se alfabetizaban en portugués, olvidando la lengua materna. En un escrito de la Federación Española al cónsul en São Paulo, se argumentaba: "Es el caso Excmo. Sr. que nos hallamos en un país donde los intereses del elemento indígena nos obligan, tanto a nosotros como a nuestros hijos, a adoptar para todas las transacciones y en todas las circunstancias, el idioma oficial (portugués) y que, poco a poco e insensiblemente, se va amalgamando por decirlo así, nuestra colonia al ambiente exótico que respira, amoldándose al idioma extraño y dejándose llevar, unos por convencionalismos, otros por parecer bien y los más por encontrarse sin el indispensable centro de enseñanza del idioma nativo". 43 Las asociaciones que se encargaron de organizar la enseñanza en su lengua materna fueron numerosas -en realidad el caso español desde el punto de vista cuantitativo es el menos importante-. Italianos, alemanes, polacos y japoneses mantuvieron escuelas particulares hasta 1937, cuando el gobierno federal y los gobiernos de los estados promovieron la nacionalización de la enseñanza. Sobre todo entre los alemanes la enseñanza tuvo especial importancia; aun cuando estuviesen ligados a las iglesias -católica o luterana-, los colegios teutobrasileños tenían curricula comunes, libros escolares comunes y muchos de sus profesores eran traidos desde Alemania. Un hecho que nos demuestra la relevancia alcanzada es que en 1930 había más de 1.200 establecimientos de origen alemán en Brasil. 44 Otra institución de distinto cuño fue fundada en el barrio de Brás el 27 de febrero de 1918 y prolongó su existencia hasta 1947: el Centro Republicano Español, cuyo objetivo era propagar las ideas republicanas entre los españoles residentes en la capital e interior del estado, para lo cual promovían conferencias, seminarios, etc. No es el momento de desarrollar las características de este centro, ya que sólo nos interesa señalar las distintas formas que adquiere el asociacionismo étnico, pero si mencionar que sus actividades -como es obvio-se multiplicaron durante la guerra civil, ya que fue uno de los organizadores de todas las campañas de ayuda a la república española. Mutualismo, escolarización, ocio, discusión ideológica, fueron algunas de las metas de los centros. No hay duda de que en la mayoría de los casos supieron cumplir sus objetivos y que sus actividades trascendieron y permearon a la sociedad en la que se insertaban. Noticias como la que a continuación mencionamos aparecían habitualmente en la prensa inmigrante: 43 Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. 45 O las relacionadas con los deportes; a principios de este siglo estuvieron de moda los juegos de pelota en frontón. Uno de los frontones más publicitados fue el de Bela Vista, que traía pelotaris del País Vasco. Ahora bien, pretendemos mostrar como estos centros -independientemente de los objetivos que persigan-afectan, de alguna manera, a la organización urbana de los barrios donde se encuentran. Con el correr del tiempo no pocos fueron desapareciendo y los que permanecen han ido olvidando su propuesta original; sin embargo, y aunque incorporados al cotidiano de la vida paulista, continuan siendo indentificados con el carácter étnico de sus fundadores.
Queremos atender a algunas peculiaridades de aquel regimiento, así como rastrear los posibles precedentes institucionales. Se centra en el Consejo que el virrey de las Indias organizó en suelo antillano a raíz del segundo viaje, estudiando sus componentes y la dificultad de poder cumplir con su función de naturaleza gubernativa, sirviendo a los reyes sin contrariar al virrey que tenía aquella competencia por exclusiva de su persona. A inicios de 1992 tuve la fortuna de hallar un viejo memorial dirigido a la reina Isabel de Castilla en el legajo 367 de Estado, en el Archivo General de Simancas. Por aquel entonces se encontraba becada por la Universidad de Valladolid la doctora Katalin Klimes-Szmik, quien impulsó la transcripción y estudio del memorial que bautizamos como Portugués. 1 El objeto de la presente investigación es el estudio de las instituciones de gobierno durante el primer y segundo viaje colombino. No se puede continuar apreciando éstas de una manera aislada, cual si todo lo obrado por el almirante llevase un sello de singularidad. Es natural el creer que hubieran normas y precedentes para ellas, a pesar del mismo Cristóbal Colón. El feliz hallazgo del Libro Copiador nos sirve de pretexto para emprender esta delicada tarea. El regimiento de la Navidad En la carta-relación del segundo viaje, fechada en enero de 1494, el almirante narró la tragedia de los españoles a los reyes en los siguientes términos: "si se rrigieran según mi ynstruçión los constregía; que sobre todo 1 Dicho Memorial fue finalmente publicado tras dos años de espera, ofreciendo a los estudiosos de la Era de los Descubrimientos un manuscrito precioso lleno de noticias normalmente silenciadas por la política de sigilo portuguesa y la visión de personajes polémicos de la época. Una alternativa al Tratado de Tordesillas. Sobre el Memorial véase también de Szászdi, István: "Las paces de Tordesillas en peligro. Los refugiados portugueses y el dilema de la guerra", en Ana M.a Carabias (edit.): Las relaciones entre Portugal y Castilla en la época de los descubrimientos y la expansión colonial, Salamanca, 1994, págs. 117-118. dexasen las mugeres ajenas y todas las de los yndios y nunca saliesen de la fortaleza a otra parte, salvo seis dellos y otros tantos después destos bueltos... y según eran todos ellos de poca criança, tirados dos u tres criados míos y este Pedro, rrepostero, se darían al comer y plazer de las mugeres; y ansí se perdieron y destruyeron así, y a mí an dado y dan tanta pena...". 2 Escobedo y el repostero encontraron la muerte, por cumplir con la "ynstruçión" del almirante. Precisamente aquélla les unió hasta perecer en servicio. Rodrigo Escobedo -hombre de la más absoluta confianza del almirante-era el escribano de la Armada, natural de Segovia y sobrino de fray Juan Pérez, el gran valedor de Colón; mientras Pedro Gutiérrez era repostero de estrados del Rey y criado del despensero mayor. El Diario de Colón recoge el miércoles 2 de enero que: "Dejó en aquella isla Española... treinta y nueve hombres con la fortaleza... e sobre aquellos, por sus tenientes, a Diego de Arana... y a Pedro Gutiérrez... e a Rodrigo de Escovedo... con todos sus poderes que de los Reyes tenía". 3 La carta del segundo viaje de enero de 1494, dice: "Este Arana, aunque fuese mui sobervio, tenía alguna criança, y le dexava el cargo del rregimiento al tiempo de mi partida; de que toda la gente quedava quexosa, y ansí le di en compañía a los otros dos, Pedro y Escobedo, y que se cumpliese lo que los dos acordasen". 