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integradas en el Virreinato rioplatense en 1776. Además, se pretende dar cuenta de los beneficios de ejercicios comparativos que ayudan a despejar las especificidades regionales en relación a la marea revolucionaria desencadenada en los dominios españoles americanos desde 1808. Las revoluciones de independencia hispanoamericanas han ocupado un lugar destacable en la nueva agenda de la historia política al presentar innumerables problemas de la más variada índole, además todas estas revoluciones se han visto atravesadas por la experiencia de una situación inédita: la guerra civil y social que sacudió a las colonias españolas en América. En ese contexto las jurisdicciones del antiguo Virreinato del Río de la Plata sufrieron procesos de identidad política y social que se expresaron posteriormente en la dimensión territorial. Atentas a los beneficios de ejercicios comparativos que ayudan a despejar las especificidades regionales asumidas frente a la marea revolucionaria desencadenada en los dominios espa-ñoles americanos a partir de 1808, 1 este trabajo propone explorar estos procesos de construcción de identidades políticas a partir de la militarización y la guerra experimentadas en las jurisdicciones de las provincias de Salta y Cuyo integradas en el Virreinato rioplatense a partir de 1776. En los últimos treinta años la historiografía argentina ha mejorado la comprensión del fenómeno revolucionario, enfatizando particularmente el análisis de los lenguajes e ideas políticas, la emergencia de la opinión pública, los dilemas referidos a soberanía y representación, y los fenómenos sociales afincados en la sociabilidad de las elites así como de otros grupos sociales, acerca de los cuales se han obtenido avances significativos. 2 Sin embargo, los problemas vinculados a la guerra que se desencadena como consecuencia del movimiento revolucionario en Buenos Aires -y posteriormente expandido a toda la jurisdicción rioplatense-no han merecido aún abordajes sistemáticos capaces de problematizar el peso de la militarización y de la experiencia guerrera en la formación de identidades políticas colectivas que no necesariamente están vinculadas con las nacionalidades "imaginadas" después de 1830. 3 Más exactamente, el estudio de 1 Uribe Urán, Víctor Manuel, y Ortiz Mesa, Luis Javier: Naciones gentes y territorios. Ensayos de historia e historiografía comparada de América Latina y el Caribe, Editorial Universitaria de Antioquía, Colombia, 2000. 2 La literatura es abundante. Citamos aquí los trabajos más representativos: Halperin Donghi, Tulio: Tradición española e ideología de mayo, CEAL, Buenos Aires, 1988 (1a edición, 1963); Chiaramonte, José C.: "Formas de identidad política en el Río de la Plata después de la independencia", Boletín Ravignani, n.o 1, 1989; "El federalismo argentino en la primera mitad del siglo XIX" en Carmagnani, M.: Los federalismos latinoamericanos. México, Brasil, Argentina, Fondo de Cultura Económica, México, 1994; "Acerca del origen del estado en el Río de la Plata", Anuario-IEHS, Tandil, n.o 10, 1995 y Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina, 1800-1846, Ariel, Buenos Aires, 1997. Myers, Jorge: Orden y virtud. El discurso republicano durante el rosismo, UNQu, 1995; González Bernaldo de Quirós, Pilar: Civilité et politique aux origines de la nation argentine. Los pobladores rurales bonaerenses entre el Antiguo Régimen y la Modernidad", en Boletín Ravignani, 11,1995; Ternavasio, Marcela: La revolución del voto. 3 Para el caso argentino el pionero estudio de Pilar González Bernardo de Quirós y de Jorge Myers se convierte en una excepción de una saga de estudios que optan por acentuar las nociones antigeneologistas de las naciones y los nacionalismos. Véase González Bernaldo, Pilar: "La 'identidad nacional' en el Río de la Plata post-colonial. Continuidades y rupturas con el Antiguo Régimen", Anuario IEHS, n.o 12, 1997. Además, Myers, Jorge: "Identidades porteñas. El discurso ilustrado en torno la nación y el rol de la prensa: El Argos de Buenos Aires, 1821-1825", en Alonso, Paula (comp.): Construcciones impresas. Para un balance de la producción historiográfica reciente sobre la revolución rioplatense y el problema de los orígenes, véase Halperin Donghi, Tulio: "Los orígenes de la nación argentina, un tema que retorna", Entrepasados. Revista de Historia, Año X, 20/21, 2001 y "Del virreinato del Río de la Plata a la nación argentina" en Mínguez, Víctor, y Chust, Manuel (eds.): El imperio sublevado, CSIC, Madrid, 2004, págs. 277-288. la conformación de identidades políticas durante las guerras de independencia tiene ya antecedentes en la literatura hispanoamericana más reciente. No pocos historiadores han comenzado a reparar sobre la importancia de la dinámica de la guerra de independencia en cuanto forjadora de identidades políticas. Como ha señalado en una reciente publicación Clément Thibaud "si las naciones no preexistían a la independencia eran entonces su consecuencia". 4 En este sentido, y así como la mutación política producida a partir de la revolución precipita una nueva legitimidad, aquélla eleva a la guerra como ámbito de resolución política. Es por esto que nos proponemos ensayar a partir del estudio de la dinámica de la guerra en la jurisdicción rioplatense una interpretación plausible de las diferentes identificaciones generadas a partir de la condición de "americanos" a la cual apelaron tanto los insurgentes como los fidelistas en los territorios ultramarinos de la "Nación Española". 5 Tulio Halperin Donghi hace ya varias décadas ofreció un inmejorable cuadro de las especificidades de la revolución rioplatense, atendiendo a los diferentes escenarios de la revolución en el interior. 6 Desde entonces han sido muy escasos los trabajos que han indagado las inflexiones territoriales y políticas producidas por los ritmos ambivalentes del proceso revolucionario y de la guerra que se disparó de inmediato en toda la jurisdicción hasta entonces virreinal. El historiador argentino al restituir el proceso de formación de las elites revolucionarias tuvo en cuenta la importancia de la guerra aunque centrándola en las dinámicas dirigidas desde el centro revolucionario. De este modo, los poderes locales terminan convirtiéndose en cajas de resonancia de la política dirigida desde la capital cuando en realidad experimentan sus propias dinámicas revolucionarias. Analizar la revolución y la guerra en el interior del Virreinato del Río de la Plata supone a nuestro juicio reparar en algunas especificidades. Aunque ambas ciudades -provincias manifestaron adhesión primero a la Junta de gobierno porteña creada en 1810, y más tarde al poder central instalado en la antigua capital del Virreinato, Salta lo hacía en carácter de capital de la Intendencia de Salta del Tucumán, mientras que Cuyo la utili-zaba como estrategia diferenciada de Córdoba, ciudad capital de intendencia, con quien mantenía antiguas controversias, con el fin de recuperar la autonomía perdida desde 1782. 7 A pesar de estas marcadas diferencias sociales y políticas, la crítica coyuntura de 1814 condicionó el desarrollo político de ambos espacios. Aunque sería sobre todo a partir de 1815 cuando las dos gobernaciones exhibieron una notable articulación de acciones orientadas a sostener el gobierno de las Provincias Unidas centradas en la antigua capital del Virreinato. ¿Qué razones explican esa solidaridad política? ¿En qué medida esa solidaridad representa o favorece la conformación de una identidad política que se reconoce en una comunidad que supera la local? Sin ánimo de retomar visiones genealogistas sobre los orígenes de las nacionalidades,8 este trabajo se propone reflexionar acerca del papel que desempeñaron los poderes locales en el proceso revolucionario y de qué manera la militarización experimentada tanto en Salta como en Cuyo se tradujo en identidad política de contornos más complejos que la estricta dimensión local. Para ello consideramos necesario prestar atención a los conflictos locales y a la presencia de los ejércitos en el contexto de la guerra de la independencia. Para responder a estos interrogantes consideramos importante en primer lugar atender a los diferentes procesos de militarización que operan en ambas jurisdicciones para luego avanzar en la caracterización de la solidaridad política manifestada hacia 1815 entre estos poderes locales y el poder central; finalmente, proponemos aproximarnos al fenómeno de las identidades políticas colectivas en relación con la guerra, tratando de mejorar la compresión de las inflexiones de la cultura política. Guerras, ejércitos y milicias La revolución en Buenos Aires y la adhesión de las ciudades del interior del Virreinato del Río de la Plata a la Junta instalada en Buenos Aires se sostuvo gracias al uso de la fuerza militar. Para sofocar los primeros focos contrarevolucionarios fue preciso organizar una fuerza militar, movilizando las milicias veteranas de Buenos Aires y procediendo a reclutar hombres que integrarían el denominado Ejército Auxiliar de Perú destinado a recuperar las principales ciudades altoperuanas que, ante los acontecimientos que tuvieron lugar en la capital virreinal, solicitaron retornar a la jurisdicción del Virreinato de Perú, desconociendo así la autoridad de la Junta de Buenos Aires. El escenario de la guerra se instaló primordialmente en el Alto Perú y fue protagonizada tanto por los ejércitos realista y porteño como por las guerrillas movilizadas en el ámbito rural altoperuano. Los vaivenes de la guerra involucraron hasta 1821 a la Intendencia de Salta del Tucumán, particularmente a Salta, ciudad capital, y a Jujuy por la vinculación de ambas a los andes meridionales. Tras unos primeros años caracterizados por triunfos militares y derrotas, en 1814 la revolución rioplatense atravesaba serios obstáculos como consecuencia de la restitución de Fernando VII al trono de España que radicalizó el conflicto. De mayor gravedad para la estabilidad del Gobierno de Buenos Aires fue el triunfo realista en Rancagua, en octubre de 1814, que les permitió recuperar Santiago y el antiguo reino de Chile, constituyéndose en una amenaza para los "insurgentes porteños", al favorecer la posibilidad de avanzar sobre Cuyo y pasar desde allí a Córdoba y a Buenos Aires. En el contexto de esa estrategia militar incursionaron en 1814 con éxito en Salta y Jujuy, ciudades que ocuparon sin grandes dificultades a principios de ese año, como consecuencia de las derrotas sufridas en el Alto Perú por el ejército de Manuel Belgrano el año anterior. Los caudillos altoperuanos libraron una guerra de guerrillas que jaquearon al Ejército realista, contribuyendo a descomprimir la situación militar en las jurisdicciones de Salta y Jujuy, ya que se vieron obligados a abandonarlas, tanto por el hostigamiento al cual eran sometidos por las milicias locales lideradas por Martín Miguel de Güemes, como por la necesidad de desbaratar las fuerzas irregulares que combatían en el Alto Perú. Influyeron también en esta decisión las noticias acerca de la caída de Montevideo, que les restaba una base de apoyo importante para avanzar hacia Buenos Aires. En efecto, significó un fuerte revés para la estrategia del ejército realista el retiro, para ellos inexplicable, de la colaboración portuguesa, que abandonó a su suerte a la plaza de Montevideo y permitió a Buenos Aires concluir con ese reducto fidelista. La recuperación de Montevideo radicalizó el enfrentamiento de José de Artigas, quien hasta entonces había lide-rado la revolución en la Banda Oriental,9 con las autoridades de Buenos Aires, quienes veían en su liderazgo una firme oposición a sus intereses hegemónicos plasmados en un proyecto político centralizador. 10 En este escenario el régimen revolucionario sufrió cambios significativos. El poder ejecutivo en Buenos Aires se transformó en unipersonal con la designación de Gervasio Posadas como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, quien de inmediato dispuso la división de la Intendencia de Salta y la creación, a partir de su jurisdicción, de las provincias de Salta y de Tucumán. Esta medida de gobierno fue interpretada como una disposición tendente a generar mayores apoyos políticos en el interior,11 pero también puede entenderse como una medida adoptada con la finalidad de debilitar el creciente poder en Salta de Martín Miguel de Güemes, al restarle los recursos fiscales procedentes de Tucumán.12 La especificidad de la experiencia salteña en la guerra de independencia deriva precisamente del liderazgo político y militar de Güemes quien entre los años 1814 y 1821 condujo con habilidad la resistencia a las tropas realistas. Este liderazgo ascendente de Güemes incomodará a las autoridades de Buenos Aires, que observaban con recelo su creciente poder. En primer lugar, se produjo una movilización rural hasta ese momento desconocida, ya que si bien existían milicias locales, que apoyaban al ejército de Buenos Aires, hasta ese año la revolución no entusiasmaba demasiado a la población rural, con excepción de las milicias movilizadas de la frontera, más militarizada y experimentada por su conflictiva relación con los pueblos chaqueños. La población de los valles, en cambio, respondía con reticencias a la recluta y se incorporó en escasa medida al ejército Auxiliar de Perú. A diferencia de lo acontecido en 1813, cuando el ejército porteño logró derrotar a las huestes realistas, con la colaboración de las milicias regladas pero sin una movilización generalizada de la población, en 1814 se produjo un levantamiento campesino en el valle de Lerma, a pocas leguas de la ciudad de Salta, que acosó a las partidas del general Joaquín de la Pezuela cuando éste dispuso la confiscación de ganado vacuno y mular para abastecer a sus tropas. Pequeños propietarios, arrenderos y agregados de las estancias del valle resistieron al saqueo, liderados por jefes de las milicias rurales e incluso por medianos propietarios. 14 Esta movilización, en cierta medida espontánea, significará el inicio de un movimiento social que, a lo largo de la guerra en los andes del Sur, resultará de fundamental importancia tanto para comprender las luchas facciosas a nivel local, como para establecer las bases de un proceso de identidad política en la cual estará presente el reconocimiento a la autoridad de Buenos Aires y la estrecha vinculación económica y política con el Alto Perú. 15 En este contexto de crisis y violencia se manifestarán con claridad las diferentes facciones políticas de la elite dirigente embarcada en la revolución. Si desde Buenos Aires se observaba con temor la acción de Güemes, los vecinos de las ciudades de Salta, de Tucumán y de Jujuy veían menguar sus posibilidades de ascenso político ante su arrollador liderazgo basado 14 Los movimientos insurgentes en el contexto de la guerra de independencia, así como los motines y rebeliones que tuvieron lugar tanto en el espacio andino como en la América española a finales de la colonia, han dado lugar a un interesante desarrollo historiográfico, si bien resta aun mucho por investigar. Señalaremos tan solo algunos de trabajos más relevantes y de obligada referencia, entre ellos Van Young, Eric: La crisis del orden colonial: estructura agraria y rebeliones populares en la Nueva España, 1750-1821, FCE, México, 1992; Walter, Charles (comp.): Bandoleros, abigeos y montoneros. Criminalidad y violencia en el Perú. Siglos XVIII-XX, Instituto de Apoyo Agrario, Lima, Perú, 1990; Walter, Charles: De Túpac Amaru a Gamarra. Cusco y la formación del Perú republicano 1780-1840, Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de las Casas", Cuzco, Perú, 1999; Flores Galindo, Alberto (comp.): Independencia y revolución. 15 En 1812 cuando el General realista Pío Tristán recuperó la ciudad de Salta recibió apoyo local para sustentar a su ejército. Su derrota significó la migración de las familias más comprometidas en ese apoyo, restando así posibilidades de aprovisionamiento a las siguientes ocupaciones realistas. Por esta razón, Joaquín de la Pezuela -carente de alimentos, ganado vacuno y mulas-se vio precisado de recurrir a las confiscaciones. Véase Mata de López, Sara: "Tierra en Armas. Salta en la revolución" en Mata de López, S. (comp.): Persistencias y Cambios. El noroeste argentino 1770-1840, Prohistoria, Rosario, págs. 149-175. fundamentalmente en el apoyo de las milicias de Salta, Jujuy y Tarija, a la cual se sumaban voluntarios para hacer frente a la presencia realista. La rivalidad política y militar se explicitó en torno a la capacidad de movilización militar, a la construcción de poder político y a la relación con las autoridades porteñas. 16 En el plano local la adhesión a Buenos Aires realineó a los sectores de la elite y entre quienes apoyaron a la Junta de Buenos Aires se encontraron diferentes facciones de la misma, que si bien coincidieron en el reconocimiento a la Junta, no por ello menguaron en sus enfrentamientos para monopolizar el poder. Miembro de una familia que carecía de relevancia en la elite de Salta, aunque estrechamente vinculada a ella, Güemes en su condición de militar debió enfrentar en Salta la rivalidad del poderoso hacendado José Antonino Fernández Cornejo, Comandante de la Frontera, quien intentó con el apoyo del Director Supremo, Álvarez Thomas, y del Jefe del Ejército del Norte, José de Rondeau, organizar las milicias de Salta y Jujuy tras el retiro de las tropas del General Realista, Joaquín de la Pezuela, en julio de 1814. 17 La militarización cuyana exhibió un ritmo diferente al salteño en la medida en que el éxito de la revolución chilena no exigió la presencia de un ejército en su jurisdicción hasta 1813; hasta ese momento la movilización se limitó al reclutamiento de hombres de acuerdo a la normativa de 1801, y a la provisión de recursos con destino al Ejército Auxiliar de Perú. Sin embargo, el avance realista sobre el bastión patriota chileno condujo al gobierno central a introducir cambios significativos en Cuyo para sostener la frontera revolucionaria. Esa nueva coyuntura no sólo elevó el status de las ciudades cuyanas al integrar una nueva gobernación con capital en Mendoza, sino que fortaleció los lazos con el centro político a través del nombramiento y envío de gobernadores intendentes de confianza con el fin de sostener el curso revolucionario: Juan Florencio Terrada y Marcos González Balcarce reunían trayectorias favorables a la independencia americana, moldeadas a través de experiencias asociativas iniciadas en Cádiz o en el Río de la Plata. 18 Aunque los nuevos funcionarios implementaron acciones para acelerar la militarización, la escasez de recursos limitó su alcance: la imposición de contribuciones forzosas dio origen a conflictos en los Cabildos de Mendoza y San Juan, y la exiguas cuotas obtenidas en el primer trimestre de 1814 fueron destinadas al ejército de Perú por orden del gobierno central. Por otra parte, la formación de cuerpos de infantería y caballería (pardos y blancos) se había visto afectada ante los sucesivos requerimientos del gobierno de Buenos Aires para surtir batallones en la campaña sobre Montevideo, y en el auxiliar del "Estado de Chile". Por consiguiente, las condiciones de defensa en Cuyo estaban limitadas a cuerpos milicianos organizados por los Cabildos, en ciudad y campaña, y a la raquítica tropa regular representada por el cuerpo de blandengues acantonado en el valle de Uco. 19 18 Juan Florencio Terrada (1782-1824) era oficial de milicias en Buenos Aires destacándose en las invasiones inglesas: en 1807 fue ascendido a teniente coronel del batallón Granaderos de Fernando VII; asistió al cabildo abierto del 22 de mayo y firmó el acta que exigía la renuncia de Cisneros. Después de participar en las negociaciones que provocaron el cese del bloqueo de Buenos Aires, en 1811 como coronel del ejército porteño, se incorporó al ejército sitiador de Montevideo. Según sus biógrafos, participó de la Sociedad de Caballeros Racionales en Cádiz integrándose más tarde en la "Gran Logia de Buenos Aires"; esas relaciones explican su posterior desempeño como Ministro de Guerra bajo la administración de Pueyrredón. A partir de los vínculos de su tío el canónigo Juan Pablo Fretes, forjó una sólida amistad con el chileno Bernardo de O'Higgins. El desempeño de Marcos Balcarce fue muy breve y partió al mando del Cuerpo Expedicionario a Chile en apoyo de la revolución chilena. 19 Aunque la profusa literatura sanmartiniana alude al giro dado por San Martín a la militarización en Cuyo, existen diferencias a la hora de evaluar el peso de las milicias regladas en su organización. En tal sentido Comadrán Ruiz atribuye al período borbónico y a la gestión de Sobremonte, como comandante general de armas, un lugar privilegiado que prepara a los cuyanos en aspectos ligados al entrenamiento y a la obediencia militar. Comadrán Ruiz, Jorge: "Cuyo y la formación del ejército de los Andes. Consecuencias socio-económicas", Congreso Internacional Sanmartiniano, Buenos Aires, 1978 y "Las milicias regladas de Mendoza y su papel en el Ejército de los Andes", Diario Mendoza, julio 1979. Además, Pelagatti, Oriana: "Conflictos y autoridad en la frontera sur durante la Revolución, Mendoza 1810-1816", VII Seminario argentino chileno y I Seminario Cono Sur de Ciencias Sociales, Humanas y Relaciones Internacionales. El Cono Sur frente al Bicentenario, Universidad de Congreso, Mendoza, 2004. Esa situación se modificó sustancialmente ante la llegada del nuevo gobernador intendente, el coronel José de San Martín, otro de los oficiales del ejército real salidos de la península que desembarcaron en Buenos Aires en 1812, integrándose a las jerarquías militares de los insurgentes porteños a través del vector patriótico lautarino, y que, después de haber conocido el malogrado ejército del Norte, habría de encabezar un giro significativo en la conducción de la guerra dirigida desde Buenos Aires. La construcción de un consenso local afín a su liderazgo y de la concepción centralizada del poder que representaba, se robusteció ante la derrota de los patriotas chilenos en Rancagua en octubre de 1814. Ante la amenaza inminente del avance realista a Cuyo, los grupos mercantiles cuyanos, que mantenían estrechos vínculos con las plazas chilenas y de Buenos Aires, no tardaron en manifestar su solidaridad a la empresa militar, depositando en ella expectativas favorables con el fin de restablecer su intermediación entre los mercados del Pacífico y el puerto de Buenos Aires. 20 San Martín dirigió un proceso de militarización inédito destinado a emprender una estrategia ofensiva para lo cual resultaba indispensable formar soldados entrenados y apertrechados para hacer la guerra. Dirigida "desde arriba", y sostenida por una tupida red de aliados locales, integrada por funcionarios menores y líderes territoriales, la formación de soldados profesionales -"haremos soldados de cualquier bicho", escribió Tomás Guido a San Martín-exigió la obtención de una renta fija (derivados del gobierno de Buenos Aires y de la extracción de recursos locales) que permitiera asegurar salarios y equipos para garantizar obediencia y eludir la "peste" de la deserción. 21 El éxito de esa empresa dependió de un esquema de poder local que aparecía articulado por un elenco estable de personajes fieles a la revolución desde sus comienzos. El "gobierno de amigos sólidos" reunía perfiles de trayectorias no siempre bien conocidas, aunque en su mayoría habían ejercido funciones administrativas y/o militares de mayor o menor o jerarquía antes y durante el ciclo revolucionario: 22 si los tenientes gobernadores de San Juan, Ignacio De la Rosa, y de San Luis, capitán Vicente Dupuy, se convirtieron en aliados estables, no fueron menos decisivas las inclusiones del comandante de frontera José Susso y del teniente Manuel Corvalán, quienes sintetizaban carreras profesionales iniciadas en el período virreinal, sea como integrantes de las milicias regladas afincadas en la jurisdicción, o bien como partícipes activos de los contingentes milicianos enviados a Buenos Aires con ocasión de las invasiones inglesas de 1806 y 1807 como integrantes de los batallones de "arribeños". Esos liderazgos intermedios se completaban con una pléyade de magistrados con funciones de policía y justicia, estratégicamente designados para ejercer el control sobre los cuarteles urbanos y rurales. El cabildo de la capital también se convirtió en baluarte del poder sanmartiniano. No obstante, el entendimiento del gobernador con los capitulares estuvo lejos de limar asperezas, ya que si buena parte del poder local se dirimía en torno al Cabildo, el proceso político disparado con la revolución y la militarización que le siguió obligaron a negociaciones e intervenciones que superaban la vigorosa, aunque no excluyente, institución capitular. Es preciso traer a colación al menos tres situaciones convergentes: a) la modificación operada en torno a milicias regladas que introdujo diferencias entre antiguos y nuevos liderazgos: 23 allí San Martín, así como sus oficiales leales, fueron custodios fieles de la jerarquía militar a través de la instrumentación de la ecuación prest-obediencia; 24 b) la necesidad de pactar con las parcialidades indígenas de la frontera sur con el fin de evitar que reprodujeran situaciones semejantes a las exhibidas en la restauración del poder realista en el sur chileno, objetivo que vino de la mano de las relaciones mantenidas con la "nación" pehuenche por el fraile araucano Francisco Inalicán y el comandante de frontera Pedro Susso; 25 c) las tensiones originadas con motivo de las rivalidades entre la ciudad cabecera y las subalternas que se manifestaron en torno al rechazo de funcionarios nombrados por la autoridad central, y mantenidos por el gobierno de la 23 El conflicto suscitado con motivo de la protesta que el teniente coronel Miguel Villanueva dirigió al Director Supremo por ser enviado a San Luis por el Sargento Mayor Marcos Balcarce, el flamante comandante General de Armas. Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, Ministerio de Educación de la Nación, Buenos Aires, 1954, tomo II, págs. 407-410. 24 Halperin Donghi, Tulio: Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino (1791-1850), Editorial Belgrano, Buenos Aires, 1982; un trabajo reciente sobre la militarización porteña puede verse en Di Meglio, Gabriel: "Soldados de la Revolución. 25 Pelagatti, Oriana: "Religión y política en la frontera sur del antiguo imperio español. Francisco Inalicán, 1805-1824" en Ayrolo, Valentina (comp.): Estudios sobre clero iberoamericano entre la independencia y el Estado nación, Salta Centro Promocional de las Investigaciones en Historia y Antropología (CEPIHA), Universidad Nacional de Salta. ISSN: 0210-5810 capital, que condujo al gobernador intendente a aceptar las nominaciones surgidas de los cabildos abiertos constituidos para tal fin. MILITARIZACIÓN E IDENTIDADES POLÍTICAS EN LA REVOLUCIÓN RIOPLATENSE La relativa coherencia de esa pirámide de poder dio lugar a una rápida concentración de poder e influencias que se tradujo en una intensa movilización de hombres que recayó especialmente en los sectores subalternos de toda la jurisdicción. Según las fuentes, en el lapso de cien días la leva alcanzó la cifra de 1.200 hombres en ciudad y campaña. Como en Buenos Aires, la reglamentación sobre vagos y mal entretenidos se convirtió en torniquete del reclutamiento militar sobre la población masculina sin trabajo estable, aunque también penetró entre quienes lo tenían: mientras "mestizos y criollos pobres" engrosaron las filas de la caballería, la oficialidad fue integrada por vástagos de familias "aristocráticas". Algunos han calculado que de los 5.187 hombres que integraron el ejército en el momento del cruce de los Andes, 3.610 eran originarios de la jurisdicción cuyana. 26 El reclutamiento de los esclavos se implementó a través de la compra, confiscación o en reemplazo de hijos de familia exentos del servicio militar: una primera disposición reclutó esclavos de entre 16 y 30 años pertenecientes a europeos peninsulares sin carta de ciudadanía;27 después la leva avanzó sobre toda la jurisdicción cuyana a través de la formación de una comisión ad hoc encargada de reclutar a las dos terceras partes de esclavos útiles en el manejo de armas, mayores de 12 años, que resultaron seleccionados por sorteo o compensación de sus propietarios. 28 Según Masini se reunieron 710 esclavos que fueron destinados mayoritariamente a la infantería, 29 representan-do casi la mitad de los libertos integrados en los cuerpos de infantería que arribaron a Chile en 1817. Solidaridad política en tiempos de guerra En 1815 la revolución rioplatense atravesaba severos obstáculos para perdurar: la restauración monárquica en Europa, las derrotas militares en la frontera norte y la expansión de tendencias confederativas en las provincias del litoral y en la misma Buenos Aires, interferidas por el avance de la influencia artiguista, pusieron en evidencia las fisuras del grupo directorial en la ciudad. 30 Esas tensiones, que precipitaron una crisis de alcance inusitado en Buenos Aires, adquirieron manifestaciones específicas tanto en Cuyo como en Salta en la medida que, a diferencia del escenario porteño, representaban jurisdicciones fuertemente conmovidas por la militarización y el desarrollo de la guerra. La literatura ha considerado esa experiencia como una demostración del ejercicio soberano de los pueblos en el marco de la endeble institucionalidad de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 31 No obstante, un examen pormenorizado de las relaciones políticas ejercidas por Salta y Cuyo con la autoridad establecida en Buenos Aires permite hacer más complejas esas interpretaciones. En este sentido, y aun considerando los rasgos específicos y no necesariamente idénticos, resulta sugerente preguntarse acerca de las formas que asumió esta relación en ambas jurisdicciones en las que la militarización y la guerra operaron de diferente manera. La caída de Montevideo en poder revolucionario y la recuperación de Chile por parte de los realistas cambió el escenario y las urgencias de la guerra. El ascenso de una facción de los directoriales proclives a disminuir los recursos del plan militar ofensivo organizado por San Martín desde Cuyo precipitó tensiones que culminaron en su desplazamiento y en el nombramiento de un nuevo gobernador a comienzos de 1815. Con ello no sólo se ponía en evidencia la disputa entre facciones de la logia 30 Para un desarrollo pormenorizado de las tensiones facciosas y la división de opinión en la conducción directorial que exhibe la puja entre el sector militar y los letrados o doctores, véase Halperin, Tulio: Revolución y Guerra. La formación de una elite dirigente en la Argentina criolla, Siglo XXI, Buenos Aires, 1979. 31 Chiaramonte, José C.: Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina, 1800-1846, Ariel, Buenos Aires, 1997; Verdó, Geneviève: ¿Soberanía del pueblo o de los pueblos? Lautarina, más exactamente entre el gobernador cuyano y el director supremo Carlos de Alvear, sino que también se hacía manifiesta la controversia entre quienes en Buenos Aires no consideraban ya imprescindible el mantenimiento de los ejércitos porteños, al considerar escasas las posibilidades de los realistas de sofocar el bastión rioplatense tras haber perdido Montevideo. La historiografía ha abundado en las demostraciones del "pueblo y vecindario" de la capital cuyana en torno al rechazo unánime de la decisión de los directoriales y la restauración del liderazgo sanmartiniano en el poder local, y ha insistido en ubicar el fenómeno -la "revolución municipal", Mitre dixitcomo evidencia objetiva de una vocación "provincialista" contraria a las tendencias centralistas dirigidas desde la capital. Sin embargo, una mirada meridiana de los argumentos vertidos por San Martín así como de los sostenidos por algunos de los oradores del memorable Cabildo Abierto que lo reeligió permite poner reparos a dichas interpretaciones. 32 En este sentido, San Martín pide licencia no sin antes exponer en oficio al Cabildo que el general realista Mariano de Ossorio preparaba desde Chile una invasión a Cuyo una vez despejado el paso cordillerano. Allí exhortó a "redoblar sacrificios" sobre la base de la "unión y constancia" a favor de la "existencia civil". Después de señalar la necesidad de vencer los obstáculos que dicha empresa suponía, expresaba: "Nuestro primer deber en tales circunstancias es proporcionar a la Capital toda clase de auxilios. Si ésta cae bajo la opresión enemiga como que es la fuente donde emanan los recursos al sostén de nuestra Libertad, o perecerá ésta, ó al menos sufrirá su revés que tal vez no sea dificultoso repararlo". 33 En otras palabras, la manifiesta lealtad de San Martín a la capital era independiente del momento específico en que el gobierno de las Provincias Unidas aparecía dirigido por la facción alvearista, en cuanto núcleo del sistema revolucionario y sostén de la financiación del ejército insurgente. Ante la crisis se convocó a los oficiales de la guarnición a una Junta de Guerra que decidió no oponerse a la insubordinación para evitar "una guerra civil" y considerar que el objetivo perseguido era liberar a los "Pueblos de la tiranía" y dejarlos en "plenitud de sus derechos para la elección por medio de sus diputados" de un gobierno legítimo. Idénticos argu-mentos dirigió a los Tenientes Gobernadores de San Juan y San Luis, y al ayuntamiento capitalino en los cuales el fervor libertario era acompañado de un cuidadoso arbitrio que conllevaba desobediencia a Carlos de Alvear y subordinación a la autoridad de las Provincias Unidas. Ese delicado equilibrio se hizo más evidente en la correspondencia dirigida al todavía Gobernador de Córdoba, en la cual manifestaba que la desobediencia al director supremo no debía eludir la urgencia de sostener la capital por ser "de quien depende el sostén del Cuerpo Social". 34 La fiel custodia del orden revolucionario se manifestó abiertamente en el Cabildo Abierto (21 de abril), que habría de reelegirlo bajo la unánime opinión de los jefes de la guarnición y la "voz" del Pueblo. 35 Allí se hicieron explícitas dos opiniones. Por un lado, la encabezada por el cura y vicario Domingo García, regular contrincante de la revolución y de San Martín, que proponía negar obediencia al "actual Gobierno de Buenos Aires" y no prestar una nueva hasta tanto no surgiera un gobierno del "voto unánime de los pueblos" que componen el "Estado"; 36 en oposición a ella, el licenciado Manuel Ignacio Molina adujo que el mismo pueblo que "había negado obediencia y anulado la autoridad del gobierno actual de Buenos Aires, nombrase un nuevo gobernador que lo rigiese, pues el actual debía considerarse desautorizado para seguir en su empleo". Una vez aceptado este argumento, y en medio de protestas que no aceptarían otra autoridad que emanara del actual Gobierno Supremo de las Provincias Unidas, inmediatamente San Martín fue propuesto para desempeñar el cargo con autoridad plena de las cuatro causas, aunque quedaba expresamente manifestado que su continuidad quedaría sujeta al "voto de los demás pueblos que componían la Provincia". Pero la "Independencia provincial" fue efímera, de tal manera que el mismo día que se celebraba en la iglesia matriz un tedeum para agradecer "al Supremo la destrucción del tirano Gobierno de la Capital", los jefes militares de la guarnición, entre los que se encontraban oficiales arribados desde Buenos Aires y un puñado de líderes que habían conducido la leva 34 De San Martín a Ocampo, 14 de abril de 1815: "Libro Copiador de la correspondencia del Gobernador Intendente de Cuyo", Anales, Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo, 1944, pág. 270. 36 En agosto de 1815 San Martín ordena al auditor de guerra Vera y Pintado levantar una información secreta acerca de la conducta del párroco por ser "un indiferente incapaz de cooperar a la propagación del espíritu público a favor de nuestro sistema", Archivo Histórico de Mendoza, Independiente, Carpeta n.o 60. local, 37 decidieron prestar obediencia al nuevo Director Supremo, el brigadier José Rondeau, y a su reemplazante, Álvarez Thomas, por estar "convencidos de que no podían permanecer por más tiempo las Provincias Unidas sin tener a su cabeza quien girase las negociaciones exteriores, e interiores que estaban paralizadas". La nueva obediencia tenía sin embargo condiciones: la aceptación de la resolución del Cabildo porteño de nombrar sucesor y sustituto se hacía bajo condición expresa de convocar un congreso con representación de los pueblos de las Provincias Unidas con el objeto de transformar el bastión insurgente en una comunidad política soberana e independiente. En Salta el reconocimiento de la autoridad de Buenos Aires adquirió un perfil diferente a la Cuyana. La intervención de Buenos Aires en Salta tenderá a destruir el poder adquirido por Martín Miguel de Güemes en el transcurso de 1814. Este liderazgo militar, basado en una movilización social e insurreccional muy amplia, introduciría severas reservas para las jefaturas guerreras encargadas de sostener el avance realista y los administradores del poder revolucionario, quienes temían verse obligados a negociar con él para mantener la jurisdicción de Salta en obediencia a la autoridad central de Buenos Aires. La ofensiva del Jefe del Ejército Auxiliar de Perú, respondiendo a las directivas del Director Supremo sobre el creciente poder de Güemes, se materializará a principios de 1815 al otorgarle a José Antonino Fernández Cornejo la tarea de organizar las milicias de Salta, una vez despojado Martín Miguel de Güemes de su cargo militar. La reacción de Güemes fue inmediata: con el apoyo de las milicias rurales de Salta se autodesignó Coronel Comandante del cuerpo militar de los Paisanos de la Campaña de la Provincia de Salta y por medio de una proclama acusó al Jefe del Ejército Auxiliar de traidor a la causa. Poco después, en una hábil y rápida maniobra enfrentó exitosamente a las tropas realistas en los puestos de avanzada del Ejército del Norte y pasó a Jujuy tomando 600 fusiles pertenecientes al ejército. De inmediato se dirigió a Salta y con sus milicias frente al Cabildo fue designado, en mayo de 1815, Gobernador de la Provincia para luego derrotar militarmente a las fuerzas del ejército del norte, que intentarán sin éxito destituirlo de su cargo. Será 37 Firmaron el acta el Comandante general de armas coronel mayor Marcos González Balcarce, el de frontera Teniente Coronel Don José de Susso, el de Artillería el Capitán Don Pedro Regalado de la Plaza, el Comandante del Batallón n.o 11, teniente coronel Don Juan Gregorio Las Heras, el del Piquete n.o 8 Sargento Bonifacio García, del de Cívicos de Infantería D. Pedro Molina, el de Escuadrones de Caballería Don Javier Correa, DHLGSM, tomo II, págs. 463-464. en este momento cuando negociará su lealtad a la revolución de Buenos Aires a través de la firma de un pacto. 38 A partir de este momento concentrará sus esfuerzos en organizar sus milicias creando, a pesar de la oposición de Buenos Aires, el Cuerpo de Infernales, cuyos oficiales serían designados entre sus hombres de mayor confianza. 39 Estas fuerzas militares locales que abarcaron la jurisdicción de las ciudades de Salta, Jujuy y Orán contaron con entrenamiento militar, uniforme, el goce permanente de fuero militar y el pago de un salario. El escenario guerrero en el cual se desenvolvieron no excedió, salvo contadas excepciones, los territorios comprendidos por la jurisdicción de la provincia de Salta. La permanente escasez de recursos y el faccionalismo interno impidieron la movilización de esas milicias al distante territorio Alto Peruano. 40 Pero si es posible observar que la guerra en Salta se sostiene por la acción de Güemes y de sus gauchos -como fueron llamados los paisanos que formaban sus milicias al margen del Ejército Auxiliar estacionado en Tucumán-, también es posible comprobar que dicha acción se inscribe en las guerrillas altoperuanas, para cuyos jefes Güemes es un "padre amante y protector", que los legitima al proponer a Belgrano sus nombramientos como Oficiales del ejército de Buenos Aires. Cuando Güemes le responde a Rondeau aseverando que la libertad en Salta será preservada por sus gauchos y no por el ejército de Buenos Aires, está revelando un proceso de identidad política similar a la evidenciada por Manuel Ascensio Padilla en Cochabamba, al contestar la misiva enviada por el derrotado Rondeau instándole a continuar la lucha por la libertad americana. 41 Ahora bien, más allá de estas manifestaciones que revelan importantes contrapuntos con las condiciones políticas y militares exhibidas en Cuyo, que remiten de manera inexorable al papel desempeñado por la guerra en el teatro salteño, la designación de Güemes como Gobernador en 38 Este Pacto, conocido con el nombre de los Cerrillos, se firmó en marzo de 1816. Entre sus disposiciones más importantes se encontraban la creación de un ejército en la provincia de Salta, la entrega de 300 reclutas al Ejército Auxiliar del Norte y el compromiso de la provincia de Salta de auxiliar al Ejército de Buenos Aires con "...caballos, reses y cuanto pueda..." Cornejo, Atilio: Historia de Güemes... pág. 195. 39 Mata de López, Sara: "La guerra de independencia en Salta y la emergencia de nuevas relaciones de poder" en Andes, n.o 13, CEPIHA, Facultad de Humanidades, UNSa, 2003, págs. 113-143. 40 Mata de López, Sara: "Conflicto social, militarización y poder en Salta durante el Gobierno de Martín Miguel de Güemes" en Herrero, Fabián (comp.): Revolución, política e ideas en el Río de la Plata en la década de 1810, Universidad de Tres de Febrero, Buenos Aires, Argentina, págs. 125-148. 1815, desconociendo el nombramiento de Hilarión de la Quintana, realizada por Buenos Aires, ¿en qué registro político debe colocarse? ¿Fue un acto de autonomía frente a la capital del ex Virreinato? No es sencillo especular al respecto. 42 Los argumentos utilizados para justificar esta inédita resolución se basaron en los peligros de nuevas incursiones realistas frente a las cuales Güemes se presentaba como el único jefe capaz de detenerlas por su liderazgo militar. Él y sus partidarios habrán de presentar como imprescindible la necesidad de concentrar el poder para sostener en Salta la guerra de independencia. De todas maneras, es indudable que su designación como Gobernador y la formación de milicias propias constituían un desafío, en razón de su rivalidad con el Director Supremo y con el Jefe del Ejército del Norte, pero es plausible suponer que este desafío estaba dirigido a quienes en esos momentos detentaban el poder en Buenos Aires y que escatimaban su apoyo a Güemes por temor de encontrar en él a un Artigas del Norte. 43 Avala esta hipótesis sus expresiones a favor de la unión de las provincias del Río de la Plata y el deseo de conciliación con Buenos Aires a pesar de actuar desconociendo sus mandatos. En los momentos más álgidos de su enfrentamiento con Rondeau, en un oficio que eleva al Director Supremo justificando la necesidad de retener las armas que ha tomado del ejército en Jujuy, se pregunta preocupado "¿Cuándo llegará el suspirado día, en que veamos reunidos nuestro Congreso, y que compuesto de sabios, y virtuosos, formen una Constitución libre, dicten sabias leyes y transigan las diferencias y relaciones de las provincias? Este será el término de la revolución; porque cuando la soberanía está repartida en todos, no puede haber, ni orden, ni leyes, ni gobierno, ni libertad, ni soberanía, sino una anarquía y una interminable guerra civil". 44 En suma, las experiencias políticas que ambos espacios han exhibido en relación con el gobierno central en el curso de 1815 ponderan el protagonismo de las milicias, las jerarquías guerreras edificadas en relación con 42 Desde 1810 los gobernadores de la Provincia de Salta habían sido designados por Buenos Aires, sin que se registrara oposición local. Es indudable que el Cabildo, al designar a Güemes, desconoció la autoridad de Buenos Aries para imponer Gobernador. 43 En un Oficio el Directorio le ordena al Jefe del Ejército Auxiliar, que extreme sus cuidados y sofoque cualquier discordia "...para no ser envueltos en las desgracias que por iguales principios lamentamos hoy en la Banda Oriental" y le sugiere "...debilitar la fuerza de gauchos que ha obrado hasta ahora con las tropas de lineas sobre Salta y Jujuy alejando honestamente a los caudillos que las han conducido". 44 Oficio de Güemes al Director. ISSN: 0210-5810 ellas y el uso estratégico de las instituciones representativas urbanas como baluarte de legitimación política frente al alvearismo y la crisis desatada en la capital. Es necesario distinguir sin embargo las modalidades de esa lealtad exhibida tanto por la Provincia de Cuyo como por la de Salta. En el caso cuyano tendrá mayor peso sin duda la jerarquía y disciplina militar que incluye a jefes, oficiales y tropa, mientras que en Salta serán las milicias y su movilización de cara al peligro realista las que tendrán un peso decisivo en este proceso de desobediencia y lealtad. Con todo, la reunión del Congreso Soberano y la declaración de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1816) constituyó un acto soberano que reafirmaba la legitimidad revolucionaria en una geografía política que se sostenía en un esquema centralista del poder con sede en Buenos Aires e incluía entre otras a las Provincias de Cuyo y Salta. El recorrido trazado por la revolución y la militarización que habría de sostenerla se extenderá durante más de una década. La guerra constituirá un factor decisivo en el proceso de configuración de identidades políticas de indiscutible protagonismo en la resolución de la independencia y la construcción de los estados nacionales a mediados del siglo XIX. Si en el desplome del imperio español la pertenencia americana fue esgrimida por los movimientos independentistas, la clausura de la guerra la pulveriza. Abordar este proceso nos remite a la consideración de tres núcleos problemáticos. En primer lugar, es necesario atender al sentido de pertenencia e identidad americana en el cual se reconocían las elites letradas que protagonizaron la revolución inaugurada en Buenos Aires; en segundo lugar, es conveniente señalar que la revolución redefine la categoría de americano en la medida en que ya no se limita a los nacidos en tierra americana; finalmente, se debe advertir la incidencia de las antiguas jurisdicciones borbónicas que en algunos casos los procesos revolucionarios terminan por fragmentar -como es posible observar con el Virreinato del Río de la Plata-mientras que, en otros -como en el antiguo reino de Chile-, se verá robustecida. Intentar dar respuesta exhaustiva a estos problemas no es una tarea que podamos abordar en el presente artículo. Esa limitación, sin embargo, no impide llevar a cabo algunos ejercicios sucesivos que servirán para examinar en qué medida la prolongación de la gue-rra, sus formas e incluso la exigencia de desplazamientos imprimieron direcciones en ocasiones inesperadas que favorecieron la matización y sedimentación de la genérica identidad "americana" de la cultura política disparada con las revoluciones de independencia. Como toda una literatura ha señalado, la ingente movilización de hombres y recursos exhibida en el amplio espacio rioplatense y sudamericano se convirtió en una de las novedades más relevantes introducidas por la guerra. La formación de cuerpos armados estables y profesionalizados representó una experiencia relativamente inédita a partir de la cual no pocos varones reclutados -voluntaria o coactivamente-, al convertirse en actores políticos de importancia, llevaron a cabo trayectorias sociales y políticas insospechadas. Si la carrera de la revolución propició sobre todo la conformación de nuevas elites, para la mayoría de los enrolados en los ejércitos patriotas la guerra los condujo a regiones distantes del lugar en que habían nacido u organizaban su vida cotidiana. Esa experiencia de movilidad espacial, o el "viaje" en el sentido atribuido por Anderson, 45 adquirió particular visibilidad ante los contrastes o éxitos militares que imponían a los derrotados el castigo del destierro o el camino de la emigración. Este último fenómeno sería puesto en evidencia por José Antonio de Moldes, un exponente salteño de la revolución rioplatense, tras ser rechazado en 1816 como Congresal en Tucumán. Decepcionado escribió: "Dispersos, emigrados, errantes, aún no sabemos la Patria que hemos de vivir" La experiencia a la que aludió Moldes fue moneda corriente en el desarrollo de la guerra y cruzó a las mismas elites revolucionarias. Un caso particularmente rico del tejido de tensiones que alimentaban las divisiones facciosas en los baluartes australes del antiguo imperio español aparece representado por las situaciones producidas a raíz de la reconquista del reino de Chile (1814) por las fuerzas invasoras dirigidas desde Lima por el Virrey Abascal que, a juicio de la literatura, "peruanizó" el conflicto. 46 El éxito militar de los realistas pretendió reencauzar el poder y la administración a la autoridad de Lima y de la Monarquía, a través de la frustrada 45 Anderson, Benedict: Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, capítulo 4. 46 Sobre la revolución de independencia en Chile, véase especialmente Eyzaguirre, Jaime: Ideario y ruta de emancipación chilena, Editorial Universitaria, Santiago, 1957; Donoso, Ricardo: Las ideas políticas en Chile, Eudeba, Buenos Aires, 1970; Villalobos, Ricardo: Tradición y reforma en 1810, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1961, y Jocelyn Host-Letelier, Alfredo: La independencia en Chile. Tradición, modernización y mito, MAPFRE, Madrid, 1992. negociación o tratado de Lircay y algunos apoyos locales, asimismo la política dirigida a controlar a los "insurgentes" o "revolucionarios" trajo como consecuencia destierros y emigraciones de notable impacto. 47 La historiografía suele acentuar la reconquista como expresión del giro absolutista posterior al regreso de Fernando VII menguando las posibilidades de complejizar la experiencia política en Chile. Es preciso señalar, por ejemplo, la pretensión del general invasor de indultar a una buena parte de los revolucionarios (que fueron desterrados a la isla de Juan Fernández o a haciendas distantes de la capital), así como la instrumentación de una política de exterminio para liquidar la influencia de los fugados o "facinerosos" que habían pasado a Cuyo por los cruces cordilleranos. 48 En la crítica retirada y en la dispersión de las tropas patriotas chilenas frente al acecho del ejército realista después del enfrentamiento en Rancagua, vastos contingentes de varones, mujeres y familias enteras cruzaron la cordillera de los Andes con el fin de refugiarse en Cuyo; sin embargo, las tensiones facciosas, que atravesaban a los emigrados en relación al proceso político previo y al desempeño guerrero en la resistencia contra el ejército realista, aumentaron las diferencias entre José Miguel Carrera y Bernardo de O'Higgins. De cara a ambos liderazgos, y en función de sociabilidades políticas comunes, 49 el gobernador San Martín optó por el segundo y exigió a Carrera el reconocimiento de su autoridad apoyado por el gobierno central de Buenos Aires. 50 En efecto, la evidencia empírica disponible -que jalona un violento intercambio de oficios-permite restituir con nitidez la exigencia impuesta al caudillo chileno con respecto a las órdenes emanadas por una autoridad política local sostenida por las leyes y gobierno de las Provincias Unidas: el 30 de octubre San Martín publicó un bando por el cual daba cuenta de la difícil situación 47 Barros Arana, Diego: Historia general de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 2000; Vicuña Mackenna, Benjamín: El ostracismo de los Carreras, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, octubre 1857. 49 La confluencia de americanos en sociedades secretas en Cádiz y en Sevilla ha sido uno de los tópicos más reiterados para explicar las solidaridades políticas a favor de la independencia como requisito previo a la incorporación en las dinámicas revolucionarias hispanoamericanas. Véase a modo de ejemplo Cánter, Juan: "Las sociedades secretas y literarias", Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), Academia Nacional de la Historia, El Ateneo Editorial, Buenos Aires, 1961. 50 La opción sanmartiniana fue argüida por Mitre y desde entonces no ha sido reinterpretada. Véase a modo de ejemplo, Raffo de la Reta, J.C.: El General José Miguel Carrera en la República Argentina, La Facultad, Buenos Aires, 1935, y Pérez, Joaquín: San Martín y José Miguel Carrera, Facultad Eva Perón, Buenos Aires, 1954. vivida por los chilenos caídos en desgracia en defensa de la "causa de la libertad", aunque los prevenía de que en "esta Provincia no existe ni puede existir más autoridad que la constituida por el mismo supremo Director"; dicha política fue validada por el gobierno en Buenos Aires que juzgó como delirio la pretensión de Carrera de sostener una autoridad independiente "en nuestro territorio". 51 Por consiguiente, la resolución del conflicto permite visualizar la manera en que el argumento esgrimido por el gobierno de las Provincias Unidas enfatiza una estrecha relación entre territorio y soberanía. El gobernador dispuso abastecimiento y asilo para los emigrados, y propuso disminuir el ascendiente de José Miguel Carrera, hechos que provocaron desórdenes y disturbios entre la tropa: 52 en noviembre O'Higgins daba aviso de la fuga de tres soldados armados que, a su juicio, seguramente habían seguido "el mal ejemplo de los Carrera" quien auspiciaba pasarse incluso al enemigo "antes que servir bajo las Banderas de Buenos Aires". 53 Frente a la amenaza que suponía la existencia de tropas divididas en torno a jefaturas de origen con severas dificultades de conducción, y la sospecha de que el estado de "fermentación" de las tropas chilenas atentaba contra el orden público, el gobierno no sólo ajustó los términos de la protección a los "desgraciados chilenos", sino que debilitó las bases del liderazgo de Carrera y sus aliados, a través de acuerdos e invitaciones realizadas a sus seguidores, que en varios casos no tardaron en integrar el cuerpo de oficiales y la tropa. La potestas sanmartiniana fue más contundente con los que mantuvieron lealtad al caudillo chileno hasta el último momento. Frente a ellos, el gobernador cuyano llevó a cabo una agresión directa contra el convento donde se alojaban jefes y tropas leales a Carrera quienes, en abrumadora mayoría, pasaron a engrosar las filas de los regimientos en formación. La política frente al caudillo chileno caído en desgracia y los pocos seguidores que consiguió mantener fue completada con el traslado en un primer momento a la vecina localidad de San Luis y posterior-51 "Libro Copiador de la correspondencia del Gobernador Intendente de Cuyo", Anales, Facultad de Filosofía y Letras, 215. 52 Considerar las condiciones a las que estaban expuestos los emigrados en Mendoza daría lugar a otro trabajo. Sólo indicaremos aquí que la manutención de los mismos dependió de los aportes particulares y de la obligación de conchabarse como contraparte de habitación y alimentos. 53 "Libro Copiador de la correspondencia del Gobernador Intendente de Cuyo", Anales, Facultad de Filosofía y Letras, 219. A partir de entonces, la acción carrerina pasaría a engrosar el inestable elenco de opositores de los "tiranos" -esa categoría o concepto era asimilada a las jefaturas políticas y guerreras de los grupos insurgentes proclives a los formatos centralistas opuestos a los confederativos-, adquiriendo después de 1818 su punto culminante cuando fueron pasados por armas dos de los hermanos Carrera en la ciudad de Mendoza por las autoridades leales al esquema de poder de los martinianos. 54 En suma, el fenómeno de emigración política chilena permite sugerir un proceso de diferenciación política que fortalece la posición del gobernador y de la red de gobiernos sólidos que lo sostenía en la cúspide del poder local, como también invita a conjeturar la delimitación de una frontera política dirimida en relación con jurisdicciones previas que fueron robustecidas por los desiguales procesos revolucionarios llevados a cabo a uno y otro lado de la cordillera. Podría argumentarse que el conflicto antes expuesto nos enfrenta a un fenómeno de ningún modo obviado, sino enfatizado por la literatura para evaluar el dilema de la diferenciación política en pleno desarrollo de la guerra de independencia. En efecto, no resulta para nada sorprendente evaluar el peso de los procesos históricos e incluso revolucionarios en los márgenes australes del "imperio sublevado". No obstante, a pesar de una conformación relativamente temprana de identidades políticas fieles a las antiguas jurisdicciones borbónicas, las revoluciones que tuvieron lugar a partir de 1810 estuvieron lejos de diluirlas, imprimiendo una dirección oblicua a la vocación americana de sus más esclarecidos promotores. Esas identidades opuestas parecen haberse puesto de manifiesto sobre todo en los ejércitos patriotas después de derrotar a las fuerzas realistas en los enfrentamientos armados de Chacabuco (febrero 1817) y Maipú (abril 1818) en territorio chileno. Las disidencias entre los oficiales de batallones y regimientos allí coaligados se hicieron patentes durante 1818, en plena marcha de la reconquista de los territorios del sur aún controlados por realistas. Conviene recordar que el avance sobre Chile del ejército, organizado bajo la égida del gobierno de las Provincias Unidas, había integrado una porción de oficiales emigrados de la denominada Patria Vieja, abrumadoramente vinculados 54 El conflicto dio lugar a una profusa literatura en el marco de la constitución de las historiografías decimonónicas. Véase un análisis del juicio y del contexto normativo y político en Bragoni, Beatriz: "Justice révolutionnaire. Histoire, Sciences Sociales, Paris, en prensa. a la facción liderada por O'Higgins y, en menor proporción, por aquellos que hasta octubre de 1814 habían reconocido a José Miguel Carrera como jefe político y militar del sector patriota chileno. Una vez conformado el gobierno independiente en Chile, encabezado por O'Higgins, la nueva administración vio conveniente fortalecer los lazos de pertenencia entre oficiales chilenos y, a través de ellos, a las tropas movilizadas integradas ahora en una renovada pirámide guerrera. Ese estímulo que trazaba una línea que priorizaba el lugar de nacimiento y no el mérito en el desempeño guerrero acarreó complicaciones. Un primer chispazo tuvo origen en los premios concedidos a oficiales del "ejército de Chile" y "no al de los Andes" por su acción en la memorable batalla de Maipú, distinción que fue reclamada de inmediato ante el gobierno de Buenos Aires que autorizó su uso a los "beneméritos" del ejército sanmartiniano que hubieran prestado servicios en aquella acción. 55 Poco después el gobierno chileno habilitó el uso de un escudo "con fondo celeste" a los jefes y oficiales del ejército de los Andes que acompañaron al general chileno Freire en la exitosa campaña del sur. No obstante, el otorgamiento de la distinción estuvo lejos de limar asperezas entre oficiales y tropas de ambas formaciones militares estacionados en el corazón de Santiago. En oficio del 9 de noviembre de 1818 San Martín se hacía eco de la representación dirigida por el sargento mayor Manuel Acosta, que impugnaba la asignación de medallas de la Legión del Mérito de Chile para ser elevada al Director del Estado, amparado en la antigüedad del cargo y permanencia en el servicio militar. 56 El reclamo, si bien ponía en evidencia la irritación producida por la maniobra orquestada por integrantes del Estado Mayor, estaba destinado a frenar el malestar presente en las tropas en la tarde el 11 de diciembre cuando los soldados negros de los batallones 7.o, 8.o y 11.o protagonizaron un tumulto que terminó en la fuga de un puñado de ellos y en una cruenta represión y control. 57 Una vez controlado el conflicto a través de disposiciones variadas, se ordenó la 55 Oficio del Ministro de Guerra, Matías de Irigoyen, a Antonio González Balcarce, Buenos Aires 04/12/1818, DHLGSM, tomo IX, pág. 316. 56 A fin de que recaiga la providencia que conceptuare de justicia en un asunto que, siendo tan delicado por su naturaleza, requiere la circunspección del Gobierno por política y por justicia. Por la primera, porque es la legión creada a favor del mérito un estímulo de las acciones virtuosas mucho más apreciable que las remuneraciones en dinero, y para la segunda porque no deben confundirse el mérito oficioso y productivo con la inacción artificiosa y estéril siempre fecunda de tramoyas y de sorpresas para gozar de las apariencias de la virtud DHLGSM, tomo IX, pág. 340. Allí se hacía eco de las disputas habidas entre los soldados de los ejércitos "al extremo de haberse batido con piedras y palos en número considerable" por lo que amparado en las facultades obtenidas de ambos supremos gobiernos de Chile y Buenos Aires, se dispusieron sanciones por pelea entre dos o más de tres soldados de diferentes cuerpos, al tiempo que se procuró subsumir diferencias entre los "soldados del ejército unido" a través de una encendida arenga patriótica y libertaria: "nuestros enemigos procuran inducir la discordia, ya que no pueden triunfar con las bayonetas: no lo conseguirán [...] Vuestro General os encarga la Unión, y fraternidad entre todos: él espera que así se verifique, y yo os amonesto como vuestro Padre; pero creed que al que faltare se le castigará con una severidad inflexible. Soldados viva la Patria". 58 Es probable que las fricciones producidas por episodios de este tipo representen evidencias débiles para proponer, a partir de ellas, diferencias sustantivas entre oficiales y tropa reunidos en las filas del ejército Unido. No obstante, y aun aceptando los riesgos de dispersión o disolución de los cuerpos armados en aquel momento exiguo de recursos para aprovisionar y mantener batallones y regimientos estacionados en Santiago, y para cuando el gobierno chileno destinaba sus caudales a fortalecer la escuadra naval destinada a asegurar la extensa línea marítima, la apelación patriótica americana no eludía, sino que reconocía la unidad de ambos ejércitos, adquiriendo manifestaciones simbólicas y discursivas distintivas. Esa integración diferenciada se puso en evidencia en las tres banderas destinadas a distinguir las operaciones militares que debían iniciar la expedición a Perú: las "Instrucciones reservadas que debían observar los jefes de cada cuerpo en caso de batalla" se referían concretamente al pabellón tricolor que identificaba al Estado de Chile, el bicolor de las Provincias Unidas y uno rojo que unía a todos bajo el significado de "Viva la Patria". 59 En conexión con esto, las proclamas reconocían diferentes interlocutores: al momento de idear el conocido repaso de la cordillera por el ejército a su mando (integrado en su mayoría por jefes y oficiales del Ejército de los Andes y dos mil chilenos), San Martín dirigió tres proclamas, una al ejército de los Andes, otra al de Chile y una tercera a los "individuos del Ejército Unido". 59 Galván Moreno, C.: Bandos y proclamas de San Martín, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1942, pág. 35. ¿En qué medida la restitución de esta cadena de indicios permite reinterpretar las identificaciones políticas en los ejércitos de la independencia? Ensayar algún tipo de respuesta al dilema supone ubicar la experiencia guerrera en las coordenadas del vector patriótico americano que había amalgamado su conformación, y las precarias entidades políticas ya independientes que sostenían las formaciones militares a las cuales debían obediencia o lealtad sobre la base de una relación eminentemente contractual por la cual el incumplimiento de las obligaciones del Estado habilitaba a los enrolados a no cumplir con los suyos. 60 Aun reconociendo la ambigüedad de esos vínculos, y las complejas direcciones que podían llegar a alcanzar en un escenario cargado de incertidumbres, el desempeño guerrero representó quizá una de las pocas prácticas políticas homogenizadoras capaz de uniformizar sensibilidades patrióticas y/o políticas colectivas en torno a las inestables y, de ninguna manera predeterminadas, comunidades políticas soberanas. Al preguntarse cómo las unidades administrativas hispanoamericanas pudieron llegar a ser concebidas a través del tiempo como patrias, Benedict Anderson propuso "examinar las formas en que los organismos administrativos crean significado" postulando el papel del viaje o de la peregrinación como experiencia imaginaria potente de "creación de significados". ¿A qué imágenes nos enfrentan los itinerarios errantes de los guerreros del ejército de los Andes? Que esa estructura de experiencia resultó eficaz a la creación de lazos políticos e identitarios comunes da testimonio el memorial del teniente coronel José María Aguirre al momento de justificar su retiro del ejército de los Andes en 1822. Después de trazar una genealogía guerrera iniciada en 1815, el veterano oficial juzgaba que los premios otorgados por la exitosa campaña de Perú no habían hecho justicia "a las privaciones y el honor del pabellón argentino". 61 Con ello Aguirre disparaba contra el núcleo del sistema de intercambios previstos entre formaciones militares compuestas por sucesivas y diferentes presiones reclutadoras en el interior de poderes y jurisdicciones en constante configuración: "admírese vuestra señoría al contemplar el resultado, que el premio de tantas fatigas había de ser privarlos de pertenecer a su patria". El desencanto de Aguirre aludía a lo sucedido en Huaura cuando frente al intento de otorgar a los oficiales "despachos como oficiales del Perú", tuvo la "firmeza de devolverlos al excelentísimo señor capitán general; diciéndole que había sido equivocación de secretaría, y fueron extendidos de nuevo como de las Provincias Unidas". Una vez concluida la campaña el problema volvió a suscitarse, adquiriendo para Aguirre proyecciones insospechadas: [...] rendidos los castillos del Callao, fui prevenido por el protector del Perú don José de San Martín, de que el batallón de cazadores de mi mando debía ser un cuerpo del Estado del Perú. Yo no trepidé en contestar que mis oficiales y aun los soldados, no querían renunciar [a] su patria; pero se me dijo que el que tuviera marquesado en su país, que lo fuese a disfrutar, y el que no lo tuviese cargase la escarapela del Perú [...] Con esta intimidación, aunque yo no era marqués, ni tenía más vínculo que mi honradez y mi espada, tomé el prudente partido de dejar el mando del cuerpo; y seguidamente se hizo saber en la orden general que el batallón de cazadores pertenecía al ejército del Perú. [...] Yo siempre esperaba que algún día el excelentísimo gobierno reclamaría de esa arbitrariedad, porque no hay más que ver los despachos de los oficiales fundadores del cuerpo y la fecha en que se dieron para convencerse de que no pudo en modo alguno pertenecer al Perú, pues fue creado antes que existiese autoridad alguna constituida en aquel país y compuesta su base de oficiales y tropas del Estado argentino, y aunque después hubiese sido aumentado con recluta de peruanos, ésos se deben contemplar en reemplazo de los muertos e inútiles en el servicio del mismo Estado, el cual está en la obligación de reintegrar el total de la fuerza que se introdujo para su libertad. En ese fascinante ejercicio de memoria política, el veterano guerrero de la independencia introducía un registro de identificación afirmado en una entidad política inexistente, que obraba como principio imaginario decisivo de su perfil de soldado edificado en el periplo difuso de la patria, aunque con severas dificultades para ser transferido de manera mecánica a otra autoridad o "Estado". Para Aguirre esa transferencia era incompresible en la medida que torcía o desviaba la naturaleza del vínculo originario que aparecía constituido en una experiencia colectiva ensayada en el interior y exterior de la unidad político-administrativa a la cual estaba convencido de pertenecer. Tres años después, en 1825, Aguirre daría a conocer un Compendio de las campañas del ejército de los Andes en el que reparaba en el "destino glorioso del pueblo argentino" por ser llamado a combatir la "tiranía en América", en la integración de reclutas de diferentes provincias y en el carácter "liberal y generoso" de sus oficiales y tropas al sostener la independencia de Chile y no operar como conquistadores. El derrotero militar del Ejército Auxiliar de Perú presentó sustanciales diferencias con el del Ejército de los Andes. Prácticamente inactivo a partir de 1816 tras sufrir su tercera derrota en territorio altoperuano, desapareció en 1820 al involucrarse en las luchas intestinas de las Provincias Unidas. La guerra que tuvo lugar en ese espacio andino, al igual que en la Provincia de Salta, tendrá como protagonistas a las milicias organizadas por Güemes a las cuales se sumaban voluntarios en momentos de peligro o cuando se aproximaban las huestes realistas. Las derrotas del ejército porteño desplazaron hacia Salta en calidad de emigrados a quienes en las provincias altoperuanas habían apoyado de manera manifiesta la revolución de Buenos Aires. A diferencia de lo sucedido con los emigrados chilenos, no presentaron liderazgos sólidos que plantearan conflictos serios en relación con la autoridad detentada por Güemes. Algunos de ellos prefirieron ubicarse políticamente con el Teniente de Gobernador de la ciudad de Jujuy, opositor al Gobernador de la Provincia de Salta, mientras otros se sumaron a su grupo más cercano. Desempeñaron en cada caso un importante papel las relaciones de amistad, negocios y parentescos establecidos desde épocas coloniales, pero no es desacertado pensar en la posibilidad de diferenciaciones políticas, aunque para ello sería preciso ahondar más sobre el tema. Resulta llamativo incluso observar que no operaron, al menos abiertamente, en la disputa de poder entablada entre Güemes y el Director Supremo. En su estancia en Salta participaron, sin embargo, en diferentes instancias políticas. En 1815, cuando el Gobernador Martín Miguel de Güemes se enfrentó con el Jefe del Ejército Auxiliar de Perú, el Cabildo dispuso convocar "[...] a todas las corporaciones del pueblo, vecinos de él sus habitantes y moradores, con los emigrados de las provincias del Alto Perú" a fin de darles a conocer los graves acontecimientos que podrían desembocar en una guerra civil. 62 Esta representación política adquirió mayor importancia cuando estos emigrados procedieron a elegir en Salta, según lo establecido por las normativas dispuestas por el gobierno de las Provincias Unidas, a los diputados que representarían a las Provincias altoperuanas en el Congreso Soberano que sería celebrado en Tucumán en 1816. La solidaridad política manifestada en esta instancia revela la existencia de propuestas políticas tendentes a propiciar una organización política respetuosa de los derechos territoriales asignados por la administración borbónica a la que fuera capital del Virreinato del Río de la Plata. La nación cuya declaración de independencia se concretaba en 1816 era concebida por los revolucionarios altoperuanos residentes en Salta -al igual que por la mayoría de los representantes allí presentes-como el conjunto de provincias y pueblos que habían integrado el Virreinato, respetando así la tradición política centralista heredada de los borbones. Los emigrados altoperuanos en Salta no fueron sólo miembros de la elite o funcionarios que propiciaron el reconocimiento a la Junta de Buenos Aires o quienes apoyaron posteriormente a los "insurgentes porteños". Entre ellos se encontraban jefes de milicias y milicianos que siguieron al derrotado Ejército Auxiliar de Perú y que no tardaron en incorporarse al cuerpo de milicias organizada por Güemes, lo cual constituyó un indicio de la comunidad de intereses compartidos y fraguados al calor de la resistencia contra las tropas realistas. Representaba asimismo un reconocimiento a la autoridad de Buenos Aires en tanto Martín Miguel de Güemes era -además de Gobernador de Salta-el Jefe de la Vanguardia del Ejército porteño. Las guerrillas altoperuanas al igual que las milicias en Salta identificaron a las tropas realistas con los opresores contra cuyo mal gobierno se hacía preciso luchar, acorde con una cultura política heredada de la colonia. Pero también peleaban según sus propias expresiones por la "patria" y por la "libertad". Corresponde sin embargo preguntarse qué sentido adquiere para estos hombres la palabra libertad. ¿De qué manera comienza a vincularse a la patria, el lugar donde se ha nacido, el lugar propio, con los jefes del Ejército de Buenos Aires adquiriendo de este modo perfiles políticos diferentes? Estas preguntas, si bien ineludibles, resultan difíciles de responder. Es indudable que además de la guerra y junto con ella los bandos, las proclamas, las arengas, a las cuales se hallaban sometidos de manera constante, cumplieron un importante papel en el sentido político atribuidos a 62 Acta del Cabildo de Salta del 13 de marzo de 1816, en Plus Ultra, Buenos Aires, 1980, tomo 3, pág. 290. patria y libertad. También los periódicos y los panfletos contribuyeron en la construcción de una cultura política en sectores sociales que incluían desde comunidades indígenas, mestizos, esclavos y criollos cuyo denominador común era su analfabetismo. Es importante no descuidar la importancia de la oralidad en estos contextos sociales y tampoco considerar los discursos políticos tan solo desde el lugar del enunciador, en este caso las elites dirigentes del proceso revolucionario. 63 De cualquier modo, es seguro que un cúmulo de intereses y expectativas se entrecruzan con imaginarios políticos diluidos en la marea revolucionaria que los articula operativamente en los discursos de la elite dirigente. Junto a este proceso dinámico y complejo de identificación, en el cual el enfrentamiento con el "otro" comienza a ser percibido en términos políticos, el curso de la revolución y el éxito o fracaso de las armas forjaron otros dilemas. En Salta, el principal sería el de sostener adecuadamente a una proporción importante de hombres permanentemente movilizados y conservar la adhesión a la causa revolucionaria de los sectores propietarios sobre los cuales habrá de caer todo el peso del mantenimiento de la guerra. Pero si los empréstitos y las donaciones establecidas por el gobierno de Güemes gravaban seriamente los patrimonios, enajenando el favor de la elite, a los hombres movilizados, en su mayoría peones, arrenderos y agregados de estancias y haciendas de la jurisdicción les resultaba molesto e injusto cumplir con sus tareas rurales y en especial pagar los arriendos y prestar servicios a los dueños de las tierras que usufructuaban. Ellos, tal como lo proclamaba Güemes, habían "defendido con heroicidad la gran causa de nuestra independencia" 64 en tanto que los propietarios "...viven en el descanso y comodidad de su casa..." 65. Obviamente esperaban reconocimiento y gratitud, es decir, posibilidades de obtener cargos en las milicias y beneficios materiales. La falta de dinero se acentuó a partir de 1816 con la pérdida definitiva del control militar y político sobre las ciudades altoperuanas y por ende de la producción minera de Potosí y Oruro. Las relaciones entre la elite de Salta y las milicias comandadas por el Gobernador Güemes se deterioraron aún más a medida que las milicias apelaron con mayor violencia y frecuen- cia al saqueo. La disciplina en esas tropas mal pagadas o directamente carentes de cualquier otra retribución que no fuere el desconocimiento de los derechos de sus patrones y la protección de sus jefes inmediatos representaron una amenaza no sólo para la elite sino también para el propio Güemes y sus oficiales obligados permanentemente a negociar y conceder para conservar espacios de poder y autoridad, en un complejo contexto de alianzas y traiciones. En el Alto Perú, las guerrillas rurales continuarán hostigando a los realistas, a pesar de las importantes derrotas que sufrieron durante 1816, año en que murieron los principales líderes de las mismas. La relación de Güemes con los jefes de estas guerrillas, sus esfuerzos por reorganizarlas y darles una dirección, proponiendo nombramientos de oficiales, resultan indicativas de la necesidad de estos movimientos insurgentes de contar con apoyo y legitimación política y militar. Implica asimismo el reconocimiento de una autoridad supra local. Pero si en Salta fue necesario recurrir cada vez con mayor frecuencia a las confiscaciones y a los empréstitos, en el Alto Perú los saqueos fueron prácticamente la principal fuente de abastecimiento. La guerra se transformó en una guerra de recursos de la cual participaron no sólo los insurgentes sino también las tropas realistas. No pocas incursiones en territorio salto-jujeño y en Tarija por parte del Ejército del Rey respondieron a la necesidad de abastecerse. Un vecino de Jujuy expresa con claridad en una carta que son igualmente nefastas las incursiones de los realistas que las de los patriotas. Ambas acaban con el ganado y las sementeras. 66 De esta manera, la interrupción del comercio, la falta de pago de los arriendos por parte de los milicianos, la entrega obligada de ganado y el saqueo fueron minando en Salta el apoyo al Gobernador. A la oposición política, que evidentemente existía, y sobre la cual es preciso indagar más, se agregaban los costos del sostenimiento de la guerra, la ruina del comercio con el Alto Perú y, en algunos casos, la quiebra de comerciantes de efectos de Castilla ligados directamente a los intereses mercantiles de Cádiz. Los empréstitos forzosos, las confiscaciones y el uso discrecional de las arcas públicas para sostener a las milicias fueron aislando cada vez más a Güemes y a sus partidarios del conjunto social. En pocas palabras, entre los miembros de la elite de Salta, que apoyaron a la revolución en sus primeros años, predominaba hacia 1820 un odio sincero por Güemes y una 66 AGN. Sala VII-Fondo Documental Sánchez de Bustamante. Año 1829. necesidad imperiosa de restituir el comercio con el Alto Perú, aunque esto significara abastecer al ejército realista a cambio de los apreciados y escasos pesos de plata. También percibían que el orden social estaba en peligro, que la insolencia de la "plebe" era intolerable y que la autoridad y respeto que merecían menguaba. A pesar de conocer estos conflictos internos, en 1820, al restablecerse la Constitución en España, el Virrey de Perú solicitará al general realista Juan Ramírez que designe Comisionados para entablar negociaciones con los Jefes de las Provincias insurgentes, recomendándoles "[...] tratarán de ganar por todos los medios posibles al Gefe de la Provincia de Salta Don Martín Miguel de Güemes pues la incorporación de este en nuestro sistema acarrearía ventajas incalculables por su rango y por el gran influjo que ha adquirido sobre los pueblos de su mando". 67 Estos comisionados nunca llegarán a entrevistarse con Güemes. A un intento frustado de la elite salteña por deponerlo a fines de mayo de 1821, le sucederá el ingreso de una partida realista una semana después que lo sorprenderá en circunstancias confusas, provocándole graves heridas y su posterior muerte. La firma de un armisticio entre el General conservador y absolutista de la Vanguardia del Ejército Real del Alto Perú,68 si bien no totalmente satisfactorio para Ramírez, generará en éste expectativas favorables para alcanzar la anhelada pacificación, al suponer que la muerte de Güemes y el armisticio constituían señales favorables. Los avatares políticos internos obligaron a la elite de Salta a designar a José Ignacio Gorriti a quien su proximidad con Güemes lo hizo viable para las milicias movilizadas y su acercamiento a ciertos sectores de la oposición garantizó su gestión, la única posible en ese momento de transición política, frente al levantamiento de las milicias rurales,69 las cuales, a pesar de la muerte de Güemes, habrán de continuar movilizadas durante largo tiempo. Ahora bien, ¿qué significación tuvo la firma del armisticio? No existía en ese momento un gobierno central y la provincia de Salta, acéfala, se constituyó en sujeto de soberanía que negoció el retiro de las tropas realistas y renunció también a continuar la guerra de independencia, con lo cual el proyecto de San Martín de reforzar con el ejército del Norte una avanzada hacia el Alto Perú se hizo trizas. 70 Se fracturó también la vinculación que en tiempos de Güemes existía entre las guerrillas altoperuanas y la provincia de Salta. El armisticio designó un territorio que ahora sí se diferenciaba políticamente con claridad del Alto peruano. Los años de movilización de las milicias al enfrentar las reiteradas invasiones realistas produjeron un sentido de identidad política vinculado al propio espacio provincial. La elite de Salta mostró, en la crítica coyuntura de 1821, la existencia de diferentes proyectos políticos: algunos se mostraron favorables a reconocer la Constitución de España, mientras que otros conservaron la esperanza de conformar una comunidad política independiente de España. Prueba de ello es la respuesta que Gorriti dio a los Comisionados enviados por Ramírez para negociar el reconocimiento de la Provincia de Salta a la Corona española al exigirles para iniciar las conversaciones que previamente "[...] reconozcan la Independencia General que han jurado todas las provincias de América del Sud de la Metrópoli Española", 71 clausurando así toda negociación. La experiencia política ensayada por el partido martiniano en Cuyo y del sistema Güemes en la provincia de Salta arrojan evidencias valiosas para restituir las formas en que la militarización, el peligro realista y los intereses locales precipitaron la cristalización de identidades provinciales y 70 En realidad San Martín en 1820 aspiraba a que el batallón de Cazadores acantonado en San Juan se uniera a las fuerzas de Güemes para ir hacia el Alto Perú, pero la rebelión auspiciada por el fenómeno Carrera hizo fracasar la empresa. Por otra parte, Güemes acosado por la oposición interna y con tropas indisciplinadas y poco propensas a dejar el territorio de su provincia tenía también pocas posibilidades de concretar esta aspiración sanmartiniana En 1824 la expedición hacia el Alto Perú partió bajo las órdenes de Juan Antonio Álvarez de Arenales, en ese momento gobernador de Salta, pero su llegada resultó tardía, ya que la victoria de Ayacucho y la muerte de Olañeta habían consagrado ya la independencia de América del Sur. nacionales de ninguna manera afines a las matrices románticas, sino coaguladas por el fervor patriótico, como resultado de la aceleración del proceso revolucionario y de las formaciones administrativas y territoriales previas a su emergencia. Desde la adhesión a la Junta provisional creada en Buenos Aires en reemplazo de la autoridad regia, y con la efímera excepción del experimento independiente de abril de 1815, que incidió en el declive de Alvear como Supremo Director de las Provincias Unidas, tanto Cuyo como Salta se mantuvieron fieles a los gobiernos surgidos de la Revolución. En ese resultado confluyen razones de índole variada entre ellas las de naturaleza estrictamente política que aparecen sintetizadas en los lazos políticos que reunían a los barones de un sector militar que la guerra puso en primer plano, que no sólo unían a profesionales sino que articulaban una densa trama de relaciones institucionales y políticas locales. Como se ha destacado, el caso de Cuyo revela que el poder sanmartiniano se sostuvo en un esquema de poder centralizado emblematizado, en el concepto de "gobierno de amigos sólidos" concurrieron los tenientes gobernadores de las ciudades subalternas de San Juan y San Luis, el arbitrio de la institución capitular de la capital de la Gobernación, el protagonismo de los comandantes de frontera y una compleja red de funcionarios menores distribuidos en ciudad y campaña. Esas lealtades políticas aunque estuvieran condicionadas, y sujetas a persistentes acechos, sin duda fueron más estables -aunque no menos violentas-que las exhibidas en el caso salteño en el cual las bases sociales del "sistema Güemes" y la permanencia de la guerra en Salta y área de influencia introducen aristas específicas ausentes en Cuyo al menos hasta 1820. 72 La existencia de diferentes escenarios así como la variada gama de actores que los dinamizaron no impide reconocer similares negociaciones con el gobierno central durante el crítico año 1815, negociaciones que dependían de equilibrios políticos inestables pero que colaboraron en la estabilidad del gobierno revolucionario como barrera contra la denunciada "anarquía" hasta su fractura definitiva en 1820. Si el fin de la preeminencia del partido martiniano en Cuyo fue simultánea a ella, revelando entre otras cosas las fatigas de la guerra, la agonía del sistema güemesiano, se explica en la insuficiencia de recursos para sostener una guerra prolongada 72 Bragoni, Beatriz: "Fragmentos de poder. Política, rebelión y fragmentación territorial en Cuyo, 1820", Boletín del Instituto de Historia Americana y Argentina, Dr. Emilio Ravignani, n.o 28, 3.a Serie, 2.o semestre de 2005, págs. 39-59. que socavaba las bases de construcción política abriendo el camino a una oposición proclive a la integración política con las provincias altoperuanas que, sin embargo, no tuvo garantías de prosperar. Ninguna sincronía puede hallarse en las oposiciones visualizadas para el caso cuyano; a pesar de San Martín, las acciones de los sanmartinianos parecen haber fortalecido las identidades políticas nacidas a partir de 1810 sea en clave rioplatense en oposición al experimento político chileno, sea en clave centralista opuesta a formatos federativos. Semejantes contrapuntos no inhiben reconocer un núcleo de coincidencias en torno a las identidades políticas que la militarización y la guerra habían creado a lo largo de la experiencia guerrera dirigida, con cooperación o no, desde la sede del gobierno revolucionario. No en vano en 1825 Sucre podía confesarle a Bolívar la centralidad de estos espacios locales en la permanencia del gobierno de Buenos Aires: "Haré a U.una confesión, sólo para U.; si sus cartas no me hubieran azorado tanto sobre estos negocios del Río de la Plata, les hubiéramos hecho una burla graciosa a esos escritores insolentes y partidarios groseros del Gobierno de Buenos Aires; esta burla era no más que hacerles separar las provincias y unirlas a estas, dejando aislado al tal Buenos Aires, sin comprometernos nosotros en nada. Salta y Tucumán están bien dispuestos por que sus disgustos no se concilian con la capital; Córdova con una palabra ardía, pues existen resentimientos; de Mendoza no se cómo está; las demás provincias no valen la pena". 73 Si el caso salteño permite apreciar la manera en que ese espacio corroído por la guerra de recursos y disputas facciosas clausuró la posibilidad de sumar su adhesión a la naciente república boliviana, la emergencia de las tres provincias cuyanas revelan un proceso de fragmentación que está lejos de representar un ejercicio prolongado de "soberanías independientes" en la medida que las nociones que la sostienen suponen el restablecimiento de vínculos políticos entre las provincias de la antigua unión. De que esa experiencia más allá de su fracaso había servido para crear lazos políticos e identitarios comunes dio cuenta la experiencia peregrina y guerrera del teniente coronel José María Aguirre que de ningún modo había impedido, sino que había forjado la formación de identidades políticas "nacionales". acreditado que tenía el ejército del Rey era el de Numancia. Éste se pasó a las banderas de la patria, porque todos eran colombianos [...] Entonces arrojó la cucarda española, y substituyó en su lugar la escarapela colombiana, a que por origen pertenecía. Desde entonces ya el ejército se compuso de tres escarapelas americanas unidas". 74 Es decir, la colombiana, la chilena y la argentina. 74 Compendio de las campañas del ejército de los Andes publicado por un jefe amante de las glorias de la patria, Buenos Aires, Impreso de la Imprenta del Estado, 1825.
a partir del año de 1492 -descubrimiento, conquista, colonización-quiso significar, entre otras muchas cosas, y al mismo tiempo que también un ferviente deseo de realizar aquí el mundo ideal hasta entonces sólo soñado en Europa, un afán de copiarse a sí misma en las nuevas tierras. Todo lo que era la vieja España, en su grandeza y en su miseria, en sus creencias y en sus pasiones, en las instituciones que le conferían consistencia y en las mínimas prácticas de la vida diaria, quiso repetirse por entero de este lado del Atlántico. No obstante la existencia de esa presentación, lo producido en el nuevo mundo no pudo menos que desarrollar características propias, que sin hacerlo algo radicalmente diferente sí le conferían rasgos locales que enseguida se destacaban. Era, pues, lo mismo, pero diferente. Mi intención ahora es referirme a un aspecto particular de este empeño por trasladar a las Indias todo lo hispánico: el relativo a esa manera de andar a caballo tradicional española conocida como de la escuela de la jineta. Para ello, especialmente habré de considerar los textos de dos brillantes escritores indianos de la segunda mitad del siglo XVI y primeros años del XVII, por lo demás ambos poseedores de una apasionante personalidad que los hace manjar suculento para el análisis del historiador: Juan Suárez de Peralta, criollo mexicano, y Bernardo de Vargas Machuca, baquiano peninsular. La caballería española de los siglos XVI y XVII Al revisar con cierto cuidado el conjunto de la producción bibliográfica española de los siglos XVI y XVII resalta enseguida lo abundante que, dentro de ella, resulta la dedicada a un tema muy característico: el de la caballería. Y conste que no me refiero ahora a las popularísimas novelas, tan en boga entonces, que daban cumplida cuenta de los Amadises, los Palmerines, los Galaores y demás fauna de héroes legendarios de raigambre medieval, las cuales alcanzaron su más alta cumbre en la del sin par ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, concebida precisamente por su autor para terminar con ellas; ni tampoco, de manera principal, a la infinidad de composiciones poéticas, obras dramáticas o pasajes narrativos elaborados por muchos de los más destacados escritores de la época, que de alguna manera hicieron alusión a algunos de los múltiples aspectos de la relación hombre-animal equino. Aludo aquí, más bien, a la inmensa multitud de libros técnicos aparecidos en las prensas castellanas y portuguesas durante aquellas dos centurias destinados a la enseñanza de las diferentes formas de montar a caballo características de ese tiempo. No puede decirse que el tema literario del que ahora se habla haya sido, ni mucho menos, exclusivamente hispánico. Aunque, eso sí, la entusiasta forma de estudiar la materia, el fervor patriótico con que los escritores españoles se lanzaron al análisis de los modos tradicionales de cabalgar propios de su tierra y el particular énfasis que dentro de sus páginas dieron a los enfrentamientos de los caballeros con los toros bravos, sí constituyen una particularidad típicamente hispana de la manera de abordar el asunto. Primeramente en Italia y más adelante en Francia, desde los iniciales años del siglo XVI empezaron a divulgarse los pricipios de una novedosa escuela de equitación de origen napolitano que postulaba el triunfo de una caballería ligera, rápida, sobre la típica de los últimos tiempos de la Edad Media, la propia de los desafíos y de los torneos, caracterizada por la pesadez de unos equinos abrumados por el fardo de la armadura que protegía tanto a ellos como a quienes los montaban. Juan Arias Dávila Puertocarrero, conde de Puñonrostro, recordaba en su Discurso para estar a la jineta con gracia y hermosura, de 1590, a los principales de esos autores italianos que, ya para entonces, resultaban ampliamente conocidos en España por sus explicaciones sobre la referida manera de cabalgar, conocida en castellano con el nombre de a la brida: Anuario de Estudios Americanos "de lo cual trataron larguísimamente Federico Grissone, Juan Bautista Ferrero, Claudio Corte de Pavia, César Frasco de Ferrara, tan bien y con tanta elegancia, que admira. Pero sobre todos habló tan altamente Pascual Caracciolo, hermano del duque de Martina; el cual compuso un libro intitulado La gloria del caballo, tan erudito para criar un príncipe cuanto provechoso para doctrinar un caballo". 1 Entre quienes inauguraron y llevaron adelante la caballería bridona en Francia deben recordarse, no muy posteriores a los mencionados por Puertocarrero, los nombres de la Broue, de Francisco de Noue, de Antonio Pluvinel -creador de la Académie Hippique-y, algo más tarde, de Robichon de la Guérnière. 2 En España, para 1568 Antonio Flores de Benavides tradujo a Grissone, 3 bien que para entonces ya debía ser archiconocida la técnica de la brida así en la península cuanto en los dominios castellanos de allende la mar, puesto que dada la continua presencia hispana en Italia no puede suponerse otra cosa. Sin embargo, los tratadistas españoles de aquel tiempo dedicados a estudiar el caballo, su monta, modo de combatir en él y demás temas afines, no sólo hicieron referencia a dicha caballería, sino que también trataron, mostrando una clara preferencia hacia ella, de la de la jineta, que gozaba de gran prestigio en todos los territorios dependientes del rey católico. Según parece, el primero de los muchos libros aparecidos sobre la enseñanza de la caballería en las imprentas de España y de Portugal a partir de la segunda mitad del siglo XVI y hasta bien entrado el XVIII, fue uno impreso en el año de 1551 en la oficina tipográfica que Cristóbal Alvarez tenía en la ciudad de Sevilla: el Tractado de la cavallería de la gineta de don Fernando Chacón, caballero calatravo. 4 A continuación, y por espacio de más de ciento cincuenta años, no pararon los talleres de todas las ciudades de la península de tirar textos y más textos con esta temática, varios de los cuales alcanzaron la segunda y aun la tercera impresión. 5 Fundamentalmente, la intención de estos escritos era la instrucción de los jóvenes. Se pensaba que pocas acciones serían tan beneficiosas para la gloria guerrera de la nación que el adiestramiento de los nuevos ciudadanos en los secretos de la equitación. Y cabe señalar la coincidencia de esta proliferación de tratados sobre las formas de comportarse mejor un caballero sobre su corcel con los tiempos en los que, poco a poco, fue siendo menor y menos brillante la intervención hispana en las campañas europeas y americanas. Sucedió que, ante la disminución de las oportunidades para que los muchachos aprendieran en vivo el arte militar ecuestre, debieron irlo conociendo, cada vez más, por la mera letra de aquellos escritos y, cuando mucho, mediante el simulacro bélico significado por los juegos de cañas y sortijas y por el alanceamiento o rejoneo de cornúpetas. Pocos textos hay tan expresivos acerca del papel representado por la equitación en la formación de los más cabales aristócratas de la época que las siguientes palabras, puestas por Juan Suárez de Peralta en el "Proemio al lector" de su Tractado de la gineta y brida: "Y pues el caballo es animal tan dócil y apto para enseñarse, no es justo se deje de mostrar tan noble y virtuoso ejercicio, pues del caballo nace el nombre y valor de los caballeros. Por tanto, los nobles tienen la obligación más que los otros, a seguir esta virtud y así no sólo los nobles, mas los viles hombres y bajos, con la fuerza y valor de este animal, se hacen cada día más grandes, más ilustres". 6 La práctica de la jineta constituía en España, así, actividad por sí misma ennoblecedora; detrás de tal hecho, que enseguida reluce cuando se adentra uno en el estudio de la época, puede descubrirse fácilmente toda una tradición medieval de hazañas reconquistadoras consumadas sobre los potros propios de los campos andaluces. Don Quijote, tenido por loco al intentar a sus más de cincuenta años vivir en la realidad las increíbles fantasías de unas novelas pobladas de irreales encantadores y gigantes y en las cuales el vicio y la virtud se representaban con características maniqueas que de ningún modo correspondían al mundo efectivo en el que se estaba, más desbarraba en sus excentricidades cuando, para defender la causa de su caballería andante, partía de unos argumentos con los que todo mundo no podía menos que encontrarse de acuerdo y en los cuales cualquier español de su tiempo hallaba motivos sobrados para identificar sus propios ideales, bien que dándose cuenta de la imposibilidad de hacerlos cumplideros en la existencia cotidiana. O sea: no era por lo caballero por lo que se tenía por de cerebro seco al bueno de Alonso Quijano, sino por intentar portarse como tal de una forma distinta a la común de la época siendo, además, que no contaba con los medios de fortuna suficientes para mantener esa su profesión de caballería con el necesario decoro cortesano que por entonces se consideraba intrínsecamente unido a ese estado. La defensa de su posición por parte del famoso manchego, que resultaba magnífica e irreprochable en buena lógica, tenía como base de sustentamiento el pleno favor de que gozaban, a la vista de todos, los ejercicios caballerescos ejecutados en la plaza pública: Conviene hacer la advertencia de que en todos los países europeos de la época existía por entonces un amplio interés por la equitación, ejercicio tan indispensable para la guerra, y que los nacionales de cada estado creían ser superiores a los demás en cuanto a su dominio sobre el caballo. En Francia, por ejemplo, el escéptico y moderado Miguel de Montaigne, por cierto nunca demasiado chauvinista, no tenía empacho en declarar en el capítulo XLVII del libro I de sus Ensayos, su creencia en que "ninguna nación nos aventaja en el acertado manejo de este animal".8 Las escuelas de la jineta y de la brida Desde finales del siglo XV, al quedar en desuso las formas pesadas de caballería caracterizadas por hombres y animales cubiertos de enormes armaduras que más que nada parecían fortalezas ambulantes, fueron dos los principales modos de andar a caballo utilizados en guerra y en paz por los militares españoles, que por cierto fueron quienes irrumpieron en las campañas italianas de los últimos años del cuatrocientos con un nuevo concepto de la batalla, así en cuanto a la actuación de los de a pie como a la de los de a caballo, ambos sectores interviniendo coordinadamente, en un estilo de guerrear definido por la rapidez y la movilidad envolvente de los combatientes: la brida y la jineta. En realidad, la técnica tradicionalmente española de montar sobre los corceles era la conocida como de la jineta, y fue ella, precisamente, la que al aparecer en los campos napolitanos en las luchas allí emprendidas por el rey de Aragón a lo largo del siglo que corre entre 1420 y 1520, trastornó todo el sentido del enfrentamiento caballeril propio de la Edad Media y del primer Renacimiento. Según Cesáreo Sanz Egaña, el origen y la peculiaridad de esa forma de cabalgar debe buscarse, antes que en detalles de longitud de estribos o de formas de la silla, en la anatomía típica de los equinos peninsulares, de menor tamaño y mayor nerviosidad que los nativos de otras latitudes del continente europeo. 9 Etimológicamente, la palabra jineta se deriva, según han demostrado varios eruditos filólogos, del nombre de una tribu berberisca, la de los zenotes -zânati, los originarios de Zânata-, una partida de los cuales arribó a tierras peninsulares hacia el 1263, con la intención de ponerse al servicio del rey Muhámmad I de Granada, en lucha con Alfonso X de Castilla. 10 Estos zenotes debieron haber sido muy diestros guerreros de a caballo, y pronto hicieron que su nombre gentilicio pasara a las diferentes lenguas usadas en Iberia -al castellano, al catalán, al portugués-, transformándose la z inicial en j, como sinónimo de "soldado de a caballo que ataca súbitamente y huye si no puede herir mortalmente" 11 o, por extensión, en femenino, como la denominación de una raza específica de jacas, la empleada por ellos, útil para ese tipo de ataque sorpresivo o, también, la lanza corta que esgrimían los individuos de ese grupo de africanos belicosos. 12 Por su parte, la caballería a la brida parece haberse originado en la Italia del sur, quizás como la inventada allí tras la llegada de los ligeros jinetes españoles, en el afán de conferir a corceles más grandes y torpes que los arábigoandaluces las mismas características de agilidad propias de éstos. El nombre más antiguo de este tipo de monta fue el de a la estradiota, voz derivada de los stradiotti, caballeros mercenarios de nacionalidad albanesa que servían en el ejército veneciano, los cuales debieron haber sido los primeros en tratar de aplicar los principios de la caballería ligera en el uso de equinos centroeuropeos. En una cita de Clonard transcrita por José Almirante en su Diccionario militar, se apuntan algunas notas sobre estos militares de paga: "El 20 de julio de 1507 hizo parte de la caballería española un nuevo cuerpo conocido con el nombre de estradiotes. Fue esta una compañía de caballos ligeros que al mando del capitán don Fernando Valdés, vino desde Italia acompañando al rey Fernando V; estaba formada y organizada al mismo modo de los cuerpos de esta clase, que, al servicio de los venecianos, militaban en la Morea y Albania. Sus armas defensivas eran un bacinete con que cubrían la cabeza, y el alpartaz, sobre el cual llevaban el cejaco que no era otra cosa que el jaco o jaquetón de que hemos hablado en otra parte, y las ofensivas la lanza, espada, martillo de amor y tablachina". 13 Según Almirante, la más profunda etimología de esta palabra debe emparentarla con la italiana strada -camino-, puesto que la forma de operar de los estradiotas se correspondía en buena medida con la del coureur o batteur d'estrade francés; 14 lo que parece no recordar Almirante es que la voz griega stratiótes * quiere decir soldado, derivada a su vez de stratiá, ** ejército. 15 El nombre de a la brida, con el cual posteriormente fue identificada esta manera de montar debió originarse en el hecho de que, en ella, resulta parte fundamental el control de la bestia precisamente por medio de la brida, es decir, como dice el Diccionario de la Academia, el "freno del caballo con las riendas y todo el correaje, que sirve para sujetarlo a la cabeza del animal". 16 Así, pues, en cuanto a su origen, puede definirse muy bien a la jineta como la escuela ecuestre tradicional española -hispanoárabe, para ser exactos-, correspondiente a un preciso tipo de equinos -los andaluces de la actualidad-pequeños, recogidos y con un peculiar modo de andar y conducirse fácilmente identificable; y a la bridona, como la primera caballería ligera extraespañola del Renacimiento, surgida en mucho por el deseo de emular las hazañas de los caballeros hispanos en tierras italianas, sólo que utilizando cabalgaduras de tipo distinto a las empleadas por ellos, las cuales, precisamente por sus caracterísaticas de mayor reposo y pesadez, requerían de una doma más ardua que la propia de la jineta, mucho más natural. Sin embargo, la situación se complicó inevitablemente tiempo después, al tratar de aclimatarse, a su vez, la escuela bridona en España, tras el éxito alcanzado por ella en Nápoles y Sicilia. Se dio entonces el caso curioso de pretender los españoles enseñar a sus caballos los trucos y artimañas que italianos y franceses habían mostrado a los suyos para hacer que sus evoluciones se parecieran lo más posible a las de los animales hispáni- Anuario de Estudios Americanos cos. 17 Cuando alguien en España se refería a estas dos diferentes maneras de equitación no pensaba que debieran aplicarse a dos tipos disímiles de brutos; para diferenciarlas se atendió a las peculiaridades externas más notorias de cada una; entre éstas, la que llamó más la atención fue la de la diversa longitud de los estribos y la consecuente disposición de las piernas, y así ya Sebastián de Covarrubias y Orozco, en pleno siglo XVII, se refería en su Tesoro de la lengua catellana o española, de 1611, a cada una de las dos de la siguiente manera: plo, había sido gran practicante de esta escuela de monta, 22 y de don Fernando el Católico anotó Hernando del Pulgar que "Caualgaba muy bien a caballo en silla de guisa de la jineta, justaba sueltamente e con tanta destreza, que ninguno en todos sus reynos lo hacia mejor". 23 Fernando Chacón, hacia 1551, en plena época cenital de la brida, proclamaba la raigambre nacional de la otra silla, instando a sus compatriotas a devolverle su antiguo brillo y recordándoles cómo con ella habían consumado sus grandes hazañas los mayores de los caudillos hispanos y cómo, ejercitándola "los católicos y bienaventurados reyes, de gloriosa memoria, ganaron y sojuzgaron nuestros reinos de España. Y el Rey Católico, nunca se hallará que en ninguna guerra que tuvo anduviese sino a la gineta. Y asimismo el Gran Capitán Gonzalo Fernández, y con ella ganó dos veces Italia. Y así mesmo muchos señores y grandes destos reinos nunca se hallaron en cosa de guerra sino a la gineta; y con ella les dio Dios grandes victorias y vencimientos de sus enemigos". 24 En un primer acercamiento a la materia podría llegar a suponerse que la participación aristocrática en los ejercicios ecuestres alcanzara una validez intrínseca. Empero, profundizando en el tema, se viene a descubrir que la verdad es que esos deportes de equitación no pretendían ser, en realidad, sino una especie de ensayo para el aprendizaje de algo que era en la guerra donde debía mostrar su más auténtica y ejemplar aplicación. El más hondo sentido que tenía la multitud de obras y opúsculos editados por aquella época para la explicación de las diversas técnicas de andar a caballo era el de enseñar cómo, sobre ese animal, habrían de continuar los españoles la realización de sus gloriosas acciones militares a todo lo ancho y largo del mundo. Tal cosa la indicaba claramente, por ejemplo, Juan Suárez de Peralta en su Tractado..., cuando se refería a los valiosos servicios bélicos prestados a los caudillos de su patria por los corceles puesto que, argumentaba allí: "No hay fiesta cumplida, ni juego valeroso, ni batalla grande donde él no se halle. Con ellos los reyes, príncipes y grandes señores defienden sus tierras y conquistan las ajenas". 25 22 Véase Contreras, J. de: marqués de Lozoya: Los orígenes del Imperio. Triunfante en definitiva en la península ibérica la técnica de la jineta, quedó prácticamente como única señora en campos y plazas durante todo el siglo XVII, hasta el momento del advenimiento al trono de la dinastía de los Borbones, con quienes habrían de cambiar radicalmente las cosas. No resultó nada extraño que quien se hallara en condiciones económicas de hacerlo, como el legendario conde de Villamediana, llegara a gastar auténticas fortunas en su afán de importar desde Berbería o Arabia los mejores equinos aptos para ejercitarla. 26 Aparte de su utilización en las campañas militares, la principal actividad en la cual habían de practicarse las reglas y disposiciones de la caballería expuestas en los tratados fue, en España, durante las centurias décimoquinta y décimosexta, la de las corridas de toros. El punto culminante, la acción más emocionante, de más riesgo, belleza y significación de las realizadas entre los tablados de una plaza pública en tiempos de la monarquía de los Austrias, resultaba la de liquidar un bravo bovino con lanza. A partir de la vieja costumbre de los torneos y justas medievales, de fuerte arraigo en toda la Europa feudal, se desarrolló grandemente en España el llamado juego de cañas, que esencialmente era un combate simulado en el cual las mortales lanzas se habían trocado en cañas más o menos inofensivas, las cuales debía romper el participante en la adarga -escudo-de su oponente. Por lo demás, la escuela de la brida buscó mucho amaestrar a los corceles para determinadas habilidades específicas, tales la de cocear con gracia 27 o la de hacerlos evolucionar siguiendo determinados círculos y figuras. El caballo pasó a Indias junto con las primeras empresas conquistadoras, en las cuales enseguida mostró su indiscutible utilidad. Son continuas las referencias de comentaristas e historiadores acerca de los servicios prestados a los castellanos por este animal en las entradas expedicionarias en demanda de la expansión de los dominios de su soberano a través de Antes de ajustarse el primer centenario del descubrimiento colombino, ya estaba completamente aclimatada la caballería a la española en la nueva masa continental incorporada a la conciencia europea. Un oriundo americano, Juan Suárez de Peralta, fue, según el capitán Vargas Machuca, "el más único caballero de la silla jineta que ha tenido el mundo". 33 Y recorriendo los libros del propio Vargas Machuca se encuentran numerosas referencias a su admiración por corceles y jinetes americanos, llegando a hablar de una específica "jineta de las Indias", escuela de andar a caballo con características muy propias. 34 Ya lo apuntaba con toda certeza en el prólogo al Libro de exercicios de la gineta: "que aunque es verdad que Berbería dio a España principio della [-de la caballería de la jineta-], y España a las Indias, en esta parte se ha perfecionado más que en otra". 35 En cuanto a la forma en que se habían extendido muy pronto los équidos por las llanuras del Nuevo Mundo, expresaba en su libro de la Milicia... el propio autor el hecho cierto de que "Los caballos, que fue el más noble animal y de más provecho, quiso Dios multiplicasen mucho, y es tanto que no hay español que no lo alcanza y aun los indios en general en las tierras asentadas; [...] este animal es de más servicio que en estas partes [-escribía en la península-], porque las arrias o recuas, en la mayor parte, son de caballos, porque para cargas se sirven poco de mulas, si no es en Tierra Firme. Hay extremados caballos de regocijo y las caballerizas están bien pobladas. Los mejores son los mexicanos pero en general a una mano son buenos, porque demás de ser ligeros y de maravillosas carreras, son bien arrendados y sujetos al castigo, sin resabios ni brújulas como los de estas partes y crían mejores y más fuertes cascos. Sólo tienen una falta, que son pisadores, y de aquí viene correr bien, que como son terreros, atropellan mejor y son más ligeros, y de catorce años no es un caballo viejo". 36 Y acerca de la destreza de ciertos caballistas americanos, y muy particularmente novohispanos, existe entre otras la noticia que sobre ella apun- tara su paisano Suárez de Peralta, quien al hablar en su Tractado... de los mejores corredores de lanzas a la brida, afirmaba que "En toda Italia y España se corre a lo cierto, aunque no tan galán, como en la Nueva España, a causa de que se han ejercitado muy mucho los caballeros de allá, añadiendo nuevas maneras de sacar la lanza, dándole extremadísimo aire. Y es tanta la curiosidad de ellos, que para perfeccionarse en este arte mancan los caballos en que han de correr lanzas desjarretándolos de un pie y el que viene a ser manco de esparavanes le estiman mucho [...]". 37 Y allí va otro testimonio, por demás egregio, de la fama alcanzada por los caballeros de México. Es nada menos que de Miguel de Cervantes Saavedra y viene en palabras de Sancho Panza, quien las exclamó cuando fue a contar a su señor lo sucedido en su encuentro con la hermosísima Dulcinea del Toboso, transformada en zafia labradora por artes de encantamiento: "muy gran servicio y fortaleza en sus reinos [del soberano español]: especialmente en la India como vuestra excelencia habrá sido informado que los conquistadores de ella en la pacifiación y toma de la ciudad de México, y reinos y provincias de ellas, ninguna cosa fue tan temida de los contrarios, ni más efecto hizo en ellos, que los caballos, mediante los cuales (con el auxilio divino) y el buen celo y deseo de los que en ella iban, de servir a Dios y a su rey, consiguieron tan alta victoria". 40 Por su parte, Bernardo de Vargas se refirió varias veces en la Milicia indiana al sitio primordial correspondiente a los caballos en las entradas sobre los aborígenes, afirmando que "donde se pueden aprovechar de ellos, todo lo asegura y deshace". 41 Las alusiones a la eminente trascendencia militar de los libros de equitación no son nada escasas en el contenido de los referidos textos. Así, cuando el conde de Puñonrostro dedicó su Discurso... al príncipe Felipe dijo haberlo hecho, entre otras cosas, "pues está V. A. obligado a favorecer las cosas del arte y hábito militar". 42 Y el conde de Villamediana, en la epístola que prologa la Teórica y exercicios... de Vargas Machuca, asentó a su vez la esperanza en que la lectura de ese libro sirviera "para que, siguiendo su exemplo y doctrina, ningún español dexe de arribar al palio de la virtud heroica, política y militar". 43 Asimismo, en la licencia real concedida al trabajo de don Juan Arias Dávila se hacía énfasis en que éste era un "libro necesario para el arte militar", 44 y en la otorgada al de don Juan Suárez de Peralta se mencionaba también cómo "por parte de vos [...], nos fue hecha relación diciendo que vos habíais compuesto un libro de la arte de caballería de la jineta y brida, para que las personas que a ello se dieren, ejerciten bien el arte militar, el cual era muy útil y provechoso [...]". También decía que "los caballos son buenos y de provecho entre los infantes, aunque sea el número grande entre los contrarios" (Ibídem, vol En cuanto al volumen de don Simón de Villalobos, en su propio título llevaba la explicación de ser la enseñanza de un Modo de "pelear" a la jineta; y por si fuera poco, al concederle el permiso para su publicación Juan de Amezcueta, por mandato del rey, hacía ver cómo ese libro de mano que él había revisado, nada menos que En las campañas americanas, cuando se entró a caballo sobre los indígenas, fue el estilo de montar a la jineta el utilizado, y así aseguraba el Inca Garcilaso cómo esa tierra "se ganó a la jineta". 47 Vargas Machuca continuamente repite en su Milicia el consejo de que en las conquistas americanas sólo se utilicen las "sillas jinetas y no se consienta brida, porque con menos riesgo se vadea un río a la jineta y son más prestos al ensillar y se hacen hombres de a caballo". La brida y la jineta en Juan Suárez de Peralta, criollo mexicano Nació este hombre hacia 1536 ó 1537 en México, la lacustre ciudad que para entonces apenas contaba con tres lustros de haber sido conquistada a sangre y fuego por Hernán Cortés. Por cierto que era sobrino político del caudillo extremeño, hijo de Juan, hermano de Catalina Xuárez o Suárez, "la Marcaida", primera esposa de Cortés. Su madre se llamó Magdalena de Peralta. En alguna ocasión, junto con sus hermanos fue acusado ante la Inquisición de "ser recién convertidos del Alcorán y secta mahomética". Formó parte de la primera sociedad criolla novohispana, la de aquellos españoles americanos que, por su cercana parentela con quienes habían ganado la tierra para el rey, se sentían con todos los derechos para usufructuarla con exclusión de cualesquiera otros gachupines apenas llegados de ultramar. Vivió muy alegremente su juventud y primera madurez, en tanto la Corona no puso tasa al disfrute de la abundancia económica de los descendientes de los conquistadores. No queda muy clara su participacion en la llamada "conjuración" de Martín Cortés, aunque lo cierto es que acompañó hasta el patíbulo a los hermanos Avila, condenados por su participación en ella durante 1566. Permaneció en la Nueva España hasta 1579, cuando pasó a la península, parece que en busca de mejores aires para el género de vida libre que le gustaba, cuyo ejercicio en Indias se había dificultado grandemente por las medidas adoptadas por Felipe II después de la frustrada rebelión criolla. La última noticia de su vida lo sitúa en España durante 1596, cuando una sentencia obligó a los herederos del marqués del Valle de Oaxaca a pagar a los hermanos Suárez de Peralta y a una prima hermana de éstos 40 mil pesos, aunque él se desistió entonces del pleito. Aunque en la actualidad el más conocido de los libros escritos por él es el Tratado del descubrimiento de las Indias y su conquista, y de los ritos y sacrificios y costumbres de los indios; y de los virreyes y gobernadores, especialmente en la Nueva España, y del suceso del marqués del Valle segundo, Martín Cortés; de la rebelión que se le imputó, y de las justicias y muertes que hicieron en México los jueces comisarios que para ello fueron por su majestad; y del principio que tuvo Francisco Drake para ser declarado enemigo, editado en todo o en parte varias veces a partir de 1878, el único que logró dar a la imprenta en vida fue el Tractado de la cavallería de la gineta y brida, en el cual se contienen muchos primores, assí en las señales de los cavallos, como en las condiciones, colores y talles, y cómo se ha de hazer un hombre de a cavalllo de ambas sillas, y las posturas que ha de tener, y manera para enfrenar, y los frenos que en cada silla son menester, para que un cavallo ande bien enfrenado: y otros avisos muy principales y primos, tocantes y vigentes a este exercicio, impreso en Sevilla, en casa de Fernando Díaz, durante 1580. EN J. SUÁREZ DE PERALTA Y B. DE VARGAS MACHUCA En este apartado haré un resumen de las consideraciones asentadas en este texto por Juan Suárez, sobre todo en lo que toca a las diferencias entre las montas de la brida y de la jineta. Para ello, me baso en su reedición de México, 1950, hecha por José Alvarez del Villar. De todos modos, conviene recordar que el propio autor compuso otro texto acerca de los caballos, particularmente en cuanto a su biología y curación de sus enfermedades: el Libro de alveitería..., en el cual se contienen muchos primores tocantes a la alveitería nunca vistos ni oydos ni escriptos por autor ninguno, moderno, ni antiguo; especialmente lo ques curar a los cavallos, y todas bestias de pata entera por pulso y orina, y dónde se le hallará el pulso, y cómo se conocerá la orina, y cuándo demuestra por ella augmento de sangre y crecimiento de umores, y los colores que demuestra en materia de alveitería, no puestos en prática ni en theórica, sacado por esperiencia..., el cual debió permaneccer sólo manuscrito hasta 1953, cuando se publicó en México, precisamente por una llamada Editorial Albeitería. 49 El Tractado... de Suárez de Peralta está dedicado a don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, duque de Medina Sidonia, conde de Niebla y marqués de Cazaza, a quien llama "deudo suyo". Entre los estudios sobre la caballería compuestos en aquellos años, quizás sea el de Suárez de Peralta, que desde su mismo título hace alusión a que habrá de referirse a ambos tipos de cabalgata, aquel en el cual puedan hallarse más elementos para aprender a diferenciarlos, para entender qué era lo más característico de cada uno de ellos. Allí, por ejemplo, ya desde el "Proemio al lector" ha de hallarse noticia cabal de la procedencia extranjera de la brida, de la cual indica don Juan cómo "crece grandemente en Italia y particularmente en el Reino de Nápoles". 50 Poco más adelante, aparece una amplia descripción de las características que, en su concepto, deberían corresponder respectivamente a los équidos propicios para cada estilo. Primero, el de la brida, algo mayor sobre todo de barriga, y de maneras más reposadas y fuertes: "Para la brida es mejor la cabeza para el encuentro larga, angosta y seca, algo carnuda. Ha de tener las crines ralas y largas y si son crespas, mejor. La cruz aguda, extendida, derecha y que en ella muestre el partimiento de la espalda, el sillar corto e igual, los 49 Acerca de la vida de Suárez de Peralta puede verse el estudio preliminar de Teresa Silva Tena que viene en la edición del Tratado del descubrimiento de las Indias. (Noticias históricas de la Nueva España), est. prel. y notas de Teresa Silva Tena, México, 1990, 275 págs., (Cien textos fundamentales para el mejor conocimiento de México). 50 Suárez de Peralta: Tratado de la jineta..., pág. 15. Anuario de Estudios Americanos lomos redondos y son mejores cuando son más llanos hacia las caderas: los cuales lomos se requieren ser acanalados por medio, la barriga larga y grande con la proporción que se requiere, las ijadas llenas y también el remolino natural que allí cerca en cada una de ellas se halla, cuanto más sale sobre el cuadril (que está frontero el uno del otro) es muy buena señal y muestra ser el caballo ligero, las ancas redondas y de arriba llenas y un poco caídas, con un canal enmedio y que tenga gran espacio del un cuadril al otro, las pospiernas largas y anchas, con los huesos bien hechos y con mucha carne de dentro y de fuera y si tiene los corvejones anchos y extendidos y las canillas cortas y anchas (como el ciervo conforme a razón) fuera veloz y muy diestro, pero teniendo las ancas y los corvejones cortos y las canillas extendidas, será naturalmente caminador. La cola llena de cerdas y larga, con el mástil de ella grueso de justa medida y bien puesto entre las piernas, no obstante que algunos quieren decir, sean ralas las cerdas y si fueren crespas es señal de estima y yo estoy de este parecer. Los compañones y miembros chicos y bien que caballos hay de precio con grandes. Pero yo hallo (según la verdadera razón de filosofía y según las más de las veces, la experiencia lo muestra) que todos los miembros han de corresponder a la grandeza del cuerpo". 51 Y a continuación el de la jineta, de tamaño menor y, sobre todo, veloz y ágil para la carrera y las rápidas evoluciones, con mucho meneo de extremidades, pero nunca demasiado nervioso: cosa más bien hecha que yendo largo e irá más cerrado corto y herirá más al caballo [...] Los pies mientras más delanteros es mejor y arrimadas las puntas a las cinchas y el talón hacia afuera y abajo lo más que pudiere, porque con esta costumbre le quedará muy buena postura y muy galana, las rodillas cerradas, sentado sobre el arzón trasero, de manera que quede concavidad entre el arzón delantero y el cuerpo, porque mientras esté más sobre el arzón trasero, estará más bien puesto, más fijo, más galán y el cuerpo más airoso", 53 y poder así "batir" -golpear continuamente-con los pies sobre los costados del animal: "Una de las mayores y más principales habilidades y más necesarias de cuantas se hacen en la jineta es batir con los pies a un caballo y para participar de esta habilidad con desenvoltura y gala, es necesario tomar la postura que antes tengo dicha y seguirse por aquella orden hasta que los pies hayan hecho hábito de aquella postura porque quedan con costumbre que aun paseándose con descuido muestran gala, parecen muy bien y hállanse fáciles después en cualquier cosa, y así se podrá ir aprendiendo a espacio, ejercitándose con una continua afición y para que esto venga a efecto, ha de ir siempre en aumento la afición, porque con ella se aprende mucho, lo que no se hará al contrario". 54 Lo característico de la brida era, en contraste, los estribos mucho más largos, a modo que el hombre fuera sobre el caballo prácticamente de pie, derecho. Sin embargo, Suárez de Peralta apuntaba con insistencia en que de cualquier modo no fuera demasiada esa largura de estribos, a fin de conseguir un mayor dominio del bruto. Lo que importaba, más que nada, era la donosura de quien, cabalgando a la brida, salía a la plaza con el afán de lucir sus habilidades en el difícil manejo del caballo. En esta escuela, pues, comentaba: "Los estribos no han de ir largos, sino cortos y de los dos extremos paréceme mejor ir corto que largo, pero no sea demasiado, porque irá más fijo y más galán, las puntas de los pies y los estribos para adentro y delanteros un poco (más que traseros) hacia el codillo del caballo, porque si van traseros es feo y falso; y cuando sea menester le ayudará con ellos, según la necesidad y esto a tiempo como se dirá, los pies y estribos vayan (y estén) derechos a la nariz del caballo que casi con la vista (sin ladearse) los vea. Tenerse han las aciones debajo de la rodilla porque así andarán más gallardos, más sueltos y más de maestros, para ayudar al caballero en los saltos y en el manejo, y esto es lo que hoy día se acostumbra". Mientras el jinete iba un poco trasero sobre los lomos de su montura, el bridón por su parte se adelantaba un tanto al acomodarse en la silla. Tocante al imperio del animal por medio de las riendas, cabe apuntar que mientras en la jineta éstas irían más bien sueltas, la técnica de la brida exigía absolutamente conservarlas tensas. 56 Por lo demás, no podía considerarse que el ser buen caballista resultara nunca cosa sencilla, ni mucho menos. Para llegar a convertirse en eso se precisaba, por lo pronto, mucha paciencia y mucho entusiasmo por la empresa. Suárez de Peralta explicaba así los requisitos que, según él, eran indispensables para pretender adelantar en la carrera: "Y el caballero que quisiera ser buen hombre de a caballo perfecto, ha de tener tres cosas que cualquiera de ellas en particular no es nada. La primera, tener gran afición a los caballos, curarlos y regalarlos y la otra, no cansarse ni enfadarse de correrlos, que si fuese necesario todo el día correr (de ello) no reciba pesadumbre alguna, porque mientras más carreras, más aprenderá y se soltará en la silla y tomará desenvoltura, con que después venga a hacer lo que quisiere más fácilmente. La tercera es, que siempre entienda que no sabe nada y que ha menester documentos y se huelgue de traerlos de cualquier caballero que algo entendiere, porque en todas las cosas del mundo es esta parte buena y muy virtuosa, tomar siempre consejos y parecer de todos y huír de la afectación en lo que hiciere porque con ello se dará fastidio y no parecerá bien nada de su desenvoltura, ni es posible tenerla con la afectación y los efectos que de ello salen, paran en los extremos y dejan el medio, que es el que se ha de procurar, pues da a todas las cosas gracia y perfección, y al que esto hiciere le aprovechará su trabajo". Los libros del capitán indiano Bernardo de Vargas Machuca En cuanto a la biografía del capitán Bernardo de Vargas Machuca, aquí sólo habré de recordar que, nacido en Simancas alrededor de 1555, recorrió extensas zonas de la geografía mundial en servicio de su patria. Combatió en la propia península ibérica a los moriscos sublevados y en Italia, y luego en diferentes armadas contra el turco en el Mediterráneo y contra los piratas ingleses en el Atlántico y el Pacífico. Anduvo más tarde en diversas entradas sobre los indios insumisos de la Nueva Granada, y por último desempeñó los cargos de alcalde mayor de Portobelo y de goberna- dor de la Isla Margarita. Aparte de sus escritos sobre la caballería, es autor de Milicia indiana y descripción de las Indias (Madrid, Pedro Madrigal, 1599) y de unas Apologías y discursos de las conquistas occidentales, inéditas hasta 1879. Falleció en Madrid el l7 de febrero de 1622, cuando se aprestaba para pasar a servir en otra gobernación americana. 58 Según él mismo comenta en el prólogo al Libro de exercicios de la gineta, fue durante sus años americanos cuando "cursó y aprendió" los secretos de la equitación. 59 Mas, a lo que dice, fue ya de vuelta en España y a instancias de varias personas, muy paticularmente de don Alberto Fúcar, que se dedicó a poner en el papel lo que tenía aprendido sobre la materia, y pasó enseguida a publicar sus apuntes, mismos que salieron a la luz durante 1600 en la misma imprenta madrileña que un año antes su libro de la Milicia. La portada del tratado entonces aparecido llevaba el siguiente enunciado: "Libro de/ Exercicios/ de la Gineta,/ compuesto por el Capitán D. Bernardo/ de Vargas Machuca, Indiano, natural/ de Simancas en Castilla/ la Vieja./ Dirigido al Conde Alberto Fúcar./ [escudo de Fúcar]/ En Madrid,/ Por Pedro Madrigal,/ [filete]/ Año MDC". Despuès del desempeño de las actividades gobernadoras que lo ocuparon durante los tres primeros lustros del siglo XVII, y una vez instalado de nuevo en la capital de España, sacó don Bernardo el siguiente de sus volúmenes sobre temas de equitación, cuya portada rezaba así: "Teórica/ y exercicios de/ la Gineta, primores, secretos, y/ advertencias della, con las se-/ ñales y enfrenamientos de/ los cavallos, su curación y beneficio./ Por el Governador Don/ Bernardo de Vargas/ Machuca./ [viñeta] / Con privilegio./ En Madrid por Diego Fla-/ menco./ Año 1619". Revisando el contenido de este tomo, fácilmente se encuentra que no es sino una nueva publicación del Libro de exercicios... de 1600, con las modificaciones de haberse cambiado la colocación de algunas de sus partes, hecho ciertos agregados e incorporado determinadas figuras para auxiliar en la comprensión de su texto. Asimismo, el conde de Villamediana, en la carta que sirve de prólogo a este escrito, insiste en lo bueno de que aparezca en estampa "segunda 58 Una buena biografía de Vargas Machuca es la compuesta por Enrique Otero D' Costa: "Biográfica disertación sobre el capitán don Bernardo Vargas Machuca", en Revista de Indias, Madrid, año XII, enero-marzo de 1952, n.o 47, págs. 49-79. Al estudio de la vida y la obra de este mismo personaje dediqué mi tesis de doctorado en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México: Con la espada y con la pluma, el caballo y el compás. Bernardo de Vargas Machuca, un español baquiano de fines del siglo XVI y principios del XVII, México, 1987, 701 págs. 59 Vargas Machuca: Libro de exercicios..., foja sin número. Anuario de Estudios Americanos y más veces", lo que viene a confirmar la certeza de que tanto para el autor como para sus lectores el trabajo representaba una nueva edición del aparecido el año de cambio de centuria. Una parte de la tirada de la Teórica y exercicios... vino sin la dedicatoria que de ella hizo Bernardo al conde de Villaflor; así, por ejemplo, pasa con el ejemplar Raros 7830 de la Biblioteca Nacional de Madrid, que es el que yo consulté microfilmado. Finalmente, fue en 1621 cuando vio la luz el tercer libro de nuestro hombre tocante a las técnicas caballerescas, cuarto y último de los que publicó en vida; así iba su portada: "Compendio,/ y doctrina/ nueva de la/ gineta./ Dirigido al Prín-/ cipe nuestro Señor don Fe-/ lipe Quarto./ Por el governador/ Don Bernardo de Vargas/ Machuca./ [viñeta] / Con privilegio./ En Madrid. Por Fernando/ Correa de Montenegro./ Año de 1621". Este folleto, en realidad, pretendía ser algo así como un natural epílogo a todo lo anterior escrito sobre la materia por don Bernardo en el cual, aparte de asentar unos cuantos apuntamientos que le parecía faltaban en sus trabajos anteriores quería dar, en resumen, la que para él era, precisamente, su doctrina personal -su teoría, digamos o, exagerando un poco las cosas, "su filosofía"-sobre ciertos aspectos de la forma más característicamente hispana de andar a caballo. De la tercia de obras sobre la jineta escritas por quien por su muerte no llegó a desempeñarse como gobernador de Antioquia, Cáceres y Zaragoza en el Nuevo Reino de Granada, sólo uno ha vuelto a ser editado, la Teórica y exercicios..., el más extenso de ellos, el cual publicó en Madrid la segunda época de la Sociedad de Bibliófilos Españoles en el curso de 1951, en unión de los ya citados Discurso... de Juan Arias Dávila Puertocarrero y el Del modo de pelear a la gineta de Simón de Villalobos y Benavides, con un buen prólogo del veterinario Cesáreo Sanz Egaña y en un volumen que se nombró Tres libros de jineta de los siglos XVI y XVII, en el cual se modertniza la ortogrtafía de los textos originales. A partir del conocimiento que sobre ella ha adquirido a través del tiempo, va a exponer Bernardo ante sus contemporáneos la práctica y la teoría de la caballería. No era muy modesto cuando aseguraba a Felipe IV, en el ofrecimiento de su Compendio y doctrina nueva, que las que él allí exponía eran ideas de verdad bien meditadas y novedosas. 60 Practicar la caballería era una forma de ensayarse para la guerra, actividad esta última en la cual era en la que eminentemente podían los hombres reiterar o incluso hasta alcanzar la nobleza, es decir, presentarse ante sus congéneres como un ejemplo de lo que su propia sociedad exigía de cada quien como paradigma de comportamiento: "no pueden los nobles y generosos Cavalleros essentarse de los exercicios de armas, assí a pie como a cavallo, pues mediante ellos restauran lo que pudo faltar en sus antecessores, o quando en ellos aya sobrado la nobleza, sustentan la obligación mayor que tienen a no degenerar de su profesión, continuando en el estilo que sus pasados con tanto honor mantuvieron: y esto sirviendo a sus príncipes [...]". 61 Fundamentalmente, lo que se encuentra en estos textos de don Bernardo de Vargas son unos consejos útiles que él ha querido proporcionar a sus colegas caballeros, buscando siempre facilitarles el ejercicio de esa profesión suya tan querida. Lo que él desea, es poner ante la consideración de quien lo acepte por su maestro todo el caudal de su propia experiencia, de modo que en las páginas de sus libros encuentre solución a la totalidad de sus dudas. Y así, llega a asegurar con jactancia cómo los estudiosos podrán encontrar "todo remedio en este tratado, si con curiosidad y diligencia se valieren dél, ansí en el presente freno [-dice cuando trata del enfrenamiento-] como de lo demás que adelante diremos". 62 Pero tampoco deja de apuntar que sus lecciones habrán de tomarse siempre con buen discernimiento, de modo que, si resulta del caso, se introduzcan en ellas las modificaciones pertinentes. No trata de ser dogmático, sino que más bien su pretensión es la de exponer llanamente su doctrina para que, a partir de ella, mediante su propio estudio y razonamiento, el jinete decida por sí propio lo que juzgare más oportuno en cada momento. Y así, por ejemplo, dice en una ocasión en la Teórica y exercicios de la gineta, mientras se está refiriendo a los problemas de la colocación de los frenos: "Con estas advertencias acerca del enfrenamiento, el caballero discurra y estudie, y sea curioso, porque cualquiera parte que le falta hallará el remedio con el buen entendimiento y estudio, aplicando otra que le parezca y enmiende la falta que por nuevas causas y alteraciones dellas suelen quedar mancos los efectos". 63 61 Vargas Machuca: Libro de exercicios..., foja sin número. Sobre esta misma advertencia vuelve luego en la última página de la Teórica... Sus enseñanzas no son reglas que deban acatarse sin discusión, sino sólo opiniones bien fundadas que de todos modos pueden superarse, pues continuamente se ha de procurar avanzar en el conocimiento y en el desempeño de estos menesteres hípicos. 64 Insiste mucho Vargas Machuca en que sus conceptos pueden resultar discutibles; pero, con todo, también desea dejar bien claro que ellos los ha deducido después de una enorme práctica -de cuarenta años, nada menos, afirma en el Compendio..., de 1621-, por lo que no pueden ser despreciados por nadie sino despuès de maduros juicios y pruebas contundentes de su ineficacia. Así expone, al ofrecer este libro a don Felipe IV, cuál considera que es el sustento todo del discurso suyo sobre la cuestión: "Las partes esenciales de la gineta, serenísimo príncipe, constan de teórica y prática, que si bien no es ciencia fundada en principios necessarios por sí conocidos y regulares, y permanentes tienen por fundamento una razón natural, aprovada en el común sentimiento de los más aventajados discursos en q. el mío ha militado por espacio de quarenta años, procurando darle realzes, y ha descubierto, q. consiste en doze consideraciones tan sustanciales, dirigidas a su fin, q. bien observadas le darán perfeto dividiéndose en otras tantas partes, que constituyen el natural compuesto del hombre". 65 La verdad es que en estas líneas que acabo de transcribir se encuentra todo el sentido del pensamiento de don Bernardo con respecto a la jineta en cuanto a teoría: ella no puede ser otra cosa que una especulación sobre la materia, basada en la experiencia, sin ambiciones de validez absoluta, pero sí con la pretensión de establecer principios útiles para la vida práctica, vale decir, para el adecuado desempeño de los ejercicios propios de ese tipo de monta. Por lo demás, el cómo había que practicar la caballería jineta, el quid en el que radicaba el secreto de su perfección, lo explicaba el capitán Vargas Machuca con estupenda puntualidad en la frase puesta debajo de la ilustración del caballero alanceador que aparece así en la portada del Libro... cuanto en la de la Teórica...: "Primor con fuerza", idea la cual reiteraba en el texto de esta última obra, cuando decía "que acompañando la fuerza con el primor es el verdadero fundamento de la jineta". Lo importante en quien sube al caballo es el empeño que demuestra en salir bien en sus evoluciones, la voluntad con la que acude a
colonial continúa siendo un tema poco explotado, contrastando con el auge de las investigaciones sobre bibliotecas particulares o de instituciones de enseñanza. Las razones, muy diversas, vienen determinadas por la escasez de fuentes, entre las que destacan los inventarios de mercaderes libreros, cuya información es indispensable para el conocimiento de las inquietudes lectoras y, en definitiva, de los esquemas mentales de la sociedad de la Edad Moderna. En esta ocasión, dos interesantes inventarios de mercancía libraria, negociada en Lima a principios del siglo XVII, nos ofrecerán algunos indicios de una faceta crucial de la vida humana: libros y lecturas. Un importante sector de la emigración al Nuevo Mundo en los siglos XVI y XVII, deseoso de fortuna y ante el escaso margen de acción laboral encontrado, terminó ejerciendo en el comercio. Normalmente, para el común de los inmigrantes la solución estuvo en un tráfico menor, casi siempre de carácter ambulante, en las ciudades y pueblos de indios del Nuevo Continente, 1 quedando el comercio de cierta envergadura para los cualificados profesionalmente. Mercaderes de todo tipo hubo en Indias; pero, dejando a un lado los estratos superiores, vinculados a las élites sociales, 2 la mayor parte de ellos no ejercían en un ramo concreto, vendían lo que podían adquirir según su capacidad económica y de negocio: telas, quincallería, utillaje, menaje doméstico, productos de la tierra, libros, etc.; no obstante, el mundo comercial del libro parece que requirió una cierta especialización y expe-1 Estudié una muestra de este tipo de mercaderes, en el virreinato del Perú, en mi tesis doctoral: Dineros Aunque mercachifles y tratantes ofertaban almanaques, devocionarios, estampas o literatura de cordel lo mismo que otras menudencias, un negocio mayoritario, o exclusivo, en torno al impreso, ya fuera ambulante o estable, no se adecua al mínimo de formación cultural de aquellos aventureros. Cuando el historiador del Antiguo Régimen tiene la suerte de toparse con el inventario de la mercancía de un librero o de un impresor, agradece el hallazgo enormemente, antes que nada porque su fiabilidad para la historia de la lectura ofrece menos limitaciones que los inventarios post mortem de particulares, los cuales se limitan a registrar, sin más, una serie de libros hallados entre las propiedades del difunto, que pudieron ser objeto de lectura o no. 3 En cambio, y aunque tampoco carezca de inconvenientes, el contenido de los documentos de mercaderes de libros responde a los cálculos de la demanda, a lo que se sabe que va a ser vendido y, por tanto, derivado de los gustos lectores o de lo que está a bien poseer y aceptado en la comunidad donde se vive. Pero además, y como ya resaltara R. Chartier, porque, entre mediados del siglo XV y comienzos del XIX, la actividad tipográfica estaba sometida al capital comercial; los mercaderes libreros, aparte de intervenir en otras áreas de influencia no menos importantes, dominan a los maestros impresores y controlan el mercado desarrollando la librería de surtido. 4 En esta ocasión, fruto de la investigación que realicé con los Bienes de Difuntos, voy a analizar dos inventarios de mercaderes de libros españoles que negociaban en Lima durante el primer tercio del siglo XVII. En la fecha, la capital del virreinato peruano había alcanzado la fisonomía propia de un gran centro cultural, el más importante del Nuevo Mundo, contando con universidad, imprenta y un importante número de clérigos, funcionarios y profesionales que promocionaban el mercado de lecturas de la ciu-dad, según Leonard, de mayores dimensiones que el existente en muchas medianas y pequeñas localidades españolas. 5 Los dos mercaderes pueden ser casos representativos de emigrantes lanzados a la aventura con la intención de hacer fortuna a través de un ramo comercial tan sugerente y útil para el mejor conocimiento del perfil mental de la sociedad colonial. 6 De sus vidas y personalidad es poco lo que he podido averiguar, pues las noticias insertas en las fuentes empleadas no complacen del todo la curiosidad del investigador. 7 Uno y otro tenían por nombres Pedro Durango de Espinosa y Cristóbal Hernández Galeas. Pedro Durango de Espinosa nació en Jemenuño, localidad de la actual provincia de Segovia, en la que su padre era sacristán y escribano. Hacia 1570, más o menos, se casó con una tal Isabel, dotada con 1.000 ducados en tierras de viñas, mujer con la que tuvo dos hijos, Francisco y Magdalena. Más tarde la familia se instala en Úbeda, donde Pedro abrió una tienda para vender libros, especiería y mercería,8 o sea, estaba vinculado al pequeño comercio de libros antes de emigrar. No sabemos qué motivos le impulsaron, hacia 1580, a tomar la decisión de pasar a Indias sin su mujer e hijos, aunque todo parece indicar que lo hiciera para probar fortuna en un ramo mercantil más o menos conocido, alentado por las noticias de abultados beneficios y buenas oportunidades del negocio. Al final de su vida lo encontramos en Lima, ciudad en la que era conocido como Pedro Flecher y donde moriría en 1603, siendo enterrado, amortajado con el hábito de San Francisco, en la capilla de San Juan del convento de Santo Domingo. En los documentos no hay mención de establecimiento concreto en el que Pedro Durango ejerciera su trabajo y, por ello, podríamos estar hablando de un tratante o bien de un factor de un comerciante de mayor rango. Ahora bien, el hecho de permanecer solo en Indias, unos 25 años, sin casa ni local que sepamos, y estar compuesta su hacienda por bienes fácilmente transportables, ropas y menaje, 4 esclavos y 3 mulas, que le ayudarían en el negocio, me inclina hacia la primera opción, es decir, un mercader ambulante, sin residencia, estable que no ha tenido la oportunidad de asentarse en un local concreto de alguna ciudad del virreinato, hecho que habría condicionado la llegada de su familia. En el inventario, previo a la almoneda, que los jueces de los bienes de difuntos hicieron de las pertenencias de Pedro Flecher constan 1.197 libros y "dos prensas con sus yngenios para el oficio", artefacto este último que pudo haber empleado en el arte de la impresión o la encuadernación, pues, como se verá, tenía obras sin encuadernar. Una vez vendida su hacienda en pública subasta -los libros a otro mercader por 409 pesos-, 9 los oficiales reales de la Audiencia procedieron a la repatriación de 2.039,5 pesos, depositados en la Casa de la Contratación en 1606. El numerario iba dirigido a su mujer e hijos, a quienes Pedro dejó como herederos legítimos en el testamento que dictó antes de morir en Lima. 10 A Cristóbal Hernández Galeas lo conocemos peor, entre otras razones porque murió abintestato. Sabemos que nació en Extremadura, concretamente en Jerez de los Caballeros. La muerte repentina de este personaje, y las averiguaciones que hicieron los oficiales del Juzgado de Bienes de Difuntos, nos aclaran algo más de su vida. Una mañana del mes de diciembre de 1619 lo hallaron muerto en una tienda que tenía alquilada en la calle de los ropavejeros de Lima, junto a la Iglesia Mayor, habitáculo que le servía de vivienda. Por ello, cuando le hicieron inventario sólo hallaron ropas, un colchón, algo de menaje y mercancía compuesta de 1.763 libros y miles de estampas de imágenes, rosarios y crucifijos de bronce. Subastados dichos bienes, la mercadería, como ocurrió con la de Flecher, adquirida por otro comerciante a cambio de 500 pesos, pagadas las deu-9 He aquí un dato interesante, testimonio de como los libreros, o particulares, se surtían de impresos, a buen precio, en las almonedas de difuntos, y de otras perspectivas de la circulación del libro. Estas prácticas cotidianas de la población frente a los libros las destaca Peña Díaz, M.: "Los encantes y la circulación del impreso en la Barcelona del siglo XVI", Estudis Castellonencs, 6, Castellón, 1994-1995, págs. 1047-1056. 10 La documentación sobre Pedro Durango de Espinosa se encuentra en AGI, Contratación, 273, r.o 3. das y satisfechos los gastos de entierro y funeral, se enviaron a España 3.627 pesos, llegados a Sevilla en 1620. 11 Cristóbal Hernández era un mercader de cajón, poco más que un tratante o mercachifle y con unas circunstancias sociovitales muy parecidas a las del anterior, dedicado también a la venta, aunque de forma complementaria, de ropas y quincallería. En una declaración de testigo, para averiguar datos personales del difunto, se dice que su tienda era un cajón, o lo que es lo mismo, un local portátil de madera que los mercaderes itinerantes solían instalar en las plazas y alrededores de las ciudades, una modalidad muy extendida en el mundo colonial. 12 Por tanto, estamos frente a ese comercio menor de las Indias que tantas posibilidades abrió a los emigrantes españoles, fueran mercaderes o no. La realidad comercial del Nuevo Mundo, basada en monopolios, dejó escaso margen de acción a los comerciantes de menor volumen de negocios. Si bien, y aunque no sea el caso de los nuestros, la condición de mercachifle no es forzosamente equiparable a un nivel económico bajo, pues los hubo que hicieron grandes fortunas. De entrada destaca el volumen de libros inventariados: 2.930, 1.197 y 1.763 respectivamente, una cantidad nada despreciable y de una estimación más alta según el perfil de los mercaderes en estudio. No obstante, será conveniente saber cuál es la línea temática que ofertaban, variable que nos llevará a otras conclusiones. Si empezamos con la mercancía de Pedro Durango, salta a la vista una apreciación de interés: el 88,4% (1.058) de sus libros corresponden a temas laicos, mientras que tan sólo el 11,6% (139) son de contenido religioso. Estos porcentajes invierten la tendencia de lo que suele ser habitual: el predominio abrumador de la temática reli-11 AGI, Contratación, 345A, r.o 11. 12 A. Rojo Vega también destaca esta modalidad de libreros ambulantes en las ferias castellanas, que vendían los libros en tiendas portátiles de madera: "Los grandes libreros españoles...". En Indias estos tratantes disputaban el negocio a tenderos y comerciantes de los consulados, con los que mantuvieron enconadas luchas; véase Iwasaki, F.: "Ambulantes y comercio colonial: iniciativas mercantiles en el virreinato peruano", Jahrbuch Für Geschichte von Staat Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, 24, Colonia, 1987, págs. 179-211. 14 Esta tendencia, en torno al 75% la proporción de la temática religiosa, suele ser la norma en las investigaciones sobre los libros de la época y así lo he puesto de relieve en una investigación sobre 444 inventarios postmortem de españoles residentes en el virreinato del Perú: "Los libros de los españoles...". Un porcentaje similar también obtuve en el estudio de una muestra de registros de navíos que contenían libros como mercancía: "El libro y la Carrera de Indias: registros de ida de navíos", Archivo Hispalense, 220, Sevilla, 1989, págs. 93-103. Otras muestras significativas, en la misma línea, son las de Griffin, The Cromberger...; Guibovich, P.: "Libros para ser vendidos en el virreinato del Perú a fines del siglo XVI", Boletín del Instituto Riva-Agüero, 13, Lima, 1984, págs. 85-114; Hampe Martínez, Teodoro: "The diffusion of books and ideas in colonial Perú: a study of private libraries in the sixteenth and seventeenth centuries", Hispanic American Historical Review, 73, Durham, 1993, págs. 211-233; y Kropfinger von Kügelgen, H.: "Exportación de libros europeos de Sevilla a la Nueva España en el año de 1586", en Los libros europeos en la Nueva España a fines del siglo XVI, Wiesbaden, 1973, págs. 26-105. CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ La literatura laica está compuesta por 9 apartados, mientras que el capítulo religioso sólo consta de 5. Por tanto, la primera, además de contar con un volumen mucho mayor de libros, también está más diversificada. El apartado de historia y literatura representan el 76% (909 libros) del total, una tendencia que no suele ser la normal en las bibliotecas de la época que conocemos, en las que resulta prioritario, condicionado por la estructura socioprofesional dominante, gramática, jurisprudencia, política y clásicos. 15 Por su parte, entre los libros de contenido religioso sobresalen los géneros espiritual y hagiográfico. La distancia entre los dos bloques no es de una dimensión abultada, prácticamente se igualan, pero esta vez la religiosa aparece con una diversificación mayor. -------Total: 1.763 100 De la clasificación anterior destacan los bloques de espiritual y creación literaria, ambos representan el 54% del total; por tanto, podemos obtener unas conclusiones similares a las deducidas del inventario de Pedro Durango. Resta señalar que Cristóbal Hernández también dedicaba parte de su negocio a la venta de estampas de imágenes sagradas y otros objetos devocionales (rosarios y crucifijos), una situación muy común entre los mercaderes de libros y acorde a la tan extendida demanda, en auge desde Trento, de una sociedad sacralizada como la de los siglos XVI y XVII. En este caso, el documento recoge un total de 8.024 estampas y cientos de rosarios y pequeños crucifijos de bronce. Centrándonos ahora en el estudio de los autores y títulos aparecidos en los inventarios, sin perder de vista las dificultades a la hora de identificarlos, comenzando por el de Pedro Durango, los libros de historia componen el capítulo numéricamente más importante; sin embargo, de los 753 registrados, 585 sólo constan como libros de historia de diferentes autores sin ninguna otra especificación, por lo que no podemos saber de qué obras se trata y esto limita las apreciaciones del análisis. Entre los títulos de historia representativos están 72 ejemplares de los Varones ilustres de Indias, 13 Historias de señoría, 12 de Isabel reina de Inglaterra, 12 de la Crónica del rey don Pedro, 10 de la Campaña de Roma, 9 de la Historia troyana, 9 de Carlos duque de Borgoña, 5 de la Historia del Gran Capitán y 5 de la Historia de los jarifes. En menor proporción, no más CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ de 3 ejemplares, la Historia de los reyes godos, Las Navas de Tolosa, la Historia General, la Historia del rey don Rodrigo, Historia de las Indias y el Monserrate de Cristóbal de Virués. En general se trata de unas obras cuyo contenido responde al relato de hazañas épicas, a modo de novelas de aventuras. Al respecto, T. Dadson observa como España enviaba al Nuevo Mundo libros de entretenimiento y ficción, recibiendo a la par historias y relatos de la conquista. 16 En efecto, muy escasas son las crónicas o historias de las Indias encontradas, al contrario de lo que ocurre con la ficción. En el apartado de literatura, las novelas de caballería casi completan el capítulo con 97 ejemplares, dando pruebas de la persistencia de su popularidad a principios del siglo XVII, fecha en la que, en teoría, habían sido sustituidas por la afición a otros géneros.17 Este capítulo de ficción está representado por sus creaciones más difundidas: 27 Florisel de Niquea, 12 Floranís de Castilla, 10 Palmerín de Oliva, 9 Amadís de Gaula, 9 Sergas de Esplandián, 8 Selidón de Iberia, 5 Lisuarte, 4 Amadís de Grecia y 4 del Caballero Asisio. 18 Aparte del género caballeresco destacan títulos emblemáticos de la épica renacentista: 12 del Orlando furioso y 1 del Orlando enamorado de Ariosto, 2 de la Araucana de Ercilla y 2 Lusíadas de Camoens. En otra faceta, 9 de la Primera parte del honesto y agradable entretenimiento de damas y galanes de Juan Francisco Corbacho. En la gramática, otro de los apartados voluminosos, es de notar la presencia de 48 ejemplares del habitual Arte de la lengua castellana de Antonio de Nebrija, uno de los libros más difundidos en la América hispana. 19 Por lo demás, dentro de la temática laica, figuran clásicos grecolatinos como 3 de la República de Aristóteles, 4 de Lucano, 2 de las Fábulas de Esopo; César, Séneca, Cicerón, Homero, etc.; libros científicos, pocos y con predominio de la medicina, entre ellos: 5 de Valles de Covarrubias, 4 de la Historia de la medicina de Sevilla, 3 del Tractado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales... de Cristóbal de Acosta y uno de Nicolás Monardes. También son escasas materias como la jurídica, de la que hemos identificado el Commentaria ad leges regias meliorationum de Andrés Angulo; en política, 5 de los Emblemas de Andreas Alciato; y en música, algunos tratados de canto. Por último, en el apartado de varios hemos incluido 58 libros de difícil identificación y que no cuadran en los capítulos anteriores, como 14 ejemplares de la Chronographía o repertorio de los tiempos de Jerónimo de Chaves, 3 de filosofía, 3 de moral, etc. La literatura religiosa es un capítulo fundamental del inventario de Pedro Durango, que, conforme a los dictámenes de Trento, destaca en el género ascético-espiritual: 26 libros del Apocalypsim commentario de Francisco de Ribera, 8 de El modo de rezar el rosario de Gaspar de Astete, 6 de los Veynte discursos del credo... de Esteban de Salazar y 5 del Arte dada del mismo Dios a Abraham, para le servir perfectamente de Rodrigo de Solís. Llamativa resulta, por ser el autor de mayor eco en el mundo hispano, 20 la corta cuantía de las obras de Fray Luis de Granada, tan sólo aparece con un ejemplar de su Introducción al símbolo de la fe; en la misma medida están las Cincuenta oraciones fúnebres... de Luis de Rebolledo, la Primera parte de las postrimerías del hombre de Pedro de Oña, la Segunda parte de la sylva espiritual de Antonio Álvarez y el Conptemptus mundi de Tomás de Kempis. 21 La hagiografía incluye obras muy variadas, aunque no los títulos que nos son más familiares. 22 Está el Flos sanctorum de Ribadeneyra, del mismo autor 2 de la Vida del padre Ignacio de Loyola; otros títulos son: Vida de Santo Domingo, Vida y muerte del apóstol San Pedro de Francisco Adame de Montemayor, Vida de San Francisco de Paula de Paolo Regio, Vida de Santa Leocadia de Miguel Hernández, etc. Vinculado a este tema, he incluido un apartado sobre Cristo y la Virgen, en el que figuran 7 del Retablo de la vida de Cristo de Juan de Padilla y 2 de la Universal redempción, passion, muerte y resurrección de Jesu Christo de Francisco Hernández Blasco. Cerrando el bloque religioso van autores de la escolástica como Tomás de Aquino y Tomasso Vío; el capítulo de varios con 5 libros de música religio-20 Véase, para la literatura espiritual, Bataillon, M.: Erasmo y España, México, 1983. 21 Para la identificación de la literatura devocional me ha sido muy útil el trabajo de Álvarez Santaló, L.C.: "Adoctrinamiento y devoción en las bibliotecas sevillanas del siglo XVIII", en La religiosidad popular, Barcelona, 1989, vol. 2, págs. 21-45. Debo llamar la atención sobre las dificultades que entraña identificar este género librario, dada la multitud de obras que circulaban con títulos muy parecidos; pero, aun siendo consciente de un alto margen de error, he preferido hacerlo en función de los datos contenidos en los inventarios y cuando ha sido posible. CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ sa, la Biblia, la Summa conciliorum de Bartolomé de Carranza, el Adversus omnes haereses de Alfonso de Castro e, incluso, uno del Corán. El inventario de Cristóbal Hernández presenta una gama mayor de literatura religiosa; pero, al igual que en la mercancía de Pedro Durango, el género ascético-espiritual acapara las preferencias. Se trata de un apartado muy diverso, en el que esta vez sí es fray Luis de Granada el autor más representativo con 121 ejemplares del Libro de la oración y meditación. Le siguen 73 del Devocionario de Jacome Carvallo, 64 de la epopeya religiosa de Diego de Hojeda la Cristiada, escrita en Perú, 26 de la Perfección religiosa de Arriaga, 13 de las Meditaciones de la vida de Nuestra Señora de Francisco Costero; de Cristóbal de Fonseca 42 de los Discursos para los santos del evangelio de la Cuaresma y 13 del Tratado del amor de Dios; 12 de la Razón del pecado original y 9 de la Primera parte del consuelo de justos de Pedro Maldonado. Este último autor también registra varios ejemplares de Ejercicios para un oratorio; todas estas obras representan en conjunto más del 70% del capítulo. No podemos dejar de hacer mención de algunos autores, de amplia difusión durante los siglos XVI y XVII, constatados en el documento, tales como: Antonio Álvarez, Juan de Dueñas, Alberto Magno, Fray Luis de León, Pedro Calderón, Diego de Estella, Pedro de Oña y, siendo curioso para las fechas de los inventarios, Erasmo con 2 ejemplares del Enchiridion. 23 Lo abultado del capítulo dedicado a pastoral, derivado de la demanda del clero para llevar a cabo la evangelización de los indios, se debe a la inclusión de 113 catecismos en lengua española y quechua y 76 sólo en español. Lo mismo sucede con el de oración, en el que los 68 ejemplares del Modo de rezar el rosario... de Gaspar de Astete casi lo completan. En cambio, la hagiografía presenta 32 libros, eso sí, la Vida de Santa Teresa de Jesús de Francisco de Ribera cuenta con 24 ejemplares; los restantes, al estilo de los del inventario de Pedro Durango: Vida y milagros del glorioso San Antonio de Padua de Fray. Miguel Mestre, Historia de San Raimundo Peñafort de Vicente Miguel de Moradell, Vida de San Ildefonso, tal vez de Francisco Portocarrero; Vida de San Nicolás de Tolentino de Francisco de Ribera, Vida de San Román, Vida y martirio de Santa Inés de Eugenio Martínez, Historia de milagros, éxtasis y revelaciones, etc. Menor proporción acaparan los libros sobre Cristo y la Virgen, con títulos como: 5 de la 23 Para estos géneros también es muy útil el libro de Andrés, M.: Los recogidos. COMERCIO DE LIBROS EN LIMA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII Asunción de Nuestra Señora de Francisco de Toledo, La vida del dulcísimo Jesús, De la llegada de Cristo, etc. Los temas bíblicos aparecen entre los principales de la clasificación temática, pero la diversidad no es mucha, pues 46 ejemplares corresponden a un libro de Salmos y casi todo lo demás a Evangelios. De los apartados restantes, en teología moral sobresalen 5 del Summario de confesores y penitentes de Martín de Azpilcueta, 3 del Tratado de casos de conciencia de Antonio de Córdoba, 2 de la Summa summularum de Gaspar Cardillo y las de Peraza, Ledesma, Mercado y Toledo. Sermonarios aparecen el de Pedro Bejarano, Baltasar Arias, Peraza y Miguel Pérez; los 16 libros de la patrística son las Epístolas de San Jerónimo; en la escolástica, autores muy representativos como Domingo de Soto, Tomás de Aquino y Francisco de Vitoria; y en los cánones, el repertorio de Josephus Anglés. Al final, en varios, títulos como: Profecías, Tratado de religión y 17 de las Rimas sacras de Lope de Vega, autor de amplia presencia en la tienda de Cristóbal Hernández. Por lo que respecta a la temática laica, de nuevo la literatura alcanza la primera posición, con un autor, y no es de extrañar, como estrella: 216 ejemplares de los Soliloquios y 3 del Isidro de Lope de Vega. La novela picaresca también está ampliamente representada, como suele suceder, con uno de sus mejores exponentes, concretamente 47 ejemplares de la segunda parte del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. 24 Al mismo tiempo figuran 24 de La Arcadia de Sannazzaro, una de las cumbres de la novela pastoril del Renacimiento; 12 del Viaje al Parnaso de Cervantes, 12 de Sonetos de Petrarca, 3 de Sonetos de Garcilaso y la Propalladia de Torres Naharro. 25 Numéricamente, un capítulo importante dentro de los temas laicos es la gramática, aunque sus títulos no son muy diversos: 93 del Tesoro de la lengua aymara de Ludovico Vertonio, 54 del Vocabulario general de la lengua quechua, 44 de la Grammatica o arte de la lengua general de los indios de los Reynos del Perú. 26 No está ausente Antonio de Nebrija con 5 ejempla-24 Según Leonard estos géneros se imponen en los gustos lectores a medida que decaen los libros de caballería: Los libros..., pág. 255. 25 Sobre la importancia de las creaciones de la literatura del Siglo de Oro español en las bibliotecas coloniales es importante el trabajo de Hampe, T.: "El eco de los ingenios: literatura española del Siglo de Oro en las bibliotecas y librerías del Perú colonial", Histórica, XVI, Lima, 1992, págs. 177-201. 26 Estas son obras directamente vinculadas a la labor misional, para la comunicación entre españoles e indios. Sobre la cuestión no debemos dejar de mencionar el trabajo de Hampe, T.: "Lexicografía y cultura. Diccionarios de lenguas europeas e indígenas en las bibliotecas del Perú colonial (siglos XVI-XVII)", en Langues et cultures en Amérique Espagnole Colonial, París, 1993, págs. 75-101. CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ res del Arte de la lengua castellana. Otra cuantía considerable alcanzan los clásicos grecolatinos y, como suele ocurrir, el documento sólo registra autores y no títulos, de este modo van 20 libros de Terencio, Plinio, César, Aristóteles, Cicerón, Séneca, Virgilio, Marco Aurelio, Horacio y Esopo. 27 Con un buen repertorio sigue la historia: 5 de la Historia de España de Mariana, junto a obras como Las Navas de Tolosa, Historia de Etiopía, Historia de Francia, Historia de China, Historia de Cataluña, Historia de la reina de Saba y la Historia eclesiástica de los cismas de Inglaterra de Ribadeneyra. En ciencia otra vez es la medicina el capítulo central, con la conocidísima Cirujía de Fragoso y la de Hidalgo. Por último sólo quedan por mencionar 4 ejemplares del vocabulario jurídico de Nebrija. De la estructura temática que acabamos de analizar podemos deducir una conclusión ingenua: hay mayor cantidad de libros laicos porque se vendían más; sin embargo, estaríamos cometiendo un error. El estado actual de nuestros conocimientos nos pone de relieve un predominio casi absoluto de los libros de carácter religioso, no siendo de extrañar si tenemos presente los patrones de conducta de la sociedad hispana de los siglos XVI y XVII,28 período de tiempo en el que la lectura era un ejercicio espiritual, una actividad sagrada que resolvía misterios. 29 Lo cual nos lleva a no perder de vista que un inventario, incluso si es de un mercader, no es más que una instantánea de un momento muy concreto, del que no se deben extraer, a menos que queramos distorsionar la realidad, afirmaciones tajantes ni definitivas. En estos casos, la mercancía puede ser resultado de una coyuntura determinante: los libros no vendidos hasta el momento de la muerte del titular, las existencias de los núcleos de abastecimiento, etc. Lo anterior no quita importancia a la extendida demanda de literatura laica, que realmente existió, ni a la popularidad de los géneros de ficción a lo largo de la Edad Moderna; pero el hecho de ser este tipo de libros minori-tarios en los inventarios particulares estudiados y, por el contrario, de una presencia considerable, aunque inferior a lo religioso, en los registros de los mercaderes nos da pie para plantear algunas hipótesis. En primer lugar, advertir, como lo hiciera T. Hampe, que gran parte de las comedias y novelas cortas de la época circulaban en pliegos manuscritos y, por ello, no suelen dejar rastros en los inventarios de bibliotecas. 30 Por otro lado, la mayor parte de los inventarios de bienes disponibles corresponden a grupos socioprofesionales de cierta formación intelectual y solvencia económica, 31 con un claro protagonismo de clérigos, funcionarios y profesiones liberales; en menor medida, artesanos y mercaderes. De tal modo que el ejercicio profesional condiciona en gran medida la estructura temática de las bibliotecas. En cambio, tomar como argumento el amplio margen del analfabetismo no sería una razón de peso, dada la importancia en la época de la lectura en voz alta y dirigida a más de una persona, práctica bastante generalizada e ideal para los libros de aventuras, vidas de santos y todo tipo de literatura didáctico-moralizante. 32 En cambio, la lectura como experiencia privada era de minorías, 33 pero, atendiendo a los planteamientos de B. W. Ife, el número de lectores solitarios de literatura de ficción en prosa y en lengua vernácula experimentó un notable incremento en la España del Siglo de Oro. 34 Sirva, pues, este trabajo como pequeña aportación a un tema complejo, necesitado de investigadores, nuevas fuentes y métodos; pero imprescindible si queremos llegar a conocer una mínima parte de las inquietudes culturales de la sociedad colonial, a modo de introducción a sus actitudes, conductas, creencias y aspiraciones. 30 Hampe: "El eco de los ingenios...". 31 Remitimos a la bibliografía citada a lo largo de este trabajo. También a Solano, F. de: "Fuentes para la historia cultural: libros y bibliotecas de la América colonial", en Ensayos de metodología histórica en el campo americanista, Madrid, 1985, págs. 69-84. 32 Sobre la lectura en voz alta durante la Edad Moderna es muy sugerente el libro de Chartier, R.: El mundo como representación. 34 Ife, B. W.: Lectura y ficción en el Siglo de Oro. -quinze libros de Florisel de Niquea -seys libros de Palmerín de Oliva -onze de la Historia del Reino de Nápoles -quatro Amadís de Grecia -ocho Crónicas del Rey Don Pedro -nueve Don Florisel de Niquea -veyntedos Riberas sobre Apocalipsis -doze libros de tablas de la monarquía eclesiástica -seys de Varones ilustres de Sedeño -dos Guadalupes Ynoseas -Ribera sobre el Apocalipsis -dos Riberas del Apocalipsis -Alfonso de Castro -Soto de natura de gracia -Obras de Moya -diez Historias de Señoría -Jardín de amores santos -Flos sanctorum de Bilbao -Historia general -tres Ribera sobre los profetas -Espejo de caballería -Herrera sobre Escoto -Santo Tomás sobre los Evangelios -syete Amadís -grande de España -Primaleón -quatro Sergas de Esplandián -dos Controversias de Valle -del dicho -Torquinto -Sacra filosofía de Valle -tres Historias de señoría -tres Caballeros de la Cruz -Controversias de Valle -quatro Historias de Nápoles -tres Crónicas del Rey don Pedro -dos Historias de Nápoles -Comentarios de Aristóteles -Orlando en prosa -dos Historias de Nápoles -quatro Monterias -Suárez sobre San Lucas -Símbolo de fray Luis -Flos sanctorum de Ribadeneyra -dos de Albeitaria -dos Triunfos de Cristo -de la República del mundo -seys Retablos de la vida de Cristo -los cinco libros de Ambrosio de Morales -los Santos de España -Pedro pretores -tres Monterias -dos Amadís -Hanseni sobre los salmos -Hanseni sobre las concordancias -Sermones de San Agustín -de las siete virtudes -Orlando en prosa -otro dicho -Lógica cayetana -nueve Historias troyanas -quatro Historias de Nápoles -tres Palmerín de Oliva -cinco Sergas de Esplandián -de Castro -dos Historias del rey don Rodrigo -quatro Historia del gran capitán -del salmos de música -Diálogo de la verdad -quatro Historia del rey don Jaime -quatro Lisuarte -tres Historia del rey don Alonso -Orlando en prosa -otro dicho -Filosofía de Valle -tres Historia de los reyes godos -Ayora de partición -tres Don Reinaldos -Cayo Julio César -Historia de Santo Domingo -de Villalpando sobre leyes -del viaje del rey don Felipe a Flandes -Obras de Mesua -Lógica cayetana -Valles de medicina -quatro Historia de medicina de Sevilla -Lisuarte de Grecia -del gran capitán -Palmerín -don Florisel -Retablo de la vida de Cristo -del rey don Pedro -Sentencia de los Jirones por Gudiel -Proverbios de Séneca en romance -de los nueve de la fama -de Gómez de León sobre las informaciones en derecho -sesenta y un de Varones ilustres de Indias -doze Floranís de Castilla -seys de Joaquín Romero -de dicho -cortés caballeroso -catálogo de los libros prohibidos -dos Historia de los jarifes -República de Aristóteles -dos Repertorios de Chaves -de Guevara -dos del maestro Oliva -Adagios de Pablo Manunzias -dos de universal redención -de vida y muerte de san Pedro -de la batalla de Naval corte real -del excelente capitán -libro de cantos de Mata -discurso del credo -Orlando furioso -quatro apuntamientos -vida de Proquinto -República de Aristóteles -capilla heremias -Orlando enamorado -Declaraciones de Orozco -nacimiento de Orlando -Orlando enamorado -dos del caballero enamorado -Acosta de drogas -obras de Monardes -Suma conciliorum -de Angeli sangrini -de Ovando -de cayo lisigoni -Diego Zúñiga -ordo canonicorum -de consejos de lopime -República de Aristóteles -de Ovidio comentado -Suma silvestrina -Acosta de drogas -de glosas de Padilla -dos de corán de Mahoma -León Baptista de arquitectura -estaciones del cristiano -dos Lusiadas de Camues -trenyta y tres cuaresmas de Fonseca -treynta y quatro vocabularios de la lengua deste reyno arte nueva -dos de lo dicho -otro de lo dicho -treynta y cinco cristiadas del padre ojeda -advertencias de la historia de Mariana -cristiada de hojeda -historia de Etiopía -santoral de Arias -gobierno eclesiático de fray Gregorio de Alfaro -agricultura de Herrera -obra de castillejo -tratados de amor de Dios por Fonseca -gobierno eclesiástico por alfaro -Juan Alonso Garrotillo -diez privilegios para mujeres preñadas por el doctor Juan Alonso -las Navas de Tolosa -consul Augusto por fray Pedro Maldonado -práctica de una religiosa por Pedro Calderón -navegación segura para el cielo de fray Gerónimo de Segorbe -la madre Teresa de Jesús -essequias del rey Philippo segundo -tesoro de la lengua aymara por el padre Ludovico Vertonio -otro dicho -España defendida de Cristóbal Suárez de Figueroa -escelencias de la castidad por fray Josephe de Jesús -Avila de sacramento -Hidalgo de cirujía -Salmerón -consul Augusto de Maldonado -de la madre Teresa de Jesús -catorce discursos sobre la oración del padre nuestro de fray Baltasar Pacheco -reisersión de Africa -ejercicios de un oratorio por fray Pedro Maldonado -omiliario evangélico por Juan Bautista Madrigal -Guzmán de Alfarache -consuelo de justos por Maldonado -de los nombres de Cristo por fray Luis de León -de la madre Teresa de Jesús -agricultura de Herrera y la historia de san Raimundo -cristiada de ojeda -doze libros de Isabel reina de Inglaterre -quatro de santa Leocadia -tres de monserrate -dos fábulas de Ysopo -ducientos setenta y seys libros de historias -ocho astetes -ducientos quarenta libros de historia, algunos sin encuadernar -declaración de los siete salmos penitenciales -Epístolas de san Jerónimo -arte de la lengua general deste reyno -declaración de los salmos penitenciales -prado espiritual -consideraciones de las amenazas del juicio por Alonso de Herrera -otro dicho -de la vanidad del mundo de Estella -Teresa de Jesús -Arte de servir a Dios -de la guerra de campaña de Roma -juridición cristiana por fray José Luquián -de la conservación de la salud del cuerpo y del alma -parnaso antártico por Diego Mejía -Fragoso de cirujía -Monarquía eclesiástica por Pineda -Cuaresma de Fonseca -noche del alma -jerarquía eclesiástica -virtudes de piedras -sonetos de Petrarca -obras de Garcilaso -Monserrate de ejecuciones de bienes -Guzmán de Alfarache -Tratado del amor de Dios de Fonseca -Avila de sacramento -evangelios de la cuaresma de fray Alonso de Guevara -práctica espiritual de una religiosa por el padre Calderón -vocabulario general de la lengua quechua -Guzmán de Alfarache -sermones en fiestas de algunos santos por Bexarano -la tradución del Yndia de los tres diálogos -Suma de Ledesma -del segundo por Avila -de las amenazas del juicio -de la lengua quechua -parnaso antártico por Mejía -de la madre Teresa de Jesús -dos del Guzmán -vida y milagros de san Antonio de Padua -Cuaresma de Fonseca -de la madre Teresa de Jesús -de la lengua quechua -Cuaresma de Fonseca -Cristiada -dos de la lengua quechua -vida de san raimundo -apuntamientos de todos los semones -Cuaresma de Fonseca -Cristiada -Guzmán de Alfarache -Terencio en latín -de la lengua quechua -el solitario poeta -santoral de Arias -Francisco Patricio por el gobierno -arte quechua -años del juego -Guzmán de Alfarache -ejercicios de un oratorio -suma y compendio de los grados de la oración -arte quechua -Cristiada -Guzmán de Alfarache -Rimas sacras de Lope -Cristiada -vocabulario de la lengua general -lengua quechua -Murcia de lógicas -Osorio eclesiástico -Suma de tratos contratos -ciento y trece catecismos en español y quechua -arte quechua -Guzmán de Alfarache -cinco de la lengua quechua -cient y diesisiete libros de oraciones y ejercicios de fray Luis de Granada -ochenta y seys libros de la lengua aymara -sesentayquatro libros de nuestra señora de Gaspar de Astete -setentaytres libros de devocionarios y relicarios por Jacome Carvallo -nueve libros de oras devotissimas de Ortiz Luzio -cuatro libros del perfecto cristiano de fray Juan González -seys libros de meditaciones de nuestra señora de Costero -desengaño de la vida de fray Julián Martel -de la campaña de Roma -vida de san Jacinto -Sylva de la providencia de Dios -Plinio de animales traducido -Guzmán de Alfarache -dieciseys docenas de soliloquios de Lope -Plinio de pescadores -dos libros del Guzmán de Alfarache -tesoro de misericordia divina -obras de Astete -historia de san Bernardo por Vicente Miguel -Guzmán de Alfarache -San Onorio y Estacio patronos de Jerez de la frontera -Cristiada -consideraciones del agradecimiento cristiano por González -Guzmán de Alfarache -de la madre Teresa de Jesús -historias de Francia de Herrera -comercio terrestre -Guzmán de Alfarache -de santa Teresa de Jesús -patronos de Jerez -de santa Teresa -condición cristiana de Luquián -consuelo de justos -tres libros del Guzmán -práctica espiritual de Pedro Calderón -lengua aymara -Rimas sacras -comentarios y salmos -lengua quechua -razón del pecado original -dos libros de la lengua quechua -Dionisio cartujo -Plinio -Confesionario -Cristiada -santos patronos de Jerez -arte de la lengua del Perú -otro de lo dicho -consuelo de justos -de la madre santa Teresa -sobre la muerte de doña Luisa de Carvajal -espositio titulorum -tragedias de amor por Solorzano -práctica espiritual -meditación de la vida de nuestra señora por Costero -la vida del dulsísimo Jesús -filosofía natural -tratado de los casos de conciencia por Córdoba -fiestas a la beatificación de san Ignacio -Guzmán de Alfarache -sylva espiritual de Alvarez COMERCIO DE LIBROS EN LIMA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII -soliloquio de San Buenaventura por fray Alonso ponce -César -flosculos clericorum -la congregación de nuestra señora por Costero -perfeción religiosa de Arriaga -otro como el dicho -tratado de la oración mental por Molina -espejo de perfesión por Rojas -manual de buenas meditaciones por Amaya -del nombre de Jesús -ejercicio de un notario -perfesión religiosa -instrusiones cristianas -vida y milagros de san Raimundo -Guzmán -cuadernillo del rezo -oficio del sensión de nuestra señora y vida de san Ildefonso -fiel desengaño de Francisco Luque -Rimas sacras -perfesión religiosa -espejo de perfesión -otro como el dicho -de la moneda y valor del oro -elocuencia española -Terencio en latín -Angélica de Barahona -ejercitatorio del padre Serna -de adviento del padre Acosta -un breviario romano -cánones del consilio por Francisco Bartolomé -espejo de consolación -sermones en fiestas de santos por Bejarano -instituciones caldaice -tabla de casos notables -Pacheco del segundo mandamiento -institución confesorum -ética de Aristóteles en latín -de oratore -práctica espiritual -ejercicios divinos por Custodio -manual del cristiano por Antonio Torres -ejercicios divinos -paraiso del alma -diálogos de apacibles entretenimientos por Gaspar Lucas Hidalgo -tres libros del arte quechua -essequias de Philippo segundo -de la vida de santa Teresa -Cristiada -de los nombres de Cristo -sermones de adviento por Peraza -siete libros de la lengua quechua -dos libros de la Cristiada -dos libros de santa Teresa -sermones de los santos por fray Miguel Pérez -consideraciones de los evangelios de Cabrera -casos de conciencia por Córdoba -advertencias de Mariana -patronos de Jerez -dos libros del Guzmán de Alfarache -quatro libros de la lengua quechua -Guzmán de Alfarache 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conciencia de Córdoba -de la lengua quechua -utilitate legendi ystoria -Cristiada -Alejandro Farnesio COMERCIO DE LIBROS EN LIMA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII -Cristiada -del Guzmán de Alfarache -divina poesía -perfesión religiosa -primera parte de santo Tomás -vida de santidad -milagros de santa Francisca romana -Suma de Villalpando -perfesión religiosa -racione disendi -suma cayetani -patroni alamantino -siglo del oro -discursos de ynfabili berbi -tragedias de amor -Epístolas de san Jerónimo -novum Yesucristite -meditaciones de nuestra señora -arte de servir a Dios -razón del pecado original -espejo de perfeción -dos libros del compendio de Navarro -salutei oraciones -Garcilasso -ystoria del nuevo mexico -tesoro de consetos -dos de Terencio -razón del pecado original -rimas sacras -Terencio -un enchiridion -de la llaga de Cristo -un Ysrael liberada -arte viejo -viaje al parnaso -Epístolas de san Jerónimo -Epístolas de san Pablo -ortografía castellana -oraciones y ejercicios -de la congregación de nuestra señora -del modo de rezar el rosario -diez libros de la perfesión religiosa -Guzmán de Alfarache -libro de cinco mártires por Francisco de Venecia -dos artes de la lengua aymara -comentari yn salmis -ystoria de milagros esstasis y rebelaciones -Bitorio delsimismo -oraciones de universal eclesia -un Julio César -ystoria de la reyna de Saba -Bitorio delsimismo -guadalume ynosica -quartus tomus cenciones de tempore -Osorio de gloria -arauco domado segunda parte -un catecismo de dotrina cristiana -sensión de nuestra señora y vida de san Ildefonso -Séneca -segundo tomo de Cicerón -omilia y nonia -de la lengua quechua -tessoro de misericordias -purificador de la consencia -Rimas sacras -de vita religiosa instituenda -un catechismo en nuestra lengua -triunfos de la fe en Japón -Cabrera de yn re patronatibus -de las partes de la oración -de san Ignacio -razón del pecado original -Rimas sacras -santidad y milagros de santa Francisca -dos libros como el dicho -de la muerte de doña luisa de Carvajal -confisionario de quras de yndios CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ -el modo de rezar el rosario -de la vida, milagros esstasis y rebelaciones -un arte de servir a Dios -Marco Aurelio -espejo de perfesión -introducción yn dialeticam -Epístolas de san Jerónimo -essamen de sirujía -propiedades de las piedras preciosas -thessoro de consetos -rimas sacras de Lope -otro como el dicho -Terencio -arte de la lengua del Pirú -abiso para soldados -ystoria de Barlaan y Josafat -esposisio oficio divino -vida de santa Francisca -quaresma de gazo -quaresma de Fonseca -demostraciones católicas -tabula de sermones -grabrielis paliose -rimas sacras de Lope -la vida de Fernando de Abalo -lendibaresi -el Pelayo -de vita y pasiones altoris -tratado de virtudes -un libro de mano -la fuente deseada -alegrías de damas -arte de la lengua quechua -de la perfesión religiosa -primera parte de Sagunto -la suma de Toledo -catesismo español -tabulas generales escoti fe subtilitate -segundo del pícaro -fray Nicolás faetor -otro como el dicho -de castidad por Diego Pérez -santos patronos de Jerez -epístolas de san Jerónimo -de la castidad -Terencio -razón del pecado original -controversia yudi sisteme por Navarro -santo Tomé -rimas sacras -vocabulario juris -comentario devoto por P.o Ortiz -juanis feris esplicasión salmum trixe -un monserrate -Antonio broy quator evangelio -calendario perpetuo -fiestas a san Ygnacio -dialética predigmata -Luis Vives en latín y ejercicio de un oratorio -comentario de Sesar en toscano -comentario in salmis de maldonado -del pecado original -salucio oraciones -dos libros de epístolas de san Jerónimo -santos de Jerez -filosofía -perfesión religiosa -tres catecismos en español -logicarum terminorum aecio -arte de servir a Dios -del sisma de Inglaterra -santa misteria pasio resurretio -de verborum -epístolas de Siserón -comentario y rimas cum et lucam evangelista -un sermonario -sobre los signos -otro del pícaro -comentari de penitencie -sobre los mandamientos -pauli egineta -almi florentissime -suma de eclesie domine -Juan de turrecremata -logica de Valera -vita regulari -de oña -ystoria del mundo toscano -dies omiliarum super noben berbis salmi sinquenta -comentari in universa Aristótelis -Petrarca de remedios -Josef Acosta consiones in quadragessiman -consionem profeti bitatibus -aparatos latinis sermones -questiones regulares en latín fray Melchor Rodríguez -convionum sante dominice Acosta -thesauris escriturarum -libro de ánima -fabula deescole -theologicarum sententiarum -yntroducio benbum -gracia eficace de Ortiz -porladori -concilii tridentini -congregacionis de nuestra señora -laurentibali -Virgilio en latín -epístolas de Cicerón -Limirno -responso ad libilum ubara mundi -comentarios de jubileos -epístolas de Jerónimo -segunda del pícaro -Isidro -grandez mexicana -razón del pecado original -catecismo español CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ -seys catecismos español -oraciones y ejercicios -nuestra señora de Loreto -cinco del santo sacramento del bautismo -epístolas de san Jerónimo -Terencio -perfesión religiosa -dos oraciones y ejercicios -almida bulgata -razón del pecado original -proverbios morales -Alvarez de gramática -dos catecismos español -meditaciones de nuestra señora -perfesión religiosa -tres como el dicho -paraiso del alma -dos dotrinas de fray Luis -itinerario catolicum -sermones de san Diego -Quinto Curcio -desengaño del siglo -manual del cristiano -arte de la lengua aymara -constituciones apostólicas -suma de Toledo -perfesión religosa -espejo de perfesión -varia devoción en toscano -arte de la lengua española -dotrina religiosa -viaje al parnaso de Cervantes -compendio de Navarro -quarenta y quatro libros naufragio de vitoria de la compañía de Jesús -controversias de Navarro -consilia abatiz -optima predisendo rasione -oras de nuestra señora -epístolas de san Jerónimo en latín -un mill y quatrocientas y ochenta estampas estrangeras de medio pliego -un mill y ducientas y ochenta de dichas estampas de marca mayor -un mill y ducientas ymagenes de pliego de marca mayor italiana -mill y quatrosientas ymagenes de medio pliego de dicho género -ducientos y veyntedos papeles grandes de a doce ymagenes -siento sesenta y quatro papeles de a dos ymagenes -siento y setenta y quatro papeles de a dos ymagenes -ducientas ymagenes de todo género muy maltratadas -trecientas y quatro rosarios negros -mill y seicientas ymagenes de rosarios en ocho papeles atados -quatrocientas echuras de cristos cruzificados pequeños de bronce para rosarios -mill y ducientas de dichas estampas de marca mayor -mill y ducientas ymagenes de pliego de marca mayor italianas -mill quatrosientas ymagenes de medio pliego del dicho género -ducientas veyntedos papeles grandes de a doce ymagenes -siento sesenta y cuatro papeles de a dos ymagenes -siento setenta y quatro papeles de a dos ymagenes -ducientas ymagenes de todo género -trecientos y quatro rosarios negros -tres mill seyscientas ymagenes de rosarios en ocho papeles atados -quatrocientas echuras de cristos cruzificados pequeños de bronces para rosarios CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ -compendi nabarris -fábulas de Esopo -fabulas del mismo -apostolorum apostolicorum -obsevaciones quedam yn nonaginta quinque ynnos -catecismo español -Jerónimo Ramírez de los niños de la guardia -arte general del reyno del Perú -Rimas sacras -orali placti poemata -catecismo español -Cicerón en latín -narraciones yn evangelia -juanis rrabisi testoris -de fronti yn yssun estudiosum por Fontana -la madre Teresa -tratado del estado de la religión -ystoria de la China por Mendoza -tratado del remedio de pobres -proverbios morales -manual de vida perfecta -vida y milagros de San Nicolás tolentino -epístolas de san Jerónimo -segunda del pícaro -catecismo español -Luis Vives en latín -epístolas de Séneca -la madre Teresa -pastor de filida -catecismo español -Rimas sacras -vida de san Pedro Nolasco -catecismo español -paraiso del alma -arte de lengua española -otro como el dicho -dos libros de Terencio en latín -ejercicio divino -Rimas sacras -razón del pecado original -catecismo español -otros dos como el dicho -perfesión religiosa -Manuel Alvarez de gramática -perfesión religiosa -catecismo español -Manuel Alvarez de gramática -Terencio -dos libros de la perfesión religiosa -dos catecismos en lengua española -areopagitice -quatro catecismos en lengua española -perfesión religiosa -confesionario y desengaño de simismo -un Costero -quatro catecismos español -otros tres -otros dos -essamen de sirujía -dos de la perfesión religiosa -seys catecismos español -dos docenas de soliloquios de Lope -dos docenas de libros de la arcadia por enquadernar -quatro catecismos español -Luis Vives en latín -veynte y ocho catecismos en español -arte de servir a Dios -Terencio -oficia santorum hispani -perfesión religiosa -ejercicios divinos -devoción y ejercicios -epístolas de Siserón -compendio de Navarro -catecismo español -tratado de confesión y absolución COMERCIO DE LIBROS EN LIMA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII Tomo LIV, 2, 1997
El trabajo responde a los resultados de una amplia investigación practicada con gran parte de la prensa latinoamericana propia del patrimonio documental español y, por otro lado, a los de la cuantificación de más de 65.000 registros de informaciones relativas a Latinoamérica extraídos de la prensa española correspondiente al período 1898-1976. Por su conducto se induce qué parcelas se pueden investigar en España acerca de la realidad de aquel subcontinente a través de sus mensajes periodísticos y, también, qué líneas de información periodística han determinado la comprensión que de Latinoamérica se ha ido formalizando en España en el transcurso del siglo XX. "El cuarto Poder del Estado es, según hemos convenido todos, la Prensa Periódica. Hay quien supone que la susodicha Prensa ascenderá pronto y ganará puestos; pero, por ahora, solamente se le otorga, nemine discrepante, el cuarto lugar. Por la parte que me toca, acepto el sitio y no pretendo otro, ni aun he pretendido ése, por descontado". Cito, a modo de preludio, estos párrafos de esa revista catalana de fines del siglo pasado porque no creo que exista tema alguno más abierto a debate dentro de los estudios sobre la comunicación pública que el promovido en torno al poder de los medios de prensa y a su influjo en la sociedad. La cuestión, expuesta de forma permanente a lo largo de todo el proceso histórico contemporáneo, estriba en la esencia misma del fenómeno y, por lo que se refiere al ámbito de los mensajes periodísticos, constituye por sí sola, como se sabe, un amplio campo de análisis al plantearse la fuerza persuasiva de aquéllos y su papel en la conducción de las mentalidades y de los comportamientos sociales. Sería, en el marco de las llamadas Ciencias Humanas, el eje de una inagotable dialéctica entre dos visiones de un único problema, cuya formulación puede resumirse así: ¿en qué términos los testimonios periodísticos representan a los sectores de la sociedad que los genera?, ¿hasta qué extremo los determina su carácter de producto de minorías dirigido a condicionar los criterios del resto de la sociedad? De hecho, algo difícil de resolver, pero apasionante para quienes lo consideramos materia de objetivación en el campo de la Historia. 1 Aludo a tan complejo asunto en razón a que de él proceden los primeros trabajos que, lejos del positivismo decimonónico, se desarrollaron en la Universidad de Sevilla con documentos de prensa. 2 Y, también -lo importante ahora-, las inquietudes que dieron pie a dos investigaciones dirigidas a fijar la conexión habida entre Latinoamérica y España a través de la comunicación periodística en los siglos XIX y XX, cuyo contenido resumo en estas líneas. Ambas se definieron como innovadoras en esa parcela de los estudios históricos por su temática y, en especial, por su metodología de soportes informáticos, conjuntando recursos universitarios y de la Hemeroteca Municipal de Sevilla. Y ambas tuvieron su origen en la valoración de unas realidades que forman parte de la contemporaneidad española y que la historiografía más asequible apenas suele destacar: por ejemplo, que a Latinoamérica (Iberoamérica o Hispanoamérica) los españoles le prestaron atención en la prensa ya en la época de las Cortes de Cádiz e, incluso, Blanco White en su El Español allá en el Londres de 1810 a 1814; 3 que La América, de Eduardo Asquerino, fue una revista de extraordinaria calidad en la España de 1857 a 1886; 4 que La Ilustración Española y Americana, de Abelardo de Carlos, encarnó el más selecto periodismo español de 1869 a 1921, aun antes de los éxitos de Blanco y 1 VV.AA.: Comunicación social y Poder, Madrid, 1993, y Alejandro Pizarroso y otros, Historia de la Prensa, Madrid, 1994. 2 Su impulsor fue Octavio Gil Munilla con una investigación, no concluida, sobre la independencia de Hispanoamérica en la prensa española del reinado de Fernando VII. Para las iniciativas sevillanas y andaluzas, véanse Braojos Garrido, Alfonso: "La prensa de Sevilla: la base actual de su análisis histórico", en Haciendo Historia: Homenaje al Prof. Carlos Seco, Madrid, 1989, págs. 625-631; y "Prensa y política en la Andalucía contemporánea", en Cuadernos de Comunicación, n.o 8, Sevilla, 1991. 3 Lancha, Charles: "La prensa liberal española frente al separatismo hispano-americano", en La Prensa en la revolución liberal. España, Portugal y América Latina, Madrid, 1983, págs. 309-317; y Urrutia, Jorge: "El problema de España y América en Blanco White", en Glosa. 4 López-Ocón, Leoncio: Biografía de "La América". Una crónica hispano-americana del liberalismo democrático español, Madrid, 1987. Negro, Mundo Gráfico y Nuevo Mundo; que en Cádiz Eduardo de Ory editó, de 1912 a 1936, la revista España y América; o que Huelva tuvo, entre 1911 y 1931, una publicación periódica "colombina iberoamericana", La Rábida, obra de José Marchena Colombo. En sí, un bloque de testimonios que revelan la constante perseverancia española hacia Latinoamérica en su contemporaneidad y que, igualmente, alumbran los cauces periodísticos de difusión de, entre otras, las ideas americanistas del "regeneracionismo" de los hombres "del 98" con Alfonso XIII entre ellos,5 las del grupo fundador en 1943 del núcleo de La Rábida o las de intelectuales como Sáinz Rodríguez, Laín Entralgo, Ruiz Giménez, Julián Marías, Manuel Lizcano, etc. o las de las gentes del exilio. 6 Apreciaciones, en fin, que pueden sintetizarse en estos cinco puntos dignos de una pausada reflexión: 1.o) Que los estudios de historia de Latinoamérica alentados desde España se sitúan preferentemente y por lo común en la etapa colonial, cuando los siglos XIX y XX nada desmerecen de aquélla (la clave de esa inequívoca situación quizá consista en la enorme riqueza y el atractivo de los fondos que custodia el Archivo General de Indias). 2.o) Que, pese a lo anterior, consta que los vínculos entre España y Latinoamérica se mantuvieron siempre fluidos en el transcurso de este período, por encima de la pérdida de las colonias -sirvan la emigración y el exilio como muestras-, aunque la guerra antinapoleónica, la eclosión del liberalismo español a raíz de las Cortes de Cádiz y la independencia colonial suscitaron una nueva visión en España respecto de América, distinta a la oficializada por el Antiguo Régimen; un cambio no exento nunca de añoranzas coloniales y al que se incorporaron poco a poco indisimulables recelos hacia el imperialismo norteamericano en el continente. He ahí tal vez la preocupación prioritaria de la España decimonónica por conocer los movimientos desplegados desde Washington en aquel área, con gestos -la correspondencia del embajador García Tassara lo demuestra-que, desde las versiones románticas de la vida hispana y otros engarces de sintonía común, sembraron las primeras pautas de los futuros con-ceptos de "Hispanidad" y de "Raza", término este último consagrado en la jornada del 12 de octubre de 1918. 7 3.o) Que la permeabilidad de España en cuanto a Latinoamérica en esos dos siglos se observa, además, en la constitución de Círculos Hispano-Ultramarinos 8 (1872-1881) y, por supuesto, en una en principio discreta información periodística, introducida por despachos o correos privados u oficiales, con espacios de referencia obligada a la guerra entre los Estados Unidos y México (1846-47), las intervenciones extranjeras en México (española y francesa, 1861-67), los conflictos de Paraguay y del Pacífico (1864-69 y 1879-84), y al contencioso sobre la esclavitud. Una información que lógicamente cobró entidad después de que la agencia Fabra se integrase en la francesa Havas (1879), con la ventaja para los promotores en España del new journalism (Ortega Munilla, Polanco, Fernández Flores, Moya, Ducazcal, Luca de Tena y Perojo) de poder exhibir a Latinoamérica en la prensa diaria no sólo en el lugar de la noticia ocasional, sino en el del artículo de opinión, el texto literario y el plano gráfico. 4.o) Que, según se ha confirmado, semejante giro informativo conoció su inflexión decisiva a partir de 1892, al amparo de los actos del IV Centenario del Descubrimiento de América 9 -con una revista específica dedicada a la efeméride, El Centenario-y del ascenso noticiable del movimiento de José Martí en una Cuba cuyo destino se iba a dilucidar, junto al de Puerto Rico, en 1898, consumado el "desastre" en la Paz de París. 7 Rama, Carlos M.: Historia de las relaciones culturales entre España y la América Latina. Los Complementarios \ 1, Madrid, 1987; Moreno Juste, Antonio: "Notas sobre el pensamiento ultramarino de Cánovas del Castillo: las Antillas. Homenaje a los Profs. José M.a Jover Zamora y Vicente Palacio Atard, Madrid, 1990, T. I, págs. 579-599; y Jou, Maite: "Gabriel García Tassara: Del nacionalismo romántico al concepto de raza hispana", en Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, 1993, T. XLIX, págs. 529-562. 9 Calderón Quijano, José A.: "El IV Centenario del Descubrimiento en la Ilustración Española y Americana y en el Ateneo de Madrid", en Actas de las V Jornadas de Andalucía y América, Sevilla, 1986, T. II, págs. 1-96; Bernabeu Albert, Salvador: 1892: El IV Centenario del descubrimiento de América en España: Coyuntura y conmemoraciones, Madrid, 1987, y Abad Castillo, Olga: El IV Centenario del Descubrimiento de América a través de la prensa sevillana, Sevilla, 1989. ALFONSO BRAOJOS GARRIDO Dos episodios éstos de capital significación, que provocaron en España un interés periodístico inusitado por Latinoamérica, bajo el clamor "regeneracionista" de la idea de intentar la "recuperación" de las antiguas colonias por la vía de los lazos económicos, culturales y espirituales; es decir, por los beneficios de la hermandad del mundo hispanoamericano o iberoamericano como réplica al imperialismo yanki de las doctrinas de Cleveland, de Teodoro Roosevelt y de la Unión Panamericana (1909). Y todo eso en un clima receptivo al pretexto de cumplirse en 1910 el centenario de la independencia de las colonias hispanas y, por consiguiente, a un hispanoamericanismo palpable en un Rubén Darío, entre otros, y que logró su manifiesto en la obra Ariel (de La tempestad, de Shakespeare) del uruguayo José Enrique Rodó (1900).10 5.o) Que es notorio cómo ese caudal informativo y de "opinión" se acentuó en pleno siglo XX, en la medida en que España, entre 1911 y 1931, fue capaz de acometer 44 tratados o acuerdos con los países latinoamericanos (2 ́31 de media al año), abrir allí más de 20 legaciones diplomáticas11 e inaugurar la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929).12 Sin más, avances mantenidos luego, por décadas, hasta casi nuestros días, con ocasión de la guerra civil española, de la firma de los protocolos hispano-argentinos y del culto indeleble a un "hispanismo" de claros visos económicos, políticos y culturales; 13 de suyo, un progreso en el que han tenido mucho que ver brillantes corresponsales de prensa y la expansión de la agencia EFE auspiciada por Carlos Mendo (1965) y Luis María Ansón (1976). 14Cinco puntos, en definitiva, que exteriorizan las apreciaciones antes mencionadas, con los que se podrá coincidir o no, pero que asientan las interrogantes inductoras de la doble investigación que voy a explicar. Una primera, con el título Catalogación, informatización y análisis de la prensa iberoamericanana en España, se asumió institucional y combinadamente por la Hemeroteca Municipal de Sevilla y por el Departamento de Historia de la Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid, con dos equipos de especialistas dirigidos por el profesor Jesús Timoteo Álvarez y por quien firma estas líneas. 15 En la conciencia de lo ineludible de la consulta de los textos periodísticos para la exacta comprensión del proceso histórico contemporáneo, se abordó la conveniencia de construir una base de datos con la prensa latinoamericana localizada dentro de lo que cabría entenderse como el patrimonio documental español, con dos propósitos fundamentales: establecer qué fuentes periodísticas permiten historiar aquel subcontinente dentro de España y, a la par, qué circuitos de comunicación, por conducto de esa prensa, afloran entre ambas orillas del Atlántico a la luz de lo conseguido en la operación anterior. Su puesta en práctica, requirió, desde luego, una ficha de catalogación muy elaborada y un minucioso esquema de trabajo. Ejecutada a lo largo de tres años en 42 archivos, bibliotecas y hemerotecas de 15 provincias españolas e introducida toda la información en un programa informático de soporte Knosys, en la actualidad, y en simple enumeración estadística, su alcance lo refleja el siguiente cuadro que desglosa una cuantificación de títulos pos países: Como se ve, la cifra total obtenida se sitúa en 3.078 fichas de igual número de títulos de periódicos o revistas latinoamericanas. Y estas son las tres conclusiones cardinales que se deducen de su contenido: 1.a) Que España cobija una voluminosa documentación periodística latinoamericana, aunque dispersa y muy fraccionada, con lotes concentrados en su mayoría en Madrid, Sevilla y Barcelona (1.484, 1.414 y 671 unidades respectivamente), en series que permiten historiar Latinoamérica desde España con relativa comodidad -el siglo XX mucho mejor que el XIX-a través tanto de diarios de información general y de revistas literarias o científicas como de los boletines de los centros españoles allí constituidos. 2.a) Que los circuitos de comunicación periodística más dinámicos entre España y Latinoamérica fueron alentados por los lazos entre los emi-LATINOAMÉRICA Y LA COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX grantes y sus ciudades natales, los núcleos afines en postulados doctrinales o anhelos artísticos, literarios y científicos, y las efusiones políticas en fechas de exagerada exaltación nacionalista (cuando la Dictadura de Primo de Rivera con la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929 como paradigma -contó con un Pabellón de la Prensa-, la guerra civil o la armonía Franco-Perón, por ejemplo). 3.a) Que en esos circuitos se percibe singular fluidez con México, Argentina y Cuba; sones discretos con Colombia, Venezuela, Brasil, Chile, Perú, Ecuador y Uruguay; un tono vivo con Puerto Rico y leve con Paraguay, así como con los países de Centroamérica o el Caribe. En suma, unas relaciones informativas que pueden estimarse exponente de otro tipo de relaciones -humanas, culturales, económicas o políticas-que han habilitado, y aún hoy sostienen, la historia contemporánea de los espacios español y latinoamericano. Ciertamente, esta investigación no se ha cerrado todavía. Quedan documentos por inventariar. Sin embargo, debe admitirse que el esfuerzo implícito en lo por ella expedido hasta ahora argumenta en términos razonables el dominio de los dos objetivos que la justificaron: la funcionalidad de la metodología informática asegurada en la base de datos abierta (de consulta en la Hemeroteca Municipal de Sevilla); y la búsqueda de una aportación original y provechosa en un horizonte poco explorado en España, el de los estudios históricos sobre las dimensiones de la comunicación pública en los estadios internacionales dentro de la época contemporánea. 16La segunda investigación, con el título Análisis y conceptuación de la imagen de Latinoamérica en la prensa española del siglo XX, para una tarea inicial de tres años y bajo la responsabilidad de un Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, incorporado a la recien creada Facultad de Ciencias de la Información, se propuso en planos similares a la anterior y desde tres afanes entusiastas: el sumergirse en nuevas temáticas dentro de la comprensión del siglo XX sin prescindir del binomio España-Latinoamérica, la confianza en el carácter documental de las fuentes periodísticas y lo preciso de perseverar en el experimento de las metodologías de naturaleza informática. Eso sí, su orientación se programó hacia la denominada convencionalmente por los especialistas como «Historia de las mentalidades» o, incluso, «Historia de la "opinión pública"», ya que lo pretendido con ella era la acotación de lo divulgado en España acerca de Latinoamérica en los últimos tramos del período contemporáneo y de ahí la imagen o imágenes recibidas por los españoles a través de su prensa. Queda claro, pues, que entrañaba un objetivo muy ambicioso y nada fácil de satisfacer. Por esta causa, antes del comienzo de la investigación fue necesario el acoplamiento de cuatro cuestiones importantes, no resueltas en principio, para alejarse de probables errores y garantizar la máxima pulcritud de los resultados. De entrada, un problema de concepto. ¿Qué se quería decir con Latinoamérica?, ¿qué matices debían primarse de los muchos que concilia ese término -artificial, sin duda-en aras de su concreción inteligible, dado lo tan heterogéneo de aquel vasto subcontinente, diverso y uniforme a la vez?, ¿cómo aprehenderlo de acuerdo con una fórmula coherente? Un problema embarazoso que, tras severos juicios, se zanjó optando por segmentar a Latinoamérica en las cuatro parcelas o facetas más representativas de su fisonomía exterior: los rasgos sociales y económicos, complejos y condicionados por las distintas coyunturas; el cuadro político, de múltiples manifestaciones en su inestable evolución; la creación cultural, estética y literaria, asociada a fuertes personalidades; y la supuesta identidad continental, mostrada por sus tildes específicas y sujeta entre lo estadounidense y lo europeo. Es lo que indujo a que el equipo de investigadores encargado de acometerlo se articulara de manera interdiciplinar, con expertos en Historia de América, en Opinión Pública y en Historia de la Literatura Española e Hispanoamericana, de las Universidades de Sevilla y Complutense de Madrid. 17 Otra cuestión se circunscribió a un extremo de índole cronológica. ¿A qué secuencia temporal equivalía el siglo XX enunciado?, ¿desde y hasta cuándo extender la cobertura de la investigación? Un asunto con varias soluciones y que se solventó sin mayores inconvenientes al elegirse las 17 Aprobada la investigación por la CICYT en 1990 bajo la dirección del autor de esta síntesis, el equipo lo integraron en Sevilla, los profesores Juan Marchena Fernández (Historia de América), Marta Palenque (Historia de la Literatura Española) y Carmen de Mora Varcárcel (Historia de la Literatura Hispanoamericana); en Madrid, Cándido Monzón Arribas (Opinión Pública). LATINOAMÉRICA Y LA COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX fechas de 1898 y 1976 como topes inicial y final. El criterio seguido fue que lo contemplado entre ambas fechas -1898, año de la Paz de París y momento de emersión de la "crisis" de conciencia y moral que cundió en España por la pérdida de las últimas colonias; y 1976, año del primer viaje de don Juan Carlos I, en su calidad de rey de España, a Latinoaméricaencuadraba la perspectiva de un proceso lo suficientemente locuaz como para aceptarse sinónimo de lo que en nuestros días recibe la calificación de siglo XX suceptible de análisis histórico. Con todo, se vio que tan largo momento carecía en sí mismo de unidad interna, habida cuenta el curso discontinuo de la trayectoria española. Por tanto, cinco o siete períodos en los que las directrices españolas hacia Latinoamérica exteriorizaron una andadura no ajena a las vicisitudes nacionales de cada área. Por su parte, la tercera cuestión se ciñó a decidir con rigor qué fuentes documentales se dedicarían a la investigación. Si con la meta impuesta se trataba de establecer qué imagen o imágenes de Latinoamérica había emitido la prensa de España en el siglo XX, era obligado no olvidar que dicha prensa no se atuvo a una conducta inamovible entre 1898 y 1976, puesto que con frecuencia se modificaron las normas jurídicas reguladoras de su comportamiento (Ley de Policía de Imprenta de 1883, Ley de Jurisdicciones de 1906, disposiciones de Primo del Rivera, decretos de abril de 1931, Ley de Defensa de la República de octubre de 1931, Ley de Orden Público de 1933, Leyes de Prensa de 1938 y 1966), alternándose momentos de "libertad de información" con otros de censura o de "dirigismo", siempre según los imperativos del poder político. Tampoco, que de Latinoamérica podía haberse ocupado esa prensa de modo diferente en los distintos niveles de la producción periodística (diarios de información general; revistas ilustradas; publicaciones doctrinales, de creatividad literaria o estética; etc.). De igual manera, que no cabía confundir lo que en la acción cotidiana de las redacciones se subraya como "importante" o "interesante". En fin, varios factores no superfluos, sopesados antes de seleccionar los documentos plataforma del trabajo. La decisión definitiva fue la de acceder al unísono a títulos de la llamada "prensa de masas" (diarios de Madrid y de provincias, de gran tirada y de tendencia ideológica no coincidente) y de la más minoritaria o "de élite" (semanarios o revistas de diversa inspiración), sin eludir cualquier territorio de la geografía nacional. La cuarta cuestión respondió a lo obligatorio de un esquema de trabajo o modelo de análisis capaz de absorber e interpretar correctamente la amplísima cantidad de información de la prensa elegida. Con este objeto se pensó como lo más idóneo el diseño de una metodología consistente en tres operaciones consecutivas: a) la extracción de la información de las fuentes documentales; b) el ensamblaje de esa información a los epígrafes de una ficha con dos escalas de valoración (de cualificación periodística y de indicación de la importancia concedida por el medio); 18 y c) el registro de toda la información (textos periodísticos y datos de la ficha) en un programa informático Software Dbase III abierto a 22 países latinoamericanos y con 103 códigos de temas relativos a lo social, lo económico, lo político, lo cultural y lo accidental o de sucesos. 19 De hecho, algo apenas experimentado en los estudios más extendidos de historia de la comunicación pública. Obviamente, con estas cuatro cuestiones controladas, la investigación comenzó sin olvidar la idea motriz del proyecto: si los españoles, entre 1898 y 1976, han/hemos estado recibiendo -de forma sistemática-informaciones y opiniones de Latinoamérica por unos circuitos de prensa escrita, con unos mensajes específicos y con un tratamiento particular, lo consecuente era deducir que la sociedad española ha asimilado sicológicamente una imagen o imágenes de Latinoamérica acordes con tales mensajes, con independencia de su objetividad o falsedad respecto de la Latinoamérica auténtica y real. Desde la hipótesis de una relación causa-efecto comprensible, ¿por qué no afrontar el conocimiento de lo ocurrido verdaderamente en virtud de la comunicación periodística? Hoy los resultados de la investigación pueden simplificarse afirmando que han respondido satisfactoriamente a lo previsto por dos sustanciales motivos: la confección de una metodología capaz de utilizarse en cualquier otro estudio de idéntica factura; y lo que supone la riqueza de los registros 18 La aportó Cándido Monzón Arribas. Véase Apéndice I. 19 Obra de Juan Marchena Fernández. LATINOAMÉRICA Y LA COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX Tomo LIV, 2, 1997 informatizados en una extraordinaria base de datos sobre las informaciones y opiniones vertidas en la prensa de España acerca de todo lo que concierne a Latinoamérica en el siglo XX, distribuidas tanto por períodos como por países, de forma global o en cada uno de los radios temáticos referidos. Tal consideración se fundamenta en lo siguiente: Como pueden contemplarse, unos resultados traducidos en cifras, tabuladas siempre en valores relativos. Parece claro que indican una realidad por ahora sólo admisible con ciertas reservas en su demostración científica, teniendo en cuenta la fase en que se halla la investigación, pendiente aún de consultas más prolijas en los documentos de las etapas franquistas. Con todo, se convendrá que existen datos suficientes como para aventurar unas conclusiones provisionales que, de seguro, no se distanciarán demasiado con las que se anuncien en su día como definitivas. 1.o) Que, al margen de las normas jurídicas en vigor en cada período, la información y los artículos de opinión sobre Latinoamérica insertos en la prensa española -entendida en sentido lato-del siglo XX decaen ostensiblemente en intensidad a partir de la proclamación de la II República, en razón, entre otras causas, a asumirse la pérdida de las últimas colonias (Cuba y Puerto Rico), la baja en el énfasis del debate "regeneracionista" acerca del sentido de la "Hispanidad" o del "iberoamericanismo" tras la Exposición de Sevilla de 1929 y la no repetición de episodios tan prolongados como la revolución mexicana. 23 De cualquier modo, su interés como materia de difusión se mantuvo desde 1931 con regularidad, si bien con ecos más templados y, en conjunto, en tono inferior a los de comienzos de la centuria. 2.o) Que tanto esa información como los artículos de opinión concentraron siempre sus ángulos prioritarios en torno sólo a cinco países (Argentina, México, Cuba, Brasil y Chile), alternándose el orden de protagonismo en función de sus incidencias internas y de su grado de vinculación política, económica o "espiritual" a España (simpatías Franco-Perón, por ejemplo). 24 En concreto, Argentina y México -este último encabeza los por-23 El primer período abarcado en esta investigación y desde una referencia local lo clarifica la obra de María José Ruiz Acosta: Sevilla e Hispanoamérica. Prensa y opinión pública tras el Desastre de 1898, Sevilla, 1996; e Hispanoamérica en la Sevilla de comienzos del siglo XX (Prensa y opinión pública). Tesis de Doctorado inédita, Uni. de Sevilla, 1996. Ambos estudios enlazan con el de Rosario Sevilla Soler: La Guerra de Cuba y la memoria colectiva. 24 Delgado Gómez-Escalonilla, Lorenzo: Imperio de papel. Acción cultural y política exterior durante el primer franquismo, Madrid, 1992 (con abundante bibliografía); Pérez Montfort, Ricardo: Hispanismo y Falange. ALFONSO BRAOJOS GARRIDO centajes en la etapa de la guerra civil-aparecen como los dos focos principales de los predicamentos publicados, por delante de Cuba, Brasil y Chile, mientras 17 Estados latinoamericanos (Guatemala, El Salvador, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Honduras, etc.) quedan en un muy segundo plano y a expensas de sucesos esporádicos o de convulsiones violentas (la Guerra del Chaco, 1932-1935). Llaman la atención Puerto Rico, de la que por sistema se ensalza su españolidad, y Panamá, prueba de la presencia imperialista de Estados Unidos en aquel subcontinente. 3.o) Que la línea temática predominante en esa información y en los artículos de opinión es, con mucho, la que alude a los acontecimientos y a las actitudes políticas, que nunca desciende por debajo del 47% de lo divulgado, observándose, en ocasiones, a la prensa española caer en lo definido por algunos tratadistas de "politicolatría" y de "conflictolatría". Sería el reflejo de una Latinoamérica noticiable de forma continua por su propia inestabilidad interna y por la dureza de su agitado mundo político. No obstante, en esta supremacía de los textos políticos lo que se manifiesta con frecuencia son acciones de aproximación o de rechazo del gobierno español alumbradas sobre el telón de fondo de algún país latinoamericano. Es lo que motiva el realce, varias veces, de la información de contenido económico (tratados comerciales con Uruguay, Brasil, Argentina, Colombia, etc.), pues la riqueza y la potencialidad de los recursos de Latinoamérica jamás se dejan de alabar. 4.o) Que esa información encuentra un pozo inagotable para exhibir un espectacular sensacionalismo en el capítulo de "sucesos", con especial alarde tipográfico cuando se ocupa de catástrofes naturales (terremotos), accidentes (colisión o hundimientos de barcos, derrumbes en minas, incendios), noticias de la llamada "crónica negra" (crímenes, raptos, asaltos) y hasta apariciones de ovnis. Acontecimientos que, al igual que los conflictos políticos, sirven, por lo común, de preámbulo a comentarios acerca de las duras condiciones de vida y de los contrastes socioeconómicos de la población latinoameriana; tema este que, por sí mismo, en rara oportunidad adquiere relieve con ánimo sincero. 5.o) Que toda la información y los artículos de opinión mantienen con savia inalterable las energías de un discurso plagado de elementos sentimentales, al que contribuyen políticos, escritores de prestigio, universitarios, artistas y la audacia de insólitas empresas (actores, cantantes, bailarines, toreros, aviadores); discurso en el que se mezclan lo propiamente LATINOAMÉRICA Y LA COMUNICACIÓN PERIODÍSTICA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX americano -el indigenismo y los parajes selváticos se ponderan como algo pintoresco y exótico-, lo "hispanoamericano" y lo "occidental". Cristalizaría en el panel comunicativo de la cultura y de los "valores", donde coinciden el canto a la benéfica labor colonizadora de España allí, con la evangelización en plano sublime, la penosa o fructífera presencia de los emigrantes y la obra de ilustres personalidades. Un todo, donde se dan cita dos grandes cargas de intencionalidades: la de la excusa para un pretendido nacionalismo verbal; y la de lo simbólico del "genio hispano", dilatado éste en los contactos entre intelectuales españoles y latinoamericanos y al que colaboran ya la concesión del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral (1945) y a Miguel Ángel Asturias (1967), ya la herencia estética de Darío, Lugones, Huidobro, Borges, etc. y el "boom" narrativo de la década de 1960 (Carpentier, Onetti, Sábato, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Lezama, etc.), de cuya popularidad se hace portavoz la prensa. 25 Pero un discurso emitido con altibajos -recuérdense los porcentajes de los apartados de Cultura y Pensamiento-, sujeto a elementos abstractos e irracionales, retórico, reiterativo, sumergido en la metáfora y la hipérbole, que de ser producto de minorías concluye por acuñar abundantes tópicos. 6.o) Que de esa información y de los artículos de opinión los españoles del siglo XX han recibido de Latinoamérica no una única imagen, sino numerosas imágenes, muy contradictorias y dispersas en los distintos planos de la comunicación periodística, a la que contribuyen agentes españoles y latinoamericanos. La de un subcontinente preso de la inestabilidad política, aunque modélico a ráfagas en algunos de sus regímenes; soberano, pero bajo el control de los Estados Unidos; pudiente y generoso en medios, abierto a óptimas posibilidades y, sin embargo, necesitado de apoyo para el logro de su prosperidad; cuna de talentos y creativo, aunque lleno de injusticias y de miserias incalificables; leal y, sin embargo, pleno de cautelas hacia la que fuera su antigua metrópoli, España. Consecuentemente, unas imágenes muy compartimentadas en el espacio, el tiempo y los contenidos, que nunca superan el desequilibrio entre el tratamiento periodístico de los hechos y la mitificación de los "valores históricos", que no profundizan auténticamente en Latinoamérica y que lo más que consiguen es que su confusa existencia 25 Sobre la cuestión, "Las relaciones literarias entre España e Iberoamérica", Actas del XXIII Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, Madrid, 1987. ALFONSO BRAOJOS GARRIDO no haya resultado extraña a la sicología colectiva de los españoles a lo largo del siglo XX. Cierro aquí estas sucintas notas sobre las dos investigaciones que, modestamente, he coordinado desde 1989. Su filosofía, métodos y alcance los he expuesto con brevedad. Y si, como resaltó el expresidente argentino Raúl Alfonsín en 1985, -"las grandes comunidades de naciones, unidas por el origen, la lengua o la cultura no deben perder su singularidad... pero la defensa de su propia identidad no puede ser excluyente, sino constituir un aporte más al enriquecimiento de la civilización humana en su conjunto",26 fueron sus palabras-, el mundo camina hacia una justa integración internacional, creo que con empeños intelectuales como los implícitos en ellas se participa en ese proceso, puesto que España y Latinoamérica en esa meta, a través del poder de su acción periodística y del conocimiento histórico de su intercomunicación en el pasado más reciente, tienen mucho y bueno que decir. A) En que se han consultado 105 títulos de periódicos y revistas de diversas épocas y en numerosos centros de documentación. Anuario de Estudios Americanos
Conozco a Pedro Manuel Alonso y estaba al corriente de sus investigaciones; sabía que se estaba gestando esta obra y esperaba con deseo su feliz nacimiento, su publicación. La temática educativa que aborda (campo preferido de mi trabajo); el escenario elegido -España y América-; la época -siglo XIX-, etapa de penurias pero también de cimentación y de grandes logros en la Historia de la Educación y, por ultimo, historiar la enorme labor educativa de los padres escolapios, son motivos suficientes para sentir un especial interés por este libro. La obra comienza con dos buenos avales para su autor, razón por la que renuncio a añadir nada sobre el mismo. El general de la Orden de las Escuelas Pías -P. José María Balcells-, en la presentación, nos habla de la juventud del doctor Alonso Marañón. de la brillantez de sus estudios, tenacidad investigadora, su manifiesto amor hacia todo lo escolapio, etc. El segundo aval se lo concede Águeda Rodríguez Cruz, En la introducción el autor nos sumerge brevemente en la Historia y en la Pedagogía del siglo XIX, época en la que se configuran "los sistemas educativos nacionales" -de España y de las nuevas Repúblicas americanas-. Nos habla Pedro Manuel Alonso de la participación de la Iglesia en el panorama docente, del proceso de secularización de la enseñanza, exclusividad de las Escuelas Pías en el campo de la docencia confesional privada, la doble misión -religiosa y docente-de los escolapios, su supresión como Orden religiosa entre 1837 y 1845, la formación del profesorado de las Escuelas Pías, casas centrales de estudio, política expansiva de la Orden, etc. Continúa este apartado con un análisis crítico de las fuentes empleadas y una exposición de la estructura de la obra. Finaliza con una relación de agradecimientos. La parte primera -capítulo 1.o y único-la dedica el autor a informarnos sobre los modelos formativos del profesorado decimonónico, en España e Hispanoamérica, la creación de las Escuelas Normales, importancia de la Ley Moyano (1857) en el acontecer educativo, la inclusión de las Escuelas Pías en el marco de dichos modelos y la potencialidad expansiva de la comunidad escolapia. Los problemas seculares habidos en la formación del profesorado de las Escuelas Pías son expuestos en la parte segunda del libro. El capítulo 2.o trata de la estructura básica de la formación del escolapio desde los orígenes fundacionales del santo José de Calasanz en Roma, de su doble misión -sacerdote y maestro-, del deseo permanente de contar con una casa central de estudios por provincia y de los primeros planes de estudio. El capítulo 3.o narra la evolución escolapia en el primer tercio del siglo XIX: tiempo de crisis por circunstancias políticas adversas; época de "exclaustraciones, supresiones y modelos formativos de emergencia"; etapa de incorporación prematura de los novicios a la docencia, en menoscabo de su formación. La parte tercera relata la historia de la Orden entre 1845 y 1879, época de "tradición, estatalización y planes formativos". El capítulo 4.o refiere la aportación de las Escuelas Pías como auxiliares docentes del Estado, con mutuas contraprestaciones; el papel de los escolapios en la política colonial cubana, el control ideológico que de ellos se espera, desde la docencia, al concederles la Escuela Normal de maestros de Guanabacoa. El capítulo 5.o pone de manifiesto la necesidad de poner en marcha un plan que uniforme a toda la Orden, con un único programa docente; expone ampliamente el Plan de Estudios publicado por Jacinto Feliu, en noviembre de 1848; y el cumplimiento de dicho Plan, con estudio de casos. Por último, el capítulo 6.o, relata el Plan Valle, de enero de 1866 y vigencia hasta 1879, en el cual también incluye su capacidad de cumplimiento con el estudio de casos. Los dos capítulos que integran la parte cuarta están dedicados a las Casas Centrales de Estudio de la Orden escolapia, "un logro del siglo XIX español"; el 1.o de ellos, el 7.o, desarrolla cómo la apuesta por conseguir uniformidad la centran los escolapios en la formación de sus candidatos y se plasmará en la fundación de Casas Centrales de Estudio. Como bien expresa el doctor Alonso Marañón, en las conclusiones, esta institución era una especie de mezcla entre Universidad, Escuela Normal y Seminario. El autor relata la historia de las cuatro Casas en las que se sigue el mismo proyecto educativo: León, Irache, Cardeña y Tarrasa. El capítulo 8.o trata sobre la formación del alumnado en las mencionadas Casas de Estudio: ingreso a los 15 años, dos años de noviciado (con estudios de Gramática, Aritmética, escritura y preceptos constitucionales); cuatro de juniorato, dos de Humanidades y otros dos de Filosofía; dos años ejerciendo la escuela; tres años de estudios de Teología y siete años como mínimo de docencia. Para aspirar a cargos de responsabilidad en la Orden había que pasar por todas esas etapas con aprovechamiento. La quinta parte versa sobre la política expansiva de las Escuelas Pías. El capítulo 9.o narra la idea de América en el seno de los escolapios: antecedentes ultramarinos de la Orden; experiencias en Cuba, desde la oficialidad; y primeras manifestaciones expansivas, dentro del contexto del concilio Vaticano I, por Guatemala, Lima y "Escuelas Pías Americanas". El capítulo 10.o lo dedica a los soportes generalicios, es decir, a aquellas instituciones que junto con las Casas Centrales de Estudio estaban bajo la jurisdicción de la Generalidad: Noviciado de Irache, colegios de Estella y Calasancio Hispalense (se debe corregir la redundancia Hispalense de Sevilla) y la finca rústica de Ugena. En el noviciado generalicio de Irache se pretendía homogeneizar la formación inicial de los futuros educadores para la expansión de la Orden por el Nuevo Mundo. El Colegio Hispalense, además de desarrollar su labor educativa, servía como lugar de paso para las fundaciones americanas. Con la finca de Ugena se pensaba captar vocaciones, formar a los operarios novicios y servir de apoyo económico a la Generalidad; pero no llegó a cubrir tales objetivos. El amplio capítulo 11.o, ultimo del libro, lo dedica el autor a narrar las fundaciones generalicias americanas: Escuelas Pías en Chile, Panamá, Argentina, Perú, Colombia, etc.; hacer un mínimo comentario de cada una de ellas ampliaría en exceso esta reseña. Después de diez páginas de oportunas y concretas conclusiones, el autor nos obsequia con un amplio repertorio de apéndices. En el primero -el instrumentalfiguran diferentes relaciones de clérigos, cuadros de profesores de las Casas Centrales, diversos Planes de Estudio, expedientes curriculares tipo, etc. En el apéndice documental podemos observar la riqueza informativa del doctor Alonso Marañón, gran conocedor de todos los Archivos Provinciales de las Escuelas Pías, además del Histórico Escolapio de Salamanca, General de la Administración de Alcalá de Henares, Histórico Nacional de Madrid, etc.; completa las fuentes archivísticas incluyendo una interesante "Regesta Documental", compuesta por 1747 documentos ordenados cronológicamente. Antes de finalizar la obra, con los índices, el apéndice bibliográfico nos muestra un actualizado y amplio repertorio de libros relacionados con la labor de los Escolapios y con la Historia de la Educación en general, tanto en España como en América. Felicito a la Universidad de Alcalá de Henares por la publicación de este libro, que tanto aporta al conocimiento de la Pedagogía en el siglo XlX; permítaseme opinar, no obstante, la mejora que hubiera significado publicar la obra en dos volúmenes, con menos páginas cada uno y mayores caracteres tipográficos, que facilitaría su lectura. También es de agradecer la labor desarrollada por el Seminario de Historia de la Educación en América, Departamento de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad de Salamanca; y en especial a doña Águeda Rodríguez Cruz, por su sabia dedicación tutorial y por su labor en la difusión del conocimiento de las universidades americanas. Hay que felicitar, por último, al autor, a Pedro M. Alonso por su obra bien hecha, por su serio trabajo de investigación, trabajo cuya lectura nos resulta imprescindible a los interesados en la Historia de la Educación en España y en América. Si Águeda Rodríguez, director de tesis del doctor Alonso Marañón, le pronostica -en el prólogo-un futuro prometedor, yo voy más lejos y opino que ya es una fructífera realidad.-ÁNGEL HUERTA MARTÍNEZ. Bajo el título The essential Codex Mendoza se recogen el segundo y cuarto volumen de los cuatro que componen el último estudio que se ha realizado del Códice Mendoza, publicado en 1992 por las mismas autoras, la Dra. El códice referido es un manuscrito pictográfico del Valle de México de contenido histórico, económico y etnográfico, realizado en papel europeo, que se conserva en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, en Inglaterra. Fue encargado a los indígenas, hacia 1541, por el virrey Antonio de Mendoza con el fin de informar al rey Carlos I sobre el gran pueblo que había sido recién conquistado. Las autoras anteriormente mencionadas son la antropóloga de la Universidad del Estado de California, la doctora Berdan, y la directora del Centro de Estudios de Trajes Regionales, del Museo Fowler de Historia Cultural de la Universidad de California, la doctora Anawatl. Dedicadas desde hace años a la investigación y con varias publicaciones sobre distintos aspectos del mundo mesoamericano, la primera se ha especializado en los estudios acerca de la economía y el tributo azteca, mientras que la segunda lo ha hecho en temas relacionados principalmente con el vestuario indígena.Temas que, precisamente, aborda el manuscrito, lo cual las convierte en personas con la preparación y los conocimientos necesarios para llevar a cabo un estudio tan exhaustivo como el presente. Dado los valiosos contenidos informativos sobre la historia, economía y etnografía que el Códice Mendoza posee, éste viene a ser un documento de primera importancia para cualquier investigador e interesado en la política, sociedad, sistema económico, ceremonias, costumbres, artes y otros muchos aspectos del mundo azteca. Además, hay que destacar que se trata de una fuente en la que se combinan un gran número de imágenes pictóricas y glíficas, con glosas y hasta textos tanto en náhuatl como en español. Esto lo convierte en un importante documento para el estudio del sistema escriturario náhuatl o, como bien señalan las autoras del presente análisis, en una especie de piedra Rosetta para los estudios mesoamericanos. Para una mayor comprensión del Códice, las doctoras Berdan y Anawatl han respetado el orden que el manuscrito original sigue, dividiendo en tres partes sus tres sec- Anuario de Estudios Americanos ciones fundamentales: la de la historia de las conquistas, la de la recaudación de tributos y la etnográfica. Además, han añadido dos subapartados: un primero cuyo contenido es el de la reproducción de dieciséis láminas facsimilares, tomadas del documento original, que constituyen parte del tercer volumen de la ya mencionada publicación de 1992. Se trata de unas láminas en las que se puede apreciar la riqueza de detalles y colorido del documento, así como el incalculable valor histórico del mismo. El segundo subapartado se compone de dibujos que reproducen en blanco y negro la totalidad del Códice Mendoza. Es una inclusión importante ya que permite al lector remitirse a él para seguir la lectura y análisis que se van haciendo de las pictografías y glosas que figuran en las láminas que componen las tres secciones fundamentales del Códice. Además, hay que añadir que estos dibujos pictográficos, copiados en blanco y negro, vienen acompañados por la transcripción de los textos escritos y, en una columna paralela, su traducción al inglés, siendo un gran acierto el incluir una breve introducción acerca de las convenciones paleográficas del siglo XVI al inicio del subapartado. Retomando el análisis y estudio de las tres secciones principales del manuscrito, es importante destacar el esfuerzo -por parte de las autoras-de recoger e incluir, en las dos primeras partes, un gran número de mapas de gran utilidad para el lector ya que detallan muy claramente las campañas realizadas por cada uno de los gobernantes, en el caso de la primera sección, y el de la localización de las provincias conquistadas, con las principales ciudades que la conformaban, en el caso de la segunda de las secciones. Por último, y antes de entrar en el estudio que se ha hecho de cada una de las partes referidas, debemos mencionar que éstas se hallan precedidas por una introducción que analiza la elaboración y contenidos del manuscrito, junto a una breve historia del documento, destacando en un pequeño apartado la significación e importancia del mismo. Una vez visto esto podemos comenzar con la primera parte: Abarca un período comprendido entre 1325, fecha de la fundación de Tenochtitlan, y 1521, año en el que fue conquistada y pacificada la capital de los aztecas-mexicas (folios 2r-16v). Las láminas, que en cada página tratan las hazañas del señor correspondiente, suelen ofrecer una misma disposición: una serie de recuadros cronológicos en sentido vertical, con la numeración y signos de los años a la manera indígena donde, a veces, se marcan algunos acontecimientos importantes del reinado; la figura del tlatoani o gobernante presidiendo la escena y, frente a él, los pueblos conquistados. Estos últimos se ilustran mediante el glifo de la ciudad aludida junto a un templo incendiado, al que las convenciones pictográficas prehispánicas suelen recurrir para indicar la toma de una ciudad. Las glosas en náhuatl que acompañan a los glifos topográficos son de gran ayuda, principalmente para el estudio del funcionamiento de la lengua náhuatl. Respecto al análisis de esta parte del Códice, las autoras de este trabajo tratan cada reinado y sus conquistas uno a uno, siguiendo siempre una misma línea: un estudio cronológico basado en los recuadros que se extienden tras la figura del señor o tlatoani, un breve historial sobre la figura del gobernante junto a los acontecimientos más importantes del momento, hecho de gran acierto ya que con esto sitúan la lámina en un contexto histórico. Como tema principal, dedican un apartado a las conquistas del reinado y terminan dejando un pequeño espacio donde se incluye una bibliografía adicional para que el lector profundice, si lo desea, en temas sobre el tlatoani referido y su gobierno. La segunda parte del Códice Mendoza es aquella que registra los tributos que cada provincia conquistada debía entregar a la Triple Alianza (folios 17v-55r). Los folios de esta parte guardan una disposición semejante entre sí: en el margen izquierdo e inferior se disponen los pueblos tributarios y en el centro de la página, las cantidades de objetos y especies que debían tributar. Las glosas en castellano, una vez más acompañando a las pictografías, aclaran el contenido que encierran las imágenes. Para el análisis de cada una de las láminas de este segundo apartado, se ha seguido -de nuevo-un orden semejante al de la primera parte: en primer lugar se enumeran las ciudades que componían la provincia junto a la traducción de su nombre en inglés; después, se expone el tributo que debe ser entregado semestral o anualmente a Tenochtitlan; a continuación, un breve estudio de la provincia conquistada y de sus habitantes y, por último, un análisis y comentario del tributo reflejado en cada una de las páginas que componen esta sección del manuscrito. Como en el apartado anterior, también hay un espacio para añadir bibliografía complementaria, en este caso, sobre cada una de las provincias dominadas. La tercera parte del Códice (57r-71r) es un amplio registro etnográfico, a través de un gran repertorio pictográfico, que recoge las distintas facetas de la vida diaria que se desarrollaba en una comunidad indígena como la de Tenochtitlan. Trata temas tan diversos como los del nacimiento de un niño y su educación a lo largo de la vida, la descripción de las órdenes guerreras y sus rangos militares, la ceremonia del matrimonio, el palacio de Moctezuma, las profesiones que se desarrollaban en la ciudad, las leyes establecidas en ella y los castigos por su incumplimiento, etc. Esta tercera parte contiene numerosos dibujos ilustrativos -extraídos de la sección etnográfica-que se intercalan con el texto y amenizan la lectura. Además de los apartados y subapartados reseñados, no debemos dejar de mencionar la extensa y actualizada bibliografía final que se nos ofrece debido, en parte, al gran número de regiones geográficas de las que el manuscrito nos habla así como por los abundantes y variados temas que contiene. Por tanto, son también muy prácticos el índice de lugares topográficos y aquel que selecciona variados nombres y conceptos en náhuatl o español. En resumen, podemos decir que se trata de un nuevo estudio que las Dras. Berdan y Anawatl han realizado con gran rigor científico y donde mediante un análisis integral y riguroso de las pictografías y las glosas que lo acompañan, se han abordado todos los aspectos que figuran en el documento. Para una mayor comprensión de términos o nombres propios en náhuatl, así como para el esclarecimiento de algunas partes del estudio del Códice, las autoras han añadido numerosas notas a pie de página en cada una de las tres partes principales en las que se estructura el contenido del libro, con el fin de facilitar su entendimiento. Una vez más, es de destacar sus esfuerzos de reunir los numerosos mapas que se recogen en las dos primeras secciones estructuradas y que orientan al lector geográficamente a lo largo de la lectura. En definitiva, un instructivo y notable trabajo que ha sido posible gracias a la colaboración de la Universidad de California en Berkeley y Los Angeles, así como en Londres y a la contribución de dos grandes investigadoras que, por sus años de dedicación a los estudios mesoamericanos, han sabido coordinar sus conocimientos y exponerlos en esta magnífica obra al alcance de todos los profesionales de la materia.-MARÍA CASTAÑEDA DE LA PAZ. Castañeda Delgado, Paulino: La teocracia pontifical en las controversias del Nuevo Mundo. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Serie C: Estudios Históricos, México, D. F., 1996, 652 págs., índice, bibliografía. Las controversias indianas del siglo XVI tienen sus raíces en las centurias anteriores. Y es fundamental para entenderlas conocer las cuestiones relacionadas con el poder pontificio. De ahí que lleguemos ya, tan pronto, a una primera conclusión: el libro del profesor Castañeda es importante, y llena un hueco fundamental en las historiografía americana. Entre las corrientes doctrinales que tratan del poder del Papa, están las teocráticas, que enseñan "el gobierno del mundo por Dios mediante su más alto representante en la tierra". De ahí que se las conozca en la historia como la teoría del Papa, Dominus Orbis. Y a ella, sobre todo, están dedicadas las páginas de este libro. Tiene dos partes claramente definidas: en la primera estudia la génesis y evolución de la doctrina, para demostrar que en 1492 estaba todavía en vigor. Y en verdad, el autor hace una historia completa: arranca de Gregorio VII, con sus famosos Dictatus Papae; analiza el principio de causalidad de Hugo de San Victor y el símil de las dos espadas de Bernardo de Claraval; se demora en el XIII, siglo cumbre de la teocracia con los Inocencios (III y IV) y los decretalistas; estudia, parece que sorprendido, a los defensores de Bonifacio VIII en su lucha con Felipe el Hermoso, y a los de Juan XXII en su dramática contienda con Luis de Baviera; subraya la persistencia de la teoría durante el siglo XV a través de los canonistas y glosadores del derecho; para concluir que, en 1492, la vieja teoría medieval estaba aún viva (con menos peso en lo político, pero no en lo ideológico) y "era sentencia común, de modo que pocos juristas se resistían a su encanto". Con un denso capítulo sobre los argumentos utilizados por los defensores de la teocracia, termina esta primera parte que llena cumplidamente la primera mitad del libro. La segunda parte está dedicada a un seguimiento de la teoría teocrática en los grandes temas americanos. Y en primer lugar, en la interpretación de las famosas bulas alejandrinas. "Hay un hecho innegable -escribe el Dr. Castañeda-: el descubrimiento y los posibles derechos de España como nación descubridora, quedaron, desde el primer momento vinculados a unos documentos pontificios"; de modo que el título más alegado en la justificación de la conquista fue el de donación contenido en las bulas del Papa Alejandro VI. En capítulos siguientes, estudia el pensamiento de los Reyes Católicos y sus frecuentes referencias a la donación; la teocracia en la Junta de Burgos de 1512, cuyos máximos representantes -Palacios Rubios y fray Matías de Paz-son teócratas en sus concepciones y no precisamente moderados; el Requerimiento, documento teocrático, en el que Palacios Rubios vierte sus rígidas ideas sobre el poder pontificio. Vitoria y Soto son los maestros del renacimiento teológico-jurídico español del siglo XVI; durante veinte años vivieron juntos en San Esteban, formidable cantera de frailes bien preparados para la cátedra, la predicación o las conversiones. Los dos difunden sus doctrinas en la Universidad de Salamanca, la primera del mundo en aquella época; ambos dedicaron espacios a los problemas americanos, planteándolos, por fín, en sus términos justos. Ellos asestaron un golpe duro al título de donación, considerado hasta entonces como válido. Son dos capítulos sugerentes y ricos, en los que el autor demuestra su gran preparación teológico-jurídica. Expone después con la amplitud debida el pensamiento del Padre Las Casas y de Ginés de Sepúlveda, para concluir que la doctrina sobre la conquista previa, los pecados contra naturaleza y la alta soberanía..., son aplicaciones particulares de la teocracia pontifical. Dos grandes autores cierran esta segunda parte: Solórzano Pereira y el Padre Diego de Avendaño; los dos ya del siglo XVII, los dos teócratas, si bien de una teocracia tardía y moderada. Aprovecho la ocasión para felicitar al autor de este libro que considero sencillamente magnífico; y lo hago con toda cordialidad porque, como es público y notorio, el profesor Castañeda es mi maestro, y mi amigo.-MILAGROS CIUDAD SUÁREZ. Ciudad Suárez, M.a Milagros: Los dominicos, un grupo de poder en Chiapa y Guatemala, Siglos XVI-XVII. Escuela de Estudios Hispano-Americanos. Deimos, Sevilla, 1996, 350 págs., gráficos, ilustraciones, cuadros, mapas y planos. Índices general, onomástico, toponímico y de materias. La autora analiza la actividad de los religiosos de Santo Domingo en los territorios de la Audiencia de Guatemala durante los siglos XVI-XVII. Una región poco estudiada y casi siempre a la sombra del núcleo central mexicano; pero que tuvo su propio proceso y particular evolución, entre otras causas, por su aislamiento y marginación, frente a los grandes núcleos colonizadores. En dos capítulos estudia las expediciones de los dominicos que pasaron a estos territorios centroamericanos durante ambas centurias, sobre todo las que reflejan un cambio en la reglamentación del envío de misioneros, o son producto de una coyuntura determinada, digna de mención. Al final de cada capítulo, presenta las nóminas de las distintas expediciones (18 en el siglo XVI y 14 en el XVII), que suman 602 misioneros. Analiza las características de los dominicos que vivieron en estos territorios durante dos siglos: número, procedencia, estudios, cursus honorum, etc. Peninsulares, Anuario de Estudios Americanos criollos, extranjeros... en proporciones desiguales. A destacar la formación intelectual de estos misioneros, (filosofía, teología, cánones) y el conocimiento de las lenguas indígenas, no como curiosidad intelectual, sino como necesidad para comunicarse con los naturales y transmitirles el Mensaje, convirtiéndose el lenguaje en elemento de aculturación. Los capítulos IV y V están dedicados a la unidad conventual: urbana y rural, respectivamente. Define qué se entiende por núcleo conventual, y establece una tipología del mismo en función de su doble vertiente interna y externa. En el IV estudia los cuatro grandes conventos urbanos de esta provincia: Santiago de Guatemala, Ciudad Real, San Salvador y Trinidad. En el V examina cuatro grandes conventos en pueblos de indios, uno de cada obispado -Coban en Verapaz, Sacapulas de Guatemala, Chiapa de Indios en Chiapas-y el último, San Juan de Amatitlán, en Guatemala, como ejemplo de casa rural con las características y funciones de las urbanas. También analiza determinadas vicarías y casas de visitas, así como la casa hacienda de San Jerónimo, cuya fama ha llegado hasta nuestros días. Cada núcleo conventual es considerado como unidad independiente, investigando su fundación, fábrica, el número de religiosos, las propiedades y la función desempeñada. El último capítulo es una aproximación a la actividad económica que la Orden realizó en los territorios centroamericanos, especialmente en los obispados de Guatemala y Chiapas. Tema siempre difícil, escaso de datos, y de capital importancia. De modo que, aunque simple "aproximación", es muy de agradecer. Un libro en suma, bien ordenado, y como fruto de una tesis doctoral, muy documentado. Las muchas horas de la autora en el Archivo General de Indias, durante años, y sus prolongadas estancias en los archivos de Guatemala, no han sido inútiles. Y ahí nos queda un buen balance, afortunadamente satisfactorio, de la actividad de los mendicantes de Santo Domingo en Chiapas y Guatemala, durante los siglos XVI y XVII. Reciba la doctora Ciudad nuestra más sincera y cordial felicitación.-PILAR HERNÁNDEZ APARICIO. Marichal, Carlos (coord.): Las inversiones extranjeras en América Latina, 1850Latina, -1930. Nuevos debates y problemas en historia económica comparada. El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica, México, 1995, 297 págs., mapas, gráficas, cuadros y bibliografía. En este libro se han reunido los ensayos que doce especialistas de diferentes nacionalidades han elaborado a partir de ponencias más breves presentadas en el XI Congreso de la Asociación Internacional de Historia Económica. El objetivo, como señala el coordinador Carlos Marichal en el prefacio, es ofrecer una síntesis y una muestra de los nuevos enfoques y métodos de trabajo que se están aplicando en el análisis de la historia de las inversiones extranjeras en América Latina. La diversidad geográfica de los trabajos sirve también para poner de relieve la complejidad de la dinámica económica generada por el inmenso trasvase de capitales, bienes y tecnología HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 2, 1997 desde los países económicamente más avanzados, situados en el "centro", hacia los países de Latinoamérica que, por encontrarse más rezagados, se insertan en lo que ha dado en llamarse "periferia". En una amplia e interesante introducción Carlos Marichal resalta la importancia de este campo de investigación, claramente situado en la historia económica comparada, poniendo de manifiesto cómo los avances metodólogicos y los problemas que se plantean en los diversos ensayos pueden no sólo ofrecer elementos para el debate histórico, sino también contribuir al conocimiento de la evolución histórica de las economías de los diferentes países latinoamericanos. Sus páginas introductorias sirven además para plantear al lector una serie de cuestiones de la historia económica sobre las que los historiadores mantienen intensos debates. De ellas, una de las más controvertidas es sin duda la que afecta a la reconstrucción de la base estadística sobre la que basar el análisis de los flujos anuales y de los ciclos de inversión extranjera en los diversos países de América Latina. La falta relativa de estadísticas macroeconómicas históricas en la mayoría de los países de la región constituye un grave problema tanto a la hora de medir el volumen y las repercusiones de las inversiones extranjeras en las economías receptoras, como de establecer los patrones cíclicos que acusaron las corrientes de capital. Otra de las cuestiones se centra en el origen de las inversiones y su distribución sectorial, es decir, qué países predominaron por sus inversiones y qué sector absorbió el mayor porcentaje de capital. En tercer lugar se plantea la utilidad de dilucidar el tipo de las grandes empresas extranjeras que operaban en América Latina. Para ello se hace preciso estudiar las complejas y diversas estructuras de las compañías internacionales que se establecieron en la región desde el siglo XIX, pues sólo así se podrá llegar a conocer hasta qué punto estas grandes corporaciones llegaron a constituir verdaderas "multinacionales" o si, por el contrario, revistieron características muy diferentes en cuanto a sus formas de estrategia y de organización. Por último, Marichal pone de relieve la necesidad de averiguar las repercusiones que estas grandes compañías tuvieron en el entorno político, económico y social. Se requiere, por tanto, una perspectiva regional de análisis para poder determinar tanto las políticas que regían la relación entre gobierno y empresa, como la mayor o menor contribución de las empresas internacionales a la expansión de la producción, de las ciudades y de los mercados internos latinoamericanos. En fin, todo un universo de análisis que Marichal expone con gran rigor y que es tenido en cuenta en los trabajos incluidos en este volumen, al intentar cada uno de ellos dar respuesta de una forma u otra a muchos de los interrogantes que todavía subsisten en torno a las inversiones extranjeras en América Latina. A este respecto, es sumamente sugerente el ensayo de Christian Suter sobre "Las fIuctuaciones cíclicas en las inversiones extranjeras en 1850-1930: el debate histórico y el caso latinoamericano", que presenta el estudio de las inversiones extranjeras en América Latina desde una perspectiva cíclica. Partiendo de los amplios debates teóricos y empíricos que ha suscitado el análisis de las inversiones británicas por ser las de mayor volumen, se intenta probar la existencia de ciclos de larga duración en las importaciones de capital por parte de América Latina, cualquiera que fuera su origen geográfico y tanto en el ámbito regional como en el nacional. Se sugiere así la com-binación de diferentes patrones cíclicos, pudiendo coincidir ciclos Kuznets o Kondratieff con ciclos irregulares de auge y crisis o fases de liderazgo mundial, dada la influencia que pueden ejercer en los vaivenes de la inversión extranjera las crisis financieras nacionales e internacionales, así como la hegemonía o decadencia de una u otra potencia a escala mundial. No deja de reseñarse, por último, en este riguroso ensayo la relación entre las fluctuaciones cíclicas y los tipos de inversión extranjera (la directa y la de cartera) y, sobre todo, los efectos que los ciclos económicos largos tienen sobre los cambios sociopolíticos que experimentan los diferentes países latinoamericanos. Este planteamiento general de la evolución que experimentaron las corrientes internacionales de capital se completa con la serie de ensayos dedicados a analizar la diferente naturaleza y procedencia geográfica de las inversiones extranjeras. Es muy interesante observar cómo una buena parte de los flujos financieros se canalizaron a través de grandes compañías y cómo éstas, con sus luces y sombras, fueron en realidad responsables del notable impulso que experimentaron los servicios públicos en Latinoamérica con el desarrollo de complejos portuarios, eléctricos y, sobre todo, de transporte, donde el ferrocarril jugó un papel primordial. En este contexto, cabe resaltar el ensayo de Frédéric Mauro acerca de "Las empresas francesas y América Latina, 1850-1930", en el que se reseña la contribución del capital francés al desarrollo de diferentes sectores ecómicos en determinados países latinoamericanos. Queda así en evidencia el notorio predominio de las inversiones en obras públicas, que se materializaron en la construcción de complejos portuarios y ferroviarios y en labores de saneamiento en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, México y Guatemala, a través de grandes empresas. La gran paradoja fue que el tradicional genio francés para las obras públicas y el prestigio de los ingenieros franceses no pudieran evitar el gran fracaso de la aventura financiera del Canal de Panamá. Por su parte, Charles Jones trata de establecer la diferente naturaleza de las inversiones británicas en su ensayo sobre "Los antecedentes de la moderna corporación transnacional: los grupos de inversión en América Latina". En su brillante trabajo plantea el amplio debate suscitado en torno al volumen y carácter de las inversiones externas británicas y la necesidad de revisar la tradicional creencia de que la inversión de cartera ("portafolio") constituía hasta 1914 la mayor parte de la inversión británica en el extranjero. Basándose en nuevas reinterpretaciones sobre el carácter de los negocios internacionales británicos, intenta demostrar cómo para el caso concreto de las inversiones británicas en América Latina la distinción entre los dos tipos (la directa y la de cartera) ha resultado engañosa, pues una importante proporción del capital de cartera emitido por los grupos de inversión anglo-latinoamericanos constituía una forma de inversión directa externa británica. Pone, además, de relieve cómo estos grupos de inversión llegaron a alcanzar un alto grado de integración vertical y diversificada, comenzando así un tránsito de casas comerciales a las transnacionales modernas que, sin embargo, no llegó a consolidarse. Con todo, aun sin lograr sobrevivir mediante su transformación en gigantescas corporaciones transnacionales, no cabe duda de que hasta 1914 estos grupos constituían la expresión quizá más característica de la inversión directa externa británica a gran escala. Las inversiones alemanas son abordadas por George F. W. Young en su ensayo acerca de "Los bancos alemanes y la inversión directa alemana en América Latina, 1880-1930". Con gran precisión y claridad describe Young la evolución histórica de la exportación alemana de capital al extranjero y, más en concreto, a América Latina, analizando de forma especial la actividad que desplegaron en este campo los grandes bancos alemanes a través de las inversiones de cartera (bonos del gobierno) y de las inversiones directas en bancos y servicios públicos. Se resalta, sin embargo, cómo a la postre los grandes bancos alemanes acabaron centrando sus inversiones casi exclusivamente en Argentina, Brasil, Chile y México, es decir, los cuatro países de la región que acusaban un mayor dinamismo en sus economías. Se canalizaron por ello hacia estos países flujos importantes de capital, ya fuera para participar en las finanzas del Estado, ya para establecer "filiales" que absorbieran los beneficios de su comercio internacional, o ya para intervenir directamente en la construcción de transportes públicos y en el suministro de energía eléctrica, aprovechando en este caso el liderazgo tecnológico que a nivel mundial había alcanzado la industria eléctrica alemana. Sin embargo, dentro del ámbito de los servicios públicos merece resaltarse el papel que desempeñaron las compañías canadienses, agrupadas en importantes holdings, en el desarrollo de los transportes y en el suministro eléctrico en América Latina y el Caribe. Christopher Armstrong y Vivien H. Nelles se encargan de ponerlo de relieve en el estudio que hacen de "La empresa corporativa en el sector de servicios públicos: el desempeño de las compañías canadienses en México y en Brasil, 1896-1930". Pero el interés de este ensayo no reside sólo en el hecho de llamar la atención sobre la importancia, hasta ahora bastante desconocida, de las inversiones canadienses, sino también en el sugerente planteamiento que se ha dado al trabajo. Y es que Armstrong y Nelles, en el riguroso y profundo análisis que hacen de la formación y de las estrategias gerenciales de las dos grandes empresas que operaron en Brasil y México, no se han limitado a examinar la repercusión relativa que estas inversiones tuvieron en la economía de dichos países, sino que han pretendido también destacar la repercusión recíproca de la política y la economía locales en el funcionamiento y desarrollo de estas grandes operaciones tecnológico-financieras. Así, a través del estudio comparado de ambas compañías, logran dar una visión muy completa de su evolución, de lo que su instalación significó para el progreso económico de Brasil y México y también de cómo, a su vez, se vieron limitadas en cuanto a sus márgenes de utilidad por el propio contexto político y económico de estos países. En la misma temática se desenvuelve el interesante ensayo de Raúl García Heras sobre "La repercusión del tranvía en la economía urbana de Buenos Aires: el caso de la Anglo Argentine Tramways Co. Ltd., 1876-1930", en cuanto que trata de poner de relieve, una vez más, la importancia del capital extranjero en la mejora de los servicios públicos aprovechando el desarrollo de la energía eléctrica. En este case el estudio se centra en el impulso dado por una compañía británica a la expansión de los tranvías para el transporte urbano en la ciudad de Buenos Aires, analizándose las estrategias empresariales, sus logros y su repercusión en la economía urbana. De su lectura se desprende la importancia de la estrategia corporativa de la compañía para adaptarse a las circunstancias políticas internas, su contribución a la evolución especial de Buenos Aires, así como la incapacidad de la empresa para superar la competencia del transporte automotriz. También la experiencia de México, uno de los principales países receptores de capital extranjero, sirve para llamar la atención sobre la significación de los flujos financieros internacionales en la expansión del ferrocarril en Latinoamérica. Paolo Riguzzi, en su valioso análisis sobre "Inversión extranjera e interés nacional en los ferrocarriles mexicanos, 1880-1914", explica cómo la fuerte afluencia de capital a México sirvió para impulsar el sector ferroviario y cómo éste, a su vez, fue utilizado por el gobierno mexicano como instrumento para una estrategia de modernización. No sólo se buscó la apertura de la economía y la dinamización del sector exportador, sino también una efectiva integración nacional. Se resalta por ello la importancia del capital extranjero como motor de la red ferroviaria, analizándose minuciosamente los costos que la expansión de ésta conllevó. La conclusión es que, a pesar de los condicionamientos que implicaba la financiación externa, la repercusión económica y social de la inversión extranjera en los ferrocarriles mexicanos no fue negativa, cuestionándose así la interpretación hecha por Coatsworth. En la misma línea que Riguzzi, Mario Cerutti trata de demostrar el dinamismo que la expansión ferroviaria imprimió a la economía mexicana por los efectos multiplicadores y los eslabonamientos productivos que provocó. Aborda, por tanto, la misma problemática, aunque restringiéndola geográficamente, al centrarse en "Ferrocarriles y actividad productiva en el norte de México, 1880de México, -1914.. Inversiones extranjeras y división del trabajo al sur del río Bravo". Lo interesante de su ensayo es que, mediante el análisis del sistema ferroviario porfiriano del gran norte centro-oriental y, más concretamente, del llamado ferrocarril internacional, pretende revisar la tesis que interpreta las inversiones extranjeras como simples generadoras de "enclaves". La conclusión que se infiere del estudio es que el ferrocarril, aun siendo concebido para enlazar con el mercado estadounidense y ser resultado de inversiones foráneas, contribuyó a la integración interregional, impulsando una clara división del trabajo, que se puso de manifiesto en el desarrollo de zonas productivas y áreas empresariales fuertemente interrelacionadas. No menos revelador es el caso de Argentina en cuanto al impacto que tuvo la expansión del ferrocarril en su estructura económica. Por ello Andrés Regalsky, en "Las compañías francesas de ferrocarriles y su repercusión en el desarrollo regional de Santa Fe y Buenos Aires, 1880-1930", trata de analizar la repercusión económica que a nivel regional tuvieron las tres compañías ferroviarias francesas que operaron en Argentina entre 1880 y 1930. A través de un minucioso análisis de las estadísticas oficiales del tráfico se establecen los cambios producidos en el volumen y la composición de la carga, en cuanto que constituyen un fiel reflejo de la mayor o menor especialización de las regiones o subrregiones en que actuaban dichas líneas. Se destaca así el carácter "cerealero" o "forestal" que por los propios condicionamientos regionales adoptaron. En ese sentido se pone de manifiesto el importante, aunque desigual, crecimiento económico que en todos los casos fue asociado a la construcción del ferrocarril, pero también se evidencia que en el modelo de desarrollo regional la especialización no conllevó necesariamente la diversificación económica, pues sólo en algunas áreas y de forma moderada favorecería el surgimiento de una gama mayor de actividades primarias y secundarias. El caso de Chile y la importancia de los flujos de capital externo son analizados por Eduardo Cavieres en "Inversionistas e inversiones extranjeras en Chile, 1860-1930". En este ensayo el autor hace una síntesis de la evolución histórica de las inversiones extranjeras en Chile y de la actitud que se adoptó ante el control del comercio, del sistema financiero y de los sectores productivos nacionales por parte del capital externo. Se especifica así el nivel de capital que en términos generales alcanzaron las inversiones británicas, alemanas y francesas en los diferentes sectores económicos, poniendo el énfasis en la diferencia que se aprecia a partir de 1880 con el inicio del "ciclo salitrero" y la progresiva entrada del capital estadounidense en la Gran Minería del Cobre. También se hace notar el cambio de actitud frente al capital extranjero, presente sobre todo en el comercio exterior y en la minería, ya que a partir de 1880 y con el surgimiento de un movimiento intelectual nacionalista se empezó a cuestionar su eficacia para dinamizar la economía y modernizar el país ante las limitaciones que conllevaba. Sin embargo, Flávio A. M. de Saes y Tamás Szmrecsányi llaman la atención sobre los vínculos entre la industrialización y la expansión de los bancos extranjeros en el sistema bancario paulista, al tratar acerca de "El papel de los bancos extranjeros en la industrialización inicial de Sâo Paulo". En este estudio se expone la paulatina introducción de los bancos extranjeros en la provincia de Sâo Paulo a partir de la década de 1880 y cómo éstos fueron poco a poco consolidando su posición frente a los bancos nacionales y regionales. Y si en un principio los intereses de estos bancos estuvieron predominantemente ligados con el comercio exterior, parece que, al aumentar su número y diversificarse su origen por nacionalidades, empezaron a preocuparse por los nacientes sectores manufactureros del estado. La financiación de algunas empresas industriales, tanto nacionales como extranjeras, avala esta tendencia, aunque es todavía mucha la riqueza inexplorada que existe en los archivos bancarios para el estudio de este proceso. El volumen se cierra con un ensayo, el de Jonathan Brown, que expone un tema de gran interés, como es el de las relaciones entre las empresas petroleras y los trabajadores, pero que por su naturaleza social suele ser marginado en el estudio de las repercusiones económicas de la inversión extranjera en América Latina. Merece por ello destacarse el análisis que hace el autor sobre los "Trabajadores en el petróleo extranjero: México y Venezuela, 1920-1948", ya que en él se pone de relieve la importancia de los movimientos obreros y su activa complicidad con los gobiernos nacionalistas para imponer restricciones a las grandes compañías extranjeras y arrebatarles, al final, su control de la industria petrolera. La historia laboral de las industrias petroleras de propiedad extranjera en México y Venezuela sirve para ilustrar el papel que jugaron las reivindicaciones de los obreros petroleros en los movimientos nacionalistas. Aunque los sindicatos obreros actuaron siempre en favor de sus propios intereses -estabilidad en el empleo, aumento de los salarios, mejoras en las condiciones de vida y supresión de los privilegios de los trabajadores extranjero-, no se puede negar la influencia que sus huelgas y presiones reivindicativas ejercieron en el desarrollo de la industria y de la política nacional. En realidad, sin la alianza entre el nacionalismo económico y el sindicalismo militante, ni la nacionalización del petróleo mexicano ni el acuerdo venezolano del 50-50 hubieran sido posibles. La conclusión general que se puede extraer, por tanto, de este magnífico conjunto de trabajos es que entre 1880 y 1914 tanto el sector público como el privado de un buen número de países latinoamericanos se beneficiaron de una extraordinaria afluencia de recursos financieros procedentes de Europa (especialmente Gran Bretaña, Francia, Alemania y Bélgica) y de Norteamérica (los Estados Unidos y Canadá). Se hace también patente cómo estas corrientes de capital, que en forma de préstamos o de inversiones directas se trasvasaron a Latinoamérica, contribuyeron en mayor o menor medida a diversificar y dinamizar las economías de los países receptores..-MANUELA CRISTINA GARCÍA BERNAL. Prólogo de Manuel Velázquez Mejía y presentación de Ernesto de la Torre Villar. Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, Edo. de México, 1996, 311 págs., apéndice documental, bibliografía y fuentes de archivo. Estudio sobre este polémico personaje nacido en Santa Fe de Guanajuato, México (1792-1853), situado durante años por los historiadores dentro de las tensiones ideológicas del siglo XIX entre conservadores y liberales. Esta obra trata de superar el estereotipo de Lucas Alamán como un político reaccionario para unos y valorado hasta el exceso por otros, centrándose en su actividad al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores e Interiores, en varios períodos entre 1823 y el año de su muerte, en el último gobierno del general Santa Anna. Quizás por el propio objetivo del libro, los dos primeros capítulos se dedican a ambientar históricamente la época de Alamán, desde el fin de la colonia, tratando no sólo el mundo español sino también el de otros países europeos y el de los Estados Unidos, donde se estaba configurando la Doctrina Monroe, que será el extremo contrario del hispanoamericanismo planteado por el político mexicano. En este contexto, hay que destacar la inclusión en el capítulo II de apartados en los que se resume la visión internacionalista de otros políticos del continente como el centroamericano José Cecilio del Valle y el tucumano Bernardo Monteagudo. En el capítulo III se esboza una biografía de Lucas Alamán: su origen mixto peninsular-criollo, sus viajes por Europa y su entrada en la vida política en 1820, como diputado de su ciudad natal en las Cortes (entonces con una ideología liberal moderada), donde presentó un proyecto de autonomía de las regiones hispanoamericanas bajo la monarquía liberal, que muestra similitudes con la Memoria del conde de Aranda de 1783, planteando soluciones para conservar los territorios españoles en América bajo una organización nueva, destinada a evitar tanto la independencia como las pérdidas territoriales ante el avance de otros países como Inglaterra y Francia. Los siguientes apartados son el núcleo vital de este político: ministro de Asuntos Exteriores e Interiores en tres etapas distintas, sus veleidades monarquistas y, como tónica general, una evolución hacia posturas más conservadoras, hasta integrarse en el Partido Conservador, fundado oficialmente en 1849. En este capítulo y quizás por el sentido globalizador característico de un historiador, se incluyen para cerrarlo otros apartados que irían mejor situados al final de la obra, ya que valoran a Alamán, a sus publicaciones y a los historiadores que han estudiado su labor como político y como historiador, encabezados por Vasconcelos y Valadés. El autor centra el libro en el significado que L. Alamán dio al término hispanoamericanismo como hilo conductor e integrador entre los países emancipados de España, a los que se añade el Imperio del Brasil. Precisamente este enfoque fue el que valoraría otro político y escritor del siglo XX, José Vasconcelos, que en dos de sus obras (Bolivarismo y Monroismo y Breve Historia de México) recoge estos ideales, que Alamán intentó llevar a la práctica a través de misiones diplomáticas. También comenta Salvador Méndez la admiración todavía más profunda hacia el político decimonónico manifestada por el historiador de tendencia conservadora José C. Valadés, autor de Alamán. Estadista e historiador, sin duda la mejor biografía sobre este personaje y sus actividades, publicada por primera vez en la década de 1930. Los capítulos IV a VII constituyen el meollo de esta obra por su aportación al enfoque hispanoamericanista del político mexicano, Mantienen una clara estructuración cronológica, que se inicia con la primera etapa ministerial de Alamán en unos años coexistentes con el nacimiento de las nacionalidades, la firma de los tratados comerciales con los países europeos y las reacciones ante la continuidad española en el Caribe, dando una especial importancia a la isla de Cuba. A través de los Congresos de Panamá y Tacubaya, con sus incidencias, el autor refleja las diversas tendencias que se movieron alrededor de las ideales panamericanistas-hispanoamericanistas impulsados por Simón Bolívar y Alamán, y que también se abrieron a los Estados Unidos. El segundo período ministerial de Alamán (1830-1832) se centra -para el autor-en las relaciones de México con Estados Unidos, tensas desde el episodio del embajador Poinsett, mientras que con Brasil y Chile se establecían unas relaciones más estrechas, a través de tratados de amistad y comercio, como una ampliación del mundo iberoamericano en busca de unidad, tarea en la que Alamán quería dar a México un papel de liderazgo. En esos mismos años es cuando el ministro Alamán decidió enviar dos embajadores volantes a Centroamérica y a los países sudamericanos, con el fin de reavivar futuros congresos en busca de la unión, más necesaria ante la política de la Doctrina Monroe, vista con desconfianza desde los países iberoamericanos. En este libro se siguen con detalle las misiones de Juan de Dios Cañedo y Manuel Díez de Bonilla, a través de sus instrucciones y sus recorridos, que durarán hasta finales de los años 30. Quizás los avatares de la política mexicana, en unos tiempos difíciles que desembocarán en la guerra con Estados Unidos, pararon estas inquietudes en México. Para concluir, un libro interesante, desmitificador y que nos acerca de manera distinta a este político, sin temor a afrontar el análisis de una figura "maldita" para ciertos sectores de la historiografía mexicana.-M.a JUSTINA SARABIA VIEJO. Molina Martínez, Miguel: El municipio en América. Aproximación a su desarrollo histórico. No es frecuente abordar en la producción americanista española temas de estudio sobre el Municipio. El resultado que aquí se nos presenta está directamente relacionado con la decidida vocación municipalista del UIM, es decir, La Unión Iberoamericana de Municipalistas, Organización no Gubernamental para el Desarrollo político, social y económico de los municipios, piedra angular de toda sociedad democrática. Además, un dato que avala la trayectoria de impulso a la investigación sobre gobiernos locales de la UIM, es que el trabajo que ofrece el Dr. Molina Martínez con el título El municipio en América. Aproximación a su desarrollo histórico alcanza el número diez de la Colección "Perspectiva Histórica", lo que supone una importante consolidación, y también madurez, de la citada colección de la UIM que pretende afrontar las cuestiones relacionadas directa o indirectamente con el Municipio, teniendo como telón de fondo la Historia. Hechas estas puntualizaciones, no es posible enjuiciar este trabajo sin tener presente las propias palabras con las que el autor nos lo presenta: "El acercamiento que se pretende se hace con criterios generalistas, esto es, tratando de incidir en los aspectos comunes y básicos de la institución objeto de estudio, antes que resaltar con detalle los rasgos singulares que individualizan y marcan la originalidad de cada caso." Se trata pues, de una síntesis histórica -no de un trabajo de investigación-sobre una institución denominada Cabildo, durante la época colonial, y Ayuntamiento o Municipio en la republicana. Como estructura de trabajo se plantea un acercamiento a la evolución de la institución del gobierno local desde el momento en que los primeros descubridores y conquistadores la organizan en tierras americanas hasta la actualidad. Es evidente que dicha estructura va en detrimento de un análisis puntual, pero también es verdad que con dicho método de trabajo se aporta una mejor comprensión de la perspectiva histórica que el trabajo pretende aportar. En realidad, y si nos atenemos a cifras concretas, se trata de una síntesis que abarca cinco siglos y un espacio territorial que se extiende desde México hasta Chile. El resultado del trabajo del Dr. Molina Martínez ha sido facilitar una aproximación comprensible del Municipio en América. No cabe duda de que el tema abordado es de una relevancia incuestionable y, además, un análisis necesario ya que el estado HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 2, 1997 747 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://estudiosamericanos.revistas.csic.es actual de la historiografía sobre el Municipio es disperso, atomizado y muy expuesto a planteamientos nacionalistas y localistas; por otra parte, tanto en lo que se refiere a la época colonial como a la republicana, son escasas las obras que se han detenido en abordar un análisis global y de conjunto del fenómeno municipalista en América, y los estudios son aún más escasos si se proponen incluir los dos períodos, es decir, colonial e independiente. Con estos presupuestos el trabajo se articula desde una perspectiva global e intenta determinar cuál fue y es la naturaleza del Municipio, sus fines y actuaciones, así como su implicación en la sociedad y sus relaciones con los niveles superiores de gobierno. La aproximación a estos temas se aborda en dos grandes períodos: uno es la etapa española que finaliza con las guerras de la Independencia; y otro, la que se inicia con la proclamación de las diferentes repúblicas y se extiende hasta hoy. Dentro de la primera parte -que comprende los cinco primeros capítulos del trabajo-se distinguen rasgos diferentes en el Cabildo del siglo XVI con respecto al carácter de los gobiernos locales de los siglos posteriores, observándose una progresiva transformación de su inicial carácter popular en posteriores comportamientos y prácticas elitistas. Sólo al final en los años de la Independencia el sistema del Cabildo abierto retoma su antiguo protagonismo. El análisis de la historia de los gobiernos locales que el profesor Molina Martínez aporta en esta parte del trabajo, supone un intento de superar los enfoques eminentemente institucionales ya que presta una mayor atención a cuestiones sociales, económicas, grupos de poder y élites con lo que el autor incorpora las últimas innovaciones metodológicas de las recientes publicaciones sobre cabildos. La segunda parte del libro, iniciada con el capitulo VI, se articula sobre el análisis del Municipio republicano más característico del devenir histórico de los gobiernos locales americanos en este período. Así aparecen resumidos de forma específica los casos de Bolivia, Argentina, México, Venezuela y las Antillas. El hilo conductor del análisis de los Municipios en este período, es siempre -sin perder de vista una perspectiva global-una síntesis de la trayectoria histórica de las nuevas repúblicas a través de los complejos problemas de organización estatal que centraron la mayor parte de los debates y estuvieron en el fondo de los graves conflictos del enfrentamiento centralismo-federalismo que dominó ese período. A partir del capítulo VII se aborda el estudio del Municipio contemporáneo partiendo de una reflexión analítica sobre la crisis del modelo oligárquico liberal. También aquí se resumen, partiendo de una aproximación genérica, los casos de Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Chile, Argentina y Cuba. Sin embargo, se echan de menos en este capítulo otros análisis específicos nacionales. Finalmente el capítulo VIII se dedica al Municipio de hoy, destacándose especialmente la fuerte corriente de pensamiento tanto académica como política que desde los años ochenta está interesada en la revalorización de las instancias locales, entendiéndose éstas como centros dotados de autonomía, poderes y recursos para dar soluciones a los problemas de la comunidad y en donde la participación popular debe encontrar los verdaderos cauces para su expresión. Se trata pues del acercamiento a las formulaciones en favor de la descentralización del Estado y de la potenciación del papel de los Municipios y de la participación ciudadana. Es, en definitiva, un resumen del fracaso de las políticas centralistas que dominaron la historia del Municipio durante el siglo XIX y buena parte del XX. Continuando con los aspectos del contenido del trabajo llama la atención la ausencia de una bibliografía o al menos la relación de obras citadas, aunque quizá no se haya podido ultimar este apartado por razones editoriales. Pero la ausencia se hace, en realidad, llamativa, porque las fuentes primarias y únicas para la realización de esta síntesis histórica sobre el Municipio son todas bibliográficas. No obstante, estos comentarios sólo pretenden reivindicar la importancia y utilidad de incluir en este tipo de trabajos la relación de la bibliografía consultada o, al menos, citada. Con respecto a los aspectos formales, hay que destacar la claridad expositiva, así como el estilo ágil y directo con que está escrito el libro, lo cual facilita mucho su lectura. Resumiendo, la empresa que ha abordado en este trabajo el Dr. Molina Martínez se hace totalmente imprescindible, ya que supone una visión de conjunto de lo que en cinco siglos de historia ha supuesto el Municipio en América. Es evidente, pues, que este libro supone un gran paso adelante en la compresión de una perspectiva histórica sobre la institución local.-ANA ISABEL MARTÍNEZ ORTEGA. Este volumen viene acompañado por un estudio, organizado bajo la dirección de Carmen Val Julián, editado por la École Normale Supérieure, que hizo el año anterior el vol. En torno a la Conquista... (ver reseña en el tomo LIV-1, 1997), pero orientado éste hacia el análisis de la cuestión del derecho de conquista. Aquí, bajo el epígrafe indicado, se han reunido varios trabajos, la mayoría de ellos resúmenes de otros de los mismos autores. Este contenido acompaña perfectamente a los textos aportados en el volumen indicado de En torno... Como podemos observar, todos los aspectos tratados son temas muy polémicos y ampliamente debatidos por la historiografía, pero el acierto ha estado en darle una cierta unidad compositiva, acerca de lo que Bartolomé de las Casas llamaría "la unidad del indio dentro del género humano". Por tanto, la observación de los elementos institucionales, de gobierno y administración de todo tipo que hacen referencia al indio americano, de una u otra forma, con el fin de revisar, una y otra vez, el derecho que utilizaron y que aplicaron unos poderes para controlar a otras personas y administrar unos territorios, bajo un claro principio siempre de política expansiva.-JOSÉ LUIS MORA MÉRIDA. Anuario de Estudios Americanos
Este artículo es fruto del intento, por parte del autor, de seguir el rastro a los incunables, los inmediatamente postincunables a caballo entre los siglos XV y XVI y los libros aparecidos a lo largo del siglo XVI en España u otro país, libros que eran necesarios para la docencia en la España del Renacimiento y útiles para todo constructor y artista. Se señala la dificultad encontrada para realizar esta labor debida a que las publicaciones, los catálogos que recogen bibliografía sobre estos temas y el arte en general de los siglos XV y XVI son poquísimos y con muchas lagunas. El punto de partida es la Biblioteca Nacional.-A. M. M. R. II.-Antropología y etnografía 3. Barreto, Daysi: "Identidad, Etnicidad, Antropología". Contribución de la autora al esclarecimiento del significado que, en el área venezolana, tienen los tres conceptos que dan título al presente trabajo, a la vez que hace un comentario crítico de diferentes pareceres que en este punto se han divulgado.-A. B. M. 4. Bolívar, Natalia: "El legado africano en Cuba". Artículo sobre la actividad religiosa, o pararreligiosa, practicada par amplios sectores de la población de color en Cuba, que hunde sus raíces en su anterior vida en África y en la esclavitud. También describe las distintas aptitudes que se han tenido desde 1959 y se cierra con un cuadro que explica el sincretismo religioso existente entre las distintas vírgenes cristianas y divinidades afrocubanas equivalentes.-I. A. F. 5. Díetz, Gunther: "Del asistencialismo a la autonomía regional: Los movimientos indios en México ante el desafío zapatista". Barcelona, 1996, n.o 46, págs. 67-97, 1 mapa, bibliografía. el que se entienden todos aquellos procesos evolutivos que acontecen dentro de una especie. Este trabajo de microevolución de los Aymara se realiza desde un planteamiento basándose en el examen de los datos publicados hasta ahora sobre su antropología física, arqueología, historia, etnología y lingüística. Se facilitan mapas, tablas y bibliografía.-A. I. M. O. Fernández Juárez, Gerardo: "El mundo 'abierto': agosto y Semana Santa en las celebraciones rituales aymaras". Ibídem, vol. 26, bibliografía, fotografías. Estudio del ciclo ceremonial aymara en dos momentos puntuales a lo largo del año, cuando precisamente resulta pertinente acudir a los cerros para realizar diferentes tipos de ofrendas, aprovechando una circunstancia específica: "El mundo está abierto". Esta "apertura" que afecta a la tierra cada primero de agosto y a la "gloria" en Semana Santa, justifica, desde la perspectiva aymara, la proliferación de sacrificios ceremoniales, ruegos, plegarias y solicitudes. Todo ello, en la creencia firme de que es preciso aprovechar la situación en que el mundo se encuentra para realizar las ofrendas apropiadas, con la seguridad de que serán recibidas complacidamente por los destinatarios sagrados. El resultado es una propuesta vinculada a la mentalidad, tradición oral y al análisis simbólico de los Andes en la actualidad.-A. I. M. O. 8. García Targa, Juan: "El concepto de muerte en el área maya durante el período colonial. Etnohistoria y Arqueología como formas de acercamiento al proceso de sincretismo cultural en los siglos XVI y XVII". Sirviéndose de la información que se ha obtenido, como resultado de varios proyectos de investigación arqueológica en el Área maya, nos muestra el autor la complejidad y variedad del mundo funerario, el sincretismo entre las diversas culturas y las estrategias utilizadas por los indígenas para la pervivencia de lo autóctono.-A. B. M. 9. Gómez-Muller, Alfredo: Alteridad y ética desde el descubrimiento de América. Inversamente, el análisis de modos concretos del estar-con-el-otro y de representaciones históricas determinadas del ser-otro deberá dotar a la reflexión sobre la alteridad de una mayor positividad, la cual implica una mayor racionalidad.-A. M. M. R. Guanche Pérez, Jesús: "La cuestión 'racial' en Cuba actual: algunas consideraciones". Papers (Revista de sociología). Universitat Autónoma de Barcelona. Lens-Tuero, Jesús: "Fernández de Oviedo (Historia General y Natural de las Indias, Libro VI, cap. LI) y la etología clásica". El presente trabajo se propone llamar la atención sobre un notable texto de Fernández de Oviedo (Historia General y Natural de las Indias, Libro VI, cap. LI) que, en la medida que conocemos, no ha sido objeto de un comentario adecuado. En dicho texto se refiere el establecimiento de un pacto entre el hombre y el animal para asegurarse la supervivencia y mutuo beneficio, y la transformación de tal pacto en una relación de amistad y afecto. Tales relaciones pueden ser iluminadas desde la antropología clásica, en la que dichas categorías desempeñaron un papel no carente de relevancia.-A. E. A. Melià, Bartomeu: "Potirõ: las formas del trabajo entre los Guaraní antiguos 'reducidos' y modernos". Madrid, 1996, n.o 22, págs. 183-208, bibliografía. cual se observa el proceso de articulación entre transformaciones socioeconómicas y expresiones simbólicas, particularmente encapsuladas en una redefinición de identidad étnica.-A. I. M. O. 17. Regalado de Hurtado, Liliana: "Espacio andino, espacio sagrado: visión ceremonial del territorio en el período incaico". A partir de la premisa de la articulación real entre espacio y devenir histórico, la autora nos aproxima al concepto o la idea de lo andino. Se centra en la idea de territorialidad sagrada o ceremonial que tuvo plena vigencia en la época prehispánica, diferente de los conceptos de territorialidad manejados en épocas posteriores.-R. M. G. S. Sarmiento Ramírez, Ismael: "La artesanía popular tradicional cubana: del legado aborigen al utillaje mambí". Cruz Zúñiga, Pilar, y Quishpe Bolaños, Jorge Marcelo: "Inventario de los libros existentes en la Notaría 1.a Latacunga". En este inventario, hecho durante el 2.o semestre de 1994, se ordenaron cronológicamente los libros: así, se registraron las fechas límites, el o los notarios que llevaban los libros y el número de folios. Instrumentos de investigación sobre fuentes manuscritas de interés para la historia de Iberoamérica. La obra se basa en la información de la "Biblioteca de Referencias de la Fundación Histórica Tavera" y se halla actualizada hasta febrero de 1997. Incluye 2.854 títulos (monografías, artículos de publicaciones periódicas, comunicaciones en encuentros científicos y tesis universitarias). Un 15% de las referencias son materiales inéditos. La ordenación de los títulos en el catálogo se hace en función de la localización de los manuscritos a los que se refieren. En primer lugar se incluyen las obras generales, el resto se agrupan en 4 grandes áreas geográficas (Iberoamérica, América no Ibérica, Europa, Asia y Oceanía) y, dentro de ellas, por países, ciudades e instituciones donde se conservan los fondos. Se proporciona una breve descripción del contenido de cada una de las obras referenciadas.-J. M. G. R. El volumen contiene la investigación de 1261 legajos que componen la sección Audiencia de Santa Fe del Archivo de Indias. Su resultado ha sido un número desigual de cartas según las distintas ciudades y Cabildos neogranadinos con las que los autores del catálogo han conseguido nuevas perspectivas y nuevos documentos para la historia colonial colombiana, sobre todo para Santa Fe de Bogotá. De cada uno de los documentos se ha hecho un resumen de los asuntos que trata, destacando lo más importante. Además, se ha transcrito el nombre y apellido de los cabildantes, a través de sus firmas y rúbricas originales.-M. C. D. L. P. Folan, William J., y Morales López, Abel: "Calakmul, Campeche, México: La estructura II-H, sus entierros y otras funciones ceremoniales". Revista española de Antropología americana. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 1996, vol. 26, págs. 9-28, mapas y bibliografía. ventos de San Francisco y Santo Domingo de Quito (Siglos XVI-XIX)". Ibídem, págs. 77-100, mapas, gráficos, tablas y bibliografía. Estudio de los restos de fauna rescatados en las excavaciones de los conventos de San Francisco y Santo Domingo de Quito, Ecuador. El interés del trabajo radica en el análisis de las asociaciones faunísticas con el proceso histórico de la Audiencia de Quito desde el siglo XVI hasta nuestros días. Se proporcionan mapas, gráficos, tablas y bibliografía.-A. I. M. O. Rivera Dorado, Miguel: "Sobre la cronología de Oxkintok". Estudio sobre el problema de la cronología en la secuencia de desarrollo cultural de Oxkintok, gran ciudad maya en el noreste de Yucatán. La secuencia propuesta que refleja los distintos cambios culturales de Oxkintok, analiza igualmente los complejos cerámicos y arquitectónicos, la epigrafía e iconografía así como otra clase de rasgos culturales, tales como las tumbas o la disposición de los conjuntos urbanos en el paisaje.-A. I. M. O. Varela Torrecilla, Carmen: "La secuencia histórica de Oxkintok: Problemas cronológicos y metodológicos desde el punto de vista de la cerámica". Ibídem, págs. 29-55, mapas, gráficos, tablas, bibliografía. Análisis de la secuencia histórica de Oxkintok a través de los hallazgos de cerámica. Como principio rector del trabajo se adopta el compromiso de relacionar la cerámica con sus contextos de aparición. Los resultados son series cronológicas para el período Clásico Temprano, Clásico Medio, Clásico Tardío y Postclásico. Al final, se facilita una propuesta de interpretación histórica interrelacionando los distintos indicadores arqueológicos.-A. I. M. O. V.-Bibliografía e historiografía 29. Bagú, Sergio: "Perspectivas de la historiografía latinoamericana". Partiendo del siglo XIX, hace un corto recorrido por las diversas corrientes historiográficas que se han dado en Iberoamérica, señalando sus principales características. Destaca la coherencia personal y científica de uno de los máximos representantes de la escuela de Annales, Marc Bloch, en contraposición a las nuevas tendencias políticamente partidistas.-A. B. M. Martínez Ferrer, Luis: "Directorio para confesores y penitentes". La Pastoral de la Penitencia en el Tercer Concilio Mexicano ( 1585). En esta investigación se analiza extensamente, quizá por primera vez desde su perspectiva doctrinal, el Directorio para confesores y penitentes del 3.o Concilio Mexicano, hasta ahora inédito. Este libro es una fuente privilegiada para conocer la evangelización americana de finales del XVI, particularmente para seguir la recepción de Trento en los dos antiguos virreinatos de Ultramar. En cuanto a la metodología, esta investigación se basa, por un lado, en el conocimiento que aporta la doctrina de la Iglesia acerca del sacramento de la confesión, y, por otro, en todas las premisas científicas de la ciencia histórica.-A. M. M. R. Rodríguez-San Pedro Bezares, Luis E.: "Evolución del Corpus legislativo en la Universidad de Salamanca (ss. Estado de la cuestión". Estudio sobre la evolución legislativa de la Universidad de Salamanca desde el siglo XV al XVIII, exponiendo finalmente cuál era el estado de la cuestión hacia 1969 y cuáles son las nuevas investigaciones sobre el tema.-A. M. M. R. 36. Pascual Martínez, Pedro: "Bases bibliográficas para una historia de los Ateneos en España y América. Publicaciones periódicas y obras". El objetivo que se ha propuesto el autor de este trabajo es reunir la biografía existente sobre dichos Ateneos para tener una visión conjunta de los mismos y poner un punto de arranque en la historia ateneística. En la 1.a parte ofrece las publicaciones periódicas y en la 2.a se recogen las fichas bibliográficas de los Ateneos españoles, americanos, portugueses y de Manila.-A. M. M. R. 37. Román Román, Adelaida, y Fainstein Lamuedra, Graciela: "Los procesos de transición democrática en los países latinoamericanos a través de las publicaciones españolas recogidas en la base de datos 'América Latina' del CINDOC". A partir de los elementos bibliográficos de las publicaciones españolas sobre la transición a la democracia en los países latinoamericanos, editadas entre 1980 y 1995, se analizan los aspectos y los países que interesaron más a los autores, se aportan las características que ofrece la producción bibliográfica sobre el tema y se estudian los elementos comunes y diferenciales con el proceso de transición español, considerado éste también desde la producción bibliográfica generada.-A. E. A. Casas, Gonzalo de las: Arte nuevo para criar seda. Edición e introducción de Antonio Garrido. Granada, 1996, 1 volumen (paginación varia), bibliografía. Con la presente edición facsimilar se trata de resucitar, a través del tiempo, una obra única que respondía perfectamente a las necesidades agronómicas del siglo XVI y que, incluso, las trascendió, pues fue reproducida en su completo contenido en varias ediciones posteriores, sin descartar su aplicación en la práctica.-I. A. F. 39. López Piñero, José María, y Pardo Tomás, José: La influencia de Francisco Hernández (1515-1587). Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia y otros. Breve revisión historiográfica de este autor y su obra donde se exponen las etapas de los principales acercamientos al tema al que durante más de tres siglos se le han dedicado numerosos estudios, buena parte de los cuales no figuran en los repertorios y bases de datos de bibliografía histórico-médica e histórico-científica, ausencia que ha contribuido notablemente a los frecuentes errores que circulan sobre su trayectoria biográfica, sus aportaciones y la difusión e influencias de éstas.-I. A. F. 40. Portuondo Zúñiga, Olga: "Métodos y tecnologías en el beneficio colonial del cobre cubano (1599-1800)". En este artículo se estudia la minería del cobre en Cuba, o lo que es lo mismo, los cuatro siglos en la historia de los yacimientos sitos a unos 16 km. al este de Santiago de Cuba y que originaron el núcleo poblacional de Santiago del Prado (hoy El Cobre), cuyo carácter particular propició el fomento del culto mestizo mariano a la Virgen de la Caridad.-A. M. M. R. Alberto, Eliseo: Contra mí mismo. Reflexiones, en tono íntimo y público a la vez, sobre la realidad social y política de Cuba. Compuesto por recuerdos de la isla, así como de cartas de sus amigos dispersos en el exilio o dentro del sistema. Plantea la necesidad de una búsqueda de solución a la encrucijada en la que se encuentra en la actualidad el régimen cubano. Dicha solución pasa por una conciliación o "paz necesaria" entre las posiciones extremas.-J. M. C. B. Arenal, Celestino del: "Balance y perspectiva de cuatro cumbres iberoamericanas". Transcurridos unos años desde el inicio de la primera Cumbre Iberoamericana, celebrada en 1991, el autor hace balance de lo conseguido hasta ahora por las cuatro Conferencias de Jefes de Estado y de Gobierno cuya función ha sido la de fomentar las relaciones entre España e Iberoamérica: la de Guadalajara en 1991, la de Madrid en 1992, la de Salvador de Bahía en 1993 y la de Cartagena de Indias en 1994. Con los resultados obtenidos plantea los retos futuros para unas cumbres que están en sus primeros pasos y que todavía tienen un largo camino que recorrer, responsabilizando a España -como promotora de estos encuentros-para solucionar sus puntos más críticos.-M. C. D. L. P. 43. El despertar de la esperanza. Tercera Prensa-Hirugarren Prentsa, S. L. Donostia, 1997, 428 págs., bibliografía, anexos, fotografías. Visión partidaria y militante sobre la aparición y desarrollo del EZLN en la selva lacandona. Estructurado en dos partes, la primera explica la historia del pueblo mexicano, del estado de Chiapas y sobre todo la evolución de la guerrilla en sus tres años de existencia; en la segunda se recogen varios comunicados y mensajes de la guerrilla realizados en 1996 para la comunidad mexicana y a los distintos pueblos del mundo.-J. M. C. B. 44. Crespo, Ismael y Mieres, Pablo: "Las elecciones uruguayas de 1994: continuidad en la transformación del sistema partidista". Los autores analizan las principales líneas de evolución en el comportamiento electoral uruguayo que, en 1994 sufrió un importante cambio. Las tres últimas elecciones en Uruguay dejaron de manifiesto esa transformación en el comportamiento electoral de los HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 2, 1997 765 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://estudiosamericanos.revistas.csic.es ciudadanos, principalmente por la presencia de nuevos partidos con capacidad política. Pero fueron las elecciones de 1994 las que supusieron el mayor exponente del cambio y una realidad inmediata: la presencia pluralista de partidos que han obligado a negociaciones múltiples y permanentes ante cada tema de la agenda política.-M. C. D. L. P. Fairen Guillén, Víctor: "El Ombudsman en México. La Comisión Nacional de Derechos Humanos, con recuerdos comparatistas". El autor del artículo analiza la figura del Ombudsman en México, su adscripción al Poder Ejecutivo y sus nuevas funciones. Se recalca la dificultad que entraña el cargo en el que para no convertirse en juez, el Ombudsman debe moverse en el terreno de las recomendaciones y las sugerencias. Finalmente, Victor Fairen concluye con los principios que todo Ombudsman debe tener para que su frágil figura no desaparezca.-M. C. D. L. P. Fernández Poncela, Anna M.: "La Historia de la participación política de las mujeres en México en el último medio siglo". Martínez Rodríguez, Antonia: "Las elecciones federales mexicanas de agosto de 1994". En el artículo se analiza el tema de las elecciones mexicanas, caracterizadas desde 1988 por su carácter simbólico, fraudulento y poco competitivo. En ellas, los candidatos del partido en el Gobierno siempre han triunfado sin la más mera oposición, sin embargo, fue a partir de 1994 cuando el proceso electoral sufrió un giro debido a los acuerdos surgidos para intentar asegurar la legitimidad de los resultados. Esto se consiguió mediante una exhaustiva regulación que eliminase cualquier práctica indebida en las votaciones.-M. C. D. L. P 48. Pino, Francisco del: "Latinoamérica. La guerrilla de nunca acabar". Trata brevemente de las actividades y complejas características de los principales grupos guerrilleros de Perú, México y Colombia, haciendo un recordatorio de sus orígenes. Refleja al mismo tiempo el sufrimiento de la masa indígena, la actuación de las autoridades, así como las nuevas estrategias adoptadas por dichos grupos y los retos que suponen para los respectivos gobiernos la reinserción de los ex combatientes a la vida civil.-A. B. M. 49. Revenga Sánchez, Miguel: "Las tribulaciones del 'llanero solitario'. El control parlamentario de las acciones encubiertas por el Congreso norteamericano". El artículo analiza el constante desacuerdo sobre el reparto de tribulaciones en materia de relaciones internacionales y el uso de la fuerza que se disputan el presidente y el Congreso. Cada uno tiene en la Constitución buenos argumentos para reivindicar el protagonismo que defienden y, desde hace tiempo, estas acciones encubiertas están contempladas en el derecho norteamericano con un régimen jurídico, establecido tras la aprobación de la ley presupuestaria de los Servicios de Inteligencia para el año fiscal de 1991. El autor analiza el origen de estas acciones y el curso histórico que ha llevado a la aprobación de las disposiciones contenidas en la ley presupuestaria.-M. C. D. L. P. 50. Serraferg, Mario D.: "El impeachment en América Latina: Argentina, Brasil y Venezuela". Los objetivos del presente trabajo son los de analizar la posición que ocupa el impeachment o juicio político en los diseños institucionales latinoamericanos y señalar sus similitudes y diferencias. Como base para el trabajo, el autor analiza tres casos de tentativa de juzgamiento presidencial: el llevado a cabo contra los presidentes María E. Martínez de Perón en 1976, Fernando Collor de Mello en 1992 y Carlos Andrés Pérez en 1993. De ellas extrae unas consideraciones y reflexiones finales en las que concluye que el impeachment puede llegar a ser un mecanismo contra funcionarios inescrupulosos y un servicio para "reequilibrar" el sistema sin llegar a la caída del régimen.-M. C. D. L. P. Cassá, Roberto: "Cuantificaciones sociodemográficas de la ciudad de Santo Domingo en el siglo XVI". Departamento de Historia de América. Centro de Estudios Históricos. Siguiendo de cerca tres censos se analiza la evolución y desarrollo de la Ciudad de Santo Domingo. Estos recuentos de población (1528,1586,1606), aunque fueron todos ellos exigidos por la administración civil, tienen metodologías diferentes (posesión de HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 2, 1997 armas, vecindario), lo que implica algunas imprecisiones. Desde 1528 la ciudad de Santo Domingo pierde su protagonismo de primera capital hispanoamericana, en beneficio de otras áreas. No obstante, a pesar de su escaso crecimiento demográfico, se multiplican los oficios y se radicaliza el poder (económico, social) de las minorías.-R. I. 52. Dumont, Gerard François: "Las evoluciones demográficas en América". Por medio de la explicación de algunas de las variables que intervienen en el fenómeno demográfico, como son los flujos migratorios, el nivel de fecundidad o los factores sociopolíticos y humanos, nos lleva el autor con este ensayo a conocer el espectacular aumento de la población de América durante los siglos XIX y XX, su repercusión en el resto del mundo y sus perspectivas de futuro.-A. B. M. 53. Llorden Miñambres, Moises (comp.): Acerca de las migraciones centroeuropeas y mediterráneas a Iberoamérica: aspectos sociales y culturales. Se incluyen en esta obra nueve estudios de otros tantos investigadores europeos y americanos que abordan el tema de las migraciones europeas a Iberoamérica, en especial la española, italiana, checa, eslovaca y yugoslava. El mayor número de artículos se centran en aspectos de la emigración española, caso de la inserción social de los españoles en el Mar del Plata entre 1880-1930, de la acción mutuo social de las sociedades españolas de emigrantes, de la relación entre las artes plásticas y la emigración española en Cuba hasta 1930, de la función de las redes sociales informales en las dimensiones microsociales de la emigración gallega, etc.-J. R. N. G. 54. Márquez Macías, Rosario: La emigración española a América. Basándose en documentación del Archivo General de Indias se hace un recorrido por el fenómeno migratorio en el Antiguo Régimen, detallando cuál era el modelo migratorio español y la legislación que se le aplicaba. Asimismo, la autora sitúa la emigración española en el contexto poblacional y demográfico que caracteriza tanto a la Península como al continente desde 1765 a 1824. Por último, las dos partes más extensas de la obra abordan los condicionantes históricos y el análisis coyuntural de la emigración española haciendo hincapié en la influencia del reformismo borbónico y el análisis cuantitativo de ella, especificándose los motivos de la emigración, la estructura profesional, los destinos y orígenes, etc.-J. R. N. G. Breve estudio socioeconómico acerca de la recuperación de Centroamérica, tras la crisis de los años 80 y la aplicación de las políticas de ajuste, haciendo hincapié en la inestabilidad de dicha recuperación y en el coste material y psico-físico que está suponiendo para sus habitantes.-A. B. M. 63. García Jordán, Pilar: "El indio es la caña, los patrones son el trapiche y el jugo de la caña son los aviadores. Reflexiones sobre la explotación cauchera en el Ucayali en los inicios del siglo XX". Ibídem, págs. 61-85, 2 mapas, apéndice documental, bibliografía. González Gutiérrez, Pilar: "Importancia y acuñación de moneda circulante en La Española durante el siglo XVI". Aportación, a través de numerosa documentación, del proceso que La Española tuvo a lo largo del siglo XVI en cuanto a circulación de moneda. De los intentos por conseguir una ceca propia a las numerosas fluctuaciones que afectaron a su circulante, Santo Domingo padeció tanto la política restrictiva a la instauración de cecas como repetidas crisis comerciales derivadas de las carestías y devaluaciones de su siempre pobre moneda.-A. M. M. R. 67. Márquez Dolz, M.a Antonia: "Las industrias menores en la Cuba finisecular: problemas de un mercado compartido (1880-1898)". En este artículo se pretende dilucidar dos cuestiones: ¿hasta qué punto las modificaciones de índole arancelario-comercial perjudicaron el crecimiento de las instalaciones fabriles dirigidas fundamentalmente a satisfacer la demanda interna?, y ¿cuáles fueron las estrategias competitivas desplegadas por los empresarios con capitales colocados en estas manufacturas frente a un mercado interno cuyo abastecimiento compartían sobre todo con los industriales radicados en España y los EE.UU.? Se llega a la conclusión de que la política arancelaria afectó heterogéneamente al sector interno de la economía: algunos sectores fueron perjudicados y sus unidades productivas resistieron precariamente el reajuste económico, pero otros se mantuvieron e incluso mejoraron su posición en la oferta insular.-A. M. M. R. 68. Tornero Tinajero, Pablo: Crecimiento económico y transformaciones sociales. Esclavos, hacendados y comerciantes en la Cuba colonial. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Basándose en fuentes cubanas y españolas el autor recorre el completo entramado que se mueve en torno al sistema azucarero cubano entre la 2.a mitad del siglo XVIII y la 1.a mitad del siglo XIX. Temas relevantes que se abordan son el abastecimiento de mano de obra esclava, el apoyo político a la trata y la organización del tráfico negrero. En otro orden de cosas, también se abordan las características demográficas de la esclavitud, dada su importancia dentro del sistema productivo azucarero. El propio sistema ocupa también un lugar relevante en la obra, resaltando el autor las etapas del despegue económico, la evolución de los procesos productivos, las peculiaridades de la estructura de la tierra, la productividad y rentabilidad del sistema esclavista, las inversiones en los ingenios y los factores que determinaron el cambio económico a mediados del siglo XVIII. Por último, se presenta la estructura comercial de la isla y el marco histórico en el que se desenvuelve el comercio exterior.-J. R. N. G. Del Río Moreno, Justo L. y López y Sebastián, Lorenzo E.: "El trigo en la ciudad de México. El presente trabajo se refiere al trigo en Nueva España y concretamente al caso de México, donde se consumió y llegó a ser importante elemento de diferenciación social y de aculturación, perdiendo, sin embargo, importancia al aceptarse por parte de la población española el grano autóctono, el maíz, de tanto arraigo como alto rendimiento en gran parte de América y de Nueva España en concreto.-R. M. G. S. 70. Sales Colín, Ostwald: "El movimiento portuario de Acapulco: un intento de aproximación (1626-1654)". Este artículo tiene una doble finalidad: primero, el autor cree conveniente que antes de analizar con detalle las "corrientes del tráfico ilegal" entre Acapulco-Manila es necesario estudiar el flujo de barcos Acapulco-Manila y Acapulco-puertos americanos: El Realejo, Sonsonate y El Callao; y segundo, presentar una documentación inédita que robustece los planteamientos del contrabando practicado entre Acapulco-El Callao de 1631-1634, sobre la situación delicada para el comercio transpacífico de 1635 a 1639 y finalmente acerca de las dificultades en las comunicaciones Filipino-Mexicanas de 1646 a 1648.-R. M. G. S. 71. Santamaría, Daniel J.: "Intercambios comerciales internos en el Alto Perú colonial tardío". Ibídem, págs. 239-273, cuadros Amplio estudio fundamentalmente cuantitativo del comercio de Mizque, Vallegrande y Santa Cruz de la Sierra, para precisar los flujos de bienes y dinero entre regiones "periféricas" y regiones "nucleares" de la economía colonial. Pretende su autor contribuir al mejor conocimiento de estas regiones relativamente marginales a las redes urbanas y a los grandes canales de intercambio mercantil.-R. M. G. S. 72. Spanoghe, Sander: "Los salarios dentro del sistema del repartimiento forzoso en el Valle de México, 1549-1632". Este artículo contiene un análisis del salario dentro del repartimiento forzoso, principal sistema de reclutamiento de mano de obra indígena en el Valle de México desde aproximadamente 1550 hasta 1632. Primeramente establezco el valor nominal de los salarios, HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 2, 1997 773 (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://estudiosamericanos.revistas.csic.es basándome en fuentes secundarias. En segundo lugar diferencio los salarios según los sectores económicos, consultando fuentes primarias. Después calculo el valor real de estos salarios a base de los precios de maíz y del mínimo socio-vital. Una comparación de los salarios pagados dentro con los dados fuera del repartimiento constituye un tercer método para valorar dichos salarios, mientras el cuarto consiste en una investigación de la relación entre tributo y salario. Siguen las conclusiones, que consideran el salario dentro de su contexto histórico y geográfico, concluyendo que este salario no fue una realidad "real" sino una realidad legal, instituido para callar la conciencia y la crítica de la política laboral colonial.-A. E. A. Widmer Sennhauser, Rudolf: "Veracruz y el comercio de harinas en el Caribe español, 1760-1830". A través del análisis de estadísticas fiscales y tablas consulares el autor intenta establecer la importancia que el comercio de harinas tuvo para la ciudad de Veracruz y el Virreinato de Nueva España: para la 1.a fue un renglón económico importante hasta 1812 y para el 2.o se manifiesta de escasa relevancia durante todo el período. El motivo, la falta de competitividad frente a harinas foráneas, derivadas del obsoleto sistema de producción y las malas comunicaciones internas entre altiplano y puerto.-A. M. M. R. Alonso Marañón, Pedro Manuel: "Iglesia y Estado, educación y pragmatismo: Escuelas Pías en Panamá (1889-1900)". Artículo sobre la presencia escolapia en Panamá a fines de siglo, que política e ideológicamente respondía a expectativas diversas: la necesidad de clero por parte del obispado, la formación de profesionales que activarán los recursos de la entonces provincia colombiana y los intereses propios de la orden en cuanto a fundaciones sólidas en las que desarrollar su tarea educativa; cuando estos intereses dejen de confluir, se producirá la marcha de los padres escolapios del territorio ístmico.-A. M. M. R. 75. Alonso Marañón, Pedro Manuel: "La Universidad de Santo Domingo, decana de América, y su filiación constitucional hispánica". Este artículo se centra en señalar y comprender los argumentos y bases hispánicas que encierra dicha universidad, llegándose a la conclusión de que Alcalá está presente en Santo Domingo, aunque su presencia real, para ser definida con exactitud, necesita ir acompañada de notables matizaciones.-A. M. M. R. 76. Álvarez Figueroa, Oneida: "El sistema educativo cubano en los noventa". El artículo ofrece un panorama general del sistema educativo, comenzando por un análisis histórico en el que se trata de la etapa colonial española, del impacto de la ocupación norteamericana, de la etapa prerrevolucionaria y del desarrollo de la educación a partir de 1959, poniendo mayor interés en la evolución del sistema educativo cubano durante la presente década.-I. A. F. 77. Elvira Luzón, M.a Mercedes, y Guzmán Sánchez, M. Sagrario: "Los actos académicos en la Universidad de México. A lo largo de este trabajo se intenta conocer la función de los actos literarios en la Universidad de México y si se cumplieron o no en ella los estatutos de Salamanca en cuanto a ese punto. En las conclusiones se afirma que sí hay "cierto" paralelismo jurídico entre la Universidad de México y la salmantina, ya que los estatutos de ésta sirvieron de base a los de la mexicana; pero en el caso concreto de los actos literarios, se constata que no se practicaron como los estatutos de Salamanca establecían, sino que se fueron adaptando a la nueva realidad mexicana.-A. M. M. R. 78. Gil García, Ángel: "Panorámica de las visitas y reformas constitucionales de la Universidad de Alcalá de Henares en el s. XVII". Los objetivos son ofrecer una visión de conjunto de la distinta legislación de la que el autor tiene noticia relativa a la Universidad de Alcalá durante el siglo XVIII (sobre todo de las visitas y reformas); aclarar qué entiende por visitas y reformas universitarias cuando habla de dicha Universidad y qué características diferencias, importancia y alcance tenían unas y otras; explicar cuáles fueron las reformas alcalaínas, qué las motivaron, sus contenidos y su importancia; y aportar posibles temas de debate e investigación.-A. M. M. R. González Navarro, Ramón: "Las Constituciones originales cisnerianas y su evolución hasta la reforma de Obando". Este artículo trata sobre las Constituciones cisnerianas y las distintas reformas que éstas sufrieron hasta la de Obando. A modo de conclusión se apuntan los motivos por los que, según el autor, se produjo la decadencia del Colegio y la Universidad de Alcalá una vez fallecido el Cardenal Cisneros: excesiva autonomía colegial; excesiva confianza en las posibilidades económicas del Colegio; descontrol de la hacienda; y la falta de preparación técnica en estos menesteres del rector y consiliarios.-A. M. M. R. 80. González Rodríguez, Jaime: "Jubilarse en la Universidad de México: normativa y realidad". Hera, Alberto de la: "El magisterio de Vitoria en el contexto universitario de su época". En este artículo se analiza el ámbito en el que Vitoria adquirió su formación doctrinal y comenzó a desarrollar su enseñanza antes de incorporarse a la cátedra salmantina, así como su magisterio en el contexto universitario de su época.-A. M. M. R. 84. Peralta, Víctor: "La revolución silenciada. Este estudio se concentra en perfilar la vinculación existente entre la formación del hábito de la lectura, la creación de una opinión pública y la generación de una pedagogía política en el virreinato peruano entre 1790 y 1814. A través de un análisis de la prensa y los libros editados en esta coyuntura, se muestra cómo en Lima el interés por la lectura política va progresivamente desplazando a la lectura de tipo religioso a principios del siglo XIX. Se considera que un acontecimiento fundamental que explica esta transformación es el año 1808, cuando en la metrópoli se produce la invasión francesa. La efervescencia de este interés por la política en la población limeña se interrumpe en 1814, al restaurarse en España el absolutismo.-A. E. A. 85. Ramos Pérez, Demetrio: "La intrahistoria de la erección de las primeras universidades americanas y su legalización en la época de Felipe II". Este artículo versa sobre el proceso y la intrahistoria de la erección de las dos primeras grandes universidades americanas y se plantea la cuestión de la legalización de dichas universidades que, si bien estaban creadas para 1521, no contaban con la necesaria resolución real ni con la bula pontificia. Por tanto, su legalización sería otra etapa de gestiones emprendida por Felipe II.-A. M. M. R. 86. Rodríguez Cruz, Águeda: "Análisis comparativo de las constituciones universitarias de Salamanca con las hispanoamericanas". En este artículo se parte del análisis de la estructura del modelo salmantino para averiguar en qué medida sus normas académicas sirvieron de pauta a la vida universitaria de ultramar, llegándose a la conclusión de que las universidades hispanoamericanas tuvieron un denominador común que se llama Salamanca.-A. M. M. R. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 2, 1997 Visión acerca de la forma en que se manifestaron los contactos de Santiago de Cuba con el resto del Caribe, las Américas, Europa y otros puertos cubanos. La elección de la década de 1858-1868 responde a que ésta comienza con la salida de una crisis económica de influencia mundial y termina en vísperas de otra -la llamada guerra grande-, de carácter más insular, pero también más intensa y devastadora para la región oriental de Cuba.-A. M. M. R. 60. Castellanos Cambranes, Julio: Café y Campesinos. Editorial Catriel, 2.a edición.
El tema elegido en esta edición ha sido "El 1ejano Oriente Español: Filipinas (s. XIX)", de manera que el primer centenario de la independencia de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y el resto de los dominios del Pacífico fuera ocasión para hacer una revisión del estado de la historiografía sobre este conjunto de islas no americanas, la zona menos atendida. Han sido cinco días de participaciones numerosas e intensas que han abarcado una variedad de aspectos muy rica, desde las fuentes hasta las manifestaciones artísticas y las mentalidades. Se habían organizado en los dos últimos años bastantes congresos y reuniones científicas, dedicadas a la pérdida de las últimas posesiones ultramarinas, pero éste ha aportado la novedad de ofrecer un enfoque desde la historia militar, que es esencial por las características de la misma presencia española en Departamentos del Gobierno: Ministerio de Defensa, Ministerio de Asuntos Exteriores, Ministerio de Educación y Cultura. Las Jornadas han contado también con la presencia del Señor Ministro de la Embajada de Filipinas en España, con representación oficial y con intervenciones en los debates que desde la dirección de las Jornadas agradecemos. Haber puesto el objetivo en Filipinas, con una atención especial inevitable en la plaza fuerte de Manila, ha sido ocasión de examinar cómo en esta ciudad española tan singular, se operó un proceso de militarización que muestra la versatilidad de la Institución del Ejército. Los hospitales eran sobre todo militares, los constructores de obras públicas ingenieros militares, los sanitarios médicos militares, y así un largo etcétera extraordinariamente esclarecedor. Ha sido muy interesante examinar esta realidad, en un momento en que parece que se opera una transformación institucional en los ejércitos europeos. En realidad pura apariencia, porque el Ejército está poniendo en práctica la versatilidad que esencialmente tiene desde siempre.
Continúa abierto el plazo de presentación de solicitudes para las dos becas de alojamiento correspondientes al último trimestre del año 1998. El período de disfrute será de mediados de septiembre a mediados de diciembre y los interesados en participar en el concurso deberán enviar la documentación exigida en los requisitos de la convocatoria publicada en el Anuario de Estudios Americanos, tomo LIV, 1. Las solicitudes deben recibirse en la secretaría de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), calle Alfonso XII, n.o 16, 41002-Sevilla (España), antes del 15 de mayo de 1998. Los nombres de los investigadores a quienes se les concedan las becas se harán públicos antes del 30 de mayo. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Quienes estuvieran interesados en participar en la 1.a convocatoria de becas de alojamiento para el año 1999 (de mediados de enero a mediados de julio) ya pueden enviar también sus solicitudes, a la dirección antes mencionada, hasta el 15 de octubre de 1998. Cada área temática contará con la participación de ponentes invitados, especialistas de reconocido prestigio. Asimismo, el Congreso podrá nutrirse de las aportaciones libremente presentadas a través de comunicaciones enviadas por investigadores y estudiosos. Para más información: Facultad de Filosofía y Letras (UCA). Departamento de Historia Moderna Contemporánea de América y del Arte. Duque de Nájera, s/n. I Congreso Internacional de Historiadores Latinoamericanistas La Sección Cubana de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) y la Revista La Formación del Historiador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (México), convocan al Primer Congreso Internacional de Historiadores Latinoamericanistas con el tema "La Historia de América Latina y el Caribe: un balance de fin de siglo". Este Congreso Internacional se desarrollará entre los días 11 y 15 de mayo de 1998 y tendrá por sede la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez, situada en la calle Mercaderes esquina a Obrapia en La Habana Vieja, Cuba. El temario contempla los siguientes temas y mesas de trabajo: -Teoría de la Historia e historiografía latinoamericana (Corrientes, temas y autores; los métodos y la renovación del discurso historiográfico; reflexiones sobre la historia y sus relaciones con otras ciencias; planteamientos en torno a la teoría de la Historia). -Historia de América Latina y el Caribe (La presencia de Estados Unidos en la región; la quiebra del orden oligárquico; historia de la cultura, la religión y las ideas; los movimientos políticos y sociales; historia nacional y/o historia regional producción y métodos). -La América Latina y el Caribe: la transición al nuevo milenio (Las relaciones con Estados Unidos; los problemas de la globalidad; las tendencias y mentalidades de la integración hemisférica y regional; las relaciones con otros países, regiones y organismos internacionales; las corrientes del pensamiento; los grandes problemas ecológicos y del medio ambiente). -La formación del historiador (Planes y programas de estudio; métodos y experiencias de enseñanza; la difusión de la historia; los posgrados y diplomados; docencia y/o investigación). Las ponencias deben ser comunicaciones concisas que no excedan las 8 cuartillas mecanografiadas a dos espacios, 30 renglones de 65 golpes, pues los participantes sólo contarán con 15 minutos para su exposición. Para cualquier otra información dirigirse a los Coordinadores del Taller: Dr. Sergio Guerra Vilaboy, presidente de ADHILAC-CUBA, Casa Fernando Ortiz, Universidad de La Habana, L y 27, El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba. Alejo Maldonado Gallardo, director de la Revista La Formación del Historiador, Escuela de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Michoacán, México. IV Congreso lberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana Convocado por la Sociedad Chilena de Historia de la Educación, la Universidad Católica de Chile (Facultad de Educación y Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política), la Sociedad de Historia de la Educación Latinoamericana, además de otras instituciones universitarias, se celebrará en Santiago (Chile), del 24 al 29 de mayo de 1998, el IV Congreso lberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana. Tema I.-Historia de las ideas educacionales en América Latina: Las políticas educativas en los diferentes países; Las ideas y reformas educativas en los diferentes contextos; Los principales movimientos ideológicos y su relación con los sistemas educativos; Hombres e ideas en el desarrollo educativo; y La Ciencia y su relación con la educación: Historia de la enseñanza científica y El impacto científico en la educación en América Latina. Tema II.-Historia de las instituciones educacionales en América Latina: Las instituciones formadoras de profesores; Las instituciones de formación superior; La influencia educativa de las instituciones eclesiásticas; Influencia del Estado en el desarrollo educativo; Aportes de los organismos internacionales al desarrollo educativo; y Relación histórica de educación y empresa privada en América Latina. Tema III.-lnfluencia recíproca entre los países latinoamericanos: La historia de la educación en relación a los proyectos modernizadores y modernizantes; Aportes de España y Portugal en la historia educacional de Latinoamérica; Proyectos educacionales al servicio de la integración; y La historia de la educación y los procesos de intercambio cultural en el contexto latinoamericano. Tema IV.-Historia de los movimientos socioculturales en Latinoamérica: Educación popular en las diferentes realidades; Los proyectos educativos de los partidos políticos; Las organizaciones del magisterio y su influencia en el desarrollo educativo; y La educación frente a la heterogeneidad etnográfica y cultural. Tema V.-Aplicación del conocimiento científico en la educación: Presencia del conocimiento científico en la génesis y desarrollo de los sistemas educativos; Estudios históricos de la educación comparada en Latinoamérica; Estudio histórico de proyectos educativos específicos; y Los desafíos epistemológicos y metodológicos de la historia de la educación. Tema VI.-Los protagonistas de la educación latinoamericana: El niño y su realidad como sujeto de la educación en el proceso histórico; La realidad histórica de la juventud como sujeto de la educación en los contextos latinoamericanos; Las familias como instancias socializadoras en el proceso histórico; Historia de la mujer en cuanto agente socializador y educativo; Historia de la realidad social y cultural del profesor en los diferentes contextos; y Educación técnica. Dirigirse a: Dr. Nicolás Cruz. IV Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana. Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica. Cuarto Congreso Internacional de Mayistas El Centro de Estudios Mayas, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto de Antropología e Historia, del Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, lo invitan a participar en el Cuarto Congreso Internacional de Mayistas, que tendrá lugar en la ciudad de Antigua, Guatemala, del 2 al 8 de agosto de 1998, con el apoyo de la Dirección General de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. La finalidad es reunir a investigadores profesionales que hayan hecho aportaciones desde diversas disciplinas, para que comuniquen sus avances y así promover una mejor compresión del pueblo maya y su cultura. El tema central es "La identidad maya" y el Congreso incluirá: Dos conferencias magistrales: de inauguración y clausura. Mesas redondas plenarias relativas al tema central, que será analizado y discutido desde diversas disciplinas. Simposios organizados por los propios participantes sobre avances de sus investigaciones respecto a una etnia, una disciplina, una época, un área de estudio, un problema teórico, etcétera. Ponencias libres que serán integradas en mesas temáticas. Le solicitamos enviar, a más tardar el 30 de enero de 1998, las propuestas de simposios o ponencias con sus respectivos resúmenes con un máximo de cien palabras. El Comité Organizador del Cuarto Congreso Internacional de Mayistas, seleccionará los trabajos que se expondrán durante las sesiones. Dirigir la correspondencia al Comité Organizador del Cuarto Congreso Internacional de Mayistas: Centro de Estudios Mayas. Instituto de Investigaciones Filológicas. II Seminario "El Caribe Continental: Tradición oral y Literatura" La presente convocatoria constituye una segunda etapa del trabajo investigativo en torno al Caribe Continental, y se centrará en la organización de paneles de carácter internacional que se desarrollarán en Casa de las Américas, La Habana (Cuba), del 14 al 18 de septiembre de 1998, sobre los siguientes temas: El mar como punto de fusión y vínculo: Las actividades del mar y la interculturación pancaribeña; y Folklore literario y folklore musical de los trabajadores del mar. Plurilingüismo continental y producción literaria. La diglosia lingüística y las expresiones de una literatura alternativa. Frontera y literatura en el Caribe Continental: Los préstamos y la interinfluencia lingüística; La intertextualidad del (de los) imaginario(s) en las respectivas producciones literarias; La influencia de los ecosistemas en la descripción del paisaje y la caracterización de los personajes; La repercusión de los ecosistemas (geografía física, clima, fenómenos naturales, etc.) como factores integradores en la literatura; La caracterización demográfica, a partir de los desplazamientos laborales inducidos; Las zonas de múltiple tránsito migratorio (laboral y político) y su visión a través de la literatura; Etnicidad, conflictos raciales, nación e imagen del Otro; Factores ideotemáticos relacionados con la frontera en las producciones literarias nacionales; y Contiendas políticas, guerras civiles y su repercusión en la literatura de las fronteras. Presencia temática del Caribe Continental en la literatura insular. Marginalidad, discriminación, polarización racial y denuncia en el discurso literario afrocaribeño continental. Los interesados en participar como ponentes o presentar materiales audiovisuales deberán enviar una sinopsis de 20 líneas sobre su trabajo y su currículum vitae al Comité de Admisión antes del 31 de mayo de 1998. XIII Coloquio de Historia Canario-Americana y VIII Congreso Internacional de la Asociación Española de Americanistas Del 5 al 10 de octubre de 1998 se celebrará en la Casa de Colón de Las Palmas el XIII Coloquio de Historia Canario-Americana, que en esta ocasión coincidirá con el VIII Congreso de la Asociación Española de Americanistas. Los temas aprobados y sobre los cuales deberán referirse las ponencias que se presenten son los siguientes: IV centenario de la muerte de Felipe II en América y Canarias. Centenario de la Independencia de las Antillas y Filipinas, en América y Canarias. -Canarias en todas las épocas. -La mujer en la Historia en todas las épocas, en América y Canarias. El coordinador del congreso es el Dr. Francisco Morales Padrón. El comité científico lo componen la Junta Directiva de la Asociación Española de Americanistas y profesores de las Universidades de Las Palmas y La Laguna. La organización corre a cargo de la Dra. Emelina Martín Acosta (AEA), Universidad de Burgos, y de doña Elena Acosta Guerrero, Casa de Colón, Las Palmas. La Secretaría del Congreso se encuentra en: Casa de Colón, C/. Coloquio Internacional "1898 en las Antillas: historia, testimonio y literatura" El Coloquio se celebrará en La Habana del 14 al 18 de diciembre de 1998, tendrá una duración de 20 horas, y se aceptan ponencias con un límite máximo de 20 minutos, acerca de los siguientes temas: -Los proyectos de confederación antillana y la intelectualidad regional. -Lucha independentista y literatura de campaña. -Historia y ficción literaria. -Impacto cultural de la administración estadounidense. -Clases sociales e historias de vida. Los interesados en participar como ponentes o presentar materiales audiovisuales deberán enviar una sinopsis de 20 líneas sobre su trabajo y su currículum vitae al Comité de Admisión antes del 30 de octubre de 1998. Se ofrecerán. además, visitas a museos, proyección de vídeos y representaciones artísticas. El Seminario contará con traducción simultánea español-inglés-español, para todas las sesiones. Miscelánea de congresos, simposios, reuniones científicas, etc. -Congreso Internacional "Ejército y Armada en el 98: Cuba, Puerto Rico y Filipinas" (Madrid-Avila, 23 a 27 de marzo de 1998). Temas: Los antecedentes; Cuba; Puerto Rico; Filipinas; y Las consecuencias. La inscripción, junto con una fotocopia del DNI y del resguardo de ingreso, deberá remitirse a la secretaría del Congreso antes del 1 de febrero de 1998. Normas para comunicaciones: Antes del 1 de febrero deberá remitirse a la Secretaría del Congreso el texto definitivo de la comunicación. Máximo 20 folios (copia en diskette WordPerfect o Word Microsoft).
los conflictos que originó, las causas de la despoblación y el proceso judicial que se levantó contra él. El Oriente venezolano a finales del siglo XVI El extremo oriental de la Tierra Firme, que comprendía el arco costero entre el Morro de Unare y la entrada al Amazonas, así como las islas que se encontraban frente al litoral, se articulaba a finales del siglo XVI en tres gobernaciones: Nueva Andalucía, Margarita y Trinidad-Guayana. El proceso de colonización, teniendo en cuenta las fechas en que éste había comenzado en las principales áreas del territorio americano, se hallaba algo desfasado. Además, las tres demarcaciones señaladas presentaban un grado de incorporación a la Corona española muy diferente. La de Margarita mostraba un nivel más elevado de transición de la conquista a la colonización. En 1525, en que fue firmada la capitulación con Marcelo de Villalobos, 1 se inició un proceso de asentamiento que estaba claramente concluido al finalizar la centuria. El área de Trinidad-Guayana se encontraba, por el contrario, en los primeros estadios de la colonización. En la gobernación de Trinidad, concedida para su pacificación en diferentes ocasiones desde 1530, no se había conseguido levantar ningún centro estable. Entre 1588 y 1591, en que se incorporó a la Nueva Andalucía, tampoco se logró concluir la etapa pobladora. Será a partir de 1592, a raíz de su unión al área guayanesa, cuando se funden las dos primeras ciudades: Tomé, en la Guayana, aunque no se adelante mucho más en la política de poblamiento debido a los enfrentamientos que mantuvo su gobernador, Antonio de Berrío, 2 contra las pretensiones territoriales de la gobernación cumanesa y los ataques piráticos de Sir Walter Raleigh. La tercera de estas gobernaciones orientales, la de Nueva Andalucía, atravesaba una etapa intermedia entre las dos anteriores, con notables contrastes en su extenso territorio, pues mientras en la franja costera se estaba perfeccionando el proceso de colonización, la vasta zona del interior estaba aún pendiente de conquista y pacificación. Los intentos pacificadores en la costa de Tierra Firme En el extremo oriental de la Tierra Firme los españoles encontraron una zona habitada por unas pocas tribus de indios belicosos que ofrecieron una gran resistencia al proceso de poblamiento. A esta inicial dificultad se unía una peculiaridad geográfica. Su localización, a medio camino entre el Atlántico y el Caribe, la cercanía de las incipientes posesiones extranjeras, la gran profusión de islas, y el aspecto recortado de sus costas, convirtieron a la zona, desde un primer momento, en un lugar de gran importancia estratégica. El conocimiento español de la zona data de los años 1499-1500, cuando se produjeron los primeros reconocimientos de la costa. 3 Durante la primera mitad del siglo XVI se sucedieron diferentes ensayos evangelizadores por parte de misioneros franciscanos y dominicos, pero todos terminarían violentamente a causa de la oposición indígena. La historia de la gobernación de Nueva Andalucía comienza con la capitulación firmada en 1568 entre Diego Fernández de Serpa y la Corona, 4 por la que se le otorgaba al primero el título de gobernador y capitán general, a cambio de dar comienzo a esta pacificación. 5 La ciudad de Cumaná fue fundada en 1569, convirtiéndose en el primer centro urbano del territorio sin solución de continuidad. 6 M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 2 Ojer, Pablo: Don Antonio de Berrío, gobernador del Dorado. Caracas, 1960, y Morón Montero, Guillermo: Breve Historia..., pág. 68. 3 Gómez, José Mercedes: Orígenes históricos de la ciudad de Cumaná. 4 Marcano, Pedro Elías: Consectario de la ciudad de Cumaná. 5 Sucre, Luis Alberto: Cumaná. Su fundador el capitán Diego Fernández de Serpa. 6 Sobre la fundación de Cumaná ver Martínez-Mendoza, Jerónimo: "La fecha de la fundación de Cumaná", y Ojer, Pablo: "¿Cuando se fundó la ciudad de Cumaná?", ambos en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, n.o 191, Caracas, 1965. A Serpa se le concedía un territorio que comprendía "el girón de tierra" hasta el Morro de Unare, lo que implicaba la inclusión en la joven gobernación de la región de los Cumanagotos, zona que pertenecía a la de Venezuela desde 1528. Esta franja de tierra, entre los ríos Unare y Neverí, habitada por los indios cumanagotos y chacopatas, había despertado el interés de los españoles en diferentes ocasiones, pero su pacificación se había mostrado casi imposible. De las numerosas expediciones organizadas para ese fin, y los intentos por establecer en ella una fundación estable, sólo pervivió la que en 1585 erigieron los caraqueños con el nombre de San Cristóbal de la Nueva Écija de Cumanagotos. Por motivos que exceden al propósito de nuestro estudio, Caracas acabó por ceder el poblado y toda la región a Cumaná, y desde entonces la consolidación del área se convirtió en objetivo preferente de los gobernadores neoandaluces. 7 La labor del portugués Manuel Núñez Lobo, gobernador entre 1587 y 1589, se centró en el reforzamiento de aquella ciudad y para ello incorporó un mayor número de pobladores y la rebautizó con el nombre de San Felipe de Cumanagotos. Su misión en las tierras occidentales se completó a mediados de 1588 con la fundación de un nuevo centro: Nuestra Señora de la Victoria, a cuatro leguas del ya existente, aunque éste último no logró consolidarse. Contra la labor de Núñez Lobo se formó una vasta oposición, especialmente por parte de la Audiencia de Santo Domingo y del Cabildo cumanés. Fue acusado de no haber cumplido con lo pactado en su capitulación y, a pesar del apoyo que le dispensaron los propios pobladores, no pudo evitar ser separado de su gobernación. Los defensores de Núñez Lobo se convirtieron en fuertes opositores del recién llegado Vides, hasta el punto que serían los principales causantes de su caída en desgracia. La actividad pobladora del gobernador Francisco de Vides La llegada en 1592 del nuevo gobernador, Francisco de Vides, con un fuerte efectivo poblacional procedente de la metrópoli, iba a dar un importante impulso a la colonización del territorio, a pesar de que su gobierno está considerado como uno de los más conflictivos del Oriente Venezolano. La oposición que encontró a su llegada, más la que se ganó con su despó-LA DIFÍCIL COLONIZACIÓN DEL ORIENTE VENEZOLANO 7 Ojer, Pablo: La formación del Oriente Venezolano. Creación de las gobernaciones. Caracas, 1966, pág. 420 y ss. tico ejercicio del poder, lo implicaron en numerosas causas judiciales. Sin embargo, las acusaciones vertidas contra su persona no son suficientes para explicar los numerosos pleitos ni el duro castigo que sufrió por ellos. Es necesario analizar su actividad al frente de la gobernación para conocer las razones que le llevaron en tan numerosas ocasiones ante los tribunales y a terminar sus días entre rejas. La tarea no es sencilla. Ojer, que ha analizado gran parte de estos pleitos, afirma que es difícil valorar su gobierno pues, aunque los documentos son copiosos, también son contradictorios y contienen serios errores. 8 Nosotros vamos a intentar, a lo largo de estas líneas, analizar su política pobladora, el origen de las acusaciones vertidas contra su persona y, en último término, su aportación a la consolidación del oriente venezolano. Los primeros contactos de Vides con la Nueva Andalucía Francisco de Vides, nacido en torno al año 1539, en Trigueros, provincia de Huelva, debió embarcarse en edad relativamente temprana hacia América, y antes de la obtención del gobierno de Cumaná era ya un hombre con un prestigioso currículum. Había participado en la conquista de los caracas y en la fundación de la capital, donde ejerció el cargo de alcalde y contador, poseía encomiendas, tierras, hatos y casas en aquella provincia y había dirigido personalmente algunas expediciones contra los indígenas. Su relación con el oriente venezolano comienza a finales de 1589, fecha en la que la Real Audiencia de Santo Domingo lo nombra gobernador interino para suceder a Rodrigo Núñez Lobo. En febrero del año siguiente toma posesión del cargo, pero apenas unos meses después el organismo dominicano dicta la privación de empleo a causa de una querella que el gobernador de Cuba había interpuesto contra él, 9 por lo que tras la información de varios testigos, fue encarcelado. Los verdaderos autores de la acusación habían sido los partidarios de Núñez Lobo, enemistados con Vides por la dureza con la que éste había pro-cedido en el juicio de residencia de su antecesor. Se basaban aquellos en la complicidad que el triguereño había tenido en el juicio que el juez Agüero había seguido contra el hijo del gobernador de Venezuela, Juan de Rojas. La excelente defensa que ejerce su procurador, Miguel Azparren, ante la Corte, probando la ausencia de delito alguno con Agüero, el grado excesivo de la multa impuesta y la consideración acerca de que en el origen de este caso se encontraba el temor de los partidarios del ex-gobernador de Cumaná por el castigo que se les iba a imponer por su mala conducta, fue causa suficiente para que el Consejo de Indias declarara libre al inculpado, previa fianza y con obligación de presentarse ante la Corte para dar razón de sus actos. 10 Vides aprovecha su declaración ante el Consejo de Indias para pedir, de forma vitalicia y por capitulación, la gobernación de Cumaná. 11 Su justificación fue tan eficaz que no sólo se le restituye el gobierno de forma interina sino que lo obtiene en propiedad. Una capitulación a finales del siglo XVI Ricardo Zorraquín Becú señala que el sistema de nombrar gobernador por capitulación había concluído ya en 1574, siendo de 1565 el último pacto del que él tiene constancia. 12 Resulta interesante analizar por ello por qué la Corona seguía manteniendo, nada menos que en 1592, la vieja fórmula de capitulación y, además, en un territorio que ya le pertenecía, no dejando que la designación siguiese el curso administrativo habitual, es decir, el nombramiento por parte de la Audiencia de Santo Domingo, como, por otro lado, ya se hacía en las demarcaciones vecinas. La principal razón estriba en que para la Corona este territorio todavía no estaba descubierto, ni menos aún conquistado o pacificado. Lo estaba únicamente en la estrecha franja de tierra que formaba la costa, e incluso la totalidad de ésta hacía poco tiempo que podía ser considerada como plenamente incorporada. El interior de la gobernación y la totalidad de las islas de Trinidad, Granada y Tobago, estaban plenamente en manos indígenas. La Corona era consciente de su incapacidad para acometer la colonización del territorio sin la ayuda de los particulares, tal y como expresaba el Consejo de Indias: "sin que sea posible que estas cosas se hagan por mano ni cuenta de Vuestra Majestad". 13 Pero una capitulación exigía de la Corona la cesión de una serie de privilegios a manos de la otra parte contratante, y estas concesiones habían acarreado numerosos problemas a la administración en Indias a lo largo del siglo en curso. 14 Podríamos pensar que en las postrimerías de la centuria estas prerrogativas se habrían limitado, pero no fue así. Como veremos unas líneas más abajo, Vides no sólo quedaba investido con la autoridad civil, militar y judicial, y por dos vidas, sino que recibía la posibilidad de encomendarse indios en esta gobernación. Esto puede parecer contradictorio si tenemos en cuenta que desde algunas décadas atrás la legislación abogaba por la extinción de las encomiendas. Nosotros nos atrevemos a pensar que si la Corona se había mostrado tan espléndida en sus concesiones era porque no tenía intención de cumplirlas. Las obligaciones del gobernador eran excesivas y difícilmente podría llevarlas a cabo. La destitución del mandatario en caso de extralimitación en sus funciones, o de incumplimiento del pacto se abrían como magníficas oportunidades para la rescisión del contrato, como de hecho ocurrió con él y sus antecesores. La capitulación para descubrir, pacificar y poblar la gobernación de Nueva Andalucía El Consejo de Indias, que debía decidir acerca del mandatario que seguiría al frente de la gobernación neoandaluza, consideró a Francisco de Vides como el más capacitado por su edad, su experiencia y por las propiedades que había logrado reunir, ya que le serían "de gran socorro y ayuda M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 13 AGI, Indiferente, 741, N.o 276. 14 La bibliografía hace referencia en numerosas ocasiones a los conflictos que se originaron entre la Corona y los conquistadores a raíz del vínculo de las capitulaciones. Se pueden ver los siguientes trabajos: Gómez Pérez, Carmen, y Marchena Fernández, Juan: "Los señores de la guerra en la conquista de América", Anuario de Estudios Americanos, XLII, Sevilla, 1985, págs. 127-215; Marchena Fernández, Juan: "Los hijos de la guerra: modelo para armar", Congreso de Historia del Descubrimiento, T. III, Madrid, 1992, págs. 311-410; Serrera Contreras, Ramón María: "Derecho Premial y aspiraciones señoriales en la primera generación de la conquista", Congreso... citado, T. III, págs. 481-502; y Pietschmann, Horst: El Estado y su evolución al principio de la colonización española de América. México, 1989, pág. 112. para poder mejor cumplir y meter allí los ganados y irse socorriendo con los mantenimientos y cosas necesarias en que cualquiera otro sentiría gran descomodidad". 15 Pensando, además, que el documento debía firmarse con la mayor brevedad, para que el interesado y los pobladores partiesen junto a la primera flota hacia Indias, el Consejo comisionó al doctor Pedro Gutiérrez Florez y este preparó con el triguereño la capitulación aunque, antes, tuvieron que defenderse de una acusación dirigida contra el candidato a gobernador. Al organismo había llegado un memorial, firmado por el lusitano Juan López, que decía ser el procurador de la provincia cumanesa, en el que se atribuían a Vides ciertos "crímenes y defectos" y, aunque el acusador no disponía de credenciales que dieran autenticidad a sus graves acusaciones, pareciendo más bien que era uno de los partidarios del ex-gobernador Núñez Lobo, se decidió dar curso a una averiguación, encomendándosela al mismo doctor Gutiérrez. En el transcurso de la investigación llegaron al Consejo dos nuevos ofrecimientos para hacerse cargo de la gobernación neoandaluza, que serían rechazados. El de Juan Ponce de León, hijo de García Trobe, consistía, básicamente, en llevar 200 hombres desde la metrópoli y levantar otros 200 en el Nuevo Reino de Granada y en las provincias cercanas, y fundar con ellos dos poblaciones de 50 vecinos. Junto a la población introduciría también 1.000 vacas e igual número de puercos. Además, en un plazo no superior a los cuatro años, se comprometía a fundar el tercer asentamiento. En la misma línea, el tesorero de Cumaná, Baltasar Pérez Bernal, solicitaba el gobierno de Cumaná por tres vidas y a cambio se ofrecía a hacer tres poblaciones de 50 vecinos, embarcando en el puerto sevillano 50 hombres, otros 150 en un plazo de 5 años, y reclutando 50 más de las provincias vecinas. También se comprometía a llevar armas, así como a descubrir ostiales y minas. El comisionado no sólo no halló pruebas que culparan al onubense, sino que encontró mayores motivos para firmar cuanto antes la capitulación y que el gobernador partiese para el problemático territorio. Felipe II rubricó el documento con Francisco de Vides el 23 de marzo de 1592, apenas tres meses después de que el Consejo informara al rey favorablemente en este sentido. 16 Una copia de la capitulación puede verse en AGI, Caracas, 2. Libro de Nueva Andalucía, y otra en AGI, Contratación, 5235. El principal objetivo que se recoge en el documento es que Vides prosiguiera el "descubrimiento, pacificación y población" en Tierra Firme y comenzara el de los territorios insulares encomendados. La consecución de tal fin, y de acuerdo al ofrecimiento hecho previamente por Vides a la Corona, obligaba al firmante a transportar pobladores, armas y ganado, a su costa, en la flota de Tierra Firme, y con ellos fundar, de acuerdo con las normas existentes, al menos tres poblaciones. Vides llevaría consigo desde la metrópoli 200 hombres -50 de ellos casados-, algunos labradores, y 6 religiosos, y levantaría posteriormente en América otros 200 pobladores más. Fundaría la primera población en Puerto Píritu, con 80 vecinos y en el plazo de 3 meses, con el fin de preparar la entrada al Dorado; la segunda en la costa norte de Trinidad, con 150 casas y en el plazo de 6 meses; y la tercera en la provincia de Cumaná, con 80 vecinos, en el plazo de dos años, "sin que para esta ni las demás poblaciones hayais de sacar vecinos ni disminuyan las que al presente existen". La mitad del vecindario de estos centros estaría ya casado y Vides debería procurar que el resto también lo hiciera. Para el sustento y mejor desarrollo de las fundaciones se comprometía a introducir 1.000 vacas en el plazo de dos años: 300 para Puerto Píritu, 200 para Trinidad y las demás para la provincia de Cumaná y la nueva ciudad. Junto a estas reses metería 100 puercos, 100 yeguas, borricas, garañones y, por lo menos, 200 ovejas y cabras, animales que serían repartidos entre los pobladores. En la realización de todo ello debía de gastar los 20.000 ducados que había ofrecido y llevar un libro de gastos donde quedaran reflejadas las partidas de egresos. A cambio de estas obligaciones, el monarca ofrecía las siguientes mercedes: el título de gobernador y capitán general por dos vidas, con un salario de 2.000 ducados anuales; posibilidad de encomendarse hasta 400 indios, así como conservar los que ya poseía en Venezuela, y de encomendar indios vacos a otras personas; facultad para realizar ciertos nombramientos; licencia para repartir tierras entre los pobladores; y facilidades para conseguir bastimentos a precios justos en la metrópoli, así como introducirlos en la gobernación por espacio de 10 años. El título de gobernador, firmado algunos días después, 17 era ya, por sí solo, una fuente de prerrogativas. Entre ellas cabe destacar el ejercicio de la justicia, tanto civil como criminal; recibir los derechos anejos al cargo; M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 17 AGI, Caracas, 2. Libro de Nueva Andalucía. Título de gobernador y capitán General, Madrid, 12 de abril de 1592. la orden de no poderle poner embargo "ni contradicción alguna"; y el privilegio de poder expulsar a las personas no gratas de la gobernación. Estas capitulaciones son un documento de sumo interés para conocer el estado de la gobernación, las ambiciones de su primer mandatario y la política de la Corona. En ella quedan reflejados los problemas que acuciaban al territorio: la inestabilidad de sus escasos y pocos centros poblados, el corto número de cabezas de ganado, la amenaza indígena, la necesidad de defensa, así como los sueños que albergan los nuevos pobladores, es decir, la preocupación estratégica, la atracción que ejerce el Dorado, etc. Apresto de dos navíos para el viaje de los colonizadores hacia la Nueva Andalucía Firmada la capitulación, comenzaron los preparativos para reunir a los 200 pobladores que acompañarían a Vides y para el apresto del navío en el que realizarían el viaje. La Corona -y el mismo Vides-deseaba que todo ello se desarrollase en el menor espacio de tiempo posible. El 12 de abril se dictó una real cédula que eximía al recién nombrado gobernador de arbolar bandera y de tocar instrumento alguno, para poder reclutar los pobladores con la mayor brevedad. Sólo se exigía que éstos se enviaran al puerto de Sanlúcar "ya divididos en forma de pobladores" para, una vez allí, ser alistados. 18 A la Casa de Contratación se enviaron diversas órdenes. En unas se comunicaban las prerrogativas que tenía concedidas Vides y en otras se pedía al organismo sevillano que facilitase su salida. El 12 de abril se le ordenaba que, ya que había partido la flota de Tierra Firme, con la que estaba previsto que este contingente realizara la travesía, permitiese salir el navío en solitario o en conserva de la de Nueva España. 19 Días después se volvía a informar de otra de las mercedes concedidas en la capitulación: que durante diez años podría enviar dos navíos en conserva de flota con bastimentos y cosas necesarias para la gobernación. 20 Un mes después se notificaba que "atento a que la costa de la dicha provincia es de muchos bajíos" se había permitido que fuesen dos navíos de menor porte, en lugar de uno, no pudiendo exceder ninguno de los dos de las 120 toneladas. 21 último, a finales del mes de mayo se avisaba al organismo sevillano que Vides estaba eximido de llevar pilotos y maestre examinado, así como artillería, a causa de los gastos que de ello le seguirían. 22 El 28 de agosto se hallaba todavía Vides en Sevilla, ultimando el despacho de sus dos navíos, cuando recibió de la Casa de Contratación la autorización de partida. En la documentación que tuvo que rendir el gobernador en el momento de su salida se encuentra la información acerca de las personas y avituallamiento que componían la expedición. En la anotación de los datos de estos pobladores no se hicieron las comprobaciones oportunas. Vides se excusó en este sentido alegando que procedían de provincias muy alejadas y que intentar ciertas averiguaciones retrasaría enormemente su marcha y, aunque es posible que no le faltase razón, lo es también que tratara de ocultar con ello lo mal provistos que iban sus hombres. La lista completa de los pobladores estuvo ultimada el 13 de octubre, fecha en la que el gobernador firmó dos certificados -uno por cada barcocon los nombres, apellidos, lugar de origen de los pobladores, sus mujeres e hijos, así como del maestre que se hacía cargo de la embarcación. 24 El onubense partió del puerto gaditano el 14 de noviembre y llegó a Cumaná el 18 del mes siguiente. 25 En las embarcaciones "Nuestra Señora de la Concepción", a cargo del maestre Jaime de Rivas, y "Nuestra Señora del Rosario", del maestre Jorge Veneciano, el gobernador llevaba consigo "200 pobladores" que, en realidad, eran 286 personas, pues no se contabilizaban como tales las mujeres ni los hijos. De estas, 111 (hubieran sido 112, pero la mujer de uno de ellos murió antes de hacerlo) se embarcaron en la primera y 175 en la segunda. Real cédula a la Casa de Contratación. 24 En tres fuentes diferentes hemos podido encontrar la lista de estos pobladores. La que consideramos más fiable es la documentación contemporánea que se conserva en el Archivo de Indias, Contratación, 5235. Es un traslado de las reales cédulas, capitulación, y certificado de pobladores que Vides entregó a la Casa de Contratación para obtener la licencia. Este mismo expediente se encuentra transcrito en la Colección de documentos inéditos para la historia de Hispano-América, tomo IX, publicado por Luis Rubio Moreno: Pasajeros a Indias. Por último, la lista también se encuentra en el Catálogo de pasajeros a Indias, vol. VII, 1586-1599, a cargo de M.a del Carmen Galbis Díez. Sin embargo, no sólo contiene algunos errores de transcripción sino que, además, está incompleta. Con los datos aportados por la documentación podemos analizar el sexo, estado civil, lugar de origen y, en algunos casos, grado de estudio alcanzado y edad de los pobladores. De la totalidad de estos conocemos los dos primeros parámetros, y del 84,2% también el lugar de origen. Composición de la expedición El primer dato de interés que se desprende de los 286 acompañantes del gobernador es que eran mayoritariamente varones, adultos y solteros, y que los casados viajaban con sus esposas e hijos. Esto respondía a la nueva orientación de la Corona española, que tenía un objetivo claramente repoblador, y que no quería que se repitieran los desórdenes cometidos por los primeros conquistadores en América, entre los que se alcanzaron cifras muy altas de amancebamiento, bien por tener ya esposa en España, bien por no tener interés en contraer matrimonio. Es ya conocido como la incitación a la celebración de este sacramento en Indias había dado origen a un porcentaje significativo de personas que habiendo contraído nupcias en su lugar de origen, lo habían vuelto a hacer en los nuevos territorios, convirtiéndose éste en uno de los motivos de mayor persecución por parte del Santo Oficio. 27 LA DIFÍCIL COLONIZACIÓN DEL ORIENTE VENEZOLANO 26 En realidad 254 aparecen con su lugar de origen, pero en 13 casos (el 4'5%), no hemos podido determinar con exactitud la población a la que se refieren. El resto, es decir 32 pobladores, no presentan datos pero, al tratarse de los hijos, presuponemos que en su mayor parte serían del mismo que sus padres. Esto reforzaría aún más el valor de los datos obtenidos con sus progenitores. 27 Ver Gómez Pérez y Marchena Fernández: "Los señores..."; y Marchena Fernández: "Los hijos de...". Efectivamente, un 89'9% eran adultos. De éstos, algo más de la mitad, es decir 150, estaban solteros (un 58'8%), 50 viajaban con sus respectivas mujeres (uno es el que había quedado viudo justo antes de embarcar) y 6 vestían los hábitos religiosos. De las 50 parejas (contando como tal también la del viudo), 17 viajaban con sus hijos menores, con una media de hijos por pareja en torno a los 1'8, y una media de edad que rondaba los 6 años y medio. Es de señalar igualmente que las edades de los hijos abarcaban desde los 19 años a los 2 meses, y que eran mayoritariamente niñas (58%). Entre las huestes de conquistadores-pobladores de la primera mitad de siglo, y la de Vides, de 1592, existen ya claras diferencias. El hecho de que un 10% de los emigrantes sean menores, una cuarta parte de los varones viajen con sus mujeres, y que el 23'4% del total sean mujeres y niñas, indica claramente cual es la orientación pobladora de la Corona. Origen de los pobladores De acuerdo con los datos relativos a su lugar de origen, podemos afirmar que casi la totalidad de los pobladores eran castellanos. Entre ellos destaca la Andalucía occidental, Extremadura y algunas provincias del centro peninsular, lo que parece no alejarse de las cifras obtenidas por Boyd-Bowman para la primera mitad de siglo. 28 Se puede destacar, casi como anecdótica, la presencia de algunos valencianos, cántabros, gallegos y asturianos, así como la simbólica de un par de murcianos y canarios, un catalán, un vasco, un riojano y un gascón. Al grupo más importante nos referiremos a continuación. Los acompañantes de Vides procedentes de tierras andaluzas y extremeñas son, sin duda, los más numerosos. El 36'9% obtenido para los andaluces es similar a las cifras de Boyd-Bowman, aunque el 24% de los extremeños es claramente superior. Hay que remontarse a las huestes de los grandes conquistadores para encontrar tal proporción de extremeños. La razón resulta obvia. El propio gobernador procedía de la zona más oriental de Andalucía, casi vecina con Extremadura, lo que habría favorecido la incorporación de estos. M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 28 Boyd-Bowman, Peter: Índice geobiográfico de 40.000 pobladores españoles en el s. XVI. En Andalucía, más que en el resto del territorio peninsular, resulta indispensable analizar los datos con mayor detenimiento porque de sus ocho provincias, sólo dos -Sevilla y Huelva-aportaron las tres cuartas partes del total y, si distinguimos entre la Alta y Baja Andalucía, obtendremos el dato de que de la primera sólo salieron un 11'2%, mientras que de la segunda lo hicieron el 88'7. Las provincias que mayor número aportaron fueron, en orden descendente, Badajoz, Sevilla, Huelva y Cáceres. Y de ellas es necesario destacar que en Sevilla capital se enroló el mayor contingente poblador. El peso de Andalucía, como afirma Solano, 29 fue notable. El porcentaje es similar al ofrecido en su trabajo: uno de cada tres pobladores embarcados con Vides era andaluz. Lo que hace variar a esta expedición de los datos globales para el siglo XVI, fue la menor participación sevillana. Si la tónica general indica que uno de cada cinco procedían de esta provincia andaluza, y de cada seis de la capital, con Vides sólo lo hicieron uno de cada seis en el primer caso y uno de cada ocho en el siguiente. La causa radica en la mayor importancia de la provincia de Huelva en esta emigración. A Sevilla le siguieron Fuente de Cantos, en el término de Badajoz, y Brozas, en el de Cáceres. No pueden dejar de citarse tampoco los 10 pobladores procedentes de Mérida, en Badajoz, y los 8 de Trigueros -uno de ellos el propio gobernador-. Algunas de estas pequeñas poblaciones debieron sufrir un importante esquilmo en su población. De Fuente de Cantos, por ejemplo, salieron 8 familias más 8 varones solteros. Es curioso, incluso, si uno se detiene en el análisis de los apellidos, comprobar que gran parte de ellos estaban emparentados entre sí. Las redes familiares se extendían, incluso, a varias poblaciones cercanas. Entre los naturales de Mérida, por ejemplo, encontramos parentesco con los de Fuente de Cantos. Parece ser que la posibilidad de viajar junto a personas de la misma sangre animaba a la aventura de dejar sus paupérrimas tierras y buscar mejor fortuna en un nuevo territorio que, aunque lejano, ofrecía aún el espejismo del famoso Dorado. De la zona castellano-leonesa se alistaron 65 personas, mayor número que de la extremeña pero de menor importancia relativa, teniendo en cuenta el amplio espacio geográfico que comprende. Con todo, resulta indispensable destacar la aportación de provincias como Madrid, Toledo y Zamora. La villa de Madrid y sus alrededores -Alcobendas, Barajas, Ciempozuelos, Getafe y Alcalá de Henares-contribuyeron con 15 pobladores. La ciudad de Zamora y Santovenia, con 10, y Toledo capital con 7 más. El resto de los pobladores que acompañaron a Vides, es decir el 12%, procedían de diferentes puntos del norte, levante y territorios insulares de la Corona española. Aunque muy diseminados, pueden destacarse los 7 valencianos, y los 4 de Castro Urdiales, en Cantabria. Una última consideración acerca de la composición social de la expedición pobladora nos permite afirmar, siguiendo a Pietschmann, 30 que el grupo era un reflejo de la sociedad peninsular, a caballo entre el feudalismo y el incipiente capitalismo, y que se enmarcaba dentro de los parámetros pobladores establecidos por la Corona. En la expedición no se incluyeron ni la rancia nobleza la moderna burguesía. Hacia Venezuela no se trasladaron, por tanto, ni clases privilegiadas, ni las nuevas clases económicas que pujaban por hacer de América un precioso mercado. Se trataba, únicamente, de colonizar un territorio para ponerlo bajo la bandera del Imperio, y de impedir que en él se repitieran los abusos sociales que existían en la Península. Vides en la región de Cumanagotos Francisco de Vides llegó en diciembre de 1592 a una gobernación que sólo contaba con una provincia, la de Cumaná, y dos ciudades de españoles, Cumaná y Nueva Ecija de los Cumanagotos. La mayor de ellas, Cumaná, que era la capital, tenía 200 habitantes. La realidad era, por tanto, compleja y el trabajo por realizar ingente. Tal y como rezaba su capitulación, su primer objetivo debía dirigirse en dirección oeste, hacia la zona que habitaban los cumanagotos. Uno de los primeros actos de su gobierno fue el de enviar a 100 de los 200 pobladores que había traído consigo hacia la ciudad de la Nueva Ecija. 31 De forma paralela, Vides había organizado dos expediciones. La primera, a cargo de Gerónimo de Campos, se dirigiría hacia los llanos del interior, en busca del Dorado. La otra, a cuya cabeza marcharía él personalmente, tendría un objetivo eminentemente poblador. A pesar de haber escrito a la Corona en enero de 1593, anunciando que se encaminaba hacia la zona occidental, no fue hasta 1594 cuando tenemos certeza de su llegada. De acuerdo con Ojer, 32 Vides buscaba el sitio más a propósito para la fundación de su primera ciudad, y el lugar denominado por los indígenas "aripata" le pareció el más conveniente por hallarse junto al río Unare. 33 El emplazamiento no debió estar muy lejos de la actual localidad de Clarines, a una cuantas leguas tierra adentro, con un claro sentido estratégico: aprovechar el río como vía de comunicación, resguardarse de los ataques por la costa y preparar las entradas hacia las tierras del interior. La ciudad fue fundada el 7 de abril con el nombre de Nuestra Señora de Clarines, con 60 vecinos. Para los primeros cargos de la población, de acuerdo con el acta de fundación estudiada por el padre Ojer, 34 fueron escogidos algunos de los pobladores que acompañaron a Vides. Lorenzo García de Castilla, procedente de Fuente de Cantos, fue nombrado regidor; Bartolomé Hernández, de Almenara (Castellón), alcalde de Santa Hermandad; y Juan Rodríguez, pontevedrés, procurador general. Apenas dos años más tarde, el gobernador envió a su teniente, el capitán Lucas Fajardo, hacia esta zona, para fundar una nueva ciudad, en una posición intermedia entre la de Clarines y Cumaná. El lugar elegido sería la ribera del río Guatapanare o Salado, no lejos de la margen derecha del Neverí, en el que actualmente ocupa la localidad de Pozuelos, vecina de la de Barcelona. 35 En realidad, más que de una fundación, se trataba de la reunión y traslado de las dos pequeñas poblaciones existentes -Nueva Ecija de los Cumanagotos y Nuestra Señora de Clarines-, a una posición más oriental. Con ello, Vides perseguía varios propósitos. De un lado formaba una ciudad algo mayor que las dos anteriores, que sobrevivían en una situación muy precaria, y, de otro, sumaba a su curriculum una fundación. En una carta remitida al monarca en abril de 1596 se argumentaba que la población de Clarines había disminuido tanto, que para librar a los que quedaban del peligro indígena se había decidido incorporarlos a la ciudad de Cumanagotos. 36 La ciudad debió quedar abandonada entre marzo y mayo de este año. 37 La nueva fundación, llamada Nueva Frechilla de San Cristóbal de Clarines, no resultó muy acertada. A muchos pobladores les disgustó la actitud tiránica del gobernador al obligarles a salir de los anteriores empla- Desde su fundación, el procurador de la ciudad, Gaspar de la Esquina, había trabajado afanosamente para dotarla de medios y asegurar así su supervivencia. Sus desvelos tuvieron su recompensa en agosto del año siguiente cuando por diversas reales cédulas la ciudad obtuvo de la Corona armas, municiones, vino, aceite, ornamentos y contribuciones de la Real Hacienda para la fábrica de la iglesia. 39 Sin embargo, desde hacía tiempo la huída de sus habitantes se había convertido en uno de los mas serios inconvenientes para la continuidad de la fundación. Una de esas reales cédulas instaba al gobernador a que señalara un breve plazo a los desertores para volver a la ciudad. Pero el mandatario cumanés, en la fecha en que se recibieron estas órdenes reales ya había sido cesado. Como consecuencia de las acusaciones vertidas contra su persona, fundamentalmente por las contenidas en la información levantada por el gobernador de Venezuela en marzo de ese año, se había dictado el 9 de julio la destitución, y pocos meses después se procedió a someterlo a juicio de residencia. Acusaciones de antiguos pobladores contra Vides Once fueron los testigos que declararon bajo juramento ante el gobernador de Venezuela Diego de Osorio. 40 Esteban Lorenzo, de 26 años, y Juan Pascual, de 24 o 25, eran vecinos de la Nueva Ecija cuando llegó la expedición. Francisco Marín, de 25, llegó a la gobernación poco después que el nuevo gobernador. El resto era parte de la expedición trasatlántica. Domingo de Santamaría, de 37, y Andrés de Sotomayor, de 44, eran vallisoletanos y habían llegado con su mujer e hijos a Cumaná en el navío M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 38 Solano: "El conquistador...", pág. 20. "Nuestra Señora del Rosario". Miguel de la Cuesta, de 22 años, era uno de los solteros que también había viajado en ese barco. Cristóbal Rodríguez de Orihuela procedía de Beas de Huelva, tenía 30 años, y había venido a las Indias con su mujer e hijos en la misma embarcación que Vides. Pedro de Menyugo, de 24, procedente de Santo Domingo de la Calzada, en Logroño, y Gaspar de Torres, de 30, natural de Salinas de Guadiana, también venían en el mismo barco. Los dos restantes -Juan de Ariño, de 24, y Francisco Moreno, de 50-habían sido igualmente soldados a las órdenes de Vides. En el momento de la declaración todos ellos estaban ya avecindados en la ciudad de Caracas. Los once testigos "dolos" fueron interrogados en torno al asunto que se seguía contra Vides, y todos ellos ofrecieron respuestas similares. Irregularidades en el viaje desde Sanlúcar De acuerdo con las declaraciones de estos antiguos pobladores, en el viaje realizado desde Sanlúcar de Barrameda hacia el nuevo destino, Vides había cometido numerosas irregularidades. Unas afectaban directamente a la Corona y otras personalmente a los colonizadores. La Corona debía sentirse afectada porque el triguereño sólo había llevado 100 de los 200 pobladores estipulados en la capitulación, con una cifra de casados entre 15 y 22 -pudiendo, según ellos, tratarse en algún caso de amancebamiento-y con un único clérigo, "un tal Perdomo". 41 La composición y las armas que estos llevaban también se había falseado. A falta de soldados, Vides anotó como tales a ciertos pasajeros. Domingo de Santamaría confiesa ser uno de ellos. Los barcos tampoco llevaban las armas preceptivas. Casi todos los soldados tenían espada y daga, pero sólo algunos poseían escopeta, y eso porque, según denunciaba Sotomayor, el gobernador les había obligado a comprarlas. Junto al engaño que el onubense causaba a la Corona con el número de pasajeros, y la indefensión de la expedición, ellos se sentían afectados por el trato recibido. Por la capitulación firmada, Vides se había comprometido a correr con los gastos del transporte de los pobladores pero, no sólo había cobrado el flete a un gran número de ellos, sino que les había arre-LA DIFÍCIL COLONIZACIÓN DEL ORIENTE VENEZOLANO 41 A pesar de la unanimidad de las declaraciones, en este punto es muy posible que los acusadores no llevasen razón. La documentación contemporánea parece estar del lado de Vides y, por tanto, de que llevó los 200 pobladores que declaró en su informe antes de partir del puerto gaditano. batado su matalotaje, haciéndoles pasar hambre y había llegado aún más lejos: alimentó a la tripulación con los avituallamientos de los pasajeros, racionó en exceso la comida, provocando hambre, y vendió la sobrante al llegar a Cumaná. Andrés de Sotomayor se aventuró incluso a calcular las raciones: cada pasajero había metido un quintal de bizcocho para sí, y Vides no les entregó sino una libra diaria, y eso "que no les dio ración treinta días cabales". El viaje tampoco había resultado confortable. Algunos soldados estuvieron "desacomodados" en beneficio de unos mercaderes y otros pasajeros que habían pagado su flete. Sobre el precio que los colonizadores habían pagado al gobernador, bien por el viaje, bien por la obtención de una licencia a la llegada para abandonar la gobernación, los testigos ofrecieron numerosos testimonios. De ellos se deduce que a la salida del puerto andaluz, y para costear el pase por su conflictiva barra, les cobró 4 reales a cada uno, o bien ciertas prendas a los que no dispusieron de tal cantidad. Por el flete había exigido entre 10 y 50 pesos, según las posibilidades del que tenía que abonarlos. También en este caso admitió cantidades en especie, normalmente en forma de tabaco. Sobre los pagos recibidos en concepto de licencia hay menos ejemplos. Hubo un caso de 100 pesos y otro en que la otorgó a cambio de una escopeta. Y, según estos antiguos pobladores, Vides no había hecho más que comenzar con sus sucios y falsos negocios. Críticas a la actividad pobladora. Fundaciones y causas de la despoblación La actividad pobladora de Vides no recibió menores críticas. Todos admitieron que llegó a fundar la población de Clarines en la región de los cumanagotos, aunque no exactamente en Puerto Píritu, sino "cuatro leguas más adentro, en el río Unare", y más de un año después del plazo señalado. Sin embargo le acusaron de haber falseado la fundación, ya que se trató de una simple mudanza de lugar y nombre, con el agravante de haberla realizado a la fuerza y con la oposición de sus vecinos. Marín llegó a afirmar que "la despobló contra la voluntad de los pobladores, con los que anduvo a mojicones sobre ello hasta la despobló y la mudó", y Cuesta recordó los desprecios que sufrieron, como cuando llegó a recriminarles que aquello no M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 42 AGI, Santo Domingo, 15. Declaración de testigos... era una ciudad sino una ranchería. Todos concordaron al afirmar que muchos de los habitantes de la Nueva Écija huyeron con posterioridad. Los testigos también se complacieron en reseñar que poco después se despobló, culpando única y directamente al triguereño. Uno de ellos apuntaba que fue "por estar en mal sitio, por peligro de indios, por enfermedad y por hambre" y otro "a causa de no mandar enviar el socorro que le pidieron". Sólo un testigo hace mención del compromiso de Vides respecto a la fundación en Trinidad, y Domingo de Santamaría lo acusó de no haber realizado ninguna población a causa de su enfrentamiento con Antonio de Berrío. El resto sí menciona el hecho de que no había levantado ninguna población en Cumaná, ni en la costa, y todos se aventuran a asegurar que tampoco tendría ocasión de hacerlo "a causa de no tener gente para ello", porque no quería "hacer gasto con los soldados", ni tampoco "gana de ello". Pero la principal causa que motivó las huidas de los colonizadores, y por tanto el fracaso de los asentamientos, parece ser el desabastecimiento con que el gobernador castigó a las fundaciones. El mandatario cumanés no sólo no los abasteció con el ganado que se había comprometido en su capitulación, sino que utilizó un ardid para justificarse ante la Corona que encendió aún más la cólera de los pobladores. El subterfugio consistió en la introducción de 200 o 300 vacas en Clarines, para llevárselas días más tarde, una vez recogido el testimonio de la entrada. No repartió ninguna vaca, cerdo, oveja, o cabra entre los pobladores. Sólo dejó allí, para el consumo, las que pudieron pagarle. Los vecinos debieron quedar, de acuerdo con el ímpetu que colorea sus acusaciones, con un sentimiento a medias entre la rabia y la desolación. Habían esperado el ganado para saciar su hambre, y poder prosperar con la economía ganadera pero, no sólo no lo habían conseguido, sino que se sentían burlados. Unos, como Sotomayor, señalaban que se lo había llevado a Cumaná para venderlo "porque Vides oyó decir que le habían de valer más de 12.000 ducados" y otros que no era suyo. Miguel de la Cuesta afirmaba que era de un tal Trujillo, que se lo había dado a cambio de la vara de alguacil, y, tanto Orihuela como Moreno, que pertenecía a un tal Hernando de Chaves. El único abastecimiento que se dignó ofrecer fue el maíz, y para ello no sólo había utilizado los mismos falsos procedimientos de siempre, sino que la cantidad que entregó fue irrisoria. Menguyo dijo que "no les daría sino solamente una fanega de maíz para cada mes y si hasta daba era lo que LA DIFÍCIL COLONIZACIÓN DEL ORIENTE VENEZOLANO Tomo LIV, 1, 1997 vendía a los soldados". Cuando en una ocasión Miguel de la Cuesta le pidió "un poco de maíz, le maltrató y le dijo que se fuese a Castilla". A Orihuela en la misma circunstancia le contestó que se alimentara de raíces. Vides, sin embargo, de todo conseguía testimonios a su favor. Se valía de ciertas tretas para hacer pasar una venta por donación. Abonó con ciertas cantidades de lienzo a unos soldados el trabajo realizado a cambio de que éstos firmaran que se les había dado de forma graciosa. Por otro lado, cuando un soldado necesitaba de este tejido y no se le debía nada, el onubense se cobraba en gallinas. En el surtimiento a sus soldados, Vides actuó como un auténtico mercader. Les vendía "a excesivos precios" y les llevaba, a cambio, sus pobrezas. Miguel de la Cuesta cita como ejemplo que él le había comprado en 25 pesos un vestido que al gobernador le había costado 9. Los habitantes de Clarines, abandonados como se sentían, y en situación muy precaria, lucharon por su continuidad. El Cabildo de la ciudad comisionó al alcalde, Bartolomé de Almenara, para que se presentara ante Vides en solicitud de socorros, pero el extremeño solo consiguió que el gobernador lo enviara a prisión y calificara a los pobladores de "bellacos, comilones, destruidores de sus gobernadores y capitanes". 43 Junto al abandono con el que estaba sentenciando la continuidad de la población, la máxima autoridad civil era responsable de otro grave problema que amenazaba a su población: los ataques indígenas. Los naturales recelaban de estos españoles a causa de que la expedición encabezada en 1593 por Gerónimo de Campos, había intentado paliar su fracaso con el rescate de varios indios, algunos de los cuales fueron entregados como esclavos a la esposa del gobernador, Elvira de Montes. El carácter del gobernador como causa de despoblación Por encima de las adversidades, lo que más pareció incomodar a los vecinos fue la actitud de su gobernador. El trato dispensado a los soldados y pobladores parece ser el principal motivo que argumentaban para justificar su huída. Todos recogen en sus declaraciones que era "insufrible", que los trataba mal "de palabra y de obra", que "usaba de demasías e términos tan malos que fue causa para lo dejar solo". Sotomayor llega a decir que "con los vecinos y soldados es de mala condición y les toma sus haciendas M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 43 Ibidem. Testimonio de Juan Pascual. y así se van huyendo a la Margarita". Por lo demás, también concuerdan en afirmar que con un trato más cuidadoso no sólo no se habrían marchado, sino que incluso hubiera recibido efectivos de fuera de la gobernación. Santamaría se lamentaba de que "si tuviera condición afable y acariciara a los soldados no se le hubieran ido, y de cada día vinieran a su gobierno otras personas de otros lugares por donde se viera ocasión de acrecentarse la gobernación con pueblos que se poblase". El suceso que parece haber afectado con mayor intensidad a los antiguos pobladores de Vides fue su decisión de trasladar Nueva Ecija. Según relatos de los testigos, el gobernador había encontrado 60 ó 70 hombres baquianos y de guerra en aquella fundación, debiéndose limitar su función a socorrerlos con algunos pobladores, bastimentos y armas, pero Vides no sólo no los socorrió con lo más necesario, sino que los obligó a trasladarse a un nuevo emplazamiento. En sus declaraciones los testigos recordaron con rabia cómo el gobernador les había expulsado de la población y cómo algunos de ellos habían decidido por ello abandonar la gobernación. La principal consecuencia, por tanto, de la fundación de Clarines fue la importante pérdida de efectivos humanos para la gobernación. El desabastecimiento con que continuó castigando a la nueva ciudad, así como el mal trato dispensado durante los dos años que subsistió, fue un nuevo aliciente para la huída de otro grupo de pobladores. Esto, unido a que no intentó reclutar en las vecinas gobernaciones los 200 pobladores a que se había comprometido, significó que los efectivos humanos a finales de 1596 y principios de 1597 eran muy escasos. Sus acusadores apenas si contabilizaban entre 8 y 20 pobladores con los que emprender las siguientes fundaciones. A pesar de que las declaraciones de los testigos pudieran estar animadas por la cercanía de los acontecimientos, lo que sí parece cierto es que Vides debió tener un carácter insufrible y que gobernó tiránicamente en Cumaná, enfrentándose, despreciando y vilipendiando a las autoridades no sólo locales sino incluso a las que se enviaron desde la Audiencia de Santo Domingo. No vamos a entrar aquí en las polémicas que levantó su actuación al frente de la gobernación, ni su enfrentamiento con el gobernador Antonio de Berrío, ya que desviaría nuestra atención del aspecto que nos ocupa, pero sí cabe destacar que fue esa actitud la que dio al traste con sus ambiciones pobladoras. Sus pobladores actuarían como testigos en contra suya y la justicia dominicana se mostraría especialmente firme con una persona que tantas veces la había despreciado. Destitución y proceso contra el gobernador A pesar de que fue la información de testigos levantada por el gobernador de Venezuela la que dio curso a la destitución el 9 de julio de 1597, eran numerosas las personas e instituciones que la habían estado preparando desde poco tiempo después de su llegada al territorio neoandaluz. 44 Antonio Silveira de la Cerda que, recordemos, era sobrino de Núñez Lobo, había presentado a principios de 1594 una memoria en la Audiencia de Santo Domingo en la que trataba de probar que no había cumplido con lo capitulado. 45 Por su parte, el fiscal del tribunal dominicano, abiertamente contrario a la actuación del triguereño, agregado a las acusaciones mencionadas la de estar implicado en negocios de contrabando y la de estar obstaculizando la comunicación de los vecinos de su gobernación con la Audiencia, porque interceptaba la correspondencia. 46 El tribunal dominicano puso en marcha diversas averiguaciones, que si bien iban a encontrarse con numerosos obstáculos, terminarían consiguiendo la destitución y encarcelamiento del acusado. En marzo de 1594 se comisionó a Pedro de Arce que comprobase la veracidad de los cargos imputados por Silveira y el fiscal de la Audiencia, ya que tenía a su cargo otras causas relativas a funcionarios y autoridades cumaneses, y, paralelamente, se confió al madrileño Ventura Maldonado Matute un importante cuerpo de causas, entre las que destacaban una contra Vides por incumplimiento de la capitulación y otra por el embargo impuesto por el gobernador contra Silveira de la Cerda. 47 Maldonado abrió un juicio contra Vides en la isla Margarita en junio de 1595. Poco después tuvo que suspenderlo por motivos ajenos al caso, pero antes de pasar a Cumaná tuvo tiempo de levantar una información de testigos contra Vides. 48 El juez sabía que su comisión no iba a ser sencilla. Vides había provocado vergonzosos incidentes incluso ante la decisión del obispo de Puerto Rico de cursar una pesquisa religiosa. Los habitantes de la gobernación estaban tan asustados que no se atrevieron a colaborar en esta investigación judicial. No sólo no se prestaron a declarar ante el juez, sino que llegaron a negarse a venderle víveres por temor a la reacción de su gobernador. Silveira de la Cerda llegó a excusarse ante Maldonado por no ir a Cumaná argumentando que Vides lo había amenazado. El juez tuvo que regresar a la Margarita para continuar desde allí sus averiguaciones. En la isla coincidió con el juez Liaño, que portaba la comisión de investigar el contrabando de Tierra Firme. Pronto pudo constatar que el gobernador de Cumaná estaba inmerso plenamente en estos negocios. 49 Pero acusado no se dejó acorralar. Aprovechó la coyuntura para lanzar encendidas quejas a la Corona sobre la actuación judicial que, según él, sólo conseguía retrasar la actividad pobladora. El ofrecía acción rápida frente a la lentitud de la actuación judicial. Pero la Corona optó finalmente por frenar la prepotencia de su gobernador. El rey ordenó por real cédula de 3 de marzo de 1598 al juez Diego de Prado someter al onubense a un juicio de residencia. 50 El juez comisionado dictó la destitución. Lo condenó, entre otras causas, por su conducta con el juez Maldonado, a pagarle los gastos, salarios y perjuicios incurridos en su comisión; 51 le impuso una multa de mil pesos en favor de la Iglesia de Cumaná; 52 lo remitió preso a Margarita y, aunque consiguió evadirse, finalmente fue enviado a España encadenado. El juicio de residencia y la sentencia Pocos meses después de dictarse la destitución, se inició el juicio de residencia contra Vides. 53 El rey encomendó el proceso al doctor Diego de Prado y este juez, después de analizar el conflictivo caso, dictó 26 cargos contra el gobernador: 54 entre estos se puede destacar el no haber impartido justicia con objetividad, no haber castigado pecados públicos, no obedecer cédulas y provisiones públicas, no haber quintado perlas, no haber hecho poner archivo público, haber insultado y haberse ausentado. El resto tenían todos un claro beneficio económico: cobrar por otorgar oficios públicos y licencias, sobornar, vender a precio superior o pagar menos de lo debido, hacer regatonería, no abastecer a las nuevas poblaciones y haber consentido en hacer repartimientos en más cantidad de la permitida. En las condenas dictadas por el juez encontramos algunas remisiones al dictamen del rey, a las demandas públicas, o a las sentencias sobre el caso en cuestión. En la mayor parte de los cargos se impusieron penas pecuniarias. El juez consideró oportuno recomendar a Felipe II "tener atención en el reo", ya que en las ocasiones de guerra había acudido bien y diligentemente a la defensa de aquella tierra con su persona, armas y municiones. Sin embargo, lo condenó con la privación perpetua de cargo de guerra y justicia, lo declaró indigno de los oficiales reales, y decretó su ingreso en prisión. Como se ha indicado, en la isla Margarita consiguió evadirse pero, tras el pregón que declaraba reo de alta traición a la persona que lo ocultara, volvió a prisión. El Consejo de Indias, en su revisión de los documentos de la sentencia, dictaminó de forma más favorable al ex-gobernador. Confirmó las sentencias únicamente contra tres cargos y revocó las del resto, absolviendo a Vides, bajo el argumento de no estar suficientemente probados. Esos tres cargos eran los únicos que afectaban directamente a la Corona: no haber impartido justicia imparcialmente; no haber obedecido las órdenes públicas; y no haber efectuado el quinto real a las perlas, por valor de 1.500 ducados. Precisamente a esta última cantidad se reducía la pena pecuniaria impuesta finalmente a Vides. 55 La sentencia final se dictó en 1603, pero Vides apenas pudo disfrutar de ella pues debió fallecer poco después. La consolidación de la Nueva Andalucía tras la gobernación de Vides A pesar de las numerosas acusaciones a las que se había tenido que enfrentar Francisco de Vides, el Consejo de Indias, ajeno a todas las rencillas personales, optó por castigar a su valiente vasallo únicamente con una M.a JOSÉ NESTARES PLEGUEZUELO 55 AGI, Indiferente, 427. Libramiento de 1.000 ducados al receptor del Consejo de Indias, con destino a obras pías, procedentes de la condena de Vides, Valladolid, 23 de mayo de 1605. buena suma de dinero, tal vez por los amplios servicios que había prestado a la Corona, tanto en Caracas como en Cumaná. Destituido el mandatario cumanés se cierra una página de la historia del Oriente Venezolano. Nueva Andalucía, bajo las gobernaciones de Serpa, Núñez Lobo y Vides, había recibido importantes aportes, tanto poblacionales como animales, que habían contribuido a su consolidación. En 1597 estaban plenamente afianzados sus dos centros poblados, Cumaná y Cumanagotos. Las fronteras eran las que definirán el desarrollo del Oriente el resto del período colonial: incorporación plena de la región de cumanagotos y desgajamiento de Trinidad. El interior de la gobernación permanecía sin colonizar, pero esta obra aún se retrasaría un largo período de tiempo. Para sustituir a Vides fue nombrado Marco Antonio Becerra, que no llegó a tomar posesión, y Diego Suárez de Amaya, que no lo hizo hasta comienzos de la siguiente centuria. Ambos se comprometerán a introducir nuevos pobladores y ganado pero, ni estos, ni sus sucesores lograrían mayores avances que los de Vides. Durante la primera mitad del siglo XVII se sucederán inútiles esfuerzos por poblar el interior. No se conseguirá hasta la segunda mitad de la centuria, cuando misioneros franciscanos y capuchinos realicen su lenta labor de evangelización y asentamiento entre los indígenas. La economía del Oriente, aunque pobre, estaba plenamente definida. Cumaná había descuidado, y prácticamente abandonado, la explotación perlífera, pero determinó su vocación agropecuaria. El ganado aportado por los diferentes gobernadores había encontrado un lugar favorable y se desarrollaba con gran facilidad. La agricultura comenzaba a descollar, y ya se perfilaban los primeros circuitos comerciales. La importancia estratégica también había quedado totalmente subrayada. Los holandeses extraían sal regularmente de los importantes yacimientos saliníferos de Araya. El comercio de contrabando con los naturales era un hecho constatable, y las incursiones de piratas a la ciudad de Cumaná se repitieron en diversas ocasiones. Sólo unos pocos años después, en 1622, la Corona tomaría la determinación de levantar una ingente fortaleza frente a las costas de Cumaná, sobre las Salinas de Araya, con una dotación de 300 soldados, para evitar que los extranjeros se beneficiaran de estas posesiones. También quedaba definida la marginalidad del territorio, determinada por un retraso económico y una debilidad demográfica que singularizará la mayor parte de la época colonial.
Este artículo contiene un análisis del salario dentro del repartimiento forzoso, principal sistema de reclutamiento de mano de obra indígena en el Valle de México desde aproximadamente 1550 hasta 1632. Primeramente establezco el valor nominal de los salarios, basándome en fuentes secundarias. En segundo lugar diferencio los salarios según los sectores económicos, consultando fuentes primarias. Después calculo el valor real de estos salarios a base de los precios de maíz y del mínimo socio-vital. Una comparación de los salarios pagados dentro con los dados fuera del repartimiento constituye un tercer método para valorar dichos salarios, mientras el cuarto consiste en una investigación de la relación entre tributo y salario. Siguen las conclusiones, que consideran el salario dentro de su contexto histórico y geográfico, concluyendo que este salario no fue una realidad "real" sino una realidad legal, ins- capitalista como verdaderos participantes, al vender, aunque fuera forzadamente, su trabajo en el mercado laboral colonial. Así, la Corona española quiso acabar con la situación que se había observado en el período de la encomienda antes de la ley de 1549, es decir, el indio valorado como mero factor de producción gratuita. 2 Al mismo tiempo el aspecto del salario es considerado como el más importante, porque representó la base de justificación de todo el sistema, visto el hecho de que los españoles ya consideraban el trabajo prestado por terceros como libre desde el momento en que el amo tenía que pagar sueldos, aunque normalmente esta misma labor supusiera un alto grado de compulsión. 3 De este modo se pudieron resolver dos problemas a la vez. Por una parte, se consiguió acallar tanto la conciencia real como la de los religiosos escrupulosos, siempre torturados por la cuestión del buen tratamiento de los vasallos indígenas. Por otra, se logró que el abastecimiento de mano de obra beneficiase a una amplia clase de amos españoles con una remuneración mínima, pudiéndose compensar la poca fuerza de atracción de los bajísimos salarios con un alto grado de compulsión, justificado por el hecho de que los trabajos realizados bajo este sistema cumplían con el propósito del bien común, y por la idea que se solía tener sobre los indígenas: unos vagos flojos, siempre inclinados a la ociosidad. 4 A pesar de la importancia del tema, solamente hemos podido encontrar datos bastante precarios que hacen que los resultados tampoco lleguen a ser verdaderamente convincentes. Sin embargo, creemos que los obtenidos, aunque sean precarios, pueden dar pistas para una reflexión más completa, apoyada por investigaciones de fuentes primarias. De todas maneras, consideramos conveniente justificar nuestro procedimiento y los esquemas que hemos utilizado para interpretar los datos históricos. 2 El aspecto de la introducción del indio en el sistema económico occidental está analizado por Florescano, E.: "La formación de los trabajadores en la época colonial, 1521-1770" en Florescano, E. (ed.): La clase obrera en la historia de México, de la colonia al imperio, México, 1980, Vol. A continuación se podrá notar que nosotros no estamos de acuerdo con su punto de vista. Para la interpretación del contenido de la ley de 1549 (Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias, Lb. XII, ley 1) véase Zavala, S.: El servicio personal de los Indios de la Nueva España, México, 1987, Vol. 4 Para esta imagen del indio véase la Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias, Lb. XII, ley 1, y el análisis de la consulta sobre los repartimientos de los indios que se hizo en el Tercer Concilio Provincial Mexicano (1585) en Llaguno, J.A.: La personalidad jurídica del indio y el Tercer Concilio Provincial Mexicano, México, 1963, págs. 87-114 y págs. 235-270. SANDER SPANOGHE Primeramente, trataremos de establecer los valores nominales de los salarios pagados dentro del repartimiento forzoso durante el período 1550-1633. Como fuentes básicas hemos utilizado la parte importante que sobre el trabajo contiene el libro de Gibson, combinada con el análisis ofrecido por Borah y Cook, pues, aunque estos últimos sólamente analizan el período 1530-1570-con extrapolaciones muy útiles hasta 1590 -ya hacen un primer esfuerzo de relacionar los salarios nominales con su valor real, al calcular la cantidad de oro que se podía comprar con los mismos. 5 Después intentaremos confirmar estos resultados mediante la comparación con fuentes primarias publicadas en los cuatro primeros volúmenes de la Colección de las Fuentes para la Historia del Trabajo en Nueva España. 6 Una segunda parte del análisis del aspecto de los salarios dentro del repartimiento consistirá en un intento de calcular los salarios reales y de relativizar su significado histórico. Es lógico pensar que para realizar semejante cálculo necesitamos trabajar con precios de productos básicos. Pero como los datos ya publicados y analizados de estos precios del siglo XVI en la Nueva España escasean de una manera alarmante, los resultados obtenidos van a ser precarios. No obstante, contamos con el primer esfuerzo y ejemplo de Borah y Cook para el período 1530-1590 ya mencionado. Partiendo de sus resultados como base y anunciando el carácter hipotético de nuestro análisis en cuanto al período 1590-1633, estamos convencidos de que el trabajo en sí ya constituye un ejercicio bastante útil para acercarnos al valor real del salario dentro del repartimiento. Los salarios nominales y su evolución Los primeros servicios de los indios a los españoles fueron en la mayoría de los casos gratuitos y se asignaron a los encomenderos por vía de tributo a cambio de la protección y de la doctrina que los beneficiarios debían impartir a los indios. 6 Zavala, S. y M. Castelo: Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España, México, 1939-1946, 8 Vol. (abreviado como FHT). 7 Zavala: El servicio personal..., Vol. de alquiler en trabajo no cualificado era de un cuartillo (8,5 maravedís).8 Pero este salario fue rechazado por ser una remuneración inadecuada, y bajo el gobierno de don Luis de Velasco, hacia 1550, los salarios se fijaron en 12 mrs. (mencionamos los salarios diarios) para los trabajadores no cualificados (peones) y 24 mrs. para los trabajadores cualificados (oficiales). No obstante, el salario de 22,5 mrs. para los peones sobrevivió en algunas zonas hasta alrededor de 1590. 13 Además, a estas escalas de salarios se añadían, en ciertas circunstancias, los alimentos diarios y una paga extra por la ida y vuelta al trabajo. En el repartimiento, cinco o seis leguas de marcha eran consideradas como el equivalente de un día de trabajo y en consecuencia, eran pagadas, aunque con una variedad de excepciones. Posteriormente, el suministro de comida para los trabajadores coaccionados se hizo común en los repartimientos. En el primer período, sin embargo, los indios suministraban sus propios alimentos, hecho que generó situaciones lamentables de malnutrición de estos trabajadores puesto que su comida tradicional se pudría rápidamente. 14 El costo del alquiler de sustitutos en el trabajo del repartimiento (pago que efectuó el trabajador a fin de evitar su obligación laboral semanal) equivalía al doble de la paga del repartimiento, subiendo de 8 reales a la semana en 1570 a 10 ó incluso 12 reales en 1590. 15 También falta decir que en el servicio obligatorio a los gobernadores y caciques los peones del siglo XVI recibían sumas mucho más modestas, generalmente de 20 a 25 cacaos, más su alimento diario. CUADRO I SALARIOS NOMINALES Y SUS ALZAS RELATIVAS Las diferencias de salarios, según los sectores económicos En cuanto al trabajo forzoso asalariado en la agricultura se nota inmediatamente la diferencia de salario entre los peones que fueron pagados por amos españoles y los que fueron remunerados por amos indios, pues-LOS SALARIOS EN EL VALLE DE MÉXICO, 1549-1632 14 Gibson: Los aztecas..., págs. 257-258. 15 Ibídem, págs. 255-256. to que los primeros debían pagar en moneda acuñada, mientras que los últimos pagaban "lo que es uso y costumbre entre ellos": en granos de cacao. 16 Ahora bien, esta forma de pagar en unidades de cuenta solamente fue aceptada por los indios dentro de un contexto tradicional de servicios prestados a sus caciques o a otros principales, mientras que fue rechazada cuando los españoles quisieron remunerar a sus labradores en cacao. Lo prueba un documento en el que se observa cómo los indios, que se quejaron de ser pagados en cacaos, obtuvieron un mandamiento virreinal que obligó al amo español a pagar a sus peones en dinero: "de suerte que queden satisfechos". 17 Igualmente extraño es que los caciques tuvieran que recurrir al repartimiento para poder disponer de los indios de sus comunidades para el trabajo en sus campos, aunque quizá ello refleja la debilitación del poder del cacique. Si aceptamos una equivalencia de +/-100 granos de cacao por real a mediados del siglo XVI y si suponemos que esta equivalencia se mantuvo durante todo el período estudiado (1550-1633), tenemos que concluir que el salario del indio repartido en actividades en favor de la nobleza indígena estaba bastante mal remunerado, puesto que no constituyó más que el equivalente de un cuartillo y la comida. 18 Consecuentemente, el mismo indio repartido podía ganar desde 5,5 hasta 8 mrs. más al día en actividades económicas en favor de los españoles. En lo que toca a los salarios pagados por los agricultores españoles, se ve que los mandamientos virreinales exigían el pago del salario anteriormente fijado por instrucción virreinal. 19 Respecto a la práctica del salario en la actividad minera se nota que muchas veces una parte del mismo consistía en el suministro de alimentos a los indios mineros coaccionados. Este era un procedimiento legal, puesto que los mineros fueron obligados a pagar estos salarios por mandamiento virreinal. Probablemente, tal reglamentación fuese debida a las grandes distancias que separaban los pueblos suministradores de mano de obra de las minas, lo que hizo que las mujeres indias no pudieran llevar comida a sus esposos. Pero solamente si aceptamos que la comida de verdad costaba el 25% de un salario de 22,5 maravedís al día, podemos concluir que en realidad los pagos fuesen ejecutados como lo exigían y tasaban los virreyes respectivos. 20 Muy notable también es el hecho de que sólo desde 1600 se empezó a exigir en los mismos mandamientos que el pago de la ida y vuelta al trabajo fuese ejecutado, lo que probablemente alude a la negligencia o al oportunismo que los mineros solían demostrar. Nótese que este pago pudo diferenciarse según la situación del camino a seguir. 21 En cuanto a los salarios establecidos por orden virreinal en el sector de la industria, se nota que los pagos hasta comienzos de la última década del siglo XVI solían ser más bajos que los exigidos en los otros sectores (menos el de las obras públicas). Ello quizá se explica por el deseo de estimular la industria indiana y su desarrollo, política real que se dio hasta la década mencionada y que desapareció después ante el objetivo de proteger a la industria peninsular, amenazada en su mercado monopolizado de las Indias por los productos indianos. Se observa así que posteriormente fueron exigidos en este sector los mismos salarios que en los otros sectores económicos. 22 En los salarios dispuestos para los servicios domésticos satisfechos por indígenas reclutados por vía de repartimiento se nota la misma distinción, que se apreció en el sector de la agricultura, entre pagos realizados por indios (en cacaos) y por españoles (en reales). IV, doc. CLXXXII (caso de malpago en ropa, 1600); Vol. VI, docs. CCLV (instrucción a un juez repartidor para la minería, 6 reales y no en otra cosa, 1607), CD (paga en sombreros viejos, cuchillos, jabón... tiene que ser sustituido por lo estipulado = real y medio al día, 1629). VI, doc. CCCLXI (caso de malpago, 3 tomines por ocho días en vez de los debidos 9 reales). aquí que los caciques, principales y gobernadores indios tuvieron que recurrir al repartimiento para poder asegurarse los servidores que les exigía su status social, pero que parece ser les negaban sus propios indios subordinados. 23 Por otra parte, es evidente que a los españoles se les exigieron los pagos tasados por orden virreinal, aunque hay un caso en que se autorizó moderar el salario "atento a la pobreza en que los dichos vecinos habían quedado". 24 En lo que concierne a los salarios pagados por prestaciones laborales en las obras públicas se observan las malas remuneraciones que los indios solían tener en este sector, por lo menos hasta principios del siglo XVII, recurriéndose a términos bastante vagos para designar el salario a pagar en muchos casos. Todo esto nos parece relacionado y justificado por el aspecto de utilidad pública que tuvieran estas actividades, aunque en realidad esta utilidad se interpretó unilateralmente hacia la parte española de la población. Al mismo tiempo se dejaban las obras públicas para los indios, o por lo menos su organización, en manos del Cabildo de la comunidad indígena, la cual recurría al coatequytl para reclutar mano de obra no remunerada dentro de la propia comunidad. 25 Finalmente, los trabajos en las obras eclesiásticas hasta muy tarde sólo se solían pagar si la obra se realizaba (parcialmente) en beneficio de la república española, aunque en estos casos eran remunerados como cual-23 FHT, Vol. IV, docs. LXXIII ("atento a la pobreza en que los dichos vecinos habían quedado se moderase el salario", 1599), XCI (un real al día + bastimentos, 1599); Vol. VI, doc. CDXC (el juez repartidor solamente paga 2 reales a los indios que asignó a su propia persona en vez de los 9 reales estipulados, 1631). II, docs. CXX ("a su contento", 1580), CLXXIX ("pagándoles su trabajo", 1580), CXXXII (25 cacaos + comida diaria, prestaciones laborales de los sujetos en la cabecera por la propia comunidad, 1580), CLXXXIII (3 reales por semana + comida diaria, 1580); Vol. III, doc. CLXIV (6 reales por seis días de trabajo, reparo de un molino probablemente con amo privado, 1590); Vol. SANDER SPANOGHE quier otra actividad económica que se aprovechase de la mano de obra indígena reclutada por vía del repartimiento. Dentro de las comunidades puramente indígenas, los frailes, continuaban, sin embargo, pidiendo mano de obra más o menos voluntaria en los pueblos en que trabajaban. No obstante, después del Tercer Concilio Provincial Mexicano los religiosos se pusieron de acuerdo en pagar a sus indios trabajadores los salarios que les exigían las leyes virreinales. La realidad del salario Otro aspecto no menos importante del análisis de los salarios nominales es el de si estos pagos se efectuaban realmente o no, y, si en verdad se pagaban, a quiénes se hacía. En cuanto a la primera duda, se encuentran muchos documentos en las fuentes referentes a mandamientos virreinales que fueron inspirados por quejas de los indios de ser mal pagados. Además la duda sobre si los indios fueron agraviados muchas veces por sus amos españoles dentro del repartimiento se convierte en certeza cuando se nota que el virrey, en cada mandamiento de asignación especial de indios de servicio, siempre mencionaba los salarios a pagar por los españoles beneficiados. Pero la prueba más convincente de que ese pago dentro del repartimiento era más bien una cosa aleatoria que regular la constituye la "Nueva orden sobre la paga y tratamiento de los indios de los repartimientos de esta Nueva España (...) y mala paga que les hacen", decretada en México el día 25 de agosto del año 1599, que citamos aquí parcialmente: "Primeramente que el día del repartimiento y al mismo tiempo de darle a cada uno los indios que ha de llevar, se haga cuenta del salario y jornal que al cabo de la semana o mes porque se reparten los indios han de haber y esto deposite luego la persona que los llevare y se ponga en una arquilla de tres llaves que la una tenga el juez repartidor y las otras dos los diputados que fueren por su turno como es costumbre y a los indios se les de a entender que allí queda depositado el dinero de su jornal para que a cabo de su tequio no tengan que aguardar al minero, labrador o otra persona que les ha de pagar sino que se vengan a la misma parte donde fueron repartidos que allí se lo darán". II, doc. CLXXXII ("conforme a lo que los labradores les paguen", 1580); Vol. IV, doc. CLXXIV ("jornales que ellos suelen ganar", 1600); Vol. Este documento no puede entenderse de otra manera que como el último medio del virrey para garantizar el pago a los indios del repartimiento, pago que hasta que salió esta orden, y probablemente también después, fue mal efectuado. Ya queda claro que tal hecho sólo puede ser explicado por la contradicción interna del repartimiento, pues propuso salarios como método de atraer la fuerza laboral de los indios, mientras que al mismo tiempo garantizó esta atracción por vía de la coacción. Los amos españoles no hicieron más que reducir el repartimiento a su elemento coactivo, sabiendo que, si no eran denunciados por sus trabajadores, el suministro de mano de obra estaba garantizado por el Estado, aun sin pagar o pagando mal. En cuanto a la segunda duda, sobre a quiénes fueron pagados los salarios, podemos suponer que muchas veces no fue el indio trabajador el beneficiado, basándonos en los avisos que el agustino fray Alonso de Veracruz dio en 1566 al nombrado virrey de México, marqués de Falces, en los que exponía entre otras cosas: "Es de mucho advertir que así como solían ir indios de los pueblos por tributo a las minas, ahora van alquilados y este alquiler, porque su manera de gobierno es así, no se hace con los que lo han de trabajar sino con el cacique o gobernador o principal, y éste toma la paga de todo y éste les manda ir". El fin de este análisis es establecer el valor real de los salarios obtenidos por los indígenas a través del trabajo dentro del repartimiento. Es decir, se trata de convertir el valor monetario relativo en un valor real a través de un procedimiento de comparación con el precio de un producto determinado. Dicho de otro modo, valoramos la capacidad adquisitiva indígena en un mercado europeizado en el que el dinero era el único medio de cambio. Con todo, somos conscientes del hecho de que esta situación de mercado solamente se dio para un muy limitado grupo de indígenas artesanos en la ciudad. También reconocemos las muchas dificultades metodológicas que presenta tal procedimiento, a pesar de ser el único para valorar una remuneración eventual del indígena por parte de sus amos españoles de una 28 Avisos publicados en Zavala: El servicio personal..., Vol. SANDER SPANOGHE manera más completa y objetiva. Por ello vamos a criticar nuestros propios métodos y resultados a través del análisis. El mejor método para valorar la capacidad de compra de los mencionados salarios es por vía de comparación del número de reales que el indio recibía al día con la cantidad de maíz que podía comprar con esos reales. Después de todo, el maíz era el producto más importante dentro del consumo total de los indios. El valor en maíz de los salarios Empezemos con unas observaciones sobre los precios del maíz. En general hubo un alza en el precio de este producto que empezó alrededor de 1530 y continuó hasta 1573 (último año analizado por Borah y Cook). 30 Esta tendencia al alza se mantuvo durante el resto del siglo XVI y principios del XVII, cuando la población indígena estaba en pronunciada decadencia, pero después de 1627 el precio por fanega se estabilizó en 10 reales. En general, y siempre teniendo en cuenta que estamos trabajando con tendencias de precios con un carácter bastante hipotético, podemos concluir que el precio del maíz subió de aproximadamente 1 real y medio por fanega en 1530 hasta 4,8 reales en 1573, y continuó subiendo hasta 1627 para estabilizarse en 10 reales, con excepción de los períodos de gran escasez. 31 Ahora bien, si se hace el cálculo de la cantidad de maíz que podía comprar un obrero indígena no cualificado (invitamos al lector a hacer el cálculo para el obrero cualificado utilizando el cuadro I que da la relación salario peón-salario oficial), con el salario recibido dentro del sistema del repartimiento se obtienen los siguientes resultados para el período de 1550-1590: los salarios reales empezaron a subir un poco antes de 1550, así que alrededor de 1590 ya alcanzaron el triple del valor que habían tenido en 1530. La lógica conclusión, pues, es que el salario diario del peón dentro del repartimiento llegó a tener en 1590 tres veces la capacidad de compra de un salario de 1530 expresado en términos de maíz, y esto a pesar del alza en los precios de dicho grano. No obstante, debe tenerse en cuenta que si se hubieran incluido en el cálculo de la capacidad de compra otros productos cuya tasa de aumento de precio fuera más alta que la del maíz, el valor de los salarios reales tendría que ser considerado como más bajo. Pero estos productos siempre constituyeron una parte mínima dentro del consumo total del indio. 33 Sin embargo, después de 1590 nuestras fuentes sólo permiten observaciones más generales. Al no disponer de una detallada lista de precios del maíz para el período 1590-1633, necesitamos contentarnos con la peligrosa solución de analizar la tendencia general del precio del maíz y compararla con la tendencia hacia el alza de los salarios nominales. Como ya hemos señalado, la tendencia hacia el alza de los precios del maíz que se inició alrededor de 1530 continuó durante todo el resto del siglo XVI y principios del XVII, para estabilizarse en un valor aproximado de 10 reales por fanega después de 1627. Ahora bien, si aceptamos el valor de 4,8 reales por fanega hacia 1570 y lo comparamos con el valor de 10 reales del año 1632 -último año del repartimiento en términos oficiales (a excepción del sector de la minería)-, obtenemos un alza relativa de los precios reales del maíz del 108%, mientras que en el mismo período los salarios nominales conocieron un aumento relativo del 105%. Dicho de otro modo, parece que en términos relativos el alza de los salarios se mantenía a la misma altura que el alza que experimentaron los precios del maíz, lo que significaría que los salarios reales no subieron en el período de 1570 a 1632. No obstante, ya sabemos que sí hubo un alza en los salarios reales en las dos 33 Crítica también parcialmente señalada en Borah y Cook: Price trends..., pág. 48. Entonces se puede deducir que estos resultados positivos fueron neutralizados durante el período 1590-1627, cuando los precios del maíz subieron mucho más rápidamente que los salarios dentro del repartimiento. Podemos, por tanto, concluir que la evolución del salario real dentro del repartimiento conoció dos etapas: una desde 1550 hasta finales del siglo XVI, de una verdadera alza, y la otra hacia la baja durante los tres primeras décadas del siglo XVII. Estos resultados, aunque sean muy precarios, permiten aceptar otra razón para abolición del sistema laboral. Se puede pensar en la imposibilidad de subir los salarios, ya forzadamente bajos, a un ritmo más alto o incluso igual que los precios del maíz, quizás por razones de la estructura rígida del sistema institucionalizado o porque los amos españoles estuvieron presionando al virrey para que no aumentase los salarios oficiales en una situación de relativa crisis económica. Ello hizo, a nuestro entender, al sistema aún más inhumano de lo que ya era, presionando a los indígenas a buscar refugio en otros regímenes laborales que les ofrecieran una cierta protección contra el repartimiento. Dicho de otro modo, puesto que el medio de atracción para que el indio se incorporase al sistema, es decir, el salario, estaba aún más socavado que antes, ese sistema dejó de tener ningún interés para la población indígena, al tiempo que se despachaban órdenes reales para acabar con el carácter coactivo que el mismo tenía. Así, el sistema se destruyó a sí mismo por las contradicciones, salario y compulsión, que llevaba dentro de su organización, contradicciones que fueron alimentadas por la disminución poblacional indígena y la rigidez de la estructura de los salarios y de los precios. Relación de los salarios con el mínimo socio-vital Otro elemento para evaluar el alza de los salarios reales es comparar la cantidad de maíz obtenido a través del salario diario total de un peón dentro del repartimiento con la cantidad de maíz que se considera suficiente para alimentar a una persona y a las que de ella dependen. No es suficiente valorar un alza eventual en la capacidad de compra de un individuo, sin tener en cuenta las necesidades de este mismo individuo. En el México moderno, una ración diaria mínima de maíz es de medio kilo para los pobres y de kilo y medio para el promedio de los trabajadores. 34 Puesto que LOS SALARIOS EN EL VALLE DE MÉXICO, 1549-1632 34 Gibson: Los aztecas..., págs. 318-319. el trabajador dentro del repartimiento era al mismo tiempo tributario y cabeza de familia, se supone que tenía que sostener unas tres personas más con su salario. Se puede calcular la cantidad de maíz necesaria para mantener a una familia de la forma siguiente: tres porciones de medio kilo para los miembros no trabajadores y una porción de kilo y medio para el trabajador, lo que suma tres kilos de maíz al día. Esta cantidad equivale a 1/18 (= +/-0,06) de fanega de maíz, estableciendo una equivalencia de 54 kilos de maíz con una fanega del mismo grano. 35 Si aceptamos que este valor se mantuvo constante durante todo el período estudiado, podemos obtener la parte relativa del salario necesaria para comprar la cantidad de maíz que era, a su vez, indispensable para alimentar a una familia. Comparando la ración diaria, establecida en 0,06 fanega de maíz, con los valores del cuadro II se puede ver que los salarios en la década de 1540 no eran suficientes para sufragar los gastos de alimentación de la familia del peón, mientras que en la década de 1550 sí eran ya justamente suficientes. Pero sólo después de 1560 parece que pudo el indio obtener un excedente de su salario que no debía forzosamente invertir en cubrir los gastos alimenticios de su familia. Dar un valor relativo a la cantidad del salario necesaria para cubrir los gastos alimenticios de una familia entre 1590-1633 es imposible, ya que hay demasiadas variables desconocidas para ese período. Pero, puesto que hubo una caída de los salarios en esos mismos años que parece que neutralizó el progreso de las dos décadas anteriores, podemos suponer que es más que probable que el valor relativo fuese aproximadamente el de la década de 1560, es decir, el 63%. Los salarios "tasados" dentro del repartimiento frente a los "libres" del mercado laboral Hay un tercer método de análisis de los salarios nominales, aunque parece más limitado al no poderse establecer una relación con los salarios reales en un sentido estricto. Consiste en comparar los salarios pagados a las diferentes categorías de obreros y vigentes en este tiempo fuera del 35 Ibídem, pág. 317, nota 48. SANDER SPANOGHE repartimiento, con los salarios ofrecidos dentro de la dicha institución laboral. No obstante, hay que tener en cuenta el nivel de especialización que un obrero determinado pudiera haber logrado. Como base para este sistema de evaluación hemos utilizado una cuenta semanal en la que están registrados los gastos por mano de obra en la construcción de la catedral de la ciudad de México, relativos a la semana del 12 al 18 de diciembre de 1584. 36 CUADRO III ¿Qué conclusiones podemos sacar de los datos contenidos en el cuadro? Primeramente, aunque un poco al margen del aspecto aquí analizado, que los trabajadores del repartimiento formaban el 68% del total de los trabajadores empleados y que la mayoría de los indios repartidos (79%) eran peones. Se puede por tanto concluir que el repartimiento era, en este contexto, el único sistema de reclutamiento de mano de obra no cualificada. Al mismo tiempo se observa que también los indios cualificados se vieron afectados por el sistema. Si nos centramos en lo que estas cifras pueden aportarnos para el conocimiento de los salarios nominales de las diferentes categorías de asalariados, vemos que el indio peón reclutado con el repartimiento ganó la mitad (medio tomín al día) que el indio oficial reclutado bajo el mismo sistema (siete tomines a la semana o un tomín al día). Pero, lo que es más interesante, cuando observamos los salarios pagados fuera del repartimiento se nota inmediatamente que los mecanismos vigentes en un mercado laboral libre de toda forma de coacción, salvo la de la atracción de un salario, juegan su papel diversificador, operando además de forma inmediata un aspecto peculiar de la sociedad indiana, es decir, el multirracial. Está claro que ahora el salario se ajusta mucho más al nivel de capacitación del individuo empleado, pero también a su raza. De este modo, los indios considerados no cualificados, como son los indios hacheros, ganaban 7 tomines a la semana, mientras que los salarios de los indios cualificados variaban semanalmente de 10,5 tomines a 31,5 tomines en un caso excepcional de un puesto de mayor responsabilidad. De todas formas, parece que el salario mínimo de los no cualificados era de 14 tomines, por lo que en el caso de los salarios menores quizás tengamos que suponer que los dueños de la obra estaban reteniendo una parte del salario como si fuese una forma de peonaje por deudas. Por otra parte, se deduce que el salario de indios jornaleros mucho más especializados era de unos 28 tomines a la semana. Al mismo tiempo, se registran dos casos de salarios de españoles que parecen, aunque no muy especializados, sí cualificados, y que ganaban 48 y 70 tomines a la semana. Ahora bien, ¿qué conclusiones podemos extraer de una comparación de los salarios pagados dentro del repartimiento y las remuneraciones pagadas fuera del mismo? Queda claro, como regla general, que un peón, igual que un oficial, podía rápidamente ganar el doble por el mismo trabajo fuera del repartimiento que dentro de esta institución laboral. No obstante, lo más grave es que parece que un indio verdaderamente especiali-SANDER SPANOGHE Anuario de Estudios Americanos zado podía ganar hasta cuatro veces o aún mas fuera del repartimiento, es decir, entrando en el servicio de modo voluntario. Esto explica el éxito que tenía el alquiler de sustitutos dentro de esta categoría de trabajadores. Al mismo tiempo parece que un español no verdaderamente cualificado podía ganar fácilmente seis (si aceptamos que el enladrillador fuera español) y hasta siete veces más que un indio dentro del repartimiento de la misma categoría laboral. Como último método de valoración de los salarios nominales tenemos que analizar la presión tributaria o fiscal que recayó sobre las espaldas del indígena trabajador. Está claro que cada real que el tenía que entregar a la Corona era un real perdido para sí y para su comunidad, visto el hecho de que la misma Corona, apoyada y aun dirigida por los religiosos regulares, había logrado instaurar una estructura casi perfectamente dual en su colonia, a saber, la división en dos repúblicas. Así, los impuestos reales recaudados dentro de la república de los indios fluyeron sin parar y en sentido único hacia la república española. Si analizamos el tributo en tiempos del repartimiento (1550-1632), se nota inmediatamente que los dos fenómenos, es decir, el tributo y el sistema laboral, se influyeron recíprocamente de manera decisiva. Para demostrar esta interrelación tenemos que hacer un análisis de la reforma tributaria que empezó a desarrollarse después de 1550. En general se trata de una reforma dirigida en contra de la recaudación excesiva y arbitraria que caracterizó la encomienda y a favor de una uniformidad total del tributo. 37 El gobierno virreinal buscaba una diferenciación precisa y cuantitativamente fijada entre tributos destinados a la autoridad indígena, que consideramos como no reales, y tributos destinados a la autoridad española o reales. Además, y lo que es más importante, el virrey se proponía eliminar los múltiples tributos en mercancías, reduciendo todos los pagos a dinero y maíz. Al mismo tiempo, el igualamiento del tributo también fue un objetivo principal, considerando a cada jefe de familia un tributario y pagando cada cual una suma igual. Florescano: "La formación...", págs. 39-41. total de las clases tradicionalmente no sujetas al tributo, con el objetivo de eliminar cualquier posibilidad de escapar a la recaudación. Así pues, todos los elementos constituyentes de la reforma estuvieron dirigidos al establecimiento de un impuesto uniforme per capita y, por tanto, contra los impuestos pagados por las comunidades. De este modo, los nuevos reglamentos exigían (nótese bien que esto es con exclusión de los pagos hechos a la comunidad) el pago de nueve reales y medio de plata y media fanega de maíz al año. 38 Existían además otros cuatro tributos adicionales que completaban el registro de exacción durante el primer siglo de la conquista, todos recaudados en reales de plata y teniendo en total un valor de seis reales por tributario. Estos eran: el Medio Real de Fábrica (de la Catedral) que se instituyó en 1552; el "real de pollo", vigente en el período de 1592-1601; el Servicio Real, un impuesto de 4 reales que fue introducido en 1592, y, finalmente, el Medio Real de Ministros establecido en 1605. 39 Veamos las conclusiones que podemos sacar de esta evolución a la hora de valorar el salario nominal bajo el sistema laboral del repartimiento. Primeramente, se ve que la reforma del tributo se sitúa en la misma tendencia hacia la racionalización del sistema colonial. Con esto queremos decir que se tendió a una explotación más completa, pero al mismo tiempo mejor distribuida entre el total de los individuos indígenas tasados dentro del ámbito colonial, procurándose además la monetarización del sistema como el método idóneo para lograr aquel objetivo. Así, se puede concluir que la Corona, al exigir que los colonos pagaran a sus indios de servicio un salario en dinero y mandar, al mismo tiempo, que los indios pagaran su tributo en dinero, mostró un talante explotador y organizador bastante ingenuo. Es decir, trató de sustraer plata a sus vasallos españoles o criollos, formalmente exentos del pago de tributos, a través del sistema laboral que impuso a sus vasallos indígenas a los que, a su vez, obligó a pagarle tributo. De todas maneras, se tiene que calcular la presión fiscal sobre los salarios tasados de los indígenas para que éstos se reduzcan a sus dimensiones correctas. El único método para lograr esto es descontar el total de impuestos anuales de los salarios que el indio ganó al año a través del trabajo prestado dentro del repartimiento. Pero en este contexto tenemos que suponer dos cosas: la primera, que ya desde 1560 el sistema del impuesto uniforme 38 Gibson: Los aztecas..., pág. 203. Miranda: El tributo..., pág. 19. Miranda: El tributo..., págs. 19-20 (no menciona el "real de pollo"). per capita de nueve reales y medio tuvo un arraigo más o menos total, y la segunda, que un indio tributario fue coaccionado como máximo cuatro veces al año para prestar servicios dentro del sistema del repartimiento, no realizando el resto del tiempo ninguna otra actividad a través de la cual pudiera ganar dinero. Se puede deducir que la presión fiscal sobre los salarios de los peones constituyó en dos tercios del tiempo en que el repartimiento estuvo vigente una carga excesiva, que absorbió al principio más del 60% de la masa total del salario. Después vino un período de alivio, probablemente porque el gobierno pretendía hacer el trabajo dentro del repartimiento más atractivo para una población indígena cada vez más reducida y más dispuesta a escapar al servicio obligatorio. De ahí que para 1603 la carga del tributo hubiese disminuido al 40%, llegando a constituir al final del período estudiado sólo el 30%. No obstante, parece que la presión fiscal era menos fuerte para el indio oficial, siempre apreciado en el medio colonial de la Nueva España por su escasez, que pagaba la misma cantidad de reales que el peón, mientras que su salario era más alto. Así, la presión fiscal que pesaba sobre su salario era relativamente menor. Además tenemos que mencionar las cargas eclesiásticas (sacramentos, sustento del clero...), de las propias comunidades indígenas y de sus respectivos gobiernos, junto a las que conllevaban los repartimientos de géneros. Todas juntas hicieron del salario indígena una cosa muy relativa y provocaron un drenaje financiero sistemático desde los indios y sus comunidades hacia los bolsillos privados de los españoles y, en una menor proporción, de los propios indios. Finalmente no podemos olvidar que el tributo constituyó una carga al lado del repartimiento, así que tendríamos que considerar esta institución laboral más bien como un tributo en energía añadido al tributo en dinero, en vez de apreciarlo como un complemento del tributo en dinero. A la hora de sacar conclusiones tenemos que olvidar las cifras como valores absolutos y reflexionar solamente sobre su aspecto relativo. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta la situación histórica del medio estudiado, es decir, el Valle de México como parte del virreinato novohispano desde mediados del siglo XVI hasta aproximadamente 1633. Por tanto, debe tenerse presente que el área analizada formaba parte de un medio colonial que, como todo otro espacio en esta condición, estaba dirigido a satisfacer los deseos y necesidades de su metrópoli, suministrando a ésta las materias primas y absorbiendo las manufacturas producidas o comercializadas por la metrópoli. En este contexto del medio colonial pronto se vio, dado el carácter intensivo de la producción, la necesidad de poder contar con una reserva de mano de obra barata y abundante. Y existiendo en el Valle de México una población aborigen muy considerable, quedó desde un primer instante totalmente claro para el colono indiano que tenía que aprovechar esta circunstancia, tratando además de explotarla gratuitamente y de manera más que abusiva. Pero rápidamente surgiría la voz de los denunciadores de esta política meramente explotadora, voz que exigió el trabajo libre y asalariado para el vasallo indígena. La Corona, siempre preocupada por el bienestar de los indios, se encontró entre dos fuegos: el de los denunciadores y el de los colonizadores que necesitaban una mano de obra barata y segura, al estar presionados, a su vez, por las demandas de la metrópoli que siempre amenazaban sus ganancias. Finalmente, la Corona, junto con su representante SANDER SPANOGHE máximo en aquellas partes, el virrey don Luis de Velasco, el viejo, inventaron una fórmula que solamente iba a cumplir con una pequeña parte de la política de amparo aconsejada por los denunciadores. Además esta parte se vio neutralizada por la actitud de los españoles y aun de las propias autoridades indígenas que, aprovechando el nuevo poder adquisitivo de los indios, iniciaron a la vez un drenaje sistemático de cada posible excedente que pudiera acumularse en las comunidades indígenas. Así pues, el hecho de que los salarios crecieran aún en términos reales, por lo menos durante medio siglo, no indica nada más que una escasez de mano de obra por el acusado descenso de la población indígena. Pero también se puede pensar en una sana situación de la economía novohispana en estos tiempos, mientras que para los indios supuso una elevación de la presión sobre sus ingresos por parte de los colonos, de sus propias autoridades y también de codiciosas instituciones como la Corona, el corregimiento y la Iglesia. Así, podemos concluir que la realidad del salario dentro del repartimiento forzoso era casi inexistente, una realidad legal anulada por la realidad "real" del medio colonial, como fue el caso de innumerables aspectos de la política de protección y buen gobierno que pretendió seguir la Corona. Por tanto, si se interpreta el repartimiento como la primera etapa en la introducción del indio en el sistema económico mercantil del español, el fracaso es evidente. Y es que, si el indio no tuvo ningún otro poder adquisitivo a través de sus salarios que el de adquirir productos de los repartimientos de géneros que para él no tenían casi ningún valor para enriquecer su vida material de manera real, tenemos que deducir que esta primera etapa fue negativa para el indio mismo. En consecuencia, sólo cabe considerar, en la línea de Miranda, la época del repartimiento como la segunda etapa -después de la encomienda-en la introducción del medio colonial novohispano en una economía mercantil, lejos ya de la economía de subsistencia de tiempos prehispánicos. 40 No cabe duda entonces de que, a través del salario del indio, se provocó una mayor circulación de dinero hacia los mercaderes como beneficiarios particulares (en cooperación con los funcionarios reales) y hacia la Corona como beneficiario público. Falta decir que muchas veces, como lógica consecuencia de la estructura dual del medio colonial, la metrópoli iba a ser la gran beneficiada. Pero también se puede decir que el repartimiento, como fuente de mano de obra barata, LOS SALARIOS EN EL VALLE DE MÉXICO, 1549-1632 40 Miranda, J.: La función económica del encomendero en los orígenes del régimen colonial (Nueva España. 1525-1531), México, 1965, págs. 9-19. benefició al medio colonial novohispano, puesto que cada sociedad en vías de desarrollo económico tiene que contar con una mano de obra barata para superar los costos elevados de la fase inicial de ese desarrollo. Así, es más que probable que el sistema laboral referido fue de una importancia fundamental en el proceso de progresiva autosuficiencia económica, esta vez en el contexto de la relación de dependencia colonia-metrópoli, autosuficiencia que el medio novohispano quizás ya desde inicios del siglo XVII supo alcanzar de modo convincente. 41 Como en todo otro medio colonial, esta progresiva integración en el sistema económico de la nación dominante se logró a costa de la población aborigen. Prueba de ello, y al mismo tiempo del valor nulo del salario dentro del repartimiento, es el éxito que la hacienda y las minas tuvieron como vía de escape a las exigencias laborales y del tributo. Así, el indio jamás podía alcanzar la autonomía económica, al estar siempre buscando amparo o en su comunidad endeudada o en los brazos de amos españoles que, a su vez, trataban de retener a sus indios trabajadores endeudándoles por todos los medios posibles o endeudándose por vía de atrasos en el pago del salario a sus indios peones. Fuera lo que fuera, como ya dijo el famoso Pedro de Gante, el repartimiento "no es poca ocasión para del todo ser destruidos". 42 Carta de fray Pedro de Gante al emperador, México, 15 de febrero de 1552, citada en Zavala: El servicio personal..., Vol.
Se examina el consumo de proteína animal en la evolución del régimen alimenticio y nutricional de Venezuela hasta 1873. De acuerdo al comportamiento del consumo neto, el régimen alimenticio fue relativamente estable y dependió de muy pocos productos: plátano-maíz-granos-carne. La carne experimentó un consumo creciente hasta la segunda mitad del XVIII, con una aguda caída en el siglo XIX. El régimen nutricional dependió así de las calorías del plátano y de los granos a fines del período. Tales tendencias pudieron ser características de toda la sociedad colonial y postindependentista latinoamericana. En una perspectiva comparativa, la alimentación venezolana no aparece tan excepcionalmente nutritiva, aunque en el siglo XVIII se hubieran alcanzado los máximos de consumo de carne per cápita, como lo indicaron los comtemporáneos. Tampoco los porcentajes de proteína animal parecen tan considerables. * Advertencia: Por razones de espacio en este artículo se han eliminado los alcances sobre Metrología y Metodología empleados en la construcción de las variables. En este artículo se presenta una discusión sobre la evolución del consumo de carne en Venezuela, en la larga duración. Este examen puede proporcionar informaciones históricas valiosas sobre el desenvolvimiento de los regímenes alimenticios y nutricionales, por la importancia de los componentes proteínicos animales en la calidad de la dieta. El punto de partida es la sugerencia formulada por un estudio reciente que señala el alto valor nutricional de la "dieta criolla tradicional" del siglo XVIII y su deterioro a lo largo del siglo XIX. 1 Sobre un ordenamiento crítico de los escasos datos existentes, se amplían estas consideraciones, desarrollándose la hipótesis de la disminución del consumo per cápita de carne durante el siglo XIX y su estabilización a un bajo nivel a comienzos del siglo XX. Las bases documentales son tres textos: dos libros del siglo XIX, escritos por observadores acuciosos, y un documento del XVIII, 2 los que se analizan con una metodología que permite su comparación. No se cuenta con estudios críticos sobre dichas fuentes que faciliten una evaluación sistemática de sus observaciones, pero en general, son textos bastante ricos en información, si se consideran con prudencia sus apreciaciones cuantitativas. Aunque sus datos sobre cantidades de alimentos consumidos parecen discutibles en muchos casos, suscitan hipótesis muy sugestivas para su examen futuro en estudios sobre fuentes directas. En el Cuadro N.o 1 se presentan los cálculos sobre el consumo de carne. Desde un ángulo global la hipótesis que fundamenta la elección de las variables es la de que tal evolución está asociada a la disponibilidad de carne, al número de consumidores, al nivel de ingreso y las 'preferencias' de éstos por tal bien. Es decir, a la configuración de una economía ganadera y al desarrollo de un mercado interior. Tal modelo de relaciones supone intercambios monetarios y, por tanto, deja fuera de examen el autoconsumo. Por los caracteres de los datos utilizados y por el hecho de que hasta el primer decenio del XVII este consumo podría haber sido mínimo,3 el modelo es aplicable hasta 1609 con bastante realismo para toda la población española, aunque la población indígena, que incluía carne de res en su dieta, queda excluída. Para los restantes años las cifras son válidas para el contingente integrado al mercado colonial, excluyéndose los indígenas, aunque éstos ya no eran numéricamente importantes a fines del siglo XVIII. 4 Las fuentes no hacen distinción entre autoconsumo y consumo de mercado y todas las evidencias apuntan hacia la existencia de un consumo marginal a los intercambios monetarios, fuera del área urbana de Caracas. En ellas simplemente se imputa un consumo con independencia de la forma bajo la cual se realiza. Por la importancia de los problemas de abastecimiento de carne hasta el siglo XVIII en esta ciudad, 5 cabría deducir que, en buena medida, tal oferta pasaba por el circuito monetario urbano. En las zonas ganaderas, los Llanos, evidentemente esto no era así, pero a fines del período colonial su población, constituída por indios, negros y mestizos, era todavía minoritaria dentro de la población total: un 21%. 6 Este análisis supone que la variable "población consumidora de carne" excluye a la población indígena en el período colonial que, en virtud de las consideraciones que se hacen en el análisis, parece bastante razonable. Respecto al "consumo anual de reses", para 1578, 1609 y 1775 se iguala a la "cosecha", lo que parece realista pues la exportación de ganado "en pie" era muy poco probable. No obstante, el comportamiento de estas variables permite conclusiones tentativas. La masa ganadera de 1609 parece bastante baja pese al gran crecimiento absoluto, en casi treinta años, derivado de la baja cifra inicial. Hay indicios dispersos de que la masa ganadera real pudo haber sido mucho mayor, en tanto en este decenio comenzó la incorporación de las reses salvajes del territorio llanero. En 1608, en San Sebastián, un observador declaraba la existencia de "veinticinco mil cabezas arriba". 7 Con todo, se podría aceptar la hipótesis de un lento crecimiento de esta economía ganadera, tomando como base la lenta evolución del consumo hasta 1609. Después de ese año, aumenta el consumo no sólo por el incremento cuantitativo de la población consumidora, sino también por la probable mayor participación de la carne en la dieta y el aumento de la masa ganadera. 8 Por lo demás, existen evidencias de un incremento del ingreso a fines del siglo XVI, pese a que al término de la década de los 80, agotado el ciclo aurífero, la economía colonial entró en una prolongada crisis estructural. El gasto medio creció menos que la población en esta fase de reestructuración económica, pero es significativo que se haya duplicado en un período de crisis,10 con lo que el consumo pudo crecer. A partir de 1581 hubo un incremento en la capacidad impositiva11 y un aumento del consumo productivo.12 Y si el saldo del comercio externo tuvo fluctuaciones positivas y negativas en la primera mitad del siglo XVII,13 permaneciendo estancado el gasto per cápita, los agricultores y comerciantes caraqueños pudieron, al parecer, mejorar su participación en el ingreso. Controlaban en todas sus fases la agricultura del cacao pues invirtieron unos 500.000 pesos en esclavos negros, y formaron una flota mercante. 14 Durante todo el siglo XVII la exportación de cacao respondió a una tendencia de larga duración al alza del precio del producto. 15 Todo ello indicaría una elevación del ingreso de la colonia durante el siglo XVII. Independientemente de las fluctuaciones del ingreso global durante el siglo XVIII16 y de sus efectos en el gasto, parece bastante probable que el consumo per cápita de carne durante su segunda mitad haya sido el más elevado del período colonial. Diversas apreciaciones de contemporáneos enfatizan el fuerte contenido cárnico en el régimen alimenticio. Para Marón, en 1775 "todas las personas de esta provincia sin distinción de edad ni sexo, comen carne por lo menos tres veces al día, así por la costumbre como por valer barata". Lo que tenía lugar todo el año pues "las vigilias.....regularmente no se guardan en los llanos, y en Caracas siempre hay el mismo consumo en la Cuaresma". De tal consumo no se excluía ni siquiera a los muchachos "porque éstos almuerzan, comen, meriendan y cenan carne asada y chorote". La fuente señala que este consumo incluía a los indios y parece extender esta consideración al consumo de los restantes productos. No obstante, la diferencia entre ese número de consumidores y la población total, según la otra fuente citada en el Cuadro N.o 1, podría indicar que incluyó sólo una pequeña fracción de indígenas en sus cálculos. Se sabe que éstos incorporaron rápidamente la carne de res a su dieta,18 lo que querría decir que los cálculos de la masa ganadera estarían infravalorados. La conclusión respecto a este producto, sin embargo, está lejos de ser aventurada, pues un buen observador como Humboldt no sólo señalaba este alto consumo, sino que establecía su directa relación con el "bienestar de los habitantes", aunque hacia 1800 éste parecía estar disminuyendo pues detectaba una fuerte reducción de ganado. Para 1799, se deduce de sus observaciones que la ciudad de Caracas tenía un consumo per cápita diario de carne utilizable por res de 196 gramos y para 1800, Nueva Barcelona y Puerto Cabello, 151,6 y 183,8 gramos, respectivamente. 19 Al parecer, la disminución de la masa vacuna fue correlativa al aumento de la población en todo el país durante el siglo XIX, 20 de lo que cabe deducir que el consumo de carne había disminuido en sus niveles medios respecto al siglo anterior. Para 1839, Codazzi proporciona las cifras de población, masa ganadera y consumo medido en número de reses. Tal consumo medio habría bajado respecto a las cifras del siglo XVIII, pues el mismo autor estima una media anual de 12 onzas. 21 Es segura esta disminución, por tanto, aún cuando la masa ganadera se había recuperado del impacto de la guerra de la Independencia. La proporción de la población consumidora de carne, reducida a 3/10 del total, podría indicar que Codazzi sólo estimaba a aquella que compraba la carne, lo que en condiciones de caída del ingreso global con posterioridad a las guerras de la Independencia era altamente probable. Es posible que el resto de la población, en la cual los indígenas eran minoría, apelara al autoconsumo y tendiera a establecer su balance proteínico animal por la vía de la caza y la pesca. La situación se deterioró hacia 1873, pues para ese año, según una de las fuentes citadas en el Cuadro N.o 1, la masa ganadera era de 331.060 cabezas y la población total casi se había duplicado. Evidentemente el consumo anual per cápita se habría reducido respecto a 1839. Informaciones contemporáneas confirman esa hipótesis para Caracas, que era el mercado más importante. Una observadora afirmaba que: "El consumo de carne de carnicería está muy restringido entre la población de Caracas. No se benefician diariamente para una población de 50.000 almas, más de un promedio de 45 animales: bueyes, vacas, corderos, marranos, etc. Este comercio aunque poco considerable, no deja de producir gruesos beneficios". 22 Lo que significaba un consumo medio diario per cápita de carne utilizable de 93,15 grs. suponiendo que todos los animales fueran reses. Cálculos contemporáneos para el Distrito Federal lo hacían llegar en 1874 a 130 grs. per cápita, haciéndose notar que este promedio hacía abstracción de la concentración del ingreso. Por consiguiente, la curva de consumo cárnico bruto medio podría haber tenido un comportamiento característico de lento y bajo nivel hasta comienzos del siglo XVII, de crecimiento rápido hasta un máximo en la segunda mitad del siglo XVIII, disminuyendo durante la segunda mitad del XIX hasta alcanzar, en el mejor de los casos, el mismo nivel de consumo de fines del siglo XVI. Vale la pena intentar examinar la significación del consumo de este alimento en relación al de otros productos. Un intento de acercamiento a lo que podría haber sido la evolución del régimen alimenticio y nutricional entre fines del siglo XVIII y la segunda mitad del XIX lo proporcionan los datos del Cuadro N.o 2. Cabe insistir en que tales datos se han obtenido por procesamiento de las observaciones de las fuentes sobre la cantidad de algunos productos consumidos por persona. En ellas se asume que son representativos en la alimentación de un individuo, o de ciertos grupos de éstos. No se trata de una ración media, aunque para el autor de 1775 podrían interpretarse sus observaciones en esa dirección. Al parecer, no es un consumo nominal, medido a través de los gastos de consumo en el mercado, sino un consumo real, aún cuando Codazzi imputa finalmente su valor monetario. Lo que querría decir que las variaciones del consumo de tales bienes, no necesariamente dependían tan sólo de las fluctuaciones del ingreso personal. CUADRO N.o Una posibilidad de análisis es examinar la evolución del consumo neto, como indicador del "régimen de alimentación", y de los valores energéticos, calorías alimenticias, como indicadores del "régimen nutricional". En el cuadro siguiente presentamos la estructura por rangos del primero. CUADRO N.o Para 1775 la fuente no proporciona el consumo medio de plátano, producto de gran importancia en la dieta del siglo XIX, aunque se señala que se comía de variadas formas: "... lo comen cocido en la olla, asado y frito con jamón, o carne salada, y de otros muchos modos...". También se menciona la utilización de la variedad 'dominico'. 25 Sin embargo, al parecer su importancia era considerada inferior a la de la yuca, de la cual se extraía el 'cazabe', "que es el pan más gustoso". 26 Se conoce la frecuencia asignada al consumo de carne y cacao en este año, cuya asociación está mencionada expresamente: "El chocolate... es tan común en esta provincia, que todas las personas lo toman, sin distinción de clases ni edad, mediante esta costumbre, y de tomarlo por la mañana, a la tarde y a la noche.... 27 Al café no se le menciona como bebida aunque su cultivo está señalado. 28 Para beber el chocolate se usaba el papelón, "... además del que comen con queso, y otras cosas". 29 El arroz era usual en la mesa "por lo mucho que se coge y consume". 30 Los frijoles estaban considerados como representativos de las legumbres que se comen "así en la olla como en potajes", de las cuales había una cierta variedad: arroz, caraotas, quinchonchos, judías, arvejas, guisantes, no siendo comunes los garbanzos. 31 Se mencionan variadas frutas, para comer en dulce, en bebida o para utilización como remedio, y raíces comestibles, todas las cuales se comían "en la olla", batatas, apios, patatas, ñame, ocumo, layrenes, mapueyes. 32 Eran conocidos también una gran variedad de pescados y de "anfibios" tales como lapas, cachicamos, y morrocoyes. 33 Llama la atención que no se mencione al cochino como fuente de carne ni a la manteca, 34 aunque se sabe que este animal acompañó a los europeos desde el inicio de las conquistas del Nuevo Mundo. La confrontación de estas apreciaciones con los cálculos de este trabajo, pone en evidencia las creencias corrientes sobre el régimen alimenticio en 1775. No obstante la significación que se le asignaba, la asociación cacao-carne era secundaria dentro del consumo. Sorprende el contraste entre la importancia asignada al consumo de cacao y el rango ocupado por éste en la estructura alimenticia. Considerado en el tiempo su importancia disminuye más aún, pudiéndose asociar tal hecho a la aparición del café como bebida. En la región llanera se sabe que durante la primera mitad del siglo XIX la bebida usual, por lo menos para las mujeres, era el "mate". Anuario de Estudios Americanos Sin duda que el patrón alimenticio característico a lo largo de todo el período aparece centrado en torno a muy pocos productos: plátano-maízgranos-carne, y posee una relativa estabilidad. En cambio, el de quesopapelón-cacao exhibe una gran variabilidad. El papelón aparece con una importancia creciente junto con los granos durante el siglo XIX,36 aunque era importante ya en el siglo anterior. 37 Sin considerar la papa y el trigo,38 los cambios individuales de mayor significación parecen ser los del cacao, carne y granos. El maíz era "el principal sustento de las Repúblicas, así de españoles como de naturales", ya en 1626. 39 En el siglo XIX mantiene su significación aunque disminuye su cuantía desplazado por los granos. Con ello cobra más fuerza la hipótesis de la continuidad del consumo de plátanos, pues si sólo en 1839 y 1875 se precisa documentalmente su consumo per cápita, de hecho en 1775 también se le señala como alimento popular. Es probable que su incorporación a la dieta fuera tan habitual que, por ello mismo, no hubo interés en 1775 en calcular su consumo, además de que crecía virtualmente silvestre. Aunque cabría también sostener, en otra hipótesis, que su importancia tendió a acrecentarse en el siglo XIX debido a los cambios en la alimentación. La persistencia de los patrones alimenticios pone en evidencia la significación del aporte en bienes de consumo de la agricultura de "conuco" 40 y de su fundamento económico esencialmente extractivo en una actividad de trabajo simple. Los productos de mayor variabilidad en el régimen eran los que requerían, en cierta medida, de coordinaciones sociales complejas, como la ganadería, 41 de lo que derivaba la sensibilidad de éste a los cambios sociales y económicos. No obstante la nada sorprendente estabilidad de este régimen, 42 revela una readecuación en el tránsito hacia el siglo XIX en las tendencias que revisten los productos individuales. El maíz, casabe, carne y cacao, alimentos característicos de la dieta colonial, tienden a perder importancia. En cambio, los granos, papelón y café, adquieren una mayor significación en la dieta postcolonial. Los cambios individuales de mayor impacto en el régimen alimenticio son, sin duda, los del cacao, carne y granos. En 1839 esto fue advertido por Codazzi, quien manifestaba "se prefiere dar a comer a los peones de las haciendas de estas nutritivas legumbres (granos, menestras, NJT), en lugar de carne, aunque ésta tiene un precio equitativo en el mercado". 43 En 1875 también se apuntaba al hecho de que los granos, cultivados en una gran variedad, "sirven de principal sustento a los campesinos". 44 Desde un ángulo histórico, tales cambios reflejan las modificaciones económicas que estaba experimentando la economía venezolana durante la primera mitad del siglo XIX. Por una parte, el desplazamiento exportador desde el cacao al café, que había comenzado ya a fines del siglo anterior. 45 Y, por otra, las fluctuaciones coyunturales a la baja de la masa ganadera, con motivo de la guerra de la Independencia, con el consiguiente efecto en la provisión de carne y en la desarticulación agrícola, por la ausencia de animales de labor y transporte, 46 aunque todavía tal sector no entraba en declinación como lo haría en la segunda mitad del siglo. El proceso de cambio del régimen nutricional se puede apreciar en el siguiente cuadro: 41 En Torres Sánchez, J.: Evolución de la economía ganadera de los Llanos Centro-Occidentales. El Alto Apure en 1910: renta y ganancia en 'El Calman' y 'La Balza', Universidad de los Andes, Venezuela, 1990 (inédito), se formula la hipótesis de que los distintos factores explicativos del estancamiento ganadero de la segunda mitad del siglo XIX, apuntado por los contemporáneos, particularmente la Guerra Federal, sólo podrían haber tenido efectos de largo plazo en caso de que hubieran afectado a las redes sociales que sostenían el "trabajo de llano". Este requería de una compleja coordinación social. 42 La estabilidad secular de los regímenes alimenticios ha sido detectada por toda la historiografía de El régimen de nutrientes aparece casi dominado por los mismos productos característicos del régimen de alimentación, con lo cual la aportación de calorías fisiológicas pudo depender de muy pocos productos, los que proporcionaban entre el 70% y el 85% de éstas. Aún más, en este primer grupo la tendencia fue a depender de las calorías del plátano y los granos, descendiendo drásticamente el consumo del maíz. Y si la carne figuraba en la dieta colonial, en el siglo XIX descendió su aportación calórica a niveles mínimos. La fragilidad nutricional de la alimentación post independentista contrasta con la del siglo XVIII. La readecuación del régimen de alimentación parece haber estado asociada a una pérdida de calidad de la dieta. Vale la pena hacer una consideración respecto de los totales calóricos que suministraban la energía fisiológica (ver cuadro N.o 2). Debe recordarse que para 1775 en la'persona-día' se consideraba hasta los "muchachos". Las calorías del cálculo son evidentemente excesivas si se comparan con los requerimientos medios para una persona-día de la población venezola- Sin embargo, el desgaste energético promedio para la época tuvo que haber sido superior. Y dentro de éste, es probable que las diferencias entre los niveles de la actividad física de hombres y mujeres no hayan sido muy grandes para un porcentaje mayoritario de la población. Al margen de las inexactitudes posibles de las observaciones de 1775, tal visión de la alimentación del venezolano medio si comportaba una dieta excesivamente rica en calorías, de acuerdo a los requerimientos medios actuales, no lo parecería tanto de acuerdo a las consideraciones hechas. En otros términos, desde este ángulo, es posible que la ración colonial atribuida por Marón hubiera sido adecuada en términos de totales calóricos alimenticios. Los datos posteriores indican una disminución de las calorías en 1839 y un aumento sustancial de ellas con posterioridad, pero con un empobrecimiento de la calidad nutricional, en tanto la relación proteína animal/prótidos tendió a caer violentamente, como se advierte en el cuadro siguiente: CUADRO N.o 5 En líneas generales, la comparación indicaría un aumento de la ingestión de glúcidos con una disminución sustancial de los lípidos, lo que se explicaría por la evolución del régimen alimenticio. En éste, tendió a aumentar la importancia de los granos y a disminuir la de la carne. Se advierte que en todo ese largo período el consumo de carne era fundamental en los equilibrios nutricionales, lo que se puede asociar a la importancia que se asignaba a ese alimento en la mesa diaria. Debe insistirse, sin JAIME TORRES SÁNCHEZ Anuario de Estudios Americanos embargo, en que la participación de los lípidos está subvaluada porque en las fuentes no se considera el consumo de grasas animales y aceites vegetales. La inclusión de éstos seguramente habría alterado la relación entre lípidos/glúcidos, aunque no lo suficiente, para que la presencia de los glúcidos no fuera predominante. Por lo demás, este rasgo se encontrará presente en los resultados de las primeras encuestas sobre nutrición que se harían en la década del 30 y el 40 del siglo XX. 47 Se puede apreciar de manera específica la significación de tales valores si se los compara con los aportes calóricos porcentuales recomendables de acuerdo a estudios actuales,48 sintetizados en la fórmula: [10/13 -25/30 -58/65] En las fórmulas dietéticas para los tres años, el consumo de glúcidos respecto a los requerimientos era muy alto, aunque la provisión de proteínas parece bastante inestable con descenso en la cantidad de lípidos. Sin embargo, el porcentaje de complemento de proteína animal respecto a la total, adecuado inicialmente, tendió a disminuir drásticamente en el siglo XIX. Considerando que en la alimentación diaria de 1775 se consumían otros productos vegetales y animales, según la fuente, es posible deducir que, en términos cualitativos, esta dieta bien podría haber estado más cercana a un grado de adecuación normal de requerimientos/disponibilidad de nutrientes. 49 La situación cambió con posterioridad, pues se advierte hasta 1873 la disminución del aporte proteico animal. El desequilibrio glúcido/proteico aparece, así, como rasgo de amenaza creciente. Es probable, sin embargo que, si tales tendencias se hubiesen dado, pudieran haber operado de manera diferente según las regiones. Hay evidencias que confirmarían estas apreciaciones. En las áreas llaneras, centros de la economía ganadera, se cuenta con observaciones que fortalece-rían la hipótesis de deterioro cualitativo de la dieta, aún cuando allí siguió siendo la carne un elemento básico de la alimentación. Hacia 1846-1847, Ramón Páez apuntaba que los llaneros "no consideran como esencial el pan, en su lugar un trozo de hígado cocido que les agrada más", hasta "se privan...de la carne fresca...por ser naturalmente sobrios, mirando la leche y la mantequilla como alimentos sólo propios para niños". 50 En general, eran una mano de obra disciplinada y frugal: "Escasamente equipados: pagados pobremente; y con la sencilla comida de los Llanos por ración...". 51 En el período de trabajo en los hatos, la alimentación se subordinaba a las tareas. Por la mañana, antes de iniciar los "trabajos de sabana", sólo se tomaba café sin leche, de acuerdo a la costumbre. 52 Leche y mantequilla se estimaban alimentos de mujeres y niños, aunque los visitantes, como el hijo de Páez, no tenían reparos en utilizarlos: se recomendaba mezclar el café y la leche con maíz tostado para resistir las largas jornadas. 53 En el Apure, en el hato San Pablo, diariamente se mataba un animal para el consumo, que se comía asado, sin legumbres ni pan, siendo considerada un lujo la arepa. No parecía ésta una situación habitual, pues según Páez, "se privan hasta de la carne fresca", lo que hace pensar que la carne seca era de uso regular. 54 Como el queso era artículo muy apetecido, 55 posiblemente la alimentación de trabajo la constituía carne seca, papelón y queso, la que en el caso de un domador de caballos le habría permitido llegar a los setenta años de edad. 56 Es posible que tal alimentación hubiera sido habitual en el Llano durante el siglo XVIII, pues corresponde también a las observaciones hechas por Humboldt en 1800 57 y por José Antonio Páez hacia 1810. 58 En cambio, la visión de un viajero alemán que en 1868 cruzó los Llanos apun-ta hacia un empobrecimiento de la comida. Señalaba que en Ortiz la llegada de un transporte de ganado, después de mucho tiempo, había generado una verdadera conmoción pública. 59 En Calabozo, "en los viejos y buenos tiempos reinaba también aquí un tráfico de importancia...". Se trataba de poblados ubicados en plena zona ganadera. El régimen de alimentos parecía no haberse modificado en su composición, pero algunos de sus componentes merecían significativos comentarios: "El elemento básico de las provisiones al menos para el venezolano -es carne recién beneficiada y luego salada que se desprende de las costillas y se cuelga y extiende al sol para la cual tiene un aspecto negro y asqueroso". 60 Después de la carne venía en importancia el casabe y el papelón, agregándose café y "como artículo de lujo un poco de queso.....". 61 La desarticulación de la actividad ganadera y su efecto en la fabricación del queso era, posiblemente, lo que había llevado a convertir un producto básico de la dieta llanera en un producto "de lujo". Pero no sólo cabe establecer limitaciones regionales a tales posibles tendencias, sino que conviene precisar el ámbito de significación de los universos poblacionales a los cuales están referidos los cálculos. Es difícil, por tanto, saber qué porcentaje de la población estaba integrada al consumo mediante el circuito monetario. Para 1839, la población consumidora máxima la tenía el queso con 472.674 personas -un 53%-si excluimos el cacao, que lo consumía toda la población. Y en 1873, excepto para el plátano y los granos, los demás productos tenían una población consumidora máxima de 446.000, lo que correspondía a un 25% del total. A su vez, en la población consumidora las diferencias en el ingreso generaban diferencias en el consumo. 62 Es más que probable entonces, que un porcentaje escapara al deterioro de la calidad nutricional, ya sea por que tenían 59 Gerstacher, F.: Viaje por Venezuela en el año 1868, Caracas, 1968, pág. 62. Tomo LIV, 1, 1997 ingresos monetarios en cantidad suficiente o porque el autoconsumo total permitía una mejor alimentación. 63 Es muy posible que la población integrada a los circuitos monetarios acudiera en parte al autoconsumo como consecuencia de la distribución del ingreso. El Táchira hacia 1873 era eje de un nuevo ciclo cafetalero exportador y de aumento del ingreso, con una fuerte concentración de éste pues sólo el 6% de la población estudiada poseía el 58% de la riqueza. 64 En esta región, en la que la adopción del nuevo patrón de alimentación operaba en ausencia de una tradición de consumo colonial, dado su desarrollo urbano reciente, 65 sólo esta situación distributiva podría explicar el bajo consumo cárnico ya señalado. Por ello, el 70% de esa población complementaba su alimentación con la caza y la pesca. En otros términos, si bien no existen elementos para negar una tendencia secular al descenso en la calidad de la alimentación en el período considerado, en buena parte fundada en la caída del consumo de carne, desplazamiento del maíz y disminución de la masa ganadera, en cierta medida la población pudo haber escapado a sus consecuencias por la vía de la marginación del mercado. De hecho las informaciones, si bien señalan la disminución de este consumo en algunas áreas urbanas como Caracas, basándose en el número de animales faenados, como se ha visto, también apuntan a su importancia en la dieta básica en toda Venezuela: "Carne salada, carne frita, carne sancochada, tres veces al día, así reza el diario menú venezolano y su reglamento se cumple con el rigor más grandes". 66 Aunque ya se conoce el ámbito de validez de tales creencias, afirmar su veracidad no invalida estas conclusiones, pues la provisión de carne por la vía de la caza y la pesca está bastante documentada. En 1818, en la llanura de Barinas, las familias llaneras "no corrían peligro de padecer necesidades, porque los viejos y los muchachos... eran capaces de abaste-cerlas con largueza escogiendo de vez en cuando alguna ternera cerril en el rebaño próximo... 67 En el Apure, no obstante la caracterización de extrema frugalidad de sus habitantes hacia 1850, se dejaba constancia de que los llaneros sabían preparar el pescado de muchas maneras, 68 y si bien algunas carnes de caza no gustaban, como el chigüire, 69 la variedad aprovechable de éstas era muy grande. Por lo demás, es posible que buena parte de la cultura alimenticia indígena todavía hubiera sobrevivido en esa área. Es probable, por tanto, que el deterioro de la dieta haya sido una tendencia real, pero que afectó básicamente a las poblaciones urbanas y a sus estratos de más bajos ingresos, que eran mayoritarios, y en una proporción menor a la sugerida por las cifras. Los factores básicos explicativos de tal deterioro podrían asociarse a las fluctuaciones del ingreso personal y a los volúmenes descendentes de la masa ganadera, que en 1873 todavía no alcanzaba los niveles coloniales. Por ello, de acuerdo al análisis del Censo de 1873, la situación de la alimentación en algunas regiones era deficiente. En Monagas, había "falta de buena alimentación en los pobres", en el Distrito Federal era "insuficiente" entre los "pobres", en Trujillo "la gente pobre se ha conformado siempre supliendo las carnes y legumbres con un caldo salado condimentado con ají que hace servir de compañía a la arepa, al plátano, al cambur y las raíces y verduras de que usan como pan, añadiendo a este frugal alimento algunas jícaras de café 'bolón' o 'cerrero'". En Ciudad Bolívar, los víveres se traían de otros lugares, lo que hacía "que la alimentación sea tan costosa que no esté al alcance de los pobres". 70 La apelación a la caza, la pesca y la agricultura de subsistencia pudieron haber sido los mecanismos que permitieron mantener los equilibrios alimenticios. Es difícil evaluar la significación histórica de esta tendencia. En una perspectiva comparativa muy elemental, los niveles coloniales de consumo de carne aparecen como excepcionales. 71 Lo que, no obstante, era un consumo alto respecto a otras civiliza-ciones, según F. Braudel. En Inglaterra el consumo de carne aumentó en el siglo XVIII hasta 1790, declinando posteriormente. De tal modo que en Manchester en la primera mitad del siglo XIX el promedio per cápita era poco más de 1 libra por semana. 72 Eran estas diferencias las que tenía a la vista Humboldt precisamente, cuando anotaba en 1800 el alto consumo del producto en Venezuela. En la América española puede hacerse una comparación con la Capitanía General de Chile. Desde 1655 hasta 1773 en la ciudad de Santiago la matanza de reses aumentó más de diez veces, cuando la población lo hizo cuatro veces en el mismo período. 73 Esto podría indicar que el aumento de este consumo no sólo se dio efectivamente en Venezuela, sino que pudo corresponder a una tendencia en el ámbito de toda la sociedad colonial hispanoamericana. Más interesante por ahora es la información sobre la dieta de marineros de un buque mercante en 1703. 74 Otra dieta para marinos y soldados en 1768, proporcionaba 2.925 y 2.610 calorías alimenticias, insuficiente de acuerdo a los estándares, pero rica en prótidos como excesiva en lípidos. 75 Evidentemente, estos últimos datos no corresponden a raciones medias propias de segmentos sociales amplios. Y, además, son raciones medias construídas y no raciones atribuidas, como los cálculos de este trabajo. Pero teniendo en cuenta estos aspectos y comparados los datos, las informaciones para 1775, si bien parecen suficientes desde un ángulo calórico, presentarían un mayor desequilibrio. En el contexto colonial y en relación a grupos que hacían esfuerzos físicos considerables como los marinos, la alimentación observada por Marón no parece tan excepcionalmente nutritiva como se desprendería de la comparación con los niveles europeos. Otro problema consiste en sopesar el verdadero alcance de las observaciones típicas desde el siglo XVIII sobre la preferencia venezolana por la carne de res. Tomando en consideración que en los tres casos los porcentajes de proteína animal son muy altos, los valores del caso venezolano no parecen tan excepcionales para una economía en que la masa ganadera había aumentado considerablemente en el siglo XVIII. Es probable, por consiguiente, que la preferencia exacerbada por la carne de res advertida por las fuentes, no respondiera a preferencias relativas, sino a una situación de escasez relativa, inducida menos que por las disponibilidades de la masa ganadera que por los efectos de las fluctuaciones del ingreso para los sectores más amplios de la población. En el siglo XIX tal escasez se convirtió en absoluta por la caída del stock ganadero. En conclusión, se desprende del análisis que el consumo per cápita de carne alcanzó un máximo en el siglo XVIII, lo que parece asociarse al aumento del ingreso y de la masa ganadera. El régimen alimenticio se articuló en torno a muy pocos productos, dependiendo en gran medida de una oferta generada por la agricultura de subsistencia. Su evolución secular, no obstante su estabilidad, parece adaptarse a los grandes cambios de la estructura económica. El régimen nutricional dependió de muy pocos productos aunque altamente nutritivos. La carne resultaba básica en el equilibrio alimenticio debido a su integración a los circuitos mercantiles, por lo que las variaciones del ingreso y de la masa ganadera pudieron tener un gran impacto en la dieta. La economía de conuco, la caza y la pesca, podrían verse como actividades económicas complementarias de gran significación para la reproducción demográfica. Por ello, el deterioro secular de la dieta podría haberse compensado en parte por la vía de la marginación de la economía de mercado. No obstante, su deterioro cualitativo derivado de la disminución de la masa ganadera y de la fluctuación del ingreso personal, parece bastante probable. (1) Ponderado por la población consumidora de café, que estimamos la población máxima integrada al mercado.