4 Diego de Arana, el capitán y alguacil, se vio marginado pronto del regimiento efectivo por Escobedo y Gutiérrez. Estos asumieron el gobierno y la justicia en la Navidad, destacándose Rodrigo Escobedo como el personaje decisorio de los dos. Así la muerte del genovés Jácome fue una auténtica ejecución legal y no el primer crimen en el Nuevo Mundo, como algunos han creído ver. La conducta de los dos debe considerarse motivada por las propias instrucciones que dejó Cristóbal Colón, quien culparía a los castellanos del desastre, aún confesando -según su suposición-que los dos tenientes habían obrado con probidad. En la misma carta, el almirante hacía relación según lo que supo por los indios: "y deçían quel comienço desta discordia fue que, luego que yo partí, cada uno no quiso estar a obediençia ni apañar oro salvo para sí, sino Pedro, rrepostero, y Escobedo; a éste avía yo dexa- ISTVÁN SZÁSZDI do el cargo de todas las cosas...".5 Y esto último tiene importancia pues así se explica la visita que hizo Escobedo a Colón antes de partir, posteriormente a cuando Colón entregara su "ynstruçión", que deja ver un primer enfrentamiento de actitudes entre Rodrigo Escobedo y Arana: "vino a mí Escobedo, haziéndome saver como bien estava seguro, según el yndiçio quél avía avido, quél me ternía un tonel de oro aparejado quando yo bolviese, y esto fue a tiempo que yo ya anadava a la caravela; y me dixo que este Diego de Arana le avía dicho sobresta plática: Hagámonos el papo y después se procurará para el Rey. A que yo le rrespondí que tal cosa no hiziese, que rrico estava él harto, si servía a Vuestras Altezas, con tanta honrra y con este propósito se tornó a tierra". 6 Lo que presumía una desautorización plena del deudo de su hijo Hernando. Escobedo tenía muy presente cuál era la verdadera misión que Colón le había encomendado en su ausencia, el capítulo séptimo de su "ynstruçión" decía: "dejóles encomendado que cuando viesen que convenía, rogasen al rey que enviase con ellos algunos indios por la mar en sus canoas y algunos dellos se fuesen en la barca, como que querían ir a ver la tierra, por la costa o ribera de la mar arriba, y mirasen si descubriesen las minas del oro, pues les parecía que lo que les traían venía de hacia el Leste, que era aquel camino arriba, y allí les señalaban los indios nascer el oro... Item, que todo el oro que pudiesen buena y discretamente resgartar, lo resgatasen, porque cuando volviesen, hallasen cogido y allegado mucho". 7 Cosa que intentó cumplir, contando con el cacique guatiao como se le había instruído, quien narró a Colón que: "cada uno apartava oro para sí, salvo Pedro y Escobedo... y vinieron a bandos de que se pasó y que se apartaron... en tres partes; y que después dél, por su persona, aver ydo a la mina y llevado allá a Pedro y Escobedo, amostrando cómo se coxía el oro, quellos se determinaron para yr a otro rrey, a quien llaman Caonaboa... y quél les rrogó que no se fuesen que les daría pan y pescado y mugeres, y que nunca pudo acavar con ellos, salvo que tomaron sus mugeres y un fijico que tenía Pedro, y se fueron." Y añade el almirante "creo y digo otra vez que ovo defensión entre estos dos y Diego de Arana...". 8 Colón, después de muertos, esperaba encontrar el oro que Escobedo y el repostero debían haber dejado a buen recaudo antes de su partida tierra adentro: "mandé cavar toda la casa fuerte, porque. en mi ynstruçión, les avía mandado que luego que algún oro tubiesen que lo pusiesen debajo de tierra, y no se halló cosa alguna". 9 Sin lugar a duda, Escobedo y Gutiérrez nunca debieron explorar solos el interior, desoyendo a Guacanagarí, el cacique que les había ofrecido un eje de apoyo en la isla. Confiados en la mansedumbre de los indios, no temían daño alguno. Después de haber visto la mina del rey amigo, no quedaron satisfechos, y deseosos de descubrir el secreto de la tierra fueron en pos de las minas de Caonaboa, el señor de la Maguana, a pesar de los ruegos del guatiao quien temía lo peor. 10 Pero su desobediencia se debió por conocer la realidad geográfica que confundía Colón, quien creía que Guarionex, Macorix y el Cibao eran islas "a Leste". Por eso el contenido del capítulo séptimo de su "ynstruçión". Cibao era Cipango, según Colón. Las Casas dice sobre esto que "los lugares que le nombraban no eran islas, sino provincias desta isla y tierras de señores, y esto significaban por los nombres: Guarionex era el rey grande de aquella vega real... querían decirle los indios... que en la tierra y reino de Guarionex estaba la provincia de Cibao, abundantísima de oro. Macorix era otra provincia...". 11 La "conversación" entre Escobedo y Guacanagarí -el cacique guatiao de Colón-permitió al escribano y al repostero reunir los conocimientos básicos para la visita de las tierras mineras del interior, al cerciorarse del dislate geográfico del almirante. Colón en la carta-relación de enero, dice: "Quíseme yo yr para la nao y él [Guacanagarí] no quiso sino aconpañar, y le amostré los cavallos, de que ya tenía por oyda notiçia; y dixo que, al tiempo que Pedro Scobedo yba con él a la mina, que ellos casavan mucho y le deçían cómo en Castilla cabalgavan...". 12 La tierra de las minas fue la atracción fatal de los castellanos. Rodrigo Escobedo, por ser escribano de la Armada y hombre de confianza de Colón, fue uno de los primeros españoles que trató con Guacanagarí. 10 Szászdi, István: "Guatiao, los primeros tratados de Indias". Actas del IX Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano. 11 Manzano, Juan: Colón y su secreto. En realidad Caonaboa, el cacique de la Maguana, era señor del Cibao -la tierra de las minas que en castellano significa "pedregal". Guarionex era el cacique de Maguá, la tierra ubicada entre la costa de los ciguayos y la sierra del Cibao, conocida como la Vega Real. He corregido la transcripción de Rumeu parcialmente. ISTVÁN SZÁSZDI al poblado del cacique indio, donde pasó el día agasajado. En ese día recibió el almirante noticias de la riqueza aurífera de la isla, dejando escrito en el Diario: "Nuestro Señor me adereçe, por su piedad, que halle este oro, digo su mina, que hartos tengo aquí que dizen que la saben". Al día siguiente los indios "nombravan donde se cogía el oro, dixeron de Cipango al cual ellos llaman Cibao, y allí afirman que hay gran cantidad... y quel cacique trae las vanderas de oro de martillo, salvo que está muy lexos, al Leste". 13 El veedor Rodrigo Sánchez de Segovia regresó a Castilla, y Escobedo quedó como el hombre indiscutible al mando del regimiento de la Navidad. 14 El repostero se había mostrado dócil con Colón -vio la luz que el almirante dijo ver la noche antes del descubrimiento-y era servidor de la Casa del rey. Pero no calibraríamos suficientemente la calidad del escribano Escobedo, que ya de por sí tenía un relieve enorme por su oficio, como vimos cuando tomó testimonio y dio fe el 12 de octubre de 1492 de la toma de posesión que hizo Colón en nombre de los reyes de la isla de Guanahaní, si no explicásemos que era contino de los reyes -oficio que le hacía estar en comunicación directa con sus altezas-gozando de su confianza plena y caracterizándose por su disponibilidad para asumir todo tipo de negocios. 