intelligentsia liberal consideró a la escuela pública como el instrumento más adecuado para formar al ciudadano. En esas circunstancias los "católicos" y "liberales" libraron uno de los debates más citados por la historiografía argentina. En el presente trabajo se vuelve sobre ese debate En la Argentina, los primeros signos de lo que los contemporáneos llamaron el "progreso" se percibieron desde mediados del siglo XIX, cuando el mundo comenzó la integración plena del mercado y la gran expansión del capitalismo; sin embargo, sus alcances fueron limitados. Faltaba emprender la principal de las tareas: la consolidación del Estado. Para 1880 estaban delineadas, en sus rasgos básicos, las instituciones del Estado: el sistema fiscal, el judicial, el administrativo. No obstante, debían ser desarrollados, era necesario implementar las estrategias -cooptación, coer-ción y penetración-1 para conseguir la homogenización estatal. Se contaron, en un principio, con escasos medios e instrumentos para realizar las tareas más urgentes, como educar o fomentar la inmigración. Hasta que la disponibilidad de recursos fue suficiente, ese Estado asoció y fomentó la acción de los particulares y de las propias provincias. Recién cuando contó con sus propias instituciones consiguió avanzar y adelantarse a la iniciativa de la sociedad civil. La notable expansión de la agricultura y la ganadería marcó el rumbo del "progreso argentino". 2 El motor de ese crecimiento económico fue, sin duda, la exportación de productos primarios (cuero, lana, cereales y carne). Argentina participó activamente en ese marco de internacionalización económica donde el trabajo, el capital y la producción primaria y secundaria eran materia de intercambio, en ese mundo en movimiento, la inmigración cubrió las necesidades de mano de obra que exigía la expansión. En la década de 1880, los recién llegados se concentraron en las grandes ciudades, en la construcción de sus obras públicas y la remodelación urbana. A mediados de la década siguiente, ante el aumento de la demanda de trabajo, algunos inmigrantes se instalaron en la zona rural, a quienes se sumaban luego los que viajaban anualmente para trabajar en las cosechas. Entre 1880 y 1890 los arribados superaron el millón, y los efectivamente radicados fueron unos 650.000, una cantidad notable para un país que contaba con dos millones de pobladores aproximadamente. En la década siguiente, luego de la crisis de 1890, se redujo la llegada y los que retornaban a su tierra de origen fueron, de año en año, más que los que arribaban. El ritmo se restableció en la primera década del siglo XX, cuando los saldos positivos superaron el millón. En esa Argentina en expansión, los hombres de la elite se habían reservado el manejo de la alta política, en tanto era considerada una actividad de "notables". Las prácticas electorales de la época y la fuerte injerencia del gobierno desalentaban a los que quisieran participar de la batalla por la alternancia en el poder ya que la red clientelar, tutelada por las autoridades, garantizaba la seguridad del triunfo en cada contienda electoral. 1 Los análisis de esas distintas estrategias fueron trabajados por Oszlak, O.: La formación del Estado Argentino, Editorial Belgrano, Buenos Aires, 1982. Pucciarelli, Alfredo: El capitalismo agrario pampeano, Hyspamérica, Buenos Aires, 1986. Un enfoque más actual sobre esta expansión económica se puede encontrar en la sección "Perspectivas sobre la historia de la industrialización argentina (1880-1930), Anuario IEHS, 13, Tandil, 1998. ISSN: 0210-5810 Indudablemente, los rasgos de ese sistema político llevaban a una escasa participación de los ciudadanos en los actos electorales. Sin embargo, era también necesario ampliar las bases consensuales: de este modo, conseguir el ejercicio de una ciudadanía activa se convirtió entonces, en un desafío para la elite dirigente. 3 El régimen se sustentó en un concepto relativamente amplio de "ciudadano", que incluía a todos los varones adultos nativos o nacionalizados (los extranjeros votaban exclusivamente en el ámbito municipal), y que lo acercaba más al citoyen de la Francia revolucionaria que al ciudadano propietario propuesto por Locke. Como explica Sábato, esas prácticas electorales cumplieron un papel central en la construcción de una esfera política que se relacionaba de manera compleja con la esfera social, pero que no podía reducirse a ella. En el marco de esa red política, los votantes no eran ciudadanos individuales, libres y autónomos. Los pocos que votaban lo hacían enrolados en fuerzas electorales que participaban en las tumultuosas jornadas de comicios. 4 La falta de competencia entre partidos permitió la estructuración de un partido único, cuyo jefe era el Presidente de la República. El Partido Autonomista Nacional era efectivamente una federación de gobernadores, notables de las provincias, y el presidente usaba sus atribuciones institucionales para disciplinarla. En síntesis, una instancia de acuerdos donde se confundía aquello que era propio del Estado con lo llanamente político. 5 En esa línea, el gobierno de Julio Argentino Roca, prestigioso general que culminó la llamada "Conquista del Desierto" y miembro de la elite cordobesa, inauguró el régimen del ochenta que promovió la mutación social y económica en una difícil convivencia con aquel ejercicio restringido de la política. Fue ese régimen liberal-conservador el que emprendió la tarea modernizadora de la sociedad, ganando espacios para convertir al Estado en protagonista de esa transformación. La Ley de Registro Civil y de Matrimonio Civil (1882), la Ley 1420 de educación común, gratuita y obligatoria (1884) fueron la muestra clara de la intención de avanzar sobre instituciones como la Iglesia y las asociaciones de las colectividades extranjeras. La creación de un sistema monetario (1898), la ley de conscripción militar obligatoria (1902) y la reforma electoral (1912), fueron otras instancias claves de esa política que llevó a la consolidación del estado nacional y a la implementación del proyecto modernizador. Como sostiene Ricardo Salvatore, la mirada que la historiografía argentina hizo de ese proceso subrayó alternativamente los recursos fiscales y administrativos que hicieron posible la existencia de un estado nacional, los mecanismos que generaron un sistema de hegemonía política oligárquica, la base jurídica de la soberanía y el ejercicio del poder y la construcción de un proyecto nacional. Al parecer hubo poco interés por explicar los aspectos culturales y disciplinarios de la construcción del Estado, por lo tanto, la transformación del poder estatal como complejo cultural e institucional -sus estructuras de gobierno, sus razones para gobernar, sus prácticas-quedó relativamente inexplorada. Una omisión que resulta notable, para un país y un período que se consideraron paradigmáticos de los procesos de rápida modernización económica y sociocultural. 6 A partir de esa sugerencia se vuelve a estudiar el modelo de educación pública de los hombres de la Argentina moderna, considerado una de las principales vías para concretar la modernización. Los cambios que se producían en pleno contexto de construcción del Estado nacional y de definición de una nación para el desierto argentino7 se consolidaban si eran acompañados con la educación del pueblo. El progreso material era una de las caras de la civilización, pero su triunfo definitivo se alcanzaría cuando se consiguiera imponer en la sociedad la moralidad en las costumbres, la fidelidad a la patria, el respeto a las instituciones de la república, la dedicación al trabajo y la fortaleza de espíritu. Los hombres de la generación del ochenta esperaron que, por medio de la escuela pública, se consiguiera hacer efectivo ese modelo de ciudadanía. La escuela pública fue considerada como el instrumento más adecuado para formar al ciudadano. La socialización política proyectada a partir de una escuela abierta para todos los niños de la república, varones y mujeres, ricos y pobres, nativos e inmigrantes preveía la conformación de una ciudadanía entendida en un sentido amplio, superador de la estricta cuestión del derecho a elegir y ser elegido. Inspirados en las modernas políticas de los Estados nacionales, más que plantearse el problema de la representación política, les interesó configurar una sociedad civil sobre la que se edificaría el orden y la estabilidad de la república. 8 A pesar de ese acuerdo, el campo educativo generó debates, controversias y negociaciones, que expresaron un cruce de ideas formuladas por aquellos actores interesados en esta cuestión, encuentros y desencuentros, batallas verbales que se libraron a lo largo de estos años y que implicaron una toma de posición política e ideológica por parte de los involucrados. Fue precisamente en las instancias de implementación del proyecto destinado a "educar al soberano" con su impulso secularizador, que se instaló uno de los debates más citados por la historiografía nacional. En una primera aproximación, ante la opinión pública, dos posturas quedaron claramente definidas: la de aquellos que defendieron la enseñanza de la religión como medio para conseguir moralizar las costumbres del pueblo y la de quienes asumieron el compromiso de garantizar una educación libre e igualitaria para todos los habitantes de la nación, es decir, un discurso claramente dirigido a los hombres y mujeres provenientes de otras latitudes que profesaban cultos diferentes. Esas dos tesis, que disputaron la preponderancia en la definición de ese proyecto educativo, alcanzaron su punto de mayor inflexión a comienzos de los ochenta. Fue en el ámbito del Congreso donde "católicos" y "liberales" libraron su batalla más conocida, que culminó con la sanción de la Ley de educación común. En el presente trabajo se retoma este debate para analizar, en una segunda instancia, hasta qué punto los contenidos de la enseñanza, proyectados para ser dictados en la escuela pública, eran incompatibles con el modelo de enseñanza religiosa tal como argumentaron unos y otros en el recinto legislativo. En definitiva, se intenta develar la dimensión de esa batalla político-ideológica y determinar si efectivamente se puede plantear una ruptura entre el universo de valores difundido en las escuelas privadas confesionales y la escuela pública laica, inspirada en las modernas teorías pedagógicas. Voces y protagonistas del debate por el tipo de educación La controversia por el tipo de formación que se debía brindar en la educación de los niños y niñas se había generado antes de la década del ochenta y continuó luego de que se sancionara la Ley 1420. Ya desde mediados del siglo XIX habían aparecido las primeras voces a favor de una educación de carácter laico en las escuelas públicas. Una de las más destacadas fue la de Juana Manso, notable y emprendedora educacionista del Río de la Plata. Después de la caída del régimen de Juan Manuel de Rosas, en 1852, regresó de su exilio a Buenos Aires para trabajar junto a Domingo Faustino Sarmiento, considerado el máximo precursor de la educación en la Argentina. En 1858 se convirtió en editora de Álbum de Señoritas,9 donde, desde su lugar de mujer "ilustrada", criticó tanto la enseñanza religiosa tradicional como la que recibían los varones y las niñas. Al tomar la palabra, se pronunció a favor de una educación que permitiera liberar a las mujeres. Cuando señaló que "[...] quería probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo, un defecto, un desatino o un crimen, es su mejor 'adorno', su verdadera fuente de virtud [...]",10 se granjeó la condena de la opinión influyente de su época. Extinguida esta publicación, Manso comenzó a colaborar en los Anales de Educación Común, primer órgano pedagógico de la Argentina, fundado el 1 de noviembre en 1858. Poco después, cuando Sarmiento asumió como Director General de Escuelas en 1860 con la intención de reimplantar la coeducación de niños y niñas en las escuelas de Buenos Aires, Manso fue designada Directora de la Escuela Primaria N° 1 para ambos sexos. La dirigió durante seis años pero, con el cambio de las autoridades escolares y al ordenarse nuevamente la separación de varones y niñas, sintió la necesidad de alejarse. En 1871 fue designada como vicedirectora interina de la Escuela Graduada N°1 y, al año siguiente, Nicolás Avellaneda, ministro de instrucción pública en la presidencia de Sarmiento, la nombró miembro de la Comisión Nacional de Escuelas. Desde el ejercicio de su cargo, Sarmiento reconoció públicamente las condiciones de educadora de su amiga confiándole la traducción de la obra de Horacio Mann y Norman Calkins, Lecciones sobre objetos para los maestros y los padres. Al año siguiente, la educadora fundó en el mismo año la Sociedad Pestalozzi, originalmente conocida con el nombre de Sociedad de Educación y el periódico Educación Moderna. Sin embargo, los obstáculos y permanentes cuestionamientos a su obra como miembro del Departamento de Escuelas siempre estuvieron presentes al extremo de dejar fuera de circulación por cinco meses la revista los Anales. La batalla personal librada por esta "mujer republicana liberal" 11 contra los personajes influyentes de su tiempo se mantuvo a lo largo de estos años. Cuando murió en 1875, comenzaban a darse los primeros pasos efectivos que convirtieron a la educación en una cuestión de Estado. 12 El aforismo alberdiano "gobernar es poblar" devino en un nuevo mandato: "gobernar es educar". Era necesario garantizar el derecho a una educación común mediante la sanción de un "plan de instrucción general del que hablaba la Constitución". 13 En esta línea, el ministro de Culto, Justicia e Instrucción Pública, Onésimo Leguizamón, al resumir los principios pilares en que debía sustentarse el proyecto educativo moderniza-dor, introdujo un aspecto que desencadenaría el conflicto, al señalar que "si bien todo hombre debe tener una religión, y que cada uno quiera enseñarla a sus hijos, la escuela pública, costeada con la renta de los hombres de diversas religiones, no puede servir para enseñar a una exclusivamente sino con el consentimiento de los padres". 14 De este modo, el consenso en torno a la presencia del Estado en materia de instrucción mostró su primer quiebro cuando hubo que precisar el tipo de formación que se dictaría en las aulas. La controversia entre los dirigentes liberales y los católicos se agudizó sobre todo a partir de 1880. La prensa fue el canal del que se valieron ambos bandos para llegar a la opinión pública en defensa de la causa y la denotación del rival. Sarmiento fue una de las figuras descollantes de esa polémica asumiendo, desde las páginas de El Nacional, la firme defensa de la educación laica; enfrentado a sus compañeros del Consejo Nacional de Educación, al ministro Pizarro, al ex-presidente Nicolás Avellaneda, escribió los comentarios más irónicos y agudos en la saga de artículos que publicó bajo el título "La escuela sin la religión de mi mujer". 15 Por su parte, Mitre desde La Nación, Paul Groussac, Lucio V. López, Carlos Pellegrini, Roque Sáenz Peña, Delfín Gallo y otros, en Sud América, José C. Paz como director de La Prensa y sus editorialistas fueron las figuras más notorias que se sumaron a la defensa de la escuela laica. A favor de la enseñanza religiosa, en La Unión, José Manuel Estrada, Pedro Goyena, Emilio Lamarca, Tristán Achával Rodríguez y Miguel Navarro Viola fueron las voces más relevantes del pensamiento católico en aquel debate. Para evitar tensiones se convino que en el primer Congreso Pedagógico de Buenos Aires convocado en 1882, 16 donde participaron invitados del resto de Hispanoamérica y de España, no se tratara el tema de la enseñanza religiosa. De este modo, el debate se trasladó al ámbito del Congreso 14 Idem. A lo largo de ese año en sus comentarios, aludía a la extraordinaria presión que ejercerían sobre las autoridades nacionales las damas católicas, especialmente "la esposa del doctor Avellaneda que lo impulsa a defender la enseñanza religiosa en nuestras escuelas argentinas". Para los liberales de la época, aquellas mujeres que asumían la defensa de la religión católica eran la expresión de un obstáculo a la modernidad. 16 Esta cuestión se ha trabajado en Cucuzza, Héctor: De Congreso a Congreso. Crónica del Primer Congreso Pedagógico, Besana, Buenos Aires, 1986. Nacional 17 cuando se discutieron el proyecto de la Comisión de Instrucción Pública y Culto presentado por la bancada de diputados católicos, en el que se establecía la enseñanza religiosa obligatoria, y el proyecto de educación común de los diputados liberales, en sustitución del de la Comisión, en el que se defendía la enseñanza laica. La propuesta de los legisladores liberales se inspiró en la ley belga de 1879 que excluía la religión de la enseñanza oficial, limitándose a permitir que los ministros de las diversas comuniones, antes o después de las horas de clase, asistiesen a la escuela para dar la enseñanza de su doctrina respectiva. Se dejaba expresa constancia que "la enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los distintos cultos, a los niños de su respectiva comunión, y antes o después de las horas de clase". 18 Se puede decir que, en aquellas circunstancias, la postura de los "católicos" quedó debilitada ante el avance de la política estatal y su voluntad de abrir "la escuela pública para todos los niños del país" sin carácter confesional. Sin embargo, el núcleo de legisladores católicos argumentó a favor de la enseñanza de la religión y moral -exonerando a los padres de familia que no profesaban el catolicismo de la obligación de enviar a sus hijos para ser instruidos en esa religión-declarando como necesidad primordial "la de formar el carácter de los hombres por la enseñanza de la religión católica y las instituciones republicanas". 19 En la Cámara el debate comenzó con la presentación del diputado católico Achával Rodríguez, que cuestionó el proyecto de la bancada liberal por desconocer el artículo 5.o de la Constitución Nacional que delegaba la instrucción primaria a los gobiernos provinciales. Esta ley, según argumentó, afectaría además a las escuelas privadas que dieran una instrucción contraria a la dispuesta por las autoridades nacionales. Ante la pregunta de a quién corresponde enseñar, sostenía: "[...] que los elementos del hogar, que los elementos del pueblo, la escuela particular, que los elementos religiosos, como poder indispensable en un Estado, y que el esta-17 Ese debate también se reveló de modo interesante en las diversas peticiones que católicos y liberales presentaron en su momento en el recinto del poder legislativo. Se puede decir que fue un debate detrás del debate planteado entre los legisladores y que merece un tratamiento aparte. Un llamativo trabajo al respecto es el de Cuccorese, Horacio Juan: "Historia de las ideas, la 'cuestión religiosa' en 1883 a través del derecho de petición presentado en el Congreso Argentino. Las manifestaciones populares", Academia Nacional de la Historia, t. ISSN: 0210-5810 do mismo, tiene en cada uno de ellos el derecho y el deber de tomar al individuo apenas sale del seno de la madre, para hacerlo hombre, es decir, para hacerlo religioso, moral, cívico; para desenvolver en él, en una palabra, todas sus facultades naturales, y ponerlo así en condiciones de cumplir su misión [...] Se pretende, señor Presidente, que es el Estado quien debe dirigir única y exclusivamente la enseñanza, quien debe preparar la inteligencia del individuo, y que sin esa intromisión del Estado no puede existir la escuela particular. Y a este respecto se considera que hay un defecto en el proyecto de la Comisión". 20 Con este proyecto de ley, tal como lo entendía, se atacaba una de las más preciosas garantías establecidas en la Constitución, "el derecho de ¡enseñar y aprender libremente!". 21 Por eso se debía salvar la escuela "libre", puesto que era la única garantía posible de la libertad en la vida práctica. La otra objeción que presentó fue la proscripción de la enseñanza religiosa en la escuela oficial; desde su perspectiva, era una afirmación terrible el considerar inconciliable la enseñanza religiosa con las instituciones democráticas, no podía existir una sociedad bien organizada sin religión, allí estaba el ejemplo de los Estados Unidos y su escuela oficial: "¿Cómo entran los niños en la escuela oficial en los Estados Unidos? Allí se abren todas las aulas oficiales, todas las escuelas particulares con este primer acto obligado: recitando los niños la oración dominical, el padre nuestro en que todas las sectas y comuniones están conformes. Practican, pues, los niños, la religión desde que pisan los umbrales de la escuela. [...] Esta es la escuela de los Estados Unidos. No es la escuela indiferente: es la escuela religiosa. [...] El pueblo de los Estados Unidos se encuentra dividido por innumerables sectas, que surgen del protestantismo, y entonces el Estado ha comprendido que no era posible tomar un credo común, sin herir a unas sectas favoreciendo a otras"22. Se proclamó por esa razón, como un "liberal" en la verdadera acepción de la palabra, de modo que no existían dentro del parlamento argentino esas divisiones de tipo político como se quería suponer. Lo que marcaba la diferencia era la convicción de que el maestro no podía enseñar moral si se prohibía toda noción de religión en la escuela. 23 En su opinión, esa enseñanza no debía reducirse exclusivamente al hogar, ya que no se podía confundir la educación con la instrucción propiamente dicha. 24 En el debate, desde la posición católica participó también quien fuera reconocido como un brillante político, Pedro Goyena. En su alegato recordó que la propia Constitución exigía como requisito para ser Presidente de la República pertenecer a la confesión católica. Por tanto, en sus funciones debía estar animado del espíritu del catolicismo, tener respeto por él, en atención a las funciones de patrono, como un hijo de la Iglesia, nunca con propósitos de hostilidad y animadversión hacia ella. Aclaró que el tipo de liberalismo que criticaba era el que promovía la "idolatría del Estado", aquel que concebía "la vida social, la administración, el gobierno, completamente desvinculados de la religión". 25 Allí residía el mayor atentado contra la libertad: "Cuando el Estado es concebido como una entidad superior a los derechos individuales, que no respeta el deber y la facultad del padre de familia como educador de sus hijos, -que no respeta a la Iglesia en su misión docente, que no respeta el principio religioso, -¿qué es lo que sucede? El Estado lo llena todo, mata toda iniciativa; y orgulloso de su predominio, con el deseo de conservarlo, legisla de esta manera". 26 Según su argumento, ese liberalismo se asemejaba a la aplicación del materialismo, del ateísmo a la vida civil, que eliminaba la iniciativa particular. Ése era el cariz que había tomado la civilización moderna, dominada por los intereses materiales a expensas del desarrollo de las virtudes del hombre. La ciencia, a la que la Iglesia no había sido nunca hostil, tomaba ese rumbo extraviado por la influencia de ese orgullo insensato. Por eso las sociedades contemporáneas no hacían más que ofrecer "un desnivel chocante entre su grandeza material y la exigüidad, la pobreza, la debilidad de sus elementos morales". 27 Goyena no tenía dudas, "la escuela debe ser religiosa [...]. Se enseñará, pues, la religión nacional, se enseñará la religión que sostiene la Constitución de la República". 28 La realidad del país indicaba que concluida (sic) aquí, en esta vida, continúa en otra. [...] El maestro tendrá que enseñar al niño que hay un principio supremo que viene de lo Alto que se llama principio de autoridad; y que no es cuestión simplemente de conveniencia; sino que tiene en virtud de ese principio el deber de respetar y cumplir las leyes de su país". 24 "Siendo nuestro clero tan reducido, relativamente a la población, será imposible que los sacerdotes den la enseñanza religiosa a un gran número de niños, llenando al mismo tiempo los otros deberes de su ministerio, sobre todo si se tiene en cuenta que esos niños no están preparados por el conocimiento del Catecismo, adquirido en la escuela. [...] A este respecto puedo invocar la opinión de Guizot, quien decía en un debate análogo al presente: la enseñanza moral, la enseñanza religiosa, si ha de ser eficaz, no puede circunscribirse a tiempo y lugar determinados; no se moralizan a tan bajo precio y en condiciones tan fáciles, las generaciones que forman un pueblo. No; aquella enseñanza debe ser de todos los momentos y de todos los lugares: debe ser como una atmósfera que envuelva siempre al niño; sólo así ejerce sobre el alma y sobre la vida, toda su saludable acción". 29 El cruce de argumentos llegó a un punto clave. Los diputados católicos no rebatían el proyecto de enseñanza oficial, lo que cuestionaban era la ausencia de la enseñanza religiosa. Achával Rodríguez proclamaba en defensa de la enseñanza de la religión la necesidad de anteponer la formación del hombre antes que la del ciudadano. Ésta había sido la gran conquista de los principios modernos: el "sagrado" principio de los derechos individuales. Ante las palabras del ministro de Instrucción Pública, Eduardo Wilde, "el Estado hace ciudadanos, la Iglesia hace católicos". Su respuesta fue: "el Estado hace el ciudadano; la iglesia hace el hombre". 30 Aquel mandato convertía a la Iglesia en un poder social, una institución gobernante con jurisdicción temporal y una inevitable relación con el Estado: "Si el Estado no puede prescindir de tener religión, es decir no puede prescindir de adoptar verdades religiosas, como fundamento de su legislación; si no puede, por consiguiente, dejar de adoptar las verdades que tienen por objeto y enseña esta institución que se llama Iglesia; el Estado no puede tampoco desconocer a la Iglesia, a la institución social docente, la parte que le corresponde en el gobierno de la sociedad y, por lo mismo, la jurisdicción requerida por ese gobierno. [...] el Estado no puede ser separado de la Iglesia de una manera absoluta; mucho menos si la Iglesia es una institución a la cual pertenece la totalidad de los habitantes del Estado: desde que la Iglesia es la depositaria del credo de todos ellos, el Estado no puede estar completamente separado de la Iglesia". 31 En función de esa relación, el Estado debía acompañar la enseñanza religiosa que comenzaba primeramente en el hogar, donde se brindaba la 29 Ibídem, págs. 220-221. 31 Ibídem, págs. 276-277. educación del ejemplo dirigida al corazón, pero su alcance era limitado en tanto que, "El artesano, el jornalero, que tiene que abandonar la casa y salir desde la mañana a buscar el pan cotidiano para el alimento de sus hijos, no puede dedicarse a desenvolver la inteligencia de sus hijos. La madre pobre, que ocupada en los quehaceres de la familia, tiene todo su tiempo absorbido por estas necesarias ocupaciones de preparar el alimento de sus hijos, de asear sus ropas, etc., no puede tampoco dedicarse a cultivar las facultades intelectuales de éstos con la extensión indispensable. Toda la enseñanza que pueda recibir allí el niño, será la enseñanza del ejemplo que le ofrezca la conducta moral de sus padres. ¿Qué es, qué debe ser la enseñanza primaria, en tal caso? La escuela primaria es y debe ser el complemento del hogar. En ella deben existir todos los elementos necesarios para continuar y complementar la obra del hogar, es decir, para poner en ejercicio y cultivar todas las facultades del niño. En ellas debe haber los elementos necesarios para cultivar las facultades morales, el corazón, los sentimientos, y para desenvolver, a la vez, las facultades intelectuales y de la voluntad. El señor Ministro decía con mucha razón: la escuela debe ser integral". 32 En la escuela primaria, casi un hogar, el maestro debía dictar al niño nociones respecto del hombre, pero sus enseñanzas debían contener aspectos que demostraran su creencia religiosa. Si no tenía religión o si procedía como si no lo tuviera y se apartaba completamente de toda verdad religiosa, daría una enseñanza atea. La enseñanza de religión impartida por un sacerdote o por el cura párroco fuera de horas de clase, después de una lección de historia, física o cualquier otra materia dada por un maestro sin religión, era un peligro para la educación del niño. Si bien era importante que existiera una asignatura especial de religión, lo más importante era que "el maestro ha de ser religioso". 33 Por lo tanto, la escuela debía dotarse de maestros católicos. Ante la pregunta del diputado Calvo, si aquello implicaba excluir a los maestros de las demás religiones, volvía a recordar que su propuesta era que se subvencionara las escuelas privadas. Si la inmensa mayoría del pueblo argentino profesaba la comunión católica, apostólica y romana, se preguntaba el legislador católico, por qué no introducir su enseñanza en la legislación sobre la educación primaria. Desde su perspectiva, el proyecto revelaba el "contagio de las doctrinas que nos llegan en el soplo revolucionario de la Francia", 34 para recordar los cos-32 Ibídem, pág. 303. 34 Ibídem, pág. 328. tosos riesgos corridos cuando Gambetta convirtió la cuestión política en cuestión social, haciendo imposible la República. Por eso, ante la defensa del diputado Gallo del proyecto oficial, Achával Rodríguez volvía sobre su afirmación. "[...] el maestro no debe ser solamente religioso en la enseñanza religiosa. La enseñanza de la geología, la enseñanza de la filosofía, etc., deben estar basadas sobre las grandes verdades de la revelación". 35 El legislador avanzaba sobre una cuestión de fondo: el origen del conocimiento. El fundamento del conocimiento era la religión y no la ciencia. Ante el argumento de Gallo sobre el carácter neutro de la escuela de los Estados Unidos, donde sólo se rezaba en la apertura de la clase una oración, la respuesta del diputado católico fue la misma: "Mientras tanto nosotros sostenemos que la enseñanza toda debe ser religiosa". 36 En su alegato final, reiteraba ejemplos como el de Bélgica donde supuestamente la exclusión de la religión llevaba a una indiferencia que provocaría el derrumbe social. Para impugnar el despacho de la Comisión de Instrucción y Culto, pedir su rechazo y su reemplazo por un proyecto de ley presentado por sus colegas -y que resultara posteriormente la base fundamental de la Ley 1420-habló el diputado liberal Onésimo Leguizamón. 37 Explicó que si la educación era un medio de gobierno, no debía dársele un sentido contrario a las instituciones del país, ya que el poder de cada nación era el responsable de los destinos del pueblo llamado a educarse. La educación debe ser completamente obligatoria, necesariamente obligatoria, hasta sus últimas consecuencias. Si no fuese obligatoria, el deber de la educación existiría al lado del derecho de la ignorancia, y esto es más que una contradicción palmaria, es un absurdo. [...] Su consecuencia natural es el otro principio, la educación debe ser gratuita, porque la educación obligatoria supone, como condición y explica- 35 Ibídem, pág. 329. 37 Cabe señalar que en oportunidad de desempeñarse como ministro de Culto, Justicia e Instrucción Pública y Culto, se había anticipado sobre esta cuestión sosteniendo: "[...] es el momento de dictar el plan de instrucción general del que hablaba la Constitución para conseguir ese impulso homogéneo a través de una ley común, una ley superior en la que se contemple la educación laica [...] sólo para los pueblos católicos el asunto tiene novedad. La Inglaterra misma tan subordinada a la influencia de la iglesia anglicana en materia de educación, rompió hace cinco años con el pasado para decretar la más radical secularización de las escuelas. No por eso han demolido sus históricos establecimientos de Eton y Arrow, donde los hijos de la nobleza de Inglaterra recibían una educación clásica y viril según la expresión de Montalambert, bajo la dirección de algunos miembros eminentes del clero anglicano. El pueblo inglés reforma conservando, jamás demoliendo [...]". Ver, Memoria de Culto, Justicia e Instrucción Pública, Imprenta Americana, Buenos Aires, 1875, pág. XLIII. ción, la existencia de la escuela gratuita al alcance de los niños a quienes obliga a ser educados. [...] La educación tiene que ser en consecuencia necesariamente gradual, con arreglo de los preceptos de la naturaleza. [...] La educación debe tener un objeto esencial: desarrollar simultáneamente la inteligencia, la parte moral del niño, y también su capacidad y sus medios físicos. La educación debe ser dada, en consecuencia, con arreglo a los principios de la higiene, necesaria, obligatoriamente con arreglo a los principios del desarrollo físico. [...]." 38 Leguizamón cuestionó que el proyecto de la comisión no contuviera una palabra sobre la educación de la mujer y se refirió especialmente a las aptitudes de la condición femenina para el ejercicio del magisterio. 39 Al mismo tiempo, consideraba que se exigían ciertas condiciones para el maestro oficial y nada se exponía sobre el maestro privado. Así se aseguraría la enseñanza de la verdad en la escuela pública y dejaría en libertad para que se enseñara la mentira en la escuela privada. En lo relativo a la profesión del maestro, consideró que la ley era muy deficiente puesto que exigía ciertas condiciones de capacidad, pero no determinaba qué condiciones, y no hacía referencia a la estabilidad del magisterio, dado que ese factor era de sustancial importancia para garantizar su propio desarrollo, su moralidad y su ilustración. En otro aspecto, se explayó sobre el carácter que debía tener la inspección a la que presentó de dos maneras, técnica y administrativa. La primera correspondía a los maestros, hombres competentes; la administrativa, referida a la higiene, a la moral y a la disciplina de las escuelas, tenía que estar entregada, con arreglo de las nociones sociales comunes en materia de educación, a los padres de familia; es decir, al vecindario, al distrito escolar. Según lo entendía, el vecindario tenía "el derecho de intervenir en el gobierno inmediato de la escuela local, donde tienen a sus hijos, y donde el maestro desempeña, como en el seno de la misma familia, una misión de confianza". 40 En esta línea, proponía una inspección vecinal que debía ser 38 Congreso de la Nación, Cámara de Diputados, Sesión del 4 de julio de 1883. 39 Finalmente la ley permitió, en primer lugar, que se le garantizara a la mujer, en el marco de la educación primaria, los mismos programas y procedimientos escolares que fueron pensados para el varón. Una misma enseñanza que se diferenciaría en aquellos contenidos específicos que se le exigían a la mujer para el desempeño de su habilidad manual que le permitieran cumplir eficazmente con los que eran sus deberes usuales del hogar. Como se dejó expresa constancia, aquella escuela primaria a la que accedían las niñas tenía un sentido último: el de "educar a la hija del pueblo para que sea un día miembro útil de la sociedad". Esta cuestión ha sido trabajada en "Ciudadanas útiles para la patria. elegida por su pueblo. Esa comisión, formada por padres de familia, era la indicada para elegir, de una terna, al maestro que tenía la delicada función de educar a los niños de la comunidad. En síntesis, la propuesta de Leguizamón contemplaba una postura intermedia entre quienes defendían el derecho de la sociedad civil a diseñar y administrar las escuelas en las que se educaban "los hijos de la comunidad" y, las posturas centralistas que defendían el control de la educación por parte del Estado. La intención de Leguizamón de acercar las posiciones no le quitó vehemencia y contundencia a su defensa de la educación laica, a la que consideraba el marco adecuado para el proyecto modernizador del país: "Si la Constitución argentina es tolerante, la escuela tiene necesariamente que ser tolerante. Si la Constitución ha proclamado la libertad más absoluta de conciencia para los ciudadanos, la escuela no puede venir a alterar los principios de la Constitución borrándolos en la práctica y a hacer obligatoria la enseñanza de una religión determinada en esa escuela a que concurren los hijos de todos los habitantes y a que tienen derecho de concurrir, porque contribuyen con su peculio a sufragar la existencia de la escuela. [...] Las puertas de la República les quedarán cerradas. Ningún inmigrante va a un país en donde, por primera condición, la ley le impone para sus hijos una religión determinada. [...] El maestro que es civil, y lo será casi siempre, puesto que no exige, para ser maestro condiciones de comunión determinada, viene, por la ley, a ser obligado a enseñar una religión que, tal vez, no es la suya. [...] No es entonces, la escuela sin Dios lo que quiere el partido liberal en la Cámara. Los que piensan como yo, los que me hacen el honor de acompañarme en la cuestión que nos ocupan, dejan a Dios donde se encuentra; donde debe estar: en todas partes, según la verdadera noción de su omnipresencia. Hacen más aún: dejan en completa libertad a todos los ciudadanos para que adoren a Dios como lo entiendan en el templo y fuera de él, en la ermita y fuera de ella, en el valle, en el monte, en público y en privado, sin imágenes ni símbolos, con tal que lo hagan en espíritu y en verdad, es decir comprendiéndolo y amándolo sinceramente". 41 El argumento fue retomado por el legislador Lagos García. Explicó que no podía considerarse ateo a un Estado que no sostuviera determinada religión, sino que -en todo caso-la que no debía ser atea era la sociedad. El Estado, en tanto representante de la sociedad para fines determinados, tenía una misión diferente a la de la Iglesia: hacer reinar la justicia, hacer respetar los derechos, procurar que los hombres vivieran lo más felices que fuera posible. De manera provocadora llegó a afirmar: "[...] no es cierto que la escuela que propone el proyecto que hemos presentado en sustitución de la Comisión, sea una escuela atea. No es atea la escuela en que se enseña la moral que reposa sobre las ideas de la existencia de Dios, de la inmortalidad del alma, de la Providencia y de la justicia divina. [...] La escuela que propone el contraproyecto presentado, es cuando más una escuela neutra, una escuela no sectaria. [...] Pero voy a demostrar algo que tal vez sorprenda a la Cámara, y que sin embargo, es la verdad, (...) la única escuela atea, la única escuela sin Dios que se establece, según esas doctrinas, es la que propone el proyecto de la Comisión. El proyecto de la Comisión propone que se de la enseñanza por el institutor del dogma católico, a todos los niños cuyos padres pertenezcan a la comunión católica, quedando excluidos de la enseñanza de la religión a todos aquellos cuyos padres pertenezcan a las comuniones disidentes. Y entonces yo digo que el proyecto de la Comisión que no permite siquiera entren allí, a enseñar religión, sacerdotes de cultos disidentes, es el que se crea la escuela atea para un número muy considerable de los niños de esta Capital y de los territorios nacionales [...]". 42 También estuvo presente para apoyar el proyecto del diputado Leguizamón el ministro Eduardo Wilde. En su disertación expresó que el ministro de Culto, Justicia e Instrucción Pública de una nación como la República Argentina no era el responsable de propagar la fe, ni de ser su apóstol, no debía enseñar una religión, ni proteger un culto en detrimento de otros. La historia había demostrado que el Estado tenía fines particulares como el de unir a los hombres entre sí, por su lado, la religión tenía la función de unir a los hombres con Dios, en una palabra: mientras el Estado se dirige a las colectividades, la Iglesia se dirige a los individuos, "Por consiguiente, la religión que une íntimamente el individuo al Ser Supremo, no da lugar a responsabilidades, ni establece relaciones ni vinculaciones colectivas ante él, aun cuando las establezca entre los miembros de un mismo credo, para los fines terrenales que la Iglesia procura. El Estado, por el contrario, dirige la vida de las asociaciones, responsabiliza a los grupos y lo hace todo con la acción en conjunto. De aquí resulta que, siendo diferentes los fines de la Iglesia y los fines del Estado, hay independencia recíproca. El Estado une a los hombres, ¿para qué? Para que los hombres se ayuden en la lucha por la vida, para que hagan posible el trabajo y, por lo tanto, el sostenimiento de los grupos y de los individuos que los forman. [...] Un Estado, en la concepción del derecho moderno, puede confesar la existencia en la mayoría de los que lo componen en una religión; es decir, afirmar en sus leyes que la mayoría del pueblo tiene tal o cual religión [...]. Pero eso no significará que el Estado, entidad colectiva, tenga lo que solo pertenece al individuo, una creencia, una religión. La religión es una concepción enteramente individual [...] Nadie se puede asociar para tener una religión [...]. Con su alocución, llegó a plantear una cuestión cardinal en el debate: la relación entre el Estado y la Iglesia y la cuestión de la ley de educación: "En la época moderna se presenta con toda claridad la diferencia que hay entre el Estado y la Iglesia; se ha llegado a ella y poco a poco, por la transformación de las ideas, por las conquistas especiales de la Iglesia sobre las creencias y del Estado sobre los intereses temporales, y nos encontramos en frente del concepto verdadero del gobierno político, del principio moderno, que es el Estado interconfesional. Porque los hombres siendo iguales en deberes ante el Estado, tienen que ser iguales en derechos; y uno de los derechos es la libertad de conciencia, derecho proclamado por la conciencia política, y reconocido a la par de todo otro derecho. [...] La religión, señor Presidente, es un refugio y un consuelo; el Estado es un protector de los derechos del hombre. Si se unen los dos poderes, este inmenso poder de la religión y este poder formidable del Estado en una sola persona, habrán desaparecido los derechos de los ciudadanos una vez que esa persona pudiera ser déspota, cruel o sanguinaria. La Iglesia puede ser un refugio contra la injusticia del Estado, como dicen los pensadores, y el Estado es a su vez un protector contra la intolerancia de la Iglesia. [...] el verdadero principio moderno, proclamado en estas grandes palabras de Cavour, es:'La Iglesia libre en el Estado libre'. [...] La Iglesia domina las creencias; el Estado domina las funciones políticas. [...] El temor por parte de los que han sido designados con el nombre de clericales, no se si con razón o sin ella, no es de lo que va a ocurrir en las escuelas, si esa enseñanza no se decreta; sino del significado que tendrá la declaración de las Cámaras de la Nación y del Poder Ejecutivo en un momento de conflicto para los intereses que los clericales sostienen en el mundo entero. Y precisamente, por contar planes tan funestos para el país, se empeña el Poder Ejecutivo en sostener que no se consigne en la ley la enseñanza religiosa; por no mirar atrás, como se ha dicho; por no dar, en una declaración oficial y en una sanción del Congreso, una prueba de atraso; por no decir, en fin: Con la ley de educación y de una manera indirecta, cierro las puertas a la corriente de inmigrantes de cuya afluencia necesita para el engrandecimiento de la Nación". 44 El largo y sostenido debate, recuperado sólo en sus aspectos centrales, culminó con el rechazo del proyecto de la comisión y la aprobación del que presentara Leguizamón. La votación fue concluyente: cuarenta y tres votos contra diez. 45 En definitiva, aquella controversia giró sobre dos tesis centrales: la de los católicos que defendieron el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que desearan para sus hijos, proclamando el predominio de las familias católicas en el país, y la de los que consideraron la educación como una cuestión de Estado que debía priorizar la formación del ciu-dadano. 46 Era una querella en la que el pensamiento católico, antiindividualista y, en principio, respetuoso del orden social establecido se oponía a la educación liberal, centrada en el individuo y la confianza en el cambio, un antagonismo que durante el siglo XIX se expresó como un conflicto entre la tradición que encarnaba la Iglesia católica y la modernidad que se empeñaba en construir el Estado. Para los católicos, el conocimiento se sustentaba en los dogmas de la verdad revelada y la defensa de la familia frente al individuo como núcleo de la vida social. Por su parte, los liberales recuperaron la matriz ilustrada y sostuvieron que la primacía de los valores religiosos obstaculizaba la estructuración de una comunidad nacional, mucho más amplia que la sociedad religiosa, por definición excluyente. 47 En la Argentina, la Iglesia era una institución relativamente reciente que comenzó a conformarse paralelamente al Estado en la década de 1870, 48 ambos procesos no fueron independientes y su carácter conflictivo derivó muchas veces de la necesidad de definir sus respectivos campos de acción 49. Ese Estado nacional que propició y necesitó "nacionalizar" el clero encontró más acuerdos que debates con la Iglesia católica. La controversia, por tanto, se instaló a partir de la batalla librada entre ambas instituciones por controlar los espacios de socialización y de difusión de un principio organizador para la comunidad. En aquel contexto en el cual el Estado daba sus pasos firmes hacia su consolidación, los sectores católicos, "en retirada" 50, no encontraron las condiciones propicias para ser escuchados y neutralizar el discurso liberal en el marco de la pax roquista y de la promesa de que el programa modernizador obtendría éxito. Se impuso la enseñanza libre en las escuelas primarias nacionales, y se dejó librado a las autoridades provinciales que decidieran sobre la posibilidad de que se dictara la enseñanza religiosa optativa los días sábados para aquellas familias que estimaran conveniente que sus hijos la recibieran. De todos modos, aquella controversia continuó y apareció con cierta recurrencia, alcanzando puntos de inflexión en momentos en que la educación pública era cuestionada por su supuesta ineficacia. En ese contexto, el reposicionamiento y la mayor ingerencia de los sectores católicos se hicieron presentes acusando a la escuela pública y sus maestros de formar a los niños sin la idea de Dios. El año 1906 fue paradigmático, en ese sentido, al evidenciar el avance de algunos gobiernos provinciales que, valiéndose del principio de jurisdicción sobre los establecimientos que dependían de su administración, decidieron imponer la enseñanza religiosa. Esa situación llevó a que el ministro Piñero ratificara, desde la nación, la libertad de enseñanza. Esa nueva disputa se trasladó al ámbito de la comunidad que tomó partido por uno u otro bando, tal como sucedió en la provincia de Córdoba: "Un núcleo de personas caracterizadas se ocupa en hacer firmar un telegrama al ministro Piñero, felicitándolo juntamente con el presidente de la república, por el decreto de libertad de enseñanza". 51 La directora de la escuela provincial de niñas pasó a una nota a la comisión vecinal escolar, informando de las torpes burlas provocadas por fanáticos enemigos de la enseñanza laica. Las personas sensatas critican severamente los procederes del elemento ultramontano, instigador de estas burdas persecuciones". La toma de posicionamiento cuando se instalaba nuevamente el debate era inevitable. Así por ejemplo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, donde, se gestó: "[...] un movimiento de opinión contra la nueva ley escolar sancionada por la cámara de diputados de la provincia, según la cual se establece la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas fiscales, debiendo estar a cargo de miembros del clero católico. Esta ley, tan inoportunamente dictada, por cuanto ha venido a raíz de la afrenta al sentimiento liberal del país, por la cuestión de la entrada de la bandera nacional en los templos, ha repercutido desagradablemente entre los liberales, que se disponen a combatirla, organizando manifestaciones públicas contra el gobierno que la prestigia y contra los legisladores que la sancionaron". En cuanto al incidente mencionado por el cronista, se refiere a que durante la ceremonia del Te Deum en ocasión de celebrarse el festejo patrio del 25 de Mayo, el obispo de la ciudad prohibió el ingreso de la bandera nacional. La literatura fue un campo en el que incursionaron hombres del pensamiento católico para arremeter contra la enseñanza oficial y, particularmente, contra la figura de sus educadores. Ése fue el caso de Manuel Gálvez que, desde su obra más reconocida La maestra normal, cuestionó a los que tenían la misión de formar al ser nacional. A través de la ficción, el autor presentó a su protagonista, una maestra normal del interior del país, como el arquetipo de una educadora que no pudo encauzar su vida, lo que planteaba serias dudas sobre sus condiciones morales a la hora de formar a sus alumnos. 53 Raselda reconocía arrepentida que había caído víctima de la seducción de un inescrupuloso director de escuela que la había dejado embarazada, y comete el hecho aberrante de interrumpir su embarazo. Había perdido su honra porque "nunca le hablaron de Dios, y algunos profesores le enseñaron hasta despreciar la religión. Ahora creía que esa enseñanza de la escuela, en vez de darle fuerzas para vencer los instintos, la había predispuesto para el mal, al quitarle las eficaces defensas que tiene la religión contra el pecado". 54 Era una novela cargada de sentido dramático a partir de la cual uno de los mayores exponentes del nacionalismo católico 55 hizo responsable a la enseñanza pública de transmitir valores que conducían a la disgregación del cuerpo social. Su propuesta de construir la identidad nacional, sustentada en las raíces hispanas y la defensa del catolicismo, lo llevó a declarar a través de Don Nilamón, uno de los personajes más sim-páticos y amables de su obra, "¡El normalismo es la peor plaga que puede invadir a un pueblo joven!". 56 Sin embargo, más allá de la virulencia de las palabras de estos actores que no hacían más que posicionarse en la arena política de la época defendiendo a la religión católica como el principio organizador del orden social, no se pueden desconocer los puntos de encuentro que existieron entre estas posiciones aparentemente opuestas. La disputa no puede convertirse en la cortina de humo que oculte en qué medida el proyecto educativo oficial recuperó y resignificó un conjunto de valores que tradicionalmente había transmitido el catolicismo. Se trata de tener presente que el cruce verbal, las denuncias y las acciones de los unos y otros son una de las aristas del enfrentamiento. Detrás de esos encendidos duelos verbales había acuerdos que eran menos evidentes a la luz pública. Formar en la Virtud Cívica El modelo de educación pública, entendido como un derecho social que garantizara a todos los niños la escolarización y a todo adulto de llegar a ser un ciudadano educado, 57 promovió la socialización política para cimentar un nuevo orden social. Para alcanzar ese propósito se diseñó un conjunto de contenidos a través del cual se transmitió una serie de valores, pautas y normas de conductas consideradas indispensables para la formación del ciudadano y la moralización de las costumbres. Ese modelo de comportamiento cívico, producto de un contexto histórico, 58 no quedó ligado solamente a la constitución del ciudadano consciente de sus derechos políticos y a su capacitación para el ejercicio del sufragio. 59 Tampoco quedó restringido a la elevación del carácter moral de los súbditos de la nación. 60 La modernización proclamada para aquella sociedad exigió el desarrollo de conductas, hábitos, gestos, modos, actitudes que comprendían esas expectativas pero también la superaban. 58 Véase Escalante Gonzalbo, F: Ciudadanos imaginarios, El Colegio de México, México, 1992. 60 Sarmiento, D.F.: Educación Popular, Biblioteca Argentina, Librería de La Facultad, 1915. Para hacer posible esa socialización política se proyectó una educación de carácter integral que comprendía el dictado de varias materias: lectura y escritura; aritmética (las cuatro primeras reglas de los números enteros y el conocimiento del sistema métrico decimal y la ley nacional de moneda, pesas y medidas), geografía particular de la República y nociones de historia general; idioma nacional, moral y urbanidad; nociones de higiene; nociones de ciencias matemáticas, físicas y naturales; nociones de dibujo y música vocal; gimnástica y conocimiento de la Constitución Nacional. Para las niñas fue obligatorio además el conocimiento de labores de manos y nociones de economía doméstica; para los varones, el conocimiento de los ejercicios militares más sencillos; y, en las campañas, nociones de agricultura y ganadería. 61 El propósito que se perseguía era el de desarrollar las potencialidades intelectuales, físicas y morales del individuo, 62 el adecuado equilibrio en esa formación entregaría a la nación "hombres sanos, honestos, veraces, trabajadores, sin prejuicios, tolerantes, fuertes de cuerpo y de alma con todos los sentimientos que lo dignifican, fieles a la patria y con moralidad en sus costumbres". 63 Un ciudadano, digno hijo de su patria 64, debía mostrar un comportamiento conforme a las normas. La misión de la escuela era la formación necesaria para que el niño llegara a ser un hombre virtuoso, que cumpliera su deber como buen jefe de familia y buen trabajador de lo que se desprendía su condición de buen ciudadano. Los individuos que habitaran la república debían asumir conductas públicas y privadas que definían el perfil de ese modelo de ciudadanía. La honra, la honestidad, el cumplimiento de sus obligaciones familiares, el respeto a las leyes y las autoridades, el amor a 61 Ibídem, N.o 63, 1884. 62 Los aspectos de esa formación han sido analizados en la tesis doctoral, Lionetti, Lucía: "La socialización política y la formación de los formadores en Argentina, 1870-1916", presentada en la Universidad Autónoma de Madrid, junio 2001. 63 Pizzurno, Pablo: "La educación cívica y patriótica, 1908", El Educador Pablo Pizzurno. El autor de este texto, uno de los primeros maestros normales formados en la Escuela Normal de Paraná y destacada figura del pensamiento pedagógico argentino, cumplió varias funciones dentro del sistema educativo razón. Por esta razón, se puso en su memoria el nombre de Palacio Pizzurno al Ministerio de Educación de la Nación Argentina. 64 Sobre la cuestión de la construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX el cruce entre las dos posturas dos posturas, aquella que pensaba la nación desde una concepción "esencialista" y excluyente y la que se inspiró en una matriz "contractualista" de herencia ilustrada con posturas liberales y cosmopolitas, ver: Bertoni, Lilia Ana: Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas. La construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001. EDUCACIÓN PÚBLICA EN LA ARGENTINA DE FINES DEL XIX Y COMIENZOS DEL XX la patria eran las aristas más evidentes toda vez que se explicitaba ese modelo proyectado. Esos preceptos había que difundirlos para que la comunidad erradicara los males y vicios que se denunciaban en aquella sociedad donde todo parecía trastocarse. Se proponía recuperar, frente a lo percibido como formas desbordadas de conductas y costumbres, aquellos comportamientos estimados como correctos. Principios, modales, gestos y valores debían llegar a todos los niños para que los aprehendieran en tanto eran hábitos que otorgaban respetabilidad. Todos, pobres y ricos, nativos e inmigrantes, tenían el derecho y el deber de superarse y elevarse moralmente controlando los impulsos y las actitudes desmedidas. Las palabras del secretario del Consejo Escolar de la Sección 7.a de Buenos Aires eran claras en ese sentido: "La población de este distrito o sección, es en general, trabajadora, y como consecuencia lógica, la educación que los niños reciben en el hogar doméstico, no es la más recomendable. Para que esta dificultad vaya desapareciendo poco a poco, he procurado insistir mucho cerca de los preceptores, a fin de que reclamen de sus alumnos posturas convenientes, modales dignos de personas cultas, aseo constante, lenguaje regular, etc., en una palabra, que corrijan todas aquellas cosas que acusan falta de respeto a la clase y a los encargados de educarles, acostumbrándoles a que demuestren en la calle la educación que reciben". 65 El carácter de esa educación estimada como "recomendable" para civilizar las costumbres quedó claramente plasmado en el programa de Moral y Urbanidad. En el curso de los seis años de escolarización obligatoria se trataban los siguientes puntos: En 1.o grado: Moral: conversaciones, pequeños relatos, poesías y ejemplos morales, llamados a despertar el sentimiento del deber, enaltecer la virtud y condenar el vicio. Enseñanza práctica, observando las inclinaciones de niño, fomentando las buenas y corrigiendo las malas. Urbanidad: aseo en la persona, vestidos y habitación. Modo de conducirse en la casa y en la escuela. En 2.o grado: Moral: conversaciones, pequeños relatos, poesías y ejemplos morales, llamados a despertar el sentimiento del deber, enaltecer la virtud y condenar el vicio. Enseñanza práctica, observando las inclinaciones del niño, fomentando las buenas y corrigiendo las malas. Urbanidad: aseo en general. Decencia, elegancia y lujo. Modo de conducirse en los juegos, comidas y visitas y diversiones. En 3.o grado: Deberes consigo mismo. El cuerpo: aseo, sobriedad, gimnasia. Perjuicios de la gula y embriaguez. El alma: veracidad, estudio y trabajo. Aversión a la ignorancia y la pereza. Modestia, paciencia, valor, dignidad personal. Deberes con los padres: obediencia, respeto, amor, gratitud. Auxilio en las enfermedades y en la ancianidad. Amor y protección entre los hermanos. Afabilidad con los sirvientes. Deberes con los maestros: asistencia y aplicación. Deberes con la Patria: grandeza y porvenir de la República. Deberes con la Patria: obediencia a las leyes, servicio en las armas, impuesto, voto. Urbanidad: reglas de urbanidad para con las autoridades, los parientes, los amigos, vecinos y criados. En 4.o grado: Deberes con los otros hombres: Justicia y caridad. Respeto a la vida, a la reputación, a la propiedad y a la libertad de los otros hombres. Relaciones respecto de los bienes: Economía. Funestas consecuencias del juego y la ambición. Deberes para con Dios: Amor y respeto a Dios, como Creador y Providencia. El cumplimiento de los deberes que dicta la conciencia. Tolerancia con los sentimientos religiosos bajo las diversas formas que se manifiestan. La enseñanza se debería dar a través de lecturas, explicaciones, ejemplos que despertaran y robustecieran el sentimiento del deber y de la responsabilidad, absteniéndose de entrar en los dogmas y doctrinas religiosas, reduciendo el estudio a las nociones esenciales de moral comunes y necesarias a todos los hombres civilizados. Urbanidad: reglas generales de urbanidad. En 5.o grado: Moral: ideas fundamentales, el bien y el mal. El deber y el derecho. La ley moral y la ley escrita. Moral individual: deberes respecto del cuerpo. Conservación y desarrollo del organismo. Educación de las facultades. Moral doméstica: importancia y carácter de la familia. Deberes entre los esposos, entre padres e hijos, entre hermanos. Deberes entre patrones y sirvientes. En 6.o grado se revisaba los contenidos de Moral individual y doméstica (programa de 5.o grado). Moral social: necesidad y beneficios de la sociedad. Respeto a la vida: legítima defensa, duelo. Respeto a la honra: injurias, calumnias. Respeto a la libertad. Deberes de caridad: su carácter. Moral política: la patria, el Gobierno, los ciudadanos. Deberes cívicos: obediencia a las leyes, servicio militar, impuestos, voto. Deberes de los gobernantes. Armonía del orden y de la libertad. Su tratamiento debía orientarse a lo largo de "toda la vida de la escuela, el templo de la educación", 66 fundado en una sana moral con la práctica de ejercicios que se orientaran sobre los mismos actos de los niños. El maestro, el "sacerdote de los tiempos modernos", 67 debía ser el ejemplo y el modelo de conducta a imitar. La prédica del ejemplo era el consejo que se daba a los maestros para el dictado de la materia. Por eso, su enseñanza no debía ser una mera teoría que inculcara principios, sino el de "tratar de hacerlos cada día más morales y urbanos". Para ello, era preciso que cumpliera con rigurosidad su tarea docente, manteniendo en orden la casa y el ajuar de la escuela, favoreciendo el sentimiento de sociabilidad entre los alumnos, estimulando el amor a la verdad y la justicia ante sus estudiantes. La recta conducta del maestro tenía más sentido que todas las disertaciones sobre los deberes del hombre para con Dios, para con sus semejantes, para con sus padres. En definitiva, el niño debía aprender con los ejemplos cotidianos que la moral era la "ciencia del bien obrar" puesto que, "[...] nos enseña a ser buenos con todas nuestras obligaciones. [...] Una obligación es algo que tenemos que hacer [...]. Las obligaciones que tenemos que llenar se llaman deberes. Obedecer a vuestros padres es un deber; no tomar lo ajeno, estudiar vuestras lecciones, venerar a Dios, ser gratos a vuestros maestros, asear vuestro cuerpo, servir a la Patria, etc. son deberes también". [...]. 68 Al profundizar en los contenidos que se trataron en estos programas, se puede comprobar que el modelo de buen comportamiento que se proyectó desde la escuela laica recuperó los valores y las normas de las enseñan-66 Pizzurno, Pablo: Consejo a los maestros, cómo se forma al ciudadano. Establecimiento Tipográfico El Comercio, Buenos Aires, 1888, pág. 2. En sus palabras el ministro de Instrucción Pública, Dr. Filemón Posse, en la Conferencia Pedagógica aconsejaba a los maestros que "imitaran a Jesús que llamaba a sí a todas las criaturas y les brindaba consejos con sus dulces y cariñosos afectos". Serie elemental de Instrucción primara. Lecciones cortas sobre moral, Cabaut y Compañía Editores, Buenos Aires, 1915. zas católicas. Por lo tanto, no resulta extraño encontrase con comentarios como el siguiente: "Habiendo tratado hasta aquí de las materias que se refieren al mundo y al hombre debiera entrar ahora en otras que se refieren a Dios. Pero es tema este que no se puede tocar, y fue muy bien pensado el no hacerlo figurar en modo especial en los programas, porque Dios representa el Absoluto, y este es impenetrable a la mente humana. [...] Queriendo penetrar más allá, se limitaría la esencia Divina y se crearía un Dios humano. Se han de observar sin embargo ciertos destellos de la Divinidad en cuanto se refiere a la humanidad para que esta se encamine por la senda del bien. Pero la Moral no se ha de estudiar en los libros ni ha de hablar en una hora determinada para semejante enseñanza, pues de este modo no se obtendrían los resultados prácticos que se buscan. El maestro, a cada instante, tiene ocasión de insinuar en el corazón de los alumnos el sentimiento del bien, del deber, del amor, del respeto, de la caridad, de la fraternidad, del perdón, de la humildad, de la tolerancia y de la misericordia en oposición al odio, a la venganza, al orgullo, a la ostentación, a la soberbia, al egoísmo, etc., Cristo, este modelo perfecto de virtud, enseñaba principalmente por ocasión". Figuras como las de Pedro Goyena expresaron incansablemente en la arena pública su perturbación por el rumbo de la República. Como sostenía, "La vida de la República ha sido tumultuosa, [...] hemos pasado muchas veces por días aciagos; las pasiones han estallado estruendosas y fatalmente, la venganza ha inmolado millares de víctimas; el orgullo ha hinchado muchos corazones y oscurecido muchas inteligencias; hombres y pueblos se han extraviado en las sendas tortuosas de las falsas doctrinas, hasta llegar a una época de servil imitación de aquellos países donde se considera como halagüeño progreso, un positivismo mezquino y repugnante que pretende elevar a la categoría de principio la torpe sensualidad". 70 Estas expresiones fueron el producto de las numerosas tensiones que se manifestaron entre católicos y liberales en estos años, sobre todo, cuando lo que se ponía en juego era la consolidación de un orden político fuerte de tono centralista 71 y la construcción de una noción de nacionalidad. 72 Pero lo cierto es que hubo una coincidencia de objetivos entre el Estado Nacional y una Iglesia que, en el caso de la Argentina, estaba en pleno proceso de construcción según el modelo jerárquico de Roma. En ese proceso de consolidación de uno y de construcción de otra, se generaron tensiones que estaban vinculadas a la definición de espacios de competencia. En ese contexto, el tratamiento y la aprobación de leyes sobre temas que habían sido de competencia de la Iglesia Católica estaban vinculados, sobre todo, a la necesidad de un Estado que buscaba implementar las medidas necesarias para la centralización de una administración acorde a los nuevos tiempos de transformación económica y de social. Por su parte, los sectores católicos y la propia Iglesia utilizaron la disputa contra el impulso 70 Goyena, Pedro: "Introducción", en Salvaire, Jorge María: Historia de Nuestra Señora de Luján. Su origen, su santuario, su Villa, sus milagros y su culto", Buenos Aires, 1885, t. I, págs. LXXVI y LXXVII. Citado por Romero, Laura: Catolicismo y Nacionalidad. El culto de la Virgen de Luján según la obra del Padre Jorge Salvaire (1870-1900), Tesina de Licenciatura defendida en Tandil, UNCPBA, octubre de 2003. Como explica la autora, el culto de la Virgen de Luján se confunde con el de la historia de la Nación de modo que favorece el proyecto de construcción de la Iglesia Católica argentina a través del cual se identifica al catolicismo con la nacionalidad, intentando transformar a la religión en el principio organizador de la sociedad. Pero al mismo tiempo, las autoridades del Estado Nacional veían, por su parte, la coincidencia con sus objetivos de búsqueda de una tradición patria en la que podían reflejarse las masas de inmigrantes de las cuales no podían verse aún los efectos que causarían en la sociedad. 72 Bertoni: Patriotas, cosmopolitas... secularizador de las autoridades civiles para cohesionarse internamente y posicionarse en el escenario político de la época. El campo educativo fue el ámbito recurrente sobre el que volvieron unos y otros cada vez que buscaron fortalecer sus posiciones ideológicas y políticas. De este modo, se trasladó al escenario argentino el clásico conflicto europeo entre católicos y liberales. Sin embargo, esa disputa en la Argentina tuvo sus particularidades; los católicos liberales laicos tuvieron una activa participación en la definición del proyecto educativo estatal. Una clara evidencia se encuentra precisamente en el diseño del espacio curricular de la asignatura Moral y Urbanidad en la que se transmitieron las formas de comportamientos virtuosos que tradicionalmente había transmitido el catolicismo, más allá de la proclamada laicidad. Si la Iglesia no podía llegar a todas las latitudes del país, si no se contaba con el número de sacerdotes suficientes, si efectivamente la escuela se había convertido en la institución con mayor alcance en la formación, bien se podían valer de ella para llegar a todos los niños del país, hijos de familias católicas, protestantes o "ateas" bajo el paraguas de la escuela pública. A su vez, es factible hallar otra derivación de esta cuestión. Se puede pensar que, más que existir una confrontación entre los valores defendidos por el Estado liberal y la Iglesia católica, fue posible que hubiera una convivencia. En todo caso los valores, pautas y normas de comportamiento, que se pretendían transmitir en la escuela, revelaron la funcionalidad de los principios católicos para los dirigentes liberales que buscaron moralizar las costumbres de los habitantes del país. Bajo la fórmula de transmitir los contenidos que definían lo que se entendía por moral y sin llegar a referirse a un dogma, la enseñanza laica utilizó un dispositivo normativo que tuvo más puntos de contacto que diferencias con lo que se transmitía en la enseñanza religiosa. Una convivencia que no sólo habrá que buscarla en términos institucionales, en la relación entre el Estado y la Iglesia, sino en lo que se designaba como un comportamiento virtuoso. Como explican Di Stefano y Zanatta, en principio, la modernización que determinaba la vida social y que introducía en ella ideas y estilos de vida heterogéneos diferenciaba las actividades y las expectativas de los individuos y cambiaba las escalas de valores y las concepciones de la autoridad y de la jerarquía social. 73 Sin embargo, en el caso argentino, gran parte de la elite no cuestionaba el carácter cristiano de la
Médicos, especialistas, políticos y funcionarios en la organización centralizada de la profilaxis de las enfermedades venéreas en la Argentina (1930-1954) Universidad Nacional de Quilmes El trabajo analiza la creación en la Argentina, entre los años 1930 y 1954, de una estructura administrativa nacional, orientada a la prevención y el tratamiento de las enfermedades venéreas. Dicho esfuerzo responde a un proyecto político de un grupo de médicos, quienes intentaron dar respuesta a los problemas sociales desde el ámbito de la higiene y colonizar la estructura burocrática del Estado en su calidad de expertos. Por otro lado, indaga acerca del proceso de especialización de las disciplinas encargadas de estas enfermedades y su reconocimiento oficial como especialidades médicas. PALABRAS CLAVE: Enfermedades venéreas, profilaxis, legislación, burocracia, especialidades médicas. La preocupación por las enfermedades de transmisión sexual en la Argentina, en consonancia con la de la mayor parte de los países occidentales, se extendió en las últimas décadas del siglo XIX. Junto con el alcoholismo y la tuberculosis, formaron parte de un núcleo patológico cuyas causas y posibles soluciones se explicaron en el marco de problemas sociales más generales. En virtud de ello, estas enfermedades fueron incorporadas a la agenda política reformista, que incluía a liberales, conservadores, católicos, radicales, socialistas y anarquistas, y que bregaba por la necesidad de un reordenamiento social, de la mejora de las condiciones de vida de los sectores populares y de la vigilancia y moralización de la población. 1 Durante el último cuarto del siglo XIX, el control de la propagación de los males venéreos se concentró en los esfuerzos por reglamentar el ejercicio de la prostitución. Médicos, legisladores, administradores y representantes de diferentes grupos de interés y opinión encontraron consenso en sucesivas leyes municipales que legalizaron la prostitución, siempre que los establecimientos donde se desempeñara contaran con la debida autorización de los gobiernos locales y las mujeres que la practicaran fueran sometidas a regulares inspecciones sanitarias. 2 De todos modos, esta tranquilidad respecto a la amenaza de las enfermedades "secretas" sobre el conjunto de la población comenzó a ser puesta en cuestión en las primeras décadas del siglo siguiente. La renovada preocupación por la morbilidad venérea estuvo asociada a un conjunto de discusiones más generales, donde nuevos y viejos problemas se combinaron, dando lugar a su reaparición en la agenda política. En primer lugar, la sospecha acerca del incremento en los índices de padecimiento de enfermedades venéreas -de difícil comprobación, puesto que la asistencia pública contaba solamente con registros estadísticos de las mujeres que comerciaban con su cuerpo o de los pocos varones que se acercaban a las instituciones sanitarias oficiales para tratarse-se ligó al debate acerca de los límites que el sistema "reglamentarista" de la prostitución presentaba. Al poco tiempo de ser puesta en práctica, la norma fue cuestionada por médicos, políticos, legisladores y amplios sectores de la opinión pública, por su supuesta ineficacia. Por un lado, se criticó el carácter unilateral del control sanitario basado en el argumento de considerar a las prostitutas como las exclusivas propiciadoras del contagio. Por otro, se denunció la facilidad demostrada por muchas mujeres a la hora de evitar revisiones o resultados positivos, y hasta la complicidad de funcionarios políticos y policiales con los encargados de los burdeles, para evitar las dis-1 Sobre la relación entre "enfermedades sociales" y "cuestión social" en la Argentina véase Armus, Diego: "Consenso, conflicto y liderazgo en la lucha contra la tuberculosis. 2 Acerca del proceso de reglamentación de la prostitución en Buenos Aires y en Rosario véase Guy, Donna: El sexo peligroso. Rosario entre 1900 y 1912, Universidad Nacional de Rosario, 2001. posiciones oficiales respecto a las inspecciones médicas periódicas de las prostitutas. Por último, se puso en evidencia el creciente número de mujeres de "mala vida" sin patente, que ejercían su trabajo fuera de toda posibilidad de ser controladas por las autoridades sanitarias. De este modo, comenzó a insistirse en la necesidad de abolir el sistema "reglamentarista" de la prostitución, como requisito para detener el incremento de las dolencias venéreas. 3 Un segundo nivel de discusiones estuvo asociado al impacto que los cambios sociales produjeron en el universo de certezas morales imperante en la época. Desde el punto de vista de un doble patrón de moralidad sexual, la existencia de prostíbulos reglamentados permitía cumplir con la "exigencia" social de experiencia carnal para los solteros que pretendían formar una familia y, a los varones casados, "descargar" los impulsos sexuales que no podían ser satisfechos dentro de un matrimonio orientado a la reproducción pero vacío de placer. Ahora bien, la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, sobre todo de aquellas que pertenecían a los sectores populares, fue interpretada por muchos de sus contemporáneos como una traición a sus "deberes maternales" y como un riesgo para su "virtud". Muchas de ellas fueron consideradas como instigadoras de los varones a la mala conducta y responsables del contagio de las patologías "secretas". 4 Un tercer aspecto ligado a la renovada preocupación acerca de los males venéreos se vincula con el fortalecimiento del discurso eugenésico en los ámbitos académicos, políticos e institucionales. Para esta corriente de pensamiento que, partiendo de la premisa de que todos los caracteres de los seres humanos son hereditarios, tanto las capacidades y talentos como la propensión a la enfermedad, se proponía mejorar la "raza" blanca a través de la reproducción de determinados individuos o grupos humanos calificados como "mejores", inhibiendo la multiplicación de otros grupos o individuos considerados "inferiores" o "indeseables"; las enfermedades sexuales eran consideradas como una amenaza para la salud de la población y para su acervo hereditario. De ahí que sus seguidores, de las más variadas extracciones ideológicas y formación profesional, hayan insistido en una legislación que asegurase la educación sexual de los futuros progenitores, formando su conciencia de reproductores "responsables"; la instrucción profiláctica de aquellos que, cediendo a sus impulsos más viscerales, se pusieran en contacto con posibles focos de infección; y la obligatoriedad del certificado prenupcial, a fin de identificar los casos de enfermos venéreos y evitar las funestas consecuencias de su apareamiento para el "porvenir de la raza". 5 Un cuarto nivel de discusión se centró en la necesidad de establecer, a nivel nacional, un sistema sanitario encargado de la prevención y el tratamiento de las enfermedades venéreas. Como en tantas otras áreas de la atención sanitaria, los distintos niveles de gobierno y las esferas pública y privada se superponían en la asistencia de estas dolencias, combinando diferentes grados de autonomía y dando como resultado un servicio ineficiente. El Departamento Nacional de Higiene fue visualizado como escenario privilegiado para la organización de una estructura administrativa que asegurara la centralización de la asistencia de las afecciones venéreas. De todos modos, resultaba indispensable un ordenamiento legal que lo dotara de capacidades institucionales y recursos materiales. Para ello fue necesario apelar a la acción parlamentaria, espacio en el que se hizo evidente la rivalidad de intereses y proyectos en torno a la organización de un sistema nacional de profilaxis venérea, que involucraba a funcionarios, especialistas, políticos y numerosos grupos de la sociedad civil. Un último aspecto considerado en los debates fue el del reclamo de reconocimiento oficial de los médicos especialistas en patologías venéreas. Tradicionalmente atendidas por dermatólogos o urólogos, estas enfermedades comenzaron a ser objeto de investigación y tratamiento de venerólogos y dermosifilógrafos. Estos nuevos expertos bregaron, desde la segunda mitad de la década de los veinte, por un espacio en el campo académico, en el profesional y en el sistema sanitario, a través de la creación de cátedras en las universidades nacionales, de publicaciones específicas, de su incorporación en la asistencia de la salud de los distintos niveles de gobierno y en las nacientes reparticiones encargadas de la gestión de la profilaxis y tra- tamiento de las enfermedades venéreas. Paralelamente reclamaron el reconocimiento oficial de la venerología y de la dermatosifilografía, como especialidades de la medicina, y el acceso a los cargos públicos a través de concursos probatorios de idoneidad y de experiencia previa del candidato en la materia. El conjunto de estos planteamientos, defendidos desde posiciones muy diversas, confluyeron en la discusión y la sanción de la ley de Profilaxis de Enfermedades Venéreas promulgada en diciembre de 1936. Dicha normativa dispuso la creación de una repartición, en el seno del Departamento Nacional de Higiene, encargada de la organización y centralización de la prevención y tratamiento de los males venéreos en todo el país; la incorporación en los planes de estudio de la educación formal de la instrucción sexual; la instauración de campañas populares de profilaxis individual; el certificado prenupcial gratuito y obligatorio para los varones y la prohibición del establecimiento de casas o locales donde se ejerciera la prostitución o se incitara a ella. El presente trabajo se centra en el análisis de los dos últimos aspectos enunciados: la creación de una estructura administrativa nacional, capaz de dar respuesta a la prevención y al tratamiento de las enfermedades venéreas, y el proceso de especialización de los médicos encargados de llevar a cabo esta tarea en las instituciones sanitarias públicas y privadas. El primero de ellos parece responder a un proyecto político mucho más ambicioso de un grupo de profesionales médicos quienes, teniendo como epicentro al Departamento Nacional de Higiene, intentaron dar respuesta a los problemas sociales desde el ámbito de la higiene y colonizar la estructura burocrática del Estado en su calidad de expertos. Si bien este proceso de consolidación de la presencia de los galenos en el aparato estatal se había iniciado en las últimas décadas del siglo XIX, en los años treinta de la siguiente centuria se acentuó en términos cuantitativos y cualitativos. Por un lado, la creciente intervención estatal en la regulación de la vida económica y social expandió su burocracia y las posibilidades de acceder a ella. Por otro lado, la demanda oficial de profesionales médicos ya no estaba vinculada solamente a los esporádicos brotes epidémicos, tal y como sucedía en el período anterior, sino que se asoció a la mejora de la salud física y moral de la población presente y futura. En este sentido, la profilaxis de las enfermedades venéreas compartió la agenda de preocupaciones oficiales con otros temas como el tratamiento de la tuberculosis o la reducción de los índices de mortalidad infantil y el estímulo de la natalidad a través de la protección de la madre y el niño. 6 Por último, el trabajo se propone indagar acerca del proceso de especialización de las disciplinas encargadas del tratamiento de las enfermedades venéreas y su consecuente reconocimiento oficial como especialidades médicas. En este recorrido se aspira a relacionar el surgimiento de estas disciplinas como espacios de formación y consolidación de los cuadros burocráticos intermedios, que tuvieron la responsabilidad de organizar las nuevas agencias estatales dentro del Departamento Nacional de Higiene e implementar las medidas oficiales de profilaxis venérea. Prevención y tratamiento de las enfermedades venéreas: problema de todos o de los especialistas La prevención y el tratamiento de las patologías venéreas, durante las primeras décadas del siglo XX, estuvieron a cargo de un conjunto de organizaciones, públicas y privadas, de jurisdicción nacional o local, que respondían a diversos objetivos e intereses. En el ámbito de la sociedad civil, una de las instituciones de mayor prestigio que asumió el compromiso de prevenir el contagio de las enfermedades sexuales fue la Liga Argentina de Profilaxis Social. Fundada por el médico Alfredo Fernández Verano en el año 1921, encontró legitimidad en los principios eugenistas, de creciente ascendiente en los más variados círculos de intelectuales, profesionales y políticos de la entreguerra, según los cuales estas patologías constituían una de las causas de la debilidad constitucional congénita que impedían la reproducción saludable de la población. Además, contó con el patrocinio del Círculo Médico Argentino y del Centro de Estudiantes de Medicina, y su junta consultiva estuvo integrada por personalidades de peso en el mundo sanitario y político. La Liga tenía como objetivo evitar y combatir la propagación de las patologías venéreas que "por su extremada difusión, siempre 'in crescendo' y, sobre todo, por sus consecuencias hereditarias" fueron consideradas, 6 Sobre el período inicial del proceso de colonización del aparato estatal por parte de los médicos véase González Leandri, Ricardo: "Madurez y poder. Ejemplos de este proceso en otras disciplinas: Neiburg, Federico, y Plotkin, Mariano (compiladores): Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento social en la Argentina, Paidós, Buenos Aires, 2004. por ella, como "las que más serios peligros representan para el individuo, la sociedad y el porvenir de la raza". Para lograrlo se propuso obtener de los poderes públicos la legislación pertinente; instalar dispensarios antivenéreos gratuitos o de tarifa reducida; difundir, por todos los medios posibles, los conocimientos necesarios para crear la conciencia sanitaria popular sobre enfermedades venéreas; estimular la profilaxis personal, abaratando y divulgando el uso de medios profilácticos; combatir la pornografía y el curanderismo; propiciar y estimular entre los profesionales las investigaciones referentes a estos puntos e instituir el seguro popular contra las enfermedades venéreas. 7 Para lograr este propósito la Liga Argentina de Profilaxis Social aglutinó, además del esfuerzo de un conjunto importante de médicos, el apoyo de amplios sectores de la sociedad y una relativa atención de los poderes públicos a sus demandas. Su boletín, de 2000 ejemplares mensuales, se distribuyó entre las organizaciones médicas, de estudios sociales y de beneficencia, más representativas del país. Casas comerciales como farmacias, droguerías, tabacaleras, cervecerías, o distribuidoras de alimentos editaron desinteresadamente carteles y folletos de propaganda de la Liga. Pese a lo ambicioso de sus objetivos y de la legitimidad social de la institución, la Liga centró su actividad en aspectos fundamentalmente preventivos de las enfermedades venéreas. En primer lugar, el reclamo a los poderes públicos, de orden nacional y municipal, para que reglamentaran la prostitución, establecieran dispensarios para el tratamiento de las afecciones venéreas, instauraran la obligatoriedad del certificado prenupcial, e impartieran educación sexual en las escuelas. En segundo lugar, el dictado de conferencias en profesorados y magisterios de la Capital Federal y ciudades del interior del país, patrocinadas por el Consejo Nacional de Educación, y la organización de campañas profilácticas que incluían la distribución de folletos, charlas informativas y proyección de películas. Por último, a partir del año 1931, la instalación de consultorios prenupciales de concurrencia voluntaria en los locales de la Liga que en sus primeros tres años de existencia recibieron cerca de 2.000 consultas. 8 Las actividades de la institución presidida por Verano corrieron en paralelo con los esfuerzos de los higienistas socialistas. Desde una posición que no descartaba los postulados de la eugenesia acerca de los efectos nocivos de las enfermedades venéreas sobre el futuro de la población, pero que reconocía la capacidad de la sociedad, y en especial de los sectores populares, de transformar la determinación de la herencia a través de la incorporación de principios y hábitos relacionados con su función reproductiva, se concentraron en un programa que, además de incluir las directivas higiénicas para eliminar las dolencias venéreas, llamaba hacia una reflexión más amplia sobre la sexualidad, capaz de construir una nueva fisonomía moral en el medio obrero. Este programa reformista de los socialistas se plasmó, por un lado, en una intensa labor parlamentaria para obtener una legislación que protegiera a la sociedad de la amenaza de las enfermedades venéreas y, por otro, en el trabajo de sus asociaciones para informar a los sectores populares acerca de los conocimientos médicos y profilácticos de estas dolencias, formarlos en una nueva ética de relaciones entre los sexos y construir una opinión pública capaz de torcer el rumbo de las decisiones políticas referidas a la profilaxis de los "males secretos". Ejemplo de estas asociaciones fueron la Sociedad Luz, que a través de la organización de conferencias, la distribución de cartillas y la publicación de una colección de escritos bajo el nombre "El problema sexual" intentó construir una nueva configuración moral y sanitaria entre los trabajadores; o el Comité Argentino Uruguayo de la Federación Internacional de Abolicionistas, que defendía, desde uno y otro lado del Río de la Plata, la abolición de la prostitución legalizada, la constitución de un sistema de tratamiento médico gratuito para todos los pacientes con enfermedades venéreas, el divorcio, la reforma de las leyes sobre paternidad, la mejora de las condiciones de trabajo para mujeres y niños, la educación sexual en las escuelas primarias y secundarias y el cierre de los "negocios de entretenimientos obscenos". 9 Si la tarea preventiva del contagio de enfermedades venéreas estuvo organizada por instituciones de la sociedad civil, el panorama de la atención de estas dolencias involucró a las esferas pública y privada, y a los distintos niveles del gobierno federal. Si bien a partir del año 1927 el Departamento Nacional de Higiene contó con una Sección de Profilaxis de la Lepra, Sífilis y Enfermedades Venéreas, que se encargó de organizar dispensarios antivenéreos en zonas portuarias y en el interior del país, esta repartición no estaba dotada de la facultad de ejercer la superintendencia sobre los centros de atención de carácter provincial, municipal o particular. La imposibilidad de este organismo de centralizar la profilaxis de las enfermedades venéreas dio como resultado el fortalecimiento de una estructura de atención caracterizada por la existencia de una multiplicidad de instituciones con distintos niveles de autonomía jurisdiccional, cuyas funciones tendían a superponerse. Ejemplo de ello es la ciudad de Buenos Aires donde los dispensarios venerológicos, creados en 1919 bajo la órbita de la Asistencia Pública de la municipalidad, convivían con los puestos de control sanitario instalados en el puerto, dependientes del Departamento Nacional de Higiene; con los servicios externos de determinados hospitales, como el del Ramos Mejía donde funcionaba la Cátedra de Clínica Dermatosifilográfica, dependiente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires; con servicios sociales de distintas sociedades mutuales, como la Asociación Española de Socorros Mutuos, y con clínicas privadas. Mientras que las primeras instituciones encontraban la mayor parte de su público en los sectores populares -quienes recurrían a ellas en virtud de su gratuidad-, las dos últimas estaban orientadas hacia la clientela proveniente de grupos sociales con mayores recursos económicos y más sensibles a la penalización moral de padecer una enfermedad "secreta". 10 Tampoco existía un tratamiento único en todo el país para combatir los males venéreos. Cada repartición oficial o institución privada actuaba de forma autónoma, en función de la formación de sus médicos y de la disponibilidad de recursos para adquirir drogas específicas. En el año 1930 Pedro Baliña, titular de la Cátedra de Clínica de Dermatosifilográfica de la Facultad de Ciencias Médicas, propuso un plan de tratamiento para la sífilis junto con un modelo de libreta individual para quienes fueran sometidos a su cura, con el fin de evitar el "desorden" y la "insuficiencia del tratamiento que se aplica a los pacientes, que llevan a futuros brotes del mal en un enfermo supuestamente curado y a la posibilidad de ser un agente involuntario de contagio". A pesar de que ambos fueron adoptados por la Asistencia Pública de la ciudad de Buenos Aires y por el Departamento Nacional de Higiene, muchas reparticiones quedaron al margen de lo que, en esos años, constituía la moderna sifiloterapia. 11 Por último, la atención de las enfermedades venéreas era un terreno disputado por los clínicos generalistas, sobre todo en las pequeñas ciudades o en las zonas rurales que no estaban dotadas de infraestructura hospitalaria, o por especialistas tales como los urólogos, en el caso de la blenorragia, o los dermatólogos, en el caso de la sífilis. El proceso de especialización se puso en evidencia hacia finales de la década de los veinte. En el año 1927 la Sociedad Dermatológica Argentina, fundada en 1907 con sede en el Hospital Ramos Mejía, tomó el nombre de Asociación Argentina de Dermatología y Sifilografía, en función de la importancia que la sífilis ocupaba en su agenda de preocupaciones. Asociada a la cátedra de Clínica de Dermatosifilográfica de la Facultad de Ciencias Médicas fue, probablemente, la institución especializada en el estudio de patologías venéreas más respetada en el ámbito académico y en la estructura sanitaria. Desde su órgano editorial se discutían y difundían los adelantos de las investigaciones en el tratamiento de las enfermedades de contagio sexual. Su presidente entre 1927 y 1932 y titular de la cátedra entre 1925 y 1948, Pedro Baliña, fue frecuentemente consultado por las autoridades municipales y nacionales acerca de la viabilidad de las políticas proyectadas o del éxito de la puesta en práctica de numerosas disposiciones reglamentarias; su secretario entre 1927 y 1930 y vicepresidente entre 1933 y 1935, José Puente, fue nombrado jefe de la Sección Dermatovenerológica del Departamento Nacional de Higiene en el año 1936; la mayoría de los miembros de las sucesivas comisiones directivas formaron parte de los servicios de Dermatosifilogafía de los principales hospitales nacionales. A pesar del prestigio de esta institución, la primera asociación que dio cuenta de la necesidad de autonomía de la especialidad venerológica, sepa-rándola de otras como la urología o la dermatología, fue la Sociedad Argentina de Venerología y Profilaxis Social. Fundada en el año 1936 como espacio de discusión y formación de los médicos de los dispensarios venerológicos de la municipalidad de Buenos Aires, fue presidida por el urólogo Leónidas Rebaudi. Uno de sus miembros definió esta nueva disciplina como la "parte de la medicina que se ocupa de las enfermedades contraídas durante el acto sexual" y que agrupa a las dolencias de su jurisdicción por su patogenia y no por una clasificación orgánica, como sucede con el resto de las especialidades. Aunque reconocía el aporte de dermatosifilógrafos y genitourólogos en el tratamiento de las enfermedades venéreas, advirtió que éstas no eran el objetivo exclusivo de tales disciplinas, razón que justificaba la existencia de una rama de la medicina específica. Por otro lado, resaltó la importancia de esta nueva especialidad desde el punto de vista social, emparentándola con otras ramas de la medicina social como la tisiología o la cancerología. Paralelamente a la búsqueda de legitimidad académica, los venerólogos lucharon por un espacio propio en la estructura de la atención sanitaria a través de la creación de servicios venerológicos donde pudiera "atenderse a los enfermos y seguirlos en el curso de su mal, hospitalizándolos", sin necesidad de recurrir a otros servicios de los sanatorios. 12 Este proceso de especialización trajo como consecuencia inevitable el reclamo de reconocimiento oficial de los médicos especialistas en enfermedades venéreas, sea dermosifilógrafo o venerólogo, y el acceso a los cargos públicos por concurso probatorio de idoneidad y experiencia previa del candidato en la especialidad. Si el título público de médico dermasifilógrafo nunca fue reconocido por las autoridades universitarias, el de venerólogo fue admitido en el ámbito municipal como una carrera técnica profesional a partir del año 1935. Por su parte, el concurso de cargos públicos, que además de afirmar la identidad de cuerpo de los integrantes de la nueva especialidad, generaba mecanismos de control sobre el desempeño de los funcionarios de sanidad y pretendía alejar su designación de fines políticos, fue puesto en práctica solamente en la jurisdicción de la Capital Federal.13 La centralización de la atención de las enfermedades venéreas La creciente demanda de centralizar e imponer racionalidad a los desarticulados intentos de prevención y asistencia de las enfermedades venéreas se hizo evidente en los últimos años de la década de los veinte. Estas demandas provinieron fundamentalmente de los círculos médicos, para quienes resultaba indispensable procurar la asistencia a toda la población dispersa en el extenso territorio nacional y a aquella que ingresaba a través de las fronteras, unificar tratamientos y proveer a bajo costo las drogas necesarias para curar las dolencias, dichas demandas fueron también apoyadas por amplios sectores de la burocracia estatal y por buena parte de los legisladores. Parecía existir cierto consenso en que para intervenir en la prevención y atención de una enfermedad de causas de muy variado orden, fisiológicas, "morales", sociales y económicas se requería de la injerencia de un organismo dotado de múltiples atribuciones y con cierta capacidad de represión. El Departamento Nacional de Higiene fue visualizado como la repartición dentro de la esfera estatal que podía llevar a cabo este objetivo. Dicho organismo no contaba solamente con la tutela del Ministerio del Interior, cuyos recursos materiales y simbólicos se expandían conforme crecían las atribuciones de un Estado crecientemente interventor en la regulación de la vida social y económica, sino con un grupo consolidado de funcionarios que, desde los años veinte, venían elaborando un proyecto que intentaba dar respuesta a los problemas sociales desde el ámbito de la higiene. Mas allá de su orientación partidaria, Gregorio Aráoz Alfaro, Tiburcio Padilla y Miguel Susini, sucesivos presidentes del Departamento Nacional de Higiene entre los años 1923 y 1938, compartieron el propósito de ampliar las atribuciones del organismo que presidían. Propósito que probablemente respondía a su aspiración de colonizar la estructura burocrática del Estado en su calidad de expertos, pero que estaba justificada por un nuevo concepto de la salud. En efecto, como ha sido estudiado recientemente, dejando atrás el tono alarmista con el que se respondía a los brotes epidémicos, se articuló, hacia las primeras décadas del siglo XX, una nueva versión de la higiene que combinaba la preocupación por la salud con aquélla por la perfección física y moral de la población, presente y futura. Tan ambicioso concepto requería de la expansión de las reparticiones sani-tarias y, a su vez, de una profundización de su capacidad de intervención en fenómenos que eran considerados, anteriormente, como patrimonio de la esfera privada de los individuos. En este contexto el Departamento Nacional de Higiene creó nuevas dependencias como la División de Asistencia y Protección a la Maternidad y la Infancia, en 1923, o la de Profilaxis de la Lepra, Sífilis y Enfermedades Venéreas, en 1927. 14 Este proyecto del Departamento Nacional de Higiene necesitaba contar con la aprobación de una ley nacional que legitimara su propuesta y lo dotara de recursos económicos. Esto fue posible en la segunda mitad de la década de los treinta cuando un conjunto de temas de fuerte impacto en la opinión pública se convirtió en argumento de presión para que el Parlamento discutiera la aprobación de una ley de profilaxis de las enfermedades venéreas. En primer lugar, la prensa se encargó de poner en evidencia la falta de control sanitario en los burdeles debido a la corrupción de funcionarios políticos y policiales, y la imposibilidad de obligar a revisiones médicas periódicas a las mujeres que ejercían la prostitución de forma clandestina. En segundo lugar, el tráfico de mujeres de Europa a Buenos Aires, destinado a alimentar los burdeles, se convirtió en objeto de una verdadera cruzada de la opinión pública, local e internacional, tras conocerse las denuncias de mujeres que habían sido obligadas a ejercer la prostitución por una de las más importantes organizaciones locales de "trata de blancas". En tercer lugar, cada vez resultaba más claro que el padecimiento de las "dolencias secretas" no involucraba solamente a las mujeres de "mala vida", sino también a todos los varones que se entregaban a los placeres del sexo e, indirectamente, a sus familias. Por último, los insistentes llamamientos de la Sociedad de las Naciones a sus países miembros para que suprimieran la prostitución reglamentada como forma de disminuir los índices de enfermedades venéreas. 15 Haciéndose eco de estas demandas, los diputados Ángel Giménez, médico higienista, miembro fundador del partido Socialista, presidente de la Sociedad Luz, y Tiburcio Padilla, afiliado al Partido Demócrata Nacional y presidente del Departamento Nacional de Higiene entre los años 1928 y 1932, presentan sus proyectos de ley sobre profilaxis de enfermedades 14 Un estudio sobre el proceso de consolidación de la nueva concepción de la higiene en: Armus, Diego, y Belmartino, Susana: "Enfermedades, médicos y cultura higiénica", en Cattaruzza, Alejandro (dir.): Crisis económica, avance del estado e incertidumbre política (1930-1943), Nueva Historia Argentina, tomo 7, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2001, págs. 285-287. Finalmente, una Comisión de Higiene y Asistencia Social de la Cámara Baja fue la encargada de conciliar los proyectos de estos dos legisladores de profesión médica, convirtiéndolos en ley el 17 de diciembre de 1936. Las disposiciones centrales de la normativa, que llevaba el número 12.331, fueron la prohibición del establecimiento de casas o locales donde se ejerciera la prostitución o se incitara a ella, la obligatoriedad del certificado prenupcial para los varones, la incorporación en los planes de estudio de la educación formal de la instrucción sexual, y la organización y centralización de la prevención y tratamiento de los males venéreos en todo el país. Para cumplir con este último objetivo se previó la creación, en el Departamento Nacional de Higiene, de una sección denominada Profilaxis de las Enfermedades Venéreas, a la que se le otorgaron como funciones el ejercicio de la superintendencia general y la coordinación de servicios venereológicos en hospitales, dispensarios, laboratorios, de origen nacional, provincial, municipal o particular; la distribución económica y metódica de los medicamentos y el material de propaganda y divulgación científica; el estudio médico y social de las enfermedades venéreas; la organización del servicio de asistencia social; la multiplicación en todo el país del número de los dispensarios antivenéreos que funcionaran en conexión con el servicio social; y el desarrollo de la educación sexual, directamente o por medio de las entidades a quienes correspondiera llevar a cabo esta enseñanza. 16 A cargo de la Sección de Profilaxis de las Enfermedades Venéreas se nombró a José Puente -profesor adjunto de la Clínica Dermatosifilográfica de la Facultad de Ciencias Médicas, Jefe del servicio de Venerología en el hospital Muñiz, miembro de la Asociación Argentina de Dermatología y Sifilología y de la Sociedad Argentina de Venerología y Profilaxis Socialy a Milio Fernández Blanco -adjunto de la Clínica Dermatosifilográfica de la Facultad de Ciencias Médicas, médico dermatólogo de los hospitales Fernández y Ramos Mejía, y miembro de la Asociación Argentina de Dermatología y Sifilografía-. Esta designación no representó un cambio en la estructura administrativa del Departamento Nacional de Higiene puesto que ambos médicos ocupaban la jefatura de la Sección de Profilaxis de la Lepra, Sífilis y Enfermedades Venéreas creada, esta última, en 1927. La nueva sección dispuesta por la ley 12.331, que finalmente adoptó el nombre de Dermatovenerológica, comenzó a funcionar en el año 1938. Una de sus primeras actividades, ordenada por el decreto reglamentario 10.466 del 2 de abril de 1937, fue llevar a cabo una investigación preliminar acerca de cómo se realizaba la lucha antivenérea en todo el país y de qué elementos y recursos se disponía. Para ello presentaron un informe de situación los gobiernos de las provincias y territorios nacionales, la municipalidad de Buenos Aires, la Sociedad de Beneficencia, los hospitales y clínicas particulares, las sociedades de socorros mutuos y las instituciones de cualquier índole relacionadas con la profilaxis antivenérea. Según la Sección Dermatovenerologica, entre los servicios y consultorios en los hospitales y los dispensarios especializados, se contaba en 1938 con 570 centros de atención y tratamiento dispersos por todo el país. Todos ellos se ajustaban a la utilización de normas uniformes de notación y estadística y al empleo de homogéneos tratamientos para los casos generales de sífilis, lo que permitía al Departamento Nacional de Higiene disponer de una evaluación del grado de morbilidad de las afecciones venéreas y las variables de intensidad según las zonas. Según la versión triunfalista del director de la Sección, esta cifra colocaba a la Argentina por encima de los esfuerzos profilácticos realizados en Estados Unidos, dónde existía un centro cada 117.000 habitantes. Basándose en la encuesta realizada el año anterior y en los datos sobre los conscriptos proporcionados por la Dirección General de Sanidad del Ejército, se intensificó la campaña de profilaxis en zonas que acusaban una mayor morbilidad o que disponían de escasos servicios. Así se crearon 17 dispensarios, en su mayoría en la región litoral (Corrientes, Chaco y Misiones) y se acentuó la actividad de las asistencias públicas, delegaciones y barracas sanitarias ya establecidas. A su vez, las provincias adaptaron y crearon nuevos servicios y dispensarios en sus respectivas jurisdicciones. Sin embargo, la respuesta de los gobiernos locales a los esfuerzos del Departamento Nacional de Higiene por centralizar la profilaxis venérea no fue, al menos en los primeros años que siguieron a la sanción de la ley 12.331, tan unánime como se esperaba. Mientras que las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Salta, Jujuy y San Luis respondieron positivamente a las directivas de la Sección Dermatovenerológica; y San Juan, Santiago del Estero y Catamarca lo hicieron de forma deficiente; Corrientes desoyó cada una de las propuestas y pedidos provenientes de la repartición de jurisdicción nacional. 18 Los años siguientes parecen haber estado marcados por una creciente colaboración de las instituciones bajo la jurisdicción de distintos niveles de gobierno y de la órbita privada con la Sección Dermatovenerológica. Esta supuesta sumisión a la administración central puede explicarse por la función exclusiva del Departamento Nacional de Higiene de distribuir económica y metódicamente los medicamentos, por él recomendados para seguir los tratamientos, a todos los dispensarios antivenéreos de orden público o privado, incluidos los institutos penales. Las drogas, liberadas de todo impuesto aduanero en caso de importación y de impuestos internos en caso de fabricación, eran adquiridas por las autoridades sanitarias centrales con su propio presupuesto. Así, por ejemplo, en 1939 el Departamento Nacional de Higiene compró grandes partidas de medicamentos arsenicales a Alemania, Francia y Estados Unidos y promovió la fabricación de mercuriales, bismutales y antimoniales en los Institutos de Química y Bacteriológico. Una vez declarada la guerra, las drogas arsenicales se compraron en Canadá y Estados Unidos, a muy alto precio, y se intensificó la producción nacional de las restantes. Esta triple prerrogativa del Departamento de imponer un tratamiento estandarizado para las enfermedades venéreas, decidir acerca de aquellos medicamentos que debían ser liberados de las obligaciones impositivas y distribuirlos en todo el país, le confirió la capacidad de centralizar la lucha antivenérea y la obtención de razonables resultados. 19 Junto con la responsabilidad de organizar y centralizar el tratamiento de las enfermedades venéreas, la Sección Dermatovenerológica debía encargarse de proyectar la acción preventiva de estas dolencias, operada por la educación sexual y por la divulgación de los principios de profilaxis individual. Probablemente el primero de estos objetivos, por los prejuicios 18 Puente, José: "Estado actual de la profilaxis de las enfermedades venéreas en la República Argentina", BSDNH, Año IV, mayo-agosto de 1940, págs. 426-427. Una crítica a la falta de presupuesto para la producción local de arsenobenzoles y a los problemas de suministro ocasionados por la guerra en: Baliña, Pedro: "El problema venéreo al cumplir cinco años de vigencia la ley nacional de profilaxis n.° 12.331", RAD, tomo XXVI, cuarta parte, 1942, pág. 761. morales que conlleva, fue el más difícil de poner en práctica. En 1938 una comisión del Círculo Médico de Córdoba publicó los resultados de una encuesta realizada entre las autoridades sanitarias de los tres niveles de gobierno (civiles y militares) y médicos y legisladores que hubiesen tenido destacada participación en los debates parlamentarios que precedieron a la sanción de la ley, con el fin de evaluar la mejor forma de llevar a cabo la nueva normativa. Respecto a la educación sexual, si bien la mayoría estaba de acuerdo con su importancia, se sugirió que se encargara esta tarea a médicos o a educadores especialmente preparados. Mientras que en los grados elementales sólo bastaba con que los maestros no presentaran "la función sexual como inmoral" a fin de evitar la futura "sexofobia" o el "homosexualismo", en los grados superiores se recomendó proporcionar información gradual acerca de la función reproductiva de las plantas, de los animales y, por último, del hombre. Esta explicación biológica debía estar acompañada por la enseñanza del "valor de la castidad y la continencia" que, lejos de producir algún daño, eran "recomendables desde el punto de vista médico e higiénico". 20 Probablemente como consecuencia de la influencia de este tipo de opiniones en la puesta en práctica del texto de la ley, que provenían del campo de la medicina, de los funcionarios de distintos ministerios, del mundo de la política, en consonancia con los criterios sostenidos por la Iglesia Católica, de creciente influencia en los debates públicos, el Departamento Nacional de Higiene sólo logró imponer los contenidos de educación sexual en el currículo de materias como Biología, Anatomía, Fisiología e Higiene de los colegios nacionales dependientes del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, previo acuerdo con esta repartición. 21 Paralelamente a la educación sexual, la Sección Dermatovenerológica era la encargada de difundir los principios básicos de profilaxis individual y proveer los elementos necesarios para ponerla en práctica. Para cumplir con el primer objetivo organizó conferencias populares, proyecciones cinematográficas, propaganda gráfica en las calles y distribución de folletos informativos y, a partir del año 1942, inauguró el Museo de Venerología. 22 Para llevar a cabo el segundo, la ley 12.331 establecía en su artículo sexto que el Departamento Nacional de Higiene debía determinar los lugares de venta obligatoria de equipos preventivos para profilaxis individual venérea. Aunque en el año 1940 José Puente informó acerca de que la Sección de la que era responsable poseía un pequeño stock de estos equipos (jabón, pomada profiláctica y un prospecto con instrucciones), que "se ampliará con nuevas adquisiciones, para proceder a su distribución de la manera más amplia y eficaz", las sucesivas memorias no hicieron mención del cumplimiento de este compromiso. 23 Por su parte, los médicos responsables de los dispensarios antivenéreos de la Capital Federal insistieron en que "no basta solamente con ilustrar al vulgo; es necesario facilitarle los medios adecuados y poner al alcance los elementos indispensables para que pueda practicarla correctamente". Para ello propusieron la instalación, en todos los hospitales municipales, nacionales o particulares, de un gabinete profiláctico mixto, convenientemente ubicado (anexo a la guardia, por ejemplo), para que aquella persona que sospechara haber estado en contacto con un agente de infección pudiera asearse debidamente. El gabinete debía contar con todos los elementos necesarios (lavatorios, mingitorios, soluciones antisépticas para el lavado, pomadas, carteles informando sobre los peligros del contagio venéreo e instrucciones de cómo realizar la profilaxis) y horario continuo de funcionamiento, sobre todo por la noche. 24 La discusión sobre la necesidad de incluir el Servicio Social como agente de la profilaxis contra las enfermedades venéreas se instaló durante los años posteriores a la promulgación de la ley 12.331. Según los especialistas, después del diagnóstico, análisis y tratamiento gratuito de un mal venéreo era necesario persuadir al enfermo de que debía cumplir hasta el final con el tratamiento asignado. Debido a este último objetivo el Servicio Social, a cargo de visitadores especiales formados por el Estado, justificaba su existencia. A esta tarea se le sumaban la búsqueda de personas contaminadas y contaminantes y su persuasión de la necesidad de iniciar un tratamiento, la educación del enfermo, la confección de su ficha individual y familiar a fin de elaborar estadísticas y su control médico social. 25 Otro de los instrumentos de profilaxis venérea impuesto por la ley 12.331 fue el examen médico prenupcial gratuito y obligatorio para los varones, que inhabilitaba para contraer matrimonio a las personas afectadas por enfermedades venéreas durante el período de contagio. Según el decreto reglamentario de la ley, el examen podría ser realizado por los directores o jefes de servicio de cualquier especialidad de la medicina de hospitales nacionales, provinciales, municipales o particulares; por los médicos de Sanidad Militar y Naval y los de Policía de cualquier localidad; por los médicos facultados para ese objeto por el Departamento Nacional de Higiene y por los médicos particulares, cuando dentro de su jurisdicción no existiera médico diplomado con cargo oficial o expresamente autorizado. En las memorias anuales de la Sección Dermatovenerológica tres parecen ser las preocupaciones de las autoridades nacionales respecto al examen prenupcial. En primer lugar, su aceptación por parte de la población en general. Según los informes, no existía la resistencia supuesta antes de llevar a la práctica la ley y la opinión pública parecía consensuar el "valor sanitario y moral implícito en esta medida". En segundo lugar, la reducción de matrimonios y el incremento de nacimientos "ilegítimos", temores que fueron desmentidos por las cifras estadísticas presentadas por el Departamento Nacional de Higiene. Por último, la dificultad de realizar los análisis serológicos en lugares que no poseían laboratorios o que estaban muy alejados de ellos. Con este fin la Sección Dermatovenerológica realizó gestiones ante la Dirección General de Correos y Telégrafos para remitir gratuitamente por vía aérea, desde zonas alejadas, las extracciones a ser analizadas por el Instituto Bacteriológico Nacional. Por otro lado, se proyectó la creación, hasta el año 1942 sin resolución práctica, de laboratorios regionales ubicados en lugares estratégicos del territorio destinados a servir a sus respectivas zonas de influencia. 26 A pesar del optimismo de los informes del Departamento Nacional de Higiene, los límites de la normativa referida al certificado prenupcial fueron advertidos desde los círculos médicos y legales. Desde el punto de vista médico, se sugirió que para evitar la entrega de certificados después de un examen clínico o de reacciones sanguíneas insuficientes era menester estandarizar el proceso que debían seguir los diagnósticos y ajustarlo a los nuevos conocimientos de la disciplina venerológica. 27 En este sentido, Francisco Russo propuso que se modificara el texto de la ley disponiendo la creación de consultorios ad hoc para practicar los exámenes prenupciales, reglamentando cómo debían realizarse (análisis serológicos y bacteriológicos de rigor llevados a cabo en laboratorios oficiales) y documentando para cada sexo y estado civil sus resultados. 28 Desde el punto de vista legal, Enrique Díaz de Guijarro, profesor de derecho civil en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, evidenció la arbitrariedad de imponer la obligatoriedad del certificado prenupcial a los varones, cuando la transmisión de las enfermedades era posible tanto por vía masculina como femenina. El argumento se reforzaba, para este médico legista, ante los enlaces de mujeres viudas o divorciadas en cuyo caso "no es posible esgrimir el efectista pero inocuo argumento de que el examen prenupcial es un agravio a la honestidad de la mujer". Esta posición, sostenida también por un importante número de médicos ligados a la asistencia venerológica que, en 1938, coincidieron por medio de la realización de una encuesta en la necesidad de extender a las mujeres la obligación del certificado prenupcial o, al menos, de una declaración jurada de buena salud, encontró una opinión desfavorable por parte del Departamento Nacional de Higiene. Marcial Quiroga, médico de la Sección Dermatovenerológica, sugirió que en los casos de contagio conyugal y transmisión a la descendencia la infección provenía generalmente del hombre. 29 Un último aspecto legislado por la norma de profilaxis antivenérea fue la prohibición, en toda la República, del establecimiento de casas o locales donde se ejerciera la prostitución o se incitara a ella. Esta medida abolicionista fue apoyada por el Departamento Nacional de Higiene tanto como una forma de frenar la difusión de las enfermedades venéreas, como de evitar la "perversión moral" y la "delincuencia" propiciada por los lugares donde fuera ejercida la "mala vida". Aunque sus autoridades reconocían que la prostitución "es un fenómeno social que no podrá hacerse desaparecer com-pletamente, pero sí atenuar su extensión", su paso a la clandestinidad era interpretado como un medio de superación del régimen "reglamentarista". 30 A pesar de que la mayor parte de la comunidad médica estaba de acuerdo con la adopción del sistema abolicionista, el ejercicio clandestino de la prostitución resultante, exento de la obligación de la visita médica obligatoria, era visto como un nuevo peligro para la propagación de las enfermedades venéreas. De ahí que se propusiera con insistencia la adopción obligatoria de la libreta de salud por parte de toda mujer que se trabajara en un "cabaret", "boite", "dancing" o "cafetín", a fin de supervisar su salud periódicamente, y el control de la prostitución masculina cuyos códigos y prácticas resultaban aún desconocidas. Por otro lado, se sugería la organización de un cuerpo de Policía Sanitaria, encargado de vigilar a todas las personas que por su profesión (bailarinas, nodrizas, servicio doméstico, mozos) o modo de vida (prostitutas) pudieran constituir un "peligro social" en caso de estar infectadas. 31 Más allá de los límites señalados a la ley 12.331 por sus contemporáneos, la centralización de la lucha contra las enfermedades venéreas comenzó a dar resultados positivos hacia finales de la década de los treinta. Las cifras proporcionadas por la Sección Dermatovenerológica muestran la paulatina disminución del contagio venéreo, en especial de la sífilis y la blenorragia. Estos datos fueron confirmados por la Asociación Argentina de Dermatología y Sifilología, aduciendo sus razones al seguimiento del plan de tratamiento de la sífilis y al uso de la libreta individual para los pacientes que la sufrían, ambos recomendados por la asociación; a la provisión abundante y gratuita, por parte del Estado, para todo el país, de compuestos arsenicales y bismutales; a la multiplicación de servicios antivenéreos, sobre todo en los centros urbanos de población más densa; a la implementación del certificado prenupcial obligatorio y al cierre de los prostíbulos. 31 Baliña, Pedro: "Libreta de salud, obligatoria, y lucha antivenérea", RAD, tomo XXI, tercera parte, 1937, págs. 611-622; Russo, Francisco: "Profilaxis en los cafetines", RSAVPS, Año I, tomo I, n.° 1, mayo de 1937, págs. 95-97; Panizza, Ismael: "Una omisión de la Ley de Profilaxis Venérea", RSAVPS, Año I, tomo I, n.° 1, mayo de 1937, págs. 101-102 y Landaburu, Laureano, y Aftalion, Enrique: "Aspectos civiles, penales y administrativos de la ley 12.331 de profilaxis antivenérea", RAD, tomo XXVI, cuarta parte, 1942, pág. 771. Hacia un modelo más represivo de profilaxis de las enfermedades venéreas A los pocos años de legislado, el sistema abolicionista comenzó a ser criticado, desde el punto de vista moral y sanitario, en los ámbitos médico y legal. El cierre de los burdeles ponía en evidencia lo inevitable del ejercicio de la prostitución, visualizada a través de la clandestinidad de esta práctica y, a su vez, los beneficios secundarios que de todos modos traía. Un importante número de académicos, administradores, políticos y militares empezó a sospechar que la persecución de las mujeres que ejercían la prostitución favorecía indirectamente, al "trabar las posibilidades de normal expansión sexual de una juventud vigorosa y precoz", el incremento de una serie de manifestaciones de "patología individual y social", siempre latentes, como la homosexualidad, el onanismo, el bestialismo, los trastornos neuróticos, las relaciones incestuosas, los delitos sexuales, las prácticas abortivas y los nacimientos ilegítimos. 33 Para evitar la expansión de estos "males" la Comisión Honoraria Consultiva de Profilaxis Venérea, integrada por prestigiosos especialistas sobre la materia, sugirió que el criterio abolicionista que inspiraba la ley no prohibía la prostitución, sino el prostíbulo y que a la mujer que ejercía esta actividad en su casa, sola e independiente de proxeneta alguno, no debía imponérsele pena alguna. Por otro lado, proponía que en los sitios alejados del país, donde había grandes núcleos de hombres solos cumpliendo con el servicio militar, en lugar de autorizarse la instalación de "casas de tolerancia", debería estimularse la radicación de mujeres que "actúen y vivan dispersas, aisladas unas de otras, sometidas a frecuentes revisaciones médicas". 34 El sonado episodio de los cadetes del Colegio Militar de la Nación, quienes fueron descubiertos en reuniones de la cultura gay y fotografiados desnudos en poses sugestivas generó una suerte de "pánico moral" que operó como acicate para modificar la ley 12.331 en los aspectos concernientes a la prostitución. La Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social, a cargo de Eugenio Galli, ex director de Sanidad Militar y ferviente impulsor de la profilaxis venérea en el ámbito castrense, pro-yectó el decreto rectificatorio de dicha ley. 35 La nueva normativa, aprobada en abril de 1944, dispuso, por un lado, el establecimiento excepcional de casas de tolerancia cuyo funcionamiento fuera autorizado por la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social y por el Ministerio del Interior. Dicho consentimiento se otorgaba atendiendo a necesidades locales, en general, proporcionar entretenimiento femenino sometido a control sanitario a los soldados y conscriptos, limitando su vigencia al tiempo que las mismas subsistieran. Por otro lado, el simple ejercicio de la prostitución por la mujer en su casa, de forma individual o independiente, sin afectar al pudor público, no constituía delito para esta nueva normativa. Por último, si bien los administradores de casas de tolerancia seguían siendo penados, quedaban exentas de castigo las mujeres que regentearan o trabajaran en los burdeles habilitados bajo las condiciones establecidas por el decreto. 36 Los venerólogos de la Capital Federal no tardaron en hacer objeciones a estas nuevas disposiciones, alegando que la reagrupación de prostitutas en nuevos burdeles autorizados y la oficialización de su actividad clandestina en la medida que no eran penadas por ejercerla, constituían un peligro para el recrudecimiento de las enfermedades venéreas. De ahí que propusieran un severo control sanitario en las casas de tolerancia a fin de evitar que se convirtieran en los "mayores focos de diseminación de las enfermedades sifilítico-venéreas". No obstante, el peso de su opinión fue bastante marginal puesto que la Dependencia de Profilaxis Venérea de la Asistencia Pública de Buenos Aires, en conflicto con la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social por resistirse a sus esfuerzos de centralización, no fue tenida en cuenta para integrar la comisión nacional de asesoramiento para la reglamentación del nuevo decreto. 37 35 El Departamento Nacional de Higiene se convierte en Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social en agosto de 1943. Por medio del decreto 12.311 se le otorgan las facultades de centralizar, organizar y supervisar todo lo relativo a beneficencia, asilos, asistencia social, sanidad e higiene. Su director será Eugenio Galli, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y uno de los más importantes impulsores de la centralización institucional de la gestión de la higiene y la asistencia social. En agosto de 1944, tras ser transformada por decreto la Dirección Nacional de Salud Pública en Dirección General y al pasar el organismo de Asistencia Social a la órbita de la Secretaría de Trabajo y Previsión, Galli renuncia a su cargo y es sucedido por Manuel Viera. Véase Veronelli, Juan Carlos, y Veronelli Correch, Magali: Los orígenes institucionales de la Salud Pública en la Argentina, Organización Panamericana de la Salud, Buenos Aires 2004, tomo II, pág. 476. 36 El episodio de los cadetes del Colegio Militar narrado por Bazán, Osvaldo: Historia de la homosexualidad en la Argentina. ISSN: 0210-5810 Cabe aclarar que, a pesar de la polémica del cuerpo médico con estos cambios normativos, el optimismo acerca del éxito de las disposiciones de la ley 12.331 en la cruzada oficial contra las afecciones venéreas comenzó a desvanecerse en los primeros años de la década de los cuarenta. Las autoridades sanitarias constataron, a través de sus registros estadísticos, un ostensible aumento de casos de sífilis primaria y secundaria a partir del año 1942. Mientras que la Sección Dermatovenerológica del Departamento Nacional de Higiene, al frente de Fernández Blanco tras la muerte de José Puente, centró su explicación en el avance de la práctica clandestina de la prostitución, al margen de todo control médico; la Comisión Honoraria Consultiva de Profilaxis Venérea adjudicó este incremento a la escasez de drogas específicas suministradas por el Departamento Nacional de Higiene a numerosas reparticiones públicas y privadas, una vez acaecidas las restricciones comerciales durante la Segunda Guerra Mundial. 38 Los médicos de los dispensarios antivenéreos de la ciudad de Buenos Aires, donde los índices de nuevos casos de enfermedades venéreas eran mucho más elevados que en el resto del país, se mostraron especialmente preocupados por esta reducción del suministro de medicamentos, cuya consecuencia más inmediata fue la suspensión de los tratamientos. Más allá de las limitaciones a la importación de drogas específicas durante el conflicto bélico, el problema de la escasez de remedios en la ciudad de Buenos Aires parece encontrar, al menos, dos explicaciones. Por un lado, el tiempo que exigían las licitaciones y los trámites burocráticos para la compra de suministros que hacían que los "proveedores, si la demanda abunda, prefieran negociar con particulares". Por otro lado, la nueva política impulsada desde la Dirección General de Salud Pública y Asistencia Social, al frente de Eugenio Galli, de no proveer medicamentos a los municipios "ricos". 39 Una vez identificadas las causas del rebrote de enfermedades venéreas, los especialistas volvieron a insistir en la necesidad de implantar la libreta de salud y los exámenes periódicos para toda mujer que trabajara en "cabarets", "dancings" o "boites", dar cumplimiento al tratamiento obligatorio de los enfermos, internar a los pacientes durante el período de máxi-38 BSDNH, Año VII, núms. 1-2-3, enero-marzo de 1943, pág. 63 y Baliña, Pedro; Castaño, Enrique; Zwanck, Alberto, y Scolari, Pedro: "Apreciaciones emitidas sobre profilaxis venérea...", pág.176. 39 Russo, Francisco: "El problema...", págs. 8-9; y Baliña, Pedro: "Incremento de la sífilis reciente. Información suministrada a las autoridades sanitarias", RAD, tomo XXIX, n.° 1, mayo de 1945, págs. 107-112. mo contagio, instalar gabinetes para la profilaxis individual y "equipos preventivos" en lugares públicos y organizar definitivamente el Servicio Social en las instituciones sanitarias que se ocuparan de la profilaxis venérea. Uno de los reclamos más novedoso fue el de establecer la obligatoriedad de someterse a examen clínico, ginecológico y serobactereológico a toda persona detenida por "escándalo público". Con ello se esperaba individualizar a los portadores del mal venéreo, sistematizar la información acerca de los enfermos y aislarlos en caso de que hiciera falta. La Dirección Nacional de Salud Pública realizó dichos exámenes contando, durante el año 1943, con autorizaciones para casos puntuales del Poder Judicial y amparándose, a partir de noviembre de 1944, en un inciso del artículo tercero del decreto 31.589 que la autorizaba a tomar las medidas que considerara necesarias cuando comprobara la existencia de focos epidemológicos. 40 Una vez llegado al poder, el peronismo respondió enérgicamente al recrudecimiento de las enfermedades venéreas en todo el país, explicado oficialmente por la "falta de instrumentos legales y técnicos que permitan una vigilancia más precisa y una exacta ubicación de los focos por parte de la autoridad sanitaria", con la modificación y complementación de la reglamentación de la ley 12.331. En la Comisión Asesora, que proyectó las modificaciones a la normativa hasta ese momento vigente, intervinieron activamente los miembros de la Asociación Argentina de Venerología y Profilaxis Social. Esta participación, y el reconocimiento oficial de la disciplina que los situaba como especialidad de la Medicina a través del decreto 37.156, puede ser explicada por la cercanía de su secretario, Alejandro Dicovsky, a Ramón Carrillo, titular de la cartera sanitaria desde mayo de 1946. Este decreto estableció que las enfermedades venéreas serían tratadas con el mismo criterio sanitario que cualquier otra 40 En mayo de 1946 la Dirección General de Salud Pública se convierte en Secretaría de Salud Pública. Cremona, Roberto: "Exposición de conceptos sobre la campaña profiláctica antivenérea: nota al Señor Interventor de Profilaxis Venérea", RSAVPS, Año VII, tomo VII, n.° 12, junio de 1944, págs. 99-100; Russo, Francisco: "Un agregado indispensable al decreto reglamentario de la ley 12.331" y "Equipos preventivos y secciones de instrucción profiláctica de la ley 12.331", RSAVPS, Año VII, tomo VII, n.° 13, septiembre de 1944, págs. 17-32; y Garfunkel, Alfredo: "Lucha antivenérea. Algunas sugestiones", RSAVPS, Año IX, tomo IX, núms. 16 afección infectocontagiosa, y sometidos los pacientes a las medidas generales que se adoptaban con todas las enfermedades transmisibles de acuerdo con la ley 12.317. Los instrumentos previstos para luchar contra estos males fueron la educación sanitaria, destacando las ventajas de la profilaxis individual; la denuncia y tratamiento obligatorios de los enfermos; la investigación de la fuente de contagio (en especial las prostitutas); la creación de un Instituto de Higiene Social para internar a los pacientes; penas específicas para todos aquellos que ignoraran la ley, incluidos los médicos, y la fundación de nuevas dependencias para reunir estadísticas, para controlar el cumplimiento de la ley (policía sanitaria) y para formar al personal técnico especializado (investigadores sociales y venerólogos). Los costos de los nuevos servicios serían financiados por los impuestos obtenidos de los casinos de Mar del Plata, Miramar y Necochea. 42 Este sesgo más represivo en la lucha oficial antivenérea fue consensuado por la comunidad médica. En el año 1947 Alejandro Discovsky, partiendo de un diagnóstico en el que presentaba índices diferenciales de morbilidad venérea en las distintas regiones del país, más importantes en las que estaban situadas en los contornos del mapa que en las mediterráneas, propuso el control sanitario de las fronteras terrestres y los puertos ultramarinos y fluviales, especialmente sensibles a la reapertura del flujo inmigratorio, una vez finalizado el conflicto bélico mundial. Finalmente, la Secretaría de Salud Pública organizó lentamente esta fiscalización fronteriza estableciendo estaciones sanitarias en Pocitos, La Quiaca, Scompa, Clorinda, Paso de los Libres, y centros de higiene social en Buenos Aires y Rosario. Además suscribió convenios de profilaxis y control de las enfermedades venéreas con otros países americanos. 43 Por su parte, Eduardo Glantz y Héctor González, médicos del Hospital San Roque de la ciudad de Mendoza, propusieron en las Primeras Jornadas Venerológicas Argentinas, realizadas en Buenos Aires en noviembre de 1946, la creación de un registro serosifilográfico nacional a fin de descubrir las enfermedades venéreas llamadas "encubiertas", por ser ignoradas por las personas que las padecían. Sugirieron que los exámenes fueran obligatorios para los conscriptos, los miembros de las fuerzas arma-42 "Reglamentó el Poder Ejecutivo la ley de Profilaxis Social", Ibídem, págs. 47-56. 43 Discovsky, Alejandro: "Plan de saneamiento venéreo: Capítulo inicial", Archivos de la Secretaría de Salud Pública de la Nación (en adelante ASSPN), tomo I, n.° 2, Buenos Aires, enero de 1947, págs. 39-41, y "El problema de la prostitución", ASSPN, vol. IV, n.° 5, noviembre de 1948, pág. 423. das, la gendarmería y la policía; los empleados del Estado en todos sus niveles; los enfermos internados en los hospitales o concurrentes a sus consultorios externos, y optativos para el resto de la población. 44 La Secretaría de Salud Pública incluyó como prioritaria en su agenda la lucha contra los males venéreos. Partiendo de cifras bastante altas de "casos nuevos" por año, 47.400 de sífilis y 30.200 de blenorragia, propuso en el Plan Analítico de Salud Pública para los primeros cinco años de gestión de esta repartición una serie de medidas entre las que se encontraban el examen prenupcial voluntario, para varones y mujeres, como "gesto patriótico"; la organización de una campaña de educación pública de gran alcance; la instalación de centros de higiene social en todo el país; el tratamiento masivo, teniendo en cuenta los adelantos de la medicina que permitían la cura a través de la penicilina, y la prevención de la prostitución a través de la creación de reformatorios y asilos para quienes ya desempeñaban esta actividad y la protección de menores en riesgo de ejercerla. Junto con estas medidas propuso una serie de proyectos legislativos: el que procuraba convertir la transmisión de las enfermedades venéreas en un delito, doloso o culposo según la conciencia del padecimiento de la infección; el que sugería la creación de un impuesto sanitario a los "dancings" y "cabarets"; el que proponía la extensión de los exámenes prenupciales a las mujeres, y el que formulaba la reapertura de los burdeles a nivel nacional, donde prostitutas y clientes serían examinados periódicamente. 45 Más allá de estos proyectos y previsiones, la Dirección de Higiene Social organizó su labor alrededor de dos ejes: la educación sanitaria y la implementación de un nuevo tratamiento para las enfermedades venéreas. Para cumplir con el primero de ellos realizó previamente un conjunto de encuestas, en fábricas, colegios, dependencias de la policía y del ejército, a fin de conocer la "información que posee el pueblo en general sobre esta enfermedad social". Tras concluir que los sectores populares no contaban con un lugar donde "pedir consejo o solicitar ayuda", realizó actos de divulgación sanitaria en talleres, escuelas para adultos, dependencias de la Policía Federal, institutos militares y regimientos donde, además, se repartieron afiches, folletos, nóminas de centros de Higiene Social y se proyectaron películas. Según los médicos que la organizaron, el objetivo de la campaña era destruir el concepto de "enfermedad vergonzante"; asegurar la durabilidad de los tratamientos, una vez iniciados; recomendar métodos de prevención personal, físicos y químicos; aconsejar el matrimonio temprano; advertir acerca de los peligros de la masturbación y el proxenetismo y aclarar que la continencia sexual no era perjudicial para la salud. 46 El segundo eje alrededor del cual se organizó la profilaxis antivenérea fue la implementación de un nuevo tratamiento para la sífilis basado en el suministro de penicilina, arsénico y bismuto. Según la Dirección de Higiene Social, la combinación de estas drogas limitaba enormemente en el tiempo el período del tratamiento. El único requisito para su éxito era la provisión continuada de medicamentos a todos los servicios de carácter nacional, provincial, municipal y privado. 47 El gobierno peronista cumplió con el abastecimiento adecuado de dichas drogas, en especial de penicilina cuya disponibilidad dependía del mercado externo, a través del otorgamiento del monopolio de su producción a la firma norteamericana Squibb, en el año 1947. La fábrica abrió sus puertas en 1949, produciendo 51.000 unidades anuales, casi el doble de la cantidad mínima establecida por el contrato. Gracias a ello, después de 1949 fue posible expandir el control de los males venéreos de forma nueva y significativa. 48 La posibilidad de contar con material estadístico homogéneo para seguir el desarrollo de las enfermedades sociales comenzó a materializarse hacia mediados de la década peronista. Según lo dispuesto por el decreto 17.156 del año 1946, el Registro Nacional de Higiene Social se confeccionaría a partir de los datos contenidos en las fichas-denuncia de los nuevos casos venéreos, elaboradas de forma obligatoria por todos los médicos del país. Hacia finales de 1948 la Dirección de Higiene Social ya contaba con estadísticas parciales, elaboradas con estas fichas, que daban cuenta de un ascenso de los índices en las provincias del litoral, como consecuencia del éxodo de población desde Paraguay que se encontraba en guerra civil; en las provincias andinas, como producto del paso de ciudadanos de los países limítrofes para realizar los trabajos de la zafra y en la Patagonia, resultado de la inmigración de arrieros o peones rurales temporarios, y un leve pero sostenido descenso de las cifras en el resto de las provincias. 49 Si la educación sanitaria y el tratamiento de las enfermedades venéreas fueron aceptados sin demasiadas discusiones, el tema más polémico fue el referido a una nueva reglamentación de la prostitución. La Secretaría de Salud Pública centró su preocupación en la relación directa entre prostitución clandestina e incremento de enfermedades venéreas. Para esta repartición oficial las fuentes más frecuentes de contagio eran las mujeres que trabajaban en los salones de baile, los "dancings" o las pensiones colectivas. Según datos recogidos en el Hogar San Miguel, donde la Policía Federal detenía a las mujeres por incitar a la prostitución en la vía pública, en 1947 el 44,47% de estas trabajadoras poseía sífilis, la mayoría provenía del interior del país, era de condición humilde y "escudaba" en tareas del servicio doméstico la verdadera profesión que ejercía. A pesar de la insistencia de los funcionarios sanitarios para que asistieran a los dispensarios antivenéreos, la mayoría de ellas no lo hacía. De ahí que se habilitara un centro de Higiene Social en el mismo hogar, a fin de esterilizar el mal en las detenidas e impartirles educación sexual. Según los funcionarios sanitarios, después de iniciar el tratamiento específico en ese lugar, los exámenes serológicos indicaron un descenso del índice de sífilis. La solución para el responsable de la Dirección de Higiene Social "no se obtiene sólo con el tratamiento específico sino que hay que atacar las causas generadoras". Para ello sugiere internarlas en hogares colonias, bajo la vigilancia de visitadoras sociales, hasta que pudieran "adquirir hábitos de trabajo y moral". 50 El Secretario de Salud intervino personalmente dando su opinión acerca del sistema abolicionista. Según Carrillo, los límites de la ley 12.331 radicaban en que la "patología social de los abstinentes", las aberraciones sexuales y los delitos por ella provocados, se multiplicaban día a día durante los primeros años de su vigencia. De ahí que fuera necesario incorporarle las modificaciones de 1946 a partir de las cuales la prostitución podía existir siempre que no se le diera al sitio donde se ejercía carácter público u ostensible. Sin embargo, si para Carrillo las correcciones a la ley 12.331 resolvían problemas de índole moral, no daban respuesta a sus limitaciones sanitarias. Por eso propuso que, sin hacer una nueva normativa, los médicos realizaran controles periódicos y sistemáticos a las mujeres que trabajaban como prostitutas, amparados en las disposiciones que autorizaban a la autoridad sanitaria a efectuar la "policía de focos". De esta forma se llegaría a un sistema "reglamentarista por necesidad, abolicionista por moralidad". 51 La labor parlamentaria acompañó los debates acerca de la necesidad de modificar el sistema abolicionista. Después de intensas discusiones en el Congreso Nacional y en la opinión pública, que incluyeron una fuerte oposición de la Iglesia Católica, la prostitución fue reglamentada en diciembre 1954. El decreto 22.532 autorizaba la apertura de las "casas de tolerancia" en virtud de atender a una "imperiosa necesidad pública". 52 Con la reglamentación de la prostitución quedaba claro que, en los últimos años de la década peronista, las supuestas causas que daban origen a las enfermedades venéreas comenzaban a desaparecer del universo de preocupaciones de la gestión sanitaria. El uso sistemático de la penicilina para la cura de los "males secretos" dejaba de lado la preocupación por la prevención del contagio, aunque no la abandonaba totalmente, y centraba la atención en la localización de los enfermos y en la obligatoriedad de su cura. Por su parte, la venerología y la dermatosifilografía empezaban a desaparecer en el concierto de las especialidades médicas, absorbiendo la infectología el tratamiento de las enfermedades venéreas. En los años treinta se constituyeron nuevas agencias estatales que redefinieron muchas relaciones cruciales dentro de la sociedad civil, aún aquellas que se encontraban tradicionalmente ceñidas al ámbito de lo privado. En el área de las políticas sanitarias esa intervención se basó en los supuestos técnico-organizativos de los médicos. Utilizando sus antiguas redes de inserción profesional y política, estos expertos obtuvieron un acentuado protagonismo en la esfera estatal. Dos tópicos fueron recurrentes en su agenda: la necesidad de dotar al Estado de una organización centralizada y racional de la asistencia médico social y la resolución de la llamada "crisis poblacional", caracterizada por un descenso en los índices de natalidad, principalmente en las zonas prósperas, y un empobrecimiento biológico de la población. Sobre estos dos pilares el Departamento Nacional de Higiene sufrió una reorganización administrativa. La obtención de nuevas atribuciones y la sanción de leyes parlamentarias legitimaron aún más el lugar ocupado por estos especialistas en la esfera pública y las reformas que propusieron. Las enfermedades venéreas fueron uno de los temas centrales abordados por la repartición sanitaria. Por un lado, la lectura alarmista respecto a la creciente cantidad de infectados y a las consecuencias genéticas para la salud de la población que el mal traería pusieron en evidencia la necesidad de una urgente e idónea intervención. Por otro lado, estaba claro que para conseguir óptimos y rápidos resultados debía apelarse a una acción coordinada y de relativo monopolio de autoridad. El Departamento Nacional de Higiene se propuso, entonces, centralizar la prevención y el tratamiento de los "males secretos". Para ello contó con una ley nacional que creó y dotó de atribuciones y recursos a una de sus divisiones: la sección Dermatovenerológica. Creemos que el verdadero éxito de esta política sanitaria lejos de ser medido en términos de disminución de las dolencias venéreas -hacerlo significaría repetir la versión triunfalista de las parciales e incompletas estadísticas confeccionadas por la propia repartición y desconocer las limitaciones que el régimen abolicionista de la prostitución impuso al control de los padecimientos venéreosse vincula con su capacidad de imponer autoridad por encima de los niveles de asistencia regional y privada. Como ha intentado demostrar el trabajo, este logro estuvo asociado a su prerrogativa de administrar el presupuesto, distribuir los medicamentos e imponer un tratamiento estandarizado. A comienzos de la década de los cuarenta las críticas de orden moral y profiláctico al sistema abolicionista, junto con un leve rebrote de algunas enfermedades sexuales, acentuaron el tono represivo de la política orientada a la profilaxis venérea. La fiscalización sanitaria de las fronteras, el renovado control del ejercicio de la prostitución y la obligatoriedad de la denuncia, reclusión y tratamiento de aquellos que padecieran la enfermedad se dio en el marco de un Estado con sesgos crecientemente intervencionistas. De todos modos, el triunfo sobre los males venéreos conforme se avanza hacia los años cincuenta parece ligarse, tanto en Argentina como en el resto del mundo, al uso extendido de la penicilina. El descubrimiento y uso extendido de esta droga trajo asimismo consecuencias en la organización de las reparticiones sanitarias. La división antes encargada de la prevención y tratamiento de las enfermedades venéreas fue perdiendo cada vez más recursos y poder de determinación quedando subsumida a una nueva sección, Profilaxis Social, de funciones mucho más amplias. Por último, en el trabajo se ha intentado vincular la política de centralización de la profilaxis venérea con el proceso de especialización de las disciplinas encargadas del tratamiento de las enfermedades sexuales y su consecuente reconocimiento oficial como especialidades médicas. Si bien en la década de los treinta y de los cuarenta este proceso de especialización y reconocimiento oficial fue muy marcado, estimulando y acompañando el diseño y ejecución de las políticas sanitarias estudiadas, a partir de la década de los cincuenta y conforme avanzó el uso extendido de la penicilina, estas disciplinas comenzaron a ser desplazadas por la inmunología. Este cambio no fue únicamente académico, sino que guardó una fuerte vinculación con la reestructuración del sistema sanitario en su conjunto.
Las expresiones culturales de los pueblos mineros nos permiten estudiar los elementos que conformaron su perfil. El análisis de sus formas de socialización y de los recursos que tenían a su alcance para su placer, nos lleva a identificar el rostro de las pasiones y revela los mundos subterráneos. El propósito de este estudio es presentar algunos apuntes e ideas sobre ciertas prácticas cotidianas que, ante los ojos del poder civil y religioso, eran consideradas reprobables. Los pueblos mineros, que surgían esporádicamente en las escarpadas montañas, eran el escenario de una forma de vida peculiar, la cual reunía distintas manifestaciones culturales que articulaban la interacción social. En ese sentido cabe preguntarse: ¿cuáles eran las formas de diversión en los centros mineros?, ¿en qué medida participaban los distintos sectores sociales en las fiestas públicas y religiosas?, ¿cuál fue el papel del Estado y la Iglesia en la promoción y freno de las diversiones?, ¿qué importancia tenían los juegos de azar en la vida de las comunidades mineras?, ¿cómo se fue construyendo la identidad minera a partir de ciertos rasgos que la distinguían de otras organizaciones sociales?, ¿de qué manera los entretenimientos propiciaron las relaciones íntimas entre hombres y mujeres?. Es evidente que no tendremos respuestas contundentes para resolver estos enigmas; sin embargo, intentaremos dar algunas pistas que arrojen luz sobre estos problemas. La ciudad de los sueños Parece ser que todos los vicios y desgracias tenían su origen en el descubrimiento de los yacimientos mineros. Las crónicas y documentos históricos describen con detalle el deseo perverso de unos hombres que viajaban, de un lado a otro, a lo largo del territorio, en busca de fabulosas e indescriptibles ciudades, pues creían en la existencia de pueblos edificados con ricos minerales y piedras preciosas; los hombres hablaban de lugares maravillosos con montañas plateadas, lagos de mercurio, peces dorados que viajaban por arroyos cristalinos y pueblos colosales con puertas de esmeraldas. A finales del siglo XVIII, las leyendas medievales sobre las ciudades de Cíbola y Quivira 1 habían enraizado en el imaginario colectivo y, de manera diversa, se difundían por medio de las "hablillas"; todos los pobladores, aún los de parajes más remotos, se enteraban de la "voz de la bonanza", la cual tenía la fuerza suficiente para mover montañas. Podemos suponer que una buena parte de los reales mineros tuvo su fuente de inspiración en el imaginario social. Los buscones -buscadores de minerales-contaban historias que revelaban -para todos los creyentes-sitios fantásticos colmados de inmensos tesoros. Las narraciones tenían un carácter y significado distinto en cada uno de los estratos sociales pero siempre eran relatos que encendían la imaginación y trazaban puentes con la invención de los deseos; narraciones que cambiaban con el tiempo y con la manera de ser y pensar de los novohispanos. Dichas historias brindaban la oportunidad de visitar o imaginar las ciudades mineras, que en su gran mayoría habían sido descubiertas por la casualidad, la fortuna, la ficción, el mito o la necesidad de viajar por el tiempo. 2 Durante años y años, las "voces vulgares" repitieron sin cesar un puñado de cuentos sobre los enigmas de las montañas y los misterios que rodeaban a las minas. En algunas regiones, el mito fundacional de las vetas estuvo relacionado con hechos religiosos o sobrenaturales; en otros pueblos fue atribuido a hechos verídicos, pero imposibles de comprobar. Con frecuencia, en los relatos aparecían hermosos paisajes habitados por mujeres de una enorme belleza, quienes invitaban al viajero a su morada para colmarlo de riquezas y placeres. En otras narraciones, los protagonistas transitaban por caminos secretos; casi siempre, por la noche, las montañas ardían y mostraban -sólo a los elegidos-sus crestas plateadas y confe-1 Para las leyendas medievales véase Gurría Lacroix, Jorge:"La minería, señuelo de conquista y fundaciones en el siglo XVI novohispano", en La minería en México, México, 1978, págs. 39-65. Weckmann, Luis: La herencia medieval de México, 2 vols. México, 1984. 2 Entre otros títulos pueden verse Corona Núñez, José: Rincones michoacanos; leyendas y breves datos históricos de algunos pueblos de Michoacán, s. l., 1938; Lanuza, Agustín: Romances, tradiciones y leyendas guanajuatenses, 2a. ed., México, 1941; Rublúo Islas, Luis: Tradiciones y leyendas hidalguenses, Pachuca, Hgo., 1976; López Riesgo, Alfonso: La maravillosa tarasca y el prodigioso tesoro de Tayopa, Hermosillo, Son., 1986. EDUARDO FLORES CLAIR saban el secreto de sus entrañas, en algunas de las cuales guardaban celosamente elefantes de plata. 3 En algunas ocasiones, el velo que cubría a las ciudades encantadas era recorrido por algún personaje terrenal como el "indio aparecido", quien poseía gallos de plata y súbitamente desaparecía en las sombras de la noche, cuando los mortales intentaban indagar su procedencia. 4 Dichas historias incorporaban en sus argumentos la idea cristiana de la buena fortuna para la gente humilde, devota y "de buen corazón". En algunas leyendas, el protagonista solía ser un arriero infatigable, campesino agradecido o buscón aventurero; los protagonistas tenían como elemento común la pobreza. Por ello, un ser mágico premiaba la humildad con los dones de la riqueza. Por ejemplo, las minas de Tlalpujahua fueron descubiertas por unos pastores pobres de la hacienda de Tepetongo, los cuales "habiendo prendido fuego una noche en el cerro nombrado del Gallo, para protegerse del frío, a la mañana siguiente, despertaron y hallaron plata derretida". 5 Podemos decir que, a lo largo de la época colonial, las leyendas fueron un poderoso motor que estimuló la exploración e inversión en territorios agrestes y, de manera paralela, despertaron en una muchedumbre el deseo de deambular entre cerros y piedras en busca de minerales ocultos. La credibilidad de los relatos se propagó ampliamente sin encontrar límites de creencias ni geográficos. A este respecto, en 1800 el justicia de Autlán, Anastasio González, escribió que las "voces" [rumores] de minas ricas, tapadas y ocultas, eran muy frecuentes entre los indios y habían acarreado muchos engaños. En esa región era muy conocida la historia sobre la mina del cerro de Cocama, el cual "ha sonado, según dicen, hasta algunos lugares de España, pues muchos hombres han venido de distantes lugares en busca de ella". 6 Como una trampa a la imaginación y al deseo de fortuna, la explotación de las minas implicaba aventurarse por tierras extrañas, zonas de un mundo ajeno y subterráneo, lugares misteriosos, ocultos y secretos que no pertenecían a los hombres, sino al rey de las profundidades. No obstante, los mitos sobre las minas constituían parte de las distintas concepciones culturales de una comunidad de "iniciados", dispersos por el territorio y empeñados en una búsqueda de más de tres siglos. También dichas crónicas eran la guía y orientación, relato e historia, reconocimiento y conquista, descubrimiento y colonización de nuevas tierras. A finales del siglo XVIII, según los oficiales reales, los pueblos mineros estaban habitados por indios, españoles, mestizos, mulatos, negros y castas; dichas categorías eran utilizadas con el fin de reducir la complejidad social. Claramente sabemos que cada uno de estos estamentos encerraba una amplia gama de grupos étnicos diferentes, los cuales acrecentaban su diferenciación por la situación geográfica, formas de vida, relaciones de vecindad, lengua, recuerdos trasmitidos por la tradición, costumbres y otros elementos. Los pueblos mineros eran una especie de unidad multicultural constituida por un conjunto de hechos materiales, discursos y códigos morales que le daban un sentido peculiar al desarrollo social. En otras palabras, dicha amalgama social adquirió modos culturales específicos según cada una de las regiones y según las influencias y tradiciones aportadas por cada uno de los componentes raciales en la interacción social y circularidad cultural. A pesar de todas las diferencias, podemos intuir la existencia de un proceso de construcción de una afinidad social, caracterizado por una tendencia acelerada de hábitos culturales comunes de tipo mestizo.7 Dicha tendencia impuso sus valores culturales sobre el lento intercambio sexual entre los distintos grupos raciales. Es decir, las formas mestizas culturales adquirieron una mayor dinámica en las congregaciones mineras, debido a los vínculos y convivencias raciales; de este modo, el espacio social encontró una forma de evolución mediante el trabajo concreto de la explotación y beneficio de los minerales y a través de ciertas prácticas donde la población encontró algunos nexos para construir su identidad. Por su parte, el mestizaje biológico rompió, en forma paulatina, las barreras de las rígidas estructuras sociales y del comportamiento (relativamente) endogámico de la mayoría de los grupos étnicos. 8 En forma general, la construcción de los pueblos mineros fue acelerada: de la noche a la mañana, los reales aumentaban su vecindario. En muchos casos, el caserío solía tener una vida efímera y un destino triste pues las parvadas de trabajadores cambiaban de clima con las estaciones del año; de montaña en montaña, buscaban ricos minerales para mejorar sus condiciones de vida. 9 Debido a ello, muchos de los reales no pasaron de ser simples "escarbaderos" y algunos gozaron de espectaculares bonanzas momentáneas, arruinándose por el súbito agotamiento de las vetas. De los pueblos abandonados sólo quedaron agujeros en la tierra, sombras de los olvidados ancestros y un puñado de leyendas. La historia sublime de los metales brillantes y de la formación de inmensas fortunas, estaba ceñida con una realidad áspera y llena de conductas consideradas como perversas. Por lo general, los pueblos mineros perdían su lustre y notoriedad debido a la composición y prácticas sociales. En este sentido, el paisaje descrito por Francisco Mourelle, que visitó las famosas minas de Guanajuato en 1790 atraído por la curiosidad de la enorme producción de plata, nos permite tener una imagen de algunas de las conductas más reprobables del centro minero. Mourelle escribió que los minerales eran extraídos por "avaricia, ambición y codicia"; los hombres, empresarios y trabajadores, eran movidos por el afán, la pasión, la miseria y el apetito de poseer riquezas. Para conseguir su objetivo, llegaban a desafiar las leyes divinas, su propia naturaleza y a efectuar ciertos hechos "impronunciables". En cierta medida, el trabajo minero degradaba a los sujetos racionales, era realizado principalmente por hombres incultos, toscos y groseros, "esqueletos vivientes que llevan una vida triste". A pesar de la brillantez de la plata, Mourelle añadió una frase lapidaria: en Guanajuato vive la "escoria de la humanidad". 10 Los viajeros no fueron los únicos que criticaron en su discurso los horrores y desdichas provocadas por el trabajo en las minas. Las comunidades indígenas que estuvieron condenadas al repartimiento, dejaron valiosos testimonios respecto a la terrible situación que padecieron. Por ejemplo, en 1757, el gobernador de Tulancingo apeló a las autoridades virreinales con el fin de que los indios de esa comunidad no prestaran sus servicios en la hacienda de beneficio del Salto, en Real del Monte. Entre 9 "Informe de Sombrerete de las minas de Pabellón y Vetanegra" en Colección Genaro García, Austin, Texas, rollo 166. LOS REALES MINEROS NOVOHISPANOS A FINALES DEL XVIII otras razones, expuso que los hombres eran maltratados y los obligaban a ir a lugares de "temperamento frío", de tal modo que los indios veían quebrantada su salud y al poco tiempo regresaban a sus pueblos a morir. Además, al ausentarse, los indios desamparaban a sus mujeres e hijos, abandonaban sus sementeras, dejaban de contribuir con el tributo y no cumplían con los ritos y ceremonias religiosas. El trabajo de la hacienda era muy "recio" y no para gente "bisoña", pues al realizarlo de manera imperfecta, los mayordomos y mandones azotaban y encarcelaban a los indígenas. Asimismo, solían sufrir frecuentes enfermedades y accidentes fatales. Y sin duda, todos aquellos que iban a trabajar en la hacienda del Salto se "pervertían". 11 Las autoridades escribieron que los mineros eran soberbios, se tenían en alta estima y despreciaban a los de su entorno. Inclinados a sembrar chismes, enredos y engaños, mostraban falta de rectitud y un apetito insaciable por perturbar el orden; sus acciones eran de una maldad extrema y corrompían las costumbres. Por la agresividad y violencia desarrollada, fueron catalogados como altaneros, desobedientes, atrevidos, insolentes, descarriados y con suma falta de respeto a las órdenes de los superiores. 12 Podríamos aventurar la hipótesis de que las autoridades utilizaron todos estos adjetivos, creencias y juicios con la finalidad de construir una imagen maligna y contraponerla a otras formaciones sociales. Pero más allá de la estricta normativa y estrechos principios morales, las ideas mostraban parte de una realidad incomprensible para muchos. Por diversas prácticas sabemos que las sociedades mineras dieron muestra de una forma de vida distinta, construida con base en ciertos valores culturales diferentes de los practicados en otros pueblos y ciudades; y opuestos a las idealizadas y obedientes comunidades indígenas. Muchos de los estilos de la vida minera, en cierto sentido, resultaban indescifrables y peligrosos, por estar constituidos por una muchedumbre casi ingobernable. También es probable que, con base en estos testimonios y prácticas inteligibles, muchos escritores de la época contribuyeran con un discurso peyorativo y denigratorio contra los centros mineros. En distintos textos encontramos que dichos lugares eran considerados como centros de vicio, parajes donde habitaba el diablo, teatros de crueles crímenes, escenarios de escandalosas conductas extraviadas en el juego, el robo, la embriaguez, las riñas, sitios donde se corrompía y pervertía a los naturales con prácticas sexuales relajadas y viviendo en un desorden generalizado, producto de una multitud de vagos y hombres perdidos que dañaban las costumbres de las poblaciones. Cabe señalar que dichos discursos no estaban del todo errados ya que, años después, los mismos hombres, con desamparo espiritual y material, se convirtieron en los principales grupos contestatarios y formaron parte activa de las tropas insurgentes. Como apuntamos, los reales eran considerados -por funcionarios y eclesiásticos-centros de vicio, lugares donde se perdían las buenas conciencias y se impugnaban las costumbres ancestrales. Este tipo de juicios se hacía, principalmente, por los excesos en las diversiones públicas, los juegos de azar, el alto consumo de bebidas embriagantes y las conductas sexuales relajadas. En este aspecto, José Perfecto, cura del real de Nuestra Señora del Rosario, en Sonora, escribió que en el centro minero había tal desorden en toda la sociedad que una buena parte vivía en la infelicidad "y muchos dicen que estamos en Francia, por el libertinaje de las costumbres, y por tan malos ejemplos de las cabezas". 13 Quizá podamos encontrar una posible explicación de esta forma de vida llamada "libertina", por tres factores: en primer lugar, el gran desarraigo de los pueblos mineros. La constante movilidad, les permitía tener frecuentes contactos e intercambios de valores culturales, lo que posibilitaba una mayor experimentación con los estilos de vida de una muchedumbre. En segundo lugar, los pueblos mineros gozaron de una alta capacidad económica y este hecho los distinguió de la mayoría de los centros urbanos de la Nueva España; los cuantiosos caudales que circulaban en los reales brindaban la oportunidad de establecer negocios redituables de divertimiento, que fungían como un complemento indispensable de la producción minera. De hecho, los habitantes poseían un alto poder de consumo, que aprovechaban para deleitarse con los cuantiosos abastos de mercancías y participar de las placenteras transgresiones. Por último, como ya se ha mencionado, la mezcla racial permitía la formación de comunidades domésticas diversas, las cuales deambulaban con sus valores sociales entre 13 AGN, Inquisición, vol. 1372, exp. LOS REALES MINEROS NOVOHISPANOS A FINALES DEL XVIII los cerros y la interacción social provocaba, a largo plazo, la transformación de las costumbres. A lo largo de la época colonial, por medio de la legislación y doctrina cristiana, las autoridades políticas y eclesiásticas intentaron crear una especie de "dique moral" para frenar los desmanes en los pueblos mineros. Para conseguir tal objetivo, ambas instancias conjuntaron sus intereses y unieron sus recursos -hasta cierto punto-para combatir a todas aquellas formas de vida y prácticas sociales que consideraban reprobables, ilegales, pecaminosas y delictivas. En este terreno, es bien sabido que los Borbones mostraron especial interés por regular la vida de la sociedad novohispana; sus autoridades impulsaron un proyecto de control social que abarcó los ámbitos de administración económica, preservación del orden y salvaguarda de los valores espirituales. De esta manera, la hacienda pública, apoyándose en distintas oficinas, reguló el comercio y circulación de los naipes, gallos, aguardiente de caña, tabaco, pulques, lotería y otras rentas, para lo cual se renovaron y crearon distintos estancos. Las transgresiones fueron atendidas por los cuerpos de policía y tribunales especiales. Y el "pasto espiritual" fue materia de la Iglesia y sus miembros. 14 Las autoridades civiles y religiosas, por medio de la práctica administrativa, confeccionaron un vasto cuerpo normativo, el cual delimitó la frontera entre la permisividad y lo prohibido, frontera por demás tenue como un velo. Cabe agregar que, entre telones, la Corona, con ayuda de la iglesia, se convirtió en el mayor beneficiario de los llamados vicios; dichos recursos económicos tuvieron como fuentes la producción, circulación, consumo y multas impuestas a los transgresores. Sin embargo, el monopolio estatal del vicio dejó hendiduras que algunos grupos aprovecharon en beneficio propio: construyeron caminos clandestinos y abrieron ciertos espacios para burlar la vigilancia y mantenerse fuera del ámbito legal. 15 14 Un estudio de tipo legal sobre estos problemas es el de Viqueira Albán, Juan Pedro: ¿Relajados o reprimidos? Diversiones públicas y vida social en la ciudad de México durante el siglo de las luces, México, 1987. 15 En 1804, el arzobispo de la ciudad de México, Francisco Javier de Lizana, publicó una carta pastoral con el fin de delimitar la frágil frontera entre los juegos permitidos y de azar. Teniendo como base los principios de la religión y las leyes civiles, Lizana escribió un detallado estudio que dejó constancia de la tolerancia que mantenían las autoridades civiles y religiosas sobre los excesos en la vida mundana. Ambas instancias no pretendían prohibir totalmente las distracciones pecaminosas, porque había muchos intereses involucrados, además de los distintos procesos productivos que estaban encadenados a la vida libertina. Lizana y Beaumont, Francisco Xavier de: Carta pastoral en la que el ilustrísimo señor..., arzobispo de México instruye a los fieles de su arzobispado sobre el juego y los arreglos que en él se hallan, México, Imprenta de Mariano Zúñiga y Ontiveros, año de 1804, 43 págs. Durante las últimas décadas del siglo XVIII, existió un elevado número de diversiones permitidas, las cuales se diferenciaban por su naturaleza, costo económico, intención y espacios sociales que ocupaban. Sin pretender una relación exhaustiva, mencionaremos por ejemplo el juego de la sortija, el de los tejos, las alcancías y el cándido entretenimiento de la "maroma", el cual era una especie de volantín que instalaban temporalmente en las plazas de los pueblos. Asimismo, los habitantes gozaban, con cierta frecuencia, de las representaciones teatrales, efectuadas en el atrio de la iglesia, en la plaza y hasta en el panteón, siendo las obras puestas en escena por actores profesionales o espontáneos. Algunas comedias eran pieza clave en el proceso de evangelización y otras escenificaban temas profanos. 16 Pero sin duda, la reina fue la fiesta brava, que adquirió un arraigo profundo. Las corridas de toros fueron un mecanismo significativo de interacción social, cuya tradición se remontaba hasta los primeros años de la conquista, y llegaron a gozar de gran aceptación. Se realizaban para celebrar el nacimiento y cumpleaños de los monarcas, el aniversario del santo patrono, la llegada de los virreyes y otros festejos similares. Los toros se alternaban con un buen número de espectáculos de distinta naturaleza como desfiles, mascaradas, maromeros, fuegos artificiales, comedias, loas, danzantes, músicos, carreras de liebres, cómicos, peleas de gallos y pirámides, entre otros. En la medida de lo posible, todos los sectores sociales participaban de la fiesta taurina; algunos realizaban cuantiosos aportes o simplemente pagaban su boleto de entrada para acomodarse en algún rincón del coso. Hombres y mujeres se disputaban los asientos, desde los humildes petates, pasando por los bancos y sillas, hasta los taburetes de terciopelo carmesí, ocupados por las personas de mayor lustre. Las fiestas eran fastuosas y de gran pompa, se tiraba la casa por la ventana; por esta razón, las celebraciones requerían de importantes recursos económicos para efectuarse. En el caso de las corridas ofrecidas a la llegada del virrey conde de Gálvez, el Tribunal de Minería tuvo que desembolsar la cuantiosa cantidad de 2.843 pesos, con el fin de obtener un palco y asistir a las funciones. 17 En 1790, con motivo de la proclamación de Carlos IV, en distintas ciudades del reino tuvieron lugar magnas corridas de toros. En el caso de Guanajuato, la fiestas dieron inicio el 27 de diciembre y con tal motivo se levantó un monumental tablado, construido con una riqueza exquisita, para demostrar el poder minero. La diputación local del gremio montó lo que sería quizá la primera exposición minera en Nueva España, en la que se exhibieron las diferentes máquinas empleadas en la extracción y beneficio de minerales. La celebración comenzó con el paseo del pendón por varios días y durante los actos, el pueblo recibió una fabulosa cantidad de monedas de oro, plata y cobre acuñadas con el busto de Su Majestad e imágenes simbólicas del cuerpo de minería. Las fiestas continuaron con espléndidos banquetes para perpetuar en la memoria tan especial acontecimiento. Por nueve días consecutivos, la fiesta de los toros llamó la atención de los habitantes; la Plaza de San Diego -en el corazón de Guanajuatofue elegida como recinto para sacrificar a los toros y en las corridas participaron toreros de a pie y a caballo, distribuyéndose luego la carne de los ciento ochenta bovinos lidiados entre algunas instituciones de caridad, con el fin de alimentar a los pobres. Después de las corridas, los asistentes disfrutaban de la música y del permiso para bailar hasta las diez de la noche. 18 De hecho, los espectadores tenían la costumbre de prolongar la fiesta brava hasta la madrugada; la música invitaba a bailar a hombres y mujeres, dando oportunidad a las danzas pecaminosas y aprovechando la oscuridad para perderse entre los rincones ocultos de los tablados. La venta de pulque, chinguirito y otras bebidas embriagantes, propiciaba contundentes borracheras y riñas de consecuencias fatales. La convivencia de hombres y mujeres creaba un ambiente favorable para adelantar los placeres del matrimonio y la prostitución. Por estas acciones reprobables, las corridas de toros fueron duramente criticadas en distintas épocas y llegaron hasta a suspenderse. Además, el discurso modernizador ilustrado las atacó de forma despiadada, por considerarlas un espectáculo digno de los pueblos más atrasados y bárbaros. En este contexto, José Joaquín Fernández de Lizardi, con su mordaz estilo, señaló que "los hombres son más feroces que las bestias", porque los espectadores veían "expirar a los suyos sin compasión". 19 Fernández de Lizardi, José Joaquín: "La conferencia entre un toro y un caballo" en El Pensador Mexicano, Tomo III, núm. 14, México, 1814. Las diversiones prohibidas o ilícitas encontraron en los reales una atmósfera propicia para su desenvolvimiento centrada en los juegos de azar como naipes, peleas de gallos, lotería, pelota, dados, biribis, billar y otros, que fueron entretenimientos cotidianos en los centros mineros. Cabe señalar que el conjunto de diversiones seguía muy de cerca el auge y decadencia de los ciclos económicos de la minería. Por los documentos revisados podemos afirmar que, en las épocas de bonanza, las autoridades adoptaron una política tolerante respecto a todo tipo de distracciones; por el contrario, en las etapas de endurecían sus acciones y los arrestos y castigos se multiplicaban. En los momentos de crisis, la pobreza de los desempleados generaba enorme preocupación entre las autoridades, quienes establecían una serie de mecanismos para frenar los posibles desórdenes. Sabían que la muchedumbre era una amenaza latente y en cualquier momento podía lanzarse a la senda de la violencia y el crimen. A pesar de los castigos y restricciones, los sitios clandestinos de juego proliferaron en las regiones mineras y todo tipo de personas acudía a esos garitos. Por ejemplo, en el real de Zimapán, hacia finales del siglo XVIII, la diputación de minería local denunció al subdelegado ante el virrey, porque fomentaba "el vicio del juego de cartas". Los diputados se quejaron de que los operarios de minas y haciendas dedicaban mucho tiempo al juego y dejaban de asistir a las labores. Asimismo, los propietarios mineros perdían por causa del juego importantes caudales de los avíos, herramientas y utensilios indispensables en el trabajo y, en algunos casos, se quedaban sin liquidez para cubrir los salarios de los dependientes. En concreto, los naipes afectaban seriamente la marcha de los negocios mineros. 20 Cuando llegó a Zimapán, Ramón de Jáuregui -subdelegado-se percató de la empresa redituable que podía realizar si tenía la capacidad de organizar y dirigir los centros de azar. Con este fin, estableció una serie de mesas de juego para los hombres "distinguidos y plebeyos" y para mejorar la supervisión, Jáuregui abrió garitos en las Cajas Reales, Alcaldía, en la casa de la Comunidad del Pueblo, a las afueras de la cárcel y en la morada de Mariano Arévalo, el sastre local. Las casas se diferenciaban por la calidad y status de las personas que concurrían: mientras los "arrastraderos" fueron reservados para los habitantes humildes, en las 20 AGN, Criminal, Vol. Cajas Reales se fomentaba la exclusividad y sólo se permitía la entrada a "gentes decentes". De la misma manera, dichos antros se diferenciaron por el monto de las apuestas que en ellos se arriesgaban y el cobro que se hacía a los apostadores. 21 Las casas de juego parecían baratillos, porque existía una enorme cantidad de implementos de trabajo, verduguillos, espadas, mangas, frazadas, enaguas, ceñidores, mascadas o pañuelos, cotones y otros. Los jugadores que empeñaban dichas prendas tenían como plazo máximo dos meses para recuperarlas; pero pasado dicho tiempo, los artículos se remataban al público y los propietarios no recibían demasía. A todos los jugadores que quedaban sin recursos y con una deuda crecida, Jáuregui los enviaba como trabajadores forzados a la mina de Lomo de Toro y las haciendas de beneficio de San Antonio y el Carmen, con el fin de desquitar las deudas. En las minas y haciendas de beneficio era difícil cobrar esas deudas de juego, pues los barreteros tenían como salario 2 1/2 reales diarios, los peones "grandes" 2, los muchachos 1 1/2 y los chiquillos uno. Mientras permanecían como forzados, los operarios solicitaban a los administradores préstamos para ciertos gastos, como la compra "de pan, semita y cigarros". Al finalizar la semana, los dependientes remitían el resto de los ingresos al subdelegado. En algunos casos, las madres o esposas de los presos le suplicaban algunos reales para solventar sus necesidades y para salir del paso, Jáuregui otorgaba la mitad del salario devengado, por lo cual el operario solía permanecer en las labores forzadas por varias semanas e inclusive meses, hasta saldar totalmente las deudas de juego. La presencia de gente acaudalada en los reales generaba lugares muy exclusivos para los juegos de azar, frente a los de más baja estopa. En este caso, a finales del siglo XVIII, la escasez de trabajadores en Guanajuato provocó una redada general entre los supuestos "vagabundos". Las autoridades virreinales ordenaron detener a todos los hombres viciosos, holgazanes y tahures. Así, en octubre de 1796, Juan Antonio Riaño, coronel de los reales ejércitos, capturó a José Quiroz por el delito de vagancia y por ser un conocido coyme. La historia de Quiroz era muy parecida a otras: español de 59 años, minero matriculado del Real de Catorce y Guanajuato, por muchos años dedicado al ejercicio de su profesión sin mucho éxito; el desempleo lo aprovechaba para demostrar su habilidad en el juego de cartas, pero se distinguía por practicarlo con "personas decentes y de distinción". Antes de la captura, Quiroz acondicionó una casa de juego en el sitio conocido como "el Hospital"; poco tiempo después, mudó su domicilio y alquiló una casa en "el callejón de Bueno". La clientela era muy selecta y sólo invitaba a personas de confianza, entre los que se encontraban el marqués de Rayas y algunos parientes de las familias acaudaladas Otero y Obregón. En la casa de juego se cuidaba que no hubiera desorden, trampas, ni fraudes y que las partidas se realizaran "con toda limpieza. El que tenía suerte para ganar, ganaba, y el que no, perdía". Los asistentes ganadores entregaban una gratificación de 8 o 10 pesos al dueño de la mesa de juego. La casa tenía puertas "excusadas" para que entraran los jugadores con el mayor disimulo posible, evitando ser descubiertos por los justicias. Las puertas ocultas comunicaban la sala de juego con la vivienda del presbítero Antonio Fernández, quien mantenía una amistad muy cercana con Quiroz y además era uno de los asiduos concurrentes a las partidas de cartas, a las que invitaba a jugar a sus amigos más cercanos. Quiroz declaró que las puertas excusadas habían sido abiertas para el uso privado del sacerdote, con el fin de ofrecerle mayor comodidad y discreción. Las puertas tenían salida a distintas calles y simulaban incomunicación con la casa de juego y las habitaciones privadas del cura. Igualmente, las puertas evitaban la presencia de tahures, "mirones, fulleros y advenedizos con mala fe y alborotadores". En la mesa de juego estaba prohibida la entrada a los hijos de familia, cajeros o empleados y personas que dependían de otras. Con el fin de guardar el mayor secreto y discreción, el círculo exclusivo de jugadores manejaba una "contraseña", con la cual garantizaban sólo la asistencia de "personas de honor". Quiroz intentó librarse del confinamiento carcelario por medio del pago de una fianza y apeló al poder de sus clientela influyente, pero sus ruegos resultaron en vano y las autoridades lo condenaron al destierro. 22 En general, el juego de naipes, con sus secretos, deudas y magia, iba acompañado del furor de las peleas de gallos ya que ambas diversiones eran complementarias y formaban una simbiosis. La población minera sentía una desmedida pasión por los gallos y esta afición abarcaba a los distintos estratos sociales, desde la gente más modesta hasta la élite más acomodada. Las peleas de gallos fueron una parte fundamental en las celebraciones de fiestas religiosas y profanas. En las zonas mineras existió un buen número de palenques. Hacia 1780, en Guanajuato había cuando menos tres, localizados en la Plaza Mayor y a las afueras de las minas de la Valenciana y la Cata. 23 En el caso de Zacatecas, la Diputación de Minería fungió como asentista y controlaba las peleas de gallos, teniendo dependencias similares en Pánuco, Jerez, Sierra de Pinos, Nieves, Fresnillo, Sombrerete y Mazapil. Este hecho es una prueba evidente de que el negocio estaba muy extendido y resultaba redituable. 24 Los gallos fueron más populares que las corridas de toros pues se jugaban todo el año y las peleas podían realizarse en cualquier rincón. Con frecuencia, los aficionados asistían al medio día a una "tapada de gallos" y, culminada la lucha de los emplumados, sin moverse del mismo lugar, la diversión solía prolongarse hasta la madrugada con una partida de cartas amenizada con música y baile. Los asientos en el palenque estaban divididos en tres grandes secciones: el presidio, las jaulas y el patio o valla. Los asistentes pagaban, generalmente, por once peleas de las llamadas "comunes", medio real o hasta 2 reales, dependiendo del lugar escogido, pero cuando se lidiaban "gallos de mar afuera" y tapadas pagaban el doble. Es importante tener en cuenta que, por lo general, las peleas de gallos sólo tenían autorización para efectuarse los días festivos. Sin embargo, en 1783, Nicolás de Armas, asentista general del reino, con el fin de aumentar las ganancias y promover las apuestas, solicitó ante las autoridades virreinales que se permitiera el juego de gallos a lo largo de la semana en varias ciudades mineras, sobre todo en aquellas que tenían una población abundante y los habitantes no sólo se dedicaban a las labores propias de ese ramo. Después de una larga negociación entre distintas instancias, la Corona autorizó el juego diario en Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí, Bolaños, El Rosario, Chihuahua y San Antonio. Pero quedaron prohibidas las peleas de gallos durante "los días de trabajo" en el resto de los centros mineros, para evitar la holgazanería entre los operarios. La existencia de gallos a lo largo de la semana respondía a todos los intereses involucrados en el negocio, tales como granjeros, importadores, asentistas, comerciantes, apostadores, gravámenes fiscales y funcionarios públicos. Con el fin de cuidar el conjunto de intereses, las autoridades impusieron una multa de mil pesos para todas las peleas clandestinas; la infracción se distribuía por partes iguales entre la Real Cámara, el asentista general y el denunciante. 25 No obstante las limitaciones, las peleas ilegales proliferaban, realizándose de manera clandestina en casas, calles, corrales y todo paraje aislado, donde la vigilancia fuera escasa. Entre quienes movían estos "negocios" a espaldas de los asentistas estaba un buen número de funcionarios reales. Sólo para dar un ejemplo, podemos decir que, en 1742, el oidor supernumerario de Guadalajara, Sebastián Calvo, fue destituído de su cargo porque no sólo participaba en las lides locales, sino que patrocinaba peleas en las minas de Sombrerete, con gallos de su propiedad. 26 Las peleas de gallos, permitidas, daban inicio por lo regular al medio día; en algunos lugares se fijó como horario las tres de la tarde, con el fin de no interponerse con las obligaciones religiosas. Una vez que el público entraba a la plaza, el "gritón" anunciaba el combate, informaba el nombre, tamaño, peso, color y lugar de origen de los gallos; éstos habían sido previamente sometidos a un entrenamiento y armados con filosas navajas azules que relumbraban en los redondeles. Para dar más colorido, las armas se amarraban a las patas de los gallos con hilos brillantes de seda china; el triunfo dependía de la habilidad del amarrador y del soltador. Los corredores iban de una lado a otro levantando las apuestas. Y al grito de "cierren las puertas señores", comenzaba la lucha. Según un espectador, Rafael Landívar, la pelea continuaba de esta manera: "vuelan las plumas por el vago viento; y del vientre rasgado y de las entrañas escápanse, al momento: y el luchador, habiendo ya regado el ancho coso, con raudal sangriento, sucumbe a su destino desgraciado. El vencedor [...] con alas de oro haciendo estremecer el arrogante pecho, exhala triunfante de la victoria del cántico sonoro". 27 Además de los juegos de azar antes descritos, en los reales existieron otros entretenimientos para apostarle a la fortuna e intentar cambiar el futuro. Otro de los juegos de azar socorridos fue el juego de pelota, promocionado originariamente por los comerciantes vascos y sus dependientes; sin embargo, pronto se generalizó su gusto y adquirió fuerza entre la sociedad novohispana. Como bien dice Juan Pedro Viqueira, "el juego de pelota no desviaba a los comerciantes del primordial propósito de su vida: enrique-25 Ibídem, vol. 1, exp. 27 Landívar, Rafael: Rusticatio mexicana, libro decimoquinto, México, s.e., 1924. Altas apuestas corrían en la cancha, volviendo los encuentros mucho más emocionantes". 28 La pelota fue considerada como un entretenimiento que ofrecía un rato de esparcimiento al espectador y, a la vez, un ejercicio que ayudaba a fortalecer la salud de los contrincantes. Sabemos que en una de las principales ciudades mineras, Zacatecas, fue construido "un magnífico juego de pelota que no deja de parecerse al de Oyarzun, provincia de Guipuzcoa, aunque no puede rivalizar con el modelo original". Las utopías fueron el vehículo que permitió la búsqueda incansable de minerales preciosos, ideas que edificaron ciudades y escribieron historia. Las leyendas de El Dorado intensificaron la construcción de mitos y símbolos, lenguaje que sirvió para articular los deseos y esperanzas de la sociedad novohispana. En los reales, congregaciones de escarbadores reinventaron mundos imaginarios que desafiaban las fuerzas mágicas de las tinieblas, vencían a los espíritus malignos de las profundidades, arrancaban los tesoros ocultos en las entrañas de la tierra y conformaron una identidad cultural propia. Resulta innegable que en la gran mayoría de los reales mineros, la sociedad -multiétnica-incorporó valores ajenos, elementos extraños y modos de vida distintos. Las diferencias permitían una cohesión, sostenida en una estructura socio-cultural mestiza. La amalgama racial de los valores morales, del espíritu e intelecto permeaba los estilos de vida, orientaba las perspectivas futuras, estimulaba la dinámica social y hacía aflorar la inconformidad. La disidencia se convertía fácilmente en herejía, la transgresión en excomunión, el delito en confinamiento. Las relaciones sociales permitidas, generaron de forma paralela un submundo clandestino, que tenía reglas independientes de las leyes civiles y religiosas. Es evidente que la sociedad minera encontró en los espacios de divertimiento un ambiente propicio para la interacción social; ámbitos donde la gente común convivía, se comunicaba y trasmitía sus experiencias personales. En los días festivos, una vez cumplidas las obligaciones religiosas, el vecindario promovía la libertad y el disfrute de los placeres, irrumpía las 28 Viqueira, J.P.:"¿Relajados o reprimidos?...", pág. 246. EDUARDO FLORES CLAIR costumbres, creaba vínculos de parentesco y constituía una fuerza política. Este conjunto de hechos aislados le da sentido a la idea de los funcionarios y eclesiásticos de que en los reales mineros la gente se "pervertía". Desde nuestro punto de vista, la gente se alejaba de los patrones culturales tradicionales y creaba otros distintos, que en su momento fueron duramente atacados por los sectores que custodiaban "el buen orden y la moral social". Las manifestaciones culturales en los pueblos mineros desgarraban los valores de las comunidades campesinas, constituían una nueva relación social frente a las sociedades tradicionales, pero, sobre todo, modificaban la naturaleza del trabajo. La explotación de los minerales imponía un tiempo y ritmo distinto, en el cual la disciplina laboral tenía como principio trabajar, producir y descansar, lo que contradecía los anteriores estilos de vida de los operarios. Claro está que la riqueza generada por la explotación de los metales preciosos beneficiaba a grandes sectores sociales; pero es verdad que unas cuantas manos acumularon una desmedida opulencia, prestigio y poder. Esta situación explica, hasta cierto punto, los altos contrastes de la sociedad minera, la cual estaba constituida por la élite más acaudalada, pasando por una serie de grupos intermedios con un decente nivel de vida, hasta las personas más miserables. El análisis de las distracciones nos revela el rostro de la convivencia y la segregación social. Es verdad que los entretenimientos provocaban una interacción entre los distintos grupos sociales, pero cada uno ocupaba un lugar determinado y jamás llegaban a mezclarse del todo, porque en dichos ámbitos existió una estructura jerárquica diferenciada por la clase, la etnia y el género. Cada una de las diversiones tenía sus reglas, protocolos y ritos, que los jugadores respetaban hasta el límite de la trampa y la transgresión pues tenían una especie de pacto expresado a través de un lenguaje, símbolos y códigos que sólo los enterados descifraban. Más allá de la frontera del discurso moralista del estado y la iglesia, los juegos de azar reinaban sobre las sensaciones indescriptibles que estimulaban el gozo y aventura, ambiente cargado de miradas turbadas e inquietantes, momentos de posibilidad para decidir y modificar el futuro, abundantes sueños de riqueza e incontrolables deseos de fortuna. La tolerancia manifestada por la iglesia y las autoridades civiles en torno a las diversiones se puede explicar por el hecho de que eran partícipes, en cierta medida, de los beneficios económicos, control político y prestigio social que se desprendían de las mesas de juego. Ambas instancias LOS REALES MINEROS NOVOHISPANOS A FINALES DEL XVIII fueron, hasta cierto grado, cómplices para promover relajamientos y libertinajes entre la sociedad y a la vez, en determinados momentos, impusieron políticas estrictas que, por otro lado, tuvieron un éxito relativo. Por último, en el caso de las complejas relaciones sociales de los reales mineros, distinguimos un ambiente empapado de violencia, expresado a través de manifestaciones culturales e inspiraciones individuales. Aderezadas con la música, el canto y la danza, dichas expresiones estaban dotadas de los bajos instintos y sublime vocación, que desafiaban el temor a Dios y a las leyes de los hombres. En la vida minera, una muchedumbre errante promovía una conducta moral distinta y reflejaba su sed insaciable por las pasiones humanas.
El estudio del libro y del hábito de leer en Lima a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX ha despertado poco interés, con la excepción de los clásicos estudios de José Toribio Medina y Rubén Vargas Ugarte. 1 Asimismo, los análisis concentrados en la evolución de la prensa durante la misma época muestran poco interés en el tema de la lectura, al concentrarse exclusivamente la mayoría en el desmontaje del contenido ideológico de los mismos. 2 En consecuencia, ninguna de estas perspectivas se ocupa de determinar el impacto que la lectura tuvo en la transformación de la opinión pública casi al finalizar la dominación española. Si bien la lectura de libros y periódicos en el Virreinato se vio limitada por la censura y por el alto grado de analfabetismo de la población, estos escollos no lograron impedir el surgimiento de espacios, tanto legales como clandestinos, que propiciaron el desarrollo de la lectura. Entre 1790 y 1814, varias circunstancias políticas permitieron que se produjera en Lima un encuentro entre el hábito de lectura, la formación de una corriente de opinión en la sociedad y la generación de una pedagogía política. Despotismo ilustrado y opinión pública literaria Pablo Macera ha calculado que a fines del siglo XVIII menos del 20% de los habitantes de Lima, comprendidos dentro de la primera edad escolar, recibían instrucción elemental. 3 Ello significaba que, potencialmente, poco más de mil personas tenían el privilegio de aprender a leer y escribir. Los más favorecidos con esa situación fueron los miembros de la alta aristocracia, debido a que disponían de escuelas privadas como la de Negreiros o el prestigioso Colegio de San Carlos, lugar este último al que sólo se ingresaba después de probar limpieza de sangre. Más abajo en la escala social, los hijos de los comerciantes y de los empleados públicos, contaban con los Colegios Mayores y los conventos para acceder a la instrucción. Aunque la alfabetización estuvo ligada tanto a la nobleza española y criolla como a los sectores de medianos recursos, sólo la primera pudo permitirse el hábito de una lectura continuada. Esto se debió principalmente a dos factores. Primero, al alto costo del libro y, luego, a la férrea censura gubernativa que redujo el número de lectores a aquellos que detentaban importantes cargos públicos civiles y eclesiásticos. En la última década del siglo XVIII, la posibilidad de ampliar el espacio de la lectura al resto de la aristocracia limeña se materializó dentro de los cafés, ambientes públicos originalmente destinados a la recreación. En 1771 se instaló en Lima el primer café público y hacia 1788 existían seis establecimientos de este tipo. La aristocracia introdujo a principios de la década de 1790 la moda de acudir a estos establecimientos a leer y comentar los periódicos. A esa transformación contribuyó la salida casi simultánea del Diario Erudito de Lima, El Mercurio Peruano y El Semanario Crítico. El Mercurio Peruano resaltó con entusiasmo los cambios que en aquellos "seis recreos inocentes" comenzaba a propiciar la lectura de la prensa: "(...) los cafés no han servido en Lima mas que para almorzar y ocupar la siesta: las discusiones literarias empiezan ya a tener lugar en ellos. El Diario Erudito y el Mercurio subministran bastante pábulo al criterio del público. ¡Dichosos nuestros papeles, si por medio de la crítica misma que sufran, conservan los cafés libres de las cábalas y murmuraciones, que en otras partes abrigan, y por ventura no se han deslizado en los nuestros!". 4 Al igual que los cafés, el auge relativo de las librerías públicas y particulares fue otra prueba de la innovación del espacio público limeño. Hasta mediados del siglo XVIII, por lo general eran las imprentas las que se encargaban de vender los libros. Algunos impresos, como los almanaques y guías de forasteros, podían encontrarse también en las boticas y en los cajones de Ribera ubicados cerca del Cabildo. Esta costumbre se interrumpió en 1763, con la creación de la primera librería especializada de Lima situada en la Calle de Palacio. Paralelamente, el fraile Diego Cisneros abrió un establecimiento similar conocido como la librería del Padre Jerónimo. En este local podían encontrarse libros importados de Europa que, por las poderosas influencias de Cisneros en las esferas de gobierno, no habían sido revisados; hecho que, a su vez, le permitió a Cisneros el abastecimiento de las bibliotecas de importantes personajes públicos como Rodríguez de Mendoza, Bermúdez y Arris. 5 En 1798 la librería de la calle de Palacio fue reemplazada por otra que fundó el impresor Guillermo del Río. Al terminar la centuria se formó otro puesto particular de venta de libros en frente de la calle del Espíritu Santo. A fines del siglo XVIII, Lima contaba con bibliotecas particulares de relativa importancia. Las bibliotecas más renombradas estuvieron en poder de los conventos religiosos. La de mayor importancia, la biblioteca de los jesuitas, se estimó contaba con unos treinta y cinco mil volúmenes. En 1798 se contabilizaron siete mil volúmenes en la biblioteca del Convento de San Francisco. 6 En la biblioteca de la Universidad de San Marcos existía también una cantidad apreciable de obras literarias, jurídicas y políticas pero, a diferencia de las religiosas, el lugar permaneció cerrado y no se pudo consultar sino hasta después de la independencia. Sólo los prebendados, canónigos y empleados de la alta burocracia colonial estaban autorizados a tener en sus bibliotecas libros de carácter histórico, literario y científico. La mayoría de estas bibliotecas no sobrepasaban los doscientos volúmenes y, casi sin excepción, todas respetaron la orden oficial de no adquirir las obras filosóficas y políticas reprobadas por el gobierno y perseguidas por la Inquisición. 7 Al inventariarse las dos más importantes bibliotecas particulares de fines del siglo XVIII, la del cosmógrafo Cosme Bueno y la del oidor Echeveriz, con más de mil volúmenes cada una, no se halló ninguna obra política censurada. Pese a la moda de los cafés, el aumento de las librerías y la existencia de bibliotecas particulares fue imposible la generación de una corriente de opinión extra-literaria en Lima, tal como se produjo en México o en Buenos Aires. 8 Su explicación está en que la principal dificultad seguía siendo la censura gubernamental impuesta a la difusión de la lectura profana. Al comenzar la década de 1790, aún seguían estando vigentes los dispositivos de censura de la Recopilación de 1681. Estaba prohibida en todo el virreinato la lectura de libros de romance "que traten de materias profanas, fabulosas y historias fingidas, porque se siguen muchos inconvenientes, por lo que mandamos a los virreyes, Audiencias y gobernadores que no los consientan imprimir, vender, tener ni llevar a sus distritos, y provean que ningún español ni indio lo lea". 9 En Lima no se podía imprimir ni transportar obra alguna sin una previa licencia otorgada por los Consejos de Castilla e Indias. Se requería, además, de otra licencia especial para venderlos. A pesar de la rigidez de estas trabas, la normativa de controlar la lectura no colmó el desmedido afán de algunas autoridades por limitar al máximo la difusión de ciertos escritos. Las célebres prohibiciones impuestas sobre la lectura de Los Comentarios Reales, de Garcilaso Inca de la Vega, y El Elogio al Virrey Jáuregui, de José Baquijano y Carrillo, fueron dos ejemplos del exagerado recelo esgrimido por parte de las autoridades. En ese contexto, la ocupación predilecta de las tertulias limeñas fue fomentar la discusión literaria en grupos selectos y con previo acuerdo de las autoridades. Se sabe que en 1785, José María Egaña animaba una de esas primeras tertulias, que se reunía en su domicilio, con el propósito de entretenerse, practicando la lectura y la meditación. Dos años después, el mismo Egaña se integró a otra tertulia denominada Academia Filarmónica, y en la que participaban siete miembros, entre los que destacaban Hipólito Unanue, José Rossi y Rubí y José Baquijano y Carrillo. Dicha tertulia tenía entre una de sus peculiaridades el contar para la discusión con la presencia de tres mujeres. El reglamento de la Academia Filarmónica dado a conocer a las autoridades indicaba, con claridad, que en sus discusiones "sólo se trataba de materias literarias y se examinaban las noticias públicas". La Academia Filarmónica, luego de disolverse, volvió a reintegrarse a fines de 1790 en una tertulia compuesta de cinco integrantes. Esta tertulia, autodenominada Sociedad de Amantes del País, optó por traspasar el espacio privado en que proyectaban sus discusiones, a través del proyecto de publicar un papel periódico. La Sociedad decidió aprovechar la coyuntura abierta por la legislación de prensa dada en la metrópoli en 1788, que permitía la publicación de papeles siempre y cuando no se pusieran en ellos "expresiones torpes ni lúbricas, y tampoco sátiras de ninguna especie, ni aun de materias políticas, ni cosas que desacrediten las personas, los teatros e instrucción nacional". 10 En el prospecto donde se anunció la salida del Mercurio Peruano, Jacinto Calero y Moreira aseguró que el periódico nacía con el exclusivo fin de fomentar el conocimiento de la Historia, la Literatura y las noticias públicas, para ampliar y perfeccionar "los asuntos interesantes a la vida sociable". Lanzado en enero de 1791, bajo la protección del virrey Gil de Taboada, el Mercurio Peruano llegó a alcanzar la cifra de las cuatrocientas suscripciones. El interés por impulsar la ilustración con la creación de tertulias de salón dedicadas a la práctica de lectura, se convirtió en una nueva moda de la aristocracia limeña. En mayo de 1791 el Mercurio dio cuenta de la formación de una Tertulia Poética, animada por Hipólito Unanue, e integrada por diez miembros. En marzo de 1794 el número de socios académicos de la Sociedad de Amantes del País se había elevado a veintiuno. Pese a prohibirlo sus reglamentaciones, estas tertulias no pudieron evitar el abordaje del tema de la política, motivadas primero por el desarrollo de la revolución francesa y más tarde por el estallido de la guerra entre Francia y España. En su estudio sobre la vida intelectual del virreinato, José Barreda y Laos halló que sólo dos artículos del Mercurio Peruano recogían cierta sensibilidad por la política. Se trata de la "Disertación histórica de Meligario sobre el hospicio de pobres en Lima" y de la "Defensa de los derechos de los negros bozales", escritos ambos donde se expresaba "alguna intención de regeneración social". 11 Existe, sin embargo, una prueba de que en la tertulia de los Amantes del País se discutía el significado político de la libertad y la democracia que proclamaban los revolucionarios franceses y norteamericanos. Esta es la "Carta escrita a la Sociedad sobre el abuso de que los hijos tuteen a sus padres", que trae comentarios bastante relevantes sobre el significado que para Lima podría conllevar el arribo de tales ideas políticas modernas. El relato comienza cuando Eustachio Phylomathos, ausente por siete meses de su hogar, retorna a ella y nota un cambio en la 10 González Palencia, Angel: Estudio Histórico sobre la Censura Gubernativa en España, 1800-1833. vol. 1; Madrid, 1934, pág. XXXI. 11 conducta de su hijo y sus tres hijas: "oí que todas estas criaturas me trataban de Tú". Al preguntar a su esposa las razones de tal novedad, ella le responde que mientras estuvo ausente los cuatro "habían estado en casa de Democracia su madre durante mi ausencia, y que allí les habían enseñado lo que es común en todas las clases de ciudadanos". Phylomathos, desolado, halló un consuelo al indagar que la misma costumbre del tuteo se había extendido a otras familias limeñas. Pero un día, intentando corregir en su hogar a sus hijos, Phylomathos recibió una reprimenda de Democracia: "(...) bien se conoce que Vmd. no quiere a sus hijos, y que más bien es tirano de ellos que padre: Vmd. que quiere enseñar a otros la buena crianza, debe saber primero, que es mucho atrevimiento el querer corregir una costumbre general; y que aunque no lo fuera es mi voluntad, y basta para que sus hijos tuteen a quien les dé la gana". Phylomathos concluye rogando al editor que se pregunte a todas las damas de Lima que piensan como Democracia que "si nuestro idioma tiene los tratamientos confidenciales con separación de los de reverencia, ¿por qué los hemos de confundir? ¿por qué hemos de acostumbrar a los hijos a que hablen a su madre en el mismo tono que a su esclava, y a que no distingan a su padre de su calesero?". 12 De estas cuestiones se desprende que lo que el autor de la "Carta escrita a la Sociedad" encontraba cuestionable en la sociabilidad propuesta por los partidarios de la democracia era una igualdad que conducía a perder el respeto a la autoridad. La moraleja implícita era que sin una sumisión cotidiana al poder, el armazón de todo el cuerpo social corría el riesgo de debilitarse. La reflexión concluía en una explícita apología del despotismo ilustrado. Los dos ejemplos anteriores muestran cómo el discurso del Mercurio Peruano estuvo rodeado de una retórica de respeto absoluto a la autoridad política virreinal. Los Amantes del País sabían que su aporte al conocimiento de los tiempos sería, tarde o temprano, objeto de un pronto reconocimiento oficial. Como las sociedades de amantes que se formaron en España, la peruana también aguardaba el otorgamiento de prebendas personales ofrecidas por su protector, el virrey Gil de Taboada. Éste, al remitir ejemplares del Mercurio Peruano al rey, fue muy claro en señalar que todos ellos se habían ganado el derecho de acceder a cargos importantes dentro de la administración. La ilustración y el utilitarismo de la Sociedad de Amantes del País tuvo por fin su recompensa en 1794. Ese año, José Baquijano y Jacinto Calero fueron promovidos por el gobierno para continuar su carrera pública en España. Mientras tanto, José Rossi y Rubí, también decidía el mismo año emprender el retorno a Madrid para ocuparse de negocios personales. De todos ellos, fue Baquijano quien más réditos obtuvo, al cumplirse su propósito de ver restituido su crédito público, herido por la circulación del Elogio a Jáuregui. El viaje de Baquijano, Calero y Rossi y Rubí dejó al Mercurio Peruano sin sus principales animadores. La edición de 1795 fue asumida por el fraile Diego Cisneros, pero la pérdida de lectores motivó su suspensión definitiva. Con el fin de esta publicación, desapareció el último bastión de la corriente literaria limeña ya que, unos años antes, habían dejado de circular el Diario Erudito y el Semanario Crítico. La experiencia del proyecto ilustrado se encaminó a su fin con la partida del virrey Gil de Taboada. En efecto, el gobierno de Ambrosio de O'Higgins terminó con la era de los virreyes ilustrados. El nuevo mandatario actuó bajo la consigna de la metrópoli de evitar a toda costa la entrada de ideas extranjeras en el Virreinato. Acogiéndose a tal disposición, el gobierno perdió todo interés en las tertulias. Tales reuniones, asimismo, se hicieron escasas al acatar la aristocracia dócilmente el mandato de la autoridad. La publicación de La Gaceta de Lima, entre 1794 y 1799, cuyos editores fueron los ex-mercuristas José de Egaña e Hipólito Unanue, no alcanzó ninguna resonancia debido a que ambos sólo transcribían las noticias que publicaba El Diario de Madrid sobre la corte española. De otro lado, se hizo cotidiano el registro de todos los establecimientos donde se vendían libros y podía ejercerse la lectura. Debido a esa persecución, en 1796, el que fuera último editor del Mercurio Peruano, el padre Cisneros, fue denunciado por la Inquisición al hallársele libros prohibidos tanto en su biblioteca como en su librería. El siglo XVIII llegó a su fin con la salida de un nuevo periódico oficial de esporádica aparición e intrascendente como lectura: El Telégrafo Peruano. El gobierno apenas toleraba la lectura de obras religiosas, que es lo único que las imprentas estaban autorizadas a editar. Todo esto no evitó que el público lector adquiriera un nuevo hábito: la consulta de la prensa extranjera que arribaba por los puertos. El comercio libre se convirtió en la vía de entrada de una lectura que, aunque con atraso, suplió la ausencia de información. La aristocracia limeña encontró pronto en la subscripción a tales papeles un sustituto a la temporal ausencia de diarios locales. La lectura de periódicos extranjeros a principios del siglo XIX contribuyó a formar una corriente de opinión política fuera del control del HÁBITOS DE LECTURA Y PEDAGOGÍA POLÍTICA EN PERÚ, 1790-1814 gobierno. 13 El virrey, que en un principio confesó no haberle preocupado la circulación de tales diarios por considerarlos inofensivos, muy pronto cambió de parecer al advertir el peligro de una lectura que podía afectar la seguridad del virreinato. En abril de 1799, O'Higgins informó al secretario de Estado español que había visto correr en manos de los vecinos de Lima muchos periódicos ingleses, franceses y norteamericanos "en que se veían y leían especies que era por demás llegasen al conocimiento del pueblo". 14 O'Higgins, presuroso, publicó un bando dirigido a todos los habitantes de la capital para que entregaran al gobierno dichos papeles. No obstante, esa medida no logró impedir que la lectura llegara ahora a sectores de la aristocracia cada vez más difíciles de controlar. La opinión pública limeña se había ampliado y, con ello, crecía el peligro de que la lectura política llegara a capas de la población habituadas hasta entonces a una total sumisión a la autoridad. El Fidelismo y la creación de una corriente de opinión política Al comenzar el siglo XIX, la lectura clandestina del libro fue un atributo que la aristocracia comenzó a compartir con otros sectores socialmente más bajos. Prueba de ello son los oficios de los lectores descubiertos y denunciados ante el Tribunal del Santo Oficio. En 1800, el aristócrata Antonio Álvarez del Villar fue acusado por la Inquisición por tener un libro impreso en Paris titulado La Europa Política. También fue denunciado ese mismo año el asentista de la casa de comedias, Andrés Maza, junto con Agustín Landáburu, por leer "malas obras". En 1803, se abrió un proceso contra Francisco Gaviria y cien personas más por sospecharse que habían leído las Cartas de Eloísa y Abelardo. 15 El gobierno del virrey Avilés, asimismo, amplió dicha persecución a los extranjeros. El virrey identificó a estos últimos como los instigadores de las lecturas prohibidas que proliferaban en Lima. El 19 de noviembre de 1801, el Tribunal del Santo Oficio, hizo una advertencia al barón de Nordenflicht "que aun cuando permaneciese en el día en la religión luterana, no tenía licencia ni estaba autoriza-13 Sobre la importancia de la lectura de los periódicos extranjeros en Francia en vísperas de la revolución de 1789, Popkin, Jeremy D.: Revolutionary News. 14 Archivo General de Indias (en adelante AGI), Estado, Lima, 1, núm. 88. 15 Palma, Ricardo: Anales de la Inquisición de Lima. VÍCTOR PERALTA RUIZ do a prestar a nadie libros prohibidos". 16 Por la misma causa fue denunciado José Joaquín de Olmedo, quien entonces estudiaba en el Convictorio de San Carlos, por tener libros prohibidos y prestarlos a sus condiscípulos. En marzo de 1805, España puso en vigencia un nuevo reglamento de imprenta para la circulación de libros y prensa, con el que se pretendió hacer más eficiente el control de las ideas difundidas por la revolución francesa. Dicho reglamento introdujo la figura del juez de Imprenta, que vino a reemplazar al Consejo de Castilla e Indias en la censura y el otorgamiento de licencias tanto en España como en América.17 En Lima, el Tribunal del Santo Oficio quedó encargado de enviar las listas de censuras a la nueva instancia metropolitana. Lo sorprendente de todo ello fue que de todas las denuncias, ninguna ocurrió por leer a un revolucionario francés. Los acusados fueron lectores a quienes se sorprendió consultando comedias teatrales como El Renegado de Francia o comentando La Henriada y El Jairo de Voltaire. 18 El registro de los establecimientos sospechosos de propiciar lecturas prohibidas prosiguió en toda la ciudad al amparo de la nueva ley de imprenta. El Gobierno y la Inquisición coordinaron esfuerzos para hacer continuas requisas en las librerías privadas así como en los cajones de Ribera. La persecución del libro se amplió a la misma aduana del Callao, donde no se permitió la entrada de ningún bulto sin haber pasado previamente un riguroso control. 19 Sólo los cafés se libraron de la persecución gubernamental. Los cafés continuaron siendo los espacios predilectos del esparcimiento de las capas altas y medias, aunque de vez en cuando los lectores acudían allí para "ocuparse de novedades y sostener conversaciones sobre las materias que llamaban la pública atención".20 Era cotidiana la lectura en los cafés de El Telégrafo Peruano, un periódico que -según confesión de su editor-tuvo por propósito ocultar la "explosión de la revolución francesa (que) bamboleó el espíritu de los hombres, y dio un extraordinario impulso a su curiosidad". 21 Entre 1800 y 1805, la censura gubernativa fue tan estricta que, incluso, se prohibió publicar poesía para evitar que se deslizaran de su lectura interpretaciones políticas. 22 En marzo de 1805, Guillermo del Río es autorizado por el gobierno a reemplazar el intrascendente El Telégrafo Peruano por la Minerva Peruana. El cambio de título anunció una innovación más trascendental. El reinicio en 1804 de la guerra entre España e Inglaterra hizo que el virrey se viera en la necesidad de auspiciar la prensa oficial como un medio para promover la causa española. También se esperaba que con la suscripción al periódico se podría contribuir al sostenimiento de la causa. Ambas fueron las razones que movieron al virrey Avilés a autorizar que la Minerva Peruana se convirtiera "en un delicado y sazonado ambigú, con el fin principal de combatir las preocupaciones, y romper la densa tela de la ignorancia que cubría su dilatado hemisferio". 23 Por vez primera el público limeño tuvo en sus manos, al lado de órdenes reales, decretos oficiales y notas de carga, una información continua sobre el desarrollo del conflicto bélico. La información de la guerra se consiguió por varias vías, unas veces extractándose las gacetas europeas, otras veces recogiéndose la noticia en los navíos llegados de la Península o valiéndose de los correos terrestres. La estructura de noticias se completó con la autorización a Del Río para poder cubrir noticias locales de carácter público como, por ejemplo, la amplia cobertura que se dio a la introducción de la vacuna contra la viruela entre la población limeña. 24 La Minerva Peruana, bajo el gobierno del virrey Fernando de Abascal, superó la cifra de subscriptores establecida por el Mercurio Peruano al alcanzar los quinientos. Para Guillermo del Río el secreto de la demanda de su diario estaba en haber intuido lo que el público deseaba ver publicado. El editor hallaba en la variedad de la noticia, el entretenimiento y la propaganda fidelista las causas del incremento de lectura de la Minerva Peruana. Más adelante, la fama del diario oficial se acrecentó al especializarse éste en el arte de convertir el rumor en noticia. El uso propagandístico del rumor caló hondo en el gusto de los lectores. Esta práctica de fabricar la noticia se haría común, sobre todo, después de producirse la invasión francesa. Por ejemplo, el editor de la Minerva Peruana se encargó de alimentar el rumor popular del triunfo de la alianza hispano-francesa, y de la caída del despótico príncipe de la Paz, propalándose en el diario que Fernando VII marchaba a Francia a hacerle una visita de agradecimiento a Napoleón Bonaparte. 25 Hasta octubre no suspendió la Minerva Peruana este tipo de noticias al recibir informes que confirmaban la invasión francesa. El inicio de una retórica política anti-napoleónica a través de la Minerva Peruana se convirtió en el medio más recurrido por Abascal para sostener el fidelismo en Lima. 26 Fue ésta la primera vez en que un diario de la colonia hacía uso de la propaganda política. En diciembre de 1808, junto con el arribo de una fragata procedente de Valparaíso llegó el rumor de que todo el ejército francés había sido derrotado. En Lima, a la orden de repique general e iluminación de los edificios públicos, siguió una edición extraordinaria de la Minerva Peruana totalmente dedicada a resaltar el triunfo y "las glorias de la metrópoli". 27 Dicha noticia se desvaneció semanas después al conocerse la capitulación de Madrid, hecho que Del Río puso en conocimiento de la población limeña en la edición del 20 mayo de 1809. En septiembre se anunció que con el triunfo de la resistencia española en Cuesta "nuestra península está ya casi enteramente libre de la peste napoleónica". 28 Al poco tiempo, sin embargo, llegaron las noticias del desastre del ejército español en Sevilla, con lo que los lectores quedaron convencidos de que el diario limeño no daba una información veraz. Los lectores de la Minerva Peruana, cansados de sus invenciones políticas, acrecentaron su desconfianza con el contenido informativo del diario oficial. Este imparable desprestigio se tradujo en una alarmante pérdida de subscriptores. Guillermo del Río, intentando revertir el descenso en la lectura de su diario, prometió ser más severo en el uso de sus fuentes: más difícil en las actuales circunstancias que deslindar la realidad de los sucesos, cuando careciendo de noticias de oficio nos hallamos restringidos a las que nos prestan las papeletas, apenas veces dictadas por la opinión, por el deseo, no pocas veces por rumores vagos o forjadas con el fin de engañar o alucinar al público". 30 Es importante tener en cuenta que la retórica política fidelista no se circunscribió a la Minerva Peruana. La propaganda fidelista invadió también los cafés. El 13 de octubre de 1808, con ocasión de la proclamación y jura de fidelidad a Fernando VII en Lima, en las puertas de todos los cafés se colocaron espontáneamente carteles con la siguiente leyenda "Tenemos rey, queremos jurarlo. Juramos a nuestro rey y señor Fernando VII". 31 En seguida, fue el propio gobierno el que patrocinó la apertura de estos espacios públicos a la lectura y discusión política, siempre y cuando se usaran para alentar la causa del rey. Las sanciones contra todo aquel que en dichos establecimientos vertiera frases contrarias al fidelismo se hicieron bastante severas. Según el anónimo autor del "Quaderno de varias cosas curiosas", el 12 de julio de 1809 en el café de Bodegones, Francisco Pérez Canosa y José Antonio García fueron sorprendidos hablando mal de la Junta Central, siendo por esa falta "sentenciados a diez años de destierro a un presidio de África uno y otro a Chagres". 32 Salvo ese incidente, no existen otras evidencias de que los cafés sufrieran clausura por las conversaciones políticas que allí se daban. El teatro, al igual que los cafés, fue autorizado como espacio de discusión política, al verse su utilización conveniente para difundir la propaganda realista. Fue el propio virrey quien autorizó y asistió a la escenificación de la primera obra de contenido político en un teatro limeño, impresa de inmediato con el titulo de Loa alegórica con que solemniza el teatro de la ciudad de Lima los días de nuestro soberano monarca el señor don Fernando VII, el día 30 de mayo de 1809, por un fiel americano español. 33 La Minerva Peruana en seguida anunció, en su edición del 22 de julio de 1809, el estreno de otra obra de contenido político en el Teatro Principal titulada Los Patriotas de Aragón. La retórica fidelista no sólo se incluyó en los textos teatrales, sino también en los listines de las acostumbradas corridas de toros. Uno de estos programas se titulaba El Toro Maestro e incluía versos donde la valentía española aparecía enfrentada a la perfidia francesa. 34 La importante innovación política ocurrida en los espacios públicos se completa con el auge de las imprentas. Éstas fueron autorizadas a reeditar las obras políticas de contenido anti-napoleónico escritas en la metrópoli. En 1808 apareció en Lima la primera obra política, sin mención de imprenta ni autor, titulada El Patriota peruano expresándose por todos. 35 En seguida, la imprenta de Los Huérfanos fue autorizada a editar los Sentimientos de un americano, también de autor desconocido. La imprenta de la calle Bravo, por su parte, puso en venta el folleto Viva Fernando VII. 36 A la imprenta de los Huérfanos le correspondió imprimir la primera obra poética política: El Árbol, de José Joaquín Olmedo. El público limeño tuvo en sus manos, en 1809, las reimpresiones de la Carta que un español escribe a Murat sobre sus aventuras en España y del Diario Napoleónico de hoy martes, aciago para los franceses y domingo feliz para los españoles. Primer año de la libertad, independencia y dicha española, de la decadencia y desgracia de Bonaparte, del abatimiento de la Francia, salvación de la Europa y último de la tiranía napoleónica. Un importante cambio en la lectura se observa a partir de 1808 si se compara la cantidad de impresos políticos y religiosos que circulaban en Lima. Entre 1800 y 1807, tan sólo se habían editado unos siete impresos con cierto contenido patriótico, mientras que los religiosos superaban el centenar. Pero en 1808, Lima vivió una explosión de impresos políticos al circular 25 obras de carácter político fidelista, que casi igualaban la publicación de textos religiosos del mismo año. Esta misma relación se mantuvo en los años de 1809 y 1810, con una producción de textos religiosos que a duras penas superaba la apreciable cantidad de impresos políticos. Una revolución silenciosa en la imprenta se había activado a expensas de la lucha gubernamental contra la invasión francesa. 37 La participación de la 34 Odriozola, Manuel de: Documentos Literarios del Perú, t. 35 Nieto Vélez: Contribución a la Historia del Fidelismo..., pág. 70. Rasgo de tierna lealtad producido por amor y fidelidad de un americano con vista de los sentimientos que esparció en esta metrópoli la funesta retención de la augusta persona del Rey nuestro señor en los dominios de la injusta Francia. 37 Sobre el significado de la imprenta en el fundamental paso de la lectura religiosa a la política, ver Darnton, Robert y Roche, Daniel (eds.): Revolution in Print. También Chartier, Roger: The Cultural Uses of Print in Early Modern France. HÁBITOS DE LECTURA Y PEDAGOGÍA POLÍTICA EN PERÚ, 1790-1814 imprenta en la propaganda fidelista se suspendió a mediados de 1810, al reportarse el pésimo estado de mantenimiento de la mayoría de ellas: "(...) de quatro que tiene la capital sólo hay una mediocremente servida, y las otras tres inutilizadas y sin esperanza de reponerse con letra de Europa". Fue en ese momento cuando Abascal hizo pública su intención de relanzar el Mercurio Peruano en cuanto la imprenta quedara rehabilitada. Publicada esta primicia en la Minerva Peruana, ella alentó el deseo del virrey, augurando que en el momento que se lograran fundir nuevos caracteres quedaría "verificado este proyecto y restablecido el papel periódico 38 Minerva Peruana, núm. 41; Lima, 26 de junio de 1810. VÍCTOR PERALTA RUIZ del Mercurio, (con lo cual) se han de circular todos los conocimientos útiles de las ciencias naturales, las artes y la industria". 39 La estrategia usada por Abascal de patrocinar la difusión de la retórica fidelista se canceló en septiembre de 1810 al llegar a Lima las noticias del asedio a La Paz por los insurgentes bonaerenses. La invasión del Alto Perú por el de la insurgente Junta de Buenos Aires el 14 de septiembre, obligó al virrey a prohibir que en la prensa volvieran a insertarse noticias "extranjeras, ni (de) otros papeles que no estén autorizados en bastante forma por el Gobierno, celando que no se introduzcan los sediciosos de nuestros enemigos". 40 Cuatro días después, el virrey mandaba encarcelar a Guillermo del Río acusado de participar en la conspiración que tramaba ejecutar el clérigo Ramón de Anchoris. Dicho escándalo tuvo su origen en una polémica entablada entre Del Río y un grupo de rioplatenses sobre el impreso Leales habitantes del Perú, en torno al que se discutía si su autor era o no el deán de Córdoba Gregorio Funes. 41 El gobierno consideró que estas reuniones no eran sino un pretexto para hacer conversaciones subversivas. De inmediato, Abascal relevó a Guillermo del Río de la edición del periódico oficial. Con esa medida, el fin de la era de la Minerva Peruana vino casi de inmediato. El gobierno anunció la reaparición de la Gaceta del Gobierno de Lima, que quedaba limitada "al extracto de las gazetas de la regencia, reales órdenes y algunos papeles importantes con que les favorece la superioridad". 42 La vuelta a la situación política vivida antes de agosto de 1808 se extendió a todos los espacios públicos limeños. Abascal, en adelante, vinculó el reforzamiento de su autoridad a la restauración de una férrea censura gubernativa sobre todo escrito y lectura. A las imprentas, por ejemplo, se les prohibió editar nuevas obras políticas. En las funciones teatrales y en los listines de las corridas de toros se proscribió toda alusión a la política. En todos estos casos, el virrey volvió a ampararse en la ley de imprenta de 1805 para controlar la lectura. La persecución oficial se amplió incluso a las "inscripciones subversivas" en pañuelos, sobre todo después de conocerse un informe elevado por la Inquisición al Gobierno el 19 de julio de 1810. El informe dio cuenta del hallazgo de pañuelos con el siguiente 39 Ibídem. 41 Vargas Ugarte, Rubén: Historia del Perú. HÁBITOS DE LECTURA Y PEDAGOGÍA POLÍTICA EN PERÚ, 1790-1814 estampado: "Personas, Conciencia y Comercio Libre". 43 Abascal dispuso que tras borrar de los pañuelos aquellas palabras, éstos se devolverían a sus dueños. Después de varios meses de un estricto control impuesto sobre lo que la población debía leer, el despotismo de Abascal se vio obligado a ceder tras llegar de la metrópoli la orden que facultaba a los ciudadanos a expresar libremente sus pensamientos e ideas políticas. El 10 de noviembre de 1810, en efecto, las Cortes decretaron la libertad de imprenta que autorizaba la libre publicación y circulación de periódicos y de impresos políticos con el fin de frenar el despotismo. Abascal, contrariado por la noticia, acató la orden al hacer público el decreto el 18 de abril de 1811, suspendiendo su entrada en vigor hasta que no se organizara la Junta de Censura en Lima. Con la libertad de imprenta se produjo el retorno de la retórica fidelista que, esta vez, parecía obligada a ganarse a la opinión pública a partir de su contienda con el discurso antagónico no oficial que la eliminación de la censura permitió surgir. El liberalismo constitucional y la pedagogía política La libertad de imprenta completó la revolución que en este campo ya había propiciado la propaganda fidelista de Abascal. En 1811, por vez primera, la folletería política superaba en cantidad a las publicaciones religiosas. El incremento de las obras políticas durante el interregno liberal no fue, sin embargo, homogéneo como ocurrió hasta antes de 1810. Ahora destacaban, junto a los acostumbrados textos patrióticos de arenga fidelista, los que polemizaban con las disposiciones de las autoridades locales amparándose en la libertad de expresar sus ideas. Esta última postura, apegada al mensaje del constitucionalismo español, fue mucho más radical y expresiva en algunos de los nuevos periódicos no oficiales que comenzaron a editarse. En 1811 sólo un periódico -El Peruano-se adscribía a la nueva tendencia política, sumándosele El Satélite del Peruano en 1812. Con la clausura de ambos periódicos, ordenada por el virrey en julio de 1812, dicha postura crítica y contestataria a la autoridad quedó silenciada. El 6 de septiembre de 1811, Bernardino Ruiz, junto con Guillermo del Río y Gaspar Rico, decidieron editar El Peruano. Dicho periódico, impreso en la imprenta de los Huérfanos, irrumpió en la esfera pública usando un tono fuera de lo común. El Peruano ofrecía ilustrar a la población en sus derechos de "hombres libres", lo cual era sinónimo de enfrentar el arbitrismo de la autoridad. En esa mira, el periódico prometió a sus lectores convertirse en "un asilo seguro al inocente, y de espada exterminadora para toda especie de delitos, que en tiempos anteriores cometían descarada e impunemente (las autoridades), y que hoy gracias a los principios liberales de las cortes se pueden reclamar y escarmentar con un juicio público ante el tribunal de la opinión pública". 44 Días después, un lector remitió una carta a los editores, coincidiendo con ellos en que con la lectura de El Peruano los limeños tenían por fin un motivo para abandonar su inacción política: guntó a los editores si convenía que ellos conociesen al autor de un escrito como ordenaba la ley de imprenta. El mismo confesaba temer a la autoridades y, por eso, preguntaba a los editores si revelarían su nombre en caso de ocurrir la censura de un artículo que pensaba remitir: "(...) me parece que ya oigo decir a U. con mucha entereza que no cometerá semejante crimen. Si quien pregunta es el Santo Oficio, o el superior gobierno ¿tendrá U. la misma firmeza? ¿No temerá U. las casas matas, o los calabozos del santo tribunal?". 48 En varios números de El Peruano, Gaspar Rico, que escribió bajo el seudónimo de "El Invisible", aseveró que la plena vigencia de la libertad de imprenta era la única manera de garantizar el destierro del despotismo en el virreinato. Fiel a esa consigna, el periódico se reafirmó en su intención de seguir insertando cualquier escrito, sin otra responsabilidad que reservar el nombre de su autor, para manifestarlo en caso de declarársele infractor de la ley. 49 El Peruano, incluso, en su propósito de ampliar el espacio para la opinión anunció estar dispuesto a imprimir "todos los papeles que lleven los pobres de todas clases, a quienes podrá servir de consuelo el que se oigan o manifiesten sus desgracias". 50 Un total de cuatro expedientes de censura se abrieron en contra de El Peruano mientras éste circuló como defensor de la autoridad del "público". El primer proceso en que se vio comprometido fue por oponerse a la censura de dos manuscritos del brigadier Manuel Villalta, el segundo expediente se le abrió por publicar un artículo de Miguel Eyzaguirre que abogaba por la abolición del tributo, el tercero fue interpuesto por Pedro Abadía por habérsele calificado de extranjero y, el último, por sospecharse su vinculación con El Satélite del Peruano. 51 La Gaceta del Gobierno de Lima, por su parte, hizo de El Peruano el blanco de sus ataques, sobre todo cuando se halló en sus artículos un cuestionamiento a la autoridad del virrey. En una de esas ocasiones, el diario de Abascal publicó la carta de Juan de Atalayuela en contra de Gaspar Rico por declamar "que estamos rodeados de franceses y agentes de Napoleón, y aunque hay regimiento de Concordia, no hay concordia en esta capital". 52 El Peruano replicó que lo único que hacía era asumir la defensa de los derechos de los ciudadanos a expresarse y formarse una opinión propia porque, de no hacerlo, "¿de qué 48 Ibídem, núm. 15, Lima, 25 VÍCTOR PERALTA RUIZ deberían ocuparse unos hombres que jamás tuvieron el derecho no sólo de escribir, pero ni aun de hablar lo que sentían, sino de los infinitos abusos de que habían sido víctimas por largo tiempo?". Ilustrar a la opinión pública significaba, ante todo, romper con "los defectos de nuestra educación y la falta de costumbre de hablar ante el público". 53 Para los editores de El Peruano, en el ciudadano estaba arraigada la sumisión absoluta a la autoridad como resultado de las prácticas sociales interiorizadas por el absolutismo borbónico. En consecuencia, el periódico debía imponerse la tarea de incentivar una pedagogía política, basada en inculcar a los lectores la defensa de sus derechos civiles ante la arbitrariedad de una autoridad. Esta búsqueda de una nueva forma de inserción de los vecinos a la vida pública explica la confrontación entre el periódico y el virrey, quien se convirtió en baluarte de la causa absolutista. La nueva pedagogía política que El Peruano aspiraba a inculcar en sus lectores combinaba las definiciones moderna y antigua de la libertad. Efectivamente, en algunos de sus artículos los derechos del ciudadano, a los que se hace constante alusión, aparecen secundados por la recuperación de una libertad conforme al derecho natural. La opuesta visión de los derechos y la política que tenían El Peruano y el virrey, se volvió tirante a raíz del debate que generó la publicación de dos obras del brigadier Manuel Villalta. Ambos escritos estaban dirigidos al Cabildo de Lima y solicitaban el reconocimiento al general José Manuel de Goyeneche por su triunfo en Guaqui sobre las tropas bonaerenses. Pero la imprenta de los Huérfanos, en septiembre de 1811, interrumpió la edición de los manuscritos al prohibírselo la Junta de Censura. La censura a los manuscritos de Villalta fue el pretexto usado por el virrey para expresar a la Regencia su disconformidad con el uso de la libertad de imprenta porque, en su opinión, afectaba la seguridad del gobierno. Abascal describió los manuscritos como unos de los muchos escritos perturbadores del orden que presuponían "que los españoles americanos han estado encorvados y oprimidos". 54 Gaspar Rico, que leyó los manuscritos de Villalta antes de entrar en imprenta, asumió su pública defensa al considerar que una ley de carácter natural la amparaba: "(...) yo he leído diez veces su papel y nada le encuentro censurable si nos atenemos al sentido natural del decreto de las Cortes". 55 53 El Peruano Extraordinario, núm. 35, Lima, Era evidente que Gaspar Rico se refería a la ley de imprenta bajo la ecléctica frase de una "libertad reglada por exaltar sus derechos en la naturaleza". La censura trascendió a la opinión pública al ser abordado el caso Villalta de distinta manera por parte de El Peruano. Unas veces recurriendo a la sátira, como cuando se publicó la carta remitida por Paula Adellqueta "mujer legítima de la libertad de imprenta (que) ha oído que la defensa del Sr. Villalta anda en curso; y procurando el alivio de su marido en este continente, o ir al otro por si lo cura, espera el aviso de lo que resulte en el Peruano". 56 Otras veces, prefiriendo el tono serio, haciéndose llegar al lector el dictamen en minoría de la Junta Censora de la Libertad de Imprenta, que consideraba que "las expresiones del señor Villalta apenas son una débil repetición de las que se escriben, publican y circulan con más enardecimiento en España...¿por qué condenar en Lima lo que circula libre, no sólo en España sino en todos los rincones de la América?...En último análisis quiere decir esto que la imprenta de los Huérfanos de Lima envenena unas proporciones que han salido sanas y buenas de las de Cádiz, Madrid, Sevilla, etc. y andan esparcidas en todo el continente americano". 57 Cabe destacar que la guerra verbal que originó el caso Villalta se amplió a otro espacio ajeno a El Peruano: el de los impresos. La polémica comenzó con la defensa de sus manuscritos que mandó editar el propio Manuel Villalta a fines de 1811. Allí, Villalta afirmaba que su intención al querer publicar los manuscritos censurados había sido ver reflejado en el homenaje público de un "ilustre americano", el general Goyeneche, las glorias que a él se le habían negado con ocasión de la derrota de Tupac Amaru II por su condición de criollo. El remordimiento que, desde esa época, Villalta acumuló contra el despotismo español le hizo convertirse en un fanático defensor de la libertad de imprenta, ya que ésta asumía como uno de sus fines desterrar el despotismo del que él se consideraba una víctima. Para Villalta era indispensable que el pueblo saliera de su pasividad ante la autoridad, y que la imprenta le apoyara a distinguir los delitos provenientes de una tiranía. De no ocurrir de ese modo, la contienda estaría ganada por "Los Príncipes que se aplauden de mantener a su nación en un profundo adormecimiento, (que) entienden mal sus intereses...". 58 Breves reflexiones sobre la censura de los oficios dirigidos al Excmo.Ayuntamiento de esta capital por el brigadier Don Manuel Villata del orden de Santiago, escritas por él mismo. Meses después, comenzó a circular por Lima un folleto redactado por Verísimo Cierto, donde se calificaba de peligroso y subversivo el fervor con que en su impreso Villalta asumía la defensa de los derechos del pueblo, porque "la experiencia ha acreditado con innumerables y dolorosos hechos, repetidos por todas partes de ambas Américas, el abuso criminal que se ha hecho de la libertad reglada por exaltar sus derechos con la naturaleza". 59 La carta de Verísimo Cierto conducía la discusión al complicado terreno del tipo de libertad acerca del que discutían Villalta y El Peruano. En efecto, en muchos momentos a Verísimo Cierto le parecía que estos dos polemistas centraban su atención sobre la conveniencia de la restitución de una justicia antigua, la que demandaba el bien común, pero en otros apartados también hacían expresa mención a una libertad basada en los derechos del ciudadano. La circulación de otra carta que continuaba la polémica en torno a Villalta, esta vez dirigida por Metafórico Claros a Verísimo Cierto, tampoco contribuía a aclarar esta confusa visión de la libertad. Metafórico Claros asume la defensa de Villalta en su derecho de reclamar contra la arbitrariedad porque "¡qué resultados trae consigo la vilísima servidumbre de agradar a los grandes por el interés de ese humo instantáneo, que se llama gloria! ¡Ella hace perder al hombre la primera bendición del cielo que es la libertad!". 60 De esta discusión únicamente quedaba en claro que los constitucionalistas aunque sabían que su oponente era el despotismo, tenían muchos problemas para precisar la identidad de la nueva expresión que buscaban. No tuvieron oportunidad de hacerlo. El debate culminó con la aprobación de la censura de los textos de Villalta y la posterior clausura de El Peruano. El Satélite del Peruano, que apareció entre marzo y junio de 1812, se impuso la misión de secundar las ideas políticas de El Peruano. En el proyecto de edición del nuevo papel, estuvo inicialmente comprometida una Sociedad Filantrópica que debía ocuparse de la redacción de los artículos de Política, de Literatura y de Ciencia. Pero al ser censurado el prospecto del periódico aparecido en marzo, la tertulia prefirió disolverse. Para Fernando López Aldana, el único tertuliano que decidió continuar la empresa, la actitud tomada por los miembros de la Sociedad Filantrópica era lamentable ya que daba la razón a quienes expresaban reparos para escribir por temor a la autoridad: 59 Carta de Don Verísimo Cierto a un condiscípulo suyo, sobre las reflexiones del señor Villalta a la censura de sus oficios dirigidos al Excmo.Ayuntamiento de esta capital. 60 Carta de Don Metafonio Claro a Don Verísimo Cierto. HÁBITOS DE LECTURA Y PEDAGOGÍA POLÍTICA EN PERÚ, 1790-1814 "(...) los efímeros socios con su retractación, sin haber contribuido un ápice al beneficio de su país nada más han logrado que cargar el peso enorme del general descrédito, en lugar del honor que les estaba preparado si se hubieran sostenido noble y firmemente en un comportamiento tan virtuoso, tan útil, tan honorífico". 61 La circulación de El Satélite fue considerada por Abascal como mucho más peligrosa que la de su antecesor, por su insistencia de que en el Perú no se cumplía la libertad de imprenta, calificándose a la Junta de Censura de "viciosa". El Satélite, además, publicó un artículo bajo el título de "Derechos del hombre", en donde se concluía que los derechos políticos afianzaban la igualdad entre españoles y americanos. 62 Esta reflexión, que hubiera contribuido a aclarar la postura política de los constitucionalistas, fue, abruptamente, cortada en junio, al dejar de circular El Satélite por orden del virrey. Los intentos del gobierno por silenciar a El Peruano y a El Satélite no pudieron impedir que el discurso constitucionalista invadiera otros espacios públicos. En estos casos, dicha conquista se presentaba como el resultado de un duro enfrentamiento entre el empeño de las autoridades en sostener su arbitrariedad y la libertad de publicar las ideas. Un ejemplo fue la publicación en El Peruano de la carta de un lector oculto bajo el seudónimo de "Claudio Dudas", quien contó que un día había visto "dándose de mojicones a unos muchachos por haberse roto entre ellos unas listas de toros pequeñas, y que tenían por mote viva la libertad de imprenta. Había varios partidos sobre el hecho: éste decía que no podían venderse más listas que las de a pliego, que estaban con privilegio, que éste era un derecho exclusivo al impresor de ella, etc; el otro, que había libertad de imprenta, y que Perico el de la esquina podía imprimir y vender listas". 63 El gobierno de Abascal enfrentó a los partidarios de una postura política contraria al absolutismo, reestructurando la retórica fidelista que supuso interiorizar en el adversario la invulnerabilidad de la autoridad. Esta retórica política, a diferencia de la practicada anteriormente, perseguía los propósitos de mantener, por un lado, la lealtad de la población a Fernando VII y las Cortes de Cádiz y, por otro lado, hacer interiorizar a los ciudadanos la absoluta necesidad de cultivar la lealtad para con el virrey. Un ejemplo del primer caso fue la invitación que la Gaceta hizo para que todo aquél 61 El Satélite del Peruano, núm. 1; Lima, marzo de 1812. VÍCTOR PERALTA RUIZ que tuviera un escrito fidelista dedicado a la jura de la Constitución en Lima, lo remitiera de inmediato al diario: "(...) esperamos que las bellas plumas de esta capital se exerciten en presentar al mundo entero cuanto haya de notable en esta fiesta que será sin duda de las más admirables". 64 De otro lado, abundaron los ejemplos por intentar mantener la concordia en torno al virrey, caracterizándose todos estos discursos por lanzar duros ataques a los escritores que reclamaban un nuevo trato entre españoles y americanos: "(...) americanos españoles que continuais denigrando en nuestros periódicos el nombre español ¿habéis perdido enteramente la moderación, la gratitud, el pudor? Vosotros os abomináis de llevar en vuestras venas la sangre que os dé la vida que tenéis, en otros climas se creen los hombres invencibles y dichosos con tener amigos españoles solamente. Callad, pues, desconocidos, aprended en adelante a ser severos ciudadanos". 65 El proyecto más importante del virrey para refrenar la pedagogía política alentada por los anti-absolutistas se puso en marcha el 22 de septiembre de 1812. Ese día, la aparición de El Verdadero Peruano, convertía en realidad el sueño de Abascal de lanzar la segunda época del Mercurio Peruano. Tal intento de imitar el mejor momento del despotismo ilustrado, comenzó con la conversión del virrey en protector de la nueva publicación. Los editores, el presbítero Tomás Flores y José Pezet, manifestaron que la tertulia literaria que tenía la responsabilidad de editar El Verdadero Peruano, se imponía la tarea de promover la ilustración general en concordancia con la autoridad virreinal. A este diario volvieron las reflexiones de los Filópatros, Aristios y Filaletes y las extensas disertaciones sobre Geografía, Historia, la condición del indio y el estado del comercio característicos del viejo Mercurio Peruano. Las veces que se impuso el abordaje de un tema político, se hizo consultando previamente el parecer del virrey. Así ocurrió con el discurso político de Filópatro en homenaje a la Constitución y también en los temas relacionados con la educación. Uno de los problemas públicos más importantes que El Verdadero Peruano se impuso abordar era el modo en que debía promoverse la educación popular bajo el espíritu de la constitución. El debate fue inaugurado 64 Gaceta del Gobierno de Lima, núm. 76; Lima, 26 por Félix Devoti a través de su artículo "Amor a la Patria, a la Constitución y al Rey", donde señalaba que la educación nacional era el primer objetivo de una sociedad bien educada y con la cual se preparaba el espíritu público. 66 Otro articulista reconocía que la ilustración y el conocimiento de los derechos del hombre eran imprescindibles en una sociedad que aspiraba al bien común. 67 A pesar de ambas afirmaciones, en el ensayo donde se perfiló el nuevo proyecto educativo, se omitió toda referencia a la enseñanza de los derechos del hombre. En la superación de la ignorancia bastaba con formar escuelas por religiosos donde se "enseñe a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprehenderá también una breve exposición de las obligaciones civiles". 68 Este periódico dejó de salir el 26 de agosto de 1813, afectado por una crisis económica y falta de subscriptores. Fue en medio de una aguda crisis económica, provocada en Lima por el intento de Abascal de recuperar la capitanía general chilena, cuando de nuevo Guillermo del Río pone en marcha el plan de editar un diario, esta vez distinto a cuantos hasta entonces se habían publicado. El diario debía acomodarse a las críticas circunstancias que experimentaban los lectores limeños, por lo cual se fijó su costo en apenas un real, ofreciendo a cambio "facilitar el giro doméstico y comunicar con brevedad y exactitud las ocurrencias de Lima". 69 Con la puesta en circulación de El Investigador, el 1 de julio de 1813, la lectura exclusiva de la noticia local vino a imponerse como una moda de éxito rotundo entre los lectores. Con El Investigador, Guillermo del Río esta vez puso extremo cuidado en no provocar las iras del virrey. Sorprendentemente, Del Río refrendaba ahora el discurso oficial que denigraba las lecturas puestas en circulación al amparo de la libertad de imprenta. Su balance sobre el significado de la lectura en el fomento de la ilustración del público limeño no podía ser más negativo: "(...) el odio, la venganza, la sátira mordaz y soez, abortaron producciones pueriles y detestables. El bello sexo, digno de aprecio y respeto, se vio vilmente ultrajado en los versos denigrantes de un poetastro inmoral, indecente y mercenario; impugnaciones ridículas y mal sazonadas inundaron la capital y sólo sirvieron a manifestar el abuso que se hacía de un bien que acababan de conceder las Cortes". Aunque para El Investigador continuaba siendo indispensable la tarea de la ilustración popular, el mal uso del libre pensamiento mostraba que antes se requería de una sólida infraestructura educativa para impulsarla. La supresión de la Inquisición, ordenada por Abascal en septiembre de 1813, se presentó como el momento oportuno para abordar el tema de la educación popular. El Investigador festejó con algarabía abolición del Tribunal del Santo Oficio. De inmediato, el diario inició una campaña para que el edificio de esta institución se transformara en un espacio abierto al público, proponiendo que allí se habilitara la primera biblioteca pública de la ciudad. El Investigador retomaba así el viejo plan de Llano Zapata de 1758, proponiendo al gobierno igualmente asumir la protección del nuevo establecimiento. La biblioteca pública, señalaba El Investigador, debería instalarse en la antigua sala de sesiones de la Inquisición, y su entrada podría dar a la plazuela para que "todo el pueblo vea si se cumple o no se cumple por los encargos de ella". Asumiendo que la existencia de una biblioteca bien surtida y atendida era vital en la campaña de procurar la ilustración popular, el diario propuso trasladar a las estanterías de la biblioteca pública "la librería del fraile Diego Cisneros y los restos de la biblioteca (de San Marcos) que dejó arruinar, robar y malograr la indolentísima conducta y abandono con que se ha mirado en la universidad éstas". 71 El Investigador, asimismo, prometió iniciar una campaña para que la biblioteca se abasteciera con donaciones provenientes de bibliotecas particulares. El diario auguraba que con la habilitación de la biblioteca pública se podría hasta evitar que los libros volvieran a ser mal usados, ya que "no irán a pasar a las boticas para envolver ungüentos, ni a los cajones de ribera para enrollar especerías, o a otras manos como ha sucedido con tanto inestimable libro que se dio por el rey a la universidad". 72 La campaña que en favor de la difusión del libro había iniciado El Investigador, fruto de su entusiasmo por ver extinguida la Inquisición, continuó en números siguientes, aunque esta vez motivada por un problema distinto. Efectivamente, el diario llegó a la conclusión de que, desaparecida la Inquisición, ahora era un sector de la plebe el enemigo principal de la conservación y lectura de los libros al traficar con su venta como envoltorios de especerías. Dicha campaña de protección del libro comenzó con denuncias de este estilo: "(...) que en el quartel 1, no. 6, el mes de noviembre encontró el sereno a un negro en alta noche con unos libros que los había robado, de quien fuesen dando las señas de las obras que son por el alcalde de este quartel, se le entregarán". 73 La obsesiva vinculación de la plebe con el tráfico del libro para su uso como envoltorios, se expresa a través de la carta de un lector oculto bajo el seudónimo de "Un Librero lastimado de estos hurtos". Éste clamaba por un remedio para contener el sistemático robo de libros que de modo continuo se registraba en el convento de los Descalzos. La reflexión comenzaba con el recuento de uno de esos tantos robos. Un sábado por la tarde "se introdujo por una ventana a la celda del padre Fray Pablo Rosas un zambo achinado...que formó un quipe de libros de dicho padre y de otro religioso que los dio a guardar, temeroso de no experimentar segunda extracción". Aunque el ladrón fue sorprendido por ambos frailes, logró fugarse hacia la huerta de Palomares y del Altillo donde sus cómplices lograron esconderlo. Ambos lugares, señalaba el "Librero lastimado", eran desde hacía mucho tiempo el centro de un gran tráfico de libros robados. La plebe desde allí trasladaba los libros "al panteón de los cajones de Ribera y pulperías, donde se deshojan para envolver especerías y otras vendimias. Si no hubieran estos compradores los ladrones se abstendrían de tomar libros". El "Librero lastimado" proponía como remedio prohibir a las pulperías y cajones la compra de libros a la plebe, redoblando la vigilancia de los serenos para decomisar los que se encontrasen "porque de no, a la larga o a la corta, acabarán con las librerías; pues causa lástima ver las obras truncas". 74 La asociación de la plebe con el tráfico de los libros hurtados fue objeto de otro artículo, esta vez escrito en un tono satírico. Un lector informó a El Investigador que, luego de ver cruzar por la plaza a un hombre que llevaba unos libros para su venta en los cajones de Ribera, se avalanzó sobre él y halló entre los libros una Disertación sobre la impropiedad con que se ha dado siempre a la Inquisición el nombre de santa y también El modo de ganar dinero en poco tiempo y sin trabajo, 75 entre otros títulos más. Ni la campaña emprendida para la formación de la biblioteca pública ni la persecución verbal de la plebe pudieron continuarse, debido a que El Investigador dejó de circular el 31 de diciembre de 1814 por orden de Abascal. VÍCTOR PERALTA RUIZ libertad de imprenta casi al culminar 1814, medida con la que al mismo tiempo se restablecía la ley de imprenta de 1805. La orden fue ejecutada tan abruptamente que en el Perú ya no existían periódicos cuando Fernando VII, en mayo de 1815, prohibió su publicación tanto en España como en América. El 22 de marzo de 1816, el rey ordenaba recoger todos los catecismos políticos y religiosos editados bajo el interregno liberal. 76 Ninguno de los cinco catecismos políticos mencionados en la censura circulaban ya por Lima. La capital peruana había entrado en una etapa de un progresivo silencio político. En 1815 la impresión de folletos políticos languideció, al contarse apenas cinco impresos de este tipo, todos fidelistas, frente a de contenido religioso. En 1816 dicha desproporción se amplió a sólo un texto fidelista contra 18 de contenido religioso. La práctica de la lectura volvió a tornarse monótona y, junto con la pedagogía política, sólo retornó al debate público después de la independencia. La transformación del hábito de lectura en Lima adquirió un primer impulso con la puesta en circulación de tres periódicos en la primera mitad de la década de 1790: el Diario Erudito, el Mercurio Peruano y el Semanario Crítico. De estos tres, fue el Mercurio Peruano el proyecto más importante porque su publicación culminaba el deseo de los virreyes ilustrados de promover una selecta opinión pública literaria. Quienes escribieron en el Mercurio Peruano pusieron todo su empeño en ampliar el conocimiento del país en favor del proyecto ilustrado del virrey Gil. Este vínculo de reciprocidad entre la autoridad despótica y la Sociedad de Amantes del País, explica el escaso interés puesto por el Mercurio Peruano en fomentar una corriente de opinión más allá de lo científico y lo literario. El segundo momento en la transformación de la lectura en la capital peruana se produjo después de confirmarse en agosto de 1808 la invasión de la metrópoli por las tropas francesas y la posterior insurrección española. Por vez primera, Lima se vio inundada de folletos políticos fidelistas con los que el gobierno del virrey Abascal pretendió mantener la lealtad de la población a Fernando VII. Inédito fue igualmente que el diario oficial, la Minerva Peruana, convirtiera tal tipo de propaganda política en su cometi-76 Torre Revello: El Libro, la Imprenta y el Periodismo..., pág. CCXXXIV. La retórica fidelista inclusive se manifestó en las entradas de los cafés y en el teatro. Esta fulgurante difusión de la lectura fidelista introdujo a una amplia capa de la población, vinculada con la aristocracia, en el conocimiento de temas públicos y políticos de los que hasta entonces habían estado celosamente marginados. El mismo virrey Abascal se encargó de la interrupción de este avance de la lectura política, al advertir los peligros que ella podía representarle, en caso de proseguir el éxito de la insurgencia que ya habían promovido las juntas tuitivas de Buenos Aires, Chile y Quito. el tercer gran avance de la lectura en Lima ocurrió cuando se dio plena vigencia a la libertad de imprenta decretada por las Cortes de Cádiz. A través de dos periódicos -El Peruano y El Satélite del Peruano-y algunos impresos, se trató de inculcar al público lector la defensa de sus derechos civiles en contra de la arbitrariedad con que actuaban las autoridades virreinales. Esta nueva retórica política anti-despótica causó la mortificación del virrey Abascal, que no dudó en calificarla de subversiva y de sumo riesgo para la seguridad de su gobierno. El tono contestatario de los escritos en contra del despotismo fue, inmediatamente, silenciado con el cierre de El Peruano y El Satélite y la censura de algunos folletos que se interpretaban como afines a aquel discurso político antiabsolutista. El temor a la autoridad que el gobierno de Abascal intentó seguir inculcando bajo el clima de la libertad de imprenta tuvo un éxito relativo. Ello se reflejó en el discurso escasamente político y, sobre todo, sumiso al virrey, que impregnaron sus editores al último diario no oficial: El Investigador. No obstante, fue en la tercera fase del avance de la lectura cuando la pedagogía política hizo su aparición en la sociedad limeña. A través de las discusiones alentadas por Guillermo del Río, Gaspar Rico y Manuel Villalta acerca del nuevo trato que debía existir entre ciudadanos y autoridades, afloró la necesidad de promover nuevas interrelaciones sustentadas en un criterio ecléctico del concepto de libertad, donde lo único claro fue la oposición a la continuidad del despotismo. Esta postura política fue definitivamente suprimida por Abascal a fines de 1814, amparado esta vez en la Restauración absolutista.
El presente artículo pretende una aproximación a un tema un tanto olvidado por la historiografía cubana: el de la prostitución en la segunda mitad del siglo XIX, tema que presenta graves problemas; entre ellos destaca la falta de fuentes directas ya que el Gobierno Civil destruyó tras la guerra hispano-cubana los antecedentes que había en sus archivos de la sección de Higiene. Por eso proponemos la utilización de fuentes menos convencionales (la litografía) que pueden ser tanto o más reveladoras que las tradicionales. Concretamente nos referimos a las ilustraciones que envolvían las cajetillas de tabaco cubano -las marquillas-que constituyen por sí mismas una verdadera joya artística, además de un reflejo, de la realidad social y económica del entorno en el que se crearon. Estas marquillas se agrupan en series coleccionables de las que el objeto de nuestro estudio serán las que se recogen con el título "Vida o Vida y muerte de la Mulata". Uno de los graves problemas para estudiar la prostitución en la segunda mitad del siglo XIX ha sido la falta de fuentes seriadas ya que, al parecer, el Gobierno Civil destruyó tras la guerra hispano-cubana los antecedentes que había en sus archivos de la sección de Higiene. Asimismo, hay un hueco historiográfico considerable por tratarse de una cuestión que, durante muchos años se ha considerado tabú y de escaso interés para la historiografía, incluidos los investigadores de la historia social. La documentación con la que hemos venido trabajando básicamente para el análisis de este asunto han sido informes médicos de la época centrados, en su mayoría, en la ciudad de La Habana y que conllevan juicios o prejuicios de valores propios del momento, que podrían llevar al investigador a equívocos, distorsionando o tamizando la realidad. Por ello hemos creido necesaria la utilización de fuentes menos convencionales, como la tradición oral, el folclore, la prensa, el grabado o la litografía, etc., que puedan ser tanto o más reveladoras que las tradicionales (de archivo y bibliográficas), de cara al mejor conocimiento de un fenómeno que, aunque sabido a grandes rasgos, adolece de matices importantes para la total comprensión y alcance en una sociedad que se vio seriamente afectada por él. En consecuencia, pretendemos una modesta aproximación a un tema un tanto olvidado por la historiografía cubana que, a nuestro juicio, es de vital importancia para tratar de entender una historia social mas globalizadora y adentrarse en el mundo de fines del XIX cubano desde una perspectiva diferente a la estudiada hasta ahora. Por otro lado, el presente trabajo constituye el resultado de la aceptación de dos premisas que los autores, hace algún tiempo y por distintos caminos, hemos hecho nuestras. Es este un intento de reflexión y de respuesta, primero a lo que creemos es un reto y segundo, a lo que opinamos es una consideración metodológica; la procedencia de las dos se ubica en las orillas opuestas del Atlántico -Cuba y España-lanzadas ambas por dos excelentes maestros de historiadores, Fernando Ortiz y después el profesor Fontana. Las dos propuestas giran en torno a lo que consideramos fuentes básicas para los nuevos enfoques de la historiografía actual: las artes gráficas. En el primer caso, tomamos la propuesta de Fernando Ortiz como un verdadero reto; ya hacia 1963 el citado autor, hablando del tabaco, decía: "sobre todo los cigarros y cigarrillos en las cajetillas con sus innumerables diseños y contraseñas dieron origen a una rica producción litográfica... el caudal ingenioso de los dibujos de las cajetillas, cubrió todos los campos, desde la geografía a la realeza y al ejército, hasta la ironía y la picaresca pornográfica... ¡Nadie lo ha estudiado todavía!. Pocos libros conservan muestras de esas grafías tan ricas y originales del pueblo de Cuba. ¿Quien las estudiará?".1 El segundo caso es una consideración metodológica no menos incitadora que la primera. El profesor Fontana, a la hora de hablar de la importancia de las fuentes orales, dice: "al historiador le importa tanto conocer los hechos como las representaciones que de tales hechos se formaban los hombres que los vivieron. Acertadas o erróneas, fueron estas, en última instancia, las que determinaron su actuación". Y lo mismo podría aplicarse a las fuentes gráficas. 2 Como se puede apreciar, estamos reivindicando el estatuto de fuente histórica para las litografías, y concretamente para las que envolvían las cajetillas de tabaco cubano -las marquillas-que constituyen por sí mismas una verdadera joya artística, y -atendiendo a su contenido gráficoademás un reflejo, una fotografía de la realidad social y económica del entorno en el que se crearon y donde vivieron las manos y las mentes que las hicieron. No cabe duda que en la litografía, en el grabado, importa todo para el análisis: la composición (los personajes en sus actitudes, su vestimenta y los objetos que les rodean), el paisaje con su estructura y materialidad y, por supuesto, lo que el autor quiere transmitir a la posteridad. Importa mucho reiterar que esto es sólo un intento de aproximación a lo que consideramos una ingente tarea investigadora. A la marquilla, no puede negarse, se le ha otorgado una cierta autoría y presencia en los estudios sobre el tabaco o en la historia del arte cubano; pero nosotros queremos ir más allá, al propugnar su utilidad para otros análisis distintos. Recordemos las palabras de Bernardo Riego: "Ningún historiador puede soslayar hoy en día el carácter de huella que la imagen grabada o la litografía tienen". 3 Es evidente que, para que esas imágenes cumplan con el estatuto de la investigación histórica, son necesarias una profunda revisión y puesta al día metodológica que las dote de verdadera entidad; pero estas imágenes tienen un discurso vital que debe ser abordado desde una metodología de estudio específica que el historiador tiene que encontrar, pues no cabe duda de que se constituyen y tienen el estatuto de fuente para el conocimiento histórico, según la genérica y ya clásica definición que diera el profesor Topolsky.4 Un intento de contextualización: La prostitución en Cuba durante el siglo XIX La prostitución y su reglamentación La prostitución, por muchos y diferentes motivos, según las coyunturas históricas, se mantuvo en Cuba largo tiempo como un rentable negocio para muchos amos de esclavas y se promovió desde muy temprano en la isla. A mediados del siglo XIX se establecerán en España los primeros reglamentos que pretenderán organizar bajo vigilancia municipal los burdeles oficiales, locales registrados con un control sanitario. 5 Las distintas enfermedades venéreas: sífilis, gonorrea, etc... generaron auténticos estragos entre los varones comprendidos en edades productivas, tanto desde el punto de vista económico como reproductivo. 6 En el caso concreto de Cuba, esta situación sanitaria se agravó con el continuo número de conflictos armados entre los ejércitos españoles e independentistas en la segunda mitad del XIX. Este problema cobró mayor relevancia en las ciudades, que se caracterizaron siempre por una abrumadora mayoría de población masculina. A ello coadyuvó la situación de la isla y el papel dado a ésta por la Corona española. El movimiento continuo de inmigrantes, soldados y marineros, propio de toda ciudad portuaria -sobre todo en una ciudad de tan alto volumen comercial e importancia como La Habana-originó indefectiblemente una ingente presencia de hombres en estado de soltería y la consiguiente demanda de sexo femenino. Todo ello confirma la opinión de Moreno Fraginals de que este negocio de la prostitución de negras y mulatas esclavas y también libres, llegó a sus más altas cotas hacia la mitad del siglo XIX, cuando hubo que agrupar a las gentes de ese oficio en tres, luego en cuatro y hacia 1888 en cinco demarcaciones de la ciudad de La Habana. 7 Tenemos noticias de que en un principio muchas casas de prostitución servían de casas de juego y salón de bailes. A mediados del siglo XIX existían zonas concretas de prostitución, aunque no tenemos la certeza de si estaban localizadas en un barrio específico.8 En 1865, el gobernador político pone de manifiesto las órdenes vigentes a este respecto en ese momento: que no se abran casas públicas a no ser en los puntos designados y que no se traspasen los existentes.9 En 1873, se puede decir que no existe un único barrio, es más, diremos que toda La Habana Vieja es un gran centro de prostitución. Para intentar paliar de algún modo esta situación, se establece una normativa que regule las casas toleradas y su estructura física. Así el artículo 20 del Reglamento de 1873 estipula que las amas y prostitutas habitarán los pisos altos. 10 Como es de suponer estas normativas tienen poca repercusión y en los siguientes reglamentos se intenta perfeccionarlas. Ese mismo año -1873-el gobernador político Pérez de la Riva, ordena que en vista del crecido número de prostitutas existentes en la ciudad "por las naturales causas de la guerra", se inscriban con objeto de allegar una cuota para cubrir los gastos originados por la creación de una plaza de médico higienista y una sección especial administrativa. En junio se abrió, en el que fuera hospital de niños pobres de San José, el denominado "Hospital de Higiene" y se dictó el llamado Reglamento especial de Higiene Pública. 11 Los objetivos generales de la Sección Especial de Higiene Pública eran prevenir y evitar los malos efectos de la prostitución, disminuyendo ésta en lo posible, para que no se molestase a la "moral pública". Esta sección dependería de la Secretaría del Gobierno Político y sus funciones eran llevar un registro de las prostitutas y recaudar impuestos que se les cobrarían para su cuidado y atención médica; asimismo, los libros de entradas y salidas de las enfermas del hospital de San Francisco de Paula y el registro de las multas. Por supuesto, los reglamentos contenían muchos más puntos que la mera supervisión sanitaria. Para la "autoridad" era necesario un cierto control del tiempo de revisión y una reglamentación de movimientos de las prostitutas, su localización; así, buena parte del interés radicaba en dirigir la prostitución dentro de lo que se denominaba un cierto "orden moral", que permitiese regular los usos y costumbres de estas mujeres hasta en los más mínimos detalles, para que fueran fácilmente identificables y no confundirlas con las "honradas". Pero el incremento de enfermos venéreos en determinados períodos, la falta de prostitutas registradas en el hospital y los sucesivos reglamentos -como los formados por el doctor Claudio Delgado o el mandado elabo-10 Reglamento especial de Higiene Pública. 11 Gullón Abao, Alberto J.: "Un acercamiento a la prostitución cubana de fines del Siglo XIX". Comunicación presentada al Congreso internacional La nación soñada: Cuba, Puerto Rico y Filipinas ante el 98. CRÓNICA ILUSTRADA DE LA PROSTITUCIÓN EN LA CUBA DEL XIX rar por el gobernador civil Francisco Cassa-ponen de manifiesto los graves problemas que suscitaba el sistema, aunque se consiguiera una cierta eficacia. A ello hay que unir que no todas las prostitutas estaban regladas; existían las que ejercían el oficio sin ningún control o ilegales. Estas últimas indiscutiblemente eran mucho más numerosas que las que se ajustaban a ley. Las razones hemos de buscarlas entre otras causas en motivos económicos, considerandos médicos, etc., impedimentos que, de alguna manera, influían para que no se registrasen en los libros. Las fuentes para el estudio de las ilegales son difíciles de detectar y escasas, y la poca información que hemos obtenido hasta ahora es indirecta, a través de algún que otro pleito o informadores de la época. En el censo de burdeles y prostitutas, según el color, hecho en La Habana en 1869, encontramos un total de 498 prostitutas. 12 De ellas, pardas eran 19 y negras 27, lo que supone un 9% del total, cifra realmente reducida. Un observador de la época informa que la prostitución pública estaba constituida por una clase de mujeres blancas inmigrantes, arrojadas aquí como desechos de los puertos de Costa Firme, Repúblicas americanas y Canarias; y mujeres de color acomodadas por los amos que posteriormente vinieron a menos, 13 salvaguardando el autor, la pureza de las cubanas blancas. Claro que si se analiza su procedencia geográfica tomando como referencia las meretrices que fueron asistidas en el Hospital de la Higiene en varios años, se puede matizar lo anterior. Si estudiamos los porcentajes entre las prostitutas de color y las blancas observamos que, al menos dentro del submundo que supone la prostitución reglada, son las blancas las que tienen mayor porcentaje, aunque con un claro declive que va desde el 76,1 % en 1873 hasta el 56,8 % en 1887. Esto se podría explicar por la relativa facilidad con que muchos jóvenes blancos de la Isla se iniciaban sexualmente con las mujeres del servicio doméstico, generalmente pardas, mulatas o negras, lo que hacía difícil que se pagara para "disfrutar de ellas". Pero la presencia de hombres blancos venidos de España, que suponemos veían algo exótico en las negras y mulatas, debió aumentar la demanda de las meretrices de color. Además, podríamos afirmar que la gran mayoría de ilegales eran de color (mulatas) y las autoridades vigilaban más a las blancas por una cuestión de un cierto "orden moral", herencia sin duda del régimen esclavista. Ahora bien, datos obtenidos de 1899, nos informan que de 214 clandestinas atendidas en los servicios sanitarios, el 42,5 % eran blancas, mientras que las "mestizas" suponían el 28,7% y las negras el 28,5%. 14 Estos datos podrían hacer dudar de la afirmación que anteriormente hacíamos sobre que la mayoría de las ilegales eran de color (entendiendo esto como legalmente de color, que no por la tintura de la piel), aunque sospechamos que lo cierto es que existía un mayor control de las blancas por razones de "moralidad y orden social"; 15 mientras que pardas y mulatas ejercían su trabajo de manera encubierta, fuera del control en la mayoría de los casos de amas o alcahuetas, y posiblemente a título particular, una vez que habían fracasado sus intentos de "blanquearse" casándose o amancebándose con algún criollo o penínsular blanco. En torno a la vida y profesión de estas mujeres de color establecemos el objeto del presente estudio. 14 Alfonso, Ramón María: La prostitución en Cuba. Las "marquillas" tabaqueras y la imagen popularizada de un determinismo social En una reciente visita a la Biblioteca Nacional José Martí en La Habana, pudimos comprobar la existencia de miles de estas marquillas de las que una gran parte al menos, están encuadernadas, como después constatamos en tres voluminosos cuadernos titulados "Álbum de cromos". 16 Ya existe, al menos, publicado un precioso catálogo,17 que viene a ser una primera aproximación a un inventario y una sistematización de estas joyas litográficas contextualizadas en la historia cubana del XIX muy unidas, como es claro, al tabaco. Hay autores que ya han hecho referencia a estas "pequeñas obras de arte", aunque haya sido sólo poniendo hincapié en el interés documental de esas "tiras dibujadas" que suponen "una riqueza incalculable como documentación. Ligeras, agudas y eminentemente populares, estas estampas constituyen un legado cuya importancia sobrepasa su intrínseco valor pictórico". 18 En definitiva, es lo que nosotros, líneas arriba, hemos afirmado como excelente valor de cara al análisis histórico de la sociedad que generó dichas estampas. Estas marquillas describen una enorme variedad de temas. Su estructura básica consiste en una escena central con un pie de comentario rodeada por una serie de alegorías referentes -en la mayoría de los casos-al motivo central de la serie o al nombre y excelencias de la fábrica de tabaco que las manda imprimir. No es momento de analizar los diferentes temas de que tratan estas series. Baste decir que van desde los "almanaques del año 1866" hasta "historia santa"; desde "galerías de soberanos" hasta los "uniformes de los voluntarios españoles en Cuba"; desde colecciones culturales como "alfabeto zoológico" al "ornitológico"; desde los paisajes de Europa a los de Cuba; desde la seriedad de los personajes de la "corte del Papa" a la socarronería, crítica mordaz y excelentes caricaturas de "cosas de La Ha-bana". Atendiendo a los criterios de mordacidad e ingenio de los autores de las viñetas, destacan por sí mismas las frases que se situan al pie de las escenas. En cuanto a las fabricas más afamadas en este tipo de adorno para sus mercancías, sobresalen: "La Honradez", que reza en subtítulo: "Los hechos me justificarán", certificando a continuación que son proveedores de la Casa Real de España y de los Reyes de Portugal, y transcribiendo después su dirección comercial: Calle Cuba, núms. "La Real fabrica de Eduardo Guilló", que en los adornos alegóricos explica sus premios y que es proveedora de S.M. Su dirección en Calle de los Oficios, n.o 23, y "La Charanga de Villegas" subtitulada "de lo bueno lo mejor", Llaguno y compañía, Calle O ́Reilly, n.o 9 1/2. El destino de la mulata o la plasmación gráfica de un mito En las historias que vamos a describir, no aparece de forma evidente el oficio que venimos describiendo; es claro que a esas alturas del siglo no se podía hablar de tamaño problema sin más. Una sociedad como la cubana respiraba aún suficiente grado de tradicionalismo religioso y de conservadurismo moral, que sabía aplicar perfectamente a la salvaguarda de las formas. Ante esa "imperceptible represión", las manifestaciones populares buscan transgredir la vigilancia y con una interesante picardía e ingenio, saben plasmar una serie de mensajes "aparentemente ocultos" pero, en realidad muy claros para la sociedad a la que van dirigidos. En consecuencia, "la mulata" que nos aparece no es la prostituta convencional que conocemos, aunque lo que le rodea (los personajes), sus ademanes, sus gestos y actividades están claramente definidos y catalogados como los de aquella mujer que trafica con su sexo. Todas las fabricas de tabaco dedicaron algunas de sus colecciones a narrar la historia entre moralizante, crítica e irónica, de la vida, destino y fin de la mulata. Casi todas las series tienen la misma estructura, aunque cambia lógicamente su textura según el autor y las alegorías que enmarcan la viñeta central y sobre todo el título general de la historieta. Citando las tres casas comerciales de las que hemos hablado, podemos describir algunas características de cada serie. "La Charanga de Villegas" -quizás la más completa-reúne una serie de 15 viñetas numeradas, rodeadas de CRÓNICA ILUSTRADA DE LA PROSTITUCIÓN EN LA CUBA DEL XIX una recargada cenefa de alegorías de personajes (músicos) que hacen referencia al nombre comercial. La historia recibe el título de Vida y muerte de la Mulata. La primera viñeta, representa a la puerta de una cantina un comerciante sentado y fumando apaciblemente, quizá vigilando su negocio, o bien al pie de la barra mostrador en donde es posible esté tomando alguna bebida; el mencionado personaje alarga su brazo y da dinero a una mujer de color. El pie de la ilustración reza así: El que siembra coje. No cabe duda que, de forma aislada, la imagen puede ser un tanto ambigua, pero si vemos toda la secuencia, y sobre todo la segunda viñeta, la referencia es clara: el personaje masculino está ganándose, o pagando, los favores, inequívocamente sexuales, de la mujer negra. En el segundo cromo, aparece el mismo señor, ya vestido con ropa de paseo y bastante elegante -lo cual denota el status social del mismo (comerciante)-en la casa de la mujer negra que, con los pechos al aire, muestra un evidente embarazo, al que hace referencia el pie de texto: No es muy grata la cosecha. En la tercera viñeta, aparece la mujer de color con un bebé en brazos y una mulatica de la mano, pasando por delante de la taberna (negocio) del mismo señor, que está en el quicio de la puerta, presenciando cómo la niña se dirige a un chaval que la mira, no sabemos si incitándole a jugar o ya con la malicia insinuadora que ha aprendido en la casa materna, pues el texto reza: Promete óptimos frutos. En las siguientes viñetas se narran las actividades de la mulatica, ya mujer exuberante, vestida de forma "provocativa" y con modales y actitudes del mismo tono. Pero es interesante un cierto matiz de ilusión de la mujer, que cree en las buenas intenciones del caballero que la va a sacar de su status social, soñando que se cumpla ese deseo; pues en cuarta viñeta de la serie, el amante dice: Si me amas serás feliz. La mulata, ilusionada por esa esperanza, en la viñeta siguiente huye de su choza y del ambiente en el que había nacido: Una retirada a tiempo. Ya en una casa más lujosa mirándose al espejo, vestida con un ceñido corsé, se autoconvence: Mi querido dice tenga esperanza. En las siguientes imágenes la mulatica se regodea y se convence de su belleza que le sirve para que los hombres la sigan, la rodeen de atenciones en el baile, en las fiestas, etc. No obstante, ya en la viñeta número once, las cosas empiezan a cambiar: Vientos de proa, la belleza se marchita y vemos a la mulatica en la calle con una botella en la mano y, desgreñada, acaparando la atención de un hombre, pero ahora ese hombre es de color y su profesión es de cochero: ¿Caridad quieres mecha?... En la siguiente es llevada presa por un guardia civil: El castigo. Con el texto de Las consecuencias, aparece en la viñeta número catorce la imagen de una sala de hospital llena de camas con mulatas enfermas, y por último en la número quince, una carreta funeraria de color negro y el inequívoco texto: Fin de todo placer. Imagen que cobra un marcado carácter por su contraste con la de una mujer blanca que cruza la calle, parece que viniendo de oír misa, pues lleva un velo puesto. Otra de las series sobre el tema recibe el nombre de Historia de la Mulata, de la casa "Real fabrica de Eduardo Guilló". Esta historieta sigue casi idéntica estructura que la anterior; pero en ella destaca una viñeta central de mayor tamaño y más clara en su textura gráfica, en la que se aprecia más nítidamente el entorno que rodea a los personajes. En la serie se ve, primero, a unos caballeros que delante de una bodega -la del Gabilánadornada con todo detalle, regalan y cortejan a una joven negra. Al pie se lee: Escuela de primeras letras. En la siguiente un marinero compra a una CRÓNICA ILUSTRADA DE LA PROSTITUCIÓN EN LA CUBA DEL XIX Tomo LIV, 1, 1997 negra uno de los frutos que ésta lleva en una tabla sobre la cabeza: Poner los medios para conseguir los fines. Viñeta, como la de la serie anterior, inocente en su apariencia, si no fuera por la que le sigue, en la que la misma negra aparece delante de un comercio visiblemente embarazada: Percances del oficio. En otra estampa la negra, con la mulata de la mano, exige al marinero, en la puerta de su choza frente a la bahía, dinero, parece que para mantener a la hijita de ambos: Ataque directo al bolsillo; como queriendo ejemplificar que aquella relación tiene consecuencias un tanto incómodas para el bolsillo del marino. Enseguida, la mulata aparece siendo regalada y mantenida por un caballero en una suntuosa casa: El palomo y la gabilana. En la siguiente ese "palomo" (chulo), recoge el dinero que un burgués acomodado le da a la mulatica. Finalmente, viñetas después, esa mulata rodeada de miseria, lava la ropa rodeada de cuatro hijos: Algunos polvos traen estos lodos. Finaliza la serie con la inequívoca tétrica imagen de la muerte. Otro tanto ocurre en la serie La vida de la Mulata, de la Fabrica "La Honradez". Tiene esta serie unos colores más oscuros y fuertes y un marcado carácter caricaturesco en sus personajes. En ella se narra la vida de la mulata desde su nacimiento de una negra criada y un padre blanco, pasando por la vida alegre y regalada por piropos de los caballeros en el paseo: Dios te guarde, sabrosona; hasta que ya muy desmejorada, ajada, con un cigarro en su mano y sin ningún atractivo físico, un calesero negro le dice: Ya tu ni chicha ni limoná. Termina la historieta con la mulata moribunda en una camilla portada por cuatro negros que la conducen al hospital. En otras historietas seriadas pero de temas monográficos distintos al tratado, existen una serie de marquillas sueltas con un claro matiz erótico, de muy diferente factura y de fábricas distintas, en las que se nos dan pinceladas de la relación erótica entre mulatos/as y blancos/as, o entre personajes de la misma raza y distinto sexo, casi siempre negros. Es el caso de la viñeta de la "Fábrica de E. Guilló" en la que un comerciante a la puerta de su negocio y fumando displicentemente se dirige a una mulata, que se "pavonea" delante de él y que le contesta: Ay D. José no me diga eso. O aquella otra de "La Honradez", que en su serie "cosas de La Habana" tiene una viñeta, en la que una señora sentada en quitrín, y que parece estar sobre las piernas de un varón con sombrero de copa (particularmente creemos puede ser el cochero de color), que muy afanado, a juzgar por la posición, está sometiendo a la dama a ciertas prácticas que podemos imaginar cuando ésta se queja diciendo: Avemaría Pancrasio; me vas machucando todo el vestido. Desde luego el carácter caricaturesco y burlón sobre los usos y costumbres habaneros, se muestra en esta colección de forma estentórea. Otras marquillas nos ilustran sobre el engaño de las mulatas al hombre blanco. Un claro ejemplo es el que se ilustra en la estampilla de la "Fábrica de Eduardo Guilló" en la que, en un baile de salón -quizás un baile de máscaras-unos caballeros de la alta sociedad colonial (lo deducimos por su atuendo) bailan con mujeres de color que llevan un antifaz y cuyo pie reza: Aquí se vende gato por liebre, haciendo referencia clara al problema de la mulata clara pero con una "raza legal" negra. Por último, traemos a colación el caso de aquellas marquillas que sin ninguna ambigüedad en la imagen, pero quizá sí en el texto, manifiestan en toda su gravedad el triste destino a que se ven abocadas estas mujeres: la prostitución. En una marquilla de la "Fábrica E. Guilló", se ve un soldado que sale vistiéndose de la casa de una "semi desnuda" mujer negra que, alargando la mano y con un rictus de tristeza, parece que le está exigiendo el precio de sus "favores": Depué que comite la papa salá. El escenario y los personajes Nuestro interés por estos "cromitos" es doble. En primer lugar porque muestran sin tapujos aparentes y con un gran realismo, una truculenta, aunque moralizante historia que, si aparece en ellos, es porque está inserta en la vida cotidiana de la sociedad de Cuba y es el reflejo de un problema que abruma a esa sociedad, o al menos a las autoridades: El de una "prostitución" no reglada o incontrolada, a la que se dedican con bastante frecuencia gran número de mulatas. En segundo lugar porque las escenas plasmadas nos dicen mucho de esa sociedad, nos hablan de las gentes implicadas, nos señalan unos marcos habitables, un entorno social, unos utensilios, unos ambientes íntimos y a veces públicos, etc. En las diferentes historietas que hemos citado, destacan una serie de factores específicos que merece la pena resaltar porque, a pesar de ser aspectos que generalmente se repiten en todo tiempo y lugar, merecen ser rescatados ya que interesa ver cómo se plasman y concretan en una sociedad como la cubana y en un momento dado, la segunda mitad del siglo XIX. JUAN ANDREO GARCÍA Y ALBERTO JOSÉ GULLÓN ABAO Lo primero que apreciamos es el reflejo de una cultura eminentemente urbana. En las "vidas de la mulata" no aparece un ambiente propiamente rural, no aparece la mulata en los ingenios o en la manigua; el escenario es una zona de arrabal, extramuros o cercana al puerto pero siempre en los entornos de la ciudad, donde se inicia el principio de la historia; luego conforme la mulata gana encantos y se hace adulta, el escenario pasa a ser el centro urbano, o por lo menos la parte más cuidada donde viven criollos blancos y penínsulares: jardines, salones de baile, teatros, incluso casas bastante acomodadas y lujosas; para terminar de nuevo en esos escenarios un tanto tenebrosos y arrabaleros de las callejas del extrarradio y en los hospitales de pobres. Es obvio, que la relación entre los distintos personajes de la historieta queda establecida por los dos ejes de raza y clase; a partir de esas coordenadas podemos estudiar el mundo que rodea la vida de estas mulatas. Nosotros, por mera cuestión de orden, vamos a estructurar los personajes según el sexo. La mujer negra esclava o sirvienta manumitida, que vive en las zonas urbanas más deprimidas, cercanas casi siempre al puerto (La Habana), en una choza, responde perfectamente a la descripción que de ella hace una viajera del siglo XIX por la Isla de Cuba: "La mujer se da poco al público; sólo las negras se pasean por todas las partes con los hombros y el pecho descubiertos, con un cigarro en la boca y echando torrentes de humo; se sientan en las puertas de las casas y juegan con el niño/a blanco que llevan en los brazos". 19 Esta mujer, a lo largo de la historieta, desarrolla un papel muy parecido al del "ama" de un burdel. Como su relación con el blanco no le sirve mucho en sus aspiraciones y deseos, se da a entender en algunas viñetas que es la "incitadora" o "iniciadora" de su hija para que utilice sus "encantos" a fin de lograr lo que ella no pudo: dinero, comodidad y huida del submundo en el que ha nacido. 19 Merlín, Condesa de: Viaje a La Habana. Es evidente que la Condesa de Merlín no investigó más sobre ese niño/a blanco/a, es muy probable que fuese mulato/a. CRÓNICA ILUSTRADA DE LA PROSTITUCIÓN EN LA CUBA DEL XIX El personaje del ama no aparece de manera clara en las litografías, pero su existencia es evidente. Se trataba, en la mayoría de los casos, de antiguas prostitutas que sacaban licencias de apertura de casas toleradas con el capital que habían ahorrado en su juventud; ellas serán las interlocutoras válidas con la autoridad; "matrona isleña de aspecto hombruno, polisarcica, con voz ronca y en cada mano, ahorcando sus dedos achorizados, ostentaba un verdadero capital de sortijas de gruesos diamantes entre alguna que otra tumbaga". 20 No sólo controlaban a sus pupilas, sino que también las sancionaban, pues los reglamentos les otorgaban un poder del que resultaba casi imposible escapar. Con todo, opinamos que esta situación varió en el período republicano al controlar los "chulos" -integrados en las redes internacionales de prostitución-las casas de lenocinio, transformándose las amas -que en ocasiones son las favoritas de los souteneuren gestoras de las casas bajo sus dominios. 21 Las amas eran las responsables y encargadas de controlar cualquier escándalo de la casa; tenían que llevar a las pupilas al Hospital de la higiene; acreditarlas a la hora del registro en el censo de prostitutas; encargarse de que las meretrices estuvieran a las horas dispuestas para el reconocimiento médico; controlar que vistieran con decoro y no llamaran la atención a los hombres desde los balcones o ventanas, así como las entradas y salidas de sus pupilas; informar a la policía de quienes pernoctaban durante tres días en el mismo local; etc. El reglamento de 1892, confirma muchas de nuestras sospechas acerca del poder leonino que el ama ejercía sobre sus pupilas;22 así, a través de las prohibiciones que se establecieron para evitar los abusos de las amas, descubrimos que existía un absoluto control sobre la posibilidad de cambiar de domicilio libremente por parte de las pupilas, reteniéndolas por supuestas deudas de ropas y mobiliario que, en numerosos casos, les había sido vendido directamente por el ama a altos precios. Eran corrientes las injurias y los malos tratos, para establecer un cierto orden y evitar las "fugas"; también se les prohibía salir de las casas y fomentaban el lesbianismo como forma de control entre las pupilas para tratar de evitar el poder indirecto que ejercían los chulos sobre ellas. 23 Fue frecuente que los celadores de Higiene, entendiéndose con las amas de casa, alterasen fraudulentamente las órdenes de los inspectores médicos a cambio de dinero o favores sexuales de las pupilas. Las bajas por enfermedad se archivaban en la sección de Higiene por la influencia de las "amas generosas y espléndidas en el arte del soborno"; 24 y se llegó a culpar a los celadores, en 1878, de la ingente subida de prostitutas no reguladas "quizás por obedecer a la antigua máxima que el silencio es de oro". Capel describe a otras mujeres mayores, casi siempre españolas, que pululaban en torno a ese oficio y que eran las llamadas alcahuetas, destinadas a captar la atención de jóvenes entre 13 y 16 años que andaban por las calles y a las que se les ofrecía alojamiento inmediato en casas, pensiones y residencias que eran prostíbulos o lugares de trata encubiertos. Por último, el tercer personaje femenino de nuestra historia, es el sujeto de nuestro estudio: la mulata. Esta mujer es el centro de lo que llevamos dicho y lo que diremos a lo largo de este trabajo. Por eso no nos detenemos en ella en esta enumeración. El hombre blanco, casi siempre comerciante o marinero, es el primero que aparece en relación con la mujer negra. En viñetas posteriores se muestra como el fruto de esa relación, la mulata, se ve acosada y cortejada por varones de una clase social más acomodada: criollos o peninsulares hijos de hacendados, los hacendados mismos o personas acaudaladas con un nivel de vida superior al del simple comerciante. Finalmente, la mulata vuelve a sus orígenes (de donde no debía haber salido), a relacionarse con gentes de su propia raza, negros o mulatos. También están los proxenetas que usan anuncios en los periódicos o se valen de agentes teatrales, agencias de colocación y dueños de restaurantes para captar a las jóvenes bajo falsas promesas. En el caso cubano encontramos a algunos jóvenes mancebos que aspiran a hacerse con el capital que supone el ahorro de las prostitutas, para establecer pequeños negocios. Y cómo no, los chulos que, tras fingir amores apasionados con ellas, obtienen los pocos beneficios de su trabajo, tratándolas en numerosos casos con extrema dureza, cuando no les dan lo que ellos creen que han obtenido. El gobernador político al comisario del primer distrito sobre el poco efecto que producen las multas. CRÓNICA ILUSTRADA DE LA PROSTITUCIÓN EN LA CUBA DEL XIX Junto a ellos, toda una pléyade de comerciantes o dueños de los inmuebles, que se aprovechan de las meretrices cobrándoles precios abusivos por los productos o las residencias que usan para trabajar, sin las más mínimas condiciones de habitabilidad.25 A modo de conclusiones: ¿Qué se refleja en las litografías? A la luz de la conjunción de los datos ofrecidos por estas fuentes gráficas y de los que ya poseemos -obtenidos de otras más convencionalespodemos establecer una serie de reflexiones y conclusiones que, si no son originales, sí intentan una aproximación al entendimiento del problema de la prostitución en Cuba que, como decimos, presenta caracteres específicos provenientes de su relación íntima con el "mito sexual" de la mulata. Casi siempre son los mismos factores los que conducen a la mujer al ejercicio de la prostitución. Ahora bien, en el caso cubano observamos una variante con respecto a otros paises: la presencia de la mulata o la negra a la que, además, se desprecia o se la considera en un escalón social bajísimo como fruto de un racismo implícito y explícito. Los sectores más racistas de la isla sostienen que los cruzamientos étnicos producen una clara degradación de la raza, apoyados en criterios médicos y antropológicos. 26 Esto genera entre determinados sectores de la población la creencia en la propensión de las mulatas a caer en la prostitución por estar entre dos mundos: "el blanco, al que aspiran llegar y el negro del que son y al que la sociedad que les rodea les hace detestar". Ello facilita que, al ser abandonadas por el hombre blanco, pasen a engrosar las listas de meretrices. Es evidente que estos discursos sobre la inferioridad genética de la raza de color, según Verena Stolcke, enmascaran las raices socio-económicas y políticas de la desigualdad social. 27 Si tenemos que hablar de causas de la prostitución de la mujer negra y de la mulata, la más esgrimida por los autores para la entrada en ese mundo de las negras y mulatas es el concubinato. Los datos que tenemos para 1899 nos informan que en la provincia de La Habana existían unas 9.605 parejas de color amancebadas mientras que blancas eran unas 3.881, lo que indica que, cuando menos, era una práctica muy extendida en la isla y, desde luego, no exclusiva de una raza o color. Sin embargo las representaciones gráficas de la época, como hemos visto, reflejan el predominio de la raza negra. En segundo lugar, esta "evidencia" de la inferioridad genética de la raza negra se une a la percepción secular y machista, del papel tutelar del varón sobre la mujer. En buena medida, el destino de la mujer era someterse a la salvaguarda de una serie de valores que se le inculcaban claramente en la educación que recibía, tanto en la familia como en la escuela. 28 Ello sin contar con que el número de mujeres escolarizadas debía ser reducido y que existía un alto nivel de analfabetismo generalizado entre los grupos más desfavorecidos, que afectaría sobre todo a las mujeres y especialmente a las de color. Incluso se llega a dudar en algunos informes, de claro matiz racista, sobre si las mujeres de color tenían capacidad: "...esos cerebros tan imbuidos de supersticiones de todos géneros (de que) pudieran brotar alguna idea civilizadora". Por último tenemos el hecho de que los trabajos que tradicionalmente desarrollaban mulatas y negras, sobre todo en el servicio doméstico, justificaba que pronto entraran en relación con el hombre blanco. La sociedad cubana acepta sin ambages la "historia de la mulata", incluso no la oculta; plasma, dejando abiertas numerosas posibilidades de interpretación (moralizante, ejemplarizante, simplemente irónica o por puro afán pornográfico), la dedicación a una profesión o a una forma de vida a la que, de manera inequívoca, había un sector de la sociedad que estaba abocado. Este hecho se puede comprobar perfectamente a través de la opinión de la Sociedad Económica de Cuba: "El cresido número de estas (niñas pardas y morenas) y de cuyo abandono en sus primeros años, viene la mayor parte de las desdichas, que nos rodean. Su pobresa, y ociosidad continua quando han llegado a ser mugeres, y el poco, o ningún honor, que su mismo nacimiento les inspira, son la causa de que muchos hombres, de todas clases. falten a sus deveres los mas sagrados, que la juventud se desrregle demaciado 28 Rodríguez Rodríguez, Aurea Verónica: "Bosquejo histórico de la enseñanza primaria en la Isla de Cuba: 1790-1868". Provencio Garrigos, Lucía: "Un claroscuro ilustrado: mujer y educación en la Cuba de principios del siglo XIX". En Actas del Congreso Internacional de Historia de la Familia. Una nueva perspectiva sobre la sociedad Europea. CRÓNICA ILUSTRADA DE LA PROSTITUCIÓN EN LA CUBA DEL XIX temprano (...) y quando el lustre de los pocos años falta, a causas de sus propios desarreglos o de una edad mas adelantada, les queda el recurso de ser terceras de otras que empiesan...". 29 Estas palabras, escritas en 1788, vienen a confirmar el mito de la mulata como supremo objeto sexual. Y concuerdan con la autorizada opinión de Moreno Fraginals: "La mulata es idealizada muy pronto y hasta hoy, como el supremo ideal del animal sexual. Su educación como cebo de hombres y la utilización del sexo como vía de mejoramiento social y económico, generan la existencia de uniones más o menos permanentes, no legitimadas. La mulata era con quien el señorito "estrenaba" su vida sexual. A ellas no se les exigía amor, ni siquiera fidelidad. Ella, despreciada como raza, pero apetecida como leyenda sexual, perfeccionó sus dotes femeninas e hizo profesión perfecta del sexo, como catapulta para erguirse sobre la miseria y el desprecio". 30 La mulata es esa mujer que, por el color de su piel, aspira a desclasarse, o mejor, salir de la oscuridad profunda a que la sociedad esclavista y racista ha sometido a las gentes de color; su tez clara es la ocasión para abandonar ese estrecho túnel; sus armas son su cuerpo y su belleza y su oficio la prostitución, más o menos encubierta, pero prostitución al fin. Parece que, indefectiblemente, la vida de la mulata estaba destinada a desempeñar el papel al que la sociedad la sometía. Veamos el pasaje narrado por Walter Goodman en su estancia en Cuba, en el que una mulata clara, Herminia, le confiesa sus cuitas. Herminia pregunta a Tunicú sobre qué hacer de la proposición al matrimonio de un negro y Tunicú le contesta: "Eres demasiado bella y refinada para el hijo de un negro. Cuando te cases, Herminia mia, debes de hacerlo con alguien que tenga mejores antecedentes". Herminia le pregunta: "¿Crees posible que yo alguna vez me case tan bien como tú deseas?"; sin mirarla, como ocultando lo que piensa, le contesta "¿Por qué no va a casarse bien mi Herminia? Si ella es joven, bella, bien educada", Herminia, siguiendo la escena y como hablando de una tercera persona, contesta entre sollozos: "¡...e hija de una esclava!". Estracto de las juntas celebradas por la Sociedad Económica de Cuba en el año de 1788. Agradecemos a la licenciada Provencio Garrigós el habernos permitido la utilización de alguna de la documentación que está consultando para la confección de su tesis doctoral sobre educación y mujer en la Cuba del Siglo XIX, en concreto nos ha pasado fotocopia del documento que acabamos de citar. 31 Goodman, Walter: Un Artista en Cuba. JUAN ANDREO GARCÍA Y ALBERTO JOSÉ GULLÓN ABAO Desde luego opinamos con Jean Lamore que el mito de la mulata (mujer fácil y mujer de perdición) no es más que una máscara que esconde la realidad de una sociedad que coarta y determina un papel muy concreto por miedo a perder sus privilegios. O lo que Verena Stolcke llama miedo a la "africanización de Cuba". 32 Eso es precisamente lo que se ve en las marquillas. Ellas inconscientemente, creemos, reflejan una situación de facto asumida por la sociedad que las dio a luz y que, además, opinaba en palabras de un coetáneo lo siguiente: "sin estímulos eficaces para ser honrada, sin el freno de la opinión, que la condena inexorablememnte antes de haber delinquido, su horóscopo la lleva forzosamente a la La mulata se casa en nuestros paises en raras ocasiones, pues no varía su destino con el matrimonio. Su condición, como esposa legítima del mulato, es la misma que de torpe manceba. Ni de un modo ni de otro sale de la inferioridad y abyección a que nuestras preocupaciones la reducen. Ingenua, libertina, o sierva, sucumbe facilmente a las primeras insinuaciones aduladoras que le dirigen....ya en las "cunas" de Guanabacoa, ya en los salones del Louvre, y sucumbe sucesivamente a dos, a tres, y a más, interin no se marchiten sus atractivos...Nunca frisa en los diez y seis abriles sin rendirse...lo común es que...sumida en el lodo inmundo de la concupiscencia, la entierren pobre y joven a los ocho dias de haber bailado una noche entera". 33 32 Stolcke: Racismo y sexualidad..., pág. 60 33 Ezponceda, Eduardo: La mulata, estudio filológico, social y jurídico. Citado por Jean Lamore. ed.: "Introducción" a la obra de Cirilo Villaverde: Cecilia Valdés o la loma del Angel. El presente artículo debe mucho, precisamente al profesor Lamore, a la luz de largas conversaciones en lugares como Santiago de Cuba, Leipzig o Cartagena de Levante, y por supuesto trás la lectura de algunas de sus obras, hemos empezado a comprender, siquiera un poco, el fascinante mundo de esa sociedad mestiza que ha dado un fenómeno tan extraordinario como el de la mulatez.
Los violentos sucesos supusieron el inicio de un cambio sustantivo en la correlación de las fuerzas sociales y políticas del Ecuador de los años 20; anunciaron el debilitamiento e inmediato final del régimen liberal que, sostenido por la oligarquía cacaotera de la costa ecuatoriana, se había mantenido en el poder desde 1895, a la par que significaron el comienzo de la presencia efectiva de nuevos actores sociales en la escena nacional. Sin embargo, por sus dimensiones de sacrificio popular y rebeldía ante el Estado, los sucesos han venido representando un auténtico hito fundacional para el movimiento obrero ecuatoriano, motivo que ha propiciado que esta perspectiva haya sido la predominante en la historiografía sobre el tema. En el presente artículo se ofrece una visión que, rebasando los márgenes estrictamente obreros de la cuestión, expone toda la complejidad de este hecho social, frecuentemente obviada, a través de las diversas interrelaciones de los diferentes sectores sociopolíticos que en él participaron. * Este artículo es fruto de la investigación que vengo realizando sobre el regionalismo político en la costa ecuatoriana, tesis doctoral dirigida por la Dra. Pilar García Jordán, a quien agradezco sus valiosas sugerencias al presente trabajo. Igualmente, hago extensivo mi agradecimiento a todas aquellas personas que facilitaron mi labor en el Ecuador, especialmente a los bibliotecarios del Archivo- Entre 1895 y 1925 transcurrió en la historia del Ecuador un período que, políticamente, se caracterizó por el predominio liberal en las instituciones gubernamentales. Durante estos años, y ejerciendo el poder de manera hegemónica, el liberalismo puso en marcha un proyecto nacional que consolidó las hasta entonces endebles estructuras del Estado ecuatoriano, llevando a cabo una política tendente a la modernización del país. 1 La base económica del proyecto liberal descansaba en la producción y exportación de cacao,2 recurso controlado por la oligarquía agroexportadora de la costa ecuatoriana que, como grupo de poder y desde la ciudad de Guayaquil, impulsó y financió la llegada al poder del liberalismo y se erigió en el principal sostén de los gobiernos de la época. 3 La crisis económica desencadenada especialmente a raíz de la I Guerra Mundial, con la bajada de los precios internacionales del cacao,4 señala la decadencia de este proyecto. Las medidas gubernamentales, de corte monetarista,5 no solucionaron las causas estructurales del problema sino que tendieron a contemporizar la situación, manteniendo los márgenes de ganancia de la oligarquía cacaotera frente a otros grupos de poder, importadores e industriales principalmente, y afectando negativamente a la mayor parte de la población. El mantenimiento de esta línea política de actuación económica provocó continuadas protestas que buscaban restringir la influencia política y el predominio económico del grupo agroexportador costeño y que, en último término, auspiciaron la implantación de tenues medidas correctoras de escaso éxito que sirvieron para agudizar y generalizar la oposición al Estado. En 1922, el Gobierno del presidente José Luis Tamayo afrontaba una difícil situación, con la merma continua de las ganancias netas procedentes del cacao, sin alternativas económicas inmediatas y con el Estado fuertemente endeudado. 6 Al descontento de los grupos económicos contrarios a los agroexportadores se añadía la inquietud generalizada de los sectores más desfavorecidos de la sociedad que sufrían la amenaza del hambre. Bajo estas circunstancias, en el mes de noviembre tuvo lugar la Huelga General de Guayaquil, 7 iniciada como una acción puntual sindical frente a la crisis. En pocos días, la crispación y la extensión de las movilizaciones ofrecieron la oportunidad a todos los sectores sociales descontentos de presentar sus demandas ante el Estado desde una posición de fuerza, propiciando que el planteamiento original evolucionase hacia peticiones concretas contra la política económica gubernamental y contra el poder de los agroexportadores. La presión resultó efectiva y el Gobierno ejecutó las demandas en detrimento de la oligarquía cacaotera. Casi al mismo tiempo, ante la amenaza latente de la progresión de la huelga entre los sectores populares y el temor implícito a una revuelta generalizada en el país, se optó por cercenar el movimiento huelguístico y emprender una feroz represión militar que causó centenares de muertos. El retorno del control de la situación a manos del Gobierno marcó el final del conflicto. El grupo cacaotero cedía parcelas de poder mientras que el resto de los grupos económicos obtenían concesiones largamente demandadas y el movimiento sindical quedaba debilitado. El Gobierno, por su parte, emergía de la situación en una posición momentáneamente reforzada ante todos los grupos sociales que le permitiría agotar la legislatura pese a las dificultades. A lo largo del presente trabajo se mostrará cómo en la inicial lucha sindical confluyeron una variada gama de actores e intereses que desarro-7 Este hecho se ubica en Latinoamérica dentro de un período de auge de los movimientos sociales protagonizados por obreros que proliferaron en casi todos los países del área. Sin embargo y como se verá en el texto, la huelga de Guayaquil presentó unas características singulares que obligan a matizar su inclusión en esta dinámica general. En este sentido y para una contextualización detallada y sintética, véase Pinneo, R.: "Una reinterpretación de la agresividad obrera: el derrumbe de la economía del cacao y la huelga general de Guayaquil en 1922", Revista Ecuatoriana de Historia Económica, n.o 8, año IV, Quito, 1990, págs. 99-134. La bibliografía específica sobre el tema es extensa, en especial la realizada desde posiciones ideológicas de izquierdas. Parte de ella, por lo repetitivo de sus contenidos, errores de apreciación histórica o reiteración explicativa, no ha sido tenida en cuenta en este artículo, salvo para cuestiones muy puntuales; Aguirre, M.: La masacre del 15 de noviembre de 1922 y sus enseñanzas, Guayaquil, 1984; Albornoz Peralta, O.: "La masacre del 15 de Noviembre", en mismo autor: Historia del Movimiento Obrero Ecuatoriano, Quito, 1983, págs. 25-37; Frente Obrero Revolucionario: La lucha de clases en el Ecuador: las jornadas de noviembre de 1922, s.l., s.f. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 llaron un complejo juego de alianzas y enfrentamientos en torno a la dirección a seguir en la política económica del país. Por un lado, la Huelga General reveló la existencia de un movimiento obrero capaz de efectuar presiones políticas efectivas sobre temas de interés general, constituyéndose desde ese momento en un nuevo factor de poder explícito en la vida política nacional. Por otro lado, los diferentes grupos oligárquicos, que mantuvieron un tenso pulso entre sí y con el Estado con el clamor popular de fondo, buscaron imponer sus concepciones e intereses respectivos que, en esencia, contraponían a diferentes modelos de desenvolvimiento económico. La crisis del modelo agroexportador basado en un solo producto había mostrado la extrema vulnerabilidad de la economía nacional ante los vaivenes de los mercados internacionales. El mantenimiento del modelo y los márgenes de beneficio de los cacaoteros implicaron la adopción de medidas impopulares que perjudicaron el dinamismo del resto de los sectores económicos y agravaron la difícil situación general. Las medidas implantadas bajo la presión de la Huelga General, rompiendo la línea política favorable a la oligarquía cacaotera, supusieron el primer éxito de los demás grupos oligárquicos en su lucha frente a la supremacía económica y política de los agroexportadores costeños. Por último, el Gobierno de la Nación, como responsable directo de la política económica general, se debatió entre las presiones de ambas concepciones económicas, con la amenaza añadida de una revuelta popular. No podía oponerse directamente a sus principales aunque debilitados garantes, la oligarquía cacaotera, pero tampoco podía ignorar la presión de otros grupos oligárquicos ni obviar el clamor popular. Fruto de ello fue su doble papel de fino negociador e implacable represor en los acontecimientos. El Estado liberal, carcomido por su ya larga trayectoria política y golpeado en su base económica por la crisis del cacao, recibió con la Huelga General de Guayaquil la primera señal significativa de que su hegemonía comenzaba a tambalearse. A modo de crónica: la huelga general 8 El final del período de sesiones del Congreso de 1922 9 estuvo marcado por la polémica. Al descontento generado por el escaso resultado 8 Las fuentes utilizadas para elaborar este apartado han sido múltiples. Entre ellas cabe destacar: prensa, diarios El Guante y El Telégrafo de Guayaquil y El Comercio de Quito (publicaciones de tendencia ideológica y procedencia regional diferentes); obras de protagonistas de los sucesos, princi-MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ LEAL legislativo en cuanto a medidas efectivas para conjurar la crisis económica, se añadió el intento de promulgación de una ley que recortaba el alcance de la autonomía de gobierno de las universidades y que provocó a partir del 29 de septiembre las primeras protestas callejeras en Guayaquil. 10 En los primeros días de octubre se sucedieron las movilizaciones universitarias con diversos incidentes con la policía, concitando el apoyo de amplios sectores ciudadanos, entre ellos el de las asociaciones obreras, 11 hasta que el 4 de octubre el Congreso retiró el proyecto de ley que había originado el conflicto. Días después, tras este primer pulso exitoso con los poderes estatales, se iniciaría un nuevo conflicto de mayor alcance y resonancia. El 17 de octubre, los obreros ferroviarios de Durán, ciudad próxima a Guayaquil donde se encuentra la terminal de la línea de ferrocarril que une a esta ciudad con Quito, presentaron a la empresa que gestionaba el servicio, la Guayaquil and Quito Railway Company, una serie de peticiones laborapalmente Puig Vilazar, C.: "El sacrificio de un pueblo". Exposición de la FTRE sobre la actitud obrera en los meses de Octubre y Noviembre de Mil Novecientos Veintidos, Guayaquil, s.f. (reedición del folleto del mismo título incinerado en 1923 por orden del intendente de Policía del Guayas), y Capelo Cabello, A.: 15 de Noviembre de 1922. Una jornada sangrienta, Guayaquil, 1987 (1.a edición 1973); diversos informes ministeriales, mensajes presidenciales y manifiestos de las autoridades locales; e información contrastada procedente de tres estudios realizados desde perspectivas diferentes, Gándara, M.: La Semana Trágica de Guayaquil. Su importancia histórica y sus proyecciones, Guayaquil, 1978. Al margen de las anteriores y las citadas en la nota 7, otras obras destacables que abordan el tema son las de Martínez, P.: Guayaquil, noviembre de 1922. Política oligárquica e insurrección popular, Quito, 1988, quien contextualiza acertada, pero brevemente, la situación económica ofreciendo una detallada crónica de los acontecimientos; Ycaza, P.: Historia del movimiento obrero ecuatoriano, volúmen I, Quito, 1984, págs. 141-156; Páez, A.: El anarquismo en el Ecuador, Quito, 1988, págs. 51-72; y Pineo: "Una reinterpretación...". Igualmente es significativa la obra colectiva del Instituto Nacional de Formación Obrera y Campesina (INFOC), que contiene los recuerdos de antiguos dirigentes y participantes del movimiento obrero de esa época, El 15 de Noviembre y la fundación del socialismo relatados por sus protagonistas, 2 volúmenes, Quito, 1988; señalar que los lapsus de memoria y las reelaboraciones personales presentes en esta última obra obligan a su utilización cautelosa. 9 El Congreso ecuatoriano efectuaba sus sesiones en aquella época anualmente, durante un período laxo que abarcaba dos o tres meses a partir del 10 de Agosto de cada año. 10 Guayaquil se convirtió en la abanderada nacional del movimiento universitario. En Quito, los estudiantes abogaban por aceptar la ley y aprovechar los resquicios legales para sortearla aunque, finalmente, se sumarían a la postura guayaquileña; "El conflicto universitario", El Guante, n.o 4382, Guayaquil, 2/10/22, págs. 1-2; ibídem, n.o 4384, Guayaquil, 3/10/22, págs. 1-2. La respuesta de la compañía fue negativa y el día 19 se declararon en huelga. 12 La acción desde un principio contó con el apoyo de las asociaciones obreras de Guayaquil, que siguieron con atención el desarrollo de los acontecimientos. El interés principal radicaba no sólo en el principal adversario de los huelguistas, la poderosa compañía ferroviaria, sino en el papel que el propio Gobierno de la Nación jugaba en el conflicto como garante directo de los intereses de la empresa. 13 Al día siguiente, los obreros de otras estaciones ferroviarias secundaron la huelga y el transporte entre la región costera y la sierra quedó progresivamente paralizado, tanto por la negativa de los obreros a incorporarse al trabajo, como por la realización de pequeños actos de sabotaje que obstaculizaron el tráfico.14 El Gobierno intervino militarizando las estaciones y los convoyes, lo que permitió la salida de algunos trenes. Al mismo tiempo, las autoridades locales de Guayaquil ejercieron los primeros intentos de mediación, estériles por la postura intransigente de la compañía. 15 Mientras se mantenía este pulso, en Guayaquil crecía la expectación conforme pasaban los días. La recientemente constituída Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE) realizó una manifestación de apoyo el día 22,16 y numerosas organizaciones obreras recaudaron fondos de ayuda y publicaron llamamientos de solidaridad, buscando evitar que la empresa ferroviaria cubriese con desempleados los puestos de los huelguistas. Finalmente, la postura decidida de los huelguistas y la mediación de las autoridades ordenada por el Gobierno, 17 propiciaron que el día 26 el conflicto se resolviese favorablemente para los obreros al aceptar la compañía todas las demandas, 18 ante la satisfacción de las organizaciones obreras guayaquileñas. El interés y la energía desarrollados en el conflicto por la FTRE 19 contribuyeron a su consolidación y diversos colectivos obreros comenzaron a gestionar futuras reivindicaciones laborales en su seno. Organizados en esta central, el 8 de noviembre presentaron sus demandas laborales los conductores de la Empresa de Carros Urbanos y los obreros de la Empresa de la Luz y Fuerza Eléctrica, empresas que abarcaban el servicio de transporte público de la ciudad, de tracción animal la primera y de tranvías eléctricos la segunda. Los dos grupos en huelga formaron la Gran Asamblea de Trabajadores de las Empresas de la Luz y Fuerza Eléctrica y de Carros Urbanos (GAT), órgano que los representaría durante el conflicto. Las demandas eran moderadas en cuanto a que pedían la estricta aplicación de las leyes laborales en vigor y el alza de los salarios. 20 Los empresarios rechazaron de entrada las exigencias obreras y el día 9 comenzó la huelga, que paralizó el transporte público de la ciudad. 21 El mismo día, los abogados Carlos Puig Vilazar y José Vicente Trujillo fueron elegidos como síndicos de los dos colectivos y los obreros admitieron, continuando la pauta exitosa del conflicto ferroviario precedente, la mediación 17 Treviño, D.: Informe que presenta a la nación el ministro de lo interior, policía, municipalidades, obras públicas, correos, telégrafos, teléfonos, etc., Quito, 1923, págs. 8-9. Destaca en especial el papel del general Barriga, quien medió decisivamente para que la compañía aceptase negociar y cuya actuación sería elogiada por las organizaciones obreras. 18 Entre los factores que explicarían este desenlace hay que destacar la moderación de las demandas obreras y, especialmente, la necesidad imperiosa por parte del Gobierno de mantener la línea en servicio. Igualmente, no es desdeñable la carga nacionalista que presentó el conflicto, al ser la compañía extranjera, factor que tendió a agrupar ideológicamente a gobierno y huelguistas en el mismo bando. En la prensa se consideraba a la línea "una zona extranjera [...] donde no alcanza[ba]n leyes nacionales ni influencia alguna de los Poderes Públicos"; "Sobre un volcán. 19 Equivocadamente nombrada como Sociedad Regional Ecuatoriana de Trabajadores por L. E. Milk: Growth and..., pág. 78. 21 En sentido estricto la huelga comenzó por un cierre patronal al impedir las empresas que los trabajadores sacaran los vehículos a la calle; FTRE: Para la historia..., pág. 12, y periódicos del día 10. El alumbrado público fue prolongado durante unos días más por la intervención de las autoridades y las fuerzas del orden. Tras una intensa pugna al respecto, los huelguistas accedieron a mantener dicho servicio; véase especialmente esta cuestión en "La huelga obrera", El Guante, n.o 4421, Guayaquil, 10/11/22, págs. 1-2 y 5. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 gubernamental en las negociaciones. 22 A partir del mismo día 9, el conflicto adquirió paulatinamente mayores dimensiones, con el inicio de una serie de huelgas parciales producidas al sumarse a la protesta diversos colectivos obreros en solidaridad con los huelguistas. Durante los siguientes días, las conversaciones entre los representantes de los trabajadores y las empresas del transporte fueron desarrollándose en presencia de las autoridades hasta alcanzar un acuerdo previo el día 11, pero la iniciativa empresarial de aceptar las demandas a cambio de aumentar las tarifas de los pasajes, sólo si los huelguistas incluían esta medida en su reclamación, provocó la ruptura de las negociaciones al día siguiente. El lunes 13, la FTRE y la GAT declaraban el paro general. 23 Paralelamente al conflicto del transporte se había venido desarrollando otro movimiento que, si bien era sostenido desde ámbitos obreros, su finalidad rebasaba las preocupaciones meramente laborales. El 8 de noviembre, la Confederación Obrera del Guayas (COG), la mayor central obrera de la región costera, había celebrado una asamblea abordando la problemática general de la crisis, tras la que solicitó al Gobierno que bajase los tipos de cambio e incautase los giros de moneda extranjera que manejaban libremente los exportadores, medida reclamada con insistencia por el resto de los grupos de poder del país y objeto de frecuente debate público. 24 La COG consideraba la cuestión del tipo de cambio y los giros como la principal causa de las dificultades que afectaban a los obreros y por ello, prioritaria a cualquier demanda salarial. Defendiendo esta posición, emprendió una serie de acciones que incluyeron la constitución de una asamblea permanente, la difusión de comunicados y la elevación al Gobierno de un memorial analizando el problema y proponiendo la incautación total de los giros, iniciativa de la COG que contó con el soporte y la firma de las principales entidades económicas de la ciudad. 25 La cuestión del cambio y los giros tampoco fue ajena a los debates de la GAT; ya el 9 de noviembre, primer día de la huelga del transporte, se trató el tema y el síndico J.V. Trujillo intervino explicando por primera vez la problemática que, posteriormente, continuaría despertando interés en el seno de esta asamblea. 26 La serie creciente de huelgas parciales, el conflicto dirigido por la FTRE y el movimiento cambiario de la COG, vendrían a confluir el día 13 en un mismo frente culminado con la constitución conjunta de la Gran Asamblea Popular del Trece de Noviembre (en lo sucesivo Asamblea), organismo que declararía la Huelga General, secundando el llamamiento inicial de la FTRE y la GAT pero con las demandas centradas en el cambio y los giros. 27 Respondiendo a la convocatoria se suspendió inmediatamente el suministro eléctrico nocturno y la actividad laboral se paralizó completamente. El mismo diario ya había presentado una propuesta el día anterior; "Proyecto de El Telégrafo. L.E. Milk, por su parte, expone que el día 7 ya se habían tratado estos temas en las reuniones preparatorias de la huelga, aunque no cita fuente; Growth and..., pág. 78. Estas informaciones contradicen la opinión aceptada generalmente que sitúa en el día 13 la inclusión sorpresiva y trágica de la cuestión en la GAT; Guzmán Silva, J.: La hora trágica (15 de Noviembre de 1922) i otros apuntes sobre el Movimiento Obrero, Guayaquil, 1983 (1.a edición 1974), pág. 9; Muñoz Vicuña: El 15 de noviembre..., págs. 62-64. Ya en la manifestación realizada por la GAT y la FTRE el día 10 se llegó a pedir la baja del cambio; "La Huelga Obrera", El Guante, n.o 4422, Guayaquil, 11/11/22, pág. 2. 27 Demanda a la que se adhirió la FTRE. La GAT, por su parte, renunció a sus peticiones en favor de esta cuestión; FTRE, Para la historia..., págs. 18-19 y 27; Puig Vilazar: El sacrificio..., pág. 40. 28 El argumento de las autoridades para mantener el alumbrado público descansaba en razones de seguridad frente a los delitos. Sin embargo, el corte eléctrico no confirmó este temor, toda vez que la Asamblea organizó un servicio de orden que funcionó satisfactoriamente; FTRE, Para la historia..., pág. 20. El alcance de las nuevas demandas indicó a las autoridades que los acontecimientos habían tomado un giro y unas dimensiones inesperadas, desbordando los márgenes de lo que hasta entonces había parecido un conflicto exclusivamente obrero. 29 Con las demandas ahora centradas en la incautación de giros, la confluencia de la Asamblea con los sectores económicos opuestos a los exportadores, en tanto la petición de incautación era una reivindicación que apuntaba directamente contra los grupos exportadores que sostenían al Estado y que, implícitamente, beneficiaba a los importadores e industriales, impulsó a destacados hombres de negocios y personalidades públicas a incorporarse abiertamente al movimiento y a diversos empresarios a alentar la huelga de sus trabajadores. 30 Comenzaron entonces las negociaciones entre los representantes gubernamentales y una comisión designada por la Asamblea al respecto que incluía a los directores de los Bancos del Ecuador y "La Previsora", entidades relacionadas con los círculos importadores e industriales. El día 14 una impresionante manifestación cívica, nunca antes vista en el país, recorrió las calles de Guayaquil exigiendo la aprobación de las medidas en relación al cambio y los giros. En la mañana del día 15 de noviembre, otra nutrida manifestación volvió a ocupar las calles. Hacia el mediodía, las partes negociadoras llegaron a un acuerdo sobre las demandas aprobando un proyecto del decreto solicitado que se envió por telégrafo al Ejecutivo para su promulgación. Se decidió publicar inmediatamente un bando pero, con el fin de que la Asamblea aprobase las resoluciones, se retrasó su publicación hasta las cuatro de la tarde. Sobre las tres, se desencadenó la violencia. Durante la mañana, la actividad de un piquete de huelga en una panadería fue interrumpida por la intervención de la policía, que efectuó algunas detenciones. 31 En las primeras horas de la tarde, buena parte de los grupos que durante la mañana se habían estado manifestando se congregaron ante la Clínica Guayaquil, donde se encontraban el gobernador Pareja y los síndicos de la Asamblea, exigiendo la liberación de los detenidos para, posteriormente y una vez obtenida la conformidad de las autoridades, 32 avanzar en manifestación hacia el cuartel de policía a recibirlos. El mismo día 15 de noviembre era también el último de unas elecciones locales que se venían celebrando 33 y en una mesa electoral cercana a la concentración se produjo un altercado entre los manifestantes y los policías que la custodiaban. A los primeros tiros se sucedieron otros y el destacamento que custodiaba el cuartel de policía al ver la manifestación que se aproximaba comenzó a disparar.Iniciado el tiroteo, el jefe de la zona militar, general Enrique Barriga, 34 dió la orden de intervenir y se desató la represión con extrema violencia sobre los manifestantes. Durante unas horas la ciudad albergó un campo de batalla desigual convirtiéndose el centro de la misma en una ratonera mortal, con miles de manifestantes y transeúntes encerrados contra el río y cercados con precisión por el ejército y la policía. 35 Durante el tiroteo se produjeron numerosas acciones de 31 Sobre la acción desencadenante de la represión existen innumerables versiones que varían según los detalles y su procedencia. Sirva de ejemplo El Guante, que publicó en su edición del día 17, la primera en editarse tras los sucesos, al menos cuatro versiones diferentes; "La Huelga Obrera", El Guante, n.o 4426, Guayaquil, 17/11/22, pág. 2. 32 El síndico J.V. Trujillo prometió a la multitud dicha liberación inmediata ante las autoridades presentes y sin que éstas negasen la iniciativa. Véase Muñoz Vicuña, E.: El 15 de Noviembre..., pág. 74; Puig Vilazar: El sacrificio..., págs. 59-60. 33 Al respecto, el día 10 la GAT había aprobado una moción rechazando la participación electoral de los obreros, buscando evitar que el movimiento fuera acusado de tener móviles políticos; "La Huelga Obrera", El Guante, n.o 4422, Guayaquil, 11/11/22, pág. 5; véase también la opinión del síndico Puig Vilazar: El sacrificio..., pág. 34. 34 El día 11 el Gobierno había reforzado la guarnición de la ciudad desplazando cuatro compañías del batallón "Marañón". Marcos Gándara, militar de profesión, efectúa un detallado análisis al respecto y cifra en alrededor de 1350 los efectivos armados presentes en Guayaquil a partir de esa fecha; La Semana..., págs. 211-214. 35 Las vivencias angustiantes de algunos testigos de los hechos pueden contrastarse en Castel, A., "La fecha triste: el 15 de Noviembre. Véanse también las declaraciones de los testigos en el proceso judicial abierto tras los sucesos; Romoleroux, K. y Herrería, I.: Noviembre de 1922. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 saqueo y otras destinadas a proveerse de armas asaltando los almacenes comerciales, intento severamente reprimido en algunos puntos y que resultó fallido, como queda reflejado en el dato de que la tropa apenas sufrió bajas. Al caer la tarde, la ciudad estaba bajo el control del ejército y sobre las calles quedaban centenares de cadáveres. 36 Al día siguiente el Gobierno publicaba el decreto que ordenaba la incautación de giros y se procedía a la detención y al extrañamiento o confinamiento de los dirigentes de las movilizaciones y otras personas sospechosas de comandarlas. 37 En el resto del país, durante los días 14 y 15 de noviembre diferentes organizaciones obreras habían comenzado a movilizarse secundando el movimiento de Guayaquil. En Quito, Ambato y Riobamba se realizaron concentraciones que, en el caso de Quito, fueron disueltas por la policía. 38 La noticia de la masacre provocó nuevos intentos de protesta que fueron rápidamente disueltos. La COG por su parte protestaría vivamente por la represión y la FTRE, detenidos y deportados la mayoría de sus dirigentes, mantendría sin éxito la convocatoria de movilizaciones. La situación de crisis económica y social persistió en los meses siguientes. 39 A pesar de la continuidad del gobierno de J.L. Tamayo, quien llegó a agotar su legislatura, la huelga de Guayaquil afectó de forma notable la dinámica establecida por los gobiernos liberales. Apenas tres años más tarde, en julio de 1925, la rebelión de un grupo de jóvenes oficiales progresistas del ejército derribó el gobierno liberal de Gonzalo Córdova, sucesor de Tamayo. Con la Revolución Juliana terminaba el ciclo ininterrumpido de gobierno liberal que había regido el país desde 1895 y el predominio económico-político que, basado en el cacao, había detentado la burguesía agroexportadora de la costa ecuatoriana. 36 El Consejo de Estado concedió esa misma noche Facultades Extraordinarias al Ejecutivo que le permitían en especial poner al Ejército en campaña y vigilar con extrema severidad el orden público con medidas excepcionales; Consejo de Estado, Informe del Honorable... al Congreso Nacional de 1923, Quito, 1923, pág. 3. Sobre el número de víctimas de la represión, las cifras que arrojan los estudios varían enormemente desde un centenar hasta varios miles. A juzgar por las relaciones de muertos y heridos publicadas en aquellos días, la cifra aproximada podría estar en torno a los 200 muertos. Sin embargo, el número real no puede calcularse con exactitud, toda vez que una parte de las víctimas fue enterrada en fosas comunes bajo custodia militar. 37 A lo largo del día 16 aún se demoró la promulgación del decreto, lo que motivó un dramático cruce de telegramas entre la comisión que lo había negociado y el presidente Tamayo; "El Decreto de incautación de Giros", El Guante, n.o 4426, Guayaquil, 17/11/22, pág. 1. 39 Los defectos de previsión y las fallas en su aplicación hicieron que en pocos meses el decreto de incautación se convirtiese en una medida infructuosa; Crawford: El Ecuador..., págs. 185-188. Los nudos de la trama: actores e intereses La Huelga General de Guayaquil constituyó un suceso sumamente complejo por la diversidad de fuerzas sociales presentes simultáneamente en los acontecimientos, circunstancia que podría ayudar a explicar la variedad de interpretaciones y perspectivas que, en función de la importancia dada a unos actores u otros, ha venido alumbrando a lo largo de los años la historiografía ecuatoriana. El presente apartado tiene fundamentalmente el objeto de precisar la variedad y naturaleza de los diferentes participantes en los hechos, exponiendo sus diversas interrelaciones en función de los intereses promovidos y defendidos por unos u otros. Sin perder la imagen de conjunto que se pretende ofrecer, se examinan en primer lugar las fuerzas sociales de carácter popular, con especial atención al movimiento obrero en su papel de motor de las movilizaciones. Seguidamente, se presta atención al pulso de intereses entre los grupos de poder oligárquicos implicados directa o indirectamente en los sucesos para, a continuación y en tercer lugar, sopesar la función del Estado ecuatoriano, en tanto principal receptor de las diferentes presiones y último órgano decisorio y ejecutor respecto a las concesiones y acciones represivas. La insurgencia popular: sociedades mutualistas, sindicatos revolucionarios y sectores marginales La bonanza económica del ciclo expansivo del cacao había propiciado que en el último tercio del siglo XIX la ciudad y puerto de Guayaquil experimentasen un notable crecimiento a todos los niveles, pasando a convertirse en el centro económico del país. 40 El incremento de la población y las nuevas necesidades consecuentes se tradujeron especialmente en el desarrollo de oficios típicamente urbanos -servicios y construcción-y en la eclosión de una incipiente industria destinada a cubrir algunas necesidades básicas, además de generar un significativo sector de empleados y obreros ligados al ámbito comercial exportador e importador. Sobre la evolución sociohistórica de la ciudad previa al desarrollo cacaotero consultar Hamerly, M.T.: Historia social y económica de la antigua Provincia de Guayaquil, 1763-1842, Guayaquil, 1987. Para el contexto social y urbano del ciclo de auge del cacao véanse las obras citadas en la nota 2. No ha sido posible el acceso a la tesis de Pineo, R.: The Economic and Social Transformation of Guayaquil, Ecuador, 1870-1925, PhD. Tesis University of California, 1987. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 pios del siglo XX la ciudad albergaba el mayor contingente laboral no agrario del Ecuador y constituía un importante polo de atracción para la mano de obra de todo el país. 41 Pese al dinamismo en este sentido la capacidad de absorción de trabajadores era limitada, por lo que surgió también un sector de desempleados que se desenvolvía en duras condiciones de vida entre el subempleo y la marginalidad urbanas, el número de los cuales se vio incrementado notablemente por el progresivo deterioro de la situación económica del país durante la segunda década del siglo. La crisis del ciclo cacaotero a partir de impactó de forma diversa sobre los diferentes sectores sociales. En el ámbito obrero, la depreciación continua de la moneda condujo a la disminución paulatina del valor relativo de los ingresos, mientras que la inestabilidad y las dificultades económicas generales elevaron la precariedad del empleo y empeoraron las condiciones de trabajo. La situación sin embargo, impulsó el desarrollo, alcance y contenidos del asociacionismo laboral como respuesta frente a la crisis; entre 1914 y 1922 el número de asociaciones creció y los conflictos laborales se sucedieron con frecuencia hasta desembocar la Huelga General de noviembre de 1922. 42 Dentro del campo de la movilización popular de esta protesta, puede señalarse la presencia de tres sectores específicos, mutualismo, sindicalismo y sectores marginales, que respondieron a intereses diferentes. El mutualismo comprendía a numerosas asociaciones que agrupaban a los diferentes talleres artesanos de un mismo ramo con fines de socorro mutuo y desarrollo de su actividad productiva. Un amplio estudio histórico sobre los flujos migratorios es el de Estrada, J.: Regionalismo y migración, Guayaquil, 1977. Para ver el desarrollo histórico, tanto en acciones como en contenido ideológico, del asociacionismo laboral ecuatoriano de principios del siglo XX, pueden consultarse Durán Barba, J.: "Estudio introductorio", en mismo autor, Pensamiento popular ecuatoriano, Quito, 1981, págs. 11-94; Milk: Growth and..., págs. 4-66; Páez: El anarquismo..., págs. 31-51; Ycaza: Historia del movimiento..., págs. 39-141. Síntesis interesantes sobre la cuestión realizadas a partir de otros estudios son Balarezo, H. y Martínez, R.: "El movimiento obrero ecuatoriano y el proceso político (sus orígenes: 1880-1938)", Revista IDIS (Instituto de Investigaciones Sociales), n.o 21, Cuenca (Ecuador), mayo de 1989, págs. 187-224; y Robalino Bolle, I.: El sindicalismo en el Ecuador, Quito, 1976, págs. 68-82. Asimismo, son relevantes las opiniones recogidas en INFOC, El 15 de noviembre... 43 Las primeras asociaciones obreras ecuatorianas, de carácter gremial, databan del último tercio del siglo XIX y pronto derivaron hacia formas mutualistas. El acceso al poder del liberalismo en 1895 y su apoyo decidido a este ámbito social, supuso la oportunidad para su consolidación y un crecimiento sin precedentes; Ayala Mora: Historia..., págs. 318-323; Quintero, R. y Silva, E.: Ecuador: una nación en ciernes, tomo I, Quito, 1995 (1.a edición 1991), págs. 338-340. En el período liberal el MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ LEAL sociedades mutualistas se agrupaban en dos grandes confederaciones con sedes respectivas en las principales ciudades del país: la Confederación Obrera del Guayas (COG) en Guayaquil; y la Sociedad Artística e Industrial de Pichincha (SAIP) en Quito. Ambas entidades encarnaban planteamientos ideológicos diferentes y sostenían vinculaciones con distintos sectores de poder político y económico, de los que dependían en un grado notable. 44 Las relaciones del mutualismo artesanal guayaquileño con diferentes sectores económicos, especialmente industriales e importadores, incidieron para que, coincidiendo con los primeros momentos de la huelga del transporte, la COG iniciase un movimiento en pro de demandas económicas que eran solicitadas desde hacía años y con particular intensidad en los meses previos al conflicto. 45 Si bien el interés de esta entidad desbordó el campo estrictamente laboral, su movimiento de presión resultó reforzado con la huelga obrera paralela del transporte, conflicto que indirectamente apuntaba a la crisis nacional como culpable y cuya creciente protesta podía concretarse y encauzarse a través de demandas de tipo económico general. Las propuestas de la COG, tanto por la difusión pública previa y la lógica de sus planteamientos, como por la oportunidad del momento, fueron asimiladas con entusiasmo en la Asamblea, propiciando a partir de ese momento la unificación de las dos movilizaciones, huelguística y cambiaria, en un amplio frente social. En lo que respecta al sindicalismo, la creación de la Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE) en octubre de 1922 introdujo asociacionismo obrero adquirió mayor complejidad, tanto en lo relativo al número y variedad de asociaciones como en la diversificación del alcance de sus actividades, que ahora incluían escuelas de formación, asesoramiento jurídico, atención sanitaria básica, etc.; véase para el ámbito guayaquileño la descripción de las diferentes sociedades en Navas, B.: Evolución social del obrero en Guayaquil. Paralelamente, la intervención y el peso en la vida política del obrerismo se plasmó en una incipiente legislación laboral, de limitado alcance, que regulaba horarios y accidentes de trabajo. 44 La SAIP mantenía estrechas relaciones con la Iglesia católica y con el conservadurismo serrano mientras que la COG estaba, por el contrario, muy cercana al liberalismo costeño y alineada frecuentemente con el poder estatal. Esta diferenciación sociopolítica regional minó los sucesivos esfuerzos de crear una gran central unitaria; Milk: Growth and..., págs. 43-66. Para la SAIP véase Chiriboga Alvear, M.: Resumen histórico de la Sociedad Artística e Industrial de Pichincha. 45 Desde el Senado, en Agosto de 1922, se llegó a efectuar un llamamiento a los obreros de Quito y Guayaquil para que luchasen contra la especulación del cambio; Méndez, R.: "Crónicas", El Guante, n.o 4336, Guayaquil, 18/8/22, pág. 1. En septiembre, la SAIP demandó al Congreso medidas económicas para solucionar la crisis; Milk: Growth and..., págs. 70-71. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 un vector nuevo y atractivo, por lo abiertamente reivindicativo, para los sectores más descontentos del asociacionismo laboral guayaquileño. 46 Sus primeras acciones como sindicato tuvieron lugar inmediatamente, con ocasión de la huelga ferroviaria de Durán, y su éxito favoreció la consolidación de la nueva central que atrajo a su seno a un buen número de organizaciones. 47 Poco después, la FTRE estaba presente en las primeras asambleas y encabezaba la dirección del movimiento huelguístico del transporte. Su compromiso en los hechos estaba directamente centrado en la lucha sindical a través de la GAT, sin embargo, una serie de factores intervinieron para que la FTRE abandonase la línea sindical y se incorporase al tono mayoritario de las reivindicaciones. Fundamentalmente, la inexperiencia organizativa, producto de la juventud de la organización y la debilidad ideológica de sus planteamientos y, sobre todo, el hecho destacable de que la mayoría de los obreros afiliados a esta organización provenían de una larga tradición mutualista relativamente poco receptiva e inexperta en cuanto a planteamientos revolucionario-proletarios. Estos factores favorecieron la conformación de la Asamblea en el día 13 de noviembre y la suspensión de los reclamos obreros en favor de la reivindicación cambiaria. 48 En contraste con la abundante historiografía relativa a la presencia del movimiento obrero en los sucesos, el controvertido papel de los sectores marginales en los hechos ha gozado de la más absoluta invisibilidad, cuando no un protagonismo principal que habría justificado la represión en orden a contener desmanes. 49 Como se indicaba anteriormente, el contexto de crisis comportó en Guayaquil un aumento de los desempleados urbanos y la depauperización progresiva de un cada vez más numeroso sector de población que sobrevivía del subempleo, la venta ambulante y la caridad, cuando no de actividades ilegales50 y que, radicado en las áreas pantanosas marginales o hacinado en el interior de las manzanas urbanas, vivía en condiciones miserables. La participación violenta de estos sectores en la convulsa vida política ecuatoriana fue habitual. 51 En noviembre de 1922, la posibilidad de mejoras inmediatas en la subsistencia activó su movilización, especialmente a partir de la difusión de los beneficios que traería la implantación de las medidas económicas que se demandaban, incentivada aún más por las alusiones del resto de los sectores que los presentaban como los principales destinatarios de los resultados de la lucha. Durante las protestas, su masiva presencia constituyó el elemento más llamativo y, por supuesto, el que ejerció una mayor presión ocupando el espacio urbano, toda vez que el número real de obreros asalariados en huelga era relativamente escaso. 52 Sin embargo, su participación fue un arma de doble filo que elevó la presión de la protesta pero que alarmó a las autoridades y justificó el estado de alerta de las unidades militares; fue el temor extremo a una revuelta callejera incontrolable lo que provocó la represión al primer atisbo de amenaza y, sólo entonces, los sectores marginales respondieron aprove-chando las oportunidades de saqueo recibiendo la mayor carga de la violencia represiva. 53 Es necesario señalar, sin embargo, la existencia de una descoordinación de fondo entre los diferentes sectores populares que rompe la idea de frente unitario que se ha venido manejando por la historiografía sobre el tema. Pese a que se alcanzaban compromisos y cierta unidad de acción, en último término cada sector actuaba motivado por diferentes criterios, lo que se traducía en una falta de liderazgo claro en el movimiento, en los comunicados independientes de cada organización y en la actitud en las calles de los diversos participantes.54 El pulso oligárquico: Agroexportadores e importadores 55 El prolongado manejo del recurso económico en el que se basaba la del país conllevó que la oligarquía cacaotera llegase a la larga a detentar los resortes del control del poder, en especial a través de los préstamos que el Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil (BCAG), vinculado a este sector productivo, efectuaba al Estado liberal. 56 Durante la época de máximo auge del ciclo, la influencia de los agroexportadores se concentró en el impulso y la financiación de un modelo de Estado favorable al desarrollo de su esfera productiva. Sin embargo, la vulnerabilidad del sistema comenzó a manifestarse a partir de 1907 por la competencia de nuevas zonas productoras y la crisis en los países compradores. 57 Desde 1912, la dependencia económica del Estado ecuatoriano respecto a este sector se incrementó por las inversiones públicas y los gastos militares, facilitando a los cacaoteros el ejercicio de una mayor presión en demanda de medidas frente a los primeros indicios de crisis. El agravamiento posterior de la misma, con la caída de las exportaciones por la I Guerra Mundial, la amenaza de bancarrota en la hacienda estatal y la aparición de plagas en los cultivos, provocó que en 1914 el Gobierno promulgara la Ley de inconvertibilidad metálica de los billetes de banco, o Ley Moratoria, 58 que permitió la sobreemisión monetaria del BCAG y produjo un efecto inflacionario que abarató los costes de producción del cacao. Esta medida, junto a otras que dificultaron las importaciones, limitaron las exportaciones de los productos de consumo interno, y mantuvieron un tipo de cambio alto a través de sucesivas devaluaciones, rentabilizando la situación para los agroexportadores pero perjudicando a medio plazo a otros grupos de poder económico. 59 Entre los grupos más afectados por esta política se encontraban los comerciantes importadores y el nuevo sector industrial surgido al calor de la modernización del país. 60 Radicados principalmente en Guayaquil, sus instituciones bancarias más representativas eran el Banco del Ecuador (BE) y el Banco "La Previsora" (BLP). Para el desarrollo de sus actividades dependían de los suministros del exterior, razón por la que debieron 57 Una excelente síntesis de esta cuestión es la de Chiriboga, M.: "La crisis del cacao y las respuestas sociales", Difusión Cultural, n.o 6, Quito, 1987, págs. 34-40. En 1911 los cacaoteros organizaron la Asociación Nacional de Agricultores, cartel que desarrolló una presión efectiva sobre el Estado ecuatoriano pero que a la larga quedó sometido a la dependencia financiera de la Mercantile Overseas Corporation (MOC), entidad norteamericana que a través de los préstamos a la Asociación ejerció un significativo control sobre el cacao y las finanzas ecuatorianas; Chiriboga: Jornaleros..., págs. 356-359 y 397-405; Crawford: El Ecuador..., págs. 96-99 y 204-211. 58 Por la que se facultaba a los bancos para emitir billetes por encima del respaldo en metálico de sus reservas, medida que salvaba al BCAG de una virtual quiebra y permitía al Estado amortizar sus necesidades financieras; véase la obra crítica de Dillon, L.N.: La crisis económico-financiera del Ecuador, Quito, 1927, págs. 33-52. 59 Las medidas suponían básicamente compensar las mermas de los ingresos procedentes del cacao con la congelación de los costos locales de producción y la especulación con las divisas obtenidas por la exportación; Chiriboga: Jornaleros..., pág. 342. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 enfrentar la dificultad de pagar los insumos que necesitaban en una moneda progresivamente devaluada. Sin embargo, lograron mantener ciertos márgenes de maniobra aprovechando los resquicios y oportunidades, recolocando la producción exportable en el mercado interno o incrementando el flujo importador con los EEUU en detrimento de los antiguos proveedores europeos. 61 En los años previos a 1922, estos grupos habían demandado la fijación del tipo cambiario, controles a la especulación con los giros de divisas y la derogación de la Ley Moratoria, medida ésta reclamada con insistencia desde instituciones bancarias, prensa y diversas organizaciones y colectivos obreros, y rechazada reiteradamente por el Ejecutivo y el sector bancario agroexportador el grave impacto que supondría la supresión de dicha Ley. 62 Paralelamente, se exigían medidas para nivelar la balanza comercial, la fijación del tipo cambiario de forma que se evitasen las alzas desmesuradas, y controles a la especulación con los giros de divisas. 63 En 1922, la rápida y pronunciada elevación del tipo de cambio disparó las protestas y el Estado decretó una incautación parcial de los giros y la regulación del cambio a través de un decreto promulgado a inicios del verano, medida que fracasó en pocos meses y fue anulada a principios de otoño 61 El control creciente del mercado del cacao ejercido por EEUU a través de sus corporaciones, facultó un mayor flujo comercial con el Ecuador a menores costes que benefició a los importadores locales; ibídem, págs. 278-280. Por otro lado, se llevó a cabo una política de presión que logró atenuar las restricciones. Por ejemplo, la derogación de la prohibición de exportaciones de productos alimenticios, vetada y reglamentada por Tamayo en diciembre de 1920; Carbo: Historia monetaria..., págs. 107-108. 62 Como ejemplo de la numerosa literatura contraria a la Ley Moratoria véase Boada, J.R.: La situación bancaria del Ecuador, Quito, 1922, págs. 12-13. Para un análisis histórico-económico de las visiones que sobre el tema tenían los principales economistas de la época, véase Marchán, C.: "Crisis nacional, aprovechamiento regional y discriminación social de sus efectos económicos (1920-1927)", en mismo autor (comp.): Crisis y cambios de la economía ecuatoriana en los años veinte, Quito, 1987, págs. 221-260. Pese a que popularmente se identificaba a la Ley Moratoria como la principal causa de la crisis, los economistas, aún los más contrarios a la política gubernamental, no estaban por una derogación súbita y sí por reformas cuidadosas a dicha ley; Estrada, V.E.: ¿Moratoria o conversión?, Guayaquil, 1921, págs. 61-62; Alvarado, M. (Un economista): La República económica, el sentido común y la Moratoria, Guayaquil, 1922, págs. 30-31; Núñez, P. L. y otros: El Proyecto de Reformas a la Ley Moratoria. En septiembre de 1922, la Cámara de Comercio de Guayaquil se opuso a la discusión en el Senado de la supresión de dicha ley, firmando la protesta todos los principales bancos, industriales y comerciantes de Guayaquil; Seminario, M.: "La Moratoria", El Guante, n.o 4355, Guayaquil, 6/9/22, pág. 1; "Nuevas adhesiones", El Guante, n.o 4356, Guayaquil, 7/9/22, pág. 1. 63 Véase Estrada, V.E.: Voto razonado del Delegado de la "Compañía de Préstamos y Construcciones" de Quito ante la Junta Consultiva Económica de Guayaquil, Quito, 1920, págs. 20-29; Ecuatorianos: La muerte del oro, hoja volante, Quito, 6/9/1922. MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ LEAL renaciendo con brío las protestas hasta que en noviembre sobrevino la Huelga General. 64 El día 9 de noviembre la COG abordó públicamente la cuestión cambiaria, iniciando un movimiento de presión al que se incorporaron los grupos de importadores e industriales, demandando la emisión por parte del Gobierno de un decreto de incautación total de giros, medida que forzaría la baja del cambio, facilitaría las importaciones y abarataría el consumo. 65 A partir del día 13, la Asamblea destacó una comisión negociadora ante el Gobierno en la que participaron Eduardo Game, director del BE, y V.E. Estrada, director del BLP. 66 La demanda recibió el respaldo generalizado e incluso el BCAG, pertinaz opositor a esta línea de reformas, se adhirió el día 11 a la misma desmarcándose puntualmente de los hacendados cacaoteros en favor del sector de importadores que también representaba. 67 Ante la presión combinada de la calle y los diferentes grupos, el 15 de noviembre asintió Tamayo a la petición pero casi inmediatamente tuvo lugar la represión. Al día siguiente, el decreto aún no se había promulgado y los banqueros urgieron dramáticamente al presidente la publicación del mismo, a lo que se accedió ese mismo día. 68 En los meses siguientes, la medida se reveló progresivamente ineficaz a causa de defectos en la formulación y aplicación del decreto, generando 64 Véase sobre esta medida fallida la exposición de J.L. Tamayo: Actas de Congreso..., fols. Ante la frustrante situación, el BE intentó controlar el cambio a través de los giros, política que resultó infructuosa debido la contraoferta al alza realizada por la MOC; "El alza del cambio", El Guante, n.o 4398, Guayaquil, 19/10/22, pág. 1. Ya en las primeras movilizaciones callejeras de octubre los universitarios lanzaron consignas contra la política económica y la MOC; "El conflicto universitario", El Guante, n.o 4379, Guayaquil, 30/9/22, página 5. 66 Los efectos positivos que se esperaban de la incautación ofrecieron serias dudas a los representantes obreros, que temían que la medida terminase favoreciendo la especulación con los víveres. Sin embargo, los banqueros ofrecieron vigilar esta cuestión; Puig Vilazar: El sacrificio..., pág. 54; Estrada, V.E.: Memorándum al señor presidente de la república y al señor ministro de hacienda acerca de la cuestión precios durante la incautación, Guayaquil, 1923, pág. 4. Sin embargo, esta fue su única acción en el conflicto y el silencio público presidió su postura. Queda el interrogante de la existencia de contactos reservados con el Ejecutivo que explicarían la demora en aceptar la propuesta de decreto. 68 El decreto de incautación de giros expedido ayer por el Gobierno, hoja volante, Guayaquil, 16 de noviembre de 1922. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 un aluvión de críticas y demandas. 69 Pese a ello, constituyó el primer síntoma explícito de que el poder de los hacendados cacaoteros comenzaba a declinar y marcó un límite definitivo al alcance de su influencia política. En 1925, la Revolución Juliana asestó el golpe final al predominio liberalcacaotero, con la implantación de un nuevo régimen político y la reforma bancaria y monetaria que supuso la liquidación del BCAG. El Estado Liberal entre la ambigüedad y la determinación: de la negociación a la represión En 1912, el derrocamiento y posterior asesinato del presidente Eloy Alfaro y sus principales colaboradores apartó violentamente del poder al sector más radical del liberalismo ecuatoriano, eliminando así el más serio intento de cambios estructurales proyectado hasta entonces en el Ecuador. 71 El magnicidio dio paso a una etapa del liberalismo marcada por la estrecha ligazón de las esferas del poder político y económico que, en torno a Leónidas Plaza, vinculó a grupos económicos costeños y terratenientes serranos. Sin embargo, la progresiva dependencia financiera del Estado respecto al sector bancario agroexportador conllevó la puesta en práctica y el mantenimiento de una política favorable a este sector que, a medio plazo, no resolvió la crisis económica y debilitó las alianzas oligárquicas previas. En 1920 llegó a la presidencia José Luis Tamayo, abogado guayaquileño relacionado con el BCAG y los importadores, que abrió expectativas respecto a cambios económicos en la situación. 72 Su actuación en este sentido fue intensa, aunque estéril, durante los dos primeros años de mandato en los que se preocupó por la especulación cambiaria y por el déficit 69 Crawford: El Ecuador..., págs. 185-189. La medida fue abolida en 1925, a pesar de la encendida defensa que realizó su principal impulsor; Estrada, V.E.: The Incautacion. Véanse las críticas a la aplicación del decreto en Gómez, J.: Breves anotaciones sobre reconstrucción económica nacional, Guayaquil, 1924, págs. 3-5; y Dillon: La crisis..., págs. 97-102. En 1924 se demandó la derogación de la incautación al Congreso y se estudió la propuesta en las Cámaras; Cámara de Diputados: Derogación de la incautación de giros, Quito, 1924. 70 Junto a esta entidad también fue suprimida la Asociación de Agricultores; Crawford: El Ecuador..., págs. 224-227. 72 Ya durante la campaña electoral el nombre de Tamayo apareció asociado a demandas contra la Ley Moratoria; Quiteños: Viva el Gobierno! Abajo la Moratoria!, hoja volante, Quito, 1919. Tras su mandato se publicaron obras laudatorias como La administración del Sr. D. José Luis Tamayo juzgada desde el origen de su candidatura, Quito, 1924; Liberales independientes: El Sr. Dr. José Luis Tamayo ante la historia, hoja volante, Quito, 1924. MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ LEAL comercial. En los primeros meses de 1922, el alza del cambio llegó a niveles alarmantes y Tamayo decretó en junio la incautación parcial de los giros de divisas, medida cuya escasa efectividad incrementó el descrédito del Gobierno. 73 En estas circunstancias, la resolución positiva del paro de los ferroviarios en octubre modificó significativamente la imagen de inoperancia gubernativa. Las primeras huelgas de noviembre también recibieron el amparo oficial en las negociaciones; sin embargo, el interés inicial manifestado por el Gobierno se vio sucesivamente desbordado por la generalización del conflicto, la inclusión de la demanda de incautación y la convocatoria de Huelga General. El papel de las autoridades locales sufrió un cambio de contenido, puesto que ya no se trataba de mediar entre obreros y patronos, sino de actuar de receptores de las demandas como representantes del Gobierno. En previsión de la posibilidad de una rebelión que amenazase directamente al poder estatal, se incrementó la dotación militar y, tras las primeras tentativas de garantizar servicios básicos, se cedió a las disposiciones de la Asamblea, aunque manteniendo la vigilancia estratégica. En la actuación del Ejecutivo durante la huelga pesaba la dependencia que éste tenía respecto a los cacaoteros; no obstante, obviar el insistente clamor callejero, compartido en cierta medida desde el Gobierno, equivalía a acentuar las posibilidades de una revuelta generalizada. Probablemente, la permisividad gubernamental fue un factor que contribuyó al incremento de la presión callejera y garantizó la imposición de las medidas a los agroexportadores, aunque generó el problema, una vez alcanzado el acuerdo, de recuperar el control del orden público. La repentina y brutal represión vino de la mano de la propia escalada de la tensión que ofreció a las autoridades militares la oportunidad de actuar y la justificación a su violenta intervención. 74 La misma noche del día 15 de noviembre, el Consejo de Estado concedió al Ejecutivo las facultades extraordinarias previstas en la Constitución para casos graves de conmoción interna y que le otorgaron amplios poderes para la seguridad del Estado durante el resto de la legisla-73 Las críticas al respecto y sobre los males múltiples que esta situación deparaba al país, fueron numerosas. Sirva de ejemplo Delgado, I.: En el abismo, hoja volante, Quito, 1922. 74 En la documentación utilizada no se han hallado indicios de la existencia de un plan previo represivo, aunque puede apreciarse la convicción existente respecto a la necesidad de emprender acciones de fuerza para contener la protesta. Véanse los partes militares recopilados por Gándara: La Semana..., págs. 176-189. 75 A través de esta medida de fuerza, el Estado liberal bloqueó por la vía militar la extensión de la protesta e impuso la continuidad política de un sistema en decadencia. El golpe definitivo al régimen en 1925 vendría precisamente de la mano del ejército, último poder que lo sostenía. En el marco político gubernamental, merece especial atención la oposición parlamentaria al Gobierno liderada por el senador Enrique Baquerizo Moreno. 76 Desterrado del país tras los sucesos en unión de otros políticos, su nombre fue asociado a una conspiración que pretendía aprovechar la conmoción creada por la huelga para intentar la toma violenta del poder; esta teoría conspiratoria explicó la evolución de los acontecimientos y legitimó la represión, compartiendo cartel en este sentido con interpretaciones sobre amenazas bolcheviques y turbas desatadas. 77 No obstante, en las fuentes consultadas no aparecen datos consistentes que permitan asegurar la existencia de una agitación de este tipo; es sólo tras la dramática conclusión cuando sale a la luz la supuesta trama revolucionaria. La Huelga General de 1922 constituyó una coyuntura crítica en la que participaron todas las fuerzas sociales de Guayaquil y cuya repercusión se extendió por toda la República. De forma inequívoca, marcó la inflexión de 75 El Ejército fue declarado en campaña, y se procedió a la detención y al confinamiento de las personas sospechosas de comandar los hechos, abriéndose sumario judicial. Parte del proceso, con las declaraciones tomadas a los diferentes testigos, ha salido a la luz pública en los últimos años gracias a la publicación de Romoleroux y Herrería: Noviembre de 1922. Las facultades extraordinarias estarían plenamente vigentes hasta el 22 de Mayo del año siguiente en que se retirarían algunas de ellas, siendo confirmada esta decisión y la continuidad de la situación de emergencia por el Congreso de 1923; Informe del Honorable Consejo de Estado al Congreso Nacional de 1923, Quito, 1923, págs. 3-6; Actas de Congreso Pleno de 1923, Archivo del Palacio Legislativo, [1923.8.CoP], Quito, 1923, fols. 76 En su trayectoria política fue además intendente del Guayas y director del BCAG; Gándara: La Semana..., págs. 171-173. 77 Según la versión difundida, emisarios de E. Baquerizo cuestionaron ante la Asamblea los acuerdos alcanzados y aseguraron la complicidad del ejército en un plan revolucionario para derribar al Gobierno. Son abundantes las expresiones y opiniones en esta línea, sirvan de muestra Los ambiciosos en evidencia, hoja volante, Guayaquil, 1922; y Dilettante: Las huelgas y el enriquismo, hoja volante, Guayaquil, 1922. Pese a que el síndico Puig negó la intervención de Baquerizo en el conflicto, la conspiración fue denunciada ante las autoridades judiciales por algunos dirigentes obreros, incluídos los de la FTRE, que se incorporaron así a una corriente que sentenciaba la contaminación del movimiento por elementos políticos ajenos al mismo; Puig: El sacrificio..., págs. 71-72; Romoleroux y Herrería: Noviembre de 1922: Proceso penal..., págs. 100-101. Los conjurados retornaron al país a los pocos meses y continuaron sus labores políticas con normalidad y sin juicios posteriores al respecto e incluso participaron en la discusión del Congreso sobre la actuación del Gobierno en los hechos, en la que se debatió su propio destierro; Actas de Congreso Pleno de 1923, fols. MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ LEAL la alianza liberal-cacaotera que se venía perpetuando en el poder desde 1895, señalando la aparición de nuevos sectores sociales en el panorama político y el ascenso gradual del resto de las élites económicas desvinculadas del proceso de producción y comercialización del cacao. Sectores populares, oligarquía regional y Estado conformaron durante los sucesos una compleja trama de pugnas y alianzas en torno a cuestiones de política económica nacional. A manera de recapitulación, en el ámbito obrero los lazos tradicionales de las organizaciones mutualistas costeras con sectores liberales y grupos de poder oligárquicos, explican la naturalidad del compromiso de la COG en temas económicos ajenos al campo estrictamente sindical, postura por otro lado coherente y consustancial a su manera de entender la lucha obrera. A su vez, el naciente sindicalismo representado por la FTRE manifestó su alcance limitado, principalmente en función de las tendencias mutualistas de su base social. El papel central de esta organización en los inicios de la huelga ha contribuido a que en la historiografía se haya exagerado su actuación en los hechos, sin tomar en cuenta que a partir del día 13 de noviembre su presencia se convierte en puramente testimonial. 78 Por su parte, los sectores marginales, que constituyeron el grueso de la presión callejera, materializaron en el transcurso del conflicto una comunidad de intereses con la movilización obrera y con las propuestas oligárquicas que prometían el abaratamiento de los víveres. Su concurso fue decisivo para la resolución positiva de las demandas, pero también supuso la inclusión de un elemento de difícil control que sería utilizado como justificante de la intervención militar. 79 En el ámbito oligárquico cabe señalar las prolongadas relaciones de los cacaoteros con los poderes del Estado y su influencia determinante, en tanto se habían erigido en la base económica principal de la nación. Igualmente, industriales e importadores mantenían relaciones con el Estado 78 Generalmente el papel de la FTRE ha sido, bien ignorado por parte de la historiografía, bien elevado a un papel protagonista que no llegó a alcanzar. Es necesario devolver a su justa medida la intervención de esta central en los sucesos, como bien subraya Durán Barba, J.: "Orígenes del movimiento obrero artesanal", en Ayala Mora, E. (ed.): Nueva historia del Ecuador. Sin embargo, la capacidad de movilización demostrada por todas las organizaciones obreras y el sangriento final del conflicto, sirvieron como referentes fundamentales para la inminente e inédita constitución de fuerzas políticas de izquierda en la escena política ecuatoriana. 79 Si puede utilizarse el término de manipulado referido a algún grupo social durante los hechos, habría que pensar necesariamente en los sectores marginales, llamados a la lucha en nombre de unos logros que nunca llegarían a concretarse, para luego sufrir el impacto más violento de la represión. LA HUELGA GENERAL DE GUAYAQUIL, 1922 de menor proyección, en correspondencia a su papel secundario en la economía, aunque eran grupos en ascenso que representaban la alternativa futura a un sistema económico en decadencia. La Huelga General, apoyada y alentada por diversos empresarios, supuso el respaldo masivo en pos de un proyecto largamente ambicionado que apuntaba directamente a bloquear las acciones de respuesta de los agroexportadores frente a la crisis. El éxito de la misma confirmó el creciente peso en los poderes del Estado de los grupos importadores e industriales y asestó el primer aldabonazo de aviso del inminente final de la hegemonía cacaotera. En relación a la posición del Estado, es evidente su larga compenetración con las élites cacaoteras y la correlativa instauración de medidas favorables a este grupo en respuesta a la crisis desde 1914. La agudización de los efectos de esta política, unida a la progresiva debilidad del sector cacaotero en contraste con el ascenso de otros grupos oligárquicos, conformaron un complejo panorama para el Estado ecuatoriano respecto a los grupos de presión, obligado a mantener la relación con sus garantes a pesar del clamor del resto de los grupos oligárquicos. El bloqueo de los cacaoteros a los sucesivos intentos estatales por armonizar los intereses de los diferentes grupos, situó al Gobierno en una difícil posición hasta el advenimiento de la Huelga General. El conflicto se erigió, desde el punto de vista estatal, en un justificante insoslayable que permitió imponer de forma radical las medidas que había intentado instaurar anteriormente. Bajo estas circunstancias puede entenderse la permisividad e inacción de las autoridades respecto a la extensión de la protesta y su dramático final en orden a recuperar el control de la ciudad. Como coyuntura crítica, la Huelga General de Guayaquil supuso el primer signo explícito del declive del poder liberal-cacaotero que, momentáneamente, resolvió violentamente la situación aunque quedó seriamente afectado. La trama de los acontecimientos permite constatar que es difícil sostener la independencia de criterios o acciones generalmente otorgada a los diferentes actores durante los hechos, tal como se ha venido tratando en buena parte de la historiografía sobre el tema. Las interrelaciones presentes muestran que los sucesos evidenciaron una compleja amalgama de intereses en la que estuvieron involucradas todas las fuerzas sociales de la ciudad, y en la que se manifestaron claramente y por vez primera las tendencias de ascenso de nuevos grupos económicos y sociales, frente otras pertenecientes a un sistema económico-político en decadencia al que poco después llegaría su definitivo final.
que, en la medida que conocemos, no ha sido objeto de un comentario adecuado. En dicho texto se refiere el establecimiento de un pacto entre el hombre y el animal para asegurarse la supervivencia y mutuo beneficio, y la transformación de tal pacto en una relación de amistad y afecto. Tales relaciones pueden ser iluminadas desde la antropología clásica, en la que dichas categorías desempeñaron un papel no carente de relevancia. El objeto de nuestro estudio es una parte de la famosa obra del cronista Fernández de Oviedo 1 que, en nuestra opinión, aún no ha sido analizada en profundidad: "En esta nuestra isla Española andan muchos negros alzados que se han rebelado del servicio de los cristianos; y así para castigar los tales, como para asegurar los que quedan en las haciendas de los pobladores, andan algunas cuadrillas de españoles en busca de los levantados. Y entre los otros capitanes nuestros, anda un hidalgo, llamado Antonio de Sanct Miguel, natural de Ledesma, hombre de bien e valiente por su persona, al cual yo conozco; y éste puede haber pocos meses que, yendo con sus compañeros por las sierras de la villa de Sanct Joan de la Managua (que es en la mitad desta nuestra isla, a la parte desta costa del Sur), topó con un indio cimarrón o bravo que andaba en cueros, e con ciertas varas tostadas para pelear o matar algunos puercos cimarrones o salvajes, de los cuales hay innumerables en esta isla, de los que se han ido al monte de los que se trujeron de España. E traía este indio en su compañía una puerca e dos puercos mansos a él, e con aquella compañía hacía su vida e comía e dormía entre ellos, e había doce años, o más, que andaba alzado,e era ladino, e hablaba nuestra lengua castellana muy bien. E como acaso este capitán e su gente dieron en este indio e su porcesca compañía, los cristianos mataron luego aquellos dos puercos e puer-ca, en un instante, sin saber su propriedad o ejercicio de los dichos puercos e puerca, por poder reparar su hambre, que había días que no había comido carne. Cuya muerte de aquellos tres animales fué mucho pesar e dolor para aquel indio, e queriéndose informar el dicho capitán de su manera de vida e soledad, e qué hacía con aquellos puercos, o para qué los quería, respondió e dijo: "Estos puercos me daban a mí la vida e me mantenían e yo a ellos; eran mis amigos e mi buena compañía; el uno se llamaba tal nombre, e el otro se decía el tal, e la puerca se llamaba la tal (como él los tenía nombrados)". El un puerco decía que era muy gran ventor, e el otro era más recio, e de presa, e muy denodado; de forma que el uno hacía el oficio de sabueso, e el otro de lebrel, e la puerca era consorte e coadjutor de los dos cuando era el tiempo que convenía ayudarlos. E así como era de día, este indio salía de su rancho e decía a sus compañeros los puercos: "Ea, amigos, vamos a buscar de comer." E así lo hacían; e el ventor tomaba la delantera, e como daba en el viento, aguijaba a donde le parescía que debía ir, e seguíanle el otro puerco e la puerca, e tras ellos iba el indio. E como el ventor topaba el puerco bravo, asíase con él a la lucha, e comenzaban su batalla, mordiéndose; e como llegaba la compañía, dábanle los tres mucha priesa a bocados; e como llegaba el indio con sus varas, daba favor a sus compañeros, e con ellas le hería, al puerco cimarrón, e le mataban presto. El cual muerto, le abría el indio e daba las interioras a sus compañeros, e él encendía fuego con los palillos, como los indios lo usan, e asaba lo que le parescía, con que él comía; e lo restante del defunto animal, hecho pedazos, lo cargaba sobre los dos puercos e puerca con sus cuerdas de bejucos, e íbanse a su rancho do acostumbraban dormir esta compañía. E allí descargados, colgados los tasajos o partes del puerco muerto, lo comían poco a poco, en tanto que, de la manera que es dicho, mataban otros u otros puercos. E las noches, el dicho indio se acostaba entre aquella su bestial compañía, rascando horas al uno e horas al otro, regalándolos a la porcesca. E luego, otro día, si no tenían carne, o no hallabn hovos, o no era tiempo de tal fructa, el indio sabía hallar ciertas raíces con que daba de comer a aquella su compañía, e a él no le faltaba. Desta manera que es dicho, hacía su vida este indio en aquellos montes. Después que el capitán Antonio de Sanct Miguel e sus compañeros hobieron oído e entendido la nueva e nunca antes oída semejante montería, pesóles mucho de haber muerto los puercos, e lleváronse el indio consigo a la cibdad de la Vega, donde al presente está. Y porque yo tengo por estilo en lo que no he visto dar mi descargo con testigos fidedignos, digo que desta nuestra cibdad de Sancto Domingo salió el reverendísimo señor obispo don Alonso de Fuenmayor, e fué la tierra adentro a visitar sus iglesias, e en la cibdad de la Vega estuvo algunos días, donde le contó lo que es dicho el mismo capitán Antonio de Sanct Miguel, e otros que con él se hallaron, e vido el dicho señor obispo el mismo indio. E después que tornó a esta cibdad este nuetro perlado, yo oí lo que es dicho a algunas personas de crédito, e para más me satisfacer, lo pregunté al mismo señor obispo, e me dijo que es muy gran verdad e muy público todo lo que es dicho, e que pasó de la misma manera que aquí lo he escripto. Parescióme tan grande novedad y tan varia lección, e tan apartado caso de cuanto está dicho, ni visto, ni escripto, que cuadra bien aquí aquel soneto, a lo menos los cuatro versos primeros, en que dice Francisco Petrarca: Quiere decir: la gula, el sueño, e las ociosas plumas, o cama, han desterrado del mundo todas las virtudes, e han apartado de su curso, cuasi, a nuestra natura, vencida de la costumbre; porque el hombre es dedicado a la razón, en diferencia de los animales brutos que son carescientes della. Ved, pues, si en estos animales se muestra esto claramente; pues seyendo los puercos para ser monteados, se convirtieron, con la costumbre, en ser monteros e hacer el oficio que no les competía, e el indio, siendo animal racional e humano hombre, se convertía en puerco, o hacía su vida bestial, de la forma que es dicho. Así que, esto procedía de la larga consuetud que aquel indio había ejercitado enseñando aquellas bestias en tal montería, pegándoseles una entrañable amistad al oficio, juntamente con la nescesidad de ser alimentados; e mezclándose con eso unos celos o envidia que constreñía esos puercos a matar los otros que topaban, porque su amo no pusiese amor en otros, ni les mostrase el oficio, como a ellos lo enseñó, para que pudiese desdeñarlos ni poner otros en su lugar. Y el indio, apartándose de la excelencia de la razón,y sin tener cuenta ni respeto ni temor a su Dios, huyendo de los hombres, se contentaba de vevir con bestias y ser bestial. Cosa es la que he contado que a mí me dió mucha admiración oírla, y no la osara escrebir si no me certificara primero deste reverendísimo señor obispo, presidente de Sus Majestades en la Real Audiencia e Chan-FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y LA ETOLOGÍA CLÁSICA cillería que reside en esta cibdad de Sancto Domingo, cuya auctoridad e persona es de tanto crédito, que, solo, bastaba para ser creído, no obstante la novedad de tal montería; cuanto más que otros muchos dicen lo mismo, por cosa muy pública e notoria en aquella cibdad de la Vega". * * * Para efectos del análisis conviene distinguir entre el relato propiamente dicho y la interpretación de su contenido que hace el cronista. La información, pues, le llega a Fernández de Oviedo del obispo don Alonso de Fuenmayor, quien había conocido personalmente al indio protagonista de la historia y al capitán Antonio de Sanct Miguel, cuyos hombres habían dado muerte a los puercos. El relato de los hechos, aunque cabe legítimamente suponer que Fernández de Oviedo lo ha conformado de acuerdo con su interpretación, puede ser leído de modo autónomo y ser objeto, a su vez, de una interpretación relativamente diferente. Tal lectura alternativa podría ir en la línea de subrayar la ruptura de límites entre la condición humana y la animal, que lleva, en este caso concreto, al establecimiento entre el hombre y los cerdos objeto del relato de una relación de amistad ("Esos puercos... eran mis amigos e mi buena compañía") y de afecto ("E las noches, el dicho indio se acostaba entre aquella su bestial compañía, rascando horas al uno e horas al otro, regalándolos a la porcesca"). Esa relación garantizaba a las partes implicadas la mutua supervivencia ("Esos puercos me daban a mí la vida e me mantenían e yo a ellos; E luego, otro día, si no tenían carne... el indio sabía hallar ciertas raíces con que daba de comer a aquella su compañía, e a él no le faltaba"). El establecimiento de un pacto entre el hombre y el animal para asegurarse la supervivencia y mutuo beneficio, y la transformación de tal pacto en una relación de amistad y afecto pueden ser iluminadas desde la antropología clásica, en la que dichas categorías desempeñaron un papel no carente de relevancia. Existen, como es bien sabido, dos concepciones divergentes en el pensamiento antropológico grecorromano sobre la primigenia condición de la humanidad. Ambas coincidían en entender que la vida primitiva de los hombres estaba próxima a la de los animales, pero diferían radicalmente en la valoración de tal situación. Una corriente de opinión entendía que el hombre, en esta su primitiva su condición bestial, era víctima de los ataques JESÚS LENS-TUERO de las fieras salvajes y de las inclemencias atmosféricas, inconvenientes de los que había logrado liberarse gracias al desarrollo de las técnicas, y en particular del fuego. 2 En esta línea de subrayar la básica oposición entre hombre y animal cabe citar, a la inversa, un pasaje de Plutarco, 3 que volveremos a mencionar al final de este trabajo, en el que se señala que la mayor parte de los animales rehuyen el contacto con el hombre, y que las golondrinas, aunque se introducen en las casas en busca de oscuridad y de la seguridad que necesitan, rehuyen y temen al hombre como a una bestia. La otra corriente de opinión entendía que en esa primitiva condición bestial el hombre había conocido la auténtica felicidad, al vivir en conformidad con la naturaleza. Esta doctrina, aunque no sin ciertas ambigüedades, 4 fue la de Platón. Como ha señalado muy bien U. Dierauer, 5 en el mito del Político Platón presentaba el retrato de una etapa primitiva de la humanidad, situada bajo la advocación de Crono, en la que hombres y animales no se producían ningún daño, sino que incrementaban su sabiduría en mutua conversación. 6 Platón, a este respecto, ha tenido un antecesor en Empédocles, en la obra del cual 7 se nos aparece por vez primera la idea de que la fase originaria de la ausencia de culpa está caracterizada por la amistad y concordia de hombres y animales. Al igual que los animales no causaban daño a los hombres, tampoco éstos perjudicaban a los restantes seres vivos. En la cultura grecorromana el motivo de la paz con los animales no sólo desempeñó un papel en las representaciones de una pasada edad de Oro, sino también más adelante en las representaciones escatológicas. Platón, pues, hacía una valoración totalmente negativa de la separación del hombre respecto del animal. 8 La fabulación platónica del Político tiene en cualquier caso la interesante peculiaridad (anticipada en Empédocles) de que el mundo que retrata se caracteriza por una paz universal, que se extiende también al mundo animal, y que se manifiesta en que entre las bestias no existe guerra ni querella de ningún tipo. 4 Que han sido bien puestas de manifiesto por Vidal-Naquet, P.: "Plato ́s myth of the statesman, the ambiguities of the Golden Age and of history", JHS, 98, 1978, págs. 132 y ss. 8 Como ha dicho acertadamente Vidal-Naquet en el trabajo que arriba citamos, pág. 138: "el paraiso de la Edad de Oro era de modo totalmente definido un paraiso animal". FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y LA ETOLOGÍA CLÁSICA Dentro de la misma línea de exaltación del primitivismo encontramos otras exposiciones en las que las relaciones entre hombre y animal comportan una íntima unión que no excluye, sin embargo, el consumo de carne animal. Son las concepciones que exaltan la vida del hombre conforme a la naturaleza, y tienen una visión crítica de las convenciones que han venido a sustituir o alterar ese natural modo de vida. Tal orientación ideológica era seguramente ya la de Demócrito, y la compartieron plenamente los cínicos. Como lo ha expresado muy bien Cole: 10 "los cínicos y Demócrito son aliados hasta un cierto punto, y esto es indudablemente lo que explica el uso por los cínicos de la doctrina de Demócrito...; los cínicos, al igual que Demócrito, están dispuestos a considerar todos los usos que prevalecen en el dominio político y social de la existencia humana como la obra de la convención más bien que de la naturaleza; al igual que Demócrito, los cínicos están ansiosos por establecer el hecho de que el hombre una vez vivió una vida que no podía distinguirse de la de los animales". Si del ámbito de la reflexión filosófica pasamos al de la etnografía, encontramos un texto que posee un notable paralelismo con el de Fernández de Oviedo en los Relatos indios de Ctesias; se trata de un pasaje que nos ha sido conservado por Eliano, en su Sobre la naturaleza de los animales: 11 "Dice Ctesias en sus Relatos indios que los llamados Ordeñadores de perras crían muchos perros del tamaño de los hircanios, y que son excelentes criadores de perros. Y las razones que aduce el autor de Cnido son las siguientes: desde el solsticio de verano hasta mediados del invierno los invaden rebaños de bueyes, como un emjambre de abejas o un avispero puesto en movimiento; el número de estos bueyes es muy considerable; son salvajes y violentos, y amenazan terriblemente con sus cuernos. Como no pueden rechazarlos de otro modo, lanzan contra ellos los perros que crían con este objetivo, quienes los combaten y los matan con total facilidad. Luego separan los trozos de carne que les parecen adecuados para su consumo, y el resto lo reservan para los perros, compartiéndola con ellos de la mejor gana, como se ofrecen primicias a benefactores. Y en la época en que ya no vienen los bueyes, tienen a sus perros de compañeros de caza contra los otros animales. Y ordeñan la leche de las hembras, hecho del que derivan su nombre; pues la beben, como nosotros la leche de las ovejas y las cabras". Se trata del F. 46 de Ctesias en la edición de F. Jacoby. Con carácter general, el tema de la íntima comunidad de vida entre pueblos primitivos y el mundo animal parece haber interesado a la etnografía helenística. Agatárquides, en concreto, se ocupó de un pueblo africano primitivo que vivía en estrecho contacto con las focas. Perdida para nosotros la obra original de Agatárquides, hemos de recuperar su exposición a través de los resúmenes de Diodoro 12 y Focio. 13 Según Diodoro se trata del pueblo de los Ictiófagos (es decir, Comedores de peces) apáticos, en compañía de los cuales viven las focas en cuestión, "que capturan peces por su cuenta de manera semejante a como lo hacen los hombres. De modo similar en lo que se refiere a los lechos, los nacimientos y la protección de los recién nacidos tienen relaciones recíprocas caracterizadas por la mayor lealtad; porque la convivencia de seres de estirpes diferentes se verifica sin injusticia, con paz y el máximo respeto. Este modo de vida, aunque resulte sorprendente, es observado desde los tiempos antiguos por estas razas, adaptado o bien a una habituación debida al tiempo, o bien a una necesidad impuesta por las circunstancias". En el resumen de Focio el pueblo que convivía con las focas era uno próximo al de los Ictiófagos, y la relación era expuesta de modo muy resumido:"viven entre ellos de un modo tal como rara vez se vería a hombres vivir con hombres". Incluso en una forma tan resumida, el paralelo entre el texto de Agatárquides y el de Fernández de Oviedo resulta notable, tanto en los detalles de la convivencia como en lo que concierne a la interpretación. En el primer plano destaca la coincidencia en la intimidad de la relación, que supera la cooperación en la alimentación para extenderse a compartir los lechos. En el segundo plano destaca sobre todo la común insistencia en la habituación como categoría explicativa de las conductas practicadas por todas las partes implicadas (Agatárquides en Diodoro: "Este modo de vida... adaptado o bien a una habituación debida al tiempo, o bien a una necesidad impuesta por las circunstancias; Fernández de Oviedo: Esto procedía de la larga consuetud que aquel indio había ejercitado enseñando aquellas bestias en tal montería"). También merece la pena hacer notar el modo en que sus respectivos autores subrayan el carácter paradoxográfico de sus narraciones; así Agatárquides hacía notar (en la versión de Diodoro) que "este modo de vida, aunque resulte sorprendente, es observado desde los tiempos antiguos por estas razas y Fernández de Oviedo indicaba que cosa es la que he contado que a mí me dió mucha admiración oírla, y no la osara escrebir si no me certificara..." Algún autor griego llegaba más lejos, y sostenía que algunos indios se unían con bestias, y tenían una progenitura híbrida y semibestial. Tal información, procedente del historiador griego Duris, la recogía Plinio en su Historia Natural. 14 Duris era un historiador griego del siglo IV a.C. que parece haber tenido un interés particular por las manifestaciones anormales de la sexualidad; así, había sostenido, en contra de la tradición acreditada por la Odisea, que Penélope se había unido sexualmente a todos los pretendientes, unión de la que había nacido Pan (= todo, en griego). 15 Pero el objetivo fundamental de este trabajo no estriba en hacer depender este texto de la tradición grecorromana, sino en mostrar en qué medida ésta puede iluminarlo. En las representaciones clásicas del primitivismo se ponen de relieve algunos aspectos que nos hacen reparar, y poner la debida atención, en otros similares del relato de Fernández de Oviedo. La vida del indio protagonista de éste transcurre en la montaña: "Antonio de Sanct Miguel... yendo con sus compañeros por las sierras de Sanct Joan de la Managua... topó con un indio cimarrón o bravo;... Desta manera que es dicho, hacía su vida este indio en aquellos montes". Como hace notar recientemente R.G.A. Buxton,16 en las montañas imaginarias, las relaciones sociales y el comportamiento social normal pueden ser invertidos. Estas formas posibles de inversión se localizan preferentemente en las montañas, en un cierto sentido, porque la vida en ellas está presidida, al menos en un grado importante, por la soledad: "E queriéndose informar el dicho capitán de su manera de vida e soledad". Así, por ejemplo, en un papiro de tendencia cínica leemos:17 "Nos complacemos en nuestra soledad habitando entre los árboles... No necesitamos tener una ciudad, nido de hombres insidiosos. Dios construyó casa para nosotros: montes y bosque". Retornando ahora al texto de Fernández de Oviedo, constatamos que su interpretación no va totalmente en el sentido de exaltación de la vida primitiva. La línea maestra de su exégesis no es la de exaltación de un primitivismo feliz (vida del hombre conforme con la naturaleza) frente a las complicaciones y dificultades que han aportado los elementos superfluos (la convención), sino que el concepto básico desde el que interpreta este relato es el de adaptación: "el indio, siendo animal racional e humano hombre, se convertía en puerco, o hacía su vida bestial. Así que, esto procedía de la larga consuetud que aquel indio había ejercitado enseñando aquellas bestias en tal montería, pegándoseles una entrañable amistad al oficio, juntamente con la necesidad de ser alimentados". Esta interpretación es posible, y enseguida vamos a ver que tiene antecedentes también en el pensamiento antropológico grecorromano. Lo interesante es que, como apoyo de su interpretación, Fernández de Oviedo aduce un texto de Petrarca, muy conocido, 18 recogido en la pág. 187 (y 3.a de este artículo), que se adecua mucho mejor a la primera exégesis posible, la que el cronista no ha seguido. El costume del italiano es entendido por Fernández de Oviedo como habituación. Entender la palabra costume como costumbre es ciertamente posible, pero el contraste que el gran poeta establecía era mucho más probablemente el de la naturaleza vencida por la convención. Esta lectura, que es la más adecuada de estos versos tomados aisladamente, gana todavía mucha más credibilidad cuando leemos el poema completo, dominado por el contraste entre la simplicidad y lo superfluo. El poema de Petrarca, y en particular los cuatro versos citados por Fernández de Oviedo, se adecuan particularmente bien a una lectura de la historia en clave primitivista de exaltación de la vida conforme a la naturaleza, y es posible que relato y poema hayan llegados juntos a Fernández de Oviedo. Este, cuya orientación ideológica general no es la de exaltación del primitivismo, ha interpretado el relato en clave de habituación: la consuetud que aparece expresamente en el texto que hemos citado. Esta "larga consuetud que aquel indio había ejercitado" poseía tres componentes: en primer lugar "enseñando aquellas bestias en tal montería, pegándoseles una entrañable amistad al oficio"; en segundo lugar, "juntamente con la necesidad de ser alimentados"; en tercer lugar, "e mezclándose con eso unos celos o envidia que constreñía esos puercos a matar los otros que topaban, 18 Cancionero I.7. FERNÁNDEZ DE OVIEDO Y LA ETOLOGÍA CLÁSICA porque su amo no puesiese amor en otros, ni les mostrase el oficio, como a ellos lo enseñó, para que pudiese desdeñarlos ni poner otros en su lugar". Entre el indio y sus cerdos domésticos se había establecido, pues, una larga consuetud basada, en primer lugar, en compartir una misma actividad; en segundo, en la común búsqueda de alimentación y, en tercer lugar, en el establecimiento de una profunda relación afectiva, que llevaba a los cerdos a buscar la eliminación de cualquier posible rival. También a este respecto podemos aducir un sugestivo paralelo de la Antigüedad grecorromana. Jenofonte, como nos recuerda Cole, 19 un análisis utilitarista de la moralidad social, siendo las Memorabilia un locus classicus en la Antigüedad para este punto de vista, y su teoría ética mezcla lo utile y lo dulce. Proximidad y hábitos comunes crean afecto, y el proceso es observable en la conducta tanto de hombres como de animales. De los textos aducidos por Cole el más interesante es el segundo de Ciropedia: "Y le parecía que el hecho de comer juntos ayudaba a que tuvieran menos deseos de abandonarse los unos a los otros, porque veía que los animales que son alimentadoa juntos tienen una terrible pena si se los separa". De otra parte, como nos recuerda el mismo Cole,20 en el libro VI de sus Historias Polibio incluye, como una especie de prefacio a su teoría cíclica de la transformación de las constituciones, un relato del desarrollo de la sociedad desde sus comienzos tipo horda hasta la creación de la monarquía (término con el que Polibio designa, en realidad, al primer gobierno basado en el consenso popular). Las conceptualizaciones a este respecto utilizadas por Polibio son las de syntrophía y synétheia, comunidad de comida y comunidad de actividad:21 "Cuando, con el paso del tiempo, surge dentro de estas agregaciones una alimentación común (syntrophía) y un modo de vida común (synétheia), éste es el comienzo natural de la monarquía, y entonces es cuando por vez primera surge entre los hombres una noción de lo correcto y de lo justo, e igualmente de sus opuestos". El paso de la asociación, consecuencia de la syntrophía y la synétheia, al desarrollo de una noción de lo correcto y de lo justo lo dibuja Polibio como un proceso sicológico, en virtud del cual la comunidad manifiesta su rechazo respecto, en particular, de las conductas ingratas. Los efectos de la syntrophía y la synétheia serían especialmente pronunciados en donde la asociación entre los individuos es más estrecha, en la familia; tanto en el rebaño humano como en el animal existen ciertas tendencias hacia la conducta recíproca que, acentuadas y expandidas, son capaces de producir sociedad. Resulta interesante anotar que cabe establecer un paralelo muy estrecho entre las tres categorías polibianas y las de Fernández de Oviedo. La "entrañable amistad al oficio" que se le pegaba a las bestias bajo la enseñanza del indio es un buen correlato de la synétheia polibiana; la categoría de la syntrophía la comunidad de alimentación, está muy subrayada, como hemos visto reiteradamente, en el relato del cronista de Indias. Insistimos ahora en el paralelismo entre ambos textos en la dimensión sicológica de la cohesión que a los grupos respectivamente tomados en consideración les procura su relación con los otros miembros del mismo. De modo, pues, que en los dos textos que consideramos se genera una asociación en base a la comunidad de actividad, la comunidad de comida y la comunidad de afectos. En el escrito en el que Plutarco se interesa por la inteligencia de los animales, 22 los conceptos básicos utilizados para caracterizar las relaciones entre el mundo humano y el animal son también los de alimentación y convivencia. Plutarco anota 23 que de los animales de tierra algunos evitan absolutamente al hombre, mientras que otros, los más domesticados, dan buen trato a quienes los alimentan, y el perro, el caballo y el elefante tratan especialmente bien a los hombres con quienes tienen familiaridad. Son las dos categorías básicas del relato de Fernández de Oviedo, la alimentación, por un lado, y la familiaridad producida por el trato, de otro. Hay, sin embargo, una importante diferencia entre los textos que hemos aducido de la tradición etnográfica grecorromana y el citado por Fernández de Oviedo, y es que en el caso de los dos primeros los hombres y una determinada especie animal (en un caso perros y en otro focas) establecen una convivencia para capturar animales de especies diferentes (en un caso bóvidos y en otro peces) de los que se alimentan. El texto citado por Fernández de Oviedo posee la peculiaridad excepcional de que los animales con los que el indio se había asociado pertenecen a la misma especie que los atacados: son cerdos unos y otros. Esta peculiaridad es lo que permite al cronista de Indias desarrollar un aspecto ausente de los relatos grecorromanos. En efecto, la actuación mortífera de los cerdos compañeros del indio no está provocada únicamente por la necesidad de procurarse el alimento, sino también por el temor a que otros ejemplares de la especie puedan suplantarles en el afecto del hombre. Este punto parece ser fundamental, y no accesorio, en el relato citado por Fernández de Oviedo, y quizás se encuentre aquí la razón de que los animales seleccionados hayan sido, de modo un poco sorprendente, cerdos y no perros, que son los animales más adecuados para el establecimiento de relaciones estrechas entre hombres y animales con vistas a procurarse la alimentación.
Este balance historiográfico descansa en una evaluación, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, de los trabajos que se vinieron multiplicando sobre este tema en estos últimos años. Pese a la extrema variabilidad de las definiciones adelantadas por los distintos autores, le proporciona al lector una base representativa de la producción científica y de los intereses en juego en este campo de la historia económica, social, política y, en ciertos casos, cultural. Constituye asimismo un instrumento de consulta, a la par que un panorama muy flexible, de esta temática, teniendo en cuenta la distribución de los estudios especializados por regiones dentro del conjunto territorial americano. Los motivos de esta recopilación remiten de entrada a un tema que venimos trabajando desde hace varios años, en una dedicación que dio lugar a unas cuantas publicaciones, reuniones, mesas redondas y otros seminarios especializados. El hecho de haber ampliado nuestra especialización territorial nos permitió sin lugar a dudas privilegiar la opción comparativa, tan provechosa a la hora de definir verdaderamente y de analizar el objeto de nuestro interés. El momento nos pareció además lo suficientemente oportuno para dar a conocer este trabajo bibliográfico: lo justifica sobremanera el lapso de tiempo que transcurrió desde los primeros estudios realizados sobre el tema y por lo tanto por la consecuente producción a nivel historiográfico que hace necesario una suerte de balance, un état des lieux, una evaluación tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Por otra parte, el fenómeno de moda que parece inducir a muchos estudiosos o realizadores de tesis a que elijan esta orientación, hace imprescindible una reconsideración de los trabajos existentes, una selección de trabajos perti-Abreviaturas (publicaciones periódicas e instituciones): nentes referentes al tema y que permita por lo tanto disponer de referencias sólidas, y más cuando no existía hasta la fecha ningun recuento o recopilación bibliográfica sobre el particular. Otra razón anexa, ligada precisamente al volumen de la producción en estos últimos años, descansa en la multiplicidad de las definiciones, que tienen que ver con factores tan diversos como la formación de los autores, sus opciones ideológicas (siendo sin embargo esta explicación más valedera para el período más reciente), el área considerada, la época: el período pre-independentista da lugar a unos deslizamientos de conceptos, a unas dudas heurísticas o en todo caso a unas cuantas imprecisiones y oscilaciones de una caracterización a otra. Esta recopilación, por más que sea el fruto de una larga dedicación y de una colaboración constante con otros especialistas, no pretende ser exhaustiva. En el repertorio de los títulos olvidados, no faltará evidentemente alguna que otra publicación de dificíl acceso pero de imprescindible lectura para quien tenga la suerte de haberla consultado. Creemos, sin embargo, dar a conocer con esta bibliografía -cuya consulta y búsqueda la facilita la utilización de palabras claves-una base representativa de la producción y de los intereses en este campo de la historia económica, social, política y, en ciertos casos, cultural, y proporcionar un punto de partida, un instrumento de consulta, a la par que un balance muy flexible de la cuestión. No trae ningún juicio de valor respecto a las obras incluidas. Más bien insistimos aquí en el aspecto cuantitativo de esta producción historiográfica y en la distribución por regiones dentro del conjunto territorial americano y por eso mismo se da al lector una idea de la representatividad del tema dentro de las preocupaciones americanistas del momento. Por esta razón, incluimos en esta bibliografía trabajos que, aunque traten aparentemente otros temas, en la mayoría afines, u otras áreas (como Brasil), no dejan de abordar esta problemática en sus planteamientos. -"Spanish Inmigrants in the Americas in the Bourbon Era: Social Integration, Political Participation and the Origins of the Independence Movement", in Colonial Latin American Review, 1995 (à paraître). Ciudad de México / Comerciantes / siglos XVIII-XIX / Independencia / Consulado de comercio / Familias (grandes) / Inmigración / España / Parentesco (relaciones de) / Aristocracia. Nueva España / Aristocracia / Títulos nobiliarios / Militares (Ordenes) / Haciendas / Propiedad (gran) / Mayorazgos / Minería de la plata / Cofradías / Mentalidades / Independencia / Familias (grandes). Langue, Frédérique: "Del minero rico a la nobleza: el papel de la frontera zacatecana en la formación de una élite económica y social", AEA, 1987, tomo XLIV, págs. 173-193. Nueva España / Zacatecas / siglo XVIII / Nobleza / Títulos nobiliarios / Militares (Ordenes) / Haciendas / Mayorazgos / Minería de la plata / Mentalidades / Rebeliones / Frontera (zona de). Nueva España / Zacatecas / siglo XVIII / Nobleza / Títulos nobiliarios / Militares (Ordenes) / Haciendas / Mayorazgos / Salinas / Mentalidades / Rebeliones / Jesuitas (expulsión de los) / Gálvez (José de). LAS ÉLITES EN AMÉRICA COLONIAL (SIGLOS XVI-XIX)
En el presente trabajo se analiza un corpus de sermones jesuíticos del siglo XVII, destinados a la prédica entre las tribus araucanas en Chile. A través de marcas textuales, tales como el uso de los pronombres personales, los recursos retóricos, el discurso referido y demás manifestaciones de subjetividad, los textos construyen una posición privilegiada para el enunciador, quien se legitima como portador de la Verdad frente a una cultura y una religión diferentes, que se consideran falsas y pecaminosas. Estos textos exhiben un abanico de estrategias para imponer un modo de vida sobre otro y evidencian los prejuicios y las representaciones que sobre los indígenas manejaban entonces quienes debían incorporarlos a la Cristiandad. Los sermones de Valdivia constituyen un testimonio del desencuentro, la violencia (simbólica, en este caso) y la expropiación cultural que produjo la Conquista. Nada hay más apropiado para estudiar un momento en la Historia de la humanidad, que los discursos que ese momento produce. En este caso, nos enfrentamos con un corpus de sermones jesuíticos, del padre Luis de Valdivia, que datan de comienzos del siglo XVII, destinados a la prédica entre las tribus araucanas en Chile. Los Nueve sermones en lengua de Chile, serán tratados a través de la teoría de la enunciación, que fue esbozada en principio por el lingüista francés Emile Benveniste en la década de los 70. 1 Esta teoría tiene como objetivo describir las relaciones que se establecen entre el enunciado (el texto, la prédica) y los diferentes elementos que constituyen el marco enunciativo. Estos elementos son los protagonistas (emisor y destinatario), el contexto espacio-temporal, el contexto sociohistórico en el que se produce el enunciado, etc. La teoría de la enunciación analiza los procedimientos lingüísticos mediante los cuales la situación enunciativa se plasma en el enunciado, las formas en que el enunciador imprime su marca al enunciado, se inscribe en él, inscribe a su destinatario y se sitúa respecto de él. Estos procedimientos son siempre índices textuales, como los pronombres que designan al emisor y al destinatario, ciertos adverbios que establecen distancias y jerarquías, tiempos verbales, términos evaluativos que funcionan como marcas de subjetividad. Para el análisis de los Nueve sermones en lengua de Chile, de Luis de Valdivia, vamos a partir de dos interrogantes: ¿qué posiciones construyen los sermones para el misionero y para los indígenas?, ¿qué imagen se construye de cada grupo?. Estas preguntas pueden contestarse a partir del trabajo con ciertas regularidades del texto, a nivel de la deixis,2 la selección léxica, la polifonía3 y elementos retóricos. El padre Luis de Valdivia cumplió un papel de importancia en la Guerra de Arauco, en la primera mitad del siglo XVII, como ejecutor del plan de guerra defensiva. Las tribus araucanas resistían encarnizadamente las avanzadas de los ejércitos españoles y criollos, quienes incursionaban en su territorio, con el objeto de capturar indios para la encomienda y la servidumbre. No se realizaban tareas de colonización, sino fundaciones de fuertes de corta vida. Estos avances y retrocesos, que no lograban someter a los araucanos ni contener sus ocasionales y terribles levantamientos, fueron definiendo una línea divisoria entre los dos pueblos combatientes: el río Biobío, donde se construyó una línea de fuertes para resistir los ataques indígenas, y desde donde incursionaban las deficientes fuerzas hispanocriollas. El padre Valdivia llegó a Santiago de Chile en 1593, junto a otros seis padres, de los cuales fue superior a partir de 1594. Ellos introdujeron la novedad de evangelizar sistemáticamente a los indios en su lengua materna, tanto a los indios que vivían al sur del Biobío como a los que estaban instalados ya en las ciudades. Los padres entendieron que "el uso del idioma nativo excita más fácilmente las simpatías del auditorio, las cuales disponen el corazón á aceptar la doctrina que se les predica, y aun el entendimiento á comprenderla, como sucedió en aquella ocasion". 4 El padre Valdivia fue quien se empeñó con mayor entusiasmo en la conversión e instrucción de los indios. Aprendió con gran rapidez la lengua araucana, y para enseñarla a predicadores y doctrineros, compuso una gramática, un vocabulario, una exposición de los misterios de la fe y algunas prácticas devotas para disponerse a la confesión; todo esto se imprimió en Lima en 1606. El gobernador de Chile desde 1591, don Martín de Oñez de Loyola, le propuso a Luis de Valdivia que tratara de pacificar a los araucanos rebeldes con su prédica, ya que no contaba con suficientes fuerzas militares. Se dirigió, pues, al sur de la frontera junto a los padres Gabriel de la Vega y Hernando de Aguilera. Pero no pudieron contener el descontento de los indios, que desembocó en el terrible alzamiento de 1598. En esta rebelión, que causó estragos y destrucción en muchas ciudades chilenas, perdió la vida Oñez de Loyola. Treinta mil indios tomaron las armas a lo largo del territorio, salvo en Santiago, donde el levantamiento había sido denunciado a tiempo por un indio huarpe, evangelizado por Valdivia. Después de este episodio, Valdivia partió hacia Perú en 1602, para regresar a Chile en 1605, con el objeto de negociar pacíficamente en Arauco. Este plan fracasó por falta de apoyo de los encomenderos y patrones, y Valdivia tuvo que volver a Perú el mismo año. Pero a partir de 1608 se comenzó a impulsar desde el Perú el plan de guerra defensiva, que consistía en lo siguiente: la lucha contra los araucanos había demostrado ser inútil y desgastante, por lo tanto se proponía trazar una línea de frontera en el Biobío, donde las fuerzas hispanocriollas debían mantenerse en una actitud meramente defensiva. De esta forma se permitía a los indígenas vivir libres y en paz, mientras se garantizaba la seguridad y prosperidad del espacio ya dominado al norte del Biobío. Los únicos que entrarían a territorio araucano serían los misioneros, con el fin de someterlos a través del Evangelio y sus enseñanzas. El padre Valdivia, pues, fue convocado para organizar estas misiones por el virrey del Perú, conde de Montesclaros, y se internó nuevamente en territorio de indios rebeldes en 1612, con la autorización de la Corte española, junto a los padres Vecchi, Aranda y Montalbán. Pero al poco tiempo estos padres fueron asesinados por el cacique Aganamun5 y un grupo de conjurados, lo cual desató la indignación entre los cristianos, y al padre Valdivia no le quedó sino autorizar la entrada de un destacamento para castigar a los enemigos. A pesar de que la guerra defensiva se mantuvo unos años más, en enero de 1626 se volvió a la guerra activa. Los araucanos continuaron resistiendo -hubo otras revueltas importantes en 1654 y 1723-y mantuvieron su independencia hasta que se fueron incorporando a la cultura hispanocriolla bien entrado el siglo XIX. Es en este violento proceso de encuentros, desencuentros y choques entre dos pueblos donde se enmarcan los sermones de Valdivia, uno de los instrumentos de evangelización de los jesuitas en Chile, testimonio de una relación asimétrica y profundamente conflictiva. Análisis de los Nueve sermones en lengua de Chile El texto define tres participantes para esta situación discursiva, cada uno de los cuales se halla claramente delimitado a través de un pronombre: YO (para el predicador), VOSOTROS (para los indígenas) y EL (para la divinidad), cuyo uso predomina a lo largo de los nueve sermones. El YO siempre aparece ligado a verbos como "decir", "declarar", "enseñar", lo que muestra una posición activa por parte del enunciador, una intencionalidad didáctica y su capacidad para transmitir la verdad, "la palabra de Dios, q no puede mentir" (sermón 3o, parágrafo 5o, pág. 15). Por otra parte, el VOSOTROS aparece ligado a verbos de pasividad y asimilación, como "oir", "escuchar", "advertir", "ver". Además, este tipo de verbos siempre se encuentra en modo imperativo, con lo cual la asimilación de los mensajes que al enunciador le interesa transmitir adquiere un matiz de obli-gación. También podemos observar que la segunda persona se vincula al pecado, a la explicitación concreta del pecado,6 mientras que el enunciador se mantiene al margen de estos hechos "aberrantes". De más está decir que uno de estos hechos es la religión indígena. 7 En síntesis, los indígenas, destinatarios de estos textos, estaban colocados en una opresiva situación de asimilar y recibir información, porque poseían ideas falsas, alejadas de la verdad que viene a traer el misionero y que además, los ligaban al pecado y a lo diabólico. En varios lugares del texto, el enunciador se encargará de descalificar estas creencias como falsas y pecaminosas, y llegará al punto de ridiculizarlas: "effos viejos hechizeros que pobres, fon locos y tontos" (sermón 4o,l parágrafo 10o, pág. 18), "aueys de hazer burla de lo que dezian sin fundamento, cofa de burla es quanto referian y contauan" (sermón 5o, parágrafo 5o, pág. 32). 8 En este punto aparece claramente la polémica intercultural de la que se hacen cargo los sermones de los misioneros: además de enseñar una doctrina religiosa y cultural -actividad pedagógica-, deben destronar las pautas culturales preexistentes -actividad polémica-. En esa discusión la cultura del otro aparece siempre subvalorada a través de la supuesta dificultad de la razón indígena para operar sobre abstracciones y su necesidad de obtener ejemplos concretos. En cuanto a las preguntas, podemos advertir que éstas producen diferentes efectos simultáneos: permiten organizar pedagógicamente el sermón, con una estructura de pregunta/respuesta típica de los textos de enseñanza de la época; 9 algunas son concebidas como preguntas de los indígenas, lo cual permite caracterizarlos como ignorantes, incompetentes, y así descalificarlos en esta lucha de culturas. 10 Los indígenas pueden recibir informa-ción, pueden recibir respuestas, pero no producirlas. Además, las preguntas precodifican los planteos que se pueden hacer: el mismo texto prevé las posibilidades de intervención del destinatario, y así las limita. Las figuras de Dios o de Cristo son las que básicamente ocupan el lugar de la tercera persona a lo largo de los sermones, las que se sitúan fuera de la relación enunciador/enunciatario, y es sólo el primero, el enunciador, el que puede conectarse con esa exterioridad, el que puede dirigirse directamente a la divinidad y transformar esa tercera persona en segunda ("Ah, Dios mío, pon tú mifmo en el coraçon de esta gente tus palabras [...]", sermón 3o, parágrafo 15o, pág. 22). El destinatario sólo puede dirigirse a Dios a través del enunciador, el cual guía la palabra indígena, considerándola así como una voz inexperimentada que necesita expresarse con ayuda de la razón del misionero. ¿Cómo se logra en el nivel de la deixis esta "guía" de la palabra indígena? Utilizando un "nosotros" del cual el enunciador se excluye y por el cual pone en boca de los araucanos las oraciones y confesiones que éstos deberían pronunciar. La razón del misionero ocupa la voz del indígena y tiene la actitud pedagógica del 'repitan conmigo', típica del discurso didáctico: "De aqui en adelante no adoraremos mas al Pillan [...]", etc., etc. (sermón 4o, parágrafo 15o, pág. 29). Este NOSO-TROS, que ocupa, guía y adoctrina la razón indígena, aparece en casi todos los sermones en su parte final, en donde aparentemente se intenta enseñar una oración que incluye una moraleja o un mea culpa. Hay otro uso del NOSOTROS a través del cual enunciador y destinatario son ubicados dentro del mismo espacio (se trataría de un "nosotros inclusivo", según la clasificación de Kerbrat-Orecchioni) ¿Qué es lo que se predica de este NOSOTROS? Entre otras cosas, que todos somos hijos de Adán y Eva, que tenemos el mismo Dios, que somos mortales. Es decir, este NOSOTROS inclusivo se relaciona con los orígenes de la humanidad y con las características humanas que se pretenden universales, lo cual nos lleva a pensar que lo que se intenta, con esta inclusión de enunciador y destinatario en la misma categoría, es rechazar las posibles teorías poligenistas, que justificarían las diferentes culturas y creencias. 11 11 Esta oposición monogenismo/poligenismo aparece de forma más evidente en otros sermones, como El buen pastor, de Dávila: "Quiza alguno de vosotros dirá aora, Padre mio, los Indios no somos como los Españoles, nosotros tenemos diferente origen, y otro aspecto [...] Y de aquí saco yo que nosotros los Indios, no somos una cossa como vosotros, y assi no viene bien que seamos las ovejas de Jesu Christo [...]". Dumezil, Georges: "'El buen pastor', sermón de Francisco Dávila a los Indios del Perú (1646)". ANA CARINA KOSEL Hemos visto cómo el enunciador se dirige a Dios -habla a Dios-y cómo se hace cargo de la palabra indígena en las preguntas y en cierto uso del NOSOTROS -habla por los indígenas-. También este enunciador privilegiado puede hablar por, en lugar de Dios, comunicando su palabra a través del discurso directo. En efecto, el misionero se permite citar la voz de Dios, Cristo, María, Juan el Bautista, constituyéndose en coenunciador, apoyando esas palabras. También introduce las palabras de Lucifer (sermón 6o), no ya como coenunciador sino como modo de caracterizar negativamente al personaje ("Dixo en fu coraçon, yo foy grande, foy mucho: Quién como yo? Efto q dixo, era grã pecado, llamaffe pecado de fobervia, q es el pecado q Dios mas aborrece", sermón 6o, parágrafo 5o, pág. 42). El uso del discurso directo produce al mismo tiempo diversos efectos: por un lado, al reproducir la supuesta "situación de enunciación", actualiza la palabra divina, la lleva al plano de lo concreto. De esta manera puede ser más convincente para el destinatario, a quien, como dijimos anteriormente, se le atribuye una incapacidad para comprender ideas fuera del contexto inmediato. Además, esta forma de referir las palabras de los personajes del Evangelio sirve para teatralizar, en cierto modo, algunos episodios clásicos de la Biblia (el ángel caído, la Anunciación, el reconocimiento de Cristo por Juan el Bautista, etc). De esta manera los indígenas tienen acceso directo a estas estampas del Cristianismo (nuevamente encontramos la intención didáctica). La ocupación de la voz indígena, que hemos visto funcionando a través de las preguntas y del NOSOTROS de las plegarias, también se encuentra en el nivel del código lingüístico: el texto en araucano aparece salpicado de préstamos del español, que también invaden, ocupan la lengua y la razón indígena llevando conceptos extraños a su cultura (Trinidad, Angel, Santo Padre Papa, y muchos otros). En otros casos se utilizan palabras araucanas pero se las carga con otros contenidos: huera alhue es entendida como diablo, pllú como alma, huerilca como pecado, aunque en el sentido cristiano de la palabra. Se produce una expropiación de la lengua araucana y se la vacía del contenido cultural que poseía originalmente. En este sentido, Bartomeu Meliá consideraba que "[...] se llega a una sociedad colonial que habla una lengua indígena pero que ya no es lengua de indios". 12 12 Meliá, B.: "La entrada del castellano en el guaraní del Paraguay", en El guaraní conquistado y reducido, Asunción, Biblioteca Paraguaya de Antropología, vol. 5, 1988, pág. 240. El vaciamiento de sentido puede comprobarse consultando un diccionario de lengua araucana. Por ejemplo, encontramos que pllu o pùllu era para los aborígenes uno de los aspectos que podía tomar el espíritu Hemos advertido que el texto construye una posición privilegiada para el enunciador (es el que sabe, el que trae la verdad, el que puede hablar con Dios y con los indígenas). Paradójicamente, en varios momentos del texto se dice que son los indígenas los que deberían sentirse privilegiados por haber recibido la palabra de Dios y por tener tan buenos maestros ("Dad gracias a Dios q os dio padres por maestros q os enfeñen la Fè en Iefu Chrifto", sermón 4o, parágrafo 3o, pág. 25). Claro está que después de semejante privilegio, volver a las antiguas costumbres es un acto de ingratitud y soberbia que merece el castigo de Dios. Los indígenas no tienen salida: o aceptan la nueva cultura arden para siempre en el infierno. 13 El enunciador maneja la impresión, la amenaza y el miedo al castigo como forma de obligar al destinatario a asimilar estas ideas extrañas, como forma de imponer una cultura sobre otra. Evidentemente, la prédica debió desenvolverse con muchas dificultades, ya que habría existido una resistencia natural de los indígenas a trastornar mediante la nueva fe sus antiguas y arraigadas creencias, profundamente imbricadas con sus usos y costumbres, con su propio orden. Además, según Sergio Villalobos "los escándalos provocados por los conquistadores y no pocos eclesiásticos, con olvido del decálogo, eran ejemplos nada edificantes, que causaban un efecto contrario en las mentes nativas". 14 Para cerrar este análisis podríamos establecer algunas relaciones entre los elementos observados a nivel textual y ciertas situaciones extratextuales. Hemos identificado la intención didáctica que impregna todo el texto, y el deseo de enseñar la doctrina cristiana. Esta voluntad pedagógica evidenciada en los sermones es coherente con el interés de los jesuitas en dotar de escritura las lenguas indígenas, 15 confeccionar gramáticas, dichumano. En cierto momento posterior a la muerte, podía continuar viviendo en diferentes lugares según su pertenencia social, no según sus buenas o malas acciones, como es el caso del alma cristiana. Alhue, que los misioneros toman como diablo, era otro ente intangible derivado del cuerpo humano que podía ser utilizado por los calcu (brujos) para sus hechicerías. Sólo entonces se convertía en un ente malvado, en huichan alhue. Como vemos, los misioneros trastocan, limitan o reorganizan el sentido de las palabras araucanas. Y mucho mas feran atormentados otros q defpues de aver recibido efta Fe, y hechofe Chriftianos, fe tornaron a las mentiras que les dezian sus antepasados [...]" (sermón 4o, parágrafo 9o, pág. 26). 14 Villalobos, S.: Historia del pueblo chileno. 15 Aclaremos que estas lenguas, retomando la idea de Meliá, ya no son las mismas, no son "lengua de indios". ANA CARINA KOSEL cionarios y textos, dado que el manejo de las lenguas vernáculas les permitía hacer llegar los contenidos que querían enseñar de la manera más eficaz posible. La descalificación de la cultura del otro, que aparece constantemente en el texto, ilustra el nivel de etnocentrismo que manejaban los europeos. Estas concepciones explicarían en parte los aspectos la expropiación y la dominación que produjo la Conquista: sobre el aspecto material por parte de los Conquistadores y sobre el aspecto cultural e intelectual por parte de las misiones. 1 Lo que aueys de hazer para quitar vueftros pecados, y fubir a la cafa de Dios, por las palabras de nueftro Señor Iefe Chrifto Saluador de nuoftras almas (hermanos, y hermanas mías) os vengo oy ha dezir. Lo primero, quando nueftro Señor Iefu Chrifto para enfrenar a los hombres, embio fus Apoftoles, les dixo efto: Quando enfeñaredes los hombres, dezildes que fe arrepientan de fus pecados, y predicaldes el perdõ de pecados. Esto dixo Iefu Chrifto a fus Apoftoles. 2 También N.S. Iefu Chrifto enfeñó quatro cofas a los Apoftoles, para librarfe de los pecados, y fubir al cielo. La primera cofa es, creer en Iefu Chrifto, La fegunda, dolerfe, y arrepentirfe de los pecados, cõ propofito de no pecar mas de aquí adelante. La tercera, recibir los Sacramentos q fon inftituydos por Chrifto para quitar pecados. La quarta, obedecer los mãdamientos de Dios. Eftas quatro cofas hemos de penfar y tener en el coraçõ, hermanos mios, y deftas quatro cofas trataremos en eftos fermones. A Dios mio toca mi lengua para enfeñar bien, y toca los oydos defta gente, para q oygan bien todas tus palabras, y vofotros pedid efto mifmo a Dios. 3 Lo primero, teneys mucha necefsidad de creer en Iefu Chrifto, a ninguno q no creyere las cofas q los Chriftianos deue creer, le feran perdonados fus pecados, ni feran hijos Dios. Y por efto todos los infieles fe pierden, y fon quemados en el infierno, y todos los q con reuerecia nõbrã al Pillã fe perderan en el infierno, y feran caftigados fin fin, El Pillã no merece adoracion, folo Dios es digno de fer adorado, el es nueftro verdadero, y fanto Padre, fiendo criador de todo, el nos dio el fer de hõbres, el es Señor de todas las cofas, y N.S. Iefu Chrifto es digno de fer adorado, el qual cõ Dios Padre, y cõ Dios Efpiritu fanto es vn folo Dios, fiendo como fon tres perfonas, no tiene mas de vn folo fer de Dios. Dad gracias a Dios q os dio padres por maeftros q os enfeñen la Fè en Iefu Chrifto. Quidu ñi uún meu cay va ta cay ta Dios geneluyey, va cay ta vill pu fanto che, ta pu Profeta, pu Apoftol cay ta ñi quimeluyeel. 4 Eftas cofas de Dios tã grandes, fino las entendieredes bien, creeldas firmemente, que las enfeña la palabra diuina, q no puede errar, y efto creyeron fiepre antiguamente los Chriftianos antiguos, y agora tambien lo creen todos, y el mifmo Dios lo enfeñó por fu boca, y todos lo fantos varones, Profetas, y Apoftoles lo enfeñaron. ANA CARINA KOSEL 5 Muchos millares de hõbres que creian efta palabra de Dios, quifieron mas fer muertos, que dexarla de creer. Eftos fe llaman Martyres, q quifierõ perder fus vidas, antes que perder la Fè en Dios. 6 Y yo q os la enfeño cõ la gracia de Dios eftoy aparejado a fer primero quemado en el fuego, que no dexar de creer efta palabra, y todos los padres, y Chriftianos, todos eftan aparejados a hazer los misfmo, cõ el ayuda q Dios nos dará para ello. 7 Con efta Fè los fantos admirablemente hizieron marauillas, muchos dieron vifta a ciegos, falud a enfermos, vida a muertos, y como quien puede mãdar mãdauan a la mar, y al Sol, y a todas las cofas, porq todas eftauan fugetas a la palabra diuina. 8 Con efta palabra de Dios, y con efta fu Fe, todo el mundo fe boluio a Dios, y fe trocaron fus coraçones y muchos Reyes, y feñores, muchos fabios, y poderofos, todos eftos reuerenciaron con fugecion la palabra de Dios, y la Fè en Iefu Chrifto 9 Vachi Dios ta ñi dúgu, ta Iefu Chrifto meu ta múpiltun cay, ta taúnoluchiche aldú huera peuma gelu, alhue ta ñi mapu meu mgenque ta cutantulgepe pigealu pu ve. LOS SERMONES DE VALDIVIA 9 Y los q no reciben efta palabra, y Fè en Iefu Chrifto, fon defuenturados, y feran condenados al infierno a fer quemados para fiepre. Y mucho mas feran atormetados otros q defpues de auer recibido efta Fè, y hechofe Chriftianos, fe tornaron a las mentiras q les dezian fus antepaffados, q eftos fon viejos, y hechizeros q figue al diablo, y le ayudã. Eftos os quieren apartar de la palabra de Dios, y de fu Fe, y os dizen q cõ reuerencia nobreys al Pillã, y Huecuvoe: y que no adoreys a Dios. y q en vueftras enfermedades, y necefsidades, nõbres al Pillan, y al Huecuvoe. 10 Todo efto q dize fin fundamento, es gran mentira, y maldad, y cofa de burla: defuenturados de effos viejos, y hechizeros, que pobres, fon locos, y tontos, q os engañã, y por folo q les deys de comer, os lleuã al infierno, y todos ellos mifmos tãbien arderan alla, y fe haran braffas para fiempre en el fuego con los diablos. Huera que pu che may ta úigenolu, ta úigelu cay ta diablo ñi piel ta múpituquelu ta mgenque gealu chi cútal meu ta cutantulbi. 11 Por efto mirad que os libreys deftos hechizeros, y viejos, y adorad a folo el verdadero Dios. Efte hizo cielos, y tierra, y como quiere, y le da gufto, reparte los bienes de acâ abaxo a todos los hombres: pero los bienes del cielo, q no fe hã de acabar, los dâ y reparte a folos los que le adoran, y obedecen: y a los malos bautizados, è infieles q obedecen lo q el diablo les manda, los atormenta en el fuego q para fiempre durara. 12 Vey meu vill ta mn cutan meu, ta mn duamyeelchi dúgu meu cay, (pu votúm ema) ta in Apo Iefu Chrifto unm ca, llecúmemn ca, mtúmbimnca, quellucloen pibimnca, ta mn chao lleve, vey ta mn Dios llechi, vey ta elqnoquibilmn aldú geñmayengechi ta chem rúme ñellipubimn, vey tva ta eymn ta mnvla ta quiñe cruz meu ta'lauyelu, vill ta ñi moll-, vún cay ta utulcauyelu, ta mn huerilcan meu ta mn montuabueteu; chem rúme ta mn duamyeel ta eluen, ta pibilmn; ta recúlayaeimn meu, ta chumgechi ta Dios meu ta yaVuduamgechita múpiltumn ta pigeymn, ta vemgechi mupiltubilmn vey ta ñi quelluclon, ta ñi chaútunman cay ta vill ta mn cutan meu ta mn cúuellelchi dúgu meu cay ia peabimn ta comutuabimn cayt ANA CARINA KOSEL 12 Por efto en todas vueftras enfermedades, y neceffidades, hijos míos, yd y acercaos a N.S. Iefu Chrifto, llamalde, pedilde ayuda, q es vueftro padre, es vueftro Dios, no defconfieys del, cõ mucha confiança fuplicalde qualquiera cofa, efte es el q por vofotros murio en la cruz, y derramô toda fu fangre por faluaros de vueftros pecados. Y fi creyeredes tan firmemete en el como ́Dios os manda cre er, en todas vueftras enfermedades, y necefsidades, hallareys fu ayuda, y amparo, y lo vereys con los ojos. 13 Y con mas voluntad en la necefsidades de vueftras almas, aueys de yr a N.S. Iefu Chrifto, para que os perdone vneftros pecados, q folo el os puede faluar, y no ay otro faluador para libraros de pecadao. Efte es el q cõ fu fangre de tanto precio, y eftjma, puede quitar todos los pecados de todo el mundo, aunque fean mas q las arenas del mar, y que los montes. N.S. Iefu Chrifto es el q perdona a todos los pecadores, q por ellos vino acà abaxo, y aora tabien os combida, y dize. Vallechi ta ñi mollvún vey ta Dios meu ta elutubimn ta facrificio meu, ta aldú huera geuyelmn rume, Dios ta aldú cayñeuyebilm rume, vill ta mn huerilcan vachi mollVún meu ta perdonanmageaymn, inche mo ta uñotumnca, ta inche taúyaeimn. Comútumnca va ta ñi pelogeúuúneymn ta mnVla ta rúgúlugeuyen. 14 A hijos mios, yo por vofotros mori en la cruz, para hazeros bien, padecí mucho, venios ami, fi eftays cargados, y apefgarados cõ vueftros pecados, yo os defcargaré, y cargarè, y quitarè el pefo, y os defcãfare. Tomad mi fangre ofrecida a Dios en facrificio, que aunque ayays fido muy malos, y muy enemigos de Dios, LOS SERMONES DE VALDIVIA por efta fangre fe os perdonaran todos vueftros pecados. Bolueos a mi, q yo os recibirè, mirad eftas mis llagas, q por vofotros fuy herido. Mirad mi fangre, q cõ tanto amor derramè para curar vueftras almas. Por efta fangre feran limpios vueftros coraçones de vueftros pecados, y vofotros fereys faluos. Hijos mios, mucho he gaftado, y cosfteado por vofotros. Mucho he hecho por vueftra caufa, fiendo pues tanto el amor q os tego, dadme vueftros coraçones, que yo os dare la vida, y defcãfo eterno. 15 Vill vachi dúgu ta Señor Iefu Chrifto ta piyecúuyeeymn meu, aldú ayún meu cay ta mn montuam cay ta Eeymn meu. 15 Todas eftas palabras os va diziendo N.S. Iefu Chrifto, con mucho amor, y para perdonaros vueftros pecados, y faluaros os combida. Por efta razõ, hermanos mios muy amados, q le refpõdeys vofotros a el. Yo por todos vofotros le refpondo, y digo. A Señor Iefu Chrifto, tu eres nueftro Padre, y nueftro Dios, y nueftro bienhechor. Pedimofte el perdõ de nueftros pecados: pefanos de anerte ofendido. Ten mifericordia de nofotros miferables, y por tu preciofa fangre, y muerte, faluanos. A ti como a nueftro verdadero Dios, folamente adoramos, y como a Maeftro del cielo, en ti folo creemos. Y como a vnico Saluador, y Redentor nueftro, en ti folo efperamos. De aquí adelante no adoraremos mas al Pillan, ni al Huecuvoe, ni creemos las mentiras fin fundamento q dezian los viejos, y hechiceros. Tu palabra fola vendremos a oyr, y la guardaremos para que feamos tus hijos, y para q los bienes q aparejafte para nofotros en el cielo, los gozemos para fiempre.
A partir de los elementos bibliográficos de las publicaciones españolas sobre la transición a la democracia en los países latinoamericanos, editadas entre 1980 y 1995, se analizan los aspectos y los países que interesaron más a los autores, se aportan las características que ofrece la producción bibliográfica sobre el tema y se estudian los elementos comunes y diferenciales con el proceso de transición español, considerado éste también desde la producción bibliográfica generada. Desde hace unos veinte años hasta hoy, se han realizado numerosos estudios, analíticos unos, generalizadores otros, sobre los procesos de transición política en España, en los países latinoamericanos y más recientemente en los países del Este de Europa. Pero no son muchos hasta ahora los trabajos que han abordado el análisis de las características que presenta esta producción bibliográfica ni en su conjunto, ni para cada país. El propósito de este trabajo es aproximarse a la bibliografía publicada en España sobre las transiciones políticas en los países latinoamericanos, utilizando los elementos que aportan los registros bibliográficos, para caracterizar tanto los aspectos más formales de esa producción bibliográfica como aquellos relacionados con los temas estudiados, su alcance geográfico, su dimensión institucional, los vehículos de difusión utilizados, etc. ¿Qué puede aportar al conocimiento de los procesos de transición a la democracia tal y como han tenido lugar en América Latina un estudio de estas características? ¿puede establecerse algún tipo de relación entre los estudios publicados sobre un tema y su representación en una Base de Datos, en forma de registros bibliográficos? ¿No hay demasiadas mediaciones para poder sacar conclusiones creibles? El objeto de esta ponencia no es tanto decir cosas sobre las transiciones políticas sino más bien sobre los estudios acerca de esas transiciones y el modo como los autores se han aproximado a ellas. El material de trabajo utilizado para esta comunicación se ha extraído de la Base de Datos "América Latina", del CINDOC, actualizada a 20 de septiembre de 1995. Esta base de datos recoge, desde 1975, todos los trabajos publicados en revistas españolas, así como los capítulos de libros (compilaciones u obras colectivas), ponencias y comunicaciones a congresos, tesis e informes. Solamente quedan excluidas las monografías. 1 Se han obtenido de la Base de Datos todos los registros correspondientes a los trabajos publicados desde 1980 hasta julio de 1995. El resultado ha sido un conjunto de 211 documentos que responden a la siguiente ecuación de búsqueda: ((Transición política o cambio político) y democra*) o transición democrática. 2 La única restricción ha sido la temporal ya mencionada. Temáticamente, se ha considerado que los trabajos centrados en el estudio de la consolidación de la democracia correspondían a una etapa posterior a las transiciones propiamente dichas y por ello no han sido incluidos. La disponibilidad de esta información en forma electrónica nos ha facilitado la elaboración y la cuantificación de los datos. Por otra parte, el hecho de tener acceso físicamente a los ejemplares ha permitido garantizar la idoneidad de la descripción temática que se asigna en la base de datos a cada registro bibliográfico. Para el análisis de los temas abordados en los trabajos se ha tenido en cuenta la frecuencia de aparición de las palabras clave que representan los contenidos fundamentales de cada documento, siguiendo el principio de que la mayor o menor presencia de un término no vacío en un texto es un indicador de la mayor o menor centralidad del tema representado por dicho término en ese texto. El trabajo abordará cuatro aspectos: a) Las características de la comunidad científica que escribe en publicaciones españolas sobre las transiciones latinoamericanas a la democracia, así como de la producción bibliográfica generada por esa comunidad científica. b) Descripción general de los contenidos de los trabajos publicados. c) Encuentros y desencuentros con lo publicado sobre la Transición española. d) Análisis del contenido de los trabajos sobre las transiciones en los países más estudiados. Los 219 trabajos recogidos sobre las transiciones a la democracia en América Latina han sido escritos por 174 autores. En la descripción de cualquier corpus bibliográfico un dato interesante a estudiar es siempre el comportamiento de éstos, y en concreto lo relativo a su productividad. Lotka formuló en 1926 la Ley de Productividad de los Autores como "ley cuadrática inversa de la productividad" según la cual, el número de autores que producen "n" trabajos es proporcional a 1/n2. Esta ley es aplicable cuando la bibliografía estudiada reune dos condiciones: cubrir un período de tiempo suficientemente amplio y tratarse de un corpus bibliográfico de grandes dimensiones. Nuestra bibliografía cumpliría la primera condición pero quizás no suficientemente la segunda. Por esta razón hemos optado por estudiar la distribución de los trabajos por autor extrayendo de estos datos la productividad media de los autores. Los 219 trabajos objeto de este estudio escritos por 174 autores, arrojan una media de 1,25 trabajos por autor, productividad algo más baja, pero muy cercana a la de los autores que publicaron en España sobre la Transición española entre 1975 y 1991, y bastante más baja que la media de los autores españoles de ciencias sociales, 3 muy próxima a los valores ofrecidos por Kyvik 4 para los científicos sociales de las universidades noruegas. 3 Román Román, A.: Las revistas de Ciencias Sociales, fuente para el estudio de la Historia. Una perspectiva historiográfica y documental. El 75,4% de los autores lo son sólo de un trabajo y el 24,5% lo son de dos o más trabajos. Todos los autores se sitúan en el nivel de "pequeños productores", entendiendo por esto los autores que produjeron menos de 10 trabajos en el período estudiado. Sólo dos autores superan los 5, con 6 y 7 trabajos respectivamente. La relación de firmas-trabajo es la siguiente: Así, el 91% de los trabajos es obra de un solo autor individual y sólo el 9% restante es fruto de la colaboración entre dos o más autores. La media de firmas-trabajo se sitúa en un 1,12, muy por debajo del 2,5, media considerada como normal a nivel internacional, que revela lo poco consolidado que está aún en nuestro país el hábito del trabajo en equipo. Las instituciones en que trabajan los autores La afiliación institucional de los autores es un dato del máximo interés en cualquier estudio descriptivo de un corpus bibliográfico. Sin embargo, los autores españoles no acaban de incorporar el hábito de consignar este dato en sus publicaciones. De los 219 trabajos recogidos, sólo los autores de 107 de estos trabajos aportan este dato (49%). Por tanto las consideraciones sobre los lugares de trabajo de los autores se referirán únicamente a ese 49%. Como cabía esperar, son las instituciones dedicadas a la investigación -universidades, institutos de investigación, asociaciones científicas, etc.-las que producen la mayor parte de los trabajos publicados, un 84%. ADELAIDA ROMÁN ROMÁN Y GRACIELA FAINSTEIN LAMUEDRA Llama la atención la baja aportación de los agentes sociales (partidos políticos, sindicatos, movimientos de liberación, movimientos sociales, etc..) al estudio de un tema que les atañe tan directamente. Origen geográfico de los trabajos A pesar de que trabajamos con un corpus bibliográfico editado en España, es interesante pararse a considerar los lugares en los que se generaron los trabajos publicados. Por los datos que nos aporta ese 49% de documentos que consignan la afiliación institucional de los autores, podemos deducir la tendencia de las contribuciones que sobre las transiciones latinoamericanas han hecho los diferentes países a la producción española. Atendiendo al lugar de trabajo de los autores, este es el orígen geográfico de los documentos: América Latina, el 49%, desglosado en: Argentina, 5,0%; Brasil, 5,6%; Chile, 12,2%; Colombia, 5,0%; México, 8,5%, y Uruguay, 5,0%. Estados Unidos, un 5,0%. Europa, 7,5%, e instituciones no localizadas, el 4,0% restante. Puede observarse que las aportaciones publicadas en nuestro país son, en primer lugar, debidas a autores de países latinoamericanos (49%), entre los que destaca Chile. El segundo lugar lo ocupan los autores que trabajan en instituciones españolas (34,5%), con una fuerte centralización en Madrid, y ausencia de regiones con tanta tradición americanista como Andalucía. Las aportaciones de otros países europeos y de los Estados Unidos ocupan el tercer y el cuarto lugar respectivamente. Hay que reiterar que estos datos sólo pueden tomarse como indicativos de lo que ocurre, y es muy posible que la presencia tan dominante de autores extranjeros se deba a la mayor tradición entre éstos de cumplimiento de las normas internacionales de publicación de trabajos científicos que obligan a hacer constar la afiliación institucional de los autores. Características formales de la bibliografía estudiada Los documentos extraídos de la B.D. "América Latina" son fundamentalmente artículos de revista, pero hay un número nada desdeñable de otro tipo de documentos como tesis, ponencias a congresos, contribuciones TRANSICIÓN LATINOAMERICANA EN OBRAS ESPAÑOLAS DEL CINDOC a compilaciones, etc. La distribución por tipo de documentos es la siguiente: Artículos de revista, 128 (58,4%); capítulos de compilaciones, 61 (27,8%); ponencias, 22 (10%); tesis, 7 (3,2%), e informes, 1 (0,5%). En esta distribución se verifica una vez más la preferencia de los autores por las revistas como vehículo de difusión de su actividad científica, sin embargo es de destacar que los documentos que no son artículos de revista representan en este corpus más del 40% del total de trabajos, siempre excluyendo las monografías, poniendo de manifiesto la importancia que tiene para la investigación el que este tipo de documentos de más difícil acceso puedan ser recogidos e incluidos en las B.D. y estar así localizables y disponibles. Las revistas que publicaron trabajos sobre la transición a la democracia en los países latinoamericanos fueron las siguientes: Si observamos la distribución de los artículos por revistas, veremos que únicamente el 50% de ellos han sido publicados en revistas americanistas, el otro 50% ha visto la luz en revistas de ciencias sociales no especializadas en América Latina. Este hecho, unido a la gran dispersión de los estudios publicados, da idea de la dificultad de reunir, en un momento dado, la información específica producida sobre un tema, pues obligaría a revisar un número grande de ADELAIDA ROMÁN ROMÁN Y GRACIELA FAINSTEIN LAMUEDRA títulos. En sentido contrario, y para el tema de las transiciones a la democracia, los cuatro títulos más productivos concentran casi el 60% de los artículos publicados. Conviene hacer constar que Síntesis, que aparece como revista más productiva en relación con este tema, a mucha distancia del resto, dedicó un número monográfico, en 1994, sobre los procesos de democratización en América Latina. Un último aspecto que interesa tratar en este punto es el de la distribución por años de la producción bibliográfica sobre las transiciones a la democracia. Parece evidente que la mayor cantidad de trabajos publicados lo ha sido en los últimos cinco años, siempre excluyendo las monografías, no contempladas en esta comunicación. Este hecho se ve incluso reforzado debido a que la literatura producida en 1995 aún no está disponible en su totalidad, y cabe suponer que desde septiembre, fecha de la actualización de la B.D., hasta que el año termine, podrán seguir incorporándose otros documentos que se vayan publicando sobre el tema. Contenido de los trabajos publicados en España sobre las transiciones a la democracia en América Latina Basaremos el estudio de los temas tratados en el análisis de los descriptores o palabras clave que acompañan a los registros bibliográficos en la B.D. "América Latina" y que son resultado del análisis de contenido realizado sistemáticamente por los analistas documentales que alimentan la B.D. Una vez obtenida la relación alfabética de los descriptores con su frecuencia de aparición en este corpus, y con el objeto de ofrecer primero una visión global de los contenidos dominantes, se procede a categorizar los documentos, incluyéndolos en una de estas tres categorías: descriptores del ámbito económico "E", descriptores del ámbito jurídico-político "JP", y descriptores del ámbito socio-cultural "SC". Se establece un cuarto grupo TRANSICIÓN LATINOAMERICANA EN OBRAS ESPAÑOLAS DEL CINDOC para incluir en ellos los términos neutros desde el punto de vista de su contenido conceptual (evolución, método, análisis...) Para el recuento de los descriptores por categorías, eliminamos aquellos que sirvieron para establecer la ecuación de búsqueda ya que, lógicamente, se encuentran presentes (una combinación de ellos) en todos los documentos del corpus, y por tanto su presencia no es significativa. Fueron la condición de la obtención de la bibliografía: transición política, democracia, democratización, cambio político, transición democrática. Los datos del recuento de descriptores y sus frecuencias, una vez categorizados, son los siguientes: Por los datos puede verse que desde el punto de vista de la temática general, más de un 46% de los documentos abordan los aspectos políticojurídicos de las transiciones, y que los problemas de órden económico, social y cultural han sido estudiados en bastante menor medida. Para un análisis un poco más fino de los temas estudiados, hemos tenido en cuenta aquellos términos que aparecen al menos en 5 documentos. Es obvio que a mayor frecuencia de aparición menor número de términos (ley de Zipf). 6 Queremos decir con esto que los términos con frecuencia de aparición menor que cinco son mucho más numerosos, pero menos significa-tivos. Queremos vincular así la representatividad de los términos en el corpus bibliográfico a su frecuencia de aparición. Aspectos económicos más tratados Los descriptores "E" con frecuencia superior a 5 son doce, con un total de 120 ocurrencias. El aspecto más presente es la crisis económica, de la que hablan 31 documentos. Siguen en interés la política económica, los temas de cooperación al desarrollo y de los modelos de desarrollo, los problemas derivados de la deuda externa, y todo lo relativo a los procesos de integración regional. Cada uno de estos aspectos está presente en el corpus a un nivel equivalente. En un segundo nivel aparecen temas como la reforma económica, las políticas de ajuste, las políticas neoliberales, el papel del Estado en este nuevo modelo neoliberal, y también los problemas planteados por la situación de países económicamente dependientes. Estos son, sin duda, los que menos interés suscitan a los investigadores, al menos a los que publican en nuestro país trabajos sobre la transición a la democracia. Sólo superan las cinco ocurrencias un pequeño conjunto de términos, 8, con un total de 71 frecuencias. Los aspectos más estudiados son los relativos a los movimientos sociales. En un segundo nivel, modernización, sindicatos, cambio social, sociedad civil y pobreza, son los temas que han interesado más. Este conjunto es con mucho el más grande. Está formado por 51 descriptores que tienen más de cinco ocurrencias con un total de 599 frecuencias, sin contar las sumadas por los términos de búsqueda que todos pertenecen a este conjunto. Se establecen tres niveles de importancia en los temas tratados de acuerdo con su frecuencia de aparición. Un primer nivel estará formado por los temas que están presentes en más de 20 documentos, un segundo nivel TRANSICIÓN LATINOAMERICANA EN OBRAS ESPAÑOLAS DEL CINDOC será el de aquellos temas tratados en más de 10 y menos de 21, y un tercer nivel de interés estará representado por los temas que aparecen en menos de 10 documentos. Siguiendo este esquema, el papel de los partidos políticos en los procesos de democratización junto con todo lo relativo a los procesos electorales han sido los aspectos que más interés han suscitado entre los autores. Los regímenes de dictadura y en especial las dictaduras militares, los sistemas políticos, los problemas de consolidación democrática estudiados conjuntamente con los procesos de transición, los problemas relacionados con las Fuerzas Armadas, y las relaciones internacionales completan el conjunto de aspectos estudiados que situaríamos en un primer nivel de interés. En un segundo nivel, encontramos trabajos que analizan rasgos del ejercicio del poder político como el autoritarismo, o el presidencialismo, estudios centrados en los diversos aspectos de la participación política como las fuerzas políticas, la oposición política, las limitaciones de la democracia formal, las crisis políticas, las garantías para ejercer los derechos civiles, o la incidencia de la revolución armada en los procesos de cambio político en Centroamérica. Un tercer grupo estaría formado por los artículos que abordan aspectos vinculados al desarrollo político, desarrollo constitucional, cultura política, consenso político, representación política, etc., y otros relacionados con la legitimidad política, la estabilidad, o las opciones políticas, izquierda o derecha. En síntesis, los temas que más han interesado a los investigadores, al menos a partir de los trabajos recogidos en la B.D. "América Latina" sobre las transiciones a la democracia, son aquellos relacionados con las instituciones políticas y su funcionamiento, con los procesos electorales y con el desarrollo político. El interés por otros problemas de las democracias recientes como los niveles de renta, las políticas distributivas, las reformas económicas, las relaciones económicas internacionales, etc., fue bastante más secundario, si tomamos como indicadores los descriptores temáticos de los documentos. Menos aún han preocupado los aspectos relativos a los marcos socioculturales en los que los procesos de democratización han tenido lugar. Más adelante volverán a tratarse los contenidos dominantes de los trabajos, analizando éstos por países. Ahora, parece interesante establecer algunas comparaciones con la producción bibliográfica sobre la transición española. ADELAIDA ROMÁN ROMÁN Y GRACIELA FAINSTEIN LAMUEDRA Encuentros y desencuentros con la bibliografía de la transición española 7 Se ha considerado interesante establecer algunas comparaciones entre el corpus bibliográfico estudiado en esta comunicación y la bibliografía publicada en revistas españolas sobre la transición política en España entre 1976 y 1991. A pesar de la diferencia en el tiempo de publicación, son dos conjuntos de información bastante comparables, pues los dos abarcan la producción de quince años, y los procesos de transición latinoamericanos fueron posteriores en sus inicios al español, de manera que la mirada de los investigadores sobre esos procesos puede ser comparable, sobre todo si no buscamos conclusiones fehacientes sino aproximaciones y rasgos comunes o diferenciales. El segundo conjunto bibliográfico está compuesto por prácticamente el doble de documentos, 427 artículos de revistas españolas. Por ello para el estudio de los temas, en el primer conjunto la frecuencia mínima considerada ha sido 5, mientras que en este segundo conjunto ha sido 10. Los parámetros cuantitativos de la bibliografía sobre la transición española son los siguientes: Un análisis más profundo de las analogías y diferencias de los dos procesos y de su reflejo en la bibliografía requeriría un espacio superior al marco de esta comunicación. Por ello se considerarán sólo los contenidos generales dominantes, así como los temas más tratados. Ámbito Transición española Transiciones latinoamericanas 7 Los datos sobre la bibliografía de la transición española han sido tomados de Román Román: Las revistas de Ciencias Sociales, fuente para el estudio de la Historia..., Capítulo III. Ver también Román Román, A.: "The spanish transition to democracy seen through the spanish database ISOC". Es claramente visible el predominio en los dos casos de los temas relativos al ámbito jurídico político y es también común la gran diferencia de interés entre estos últimos y los aspectos económicos y sociales, advirtiéndose aquí alguna diferencia notable: mucha más presencia de temas económicos en los estudios que tienen por objeto la transición democrática en los países latinoamericanos y mayor preocupación por los aspectos socioculturales en los autores de los trabajos sobre la transición española. Para ver con más claridad cuáles son los aspectos más abordados en cada uno de los dos bibliográficos, aportamos a continuación los diez términos más representativos de cada uno de los dos conjuntos estudiados y sus frecuencias absolutas: Si se analizan un poco estas dos columnas, hay elementos comunes muy evidentes. En ambos corpus aparecen como elementos más estudiados los "partidos políticos", las "elecciones", la "democracia", en los dos casos la transición tiene lugar en un contexto de "crisis económica" reflejada en estas 10 primeras posiciones. La realidad de la "dictadura" o el "franquismo", que para el caso podemos considerar si no sinónimos, sí equivalentes, aparecen en posiciones muy dominantes, no podría ser de otra manera. Otros términos, de estos diez primeros, reflejan algunas par-8 Los términos de búsqueda empleados para recuperar la bibliografía sobre la transición española fueron exclusivamente "transición política" o "transición democrática". Ver: Román Román: Las revistas de Ciencias Sociales... ADELAIDA ROMÁN ROMÁN Y GRACIELA FAINSTEIN LAMUEDRA ticularidades de estos procesos a uno y otro lado del Atlántico: en España, el "nacionalismo" y el "terrorismo", en América Latina, la preocupación y la necesidad de apoyo de los países democráticos a los procesos de democratización, reflejados en los términos "relaciones internacionales" y "política exterior". Y, por último, hay en estas 10 primeras posiciones un reflejo simbólico de las preocupaciones de segundo nivel: en España, la "política económica", en América Latina, los "movimientos sociales", en línea con lo que se refleja a nivel más global en los datos de los apartados anteriores. Países abordados en los trabajos y temática por países El 24% de los documentos estudiados tratan de América Latina en general sin especificar países concretos o subregiones. Considerando las subregiones, América Central es la más tratada con un 21%, sumando los documentos que tratan de cada país centroamericano en particular y los que hablan de la región en general. En cuanto a los países en concreto, el más estudiado es Argentina (14%), en segundo lugar Chile (11%), le sigue Brasil (10%), Uruguay (7%), México (7%) y Nicaragua y El Salvador con un 6% cada uno. El resto de los países se encuentran casi todos presentes, aunque con un número de trabajos muy pequeño (15%). Esta distribución no causa demasiadas sorpresas a los que trabajamos habitualmente con documentación española sobre América Latina, especialmente la que trata de política, economía, sociología, etc. Si consideramos otros temas de estas disciplinas objeto de estudio de los americanistas españoles o no españoles que publican en España, encontraremos unas proporciones parecidas. Existen unos países que concitan la atención de la investigación más que otros como es el caso de Argentina, Chile o Brasil. En el tema que nos ocupa, sólo desentona Mexico, ya que suele ser uno de los países mas tratados en las publicaciones americanistas españolas. En este caso, su escasa representación se debe, seguramente, a que la transición democrática de México tiene unas características especiales y se aparta, temporal y conceptualmente, de lo que es un proceso de transición "típico". El caso de los países del área centroamericana es de destacar por su amplia representación: recordemos que en esta región, la peculiaridad de unos procesos de transición que constituyeron en la práctica un paso de la guerra a la paz, suscitó mucha atención, así como el protagonismo de España en los procesos de negociación entre los sectores enfrentados (Esquipulas, Pactos de San José). Un país ausente en este tema es Cuba, cuya problemática aparece frecuentemente en las publicaciones españolas. Obviamente en este caso está claro que el tema no le toca particularmente. En cuanto al resto de los países cuya representación es bastante baja (Paraguay, Bolivia, Colombia, etc.) como hemos explicado, es un hecho que suele repetirse al analizar la documentación americanista española de ciencias sociales. También se puede pensar que el hecho de que Argentina y Chile sean los países cuyos procesos de transición más han interesado en España, obedece a que dichos procesos son hasta cierto punto equiparables al proceso de democratización español. Análisis temático por países Dado que en la Base de Datos el sistema de indización por descriptores temáticos desciende a un nivel muy específico de análisis, hemos agrupado los términos de manera que pudiéramos obtener unas categorías temáticas más generales. Con este procedimiento hemos creado 5 grupos temáticos: Desarrollo político de la transición: en este apartado hemos agrupado a todos los descriptores que hacen referencia a los actores políticos y los factores coyunturales del proceso de transición a la democracia. En este grupo se encuentran términos como: "partidos políticos", "militares", "elecciones", "dictadura", etc. Sistemas políticos: bajo esta denominación hemos integrado todos los descriptores que se refieren a conceptos que, más allá de la mera coyuntura política, caracterizan a los sistemas políticos de una forma más global y a los procesos que al márgen del mero hecho electoral afectan a las instituciones y a la política a largo plazo. Ejemplos de estos descriptores temáticos son: "presidencialismo", "reforma constitucional", "centralismo", "división de poderes", "sistema judicial", etc. ADELAIDA ROMÁN ROMÁN Y GRACIELA FAINSTEIN LAMUEDRA Aspectos económicos: en este epígrafe se han reunido todos los descriptores de caracter económico como "desarrollo económico", "política económica", "neoliberalismo", "inversiones", "crisis económica", etc. Dimensión internacional: agrupa descriptores como "relaciones internacionales", "coyuntura internacional", "integración regional", "ayuda exterior", etc. Aspectos socioculturales: en este grupo temático hemos integrado todo aquello que se puede decir que NO es política, pero que tiene lugar en los procesos de transición, o sea los problemas y conflictos sociales, las repercusiones del proceso de transición en la sociedad civil, en los movimientos sociales, en la cultura. Ejemplos de estos descriptores son "derechos humanos", "desigualdades sociales", "opinion pública", "cambio social", "pobreza", "violencia", "iglesia católica", etc. Temas específicos de cada país: integran este grupo los descriptores que se refieren a problemas y circunstancias propias del país en cuestión. Ejemplos: "fraude electoral" en el caso de México, "guerra civil", "guerrilla", "conflicto bélico" o "negociaciones de paz" en el caso de países centroamericanos. Vemos que en lo que se refiere a los documentos que tratan de América Latina en general, sin detenerse en los países en concreto, la temática está bastante uniformemente repartida, siendo los aspectos políticos los más tratados y los socioculturales los que menos aparecen. Sin embargo, cuando analizamos la distribución temática por países concretos, la homogeneidad desaparece o al menos no está tan clara. Temática de los documentos que tratan de Los aspectos estrictamente políticos (coyunturales y no coyunturales) dominan con más de un 50% del total de descriptores temáticos, sumando los dos grupos: "desarrollo político de la transición" y "sistemas políticos", mientras que los otros grupos temáticos son abordados con mucho menos peso. Existen algunas excepciones: por ejemplo, en el caso de Argentina, los aspectos económicos ocupan un lugar importante, por encima de la media, con un 21% de los descriptores, o el caso de Chile con un 21% también para el ambito sociocultural. También son excepción El Salvador, Nicaragua y México, en relación al alto grado de aparición de temas que se refieren a cuestiones particulares de estos países, representados por porcentajes altos de descriptores de los que hemos llamado "específicos". Este hecho plantea algunos interrogantes: ¿por qué cuando se analizan los procesos de transición concretos de los países se aborda sobre todo el aspecto político, dejando de lado, o al menos relegando a un segundo plano la problemática económica, social y cultural de los países en cuestión? Sólo podemos apuntar, especulativamente, algunas razones de estos desequilibrios, ya que con los datos que tenemos tampoco es posible establecer una relación directa causa-efecto. Los aspectos económicos, sociales y culturales, así como los problemas específicos de cada país y de cada proceso de transición posiblemente requieren un nivel de estudio y de análisis en profundidad que no es el que encontramos en los documentos estudiados. Los temas estrictamente políticos, especialmente los relacionados con la coyuntura, son los que aparecen en una "primera mirada", son, diríamos, los más evidentes de una transición politica. Descender a analizar lo que ocurre "detras de la cortina política", internarse en el desarrollo de la sociedad civil, en lo que late al márgen de los partidos, los parlamentos, los ejércitos o los centros de poder, implica realizar un estudio detenido y profundo que quizás esté aún por hacer. Es probable que esto sea una cuestión de etapas, de tiempos, es decir que en un primer momento el interés se centra en lo político y la reflexión sobre otros aspectos (internacional, social, cultural, etc.) de un proceso de transición sea algo que inevitablemente venga más tarde, una vez aplacado el escenario político, con más perspec-tiva. El interés demostrado por problemáticas particulares ("temas específicos") en el caso de El Salvador, Nicaragua y México se debe probablemente más a la particularidad del propio proceso de democratización que a un análisis más pormenorizado de dichos países. Por último, en cuanto al desfase que aparece en los temas referentes a la dimensión internacional de los procesos de transición, segun se trate de América Latina como un todo o de cada país en particular (18% en el primer caso y 9% de media en el segundo), lo que podemos deducir es que el interés se ha centrado en las relaciones internacionales a nivel de "bloques", es decir, relaciones de la Comunidad Europea con la América Latina democrática, posturas de las distintas administraciones norteamericanas respecto de los procesos de democratización latinoamericanos, etc. Estos son los datos: Universidades América Latina en general 18% Temática de los documentos por países concretos
Recopilación bibliográfica que recoge 175 referencias de guías, catálogos, inventarios y otros instrumentos descriptivos en los que se localizan y describen fondos cartográficos de interés para el estudio de Iberoamérica y sus regiones de influencia histórica. La información se presenta ordenada según la ubicación original de los fondos descritos en la respectiva bibliografía. En la base misma de la investigación histórica se encuentran las fuentes documentales que sirven de materia prima, evidencia y objeto de estudio. Los múltiples problemas planteados por la identificación y la ubicación de dichas fuentes representan, por tanto, el primer reto con que se enfrenta el investigador. En consecuencia, el propósito del presente trabajo es facilitar el conocimiento más completo posible de los instrumentos de búsqueda y descripción impresos relacionados con la cartografía histórica y, secundariamente, con los fondos que habitualmente se clasifican y catalogan junto a ellos, como dibujos, diseños, esbozos, grabados, pinturas, planos urbanos, y portulanos/cartas náuticas. Las bases teóricas y metodológicas de la investigación archivística y bibliográfica que llevamos a cabo desde hace ya varios años están expuestas amplia y detalladamente en nuestro libro Fuentes manuscritas para la historia de Iberoamérica: guía de instrumentos de investigación (Madrid: Fundación Mapfre América/Instituto Histórico Tavera, 1995), y a él remitimos. No obstante, conviene recordar aquí que nuestro interés se centra sobre las fuentes primarias manuscritas, por lo que no están incluidos (excepto en los casos de fondos mixtos) los instrumentos descriptivos de materiales cartográficos y análogos de carácter impreso, como puede ser el caso de los trabajos centrados en el análisis de mapas publicados en libros antiguos. 1 En la bibliografía que se presenta nos circunscribimos, asimismo, a la documentación de carácter gráfico, quedando por tanto excluidos los catálogos, inventarios, etc. de los documentos escritos de interés para estudios cartográficos (informes y cartas de expediciones científicas y geográficas, funcionarios militares, etc.). Siguiendo, por otra parte, el criterio general que entoces aplicamos, la bibliografía se presenta ordenada geográficamente según la ubicación de los fondos descritos. Desde la entrega a la imprenta del mencionado libro, hemos continuado trabajando en nuestro empeño de consolidar una base de datos que recoja de modo sistemático y prácticamente definitivo toda la información existente sobre instrumentos de búsqueda y descripción de fuentes manuscritas y proyectamos, en este sentido, la publicación de un Suplemento, cuando el volumen de información así lo aconseje, y sobre todo, cuando se pueda dar por terminada la fase de localización retrospectiva de bibliografía. La presente entrega representa así, al mismo tiempo, un trabajo temáticamente especializado y un avance respecto de nuestra Guía.... Por un lado, refleja el estado actual de la información de carácter cartográfico recogida en nuestra base de datos, sensiblemente perfeccionada desde el año 1995 y, por otro, sirve también como catálogo actualizado de los títulos existentes en nuestra propia biblioteca, ahora dependiente de la Fundación Histórica Tavera, cuyos fondos (más de 2.700 títulos de catálogos, inventarios, índices, guías e instrumentos análogos sobre de fuentes manuscritas relevantes para la historia iberoamericana) están a disposición de los investigadores que deseen consultarlos. El interés histórico de los materiales de carácter cartográfico no requiere comentarios por extenso. Las circunstancias relacionadas con ubicación, distancias, direcciones, características y cualidades de terrenos y aguas necesariamente condicionan las empresas humanas. Los documentos cartográficos resultan, pues, de valor fundamental para entender procesos históricos involucrados en la evolución del conocimiento geográfico, exploraciones, la ocupación del territorio, la localización y explotación de 1 Como las obras de Francisco Vindel: Mapas de América en los libros españoles de los siglos XVI al XVIII (1503-1798) (Madrid: 1955) y Mapas de América y Filipinas en los libros españoles de los siglos XVI al XVIII. Apéndice a los de América. Adición de los de Filipinas (Madrid: 1959), o el interesante trabajo de Lucila Valderrama sobre los fondos de la Biblioteca Nacional de Perú, ceñido también a la cartografía incluida en atlas y libros antiguos o desglosada de ellos, y que cubre el período 1574-1920: "Catálogo de mapas antiguos de América". Boletín de la Biblioteca Nacional (Lima). XV/22 (segundo trimestre 1962), págs. 22-63.176 SYLVIA L. HILTON E IGNACIO GONZÁLEZ CASASNOVAS recursos naturales, la planificación y construcción de pueblos, misiones, presidios, ciudades, carreteras, puentes y puertos, el establecimiento de demarcaciones político-administrativas, o de actividades eclesiásticas, los conflictos sobre áreas de jurisdicción y límites, el diseño de defensas militares y el desarrollo práctico de operaciones bélicas. OBRAS GENERALES 1* Alemar, Luis Emilio: "Apuntes para la cartografía dominicana". Inventario bastante confuso, que recoge 297 menciones a cartografía publicada e inédita de interés dominicano. En el caso de las piezas originales, la referencia a la localización resulta a veces difícil de precisar, aunque es posible identificar, al menos, fondos procedentes de: Archivo General de Indias, Real Biblioteca (Madrid), Servicio Histórico Militar, Biblioteca del Congreso (Washington, D.C.), British Library (Londres) y Bibliothèque Nationale (París). En la entrega del mes de abril de 1940, la ordenación correlativa de las referencias se trunca, repitiéndose la numeración a partir del número 147. En la siguiente entrega, sin embargo, se retoma la correlación con lo publicado en el número correspondiente a septiembre de 1939. Por ello, el número total de referencias asciende a las 297 mencionadas aunque el inventario finaliza con el registro 270. En la última entrega reseñada se anuncia la continuación, que no hemos encontrado. [3]* Guarda, Gabriel, O.S.B.: "Los planos de la ciudad de San Marcos de Arica, siglos XVI-XVIII". Anuario de Estudios Americanos (Sevilla). 2 Las referencias cuyo número figura entre corchetes son registros de nueva incorporación respecto a la bibliografía recogida en Fuentes manuscritas para la historia de Iberoamérica. Guía de instrumentos de investigación. Los números entre paréntesis indican que el título apareció ya recogido en la Guía..., pero que ha sido objeto de alguna corrección significativa respecto de su enunciado en aquélla; estas correcciones pueden referirse a los datos formales de la ficha bibliográfica, o bien al contenido o a la ubicación de los fondos que describen. El asterisco, por último, indica que la obra está ya incorporada a la Biblioteca de nuestro Centro de Referencias. La "Colección D. Teresa Cristina Maria" comprende materiales de diversa naturaleza (bibliografía, manuscritos, iconografía...). Los fondos cartográficos se describen en las páginas 39-42. Instituto Hidrográfico de la Armada y Dirección de Fronteras y Límites del Estado 26* "Catastro de cartografía histórica". Revista Geográfica de Chile Terra Australis (Santiago). De la mapoteca de la Dirección de Fronteras se registran 76 entradas, casi todas del siglo XIX. En ambos casos se trata en general de piezas originales. Archivo General de la Nación 27* Cortés Alonso, Vicenta: Catálogo de mapas de Colombia. Véase también una introducción general al proyecto que desembocó en este catálogo y a las características principales de la colección en el trabajo previo de la autora: "La colección de mapas y planos del Archivo Nacional de Colombia". Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (Madrid). Este trabajo se reprodujo más tarde en su Archivos de España y América. Materiales para un manual. 28 Vergara, Saturnino: "Catálogo de los mapas, planos, cartas hidrográficas, etc., existentes en la Biblioteca Nacional". Anales de la Instrucción Pública en los Estados Unidos de Colombia (Bogotá). 29 "Catálogo topográfico de los mapas, planos, etc. de la Biblioteca Nacional". Revista de la Biblioteca Nacional (Bogotá). 30* Zuluaga, Francisco: "Archivos de Cali". Reseña histórica de los archivos de Cali seguida de los siguientes inventarios: Catálogo de las copias microfílmicas de la Notaría Primera de Cali (1541-1831), Mapas existentes en la Primera Notaría de Cali (1869Cali ( -1959)), Mapas existentes en la Notaría II de Cali (1888Cali ( -1941)). Toda esta documentación forma parte de la "Colección Microfílmica de Archivos" de la Universidad del Valle. Departamento Administrativo de Planeación 31 Indice Cartográfico: originales, copias, mapas. 37 Archivo de J. Jesús Ahumada, integrado por documentos de diversa tipología, como escrituras públicas y privadas, libros de cuentas, correspondencia particular, asuntos varios y ejemplares de `El Estado de Colima y que, además, contiene planos. Archivo Histórico del Estado de Jalisco 39* "Relación de mapas y planos de Nueva Galicia". Boletín del Archivo Histórico de Jalisco (Guadalajara). Originales del Archivo General de Indias, con copias en el Archivo Histórico de Jalisco., 1979, -1982. Catálogo de la sección "Mapas, planos y dibujos" (siglos XVI-XIX). Organizado por ramos, cada volumen describe las piezas existentes en uno o varios ramos. Existe además un folleto de presentación general de la estructura y contenidos de este Catálogo: Introducción a la serie: Catálogo de Ilustraciones (1 al 14). 22 El archivo de esta historiadora incluye mapas, fotografías, reproducciones y transcripciones de documentos del Archivo General de Indias y archivos cubanos, así como borradores y notas de sus investigaciones sobre las fronteras sudorientales de los Estados Unidos en la época colonial. La colección comprende 2.883 mapas y manuscritos, de los siglos XVI a XX, sobre la época colonial de los virreinatos de Perú y Rio de la Plata y período nacional del área rioplatense. Los 97 títulos comentados de manuscritos y materiales impresos incluyen también referencias a mapas. Colección formada por 122 mapas, algunos copiados de originales del Archivo General de Indias. Sutro Library [68] 5 Se unifican bajo una misma entrada ambas instituciones para simplificar la presentación de las referencias correspondientes a la serie Cartografía y Relaciones Históricas de Ultramar. El conjunto se compone, en cada entrega, de un volumen de cartografía con láminas y un `volumen descriptivo', este último con dos partes diferenciadas: la ficha, explicación y toponimia de la cartografía reproducida (procedente tanto del Servicio Histórico Militar como del Servicio Geográfico) y un inventario con amplios resúmenes de documentación relacionada, en general, con la cartografía incluida en las reproducciones y conservada exclusivamente en el archivo del Servicio Histórico Militar; tan sólo el primer volumen de la serie (`América en general') incluye, en lugar del inventario, la transcripción íntegra de los documentos. Estos volúmenes sirven, por tanto, como instrumentos descriptivos tanto de los fondos cartográficos de los dos organismos como del fondo manuscrito del Servicio Histórico Militar. SYLVIA L. HILTON E IGNACIO GONZÁLEZ CASASNOVAS IBEROAMÉRICA Argentina Buenos Aires Archivo General de la Nación Plata Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires'Dr. Ricardo Levene' 6 La Paz Archivo Histórico de Baja California Sur `Pablo L. Martínez' Montevideo Ministerio de Defensa -Servicio de Hidrografía 55
El Códice Azcatitlan, conocido también como Histoire Mexicaine, es un documento del Valle de México que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia, donde está clasificado como "Mexicain 59-64". Se trata de un manuscrito plegado en forma de biombo, que debió pintarse en la segunda mitad del siglo XVI sobre papel europeo en buen estado de conservación. La nueva publicación que se ha realizado del te estudio, es indicio del cambio de un tlacuilo o pintor especializado a un aprendiz. Sin embargo, en la lámina XII, el primero de ellos retoma su trabajo y se observa, de nuevo, un dibujo más cuidado. A partir de la lámina XIV el ritmo de lectura acostumbrado cambia bruscamente. Es la parte correspondiente a las sucesiones dinásticas, donde cada lámina comienza con la representación del señor de Tenochtitlan en su trono, paralelamente a la del señor de Tlatelolco. Ante el primero se extienden los glifos de las conquistas realizadas durante cada reinado, así como otros personajes y eventos importantes. Las láminas que narran los acontecimientos de la llegada española, conquista y primeros años de la Colonia están enmarcadas en escenas independientes unas de otras, sin un testigo que indique un orden de lectura, lo que es una de las muchas muestras de fuerte influencia europea en el manuscrito. Ya hemos mencionado que la cronología abarca un amplio período de tiempo expresado mediante una serie de recuadros cronológicos, que se suprimen en la lámina XIII, y que indican los años tanto en nahuatl como su fecha correlativa en el calendario europeo. Su disposición es muy similar a la de otros documentos como los Códices Boturini, Mendoza, Telleriano-Remensis, etc., aunque aquí, su distribución es algo diferente pues el grupo de recuadros acompaña a cada uno de los glifos toponímicos para indicar el número de años que permanecen en cada sitio. Para una mejor comprensión del extenso manuscrito, Michel Graulich ha estructurado el códice en dos partes fundamentales. La primera, con una amplísima introducción donde hace un excelente estudio de las fuentes documentales utilizadas (códices y cronistas) para este documento. Incluye también varios apartados donde toca otros temas como la historia del códice, su fecha de elaboración, el estilo y los autores del mismo así como su contenido, este último dividido en tres secciones. La segunda parte se ciñe a la interpretación del códice. En realidad se trata de un comentario -como él lo llama-con numerosas notas a pie de página para respetar el texto que Barlow realizó anteriormente y no romper su ritmo de lectura. Debido a su amplitud cronológica y abundancia de sucesos, Graulich ha seguido el orden establecido por Robert Barlow de analizar lámina por lámina, hasta un total de 39. Para un mejor entendimiento de cada una de ellas, el autor del estudio presenta una reducida copia, en blanco y negro, de cada una de las laminas en el libro explicativo. Sus análisis se apoyan en una abundante documentación, basada principalmente en códices de la misma tradición, así como en cronistas del siglo XVI que tratan temas relacionados. Gracias a sus conocimientos del mundo mesoamericano, así como al dominio de las fuentes de época colonial y otros documentos pictográficos de tradición prehispánica, el Dr. Graulich interpreta con acierto muchos de los datos que el códice ofrece, sabiendo interconectar con gran habilidad los elementos que en él figuran. Sin embargo, llama la atención el hecho de que el trabajo carezca de conclusiones. La autora de esta reseña inició a principios del año 1994 el estudio de este mismo códice como parte de su tesis doctoral. Nace aquí el interés personal por conocer el trabajo realizado por Michel Graulich, al que con mucho gusto hace la reseña pertinente. El hecho de haber trabajado un mismo documento en un tiempo relativamente simultáneo al del doctor Graulich, nos ha permitido, en algunos casos, observar diferencias y realizar otro tipo de análisis, algo usual en la comprensión de este tipo de fuentes. A su vez, son también muchas las ocasiones en las que hemos coincidido con sus interpretaciones, aunque inevitablemente sigan existiendo algunas dudas de significación abiertas a futuras investigaciones. Hay que tener presente que el Códice Azcatitlan es un documento complejo, con abundantes influencias, donde se abordan muy variados temas del mundo azteca mexica. El hecho de poder contar con la nueva edición del facsímil, así como con su comentario nos ha sido de gran utilidad para nuestra investigación. Es de agradecer a la Biblioteca Nacional de Francia y a la Sociedad de Americanistas su apoyo e interés científico, gracias a los cuales podemos tener acceso a esta magnífica publicación editada en francés, español e inglés. Asimismo, ponemos de relieve la importante colaboración realizada por otros especialistas: Marc Thouvenot en la transcripción de las glosas en náhuatl; Valérie Delbart en el estudio sobre los artistas del códice; Leonardo López Luján por la traducción al español de los textos en francés; y Dominique Michelet por la traducción al francés del estudio de Barlow.-MARÍA CASTAÑEDA DE LA PAZ. Unidad Editorial del Gobierno de Jalisco, Guadalajara, Jalisco, 1996, 349 págs., apéndice, bibliografía, fuentes topográficas e índices. María Angeles Gálvez partió del examen de esta historiografía para plantear su investigación con dos objetivos: averiguar "qué factores fueron los determinantes de la originalidad regional de Guadalajara" y "estudiar el proceso de consolidación de la conciencia regional en Guadalajara" durante el gobierno de dos intendentes, Antonio de Villaurrutia y Jacobo Ugarte, de 1786 a 1800. Tomo LIV, 1, 1997 Para poder alcanzar estos objetivos, la doctora Gálvez consultó cuatro archivos principales, el General de Indias (Sevilla), el General de la Nación (México), el Histórico Nacional (Madrid) y el Archivo de la Real Audiencia de Guadalajara en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco. Con fuentes de primera mano organizó la historia de la Intendencia de Guadalajara desde su creación en 1786 hasta el inicio del siglo XIX. El libro empieza con un estudio del sistema de intendencias en la Nueva España, la propuesta, los problemas y las contradicciones que presentaba, para ubicar a los intendentes estudiados, Villaurrutia y Ugarte. La autora encuentra que, Jacobo Ugarte, además de ser un intendente ilustrado, durante su gobierno se consolida la conciencia regional de Guadalajara, entendida por una serie de motivos económicos, culturales, fiscales, administrativos y jurídicos que afirmaron los deseos de autonomía de la Intendencia de Guadalajara. Esta discusión le da pie para el examen de las características regionales de la Intendencia de Guadalajara. Toma en cuenta las definiciones propuestas por geógrafos e historiadores de la región de Guadalajara, entre ellos Van Young, para quien la región está determinada por el espacio en el que tienen lugar relaciones económicas. Para definir la región de Guadalajara, la autora también utiliza los criterios jurídico, fiscal, militar y económico y las jurisdicciones de las instituciones con sede en la capital de la Intendencia, tales como la Real Audiencia, el obispado, la caja real. Con el estudio de la Intendencia pudo pasar a examinar la ciudad de Guadalajara y la modernización del entorno urbano, que tuvo lugar en el período de 1786 a 1800 y que implicó la primera división de la ciudad en cuarteles, la reorganización de los propios, el empedrado de las calles, la introducción del agua, el acondicionamiento de los mercados, los reglamentos contra incendios, la política sobre los cementerios, el alcantarillado, la basura y el hospital. Todas estas medidas de policía urbana y de política de higiene y sanidad se dieron principalmente durante el gobierno de don Jacobo Ugarte, quien llegó a Guadalajara en marzo de 1791, cuando el capitán Félix María Calleja recibió "las órdenes e instrucciones" del virrey Conde de Revillagigedo para formar el padrón militar de Guadalajara. La autora también estudia la economía y se refiere primero al desarrollo agropecuario, con base en los ingresos decimales y en los reales novenos, para mostrar que en esos años se dio un aumento en la producción y una mayor diversificación y comercialización de los productos del campo. Luego habla del fomento a la industria textil de algodón y lana, de la crisis y decadencia de la minería, de la importancia del crédito en la economía, de las gestiones y la necesidad de establecer casa de moneda en Guadalajara y de la creación del Consulado de Guadalajara y el impulso que dio al comercio, a las obras públicas y a las comunicaciones en la Intendencia. Cierra el capítulo con un estudio de la Caja Real de Guadalajara para mostrar que la década de 1790 tuvo una máxima recaudación fiscal porque hubo mayores ingresos y porque remitió más dinero a la tesorería de México. No podía terminar el libro sin el estudio de los problemas sociales que afectaron a la Intendencia. Primero analiza el aumento de la tensión social en la región de Guadalajara, provocada, entre otros factores, por el aumento de la población indígena que no tuvo acceso a la propiedad de la tierra por la extensión de la gran hacienda y por la expansión de la agricultura comercializada. La autora encuentra que precisamente el bandolerismo se daba donde había el problema de la falta de tierras. Amplía este punto con la presentación de las regiones afectadas por el bandolerismo. Este adquirió dimensiones alarmantes por lo que tuvo que intervenir el juez de la Acordada, por orden del virrey. También aquí la autora encontró los deseos de autonomía de la Intendencia al querer solucionar el problema del bandolerismo con la creación de un Juzgado de Hermandad en Guadalajara, independiente del de la Acordada de la Nueva España. En resumen, María Angeles Gálvez armó una historia muy completa de Guadalajara y de la Intendencia de Guadalajara para los años en que se afianzó una conciencia regional, reforzada no sólo por su desarrollo económico sino también por la creación de instituciones nuevas, la Universidad, el Consulado, la Casa de Moneda, que fortalecerían a las que se habían creado desde el siglo XVI, el Ayuntamiento, la Real Audiencia, el Obispado, la Caja Real. Con el libro La conciencia regional en Guadalajara y el gobierno de los intendentes (1786-1800) y otros trabajos sobre la región la doctora Gálvez ha hecho una gran contribución a la historiografía de Guadalajara.-CARMEN CASTAÑEDA. Hampe Martínez, Teodoro: Bibliotecas privadas en el mundo colonial. La difusión de libros e ideas en el virreinato del Perú (siglos XVI-XVII). Un libro sobre libros es el resultado de una década de paciente investigación historiográfica del profesor de la Universidad Católica del Perú Teodoro Hampe. Reseñarlo es para mí todo un honor, pero al que se le añade una dificultad, pues juzgar la obra de la persona con la que di mis primeros pasos en el apasionante mundo de las inquietudes intelectuales de los hombres del Perú colonial constituye un reto nada desdeñable, porque el resultado podría ser fruto de la amistad y no de la admiración. Como sea, felicito al autor y aprovecho la ocasión para resaltar la oportunidad y enorme utilidad de un trabajo que viene a llenar un vacío en los anaqueles de nuestra ciencia. En efecto, desde las clásicas, además de fundamentales, aportaciones de Millares Carlo, Torre Revello e I. A. Leonard, la historia del libro y de la lectura, o de la cultura escrita en general, de la América española no HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 ha recibido la atención que su importancia requiere, como una de las facetas cruciales del devenir vital del hombre moderno. Afortunadamente desde principios de los años 80 el panorama está cambiando y, aunque todavía predominan los estudios parciales, el número de historiadores empeñados en la labor empieza a ser considerable. Sin omitir los méritos de otros investigadores, de los que se dan debida cuenta en el libro que presento, Teodoro Hampe es pionero en el intento de ver, a través de libros y bibliotecas privadas, actitudes, conductas, creencias, estados de opinión, representaciones, etc. de los peninsulares, y su impacto en Indias, con la pretensión última de ofrecer el rostro ideológico de la época colonial, en la que tradicionalmente sólo se quería ver oscurantismo y barbarie. La obra, tras un balance introductorio de las fuentes y perspectivas de la historia del libro en Hispanoamérica, dedica una primera parte a hacer una reflexión global sobre los libros registrados en los documentos utilizados, aislando, en el análisis, dos géneros específicos y no menos significativos: la lexicografía y la literatura de ficción del Siglo de Oro español. A continuación va un riguroso estudio, mediante las bibliotecas, del perfil cultural de distintos personajes, a modo de arquetipos y pertenecientes a una élite lectora habitual, del virreinato peruano en los siglos XVI y XVII. Por sus páginas desfilan aventureros, caciques, conquistadores, dignidades eclesiásticas, funcionarios, inquisidores, intelectuales, juristas y virreyes. El último apartado incluye una interesante aproximación a la circulación libraria desde ilustrativos ejemplos de las actividades y existencias de tres mercaderes-libreros, aspectos que considero esenciales para una más certera comprensión de las conductas lectoras. El contenido de los inventarios de los comerciantes responde a un cálculo de la demanda, derivado de los gustos del público, y, en términos generales, no ofrecen las limitaciones de los de particulares, en los que, como bien advierte T. Hampe, el azar juega un importante papel. El autor, atento a los determinantes de las fuentes y de la muestra socioprofesional manejada, hace todo un alarde de precisión analítica, llamativa en la identificación de títulos, cualidad que, a decir de P. Vilar, debe presidir la tarea del historiador; tampoco quiero dejar de mencionar la elegancia de su prosa. Inteligentemente deja abierto el capítulo de las conclusiones, condicionadas al avance de la investigación desde fuentes y métodos diversos. En lo sucesivo los interesados en estas cuestiones habremos de profundizar en facetas tan sugerentes como los niveles de alfabetización, los intercambios culturales entre los distintos grupos sociales, la influencia de los aspectos formales del libro en la lectura, la extensión, formas y funcionalidad de la lectura, el contenido simbólico de los textos y el universo de las representaciones imaginarias del libro, campos en los que vienen incidiendo historiadores de la altura de Burke, Chartier, Petrucci o Darnton. En definitiva, estamos de enhorabuena por contar con un libro decisivo, de indudable interés científico e imprescindible en una vertiente del conocimiento innovadora en la historiografía americanista.-CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ. Cloud y Editions Ellipses, Paris, 1995, 288 págs., bibliografía, índice temático. Tal como se indica en el prólogo, lo que se pretende con esta antología de textos es acercar al lector al gran debate histórico e historiográfico acerca del derecho de conquista, ocupación, poblamiento y administración de la América española, así como al modo de presentar a los indígenas del Nuevo Mundo, sobre todo en la determinada antropología de la primera mitad del siglo XVI. Es una selección de textos, dirigidos a los estudiantes y profesores de español, de los primeros cursos universitarios, y también a los opositores de las plazas de cultura española y americana, pudiendo igualmente servir para preparar el certificado de aptitud pedagógica en cultura hispánica; siempre nos referimos a Francia. La selección viene efectuada desde la perspectiva pedagógica de la Escuela Normal Superior de Fontenay-St. Cada texto se acompaña de una breve introducción, más o menos feliz y oportuna, con una nota bibliográfica, que ésta sí nos parece selecta y bien escogida. Los textos específicos acerca de la conquista y de la naturaleza de los indios, vienen precedidos de otros tres textos que podemos sintetizar bajo los siguientes epígrafes: 1.o Acerca del hombre y de su libertad natural. 2.o La libertad más adecuada y perfecta es la que lleva a la aceptación de la fe cristiana, según la opinión de San Agustín y de Santo Tomás de Aquino. 3.o La libertad, en cuanto movimiento de la voluntad para hacer el bien, la justicia, ejercitar la responsabilidad... nunca para hacer el mal. Partiendo de estos principios, y en consecuencia, parece como si los textos quisieran demostrar que ninguno de estos tres epígrafes fue aplicado en la conquista y ocupación de América, ni en las primeras relaciones con los indígenas, al menos en la práctica del día a día. Sólo los apuntes legales, algunos personajes teorizantes y las posturas particulares de ciertas personalidades, nos hablan en contra de este planteamiento general. Y ello, a pesar de que, tanto los monarcas católicos como Carlos V, usaron y abusaron de los principios que habían propuesto los Santos Padres y los grandes teólogos cristianos (el propio texto presenta algunos ejemplos). Desde luego se podrían haber presentado otros textos que dijesen exactamente lo contrario, no cayesen en tantas generalizaciones y postularan los planteamientos oficialistas, pero, claro está, serían otros textos, no hubieran sido tan claros, no pertenecerían a autores tan significados... y no se les habría dado la finalidad a la que nos hemos referido más arriba. En consecuencia, entre los textos señalaríamos: las bulas alejandrinas, las Leyes de Burgos, el Requerimiento, informes varios, las lecciones del Padre Francisco de Vitoria, comentarios históricos de fray Toribio de Motolinía, de Bartolomé de las Casas... etc., que, como se ve, están organizados en un sentido determinado. Es decir, nos encontramos ante el nacimiento del debate y de la polémica más tradicional: desde los primeros contactos colombinos con la población indígena caribeña, ante la que se utiliza la fuerza para llegar a su total sometimiento, hasta llegar al llamado "apogeo del debate" entre los años 1531-1552, ambientado el cénit con las Relecciones del Padre Vitoria, y que coincide con las distintas polémicas que mantuvo Las Casas en la Corte (concluyendo con las Leyes Nuevas de 1542), con la selección de los misioneros y de los métodos evangelizadores que éstos debían utilizar, para llegar, finalmente, a la disputa teórica con Juan Ginés de Sepúlveda, en Valladolid.-JOSÉ LUIS MORA MÉRIDA. Mena García, M.a del Carmen: Temas de Historia Panameña. Es superflua la presentación de esta historiadora, conocida en el ámbito universitario panameño por sus trabajos de investigación, reflejados en libros auténticamente renovadores como La sociedad de Panamá en el siglo XVI (Sevilla, 1984), Pedrarias Dávila o la ira de Dios (Sevilla, 1992) y La ciudad en un cruce de caminos: Panamá y sus orígenes urbanos (Sevilla, 1992), que constituyen la mayor contribución de la historiografía española de los últimos veinte años al esclarecimiento del pretérito panameño en los siglos XVI y XVII. A ello se une su relación con las nuevas hornadas generacionales de Panamá, que la conocen personalmente por sus estancias académicas en el Istmo en 1988 y 1993. Si, hoy por hoy, la doctora Mena ha ampliado el radio de sus investigaciones a Venezuela (Venezuela en el Siglo de las Luces, coordinadora C. Mena, Sevilla-Bogotá, 1995, cuya reseña crítica, hecha por Alain Musset, se publicó en el Anuario de Estudios Americanos, T. LIII-2, Sevilla, 1996, págs. 326-327), no es menos cierto que esta autora sigue siendo fiel al área panameña, toda vez que su última publicación en la Sección de Historiografía y Bibliografía del Anuario de Estudios Americanos (Sevilla, 1993(Sevilla, y 1994)), versa sobre la demografía histórica de la Veragua y del Chiriquí dieciochescos, mostrando un interés por escudriñar el sugerente y brumoso siglo XVIII panameño, empeño típico en todo historiador serio que, tras haberse consagrado al examen de una realidad diacrónica, tiende a proseguir sus indagaciones sistemáticamente. El libro Temas de Historia Panameña, que aquí reseñamos, consta de catorce textos, recogidos como capítulos, publicados en buena hora por la Editorial Universitaria de Panamá. Destaca por la amplitud de sus temas, inquietudes y enfoques, pues se inicia con reflexiones sobre la época de Pedrarias Dávila, es decir, los albores de la conquista y colonización hispanas, y llega hasta la invasión de Estados Unidos a Panamá en diciembre de 1989. Fruto de páginas que surgieron paralelamente a los libros que bosquejaba, diseminados en plurales revistas espe-cializadas y obras de encargo de España y América, los ensayos que se coleccionan por vez primera proponen idéntica reflexión sobre los anales y el destino de Panamá. En tiempos en que se ha constituido recientemente la primera Maestría en Historia, con especialización en Historia de América, en la Universidad de Panamá, una de cuyas metas apunta hacia el fomento de la investigación seria y responsable del ayer, el lanzamiento de este libro viene a ser como un espaldarazo al constante y devoto ejercicio de las pesquisas de tono mayor. Lejos de enclaustrarse en un inmovilismo estéril o en una apología de la arcadia colonial, la autora posa su mirada cartesiana sobre instituciones tan definitorias como la encomienda panameña y sus caracteres; asimismo, aborda las contradicciones y conflictos del temprano coloniaje, a través de la revuelta de los segovianos Hernando y Pedro Contreras, la cual prueba que, aparte de la hecatombe demográfica debida a la masacre de los aborígenes, también se dieron antagonismos feroces entre los mismos españoles en toda América; como eficaz historiadora, circunscribe la aplicación de la legislación hispánica en Castilla del Oro y en Indias, a la par que examina la Real Hacienda en Tierra Firme y analiza la correlación entre burocracia y poder en el Panamá del Quinientos, sin olvidar la problemática del traslado de la ciudad de Nombre de Dios a Portobelo. A estos trabajos se agrega un capítulo sobre la religiosidad y la muerte a través del testamento del conquistador segoviano Pedrarias Dávila, donde se percibe el afán de aproximarse a la historia de las mentalidades. Concluye sus estudios con unas páginas sobre el régimen del general Omar Torrijos y la aciaga invasión de 1989, no sin antes contemplar las líneas de fuerza del Noriegato. El manojo de textos que conforma este libro revela, sin lugar a dudas, la calidad heurística y hermenéutica de su autora, quien, por su tesón y constancia, ocupa un alto lugar en la historiografía española contemporánea sobre el Istmo de Panamá en la época colonial.-ALFREDO FIGUEROA NAVARRO. Naranjo Orovio, Consuelo y Armando García González: Medicina y racismo en Cuba: La Ciencia ante la inmigración canaria en el siglo XX. Ayuntamiento de La Laguna. Centro de la Cultura Popular Canaria. Los doctores Consuelo Naranjo (CEH, CSIC, Madrid) y Armando García (Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Tecnología, La Habana) son dos destacados investigadores que en los últimos años han contribuido a darnos a conocer tanto el pasado de la isla de Cuba como su historia más reciente. De los dos autores puede decirse que su labor histórica se ha decantado especialmente por la "Perla de las Antillas" pues ambos llevan lustros analizando el devenir del pueblo HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 cubano como lo demuestran sus numerosos artículos y libros, de los que, entre otros, podemos citar "La emigración española a Cuba, 1900-1950", "Del campo a la bodega: recuerdos de gallegos en Cuba (siglo XX)", "Cuba, otro escenario de lucha. La guerra civil y el exilio republicano español", y "Medio siglo de política poblacionista en Cuba, 1790-1840", o bien "En torno a la antropología y el racismo en Cuba en el siglo XIX" y "Reglamento de la Sociedad Antropológica de la isla de Cuba ( 1878)", respectivamente. En esta ocasión ambos autores han mancomunado sus fuerzas para abordar el tema de los problemas suscitados por la inmigración a Cuba durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX desde la perspectiva del talante adoptado por el pensamiento científico ante la llegada de esa auténtica riada humana. A nuestro juicio, una de las principales virtudes del libro que analizamos es que pese a este marco temporal citado, el estudio adquiere en algunos puntos una vigencia primordial si lo aplicamos al fenómeno migratorio de nuestros días. En efecto, la actitud adoptada por las autoridades políticas, ciertos sectores de la intelectualidad, los grupos económicos de presión y parte de la propia población ya asentada en Cuba en los años estudiados por Consuelo Naranjo y Armando García nos recuerda, mutis mutando, la misma disposición que hoy en día es posible constatar ante la llegada a los países europeos de africanos, asiáticos, hispanoamericanos y en especial de las personas procedentes de lo que ha sido dado en llamar "Tercer Mundo". Hoy igual que ayer, sobre cualquier otra consideración y circunstancias personales, predomina la idea de que esta población es, aparte de una mano de obra barata y explotable hasta límites insospechados, portadora de una gran gama de defectos humanos (delincuencia, prostitución, enfermedades, etc.) y bajo esta consideración son tratados. En realidad quizás tampoco podría ser de otra manera, pues la búsqueda de "una emigración de calidad", que poblara territorios deshabitados y/o contribuyera al desarrollo de las naciones receptoras, ha sido una constante en la historia de la Humanidad. Ya España trató de conseguirla para sus posesiones de ultramar desde los inicios de la colonización americana, de tal modo que se establecieron unos criterios muy selectivos para la obtención del permiso de traslado al Nuevo Mundo. Un signo un tanto distinto tuvo la emigración canaria, impuesta en principio por la Corona a las islas a cambio de la autorización del comercio del archipiélago con América. Esta llamada "contribución de sangre" permitió el trasvase al otro lado del océano de miles de familias que fueron situadas en regiones escasamente pobladas o donde era de temer una penetración extranjera no deseada. A cambio de tierras, aperos, animales, simientes, etc., muchos canarios emprendieron una aventura que ha dejado en determinados países hispanoamericanos una impronta fácilmente detectable hoy en día. Pese a multitud de inconvenientes, la meta de lograr una "emigración de calidad" se perpetuó en el tiempo, y es un fenómeno perceptible durante los siglo XIX y XX en las ya independientes repúblicas hispanoamericanas y en los Estados Unidos de Norteamérica. Fue precisamente en el siglo pasado y debido a estas circunstancias expuestas, cuando a las corrientes de pensamiento científico representados por la eugenesia y la homicultura se unieron otros enfoques acerca del proceso migratorio aportados por disciplinas como la medicina, la antropología, la sociología y el derecho. En la isla de Cuba, el debate sobre la conveniencia o no de favorecer la inmigración, sobre el control de la calidad de la misma, a quienes debían permitirse la entrada, etc., tal como se plantea en el libro que analizamos, se produce en centros tan conspicuos como la Universidad, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y la Sociedad Antropológica, "que caracterizaron al sector más ilustrado de la sociedad cubana, en abierta contraposición con los intereses políticos y económicos de los grandes terratenientes y comerciantes insulares y peninsulares. Las contradicciones entre estos dos sectores se pusieron de manifiesto en los planes de colonización elaborados en el siglo XIX y en los informes y debates surgidos en el seno de las instituciones científicas de la isla" (pág. 15). Uno de los principales escollos a salvar radicaba en la defensa a ultranza que realizaba un sector de la oligarquía respecto del mantenimiento del régimen esclavista y la trata negrera. Cuando las circunstancias internacionales impidieron la continuación de este sistema no se dudó en buscar otro tipo de alternativas siempre en beneficio de sus intereses económicos. Fue así como llegaron a Cuba chinos (o culíes) e indios yucatecos -en teoría en calidad de trabajadores asalariados, pero en la práctica como semiesclavos. Como señalan los autores, la diversidad social y humana originada por esta inmigración dio lugar a que se intentara "establecer diferencias sustanciales entre los distintos pueblos, etnias y razas en cuanto a su capacidad intelectual, grado de aclimatación", etc. y a que se "esgrimiera todo un conjunto de razones discriminatorias y racistas que inclinaron la balanza hacia [la preferencia por] la inmigración blanca y, en muchas ocasiones, hacia la población canaria, a la que consideraban superior desde el punto de vista cultural" (pág. 20). La obra de Consuelo Naranjo y Armando García está estructurada en cinco capítulos donde se analizan las cuestiones antes señaladas y otras que van surgiendo al hilo del discurso planteado. Un apéndice final donde se recogen los escritos más significativos de algunos de los pensadores citados en el texto cierra este libro que se nutre no sólo de la consulta de una sólida y cuidada bibliografía, sino también de informaciones de primera mano tomadas de fuentes contenidas en el Archivo Nacional de Cuba, Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y Archivo General de la Administración (Madrid) y del National Archives de Washington. En el primer capítulo se analizan los esfuerzos por la consecución de "colonos e inmigrantes deseados", a la vez que se expone la política inmigratoria y la legislación emitida al respecto en Cuba durante el período estudiado, uno de cuyos propósitos era establecer un control para dificultar la entrada de personas "non gra-tas". Así en 1930 se llegó a aprobar una Ley de Inmigración que impuso como requisito de entrada saber leer y escribir en castellano. En este sentido y al fin de alcanzar una quimérica homogeneidad nacional, las inmigraciones china y negra -jamaicana y haitiana-fueron consideradas como "indeseables" e incluso peligrosas en cuanto se las suponía portadoras de enfermedades infecciosas y reacias a la integración dentro de la sociedad cubana. La entrada de foráneos se admitía siempre y cuando fuera para contribuir al mejoramiento de la población autóctona, al progreso y a la civilización del país, si bien ni que decir tiene que para la mentalidad de la época los únicos que podían garantizar tales principios eran los individuos pertenecientes a la raza blanca. Por ello, y con muy buen criterio, el segundo capítulo aborda pormenorizadamente lo que en aquel momento se consideraba la inmigración ideal, es decir la llegada de canarios, peninsulares y otros europeos. No es extraño que en la época se defienda que "la inmigración que debe preferirse en Cuba es la blanca, la que venga en familias y la que hable nuestra lengua", aunque respecto a este último punto tampoco haya oposición a la procedente de otros países como Italia o Alemania. Entre muchas opiniones coetáneas recogidas destaca la disección que se hace del discurso pronunciado en 1906 por Fernando Ortiz, cuyo título es altamente significativo, "Consideraciones criminológicas positivistas acerca de la inmigración en Cuba". En dicho escrito Ortiz opinaba que las razas negra y amarilla, aparte de otras taras, eran más delincuentes que la blanca porque "sus psiques primitivas o bárbaras se hallan desnudas de los estratos altruistas". Se reflejaba en ello la opinión de una parte de la joven intelectualidad cubana de aquel entonces muy influenciada por escuelas europeas de pensamiento y concepción decimonónicas. Como sabemos, Ortiz supo darse cuenta a tiempo del error de sus planteamientos y variar años más tarde hacia posiciones totalmente contrarias a sus ideas iniciales. El capítulo tercero plantea el debate suscitado dentro del campo de la Medicina, y en el marco de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en cuanto a la aclimatación, la inmunidad, el mejoramiento de la raza, la transmisión de enfermedades, la mortalidad infantil etc. de los inmigrantes. Se exponen a este respecto las opiniones de destacados científicos como los doctores Jorge Le-Roy y Cassá, Francisco Menocal y Juan Guiteras -firmes partidarios del blanqueamiento de la población cubana con la llegada de canarios y peninsulares-, o las de Juan Santos Fernández, eminente oftalmólogo, favorable a la aceptación de familias europeas "cualquiera que sea la zona de que procedan" y partidario de imitar el modelo seguido en otras naciones hispanoamericanas como México, Uruguay y Argentina. En el capítulo cuarto se profundiza en las ideas de otros intelectuales (Luis Araquistain, Raimundo Cabrera, Ramiro Guerra, etc.) para quienes los inmigrantes debían ser personas idóneas para su integración dentro de la sociedad nacional -lo que para ellos equivalía a decir blancos-, a la vez que se mostraban opuestos a la entrada de aquellos que pudieran representar un problema para la unidad nacional y, lo que era más grave, propiciar "la africanización de Cuba". Se aborda además la preocupación de la sanidad pública ante la llegada de las inmigraciones "indeseables" y las enfermedades infecciosas que podían introducir en la isla, a cuyo remedio algunos médicos "siguieron las pautas adoptadas por los países que habían alcanzado gran desarrollo en dichas materias, como era el caso de Alemania" (pág. 115). Fue un duro debate agudizado por diversas circunstancias, como cuando en 1927 se autorizó la entrada de catorce mil jamaicanos y haitianos "contra toda conveniencia económica desde el punto de vista nacional, sanitario y social" según llegó a denunciarse en esos momentos. Por último, en el capítulo quinto se analiza la aplicación de la eugenesia y la homicultura al control migratorio ya a principios del siglo XX, y en la que el médico cubano Domingo F. Ramos tuvo un papel destacado en su ferviente defensa de la obtención de "generaciones sanas, fuertes, inteligentes y de buenas costumbres mediante una selección conveniente de los inmigrantes" (pág. 137). Justo es destacar que otros médicos como Paz Soldán combatieron con argumentaciones científicas la incapacidad de la ciencia para determinar qué inmigrantes eran los aptos y "deseables" y quiénes los "indeseables", al tiempo que alertaban del peligro que encerraba toda manifestación favorable a la pureza racial. Pese a ello no se pudo impedir que en los años treinta el incremento del racismo alcanzara niveles alarmantes, cuando menos con respecto a las razas negra y mongoloide. Consuelo Naranjo y Armando García demuestran una gran pericia en el planteamientos de las cuestiones que estudian en su obra, convirtiendo el análisis de una temática compleja y nada fácil de narrar en un discurso convincente. Así, nos van exponiendo las distintas fases por las que transcurre el proceso histórico con un estilo tan sugestivo que logra captar nuestro interés desde la primera a la última página. En resumen un libro imprescindible y de obligada lectura pues aporta datos reveladores sobre una época y un aspecto de la historia cubana poco estudiados y, sin embargo, importantísimos para entender el desarrollo de su sociedad hasta poco antes de la ruptura producida por la revolución castrista.-ANTONIO GUTIÉRREZ ESCUDERO. Ruiz Acosta, M.a José: Sevilla e Hispanoamérica. Prensa y Opinión Pública tras el desastre del 98. Aunque tanto en el prólogo como en el capítulo introductorio de esta obra se indica que ésta se enmarca en un amplio proyecto que pretende darnos a conocer la concepción que de Hispanoamérica tiene el periodismo español contemporáneo y, en consecuencia, la visión que da a sus lectores sobre aquel subcontinente, creo que este trabajo va más allá de ese objetivo. Tomo LIV, 1, 1997 Se trata de una obra "con prensa" y "sobre prensa", como la propia autora deja claro al titular así el primer epígrafe de la introducción. De acuerdo con ello tiene dos partes claramente diferenciadas, de las que, la primera de ellas, correspondiente a los capítulos 1 y 2, es un estudio sobre prensa, mientras que en la segunda, correspondiente al capítulo 3, se utiliza esa misma prensa como fuente para mostrarnos la percepción que de Hispanoamérica se tenía en la España de principios de este siglo. Por lo que se refiere a esa primera parte, el capítulo primero está dedicado a la exposición de las distintas teorías existentes sobre lo que es opinión pública, y al análisis de lo que la prensa ha significado como creadora o exponente de esa opinión. Y aunque se podrá o no estar de acuerdo con la autora en su concepción de "opinión pública", es de agradecer que, tras sopesar las distintas definiciones que se han hecho de este término, deje claro cuál es la empleada por ella; de esta manera, el lector sabe, en todo momento, a que se está refiriendo cuando lo utiliza en las páginas posteriores. También resultan de gran utilidad sus consideraciones acerca de la prensa como fuente para la investigación histórica, claras y bien documentadas. Pero es en el capítulo segundo, dedicado al análisis de la prensa sevillana de principios de siglo, donde, a mi juicio, se encuentra el gran mérito de esta parte de la obra. Aunque se limite a cuatro diarios, El Porvenir, El Noticiero Sevillano, El Liberal y El Correo de Andalucía, al ser los de mayor tirada del momento y representantes, al mismo tiempo, de dos formas distintas de entender el periodismo, creemos que llega a ofrecer un panorama bastante certero de la prensa sevillana de la época. Sin olvidar el contexto de la sociedad en que se desarrollaron, se habla en este capítulo del origen de esos periódicos, de su estructura empresarial, acerca del lenguaje que utilizan, el estilo de composición, tirada, etc., sin olvidar el motor que los impulsa: el deseo de convertirse en tribuna ideológica o el de -como la autora señala-transformarse en empresas modernas acordes con el "nuevo periodismo" que, aunque no libre de influencias ideológicas tenga como fin primordial "hacer rentable" la oferta de información. En la segunda parte del libro, y como ya se ha dicho, la prensa deja de ser objeto de estudio en sí mismo para convertirse en medio, en fuente para el análisis de otros procesos. Y, en concreto, se trata de ofrecer en ella la visión que los sevillanos de la época tuvieron de las repúblicas hispanoamericanas. Con este fin, se procede a un detallado análisis del contenido de los artículos que con relación a Hispanoamérica publicaron esos periódicos. De acuerdo con ese contenido, la autora los divide en cinco bloques: relaciones políticas con España, la presencia norteamericana en el área, la emigración española, las relaciones comerciales, y cultura, idioma e identidad nacional. Cada uno de estos bloques es examinado aquí con el fin de ofrecernos una panorámica de cómo cada uno de esos problemas fue tratado por la prensa sevilla-na. Pero si de ese panorama algunos lectores sacarían la impresión de que a la opinión pública sevillana le preocupaba realmente la problemática latinoamericana, para otros, entre los que me encuentro, quizás por una discrepancia inicial, porque nuestra concepción de lo que es esa opinión pública es distinta, la conclusión sería diferente. En este sentido no podemos, desde luego, hacer afirmaciones rotundas. Hay que tener en cuenta que, como la propia autora señala, su análisis ha tenido que limitarse, por un problema de extensión, a los artículos -a aquellos textos en los que realmente se puede expresar una opinión-, dejando a un lado las noticias sobre lo que estaba sucediendo allí. Y quizá de la lectura de esas noticias pueda deducirse otra cosa. Pero, en principio, el contenido de los artículos tratados aquí no viene sino a reforzar lo que ya habíamos intuido en otras investigaciones: que, tras la pérdida de las últimas colonias, el interés del público sevillano por lo que estaba sucediendo al otro lado del mar era mínimo. No deja de ser curioso que casi el 50% de los artículos estudiados en este apartado traten, en realidad, una problemática que, al margen de las consecuencias que pudiera tener al otro lado, es vista como española: el incremento de la emigración al subcontinente que algunos llegaron a considerar peligrosa. E incluso el bloque de artículos destinado a la presencia norteamericana en el área parece estar más dictado por el rencor procedente de la "humillación" española en el 98 que por una preocupación real por lo que sucediera en aquellas repúblicas. Pero, sea cual sea la conclusión a que llegue el lector, variable como, al parecer, sucede siempre cuando de prensa se trata, es evidente que esta obra, con las virtudes y defectos inherentes al material que se maneja, será fundamental para todo aquel que a partir de ahora quiera trabajar con la prensa sevillana de principios de siglo, tanto si es esa misma prensa el objeto de estudio, como si es utilizada como fuente para el estudio de otras problemáticas. Y en este sentido no estoy de acuerdo con el prologuista Alfonso Braojos Garrido en que sea en la segunda parte donde se encuentre lo más sugestivo del trabajo. Lógicamente debe ser así para el lector interesado en la problemática hispanoamericana y, sobre todo, en las relaciones españolas con sus antiguas colonias. Pero tan atractiva, o más, resulta la primera para todo aquél que esté interesado en la historia de la prensa sevillana que, en definitiva, no es sino una parte más de la historia de la ciudad. Acompañada de una amplia bibliografía, que ayudará considerablemente a todo aquel que quiera adentrarse en investigaciones de este tipo, esta obra, bien escrita y amena por otra parte, representa una importante aportación en su campo, y referencia obligada para todos aquellos que, en el futuro, se acercen al estudio de la prensa sevillana.-ROSARIO SEVILLA SOLER. Rubio, Javier: La cuestión de Cuba y las relaciones con los Estados Unidos durante el reinado de Alfonso XII. Javier Rubio, embajador de España, autor de una muy valiosa obra sobre España y la Guerra de 1870 (Madrid 1989;3 vols.), ha dado a la imprenta este nuevo estudio que forma parte de una investigación más amplia acerca de la política exterior de la Restauración. Pero en el muy estimable libro que aquí analizamos, pleno de excelente información y agudas observaciones, las cuestiones de política internacional en él examinadas, con ser importantes, no impiden el tratamiento paralelo de los problemas generales del gobierno español, de las alternativas de la política peninsular y de la situación imperante en Cuba, en un panorama cronológicamente más amplio de lo que el título hace pensar, puesto que se remonta frecuentemente a mediados del siglo XIX, y en ocasiones aún más atrás, en tanto que sus últimas consideraciones contemplan ya los sucesos del 98. La primera de las tres partes de que consta la obra, de carácter introductorio, aborda "El problema cubano, una larga y peligrosa herencia". En ella, junto al examen de las deficiencias del orden colonial y del coste que para España suponía la guerra de Yara, se plantea la actitud de los Estados Unidos antes y sobre todo después de la Guerra de Secesión, cuando ya ha estallado la insurrección cubana. Es el momento de considerar los debates sobre el posible reconocimiento del status de beligerantes a los rebeldes, así como el gravísimo incidente del "Virginius", temas que el autor desarrolla como el profesional de la diplomacia que es. La nota más alta e interesantísima, sin embargo, de esta primera parte se alcanza en el capítulo dedicado a "La clarividente política cubana de Prim", en el que se examina con todo detalle y se valora con justeza una página olvidada o mal conocida de la gestión del duque de Reus como presidente del gobierno en los días del Sexenio Revolucionario y de la primera parte de la Guerra Larga de Cuba. A la indicación de Prim de estar dispuesto a conceder la independencia a la isla tan pronto como concluyera la insurrección, siguió la tentativa del presidente Grant y el secretario de Estado, Fish, proponiendo que tal independencia fuera reconocida mediante una indemnización que habría de pagar Cuba pero que sería garantizada por los Estados Unidos. En agosto de 1869 Prim comunico al embajador Sickles los pasos que habrían de darse para llegar al final previsto. La disconformidad del agente de los insurrectos en Washington, Morales Lemus, y la precipitación con que actuaron el mismo Sickles y el ministro español Manuel Becerra arruinaron esta oportunidad, por más que Prim estaba dispuesto a dar la independencia a Cuba, consciente de que nadie apoyaría a España frente a Estados Unidos y de que convenía "concluir el predominio colonial de España de una manera tranquila y provechosa en vez de terminar con un desastre", según escribió a Caballero de Rodas. Pero tampoco las gestiones que inicio en 1870 para un entendimiento con los rebeldes llegaron a buen puerto. Javier Rubio pone empeño en demostrar que Prim obró en todo momento de buena fe y con sincero propósito de alcanzar la solución definitiva del problema cubano. El minucioso estudio del conflicto del "Virginius", que a punto estuvo de conducir a un rompimiento bélico entre España y los Estados Unidos en 1873, lo que en gran medida evitó Caleb Cushing, el nuevo embajador en Madrid, constituye el antecedente inmediato de la situación que heredara el gobierno de Cánovas del Castillo tras el pronunciamiento de Sagunto. "De Sagunto a Zanjón" se titula precisamente la segunda parte de esta obra, cuyo tema central es la ofensiva diplomática de Estados Unidos en el otoño de 1875. La "instrucción 266" del gobierno norteamericano, de 5 noviembre, "fruto de una meditada estrategia política" del presidente Grant, provocó una crisis semejante a la del "Virginius", y constituye, en opinión de Javier Rubio, un claro precedente de la nota de Olney al gobierno español de abril de 1896. En ella se reprochan a España los agravios sufridos por ciudadanos norteamericanos en Cuba y la desolación y ruina en que iba quedando la isla debido a la guerra, lo que podría obligar a los Estados Unidos a intervenir militarmente a corto plazo por motivos humanitarios. En realidad Washington deseaba liquidar a su favor la cuestión de Cuba antes de que la Monarquía recién restaurada en España estuviera en condiciones de dominar la insurrección. La operación fue acompañada de un gran despliegue diplomático ante las potencias europeas. Pero fue precisamente la negativa de Inglaterra y otros gobiernos a admitir que España pudiera ser obligada a aceptar una mediación el factor decisivo del fracaso del plan concebido por Hamilton Fish. En España la crisis se traduce en el relevo de Jovellar por Cánovas a la cabeza del Consejo de ministros el 2 de diciembre. Cánovas haría saber que España estaba en condiciones, por sí sola, de terminar la guerra de Cuba. Cosa que convenía lograr cuanto antes para eliminar este motivo de perturbación de las relaciones con la poderosa Unión, ante la que se adopto una política conciliadora. Concluye Javier Rubio esta segunda parte del libro con un capítulo dedicado a las medidas adoptadas por Cánovas para poner fin a la guerra colonial -aprontar recursos, enviar considerables tropas de refuerzo bajo el mando de Martínez Campos-, y la combinación de directrices políticas y operaciones militares con que este general consiguió alcanzar el histórico acuerdo o capitulación -la denominación no es indiferente-de Zanjón (10 de febrero de 1878, aunque la paz no quedó afianzada hasta el 28 de mayo). La tercera parte de la obra que comentamos, titulada "Cuba, un volcán defectuosamente apagado", nos parece aún de mayor enjundia que las anteriores, pues en ella, adentrándose en los entresijos de la política nacional, se atreve el autor a plantear el tema que hoy nos parece capital de por qué tras el advenimiento de la paz no se llegó al reajuste de las relaciones entre España y Cuba de modo que se alejara aun la sombra de un nuevo rompimiento, y esto en un ambiente en el que la presión norteamericana había cesado casi por completo. Con los Estados Unidos, donde la paz no dejaría de causar alguna decepción, sólo quedaban por resolver ciertas diferencias de carácter económico. Se adentra Rubio en el bienio 1878-1879, calificado como "La gran oportunidad del reinado", postulando sin vacilaciones que la autonomía constituía la única solución real al problema de la Gran Antilla. Pero de inmediato se advierte que Cánovas se opone a esa fórmula, estableciendo un régimen municipal y provincial rígidamente centralista y provocando la crisis de 1879, que da paso al frustrante gobierno de Martínez Campos, que ni siquiera tuvo la ocasión de proponer ante las Cortes su plan de reformas. Después, en el último quinquenio del reinado, a un Cánovas anti-reformista sucede un Sagasta sorprendentemente inmovilista y manifiestamente contrario a la autonomía, y a éste de nuevo Cánovas que contempla impasible, como la clase política española en general, el creciente descontento de los cubanos, que llega a materializarse en los nuevos brotes de insurrección acaudillados por Leocadio Bonaechea y Limbano Sánchez. El sugestivo capítulo final se dedica a "Cánovas ante la cuestión cubana: un interesante caso de estudio", preguntándose Rubio cómo, persistiendo en su política asimilista, pudo un gobernante de tanto talento y tanta prudencia equivocarse tanto. La respuesta parte de la ponderación del profundo pesimismo de Cánovas ante la situación de una España donde la corrupción imperaba -y más aún en Cuba-y con un ejército mal organizado y equipado y en modo alguno preparado para una guerra colonial. A esto se añade un inexplicable olvido de la constante presencia de los Estados Unidos, frente a los cuales España se encontraría sola, lo que hubiera debido llevar a conceder la autonomía a Cuba antes de que surgiera otra crisis, admitiendo que el final del proceso siempre había de ser la independencia de la isla, tal como anunciaran no sólo el general Polavieja sino, incluso con anterioridad, Miguel Blanco Herrero y Carlos de Sedano, entre otros observadores. Con especial atención se trata luego de la carencia de una política naval que, de haber proporcionado a España una escuadra poderosa, la hubiera dotado de un serio argumento disuasorio frente a la Unión. Javier Rubio pronuncia, pues, un juicio finalmente condenatorio de la "invidencia" de Cánovas después de Zanjón, sólo parcialmente justificada por la casi unánime opinión nacional (y dentro de ella los sectores cubanos y españoles que lo mantenían en el poder), contraria a cualquier medida que pudiera conducir a la independencia de Cuba. Actitud precisamente no compartida por los altos jefes militares y por su principal representante, Martínez Campos, cuya gestión política hizo Cánovas imposible. Fueron dos militares, Prim y Martínez Campos, los únicos jefes de gobierno que, según Rubio, entre 1868 y 1895 tuvieron visión de estadista en el arduo problema de Cuba, y los dos fueron desplazados del poder por intrigas de los no militares. La obra, pulcramente editada, que se cierra con un apéndice documental, se apoya en amplia consulta de fuentes de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores, de la Real Academia de la Historia (Colecciones Caballero de Rodas y Benomar) y del Palacio Real, más la correspondencia diplomática conservada en el Public Record Office y el Ministerio francés de Relaciones Exteriores. Su copiosísima bibliografía se completa con varias tesis doctorales inéditas, españolas, inglesas y norteamericanas, que contribuyen no poco a perfilar nuevas interpretaciones de cuestiones sobre las que se han mantenido criterios superficiales. Con este denso y ameno libro, lleno de sugerencias, rectificaciones y matizaciones, hace Javier Rubio una aportación singular altamente meritoria a la Historia de España y de Cuba en el siglo XIX, por la que todos los interesados en esta temática hemos de quedarle agradecidos.-LUIS NAVARRO GARCÍA. El primer volumen parte de un análisis en profundidad de los conocimientos historiográficos sobre Philipp von Hutten y sus cartas, algunas de las cuales ya se editaron en 1550, junto con la primera edición en alemán de la segunda y tercera Cartas de Relación de la conquista de México, escritas por Hernán Cortés, sin que hasta el siglo XVIII ningún estudioso se diera cuenta de que Philipp von Hutten era su autor. En el segundo de los volúmenes proyectados se perseguirán las circunstancias de la muerte de von Hutten en Venezuela, mientras que el tercero se ocupará de la trayectoria de von Hutten antes de su marcha a Venezuela cuando, entre peripecias, se encontró durante algún tiempo al servicio del emperador. Es de celebrar que esta línea, seguida por Konrad Häbler en el siglo XIX y por Ramón Carande y Hermann Kellenbenz en el presente, encuentre ahora otro investigador que se dedique a desentrañar las complejas relaciones entre el Imperio y el mundo peninsular en su prolongación atlántica a nivel empírico y de las relaciones que actores importantes de aquel entonces, todavía poco conocidos, como eran comerciantes y gente del mundo de las finanzas, eclesiásticos, funcionarios y cortesanos, impresores, eruditos, etc., mantenían con los reinos de la Península. De por sí, parece ahora -después del aluvión de estudios, muchos de ellos basados en nuevas fuentes y publicados desde los años 80 hasta el 1992, en torno al V Centenario del viaje de Colón-que la expansión ibérica en el Atlántico fue un proceso mucho más internacional, al menos en su dimensión más profunda, de lo que durante mucho tiempo nos ha sugerido una historiografía enmarcada en los conceptos decimonónicos de nación. El volumen presente comienza con un esbozo de la larga trayectoria de las cartas del capitán general, escrito por el coeditor de la obra, Karl von Hutten. A continuación, Eberhard Schmitt revisa cuidadosamente, a la luz de investigaciones previas y de la nueva documentación encontrada, la biografía de von Hutten durante su estancia en América. Continúa el libro con una lista completa de las cartas de von Hutten, que detalla las que se conocen desde ahora y las que faltan por encontrar, pero que por la documentación existente puede reconstruirse que las haya escrito. A continuación se transcriben doce piezas documentales de von Hutten: la primera es aquel texto de 1550, tanto tiempo identificado como obra de su pluma, y las once restantes son completamente desconocidas antes de esta obra, o incluidas en la rarísima edición alemana de 1785. Todas se incluyen ligeramente modernizadas en su transcripción (sólo pequeños trozos escritos en cifras no ha podido descifrarse, si bien se ha identificado el tipo de clave empleado) y con cuidadas anotaciones y comentarios. Sorprende, de entrada, la constatación de E. Schmitt de que incluso las ediciones previas de los siglos XVI y XVIII eran transcripciones bastante fieles de los originales. Se trata de cartas dirigidas a un consejero alemán del emperador, al padre de von Hutten, a dos de sus hermanos y a un particular en Nürenberg, todas de fácil seguimiento para el lector familiarizado con el alemán. La transcripción de estas cartas, entre las que se intercalan fotografias de objetos de la época mencionados en ellas, documentos y mapas, constituye el grueso del volumen, alrededor de 100 páginas. Breves biografías de las personas que von Hutten menciona en sus cartas, una cronología, la lista de fuentes y bibliografía manejada, referencias a los colaboradores y el origen de las ilustraciones y un índice de personas y otro geográfico completan este libro. El contenido de las cartas es de enorme interés histórico en muchos sentidos: hay referencias concretas sobre las pérdidas humanas en las empresas y sobre la facilidad con la cual los recién llegados a América enfermaban y morían; las opiniones de von Hutten acerca de la situación de los indios también resultan interesantes cuando los califica de gente pobrísima y detalla su actitud frente a los invasores; paralelamente se refiere con frecuencia al fracaso económico de la empresa y cómo tiene que endeudarse cada vez más, lo cual le impide regresar a casa, pese a las llamadas de su padre y hermanos, porque su honra no le permite volver fracasado y lleno de deudas; también hay muchos datos que ilustran sobre el flujo y el tiempo que necesitan las informaciones que llegan a Venezuela, tanto desde Europa como de los otros territorios hispanoamericanos. Al esforzarse von Hutten por dar detalles de la situación en que se encuentra a sus familiares, trata de muchos asuntos a la vez y con mucha franqueza, de lo cual se pueden deducir bastantes datos sobre la historia indiana de aquellos años, pero también en mayor escala sobre sus contactos sociales a través del océano, sus intereses, etc. En suma, se puede afirmar que este primer volumen de los tres proyectados constituye un aporte de gran importancia para la historia de la colonización española de América y sólo es de lamentar que muchos de los estudiosos de esta historia por falta de conocimientos de alemán, y especialmente del alemán antiguo en el cual estaban escritas las cartas, muy difícilmente podrán aprovechar esta obra tan rica en información histórica y tan cuidadosamente editada, anotada y comentada.-HORST PIETSCHMANN. Sevilla Soler, Rosario: La guerra de Cuba y la memoria colectiva. La crisis del 98 en la prensa sevillana. Cada vez con mas fuerza, la prensa periódica se está constituyendo en fuente indispensable para abordar cualquier tema histórico que se desarrolle en un tiempo en el que los medios de comunicación empiezan a cobrar cierta fuerza. Acontecimientos más o menos llamativos son contemplados a la luz que arrojan estos medios en la convicción de que, de alguna manera, se está escuchando la voz del pueblo. Se piensa que la noticia recogida de un periódico debe ser más espontánea y más cercana a la realidad que los retratos formales de la documentación tradicional. Y si, en cierta medida, hay algo de razón en este supuesto, se debe tener en cuenta que, aún hasta el día de hoy, la prensa que presume de recoger la opinión más popular, va, en realidad, dirigida a unas amplias minorías, a unas clases dirigentes que determinan con sus distintas ideologías, no sólo el tratamiento de la noticia sino también, y en ocasiones, su propia publicación. De ahí la dificultad de trabajar con este tipo de fuentes, la conveniencia de contrastar distintos medios y la necesidad de someter sus datos a una crítica seria. En el caso de la obra que reseñamos, se trabaja con cuatro periódicos locales de distintas tendencias: dos de ellos -El Porvenir y El Noticiero Sevillano-de carácter más o menos independiente y objetivo, y los otros dos -El Progreso y El Baluarte-claramente tendenciosos, al servicio de los partidos liberal y republicano. La experiencia de la autora en esta clase de trabajo hace que resuelva con acierto los otros inconvenientes que supone manejar con soltura y seriedad este tipo de fuentes. El conflicto cubano ha generado una abundante y desigual literatura, que Rosario Sevilla usa y selecciona con rigor y que permite analizarlo desde los más dispares puntos de vista. Sin embargo, se desconocía la reacción de la gente común en uno de los lugares más afectados por las distintas crisis surgidas en el régimen comercial con América: Andalucía. En esta región la guerra de Cuba se toma como algo propio, como una tragedia colectiva que estaba esquilmando a la población y, por eso, su reflejo en la prensa local tuvo mucha mayor trascendencia. A través de los cinco capítulos de que se compone la obra se va tomando el pulso del sentir de los sevillanos y de los andaluces en general, para llegar a la conclusión de la dicotomía entre el sentir popular y la línea editorial de los periódicos que finalmente tienen que rendirse a la evidencia: la paz era necesaria a toda costa porque así lo quería la mayoría de la población. El tema es analizado con un sentido cronólogico. Un primer capítulo está dedicado a los antecedentes del conflicto y en él se plantean las distintas opciones que se barajaron para un futuro gobierno cubano y se hace un análisis de las relaciones y las tensiones entre Cuba y España, preámbulo necesario para llegar al conflicto planteado por la intervención y las ambiciones de los EE.UU., tema que ocupa los dos siguientes capítulos. En el cuarto se analizan, a la luz de la prensa elegida, las vicisitudes -esperanza y desánimo-que produjo la difícil consecución de la paz, para terminar con unas deliciosas páginas dedicadas a la visión satírica de todo el proceso y unas claras conclusiones. El libro es un trabajo de reflexión sobre un tema y unos datos bien conocidos por la autora que se apoya, tal como ella misma aclara en la introducción, en otros pequeños trabajos publicados en diferentes revistas o tomos colectivos. Se trata, por tanto, de un trabajo maduro, bien construido y con una prosa correcta, suelta y clara que se lee con facilidad; y aunque el título y las fuentes hacen pensar en una visión parcial del problema tratado, el resultado es que aparece centrado en el contexto en que se desarrolló. Por todo ello y por la oportunidad de la fecha de publicación, que convierte la obra en pionera de las muchas que sobre el tema aparecerán en el año 98, queremos desde aquí felicitar a la autora y animarla a seguir con su constante y segura labor.-ENRIQUETA VILA VILAR. Soto, Lionel: La revolución precursora de 1933. Prólogo de José Cantón Navarro. Editorial Si-Mar Sociedad Anónima, La Habana, 1995, 765 págs., referencias y bibliografía. En 1985 salió a la luz el extenso trabajo de Lionel Soto, La Revolución del 33, publicado en la ciudad de La Habana (Cuba) por la Editorial Pueblo y Educación. La referida extensión de la obra (casi mil quinientas páginas), su escasa manejabilidad (consta de tres tomos), así como el hecho de que muy pronto se convirtió en un texto de consulta imprescindible para el estudio de la historia de Cuba en el siglo XX explican la aparición en 1995, también en La Habana, del libro que ahora nos ocupa: La revolución precursora de 1933. Este nuevo trabajo es en realidad una reedición revisada del anterior, obra de José Cantón Navarro, que también editó la primera versión y firma del prólogo de esta segunda. En la reedición las páginas se han reducido a la mitad (setecientas sesenta y cinco) y se reúnen en un único aunque voluminoso tomo. En sus estudios sobre la función y el objetivo de la crítica intelectual, decía José Ortega y Gasset que una obra debe ser juzgada por lo que contiene, no por lo que no contiene. Asumiendo esta máxima, la mejor reseña posible del trabajo de Lionel Soto es aquella que se dedica a describir su contenido, puesto que está concebido como una gran síntesis de fuentes, las cuales se presentan textualmente en el libro, en detrimento del análisis historiográfico. Es esa característica, precisamente, la que confirió a la obra desde 1985 el mencionado carácter de texto de consulta imprescindible, tanto para la investigación como para la docencia. Aparte de unas palabras y una nota del autor y del mencionado prólogo de José Cantón Navarro, La revolución precursora de 1933 consta de once capítulos, un apartado de referencias bibliográficas y los índices. En el primero de esos capítulos el autor describe el inicio de la presidencia del coronel Gerardo Machado Morales y su programa de gobierno. Gerardo Machado llegó al poder en las elecciones de 1925 en medio de una fuerte crisis económica producto de la finalización del ciclo alcista de la producción azucarera (la principal industria, fuente de ingresos y de trabajo del país). Lo hizo, además, a través de ciertos mecanismos políticos de dudosa honestidad, cuyo objetivo fue reunir en torno suyo a la mayor parte de la clase política cubana tradicional y de los intereses extranjeros en la isla para hacer frente a la crisis preservando el orden establecido. La crisis y la corrupción fueron las causas, asimismo, del inicio de un proceso de protestas y movili-zaciones sociales, fundamentalmente del movimiento obrero y de las clases medias urbanas, que también son objeto de este primer capítulo. El segundo capítulo está dedicado al Estado y la economía cubana. Lionel Soto estudia las industrias azucarera y no-azucarera y el comercio exterior del país, examina las inversiones extranjeras, los bancos, la propiedad de la tierra, los medios de transporte, los recursos y los presupuestos estatales y la política económica de Gerardo Machado. La razón de este apartado es, fundamentalmente, ubicar en su contexto los conflictos sociales que asolarían la isla a partir de mediados de la década de 1920 y que desembocarían en un estallido revolucionario en 1933. De la institucionalización del conflicto se ocupa el capítulo tercero. En él describe el autor la ascensión del movimiento obrero insular y la creación, organización y razón de ser de la Confederación Obrera Nacional de Cuba (CONC) y del Partido Comunista de Cuba (PCC), fundados en el año 1925. El capítulo cuarto aborda las razones políticas del recrudecimiento del conflicto social en la segunda mitad de los años veinte, especialmente la reforma de la Constitución que llevó a cabo Gerardo Machado para prorrogar su mandato presidencial (la legislación del país no permitía la reelección del presidente de la República en las urnas). El objeto del capítulo quinto es la vida y obra de la figura más importante de las luchas sociales en Cuba durante el período de entreguerras, Julio Antonio Mella. Lionel Soto detalla la labor intelectual, la militancia y actividad revolucionaria de Mella en el contexto nacional y continental, así como el impacto que tuvo su asesinato. El apartado termina esbozando el proyecto del presidente Machado para neutralizar a la oposición utilizando mecanismos represivos contra el movimiento obrero y medios políticos para contrarrestar el descontento de los sectores privilegiados, que el autor engloba en un único grupo, calificándolo por sus características económicas como burgués-latifundario. El título del capítulo sexto es "El año 30". Su contenido detalla el resurgimiento del movimiento estudiantil tras la represión que el gobierno ejerció sobre él en los años veinte y que condujo al cierre de la Universidad de La Habana. Los estudiantes universitarios, otro de los sectores sociales que participaron en el estallido revolucionario de 1933, se organizaron formando el Directorio Estudiantil Universitario (DEU), del que más tarde surgiría el Ala Izquierda Estudiantil (AIE). En consonancia con lo anterior, este apartado describe también la alineación de los intelectuales cubanos en el movimiento antimachadista y la continuación de las luchas obreras contra el gobierno en el inicio del decenio de 1930, tras la Gran Depresión, cuyo impacto agravó la crisis de la economía cubana y recrudeció el conflicto social. El fracaso de la insurrección de lo que Lionel Soto había denominado oposición burgués-latifundaria contra la administración de Gerardo Machado y el surgimiento del ABC, agrupación de clases medias urbanas que se caracterizó fundamentalmente por la utilización de la violencia terrorista para conseguir sus propósitos, son el objeto del capítulo séptimo. El capítulo octavo, por su parte, des-cribe las huelgas de los obreros azucareros, la fundación del Sindicato Nacional de Obreros de la Industria Azucarera (SNOIA) en diciembre de 1932 y su actividad, que llegó a paralizar parte de las fábricas tras su toma por los trabajadores constituidos en soviets. Este apartado estudia también el recrudecimiento de los enfrentamientos entre el gobierno y los diferentes grupos de la oposición y el plan articulado por los Estados Unidos para solucionar la crisis cubana, conocido con el nombre de la Mediación. Los intereses norteamericanos, tanto oficiales como particulares, ocupaban un papel primordial en el sistema socio-político insular debido a sus inversiones en el país, a los estrechos vínculos entre ambas economías (Cuba exportaba la mayor parte de su azúcar a ese mercado y de él recibía casi todos los artículos que importaba), regidos por un convenio bilateral firmado en 1902 (el Tratado de Reciprocidad Comercial), y a su participación en la Guerra de Independencia Cubana contra el dominio español (1895-1898). la cual concluyó con el establecimiento de un gobierno de intervención norteamericano y con la imposición a la Constitución de la joven República de la Enmienda Platt. Todos estos elementos coadyuvaron para que la solución de los conflictos sociales y de la crisis económica que asolaba el país dependiesen de la actitud de los Estados Unidos. Estos, tras el fracaso de la intervención en Nicaragua en 1927, abandonaron el mecanismo tradicional de la invasión armada en terceros países, reemplazándolo por otro medios menos evidentes y cruentos, como la mediación diplomática o la presión económica y política, los cuales se reforzaron con la llegada a la presidencia de Franklyn Delano Roosevelt en 1932 y su proyecto de buen entendimiento con las naciones latinoamericanas. La unión de varios de los grupos de oposición al gobierno se materializó en una huelga general en agosto de 1933, que consiguió por fin derrocar a Gerardo Machado. No obstante, esto no fue suficiente para solucionar el conflicto. El corto gobierno de Carlos Manuel de Céspedes, la opción de la denominada burguesíalatifundaria y de los Estados Unidos para sustituir a aquél en la presidencia certificó el fracaso de la Mediación. La razón fue la falta de un compromiso por parte de la administración norteamericana de resolver la crisis del país antillano renovando el Tratado de Reciprocidad Comercial, alterado debido a la protección de la producción azucarera estadounidense en detrimento de la cubana. Al examen de estos acontecimientos se dedica el capítulo nueve. En el diez se describe la Revolución del 4 de Septiembre de 1933, el golpe de Estado y la instauración de un gobierno revolucionario presidido por Ramón Grau San Martín. Finalmente, el capítulo 11 detalla la obra de dicho gobierno, que Lionel Soto califica de pequeñoburgués, así como el pensamiento y la posición de los tres figuras más representativas de la revolución, el propio Ramón Grau, Antonio Guiteras y Fulgencio Batista quien, a la postre, acabaría convirtiéndose en el hombre fuerte del país, capaz de ofrecer una alternativa institucionalizada al conflicto, primero desde el control del ejército y, después, desde la Presidencia. Como señalamos en el inicio de estas páginas, La revolución precursora de 1933, no satisface la curiosidad o el interés del lector mediante un análisis exhaustivo del conflicto social en Cuba entre 1925 y 1933 a través de las fuentes disponibles, sino más bien mediante el conocimiento directo de buena parte de las mismas, a pesar de que muchos de los materiales que aparecían en la primera versión del libro han sido eliminados en la reedición. No obstante, los más importantes permanecen y su lectura consigue un acercamiento bastante completo y fidedigno a unos hechos que, por otra parte, han sido objeto de muchas otras investigaciones, alguna de ellas sumamente parciales. Ni siquiera es este lugar para justipreciar el valor de lo que Lionel Soto nos presenta, puesto que de ello da fe la utilización que de la obra se ha hecho durante más de una década. Nos limitaremos, por tanto, a encomiar el esfuerzo de esta nueva edición y a recomendar su lectura en versión reducida.-ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA. Tornero Tinajero, Pablo: Crecimiento económico y transformaciones sociales. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Con más frecuencia de la debida, la historiografía de España y de América han discurrido por vías paralelas con el fatal destino de no encontrarse nunca. Parece que en los últimos años esta inercia se está venciendo y los historiadores de uno y otro lado del Atlántico son cada vez más conscientes que, a partir de 1492 y hasta fines del siglo XIX, difícilmente puede entenderse un acontecimiento español sin tener presente la dimensión americana y viceversa. De todo el conjunto llamado por los europeos "nuevo mundo" es indudablemente la región del Caribe una de las que más ha determinado los aconteceres internacionales de esos cinco siglos y, por supuesto, la que ha estado permanentemente presente en las relaciones exteriores españolas. No se comprenden los siglos XVII y XVIII europeos sin tener en cuenta lo que estaba sucediendo en las Antillas y, desde luego, no se entiende el siglo XIX español sin adentrarse profundamente en la problemática cubana. Pablo Tornero, profundo conocedor de Cuba y, en consecuencia, enamorado de ella, acomete en esta obra el estudio del desarrollo económico de la isla en una fechas claves para su historia: la del inicio del auge azucarero y su inclusión en el concierto internacional -la década de 1760-y la de la ruptura del modo habitual de producción -1840. Ambas fechas marcan también dos grandes momentos del sistema esclavista, absolutamente determinante a su vez de toda la historia cubana. La tarea era dura y arriesgada porque debía resultar muy difícil decir nada nuevo sobre una época y un territorio tan estudiado y con bibliografía tan amplia. Y era difícil, porque para ello era necesario hacer lo que ha realizado el autor: tra-RESEÑAS CRÍTICAS bajar durante años en diversos archivos -General de Indias, Municipal de la Habana, Nacional de Cuba, Biblioteca Nacional de Madrid y Biblioteca José Martí-y extraer la magnífica documentación que ellos guardan y que corrobora, en algunos casos, los estudios teóricos a que, en general, estábamos acostumbrados, a la vez que nos ofrece una serie de facetas inéditas que completan el complejo panorama que comporta la historia de la isla y de España con el telón de fondo de la cuestión esclavista. La obra se divide en cinco capítulos perfectamente enlazados de los que cada uno de ellos tiene vida propia. En el primero se construye una muy buena síntesis -aunque habría que adelantar en el tiempo la demanda de esclavos por parte de los cubanos-de la trata y su tremenda influencia y significado. Va examinando los grandes hitos políticos y su repercusión en Cuba -Ley del comercio libre de esclavos, Cortes de Cádiz, Protocolo anglo-español-y consigue romper la dicotomía de que hablaba al principio, conectando perfectamente los acontecimientos de ambas orillas del Atlántico. Muy interesante la documentación que refleja la relación de los ingleses con la Compañía de la Habana y con los propietarios cubanos en un período crucial y aporta bastantes datos de una época poco conocida de la trata como es la de la década de los años 80 y 90 del siglo XVIII. El capítulo II es, a mi modo de ver, el más novedoso. Nunca se había hecho un estudio de la demografía de la población esclava cubana tan profundo y completo como el que aquí se ofrece. A través de un muestreo realizado, utilizando los ricos censos y padrones de distintas localidades cubanas que se encuentran en el Archivo General de Indias, el autor va haciendo un análisis detallado de la incidencia del esclavo en la producción azucarera, examinando la distribución geográfica, la evolución de la población, la composición por sexo, edad y estado civil, así como de su valor en las zonas de economía mixta. En el capítulo III se estudia la producción azucarera con datos pormenorizados de los ingenios y con importantes aportaciones al conocimiento de la renovación científica y técnica que en estos años se produce en la isla, para pasar en el capítulo IV a hacer un análisis concienzudo de los factores de producción en el que, si bien de ningún modo se eluden sino que se profundiza en temas como la tierra o el capital, se hace un mayor énfasis en el estudio de la mano de obra. Se acometen asuntos tan polémicos como la productividad y rentabilidad del trabajo del esclavo o la condición del esclavo en Cuba sobre la que tanto se ha opinado a través del doble lenguaje esclavista y antiesclavista que enfrentó durante años a la sociedad cubana y española. El último capitulo está dedicado al comercio exterior, faceta de la que el autor se había ocupado en varias ocasiones anteriormente y que completa en este caso con nuevas aportaciones. A lo largo de todo el trabajo se ofrecen una amplia serie de cuadros y gráficos que la ilustran y la completan. Es difícil enmarcar esta obra de Pablo Tornero en una materia determinada. Participa ampliamente de lo que podríamos llamar Historia de la esclavitud de la misma forma que entraría de lleno en un apartado de Historia económica. Pero es que nuevamente caemos en la costumbre de dividir los diversos ramos de la historia en compartimentos estancos en lugar de tratarla como si de vasos comunicantes se tratara. Porque indudablemente la comunicación entre esclavitud y economía queda reflejada en todo momento en el libro que comentamos. Se podrá estar o no de acuerdo con el matiz ideológico que el autor imprime a su obra y que, desde luego, no intenta ocultar. Pero es indudable que hay que reconocerle, sin ambages, el esfuerzo realizado, la magnífica y valiosa documentación que aporta -sin duda el logro más importante del trabajo-, el profundo conocimiento del tema y el territorio analizado y la prosa fácil con que está escrito. Por todo ello, le felicito desde aquí, así como a la entidad editora, y le animo a que continúe en el camino emprendido. Cuando una tarea se hace con amor, y en este caso lo hay en abundancia por una idea y una nación, el resultado necesariamente tiene que ser positivo. Como en este libro queda demostrado.-ENRIQUETA VILA VILAR.
En ellas hemos descrito los rasgos más significativos de cada obra, con el objetivo de poner de manifiesto cómo se editaron periódicos que respondían a ideologías muy diversas. Junto a ello, de forma paralela, hemos intentado averiguar qué números de estos textos están disponibles actualmente en las colecciones existentes en Cuba y España. Esto nos ha permitido "reconstruir" obras que sólo se conservan de forma parcial a uno y otro lado del Atlántico. El objetivo del trabajo que aquí presentamos es facilitar la investigación al estudioso de la historia de la isla Cuba del período comprendido entre 1824 y 1845, una etapa clave en el proceso de construcción de su identidad nacional. El origen de todos estos cambios debemos buscarlo a finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando se produjo el tránsito del Antiguo Régimen al sistema liberal en el Imperio español. 1 La Corona, arrastrada por las circunstancias, se vio obligada a reconvertir el territorio peninsular en un estado nacional al estilo del francés. Esto hizo que los distintos grupos liberales que ostentaron el gobierno se tuvieran que plantear qué hacer con todos los territorios de América. Poco a poco se fue abriendo paso la idea de trasformar y dar una categoría inferior (sobre el papel porque en la práctica ya era así) a estos lugares. 2 Frente a ellos aparecieron grupos de poder local en toda América y, específicamente, también en la isla de Cuba que apoyaron la construcción de proyectos nacionales distintos al que se les trataba de imponer desde la metrópoli. 3 En el proceso de construcción de todas esas nuevas entidades nacionales, desde la península, América y La Habana se utilizó la literatura. La censura impuesta a las publicaciones políticas hizo que estas ideas se tuvieran que revestir a través de la literatura para poder darlas a la luz. Todo ello provocó que la prensa y las imprentas adquirieran un protagonismo hasta entonces desconocido en el mundo hispano. 4 Por este motivo, las obras periódicas y literarias cubanas de esta época contienen una gran cantidad de información política sin explotar por el historiador y el crítico literario. Consecuentemente, el examen de estos periódicos arrojará una visión inusualmente rica de la historia y cultura de la capital y de la isla. 5 Sin embargo, paradójicamente, los estudiosos de la historia de la mayor de las Antillas han ignorado hasta muy recientemente estas fuentes. Lugares de conservación de los periódicos El primer problema con el que se encuentra el investigador al tratar de profundizar en el conocimiento de la prensa cubana del siglo XIX es su dispersión y la dificultad para acceder a las series completas de la que se con-2 Fradera, Josep María: Colonias para después de un imperio, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 2005. De la independencia a nuestros días, Fondo de Cultura Económica, México, 1999; Moreno Fraginals, Manuel: El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar, Crítica, Barcelona, 2001. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1993. La guía que a continuación ponemos a disposición del estudioso se ha elaborado en base a las obras encontradas en la Biblioteca Nacional José Martí y en el Instituto de Literatura y Lingüística, ambos centros en La Habana, la Hemeroteca Municipal de Madrid y la Biblioteca Nacional, en Madrid, y en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Sin duda alguna, la institución que guarda las colecciones más completas de prensa periódica cubana es la Biblioteca Nacional José Martí, especialmente la Sala Cubana. El origen de esta sección hay que buscarlo en 1962, cuando se inició la organización de las publicaciones periódicas y documentos del siglo XIX. Con ello se perseguían tres fines: la mejor conservación de los textos de la centuria decimonónica, la más rápida incorporación de las nuevas adquisiciones, y facilitar el servicio al público, además de ahondar en la construcción de la "historia patria cubana". Algún tiempo después, Teresa Batista Villareal, Josefina García Carranza y Miguelina Ponte realizaron una guía para el público de los fondos de prensa existentes en esta sala, que titularon Catálogo de publicaciones periódicas cubanas de los siglos XVIII y XIX. 6 No obstante, esta obra tiene un defecto y es que, en su elaboración, se basaron en las clasificaciones previas hechas por la Biblioteca; sólo consultaron los originales disponibles cuando les surgía alguna duda, y no de forma sistemática. Actualmente, el Ministerio de Cultura de Cuba, del que depende la Biblioteca, está financiando un ambicioso proyecto que pretende llevar a cabo la catalogación de las obras periódicas que existen en todas las sedes de la Biblioteca Nacional en las distintas provincias de la isla. El Instituto de Literatura y Lingüística, donde se encuentran los fondos de la antigua biblioteca de la Sociedad Económica de La Habana, es la "gran joya sin explorar". En los catálogos disponibles al público (que sólo recogen una parte de toda la documentación que existe en sus fondos) aparecen números de periódicos de la época que no existen en otros lugares, ni siquiera en la Biblioteca Nacional. Hay que tener en cuenta que la Sociedad subvencionó muchas de estas obras mediante su suscripción a un determinado número de ejemplares. Esto hizo que llegaran todos los números de estas publicaciones de forma sistemática a su biblioteca y, por tanto, deben estar allí, aunque los catálogos existentes no lo muestren. En 1984 publicaron el Diccionario de la Literatura Cubana, la mejor obra elaborada hasta la fecha sobre la historia de los periódicos cubanos y la biografía de los principales autores de la mayor de las Antillas. Para su realización usaron sólo el material que poseía la biblioteca. 7 Finalmente, debemos recordar que la isla de Cuba era una parte del Imperio español, por lo que muchos de esos números de periódicos llegaron también a la península. En el Archivo General de Indias se ha creado una sección de prensa compuesta por todos los ejemplares que se han ido hallando al catalogar los documentos. Esta colección está formada por ejemplares sueltos de las publicaciones periódicas "oficiales", como es lógico, pues allí se encuentran los números que el capitán general y el superintendente de hacienda mandaban al gobierno central para comunicarle las noticias publicadas en el Diario de La Habana, el Noticioso y Lucero de La Habana, los Anales de ciencia, agricultura, comercio y artes y las Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. La Hemeroteca Municipal de Madrid y la Biblioteca Nacional de la misma ciudad también conservan obras periódicas habaneras. En estas dos últimas instituciones las publicaciones que se guardan tienen un carácter más literario y no tan oficial, ya que son parte de donaciones de correspondencia privada entre intelectuales habaneros y peninsulares y entre los propios habaneros residentes en Madrid en el siglo XIX. Bibliografía sobre la prensa habanera Debido a lo explicado más arriba, la bibliografía existente sobre la prensa y la imprenta en Cuba es muy escasa; además, los autores que escribieron sobre esta cuestión tuvieron siempre la intención de afianzar la historia nacional cubana o española, por lo que basaron todas sus hipótesis en la supuesta división entre criollos y peninsulares. Con este objetivo, la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana impulsó, en el siglo XIX, la elaboración de varios estudios sobre la historia de esta ciudad y la isla en los que se mencionan y se aportan datos de algunas publicaciones periódicas e imprentas. Algunos ejemplos de este tipo de obras son la Historia de la isla de Cuba, de Pedro José Guiteras, 8 los dos textos escritos por José María de la Torre: Compendio de geografía física, política, esta-dística y comparada de la isla de Cuba y Elementos de historia universal y particular de España, isla de Cuba y Puerto Rico,9 el de Jacobo de la Pezuela, Historia de la isla de Cuba 10 y el de Mariano Torrente, Bosquejo económico político de la isla de Cuba. 11 Pero, sin duda alguna, el trabajo de más valía del siglo XIX en relación al asunto que aquí nos incumbe es el de Antonio Bachiller y Morales, Historia de las letras y la instrucción pública en la isla de Cuba, compuesta por tres volúmenes. El segundo tomo lo dedicó a estudiar el origen de la imprenta y la prensa en La Habana y la isla. En él hace un inventario de todos los periódicos publicados allí desde la fundación de la imprenta hasta 1840, incluyendo algunas características de los mismos, y también da una lista de las obras impresas en los talleres cubanos durante este período. 12 No obstante, fue en el siglo XX, después de la independencia de la isla, cuando desde algunas instituciones de la recién constituida república de Cuba, fundamentalmente la Biblioteca Nacional José Martí, la Sociedad Económica de La Habana y el Archivo Nacional de Cuba, se intentaron hacer varios estudios y catálogos de las colecciones de prensa desde que apareció la imprenta en La Habana hasta bien avanzado el siglo XIX. Este proyecto formaba parte de otro más amplio, la escritura de la historia de La Habana y la isla en clave de estado-nación. En este contexto se enmarcan las obras de Carlos Trilles, sobre bibliografía, y la de José Toribio Medina, sobre el origen de la imprenta en la isla de Cuba. 13 A partir de 1916 Joaquín de Llaverías publicó en el Boletín del Archivo Nacional una serie de repro-ducciones facsímiles comentadas de los ejemplares de prensa que se conservaban en el Archivo Nacional de Cuba. Entre 1957 y 1959 Emeterio Santovenia, presidente del Consejo Director Permanente de los Archivos de la República de Cuba, ordenó la recopilación de todos estos artículos en una obra constituida por dos volúmenes. Desde entonces, esta institución ha llevado a cabo la publicación de varias obras sobre la historia de algunos periódicos de distintas localidades de la isla de Cuba con motivo del centenario o bicentenario de su fundación. 14 A principios del siglo XX la Biblioteca Nacional, como indicamos anteriormente, también inició la clasificación de los documentos del siglo XIX, y muchos de ellos se publicaron en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Bastantes años más tarde, después de la Revolución de 1959, se elaboró el Catálogo de publicaciones periódicas cubanas de los siglos XVIII y XIX con todos estos materiales. 15 Paralelamente, Fernando Ortiz refundó la Revista Bimestre Cubana, en la Sociedad Económica, y en algunos de sus números insertó artículos sobre la historia de este centro y la primera época de la propia Revista. En el seno de esta institución, convertida luego en Instituto de Literatura y Lingüística, también se elaboró el Diccionario de la Literatura cubana. 16 Durante el siglo pasado asimismo vieron la luz obras que compilaban artículos publicados en la prensa del siglo XIX sobre distintas cuestiones fundamentales en la construcción de la identidad cubana, como esclavitud, música, etc...; en este sentido merece la pena destacar los trabajos de Cosculluela, José R.: "Historia de la prensa musical en Cuba", en VV.AA.: El periodismo en Cuba, Imprenta de Pérez y Sierra, La Habana, 1945; Deschamps Chapeaux, Pedro: El negro en el periodismo cubano en el siglo XIX, Ediciones R., La Habana, 1963; Figuerola-Caneda, Domingo: Diccionario cubano de seudónimos, Imprenta el Siglo XX, La Habana, 1922; Gallegos, Tesifonte: "La prensa cubana", en Gallegos, Tesifonte (ed.): Cuba por fuera, La Propaganda Literaria, La Habana, 1898; Labraña, José M.: "La prensa en Cuba", en Cuba en la mano, Ucar, La Habana, 1940; Ricardo, José G.: La Imprenta en Cuba, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989. En los últimos años se han elaborado varios trabajos fuera de Cuba sobre la prensa y la imprenta de la isla en relación a la del resto de América, como el de Jensen, Larry R.: Children of the colonial despotism. Press, politics, and culture in Cuba, 1790-1840, University Presses of Florida, Tampa, 1988; Álvarez, Jesús Timoteo y Martínez Riaza, Ascensión: Historia de la prensa en Hispanoamérica, Maphre, Madrid, 1992; Seoane, María Cruz: Historia del periodismo en España, volumen II, Alianza Universidad, Madrid, 1983 y Sánchez Baena, Juan José: El libro en Cuba. Imprentas, bibliotecas y publicaciones periódicas de los siglos XVIII y XIX, Universidad de Murcia, Murcia, 1994. A pesar del tiempo transcurrido, en todos estos estudios se mantiene una constante: usan la prensa para demostrar la escisión que se produjo entre criollos y peninsulares y, por eso, los distintos autores dividen a las publicaciones en criollas y peninsulares, lo que para la mayoría también equivale a una división entre prensa liberal y absolutista. Sin embargo, como consecuencia del estudio llevado a cabo para elaborar el catálogo, consideramos que esta escisión criollopeninsular es artificial y no se corresponde con la realidad y, por ello, planteamos redefinir el punto de partida. La prensa habanera y cubana se fue alineando en torno a varias tendencias: una liberal centralista, otra liberal autonomista y otra defensora del Antiguo Régimen, y todas ellas estuvieron compuestas por peninsulares y criollos. Se fueron constituyendo así varios modelos políticos con distinto criterio sobre el papel que debía desempeñar la isla de Cuba dentro o fuera del naciente estado liberal español. Estos proyectos no estuvieron definidos desde un principio, sino que se fueron formado y reformando a lo largo del tiempo, hasta que quedaron fijados a finales de la década de 1840. Metodología y utilidad de la guía El trabajo que presentamos consta de dos partes, la primera es una lista completa de las obras periódicas, o realizadas con ese fin, de La Habana entre 1824 y 1845; la segunda es un índice de todas las imprentas que funcionaron en dicha ciudad en ese período de tiempo. Ambas piezas forman un trabajo conjunto, ya que las imprentas fueron los talleres donde se elaboraron las publicaciones periódicas. Es decir, es un trabajo con dos tipos de entrada: por los títulos de las obras y por los nombres de las imprentas. En primer lugar, hemos confeccionado una "ficha biografía" de cada una de las publicaciones, a la que se accede buscando por orden alfabético el nombre del impreso. En cada una de ellas se recogen los años de publicación del periódico, es decir, el período durante el cual vio la luz, y lugar de publicación, pues, aunque casi todos se hicieron en La Habana, varios de ellos se elaboraron en Estados Unidos financiados desde La Habana para propagar su pensamiento a nivel mundial. En este apartado también se incluye el taller en el que se imprimía, el nombre de sus fundadores, redactores, editores, periodicidad y colaboradores de los mismos. Finalmente, en el capítulo de observaciones hemos introducido algunos rasgos que hemos creído significativos para clasificar ideológicamente los textos. La segunda entrada se realiza a través del nombre de las imprentas que funcionaban en La Habana, y en las que se publicaron las obras antes mencionadas. En las "fichas biográficas" de cada una de las imprentas se incluye: lugar de ubicación del taller, año de fundación, fundador, impresor, propietario, dirección, publicaciones no periódicas que se realizaron en ella y publicaciones periódicas antes del Trienio Constitucional (A), durante el Trienio Constitucional (B) y en el período de estudio, es decir, entre 1824 y 1845 (C). Al final de cada ficha también hemos insertado un apartado de observaciones. En segundo lugar, hemos pretendido conocer la disponibilidad de todas las publicaciones del período de estudio que aparecen en el Catálogo de publicaciones periódicas cubanas de los siglos XVIII y XIX. Al contrastar este trabajo con las obras originales que se conservan en la Biblioteca Nacional José Martí, nos fuimos dando cuenta de que el número de periódicos que figuraba en el Catálogo de esta institución no se correspondía con el que realmente existía, tampoco las fechas de los mismos: el uso inconsecuente de meses, muchos años, volúmenes, tomos, entregas, etcétera... pusieron de manifiesto la necesidad de desconfiar de lo que decía el Catálogo, pero a su vez han permitido incrementar la exactitud de nuestras anotaciones y las han completado con las publicaciones que están a disposición del público en el Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana. Por otro lado, al llevar a cabo el estudio de las obras periódicas existentes en España, esta guía también da a conocer al investigador europeo y peninsular el material de que dispone en Madrid y Sevilla. Todo ello permitirá ahorrar tiempo y dinero al estudioso en sus investigaciones. En tercer lugar, y gracias a estos dos trabajos previos, se tendrá una visión razonada y completa que sirva de base para digitalizar las obras en el futuro, para contribuir al intercambio de las revistas entre archivos y cen-tros de investigación y como guía entre las instituciones y bibliotecas de Cuba y España. Con suerte, las irregularidades y las dudas de nuestro índice serán erradicadas si algún día se lleva a cabo un proceso de digitalización de las mismas. Hasta entonces confiamos en que este trabajo sea de ayuda para aquellos investigadores que deseen adentrarse en este apasionante y crucial período de la historia de Colaboradores: Domingo del Monte, José Antonio Echeverría, Ramón de Palma, Manuel Garay, José Jacinto Milanés y José María Heredia. Observaciones: en él publicó Domingo del Monte algunas de sus escasas poesías y artículos: "El destino de la mujer", "El poeta" y "Una habanera en París"; José Antonio Echeverría "A una nube", "Reconciliación", "Amor", "Manuel Garay"; Ramón de Palma "Unos ojos negros", "Fastidio", "Matanzas y Yumurí", "La despedida del cruzado" y su gran poema "La peña de los enamorados"; Manuel Garay publicó "María o la hija del norte", "Para mi álbum", "El coplero", "Las ninfas matanceras"; José Jacinto Milanés su poema "Cita nocturna", "La madrugá"; José María Heredia, "El océano", "A la gran pirámide de Egipto"; Juan Francisco Manzano "Treinta años", "La cocuyera", "A la ciudad de Matanzas", "La música", "Una hora de tristeza" y J. Padrines su poema sobre Matanzas titulado "Recuerdo". Lugar de ubicación: en la Biblioteca Nacional José Martí (en adelante BNJM) está el número de 1837, el único que se llegó a publicar. Lugar de publicación: primero en la Imprenta de Boloña, posteriormente, en la Oficina de Ramon Oliva y, finalmente, en la Imprenta Literaria a cargo de Patiño, todas en La Habana. Redactores: Luis Caso Solá y Ramón de Palma. Editores: Luis Caso Solá y Ramón de Palma. Colaboradores: José Zacarías González del Valle, José Jacinto Milanés, Cirilo Villaverde, Antonio Bachiller y Morales, Anselmo Suárez Romero, José Quintín Suzarte, José Antonio Echeverría y Juan Francisco Manzano. Observaciones: José Zacarías González del Valle publicó aquí "Las muchachas del paseo", "Una Pascua en San Marcos", "La razón", "A Celia", "Los ojos verdes", "La hermosura y el amor", "El cólera en La Habana", "Amar y morir", "Amor y dinero", "El baile", "Belleza", "A una niña de cuatro años"; Ramón de Palma publicó "El temporal", "El templete", "Ritos y creencias de los primeros habitantes de Cuba y Santo Domingo", "La vida", "Memorias y recuerdos de la condesa de Merlín", "La brisa"; José Jacinto Milanés publicó "El Conde Alarcos", "A Larra", "El beso", "A una coqueta", "El mendigo", "La ramera"; Cirilo Villaverde publicó "Excursión a Vuelta Abajo", "Engañar con la verdad"; Antonio Bachiller y Morales publicó "El juramento del cruzado"; Anselmo Suárez y Romero "Puente Grande", "Carlota Valdés"; José Quintín Surzarte escribió "Veros", "El amor"; José Antonio Echeverría publicó "El peregrino"; Juan Francisco Manzano "El sueño". Este periódico fue la continuación de La Miscelánea. Observaciones: Fileno publicó "Una mirada en la beneficencia", "El pecado original", "La Monja", "Paseo por la ribera", "La despedida", "El hijo de la maldición", "Muerte de Gesler", "La Habana"; José Zacarías González del Valle publicó "Las dos viudas"; Cirilo Villaverde escribió "Una cruz negra", "La joven de la flecha de oro"; José Jacinto Milanés publicó "Triste amor de un guajiro", "El hijo de un rico". Lugar de impresión: hasta el número 40 en la Oficina de José Boloña, calle de Obrapía, número 37, y del número 41 al 48 en la Oficina del Gobierno y Capitán General, ambas en La Habana. Fundador: Francisco Javier Troncoso. Director: Francisco Javier Troncoso. Periodicidad: en 1823 era de dos veces a la semana. Observaciones: la suscripción de un mes costaba un peso. Su objetivo fue contener el movimiento político liberal. La prudencia y moderación con que se redactó el papel y las ideas de gobierno que contenía debían contribuir a que se fomentasen "sentimientos de adhesión a la metrópoli" entre sus lectores. A través de este periódico se empezó a introducir el gusto por lo romántico. Lugar de ubicación: en la BNJM está el número de 1823: 6 de febrero. Años de publicación: el permiso para su creación lo solicitaron en 1834. Lugar de publicación: Nueva Orleans. Redactores: era un periódico pagado por el gobierno español para defender su política en Cuba. Lugar de ubicación: el ILL posee los números de 1829: abril-agosto y diciembre; 1830: enero-agosto. Observaciones: la idea del nacimiento de la revista se produjo en el entresuelo de una casa de la antigua calle de la Muralla o calle Ricla, esquina con la de La Habana, donde se celebraban las asiduas tertulias literarias del grupo de intelectuales que se reunían alrededor de Domingo del Monte. Realmente era un periódico científico, literario y de modas, que se publicaba con láminas en madera y con figurines grabados e iluminados. La Real Sociedad Patriótica se suscribió por un número de ejemplares que se repartían en las escuelas. La separación de Domingo del Monte y sus amigos de la dirección de la revista se produjo el 12 de junio de 1830, por no estar de acuerdo en los temas a publicar y por problemas administrativos. Después de la separación de del Monte de la obra, ésta perdió interés y copió muchos artículos de publicaciones peninsulares.