15 Si bien los continos carecen de un estudio institucional hasta ahora, resulta evidente su importancia dentro del gobierno de los Reyes Catolicos, y no es casualidad el gran número de continos utilizados por sus altezas para servir como corregidores. Y era el corregimiento la piedra esquinera de la reforma del gobierno local que hicieron Fernando e Isabel en Castilla. Por todas estas razones Escobedo -y no Arana-se veía desde el comienzo llamado a asumir el papel de lugarteniente en ausencia de Cristóbal Colón. Lo que también explica que Gutiérrez, repostero de Estrados del rey, actuase al unísono con el contino de la reina. Sólo así se entiende la pasividad de Arana en un momento en que estaba en juego su 13 Manzano, Colón y su..., págs. 370-371. Banderas como insignias de los caciques fueron descubiertas por los españoles tanto en Jamaica como en Nicaragua, pero concretamente la bandera de oro de martillo de la cita debe relacionarse con las banderas de la costa ecuatoriana y del valle del Cauca. Según la descripción de Cieza de León eran piezas de oro martillado cosidas a la bandera. Szászdi, Adam: Un mundo que descubrió Colón. Las rutas del comercio de los metales. 14 La relación entre Colón y el veedor nunca fue buena si se toma en cuenta que el almirante lo hizo apartar de la armada de 1493 en que iba de oficial de los contadores mayores. Gould, Alicia B.: Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492. Según Alicia Gould, la reina nombró a Rodrigo de Escobedo su contino el 2 de febrero de 1486 con un sueldo de 20.000 maravedíes anuales. Inés Rodríguez López se encuentra culminando una importante investigación sobre los continos en los reinos peninsulares que nos permitirá conocer su oficio y evolución. Siendo capitán de la Navidad compartía el regimiento con otros dos, caso que, según mi conocimiento, era bien ajeno al modelo existente en el Castillo de San Jorge de la Mina. Lo que ofrece justificación a la organización gubernamental de la Navidad es la Capitulación de Santa Fe misma, dada en Santa Fe a 17 de abril y confirmada en Granada a 30 de abril de 1492: "Otrosi, que Vuestras Altezas fazen al dicho don Christoual su visorrey e gouernador general en todas las dichas yslas e tierras firmes e yslas, que, como dicho es, el descubriere o ganare en las dichas mares, e que para el rregimiento de cada vna e qualquier dellas faga eleçion de tres personas para cada ofiçio, e que Vuestras Altezas tomen e escojan vno, el que mas fuere su serviçio, e asi seran mejor regidas las tierras, que Nuestro Señor le dexara fallar e ganar a seruiçio de Vuestras Altezas. 16 La terna de la Navidad se puede justificar así, pero el gusto del almirante por tener varios lugartenientes se haría evidente de nuevo. El Consejo del virrey de las Indias En el segundo viaje Colón hizo uso de un gobierno bicéfalo, en la carta-relación que escribió en torno al 20 de abril de 1494 a los reyes se lo comunicaba: "Para el gobierno de aquí e fecho y hordenado un consejo que las personas dél son éstas: Don Diego, mi hermano, fray Buil, presidentes, Pero Fernández Coronel, alguaçil maior, y a Alonso de Carvajal, rregidor de Baeza, Juan de Luxán, criado de Vuestras Altezas, y el bachiller Gallego".17 Luján y Carvajal eran continos de los reyes, por eso Colón llamó al primero "criado", ambos eran nobles al servicio de sus altezas que debían garantizar el buen orden del regimiento indiano. 18 Este Consejo del virrey con dos presidentes, debía garantizar el fácil control por parte del almirante de sus decisiones, consiguiendo en su ausencia -por causa de su exploración de las costas de Cuba-que no pudiera levantarse una personalidad contraria a sus deseos. 19 La dicha carta de Colón a sus altezas de finales de abril, que conocemos desde el descubrimiento del Libro Copiador del almirante, quita cualquier género de duda de la naturaleza de la doble presidencia del Consejo. 20 Que fray Bernardo Buyl actuó activamente como presidente, resulta evidente por la correspondencia oficial intercambiada entre los reyes y el virrey de las Indias, al igual que por los sucesos que llevaron al regreso de Buyl y de Margarit a España. La elección de Buyl para tal oficio se debió a la propia iniciativa de los reyes. No queda constancia directa, pero sí claros indicios, así en la carta de los reyes al almirante de 13 de abril de 1494, escrita en Medina del Campo, se decía al "Visorrey y Gobernador de las islas nuevamente falladas en las partes de las Indias" respecto de Bernal de Pisa -lugarteniente de los Contadores Mayores: "Nos habemos habido enojo de las cosas que allá se han fecho fuera de vuestra voluntad, las cuales mandaremos bien remediar e castigar. En el primer viaje que para acá se ficiere enviad a Bernal de Pisa, el cual Nos enviamos mandar que ponga en obra su venida, e en el cargo que llevó entienda en ello la persona que a vos e al padre fray Buil pareciere en tanto que de acá se provee, que por la priesa de la partida de los dichos navíos non se pudo agora proveer en ello, pero en el Primer Viaje, si place a Dios, se proveerá de tal persona cual conviniese para el dicho cargo". 21 Se entiende, por lo anterior, que en caso de ausencia del virrey, éste escogiera a su hermano para reemplazarle pero siempre acompañado de fray Bernal para la toma de decisiones. Como vemos, Buyl no sólo era responsable del gobierno espiritual como legado del papa, sino que presidía en los negocios temporales de la Española. Los reyes tenían en él un fiel y valioso vasallo que muchas veces les había servido eficientemente en misiones de alta diplomacia. 22 Por ello el regreso de Buyl a Europa por las discrepancias que mantenía el Consejo con el obrar de los Colón; además de su profunda desilusión ante los obstáculos para la conversión de los taínos y el fracaso de hallar el Cipango; constituyó un golpe durísimo para el virrey de las Indias. Esto queda evidenciado por el buen trato que recibió Buyl de los reyes, su interés por su opinión de lo sucedido en las Indias y en que sus altezas le proveyeron con una nueva y delicada misión en Roma. 23 ¿Se puede dudar de la capacidad de Buyl como presidente del Consejo del virrey de las Indias siendo éste en buena medida el responsable de la recuperación del Rosellón? Si recordamos los problemas del almirante con Margarit y con las lanzas jinetas, tenemos que concluir que el carácter de Colón hacía muy difícil que el Consejo pudiera asumir responsabilidades y tomar decisiones de gobierno. Tampoco era mossen Pedro Margarit ningún cualquiera; el hombre que regresó de las Indias con Buyl, en septiembre de 1494, había sido el capitán militar del virrey en el Cibao. 24 El regreso de las lanzas significaba el fracaso de la organización militar castellana en la isla Española. Verdaderamente el segundo viaje podría llamarse el viaje de los continos, pues ellos brillaron por su número y calidad. No sólo los ya señalados lo eran; por ser más conocido no hemos tratado de Antonio de Torres, contino, hermano del ama del príncipe, quien además de haber sido nombrado capitán de la nao "Marigalante" -y responsable de la correspondencia con los reyes como procurador de Colón ante ellos-fue designado por el virrey "Alcaide de la cibdat Isabela", cuyo protagonismo en el segundo viaje es notorio. 