Sordo, Emma María: "Las reducciones en Potosí y su carácter urbano". Este ensayo tiene como objetivo examinar el carácter urbano de las reducciones o pueblos de indios en el virreinato del Perú, con énfasis en la región del Alto Perú en el siglo XVI. Presenta una serie de observaciones sobre la creación de parroquias o "barrios" de indios en la Villa Imperial de Potosí, a partir del mandato del virrey don Francisco de Toledo y, además, varios aspectos de ordenamiento urbano en la obra del licenciado Juan de Matienzo, oidor de la Audiencia de Charcas.-R. M. G. S. Yaranga Valderrama, Abdón: "Las 'reducciones', uno de los instrumentos del etnocidio". Este trabajo pone de manifiesto que no se podrían estudiar las "Reducciones" en la América Colonial aisladas de las encomiendas y repartimientos; con ellas comienza la desorganización económica, social y política, la reducción de los indios en "asentamientos" y "cabeceras" de pueblos y el desequilibrio ecológico.-R. M. G. S. González García, Pedro, y Otros: El Archivo General de Indias: de la Ilustración al siglo XXI. Ministerio de Cultura y Otros. Descripción de la historia del Archivo General de Indias desde su fundación, en 1785, hasta la era de la informatización documental llevada a cabo desde 1992. Se incluye también un análisis monográfico de diversos aspectos históricos en la vida del edificio que hoy es el Archivo. Se analiza su etapa como Lonja de Mercaderes y Casa de la Contratación e igualmente se proporciona un estudio sobre el Consejo de Indias, la Secretaría de Estado y de Despacho y de los Consulados de Sevilla y Cádiz.-A. I. M. O. Hernández Martín, Ramón, O P: "Ordenaciones de García de Loaísa para el convento de San Esteban de Salamanca". El padre Ramón Hernández, recientemente nombrado archivero del Archivo General de la Orden de Predicadores de Roma, nos presenta el texto latino de las Ordenaciones de García de Loaísa, quien -como maestro general de la Orden-quiso visitar su querido convento de San Esteban en 1521 y dictó las citadas ordenaciones, recogiendo el espíritu de este convento dominico. El texto se conserva en el AGOP de Roma en un cuadernillo del siglo XVIII (de la colección de Hermann Cristianópulo), unido a un volumen con las actas de los capítulos provinciales de la Provincia de España, bajo la signatura XIII/26045.-M. M. C. S. Resines, L.: "Estudio sobre el Catecismo pictográfico tolucano". Se trata de un manuscrito del Museo Nacional de Antropología e Historia de México, signatura 35-53, que contiene un catecismo pictográfico. Es un ejemplar incompleto que consta de 11 folios o láminas en pasta holandesa, pintados en el recto y vuelto, y en el último figura una anotación en lengua mazahua que hace pensar que este catecismo proceda del Valle de Toluca, y por sus características Resines cree que es de los primeros tiempos de la conquista de México. El autor lo ha descifrado siguiendo procedimientos anteriores, utilizados en el estudio de otros catecismos; haciendo un análisis parcial de acuerdo con cada uno de los formularios que aparecen en él.-M. M. C. S. 16. Solano, Francisco de (edición y estudio preliminar): Normas y leyes de la ciudad hispanoamericana 1492-1600. AA.: Órdenes religiosas y evangelización de América y Filipinas en los archivos de la Iglesia Santoral Hispano-Mozárabe en España. Edición de Agustín Hevia Ballina. Edita Asociación de Archiveros de la Iglesia en España. Actas del VIII Congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, donde se pone de manifiesto el inmenso caudal de documentación en los archivos eclesiásticos españoles sobre la evangelización de América y Filipinas, muchos de los cuales aún están casi inexplorados, como lo demuestra el trabajo de Santiago Francia Lorenzo sobre la "Documentación indiana" del Archivo Capitular de la Catedral Palentina. Pedro Borges estableció la tipología y características de la documentación relativa a la evangelización. También se presentaron diversos trabajos sobre jesuitas, dominicos, capuchinos y carmelitas descalzos a cargo, respectivamente, de Borja de Medina, S J; Ramón Hernández, O P; HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 Tarsicio de Azcona, O F M, y Gabriel Beltral, O C D. En las comunicaciones se estudiaron distintos aspectos del acervo documental de los archivos de las órdenes, congregaciones e institutos religiosos como los agustinos, capuchinos, benedictinos y escolapios, entre otros.-M. M. C. S. Gnecco, Cristóbal: "Praxis científica de la periferia. Notas para una historia social de la arqueología colombiana". Síntesis sobre la historia de la arqueología practicada en Colombia. Se destaca y se analiza la producción del conocimiento histórico por parte de los arqueólogos, sobre todo como papel determinante en la forma en que una sociedad reflexiona sobre sí misma.-A. I. M. O. García Targe, Juan: "Arqueología colonial en el área maya: Aspectos generales y modelos de estudio". Análisis de la problemática entre Arqueología colonial y Arqueología histórica en algunas regiones del área maya. Se defiende el término de Arqueología colonial, como más adecuado para definir el estudio -mediante la excavación y documentación textual-, de los diversos núcleos de asentamiento generados como consecuencia de la nueva coyuntura histórica iniciada en la primera mitad del siglo XVI. Además, se estudian los modelos de arqueología colonial, así como la documentación de los modelos específicos de sincretismo cultural durante los siglos XVI y XVII.-A. I. M. O. Díaz Balerdi, Ignacio: "Escultura conceptual mexica: la simbiosis águila-felino". En las páginas que siguen se analiza una obra escultórica de sobresaliente factura, que se conserva en el Museo Nacional de Antropología de México D.F. Se trata de un animal fantástico con cuerpo de ave, probablemente de águila, mientras que su cabeza parece corresponder a un felino: es decir, la yuxtaposición de dos animales emblemáticos y cuya trascendencia en el plano simbólico está fuera de toda duda. Pretendemos plantear un acer-RESEÑAS INFORMATIVAS camiento en profundidad a la pieza y sentar las bases para una discusión sobre su significado. Partimos, en este intento, del convencimiento de que toda obra de arte transciende sus peculiaridades morfológico-estilísticas y se configura como elemento o eslabón lingüístico de un discurso perfectamente estructurado. Un discurso que no utiliza palabras sino que se articula a base de diseños plásticos, en este caso escultóricos, aunque -como veremos-la relación entre ambas esferas, la lingüística y la escultórica, es estrecha y permite establecer unos paralelismos fundamentales a la hora de desentrañar las claves de esta faceta de la plástica prehispánica.-A. E. A. González Escobar, José Luis (Coord.): Magia, mentiras y maravilla de las Indias. Diputación Provincial de Huelva. Catálogo de la exposición promovida por el Museo de América y el Foro Iberoamericano de la Rábida. Se pretende una visión global de la gran riqueza material y cultural que poseen los fondos no expuestos del museo mediante un planteamiento atractivo. Propone una reflexión sobre la magia, las mentiras y las maravillas, tres conceptos fundamentales para comprender la aproximación europea al conocimiento de América, cuya materialización museográfica se ha resuelto en tres grandes apartados.-J. M. C. B. Paniagua Pérez, Jesús; Truhan, Deborah: "Nuevas aportaciones a la platería azuaya de los siglos XVI y XVII". Este estudio no aborda el arte de la platería en un sentido puramente estético y formal, sino como actividad dentro de la vida de una ciudad de las Indias, Cuenca, en el actual Ecuador. Sobre todo interesa la labor ejercida por los plateros, su situación social y económica, su pertenencia a una determinada raza... en fin, lo que creen los autores ofrece una mejor visión de un modo de vida que se estaba dando en aquellas latitudes.-R. M. G. S. Asociación Española de Archiveros, Bibliotecarios, Museólogos y Documentalistas. Esta bibliografía da cuenta de lo publicado como resultado de una labor intelectual de los exiliados que sólo existe en muy pocas bibliotecas o colecciones particulares. Así, se HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 señalan los aportes intelectuales que desde 1939 fueron capaces de producir en un período de diez años. El texto va acompañado de índices que permiten aprovechar mejor los datos registrados.-J. M. C. B. Delgado Larios, Almudena: "Exotismo, afán de aventuras e hispanoamericanismo: La ruta de Hernán Cortés, de José Segarra y Joaquín Juliá, entre la hazaña personal y la propaganda oficial". En el presente trabajo se analiza el relato de dos periodistas valencianos, José Segarra y Joaquín Juliá, que volvieron a hacer la ruta seguida por Hernán Cortés durante la conquista de México. El viaje y el diario del mismo cuentan con el apoyo de las autoridades mexicanas y españolas puesto que se considera esta hazaña un homenaje de la colonia española y de España a México con motivo de la celebración del Centenario de la Independencia. El estudio se articula siguiendo tres niveles: el de la hazaña personal al ser una ruta accidentada y al poner a prueba la resistencia física de los viajeros; el de la propaganda oficial porfiriana al describir los periodistas los adelantos económicos experimentados por México durante el gobierno de don Porfirio; y el del mito y visión propagandística del pasado conquistador y colonial -el nivel más interesante, evidentemente-puesto que se aboga por una reconciliación entre españoles y mexicanos y se define la mexicanidad como mestizaje.-A. E. A. 25. Heredia, Edmundo A.: "Historiografía de las relaciones argentinobrasileñas". Se presenta una lista de libros, opúsculos, folletos y artículos referidos a la historia de las relaciones entre Argentina y Brasil, comprendiendo publicaciones antiguas y recientes. La intención ha sido mostrar un repertorio, relativamente amplio, de la producción historiográfica sobre el tema, de modo que pueda observarse la evolución de estos estudios en el tiempo y los temas que en su transcurso han provocado la atención de los historiadores. Se ha hecho una división cronológica teniendo en cuenta los hitos más significativos de la historia de estas relaciones. La lista es precedida por una presentación en la que se señalan las características generales de estas relaciones, como así también las tendencias de la historiografía, ubicando ambas en el contexto general de la historia de las relaciones interamericanas y marcando así sus peculiaridades y rasgos distintivos.-A. E. A. 26. Hilton, Sylvia L.; González Casanovas, Ignacio: Fuentes menuscritas para la historia de Iberoamérica. Guía de Instrumentos de Investigación. Investigación sobre la sistematización y posterior difusión de materiales de consulta relativos a las diferentes necesidades del quehacer historiográfico. Se facilitan 3.729 referencias de catálogos, inventarios y otros materiales -publicados e inéditos-, en los que se localiza y describe documentación manuscrita de interés para la historia iberoamericana.-A. I. M. O. 27. Se pretende dar una noción de lo que ha sido en los últimos años el estudio de la problemática del desarrollo en los países latinoamericanos dentro de la geografía alemana y estadounidense, a través de un estudio bibliográfico sobre este tema realizado en revistas geográficas de estos países y publicadas entre los años 1980 y 1994.-R. M. G. S. Paniagua Pérez, Jesús: "Pedro de Valencia, cronista e historiógrafo oficial de las Indias (1607-1620)". Sevilla, 1996, vol. LIII, n.o 2, págs. 231-249. texto mesoamericano, por el amplio conocimiento de los metales, particularmente en la confección de objetos de cobre y sus aleaciones, superior a aquellas regiones en donde se trabajaron metales nativos como el oro y la plata.-R. I. Beuchot, Mauricio: Bartolomé de las Casas. Dentro de la colección "Filósofos y Textos" se enmarca este libro de difusión dedicado al padre Las Casas. Presenta brevemente la filosofía del dominico en seis apartados: 1) Filosofía realista y comprometida. 2) La naturaleza humana y los derechos naturales del hombre. 3) Argumentación y evangelización. 4) La voluntad o libertad del gentil y la presencia española en Indias. 5) Repercusión de Bartolomé de las Casas en otros pensadores. Posteriormente hace una selección de textos de la "Apologética historia sumaria", "Los tratados", "De regia potestate", "De unico vocationis modo" y "Brevísima relación de la destrucción de África".-M. M. C. S. Tras una breve introducción general sobre los portulanos, los autores dan a conocer una nueva carta portulana portuguesa, manuscrita, de la costa africano-atlántica, encontrada en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. La carta, datada en la primera mitad del siglo XV, es documento anejo a un pleito y parece que se hizo con un único interés comercial por los datos tan escasos y concretos que expresa.-M. J. M. A. Gómez Gómez, Margarita: "Las imprentas oficiales. El caso del impresor del Consejo de Indias". Pretende dar a conocer ciertas noticias que, localizadas en el AGI, nos informan del empleo de la imprenta en el Consejo de Indias y la creación de un título oficial de impresor en dicha institución. Se reflexiona sobre la rápida captación de la imprenta por las autoridades laicas y eclesiásticas del momento y sobre las consecuencias que la mecanización de la escritura pudo tener en la propia Administración y en los documentos por ella generados.-A. M. M. R. 39. Maldonado Polo, J. Luis: "Flora de Guatemala", de José Mociño. Estudio introductorio de J. Luis Maldonado que nos sitúa en las circunstancias que rodearon la preparación y organización de esta expedición, llamada de "Sessé y Mociño", y las aportaciones que para la Historia de la Ciencia tuvieron sus estudios. Posteriormente se centra en el viaje de Mociño a Guatemala y la publicación de su manuscrito Flora de Guatemala, procedente del Real Jardín Botánico de Madrid.-M. M. C. S. Alcántara Sáez, Manuel: "Elecciones, electores y partidos en América Latina en la década de 1990". Anuario de Estudios Americanos de Ciencias Sociales. En este artículo el autor aprovecha la reciente experiencia electoral latinoamericana para realizar un estudio de los sistemas electorales de la región, analizando aspectos como la fórmula elegida y la relación entre el sistema electoral y la gobernabilidad. Seguidamente estudia la conexión entre leyes electorales y sistemas de partidos, así como las tendencias de comportamiento del electorado y de los partidos latinoamericanos. Finalmente, se sacan conclusiones globales a la luz de los recientes procesos electolales.-J. A. M. M. 41. Alcántara, Manuel: "Un esquema de análisis para el estudio de los partidos políticos en procesos de transición: fundación frente a tradición". Se presenta un modelo para analizar el papel de los partidos en las transiciones, diseñándose el alcance del concepto de "rigor partidista" en un entramado en el que también ocupan un eje explicativo el nivel de movilización y el tipo de institucionalización.-I. A. F. 42. Alcántara, Manuel; Crespo, Ismael (Eds.): Los límites de la consolidación democrática en América Latina. Con la recopilación de diferentes trabajos, se pretende proporcionar instrumentos de análisis que sirvan para despejar algunos de los dilemas con los que se enfrenta la acción de gobierno en América Latina, en un final de siglo acelerado por los profundos cambios políticos, sociales, económicos y culturales. El libro se encuentra estructurado en cuatro sesiones: un marco introductorio; la transformación de las relaciones políticas; los partidos políticos en el nuevo marco institucional y Estado, mercado y democracia.-I. A. F. 43. Botella, Joan: "Transiciones democráticas en América Central: La naturaleza de las transiciones democráticas en Centroamérica desde 1979 (en sus éxitos y en sus fracasos) requiere modelos más complejos para el análisis del cambio político. La discusión tradicional sobre los prerrequisitos de las democracias debe acompañarse con un análisis preciso de las estrategias de los actores políticos. Además, la ausencia de una divisoria precisa entre la transición y consolidación democrática hace que su capacidad para HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 enfrentarse a los problemas sociales y económicos (especialmente en sociedades en que esos problemas, en términos de prerrequisitos, resultan problemáticos) sea críticamente importante para el propio proceso de transición: su rendimiento (en términos de establecimiento de la agenda y de eficacia) es una condición del éxito de las transiciones.-I. A. F. 44. Boschi, Renato R.: "Democratización y reestructuración del sector privado en América Latina". Cavarozzi, Marcelo: "Partidos políticos y elecciones en la América Latina contemporánea". Cavarozzi interpreta la crisis de los partidos políticos en la América Latina de la última década, como parte sustancial de la quiebra sufrida por la matriz política estado-céntrica que significó el problema de la deuda externa a partir de 1982. La redefinición de los espacios públicos y de la acción política, vista a lo largo de tres ciclos políticos (transición a la democracia, gestión de la crisis económica, y apuesta por la gobernabilidad), ordenan este artículo.-J. M. S. Coppedge, Michael: "Instituciones y gobernabilidad democrática en América Latina". Una primera parte del trabajo está dedicada a establecer algunas precisiones conceptuales sobre la gobernabilidad, en tanto institucionalización del sistema político, y sus diferencias, más o menos compatibles, con la democracia. Posteriormente se formulan algunos criterios analíticos para el estudio de la gobernabilidad democrática y los aplica a la evolución de los estados latinoamericanos en los últimos lustros.-J. M. S. 47. Díaz, Alvaro: "Tendencias de la reestructuración económica y social en Latinoamérica". La transformaciones económicas, sociales e institucionales ocurridas desde 1982 a nuestros días, son analizadas en los casos nacionales de Chile y México. La hipótesis cen-RESEÑAS INFORMATIVAS tral del ensayo es que en los años noventa se cierra el ciclo de ajustes neoliberales en América Latina, pasando, los dos países estudiados, a una situación post-neoliberal. Cuatro son las dimensiones discutidas en al artículo: los ajustes estructurales y el rol del Estado; las transformaciones institucionales; transformaciones en la sociedad civil y la estructura social; y el modo como han sido afectados los actores sociales por los cambios en las estructuras. "Gobernabilidad, democracia y reforma del estado: los desafíos de la construcción de un nuevo orden en Brasil en los años 90". Revista de Ciencias Sociales. Las múltiples dimensiones de la crisis brasileña han quedado oscurecidas por su vertiente económica. Por esta razón, la problemática de la gobernabilidad ha sido abordada en la gran mayoría de los estudios desde la óptica del ajuste macroeconómico, centrado en la crisis fiscal del estado. No obstante, es necesario atender a diversos problemas políticostanto a estructuras institucionales como a dinámicas sociales especificas-que inciden sobre el tipo de gobierno que se configura desde el aparato de estado e influyen en el carácter incluyente (democrático o no) de la resolución de la coyuntura de crisis.-J. A. M. M. 49. Font, Joan; Gomá, Ricard: "Actores y cambio político en Centroamérica: un marco de análisis". El objetivo es desarrollar algunas hipótesis sobre la naturaleza y el tipo de relación, en la reciente política centroamericana, entre las condiciones estructurales y dinámicas de los procesos de cambio y las pautas de incidencia/adaptación a éstos por parte de los actores políticos de los países implicados.-I. A. F. 50. Situación latinoamericana: informe de coyuntura económica, política y social. Fundación CEDEAL (Centro de Estudios de América Latina). Hay que destacar en este número lo siguiente: En Argentina, el gravísimo riesgo de crisis financiera de comienzos de 1995, parece conjurado con el relativo retorno de capitales, que permite la estabilidad y la bajada de tipos de interés. En Brasil, brusca desaceleración económica en el segundo trimestre de 1995 después de un período de clara expansión. En Colombia, con el objeto de hacer frente al deterioro económico del segundo trimestre, las autoridades han adoptado un paquete de medidas que tratan de reactivar el sector de la construcción, sanear la situación fiscal y flexibilizar los tipos de interés. En Chile, la continua apreciación del tipo de cambio constituye el elemento central de la coyuntura económica del primer semestre de 1995. En México, las medidas económicas de emergencia han sido complementadas con el Plan Nacional de Desarrollo publicado en mayo, que pretende establecer el horizonte económico a medio plazo. Y en Perú, los indicadores económicos del segundo trimestre indican la superación del efecto inducido por la crisis mexicana.-J. A. M. M. 51. Hay que destacar en este número lo siguiente: Argentina, las dificultades en el terreno fiscal y los problemas de financiación externa a raíz de la crisis mexicana, comprometen el modelo de política económica iniciado en 1991. En Brasil, las medidas aprobadas por el Congreso Nacional, a propuesta del Gobierno, acaban con el monopolio público en los sectores de petróleo, telecomunicaciones..., etc. En Colombia, la crisis política derivada de la presunta financiación ilegal de la campaña electoral del presidente Samper alcanza su punto álgido con la detención del ex ministro de Defensa Fernando Dotero. En Chile, la actividad económica continúa en expansión con una tasa del 7,5 % en el segundo trimestre y perspectivas aún mejores para el tercero. En México, la tasa tradicional de desempleo alcanza el 7,6 % en agosto, la más elevada en la historia económica reciente. Y en Perú, la restrictiva política monetaria, la austeridad fiscal y la contracción de la industria pesquera han producido una notoria desaceleración de la actividad económica.-J. A. M. M. 52. Hay que destacar en este número lo siguiente: Argentina, en el terreno político se consolida el presidente Menem, reelegido en mayo, mientras la crisis de la UCR da lugar al surgimiento de un tercer partido, el FREPASO, cuya consolidación es todavía incierta. En Colombia, por tercer año consecutivo, el crecimiento económico superó el 5%, aunque no alcanzó la meta oficial del ó %. En Chile, para 1996 se espera un crecimiento ligeramente menor entre el 6 % y 6,5 % y una inflación del 6,5%, si bien algunos analistas temen que la política anunciada provoque un enfriamiento excesivo. En México, las metas oficiales para 1996 prevén un crecimiento del 5 %, mediante medidas de estímulo a la exportación, la inversión y el consumo privado, y el saneamiento del sector bancario. Y en Perú, se estima un crecimiento nulo en el cuarto trimestre de 1995, por lo que las perspectivas para 1996 indican el final de un fuerte ciclo expansivo mantenido durante tres años.-J. A. M. M. 53. Hay que destacar en este número lo siguiente: Argentina, se estima que durante el primer trimestre de 1996, el PIB ha registrado una caída del 6 % respecto al mismo período de 1995. En Brasil, incierta coyuntura económica en la que contrasta una mayor flexibilidad de la política monetaria, que favorece el crecimiento del consumo, frente a altos tipos de interés y restricción bancaria que lo limita. En Colombia, el sector petrolero que registró un auge del 30 % en su producción durante 1995 y fue responsable en gran medida del crecimiento del PIB del año pasado, apenas crecerá en 1996. En Chile, se constata que la política de ceder ante las presiones de los poderes fácticos, evitando la confrontación con ellos, no deteriora la imagen política del gobierno, sustentada en sus éxitos económicos. En México, en el primer trimestre del año, las tasas de inflación y de desempleo se han mantenido en niveles altos, mientras que los elevados tipos de interés no permiten predecir una recuperación económica próxima. Y en Perú, la necesidad de combatir a toda costa un déficit excesivo en la cuenta corriente, evitando el riesgo de una crisis similar a la mexicana, se constituyó en la clave de la política económica.-J. A. M. M. 54. Garretón, Manuel Antonio: "Redefinición de gobernabilidad y cambio político". González Manrique, Luis Esteban: "La nación y la inmigración: los contradictorios nacionalismos de Cuba". Reflexión y análisis sobre la situación cubana. Se estudia cómo Cuba, aislada geográfica y políticamente, se debate en una contradicción interna entre dos facciones de cubanos. Según el autor, se trata del conflicto nacionalista más característico del siglo XX en Hispanoamérica. Por una parte, el nacionalismo conservador tradicionalista y antidemocrático, también liberal reformista y, por otra parte, el jacobino de la izquierda, populista o marxista, que defiende un Estado fuerte e intervencionista y se muestra inclinado al autoritarismo y al uso instrumental de la democracia parlamentaria.-A. I. M. O. 57. Hartlyn, Jonathan: "Democracia en la actual América del sur: convergencias y diversidades". El artículo está organizado en cinco partes. En primer lugar, al autor define algunos términos, como el de democracia y sus dimensiones. En una segunda parte, destaca ciertos patrones empíricos de la región que apoyan la noción de que durante los últimos cinco años ha habido generalmente una convergencia, más alrededor de tipos de democracia "problemáticos", que un movimiento hacia el autoritarismo severo o la democracia consolidada. Las tres secciones siguientes examinan los tres factores identificados arriba: el impacto de los factores intencionales, temas relacionados con la coherencia estatal y el Estado de derecho, y los factores político institucionales.-J. M. S. 58. Junquera, Carlos: "Una aproximación a los criterios que permiten evaluar la asociación entre pueblos y el reconocimiento de los derechos políticos en los territorios del noroeste de Canadá". Estudio sobre la tensión de corte constitucional en los territorios del noroeste de Canadá. Se analizan también las relaciones entre el Estado y los variados grupos étnicos que lo componen y se ofrece una solución conciliadora entre los respectivos derechos de las mayorías y minorías. Finalmente, se reflexiona sobre la gran tensión constitucional en la que se encuentra Canadá para reconocer los derechos políticos de los grupos aborígenes.-A. I. M. O. Mateu, Ana María: "Poder y relaciones políticas y económicas en Anuario de Estudios Americanos Este trabajo tiene por objeto analizar el proceso de cambio de las relaciones políticas y económicas que se produce en Mendoza entre los años 1880 y 1920 y mostrar sus ritmos, rupturas y continuidades. La mayoría de la bibliografía sobre el tema analiza los procesos políticos o económicos en forma separada y por ello hemos considerado que ir engarzando ambas perspectivas, enriqueciéndolas con nuevos aportes de fuentes, constituye una contribución novedosa para la historia de la provincia en esos años. Es nuestra intención mostrar cómo los cambios en la estructura económica y social que se produjeron en el país y en Mendoza alrededor de 1880 van a introducir en el panorama histórico nuevos actores, nuevos conflictos y nuevos mecanismos de integración y de control. Para analizar el proceso de cambio de las relaciones políticas, económicas y sociales, no nos detendremos solamente a analizar quiénes eran los actores que participaban en el proceso de adopción de decisiones para esos cambios, sino que también intentaremos responder a la pregunta "poder para qué", es decir a desentrañar cuáles eran las relaciones políticas, sociales y económicas que desde el estado se estaban potenciando, destruyendo o manteniendo.-A. E. A. 60. Meller, Patricio: "Ajuste y reformas económicas en América Latina: problemas y experiencias recientes". Sociedad Estatal Quinto Centenario. Tras un panorama general de la crisis económica en los años ochenta, el autor hace un análisis comparado de las distintas políticas de reformas aplicadas en la región. En el análisis se descubren tres fases: 1a consagrada a la estabilización macroeconómica, que implica el ajuste fiscal y el control de la inflación; 2a correspondiente al establecimiento de los precios relativos y de los incentivos apropiados, a través de reformas estructurales, como la apertura de la economía, la liberalización, la desregulación y la privatización; y la 3a fase sería el período de incremento en la inversión y reinicio del crecimiento. Las capacidades estratégicas de los agentes del cambio, así como la diferente temporalidad de cada fase, son evaluadas en el texto. Cuadros, bibliografía, y comentarios críticos al artículo.-J. M. S. Mesa-Lago, Carmelo: "Cuba: un caso único de reforma antimercado. Contra la corriente general de reformas en favor del mercado, en contra de la matriz estado-céntrica de desarrollo, y más aún contra las formulas de economía planificada, la élite política cubana se ha empeñado en modificar anteriores modelos de economía planificada, pero nunca se ha planteado un viraje real del modelo. Las distintas modificaciones emprendidas en este sentido, en coyunturas internas y externas diferentes, y sus efectos HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 sociales, económicos y políticos, son analizados en el artículo, que concluye exponiendo la alternativa de políticas económicas pro-mercado. Comentarios críticos al artículo.-J. M. S. 62. Sojo, Carlos: "Los sujetos de la transición: notas sobre la dinámica de los actores y la transición democrática en Centroamérica". El objetivo del artículo es discutir algunos de los trabajos del grupo de investigación de la UAB, en el contexto de las transiciones democráticas en América Central. En primer lugar, se rechazan dos interpretaciones corrientes: "nada ha cambiado" y "el área está formada por democracias ya completas", y subraya algunas de las características básicas de aquellos procesos de cambio político. En segundo lugar, el autor discute algunos problemas metodológicos en la investigación sobre los actores políticos centroamericanos. Finalmente, se analizan las consecuencias de políticas socioeconómicas y de cambios en las relaciones civil-militar.-I. A. F. Torres Rivas, E.: "La gobernabilidad centroamericana en los noventa. Consideraciones sobre las posibilidades democráticas en la postguerra. El ensayo discute las posibilidades de construir la vida democrática en sociedades que salen de la guerra y la violencia, con rencores, pobreza e intolerancia. Con las causas que la provocaron, ahora agravadas.-I. A. F. 64. Vilas, Carlos M.: "Un balance de la ejecución de los acuerdos de paz en El Salvador". Evalúa el proceso de implementación de los acuerdos de paz de El Salvador. En la primera parte se analiza el estado actual de ejecución de cada uno de los aspectos fundamentales de los acuerdos: desmilitarización, derechos humanos, democratización y transferencia de tierras. Posteriormente, el autor examina los rasgos básicos del contexto socioeconómico y los impactos del proceso de paz sobre los actores políticos. El artículo acaba ofreciendo algunas reflexiones de futuro sobre la realidad política y las políticas públicas en El Salvador.-I. A. F. En este trabajo se analizan los contrastes entre los extranjeros censados y los que acudieron a la Regulación de trabajadores extranjeros y de sus familiares, en 1991, y se realiza una estimación del volumen y características de la población de nacionalidad extranjera presente en España en esa fecha, entre la que se encuentra, obviamente, la de origen latinoamericano.-R. M. G. S. 66. Maeder, Ernesto J. A.: "Asimetría demográfica entre las reducciones franciscanas y jesuíticas de guaraníes". Este trabajo ofrece un análisis comparativo de los datos demográficos de las dos órdenes religiosas, franciscanos y jesuitas, encargadas de implementar la política misional de los indios guaraníes en la Cuenca del Plata. Atiende fundamentalmente los factores que incidieron en el estancamiento demográfico en las reducciones franciscanas y el mayor dinamismo en las jesuíticas.-R. M. G. S. 67. Montiel Rodríguez, Sonia: "La población de Cuba. Su evolución y características actuales". Se presenta la evolución actual de la población cubana, abordando, en primer lugar, la dinámica demográfica natural, para continuar con la composición de la población cubana y complementar estos análisis con la distribución de la población y las migraciones, tanto internas como externas. Por último, se hace una breve reflexión sobre la población cubana a las puertas del siglo XXI.-R. M. G. S. En el presente artículo se desarrolla una proyección del suministro de distintos servicios en un puerto periférico del imperio español. Basado casi exclusivamente en documentación original procedente de los principales archivos rioplatenses, el trabajo contiene una amplia relación sobre esta temática específica. Las oportunidades ofrecidas en ese contexto han sido agrupadas, según su carácter. en empresariales y laborales. En ambos casos se encaran primeramente sendas instancias descriptivas, seguidas por informaciones acerca de sus rendimientos económicos. Aparecen continuos ejemplos de la variedad de casos y situaciones analizadas, sobre todo en lo que hace a retribuciones personales. Finalmente surgen con nitidez la diversidad y la conveniencia de las citadas prestaciones como generadoras de riqueza en la comunidad montevideana.-A. E. A. 70. González Sousa, Roberto: "Las actividades económicas en Cuba". Estudio sobre la evolución de las actividades económicas en Cuba, dividiéndola en dos períodos: primero, entre 1959 y 1989, a raíz del triunfo revolucionario de enero de 1959, caracterizado por un intenso proceso de transformaciones económicas, sociales y políticoideológicas; y segundo, en el período 1989-1995, que se inicia con un descenso violento del Producto Interno Bruto, aunque con una tendencia a la recuperación en los dos últimos años, según el autor.-R. M. G. S. 71. Herrera Sorzano, Angelina: "La agricultura en Cuba: condicionantes sociales de su desarrollo". La agricultura ha sido por más de cinco siglos la actividad económica principal en Cuba. Sobre la agricultura actúa un conjunto de condicionantes, abordándose en este artí-RESEÑAS INFORMATIVAS culo las sociales y dentro de éstas se profundiza lo relacionado con la situación actual, evolución de la tenencia de la tierra y el tamaño de la propiedad.-R. M. G. S. Mata de López, Sara: "El crédito mercantil. Salta a fines del siglo XVIII". El estudio del crédito mercantil a partir de las cartas protocolarizadas existentes en el Archivo Notarial de Salta intenta abordar detenidamente las características que el mismo ofrece, tales como garantías exigidas, plazos e intereses estipulados y rubros comerciales en los cuales el crédito se encuentra más generalizado. Asimismo posibilitará conocer mejor la dinámica mercantil que afecta a la región en el espacio mercantil andino y la vinculación de sus comerciantes con los grandes almacenes de Buenos Aires. Nos permitirá comprender las alternativas del comercio mular y de efectos de Castilla, ambos importantes en la región, del cual participan los comerciantes de mayor giro de la ciudad de Salta. Comprobaremos que los hacendados y comerciantes de Salta participarán del comercio mular en calidad de apoderados o fiadores de los comerciantes altoperuanos y peruanos y de los ganaderos cordobeses de una manera cada vez más excluyente, en tanto los comerciantes peninsulares radicados en Salta y dedicados a la comercialización de efectos de Castilla y a la habilitación de tropas de mulas operaron por su cuenta, costo y riesgo abandonando su papel de intermediarios o representantes de las casas comerciales porteñas.-A. E. A. Parrón Salas, Carmen: De las Reformas borbónicas a la República: Imprenta de la Academia General del Aire. La obra comprende dos partes diferentes. En primer lugar aborda el estudio institucional del Consulado de Lima y el impacto sobre su actuación de la nueva política comercial borbónica. Tal análisis sirve de base para la segunda, constituida por el estudio del comercio peruano en sus relaciones con otros ámbitos geográficos: América, España, Asia, y países neutrales, aliados y extranjeros. Utiliza tanto fuentes documentales como bibliográficas.-J. M. G. R. 74. Salinas Chávez, Eros; Estévez Pazó, Ramón: "Aspectos territoriales en la actividad turística en Cuba". El presente artículo aborda de forma amplia los principales aspectos de la actividad turística en Cuba, tanto en el origen y evolución del turismo en la isla, los problemas territoriales del sector, la relación entre el desarrollo del turismo y la protección de la naturaleza como en las perspectiva de un nuevo tipo de turismo para el país: el Ecoturismo.-R. M. G. S. 75. Valdivia Fernández, Isabel María: "Organización y desarrollo de la esfera de los servicios en Cuba". La autora se propone dar una idea de las características de la organización y desarrollo de esta esfera terciaria en Cuba. Dado su amplio carácter, por la variedad y número de ramas que contiene, así como su desarrollo en el tiempo, no se presenta un análisis detallado de cada una de las ramas que la conforman ni su desarrollo histórico, sino más bien destaca algunos elementos relevantes por el papel que han jugado y juegan en la mejora de las condiciones de vida de la población en general.-R. M. G. S. 76. Venegas Fornias, Carlos: "La Habana y su región: un proyecto de organización espacial de la plantación esclavista". La ciudad y su región experimentaron entre 1790 y 1810 un crecimiento acelerado de la producción azucarera basada en la plantación esclavista. Esto implicaba planear la acción sobre un territorio más amplio, desde diferentes ángulos como el poblamiento, la mano de obra, las fuentes de energía, la comunicación y el transporte, la urbanización y otros aspectos que por vez primera eran tratados bajo la óptica de un programa general, con criterios inspirados en el espíritu reformista de la ilustración. El artículo realiza una síntesis de las iniciativas, de sus protagonistas y aportes con la intención de evaluar la trascendencia de este momento de despegue intelectual en la organización urbana de la ciudad y su región.-R. I. Alejos-Grau, Carmen José: Diego Valadés, educador de Nueva España. Ideas pedagógicas de la "Rethorica Christiana" (1579). Obra interesada por la inculturación de las ideas pedagógicas renacentistas en la América del siglo XVI. Dichas ideas fueron difundidas por fray Diego Valadés, discípulo de Pedro de Gante. El trabajo se presenta dividido en tres capítulos: el primero estructura el contexto histórico de Valadés; en el segundo, una aproximación a su vida y obras; el último capítulo analiza su obra Rethorica Christiana, incorporando las "artes de la memoria" y demás elementos de 1a Retórica clásica al mundo americano.-J. M. C. B. 78. Ávila Fernández, Alejandro; Huerta Martínez, Ángel: La formación de Maestros de Primeras Letras en Sevilla y Cuba durante el siglo XIX. Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla y GIPES (Grupo de Investigación: Recuperación del patrimonio histórico-educativo sevillano). Los autores se han propuesto hacer en esta obra un estudio comparado, lo más detallado posible, de la formación de los maestros en Sevilla y en Cuba, dentro del complejo entorno de situaciones y circunstancias históricas, sociales y económicas que influyeron en el mismo. Paralelamente y por extensión podemos conocer, en gran medida, la educación e instrucción del resto de los maestros españoles. En la parte final se hace un comentario crítico de libros de texto utilizados en las Escuelas Normales de Sevilla y Cuba durante el siglo XIX.-J. A. M. M. 79. González Rodríguez, M.a de la Paz: "La acción educativa de España en Perú: El virrey Toledo y la promoción del indio (1569-1681)". Archivo Iberoamericano, Madrid, enero-junio de 1996, núms. Investigación sobre la presencia española en el virreinato peruano en torno a la figura del virrey don Francisco de Toledo y sus famosas Ordenanzas. La autora se centra casi exclusivamente en las ordenaciones dedicadas al gobierno de los indios, analizando los aspectos educativos que en ellas se recogen y estudiando la labor socio-educativa de este virrey a través de las mismas.-M. M. C. S. 80. González Sánchez, Carlos Alberto: "Los libros de los españoles en el virreinato del Perú. El análisis de los libros de Bienes de Difuntos contienen un material de gran valor para analizar el grado de éxito de los emigrantes a América en los siglos XVI y XVII, encontrando en ellos también respuesta a las oportunidades de ascenso económico y social, HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 reales, en el Nuevo Mundo. Los libros, por otra parte, ayudan al estudio de otros aspectos como el comercio y la circulación de libros en América, sus precios, materias, etc.-R. I. Mateo Rodríguez, José M.: "Situación medioambiental de Cuba y perspectivas de aplicación de los principios del desarrollo sustentable". Artículo dirigido al análisis del estado medioambiental de Cuba, partiendo de la forma en que los diversos estilos de desarrollo que se han implantado en el país, han incorporado la dimensión ambiental; lo que servirá de base para analizar las perspectivas de aplicación de los principios de Desarrollo Sustentable en las actuales condiciones.-R. M. G. S. 82. Opatrný, Josef: "Los cambios socio-económicos y el medio ambiente: Cuba. Primera mitad del siglo XIX". El gran desarrollo de la industria azucarera en Cuba en la primera mitad del siglo XIX influyó de forma decisiva en el medio ambiente. La demanda acuciante de madera y de mano de obra esclava para los ingenios pasaron a ser el tema de preocupación entre algunos criollos de la élite. Ambos problemas aparecen unidos en sus peticiones para frenar la deforestación.-R. I. 83. Salinas Chávez, Eduardo: "Características de la naturaleza y los paisajes de Cuba". La situación geográfica del archipiélago cubano en el borde suroccidental del anticiclón subtropical del Atlántico Norte, junto a su compleja evolución geólogo-geomorfológica y su carácter insular, se constituyen en los factores naturales determinantes de su gran bio y geodiversidad; a lo que se ha impuesto una asimilación socio-económica del territorio particularmente intensa, anárquica e irracional en los últimos cuatro siglos, con una total despreocupación por los valores y recursos naturales.-R. M. G. S. De las Indias a nuestra América. Ediciones Temas de Hoy, S. A. (T. H.). Madrid, 1996, 145 págs., mapas, láminas, fotos, cuadro cronológico y bibliografía temática. Aproximación a la historia de América entendida no como apéndice de la historia de España, sino como parte esencial de la misma. Desde esa interpretación se analiza el proceso de formación, evolución y desaparición del primer ejemplo de sistema colonial moderno entre 1492 y 1898. El resultado es un estudio que estructura los grandes temas de análisis en población, economía, sociedad, instituciones y cultura. Además, el esquema del trabajo se completa con un análisis de las etapas inicial y final del proceso de descubrimiento, conquista e independencia.-A. I. M. O. Libro sintético sobre la prehistoria americana. Intenta determinar las características de la evolución de las comunidades prehistóricas hasta el primer contacto con los europeos. Se analiza en él la formación de las principales comunidades paleoindias en América y su gradual especialización en entornos cada vez más diversificados.-J. M. C. B. 86. Rivera Dorado, Miguel: "Arquitectura, gobernantes y cosmología. Anotaciones sobre ideología maya en los cuadernos de Oxkintok". Interpretación de las relaciones estructurales de identidad entre la ciudad maya y la cosmología. Se proporciona también la aportación de las investigaciones recientes sobre la organización política del espacio urbano en el sitio de Oxkintok, que confirman la confluencia del sistema de creencias maya del período clásico con la estructura del poder, expresada principalmente en la disposición de las construcciones en las ciudades.-A. I. M. O. Calero, Francisco: "Jerónimo Münzer y el descubrimiento de América". Jerónimo Münzer realizó en los años 1494 y 1495 un viaje por la Península Ibérica, del que escribió un interesante relato. Su relación con América descansa en varios hechos: el 14 de julio de 1493 escribió una carta al rey Juan II de Portugal por encargo de Maximiliano II, quien invitaba al monarca a buscar Catay. Es posible que la teoría expuesta en dicha carta influyera en la concepción de Colón sobre su propio descubrimiento. Por otra parte, Münzer contempló en Sevilla a los indios traídos de América y conversó en Madrid con el P. Bernardo Boil, acompañante de Colón en su segundo viaje. Lo escrito por Münzer constituye uno de los primeros testimonios sobre el descubrimiento de América.-R. I. 88. Ramos Pérez, Demetrio: Colón en Simancas. Editorial V Centenario del Tratado de Tordesillas. Publicación interesada en aspectos relacionados con el Tratado de Tordesillas, su época y sus consecuencias. Dos son los protagonistas en este libro: Colón y Simancas. Colón tuvo un importante papel en las negociaciones que culminaron en Tordesillas y Simancas custodia muchos documentos relativos a Colón y América.-J. M. C. B. Batalla Rosado, Juan José: "La pena de muerte durante la colonia -siglo XVI-a partir del análisis de las imágenes de los códices mesoamericanos". Estudio de las escenas de los códices mesoamericanos que plasman la ejecución de la pena de muerte aplicada a reos de distintos delitos, para verificar cómo ese tipo de documentos son válidos desde cualquier punto de vista que se considere para su análisis. Además, a partir del estudio de las pinturas que describen la aplicación de la pena capital a indígenas y occidentales se intenta fijar el grado de veracidad de las escenas que recogen los documentos y de la información que ofrecen. Finalmente, se analiza -comparando con la información presente en las fuentes históricas y legales de la época-, cuáles eran los sis- Anuario de Estudios Americanos temas de ejecución de la pena capital que se llevaron a cabo en Nueva España durante el siglo XVI y quiénes fueron los receptores de la misma.-A. I. M. O. 90. Bernabéu Albert, Salvador: Trillar los mares. (La expedición descubridora de Bruno de Hezeta al Noroeste de América 1775). Este libro está dedicado a uno de los viajeros del siglo XVIII, el bilbaíno Bruno de Hezeta, quien descubrió en el año 1775 una buena porción de la costa Noroeste de América. El autor, tras una pequeña biografía del protagonista, aborda los preparativos del viaje, el desarrollo del mismo y sus principales resultados. Otra publicación, en forma de apéndice, de los diarios más sobresalientes de la expedición ayudará a conocer el entorno de los hombres de estas lejanas latitudes en un momento crucial de su existencia.-J. A. M. M. 91. García de los Arcos, María Fernanda: "Crítica y reformismo dieciochescos. Algunos textos sobre Filipinas". Al igual que en España y América, en las Filipinas de la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron escritos en los que se analizaba la realidad del archipiélago, las causas de sus problemas y las posibles soluciones para superarlos. Algunos de estos textos permanecen inéditos. Así ocurre con los tres que se estudian en este artículo, en el que se hace una valoración comparativa sobre sus posibilidades como fuentes para apreciar la situación general de las Islas en ese período y las ideas que tenía la élite dirigente sobre ella, especialmente en tres aspectos: la personalidad colectiva de los nativos; las formas de explotación colonial y sus repercusiones sobre la mayoría de la población y las causas que originaban lo que entonces llamaban "el atraso" de aquellos territorios.-A. E. A. Mínguez Cornelles, Víctor: Los reyes distantes: imágenes del poder en el México virreinal. Durante la colonia, la ausencia física del monarca español en los dominios americanos, va a ser hábilmente compensada desde la metrópoli por medio de la utilización de las Artes, con obras permanentes o efímeras, a través de las cuales y de su intencionado contenido simbólico, la imagen regia y el poder que representa, estarán continuamente vivos en la actividad pública ultramarina. Del análisis de este asunto, sus matices y evolución, es lo que trata la presente obra, dividida en ocho cortos capítulos y rica en ilustraciones, concre-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 tada en una selección de temas en los que destacan las celebraciones referentes a las proclamaciones y exequias regias y las entradas de los virreyes y prelados en el virreinato novohispano.-A. B. M. 93. Molina Cortón, Juan: "El Tratado de límites de 1750 y la intervención jesuita". Cuadernos de Investigación Histórica. El contenido aparece articulado en tres partes. La primera, de carácter introductorio, examina la gestación y los propósitos del acuerdo hispano-portugués. La segunda, que constituye el núcleo del trabajo, analiza los problemas para su aplicación, centrándose en la actitud adoptada y la actividad desarrollada al respecto tanto por el prepósito general de los jesuitas y su delegado el padre Altamirano, como por el provincial del Paraguay y los misioneros de los siete pueblos. Por último revisa las diferentes interpretaciones historiográficas relativas al Tratado y a la postura de los religiosos y aporta sus propias conclusiones sobre su definitivo fracaso. El autor utiliza tanto fuentes documentales como bibliográficas.-J. M. G. R. 94. Soto Arango, Diana; Puig-Samper, Miguel Ángel; Arboleda, Luis Carlos (editores): La Ilustración en América Colonial. Ediciones Doce Calles y otros. Estudio que reúne temáticamente las distintas visiones metodológicas e ideológicas con las que se ha analizado la Ilustración en América. Se reflexiona sobre cuestiones como qué tipo de influencias externas asimilaron los criollos, cúal de ellas fue la predominante, así como las características particulares que asumió la Ilustración en América colonial. Además se facilita una aproximación a las expediciones botánicas al Nuevo Mundo durante el siglo XVIII, también se proporciona un análisis de las manifestaciones de la cultura de la Ilustración en las universidades americanas y en zonas concretas como Argentina, Venezuela, Cuba, Lima y Brasil.-A. I. M. O. 95. Estudio de dos movimientos de gran impacto en el México colonial. Los motines ocurridos en la capital del virreinato novohispano en 1624 y 1808 tienen dos marcos políticos distintos pero se analizan aquí a la luz de acciones contra el Estado, en una perspectiva comparativa; el marco histórico, los actores, los medios y los resultados de esas acciones Anuario de Estudios Americanos cooperan a un mejor conocimiento de ambos movimientos coloniales, separados por casi dos siglos de distancia.-A. E. A. Álvarez Romero, Ángel: "El Consulado en el proceso de independencia de Cartagena de Indias". Este artículo nos presenta cual fue la postura dominante adoptada por el Consulado de Comercio de Cartagena de Indias en el proceso histórico que culminó el 11 de noviembre de 1811 con la independencia absoluta de la ciudad. En él se recogen veleidades pseudorrevolucionarias que se dieron en los primeros momentos, para adoptar posteriormente una postura defensora a ultranza de la causa realista. Igualmente se especifica la intensa y fecunda labor propagandística llevada a cabo por el Consulado, utilizando la imprenta que había adquirido en 1800, en todo el virreinato. Por último, se hace hincapié en su intervención en los sucesos contrarrevolucionarios del 4 de febrero de 1811 y en la definitiva extinción del instituto consular por decisión de los patriotas o revolucionarios.-A. E. A. 97. Batllori, Miguel: Historia y mito de la intervención de los jesuitas en la independencia de Hispanoamérica. La obra está dividida en dos partes: una primera constituida básicamente por la biografía de Juan Pablo Viscardo y su participación en el movimiento independentista hispanoamericano y una segunda formada por la transcripción de documentos obra de Viscardo o relativos a su vida. Hay también una breve referencia a la "historia y mito de los jesuitas independentistas" entre 1780 y 1800. Se utilizan fuentes tanto bibliográficas como documentales.-J. M. G. R. 98. Ferrer Muñoz, Manuel: "Publicística novohispana de 1821: ¿independencia o sujeción a España?". La proclamación del Plan de Iguala, en febrero de 1821, confirió unas características particulares a la producción publicística de la Nueva España durante los meses que transcurrieron hasta la definitiva ruptura con España. Se entiende que, en esas circunstan-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997 cias incendiarias, las tomas de postura a favor o en contra de la independencia aparecieran revestidas de apasionamiento, y que la coyuntura política del momento -el irregular relevo de Ruiz de Apodaca por Novella, y la llegada de O'Donojú-condicionara muchos de aquellos discursos. Valía la pena tratar de un modo sistemático esa folletería, y desentrañar las razones invocadas desde uno y otro bando para legitimar posiciones. Y ése es el propósito de este artículo, que se sustenta en la consulta de un vasto material hemerográfico.-A. E. A. 99. Los acontecimientos políticos españoles de 1808 introdujeron en Hispanoamérica prácticas políticas inéditas, que en casos como el de la Audiencia del Cusco se materializaron en la convocatoria periódica de elecciones de representantes a las Cortes, a las Diputaciones Provinciales y a los Ayuntamientos. La pugna de poderes entre el Cabildo, dominado por los constitucionalistas, y la Audiencia, considerada por los absolutistas como máxima instancia del poder, fue interrumpida por el estallido de la revolución liderada por José Angulo el 3 de agosto de 1814, que introdujo un discurso ideológico y unos objetivos políticos ajenos a los de los absolutistas y los constitucionalistas, lo que implicó que las elecciones perdieran su significado inicial. Artículo basado en directa investigación de archivos peruanos y españoles.-R. I. Amores, Juan Bosco, y Otros: Iberoamérica en el siglo XIX. Este libro reúne las ponencias dictadas en el I Simposio "Europa y América" que, organizado por el Departamento de Historia de la Universidad de Navarra, tuvo lugar en noviembre de 1991 con el título "El siglo XIX: nacionalismo y dependencia". El objetivo básico del Simposio era analizar las influencias europeas en el origen de las ideologías políticas y en el desarrollo de las estructuras sociales y económicas iberoamericanas durante la anterior centuria, en el proceso de la formación de las nuevas nacionalidades.-I. A. F. 101. Cardenal, Ana Sofía; Martí, Salvador: "El difícil proceso de configuración de las arenas políticas nacionales en El Salvador y Nicaragua. El impacto de la guerra y la crisis". Este trabajo se centra en la evolución política de El Salvador y Nicaragua. En la primera parte se realiza un breve resumen de la historia política de ambos países hasta el estallido de la crisis revolucionaria finales de los años setenta. En la segunda, se abordan las consecuencias políticas de la guerra y se discute como ésta (la guerra) consiguió moldear las arenas políticas que emergieron en estos países al finalizar el conflicto.-I. A. F. 102. García Mora, Luis Miguel: "El de Madrid y el problema colonial en las vísperas de la guerra de independencia cubana". El problema colonial fue un tema debatido en profundidad en El Ateneo de Madrid en los momentos previos a la definitiva Guerra de Independencia Cubana (1895-1898). La idea que se defiende es que más que tener lugar un debate científico sobre el problema colonial contemporáneo, se trataba de aprovechar la plataforma ateneísta para concienciar a la opinión pública y la élite política española de la necesidad de una reforma colonial que por las mismas fechas se discutía en el Parlamento.-R. I. González de Oleaga, Marisa: "De lobos y de fauces: el conocimiento socio-histórico en el fin de siglo". La crisis abierta en ciencias sociales ha afectado de manera particular al conocimiento socio-histórico, vaciándole de sentido. Esta ruptura se ha visto acompañada de la aparición de nuevas y dispersas prácticas historiográficas. Las líneas que siguen pretenden ser en avance de una al propuesta de mayor alcance que persigue, partiendo de una particular interpretación de la crisis, dotar de nueva capacidad crítica al saber histórico.-R. I. Madrid, 1996, vol. LVI, n.o 207, págs. 387-429. protagonistas de los hechos han contribuido, en numerosas ocasiones, a hacer aún más difícil la búsqueda de la verdad. Las razones de esta polémica están profundamente relacionadas con la hipotética relevancia de un levantamiento en toda regla a escasos kilómetros de la capital cubana, lo que, en teoría, hubiera acelerado el proceso emancipador y cambiado, de diversas maneras, el devenir de la contienda que se saldó con la pérdida de Cuba para España. En nuestro trabajo sobre el bandolerismo cubano, insistimos en la importancia crucial de tales acontecimientos y, en esta ocasión, nos proponemos aportar nuevos datos sobre los hechos mencionados, particularmente sobre.su aspecto más relevante: el papel jugado por el general cubano Julio Sanguily y Garritte, a quien se ha culpado del fracaso.-R. I. Madrid, 1996, vol. XLVIII, n.o 98, págs. 741-776. Después de reseñar la política oficial sobre el delito de solicitación y las órdenes que emanan del Consejo de la Suprema Inquisición, el autor analiza este tema en el tribunal inquisitorial de Lima a lo largo de toda su existencia.-H. S. Pérez Fernández, Isacio, OP: Fray Bartolomé de las Casas, OP de defensor de los indios a defensor de negros. Nueva obra que el padre Isacio Pérez dedica al famoso dominico. El libro consta de dos partes. En la primera estudia los orígenes de la deportación de esclavos negros a América, la intervención del padre Las Casas y su juicio crítico sobre la previa esclavización de los negros en sus propios países de África, donde facilita bastante documentación al respecto. En el segundo punto presenta los textos de los autores del siglo XVI que precedieron o siguieron al dominico sevillano en la defensa de los negros durante esa centuria contra su esclavitud en sus países de origen.-M. M. C. S. Rodríguez López, Santiago, OP: "La provincia de Santiago de México de la Orden de Predicadores". Breve recorrido por la provincia dominica de Santiago desde la llegada de los primeros misioneros a México, su asentamiento, la fundación de conventos, su expansión por la Nueva España, haciendo una pequeña reseña hasta la actualidad. Finaliza con un cuadro de los obispos dominicos en México.-M. M. C. S. Cela, Julio: "Reflexiones de Francisco Ayala sobre el exilio intelectual español". Estudio mítico del texto de Sábato interpretándolo como un viaje iniciático que tiene su punto último de destino en las sombras de la noche. Analiza todos los elementos simbólicos que concurren en este peregrinaje simbólico, realizando una cala interpretativa en la ceguera del protagonista.-J. M. C. D. Matamoro, Blas: "Sarmiento y Chateaubriand: astillas del mismo padre". A través de Recuerdos de provincia y Memorias de ultratumba se van señalando coincidencias entre los dos autores: ambos miden la biografía con la historia de su país, en ambos vemos la misma peculiar concepción del cristianismo (lo que interesa es la fuerza cultural del hecho religioso) y, en fin, puede señalarse también en ellos una común ideología progresista y pragmática.-M. P. 120. Saludes, Begoña: "El arte y el materialismo: un Ensayo en el fin de siglo". Valoración y análisis del Ensayo de Gutiérrez Nájera, entendido como una poética que, frente al positivismo y al naturalismo, se centraba en la renovación de la creación artística. Se subraya la novedad de sus planteamientos, en una fecha tan temprana, como resultado de un complejo sincretismo de influencias.-M. P. Ulacia, Manuel: "Octavio Paz en México". Octavio Paz encuentra su mexicanidad a través de la literatura universal. En este artículo se hace un recorrido por los principales autores y movimientos que han tenido su repercusión en el Nobel mexicano, señalando el carácter cosmopolita y viajero que tiene su literatura.-J. M. C. D. Areta Marigó, Gema: "Sarmiento, a vueltas con la barbarie". tida para una serie de reflexiones acerca de autores como Héctor Aguilar, Bárbara Jacobs, Carmen Boullosa, Juan Villoro y Enrique Vila Matas.-M. P. Muñoz Reoyo, Amparo: "El color de la naturaleza en 'Idolos rotos' de Díaz Rodríguez". Análisis de las imágenes utilizadas en la novela del venezolano que pone de relieve cómo, junto a la preferencia modernista por los espacios interiores minuciosamente descritos, se propone en esta obra una dimensión más abierta de la naturaleza, trasciende la configuración egocentrista del personaje.-M. P. Ordiz, Javier: "El naturalismo en Hispanoamérica". Después de un repaso de las pautas formales y temáticas del naturalismo se pasa al estudio de las novelas de Cambaceres (En la sangre) y Gamboa (Santa), concluyéndose cómo tales escritores cultivaron principalmente la cara externa de esta escuela pero casi nunca dieron cauce al desarrollo de la problemática profunda del movimiento francés.-M. P. Perea, Héctor: "Cuentística mexicana en el fin de siglo". A través de una selección personal de autores y títulos, se nos ofrece una panorámica de la cuentística mexicana contemporánea, señalando en ella diversas líneas: exploración de la imagen de la ciudad con su carga ineludible de violencia, inmersión en ámbitos cosmopolitas o atenta preocupación por el lenguaje que acerca a la poesía tales prosas breves.-M. P. 130. Portal, Marta: "Optimismo de la voluntad contra pesimismo de la inteligencia". La campaña, Diana... y El naranjo, las últimas entregas narrativas de Fuentes, presentan motivos recurrentes -el amor, el poder, la conquista o la revolución-que permiten a Marta Portal subrayar la interrelación dialógica de voces y discursos en la obra del autor mexicano.-M. P. Rebaza Soraluz, Luis: "Arguedas y Salazar Bondy". Estudio comparativo de la influencia quechua en la narrativa de José María Arguedas y en la poesía de Salazar Bondy. El autor analiza la impronta dejada en ambos autores por el mundo indígena y cómo tratan de rescatar su lengua y su cosmovisión del mundo.-J. M. C. D. Roca Martínez, Juan Luis; Gil Amate, Virginia: "Las ciudades lejanas: mito y localismo en la obra de Daniel Moyano". La narrativa de Daniel Moyano se hace eco del tema de la ciudad fantasma, donde se encarna la utopía, espacio mítico que sueñan con alcanzar algunos de sus personajes. El prisma escogido es casi siempre el de la dualidad, la oposición entre la capital poderosa y las ciudades del interior, territorio marginado e indefenso.-M. P. La autora analiza el proceso de construcción del ser americano, mediante la aportación de algunas de las figuras más relevantes del pensamiento y la literatura del continente americano. La tesis central del artículo recoge la idea de Germán Arciniegas de que el ensayo sobre América no tiene su origen en Montaigne, sino en los escritos de Colón y en la producción historiográfica de los cronistas de Indias.-J. M. C. D. Valcárcel, Eva: "El romanticismo y la teoría de la novela en Hispanoamérica". Se revisan las propuestas teóricas de algunos narradores románticos hispanoamericanos valorando sus influencias en relación a modelos europeos. De las coincidencias de tales discursos es posible extraer las notas de una poética de la novela del período.-M. P. Villoro, Juan: "La frontera de los ilegales". El hecho de que la narrativa mexicana de fin de siglo explore como espacio privilegiado la frontera mexicana del norte, permite al autor reflexionar acerca de las identidades, numerosas y todas provisionales, que genera la nación mexicana. El paisaje fronterizo es, pues, zona para definir las señas de identidad, pero también habla de confusión y de pérdida de horizonte.-M. P. Tomo LIV, 1, 1997 Se aborda el análisis de las dos partes del poema de Hernández examinando las diferencias entre ambas. Para Cymerman, la denuncia de los abusos de poder guarda en "La vuelta" todo su valor y vigor. Lo que cambia (y que puede relacionarse no sólo con la nueva situación política de Hernández sino también con un proceso interno de maduración del personaje) es la actitud, más prudente y resignada, del cantor narrador.-M. P. Espinasa, José María: "Recuento de las últimas dos décadas de la poesía mexicana". Se da cuenta de una nueva generación poética que parece surgir hacia 1976 y que muestra su diversidad en el hecho de que, a pesar de contar con varias antologías, ninguna ha alcanzado a dar una visión de conjunto. Se subraya la aparición numerosa de nombres femeninos en esta poesía mexicana y se apuntan algunos datos acerca de editoriales y revistas en las que se canaliza toda esta producción.-M. P. García Morales, Alfonso: "Construyendo el modernismo hispanoamericano". Se analiza la temprana y poco conocida antología Joyas poéticas americanas del argentino Carlos Romagosa, donde puede seguirse el paso del romanticismo al modernismo y el ascenso de los modernistas a la literatura hispanoamericana. Se ofrece, también, en apéndice documental, el discurso "El simbolismo", leído en Buenos Aires en 1896 y en donde se proclamaba el liderazgo de Darío.-M. P. Llopesa, Ricardo: "Orientalismo y Modernismo". Revisión de los conceptos de exotismo y evasión en relación a la utilización modernista del mundo oriental. Para el autor no se trataría del uso de elementos extraños al escritor sino de la incorporación de elementos que formaban parte de una cultura cosmopolita desde el siglo XVIII.-M. P. Madrigal, Íñigo: "Sobre el soneto de Terrazas'¡Ay, basas de marfil, vivo edificio!'". Partiendo de la descripción alegórica del cuerpo femenino como edificio que aparece en el poema, se indaga en la tradición petrarquista para concluir cómo en la composición confluyen rasgos de la lírica cortesana renacentista y otros que provienen de la tradición medieval (acaso como descendiente, pues, del Roman de la Rose).-M. P. 145. Olguin, David: "Teatro mexicano actual". El ensayista trata el teatro mexicano actual como un conjunto de islas sin conexión aparente. Plantea como un drama cultural, el olvido en el que están cayendo la mayor parte de los dramaturgos de las últimas décadas. Se da la paradoja de que los autores clásicos están aún vivos, como sucede con Emilio Carballido, Vicente Leñero o Hugo Argüelles. Y todos ellos están marcados por un acusado tono realista.-J. M. C. D. Oviedo, M.a del Rocío: "Recreación e iniciación: la imagen como consecuencia dariana". Se hace notar cómo la búsqueda de un tiempo ideal (recreado en tanto espacio cultural) constituye uno de los ingredientes más característicos del modernismo. La palabra dariana (y su evolución desde el momento iniciático de Azul hasta la formación técnica de Prosas Profanas) sirve como base para explicar el tránsito del símbolo modernista a la imagen del vanguardismo.-M. P. Oviedo y Pérez de Tudela, María del Rocío: "Narciso en la laguna; nueva poesía mexicana". A partir de los años sesenta, coincidiendo con el triunfo de la Revolución Cubana, hay una intensificación de la poesía de contenido social y político. Esta actitud de denuncia social, presente en autores como Alejandro Aura, Leopoldo Ayala, José Carlos Becerra, se efectúa a través de toda una serie de técnicas neovanguardistas y a través de la incorporación de las voces indígenas.-J. M. C. D. Pastor, Beatriz: "Del círculo a la espiral: claves del pensamiento utópico en Sor Juana". La indagación en los escritos autobiográficos y ciertos textos poéticos de Sor Juana, viene a subrayar la idea de cómo el del conocimiento constituye un mundo alternativo para la monja, un espacio utópico de resolución (lo neutro) de la definición social de la mujer como subalterna. Primero Sueño, poema de exploración cifrada de la propia identidad, se entiende, en esta línea, como lugar simbólico de la convergencia de la poesía y el conocimiento.-M. P. Pérez Rodríguez, Nancy: "La ciudad de La Habana y su medio ambiente". La diferenciación ambiental en una ciudad obedece a una serie de factores que en conjunto le confieren carácter sistémico. La ciudad de La Habana se presenta como un espacio constituido mediante un largo y complicado proceso de urbanización, donde el componente natural, sin ser determinante, potenció la presencia de un medio ambiente complejo y diferenciado.-R. M. G. S. Las escuelas de la comunidad danesa frente al problema de la identidad nacional de las generaciones nacidas en la Argentina (1886-1930)". Este trabajo examina algunos aspectos del proceso de adaptación a la nueva sociedad de un grupo étnico noreuropeo: los daneses asentados en el mundo rural de los partidos del centro-sur de la provincia de Buenos Aires (Argentina). El análisis intenta comprender cuál fue la influencia que, entre los daneses de la Argentina, tuvo un movimiento de base religiosa, de gran difusión en Dinamarca. durante las tres últimas décadas del siglo XIX, que intentaba reavivar el sentimiento nacional danés tras la derrota en la guerra contra Prusia en 1864. El trabajo centrará su atención en el rol de la iglesia evangélica Iuterana danesa de la Argentina en la retención de la identificación religiosa y nacional de este grupo inmigratorio; y en las funciones atribuidas por la propia iglesia, a las escuelas de la comunidad en la creación de una doble identidad nacional, a través de la difusión y de la preservación de los valores socio-culturales y de la iconografía nacional danesa entre las generaciones nacidas en la Argentina.-R. I. 151. Contreras Pérez, Francisco: "Recluta masiva de emigrantes andaluces y su inserción social en Argentina (siglo XIX). Nuevas notas para su estudio". HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LIV, 1, 1997
Bajo el título arriba mencionado y en las fechas indicadas, tuvo lugar en la La cuarta y última sesión fue un seminario en torno a la obra de Antonio de León Pinelo El Paraíso en el Nuevo Mundo. A partir de un detenido comentario de textos, el profesor Wachtel demostró cómo la descripción que el autor hace de la naturaleza americana y de las sociedades indígenas "contribuyó, a pesar de la persistencia de muchos presupuestos bíblicos, a la construcción de una idea 'racional' de la naturaleza". El interés que despertó el curso se reflejó en los coloquios que hubo al final de cada sesión, durante los cuales el Dr. Wachtel contestó a todas las preguntas que se le hicieron, aprovechando sus respuestas para añadir nuevas reflexiones sobre los temas tratados y abrir nuevas interrogantes. Con el tipo de aproximación (histórico-antropológica) que caracteriza sus trabajos dejó, una vez más, constancia de la riqueza e importancia de la información de las fuentes inquisitoriales, donde antropólogos e historiadores tienen todavía múltiples campos por explorar. BERTA ARES QUEIJA I Seminario España/Cuba 98: "Historia, Literatura y Cine" Sevilla, 28-31 de octubre de 1996 Bajo la dirección de la Dra. Ma Luisa Laviana Cuetos (Universidad de Sevilla) y del Dr. Antonio Gutiérrez Escudero (EEHA, CSIC), y con la colaboración de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía, el Vicerrectorado de Extensión Universitaria, de la Facultad de Geografía e Historia (Comisión de Actividades Culturales) y de la Escuela de Estudios Hispano Americanos (CSIC), tuvo lugar en la sede de esta última institución, el I Seminario España/Cuba 98: "Historia, Literatura y Cine". Este Seminario se concibió como una contribución a las actividades que se están desarrollando, y en los años inmediatos se desarrollarán, como conmemoración o recuerdo del Centenario del 98, que al significar el fin del imperio colonial español en América, significa a la vez el inicio de una nueva relación entre España y Cuba. Relación ésta enmarcada en esa entidad mayor que José Martí llamó "Nuestra América", de la cual España y los españoles formamos parte. Desde esta perspectiva, el Primer Centenario del llamado "desastre" de 1898 sirve de punto de partida, o casi de pretexto, para intentar algo que en sí mismo tiene sobrado atractivo, interés y actualidad: una reflexión seria sobre la historia y la cultura cubanas, en especial a lo largo del último siglo. Es una historia plena de acontecimientos y dramatismo, plena también de realizaciones y logros, y de fuerte impacto en el ámbito latinoamericano y mundial. Una historia que ha dejado su impronta en muchas y buenas películas, de manera que el cine llega a ser una fuente de conocimiento histórico, a la vez que reflejo e incluso análisis artístico/estético de la realidad cubana pasada y presente. El objetivo es que este seminario ya celebrado sea sólo el primero de una serie inicialmente prevista para continuar al menos en los dos años siguientes, 1997 y 1998, de manera que el año del Centenario sea también el del Tercer Seminario España/Cuba 98. Con una gran asistencia de público (que cada día desbordó el aforo de la sala) y una excelente acogida en los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), durante los cuatro días que duró el Seminario se desarrolló el programa que a continuación se expone:
La Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA) de Sevilla, a lo largo de sus cincuenta años de dedicación a los estudios americanistas, ha venido apoyando la labor investigadora de todos aquellos profesores e investigadores que, para desarrollar su actividad, han debido permanecer en la ciudad hispalense. En este sentido, también la Residencia de la EEHA, sita en la calle Alfonso XII, número 16, de Sevilla, viene siendo desde hace tiempo un lugar de encuentro de muchos americanistas que acuden a su Biblioteca para consultar sus ricos fondos y los del Archivo General de Indias. Siendo un objetivo de la Escuela el decidido apoyo de la investigación de calidad que se realiza en los países americanos y europeos, tanto por jóvenes post-graduados como por parte de renombrados investigadores, se acuerda convocar dos becas de estancia en su Residencia por un tiempo de seis meses de duración y otras dos por tres meses. Las becas incluyen el alojamiento, corriendo por cuenta del becario los gastos del viaje a España y su manutención. Los candidatos deberán ser extranjeros no residentes en España, quienes para optar a la beca deberán presentar la siguiente documentación: a) Solicitud para participar en esta convocatoria, dirigida a la Sra. Directora de la EEHA, especificando el período de tiempo que solicita, considerándose también la posibilidad de conceder becas por períodos inferiores a los seis y tres meses antes mencionados. b) Currículum vitae. c) Proyecto detallado (máximo de tres páginas) del trabajo de investigación sobre Iberoamérica o Filipinas a realizar en Sevilla, ya sea en materia de ciencias humanas o sociales. En el caso de investigadores de acreditada valía se considerará con preferencia a los candidatos que vayan a impartir en la Escuela, paralelamente a su labor investigadora, algún seminario o taller monográfico dirigido a jóvenes licenciados, en cuyo caso deberán presentar un programa del mismo. d) Los candidatos de países no hispanos deberán acreditar un buen conocimiento del idioma español. Se considerarán con preferencia las solicitudes de aquellos países en los que sus investigadores tengan especiales dificultades económicas para afrontar una estancia prolongada en Sevilla. El período de disfrute de las becas semestrales estará comprendido entre principios de febrero y mediados de julio de 1998, y el de las trimestrales entre mediados de septiembre y mediados de diciembre del mismo año. En el caso de becas por períodos inferiores de tiempo, su disfrute siempre será dentro de las fechas anteriormente mencionadas. Las solicitudes deberán recibirse en la Secretaría de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), calle Alfonso XII, n.o 16, 41002 Sevilla (España), antes del 15 de octubre de 1997 para las becas del primer semestre y antes del 15 de mayo de 1998 para las becas del último trimestre. La resolución de la presente convocatoria se hará pública antes del 15 de noviembre de 1997 para las becas del primer semestre y antes del 30 de mayo de 1998 para las becas de tres meses. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Mesas redondas en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos Una actividad habitual en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos suele ser las mesas redondas que desde hace años vienen celebrándose en esta institución de forma periódica. Estas reuniones tienen como objetivo principal dar a conocer las investigaciones que realizan en el Archivo General de Indias de Sevilla distintas personalidades nacionales y extranjeras relacionadas con la labor ameri-N OT I C I A S Anuario de Estudios Americanos canista. De igual modo son invitados a participar todos aquellos cuya actividad o conocimientos les hacen especialmente interesantes para la exposición de sus estudios y pesquisas. Como puede comprobarse por el índice de las mesas redondas, que más abajo se incluye, las materias tratadas en ellas abarcan un amplio y variado espectro, donde se comprenden temas económicos, demográficos, sociales, etc. La relación de ponentes y títulos de sus disertaciones a lo largo del pasado año de 1996 han sido los siguientes: Carmen Gallego Fresnillo, Universidad Nacional de Educación a Distancia (Madrid): "El General Polavieja, un militar colonial de la Restauración". -Lcdo. Jaime Torres Sánchez, Universidad de los Andes (Venezuela): "Alimentacion e historia: un estudio cuantitativo (Venezuela, siglos XVIII-XIX)". -Lcda. M.a Luisa Gil Iriarte, Universidad de Huelva: "Rosario Castellanos y la literatura mexicana". -Mtra. M.a Lourdes Pastor Pérez, Universidad Autónoma de México: "Textos poéticos y cosmogónicos en el México antiguo". -Lcda. Nidia Gutiérrez, profesora de Sociología de la Universidad de la Amazonía, Colombia: "Selva, mito y colonización: una introducción a la historia de la Amazonía colombiana". -Lcda. Claudia Rosas Lauro, Universidad Católica del Perú (Lima): "Actitudes e imágenes de la Revolución Francesa en el Perú". -Lcdo. Juan Martín Sánchez, sociólogo, becario del CSIC: "El gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, Perú 1968-1975: ¿modernización o revolución?". -Dr. Luis Suardíaz, Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), La Habana: "La generación poética del 50 en Cuba". -Dr. José Manuel Camacho, Universidad de Sevilla: "El Patriarca de García Márquez. El animal mitológico de América Latina". -Dra. "Propiedad y uso de la tierra en La Habana (siglo XVIII)". -Mra. Cynthia Milton, Universidad de McGill (Montreal-Canadá): "'Puesto a los pies del Rey': Sociedad civil y la asistencia social en la Audiencia de Quito (c. Antonio Barrera, Dpto. de Historia, Universidad de California, Davis (EE.UU.): "La actividad científica española en el Nuevo Mundo (siglo XVI)". -Dra. "Pasado y presente en Filipinas". Octavo Congreso Dominicano de Historia El Museo Nacional de Historia y Geografía de Santo Domingo (República Dominicana) celebrará en su sede, del 21 al 25 de octubre de 1977 el Octavo Congreso Dominicano de Historia. El tema central sobre el cual girará este encuentro científico, "La crisis del sistema colonial y la formación de las naciones en la América Latina y el Caribe, siglos XVIII y XIX", fue seleccionado por votación de todos los asistentes al anterior Congreso con el deseo de que constituyera una verdadera contribución al estudio de ese período histórico. Las ponencias que se presenten deberán incluirse dentro de cualquiera de los siguientes subtemas: Las ponencias deberán ser un aporte a la historia basado en fuentes primarias, no trabajadas anteriormente o enfocadas con un criterio diferente. La fecha límite para la inscripción de ponencias es el 30 de septiembre de 1997. Cualquier información sobre este Congreso puede solicitarse a Museo Nacional de Historia y Geografía. Santo Domingo (República Dominicana). III Conferencia Internacional "En torno a 1898" La Universidad de La Habana ha convocado la III Conferencia Internacional "En torno a 1898. Las temáticas a tratar serán las siguientes: -La Guerra de Independencia de Cuba y la Hispano-Cubano-Norteamericana. Su contexto internacional. -La concesión de la Autonomía en 1897. Su incidencia en Cuba y Puerto Rico. -La sociedad en los años finales del siglo XIX y primeros del XX: Cuba, Puerto Rico, Filipinas, España y Estados Unidos. -Corrientes de pensamiento, literarias y artísticas en el tránsito entre siglos. Presencia e influencia española y norteamericana en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. -Tratamiento historiográfico y estudio de las fuentes. Quienes deseen participar deberán comunicarlo al Comité organizador antes del 30 de septiembre. Cualquier información al respecto puede solicitarse de: Dr. Rubén Zardoya (Decano Facultad de Filosofía e Historia. San Lázaro y L, Vedado. Áurea Matilde Fernández (Coordinadora de la Comisión Centenario de 1898. Premio de Investigación Tribuna Americana 1977 En el marco de la Casa de América, Tribuna Americana es un foro para el debate político, institucional y académico sobre la Comunidad Iberoamericana. El Aula Simón Bolívar de la Tribuna Americana se constituye como un ámbito de reflexión, riguroso y profundo, sobre lo iberoamericano. El Aula Simón Bolívar, de la Tribuna Americana, con el fin de promover en otros ámbitos esa reflexión sobre la Conferencia Iberoamericana y la Comunidad Iberoamericana de Naciones convoca un Premio de Investigación de acuerdo, entre otras, con las siguientes bases: -Se otorgará a la persona, grupo de personas o institución académica que, a juicio del jurado, presente el mejor trabajo de investigación, original e inédito, sobre cualquier aspecto relacionado con las relaciones iberoamericanas. Se tendrá en cuenta el interés político, la actualidad informativa, el rigor científico y el manejo de fuentes, documentación y bibliografía más congruentes con el tema, así como la referencia a los planteamientos y definiciones establecidos en la Cumbre de Guadalajara. -La extensión del trabajo será libre, con un mínimo de ochenta folios, escritos a máquina y a doble espacio, incluyendo en ellos bibliografía y/o fuentes documentales, en español o portugués. -El autor o los autores, en caso de ser una investigación de carácter colectivo o de institución académica, tendrá que adjuntar un resumen del curriculum vitae, con sus actividades, investigaciones y publicaciones. Se está trabajando para hacer más accesible la base de datos ALAT, de manera que pronto podrá consultarse desde las páginas Web del CINDOC, URL: www.cindoc.csic.es, sin necesidad de hacer un telnet. Se está preparando una segunda edición actualizada del libro "Internet para latinoamericanistas", actualmente agotado. Casa de las Américas ha programado una serie de eventos para el próximo año 1998 de los que a continuación señalamos los más directamente relacionados con nuestra revista: -Premio "Casa de las Américas". Convocatoria de las XXXIX edición de este Premio Literario para libros inéditos en los géneros de poesía, teatro, ensayo de tema artístico-literario, ensayo de tema histórico-social y literatura caribeña. El plazo de admisión de los originales finaliza el 30 de noviembre de 1997. Los premios serán dados a conocer en enero de 1998 y consisten en la publicación de la obra y 3.000 USD. -Coloquio Internacional "Los 98, historia de un siglo". Se celebrará del 19 al 23 de enero y con él se trata de abrir un espacio para la reflexión sobre la pérdida de las últimas colonias ultramarinas hispanas y los impactos del 98 en la historia y la cultura de América, España y Filipinas. -Coloquio Internacional "La mujer latinoamericana en los umbrales del próximo milenio: realidades y perspectivas". Tendrá lugar del 16 al 20 de febrero y se espera constituya una excepcional oportunidad para el debate de temáticas como Feminismo y Movimientos de Mujeres, Historia de las Mujeres, Educación y Prensa femenina, Mujer y Trabajo, Mujer y Derecho, Mujer y Educación, Mujer y Política en nuestro continente. -IV Seminario sobre "Cultura Afroamericana: panorama de las religiones afrocubanas". El seminario tendrá una duración de 40 horas lectivas repartidas entre los días 17 al 28 de agosto. -Coloquio Internacional "1998 en las Antillas: historia, testimonio y literatura". Este encuentro se organizará a través de una serie de sesiones donde se debatirán cuestiones referentes a Los proyectos de confederación antillana y la intelectualidad regional, Lucha independentista y literatura de campaña, Historia y ficción literaria, Impacto cultural de la administración estadounidense y Clases sociales e historia de vidas. La fecha prevista para su celebración es del 14 al 18 de diciembre. Cualquier información adicional sobre estos eventos pueden solicitarse a Casa de las Américas. Tomo LIV, 1, 1997 Miscelánea de congresos, simposios, reuniones científicas, etc. -La Casa de América organizó un Seminario sobre la "Presencia hispana en los Estados Unidos: tradición y modernidad" que se celebró en su Sede de Madrid, los días 11, 12 y 13 de febrero de este año. En conformidad con su título, los contenidos de las Jornadas, si bien divididas éstas en tres partes -historia, arte y literatura y situación actual-abarcaron aspectos significativos acerca del pasado y el presente de raíz hispanos. Es decir, se trató, por un lado, de "recordar la influencia hispánica antes y después de la independencia norteamericana -notable también durante el propio proceso independentista-y tampoco reflejada en los libros de texto de uno y otro país y, por otro lado, de analizar la compleja y diversa situación de la población de origen hispano, que ya supera los 27 millones de personas y está próxima a convertirse en la primera minoría de los Estados Unidos". -Organizadas por el Área de Historia de América de la Universidad de Burgos y la Caja de Burgos, para conmemorar el recibimiento que los Reyes Católicos hicieron al Almirante al regreso de su segundo viaje a América, se celebraron del 10 de abril al 8 de mayo tres conferencias y una mesa redonda bajo el título de "Colón en la Casa del Cordón: V Centenario (1497-1997)". Las conferencias corrieron a cargo del Dr. Miguel Angel Ladero Quesada, "La sociedad castellana en la época del Descubrimiento"; Dr. Jesús Varela Marcos, "La cartografía colombina"; y Dr. Mariano Cuesta Domingo, "Cristóbal Colón: etapas en su biografía y en su obra". La Mesa Redonda, coordinada por la Dra. Emelina Martín Acosta, giró en torno al tema de "Latinoamérica y España hoy" y en ella intervinieron los Drs. Ronald Escobedo Mansilla; Hernán Asdrúbal Silva; Luiz Felipe de Seixas Corrêa y Rosa Martínez Segarra. -EI Centro de Investigación de América Latina (CIAL) de la Universitat Jaume I convocó el I Congreso Internacional Nueva España y las Antillas: de súbditos del Rey a ciudadanos de la Nación, los días 7, 8 y 9 de mayo de 1997 en la ciudad de Castellón de la Plana (España). CIAL se constituyó en 1996 con la finalidad de aunar esfuerzos y potenciar la colaboración de investigadores cuyo campo sea el estudio de América Latina. De acuerdo con la vocación interdisciplinar de CIAL, el Congreso estaba dirigido a especialistas de Historia, Geografía Humana y Arte y analizó la etapa final colonial y los movimientos emancipadores. Se establecieron las siguientes mesas: 1. La estrategia de la monarquía.-El poder, la administración colonial, las instituciones (civiles, militares, religiosas,...). Planteamientos, realizaciones e imágenes. Espacio de los criollos.-La sociedad colonial, las diferentes estrategias de la integración (política, económica, social, cultural, mental...) o asunción de una identidad colectiva diferenciada. Manifestaciones artísticas y culturales y función de las mismas. La construcción del espacio urbano. La movilizacion de los ciudadanos.-Emergencia de una conciencia nacional, procesos emancipadores, actitudes de las diferentes formas sociales, respuesta del poder metropolitano, configuración del poder independiente. -Los días 13, 14 y 15 de mayo estaba convocado en La Habana el III Encuentro Ciudad para Todos, que en esta ocasión tendría como tema central "La ciudad en Iberoamérica: desarrollo urbano y exclusión social -instrumentos, alternativas, soluciones." La reunión tiene como objetivo invitar a reflexionar sobre alternativas constructivas para la ciudad; sobre el resultado de experiencias de intervención urbana para la prevención o eliminación de bolsas de pobreza y exclusión social; sobre de nuevas herramientas de gestión, sobre modelos orientados hacia un reequilibrio del entramado social, cultural y económico de las ciudades. -El Consejo Nacional para la Formación del Historiador (CONAFOH) de México y la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana tenían previsto celebrar del 12 al 16 de mayo el "V Taller Internacional sobre la Formación del Historiador". El Taller se propone continuar estrechando las relaciones de intercambio académico entre profesores e investigadores cubanos, mexicanos y de otros países dedicados a la formación de nuevos historiadores, así como a promover el establecimiento de proyectos de colaboración entre instituciones. Este año el Taller tuvo como temática única el debate teórico en torno a las diversas experiencias en la aplicación de planes de estudio y sus resultados prácticos en la formación de historiadores. -Del 26 al 29 de junio ha sido convocado en la Universidad Nacional de Educación a Distancia en Ceuta el III Congreso Internacional de Hispanistas, que tiene la pretensión de constituirse de nuevo en un amplio foro de debate en torno a la cultura hispánica. Tras el primer congreso celebrado en Melilla y el segundo en Baeza, la ciudad de Ceuta, ubicada en el Norte de África en pleno estrecho de Gibraltar acogerá este tercer encuentro, para el cual se han constituido los siguientes grupos de trabajo: 1.o Historia, Arte y Geografía; 2.o Antropología, Etnología y Sociología; 3.o Filología y Literatura; 4.o Derecho, Política y Economía. -El Centro de Estudios Contemporáneos (CECAL), adscrito a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, ha propuesto al Consejo Español de Estudios Iberoamericanos asumir la organización del Vl Encuentro de Latinoamericanistas Españoles. La fecha probable de la celebración sería entre los días 29 y 30 de septiembre, y 1 de octubre de 1997 y se pretende que contemple un panorama abierto de los distintos enfoques de los estudios latinoamericanistas a partir de las propuestas que remitan los investigadores, docentes y entidades integradas en el Consejo. Las propuestas de ponencias y de participación habrán de remitirse a la sede de CECAL: despacho 3401 Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. -La Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, convoca a la "IV Conferencia Internacional Las Ciencias Sociales en el Mundo Contemporáneo", que se efectuará del 15 al 21 de abril de 1998. En esta ocasión el tema central del evento, "Las Ciencias Sociales ante el siglo XXI", sitúa la discusión en el estado actual de dicha esfera de pensamiento y sus perspectivas de desarrollo para el próximo siglo. Las temáticas que servirán de base al taller serán las siguientes: Teoría cultural, el debate contemporáneo. Pensamiento, ideas y mentalidades: una visión finisecular. Cultura política: simbolismo y poder. Identidad y alteridad: visiones de fin de siglo. América Latina ante la globalización. Sociedad, espacios públicos y Estado. Ciencias Sociales: institucionalización y enseñanza. Transformaciones estructurales y procesos sociales. Ciencia, tecnología y sociedad: una visión académica. La tradición marxista y el debate contemporáneo.
animal fantástico con cuerpo de ave, probablemente de águila, mientras que su cabeza parece corresponder a un felino: es decir, la yuxtaposición de dos animales emblemáticos y cuya trascendencia en el plano simbólico está fuera de toda duda. Pretendemos plantear un acercamiento en profundidad a la pieza y sentar las bases para una discusión sobre su significado. Partimos, en este intento, del convencimiento de que toda obra de arte transciende sus peculiaridades morfológico-estilísticas y se configura como elemento o eslabón lingüístico de un discurso perfectamente estructurado. Un discurso que no utiliza palabras sino que se articula a base de diseños plásticos, en este caso escultóricos, aunque -como veremos- En la sala mexica del Museo Nacional de Antropología de México D.F. se conserva una pieza escultórica de sobresaliente factura y no menos enriquecedoras implicaciones iconográficas (fig. 1). Se trata de un animal fantástico con cuerpo de ave, probablemente de águila, mientras que su cabeza parece corresponder a un felino: es decir, la yuxtaposición de dos animales emblemáticos y cuya trascendencia en el plano simbólico está fuera de toda duda. La figura, aunque con importantes deterioros, permite apreciar la perfección técnica y la capacidad de plasmación naturalista que alcanzaron los escultores mexicas. El cuerpo se apoya actualmente sobre el vientre, pero los deterioros visibles permiten suponer que en un principio poseía patas sobre las que sostenerse. La cabeza está erguida. Los ojos son elípticos y sus órbitas ligeramente resaltadas. La frente, redondeada, se prolonga entre los ojos formando el arranque del hocico. Tanto su parte frontal como las fauces se hallan muy deterioradas. Los belfos son lisos y, en la comisura del lado izquierdo, dejan ver tres molduras en la mandíbula de arriba, correspondientes a los molares. El cuello y la parte superior de la frente y nuca se hallan cubiertos de plumas: cuello de felino por su grosor, pero perfecta transición hacia el cuerpo de ave. Las plumas son cortas en el tercio delantero del cuerpo y largas en el resto. La parte de la cola ha des -aparecido. Cabe señalar además la existencia de dos elementos asociados: en la cabeza, un adorno radial que parte de una voluta en el centro; en la espalda del águila, un atributo parecido al pectoral con que habitualmente se adorna la figura de Tezcatlipoca y que consiste en un círculo del que cuelgan dos bandas, limitado arriba por dos molduras horizontales paralelas. La obra es sencilla en cuanto a concepción, y no adolece de excesivas complicaciones en cuanto a elementos asociados que encarnen una cadena de implicaciones simbólicas progresivamente enriquecedoras. Pero esa simplicidad, desnuda y evidente, representa la más efectiva complejidad en lo que se refiere a la visión del mundo y del hombre en la sociedad mexica. No estamos ante un ejercicio de fantasía o de imaginación desbordada, sino ante la plasmación, mediante una envidiable economía de elementos, de lo que Soustelle 1 denominaba ligazón de imágenes tradicionalmente asociadas. El resultado, en cada una de sus partes componentes, es de gran naturalismo y acusa una concepción volumétrica muy del gusto mexica. La cabeza se trabaja a base de suaves curvaturas, sin bruscas transiciones de planos ni cortes pronunciados. Sin embargo, el plumaje del águila posibilita la preponderancia de la línea, de distinto tamaño y amplitud según lo requiera cada zona: plumas cortas y más redondeadas en el tercio delantero del cuerpo, largas y más rectas en el resto. Como hemos dicho, probablemente la pieza se sostenía sobre las patas del ave, ya que aún quedan algunos restos de sus arranques. Tal vez podría pensarse en esto como en un tour de force en cuanto a equilibrio y contrabalanceo de pesos. No es tan descabellado afirmarlo si observamos que la cola, aunque hoy perdida en parte, debía prolongarse hasta alcanzar un tamaño parecido al de la cabeza del felino, con lo que las líneas de gravedad confluirían en el punto medio de la parte inferior del ave, posibilitando así que las patas cumplieran su función de apoyo. Para ello, además, se cuida mucho el carácter estático y la ausencia de movimiento, sin que esto implique que la obra carezca de fuerza y vivacidad. Observando la pieza se pueden plantear en principio tres interrogantes acerca de su ubicación, su cronología y su significado. De su ubicación original nada se sabe, con lo cual se pierde una clave importante a la hora de adscribir la obra a un contexto determinado. Paris, 1940, pág. 9. cabría suponerla bastante avanzada a tenor de la técnica con la que se trabaja: la depuración formal, que nos estaría hablando de una perfecta asimilación de los diversos modelos de los que se nutre la plástica mexica, unida a un progresivo naturalismo de los motivos animales, quizá nos permitieran ubicarla tentativamente en la cuarta y última fase propuesta por Pasztory,2 la correspondiente al gobierno de Moctezuma Xocoyotzin, que coincide con el momento de mayor esplendor y diversidad de un largo proceso de creación plástica. Cabe incluso, a partir de este segundo interrogante, plantearse la posibilidad de que la pieza fuera realizada ya en tiempos coloniales o, cuando menos, que no fuera estrictamente de tiempos mexicas. Y esto, que en principio puede parecer un planteamiento superfluo, cobra cierto tinte inquietante cuando constatamos que no se conocen figuras mexicas parecidas y Estamos ante un problema difícil de solucionar y cuya magnitud se acrecienta si tenemos en cuenta que un buen porcentaje de obras prehispánicas fue encontrado en contextos que poco tienen que ver con las premisas de un rescate arqueológico de probada cientificidad. En palabras de Litvak al usar piezas con proveniencia defectuosa el historiador del arte construye sus conclusiones, en una proporción muy importante, sobre objetos que en lugar de ayudarlo a llegar a juicios correctos le estorban. Evidentemente el asunto se complica si existe la posibilidad de que la pieza fuera realizada con posterioridad a la conquista: entraríamos de lleno en la discusión sobre la continuidad o disyunción de significados en la plástica prehispánica, e incluso en el de la pervivencia de creencias y concepciones ideológicas una vez que los parámetros de pensamiento sufren una transformación radical como consecuencia del proceso de aculturación que comienza con la llegada de los españoles, aspecto sobre el que se puede consultar una variada bibliografía 4 y que se sale de las pretensiones de este trabajo. Una vez mencionadas estas prevenciones, pretendemos en las líneas que siguen plantear un acercamiento más en profundidad a la pieza y sentar las bases para una discusión sobre su significado. Partimos, en este intento, del convencimiento de que toda obra de arte transciende sus peculiaridades morfológico-estilísticas, y se configura como elemento o eslabón lingüístico de un discurso perfectamente estructurado. Un discurso que no utiliza palabras sino que se articula a base de diseños plásticos, en este caso escultóricos, aunque como veremos más adelante la relación entre ambas esferas, la lingüística y la escultórica, es estrecha y permite establecer unos paralelismos fundamentales a la hora de desentrañar las claves de esta faceta de la plástica prehispánica. Para empezar, relacionemos la obra en cuestión con otras más o menos cercanas. Como ya dijimos, se trata de la simbiosis de dos animales paradigmáticos en la plástica zoomorfa prehispánica, pero nunca representados de esta manera. Si nos remontamos en la tradición artística del Altiplano hasta Teotihuacán, encontraremos obras en las que es posible rastrear la asociación de águilas y felinos en distintas versiones. Tendríamos piezas escultóricas en las que, en los flancos de sus extremidades, se incorporan unos esquemas que tienden al escalonamiento y podrían ser reminiscencias muy transformadas de plumas o adornos a base de plumas. Tal es el caso del felino en ónice del British Mu - seum (fig. 3) o el de otro de alabastro encontrado en el Palacio de Quetzalpapalotl. El primero de ellos muestra en las plantas de las extremidades delanteras el glifo de Tláloc B o Tláloc-Jaguar, deidad a la que se relaciona fundamentalmente con la guerra y el sacrificio y, más lejanamente, con la tierra y el agua. 5 En principio, esta identificación vendría corroborada por las dos oquedades en el lomo, lo que nos podría hacer pensar en recipientes para contener ofrendas, eventualmente sangre y corazones. En la pintura mural teotihuacana son numerosos los ejemplos de felinos con grandes tocados a base de largas plumas. Probablemente no correspondan en concreto a águilas, pero confieren al animal (que también puede estar en postura antropomorfa o ser un humano revestido con la piel de un felino) una categoría de rango superior. Sería el caso, por poner un ejemplo, de la procesión de felinos alternados con coyotes que aparecen en un mural del Patio Blanco de Atetelco (fig. 4). En este caso, el cuerpo y las extremidades del felino están además flanqueados por plumas más cortas; en la piel se dibujan esquemas reticulados, que al parecer se relacionan con el agua y la fertilidad; 6 bajo sus fauces aparece un dibujo trilobulado de carácter acuático, y, finalmente, en la cenefa que enmarca el mural se dibuja un corazón del que cuelgan cuatro gotas. Si a todo ello añadimos la lengua bífida del felino, nos acercaremos a los esquemas "felino-ave-serpiente" formulados por Kubler y que podemos encontrar en lugares como Monte Albán, Piedras Negras, Chalco o Chichén Itzá. 7 En Teotihuacán se encuentran estos esquemas fundamentalmente en la cerámica anaranjada delgada (fig. 5). En algunos casos, como es el de una pintura del Palacio de Quetzalpapalotl (fig. 6), aparece el icono, pero la lengua bífida de serpiente ha sido sustituida por un corazón, lo que nos retrotrae a un complejo de significados que se basa en la estrecha relación entre fertilidad y sacrificio. 8 Por otro lado, y buscando una continuidad a lo dicho acerca de Teotihuacán en tiempos posteriores, tenemos la alternancia de felinos y coyotes repetida una y otra vez en los relieves del Edificio B de Tula (fig. 7), en los que también aparecen figuras de águilas. Los elementos animales quedan separados aunque mantienen evidentes nexos entre sí, pero indudablemente los significados sufren una transformación. 9 barbas no son un rasgo común. Se asemejan más a la melena del león macho (animal desconocido en América) o a las barbas del tigre de Bengala. Tan sólo el lince, que sí es conocido por estas latitudes, las tiene, aunque hemos de puntualizar que dicho animal no es estrictamente hablando un felino. 11 De todas formas, la mencionada pieza sí que incorpora plumas (o elementos vegetales con terminaciones achatadas y redondeadas) en la pared interior del recipiente trabajado en su lomo. En el fondo del mismo, dos figuras en relieve, probablemente Tezcatlipoca y Tlahuizcalpantecuhtli, se perforan las orejas con espinas penitenciales en un ritual relacionado con las órdenes militares de los guerreros águila y guerreros tigre. 12 Nos movemos, por lo tanto, en unas coordenadas que nuevamente relacionan al felino con rituales de sacrificio. En otros casos la relación entre ambos animales es más explícita. En Malinalco, en el interior del Monumento 1, tenemos águilas y felinos esculpidos a manera de tronos (fig. 9) en un contexto también relacionado con rituales de las órdenes militares antes citadas. Otro tanto ocurre con el huéhuetl de madera del propio Malinalco (fig. 10), que se estructura como una metáfora plástica del orden cósmico: la escena se halla presidida en el registro superior por el signo nahui ollin, con un guerrero-águila en actitud de danza ceremonial y un águila y un felino a los lados; en el inferior, correspondiente a las patas, otros dos felinos y un águila, tocados con el aztaxelli de plumas propio de tales personajes. 13 En la escena también aparecen símbolos de sacrificio: los pámitl, o banderines, y los cuchillos de pedernal entre las plumas de las águilas. La parafernalia militar siempre estará asociada a las figuras de águilas y felinos. Recordemos que los mexica utilizaban una divisa de guerra, el chimaltetepontli, rodela en la que se representaban piernas de felino o de águila, y que se usaba con carácter ritual en la fiesta del mes Xócotl-Huetzi, en honor de Xiuhtecuhtli: 14 eran parte de los adornos que ostentaban quienes habían capturado prisioneros en el campo de batalla para ser sacrificados. Otro estandarte militar incorporaba la imagen de un águila descendiendo para apresar a un tigre. 15 También encontramos águilas y felinos asociados en algunos relieves de piedra (fig. 11). De las bocas de los animales, erguidos y situados frente a frente, parecen surgir vírgulas de la palabra que, unidas, forman el signo atl-tlachinolli, agua y fuego, sinónimo de guerra. El vocablo Atl se emplea para denominar en general cualquier tipo de líquido, pero el agua y la sangre eran los líquidos más importantes. Símbolos de la fertilidad y el sacrificio. Uno de los relieves está además en una de las caras de una piedra con otros relieves que incorporan un disco solar, un zacatapayolli, un glifo ácatl y un numeral: 16 cosmogonía, orden, guerra y sacrificio se unen de manera indeleble. Realidad, ritual y ámbito de lo sagrado se estructuran como tres registros interdependientes en la cosmovisión mexica. En el fondo subyace la idea de que que es lo mismo: el orden político se mantiene para asegurar la permanencia e inalterabilidad del orden cósmico. No es casual que los mexica se considerasen a sí mismos el pueblo del sol, los garantes de que el universo prosiguiera su curso sin alteraciones. Ya hemos mencionado cómo en el huéhuetl de Malinalco los felinos y las águilas llevaban banderines de sacrificio. También los encontramos así en la lámina 11 de los códices Borbónico y Tonalámatl de Aubin (figs. 12 y 13), láminas correspondientes al signo calendárico Ce Ozomatli, "1 mono", y cuyo numen es Pahtécatl, uno de los dioses de la fertilidad que personificaba la planta del maguey y su derivado, el pulque; recordemos que el pulque mismo estaba personificado en una diosa, Mayahuel, relacionada estrechamente con Chalchiuhtlicue y con Xochiquetzal, diosas de la fertilidad. 18 En la lámina del Borbónico aparecen varios elementos asociados (serpiente bicéfala, chalchihuite, corazón, etc.), pero dos de ellos se repiten en la del Tonalámatl de Aubin: el círculo del día y la noche y las vasijas de pulque. Además, en el primero hay una leyenda en español que dice que los nacidos en este signo habían de morir en la guerra. Sahagún 19 también informa de que era un signo de mala fortuna, aunque sin mencionar la guerra. Para buscar el hilo conductor que haga lógico todo este entramado debemos remontarnos a los orígenes más remotos, al momento de la creación del quinto sol que, evidentemente, constituye un acto sacrificial: Nanahuatzin y Tecuciztécatl, los dioses protagonistas, se arrojan al fuego y se dice que se habían arrojado un águila y un tigre, 20 por lo que a los hombres diestros en la guerra se les llamará en adelante quauhtlocélotl. De ahí se derivarán una serie de frases metafóricas y difrasismos en torno al concepto de la valentía recogidos por Sahagún, 21 entre los que citaremos dos: Estrado de tigre, estrado de águila, para aludir a los guerreros invencibles que defienden la ciudad, y Con águilas, con tigres, para referirse a los esfuerzos necesarios para la consecución de objetivos elevados. Quauhtli (águila) y océlotl (tigre) además de tomarse como denominación de los guerreros valientes se deben entender también como una alusión al cielo diurno y al nocturno. 22 Volvemos sobre un tema recurrente: águilas y felinos conforman un binomio antagónico, pero a su vez complementario, en ese proceso de bipolaridad consustancial al pensamiento mesoamericano. Y esa bipolaridad manifestada en el tiempo primordial de los orígenes, del principio, en el tiempo del mito, también tendrá su reflejo en el ritual, en el arte y en la vida cotidiana. Aguilas y felinos con banderines de sacrificio pueden perfectamente hacer alusión al sacrificio de Nanahuatzin y Tecuciztécatl y a su transformación en el sol y la luna. Las sogas que aparecen sujetando dichos banderines a los cuerpos de los animales en los códices aludían a que el asunto era de gran responsabilidad. 23 El signo atl-tlachinolli introduce el factor agua en sus dos acepciones: sacrificial y de fertilidad. Y también alude a los orígenes, pues según Serna 24 el mencionado sacrificio para la creación del quinto sol fue per ignem et aqua, por fuego y agua. Aguilas, felinos, sacrificio, guerra, agua y fuego articulan un discurso polivalente plasmado en tres registros: el real, el ritual y el mítico. Este estado de cosas, esta parcela de la cosmovisión mexica va a encontrar su reflejo en la literatura. En la Colección de cantares mexicanos, (fol. 18-r) un poema dice así: 25 Con águilas y con Tigres haya abrazos, oh príncipes. Hacen estruendo los escudos. Esta es la unión para hacer cautivos. (...) Con rodelas de tigres se entrelazan banderas de tigres: con escudos de pluma de quetzal se entreveran banderas de plumas doradas y negras Hirvientes ondulan allí. Se habla de la guerra y de sus protagonistas. De una guerra recurrente, cíclica: 26 Cual nenúfar al viento gira el escudo, cual humo el polvo sube, el silbo de las manos repercute, aquí en México Tenochtitlan. En la casa de los escudos, en la casa de las batallas: se extiende el estrado del Aguila, es el sitio del solio del Tigre: ellos llevan el peso de la guerra. Se toca la flauta para el combate: son las flores del Escudo que resplandece [el sol], ¡Nunca, nunca por cierto ha de acabar! (Cantares mexicanos, fol. 21-r.) Y en la misma colección: 27 Desde donde se posan las águilas, desde donde se yerguen los tigres, el Sol es invocado. Como un escudo que baja, así se va poniendo el Sol. En México está cayendo la noche, la guerra merodea por todas partes. ¡oh Dador de la vida! se acerca la guerra. Aquí se resume de algún modo lo que hemos estado analizando hasta el momento. De manera metafórica el poema nos describe cuáles son en última instancia las bases en las que se fundamenta toda una concepción cosmogónica. El esplendor del sol -el orden del universo-se asocia a las águilas y a los tigres. Pero también se asocia a ellos el esplendor de la ciudad, el poder de México-Tenochtitlan, la orgullosa de sí misma, la que constituye los cimientos del cielo. Recordemos que en la primera página del Códice Mendocino, donde se representa la fundación de la ciudad y donde aparecen los señores que eligen a Tenoch como gobernante, dos de ellos llevan sendas banderas en el triángulo superior: Acacitli (tigre) y Quapan (águila). Indudablemente, tanto felinos como águilas, tomados de uno en uno, se asocian a otra serie de significados en los que aquí no voy a profundizar. No porque carezcan de importancia, sino porque de lo que se trata es de intentar averiguar el significado de una escultura en la que ambos animales aparecen en simbiosis. Como hemos podido ver a lo largo de las páginas anteriores, tal simbiosis nunca es mencionada en lo referente a divinidades u obras de arte. Aguilas y felinos aparecen en asociación, tanto literaria como plástica, pero cada uno de ellos acusando rasgos específicos que los identifican y personalizan. Debemos, por tanto, partir de la consideración no ya de dos animales sino de la unidad lograda mediante la yuxtaposición de ambos. En este sentido, habría que inscribirlos en una estructura discursiva plástica y plena de significados, más cercana a los modos de hacer propios de la poesía que a los de la prosa. El arte mexica en su vertiente lingüística, así como los evidentes nexos entre las formas de expresión artística y el náhuatl, la lengua de los mexica, es un tema de capital importancia y del que diversos autores se han ocupado. Soustelle 29 piensa que el náhuatl puede ser caracterizado como un instrumento de transmisión de asociaciones tradicionales, de bloques, si se quiere, de enjambres de imágenes. León-Portilla 30 especifica más en lo referente al lenguaje y afirma que el náhuatl, así como el griego y el alemán, son lenguas que no oponen resistencia a la formación de largos compuestos a base de la yuxtaposición de varios radicales, de prefijos, sufijos e infijos, para expresar así una compleja relación conceptual con una sola palabra, que llega a ser con frecuencia verdadero prodigio de ingeniería lingüística. Por su parte, Alcina 31 propone unas bases metodológicas para analizar el arte mexica como si de un lenguaje se tratara, y en el cual no sólo cabe distinguir categorías sustantivas, verbales o adjetivas, sino también metáforas, tropos y difrasismos. A partir de lo apuntado por León-Portilla, podríamos establecer incluso un paralelismo entre las constantes morfológicas que se detectan en las esculturas mexicas y el mencionado tipo de estructura lingüística. La mayoría de las esculturas se articulan en torno a un núcleo central sobre el que se desarrollan casi en relieve una serie de elementos, los cuales identifican la pieza, le confieren especificidad y la nutren en mayor o menor cuantía de signos que enriquecen su significado último. Es en realidad el mismo proceso que sigue el idioma, a base de un radical acompañado de una serie de afijos que lo conforman y matizan. En el caso de la pieza que nos ocupa estaríamos ante un ejemplo de estas características. Las superficies del bloque de piedra se trabajan a base de modelados que dan como resultado una simbiosis fantástica. Los dos animales que lo forman son muy importantes, emblemáticos. Juntos aparecen en varias obras y encarnan un aspecto fundamental del principio de bipolaridad consustancial al pensamiento mesoamericano. Forman una oposición conceptual parecida a la que se establece entre el disco solar y el monstruo de la tierra, hacen referencia a las órdenes militares de guerre-IGNACIO DÍAZ BALERDI 18 29 Soustelle, J.: La pensée cosmogonique, pág. 9. 30 León-Portilla, Miguel: La filosofía náhuatl. 31 Alcina Franch, José: "El arte mexica como lenguaje". Madrid, 1986, págs. 18-37. ros-águila y guerreros-felino, y cada uno de ellos aporta sus peculiares derivaciones de significados: el águila es un ser diurno y habita el cielo, mientras que el felino es nocturno y se relaciona con el inframundo, derivando su aparición como emblema plástico de la metáfora verbal que hace referencia a los soldados valientes, quienes, en última instancia, son los encargados de alimentar al sol y a la tierra. 32 En mi opinión, la escultura en cuestión es un ejemplo de escultura ideo gráfica que representa un principio de oposición mediante el cual se articula una metáfora conceptual específica, relacionada con todos los parámetros de orden militar que venimos analizando hasta ahora y que podríamos resumir en cuatro palabras: guerra, sacrificio, fertilidad y orden. Su plasmación como concepto lingüístico no es otra que el vocablo quauhtlocélotl: "hombre diestro en la guerra". 33 Hasta ahora, quauhtli, águila, y océlotl, jaguar, aparecían separados. De su conjunción se derivaba una serie de implicaciones ideológicas, pero era una conjunción a base de dos elementos perfectamente diferenciados. Aquí, no. Aquí los elementos se ensamblan, pierden algo de su propia mismidad, valga la expresión (no queda el cuerpo del felino ni la cabeza del águila), pero su identificación queda fuera de duda al incorporar elementos claves: la cabeza del felino y el cuerpo emplumado del águila resumen y aglutinan de manera referencial las características y poderes más específicos de ambos animales, en un ejercicio de expresión plástica sutilmente definida por Clavijero: 34 representaban las cosas materiales con su propia figura y, para abreviar, con una parte de ella bastante (sic) a darla a conocer a los inteligentes. Quauhtli, águila, y océlotl, felino, jaguar en su manifestación más paradigmática. Quauhtlocélotl, como resultado final. Simbiosis en la que también se establece un orden 35 que no sólo es de nomenclatura. Primero águila y después felino, pues no entraron al mismo tiempo los dos en la hoguera sacrificial de Teotihuacán para la creación del quinto sol: el águila, que lo hizo en primer lugar, saldría convertida en el sol y el felino en la luna. El principio dual o de bipolaridad encontraba una de sus plasmaciones paradigmáticas que, en adelante, teñiría con su impronta cualquiera de las esferas conceptuales del pensamiento mexica.
Estudio de dos movimientos de gran impacto en el México colonial. Los motines ocurridos en la capital del virreinato novohispano en 1624 y 1808 tienen dos marcos políticos distintos pero se analizan aqui a la luz de acciones contra el Estado, en una perspectiva comparativa; el marco histórico, los actores, los medios y los resultados de esas acciones cooperan a un mejor conocimiento de ambos movimientos coloniales, separados por casi dos siglos de distancia. Las transformaciones políticas de la Corona española entre 1624 y 1808 provocaron cambios sustanciales en el sistema político virreinal de Nueva España. La Casa de Austria tuvo como política general el "patrimonialismo corporativo", a diferencia de los Borbones, que establecieron el "centralismo absolutista". Por consiguiente, los motines ocurridos en la ciudad de México en 1624 y 1808 tienen dos marcos políticos distintos; de aquí se deriva la importancia de conocerlos. Los analizaremos a la luz de lo que se ha definido como coup d'etat. Pensamos que ambos movimientos políticos pueden ser entendidos a partir de esta categoría ya que reúnen los elementos indispensables que los caracterizan. Entendemos por golpe de estado la apropiación, por parte de un grupo, de los órganos y las atribuciones del poder político, mediante una acción sorpresiva con cierto margen de violencia pero sin que esta sea la nota permanente. 1 Al comparar los golpes de estado de 1624 y 1808 se hace evidente que aún con algunas similitudes, guardan enormes diferencias ya que cada uno respondió a circunstancias históricas determinadas. Pero también salta a la vista que el sistema político colonial no fue plenamente estático sino que tuvo que afrontar graves problemas internos y externos que pusieron a prueba su capacidad. El motín de 1624 se puede considerar como una 1 La definición de golpe de estado ha sufrido ciertas modificaciones a lo largo de la historia, como se puede ver en Norberto Bobbio y Nicola Matteucci: advertencia que no alcanzó a tener consecuencias desastrosas e inmediatas para la Corona española. Pero el golpe de 1808 fue más que una advertencia, pues la conjunción de múltiples factores externos e internos ayudó a que se produjera un rompimiento irreversible con España. Para el estudio de estos conflictos, existe una abundante documentación; sin embargo, no siempre es de fácil acceso y parte de ella se conoce sólo por referencias. En ambos casos, consumada la caída del gobernante, se justificó o explicó, por parte de instituciones y particulares, su participación en los conflictos, lo que dejó valiosos testimonios, lógicamente muy partidistas, pero importantes para el entendimiento de esos fenómenos. Seguramente existieron también múltiples versiones orales, aderezadas conforme se extendían en el campo del rumor. Algunas de ellas han sido recogidas en documentos y dan diversos puntos de vista que fueron hechos circular con toda intención por los involucrados. A pesar de todo, falta aclarar algunos aspectos en torno al caso de 1624; el golpe de 1808, por otro lado, ha recibido mucha atención sobre todo por su relación con la lucha independentista. En 1624 no sólo los actores sino los que consideraron que tenían algo que decir al respecto, particularmente la Audiencia, el virrey y el arzobispo, elaboraron o mandaron escribir memoriales que hicieron llegar a España y que en algunos casos circularon impresos, 2 enviaron sus delegados o se presentaron directamente ante la Corona, como lo hizo el arzobispo. Además de las fuentes de primera mano, existen diversas e interesantes interpretaciones vertidas en algunas obras de Thomas Gage, Andrés Cavo, José María Luis Mora, Hubert Howe Bancroft, Vicente Riva Palacio, Rosa Feijoo, Jonathan Israel, Richard Boyer y Enrique Florescano. 3 VERÓNICA ZÁRATE TOSCANO 2 2 Algunos autores hablan de seis diferentes folletos sobre el tema. Sin embargo, sólo hemos tenido acceso a los documentos enlistados a continuación. Lewis Hanke, en su obra Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria, Madrid, 1977, tomo III (275), publicó dos informes de Gelves, uno sobre el estado en que halló "la Nueva España y relación de lo sucedido en el tiempo que la gobernó y del tumulto y lo demás hasta que volvió a España", y otro preparado en Madrid en 1628, así como la "Sentencia del Consejo sobre el Marqués de Gelves" en su juicio de residencia. Igualmente conocemos un impreso elaborado por Cristóbal Ruiz de Cabrera: Algunos singulares y extraordinarios sucesos del gobierno de don Diego Pimentel, marqués de Gelves. Cavo, Andrés: Historia de México, México, 1949. Mora, José María Luis: Méjico y sus revoluciones, Paris, Librería de Rosa, 1836. Bancroft, Hubert Howe: History of Mexico, en History of the Pacific States, San Francisco, En 1808 la Audiencia preparó largos y circunstanciados documentos explicativos. 4 Además, 180 de los golpistas nombraron un portavoz, Marcos Berazaluce, que tomó como misión dar a conocer en España lo que "verdaderamente había pasado", el cual falleció en el camino. 5 Pero, como dice Lucas Alamán, "si la muerte privaba a los españoles de los agentes que mandaba a sostener su causa en la corte, el mismo Arzobispo los proveyó del más activo y eficaz que pudieran desear en la persona de don Juan López Cancelada". 6 El depuesto virrey tuvo que defenderse ante el tribunal que lo juzgaba por infidente, el que le llevaba la Residencia y los ataques públicos y publicados. 7 Además, para el estudio de esa época se cuenta ya con la valiosa ayuda que proporcionan los periódicos de la capital del virreinato, la Gaceta y el Diario de México, que contienen en sus páginas 1621-1624", The International History Review, IV, 4, november 1982, pags. Florescano, Enrique y Rodrigo Martínez: Historia gráfica de México. 4 La vastísima documentación de las instituciones y los juicios se custodia en el Archivo Histórico Nacional de Madrid (AHN), Consejos, 21081 y 21082, en el Archivo General de Indias (AGI), México, passim y en el Archivo General de la Nación (AGN), Historia passim. 7 Particularmente interesante es la polémica generada por los folletos publicados por Juan López Cancelada: La verdad sabida y buena fe guardada. Origen de la espantosa revolución de Nueva España comenzada en 15 de setiembre de 1810. Defensa de su fidelidad, Cádiz, Imprenta de Manuel Santiago de Quintana, 1811, y Conducta del excelentísimo señor don José de Iturrigaray durante su gobierno en Nueva España. Se contesta a la vindicación que publicó don Facundo Lizarza, Cádiz, Imprenta del Estado Mayor General, 1812. La defensa del virrey la realizó José Ignacio Beye Cisneros, firmada como Discurso que publica don Facundo Lizarza vindicando al excelentísimo señor don José Iturrigaray de las falsas imputaciones de un cuaderno titulado por ironía Verdad Sabida y buena fe guardada, Cádiz, Oficina de Nicolás Gómez Requena, 1811. En el mismo sentido se publicó El excelentísimo señor don José de Iturrigaray, virrey que fue de Nueva España vindicado en forma legal contra las falsas imputaciones de infidencia propuestas por el Acuerdo de México y apoyadas por don Juan López Cancelada en sus dos manifiestos, Cádiz, Imprenta Tormentaria, 1812. Tampoco hay que olvidar que fray Servando Teresa de Mier escribió defendiendo a Iturrigaray su Historia de la Revolución de Nueva España, antiguo Anáhuac, o verdadero origen y causas de ella con la relación de sus progresos hasta el presente año de 1813, México, 1981. Por último hay que mencionar el Verdadero origen, carácter, causas, resortes, fines y progresos de la revolución de Nueva España, y defensa de los europeos en general residentes en ella y especialmente de los autores de la aprehensión y destitución del virrey d. José de Iturrigaray en la noche del 15 de setiembre de 1808, contra los falsos calumniadores que los infaman, y atribuyen al indicado suceso, a opresión, agresiones y ofensas de su parte contra los americanos, la desastrosa revolución que ha asolado este reino, atribuida a Juan Martín Juanmartiñena y publicada en México, Juan Bautista Arizpe, 1820. Dichos textos han sido analizados en mi tesis de maestría: Juan López Cancelada: vida y obra, México, UNAM, 1986, 214 págs. Tomo LIII, 2, 1996 la crónica "fresca" de los acontecimientos. 8 Como estudios monográficos sobre el período de Iturrigaray existen las obras de Lafuente Ferrari, Lawrence Black y Francisco Santiago Cruz. 9 Además, se le trata como antecedente en prácticamente todas las obras que se ocupan de la guerra de Independencia. Es necesario hacer una breve descripción de los antecedentes que culminaron con la caída de los virreyes novohispanos, para luego analizar algunos de los factores que nos parecen esenciales en dichos golpes de estado. En 1624 gobernaba la Nueva España Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqués de Gelves y conde de Priego. A sus 67 años, contaba con una amplia experiencia al servicio de la Corona por el desempeño de puestos públicos y militares. Su envío a la Nueva España respondió a la necesidad de aplicar una política reformista que en España era encabezada por el conde-duque de Olivares, primer ministro de Felipe IV. El objetivo de la corte española era reducir el déficit presupuestario, para lo cual se pensó en crear un sistema bancario apoyado en una reforma fiscal. Gelves traía la consigna de allegar recursos a la monarquía, eliminando la evasión fiscal, castigando la corrupción y modificando el sistema administrativo. Eran tan apremiantes los cambios por él introducidos, que Jonathan Israel ha señalado: "Si se conseguía reformar la administración americana y disciplinar más efectivamente a sus funcionarios, la Corona esperaba, con toda razón, recibir una enorme recompensa". 10 Por todo ello, no resulta extraño que Gelves, cuando llegó a la Nueva España, comenzara a luchar contra los vicios, el crimen, el despilfarro y la corrupción. Adoptó una política benevolente con las clases más desvalidas, afectando con ello intereses particulares que reaccionaron en su contra y provocaron su caída. En 1808, el derrocamiento tuvo características distintas. La silla virreinal estaba ocupada por José de Iturrigaray y Aróstegui, teniente general de los Reales Ejércitos, quien había dedicado buena parte de sus 66 años al servicio militar. El puesto lo había obtenido gracias a la política española de seleccionar entre los militares a los virreyes que pudieran hacer frente a la amenaza bélica latente, y a su amistad con el primer ministro Manuel Godoy. Durante su gestión se aplicó uno de los últimos recursos de la Corona en el marco de las llamadas reformas borbónicas: la Consolidación de Vales Reales. Iturrigaray, con el fin de congraciarse con algunos sectores, llevó a cabo varias obras para el mejoramiento del virreinato y las condiciones de vida de la población, todo ello sin descuidar la pulcritud de su imagen y el culto a su personalidad. La autoridad virreinal no fue ajena a la crisis política española del verano de 1808. Napoleón se apropió del monarca español y su territorio. Esta situación generó en Nueva España el rompimiento del orden gubernamental, desarrollándose un clima de confusión y conflicto que aparentemente culminó con la caída de Iturrigaray. la alianza entre Varaez, Gabiria y De la Serna durante todo el conflicto fue muy sólida, aunque es difícil precisar los términos de su pacto, tarea que podría interesar a otros historiadores. Con la intervención del arzobispo, el conflicto adquirió el carácter de fricción entre autoridad civil y religiosa. Esta situación sirvió como detonante, generando con ello la participación y radicalización de otros sectores. El virrey se apoyó en la Audiencia para contrarrestar la fuerza de sus enemigos, pero con el paso del tiempo su posición se debilitó debido al encarcelamiento a que sometió a algunos de sus miembros, entre ellos al propio Gabiria. La labor de agitación por ciertos grupos religiosos, dio como resultado un enfrentamiento violento. "La plebe" participó en la defensa de los intereses del arzobispo. Adelantando conclusiones, podemos afirmar que la autoridad religiosa tenía en ese momento un mayor poder político que el propio virrey, que representaba a la máxima autoridad terrenal, mientras el arzobispo era el símbolo que encarnaba el poder divino. La Audiencia, ante la amenaza de la plebe, decidió asumir las facultades y atribuciones del virrey y comenzó a jugar abiertamente el papel de líder del golpe de estado, es decir, monopolizó todas las funciones y sometió a los órganos políticos a su autoridad imponiendo un nuevo orden social. Cabe resaltar, igualmente, la participación del marqués del Valle como mediador del conflicto, aunque su intervención claramente se inclinó a favor de los adversarios del virrey. El Cabildo y las fuerzas armadas fueron fieles observadoras de los acontecimientos, manteniendo una posición de "neutralidad-complicidad" durante el evento. No podemos dejar de lado la intervención de la plebe, quien jugó un papel muy importante en la caída del virrey, pero es necesario decir que actuó motivada por ciertas circunstancias y no por voluntad propia, es decir que participó como el "coro" mientras que los actores principales fueron otros. Finalmente debemos tomar en consideración el papel que jugaron los comerciantes. El Consulado tomó el bando del arzobispo por distintas razones. Su oposición a Gelves estaba fincada en la política mercantil que éste había tratado de implantar. Algunos de los miembros del tribunal aparecían muy relacionados con ciertos oficiales afectados por la campaña contra la corrupción y Louisa Hoberman ha identificado a Juan Francisco Vértiz VERÓNICA ZÁRATE TOSCANO 6 como fiador de Varaez. 12 Una vez depuesto el virrey, la Audiencia presionó al Consulado para que apoyara su decisión de asumir el gobierno. 13 En el golpe de 1808 podemos identificar la participación de otros sectores sociales y órganos de gobierno. La opinión generalizada es que en su desarrollo se evidenció abiertamente el antagonismo entre criollos y peninsulares, o hablando en términos institucionales, entre el Ayuntamiento y la Audiencia. Las diferencias políticas se hicieron palpables desde el momento en que el Ayuntamiento se apresuró a manifestar al virrey su posición respecto a la ausencia de monarca legítimo en España, presionándolo para que declarara su plan a seguir y buscando influenciarlo o manipularlo para que apoyara sus proposiciones de buscar la autonomía y convocar juntas de gobierno locales. La Audiencia, por su parte, se mantuvo inicialmente a la expectativa haciendo que sus acciones dependieran de los pasos que adoptaran el Cabildo y el virrey. Paulatinamente, su postura se fue radicalizando mediante la consolidación de algunas alianzas que le permitieran actuar en defensa de los intereses de España, o más claramente, de los suyos propios. El grupo de comerciantes españoles gozaba de un poder económico y un prestigio social considerables. Probablemente esto fue lo que motivó que la Audiencia acudiera a esta institución, buscando quien pudiera hacer abiertamente lo que ella no se atrevía. Los intereses consulares se habían visto afectados por algunas de las medidas del virrey, lo que justificaba su resentimiento hacia el mismo y las acciones que llevarán a cabo contra Iturrigaray. Es un hecho real que para que un golpe de estado tenga éxito, es necesario que no sea un sector aislado el que lo lleve a cabo, sino que éste logre establecer una serie de alianzas. Una de las que más nos llama la atención en el conflicto de 1808 es la pasividad con que actuaron las fuerzas armadas. El ejército representaba ya en esta época un poder considerable y en su fortalecimiento y evolución había jugado un papel importante el virrey Iturrigaray. De ahí que fuera indispensable evitar que se dieran las condi-LOS CONFLICTOS DE 1624 Y 1808 EN LA NUEVA ESPAÑA 7 12 Hoberman, Louisa Schell: "Merchants in Seventeenth-Century Mexico City: A Preliminary Portrait", The Hispanic American Historical Review, v. En septiembre de 1624 la Audiencia remitió un papel al Consulado pidiéndole que definiera su posición. Aparentemente y tras una seria deliberación, el Tribunal le contestó que obedecería las órdenes de la Audiencia como si vinieran del rey. ciones necesarias para que las tropas apoyaran a su comandante en caso que éste intentara cualquier movimiento. La Iglesia en su conjunto no jugó un papel determinante en este conflicto. Algunos de sus representantes manifestaron sus puntos de vista en las juntas de autoridades. Los conspiradores trataron de atraer a su partido al arzobispo Francisco Xavier Lizana y Beaumont pero éste se negó a tomar parte y simplemente sancionó el cambio de gobernante mediante su presencia en el nombramiento del sucesor de Iturrigaray. La plebe tampoco tuvo participación directa en la deposición del gobernante. Oportunamente fue informada de la prisión de Iturrigaray y del nombramiento de Pedro Garibay como su sucesor. Previendo una posible reacción popular, se comisionó a algunos clérigos para que estuvieran a mano en las calles al momento en que los habitantes de la ciudad leyeran la proclama. Las fuerzas vivas del territorio, es decir, los miembros de las principales instituciones y agrupaciones, así como algunos prominentes personajes, fueron reunidas por el virrey buscando un consenso que apoyara sus determinaciones. Formaron una especie de consejo "notabiliario" que se reunió en varias ocasiones a discutir la situación. El consenso no fue logrado pues representaban múltiples intereses y posiciones. Finalmente hay que señalar la participación de un elemento ajeno a la sociedad novohispana. Los representantes de la Junta Suprema que en Sevilla había asumido las atribuciones del poder real, traían la consigna de conseguir que la Nueva España reconociera dicha Junta y de reunir fondos para sostener la lucha contra Napoleón. Igualmente se sentían autorizados para deponer a Iturrigaray si éste no les proporcionaba su apoyo. Podemos concluir que entre los dos golpes de estado se nota la aparición y participación de ciertos grupos que emergieron paulatinamente y que llegaron a detentar un gran poder político. Lo que podría verse como una cierta disminución en el poder eclesiástico, en realidad corresponde a una neutralidad por no haber atentado contra su poder terrenal. En cambio, si se atiende el papel del ejército, podemos ver que su autoridad va evolucionando hacia lo que sabemos sucedió más adelante en el siglo XIX, en que se volvió sostén y fuerza de los grupos en el poder. En la reacción y actuación de las instituciones y corporaciones en el desarrollo de los acontecimientos se puede ver una muestra del acomodo de fuerzas que se unen o separan en torno a determinado asunto y según convenga a sus intereses. En el caso de 1624, se puede percibir una pos-tura casi unánime contra el virrey por parte de la Audiencia, el Ayuntamiento, el clero y los comerciantes. En cambio en 1808, uno de los puntos más controvertidos fue precisamente el conflicto entre la Audiencia y el Ayuntamiento, que quedó prácticamente solo frente al resto de las instituciones. Ahora habría que preguntarse cuáles fueron las estrategias que siguieron los diversos actores para la consecución de sus objetivos. En 1624, lo que comenzó como una serie de roces entre los ayudantes del arzobispo y del virrey, se salió de proporción y llevó a Pérez de la Serna a agregar el nombre del marqués de Gelves a su ya larga lista de excomulgados como un hecho sin precedentes. La primera reacción de Gelves fue buscar el apoyo de la Audiencia pero sólo obtuvo de ella una tibia respuesta. Su siguiente recurso fue reunir a un grupo de catedráticos universitarios, que emitió un dictamen a su favor negando la legitimidad del decreto arzobispal, sentencia que fue ratificada por el representante papal en Nueva España, el doctor Moreno, coadjutor de la diócesis de Puebla. Las reacciones del arzobispo eran cada vez más radicales y ya no sólo atentaban directamente contra la persona del virrey. Amenazó con imponer la cessatio a divinis, es decir la suspensión de los oficios divinos en la iglesia, el recurso más temible y temerario a que podía acudir, y cuando se presentó ante la Audiencia, recibió como respuesta la sentencia de ser deportado a España. Las acciones del arzobispo no cesaron al momento de abandonar la ciudad de México ya que dejó instrucciones para ratificar la excomunión de Gelves y para poner en vigor la suspensión del culto. La Audiencia, aparentemente obligada por Gelves a firmar la expulsión del arzobispo, se arrepintió de tal medida y declaró suspendida la sentencia. Enterado de esto, el virrey ordenó el arresto de los oidores. La tensión fue en aumento y llegó a su culminación el 15 de enero de 1624, cuando se proclamó la temida cessatio a divinis. La turba, manipulada y enardecida, arremetió contra la sede del gobierno virreinal y sus representantes. El virrey esperaba probablemente que milicias y guarniciones acudieran en su ayuda pero no sucedió así. La Audiencia, considerando depuesto a Gelves, nombró capitán general y comandante de la milicia a Pedro Vergara Gabiria, quien puso bajo su mando cuatro mil hombres. 14 Esta fuerza militar no defendió el palacio sino que trató de impedir la entrada de mayor numero de "tumultuarios" en la plaza mayor. Como último recurso, Gelves ordenó a su guardia personal que disparara desde la azotea, lo cual, en vez de frenar a la turba, la enardeció más. La estrategia seguida por Gelves para salvar su vida es bastante peculiar. Se sabe que en ocasiones recurría al uso de disfraces para salir a la calle a espiar a los oficiales reales y "descubrir los vicios de la república". 15 Con esa experiencia en mente y cuando vio que el asedio al palacio podía terminar mal para su persona, se quitó las gafas, descosió las insignias de su capa, se puso en el sombrero un trapo blanco que era común entre sus perseguidores, se confundió con el gentío y se unió a las voces en su contra: "Viva la fe y muera el mal gobierno de este luterano". 16 De este modo consiguió llegar al convento de San Francisco, donde se refugió. Algo que es digno de consideración es el significado del ataque al palacio, ya que no sólo lleva implícito la apropiación de la sede del poder. En una sociedad tan afecta a los rituales simbólicos, cabe considerar qué tan conscientes de sus acciones estaban los amotinados descargando su furia contra los símbolos del gobierno de Gelves, sus muebles, sus papeles, etcétera. Y más que eso, cabría preguntarse si en caso de haber encontrado al virrey, habrían tenido la osadía de arremeter contra su real persona. Gelves había querido hacer uso de los símbolos del poder real mandando que ondeara desde un balcón de palacio el estandarte del rey. Pero cual no sería su sorpresa al enterarse que alguien lo había desprendido para izarlo luego en la parte más alta de la catedral. 17 Esto puede interpretarse en el sentido de que la turba ya no obedecía al virrey que representaba a la máxima autoridad y buscaba otro tipo de legalidad. El arzobispo había tenido mayor éxito escudándose en los símbolos de ese poder divino. Durante su camino al exilio y ante la presencia de los oficiales que pretendían obligarle a apresurar su marcha, entró en un templo, se impuso el traje pontifical y, sosteniendo la custodia en una mano y Anuario de Estudios Americanos el báculo arzobispal en la otra, desafió a los ministros del virrey a atropellar su persona. 18 La Corona también recurriría al simbolismo cuando, meses más tarde, reinstaló a Gelves en la silla virreinal para que hiciera la entrega formal del poder a su sucesor, el marqués de Cerralvo. En 1624, según se desprende de algunas de las relaciones citadas por Mora, se efectuó una conspiración en casa del presbítero Salazar pero "nadie habló de substraerse de la dominación española ni de la obediencia al monarca; las ideas de independencia no estaban a la altura de los conocimientos del clero, pero se querían cosas peores para el gobierno, pues se pretendía precisarlo a establecer en México una administración teocrática". 19 Los sucesos de 1808 revelan otro tipo de tácticas empleadas por los distintos actores. Después de la inicial confusión creada por la llegada de noticias tan insólitas de España, el virrey tuvo que cumplir con las formalidades de hacer las demostraciones públicas conducentes. Poco a poco, fue llevando a cabo ciertas acciones de gobierno, vistas por sus opositores como una usurpación del poder real: publicó un indulto a nombre del rey, creo el cuerpo de Voluntarios de Fernando VII, intensificó la colecta de donativos para sostener la lucha contra los franceses, dictó instrucciones específicas para la defensa del reino, nombró mariscales de campo e incluso se rumoreó que preparaba su coronación. Ante lo crítico de la situación, el Ayuntamiento determinó presentarse ante el virrey "bajo de mazas, con uniforme de gala" y rodeado del pueblo al que habían arrojado monedas, para leer una representación formada por el regidor Juan Francisco Azcárate. En ella se consideran insubsistentes las abdicaciones y se manifiesta que "por ausencia o impedimento de los legítimos herederos, reside la soberanía representada en todo el reino y las clases que lo forman". 20 La llamativa ceremonia y esta explosiva declaración fueron los primeros elementos de presión que utilizó el Cabildo. La Audiencia se escandalizó ante esa idea pero de inmediato se hizo evidente que existía una división interna, ya que uno de sus miembros, el alcalde de corte Jacobo de Villaurrutia, propuso como único medio de evitar los desastres que amenazaban, "reunir una junta representativa del reino, declarando al virrey la autoridad suprema en lo necesario". 21 Ayuntamiento insistiría en esta idea y finalmente el virrey convocó una primera junta para el 9 de agosto de 1808, aún en contra de las protestas de la Audiencia. Ésta debió cambiar su estrategia para no perder su preeminencia en los asuntos novohispanos. En esta primera junta de fuerzas se llegaría, aunque no muy fácilmente, a ciertos acuerdos generales: manifestar la fidelidad de Nueva España a los Borbones y el rechazo a Francia, velar por la seguridad de la patria y ratificar la legitimidad de las autoridades constituidas. 22 La discusión continuaría encaminada a la convocatoria de un Congreso General del Reino y al reconocimiento de las Juntas de Gobierno establecidas en España, aumentando la duda sobre dónde residía la legitimidad. Ante las medidas del virrey, o tal vez ante su vacilación, se fue organizando la resistencia en su contra. Los miembros de la Audiencia y los principales comerciantes escogieron como líder del movimiento y ejecutor de los acuerdos de la conspiración a Gabriel de Yermo, enemigo personal del virrey y muy respetado por el grupo español. Éste preparó un plan, que consistía en convencer o sobornar a la guardia de palacio, contar con la complicidad del Regimiento Urbano de Comercio encargado de la guarnición de la ciudad a fin de que no interviniera, y hacer que un grupo de trescientos comerciantes menores cumpliera las comisiones de entrar al palacio, tomar prisionero al virrey, la virreina, sus hijos y colaboradores y, en caso de éxito, dar aviso a los miembros de la Audiencia, arzobispo y notables. El virrey, efectivamente, fue arrestado en sus habitaciones prácticamente sin "ejecución de violencia". En 1808 la Audiencia no estaba facultada para asumir funciones ejecutivas pero sí se abrogó la de nombrar como sucesor del virrey a Pedro Garibay. Con esta acción, se habían violado las leyes de la materia que obligaban a la apertura de los llamados Pliegos de Providencia, donde se expresaba el nombre del sucesor. 23 Una vez más se hace evidente que se actúa no por obedecer una ley sino por cumplir con algunos intereses. El golpe de 1808 no tuvo como fin el derrocar al gobierno español en su conjunto ni una idea separatista. Por el contrario, se trataba de evitar que VERÓNICA ZÁRATE TOSCANO 12 22 Estos puntos se dieron a conocer en una proclama publicada en la Gazeta extraordinaria del viernes 12 de agosto de 1808, t. 23 Seguramente se temió que el sucesor fuera otro favorito de Godoy. Aparentemente los escogidos eran Roque Abarca y el marqués de Someruelos. Lafuente Ferrari, E.: El virrey Iturrigaray..., pág. 261. Se tiene conocimiento de que la Junta Suprema de España, establecida en Sevilla, había nombrado como sucesor de Iturrigaray a Gregorio de la Cuesta. Anuario de Estudios Americanos el virrey pudiera, apoyado por el Cabildo y el ejército, declarar la independencia respecto a España y establecer un gobierno autónomo. Aceptando la definición de Carl Friedrich de que la autoridad no es el poder sino más bien el fundamento del poder, 24 e incluso entendiéndola como sinónimo de legitimidad, resulta interesante analizar si los conflictos fueron ataques directos al poder o a la legitimidad. En 1808 el argumento que utilizó el Ayuntamiento fue que, para darle legitimidad al poder, era necesario que la soberanía emanara del pueblo, entendido como las autoridades constituidas, y se depositara en su gobernante, llenando así el vacío entre el virrey y el monarca. En 1624 fue el propio Gelves quien mostró la mayor preocupación por el estado de la legitimidad y, al mismo tiempo que lamentaba el golpe a la real autoridad, se percató de lo difícil que sería restaurar el respeto perdido a la institución virreinal. En ambos casos el afectado ha sido, pues, el fundamento del poder real. Las consecuencias del derrocamiento de los virreyes fueron diversas. Hay que resaltar entre ellas las que sufrieron los autores del cambio. Florescano, al referirse al golpe de 1624, afirma que "la exacta medida de la debilidad de la corona y de la enorme fuerza que habían adquirido los intereses locales en la Nueva España la expresa el hecho de que [...], en lugar de proceder a los ejemplares castigos esperados, tuvo que disimular [enviando un Comisionado del Consejo de Indias] para anunciar un perdón general, que fue recibido con júbilo por los criollos de la ciudad de México". 25 Aparentemente ese enviado sería el arzobispo Manso y Zúñiga, que emitió un indulto general el 20 de enero de 1628. 26 Sin embargo con anterioridad el marqués de Cerralvo, por orden del rey, declaraba: "que además de que el alboroto fue causado por la plebe y de ella la gente más menuda y de menos capacidad y aun de estos la inquietud no se dirigió contra la corona sino contra el virrey; en consecuencia, para que en el dicho caso los que en él se halla- A pesar de dicho indulto, se han localizado diversos testimonios que indican la ejecución de una "cacería de brujas". El detonador del conflicto, Varaez, por lo que se ha podido averiguar, no recibió un castigo muy severo. Durante el motín, una parte de la turba fue a sacarlo del templo de Santo Domingo donde estaba preso, y lo llevó "en triunfo a la catedral". 28 Bancroft, basándose en una relación del suceso, afirma que apareció por las calles con gran ostentación y procedió a someterse al juicio de residencia de su alcaldía mayor, acompañado de 50 hombres a caballo que sin duda intentaban intimidar a los testigos honestos que pudieran atreverse a declarar en su contra. 29 Se ha dicho que junto con otras personas, llevó a cabo ciertas maniobras de agitación contra Martín Carrillo. Este enviado de la Corona realizó una minuciosa investigación y llegó a juntar una lista de varios centenares de sospechosos contra los que se procedió jurídicamente, a pesar de la reticencia del virrey Cerralvo. En 1626 "causó sensación en todo México la noticia de que el propio Vergara Gabiria estaba detenido". 30 Poco después, iría a España en el mismo barco que Carrillo y que Gelves. Por su parte, De la Serna hubo de mantenerse un tiempo en suspenso hasta recibir la silla, de menor graduación, de obispo de Zamora. Finalmente a Gelves se le sometió al juicio de residencia, del que salió con honor, y cuando regresó a España, había pasado suficiente tiempo para reducir el impacto de los sucesos en que había estado involucrado. 31 Las reacciones ante el hecho consumado fueron tan diversas como se puede imaginar. En 1624, una vez conocida la proclama expedida por la Audiencia, se hizo sentir un beneplácito en prácticamente todos los sectores; incluso se popularizó el verso "Ahora vivamos en nuestra ley que ya no hay virrey". En cuanto a reacciones fuera de la ciudad de México, se tiene evidencia de alguna oposición por parte del gobernador del Puerto de Acapulco, con el apoyo de Tixtla e Iguala, pero que no llegó a nada, y de las críticas de un grupo de vascos en Puebla que no vieron con buenos ojos la deposición, sin haberse encontrado otros testimonios sobre más reacciones. Con el paso del tiempo y ante la política seguida por el gobierno interino de la Audiencia, el populacho, que unos meses antes había gritado "mueras" al virrey, comprendió que su gobierno no había sido tan malo y al momento en que Gelves fue reinstalado en la silla virreinal y aún cuando salió hacia España, lo aclamó vivamente, evidenciando que lo había "perdonado".La reacción más importante fue la de la corte española, que quedó atónita. En un primer momento no supo a quién culpar por el desafío a su autoridad y luego empezó a demostrar una gran desconfianza hacia la Audiencia, a la que le quitó la facultad de asumir el poder ejecutivo nombrando sustitutos o prelados provisionales en caso de faltar el virrey. Los actores del conflicto de 1808 tuvieron distintos destinos. Aquellos considerados independentistas o cómplices de Iturrigaray fueron hechos prisioneros junto con él: su secretario de cartas Rafael Ortega, los licenciados Francisco Primo de Verdad y Ramos, Juan Francisco Azcárate y José Antonio del Cristo, el fraile mercedario Melchor de Talamantes, el canónigo José Mariano Beristáin y el abad de Guadalupe Francisco Beye Cisneros. 32 Algunos de los golpistas pidieron una recompensa para Yermo y, aunque en principio no lo rechazó, el virrey Venegas traía para él un título nobiliario que tampoco aceptó. Los comerciantes consiguieron controlar durante algún tiempo a los virreyes sucesores de Iturrigaray pero mantuvieron el resentimiento de no haber sido reconocidos plenamente como los conservadores de la paz y la unión a España. El arzobispo Lizana y Beaumont llegaría a ocupar la silla virreinal pero siempre temeroso de ser el siguiente gobernante depuesto. Las reacciones en 1808 también son interesantes. Una vez conocida la proclama de destitución de Iturrigaray, circuló un pasquín que decía: "Si el pueblo fue quien lo hizo obrando de mala ley pregunta el señor virrey a quién se le da aviso". LOS CONFLICTOS DE 1624 Y 1808 EN LA NUEVA ESPAÑA 15 En este caso sí se tienen testimonios de diversas reacciones, todas favorables al golpe, por parte de la Diputación Minera de Guanajuato, el Cabildo Eclesiástico de Valladolid de Michoacán y los Ayuntamientos de Veracruz, Guadalajara y Zacatecas. La actitud de las autoridades españolas fue diversa, dependiendo de quién se encontrara asumiendo la soberanía. El conflicto de 1624, que terminó con un aparente triunfo del arzobispo, fue como dice Israel, "una revolución porque por primera vez en la historia de las Indias un virrey había sido derrocado y mediante su caída se suspendió y destruyó todo un programa reformista que originalmente había sido iniciado en Madrid". 33 En 1808 se instaló un gobierno ilegítimo que envió prisionero a España al representante del rey. En ese año, los criollos perdieron la batalla pero no la guerra.
Mortífera enfermedad denominada con el nombre de "matlazahuatl", que atacaba sin distinción de edad, sexo, grupo étnico o económico, ocasionando estragos difíciles de olvidar y consecuencias económicas, demográficas y sociales que perduraban durante largo tiempo. En Puebla, como en todo centro urbano colonial, sus habitantes estaban acostumbrados a convivir diariamente con la muerte, y desde la fundación de la ciudad diversas pandemias y epidemias habían afectado a su población. A pesar de ello, los poblanos no recordaban una enfermedad tan letal como el matlazahuatl, que ocasionara un número tan elevado de víctimas, ya que en sólo ocho meses se registró el entierro de 7.167 personas adultas (15% de su población). A diferencia de la viruela, el sarampión y otras enfermedades, la peste superó barreras étnicas y socioeconómicas: indígenas y castas fueron los grupos que sintieron con mayor intensidad los efectos de la terrible enfermedad y el golpe fue tan severo que las consecuencias se sintieron durante muchos años, mientras que mestizos y españoles se recuperaron rápidamente. Sobre las crisis de mortalidad que afectaron a las sociedades del pasado, y que contamos con el mayor número de descripciones, fueron aquellas que causaron verdaderas catástrofes demográficas, como la peste europea de los siglos XIV-XV y el colapso de la población indígena americana en el siglo XVI. Estas afectaron profundamente la estructura demográfica, así como la actividad económica, social y cultural de pueblos, ciudades, regiones y reinos, estableciendo verdaderos cortes en la historia de esas sociedades. Desde el siglo XVI tres tipos de patologías coexistieron simultáneamente en territorio mesoamericano generando, a partir de ese momento, mortíferas pandemias, epidemias y endemias a lo largo de todo el período colonial y gran parte del siglo XIX. En primer lugar encontramos la llamada patología biológica, de la que forman parte la viruela, el sarampión, paperas, tosferina y varicela, enfermedades que para reproducirse requerían del contagio directo de hombre a hombre. Paralelamente, otro tipo de patología, la social, iba creando condiciones propicias para el desarrollo de los agentes patógenos; hambre, guerra, alcoholismo, desgano vital, desnutrición, tifo, tifoidea, fiebre amarilla y disentería, se fueron generando al interior de los pueblos indígenas. Finalmente, encontramos que conjuntamente a las patologías biológica y social, surgió desde el siglo XVI la patología biosocial, caracterizada fundamentalmente por la peste, conocida también como matlazahuatl o cocoliztle; enfermedad que sin importar el carácter de las poblaciones, atacaba sin distinción de edad, sexo o nivel socio-económico. Sólo se necesitaban ciertas condiciones sociales -hacinamiento, promiscuidad y falta de higiene-para que se facilitara el contagio. 1 En todos los casos, el indígena fue proporcionalmente el grupo más afectado. Sus condiciones de vida, actividad laboral, alimentación, hacinamiento y salubridad hicieron de este sector el de mayores posibilidades de contagio, mientras que los españoles mostraban el lado opuesto: buena alimentación, vivienda, disponibilidad de agua dulce e ingresos económicos más elevados, permitiéndoles sortear con mayores probabilidades de éxito los períodos de sobremortalidad. La mayoría de las crónicas relatan y describen los efectos de terribles cocoliztlis -cuyo significado era enfermedad o pestilencia-que cegaron la vida de millones de indígenas. Uno de los más mortíferos entre las patologías coloniales, fue el matlazahuatl. El término matlazahuatl, vocablo nahuatl, expresaba los signos externos más visibles de la enfermedad. Nicolás León señala que significa "matlatl, red; zahuatl, sarna, erupción, granos, etc. Erupción como red o en forma de red (matla-zahuatl)". 2 MIGUEL ÁNGEL CUENYA 2 1 Malvido, Elsa: "Las epidemias: una nueva patología", en Moreno de los Arcos, Roberto y Aguirre Beltrán, Gonzalo (Coord.): Historia general de la medicina en México, México, 1991. 2 León, Nicolás: "¿Qué era el matlazahuatl y qué el cocoliztli en los tiempos precolombinos y en la época hispana?", en: Florescano, Enrique y Malvido, Elsa (Coord.): Ensayos sobre historia de las epidemias en México, México, 1982, Tomo I, págs. 383-384. Por su parte, el presbítero Cayetano Cabrera Quintero, quien realizó un pormenorizado estudio de la pandemia de matlazahuatl de 1736-1738, nos comenta que el pueblo la llamó "en el idioma del país: matlazahuatl, voz compuesta de matlatl, la red, y por lo parecido, el redaño, y de zahuatl, la pústula o granos, con que sin ver lo que decían la venían a llamar granos en el redaño, o red de granos". Cabrera y Quintero, Cayetano: Escudo de Armas de México. Alrededor del carácter de esta enfermedad se generó una larga discusión académica que perdura hasta nuestros días. El origen de la polémica parte de la confusión existente sobre los términos peste y cocoliztli que son generales a enfermedad. La enfermedad, que en el siglo XVI fue conocida genéricamente como cocoliztli, tuvo tantos nombres como síntomas externos presentó; se denominó también matlazahuatl, vocablo que terminó por designar el mal durante los siglos XVII y XVIII. La gravedad de la dolencia y los estragos que ocasionó a la población novohispana, llevó a diversos médicos a estudiarla con la finalidad de establecer la terapéutica que consideraban indispensable para salvar de una muerte segura al enfermo. 4 Todos los autores remarcan las características más sobresalientes: fiebre muy elevada, flujo de sangre por nariz, boca y oídos, intenso dolor de estómago y disentería. No nos cabe la menor duda de "que se trató de una enfermedad grave, con sintomatología bastante precisa y que afectaba a EL MATLAZAHUALT DE 1737 EN LA PUEBLA DE LOS ÁNGELES 3 3 Con el término genérico de cocoliztli se hacía referencia a diversas enfermedades o pestilencias. Estas fueron "observadas, estudiadas y clasificadas por los médicos indígenas, quienes captaron y destacaron las peculiaridades de cada una de ellas, empleando la estructura polisintética de la lengua nahuatl, para expresarlas. Llamaron hueyzahuatl a la viruela, tepitonzahuatl al sarampión, quechopotzahualiztli a las paperas, tlatlaciztli o tos chichimeca a la tos ferina", etc., Malvido, Elsa y Viesca, Carlos: "La epidemia de cocoliztli de 1576", en Historias, México, año I, n.o 11, pág. 27. 4 Durante la gran pandemia de 1576, el médico español Francisco Hernández, protomédico de las Indias, publicó un tratado titulado "De la enfermedad de la Nueva España en el año de 1576, llamada por los indios cocoliztli", en donde realiza una interesante e ilustrativa descripción de la misma: "...las fiebres eran contagiosas, abrasadoras y contínuas, más todas pestilentes y, en gran parte letales. La lengua seca y negra. Sed intensa, orinas de color verde marino, verde (vegetal) y negro, más de cuando en cuando pasando de la coloración verdosa a la pálida. Pulsos frecuentes y rapidos, más pequeños y débiles; de vez en cuando hasta nulos. Los ojos y todo el cuerpo amarillos. Seguía delirio y convulsión, postemas detrás de una o ambas orejas, y tumor duro y doloroso, dolor de corazón, pecho y vientre, temblor y gran angustia y disenterías; la sangre que salía al cortar una vena, era de color verde o muy pálido, seca y sin ninguna serocidad. Algunas gangrenas y escéfalos invadían los labios, las partes pudendas y otras regiones del cuerpo con miembros putrefactos, y les manaba sangre de los oídos; a muchos en verdad fluíales la sangre de la nariz, de los que recaían casi ninguno se salvaba. Con el flujo de la sangre de la nariz muchos se salvaban, los demás perecían. Los atacados de disentería en su mayor parte ordinariamente se salvaban, ni los abscesos detrás de la oreja eran mortales, si en modo alguno retrocediesen, sino que espontáneamente maduraban, o daba la salida con los cauterios por lo agujeros, aun en los abscesos inmaduros fluyere la parte líquida de la sangre, o se eliminara el pus, tras de lo cual quedaría también eliminada la causa de la enfermedad". Citado por Somolinos D'Ardois, Germán: "La epidemia de cocoliztli de 1545 señalada en un códice", en: Florescano, Enrique y Malvido, Elsa (Coord.): Ensayos sobre historia de las epidemias..., Tomo I, págs. 374-375. Tomo LIII, 2, 1996 todo el organismo, la cual presentaba a veces formas abortivas caracterizadas por localizarse principalmente en forma de bubones retroarticulares e inguinales". 5 Ahora bien, ¿de qué enfermedad se trataba?. Esta ha sido la gran dificultad a la que se han enfrentado historiadores y médicos al tratar de identificar y precisar la dolencia partiendo de las descripciones existentes del cuadro clínico, con las variantes que presentó a lo largo de casi cuatro siglos. El problema central radica en que muchas afecciones son difíciles de identificar en la medida que éstas deben ubicarse en un contexto histórico-biológico en permanente cambio a través del tiempo. La peste -como otros padecimientos-puede presentar variaciones debido a la mutación del propio agente, y a la capacidad evolutiva del complejo patógeno en que se inscribe. Debemos tener presente también, que la Pasteurella Pestis podía presentarse en diversas formas (bubónica, septicémica o hemorrágica) y, que la población aborigen americana -sin ningún tipo de defensa inmunológica ante un bacilo totalmente desconocido-podría haber reaccionado de manera atípica. En este sentido, consideramos que los médicos españoles del siglo XVI, que conocían perfectamente a la peste y sus diferentes manifestaciones, si bien se encontraron con una manifestación diferente a la europea, no necesitaron realizar una referencia explícita sobre su identidad, de ahí que utilizaran de manera indistinta los términos españoles "peste" y "pestilencia", o los indígenas cocoliztli y matlazahuatl. El presbítero Cayetano Cabrera y Quintero, que escribe a finales de la década de 1730, no realiza en ningún momento diferenciación alguna, es más, establece una correlación entre las pandemias de peste que asolaron el mundo antiguo y el cocoliztli o matlazahuatl de 1576 y 1737. 6 A lo largo de toda la obra, emplea como sinónimos las palabras peste, pestilencia, cocoliztli y matla-zahuatl, otorgándole -por lo tanto-al vocablo matlazahuatl la acepción europea de peste que se tenía en la época. 7 En este sentido, los distintos nombres dados a la enfermedad desde el siglo XVI al XVIII, podrían hacer referencia a las distintas manifestaciones de la misma o, también, a la sintomatología predominante. La difusión del matlazahuatl: la pandemia en la Nueva España La enfermedad -de acuerdo a lo señalado por diversos autores-8 comenzó a manifestarse a finales del mes de agosto de 1736 en el pueblo de Tacuba, distante apenas una legua de la capital virreinal. Los primeros síntomas se observaron entre los sirvientes de un obraje lanero, 9 quienes comenzaron a ser atacados por una fiebre extraña y mortal. Inmediatamente se responsabilizó al consumo -por parte de los operarios del taller-"de un barril de aguardiente contrahecho". 10 La Iglesia -por su parte-asoció los inusuales acontecimientos del año 1736 (temblores de tierra, lluvias copiosas y eclipses de sol) y la extraña enfermedad a un castigo celestial. 11 EL MATLAZAHUALT DE 1737 EN LA PUEBLA DE LOS ÁNGELES 5 Frente a estas opiniones, azorados y desorientados, los médicos recordaron, tal como lo prescribía Hipócrates, las seis causas que habrían provocado la enfermedad: el aire, la comida y la bebida, el movimiento y la quietud, lo que se expulsa o se detiene, el sueño y el desvelo, y las pasiones del ánimo. 12 Mientras los doctos galenos de la ciudad de México discurrían sobre su carácter, el matlazahuatl comenzó a expandirse hacia los pueblos cercanos. La rapidez del contagio fue tal que -anota el presbítero Cayetano Cabrera Quintero-la atención espiritual a los moribundos se convirtió en una pesada tarea, debido a que "aun los enfermos se llegaron a ver tan confundidos, que al ministrarles la última, y que allí era la primera medicina del Santo Óleo, se equivocaban pies ya ungidos, con los que aun no estaban oleados; porque abrigada toda una familia bajo una manta que avía servido al padre de capa, parecía un solo enfermo con cien pies". 13 Con la intención de remarcar la gravedad de la situación, el cronista nos comenta que familias enteras sucumbieron; los sacerdotes encontraron muchas veces un espectáculo macabro: "Caía muerto el marido, moribunda sobre él su consorte y ambos cadáveres eran el lecho en que yacían enfermos los hijos. Muchos halló la lástima asidos a los pechos de su difunta madre, chupando veneno en vez de leche". 14 Cuando en octubre de 1736 llegó el matlazahuatl a la ciudad de México, el contagio se aceleró y todo el centro urbano se encontró envuelto bajo "un manto de muerte". El grupo más afectado fue el indígena y muchos barrios de la perdieron gran parte de sus habitantes. Desde Tacuba la peste se expandió con rapidez asombrosa por todo el valle de México. 15 El avance de la terrible enfermedad siguió -fiel a la tradición-los caminos reales. Así, en enero de 1737 Atizapán, San Pedro Calimaya, Metepec, Tlayacapa y el valle de Toluca se encontraban bajo sus efectos. 16 Zacatelco, Tlaxcala, Tepeaca, Tepejí y la ciudad de Puebla en el oriente, luchaban denodadamente contra el "ángel de la muerte". La Puebla de los Ángeles desde sus mismos orígenes (1531) adquirió gran importancia económica, cultural y religiosa, llegando rápidamente a convertirse en la segunda ciudad del virreinato. El nuevo centro urbano fue producto de un experimento social que le otorgó un rasgo peculiar, único en la Nueva España: villa de españoles no encomenderos, 18 proyectada desde su misma fundación como ciudad, intentando nuclear en su seno a todos aquellos españoles pobres que quisieran trabajar la tierra tal como lo hacían en España. Durante los siglos XVI y XVII, Puebla de los Ángeles fue una ciudad privilegiada en el contexto novohispano por su situación geográfica, por la existencia de abundante mano de obra indígena disponible, por el desarrollo de una industria importante, por su pujante actividad mercantil que hizo de ella el gran centro distribuidor de la colonia, y por haber mantenido el control sobre el principal valle cerealero del altiplano central (Atlixco). 19 Esta situación la convirtió en un núcleo urbano ideal para el asentamiento de órdenes religiosas y la construcción de templos, que la erigieron como el más importante centro religioso de la Nueva España, así como también, en un notable espacio cultural. 20 Empero, al comenzar el siglo XVIII había dejado de ser el vigoroso polo económico, cultural y religioso alrededor del cual se había organizado un amplio territorio. La región había entrado en un marasmo económico que ocasionó su estancamiento y Puebla resintió este retraso. La decadencia urbana fue notoria: el comercio cerealero encontró competencia en la producción del Bajío y de otras áreas, que le hicieron perder mercados; la poderosa industria harinera, que empleaba a un importante número de trabajadores, entró en crisis; la competencia desplazó también al jabón, las ceras y el vidrio; el comercio con el Perú afectó al sector textil (obrajes) y la administración de los azogues se trasladó a la capital virreinal. Puebla dejó de ser un importante foco redistribuidor de mercancías europeas al perder en 1722 el control de los productos que llegaban en las flotas. Casi todos los sectores de la economía poblana se vieron afectados y el empobrecimiento de la ciudad fue una realidad palpable. Las condiciones de vida se deterioraron, afectando especialmente a los sectores populares. Así también, es de destacar que la salubridad urbana era deplorable; los hábitos de higiene personal, el aseo de las viviendas, el hacinamiento, la contaminación del agua y alimentos, la existencia de desechos orgánicos en descomposición en la vía pública, la proliferación de muladares, la convivencia con animales de todo tipo (canes, felinos, ratas, puercos, equinos, vacunos, caprinos y sus parásitos), la defecación al aire libre, el tratamiento de diversas actividades artesanales y la existencia de cementerios mal ventilados en el interior de las Iglesias, crearon condiciones favorables para la difusión del bacilo. El matlazahuatl en Puebla Comenzó el año 1737 con la preocupación de la mortífera enfermedad que afectaba al valle de México. En ocasiones anteriores, las "pestilencias" habían golpeado con dureza a Puebla y, para completar el panorama, 1736 había sido un año malo; la sequía ocasionó problemas en el abastecimiento de granos y generó malestar y hambre al elevarse hacia finales del mismo los precios del maíz. De ahí que existiera inquietud, MIGUEL ÁNGEL CUENYA 8 20 La ciudad de Puebla se convirtió en un centro religioso de primer nivel en la Nueva España, gracias a su ubicación privilegiada, en la ruta del puerto de Veracruz a la capital y, por ser el único centro urbano erigido para el establecimiento de población española. especialmente en los barrios indígenas, no obstante nada podían hacer, todo dependía de la resistencia biológica de la población y de las medidas que adoptaran las autoridades municipales, pero el Ayuntamiento poblano no determinó ninguna providencia especial destinada a resguardar el centro urbano de la peste que se extendía por todo el territorio novohispano. Tal vez, al igual que en Valladolid (actual Morelia), los regidores consideraron que se trataba solamente de una enfermedad de indios, por lo que no le concedieron demasiada importancia. 21 Además, la ciudad no atravesaba por sus mejores momentos. Los problemas que normalmente debía solucionar el Cabildo se habían agudizado desde años anteriores debido a la crítica situación financiera de la corporación. Puebla tenía serios problemas de abastecimiento de agua; canales, acueductos y fuentes necesitaban de una fuerte inversión de capital -alrededor de $ 4.000-según expresaba Joseph de Medina, maestro mayor del arte de arquitectura, 22 por lo que la distribución del vital líquido dependía fundamentalmente de la pericia del cañero. La permanente y crónica mala situación financiera de la institución había llevado desde comienzos de 1736 a limitar al máximo los gastos, de tal manera que el obrero mayor no podía "gastar mas cantidad que la de sinquenta pesos" en qualquier obra pública. 23 El matlazahuatl no se hizo esperar; desde comienzos de febrero la población indígena asentada en los barrios del nor-poniente comenzó a verse afectada. La peste arribó a Puebla de los Ángeles por el camino de México y siguió la huella de la rata y de los hombres. En una paca de lana ingresó al centro urbano la rata enferma y se estableció una estrecha relación entre lana-rata-pulga-hombre-piojo. Los barrios indígenas de San Antonio, Santa Ana y San Pablo de los Naturales, en donde se concentraban y vivían en deplorables condiciones un gran número de hilanderos, se convirtieron en el foco originario desde donde se difundió a todo el centro urbano. Desde esos momentos la ciudad se vio inmersa en un clima de terror, pues nadie se MIGUEL ÁNGEL CUENYA 10 21 Claude Morin comenta sobre el caso de la ciudad de Valladolid (hoy Morelia): "los regidores no discutían el asunto en sus reuniones periódicas, pues los notables no se preocupaban de la epidemia porque se consideraba un mal de los indios". Morin, Claude: Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII. Crecimiento y desigualdad de una economía colonial, México, 1979, pág. 54. 22 Archivo Ayuntamiento de Puebla, Libro de Cabildos (en adelante, AAP, LC), n.o 43, fol. 380 vto. El 2 de enero de 1736 el Cabildo designó como obrero mayor al regidor don Juan Joseph de Gainza, al que señaló que debido a "los ahogos financieros" de la corporación municipal, "no ha de poder gastar mas cantidad que la de sinquenta pesos en qualquier obra que se ofresiere, porque pasando de ellos ha de dar quenta a esta Novillísima ciudad para que probea del remedio combeniente..." encontró a salvo. El matlazahuatl se ensañó especialmente con los pobres y desamparados indígenas, aunque cubrió también su cuota de españoles. 24 La terrible enfermedad ganó fuerza en el mes de marzo hasta alcanzar su punto más álgido en junio y julio. Durante nueve meses los barrios de la ciudad vivieron bajo una zozobra permanente. En Analco, la Luz y los Remedios, al oriente de la traza española, así como también en San Sebastián, Santiago y San Miguel, barrios ubicados al poniente, amanecían cadáveres tirados en las calles o en los atrios de las iglesias, muchos de los cuales -según señala el párroco de Analco don Miguel Ortiz-eran "de los que tiraban de otra feligresía" o, de otras "jurisdicciones por no aber sido conosidos de los vecinos de dicho nuestro Curato". 25 Mientras en la parroquia de San Sebastián fueron enterrados 234 desconocidos, en Analco la cantidad se elevó a 1,776, el 53.33% de los entierros de la parroquia correspondientes a ese año. Por su parte, el centro de la ciudad, el área más populosa, que concentraba las principales actividades económicas, políticas, culturales y religiosas, no salió indemne. Si bien el impacto proporcionalmente fue menor que en los barrios, sufrieron por igual ricos y pobres, españoles y mestizos, indios y castas. Frente a la crisis, el Cabildo se encontró desorientado al no haber elaborado una política preventiva o un plan de emergencia. En la medida de sus escasas posibilidades otorgó algunos subsidios destinados a sufragar gastos de medicinas, alimentos y ropa para los pobres enfermos de la cárcel pública y de los hospitales, pero el inexorable avance de la peste superó con rapidez asombrosa la disponibilidad del dinero existente en las arcas de la ciudad. Las súplicas y peticiones de auxilio sonaban diariamente en el edificio municipal. Fray Bernardino Monsón, prior del hospital de San Juan de Dios, solicitó ayuda financiera para sufragar los elevados gastos que implicaba tener que curar y alimentar a más de doscientos enfermos que albergaban en el nosocomio, fundamentándose en lo exiguo de sus ingresos que provenían -en tiempos normales-de las limosnas, pero ante la apremiante situación ocasionada por la epidemia no alcanzaban, "aun los que han franqueado la caridad ardientísima de nuestro Ilustrisimo Prelado y de otras personas particulares". 26 En el mismo tenor llegaron al Ayuntamiento solicitudes de auxilio del convento-hospital de convalecientes de Nuestra Señora de Bethlem 27 y del hospital del Señor San Roque. Este último, aunque pequeño y con capacidad para 50 enfermos, habilitó otra sala que llenó rápidamente. 28 Situación similar acontecía en el Real Hospital de San Pedro y en diversas enfermerías "que ha[bía] erigido la caridad pública para curación de los pobres enfermos". 29 Ante la gravedad de la situación el Cabildo acudió el 9 de mayo ante el virrey-arzobispo don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, para solicitarle ante "lo extenuado en que se encontraban sus propios", 30 se le autorizara tomar del ramo de tres cuartillas la cantidad de 6.000 pesos. La respuesta del virrey-arzobispo fue rápida y positiva: mandó "se entreguen por aora de los efectos de tres quartillas de la ciudad de la Puebla, los seis mill pesos que pide el cavildo y aiuntamiento de ella, para que de las providencias a hospitales, medicinas y alimentos conducentes al alivio de los pobres enfermos de dicha ciudad..." 31 MIGUEL ÁNGEL CUENYA Inmediatamente, la corporación municipal designó a "los capitanes y rexidores don Joseph de Mendoza y Escalante, theniente de alguacil maior y don Juan Joseph de Gaenza, alcalde ordinario" 32 como comisarios responsables del otorgamiento y distribución de los fondos autorizados por el virrey. Estos funcionarios, después de realizar un análisis detenido de la situación existente en los distintos nosocomios, reconociendo que el obispo de Puebla contribuía semanalmente para su sostenimiento, y además que tenían "entendido, que el cristianísimo celo de dicho Ilustrisimo Señor casso que faltase alguna cosa para este intento, estenderá la limosna de forma que no se heche de menos qualquiera contribución de esta novilisima ciudad", 33 consideraron conveniente canalizar el grueso de los fondos en "socorrer o fomentar el hospital de Señor San Roque, para que reciviendose alli todos los enfermos que pudieren comodamente estar, se hagan por esta novilisima ciudad las contribuciones semanarias, fuera de lo que otras limosnas han estado hasta la presente ocasion manteniendo el dicho hospital". 34 No obstante las consideraciones expuestas por los capitulares Mendoza y Escalante y Gaenza, se hizo extensiva la contribución a los nosocomios de San Juan de Dios y de Bethlem, aunque hacia el de San Roque se canalizaron los mayores esfuerzos. El mayor hospital de Puebla, el Real de San Pedro, dependió exclusivamente de las contribuciones realizadas por el Cabildo eclesiástico, 35 aunque en esos momentos se encontraba bajo la administración de los Juaninos. Frente al "contagio y peste con que Dios Nuestro Señor a sido servido castigarnos", 36 el fervor popular llenó iglesias, templos y capillas de la ciudad, especialmente en las que se encontraban milagrosas imágenes. Así, San Roque y San Sebastián, protectores contra la peste, se convirtieron en el centro de atención de un pueblo indefenso ante la mortal enfermedad. Novenarios, procesiones y rogativas fueron permanentes con la intención de "pacificar la justicia divina". 37 Jesús Nazareno, cuya imagen se veneraba en la Iglesia parroquial de San José, fue objeto, por parte de pobres y ricos, de plegarias multitudinarias al ser trasladado solemnemente en pro- cesión a la Iglesia Catedral, en donde se le instaló en un altar especial. El Ayuntamiento participó activamente en la organización de estos eventos, erogando en el novenario realizado al "glorioso Sr. San Sebastián para que aplacara la peste", 89 ps., 7 rs. en ceras y 82 ps., 1 r. en chocolate y vino "que se dió a las sagradas religiones que asistieron los nuebe días". 38 A pesar de las fervientes y devotas súplicas, el matlazahuatl reinó allí a lo largo del año. A finales de junio, cuando la mortandad causaba estragos, llegaron a Puebla los regidores de la ciudad de México don Felipe Cayetano de Medina y Zaravia y don Joseph Francisco de Aguirre y Espinosa, acompañados por el arcediano de la Iglesia Catedral capitalina don Alfonso Francisco Moreno y, por el canónigo magistral don Bartolomé Phelipe de Ita y Parra, quienes portaban una carta que el Ayuntamiento de la ciudad de México enviaba al de Puebla, en donde se expresaba que "Los fabores que la Nueba España merece a nuestra Señora por su deligneasion milagrosa que se venera en el Santuario de Guadalupe los deseos del común y la publica devoción con que la aclaman patrios y foraneos y la mortal epidemia que de la Metrópoli a las demás poblaciones lastimosamente se difunde: nos estimulan para elegir de Particularisima Patrona a la emperatriz divina en su admirable imágen expresada...". 39 ¿Puebla se había olvidado de la virgen del Tepeyac?, ¿era necesario un nuevo escudo protector?, ¿las vírgenes de los Remedios, del Rosario, del Pilar y del Carmen, no habían intercedido para aplacar la justicia divina sobre la ciudad más hispana y católica de la Nueva España?. La solicitud del Ayuntamiento de México motivó una larga discusión; se llegó a considerar que no era necesario prestar juramento debido a que "ha ochenta años que está jurada por Patrona de esta ciudad la Soberana reyna de los Angeles Maria Sanctissima nuestra Señora con el titulo de Guadalupe". 40 No obstante, acuerda asistir solemnemente al acto de juramento, debido a "la presente miserable vida y calamidades de ellas en las pestes y otros castigos de que la misericordia divina usa para escarmiento de los hombres". 41 A medida que la epidemia causaba estragos entre la población, los problemas aumentaron. El matlazahuatl, junto con la sequía, generó serios inconvenientes en el abastecimiento de agua y de diversos productos de consumo diario. A comienzos de mayo, el experimentado cañero de la ciudad Juan Pérez murió víctima de la peste. Con la finalidad de mantener el abastecimiento de agua -a pesar de la crítica condición en que se encontraban las cañerías-, se designó rápidamente en el cargo a Miguel Saqueo, 42 pero un mes después, debido "al poco conosimiento que el nuevo cañero tiene de los aqueductos", Puebla se había quedado, en los momentos más álgidos de la crisis, sin agua. Las quejas no se hicieron esperar: hospitales, conventos, curas párrocos, notables y pobres denunciaron la crítica situación que ocasionaba la falta del vital líquido. El incompetente funcionario tuvo que ser reemplazado por un empírico, Juan Antonio Pérez, "hijo del cañero difunto por tener conocimiento de los aqueductos y cañerías" existentes en el centro urbano. 43 Paralelamente, la peste ocasionó otro dolor de cabeza a los sufridos habitantes de la Puebla y a sus autoridades. A "causa de la epidemia y mortandad padecida en ella y sus contornos se escasearon con exeso algunos frutos de la tierra y especialmente el carbón". 44 El Cabildo tomó inmediatamente algunas medidas destinadas a garantizar el abasto de aquellos productos que escaseaban, especialmente el necesario combustible, pero tal vez la prisa por encontrar soluciones, la tensión generada por la crisis o, simplemente la falta de trabajadores, llevó a los regidores a cometer el mismo error que el generado con el problema del agua al designar como encargado de organizar y aplicar las medidas conducentes a solucionar el caso, al capitán y regidor don Pedro Pérez de Tagle, funcionario que ocasionó mayores inconvenientes que soluciones. Su actividad motivó el temor de carboneros y leñeros, así como también, de veleros y jaboneros, Ante el temor de que la actuación del funcionario provocara un tumulto, el Cabildo comisionó al capitán Pérez de Tagle para realizar otras actividades, al mismo tiempo que acordó tomar "algunas providencias a fin de que buelba la leña, maderas y carbón a su antigua corriente...". El matlazahuatl había desquiciado la vida de la ciudad. Unos breves comentarios demográficos El año de 1737 fue recordado en Puebla durante mucho tiempo. Como en todo centro urbano colonial, sus habitantes estaban acostumbrados a convivir diariamente con la muerte y desde su fundación diversas pandemias y epidemias habían afectado a su población, tan es así que sólo cuatro años antes (1733-1734) la rubeola hizo aumentar notoriamente el número de entierros. A pesar de ello, los poblanos no recordaban una enfermedad tan letal como el matlazahuatl, 46 que ocasionara un número tan elevado de víctimas. En ocho meses envió a la tumba 7.167 personas adultas, 47 cifra que representó el 93.26% de las defunciones de ese año (7.685), tal como puede verse en el cuadro de la página siguiente. Desde finales de enero la peste comenzó a cobrar sus primeras víctimas y, a partir de la segunda semana del mes de febrero los decesos aumentaron de forma notoria; las defunciones se incrementaron vertiginosamente durante abril hasta alcanzar la cima en mayo (1.470). La crisis ocasionada por el matlazahuatl no había pasado todavía. Durante todo el mes de junio el número de muertos llegó a 1449. Fue a mediados de julio cuando empezó a perder fuerza: lentamente primero y durante agosto más aceleradamente, los sepelios disminuyeron. A finales de octubre el peligro había quedado atrás aunque hasta febrero de 1738 se produjeron algunos casos. En un solo año, la Iglesia registró el fallecimiento de 7.685 personas adultas; a esta cifra habría que agregar los niños que murieron a causa de la peste y todos aquellos casos que por diversos motivos no fueron anotados en los libros parroquiales. Si tomamos como punto de referencia el padrón de 1746 (50.366 habitantes), el matlazahuatl -tomando sólo en consideración a la población adulta registrada en los libros de defunciones-envió al sepulcro al 15.26% de la población de la ciudad. La pandemia afectó de manera especial a los indígenas. Si bien como grupo étnico no era mayoritario, predominando españoles y mestizos, el 50.28% del total de los entierros correspondieron a indígenas, porcentaje que se elevaría al 73.14% si contabilizamos los 1.809 casos en los que no se anotó pertenencia étnica por ser difuntos desconocidos que se encontraron tirados en la calle o atrios de las Iglesias, pero que en su gran mayoría pueden haber pertenecido a este sector. Españoles, mestizos y castas, también sufrieron con el matlazahuatl y sumaron en conjunto 2.012 defunciones, lo que representó el 26.18% del total. Este comportamiento étnico diferencial frente a la pandemia, es mucho más visible a nivel parroquial. Ahora bien, un índice que muestra desde otra perspectiva la gravedad de la crisis, es la mortalidad por sexo. El índice de masculinidad 48 nos per-EL MATLAZAHUALT DE 1737 EN LA PUEBLA DE LOS ÁNGELES 17 48 El índice de masculinidad mide la relación entre defunciones masculinas y femeninas. Se obtiene dividiendo el número de defunciones masculinas entre femeninas y multiplicando el resultado por cien. Tomo LIII, 2, 1996 mite observar el comportamiento diferencial masculino/femenino (M/F). Si a las 7.685 defunciones de adultos registrados, le restamos todos aquellos casos en los que no se discrimina el sexo y sacamos el índice de masculinidad, nos encontramos con un valor muy bajo (78.75), es decir, el matlazahuatl provocó en Puebla de los Angeles una sobre mortalidad femenina (55.94%). Sobre el particular, es importante destacar, que al tratarse de población adulta, un alto porcentaje de los decesos femeninos debe haber correspondido a mujeres en edad reproductiva y, muchas de ellas embarazadas. Esta mortalidad diferencial por sexo también se observa a nivel étnico, siendo el indígena en donde existiría un mayor equilibrio; en este grupo el índice de masculinidad fue de 95.34, mientras que entre los entierros pertenecientes al sector no indígena de la población, la relación masculino/femenino presenta una marcada desproporción. El índice de masculinidad correspondiente a españoles es de 62.45, mientras que entre los mestizos desciende a 47.35 y entre las castas a 48.32. En las parroquias, se puede observar con mucha mayor claridad el comportamiento diferencial de la mortalidad por sexo. La gravedad del matlazahuatl queda demostrada al comparar los niveles de mortalidad de 1737 respecto a la registrada en los años "normales" anteriores, en donde no sólo se estableció diferencias étnicas sino que tam-MIGUEL ÁNGEL CUENYA 18 Anuario de Estudios Americanos bién indígenas, españoles, mestizos y castas no presentaron un comportamiento similar en las distintas parroquias de la ciudad. La población indígena resintió la peste con mayor o menor intensidad dependiendo de diversos factores: condiciones de vida, hacinamiento, adscripción laboral, insalubridad reinante, etc.; de esta manera se observa que en algunas parroquias el incremento en el número de entierros fue mayor que en otras respecto a la media registrada en años "normales" anteriores: en San Sebastián éstos se elevaron 23.7 veces, en Analco 11, en Santa Cruz 7 y en San José 4.5. Entre españoles y mestizos también se observa una situación similar. Durante 1737 los registros de defunciones de españoles existentes en el Sagrario Metropolitano se incrementaron 3.5 veces por encima de la media, mientras que en San José el aumento fue de 2.7 veces. Por su parte los mestizos que vivían en San José vieron incrementar el número de tumbas del sector 8 veces por encima de la media registrada en años anteriores, 4 en San Sebastián y 3.6 en el Sagrario Metropolitano. A diferencia de la viruela, el sarampión y otras enfermedades, la peste superó barreras étnicas y socioeconómicas, empero, la miseria, las condiciones de vida, la convivencia con animales, los hábitos higiénicos, el hacinamiento, etc., generaron condiciones diferentes entre el centro y los barrios. Indígenas y castas fueron los grupos que sintieron con mayor intensidad los efectos de la terrible el golpe fue tan severo que las consecuencias se sintieron durante muchos años, mientras que mestizos y españoles se recuperaron rápidamente. Las condiciones sociales establecían nuevamente la diferencia, los pobres y miserables recibían el "castigo divino", y el clamor de los indígenas en los templos se escuchaba en toda la ciudad. Muchos deben haber elevado la misma plegaria que una india vieja realizó a la virgen de Guadalupe en la ciudad de México: "O! no muramos todos Madre nuestra. Y si han de morir, Señora, los indios, que mueran también los españoles".
La proclamación del Plan de Iguala, en febrero de 1821, confirió unas características particulares a la producción publicística de la Nueva España durante los meses que transcurrieron hasta la definitiva ruptura con España. Se entiende que, en esas circunstancias incendiarias, las tomas de postura a favor o en contra de la independencia aparecieran revestidas de apasionamiento, y que la coyuntura política del momento -el irregular relevo de Ruiz de Apodaca por Novella, y la llegada de O'Donojú-condicionara muchos de aquellos discursos. Valía la pena tratar de un modo sistemático esa folletería, y desentrañar las razones invocadas desde uno y otro bando para legitimar posiciones. Y ése es el propósito de este artículo, que se sustenta en la consulta de un vasto material hemerográfico. La proclamación de independencia facilitó la difusión y traducción de obras de autores ilustrados y revolucionarios, franceses e ingleses, de sus comentaristas, y de escritos divulgadores del constitucionalismo norteamericano que antes resultaba muy difícil adquirir en las librerías. 1 Entre los lectores de estos impresos no encontramos tan sólo a los legisladores de 1823-1824: hubo además un sector ilustrado de la población que se había familiarizado con esa literatura política y que se esforzó por propalarla a través de folletos o de publicaciones periódicas. 2 No parece prudente, sin embargo, imaginar que el entusiasmo por esas ideas hubiera prendido conscientemente en estratos amplios de la sociedad, ni que la propuesta emancipadora revistiera un carácter popular, al menos en el sentido de que la gente común poseyera una percepción clara del hecho que aclamaban, incluso con frenesí, en calles y plazas, en tertulias y cafés. 3 La acusada distinción entre una minoría ilustrada y una mayoría iletrada ha conducido a algunos investigadores a formular la tesis de que los movimientos de independencia hispanoamericanos -incluido el de México-no fueron levantamientos genuinamente populares, sino "revoluciones políticas organizadas y propulsadas por las clases medias cultas y algunos grupos de las altas". Por eso, la comprensión teórica de las razones que impulsaron la lucha emancipadora puede basarse legítimamente en el examen de la literatura panfletaria que produjeron los grupos sociales más altos. 4 Se precisa una última advertencia antes de entrar definitivamente en materia, y es que la folletería de 1821 es hija de las circunstancias incendiarias de ese año: publicada cuando la ruptura total con España era inminente o había sido ya realizada, fue concebida para lograr que la opinión pública cristalizara en favor de la independencia. Y ese carácter instrumental implicaba, necesariamente, una fuerte dosis de "exageración deliberada de los vicios y de la maldad españoles", en abierto contraste con la idealización de América que, a los ojos de los panfletistas, encerraba una potencialidad sin límites. 5 A pesar del escepticismo cada vez más difundido en 1821, el retorno al orden constitucional propugnado por los órganos escritos de expresión estuvo marcado en sus orígenes por sinceros deseos de conciliación, tales como los que había manifestado una Proclama de un americano á los insurjentes, impresa en México en el mes de agosto de 1820, cuyo autor -El Americano Liberal, J.V.-participaba de la presunta fe de Fernando en los instrumentos constitucionales como vehículo de pacificación, y destacaba la circunstancia de que en los medios públicos de la Península se prefería el término de "disidentes" para designar a los americanos descontentos, hasta entonces llamados "insurgentes". Si El Americano Liberal empleaba esta denominación, lo hacía porque ese nombre era "el mas común y conocido hasta por ellos mismos, pero de ninguna manera por injuriar ni envilecer con el á mis paisanos". Las apatías y los temores que observaba entre sus conciudadanos a los pocos meses de que hubiera entrado en vigor la Constitución le movían a excitar su patriotismo y a fiarlo todo en la integridad del rey: "el ha jurado poco ha en manos del soberano Congreso de las cortes, constituirse el defensor ace-MANUEL FERRER MUÑOZ 2 rrimo de nuestra libertad, y nosotros guardarla y sostenerla para hacer este Código inmortal". 6 También El Mejicano Independiente parecía compartir el aprecio hacia la persona del rey español, y rechazaba la imputación de que los propugnadores de la emancipación hubieran negado la obediencia a Fernando VII: "pedimos solamente que se establezca y radique entre nosotros para estrechar más y más los vínculos de nuestra sumisión, queremos gozar de su real presencia para que la interposicion de los Mares no debilite los influjos benéficos de su augusto Trono". 7 Sin embargo, la perpetuación de los antagonismos entre europeos y americanos, aun después de que recuperara vigor la Constitución en Nueva España, indujo a muchos panegiristas del nuevo régimen a clamar contra ese "espíritu de partido" que obstruía el aquietamiento. En busca de elementos de coincidencia entre unos y otros, se destacaba la común hostilidad al "gobierno arbitrario y opresor que por nuestra desgracia ha oprimido á unos y otros tantos años". Desde ese prisma, la insurrección de 1810 no había tenido por móvil el odio al europeo sino el "erroneo sistema de gobierno", y si los disidentes "creyeron justo y necesario declararle la guerra al europeo, fué no principalmente ni por destruirlo inspirados del odio, sino accesoriamente y en cuanto ellos juzgaron que vosotros os habíais de oponer con todos los posibles esfuerzos á sostener las miras de un tirano gobierno que pretendian destruir". 8 Ni la llegada de nuevos tiempos ni los cambios políticos operados desde 1820 tuvieron su continuidad en América: no sólo seguía predominando la incomprensión por parte del Gobierno peninsular, sino que una pequeña minoría opuesta a la Constitución y asentada en puestos claves continuaba reteniendo las riendas del poder e imposibilitando la implantación en ultramar del nuevo orden. Además, las reclamaciones de los ame-PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 3 6 El Americano Liberal, J. V.: Proclama de un americano á los insurjentes y demás habitantes de Nueva España. Méjico, Imprenta de Don Alejandro Valdés. Año de 1820 (Fondo Lafragua de la Biblioteca Nacional de México -en adelante, LAF-253). 7 El Mejicano independiente, 14-IV-1821, reproducido en García Díaz, Tarsicio: "La prensa insurgente", en Hernández, Octavio (ed.): La República Federal Mexicana. Este periódico había aparecido por vez primera el 3 de marzo, escasamente nueve días después de la proclamación del Plan de Iguala. 8 Reflexiones importantes al gobierno constitucional de America, núm. 2. México, Imprenta de D. J. M. Benavente y Socios. Tomo LIII, 2, 1996 ricanos para obtener una más equilibrada presencia de delegados del Nuevo Mundo en las Cortes no condujeron a ninguna parte. Detrás de ese problema de la representación indiana en Cortes, subyacía, según advierte Miranda: "una cuestión fundamental, de índole esencialmente política, la de la igualdad de derechos de peninsulares y ultramarinos; cuestión que constituía la entraña del llamado problema americano o a la cual se reducía en esencia éste [...] y por lo tanto, cuestión en cuyo torno girarían casi todas las demás, como giraron, en efecto, casi todas las otras que suscitaron colectivamente los diputados del Nuevo Mundo". Tal vez la importancia concedida a la discriminación de los americanos en el órgano legislativo se explique por su inserción en la corriente de afrentas inferidas por los europeos a los americanos, que tanto herían la susceptibilidad de los criollos. 10 Así, el sistema de diputados suplentes que se utilizó en los ya remotos tiempos de Cádiz, y que luego volvió a aplicar la Junta Provisional en 1820, fue impugnado desde el principio por los patriotas americanos, que consideraron ilegal la designación de esos representantes, puesto que no habían recibido el correspondiente encargo de sus provincias. Menos aún satisfizo en Ultramar la normativa que rigió para el nombramiento de los diputados propietarios, que fue tachada de discriminatoria porque proporcionaba a América un número de escaños insuficiente y excluía a las castas del derecho al voto. Ese fracaso en la aceptación de las propuestas de las Cortes sancionaba el naufragio de la solución de compromiso que había dado origen al decreto de 15 de octubre de 1810, en virtud de la cual se aplazó para un futuro indeterminado la paridad en la representación parlamentaria de España y de ultramar. 10 Villoro, Luis: El proceso ideológico de la revolución de independencia, México, 1977, págs. 132-140, y López Cámara, Francisco: La génesis de la conciencia liberal en México, México, 1988, pág. 56, donde se explica el desarrollo de la "conciencia criolla". Ésa era indudablemente la sensibilidad que traslucía una representación dirigida al virrey de la Nueva España, en 1821, en la que se reincidía en el agravio inferido a los americanos en este punto: "se les ha negado la representacion que les toca. ¿Cómo, pues, querer que los nacidos en este continente pasen por la rebaja de las castas, cuando no sucede lo mismo en España que tiene muchos descendientes de los africanos?" (Siurob, Juan José: Representación al Exmo. México, Oficina de D. José María Betancourt, calle de San José el Real núm. 2. LAF, 769). cuerpos tan heterogéneos como España y América, sin que uno quedase subordinado al otro. 11 Pese a la negativa experiencia acumulada en los últimos tiempos, no faltaban publicistas entusiastas partidarios de la unión con España. La consideración de las ventajas que, en su opinión, se seguirían para América de la revisión de los fundamentos del Gobierno español les inducía a legitimar la dominación española: "bajo este benéfico sistema, esta reconciliacion con la Península será, mas que dependencia real, una unión por recíproca conveniencia". 12 Además, antes de reivindicar la emancipación de América parecía obligado examinar si se hallaba en condiciones de gobernarse por sí misma. Ahora bien, atendida su baja demografía y constatado el carácter escasamente ilustrado de la población y el atraso en agricultura, artes, manufacturas y comercio -concluía uno de los detractores de la independencia-, "la América se halla muy distante del tiempo de su emancipación": era preciso olvidarse de este género de reivindicaciones, "que tanta sangre ha costado á nuestra querida Patria", y acogerse a las posibilidades abiertas por la reimplantada Constitución de Cádiz. 13 El mismo Carlos María de Bustamante, en el primer número de La Abispa de Chilpantzingo, reconocía la inmadurez de los ideales independentistas. Veía ante sí sólo "el embrión de un pueblo libre", que necesitaba avanzar un largo trecho antes de alcanzar la meta soñada: "témome mucho, que prevenido con estas disposiciones pésimas se nos forme un mosaico deforme de legislacion y gobierno". 14 PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 5 En abierta discrepancia con esos juicios y a notable distancia en el tiempo, José María Luis Mora fundamentó el derecho del pueblo mexicano a constituirse como nación independiente en su madurez histórica, que le concedía "bastante fuerza para subsistir por sí mismo, no necesitado ya del apoyo que le había prestado su metrópoli". Y, al definir las rémoras que incapacitaban a los pueblos para el acceso a la autonomía -lastres de los que, según Mora, México se había desprendido-, precisaba: "su debilidad, un terreno muy limitado, la falta de industria ó de capitales, las producciones del pais desconocidas ó todavía no apreciadas en el resto del globo; pero más que todo su despoblación y escasez de luces". A los ojos de Mora, la confluencia de esos factores en 1810 no desembocó en la independencia, porque el "poder Moral" -"el convencimiento de las ventajas de la independencia y el deseo de obtenerlas"-no era entonces sino patrimonio de unos pocos. Se hizo precisa la espera hasta 1821 porque "entonces aun la clase ínfima del pueblo conocía, apreciaba y deseaba los bienes consiguientes á la independencia". 15 Eran también comunes las advertencias acerca de los amargos frutos que producía el árbol de la independencia: 16 voz ésta "seductora", arraigada "en la imaginacion de hombres inconsiderados ó falaces"; 17 política aquélla de la que "resulta que la masa general del Estado, para libertarse de los tiranos sin concepto que la oprimen, muda de mandantes por el camino de la violencia, hasta que viene á caer bajo la esclavitud de un solo hombre atrevido y mañoso que supo hacerse dueño de la fuerza armada". 18 Hubo polemistas que rebajaron a los partidarios de la independencia a la categoría moral de "criminales y delincuentes", infieles al juramento de observancia de la Constitución española, y desagradecidos -"ingratos hijos, prostituidos y espureos"-a los sacrificios prodigados por España para la conservación y enriquecimiento de sus posesiones ultramarinas. 19 MANUEL FERRER MUÑOZ 6 15 Mora, José María Luis: "Catecismo político de la federacion mexicana", en VV. AA.: Los Derechos del pueblo mexicano. México, Oficina de D. Juan Bautista Arizpe. El tono excesivo de este folleto, que contenía bastantes afirmaciones peregrinas, mereció una réplica contundente: J. B. M.: Verdadera esplicacion de la voz independencia. Méjico, Oficina de D. Alejandro Valdés. México, Oficina de D. José María Betancourt, calle de S. José el Real núm. 2. Las duras descalificaciones de este folleto suscitaron inmediatas réplicas, incluso de los sostenedores de los intereses de España: "olvidad el espíritu que respira ese papel Algunos de los partidarios de la pervivencia del dominio español proponían una profundización en el concepto de libertad, que previniera la comisión de ulteriores abusos por parte de los nuevos dueños de la situación, y es honrado reconocer, aun admitiendo la impopularidad de la tesis anti-independentista, que el tiempo reveló certero este tipo de advertencias, fundadas en un dicho de la sabiduría popular entonces común en México: "no hay peor cuña que la del mismo palo". Preocupaba también la difícil sujeción a un mismo centro de poder de territorios muy dilatados. Uno de esos autores "españolistas" enfilaba sus críticas a "la astuta pluma del sofista Juan Jacobo Rousseau", cuyos escritos habían llegado a configurarse como referencias obligadas: para exaltarlos o para combatirlos. "este impío en su Pacto social enseña que en tratándose de libertad é independencia, una provincia no debe sujetarse á otra, ni una ciudad á otra ciudad: cada una debe ser independiente y erigirse autoridades á su arbitrio; porque no encuentra razon para que un pueblo grande reconozca superioridad á otro cuando todos tienen en sí libertad é igualdad de derechos para hacerse sociedad sin dependencia agena, cuya dependencia tiene siempre el carácter de humillacion". 20 La vertiente intimidatoria era muy del gusto de los publicistas inclinados en contra de la independencia que, una vez y otra, insistían en trazar cuadros cargados de sombras y de amenazas. Sólo que, en ocasiones, la naturaleza de esos supuestos peligros permanecía sin desvelarse. 21 Por unánime que fuese la reivindicación de independencia -sostenía el irónico autor de Ventajas de la independencia-, 22 apenas nadie llegaba a calibrar sus graves consecuencias a corto plazo: entre ellas, la necesidad de reforzar con hombres, armas y construcciones las extensas fronteras de la nueva nación. PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 7 titulado la Independencia. Su contenido os debe desengañar de que su autor no merece concepto alguno, y la mayor prueba que os puedo dar es, aseguraros del general desagrado que ha causado entre los europeos, quienes lejos de abrigar las ideas que en él se indican, desearían demostraros con hechos positivos que su afecto á vosotros es sincéro, que su único anhelo es el de restablecer el orden (M. J. U.: El amigo de españoles americanos y europeos. México, Oficina de D. J. M. Benavente y Socios. 21 Para ejemplificar este tipo de argumentaciones, reproducimos un pasaje extraído de un impreso citado ya anteriormente (La Independencia): "un enemigo más poderoso os asecha que aguarda vuestro triunfo para reduciros á más dura y penosa esclavitud: ellos os harán arrastrar verdaderamente la cadena y con vuestro mismo oro labrarán los grillos que os sujetarán para siempre". 22 A. J. F.: Ventajas de la independencia. México, Imprenta de D. Mariano Ontiveros. Los negros presagios sobre el futuro de una América emancipada, que se preveía irremediablemente envuelta en la anarquía, venían arropados de modo ocasional con consideraciones acerca del inmediato presente: el relevo del "incauto" Apodaca y la presencia en el Virreinato del "prudente y benéfico" O'Donojú aconsejaban deponer posturas rupturistas y entablar un confiado diálogo con ese "agente del actual Gobierno de España, liberal por esencia, y que tan generoso se muestra espontáneamente con nosotros". 23 Ahora bien, muchos de quienes ensalzaban a O'Donojú abogaban por la separación: una independencia pactada y obtenida sin el recurso a las armas, pero independencia sin paliativos, por más que se invitara a los españoles a trabajar en la inminente regeneración de un país asolado por las guerras. Más común era el punto de vista de los que, compartiendo el aprecio de la obra política llevada a cabo en América por España, entendían que era viable su culminación sin el trauma del rompimiento. Más aún, El descrédito que se quería arrojar sobre los caudillos de la emancipación corría parejo al empeño por destacar los lazos comunes a europeos y americanos, que constituían el fundamento de la común felicidad: "tengamos presente que europeos y americanos todos somos españoles, dependemos de una nación grande y generosa, que profesamos una misma religión é idioma, que nuestros intereses están íntimamente enlazados, que hemos jurado ante el Omnipotente observar la Constitución, y ser fieles al mejor de los monarcas, que el augusto Congreso de Cortes se compone de españoles de ambos mundos, á quienes hemos conferido nuestros poderes, y que ellos promoverán cuanto convenga á la felicidad nacional". 26 Quienes defendían estos criterios solían encomiar la figura de Apodaca -"un Virey íntegro, justificado y exactísimo en el cumplimiento de sus deberes"-, y no escatimaban alabanzas a su celo en el desempeño del cargo, al tiempo que vilipendiaban el plan sedicioso de Iturbide para "proclamar una independencia falaz é imaginaria". 27 Por lo demás, la conducta y las resoluciones de Ruiz de Apodaca "para oponerse á las criminales ideas del coronel D. Agustin de Iturbide y sus partidarios" recibieron la aprobación del propio Consejo de Estado en el mes de junio de 1821. 28 Sin embargo, el irregular relevo de Apodaca por Novella, en julio de 1821, "sorprendió a México, llenando de amargura á todo hombre de juicio y prudencia";29 causó irreparables daños al Gobierno español que, tras ese acontecimiento, se vio privado de legitimidad,30 y dio alas a renovados intentos autonomistas por parte del Ayuntamiento capitalino, que reclamó para sí el ejercicio de la soberanía. 31 PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 9 La proclama que, con el título "El nuevo Virey á los mexicanos", redactó Novella el 12 de julio tampoco consiguió disipar la desconfianza que en muchos inspiraba el peculiar procedimiento de su acceso al poder: la necesidad que parecía impulsar a Novella a justificar su presencia en el cargo que hasta entonces había desempeñado Apodaca restaba credibilidad a sus intenciones, por más que enfatizara su "amor y respeto á las sabias leyes que hoy felizmente nos rigen", y recordara "las pruebas mas completas de subordinación y respeto" que había dado en el desempeño de sus tareas como subinspector general de Artillería y gobernador de la plaza. 32 Más aún: las referencias al "misterioso suceso de la noche del 5 del corriente", que había culminado en su designación como primera autoridad del reino, resultaban particularmente desacertadas, al ser presentado aquel acontecimiento como ocasión de que "la emulacion indiscreta de algunos, la necedad de otros y la astucia de nuestros enemigos" 33 se sirvieron para desprestigiar la figura de Novella. La vana apología de sí mismo y la autocomplacencia en su personal valía, supuestamente refrendada por la experiencia -"el yunque [donde] han de estrellarse los martillos de la detraccion"-, acababan de rematar el mal efecto de un documento redactado con tan notable torpeza. La necesidad de colmar ese vacío de poder legal indujo a un Ciudadano Español a elaborar un plan que sometió a la Diputación provincial de México: solicitaba en él que no se aceptara la renuncia de Apodaca -"porque es imposible encontrar otro en quien concurran las cualidades de general con las prendas de un politico"-y que, para atender al "negocio de los negocios", se reuniera un Congreso en México con los diputados recién elegidos para las Cortes españolas, con la finalidad de determinar la voluntad de la nación: la unión con España o la independencia. 34 Incomunicado con Veracruz y consciente del progresivo deterioro de la resistencia realista, Novella publicó una violentísima proclama "á los egoistas de todas clases, condiciones y estados", que traducía un íntimo desasosiego y la convicción de que eran muy pocas las personas en que podía depositar su confianza. 35 Los apologistas de la causa española, aún conscientes de la fragilidad de su postura, incomodada por la crisis en el mando virreinal, se esforzaban en probar la legitimidad de la conquista de México, sistemáticamente puesta en entredicho por el bando independentista, al tiempo que enumeraban los "vicios capitales del sistema de la independencia": la usurpación de los derechos del rey español; la carencia de una "voluntad general" manifiestamente decantada en favor de la ruptura, y de unas fuerzas armadas capaces de defender efectivamente la independencia nacional; la falta de dirigentes capacitados para regir los destinos de la nueva nación; la amenaza representada por el poderoso vecino del norte; el difícil hallazgo de un titular para la Corona en el caso, más que probable, de que Fernando VII declinase la oferta, etcétera. 36 En esa enumeración de obstáculos y calamidades que acechaban cada paso de la ruta emancipadora era insistente el énfasis en los horrores de la anarquía, que había de ser evitada a toda costa: la amarga experiencia del levantamiento de Hidalgo -"la sangre que aun humea", "el luto, la horfandad que por todas partes se presentó á nuestros dolientes ojos"-obligaba a prevenir sucesivas erupciones de "un horrible volcán que amenaza envolvernos en nuevos desastres". 37 PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 11 35 Vale la pena reproducir íntegro el texto de este documento: "vuestra criminal conducta no se oculta al Gobierno: veo con horror, que unos os habeis ausentado de la capital y escondido en los pueblos de su circunferencia; otros en vuestras casas, y algunos os habeis acogido á la sombra de nuestros enemigos. No contentos con este proceder tan inicuo, disparais cartas á los que llamais vuestros amigos convidándolos á obrar como vosotros; les aumentais la fuerza de nuestros contrarios; os pintais como se os antoja, ya para atemorizar, ya para confiar en su conducta; todo, todo es obra de vuestra cobardía, de vuestra avaricia y egoismo: pues calculasteis muy mal, estais proscriptos por todos los hombres, porque perdisteis el carácter de tales; volved á vuestro juicio, y tomad una resolución, ¡miserables! Yo no os llamo porque desconfío de vosotros; pero sí que no perturbeis la marcha de los buenos, porque este proceder os tiene hecha la causa en todos tiempos, en todas circunstancias y por todos los hombres, que conocen que sois de aquellos que no tienen mas pátria que querer conservarse á costa del sacrificio de sus semejantes: vedme, vedme combatido de tempestades con la frente serena arrostrando todo género de peligros: ¿y qué espero? la salvacion del reino, sin mas interés que el que digan algun dia, cumplió su deber". (Novella, Francisco: Proclama á los egoistas de todas clases, condiciones y estados. México, Oficina de D. Juan Bautista de Arizpe. El contenido de la proclama se publicó también en territorio dominado por Iturbide, con una introducción dedicada a desacreditar la figura de Novella, y numerosas y extensas notas con apostillas sobre las afirmaciones que en la proclama hacía Novella; J. N. T.: A los señores oficiales y soldados del Ejército Nacional de las Tres Garantías. Puebla, Imprenta Liberal de Troncoso Hermanos. 37 El Verdadero Liberal: Paz, unión, justicia y constitución. Méjico, Oficina de D. José María Betancóurt, calle segunda de la Monterilla, núm. 7. Incomparablemente más decidida y abundante era la obra publicística en favor de la emancipación: las quejas presentadas en las Cortes españolas por los diputados americanos, 38 el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, proyectos, discursos y sermones, modestas aportaciones a la filosofía política... todo ello era trasladado por la prensa a conocimiento de la ciudadanía, y contribuía a crear un clima de opinión que, aparentemente, reflejaba una "voluntad general" inclinada a la independencia: "faltando, pues, la confianza mutua, y siendo implacable hoy el odio de españoles y americanos, se ha roto para siempre el lazo que unía las colonias á la metrópoli", 39 al deshacerse el pacto que, por voluntad de ambas partes -americana y española-, unía tradicionalmente en la persona del monarca español los territorios de una y otra orilla del Atlántico. El Gobierno de España había comprometido su legitimidad y pasado a la conceptuación de "despótico y tiránico" al actuar en beneficio exclusivo de "una sola clase", y dictar leyes y órdenes "contra la voluntad expresa de los Pueblos; y por consiguiente contra el bien comun. 40 Y sus delegados en México habían contribuido a ese desprestigio, sosteniendo órganos de prensa embusteros, como Gaceta del Gobierno de México 41 y Noticioso general, "concediendo libertad amplia á sus autores para estampar en ellos 39 Infante, Joaquín: Solución á la cuestión de derecho sobre la emancipación de la América, por el ciudadano Joaquín Infante, natural de la isla de Cuba. Impreso en Cádiz, reimpreso en Puebla, y por su original en Mégico, en la oficina de D. José María Betancóurt, calle segunda de la Monterilla, núm. 7. 40 Busca pies, núm. 1 (García: "La prensa insurgente", vol. VI, t. 41 La Gaceta del Gobierno de México protagonizó el más importante duelo con los periódicos insurgentes (después, con los trigarantes), y se configuró como instrumento de propaganda y defensa de la causa virreinal: a esa contienda ideológica y a la necesidad de neutralizar los efectos de la prensa enemiga quedaron supeditados los contenidos informativos (García: "La prensa insurgente", vol. V, t. A pesar de los dicterios que por esta razón se atrajo la Gaceta, la realidad es que esa mediatización de las tareas periodísticas al servicio de objetivos partidistas se registró también, como era inevitable, en el bando independentista. Pese a los ataques que el Diario Político Militar Mejicano dirigía en este texto a la Gaceta, había disminuido para entonces la virulencia de las confrontaciones verbales, sobre todo de parte de los periódicos que promovían la independencia. La explicación que proporciona Tarsicio García es plenamente convincente: "acorde con el sentido de conciliación del Plan de Iguala, el periodismo trigarante no pudo ser de combate; es predominante en lo cuantas imposturas y dicterios dicta la maledicencia", y restringiendo arbitrariamente "la libertad política de la imprenta, que disfrutabamos con arreglo a nuestro sistema constitucional". 42 Según quienes invocaban la adhesión generalizada a la causa rupturista como razón para abandonar cualquier proyecto de continuidad bajo la dependencia española, los que se empeñaban en resistir eran apenas "un puñado de hombres casi ya sin recursos, sin opinion ni aceptacion", por lo que la "Independencia de nuestra América es un suceso indefectible que ha de verificarse tarde ó temprano", 43 impulsado por "el voto unánime de sus naturales y habitantes", coincidentes todos en los anhelos independentistas: "criollos y europeos todos piensan y hablan en este sentido: todos anhelan por sustraerse del gobierno de Madrid". 44 La mención de una voluntad general obligaba, evidentemente, a tomar en cuenta la circunstancia de la diversidad de razas que cohabitaban en la Nueva España. ¿Había de ser la reivindicación autonomista patrimonio común?, ¿debían constituirse los criollos como abanderados de la causa?: y, en el caso de que se aceptara esta última alternativa, ¿qué papel correspondía a los indios y a las castas en el proceso de desvinculación de la metrópoli?, y ¿qué trato dispensar a los españoles avecindados en México? Obviamente encontramos diversidad de respuestas a estos interrogantes. Con el tiempo prevaleció, sin embargo, el protagonismo criollo, tenden-PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 13 informativo. La justificación en la causa se argumenta tratando de no ofender a España; y no entra a la polémica que con insistencia trató de provocar la Gaceta de México [...] El contenido de la prensa trigarante se reduce en el campo ideológico a exponer las condiciones de la conciliación; de lo que era necesario ceder para evitar un mal mayor" (García: "La prensa insurgente", vol. V, t. 42 Diario Político Militar Mejicano, 1-IX-1821, núm. 1 (García: "La prensa insurgente", vol. VI, t. Miquel i Vergés llamó la atención, en su momento, sobre la peculiar orientación política de algunos artículos de este periódico, que exaltaban la labor de las Cortes gaditanas, objeto de tantas críticas entre los trigarantes; y de ahí concluía que su redacción parecía obedecer "al impulso de los ideales que iniciaron la contienda en 1810" (Miquel i Vergés, J. M.: La Independencia Mexicana y la Prensa Insurgente, México, 1941, pág. 308). En la misma obra encontramos una frase que recoge idéntico pensamiento con una mayor rotundidad, y que sugiere una interesante línea interpretativa, pendiente de ulterior verificación: "son tantos los comentarios apologéticos a los mártires de 1810 que... se llega a pensar si la intención de algunos jefes no era la de enlazar el movimiento de Iturbide con el de Hidalgo" (ibídem, pág. 312). Sobre la aplicación en la Nueva España de la libertad política de imprenta, véase Ferrer, M.: La Constitución de Cádiz y su aplicación en la Nueva España, capítulo 5, y Neal, Clarice: "Freedom of the Press in New Spain, 1810-1820", en Benson, N.L. (ed.): Mexico and the Spanish Cortes, 1810-1822, Austin -Londres, 1966, págs. 87-112. 43 M. O. de T.: Exhortacion cristiano-política, dirigida á la Capital del Imperio Mexicano, y á todos los que sostienen el partido nombrado la Integridad de las Españas, Texcoco, Imprenta liberal de las Tres Garantías de Don Cayetano Castañeda. 44 El Mejicano independiente, t. I, "Introducción", Año de 1821, Primero de la Independencia (García: "La prensa insurgente", vol. VI, t. 2, pág. 440). te a configurar una sociedad análoga en todo a la colonial: eso sí, libre y purificada de las discriminaciones que durante tres siglos habían favorecido a los españoles peninsulares y cerrado muchas puertas a los americanos. Las reflexiones teóricas concedían, en cambio, idéntica responsabilidad e idénticas oportunidades a todos los habitantes de la Nueva España, llamados todos ellos a formar un cuerpo político capaz de integrar a indios y castas, y a españoles americanos y europeos. La inclusión de estos últimos, que se hallaba en la base del Plan de Iguala y de los Tratados de Córdoba, obedecía a razones que entonces parecían incontrovertibles. Así se explicaba el arcediano de Valladolid de Michoacán, Manuel de la Bárcena: "estando radicados aqui por sus destinos, por sus propiedades, y por sus enlazes, miran á la Nueva España como à patria suya, que ellos han elegido". 45 Rafael Dávila distinguía entre españoles amigos de la independencia y españoles que hostilizaban la realización del proyecto emancipador; y proponía que se recompensara a los primeros, mientras que se declaraba enemigo de los "muchísimos españoles que hablan de la independencia con desprecio", a los que se debería exigir un juramento para que, "eligiendo por su patria nuestro suelo, se comprometan á defenderlo de enemigos y guardar sus leyes". 46 Fernández de Lizardi expresó opiniones semejantes a las de Dávila, y manifestó sus dudas sobre la oportunidad de extender la garantía de unión a los españoles que no se habían mostrado adictos a la independencia: y, como solía ocurrir con muchas de sus publicaciones, arrastró en la polémica a otros varios escritores, que coincidieron con él en una aplicación restrictiva de las promesas de Iguala. 47 La apertura hacia los europeos imponía, forzosamente, un rechazo del primer movimiento insurreccional, "marcado con las señales más funestas", que presagiaba acontecimientos desastrosos como los "que han asolado nuestra tierra, y arruinado un sinnùmero de fortunas". 48 En consecuencia, la MANUEL FERRER MUÑOZ 14 45 Bárcena, Manuel de la: Manifiesto al mundo. La justicia y la necesidad de la independencia de la Nueva España. Puebla, Imprenta Liberal de Moreno Hermanos. 46 Dávila, Rafael: La verdad amarga, pero es preciso decirla, núm. 6. 48 El Mejicano independiente, t. I, "Introducción", en García: "La prensa insurgente", vol. VI, t. 2, pág. 439. revolución de 1810 no podía ser tachada sino de desorganizada y anárquica, "impolítica y desastrada", y contemplada con hostilidad por los artífices del renovado impulso independentista, que nada tenían en común con los impulsores de los desórdenes de la anterior década: los dirigentes de 1821 "son los mismos que justamente se opusieron y la sofocaron [la revolución de 1810], y por lo tanto no hay que esperar los mismos resultados". 49 En ese sentido, el autor de Justicia de la independencia dirigía las siguientes reflexiones a los españoles europeos: "españoles europeos, la nacion os jura no volverán á molestar vuestros oidos las espantosas voces que os afligieron en los tiempos primeros de nuestra insurreccion. Nuestras lágrimas corrieron al par que las vuestras al contemplar delito tan enorme, y muchos de los nuestros libraron á costa de las suyas vuestras presiosas vidas del infernal cuchillo. Por ventura nuestra aquellos tiempos de horror desaparecieron para siempre: los Americanos todos garantizan sobre la fè pública vuestra felicidad: uníos á nosotros por los mas indisolubles vínculos; vuestra patria no debe ser aquella que simplemente os vio nacer: este nombre debeis sin duda concederlo á aquel pais que os favorece con su benigno influjo, y que os ha dado cuantas comodidades disfrutais. Si, españoles: contribuid á nuestra felicidad: la America soberana es, puede dar cuanto jamas podria daros la Europa toda: tranquilizad vuestros ánimos: reflexionad con atención sobre vuestro verdadero interés: no cerreis los ojos para no ver los repetidos ejemplares de generosidad y virtud, que diariamente os presentan los ejércitos Americanos. Unión íntima é indisoluble con vosotros; hè aqui uno de sus mas gloriosos empeños. ¿Será posible que vosotros mismos rompais este vínculo de amor y gratitud, con que la misma naturaleza os ha unido con nosotros para siempre?" 50 Por contraste, el Diario Político Militar Mejicano prorrumpía en elogios a los "héroes ilustres" de 1810, "las almas venerables de los Hidalgos, Allendes, y Aldamas, de los Morelos, Matamoros, y Bravos", a quienes atribuía el mérito de haber asentado los cimientos de la independencia y a quienes estimaba como "compatriotas" del invicto Iturbide: por consiguiente, nunca habría motivos de cansancio para dejar de "bendecir vuestra resolución en el grito de Dolores en 1810, de reconocer vuestro acendrado patriotismo, de elogiar vuestra heroicidad, y de inmortalizar vuestros nombres". 50 Justicia de la independencia, ó apuntamientos sobre los derechos de los americanos. Méjico, Oficina de D. José María Betancur. La misma actitud reivindicadora de las actuaciones de los primeros insurgentes puede apreciarse en un anónimo que apareció en 1821: Carta de un filósofo sobre los últimos acaecimientos políticos. Año de 1821 -LAF, 210-(citado en Ocampo, J.: Las ideas de un día, pág. 164). cia de que España seguía siendo el enemigo contra el que los hombres de 1810 se habían batido y contra el que se hallaban en plena lucha los de la nueva generación emancipadora. El mismo Iturbide, que nunca simpatizó con la causa insurgente, no pudo prescindir de la adhesión de sus caudillos supervivientes, auroleados de prestigio popular, y no dejó de reconocer -aunque en sordina-que la toma de conciencia por la emancipación se debía a la insurgencia de 1810. 52 Una postura intermedia, respetuosa con una y otra de las etapas de la independencia, era la sostenida por Francisco Luis Ortega en su melodrama México libre, donde ensalzaba las figuras de Hidalgo, Matamoros y Morelos, e incluía un cálido panegírico de la persona de Iturbide, activo, prudente, sabio y "acostumbrado al rudo afán". 53 Pero la realidad, crudamente expuesta por Ernesto Lemoine, es que la incompatibilidad de planteamientos entre los hombres de 1821 y sus antecesores de 1810 impedía alumbrar un proyecto conjunto: "en aras de liquidar una situación insostenible, todas las fuerzas que entraron en juego 'transaron', pero a sabiendas de que la dicotomía axial (1810 versus 1821) quedaba en pie, y que el conflicto habría de reanudarse desde el día siguiente al de la 'liberación' de la capital". 54 Con frecuencia se pretextaban el "mal gobierno" y el despotismo y lo irremediable de esos hábitos defectuosos, para justificar la necesidad de emprender una vida política propia, no mancillada por vicios tan arraigados. 55 Muchas veces se proponía la independencia como si fuese un elixir mágico, que desterraría de una vez por todas la desidia del gobierno, la corrupción de los funcionarios, las discriminaciones raciales, la impiedad en que parecía empeñada en precipitarse España desde que penetraron en la Península las ideas liberales... Y se otorgaba a la emancipación un signi-MANUEL FERRER MUÑOZ 16 52 García: "La prensa insurgente", vol. V, t. 55 Un escrito dirigido al secretario de la Gobernación de Ultramar por los diputados en Cortes de Nueva España, fechado el 8 de agosto de 1821, aludía explícitamente a esas deficiencias de la acción gubernativa de España en América como una de las causas de "los disgustos de nuestra patria": "el gobierno despótico, injusto y arbitrario que hubo y aun oy existe de echo en las Américas. Sus magistrados, sus Gefes y sus empleados, fuéron y son los que han dado la ley; esta estaba, y aun está en su capricho, no en los codigos: se ha dicho por muchos de ellos publicamente y en todos tiempos, aqui nosotros somos los unicos legisladores" (Delgado, Jaime: España y México en el siglo XIX, 3 vols., Madrid, 1950, vol. III, págs. 31-35 (pág. 32), documento V, "Escrito dirigido por los diputados a Cortes de Nueva España al secretario de la Gobernación de Ultramar"). ficado fundacional -el de un nuevo nacimiento-, como si el pueblo mexicano resultara fruto de un embarazo que se había prolongado entre 1810 y 1821. 56 Los escribanos nacionales, que se decían respaldados por más de mil cuatrocientas personas de Puebla, reaccionaban contra la influencia de la Ilustración francesa en España y vituperaban a los "patriarcas de la incredulidad" -D'Alembert, Voltaire...-, con quienes se había aliado el conde de Aranda para "acabar con la religion de J. C." y expulsar a los jesuitas. 57 Manuel de la Bárcena aludía explícitamente al escándalo suscitado en la Nueva España por la legislación religiosa de las Cortes del trienio, que chocaba con los hábitos mentales y las categorías de valores imperantes en el otro extremo del Atlántico: "acá no está la opinión tan abanzada como en la Europa, por eso la violenta extinción de tantos Conventos religiosos, y el impolitico desafuero del Clero, han escandalizado al pueblo, han irritado á los Ecleciásticos, y han sido causas impulsivas del actual rompimiento". 58 Era natural, por consiguiente, que Iturbide -defensor de la garantía religiosa-fuera exaltado por haber atraído las bendiciones del Cielo, y aplaudido como enviado de Dios, héroe de la religión, columna de la Iglesia, nuevo Moisés dador de libertad a un pueblo favorecido por la Providencia que, puesto a prueba, había sido esclavizado y oprimido. 59 El análisis del mal gobierno era inseparable del balance económico de la colonización que, en el sentir de algunos críticos, sólo podía ser juzgado de un modo muy desfavorable, puesto que los beneficios de la empresa llevada a cabo por España en América habían sido patrimonio de unos pocos: PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 17 56 Esa interpretación es refutada por Bernardino Bravo: "la verdad es muy distinta. Cuando adoptaron el constitucionalismo, en la época de la independencia, [los pueblos hispanoamericanos] eran países con trescientos años largos de historia". Ventura y desventura de un ideal Europeo de gobierno en el Nuevo Mundo, México, 1992, pág. 3. 57 Los Escribanos Nacionales: Defensa de los Padres Jesuítas por los Poblanos. México, Oficina de D. Pedro de la Rosa. Algunas noticias sobre los incidentes registrados en Puebla cuando Ruiz de Apodaca publicó el decreto de Cortes por el que se suprimía la Compañía de Jesús, en Ferrer, M.: La Constitución de Cádiz y su aplicación en la Nueva España, págs. 82-84. 58 Bárcena, M.: Manifiesto al mundo. "la nación española sólo indirectamente, por el momento y con daño imponderable de sus verdaderas riquezas se há aprovechado de las ventajas de la América, mediante la circulación del dinero procedente de aquellos canales. Conviene inculcar al pueblo español esta verdad, que los comerciantes han procurado ofuscar por su interés, erigiendo en principio un error político perjudicial á la felicidad de ambos mundos [...] Los comerciantes gritan que se les escapa la América, objeto exclusivo de sus especulaciones, y que no pueden vivir sin que siga uncida al carro de la servidumbre. La nacionalidad, la fortuna y el bienestar de mas de quince millones de almas deben, pues, sacrificarse á un puñado de monopolistas á expensas de la sangre de sus hermanos de ambos mundos". 60 Ni siquiera la misma abundancia de metales preciosos que proporcionaba América había compensado los efectos negativos de su masiva afluencia a la Península: "teniendo plata y oro conque comprar á los extrangeros, abandonaron los talleres que se arruinaron con el tiempo", sin que pudiera evitarse que ese flujo de riquezas acabara en manos extrañas. 61 En la percepción de algunos escritores, el mismo hecho de hallarse establecido en España un régimen liberal, si bien parecía precaver la recaída en los hábitos de mal gobierno, avalaba -o, al menos, favorecía-la escisión de las antiguas colonias: pues, ¿cómo podría justificarse que un país regido por instituciones liberales enviara tropas para combatir opiniones parecidas a las que habían triunfado en la Península?, ¿cómo imponer a los naturales de América "las mismas cadenas que los buenos españoles tratan de romper"? 62 Los liberales españoles, aun partidarios de la unión, entendían que ésta no podía ser impuesta bajo coacción. Así se expresaba Flores Estrada en 1818: "mi deseo de que las Américas formen una misma Nación con la España, debe entenderse siempre que sea compatible con la libertad, con los intereses, y aun con el voluntario consentimiento de aquellas, y no de otro modo". 63 Y un liberal mexicano, alineado con quienes así pensaban en España, expresaba su consternación ante el movimiento de Iturbide: "¿para qué pelear por la libertad y la independencia", si la Constitución de 1812 aseguraba que la nación española "es libre é independiente"? 64 MANUEL FERRER MUÑOZ 18 60 Infante: Solución á la cuestión de derecho sobre la emancipación de la America. 61 Siurob: Representación al Exmo. 62 Infante: Solución á la cuestión de derecho sobre la emancipación de la America, y Flores Estrada, Álvaro: Profecías políticas á favor de nuestra independencia. O Justificación de ella en razon al despotismo del Gobierno Español, sacada de la representación que hizo al Rey de España en 1818, desde la ciudad de Londres D. Alvaro Flores Estrada. México, Imprenta (contraria al despotismo) de D. J. M. Benavente y Socios. 63 Flores: Profecías políticas á favor de nuestra independencia. 64 Un Incógnito: Advertencias de un americano incógnito á sus conciudadanos. La falacia parcial de esos argumentos estriba en que, al menos en el caso particular de la Nueva España, el movimiento emancipador de los años veinte se arropaba -en parte-con una ideología antiliberal y, si se promovía para asentar un régimen constitucional, también eran perceptibles los recelos hacia las nuevas instituciones de muchos de sus partidarios. Lo que, tal vez, no entendían los liberales es que la lucha de los insurgentes por la independencia carecía, en buena medida, de aspiraciones políticas vinculadas al liberalismo, y conectaba más bien con la vieja aspiración de autogobierno. Sí era más cierta la imposibilidad en que se veía España para disponer de tropas que combatieran en América; por lo demás, la experiencia de lo ocurrido en Cabezas de San Juan en enero de 1820 disuadía de preparar cuerpos expedicionarios acerca de cuya disciplina cabía abrigar serias dudas. Al analizar las publicaciones de la época tendentes a la ruptura con la metrópoli, llama la atención la falta de consistencia intelectual y de coherencia ideológica de que adolecen muchos de esos escritos: es frecuente que las mismas personas que difunden sus ideas al amparo de la libertad de imprenta (una libertad que aceptan y proclaman), pregonan la soberanía nacional y enfatizan la igualdad de todos ante la ley, califiquen de impías o disparatadas las pretensiones de las Cortes españolas de suprimir los fueros eclesiástico y militar, o de abrogar la exigencia civil de los diezmos. Esas contradicciones se explican por la pervivencia en la Nueva España, como en el resto de la América española, de las doctrinas escolásticas -ya arrinconadas en los países europeos más avanzados-, algunas de las cuales -las teorías pactistas, por ejemplo-proporcionaban una justificación del patriotismo criollo y de los movimientos emancipadores. 65 Se tiene la impresión de que nos movemos en los límites entre Antiguo Régimen y Modernidad -unas fronteras muy fluidas todavía-y de que los factores determinantes en la alternativa que se ofrecía a los novohispanos eran más de orden práctico que especulativo. En palabras de un Joven americano, "ninguna clase de gobierno puede hacer prosperar á las naciones americana y española, mientras la primera dependa de la segunda": 66 (LAF, 221). Nótese la precisión que el propio autor introduce más adelante sobre lo que él concibe como "nación americana": ésta "no puede ser otra cosa que el conjunto ó reunión de todos los individuos nacidos y residentes en America, ya traigan su origen de Africa, de España ó de Francia, etc.". sólo el autogobierno permitiría la defensa efectiva de los intereses americanos y el logro de "la perfeccion de las ciencias, de la agricultura, del comercio y de las artes". 67 Desde la perspectiva de la Modernidad sobresale la reiterada mención de los derechos del hombre -"generales y eternos"-para fundamentar el carácter ominoso -y por ello transitorio -68 de la dominación española, desconocedora de los presupuestos básicos de todo gobierno: "los pueblos pertenecen á si mismos y contra su voluntad no pueden ser constituidos por otro, pues el derecho de legislar se concentra más, cuanto más se trabaja por arrancarlo". 69 También era común invocar la ruptura del pacto social que ligaba América con España (entendida la noción de pacto desde unos planteamientos acordes con la tradición escolástica): si los habitantes de aquella orilla del océano habían cedido parte de su libertad individual para constituir un gobierno que velara por su seguridad, fue precisamente "bajo la condición de que este gobierno consulte unicamente á la pública utilidad". 70 La tiranía y la opresión determinaban la disolución de tal vínculo, por lo que los ciudadanos quedaban liberados de la obligación de obedecer: "disolvióse por tanto justamente el vínculo de nuestra unión: devolvióse á la universalidad el derecho de gobernarse, y á ella unicamente pertenece establecer el gobierno que más le fuere conveniente. La utilidad pública clama enérgicamente por la absoluta emancipación è independencia de las Américas respecto de la antigua España; luego está demostrado con la mayor claridad, que la independencia de la América no puede ser mas justa, aun quando la España poseyese el más justo título para dominarla". 71 El obispo Antonio Joaquín Pérez encarna en su persona tal vez como pocos esa paradoja entre el apego a las viejas concepciones y la apertura a los nuevos tiempos. En el discurso que pronunció el 5 de agosto de 1821 en Puebla de los Ángeles, para conmemorar la independencia, encontramos esa misma dualidad de principios: abrazaba la terminología en boga, al aludir a la ruptura del pacto con España, que restituía al "rei- no de Nueva España á la libertad que le concedió la naturaleza"; y, más adelante, lamentaba los ultrajes que la legislación constitucional deparaba a la religión. 72 Precisado el concepto de independencia como "la facultad que tiene una nación para salir de la dominación de otra, entónces será buena ó mala, según las circunstancias y ventajas, que pueda sacar de ser gobernada por sí misma, ó por la nación dominante": 73 otra vez, por tanto, el mismo enfoque empírico a que aludíamos más arriba. Así quedaba justificada la independencia a los ojos de muchos, a quienes parecía imposible el funcionamiento en América del sistema de representación nacional previsto en la Constitución española. Los inconvenientes planteados por las excesivas distancias saltaban a la vista: "es muy difícil, y casi imposible mantener el sistema representativo, sobre el pie en que está: los diputados de España no tienen que dejar sus casas, mas que tres ó cuatro meses al año, y aun en este corto tiempo, pueden desde Madrid atender á sus intereses; pero los de America han de abandonar sus familias, han de sufrir una ausencia de tres años, á una distancia de casi medio mundo: agréguense los gastos de tan dilatado viaje, y la dificultad de los transportes, por la suma escasez de la marina española: asi hemos visto en las actuales cortes, que para la primera legislatura no tubimos ningún diputado legítimo, y sólo un mesquino número de suplentes, faltos de poderes: para la segunda de cincuenta y seis nombrados, apenas seis habrán asistido; unos por su poca salud, ó por su mucha edad, no se atrevieron á emprender tan larga peregrinacion; otros se volvieron desde Veracruz; otros desde La Habana, por temor á los corsarios, ó por falta de barcos...". 74 Análogas consideraciones de interés práctico se sitúan en la base de la casi general aceptación del régimen monárquico como el más indicado para una pacífica transición hacia el futuro nuevo Estado independiente: si bien el modelo republicano federal de los Estados Unidos de Norteamérica ejercía poderosa atracción, la forma política monárquica parecía más indicada para México, por tradicional, para serenar los ánimos inquietos de muchos ante el imprevisible rumbo del país, separado ya de España. 76 Sólo algunas voces discrepantes insinuaban las excelencias del régimen republicano: "cual sea mejor género de gobierno, no es para tratarse con sofismas. Son muchas las razones que hay por una y por otra parte; y si el monárquico tiene escelentes fundamentos, quien sabe si sobrepujarán á los del republicano [...] La esperiencia nos ha enseñado la preferencia de este género de gobierno respecto del monárquico [...] La razón no lo persuade ménos porque siendo la virtud mas dificil de practicar, mientras mayores sean las obligaciones anexas á su ejercicio, cuando vemos que es tan rara en los hombres corrientes, ¿será común en unos hombres, que por su educación, por los objetos que los rodean desde su infancia, y por mil circunstancias, están por decirlo así, casi necesitados á separarse, ó cuando ménos á desconocer el camino de la virtud? ¿Cual es el resorte principal de una república? El amor á la pátria: ¿y el de una monarquía? Aquel es una virtud; este un fanatismo. ¿Cual es mas noble?" 77 Incluso personas como Lorenzo de Zavala, que más adelante destacarían por sus convicciones republicanas, compartieron el criterio de que debían sacrificarse momentáneamente las "pretensiones partidarias de los que querían la república, y de los que deseaban la monarquía absoluta. Todos los hijos del país se unían en el principio de nacionalidad; cada uno reservaba para después sus pretensiones diferentes". 80 No parece desatinado pensar que la renuncia a la defensa de los postulados republicanos podía estar motivada por la conciencia de que esa predilección era aún sentida por muy pocos. La amplísima difusión de la obra de Dominique de Pradt, que estimaba la monarquía constitucional moderada como la plasmación del espíritu político del momento y, consiguientemente, como el régimen más adecuado para México, contribuyó tal vez a enfriar los ánimos republicanos. 81 Tampoco era el momento de airear las aspiraciones federalistas. Por lo mismo que se aceptaba pacíficamente el sistema monárquico, se entendía que el entero territorio sometido a la autoridad de los antiguos virreyes constituía un todo que, como tal, había de configurarse como entidad autónoma. Incluso regiones que, como Nueva Galicia, se convertirían en seguida en auténticos avisperos donde se desafiaba la supremacía de las instituciones centrales establecidas en la ciudad de México, acataban la "resurrección" del Imperio del Anáhuac para que "haciéndose uno este Reyno con el de N. E. quede separado perpetuamente de la antigua España". 82 PUBLICÍSTICA NOVOHISPANA DE 1821 23 En nombre de ese mismo buen sentido, la Gaceta Patriótica del Ejército Nacional -en su número 26, del 21 de abril de 1820-disuadía del empleo de la fuerza para alcanzar los objetivos de autogobierno, y recomendaba confianza en la resolución que adoptaran las Cortes: "entretanto procuremos acallar las pasiones, y tratemos de inspirar confianza á aquéllos con cuyo auxilio contamos para la grande obra de la conciliación de ambos paises". 83 Naturalmente, el parecer de la Gaceta Patriótica, que muchos juzgaban de transigente en extremo, se prestaba a encendidas críticas, que veían detrás de esa propuesta a "hombres débiles, sin energía, sin sentimientos, que acomodando todas sus ideas al frio eterno que reina en la helada región de sus cerebros, no encuentran obstáculo en que un asunto, como este, por su naturaleza ejecutivo, siga los lentos y pesados trámites de un juicio ordinario". 84 Las circunstancias geográficas de la "duplicidad de continentes" y "la falta de proporción y de equilibrio" entre España y sus posesiones trasatlánticas constituían otros elementos de facto que recomendaban la correspondiente separación de los órganos de poder, al imposibilitar la "unión moral" entre uno y otro hemisferio; y es que -argumentaba el cubano Joaquín Infante-"las instituciones para ser benéficas á un pais es preciso que emanen de aquellos á quienes interesan, y sean ellos mismos los ejecutores". 85 Si ese "monstruo político" 86 llegó a durar trescientos años, en contra del propio curso de la naturaleza, esa larga pervivencia era atribuible a la fuerza de las armas, capaz de violentar las leyes naturales y de unir "bajo un cetro pueblos tan distantes, y tan eterogéneos". 87 Pero se trataba de una coacción éticamente injustificable, como también lo eran la anexión llevada a cabo por Cortés, contraria al derecho de gentes, y la donación de Alejandro VI, realizada sin atender a que los papas carecían de dominio temporal sobre los reyes. 88 En consecuencia, concluía al arcediano Manuel de la Bárcena, cuyo Manifiesto al mundo seguimos glosando, "no tubo pues la Peninsula, título legítimo para la adquisición de estos países; ni tampoco le tiene para retenerlos". En el Desafío literario sobre la independencia de la America Septentrional de la antigua España, de Juan Nazario Peimbert, se insistía en la oposición que el imperio español encontraba en la misma naturaleza: segun las circunstancias locales de la tierra; si la naturaleza nos há dividido más de mil y quinientas leguas, nuestra America puede considerarse en su govierno como un mostruo sin cabeza ¿Como podrá ser un Rey padre de sus pueblos, si se hallan tan distantes de su tutela?". 88 Bárcena, M.: Manifiesto al mundo; J. M. C.: Reflexiones sobre la independencia, y Justicia de la independencia, ó apuntamientos sobre los derechos de los americanos. 89 Bárcena, M.: Manifiesto al mundo.
Este artículo nos presenta cual fue la postura dominante adoptada por el Consulado de Comercio de Cartagena de Indias en el proceso histórico que culminó el 11 de noviembre de 1811 con la independencia absoluta de la ciudad. En él se recogen las veleidades pseudorrevolucionarias que se dieron en los primeros momentos, para adoptar posteriormente una postura defensora a ultranza de la causa realista. Igualmente se especifica la intensa y fecunda labor propagandística llevada a cabo por el Consulado, utilizando la imprenta que había adquirido en 1800, en todo el virreinato. Por último, se hace hincapié en su intervención en los sucesos contrarrevolucionarios del 4 de febrero de 1811 y en la definitiva extinción del instituto consular por decisión de los patriotas o revolucionarios. El Consulado de Cartagena de Indias agrupaba en su matrícula a todos los comerciantes con una posición financiera sólida y de reconocida fortuna, así como a los principales hacendados de la zona. Las limitaciones que establecía su cédula fundacional hacían que el número de sus matriculados fuese reducido, ocupando sus miembros los puestos más importantes y respetados de la comunidad cartagenera. El establecimiento de la institución mercantil era muy reciente comparado con la dilatada presencia de España en las Indias, y cuando aparecieron al calor del siglo los vientos que portaban afanes emancipadores, el Consulado apenas llevaba más de una decena de años de existencia. Por tanto, el difícil, complejo y traumático período de la independencia lo sorprendió aún en plena tarea de obtener su mayoría de edad como institución pública. La institución mercantil cartagenera constituía un grupo social integrado por un conjunto de personas ligadas por intereses comunes e identificadas en la consecución de objetivos precisos que presentaba, pese a la existencia de discrepancias internas propias en cualquier colectividad, un criterio común ante los problemas que afectaban a la sociedad del momento. Por tanto, vamos a intentar aproximarnos al papel que desempeñó el Consulado en el proceso de emancipación de la gobernación de Cartagena de Indias. Aunque la mayoría de los comerciantes que pasaban a las Indias lo hacían por un tiempo limitado, regresando a sus lugares de origen una vez concluídos sus negocios en tierras americanas, no obstante, un número apreciable de ellos decidían, por distintas causas, afincarse definitivamente al otro lado del Atlántico. 1 En muchos de estos casos los que tomaban esta decisión se identificaban de forma incondicional con los intereses de la región, de tal forma que en ocasiones limitaban y cuestionaban su apoyo a las autoridades oficiales metropolitanas. Es sabido que tras la promulgación del Reglamento de Libre Comercio los intereses de la burguesía comercial establecida en los emporios portuarios indianos habían coincidido por distintos motivos con los de la Corona y, por tanto, el maridaje entre ambas partes había sido perfecto. Así, cuando los críticos como Pedro Fermín de Vargas atacan con acritud al Consulado, están expresando su desacuerdo con el sistema del comercio colonial imperante. 2 Sin embargo, a partir de 1796, fecha en que se inicia el largo período de las guerras anglo-españolas, esta comunión de intereses sufrió un considerable deterioro. Mercedes F. Alvarez manifiesta que los comerciantes, tanto peninsulares como criollos, desempeñaron un papel muy importante en los prolegómenos de la independencia de los dominios americanos. Sus miembros, a través de sus Consulados respectivos, se esforzaron en convencer tanto a las autoridades coloniales como metropolitanas de la necesidad de flexibilizar la política comercial con aquellos territorios a fin de superar la lamentable situación que se padecía y conseguir la prosperidad deseada. 3 Los comerciantes cartageneros también contribuyeron a este afán liberalizador, como lo demuestran los informes, representaciones, memoriales, etc. que, a través del Consulado de Comercio de la ciudad, se elevaron reiteradamente al rey. Estructura y actuación del Consulado en los inicios del proceso revolucionario El Consulado de Cartagena de Indias no mantuvo una postura uniforme a lo largo de todo el proceso revolucionario, sino que su comporta-ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 2 1 McFarlane, Anthony:"El comercio exterior del Virreinato de la Nueva Granada: Conflictos de la política económica de los Borbones". Anuario Colombiano de la Historia Social y de la Cultura., núm. 6-7. 2 McFarlane, Anthony: "Comerciantes y Monopolio en la Nueva Granada: El Consulado de Cartagena de Indias". Anuario Colombiano de la Historia Social y de la Cultura, núm. 11. Chenu, Jeanne: Problemática del espacio neogranadino en visperas de la Independencia. 3 Alvarez F., Mercedes: Comercio y comerciantes y sus proyecciones en la independencia venezolana. Caracas, 1984, pág. 38. miento se vio afectado por una serie de modificaciones a medida que éste se radicalizaba y sufría un deslizamiento hacía la izquierda. La institución mercantil, en los inicios del movimiento revolucionario, presentó una actitud un tanto ambigua, que, como se evidenciará más tarde, no era compartida por la mayoría de sus miembros. No obstante, transcurrido ese período de euforia que suele acompañar en sus inicios a toda alteración estructural profunda, muchos de sus miembros que habían contemplado con asentimiento, e incluso participado activamente en las irregularidades políticas, reconsideraron su actitud y aquellas veleidades pseudo-revolucionarias quedaron superadas. Así, los matriculados de extracción peninsular que conformaban la mayoría del instituto mercantil percibieron, con ese singular olfato que caracteriza a todos los ciudadanos dedicados a la actividad comercial, que tanto sus intereses materiales como su futuro estaban estrechamente ligados a los de la Corona. Una de las consideraciones que motivaron la creación de los nuevos consulados indianos fue la de conseguir un pacto político regional con los comerciantes americanos establecidos en regiones estratégicas. El objetivo era evitar la aparición de peligrosos vacíos de poder o tentaciones rupturistas y en la mayoría de los casos se saldó de forma positiva, ya que los Consulados, como en nuestro caso, actuaron como fieles aliados de la causa realista. 4 Normalizada la situación en el seno de la institución mercantil, los sectores revolucionarios o patriotas que hasta entonces habían mantenido una explicable actitud de reserva ante el comportamiento del Consulado, van a condicionar su opinión a la orientación que éste adoptase ante los acontecimientos que se avecinaban. Las razones que explican la gran preocupación de los partidarios del nuevo orden sobre cual sería la actitud del Consulado son múltiples: el Consulado constituía, sin lugar a dudas, el cuerpo más nutrido y prestigioso de la ciudad, ya que la mayoría de sus matriculados poseían a nivel individual un sólido e indiscutido poder económico que les permitía una amplia capacidad de actuación en los más diversos aspectos de la vida pública; sus miembros disfrutaban de un indiscutido prestigio y ascendiente personal no sólo en la ciudad, sino en toda la provincia de Cartagena; por la intensa labor de propaganda que desplegaban por toda la jurisdicción virreinal a favor de la causa realista; por la ininterrumpida correspondencia "secreta" que tenían con las autoridades tanto coloniales como metropolitanas que se mantenían fieles a Fernando VII, canalizadas en su mayor parte a través de La Habana; por su persistente distribución de circulares a todas sus diputaciones invitándolas a que reconociesen los distintos gobiernos que se sucedían en la Península, e incitando a los súbditos que disfrutaban del fuero del comercio a contribuir con "excitaciones patrióticas" para auxiliar a sus hermanos de España; haciendo circular por toda la jurisdicción del Virreinato todos aquellos documentos oficiales que pudiesen ayudar a la causa realista, etc. 5 Cartagena de Indias, al igual que el resto de los territorios americanos, recibió con perplejidad y asombro las confusas noticias que llegaban de Europa. En tales circunstancias, a los gobernantes les urgía disponer de un medio de comunicación que les permitiese llevar a la población aquellas noticias que ellos creían necesarias, ya que el tradicional sistema de Bando, realizado a viva voz por el pregonero de la ciudad, se prestaba a múltiples inconvenientes. Se contaba en Cartagena con una adecuada imprenta, propiedad de su Consulado, adquirida a principios de siglo y que se encontraba desahuciada y arrinconada pese a los ímprobos esfuerzos realizados por la institución mercantil para ponerla en funcionamiento. 6 Una multitud de percances, animosidades y desbarajustes administrativos impidieron que la imprenta cumpliese los cometidos para los cuales había sido adquirida. La razón se encontraba en que las altas instancias de la Monarquía, incluyendo al Consejo de Indias, habían prohibido rigurosamente la puesta en funcionamiento de la industria impresora cartagenera. 7 Pese a la terminante prohibición de las autoridades metropolitanas sobre la entrada en actividad de la imprenta consular, los recientes acontecimientos que se habían producido en la Península modificaron dichos presupuestos y le depararon una proyección distinta a la pensada por sus fundadores. Adelantándonos a los acontecimientos diremos que enterado el comisionado de la Junta de Sevilla, don Antonio Vacáro, de la existencia de una imprenta en la ciudad, le comunicó de inmediato al gobernador de la plaza Blas de Soria que realizase las gestiones necesarias para ponerla en ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 4 5 Archivo General de Indias (en adelante AGI), Santa Fe, 961. Consulado a José Joaquín Colón, decano del Consejo de Regencia. 6 Alvarez Romero, Angel: "La imprenta del Consulado de Cartagena de Indias". funcionamiento a la mayor brevedad posible. 8 En su contestación, el gobernador le notificaba que había entrado en contacto con el Real Consulado, su propietario legítimo, ya que costeó de sus fondos la adquisición de la imprenta, a fin de que se reparasen las piezas deterioradas para su más pronta entrada en funcionamiento. Un análisis de la situación de la América española en estos momentos nos muestra de inmediato que lo que individualiza a la crisis desencadenada tras la invasión de la Península por las tropas napoleónicas es la presencia de un grupo social con características y, sobre todo, con objetivos bien distintos de los que hasta entonces se habían dado en la realidad americana. Dicho grupo se instituyó en instrumento y portavoz de un proyecto que pretendía la revisión de la situación política imperante en aquellos dominios. La coyuntura temporal exigida para que la operatividad de dicho grupo se hiciese realidad se nos presenta de forma un tanto inesperada, abarcando desde los postreros meses de 1808, una vez clarificada la confusa situación existente en la Península, hasta bien entrado el año de 1810. Este período será de vital importancia en la gestación de las ideas que más tarde desencadenarán los futuros acontecimientos revolucionarios. Al mismo tiempo, una observación epidérmica y circunstanciada de estos meses, podría llevarnos a la falsa idea de que la normalidad política era la tónica imperante en Cartagena en cuanto a las relaciones de este grupo revolucionario con las autoridades provisionales de la Monarquía española. Pero si escudriñamos con rigor este período de afasia política en las altas instancias gubernamentales de la Monarquía, no lo catalogaremos como un homenaje a la utilidad del tiempo por el tiempo. Por contraste, apreciamos que durante esos meses, el grupo discrepante con el sistema político existente, va a ir creando el ambiente propicio hasta alcanzar el punto nodal que le permitirá el control del poder político de Cartagena. En coherencia con todo lo expuesto manifestaremos que en Cartagena se vivió desde finales de 1808 hasta los primeros meses de 1810 una calma contenida, pues si bien el pueblo permanecía al margen de cualquier acti-EL CONSULADO EN LA INDEPENDENCIA DE CARTAGENA DE INDIAS 5 8 AGI, Santa Fe, 745. Blas de Soria a Vacáro. Para la puesta en uso de la imprenta, véase mi trabajo ya citado. tud amenazadora, las clases que dirigirán y canalizarán el proceso revolucionario no dosificaban sus esfuerzos para crear el ambiente idóneo donde fuese posible la concreción de sus proyectos. Según la fructifera intuición de Burkhardt, "el cuestionamiento radical del orden constituido no se debe buscar entre las clases más desfavorecidas, sino en aquellas que poseen una visión más realista sobre su ascenso social y político". Por tanto, pese a esta aparente calma, en la ciudad se gestaba una atmósfera de tensión a la que nos hemos referido, en la cual se pondría a prueba la solidez del edificio acosado y las energías de las nuevas fuerzas que ambicionaban imponerse. Aunque el "hecho revolucionario" aún no había alcanzado en Cartagena los niveles de estrado, sí percibimos sus manifestaciones de inquietud en las plazas y calles, pero sobre todo en las peculiares tertulias cartageneras, convertidas en verdadero pulso de la ciudad. 10 Entre las múltiples Juntas defensoras de los legítimos derechos de Fernando VII que salpicaban el suelo peninsular, fue la establecida en Sevilla el 27 de mayo de 1808 la que se abrogó la representación nacional en nombre del ausente monarca. Actuando como órgano gubernativo central de todos los súbditos de la Monarquía que no reconocían la legalidad ni la legitimidad del gobierno de José I, comenzó a desarrollar una intensa actividad de gobierno destacando entre sus decisiones la designación de una serie de comisionados para las distintas provincias indianas. 11 El objetivo central de estos comisionados a Indias era intentar conseguir que los súbditos ultramarinos proclamaran su fidelidad a Fernando VII, declarasen la guerra a Francia, conocieran el armisticio firmado con Inglaterra, prestasen su reconocimiento a la Suprema Junta de Sevilla y procurasen recaudar la mayor cantidad de caudales para hacer frente a los gastos que demandaba la guerra contra los franceses. 12 El elegido para desempeñar esta misión en el virreinato de Nueva Granada fue el capitán de fragata de la Real Armada don Antonio Vacáro, el cual desembarcó en Cartagena de Indias el día 8 de agosto de 1808. Portador de la real provisión emanada de la Suprema Junta de Sevilla, se presentó de inmediato al coronel Blas de Soria, gobernador interino de la provincia de Cartagena desde el fallecimiento de su antecesor don Anastasio Cejudo el mismo año. 13 Los hechos se sucedieron a un ritmo vertiginoso debido a las estrechas instrucciones que llevaba Vacáro de la Suprema Junta de Sevilla, siendo la más importante aquella en la que se instaba a todas las instituciones de la ciudad y provincia a su más pronto reconocimiento. 14 Tras informar a Blas de Soria de la situación en que se encontraba la Península, de las intenciones de la Junta de Sevilla, y de las medidas que se debían adoptar en Cartagena, tales como la puesta en funcionamiento de la imprenta, todo parecía marchar de acuerdo con los objetivos que se había fijado el comisionado. El gobernador convocó y presidió el día siguiente las Juntas de Guerra y Hacienda y el Cabildo de la ciudad. 15 Reunido el Ayuntamiento el día 10, en sesión extraordinaria, presidida por el mismo, se fijó para el día 14 la convocatoria de todo el pueblo cartagenero para solemnizar y oír la proclama y jura de la ciudad, en prueba de la fidelidad que ofrecía a Fernando VII. Por contraste, la institución municipal cartagenera mostró ante la propuesta del comisionado Vacáro una actitud circunspecta respecto a las exigencias de la Junta de Sevilla. Sin llegar a una terminante negativa, su contestación rigurosamente meditada posponía de inmediato la ceremonia de reconocimiento de dicha Junta. Sus argumentos se sustentaban en que la provisión que se le había presentado no disponía textualmente que se realizase la jura y, además, no se tenía la certeza de que dicho reconocimiento lo hubiesen formalizado todos los Cabildos de la Península. Continuaba exponiendo la institución municipal cartagenera que era lógico que se abstuviera de dar dicho paso sin recibir las órdenes de la máxima autoridad del Reino, ya que lo natural era que el reconocimiento de la Junta de Sevilla por el Cabildo de la ciudad viniese precedido por el del virrey. Concluía puntualizando que las reales 13 Pumar Martínez, Carmen: Don Antonio Amar y Borbón último virrey del Nuevo Reino de Granada. El fallecimiento de Cejudo, conocedor a la perfección de la realidad americana, fue un contratiempo en aquellos delicados momentos. El era el interlocutor que podía atemperar el choque entre los intereses de la burguesía y los del gobierno central. Le notificaba lo perjudicial que resultaba para la causa legítima la reticencia del Cabildo de la ciudad a reconocer a la Junta de Sevilla, ofreciendo a las autoridades de la fragata inglesa "Sabrina", anclada en el puerto, la existencia de un vacío de poder. Blas de Soria a distintas instituciones de Cartagena. Se intentaba conocer cual era el estado en que se encontraban las Cajas Reales, por cierto en la mayor indigencia. órdenes manifestaban muy expresamente que no se llevasen a cabo actos de esta naturaleza si no eran previamente autorizados por la superior autoridad del Reino. 16 La reacción del comisionado Vacáro fue de manifiesta contrariedad, responsabilizando a Blas de Soria de los contratiempos que habían surgido, como persona en "quién concurren buenos deseos, pero no el talento y la energía que exige su encargo, ni el tino con que es necesario dar a los negocios en las críticas circunstancias actuales, porque la debilidad de su carácter conocida por los Capitulares de este Ayuntamiento, no de buenas ideas, aumenta la influencia de éstos, sumamente perjudicial en los negocios del día, por la malignidad que aparece en sus opiniones". 17 Ante tan inesperado contratiempo el comisionado le propuso, con insistencia, al virrey que la solución más conveniente sería la de sustituir a Blas de Soria en la gobernación de Cartagena, sugiriéndole al comandante de la comisión hidrográfica don Joaquín Fidalgo como la persona más idónea para el desempeño de tan delicado cargo. Tal sería su acaloramiento y estado de irritación que llegó a proponer a Amar que la solución más adecuada sería que "los Capitulares y el Teniente de Gobernador fueran enviados a la Junta de Sevilla en partida de registro para cortar el mal de raíz". 18 El Ayuntamiento de Cartagena de Indias se mantuvo impertérrito en su opinión, y sólo reconoció la soberanía de la Junta de Sevilla el 5 de septiembre de 1808, una vez que lo había realizado la Junta creada en Santa Fe, el 21 de agosto, en sesión presidida por el virrey don Antonio Amar y el comisionado Sanllorente, enviado a dicha ciudad por la Suprema Junta de Sevilla. Jura del cuerpo consular a la Junta de Sevilla Las autoridades cartageneras señalaron una fecha a cada institución de la ciudad para que se realizasen los actos de reconocimiento de la soberanía interina de la Suprema Junta de Sevilla. Al Consulado, como una de las instituciones más representativas de Cartagena, se le asignó la del 17 de ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 8 16 Ibídem. El Cabildo de Cartagena a Vacáro. Vacáro a Suprema Junta de Sevilla. Vacáro a virrey Amar. El Cabildo de Cartagena a Blas de Soria. Cartagena de Indias, 27 de octubre de 1808. agosto para efectuar dicha ceremonia. En la convocatoria realizada por la secretaría del Gobierno se cometió la irregularidad de dirigirla al Consulado de Comercio de Cartagena de Indias, ignorando que en dichas instituciones mercantiles se daban dos autoridades distintas y, por tanto, la mencionada ceremonia debía celebrarse de forma desglosada. 20 La razón que justificaba dicha distinción estribaba en que las funciones y responsabilidades de cada una de ellas -el Tribunal Consular o de Justicia y la Junta de Gobierno-eran autónomas e independientes entre sí. 21 Dentro de la institución consular existía un cierto malestar contra el gobierno central, motivado por una serie de razones a las que ya hemos hecho referencia y entre las que predominaban las de índole economica. 22 Por tanto no debe extrañarnos que en el mismo seno del Consulado existiese un indeterminado número de matriculados que creían que había llegado el momento oportuno para corregir los defectos que se encontraban pendientes de estudio. Previamente la Junta de gobierno consular se reunió para preparar tanto el desarrollo de los acontecimientos como los temas que serían debatidos el día 18 y que posteriormente veremos reflejados en el acta de dicha sesión. En el punto cuarto de la misma se contemplaba que los miembros del Tribunal consular se responsabilizarían de que la real provisión emanada de la Junta de Sevilla y "el oficio exhortatorio se difundiera por toda la jurisdicción del Virreinato a través de las diputaciones consulares y demás individuos que se hacen necesarios para ayudar a dicha misión". Al mismo tiempo se invitaba a todos los individuos que estaban en posesión del fuero del comercio a que prestasen la mayor ayuda posible ante las difíciles circunstancias que soportaba la Monarquía española en Europa. Real cédula de erección del Consulado. La Junta de gobierno del Consulado estaba compuesta por el Tribunal de justicia -prior y los dos cónsules-, más los nueve consiliarios, el síndico, los funcionarios de tiempo o técnicos -contador, secretario y tesorero-y el gobernador de Cartagena, que era su presidente nato, en función del cargo político que desempeñaba en la plaza. 22 Las continuas irregularidades a que a partir de 1796 se vio sometida la política comercial con las colonias, como la inseguridad en el Atlántico, la alternancia de autorizaciones y suspensiones del comercio de neutrales, el cierre de puertos americanos, etc., contribuyeron a que muchos comerciantes se distanciaran del gobierno al creer que éste no defendía bien sus intereses. Acta de la Junta de gobierno del Consulado de Cartagena celebrada el 18 de agosto de 1808. Cartagena de Indias, 18 de agosto de 1808. encargos que la Junta de Sevilla le había encomendado al comisionado Vacáro ocupaba un lugar prioritario la recaudación de caudales, es lógico que las mayores expectativas recayesen sobre la institución consular que acogía en su matrícula a los vecinos más pudientes de Cartagena. La respuesta que acuerdan los miembros de la Junta de gobierno está en la línea de la más genuina lógica de los ciudadanos dedicados a la actividad mercantil. Ante una situación al menos confusa, pensaron que la postura más razonable sería demorar cualquier compromiso de inmediato y esperar una mayor clarificación de las circunstancias existentes. Así le contesta al comisionado que todos sus miembros estaban prestos a colaborar, pero que "después de madura reflexión habían llegado a determinar que sería más rentable esperar la llegada del buque de guerra que se anunciaba, ya que entonces se le sacaría mejor partido y los donativos serían más cuantiosos". 24 Al mismo tiempo la situación en la que se veía el gobernador Blas de Soria era muy expuesta e insegura. El comisionado Vacáro le culpaba ante las autoridades superiores, tanto coloniales como metropolitanas, de ser el principal responsable del rumbo que habían tomado los acontecimientos. Consciente de su precaria situación, el gobernador recurrió a todos los medios a su alcance para intentar mejorar su deteriorada imagen. 25 Prueba evidente de su situación era el acoso y hostigamiento que encontramos hacia su cargo y persona. La doblez e incongruencia del virrey Amar queda patente en que, con fecha 14 de septiembre de 1808, le comunica que su comportamiento "era arreglado a la razón" y que "así se debía actuar en momentos de tanta gravedad", para a los cinco días, por superior decreto, separarlo del mando general interino de la ciudad, que puso a disposición del brigadier don Antonio de Narváez, dejándole solamente con el militar de la Plaza, es decir de "murallas para dentro", 26 que iba anejo a su cargo de teniente de rey. Acta de la Junta de gobierno celebrada en Cartagena de Indias el 18 de agosto de 1808 y Vacáro a la Junta de Sevilla. Blas de Soria a la Junta de Sevilla. Le comunica a las autoridades centrales que está cumpliendo estrictamente todas las providencias de Vacáro. Puntualiza que el pueblo está perfectamente informado por medio de la imprenta y envía un ejemplar del primer número del periódico los "Avisos de Cartagena" a fin de precaver la malicia de los que debían dar mejores ejemplos. Instancia del asesor del Cabildo de Cartagena al ministerio de Estado y Hacienda. Blas de Soria a la Suprema Junta de Sevilla. El mando se lo confió imprudentemente a su amigo don Antonio de Narváez, nacido en la misma Cartagena, donde residían la mayoría de sus parientes y amigos. Respecto al Consulado adelantaremos que dicha institución mantenía la misma postura que al conocerse los sucesos de 1808. Aunque todavía en el seno de la población cartagenera no se había producido la ruptura abierta en dos partidos, ya se perfilaba la institución mercantil como el núcleo aglutinador de todos los ciudadanos que se oponían, o se iban distanciando del que "intuían" como proyecto revolucionario. Al mismo tiempo, dentro de la politización generalizada que afectaba, en mayor o menor grado, a todos los elementos de la sociedad cartagenera, el Consulado contaba con la importante baza de ser el propietario legal de la imprenta. Tal era la importancia de la industria impresora que hasta el más superficial de los observadores podía apreciar los esfuerzos que realizaban las distintas tendencias políticas existentes por hacerse con su control para utilizarla en beneficio de sus intereses. Así, la minoría burguesa cartagenera que aspiraba a orquestar los acontecimientos revolucionarios, la precisaba para poder desarrollar una intensa campaña informativa con explícita proyección proselitista. El año de 1809 va a transcurrir en Cartagena de Indias dentro de una aparente normalidad, pero en su transcurso se gestará la decisiva crisis de 1810 y los dos grupos existentes van a iniciar una toma de posiciones. Los partidarios del establecimiento de una nueva ordenación política de marcada tendencia autonomista en la ciudad intentarán encontrar en el Cabildo el instrumento adecuado para alcanzar sus objetivos. 28 Así, mientras los criollos agrupados en torno a la figura de José María García de Toledo, líder dilecto de la burguesía cartagenera en estos primeros tiempos, aspiraban a hacerse con el control de la institución municipal, los partidarios de la causa realista lo hacían en torno al gobierno de la ciudad. No obstante, su gobernador don Francisco Montes, catalogado como una reliquia godoista, careció de la virtualidad necesaria para hacerse con el dominio de la situación, e incluso se malquistó el apoyo de muchos realistas, que verían con agrado su separación del gobierno. Creación de la Junta de Gobierno de Cartagena de Indias El 29 de enero de 1810, el Supremo Consejo de Regencia, a tenor de las inquietantes noticias que llegaban a la Península procedentes de los dominios americanos, resolvió enviar a aquellos territorios comisarios regios para analizar y aconsejar a las autoridades indianas sobre los problemas existentes. El 8 de mayo, procedentes de Caracas, arribaron a Cartagena don Antonio de Villavicencio y don Carlos Montúfar. El primero de ellos, designado para resolver los problemas concernientes al virreinato de la Nueva Granada, inició de inmediato las gestiones ante el gobernador Montes y el Cabildo de Cartagena para conseguir el más pronto reconocimiento del Consejo de Regencia. 29 El gobernador, tras manifestar que estaba dispuesto a materializar dicho acto, convocó un Cabildo para el 12 de mayo, a fin de llevar a cabo dicho cometido. El líder insurgente, José María García de Toledo, haciendo gala de sus grandes dotes políticas, en una habilísima intervención oratoria pidió el establecimiento de una Junta de Gobierno en la ciudad de Cartagena. Para él, el reconocimiento de la legitimidad de Fernando VII y de la soberanía del Consejo de Regencia pasaba por la erección de la mencionada Junta. La justificación de su petición se podría recoger en la frase "porque este Cuerpo establecido legalmente y por los sufragios del público, era el más competente para entender y deliberar en las ocurrencias del día". Por tanto, apoyándose en una parte de los miembros del Cabildo, rehusó admitir los ofrecimientos del comisionado regio si con anterioridad no se aceptaba su proyecto y proponía la convocatoria de un "Cabildo abierto", a fin de conocer la voluntad popular sobre los graves problemas que se debatían. 30 El 22 de mayo de 1810 fue la fecha en la que la Junta de Gobierno de Cartagena de Indias quedó definitivamente estructurada. Presidido el Cabildo por el asesor del Gobierno Múnive y Mozo, y con la asistencia del comisionado don Antonio de Villavicencio, se desarrolló en un ambiente tenso y de gran efervescencia, y se corria el riesgo de no adoptarse ninguna solución definitiva. 31 En este estado de cosas emitió su "voto" don Antonio ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 12 29 Lemaitre, Eduardo: Historia General de Cartagena. Villavicencio, criollo aristócrata nacido en Quito, era descendiente de cartageneros, ya que su abuelo fue el primer marqués de Premio Real. 30 Gómez Hoyos, Rafael: La independencia de Colombia. 31 Porras Troconis, Gabriel: Documentos concernientes a los antecedentes de la declaración absoluta de la independencia de la provincia de Cartagena. A la sesión del 22 de mayo asistieron: alcaldes ordinarios: García de Toledo y Díaz Granados. Regidores: Tomás Andrés de Torres, Salvador Narváez, José María del Castillo, Germán Gutiérrez de Piñeres, José A. Fernández, Lázaro M. Herrera, José A. Amador, José M. Múnive, Santiago González, Santiago de Lecuna, Francisco del Fierro, Juan V. Romero, M. Demetrio de Vega y José M. del Real, siendo el síndico procurador José Antonio Ayos. de Narváez, primer regidor de la ciudad y diputado a Cortes quien, centrando el debate, hizo posible que se pudiese abordar de una forma concreta el problema del establecimiento de la Junta de Gobierno de la ciudad. Su razonamiento se asentaba en que los proyectos de reforma propuestos en días anteriores deberían ser respetados y manifestaba que, dadas las circunstancias imperantes, no se debería chocar con "el concepto que ya ha adoptado el pueblo en los días 16 y 17 con las manifestaciones de alegría, vivas, músicas, sobre el establecimiento de una Junta de Gobierno". Como podemos observar, el brigadier, con la experiencia acumulada a lo largo de sus más de cincuenta años de vida pública, recurreconstante que acompañará a todas las decisiones políticas importantes de este período-a la presión popular fácilmente manejable en una sociedad tan sensitiva como la cartagenera de principios del XIX. Como fundamento jurídico legal va a recurrir a la "ley 2. título 7, libro 4. de las Municipales que ordena que sean los corregidores con los Cabildos los que se hagan cargo de una gobernación interina, y debe ponerse en observancia por ser consecuente con la Real Orden de 31 de enero de 1810 en la que se dispone la supresión de todas las Juntas que no fuesen superiores". Proponía que el ejercicio de gobierno se llevase "a socio" entre el gobernador y el Cabildo, depositando éste su autoridad en una delegación para la mayor agilización de los asuntos de gobierno. El gobernador ejercería la administración de justicia entre partes, quedando los asuntos más graves como competencia exclusiva del Cabildo. 32 Una vez aprobada la creación de la Junta de Gobierno, el Cabildo designó por unanimidad a don Antonio de Narváez y la Torre, primer regidor de la corporación municipal, y a don Tomás Andrés de Torres, uno de los más destacados miembros del Consulado, quienes acompañarían al gobernador Montes como coadministradores en la Junta de Gobierno de Cartagena. 33 Como última formalidad, todos los asistentes a tan histórica sesión procedieron a jurar el cumplimiento de las nuevas formas de gobierno "acomodadas en cuanto es posible a la necesidad y a las leyes". A esta fase del proceso revolucionario se le ha venido a denominar como "revuelta de los letrados" ya que fueron juristas los que llevaron el peso de la misma. 34 Los sucesos de mayo, que concluyeron con la deposición de Montes, parecen demostrar que dicha medida era la mejor solución para superar la crítica coyuntura a la que se enfrentaba Cartagena. No obstante al ambiente de euforia que dominaba la ciudad y al estado de ánimo reinante en muchos que consideraban la caída de Montes como una conquista política, los sucesos debieron despertar recelos entre los miembros de la institución mercantil. Así, el Consulado, dos días después de la deposición del gobernador, elevó un escrito donde hacía pública su más entera fidelidad al Consejo de Regencia. Igualmente ponía singular énfasis en resaltar que había sido el primer Cuerpo de la ciudad en prestar el requerido juramento, ajustando en todo su proceder a las recomendaciones contenidas en la real cédula de 5 de febrero de 1809 y en la real orden de 24 del mismo mes y año. Entre los principales protagonistas que llenan esta agitada época encontramos al comerciante cartagenero Tomás Andrés de Torres. Su residencia de más de 35 años en la ciudad de la bahía, donde había desempeñado numerosos cargos públicos, le hacía moverse por el quehacer de la ciudad sin extrañar su oriundez. Cuando la Corona erige en 1795 el Consulado de Comercio y selecciona por primera y única vez los cargos de la institución consular, escoge para llenar el puesto de prior, el cargo de máxima importancia, a Tomás Andrés de Torres, lo que deja entrever que su prestigio había desbordado el ámbito comercial cartagenero, llegando a las altas instancias gubernamentales. Dicho personaje sintetiza de forma objetiva los hechos del 22 de mayo alejándose de cualquier desviación partidista. Dice que "aquel arbitrio se propuso para restablecer la tranquilidad del pueblo que estaba commovido contra el mismo Montes". Igualmente, en la declaración jurada que redacta para justificar su actuación en tan delicados momentos, vuelve a insistir que "se depuso a Montes para la tranquilidad del pueblo, y se actuaron siempre los expedientes justificativos del comportamiento del Cabildo". Elías Ortiz, Sergio: Historia Extensa de Colombia, Bogotá, 1971, Tomo IV, pág. 131. Entre los miembros de las "profesión legal" que participaron en dichos acontecimientos encontramos a Manuel Díaz Granados, José María del Real, José María del Castillo, Germán Gutiérrez de Piñeres y José María García de Toledo. Tomás Andrés de Torres redactó de su puño una "Representación para el presidente de la Suprema Junta de Gobierno de Cartagena", en la cual fundamenta su desacuerdo con el resto de sus compañeros de Junta, hecho que invalida cualquier opinión sobre la parcialidad del informante. Rubricada en sus cuatro páginas, fue depositada ante el escribano real don Agustín Gallardo. Por tanto interpretamos tan trascendentales acontecimientos como una forma de acabar con la tensa atmósfera existente entre españoles y americanos. Las autoridades de la Regencia tuvieron conocimiento del desarrollo de estos sucesos políticos a través del comisionado regio, testigo de excepción de tan importantes acontecimientos. En las inmediatas fechas de 24 y 29 de mayo, Villavicencio envió a las autoridades metropolitanas un descarnado informe denunciando la deplorable situación en que se encontraba el virreinato. Para la elaboración de ambos escritos, exponía Villavicencio que el Consulado había sido uno de los cuerpos que mejor le había informado. 36 Ante la reticencia de Montes a aceptar el sistema de cogobierno aprobado por el Cabildo, éste, asegurada la neutralidad de las fuerzas armadas, se reúne el 14 de junio para condenar la actitud obstruccionista del gobernador. Llamado por la institución municipal el teniente de rey, Blas de Soria, se le confirió posesión del gobierno, arrestándose seguidamente al depuesto Montes, que días más tarde sería embarcado hacia La Habana. 37 Pese a tan drásticos arbitrios, la situación política no había remitido, persistiendo los encrespados ánimos en la ciudad. Evaluando tan incontrolada tensión que amenazaba con estallar en cualquier momento, el comisionado regio Antonio de Villavicencio se dirige a las autoridades del Consejo de Regencia advirtiéndoles que "sólo la llegada del virrey electo Francisco X. Venegas podría salvar a aquellos dominios de la tormenta que le amenazaba". 38 Dos meses más tarde, el 14 de agosto de 1810, se organizó la "Suprema Junta Provincial de Cartagena de Indias", eligiéndose como presidente por cuatro meses a García de Toledo. Como podemos deducir existía una gran reticencia entre los revolucionarios a que se pudiera constituir un fuerte poder unipersonal en la Provincia. 39 Al mismo tiempo, los acontecimientos que se desarrollaban en el resto del territorio neogranadino contribuyeron a deteriorar el "entendimiento" que se había dado entre la institución mercantil y los elementos revolucionarios. Los sucesos acaecidos y las decisiones adoptadas en Santa Fe, produjeron un fuerte impacto en la ciudad cartagenera. La Suprema Junta de Gobierno establecida en la antigua capital virreinal, reunida el 26 de julio de 1810, decidió romper cualquier lazo que la vinculase con la soberanía que representaba el Consejo de Regencia, al mismo tiempo que decidía no admitir el nombramiento del virrey electo don Francisco Venegas. Con este objeto, enviaba instrucciones al gobierno de Cartagena para que impidiese la entrada del mencionado virrey en el Reino. 40 Testimonian la existencia de dicha influencia en las autoridades cartageneras las distintas informaciones recibidas al respecto en el Consejo de Regencia. Entre ellas encontramos la carta enviada el 1 de septiembre por el comandante general del Istmo, don Juan de la Mata, en la que notifica que "Cartagena había seguido el mismo camino de Santa Fe, pero lo hace con la solapa de reconocer a nuestro legítimo Rey y a V.M". 41 El problema más acuciante que se les presentaba a las autoridades de la Suprema Junta de Gobierno de Cartagena era la inminente llegada del virrey electo. La razón de dicha inquietud radicaba en que la Regencia, por real orden de 25 de agosto, había desaprobado el comportamiento del Cabildo en los sucesos que llevaron a la separación de Montes, ordenando que se volviese a la forma de gobierno que existía anteriormente. Por tanto, si se acataba el juramento realizado por el Cabildo el 17 de mayo, por el cual se reconocía la soberanía de la Regencia, no quedaba otra alternativa que admitir la presencia del virrey don Francisco Venegas, so pena de incurrir en la ilegalidad. 42 ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 16 39 Sourdis de la Vega, Adelaida: Cartagena de Indias durante la Primera República. La Suprema Junta estaba compuesta por el Cabildo en su totalidad, es decir doce concejales, más seis diputados elegidos por el pueblo y los delegados de los municipios de Mompóx, Tolú, San Benito Abad y Simití. Acta de la sesión de la Suprema Junta de Gobierno de Santa Fe, 7 de julio de 1810. Tras la extinción de los tribunales superiores de Santa Fe, se creo la Suprema Junta de Gobierno de la Provincia de Cartagena de Indias, ocupando su presidencia José María García de Toledo. Juan de Mata al Consejo de Regencia. Tomás Andrés de Torres al Consejo de Regencia. Previéndose de un momento a otro la mencionada contingencia, se reunió el Cabildo el 30 de agosto, a fin de decidir la postura que se iba a adoptar ante tan urgente problema. Tomás Andrés de Torres refiere que tras una acalorada sesión, en la cual, incluso los más flemáticos de sus vocales le impidieron exponer su opinión, decidieron unilateralmente y sin consultar a otras Juntas de las establecidas en el Virreinato, ni a las corporaciones y tribunales existentes en la ciudad, enviarle una diputación notificándole que se volviese a la Península. 43 Como hemos visto, la determinación adoptada por los miembros de la Suprema Junta de Gobierno no respondía a los fundamentos contenidos en el reconocimiento jurado y publicado solemnemente por el Cabildo, el 17 de mayo, del Consejo de Regencia. La toma de esta resolución motivó la dimisión del presidente interino de la Junta, Blas de Soria, el cual fue sustituido por Múnive y Mozo, abrogándose de inmediato José María García de Toledo todas las facultades de gobernador comandante general y dejando sólo los asuntos relativos a lo contencioso en manos del teniente de gobernador y los coadministradores. Tomás Andrés de Torres expondrá en su declaración secreta que a partir de aquel momento todos los vocales lo miraban como sospechoso, "excusándome darme conocimiento de los asuntos de gobierno como a los demás". Que no abandonaba su puesto de gobierno "ya que me expondría a perder mi libertad y mis bienes, con desamparo de mi numerosa familia, sino de mi vida". 44 Aunque la actitud de los revolucionarios aparecía nítida, motivos de distinta índole aconsejaron a sus líderes continuar preservando de forma capciosa el reconocimiento oficial de la soberanía del Consejo de Regencia. No obstante, la situación era tan evidente, que tras la prohibición de la entrada del virrey electo en Cartagena, fueron muchos los realistas que pidieron sus pasaportes, entre ellos Blas de Soria, ya que a nadie se le ocultaba el rumbo que tomarían los acontecimientos. Exposición de los sucesos relativos al rechazo del virrey Venegas relatados por un protagonista tan relevante en todos los acontecimientos del momento como Tomás Andrés de Torres. 44 Urueta, José P.: Cartagena y sus Cercanías. Lemaitre, Eduardo: Historia General de Cartagena, tomo III, pág. 10. Para valorar hasta qué punto la Suprema Junta era un instrumento del Cabildo, recordamos que en ella, dos miembros -Blas de Soria y Tomás Andrés de Torres-eran partidarios de recibir al virrey. Juan José: Geografía Histórica local de Cartagena. República de Nueva Granada descrita por Cantones. Difícil situación de la Junta de Gobierno.-Actividades propagandistas del Consulado Pese al absoluto control que ejercían los elementos revolucionarios sobre la Suprema Junta de Gobierno de Cartagena, ésta se hallaba en una posición difícil e incómoda derivada de su decisión de reconocer de forma ficticia la soberanía del Consejo de Regencia. 46 Tan incongruente situación le proporcionaba a la institución mercantil un asidero legal que le permitía desarrollar con impunidad sus actuaciones en pro de la causa realista. Como veremos, la actuación del Consulado no se limitaba al reconocimiento de la autoridad del Consejo de Regencia, sino que por el contrario, testimoniaba su fidelidad desarrollando una intensa y activa campaña propagandística en favor de la deteriorada causa realista. El Consulado, merced a la eficiente utilización de su imprenta, desempeñó un papel informativo y propagandístico de primerísimo orden. Su intensa actividad no se circunscribía al reducido ámbito provincial, sino que llegaba, a través de la utilización de sus más de veintiséis diputaciones esparcidas por todo el territorio de la Nueva Granada, a los más distantes lugares. Como recoge Lucena Giraldo, la cédula de erección, en su artículo X, le concedía la cobertura legal necesaria para intervenir en todo el virreinato, a excepción de las provincias de Quito y Popayán. 47 Quizás, lo más positivo de su labor fue el proporcionar testimonios documentales sobre el verdadero desarrollo de los acontecimientos que se producían en el seno de la Monarquía española. Las impresiones de los discursos, manifiestos, proclamas, etc., desmontaba muchas de las deformaciones informativas que propalaban los elementos revolucionarios. 48 Como prueba de la fidelidad y anhelo patriótico que se respiraba en el seno de la institución consular recogemos algunas de las decisiones de su Junta de gobierno. Contando con la anuencia general de sus miembros, se comprometió a sufragar los gastos relativos a la reimpresión de 30 nuevos ejemplares de la real orden de 1 de noviembre de 1808, comunicada por ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 18 don Pedro Cevallos, primer secretario Estado nombrado por la Suprema Junta Central, en la que se recogían todos los hechos ocurridos desde el 19 de marzo de aquel año para que fuesen distribuidos por todas las diputaciones consulares. 49 Igualmente se decide publicar y distribuir por el virreinato, utilizando a los individuos que gozaban del fuero del comercio, la real cédula que disponía la expulsión de los extranjeros y genízaros. 50 A medida que los acontecimientos europeos alcanzaban mayor tensión, la actividad propagandística del Consulado adquiría mayores proporciones a fin de contrarrestar las falsas noticias que de forma encubierta, o bien manipulada, llegaban del otro lado del Atlántico. Los primeros meses de 1810 se caracterizaron por su acentuada fiebre impresora. Así, la Junta de gobierno resolvió imprimir para que circulasen por toda la jurisdicción consular, la real orden de 24 de febrero de 1810 sobre la instalación del Consejo de Regencia, el "Discurso de su decano don José Joaquín Colón", la "Proclama del Supremo Consejo de Regencia a los americanos", con el Decreto de la convocatoria a Cortes de 14 de febrero de 1810, y la "Proclama hecha por la Junta Superior de Cádiz", remitida por su presidente Francisco Venegas, que posteriormente sería electo virrey de Nueva Granada. 51 La proyección y eficacia propagandística de la institución mercantil debió ser extraordinaria y, posiblemente, su potencia de actuación subterránea contra el gobierno revolucionario crearía en éste no pocas reticencias. Como hemos dicho, la finalidad prioritaria de su labor tendía a que en la Nueva Granada los súbditos ultramarinos no dudasen de la existencia real de los distintos gobiernos que se sucedían en la Península, desmintiendo la campaña desatada por los insurgentes de que la causa de la Monarquía Española se encontraba totalmente arruinada. Al mismo tiempo dicha información coadyuvaba a impulsar el espíritu de patriotismo existente e incitaba a colaborar en las suscripciones patrióticas voluntarias para hacer frente a los cuantiosos gastos que exigía la lucha contra los franceses. 52 e Independencia Desde finales de 1810 las posiciones políticas de las distintas tendencias revolucionarias se fueron clarificando y los comportamientos más o menos ambiguos que habían imperado hasta entonces se verán desplazados por actitudes más trasparentes. No obstante, los insurgentes mantenían encontradas y constantes agresiones verbales que ahondaban las profundas grietas que los escindían. Por lo que hace a los elementos realistas de la ciudad cartagenera, asistimos a un proceso de similar naturaleza, pero sus partidarios van a formar un bloque monolítico en el cual estarán integrados todos los individuos refractarios al nuevo orden de cosas. Los elementos militares y civiles de la ciudad, partidarios de la causa realista, iniciarán una serie de actuaciones para intentar corregir la situación existente en Cartagena. 53 Para dirigir dicha conspiración se contaba con casi la totalidad del cuerpo de oficiales del Fijo, destacando entre los comprometidos a Juan Esteban de León y a Miguel Gutiérrez. Para conocer los contactos que existieron entre el elemento militar y el civil contamos con el informe elaborado por el oidor de la Real Audiencia de Santa Fe, don Joaquín Carrión Moreno, que al hacer una exposición de los hechos, puntualiza la existencia de contactos entre ambos elementos que estaban en desacuerdo con la situación imperante en la ciudad. 54 La mayor parte de los ciudadanos comprometidos en la conspiración pertenecían al gremio de los mercaderes catalanes, poseedores de las mejores pulperías de la ciudad, que formaban entre ellos una compañía cuyo número no bajaba de cincuenta y que se habían distinguido por su eficacia en ocasiones anteriores. 55 Igualmente, poseemos el valiosísimo informe, elaborado personalmente por el capitán del Fijo Miguel Gutiérrez, máximo responsable de los sucesos del 4 de febrero. Su relato coincide con el del oidor Joaquín Carrión, aunque apenas hace referencias a los contactos habidos con la población civil de Cartagena. A grandes rasgos expone los acontecimientos: "que el Regimiento se había quedado sin sus Jefes naturales, y la Suprema Junta de Gobierno resolvió que recayese el mando sobre el Teniente Coronel del Auxiliar de ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 20 53 Alvarez Romero, Angel: "La imprenta de Cartagena...", pag. Informe del oidor Joaquín Carrión. Dicho informe fue redactado con los testimonios de los pasajeros de la goleta "Nuestra Señora del Carmen" que acababa de atracar procedente de Cartagena. Expediente del gobernador sobre los pulperos catalanes afincados en Cartagena de Indias. Reunidos los oficiales representamos a través del Comandante General don Antonio Narváez nuestra disconformidad por distintas razones destacando entre otras el haber colaborado en la destitución del Virrey..., como la Junta seguía manteniéndolo decidimos para el día 4 de febrero por la mañana, salir en armas el regimiento. Aquella mañana, a las ocho, fui llamado a la puerta del cuartel por el regente de la Audiencia José María García de Toledo quién utilizando como pretexto que Narváez requería mi comparecencia decidió apartarme del regimiento cosa que no consiguió lograrlo... Vuelto al cuartel y referido lo acontecido, llegamos al acuerdo que era la ocasión de liberar a la Patria y hacer reconocer los derechos de Fernando VII. Iba a la cabeza de la tropa, cuando soy detenido por Narváez que nos preguntó que queríamos y contestamos todos fuera la Junta y que se pusiese el gobierno en manos del Teniente de Rey y que se jurasen las Cortes. Su contestación fue publicar un bando imponiendo por el Rey pena de vida a los individuos que estaban en formación que no obedeciesen la orden de retirarse al cuartel: separada la tropa de las armas pasamos a las Casas del Cabildo, donde se me previno que el pueblo pedía mi cabeza, y era cierto, ya que el pueblo amotinado la pedía reiteradamente, al igual que quienes eran los agentes que los promovían". 56 Tras el fracaso del intento contrarrevolucionario aumentó la crispación entre los patriotas, debido a las discrepancias existentes sobre la actitud que se debería adoptar contra los que de alguna manera habían estado involucrados en la intentona golpista. 57 La tendencia jacobinista que acaudillaban los Piñeres, empecinada en llevar el proceso revolucionario a sus últimas consecuencias, se convirtió en celadora del nuevo orden, a costa de imponer un despotismo arbitrario e incoherente con el genuino programa revolucionario preconizado por la burguesía criolla de la ciudad. La pérdida paulatina del control de los dirigentes piñeristas sobre la indigente plebe de color degeneró en una situación cercana a la anarquía. La misma crispación de ánimos existente en la ciudad cartagenera, va a predisponer al sector revolucionario más extremista a liquidar la engañosa situación imperante y acelerar el proceso que conduciría a la independencia. No obstante, el Consulado continuará en su actitud de defender el orden jurídico legalmente constituido, pese a ser conscientes del peligro que suponía apoyar a ultranza la causa realista. 58 Así, en carta de 31 de ene-EL CONSULADO EN LA INDEPENDENCIA DE CARTAGENA DE INDIAS 21 de 1811, a las autoridades de la Regencia que habían reconocido las Cortes generales y extraordinarias ateniéndose estrictamente a los términos recogidos en los decretos de 25 y 27 de septiembre de 1810, ordenando a sus ministros y dependientes que realizasen, como estaban obligados, el mencionado juramento. 59 En la misma carta de enero de 1811, el Consulado le remitía al Consejo de Regencia el acta que le pasó el presidente de aquella Junta Provincial en la que constaba haberse llevado a cabo el reconocimiento de la Regencia pero con "ciertas restricciones", al considerarla como una "Soberanía interina y supletoria". 60 Ya en el contexto de la misiva se dejaba entrever que las autoridades revolucionarias pensaban que el Consulado se plegaría a sus sugerencias, cosa que éste no aceptó, haciendo el reconocimiento de las Cortes tal como venía ordenado en el real decreto de 24 de septiembre de 1810. 61 Los revolucionarios, por primordiales razones de índole internacional, pese a que su actitud capciosa no engañaba a nadie, seguían manteniendo su reconocimiento a las Cortes españolas, aunque conceptuándolas como "una soberanía interina y supletoria". Espectadores de la profunda división que reinaba en las filas revolucionarias, los dirigentes de la institución consular percibieron que era el momento más oportuno para intensificar la campaña propagandística. 62 Poniendo de manifiesto una vez más su acendrado patriotismo, solicitaban de las autoridades metropolitanas el envío urgente de todas las órdenes, decretos y proclamas, e incluso retratos de los soldados más distinguidos, a fin de mantener vivo el patriotismo que se iba diluyendo por momentos. Subrayaban con especial hincapié el envío de las Gacetas oficiales y de los Diarios de Cortes, a fin de que nadie pudiera dudar de la existencia de las autoridades peninsulares y deshacer la maliciosa propaganda difundida por los insurgentes de que toda la Península había sucumbido ante los ejércitos napoleónicos. Desde el fracaso contrarrevolucionario del 4 de febrero de 1811 hasta el 30 de junio de 1812, fecha en la cual quedó extinguido el Consulado, el instituto mercantil va a ir perdiendo paulatinamente su capacidad operativa. Cada vez menos testimonios su actividad pública y cuando nos los topamos suelen ir cargados de un fatalismo que denota un estado cercano a la impotencia. Pese a la jura, continúa el Consulado, la Junta Provincial de Cartagena procedía como soberana, así promulgó reglamentos de comercio, extinguió cobros, hizo rebajas en los adéudos de los derechos reales y municipales, que lo recaudado en concepto de subvención de guerra no fuese a la tesorería consular sino a las Cajas reales, etc. 63 Su situación se hacía por días más precaria e insostenible, llegándose a plantear entre sus miembros el proponer a las autoridades españolas una suspensión temporal de la institución. Debemos tener presente que las decisiones de la Junta de Gobierno consular eran ignoradas por las diputaciones de comercio de Santa Marta y Panamá. Estas, siguiendo las recomendaciones de las autoridades metropolitanas, no enviaban, por prudencia, las cantidades recaudadas por concepto del impuesto de avería ante la posibilidad de que fuesen incautadas por los insurgentes. 64 Los revolucionarios más extremistas, enojados de tanta actitud ficticia, empujaron los acontecimientos para llegar al presentido final. La llegada a Cartagena, a través de las Gacetas de Jamaica, de los últimos sucesos ocurridos en la Península, sobre todo la toma de Tarragona y el estrecho cerco a que se encontraba sometida la Isla de San Fernando, precipitaron el inevitable final. 65 La mañana del día 11 de noviembre fue testigo del más ruidoso tumulto que la ciudad había presenciado. Un enorme gentío proveniente del arrabal de Getsemaní, cruzó la puerta que daba a la plaza de la Aduana dirigiéndose a la casa de armas, de la que forzaron las puertas, y ya armado se dirigió a la casa del Gobierno. El gentío, integrado por todas las castas, negros mulatos y zambos, en número siete veces superior a los blancos, pedía con un estrepitoso clamor que se declarase y publicase la independencia. Con una situación de exaltación colectiva, el populacho consiguió que, tras deliberación, la independencia de la provincia de Cartagena fuese publicada a la una de dicho día. 66 El Gobierno tuvo que acceder a todas las peticiones, de tal suerte que los jefes y cuerpos de la ciudad se vieron obligados sin exclusión a jurar la 67 En momentos, ante la manifiesta superioridad de las castas, en todos los ánimos se cernía el temor de que ocurriesen los sangrientos sucesos de Santo Domingo que tan cuantiosas muertes ocasionaron entre el elemento blanco. 68 La prolija comunicación que el Consulado dirige a las autoridades metropolitanas, aún en medio de tanto desastre, muestra un hálito de dignidad, pues con manifiesto sentimiento de mortificación, expresan que se avergüenzan de la situación a la que se había llegado, pero llenos de rubor denuncian que, sin armas ni recursos, no han tenido más remedio que someterse. Así, la institución mercantil remite a las autoridades metropolitanas el Acta de independencia publicada por el gobierno insurgente, refiriendo el suceso y la violencia a que fue sometida para prestar su juramento y adhesión al gobierno legítimo. Tras la proclamación de la Independencia, la primera actuación de la Suprema Junta de Gobierno fue la de aprobar las proposiciones presentadas por los diputados del pueblo. Dicho decálogo compendia un esbozo de lo que sería la futura Constitución de la República de Cartagena. En la nueva labor legislativa, muchas de las instituciones existentes serán desmanteladas al no considerarlas de utilidad para el nuevo orden institucional. El Consulado fue una de las instituciones que con más rigor sufrió la enemistad de los nuevos gobernantes, ya que sus miembros eran considerados como leales partidarios del antiguo orden de cosas. Desaparecida la deferencia formal que las autoridades revolucionarias habían tenido que simular durante meses, las primeras resoluciones fueron las de recortarle sus atribuciones y modificar las normas internas del Instituto. Así, en la resolución séptima del decálogo se recogía que los cargos más importantes ÁNGEL ÁLVAREZ ROMERO 24 67 Corrales, Manuel Ezequiel: Documentos para la Historia de la Provincia de Cartagena de Indias hoy Estado Soberano de Bolívar en la Unión Colombiana. El acta que ratifica la independencia y que fue firmada por todos los miembros de la Junta manifestaba que "La Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy de hecho y por derecho Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión, vasallaje y obediencia, y de todo otro vínculo de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente la ligase con la corona y gobierno de España". El Tribunal consular al Consejo de Regencia. de la mercantil debían en los matriculados de origen americano, que todos los fondos que se encontraban depositados en la tesorería consular pasasen de inmediato a las Cajas oficiales, aunque en concepto de reintegro, sin especificar la procedencia de los mismos, ya fuesen correspondientes a la subvención de guerra, al Departamento de Balanza, e incluso aquellas cantidades destinadas a hacer frente a los pagos de suscripciones u otros gastos propios de una institución de esta naturaleza. 70 La situación del instituto mercantil no podía ser más anómala ya que sus miembros, la mayor parte de ellos de origen penínsular, se caracterizaban por su afecto a la causa realista. Por otra parte, el Consulado se había convertido en una institución que carecía de miembros suficientes para llenar sus cargos más significativos, por no cumplir los requisitos que recogían las nuevas leyes. Ante tan insólita y azarosa situación, el gobierno político cartagenero, erigido por sí mismo en República, decidió acabar con tan ficticia situación disponiendo el 30 de junio de 1812 la extinción del Consulado de Cartagena de Indias, tras 17 años de existencia. Difícilmente otra institución encontró peor coyuntura para poder desarrollar los objetivos de potenciación económica de la Nueva Granada, que fueron los que dispusieron para ella sus creadores. Aunque en 1815, tras la conquista de la ciudad por Morillo, el Consulado cartagenero fue restablecido, su vida fue lánguida e inoperante como la del resto de las instituciones públicas durante este breve período. Bien es sabido que la apuesta de la población americana por un nuevo destino era un hecho irreversible y el Consulado corrió idéntica suerte que la institución monárquica a cuya concesión graciosa había debido su razón de ser.
En el presente artículo se desarrolla una proyección del suministro de distintos servicios en un puerto periférico del imperio español. Basado casi exclusivamente en documentación original procedente de los principales archivos rioplatenses, el trabajo contiene una amplia relación sobre esta temática específica. Las oportunidades ofrecidas en ese contexto han sido agrupadas, según su carácter. en empresariales y laborales. En ambos casos se encaran primeramente sendas instancias descriptivas, seguidas por informaciones acerca de sus rendimientos económicos. Aparecen continuos ejemplos de la variedad de casos y situaciones analizadas, sobre todo en lo que hace a retribuciones personales. Finalmente surgen con nitidez la diversidad y la conveniencia de las citadas prestaciones como generadoras de riqueza en la comunidad montevideana. El puerto colonial de Montevideo alcanzó en los últimos 40 años de dominio español un creciente protagonismo, basado fundamentalmente en su situación geográfica. En sucesivas etapas se convirtió en terminal de buques correos, apostadero naval del Atlántico Sur, sede de oficinas administrativas específicas, destino de buques mercantes, corsarios y negreros, nudo de comunicaciones regionales, etcétera. En torno de su recinto no cesaría de crecer a su vez una población de singular dinamismo. Mientras recibía inmigrantes trasatlánticos y de la región, progresaba en ella una plaza comercial incentivada por diferentes oportunidades. La mayor parte de éstas coincidieron con la guerra hispano británica iniciada en 1797. Allí se intermediaba en todo, se salaban muchas toneladas de carne, y bullía el espíritu mercantil estimulado por una apertura inestable pero generosa. En medio de una anárquica libertad a casi todas las naciones, se paliaba entretanto la situación financiera, muy deteriorada en un imperio cuya cabeza se iba desprendiendo del resto. Hecha la paz con Gran Bretaña, habría variantes de relevancia en la coyuntura internacional. Los enemigos se volverían amigos y pronto susti-tuirían de hecho a la metrópoli casi ausente. Esto y la lucha con Buenos Aires, frenarían considerablemente la multitud de oportunidades anteriores. Montevideo se aproximaría poco después a una crisis del mismo modo económica que política, y se reduciría casi a la nada. Pero a lo largo de su corto vuelo había encontrado en el puerto la verdadera razón de existir. No sólo fue entrada y salida para todo, sino que también representó una fuente de oportunidades en sí mismo. Igual que partía para La Habana, la carne salada de su cinturón industrial halló una clientela cada vez más abundante entre las tripulaciones de los buques. Las emergentes figuras de su comercio pudieron invertir parte de sus caudales en adquirir embarcaciones fácilmente rentables y la creciente afluencia de inmigrantes halló pronta ocupación. A reseñar esas oportunidades estarán destinadas las páginas que siguen. Una primera subdivisión del planteamiento nos muestra dos áreas bien definidas, según afectaran al ámbito empresarial o al del trabajo. En ambos casos, se procurará describir brevemente las diversas formas de beneficio generadas; también para las dos se analizará el alcance de la redistribución de riqueza operada, sus desigualdades y razones. El abastecimiento de la Marina Su idoneidad portuaria transformó a Montevideo en sede de las fuerzas navales destinadas al extremo sur del imperio español de ultramar. Se estableció en él un apostadero, o sea un instituto orgánico encargado de atender con cierta autonomía la seguridad y la defensa de su ámbito, que tuvo como misión específica proteger las Islas Malvinas y el pasaje del Atlántico al Pacífico. Comenzada su actividad en 1769, con el arribo de la expedición de Juan Ignacio de Madariaga, siete años más tarde se definieron oficialmente sus funciones. Su dotación primitiva fue de dos corbetas, que se alternaban entre el Plata y el archipiélago austral, pero en los años siguientes la misma fue aumentando junto con la importancia del enclave. En 1787 señalaba Pérez Castellano que se había agregado una fragata grande. Para fines del siglo XVIII, seguía progresando la armadilla que, según Mariluz Urquijo, comprendía tres corbetas, igual número de bergan-ARTURO ARIEL BETANCUR 2 Anuario de Estudios Americanos tines y una fragata, aunque casi todas ellas en muy mal estado. El mismo autor destaca también la existencia de un grupo de lanchas cañoneras. 1 Las embarcaciones necesitaban distintos servicios, que la Junta de Marina contrataba en tierra por plazos generalmente quinquenales mediante el régimen de asientos. Esto significaba que durante el término establecido, el o los encargados tendrían la exclusiva absoluta del abastecimiento, bajo los precios y las condiciones pactadas. El suministro de víveres constituyó obviamente el de mayor volumen y relevancia. Conocemos otras prestaciones subastadas por la Marina al margen del abastecimiento alimentario, y al igual que éste conferidas por lustros. En agosto de 1803 se remató el asiento de medicinas "simples y compuestas" para proveer las cajas de los bajeles de guerra que se habilitaban en Montevideo. 2 Casi simultáneamente había concluido el plazo por el que a fines de 1795 se concediera el de herrería, cerrajería y calderería, que en agosto de 1802 se otorgó por un nuevo quinquenio. 3 Otro acuerdo de relevancia fue el de velas de sebo destinadas a los buques reales, "tanto en este puerto como navegando". a) Los asientos de víveres El antecedente más claro de este servicio hay que hallarlo en los llamados vivanderos. Mediante la provisión de alimentos a la guarnición militar, esos mercaderes ambulantes dieron vida a uno de los primeros renglones locales generadores de capital. Un asiento de comestibles cumplido en los años 1770 por el múltiple empresario Francisco Medina, en consorcio con otros dos colegas, constituyó entretanto un ejemplo pionero de esta clase de contratas. Se trató del abastecimiento en esos renglones a la expedición militar comandada por Pedro de Ceballos, negociado con la propia Comandancia de Marina de Montevideo. LA PROVISIÓN DE SERVICIOS EN EL PUERTO DE MONTEVIDEO 3 Le sucedió el también comerciante Manuel Vázquez, quien atendió el servicio durante toda la década de los 90, pues su buen desempeño en el primer período le valió la preferencia en la convocatoria siguiente. La entrada en el siglo XIX halló a Mateo Magariños como titular del asiento, en el que consiguió ser preferido en 1806 por un nuevo ciclo. Sorpresivamente lo transfirió entonces a José Batlle y Carreó, a quien tocaría afrontar en ese carácter los peores momentos de la época hispánica. Manuel Ximénez y Gómez y José Ramírez, completarían a su vez con pasajes breves los últimos dos años coloniales. El núcleo de los suministros de esta clase estuvo en la reposición ("repuesto") de los víveres consumidos por los buques de guerra de armadilla durante el viaje de ida, y en la provisión cotidiana de raciones mientras permanecían anclados (la "diaria de puerto"). A las mencionadas se agregaban las embarcaciones al servicio de la plaza de Montevideo, las de la carrera de la costa patagónica, los bajeles guardacostas, y por último se incorporaron también los de correos. Era obligación del asentista mantener "bien acondicionadas", en almacenes ubicados dentro de la ciudad, "prontas y listas siempre", un número elevado de raciones. 6 Las mismas se componían de alimentos frescos o desecados, según se las destinara al consumo inmediato o para las travesías, como asimismo de leña rajada, o carbón. En ambos casos existía la llamada ración de dieta, con gallina en vez de tocino o carne (salada para el primero, fresca para el segundo), cereales y "pasto necesario". Igualmente se operaban diferencias en los suministros de Cuaresma y Semana Santa, con predominio del pescado seco. 7 Los productos panificados tenían singular importancia y los comerciantes de ese renglón poseían por tanto el mayor interés (Magariños y Batlle estaban ligados al negocio, lo mismo que Miguel Zamora, quien los había proporcionado durante cuatro de los cinco años de vigencia del contrato de Vázquez, y asociado con Maciel se postuló al remate de 1794). Esta se hallaba entre las razones que anotaba Pérez Castellano en 1795 para explicar la prosperidad de los panaderos por "sólo el rendimiento del bizcocho" destinado a los barcos. 8 La Real Hacienda presentó en este punto un nivel de exigencias bastante alto. Las condiciones en que se ofreció la contrata en 1794 establecían, por ejemplo, que todo alimento no hallado de recibo se entregaría a la cárcel pública con los correspondientes descuentos. El pan sería a su vez necesariamente de harina, "y no de asemite u otros bodrios". Las fianzas debían pertenecer a sujetos "lisos, legos, llanos y abonados", con preferencia absoluta de las que se ofrecían en dinero efectivo. 9 En 1812, se pedía que el pan fresco de diaria no fuera "ni muy pesado ni muy ligero y bien fermentado", siendo elaborado "de toda harina de trigo de buena calidad, con extracciones de afrechos y no exceder(í)a de tres libras de peso" cada pieza. El asentista sería sometido al reconocimiento de los peritos de abordo, en éste como en los otros productos que suministrara. Las reses destinadas a carne fresca deberían ser novillos de más de tres años, con la mejor calidad que permitiera cada estación, "no cansados", "sacados a lazo" y muertos a cuchillo. 10 b) Incumplimientos recíprocos La Comandancia de Marina justificaba en 1812 su perfil exigente en materia de productos panificados, por la experiencia adquirida a través de "algunos proveedores". Se había comprobado el empleo de trigos y otros granos de mala calidad, que producían "mal gusto y mal olor a la galleta, aceleran(do) su corrupción". 11 El asentista que registró mayores faltas fue Francisco Antonio Maciel, al punto de ser rechazadas por ello sus ventajosas ofertas de 1794 y 1795. Las jerarquías navales recordaban por ejemplo los 18 meses de riguroso arresto por su complicidad en delitos de corrupción. Ello "sin que se le permitiese comunicación alguna, de que se seguía a la Marina el más mal servicio". Asimismo se le acusaba por la mala calidad de los víveres, especialmente grave en alta mar. Evocaban inclusive haber recibido una severa advertencia del ministro Valdés por el estado de inútiles en que llegaban frecuentemente los alimentos para Cádiz. 12 También se generaron dificultades para los asentistas, dentro de las cuales deben incluirse los propios incumplimientos de la Real Hacienda. Un largo pleito llevaron adelante ya Francisco Medina y sus socios, a raíz de los que estimaron perjuicios evidentes en su pionera contrata. El núcleo del contencioso radicó en no admitírseles como raciones completas 10.000 reses y ciertas cantidades de harina suplidas en su lugar. La controversia se prolongó más allá de la vida de ellos y el dictamen favorable a sus reclamaciones se conoció dos décadas después de ejecutado el servicio. 13 Pero los mayores perjuicios fueron experimentados sin duda por José Batlle y Carreó. Sobre sus espaldas confluyeron las tres formas de los apuros más usuales: las dificultades para la compra de insumos de procedencia agrícola, las turbulencias políticas y, en parte como consecuencia de éstas últimas, la falta de pago por los suministros. Las compras de trigo ocasionaron la mayor preocupación en casi todos los casos. Volúmenes estos que debían adquirirse "en las estaciones oportunas" a fin de comprar con más ventaja, y en la ciudad de Buenos Aires, por tratarse del "principal mercado" cerealero. Allí "siempre y por una razón necesaria, e(ra) más barato que en esta de Montevideo", donde por otra parte no existía suficiente producción. Magariños padeció con la carestía del trigo en 1804, cuando se produjo una "escasez de granos que en muchos tiempos no se ha(bía) conocido igual". Pero Batlle debió afrontar esta dificultad prácticamente a lo largo de todo su desempeño, como consecuencia de la excepcionalidad del período. Los precios se elevaron enseguida, "por las ocurrencias políticas que sobrevinieron a los pocos días de haber principiado el despacho de raciones por (su) cuenta". Hicieron que "en lugar de haber tenido aquella prudente utilidad que según se calculaba, ofrecía el remate de la contrata..., perd(iera) (su) crecido caudal, el giro de (sus) negocios y de consiguiente el crédito". Efectivamente, apenas hecho cargo del asiento, se produjo la toma de Buenos Aires por los británicos, que le ocasionó la pérdida de 3.000 fane- gas de trigo compradas allí. Al año siguiente, ocupada Montevideo, los agresores causaron graves daños en su establecimiento de la Aguada. Retirados los invasores, las alteraciones de 1808 aumentaron sus gastos y el volumen de los suministros exigidos por el estado de continuo sobresalto que atravesó la vida local. Los sucesos de 1810 profundizaron esta situación, con un activo bloqueo que demandó cada vez más provisiones, a la par que le cerraba la posibilidad de acceder por abastecimientos al mercado bonaerense. Completaron su desdicha los dos sitios puestos a la población, en cuyo intermedio pudo comprobar cómo su planta elaboradora se convertía en escombros, y la casa contigua era "plan barrido". Por último, el "exacto cumplimiento del pago por la Real Hacienda en cada uno de los trimestres o cuatrimestres vencidos" había sido considerado por Batlle el único punto a favor del asentista. Pero, por las razones expuestas, esa previsión "jamás tuvo cumplimiento en todo el tiempo de su contrata, pasando muchos meses y aún años, para cobrar alguno". El primer retraso en las asignaciones coincidió con la ocupación inglesa, y se extendió por más de un año. Desde entonces se produjo un comprensible aumento de la morosidad, acrecentado en 1810 por la pérdida de la capital. Unicamente le fue posible rescatar sumas parciales, "a picos y a fuerza de súplicas, para satisfacer a los acreedores que más apuraban". Con el correr del tiempo se agregaron al "debe" las prometidas indemnizaciones, su transformación en deudor de muchos miles de pesos, y una larga gestión de cobro en la propia corte, no culminada en el resto de su vida. Por tanto, para él, la oportunidad del asiento fue tan sólo "causa de enormes pérdidas", tal como recordaría con pesar en 1844. 14 c) Interés siempre renovado A pesar de todo lo anterior, nunca dejó de haber interesados en prestar el servicio. Fueron señaladas las pujas y aún las rebajas en las ofertas, dado que la participación en el negocio abría puertas a otras especulaciones. En 1794, Manuel Vázquez partió de un ofrecimiento inicial de 36 maravedíes por ración, frente a 28 de los otros oferentes Maciel y Zamora. Ambas partes disminuyeron luego sus postulaciones, a 31 y 25 maravedíes, aunque ésta última fue rechazada por inadmisible ("sabe esta Junta el pre- cio a que puede darse la ración para que el triste que la disfruta no padezca para siempre"). A pesar de esto y a la supuesta imposibilidad del primero para disminuir su oferta (a menos que "dejar(a) (su) familia expuesta a mendigar"), hubo aún mucho margen para ello. 15 Repetida al año siguiente la subasta, ambas partes igualaron en 23 maravedíes, con el resultado que ya se indicara. 16 Mateo Magariños reduciría aún más esa suma, al rematar para el siguiente período por 20 maravedíes. El mismo asentista renunciaría poco después a abastecer los buques correos por considerarlos "unos surtimientos de puros repuestos" y de "flaca entidad". Hecha una nueva convocatoria separada, bastó que surgieran otros postulantes para que el titular resolviera proseguir con la prestación casi sin alteraciones. 17 A pesar de los antecedentes negativos, también en la convocatoria de enero de 1812 se reiteró el interés por prestar el servicio, en este caso mediante la puja de José Ramírez y el nombrado Ximénez, a la postre adjudicatario. El primero incrementó en un 20% el nivel de los precios asignados por los convocantes y el segundo un 19%. La competencia empujó a ambos hacia valores más bajos, hasta que finalmente el ganador se situó en 15%. 18 Magariños señaló en 1804 la mayor conveniencia del abastecimiento de víveres, fuera de la moderada ganancia que sin dudas proporcionaba mientras los mercados no se sacudieran por situaciones extraordinarias. Fundando su citada decisión de continuar con el suministro a los buques correos, admitía que "a su sombra" ("causado del asiento") había conseguido ensanchar significativamente el giro de su casa comercial. 19 La entrada y salida de embarcaciones mercantes o corsarias en el puerto, representaba la eventualidad de un ingreso suplementario, fundamental para los sucesivos asentistas oficiales, máxime contando con todas las facilidades, instrumentos e instalaciones necesarias. Este servicio constituyó sin duda una oportunidad empresarial de consideración, sobre todo por lo que representaba su extensión en el hirviente ámbito portuario montevideano. A quienes eran activos comerciantes, significó una posibilidad muy cierta de ventas fijas con la opción de ir per- Anuario de Estudios Americanos manentemente a más. Pero también fue una fuente de riesgos, en la medida que tuvo como contraparte a la Real Hacienda. La suerte de estos empresarios estuvo estrechamente unida a la de aquella en el terreno financiero, lo que se volvió dramático a partir de 1806 cuando ingresó en una crisis sin retorno. El transporte marítimo y fluvial En este punto se hace necesario distinguir según se trate de la navegación de altura o de las embarcaciones menores que conformaban el llamado tráfico costanero del río. Mientras en el primer nivel nos hallamos con los integrantes de la élite local de actuación múltiple, en el segundo generalmente se trata de pequeños empresarios individuales dedicados a una actividad de subsistencia. El negocio naviero mayor parece haber sido el más productivo de cuantos servicios pudieron encararse. Fue legalmente posible a partir de la autorización de 1796 para emplear buques pertenecientes a comerciantes no metropolitanos en cualquier tipo de expedición. Ello no significa que sólo desde entonces hubiera empresarios navieros montevideanos, pues en los años 1780, por ejemplo, tenían barcos propios Francisco Medina y Manuel Diago. Mucho más importante aún fue poseer medios financieros y oportunidades efectivas para el tráfico. Ambas circunstancias deben considerarse derivadas de la nueva situación de apertura hacia la región y el mundo (comercio de ensayo, con neutrales, de esclavos, etcétera). Se conformó así una flota de consideración, inclusive con naves de 400, 500 y hasta una de alrededor de 800 toneladas. Los navieros locales fueron los mismos comerciantes e industriales, en algunos casos también hacendados, que cargaron sus producciones y mercancías. Pero igualmente procuraron rentar una parte de sus bodegas, estimulados por los altos precios de los fletes. Era muy raro que un cargamento de ida o de vuelta sólo perteneciese a un remitente. La excepción fue el tráfico de esclavos, pero aún ahí se podía observar algunas veces la diversidad de interesados. Dado el bajo costo de los barcos en el exterior y las oportunidades que brindaban, por ejemplo, los remates de presas corsarias en casi todas partes, el peso de los fletes aparece exorbitante, sobre todo hasta 1806. LA PROVISIÓN DE SERVICIOS EN EL PUERTO DE MONTEVIDEO 9 Fletada de inmediato a Bilbao, les produjo una ganancia superior a 26.000 pesos, con lo que también fue cubierto el precio de 9.000 pesos desembolsado inicialmente. "Los fletes eran subidos en nuestros puertos, y se apetecían los buques, y siempre había frutos que sacar", afirmaba tiempo después en magnífica síntesis retrospectiva, un comerciante de la ciudad de Lima. "Reportaban unos lucros terribles" y "los navieros hacían unas ganancias de gravedad" añadían otros en la misma ocasión. 22 En 233 pesos diarios o 7.000 al mes calculaba aún en 1811 un jefe de la Real Hacienda montevideana el precio de los servicios de una fragata que estaba cargando con destino al puerto de El Callao. 23 Por tanto, poseer uno o varios barcos producía ganancias muy importantes, capaces inclusive de compensar las pérdidas que también eran frecuentes. Sin duda sería mucho menos remunerativo el tráfico de embarcaciones menores, que se desplazaban en el Río de la Plata, hacia Buenos Aires u otros destinos cercanos y también intervenían en las propias operaciones portuarias de enlace entre buques y carretillas. La importancia de esta segunda flota era subrayada a comienzos del XIX por el propio capitán del puerto, que la consideraba un plantel permanente de buena marinería. Fijaba en ocho o nueve millones de pesos el volumen de frutos y efectos ingresados o extraídos por ella cada año. 24 Ese "tráfico costanero" registraba en 1813, 147 pequeñas embarcaciones, de las cuales casi la mitad (65) eran balandras, seguidas a razón de 20 en cada una por goletas y zumacas. El resto se componía de 13 chalu- pas, seis botes (dos de ellos de pescadores), cinco lanchones, cuatro lanchas, tres bergantines, tres faluchos, dos polacras, dos lugres, dos chalanas, un místico y un champán. 25 La dinámica de estos bajeles de menor cuantía era importante, al punto que hubo días, en septiembre de 1812, de fondear hasta 27, en lo que sin duda fue una marca excepcional. Pero también hubo jornadas de siete, nueve y doce desembarcos, todos con distintos abastecimientos procedentes del interior del territorio. 26 El negocio naviero en gran escala fue a todas luces de elevado rendimiento económico, aunque también comportaba un riesgo considerable en medio de tiempos tan agitados. Menor repercusión de ambos aspectos se registró en cambio a nivel del segundo tipo de tráfico, más una actividad de subsistencia que una posibilidad de enriquecimiento. De todos modos, tanto una como otra flota contribuyeron a la dinamización del cuerpo económico y del puerto montevideanos. Fue amplio el espectro laboral que se vinculó con las actividades económicas generadas en torno al puerto. Lo más específico fue el "ejercicio de la mar", desempeñado entre otros por la clase de "hábiles dispersos", como se denominaba en Cádiz a una amplia franja de su matrícula. Gente de dura existencia, fue llamada en 1810 por un viejo conocedor de ella, la que "a precio de su tranquilidad y con riesgo de la vida, (ib)a a ganar un pan para sus hijos". 27 Comprendía fundamentalmente al personal embarcado: capitanes, pilotos, contramaestres, marineros, cocineros, despenseros, pajes, mozos, etcétera. En un segundo nivel debe incluirse a prácticos, escribanos, cirujanos, y hasta capellanes, cuya presencia no era de la universalidad de aquellas plazas. El papel de los capitanes fue obviamente fundamental. Su condición casi inseparable de primeros pilotos los transformaba en los grandes responsables de la navegación, seguidos también en ello por sus segundos. Ese compromiso se ponía de manifiesto en caso de perder la embarcación, lo que generaba profundas investigaciones y hasta podía acarrearles penas graves, impuestas por las jerarquías marítimas. Lo delicado de su función hacía que fueran muy exigentes las autoridades navales para habilitar a los encargados de la conducción de buques. Un "piloto aprobado" catalán invocaba en 1792 el examen rendido ante los maestros de la Academia de Barcelona. A su vez cierto aspirante rioplatense viajó en diciembre de 1805 desde Buenos Aires a Montevideo, "con el designio de examinarse en clase de piloto,...según ordenanza". No se le expidió entonces el respectivo nombramiento por entenderse que "carec(ía) de los principios de la náutica". 28 No obstante, el simple conocimiento empírico también constituyó una credencial esgrimida no sin éxito en ese ambiente. Dentro del personal que embarcaba sólo a veces, sobresalían los prácticos. Básicamente se trataba de conocedores empíricos de las vías acuáticas y de las terminales, los que eran incorporados para evitar los riesgos en zonas desconocidas por los pilotos. "Me contraté en clase de tal práctico y en su virtud se me ordenó que condujese la fragata a este puerto", declaraba en agosto de 1804 un marino portugués ajustado al efecto en Santa Catalina. El capitán, a su vez, dijo haberle "entreg(ado) el buque" a este entendido y "el gobierno y dirección de la fragata" a otro colega que le sustituyó. Con todo ello complementaba una definición de la actividad y de las atribuciones consiguientes. Lo suyo consistía en indicar la naturaleza del itinerario, y más específicamente las características del fondo, los bancos y las corrientes. 29 Era muy común que una vez dentro del río se procurara contratar un práctico en Maldonado para seguir adelante. Sobre todo lo requerían aquellos marinos extranjeros que se aventuraban por primera vez en sus aguas. Quienes sabían cómo llegar hasta Montevideo, pero su destino final era Buenos Aires, no se arriesgaban en la difícil travesía intermedia sin obtener aquí el concurso de alguno de estos "baqueanos fluviales". Su intervención en las operaciones de entrada y salida al puerto era irrecusable. Haber ingresado un buque sin necesidad de práctico, era invocado en 1800 por un piloto como mérito excepcional, equiparable al "más riguroso examen". Servicios suministrados desde tierra El proceso de carga y descarga fue una importante brecha para la generación de lugares de trabajo. Aparte de la segura participación de mano de obra esclava, en los testimonios portuarios hay mención frecuente a la existencia de peones, y más concretamente a estibadores de cueros. Realizadas prácticamente sobre la base de la fuerza humana, esas tareas fueron prolongadas y complejas. En el período final de la plaza se dispuso conformar una matrícula de "los individuos estibadores" que requerirían del permiso gubernamental para emplearse "en el abarrote y estiba de cueros". 31 Era de gran importancia para estas maniobras el tránsito de las llamadas carretillas. Con ellas, "tiradas de hombre o de animales" como se diferenciaba en un documento de la época, 32 se cubría la distancia entre el muelle y los almacenes de origen o destino de las cargas. Vehículos más pequeños y ágiles que las carretas, fueron arrastrados generalmente por caballos, bueyes o mulas. La cantidad de carretillas destinadas sólo al ámbito portuario era importante, aunque en 1811 un jefe de rentas se quejaba de su escasez. En un reglamento aprobado ese mismo año se establecía su número en 80, mientras el gremio por entonces en formación se comprometía a mantener constantemente medio centenar, e incrementarlo cuanto fuera necesario. 33 Las reparaciones marinas tuvieron también relevancia. La carena de buques en los puertos es connatural al tránsito de los primeros y a la propia existencia de ambos. Como punto muy frecuentado, Montevideo reunió apreciable cantidad de expertos en esa clase de trabajos. En 1813, carpinteros y calafates sumaban un centenar, pese a que casi no existía actividad portuaria como consecuencia de la situación bélica. Hasta 1812 ambas profesiones se hallaban comprendidas en el régimen de matrículas, obligatorio para los integrantes de los respectivos gremios. En 1803, se objetaba la participación de un carpintero en ciertos trabajos, por falta de la respectiva constancia de hallarse matriculado en este puerto. De todos modos se equiparaba ese trámite con el de resultar "apto para ejercitarse en las citadas obras", lo que quita rigidez a la indicada figuración. 34 aquéllas por disposición real, se abrió un registro oficial, que dio como resultado la suma indicada. El trabajo de ambas especialidades tenía lugar indistintamente en tierra (lo que diera lugar a la expresión "carpintero de ribera", o "los que no navegan"), y a bordo de las embarcaciones, fuera que éstas se hallaran en puerto o en tránsito. La administración les requería contínuamente para efectuar reconocimientos, informes y obras en las más diversas circunstancias de la vida portuaria. La fabricación de buques, sin duda conectada con este tema, no tuvo lugar en forma sistemática, fundamentalmente por la falta de maderas apropiadas, que en la región sólo tenían Paraguay y Corrientes. En marzo de 1809 un anónimo escritor analizaba con esperanza las posibilidades del Río de la Plata para un eventual desarrollo de la citada industria. Entre las potencialidades enumeradas figuraba la fertilidad de las márgenes del estuario para el cultivo del cáñamo. Más de un cuarto de siglo antes se habían avanzado en Montevideo ensayos serios precisamente en esa dirección. Estuvieron a cargo de José Reguera, que en 1782 había llegado en clase de poblador desde La Coruña, y de inmediato comenzó a desempeñar su oficio de corchador de jarcias. Según la antigua fórmula, "a su costa y minción" condujo desde Chile semillas de cáñamo, que plantó en tres parajes diferentes con suerte también variada. En 1791 fracasaron entretanto sus gestiones para el logro de 150 cuadras de campo adecuado para el cultivo, sobre la desembocadura del arroyo Pantanoso, aún después de haber tomado posesión formal del mismo. 35 Los servicios de sanidad se organizaron en Montevideo a consecuencia de la preocupación que generó el masivo ingreso de esclavos desde los primeros años 1790. Como culminación se creó en 1804 una Junta de Sanidad que convirtió al enclave en "filtro" de la región. Los médicos José Giró y Juan Cayetano Sánchez de Molina, vocales de la indicada corporación, conjunta o separadamente tuvieron a su cargo las visitas, de que no estaba exento ningún buque. 36 Cuando las enfermedades se habían generalizado a bordo, disponían cuarentenas e incomunicaciones por períodos variables. Dado el riesgo que entrañaba la falta de cumplimiento de las medidas, se llegó a disponer ARTURO ARIEL BETANCUR 14 "pena de la vida" a quienes las transgredieran. 37 Los facultativos también administraban el suero antivariólico, si los esclavos aún no habían sido vacunados, condición esta última indispensable para su posterior venta. 38 Una función en algo asimilable a la anterior, se instaló un tanto tardíamente. Era ejercida por cierta especie de cronista portuario, que divulgaba en tierra y por escrito las novedades de interés comercial generadas a bordo de los buques mercantes y distribuía rápidamente a sus suscriptores, las papeletas con el detalle de los cargamentos que ingresaban, o con las disponibilidades de los que se preparaban para partir. Fue autorizada en Montevideo a comienzos del siglo XIX, con lo que se trasladaba a la rada local una institución ya existente en Cádiz y otras terminales de la Península. 39 Una suerte de servicios accidentales ofrecieron intérpretes y buzos. Los primeros eran requeridos sólo en caso de arribar buques extranjeros, y los segundos aún con menos frecuencia, al producirse naufragios con hundimientos de valores. La circunstancialidad de éstos últimos era doble, ya que por lo general su presencia en Montevideo obedecía al hecho de integrar la tripulación de algún barco estacionado en la bahía. Impensable o muy rara antes de los años 90, la necesidad del intérprete en las operaciones portuarias fue una consecuencia del proceso de apertura mercantil y el plantel de entendidos montevideanos en esta tarea se fue conformando un tanto al azar. Los primeros y naturales "lenguas" fueron los militares, ya que es sabido cómo el ejército hispánico contó siempre con alto número de efectivos extranjeros. Pero fue la penetración foránea la que suministró luego la mayor parte. Al mercader catalán Pedro Sagrera, vecino de Montevideo, le fue expedido título oficial de intérprete y traductor en 1808. Se definía su función como la de alguien que traducía los papeles, oficios o documentos que se presentaran al gobierno. 40 También en forma circunstancial los buques requirieron todo otro tipo de servicios desde tierra, siendo quizá los más frecuentes de faroleros, herreros, toneleros, cerrajeros, maestros de velas, etc., etc. Asimismo, adquirió importancia la custodia y el mantenimiento de embarcaciones que por alguna razón debían permanecer detenidas en la bahía. Por último, en una matrícula del comercio redactada en 1812, se incluían dos corredores de número, sin que surjan más datos de su actividad. La remuneración del trabajo En 1810, un capitán español desistía de intentar el salvamento de su buque por "lo costoso que e(ra) aquí el trabajo del hombre". 42 A su vez otros observadores en diferentes momentos se refirieron a Montevideo como un puerto "caro". Sin embargo, a la mayor parte de la gente empleada allí, o a través de él, no se la agrupaba en otra categoría que la de seres sufrientes. Francisco Juanicó llamaba infeliz y desdichado a un capitán de barco, sin otros bienes que "su probidad y su pericia". 43 Seguramente con más razón se evocaba en algún lugar como "hombres infelices" a los carretilleros y en particular a los tripulantes de una embarcación portuguesa contratados por salarios bajísimos. 44 Un carpintero decía a su vez hallarse "en deplorable estado", sin ropas e impedido de auxiliar a su "pobre familia". Mientras tanto un comerciante local definía a los de este último oficio genéricamente como míseros artesanos, subordinados además a "una perfecta esclavitud", "pendiente del arbitrio del ingeniero" que organizaba el trabajo; decía "si un accidente les separa(ba) de su gracia, les e(ra) de absoluta necesidad o perecer o mudar de país, o entregarse a diferente ocupación". 45 El capitán de una fragata extranjera denunciaba a su vez, en julio de 1811, la deserción de dos hombres, "que tenía trabajando por sólo la comida". 46 También por esta, y en régimen de media ración, desempeñaron algunas tareas ocho hombres embarcados "sin plaza" a fines de 1809 en el correo "Diamante", que hacía viaje a Montevideo. 47 En general no existía seguridad en el trabajo, eran frecuentes los despidos, y aún los desconoci-ARTURO ARIEL BETANCUR mientos de contratos. La guerra constituía causa autorizada para prescindir inclusive de los más altos oficiales de abordo. Los marineros eran abandonados muchas veces lejos de su tierra por las tripulaciones extranjeras, que los embarcaban por exigencias legales. Las mayores remuneraciones fueron percibidas por los que hemos llamado servicios accidentales, muy especialmente los buzos, dada la excepcionalidad de su intervención. La pérdida de la fragata española "La Baronesa", a comienzos de 1810, generó una sorprendente oportunidad de ganancia para tres de ellos, que rescataron lo más valioso del cargamento. A las nueve de la mañana del ocho de febrero, poco después de producirse el hundimiento de la embarcación dentro del puerto, el capitán celebraba el respectivo contrato. El trío de buceadores "trabajaría debajo del agua lo que pu(dier)a, hasta libertar los caudales de su registro, que en tres cajones exist(ía)n en la Santa Bárbara" de la misma. De tener éxito, se les retribuiría con un cajón de plata, cuyo valor en efectivo era de 3.000 pesos fuertes. A las cinco de la tarde la faena terminaba, después de haber "trabajado infatigablemente". Al día siguiente recibieron los beneficiarios el premio establecido, y de inmediato adquirían por 1.300 pesos el casco del buque. Los buzos, pertenecientes a la dotación de la fragata "La Proserpina", fueron interesados asimismo para recuperar una partida de cobre perteneciente a la carga. 48 Muy diferente había sucedido a los colegas suyos que actuaron en el hundimiento de la fragata española "Nuestra Señora del Buen Viaje" con toda su carga, en noviembre de 1789. Cuatro buzos rescataron de las aguas 376 fardos, por los que habían convenido percibir también la tercera parte. Pero sólo cobraron a los seis años, después de liquidar y reliquidar varias veces las cifras ganadas, de ausentarse los interesados en sus buques, y nombrar representantes locales para proseguir las acciones. En noviembre de 1795, el juzgado correspondiente comunicaba a los deudores el decreto de mandamiento, con amenaza de ejecución y embargo de bienes. Cada uno de los acreedores debía recibir 1.359 pesos y fracción, lo que era sin duda una suma muy considerable. 49 El buceo fue en efecto una rara pero muy productiva vía de ingresos. Ya el lejano hundimiento del navío "Nuestra Señora de la Luz" a mediados del siglo, había generado expectativas y demandado abundante búsqueda. En 1757 aún faltaban rescatar más de pesos del total que componía el registro del buque, y un vecino de Montevideo esperaba hallarlos entre el lastre y la quilla. Laboriosamente consiguió a los dos años un permiso para intentarlo junto con otros colegas. 50 Los honorarios de los intérpretes parecen haberse hallado entre los más altos en el quehacer regular del puerto. Tal afirmación se deduce de un proyecto de reestructura del servicio de sanidad en 1804. Sus haberes eran allí diez veces más grandes que los correspondientes a los celadores, casi cuadruplicaban a los escribanos y excedían del triple respecto de los fijados a los médicos, 51 pero no dejaron nunca de ser asignaciones circunstanciales. En julio de 1809, el titulado Pedro Sagrera pidió que se le fijara sueldo, en virtud de estar abandonando para tal desempeño otras atenciones propias de su giro. El Tribunal de Cuentas entendió que las traducciones debían abonarlas las partes interesadas, por lo que el virrey Cisneros no hizo lugar a la solicitud. 52 Similar deducción puede inferirse acerca de las remuneraciones de los prácticos. Una lancha que en 1813 partió de Asunción con yerba y tabaco, para llegar finalmente a Montevideo, presentaba un verdadero caso de hipertrofia salarial en beneficio de esta clase de especialistas. Capitaneada por su propio dueño, ofrecía pagar 120 pesos por el viaje redondo a "las provincias de abajo", a su baqueano; expresión que sin duda abarcaba aquel concepto, seguramente muy estimado también en la peculiar navegación de los ríos interiores. Esa asignación significaba el doble de la que percibiría el timonel y contenía doce veces las de peones y marineros. 53 Para continuar con los casos menos generales, en mayo de 1794 se autorizó a ambos médicos el cobro de un arancel por las visitas de los buques. El doctor Schiaffino sostiene que se trataba de un real por pieza en los cargamentos entre 100 y 200 esclavos, que se duplicaba cuando la cantidad era inferior a un centenar; y a lo que debían sumarse otros seis pesos por cada certificación extendida. Al crearse la Junta de Sanidad, variaron los criterios y pasaron a percibir 18 reales por visita; pero como compensación por la caída del valor, las mismas se extendieron a todos los buques. 54 A su vez, llama la atención la de los salarios percibidos por los escribanos. Apenas superaban los correspondientes a los marineros, y eran menores a carpinteros y calafates. No conocemos, en fin, el nivel que alcanzaban los "sueldos, gratificaciones y cargas de capilla" destinados a los capellanes que "por reglamento" debían embarcarse. Sí está claro que los percibían, y al menos en un caso dieron origen a una enérgica reclamación finalmente desestimada. 55 Los salarios mejor conocidos corresponden a la ya citada gente de mar, donde se advierten notorias diferencias en favor de los capitanes. Asimismo era posible hallarse con otro tipo de compensaciones, más común en ellos, pero a veces extensiva también a otros tripulantes. Por ejemplo una asignación relativamente baja podía ser nivelada con ciertas concesiones extraordinarias, además de sostenerles hasta la partida o pagarles la totalidad del sueldo aún en ese período de espera. Por lo general se les permitía cargar gratuitamente una parte del buque o cobrar para sí a algún pasajero, y se les prefería en los fletes de retorno. La acumulación de más de un oficio también elevaba el nivel de los sueldos. Así, era capitán, maestre y primer piloto, el principal de abordo en la fragata española "Nuestra Señora de la Merced", y en una nómina de salarios presentada a las autoridades en mayo de 1811, el titular de esos tres cargos figuraba percibiendo 130 pesos al mes, mientras que las cantidades más próximas pertenecían al segundo piloto y al contramaestre, con ingresos de 50 pesos cada uno. Lo mismo, en una contrata suscrita en 1810 con los dueños de la corbeta "Esperanza", se fijaba al maestre y primer piloto 100 pesos mensuales por ambas funciones. 56 En general, dentro de la escala de abordo seguía al capitán el segundo piloto. Las proporciones observadas entre ambas responsabilidades mayores en la embarcación, eran de 60 a 40 o de 120 a 90. La tercera remuneración importante correspondía al contramaestre, que se acercaba o igualaba la anterior (25 en el primer caso, 90 en el segundo). En la misma gradación los marineros ganaban bastante menos: 14 y 15 pesos mensuales, mientras que en el caso de cierto viaje arriesgado se les otorgaron 28; 25 se prometió a vez a cuatro que fueron contratados en 1799 para efectuar un difícil e inestable desplazamiento de presa corsaria. El o los cocineros prácticamente igualaban o superaban por escaso margen el nivel de aquéllos. Mientras tanto, los mozos de sala eran por lo general quienes recibían las asignaciones menores, dentro del personal más necesario. Por debajo de esa línea se hallaban agregados, pajes, condestables, etc. Cabe aclarar que todas estas remuneraciones incluían el suministro de la comida. 57 Existen ejemplos de retribuciones no medidas en forma de salario. Hubo escasos convenios con capitanes para explotar una embarcación "como suya propia", a cambio de la mitad de sus utilidades. 58 Al menos en un caso se benefició también así a personal subalterno, que recibiría un porcentaje del flete como "único interés" "en recompensa de (su) industria y trabajo". 59 La descarga de la fragata presa "Lady Shore" en 1798 representa una muestra de los salarios vinculados con esa clase de operaciones. Necesitó 260 traslados en carretillas, que se abonaron a "dos reales viaje" 60 en favor de 17 personas distintas, ocupadas durante cuatro días en cumplir de tres a 31 giros, entre el muelle y el arsenal de marina. Al mismo tiempo, insumió 189 jornales de peones a seis reales por trabajador, suma esta última que también se pagó a un maestro carpintero, "por recorrer los cajones que venían malos". Tres pesos recibió un tonelero que acondicionó las barricas afectadas, al igual que el herrero por colocar un candado en el almacén donde se depositaron los efectos. 61 De acuerdo al reglamento de carretillas de 1811, los cobros de fletes por las operaciones de embarco y desembarco oscilaban entre dos y seis reales, según el tipo y volumen de las cargas movilizadas. Por los acarreos desde el muelle, los almacenes o los extramuros, se percibirían a su vez entre 8 y 16 reales. 62 En casos de accidentes marítimos acaecidos lejos del ARTURO ARIEL BETANCUR 20 recinto portuario, los carretilleros necesitaban desplazarse con la expectativa de un salario más En agosto de 1794 dos de ellos se repartieron 84 pesos corrientes por doce días de trabajo, a razón de 3.50 diarios. Fueron invertidos en un punto de la costa oeste del río Santa Lucía, donde había varado el bergantín "Vigilancia". Ellos mismos describían las maniobras realizadas, que incluían ida, venida y estancia en el lugar, donde debieron sustituir a las embarcaciones menores "cuando las bajas mares". 63 Mensualidades de alrededor de 20 pesos y jornales diarios de 2 fueron los más usuales valores con que se retribuyó a los encargados de custodiar y mantener buques. Carpinteros y calafates embarcados cobraban sueldos entre 20 y 25 pesos, superiores por tanto a los correspondientes a los marineros. El citado divulgador de noticias mercantiles percibía a su vez el ingreso de los propios suscriptores que mensualmente aportaban sumas preestablecidas. Las fórmulas de pago al personal de mar estaban reguladas ordenadamente por el derecho y por la tradición en el caso de las embarcaciones españolas. La norma más invocada en esa materia y otras colindantes fue una real ordenanza de tres de enero de 1755, que contenía un reglamento para la liquidación de soldadas en los navíos mercantes. A su vez la rutina impuso una especie de cultura de anticipos, el primero de los cuales tenía lugar previo a la iniciación de un viaje. Se otorgaban entonces dos sueldos "según costumbre", tal como aparecía textualmente entre otros en un contrato de 1792, donde también se mencionaban futuros adelantos "en el (puerto) de su destino". El sentido de tales asignaciones era significado en un instrumento similar de 1804, donde se indicaba era "para habilitarse de lo que necesitaran". En cláusulas de 1812 se ampliaba a su vez el concepto de habilitación, al agregarse que la misma sería "de instrumentos u otras cosas que pueda necesitar". Se empleaba entonces el término "préstamo", que aparece con relativa frecuencia designando este trámite. 64 Las entregas a cuenta proseguían durante el desarrollo del viaje, en forma de "socorros" 65 ofrecidos por el propio capitán o por apoderados en los puertos de destino y esca- 65 La expresión se empleaba por el capitán de la fragata "La Galga" en noviembre de 1800 para referir los haberes recibidos por la mayor parte de su tripulación. Al guardián, que había pasado a otro buque en la plaza de contramaestre, se le había "socorrido" con 100 pesos, mientras muchos otros se habían conformado con recibir "un socorro". Entre tanto, el capellán Antonio Chico y Arias se había negado a recibir sumas a cuenta, pues reclamaba el pago de la totalidad. Los mismos podían suministrarse al propio interesado, a su esposa u otros familiares en sitios de procedencia. En cambio se hallaba prohibido el pago "de remate" en América, pues se reservaba la rendición final de cuentas para el momento del retorno al lugar de origen, cuando efectivamente concluía el periplo. 66 Algunos contratos contienen llamativas cláusulas previsoras, del tipo de la que se repetía bastante en documentos de 1803, donde parece sobrevolar el concepto moderno de enfermedad profesional. Se distinguía entre quien "enfermase o (se) lastimase en las funciones del buque", que percibiría sus salarios normalmente, y quienes padeciesen dolencias "buscadas por sí mismos". En otro instrumento suscrito al año siguiente se reservaban los beneficios para el caso de "enfermedad natural o acaecida de los trabajos de a bordo", al contrario de la que fuera "sobrevenida por gustos y pasatiempos voluntarios". 67 A su vez, en una fórmula de acuerdo hallada por el comandante de Marina en junio de 1811 se arribó a una inusual compensación por despido. Cierto carpintero recibiría la totalidad de salarios vencidos hasta que se prescindió de sus servicios, "y un mes más para ayuda de trasladarse a otra parte". 68 Esta eventualidad generalmente era prevista en los contratos que por obligación debían labrarse al comienzo de todos los viajes. El pago de salarios adeudados por el "ejercicio de la mar" aparecía no solamente garantizado, sino también privilegiado. Esa fue la causa más frecuente de las reclamaciones presentadas ante la Comandancia de Marina y el propio Real Consulado de Montevideo. El carácter preferente de los créditos salariales fue sostenido en forma unánime, por lo que debe admitirse que se hallaba muy internalizado a esa altura. Así lo sostuvieron siempre las autoridades, que llegaron a la venta de embarcaciones u otros bienes de los deudores; asimismo fue argumento fundamental de numerosos peticionarios, y a su modo lo reconocieron también los demandados. ARTURO ARIEL BETANCUR 22 66 El capitán de la fragata mencionada arriba explicaba este asunto en 1800: "El ser pagado de remate ningún individuo del roll de España, en América, está prohibido, pues se previene en el mismo roll que no se proceda a hacer pagamento de soldadas hasta que se haya pasado revista a todos los individuos por aquel ministro principal de marina de la provincia de Cádiz o bien por aquel en donde se dé por concluido el viaje". A su vez, entre las causas que citaban los capitanes de varios buques detenidos en 1805 por la guerra con Gran Bretaña para no pagar a los pilotos sus haberes vencidos, mencionaban: "Que está prohibido por ordenanza que la gente de mar se pague de remate en Indias". Ibídem Cuando el adquirente de una polacra española vendida para satisfacer deudas de su propietario, solicitaba en 1813, los síndicos del juicio resaltaban ese privilegio, "por pertenecer a soldadas de la tripulación". "No deb(ía)n admitir espera ninguna", pues sus acreedores habían "expu(esto) sus vidas en la navegación para el sustento de sus familias que tanto anhela(ba)n de socorrer". 69 Como se ha visto, el puerto generó variada ocupación, origen a su vez de un reparto de riqueza desigual y de escasas garantías. No obstante, el concepto cardinal de la redistribución parece haber sido a grandes rasgos el de la justicia. Efectivamente, en general ganaron más quienes tuvieron mayores responsabilidades, audacia y preparación. Después de acumular las informaciones precedentes, no parece razonable dudar acerca del papel dinamizador de los servicios portuarios en Montevideo. Tanto el capital como el trabajo obtuvieron empleo y beneficios, aún con las múltiples salvedades y desequilibrios que se han expuesto. Obviamente, intervinieron también diversos imponderables, entre ellos el enrarecimiento de la situación política; la escasez y providencialidad de ciertas intervenciones, como las de los buzos ocasionalmente tan bien retribuidos; o la desmedida concurrencia de algunos oficios recompensados con excesiva cortedad en virtud de la antigua ley de oferta y demanda. La mayor parte de los beneficios confluyó sin duda en el sector comercial. De sus planteles salieron todos los abastecedores, por ejemplo, en número necesariamente mayor al de los sucesivos titulares del asiento. Al mismo tiempo, la masa de salarios pagados a residentes y transeuntes tenía como destino más probable los propios mostradores. La notoria ruina de Batlle y Carreó fue a su vez la de la coyuntura. Muchos perdieron en esos momentos, porque toda la estructura económica se hundió y los arrastró consigo.
El estudio del crédito mercantil a partir de los cartas protocolarizadas existentes en el Archivo Notarial de Salta intenta abordar detenidamente las características que el mismo ofrece, tales como garantías exigidas, plazos e intereses estipulados y rubros comerciales en los cuales el crédito se encuentra más generalizado. Asimismo posibilitará conocer mejor la dinámica mercantil que afecta a la región en el espacio mercantil andino y la vinculación de sus comerciantes con los grandes almacenes de Buenos Aires. Nos permitirá comprender las alternativas del comercio mular y de efectos de Castilla, ambos importantes en la región, del cual participan los comerciantes de mayor giro de la ciudad de Salta. Comprobaremos que los hacendados y comerciantes de Salta participarán del comercio mular en calidad de apoderados o fiadores de los comerciantes altoperuanos y peruanos y de los ganaderos cordobeses de una manera cada vez más excluyente en tanto los comerciantes peninsulares radicados en Salta y dedicados a la comercialización de efectos de Castilla y a la habilitación de tropas de mulas operaron por su cuenta, costo y riesgo abandonando su papel de intermediarios o representantes de las casas comerciales porteñas. El crédito en la sociedad colonial El desarrollo mercantil del siglo XVIII, basado en la expansión del textil, no significó sin embargo un cambio sustantivo importante en relación con las formas de operar del comercio a larga distancia, desarrollado por los centros manufactureros y mercantiles de los siglos XIV y XV. Las letras de cambio, los redescuentos y las cadenas crediticias, fueron utilizadas para desarrollar un intercambio cada vez más intenso, del cual participaba un creciente volumen de mercaderías carentes de compradores con una suficiente masa monetaria circulante. La explotación de las minas de plata americana, iniciada en el siglo XVI, arrojó sobre Europa una importantísima cantidad de este metal, lo cual significó, sin duda, un aporte trascendente al desarrollo manufacturero europeo. El crédito, al suplir la escasez monetaria, está estrechamente relacionado con la circulación mercantil en las economías regionales de la América Española y de los mercados proveedores de efectos de Castilla y esclavos. Aún cuando en ocasiones las casas de Cádiz habilitaron comerciantes que no siempre concretaron con éxito sus negocios, los retornos en metálico y moneda fuerte hacia Europa fueron imprescindibles para lograr el abastecimiento regular de almacenes y tiendas coloniales. El capital mercantil europeo volcado en los circuitos americanos activó la circulación de productos regionales, en los cuales el crédito tuvo un papel importante en la medida que reemplazó al circulante en las cadenas de intercambio cuya finalidad era obtener los retornos metálicos hacia la metrópoli. A pesar de la imposibilidad de determinar con certeza la cantidad de metal amonedado o en piña circulante en las economías regionales, sabemos que gran parte del mismo era remitido a Europa o destinado al sostenimiento de una creciente burocracia. Sin embargo, en los circuitos mercantiles americanos se hallaban a fines del siglo XVIII, cantidades superiores de metales a las existentes en los siglos anteriores, imposibles de cuantificar pero comprobables a través de la documentación de la época. De todas maneras el incremento de la mercantilización, verificable por medio de los volúmenes de mercancías que pueden apreciarse a través de las alcabalas y las guías de comercio de las Aduanas, fue sin duda superior a la disponibilidad de efectivo. La crónica escasez monetaria no fue superada en el siglo XVIII a pesar del aumento sostenido de la producción de plata. Las necesidades del comercio oceánico, tanto el legal con España como el ilegal con ingleses y franceses, concentraba en los grandes comerciantes los únicas reservas monetarias. El resto del comercio colonial se realizaba por medio de letras de cambio y de operaciones crediticias. 1 Pero el crédito no solo involucraba mercancías sino también préstamos en efectivo que los comerciantes solían realizar, ya fuera por una disponibilidad transitoria de dinero sin perspectivas ciertas de inversión comercial o por las normas de solidaridad y clientelismo que entre ellos se establecían y que les permitía estructurar redes mercantiles sumamente efectivas para la distribución y comercialización de mercancías en vastos territorios regionales. Otras fuentes de financiación de las operaciones comerciales fueron los préstamos obtenidos de las cofradías, las capellanías o el acceso a donaciones y capitales administrados por las órdenes religiosas para el sostenimiento de hospitales y hospicios. Si bien el crédito eclesiástico fue muy bien estudiado en relación con la propiedad agraria, los prestamos realiza-SARA MATA DE LÓPEZ 2 dos a los comerciantes por las organizaciones religiosas y laicas a ellas vinculadas han sido poco analizados por la historiografía colonial. 2 También los comerciantes obtenían dinero en préstamo de las viudas que de esa manera, en algunos casos, accedían a una renta destinada a su subsistencia, o de los bienes de menores, ya que en estos casos el alcalde disponía, con autorización del defensor de menores, entregarlos hasta la mayoría de edad de los huérfanos a persona de "abono", quien los garantizaba con propiedades rurales o urbanas. Aún cuando no siempre estos bienes eran reducidos a dinero efectivo, hemos encontrado suficientes ejemplos que nos permiten afirmar que eran una posibilidad bastante frecuente. A finales del siglo XVIII, la expulsión de los jesuitas, y el posterior remate de sus bienes, posibilitó a las Juntas de Temporalidades el otorgamiento de préstamos. En todos estos casos los créditos estaban garantizados con propiedades y el rédito pactado y legal era del 5% anual. Nuestro interés, en esta oportunidad, se centrará tan sólo en las características del crédito mercantil -tanto en mercancías como en efectivoestudiando los rubros comerciales involucrados, la participación como intermediarios y como acreedores de los comerciantes instalados en la ciudad de Salta y las variaciones operadas entre 1750 y 1800 en los montos del crédito comercial. El crédito mercantil en Salta Por su ubicación en el fértil valle de Lerma, al sur del espacio andino meridional, Salta fue desde el momento de su fundación una plaza importante en los circuitos mercantiles que vinculaban al Río de la Plata y el Tucumán con los centros comerciales y mineros andinos, particularmente Cuzco y Potosí. Aun cuando Salta fue tránsito obligado del aguardiente y el vino cuyano, del ganado en pie y el sebo y jabón de la jurisdicción del Tucumán, de los tejidos cordobeses y hasta de la yerba mate paraguaya, el rubro comercial más importante era el ganado mular, que criado en las estancias de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, llegaba a Salta a engordar en los potreros del valle de Lerma antes de emprender el largo viaje hacia el Perú o las "provincias de arriba", destino de la mayor parte de las tropas que partían de las tabladas de Salta entre los meses de enero y abril de cada EL CRÉDITO MERCANTIL. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 3 año. Si bien el comercio mular comenzó a desarrollarse desde las primeras décadas del siglo XVII, se incrementó notablemente en el XVIII. A través de los registros de sisa, Nicolás Sánchez Albornoz demuestra la notable expansión de este comercio en la década de 1770, seguida por la retracción que producen las rebeliones altoperuanas de 1780 y finalmente la existencia de una nueva fase expansiva a partir de 1796, que se prolonga en los primeros años del siglo XIX. 3 Junto con el comercio mular, transitaban y se comercializaban en Salta efectos de Castilla y esclavos ingresados por el puerto de Buenos Aires. Sin embargo, su papel como distribuidor hacia los centros altoperuanos no es relevante. En general, los efectos de Castilla que tienen como destino las minas altoperuanas provienen directamente del puerto de Buenos Aires. Las mercancías europeas vendidas en Salta abastecen el mercado local y sus excedentes son remitidos a otras ciudades del Tucumán, especialmente Belén y Santa María, en el valle calchaquí, llegando incluso hasta las ciudades de Catamarca y La Rioja. Sólo cuando la oferta superaba la demanda, parte de estas mercancías eran llevadas para su reventa a los centros mineros. Los internadores y fletadores de tropas de mulas tomaban generalmente a crédito en las tiendas efectos de Castilla, junto con los llamados efectos de la tierra, y de allí los retiraban los arrieros, antes de partir, hasta cubrir un 50% del salario estipulado. De esta manera, sostiene Concolorcorvo que "los comerciantes o tenderos de Salta se hacen cargo de habilitar en plata y efectos a la gente de la tropa... y este comercio se cuenta por el más efectivo y útil a los mercaderes de Salta". 4 La comercialización de los efectos de Castilla, al igual que las mulas, sufrió las alternativas coyunturales derivadas de situaciones internas, entre ellas la rebelión altoperuana, y externas, particularmente las guerras de España contra Inglaterra y Francia. Los efectos de la tierra, en cambio, demostraron poseer autonomía relativa en relación a los centros mineros altoperuanos y al puerto de Buenos Aires. Decimos relativa por cuanto en algunas circunstancias, como la introducción de aguardientes y vinos catalanes por el puerto de Buenos Aires en la década de 1780, provocó la reorientación del comercio cuyano que perdió el mercado porteño y saturó con una remisión cada vez mayor los mercados de Salta, Tucumán y Jujuy. Sánchez Albornoz, Nicolás: "La saca de mulas de Salta al Perú. 4 Concolorcorvo: El lazarillo de ciegos caminantes. Madrid, 1959, pág. 318. todas maneras el comportamiento del mercado regional muestra un mayor grado de estabilidad. 5 Al igual que en el resto de Hispanoamérica el comercio regional se realizaba básicamente a crédito. Las deudas protocolarizadas frente a escribanos, si bien representan sólo aquella parte de la actividad mercantil que, por una u otra razón, escapaba a la práctica corriente de consignaciones y poderes que sustraía de las escribanías coloniales la mayor parte de las operaciones mercantiles, constituyen un dato importante como indicador de las características del comercio, de los flujos mercantiles, de las relaciones interregionales y de los ciclos económicos de un espacio que, sin duda, superaba a la ciudad de Salta. Los montos del crédito mercantil, obtenidos a través de los protocolos notariales correspondientes a los seis primeros años de cada década, 6 muestran con claridad las alternativas y avatares sufridos por el comercio regional entre 1770 y 1805. A pesar de no contar con un análisis de los precios de las mercancías más representativas, indicador importante en el análisis económico de las sociedades, es interesante señalar la depresión económica evidenciada en el período 1790-1795. El crédito mercantil registrado para ese quinquenio representa tan sólo el 13,3% del total del crédito otorgado para todo el período. Esto, en parte, puede ser atribuido a la contracción del comercio mular iniciada en la década de los años 80 y prolongada hasta fines del siglo XIX. El crédito mercantil se incrementó notoriamente en Salta en el período 1800-1805, particularmente en el comercio mular. En estos años no sólo aumentó el número de mulas comercializadas hacia el Perú, sino que también el precio de las mismas se duplicó en relación a 1770-1775. El porcentaje de mulas internadas al Perú que estimamos fueron vendidas a crédito en esos cinco años fue del 33.3% y, si bien el porcentaje de mulas comercializadas a crédito entre 1800-1805 es del 38.6%, es decir ligera-EL CRÉDITO MERCANTIL. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 5 mente superior a 1770-1775, el mayor precio alcanzado por las mismas incide directamente en el aumento del monto del crédito en este rubro. De ahí el importante incremento del crédito en general y muy particularmente la proporción que del mismo corresponde a las mulas. Finalmente, entre 1790 y 1795, período de mayor retracción del comercio mular, es interesante observar que las mulas comercializadas a crédito sólo alcanzan un 12.7% del total. Es decir, que en los momentos de expansión de la demanda el crédito se incrementa. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en los años de la década de 1770, en esta segunda fase de expansión del comercio mular iniciada en 1796, la demanda crece por encima de las posibilidades de producción de la región del litoral y Córdoba, de manera tal que el precio aumenta, favoreciendo ampliamente a los ganaderos. Como consecuencia de la excesiva demanda, las mulas que se remiten al Perú no reúnen las condiciones necesarias para el viaje. Por eso la mortandad producida en 1802 entre las tropas de mulas remitidas a Jauja y a Lima es atribuida a la circunstancia de haber salido de las tabladas de Salta flacas y de poca edad, sin la fortaleza necesaria para afrontar el largo y penoso viaje de más de 400 leguas. 8 EL CRÉDITO MERCANTIL. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 7 El incremento del precio de las mulas en esta primera década del siglo XIX, unido al del porcentaje de mulas vendidas a crédito, endeudan fuertemente a los comerciantes peruanos y altoperuanos con los estancieros y criadores de mulas de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Santiago del Estero, en tanto adquieren importancia los intermediarios salteños que representan los intereses de unos y de otros oficiando de fiadores y habilitadores. El 80% de las mulas internadas entre 1800 y 1809 no abonan la sisa, cuya deuda es afianzada por comerciantes vecinos que responden a la Real Hacienda con sus bienes. Características del crédito mercantil A diferencia del dinero otorgado por la Iglesia (órdenes religiosas, cofradías, hermandades) o por particulares (bienes de menores o viudas), el crédito mercantil se caracterizaba por la inexistencia casi generalizada de hipotecas de bienes raíces que aseguraban la operación, salvo en aquellos casos en que el deudor resultara insuficientemente fiable o sólido. te cuando el motivo de la deuda era dinero. En algunos casos, si se manifestaba que el préstamo de dinero efectivo se hacía con la finalidad de adquirir otras mercancías, se ponían como garantía esas mismas mercancías. También encontramos fiadores en este tipo de operaciones. Sin embargo, los períodos estudiados no son uniformes al respecto. 9 Si relacionamos estos datos con los montos totales del crédito mercantil que en los años 1790-1795 fue el de menor volumen, y recordamos que durante esos años tuvo lugar una importante retracción del comercio mular, comprobaremos que el comportamiento de los acreedores reflejó las inseguridades económicas del momento. El estudio del crédito es en este sentido un indicador importante de las crisis económicas. Es interesante comprobar en qué rubros las exigencias de garantías hipotecarias o de fiadores eran más frecuentes, según las décadas. Al considerar los porcentajes sobre el monto total del crédito en cada uno de los rubros a los que estaba destinado, que corresponden a operaciones con garantías explicitadas, observamos que las mulas no requieren de mayores garantías ya que en general eran adquiridas por comerciantes peruanos y altoperuanos a través de apoderados, casi siempre vecinos de Salta. Con las habilitaciones y los efectos de Castilla, sucedía algo similar. Cuando el crédito incluía, junto con las mulas, la habilitación de las tropas (salarios de los peones, cabalgaduras, etc.) resulta significativo que en los años 1790-1796, en los cuales se manifiesta la mayor retracción del comercio mular y cuando tan sólo el 12.7% de las mulas eran comercializadas a crédito, la casi totalidad de las operaciones hayan requerido garantías. Es asimismo en estos años cuando los préstamos de dinero y los ajustes de cuentas se realizaron con mayores recaudos. Estas evidencias ratifican lo afirmado anteriormente en relación con la crisis económica observada en esos años. Generalmente las propiedades rurales o urbanas fueron utilizadas con mayor frecuencia para garantizar las operaciones cuando las deudas se debían a préstamos de dinero. Sólo en contadas ocasiones se hipotecaron esclavos o los efectos adquiridos con el dinero solicitado o se recurrió a un fiador. 10 Los créditos por venta de mulas, al igual que las habilitaciones de tropas, por el contrario, no sólo fueron garantizadas en menor proporción sino que cuando lo hicieron, establecieron una hipoteca especial sobre las mismas mulas, o se valieron de un fiador y en muy pocos casos se garantizó la operación a través de bienes inmuebles. Finalmente, los créditos por efectos de Castilla, escasamente garantizados, recurrieron muy esporádicamente al gravamen de propiedades y más frecuentemente respaldaron la operación con la hipoteca de esclavos o de las mercancías adquiridas. Es interesante comprobar que solamente en dos oportunidades fueron utilizadas acreencias como garantía y sólo en un caso por un préstamo de 10.128 pesos en efectivo, realizado en 1800. 11 EL CRÉDITO MERCANTIL. Cumplimiento de las obligaciones En el cumplimiento de las obligaciones contraídas no parece haber incidido demasiado la existencia de garantías explícitas o su ausencia, pues siempre es similar. En muchos casos, abonada la deuda se inscribía en los márgenes de la obligación la fecha de cancelación, así sobre un total de 595 registros solamente encontramos cancelados 335 y de los 260 restantes carecemos de datos. Por supuesto que esto no significa de ningún modo incumplimiento. Muchas veces las cancelaciones se realizaban en otros lugares y no se procedía luego a inscribirlo en los protocolos, o esas cartas de deudas circulaban entre los comerciantes hasta su cancelación, sin que su caducidad constara en el instrumento público archivado en el Cabildo. De todas maneras, cuando los deudores eran vecinos comerciantes o estancieros de la ciudad de Salta, existiese o no en las cartas de crédito la hipoteca de sus propiedades, la falta de pago de sus créditos concluyó con el remate de sus bienes para proceder a saldar sus deudas. Las bancarrotas y quiebras de Francisco Gavino Arias Rengel, Manuel Salvador Fernández, Valentín de la Camara y Lorenzo de Gordaliza, todos ellos vecinos de Salta, fueron notorias. Los expedientes judiciales muestran que los pleitos por cobros de pesos eran bastante frecuentes. En general el crédito mercantil no requirió de hipotecas para ser otorgado y el grado de cumplimiento de estas obligaciones parece haber sido satisfactorio. Los montos de los créditos acerca de los cuales existe constancia de su cancelación, varía según los años, observándose un mayor cumplimiento a partir de 1780. Coincide, no obstante, entre 1790-1795, un mayor porcentaje de créditos con garantías (22.5%) junto con la mayor proporción de créditos con datos de cancelación (67.7%). Si bien las cartas de crédito no siempre establecían una garantía o hacían constar las cancelaciones, sí explicitaban los plazos con los cuales eran otorgados los créditos. Intímamente ligado con el plazo se hallaba el interés ya que, con excepción del préstamo de dinero efectivo, en la venta de mercancías (sean éstas mulas, efectos de Castilla o de la tierra) se indicaba taxativamente que vencido el plazo de pago comenzarían a correr los intereses. Sin embargo, en tanto los plazos fijados para la cancelación de la SARA MATA DE LÓPEZ 12 deuda se encuentran en 493 de las 595 obligaciones de pago registradas, solamente 116 indican el porcentaje de interés anual pactado, ya que la mayoría señala que vencido el plazo "correrán los intereses según práctica y estilo del comercio". Era usual otorgar 12 meses de plazo para proceder a su cancelación o para comenzar a aplicar los intereses. Hemos observado que sobre 493 cartas de crédito que registran plazos, el 62.7% de los mismos se hallan comprendidos entre los 7 y 12 meses, correspondiéndole a este último lapso algo más del 50% de los casos. 12 Es interesante señalar que estos eran los plazos más frecuentes en el comercio mular, incluyendo en él las habilitaciones para pagar salarios de los peones y adelantos de dinero con el mismo fin. Los créditos a plazos inferiores correspondían generalmente, en proporciones similares, al comercio mular, al préstamo de efectivo o al adelanto de efectos de Castilla. Finalmente, los plazos superiores a 24 meses corresponden a efectos de Castilla y dinero. Debemos señalar que en 1780, 1784 y 1795, en momentos críticos para el comercio regional (en la década del 80 por las rebeliones altoperuanas y luego por la saturación de los almacenes de Buenos Aires de mercancías de ultramar, incluidos los aguardientes y vinos catalanes, tras reanudarse el comercio con España y en 1795 por la contracción del comercio mular), encontramos dos obligaciones con 4 años de plazo y una con 5, correspondiendo a ajustes de cuentas y préstamo de dinero. 13 Cuando en las cartas de crédito se hacía referencia a los intereses "usuales" para el comercio, el mismo era -al parecer-superior al 5% autorizado y tolerado por la costumbre. A pesar de que la mayoría de las cartas de crédito no estipulan los intereses de éste, entre aquellas que sí lo hicieron encontramos que el 55% se pacta al 5% anual, correspondiendo en la mayoría de los casos a préstamos de dinero efectivo, mientras que el 43% de los restantes corresponde a un interés del 6% y abarca no sólo dinero en efectivo sino también efectos de Castilla, mulas, habilitaciones y ajustes de cuentas. Era al parecer el interés más "usual" en el comercio. Esta apreciación parece confirmarse a través de una carta de crédito otorgada por Nicolás Severo de Isasmendi, vecino hacendado de Salta, que se com-EL CRÉDITO MERCANTIL. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 13 12 Ibídem, Protocolos. Esto da un total de 596 obligaciones. Tomo LIII, 2, 1996 promete a pagar en 36 meses una deuda contraída con un vecino de Buenos Aires por efectos de Castilla y dinero que le ha adelantado en 1790, abonando en caso de atrasarse el "medio por ciento al mes, según práctica y estilo del comercio".14 Al parecer, solamente con carácter excepcional se cobraron intereses más elevados en algunas circunstancias y así encontramos dos préstamos de dinero efectivo efectuados por el juez eclesiástico de Salta a un vecino de La Rioja y a un sacerdote de la misma ciudad, cuyo interés era del 8% anual.15 Una de las mayores dificultades existentes cuando intentamos estudiar el crédito es identificar a quiénes otorgan el crédito y a quiénes lo toman. Particularmente difícil es mensurar en que medida los vecinos que aparecen como acreedores actúan como apoderados de vecinos o residentes de otras ciudades (comerciantes, hacendados, mineros o corregidores). Se han registrado como acreedores no vecinos a aquellos que especificaron su condición de residente o que, al concretarse o cancelarse la obligación, los apoderados hicieron mención del acreedor, en algunos casos consignando la ciudad de la cual era vecino. Es de suponer que muchas veces, aún cuando el acreedor fuera un vecino, las mulas o efectos de Castilla que entregó a crédito le pudieron haber sido confiadas por comerciantes ajenos a la ciudad. Finalmente, no ha sido posible identificar a algunos acreedores y deudores. De todas maneras, y a pesar de estas reservas en cuanto a la procedencia efectiva del capital mercantil, resulta de interés agrupar a los acreedores y deudores de acuerdo a su vecindad, por cuanto permite apreciar el papel de la ciudad de Salta en los procesos mercantiles del espacio andino. La dinámica del comercio regional es particularmente evidente. En los años correspondientes a fases de expansión del comercio mular el porcentaje del crédito otorgado y tomado por comerciantes de otros lugares se incrementa notablemente. Esto demuestra que en Salta se concretaban anualmente los negocios de comerciantes provenientes de diferentes y en algunos casos distantes regiones, reflejando las alternativas económicas del espacio peruano. Al discriminar los rubros más relevantes del crédito, comprobamos que en el mular los comerciantes vecinos de Salta disminuyeron porcentualmente su participación como acreedores en los años 1800-1805, en tanto en los momentos de mayor contracción de ese comercio, es decir 1780 a 1795, fueron los principales deudores. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII En trabajos anteriores habíamos sostenido que los medianos y grandes estancieros de Salta en las últimas décadas del siglo XVIII habían sido desplazados del comercio mular, 16 y que particularmente durante la primera década del siglo XIX este comercio fue monopolizado por apoderados y comerciantes residentes. También sostuvimos que las rebeliones altoperuanas de 1780-1781, provocaron la quiebra de los comerciantes -tanto residentes como vecinos de Salta-que internaban mulas por su cuenta, costo y riesgo. Entre 1800-1809 la mayor parte de las mulas se internaban por cuenta y riesgo de los mineros y comerciantes peruanos y altoperuanos. 17 Es por todo ésto que los vecinos de Salta disminuyeron en forma paulatina la cantidad de mulas tomadas a crédito. En este sentido, el proceso observado en el crédito mular reafirma las conclusiones a las que arribáramos en los trabajos anteriormente citados al marcar la misma tendencia. Recuperado el comercio mular a principios del siglo XIX, los comerciantes de Salta no alcanzarán de todas maneras los niveles de participación de la década de 1770. Los no vecinos, tanto acreedores como deudores, dominarán la escena mercantil en este rubro. Sin embargo, son los créditos por habilitación de tropas los mejores indicadores de las incidencias del comercio mular en la economía regional, y particularmente en la consolidación del grupo mercantil en la ciudad de Salta. SARA MATA DE LÓPEZ 16 16 Mata de López, Sara: "Economía agraria y sociedad en los valles de Lerma y Calchaquí. Fines del Siglo XVIII", Anuario del IEHS, n.o 6. Efectivamente, los comerciantes salteños monopolizarán en las dos últimas décadas del período colonial la habilitación de tropas de mulas con efectos de Castilla, de la tierra e incluso dinero para los salarios de los peones y avíos necesarios para el viaje. A pesar de que parte de las mercancías existentes en sus tiendas les habían sido adelantadas por los comerciantes mayoristas de Buenos Aires, es importante destacar este proceso de consolidación e inserción que alcanzaron en la actividad mercantil de Salta. Igualmente sugestivo resulta que entre 1800 y 1805 solamente un 3.1% del crédito por habilitaciones haya sido tomado por comerciantes vecinos, ya que quienes internan las mulas por su cuenta, costo y riesgo son, sin duda, los comerciantes peruanos y altoperuanos. La participación de los vecinos salteños en la internación de las mulas es más significativa en los períodos de depresión del comercio mular. El crédito en efectos de Castilla permite observar en la primera década del siglo XIX el afianzamiento de los comerciantes que operan primordialmente en ese rubro. Especialmente cuando comparamos los montos correspondientes a 1770-1775, donde la mayor parte de la comercialización de los efectos de Castilla era realizada por comerciantes peninsulares no avecindados en la ciudad y otros muchos que se instalaban temporalmente en Salta para efectuar sus negocios en representación de los principales almacenes de Buenos Aires. Algunos de estos comerciantes residentes en 1770 ya son vecinos de Salta en la década siguiente. 18 Por último, los préstamos en efectivo son los más complicados de analizar. El criterio adoptado ha sido considerar el dinero (que en algunos casos era otorgado por viudas o por sacerdotes) como parte del crédito mercantil cuando quienes lo tomaban eran comerciantes, ya que aún cuando no explicitaran el destino que otorgarían al mismo, es de suponer que se volcaría en la circulación mercantil. De la misma manera, también consideramos dentro del crédito mercantil a aquel otorgado por los comerciantes a vecinos y estancieros de Salta con el fin de invertirlo en sus propiedades. 19 El incremento en el porcentaje del crédito en efectivo que registran como acreedores los comerciantes vecinos de Salta, demuestra también el afianzamiento de éstos en la ciudad. De todas maneras, observando no los EL CRÉDITO MERCANTIL. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 19 18 Mata de López, Sara: "Economía agraria y sociedad...", pág. 72. 19 El interés demostrado por los comerciantes en la adquisición de propiedades urbanas, respondió no sólo a una inversión destinada a incrementar sus rentas a través de los alquileres que podían obtener de ellas, sino también a la posibilidad de conseguir dinero a bajo interés y riesgo, a través de créditos, eclesiásticos cuando fuere necesario. Tomo LIII, 2, 1996 porcentajes sino los montos totales de los préstamos otorgados por vecinos de la ciudad de Salta, comprobaremos que en 1770-1775 el mismo fue similar a los años 1790-1795, 20 lo cual ratifica nuevamente lo ya afirmado acerca de la crisis económica observable durante esos años y la retracción del comercio en general y del mular en particular. Los comerciantes y mineros del Alto Perú e incluso de Lima ofrecieron a los vecinos de Salta la posibilidad de obtener préstamos en dinero efectivo. Hemos recogido numerosos testimonios referidos a estos préstamos que los vecinos de Salta conseguían valiéndose de apoderados o representantes. 21 No siempre se consignaba el destino del dinero solicitado, pero hemos registrado préstamos para adquirir mercancías, habilitar tropas de mulas, poblar una estancia, concluir la construcción de una vivienda e incluso abonar los salarios en un ingenio de mineral. Muchas veces se acordaba la devolución del dinero en "efectos de la tierra" como azúcar de Arequipa, lienzo de Oruro y el Cuzco, ají, algodón y lienzo del valle de Catamarca, o jabón y sebo del valle de Lerma. 22 En estos casos, los créditos monetarios semejan compras por adelantado y ejemplifican el dominio del capital mercantil sobre la producción, a la que condiciona. Se hace necesario distinguir entonces las distintas formas que asume el capital comercial, ya que tanto el crédito monetario que es reintegrado a través de mercancías como el que se otorga para la adquisición de éstas entran en la esfera del capital comercial, junto con las ventas a crédito de las mercaderías, en tanto que los préstamos que representan una forma de invertir dinero acumulado con el interés de una renta, son capital usurario. Finalmente, a través del crédito otorgado por comerciantes vecinos o residentes de otras ciudades del litoral y del espacio andino es posible valorar las estrechas vinculaciones mercantiles interregionales y el peso de cada región en la actividad comercial de la ciudad. Dado que el crédito en mulas era por su monto el más importante, no debe extrañarnos el descubrir que los principales acreedores en dicho rubro proceden mayoritariamente de Córdoba, y en menor medida de Santa Fe, Buenos Aires y Santiago del Estero. Los deudores provendrán en primer lugar de Lima pero también de otros lugares del espacio andino. Al considerar los comerciantes no vecinos de Salta, podremos comprobar que las mercancías movidas en la ciudad proceden de unas pocas regiones. Por el contrario, concurren a Salta con el fin de adquirir esas mercancías comerciantes de numerosos lugares. Esto confirma el papel de Salta como centro del espacio andino y el predominio de algunas regiones en determinados rubros mercantiles. Así, las acreencias de Córdoba registradas en Salta corresponden a la venta de mulas en un 94.5%, mientras que el crédito restante se debe a préstamo de dinero. De la misma manera el motivo de las acreencias de Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán son las mulas. Por el contrario, el crédito procedente de Buenos Aires está compuesto en un 46.9% de efectos de Castilla, un 19.4% en mulas, un 15% en dinero y el 18.7% restante se debe a ajustes de cuentas y a efectos varios. 23 Los créditos otorgados por los comerciantes y mineros de Lima, Chucuito y La Paz fueron casi exclusivamente por préstamos de dinero efectivo concedidos tanto a vecinos de Salta como a vecinos de Santiago del Estero y Córdoba. La devolución del préstamo en algunos casos consistía en mercancías tales como jabón, ganado, lienzo o mulas. Por su parte, los comerciantes del Cuzco vendieron en Salta a crédito ropa de la tierra. Anuario de Estudios Americanos Desagregados por años los créditos que los comerciantes de Buenos Aires otorgan en Salta comprobamos que no se registra ninguna operación durante los años 1800-1805. 24 Si relacionamos estos datos con los que obtuvimos acerca del alto porcentaje de participación que en esos mismos años tuvieron los vecinos de Salta en los créditos en efectos de Castilla y en la habilitación de tropas, podemos considerar que estos comerciantes que poseen tiendas importantes surtidas de esos efectos y que habilitan las tropas de mulas que parten al Perú ya no son meros apoderados y representantes de las casas comerciales de Buenos Aires, sino que toman créditos importantes en dichas casas comerciales y los otorgan por su cuenta, costo y riesgo a otros comerciantes de menor giro, tanto locales como vecinos de otros lugares. (1) Sobre un total de 274 registros de acreedores no vecinos de Salta, registramos 220 con indicación del lugar de vecindad determinada y sobre un total de 281 registros de deudores no vecinos de Salta, registramos 165 con indicación del lugar de origen. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 23 Tomo LIII, 2, 1996 En efecto, comerciantes de diferentes regiones se endeudan adquiriendo en Salta efectos de Castilla. La mayoría de las cartas de crédito de los comerciantes de Cochabamba corresponden a la compra de efectos de Castilla en una suma total de 72.492 ps., es decir, el 73.0% del total de las acreencias correspondientes a comerciantes procedentes de dicha región. En menor medida se proveen en Salta a crédito de efectos de Castilla comerciantes de Atacama, Belén (Catamarca), Chichas, Jujuy, La Rioja, San Juan, Santiago del Estero, Tarija y Tucumán. Aún cuando se demuestra así que Salta es un centro de venta de efectos de Castilla, no puede de ninguna manera compararse la importancia de esta actividad con el papel que desempeña en la comercialización de mulas y en la habilitación de las tropas con destino al Perú y al Alto Perú. Por ello los mineros y comerciantes de Lima, Jauja, Arequipa, Potosí, Cuzco y Haurochuri, serán los más fuertemente endeudados por la adquisición de mulas y la habilitación de tropas. El estudio realizado confirma una vez más la enorme gravitación del comercio mular en la economía de Salta en la segunda mitad del siglo XVIII, que convierte a la ciudad en una feria mercantil estacional en la cual se concretaban anualmente los negocios de comerciantes cordobeses, santafecinos y altoperuanos, posibilitando el crecimiento del capital mercantil en la región. Hemos logrado comprobar el proceso de monopolización del comercio mular alcanzado por comerciantes residentes o vecinos de otras ciudades del espacio andino, que culmina en los primeros años del siglo XIX. Los principales beneficios que de este comercio obtendrán los vecinos de Salta derivarán de las invernadas, las habilitaciones, el flete y el papel de afianzadores y apoderados que desempeñaron. El crédito nos permitió también observar un proceso inverso en relación con otro rubro de particular importancia: los efectos de Castilla. A través de él comprobamos tanto el proceso de radicación de los residentes de origen peninsular, habilitados por los comerciantes porteños, como también el crecimiento económico de los mismos, que en algunos casos intentarán vincularse directamente con las casas comerciales de Cádiz tendrán la posibilidad de proveerse en los almacenes de Buenos Aires, pero que al comerciar sus efectos lo harán en su nombre y no en representación de otros. Al finalizar el período colonial los comerciantes de efectos de Castilla, algunos vinculados familiarmente con los que operan en el comercio mular,27 han logrado afianzarse en Salta como un poderoso grupo mercantil. El lugar de residencia o vecindad de los comerciantes que operan en Salta es revelador de la importancia de la ciudad como centro mercantil que vincula al noroeste con el espacio andino, y no sólo por el comercio mular, aún cuando esta vinculación sea factible por la existencia de dicho comercio. Sería importante contar con estudios de otras ciudades, tales como Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero para arribar a conclusiones menos provisionales. SALTA A FINES DEL SIGLO XVIII 25
Durante mucho tiempo en el ámbito académico argentino hubo una división implícita respecto a los trabajos de investigación referidos a la cuestión indígena donde la temática aborigen era abordada por los antropólogos y lo referente al tema de las fronteras era estudiado por los historiadores. En las últimas décadas este límite fue traspasado desde la historia social ( En el primer caso, la utilización que hace la autora de las fuentes judiciales deja claro la enorme importancia que éstas tienen cuando analizamos el devenir histórico de los sectores subalternos. A partir del lenguaje legal que aparece en cada expediente, en las declaraciones de los testigos, de la víctima o del victimario, o como sucede en este caso concreto, a partir de las fundamentaciones de las acusaciones de los fiscales, los argumentos de los defensores o del dictado de sentencia de los jueces podemos recuperar el pensamiento o el clima de ideas que guía dichas sentencias. El segundo aspecto importante tiene que ver con lo que abarca el objeto de estudio que la autora propone teniendo en cuenta no las características raciales o de fenotipo, sino su pertenencia o no a alguna jefatura indígena. Por lo tanto, reconoce sólo como indígenas a quienes con posterioridad a la llamada "conquista del desierto" aceptaron el mando de un cacique, lo veneraban y seguían llevando a cabo ritos religiosos y otras prácticas que mantenían unida a la comunidad a pesar de la derrota, el disciplinamiento y la coacción. En la segunda parte se analiza, a través de los diferentes capítulos, la construcción del orden político y los mecanismos de integración y dentro de estos el rol que desempeña el poder judicial como instrumento de control, disciplinamiento y homogeinización. Apoyado en una amplia compulsa bibliográfica y un exhaustivo trabajo de fuentes donde se destaca la información extraída de los expedientes del Archivo Judicial, este trabajo, como señala la autora, busca reflejar lo más perfectamente posible el proceso de conquista y subordinación, donde la legitimidad del vencedor y del sistema de dominación se impuso en consecuencia, y se sustentó no sólo en la amenaza de coacción, sino también en la construcción imaginaria que hizo de los indígenas seres renuentes al orden. Pero además es un válido intento por romper la invisibilidad del aborigen al que deliberadamente, como lo señalamos antes, las principales corrientes historiográficas lo fueron condenando a partir del exitoso proceso de homogeinización llevado adelante por el Estado nacional a través del tiempo. En este sentido, conviene brevemente recordar cómo se fue constituyendo esa homogeneidad teniendo en cuenta los diferentes momentos, políticas y actores involucrados que, sin lugar a dudas, arranca en la etapa militar y se expresa claramente cuando el propio General Roca plantea que "Sometidos al trabajo que regenera y a la vida y ejemplos cotidianos de otras costumbres que modificaran sensiblemente los propios, despojándoles hasta el lenguaje nativo como instrumento inútil, reobtendría su transformación rápida y perpetua en elemento civilizado y fuerza productiva". La ejecución de este pensamiento constituyó la implementación del sistema de distribución, es decir, el traslado, desmembramiento y distribución de las familias indígenas en diferentes destinos lejos de su hábitat natural. En un primer momento la escuela y la Iglesia -que en el caso rionegrino fue una sola institución por la acción de los misioneros salesianos y la casi inexistencia de la educación pública en el ámbito rural-y posteriormente los Inspectores de Tierras desempeñaron un rol importante en el camino hacia la homogeneización de aquellos que permanecieron en los territorios ocupados, al determinar que estos particulares pobladores podían ocupar tierras y firmar contratos de arriendo siempre que reunieran las condiciones de argentinidad, laboriosidad y moralidad y cuando creían que algunas de estas pautas no se cumplían, rápidamente determinaban que esas carencias no habilitaban para poder contratar arrendamiento a su favor, por lo que el consejo del Inspector a la Dirección Nacional de Tierras y Colonias era el desalojo. Al mismo tiempo también la justicia hizo su aporte a la construcción de la homogeneidad y este aspecto es el que M. E. Argeri retoma para, con un riguroso análisis, mostrarnos cómo a partir de la coacción y la aplicación de la normativa legal -entre otros el principio de igualdad ante la ley y la obligación del matrimonio civil-no sólo se fue regulando, disciplinando e integrando a las comunidades indígenas en la nueva sociedad territorial, despojándolas de los antiguos valores y principios que regían su convivencia, sino que además con lo segundo la presencia judicial llega al seno mismo de la familia, alterando costumbres arraigadas y disciplinando al núcleo familiar, en especial a la mujer indígena, inculcándole nuevos valores morales. Pero esta acción de la justicia en el proceso de integración no es unívoca, ya que desde la creación y organización misma de los nuevos territorios nacionales se van perfilando dos modelos diferenciados: el de los gobernadores y el de los jueces letrados. Mientras que los primeros utilizan la fuerza a partir de la actuación de la policía y los jueces de paz, los segundos lo llevan a cabo a partir de hacer efectivo el principio de igualdad ante la ley e intentando al mismo tiempo proteger a los aborígenes de los abusos cometidos por quienes llevan adelante el otro modelo. En este particular escenario se plantean la actuación de las jefaturas indígenas que, aunque fuertemente debilitadas, resisten a la integración, generando un estado de conflictividad que no es sino el reflejo de la difícil adecuación, según la autora, de dos formaciones sociales y políticas diferentes obligadas a convivir en un mismo espacio. En definitiva el proceso de desarticulación de las jefaturas indígenas y la adaptación de los derrotados a la sociedad mayoritaria y al estado a través de la acción de la justicia no sólo fue el origen de cierta conflictividad, sino que la misma tuvo consecuencias nefastas para muchos de ellos, tal como lo describe un testigo privilegiado de la época: el Dr. Óscar F. Lapalma, fiscal del Juzgado Letrado del General Roca, cuando reflexionando sobre el tema señala que: "Pero también pienso en el otro aspecto del drama. Pienso en esa raza vencida por el impulso civilizador de la raza blanca. Pienso en ese ser inferior, condenado a desaparecer inexorablemente; en ese heredero del salvaje de las viejas tolderías, hoy más miserable de cuando vivía en libertad en las praderas, porque se halla degenerado por el alcohol, las enfermedades, la miseria y la acción corruptora de los traficantes de cueros y lanas mal habidos. Y esto es un drama trágico. Las cárceles de los territorios de la Patagonia están diezmando a los últimos indígenas. La reclusión les minas sus débiles organismos, y de ellas, si no salen tuberculosos, salen pervertidos definitivamente. Los pobladores, al ocupar las tierras fiscales y alambrarlas, han destruido los avestruces y guanacos, que constituían el alimento del indígena. Entonces, éste ha recurrido a las hacienda lanar y vacuna para alimentarse. Se ha hecho ladrón, porque ha sido vencido por la civilización triunfante y porque no tiene como nosotros, el concepto quiritario de la propiedad individual. Si el proceso de colonización de estos territorios hubiera sido más lento, quizás el indio se hubiese salvado. Posiblemente se hubiese adaptado al nuevo estado de cosas, prestando su mano de obra y su trabajo al hacendado que los necesitaba para vigilar sus ganados; pero habituados por decenas de siglos, a la vida selvática y nómade, no ha podido transformarse de golpe, y ha sucumbido. El Código Penal no lo exime de responsabilidad, y las cárceles no dan abasto para alojar la enorme población indígena que se vuelca en ellas. Tal el aspecto más trágico del drama que quería exhibir." En el final de este comentario nos interesaría detenernos en dos cuestiones: la primera que tiene que ver con el recorte del objeto de estudio. Sin lugar a duda reconocer sólo como indígenas a aquellos que responden a una jefatura indígena resulta conveniente para los fines de la investigación, pero tal definición no deja de mostrar aristas contradictorias. En pri-mer lugar porque la autora no hace una distinción precisa entre aquellas comunidades que no quisieron rendirse, que combatieron hasta el final, los que en la derrota permanecieron junto a sus caciques, caciquillas o capitanejos de otras -como sucede en el caso de la Jefatura de Miguel Linares-que desde antes de la ofensiva final ya en 1872 conformaron el "Batallón de Indios Amigos" y estaban alistados en el ejército de línea sirviendo en los cuerpos auxiliares, enfrentando y persiguiendo a sus hermanos de sangre en nombre de la "civilización". Finalizada la etapa militar se le entregaron tierras en Colonia Frías. Es evidente que entre ambos extremos los procesos de integración fueron diferentes, así como la realidad que les tocó vivir a cada uno. Al mismo tiempo debemos advertir que esta reducción excluye a una porción significativa de aborígenes que, asentados en territorio rionegrino, no están formando parte de ninguna jefatura a medida que avanza el período estudiado; aunque lo habían hecho hasta el momento de la ofensiva final, no están formando parte de ninguna jefatura hacia principios de siglo. Si bien hacia 1920, siguiendo las afirmaciones de la autora, el cacicazgo se revitalizó, esto no aparece en algunas áreas del ámbito rural rionegrino, tal como lo señalan ciertos testimonios orales como el de Antonia Cañupan de Aguada Guzmán en la meseta del El Cuy quien afirma que "Mas antes había cacique. Pero no, nosotros no conocimos porque ya mi papá, ya vinieron acá, ya no había cacique" Sin embargo, debemos señalar que los indígenas que están fuera de la órbita de la jefatura son alcanzados asimismo por la ley y sus reacciones también generan conflictividad y si bien esto no desmiente la afirmación de Argeri en cuanto a que la inestabilidad y conflictividad de la nueva sociedad territorial, obedece en última instancia a la confrontación de dos entes distintos, más allá de los objetivos de la investigación, igualmente entendemos importante conocer cómo fue el proceso de integraciónresistencia de aquellos actores indígenas no incluidos ni mediados por las jefaturas indígenas. Una segunda cuestión que quisiéramos señalar es la ausencia en el conjunto de la obra de una mirada indígena respecto al problema de la integración. Son actores principales de este drama pero no encontramos sus testimonios. No sabemos si su ausencia se debe a la escasez de fuentes o si deliberadamente la autora lo omitió en función de otros objetivos; aunque, a nuestro entender, hubiera sido interesante incluir esta otra perspectiva; conocer la visión de quienes sufrieron este particular proceso y cómo vivieron esta dramática experiencia. En síntesis, se trata de un libro atractivo, sugerente, que con sus aportes contribuye a enriquecer el conocimiento sobre esta temática y al mismo tiempo constituye un significativo esfuerzo por hacer visible al propio indígena deliberadamente ausente durante mucho tiempo en los estudios históricos de nuestro país.-ENRIQUE MASES. Chang-Rodríguez, Raquel (ed.): Franqueando fronteras. Garcilaso de la Vega y La Florida del Inca, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2006, 289 págs. Grata es, como siempre, dar la enhorabuena a la publicación de un libro nuevo, más cuando sus padres son un excelso conjunto de expertos, además de amigos, en la temática que el impreso desarrolla. Pues bien, al que damos la bienvenida, y ahora tengo el honor de presentar, es un texto digno de ser dado a conocer y aplaudir. Se trata de una obra colectiva (fruto de la encomiable edición de la prestigiosa profesora Raquel Chang-Rodríguez) que recoge un precioso muestrario de ensayos sobre el Inca Garcilaso de la Vega, aunque centrados en el texto, contexto y circunstancias literarias afines de su Florida, la primera crónica que escribió y que el impresor Pedro Crasbeeck editó en Lisboa en 1605. Obvio es, por tanto, que la iniciativa no pretende otra cosa que celebrar el cuarto centenario de la aparición de tan formidable historia, en la que Gómez Suárez de Figueroa narra la expedición de Hernando de Soto (1539-1543) a una amplísima, compleja y mal conocida demarcación territorial americana entonces conocida como La Florida; que se extendía entre la bahía de Chesapeake y el nordeste de México (Nueva España). Como tantos otros, éste es un ejemplo de los derroches de astucia y temeridad que arriesgados descubridores y conquistadores del siglo XVI exhibieron en la exploración del Nuevo Mundo. Soto, nada menos que recorrió una distancia de, aproximadamente, 6.500 kilómetros, vividos en un trayecto cuyo devenir abarcó un enorme territorio de los actuales Estados Unidos. Deambuló por estados como Florida, Georgia, Alabama, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Tennessee, Misisipi, Luisiana, Arkansas y Texas. Pero quiso la fortuna que el Inca Garcilaso tomara la decisión de contar aquellas jornadas, de embellecer la memoria de las mismas con su plu-ma y minerva. No creo que Soto imaginara alguna vez recibir semejante premio, o le diera la importancia cultural que hoy le damos. Porque en su tiempo lo normal era que los mismos protagonistas de las hazañas se dieran a la labor de poner por escrito las cosas que experimentaron en aquellos confines; muchas veces disculpando y siendo conscientes de carecer del utillaje intelectual adecuado a tan alta ocupación. Mas pudo en ellos la afirmación de su yo para, de esa manera, dejar sentada la autoría de los hechos y perpetuar en la memoria colectiva noticias dignas de ser guardadas en instancias imperecederas. Aunque también perseguían la admiración, el encomio y la reverencia; la victoria sobre la nada y el triunfo del ser frente a los funestos dardos de la muerte. Si bien, escribiendo quisieron aprehender y hacer verosímil, a ellos, en primer lugar, y a los demás, las cosas -difíciles de asumir con los referentes simbólicos de los que disponían-que vieron o creyeron ver en unas geografías propias de ensueño, embelecos o amagos demoníacos. Y es que veían lo que escribían, no al contrario, de unas experiencias subjetivas en una realidad objetiva. El Renacimiento, claro está, late en una nueva percepción del conocimiento, consecuencia del asombro, que hace de la experiencia personal el más fiable criterio de autoridad. Por ello, la autoafirmación personal en los grandes logros sólo fue posible desde una muy alta valoración del hombre, que unida al afán de eternizar, mediante la escritura el triunfo personal propicia el desarrollo de la conciencia histórica. El descubridor, un viajero que escribe y no un escritor que viaja, logra la fama escribiendo sus hazañas, las que, gracias a él, conocerán los hombres del mañana. De ahí que Cieza de León exclamara que las tales historias conviniera que las escribiera un Tito Livio o Valerio, u otro de los grandes escritores...¿quién podrá contar los nunca oídos trabajos que tan pocos españoles en tanta grandeza de tierra han pasado? Un gran escritor, uno de los mejores historiadores del Renacimiento hispano, nos regaló la de Hernando de Soto. Garcilaso el Inca, quizá la más exquisita insignia intelectual de la simbiosis cultural que generó el encuentro del Viejo Mundo y del Nuevo en el Quinientos. Pero sería demasiado osado que yo, un historiador, me detuviera aquí en las glorias literarias y pericias retóricas y estilísticas del Inca (que a estas alturas sobra redundar) o en su repercusión en la historia de la literatura; sobre todo porque sabios tiene la cuestión, algunos presentes en el libro que reseño. Mejor será que dé algunas guías de lo que el lector interesado, o cualquiera que quisiera gozar de las mieles de La Florida, que es el objetivo final de la obra con-memorativa, puede encontrar en los trabajos del impreso. En primer lugar, de justicia es felicitar la bella edición, engalanada, además, con una primorosa introducción y cronología, realizada por Raquel Chang-Rodríguez, autora que desde tiempo atrás nos tiene acostumbrados a calidad y buen hacer, y a otras delicias que su rancio y generoso saber suele exhibir. Podemos seguir con una primera parte volcada sobre el entorno antropológico e histórico de la trama vertida en la crónica garcilasiana, donde encontraremos el juicio y la reflexión de destacados especialistas en los avatares de su época, conocimientos que ahora recaen sobre los contactos de indígenas y europeos (J. T. Milanich), conquistadores de segunda fila (A. Turner), el espacio explorado (P. Galloway) y otras relaciones del periplo de Hernando de Soto (E. Lyon). El segundo apartado indaga en problemas de textualidad e ideología, de la mano de una tríada académica, sabia por doquier, excepcional: J. A. Mazzotti con unas cuidadas letras acerca de los motivos de la traducción del Inca de los Diálogos de amor de León Hebreo; R. Adorno y su teoría sobre La Florida y los orígenes de la literatura latinoamericana; y R. Chang-Rodríguez, con una magnífica disquisición alrededor de la síntesis cultural y territorial que subyace en la crónica. La tercera parte, por último, incide en los recovecos que rodearon la publicación y ediciones de la obra que recordamos; también agraciada con trabajos rigurosos y de indudable valía como los de Carmen de Mora, Mercedes López-Baralt y Pedro Guibovich. Todos los trabajos que componen el libro son muestra del buen hacer y sapiencia de las gentes que lo integran, las que Raquel Chang reunió en el City College y el Graduate Centre de la City University of New York (CUNY), en 2003, para celebrar el Coloquio interdisciplinar e internacional que, tras fructíferos planteamientos, debates e intercambio de ideas y conocimientos vislumbró los textos que someto a mi modesto juicio y parca consideración. Hora es ya de entregar el testigo crítico a la opinión de los posibles y discretos lectores, crecidos en letras o no; cualquier aficionado o curioso puede encontrar aquí el acomodo oportuno a sus inquietudes intelectuales y literarias. Y he de entregarlo para que juicios más imparciales mejoren el mío, aquejado de prurito profesional y capaz de hacer creer a muchos que confundo el afecto con la certera admiración académica hacia los colegas que regentan los capítulos de esta empresa garcilasiana. En fin, un libro sobre otro libro que colmará el apetito científico de quien pretendiere conocer a fondo los albores de la literatura colonial, nunca mejor dicho, hispanoperuana. Incluso podrán hacerlo en inglés gracias a la versión que se publicó en los Estados Unidos: Chang-Rodríguez, Raquel (ed.): Beyond Books and Borders. Cueto, Marcos, y Zamora, Víctor (eds.): Historia, Salud y Globalización, IEP, UPCH, Lima, 2006, 240 págs. En América Latina, desde hace algunos años, se asiste a la conformación de un sub-espacio historiográfico que focaliza, con distintas perspectivas, el estudio de las epidemias, de las políticas sanitarias nacionales e internacionales, de la evolución de la corporación médica, entre otras temáticas. Desde el punto de vista cronológico, predominan los análisis que se sitúan entre finales del siglo XIX y mediados del XX, no siendo frecuente encontrar enfoques más contemporáneos. En este sentido, el texto compilado por el historiador Marcos Cueto y el médico Víctor Zamora se convierte en un desafío al reto planteado desde hace tiempo por este subcampo, como es el de realizar enfoques interdisciplinarios e investigaciones que aborden la historia actual de la salud. De esta manera, e impulsados por un presente "globalizado", reconocidos historiadores como Marcos Cueto, Elizabeth Fee y Theodore Brown unen sus interpretaciones a las del médico Víctor Zamora y a las de Jennifer Ruger -especialista en economía de la salud-, con el objetivo de arrojar luz y/o encontrar nuevos significados a los procesos modernos, partiendo para ello de algunos interrogantes tales como: ¿Nos ayuda una perspectiva histórica a entender la aparición de la terminología "salud global"? ¿Qué rol desempeñaron los organismos internacionales en su desarrollo? ¿La aparición y reaparición de enfermedades emergentes pueden explicarse por los modelos económicos y las reformas sectoriales aplicadas? ¿Qué papel ha desempeñado el Banco Mundial en la salud global? El objetivo general de los autores es abordar, desde una perspectiva histórica y sanitaria, el impacto que ha tenido la "globalización" en la salud pública en general y en la peruana en particular. Para ello, en la Introducción plantean un estado de la cuestión referido a las distintas acepciones y consideraciones que sobre el término "globalización" existen; efectúan una reconstrucción histórico política de su aparición y la hacen coincidir con la emergencia de las economías neoliberales en los años noventa del siglo XX, donde se enfatizó el rol del mercado sobre el Estado y la privatización de gran parte de los servicios públicos en aras de la eficiencia y la efectividad, involucrando a la salud como instancia para mejorar, entre otros aspectos, la productividad económica (pág. 13). En este punto ya comienza a despuntar el rol que ocupan la historia y los historiadores en el texto, puesto que se hace evidente la experiencia de Marcos Cueto como especialista en la historia de las Instituciones Internacionales que, a partir del siglo XIX, dictaron normas para prevenir, controlar y erradicar enfermedades y promover la salud (Cueto, Marcos, 1994, 2004). Por esta razón, se plantea que aunque el término "globalización" puede considerarse relativamente nuevo, observado desde una problemática más acotada como puede ser la sanitaria, no lo parece, puesto que la salud ha estado ligada a la expansión internacional del comercio, la seguridad de los puertos y el imperialismo europeo desde hace varios siglos (pág. 15). De la manera señalada, los autores recurren a la reconstrucción histórica para encontrar un hilo conductor entre lo que se denomina Salud Pública Internacional o Salud Internacional y la "globalización" y/o la "salud global", poniendo en discusión lo novedoso del término. Sustentan lo anteriormente expresado, ubicándose en la primera mitad del siglo XX con la aparición de agencias permanentes de sanidad internacional, como fue la Oficina Sanitaria Panamericana (ahora conocida como Organización Panamericana de la Salud, OPS, cuyo origen se remonta a 1902) y una vez finalizada la Primera Guerra Mundial con la Sección de Higiene de la Liga de las Naciones. Sin olvidar el papel que desempeñó la Fundación Rockefeller (1913) en el control de la anquilostomiasis, fiebre amarilla y malaria, en varios países del mundo incluyendo los latinoamericanos. Conforme avanzó el siglo XX, y con la aparición de instituciones como la Organización Mundial de la Salud (1948), el término de salud internacional se afianzó y se asoció al desarrollo de programas de salud en países pobres o del llamado "tercer mundo" (pág. 16). La actuación de la OMS se basaba en recomendaciones a los Estados Nacionales y estaba asociada a la hegemonía política mundial de los EE.UU. con su influencia en las instituciones internacionales sanitarias. Asimismo, los líderes sanitarios norteamericanos optaron por conjugar una propuesta de cooperación en salud internacional con modelos que buscaban "el desarrollo" y la modernización capitalista de países atrasados o descolonizados, como una alternativa al socialismo que era preconizado por la Unión Soviética (pág. 17). Por último, incluyen en este relato histórico a movimientos latinoamericanos surgidos en las últimas décadas, los cuales han demostrado su capacidad de resistencia a los dictados políticos y sanitarios provenientes del exterior, haciendo propuestas alternativas y creativas (pág. 19). De esta manera, se acercan al presente donde desandan el concepto de "salud global" como una respuesta a la globalización y la entienden como la etapa contemporánea en la historia sanitaria mundial. Además, consideran su aparición como producto de la consolidación de una línea crítica de pensamiento, entorno a las limitaciones de las tradicionales agencias multilaterales, bilaterales y de ministerios de salud nacionales. Por ello, supone que a diferencia de la salud internacional, donde los protagonistas de los programas eran los Estados y las agencias intergubernamentales, en la salud global participan nuevos actores como las ONG, los grupos de pacientes y activistas y nuevas agencias multilaterales y donantes privados, tal como se puede observar en el capítulo titulado "La Organización Mundial de la Salud y la transición de la Salud Internacional a la Salud Global" (Brown, Cueto y Fee). En este sentido y tratando de mostrar procesos históricos concretos que convaliden las líneas de pensamiento antes señaladas, Marcos Cueto confronta los orígenes de la Atención Primaria de la Salud (APS) y la Atención Primaria Selectiva de Salud (APSS), como una instancia que puso en crisis las intervenciones de tipo "vertical" y anticipó cambios para la salud pública en general, donde se ponen en evidencia los distintos posicionamientos de los organismos internacionales. Para ello examina el contexto en el cual estos proyectos aparecieron, los actores que tuvieron, los objetivos que se trazaron y las técnicas que se propusieron, enfatizando el papel desempeñado por la OMS y UNICEF en la creación de dichas instancias y, en menor medida, el rol de OPS. Marcos Cueto entiende que el origen de la APS debe interpretarse en el contexto de la crisis de hegemonía estadounidense a finales de los años sesenta y principio de los años setenta, es decir, las décadas finales de la Guerra Fría (pág. 28). Para entonces, la perspectiva de intervenciones de salud de tipo vertical que habían sido, hasta ese momento, la estrategia dominante fue duramente criticada, entre otros aspectos, porque se concentraban en enfermedades específicas, cuando, en realidad, las principales enfermedades en países en desarrollo eran la desnutrición, las infecciones respiratorias, las enfermedades diarreicas y las transmitidas por vectores (pág. 35). De tal manera, se impulsaron los programas de APS como cen-tro de las políticas de salud pública de la OMS, los que se terminaron de configurar en la Conferencia Internacional de Atención Primaria (Alma-Ata) en 1978. En ella se formularon como principios el uso de una tecnología médica "apropiada", científicamente sólida y económicamente factible, como alternativa a las tecnologías costosas y sofisticadas que resultaban ser irrelevantes para las necesidades de la mayoría de la gente pobre (pág. 40). Se apelaba, también, a la construcción de postas de salud en áreas rurales y en áreas urbanas pobres, en lugar de la construcción de unos cuantos hospitales sofisticados y especializados (pág. 41). Estos aspectos sumados a otros terminaron por definir a la APS como el nuevo centro del sistema de salud público. El proyecto de APS tuvo sus críticos entre los que se encontraban las fundaciones Rockefeller, Ford, el Banco Mundial, entre otros organismos, quienes lanzaron una contra iniciativa: la APSS. Los ejes eran: el control del crecimiento en talla y peso para los niños, en pos de alcanzar una nutrición adecuada; las sales de rehidratación para controlar enfermedades diarreicas; impulsar la lactancia materna durante los primeros seis meses de vida; la vacunación infantil (pág. 45). Esta propuesta recibió el apoyo tanto de UNICEF como de otras agencias de ayuda. El resultado del proceso señalado se puede visualizar a lo largo del libro, a través del triunfo político de la APSS entre las décadas del ochenta y del noventa, de la mano dominante de un neoliberalismo que exigía, a través del Banco Mundial, ajustes estructurales. Ello se tradujo en la disminución de la capacidad de los Estados para intervenir en políticas de salud y en que se provocó un desequilibrio entre salud privada y pública, tal como se puede observar en el capítulo escrito por Jennifer Ruger. Asimismo, y como parte de los efectos de los cambios experimentados en los años noventa, debe contemplarse el desplazamiento de la OMS del campo de la salud pública internacional -a partir de entonces liderado por el Banco Mundial (págs. 69-103)-y el debilitamiento de la salud pública, evaluado a través de la emergencia de enfermedades infecciosas que continúan siendo la primera causa de muerte y enfermedad en el Perú y en el mundo, como se puede observar en el artículo de Víctor Zamora (págs. 59-69). "Historia, salud y globalización" es una propuesta desafiante al campo historiográfico, puesto que compromete fuertemente a la historia con su presente, dialéctica plasmada desde la misma portada, cuya foto remite a los años veinte, con una de las campañas de la Fundación Rockefeller en Brasil. Con lo cual, desde el exterior del libro, el lector podrá aproximarse a ciertos planteamientos, sometidos a debate en el interior, tales como que no es tan nuevo lo que ahora se propone como una etapa reciente de la historia mundial y sanitaria, y que viejos problemas, como el encuentro de la cultura local con la cultura global, siguen siendo un desafío central para la salud pública. Con esa imagen los autores quieren sugerir que se podrá decidir mejor adonde queremos ir si sabemos de dónde venimos y el contexto en el cual vivimos.-ADRIANA ÁLVAREZ. Demos la bienvenida y enhorabuena a la última gran obra del insigne historiador británico Sir John H. Elliott, uno de los más grandes hispanistas que ha distinguido y distingue nuestra historiografía de los siglos XX y XXI. Se trata de un trabajo monumental, todo un maná de los conocimientos que, sobre la materia, la brillante inteligencia y rancia sabiduría de su autor han ido acumulando, elaborando y reflexionando a lo largo de un tiempo en nada desdeñable. Sólo así puede ser realidad un libro garante de un piélago de saberes y de un abismo de buen hacer, rasgos primigenios de su calidad que no arrinconan otros muchos al acecho de quienes se den la gozosa ventura de inmiscuirse entre sus páginas. No pocos de los seguidores de semejante Maestro, de manera impaciente, aguardábamos la publicación del título que reseño, un tanto demorado debido a los innumerables compromisos a los que de continuo sometemos al Profesor Elliott. Si por él hubiera sido, tiempo atrás habría visto la luz. Pero la espera ha merecido la pena, si no, comprobadlo en la lectura de tan sabroso impreso sobre los dos grandes imperios, el español y el inglés, del mundo atlántico de la Modernidad. Una temática novedosa, en cuanto a su dimensión impresa, entre las historias de Sir John, quien, ante todo, nos suele agasajar con los entresijos de la política española del siglo XVII; aunque, de vez en cuando, cruzara la mar océana para mostrarnos la versatilidad y sutileza de su noble minerva, experta en continentes viejos cuanto nuevos. No es hora de reunir un muestrario de sus aportaciones al respecto, pero en la cabeza de todos están títulos imprescindibles para la comprensión de un fenómeno, el de las Indias, crucial en la historia de Europa. Quien suscribe estas grafías no ha escatimado osadía ni porfía al momento de asumir el reto de valorar el trabajo de un adalid historiográfico; mas oficio, deber, afecto y admiración obligan. Sobre todo porque mucho aprendí en los libros del maestro Elliott. Ahora recuerdo uno en especial, La España Imperial, que una larga nómina de estudiantes de historia de las universidades españolas manejamos durante los estudios de licenciatura. Tan familiar nos resultaba que, como con otros de los manuales de los emperadores historiográficos de entonces, conocíamos por el nombre de su creador, una simbiosis entre autor y título que sin más denota el éxito, familiaridad y asiduidad (a veces coercitiva) de una obra entre el alumnado. Pocos de mi generación universitaria habrán olvidado "el Elliott", "el Domínguez Ortiz", "el Vicens Vives" o "el Bennassar". Pues bien, sinceramente creo que estamos asistiendo a la gestación de otro "Elliott", esta vez atlántico, es decir, a un libro-manual de cabecera, a una útil y eficaz síntesis imprescindible para una exhaustiva y necesaria aproximación, desde múltiples perspectivas (económica, social, política, cultural) al Nuevo Mundo, anglosajón e hispánico, en su período colonial. Estamos, pues, ante un estilo de hacer historia que pone a prueba la valía y capacidad de quienes la ensayan; pues nada menos que se pretenden abarcar los grandes fenómenos del pasado en toda su trayectoria y complejidad. Una indagación general fruto de un variopinto cúmulo de conocimientos bien, y sin apasionamientos, madurados, caracteres que identifican la bondad de las insustituibles guías académicas de Sir John y de los historiadores que atrás nombramos; todos ellos, además, artífices de una prosa cuidada, a menudo bella, y de fácil comprensión y lectura, al alcance tanto del estudioso como del aficionado. No hay mejor cualidad del discurso historiográfico que enseñar deleitando a un público amplio. Son, como los denominara Jaime Moll, libros para todos. Para la ocasión, el Profesor Elliott vuelca todo su ingenio sobre una de sus preocupaciones científicas esenciales: la historia comparativa. Esta fórmula metodológica, no falta de polémica y dificultades añadidas, ha deparado resultados desiguales, a veces brillantes y, a menudo mediocres o problemáticos, sobre todo cuando se comparan cuestiones que no admiten confrontación. Mas por ello no deja de ser útil y oportuna en la mejor comprensión del devenir de la humanidad, razón del empeño del Maestro por estos senderos del método histórico. Sin duda, el ensayo que presento alcanza unas cotas de sobrada solvencia y virtud; porque su autor sabe lo que quiere y, como pocos, lo que hace. Para ello, maneja las trayectorias imperiales de las dos naciones que, profesional y afectivamente, colman sus desvelos académicos, paralelas, en líneas generales, en el tiempo y en un inmenso espacio; pero con tácticas, desarrollos y consecuencias desiguales. Baste para corroborarlo la pregunta que, con frecuencia, las gentes, inmersas en la causa o ajenas a ella, suelen plantearse: el porqué de las diferentes situaciones actuales de los Estados Unidos y de los distintos países de la América hispana. Evidentemente, en buena medida la respuesta la encontraremos en la historia, pero no sólo en la colonial sino también en la fase (que yo creo más decisiva) posterior a la segregación de sus metrópolis de aquellas naciones. La diatriba, en cualquier caso, está servida y, en Iberoamérica, sigue provocando acalorados debates, con frecuencia sin fundamentos rigurosos, que responsabilizan a la etapa del dominio español de la destrucción de unas inocentes e ingenuas civilizaciones autóctonas, de otra edad de oro mitificada, y de todas las dificultades económicas, sociales y políticas que caracterizan el tiempo posterior a la Independencia. Un discurso interesado y sesgado, claro está, que tiene su origen en las elites criollas que se reparten las Indias después de su liberación y que, en alguna medida, todavía perdura entre las clases dirigentes. Argumentos de este cariz podemos identificar muchos a lo largo de la historia, siendo una consecuencia inmediata de la ausencia de una autocrítica necesaria y de la exoneración de culpas por parte de quienes detentan el poder, grupos proclives a la prefiguración de chivos expiatorios en los que concentrar la causa de los problemas y la atención e iras de la población en general. Con ello no niego las responsabilidades históricas, que ciertamente las hubo, de la España del Antiguo Régimen; pero serían oportunos juicios, bien fundamentados, más equilibrados. Empires of the Atlantic World es un buen ejemplo del equilibrio, moderación y precisión que debe presidir todo trabajo historiográfico sobre cuestiones que, aún hoy, siguen auspiciando discusiones controvertidas. Estas son unas premisas a las que su autor nos tiene acostumbrados y que sus seguidores intentamos imitar. Quizás el método comparativo contribuya a apaciguar los posicionamientos extremos; pues, contrastando, desde un dilatado marco temporal, las coyunturas históricas de los dos imperios en cuestión se obtienen mejores perspectivas de análisis y visiones más ecuánimes. Puntos de referencia a partir de los cuales podemos acercarnos a la comprensión de los recovecos que jalonan ambas secuencias vitales y, en última instancia, a las diferentes maneras de actuar de las potencias implicadas y a las similitudes apreciables en ambas. Sinceramente creo que este libro es una insignia que habremos de tomar como modelo de un acertado método comparativo, del que, desde años atrás, su artífice viene exhibiendo muestras parciales de indudable oportunidad e interés. Si nos adentramos en los contenidos, inmediatamente verificamos lo que hasta ahora llevamos dicho. De entrada acariciamos todo un alarde de historia total a través de la confrontación de dos trayectorias coloniales que se despliegan en un versátil abanico temático. Comienza con la ocupación del espacio, frente que introduce magníficas reflexiones sobre descubridores, conquistadores, pobladores, los recursos naturales encontrados y su primigenia explotación. A continuación viene el estudio de la fase de consolidación de la dominación europea de América, con premisas tan esenciales como la imposición de la autoridad, la estructura social, y sus identidades, allí activadas, el impacto y sincretismo de las creencias religiosas en escena y la difusión de la cultura occidental en aquellos confines. Por último, un suculento apartado sobre la emancipación del Nuevo Mundo, que atiende a la esclavitud, la movilidad social, la redefinición de las relaciones entre colonias y metrópolis, los imperios en crisis y los procesos independentistas. Un elenco reflexivo, en suma, en torno a los fenómenos y problemáticas esenciales de esta historia entre las dos orillas del Atlántico, que se desentraña atendiendo a la demografía, la economía, la sociedad, la política, la cultura y la mentalidad; es decir, sin dejar fuera del análisis ninguno de los flancos que condicionan la evolución del pasado. Sobra decir, además, que todo ello ha sido brillantemente documentado con las fuentes y la bibliografía adecuadas, de las que, de nuevo, Sir John Elliott exhala maestría a raudales. Va larga ya la reseña y, por tanto, siendo hora de pasar el testigo a los posibles lectores, a quienes garantizo que no saldrán defraudados si deciden internarse en la silva de saberes que este bonísimo libro esconde. Así, cual otros descubridores, podrán hallar una cornucopia historiográfica garante de la pericia del autor, con la que el receptor, en aras de fructífero aprendizaje, debe entablar el diálogo crítico que cualquier texto, y más éste, propone. Definitivamente, para que otras opiniones mejoren la mía, que podría juzgarse de estar mediatizada por el afecto, la amistad y la gratitud. Mas aseguro que, por encima de ambas cualidades del alma, ha primado la admiración, la deuda y fascinación científicas por el Maestro y una historia servida con excelencia. Como colofón, sólo me resta traer a colación una sentencia latina: Amore, more, ore, re seruantur amicitiae ("el cariño, el trato, la conversación y los hechos conservan las amistades").-CARLOS ALBERTO GONZÁLEZ SÁNCHEZ. El lector tiene en sus manos el primer volumen de un gran proyecto de sociología histórica, sociología política e historia comparada concebido por Carlos Forment para reinterpretar la historia de la democracia en América Latina. En este primer volumen la propuesta de este politólogo de origen cubano ha sido ver el proceso de configuración histórica de la sociedad civil en dos "naciones viejas", México y Perú. El autor califica de "naciones viejas" a los dos territorios o administraciones que se constituyeron en los núcleos del poder colonial español en América a lo largo de tres siglos. El segundo volumen, aún no publicado, consistirá en analizar el mismo fenómeno en dos "naciones nuevas" o periféricas del poder español: Cuba y Argentina. Democracy in Latin America se divide en cuatro partes. La primera parte resume los conceptos teóricos y aportes metodológicos procedentes de las múltiples perspectivas "tocquevillianas" surgidas en el entorno euroamericano que el autor presenta críticamente, y que una vez diseccionadas las hace suyas para comprender las realidades hispanoamericanas. De la discusión teórica Forment concluye que para estudiar históricamente la democracia se requiere ver la actuación cotidiana de la civilidad en sus cuatro facetas, esto es, como sociedad civil, sociedad política, sociedad económica y esfera pública. Tal como lo hubiese concebido Alexis de Tocqueville de haber trasladado su análisis realizado para Estados Unidos a Hispanoamérica, tales actuaciones se resumen en la aparición y diseminación de esos "grupos voluntarios" o asociaciones que actuaron al margen de las instituciones identificadas propiamente con el Estado y el mercado. La propuesta es de por sí provocadora. En contra de lo supuesto por la teoría de la dependencia, o los más recientes estudios postcoloniales, la perspectiva "tocquevilliana" o liberal sostiene que los hispanoamericanos a través de sus asociaciones y prácticas civiles fomentaron una democracia peculiar que, lejos de constituir una anomalía, constituyó más bien una importante variante dentro del desarrollo de la democracia occidental. La segunda parte del libro que Forment titula "The Public Landscape of Late Colonial Latin América" se concentra en relativizar el significado de la "herencia colonial" como elemento de explicación de la parálisis o involución política vivida por las nacientes repúblicas hispanoamericanas. Forment no cuestiona la existencia de ese legado histórico, pero en contra de lo comúnmente afirmado su estudio concluye que la herencia colonial no impidió que se desarrollase una tradición democrática. Es más, algunos elementos de ese pasado colonial como la tradición católica, las reformas borbónicas, el probabilismo jesuítico y los propios movimientos insurgentes ayudaron a adquirir a los civiles hispanoamericanos "el sentido de sí" (selfhood) indispensable para convertirles en "adultos racionales". Una ausencia que es de lamentar en esta parte del libro es toda referencia al impacto de las Cortes de Cádiz en la transformación de la cultura política de los mexicanos y peruanos, de la que ya hay una extensa bibliografía que el autor no menciona. Los procesos electorales, la transformación del vecino en ciudadano y el auge de los cabildos constitucionales, por mencionar algunas de estas manifestaciones del legado doceañista, habrían sido de utilidad a la hipótesis de Forment relacionada con la génesis de esa sociedad política que advierte en el proceso de transición de la colonia a la república. Las partes tercera y cuarta constituyen la parte central de la obra, ya que ponen a prueba las hipótesis de Forment a partir de la abundante información documental que pudo obtener en la fase de la investigación. A partir de un base de datos confeccionada laboriosamente por este investigador sobre la base de impresos, periódicos y otras fuentes primarias, el autor demuestra cuantitativamente que el asociacionismo a lo largo del siglo XIX fue mayor en México con sus 2.291 "grupos voluntariamente constituidos" que en Perú donde llegó a identificar 912. Cabe señalar que el tratamiento de esta información no se inclina por un similar análisis cualitativo, al advertirse ya desde el prólogo que ésta será una tarea de futuras investigaciones propias o ajenas. Por eso este análisis dedicado al fenómeno de la constitución y avance del asociacionismo latinoamericano desde el punto de vista de su cantidad deberá ser tomado con mucha reserva por el lector. La tercera parte, que se titula "The Emergence of Civic Democracy: Breaking Old Habits", adentra al lector en lo que es propiamente el tema principal de la obra, esto es, en estudiar las sociedades civiles, políticas y económicas y esferas publicas mexicanas y peruanas hasta la primera mitad del siglo XIX. El contraste entre ambas "viejas naciones" es evidente, según el autor. Mientras en México las prácticas democráticas, nacionalistas y cívicas entre 1826 y 1856 fueron muy intensas especialmente en la sociedad civil y la sociedad económica con sus más de cuatrocientas asociaciones, en Perú tales espacios de asociacionismo hacia mediados de dicha centuria se mantuvieron reducidos, no llegando a la centena, y lo que es peor estos fueron débiles y áridos. Lo anterior significa que los mexicanos se adaptaron mejor que los peruanos al cultivo de los hábitos democráticos, siendo beneficiarios de esa transformación todos los sectores sociales. En otras palabras, que los peruanos optaron por seguir actuando como súbditos coloniales antes que como ciudadanos democráticos. La cuarta parte titulada "The Development of Civic Democracy: Creating New Forms of Life" lleva la reflexión de las prácticas democráticas cotidianas en ambos países a la segunda mitad del siglo XIX. A pesar de persistir la disparidad de asociaciones entre México y Perú siempre a favor del primero, afirma el autor que en ambos países la novedad provino del desarrollo de un catolicismo cívico como motor de fortalecimiento de la civilidad y la democracia. Tal aseveración es clave dentro de Democracy in Latin America porque Forment considera que el catolicismo cívico latinoamericano cumplió la misma función que el republicanismo cívico en Norteamérica. Sea a través de movimientos populares, asociaciones cívicas y económicas o clubes electorales, los ciudadanos se insertaron definitivamente en la vida pública democrática. En la mayoría de estas asociaciones pudieron participar de manera democrática mestizos, criollos e indígenas. En resumen, el objetivo del libro ha sido demostrar que a lo largo del siglo XIX y hasta principios del siguiente siglo se gestó una tradición democrática en México y Perú, con mayor éxito y difusión en el primer caso que en el segundo si se atiende a la información cuantitativa. Pero Forment es consciente de que no se puede idealizar el papel desempeñado por estos grupos voluntariamente integrados por ciudadanos. El desarrollo del espíritu asociacionista en México y Perú no convirtió a ambas naciones en democracias perfectas aunque él considera que sí fue una manera idónea de resistir al autoritarismo del Estado y del mercado y a la propia herencia colonial. Para terminar, la lectura de este libro trae a la mente otro libro escrito con anterioridad que compara Perú y México en el XIX desde la perspectiva "gramsciana" y de los estudios de la subalternidad. ¿Pueden verse ambas obras como un complemento el uno con el otro o más bien son dos perspectivas metodológicas, y porque no decirlo también ideológicas, enfrentadas y poco reconciliables? ¿Existe un punto de encuentro entre los tocquevillianos y gramscianos a partir de los estudios dedicados a la cultura política como se ha propuesto recientemente en el libro de Nils Jacobsen y Cristóbal Aljovín Political Culture in the Andes? El desarrollo de las investigaciones dirá si estamos en uno u otro camino.-VÍCTOR PERALTA RUIZ. A lo largo del siglo XX América Latina ha evidenciado una trayectoria histórica excepcional, pasando de ser una región periférica y rural del mundo a constituirse en un continente con identidad propia y con fenómenos históricos, sociales, políticos, económicos y culturales de relevancia mundial. Desde el campo de las ciencias sociales diversos estudios han acompañado esa transformación, generando un pensamiento social original, constituido por importantes contribuciones particulares, tales como las teorías de la CEPAL, la teoría de la dependencia y la teología de la liberación, entre tantas otras. Tras mostrar un crecimiento continuo durante varias décadas, a partir de los años ochenta Latinoamérica se vio afectada por transformaciones de carácter regresivo. En el contexto del estancamiento económico y la crisis del Estado, América Latina se convirtió en el escenario propicio para la implementación de políticas y experiencias de corte neoliberal en todas las áreas (economía, salud, educación, cultura, política, etc.) que implicaron profundas alteraciones y conflictos sociales. Como consecuencia y reacción a estos cambios, al comienzo del nuevo siglo América Latina dio renovados signos de vitalidad y se transformó en un semillero de movimientos de resistencia que empezó a luchar, por un lado, contra el paradigma de regulación social capitalista liberal (conocido como neoliberalismo) y el llamado "Consenso de Washington" y, por otro, por la instalación de políticas de carácter alternativo. Prácticamente en todos los lugares de América Latina surgieron manifestaciones políticas, sociales y culturales con la intención de valorar y transformar las realidades locales y regionales y afirmar sus particularidades y dinámicas históricas, instalando nuevas formas de expresión. Inscrito en ese clima de actualidad y basado en la premisa de la necesidad de recuperar esa experiencia, actualizando y difundiendo el conocimiento latinoamericano, fue editada en Río de Janeiro Latinoamericana -Enciclopédia Contemporânea da América Latina e do Caribe. Una obra concebida para debatir y crear nuevas alternativas con el fin de reflexionar acerca del destino de América Latina en el siglo XXI, Esta enciclopedia lleva en sus páginas la marca del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), institución internacional no-gubernamental, creada en 1967 que incluye ciento setenta y cuatro centros de investigación y programas de docencia de grado y posgrado en ciencias sociales en veintiún países de América Latina y el Caribe. La edición aquí reseñada fue editada y publicada en idioma portugués bajo la coordinación de Emir Sader, actual Director Ejecutivo de CLACSO y fundador del Laboratorio de Políticas Publicas de la Universidade Estadual do Rio de Janeiro. A través de Latinoamericana se ha puesto al alcance del gran público de lengua portuguesa, por primera vez, una obra de referencia y consulta sobre la región que expresa la perspectiva de un colectivo de sociólogos, politólogos, historiadores y antropólogos considerada estratégica para la revitalización del llamado "pensamiento crítico" latinoamericano, un componente intelectual crucial en la "batalla de ideas" en la cual este continente está empeñado. Las casi 1.500 páginas de la enciclopedia compuestas de textos, imágenes fotográficas y artísticas, cuadros, gráficos estadísticos y mapas actualizados de la región funcionan, gracias a la calidad de su edición, como una atractiva herramienta para la difusión y la valorización de los conocimientos producidos en el continente. Para organizar y elaborar este proyecto fueron convocados reconocidos intelectuales contemporáneos, en su mayoría provenientes del campo de las Ciencias Humanas y Sociales, que asumieron el desafío de producir una obra que expresara de forma ana-En esa senda utópica, el objetivo de la enciclopedia es el de transformarse en una obra capaz de ofrecer, mediante una lectura académica consistente y a la vez leve, una visión panorámica (pero no superficial) y articuladora sobre los actores, procesos políticos, sociales, económicos, ambientales y culturales que caracterizaron al continente en los últimos cincuenta años. La enciclopedia esta elaborada y estructurada a partir de ensayos y entradas (generales y específicas), organizados alfabéticamente, sobre los países que integran el continente y sobre figuras destacadas (biografías), fenómenos y procesos relativos a las áreas de economía, educación, política, sociedad, cultura, medios de comunicación, medio ambiente, ciencia, tecnología y deporte, entre otros. La enciclopedia cuenta asimismo con información actualizada sobre el territorio y el ambiente geográfico latinoamericano (aspectos físicos, centros urbanos, infraestructura), sobre la población que habita el continente (grupos étnicos, lenguas habladas, etc.), las principales actividades económicas e información estadística sobre las diversas regiones. En esa dirección la enciclopedia esta destinada al público en general e indicada para profesores, estudiantes, investigadores, intelectuales y artistas de diversas áreas, interesados en América Latina. De esta forma, y debido a la ausencia de obras de estas características en el actual mercado editorial, tiene la finalidad de erigirse en una obra de referencia para estudios especializados, para adopción escolar y académica, y de disponibilidad en bibliotecas y organismos públicos e internacionales de consulta. Estamos ante de la formulación de una obra intensa, oportuna y de fuerte impronta ideológica que se inscribe dentro de las tendencias generales promovidas por el Forum Social Mundial y la lucha anti-globalización.-MARCELO CARLOS GANTOS. Martínez Riaza, Ascensión: ¡Por la República! Las obras sobre historia de las ideas políticas en Perú le dedican escasa atención, situándolo todo lo más como un epígono de José Carlos Mariátegui, con quien abandonó el país en 1919 "incentivado" por la dictadura de Leguía, quien sufragó su exilio encubierto en Europa hasta 1923. A pesar de tener la ciudadanía española, tampoco figura en nuestros manuales de política o de literatura, convertido en un simple transeúnte entre los numerosos intelectuales latinoamericanos que recalaron en España atraídos por el fulgor de la "Edad de Plata", a la sombra de figuras como Gregorio Marañón, Luis Jiménez de Asúa o Miguel de Unamuno. Sin embargo, durante casi veinte años, hasta su exilio en Francia en 1938, Falcón participó activamente en las corrientes literarias y en los movimientos de oposición a la Monarquía, la Dictadura primorriverista, la República "burguesa" o el militarismo franquista. En este breve ensayo sobre su peripecia intelectual en España, Ascensión Martínez Riaza, destacada especialista de las relaciones hispanoperuanas en la época contemporánea, estudia las diversas facetas de la vinculación de Falcón al radicalismo cultural pequeñoburgués de la época: sus ocupaciones periodísticas, desde la colaboración en El Liberal y El Sol, a la dirección de Nosotros -un periódico republicano con vocación americanista-o de Mundo Obrero; sus actividades literarias (de las que aparece cumplida muestra en la selección de textos que da colofón a la obra); sus empresas editoriales (sobre todo Historia Nueva, editorial "de avanzada" que cubrió el período de transición hacia la República con colecciones populares de análisis político, novela social y novela revolucionaria firmadas entre otros por Graco Marsá, José Antonio Balbontín, Joaquín Arderíus, José Díaz Fernández o Juan Andrade); su compromiso político (Falcón impulso desde mayo de 1931 el inverosímil Partido de izquierda revolucionaria y antiimpe-rialista, para pasar en 1933 a militar en el PCE de la mano de su esposa) y sus campañas de agitación cultural, desde el teatro proletario en 1932-1934 al Altavoz del Frente, complejo de actividades artísticas que los milicianos de la cultura impulsaron en Madrid a partir del otoño de 1936. Prolífico escritor, de carácter atrabiliario y vida privada nada edificante, fue, a pesar de la mitomanía que dejan traslucir sus escritos, un testigo de excepción (ya que no un actor de primera fila) de los acontecimientos fundamentales de la España de entreguerras. Su compañera, la destacada militante comunista Irene Falcón, con quien se casó en Escocia con Víctor Raúl Haya de la Torre como testigo, le describió de manera piadosa como "un ser errante, trashumante, un espíritu libérrimo lleno de contradicciones".-EDUARDO GONZÁLEZ CALLEJA. El estudio de las migraciones no puede reducirse a las causas que impulsan a los grupos a abandonar su tierra, sino que debe también considerar los efectos que estas partidas producen entre los que se quedan, así como la persistencia o la ausencia de contactos entre éstos y aquéllos, y la frecuencia o la rareza de los retornos y de sus consecuencias sociales y económicas. Gregorio Salinero ha tenido en cuenta la complejidad del fenómeno migratorio, que analiza desde la perspectiva extremeña. La elección de Trujillo, cuna de conquistadores y capitanes de las Indias, se justifica ampliamente y aunque el trabajo trate de las repercusiones de la conquista y la colonización americanas en esta ciudad de Extremadura, la familia Pizarro, por ser la más célebre, sirve de guía y lleva al lector hasta las postrimerías del siglo XIX. El autor ha consultado exhaustivamente los protocolos notariales conservados en el municipio desde 1551, y aporta, por lo tanto, nuevos datos sobre la "recepción" -de las noticias, de los bienes, de los títulos, del prestigio-en la ciudad que, en proporción al número de habitantes, brindó el mayor contingente de conquistadores y peruleros. Se trata asimismo, como el mismo Gregorio Salinero lo sugiere, de un nuevo tipo de mestizaje que transforma radicalmente las costumbres y los valores de los trujillanos. El trabajo está dividido en tres partes, tituladas respectivamente "Partir", "Las Relaciones con las Indias" y "El retorno y los herederos". El autor brinda numerosos cuadros, gráficos, genealogías, un glosario muy útil, transcripciones de todas las citas de archivos en las notas, así como de algunos documentos en anexo. La descripción de los fondos de archivos es excelente. Cabe destacar la magnífica calidad de la edición de la Casa de Velázquez. Hay también un índice, indispensable para orientarse entre los protagonistas; desgraciadamente faltan varios nombres de la lista. En la primera parte, Gregorio Salinero expone las características de las fuentes que ha utilizado. Los protocolos de las notarías revelan informaciones capitales para el estudio concreto de las familias y permiten ampliar la visión de las crónicas de la época, generalmente parciales. Los Pizarro, y en particular Francisco, el conquistador del Perú, son figuras estelares cuyas vidas pueden rastrearse en los archivos notariales. Contrariamente a lo que se ha afirmado, los Pizarro de Trujillo no están vinculados particularmente con la nobleza, aun cuando participen en los bandos. El primero en introducir bienes americanos en Trujillo fue Juan, hermano del padre de Francisco. Los archivos de las notarías permiten establecer una lista de 988 nombres relacionados con las Indias, a los cuales se suman otros nombres trujillanos que se encuentran esparcidos en los archivos sevillanos. Pero también hay que tener en cuenta a los peruleros mencionados en los documentos de las notarías, individuos que no han vivido necesariamente en el Perú y que a menudo son intermediarios comerciales de los conquistadores. A pesar de la obligación impuesta a los casados desde 1554 de viajar en compañía de sus esposas, muchas se quedan en Trujillo, aunque esto no signifique necesariamente que hayan sido abandonadas. Las notarías conservan la huella de los envíos efectuados por los hombres del Perú -región a la que los trujillanos emigran preferentemente, siguiendo el ejemplo de los hermanos Pizarro-. Para Gregorio Salinero, sobre la base de esas fuentes, la atracción de los que han partido sobre los peninsulares impulsa nuevas migraciones. El "tirón familiar" es una causa más poderosa que el deseo de salir de la pobreza. Las relaciones con las Indias consolidan el clientelismo; se crean nuevos lazos de dependencia sin que por ello se ponga en peligro el orden municipal, que se funda en el control de las tierras y en la patrimonialización de los cargos. La lista de todos los individuos de Trujillo relacionados con las Indias se encuentra en el anexo II, págs. 442-506. La persistencia de contactos entre ambos continentes, a pesar de la lentitud de las comunicaciones, es un tema bien documentado en este libro. El caso de las mujeres, evocado en los primeros capítulos está desarrollado más en detalle en la segunda parte, a partir de casos individuales. Salinero describe la vida cotidiana de esas mujeres que se quedan en Trujillo, con niños por criar, y que esperan durante varios años el retorno del marido. Al emprender el viaje a América, los hombres organizan la tutela de los bienes y de los hijos. Generalmente eligen como tutor a la propia esposa, y no a algún familiar cercano (padre, hermano), hecho que demuestra el estatus de la mujer. El lector encontrará mucha información concreta sobre la gestión de los bienes gananciales y los envíos de dinero desde el Perú. Las cartas de dote, ratificadas ante notario, constituyen una fuente privilegiada para el estudio del parentesco. Estas cartas son verdaderos contratos que contienen cláusulas múltiples: las arras, porción de bienes que el marido reserva para su mujer en previsión de su viudez; la periodicidad y la cantidad de las cuotas en dinero que éste tiene que darle; los aportes concretos de la familia del marido; la pensión alimenticia que debe ser atribuida a la mujer en caso de viudez. Los escribanos consignan también los nombres de los agentes comerciales que actúan como intermediarios entre familias de Trujillo y de las Indias, así como la cantidad y la calidad de los envíos de joyas, preseas y oro del Perú. Todas estas transacciones indican que no se olvida a los familiares y que la referencia a la patria chica no se borra sino excepcionalmente. Con mucha razón el autor insiste en la importancia del escribano que, junto con el clérigo y el capitán, integran el triángulo del poder colonial. Uno de los capítulos de la obra está dedicado a la transmisión del nombre, el cual tiene cuatro funciones principales: la de transmitir la identidad individual de un antepasado o de una familia; la diferenciación de un linaje frente a los otros grupos; la concentración de las distintas ramas bajo un ancestro fundador o una personalidad excepcional; la vinculación con un individuo, grupo, lugar o casa. Entre los siglos XII y XV surgen cambios en el sistema de nominación y se generaliza la pareja compuesta por el nombre y el apellido. Sin embargo, los hechos son más complejos y las genealogías del siglo XVI, sobre todo las de los linajes, muestran que los nombres nunca son definitivos y que los apellidos cambian dentro de una misma fratría. El renombre es el nombre materno, el segundo, o el del abuelo materno. Esta definición no coincide enteramente con la que da Marie-Claude Gerbet en su libro de referencia sobre la nobleza de Castilla y sería útil retomar los criterios y unificar la información. El linaje ejerce sobre sus miembros una presión para imponer o no tal apellido distintivo, pero también la repetición de ciertos nombres. Los conquistadores y capitanes son también donantes de nombres, y encontramos el mismo modelo de nominación entre los indígenas. Tema importante que merecería un estudio detallado, ya que la imposición de los nombres no sigue en todas partes las mismas pautas, como lo prueban las visitas efectuadas en la segunda mitad del siglo XVI en Chucuito y en Huánuco. No creo que haya contradicción (pág. 276) entre un casamiento consanguíneo y una política de alianzas ambiciosa. Estas dos opciones aparecen siempre, inclusive en las genealogías de los campesinos de los Andes. Por otra parte, no hay que minimizar la solidaridad de las fratrías, que se mantiene de generación en generación. Cuando Francisco Pizarro (el hijo de Hernando) recupera 1.000 ducados que su tío Juan le había dado a "un cierto" Blas de Soto (pág. 298), éste no es un capitán cualquiera sino el medio hermano por parte de madre de Juan y de Gonzalo Pizarro. ¿Qué sucede con los que retornan? Generalmente se agrupan en un mismo barrio y conservan lazos de amistad con otros antiguos indianos. Nuevamente el caso de los Pizarro es revelador de comportamientos específicos. Uno de ellos es el deseo de marcar el espacio urbano construyendo una casa solariega con sus emblemas. La otra inversión de los que regresan son las capellanías. En ambos casos domina la voluntad de escapar del olvido. El sitio más prestigioso de Trujillo es la plaza principal, donde Hernando Pizarro y su sobrina-esposa doña Francisca construyen el "palacio", cuyos ornamentos esculpidos -los retratos de Francisco y de doña Inés de Huayllas, así como los de Hernando y Francisca, los indios encadenados del friso superior y los frescos de la sala interior-perpetúan la memoria de la conquista. Esta tarea es tanto más urgente en cuánto que "dicen que ya no queda Pizarro en el mundo". Efectivamente la eliminación progresiva de los Pizarro cobró un ritmo acelerado después de la ejecución de Gonzalo. Gregorio Salinero muestra, sin embargo, que Hernando, a pesar de su reclusión en La Mota y de los múltiples embargos que sufrió su fortuna, logró mantener el patrimonio, ayudado por su matrimonio con doña Francisca Pizarro. Ambos reciben regularmente las rentas procedentes del Perú, gracias al celo y a la fidelidad de sus criados. Los bienes de Hernando y Francisca Pizarro consisten en tierras, casas, rentas de todo tipo, juros sobre alcabalas y otros ingresos del estado, vajillas y objetos preciosos consignados en un interesante cuadro, págs. 286-287. Esto conlleva la construcción de una red compleja de subordinados o dependientes. El ejemplo de Hernando, el más espectacular pero no el único, ilustra la dimensión empresarial de la conquista. Gregorio Salinero concluye su libro con dos semblanzas contrastadas, la de Francisco Pizarro, hijo de Hernando y de Francisca, y la pérdida progresiva del patrimonio de la conquista, y la de un heredero afortunado, Hernando de Orellana. En síntesis, se trata de un trabajo importante no sólo por la información novedosa que contiene, sino también por las numerosas pistas de investigación que abre.-CARMEN BERNAND.
A fines del siglo XIX, la República Argentina estaba en un proceso de expansión agropecuaria, dentro del papel como exportador de productos primarios que tenía asumido en el sistema económico mundial. El país necesitaba imperiosamente importar trabajadores extranjeros para poner en explotación extensos y fértiles territorios. En 1889, el Gobierno argentino, con el fin de promover la inmigración masiva, repartió 100.000 pasajes subsidiados (cuyo importe era adelantado por el Estado) en Europa. Uno de los proyectos se concretó en Andalucía, especialmente en las provincias de Granada, Málaga y Cádiz. Entre otros, el sector vitícola, fundamental para la economía de estas provincias, pasaba por una profunda crisis de producción (a causa de la filoxera) y comercial (por los cambios registrados en los mercados tradicionales de los vinos andaluces). En torno a veinte mil andaluces emigraron aquel año a Argentina. Los pasajes subvencionados no sólo explican la dimensión cuantitativa de este contingente, sino que también condicionan la naturaleza del mismo y, en cierto sentido, su inserción en la sociedad argentina. 1 Su artículo 25 preceptuaba que "el Gobierno Federal fomentará la inmigración europea...". 2 Con este fin, el 19 de octubre de 1876 se aprobó la Ley de Inmigración y Colonización argentina, modelo de leyes similares en otros países sudamericanos. 3 Además de crear una estructura de acogida de los inmigrantes (los Hoteles de Inmigrantes), en su artículo 3.o se facultaba al nuevo Departamento Central de Inmigración para "... intervenir en los contratos de transporte y, en algunos casos, pagar sus pasajes". 4 El Gobierno argentino, pensando en un principio en los noreuropeos, esperaba que el extranjero cumpliera, en la modernización del país, un papel primordial por su trabajo, su experiencia, sus conocimientos agropecuarios y por el capital que pudieran llevar consigo al instalarse en América. El viejo edificio colonial debía ser derruido. 5 Pero la orientación de los noreuropeos a Estados Unidos hizo fracasar estos primeros intentos. "A posteriori, y un tanto a regañadientes", se descubrió, para apreciarla, la afinidad étnico-cultural de los emigrantes del sur de Europa y la sociedad argentina. En 1889, y tras una polémica social y política sobre la conveniencia de subvencionar la inmigración, el Gobierno argentino envió 100.000 pasajes subsidiados a Europa. Unos cincuenta y dos mil de estos pasajes llegaron a España donde, según parece, financiaron al 75 % de la emigración de ese año. 6 La emigración española, y especialmente la andaluza, alcanzaron entonces el nivel más alto durante el siglo XIX, no superado hasta 1912. A pesar de haber sido aceptada "por necesidad" en Argentina la inmigración de europeos del sur hacia la década de los 80, los andaluces seguían sufriendo en general una extendida "mala fama" como trabajadores, y quizás se les relacionaba en exceso con la denostada sociedad colonial. En este sentido, un articulista del Diario de Buenos Aires ofrecía la particular imagen de una Andalucía en claroscuro: "Fuera de los olivares de Granada y de los viñedos de Jerez y de Málaga; en el resto de Andalucía no se ve nada que atestigüe la laboriosidad de sus pobladores". 7 FRANCISCO CONTRERAS PÉREZ 2 Los cincuenta y dos mil pasajes destinados a España tenían un valor total aproximado de 3.120.000 pesos argentinos de la época. 8 Este tipo de gastos estaba previsto en el capítulo X, "Los fondos de Inmigración", de la Ley de Inmigración Argentina. Estos fondos estaban compuestos por recursos provenientes de las cantidades que la Ley General del Presupuesto destinara anualmente a este objetivo, de las cantidades que entregasen la Oficina de Tierras y Colonias, del producto de las multas fijadas por la Ley de Inmigración y de las cuotas pagadas por los inmigrantes. La administración de ese fondo de dinero público correspondía al Departamento Central de Inmigración, quien lo podría destinar: "1.o Al adelanto o pago de pasajes para los inmigrantes en los casos determinados por la Ley. 2.o Al servicio de los contratos que se hicieren con los buques conductores de inmigrantes para el transporte de éstos a la República...". A nadie se le podía escapar entonces que prometía ser un buen negocio, pues en eso consistía para algunos la emigración. Así lo entendieron los Señores Acebal Díaz y Cía., agencia de inmigración con sede en Buenos Aires, que ofrecieron al Departamento de Inmigración argentino conducir, en el plazo de un año, 30.000 emigrantes españoles y portugueses en vapores especiales a Argentina. La propuesta de la Agencia Señores Acebal Díaz y Cía. obtuvo finalmente la concesión oficial de su gobierno, según las siguientes bases: "1.a El número de inmigrantes que deberán traer, será de treinta mil, como mínimum, de las provincias españolas y Portugal en el término de un año, a contar desde el 1.o de Abril próximo.-2.a Los inmigrantes serán conducidos en vapores especiales que no sean de los que hacen actualmente idéntico servicio, no pudiendo en ningún caso poder traer en éstos, sino por causas excepcionales, un número mayor de cuatro mil inmigrantes, durante el tiempo que dure esta concesión.-3.a Los vapores que conducen los inmigrantes deberán llevar por mitad, por lo menos, bandera argentina.-4.a Los inmigrantes serán industriales y agricultores, y solicitarán por escrito el pasaje subsidiario ante los cónsules y oficinas de información, en su respectivo EMIGRANTES ANDALUCES EN ARGENTINA (SIGLO XIX) 3 8 Las principales sumas aplicadas por el Tesoro argentino para beneficio de la inmigración en 1889 fueron (en pesos moneda nacional): pasajes subsidiados, 5.507.704; construcción de hoteles, 750.000; Oficinas de Información, 300.000. 2o Censo Nacional de la República Argentina. Tomo LIII, 2, 1996 caso, que los condujeran, comprobando que los solicitantes se encuentran en todas las condiciones de la ley de inmigración, y entregando al interesado un boleto de permiso para poder embarcarse.-5.a Los cónsules y oficinas de Información remitirán al Departamento General de Inmigración la lista de los pasajes subsidiados concedidos, y conducidos por cada vapor.-6.o Los vapores destinados a este servicio, observarán estrictamente la ley de inmigración.-7.o El Departamento General de Inmigración abonará sesenta pesos, moneda nacional curso legal, por cada pasaje, de acuerdo con la ley núm. El volumen del negocio contratado por los Señores Acebal Díaz y Cía. se elevaba, de acuerdo con la base 7.a del contrato, a 1.800.000 pesos argentinos. De los 30.000 pasajes, se destinarían al parecer 24.000 a la recluta de "industriales y agricultores" en las provincias españolas, según cálculos de La Gaceta Industrial del Ministerio de Fomento español. 11 En todo caso, pudieron dirigirse los 30.000 a España, en tanto que la diferencia entre un emigrante portugués y otro español posiblemente no era más que una cuestión de matiz para alguien que veía en la emigración masiva sólo un negocio. Así, consta en la Gaceta Agrícola del mencionado Ministerio un comentario al respecto, indicando la nueva corriente de emigración hacia América desde Andalucía: "Recientemente, una Compañía titulada Italo-Argentina se ha comprometido con el Gobierno de aquella República a llevar 30.000 emigrantes españoles". Estas bases fueron remitidas al rotativo gaditano por "un apreciable amigo y paisano nuestro" desde Buenos Aires. Esto corrobora la magnitud de esta empresa. Para llevarla a cabo, los Señores Acebal Díaz y Cía. necesitaban naturalmente una flota de buques. Estos deberían estar dotados de motores a vapor que permitieran hacer varios viajes en un año, y sobre todo tener la capacidad suficiente para amortizar los gastos de transporte. Ahora bien, según las bases 2a y 3a del contrato, y dado que se manejaban fondos públicos argentinos, se exigía que esa flota de vapores no perteneciera a las líneas regulares de transporte (en su mayoría, europeas), y debería estar compuesta, al menos en su mitad, por buques bajo pabellón argentino. El negocio era tan voluminoso que los Acebal, Díaz y Cía. decidieron contar con una línea de vapores ad hoc, que se anunciaría como: "La Nueva Línea de Vapores Italo-Argentina." Para su creación, habían contactado con la Casa armadora de Luigi Solari, con sede en Génova. Esta naviera se dedicaba hasta entonces al transporte de mercancías por el Atlántico, y era propietaria de una flota de buques de hierro de la clase cargo-boat, como se les denominaba, o sea cargueros. La Casa Luigi Solari firmó el contrato con los Sres. Acebal y Díaz, y desvió para este servicio seis buques que estarían inscritos respectivamente como: "San Martino", "Fanfulla", "Solferino", "Progreso", "Argentino" y "Pacífico". Acordaron que los tres primeros llevarían bandera italiana y los otros tres navegarían bajo pabellón argentino. 13 La Comisión General de Emigración argentina exigía que los buques reuniesen las condiciones de habitabilidad impuestas por la Ley de Inmigración de la República, que daba competencias a esta autoridad de inmigración para inspeccionar los buques conductores de inmigrantes en los puntos referentes al alojamiento, alimentación, comodidades, régimen higiénico y seguridad. 14 Así pues, se hizo habilitar los seis cargueros para el transporte de personas. En general, los buques, aparejados de bergantín-goleta y con 1.800 toneladas de registro cada uno, fueron dotados con unas 1.140 literas en sus dos entrepuentes (proa y popa, separando mujeres de hombres), cada una de ellas con un colchón y una manta; siempre se superó esta capacidad en unos cientos -a causa de los niños, no contabilizados como pasajeros-, si bien nunca se llegó a la exagerada cifra de 4.000. Llevaban también dos departa-EMIGRANTES ANDALUCES EN ARGENTINA (SIGLO XIX) 5 13 El Guadalete, Jerez de la Frontera, 1 de mayo de 1889. Las condiciones de habitabilidad de los buques se recogían en la base 6.a del contrato con la Agencia. En el capítulo 1.o, art. 30 de la Ley de Inmigración se hacía competente a la Comisión General de Inmigración en las tareas de supervisión. mentos para enfermería con 14 literas cada uno, y los víveres "necesarios" (entre éstos, animales vivos para tener carne y leche frescas durante la travesía). Los vapores también admitían carga. Además de sus casi cuarenta y cinco tripulantes, en cada barco viajarían un médico y un agente de los Señores Acebal Díaz y Cía. asistiendo a los emigrantes. Se coordinarían los viajes de los seis vapores para que, durante el año que duraba la concesión, saliesen sucesivamente de puerto cada 15 días. Los vapores embarcarían emigrantes en Barcelona, Valencia, Málaga, Gibraltar y Cádiz, aunque no necesariamente en todos estos puertos en un solo viaje (algunos pusieron rumbo a América desde Málaga o Gibraltar). El que abrió el servicio fue el "San Martino" que, procedente de Málaga (y quizá de Gibraltar), fondeó en Cádiz el 29 de abril para dirigirse días después a Buenos Aires. El calendario de salidas anunciadas en ocasiones se modificó por accidentes fortuitos, como el incendio del vapor "Pacífico" en Málaga, que originó numerosos trastornos y penurias a los emigrantes que esperaban tanto en este puerto como en el de Gibraltar. 15 De esta manera empezaba a funcionar la "Italo-Argentina", donde tenían intereses comunes los argentinos Señores Acebal Díaz y Cía. y la Casa italiana Luigi Solari. Se había hecho una inversión inicial, tanto por la habilitación de los cargueros como por lo dejado de ganar mientras estuvieron en dique seco. El beneficio dependería obviamente del mayor número de emigrantes que consiguieran transportar a Argentina durante el año estipulado en el contrato. La empresa de emigración ya disponía del medio de transporte según las bases del contrato con el Estado argentino. Encontrar miles de personas dispuestas a emigrar con pasaje subsidiado, ansiosas de hacer las Américas y esperando en los puertos el arribo de los buques, quizás fue lo menos difícil. En todo caso, esto dependía del "personal de tierra" de la empresa: agentes y ganchos. El éxito de la nueva empresa de transporte marítimo "Italo-Argentina" dependió en gran medida de la labor de sus representantes en los puertos. La tarea de los consignatarios y de los ganchos fue básica para difundir y facilitar la idea de emigrar, aprovechándose así de una situación propicia a la emigración. En estos términos, reflejaba un diario jerezano la actitud observada por los agentes: "No es sólo la penuria del país ni la miseria de algunas comarcas lo que impulsa a muchas familias que abandonan el suelo español para trasladarse a las repúblicas sudamericanas... Pues si a esto se unen los pomposos anuncios que diariamente publican las Compañías de vapores trasatlánticos, celebrando las excelencias de aquellas Repúblicas y haciendo concebir las más risueñas esperanzas a los emigrantes... nada es más natural que muchos infelices, creyendo de buena fe las falaces ilusiones que han hecho forjar en su imaginación los activos propagandistas del embarque, se procuren por cualquier medio la suma necesaria para ser conducidos a donde tanto bien les ofrecen, sin otro sacrificio ni contingencia que el de un viaje por mar, de veinte o treinta días, que para muchos serán de fiesta y regocijo". 16 En esta situación, y si además los pasajes estaban subsidiados como en 1889, no había necesidad de efectuar una propaganda muy activa. Los agentes se limitaban a anunciar en ciertas localidades costeras, y del interior, las fechas de salida de los vapores. Este medio fue suficiente para conseguir millares de pasajeros que afluyeron al puerto de embarque. 17 Los agentes de las capitales solían viajar a los pueblos del entorno, donde anunciaban a viva voz las "fabulosas oportunidades" que ofrecía América y la gratuidad del pasaje. Además de señalar a la crisis económica como la principal causa del éxodo, la opinión pública de entonces no desconocía el decisivo papel de estos "ganchos reclutadores" como último eslabón en el proceso de toma de decisión de emigrar. Si los candidatos a emigrar eran numerosos, como ocurría cuando había pasajes subsidiados, los agentes solían elaborar listas de emigrantes en el pueblo visitado. A partir de estas listas, iban formando expediciones sucesivas hacia los puertos, según las fechas previstas de llegada de los vapores. Otro medio de propaganda consistía en anuncios de prensa, como los aparecidos a lo largo de casi todo el año en el más importante periódico granadino, El Defensor de Granada: "PASAJES SUBSIDIARIOS para la REPÚBLICA ARGENTINA (BUENOS AIRES).-Los que deseen, recibirán gratuitamente toda clase de noticias dirigiéndose al Director de la Oficina oficial de Información en Madrid, calle del Desengaño, núm. 27, segundo izquierda. Para referencias en esta localidad acudir al señor don T. J. BARTRON, calle del Toril, núms. 17 Así se decía en un despacho (6 de octubre de 1889) del cónsul francés en Cádiz, citado por Bernal, A. M.: "La emigración andaluza", en Sánchez Albornoz, N.: Españoles hacia América. Aparecen normalmente en la última página, dedicada a anuncios. Tomo LIII, 2, 1996 Al parecer, también se publicaron en la Unión Mercantil de Málaga. No obstante, en periódicos tan importantes como La Andalucía de Sevilla, el Diario de Cádiz y El Guadalete de Jerez no hemos encontrado anuncios de pasajes subsidiados para Argentina, a pesar de contener ofertas de varias compañías navieras y ser Cádiz una de las provincias más afectadas por esta recluta. Curiosamente, en los dos diarios gaditanos mencionados aparecen frecuentes anuncios de la "Nueva Línea Italo-Argentina", pero sólo haciendo constar que los buques también pueden llevar carga (esos anuncios se dirigían, pues, a comerciantes e industriales). Estas ausencias nos hacen suponer que las tareas de propaganda y recluta de emigrantes se realizaron fundamentalmente de forma oral (recordemos los altos índices de analfabetismo en las provincias andaluzas), a cargo de ganchos locales dependientes no de los consignatarios portuarios, sino de la Oficina de los Señores Acebal, Díaz y Cía. en Madrid. Los consignatarios de la "Italo-Argentina" estaban radicados en los tres principales puertos andaluces en el tráfico de pasajeros con América (Almería no lo sería hasta el siglo XX): Málaga: don Pedro Gómez Gómez; Gibraltar: señores M. H. Blaud y Compañía; Cádiz: don Eduardo de Guernica, c/ Doblones, n.o 20. Estos señores posiblemente habían trabajado con la Casa de Luigi Solari en el comercio de vinos de Andalucía a Argentina (comercio que ahora estaba en crisis). Los tres consignatarios pasaron al servicio de la nueva compañía de emigración. La "Italo-Argentina" contaba con otros consignatarios en puertos del Levante, pero los andaluces fueron, con diferencia, los que más emigrantes embarcaron en los buques de la empresa. Así se desprende de la composición del pasaje de tres de los vapores. De acuerdo con estos datos parciales, los consignatarios andaluces y el gibraltareño administraron el 91,32% del pasaje de la "Italo-Argentina". En volumen de negocio, esto representó para la compañía, en el caso de haberse completado los 24.000 pasajes subsidiados, un valor de 1.315.000 pesos a pagar por el Estado argentino. Y, entre los andaluces, el consignatario malagueño don Pedro Gómez Gómez estuvo a la cabeza (40% del pasaje de la "Italo-Argentina"). En la Málaga de los 80, don Pedro Gómez Gómez era el prototipo social del republicanismo centrista. En 1885 figuraba en una guía de la ciudad como "comerciante capitalista", fabricante de aguardientes, especulador en frutos del país, consignatario de buques de vela y vapor y exportador de vinos. Cónsul de Bolivia en Málaga, sus relaciones con las repúblicas sudamericanas fueron la causa de un activo comercio entre dichos lugares y Málaga, hasta el punto de conseguir que viniesen a su ciudad varias importantes líneas de vapores que con anterioridad nunca habían hecho escala en este puerto. 19 Aunque a menor nivel, Pedro Gómez Gómez había intervenido en el negocio de la emigración en 1886. Ese año asesoró al director del Ingenio Azucarero San Felipe de Tucumán, de visita en Málaga, para la recluta de 27 obreros. 20 Aún más significativo es que el hermano menor de Pedro Gómez Gómez, Salvador, "opulento financiero español residente en Buenos Aires", 21 estaba al frente del Banco Nacional. 22 Así pues, don Pedro Gómez Gómez poseía los contactos necesarios para estimular una emigración en masa, que le prometía un buen negocio como consignatario. Conocía la deprimida situación de las familias menesterosas en los pagos andaluces, prestas a emigrar ante la menor oportunidad. A su vez, poseía poderosas influencias en el mundo mercantil y financiero argentino, interesado en subvencionar el transporte de familias obreras para la puesta en explotación de nuevos territorios. El papel de la empresa en el contexto emigratorio andaluz La Andalucía tuvo constancia inmediata de la importancia del paso dado por el Gobierno argentino a la hora de contratar con los Acebal Díaz y Cía. la importación de 30.000 obreros españoles. En el mes que entraba en vigor el contrato, el diario sevillano dedicaba un alarmado editorial al asunto, en el que se decía: 23 El hijo de Pedro Gómez Gómez, Pedro Gómez Cháix, sucedería a su padre en el negocio de la emigración a principios del siglo XX, como consignatario de la naviera francesa "Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur". Esta naviera creó una filial, la "France-Amérique", para el transporte desde Gibraltar de expediciones de emigrantes con pasajes subsidiados por Brasil, actividad prohibida por el gobierno español. Despachos del Cónsul de España en Gibraltar, verano de 1909, archivados en el Archivo General de la Administración (AGA), Asuntos Exteriores (AE), 1700. Tomo LIII, 2, 1996 "Y lo que más apoca el ánimo, en esta ocasión, es que esta emigración reviste los caracteres de una leva extraordinaria, distinta de la que se viene efectuando un día tras otro en nuestras costas del Norte y Levante, como queda justificado leyendo dicho decreto [...][Se trata en esta ocasión] de una emigración que amenaza acabar con todas las fuerzas vivas de nuestra desgraciada patria...". 24 Aparte los tintes alarmistas de la noticia, lo cierto es que la emigración andaluza a Argentina alcanzó su máximo histórico ese año de 1889. El éxito de la recluta se debió, en gran parte, al carácter subsidiado ("gratuito", se decía) del viaje. El precio del pasaje en tercera clase a América representaba el mayor desembolso inherente a la emigración. Desde cualquier puerto andaluz para Montevideo o Buenos Aires en 1889, el billete de "tercera corriente" costaba unos 800 reales. 25 Según el "tipo medio del jornal de los agricultores" en las provincias de Granada, Málaga y Cádiz, 26 el precio del billete equivalía a 160 días de trabajo (200 días según cálculos de Bernal, que sin embargo no cita las fuentes utilizadas). En todo caso, como indica dicho autor, el cálculo resulta puramente teórico pues, en realidad, un padre de familia jornalero carecía, tenida cuenta de los niveles salariales y los días de trabajo que echaba al año, de cualquier capacidad de ahorro. 27 Esto reducía la emigración cuando no había pasajes subsidiados, a aquellos que, o bien disponían de pequeñas propiedades que vender e hipotecar, o bien contaban con amigos y parientes en América. A la altura de 1889, los emigrantes de regiones de amplia trayectoria emigratoria a América podían contar, en mayor proporción, con la ayuda financiera ofrecida por la venta o hipoteca de sus pequeños predios, o por medio de las cadenas migratorias. Así ocurría fundamentalmente con las comunidades de gallegos, asturianos y vascos en Argentina: "La mayor parte viene a pedido y a costa de las familias y amigos residentes aquí, siendo alojados y mantenidos por los mismos hasta encontrar colocación, lo cual es bastante fácil". 25 Precio del billete de tercera corriente a Buenos Aires en la "Trasatlántica", publicado en El Defensor de Granada, Granada, 2 de julio de 1889. Se hacían rebajas en el caso de familias de tres o más miembros. 26 Según datos de la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico (a partir de aquí, IGE), Estadística de emigración e inmigración de España, 1891-1895, Madrid, 1898. AA.: Historia General..., pág. 255. Bernal, A. M.: " La emigración de...", pág. 160. 28 "Informe" del cónsul de España en El Tandil, en: Embajada de España, "Informe sobre la emigración española", Buenos Aires, 1891 (manuscrito), AGA, AE, 9067. Si bien las cadenas migratorias fueron más extensas y funcionales a principios del siglo XX, la corriente emigratoria gallega, por ejemplo, ya contaba en estas fechas con estos mecanismos de estímulo y ayuda financiera. Esto la hacía relativamente algo más independiente de las políticas de pasajes subsidiados de los gobiernos americanos. Sin embargo, Andalucía, región de nueva emigración en este período que tratamos, carecía de las necesarias cadenas migratorias establecidas en América para facilitar una emigración proporcional a su población. Ahora bien, y dados los elementos de crisis que actuaron en la década de los 80, existía en 1889 una situación potencialmente emigratoria que fue aprovechada por los agentes de los Señores Acebal Díaz y Cía.. Andalucía presentó ese año su mayor tasa de emigración a América del siglo XIX (7,03 por 1.000), en todo caso inferior a la de las regiones de mayor tradición emigratoria. Al parecer se destinaron a Málaga unos diez mil de los 30.000 pasajes distribuidos por la "Italo-Argentina". Los malagueños y gaditanos recibieron los pasajes subsidiados por el gobierno argentino "como una bendición" en años de crisis de la vid. Tomo LIII, 2, 1996 La emigración andaluza fue bastante dependiente de las políticas de pasajes subsidiados de los gobiernos americanos (Brasil y Argentina) desde 1888-1889. En mayor proporción que en otras regiones españolas, el volumen y destino de la emigración andaluza estuvieron condicionados en parte considerable por los vaivenes de estas políticas. En el total del período 1885-1895, los andaluces emigraron con preferencia a Argentina, pero cabe hacer una serie de matizaciones cronológicas. En 1889 se registra el máximo emigratorio, a causa de la incidencia de los pasajes distribuidos por los Señores Acebal Díaz y Cía., que, por otra parte, no llegaron a alcanzar los 30.000 contratados. Ese año emigraron a Argentina 19.750 andaluces, sin contar los que salieron vía Gibraltar. En el período 1891-1895, cuando Brasil, y especialmente el Estado de Sao Paulo (desde 1888), potenciaron su política de financiación a la inmigración, la corriente emigratoria andaluza se desvió hacia este destino en un 55,45 %. Al ser una emigración subsidiada bastante más sostenida, la media emigratoria anual a Brasil en este último período fue de 2.518 individuos. En 1890, el Gobierno había dejado de subsidiar la inmigración, a causa de los efectos de la crisis financiera internacional llamada de Baring, sobre una economía tan dependiente del exterior como la argentina. En este contexto hay que enmarcar la decisión de rescindir el contrato con los Señores Acebal Díaz y Cía. a fines del año 1889. 29 Una decisión que, por otra parte, tampoco fue ajena a las críticas vertidas en algunos periódicos bonaerenses contrarios a la "inmigración artificial", y que cuestionaban entre otros la calidad de los trabajadores andaluces recién llegados. De todas formas, la desproporcionada gran dimensión de la corriente emigratoria de 1889 explica el resultado final favorable a este país en el período 1885-1895. Estas consideraciones se basan en las estadísticas oficiales españolas, que no registran los embarques clandestinos y por puertos extranje-FRANCISCO CONTRERAS PÉREZ 12 29 Como ocurrió con otras líneas creadas para el transporte de ciertas expediciones de emigrantes subsidiadas por gobiernos americanos, la existencia de la "Italo-Argentina" estuvo determinada por la duración del servicio. ros. 30 En Andalucía debemos tener en cuenta la importancia que, a la par que aumenta el flujo emigratorio, adquiere el puerto de Gibraltar. Para conocer el volumen de emigrantes embarcados en el puerto calpense, tenemos que recurrir a las estadísticas argentinas de llegadas con distinción de puertos de procedencia. Sobre estos datos, la tabla siguiente expresa la importancia relativa del puerto de Gibraltar en la emigración a Argentina desde Andalucía en 1889. Según estos datos, el 17,80 del contingente emigratorio embarcado por los puertos andaluces hacia Argentina en 1889 lo hizo vía Gibraltar. Si esta cifra fuese representativa para el caso de los andaluces (suposición razonable dado que éste era, obviamente, el origen regional mayoritario entre los emigrantes salidos por aquellos tres puertos), tendríamos que elevar la cifra de 19.750, registrada por las estadísticas oficiales españolas, a la más real de 23.266 emigrantes. Esta última cifra se acerca más a los 24.000 emigrantes españoles que, de acuerdo con algunos cálculos de la época, tenía previsto transportar la "Italo-Argentina". Los segmentos poblacionales más móviles son los que se encuentran en los veinte y los treinta años de edad. A su vez, en sociedades tradicio-EMIGRANTES ANDALUCES EN ARGENTINA (SIGLO XIX) 13 30 Estas salidas no registradas por el Instituto Geográfico y Estadístico suponen una infravaloración oficial del éxodo español. Sánchez Alonso, B.: Las causas de la emigración española. La autora considera que las discrepancias entre las series estadísticas española y americanas se explican por: la emigración clandestina, la efectuada por puertos extranjeros y, sobre todo, por los diferentes criterios de compilación. nales los hombres eran más móviles que las mujeres. No es extraño que el perfil clásico del emigrante europeo y español fuera el de un varón joven soltero, con un destino fundamentalmente urbano en América. Ahora bien, entre los andaluces reclutados para Argentina se da un alto componente de familias que parecían romper todos los lazos con la tierra de origen. Esto explica especialmente la alarma despertada en la opinión pública española y andaluza: "Y no es que emigran sólo los individuos con la esperanza de regresar a la tierra que los vio nacer, con más o menos ahorros, no, es que también emigran las familias enteras, las que jamás retornarán a la patria y que vivirán y morirán bajo una nueva nacionalidad". 31 La política de pasajes subsidiados se dirigió de hecho a la recluta de familias agricultoras. Éstas garantizaban un poblamiento más estable de las nuevas colonias agrícolas que se estaban fundando en Argentina. Se habla de fuerte participación familiar en la emigración al registrarse una alta proporción de mujeres y niños. Así pues, uno de los indicadores clásicos de este carácter familiar son las tasas de masculinidad: En el caso de emigración a Argentina, sólo en 1889 las mujeres andaluzas participaron casi en igual medida que los hombres (116 hombres por cada 100 mujeres). Esta participación se desequilibró de nuevo tras cerrarse en 1890 la política de financiación a la inmigración del Estado argentino, a causa de la citada crisis de Baring. Por otro lado, Brasil atrajo en una más equitativa proporción a hombres y a mujeres andaluces, al sostenerse más regularmente desde 1888 los pasajes subsidiados por el Estado de Sao Paulo. La emigración a Brasil, en tanto que fundamentalmente subsidiada, fue una emigración de familias. Eran en su mayoría familias agricultoras. 32 No resulta extraño teniendo en cuenta la ocupación para la que eran reclutadas y el hecho de que Andalucía, como España en su conjunto, era una sociedad básicamente agraria a fines del siglo XIX. El vicecónsul de España en Mendoza, provincia donde llegaban principalmente los andaluces, dijo que en su distrito: "La mayoría de los españoles son agricultores, alcansando [sic] éstos sobre los industriales una proporción relativa de un ochenta por ciento. El resto, de veinte, queda reservado a los albañiles, carpinteros, herreros, sirvientes, dependientes de comercio". 33 En suma, la emigración andaluza a Argentina a fines del siglo XIX fue mayoritariamente subvencionada y familiar. Así lo reconocía en 1890 el cónsul general de España en Argentina: "Al amparo del gobierno argentino casi puede asegurarse que únicamente han venido los emigrantes de las provincias andaluzas donde sin duda, y tal vez porque un español de aquellas regiones entendió en el asunto, hicieron sus levas los agentes oficiales de inmigración. Llegaron, entonces, innumerables familias andaluzas contratadas para la fundación de colonias vinícolas, pero no hay noticia de que haya prosperado ni una sola de estas empresas[...] Por regla general, los emigrantes llegan espontáneamente [sic] y en su mayoría aportando recursos con que atender a sus primeras necesidades durante algunos días". 34 Los 30.000 pasajes "subsidiarios" fueron anunciados en ocasiones como "pasajes gratuitos". En realidad, el Estado argentino no los consideraba como una inversión a fondo perdido, sino como adelanto del billete. Cada emigrante beneficiado por uno de estos pasajes tenía que firmar, a su llegada a Buenos Aires, letras por el importe del mismo (60 pesos). Estas letras suponían un interés del 10% anual y una amortización del principal del 20% cada semestre. En total, y si se cumplían estos plazos, el emigrante estaba obligado a reembolsar los 60 pesos de pasaje, más un interés de 15 pesos, en dos años y medio. A pesar de suponer una considerable rebaja respecto al precio de los pasajes no subvencionados, el vicecónsul español en Mendoza reconocería que: "El valor del pasaje, según la Ley, debe ser reembolsado por el beneficiado en condiciones fáciles, lo cual no es probable cumplan por imposibilidad material unos y por mala fe otros". Llegada a Buenos Aires El Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires, albergue creado para acogerlos en los primeros días, fue el destino inicial de muchos europeos llegados al Plata. No poseyendo contactos en Argentina que les pudiesen introducir en el nuevo país, este Hotel fue probablemente lugar de paso para muchos andaluces. Alabados y denostados a causa de las condiciones de habitabilidad, los Hoteles proporcionaban alojamiento y manutención gratuitos a costa de la Comisión de Inmigración. Al cabo de los tres primeros días estipulados por ley, los inmigrantes salían para dirigirse al punto asignado por la Oficina de Trabajo (esto es, una oficina de colocación). Al parecer, los inmigrantes no estaban obligados a aceptar este primer contrato. Pero en la mayoría de los casos era la única manera de incorporarse al mercado de trabajo en un país desconocido y donde se carecía de contactos personales. Aceptada la oferta de trabajo, los inmigrantes eran transportados a cargo de la Comisión de Inmigración por ferrocarril, en barcos río arriba y/o en carros a las localidades donde residirían, un "viaje penoso y con alimentación escasa" según el cónsul en La Rioja. Anuario de Estudios Americanos en diversos puntos de la República los obreros o peones que necesitaba, establecían previamente las bases y condiciones de precio y trabajo; viéndose obligada la empresa o el particular al fiel cumplimiento de lo pactado por las leyes especiales que rigen al respecto y que la Oficina de Inmigración o Comisiones mencionadas hacen cumplir, en casos precisos, por intermedio de los juzgados". Distribución geográfica de los españoles La distribución de la inmigración en Argentina fue muy desigual, determinando fuertes desequilibrios urbanos posteriores. El litoral o zona pampeana pasó de contar con un 30 % de la población a un 64 %, entre 1850 y 1914, mientras que el centro y noroeste (Córdoba, Tucumán, La Rioja, etc.), que habían contado con más de la mitad de la población en la época colonial, retrocedieron hasta poseer sólo un 22 % del total de 8 millones en 1914. Las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y la Pampa, así como el sudeste de Córdoba, recibieron el mayor número de inmigrantes europeos, mientras que en la región de Cuyo, sólo Mendozagracias al desarrollo de la industria vinícola-sobresale en cuanto a recepción de inmigrantes. En el noroeste, Tucumán recibió el mayor caudal migratorio debido a la expansión de la industria azucarera. 37 La distribución de inmigrantes refleja en parte las oportunidades económicas que ofrecía el país, pero la concentración de población en Buenos Aires y, sobre todo, en la Capital Federal, produjo un claro desequilibrio demográfico. De los casi 664.000 habitantes con que contaba la ciudad en 1895, más de la mitad eran extranjeros, y de éstos, poco más de ochenta mil eran españoles (24%), frente a más de ciento ochenta mil italianos (53%). Ese desequilibrio fue en aumento debido al efecto acumulativo que generaron las cadenas migratorias, especialmente funcionales en las primeras décadas del siglo XX. Desde un principio, la Comisión de Inmigración argentina intentó orientar a los inmigrantes hacia regiones menos favorecidas por la corriente inmigratoria llamada "libre". Esta labor de orientación sólo era efectiva con los inmigrantes que habían llegado con pasajes subsidiados por la Comisión. La Oficina de Trabajo se encargó de enviarlos allí donde eran demandados como mano de obra. Aunque algunos andaluces se quedaron EMIGRANTES ANDALUCES EN ARGENTINA (SIGLO XIX) 17 36 Embajada de España en Argentina, "Informe...". 37 Sánchez Alonso, B.: La inmigración española en Argentina. Tomo LIII, 2, 1996 como "jornaleros" (esto es, mano de no cualificada) en el ámbito urbano de Buenos Aires, 38 otros decidieron aceptar las ofertas de empleo en provincias. Los andaluces en la geografía argentina Como evidencia cualitativa, los informes consulares españoles son significativos al respecto. Por real orden de 11 de julio de 1891, el Ministerio de Estado encargaba a los Consulados Generales españoles la elaboración de un completo informe sobre la emigración española en los países americanos. En estos informes los agentes consulares debían responder a 31 preguntas, agrupadas en estos epígrafes: a) Datos generales, b) Carácter de la emigración, c) Posición de los emigrantes, d) Vida de los emigrantes, e) Reunión de los emigrantes. Esta es la estructura que sigue el "Informe sobre la emigración española a la República Argentina", compuesto de los informes de 15 agentes consulares españoles distribuidos por la geografía provincial de Argentina (no aparece el informe correspondiente a Buenos Aires), y de un resumen a cargo del cónsul de España. Según éste último, la inmigración española en Argentina había adquirido "proporciones realmente colosales" en los años inmediatamente anteriores a 1891. Los distintos componentes regionales de esta inmigración tuvieron pautas diferenciadas en cuanto a su distribución en territorio argentino. Los nuevos grupos de gallegos destacaban en la generalidad de los distritos consulares, excepto en Mendoza. Aquí, como indica el agente consular español, los andaluces constituían el grupo regional más importante de los llegados en 1889. " [Proceden] principalmente del reino de Andalucía, y muy particularmente de Málaga, Cádiz y Granada. No ha entrado ningún vascongado". Aunque con menor peso relativo, según las mismas fuentes, también se observó una afluencia destacable de andaluces en Tucumán, La Rioja, San Nicolás y Rosario de Santa Fe. La mayoría de los 15 agentes consulares constataron un hecho: lo novedoso de la inmigración andaluza en sus distritos. Así lo refiere el cónsul en Rosario: FRANCISCO CONTRERAS PÉREZ 18 38 Sánchez Alonso, B: La inmigración española..., pág. 114. A este respecto, se ha dicho que las migraciones transoceánicas tuvieron un fuerte componente de emigración campo-ciudad. Anuario de Estudios Americanos número de estos últimos [los andaluces] antes de 1889 era insignificante, y ahora es crecidísimo, en su mayoría de las provincias de Málaga y Cádiz". 39 En Bahía Blanca, donde la presencia gallega y vasca era tradicional, la novedad la constituían también los andaluces: "Hasta el año 1888, si bien concurrieron españoles de diversas provincias, eran la mayor parte de los aquí residentes originarios de las provincias vascongadas y de Galicia. Desde aquella fecha se ha hecho notable por su número la emigración andaluza". Algunos no encontraron ocupación arreglada a sus aptitudes o a sus expectativas. Otros prefirieron aceptar los trabajos disponibles, en espera de una mejor oportunidad y radicarse en el lugar. Así lo indica el vicecónsul español en Dolores: "Ignoro [...] de qué provincia proceden, si bien pudiera afirmar que en los últimos tiempos han superado en número los de las provincias andaluzas, muchos de los cuales han tomado diversos rumbos, habiéndose radicado algunos con sus familias en este partido, ya como agricultores, ya entrando en la Policía como agentes de seguridad, por no permitirle su falta de recursos esperar a que se les proporcionase algún quehacer arreglado a sus aptitudes". 19 39 A partir de aquí, las citas de origen consular proceden del informe ya citado de la Embajada de España en Argentina. Más del 40% de ellos residía en la capital federal, según el siguiente censo de 1895. Ahora bien, hubo un apreciable incremento de la participación de los españoles residentes en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Tucumán. La incorporación al mercado laboral en tiempo de crisis La aparición del ferrocarril a mediados de la década de los ochenta en la región cuyana, la principal productora nacional de vinos, incentivó la ampliación de la superficie de viña al disminuir el costo del producto colocado en el litoral. 40 También facilitó el transporte de la mano de obra necesaria para aumentar la producción. Una vez en Mendoza, las familias inmigrantes pudieron seguir otros diez días bajo el auxilio de la Comisión de Inmigración: "Este plazo es prudencial, teniendo en cuenta que es tiempo sobrado para que encuentre colocación un buen trabajador". Esto era así en épocas "normales", cuando no arreciaban las crisis coyunturales propias de un período de rápido crecimiento. Tampoco parecía haber problema para encontrar trabajo como jornalero en los ingenios azucareros de Tucumán, según el parecer del cónsul en esa provincia: "Los emigrantes que llegan al litoral con pasajes subsidiados, o adelantados por el gobierno argentino, se trasladan por cuenta del mismo y por medio de los ferrocarriles a esta provincia, donde existe un Hotel que los alberga durante tres días, si no hay pedidos de operarios por los industriales, pero generalmente siendo más los pedidos que los inmigrantes, en cuanto se refieren a agricultores y jornaleros". Los productores de vinos de Mendoza contrataban a los trabajadores por familias o grupos para las labores de plantación de viñas (así pues, los niños a partir de cierta edad tenían que trabajar, como también ocurría en Andalucía). Las condiciones de estos contratos eran las siguientes: FRANCISCO CONTRERAS PÉREZ 20 40 Fernández, A.: "Emigración y 'mercado étnico'. Anuario de Estudios Americanos (c) Consejo Superior de Investigaciones Científicas Licencia Creative Commons 3.0 España (by-nc) http://estudiosamericanos.revistas.csic.es "Las familias suelen efectuarlos [los así aquellos otros que permanecen unidos, pudiendo por consiguiente cumplir su compromiso. Versan generalmente sobre plantación de viñas, y las ventajas para el trabajador estriban sobre el precio asignado a cada planta, una vez arraigada, que no suele bajar de 11 hasta 15 centavos, proporcionándole el dueño del suelo animales de labor, herramientas, semillas, anticipo de dinero, para descontar al término del contrato, del saldo que deban recibir. Estos contratos tienen una duración que no baja de tres años ni escede [sic] de cinco, siéndoles permitido durante este tiempo hacer siembras determinadas por su cuenta o a medias, con cuyo producto satisfacer las necesidades más perentorias de la vida". Todo comienzo era difícil, y en el caso de las familias andaluzas pudo serlo en mayor medida que para los inmigrantes que contaban con amigos y parientes establecidos en ámbitos urbanos. El contrato de tres años funcionaba de hecho como una garantía para que las comisiones provinciales de inmigración hiciesen cumplir los débitos adquiridos por el inmigrante con el Estado argentino. En fin, no se trataba sólo de arreglárselas para subsistir. Había que pagar las letras por el pasaje subsidiado, una obligación que -recordemos-no se llegó a cumplir por la mayoría. Por otra parte, arraigasen o no todas las cepas, al final de tres o cinco años la familia también vería descontados de sus eventuales ganancias los anticipos hechos por el propietario. En el caso de no poder reembolsar estos adelantos, los intereses se acumularían y se haría aún más difícil el ahorro en una economía precaria. En Tucumán, donde la recolección de la caña requería otros marcos contractuales, los trabajadores inmigrantes se arreglaban con los patronos por medio de unas libretas llamadas de "conchavo"; estos papeles se registraban en las oficinas de policía. Pero también había otros tipos de contratos para el arrendamiento de terrenos (lo corriente era la aparcería) y en el sector de la construcción. Mejor comunicada que Tucumán, Rosario era la capital de una provincia "rica y floreciente", 41 Santa Fe. No sólo recibía inmigrantes sino que también servía, como Mendoza, de punto de redistribución de los mismos por el interior. Rosario contaba con el segundo Hotel de Inmigrantes de los creados en la República, al ser su provincia la más favorecida por la creación de nuevas colonias. Insignificante el número de andaluces antes de 1889, desde entonces también fue "crecidísimo" en esta provincia. Acceder a la propiedad de una de las parcelas de las numerosas colonias requería contar con ciertos aho-EMIGRANTES ANDALUCES EN ARGENTINA (SIGLO XIX) 21 41 Cónsul de España en Rosario. Las condiciones de compra se especificaban un "boleto de compra-venta" proporcionado por el Banco Colonizador Nacional, que disponía de agencia en las colonias de su titularidad. Se pagaba un 10% del valor del terreno al contado y lo demás en tres plazos a convenir, con un interés anual del 8%. En el caso de la colonia "Esperanza", cada concesión tenía una superficie de 30 a 33 hectáreas, y el valor de venta oscilaba entre 600 y 800 pesos moneda nacional. En ocasiones se ofrecía al colono los primeros medios materiales para la puesta en explotación del terreno. Con un trazado hipodámico, las colonias solían contar con un núcleo poblacional que contenía los servicios públicos, entre ellos, el imprescindible apeadero ferroviario. Ni que decir tiene que la propiedad de la tierra estuvo en principio fuera del alcance de la mayoría de los andaluces, que en muchas ocasiones carecían de los más mínimos recursos. Además de la compra de un terreno o el contrato con un propietario, el trabajo a jornal era otra modalidad de incorporación al mercado laboral. En las provincias con significativa presencia andaluza los jornales oscilaban entre 1 peso/día y 3 pesos/día. Los salarios estaban en función de las aptitudes, la época del año y la categoría profesional (bracero, capataz). En Santa Fe un simple bracero podía ganar hasta tres pesos al día, siempre que fuera "muy aventajado en FRANCISCO CONTRERAS PÉREZ 22 Anuario de Estudios Americanos su oficio". Pero la "inmensa mayoría" pasaba dos pesos diarios. En Mendoza el jornalero podía conseguir hasta 2 pesos "según la época". En Tucumán parte de la retribución de los trabajadores de la caña se hacía en comida. La media de los jornales agrícolas en Santa Fe, Mendoza y San Nicolás oscilaba entre 1,23 pesos como mínimo y 2,67 pesos como máximo (son jornales muy inferiores a los ganados en la provincia de Paraná por los peones agricultores vascos y gallegos: 4-5 pesos/día). Según el cambio corriente en 1891, el jornal de 1,23 pesos papel moneda nacional argentina equivalía aproximadamente a 1,5 pesetas españolas. El tipo medio del jornal de los agricultores en las provincias andaluzas de mayor emigración a Argentina variaba: Aun tratándose de tipos medios de jornal, en las tres provincias andaluzas eran inferiores a la media de los jornales mínimos de los braceros en Argentina. Pero para una mejor comprensión de las condiciones de vida de la familia jornalera en Argentina, debemos tener en cuenta otras consideraciones, como la capacidad real de consumo. La depresión económica de los primeros años noventa en Argentina era el momento menos propicio para empezar una nueva vida en país extranjero. El jornal se pagaba en pesos papel, con el riesgo casi cierto de una rápida devaluación. Mientras tanto, los precios de artículos de consumo seguían las oscilaciones del oro, según el vicecónsul en Mendoza. Así que eran pocos los que podían ahorrar siendo trabajadores dependientes. Aquellos afortunados que conseguían un jornal se limitaban a subsistir esperando épocas mejores, pues la carestía de los artículos de primera necesidad absorbía los jornales. El nivel de vida de los jornaleros, especialmente españoles, fue descrito en estos términos por el cónsul de España en Rosario: "Supongamos que todos nuestros trabajadores ganan dos pesos diarios: de esos dos tienen comprar pan, que cuesta 30 centavos el kilo; carne, que cuesta 20 centavos el kilo (éste es su principal alimento y el más barato); judía, que cuesta 30 o 40 centavos el kilo; patatas, que cuesta 20 centavos el kilo; aceite, que cuesta $ 1,50 el kilo (grasa consumen muy poca nuestros trabajadores); carbón, que cuesta un peso la arroba; infinidad de aguas venenosas a las que se da el nombre de vino, y que cuesta de 50 a 60 centavos el litro (lo que se llama vino, son muy pocas las personas que por esta tierra lo beben en la época presente); habitación, que no les ha de bajar de 7 a 8 pesos mensuales, etc. Calcúlese, además, lo que les ha de costar la reposición, conservación y limpieza de la ropa; algún vicio inocente, pero caro, como el fumar, y considere V.E. lo que pueden ahorrar nuestros braceros: nada o bien poco más. Todo esto, como llevo dicho, calculando que ganan 60 pesos mensuales, que no es así; pues en su mayor parte, me atrevo a decir que no ganan más de 45". La situación era más difícil para aquellos que no contaban con pequeños ahorros traídos de España, o con amigos y parientes en Argentina que les pudiesen proporcionar trabajo en un comercio o en el campo. En época de crisis, un problema elemental es siempre encontrar trabajo. Llevar mujer, hijos pequeños y, a veces, los abuelos, no sólo hacía más dramática la situación, sino que además podía significar una desventaja: "Hay una infinidad de ellos que están sin trabajo, pasando toda suerte de privaciones, buscando en vano en qué ocuparse para salir de su mísera situación. Este invierno han sido muchos los que han tenido que mal vender todas sus ropas para atender a su sustento. Y menos mal que esto ocurriera al trabajador soltero, pues éste, libre de toda traba, puede trasladarse con toda facilidad de un punto a otro de la República en busca de trabajo; pero no sé cómo se las puede componer el trabajador casado y con hijos, que llega a verse falto de los medios indispensables para la vida" (vicecónsul en Rosario de Santa Fe). Por su parte, el vicecónsul en Mendoza achacaba la situación de miseria en que vivían especialmente los jornaleros andaluces a su dudosa capacidad como trabajadores: "El trabajador sufre en los días de crisis por el retraimiento del capital, y mucho más si su capacidad productiva es pequeña como acontece a muchos de los emigrantes españoles, particularmente los de las provincias del mediodía". Lo cierto es que la crisis de los noventa, a pesar de su carácter general, afectó más crudamente a las familias jornaleras, o sea, a la mayoría de los emigrantes andaluces. "Hoy, a causa de la crisis financiera por que atraviesa el país, el obrero y jornalero sufren privaciones por la escasez de trabajo y carestía de los artículos de primera http://estudiosamericanos.revistas.csic.es necesidad. Este malestar se nota especialmente en la emigración andaluza ha llegado al país en número considerable los años 1888-89-90 y 91. Son en general familias con numerosa prole, han venido sin recursos de ninguna clase, alucinados por las promesas y engaños de agentes sin escrúpulos ni conciencia, y hoy se encuentran en condiciones verdaderamente lamentables. Diariamente llegan a este Viceconsulado en demanda de auxilio o socorro pecuniario que me es imposible atender a todos en la plenitud de su pedido por razones fáciles de comprender. En los cuatro años indicados han entrado en la localidad por intermedio de la Oficina de Inmigración 1.436 emigrantes entrando en ese número 433 niños de 12 años abajo, siendo la inmensa mayoría, o todos casi, procedentes de las regiones andaluzas. Son estos los que más sufren, como he dicho, las consecuencias del malestar actual" (vicecónsul en Bahía Blanca). Ni que decir tiene que la capacidad de ahorro de un jornalero en esta situación era mínima, por no decir nula. Esto parece que imposibilitó el establecimiento de redes de estímulo y ayuda financiera a la emigración con las localidades gaditanas, malagueñas y granadinas de origen. Sin descontar otros posibles factores coadyuvantes, esta situación de relativa desventaja explica que no se diera, con intensidad similar a la de otras regiones españolas, un flujo migratorio sostenido entre Andalucía y Argentina en la década siguiente a 1889. EMIGRANTES ANDALUCES EN ARGENTINA (SIGLO XIX) 25
Este trabajo tiene por objeto analizar el proceso de cambio de las relaciones políticas y económicas que se produce en Mendoza entre los años 1880 y 1920 y mostrar sus ritmos, rupturas y continuidades. La mayoría de la bibliografía sobre el tema analiza los procesos políticos o económicos en forma separada y por ello hemos considerado que ir engarzando ambas perspectivas, enriqueciéndolas con nuevos aportes de fuentes, constituye una contribución novedosa para la historia de la provincia en esos años. Es nuestra intención mostrar cómo los cambios en la estructura económica y social que se produjeron en el país y en Mendoza alrededor de 1880 van a introducir en el panorama histórico nuevos actores, nuevos conflictos y nuevos mecanismos de integración y de control. Para analizar el proceso de cambio de las relaciones políticas, económicas y sociales, no nos detendremos solamente a analizar quiénes eran los actores que participaban en el proceso de adopción de decisiones para esos cambios, sino que también intentaremos responder a la pregunta "poder para qué", es decir a desentrañar cuáles eran las relaciones políticas, sociales y económicas que desde el estado se estaban potenciando, destruyendo o manteniendo. Los hacendados, comerciantes y profesionales constituían también un sector muy restringido. Desde el siglo XVIII la venta de ganado a Chile era la actividad más rentable y generaba otras, todas muy lucrativas. Se compraba ganado en San Luis u otras provincias del Este para engordarlo en los alfalfares mendocinos antes de cruzar la cordillera. La rentabilidad de dicha intermediación la demuestran las siguientes cifras: un vacuno que costaba $ 6 en Santa Fe era vendido en Chile a $ 15 o $ 20. Aquellos que compraban las reses, poseían los potreros o las tropas de carretas para el traslado de las mercaderías, tenían una posición privilegiada. Algunos personajes participaban de todas y cada una de estas actividades. 3 Podemos dar el ejemplo de conocidos políticos que estaban vinculados a estas redes comerciales. El caso de Carlos González, gobernador mendocino electo en 1863, es muy elocuente: el arrendamiento de su potrero de Uspallata le reportaba importantes sumas, era además propietario de carros, sembrador, molinero, fabricante de fideos, comerciante de ganado, viñatero, bodeguero y había ocupado numerosos cargos en la administración provincial. También es ilustrativo el ejemplo de Domingo Bombal, acaudalado comerciante y ganadero, quien fuera once veces gobernador interino. Cuando murió en 1893 sus bienes incluían campos en San Rafael, quintas semirrurales, diez propiedades urbanas, 13 sitios en la ciudad y otros varios inmuebles. 4 En esta Mendoza anterior a 1880, el poder político tenía como prerrequisito a la fortuna y el "buen nacimiento", lo cual significaba pertenecer a un escaso número de familias. Los nombres de las personas que detentaban el poder económico tenían una total correspondencia con las que ocupaban los cargos políticos. 5 Los parientes se sucedían en el gobierno, ocupando además la mayoría de los cargos en la Legislatura y el Poder Judicial. Afirma Massini Calderón que para 1866, la Cámara Legislativa compuesta por veinticinco miembros, contaba con 21 de una sola familia. 6 ANA MARÍA MATEU 2 3 Mateu, A. y Gascón, M.: "El surgimiento de la burguesía vitivinícola en la provincia de Mendoza. Argentina a finales del siglo XIX". Revista Paraguaya de Sociología, t. 4 Archivo Judicial de Mendoza, Sucesiones, Exp. 5 Distintos trabajos se han dedicado al análisis de las parentelas integrantes de este grupo oligárquico. Pueden verse Martín, José F.: Estado y empresas. Políticas estatales y conformación de una burguesía industrial regional, Mendoza, 1992. Morales Guiñazú, Fernando: "Genealogías de Cuyo", Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, Mendoza, Primera Epoca, n.o 15, y Lacoste, Pablo: Hegemonía y poder en el Oeste Argentino, Buenos Aires, 1991. 6 Massini Calderón, José Luis: Mendoza hace cien años, Buenos Aires, 1967. Esta "oligarquía", 7 que gobernó a la provincia prácticamente desde la Colonia, se adhirió al triunfo liberal de 1861 bajo el lema de "regeneración, progreso y nueva época de libertad". 8 Esto significó que toda la historia política de Mendoza hasta el Centenario no fuera más que la alternancia en los cargos de esos grupos familiares, nucleados en torno a una agrupación política que fue tomando distintos nombres a lo largo de más de medio siglo: Partido Liberal, Partidos Unidos, Concentración Cívica Regional, y finalmente Partido Conservador. Un afiche mural de 1870, escrito en ocasión de una campaña electoral y titulado "El Círculo", analizado por Roig y Pérez Guilhou, nos presenta una excelente caracterización de los sectores dominantes mendocinos, a los que consideraba como "familias de más lustre", "gente de primera categoría" "individuos distinguidos por su cuna, talento, ilustración y fortuna" y "gente decente a quienes con justicia corresponde la dirección de la cosa pública". 9 La pregunta relacionada con los intereses que estos gobiernos oligárquicos protegían no es difícil de responder en una sociedad donde lo político y lo económico estaban tan estrechamente relacionados y donde el poder político servía para defender y fortificar los lazos que unían a este estrecho grupo. Fuera de este acotado sector dirigente estaba un vasto sector de la sociedad al que el mencionado afiche llamaba el "populacho", "los corrompidos", "los de baja ralea o mediana esfera", "los sirvientes", "los artesanos", "el servicio doméstico", que aunque ajeno a cualquier tipo de participación, podía ser fuente de conflicto y, por ello, debía ser controlado. Margarita Gascón, en su trabajo sobre formas de control y de conflicto social en Mendoza, destaca el papel de la papeleta de conchabo 10 como for-PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 1880-1920 3 7 El concepto de "oligarquía" ya fue utilizado por Lucio Funes, miembro de las familias tradicionales mendocinas y contemporáneo de esos años, que escribió una obra que tituló: Gobernadores de Mendoza. Funes rescataba de estos grupos su fomento del bien público y del progreso general de la provincia, aunque reconocía que eran poco respetuosos de la opinión del pueblo. Este mismo concepto también era utilizado frecuentemente por la prensa de la época en relación al gobierno de Emilio Civit. Así por ejemplo Los Andes, el 5 de octubre de 1909 ponía el acento en los lazos económicos de estos grupos y los definía como un "grupo de elementos afines, y que exhibía su nepotismo sin descaro, dándose ayuda mutua a costa de los intereses generales". 8 Pérez Guilhou, Dardo: "Repercusiones de Pavón en Mendoza". En Pavón y la Crisis de la Confederación. 9 Pérez Guilhou, en la obra citada, transcribe un interesante documento citado por Roig, Arturo: "El pensamiento de Manuel A. Sáenz. Una contribución para la historia del tradicionalismo en Argentina", Cuadernos del Instituto de Estudios Políticos y Sociales, n.o 5, Mendoza, 1960. 10 La papeleta de conchabo se había abolido en 1867, fue reflotada en 1874 bajo la forma de una ordenanza de servicio doméstico y restablecida en 1896. ma de ordenamiento y control laboral y social. La policía y sus castigos eran la herramienta utilizada por los sectores dominantes para poder ejercer la vigilancia, la previsión y la resolución de los conflictos. El progreso llega a Mendoza Alrededor de 1880 se inicia en el país un momento de grandes cambios relacionados con el ingreso al circuito capitalista internacional y con la cristalización del estado nacional moderno. El proceso de cambio es propiciado desde el Estado 12 por una élite innovadora, progresista en lo económico, pero conservadora en lo político, a la que algunos autores llaman "Generación del 80" y cuyos valores esenciales estaban representados por el orden y el progreso. El orden era considerado un prerrequisito para el progreso y por ello entre ambos valores había una prelación. Por eso al liberalismo económico se le unió el conservadurismo político: para retener el poder los sectores tradicionales pretendieron que la libertad civil fuera para todos y la participación política se restringiera a un pequeño sector. La expansión económica favoreció especialmente a las regiones del país que consiguieron incorporarse a la economía agroexportadora. Hubo provincias marginadas y otras que aprovecharon el desarrollo del mercado nacional para colocar sus productos. 13 Este es el caso de Mendoza, donde con el apoyo del Estado, se conformó una sólida burguesía agroindustrial que aprovechó la expansión del mercado interno e impulsó desde el Estado las medidas necesarias para transformar la estructura económica. 14 ANA MARÍA MATEU 4 11 Gascón, Margarita: "Formas de control y de conflicto social durante el siglo XIX en una comunidad periférica. Cuadernos de la Universidad Nacional de Luján, Buenos Aires, 1989. 12 El proceso de consolidación del estado nacional y su relación con el ingreso al sistema capitalista internacional, está muy bien analizado en Oszlak, Oscar: La formación del estado argentino. Angueira, M.: "El proyecto confederal y la formación del Estado Nacional". En Conflictos y procesos, n.o 31. Ansaldi, W.: "Estado y sociedad argentina en el siglo XIX". Conflictos y procesos, n.o 4. Gallo, E. y R. Cortés Conde: La República Conservadora. Panettieri, J.: Historia de un país periférico. 13 Balan, Jorge: "Una cuestión regional: Burguesías provinciales y el mercado nacional en el desarrollo agroexportador". 14 El proceso de conformación de la burguesía vitivinícola puede verse en Mateu, Ana María y Gascón, Margarita: "El surgimiento...". En relación al desarrollo de la vitivinicultura, debemos señalar que esta actividad no era enteramente nueva en la provincia. Pero a partir de la década de 1870 se produjo una situación favorable para su despegue, al insertarse el país en el circuito capitalista internacional, en momentos en que la ganadería comercial había dejado de rendir sus acostumbrados beneficios. En enero de 1878 era de dominio público que el precio que se obtenía por el ganado en Chile no compensaba ni el capital empleado ni los gastos. 15 Y poco a poco se advirtió que no se trataba de una situación coyuntural. Las estadísticas de 1881 confirmaron que, solamente en un año, la cifra de la exportación de ganado a Chile se había reducido en un 50%. Con la llegada del ferrocarril la situación empeoró porque el traslado de los animales en los vagones les evitaba el desgaste calórico y la necesidad de ser engordados en los potreros provinciales. La búsqueda de mano de obra extranjera La decadencia de los viejos vínculos con el país trasandino y la nueva coyuntura nacional llevó a los sectores dirigentes a accionar en varios frentes y uno de ellos fue atraer parte del importante contingente de inmigrantes que después de 1880 llegó al país. Con este fin, en 1876 se puso en funcionamiento la Comisión de Inmigración, que impulsó la llegada de agricultores extranjeros y creó un Asilo de Inmigrantes y una Oficina de Conchabo. Se inscribió dentro de esta misma tónica la ley de 1884, por la que se le pagaba al agente de Inmigrantes en Buenos Aires la suma de un peso por cada extranjero que fuera derivado a Mendoza y el nombramiento de una persona para que contratase quinientos inmigrantes especializados en el cultivo de la vid. El importante ingreso de inmigrantes llegados a Mendoza transformó su estructura demográfica. Para 1869, momento del Primer Censo Nacional, los extranjeros representaban el 9% de la población y eran en su mayoría chilenos. Pero para 1895, fecha del segundo recuento censal, dicho porcentaje había ascendido a casi el 14%, cifra que aumentará al 37% en 1913, superando en algunos años los volúmenes arribados al resto del país. 16 La tendencia general de los inmigrantes, muchos provenientes de lugares con tradición vitivinícola, había sido ofrecerse como mano de obra asalariada en un agro que requería fuerza de trabajo. En los avisos clasificados de la prensa de la época se denotaba una marcada preferencia hacia la demanda de mano de obra extranjera. Esto se corrobora con la opinión de Bialet Massé, que sostiene que los extranjeros se apoderaron de las artes y oficios, relegando al criollo a segundo término. El Censo de 1895 hizo evidentes los cambios en la estructura económica y su estrecha relación con la inmigración. Los agricultores aumentaron para las mismas fechas de un 73% a un 83%. Por otra parte, para 1895, el 24% de los agricultores era vinatero, y entre ellos el 71% era argentino y el 29% extranjero. Esto significa que ya en 1895, cuando aún no había arribado el mayor volumen de inmigrantes, un cuarto de sus agricultores estaba dedicado a la vitivinicultura. De los 447 bodegueros mencionados en el Censo, el 83% era de origen extranjero, mientras que por el contrario, el 84% de los hacendados y estancieros era argentino. La llegada del ferrocarril en 1885 fue otro de los hitos en el despegue vitivinícola. Permitió el mejor acceso a los mercados nacionales, y no sólo el arribo o salida de distintos productos, sino de inmigrantes y tecnología. Comunicó a la provincia con el resto del país y también con las nuevas áreas de cultivo en el sur provincial que se habían ido extendiendo tras la finalización de la Campaña al Desierto. La acción del Estado en el proceso de cambio La alianza de las burguesías regionales con el gobierno nacional se evidenció a través de las medidas tomadas desde el Estado nacional para favorecer la industria vitivinícola: ampliación de las actividades de la sucursal mendocina del Banco Nacional para lograr una política crediticia en favor de los vitivinicultores, asesoramiento tecnológico a través de la Escuela Nacional de Agricultura y de la publicación de sus boletines y la El gobierno mendocino también emprendió una acción directa de fomento de las prácticas vitivinícolas. En 1881 dictó una ley exonerando de impuestos a las plantaciones de vides, olivos y nogales, que motivó que se cultivaran 923 has. más que el año anterior, mientras que en toda la década del setenta los viñedos se habían incrementado en un promedio de 55 has. anuales. Se inscribieron también dentro de esta tónica otras medidas como las referidas al mejor aprovechamiento del riego artificial y de los suelos, que extendieron las áreas cultivadas. Los negocios de tierras y el manejo de las concesiones de riego fueron dos importantes torniquetes políticos utilizados para consolidar el poder económico de los sectores tradicionales. A su vez, la efectiva posesión de grandes extensiones de tierras, le permitió al Estado colocarlas como garantía para empréstitos y letras de tesorería. El tema del crédito fue central al encararse las políticas públicas para el desarrollo vitivinícola. La creación del Banco Provincia, con su sección hipotecaria destinada "al único objeto de fomentar la plantación de la vid", es demostrativa de ello. Al discutirse el proyecto de ley salieron a la luz los temores del sector tradicional de que el fomento de una sola actividad fuera en desmedro de su predominio económico, más aún cuando sus anteriores actividades habían estado vinculadas a varios rubros. Pero privó el argumento oficial de que, debido a la escasez de fondos, era necesario fomentar la actividad que creían que mayores beneficios reportaría a la provincia. Los beneficiarios de los créditos agrícolas e industriales fueron generalmente parientes, amigos o allegados de los miembros del directorio o de los funcionarios del gobierno y esto ya fue denunciado en la prensa de la época. 17 Pudimos corroborar esta opinión a través del análisis de los préstamos hipotecarios otorgados por el Banco Provincia. 18 Desde 1890 a 1910 el 66% de los fondos fue a parar a manos de los sectores tradicionales, el 14% al grupo inmigrante y el 20% al grupo que hemos denominado "otros" y en el que fueron incluidos apellidos criollos sin prestigio o aquellos cuyo origen no nos era posible conocer. Este estudio permitió confirmar nuestra hipótesis de que esta institución crediticia fue la herramienta utilizada por los sectores tradicionales para financiar la transición de una estructura económica a otra y consolidar su poder económico y político. PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 18 Mateu, Ana María: "Bancos, créditos y desarrollo vitivinícola". Cuadernos de Historia Regional, n.o 17. La conformación de la burguesía vitivinícola El desarrollo de la vitivinicultura repercutió en la estructura social. Un amplio y heterogéneo sector se vinculó a las múltiples actividades agroindustriales que generó esta actividad. Los bodegueros y vinateros, es decir, los propietarios de los medios de producción constituían un grupo con muchos matices, ya que lo integraban aquellos propietarios de una o dos hectáreas19 y que hacían el vino "a pata", pero también los grandes productores o elaboradores, como el caso extremo de Arizu, con 725 has. de viña, o Tomba, con una elaboración de más de 220.000 hls. anuales. 20 Debemos aclarar que la estructura productiva se asemejaba a una pirámide muy ancha en la base, ya que el 92% de las bodegas elaboraba menos de l0.000 hls y solamente un 1% producía más de 40.000 hls, aproximadamente el 37% de la producción. 21 Para este análisis sobre las relaciones de poder en Mendoza, hemos debido dejar de lado a los pequeños propietarios de viñas y bodega, ajenos a los círculos de poder. Por el contrario, hemos prestado especial atención a los medianos y grandes propietarios, con volúmenes de elaboración superiores a los 50.000 hls, a los que ocupaban posiciones destacadas en el aparato de Estado o en los organismos crediticios y/o desempeñaban un papel activo en las entidades sectoriales. De estas tipologías surgen nombres que suelen repetirse. El grupo estaba integrado por no más de veinte personas y lo hemos denominado burguesía vitivinícola. Por otra parte, si clasificamos a este sector desde su nacionalidad de origen, observamos que formaban parte del mismo un importante grupo de extranjeros al que hemos llamado burguesía vitivinícola inmigrante, pero también lo integraban miembros del antiguo grupo criollo o burguesía vitivinícola criolla, aunque aproximadamente sólo en un 20%. ANA MARÍA MATEU 8 La información extraída de distintas fuentes y en especial, de los censos de bodegueros y de diarios, revistas y álbumes, nos permite asegurar que debe revisarse la imagen de que el grupo criollo constituía un grupo esclerotizado, incapaz de adaptarse al cambio y que por ello terminó perdiendo su poder económico. 22 Este sector había acumulado capital a través de la ganadería comercial y se había dedicado luego a las prácticas vitivinícolas, muchas veces superponiéndolas a sus anteriores actividades. Los nombres de Videla, Villanueva, González o Zapata aparecen en los primeros censos de vinateros, demostrando la capacidad del grupo criollo de adaptarse a la nueva coyuntura y diversificar aún más sus rentables ocupaciones. El grupo criollo desempeñó un papel importante dentro de la burguesía vitivinícola porque controló los circuitos financieros y ocupó posiciones en el aparato de Estado que le permitieron favorecer a la vitivinicultura en expansión y aprovechar la oportunidad para acumular mayores capitales. Muchos de ellos modernizaron rudimentarias bodegas donde elaboraban vino en forma artesanal y expandieron sus cultivos. Por otra parte, el control del circuito financiero, les permitió el fácil acceso al crédito y por ende, el capital necesario para expandir sus actividades. Este es el caso, por ejemplo, de Tiburcio Benegas, que aunque de origen rosarino, supo vincularse por lazos familiares al poder político, económico y financiero mendocino casándose con Lubina, hija de Eusebio Blanco, un político destacado y conocedor del tema vitivinícola. Experto en tema bancarios, Benegas fundó su propio establecimiento en Mendoza en 1882, institución que sirvió de base para la sucursal del Banco Nacional que dirigiría tiempo después. Durante su ges-tión como gobernador impulsó la creación del Banco Provincia, cuya sección hipotecaria fue dedicada especialmente al fomento de la vitivinicultura. Benegas trasladó al ámbito político su experiencia individual como productor, ya que su bodega "El Trapiche" se había convertido en una verdadera planta experimental para los nuevos cepajes europeos y chilenos que personalmente trajera a Mendoza. Creemos que también es necesario matizar la afirmación de que cualquier inmigrante esforzado podía llegar a convertirse en un bodeguero acaudalado. Algunos lo lograron y aún hoy podemos citar varios nombres que se relacionan con el gran poder económico mendocino. Antonio Tomba, por ejemplo, había acumulado tanto capital que pudo comprar la mayor parte de la cosecha de 1910 para levantar el precio de la uva, que había sufrido una fuerte baja. 23 Balbino Arizu dejó a su muerte, bodegas, propiedades rurales, acciones en compañías de seguros, telefónicas y de electricidad y hasta en un diario. Juan Giol pudo cumplir su sueño de regresar a Italia luego de "hacer la América", vivir en un castillo rodeado de 18 has. de parque, ser homenajeado en su pueblo natal y nombrado comendador por el gobierno italiano. 24 Pero estos casos fueron los menos. Muchos inmigrantes trabajaron toda su vida en tierras ajenas, y los más afortunados llegaron a ser dueños de pequeñas o medianas propiedades. Ambos grupos, criollos e inmigrantes, actuaron en forma conjunta para defender sus intereses, perseguir la falsificación que atentaba contra el prestigio de la industria 25 o aprovechar los contactos de algunos miembros de los grupos bodegueros criollos para poder presionar ante el estado. Los profundos cambios en la estructura económica y social modificaron el paisaje mendocino 26 y su sociedad, transformando las características de sus habitantes, que circulaban por las calles hablando lenguas extranjeras. La tranquila ciudad que casi derrumbó el terremoto se había convertido en una aldea cosmopolita, donde se mezclaban las lujosas viviendas de algunos bodegueros exitosos, con el hacinamiento de los conventillos próximos a la estación del ferrocarril. Las estadísticas corroboran estos cambios que eran observables a simple vista para el mendocino de la época. Se había producido un vertigino-ANA MARÍA MATEU 10 23 Álbum del Centro Vitivinícola. 25 El Centro Vitivinícola Nacional estuvo integrado por Tomba, Copello, Benegas, Suárez, Devoto, Giol y Gargantini, Arizu, Camére y Piaggio, Battaglia, Calise, Del Bono, Tirasso, Malgor y Janello. 26 Richard, Rodolfo: "Conformación espacial de la viticultura en la provincia de Mendoza y estructura de las explotaciones. Revista de Estudios Regionales, Mendoza. En los primeros años del siglo el crecimiento fue notoriamente mayor que en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. 27 El tamaño promedio de las propiedades alcanzaba a 34 has., lo que evidencia la importancia de propiedades medianas, pero en niveles adecuados a la rentabilidad de la explotación vitivinícola. En un 77% estaban en manos de sus propietarios. 28 En los primeros quince años del siglo se plantaron el 92% de las nuevas has. de viña provinciales, se duplicó el número de bodegas y se logró un formidable crecimiento de la elaboración de vino. El proceso de industrialización tuvo un ritmo mayor que en el resto de las provincias y de los 2.500 establecimientos industriales existentes en 1913, el 42% eran bodegas (1.052). De este conjunto, el 86% era de pequeño tamaño y elaboraban el 32% de la producción de vinos, mientras que un 13% de bodegas medianas industrializaba el 45% y el 0,7% de las grandes, procesaban el 22% del vino. A principios de siglo puede decirse que la actividad vitivinícola estaba consolidada. En estos años nacieron las primeras entidades representativas de bodegueros y viñateros 29 y en 1914, momento del mayor esplendor de la vitivinicultura, esta actividad llegó a representar el 76,6% del PBI provincial. Vieja política y nueva economía y sociedad Las modificaciones en la estructura económica y social habían traído a la escena a nuevos actores, pero los resortes del poder seguían en las mismas manos. La política, con otros ritmos, había intentado permanecer ajena a estos cambios, y controlarlos y ocultarlos a través del fraude. Los nuevos sectores sociales reclamaban otro tipo de participación. La demanda provenía no sólo de los sectores populares vinculados al agro, a la industria, a los servicios o a distintos oficios, sino también de aquellos Tomo LIII, 2, 1996 grupos que tras lograr una cierta movilidad social, se habían instalado en los sectores medios: hijos de inmigrantes, pequeños propietarios o industriales que habían crecido con la expansión económica, comerciantes, profesionales. Todos ellos quisieron unir las mayores posibilidades de crecimiento económico a una creciente participación política. Si bien, en una primera etapa, su afán de progreso material los había alejado de otras preocupaciones, paulatinamente comenzaron a insertarse en la sociedad a través de las instituciones que agrupaban a las distintas colectividades 30 y luego en los municipios, en las entidades sectoriales y en los bancos. 31 Su siguiente paso era compartir el poder. Los diferentes ritmos en los procesos de cambio económico y social con respecto al poder político se evidencian si nos situamos en la Mendoza del Centenario y prestamos atención a los distintos actores sociales de ese momento. Entre 1906 y 1909, durante el segundo gobierno de Emilio Civit, la provincia asistió a los estertores de los "gobiernos de familia" en medio de un panorama social y económico profundamente transformado. Civit 32 es, tal vez, el ejemplo más ilustrativo de la llamada oligarquía mendocina y de un sistema político en el que la cosa pública no era para todos. Padre e hijo habían cumplido todos los peldaños del cursus honorum hasta altos cargos nacionales, demostrando la alianza entre las burguesías regionales y el poder central. El gobernante mendocino estaba estrechamente vinculado con Roca, de quien fuera ministro de Obras Públicas en su segunda presidencia. Su acceso al poder nos demuestra el apoyo de la burguesía vitivinícola, así como la profunda apatía electoral en que había caído el pueblo mendocino. Fue elegido por 1.000 votantes entre 20.000 empadronados, siendo su candidatura sostenida por la burguesía bodeguera, que manifestó su adhesión en largas listas en la prensa, en las que hacía constar sus volúmenes de producción. Este sector confiaba plenamente en que Civit utilizaría nuevamente el poder para seguir consolidando la estructura económica vitivinícola. Durante la campaña electoral éste les había recordado a los grandes bodegueros su actividad contra los abusos ferroviarios y prometido una nueva conexión ferroviaria con el litoral. Civit gobernó sin oposición en las Cámaras. Ni los socialistas, brillantes en sus discursos, pero con escaso predicamento popular, ni los lencinistas, se presentaron a los comicios. Otro sector del radicalismo había sido neutralizado por Civit para formar los Partidos Unidos que lo llevaron al poder. El nuevo gobernador expresará al asumir su cargo que "su ideal de gobernante era el progreso y el cumplimiento de la Constitución y las leyes", 34 es decir, el viejo lema de la Generación del 80 a la que Civit perteneció, aunque pronunciado casi treinta años más tarde y ante un escenario histórico totalmente transformado. Civit y el poder político y económico Si recordamos nuestro anterior planteamiento de analizar el poder desde lo que se hace, desde "el poder para qué", la legislación civitista es un acabado modelo de los gobiernos oligárquicos provinciales y de la estrecha relación entre estado, política y economía. Apuntó decididamente a la consolidación del modelo agrícola industrial, al que previsoramente intentó diversificar: estudios sobre irrigación, reglamentación de concesiones de agua, creación de la Dirección de Industrias, mejoramiento de los medios de comunicación y transporte. El Estado, según palabras de Civit, debía impulsar el desarrollo provincial con sus tierras, sus rentas y recursos. Para ello se daría al Banco de Mendoza el carácter de banco habilitador para los pequeños y medianos propietarios. Los fondos para estos créditos se obtendrían a través de la venta de tierras fiscales, de la emisión de PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. Tomo LIII, 2, 1996 letras de tesorería, de los empréstitos externos y de la imposición fiscal (que se duplica). 35 Ya en la época se comentaba que los beneficiarios de su gestión eran los mismos de siempre: el agua, las tierras y los créditos habían sido repartidos "en casa". 36 Esta opinión puede ser corroborada a través del análisis de los beneficiarios de los créditos y de las concesiones de riego, de obras públicas y de varios servicios, que fueron a parar a manos del grupo de siempre. Así fue como el sector tradicional siguió controlando durante décadas importantes resortes económicos: el matadero cuya concesión estaba en manos de Elías Villanueva, la empresa de tranvías a caballo de los Civit, el mercado central de Civit y Villanueva, la compañía de alumbrado a gas de los mismos propietarios, la del adoquinado, las concesiones de riego, los negocios de tierras y otras muchas y redituables oportunidades económicas que iban surgiendo con la expansión económica. Por otra parte debemos destacar la gran cantidad de recursos asignados al control social, la contracara del progreso de la época. Del presupuesto destinado al Ejecutivo, un 50% se derivaba a la policía, mientras que solamente el 17% a obras públicas. Los mecanismos de control sobre la sociedad estaban perfectamente afinados y si se recorren las páginas de los diarios de la época surgen las críticas hacia la falta de libertad, detenciones y espías o "vichadores". El control también se llevó a cabo a través del fraude electoral y del manejo oficial de algunas entidades sectoriales como la Bolsa Vitivinícola, integrada por los bodegueros civitistas. Esta agrupación, creada durante su gestión, manejaba importantes sumas. Servía de lobby para los grandes bodegueros y como instrumento para manejar el precio de la uva. Suplee sostiene que el mayor apoyo a Civit estaba dado por los bodegueros extranjeros, que lo veían como un trampolín para tener más poder. Pero a pesar de los deseos de la burguesía bodeguera de que Civit interfiriera personalmente en la cuestión de los precios, no fue un tema en el que se inmiscuyera directamente, sino a través de dicha entidad. 37 ANA MARÍA MATEU 14 35 Debemos hacer la salvedad de que muchas de estas leyes quedaron en letra muerta. Podemos dar como ejemplo los créditos recién mencionados, de crucial importancia para el despegue vitivinícola, que no entraron en vigencia hasta varios años despúes. La posible demora se atribuyó a las dificultades en la venta de las tierras públicas que proveerían los fondos necesarios, aunque también podría relacionarse con el cambio de guardia dentro de las filas conservadoras y su circunstancial oposición a las prácticas civitistas. Anuario de Estudios Americanos La concepción civitista del Estado y del poder tuvo su expresión institucional en la Constitución de 1910, a la que podemos considerar su hija ideológica. 38 Para Civit, el Estado era él y de esta concepción no podía surgir el respeto por la clásica división del poder en tres órganos. Aunque ya existía una tradición nacional de un ejecutivo fuerte, la Constitución provincial le otorgó al gobernador tantas facultades, que motivaron que el texto fuera tachado de inconstitucional por el Colegio de Abogados mendocino debido a su alejamiento de los principios del racional normativismo jurídico y por consagrar la "suma del poder público". 39 La Legislatura y el Poder Judicial se vieron menoscabados en sus funciones por su estrecha dependencia del Ejecutivo y el ciudadano quedó desprotegido frente al Estado al suprimirse la garantía del hábeas corpus existente en los textos de 1895 y 1900, así como los requisitos para las ordenes de pesquisa, secuestro de bienes y detenciones e incomunicación. A pesar de que el derecho de huelga se incluyó en los textos constitucionales en fechas muy posteriores, debemos resaltar que en la Constitución de 1910 fue expresamente prohibido. Por otra parte, fue el único tema que originó discusiones en el seno de la Convención, porque algunos miembros defendieron este derecho, al que consideraban como una libertad de los trabajadores. La postura contraria era sostenida por aquellos que temían la presencia de los agitadores, en lo que ellos consideraban "el tranquilo panorama social mendocino". Demostrando alguna preocupación social se estableció, por primera vez, que la Legislatura dictaría leyes amparando la libertad de trabajo y reglamentando el de las mujeres y niños, medidas que más tarde se harán efectivas con el gobierno de José Néstor Lencinas, aunque el gobernador Alvarez presentará en 1917 un extenso proyecto de legislación obrera que no llegó a sancionarse. 40 Es decir, que todavía para los años del Centenario, la vieja "oligarquía" mendocina, que se había convertido en una parte importante de la burguesía vitivinícola, seguía aumentando su poder. Su lugar estratégico en PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 1880-1920 15 el Estado le había permitido conocer las actividades más lucrativas o impulsar las que considerase convenientes. La acción de gobierno civitista, así como la de los anteriores gobiernos de la llamada "oligarquía" mendocina, había servido para la consolidación de aquellas relaciones económicas y sociales que mantenían y reforzaban la situación de privilegio del grupo tradicional. Este grupo también había controlado el aparato financiero e impuesto al Estado un rol intervencionista que socializó los costos y los riesgos, mientras que los beneficios se redujeron al grupo de siempre. Pero esta última afirmación debe ser matizada porque el desarrollo agrícola e industrial también reportó oportunidades de trabajo a los sectores populares y de acceso a la propiedad de la tierra a los sectores medios. Sin embargo, los años del Centenario representaron el fin de estos viejos gobiernos, que tuvieron que llamarse a retiro hasta 1930. El desequilibrio originado por los profundos cambios producidos en el país y en Mendoza se había hecho evidente y la correspondencia entre el poder político y económico había comenzado a resquebrajarse. La reforma electoral de Sáenz Peña permitiría blanquear la realidad del país. Nuevas relaciones sociales y políticas Si prestamos atención a los actores sociales y políticos que están presentes en la Mendoza del Centenario, podemos darnos cuenta de los profundos cambios producidos desde 1880. Desde el punto de vista económico, el poder se encontraba en manos de los grandes bodegueros y vinateros, que en su mayor proporción eran extranjeros. El proceso de desenvolvimiento agrícola e industrial había permitido hacer realidad, para algunos, la esperanza de ascenso social. Muchos inmigrantes habían logrado acceder a la propiedad de la tierra y tener su pequeña bodeguita. Otros se habían dedicado al comercio y veían con orgullo como sus hijos se convertían en profesionales. En 1910, el 56% de las compras efectuadas en los seis departamentos más poblados de Mendoza estuvo en manos de extranjeros. Se daba un fluido movimiento inmobiliario en el que participaban los inmigrantes, en mayor proporción como compradores, pero también vendiendo y así evolucionando en su capital. En lo referido a las hipotecas, el 40% de las operaciones estaba rea-ANA MARÍA MATEU 16 Anuario de Estudios Americanos lizada por extranjeros como otorgante y 47% como aceptante, lo que implicaba que se endeudaban para seguir evolucionando, pero también que poseían capitales suficientes como para prestar dinero. 41 Los inmigrantes más destacados participaban del directorio de los bancos y tenían un rol importante en las entidades empresariales y de socorros mutuos. Alrededor de 1915 manejaban el 82% de los establecimientos industriales. 42 Si bien una gran proporción de estos grupos de origen extranjero integró los estratos medios, también muchos formaron parte de los sectores populares. Un estudio sobre el trabajo y los comportamientos familiares en Mendoza sostiene que en la última década del siglo se podía observar una minoría de trabajadores con mayor especialización que tenían empleo estable y un salario relativamente alto (maestros en los diferentes oficios o empleados de comercio). Pero en general existía una mayoritaria proporción de trabajadores con escasa o ninguna calificación, que alternaban el empleo remunerado con otras formas de subsistencia. La situación de los trabajadores populares criollos se veía agravada por la competencia de la mano de obra extranjera, hacia la que el grupo dominante mostraba sus preferencias. 43 La vida urbana sufrió modificaciones y mostró los cambios y desajustes sociales, alternando lujosas viviendas con inquilinatos y rancheríos. Sin embargo, en los cenáculos del poder se creía que en aquella Mendoza "progresista y tranquila" no podrían generarse huelgas: "Qué se pretende en un pueblo como el nuestro, donde hoy existe plétora de trabajo... Si el trabajador comparte, aquí, en nuestro país por mitades el beneficio del capital... En Mendoza tenemos un ejemplo vivo. Toda la propiedad está entregada a la mediería con el trabajador -las viñas, por ejemplo-contratada con el 25% es una prueba de concordia entre capital y trabajo (y aclara que el 75% es utilizado para el pago de impuestos, reparaciones, etc)". 44 La crisis del 90 había mostrado con crudeza algunas consecuencias del modelo económico conservador. A la falta de trabajo se le unió el alza de los precios de los artículos de primera necesidad. Las páginas de los diarios mendocinos de la época muestran que la escasez de demanda laboral PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 43 Prieto, María del Rosario y Choren, Susana: "Trabajo y comportamientos familiares en una ciudad finisecular. acrecentó las actitudes xenófobas de los los extranjeros. Algunas colectividades llegaron a exigir garantías para sus connacionales, que eran apedreados por las calles de la ciudad. Los extranjeros habían comenzado a participar en política dentro de las municipalidades, cuyas reglamentaciones no los limitaban para votar y ser electos candidatos. 45 Pero aun esta acotada participación generaría recelos en los sectores dirigentes. Un orador del Partido Popular, fracción separada del civitismo, expresaría en un mitin los temores de la clase dirigente por perder su situación de predominio, atacando "a esos gringos que abandonaban el azadón o la bordalesa para participar en las contiendas políticas". Estas palabras produjeron la reacción en aquellos que reconocían la importante misión del extranjero en el país y creían que no se les podía relegar únicamente al trabajo, igualándolos al buey o al mulo que mueve la noria. En 1890 había nacido la Unión Cívica, en medio de las graves dificultades económicas que sacudieron al país y como una respuesta distinta a un profundo malestar social y a un sistema político elitista que no permitía la participación popular. Dentro de este movimiento heterogéneo surgió la Unión Cívica Radical, opuesta a toda connivencia con lo que llamaba el "regimen falaz y descreído". Su lucha se centró en la revolución y en la abstención electoral para reclamar que el pueblo no sólo pudiera elegir a sus representantes, sino también ser elegido. Los sucesos del año 90, tuvieron repercusión en Mendoza, donde también se gestaron acuerdos e intransigencias. Los "cívicos" mendocinos, al igual que los nacionales, eran también una mezcla de personajes que fueron depurándose a través de las propias prácticas políticas. 47 Algunos habían militado en las filas de los gobiernos de la oligarquía, mientras que otros no habían tenido participación política. Aunque algunos evolucionaron hacia posturas más progresistas, otros volvieron a militar en las huestes conservadoras. Ya en 1882 se había producido un movimiento colectivo de los inmigrantes para hacer efectiva su participación a través de la creación del "Comité de Orden y Trabajo". A pesar del apoyo de Lencinas y Tiburcio Benegas, despertará resquemores en los mayoría de los sectores dirigentes, que veían al extranjero únicamente como una fuente de mano de obra. 47 Mateu, Ana: "Crisis son las de ahora o eran las de antes". De las dos ramas en que la Unión Cívica mendocina, la fracción por José Néstor Lencinas formó la Unión Cívica Radical y adoptó la intransigencia como arma de lucha contra los gobiernos conservadores. Este abogado, perteneciente a una familia de cierta posición económica, pero ajena a los resortes del poder, encabezó la fallida revolución radical de 1905 en Mendoza y desde 1906 presidía el comité provincial de la UCR. Su personalidad tenía los ribetes de un caudillo popular, unidos a un gran misticismo e inflexibilidad para los "contubernios" políticos, que junto al reconocimiento del pueblo constituían su mejor capital político. Un sector del radicalismo pactará con Civit, integrando en 1895 los "Partidos Unidos", en los que se mezclaban liberales, cívicos y radicales moderados. Esta fue otra de las maniobras de Civit para continuar la hegemonía liberal durante casi veinte años más. En las lides políticas el comité había reemplazado al club y era el instrumento de difusión del partido, que de esta manera se había acercado a otros sectores sociales e incorporado a nuevos actores a través de la democratización de las prácticas políticas. 48 La ley electoral de 1912 significó un cambio fundamental en los comportamientos electorales. Permitió "blanquear" la realidad social del país, posibilitando que los nuevos actores pudieran participar y dando por terminada la abstención radical. 49 Con la presencia de los radicales lencinistas y de los socialistas 50 las luchas políticas mendocinas comenzaron a tener sus ingredientes ideológicos y se discutieron otros temas. Es ilustrativo el ejemplo de los debates pronunciados durante la Convención Constituyente de 1916, en la que los socialistas defenderán la lucha de clases y la dictadura del proletariado o pondrán en duda cruda y abiertamente la existencia de Dios. 51 PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 1880-1920 19 48 Pablo Lacoste, en su libro Hegemonía y poder..., afirma que entre los revolucionarios de 1905 la mayoría eran trabajadores mendocinos, no había hijos de inmigrantes y las clases altas y medias estaban escasamente representadas. Las primeras organizaciones de trabajadores habían surgido en los años 80 con el Club de los Artesanos, que en un principio funcionaba como clientela política del oficialismo y luego de 1891 reafirmó su autonomía y se pronunció por Lencinas. 49 Con anterioridad a la reforma de Sáenz Peña, el padrón electoral estaba formado por el 8,61% de la población y de éste votaba solamente el 14%, siendo electores únicamente un 1,20% de los habitantes. Ver Lacoste, Pablo: Hegemonía y poder... La reforma aumentó considerablemente la participación política. 50 En 1914 será electo Ramón Morey, el primer diputado socialista de Mendoza. 51 Morey, convencional socialista, manifestará que había llegado el momento de la organización de los trabajadores, que constituía a su juicio la forma más inteligente de la lucha de clases. Criticará la situación del país, manifestando que no faltaba el trabajo, pero existían ollas populares, barrios insalubres y la mortalidad más alta del mundo. Mendoza, Debates..., pág. 48. Las disputas políticas ya no eran más pares o "hermanos de una misma los conflictos entre los miembros de la vieja oligarquía persistieron. En 1914 a Civit le sucedió en el gobierno Rufino Ortega y durante su gestión se produjo en el seno de la clase dirigente tradicional un planteamiento reformista de las prácticas políticas, aunque limitándolo solamente a la crítica al autoritarismo civitista y a algunas medidas de la gestión anterior. Esta fracción tomará el nombre de Partido Popular y a pesar de sus intentos de alejamiento, terminará uniéndose nuevamente al civitismo para formar el Partido Conservador. El poder de los bodegueros La vocación de poder de la burguesía bodeguera se iba haciendo cada vez más evidente y ello motivó una participación más directa en las luchas políticas. En la contienda electoral de 1914 se presentó una agrupación denominada "Unión Industrial" integrada por bodegueros, que manifestó que, por carecer de preferencias políticas, sumaría sus votos a aquél que le diera mayores beneficios. Creemos en la elocuencia de este ejemplo para demostrar el oportunismo político de este grupo en su lucha por obtener mayores ventajas. La lista de candidatos del Partido Popular también incluyó a dos bodegueros importantes: Lucio Funes, miembro de la Sociedad Vitivinícola, y Pedro Benegas, de la bodega Trapiche, mientras que otro grupo de bodegueros independientes postuló a Isaac Chavarría, uno de sus miembros. La preocupación de la burguesía por acceder a algunos cargos del poder formal del Estado, no significa que no hubiera sido la principal beneficiaria de "la política" estatal desde 1880. El Estado provincial apoyó con todos sus recursos a la vitivinicultura, que se había convertido en la actividad hegemónica. Toda la legislación de esa época tendía a favorecerla y consolidarla y su existencia se veía reflejada no sólo en lo económico, sino en los niveles cultural, social y político. Esto nos permite sostener que la burguesía vitivinícola constituía el sector dominante porque el Estado reproducía un tipo de relaciones que favorecía a ese sector y no a la totalidad de los sectores de la economía provincial ni a los subsectores vinculados a la vitivinicultura. Los bodegueros desempeñaban el papel central y articulador en la estructura productiva porque imponían las pautas básicas de comportamiento y organización de las otras actividades vinculadas. Su ANA MARÍA MATEU 20 Anuario de Estudios Americanos preponderancia en las prácticas vitivinícolas tenía un marco legal, ya que siempre sido apoyada desde el estado. 52 El ser la uva un producto muy perecedero y que pierde rápidamente el grado y el peso adecuados para su elaboración, permitía al bodeguero especular con el precio que creyese más conveniente ya que, si no llegaban a un arreglo, el viñatero perdía su producción. Otro factor que revela la importancia de los bodegueros es el sistema de financiación de la compra de uvas, que eran pagadas en cuatro cuotas trimestrales, mientras que ya a comienzos de julio se podía vender el vino. Los bodegueros siempre intentaban mantener el precio de la materia prima en niveles lo suficientemente bajos como para que no encarecieran la elaboración, y en caso contrario, se recurría a la vieja táctica de la adulteración, aguando los vinos o mezclándolos con otros productos para aumentar los volúmenes. 53 El conflicto de intereses dentro de la industria, tenía su expresión política. Los conservadores estaban claramente identificados con los intereses de los bodegueros y muchos de sus miembros formaban parte del sector. Por el contrario, la postura radical lencinista era que los beneficios de esta industria se hicieran extensivos a los otros sectores de la sociedad. Esta posición, según sostiene Rodríguez, estaba en consonancia con la revaluación social de los sectores más necesitados y con una filosofía liberal solidarista, aunque no se pretendiera sustituir la base capitalista de la sociedad. Tras la victoria de los populares y de su candidato Francisco Alvarez en las elecciones para gobernador de 1914, los radicales emitirán un comunicado sosteniendo haber sido pulverizados entre "el rodar de las bordalesas y la vil influencia de los billetes de banco", aludiendo a los soportes económicos de la agrupación triunfante. 54 No vamos a entrar en detalle en los distintos aspectos del gobierno de Francisco Álvarez, don Pancho Hambre, el de las ollas populares, como lo conoció la posteridad. 55 En lo político fue una gestión vacilante, complica-PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 1880-1920 21 52 Las palabras de Civit en 1909 son demostrativas de la tutela de la vitivinicultura por parte del Estado: "La provincia ejerce primera y directamente su influencia de estado protector sobre su industria, la cuida, la depura, la fiscaliza, la defiende. Es al amparo de las leyes provinciales, y por los estímulos y cuidados de ella, que nuestra principal industria ha crecido y prosperado". Álbum del centro vitivinícola, pág. 22. 54 Olguin, Dardo: Lencinas, el caudillo radical. 55 La obra de gobierno de Álvarez puede verse en Armendáriz de Faba, María del Carmen: "El gobernador Francisco Alvarez". Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, Segunda Epoca, 9. y en Mateu, Ana M.: El gobierno de Francisco Alvarez, 1976. Tomo LIII, 2, 1996 da por el triunfo de Yrigoyen la Nación y de Lencinas como diputado Luego de la ruptura entre ambas populares y civitistas volverán al tronco común e integrarán juntos el Partido Conservador. Los bodegueros al poder: la creación de la compañía vitivinícola La creencia compartida en el progreso indefinido de la industria vitivinícola comenzó a quebrarse a principios de siglo. Algunas dificultades propias de la falta de planificación y de un optimismo exagerado, hicieron temer por la continuación de un proceso de acumulación de capital que había dado excelentes frutos a los bodegueros. Debido al exceso de producción se había acumulado un gran stock de vino coincidente con una retracción en el consumo. Para equilibrar el mercado y la producción, el gobierno de Francisco Álvarez crea la "Comisión de Defensa y Fomento Industrial", que toma la decisión, por primera vez en la historia mendocina, de tirar el vino por las acequias y erradicar viñedos. Esta medida, cuyo objetivo era defender el precio del vino para proteger los intereses de los bodegueros, no trajo la solución al problema, aunque repercutió desfavorablemente en los vinateros y en los sectores populares, que perdieron oportunidades de trabajo. Para defender un modelo que había dado buenos resultados a los sectores dirigentes, el gobierno creó en 1916 la Cooperativa Vitivinícola, confirmando el carácter clasista del Estado. La presión de los bodegueros se hace particularmente notoria cuando vemos adjuntados al expediente de la ley, las peticiones de bodegueros y vinateros representantes de un volumen de elaboración equivalente al 72% provincial. La ley de creación de la Cooperativa establecía un impuesto casi equivalente al precio de la uva y del vino, que estaba destinado a otorgar una prima a toda cooperativa que se crease (se llegó a crear solamente una) y que reuniera asociados que elaborasen como mínimo un millón de hls. La cooperativa debería unificar las condiciones de compra y venta y mantener un perfecto equilibrio en el mercado, comprando la producción a los vinateros asociados y estableciendo para la venta del vino un sistema de prorrateo. Debemos resaltar que este impuesto era confiscatorio porque casi equivalía al costo del producto ($ 7 por hl. en 1916). Por otra parte, en la ANA MARÍA MATEU 22 Anuario de Estudios Americanos práctica constituía un instrumento de presión porque solamente cobrado a aquellos que se asociasen a la misma, y devuelto los socios. Esto vulneraba el principio de igualdad y libertad de trabajo. Debemos aclarar que ninguno de los sectores vinculados a la agroindustria desconfiaba de las bondades del cooperativismo, pero el accionar de esta entidad coercitiva dividió a los industriales mendocinos que manifestaron por las calles su apoyo o rechazo a la ley. Del análisis de los estatutos de la sociedad surge con claridad que constituía un dispositivo de control instrumentado por los grandes bodegueros y vinateros para controlar la industria y asegurarse la mayor acumulación de capital. Eran directores por derecho propio, aquellos industriales que elaborasen más de 80.000 hls., por ejemplo, Arizu, Escorihuela y Giol. Aunque entre los directivos propuestos por los accionistas había algunos medianos elaboradores, no había ningún lugar para los pequeños. Las utilidades se repartirían un 35% para los bodegueros y un 35% para los vinateros, según su número de acciones, y los mayores accionistas eran los grandes productores y elaboradores y el resto para los titulares de acciones preferidas, para el Directorio, para fondos de reserva y beneficencia. Se prohibía a los socios cualquier tipo de operaciones con los no asociados y la Cooperativa tenía una importante fuente de ingresos en el cobro de las seis comisiones distintas por las operaciones que se realizaran dentro del mercado. El conflicto económico que generó la actuación de esta Compañía Vitivinícola tuvo profundas repercusiones políticas y fue visto, como otra de las manifestaciones de la Causa contra el Régimen. José Néstor Lencinas: el poder contra el poder José Néstor Lencinas marca en la historia provincial un nuevo estilo político. Ya desde sus inicios demostró sus profundas diferencias con sus antecesores con una popularidad cimentada en sus viajes por toda la provincia y en sus contactos personales con la gente del pueblo. Un artículo del diario radical "La Palabra" nos aclara qué era lo que veía el pueblo en este caudillo: "el nombre de Lencinas significa toda una sacrificios y altivez ciudadana. Es la síntesis treinta años de intensas agitaciones, de batallar constante, de lucha denodada. Es la expresión más clara y más sincera de los ideales del pueblo que ha dormido en la plaza y en la calle, que ha tenido hambre y ha tenido sed, que ha sido sableado por los groseros escuadrones de la oligarquía y todo por el ominoso delito de ser argentino en tierra argentina, de querer la libertad de conciencia y la libertad de opinión, de querer el trabajo digno y la paga justa, de querer la patria grande y libre... y no la patria triste... a quien han manejado las oligarquías de los Civit, Villanueva, Alvarez y Aguirre...". 57 Por primera vez en las luchas políticas mendocinas se estaban enfrentando no solamente dos candidatos, sino distintos sectores de la sociedad, que parecían irreconciliables. Se había llegado a una polarización de la vida política, expresada en la trayectoria de los dos candidatos que disputaban el cargo de gobernador -Emilio Civit y José Néstor Lencinas-y en la carga simbólica que expresaban los calificativos a los partidarios de ambas agrupaciones. Los lencinistas fueron bautizados por sus contrincantes como "chusma de alpargata" y los conservadores como "chusma de traje de etiqueta", haciendo alusión a los soportes sociales de ambas agrupaciones. Algunos radicales llegaron a usar un distintivo en forma de alpargata en el ojal. En los discursos proselitistas se hacía gala de una concepción maniqueísta de la política: "los buenos, los lencinistas contra los malos, los conservadores". Estos últimos también trataban de mostrar una oposición en cuanto a estilos de vida: la "gente bien" contra la "chusma". Así, comenta el historiador Celso Rodríguez que el dirigente conservador Manuel Ceretti expresó en un mitin partidario que los votantes deberían decidir entre el Partido Conservador, es decir, "la intelectualidad, la preparación, la cultura", o el Partido Radical o la "incapacidad, el atropello, la desfachatez, el unicato presidencial". Afirma también que los conservadores criticaban la propaganda lencinista como maximalista y a Lencinas como el soviet mendocino, sin reparar en que esta agrupación con su acento obrerista era un freno para doctrinas extremas. Lencinas y su acción de gobierno El rol de opositor que Lencinas había desempeñado durante la mayor parte de su vida política había endurecido sus posturas. Cuando asume la ANA MARÍA MATEU 24 57 Rodríguez, Celso: Lencinas y Cantoni. El populismo cuyano en tiempos de Yrigoyen, Buenos Aires, 1979, pág. 56. gobernación en 1918 el panorama estaba bastante ya que ni el oficialisno ni estaban dispuestos al diálogo. Desde el primer día de su gobierno Lencinas demostró un nuevo estilo de gobernar y de relacionarse con la gente. 58 Si nos atenemos a nuestro anterior planteamiento de analizar el poder desde el "para qué", también detectamos las profundas diferencias con los gobiernos del pasado. Su lema fue "El pueblo debe gobernar", opuesto al "orden y progreso" de las administraciones anteriores. La obra de Lencinas en el ámbito de la legislación social constituyó la base de su apoyo popular: ley de jubilaciones para los empleados públicos provinciales, jornada laboral de ocho horas, salario mínimo y creación de un entidad para verificar el cumplimiento de las normas laborales. Logró mejorar el jornal de un peón de bodega en un 150%. El poder tenía para Lencinas otro sentido y era el de mejorar las condiciones de vida de los sectores más desposeídos y lograr una sociedad más justa. Para aumentar la participación en el poder de otros sectores de la sociedad, sancionó el proyecto de dietas legislativas, apoyado por radicales y socialistas, pero duramente combatido por los conservadores. El objetivo de esta ley era retribuir los servicios de la gente con menores recursos que por primera vez se sentaba en las Cámaras. Otras leyes estuvieron relacionadas con la normalización institucional de los municipios y de las autoridades de irrigación, aunque en lo referido a educación no logró hacer efectivas sus promesas de instalar cien escuelas rurales. Lencinas y la vitivinicultura Conservadores y radicales diferían en el planteamiento relacionado con el origen de la "crisis vitivinícola". Para los primeros la explicación residía en que el alto precio de la uva y el vino habían hecho crecer un optimismo exagerado, que hizo multiplicar las plantaciones y la elaboración en forma desproporcionada al consumo. Los radicales creían que no había superproducción y sostenían que había que disminuir los gastos de explotación y desarrollar una buena política de comercialización. Denunciaban además el problema de las adulteraciones llevadas a cabo por los bodegue-PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 1880-1920 25 58 Lencinas abrió las puertas de la casa de gobierno para que el pueblo la visitara y ofreció un banquete popular para festejar su asunción. Decretó feriado el 1 de mayo, propuso levantar un monumento al trabajador e incluyó a un obrero en las comisiones asesoras del gobierno. ros, que de esta forma aumentaban los volúmenes de producción. Por boca de Leopoldo experto en el tema que se como ministro de los dos gobernadores Lencinas, podemos conocer la opinión radical: "yo creo que la solución definitiva de la crisis vitivinícola está en aportar con decisión y seriedad por parte de la autoridad el problema de la economía agraria, el problema de la explotación con derecho de agua..., fomentando el crédito agrario para que de el capital necesario a la tierra, que entraría así en franca producción, única manera de conseguir disminución en los gastos de explotación del vino y, por consiguiente, la solución del problema". 59 Esta opinión era compartida por Bialet Massé, que en su informe de 1906 criticaba la falsa idea de la superproducción, sosteniendo que faltaban mercados, mejoramiento de la calidad y combatir la falsificación. 60 Ya en ese momento denunciaba este autor que los pequeños y medianos bodegueros y vinateros eran explotados "como los cañeros del Tucumán". Lencinas, al llegar al gobierno intentó frenar la preeminencia de los grandes bodegueros, tarea que en la época se expresó simbólicamente en el slogan "alpargatas contra bordalesas". Creía que era un deber del estado regular la riqueza básica de Mendoza, limitando las fluctuaciones de precios y la sobreproducción. La postura radical relacionada con la necesidad de un reparto más equitativo de capital para todos los sectores vinculados a la vitivinicultura fue el origen de su intervención a la Compañía Vitivinícola y de la confirmación de dos leyes sobre el tema sancionadas en 1919, que creaban las llamadas bodegas regionales para la defensa de los vinateros sin bodega y el seguro obligatorio contra el granizo. Estas medidas, sin embargo, no tuvieron éxito y fueron rechazadas por vinateros y bodegueros por la carga impositiva que implicaban. Afirma Celso Rodríguez en su trabajo, ya citado, sobre el lencinismo que "la política de Lencinas demostró ser beneficiosa para todos los sectores de la industria; los bodegueros debieron pagar mejores jornales, brindar mejores condiciones de trabajo y abonar a los viñateros un precio razonable. En contraste con la rienda libre que los bodegueros disfrutaban desde entonces, las nuevas normas les impusieron obligaciones específicas. Sin embargo, sus actividades no se vieron perjudicadas...". 60 Bialet Masse, Juan: El estado de las clases obreras argentinas a comienzos de siglo. Así como fue denodada la lucha de José Néstor Lencinas por acceder poder, fue de ardua su pelea gobernar en medio de tanta oposición. Su acción de gobierno la realizó a través de acuerdos ministeriales, porque los poderes legislativo y judicial estaban en manos conservadoras. Fue duramente combatido en lo que él mismo llamó la "guerra de los tipos y los linotipos". Sus enfrentamientos con los diputados conservadores electos, con la prensa, con el Poder Judicial y hasta con su vicegobernador fueron minando su prestigio y distanciándolo del presidente Yrigoyen. La intervención federal truncó su primer año de gobierno y luego de su reasunción, la enfermedad y la muerte le privaron de hacer realidad muchas de sus aspiraciones. Su mayor opositor, la Compañía Vitivinícola, también era un reducto conservador. Debemos remarcar que la mayoría de los miembros de la Compañía eran dirigentes del partido Popular y ocupaban cargos en los tres poderes del estado. Los opositores consideraban a esta entidad como un "gobierno industrial frente al elegido por el pueblo", o un verdadero "contrapoder", por los inmensos recursos que movilizaba. 62 Según Dardo Olguín, "el estado era un ente insignificante frente al poder de ese organismo, desde el cual una oligarquía industrial manejaba precios y destruía cosechas pesando como una carga fatal para todos los que vivían bajo su férula". 63 El caudillo radical, enterado de las graves irregularidades en que esta sociedad había incurrido, 64 decide intervenir la cooperativa y proponer una modificación en sus estatutos que disminuyera el poder de los grandes productores, "príncipes y potentados de la industria" según el diario radical "La Palabra". Los legisladores conservadores interpelaron al ministro de Industrias y en esa oportunidad el diputado conservador Arroyo, bodeguero y director de la Compañía, defiende la actuación de la cooperativa y de los sistemas monopólicos, llegando a decir que no puede privar el argumento de las cinco personas del Ejecutivo que no tienen intereses en la industria, contra la opinión de 3.600 industriales con 67.000 has. de viña PODER Y RELACIONES POLÍTICAS EN MENDOZA. 64 La Compañía se había convertido en una entidad monopólica, que falseaba los precios, favorecía a algunos socios en detrimento de otros, hacía compras de uva al bulto y según la cosecha anterior sin reparar en que había habido menor producción, etc. El ministro Teissaire le interrumpió para decirle que los miembros del Ejecutivo no pertenecían a la Compañía porque felizmente terratenientes. Es decir, que los bodegueros, través de sus portavoces conservadores, le estaban negando el derecho de decidir sobre la industria vitivinícola al gobierno lencinista por el simple hecho de no pertenecer al sector. La Suprema Corte Provincial, que en un principio se había mantenido al margen porque sus miembros eran socios de la Compañía, decide intervenir y declarar nulo el decreto de Lencinas de intervención a la Compañía. Esto origina un grave conflicto institucional porque Lencinas declara en comisión al Poder Judicial, al que consideraba un obstáculo para su tarea de gobierno. Este tribunal ya en otras ocasiones había mostrado su oposición a Lencinas y en esta oportunidad solicita a Yrigoyen la intervención federal a la provincia, que termina decretándose. En forma casi contemporánea, el fallo de la Suprema Corte Nacional declarando la inconstitucionalidad de la ley de creación de la Cooperativa, terminaría por dar la razón a Lencinas. En síntesis, la actuación de la Cooperativa intensificaría las desigualdades subyacentes en el modelo vitivinícola y exacerbaría los sentimientos partidarios de los radicales, que percibieron esta lucha como de vida o muerte. En esta pugna entre conservadores y lencinistas se mezclaba la defensa de la continuidad de un modelo económico que aseguraba la mayor acumulación de capital para los grandes bodegueros y vinateros y también la lucha por la supervivencia del sistema político conservador que, con la llegada del radicalismo al poder, había tenido que dar un paso atrás. Creemos que este conflicto constituye para la época, el capítulo más elocuente de la lucha entre el poder económico y el poder político, que habían dejado de estar identificados. La sanción de la ley Sáenz Peña permitió que ingresaran a la escena política nuevos actores que pusieron en duda la legitimidad del orden conservador y terminaron por demostrar cual había sido el precio del progreso.