25 Fernández de Oviedo, que habló con los regresados a España, dice: "e mandaron llamar el Rey y la Reina a fray Buyl e a mosén Pedro Margarite, 23 Szászdi, István: "Después de la Inter Caetera, ruptura y cambio en la política indiana de Alejandro VI." Memoria del X Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano. 24 Serrano y Sanz, Manuel: Orígenes de la dominación española en América. Ramos Pérez, Demetrio: El conflicto de las lanzas jinetas. El primer alzamiento en tierra americana, durante el segundo viaje colombino. Todo parece indicar que Mosén Pedro Margarit era un contino de guardas, tipo de continos que desempeñaban las armas y que estudia presentemente Inés Rodríguez López. Así se explica no sólo su participación en la guerra de Granada, sino el mando sobre los escuderos de las Guardas en la Española. Sobre su influencia en la corte ver Anglería, Pedro Mártir de: Décadas del Nuevo Mundo. Añadir, finalmente, que el nombramiento del Consejo se debió hacer en la Isabela entre el 30 de marzo, que cayó domingo de Pascua, y el 20 de abril de 1492. 25 "Memorial que para los reyes dio el Almirante... en la ciudad de Isabela, a 30 de Enero de 1494 a Antonio de Torres, sobre el suceso de su segundo viaje a las Indias", en Colón, Cristóbal: Textos y documentos completos. Edición de Consuelo Varela y Juan Gil. ISTVÁN SZÁSZDI e fueron a España... e asimesmo el comendador Gallego, y el comendador Arroyo, y el contador Bernal de Pisa, e Rodrigo Abarca, e a Micer Girao, a Pedro Navarro, que todos éstos eran criados de la casa real; y llegados todos en España, cada uno se fue por su parte a la corte a besar las manos a los Católicos Reyes. E aunque por cartas desde acá, y después personalmente allá, oyeron a fray Buyl y otros quejosos, e fueron aquellos bienaventurados príncipes informados de las cosas del Almirante (e por ventura haciéndolas más criminales de lo que eran)... no solamente le perdonaron, pero diéronle licencia que tornase a la gobernación destas tierras...". No interesan los errores en que pueda incurrir Oviedo respecto del retorno de los descontentos, sino su testimonio personal de haberles visto y hablado con ellos en la corte: "volvió Colom a España el año de mill e cuatroçientos e noventa e seis; así es la verdad; después de lo cual vi e hablé a algunos de los que con él tornaron a Castilla, así como el comendador mosén Pedro Margarite, e a los comendadores Arroyo e Gallego, e a Gabriel de León, e a Juan de la Vega, e a Pedro Navarro, repostero de camas del príncipe don Juan, mi señor, e a los más de los que se nombraron donde se dijo de algunos criados de la Casa Real que vinieron en el segundo viaje e descubrimiento destas partes. A los cuales y a otros oí muchas cosas de las desta isla, e de lo que vieron e padesçieron y entendieron del segundo viaje... he habido noticia de muchas cosas desta isla, de dos hidalgos que vinieron en el segundo viaje del Almirante, que hoy día estan aquí y viven en esta cibdad, que son Juan de Rojas e Alonso de Valencia, y de otros muchos testigos de vista... Y más que ninguno de todos los que he dicho, el comendador mosén Pedro Margarite, hombre principal de la Casa Real, y el Rey Católico lo tenía en buena estimación. Y este caballero fue el que el Rey e la Reina tomaron por principal testigo, e a quien dieron más crédito en las cosas que acá habían pasado en el segundo viaje...". Pero quedan otros pasajeros de ese viaje, que en el futuro deberán ser investigados, que son llamados criados de los reyes y que existe una gran probabilidad que también fueran continos. 26 Carecemos de noticias sobre la división de responsabilidades entre los miembros del consejo colombino. Sólo tenemos un testimonio referente al contino Alonso Sánchez de Carvajal. En una instrucción de los reyes para Juan de Aguado, éstos le ordenaban: "Lo prymero, que los que hacá vyenen todos en xeneralmente se han quexado que, hansy hellos como los que alla quedan, syenpre han sydo maltratados delas personas que han tenydo los vastymentos en la repartyçion dellos, e espeçialmente teniendo el cargo dellos Caravajal que hacá vino, y Juan doñate despues del, porque dizen y afyrman todos que haçiendo el Juan doñate y los otros moços que halli tenia Caravajal mal recabdo en los vastymentos, dexaban moryr de hanbre a algunos honbres, entre los quales nonbran a un Loazes, gallego, y a otros, en tanto quel señor almyrante fue a descobryr, e por esto sus altezas mandan que se fyciese aca esta instruçion de lo que halla se les habia de dar, consultada con algunos de los que dalla vynieron." La experiencia de Carvajal en el regimiento de Baeza debió tener mucho que ver en que se le haya responsabilizado con la repartición de alimentos, pues eran los concejos quienes tenían que tomar medidas para evitar las sacas de trigo y el almacenamiento de los cereales en época de hambruna. Esta instrucción fue mostrada a Cristóbal Colón por Aguado "el año de 95 en el mes de noviembre en las Indias", según anotó el virrey. En ella los reyes volvían a insistir en la necesidad de que se encomendara a sus criados o continos la administración de los mantenimientos entre los españoles de la isla de Haití: "lo prinçipal es quel señor almirante a de mandar remediar es que tenga vna persona o dos prinçipales, y que sean muy buenas personas, cryados de sus altezas, que tengan cargo delos vastymentos y del repartymiento dellos, para que a cada vno den lo que ha de aver, y ninguno non aya lugar de se quexar como hasta aqui se quexavan y dezian mal de las cosas que hazia juan doñate, y algunas dellas se pruevan". 27 A pesar del poco airoso resultado de la gestión de Carvajal y sus hombres, los reyes seguían confiando en sus criados y continos como y temor en Colón, quien todavía antes de zarpar debió temer un conflicto de autoridades -pues los continos iban al servicio de los reyes y difícilmente aceptarían la autoridad de Colón por encima de las instrucciones de Sus Altezas. A ello se deberá el interés de Colón en llevar continos propios. En la Real Provisión de 4 de agosto de 1493 dirigida a Juan Rodríguez de Fonseca, del Consejo, se le dice: "y cuanto a los continos que decís que toma el Almirante de las Indias, bien fue lo que le dijisteis que para este viaje no ha menester tomar continos algunos, pues todos los que allá van por nuestro mandado han de facer lo quél en nuestro nombre les mandare, y facer apartamientos suyos e ajenos podría traer mucho inconveniente...". Fernández de Navarrete: Colección de los..., pág. 354. 