Pedro de Valencia, del que apenas se sabía nada como cronista de las Indias, brillaba con luz propia en aquella España de Felipe III, tan envuelta en problemas y en crisis. Precisamente coincidiendo con una de las más graves, la bancarrota de 1607, Valencia será nombrado cronista e historiógrafo oficial de las Indias. Era la España del duque de Lerma, caracterizada por el nepotismo del valido y la promoción de personas de poca categoría a los puestos oficiales. Sin embargo, entre ellas hubo algunas de notable valía y reconocido prestigio, como la del hombre que ahora nos ocupa. Pedro de Valencia fue un polígrafo como otros muchos de su tiempo y, sin duda, uno de los intelectuales de más relevancia, querido y admirado por personajes como Céspedes, Arias Montano o Góngora. Aunque desde el siglo XVIII su figura había tratado de ser revitalizada en varias ocasiones, casi nada se sabía de su labor como cronista de Indias hasta ahora. Carbia le consideró un cronista secundario o menor; 1 Esteve Barba ni siquiera lo nombra en el conjunto de cronistas oficiales; 2 Schäfer simplemente expresa que su nombramiento se debió a algún motivo personal, por lo que después de su muerte la plaza no volvió a ser proveída. 3 Todos ellos ignoraron o menospreciaron la actividad de este hom- bre como cronista, pero hoy se ha podido hacer justicia, porque su obra ha sido descubierta recientemente y publicada ya bajo su nombre. 4 El reciente estudio de su vida y su obra nos deparó la grata sorpresa de hallar no pocas noticias sobre la labor indiana de Valencia. Parece que sólo llegó a realizar dos obras. Su primera y más importante actividad fue dar forma a las Relaciones Geográficas, que se hicieron siguiendo el cuestionario de 1604. La segunda consistió en recoger información oral y escrita sobre la Historia de la Guerra de Chile, que nunca llegó a tomar forma definitiva, pero cuyos materiales suponemos que utilizó posteriormente Luis Tribaldos de Toledo para realizar su obra Vista general de las continuadas guerras i difícil conquista del gran reino i provincias de Chile. 5 Cierto es que las Relaciones Geográficas no eran desconocidas, pero nadie había atribuído su autoría a Pedro de Valencia, hasta su reciente publicación. 6 El hallazgo nos abrió un campo de investigación que por el momento parece no agotarse y continuamente brinda nuevos datos sobre este cronista de Indias. Una vez publicados los dos volúmenes de la obra de Valencia como cronista, han sido localizadas nuevas aportaciones documentales que nos vienen a dar más luz sobre el asunto, bien corroborando lo que en algún momento dábamos como suposición, bien corrigiendo algunas de nuestras hipótesis anteriores. Breves datos biográficos 7 Pedro de Valencia nació en Zafra (Badajoz) el 17 de noviembre de 1555, en el seno de una familia cuyo padre, Melchor de Valencia, prestaba JESÚS PANIAGUA PÉREZ 2 4 Valencia, Pedro de: Obras Completas. Relaciones de Indias, León, 1993-1995, 2 vols. La publicación ha sido posible gracias a un equipo interdisciplinario de investigadores de la Universidad de León, bajo la dirección del catedrático de griego de dicha Universidad, Dr. Gaspar Morocho Gayo; todos ellos se hallan empeñados en la publicación de la obra de los humanistas más relevantes, en un proyecto financiado por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica. 5 Un manuscrito se halla en la Real Academia de la Historia en un volumen de 210 folios. 6 Valencia, Pedro de: Obras Completas...; Morocho Gayo, Gaspar: "El testamento de Pedro de Valencia", Revista de Estudios Extremeños, t. 7 Datos biográficos de este autor pueden verse en las introducciones de los dos volúmenes de su obra americana; Pedro de Valencia, Obras Completas...; y dentro de las mismas obras, en el volumen dedicado a Escritos sociales y económicos, vol. IV/1. Serrano y Sanz, M.: Pedro de Valencia. López Navío, J.: Nuevos datos sus servicios a los condes de Feria. En esa localidad se educó con su pariente Antonio Márquez, del que aprendió latinidad. Desde Zafra se trasladó con su familia a Córdoba en 1568, donde estudió en el colegio de los jesuitas, cuando todavía estaban imperantes las ideas del maestro Avila, que había fundado dicha institución. Una vez acabados sus estudios en Córdoba, en 1572, sus padres decidieron enviarle a la Universidad de Salamanca para que estudiase Leyes, aunque él ya mostraba una clara inclinación por la Teología, materia que presentaba ciertos peligros en aquellos momentos, como él mismo tendría ocasión de comprobar en el tiempo que duró su estancia en la ciudad del Tormes. Durante su permanencia en ella, coincidió con las causas de fray Luis de León, Martínez Cantalapiedra, Gaspar de Grajal, etc. Además, allí tomó clases de griego con otro gran maestro extremeño perseguido por la Inquisición, El Brocense, que probablemente fue quien le introdujo en las tendencias neoestoicas de Justo Lipsio. Murió su padre en Córdoba, en 1573, mientras él estaba estudiando todavía en Salamanca, y hubo de regresar a Zafra con su madre. De nuevo volvió a la ciudad universitaria castellana para finalizar sus estudios, aunque no llegó a licenciarse, pues, inmediatamente antes de ser nombrado cronista de Indias se pensó en darle un cargo de oficial de Cruzada, y para que pudiera detentarlo hubo de concedérsele la licenciatura que el cargo requería, y que él no poseía. 8 Es muy probable, si se admite el origen judeoconverso de nuestro hombre, con el que hoy todavía se especula, que no pudiese acceder al grado de licenciado precisamente por esta mácula de su linaje, ya que la Universidad salmantina había cerrado, desde 1522, el acceso a tal grado a todos los que no pudiesen probar su condición de "cristianos viejos". En 1576 Pedro de Valencia estaba de nuevo en Zafra y allí recibió, desde Lisboa, la Biblia Regia de Benito Arias Montano, la cual le llegó a través de Sebastián Pérez, al que más tarde pediría que le presentase al gran humanista de Fregenal. Croche de Acuña, F.: "Datos ordenados para una biografía de Pedro de Valencia", Revista de Estudios Extremeños, t. Gaspar Morocho Gayo ha publicado varios artículos de los que citaremos los siguientes: "Una historia de Felipe III escrita por Pedro de Valencia", Homenaje al profesor Juan Torres Fontes, Murcia, 1987, págs. 1141-1151; "El testamento...", págs. 9-47; "Trayectoria humanística de Pedro de Valencia: su actividad en la Escuela de Zafra", Actas del VII Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 1989, págs. 607-612. No se agota con esto toda la abundante bibliografía que hay sobre uno u otro aspecto del humanista de Zafra, tanto en español como en otras lenguas. 8 Archivo General de Indias (AGI), Indiferente General, 752. En aquel retiro permanecieron juntos hasta septiembre de 1579 y allí parece que el futuro cronista profundizó en los estudios de Sagrada Escritura y en el aprendizaje del hebreo. Después de aquella convivencia, los contactos entre los dos grandes humanistas de Extremadura siguieron siendo muy frecuentes, tanto que el de Zafra ejerció en ocasiones como amanuense de Montano. Parece que su último contacto se produjo en la primavera de 1597, año en que el de Fregenal visitó a Valencia en su casa. Pedro de Valencia siguió manteniendo su residencia en Zafra, donde se había casado en 1587 con su prima, doña Inés de Ballesteros, de la que tuvo al menos siete hijos. En aquel lugar pasó una buena parte de su vida, dedicado a los estudios de exégesis bíblica y de los clásicos, y a los trabajos de carácter político y económico-social. Mantuvo en su lugar de nacimiento y residencia una buena amistad con los hermanos Machado, algunos de los cuales pasaron a ocupar importantes puestos en la administración americana y, más concretamente, en Quito. Uno de ellos, Fernando Machado, primero fiscal en la ciudad del Pichincha y luego oidor de Chile, dejó a su hijo en España a cargo de su hermano Francisco; pero cuando éste murió, en 1604, el joven pasó a la tutela del personaje que nos ocupa. Mientras permaneció en Zafra, Pedro de Valencia compuso una buena parte de su obra escrita, sin por ello descuidar la enseñanza de las lenguas clásicas. Allí preparó una edición de las poesías de Montano, a la vez que, tras la muerte del gran humanista, envió algunas de sus obras inéditas a Amberes, para que se publicaran. También fue en esa localidad donde realizó su única obra publicada en vida, los Academica. Los años que pasaron entre la muerte de Arias Montano, acaecída en 1598, y los de su nombramiento como cronista, fueron difíciles para el zafrense, pues le tocó vivir en su propia piel los problemas de la grave crisis económica por la que pasaban todos los reinos de la Monarquía. En esos años del cambio de centuria fue cuando comenzó a familiarizarse con los temas económicos. Se quejó de los impuestos y de la omnipotencia de los privilegiados. En 1604 declaró la pobreza en la que se hallaba su amigo el padre Sigüenza e impelido por su precaria situación, empezó a preocuparle el valor de las cosas, especialmente de la moneda 9 y del pan. 10 En relación a este último producto, expondría en uno de sus discursos una de sus ideas más revolucionarias, que su precio debía mantener siempre una relación con el salario de los trabajadores. En 1607 era nombrado cronista de Indias y de Castilla, el 4 y el 22 de mayo respectivamente, instalando desde entonces su residencia en la Corte. Aquel lugar nunca agradó demasiado a Valencia, por lo que se puede deducir de algunas de sus cartas y memoriales, pero había aceptado residir allí en función de conseguir un mejor futuro para su numerosa familia. En un determinado momento había escrito al respecto a uno de sus amigos, "cuán mal me estaría in hoc saeculo et in futuro la pretensión y la vivienda en la corte, aunque no falta la tentación de la hambre, que propone piedras y otras cosas más duras y pide que hagamos de ellas pan".11 Los nombramientos no alteraron su interés por la política nacional, pues es entonces cuando compuso su discurso contra la ociosidad12 e, incluso, hizo informes para la Inquisición, criticando la forma en que se llevaban a cabo los interrogatorios y procesos de brujería, 13 además de enfrentarse a ella, por defender algunos escritos de su maestro Arias Montano. 14 En 1620, viendo próxima la muerte, decidió hacer su testamento, fechado el 25 de marzo; y el 10 de abril del mismo año entregó su vida a Dios en la villa de Madrid. El extraño nombramiento de historiógrafo y cronista de Indias Pedro de Valencia, aunque había hecho continuos viajes por diferentes lugares de la geografía española, estuvo asentado durante buena parte de su vida en su villa natal de Zafra, donde su familia tenía casa en propiedad. Fue en los años 1606-1607, cuando se vio envuelto en el penoso suceso de fraude del consejero de la Real Hacienda Alonso Ramírez de Prado, primo hermano suyo. Con él compartía Pedro de Valencia un juro PEDRO DE VALENCIA, CRONISTA DE INDIAS (1607-1620) 5 sobre las alcabalas de la ciudad de Ecija, valorado en 2.000 ducados anuales. Sin embargo, él nada sabía de los enredos de su primo, tan sólo había sido utilizado por éste para sus fines de enriquecimiento. 15 Al descubrirse el fraude, el juez de la causa, don Fernando Carrillo, solicitó la presencia de Pedro de Valencia en la Corte para averiguar si los dichos 2.000 ducados, que estaban en su cabeza, eran en realidad suyos. 16 Si hubo realmente engaño no queda del todo claro en el proceso, pues Pedro de Valencia se ocupó muy directamente de ayudar a la defensa de su primo, aconsejando a su hijo, Lorenzo Ramírez de Prado, ahijado del humanista. Para entonces Pedro de Valencia tenía una merecida fama y contaba con buenos apoyos entre la nobleza y la intelectualidad del momento; así, don García de Figueroa, de la Cámara de Su Majestad y coterráneo suyo, el cual le presentó al conde de Lemos, para que permaneciese en la Corte. En esa decisión influyeron también otros personajes de relieve, como el condestable de Castilla. Para darle un trabajo que le retuviese, se le encomendó que informase sobre muchos de los libros de El Escorial, cuyo contenido era por entonces desconocido. Este intento de llevarle al monasterio de San Lorenzo corrió, principalmente, de la mano de fray Andrés de San Jerónimo, que luego sería nombrado obispo de Vich. Pero tras esta misión, y si se quería que el zafrense permaneciese en la corte, había que darle algún tipo de cargo que asegurase su subsistencia y la de su numerosa familia. Se pensó entonces en nombrarle fiscal de Cruzada, cargo para el que se necesitaba el título de licenciado que, al parecer y como ya dijimos, Pedro de Valencia no poseía, y por ello hubo de concedérsele. 17 Al final, y puesto que la causa contra Ramírez de Prado no había finalizado, fue necesario desistir de darle el cargo mencionado y se hubo de recurrir a otros medios, como el de nombrarle cronista de Castilla y de Indias. El primer nombramiento que le llega es el de historiógrafo y cronista mayor de Indias, que por entonces detentaba Antonio de Herrera y Tordesillas. Tal nombramiento fue despachado por Felipe III, el 4 de mayo de 1607 y es del tenor siguiente: "Don Felipe. Teniendo consideración a las muchas letras, erudictión, lectura, ynteligencia de lenguas, continuo estudio y curiosidad en ynquirir y saber la scriptura sagrada, dotores y istoriadores y otras muchas y buenas partes que concurren en vos, el licenciado Pedro de Valencia, y conside-JESÚS PANIAGUA PÉREZ 6 15 Morocho Gayo, Gaspar: "El testamento...", págs. 38-39. 17 Ibídem. rando lo mucho que ymporta que semejantes personas se ocupen en hazer las historias, por el crédito, autoridad y verdad, que con su escritura se ha de conservar en la memoria de las jentes, he tenido y tengo por bien, de haceros mi chronista ystoriógrapho general de las Yndias Ocidentales, para que podays escriuir la istoria general, moral y natural, assí del decubrimiento de las dichas Yndias, su pacificación y población, echos y cossas memorables que en ella vbieren sucedido y sucedieren, como de las costumbres, ritos y gouierno, y demás cosas dignas de sauerse de sus naturales, propiedades de las tierras, yerbas, plantas y animales, lagunas, fuentes y ríos, y otras cossas tocantes y pertenencientes a la dicha istoria general, así començándola de nuevo como prosiguiendo lo escrito, como mejor os pareciere que conuiene a su perfectión; lo vno y lo otro conforme al horden que se os diere por mi Consejo de las dichas Yndias y así lo quiero y es mi voluntad; y mando que lo podays hacer y hagais, según como lo hazen, pueden y deuen hacer los otros mis chronistas historiográphos destos reynos y de las dichas Yndias, y que goceys y se os guarden todas las honrras, gracias, mercedes, franqueças, libertades, preminencias, prerrogatibas e ynmunidades, que por rraçón del dicho officio debeys hauer y gozar; y por esta mi carta mando al presidente y a los de dicho mi Consejo de las Yndias, que luego que ante ellos sea presentado, tomen y reciuan de vos, el dicho licenciado Pedro de Valencia, el juramento, y con la solenidad que se acostumbra de que bien y fielmente hareis la dicha ystoria, guardando todos los riquisistos que a bueno y fiel historiador tocan y pertenecen, y guardareis secreto en las cosas que se os encargaren y convienen; el qual anssí echo os ayan, reciuan y tengan por mi historiográpho chronista general de los estados y reynos, yslas y prouinçias de las dichas Yndias, y hos agan dar y entregar todas las istorias, scrituras, relaciones, memoriales, cartas, descripçiones y pinturas que vbiere en las secretarías y archiuos del dicho Consejo, así lo que hay al pressente como lo que de estos géneros vbiere y biniere adelante; y lo que vos dijéredes ser necessario, se pida y trayga para que con mayor claridad, noticia y ynteligencia se pueda apurar la berdad que para la dicha istoria se rrequiriere, y que se os acuda con los derechos y distribuciones al dicho officio deuidos y pertenecientes, sin que os falte cossa alguna y que en ello, ni en parte dello, no os pongan ni consientan poner impedimento, no embargante qualquiera cossa que en contrario desto esté proueyda por las hordenanças del dicho Consejo, prouiçiones o cédulas del Rey mi señor, que está en gloria, o mías, que por la presente lo reuoco y anulo, quedando para en lo demás en su fuerça y vigor, por cuanto mi determinada voluntad es que lo aquí contenido tenga cumplido efeto, por las causas referidas y bien uniuersal que se sigue de que a semejantes personas se encargue cosa tan importante y que, con la pureça que se espera de vuestra scritura, ha de lucir en estos siglos y los benideros, que yo, por la presente, os reciuo y e por reciuido al dicho officio y al uso y exerciçio de él y os doy poder y facultad para le usar y exercer en caso que por ellos o alguno dellos a él no se aya reciuido. Y es mi merced y boluntad que hayais y lleueys de salario con el dicho officio, residiendo en mi Corte, a razón de quinientos ducados, que valen ciento y ochenta y siete mil y quinientos maravedís cada un año, los quales mando a mi receptor, que al pressente es o adelante fuere, del dicho mi Consejo de las Yndias, que os lo dé y pague de qualesquier maravedís que hubiere y entraren en su poder, de las penas y condenaciones que en él se aplicaren a mi Cámara por los tercios, desde el día en que fuéredes reciuido al dicho officio en adelante, todo el tiempo que le sierviéredes, llevando certificación, al último tercio del año, de mi ynfrasquito secretario de vuestra asistencia y presencia en la Corte y mostrando en el dicho Consejo auer echo en aquel año alguna parte de Historias o preparación para ella y que tome vuestras cartas de pago o de quien vuestro poder hvbiere, con las quales y el traslado signado desta mi provisión, mando se le reciua y pase en quenta lo que en birtud dellas os diere y pagare, sin otro rrecaudo alguno y ansí mismo, mando que tomen la raçón della mis contadores de quentas que residen en el dicho mi Consejo y que, sobrescrita y librada dellos, lo buelua a vos, el dicho licenciado Pedro de Valencia, para que la tengais por vuestro título. Yo Pedro de Ledesma, secretario del Rey Nuestro Señor, la fize escriuir por su mandado. El conde de Lemos y de Andrade. El licenciado Venito Valtodano. El licenciado Molina de Medrano. El licenciado don Tomás Ximénez de Ortiz. Licenciado Luis de Salado". 18 El 11 de mayo de 1607 Pedro de Valencia se presentó con el título de nombramiento y prestó juramento, por lo que es desde esa fecha cuando comenzará a correr su salario, y no desde el día 4 del mismo mes, en que el rey le nombró. 19 Con todo ello ya no queda duda de que el zafrense fue nombrado oficialmente cronista de Indias, cargo en el que permanecería hasta su muerte, acaecida en 1620. Su nombramiento como cronista de Castilla fue posterior al de Indias; hubo de esperarse hasta el 22 de mayo para que Felipe III firmase la cédula correspondiente, ya que el Consejo castellano, regido entonces por el conde de Miranda, proclive a la figura de Antonio de Herrera, puso algunos problemas a tal elección. También aquel cargo lo consiguió por influencia del conde de Lemos, yerno del todopoderoso duque de Lerma. El noble gallego, protector de Pedro de Valencia, tenía la pretensión de que se le nombrase cronista general de Castilla con un sueldo de 500 ducados (187.500 maravedís). La Cámara de Castilla no aceptó aquella pretensión y manifestó que el sueldo de cronista era de 80.000 maravedís, por lo que el resto, y puesto que el rey podía disponer de su hacienda, se le abonaría en concepto de ayuda de costa. La Cámara fue todavía más intransigente en la denominación del cargo, ya que no aceptó la de "Cronista General de Castilla", alegando que nadie había disfrutado de aquella titulación, sino simplemente de la de "Cronista de Castilla", y para avalar su negativa adjuntó una lista de prestigiosos nombres que le habían precedido en el ejercicio. 20 No es nuestro interés aquí tratar los problemas de este cargo, aunque nos ha parecido importante el incluir estos datos, puesto que contribuyen a clarificar la manera forzada en que Pedro de Valencia accedió al ejercicio de cronista oficial. En el transfondo de estos nombramientos había otras razones ocultas, ya que el humanista de Zafra nunca quiso actuar como cronista, ni de Indias ni de Castilla. Ambas titulaciones eran, sin más, un recurso pactado en la Corte para que Valencia permaneciese en su círculo, teniendo unos ingresos honorables con los que sustentarse él y su familia. Todo ello nos lo revela claramente el propio cronista. 21 El manifestará abiertamente en una carta al rey que tales cargos se le daban para entretenerle, en tanto se le ocupaba en otras cosas que le interesaban mucho más. Sólo esa esperanza le llevó a aceptar su cambio de residencia, como él reconoce con claridad: "sino no aceptara este oficio, ni viniera aquí". Ponía como testigos de aquel pacto al conde de Lemos y al condestable de Castilla. Estas condiciones inherentes a su nombramiento -que obviamente no constan en las cédulas reales-parece, según el testimonio de Pedro de Valencia, que las supieron los consejeros de Indias por boca de su protector el conde de Lemos. El propio Valencia manifestó el por qué no le agradaba la tarea de cronista: "porque el ejercicio dél requiere no sólo letras i estudios, sino noticia i esperiencia práctica de negocios de paz i guerra i de los intentos i consejos, sospechas i malicias de los hombres i muy grande actividad y diligencia para informarse de muchas personas i buscar papeles dentro i fuera del reino, y porque aviéndose de tratar la historia con la verdad i entereza que se deve, es forçoso muchas veces censurar las acciones i vidas de los príncipes y de sus ministros i otras personas grandes, reprehender i aun causar infamia a capitanes i soldados i a familias nobles, para en los siglos venideros". 22 Aún así, no rehusó hacer algunas labores como tal cronista y buen ejemplo de ello son las Relaciones Geográficas, ya publicadas. 23 Él mismo, en un memorial de 1615, afirma tasativamente que "cumple con la obligación de su officio conforme a su título". 24 Sin embargo, cobró su sueldos los tres o cuatro primeros años, sin que se le obligara a escribir ninguna historia. Es probablemente después que su benefactor el conde de Lemos abandonara el Consejo, para pasar a ocupar el cargo de virrey de Nápoles, 25 cuando el de Indias le obligara a escribir las Relaciones, de acuerdo con el modelo que él mismo había elaborado para el conde. 26 Tras elaborar aquellas descripciones, se le encargó recoger los papeles para escribir la Historia de la Guerra de Chile, para la que tomó relación al maestre de campo Pedro Cortés; pero cuando profundizó en el tema chileno, llegó a la conclusión de que lo mejor para todos era que no se diese más información que la que ya estaba escrita, por las susceptibilidades que ello podría provocar, puesto que "se ha de infamar la nación española de injusticias, avaricia i crueldades, que gustarían mucho de saber los estrangeros, hereges y enemigos de esta Monarquía". 27 El haber accedido a hacer algunas tareas de cronista, según testimonio del zafrense, le estaba distrayendo de la verdadera razón por la que se le había retenido en la Corte. Lo que él quería en realidad era continuar con sus estudios y trabajos de la Biblia y de los clásicos. Reiteradamente expresó su deseo de seguir elaborando las notas y discursos literales que iba escribiendo sobre el Nuevo Testamento y también de defender las versiones que usaba la Iglesia contra los herejes de aquellos tiempos, amén de continuar con otros tratados sobre autores de la Antigüedad. Así lo podían informar los arzobispos de Toledo, de Santiago y de Braga, el obispo electo de Valladolid, el prior de San Lorenzo el Real, los predicadores reales y los catedráticos de Salamanca y Alcalá. 28 Otro asunto tenía entonces muy ocupado a Pedro de Valencia, aunque no hace alusión a él: la controversia abierta sobre el Pergamino y Láminas de Granada, en la que él lideraba el grupo contrario al arzobispo Pedro de Castro. Parece que Pedro de Valencia, a partir de 1616, ya no estaba dispuesto a continuar con sus labores de cronista y reclamó al rey que se le respetaran las condiciones tácitas iniciales, con las que se le había dado tal cargo. Por tanto, rogaba que se le siguiese manteniendo el sueldo de cronista de Indias sin ejercer de tal, condición por la que se había quedado en la Corte. El rey pasó el memorial al Consejo y no parece que tuviese mucho éxito, pues en su testamento Pedro de Valencia expresa: "se me mandó por parte de Su Magestad me viniese a esta Corte, con promesa de que sería honrado y entretenido y sustentado con mi familia en ella, de manera que por lo menos no me fuese mal de auer uenido; y esta promesa se me fue confirmando, pero no llegó a efecto su cumplimiento". 29 Aunque, por otro, como cronista de Indias, no tenemos noticia de nuevos escritos americanistas debidos a su pluma, aparte de los referenciados. Pedro de Valencia y Antonio de Herrera No es de extrañar que nos planteemos el por qué se nombró a Pedro de Valencia historiógrafo y cronista de Indias, cuando ya estaba cumpliendo esa tarea Antonio de Herrera y Tordesillas. Este último había entrado como cronista en tiempos del rey Felipe II (15 de mayo de 1596), pero no debió ser del agrado del conde de Lemos, presidente del Consejo de Indias desde 1603, que no ocultó su antipatía por el de Cuéllar. Tampoco Antonio de Herrera disimuló la poca consideración que sentía por el conde, apoyándose en ocasiones en la protección que le prestaba el de Miranda, presi- dente del Consejo de Castilla. Malos tiempos vinieron para Herrera con el nombramiento de Lemos, después de que hubiese gozado de las simpatías del presidente Pablo de Laguna, predecesor del conde gallego, al que hizo, en 1601, una dedicatoria de sus cuatro primeras Décadas. 30 Probablemente, Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, cuando se planteó la conveniencia de recolocar a Pedro de Valencia en la Corte para retenerle en ella, pensó desde un principio en los cargos de cronista de Indias y de Castilla. Valencia era, sin duda, un hombre de más valía intelectual que Herrera, y sabía el noble gallego que aquella designación le iba a doler al segoviano, sobre todo porque iba a hacerle entrar en el Consejo de Indias con mayores prebendas económicas y laborales. Ciertamente, los supuestos de Lemos se confirmaron. La polémica que iba a suscitar Antonio de Herrera tendría dos puntos fuertes: el salario superior de Pedro de Valencia y la menor cantidad de trabajo que desarrollaba el zafrense. Pero las quejas de Herrera por cuestiones económicas no eran nuevas. Ya cuando se le había nombrado cronista de Indias no se dio por satisfecho con su salario y había recurrido al conde de Miranda, que consiguió para él, el título de cronista de Castilla, en 1598, con 80.000 maravedís de salario, tal y como estaba prescrito para tal cargo. No es de extrañar que al susodicho presidente del Consejo de Castilla dedicase parte de su Historia General del Mundo, editada en 1601. 31 En ese mismo año publicó también una traducción del italiano de una obra del cardenal de Fermo, dedicada a la esposa de su protector, la condesa de Miranda, doña María de Zúñiga Avellaneda y Bazán. 32 La cuestión del nombramiento de Valencia no abría nuevas heridas en las relaciones de Herrera con el conde de Lemos, sencillamente ahondaba en las ya existentes y en el convencimiento de haberse sentido siempre poco protegido por algunas autoridades de Indias. La única recompensa oficial que el de Cuéllar había tenido hasta entonces sobre su sueldo como cronista de Indias habían sido de 1500 ducados, librados por una vez, cuando se imprimieron las cuatro primeras Décadas, 33 España, por lo que tuvo que hacer un poder el 9 de febrero de 1605 a Alonso de Oñate, vecino de México, para poder cobrar la citada cantidad; 34 sin embargo, en la documentación, Herrera manifiesta haber cobrado solamente 1200 ducados, ya que los otros 300 tuvo que utilizarlos en los gastos de traslado del numerario. Recurrió entonces a quejarse al conde de Lemos de la escasez de aquella recompensa. El conde le contestó, con manifiesta socarronería, que aquello no era una gratificación, sino fondos para papel y tinta con el fin de que acabase su Historia de las Indias y que, una vez que la finalizase, sería bien proveído. 35 Cuando el de Zafra fue nombrado cronista de Indias, Herrera dirigió sus armas contra él, en sus reclamaciones pecuniarias, poniendo de manifiesto la injusticia que se sentaba en las diferencias de trabajo y de sueldo. De nuevo chocó con el conde de Lemos en 1609 y esta vez con mayor gravedad, ya que cuando Herrera dijo que se le estaba haciendo una injusticia, fue prendido y, aunque no cumplió la prisión estipulada, "fue forzado a suplicar en el Consejo de Indias, de donde resultó lo referido". 36 En la segunda década de la centuria, cuando ya el conde de Lemos no estaba al frente del Consejo de Indias, sino que era don Luis de Velasco (1611-1617) quien lo regentaba, Antonio de Herrera volvió a las andadas, quizá con mayores esperanzas. Entonces aprovechó para poner en evidencia a Pedro de Valencia, diciendo que sin trabajar cobraba 100 ducados más que él (Herrera tenía un sueldo de 400 ducados y Pedro de Valencia de 500). Los miembros del Consejo, movidos por sus quejas, llegaron a solicitar para el de Cuéllar que se le concedieran 300 ducados de renta más cada año y dos mil ducados de ayuda de costa, por una vez. En el aspecto económico Herrera se quejaba siempre de la diferencia de salarios y de que a Valencia se le hubiesen concedido 500 ducados por una vez para trasladar su casa a la Corte. A estas "afrentas" fue añadiendo la serie de prebendas que se iban otorgando al de Zafra, tales como los 400 ducados anuales de renta en las arcas del tesoro, que se le concedieron en 1614, porque pasaba necesidad, 37 y los 300 que se dieron de renta a un hijo minusválido, además de concederle al cronista "médico y botica". Pero el de Cuéllar no sólo alegaba cuestiones económicas, sino también de trabajo. Se lamentaba de todos los beneficios que obtenía Valencia "sin haber sacado a la luz ninguna parte de historia". 39 Sin duda, Herrera desconocía el transfondo que había en el nombramiento del zafrense. De todos modos, con la salida del de Lemos del Consejo, Pedro de Valencia se vio obligado a hacer algunas tareas de cronista, como ya dijimos, para contento de su oponente y disgusto propio, como manifiesta en las quejas elevadas al rey, alegando que aquello no era lo pactado. No conocemos hasta el momento respuestas de Pedro de Valencia a todas las insinuaciones vertidas por Antonio de Herrera. Sin duda, el zafrense se sentía protegido en la Corte y no veía ninguna necesidad de enfrentarse a Herrera abiertamente; sus servicios debían ser considerados más valiosos que los del segoviano, como hombre entendido en asuntos prácticos del reino, y de una valía intelectual reconocida por casi todos los grandes del momento. Es por ello que, en sus memoriales, nunca cita al otro cronista, ni para bien ni para mal, en un intencionado afán de ignorarle. Ni siquiera llegamos a tener constancia de que elevase algún tipo de queja por no tenérsele en cuenta en las colaciones que cada año daba el Consejo de Indias a sus miembros, en el día de San Juan, y de las que sí era partícipe Antonio de Herrera. 40 Pero no todo lo que distanciaba a los dos cronistas estaba directamente relacionado con las tareas del Consejo de Indias. En la España de aquel momento, uno de los temas que más llamaba la atención de todos los sectores de la población era, sin duda, el problema del Pergamino y Láminas de Granada. Con él tuvieron también que ver estos dos hombres, aunque mucho más de cerca Pedro de Valencia, que había sido un abierto denunciador de todo aquel fraude pseudorreligioso, 41 montado en torno a la figura de Pedro de Castro y Quiñones, hijo del que había sido gobernador del Perú, Cristóbal Vaca de Castro. Herrera, que sería autor de una obra sobre el citado padre del mitrado granadino, titulada Elogio de el Licenciado Cristóval Vaca de Castro, del Consejo Supremo y Governador de los Reynos del Pirú, 42 no tuvo ningún recato en seguir la corriente al arzobispo de Granada JESÚS PANIAGUA PÉREZ 14 39 Ibídem. 41 Sobre la relación de Pedro de Valencia con el problema del Pergamino y Láminas de Granada, puede verse Morocho Gayo, Gaspar: "Pedro de Valencia en la historia de la traducción del Pergamino y Láminas de Granada", Livius, 2, León, 1992, págs. 107-137. 42 Herrera y Tordesillas, Antonio de: "Elogio de Vaca de Castro", Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, núms. 36-38, Madrid, 1917-1918. cuando le interesó; y, así, dice en una carta de 30 de enero de 1623 dirigida al prelado: "sobre engrandecer el Monte Sacro no dixe nada dél en la dirección del elogio a V. S. Illma., por parecerme que en aquel lugar se podía dezir poco, pero visto lo que V. S. Illma. manda, he pensado de hazer un breve discurso al fin de toda la obra". 43 Para entonces, Pedro de Valencia ya había muerto, pero se había puesto de manifiesto su oposición en este asunto al arzobispo Pedro de Castro e, incluso, sus reparos a la publicación de algunas obras que ponían de relieve el valor de tales hallazgos. 44 En asuntos de Historia los dos cronistas también manifestaron sus diferencias. Pedro de Valencia, se muestra como un intelectual al que no le gusta escribir sobre temas de esa índole, puesto que considera esa materia como una ciencia de la verdad, en la que nada podía ser ocultado; para él la historia suponía tener "noticia y experiencia práctica de negocios de paz y de guerra y de los intentos y conflictos, sospechas, malicias de los hombres, y muy grande actividad y diligencia para informarse de muchas personas y buscar papeles dentro y fuera del reino". Para Valencia la historia exigía tener el mayor grado de información posible, y esto no sólo lo manifestó en el caso de Chile, sino también cuando hubo de informar de los papeles de Alonso Sánchez sobre China, de los que sostuvo que "quando se uviese de escribir alguna historia de la China, sería menester juntar muchos más papeles i todas las relaciones i libros pertenencientes a la materia. Lo qual toca más derechamente al Consejo de Portugal i a sus cronistas". 45 Además, él consideró la historia como una ciencia y, como tal, sujeta a la crítica de la razón, alegando que ésta debía tratarse siempre con verdad y entereza y "es forzoso muchas veces conjurar las acciones y vidas de los príncipes y sus ministros". 46 No es de extrañar, por tanto, que en un mundo de influencias, donde la vida dependía del agrado o desagrado de los grandes, Valencia evitase manifestarse y caer en la trampa que podía serle tendida por cualquier parte, cuando su posición no era del todo cómoda. Se ha hablado, por otro lado, de la imparcialidad de Herrera, pero no creemos que ésta fuera tanta, habida cuenta de que no dudó en elogiar la figura de Cristóbal Vaca de Castro, cuando se lo solicitó su hijo, don Pedro de Castro y Quiñones, poderoso e influente hombre de la España del momento. Cierto que Vaca de Castro había sido exculpado de los cargos que se le hicieron de su estancia al frente de los asuntos del Perú. 47 Pero, consultando la documentación de la época y analizando los hechos, no queda duda de que el leonés no estaba libre de muchas de las culpas que se le imputaron y que su afán de enriquecimiento había sobrepasado todos los límites. Para rehabilitar su figura contó con un hijo como don Pedro, que desde su omnipotente puesto en la Chancillería de Valladolid y en los arzobispados de Granada y Sevilla se lanzó a una rehabilitación propagandística de la figura paterna, contando para ello con panegiristas de la altura del famoso Calvete de la Estrella, que le dedicó sus Vaccaeis. 48 En ese mismo juego entró el propio Herrera en la obra que hemos citado con anterioridad, sobre la que llegó a escribir al arzobispo: "V. S. Illma. será servido de ver el elogio y mandármelo volver acomodado, conforme a su voluntad, pues será lo mejor y más acertado". 49 Estamos pues ante dos hombres, que aún siendo humanistas de primera fila, presentan dos vertientes muy distintas del humanismo y reflejan los enfrentamientos que latían en el círculo cortesano de Felipe III, manifestándose en dos parcialidades, una proclive a Herrera y la otra a Valencia. Ninguno de los bandos mejor ni peor y, en medio, estos intelectuales que cierran el humanismo español de los primeros decenios del siglo XVII, utilizados como armas arrojadizas en uno y otro sentido. Valencia, sin embargo, era menos proclive a dejarse influenciar que su compañero, el cronista Herrera, quizá porque gozaba de un mayor reconocimiento entre los grandes intelectuales de su tiempo, pues no en vano era el heredero intelectual de Benito Arias Montano, cosa que algunos sectores, sobre todo eclesiásticos, no le iban a perdonar. La labor americanista de Pedro de Valencia La labor americanista de Pedro de Valencia, hasta el momento, podemos centrarla en tres aspectos: la elaboración de sus Relaciones Geográficas, sin duda su obra máxima en esta temática; su inacabada Historia de la Guerra de Chile; y las aprobaciones que dio para algunas obras de tema americanista de gran relieve. Que su cargo de cronista no llevaba implícita la obligación de trabajo alguno, dice el autor que nos ocupa, que fue público y que los señores del Consejo conocían esta excepcionalidad por boca del conde de Lemos. Por ello durante los tres o cuatro primeros años no desarrolló ninguna tarea de cronista, a pesar de que se le libró su sueldo (1607-1609). Aún así, hubo de realizar algunas labores históricas, puesto que el rey no le encargó ninguna de las tareas que supuestamente debía realizar y que tendrían que ver con los estudios de los clásicos y con algunos asuntos eclesiásticos, temas en los que él reconocía ser verdaderamente un entendido. Debido a esta inactividad, cuando la presidencia del Consejo dejó de ser ejercida por el conde de Lemos, se le encargó hacer las Relaciones Geográficas de Indias, en las que se debían tratar las respuestas al cuestionario elaborado en 1604. La tarea no era del todo nueva para él, pues, en 1608, ya había elaborado para el citado noble la Relación de los Quijos, dedicada al duque de Lerma, y, como parece que la forma en que la escribió había agradado, comenzó la elaboración según aquel modelo. Todo ello nos hace suponer que la redacción definitiva de tales Relaciones no se comenzó hasta 1610. Una vez finalizado aquel trabajo, en 1613, se le mandó que recogiese los papeles necesarios para escribir la Historia de la Guerra de Chile, 50 una de las cuestiones que más preocupaba en aquel momento de los asuntos de Indias, como dice el propio Pedro de Valencia, "Por ser esta parte de historia la más principal entre las cosas de las Indias". 51 Temporalmente, esta historia interesaba desde el año 1598, en que había muerto Martín García de Loyola. La tarea que se le encargó fue comenzada, de hecho, llegó a tomar declaración al capitán Pedro Cortés, que por entonces se hallaba en la Corte, e incluso copió y sacó relación de muchos papeles, relaciones y cartas de los virreyes de Perú y de los gobernadores de Chile. 52 Cuando parecía que ya tenía material suficiente, Pedro de Valencia se negó a continuar con este último trabajo, después de que en el memorial de 1616 solicitase el pago de su salario y que se le entregase más documentación, "para que yo me ocupe este presente año de 1616 y cumpla con mis obligaciones y con el servicio de V.A.". 53 Alegaba, como dijimos, que no era aquella la labor por la que se le había hecho cronista y, también, su particular concepción sobre la imparcialidad en asuntos de historia y su resistencia a tomar partido, confesada al afirmar que "haciendo en ella el deber del oficio de historiador se han de ofender personas de calidad y sus hijos y familias y se ha de infamar la nación española de injusticias, avaricia y crueldades, que gustarían mucho de saber los extranjeros, herejes y enemigos de esta monarquía". 54 No creía, pues, que fuese conveniente dar más noticia de todos aquellos sucesos del hemisferio sur. Su historia de Chile, por tanto, nunca llegó a tomar un cuerpo definitivo y sería continuada por don Luis Tribaldos de Toledo, que es muy probable que simplemente aprovechase el material que le había dejado Pedro de Valencia, aunque no utilizase aquella copiosa documentación con toda la conveniencia que debía. Como cronista de Castilla, que también lo era Pedro de Valencia, le tocaba dar su aprobación para la publicación de algunos libros. De entre los varios que informó, algunos eran de tema americanista, que son los que aquí nos interesan. Uno de los primeros de los que tenemos noticia hasta el momento fue el de Bartolomé Leonardo de Argensola, 55 al que dio su aprobación el 4 de enero de 1609; precisamente Argensola era otro protegido del conde de Lemos, al que éste había llevado consigo cuando fue nombrado virrey de Nápoles. La aprobación más polémica que hizo fue, quizá, la de la obra de fray Juan de Torquemada. Se trataba de su Monarquía Indiana, a la que Herrera había despreciado. Pedro de Valencia dio su aprobación para la publicación de esta obra el 5 de mayo de 1613. 56 Para justificar aquella concesión, que probablemente ya había sido denostada por el citado cronista segoviano, aclaró que no contenía nada contra la fe y buenas costumbres y que, al contrario, servía para la edificación de la Iglesia y gloria del Nombre de Dios, ya que daba noticia de historias, costumbres, ceremonias y gobierno de los indios, de acuerdo con sus antiguas tradiciones y las pinturas conservadas de los mismos. ¿Conocía Valencia la existencia de la Historia Eclesiástica Indiana de Jerónimo de Mendieta, en la que se había alimentado en buena Anuario de Estudios Americanos medida la Monarquía Indiana de su de Orden? Es un interrogante al que hasta el momento no podemos responder, puesto que al ser una obra inédita, no necesariamente tenía que haber pasado por sus manos. Aprobó también la obra de Suárez de Figueroa, Historia y Añal, que trataba sobre la expansión de los jesuitas en el Oriente, a principios del siglo XVII. 57 Este tema de Oriente no sabemos hasta qué punto interesó a Valencia, puesto que estuvo muy relacionado con él, sobre todo por las informaciones de obras que en ese sentido se le solicitaron. El 6 de enero de 1614 daba su aprobación para otra obra del Inca Garcilaso de la Vega: se trataba de la segunda parte de los Comentarios Reales de los Incas, que salió con el título de Historia General del Perú, para la que Valencia dio su aprobación, por encargo del Consejo de Castilla, en la citada fecha. 58 Sin lugar a dudas, de las obras americanistas por él informadas esta ha sido la que más transcendencia ha tenido hasta el momento y sobre la que más tinta se ha vertido. Otra obra de contenido netamente español, pero con alusiones de importancia al mundo americano y que aprobó Pedro de Valencia, fue la de fray Pedro de Salazar sobre la historia de una de las provincias franciscanas de España. 59 No debemos olvidar, antes de concluir, el informe que sobre los papeles del jesuita Alonso Sánchez tuvo que dar al Consejo, 60 aunque sea anterior a las aprobaciones de obras que hemos mencionado, ya que se trata de un documento de 21 de diciembre de 1609. En él pone muchas pegas a los escritos del jesuita e incluso manifiesta algunas de sus ideas sobre el problema de los descubrimientos y conquista, con los que él está de acuerdo, en función de la propagación de la fe, si bien matiza "aunque los ministros hayan sido llevados en sus intentos de otros menores fines".
Al igual que en España y América, en las Filipinas de la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron escritos en los que se analizaba la realidad del archipiélago, las causas de sus problemas y las posibles soluciones para superarlos. Algunos de estos textos permanecen inéditos. Así ocurre con los tres que se estudian en este artículo, en el que se hace una valoración comparativa sobre sus posibilidades como fuentes para apreciar la situación general de las Islas en ese período y las ideas que tenía la élite dirigente sobre ella, especialmente en tres aspectos: la personalidad colectiva de los nativos; las formas de explotación colonial y sus repercusiones sobre la mayoría de la población y las causas que originaban lo que entonces llamaban "el atraso" de aquellos territorios. Los ánimos renovadores -ilustrados o no-que recorrían Europa y las colonias americanas en el siglo XVIII tuvieron eco en Filipinas, lo cual no es ninguna revelación, pues felizmente no faltan en la actualidad libros y artículos en los que ya ha sido planteado este fenómeno. Pero es también cierto que, al igual que tantas otras cosas referentes a la historia del dominio español sobre el Archipiélago, la difusión de las investigaciones no suele rebasar los estrechos círculos de los especialistas. Desde luego, aunque se disponga de buenas contribuciones, se está muy lejos de poder decir que el tema haya sido agotado o suficientemente estudiado. Los archivos guardan una enorme riqueza documental que puede arrojar muchas luces sobre las condiciones de vida que experimentaban las clases populares, los problemas que éstas afrontaban de cara a las realidades impuestas por la colonización y la imagen que los integrantes de las élites tenían de las tierras, mares y gente del territorio. Las fuentes en las que se basa este estudio se hallan en el Archivo General de Indias de Sevilla y se refieren a un momento de la historia de Filipinas en que todavía existía el gran Imperio español en América. Aquel archipiélago había sido siempre considerado como parte integrante de él, pese a la lejanía y a otras circunstancias y hubo un deseo de que se asemejara más a otras colonias. Tal cosa sólo se logró en parte, debido sin duda a la vitalidad de la cultura filipina, pero también a otros factores, algunos de ellos derivados de la misma política estatal. En la segunda mitad del siglo XVIII se implantó una serie de reformas en el país. Algunas no llegaron a ser más que proyectos, otras no cristalizaron realmente en cambios importantes sino hasta el siglo XIX. Sin embargo constituyeron un intento significativo que, por una parte, correspondía a la planificación general reformadora que afectó a todo el imperio español y, por otra parte, conllevaba planes creados específicamente para el caso filipino. Entre las reformas se encontraron modificaciones al aparato militar, el comercio directo entre Filipinas y España, la apertura del puerto de Manila al comercio internacional, la creación del Consulado de Manila, la implantación del sistema de Intendencias, el monopolio del tabaco, el estanco del vino de nipa, el intento de secularización de los curatos... 1 Todos estos procesos generaron una abundante producción de documentos en los que se plasmaron análisis, opiniones y proyectos. 2 Los que se presentan aquí están relacionados con las reformas, aunque no ofrecen precisamente una imagen idílica de ellas. El primero de estos escritos fue elaborado por Pedro Vértiz, oriundo del sur de España, que viajó expresamente a Filipinas para ocupar el puesto de intendente de la Provincia de Cebú. Al parecer era un hombre ilustrado. Su estancia en el archipiélago no fue larga: llegó a Manila en 1787 y se trasladó a las islas Visayas donde desembarcó en junio de 1788. Pero las tensiones en que se vio envuelta la implantación del sistema de Intendencias en las islas, hizo que este régimen fuera suprimido, por lo que Vértiz regresó a Manila en septiembre del mismo año y fue seguramente allí donde redactó el texto que se va a comentar, titulado Relación del estado de las Islas Visayas y de todas las Filipinas... Granada, 1979; García de los Arcos, M.a Fernanda: La Intendencia en Filipinas, Granada, 1983; y de la misma autora: "Reformas y resistencias en las Filipinas de la segunda mitad del siglo XVIII". 2 Díaz-Trechuelo S., Ma L.: Historia económica de Filipinas en la segunda mitad del siglo XVIII. Manila, Cuadernos del Centro Cultural, 1978; de la misma autora: "Philippine Economic Development Plans". 3 Archivo General de Indias (en adelante, AGI), Ultramar, 613. Relación del Estado de las Indias Visayas y de todas las Filipinas, de los males que padecen y de los medios que para su restauración propone a la Real Católica Majestad del Señor Don Carlos Tercero por medio de su Secretario de Estado y del Despacho Universal de Guerra, Comercio y Navegación de Indias, El Excmo. Señor Baylio Don F. Antonio Valdés y Bazán, El Intendente propietario que ha sido de la Provincia de Cebú Don Pedro Vértiz y Castejón. Su autor, Santiago de Salaberrias, fue alcalde mayor (una especie de gobernador de provincia) en IloIlo durante cinco años. 4 El tercer escrito es tan rico como el de Vértiz y se llama Observaciones sobre el estado político y económico de Filipinas. 5 Es anónimo y, según todos los indicios, escrito por un personaje relevante. Tampoco tiene fecha, pero el legajo en que se encuentra contiene papeles del período comprendido entre 1788 y 1814. Según se deduce por el contenido del texto es anterior a la supresión del tradicional sistema del galeón transpacífico (la cual tuvo lugar legalmente en 1813, realizándose en 1815 el último viaje) y posterior a la apertura del puerto de Manila por tres años (1790). La importancia de estos tres escritos radica precisamente en servir de refuerzo y de comparación a otras opiniones vertidas por colonialistas españoles en ese momento tan especial en la historia del Imperio. El primero y el último documentos tienen pretensiones de hacer una reflexión sobre la globalidad de los problemas, siempre desde la óptica de personas ligadas de un modo u otro al poder, y dar soluciones para ellos. El texto de Salaberrias es más modesto. El hizo una descripción y una crítica que no pretendió aludir más que a la isla de Panay. Pero es conveniente incluirlo en este escrito porque se refiere a una parte de las islas Visayas, región de la que los otros autores también se ocupan y que alcanza un protagonismo especial en los tres textos. En este sentido, el contraste es evidente con otros muchos documentos de la época, que se centran principalmente en Manila y en las áreas vecinas a la capital. Otra razón para incluirlo es el haber sido Salaberrias alcalde mayor, uno de los funcionarios que suscitaron críticas más generalizadas. Las tres son fuentes cualitativas, muy dieciochescas en lo que atañe a los escritos de Vértiz y a las Observaciones... Corresponden a un intento de fortificar la presencia española en el país, a través de mejorar los métodos de explotación y las vías de entendimiento con la población nativa. Por ello muchas de las apreciaciones que hacen son severas, incluso implacables, y variados los aspectos que tocan, aunque con distinta profundidad: agricultura, comercio interno y exterior, industria, ganadería, demografía, política fiscal, monopolios del Estado, administración civil y militar, asuntos eclesiásticos, defensa y seguridad públicas, trabajos obligatorios, educación, autoridades indígenas, etc. CRÍTICA Y REFORMISMO DIECIOCHESCOS EN FILIPINAS 3 Es obvio que no se pueden comentar aquí todos ellos, por lo cual se ha hecho una selección y se han escogido los que, más que planes o proyectos, suponen un análisis de la realidad del país que a ellos les tocó vivir. Mi trabajo se centrará en las opiniones que dieron los autores sobre: la personalidad colectiva de los nativos; las formas de explotación colonial y su repercusión sobre la mayoría de la población y las causas que originaban lo que ellos llamaban "el atraso". La personalidad colectiva de los naturales No voy a entrar aquí en discusión sobre la conveniencia o los peligros de aceptar el principio mental de una personalidad colectiva, pero para un historiador es importante el que mucha gente de aquella época -y mucha de la nuestra-utilizaba ese tipo de ideas. Que el racismo se nutre de ellas es más que cierto, pero es igualmente obvio que esas opiniones sobre el conjunto de un pueblo, de una etnia o de una nación no son neutras ya que tienen consecuencias en muchos aspectos de la vida de las sociedades. Todos nuestros autores se levantan contra la idea, ya extendida entonces, del malayo perezoso y lo hacen con una fuerza no exenta de indignación. Uno de ellos 6 llega a señalar que la pereza es algo relativo y que no debía rechazarse al indígena porque careciera del temperamento vivo y violento de los españoles. El nativo, decía, trabajaba la tierra sin que nadie se lo ordenase. El cultivo del cacao, la batata o el maíz, "plantas nuevas introducidas después de la conquista", lo realizaban sin más estímulo que el comercio interno. Destacaba también las numerosas especies de arroz que cultivaban en llanos y montes. Donde no faltaba población, no se hallaban tierras incultas e incluso se laboraban los terrenos alejados de los pueblos. En los momentos en que la demanda crecía o se diversificaba, los campesinos se adaptaban a las nuevas circunstancias. Así, cuando en los últimos años se había presentado un período de hambre en las provincias meridionales de China, se extendieron en Filipinas las siembras de arroz, se abrieron nuevas tierras en Ilocos y todos fueron testigos de la diligencia de los nativos. El cultivo del azúcar aumentó el doble en la Pampanga por la demanda representada por las embarcaciones que llegaron de la India transportando géneros para la Compañía de Filipinas. Los nativos se aplicaban a conseguir artículos que no se consumían en Manila sino que eran exportados a China: nido de pájaro, aletas de tiburón y balate (babosa marina comestible). Cuando la Compañía de Filipinas demandaba añil, los malayos lo cultivaban con empeño. El desconocido autor de Observaciones... concluía su alegato diciendo que "el trabajo falta más bien a la gente que la gente al trabajo". Vértiz y Salaberrias no eran menos entusiastas en elogiar la laboriosidad, la inteligencia, la destreza y el ingenio de la gente filipina, capaces de imitar y mejorar cualquier cosa, que construían todas las embarcaciones, los templos y las casas de los eclesiásticos; eran magníficos marineros, agricultores y artesanos. Es decir, los tres reaccionaban contra the myth of the lazy native, 7 aunque no hay que pensar que estos hombres pudieran ser paladines de una cruzada de reivindicación de los pueblos oprimidos. Probablemente sus ojos supieron ver mejor a los filipinos, pero su mentalidad no puede llegar a una crítica profunda del principio de la colonización y de la superioridad de la cultura europea, algo ya muy formado para finales del siglo XVIII, como se sabe, incluso entre los defensores de la pretendida bondad y pureza del bon sauvage. Ellos estaban convencidos del beneficio que los españoles podían hacer a los nativos, que precisaban una tutela para alcanzar la superación: "Uno de los efectos más notables de la conquista ha sido el rápido proceso de población, muy marcado en todas las provincias de la Isla de Luzón, debido al estado de mayor civilización que adquirieron los naturales". Las formas de explotación colonial y su repercusión Sin embargo, denunciaban la situación que sufrían los nativos. Al igual que otras fuentes de la época, insistían en la pobreza que los afectaba, mayor que la que se daba en otras regiones del Imperio. Ligaban la pobreza de la mayoría de la población con el atraso y consideraban que sus causas se relacionaban con formas y abusos de la colonización. Presentaban al nativo filipino sometido a una serie de obligaciones que les causaban perjuicios: -Frente al Estado, al que debían pagar un tributo y prestar servicios en trabajo. -Frente a su propia comunidad, a la que rendían servicios en las Casas de Comunidad, las guardias de noche, puestos, despachos de los alcaldes mayores, etc. -Frente a la Iglesia católica, realizando trabajos para la construcción y el mantenimiento de las parroquias y casas de los párrocos, así como diversas tareas a favor de éstos y de sus familias. Las relaciones que se establecían entre estos tres niveles y la mayoría de los nativos conllevaban abusos que nuestros autores denunciaban, sin pretender desde luego que fueron los únicos en hacerlo. En Filipinas, lo mismo que en las colonias americanas, entre los funcionarios más criticados estaban los alcaldes mayores. Se decía de ellos que empezaban a gobernar sus provincias sin preparación, con una gran ignorancia de lo que eran las obligaciones de su cargo. Se les acusaba igualmente de observar un comportamiento poco escrupuloso. 9 Puesto que no tenían recursos económicos abundantes, aprovechaban su situación de autoridad para ejercer un comercio que perjudicaba a los nativos, ya que elevaban desproporcionadamente los precios cuando ellos vendían, los hacían bajar cuando compraban y efectuaban trampas en las medidas y en el cambio monetario. 10 Aunque estos abusos eran conocidos de tiempo atrás porque se habían levantado muchas voces contra ellos, el Estado no llegaba a remediarlos porque no se hacían verdaderos juicios de residencia. 11 Pero en lo referente a los alcaldes mayores se decía que no se realizaban con el debido rigor porque en las Islas Visayas los magistrados que podían encargarse de esta tarea debían desplazarse desde Manila y por lo tanto afrontar una larga y penosa navegación. Por eso delegaban la realización de estos procesos a los alcaldes mayores que iban a ser los sucesores de los enjuiciados (residenciados), por lo cual no les convenía castigar las vejaciones que ellos mismos iban a continuar. 12 Incluso Salaberrias, que había sido alcalde mayor, aunque más moderado en sus críticas, no dejaba de subrayar la negligencia de sus colegas en el área de Antique, la cual, según su opinión, tenían descuidada desde 1764 en que se erigió en provincia. 13 MARÍA FERNANDA GARCÍA DE LOS ARCOS 6 9 Observaciones... 11 Proceso a los que tenían que someterse los funcionarios cuando terminaba el período de su cargo. Es obvio que las opiniones que aquí se comentan han de ser filtradas pues no tienen por qué estar exentas de implicaciones tales como rivalidades o rencillas personales. Así el autor de Observaciones... se muestra muy ácido al criticar la labor realizada por el famoso gobernador general José de Basco y Vargas, quien había tenido roces con los magistrados y con el intendente general, 14 aunque no dejaba de extender su visión a la política económica general de los jefes supremos de las Islas. Señalaba que los gobernantes se habían ocupado más del enriquecimiento de las cajas reales que del desarrollo de Filipinas y que en los escritos que emanaban del gobierno no se hallaban más que imposiciones y medidas imprudentes que debilitaban el amor del nativo hacia España. El mismo autor decía que el establecimiento de nuevos impuestos llevado a cabo por Basco había sido un duro golpe para la pobreza del territorio. Detallaba algunas de estas cargas fiscales y opinaba que todo se había hecho demasiado rápidamente y en momento poco oportuno. No se habían atendido las circunstancias de tiempo ni de lugar, pues no siendo una zona conquistada sino de sujeción voluntaria, tenía derecho a exenciones por su pobreza. 15 En ello se quebrantaron todas las reglas de la política, de la justicia y de la prudencia. 16 Los efectos se sintieron inmediatamente en una subida de precios que afectó hasta los comestibles más básicos. Tales impuestos fueron más tarde suprimidos por orden del rey que desautorizó a Basco, pero el monopolio del tabaco implantado por este gobernador se mantenía y como se sabe duró un buen tiempo. 17 El autor de Observaciones... criticaba el estanco del tabaco por las siguientes razones: -Haberse reducido el espacio dedicado a la siembra de esta planta, cuyo consumo estaba muy extendido entre los habitantes de Filipinas. -La compra del producto a los agricultores se había efectuado a precios irrisorios. -El monopolio no sirvió para abaratar los precios de venta al público sino que el tabaco siguió siendo caro. -Se producía una pérdida de circulante en el país al salir la plata resultante de las ganancias para España: "La ganancia líquida que queda en la Tesorería de la renta pasa de trescientos mil pesos al año y nada vuelve a la masa circulante en las islas, ya que se remite a España íntegramente. Con una extracción tan considerable en un país que no tiene minas de plata, pues hasta ahora toda viene de la Nueva España, se puede calcular el período de tiempo suficiente para que no quede un solo peso en provincias y ya se comprende la pobreza y la miseria que resulta cuando se reduce el comercio de un país a trueque de géneros". 18 -La represión del contrabando se había hecho con métodos rigurosos que habían causado horror. -Por todo ello se habían levantado protestas 19 y "de tantas injusticias como entonces padecieron los nativos les queda memoria para vengarse a su tiempo". 20 Para cuando llegara ese momento, profetizaba, los daños serán atribuidos a los infieles (es decir a los que no eran cristianos ni estaban sometidos a las leyes españolas) para proceder a su destrucción y exterminio. A finales del siglo XVIII perduraba en Filipinas uno de los elementos de la colonización española que mayor repulsa suscitaron en los nativos. Se trata de los repartimientos o trabajos obligatorios que en Filipinas se llamaron polos. Según las leyes, tales servicios no podían exigirse más que para las obras del Estado, pero incluso respetándose esta norma se denunciaban "las injusticias y perjuicios correspondientes". 21 Los polos estatales que describen los autores son obras de fortificación de Manila, cortes de madera para la construcción naval, las cárceles de los pueblos y los bantayes o centinelas. Los perjuicios que resultaban eran múltiples: -El hecho de que fueran voluntarios humillaba a los trabajadores. -Estos debían desplazarse desde sus lugares de residencia habitual dejando temporalmente a sus familias y abandonando los sembrados. -Para la tala de madera tenían que usar sus propios animales, los cuales se dañaban en las labores de arrastre. -Los encargados de vigilar las tareas inventaban medios suplementarios para explotar en su beneficio a los polistas. Ahora bien, en la realidad la obligación de prestar servicios de trabajo no se limitaba a las obras de interés público, sino que, según se decía, otras instancias exigían igualmente estas prestaciones a los nativos, los cua- les debían realizarlos para las casas de los alcaldes mayores de los párrocos y para los principales o indígenas de posición social prominente. Entre las autoridades nativas más criticadas estaban los cabezas de barangay. Considerados nobles o principales, eran poderosos personajes en las zonas rurales. Sus funciones básicas eran recolectar un cierto número de tributos y ocuparse de la distribución de los trabajos obligatorios. Los cabezas de barangay hacían que los mismos tributarios se convirtieran en sus criados a costa del tributo que pagaban por ellos; hacían que tuvieran que solicitarles un permiso para cultivar sus sementeras o para ausentarse; imponían multas de dinero y castigos de azotes; 22 ocultaban tributos al tesoro, motivando que en el padrón oficial no aparecieran todos los tributarios, con lo cual ellos se embolsaban el importe de los que no figuraban en las listas; vejaban a los polistas y actuaban con nepotismo. 23 De los tres autores, fue Vértiz el que hizo una elocuente denuncia de ciertas actividades de los párrocos y del desmesurado poder que las órdenes religiosas tenían en el país, algo bien conocido en la historia de Filipinas. El fugaz intendente de provincias fue una de las más decididas voces que se levantaron en la segunda mitad del siglo XVIII contra el predominio de los frailes en las zonas rurales. -Maltratar a los feligreses nativos con castigos físicos. -Reclamarles servicios de trabajo gratuito. A los hombres: pesca, marinería, servicios domésticos, ganadería, agricultura, corte de hierba, transportes, mensajería, construcción de embarcaciones, edificación y mantenimiento de casas e iglesias. A las mujeres: lavado de ropa, hilado, tejido, confección de ropa, suministro de leña y de agua. Según Vértiz todo esto era exigido a los más pobres, no a los principales, ni a sus hijos o parientes ni a los que se indultaban por dinero. -También fue Vértiz uno de los más claros en culpar a los religiosos de un fenómeno que causaba molestia y estupor a muchos españoles de la época y que aún hoy provoca extrañeza a los que no son estudiosos de la historia de Filipinas: el hecho de que la lengua española no fuera hablada por la mayoría de los habitantes del país. 25 de las causas de ello era la falta de maestros que la enseñaran en las escuelas, pero que otra causa importante era que los religiosos querían jugar un papel de intermediarios entre los nativos y los funcionarios de la administración. Al impedir a los primeros que conocieran el español, cercenaban de hecho su libertad de acercarse a otros españoles que no fueran el cura del pueblo. Es evidente que esto iba en contra de las disposiciones de la Corona 26 y contra la política de aculturación que se había llevado a cabo en la mayoría de las colonias españolas. Todo ello no era sino una manifestación más del desdén con que las órdenes religiosas actuaban con respecto al poder central. Los frailes no obedecían las órdenes del rey, ni las del gobernador ni las de la Audiencia. Actuaban como jefes autónomos en los pueblos. 27 En el escrito de Vértiz hay una reflexión que sorprende por su crudeza y es el reconocimiento de un fenómeno (también apuntado por el autor de Observaciones...) que no podía ser grato a los españoles: éstos no eran precisamente queridos por todos los filipinos. Tal constatación suponía una prueba de valentía y reflejaba una firme voluntad de ir al fondo de las cosas y utilizar la crítica para reconocer los problemas que había que resolver. Señalaba que el hecho de que los nativos no hablasen español creaba una barrera entre ellos y los españoles. Si tuvieran ambos grupos la misma lengua materna "no serían los españoles tan odiados en el país", gozarían de un mayor afecto por parte de la población y habría mayor comunicación entre unos y otros. Después de tan largo tiempo de presencia española y siendo ambos grupos vasallos del mismo rey no se entendían, lo cual perjudicaba el comercio, la convivencia y el proceso de asimilación cultural. 28 -Por los malos tratos que infligían a los feligreses, los frailes provocaban que muchos de ellos huyeran, al preferir abandonar sus casas y pueblos que soportar la situación. La opinión adversa manifestada por Vértiz en cuanto a los párrocos religiosos no era compartida por el autor de Observaciones..., que consideraba que la distancia que guardaban los curas europeos con respecto a los nativos era conveniente para demostrar la superioridad de aquéllos y mantener el respeto. Las causas del atraso filipino Pese a la visión negativa que nuestros autores tenían sobre muchos aspectos, existía también en ellos la idea, compartida por otros, de que Filipinas poseía un potencial de riqueza natural y humana que podría ser mejor explotado para el engrandecimiento del país y su más fructífero aprovechamiento por parte de la metrópoli. Como en otros momentos de su historia, Filipinas generaba expectativas de un futuro promisorio. Obviamente no podían dejar de señalar que el país gozaba de una inmejorable situación estratégica que lo hacía eslabón importante en la cadena de comunicación entre Asia y América. La proximidad a China le permitía aumentar su población, industria y comercio, mientras que su distancia al continente asiático lo preservaba de las revoluciones que eran tan frecuentes en él. 30 Algo interesante es que dos de los autores señalaban la conveniencia de hacer venir chinos a Filipinas como una medida para fomentar la economía y luchar contra la despoblación. 31 La opinión favorable que tenían sobre los nativos hacía que resaltaran su buena disposición para diversas actividades productivas y para el comercio interno. Este podía ser aumentado al desarrollar los recursos que se pensaba que el país poseía en abundancia. Otra de las ventajas, muy mencionada también por otras fuentes, era la "fertilidad" del suelo, tan apropiado para el cultivo de plantas tropicales, la riqueza de sus recursos forestales y por lo tanto de madera para la construcción naval. 32 Para reforzar su optimismo todos ellos comentaban una serie de artículos producidos en el país (algunos de los cuales ya eran comercializados con relativa amplitud) y que podrían facilitar a Filipinas ciertas ventajas de cara a un futuro desarrollo: arroz en numerosas variedades, cacao, trigo, tabaco, sibucao, azúcar, añil, pimienta, canela, algodón, abacá, coco, maderas, aceite, buri, borona, camotes, plátanos, cera, perlas, concha, balate, nido, carey, camarón, pescado, hierro, oro, cobre, brea, nervios, carne y cuero de venado, caballos, vacas, carneros, aves, carabaos, cerdos, tejidos de algodón y seda. 33 Pero, pese al optimismo en cuanto al análisis de las perspectivas futuras, la realidad que reconocían era de atraso y exponían lo que considera- Tomo LIII, 2, 1996 ban sus causas. Ya se han comentado algunas, otras que se extraen de los escritos son: -La diferencia demasiado marcada entre Manila y las provincias, de la cual se derivaba la escasa inversión en la agricultura y el poco desarrollo tecnológico de ella.-La posición de Manila (entendiendo por esto el complejo Manila-Tondo-Cavite) como entrepot internacional y capital de la colonia la hacía gozar de un papel predominante en la economía insular. Todo ello se debía a que la pequeña comunidad laica española se dedicaba casi exclusivamente al intercambio comercial entre Asia y América. Manila era vista como "la cabeza monstruosa de este cuerpo miserable". 34 Justamente en este período se discutía en diversas instancias de la administración colonial la necesidad o la posibilidad de abolir el sistema del galeón transpacífico, aparte de las alternativas que suponían la Real Compañía de Filipinas y la apertura del puerto de Manila un poco después. 35 Sin embargo, el autor de Observaciones... no se mostraba partidario de suprimir el régimen del galeón, y contestaba el argumento, utilizado por algunos, de que el comercio interno y la agricultura no serían florecientes mientras subsistiera el galeón de Acapulco y lo que él implicaba. Decía que los españoles (refiriéndose como españoles tanto a los europeos como a los criollos americanos, tal como se empleaba el término en aquella época) habían sido atraídos a Filipinas por el comercio transpacífico y si éste faltara lo más probable era que abandonasen el archipiélago. Decía que la dedicación al cultivo de la tierra no se podía improvisar y que cualquier cambio en el orden en que se había fundamentado una colonia había de ser muy meditado y lento para que no redundara en trastornos. Pero Vértiz se quejaba de algo más: de la dirección que Manila asumía en ciertos aspectos de la economía filipina. Por ejemplo, en la fijación de precios, la cual afectaba negativamente a las mercancías que desde las provincias llegaban a la capital, donde a veces los productos resultaban más baratos que e sus mismos lugares de origen. 36 -El drenaje de plata hacia China.-También en este punto de los confines de un Imperio se levantaban voces contra las consecuencias del tradicional déficit en el comercio entre Europa y Asia, aunque en este caso MARÍA FERNANDA GARCÍA DE LOS ARCOS 12 34 Vértiz. 35 Díaz-Trechuelo, Ma L.:"Manila: Puerto Franco. El Comercio libre en la última década del siglo XVIII". se tratara de la plata americana. 37 A este hecho negativo se le proponía un remedio: exportar algodón en rama de Filipinas a China, con lo cual se pensaba compensar el desequilibrio de la balanza comercial. 38 -La violencia de los malayos musulmanes del sur contra los territorios situados bajo el gobierno español.-Los autores no dejan de hacer alguna pequeña referencia a otros focos de tensión social como las sublevaciones de chinos y malayos cristianos, 39 pero ninguno les otorga el rango de causas del atraso de las islas. Por el contrario, todos enfatizan en los graves inconvenientes que producían los ataques de los moros, considerados casi siempre piratas por las fuentes españolas. El espacio y el interés que dedican a ellos los tres escritos es grande, lo cual es lógico por tratarse de documentos que prestan una especial atención a la islas Visayas, región particularmente asolada por los ataques. Señalan no solamente que las incursiones de los moros eran periódicas y abundantes sino también que existían incluso establecientos moros temporales en algunos lugares: según Salaberrias, en el momento en que él escribía se encontraban asentamientos en cinco ríos de la isla de Negros, donde se juntaba la mayor parte de las escuadras que salían de Mindanao y Joló (Sulu) en los meses de junio y julio; Vértiz señalaba que había uno en Masbate donde los moros construían sus embarcaciones y reunían a los cautivos que iban capturando antes de llevarlos a Mindanao para su venta. Las consecuencias eran graves y afectaban a los nativos más desfavorecidos. Entre ellas mencionan: saqueos y destrucción de bienes, lugares, viviendas y personas; reducción a la esclavitud de "muchos" habitantes que eran conducidos al sur y vendidos o empleados en diversas tareas por los captores; huida de otros muchos que, para escapar del peligro, se refugiaban en los montes o en las espesuras del interior de las islas; como resultado, había despoblación y algunas islas habían quedado desiertas, tal como ocurría con Burias, Sibuyan, Tablas, Bantoncillo, Sigmará, Cobrador y Maestre del campo; 40 el clima de violencia que reinaba en el mar y perturbaba la navegación, pues hasta las embarcaciones del Estado eran atacadas por los moros. CRÍTICA Y REFORMISMO DIECIOCHESCOS EN FILIPINAS 13 37 Valdés Lakowsky, V.: De las minas al mar. Historia de la plata mexicana en Asia. Criticaban al gobierno de Manila por no haber sabido dar una solución política a un problema que tanto se prolongaba en el tiempo y que debería haber sido resuelto por un efectivo y duradero tratado de paz, 41 o con una más dura intervención militar 42 que hiciera que los españoles pasaran a la ofensiva y llevaran la guerra al territorio enemigo. -El exceso de poder en manos de los gobernadores generales.-Tal vez de los tres autores, el más crítico hacia el gobierno central de las islas fue el que escribió Observaciones... Para él los gobernadores generales de Filipinas, esos virreyes de facto, tenían demasiados recursos de poder, cosa que evidentemente ha de ser relativizada y puesta en cuestionamiento. Pero merece la pena señalar las dificultades que, según él, entorpecían el desempeño de los gobernadores: a) Estos raramente eran gente conocedora del país. Hubo entre ellos ciertamente algunos que residían o habían residido en él, pero la mayoría eran enviados desde España sin que hubiera habido un previo contacto. Por lo tanto la información con que llegaban era escasa, limitada a algunos desórdenes que tenían que evitar y de los cuales no dependía en exclusiva el "atraso" de las islas. "Faltando generalmente un estudio tan preciso, la instrucción lenta que origina la experiencia llega, cuando se adquiere, al final de su mandato, en un momento en que se pierde ya todo el fruto puesto que el sucesor no se beneficia de ello por falta de comunicación". b) Además estaban sobrecargados por la intensidad y la variedad de las labores propias de su cargo. "Los gobernadores puramente militares entran en un laberinto en el que se ven rodeados de negocios ajenos a su carrera. Las materias de guerra, marina, comercio, patronato, policía y real hacienda de veinticinco provincias originan un cúmulo de ocupaciones que les ofuscan la atención y les distraen de lo que interesa al adelantamiento de las islas. La pesadez con que todo se trata aumenta las ocupaciones, ateniéndose sólo a lo más urgente". c) Los gobernadores no eran asistidos por un funcionariado suficiente. Solamente disponían de un secretario, mientras que eran necesarios varios para distribuir entre ellos los negocios. d) Algunas leyes no se cumplían, por ejemplo las relativas a la distribución de los fondos de comunidades y las visitas de los oidores. e) Los gobernadores se ocupaban demasiado de extender los límites de su poder. Según el autor de Observaciones... era una ambición común a MARÍA FERNANDA GARCÍA DE LOS ARCOS 14 41 Observaciones... todos, que deseaban un gobierno de tipo militar y sentían repugnancia por las restricciones a su autoridad que pretendían absoluta. Por eso querían la extinción de la Audiencia y en su lugar el establecimiento de un gobierno fuerte con varios asesores entre quienes se distribuyeran las diversas materias, políticas, civiles y criminales. En ninguna parte de América, decía, había poder ni desorden igual que en Filipinas. Para él era evidente el peligro de confiar tanto poder a un hombre a seis mil leguas de distancia de la metrópoli. * * * Es evidente que estas aseveraciones no pueden ser tomadas al pie de la letra, ya que si bien es cierto que los gobernadores tuvieron roces y conflictos de jurisdicción con otras instancias, también lo es que algunas de ellas constituían en Filipinas un verdadero poder paralelo al del jefe supremo de las islas. Vértiz fue más analítico al completar el panorama de las estructuras de poder con su planteamiento del dominio ejercido por los religiosos párrocos en las zonas rurales, situación que el autor de Observaciones... reconocía pero sin tomarla en cuenta, ya que presentaba al poder central casi aislado de presiones e intereses contrapuestos. Todo documento histórico ha de ser sometido a crítica y a cotejación con otras fuentes de información, pero, cumpliéndose con estos requisitos, se puede concluir que los tres escritos que han sido parcialmente presentados aquí pueden ser de utilidad en la investigación por la variedad de los temas que tratan, así como por el carácter crítico y propositivo que enriquece sus puntos de vista. CRÍTICA Y REFORMISMO DIECIOCHESCOS EN FILIPINAS 15
Se presenta una lista de libros, opúsculos, folletos y artículos referidos a la historia de las relaciones entre Argentina y Brasil, comprendiendo publicaciones antiguas y recientes. La intención ha sido mostrar un repertorio, relativamente amplio, de la producción historiográfica sobre el tema, de modo que pueda observarse la evolución de estos estudios en el tiempo y los temas que en su transcurso han provocado la atención de los historiadores. Se ha hecho una división cronológica teniendo en cuenta los hitos más significativos de la historia de estas relaciones. La lista es precedida por una presentación en la que se señalan las características generales de estas relaciones, como así también las tendencias de la historiografía, ubicando ambas en el contexto general de la historia de las relaciones interamericanas y marcando así sus peculiaridades y rasgos distintivos. Las relaciones de tipo bilateral son las que han provocado mayor atención en la historiografía de las relaciones interamericanas. Si bien, en general, esas relaciones pertenecen a la época contemporánea -más precisamente desde la formación de los nuevos Estados nacionales-, hay unas que se destacan del resto debido a su mayor longitud temporal, y en tanto reflejan en la contemporaneidad cuestiones internacionales planteadas durante la época colonial. Ellas son las que corresponden a los confines del antiguo imperio español, septentrional y meridional, contiguos a las posesiones territoriales de Gran Bretaña y de Portugal. Las relaciones que han mantenido recíprocamente México y los Estados Unidos y las de Brasil con las naciones platenses -y de éstas especialmente Argentina-presentan, así, una particularidad que las distingue de las que ha sostenido el resto de las naciones americanas entre sí. Las relaciones internacionales entre estos pares de naciones deben remontarse, por tanto, al período colonial, y vincularse con las disputas entre ambas metrópolis (Gran Bretaña-España y Portugal-España) ventiladas tanto en escenarios europeos como en los americanos. Los conflictos, acuerdos o alianzas que establecieron para atender cuestiones netamente europeas repercutieron en sus colonias americanas, y a menudo esas colonias fueron piezas importantes de las negociaciones, llegando hasta a ser objeto de venta o canje en función de la solución de problemas propios del continente europeo. Las relaciones entre Brasil y Argentina se distinguen aún de todas las demás porque ellas nacen prácticamente con el arribo inicial a la América del Sur de los súbditos de las Coronas española y portuguesa. El conflicto radicaba entonces exclusivamente en los límites territoriales y marítimos que correspondían a una y a otra, y dio lugar a arduas discusiones y a numerosos tratados, todos ellos cuestionados a lo largo de la historia. Se trataba en los primeros tiempos de planteamientos más bien teóricos y abstractos, pues mucho tardaron los conquistadores y colonizadores portuguesas y españoles hasta encontrarse frente a frente y hallar así motivos reales de controversias, en estas infinitudes de espacios que fueron descubriendo. Puede entonces afirmarse que las relaciones entre Argentina y Brasil son las más antiguas de América. Por eso las historias que se escriben sobre estas relaciones recurren todavía a aquellos orígenes para encontrar mejores explicaciones, y se remontan hasta las Bulas Alejandrinas y el Tratado de Tordesillas, desde 1493, arreglos con los cuales las dos naciones iniciaron esta larga y difícil trayectoria por dirimir los límites de sus posesiones en América. Hay una segunda condición que las caracteriza y distingue, y explica también su antigüedad y persistencia, originada en el hecho de que la contigüidad de sus posesiones americanas es una característica que se presenta también en los territorios nacionales de la Península Ibérica. Por tal motivo, a menudo los problemas suscitados por la vecindad europea repercutieron sensiblemente en los respectivos dominios americanos, y las disputas limítrofes metropolitanas encontraron argumentos y principios de solución en arreglos también limítrofes pero de territorios coloniales. Hay todavía una tercera singularidad, y es la que se refiere a las cuestiones dinásticas y monárquicas. Las familias reales de Braganza y de Borbón sostuvieron entre sí matrimonios y guerras; como es perfectamente humano, algunos matrimonios terminaron en guerra y algunas guerras terminaron en matrimonio. No fue ajeno a todo esto el ámbito colonial; baste recordar que en el momento de la emancipación rioplatense se pensó coronar en Buenos Aires a una princesa Borbón, hermana del rey español cautivo entonces de Napoleón y esposa mal avenida del príncipe Braganza instalado en Río de Janeiro. Las gestiones contaron con el apoyo de unos y la repulsa de otros sectores palaciegos lusitanos, y lo mismo ocurrió en sectores dirigentes rioplatenses. De tal manera, algunos de los fundadores de la nacionalidad argentina heredaron la inveterada práctica dinástica de sus viejas metrópolis europeas, inaugurando así las relaciones independientes con una fuerte tendencia tradicionalista. Al ingresar en el conocimiento de esta historiografía debe tenerse en cuenta también que las relaciones entre Argentina y Brasil, aún las restringidas a la bilateralidad, merecen ser consideradas dentro de un ámbito más amplio, en razón de ser las dos naciones mayores -al menos en superficie y población-dentro de la gran cuenca del Plata a la que pertenecen asimismo Bolivia, Paraguay y Uruguay. Las relaciones entre los dos países, por tanto, han rozado siempre de algún modo las cuestiones que involucraban a los otros tres. Precisamente estas tres naciones habían formado parte del Virreinato del Río de la Plata, y durante muchos años de vida independiente siguieron siendo partes significativas en las vicisitudes de las relaciones entre las dos primeras. Baste recordar que durante el período de la Confederación rosista, hasta 1852, este gobierno no reconoció la independencia del Paraguay, al que consideraba una provincia argentina, y que aún después de la fundación de la república uruguaya, en 1828, el gobierno y la dirigencia argentinos mantuvieron activa ingerencia en la vida política interna de ese país. Por eso las relaciones bilaterales de Argentina y Brasil se encuadran en un ámbito mayor que comprende las relaciones interregionales de la cuenca platense. Las dos guerras en las que fueron co-protagonistas las dos naciones en el siglo XIX han ocupado preferente atención de los estudiosos. Se enfrentaron en la primera de esas guerras, por la posesión de la Banda Oriental; el resultado, aunque favoreció el nacimiento de una nueva nación, no zanjó sin embargo las diferencias de siglos, de modo que en los años siguientes el tono predominante continuó siendo el del recelo y el conflicto permanentes. En cambio fueron aliadas en la segunda contienda, destinada a poner término al poder de López en el Paraguay, y ese acuerdo revela también una tendencia a reconocerse recíprocamente como líderes de la región y a no admitir en consecuencia un tercer oponente. Siguieron así una línea ya transitada por el Directorio argentino cuando consintió la entrada brasileña a la Banda Oriental para apagar el fuego del federalismo de Artigas. Esta doble y complicada política de hegemonía en la región, frente a vecinos alternativamente rivales o amigos, tradicionalmente más débiles pero que oponían esporádicos intentos por alcanzar mejores posiciones relativas, ha provocado interpretaciones diversas y opuestas en los historiadores de ambos países. HISTORIOGRAFÍA DE LAS RELACIONES ARGENTINO-BRASILEÑAS 3 Tomo LIII, 2, 1996 Otra gran cuestión siempre latente en las relaciones ha sido la de la confrontación de los sistemas de gobierno, durante el tiempo en el que en el Brasil se mantuvo la monarquía. Los gobiernos argentinos usaron esta situación como recurso para estimular en las repúblicas hispanoamericanas las prevenciones contra los supuestos peligros que el régimen implicaba para la estabilidad de sus propios sistemas republicanos, generalizados en el continente. El hecho de que predominaran aquí las repúblicas y en Europa las monarquías era presentado como eficaz y simple argumento para sostener que la libertad y la emancipación se afirmaban en las repúblicas, en tanto las coronas reales perpetuaban el sometimiento y el vasallaje. Como contrapartida, el Imperio apelaba al orden superior que imponían sus instituciones por el respeto que inspiraba su emperador, oponiéndolo al permanente estado de desorden y a veces de caos en que quedaban sumidas las repúblicas, tan difíciles de gobernar. Obviamente, cuando se registran los momentos más cálidos de los conflictos, el contraste entre monarquía y república aparece con mayor intensidad y es entonces cuando la historiografía lo recoge, en tanto que no ha merecido mayormente una atención separada desde el punto de vista de la historia de las instituciones políticas, salvo algunos estudios de brasileños sobre las dificultades de convivencia y vecindad entre una monarquía y una veintena de repúblicas. En fin, las relaciones entre Brasil y Argentina han sido ricas, complejas, conflictivas. Ofrecen, por tanto, temas inagotables para los estudiosos que, en efecto, han producido un nutrido y valioso repertorio. Notas sobre la historiografía En 1982 María Regina Soares de Lima y Gerson Moura publicaron "Brasil-Argentina: Fontes Bibliográficas", en Revista Interamericana de Bibliografía (vol. XXXII, n.o 3-4, págs. 295-321. Dividieron esa nómina en dos grupos, uno referido a obras históricas y el otro a trabajos lindantes con la actualidad. Obviamente, se trata de una lista parcial; a pesar de ser más extensa, también lo es ésta que ahora presentamos. En cierta medida, la diferencia numérica se debe a que hemos podido incorporar publicaciones que no habían aparecido aún cuando estos autores hicieron su trabajo. Preferimos aquí omitir en su mayor parte las referencias bibliográficas ya aportadas por estos autores, por considerar innecesaria su repetición, aunque hemos exceptuado de esa omisión una docena de obras que nos parecen dignas de ser remarcadas. Entendemos que las dos listas se complementan sin superponerse; también destacamos la conveniencia de consultar las obras generales citadas por Lima y Moura para un mejor conocimiento de estas relaciones. Con el criterio restringido a las relaciones bilaterales, la clasificación del repertorio que ahora ofrecemos obedece naturalmente a una base cronológica y la división está marcada por los hitos significativos en la historia de estas relaciones; han sido agregados, sin embargo, dos temas que merecieron atención separada de algunos autores: las relaciones económicas y las cuestiones limítrofes o fronterizas. De tal modo, la lista tiene una primera sección para las obras que se ocupan de un tiempo largo, en ocasiones desde los mismos orígenes hasta la contemporaneidad. Es notoria en este grupo una característica que se revela a partir de la propia titulación de los trabajos y consiste en que en su mayoría se refieren a la política o acción de Brasil en Argentina, y no a la inversa, como si el primero hubiera tenido siempre el papel activo y la segunda el papel pasivo en estas relaciones. Incluso autores brasileños admiten el término "expansionismo" para caracterizar ese papel activo, aunque en algunos casos lo hacen para presentar explicaciones que encierran sutiles o rotundas justificaciones. La segunda sección corresponde al período de la independencia, y en ella se incluyen sus prolegómenos, ya que la venida de la Corte portuguesa al Brasil, en 1808, tuvo su impacto en la situación prerrevolucionaria de Buenos Aires. Hubo en ese período dos entradas de tropas brasileñas a la Banda Oriental que conmovieron las relaciones con el gobierno argentino, la segunda con el propósito ostensible de incorporar la provincia al reino lusitano. Debe anotarse para esta época la complejidad y multiplicidad de las relaciones, pues tales ocupaciones afectaban intereses de España, de revolucionarios argentinos y de federalistas y republicanos uruguayos, además de la ingerencia de Gran Bretaña, que había puesto ya su atención sobre este sector como de interés significativo para la grandeza de su Imperio. Al considerarse las relaciones bilaterales éstas deben integrarse, en consecuencia, dentro de un conjunto múltiple de intereses e intervenciones. La siguiente sección corresponde a la guerra entre Brasil y Argentina por la posesión de la Banda Oriental. Se trata de un breve pero intenso período, en el que se decidió la independencia uruguaya. Fue la solución de HISTORIOGRAFÍA DE LAS RELACIONES ARGENTINO-BRASILEÑAS 5 Tomo LIII, 2, 1996 carácter geopolítico en que desembocaron los intentos diplomáticos y la acciones bélicas. Tratándose de un problema agudo y vital para ambas naciones, la historiografía acusa también las perspectivas nacionales agitadas en uno y otro país, evidenciando así tomas de posiciones teñidas a veces de intenso sentido nacional. La sigue la etapa de tensiones y conflictos ahora fundamentados en los desacuerdos en cuanto al cumplimiento de la Convención Preliminar de Paz de 1828 -que obligaba a ambos gobiernos a garantizar el sostenimiento de la independencia de Uruguay-, comprensiva también de las dilaciones para la firma del Tratado definitivo de paz. El gran protagonista de este período fue Juan Manuel de Rosas, en su carácter de gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores. La permanente intervención de la Confederación Argentina en las luchas políticas internas uruguayas constituyó la causa ostensible para el mantenimiento de los seculares recelos y desconfianzas. El partido unitario, empeñado en derrocar a Rosas, encontró en Brasil un aliado decisivo para lograr sus propósitos y la participación del Brasil en la campaña unitaria convirtió a la vida política interna de la Argentina en una cuestión propia de las relaciones internacionales. Ello ha motivado un particular tratamiento del tema por la historiografía nacional, con eclosión de pasiones que desbordan a menudo un análisis frío y mesurado. En un extremo, los autores liberales explican la acción de tropas brasileñas en territorio argentino como una empresa liberadora y civilizadora; en el otro extremo, los revisionistas acusan de claudicación y traición a los dirigentes implicados en lo que califican de conjura internacional. En este caso, al recelo permanente se une la defensa de posiciones políticas nacionales. Los autores brasileños, en tanto, pueden tratar la cuestión sin mayor carga de conciencia, pues esta vez su intervención en el Plata fue impulsada por la solicitud argentina. Sugerentemente, el período posterior a la caída de Rosas y hasta la guerra de la Triple Alianza, de que trata la siguiente sección, ha ocupado poca atención de los historiadores. Es un período neutro, con algunos entendimientos y aproximaciones, sobre todo en el terreno de los intercambios económicos. Es como un interregno, y así parecen entenderlo los historiadores, salvo los escasos estudiosos que se han ocupado de este momento singular de las relaciones. Para el período de la guerra de la Triple Alianza en adelante hay un nutrido repertorio historiográfico. Otra vez más, a los estudios concienzudos se agregan los alegatos que pendulan entre la acción civilizadora y el genocidio y en cierto modo se explica esta característica por tratarse de la mayor y más cruenta guerra habida en territorio sudamericano. Los seculares rivales se encontraron esta vez unidos contra un enemigo común, y esto ha ocasionado también una actitud singular en la historiografía: que autores brasileños se identifiquen con autores argentinos, y viceversa, coincidiendo en uno de los dos extremos del péndulo. Al fin, es plausible que al menos una vez las distancias de interpretación se acorten, pero de todos modos subsisten rotundas discrepancias, ya no exclusivamente por cuestiones de defensa de las respectivas nacionalidades. La secuencia cronológica concluye con algunos estudios referidos al siglo XX, en donde los historiadores se encuentran con los científicos políticos de las relaciones internacionales; hemos preferido limitar las referencias a ciertos trabajos de connotaciones rigurosamente históricas, pues de otro modo hubiéramos entrado en un campo en el que predomina un enfoque proveniente de otras disciplinas sociales o humanas. Finalmente, hemos incorporado dos secciones, referidas a cuestiones económicas y de límites. Se han colocado aquí las obras específicas sobre ambos temas, aunque ellos también están de un modo u otro presentes a lo largo de muchos estudios incluidos en otras secciones. Por último, nos complace señalar que el número de autores brasileños mencionados es muy semejante al de los argentinos; por lo demás, la suma de los autores de las dos nacionalidades constituye la casi totalidad de la producción citada. Al menos en este aspecto la lista refleja una realidad, superando así una tendencia de la misma historiografía en cuanto a la utilización marcadamente unilateral de las fuentes bibliográficas según la nacionalidad de los autores.
propaganda oficial porfiriana al describir los periodistas los adelantos económicos experimentados por México durante el gobierno de Don Porfirio; y el del mito y visión propagandística del pasado conquistador y colonial -el nivel más interesante, evidentementepuesto que se aboga por una reconciliación entre españoles y mexicanos y se define la mexicanidad como mestizaje. La ruta de Hernán Cortés... Resulta significativo que dos periodistas valencianos 1 de principios del siglo XX elijan precisamente este título y, lo que es más importante, decidan repetir la hazaña del extremeño, recorriendo de nuevo, a caballo y en tren, los parajes por los que pasó el conquistador en su ascensión hacia el centro del poder azteca, la gran ciudad de México-Tenochtitlan. En efecto, hablar de México y de Cortés genera inmediatamente polémica. Es un tema que se encuentra íntimamente ligado nacionalidad y, en este sentido, se puede decir que la actitud adoptada frente a Cortés delimita las diferentes visiones del pasado mexicano. Por ello, al revalorizar la figura del conquistador, la iniciativa de los dos periodistas adquiere una dimensión cultural e ideológica muy clara. Y así lo vio el representante diplomático español, Bernardo Cólogan, al afirmar que "la idea, íntimamente ligada a la celebración del Centenario de la Independencia, tenía para nosotros una gran oportunidad patriótica, por cuanto el nombre de Cortés está todavía aquí en entredicho, como consecuencia de rencores, pasiones, exageraciones y prejuicios, incorporados a la historia local y a la enseñanza". Confía el diplomático español en la labor del tiempo, favorecida por el ambiente de cordiales relaciones existente entre las dos naciones, para ir disipando esa negativa valoración de Cortés. El viaje implica, pues, una redefinición del papel de España en América y de sus relaciones con sus antiguas posesiones tras consumarse la independencia. En este sentido, y como se encarga de resaltar el diplomático español, la fecha de publicación del relato es altamente simbólica: 1910, año de la celebración del Centenario del Grito de Dolores que inició el movimiento independentista mexicano. Si la simple lectura del título genera estas conclusiones, las dedicatorias del mismo las confirman definitivamente. En efecto, esta obra constituye un acto de afirmación nacionalista-hispanoamericanista desde un punto de vista mexicano y español, y se presenta como el homenaje literario de la colonia española a México con ocasión de la celebración del Centenario de la Independencia. 2 En la portada, junto a las dos fechas simbólicas de 1519 y 1910, aparece el lema "Pro Patria" en forma de sol ascendente y, en la página siguiente, los escudos de las dos naciones. Además, por si no hubiera quedado suficientemente claro, se especifica a continuación que existe una tirada especial de cien ejemplares que han sido ofrecidos a los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y al presidente de la República mexicana, general Porfirio Díaz, y a su esposa, Carmen Romero Rubio de Díaz, así como a los ministros de ambos gabinetes, a entidades ALMUDENA DELGADO LARIOS 2 2 Sin embargo, en sus orígenes, el proyecto fue presentado como una iniciativa exclusivamente individual de los dos valencianos, insistiendo en su condición de "bohemios ambulantes de la españolería". Cólogan afirma que "difícil, por no decir imposible, e inadecuado hubiera sido que, aún en la esfera privada, una colectividad o elemento español en algún modo autorizado tomase alguna a nombre y en homenaje de Hernán Cortés, corriendo el riesgo de provocar susceptibilidades y fracasar, y a la verdad no se intentó". Anuario de Estudios Americanos científico-literarias, políticas y sociales, y a distinguidas personalidades mexicanas y españolas. Se trata, pues, de una empresa apoyada y fomentada por el poder, con una intención propagandística evidente en los dos países. 3 Otros elementos confirmarán, como se verá más adelante, el carácter propagandístico de este relato, en múltiples aspectos. Continuando con la simple observación, la presentación formal apoya igualmente esta primera deducción. La obra está dividida en tres partes y la primera tiene por objeto la explicación de los orígenes de la empresa redescubridora-conquistadora, partiendo explícitamente de una reflexión histórica. Las otras dos partes, muy equilibradas pues constan ambas de seis capítulos cada una, contienen el relato pormenorizado del viaje desde la isla de Cozumel hasta la capital mexicana. Es el relato de un viaje, a través de un espacio concreto, México, y en un tiempo también concreto, el mes que transcurre desde que el barco atraca en Cozumel y los dos periodistas llegan a la capital (13 de abril-13 de mayo de 1910). De entrada, pues, el viaje tiene una dimensión histórica. Pero, además, la deliberada adopción de un esquema y de un lenguaje arcaizantes, calcados de la crónica de Bernal Díaz del Castillo, revela una determinada concepción de la Historia, junto con el deseo de darle mayor verosimilitud al relato. 4 En efecto, los dos periodistas adoptan la crónica de Bernal Díaz como modelo y guía para su periplo por tierras mexicanas y por el pasado. Tras esta actitud subyace la convicción positivista de la objetividad del documento histórico, aunque los mismos autores hagan referencia, por boca de Bernal o de otro testigo de la Conquista -el piloto Antón de Alaminos-, a la existencia de versiones distintas y, en consecuencia, a la imposibilidad de establecer los hechos "reales". Pero ese mismo reconocimiento de las dificultades de conocer lo que pasó confirma la adopción del credo positivista puesto que se anima a los estudiosos a proseguir sus investigaciones para llegar a la "verdad". LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 3 Por otra parte, cada capítulo se encuentra precedido, a modo de anuncio y de meditación, por un epígrafe con una cita de una relevante personalidad literaria mexicana y cada cita sirve de hilo conductor del relato, anunciando en síntesis lo que se va a desarrollar en cada capítulo. Este homenaje a través de las citas revela un conocimiento de las tendencias literarias del México porfiriano y de los grupos, asociaciones o sociedades literarias. Por su composición, se aprecia un deseo de conciliar las distintas tendencias y de incluir, dentro de lo posible, a las principales figuras del momento o del pasado inmediato, insistiendo en el carácter mexicano de la producción literaria, una cuestión candente desde mediados de la centuria anterior. 5 En efecto, a lo largo del siglo XIX, el enfrentamiento ideológico y generacional que opuso a liberales y conservadores impregnó todos los ámbitos de la vida mexicana, llegándose a hablar en el terreno literario de escritores iturbidistas o juaristas. Durante el Porfiriato se calmaron los ánimos en lo concerniente a la política pero, a partir de 1889, estalla la polémica en torno al modernismo. Este relato incluye citas de famosos escritores liberales de distintas tendencias literarias, desde grandes figuras como Guillermo Prieto, Ignacio M. Altamirano (el defensor e impulsor de un grito de Dolores cultural, es decir, de una cultura, de una literatura mexicanas) y Justo Sierra (una de las figuras más importantes del positivismo mexicano), hasta poetas modernistas como Salvador Díaz Mirón, Luis G. Urbina y Amado Nervo, entre otros. 6 Y el apoyo gráfico desempeña similar función. En efecto, a lo largo de toda la obra se insertan dibujos de los distintos lugares visitados. Y la contemplación de estos dibujos da una nueva pista sobre la intencionalidad de este acto de propaganda, a la vez que demuestran como todo gira ALMUDENA DELGADO LARIOS 4 5 Martínez, José Luis: "México en busca de su expresión", en Cosío Villegas, Daniel (coord.): Historia general de México, vol. 3, México, 1976, págs. 285-331. La cita de Nezahualcóyotl, además de rendir homenaje al rey-poeta prehispánico, hace referencia a la sociedad literaria del mismo nombre, creada hacia 1868-1874. 6 La lista completa de los autores de esas citas, por orden de aparición en los distintos capítulos, es la siguiente: Nezahualcóyotl, Guillermo Prieto (poeta romántico hacia 1836 y gran figura de las letras mexicanas hasta finales de siglo), Francisco M. de Olaguibel (escritor que despunta hacia 1897), Rafael Nájera, Salvador Díaz Mirón (perteneciente a la generación de jóvenes de 1887-1888 adictos al modernismo, a la poesía simbolista y parnasiana), lgnacio M. Altamirano (el gran maestro desde 1834 hasta 1893), Juan de Dios Peza (poeta, de la generación de mediados de siglo, 1867-1889), José Peón y Contreras (también de la generación de 1869-1876), Federico Escobedo, Luis G. Urbina (modernista), Manuel Múzquiz Blanco, G. Fernández de Lara, Francisco A. de Icaza, Amado Nervo (gran figura del modernismo), Manuel J. Othón (modernista) y Justo Sierra (educador, ensayista y gran figura del positivismo). en torno al espacio, físico y concreto por una parte, mítico por otra. En efecto, quedan reflejadas las poblaciones visitadas en el estado en que se encontraban en 1910. Por tanto, más que rememorar la Conquista, con sus secuelas de destrucción, violencia y muerte, se trata de revivir la epopeya descubridora/exploradora que constituyó el largo y penoso viaje desde la costa hasta el altiplano, para dar cuenta de la situación del México porfiriano, de los adelantos acaecidos desde los tiempos de Hernán Cortés. Se trata igualmente de unir lo que se había separado, de conciliar, de hermanar a dos pueblos, y de hacerlo en un lugar concreto, simbólico: la cima del Popocatépetl. Se perfilan así, casi de forma espontánea, las principales líneas de este análisis. En primer lugar, la aventura personal de los dos periodistas, sus sensaciones, sus reacciones ante un paisaje y unas costumbres diferentes a las suyas, las peripecias y las anécdotas del viaje, todo lo cual constituye en cierto sentido una iniciación, el paso a un estado espiritual nuevo. A continuación, el contenido propagandístico de la empresa, directamente ligado a la coyuntura inmediata del Centenario y del gobierno de Porfirio Díaz: qué aspectos del México porfiriano se destacan, qué juicios de valor merecen los distintos grupos sociales, la economía, las costumbres, etc. Y por último, la reflexión en torno al sentido de la Conquista, a la esencia de lo mexicano y a las relaciones profundas que existen entre España y México; en suma, qué filosofía de la historia subyace en este relato y cuáles son sus implicaciones intelectuales y políticas inmediatas. Aquí cobran todo su sentido y relevancia las apariciones fantasmagóricas de los héroes de la Conquista y de la Independencia de México, los cuales establecerán el nexo de unión entre el pasado y el presente. De esta forma, el Porfiriato aparecerá como la feliz culminación de un largo proceso desde lo primitivo hasta la civilización y el desarrollo. Esta idea fue enunciada explícitamente por el representante diplomático español, al afirmar que "aun siendo grande el cariño por lo indígena, cada día habrá de proclamarse con menos embarazo o escrúpulo que la fundación de la nacionalidad mexicana, orientada hacia la civilización y el progreso, data de la conquista, cuya personificación está en el gran Hernán Cortés, si bien asimilándose el elemento indígena, que fue España la primera, para gloria de nuestra acción humanitaria, en querer proteger y aliarse a él". 7 LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 5 Independientemente del contexto político y de su carácter propagandístico, este viaje es, ante todo, una aventura personal de dos hombres jóvenes, sedientos de novedades, de exotismo, de sorpresas y de conocimiento. Lo más destacado de este periplo lo constituye el pasaje desde la inmensidad del océano hasta la montaña -concretamente la ascensión a la cima del volcán Popocatépetl-, antes de llegar a la capital de la nación. Son dos episodios decisivos para el desarrollo de la acción, tanto desde el punto de vista personal como intelectual y propagandístico. No es casual, por tanto, que la cita que ilustra el primer capítulo se refiera al devenir del ser humano a partir de la ya clásica referencia a los ríos, arroyos y fuentes como símbolo del curso de la vida humana.8 Desde el principio, por la forma de introducir el viaje, se indica que se trata de un viaje iniciático. Lo confirma la presencia de los elementos más característicos y simbólicos relacionados con la aventura del conocimiento. En efecto, la primera imagen es la de dos hombres pensativos en la cubierta de un barco que surca el inmenso océano. Por consiguiente, los dos héroes se encuentran en uno de los cuatro elementos fundamentales, el agua, y navegan en una blanca nave, de noche, a la luz de la luna.9 He aquí todos los elementos de un rito de iniciación, de transición hacia un nuevo estado, el cual implica conocimiento, sabiduría. En este sentido, todos los elementos se refuerzan y se complementan simbólicamente. El agua está tradicionalmente asociada a la sensibilidad, a la emotividad; la luna simboliza el conocimiento teórico, indirecto, y también la imaginación, el sueño, un cierto estado de receptividad del ser que impulsa a la aventura. Por otra parte, para referirse al peligro que supone la vida, el barco encarna la seguridad pero también el principio y el fin, la vida y la muerte por su color blanco, la transición, el pasaje de un estado a otro. Esta imagen se ve reforzada por la presencia del mar, reino de la duda, de lo incierto. ALMUDENA DELGADO LARIOS 6 Que se trata de una ruta hacia el conocimiento lo avala la larga disgresión del primer capítulo sobre la Historia y la necesidad de luchar contra la ignorancia, las falsedades, los tópicos, para alcanzar la paz en su conciencia. A este respecto, el narrador afirma que "el mísero mortal -juego del tiempo, la ocasión y el caso-acaba por entrar en los dominios de la razón en calma, viendo hoy luz y esplendores donde acaso vio ayer negrura densa". 10 Casi se podría encontrar una comunidad de lenguaje con los ritos masónicos, puesto que los dos hombres parten del Agua, del reino de la sensibilidad y de la emotividad, y se dirigen hacia el Aire -en la cima del volcán-, hacia lo intelectual y filosófico, sin desdeñar la Tierra, la vida material. Y que parten del sentimiento, lo destacan ellos mismos: "Amor y Sentimiento no han menester copiosa erudición, ni crítica sutil, ni hábil dialéctica ingeniosa. Que ellos tan sólo -Sentimiento y Amor-son las banderas que haremos ondear al meridiano sol y al viento puro de las cumbres altísimas, sobre el florido campo do Méjico y España van a hermanar sus glorias y grandezas -siempre hermanas...". Las referencias a los mitos clásicos, a los dioses y héroes del pasado más remoto, plasman perfectamente esta idea de recorrido intelectual, a la vez que constituyen un recurso retórico -que apelmaza sobremanera el estilo-para describir pseudopoéticamente el paisaje circundante. Así, la luna es "argéntea, sutilísima hoz dejada por Apolo entre la flora centelleante de los vergeles siderales", el mar, momentáneamente tranquilo, tiene "pacto de enojos y acechanzas con Aquilón el pérfido, pontífice de Eolo en las regiones del Caribe". 11 Y en la soledad, las tinieblas y el silencio, los dos protagonistas ansían recibir una señal que les guíe en su empresa -de nuevo un artificio clásico. Y la señal llega, evidentemente, con el alba. De nuevo la imagen de la luz blanca, la luz primigenia, y del aire que eleva la mente. Así describen la aparición de la Voz que responde a la advocación de los dos españoles y que pertenece a uno de los héroes de la Independencia de México: Morelos (coincidiendo con el nombre del barco que los conduce hacia la costa y hacia la sabiduría). El discurso del fantasma de Morelos refleja ya, como se verá más adelante, la concepción de la historia de México como recorrido hacia el Progreso y como conjunto rico y armonioso de elementos aztecas e hispánicos. Y tras la revelación, tras la chispa que ilumina y ensancha la mente del hombre, llega el reino de la luz, pero de la luz solar, símbolo por excelencia del conocimiento. LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 7 10 Segarra, J.; Juliá, J.: La ruta de Henán Cortés, Madrid, 1910, pág. 18. Tras estas referencias simbólicas, en el capítulo quinto, el narrador explicita claramente el carácter de aprendizaje, de paso de la ignorancia a la sabiduría, que reviste este viaje. Tratando de seguir la ruta de Cortés, no se pretende -se señala en el texto-hacer labor de ratificación o de rectificación histórica, 12 ya que semejante tarea compete a los hombres doctos, a los hombres de ciencia y, por el contrario, los dos aventureros son dos humildes aprendices de todo y maestros en nada. Y aquí se hermanan el propósito individual y el político-propagandístico puesto que se afirma que la Ruta es Todo indica que se trata de la prueba decisiva, que determinará el éxito o el fracaso de la aventura, física e intelectual, de los dos periodistas. Referencias al infierno, al abismo, a los cuentos de terror, al alma atormentada de los fantasmas de los antepasados que perecieron en el intento, elementos todos que apuntan hacia el rito de pasaje. La referencia más clara es la del túnel, real y simbólico, es decir, el camino angustioso, que se recorre sumido en el terror ante las dificultades de la empresa a realizar, pero también el camino hacia la luz, hacia el conocimiento. El túnel se complementa con la imagen de la montaña, doblemente significativa en este caso ya que, por tradición clásica del mundo occidental y por tradición azteca del mundo prehispánico americano, se trata de una montaña sagrada. Constituye el punto de contacto entre el cielo y la tierra, entre el mundo de los hombres y el mundo de los dioses (en este caso de los héroes del pasado). Refleja igualmente el destino del hombre, en el sentido de elevarse del abismo de la ignorancia hacia las alturas, hacia la sabiduría. El hecho de que la ascensión se realice de noche refuerza la idea de paso del caos, de la oscuridad de los orígenes, hacia la luz de la creación y del saber. De esta forma, se prepara el camino para la revelación de carácter filosófico-histórico-político que constituye el eje conductor de este relato, es decir, la aparición en la cima del volcán de los dos héroes fundadores de la nación mexicana (Cortés y Cuauhtémoc) y el cortejo de personalidades de ese pasado común, desde la Conquista hasta la Independencia. Además, la presencia de animales extraños, negros por la falta de luz, apunta hacia la superación del componente primitivo del hombre, y por extensión de las sociedades humanas, alcanzando el estadio de civilidad, de progreso. Se confirma, así, la total coherencia existente entre los tres elementos conductores del relato, el individual, el socio-político y el filosófico. A medida que ascienden, se intensifica la sensación de prodigio, de creación, de estallido, de aparición de algo sobrehumano. "Negros nubarrones, en fantásticos remolinos, vienen de lo más alto de la sierra, como humareda de cien volcanes", y pronto cae una furiosa granizada. A las inclemencias del tiempo se añade el hambre y el cansancio, la falta de refugios donde guarecerse. "El espectáculo es dantesco, los pinos de troncos retorcidos, gesticulan abofeteados por la furia del vendaval". 15 Es el preludio de la revelación final, pero también la prueba del carácter indómito de la naturaleza, de los desafíos constantes que le lanza al hombre. Por otra parte, la imagen de la tormenta, del granizo y de los truenos constituye una prueba más del deseo de aunar tradiciones y culturas, la hispánica y la prehispánica. En efecto, se trata de un símbolo común a todas las culturas. La lluvia fertiliza, es el símbolo de la vida, de la fecundación. Y, en este caso, en la montaña mágica de los aztecas truena Tláloc, dios de la lluvia y del rayo. Y en la cultura occidental, junto con el significado agrario, se asocia también a un mensaje divino. De esta forma, se anuncia el acontecimiento insólito que va a producirse. El paso del cometa Halley, además de ser un hecho real acaecido en 1910, sirve para realzar el carácter excepcional y privilegiado del viaje y le otorga su dimensión mítica, equiparándolo al viaje real de Cortés, pues según Bernal Díaz, hubo señales y planetas en el cielo de Nueva España antes de que se produjera la llegada de los españoles. Viene a ser la demostración de que el eje conductor del viaje (demostrar el progreso de la "raza mexicana" y reinterpretar el pasado, asumiendo y ensalzando la unión de dos culturas, el mestizaje) no es fruto de la subjetividad de los protagonistas, no responde a ningún planteamiento particularista, sino que está inscrito en el orden lógico de las cosas y que era cuestión de tiempo, de madurez política e intelectual, descubrirlo. La coincidencia del paso del cometa con los dos momentos elegidos -el pasado de la auténtica Conquista y el presente de la rememoración-constituiría un argumento más para justificar la empresa, que sería el fruto del destino, de la ley inexorable de la Historia. La contemplación del cometa tiene, evidentemente, importancia también desde el punto de vista estrictamente individual, personal, puesto que es un prodigio que sólo puede verse una vez a lo largo de una vida. Por otra parte, la ascensión a la cima del volcán, episodio que se repite en otros relatos de viajeros europeos por el México decimonónico, supone una hazaña de los tiempos modernos, frente a las supersticiones antiguas. Encarna el triunfo de la ciencia, del conocimiento racional, base del progreso y de la civilización. Y, en el caso mexicano, ambos vinieron de la mano de los conquistadores españoles. "Inevitablemente acude al pensamiento el recuerdo del atrevido Diego de Ordaz y sus acompañantes, desafiando los primeros la miedosa tradición indígena que aseguraba la muerte a quien intentase penetrar el misterio de la montaña humeante". 16 El tramo final lo suben los protagonistas a pie, casi a rastras, arañando el suelo con las manos. Y el esfuerzo, la altura, el frío, la falta de aire producen una sensación de angustia y de asfixia. Al llegar al cráter, se unen el estruendo del volcán y el amanecer para alumbrar la aparición del cortejo de héroes y sellar la reconciliación final entre los dos pueblos. Los dos viajeros reciben así la recompensa por su esfuerzo y por su voluntad de saber, de perfeccionarse, de conocer. "Con el beso de la luz diurna, las nubes se estremecen, diríais que gozosas, y forman remolinos fantásticos; y la luz, absorbida por la intensa blancura del cono del volcán, hácenos ver desde el borde del cráter reflejados en el bruñido apisonado de aquel jaspe de hielo, cuantos caprichos engendran las masas de vapor en su oleaje, y que toman vida en nuestra mente y retina debido a la potencia creadora de la fantasía ebria de la grandiosidad de aquel momento. 17 El espíritu positivista impide presentar el prodigio como algo real pero, a pesar de salvar las apariencias aclarando que es el fruto de la imaginación, no deja de ser significativo que se recurra a la imagen ya tradicional del cortejo de héroes apareciendo en el cielo y dirigiéndose a los hombres para guiarlos por el buen camino. De nuevo, para referirse a ese momento en que se consuma el pasaje del estado de ignorancia al de sabiduría, se recurre a la metáfora de la luz blanca, del sol ascendiendo, del día que despunta. En conclusión, desde el punto de vista personal e individual, casi íntimo, el espacio mexicano aparece revestido con todos los atributos de un paraíso exótico, que pone a prueba las facultades y la resistencia física de los hombres (el calor, las largas distancias, los vientos, las tormentas, las escaladas). El éxito de la empresa constituye toda una hazaña personal de los dos periodistas, que han demostrado así su fortaleza física y mental para afrontar los retos de un espacio extraño en todos los sentidos. Y este espacio es histórico y ahistórico a la vez. Por una parte, las gentes y, sobre todo, las técnicas han progresado. Pero, por otra parte, la presencia de la naturaleza en toda su fuerza y esplendor -sigue siendo un espacio sin humanizar por completo, por tanto, salvaje y retador -18 genera las mismas reacciones interiores en los hombres del siglo XX que en los del siglo XVI LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 11 17 Ibídem, pág. 217. 18 A este respecto es significativo que no aparezcan referencias a las ciudades y, especialmente, a la capital de la nación. El espacio urbano, símbolo de desarrollo y modernidad, está totalmente ausente. (ritos de "pasaje" hacia un conocimiento más profundo y hacia una conexión con la divinidad o con los héroes). Además, este viaje -con aires de aventura iniciática-sirve, desde el punto de vista individual como excusa para que sus protagonistas realicen una incursión en el mundo literario, dándose aires de escritores modernistas. El Porfiriato: Orden y Progreso Si al contemplar el índice de la obra, se podía pensar que los dos periodistas iban a volver a contar la aventura de Cortés puesto que recurrían a la grafía y al estilo de los cronistas, insertando una frase-resumen a modo de título de cada capítulo, la lectura del relato revela que el propósito es muy diferente. Se trata de exaltar el progreso material de México y de identificarlo con un personaje concreto, Porfirio Díaz. Es bien conocida la preocupación de este presidente eternamente reelegido de poner fin al tópico imperante en el mundo civilizado de un México anárquico, salvaje, primitivo, víctima del banditismo, imperio de la violencia. Su proyecto de consolidar el Estado-nación implicaba control del territorio y explotación de los recursos naturales, para lo cual era absolutamente necesario atraer el capital y la tecnología extranjeros. Para formar una ciudadanía responsable se pensó igualmente en propiciar la inmigración europea, a imagen y semejanza de Estados Unidos, y diluir así, e incluso suprimir y exterminar cuando se trataba de tribus nómadas, el componente indígena. Había que consolidar una nación mestiza, cuanto más blanca y occidentalizada mejor. Los relatos de los viajeros europeos cobraban, pues, una importancia decisiva puesto que, con la prensa y los informes de los representantes diplomáticos, configuraban la imagen dominante del país en el exterior. Apadrinando la aventura de los dos periodistas españoles, el gobierno porfiriano conseguía difundir sus logros y controlar las opiniones vertidas en el relato para evitar que se infiltraran críticas o aspectos negativos de la realidad mexicana. Esa participación oficial revistió varias formas. En primer lugar, la militar o policial. Así, el cortejo de los dos periodistas incluye una protección oficial, un grupo de los tristemente célebres Rurales. 19 "E digamos como en lantigua fueron a nos. Esperar por mandado y orden del Gobernador que está En Xalapa, unos soldados que se dizen Rurales y había allí también Cavallos para nuestro Serviçio...". Segarra, J.; Juliá, J.: La ruta..., pág. 110. segundo lugar, la presencia política encarnada por las autoridades locales y nacionales (alcaldes, gobernadores, miembros de la oligarquía) que, en varias ocasiones, durante el trayecto de una población a otra, acompañan a los españoles, organizan recepciones y manifestaciones de apoyo con gritos de exaltación a España y a México. 20 Es revelador el caso de don Cruz de Acosta que acompaña a los dos españoles por Veracruz, personaje Se desvelan así los resortes del porfirismo para asegurar la estabilidad. En efecto, don Cruz es un antiguo compañero de fatigas en las luchas por el poder y, en función de esa amistad, consolida su influencia en la región. En tercer lugar, el poder controla la información y la difusión de las peripecias del viaje a través de la prensa. En el texto aparecen varias referencias y, en el último capítulo, se incluyen fragmentos de los artículos que los principales diarios mexicanos le dedicaron a la aventura de los dos españoles y donde figuran las personalidades que recibieron a los nuevos "conquistadores" españoles. En consecuencia, la visión que ofrece este relato está condicionada por esa cobertura oficial. Se puede suponer que las poblaciones y los individuos afectados no actuaron espontáneamente y, en especial, no pudieron dar una visión diferente, más real, de la situación del país y de los problemas imperantes. Buena prueba de ello es la alusión al asombro y temor que despierta a su paso la comitiva. "Son curiosos los comentarios que, dichos en voz baja, con aire de misterio, sorprendemos entre los grupos de la gente. Los soldados de la escolta es lo que más preocupado trae al pueblo soberano". Nótese el hecho de referirse al pueblo soberano puesto que, aunque LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 13 20 Un ejemplo es el recibimiento entusiasta organizado en Jalapa por un grupo de 500 estudiantes y la posterior recepción de la colonia española y de las personalidades de la localidad: profesores, abogados, comerciantes, obreros, una banda de música; Ibídem, págs. 145-148. Con esta enumeración se pretende demostrar que todas las capas de la sociedad mexicana aprueban y apoyan el proyecto y, al expresar su júbilo ante la llegada de los españoles, manifiestan ese estado de felicidad, bienestar y concordia que caracterizaría a la sociedad porfiriana, libre de fisuras y de tensiones. Resulta paradójico si se piensa en los inmediatos acontecimientos que "revolucionaron" este edificio social aparentemente tan estable y tan sólido. Tomo LIII, 2, 1996 desvirtuada en la práctica electoral por el fraude, la República Mexicana tiene la forma de una democracia liberal parlamentaria. También resulta ilustrativa la alusión a los soldados como causa del temor de los habitantes. ¿Piensan tal vez que se trata de una ola de represión? Las conjeturas de la gente -se dice-van desde que se trate de una "tropa alzada" -en evidente alusión al inestable pasado de México, y puede que a su presente-, o "gringos que, con apoyo del Gobierno vamos a tragarnos de un sorbo la sierra entera con todos sus pinares, caseríos, ganados y habitantes" -plasmación del espíritu antiyanqui y de la conciencia que tienen los mexicanos del peligro del Norte. 22 Refiriéndonos más concretamente al tratamiento del espacio, por imposiciones de la ruta seguida por Cortés, la descripción de las tierras mexicanas arranca en la zona tropical. La lectura de otros relatos de viajeros confirma esta opción, que responde sencillamente a la progresión lógica, en esa época, que conducía al viajero desde la costa donde desembarcaba del barco de vapor hasta la capital de la República, a caballo o en tren. Todos los recién llegados se topaban con las tierras bajas, con su vegetación lujuriosa, con el calor y con los peligros de la fiebre amarilla. Los dos valencianos se estrenan en la isla de Cozumel, auténtico paraíso, libre de la tan temida enfermedad: el mar, de "un azul tan intenso y transparente que a gran profundidad se ve su fondo, que finge la color pavimentado de lapislázuli", la costa donde se disputan el suelo y el espacio las palmeras, "las yerbas y matas de hojas charoladas con barniz de esmeralda, sarmentosas de flores embriagantes, las cañamiel de lanzas amarillas, el banano de pencas quebradizas y arbustos y lianas, cactus y agaves varios: la rica, incomparable vegetación de esta tierra de ensueño, fecunda hasta el prodigio, fértil hasta el milagro". 23 El idílico cuadro se completa con un pueblecito de blancas casas, donde reinan la paz, la alegría, la prosperidad (lo confirma la descripción del mercado local, rebosante de productos mexicanos y extranjeros, puesto que Belize está cerca) y el saber, ya que la capital, San Miguel, con ochocientos habitantes sostiene cuatro escuelas. El mensaje es claro y directo: esta selva lujuriosa no es peligrosa, sino todo lo contrario, y este primer atisbo de México anuncia lo que será la gran constante, la riqueza, las infinitas posibilidades de hacer negocio o de poner en explotación tierras y minas. Se intenta, así, atraer emigrantes y capital españoles. Y, además, la presentación de este primer contacto con el trópico adopta prácticamente la forma de un folleto turístico para incitar al viaje, a la huida del excesivamente civilizado paisaje occidental para refugiarse en este pequeño paraíso. Una vez más, América y el paraíso se confunden, formando un mismo espacio donde puede florecer la utopía de un mundo mejor y más próspero. En la exaltación de los españoles al describir esta isla de ensueño se percibe el eco de la atracción por lo primitivo y salvaje, sentido como lo puro y auténtico frente al artificio de la sociedad industrial. Sin embargo, no hay que pensar que se denigra y condena la civilización occidental. En 1910, y a efectos propagandísticos aún más, se exalta sistemáticamente la superioridad del progreso tecnológico, única vía de alcanzar la felicidad. Tras esta primera impresión, los dos periodistas inician la ruta propiamente dicha, pasando de las tierras bajas a las altas. Se repiten las mismas referencias a la riqueza, a la fertilidad, a la abundancia de plantas y flores, incluyendo un recuerdo de las huertas de Valencia desde esas tierras de Jalapa. Con todo, las alusiones al paisaje son mucho más escasas que al principio, pues el interés se centra en el progreso económico y técnico potenciado por el gobierno de don Porfirio. Es la parte propagandística del relato. Y los aspectos más destacados indicarán los puntos considerados prioritarios tanto por el gobierno como por los extranjeros. En el centro de las preocupaciones se encuentra el desarrollo comercial, lo cual es lógico puesto que el Porfiriato supuso la plena incorporación de México al comercio internacional como proveedor de materias primas y de productos agrícolas. Pero esta participación de México en el comercio mundial se remonta a la época de la Conquista y posterior colonización por parte de los españoles. Para hacerlo más patente, se recurre al testimonio de uno de los primeros españoles que pisaron tierras mexicanas, el piloto Antón de Alaminos, el cual inicia la enumeración de "los adelantos que ha presençiado esta Mar, y yo en ella, como Testigo de tales e tantas maravillas". En primer lugar, no puede desarrollarse el comercio en particular, ni la vida civilizada en general, sin paz, sin orden. Desde el siglo XVI hasta la fecha se ha pasado de "hombres mostrudos en ydolatrías e otras fealdades a gente de muy lindo acatamiento, aisí como son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen y digo que los dichos pueblos y çibdades se enriqueçen con muy variadas y diversas yndustrias de habilidad e provecho grande y muy notable". 24 LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ Prosigue el piloto destacando la riqueza que siguió a la Conquista con el desarrollo de la ganadería, la explotación de las minas, el comercio de especias, la exportación a Europa de plantas nuevas que serán decisivas más adelante, como el algodón, la patata o el maíz, las maderas preciosas, los tintes naturales (en especial la cochinilla), las frutas exóticas como la piña o el plátano, el café y un largo etcétera. En esta enumeración se encuentran los principales productos de exportación de México aun en 1910, con algunas excepciones (como consecuencia de la sustitución de determinados productos naturales, como los tintes, por productos sintéticos). El destino lógico de todos estos productos maravillosos fue, desde el siglo XVI, Europa. Alaminos enumera los productos y, sobre todo, da cifras relativas al valor de ese comercio, en 1819 y en 1909: "El comercio total de Entrada y de salida, que se hizo en doscientos y diez y nuebe Buques, fue de diez y ocho millones seteçientos y setenta y ocho Pesos fuertes; y para comparar el progreso e los tiempos, solamente en el Mes de nobiembre del último año pasado o séase el de Mill nueveçientos y nueve años, el movimiento de entradas y salidas por este Puerto [rrefiero aquí tan sólo el Tráfico internaçional, no contando el nombrado de Cabotage] está representado por treynta y seis navíos y cincuenta millones y uno más de quilos de mercaderías, con un valor en Pesos megicanos de ocho millones tresçientos y ochenta y ocho mil y çiento treynta y çinco". Aclara que por Veracruz, si antes salía la totalidad de lo exportado desde México, en esos momentos sólo representa la cuarta parte, puesto que el valor total del comercio exterior asciende a unos trescientos ochenta y siete millones de pesos. 25 Por tanto, se ha pasado de 18 a 387 millones, confirmando así la idea de un desarrollo espectacular en el siglo XIX, y más concretamente en los últimos treinta años. Para impulsar el comercio resulta imprescindible desarrollar un sistema de comunicaciones rápido, seguro y eficaz, que conecte, en el tiempo más breve posible, los centros productores a los exportadores. De nuevo aparecen las alabanzas a la gestión de don Porfirio puesto que bajo su gobierno se han construido faros (para una navegación más segura), se han acondicionado los puertos, y se ha abierto el país al Dragón negro, esto es, al ferrocarril. En efecto, si desde la época de su fundación por Cortés hasta 1881, "la bahía, por lo desmantelada, era el espanto de la gente de mar" (confirmado por documentos de 1804 y ALMUDENA DELGADO LARIOS 16 25 Ibídem, pág. 98. 1807 relativos a los hundimientos de barcos en el puerto a causa del temido Norte), tras derribarse las murallas, construirse escolleras y ampliarse los muelles, junto con el asfaltado y alcantarillado de las calles, la ciudad se ha convertido en "la puerta de Méjico que mira a Europa y en uno de los mejores timbres de justo orgullo a honra del gobierno central". 26 Tras Alaminos, le llega el turno al más célebre cronista de la gesta cortesiana, Bernal Díaz del Castillo. Será el encargado de guiar a los dos viajeros hasta la antigua Tenochtitlan. Y, juntos, harán parte del camino en el milagro de la industrialización, el ferrocarril. Explotando a fondo el anacronismo27 y para darle mayor verosimilitud a la aparición fantasmal del cronista, se describe como si de un dragón de las historias de caballerías se tratara la aparición del ferrocarril. 28 Para Bernal es la encarnación del mal, del demonio, y él mismo actúa como un auténtico caballero, dispuesto a desenvainar la espada para destruir al monstruo. Ya en la demoníaca máquina, el cronista descubre el secreto de la tracción a vapor y las ventajas del artefacto que ha permitido vencer las distancias y los obstáculos de la naturaleza, así como generalizar las comodidades y mejorar el nivel de vida de todos los hombres, reduciendo las diferencias entre "grandes" y "pequeños", lo cual implica una cierta abolición de los privilegios. En suma, el ferrocarril es el instrumento del Progreso que eleva al hombre y lo aleja de su condición animal. En el caso mexicano, la elevación es física, real, material, puesto que ese tren acerca al hombre a la cumbre del volcán. Se expone aquí la teoría de la felicidad basada en el progreso científico y LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 17 técnico, muy en boga a finales siglo XIX y principios del XX, junto con la idea de que el desarrollo de la industria y del sistema capitalista en general conducirá a la desaparición de los privilegios. Lo cual se revelaba absolutamente falso, evidentemente. Pero todo el progreso material no serviría de nada si no se hubiera vencido una de las plagas de la evolución política mexicana desde la independencia: la anarquía, el desorden, el banditismo. Así, durante la ascensión a la cima del volcán, se reseña el paso por un lugar, llamado el Mirador, "de nombre amable pero historia trágica. Desde aquella terraza o balcón natural, se gozan, en efecto, perspectivas soberbias. Pero aquello, en no remotos tiempos, fue la atalaya preferida de los sallteadores que infestaban el país dándole triste fama por la inseguridad de los caminos". 29 Esta plaga, según los protagonistas, ha desaparecido. De esta forma se disipan los temores de los extranjeros. Así, el espacio mexicano, antaño salvaje y violento, se humaniza progresivamente, se civiliza a medida que el hombre extiende su dominio sobre él, en una línea tanto individual (proeza de llegar hasta la cima) como estatal o colectiva (creación y mantenimiento de unidades militares o policíacas que aseguren el mantenimiento del orden). La exaltación del sistema porfiriano de gobierno se lleva a cabo a través de un ejemplo concreto, de un gobernador que acompaña a los expedicionarios por tierras tlaxcaltecas. Es campechano, honrado, fomenta las obras públicas y estudia de "manera directa las cosas de su tierra, acerca de las cuales se documenta en la realidad, en sus propias investigaciones, no de oídas y de segunda mano". Toda una definición del método positivista seguido fielmente por los gobernantes mexicanos (conocidos como los Científicos). Gracias a ese celo administrador -pero mucho más a la represión ejercida por los Rurales-los dos jóvenes periodistas no se topan con los antiguos forajidos que sembraban el terror en los caminos de la República. El colofón de todo este panegírico es evidentemente la ausencia total de elementos negativos, de sombras que puedan empañar la gloria de don Porfirio. Las alusiones a los indios reales son escasas y se limitan a los tópicos de humildad y pereza con algún toque de miedo por lo impre-ALMUDENA DELGADO LARIOS 18 29 Segarra, J.; Juliá, J.: La ruta..., pág. 196. visible de sus reacciones, 30 pero todo matizado puesto que el objetivo del relato es afirmar la superioridad de la nueva raza mexicana, fruto de la indígena y de la ibérica. Por ello, se huye de los pobladores reales y de su estado de ignorancia, servidumbre y postración puesto que esto implicaría criticar el "progreso" y "desarrollo" porfirianos. El indio es, para estos dos viajeros, casi exclusivamente un ser mítico y, por ello, irreal y casi inexistente puesto que se ha fundido con el ibero, dando lugar a una nueva raza, la mestiza mexicana, superior, objeto de exaltación y artífice de ese desarrollo político, económico, social y cultural que se describe en este relato. La Nueva Conquista: el abrazo de Cortés y de Cuauhtémoc El tercer aspecto analizado, y no el menos importante precisamente, es el intento de redefinición de la historia de México, y también de España evidentemente. Como ya se ha apuntado al principio, sería éste el objetivo primordial del viaje y del intento de reconstrucción de la ruta seguida por el conquistador extremeño. La exposición más teórica de este propósito figura en los cuatro capítulos iniciales que conforman la primera parte del libro. En los capítulos finales -trece a dieciséis-se plasma esa reconciliación entre México y España de dos formas: la mítica y sobrenatural de la aparición celeste de los grandes personajes históricos, y la más terrenal y política del recibimiento de los viajeros en la capital mexicana, con todos los honores, por parte de las autoridades mexicanas y de las personalidades relevantes de la colonia española. Desde las primeras páginas, se anuncian los objetivos intelectuales del viaje. Y, en primer lugar, se trata de modificar la concepción de la Conquista imperante en España y en México. Se lamentan los periodistas del "castigo, duro y fuerte, (que) es para esas deturpadas crónicas, cuando ellas son escritas en castellana lengua, ver que del honor nuestro y nuestra historia se hacen voceros otras gentes que sienten con otra alma y sirven a otra patria y escriben otras lenguas". 31 Esta reivindicación de una historia española o hispánica, que ponga fin en cierto sentido a la Leyenda negra, LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 19 30 Al describir el asombro y temor de los indígenas ante la comitiva armada, se afirma en un inciso que no son exentos de malicia, ni tan ingenuos e inocentones como piensan muchos; Ibídem, pág. 194. es un componente más de la por una cultura nacional, mexicana y Y esta aspiración no es el fruto de una opción ideológica, afirman los españoles, sino que se deriva de la Historia, "¡Diosa augusta, que, impávida, serena, inconmovible, asienta sobre bloque diamantino sus juicios eternos!". De entrada, pues, estamos frente a un ejercicio de revisión histórica -por naturaleza, de carácter ideológico-que se ampara en una supuesta imparcialidad. No deja de ser un acto algo pretencioso puesto que los dos viajeros se presentan como simples transmisores del mensaje de la Historia. La tesis que guía todo el proyecto es la de la hermandad entre España y México, los pimas, los yaquis, los apaches, los huastecas, los totonacos, los tarascos, los mixtecos, los zapotecos, los mijes, los zoques, los chontales y los mayas. Se desprende ya la idea de diversidad y mezcla racial desde el pasado más remoto de México. A continuación, se explica ese pasado prehispánico, citando a las principales culturas. Así, "los otomíes cedieron, resistentes, a la irrupción tolteca que regaron a su paso soberbias construcciones. Pueblo escogido que consigo traía la semilla de una cultura bien definida, con carácter propio y refinada asaz. La cual, los chichimecas, innúmeros y fieros, hubieron de estrujar llegado el tiempo, como luego, en sus redes el pueblo matlazinca los estrujó a su vez. Sobre los unos y los otros, la familia nahoa aportó nuevas luchas...". Así hasta el triunfo azteca. 35 Dos elementos caracterizan, por consiguiente, el ser mexicano: la mezcla de razas y la sucesión violenta de culturas que se dominan unas a otras. Desde esta perspectiva, la conquista por los españoles se inscribiría en el orden histórico natural de México: una nueva raza, la ibérica, se mezcla a la existente; y este proceso de choque y fusión étnica y cultural es violento, como lo fueron los anteriores, pero profundamente enriquecedor puesto que "sangre azteca e íbera, confundidas, mezcladas, produjeron un tipo humano superior, que, sonada la hora, una patria formó sobre cimientos graníticos a prueba de sacudidas recias". 36 Tenemos, pues, el origen de la moderna nación mexicana, nación mestiza por definición y en modo alguno nación india -de Moctezuma o de Cuauhtémoc-tal y como lo expresaron los mismos fundadores, los padres de la patria, los héroes de la independencia. 37 Los dos españoles recogen así la idea de la mexicanidad identificada con el mestizaje, defendida por la denominada corriente mestizófila, representada por figuras de la talla de Francisco Pimentel, Vicente Riva Palacio, Justo Sierra y, ya en el siglo XX, Andrés Molina Enríquez. 38 La mestizofilia se había ido afianzando a lo largo del LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 21 35 Ibídem, págs. 32-33. Por falta de espacio y para no alargar sobremanera este estudio, no es posible analizar en profundidad estas referencias al pasado prehispánico, en las que quedan plasmadas las novedades historiográficas que se fueron sucediendo a lo largo del siglo XIX. 37 "...que pensadores y héroes y caudillos de la gran epopeya de la Independencia y Patria, jamás pensaron -ni pensar podían semejante dislate-en restaurar de Moctezuma el débil o del heroico Cuauhtémoc el solio derrumbado, sino en crear la Nación, que a celebrar se apresta en fecha próxima la primera centuria de su edad como pueblo". 38 Vicente Riva Palacio había otorgado al mestizo la exclusiva de la nacionalidad mexicana ya que es el único que puede sentir a México como su patria al ser el único que puede distinguirse de España y del Anahuac, naciones alejadas de la mexicana respectivamente en virtud del espacio y del tiempo; Basave Benítez, Agustín: México mestizo. Análisis del nacionalismo mexicano en torno a la mestizofilia de Andrés Molina Enríquez, México, 1992, pág. 30. Tomo LIII, 2, 1996 siglo XIX y, durante el Porfiriato, se había consolidado al calor de las relativas a las teorías racistas imperantes en Europa (difusión de las teorías de Darwin, Spencer, Gustave Le Bon, etc.). Por eso, cuando los dos españoles se refieren al tipo humano superior fruto de la raza azteca e ibérica, conectan con la definición dominante de la nacionalidad mexicana. En este contexto cobra todo su sentido la alocución de Morelos -que pone fin a la primera parte del relato y que constituye el primer acontecimiento excepcional del viaje iniciático. Es, por tanto, uno de los más brillantes personajes de la independencia mexicana quien se dirige a los dos periodistas desde las cimas de la inmortalidad. Y es él el elegido por los españoles para exponer la tesis del abrazo de Cortés y Cuauhtémoc como símbolo de la unidad de los dos componentes fundamentales de la nueva identidad mexicana. "Todos allí, en fraternal congreso, los rivales de ayer -héroes lo mismo y lo mismo inmortales, pues a todos cobija la redentora y siempre augusta, tres veces santa enseña de POR LA PATRIA pues por ella cayó el estoico príncipe de bronceada tez y alma de acero, y por ella también hubo el conquistador con la fama de hábil capitán y sagaz gobernante la negra abrumadora sentencia de que pesasen por siglos sobre su nombre y sus gestas y memoria montes de vilipendio e ignominia; y aun por ella, del atrio de una iglesia salió camino del luminoso palacio etéreo de los grandes hombres un cura humilde". 39 Morelos apadrina así el proyecto y sella la definitiva reconciliación entre los dos pueblos, entre un México próspero y una España hermana y no dominadora, una España que tuvo que liberarse también del yugo absolutista y que, por eso mismo, no pudo darles a los pueblos del Nuevo Mundo el único bien que no tenía, la libertad. Se trata de la visión adoptada por los liberales españoles de la segunda mitad del siglo XIX, la de una común empresa liberadora en España y en América, un proceso que se desarrollaría de forma paralela a ambas orillas del Atlántico y de manera igualmente violenta y dolorosa. La lucha por la libertad sería, dentro de esta concepción liberal común a mexicanos y españoles, otro elemento motor de la Historia, estrechamente unido a la noción de Progreso. Tenemos así todos los componentes de la teoría liberal triunfante en el siglo XIX, pues no hay que olvidar que, durante la primera mitad de esa centuria, para los forjadores de la patria mexicana, "nacionalidad y liberalismo fueron una misma cosa". Anuario de Estudios Americanos En el capítulo quince, se concreta simbólicamente la reconciliación España y México, con el abrazo de Cortés y de Cuauhtémoc en la cima del Popocatépetl. 41 El lenguaje es si cabe más retórico y ampuloso puesto que se trata del gran momento de exaltación nacionalista, en el triple sentido -mexicano, español e hispanoamericano. La aparición de los dos personajes míticos (que surgen respectivamente de un león -Castilla-y un águila -el imperio azteca) viene precedida del desfile de insignes personajes de la historia mexicana, todos juntos y mezclados independientemente de la época en que les tocó vivir. La lista, como antes la de los escritores, resulta muy significativa. En efecto, el cortejo de héroes se compone de representantes del mundo azteca, Nezahualcóyotl y Moctezuma entre otros, pero sobre todo de representantes del mundo colonial y del período independentista. Llama la atención la ausencia de personajes femeninos. El pasado es masculino y no hay ninguna mujer en el cortejo de la cima del volcán. La primera gran figura de la historia de México, Malintzin, la Malinche, aparece como encarnación del sentimiento y sobre todo como primera conversa a la nueva fe redentora, pero no se profundiza demasiado en este personaje, que abre viejas heridas al ser considerada una traidora por colaborar activamente en el triunfo de Cortés. Así, los dos periodistas no hablan de ella directamente sino que la citan recurriendo al artificio de la aparición del piloto Antón de Alaminos, el cual se refiere a ella como doña Marina, su nombre cristiano. 42 Es significativo que se aluda a su carácter de primera conversa americana y no al de madre de mestizos. Puesto que el objetivo de la empresa es reconciliar y no enfrentar, esta relativa ausencia de Malintzin resulta aparentemente lógica, pero habría que rastrear, sin embargo, los juicios de valor relativos a esta singular mujer en los escritos decimonónicos. De la época colonial, aparecen conquistadores, misioneros y funcionarios reales. Sin embargo, la elección de los nombres revela una intención muy clara: hacer hincapié en la labor civilizadora, en la tarea de construcción de una nueva cultura y no de destrucción de las culturas existentes, en la paz y no en la guerra. De ahí que se citen los nombres de virreyes ilustres que se significaron en la tarea de proteger a los indígenas, fomentar el LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 23 41 AI insistir en el carácter mestizo, mediante el recurso insistente a la imagen del abrazo entre Cortés y Cuauhtemoc, los dos periodistas demuestran conocer la relativamente reciente polémica generada en 1894 por Francisco G. Cosmes al otorgar la paternidad de la mexicanidad a Hernán Cortés, desplegando una apasionada hispanofilia y un rabioso antiindigenismo; Basave Benítez, Agustín: México mestizo..., pág. 38. desarrollo económico del virreinato y la instrucción, como Antonio de Mendoza, dos virreyes Velasco, el arzobispo Palafox o el virrey ilustrado Revillagigedo. En cambio no figuran conquistadores exceptuando el gran protagonista, Cortés, y el relator de la gesta cortesiana, Bernal Díaz. En cuanto a la difusión de la religión católica, la elección de ilustres misioneros como fray Pedro de Gante, Vasco de Quiroga con su utopía de los hospitales-pueblo y fray Martín de Valencia -nombres de la primerísima hora de la conquista evangelizadora-revela una sabia prudencia y el conocimiento de la espinosa situación imperante en México en lo relativo a las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Al ensalzar a los héroes del Evangelio, ejemplo de pobreza, dedicación y bondad, se condena implícitamente a la Iglesia como poder que participa en las luchas políticas y que amasa tierras. Por último, en el ámbito cultural, se destaca a Sigüenza y Góngora y a Juan Ruiz de Alarcón, entre otros y, de nuevo, hay que destacar la omisión de figuras femeninas, como Sor Juana Inés de la Cruz, la cual permaneció en el olvido hasta prácticamente la aparición del estudio de Octavio Paz. El México independiente, con excepción de Iturbide, está marcado por el liberalismo ya que todos los citados pertenecen al bando liberal que acabó triunfando tras el largo período de guerras civiles: Hidalgo, Morelos, Bravo, Guerrero, Juárez, Ocampo, Lerdo, Altamirano. Y para insistir en esa visión liberal de la Historia, aparece Prim, símbolo del liberalismo español cuya gloria no se ve empañada por su participación en la Intervención de 1862, sino todo lo contrario puesto que, a los ojos de los españoles, supo retirarse a tiempo, a diferencia de los franceses. Este artificio literario no supone ninguna originalidad por parte de los dos periodistas ya que durante la celebración del Centenario de la Independencia, Porfirio Díaz presidió un desfile de carácter histórico, en el que aparecieron Cortés y Moctezuma junto con otras relevantes figuras del pasado mexicano. En las dos ocasiones se procede a una selección del pasado para avalar la teoría del Progreso y para presentar a don Porfirio como el directo sucesor de esos héroes, en especial de los protagonistas de la independencia. El Porfiriato busca su legitimidad mediante la identificación de su particular visión del Estado y del desarrollo económico y social -un proyecto liberal en lo económico pero no así en lo político-con la supuesta esencia única de la Nación mexicana y de la "mexicanidad". En conclusión, de la aventura inicial, individual, de los dos periodistas por tierras exóticas, se pasa a una campaña de propaganda destinada, por una parte, a ensalzar los logros económicos y políticos del régimen establecido y, por otra, a reelaborar el pasado con vistas a la identidad mexicana. En efecto, el abrazo de Cortés y de Cuauhtémoc encierra una honda significación puesto que, para los autores y para el poder porfirista, pone fin al desgarro interior padecido por el nuevo pueblo mexicano surgido del mestizaje racial y cultural. Este desgarro, y la consiguiente angustia, provenían de la búsqueda de una identidad propia, distinta de las dos herencias, española y azteca, en un intento por cerrar la herida abierta por la Conquista. 43 Esta reconciliación -por obra de la política de Orden y Progreso-sería la reconciliación del pueblo mexicano consigo mismo, con sus raíces, y supondría su plena madurez como pueblo. Sin embargo, como es sabido, la Revolución que estalló en 1911 intentó redefinir la mexicanidad partiendo de otros presupuestos, demostrando que la herida seguía abierta y que el intento porfiriano había fracasado en parte. LA RUTA DE HERNÁN CORTÉS, DE J. SEGARRA Y J. JULIÁ 25 43 Demuestran gran prudencia al exaltar la figura de Cortés pero dentro de los parámetros "mestizos" imperantes en México, combinando así hispanoamericanismo, españolismo y mexicanismo. En este sentido, la obra de los dos valencianos es un producto propagandístico perfecto y completo, ya que no se limita a exaltar los logros políticos y económicos del Porfiriato, sino que divulga, a ambas orillas del oceáno, las teorías dominantes sobre la nacionalidad y la mexicanidad, consiguiendo contentar tanto a mexicanos como a españoles.
Esta publicación, coordinada por Carmen Castañeda, es fruto del seminario 'Universidad y Reproducción Social', que organizó el CIESAS-Occidente, desde septiembre de 1989 hasta abril de 1991. Obtuvo el Premio CIESAS 1992 en la categoría de libro colectivo. En este seminario se revisó y discutió la bibliografía producida por historiadores y científicos sociales en torno a las relaciones entre Universidad y sociedad, incidiendo en los conceptos teóricos, la metodología y las fuentes manejadas por cada autor. Se revisaron trabajos de ducción de la élite, con especial hincapié en la administración e inversión de sus fondos. Muestran los ingresos y egresos de la Universidad y su participación en el mercado de crédito de Guadalajara. Estudian las características de los préstamos, las relaciones existentes entre quienes los otorgaban y quienes los recibían, así como los nexos establecidos entre la institución universitaria y otras instituciones, y las relaciones con los miembros de la élite en el período comprendido entre el establecimiento y la primera clausura de la Universidad. Analizan las formas de inversión de los capitales universitarios para demostrar que las operaciones de crédito permitieron el financiamiento de la institución. Las fuentes empleadas -libro de claustros de hacienda, cuadernos de las cuentas anuales-encontraron en el Archivo de la Real Universidad. Desde 1824, fecha que marca el inicio del período independiente de la historia de la Universidad, hasta su clausura en 1860, se circunscribe el ensayo escrito por Raquel Moreno sobre "La Nacional Universidad de Guadalajara y sus graduados: 1824-1860". Estudia el origen de los estudiantes, fecha y carrera en que se graduaron y las relaciones entre el tamaño y la composición del alumnado universitario en un momento dado y los movimientos demográficos, económicos o intelectuales que se presentaron en la época, relacionándolos con su contexto político y social. Todo ello permite indagar el papel de la Universidad en el proceso de reproducción social en esta época. Consulta los registros de matrículas de estudiantes y los títulos que se otorgaron, en el Archivo de la Real Universidad y en el Archivo de Oficialía Mayor de la Universidad de Guadalajara. Los tres ensayos restantes se refieren a la tercera etapa de la Universidad, que comienza en 1925. En "Las mujeres graduadas en la Universidad de Guadalajara, 1925-1933", María Teresa Fernández Aceves se ocupa del papel que desempeñaron en la sociedad las mujeres egresadas de la Universidad. Para ello muestra las profesiones en las que se graduaron (generalmente en las carreras tradicionalmente consideradas como femeninas: enfermera, partera, farmacéutica, maestra), el número de tituladas (con el fin de explicar las variaciones en cada facultad), los motivos por los que eligieron sus profesiones y si el Estado exigía el título para ejercerlas. Asimismo, cuestiona si estas mujeres lograron una movilidad social a partir de sus antecedentes familiares y/o por sus estudios universitarios. Para completar su investigación, además de las fuentes consultadas en el Archivo de la Oficialía Mayor de la Universidad de Guadalajara y en el Archivo Histórico de Jalisco, María Teresa Fernández recurrió a la historia oral y entrevistó a la doctora Jacinta Curiel, a la maestra Eloísa Párraga y a una hermana de la maestra María Dolores del Muro. La autora del siguiente ensayo, Alma Dorantes, parte de que, al triunfo de la Revolución, la Universidad mexicana entró en un letargo mientras que los otros niveles del sistema educativo sufrían profundas transformaciones. En "Los discursos sobre la Universidad de Guadalajara: 1933Guadalajara: -1937" analiza las opiniones vertidas en torno a esta institución y a la educación socialista, tanto en los informes de los gobernadores de la época como en discursos no oficiales, y utiliza para ello uno de los principales diarios de Guadalajara, El Informador. Contrasta el modelo de la Universidad liberal y el de la estatista. El último ensayo, "Las ciencias sociales en la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara", es obra de tres historiadores: Francisco J. Mercado Martínez, Leticia Robles y Abel Mercado Martínez, y aborda el período comprendido entre 1925 y 1990. Analizan los argumentos utilizados para incorporar las ciencias sociales en la educación médica, el momento en que se originó esta propuesta, sus contenidos y fines, así como los obstáculos para su incorporación en las escuelas de medicina, exponiendo algunas consideraciones acerca de la experiencia de la Facultad de Medicina en este período. Utilizaron fuentes diversas, tales como: actas, acuerdos, dictámenes, oficios, anteproyectos, recopilaciones históricas, cartas descriptivas y planes de estudio. Respaldan sus conclusiones con una serie de cuadros y gráficas. La obra en conjunto ofrece una panorámica amplia y muy interesante de lo que ha sido la Universidad de Guadalajara y el papel que ha desempeñado en la sociedad (y la sociedad en ella) a lo largo de su trayectoria histórica. Los ocho historiadores que han elaborado estos ensayos abordan cuestiones importantes no suficientemente estudiadas hasta el momento, lo cual ha permitido sacar a la luz en una sola obra el fruto valioso de un largo tiempo de estudio y reflexión sobre estos temas, tan vitales en la sociedad en general y que influyen de manera notable no sólo en la gestación sino también en el posterior desarrollo de una institución que, como la Universidad, ha formado y seguirá formando protagonistas claves de la historia.-María de la Paz González Rodríguez. Estudio e interpretación, edición facsimilar y comentarios de Guy Stresser-Péan, Gobierno del Estado de Puebla, Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos y Fondo de Cultura Económica, México, 1995. El Códice de Xicotepec es un documento inédito de la Sierra de Puebla, hallado en el pueblo de Cuaxicala. Se trata de un manuscrito acolhua en forma de rollo, que debió pintarse en el siglo XVI sobre una tira de cuero que presenta graves daños, principalmente en su parte central. El hallazgo y estudio del Códice de Xicotepec, a cargo del antropólogo e historiador francés Guy Stresser-Péan, han sido de gran importancia para completar aún más la visión de conjunto de la historia Mesoamericana, además de demostrar la posible existencia de otros importantes documentos, aún inéditos, relevantes para el enriquecimiento del patrimonio histórico de México. Su publicación es una edición entre el Gobierno del Estado de Puebla, el Centro Francés de Estudio Mexicanos y Centroamericanos y el Fondo de Cultura Económica, cuyo resultado es la presentación de un facsímil de gran calidad, acompañado de su correspondiente libro explicativo. El Dr. Stresser-Péan es fundador de la Misión Arqueológica y Etnológica Francesa en México y gran conocedor -como nos demuestra en el análisis del documento-, de la lingüística y etnología del área huasteca y totonaca. Dedicado también a la arqueología, es autor de varias publicaciones sobre antropología americana destacando sus investigaciones y trabajos en el noreste mesoamericano. El presente documento, de marcado carácter histórico, abarca un período que va de 1431 a 1533, lo que nos lleva a clasificarlo dentro del grupo de códices históricos y cartográficos, según la clásica estructura de peregrinación, fundación y posterior relato de conquistas y otros asuntos internos de gobierno del nuevo lugar de fundación. En líneas generales, podemos decir que el documento narra la historia de un área un tanto marginal de la cual no se tienen muchos conocimientos históricos, donde convergen diversos grupos culturales entre los que están los acolhuas, totonacos, huastecos, mexicas y, por último, un personaje español. Stresser-Péan comienza analizando la partida de un grupo de señores nobles acolhuas procedentes de la ciudad de Texcoco, donde en ese momento gobierna su señor Nezahualcoyotl. Van guiados por cuatro sacerdotes-jefes, fácilmente reconocibles por su indumentaria y bastón de mando. Todos, a excepción de estos cuatro, aparecen acompañados de sus glifos onomásticos, lo cual permite su identificación. Sin embargo, es difícil reconocerlos en la historia ya que las fuentes no dan datos sobre ellos. La finalidad de esta partida es la de asentarse en un lugar que en este caso es Xicotepec, recorriendo en su viaje varias ciudades donde tiene lugar la muerte de alguno de aquellos miembros de la nobleza ya aludidos. La fundación en Xicotepec está claramente expresada por el glifo de este lugar, del cual el autor ha hecho una brillante interpretación al tratarse de un glifo bilingüe náhuatl-totonaca, representado por una avispa (xicotli) y un hombre viejo. Stresser-Péan ve en el insecto el nombre náhuatl de Xicotepec, que se traduce como "cerro de la avispa" (xicotli+tepetl+ -co). A su vez, este lugar es llamado por los totonacos de los alrededores "lugar del viejo" o "lugar de viejos", resolviendo así la incógnita de un glifo con dos representaciones sin conexión, y que aluden al nombre de un mismo lugar. Una vez establecidos, aparece Nezahualcoyotl en asiento con respaldo, signo de autoridad, y en la parte superior la de otro personaje en actitud similar, ambos unidos a su descendencia mediante líneas negras. A partir de entonces vemos el comienzo de la dinastía de Xicotepec, que a su vez figura acompañada de otros tantos señores, probablemente locales, entre los que es casi una constante la presencia del posible señor de Huachinango. Tras el establecimiento de la nueva dinastía, tienen lugar otros acontecimientos internos en Xicotepec, con participación de diversos grupos culturales entre los que se encuentra un español en la última sección del códice. Además del glifo bilingüe, el documento presenta en algunas de sus secciones una serie de glosas tanto en náhuatl como en español, incluyendo una en totonaco. El análisis de éstas nos muestra los conocimientos lingüísticos de Stresser-Péan a la hora de la interpretación tanto de glifos como de glosas, quien observa que estas últimas no parecen corresponderse con los sucesos representados, concluyendo que son de añadido muy posterior, seguramente realizadas en Cuaxicala ya que tratan asuntos internos de dicho lugar. En cuanto a la cronología, ya hemos dicho que el documento abarca un amplio período de tiempo, expresado en una serie de recuadros cronológicos del calendario mesoamericano, muy similar a la de otros documentos como el Códice Mexicanus, Códice Boturini, Tira de Tepechpan, etc., si bien su disposición no es la misma. En este caso concretamente, estos recuadros van delimitando la parte superior del documento cuya sucesión indica que la lectura debe realizarse de izquierda a derecha. Para abordar toda la problemática que presenta el Códice de Xicotepec, el autor ha estructurado su estudio en tres partes fundamentales. Una primera, dividida a su vez en seis capítulos donde se abordan temas como la historia del manuscrito, la región y sus culturas, siendo de destacar el detallado y minucioso estudio que el autor realiza sobre fechas, glifos topográficos y onomásticos, así como de armas, indumentarias y otros detalles. Todo ello constituye una sólida base a la hora de abordar el análisis pictográfico e histórico. La segunda parte comprende la interpretación del códice en sí. Debido a su amplitud cronológica y abundancia de sucesos está dividido en varias secciones. Para una mejor comprensión del lector, Stresser-Péan nos va situando los acontecimientos históricos de Xicotepec dentro de un amplio contexto histórico donde se aborda principalmente la situación que se desarrolla a un mismo tiempo en Tenochtitlan y Texcoco, debido a las relaciones que estos dos centros tuvieron con Xicotepec. Para tratar de resolver todo ello, se apoya en una amplia documentación basada principalmente en códices de la misma tradición, así como en cronistas del siglo XVI que tratan temas relacionados con estos lugares. Todo ello lo complementa con una selección de dibujos que acompañan a la lectura -extraídos muchos de ellos de otras fuentes pictóricas-, y que permiten comparar el tipo de representaciones en las diferentes áreas, ayudándonos también con ello a un mejor entendimiento de lo representado. La tercera parte, y a modo de conclusión, contiene un resumen histórico de las secciones del apartado anterior, así como un estudio de la tradición pictográfica acolhua dentro de la que se ubica este códice. Por último, hace un análisis global de la región de Xicotepec desde la época en que tuvo lugar la elaboración del códice hasta el período colonial, tocando también el tema de la evangelización en el área. En resumen, reiteramos la importancia de este manuscrito pictográfico, tanto por lo que supone su contribución histórica, como por tratar un área un tanto marginal, lo que a su vez implica grandes dificultades ya que no contamos con mucha información sobre ella. El Dr. Stresser-Péan aporta un gran volumen de información e interpreta con acierto los datos históricos que el códice ofrece, sustentándose para ello en sus conocimientos antropológicos, así como en la comparación con otros documentos pictográficos. Su contribución se beneficia de sus conocimientos de las lenguas náhuatl, totonaca y huasteca a la hora de interpretar las glosas y glifos de lugar. Se trata de un estudio exhaustivo en el que se tienen en cuenta todos y cada uno de los elementos que figuran en el manuscrito, y que el Dr. Guy Stresser-Péan ha sabido interconectar con la pericia de un verdadero experto. Finalmente, es de agradecer al Gobierno del Estado de Puebla, al Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos y al Fondo de Cultura Económica, su apoyo e interés científico, gracias a los cuales podemos contar con esta útil e importante obra.-MARÍA CASTAÑEDA DE LA PAZ. Ferrer Muñoz, Manuel: La formación de un Estado nacional en México. Con toda claridad expone el Autor de este estudio el doble propósito que lo guió: "contemplar en una misma mirada el período iturbidista y el republicano federal, e insertar la diversidad de fuentes y de bibliografía en un esquema general que descubra las líneas maestras del proceso de plasmación en México de un Estado nacional". Todo ello desde un enfoque político-constitucional, descartando deliberadamente planteamientos tan importantes como el hacendístico, el sociológico, o el de las historias regionales (pág. 8). El resultado, descontados los análisis de conceptos ofrecidos en el Capítulo I ("Precisiones conceptuales en torno a la noción de Estado"), es una verdadera "historia constitucional", desde los días de la Independencia ("Los precedentes constitucionales de 1824. Plan de Iguala y Tratados de Córdoba", cap. II), siguiendo por la época de Iturbide ("De la independencia al Segundo Congreso Constituyente", cap. III), y culminando este recorrido diacrónico con la formulación de la primera Constitución federal ("El texto constitucional de 1824, las pautas legislativas y las prácticas políticas", cap. IV). A partir de aquí se consideran distintos aspectos de esa primera Carta Magna mexicana. En el cap. V se estudian sus modelos ("Las influencias de las normas constitucionales y legislativas extranjeras en el primer constitucionalismo mexicano"); en el VI, las libertades en ella proclamadas ("Las libertades públicas e individuales durante el iturbidismo y bajo la Primera República federal"), y en el VII la organización misma del Estado ("Los órganos de poder"). Y todavía se añaden otros dos planteamientos sectoriales: las "Relaciones Iglesia-Estado" (cap. VIII) y "La educación" (cap. IX). Desde la pagina 337, una copiosa enumeración de bibliografía y fuentes, aunque un tanto desordenada, completa el volumen. Siguiendo un patrón clásico, dedica principalmente el A. el capítulo I a caracterizar el naciente Estado-nación mexicano describiendo ante todo el territorio que comprendía y que experimentó importantes variaciones en los días inaugurales: la incorporación de Chiapas, la agregación y segregación de Centroamérica, y la ambigua integración de Yucatán, aparte de la insegura situación de Texas frente a las conocidas aspiraciones de los Estados Unidos. Trata luego brevemente de la población, para pasar a sostener la inexistencia de un Estado de derecho, tal como se entiende hoy, durante la primera mitad del siglo XIX, debido a la desorganización social y a la excesiva fuerza que conservaban el Ejército y la Iglesia; el impulso constitucionalista y de adhesión al régimen parlamentario de algunos sectores no se correspondía con la realidad social del país, y el mismo Congreso incurrió pronto en comportamiento anticonstitucional. Añádase la pugna entre monarquía y república, y más aún entre federalismo y centralismo, para comprender la debilidad congénita con que surge el Estado mexicano, desde la formulación conservadora y todavía vinculada a España de los Tratados de Córdoba, pasando por el experimento iturbidista, hasta la plena ruptura y reivindicación independentista que representa la instauración de la república. El debate sobre el Estado federal hace aflorar las distintas interpretaciones de la soberanía -nacional o popular; del Estado general, o de cada Estado federado-y conduce a la evidencia de una "desintegración nacional", en parte por inexistencia de un nacionalismo frente a los particularismos regionales, lo que lleva a hablar de "ficción de la nación" y de carencia de un proyecto nacional entre los mismos políticos próximos al poder, así como de desmovilización política o apatía popular. Arranca el cap. II de la polémica sostenida por distintos publicistas en 1820 acerca de la conveniencia o no de mantener la unión con España, vista la orientación prevaleciente en las Cortes. En este clima logró Iturbide la "concertación de voluntades" -empezando por la de Guerrero-que constituiría el primer paso hacia la Emancipación. El Plan de Iguala apostaba ya abiertamente por la independencia y gozó de amplia aceptación, aunque encerraba propuestas que pronto fueron criticadas: la unión entre criollos y peninsulares, o la pretendida defensa de la religión que se decía atacada desde las Cortes. A partir de aquí dedica el autor abundantes páginas a exponer los conflictos surgidos entre Iturbide, Apodaca, Novella y O'Donojú, que aparentemente terminan con los inconcluyentes Tratados de Córdoba. De Iguala y Córdoba nacieron la Regencia, presidida por Iturbide, y la Junta Provisional Gubernativa, que debía convocar un Congreso Constituyente. El A. describe en el cap. III las actuaciones de la Junta y del Congreso, frustrado éste al haber sido disuelto por el ya proclamado Agustín I, que nombró en su lugar una Junta Nacional Instituyente pronto denunciada como ilegítima. El Plan de Casa Mata (1.o de febrero de 1823), con cuya aceptación empiezan a adquirir protagonismo las provincias, anuló la labor de este organismo imponiendo la restauración del Congreso y provocando la abdicación de Iturbide. En la confusión imperante estos días, que evidencia la amplia disparidad de criterios y propósitos de quienes debían acordar la reforma del régimen político o la instauración de otro nuevo, los congresistas elegidos en virtud del Plan de Iguala y de los Tratados de Córdoba declaran nulos estos documentos como emanados de la voluntad de Iturbide, abriendo así la puerta a la fórmula republicana. El federalismo cundía entre tanto en las provincias de manera alarmante, con matices separatistas, de modo que el nuevo Congreso, instalado en noviembre de 1823, comenzó por promulgar el Acta Constitutiva de la Federación, a modo de Constitución provisional que remediase el desorden. Apresuradamente se procedió a la elaboración de la Carta de 1824 que consolidaba el sistema federal, no sin vencer fuertes resistencias y buscando en parte desbancar a los centralistas, siempre sospechosos de monarquismo. La nueva organización del Estado hizo necesario aceptar la existencia de legislaturas provinciales y crear el Distrito Federal, lo que acarreó serias protestas. Concluye este cap. IV con el análisis de los anticonstitucionales decretos y leyes expedidos entre 1827 y 1833 disponiendo la expulsión de los españoles, causando quebrantos a la economía mexicana y haciendo menguar al clero regular del país. Las consideraciones acerca de los modelos de la Constitución de 1824, en el cap. V, no ofrecen gran novedad. Se recogen, naturalmente, las influencias de la Declaración francesa de los Derechos y Deberes del Hombre y del Ciudadano, así como de la Constitución francesa de 1793, y se dedican casi nueve páginas a deslindar la huella de la legislación española, especialmente la de la Constitución de Cádiz, en puntos tan importantes como las facultades del ejecutivo, el funcionamiento del Consejo de Estado y de la Diputación Permanente, y el "principio de intolerancia religiosa", además de considerar las Diputaciones Provinciales como embrión del federalismo. Análogo tratamiento recibe el modelo federal norteamericano, visible en la configuración de los poderes Legislativo y Judicial, entre otros rasgos. Por último se comenta el ejemplo colombiano, especialmente la Constitución de Cúcuta de 1821, cuyo texto se trasluce en la redacción de algunos artículos, aparte de haber sido repetidamente aludida en los debates del Constituyente. Ofrece el cap. VI un minucioso seguimiento de la evolución de las leyes relativas a las libertades o derechos del hombre o del ciudadano, desde los días de la Independencia: la libertad de imprenta, que no llega a ser plenamente establecida; el gobierno representativo, acerca del cual se discute la posibilidad de la concesión de facultades extraordinarias, o la de reelección presidencial; las garantías judiciales, o la inviolabilidad del domicilio, difíciles de mantener en la coyuntura que atravesaba México, etc. El cap. VII, dedicado a los órganos del poder, describe ante todo el Congreso, el ejecutivo, el Consejo de Gobierno y el Judicial -dividido en Suprema Corte y tribunales de circuito y juzgados de distrito-tal como aparecen diseñados en la Constitución, pero haciendo constar determinados antecedentes o los debates sus-citados en el Constituyente sobre su funcionamiento. Se añade un importante apartado sobre el Ejército permanente y la milicia cívica, entre los que surgían diferencias por su respectiva procedencia de las tropas virreinales o de los insurgentes. Al tratar las relaciones Iglesia-Estado se aborda la cuestión de la intolerancia religiosa, paralela a la restricción de ciertos derechos políticos a los clérigos; el problema del Patronato y de las relaciones con la Santa Sede; el discutido restablecimiento de órdenes religiosas, alternado con la venta de bienes eclesiásticos; el debate sobre el fuero, los diezmos y las rentas de la Iglesia, y el programa de reformas de Gómez Farías, cancelado por la reacción santannista en 1834. En cuanto a la educación, en el cap. IX y último se recorren las sucesivas disposiciones que finalmente desembocan en la declaración de libertad de enseñanza en 1833, el experimento de la escuela lancasteriana y otros ensayos educativos, y las innovaciones intentadas en este campo por Gómez Farías y luego anuladas, como en el caso anterior. El repertorio bibliográfico y de fuentes que cierra el volumen acredita las amplísimas consultas realizadas por el Autor, y que se manifiestan con frecuencia en densas notas a pie de página en las que pueden seguirse aún con más detalle muchos de los procesos y debates a través de los cuales se fue gestando la notable personalidad de la República Federal de 1824, primera plasmación, pese a sus deficiencias, del Estado mexicano. Esta densa obra de Ferrer Muñoz, autor ya avezado en temas de Historia Constitucional, no busca en este caso aportar una novedad, sino sistematizar el cúmulo de trabajos con que ya se contaba -desde Nettie Lee Benson a Jorge Carpizo, desde Sánchez Agesta a Antonio Martínez Báez-para trazar el curso, a veces casi día a día, de los contrastes de pareceres entre los teóricos, publicistas y políticos mexicanos del primer tercio del siglo XIX acerca del modo de organizar la nación.-LUIS NAVARRO GARCÍA. Con su último libro, el autor presenta el resultado de un proyecto de investigación que lo ha ocupado durante muchos años y del que ya había presentado, hace más de diez años, un primer esbozo ("La rebelión de las alcabalas (Quito, julio de 1592-abril de 1593). La presente obra constituye un avance importante en la descripción e interpretación de los disturbios de los años 1592 y 1593 en la ciudad de Quito, ocasionados por la imposición de las reformas fiscales promulgadas por el rey Felipe II en 1591, entre las cuales la introducción del impuesto de la alcabala, en el virreinato del Perú, cobra una importancia clave. Como indica ya el título del libro, su autor rechaza la interpretación tradicional, mantenida hasta los años setenta sobre todo en la historiografía ecuatoria-na, que veía en los acontecimientos de finales del siglo XVI en primer lugar una rebelión "proto-nacional" contra el "estatus colonial" de la ciudad y del distrito de su Audiencia, poniendo en evidencia una mentalidad independentista que, después de expresarse una vez más en la así llamada "sublevación de los barrios" del año 1765, llevó directamente a la lucha por la independencia del distrito a principios del siglo XIX. No obstante el rechazo del supuesto carácter proto-nacional de los acontecimientos, Lavallé destaca en su interpretación global de éstos el incipiente "criollismo" dentro de la sociedad quiteña, un fenómeno cuya aparición y desarrollo en todo el virreinato del Perú el mismo autor ha investigado tan detenidamente desde hace muchos años. Junto a este elemento del desarrollo de una identidad americana y local a la vez, el autor subraya el carácter de los tumultos de 1592 y 1593 como el fin de la etapa de las "guerras civiles" en el virreinato. Con el final del siglo XVI se cierra la lucha por el dominio entre el poder central español y los grupos de interés regionales y locales. Mientras que la Corona llevó adelante la penetración e incor poración administrativa de los reinos americanos, los conquistadores, primeros "pobladores" y sus descendientes trataron de mantener su papel relevante en el desa rrollo de una sociedad cada vez más compleja y especialmente frente al avance de nuevos elementos sociales vinculados a la burocracia y a las actividades económicas. Ampliando el período de estudio a los dos decenios entre 1580 y 1600 y caracterizándolo como una época de "crisis", en su nuevo libro el autor se ha propuesto presentar los disturbios quiteños de los años de 1592 y 1593 como uno de los tantos momentos históricos claves, en el que los acontecimientos particulares y las estructuras socioeconómicas y políticas globales aparecen fuertemente vinculados entre sí y se aclaran los unos a los otros. Por consiguiente, lejos de reducir los disturbios quiteños a una mera expresión de "super-estructuras" socio-económicas y políticas anónimas, Lavallé logra hacer ver tanto las actitudes y mentalidades de los diferentes actores sociales que participaron en los acontecimientos, como la dinámica propia de los sucesos. Además, cabe destacar que presenta los hechos y sus interpretaciones en una prosa fluida, sin descuidar nunca el análisis. La obra se divide en siete capítulos, de los cuales los cinco primeros presentan el contexto y los antecedentes de los tumultos quiteños, mientras que los otros dos comprenden una detallada exposición de los acontecimientos de los anos 1592 y 1593 y de las consecuencias inmediatas (entre éstas, la introducción decisiva del impuesto de la alcabala), respectivamente. Tras resumir las reacciones que despertó la imposición de este impuesto en el año 1591 en el resto del virreinato del Perú, reacciones mucho menos pronunciadas y violentas tanto en su naturaleza como en su opresión por las autoridades reales, el autor analiza extensamente el estado de la sociedad quiteña durante los años ochenta del siglo XVI, que se caracteriza por una crisis multifacética. Llama la atención el hecho de que, a pesar del carácter primordialmente económico de las reformas de Felipe II, Lavallé ofrezca pocas informaciones sobre la estructura económica de la región a finales del siglo XVI y acerca de las posibles consecuencias económicas de la imposición de la alcabala. Este hecho se debe, por un lado, a la base documental del libro, o sea las fuentes ligadas en su mayoría directarnente a los acontecimientos y sus actores principales, sobre todo a la investigación posterior sobre éstos por parte de las autoridades reales, y por otro lado, al estado aún deficiente de la investigación sobre la historia económica de la región durante esta época. Así pues, el factor económico no figura entre las causas y características más importantes de los tumultos. En cambio, el autor se ocupa detenidamente de las tensiones sociales existentes en la ciudad de Quito y de las deficiencias administrativas por parte de su Audiencia en vísperas de los años 1592 y 1593. Estas tensiones constituyensegún él-los factores claves para entender los tumultos de estos años, en cuanto que no se limitaron a una reacción inmediata y homogénea a unas reformas concretas, sino que pusieron de relieve la existencia de una crisis socio-política general que estalló de una manera compleja e incluso caótica. Entre estos elementos de crisis, se destacó -según el autor-el conflicto local de intereses respecto a la política hacia la población indígena, que oscilaba entre la explotación máxima de la fuerza laboral indígena, siendo ésta una posición meramente económica mantenida sobre todo por parte de los encomenderos, y la protección de los naturales, una perspectiva religioso-humanística, mantenida en primer lugar por una parte de la administración real y eclesiástica y especialmente por el doctor Barros de San Millán, presidente de la Audiencia a partir de 1587. Otro factor decisivo para la inestabilidad socio-política de la sociedad quiteña, a finales del siglo XVI, fue la crisis de autoridad que sufrió la Audiencia durante los años ochenta, debida a la vacancia de la presidencia durante siete años y a la incompetencia, la corrupción y el clientelismo de los oidores, divididos entre sí a causa de conflictos personales. Además, Lavallé llama la atención sobre la posición social precaria y marginal dentro del orden social de los mestizos y de los "soldados", dos grupos que participaron muy activamente en los acontecimientos de 1592 y 1593. Junto al papel decisivo desempeñado por algunos grupos sociales en el estallido y desenvolvimiento de los tumultos, el autor destaca la influencia ejercida por algunos protagonistas, sobre todo por el presidente Barros de San Millán, debido a su intransigencia frente a los intereses locales, es decir, respecto a la cuestión indígena, y a sus esfuerzos por aplicar el impuesto de la alcabala, o sea, su actuación durante los tumultos mismos. Como muestra muy bien el presente estudio con su detallado análisis de los actores sociales, tanto individuales como colectivos, el carácter particular de los oficiales reales y la relación entre la estructura administrativa y los intereses de los grupos sociales locales es una clave central para entender el carácter del ejercicio del poder en los vastos reinos americanos. Esta afirmación, cabe destacar, no se limita al siglo XVI, sino que caracteriza la época colonial en general.-CHRISTIAN BÜSCHGES. El libro de Minchom es una edición revisada y ampliada de una tesis doctoral presentada por el autor en 1984 en la Universidad de Liverpool. Comparado con la tesis, los cambios y avances más significativos del libro son la inclusión de un capítulo sobre la controvertida (también en Ecuador hasta y durante el siglo XX) identidad étnica y posición social de Eugenio Espejo, distinguida personalidad del "pensamiento ilustrado" en el distrito de la Audiencia de Quito, y de una profunda discusión del contenido socio-económico de las tensiones y rebeliones urbanas en la ciudad de Quito durante los años sesenta del siglo XVIII. El estudio se divide en dos grandes partes. En la primera, el autor presenta un cuadro general de la estructura social de la ciudad de Quito y su hinterland, concentrándose sobre todo en las capas sociales más bajas. Esta parte comprende prácticamente toda la época colonial y trata elementos geográficos, étnicos, económicos y culturales (religiosos). Cabe destacar, que aún más que en otras regiones del vasto imperio colonial español, el historiador que se ocupa sobre la historia social del distrito de la Audiencia de Quito, se ve frente a amplias lagunas de conocimiento respecto a las capas inferiores de la sociedad. Este déficit se refiere especialmente al siglo XVII. Por esta razón, la amplia, si bien heterogénea gama de informaciones sobre el período anterior al siglo XVIII que ofrece el autor, resulta ya de por sí sumamente interesante y le sirve además como base para una discusión sobre el desarrollo social de la sociedad quiteña en el siglo XVIII. La pregunta central de la segunda parte del estudio es, por consiguiente, sí, y en qué medida, la crisis económica (provocada por epidemias, catástrofes naturales y la crisis textil manufacturera) y la presión fiscal de las reformas borbónicas cambiaron, en la sierra norte y central del distrito de la Audiencia de Quito, la situación social de las capas inferiores de la ciudad de Quito. Este enfoque equilibra la tradicional preponderancia de estudios sobre la capa alta de la sociedad quiteña y acerca de su reacción a las reformas del siglo XVIII. La importancia de esta nueva perspectiva resulta evidente, por ejemplo, en la interpretación socio-económica que el autor ofrece sobre las rebeliones urbanas de la segunda mitad del siglo XVIII, siguiendo la brecha abierta por Kenneth J. Andrien (Past and Present, N.o 129, 1990) respecto a una reinterpretación de la famosa "sublevación de los barrios" del año 1765. Esta sublevación había sido considerada, desde la misma época colonial tardía hasta la historiografía del siglo XX, como "tumultos populares" instrumentalizados y manipulados por parte de la capa alta criolla, que, de esta manera indirecta y disimulada, expresó su oposición a las reformas fiscales. De este modo, la sublevación ha sido interpretada como uno de los "movimientos precursores" (J. Pérez) de la independencia hispanoamericana de principios del siglo XIX. Dada la habitual ausencia de una amplia documentación "directa" sobre la vida social de la mayoría de las capas inferiores de la sociedad (por ejemplo en las actas de las escribanías públicas), las fuentes sobre los tumultos y rebeliones urbanos adquieren una importancia particular, puesto que, como en el caso de las rebeliones indígenas (véase para el caso del distrito de la Audiencia de Quito el libro de S. Moreno sobre Las sublevaciones indígenas), las informaciones sobre los actores sociales respectivos permiten una interpretación general de la identidad y situación sociales de las capas inferiores. Aparte de la insistencia en los contenidos "populares" de las rebeliones urbanas del siglo XVIII, la parte más interesante y homogénea del estudio es, sin duda, la discusión acerca del carácter socio-cultural de la identidad étnica en la ciudad de Quito a fines de la época colonial. El respectivo capítulo se basa en las "declaraciones de mestizos", documentos pertenecientes a pleitos seguidos ante la Audiencia, que datan en su gran mayoría de fines del siglo XVIII, cuando a partir de las reformas fiscales del año 1776 las autoridades locales renovaron los padrones sobre los indígenas sujetos a la paga de tributos para impedir la evasión de este derecho. A pesar -o quizá, más bien, por causa-del amplio abanico de informaciones que el presente estudio brinda sobre una parte de la población desatendida hasta ahora por la investigación histórica, cabe lamentar algunas deficiencias. La falta de conocimientos sobre el siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, superada sin duda en algunos aspectos importantes, pero de una manera bastante ecléctica por parte del autor, no permite aún, a mi modo de ver, emitir un juicio claro sobre la estructura y el desarrollo social quiteño en el transcurso del período colonial y acerca del impacto que tuvieron sobre éstos la crisis económica y las reformas borbónicas del siglo XVIII, siendo ésta la pregunta principal del presente estudio. Esto se refiere por ejemplo a la relación entre el estatus étnico y la ocupación de un individuo, sobre lo que todavía no se sabe mucho respecto a la época anterior a las reformas fiscales, hecho que hace sumamente difícil constatar, como lo hace el autor, un (re-) fortalecimiento del "régimen de castas" en la estructura social quiteña a partir del año 1776. Por último, la terminología social utilizada por el autor sufre de imprecisión. La dicotomía social que mantiene el autor de una "elite" (término que carece de una definición exacta) y la "plebe", "underclass" o "(amorphous) lower social strata", constituida ésta por "settled artisans and vagrants, poor Spaniards, Mestizos (mixed-lood) and acculturated Indians" (pág. 3), refleja más bien los prejuicios de la capa alta de la sociedad, incluidos los oficiales destacados de la administración, que la realidad social, que sin duda fue más compleja. Además, me parece inadecuado el empleo del término y concepto vago de "social class" (incluyendo un término tan extraño como "cacique class", pág. 64), y sus derivaciones como "class prejudices", "tensions" and "alliances", para denominar y caracterizar las capas de una sociedad que hasta la segunda mitad del siglo XVIII mos-traba evidentemente muchos rasgos tradicionales (de un régimen de castas o, más general, de estamentos). No obstante estas últimas objeciones, el presente estudio significa un importante avance en nuestros conocimientos sobre el ámbito de las sociedades urbanas hispanoamericanas, avance que a su vez brinda una sólida base para incentivar a ampliar y profundizar estos conocimientos.-CHRISTIAN BÜSCHGES. Venezuela en el Siglo de las Luces. M.a Carmen Mena García, coordinadora; M.a Ángeles Eugenio Martínez y M.a Justina Sarabia Viejo, editoras. Muñoz Moya y Montraveta Editores, con la colaboración de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía, Biblioteca Americana, Sevilla-Bogotá, 1995, 329 págs. En el marco de un programa de investigación sobre la aportación andaluza al nacimiento de la nacionalidad venezolana entre 1700 y 1830, historiadores de varias universidades (Almería, Caracas, Granada, Huelva y Sevilla) han unido sus esfuerzos con el fin de trazar un cuadro político-económico de la Intendencia de Caracas en vísperas de la Independencia. El libro tiene un doble interés: de entrada, permite comprender mejor la organización espacial y social de Venezuela antes de su ruptura con España, tema sobre el cual hay pocas obras de síntesis; y por otro lado, se inscribe en una situación geopolítica totalmente contemporánea, ya que el gobierno regional andaluz (que financia el grupo de investigación) busca de una forma clara, sin segundas intenciones, y más allá de los mares y los tiempos, el conocer cómo han podido desarrollarse los gérmenes de la independencia venezolana. La presente obra es la primera parte de un intento más amplio, en el que deben afirmarse las iniciales tomas de posición de un grupo de trabajo que se interroga sobre el nacimiento y la afirmación colectiva del concepto de nación -tema más que nunca de actualidad tanto en España como en América. En el siglo XVIII es cuando Venezuela comienza realmente a estructurarse y su integración económica y territorial va unida a su reorganización administrativa, impuesta por la Corona. En este libro se abordan diversos aspectos, poco o mal conocidos, de la historia económica y social de Venezuela, que constituyen el decorado de la futura revolución independentista: transferencias tecnológicas desde México referentes a la minería (Isabel Arenas); desarrollo de nuevas actividades como la producción y comercio de la sal (M.a Justina Sarabia) y del añil (Adela Sánchez); apertura de nuevas rutas que facilitarán los intercambios de productos y de personas (M.a Ángeles Eugenio); conflictos entre la Casa de Contratación, ya en Cádiz, y la Compañía Guipuzcoana de Caracas (Gerardo Vivas) y el tema de la tributación indígena, siempre de múltiples implicaciones, tratado por M.a José Nestares. Junto a estas transformaciones, se estudian los cambios de una sociedad criolla que va tomando poco a poco conciencia de su identidad, y de la que puede apreciarse su evolución a través del análisis de diversos grupos como los trabajadores domésticos (Antonio Laserna), los universitarios (Carmen M.a Panera) y los militares (Enrique Nóbrega); o el de una ciudad entera, en el caso de Cumaná, que desarrolla Rosa M.a Guillén. Al abordar la historia de don Joaquín Mosquera y Figueroa, que tuvo que representar a Venezuela ante la Junta Central, instalada en Andalucía en 1808 ante el empuje de las tropas napoleónicas, M.a Carmen Mena no cierra la obra: ella abre nuevas perspectivas de investigación sobre las causas y las condiciones políticas de la independencia en todas las colonias españolas en América.-ALAIN MUSSET.
El ejercicio violento del poder durante la colonia (siglo XVI) a partir del análisis de las imágenes de los códices mesoamericanos". Fernández Herrero, Beatriz: "América y la modernidad europea". El artículo analiza algunos de los postulados de la filosofía política y moral europea de la modernidad en relación a América. Se concluye cómo, en general, ha habido una actitud negativa, teñida de eurocentrismo. Desde la ignorancia que por el mundo americano demuestran Maquiavelo o Moro, pasando por las teorías acerca de la inferioridad del continente, hasta llegar a la expulsión de la Historia a que son sometidos los indígenas en la filosofía de Hegel, la mirada del pensamiento europeo conduce siempre a la misma premisa: la exclusión de un sujeto moral, el americano, que quedaba fuera del esquema de racionalidad definido desde el ser de Europa.-M. P. 5. García Campillo, José Miguel: "El contenido de los textos jeroglíficos mayas". En esta ponencia se pone de manifiesto que es posible clasificar los textos glíficos mayas según nuestras propias categorías, atendiendo a los asuntos tratados: acontecimientos históricos relacionados siempre con la vida y obras de los gobernantes y dignatarios; dedicaciones y conmemoraciones de edificios, monumentos y objetos; observaciones y cálculos astronómicos; augurios y profecías; acontecimientos y relatos mitológicos. Se presentan una serie de ejemplos que se adecuan a cada uno de esos temas.-A. M. M. R. Lacadena García-Gallo, Alfonso: "Las escrituras logosilábicas: el caso maya". Resines Llorente, Luis: "Sobre el catecismo pictográfico atribuido a Bernardino de Sahagún". Casado Arboniés, Francisco Javier: "Fondos americanistas de la Sección de Estado del Archivo Histórico Nacional de Madrid: la presencia francesa en Nueva España en el último cuarto del siglo XVIII". Se nos ofrece información sobre los legajos existentes en la Sección de Estado del Archivo Histórico Nacional de Madrid, que son de una gran utilidad para el conocimiento de la situación de los franceses en la América hispana en la 2.a mitad del siglo XVIII, con especial atención al México borbónico.-A. M. M. R. Figueroa Navarro, Alfredo: "Seis archivos parroquiales panameños sobre necrologías y bautismos. También se trata de cuantificar la evolución de las castas panameñas hasta la mitad del siglo XIX, llegándose a la conclusión de que a partir de 1808, en vísperas de los gritos independentistas hispanoamericanos, se silencian los matices étnicos existentes.-A. M. M. R. Lucena Salmoral, Manuel: "El Segundo Código Negro español, la religión, la humanidad y la tranquilidad y quietud pública. La crítica realizada en 1788 al Código Carolino". Estudio sobre dicho Código: el halo de misterio que envuelve todo lo relativo al mismo, el Código en el contexto del reformismo, su elaboración, la misteriosa rapidez de su realización, su aprobación, pero su no promulgación, la pobre y apresurada crítica que se le hizo por parte de don Antonio Romero y cómo la oposición de los dueños de los esclavos hispanoamericanos evitó su entrada en vigor.-A. M. M. R. Lucena Salmoral, Manuel: "El Segundo Código Negro español, también llamado Carolino, existente en el Archivo de Indias". Se publica en España por primera vez el Segundo Código Negro español o Carolino, del que sólo se ha impreso por Koneztke un extracto, al que inexplicablemente le faltan capítulos. Este Código es conocido únicamente por la publicación que hiciera Malagón en Santo Domingo, utilizando el manuscrito del Archivo Nacional de Cuba. Lucena Salmoral ha transcrito el otro manuscrito existente de dicho Código, que es el del Archivo General de Indias, anotando las diferencias existentes con la versión de Malagón.-A. M. M. R. Márquez Macías, Rosario: Historias de América: La Emigración Española en Tinta y Papel. Este libro tiene por objeto el rescate de las cartas de carácter privado remitidas por los emigrantes a sus parientes o amigos en la metrópoli. La exhumación de tal correspondencia de los fondos documentales posibilita la ampliación de nuestro conocimiento sobre el mundo privado de los emigrantes en Indias. El trabajo comprende 149 cartas distribuidas entre 1768 y 1824, y precisamente su cronología tardía aporta un valor añadido, al adentrarse en unos años nada frecuentados a estos efectos.-J. M. C. B. 16. Martínez de Salinas Alonso, M.a Luisa: "La celebración de la llegada al trono de Carlos III en la Isla Margarita". En 1760, el gobernador y capitán general de Isla Margarita, don Alonso del Río y Castro, además de costear fiestas de toros, teatros, fuegos artificiales, banquetes, etc., elabora una relación escrita que nos proporciona una panorámica de la sociedad margariteña del siglo XVIII.-A. M. M. R. 17. Solano, Francisco de: Relaciones Geográficas del Reino de Chile. Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universidad Internacional SEK, Santiago de Chile, 1995, 303 págs., índices analíticos, láminas. Las Relaciones Geográficas fueron uno de los medios utilizados por la administración española en su deseo de adquirir información sobre la realidad hispanoamericana. Existen zonas afortunadas -México, Perú-donde las encuestas fueron cumplimentadas por un mayor número de funcionarios reales. En otros territorios -como Chile-también se les pidieron informes, pero se hallan repartidos en diversos archivos o no han tenido la fortuna de ser publicados. Sobre esta documentación dispersa el Equipo de Investigación se ha preocupado de recuperarla y analizar los esfuerzos del Estado en el siglo XVIII por conocer los problemas hispanoamericanos.-J. M. C. B. 18. AA.: "Índice de documentos sobre Hispanoamérica existentes en el Archivo Histórico de la Provincia de Toledo de la Compañía de Jesús (AHPTSJ) en Alcalá de Henares. Siglos XVI-XIX (2.a parte)". Tras explicar cómo ha de utilizarse este índice, así como la pretensión perseguida al realizarlo (construir un elemento de descripción auxiliar que resulte útil a los especialistas e investigadores), se pasa a ofrecerlo por zonas geográficas, concluyendo con un índice onomástico y toponímico.-A. M. M. R. 19. (Equipo de investigadores de la Universidad de Alcalá de Henares): "Documentos del Archivo Histórico de la Provincia de Toledo de la Compañía de Jesús (AHPTSJ) en Alcalá de Henares. Siglos XVI-XIX (3.a parte)". Este equipo ha venido organizando un gran número de referencias documentales relativas fundamentalmente al ámbito hispanoamericano, al que se suman los territorios de Brasil, Jamaica y EE. UU., además de Filipinas, China y Japón. Principal objetivo: ordenación, clasificación, sistematización y revisión de los materiales recopilados, tratándolos con unos criterios metodológicos que han permitido el levantamiento de un índice.-A. M. M. R. -Bibliografía e historiografía 20. Acosta Rodríguez, Antonio: "Teoría e historia. (A propósito de historiografía reciente sobre Nicaragua)". Tomando como referencia algunos de los libros publicados recientemente sobre historia de Nicaragua, se pone de manifiesto cómo, con frecuencia, los historiadores utilizan términos tomados en préstamo de otras ciencias sociales, como la sociología, sin precisar su significado y el contexto teórico en que han sido definidos, lo cual varía según las diversas corrientes de esta disciplina durante el presente siglo. Esto, que se presenta como un problema para el avance de la ciencia histórica en la actualidad en el terreno de la teoría, es particularmente grave en una especialidad como la denominada historia social -aún admitiendo las diversas concepciones de esta expresión-, por contraste con lo que sucede en otras, como podría ser la historia económica.-A. E. A. Adeva Martín, Ildefonso: "Fray Juan de Zumárraga: Regla Cristiana Breve". Presentación de la edición crítica de la Regla cristiana del primer obispo de México. El autor explica cómo, a lo largo de la investigación, tropezó primero con el mero plagio de la obra de Erasmo que llevó a cabo Zumárraga en la Doctrina breve, elaborada antes de la Regla cristiana. En esta su obra principal no sigue el mismo criterio, sino que constituye un compendio de textos de diversos autores, que el autor ha conseguido identificar. Zumárraga en todo caso no fue erasmista, según sus conclusiones.-H. S. Álvarez Alonso, Clara: "El derecho, los indígenas y el derecho indígena. (Algunas consideraciones sobre el Derecho indígena y cultura constitucional en América de Bartolomé Clavero.)". Comentario crítico acerca del peculiar tratamiento que el profesor Clavero hace del indio americano de ambos hemisferios, como sujeto del derecho implantado en sus respectivos territorios tras la dominación extranjera y su posterior emancipación, y el significado que tuvieron los ordenamientos precoloniales en este contexto. Se analiza la línea seguida por ese autor, basada en los principios doctrinales de los más sobresalientes representantes del derecho internacional de los siglos XVI al XVII, y se destaca el temple innovador y a la vez polémico de algunos de sus planteamientos, que contrastan con los que la historiografía había venido sosteniendo hasta entonces.-A. B. M. Álvarez Gila, Óscar, y Tápiz Fernández, José María: "Prensa nacionalista vasca y emigración a América ". Desde su nacimiento, la prensa nacionalista dedicó su atención al fenómeno emigratorio vasco hacia América, a través de una doble visión. Por un lado, asumió la concepción negativa de la emigración, siguiendo las pautas de la prensa del siglo XIX anterior al nacionalismo, al considerar que suponía una pérdida de brazos para el país. Por otro lado, esta presentación negativa quedaba compensada por el tratamiento de la difusión del nacionalismo vasco en América, que se realizaba desde ambos lados del Atlántico. En este artículo presentamos brevemente esta doble visión, así como una relación de los artículos que aparecen en la prensa nacionalista vasca entre 1900 y 1936 sobre la emigración a América y la presencia y actividad de los vascos allí.-A. E. A. Arias, Salvador: "Está de bárbaros el país", un ejemplo de crónica martiana". Se hace un análisis de una de las muchas "escenas norteamericanas" que Martí redactó entre 1881 y 1891, las cuales constituyen en conjunto su más abundante serie de textos. Se seleccionó la fechada el 9 de julio de 1889, enviada al periódico La Nación de Buenos Aires, que corresponde a un momento de indudable madurez en el autor. Con ocho variadas noticias tomadas de la realidad estadounidense más inmediata, Martí enhebra una crónica a la cual la premura periodística no le hace perder coherencia ideológica ni efectividad artística. El hilo conductor lo encuentra Martí en la reiteración de la violencia, dada ya en el mismo comienzo, que de hecho puede constituirse en su título: "Está de bárbaros el país". Pero junto con elementos que tienden a la unidad estructural del texto, el autor pone en práctica su propio aserto sobre que "con las zonas se cambia de atmósfera, y con los asuntos de lenguaje", que lo lleva a trabajar una gran variedad de matices y sutilezas en la expresión adecuada de cada noticia, cosa que le confiere a la crónica entera una riqueza y trascendencia capaz de sorprendernos aún hoy día.-A. E. A. Clavero, Bartolomé: "Cádiz entre indígenas. (Lecturas y lecciones sobre la constitución y su cultura en la tierra de los mayas)". Anuario de Historia del Derecho Español. Centro de Publicaciones del Ministerio de Justicia. Centrándose en el área mesoamericana, el autor analiza el cambio que en la historiografía americanista ha experimentado el concepto de conquista y aculturación de los naturales, imponiéndose la opinión de que no fue algo conseguido de una vez ni de modo definitivo. Repasa las diferentes visiones de lo que la Constitución de 1812 representó para las comunidades indígenas y defiende la idea de que, en los ordenamientos gaditanos, estaban contenidos los mismos prejuicios coloniales generadores del deterioro y negación jurídica de los indios.-A. B. M. 26. Clavero, Bartolomé: "Colonos y no indígenas. (Diálogo con Clara Álvarez)". Respuesta al cometario crítico de la obra reseñada anteriormente en donde el autor trata de defender sus propias convicciones explicando las diferencias de criterios y rebatiendo las refutaciones de Clara Álvarez. Fija los principales puntos de divergencia en la condición jurídica de la población aborigen americana desde el período colonial a las independencias, y en cómo se les contempla en la legislación norteamericana, apoyándose en diversas ópticas historiográficas representadas, entre otros autores, por McLoughlin, González Galván, Harrig, Villa Rojas y Cohen.-A. B. M. 27. Núñez Sánchez, Jorge: "La historiografía ecuatoriana contemporánea". A comienzos de la década de los setenta surgió en Ecuador un movimiento de renovación historiográfica conocido como "Nueva historia". Empeñado en construir su propia visión del pasado ecuatoriano a partir de otras perspectivas de análisis, este movimiento produjo desde entonces una variada bibliografía, que refleja las ideas, inquietudes y limitaciones de una generación de historiadores ecuatorianos, en general críticos de la vieja escuela y del anquilosado academicismo oficial. Una evaluación de los resultados alcanzados por este movimiento intelectual muestra algunos significativos logros. Nunca antes se había investigado tanto ni incursionado en tantos temas y campos de estudio. Igualmente, no se había publicado tanto como lo ha hecho este movimiento, cuya producción incluye una "Nueva historia del Ecuador", ambiciosa publicación en quince tomos. Complementando a la nueva historiografía ecuatoriana está la labor de los historiadores ecuatorianistas, que han aportado estudios de gran utilidad para la comprensión del pasado ecuatoriano.-A. E. A. Solórzano Pereira, Juan de: De Indiarum iure. III: De retentione Indiarum). En este trabajo se estudia la perspectiva política del proceso colonizador a través de la figura representativa de Juan de Solórzano y Pereira. La preocupación que guía a este tratadista es la defensa de España ante la campaña antiespañola que se ha desatado en Europa: era la expansión de la Leyenda Negra. En su obra responde a las "calumnias" de los enemigos de España. Esta circunstancia explica la obsesión erudita y la avalancha de citas, con frecuencia innecesarias y faltas de rigor científico.-J. M. C. B. Souviron López, Begoña: "Arcadia y Nuevo Mundo: un capítulo de la historia de Utopía". Sevilla, 1996, vol. LIII, n.o 1, páginas 195-213. decepción en la mentalidad del europeo, que para "hacer las Américas", expolió e introdujo la barbarie de las armas, fundándose en una misión divina, para someter y explotar a los pueblos indígenas.-A. E. A. Ulloa, Antonio de: La campaña de las Terceras. Edición de Pablo Emilio Pérez-Mallaína Bueno. Edición de un manuscrito de Ulloa que se conserva en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Hace referencia a la actuación de Ulloa en su condición de teniente general de la Armada, en una campaña de corso en las Islas Terceras o Azores, que tuvo lugar entre los meses de julio y septiembre de 1779, y un posterior juicio sobre su actuación. A la transcripción se le añade el Estudio de la obra dividido en varios apartados, en los que se abordan aspectos complementarios de los acontecimientos que tuvieron lugar durante el transcurso de la expedición y el proceso judicial al que fue sometido Antonio de Ulloa.-J. M. C. B. Villarias Robles, Juan J. R.: "El fetichismo de la fuente etnohistórica fiable: teorías y textos del debate sobre el estado incaico y la comunidad andina (Segunda Parte)". El estudio de la controversia sobre el imperio inca y del uso de sus fuentes muestra que, contrariamente a lo que tanto se ha repetido, la controversia ha tenido una vida propia, independiente del uso de textos concretos. Tres series de datos parecen decisivas en este sentido: (1) la contingencia temporal de las fuentes, que contrasta con la larga historia de la polémica; (2) la discrepancia entre los investigadores sobre la fiabilidad de los textos; y (3) la falta de correspondencia entre el uso que se ha hecho de ellos y el paradigma de los dos modelos que definen el debate.-R. I. Bénassy-Berling, Marie-Cécile: "La mitificación de Sor Juana Inés de la Cruz en el mundo hispánico (finales del siglo XVII-principios del siglo XVIII)". Se recorren los ecos que la fama de Sor Juana fue provocando en América y Europa: desde Sicilia a España, Portugal y América del Sur fueron numerosos los textos laudatorios, así como las ediciones de sus obras, facilitando la glorificación de la monja poeta: que, para sus paisanos, resultaba el modo de defender la fama de México como centro cultural.-R. I. 33. Benito Rodríguez, José Antonio: "El prelado Abad e Illana, vallisoletano ilustrado en Perú". Presentamos el itinerario seguido por un destacado prelado vallisoletano, fraile premostratense, profesor de la Universidad salmantina, historiador y responsable máximo de su Orden a lo largo del siglo XVIII. Nombrado obispo para regir la diócesis de Tucumán, acomete reformas típicas de la Ilustración, sin dejar de apoyar el regalismo imperante que, al uso del momento, denosta de los jesuitas y justifica su expulsión. Trasladado a la archidiócesis de Arequipa, desempeña una gran tarea pastoral mediante la fundación de nuevos curatos, defendiendo a los indios desde una acendrada espiritualidad mariana y un decidido empeño cultural.-H. S. 34. Estrade, Paúl: "José Martí, ¿una biografía imposible?". Como homenaje al I Centenario de la muerte del héroe nacional de Cuba es planteada una reflexión, con moraleja: se llega al centenario sin contar con una completa biografía de Martí, a pesar de que la bibliografía martiana alcanza los 15.000 títulos redactados a lo largo de este siglo desde su muerte. Las mejores, y no superadas, proceden de la década del 30 (Mañach, Márquez Sterling, Méndez, Rodríguez Embil). La dificultad en lograr esta biografía estriba en muchas actitudes e intencionalidades políticas, de dentro y fuera de Cuba. No obstante la creación de varios centros de investigación en la isla ha permitido un enriquecimiento de la figura de Martí. Se hace en el trabajo un exhaustivo análisis de todas las biografías existentes, resaltando en cada caso los méritos y las ausencias. Y se aboga -es la moraleja-por una biografía completa de José Julián Martí que no sólo clarifique los pasajes oscuros de su vida, sino que sea objetiva y sin torcidas interpretaciones.-R. I. Reguera, Andrea: "Biografía histórica de un inmigrante español en América: Ramón Santamarina y sus estancias de la Argentina (1840-1904)". Ramón Santamarina fue un estanciero que llegó a poseer una de las fortunas más importantes de la región pampeana en la Argentina. Su biografía nos permitirá conocer su trayectoria individual enmarcada en el contexto general de las migraciones, analizar su incorporación a la estructura productiva de un país en transformación y estudiar su historia de vida y la organización de su trabajo.-R. I. Cuesta Domingo, Mariano; Varela Marcos, Jesús: "Descubrimiento de una nueva carta portulana portuguesa. El portulano de Valladolid". Revista de Historia Naval. Tras una breve introducción general sobre los portulanos, los autores dan a conocer una nueva carta portulana portuguesa, manuscrita, de la costa africano-atlántica, encontrada en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. La carta, datada en la primera mitad del siglo XV, es documento anejo a un pleito y parece que se hizo con un único interés comercial por los datos tan escasos y concretos que expresa.-M. J. M. A. Pino, Fermín del: "Humanismo clasicista mediterráneo y concepción antropológica del mundo: el caso de los jesuitas". Se propone por el autor una reconsideración del papel de los jesuitas en la historia científica de la España Moderna, con énfasis principal en su contribución lingüística y etnográfica. Se elige el caso jesuita para poner a prueba las nuevas teorías surgidas en el último cuarto del siglo sobre la importancia científica del humanismo clasicista (López Piñero, John Rowe, Reinhard...), nacido alrededor de la Europa mediterránea pero proyectado luego sobre todo el mundo.-R. M. G. S. Rodríguez Nozal, Raúl; González Bueno, Antonio: "Las colonias al servicio de la ciencia metropolitana: la financiación de las 'Floras americanas' (1791-1809)". El despliegue expedicionario propiciado por la Corona española durante el último tercio del siglo XVIII facilitó el conocimiento de las riquezas naturales presentes en sus colonias ultramarinas. Esto se intentaría mediante la redacción de una obra botánica, una "Flora Americana", que recogiese todas las especies vegetales presentes en el Nuevo Mundo. La financiación para este proyecto se buscó en las propias colonias, a través de una circular real en la que se solicitaba ayuda para editar esta obra científica. En este trabajo se estudia el comportamiento de las colonias hispanas ante esta "invitación" a contribuir, gene-ralizada a todas las posesiones españolas en América y Filipinas y a todos los estamentos sociales, analizando la relevancia económica de las cantidades recaudadas y, finalmente, se muestra el mecanismo de recaudación y envío a la Metrópoli.-R. I. Sellés, Manuel: Instrumentos de navegación. Historia de los principales instrumentos empleados en la navegación, desde los primeros viajes portugueses en el siglo XV hasta los dilatados periplos de la segunda mitad del siglo XVIII. En términos generales se pueden distinguir tres etapas: en la primera de ellas se configura la navegación por el Mediterráneo; una segunda se abre cuando los portugueses se expansionan hacia el Sur a lo largo de las costas africanas; la determinación de la latitud y la longitud posibilitarán, por último, los viajes oceánicos.-J. M. C. B. Alcina Franch, José: "Cooperación política en Mesoamérica y los Andes en la época precolombina". Chailloux Laffita, Graciela: "Las relaciones cubano-norteamericanas: ¿conflicto o diferendo?". Planteamiento de las distintas fases que han atravesado las relaciones entre Cuba y EE. UU. desde la Independencia de las Trece Colonias hasta nuestros días, y en ese marco cronológico se aplican los términos de conflicto o diferendo en las relaciones entre ambos países. Partiendo de unas relaciones centradas en el intento de EE. UU. de imponer su hegemonía sobre Cuba, se defiende la utilización del término conflicto para definir estas relaciones bilaterales.-A. M. M. R. Entrena Durán, Francisco: "Los populismos y la formación del Estado-nación en América Latina". Una aproximación general al fenómeno populista manifiesta que, aun cuando las diversas situaciones que han sido tipificadas como encuadrables dentro de él presentan diferencias muy acusadas entre sí, como característica común todas ellas muestran una reacción del mundo agrario contra los trastocamientos, corrupciones y otros males que, según la percepción colectiva arraigada en dicho mundo, conlleva la introducción en él de las relaciones capitalistas de producción y de mercado. Los populismos latinoamericanos son analizados aquí desde un punto de vista estructural y globalizante que los sitúa en el proceso de formación del Estado-nación. Para ello, se parte de una concepción del Estado que trata de ir más allá de la simple consideración de éste como un mero aparato político-institucional y procura abordar también las condiciones económico-sociales que constituyen su base material de sustentación, así como los marcos simbólico-legitimadores de acuerdo con los que se explica y/o justifica su orden y actuación. En consonancia con la concepción del Estado referida, el cometido central de este trabajo lo constituye el estudio de las bases económico-sociales, político-institucionales y simbólico-legitimadoras de los Estados populistas latinoamericanos. Entre otros diversos aspectos, dicho estudio permite concluir cómo, a diferencia de la generalidad de los populismos en los que el Estado y lo políticourbano-industrial son percibidos sobre todo como referentes de rechazo, en América Latina es desde el propio Estado, desde donde se impulsaron los proyectos populistas.-A. E. A. González Patricio, Rolando: "José Martí: Política y diplomacia en los días de guerra". El autor refiere en esta nota las ideas sobre la política exterior de la revolución cubana de independencia, basándose en conceptos, juicios, objetivos, procedimientos, etc.; considera la estrategia y las tácticas político-diplomáticas organizadas y dirigidas por José Martí, entre 1891 y 1895, como delegado para dar solución al conflicto de la nación cubana con el régimen colonial que España sostenía en la Isla y para salvarla del dominio de los EE. Ordaz Romay, M.a Ángeles: "La delegación vasca en Nueva York. Una década bajo el punto de mira del FBI (1938FBI ( -1947)) El año 1820 marca el regreso de los patriotas americanos a sus patrias porque los liberales españoles, triunfantes en la revolución, transigen por primera vez en la Historia de España con la idea de una ruptura del sistema colonial. Esta es una de las muchas manifestaciones ideológicas que dividen a los españoles de las dos "Españas", nítidamente perceptible desde entonces para observadores extranjeros, como es el caso del ministro inglés de Asuntos Exteriores George Canning, que lo manifiesta abiertamente en su correspondencia de 1822 y 1823.-A. M. M. R. Herzog, Tamar: "Sobre la cultura jurídica en la América colonial. Ilustrado con algunos ejemplos de la zona quiteña, se hace un breve recorrido por el campo del derecho y lo que supuso en el Nuevo Mundo durante el dominio español, poniéndose de manifiesto la preparación de los letrados americanos de entonces y el carácter eminentemente teórico de los estudios. Queda reflejado el continuismo con las fuentes del derecho medieval y la dependencia de otras materias, en especial la religión y la moral, así como la relegación del Derecho común.-A. B. M. Se estudian las diversas fórmulas de propiedad y tenencia de tierras en esta zona, haciendo especial hincapié en la explotación a que fue sometido el indígena no sólo por parte de los españoles, sino también por la gente de color libre existente en la región.-A. M. M. R. O tema Comércio Livre constitui peça importante na análise histórica das relações entre Espanha e América nos momentos que antecederam ao processo de emancipação das colônias hispano-americanas. Birocco, Carlos María: "Historia de un latifundio rioplatense: las estancias de Riblos en Areco, 1713-1813". Uno de los aspectos más debatidos por los historiadores del período colonial en la Argentina ha sido el de la extensión media de la propiedad rural en el Buenos Aires del siglo XVIII. Con el propósito de ilustrar la existencia de la propiedad latifundista en dicha región y período, se reconstruirá en este artículo la historia de uno de esos grandes dominios, el de Miguel de Riblos en el pago de Areco, que con escasos recortes territoriales se conservó en poder de sus descendientes hasta las primeras décadas del siglo XIX. Mediante el seguimiento de esta familia rioplatense de terratenientes a lo largo de una centuria se analizarán los cambios que experimentó la administración de una gran finca rural en su adaptación a diferentes coyunturas, como también las estrategias a través de las cuales se buscó evitar el fraccionamiento de la propiedad.-A. E. A. Bodega Fernández, M.a Isabel, y Cebrián de Miguel, Juan Antonio: "Una lectura económica de algunas migraciones contemporáneas. Este artículo recoge, en primer lugar, un cúmulo de reflexiones sobre los principales condicionantes de los movimientos migratorios contemporáneos. Después se presenta una interpretación económico historicista de las causas de las migraciones a corto, medio y largo plazo. También se analizan los principales factores emigratorios e inmigratorios y la repercusión de las migraciones en el mercado laboral de los países de llegada. La segunda parte se centra en las remesas marroquíes.-R. M. G. S. 53. Carranza, Julio, y otros: Cuba: La reestructuración de la economía. (Una propuesta para el debate). Colección Problemas Internacionales, n.o 24. Los autores presentan una serie de propuestas que reactiven la economía cubana dentro de planteamientos de izquierda. También se recogen otras elaboradas fuera de la isla, de matiz no socialista. Caunedo, Silvia: "Un grito de alerta para la Amazonia". Reflexión sobre la situación de la Amazonia, ese inmenso pulmón del planeta. Se analiza el deterioro de la región desde 1885, así como los distintos períodos de explotación de sus materias primas, como la explotación del caucho y la madera. Se estudia el impacto de los intereses económicos desorbitados, que claramente agreden el equilibrio de la naturaleza.-A. I. M. O. 55. Ceinos Manzano, M.a Jesús: "La expansión de las haciendas jesuitas en Pimanpiro (Reino de Quito) durante los siglos XVII y XVIII". Partiendo de una serie de fuentes, de las que se reconoce que carecen de la objetividad deseada, se obtienen una serie de datos sobre haciendas, composiciones, remates, rendimientos, gastos y situación poblacional. Algunos de ellos han servido para analizar cualitativa y cuantitativamente la expansión de las posesiones jesuitas en Pimanpiro e Ibarra, desde su llegada a estas tierras hasta los albores de su extrañamiento.-A. M. M. R. Chacón S., Résmil E.: "El desarrollo de la propiedad cacaotera en Caucagua durante el siglo XVIII". Este trabajo permite hacernos una idea general sobre la realidad de Caucagua que, para el siglo XVIII, funcionó como el emporio cacaotero más importante de la zona de Barlovento y como uno de los bastiones claves de la economía de la provincia de Venezuela.-A. M. M. R. 57. Díaz Gil, Eva M.a: "El remate de las casas secuestradas al Colegio jesuita de Cartagena en 1789". Estudio del remate de dichas casas basándose en el inventario realizado por el oidor honorario de la Real Audiencia de Santo Domingo, don Antonio Berrio, el 20 de diciembre de 1789, al que adjunta un interesante documento relativo al remate de las mismas efectuado por la Junta de Temporalidades.-A. M. M. R. 58. Ferrer, Aldo: "Los ciclos económicos en la Argentina: del modelo primario exportador al sistema de hegemonía financiera". Revista de Ciencias Sociales. SEPLA (Seminario de Estudios Políticos sobre Latinoamérica). El autor trata de identificar los distintos prototipos de ciclos económicos que se dan a largo plazo en la evolución de la economía argentina. Para ello, estudia las fluctuaciones de la producción y el empleo y el ajuste de los pagos intemacionales en tres períodos diferentes: el primario-exportador; el industrial sustitutivo de importaciones y el de hegemonía financiera. Concluye señalando que Argentina debe recomponer su inserción internacional y además que esta respuesta es política: la capacidad de la sociedad argentina para asumir la gobernabilidad de la economía.-J. A. M. M. 59. Situación latinoamericana: informes de coyuntura económica, política y social. Fundación CEDEAL (Centro Español de Estudios de América Latina). En Argentina, la situación económica continúa la evolución favorable del nivel de actividad y la tasa de inflación se mantiene por debajo del 4% anual. Por otro lado, el déficit comercial superó todas las previsiones. En Brasil, en el plano económico debe destacarse el éxito del Plan Real (es decir, la introducción del real como la nueva moneda del país). En Colombia se plantea con claridad la estrategia macroeconómica del nuevo gobierno: controlar la entrada de capitales para el sector privado, mantener el equilibrio fiscal, elevar el ahorro privado, etc. En Chile, la posibilidad de que el ajuste económico dé los resultados, logrando una reducción de la inflación (11%) para 1994. En México, la actividad económica ha crecido en los primeros seis meses del año 1994 (2'8 %) mientras que la inflación se estabiliza (7%). En Perú hay que destacar que se despejan los obstáculos para negociar la deuda externa con la Banca Internacional.-J. A. M. M. 60. Hay que destacar en este número lo siguiente: Argentina, fuerte repercusión de la crisis mexicana, que ocasionó la disminución de los flujos de capitales externos, caídas de índice bursátil y, sobre todo, retirada de depósitos en el sistema bancario. En Brasil, que el deterioro de las cuentas externas, tanto en el plano comercial como en el financiero, obligan a realizar un ajuste conocido como "Plan Real 2". En Colombia, el gobierno ha iniciado un proceso de conversaciones con la guerrilla que introduce nuevas premisas, sin que se evidencien avances significativos por el momento. En Chile, tras haber superado el ajuste realizado en 1994 con una tasa aceptable de crecimiento (4'2 %), retornan expectativas de aumento de la actividad económica en torno al 6%. En México se crea la Unidad de Inversión (UDI) y el Programa de Capitalización Temporal (Procapte) con objetivo de normalizar el crédito y fomentar la capitalización de los bancos. Y en Perú, en el primer trimestre de 1995 se produjo un cambio brusco de los indicadores económicos como consecuencia de los efectos de la crisis mexicana.-J. A. M. M. 61. Frenkel, Roberto, y otros: "Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Perú". En este número, los autores presentan el informe económico anual para el año l994 para los países de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Perú. Tratándose también en otro artículo la economía Latinoamericana en 1994 a nivel más general para todos los países que componen América Latina.-J. A. M. M. 62. Gámez Amián, Aurora: "El comercio de Málaga con América. Se analizan las características más importantes del comercio colonial malagueño entre 1765 y 1820: sus valores y la composición de los intercambios, los lugares preferenles de este tráfico, la forma asociada o individualizada de realizarse, la financiación de las expediciones, la negociación en América, los interesados en esta actividad... El análisis de estas variables tiene como fin conocer el alcance y las consecuencias del comercio colonial malacitano en la etapa considerada.-R. I. 63. García, Marcela Alejandra: "Los ferrocarriles de la República de Honduras". El desarrollo ferroviario de Honduras respondió, ante todo, a las aspiraciones y necesidades del capital extranjero, fundamentalmente norteamericano. El descubrimiento del oro en California, primero, planteó el interés por abrir vías de comunicación en Centroamérica que comunicasen el Océano Atlántico y el Pacífico. La explotación del banano, después, implicó la explotación de una serie de líneas de ferrocarril que aseguraron el abastecimiento de este producto en el mercado norteamericano. La intención de este trabajo es mostrar la forma en que el desarrollo ferroviario hondureño dependió de las oscilaciones del negocio bananero. Como medio de transporte, adoleció prácticamente de efectos multiplicadores sobre el desarrollo económico y social del país, controlado por las empresas bananeras, concentradas en la región norte. Concluido el ciclo alcista de las economías exportadoras y, enfrentado a la competencia de nuevos medios de transporte y a la relativa diversificación económica de la segunda mitad del siglo XX en el marco del Mercado Común Centroamericano, se verá sumido en una crisis de carácter estructural que explica su lamentable estado actual.-A. E. A. García-Baquero González, Antonio: "Comercio colonial y reformismo borbónico: la reactivación a la quiebra del sistema comercial imperial". En este artículo, el profesor García-Baquero, analiza cómo el objetivo de las Reformas Borbónicas estaba encaminado a convertir a las Indias en un instrumento para la reconstrucción económica de la metrópoli. Este era el fin de los economistas y políticos de la época, pero el resultado, después de un análisis exhaustivo, fue otro muy diferente: España no logra reducir a las colonias americanas al papel de meras productoras de materias primas y consumidoras de las manufacturas peninsulares, y va a seguir dependiendo para abastecer los territorios de ultramar de las economías más avanzadas de la Europa Occidental.-A. R. G. 65. García-Baquero González, Antonio: "Las remesas de metales preciosos americanos en el siglo XVIII: una aritmética controvertida". Son conocidas las discrepancias entre las cifras publicadas en su día por M. Morineau (Incroyables gazettes et fabuleux metaux, London-París, 1985) y el propio A. García-Baquero (Cádiz y el Atlántico, 2.a ed., Cádiz, 1988), referidas a las importaciones de metales preciosos americanos en el siglo XVIII. El presente artículo no cuestiona el diseño general de la evolución seguida por dichas remesas a lo largo de ese período, pero pretende afinar tal diseño con la aportación de nuevas cifras más ajustadas a la realidad y obtenidas a partir de los registros individualizados de cada navío.-R. M. G. S. 66. González Gutiérrez, Pilar: "Creación de la primera Casa de Moneda en Nueva España: producto acuñado". En él se analizan los factores que posibilitaron su establecimiento, reglamentación a que tuvo que ajustarse la acuñación y metales labrados, indicando la cifra emitida en cada uno de ellos.-A. M. M. R. 67. González Ortega, Víctor Manuel: "La ineficaz administración de las temporalidades de las haciendas cartageneras de Comisario y Baraona y en el hato de Seiba, incautadas a los jesuitas y su venta en 1772". En este trabajo se llega a la conclusión de que los funcionarios fueron incapaces de administrar dichas haciendas; moviéndose en un terreno que desconocían, acabaron forzando a la Corona a sacarlas a la venta.-A. M. M. R. 68. Holgado Martín, Amparo: "Rentas, deudas y dinero existente en las Cajas de los Procuradores Generales de Indias en el momento de la expulsión". Partiendo del informe de los comisionados que examinaron las Procuradurías Generales de las Provincias Jesuíticas de Indias en el momento de la expulsión, se analizan las rentas, deudas y dinero existente en las cajas de dichos procuradores.-A. M. M. R. 69. Laserna Gaitán, Antonio Ignacio: "La crisis de la élite mercantil limeña y la prohibición de comercio a los productos británicos en 1780". En este trabajo, el autor trata de interpretar los factores que obligaron a Guirior a aceptar la propuesta de la élite mercantil limeña en contra de la política borbónica. Esto es, el control de los flujos comerciales peruanos, detentado desde Lima por los mercaderes llamados "almaceneros o cargadores", que entró en el último tercio del XVIII en una profunda crisis como consecuencia de las reformas borbónicas. A esto hay que añadir la expedición, en 1780, de una real cédula que prohibía la importación de productos ingleses. El Real Tribunal del Consulado, como portavoz del gremio de mercaderes, solicitó al virrey el sobreseimiento de los principales artículos de dicha disposición real, deseos ante los que Guirior se plegará defendiendo los intereses de la élite mercantil.-A. R. G. 70. Martínez Casado, Pilar: "La explotación de los ingenios desamortizados a la Compañía de Jesús durante 1767-1768 en la isla de Cuba". Estudio de cómo fueron organizados los ingenios pertenecientes al Colegio de la Compañía de Jesús en La Habana (Poveda, Río Blanco y Barrutia) por los nuevos administradores tras la expulsión de los jesuitas. Los datos económicos sobre estas propiedades se obtienen de los inventarios realizados por don Antonio Pedro Chacum, que se hizo cargo de la administración de todos los bienes incautados a la Compañía el 8 de marzo de 1767. Se llega a la conclusión de que al poco tiempo de pertenecer al rey, fueron vendidas porque no resultaban rentables.-A. M. M. R. 71. Martínez Shaw, Carlos: "Las reflexiones de Campomanes sobre la pesca en América". En este trabajo se analiza la influencia de Campomanes en el círculo ilustrado cercano al gobierno, pues en un escrito de 1762, las "Reflexiones sobre el comercio español a Indias", Campomanes dedica dos capítulos a la discusión de la oportunidad de fomentar la pesca española en aguas americanas. En concreto se refiere a instalar en la Patagonia (Bahía de San Julián y Puerto Deseado) factorías pesqueras dedicadas a la captura de la ballena y el lobo marino. Ideas que se verán plasmadas en la creación de la Real Compañía Marítima en 1789.-A. R. G. Mejorado Sánchez, M.a Carmen: "Rentas para la fundación del Colegio de San Luis Gonzaga en Zacatecas (1784)". Tras hacer un poco de historia, se pasa a estudiar las rentas y fondos del Colegio, que fueron un punto fundamental en su erección.-A. M. M. R. 73. Mendoza, Irma M.: "Formación de la propiedad territorial en la jurisdicción de Nirgua colonial. Tras exponer las múltiples dificultades encontradas, ya que la presente investigación se ha tenido que fundamentar en fuentes documentales debido a la escasez de las bibliográficas y hemerográficas, se pasa a estudiar la evolución de la propiedad territorial en dicha jurisdicción, destacándose el papel de los pardos en la conquista y pacificación de esta provincia, lo que la hace especial ya que obtienen así la condición de fieles y leales vasallos con privilegios exclusivos, que defenderán y preservarán durante todo el período colonial.-A. M. M. R. 74. Molina Martínez, Manuel: "Red viaria y Consulado en Cuba". El Consulado de Cuba acometió desde su creación una intensa política de infraestructura viaria, gracias a las facultades que la Corona le otorgaba. Este trabajo trata de poner de manifiesto el debate abierto en el seno de la institución consular sobre la forma de poner en práctica la construcción de caminos y los medios arbitrarios para la obtención de los necesarios recursos financieros. Sus dirigentes trataban así de favorecer el cultivo de la caña y abaratar los costes de su comercialización. Este proyecto sólo logró plasmarse mínimamente, quedando pendiente la mejora de la red viaria en la isla.-A. R. G. 75. Nestares Pleguezuelo, M.a José: "El ramo de alcabalas en el oriente venezolano: un pulso entre el poder institucional y la población tributaria". En este artículo se analiza cómo un impuesto de origen medieval no logra implantarse en una de las zonas marginales del Imperio español hasta 1725-1733. Su establecimiento causó importantes quejas por parte de la población que lo consideraba un gravamen excesivamente oneroso, injusto y odioso. A pesar de que llegó a significar el 7 % de la recaudación anual, ésta fue muy débil debido a las numerosas irregularidades que se cometían en el proceso de la fiscalización. Hasta tal punto se identificó este impuesto con la dominación metropolitana que durante la independencia su abolición se convirtió en una bandera contra España, suprimiéndose en 1830.-A. R. G. 76. Olivares, Pedro Pablo: "La tenencia de la tierra en la Villa de San Jaime y su influencia en la conquista de la banda Sur del Río Apure". Alcalá de Henares, 1994, n.o 11, págs. 337-343, cuadros, plano. mente nueva en América, y protegida por el presidente Diguja, estaba llamada al fracaso, según este autor, entre otros motivos por la competencia que podía suponer para la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro de Madrid.-A. M. M. R. Del Río Moreno, Justo L.: "El cerdo. Historia de un elemento esencial de la cultura castellana en la conquista y colonización de América (siglo XVI)". El cerdo ibérico fue uno de los principales representantes de una cultura, la castellana, eminentemente ganadera. En la conquista y colonización de América tuvo un papel básico en la nutrición, siendo su adaptación al medio la principal garantía de supervivencia para soldados y colonos. Con el avance de la colonización, la crianza se vinculó al tributo indio, prosperando con tal prodigalidad que no tardó en perder protagonismo frente a otros ramos pecuarios con mayores expectativas comerciales, si bien los diferentes productos porcinos tuvieron siempre una gran aceptación en los mercados locales, especialmente en los indígenas.-A. E. A. Rodríguez Mirabal, Adelina: "Ocupaciones-Confirmaciones y Composiciones: el fundamento jurídico del régimen de tenencia de la tierra en Venezuela (con particular referencia a los Llanos)". Santamaría García, Antonio: "Los ferrocarriles de servicio público cubanos. La doble naturaleza de la dependencia azucarera". La historia del ferrocarril cubano está ligada a la de la producción azucarera. No obstante, abusar de esta vinculación como hipótesis y metodología ha impedido plantearse cuestiones de índole comparativa que, desde nuestro punto de vista, resultan esenciales para entender el desarrollo ferroviario insular. Aunque el origen y naturaleza de los ferrocarriles públicos cubanos no se diferencia de los de otros países con estructuras económicas monoexportadoras, sus resultados son muy distintos de estos últimos y suponen una experiencia inédita en América Latina. La expansión del cultivo del azúcar por toda la isla dotó a Cuba de una red ferroviaria pública de dimensiones proporcionales (km. de vía/km 2 de superficie y habitante) en el continente y determinó el surgimiento de una red ferroviaria industrial que dobla en extensión a aquellas primeras. En estas condiciones, las líneas de servicio público se vieron favorecidas y perjudicadas a la vez por el desarrollo azucarero, incluso consiguieron ciertas independencias de este último, lo que les permitió sobrevivir en el momento que la mayoría de los países con estructuras económicas similares a la cubana comenzaron a cerrar sus líneas al tráfico.-R. I. Schmit, Roberto, y Rosal, Miguel A.: "Las exportaciones del Litoral argentino al puerto de Buenos Aires entre 1783-1850". Revista de Historia Económica. Estudio acerca de las exportaciones efectuadas desde la costa argentina (región comprendida entre los ríos Paraná y Uruguay) hasta la capital. Con ayuda de una serie de gráficos se analiza el volumen de las mismas en el período y los productos más comercializados. Dato peculiar del artículo es la constatación de que la economía del lugar creció tras la independencia, a diferencia de otras regiones hispanoamericanas.-M. A. D. M. 84. Estudio de la evolución de la propiedad de la tierra en el citado valle desde la 2.a mitad del siglo XVI (momento en que penetran los conquistadores españoles en el centro de la Provincia de Venezuela) hasta el siglo XVIII, antes de los cambios borbónicos.-A. M. M. R. Alonso Marañón, Pedro Manuel: "Los estudios superiores en Santo Domingo durante el período colonial. Se analiza la evolución de las Universidades de Santo Domingo: Santo Tomás de Aquino, fundada por la orden de Predicadores a partir de la "Bula Paulina" de 1538, y de Santiago de la Paz, jesuita y en continuos pleitos por los derechos académicos con la anterior, concluyendo con una vasta bibliografía crítica sobre el tema.-A. M. M. R. Baldó i Lacomba, Marc: "La Universidad colonial hispanoamericana. Bibliografía crítica, metodología y estado de la cuestión. Panorama historiográfico sobre la Universidad de Córdoba y el Colegio de San Carlos de Buenos Aires, presentando la evolución desde una historiografía institucional al análisis de los contenidos ideológico-científicos e histórico-sociales. Su trayectoria tardocolonial se articula en tres bloques: sistemas de poder en ambas instituciones; estudios de Medicina y Saberes Útiles.-A. M. M. R. Ceinos Manzano, M.a Jesús: "El origen de los Colegios jesuitas de la Provincia Quitense y su incidencia en la educación". Estudio sobre las bases económicas de estos colegios, así como de la labor educacional que llevaron a cabo y su repercusión en las letras, las artes y las ciencias en esa parte de América. Sin embargo, la calidad de la enseñanza impartida no fue la misma; en ello influyeron cuestiones económicas y otras de índole social. Se distinguen tres niveles: inferior = Misiones jesuitas de la Provincia de primera y última época; medio = Colegios ya definidos como tales; superior = Colegio Máximo de Quito.-A. M. M. R. 90. Ferrero Micó, Remedios: "La Universidad de Venezuela durante el período colonial. Análisis de las Universidades de Santa Rosa, en Caracas (1727) y de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros (1810), basadas ambas en estudios teológicos y legales. Se realiza posteriormente una visión crítica de la bibliografía existente principalmente de las obras de Ildefonso Leal, el más destacado investigador del tema tratado.-A. M. M. R. 91. González Rodríguez, Jaime: "La universidad Centroamericana durante el período colonial". Análisis crítico de la historiografia relacionada con la Universidad centroamericana de San Carlos de Guatemala y, de modo breve, con las Universidades de Inmaculada de León de Nicaragua y la de San Javier de Panamá, con amplias referencias a las principales fuentes estudiadas, así como un análisis detallado de las diversas tesis elaboradas por algunos especialistas en el tema.-A. M. M. R. 92. González Rodríguez, M.a de la Paz: "La Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca (Alto Perú). Bibliografía crítica y estado de la cuestión". Tras una breve introducción donde se presenta el importante papel de la Compañía de Jesús en su fundación, se analizan las fuentes historiográficas y la bibliografía existente, destacando los fondos del Archivo General de Indias, especialmente recogidos por algunos autores, así como los trabajos de especialistas en Universidades americanas.-A. M. M. R. Martínez Casado, Pilar: "El Colegio de Belén en La Habana". Descripción del Colegio (sus instalaciones: biblioteca, aulas, estudio, capilla, dormitorios, etc.), de los requisitos para ingresar en él, de su finalidad, privilegios, rectores, profesores del primer curso, división de los estudios, plan de estudio, dedicando un amplio apartado a las normas de comportamiento que debían seguir los alumnos.-A. M. M. R. Mejorado Sánchez, M.a Carmen: "Las Constituciones del Colegio de San Luis Gonzaga de Zacatecas". Tras una introducción general en la que se recuerda la diferencia entre las Casas Profesas y los Colegios y se habla sobre la enseñanza en dichos Colegios, así como del Colegio de San Luis Gonzaga (su historia), se pasa a estudiar las Constituciones de dicho Colegio.-A. M. M. R. 95. Mora Cañada, Adela: "Bibliografía crítica, metodología y estado de la cuestión en la historiografía sobre la Universidad colonial en Chile". La autora analiza, desde un punto de vista esencialmente bibliográfico, la metodología llevada a cabo por distintos investigadores sobre la Universidad chilena, tanto durante el siglo XIX, principalmente en los "Anales de la Universidad de Chile", como en el XX, distinguiendo entre obras generales sobre las Universidades americanas, y estudios directamente relacionados con la Universidad colonial de Chile.-A. M. M. R. Nieto Santos, Mercedes: "Plan del Colegio de los Regulares de la Ibídem, las deudas, sino que la mayoría del dinero que ganaban lo invertían en mejorar la infraestructura de sus ingenios, en sus fincas, en alhajas y ornamentos para sus iglesias.-A. M. M. R. Olmos Sánchez, Isabel: "La Universidad de México y los estudios superiores en la Nueva España durante el período colonial. En esta ponencia se pretende comprender la trayectoria de la Universidad mexicana a través de su evolución, funcionamiento interno y proyección social. Para ello se analizan las dintintas fases de su crecimiento (siglos XVI-XVII) hasta su posterior asentamiento y expansión (siglo XVIII). Por último se analizan las distintas líneas metodológicas de actuación e investigación, incluyéndose una amplia información bibliográfica.-A. M. M. R. 98. Ponce Leiva, Pilar: "La educación disputada: repaso bibliográfico sobre la enseñanza universitaria en la Audiencia de Quito". La dispersión bibliográfica existente permite a la autora encarar la Universidad Quiteña desde distintos puntos de vista: históricos, filosóficos, sociológicos, etc. Es por ello que, tras presentarnos la trayectoria de las tres universidades existentes hasta 1788 (fecha de la fundación de la primera Universidad pública) centra su atención en analizar dos aspectos historiográficos esenciales: las líneas maestras del pensamiento pedagógico y los diferentes intentos de reforma académica llevados a cabo en el último cuarto del siglo XVIII.-A. M. M. R. 99. Pozo Barberá, M.a del Pilar: "Un informe sobre el Colegio-Seminario de Guatemala a mediados del siglo XIX". Se recoge información de cómo se hicieron cargo de él los jesuitas, de cuáles eran sus instalaciones, de sus profesores y vigilancia, del alumnado y de la educación impartida.-A. M. M. R. 100. Pozo Barberá, M.a Pilar: "Los costos de funcionamiento del Colegio-Seminario de Guatemala en su primer quinquenio fundacional (1852-1856)". Análisis de los gastos provocados por el funcionamiento de dicho Colegio-Seminario.-A. M. M. R. Rodríguez Cruz, Águeda: "Las Universidades de Perú. Fuentes, bibliografía crítica, metodología y estado de la cuestión". Estudio sobre las Universidades de San Marcos de Lima (la mayor influencia y proyección de las tratadas), San Ignacio de Loyola y San Antonio del Cuzco y San Cristóbal de Huamanga (Ayacucho). La autora comienza por el desarrollo histórico de cada una de ellas, para analizar posteriormente las distintas fuentes manuscritas e impresas y terminar con una bibliografía crítica del asunto.-A. M. M. R. Soto Arango, Diana: "Estudio bibliográfico y fuentes de las Universidades y Colegios Mayores de Santa Fe en el siglo XVIII". El trabajo se centra en la Audiencia de Santa Fe de Bogotá en el período que discurre entre 1736 y 1817, época del impulso de las nuevas corrientes de pensamiento ilustrado, comentando la bibliografía desde diversas facetas: cultural-filosófica, instituciones educativas, constituciones y planes de estudio, hasta las polémicas académicas. Concluye con un análisis de las fuentes socio-económicas, propuestas de cátedra, etc.-A. M. M. R. E1 autor cuestiona si la leyenda de E1 Dorado, alimentada por los relatos de los compañeros de Huten, de los amazonautas de Orellana y de los indios brasiles, constituyó en realidad el móvil o el pretexto para la expedición de Pedro de Ursúa. Pasa revista a los acontecimientos que llevaron a la muerte del navarro, haciendo hincapié en cómo esta expedición se concibió como una medida política al problema del elevado número de "inadaptados" que quedaban por todo el Perú.-M. P. Casado Arboniés, Manuel: "Datos para el estudio de las haciendasarboledas de cacao en los Valles de Aragua a finales del período colonial (1760-1810)". Tras una introducción en la que se hace una presentación y se plantean los objetivos, se pasa a entrar en el estudio del régimen colonial en Venezuela (1760-1810), centrándose en la sociedad y la economía. Se dedica un apartado especial a las haciendas de cacao en los Valles de Aragua y se finaliza con una serie de conclusiones.-A. M. M. R. Díaz Sequín, Yurivia: "El Marqués del Valle de Santiago: Historia de un mayorazgo (1713-1824)". Con este trabajo se pretende contribuir al rescate de los estudios sobre la Historia Colonial de Venezuela, enriqueciendo las investigaciones acerca de la formación y evolución de la estructura económica colonial venezolana; también refleja el control y manejo de la Aristocracia criolla sobre la misma.-A. M. M. R. Manchado López, Marta María: "Las relaciones entre la autoridad civil y las órdenes religiosas en Filipinas durante el gobierno de don Pedro Manuel de Arandía". Rojas, Reinaldo: "El conflicto Iglesia-Estado-Encomenderos en el poblamiento colonial de la región de Barquisimeto (1530-1718)". Tras una introducción en la que se analizan tres premisas fundamentales: concepto histórico que se maneja en el trabajo sobre el proceso colonial; definición del autor del espacio barquisimetano y el porqué del período 1530-1718, se pasa a señalar algunos de los más importantes rasgos del proceso histórico colonial de esa región entre 1530-1718.-A. M. M. R. Sánchez Téllez, Carmen: "El intercambio culinario tras el descubrimiento de América". En este artículo se pone de manifiesto cómo el contacto entre el Viejo y el Nuevo Mundo que tuvo lugar tras el descubrimiento y conquista de América, llevó aparejado un cambio en las costumbres alimenticias y en las técnicas culinarias de europeos y americanos. La cocina tuvo en el hecho del Descubrimiento su más floreciente sincretismo.-A. M. M. R. Banko, Catalina: "Los comerciantes extranjeros de La Guaira frente a las reformas económicas de José Tadeo Monagas (1848-1850)". Estudio sobre los conflictos internacionales suscitados en torno a la sanción de las leyes propugnadas por el gobernador general José Tadeo Monagas, encaminadas a modificar el contenido de las leyes de crédito que habían tenido vigencia durante el período de predominio del paecismo. Esto nos muestra el grado de dependencia en que se encontraba Venezuela con respecto a los comerciantes extranjeros.-A. M. M. R. Fernández, David: "Los derechos humanos en México". Reflexión sobre el último período de la historia mexicana en relación con los derechos humanos, a partir de 1968, en que estalló el conflicto que se había incubado en México desde los años 50. El modelo económico dentro del clima de dominación política, pretendía sustituir las importaciones, pero la exportación de productos agropecuarios tradicionales no pudo financiar nunca la industrialización del país y tampoco se logró una buena exportación de productos manufacturados. Cayó la producción y los puestos de trabajo que se crearon nunca fueron suficientes para dar salida a una mano de obra que se iba concentrando de forma creciente en las ciudades. Sobrevino la crisis política y las masas populares comenzaron a cuestionar la legitimidad del régimen, dando lugar a la represión oficial que se inició el 2 de octubre en Tlatelolco. Al final se facilita una reflexión sobre educación en Derechos Humanos y democracia.-A. I. M. O. El propósito de este trabajo es ofrecer una valoración general de la evolución política y económica de Bolivia en los inicios del siglo XX, momento crucial para el asentamiento de la nueva élite minera del estaño, para la normalización de las instituciones políticas y para la expansión de la economía monoexportadora. Tal visión puede acercarnos a una etapa poco conocida en la evolución de la república andina, señalando cómo la aparente estabilidad de un modelo de crecimiento basado en la monoexportación contenía factores de desequilibrio que el estallido de la Gran Depresión y la guerra del Chaco no harían más que agravar.-A. E. A. Irurozqui Victoriano, Marta: "La Armonía de las desigualdades. Élites y conflictos de poder en Bolivia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de las Casas". Estudio sobre la dinámica y ejercicio del poder en el área andina. Entre 1880 y 1920 las élites bolivianas desarrollaron un proyecto de reinvención de la cultura y el espacio políticos a partir de un diálogo constante y asimétrico. Esta investigación propone una interpretación de los grupos sociales privilegiados que entiende el proceso de reestructuración y reconversión de la élite como su objetivo político prioritario. Las fuentes empleadas en el estudio son de dos tipos, bibliográficas y manuscritas.-J. M. C. B. Robles Muñoz, Cristóbal: "Entre Francia e Italia. El Partido Revolucionario Cubano se alzó en Baire en febrero de 1895 contra el gobierno de España. Mientras tanto, España negocia la revocación del acuerdo con la Triple Alianza, a través de Italia. España no estaba aislada, su aportación era clave en el Mediterráneo y este "acuerdo europeo" daba garantías para conservar las colonias de las Antillas, si la guerra iniciada en Cuba se transformase en conflicto con los Estados Unidos.-R. M. G. S. Domínguez Sánchez, Benito: "Algunas exigencias culturales de la Nueva Evangelización". ¡La nueva evangelización! palabras del Papa Juan Pablo II. Este artículo señala cómo los frentes primarios de esta nueva evangelización no son ya las naciones no cristianas, sino las en otro tiempo llamadas cristianas y que han sufrido los embates de una cultura laica. Se presenta una serie de propuestas culturales para que la nueva evangelización sintonice con la sensibilidad y la cultura de nuestro tiempo.-M. M. C. S. Gaudiano, Pedro: "Evangelización de los indios ranqueles". Estudio de la acción evangelizadora sobre estos indios de la provincia argentina de Córdoba, a través de la interpretación pastoral de las fuentes documentales utilizadas, que son los escritos y cartas de las Misiones del Río Cuarto y de sus más destacados protagonistas que para el autor son Fray Marcos Donati y fray Moysés Álvarez, de 1847 a 1880. En el primer capítulo presenta las semblanzas de estos dos franciscanos y el itinerario que hicieron para poder evangelizar a los ranqueles. En segundo lugar trata sobre la acción evangelizadora, y la actitud del gobierno ante las reducciones de estos indígenas.-M. M. C. S. 117. La Escuela de Salamanca fue la introductora de las cuestiones sobre la Iglesia como materia común de la teología en el siglo XVI, a causa de las doctrinas esparcidas entre los luteranos. El artículo se divide en dos partes: la primera comprende las exposiciones teoló-121. Mendoza Ríos, Mario: "Principios agustinianos para una praxis de inculturación. Una visión para América Latina". Destaca cómo el pensamiento agustiniano está actualmente presente en la nueva evangelización, pues según San Agustín, el anuncio del Evangelio permite entrar en confrontación con las culturas con las que se pone en contacto en busca de la verdad. El acercamiento de Agustín a la cultura de su tiempo se encuentra en el núcleo de lo que el Concilio Vaticano II llama la interpretación o lectura de los signos de los tiempos. Y en consecuencia en el discernimiento evangélico de las culturas, principios fundamentales para proyectar y realizar la inculturación del Evangelio.-M. M. C. S. De la Peña Montenegro, Alonso: Itinerario para párrocos de indios. Madrid, 1995, vol. II, 698 págs. índice de conceptos, índice de fuentes, apéndices. Obra que estudia la perspectiva ético-pastoral del proceso de colonización de América, tal como se presenta en el trabajo de Alonso de la Peña (1596-1687). Su preocupacion esencial era ofrecer a los doctrineros de las Indias una sólida formación teológicopastoral para orientarlos en la práctica pastoral de sus parroquias. Primero de dos tomos que recoge la obra de De la Peña. A1 texto crítico precede un estudio preliminar con el fin de ofrecer una contextualización a sus ideas.-J. M. C. B. Saranyana, Joset I., y Zaballa, Ana: Joaquín de Fiore y América. Este libro estudia cómo las ideas y el espíritu de Joaquín de Fiore y de sus seguidores tuvieron una gran influencia en la configuración del cristianismo americano y analiza las diversas aportaciones de las investigaciones en los últimos sesenta años. Cuestiona si la Iglesia que se implanta en América profesaba los mismos ideales religiosos que en el Viejo Mundo.-M. M. C. S. 124. Sievernich, Michael: "La Brevísima Relación de Las Casas como 'Manual de Príncipes'". Trabajo sobre la influencia histórica de la "Brevísima Relación", obra que, según el autor, debe su éxito a su utilización en las diferentes coyunturas políticas, pasando de ser un arma defensiva para la protección de los indios, a un arma ofensiva contra España o contra otros adversarios políticos. Analiza el carácter literario, con la tesis a favor de que la obra debe ser incluida como una doctrina sobre la tiranía, en la tradición de los "Manuales de príncipes", pues los paralelismos se encuentran tanto en los aspectos formales y pragmático-textuales, como en el contenido, el uso de las metáforas y el simbolismo numérico.-M. M. C. S. Polo García, Victorino: Galeón de libros. Voz y Palabra de América. Mediante la selección de unos cuantos novelistas y algunos poetas hispanoamericanos, a lo largo del tiempo y el dilatado espacio americano, el autor realiza un amplio compendio de ensayos referidos a aquel continente.-I. A. F. Acercamiento psicobiográfico a Gertrudis Gómez de Avellaneda, a partir del hecho de la muerte temprana de su padre y su "neurosis de abandono". Encuentra el crítico en el drama religioso Baltasar la misma estructura circular (padre-hija-enamorado de ésta) de otras obras de la autora. Se analiza asimismo el marcado mesianismo e idealismo cristiano que sustenta el drama.-M. P. 127. Becerra, Eduardo: "Borges y Elizondo. La literatura hacia el desenmascaramiento de la realidad". Es "Cuadernos de escritura" un conjunto de ensayos escritos por Salvador Elizondo, uno de los cuales está dedicado a la poesía de Borges. El artículo nos muestra al escritor mexicano como un continuador de las reflexiones del maestro argentino en torno al problema del enfrentamiento del hombre con el universo. Se concluye cómo, más allá de las conexiones recíprocas, la obra de ambos autores se inscribe en una de las líneas esenciales de la literatura de nuestro siglo: las relaciones entre realidad y lenguaje.-M. P. Earle, Peter: "Martínez Estrada y Sábato y sus fantasmas". El punto de partida es la relación entre Ezequiel Martínez Estrada y su, hacia 1924, alumno en la Universidad de La Plata, Ernesto Sábato. Se sugieren luego concomitancias temáticas (la presencia del Mal y las fuerzas extrañas, el destino), formales pues ambos se liberan del molde tradicional de los géneros -profetas de su época, se valen para su diagnóstico de la novela, el relato o el ensayo como instrumentos dialécticos-y hasta de visión de la historia (coincidencia en el señalamiento de algunas "invariantes" del proceso histórico argentino).-M. P. Magris, Claudio: "Dos aproximaciones a Borges". Blas Matamoro traduce dos estudios (de 1976 y 1979) de Claudio Magris sobre la poética borgiana. En ambos reflexiona acerca de algunos aspectos biográficos (su inocultado conservadurismo), filosóficos (su concepción acerca de la identidad universal de todas las cosas) o poéticos (la revelación que no llega) que nos permiten penetrar en el universo del autor argentino.-M. P. Berg, Edgardo H.: "La problemática de la lengua en El entenado de Juan José Saez". La novela de Saer tiene, en la lectura de crítico, un tema fundamental: la problemática del lenguaje. El viaje del protagonista es el tránsito hacia otra lengua, la búsqueda de sentidos de una realidad otra. Asimismo queda subrayado en la obra el cuestionario de la posibilidad-imposibilidad de la escritura para referir o traducir.-M. P. Etchagoyen, Regina: "Como agua para chocolate. Experiencia culinaria y autorrealización femenina". Análisis de la novela de Laura Esquivel, de la que se resaltan el recurso al humor, lo hiperbólico en la caracterización de los personajes y, en fin, su atmósfera de realismo mágico. Señala además la autora cómo los discursos culinario y folletinesco son retomados por la novelista en un intento de redefinir los códigos tradicionales de la "buena literatura". Escribir, tejer y cocinar constituyen las actividades principales de la protagonista de la obra, enlazando así una actividad secularmente masculina con las otras dos, tradicionalmente femeninas.-M. P. dos tipos de vivienda más comunes, la ciudadela y la accesoria, se acomete desde un punto de vista arquitectónico, relacionándose su construcción con el sistema defensivo de la ciudad. Asimismo, se procede a un estudio de las características sociológicas de dichos tipos de viviendas.-R. I. Durán Montero, María Antonia: Lima en el siglo XVII. Arquitectura, urbanismo y vida cotidiana. Diputación de Sevilla, sección histórica "Nuestra América", n.o 1. La obra recoge distintos aspectos de la arquitectura, urbanismo y vida cotidiana de la ciudad de Lima durante el siglo XVII. Tras un capítulo introductorio sobre los condicionamientos geográficos de Lima y sus consecuencias a la hora de utilizar materiales y técnicas constructivas, se detiene la autora en analizar la expansión urbana producida en el siglo XVII que llevó a la modificación del plano inicial en damero con el que se había levantado la ciudad. Al igual que toda la obra, presenta un estudio bien documentado sobre los edificios religiosos, los públicos de carácter civil, en los que se detiene especialmente, y de la vivienda limeña. Concluye con aspectos de la vida cotidiana de la ciudad en relación con la trama urbana.-M. J. M. A. García Sánchez, Joaquín: "Historia de un despojo". Estudio de la Amazonia, que parte de una breve presentación geográfica de este conjunto de ecosistemas del trópico húmedo más complejo de la tierra. Continúa cómo desde hace 450 años esta zona ha sufrido una lenta pero imparable y progresiva depredación, sobre todo a partir de la expansión del capitalismo mercantil, sustentada por los llamados "mitos" que el autor denonima "falacias". Una segunda se centra en la iglesia en la Amazonia desde los primeros tiempos de la conquista y colonización, con la expansión del capitalismo en la república, hasta la actualidad.-M. M. C. S. Hermida Lazcano, Pablo: "Topografía de una utopía: de la Utopía de Tomás Moro a los pueblos-hospitales de Vasco de Quiroga". Se estudia el papel desempeñado por el mito y la utopía en el episodio americano conquistador-colonizador, interés centrado en Vasco de Quiroga que trató de materializar en el Nuevo Mundo la república descrita por Tomás Moro en su Utopía. El autor trata de reivindicar el "sueño humanista" en que se basaron tales construcciones utópicas, tachadas por Elliot de ingenuidad conducente a la derrota.-R. I. El artículo cuestiona los diferentes tipos de transformación administrativo-laboral en los cultivos de café de la hacienda La Aurora, ubicada en la región del Líbano (Colombia). El estudio toma en cuenta las formas cambiantes de disposición desarrolladas en el caso específico del norte del departamento del Tolima, una de las zonas de mayor producción cafetera a nivel nacional y una de las áreas donde con mayor intensidad se vivieron los estragos de la violencia de los años 50 y 60. Los elementos metodológicos para su interpretación son considerados como una aproximación realista en torno al concepto de propiedad. Su análisis explora los diferentes grados de disposición que ejerce el hacendado sobre los objetos en una determinada estructura de disposición.-A. E. A. Intsik y Sinos: La minoría étnica de los chinos en Las Filipinas". El objetivo del presente artículo es analizar, en perspectiva socio-histórica, la actitud antisinítica en las Islas Filipinas. Las actuales posturas antichinas se basan en la afirmación de que las personas de origen chino dominan la economía filipina y que a este poder económico se debe su supuesta influencia en la política filipina.-R. M. G. S. 144. Casaús Arzú, María Teresa: "El movimiento social de mujeres en América Central". La autora considera que para América Central, a excepción de Costa Rica, parece más apropiado hablar de movimiento de mujeres que de movimiento feminista. Las razones básicas estan relacionadas con el proceso histórico y el desarrollo socio-político de las últimas décadas. Pero también existen variables independientes que han llevado a una configuración de este patrón de movimiento social, con una difusa identidad de género y con una fuerte manifestación de la identidad étnica y éstas son: la importancia del racismo como estructura latente de larga duración en sociedades pluriétnicas y pluriculturales y el reforzamiento de la identidad étnica en sociedades como Guatemala y Nicaragua.-J. A. M. M. 145. Cipolletti, María Susana: "Lacrimabili statu: esclavos indígenas en el noroeste amazónico (siglos XVII-XIX)". Rojas, Reinaldo: "Élites y propiedad territorial en Barquisimeto, provincia de Venezuela. Ibídem, págs. 441-458, un cuadro, fuentes consultadas (documentales, bibliográficas y hemerográficas), un mapa, dos planos y un esquema. En este trabajo se estudia la formación de la propiedad territorial en Barquisimeto y cómo una serie de familias se convirtieron en una verdadera élite regional, sustentada en el control de la riqueza social de la tierra, en la propiedad de esclavos y en el dominio del Gobierno como institución política de poder local, bases objetivas que le permitieron a estas familias tomar las riendas de la sociedad regional barquisimetana a lo largo del tiempo histórico colonial.-A. M. M. R. Smith, Martins: "Actores y movimientos sociales urbanos y el acceso a la ciudadanía: El caso de México". E1 autor quiere expresar con este trabajo la idea de que el cambio socio-político es producido por una lucha entre grupos e individuos en situaciones que les determinan de formas muy distintas, con acciones contradictorias y opuestas dentro del sistema político. Por tanto manifiesta que no hay duda que estamos frente a un proceso pluricasual, en el cual participan una gran cantidad de actores que deben ser recuperados en el estudio de la transición.-J. A. M. M. Widmer sen Nhauser, Rudolf: "El abasto en la ciudad de Veracruz. Lucha de clases y desarrollo urbano durante la 2.a mitad del siglo XVIII". Mediante el análisis de los precios de los productos de consumo básicos, la siempre compleja y polémica política de abastecimiento y la organización de los mercados, el autor configura el desenvolvimiento socio-económico de la ciudad de Veracruz en la 2.a mitad del XVIII. Bajo esta perspectiva y con la rica información que proporcionan estas fuentes, el trabajo teje el complejo entramado de los intereses de clase que detentan el control económico y político de este microcosmos regional.-A. M. M. R.