27 Berwick y Alba, duquesa de: Autógrafos de Cristóbal Colón y papeles de América. ISTVÁN SZÁSZDI las personas más idóneas para cargos de responsabilidad. Al fin y al cabo el que éstos dependieran directamente de sus altezas, quienes les pagaban su salario, hacía a los continos gentes confiables y con presunción de recto cumplimiento del deber. Para explicarnos mejor lo ocurrido en el gobierno de la Española, a partir de 1493, hay que recurrir a dos importantes documentos: el principal es una real provisión dada en Barcelona el 28 de mayo de 1493 por la cual los reyes daban poderes al almirante para otorgar cartas, provisiones y patentes en su nombre y selladas con el sello real. Y como "podría acaescer que vos non estuviésedes en las dichas islas... porque convernía que fuesedes a descubrir otras islas e tierra firme... a cuya causa habréis de dejar en vuestro lugar alguna persona que entienda e provea en las cosas de las dichas islas e tierra firme en vuestra absencia; el cual no podría entender ni proveer en ello dando las dichas nuestras cartas y provisiones en nuestro nombre, sin haber para ello nuestro poder e abtoridad: por ende por la presente damos poder e facultad a la persona que en vuestra absencia vos nombráredes para quedar en las dichas islas e tierra firme, para que pueda librar y expedir los negocios e causas que allí ocurrieren, dando las dichas cartas e provisiones en nuestro nombre, e sellándolas con nuestro sello, segund que vos lo podríades faser, seyendo presente en las dichas islas e tierra firme, por virtud de los dichos poderes que tenéis". 28 Estos eran los poderes que recibieron los presidentes del Consejo Diego Colón y fray Bernal Buyl. Así se explica la libertad de acción del último, como que bajo su amparo y autoridad regresasen con él los descontentos de la factoría colombina en la más incuestionable legalidad. Buyl presumiblemente compartió con Diego Colón el proveer con el sello de placa real durante la ausencia del almirante. El segundo documento para comprender el gobierno colombino es la instrucción de los reyes al almirante, virrey e gobernador de las Indias, dada en Barcelona el 29 de mayo de 1493. En ella se instruye "11.o Item: Que si fuere menester nombrar regidores, e jurados, e otros oficiales para administración de la gente, o de cualquier población que se hobiere de facer, que el dicho Almirante, Visorrey e Gobernador, nombre tres personas para cada oficio, como está sentado con Sus Altezas, e que dellas tomen Sus Altezas una para cada oficio, e así por provisión de Sus Altezas sean proveídos; pero porque por este camino no se puede proveer los dichos ofi-28 Fernández de Navarrete: Colección de los..., págs. 338-339. ciales de esta manera, que por esta vez los nombre el dicho Almirante, e Visorrey e Gobernador en nombre de Sus Altezas". 29 Así fracasó el intento del pimer "Visorrey de las Yndias" en crear un consejo a imitación del Consejo Real de Castilla. Un consejo nombrado por el almirante virrey, en nombre de sus altezas y haciendo uso del sello real. 30 Que precisamente su invención se debió para subsanar el vacío de poder ocasionado por la ausencia de Cristóbal Colón, y el temor a un ataque portugués durante ella. Tal como el Consejo Real cuando faltaban los reyes, el consejo del virrey debía proveer y gobernar en su nombre mientras estuviera ausente aquél, incluso el número de sus componentes corresponde al de los seis gobernadores originales del Consejo Real. 31 La presencia de Buyl como de los caballeros continos queda también justificada por la ley primera de las Cortes de Toledo de 1480 en que se estableció que debían residir permanentemente en el Consejo Real: un prelado, tres caballeros y ocho o nueve consejeros. 32 Pero, siendo honrados, ¿se puede justificar la anomalía de la doble presidencia del consejo del virrey de las Indias desde la perspectiva del derecho castellano? No, pero sí en parte desde la del derecho aragonés. Si bien Colón en su carta al ama del príncipe, más tarde, escribió que "me juzgan como Governador que fue a Çecilia o ciudad o villa puesta en regimiento", rechazando el identicarse con los virreyes sicilianos, fueron tales virreyes aragoneses quienes sirvieron de arranque para su original idea de lo que era un "Visorrey e Gobernador". 33 Cristóbal Colón creía ser el alter ego de Fernando e Isabel en las Indias, y no un simple gobernador. Desde esta perspectiva cobra interés el conocer que en la segunda mitad del siglo XV existieron en ocasiones dos virreyes gobernando a la vez en la isla de Sicilia, ocurriendo algo parecido 29 Ibídem, págs. 340-341. 30 Según De Dios "La designación de los consejeros estuvo reservada al rey, quien nunca delegó esta facultad. Por ello todos los títulos de consejeros que se conservan llevan la firma real...". Podemos afirmar que el Consejo establecido en Indias, aún siendo nombrado en nombre de los reyes y con el sello real, constituyó un caso excepcional en el derecho castellano. 31 Tratándose del Consejo Real, su mismo ordenador, Juan I, testó en 1385 estando sobre Cellorigo de la Vera, que en caso de su muerte y hasta que su hijo alcanzase los quince años de edad el Reino se rigiese por "seis tutores e regidores e gobernadores"; quienes serían prelados, maestres de órdenes y caballeros junto con seis ciudadanos. Fue la guerra con Portugal y la derrota de Por una provisión de 3 de agosto de 1477 Juan II nombró a Juan de Cardona virrey de Sicilia en sustitución de los virreyes Guillermo de Peralta y Guillermo Pujades, que desempeñaron tal dignidad mancomunadamente. El rey Fernando nombró en Tarazona, el 18 de febrero de 1484, a Guillermo de Peralta "Virrey y Gobernador General" de Cerdeña; sustituyendo interinamente a Jimeno Pérez Escrivá de Romaní -virrey-y a Juan Fabra -procurador regio de Cerdeña. Esta Procuradoría General era "una institución vinculada durante años al virreinato sardo y formaban un todo con éste". 34 Este precedente debió llevar a Colón a nombrar dos lugartenientes, es decir, dos presidentes para su Consejo, siguiendo esa dúplice tradición de gobierno virreinal que había conocido en el Mediterráneo aragonés. Otra explicación resulta artificiosa. A diferencia de los virreyes castellanos, la institución virreinal siciliana se encontraba claramente definida en el siglo XV, al tener continuidad -diferencia también que tenía de los virreyes de Cerdeña y de Mallorca. Eran los virreyes de Sicilia lugartenientes reales con amplísimos poderes y su fama se extendía por todo el Mediterráneo. Por ello el profesor Lalinde ha precisado: "podría concluirse que fue el virreinato siciliano el que inspiró las demandas colombinas, lo que no tendría nada de particular si se tiene en cuenta que, posiblemente su prestigio institucional ha sido superior al de los restantes virreinatos mediterráneos. Ahora bien, esto no debe conducir a suponer que Colón estudiara la figura del virrey siciliano para presentar sus demandas, debiéndose insistir que... debió obedecer al prestigio y al aspecto externo de las magistraturas". 35 Es decir, Colón utilizó al virrey de Sicilia como modelo, sin un conocimiento profundo, pues no era letrado, desconociendo también las prerrogativas y competencias de la institución en Castilla. Este desconocimiento es la causa de la originalidad del virreinato colombino. Y es que la Capitulación de Santa Fe debe ser interpretada tomando en cuenta las circunstancias únicas e irrepetibles de su acuerdo. Cuando el rey Fernando escribió a los oficiales de la Española, en carta de 34 Vicens Vives, Jaime: "Precedentes mediterráneos del virreinato colombino." V Congreso de Historia de la Corona de Aragón. 35 Lalinde Abadía, Jesús: "El régimen virreino-senatorial en Indias". Anuario de Historia del Derecho Español. 23 de febrero de 1512, comentando las condiciones que Juan Ponce había demandado para la Capitulación del Biminí, hacía memoria de lo ocurrido en 1492: "la capitulacion que el nos enbio sobre ello va con esto y cierto es muy desonesta y apartada de razon porque todo lo que agora se puede descubrir es muy facil de descobrir y no mirando estando todos los que hablan en descobrir quieren tener fin a la capitulaçion que se hizo con el almyrante Colon y no piensan como entonces nynguna esperança avia de lo que se descubrio ny se pensaba que aquello pudiese ser la merced que yo le hago". 36 Aquel privilegio extraordinario, la Capitulación de Sante Fe, lo concedió el rey católico por no contrariar a la reina, teniendo la seguridad interior que nunca hallaría Colón tierra y que por tanto aquella arbitrariedad jurídica sería inejecutable. No existe otro enigma. Como hemos dicho, existía el miedo a un ataque de los portugueses a la fortaleza y villa de los castellanos en las Indias, cualquier duda desaparece con esta cita de las Décadas del Nuevo Mundo: "Explorada así las estas cosas con diligencia en la entrada de la provincia de Cibao, el día primero de Abril, víspera de la Resurrección, se volvió a la Isabela, pues éste era el nombre de la ciudad, dejando en el gobierno de ella y de toda la isla a su hermano y a cierto Pedro Margarit... y se dispuso a recorrer la tierra que él juzgaba continente, y distaba sólo de allí setenta millas, acordándose del precepto del Rey que le había encargado que se apresurase a recorrer cuantas cosas nuevas pudiera, no fuera que algún otro rey quisiera sujetar antes a su poder aquellas regiones. Pues el rey de Portugal decía públicamente que le tocaba a él descubrir lo que había oculto por allá... ". 37 Por ello la ida de Margarit y de los escuderos de la Española, sin recibir posteriormente castigo alguno, señala la autorización de fray Bernal y posiblemente de la mayoría del Consejo; quizás en las naves que trajeron a Bartolomé Colón a finales de junio de 1494 hubo cartas reales para los miembros del Consejo con instrucciones y noticias precisas que nos son desconocidas, éstas últimas debieron dar aviso de lo avanzado de la negociación con Portugal lo que el ducho diplomático Buyl interpretó como 36 Murga Sanz, Vicente: Juan Ponce de León, fundador y primer gobernador del pueblo puertorriqueño. Manuel Ballesteros reparó en la importancia de ese pasaje. Ballesteros Gaibrois, Manuel: Juan Ponce de León. Sobre la génesis del virreinato colombino, véase mi trabajo: "Virreyes de Aragón y Virreyes de Indias. El desarrollo institucional obra del Rey y del Almirante", presentado en Zaragoza en julio de 1996 en el VII Congreso Internacional de Historia de América de la AEA, cuyas actas se encuentran en vías de publicación. 37 Anglería: Décadas del... indicación de lo poco probable de un conflicto inmediato con el vecino reino. Por ello el embarque de Margarit y de los escuderos de la isla se hizo de forma ordenada y pacífica. ¿Si ello hubiera sido contra la voluntad de Fernando e Isabel, cómo Margarit mantuvo su oficio de contino del rey? Y a los escuderos sólo "por sus hermanos del dicho Almirante les fueron tomados los cavallos que avian llevado, para que quedasen alla, porque los avian menester para proveymiento de algunas cosas complideras a nuestro servicio". 38 Acción que se justificó sea por la necesidad de caballos para la conquista, sea porque los Colón seguían temiendo a los portugueses, o por ambas razones. Buena prueba de cuál era la intensidad de la conflictividad prebélica vivida todavía entonces, y contraria a las paces de las Alcáçovas en el mar, la da el siguiente fragmento de la carta que el 17 de julio de 1494 enviaron los reyes al corregidor de Guipúzcoa para que no se molestasen más a las naos portuguesas, a sus cargas y a sus naturales: "Nos es dicho que algunos nuestros subditos e naturales que andan por la Mar han tentado algunas veces de hacer mal y dapño a los subditos del Serenisimo Rey de Portugal nuestro Hermano que andan por la mar, aviendo que entre Nos y el e nuestros subditos e naturales e los suios que non havia ni hay paces asentadas y juradas e porque alliende de las paces que antes de agora entre Nos e el estaban y estan asentadas por el deudo que con Nos tiene y amor que le tenemos sus subditos y naturales queremos que sean tratados por los nuestro como los nuestros propios... ". El baçín de Caonaboa y la experiencia portuguesa La carta fechada a finales de abril de 1494, y que narra la exploración del Cibao, dice en el folio 10 recto al ponderar la riqueza aurífera de los ríos del cacicazgo de Caonaboa: "Este es aquel que dizen que mató a nuestros christianos, y en todos cavos del Çibao los conoçian y andavan desmandados unos de otros; y este Cahonaboa dizen que en la tierra donde vive ay mui mucho oro, mas es tierra mui montañosa, y que los pedazos y granos son mui grandes. Yo lo creo por lo que me dixo Ocanaguari de Pedro, rrepostero, y de Escobedo quando me dixeron que le rrogó que lle-38 Ramos: El conflicto de..., págs. 125, 136. 39 Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Colección Vargas Ponce, Vol. vase consygo a mostrar la mina de oro y quél lo hizo ansí; y que después le rrespondió que aquel oro hera poco y los granos pequeños, y que no quiso salvo yrse a este caçique Cahonaboa; llevaba un baçín, y le mató". 40 Hay diversos aspectos de esta cita que merecen atención. En primer lugar, la salida de Escobedo y del repostero no fue impulsiva sino fruto de una decisión premeditada siguiendo las instrucciones que les habían dejado, el que debían encontrar la "mina" de oro. El comportamiento del contino y del repostero tenía precedentes en la historia de los descubrimientos, me refiero a la exploración del río Congo aguas arriba efectuado por Diogo Câo. Y bien es posible que los tenientes de Colón la tuvieran en cuenta, pues participó en el primer viaje -si no quedó en la Navidad-Rodrigo de Xerez, vecino de Ayamonte, quien había vivido en Guinea, y que en compañía de Luis de Torres había oficiado de embajador de Colón internándose en Cuba buscando al Gran Khan. 41 Câo, entre 1482 y 1483, descubrió para el rey 1.500 kms. de costa africana, colocando padrôes por toda ella e iniciando la práctica portuguesa demarcatoria por medio de pétreo amojonamiento. El 8 de abril de 1484 don Joâo le ennobleció y le dio un escudo con dos padrones sobre dos montes en campo de plata que significaba el mar, precedente heráldico del escudo otorgado a Colón por los reyes de Castilla. En su segundo viaje africano Câo exploró también tierra adentro, y se alejó de la costa siguiendo el cauce del río Congo, río arriba. A 160 kms. de su desembocadura en los roquedos de Yelala grabó la célebre inscripción que perdura hasta nuestros días dando fe de hasta donde llegó la expedición en nombre del rey de Portugal. Buscaba al preste Juan y el conocer el secreto de la tierra, sus recursos. En su segundo viaje de descubrimiento, Câo tenía poderes de embajador, pues en el primer viaje inició las relaciones entre el rey del Congo y Portugal, que tanto valoraría Juan II. En la misma carta Colón escribía: "todos nos maravillamos como estos yndios ayan osado matar los dichos christianos que quedaron acá, el qual propósito dixe por los de Cahonaboa, el qual dize que tiene mucho oro en la tierra donde vive y son pedazos grandes, que no los coje en los rríos salvo en la tierra dentro escarvando, y por esto quiso yr allá Pedro rrepostero, y Escobedo. Yo lo traxe a propósito por el oro menudo que les amostrava Ocanaguari, y que rrespondió que no lo quería menudo, salvo grandes pedazos, y que se quería yr a este Caonaboa, como se fue...". Es de suponer que tanto el intérprete Torres como Xerez, acompañaron tierra adentro a los dos Tenientes asesinados por orden de Caonaboa. Sobre mis dudas respecto de la muerte de Xerez en la Española, ver el trabajo de Adam Szászdi Nagy y de István Szászdi: "La llegada de Colón a Boriquén y la crisis luso-castellana de 1493". Homenaje al historiador y líder cívico Aurelio Tió. 42 Hermano Saravia: Historia de Portugal. ISTVÁN SZÁSZDI de Sousa de carácter comercial y misional que consiguió la amistad y conversión del rey negro y de su corte. El rey y su familia se bautizaron tomando los nombres de la familia real portuguesa. Así el rey se llamó Joâo, su hijo mayor Afonso -como el príncipe heredero portugués-, y su tío Manisoño escogió el nombre de Manuel en honor del duque de Beja -hermano de la reina doña Leonor -. La política de aproximación y "conversación" con los indios del primer viaje colombino, y en parte del segundo, parecen seguir las pautas del modelo portugués en el Africa negra. Joâo Afonso de Aveiro, comandante de una de las naos de la armada de Azambuja, regresó al reino de Benín -que era cercano a San Jorge de la Mina-con misioneros enviados por el príncipe Perfecto para predicar a su rey. Para fines del siglo XV se había creado un triángulo comercial de la trata esclavista y del oro en polvo: Mina-Benín y la isla de Santo Tomé. Se fundó una factoría en Guató, puerto del reino de Benín, y se procedió a explorar el curso del río Níger hasta 100 leguas de la costa, llegando hasta el reino de Opu. Joâo Afonso de Aveiro murió de enfermedad intentando afirmar la presencia portuguesa en la zona. En 1494, Jerónimo Münzer conoció en Portugal negros que se preparaban para recibir las órdenes sacerdotales y ser devueltos a su continente. Otro caso en que religión, política y comercio se mezclaron fue el de un rey amigo del río Senegal, el rey Bemoim, quien destronado pidió ayuda a los portugueses. Bemoim viajó a Portugal donde fue acogido por el mismo Joâo II, quien le apadrinó en su bautismo. El rey africano prometió la conversión de su pueblo y una alianza firme con los lusitanos. En 1490 partió por el Tajo de regreso, en una armada con misioneros dominicos entre los cuales viajó el propio provincial fray Alvaro quien quiso dirigirlos en persona. Bemoim murió apuñalado por el comandante Pero Vaz da Cunha dando al traste con la embajada. 43 La necesidad de asegurar el control de la mina de Caonaboa, al igual que del comercio con el cacicazgo amigo de Guacanagarí, llevó a la fundación del Fuerte de la Navidad, sede de una factoría comercial y una fortaleza contra los indios enemigos del interior y exterior de la isla como una construcción destinada a intimidar a otros cristianos tentados por la codicia que pudieran creer tener mejor derecho sobre la isla Española (es decir los portugueses). Pero ni Colón ni Fernando e Isabel innovaron nada al tomar esa medida militar. Al poco de subir al trono, Joâo II, siguiendo su política de asegurar para su reino el espacio geográfico reconocido por los castellanos en el tratado de las Alcaçovas, hizo levantar la fortaleza de San Jorge de la Mina. Aquel castillo se levantó con piedra llevada desde Portugal con la intención de crear un enclave permanente protegido de los naturales y el hacer cumplir a los marinos andaluces lo establecido en Alcaçovas-Toledo. Era la manera de hacer respetar en tierra el señorío portugués de la navegación de Guinea. 44 Existe un pasaje de la carta colombina de fines de abril de 1494 que narra la exploración del Cibao, y a la que hemos hecho referencia anteriormente, que describe la suerte de Escobedo a manos de Caonaboa: "y que no quiso salvo yrse a este caçique, Caonaboa llevava un baçín y le mató". ¿Pero qué significa ese baçín? La solución esclarecerá parte del enigma de la muerte de Escobedo y de Gutiérrez, quienes se habían llevado a sus mujeres, y a un niño que había tenido el repostero. La voz baçín tiene diversas acepciones. En el Memorial Portugués de 1494 figura en un interesante pasaje, que por su extraordinario interés reproduzco a pesar de su extensión: "Lo de aquesta verdadera Mina de Guinea ssepa Vuestra Alteza que aqueste oro delha es todo lo de que sse proveia Espanha toda hy aun Italia, hy aqueste venia da questa propia tierra de Guinea e Mina por tierra con mucho trabajo i peligros a Tunez hy prinçipallmente a Mon de Barcas que es hun lugar çerca de la mar en aquelha costa y no muy lexos de Tunez i traian ell dicho oro assy como ell agora viene de la Mina, hy lo traian en camelhos, y los dichos negros que lo traian delhos a ssus espaldas, e lhevavan en rretorno delho de aquestos alanbes i panhos moriscos y alcatifas pequenhas de las de Veneçia i otras cosas que les conplian para ssu tierra, i de aqueste oro da questa propia tierra de Guinea hy Mina lhevavan las galeaças de Veneçia i de Florençia de Tunez i de Mon de Barcas por ssus mercaderias i los espanholes en ell tienpo que tenian paz hy amistad con el Rey de Tunez i con todos las tierras de moros de Africa, i tratavan elhos alha i los moros venian i tratavan aqua como en ssu propia tierra i mas francamente aun i mejor, hy aqueste oro venia assy mismo a Fez i de Fez aqua a Espanha, assy por via de trato i mercaderias, hy con ell hy en aquesta manera sse enrriqueçio tanto Espanha como en aquelhos tienpo era, hy 44 Cortesao, Jaime: "Os Descobrimentos Portugueses." ISTVÁN SZÁSZDI aqueste oro era ell que venia al Reyno de Granada de limosnas i por ssu sseda i mercadorias dell dicho Reino ell quall era aqueste mismo oro de la Mina de Guinea hy assy en polvo i sse lhamava tibar, hy de aqueste venia a Castilha en ssus mercadorias i tratos, hy era elha proveida de oro porque de otras partes ni modos ny maneras no lo podia ny puede ser, i de aqueste oro quando venia ha aquelhas partes de Tunez etc. hy sse traya hy enbiava a Granada assy de limosna como para lhevar ssus mercadorias sse tomavan muchas vezes hy muchas por castelhanos i portogueses, e assy por otros, en navios moriscos en que lo passavan quatro mill hy çinquo mill hy diez mill pesos aquelhos moros dizen miticales de oro en polvo este propio de la Mina de Guinea a que elhos lhaman tibar, hy yo por my estando en Çepta, vy traer ay tomados navios de moros que passavan a Granada con quatro hy çinco mill miticales de oro hy sse de perssonas de gran manera de Portogall hechos i rricos i de muy gran fazienda ssolo de presas que tomaron con aqueste oro passandolo a Granada, hy el Senhor Don Halvaro presydente dell Conssejo de Vuestra Alteza que naçio en Çepta le dira i dara informaçion de lo que çerca desto ay vido, hy quando la cantidat de aqueste oro para passar de Tunez a Granada era muy grande por las limosnas sseren muchas que se dezia ell baçin de Granada hy ell otro oro de mercaderes passavan lo en carracas hy naos muy gruessas, hy tanto que aquesta via de Guinea hy quanto mas sse lhego a la Mina sse començo a descobrir i tratar tanto luego por los grandes trabajos i peligros que rreçebian los negros i guineos en hir a Tunez hy a Mon de Barcas çessaran de lhevar ell dicho oro alha, i ny alha ny aqua no va ny viene, con esta burla hy enganho daqueste Rey de Portogall hy çegedat i mengua de verdadero conoçimiento hy informaçion de la verdat de aqueste caso de toda la cristiandat hy en espeçiall de los mas vezinos hy comarcanos i ssobre todos de aquesta vuestra Espanha i de Vuestras Altezas ssenhores hy governadores delha la quall nunqua otro ssostenymiento ny bien tenporall tuvo ni pudo ny puede tener para aver oro i moneda de plata ssy aqueste i por la atras dicha manera no, hy acabado que aquesta çesso esta como esta i cada vez ssera mas pobre fasta no sse falhar en elha, pieça de oro ni de plata, aquesta generall çeguedat en aqueste caso pongo yo que es por ell danho de aquesta cosa sser aun rrezente que no es prinçipallmente que de quarenta anhos aqua, hy por las turbaçiones hy fatigas que en aquestos tienpos sse sseguieron a la cristiandat, assy como a Italia hy a todo levante en lo dell turco hy a Espanha las que Vuestra Alteza ssabe...". Insistiendo a continuación que la política de sigilo portuguesa permitía el que el reino de Portugal guardara para sí el corso y rescate del oro africano: "hy junto con aquesto la mengua de verdadera informaçion i conoçimiento de la verdat de aquesto que no digo Françia hy Ingratierra que ienerallmente lo tienen hy creen mas aun en Vuestra Espanha muy muchos, que Guinea es una Isla hy pequenha i toda del Rey de Portogall hy que en elha es aquesta Mina de Oro ssuya hy que ell tiene hun castilho ssobrelha hy que elha esta dentro en ell castilho. I que de alhy manda ell traer ell oro". 45 En este contexto el baçín se relaciona con la limosna dirigida para mantener al Islam y la guerra santa contra los infieles conocida como el azaque, y que en realidad era un tributo forzoso. 46 La renta del azaque fue vital para la resistencia del reino granadino contra los cristianos. 47 La palabra bacín tiene un origen latino antiguo y pervivió tanto entre los cristianos como en el vocabulario mozárabe de la lengua ordinaria de la población hispanomusulmana. 48 Así se halla en ambas orillas del Mediterráneo y significa, como su sinónimo bacía, distintos tipos de vasijas o fuentes de ancha boca. Esas fuentes casi planas, platos y escudillas también servían para recoger limosna, por lo cual desde el siglo XVI se relaciona la voz baçín con las limosnas mismas. 49 Estas bacías de mayólica con esmaltes metálicos en ocasiones, fabricadas en Al Andalus entre otros sitios del mundo mediterráneo, eran muy apreciadas en el norte de Italia entre los siglos XI y XV, donde eran conocidas como bacini. 50 Este artículo de comercio alcanzó extraordinaria difusión, no sólo en las tierras bañadas por el Atlántico norte, sino en las cálidas aguas del mar de Guinea. En 1479, el mercader flamenco Eustache Delafosse, a bordo de naos castellanas andaluzas, navegó a las aguas prohibidas de la costa guineana donde fue hecho prisionero por el mismo Diogo Câo. Su relación de viaje constituye un vivo relato que nos hace pensar en las primeras relaciones de Indias. 51 Así se puede comprender que Colón tuviera bacines para rescatar oro. El sábado 29 de diciembre de 1492 se lee en el diario: "Siendo ya de noche le envio al rey [Guacanagarí] una gran carátula de oro, y envióle a pedir un bacín de aguamanos y un jarro. Creyó el Almirante que lo pedía para mandar hacer otro, y así se lo envió". 52 Ciertamente los bacines, y más si eran de latón, debían ser un regalo principesco para los caciques taínos, pues Colón, en la carta que escribió a los reyes en octubre de 1495, al notificarles de los acuerdos que había celebrado con los caciques para la tributación de oro, dice: "Les dixe que yo me dexaría de cavar las minas si me querían dar, en nombre de Vuestras Altezas, cada quatro lunas, lleno, la mitad de un caxcavel dello, de oro, cada cabeza, y ellos dixeron que los plazía... cogen lleno un caxcavel en que avía más de ocho castellanos... Concluí con ellos que me darían el dicho caxcavel a las cuatro lunas, e yo daría al caçique prinçipal un baçin y a los dos tureyes en foja, ques latón tanto como el dedo". 53 Ante esta evidencia cabe pensar que la embajada de Escobedo y de Gutiérrez buscaba no sólo el explorar el interior y hallar la mina, sino encontrar a Caonaboa y entablar amistad; si es posible consiguiendo su voluntaria tributación de oro. Quisieron emular las proezas guineanas que conocían haber hecho hombres como Diogo Câo y recibir al almirante con un rico tesoro. Tal como él les había dejado instruído. Para ello: "Dejóles todas las mercaderías, que los Reyes mandaron comprar para los resgates, que eran muchas, para que las trocasen y resgatasen por oro, con todo lo que traía la nao. Dejóles también pan bizcocho para un año y vino y mucha artillería, y la barca de la nao para que ellos, como marineros que eran los más, fuesen, cuando viesen que convenía, a descubrir la mina de oro, porque a la vuelta el Almirante hallase mucho oro... 54 La Española no era la Mina, ni Caonaboa era el rey del Congo, sólo el baçín resultó ser el yelmo de Mambrino. El trato benigno con Caonaboa por parte del almirante obedeció a que quiso enviarlo vivo a sus altezas, con la idea que siguiendo el ejemplo de los reyes africanos enviados a Portugal, sirviese a su regreso a la Española como instrumento de la asimilación y penetración castellana. El 15 de octubre de 1495 el almirante del mar océano escribía a sus altezas desde la Maguana: "Yo enbío a Vuestras Altezas a Caonaboa y su hermano; éste es el maior caçique de la ysla y más esforçado y de yngenio; si éste deprende a hablar, dirá todas las cosas desta tierra mejor que nadie, porque no ay cosa que de toda suerte quél no sepa." En la misma carta Colón escribe: "enbié una fusta de rremos a descubrir la ysla de Babueca... y fallaron grandes pesquerías y en espeçial caçones, según dixeron, e en cantidad, como al cavo de Bojador, en Guinea, allí donde tenían el debate los de Palos con los portugueses... tornó aquí la fusta sin que pudiese tornar a mirar esto, esta pesquería, la qual, si ansí es como cuentan, vale tanto como una mina, porque en Guinea no pueden pescar, salvo dos meses del año, y aquí pescarán de contino".