con las que se inicia un nuevo ciclo sobre la temática bajo la denominación genérica de "Los estudios universitarios en España e Hispanoamérica". El acto de inauguración de las Jornadas corrió a cargo del rector Las Jornadas han despertado interés en los medios universitarios españoles y latinoamericanos, por lo que las actas tendrán, sin duda, una excelente acogida cuando aparezcan en el n.o 13 (1996) de la revista Estudios de Historia Social y Económica de América (EHSEA), que se elabora en el Área de Historia de América del Departamento de Historia II de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares. En su primera edición, las Jornadas se han desarrollado a lo largo de tres días, en sesiones de mañana y tarde, con fructíferos debates en los que las cuestiones planteadas por los asistentes requerían del esfuerzo de los ponentes, quienes demostraban reiteradamente sus conocimientos sobre el difícil tipo documental representado por los textos de las constituciones, estatutos y demás normativa universitaria. El miércoles, día 20 de marzo de 1996, tras una breve introducción a las Jornadas y presentación de los ponentes, actuando como presidente de mesa, el profesor Manuel Lucena Salmoral, cedió la palabra al profesor don Demetrio Ramos Pérez, de la Real Academia de la Historia, quien en su ponencia titulada "La intrahistoria en la fundación de las dos primeras universidades americanas y su posterior legalización", explicó los distintos componentes del régimen provisorio de fundación de las universidades de Lima y México, demostrando sus amplios conocimientos en temas jurídicos. El debate se vio enriquecido con varias intervenciones. A continuación tomó la palabra don Pedro Alonso Marañón, miembro destacado de ACISAL y profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Alcalá, para presentar la ponencia titulada "Las Constituciones de la Universidad de Santo Domingo y su filiación hispánica", en la cual arrojó luz sobre toda la problemática planteada por la Bula Paulina y el Pase Regio en relación con la Universidad "Primada" de América. Con un animado coloquio, en el que intervinieron varios de los futuros ponentes de las Jornadas, presentes en la sala, se cerró la primera sesión de trabajo. Las ponencias para la segunda sesión de trabajo, ya en jornada de tarde, comenzaron al filo de las 16 horas, presidiendo la mesa don Demetrio Ramos y corrieron a cargo de otros dos miembros de ACISAL: don Ignacio Ruiz Rodríguez, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, sobre el interesante y espinoso aspecto legal de "Las reformas constitucionales de la Universidad Complutense en el siglo XVII: aproximación a su grado efectivo de cumplimiento''; y don Pedro Pascual Martínez, quien abordó el tema de los incunables de los siglos XVI y XVII en su trabajo titulado "Libros y Universidades en la España del Renacimiento". Ambas ponencias fueron seguidas de amplios debates, con intervención de varios de los asistentes. Al filo de las 19 horas se llegó al cierre del primer día de las Jornadas. La mesa correspondiente al jueves 21 de marzo de 1996 estuvo presidida por doña Adela Mora Cañada, miembro de ACISAL y profesora de la Universidad Carlos III, quien presentó a los tres ponentes de la sesión de mañana. En primer lugar intervino don Alberto de la Hera, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, quien se ocupó, con su brillantez habitual, del "El magisterio de Vitoria en el contexto universitario salmantino". Tras el oportuno turno de preguntas, tomó la palabra don Luis Enrique Rodríguez-San Pedro, profesor de la Universidad de Salamanca, para presentar una abigarrada exposición de la evolución del corpus legislativo universitario de Salamanca, bajo el título de "Panorámica de la evolución legislativa salmantina, desde la perspectiva de la Recopilación general de Constituciones y de 1625". El debate dejó paso a la ponencia de don Ramón González Navarro, miembro de la Institución de Estudios Complutenses, a propósito de "Las Constituciones originales cisnerianas y su evolución hasta la reforma de Obando", tema que conoce muy bien, llegándose a una unidad entre estas dos últimas ponencias de la mañana, al trazarnos un marco universitario ajustado, -en cuanto a autonomía, grado de cumplimiento de las constituciones, etc.-, tanto para la realidad universitaria de Salamanca como para la de Alcalá, en los siglos XVI y XVII. En el turno de intervenciones participaron un buen número de asistentes, que dejaron paso al receso hasta la sesión de la tarde. Con sucesivas presidencias de don Alberto de la Hera y doña Adela Mora Cañada, a partir de las 16 horas continuaron las jornadas con la ponencia de don Ángel Gil García, miembro de la Institución de Estudios Complutenses, quien de nuevo abordó en profundidad un difícil tema ya tratado en la tarde anterior, con su completa "Panorámica de las visitas y reformas constitucionales de la Universidad de Alcalá en el siglo XVII", que dio lugar entre los presentes a un brillante debate. Entrando de lleno en el ámbito colonial americano, la sesión de la tarde continuó con las ponencias de doña M.a Paz González Rodríguez, de la Universidad de Extremadura, titulada "Análisis comparativo de las Constituciones de las Universidades de Charcas y de Córdoba", y de doña Diana Soto Arango, adscrita al Centro de Estudios Históricos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a propósito de "Eloy Valenzuela y las Constituciones del Colegio-Universidad de Mompox". En ambos trabajos pudimos ver los resultados del análisis pormenorizado de los textos constitucionales, tanto para la levantisca Universidad de Charcas, como para la más sumisa de Córdoba; y en el área norandina el caso del Colegio-Universidad de Mompox, con el que tuvieron relación destacados personajes ilustrados. En el coloquio se suscitó el problema de la toma de grados, por lo que se prolongó al filo de las 19 horas, dado el gran interés mostrado por los asistentes. El viernes 22 de marzo de 1996, último día de las Jornadas, la sesión de la mañana estuvo presidida por don Luis Enrique Rodríguez San-Pedro, y en ella intervino en primer lugar doña María Clara Guillén de Iriarte, directora del Archivo Histórico del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, de Santafé de Bogotá, con la ponencia titulada "Vigencia de unas Constituciones universitarias coloniales: el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. 1653", ocupándose con todo lujo de detalles de la normativa, dotación, etc. del Colegio conformador por excelencia de la clase dirigente colombiana y del estado actual del mismo. Tras el debate tomó la palabra doña Águeda Rodríguez Cruz, de la Universidad de Salamanca, quien estableció un "Análisis comparativo de las Constituciones universitarias de Salamanca con las hispanoamericanas'', ahondando en una temática muy bien estudiada por ella, y cuyos últimos resultados, -el esperado tomo segundo de su Salmantica Docet-, aún no han sido entregados a la imprenta. Con las intervenciones de los presentes la ponencia se vio todavía más enriquecida. La última ponencia de la mañana, a cargo de don Jaime González Rodríguez, de la Universidad Complutense de Madrid, nos acercó a una realidad poco conocida, como la de "Jubilarse en la Universidad de México: normativa y realidad", realizando un ajustado retrato de los catedráticos y un repaso histórico del proceso seguido para su jubilación. El coloquio, con el que finalizó la sesión, suscitó importantes interrogantes motivados en buena medida por el público asistente. La sesión de la tarde comenzó a las 16 horas, presidida por doña Águeda Rodríguez Cruz, y estuvo jalonada por las intervenciones de varios alumnos aventajados del profesor Jaime González Rodríguez, quienes presentaron dos comunicaciones: la primera a cargo de don Felipe Suárez Hidalgo, sobre "El proceso constituyente en la Universidad de México"; y la segunda, presentada conjuntamente por doña Mercedes Elvira Luzón y doña Sagrario Guzmán Sánchez, a propósito de "Los actos académicos en la Universidad de México: normativa y realidad". La lectura de estos dos trabajos dejó abierto el debate a los problemas que plantea el estudio de los textos constitucionales y demás normativa universitaria, dentro de las corrientes de interpretación e investigación existentes. Antes de dar por finalizada la sesión y proceder a clausurar las Jornadas, el profesor Manuel Lucena Salmoral tomó la palabra para agradecer el trabajo de los ponentes, la presencia de los asistentes y disculpar los aprietos económicos de la organización, en favor de la amistad y cordialidad de los especialistas que han contribuido a que las Jornadas sean un éxito, cerrando sin mas reflexiones la sesión y procediéndose a entregar los oportunos certificados de asistencia a los inscritos. El acto oficial de Clausura de las Jornadas correspondió a don Luis Beltrán Repetto, vicerrector de Relaciones Internacionales de la Universidad de Alcalá. III Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana En esas fechas tuvo lugar en la capital venezolana el III Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana, organizado por la Sociedad de Historia de la Educación Latinoamericana (SHELA), con la colaboración de la Universidad Central de Venezuela (Facultad de Humanidades y Educación, Comisión de Estudios de Postgrado) y la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. La temática ha girado en torno a la educación en América Latina. El acto inaugural contó con la presencia de importantes autoridades académicas y se desarrolló en la Sala de Conciertos de la Universidad Central. Las sesiones del Congreso se realizaron en los salones del Hotel Caracas Hilton y en ellas se abordaron diversas temáticas históricas, todas ellas de gran interés, así: movimientos sociales y educación popular, políticas educativas, movimientos docentes y estudiantiles, institucionalización de la escuela, formación docente, pensamiento y saberes pedagógicos, universidades, modelos educativos de las instituciones eclesiásticas, difusión y enseñanza de la ciencia, transferencia cultural y educación de los pueblos indígenas, educación de la mujer, inmigración, exilio y educación, concepciones y prácticas de la enseñanza, tendencias teórico-metodológicas en la investigación, centros y redes de información para la investigación histórica de la educación latinoamericana. Los participantes procedían de casi todos los países hispanoamericanos, también de algunos europeos (España, Francia y Alemania) y de otros países, como Australia. Contó con figuras destacadas: Magaldy Téllez (coordinadora general del Congreso), Rafael Fernández Heres, Águeda Rodríguez Cruz, Diana Soto, Claudio Lozano, Héctor Cucuzza, Pilar Gonzalvo, Luis Celis, por citar sólo algunas de las más representativas. Ha sido un Congreso dirigido principalmente a especialistas del campo de la educación latinoamericana, y abierto a estudiantes, que acudieron de algunas de las instituciones universitarias caraqueñas, tales como la UCV, el ISSFE, entre otras. Puede decirse que el Congreso ha favorecido el contacto entre americanistas, centrados sobre todo en el área educativa. Ha brindado la oportunidad para contrastar opiniones, aportar datos de investigaciones novedosas, reflexionar sobre temas preocupantes y también atrayentes para el público en general, y para los historiadores en particular. Supone, en definitiva, un impulso más para seguir trabajando, hasta nuestro próximo encuentro, dentro de dos años, en Santiago de Chile. MARÍA DE LA PAZ GONZÁLEZ RODRÍGUEZ HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Inmigración vasca en Uruguay Montevideo, 5-7 agosto de 1996 En noviembre de 1995, tuvo lugar en Vitoria-Gasteiz el Primer Congreso Mundial de Colectividades Vascas organizado por el Gobierno Vasco-Eusko Jaurlaritza. Hasta la capital de Euskadi acudieron entonces más de 150 delegaciones procedentes de todos los rincones del mundo, con el sano objetivo de analizar y actualizar la situación real de los Centros Vascos-Euskal Etxeak -repartidos por América, Europa y Oceanía. Tras cinco días de duras jornadas de trabajo -en las que no faltaron buenas dosis de nostalgia y delicias gastronómicas varias-los congresistas concluyeron su labor con la elaboración de un plan de actuación previsto para cuatro años y la firma -junto al ejecutivo vasco-de un acta final en la que concretamente se afianzaban las bases para una mayor y más estrecha relación y colaboración entre la Colectividad Vasca afincada fuera del País Vasco y el Gobierno Autónomo, tal y como contempla el articulado de la Ley de Relaciones con las Colectividades Vascas aprobado unánimemente por el Parlamento Vasco en junio de 1995. El compromiso de difundir la historia, la cultura y las tradiciones vascas más allá de nuestras fronteras autonómicas constituyó uno de los ejes fundamentales de la mencionada resolución legal. Y fue en este contexto en el que, junto al Dr. José Manuel Azcona, presentamos ante la Secretaría General de Acción Exterior del Gobierno Vasco-Eusko Jaurlaritza un proyecto que en forma de Seminario pormenorizase la aventura migratoria vasca al Uruguay desde 1830 hasta nuestros días, así como las consecuencias socio-económicas y materiales de este flujo migratorio en el país de destino. Nos propusimos igualmente analizar el fenómeno migratorio vasco profundizando en las causas que propiciaron dicha diáspora, sin olvidar -claro está-el estudio del contexto migratorio general -tanto hispano como europeo-en el que lógicamente debe incluirse la emigración contemporánea vasca hacia América. En definitiva, un ambicioso programa con el que quisimos dar a conocer a toda la sociedad uruguaya -desde una perspectiva científica, seria y ajena a los tópicos negativos que suelen caracterizarnos-cuál fue el aporte vasco al devenir social, cultural, artístico, económico, político e histórico de su país. La idea fue acogida con interés y entusiasmo por los responsables de la citada Secretaría, quienes no dudaron en dar luz verde a este Seminario sobre Inmigración, Historia y Cultura Vasca en el Uruguay Contemporáneo (siglos XIX y XX). Para tal evento -seguido con interés por buena parte de los medios de comunicación montevideanos-se eligió un escenario que contara con la necesaria infraestructura y que sirviera al mismo tiempo de marco de referencia al carácter didáctico y pedagógico que se pretendía dar al Seminario: la Universidad Católica del Uruguay "Dámaso Antonio Larrañaga" (UCUDAL). Desde un primer momento contamos con el apoyo de dicho centro universitario -cuyo rector es de origen vasco-y de manera especial de su Instituto de Historia, que se volcó en favor de esta actividad. Como no podía ser de otra manera, la colectividad vasca aglutinada en las "Euskal Etxeak" colaboró desde el primer momento en el proyecto y participó de manera activa a lo largo de las jornadas de trabajo. Cabe destacar que el Seminario fue inscrito dentro del programa de actividades de "Montevideo, Capital Cultural de Iberoamérica '96" y en una parte contó con el auspicio de la Intendencia Municipal de Montevideo y del Ministerio de Defensa Nacional de la República, cuyos máximos representantes -señores Arana e Iturria-son igualmente descendientes de emigrantes vascos. Finalmente, tuvimos el apoyo desinteresado del Ministerio de Cultura uruguayo a través del Instituto Nacional del Libro y del propio presidente de la República, Dr. Julio María Sanguinetti. Las jornadas de trabajo comenzaron el día 5 de agosto con un apretado programa en el que relevantes estudiosos de la historiografía demográfica y estadística uruguaya analizaron el papel jugado por las diferentes corrientes inmigratorias en el crecimiento poblacional de esa República rioplatense. Y encuadraron adecuadamente el contexto general español y europeo en el que, como decíamos anteriormente, debe engarzar el fenómeno migratorio vasco. Este último aspecto fue tratado en profundidad el día 6 de agosto. En esa jornada los conferenciantes que intervinieron detallaron los aspectos más destacados que caracterizaron a la diáspora vasca con destino a Uruguay. Las causas que propiciaron dicho éxodo entre 1830 y 1950, las formas laborales de asentamiento y los aportes realizados por la colectividad del País Vasco al Uruguay contemporáneo fueron algunos de los temas presentados. Finalmente, el 7 de agosto, último día del Seminario, se trataron aspectos relacionados con la emigración vasco-francesa y con el mantenimiento de las manifestaciones culturales y los signos de identidad vascos en Uruguay, este último desde una perspectiva histórica que alcanzaba hasta la actualidad. Una breve pero contundente disertación en torno a la situación de futuro de las "Euskal Etxeak" y su relación con el gobierno del País Vasco cerró el ciclo de conferencias. Detrás de todas ellas hubo espacio para el debate y el coloquio. Este momento fue aprovechado con intensidad por los asistentes -muchos de ellos procedentes de ámbitos sociales ajenos a la colectividad vasca-los cuales, dicho sea de paso, llenaron a diario -para sorpresa de propios y extraños-el salón de actos preparado a tal efecto. Y es que más de ciento cuarenta personas asistieron de manera continuada a las jornadas de trabajo programadas, lo que da fe de la positiva aceptación que este evento ha tenido. Un abultado número de personas, máxime si tenemos en cuenta que cada vez es más difícil reunir público para actividades de índole humanística, por un lado, y que el programa del Seminario coincidió con horarios laborales, por otro. En síntesis, el trabajo realizado durante el mes de agosto en la UCUDAL de Montevideo ha sido del todo provechoso. El interés suscitado por la realización de este evento superó con creces nuestras primeras expectativas. Desde estas líneas queremos agradecer a todo el conjunto de personas que participó en mayor o menor medida -insisto-de manera desinteresada en la buena realización y consecución del Seminario. Y desde esta tribuna animamos igualmente a todas las Instituciones y, por supuesto, a toda la colectividad americanista para que este tipo de actividades se repita con mayor frecuencia en un intento de difundir más allá de nuestras fronteras lo que nuestros emigrantes -vascos y no vascos-hicieron y todavía hoy hacen en favor de la modernización y desarrollo de las Repúblicas americanas.
Siendo un objetivo de la Escuela el decidido apoyo de la investigación de calidad que se realiza en los países americanos y europeos, tanto por jóvenes post-graduados como por parte de renombrados investigadores, se acuerda convocar dos becas de estancia en su Residencia por un tiempo de seis meses de duración y otras dos por tres meses. Las becas incluyen el alojamiento, corriendo por cuenta del becario los gastos del viaje a España y su manutención. El período de disfrute de las becas semestrales será del 15 de enero al 15 de julio de 1997, y el de las trimestrales del 15 de septiembre al 15 de diciembre del mismo año. En el caso de becas por períodos inferiores de tiempo, su disfrute siempre será dentro de las fechas anteriormente mencionadas. Las solicitudes deberán recibirse en la Secretaría de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), calle Alfonso XII, n.o 16, 41002 Sevilla (España), antes del 15 de septiembre de 1996 para las becas del primer semestre y antes del 30 de abril de 1997 para las becas del último trimestre. La resolución de la presente convocatoria se hará pública antes del 15 de octubre de 1996 para las becas del primer semestre y antes del 30 de mayo de 1997 para las becas de tres meses. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Congreso Internacional de Americanistas En el 48.o Congreso Internacional de Americanistas, realizado en Estocolmo y Uppsala (Suecia), en julio de 1994, se eligió por unanimidad al Ecuador como la sede del próximo Congreso. La Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) con sede en Quito, con el apoyo del gobierno ecuatoriano y de otras instituciones públicas y privadas, asumió la responsabilidad de organizar este evento, que tendrá lugar en su Campus desde el 7 hasta el 11 de julio de 1997. Conscientes de los retos futuros, tanto a nivel económico, como político y cultural de las Naciones y Pueblos de las Américas, se ha escogido como tema general del Congreso: Reflexionar sobre el pasado y presente de las Américas, para planificar su futuro. Dentro de este marco general habrá cabida para diferentes simposios, y otros actos académicos, cuyas temáticas continuarán en la tradición más que centenaria de los anteriores Congresos de Americanistas. Como todo evento científico internacional, los Congresos de Americanistas integran tres tipos de actividades. Entre ellas son los Simposios la ocasión para reunir a especialistas de diferentes disciplinas y países, a fin de debatir sobre un tema preciso. Las Sesiones Generales están organizadas para poner a consideración de un amplio público exposiciones científicas sobre temas americanistas relevantes y con alcance internacional. Finalmente los Informes de Investigación son contribuciones que se refieren a los avances concretos en las fronteras de la ciencia, en sus posibilidades de aplicación a favor de amplios sectores sociales y cuyo fin es intercambiar opiniones y analizar los resultados con otros especialistas. Dentro del espíritu de los Congresos de Americanistas se ha manifestado la necesidad de la presencia en los mismos de los Pueblos Indios y de otras minorías étnicas. El Congreso reunido en Estocolmo, por decisión unánime, recomendó la organización paralela, en la sede, de un encuentro de estos actores olvidados de América, a fin de que exista un fructífero intercambio entre los científicos americanistas y los grupos sociales por ellos investigados. Este diálogo deberá darse no a nivel político, sino humanístico, por lo que un evento importante en Quito será el Encuentro de Intelectuales Indígenas y Afroamericanos dentro del marco del 49. Congreso Internacional de Americanistas. Se calcula una asistencia de tres mil personas, entre ellas un gran número de estudiantes provenientes particularmente de los países andinos. El Congreso tratará de organizar además otras actividades académicas y sociales por parte de museos, universidades, centros culturales, galerías de arte, etc. De este modo los participantes tendrán la oportunidad de combinar, dentro de lo posible, sus actividades académicas con momentos de esparcimiento y descanso. La cuota de inscripción para el Congreso es de US.$. Las cuotas de inscripción se pueden enviar a través de las siguientes tarjetas internacionales de crédito: American Express, Visa International, Master Card International y Diners International, a la cuenta de la PUCE en el Banco del Pichincha, Universidad Católica del Ecuador, Quito, Cuenta N.o 971023395, o en efectivo en la Tesorería de la PUCE. Simposios Historia (numerados correlativamente de HIST 1 a HIST 39) -"Africanía en la región andina: pasado y presente". Universidad de Alcalá, Historia de América II, C/. -"América Latina ante la Segunda Mundial". Carreño, Gloria, y Zack de Zukerman, Celia. Centro de Documentación e Investigación de la Comunidad Ashkenazi, Acapulco 70, 6.o piso, Colonia Roma, 06700 México D.F., México, fax 5 211 -3839. -"Cambios y continuidades en las pautas de consumo y vida material en los espacios latinoamericanos e ibéricos: siglos XVI-XX".
Este seminario internacional es la continuación de otro organizado a partir de una problemática similar hace un par de años en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos en el marco de sus "Jornadas Americanistas de Otoño". Es a su vez fruto del intercambio académico entre tres equipos de investigación: el grupo "Elites y Políticas Públicas (EP)" de la EEHA, el "Grupo de Estudios Americanos (GEA)" del Instituto de Historia del CSIC y el grupo de Historia Social, dependiente del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de General San Martín, Argentina. Se inserta asimismo en el programa de actividades organizadas en el marco del proyecto de investigación "La Cuestión Social en Argentina" financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia de España (programas de investigación I+D), llevado a cabo por los mencionados equipos. Ambos seminarios fueron organizados con objetivos similares: debatir aspectos de la realidad histórica y social argentina poco abordados hasta el momento y rastrear, a través de una amplia discusión, posibles nuevas líneas y temas de investigación. Son expresión del afán de sus organizadores por impulsar dos cuestiones u orientaciones teórico metodológicas. En primer lugar, el contraste, el debate y la puesta en común de distintas visiones disciplinares de lo social se observa en la composición del panel de la primera reunión: dos invitadas pertenecientes al campo de los estudios literarios, dos antropólogas y dos historiadores, algo similar ocurre con el seminario que estamos reseñando. En segundo lugar, se percibe la potenciación de una mirada investigadora que prima el papel constitutivo y central de lo cultural -y por tanto no escindido-en el proceso de construc-ción social, tal como lo entienden autores como Raymond Williams, Philip Corrigan y Dereck Sayer. Evidentemente existe una fuerte continuidad entre lo discutido en estas jornadas y el desarrollo de la línea de investigación sobre la emergencia de la cuestión social en Argentina. Puede decirse, por tanto, que este seminario actúa como un foro de discusión ampliado de dicho proyecto y es por ello que se pretende institucionalizarlo y darle continuidad en el tiempo. La apertura de las jornadas estuvo a cargo del director de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Dr. Raúl Navarro García, quien hizo referencia a los esfuerzos realizados en los últimos años por el centro para impulsar los estudios sobre Argentina y su inclusión en proyectos de tipo comparativo de diversa índole. Destacó asimismo la presencia en la EEHA de becarios con tesis doctorales en marcha sobre la historia social y cultural de Argentina y la realización en los últimos tiempos de una importante cantidad de jornadas, encuentros y seminarios que contaron con la participación de investigadores argentinos relevantes como Noé Jitrik, Óscar Terán, Silvia Palomeque, Pilar González Bernaldo, Mirta Lobato, Marta Bonaudo, Sergio Serulnikov, Mariano Plotkin y Raúl Mandrini, entre otros. Hizo también especial hincapié en la necesidad de seguir realizando actividades de este tipo, en primer lugar por su carácter multidisciplinar, en cuyo impulso está particularmente empeñada la Escuela, y en segundo término por el acercamiento y colaboración que suponen entre equipos de investigación de diferentes instituciones del CSIC y de América Latina. La primera de las exposiciones estuvo a cargo de Santiago Esteso, de la Universidad Complutense de Madrid. Llevó por título "Vida privada y males sociales. El sexo de la nación peronista" y se centró en el análisis de algunos de los engranajes del proceso social de producción de representaciones sobre el sexo de la nación durante el primer peronismo. A partir del análisis de las opiniones de la revista católica Criterio, y secundariamente de Sur, argumenta que en ese período de la historia argentina las metáforas y ficciones que ciertos actores produjeron respecto a las prácticas sexuales, la homosexualidad y la moralidad pública apuntalaron los argumentos legitimadores del levantamiento cívico-militar de 1955. Por tanto revelan al 'sexo' como uno de los componentes del pacto social sobre el que se asientan la nación y las instituciones del Estado. Para ello se toma como punto de partida el "escándalo de los cadetes", en septiembre de 1942, pues cons-tituyó la primera manifestación pública y mediática de las prácticas homosexuales en Argentina. A partir de este hecho, cubierto por los principales periódicos de la época, se describe cómo la 'política sexual' se constituyó durante los dos primeros mandatos justicialistas en arena de negociación, en objeto garante de armonía y, finalmente, en piedra arrojadiza entre el peronismo y la jerarquía eclesiástica. El trabajo expuesto por Armando Minguzzi, de la Universidad de Buenos Aires, intentó, al igual que el anterior, ofrecer una explicación sociocultural a partir de la crítica literaria. Para ello incorpora los aportes de Benjamín Harsaw y José María Pozuelo Yvancos, quienes reflexionan en torno al funcionamiento de la ficción y su constante ida y vuelta entre las modelizaciones externas y el mundo ficcional propiamente dicho. Como el propio título indica, "Individuo vs. multitud en la narrativa anarquista (1898-1910)", dicho trabajo analiza las distintas formas de ficcionalizar la presencia social de las masas en la narrativa de escritores vinculados al movimiento ácrata argentino desde los últimos años del siglo XIX hasta la celebración del centenario de la Revolución de Mayo en 1910. Valiéndose también del análisis de las diferencias entre multitud y pueblo, propio de Paolo Virno, recorre las obras de Juan Más y Pi, Alejandro Sux y, sobre todo, de Alberto Ghiraldo, lo que permite descubrir cómo la visión de los sujetos plurales -pueblo, multitud y público-se convierte en elementos realmente complejos, multifacéticos y hasta polisémicos en el imaginario literario anarquista cruzado, en este caso particular, con la estética modernista y ciertas concepciones positivistas de las masas. A continuación intervino Mirta Zaida Lobato, de la Universidad de Buenos Aires. Su comunicación, "Los cuerpos protegidos; el trabajo femenino como objeto de preocupación pública", analiza los debates, la legislación y las prácticas que tuvieron como centro el trabajo de las mujeres en Argentina en la primera mitad del siglo XX. En ella se sostiene que en el siglo XX se produjeron importantes debates sobre la citada cuestión y que los distintos gobiernos, las fuerzas políticas y las organizaciones gremiales y de mujeres se preocuparon por resolver los problemas y conflictos asociados al ingreso de la mujer en el mercado laboral. Fue así como la "obrera madre" se convirtió en figura central de la cuestión obrera y de la cuestión de la mujer, hasta el punto de constituirse en un problema de interés político. Sostiene además que la legislación laboral protectora del trabajo femenino e infantil, cuya primera ley data de 1907, contribuyó a configurar una de las facetas de lo que unas décadas más tarde se denomi-nó Estado de bienestar. Desde un punto de vista más general, la ponencia analiza cómo durante las tres primeras décadas del siglo XX se sancionaron leyes que reglamentaron el trabajo femenino y reconocieron los derechos civiles a las mujeres, mientras que el derecho a votar fue permanentemente soslayado hasta su sanción en 1947 durante el gobierno de Juan Domingo Perón. En su intervención Ricardo González Leandri, del GEA del IH/CSIC, Madrid, y uno de los coordinadores del seminario, expuso sobre "Estado, intelectuales y políticas públicas. Reflexiones en torno a nuevas perspectivas de investigación". La ponencia parte del intento de adaptación al estudio de la Cuestión Social en Argentina de la pregunta acerca de ¿dónde obtiene el estado sus ideas para intervenir, y cómo las procesa y aplica?, que se hacen científicos sociales como Theda Skopcol y otros. La ponencia se organizó en tres apartados. En el primero se esboza un estado de la cuestión de los estudios producidos en Argentina sobre los temas entrelazados en el título y destaca la vigencia de la perspectiva de Oscar Ozlak, autor de uno de los pocos trabajos sistemáticos y de largo aliento sobre la formación del estado argentino y la de Susana Belmartino, con su valiosa adaptación del neoinstitucionalismo al análisis de un tipo específico de política pública en el siglo XX. Con respecto a los intelectuales priman los aportes de Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano y Óscar Terán y la más reciente recopilación de Mariano Plotkin. En el segundo apartado se tratan cuestiones insoslayables a la hora de realizar investigaciones concretas: primero, el estrecho e indisoluble vínculo entre intelectuales y profesionales, es decir, la relación entre el ámbito específico de procesamiento de las abstracciones y el conjunto de los practicantes de una actividad determinada, dentro de un sistema de competencia interprofesional, de especial incidencia en el destino de ciertas políticas públicas. Segundo, la íntima relación histórica entre intelectuales/profesionales y Estado. Todo ello conduce a discutir la manera superficial con que en muchos casos se utiliza el, por otra parte muy difundido, concepto de "campo" de Pierre Bourdieu. Resalta la necesidad de recuperar la "historicidad" de ese concepto y, a su vez, la de su relación con el tipo de estado específico que se formó en Argentina. Por último, señala la necesidad de prestar especial atención a la red de intercambios internacionales (de ideas y de prácticas institucionales) que están en la base de determinadas políticas públicas. En el tercer apartado se citan casos concretos de desarrollo de la relación entre intelectuales/profesionales y políticas públicas y destaca la trayectoria del Consejo de Higiene Pública, más tarde departamento Nacional de Higiene, elemento fundamental del proceso de construcción del Estado en Argentina (entre otros) que representó en sus orígenes (1852) el reconocimiento institucionalizado de la profesión médica y registró cambios importantes a lo largo de su historia tanto en su poder como en sus atribuciones y características. Por último, la ponencia apunta la necesidad de aplicar una perspectiva comparativa y observar la trayectoria de esa agencia estatal en relación con otras como el Departamento Nacional del Trabajo o el Consejo Nacional de Educación. Juan Manuel Palacio, de la Universidad Nacional de General San Martín, Buenos Aires, expuso sobre "Justicia y sociedad. Reflexiones teóricas e historiográficas". Su ponencia alude a la importancia de investigar históricamente a la justicia, un objeto que ha adquirido en las últimas décadas una centralidad inusitada en el debate público de las sociedades latinoamericanas, surgida al calor de las transiciones democráticas y de las reformas del Estado de los años ochenta. Esto tuvo su correlato en el surgimiento de una nueva historiografía que revisó el acercamiento formal y normativo propio de la historiografía legal clásica. Destaca la influencia decisiva que en esa renovación ha tenido el diálogo de la historia con otras disciplinas, como la sociología y la antropología, dando origen a una nueva historia social de la justicia, cuyos cultivadores enfatizan la interacción entre ley y sociedad, y que por tanto concibe las normas como expresión de conflictos y arreglos sociales esencialmente históricos. Fuertemente influida por los estudios sobre las "formas cotidianas de resistencia", una vertiente dentro de esa renovación ve a la justicia como un espacio maleable de negociación entre Estado y sociedad, y como arena privilegiada del conflicto social. En Argentina esa renovación ha resultado evidente entre los historiadores del ámbito rural "tardocolonial" y de la primera mitad del siglo XIX (Fradkin, 1997; Garavaglia, 1997; Gelman, 2000; Salvatore, 2003). Con la mirada puesta en el rol de los jueces de paz en el control social de la campaña en momentos de la conformación del Estado, estos autores han demostrado cómo los procesos de construcción y aplicación de las leyes constituyen momentos de disputa social entre actores y no sólo de violenta imposición del poder estatal. Otros trabajos han delineado los perfiles sociales y la compleja interlocución pública de diferentes actores legales, tal como los jueces y los abogados (Zimmermann, 1996). El resultado ha sido la reevaluación de la propia centralidad de la justicia estatal y de muchos de los supuestos de la historia tradicional del derecho, para desta-car la importancia y persistencia de arreglos locales en la resolución de conflictos sociales. Estos nuevos enfoques permiten encontrar continuidades donde antes sólo aparecían rupturas y complejas prácticas de arreglos locales y maleabilidad jurídica donde antes parecería haber solamente arbitrariedad y violencia. Bajo el título de "Estrategias del fin de milenio. Emigrantes argentinos en España (1990España ( -2000))" Elda González Martínez, del Grupo de Estudios Americanos (GEA) del Instituto de Historia del CSIC, Madrid, se refirió a las características socioculturales del nuevo flujo de inmigrantes argentinos hacia España a partir de la crisis que vivió aquel país hacia finales de 2001. Se trata de un contingente diferente de los anteriores, con llegada en los años setenta y ochenta y marcados sobre todo por el exilio político. Este colectivo, de una magnitud mayor, está compuesto en su mayoría por jóvenes provenientes de la clase media urbana, que en general disponen de nacionalidad europea, debido a su origen familiar, lo que denota su participación en una cultura migratoria previa. A partir de datos empíricos obtenidos por medio de entrevistas realizadas en Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca, áreas urbanas multiculturales que permiten un análisis pormenorizado del complejo proceso de integración socio cultural de los inmigrantes, la ponente se interroga sobre el grado en que esta característica marca la identidad del colectivo y lo diferencia de otros. El análisis de las entrevistas permite destacar los rasgos y las problemáticas más comunes del colectivo en su conjunto, como son su compleja identificación con el resto de contingentes de emigrados latinoamericanos y su ambigua autoidentificación como emigrantes, dado su origen europeo, el hecho de sentirse más aceptados que otros colectivos, y su carácter cosmopolita dada su proveniencia de un país básicamente urbano y con fuerte peso inmigratorio. La última ponencia estuvo a cargo de Juan Suriano, de la Universidad de Buenos Aires y el IDAES, Universidad Nacional de General San Martín, Buenos Aires, y coorganizador del encuentro, quien abordó en "La vieja y nueva cuestión social en Argentina" la interrelación entre políticas sociales y la construcción de la ciudadanía social en Argentina durante el siglo XX. En contra de una versión tradicional que sugiere -simplificando al extremo las hipótesis de Alfred Marshall-que la obtención de los derechos por parte de los individuos ha seguido un cierto orden cronológico -primero civiles, luego políticos y finalmente sociales-esta ponencia sostiene que el proceso de construcción de la ciudadanía social no fue ni evolutivo ni lineal, y que las experiencias fueron diferentes en distintos países. En Argentina se podría suponer que formalmente los derechos se establecieron en ese orden (Código Civil en 1869, ley electoral en 1912 y los derechos sociales durante el primer gobierno de Perón). Sin embargo, desde el punto de vista civil y político este orden se trastocó, por ejemplo, porque no se tuvieron en cuenta a las mujeres, aunque la Constitución Nacional sostenía la igualdad de todos los habitantes sin distinciones de raza, nacionalidad, clase o sexo. De hecho tardaron décadas en alcanzar la igualdad jurídica y accedieron a los derechos políticos casi cuarenta años más tarde que los varones nativos. También se plantea que no debería entenderse la obtención de los derechos sólo desde el momento de su sanción o reconocimiento por parte del Estado. La conquista de los derechos sociales de los trabajadores (hombres y mujeres) dependió, en numerosas ocasiones, de los reclamos y presiones de los propios actores, pero en otras fue la iniciativa estatal la que se adelantó a las demandas, especialmente en materia de seguridad social. Además, en diversos momentos y con diferentes criterios, se incorporaron a la corriente de reforma social, y la enriquecieron, intelectuales y profesionales de diverso signo ideológico, funcionarios, periodistas, políticos, organizaciones de la Iglesia e incluso entidades patronales. Se afirma a modo de cierre que la ciudadanía social, entendida como proceso en permanente construcción, es en Argentina el producto del entrecruzamiento de factores coyunturales y estructurales y de la intervención, en distintos tiempos y con distintas lógicas, de una multiplicidad de actores sociales y políticos. Las exposiciones fueron seguidas por un prolongado debate que se orientó no sólo a aspectos específicos de su contenido, sino también, y de manera especial, a resaltar las distintas perspectivas utilizadas para abordar temas en buena medida comunes, a pesar de la aparente heterogeneidad de algunas de las ponencias. Finalmente, y a modo de conclusión, se hizo un balance conjunto de los estudios socioculturales recientes sobre Argentina. Varios participantes hicieron referencia a lo mucho que se ha avanzado en los últimos tiempos en áreas específicas (historia urbana, cultura de los sectores populares, historia agraria, entre otras) y a que aún falta abordar con mayor detenimiento y especificidad temas como el estudio de las distintas dimensiones del Estado y su conformación histórica.
tributo indio, prosperando con tal prodigalidad que no tardó en perder protagonismo frente a otros ramos pecuarios con mayores expectativas comerciales, si bien los diferentes productos porcinos tuvieron siempre una gran aceptación en los mercados locales, especialmente en los indígenas. La introducción en América del ganado europeo puede decirse que fue el primer eslabón de una compleja historia, marcada por la confrontación de dos culturas que con el transcurrir del tiempo se mezclarían en una combinación de múltiples simbiosis -no exentas de ciertas imposiciones, conflictos y traumas-que condicionan la propia evolución americana e, incluso, justifican la idiosincrasia actual de países y estados tan ganaderos como Argentina al sur o Texas al norte. El impacto que provocaron las nuevas especies animales entre la población indígena fue tan tremendo que los europeos no dudaron en aprovechar para sus propósitos el miedo o el asombro con que las recibieron aquéllos. Con el tiempo, del impacto se pasó a la asimilación, constituyendo la ganadería un importante pilar económico, que llegó a configurar también una serie de tipos sociales asociados a su explotación. La novedad del proceso y la necesidad de realizar comprobaciones, experimentar, aprender y legislar nuevas situaciones dieron lugar a una abundante documentación escrita y pictórica que ilustra en la actualidad cómo se desenvolvieron los animales y qué prácticas se empleaban para su cuidado y explotación. Tal y como denotan las fuentes documentales e, incluso, describen las fuentes escritas, el desarrollo pecuario no fue igual de homogéneo en toda la América española, surgiendo importantes diferencias entre distintas gobernaciones y territorios en función de sus propias particularidades espaciales, ya fueran geográficas, climáticas o poblacionales. Del mismo modo, aparecieron diferencias en virtud del tiempo histórico en el que se configuraron las distintas ganaderías, a causa de la propia forma de introducción pecuaria -gradual y espontánea, precediendo en muchos casos los animales a los hombres, o brusca y conflictiva, al utilizarse la ganadería como un recurso más para la guerra-y como consecuencia del distinto grado cultural en que se encontraban los pueblos americanos sometidos. En trabajos anteriores hemos explicado cómo fue el transporte de los ganados y en qué etapas se llevó a cabo su comercio, tanto interoceánico como regional. 1 En esta ocasión, nos ocuparemos de algunas particularidades de la implantación ganadera en el Nuevo Mundo, reflejando de qué forma fue pionero este proceso, a la vez que se apoyaba en las experiencias asimiladas con anterioridad en otros territorios americanos de los que partían conquistadores y colonos, centrándonos específicamente en una rama pecuaria tan importante como el cerdo ibérico. El alimento de los soldados En la producción y dieta agropastoral de la España del siglo XV, el puerco desempeñaba un importante papel, representando además un símbolo cultural diferenciador entre el norte cristiano y el sur musulmán, dada la aversión que sentían todos los creyentes mahometanos a este mamífero, por el veto religioso que imponía el Corán. 2 Durante todo el Medioevo, la interrelación entre el cerdo y las mesnadas castellanas llegó a ser sumamente significativa. Su importancia no cambió sustancialmente en los albores de la modernidad, cumpliendo en la alimentación de la hueste americana una función muy parecida, tal y como JUSTO L. DEL RÍO MORENO 2 1 Río Moreno, Justo L. del: Guerreros y ganaderos I. Caballos y équidos españoles en la conquista y colonización de América (S.XVI). I Congreso de Razas Criollas. Feria Internacional Ganadera del Quinto Centenario-Zafra 92. Separata de Journal of Cultural Geography, 1989, págs. 35-49. confirman las narraciones de Gonzalo Fernández de Oviedo, Bernal Díaz del Castillo, Gutiérrez de Santa Clara y otros cronistas. Su papel fue un tanto anónimo, por lo que ha sido tratado en las crónicas y en la propia historiografía americanista de forma secundaria pues, a diferencia de los caballos, no participaban en las batallas ni ofrecían prestigio a capitanes y soldados. Sin embargo, en su favor hay que apuntar que el proceso de conquista no se resolvía con una única batalla ni éste lo llevaron a cabo sólo los capitanes y soldados más prestigiosos, dependiendo su resultado en buena medida del abasto cárnico, del comer o descomer, es decir de los soldados que arreaban las piaras en el camino que seguían las huestes o establecían campamentos en la retaguardia para criar los cerdos que alimentaban a los hombres que luchaban en la vanguardia. 3 Su preponderancia en la alimentación se debió a que fue la especie que primero y más se desarrolló, tanto en las Antillas como en el continente, desde Nueva España hasta Tierra Firme y Perú. Los marranos siguieron a las huestes por varias razones. Eran abundantes en las Antillas y, por tanto, muy baratos; el consumo de su carne se había generalizado entre la población española asentada en las grandes islas; en los barcos ocupaban poco espacio y su omnivorismo les permitía alimentarse con facilidad; en tierra no requerían cuidados especiales ni mucha mano de obra; podían cebarse conforme caminaban los soldados; se adaptaban a todo tipo de medios y su reproducción era sumamente pródiga. 4 Se entiende así que con tocinos y cazabe se sostuvieran las huestes de Ponce de León en Puerto Rico, Esquivel en Jamaica y Velázquez en Cuba, así como las expediciones a México de Hernández de Córdoba, Grijalba, Narvaez y el propio Cortés, quien cargó más de tres mil piezas en un primer momento y grandes cantidades en fechas postreras. 5 En las costas de Tierra Firme las trancas entraron siguiendo a las expediciones de Ojeda, Nicuesa y Vasco Núñez de Balboa -en el Darién-o a las de Federman, Alfinger y otros capitanes alemanes en las inmediaciones de Coro. A estas primeras iniciativas siguieron las de otros EL CERDO EN LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA 3 conquistadores como Rodrigo de Bastidas en Santa Marta, Diego de Ordás y Francisco Sedeño en Paria y las de Pedro de Heredia y el licenciado Vadillo en Cartagena de Indias y el Cenú. Con relativa frecuencia, los jefes de las huestes organizaban centros abastecedores en los territorios objeto de ocupación antes de comenzar la penetración en ellos, iniciando desde estas bases los contactos comerciales con los puntos de partida. Cortés dejó en manos de Diego de Ordás la organización en Veracruz de un centro de explotación porcina a gran escala antes de comenzar el sitio de Tenochtitlan, mientras que Francisco Pizarro hizo lo propio, primero en la isla de las Flores -pequeña ínsula de la costa pacífica donde él y sus socios criaban cerdos-y después, antes de internarse en la sierra peruana, en Túmbez. 6 Alternativamente, las huestes recibían un aprovisionamiento irregular desde las Antillas o los centros de colonización más cercanos. La amplitud de este abasto dependía de la cantidad y atracción de los medios de pago de que dispusieran, siendo más continuo el comercio cuando la amortización de los bienes recibidos era en metales preciosos. Pese a que todas las huestes llevaban determinadas cantidades de tocinos o puercos, hubo momentos de escasez o mayor demanda en los que la carne alcanzó cifras astronómicas. En el Nuevo Reino de Granada, aunque la gente de Sebastián de Benalcázar trasladó de Quito una numerosa piara, coincidiendo con el reparto del tesoro del rey Zipa, la llegada de otras huestes y la propia fundación de Cali, la carne tuvo precios fabulosos. 7 Por aquellos años, fue famosa la venta en almoneda de los bienes de Cristóbal de Ayala, expendiéndose los cochinos a más de 500 pesos. El mismo Sebastián de Belalcázar adquirió de Jorge Robledo una sola puerca por 1.600 pesos, festejando después el buen suceso de la conquista con su sacrificio: "...aún ví que la misma puerca se comió un día que se hizo un banquete, luego que llegamos a la ciudad de Cali... de los vientres de las puercas compraban, antes que nasciesen, los lechones a cien pesos y más...". 8 En realidad, en la América del siglo XVI no hubo una sola hueste que no llevara entre sus acopios algunos cerdos o que no basara su alimentación en sus carnes. Las piaras iban en los barcos, incluso, partiendo de España y yendo a regiones alejadas de los centros de proveimiento antillanos. El mismo Pedro de Mendoza, pese a las penalidades imperantes en la fundación de Buenos Aires, no fue ajeno a esta realidad.9 Una vez que la población indígena era sometida, en breve tiempo, se iniciaba el traslado masivo desde la retaguardia y los centros productores más cercanos, importándose grandes cantidades de alimentos y ganados. Este proceso comercial perduraba mientras se mantenía una demanda lo suficientemente alta como para sufragar los altos costes del transporte y proporcionar ciertos beneficios, esto es, durante la conquista y los primeros momentos de la colonización o cuando se ponían en explotación centros mineros. El tráfico ganadero perduraba durante varios años, dependiendo de la distancia, facilidad de acceso a la región y éxito en la implantación pecuaria de las nuevas poblaciones. 10 Durante los primeros años de la colonización, las trancas fueron el sostén de soldados y colonos en toda América. En las Antillas esto fue así durante más de un decenio, aconteciendo de la misma manera en Nueva España y Tierra Firme. En el Perú, casi dos décadas después de acabada la conquista, podríamos hablar de las Guerras Civiles como una contienda en la que primó el proveimiento porcino de la soldadesca tanto y más que las armas ecuestres, tal y como se percibe perfectamente en la lectura de las cartas que escribían a Gonzalo Pizarro y La Gasca los miembros de sus respectivos bandos.11 De la importancia del cerdo en la nutrición de los ejércitos daba buena cuenta Hernando Bachicao, quien informaba a Gonzalo Pizarro de sus actuaciones en materia nutritiva mientras perseguía al virrey Blasco Núñez Vela: "En este pueblo dexo a vuestra señoría quinientos puercos para que coma, que yo voy depriesa, no comí más de ciento".12 EL CERDO EN LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA 5 Organización y difusión del porcino Por lo general, terminada la conquista y abierto el tráfico legal con los centros abastecedores de la retaguardia, la cabaña porcina aumentó notablemente en casi todas las fundaciones poblacionales. Allí donde el sometimiento fue rápido, distribuidas las primeras encomiendas, los antiguos soldados aprovechaban los tributos en productos agrícolas y mano de obra para explotar grandes piaras, cuya alimentación y cuidado quedaba asignado a la mano de obra encomendada. 13 Por el contrario, los soldados y colonos que no obtenían tributos solicitaban de los Cabildos estancias donde tenerlas, contratando a algunos porquerizos españoles o empleando mano de obra esclava para su cuidado. 14 Las primeras y más completas reglamentaciones conservadas sobre explotación de criaderos corresponden a Nueva España y fueron redactadas por iniciativa de Hernán Cortés, quien ya en sus ordenanzas de 1525 dictaba algunas medidas a imitación de la propia práctica antillana. La concesión de sitios para trancas sólo estaba permitida a los Cabildos, cediéndose una extensión de media legua a la redonda para uso exclusivo del concesionario; si éste mudaba de corral, nadie podía usarlo hasta que no hubieran transcurrido seis meses de su abandono, tiempo que se consideraba suficiente para recobrar el ganado perdido. 15 Estos y otros dictámenes corroboran el interés por la cría porcina, sector que durante toda la década de 1520 tuvo en México y Panamá una alta rentabilidad, así como en el Perú y el interior de la meseta de Bogotá en la década siguiente, entre otras razones porque la demanda creció paulatinamente y no existieron otras carnes disponibles. En cada uno de los distintos territorios americanos el precio de la carne porcina dependió de la oferta existente y ésta del desarrollo de la colonización. En las nuevas fundaciones, cuando los recursos económicos fueron insuficientes o se produjo algún levantamiento indígena, no faltaron las confiscaciones y robos para asegurar el sustento diario. Sometidos los distintos territorios, la demanda creció al amparo del incremento poblacional, de los requerimientos mineros y de las compras que se hacían para el proveimiento de distintas expediciones que partían hacia tierras más lejanas. En Nueva España el negocio de la cría porcina parecía tan bueno que la mayor parte de los encomenderos invirtieron importantes recursos en él, teniendo como único inconveniente la inestabilidad imperante durante toda la década de 1520 en la percepción del tributo. Esta circunstancia supuso la ruina de no pocas explotaciones, malográndose ganancias de miles de pesos con la sucesión de distintas administraciones y los frecuentes cambios en la concesión de las gabelas. Las inculpaciones y pleitos atestiguan el interés que por entonces despertaba esta cabaña entre la mayor parte de los encomenderos, pues la suspensión en el disfrute del tributo -personal y en especie-implicaba la pérdida de trabajadores indios, maíz y otras percepciones, además de la expulsión de los cerdos del término de la encomienda por el nuevo concesionario. Una explotación con 800 ó 1.000 cochinatas proporcionaba anualmente más de 1.000 pesos y esta suma era lo suficientemente respetable como para mantener los litigios en distintos tribunales durante décadas. 17 Junto a la demanda de las ciudades más importantes -México, Veracruz, Panamá y Lima-el principal mercado estuvo en las minas. Habitualmente, el encomendero daba salida a sus producciones mediante su asociación con un minero que contaba con esclavos, aunque también fue frecuente que él mismo practicase la extracción de metales. Mientras tanto, favorecida por el crecimiento de las necesidades mineras y el aumento poblacional de las jóvenes fundaciones, la crianza progresó sin otro inconveniente que la inestabilidad en la percepción del tributo indígena. 18 Progresivamente, los precios fueron disminuyendo hasta el estancamiento de la demanda. En el caso de México esta recesión se produjo en 1531, en gran parte por las ventas masivas que se hicieron con la llegada de la Segunda Audiencia, tras la suspensión en el disfrute de muchas encomiendas y la creación de numerosos corregimientos. Este año el mercado porcino llegó a estar tan saturado que los precios se derrumbaron totalmente, dejando de interesar su explotación. Hasta entonces, durante toda la década de 1520, el cerdo fue en Nueva España un medio de cambio más. De hecho, no son raros los casos de pobladores que saldaban sus compromisos económicos con la cesión de algunas cabezas. Claro que, con tal espectacular aumento, perdió valor y dejó de cumplir esta función. 19 El proceso de multiplicación de la cabaña porcina se observa con claridad en la curva descendente que siguen los precios del arrelde de carne en México desde 1524 a 1541. Como puede observarse en el gráfico, de los 334 maravedíes que valía en la primera fecha, pasó a costar 20 maravedíes en 1528 y sólo 8 en 1541, es decir en los cuatro primeros años se redujo un 94,02%, disminuyendo en la última fecha hasta el 2,39% de la primera cifra.20 Cuando desaparecieron las ganancias, los ganaderos abandonaron la cría porcina, recuperándose los precios con el decrecimiento de la oferta y la reactivación de la demanda a finales de la primera mitad del siglo. En 1546 la producción era tan insuficiente que ningún obligado era capaz de encontrar carnes para proveer a la ciudad de México, mientras que tres años después la carne porcina seguía siendo tan escasa que el Cabildo no tuvo más remedio que establecer una tasa para los distintos productos comercializados. 21 En los territorios dependientes de la Audiencia de los Confines los criadores de porcino también fueron los principales productores de carne durante todo el decenio de 1520, si bien la situación fue sustancialmente distinta a la novohispana, pues la demanda se mantuvo superior a la oferta durante un período mucho más prolongado. En efecto, si en 1521 Carlos I tenía que paliar la necesidad de Panamá con la donación de 1.000 cabezas, trascurrida casi una década Pedrarias Dávila solicitaba una merced parecida para las fundaciones de la vertiente pacífica nicaragüense, mientras que Gonzalo Fernández de Oviedo hacía lo propio para Panamá. 22 Durante todo el decenio siguiente el aprovisionamiento cárnico de Panamá y las restantes ciudades del istmo fue especialmente preocupante, por cuanto la oferta no aumentó sustancialmente y los precios se mantuvieron en cuotas elevadas, debido a la atracción que ejercía el Perú sobre la población y a la propia demanda de las nuevas fundaciones. Para remediar las deficiencias cárnicas, en 1537 las autoridades tuvieron que obligar a todos los encomenderos de la región a criar cierta cantidad de cochinas, conforme al número de indios que tuviesen. 23 En sucesivos años, la carne se abarató, pero fue gracias a la oferta desmesurada de carne vacuna. En Granada y León, los principales centros coloniales de Nicaragua, existía ya en la década de 1530 una importante oferta porcina que se exportaba a Panamá y Perú. Muy distinta fue la situación en la gobernación de Honduras, donde todavía en 1539 carecían aún de un número significativo de piaras. Los precios de productos básicos como la carne o el vino llegaron a ser tan altos que en comarcas de economía minera como las de Trujillo, San Pedro y Gracias a Dios, los empresarios soportaban con dificultad tantos costes. 24 En el Perú, con la arribada de continuas remesas y su fácil reproducción, las disponibilidades aumentaron considerablemente. Las piaras se multiplicaron tanto que, un año después de fundada Lima, en 1536, se mataba en la ciudad un marrano diario. El precio todavía era elevado, pues cada arrelde (1'820 kilogramos) costaba 675 maravedíes, si bien bajó en enero de 1538 a 337 maravedíes (49,92%) y en abril del mismo año a 280 maravedíes (41,48%), repitiéndose la curva de precios novohispanos durante la década de 1540 hasta las Guerras Civiles, momento en el que la tendencia decreciente de los precios se convirtió en ascendente. 25 Desde finales de la década de 1530, las tierras inmediatas a las primeras fundaciones peruanas se llenaron de puercos, elaborándose en la sierra mejores tocinos y perniles que en la propia España. Las trancas no comían sino lo que encontraban en los campos, aunque, como anotaba en 1539 el obispo de Cuzco fray Vicente de Valverde, "se hacen como de bellota". 26 En Quito la multiplicación fue tan desaforada que, en 1538, el Cabildo terminó por prohibir a los vecinos que tuvieran más de diez cabezas para su alimentación. 27 Ciertamente, pocos años después de fenecida la conquista -en 1541-, la ciudad disponía ya de suficientes crianzas como para proporcionar a Gonzalo Pizarro los cerca de 3.000 cochinos que llevó en su expedición al País de la Canela. 28 Después de las Guerras Civiles, los precios subieron como consecuencia de la alta demanda y de la inexistencia de importantes cabañas para el abastecimiento cárnico fuera de las autóctonas de llamas. A esta situación se llegó también debido a la pérdida de muchas encomiendas, a la desatención que hubo en la crianza, a la creación de nuevas poblaciones desde los focos fundacionales costeros y, sobre todo, a la puesta en explotación de Potosí y otros centros mineros. Merced a todos estos factores, los precios casi se triplicaron, pues si en 1545 un puerco mediano tenía en Lima un valor que oscilaba entre 3 y 6 pesos, siendo "bueno y escogido", en 1549 costaba -engordado con maíz-11 y 12 castellanos, aún habiendo en los términos de Lima más de 14.000 cabezas. Tributo y desarrollo porcino Finalizadas las conquistas y no existiendo aún una distribución efectiva de la mano de obra india, los capitanes de huestes se veían presionados por sus antiguos compañeros para legalizar el empleo de aborígenes encomendados en el cuidado de cerdos, tal y como aconteció en México, Panamá o Perú. 31 Siguiendo la costumbre antillana, los encomenderos contrataban a un mayordomo o calpisque para que administrase la encomienda. Estos llevaban la contabilidad de la explotación, vigilaban e instruían a los porquerizos proporcionados por las comunidades y comercializaban los productos, recibiendo a cambio un sueldo o un porcentaje de las ganancias. Los emolumentos que percibían eran altos, porque no eran muchos los españoles dispuestos a desempeñar estos trabajos, lo cual prueba el hecho de que encontremos en la dirección de las encomiendas a calpisques distintos casi anualmente e, incluso, cada cuatro o cinco meses. Este esquema, que se reglamentó por primera vez en México, se repitió años después en Centroamérica, Tierra Firme y Perú. En relación con la retribución, durante las primeras décadas del poblamiento, fue más normal que los peninsulares recibieran a cambio de su trabajo una parte concreta de los ganados criados o de las ganancias, antes que un salario. 32 Los porcentajes pagados variaban de un tercio a un sexto de una o varias producciones, dependiendo del número de sectores económicos en que participasen, de las previsibles ganancias, la ubicación de la encomienda con respecto a los distintos mercados mineros y de la existencia de focos poblacionales españoles en las cercanías, incluyéndose en algunas ocasio- nes una esclava india, ciertas cantidades de vino y hasta una cabalgadura. 33 Otras veces, cuando el encomendero no tenía cerdos, se asociaba para su crianza con aquellos que carecían de mano de obra y maíz. 34 La contribución que solían dar los indios era también muy variable, dependiendo del número de tributarios y de la riqueza de la tierra en la que se asentaba la comunidad. En general, casi todas debían sembrar grandes sementeras de maíz, trasladar el cereal a las estancias donde estaban los marranos, almacenarlo, proporcionar porqueros y alimentarlos. Algunos pueblos, incluso, transportaban los cerdos a las minas para venderlos. 35 En Nueva España, a partir de mediados de la década de 1540, como consecuencia de la tasación de los tributos, fue reduciéndose el servicio personal prestado en el cuidado y crianza de ganados. Algunas comunidades llegaron a conmutar las sementeras y trabajos personales por una contribución monetaria, aunque los cambios de parecer de los dirigentes indios fueron frecuentes, conforme convenía a los intereses del encomendero o de la comunidad. 36 En las tasaciones de encomiendas de Yucatán, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Santa María de Comayagua los pueblos visitados después de la aplicación de las Leyes Nuevas estaban obligados a proporcionar varias personas, normalmente niños o muchachos, para cuidar los cerdos o ganados del encomendero. Por lo general, la mayor parte de los artículos de dicha normativa que regularizaban la prestación laboral o el servicio personal no eran acatados, aunque sí parece evidente que los visitadores trataron de disminuir y especificar -para impedir los abusos-la contribución laboral de las comunidades. 37 Coincidiendo con la multiplicación del cerdo, los daños en las sementeras de los naturales se generalizaron, prohibiéndose su explotación en las tierras de encomiendas. La medida se aplicó primero en Nueva España y hacia 1537 en Tierra Firme, donde fue necesario limitar las explotaciones porcinas, estableciéndose un tope en el número de cabezas en función de la cantidad de indios que pagaban gabelas. 38 Lamentablemente, en breve tiempo, la legislación se olvidó o se relajó su aplicación, mientras que en numerosas comarcas el remedio resultó ineficaz e insuficiente. A partir de entonces la tendencia fue prohibir a los encomenderos que tuvieran cerdos en los términos de sus tributarios, tal y como se hizo en Cartagena de Indias. 39 Pero no todo fue negativo para el aborigen, pues como consecuencia de esta intervención en la cría del marrano, asistimos a una progresiva familiarización con su explotación. La comunidad de Tacubaya tenía a mediados del siglo XVI una treintena de puercas, mientras que un elevado número de sus vecinos contaba también con cerdos y gallinas. Un caso concreto era el de Mateo de Tescocoaque, quien practicaba la cría de aves y puercos para mantenerse. 40 En la segunda mitad del siglo XVI, si el sector no estaba más extendido entre las poblaciones indias vecinas a México fue porque el Cabildo de la ciudad, con el afán de reducir la regatonería, había prohibido reiteradas veces que vendieran, compraran o matasen puercos. Con todo, pese a la impresión que pueda ofrecer lo anteriormente expuesto, lo cierto es que a medida que avanzó la colonización, la cría de cerdos fue generalizándose con rapidez. De hecho, hacia 1580, su producción y consumo era muy corriente entre la mayor parte de los nativos que vivían en el centro de Nueva España. 41 En Guatemala el proceso de aculturación fue más lento, existiendo también notables diferencias entre unos territorios y otros, pues mientras que en 1569 el juez visitador de Petapa tenía que adquirir determinadas cantidades de marranos para introducir la crianza en el pueblo, San Juan de Zacatepeque, encomendado al cronista Bernal Díaz del Castillo, explotaba algunos años antes una veintena de cochinatas con notable éxito. Por lo general, hasta el último tercio del siglo XVI, la mayor parte de las comunidades indígenas guatemaltecas no intervinieron activamente en la producción de carne porcina. Y esto es evidente, porque en 1572 el juez administrador de los naturales de la comarca de Santiago tenía que elaborar una pormenorizada ordenanza para promover la cría de marranos entre los indígenas, concediendo préstamos para la compra de los animales y favoreciendo el desarrollo de la actividad mediante incentivos para la venta en la capital de la gobernación. 43 La introducción del cerdo en la economía india fue más rápida e intensa en aquellas regiones con poblaciones culturalmente avanzadas, esto es, entre aztecas e incas. En general, además de las facultades de la población autóctona para aceptar los nuevos elementos culturales, la difusión porcina dependió de la cercanía de la comunidad a los lugares de poblamiento españoles, del establecimiento de casas religiosas, de las medidas adoptadas por la Administración y del tipo de tributos exigidos, siendo mayor cuando más grande era la prestación personal. Fruto de la interacción entre hombres y animales, en no pocos casos las zahurdas se construyeron en las propias casas, en muchos otros los cerdos pulularon por las calles e inmediaciones de los jóvenes villorrios, conviviendo con la población india y española. Las quejas contra ellos no tardaron en surgir, ya que los colonos protestaban por el mal olor, los contactos o baños de los animales en el agua potable, la ruptura de las cañerías o acequias y el esparcimiento de sus excrementos por las poblaciones. Temerosos siempre de las epidemias, los Cabildos tuvieron que tomar medidas contra los efectos de este contacto. En el caso novohispano, tenemos constancia -ya en una fecha tan temprana como 1525-de distintas reglamentaciones dictadas por el Ayuntamiento de México para que sus vecinos no tuvieran puercos en la ciudad. Constantemente, los regidores mexicanos volvieron a incidir en el mismo asunto, permitiendo a los españoles que pudieran matar todos los cerdos que estuvieran sueltos por las vías públicas sin incurrir en delito. Pero esta y otras medidas por el estilo no tuvieron demasiado efecto, acce- diendo los regidores a que los vecinos que quisieran cuidar algunos cochinos para su sustento pudieran guardarlos en sus casas. 44 Naturalmente, el mandato se relajó y en sus aspectos esenciales no fue cumplido, tal y como corroboran las continuas advertencias y disposiciones dictadas al respecto en años postreros. 45 En varias ocasiones los ediles mexicanos dispusieron que todos aquellos que quisieran sacar sus cerdos a comer tendrían que conducirlos al campo una hora después de salido el sol y recogerlos tras ponerse el astro, bajo pena de confiscación. Como la normativa no se cumplía, cansados de prohibir que los cochinos pasearan por la urbe, concedieron licencia para hacer zahurdas de propiedad comunal a los lados del camino de Chapultepec, aunque tampoco esta medida dio los resultados esperados. 46 Durante los primeros años de colonización las ventas se realizaban en las plazas de las ciudades; en el caso de México, como éste era el centro de reunión y el olor de los excrementos era desagradable, se intentó trasladar el lugar destinado a celebrar los tratos hasta las cercanías del matadero. La medida no surtió efecto, al no desplazarse los compradores al reciente mercado, por lo que se tuvo que elegir nuevamente la plaza como lugar de feria, aunque restringiendo el horario desde las dos de la tarde hasta anochecido, evitando así el desarrollo de esta actividad durante las horas de paseo. Finalmente, cuando ya la población fue más numerosa y aumentaba el número de transacciones, no hubo otro remedio que cambiar el sitio destinado a compraventa por unos terrenos que estaban en las afueras de la ciudad, tal y como se repetiría años después en otras ciudades populosas como Panamá, Quito o Lima. 47 En las poblaciones asentadas en el trópico, dado que la constante humedad y calor dificultaban la aplicación de medidas sanitarias concretas, los Regimientos y los propios gobernadores prohibieron a los españoles que tuviesen cerdos en el interior de las viviendas, debiendo permanecer a ciertas distancias del poblado. 48 Las reglamentaciones son casi generales en todas las ciudades de América. En la Lima de 1536 uno de los capítulos de las ordenanzas relativos a la limpieza del casco urbano estipulaba que nadie podría tener puer- cos dentro, ni aún encerrados en las casas. La pena impuesta fue de medio peso por cada cabeza; sin embargo el castigo tuvo que ampliarse en febrero de 1537 a un peso, determinándose en julio de este mismo año la confiscación de los animales. 49 Estas y otras muchas normas surtieron pocas veces los efectos esperados y las poblaciones continuaron padeciendo los males higiénicos que provocaban los marranos. Todavía en el último tercio del siglo XVI hombres y animales convivían en las mismas casas y esto en múltiples lugares, especialmente en las poblaciones nativas, tal y como se observa que ocurría en una fecha tan tardía como 1574 en la mayor parte de los poblados del partido de Trujillo (Perú), donde los indios tenían instalados numerosos chiqueros de cerdos y éstos paseaban libremente por las calles, daban mal olor y eran "muy dañosos para enfermedades". El sector porcino en la segunda mitad del siglo XVI Después de medio siglo de experiencia, comprobada ya la importancia del correcto pertrechamiento de las expediciones y de la adecuada misión que en materia nutritiva cumplía el cerdo, la Corona procuró introducir ciertas claúsulas en las capitulaciones de conquista por las que obligaba a los capitanes a trasladar un determinado número de marranas y de hembras reproductoras de otras especies a las tierras de previsible ocupación. Las cantidades variaban de una docena a más de quinientas cabezas, dependiendo de la distancia a los focos de poblamiento más cercanos y de las previsibles necesidades, tal y como se observa en las capitulaciones de las principales huestes que se constituyeron en este período: En todos estos acuerdos, la Corona no dudó en incentivar la crianza, sabedora de que el progreso de ésta garantizaba el poblamiento, la disminución de los costes mineros y el incremento de los ingresos de la Real Hacienda vía diezmo y quinto del oro o plata. Se entiende así que en algunas capitulaciones para el poblamiento de las tierras más marginales se incluyeran una o varias claúsulas que garantizaban la exención de tributos por cierto número de años al primero que criase una determinada cantidad de lechones. 51 En las regiones conquistadas durante la primera mitad del siglo XVI la situación de la producción porcina a lo largo de la segunda mitad de la centuria fue muy variable. Por lo general, el cerdo se consumió en mayores cantidades en el Perú y Tierra Firme que en Nueva España y Guatemala, lo cual no impedía que se produjeran en el México colonial jamones y tocinos tan famosos como los de Toluca -en el valle de Matalcingo-o en Guatemala chacinas tan excelentes como las de la región comprendida entre la Sierra de los Cuchumatanes y Totonicapa -comarca que confina con Chiapas-, donde cebaban a los cerdos con manzanas y sus carnes tenían un especial sabor. 52 En Venezuela la mayor parte de las encomiendas tenían grandes cantidades de marranos, destacando en el último tercio del siglo XVI las crianzas de Burburata y Coro, si bien los cerdos pululaban por la mayor parte de las tierras existentes entre Coro y Maracapana. 53 Las piaras eran numerosas en la meseta de Bogotá, así como en Popayán y otras poblaciones del sur del Nuevo Reino y norte del virreinato del Perú, como Guayaquil y Quito. En los términos de esta última población, pese a que se limitó el número de cabezas que podía tener cada vecino, hacia 1580 se censaban más de 12.000 ejemplares. 54 Atendiendo a la producción, en Perú destacaban los valles costeros comprendidos entre Piura y Trujillo, donde algunos españoles tuvieron durante toda la segunda mitad de la centuria un buen negocio con las expor-taciones porcinas que hacían a la ciudad de los Reyes. 55 Desde un punto de vista cuantitativo, en el virreinato destacaba Saña, criándose anualmente a finales de siglo en sus montes de guarangos más de 100.000 marranos, cantidad exportada a Lima y otras ciudades costeras, así como a Potosí y los restantes focos mineros, dada la gran demanda de sebo, chacinas y jabón. Cada puerco proporcionaba unos mínimos de sebo que oscilaban entre 5,7 kilogramos y 7,6 kilogramos, lo cual era una gran riqueza para Saña, dado que este producto era la principal materia prima empleada en la fabricación de las velas que alumbraban casas, iglesias y minas. 56 En Chucuito (Collao) y Cochabamba la producción estaba enteramente orientada hacia Potosí, siendo los principales proveedores de tocinos y sebos del cerro. Aunque, dada la atracción que ejercía la riqueza de las minas, la mayor parte de los estancieros de Charcas producían marranos para este mercado. Por el contrario, desde una perspectiva cualitativa, atendiendo a la calidad de sus producciones, las regiones más famosas del virreinato fueron Jauja, Cuzco y el valle de Tarija, en Charcas. Los cerdos podían ser vendidos en pie, es decir vivos, pero lo habitual fue que productores y obligados los sacrificaran para comercializarlos por partes, elaborando distintos productos con un mínimo de transformación. El tocino -acúmulo graso que se deposita en la sección subcutánea de la piel del cerdo-era sometido en el siglo XVI a un proceso de salazón para ser destinado a la alimentación, técnica que no ha variado en la actualidad. Separado en hojas de distintas porciones, que recibían el nombre de la región anatómica correspondiente (tocino de lomo, de espinazo, de papadas, etc.), se mantenía en sal durante ocho o diez días, conservándose aislado de la luz y de los insectos. Ignoramos qué proporción tenía este producto en la alimentación de la población residente en las Antillas, pero sabemos que la carne y el tocino de cerdo eran de ingestión diaria, ya fuesen adobados, ahumados o en salazón. 58 El consumo era habitual incluso a lo largo de la Cuaresma y otros días de abstinencia cárnica. 59 Durante las dos primeras décadas de poblamiento los colonos de las cuatro grandes islas se nutrieron predominantemente con grasas porcinas, aunque también se consumían algunas gallinas y, desde finales de la primera década del siglo XVI, carneros y terneras. En las fundaciones caribeñas, dada la constante humedad y los calores agobiantes del trópico, las calorías del tocino y otros productos porcinos eran asimiladas más facilmente por los trabajadores, casi todos esclavos, que por la población más ociosa, que sufría con frecuencia los efectos de la gota. Con el transcurso del tiempo, hubo diferencias notables en el consumo de carnes entre unas y otras Antillas. En Santo Domingo es indiscutible que, ya en la década de 1520, la mayor parte de la carne ingerida era de ternera. Parece innegable que el cerdo perdió bastante mercado y esto es más evidente a medida que nos acercamos a la década de 1530. En las restantes islas este fenómeno se retrasó un decenio e, incluso, en Cuba, si damos la razón a Leví Marrero, no apareció. Durante los años de 1520-1530 la población cubana prefirió el cerdo, porque era más abundante y barato que el vacuno, se conservaba mejor y su grasa podía reemplazar al aceite europeo. 60 De cualquier forma, una cosa es clara: si exceptuamos el azúcar y sus derivados, el tocino, junto a los tasajos de cerdo y ternera, fue el producto alimenticio más importante en el comercio exterior antillano. Esta preponderancia en la dieta se debía a que, además de nutrirse con él la población autóctona, constituyó el elemento básico de la alimentación de las huestes y de aquellos que retornaban a España en las flotas. En Pánuco, Nueva España y Guatemala la carne y el tocino de cerdo fueron consumidos mayoritariamente hasta principios de la década de 1530, momentos en los que decayó la producción por el abaratamiento de los precios que siguió al aumento de la oferta y a la diversificaciòn de la demanda. Entre los vecinos, además de las habituales compras en las carnicerías, fue costumbre que aquellos que tenían piaras de puercos, los encomenderos, matasen uno cada cierto tiempo. Esta era la llamada "matanza", practicada a la usanza española, empleándose la invitación -entre los más allegados-para participar en la fiesta y festín cárnico, así como el regalo de algunas partes del animal a modo de presente. 61 Estos sacrificios eran muy frecuentes, porque con cien o doscientos kilogramos de carne salada en casa una familia podía alimentarse durante meses. En relación con la elaboración de chacinas, en las Antillas contamos con un único dato, aunque en fecha muy temprana, en la década de 1510. 62 En México se vendían durante el decenio de 1540 una importante cantidad de morcillas y longanizas. Con todo, el mayor desarrollo del arte de la chacinería colonial, generalizado luego en España con la gran variedad de embutidos adobados con pimentón, se produjo en el alto, seco y frío altiplano peruano, cercano a los valles costeros donde era cultivado el ají. 63 Las primeras referencias de ventas de longanizas en Perú las hemos encontrado en la Lima de 1549, pero a finales del siglo este tipo de conserva estaba muy extendida, tal y como corrobora el padre Cobo, quien manifiesta que una vez sacada toda la manteca del cerdo, con el magro y perniles se hacían chorizos, morcillas y otros adobos. 64 Además de la salazón y el embutido, existía también otro método de conservación, asando la carne en barbacoas, aunque este procedimiento sólo mantenía el alimento en buenas condiciones durante un corto número de días. 65 Los indios también conocían el ahumado, siendo practicado en las Antillas por los tainos cuando se familiarizaron con los cerdos. 66 La manteca del cerdo, grasa extraida de determinados depósitos adiposos, tenía varias categorías según su origen: la de pella, porción que cubre el riñón, es la de mayor calidad; le sigue la "tela de la barriga" o epiplón, extenso pliegue adherido al estómago y otras vísceras; por último, el "entresijo", trozo mesenterio depositado en los alrededores del intestino. 67 Por el alto coste del aceite, tocinos y mantecas eran derretidos en América para utilizarse en el cocinado de alimentos y fabricación de jabón. La manteca se preparaba recurriendo a la fusión mediante calor, colándose (para separar los chicharrones) y envasándose en recipientes conforme iba fundiéndose. 68 Esta grasa tenía múltiples usos, siendo muy apreciada para la elaboración de dulces y postres como tortas de chicharrones, mantecados y hojaldres. 69 En la sierra peruana la utilizaban para curar una sarna llamada "caracha", muy frecuente entre las llamas, untándola sobre la herida espolvoreada con azufre. 70 En el México de la década de 1520 la manteca era tan importante o más que la carne, teniendo una mayor demanda, tal y como evidencia la evoluciòn que siguió su precio, lo cual se entiende teniendo en cuenta la notable necesidad que por entonces había de aceites para cocinar o fabricar jabón y el uso sustitutivo que tenía dicha grasa. 71 Su valor fue reduciéndose poco a poco, pero en menor porcentaje que la carne, aunque con muchas más alteraciones. Los Cabildos reglamentaron los precios de aquellas porciones que se vendían derretidas y al natural, prohibiéndose su fundición ya en fechas tempranas para impedir que se mezclara con adiposidades de inferior calidad en detrimento de los consumidores. 72 El gasto y valor de tan importante producto dependió en buena medida de las disponibilidades de cerdos. En el México de 1544 tenía que proveerse que no valiera más que la carne, pues existía una mayor demanda. 73 En Lima, a principios de la segunda mitad del siglo, la situación era muy semejante, regulándose el precio de la manteca -"de empella sin mystura de otra grosura ni unto"-también a cuantías superiores que las de la propia carne. 74 Otro de los productos del puerco era el llamado "unto". El consumo de este tipo de grasa era muy general entre la población novohispana, tanto que el regimiento de México reglamentó su venta, para que no fuera expendida a ojo ni en recipientes, pues los carniceros echaban en la parte baja de éstos las grasas mal derretidas. El precio, hasta 1530, superó con mucho al de la carne, vendiéndose -sin manipular-a más del doble, mientras que el fundido valía casi el triple. Para defender la calidad, el Ayuntamiento especificó que se expusiera en escarpias y recogiera en recipientes conforme iba desprendiéndose de la carne o tocinos. 75 El sebo, grasa de menor calificación, era usado para carenar los barcos y otras necesidades navales, así como para curar el cuero curtido. 76 En Guatemala lo empleaban para zurrar todo tipo de pieles y cordobanes e, incluso, existía el oficio de zurrador o curtidor. Sin embargo, el consumo mayoritario de esta adiposidad estaba en la fabricación de velas para la iluminación de iglesias, casas y minas. La importancia de este artículo, indispensable para la vida civil y económica, se desprende de las frecuentes ordenanzas redactadas por los Cabildos americanos, preocupados todos ellos por reglamentar la producción y distribución del único combustible de origen animal que, ante la escasez y elevado valor del aceite, garantizaba una iluminación cómoda y barata.
Este trabajo ha sido realizado a partir de documentación inédita del Archivo General de Indias. Se centra en el estudio de los enfrentamientos que se produjeron entre el gobierno de Filipinas y las órdenes religiosas, durante el mandato de don Pedro Manuel de Arandía (1754-1759). Estos choques, que hunden sus raíces en las primeras medidas reformistas del gobernador, giraron en torno al Real Patronato y alcanzaron su máxima intensidad con la publicación de las Ordenanzas de Buen Gobierno de 1758, cuyo contenido y repercusiones son también analizados. El gobierno de don Pedro Manuel de Arandía y Santisteban en Filipinas se extendió desde el 19 de julio de 1754, momento de su toma de posesión, hasta su muerte acaecida el 1 de junio de 1759. 1 Se inscribe, pues, entre el problemático mandato de don Francisco José de Ovando y el gobierno interino de monseñor Miguel Lino de Ezpeleta, obispo electo de Cebú. 2 Considerado por Montero y Vidal "uno de los más ilustres de las islas, por su celo en pro del buen servicio, por sus excelentes condiciones de mando y espíritu útilmente innovador", Arandía mantuvo, sin embargo, unas relaciones extraordinariamente tensas con las órdenes religiosas, que culminaron en 1758 con la redacción de sus Ordenanzas de Buen Gobierno. 3 1 Era natural de Ceuta, aunque oriundo de Vizcaya. En el momento de ser designado para el gobierno de Filipinas era mariscal de campo, caballero de Calatrava, gentil-hombre de cámara del rey, capitán de las reales guardias españolas y mariscal de campo de los ejércitos reales. Se había distinguido en las guerras de Italia, y al recibir su nombramiento desempeñaba el gobierno de Almagro. Según este autor, la muerte sobrevino al gobernador la noche del 31 de mayo de 1759. V. La interinidad del obispo Ezpeleta, "el primer filipino que recibe en sus manos el poder supremo de las islas", fue breve, siendo sustituido por el nuevo arzobispo de Manila, el recién llegado Antonio Manuel Rojo. 3 Montero y Vidal, J.: Historia de Filipinas, pág. 548. Este trabajo está dedicado al estudio de los enfrentamientos entre la máxima autoridad civil de las islas y las órdenes religiosas, a partir de la publicación de las citadas Ordenanzas, a las que consideraron atentatorias contra la dignidad de las religiones y sumamente perjudiciales para las islas. Los orígenes del conflicto Las desavenencias entre el nuevo gobernador y los regulares no parece que se iniciaran de modo inmediato tras la toma de posesión de Arandía, aunque algunas fuentes señalan la existencia de controversias surgidas entre éste y el arzobispo, don Pedro de la Santísima Trinidad, franciscano, por razones de etiqueta. 5 Sin embargo, a decir de los religiosos, la animosidad del nuevo gobernador se manifestó desde los inicios de su gobierno. Así lo denuncia el definitorio de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús, en un extenso informe remitido al rey: "Desde que llegó a estas islas vuestro gobernador mostró un ánimo muy opuesto al estado eclesiástico, y especialmente al regular. Sus conversaciones eran contra los religiosos, con tanto escándalo algunas veces que se le ha oído decir no creía en San Francisco, sólo porque había sido fraile. Varias veces se le ha oído que la gloria de haber desterrado a los religiosos de su palacio ninguno se la quitaría". 6 Las relaciones entre Arandía y el clero regular se fueron envenenando a partir de la decisión del gobernador de hacer demoler conventos e iglesias construidas dentro del tiro de cañón de la plaza de Manila y que, por lo tanto, podían ser empleadas por los enemigos en caso de ataque a la ciudad. La resistencia de los religiosos frustró en gran medida la resolución del gobernador, y fue el punto de partida de las duras quejas que éste remitió a la Corte. 7 MARTA MARÍA MANCHADO LÓPEZ 2 4 La base del presente estudio es el extenso memorial remitido por el definitorio de la orden de San Agustín al rey con fecha de 4 de julio de 1758. También el informe sobre el estado de las islas Filipinas enviado al rey por el vicario provincial de los franciscanos, fray Antonio Tadeo Morales. Ambos documentos se encuentran en el Archivo General de Indias, Filipinas, 1041. 5 Buzeta, M y Bravo, F.: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de las islas Filipinas, Madrid, 1851, T. II, pág. 278. Memorial del definitorio de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús al rey, Tondo, 4 de julio de 1758. En realidad, esta decisión respondía a su programa de reformas en materia militar, orientado a conseguir un ejército más disciplinado, mejor remunerado y más eficaz ante las incursiones de los moros, que en estos años fueron muy frecuentes (especialmente intensas fueron las sufridas en las Visayas). La osadía de estos les había llevado a multiplicar sus ataques, e incluso a amenazar a la capital al asaltar el pueblo de Mariveles, muy próximo a Manila. Esta política obedecía al contenido de las instrucciones reservadas que le habían sido entregadas antes de hacerse cargo de la gobernación de las islas. En ellas se insistía en que debía proteger a la población, hacer justicia y promover el progreso del país. Años más tarde, le serían remitidas dos órdenes reales fechadas el 1 de noviembre de 1758 y 26 de diciembre del mismo año, en que se le estimulaba a combatir a los piratas. Para ello y para defender la capital, debía hacer uso de la valiosa experiencia de los misioneros de las islas, "separándose de vanas empresas y nuevas conquistas", y poner empeño en acopiar el armamento necesario y construir las fortificaciones precisas.8 Los enfrentamientos con los regulares y el Real Patronato El resquemor de Arandía hacia los regulares, fomentado por las persistentes denuncias que éstos hacían de los excesos de los alcaldes mayores sobre los indios, dio lugar a un episodio que escandalizó a las islas. Fue la huida de tres religiosos agustinos calzados de su convento, después de haber sido penitenciados por sus prelados debido a su mal comportamiento. Refugiados en el convento de San Francisco, recurrieron al gobernador, quien desde el principio tomó su partido, y aún contra el parecer del fiscal, se negó a entregarlos a su provincial. Avisados los huidos de las persistentes demandas de sus superiores, tuvieron tiempo suficiente para salir clandestinamente del convento franciscano y abandonar Manila, no sin antes presentarse al provisor del Arzobispado para que excomulgara al padre provincial y al guardián de RELACIONES AUTORIDADES CIVILES Y RELIGIOSAS EN FILIPINAS 3 San Francisco, así como al provincial de agustinos calzados, por haber intentado sacarlos de sagrado: "y después de varios pasos y paseos, cargados de armas y acompañados de gente armada" encontraron refugio en el pueblo de Calumpiz, administrado por el hermano de uno de ellos. 9 Finalmente, el 3 de septiembre se logró que el gobernador transigiera con entregarlos a sus prelados en Manila, no sin antes recomendarles, por medio del oidor Francisco de Villacorta, que se les redujese la penitencia a que se habían hecho acreedores. No paró aquí el asunto, ya que el gobernador los recibió en ocasiones en su palacio, aconsejándoles que clamaran por el patrocinio del Real Patronato. De esta forma, el 8 de octubre, cuando ya habían sido absueltos de la excomunión en que habían incurrido y parecía que las aguas habían vuelto a su cauce, el gobernador envió un ruego y encargo al provincial preguntándole, en virtud del Real Patronato, por las razones de haber privado del ministerio que servía a uno de los fugados, y por el traslado del párroco de Calumpiz. En el primero de los casos, la razón habían sido los excesos y escándalos del religioso. En el caso de fray Alonso de Salazar, se le había ordenado salir de su pueblo en el mes de agosto, para evitar el que se volviera a refugiar allí su hermano; "pues decía vuestro gobernador que si no se les perdonaba todo, los volvería al lugar de donde los había sacado, por estar empeñada la palabra real". 10 Que el conflicto no había quedado zanjado lo acredita el hecho de que se le impidió al provincial agustino enviar a la isla de Panay a dos religiosos, y con ellos a un hermano lego que había apoyado a los huidos. Incluso la petición formal del procurador general de la provincia fue desestimada, y se puso guardia con el fin de evitar la salida de religiosos agustinos de Manila. El episodio escandaloso protagonizado por los agustinos huidos fue el pretexto de que se sirvió Arandía para plantear un problema extraordinariamente complejo, y así comprometer a los superiores regulares que habían tenido el valor de no someterse a su capricho. Hasta tres pliegos de ruego y encargo remitió el gobernador al provincial, cada uno más apremiante que el anterior, obteniendo siempre la misma respuesta, compartida por el definitorio de la orden en pleno: que la cláusula del Real Patronato a que aludía el gobernador no estaba en vigor en cuanto a los regulares de las islas, y que el rey lo sabía y lo aprobaba. De nada sirvieron las órdenes conminatorias del gobernador, que llegó a amenazar al provincial con las temporalidades y la expulsión, y tampoco las razones que éste adujo para justificar la actitud de su orden. El asunto pasó a vista del fiscal, quien convino en el extrañamiento del prelado, siempre que se estudiara previamente el tema en el Real Acuerdo. Reunido éste el 12 de diciembre de 1757, se determinó que no había causa para el destierro del provincial de agustinos, y que debía entenderse que el Real Patronato atañía a todas las órdenes de las islas, no a una sola. La última maniobra del gobernador fue presentar el mismo día 12 a la Audiencia un escrito en nombre de los tres religiosos fugados que acudían al tribunal por vía de fuerza, y cuya redacción fue obra de don Santiago Orendaín, asesor y valido de Arandía. El documento, pese a no contar con la firma del abogado, fue admitido, pero se desestimó la petición. 12 Pocos días después, el 18 de enero, se reprodujo el escándalo de la huida de los religiosos del convento de Manila, escalando las tapias con ayuda exterior. Según denuncia el definitorio, la participación o al menos la anuencia del gobernador en este rocambolesco episodio es clara, ya que la fuga se produjo aprovechando el ruido formado por la música que tocaban gentes del campo en las inmediaciones del convento, "para hacer las espaldas a los religiosos". No solamente había entre el gentío criados del gobernador, sino que el episodio se desarrolló a vista de los soldados de la puerta de Santa Lucía. Una vez fuera del convento, los dos religiosos que consiguieron su propósito fueron recibidos por Arandía, quien les obsequió con un refrigerio. El 4 de marzo, consiguió huir por el mismo procedimiento el tercero de los religiosos, a quien se condujo a un convento de los recoletos extramuros de Manila, junto a sus compañeros. Allí permanecieron, sin que el RELACIONES AUTORIDADES CIVILES Y RELIGIOSAS EN FILIPINAS 5 12 Don Santiago de Orendaín era el asesor y auténtico valido del gobernador Arandía. Había sido alcalde mayor, y se le había acusado de haber vendido por su cuenta los animales de labor de los indios. Molina señala que era persona de vida escandalosa y que la estrecha amistad que mantenía con el gobernador le granjeó a éste la animadversión popular. Molina, A.: Historia de Filipinas, cap. V. Por su parte, Martínez de Zúñiga atribuye las pésimas relaciones de Arandía con los religiosos a Orendaín, enemigo declarado de los eclesiásticos. Montero y Vidal, J.: Historia de Filipinas, pág. 546. provincial de recoletos se atreviera, por temor al gobernador, a entregarlos al superior de agustinos calzados, y eso a pesar de estar públicamente excomulgados. Los excesos del gobernador y el escándalo público mortificaban al definitorio de la orden, pero más aún el hecho de no poderse defender, habida cuenta del terror que inspiraba el gobernador y que impedía remitir a la corte los testimonios que debían preparar sobre todo el asunto: "Vuestro gobernador envía a V.M. varios testimonios contra lo que dice el provincial, pero también podrá este enviarlos a favor de lo que informa a V.M. en saliendo vuestro gobernador de aquí, porque ahora ninguno testificar por el mucho miedo que le tienen. Ni los escribanos reales se atreven a autorizar cosa alguna de estas por haberles mandado vuestro gobernador que no autoricen cosa alguna testimoniada por notario eclesiástico". 13 Mientras tanto, el gobernador, que continuaba protegiendo a los fugados, reunía testimonios falsos sobre los regulares, y se aplicaba a la labor de animar a los elementos más díscolos de las órdenes a colocarse bajo su protección, tomando como excusa el Real Patronato. El estado de las islas durante el mandato de Arandía. El 18 de julio de 1758, fray Antonio Tadeo Morales, vicario provincial de la provincia de San Gregorio, remitía al rey un informe sobre la situación de las islas y de sus naturales. Por entonces las famosas Ordenanzas de Arandía se habían puesto en ejecución, y el resultado no podía ser más desalentador, a decir del franciscano, quien retrotrae la lamentable situación de las islas al momento mismo en que el gobernador inició su mandato. "Paso a informar a V.M. el miserable estado de estas islas en lo espiritual y corporal, y la mutación tan lamentable que en estos cuatro años que lleva de gobierno de ellas este vuestro gobernador han tenido, que ni aun sombra de lo que eran parecen". Informe del vicario provincial de la provincia de San Gregorio, fray Antonio Tadeo Morales, al rey, convento de San Francisco de Manila, 18 de julio de 1758. La causa de los males que amenazaban arruinar totalmente las islas era el desprecio con que se trataba a las órdenes religiosas, la protección descarada a los alcaldes mayores por parte del gobernador, lo que les había hecho envalentonarse, y la consiguiente explotación y vejación de los naturales, hundidos cada vez más en la miseria y los vicios. Por lo que respecta a los regulares, éstos se quejan amargamente de que el gobernador se esforzaba por aislarlos del clero secular, reprendiendo a aquellos clérigos que habían sido sorprendidos, por medio de espías, visitando a regulares en sus conventos, lo que no podían hacer sin mediar una razón que pareciera suficiente al gobernador. Quizás se encuentre relacionado con esto la extraña actitud de Arandía ante los proyectos del obispo de Nueva Cáceres, a quien impidió realizar la visita pastoral de su diócesis. Efectivamente, no pudiendo realizar la inspección pastoral personalmente y careciendo de un clérigo secular competente, delegó en un recoleto, por ser esta la orden que tenía en la provincia de Albay, donde se concentraban la mayor parte de los seculares del obispado, algunos ministerios. Llegado el obispo a Manila, expuso al gobernador su gran preocupación por la falta de clero secular en su diócesis, problema que intentaba paliar confiando la cura de almas a los recoletos, y por otras cuestiones que angustiaban su espíritu. A nada pareció prestar atención Arandía, quien sin embargo no olvidó decirle tomándole la mano y "como en confianza", que lo relativo a la visita del recoleto lo dejara porque no quería que "le alegaran ejemplar". 15 Desconsolado y confundido al ver suspendida la visita proyectada, sin entender las vagas razones que aducía el gobernador, el obispo tuvo que regresar a su diócesis, no sin antes intentar una vez más la rectificación de Arandía, a través de una carta que le remitió a mitad de camino, por mano del recoleto a quien había confiado la visita: "Y me recelo que acaso no se la habrá entregado, porque todos huyen lo que pueden de ir a tener conferencias con el dicho por la viveza y prontitud con que a todos los convence con sola la razón de su real y respetable autoridad". 16 La publicación de las Ordenanzas de Buen Gobierno de 1758 dejó bien patente las pésimas relaciones entre las órdenes y el gobernador, y la voluntad de éste de humillarlas públicamente. No se trataba, como afirman los regulares, únicamente de la afrenta que el gobernador les infería. Su preocupación iba más lejos al comprobar cómo la situación de los naturales se degradaba, y con ello se destruía el trabajo que los religiosos tan pacientemente habían realizado. Los puntos en que se centran las críticas de los regulares son las cláusulas relativas a los alcaldes mayores, a sus facultades y obligaciones (séptima, novena, decimonovena y vigésima), a los derechos de los indios (decimonovena y vigésima), y a los ministros doctrineros (décima y decimonovena). En cuanto a los alcaldes mayores, era evidente la estrecha relación que mantenían con el gobernador, a quien procuraban agradar en todo. Deseosos de enriquecerse a costa de los indios, de su codicia nacía su aversión a los regulares, quienes tradicionalmente defendían a los naturales de la avaricia de aquéllos. 17 Según denuncia el definitorio de la provincia del Santísimo Nombre de Jesús, el gobernador, consciente de que mientras los indios contemplaran con respeto y cariño a sus protectores, nada se podía hacer para satisfacer las apetencias de los alcaldes, ordenó la realización de pesquisas secretas sobre los religiosos. De ellas resultaron algunas faltas verdaderas, que los superiores podían haber reparado discretamente, y otras muchas inventadas, pero convenientemente apoyadas en testimonios falsos: "pues a una insinuación de vuestro gobernador no faltan escribanos, ni testigos para todo, y es muy ordinario ahora, luego que vuestro gobernador oye alguna falta contra algún religioso, pedir luego testimonio, y para más explicar su odio, ha mandado sacar de los archivos cuantas faltas cometieron los religiosos desde la conquista". 18 En virtud de las Ordenanzas, los alcaldes mayores monopolizaban el comercio en las provincias, lo que había provocado el aumento considera-MARTA MARÍA MANCHADO LÓPEZ 8 17 Las islas comprendían en esta época 17 alcaldías mayores, cuyos titulares actuaban como gobernadores y jueces de primera instancia en casos de cuantía inferior a 200 pesos, y como jueces de apelación en los casos juzgados por los gobernadorcillos con facultades de jueces en primer grado. Díaz-Trechuelo, M. L.: "Las Filipinas en su aislamiento, bajo el continuo acoso". Para el padre Castro, el alcalde mayor es "una bestia feroz". En la pág. 394 afirma: "por la mayor parte son malos y peores que ladrones, dice el Sr. Solórzano en su Política Indiana, tomo segundo". El definitorio de la provincia del Santísimo Nombre de Jesús al rey, Tondo, 4 de julio de 1758. ble de los precios e incluso escasez en la propia capital. A esto se sumaba la imposición de una nueva alcabala, que había reducido el número de champanes que, procedentes de las provincias, se dirigían a la capital cargados de abastos. También pesaban las injusticias que padecían los indios por parte de quienes estaban encargados de su cobro, y el cansancio ante el abuso que suponía que se les confiscaran sus champanes cuando el gobierno lo necesitaba, y el que se los devolvieran dañados o destrozados. 19 Ante esta situación, la provincia del Santísimo Nombre de Jesús denunció al alcalde mayor de la Provincia de la Pampanga, que había estancado la carne, el pan y las candelas, y prohibía la salida de dichos géneros para acapararlos todos. Los religiosos intentaron convencerle de los perjuicios que ocasionaba su actitud, pero éste comunicó las quejas de los agustinos al gobernador, quien le recomendó que las desoyera. Tres años después, Arandía no había tomado providencia alguna para poner fin a los abusos del alcalde mayor. En opinión del definitorio, la denuncia de los agustinos fastidió tanto al gobernador que no cejó en su empeño de buscar el modo de atacarles, encontrándolo en el episodio escandaloso de los tres fugados del convento, referido anteriormente. Los alcaldes mayores se habían hecho cargo también de las escuelas (decimoséptima y vigésima cláusulas), lo que era entendido por los religiosos como un paso firme hacia su destrucción, puesto que poco empeño habrían de poner en forzar a sus paisanos a enviar a los niños a estudiar, si los padres preferían mandarlos a trabajar a las sementeras. Por supuesto, también se ponía fin a los trabajos que realizaban los niños en los conventos cuando era necesaria alguna reparación, para lo que se les eximía ocasionalmente, según las Ordenanzas, de la obligación de acudir a la escuela. Hasta entonces los religiosos siempre habían cuidado de la asistencia de los niños a las clases y supervisado la tarea del maestro. Ahora se temía que la indolencia de los padres y la natural renuencia de los niños acabaran con las escuelas que tanto trabajo había costado poner en funcionamiento. Otro problema venía a añadirse a este: el empeño del gobernador de llevar a su estricto cumplimiento las disposiciones reales sobre la enseñanza del castellano en las islas. De esta forma, había ordenado que los niños RELACIONES AUTORIDADES CIVILES Y RELIGIOSAS EN FILIPINAS 9 19 Champán: "embarcación sínica del tamaño de un patache español, pero inferior al junco de los mismos chinos". W. E. Retana, edición del Estadismo de las islas Filipinas, de J. Martínez de Zúñiga, T.II, Madrid, 1893, pág. 513. lo aprendieran en la escuela y, para garantizar que así se hiciera, había prohibido la impresión de libros en las lenguas del archipiélago. Pero los maestros, fuera de los de Manila, tampoco conocían en su inmensa mayoría el castellano, y se les amenazaba desde las Ordenanzas con castigos, si no enseñaban en esta lengua. Con todo esto era fácil deducir que no se encontraría quien quisiera desempeñar ese cargo, y de haberlo, su trabajo sería totalmente estéril. El castellano no se difundiría, entre otras razones, por el corto número de españoles que habitaban las islas, y que estaban concentrados en su mayoría en Manila. La reflexión de los religiosos resulta en este punto extraordinariamente clarividente: "Dado que se halle maestro, están los niños cuatro o cinco años en la escuela, donde oyen cuatro palabras en castellano; salen de allí y no hablan sino en su lengua. Al cabo de los cuatro años sabrán el rezo en castellano como papagayos, sin entender lo que rezan, y no lo sabrán en lengua que es lo que entenderían, y así de ningún modo lo sabrán". 20 La novena cláusula de las Ordenanzas encomienda a los alcaldes mayores el velar para que no les falten a los indios animales para el trabajo de sus tierras; sin embargo, se había extendido la práctica de quitarles los que tenían para emplearlos en el arrastre de las maderas, lo que hacía que las tierras quedaran incultas. A esto se sumaban los inconvenientes derivados de las novedades introducidas en los cortes de madera que anualmente realizaban los indios para el rey. Con anterioridad a las disposiciones de Arandía, los cortes cesaban los meses precisos para atender al trabajo de sus campos y, además, si algún indio no podía acudir cuando le tocaba, enviaba a otro en su lugar. Ahora, los cortes se prolongaban llegando incluso a durar hasta quince meses; por otra parte, el indio que no acudía cuando le correspondía, por no poder o por el temor de ser maltratado, debía pagar cinco pesos que se emplearían en el salario del sustituto. Esto suponía que los indios trabajaban y también pagaban y, puesto que no era fácil encontrar quien sustituyera a los que no iban, todo el dinero desaparecía sin que se supiera su destino, aunque se suponía que era el bolsillo del cabo encargado de la supervisión, o el de otra persona. Sobre el problema del castellano en Filipinas, véase el trabajo de Merino, M.: "Los misioneros y el castellano en Filipinas". También Manchado López, M. M.a: "Notas para el estudio de la difusión del castellano en Filipinas. La situación de la provincia de la Pampanga en la segunda mitad del siglo XVIII". Estos, además, tenían de hecho el monopolio del establecimiento de tiendas en las cercanías de los cortes, en las que vendían los productos al precio que querían. De esta forma, sin estar sujetos a ningún control, se enriquecían al tiempo que los indios dejaban allí sus sueldos y, empobrecidos y mal nutridos, llegaban incluso a morir "en el monte o en el pueblo, si el Padre no los socorre cuando enfermos llegan". 21 Era también práctica asentada durante anteriores gobiernos que algunos religiosos acudieran como capellanes a los cortes. Así controlaban el trato que recibían los indios y el comportamiento de los cabos, denunciando sus excesos en caso de producirse. Sin embargo, Arandía, probablemente movido por el poco aprecio que sentía hacia los regulares, había resuelto que los capellanes de los cortes fueran clérigos. Estos, por su temperamento más pusilánime, no daban parte de cosa alguna. Por otro lado, tradicionalmente se venía pagando a los indios en los cortes mensualmente, pero ahora los pagos se demoraban meses, como había sucedido en la Laguna de Bay, donde habían transcurrido hasta seis meses sin que se les pagaran los correspondientes salarios. A todo esto se sumaba otra novedad en perjuicio de los indios: hasta entonces se les había permitido cortar libremente madera de los montes de sus pueblos para construir sus casas y para otros menesteres. Desde el gobierno de Arandía eso les estaba prohibido sin obtener antes la necesaria licencia, para lo que tenían que desplazarse a Manila. Consecuencia de esta nueva disposición era que, para ahorrarse los gastos de los desplazamientos, de la licencia, y las molestias, no tenían más remedio que vivir en condiciones deplorables: "se están viviendo muchos en una casilla. Por ser muy pequeñas, y ellos de poca vergüenza, ser muy contra la cristiana y racional modestia, y no podrán los ministros de doctrina obligarles a que cada familia tenga casa aparte, como hasta ahora les han obligado, porque como son unos pobres dirán y dicen que no tienen para tantos gastos." 22 A todo esto se sumaban otras prácticas introducidas durante el gobierno de Arandía que empeoraban la situación de los indios. Así, por ejemplo, si antes los naturales de la provincia de Tondo eran encargados de conducir RELACIONES AUTORIDADES CIVILES Y RELIGIOSAS EN FILIPINAS 11 21 Véase nota 18. El vicario provincial de la provincia de San Gregorio, fray Antonio Tadeo Morales, al rey, Manila, 18 de julio de 1758. las balsas que debían transportar las maderas de los cortes, por ser estos menores allí, ahora también los de las provincias de Bulacán y la Pampanga debían hacerlo igualmente, a pesar de cargar con la mayor parte de los cortes. Habiendo reclamado un religioso que les pagasen por ello un salario, no se le hizo caso, alegando que los indios estaban obligados a ese servicio. También era muy frecuente pedir indios para el servicio del rey en diferentes menesteres y, una vez presentados los convocados, conmutarles el trabajo que debían hacer por un pago en metálico que esquilmaba a los indios y sobre cuyo paradero nada se había averiguado. Esto había sucedido en la provincia de Tondo cuando el gobernador determinó que debían cortarse los nipales y algunos otros árboles. Quince indios de los cuarenta convocados en uno de los pueblos llegaron con un pequeño retraso, cuando se acababa de leer la lista, pero no fueron admitidos, forzándoseles a entregar tres pesos a cambio. Lo mismo se repitió en otras localidades de la provincia. Todo esto hacía que, como aseguraba el vicario provincial de San Gregorio, "nunca se han visto los indios más gravados y molestados que en estos tiempos", lo que había empujado a algunos de ellos a apostatar y a unirse a las partidas de moros que amenazaban la seguridad de las islas. 23 Un problema especialmente grave por sus nefastas consecuencias era la libertad de juego. Establecido bajo la excusa de socorrer la renta real, los religiosos denuncian que era un porcentaje muy bajo el que se destinaba a ello. El resto se repartía entre los beneficiados del gobernador. Arandía había publicado por bando que sólo se autorizaban los juegos lícitos, y que los ministros de doctrina velarían por que así fuera. Sin embargo, cuando llegaron las primeras denuncias del prior de Tambobón, de la provincia de Tondo, no se le tomó en consideración, antes bien, se le procuró hacer la vida imposible, retirándole el servicio del convento. En realidad siempre había habido juegos de gallos en los días festivos, y otros que se realizaban clandestinamente. Ahora, con el bando del gobernador, habían proliferado en todas las provincias, dedicándose los indios (incluso mujeres y niños) a los dados, naipes, gallos... de día y de noche, "por lo que estos naturales, de suyo inclinados a los juegos, están tan embebidos en ellos que ni se acuerdan de Dios, ni de sus almas". 24 Por supues-to, tampoco de su sustento, ya que había auténticas bandas de coimes que recorrían los pueblos esquilmando a los naturales que, hundidos en el vicio y la pobreza, incluso iban desnudos. En cuanto a los ministros de doctrina, la decimonovena cláusula de las Ordenanzas les privaba de buena parte de los jóvenes que actuaban como sacristanes y ayudaban en todo lo referente al culto divino. 25 Esta disposición se justificaba, según el gobernador, en la insistencia real para que los indios fueran bien tratados y no sufrieran vejaciones. Sin embargo, los religiosos entendían que no era sólo una ayuda en su trabajo, sino un medio que les permitía conocer a los indios, ya que el servicio como sacristanes se hacía por turnos, al tiempo que favorecía el que éstos se acostumbraran a la vida en comunidad y a acudir a la escuela, lo que se encargaba de controlar el religioso. Además, al carecer las iglesias de rentas para pagar esos servicios, los ministros se encontraban con enormes dificultades para realizar con decencia y eficacia su labor, "de suerte que causa irrisión a los mismos indios ver el culto divino cómo est ahora, respecto de lo que estaba antes": 26 "No hay quien quiera servir a la Iglesia, ni acompañar al Santísimo cuando lo llevan los ministros de doctrina por Viático a los enfermos; y como a estos naturales les entra la fe por los ojos, viendo este poco culto en las iglesias y el Santísimo Viático sin más luz que un farol, van perdiendo o resfriándose en la fe con gravísima destrucción de estas cristiandades". 27 La citada cláusula establecía además que todos los criados de los doctrineros estaban obligados a realizar los mismos polos y servicios que los demás indios. Esto era una discriminación que ofendía profundamente a los religiosos, ya que todos los criados de españoles estaban exentos de dichos servicios en virtud de concesión real. El enojo que esto les producía les lleva a decir que se había llegado al extremo de que en esas tierras ser religioso y ministro de doctrina era "degenerar de españoles". A esto se añadía el problema del salario que debían pagar los religiosos a sus criados. Las Ordenanzas establecían que éste debía ajustarse a la tasa establecida para cada provincia. Esto obligaba a los religiosos a RELACIONES AUTORIDADES CIVILES Y RELIGIOSAS EN FILIPINAS 13 25 A comienzos de siglo se discutió este punto, en tiempos del gobernador don Domingo de Zabalburu, y con consulta del Real Acuerdo se estableció en ocho el número de sacristanes en los pueblos que excedían de quinientos tributarios. pagar a sus sirvientes dos pesos y la comida, por trabajos que a su juicio no eran pesados, sabiendo que en Manila, "donde corre más la plata", los españoles sólo pagaban a sus criados mensualmente con la comida y un peso. La undécima cláusula prohibía cobrar terrazgo por el solar que ocuparan las casas, bajo ningún concepto, amenazando con castigos a quien lo hiciera. El problema radicaba en la gran facilidad con que se construían las casas los indios. Estos, además, solían levantarlas en medio de las sementeras que labraban, con lo que, amparados en las Ordenanzas, se negaban a pagar ni por el solar de la vivienda, ni por las tierras de labor. Esto perjudicaba a las órdenes religiosas que poseían algunas tierras (como en la provincia de Tondo), y máxime cuando se sabía que los terrazgos eran cobrados por otras personas, bajo la especie de que eran para el gobernador, por haberles dado las tierras, o para el justicia mayor. El gobernador justificaba sus disposiciones asegurando que eran el medio para que los indios rompieran los lazos de dependencia de los religiosos, y obedecieran a las autoridades civiles. Esta afirmación contenía en realidad una acusación grave contra las órdenes, ya que presuponía que pretendían suplantar la legítima jurisdicción de las autoridades civiles, aprovechándose de su predicamento sobre los naturales. En este sentido, en la cláusula décima se decía que quienes tuvieran oficios representativos de la jurisdicción real serían informados de que, si eran llamados por el religioso doctrinero para tratar algún asunto, debían exigir previamente por escrito que les fuera expuesto el motivo de la entrevista. Esta disposición ataba las manos de los religiosos que hasta ahora habían sido los abogados y defensores de los indios ante los abusos que sufrían por parte de las autoridades locales. En realidad, desde la publicación de las Ordenanzas, los indios no acudían en demanda de consejo a los padres, y estos se sentían impotentes ante la creciente autoridad que el gobierno concedía a los alcaldes mayores. Pero no era sólo el asunto de las Ordenanzas lo que había creado profundo malestar entre las religiones de las islas. Otras disposiciones habían mostrado bien a las claras la animadversión del gobernador. Así, por ejemplo, el religioso que se embarcaba para las Visayas tenía que solicitar una licencia cuya expedición le costaba dos pesos. Y lo peor de todo era que ésta, como otras disposiciones tomadas por Arandía, no figuraba por escrito, "todo va a lo verbal", con el fin de guardarse las espaldas y evitar que en el futuro se le pudieran echar en cara excesos sancionados con su firma. De momento nadie se atrevía a replicarle en nada, temiendo que su intento le saliera, como sucedía, muy caro. Este había sido el caso del prior de Tondo que, tras manifestar su desacuerdo con el comportamiento del gobernador en el asunto de los religiosos fugados, vio como aquel privó a su convento de una renta que disfrutaba en virtud de dos concesiones del gobierno y dos sentencias concomitantes de la Real Audiencia. Además la privación de dichas rentas se ejecutó sin oír al convento y sin ni siquiera citarle por si tenía algo que alegar. Por otra parte, los religiosos describen al gobernador como una persona tornadiza, pronta a realizar promesas que fácilmente olvidaba, e incluso negaba haber hecho. Sus actos iban en la misma dirección. Así sucedió, por ejemplo, en el caso de los sangleyes, a los que ordenó taxativamente que se concentraran en Manila, por el mal ejemplo que daban a los naturales en los pueblos. 28 Muchos de ellos acudieron al gobierno pidiendo una licencia para permanecer en las provincias, la cual consiguieron, previo pago de doce pesos. Lo mismo sucedió con la prohibición publicada en el mes de febrero de que no se hicieran más cortes de madera, sin previa licencia del gobierno, alegando que convenía así al real servicio. El procurador general de franciscanos la solicitó para la reconstrucción de conventos e iglesias que habían sido arrasados por un temblor de tierra, pero le fue denegada la licencia que, a cambio de plata, se le concedió a un sangley. Este afán de acopiar plata mediante la multiplicación de derechos, trámites y licencias, no tenía a juicio de los religiosos más objeto que el enriquecimiento personal de los beneficiados del gobernador y de su amplia clientela, formada sobre todo, por los alcaldes mayores. El vicario provincial de franciscanos denuncia, en este sentido, el descuido del gobierno en lo relativo a la defensa de las islas y la protección de sus habitantes: "lo que no puede omitir el informante es ver la ninguna providencia que vuestro gobernador da para que se fabriquen galeras y otras embarcaciones para defender a las provincias de estas islas de los repetidos insultos con que cada día las acometen los moros de este archipiélago, lo que con el seguro de que no hay en vuestro puerto de Cavite embarcaciones que salgan a castigar su osadía no cesan de asolar provin-RELACIONES AUTORIDADES CIVILES Y RELIGIOSAS EN FILIPINAS 15 28 Sobre la política mantenida en las islas con relación a los sangleyes, véase Díaz-Trechuelo, M. L.: "Las Filipinas en su aislamiento bajo el continuo acoso", págs. 132-133. cias y profanar iglesias, saquear los vasos y ropas sagradas y cautivar a innumerable gente de todos estados que inconsolable mente lloran la pesada servidumbre en que se hallan". Las consecuencias de la política de Arandía Para los religiosos estaba claro que lo que se pretendía con las Ordenanzas era acabar con el respeto y cariño que los naturales sentían por los religiosos. En este punto, el definitorio de la provincia del Santísimo Nombre de Jesús se muestra optimista: no se podía destruir la obra de siglos en unos pocos años. Sin embargo, el vicario provincial de San Gregorio denuncia la soledad y el abandono en que habían quedado algunos franciscanos, que carecían de servicio que les hiciera la comida y que incluso habían sufrido el robo por parte de los indios de la madera que tenían para el uso del convento. Las consecuencias de las Ordenanzas eran, en opinión de los regulares, desastrosas. Pero podían ser aún peores de no ponérsele remedio: "los indios serán indómitos, no los sujetarán los alcaldes, ni el real tributo podrán cobrar, ni se podrá conservar esta cristiandad. ¿Qué había de hacer un alcalde mayor en una provincia con veinte o treinta mil indios que están a su cargo, si los Padres ministros no le hicieran lado?." 30 Sin embargo, no eran sólo las Ordenanzas lo que criticaban los regulares; por encima de ellas sus quejas se dirigen contra el gobierno de Arandía en su conjunto, al considerarlo inspirado en la animadversión que sentía hacia ellos. Consecuencia de este "mal gobierno" era el desquiciamiento del orden de cosas hasta entonces imperante en el archipiélago. Las relaciones entre la autoridad civil y los regulares se habían ido tensando a medida que el gobernador desautorizaba a los prelados y despojaba a las órdenes de parte de sus tierras. La obediencia debida por los religiosos a sus prelados se había resentido y, lo que era más grave, los doctrineros estaban perdiendo su ascendiente sobre los indios, cuyas condiciones de vida se habían degradado ostensiblemente. El vicario provincial de la provincia de San Gregorio, fray Antonio Tadeo Morales, al rey, Manila, 18 de julio de 1758.
Mercadorias, Valores e Tributos
que con escasos recortes territoriales se conservó en poder de sus descendientes hasta las primeras décadas del siglo XIX. Mediante el seguimiento de esta familia rioplatense de terratenientes a lo largo de una centuria se analizarán los cambios que experimentó la administración de una gran finca rural en su adaptación a diferentes coyunturas, como también las estrategias a través de las cuales se buscó evitar el fraccionamiento de la propiedad. Desde mediados de la década de 1980, la historia rural del período colonial ha gozado en la Argentina de especial relevancia en el debate historiográfico. Uno de los aspectos más largamente discutidos ha sido el de la extensión media de la propiedad, especialmente en lo que toca a la importancia del latifundio y de la figura del gran propietario en el Buenos Aires del siglo XVIII. Autores como Juan Carlos Garavaglia y Carlos Mayo, entre otros, han postulado la debilidad del latifundio colonial, a la vez que negaron la existencia de una élite terrateniente dominante en el ámbito rural a consecuencia de un proceso de diferenciación incompleto respecto de la élite mercantil, o bien de la preminencia de ésta sobre los sectores rurales. Otros, como Eduardo Azcuy Ameghino, han dedicado importantes estudios a demostrar el predominio de la gran propiedad, que poseía un carácter acentuadamente latifundiario en la frontera con el indígena, y han hecho hincapié en el carácter preponderantemente terrateniente de la propiedad del suelo. 1 1 En la polémica mencionada se destacan Azcuy Ameghino, Eduardo: El latifundio y la gran propiedad colonial rioplatense. Buenos Aires, 1995; Azcuy Ameghino, Eduardo y Martínez Dougnac, Gabriela: Tierra y ganado en la campaña de Buenos Aires según los censos de hacendados de 1789. Buenos Aires, 1989; Gresores, Gabriela y Martínez Dougnac, Gabriela: "En torno a la economía y la sociedad rioplatense en el siglo XVIII", en Ciclos, año II, vol. II, núm. 3, Buenos Aires, 1992, págs. 173-195. En una posición divergente a los anteriores, véase Garavaglia, Juan Carlos: "Las estancias en la Campaña de Buenos Aires. Los medios de producción", en Fradkin, Raúl (Comp.): La histo-A nuestro entender, la propiedad latifundiaria gozó de un peso indiscutible en el Buenos Aires colonial. Con el propósito de ilustrarlo, reconstruiremos la historia de uno de esos grandes dominios, el de Miguel de Riblos en el pago de Areco. Llegado al Río de la Plata desde su Navarra natal con plaza de soldado, Riblos logró promocionarse socialmente gracias a un ventajoso matrimonio con la hija de un mercader portugués, Gregoria Silveyra Gouvea. La dote de su mujer comprendía, entre otros inmuebles, una suerte de estancia sobre el río Areco, a la cual él añadiría por compra otras suertes linderas. Quedó de esa forma en propiedad de un enorme triángulo de unas 15 leguas cuadradas de superficie que tenía por límites dicho río, el camino de Buenos Aires a Santa Fe y el arroyo de la Cañada Honda. Esta enorme rinconada estaba poblada por miles de equinos en estado semisalvaje que sirvieron como reserva de yeguas de vientre a sus seis puestos de cría de mulas, que eran asistidos por esclavos y peones. A principios del siglo XVIII, Riblos se convirtió en el más destacado criador y acopiador de ganado mular de la ciudad de Buenos Aires. Con el objeto de colocar sus tropas en el Perú montó una compañía con el mercader Juan de Beytía y Aguirre, miembro del Consulado de Lima, por la que tenía estipulado el fletamiento de 4.000 cabezas anuales a las tabladas de Salta, donde eran recogidas por los capataces de su socio para conducirlas al valle de Jauja. La conexión de Riblos con las regiones centrales del Imperio Español en Sudamérica persistió hasta febrero de 1713, cuando bajo circunstancias que intentaremos describir se vio obligado a declarar la quiebra. Nos hemos propuesto indagar la trayectoria de una familia de terratenientes, los Riblos, para a través de ella reconstruir la historia de un latifundio a lo largo de un siglo. Partiendo de la quiebra de Miguel de Riblos, que se debió en menor parte a sus especulaciones financieras que al cambio en la coyuntura política, analizaremos la administración de sus estancias de Areco desde que fueron confiscadas por un Concurso de Acreedo-CARLOS MARÍA BIROCCO 2 ria agraria del Río de la Plata colonial. Buenos Aires, 1993, tomo II, págs.124-208; merecen también consultarse la introducción del compilador a estos dos volúmenes colectivos y el artículo de Mayo, Carlos y Fernández, Angela: "Anatomía de la estancia colonial bonaerense", ambos en el tomo I de esta obra. Aunque sin una postura del todo definida en este debate, es útil la lectura de Saguier, Eduardo: Mercado inmobiliario y estructura social. El Río de la Plata en el siglo XVIII. Buenos Aires, 1993, sobre todo en lo que respecta a la influencia de la herencia en la rotación de la propiedad inmobiliaria rural. res hasta que, tras la muerte de aquel, fueron recuperadas y divididas por sus herederos, para finalmente ser reunificadas por Marcos Joseph, su hijo menor. La administración de Pedro de Saavedra Las causas de la quiebra que afrontó Miguel de Riblos en 1713 no fueron estrictamente económicas. Su fortuna hubiera podido resistir este embate, pero la coyuntura política había cambiado radicalmente. Como favorito del gobernador Agustín de Robles (1691-1700), Riblos había logrado monopolizar durante la última década del siglo XVII el comercio con las regiones vecinas, ocasionando la ruina de numerosos mercaderes de menor envergadura. Hacia fines de la década siguiente, libre de la competencia de los principales comerciantes porteños por la persecución que sufrieran durante el gobierno de Manuel de Velasco y Tejada (1708-1712), volvió a colocarse a la cabeza del tráfico interregional. Dichas circunstancias le ganaron el rechazo de un amplio sector de la élite porteña. Con el arribo a Buenos Aires del licenciado Juan Joseph de Mutiloa y Andueza, juez pesquisidor de Felipe V, las provincias del Río de la Plata se sumaron a una nueva coyuntura política. En enero de ese año, en efecto, España había iniciado en Utrecht las conversaciones de paz con los ingleses, y se anunciaba el fin de la guerra de Sucesión. Al abrigo de este conflicto europeo, los oficiales de la Real Hacienda de Buenos Aires, en complicidad con el gobernador Velasco y Tejada, habían contrabandeado a cara descubierta con los capitanes de los navíos negreros franceses. El pesquisidor Mutiloa y Andueza, enviado por el monarca a punir estos excesos, recluyó a Velasco y sus secuaces en el fuerte y se hizo cargo del gobierno. Paralelamente a ello, declaró nulas las últimas elecciones realizadas en el Cabildo, con lo que se aseguró de que sólo ocuparan sitiales los vecinos adictos a su gestión, los mismos que habían sido perseguidos por el gobernador depuesto. La alianza entre el pesquisidor y los nuevos capitulares, en su mayor parte adversarios de Riblos, provocaría la caída de este comerciante. En el marco de una causa por deudas que seguía contra éste un negociante gaditano, Francisco de Rivera, los coaligados consiguieron otorgar gran notoriedad a una ejecutoria contra sus bienes lanzada por Mutiloa, logrando con ello que el resto de sus acreedores, temiendo verse postergado en sus recla-LAS ESTANCIAS DE RIBLOS EN ARECO, 1713-1813 3 maciones, se constituyera en Concurso. Aunque la fortuna de Riblos doblaba las sumas que se le exigían, su disponibilidad inmediata de metálico no llegaba a satisfacer el conjunto de sus obligaciones. Tratándose del mayor prestamista de Buenos Aires, es explicable que el grueso de la plata que ingresaba en sus arcas entrara en circulación rápidamente, impidiéndole responder en forma ágil a un imprevisto como éste. Pese a que ofreció sus bienes inmuebles como garantía de pago, Mutiloa ordenó al alguacil mayor Joseph de Narriondo que procediera a su arresto y encierro en la cárcel real. La quiebra fue tan inesperada y las circunstancias de la misma tan notoriamente escandalosas que, para evitar la deshonra de ser conducido en público a prisión, Riblos buscó refugio en el Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús. Allí se asilaría durante más de tres años, amparándose en la condición de lugar sagrado concedida a los edificios religiosos y gozando de la protección de los jesuitas, gracias a la cual no debió temer el ingreso de oficiales de justicia. Pero no pudo evitar que sus propiedades fueran embargadas por el Concurso de Acreedores, en el seno del cual se procedió a nombrar un administrador general para las mismas. A lo largo del proceso judicial que se le inició, sin embargo, Riblos supo explotar las contradicciones entre los concursantes, y con la manipulación del sector que le era menos hostil consiguió que fuera nombrado administrador de sus bienes uno de sus acólitos, Pedro de Saavedra, quien le permitió hacer y deshacer a su gusto en sus propiedades rurales. Contamos con tempranas pruebas de esto. Las estancias de Areco habían sido entregadas en depósito a Juan Ignacio de Samartín, quien en marzo de 1714 se vio forzado a denunciar las continuas intromisiones de Riblos. Este, en efecto, se había servido de Saavedra para relevar de su puesto al mayordomo Francisco Benencia y despedir a Domingo Cuello, capataz al cuidado de sus sembradíos. De esa forma estas fincas quedaron, al decir de Samartín, "en poder de los negros", ya que la mayordomía de las mismas recayó en Marcos, uno de los esclavos de estas haciendas. 2 Ninguna medida como ésta refleja hasta que punto se conservó Riblos, pese al secuestro de sus bienes, en dominio de sus propiedades rurales. El otorgamiento de funciones directivas a sus propios esclavos constituyó un intento por aminorar los costes del embargo, evitando de ese modo que nuevas erogaciones impuestas por el Concurso, como la remu-neración de Saavedra (establecida en 200 pesos anuales), significaran un recorte en su patrimonio. Con ello, no obstante, no apuntó a una disminución en el personal de las estancias sino a la transformación de su vínculo con el propietario, convirtiendo al antes capataz en arrendatario. Tal fue el caso de Francisco Benencia, que levantó su población en tierras de Riblos pero no dejó por ello de asistir a su antiguo patrón, pues en 1719 se le encargó que preparara la entrega de una tropa de mulas al fletador Alonso de Alfaro. En cuanto a Domingo Cuello, las causas de su alejamiento fueron otras. Se le acusó de haber forzado a cuatro de los esclavos de la hacienda a trabajar en sus propias labranzas, maltratándolos y negándoles las herramientas para preparar las sementeras de su amo. Esta distracción de la mano de obra en beneficio propio motivó que se le reemplazara por Mateo Herrera, otro de los arrendatarios de Riblos. Poco a poco, el fenómeno del arrendamiento daría nueva fisonomía a estas estancias. Durante la administración de Saavedra la estructura productiva de este establecimiento observó otras variaciones. Disminuyó, en primer lugar, el número de puestos de cría de mulas. Se conservaron cuatro de los seis que existieran antes de la quiebra, a partir de lo cual el territorio quedó dividido en cuatro estancias o parcelas de pastoreo: Invernada, Bagual, Sauce y Rincón. Esto permitiría la racionalización gradual de la mano de obra utilizada, aunque acarrearía paralelamente una merma en los rendimientos. Si bien la intensión de Riblos fue la de cargar sobre sus esclavos el grueso de las faenas, la utilización de negros no parece haber cubierto las necesidades de la producción, obligándolo a recurrir a la eventual contratación de peones, posiblemente no sólo para las tareas estacionales. Aunque las estancias de Areco siguieron aplicadas a la producción de mulas, el Concurso obstaculizó durante los primeros años de la administración de Saavedra el envío de tropas a las ferias del valle de Lerma en Salta, principal mercado de ganado del Virreinato del Perú. Esta situación, empero, no estaba destinada a durar. En julio de 1717, con la llegada a Buenos Aires de un nuevo gobernador, Bruno Mauricio de Zavala (1717-1734), Riblos obtuvo garantías para abandonar el Colegio de San Ignacio e inició una relación más flexible con sus acreedores. A comienzos de 1719, propuso en una presentación al Concurso saldar parte de sus deudas con la venta de mulas, pues le habían llegado noticias "de la estimación con que se vendían en la ciudad de Salta". Pero su muerte, acaecida en agosto de ese año, le impidió implementar el envío de una tropa de 2.200 cabezas que tenía invernadas en Areco. Tras la muerte de Riblos su esposa en terceras nupcias, Josepha Rosa de Alvarado, lograría continuarle en el control (encubierto pero no por eso menos efectivo) de las haciendas. Pedro de Saavedra, que no se refería a ella sino llamándola "mi señora", la honró con la misma deferencia que a su esposo. Concluidas las gestiones iniciadas por el difunto ante el Concurso, la viuda encargó al administrador instrumentar el envío a Salta de las 2.200 mulas que se hallaban en Areco. Una proporción considerable de las mismas (el 60,86 %) se componía de animales de cuatro años, sujetos ya a varios períodos de invernada, cuya preponderancia se debía a las complicaciones judiciales que impidieron a Riblos colocarlas con anterioridad en las ferias, forzándolo a retenerlas en sus propios puestos de engorde. No todas ellas, empero, habían nacido en sus estancias: varios de los pequeños hacendados de las inmediaciones, endeudados con este terrateniente desde antes de la quiebra, continuaron rindiéndole su cuota anual de mulas, único modo en que podían satisfacer las obligaciones contraídas. Nos ilustra sobre esto el caso de dos de estos pastores, el capitán Marcos Gutiérrez Barragán y su hijo Diego. Cuando el primero falleció en 1719, se hallaba debiendo a Riblos una suma cuya magnitud desconocemos, pero que su heredero redujo a 263 pesos merced a la entrega de "yeguas y mulas". El remanente de esta deuda no sería satisfecho hasta 1726, pues en un contingente que ese año adquirió el tratante Juan Francisco de Basurco a Pedro de Saavedra se incluyeron "cincuenta mulas que pagó Diego Barragán". 3 La venta de las tropas fletadas a Salta en 1719 dejó una utilidad de 15.078 pesos, con que se saldó una parte significativa de lo adeudado por el difunto Riblos. En las dos siguientes remesas, contrariamente a la anterior, predominaron las mulas jóvenes, incluso aquellas a las que por su temprana edad era arriesgado emprender la travesía. De las mulas enviadas a Salta en 1721, en efecto, 720 cabezas (el 93,5 % de la tropa) eran de sólo un año: requerirían al menos tres períodos de invernación en los potreros salteños antes de poder ser comercializadas en el Perú, con un insumo de 101⁄2 reales por cabeza. Pero evidentemente, existía una urgencia manifies-ta por colocarlas en el mercado, de modo que los animales fueron precozmente confiados a los fletadores. El hecho de que se tratara de bestias de escasa resistencia motivó que estos impusieran un aumento en la "refacción" o seguro de flete, que usualmente se pactaba en el 8% de las cabezas fletadas, pero que en 1720 ascendió al 10% y en 1721 alcanzó un tope del 13%. La primera de esas dos remesas, de 673 mulas, dejó un saldo de 3.301 pesos a favor del Concurso. La colocación de la segunda arrojó resultados menos alentadores: de las 770 cabezas que arribaron a Salta, 261 fueron adquiridas por el maestre de campo Antonio de la Torre, mientras que el resto pasó a ser invernada en un potrero de la vecina localidad de Escoypa por no habérsele hallado comprador. Deducidos los gastos de conducción y el pago del derecho de sisa en Santa Fe, la venta a De la Torre dejó una utilidad de sólo 2 pesos (!). El remanente de la tropa pasó finalmente a manos de otro tratante, Gregorio de Otálora, que pagó por él 2.437 pesos más los gastos de invernación. La decreciente rentabilidad de estas transacciones fue atribuida a la depresión que atravesaba el mercado salteño, donde el precio del mular había descendido de 10 pesos por cabeza en 1720 a 6 pesos en 1722. Con posterioridad a este año no volvemos a tener noticias del fletamiento de tropas: las ventas se realizaron, de aquí en más, en las mismas estancias de Areco, a las que acudieron a aprovisionarse los nuevos mercaderes acopiadores. 4 Todo parece indicar que hacia mediados de la década de 1720, los Riblos habían renunciado al tráfico con las provincias del Norte, del que permanecerían ausentes durante casi veinte años. La gestión de Pedro de Saavedra, que falleció en 1726 estando a cargo de las estancias, fue severamente criticada por quienes le sobrevivieron, en especial por Francisco de Suero, defensor de los bienes de Riblos ante el Concurso. Para éste, los rendimientos de esas haciendas habían ido en declive debido a una merma en el stock de las yeguas de cría, que se había reducido en más de 2.200 cabezas. Agregaba Suero que no había habido en dichas estancias "la aplicación y asistencia necesarias para tener sujetas las crías, retobar y amamantar burros y domar potros". Si bien la falta de vientres podía reponerse mediante una de las habituales redadas de yeguas bagualas o cimarronas, no ocurriría lo mismo con los burros hechores, cuyo LAS ESTANCIAS DE RIBLOS EN ARECO, 1713-1813 7 4 Se conocen las siguientes operaciones realizadas en Areco durante la administración de Saavedra: la venta de 1.350 mulas "de dos edades" al capitán Bernardo Blanco en febrero de 1725, la de 860 mulas de año a Juan Francisco Basurco en noviembre del mismo año y la de 833 mulas a Joseph Ruiz de Arellano, concertada con anterioridad a 1726. número había quedado también notablemente menoscabado. De los 148 que Riblos tuviera repartidos entre los puestos de cría, quedaban ahora tan sólo 45 y no se estaba tomando medida alguna para la reproducción in situ de la especie. Si se quería reconvertir las estancias en un establecimiento rentable, se imponía la adquisición inmediata de 100 burros al elevado costo de 600 pesos. Ciertamente, la producción de ganado mular había disminuido en modo notable: en los últimos años de la administración de Saavedra la producción de mulas de las estancias de Areco parece haber llegado a su pico más bajo, entre 700 y 800 bestias herradas anualmente. No puede negarse que al seguir los lineamientos impuestos por la Alvarado, quien buscaba saldar las deudas con los acreedores y recuperar las propiedades embargadas, antepuso una verdadera expoliación de los recursos con que contaban las estancias a una planificación que contemplara su renovación a mediano plazo. Pero no deben dejar de evaluarse otros elementos sobre los que Saavedra no siempre tuvo injerencia directa. Uno de ellos fue la disminución de la mano de obra esclava, no sabemos si por venta o muerte: en 1726 sólo se conservaban cuatro de los quince esclavos que sirvieran en Areco en tiempos de Riblos. Semejante merma no fue compensada con el conchabo de peones, de los que a la muerte de Saavedra sólo había uno por estancia: teniendo en cuenta que habían quedado en pie cuatro de los seis puestos de cría levantados por Riblos, la mano de obra (esclava o conchabada) se redujo a dos personas para cada uno de ellos. Esta falta de brazos fue, sin duda, la causa del alzamiento de las yeguas de cría, lo que sumado a la extinción de los burros hechores explica en buena parte la decadencia sufrida por este establecimiento productivo. Pero también influyó en ésta la caída de precios del mular, por lo que se careció de incentivos para devolver al stock ganadero las dimensiones que poseía con anterioridad a la quiebra. La administración de Antonio Gallegos Tras el fallecimiento de Saavedra el Concurso designó sucesor de éste a Antonio Gallegos, uno de los acreedores del difunto Riblos. Natural del obispado de Burgos pero afincado como comerciante en Cádiz, Gallegos llegó al Río de la Plata como factor de un navío de registro y, tras establecerse en Buenos Aires, trabajó como tendero y mercader intermediario con CARLOS MARÍA BIROCCO 8 las provincias del Interior. Cuando se postuló para la administración de los bienes, el Concurso de Acreedores le aceptó de inmediato, sin oposición de los herederos de Riblos. Lo extraño en este caso era su total desconocimiento del manejo de una estancia, lo que él mismo reconocía con franqueza y no motivó reparos en una ni otra parte.5 Su gestión se prolongaría hasta la disolución del Concurso y la restitución de las propiedades a los herederos en 1731. Escasa documentación ha sobrevivido de la larga década en que Saavedra estuvo al frente de las estancias, quien fue además remiso a llevar la contabilidad de las mismas. La administración de Gallegos, aunque significativamente más breve, ha sido por el contrario pródiga en testimonios escritos, llevados a cabo con admirable puntillosidad.6 Nos hallamos ante un mirador poco común, a través del cual se nos permite conocer el funcionamiento de un establecimiento productivo desde una pluralidad de ángulos realmente excepcional. Documentación como la que dejó Gallegos es rara incluso para las estancias laicas rioplatenses del período colonial tardío. La administración de Gallegos pasó por dos claros períodos. Las principales medidas que tomó en esta etapa parecen haber tendido a devolver su antigua capacidad productiva a las estancias de Areco. Esto no hubiera sido posible sin un aumento en la cantidad de brazos empleados, por lo que decidió concertar a Juan López Camelo como mayordomo y aumentar el número de peones a tres por puesto, "fuera de los cuatro esclavos que estaban en ellas". La peonada estaría sobre todo abocada a "sujetar las yeguas y domar potros para ahorrar el que continuamente se comprasen caballos". La cantidad de conchabados fue desde entonces in crescendo hasta oscilar entre los dieciocho y los diecinueve hombres entre abril y septiembre de 1728, de los cuales quince fueron empleados como domadores. En cuanto a la falta de burros hechores, Gallegos propuso que para comprarlos se vendieran bienes de menor o ninguna utilidad, propuesta que fue desoída por el Concurso de Acreedores. El número de esclavos se mantuvo estable a lo largo de toda la gestión de Gallegos. A los que ya existían en Areco agregó éste mulatos jóvenes que trajo del plantel urbano de los Riblos. El manejo de la esclavatura produjo no pocas dificultades al nuevo administrador: apenas recibido de las estancias debió afrontar la huida de dos de los morenos, mientras que encontró al resto sumido en la más absoluta indigencia, al parecer a causa de la actitud negligente de Saavedra; 7 esto lo llevó a proporcionar a cada uno de ellos los géneros necesarios para la reposición de su vestuario. Los esclavos siguieron constituyéndose en la mano de obra permanente de estas haciendas. Siempre contó con seis a su servicio, lo que significó que entre abril y septiembre de 1728, momento en que dispuso de mayor número de brazos, cada puesto estuvo asistido por unos seis hombres, trátese de esclavos o de conchabados. Disponemos de cifras con que apreciar los rendimientos de las estancias de Areco en este período. En un inventario de marzo de 1728 se detalla la existencia de 2.010 mulas repartidas entre los cuatro puestos, bien que acopiadas luego de varios años sin ventas. Al compararlo con el que se efectuara en marzo de 1713 con motivo de la quiebra de Riblos, cuando se hallaron en las estancias unos 2.032 mulares, podría concluirse que este establecimiento había recobrado su antigua capacidad productiva. Pero, al parecer, no se trató más que de un ligero repunte en la cantidad de mulas herradas por año. 8 Los costos de esta recuperación, que si la hubo fue por demás efímera, fueron sin duda altísimos. Gallegos se vio ante la disyuntiva de disminuir el número de peones, del todo necesarios para mantener el stock de yeguas de cría y amansar potros y mulas, o perder buena parte de las utilidades en la paga y alimentación de conchabados. Las escasas ventas realizadas durante su gestión no acompañaron en nada sus esfuerzos: sólo tenemos noticias del transpaso de 705 mulas de 3 y 4 años "de las crías de las cuatro estancias de Areco" a favor del mercader jujeño Miguel de Olaso, efectuada en diciembre de 1728. Tampoco le favorecieron las fluctuaciones del mercado, ya que el precio del mular se mantuvo en sus índices más bajos. CARLOS MARÍA BIROCCO 10 7 En abril de 1727, Gallegos solicitó la venia del Concurso para gastar lo que fuere necesario en vestir a los esclavos de las estancias, "que se hallan desnudos". Unos días después se fugaba de éstas el mulato Juan Manuel, "que se hallaba cuidando con la demás gente de los ganados, con pretexto de no querer servir más en ellas", pero fue capturado y vendido a Francisco de Izarra. La situación se repitió algo más tarde con la huida del mulato Joseph. Resulta significativo que, antes de ocultarse, el esclavo Juan Manuel se presentara ante el gobernador "pidiendo venta": posiblemente Gallegos tuviera con la servidumbre una postura menos permisiva que Saavedra, con lo cual se hizo insoportable a los negros, llevando a dos de ellos al extremo de escaparse. 8 El capataz mulato Marcos afirmó que en tiempos de Saavedra se herraban entre 700 y 800 mulas por año, pero que Gallegos "sólo este año pasado [1727] había herrado ochocientas y cuarenta". El defensor de los bienes Francisco de Suero combatió las iniciativas del nuevo administrador y juzgó inútil el crecido gasto en peones. En realidad, no es aventurado sospechar que, coaligado como estaba con los herederos de Riblos, favoreciera el estancamiento productivo de estas estancias, pues gracias a una depreciación en el valor de las mismas éstos podrían recuperar sus derechos sobre la propiedad, haciéndolas incluir en el monto de la dote de Josefa Rosa de Alvarado. Creemos que a eso tendía cuando propuso al Concurso que fueran sacadas a la venta, alegando que las escasas utilidades no justificaban las medidas tomadas por Gallegos. Es por tanto comprensible que Suero se opusiera a que los costos de la producción se elevaran. Pretendió incluso que los cuatro puestos de cría se redujeran a dos, pero abandonó esta idea al constatar la dificultad de reconcentrar animales que ya se hallaban aquerenciados en sus parcelas de pastoreo. Los informes de Suero al Concurso de Acreedores, por cierto, están cargados de prejuicios contra la utilización de conchabados. En su voz parece ya escucharse la de los hacendados de finales del siglo, para quienes no hubo lugar a dudas de la necesidad de estrechar el control sobre esta mano de obra díscola e insubordinada. Por las mismas causas, el defensor rechazaba los "crecidos costos de peones y asalariados que por la mayor parte lo miran todo con descuido y deslealtad aun a vista de los propios dueños" y afirmaba que "los capataces y peones siempre suponen que hacen mucho dejando perder las haciendas o administrándolas de modo que en sus salarios y alimentos se consuma todo el útil". 9 Gallegos acusó recibo de las críticas de Suero y procedió a deshacerse gradualmente de los peones: en marzo de 1729 conservaba sólo seis de ellos y dos meses más tarde despedía al mayordomo López Camelo, con lo que las funciones directivas volvieron a recaer en los capataces negros. Se iniciaba con esto un segundo período en su administración, caracterizado por una racionalización cada vez más acusada de los gastos. Las razones de este giro las explica él mismo en su libro de cuentas, cuando refiere haber alejado a la mayor parte de sus conchabados "por ningún aumento que se experimentaba en dichas estancias, siendo los gastos tan crecidos". A partir de entonces no recurriría a contratar peones sino en auxilio esporádico de la mano de obra esclava. Si bien nunca dejó de haberlos en las estancias de Areco, se les concertó sólo por lapsos breves que en ningún caso exce- dieron los seis meses. En diciembre de 1729, momento en que dio por concluida la contabilidad de este establecimiento, Gallegos no disponía, amén de los negros, más que de dos conchabados. Suero había logrado imponer su parecer. ¿Cuál fue la causa del fracaso de Gallegos? Se trató, sin duda, de su imposibilidad de equilibrar los pobres rendimientos del tráfico de mulas con los abultados gastos de las estancias. A lo largo de su administración, las ventas de ganado mular generaron la escasa utilidad de 1410 pesos, mientras que la sola remuneración del capataz y los peones de Areco sumó 2.415 pesos 31⁄2 reales. El déficit sólo pudo ser saldado con la venta de inmuebles improductivos que pertenecieran a Miguel de Riblos, como sus casas en la ciudad o las tierras que éste poseyera en el Rincón de Escobar. Estos, como veremos más adelante, fueron adquiridos por un liberto de la familia Riblos, el mulato Fermín de Pesoa, quien los traspasaría a Nicolás de la Quintana, yerno de su antiguo amo. El balance negativo de la administración de Gallegos sería aprovechado por los descendientes del concursado para recuperar los bienes embargados. Ahora bien, ¿fomentó Gallegos la gravosa presencia de conchabados con la finalidad de conducir a las estancias a su recuperación o acrecentó más bien su número para ampliar las posibilidades de incluir mercancías de su tienda en la paga de estos? Responder a ello nos conduce inevitablemente a explorar la naturaleza del "salario" que percibió la peonada de Areco mientras aquel estuvo a la cabeza de este establecimiento. No seremos los primeros en hacerlo: en su trabajo sobre lo que llamaron el "salario arcaico rioplatense", Carlos Mayo y Angela Fernández extrajeron algunas conclusiones del análisis de las cuentas de Antonio Gallegos, que intentaremos debatir aquí. 10 En primer lugar, ¿cómo se componía la remuneración de estos conchabados? Mayo y Fernández afirman que todos los trabajadores recibieron metálico como parte de su paga. Esto, en efecto, es innegable: de los veintiseis peones que se concertaron con Gallegos, tanto los que permanecieron en Areco por una corta temporada como los que lo hicieron durante uno o más años accedieron en mayor o menor medida a la plata. De todos modos, preferimos ser más cautos que estos autores cuando enfatizan que el ingrediente monetario llegaba en cantidades "mayores que las sospecha-CARLOS MARÍA BIROCCO 12 10 Mayo, Carlos y Fernández, Angela: "El peonaje rural rioplatense en una época de transición" en Anuario de Estudios Americanos, Sevilla, 1990, tomo XLVI, págs. 305-319. das" a manos de los trabajadores rurales de la campaña bonaerense. El porcentaje promedio de moneda en el sueldo de estos peones era del 26,67%, mientras que el 66,52% les fue abonado en especie; el administrador dejó el 6,81% restante sin diferenciar, pues apuntó algunas partidas como "en plata y géneros". Dicho a grosso modo, las cuentas de Gallegos sugieren que dos tercios del "salario" fueron satisfechos en especie y un tercio en plata, con la salvedad de que parte de este último tercio pudo haber sido contabilizado en plata pero abonado en especie. La moneda pudo haber actuado, aunque sea parcialmente, como unidad de cuenta. Volveremos más sobre nuestras sospechas al respecto. Aunque no pueda negarse que la totalidad de los trabajadores de estas estancias recibieron en pago variables cantidades en plata, tampoco debe dejar de considerarse que todos recibieron parte de su remuneración en especie, y que la especie predominó claramente sobre el metálico. Sólo cuatro de los peones recibieron más de un tercio de su paga en moneda: de éstos, los tres que percibieron los porcentajes más altos (46,93; 46,87 y 41,04% respectivamente) eran indios. Hablar en un caso como éste de una distribución indiscriminada de la plata, que llegaría sin distinción a manos de peones españoles o de castas, implicaría una simplificación del problema. Más valdría preguntarse por qué dichos indígenas requirieron una parte significativa de su remuneración en moneda, mientras que sus compañeros blancos o mestizos accedieron a sumas mucho menores. El origen de esta diferencia ha de buscarse en el endeudamiento: los tres peones referidos conservaban dependencias con terceros que los llevaron a conchabarse, pues no tenían otra forma de satisfacerlas. 11 Obviamente, ninguno de ellos estaba endeudado con el patrón de las estancias, por el sencillo motivo de que éstas no tenían estrictamente un "patrón" porque ¿quién lo era entonces: el Concurso, los herederos de Riblos o Gallegos?. Ello, empero, no resta fuerza a la idea de que las deudas podían obligar a ganapanes como estos, muchos de ellos migrados desde el interior, a permanecer empleados en las estancias. El caso de Pablo Muñoz, uno de los indios mencionados, puede servir de ejemplo: cumplido un año de haberse concertado como LAS ESTANCIAS DE RIBLOS EN ARECO, 1713-1813 13 11 Se trata de los indios Alocho, Diego Fernández y Pablo Muñoz. El primero se endeudó por unas espuelas, mientras que el segundo lo hizo por 24 pesos 6 reales que le prestó un tal Pedro Cuello. Muñoz, por último, se obligó con varios sujetos por 12 pesos en plata, un poncho y una espuelas. En estos tres casos, el porcentaje de plata destinado a la satisfacción de deudas fue del 24,36%, 88% y 52,99% respectivamente. Un cuarto indio conchabado en las estancias, Francisco Videla, insumió el 28,57% del componente monetario de su estipendio con igual fin. domador, "se volvió a conchabar por otros dos meses más al mismo precio de 7 pesos para pagar algunas deudas que debía". Testimonios como éste echarían abajo la hipótesis de Mayo y Fernández sobre la "ausencia de endeudamiento" en Areco, siempre y cuando no se limite este concepto a la mera situación de dependencia entre un peón y el propietario del establecimiento, teniendo en cuenta que la figura del terrateniente se hallaba desdibujada en este caso por la inusual situación jurídica en que se encontraban las estancias. Ni siquiera Juan López Camelo, "capataz mayor" o mayordomo, constituyó una excepción a lo dicho, pues contra lo aseverado por Mayo y Fernández, también éste recibió de Gallegos "plata y géneros" en retribución a sus servicios: el hecho de que ocupara un cargo directivo no significó que percibiera la totalidad de su paga en metálico. 12 A diferencia de las haciendas mexicanas, el estipendio no marcó en Areco una jerarquización en las categorías ocupacionales: 13 López Camelo trabajó en las estancias durante dieciocho meses y medio, a cambio de lo cual recibió 123 pesos y esto equivale a hablar de 6 pesos 6 reales mensuales, una cantidad menor a la abonada a algunos de los domadores que se hallaban a su cargo. Un segundo tema a tratar es el de la subsistencia misma de los peones. Es verdad que, como apuntan Mayo y Fernández, los alimentos no actuaron como componente salarial. A consecuencia de ello, éstos concluyen que "más allá de la ración, los trabajadores tenían acceso a una economía de subsistencia, o bien los compraban con su salario". Cierto es que CARLOS MARÍA BIROCCO 14 12 Creemos que, en su conjunto, la perspectiva de Mayo y Fernández deviene de haber trabajado las cuentas de las estancias de Riblos sin haberlas cotejado con el resto de la documentación elevada al Concurso por Gallegos. Efectivamente, en dichas cuentas se refiere que "el capitán Juan López Camelo entró de capataz mayor en dichas cuatro estancias para el gobierno y cuidado de ellas el día 21 de noviembre de 1727, ajustado a razón de 80 ps. cada año, en las que sirvió 18 meses y medio cumplidos desde dicho día hasta todo el mes de mayo de 1729, que importaron 123 ps., los que le entregué y satisfice dicho día, de que firmó recibo y salió despedido". Sin embargo, en el recibo que firmó López Camelo al abandonar su puesto, éste expresó "haber recebido de Dn.Antonio Gallegos, como depositario y administrador de los bienes de Dn. Miguel de Riblos, ciento y veinte y seis ps. y seis rs. en plata y géneros que me ha entregado por mi asistencia y salario de capataz mayor que he sido nombrado de las cuatro estancias de Areco, propias del Concurso del dicho Dn.Miguel de Riblos" (las negritas pertenecen al autor); AGN, Sucesión 8122, Concurso. 13 Richard Garner indica que en las haciendas novohispanas de Santa Lucía y Guanamé, aquellos que ocupaban cargos directivos como los de mayordomo, "sobresaliente" y "ayudante" percibían un pago que se hallaba por encima del promedio del resto de los trabajadores rurales; a su vez, existían también entre ellos diferencias salariales que se correspondían con el mayor o menor grado de responsabilidades que se les asignaba; Garner, Richard: "Precios y salarios en México durante el siglo XVIII" en Johnson, Lyman y Tandeter, Enrique (coordinadores): Economías coloniales. Precios y salarios en América Latina, siglo XVIII. Buenos Aires, 1992, pág. 115. no hubo, como lo avalan dichos autores, retiros de maíz, harina, vino y azúcar: faltaría preguntarse si estos formaban efectivamente parte de la dieta alimentaria de los conchabados. Los costes de la alimentación de los trabajadores estuvieron desde antiguo a cargo de las mismas haciendas: en ese sentido, no creemos que la peonada gozara de la "independencia" que aquellos pretenden. Ya en tiempos de Riblos, las estancias habían contado con un horno de cocer pan y con novillos "para el sustento de la gente de las estancias", indicio de que la ración diaria de la peonada, además de la de los esclavos, corría por cuenta del propietario. Esta costumbre se continuó tras el embargo de los bienes. El administrador siguió proveyendo en forma gratuita al sustento de los conchabados, como se trasunta de las declaraciones de Suero, que deploraba las insumidas en su "alimentación" y diferenciaba ésta del "salario".14 Tanto el puesto del Sauce como el del Rincón disponían de cocinas, no así los del Bagual y la Invernada. La existencia en 1728 de un rodeo de 806 vacas y 810 terneras en el Sauce denuncia una dieta basada principalmente en la carne. Los demás ingredientes de dicha dieta, a excepción de la yerba y la sal, debían de ser en su mayor parte producidos en las mismas estancias; de haber sido de otro modo, hubieran sido imputados por Gallegos en los gastos generales de la administración. La provisión de "vicios" a peones y esclavos constituye un item aparte. En los años en que trabajó como administrador, Gallegos adquirió 58 arrobas 9 libras de yerba y 23 arrobas 12 libras de tabaco para distribuir entre su gente; no hay ninguna alusión a que procediera de igual manera con aguardiente u otras bebidas de contenido etílico. Catorce de los peones de Areco harían retiros de tabaco a cuenta del estipendio, mientras que siete los harían de yerba: se trató siempre de cantidades escasamente significativas, que sumaron 17 libras en el primero de los casos y 89 libras 4 onzas en el segundo. Es de creer que estos "vicios", cuyo valor estimulante ha sido resaltado repetidas veces, llegaran casi siempre de forma gratuita a los trabajadores libres de estas estancias y, en lo que toca a los esclavos, con carácter de gratificación. Del volumen total de tabaco que adquirió Gallegos a lo largo de tres años, sólo el 14,11% fue deducido de la paga de los conchabados. En cuanto a la yerba, la gratuidad en su distribución parece haber sido aún más acentuada: tan sólo el 1,04% fue acre-ditada en la cuenta de los peones. De la misma manera que los alimentos, el reparto de "vicios" no fue gravoso para éstos, y ya parece haberse constituido para entonces en una forma consensuada de retención de la mano de obra. El adelanto de "vicios" a los conchabados a cuenta de su remuneración, aunque de escasa consideración, es el mejor instrumento de que ponemos para verificar qué utilidades extrajo Gallegos de la administración de estas haciendas. Las cuentas de las estancias, en efecto, expresan para la yerba y el tabaco diferentes precios de compra y de reparto, lo que nos permite discernir la política de Gallegos en lo concerniente a los pagos en especie. Este, en efecto, adquirió el tabaco a 2 reales la libra y lo menudeó entre su gente a 3 reales; de la misma manera, la yerba fue adquirida a 1⁄2 real pero retirada a 1 real por los peones. Por desgracia, no es posible medir de igual manera su injerencia en el reparto de textiles, dado que las cuentas no indican su precio al por mayor. Pero creemos lógica la sospecha de que obtuvo idénticas utilidades en el fraccionamiento de estos u otros efectos retirados de su tienda en Buenos Aires. La modalidad en que se pagaba a los peones de Areco ya ha sido en parte descrita por Mayo y Fernández: mientras permanecían en las estancias, los trabajadores recibían adelantos en metálico y especie, imputados a su "cuenta salarial". Al concluir el período previamente establecido de conchabo, el trabajador bajaba a la ciudad a recibir lo que se le adeudaba. Las cuentas entre administrador y conchabado resultaron casi siempre notablemente equilibradas: sólo en un caso un peón quedó en deuda con Gallegos, mientras que en las demás ocasiones fue éste quien debió abonarles algún resto, que nunca superó los 20 pesos. Podría creerse que este ajuste final, contabilizado la mayor parte de las veces en metálico, fue realmente efectuado en moneda, pero algunas aclaraciones de puño y letra de Gallegos contribuyen a aclarar la tesitura de dichas entregas. Así, éste anota que cuando el peón Joseph Malenva fue despedido del Bagual, "bajó a la ciudad y se liquidó esta cuenta y le entregué en lo que necesitó 81⁄2 ps. por resto y salió despedido". Fernando Laguna, conchabado por seis meses, recibió al liquidarse su cuenta "por resto de ella 10 ps. y 1 real en lo que necesitó y salió despedido". El peón Antonio de León, por último, se conchabó en la Invernada por seis meses, al cabo de los cuales se lo alejó "habiéndole entregado 7 ps. y 3 rs. por resto de ella en las cosas que necesitó". 15 Queda mani-CARLOS MARÍA BIROCCO 16 15 AGN, Sucesión 8122, Concurso. fiesto que Gallegos hizo del acto de liquidar las cuentas de los peones un medio para asignarles efectos de su tienda. Testimonios como los citados nos llevan a poner en tela de juicio, si no la totalidad de las partidas contabilizadas en metálico, por lo menos las que correspondieron a la liquidación final de cada conchabado, consistentes en el 8,10% del total de lo que éstos recibieron. A pesar de haber actuado como un ingrediente escaso en el ingreso de los peones de este establecimiento, debe reconocerse que la paga en moneda estimuló en Areco una cierta circulación de efectos. Los retiros de metálico constituían un incentivo para el comercio menudo: las cuentas nos presentan a tal o cual peón solicitando a Gallegos unos reales para comprar, por ejemplo, una capa usada o unas espuelas de ocasión. Según se desprende de la contabilidad de estas haciendas, al menos el 20,53% de la plata adelantada a los conchabados estuvo destinada a pequeñas transacciones como éstas, efectuadas al parecer en la Campaña. Ni siquiera los esclavos de estas estancias estuvieron excluidos de este modesto tráfico local. 16 Dichas transacciones, sin embargo, no sólo fueron montadas en el numerario: también yerba y tabaco (y con toda probabilidad los textiles) fueron utilizados en las mismas como "moneda de la tierra". Gallegos indica en sus cuentas haber trocado un tercio de yerba y 2 arrobas de tabaco por una tropilla de caballos, y es posible que sus trabajadores participaran en operaciones similares. Creemos, en fin, que hasta ahora se ha restado importancia al papel que jugó Gallegos como contratante: sólo de esa forma se explica que Mayo y Fernández pudieran afirmar que la mayor parte de los trabajadores de Areco recibieron más de un 20% de su "salario" en plata. De darse por ciertas las condiciones que acabamos de plantear, el promedio real de plata que llegó a manos de los mismos acaso ni alcanzó ese porcentaje. El hecho de que Saavedra y Gallegos aspiraran a convertirse en administradores de estas haciendas, conformándose con una paga de 200 pesos anuales abona-LAS ESTANCIAS DE RIBLOS EN ARECO, 1713-1813 17 16 Una partida en las cuentas de Gallegos indica que se entregaron al esclavo Basilio 5 pesos que le debía el peón Antonio de Melo. No se descarta que este movimiento de metálico entre trabajadores de una misma estancia pudiera deberse a deudas de juego; nos remitimos a ese respecto a Mayo, Carlos: "Sobre peones, vagos y malentretenidos: el dilema de la economía rural rioplatense durante la época colonial" en Anuario del Instituto de Estudios Histórico-Sociales, núm. 2, Tandil, 1987, páginas 25-32, y Martínez Dougnac, Gabriela: Persecución de vagos y cuatreros. Notas sobre la justicia colonial y la mano de obra forzosa en la campaña rioplatense, artículo presentado en la XIII Jornadas de Historia Económica realizadas en Mendoza en 1992. da frecuentemente con retraso, sólo puede explicarse, en conclusión, si el reparto de mercancías entre los conchabados se convirtió para ellos en una fuente de ingresos paralela. La escisión del dominio Tras la liquidación de las deudas del difunto Riblos, sus herederos (su viuda Josepha Rosa de Alvarado, sus hijos Miguel, Marcos Joseph y Leocadia y el esposo de ésta, Nicolás de la Quintana) fueron restituidos en la posesión de los bienes embargados, entre los que se contaban las estancias de Areco. Tal no hubiera sido posible sin la intervención de un singular personaje, el capitán Fermín de Pesoa, "mulato cuarterón" que había nacido esclavo en la mansión de Riblos y fuera liberado por éste en 1709. El mismo alcanzaría en la década de 1720 una holgada posición económica debido a su matrimonio con Juana de Echalecu, hija bastarda del factor de navío Francisco de Echalecu. A la sombra de su suegro, miembro de una familia de comerciantes vascos establecidos primero en Cádiz y luego en Buenos Aires, este liberto participó del tráfico atlántico y amasó una fortuna considerable, en virtud de lo cual obtuvo el reconocimiento de los mercaderes españoles de la ciudad, que lo llamaron a integrar la Ilustre Junta de Comercio. Tras la muerte de Riblos, el capitán Pesoa mediatizó la restitución del patrimonio inmobiliario de su antiguo amo en manos de sus herederos. En abril de 1721, el mulato adquirió al Concurso de Acreedores una chacra que el difunto poseyera en Montegrande, de la que hizo donación de una fracción de 600 varas a Josepha Rosa, conservando el resto del terreno para sí. Por encargo de la viuda, asimismo, inició la construcción de unas casas en dicha chacra e hizo reparar otras que ésta tenía en la ciudad. De aquí en más, Pesoa favoreció a la Alvarado con constantes desembolsos en metálico, además de costear los gastos de sus hijos, especialmente de Miguel, CARLOS MARÍA BIROCCO 18 17 También Saavedra realizó pagos en especie, aunque carecemos de elementos con qué determinar si estos predominaron o no sobre los pagos en moneda. Juan de Mendoza, por ejemplo, sirvió como peón por seis meses y se le entregaron por todo pago 5 varas de bayeta y 4 de bretaña; AGN, Sucesión 8122, Concurso. Es significativo que Saavedra manifestara poco antes de morir que se le adeudaban más de 600 pesos de su sueldo, amén "de los gastos hechos en los peones y demás menesteres de la administración" que constaren en su libro de cuentas; AGN, RE n.o 3 de 1725-1726, testamento de Pedro de Saavedra, Buenos Aires, 9 de enero de 1726. futuro canónigo de la catedral de Buenos Aires, que al ingresar a la Iglesia no disponía de congrua suficiente con que sustentarse. 18 Josepha Rosa y sus hijos, no obstante, no eran los únicos sucesores de Riblos. La herencia debía ser compartida con la hija mayor de éste, Leocadia, nacida de un matrimonio anterior con Leocadia de Torres y Gaete. Leocadia de Riblos había contraído enlace en 1729 con un militar español, el veedor del Presidio Nicolás de la Quintana, que, aunque manifestó interés por recobrar las propiedades de su difunto suegro, no contaba con medios para hacerlo. El capitán Pesoa se aprestó también a socorrerlo. En noviembre de 1730, el Concurso de Acreedores sacó a pública almoneda los terrenos que Riblos poseyera en el distrito rural de Escobar, una rinconada de unas 9 leguas cuadradas de superficie, que fue adquirida por el mulato para conceder al veedor De la Quintana la mitad de su territorio. Las fincas urbanas del difunto corrieron igual suerte: fueron subastadas por el Concurso y compradas por Pesoa para el dicho veedor. 19 En febrero de 1731 el Concurso de Acreedores se disolvió, permitiendo por fin la asignación de hijuelas a los herederos. Dos de las cuatro estancias que componían el latifundio de Riblos en Areco, las del Rincón y Sauce, tocaron a su hija Leocadia y fueron entregadas a Nicolás de la Quintana. Los otras dos, la Invernada y el Bagual, las recibió Josepha Rosa de Alvarado en su nombre y en el de sus hijos menores de edad, Miguel y Marcos Joseph. Le fueron devueltas junto con varios esclavos, alhajas y otros objetos por un valor algo inferior al que ingresara en concepto de dote al matrimonio. Pesoa aprovechó esta ocasión para cobrarse parte de las deudas de la Alvarado, apoderándose de "todas las haciendas, esclavos y cuanto contenían" las dichas dos estancias, acción depredadora que las dejó completamente despobladas. 20 Pero la actuación del liberto en las sucesivas almonedas había ahorrado a los herederos de Riblos la pérdida de sus otras propiedades rurales y urbanas. Allí el liberto manifiesta haber dado a la viuda "toda la plata que se le ofrecía" y contribuido a "los gastos de dicho señor canónigo cuando estaba estudiando en Córdoba y cuando pasó a Chile a doctorarse". En cuanto a las casas en la ciudad, se informa en diciembre de 1730 que éstas "hoy son de dicho Dn.Nicolás, para quien declaró el capitán Fermín de Pesoa haberlas comprado"; AGN, Sucesión 8122, Concurso. su instrumento de dote y el veedor De la Quintana el de su difunta suegra, Leocadia de Torres y Gaete, para apuntar sus exigencias a la restitución del bien más preciado, el latifundio sobre el río Areco, sin renunciar por ello a los otros inmuebles embargados por el Concurso. Las estancias que tocaron al veedor continuaron dedicadas a la producción de mulas, mientras que las de la Invernada y el Bagual, tras la expoliación de sus recursos, permanecieron inactivas durante más de una década. Josepha Rosa de Alvarado no dispuso de medios para reponer el stock de ganados, pero se opuso a vender éste y otros de sus inmuebles rurales, y aun los defendió contra pleitos y litigios. Al no poder repoblar las estancias, la viuda optó por el arrendamiento, al que su esposo ya había recurrido desde los tiempos del Concurso. Esta vez, sin embargo, no se trataba de contar con mano de obra alternativa sino de frenar las apetencias de terceros dispuestos a cuestionar la propiedad del terreno por hallarlo despoblado. Tal era la finalidad, como lo hemos referido en otra parte, de colocar arrendatarios en los linderos de latifundios de considerable extensión como éste. 21 Josepha Rosa de Alvarado afrontaría, en efecto, problemas de lindes en sus estancias. Sus vecinos inmediatos, los Sosa y Monsalve, llegaron a levantar un rancho y corrales en terrenos que los herederos de Riblos juzgaban de su pertenencia. Una primera medida de la Alvarado fue cargar de arrendatarios los linderos de su propiedad, formando un "cordón" de labradores en la periferia de sus estancias, quienes para evitar que sus sembrados fueran pisoteados ahuyentaban los ganados de los Sosa y Monsalve, causando su retorno hacia sus propias tierras. 22 De esa manera, los conflictos ya existentes entre labradores y ganaderos fueron exacerbados como una forma de preservar los derechos de la terrateniente a la propiedad de la tierra. La presencia de arboledas en estas dos estancias favoreció el ingreso de arrendatarios, la mayor parte de ellos labradores. En un pago de claro signo ganadero como el de Areco, los campesinos se vieron obligados a CARLOS MARÍA BIROCCO 20 21 Véase Birocco, Carlos M.: "Arrendamientos rurales en la primera mitad del siglo XVIII" en Gresores, Gabriela y Birocco, Carlos M.: Arrendamientos, desalojos y subordinación campesina. Elementos para el análisis de la campaña bonaerense en el siglo XVIII. Buenos Aires, 1992, págs. 79-85, donde analizamos esa actitud en Juan Francisco de Basurco, terrateniente del pago de los Arrecifes. 22 Joseph Sambrano, arrendatario de los Riblos, declaró que los Sosa Monsalve "tenían muchas haciendas" y que él "les corría sus haciendas porque habiendo sembrado chacra le hacían daño". Gregorio Zelis también debió "correr sus haciendas por librar sus labranzas"; AGN, Sucesión 8417, Herederos de Sosa contra Riglos. valerse de empalizadas para evitar el avance de los animales sobre sus cultivos. 23 Durante largo tiempo, los montes de árboles que a principios del siglo XVIII fueran plantados por orden de Miguel de Riblos permanecieron en pie y a ellos acudieron los arrendatarios de estas tierras no sólo para extraer palos con que "cercar sus trigos", sino para proveerse de leña y construir corrales en que encerrar sus cortos hatos de ganado. 24 El uso indiscriminado de este recurso terminaría por agotarlo casi por entero, completándose la deforestación cuando el arrendatario Juan de Cañas, que se asentó en las taperas de uno de los puestos abandonados, ingresó a las estancias con una gran majada. Sus ovejas, según se dice, "se comieron el monte", atacando los retoños e impidiendo que los árboles (en su mayor parte durazneros y sauces) recobraran el follaje luego de ser cortados repetidas veces. No faltaron en las estancias ocupantes precarios que usufructuaran sus recursos. Gregorio Zelis, dueño de una situada en las inmediaciones, se adentró en tierras de los Riblos y sentó sus labranzas en las cercanías de uno de los montecillos de árboles con la finalidad de cortar palos para cercar sus "gruesas sementeras de trigo y huertas". La Alvarado, advertida de su intrusión sólo "después de pasados años", encargó al padre procurador del Colegio de la Compañía de Jesús, cuyas estancias en Areco se hallaban próximas a las de Riblos, que conminara al labrador al pago de la renta. No obstante ello, Zelis "se excusó" de hacerlo, y la Alvarado acudió entonces al gobernador Miguel de Salcedo (1734-1742), quien le ordenó bajar a la ciudad para componerse con la propietaria. Se trata de un caso típico de arrendamiento forzoso: la terrateniente, amparada primero en su alianza con otros de su clase y luego en su nexo con los más altos niveles del aparato estatal, logró quebrar la resistencia del campesino y hacerle cumplir con el arriendo, que fue en esta ocasión de 12 fanegas de trigo. La temporada siguiente, Zelis optó por abandonar las tierras de los Riblos y "mudar las chacras más afuera". 25 La actitud de la Alvarado, por su parte, dejó probado que el arrendamiento, más allá de constituir una forma de asegurar los límites de la propiedad, podía actuar también como generador de ingresos. 24 El arrendatario Joseph Sambrano, poseedor de una chacra, "sacó troncos y cortó leña" de duraznero, mientras que Clemente Vielma "cortaba palos del río para cercar sus trigos y hacer corrales"; AGN, Sucesión 8417, Herederos de Sosa contra Riglos. 25 Para el concepto de arrendamiento forzoso véase Birocco, Carlos M.: "Arrendamientos...", págs. 54-64. El caso de Zelis en AGN, Sucesión 8417, Herederos de Sosa contra Riglos. Un elemento compulsivo de incuestionable significación fue la presencia de un comisionado de justicia al que se encargó la custodia de las estancias. Se trataba de uno de los arrendatarios de estas tierras, el labrador Domingo Figueroa, quien recibió comisión del Cabildo a instancias del menor de los Riblos, Marcos Joseph, que fue alcalde de segundo voto en 1755 y regidor desde 1756. Haciendo uso de las funciones policiales que le otorgó el Ayuntamiento, Figueroa procedió contra los vecinos más cercanos, los Sosa y Monsalve, por haber edificado un rancho y corrales más allá de los lindes de su propiedad. La situación, en un principio discretamente tolerada por la Alvarado, se tornó insostenible cuando éstos mensuraron el terreno y reclamaron como propias más de mil varas de frontada al Areco en las estancias de Riblos. Figueroa pasó entonces "de su propia autoridad" a la población de estos hacendados y demolió sus edificaciones. 26 Posteriormente Marcos Joseph, que para entonces se había hecho cargo de las estancias, logró que un tribunal de justicia despojara a sus vecinos del terreno en litigio. Marcos Joseph de Riglos La etapa del arrendamiento llegó a su fin cuando Josepha Rosa de Alvarado cedió las estancias a su hijo Marcos Joseph para que éste volviera a poblarlas. 27 Los hijos de la Alvarado variaron la grafía de su apellido y se hicieron conocer como Miguel y Marcos Joseph de Riglos. Miguel, el primogénito, que ingresó a las filas de la Iglesia, recibió las sagradas órdenes en Córdoba y se doctoró en Chile a expensas de Fermín de Pesoa, que solventó los estudios del hijo de su patrón. El doctor Riglos habría de convertirse en canónigo magistral y arcediano de la catedral de Buenos Aires y su celibato atrasaría, de hecho, la partición del patrimonio inmobiliario familiar por una generación. Las estancias del Bagual y la Invernada quedaron en manos de Marcos Joseph, su hermano menor. Siguiendo los pasos de su padre, a quien no conoció, se embarcó precozmente en el comercio con las provincias del Perú. No disponía para ello de metálico, pero podía CARLOS MARÍA BIROCCO 22 26 Ibídem. 27 Refiere la Alvarado que las estancias estuvieron despobladas "hasta que mi hijo Dn.Marcos Joseph las pobló para sí con mi expreso consentimiento"; AGN, RE n.o 1 de 1770, testamento de Josepha Rosa de Alvarado,, Buenos Aires, 3 de septiembre de 1768. respaldar sus necesidades crediticias en los inmuebles de la familia. Provisto de este recurso, el joven recurrió a uno de los antiguos enemigos de su progenitor, Antonio de Larrazábal, quien en abril de 1742 le hizo una libranza por 3.293 pesos. 28 La carencia de liquidez que le aquejaba, empero, obligó a Marcos Joseph a incurrir en nuevas estrategias de acercamiento a las familias de mayor opulencia de Buenos Aires. En 1745 obtuvo la mano de Francisca Xaviera de Samartín, sobrina de Larrazábal e hija del maestre de campo Juan Ignacio de Samartín: aunque trababa de esa forma una alianza que su progenitor jamás hubiera el enlace suministró a Marcos Joseph 4.000 pesos en efectivo, además de esclavos, inmuebles y alhajas que completaban la dote de su esposa. Luego de contraídas estas nupcias, que se celebraron en secreto para que sus acreedores no fueran alertados del repentino acrecentamiento de su fortuna, Riglos realizó su primera excursión comercial al Perú, seguida a los pocos años de un segundo viaje en el que recaudó "lo que había dejado el viaje antecedente". El resultado de los mismos fue exitoso: en 1752 su caudal líquido, "sin incluirse la herencia de sus padres", era de 22.897 pesos. 29 En otoño de 1752, Marcos Joseph se embarcó hacia España en el navío portugués "Nuestra Señora de la Luz". Se iniciaba con ello una segunda etapa en su trayectoria mercantil, la del comercio ultramarino, que respondía a una adaptación a la coyuntura pues, durante el primer lustro de la década de 1750, Buenos Aires conoció una expansión en el volumen de intercambios con la Metrópoli. No resulta entonces casual que, siendo los cueros uno de los articuladores del renaciente tráfico atlántico, Riglos repoblase sus estancias con ganado vacuno. En un primer intento por restituir su stock de ganados, introdujo a una de ellas tres mil animales, mientras que la otra permaneció de momento despoblada. Entre mediados y finales de la década, sin embargo, una sobreoferta de mercancías europeas provocó una grave crisis en la plaza comercial porteña. A consecuencias de ello, Riglos se volcó hacia el mercado salteño-altoperuano, por lo que reactivó en Areco la cría de mulas. Hacia 1759 ya existían allí dos puestos de estancia en los que convivían mulares y vacunos, a los que en octubre de ese año se agregó un tercero especializado en la crianza del híbrido. Riglos hizo construir en él un corral y efectuó un trato de aparcería con un hacendado del pago, Ventura de Sosa. En virtud del mismo, el propietario aportó mil yeguas bagualas más "todos los pollinos que se puedan sacar de las burras que tiene, dejando a las otras dos estancias los que sean precisos", a los que Sosa añadió 450 yeguas de retajo, 30 caballos y 6 burros hechores. En lo que toca al ganado bovino, el primero contribuyó con 100 vacas y el segundo con 25, para que se extrajeran de ellas "los novillos que sean necesarios para la subsistencia de dicha estancia". 30 La contribución de los aparceros a la conformación del stock del nuevo puesto, que bautizaron "del Monte Viejo", era visiblemente desigual. Sosa se vio obligado a compensar esta desproporción con su trabajo personal: no sólo quedó a cargo del mismo, sino que se lo colocó "a la mira" de otro de los puestos de Riglos, situado en el paso del camino real sobre el río Areco. Un año después, el nuevo establecimiento contaba con dos casas, una de teja y otra de paja, y con un millar de yeguas bagualas cogidas en una redada, a las que se sumaban algunas manadas de yeguas mansas y 255 vacas y terneras. Riglos, sin embargo, protestó del "exceso de peones" que requiriera "la sujeción de dichas yeguas y construcción de la estancia", la mitad de los cuales corrió por su cuenta, de modo que obligó a Sosa a no servirse en adelante más que de dos conchabados. El contrato que firmaron Riglos y Ventura de Sosa preveía una duración de doce años, pero la presencia del último en las estancias no parece haberse extendido más allá de 1761. La figura del capataz-aparcero, que se acomodaba bien a la etapa de repoblamiento de las estancias, no volvió a presentarse. En las siguientes décadas, las haciendas estuvieron a cargo de mayordomos: Anastasio Tapia, nacido en el pago de Areco, permaneció a cargo de las mismas entre mediados de la década de 1770 y finales de la siguiente; en 1789 le sucedió en su puesto Joseph Joaquín Bueno. Estos fueron asistidos por esclavos negros (en 1774 Riglos poseía unos veinticinco, repartidos entre sus casas de la ciudad y sus fincas rústicas) y peones. En el último tercio del siglo XVIII, las estancias de Riglos se convirtieron en uno de los mayores establecimientos productivos de la campaña de Buenos Aires, acaso sólo superado en magnitud por los que administraban las Temporalidades. En 1774, con motivo de ofrecerlas como prenda hipotecaria de una de sus operaciones mercantiles, Marcos Joseph describió a la Invernada y el Bagual como CARLOS MARÍA BIROCCO 24 30 Ibídem, n.o 5 de1759-1760, contrato de aparcería, Buenos Aires, 4 de octubre de 1759. "dos estancias de la otra banda del río Areco como veinte leguas de esta ciudad con tres leguas de frente a dicho río y dos y media leguas de fondo, pobladas con ocho mil cabezas de ganado vacuno, cuatro mil yeguas de cría de mulas y potros y más de mil caballos de servicio de dichas estancias, dos corrales y trascorrales, con ocho mil postes de ñandubay, un cercado en la principal de dichas estancias de zanja y tuna con seiscientas varas de frente y mil y doscientas de fondo sobre el dicho río de Areco todo lleno de montes de duraznos, manzanos, olivos y otros frutales, con más las casas de una y otra estancia, todas de teja, y diez viviendas en ellas con los demás aperos necesarios de dichas estancias". 31 Comparadas con otras de menor extensión, las estancias de Marcos Joseph de Riglos soportaban una alta carga ganadera. La necesidad de ampliar las tierras de pastoreo le condujo en 1789 a adquirir la casi totalidad de las fracciones desglosadas del latifundio de su padre a partir del reparto de 1731. Fallecidos el veedor Nicolás de la Quintana y Leocadia de Riblos, sus hijos y yernos consintieron en vender a Marcos Joseph las estancias del Sauce y el Rincón, incluyendo en este traspaso ganados y esclavos; esta operación se concretó con el apoyo pecuniario del canónigo Riglos, que puso a disposición de su hermano 2.000 pesos provenientes de sus rentas eclesiásticas. Sólo uno de los yernos del difunto veedor, Francisco de Espinosa y Muxica, conservó 3.000 varas de frente a la Cañada Honda, único obstáculo que impidió la completa reunificación del antiguo dominio de Riblos en Areco, cuyas nueve décimas partes recayeron desde entonces en un único propietario. El latifundio de Riblos, una rinconada provista de lindes naturales, sirvió como soporte a una tipología extensiva de explotación ganadera, el pastoreo de equinos en estado semisalvaje, de los que se seleccionaban las yeguas más aptas para la cría de mulas. No es de extrañar entonces que se le concibiera como un dominio unitario u ocasionalmente bipartito, a partir de lo cual fueron tramadas diversas estrategias familiares cuyo objeto era neutralizar la parcelación sucesoria. Es sabido que en el Buenos Aires colonial la institución del mayorazgo tuvo un peso casi inexistente, de modo que todo caudal inmobiliario se LAS ESTANCIAS DE RIBLOS EN ARECO, 1713-1813 25 31 Ibídem, n.o 2 de1774-1775, escritura de obligación, Buenos Aires, 9 de diciembre de 1774. hallaba sujeto al desmembramiento por herencia. A pesar de que la intervención de un miembro de la clientela de la familia (el liberto Fermín de Pesoa) impidió que una porción del patrimonio inmobiliario de los Riblos fuera enajenado por obra del Concurso de Acreedores, las posteriores particiones sucesorias fueron ineludibles. Así, las estancias de Miguel de Riblos en Areco fueron divididas en 1731 entre su viuda y su yerno. La minoridad de sus hijos varones evitó una mayor atomización de las mismas, quedando las hijuelas de estos a cargo de su madre, Josepha Rosa de Alvarado. Con posterioridad al reparto de 1731, es posible diferenciar las actitudes de los Riglos y los De la Quintana hacia el patrimonio inmobiliario rural. En lo que toca a los primeros, el ingreso de uno de ellos a la Iglesia actuó como factor retardatario en el fraccionamiento del caudal territorial. Mientras vivió Josepha Rosa de Alvarado, el conjunto de los bienes que heredaran del difunto Riblos permaneció indiviso, lo que ofreció a Marcos Joseph la oportunidad de usufructuar las fincas rústicas de la familia, contando para ello con el beneplácito de su madre y de su hermano religioso. Al morir Josepha Rosa en 1770, un acuerdo tácito entre herederos ("consentimiento recíproco proprio de su unión fraternal y buena armonía") determinó que el canónigo tomara para sí una de las casas en la ciudad, mientras que su hermano se apoderaba del resto de las propiedades inmuebles. Incluso en 1792, cuando se produjo la muerte de Marcos Joseph, este acuerdo se mantuvo en vigencia: aunque no faltaron roces entre el religioso y sus sobrinos, la viuda Francisca Xaviera de Samartín y sus hijos continuaron en poder de las fincas de la familia, entre ellas las estancias de Areco. En cuanto a los De la Quintana, ninguno de los hijos varones del veedor mostró inclinación a hacerse cargo de las haciendas. Se volcaron, por el contrario, hacia la carrera de armas: uno de ellos, Nicolás, alcanzaría a finales de siglo el grado de comandante de fronteras de Buenos Aires. En un intento por saldar la falta de interés de sus hijos, el veedor recurrió a uno de sus yernos, Francisco de Espinosa y Muxica, al que en 1760 facultó "para que corra con las haciendas que tengo en mis estancias en el pago de Areco". 32 Pero esta asociación no fue para Espinosa más que un paso previo a la adquisición de tierras propias. En 1762 consiguió que su suegro le vendiese 3.000 varas de frente a la Cañada Honda, primer recorte que sufrió el dominio desde el reparto de 1731. El fracaso de De la Quintana por hallar entre los suyos quien le sucediera en la administración de sus estancias hacía prever para éstas un ulterior enajenamiento. Sus descendientes, que mantuvieron el resto del territorio indiviso, lo transfirieron en 1789 en forma conjunta a su pariente Marcos Joseph de Riglos. Marcos Joseph, al contrario que De la Quintana, contó con quien le relevara al cuidado de las estancias. Sus hijos fueron incentivados desde jóvenes para continuarle en alguna de sus múltiples actividades, de modo que hubo entre sus descendientes tanto quien le auxiliara en sus negocios como quien se especializara en el manejo de las haciendas. Uno de ellos, Rafael Joseph, participó desde joven en la administración de las fincas de la familia, aunque actuó alternativamente en el comercio y llegó a ser representante de su padre en Madrid. A los veintiún años, en 1781, se le encargó la entrega de mulas a unos mercaderes, primer testimonio con que contamos de su intervención en las haciendas. 33 Desde entonces suplantó gradualmente a Marcos Joseph en el control de las fincas y, al producirse la muerte de éste, consiguió que los demás herederos le cedieran la posesión de las estancias en reconocimiento a haber asistido a su padre en la administración de sus bienes rurales durante su ancianidad. 34 De esa forma, el latifundio de Miguel de Riblos conservó su integridad hasta los albores del siglo XIX. A la muerte de Rafael de Riglos el esposo de una de sus hermanas, Mariano de Zavaleta, volvería a reunir las antiguas posesiones de Riblos en Areco por medio de compras a los descendientes de Marcos Joseph de Riglos y Francisco de Espinosa y Muxica. De esa forma, en 1813 se encontraba en su poder "todo el terreno de la testamentaria de Riblos", con excepción de 4.495 varas de frontada al Areco que Rafael de Riglos había vendido a un tal Castex. 35 Un antiguo latifundio colonial rioplatense, conformado en la segunda mitad del siglo XVII, permaneció de esa manera en poder de la misma familia durante más de un centuria e ingresó al período independiente sin haber casi sufrido desmembración alguna. La fórmula utilizada por los coherederos para cederle las estancias fue la de "venta al fiado". 35 Archivo de Geodesia y Catastro de la Provincia de Buenos Aires, duplicado de mensura n.o 48 del partido de San Antonio de Areco, mensura de las tierras de Zavaleta en Areco, 1813.
Una aproximación general al fenómeno populista manifiesta que, aun cuando las diversas situaciones que han sido tipificadas como encuadrables dentro de él presentan diferencias muy acusadas entre sí, como característica común todas ellas muestran una reacción del mundo agrario contra los trastocamientos, corrupciones y otros males que, según la percepción colectiva arraigada en dicho mundo, conlleva la introducción en él de las relaciones capitalistas de producción y de mercado. Los populismos latinoamericanos son analizados aquí desde un punto de vista estructural y globalizante que los sitúa en el proceso de formación del Estado-nación. Para ello, se parte de una concepción del Estado que trata de ir más allá de la simple consideración de éste como un mero aparato político-institucional y procura abordar también las condiciones económico-sociales que constituyen su base material de sustentación, así como los marcos simbólico-legitimadores de acuerdo con los que se explica y/o justifica su orden y actuación. En consonancia con la concepción del Estado referida, el cometido central de este trabajo lo constituye el estudio de las bases económicosociales, político-institucionales y simbólico-legitimadoras de los Estados populistas latinoamericanos. Entre otros diversos aspectos, dicho estudio permite concluir cómo, a diferencia de la generalidad de los populismos en los que el Estado y lo político-urbanoindustrial son percibidos sobre todo como referentes de rechazo, en América Latina es desde el propio Estado, desde donde se impulsaron los proyectos populistas. Aproximación general al fenómeno populista "En mi opinión, parece difícil encontrar un asunto más tratado por la teoría política del siglo XX, que el populismo; y, al mismo tiempo, otro asunto, de tan grande importancia, que haya inspirado tan pocos análisis serios y objetivos. Aparentemente, la mayoría de las personas se encuentran tan ocupadas en acusar o defender el populismo, que no les sobra tiempo suficiente para dedicarse a su estudio serio, profundo y responsable". 1 La propia indefinición del vocablo pueblo al que de una u otra forma alude la palabra populismo está en el origen de la usual ambigüedad e imprecisión de la misma. En realidad, el pueblo es un sujeto heterogéneo y diverso, así como objeto ambivalente de repudios (se trata de aquellos que lo tipifican como fácilmente adulable y manipulable por parte de los dema-gogos populistas) o de ensalzamiento. Esta es la postura de los que, comulgando con las ideologías populistas, nos las presentan como la voz del pueblo, que es concebido por ellos como la reserva de todas la virtudes frente a la corrupción urbana. Así sucede, por ejemplo, en los casos de Rusia y EE.UU., respecto a los que aquí se hará una breve referencia. En tales planteamientos subyace una especie de maniqueísmo, similar al existente en ciertas concepciones más o menos vulgarizadas del marxismo, para las que el proletariado es algo así como la encarnación universal del sujeto salvífico de la historia, frente a la burguesía que simboliza todos los males. Pero, también dicha ambigüedad se debe a que el término populismo suele ser empleado por los que lo utilizan desde perspectivas teórico-ideológicas muy dispares, a la vez que para aludir a una gran diversidad de situaciones muy heterogéneas y diversas. Una muestra de esa heterogeneidad de situaciones es que la historia político-social de diversos países europeos, asiáticos o africanos, e incluso la de los Estados Unidos de Norteamérica, presenta movimientos de masas, partidos políticos y formas de gobierno que han sido denominados con la etiqueta de populismos. Como una muestra de ello, aquí se hará brevemente mención a los fenómenos populistas ruso y norteamericano, que constituyen dos casos bastante representativos. En la Rusia zarista, hacia la década de los setenta del siglo XIX, arraigó una forma de populismo agrario que constituyó un foco de aglutinación ideológica de la desarticulada oposición zarista. 2 Los intelectuales que estaban cerca de los populistas consideraban la economía campesina como una estructura social específica de naturaleza no capitalista. Para ellos, la unidad campesina se encontraba inmersa en el contexto social de una economía seminatural, ubicada bastante al margen del ámbito de las relaciones de mercado, de la economía monetaria y de la modalidad de producción motivada por la mera obtención del beneficio. 3 Dada su proximidad con ellos, dichos intelectuales participaban de puntos de vista muy análogos a los de los propios campesinos populistas, cuyas actitudes y formas de acción colectiva se centraban en: 1) la batalla contra la mercantilización de sus intercambios, tanto con la naturaleza como con la sociedad, a que les forzaba el proceso de privatización que conllevaba el avance del capitalismo; 2) el escepticismo ante las formas de participación política típicas de la democracia formal; 3) la existencia en su colectivo de valores éticos e igualitarios que eran considerados como inherentes a las leyes de la naturaleza; 4) la propiedad colectiva con posesión individual de los recursos naturales, y 5) la autorregulación política a nivel local. 4 El populismo norteamericano se desarrolló a finales del siglo XIX entre propietarios y trabajadores agrícolas. 5 Por esas fechas el sector capitalista de la economía agraria estadounidense atravesaba una crisis de superproducción, a la vez que, paralelamente a ello, perdía importancia relativa y absoluta frente al capital industrial, comercial y financiero. La retórica y la ideología de este populismo manifestaba una pretensión de conservar las que se consideraban como saludables cualidades de la sociedad rural contra el debilitamiento que introducían en ella fuerzas sociales extrañas. Su finalidad era impedir la desintegración de las comunidades campesinas y el deterioro del modo tradicional de vida agrario, así como preservar el mantenimiento de una identidad rural autónoma. 6 En definitiva, se manifiesta aquí la preocupación por mantener los valores jeffersonianos de la comunidad y de la democracia rurales. Asimismo, los populistas norteamericanos consideraban la tierra como la más importante fuente de riqueza y de bienestar social, al mismo tiempo que se quejaban de los "parásitos" y de los "ladrones" que controlaban el comercio, las finanzas y el aparato del Estado, en perjuicio de los que "de verdad trabajaban y producían". Se trataba de una peculiar negación de la economía del laissez faire que abogaba por una intervención estatal en los asuntos económicos, en especial los relacionados con el capital financiero, que era percibido como una vía por la que se evadían gran parte de los beneficios obtenidos en la agricultura. El agricultor tenía que soportar una serie de políticas impositivas y arancelarias, y, aunque sujeto a un sistema de producción organizado en multitud de pequeñas unidades que funcionaban a costes fijos, debía efectuar sus ventas en un mercado cada vez más competitivo. Si bien sus exportaciones contribuían a sufragar el capital importado preciso para la financiación de la industria norteamericana, lo cierto es que su trabajo producía, a un precio cada vez más bajo, los alimentos que nutrían a los obreros industriales. Y, a pesar de todo ello, a medida que pasaba el tiempo, el agricultor veía cómo sus ganancias no POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 3 4 Referido en Barragán, A.; González, M., y Sevilla, E.: "Revueltas campesinas en Andalucía", Cuadernos de Historia 16, n.o 294, Madrid, 1985, pág. 6. 5 Ianni, Octavio: La formación del Estado populista en América Latina, México, 1975, pág. 35. 6 Newby, H. y Sevilla-Guzmán, E.: Introducción a la sociología rural, Madrid, 1983, pág. 26. estaban en proporción con lo que él creía que era su aportación al crecimiento nacional. 7 Aun cuando las diversas situaciones que han sido tipificadas de populistas muestran acusadas diferencias entre sí, como característica común a todas ellas se puede afirmar que, por lo general, el populismo se ha manifestado como una reacción del mundo agrario contra los trastocamientos, corrupciones y otros males que, de acuerdo con la percepción colectiva arraigada en dicho mundo, conlleva la introducción en él de las relaciones capitalistas de producción y de mercado. En consonancia con estos planteamientos, en casi todas las formas de populismo se trata de ensalzar y conservar el modo de vida de base agraria. Lo industrial-urbano es relegado como pernicioso, o en un nivel más secundario visto como una actividad subordinada. Se considera la tierra como la más importante, cuando no la única, fuente de riqueza y de bienestar social. 8 Todo progreso económicosocial, cultural o político es afrontado en términos de preservación y revalorización de las experiencias de carácter comunitario o tribal del mundo tradicional. "En todos estos países que han conocido movimientos populistas expresivos, él ha representado siempre la ideología de las virtudes del pasado contra los males del presente y las incertidumbres del futuro; siempre ha defendido los estilos considerados auténticos, tradicionales, rurales, de folk, contra los estilos urbanos ecuménicos, universales". Los populismos latinoamericanos: un modelo de análisis A pesar de la diversidad nacional de América Latina, es indudable que pueden apreciarse notables semejanzas y convergencias entre los diferentes y heterogéneos países que componen este entorno geopolítico. En determinadas ocasiones, estas convergencias y semejanzas se acentúan de tal manera "que varios, o la mayoría, de los países parecen vivir y pensar problemas muy similares". 10 Un ejemplo especialmente significativo de tales FRANCISCO ENTRENA DURÁN 4 7 Hofstadter, Richard: "Estados Unidos", en Gellner, Ernest e Ionescu, Ghita (Compiladores): Populismo. 8 Ianni, O.: La formación del Estado..., pág. 29. 9 Costa Pinto, L. A.: "Pueblo y populismo", pág. 38. 10 Ianni, O.: "La idea de América Latina", en Roitman, Marcos y Castro-Gil, Carlos: América Latina: entre los mitos y la utopía, Madrid, 1990, pág. 51. ocasiones es la coyuntura histórica en la que, en la generalidad de las naciones latinoamericanas, se desarrollaron los fenómenos populistas, a tres de los cuales se hará referencia brevemente a continuación. En 1930 Getulio Vargas asumió el poder en Brasil proclamando como objetivos el saneamiento del sistema electoral, la lucha contra el desorden y la regeneración de la vida política. Permaneció durante cuatro años como jefe de un gobierno provisional y, después de la promulgación de la Constitución de 1934, resultó elegido por la Asamblea Nacional presidente de la Segunda República brasileña por un período de mandato de cuatro años. Sin embargo, en 1937, Vargas se proclamó dirigente del llamado Estado Novo, de carácter corporativista y permaneció en el poder hasta 1945, fecha en que fue derrocado por un golpe de Estado. En 1951, después de haber resultado vencedor en unas elecciones democráticas celebradas en el año anterior, Vargas accedió de nuevo a la presidencia y se mantuvo en ella hasta su suicidio en agosto de 1954. 11 Concluía de esta forma una de las más importantes experiencias populistas latinoamericanas. El modelo sindical impulsado por el varguismo, de acuerdo con la naturaleza corporativista del régimen que lo sustentaba, tenía como objetivo principal una "política de paz social", tendente a fomentar la colaboración entre las clases. De este modo, los trabajadores podían experimentar la "ilusión" de compartir con la burguesía la responsabilidad de la orientación política del país. 12 Al igual que en Brasil, en Argentina el surgimiento y desarrollo del populismo estuvo también muy vinculado al destino de una figura personal. Se trata de Juan Domingo Perón, que, elegido presidente de la República en 1946, permaneció en el poder hasta 1955, fecha en que la oposición de la Iglesia y de las fuerzas armadas desembocó en un descontento general que le llevó a renunciar. Tras dieciocho años de exilio retornó a su país y fue elegido presidente de la República en 1973, pero ya no volvió a repetirse la política de "conciliación" de los intereses del movimiento obrero con los del capital que había caracterizado el populismo peronista de la primera etapa. Perón permaneció en el cargo hasta su muerte en 1974. Aparte del peronismo argentino y del varguismo brasileño, cabe destacar también el cardenismo en México. La intensa POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 5 11 Hidalgo Da Silva, Osvaldo, y Moyano, Eduardo: "Acción colectiva y asociacionismo agrario en Brasil", Agricultura y Sociedad, n.o 68-69, Madrid, julio-diciembre de 1993, pág. 229. 12 Fernández Franco, Lorenzo: Estructura y clases sociales en la América Amazónica, Madrid, 1992, pág. 12. reforma agraria, la conversión del Partido Nacional Revolucionario (PNR), creado por Plutarco Elías Calles en 1929, en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y su consiguiente transformación en un instrumento del Estado para la movilización de las masas, el encauzamiento y el control de las demandas de éstas fueron, junto con las disposiciones nacionalizadoras de los sectores económico-productivos básicos, los factores fundamentales sobre los que se sustentó la política populista de masas llevada a cabo por Cárdenas. 13 Factores, a partir de los cuales fue posible la articulación de una forma de Estado, cuyo entramado institucional y dinámica de funcionamiento estaban en condiciones de propiciar por sí mismos el desarrollo de políticas de orientación populista. Se configuró de este modo el populismo estructural típico del régimen mexicano. Populismo estructural, ya que, a diferencia de la marcada orientación personalista del peronismo o del varguismo, que estuvieron en gran parte vinculados a las capacidades de mando y facultades de los líderes que los impulsaron, y por lo tanto no sobrevivieron a tales líderes, en México se asentó, a raíz de las reformas llevadas a cabo por Cárdenas, una fórmula de dominación populista más vinculada a la naturaleza institucional del sistema que a las mayores o menores facultades carismáticas que, individualmente, haya podido tener cada uno de los presidentes concretos que se han sucedido en el cargo a partir de entonces. El varguismo, el peronismo y el cardenismo son los Estados populistas tomados en consideración en esta breve referencia porque se estima que estos tres casos manifiestan las características fundamentales del conjunto de tales Estados. En cualquier caso, que el estudio de los populismos latinoamericanos sea afrontado aquí de manera conjunta, no implica la presuposición de que todos los regímenes latinoamericanos de esta naturaleza sean considerados idénticos; de hecho, cada uno de ellos tiene características específicas en función de sus respectivas situaciones sociohistóricas particulares. Habitualmente los estudios que se han dedicado al análisis de los populismos han abordado la cuestión de manera fragmentaria e incompleta; es decir, se han limitado sólo a la consideración de unas determinadas características. Así, frente a las perspectivas que enfatizan la modernización y el cambio social y a aquellas que se centran en la manipulación FRANCISCO ENTRENA DURÁN 6 13 Véase a este respecto Córdova, Arnaldo: La política de masas del cardenismo, México, 1974. demagógica llevada a cabo por los líderes populistas (Germani, Di Tella, Graciarena), Ianni, desde un punto de vista bastante imbuido de los planteamientos marxistas, destaca la naturaleza contradictoria de las alianzas de clase que eventualmente se establecen al amparo de la coyuntura populista, las notables diferencias de actitudes y de expectativas que, como consecuencia de ello, tiene cada una de las clases sociales implicadas en el proyecto socio-político populista, las estrechas conexiones que hay entre bonapartismo y pacto populista, o las relaciones existentes entre una fase del desarrollo capitalista en países dependientes como los latinoamericanos y la emergencia del populismo. 14 La intención que subyace a la estrategia analítica adoptada en el presente trabajo, más que aportar nuevas características (tarea que, además de extremadamente difícil, dado el gran número de estudios efectuados sobre el tema, no se considera que contribuya mucho a aclarar la naturaleza de los populismos latinoamericanos), es proceder a una sistematización e integración en un marco común de los rasgos ya referidos por otros estudiosos de esta cuestión. Toda realidad social es en mayor o menor medida compleja, cambiante y circunstancial, a la vez que difícilmente encuadrable en el marco, en cierto modo restrictivo, de cualquier modelo teórico. Cuando se trata de abordar el estudio de un fenómeno social, la opción más sensata parece ser elaborar un modelo lo más apropiado posible para poner en práctica una estrategia de análisis con la que caracterizar adecuadamente tal fenómeno. En el presente caso, en el que se pretende elaborar un modelo teórico con el que poner de manifiesto la estrecha relación que existe entre el arraigo del fenómeno socio-político populista y el proceso global de formación del Estado-nación en la realidad latinoamericana, las dificultades se acrecientan debido a que esta realidad es y ha sido siempre especialmente convulsa y contradictoria. Para lograr el propósito de conceptuar globalmente dicho proceso, se considera que lo más adecuado es partir de un planteamiento del Estado que trate de ir más allá de la simple concepción de éste como un mero aparato político-institucional y procure abordar también las condiciones económico-sociales que constituyen su base material de sustentación, así como los marcos simbólico-legitimadores de acuerdo con los que se explica y/o justifica su orden y actuación. El objetivo es comprender el Estado populista desde un punto de vista estructural y globalizante, POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 7 en el que se contemplan como estrechamente integradas y vinculadas entre sí las bases económico-sociales, político-institucionales y simbólico-legitimadoras de dicho Estado. De este modo, los populismos latinoamericanos son presentados aquí como formas de articulación y/o tentativas de institucionalización del poder estatal, y del discurso legitimador del mismo, conformadas/conformadoras de/por un estadio en la evolución de las heterogéneas y contradictorias estructuras económico-sociales. Los populismos latinoamericanos surgieron cuando, después de la gran depresión económica de los años treinta, entró en crisis en América Latina el sistema de poder oligárquico. A raíz de ello se empezó a dejar de lado el modelo liberal ortodoxo que, sustentado en los principios de la división internacional del trabajo, había asignado a esta región del mundo la función de producir materias primas (especialmente, agrarias) destinadas a la exportación. La política económica optaba, a partir de esas fechas, por impulsar un movimiento de industrialización encaminado a la elaboración autóctona de productos que hasta ese momento habían procedido de la importación, a la que se le pusieron notables barreras arancelarias. Como consecuencia de la industrialización se experimentó una intensificación de los niveles de diferenciación interna y de especialización funcional de los sistemas económicos, incrementándose, a raíz de ello, el peso relativo y absoluto de los sectores secundario y terciario. La industrialización, amparada en la sustitución de importaciones, posibilitó un creciente ascenso del nivel de ocupación y, aunque resultaba más caro producir los productos que importarlos de fuera, lo cierto es que de ella se derivó un considerable incremento de la productividad y de los ingresos netos en el conjunto de la economía. Todo ello se tradujo en un significativo aumento del nivel de integración del mercado a escala nacional, lo que, a su vez, puede considerarse como un requisito especialmente necesario para posibilitar el afianzamiento del Estado-nación. 15 La otra cara de la política de sustitución de las importaciones es que las excesivas, cuando no abusivas, trabas que se le impusieron a las impor-FRANCISCO ENTRENA DURÁN 8 15 Un interesante y sugerente ensayo a este respecto es Moya, Carlos: "Estado nacional y mercado nacional", en Moya, Carlos: Señas de Leviatán. Estado nacional y sociedad industrial: España 1936-1980, Madrid, 1984. taciones contribuyeron a quitarle incentivos a las industrias nacionales para modernizarse, mejorar sus métodos de producción e ir acomodándose gradualmente a las exigencias de la competitividad internacional. De este modo, se estaba, ya desde los mismos comienzos del proceso de industrialización, gestando el embrión de las futuras crisis y brutales regresos a la ortodoxia liberal, que tan funestos efectos tuvieron en los años setenta y ochenta, en lo referente a propiciar el desmantelamiento de las deterioradas y poco competitivas estructuras industriales de ciertos países del cono sur latinoamericano. Los procesos de modernización e industrialización dieron también lugar a una elevación de los niveles de emigración de la población rural a las ciudades. El crecimiento de las urbes, que como consecuencia de ello tuvo lugar, propició unas condiciones muy adecuadas para una irrupción de las masas en la escena socio-política, a la que estuvo muy vinculado el surgimiento de los regímenes populistas latinoamericanos. En particular, los populismos aparecieron como fenómenos muy relacionados con las exigencias de democratización y de mayor participación colectiva en los bruscos procesos de cambio social o de modernización inherentes al tránsito de una sociedad tradicional arcaica o rural a otra de naturaleza moderna, urbana o industrial. Estas repentinas transformaciones de las sociedades latinoamericanas generaron una especie de "revolución de las expectativas" sociales en las masas urbanas de recién llegados del campo, que poseían una escasa o nula comprensión de los valores y patrones socioculturales de la ciudad, lo que las hacía fácil presa de la eventual "demagogia" de los líderes populistas. Gino Germani considera que tales masas no poseían todavía las condiciones psicosociales, o paradigmas de cultura política, que se suponen consustanciales a las formas de acción colectiva urbanas y democráticas; se hallaban en un proceso de resocialización que conllevaba una modificación de sus expectativas y actitudes. Este autor concibe los populismos, o movimientos nacional-populares como él los llama, como fenómenos socioculturales y políticos típicos del período de transición de la sociedad tradicional a la urbana industrial. En ese período se produce una situación singular como consecuencia de la existencia de lo que él denomina la "simultaneidad de los no contemporáneos". En realidad, esta sincronía de lo contradictorio suele ser una característica bastante arraigada en la economía, la cultura, la política y otras manifestaciones de Latinoamérica, que ha sido conceptuada como una sociedad dual: POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 9 "...todos los aspectos de la estructura social pueden ser asincrónicos: tanto sus elementos psicológicos como la 'superficie' material y ecológica. Dentro de la misma región -lo mismo que dentro de regiones ecológicamente diferentes-, coexisten grupos 'avanzados' y grupos 'atrasados'. Unas normas contradictorias (las correspondientes a unos estadios anteriores de la sociedad y las que surgieron bajo el efecto de cambios de diversa índole, producidos en otros sectores de la estructura) pueden continuar rigiendo la misma institución con tal que unas y otras guarden cierta legitimidad. De modo pueden coexistir actitudes, creencias y valores que 'corresponden' a épocas diversas". 16 De acuerdo con Germani, las etapas del desenvolvimiento histórico de América Latina son las siguientes: 1) guerras de emancipación colonial y proclamación formal de la independencia política; 2) guerras civiles, caudillismo, anarquía; 3) autocracias unificadoras; 4) democracias representativas de participación restringida; 5) democracias representativas de participación amplia; 6) democracias representativas de participación total; 7) revoluciones nacional-populares, que surgirían como una alternativa a las tres modalidades de democracia antes referidas. La llamada "democracia de participación restringida" es un sistema que, aunque formalmente se manifiesta como democrático, sólo permite la actuación política de la oligarquía. El paso a la "participación amplia" se lleva a cabo cuando existen clases medias importantes con capacidad y voluntad de actuar en el plano político. Como sostiene Carlos M. Rama, Germani toma casi exclusivamente en consideración la evolución seguida por Argentina, y especialmente la experiencia política peronista, que se situaría en el séptimo estadio del esquema de desarrollo antes propuesto. Asimismo, Germani tiene más en cuenta las formas de gobierno que la estructura del Estado, la naturaleza y las atribuciones del poder en que tales formas se sustentan. 17 En definitiva, la interpretación de Germani enfatiza los aspectos autoritarios o demagógicos del populismo, fenómeno que, aunque situado por el autor en el estadio más alto del esquema evolutivo de la historia política lati-FRANCISCO ENTRENA DURÁN 10 16 Germani, Gino: "Democracia representativa y clases populares en América Latina", en Alain Touraine y Gino Germani: América del Sur: un problema nuevo, Barcelona, 1965, pág. 40. 17 Rama, Carlos M.: Sociología de América Latina, Barcelona, 1977, pág. 135. noamericana que se acaba de exponer, es presentado, sin embargo, como un retraso en lo que se supone como el ineludible proceso hacia una forma de democracia bastante acorde con la vigente en las sociedades europeas y occidentales avanzadas. Este punto de vista refleja, a mi entender, el eurocentrismo y el unilinealismo evolutivo inherentes a determinadas perspectivas de la modernización, que suelen presuponer que la evolución de todas las sociedades ha de ajustarse necesaria e inevitablemente al proceso histórico y sociopolítico seguido por el desarrollado occidental. En cualquier caso, nada más lejos de mi intención que abogar por una especie de reivindicación de unas supuestas especificidades internas consustanciales a los procesos de evolución sociopolítica de Latinoamérica, lo que podría presentar como deseable la opción por esa modalidad de caudillismo y falta de democracia que, a fin de cuentas, existió durante los populismos. 18 Lo que aquí se está cuestionando no es la ineludible exigencia de transitar hacia la democracia, sino la limitada validez explicativa de las teorías de la modernización, dentro de las que se inserta la aportación de Germani. Validez limitada porque dicha aportación participa de una visión lineal y universalista que supone una única vía en la evolución del desarrollo económico-social y en el tránsito hacia la democracia. Tránsito que es concebido como si solamente se tratara de superar una serie de estadios, análogamente a las etapas que Rostow estableciera para el crecimiento económico, 19 y no hubiera que vencer también los obstáculos al desarrollo derivados de la naturaleza dependiente de las estructuras de clases, económicas y sociopolíticas de Latinoamérica. De hecho, el surgimiento, la evolución y las características peculiares del populismo latinoamericano están estrechamente vinculadas con las transformaciones y reajustes que se producen en las bases económico-sociales de esa dependencia a raíz de distintos acontecimientos históricos. Así, la aparición y desarrollo de los regímenes populistas tiene lugar cuando se experimenta una recomposición del modelo de dependencia agrario-exportador vigente durante los regímenes oligárquicos. Recomposición que se produce como consecuencia del declive de las oligarquías liberales o autoritarias formadas en el siglo XIX y del estado de relativa autonomía que adquieren las sociedades latinoamericanas cuando las potencias imperialis-POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 11 18 Por referir un ejemplo a este respecto, hay quien ha considerado que, más que una lacra social, el caudillismo latinoamericano constituye un rasgo prototípico, una especie de originalidad esencial que, a fin de cuentas, "es la manifestación más genuina del temperamento de la raza". Carro Martínez, Antonio: "El caudillismo americano", Revista de Estudios Políticos, n.o 93, Madrid, 1957, pág. 150. tas de Europa y Norteamérica entran en crisis y su atención se orienta, como consecuencia de la II Guerra Mundial, hacia otras partes. En estas circunstancias se abren nuevas posibilidades para la reorganización del aparato del Estado como una entidad legitimada en un nacionalismo globalizante, en el seno del cual las masas aparecen como un elemento político importante y a veces decisivo. Asimismo, es precisamente el carácter dependiente de tales sociedades el que explica el relativamente fuerte arraigo del antiimperialismo y del nacionalismo de la retórica típica de estos regímenes populistas, en tanto que expresiones encaminadas a satisfacer la necesidad psicológica colectiva de reafirmación de la independencia y de la autonomía de acción frente al exterior. No se trata aquí, como en los otros casos de fenómenos populistas referidos al comienzo de este trabajo, de un enfrentamiento de la sociedad agraria tradicional contra el Estado industrial modernizador, sino del grueso de las sociedades latinoamericanas, coaligadas en el contradictorio, inestable y frágil frente policlasista característico de los populismos, articulando conjuntamente un proyecto de Estado-nación contra las consideradas como abusivas injerencias del capitalismo mundial, del imperialismo extranjero y de sus aliadas internas las clases oligárquicas. Como una muestra de las contradicciones y heterogeneidad de esta coalición policlasista, que son una constante en todos los populismos, puede citarse el caso argentino, cuyo líder, Juan Domingo Perón, sirviéndose de una difusa terminología, tuvo la habilidad de aglutinar en torno a él a un amplio espectro de grupos sociales, entre los que se encontraban incluso sectores de la extrema derecha nacionalista. 20 Sectores, que sólo tenían en común el rechazo a la dependencia del exterior y su anhelo por un capitalismo nacional autóctono. Análogamente a Argentina, en los otros regímenes populistas las contradicciones de las características coaliciones policlasistas a las que dieron lugar derivan, en gran medida, de las divergencias de intereses entre los diversos sectores que las integraron. Divergencias que implican que, en realidad, pueda hablarse de varias visiones del populismo. Una de ellas es el enfoque que de éste se hace desde la cúspide de la pirámide social, es decir, desde la perspectiva de los gobernantes, los políticos profesionales, la burguesía nacional, los falsos líderes obreros o los demagogos. 21 Se trata, en este caso, del populismo propugnado por las élites burguesas y de clase media, que se sirven tácticamente de las masas trabajadoras y de los sectores más bajos de las clases medias. Ese populismo manipula a las masas obreras, a la vez que instrumentaliza las manifestaciones y las potencialidades de su conciencia. Por otra parte, es preciso analizar esa modalidad de populismo de la que participan las propias masas; es decir, los obreros, los inmigrantes de origen rural, los grupos pertenecientes a los escalones más bajos de las clases medias, los estudiantes universitarios de ideología radical, los intelectuales de izquierda y los partidos políticos de esta ideología. En los primeros momentos de emergencia y afianzamiento de la coalición populista parece existir una amplia armonía entre las dos modalidades de populismo que se acaban de referir. No obstante, cuando sobrevienen las situaciones críticas y las contradicciones de naturaleza política y económica se agudizan, entonces suelen ponerse de manifiesto los antagonismos e incompatibilidades entre las clases que permanecían latentes en los momentos de máxima confluencia de la coalición. En tales circunstancias, mientras que el primero de los populismos antes mencionados no duda en abandonar a las masas o, en ocasiones, también recurre a reprimirlas a fin de impedirles que sigan avanzando en sus conquistas políticas, el populismo del que participan directamente las masas tiende a radicalizar sus planteamientos e, incluso, a encaminarse hacia formas revolucionarias. En ese contexto puede ocurrir la transformación del movimiento populista de masas en un conflicto muy similar al etiquetado desde la perspectiva marxista como de lucha de clases. Al mismo tiempo que las oligarquías tradicionales parecían tender a disminuir, los obreros urbano-industriales y las clases medias se ampliaron y afianzaron su posición como consecuencia de las transformaciones económicas que se estaban experimentando a raíz de la industrialización propiciada por los regímenes populistas. Industrialización que dio lugar a un considerable aumento de la demanda de niveles más elevados de cualificación y de especialización profesional, a la vez que estuvo asociada a la aparición de otras modalidades de organización social, burocrática y político-institucional en consonancia con el incremento de la complejidad y del grado de especialización funcional que, como consecuencia de todos estos cambios, se estaba generando. En este contexto, las masas trabajadoras empezaron a dejar de lado las pautas socioculturales que se gestaron y estaban en vigor cuando predominaban las oligarquías. 22 Los valores POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 13 económicos, sociales o religioso-culturales aún bastante impregnados del espíritu de comunidad iban, paulatinamente, siendo relegados y reemplazados por valores generados en el ámbito urbano-industrial. De esta forma, los obreros fueron pasando, poco a poco, de la usual inmediatez de las relaciones de tipo comunitario a la mayor complejidad y alta cota de formalización que suelen ser características de los grupos secundarios. En las nuevas formas de relación entre el trabajador, los instrumentos de producción y el producto de la fuerza de trabajo que iban emergiendo, los componentes mágicos o animistas iban, siendo relegados en aras de la subordinación a las exigencias impuestas por el ritmo y la escala de la producción. Los regímenes populistas contribuyeron a aglutinar a una gran diversidad de intereses y de tendencias, de acuerdo con el carácter policlasista de la sociedad en la que se desarrollaron y arraigaron. Una sociedad que encontró, de esta forma, una fórmula mediante la que aglutinar en una especie de síntesis coyuntural integradora a escala nacional el alto nivel de desestructuración que la caracterizaba. Síntesis coyuntural, porque tan heterogénea y diversa agrupación de intereses sólo resultó viable en la ocasión de relativa bonanza de la economía y de buenas expectativas en la que se fraguó. Sin embargo, cuando posteriormente sobrevino la recesión y la crisis, la movilización de las masas comenzó a ser vista, precisamente por parte de aquellos sectores de las clases medias y altas que originariamente habían confluido en el pacto policlasista, como algo que amenazaba el statu quo de las oligarquías, contra cuyos privilegios el enfrentamiento de los populismos nunca llegó, en realidad, mucho más allá de la mera retórica formal que legitimaba su actuación. En este contexto, comenzaron a ser frenadas e incluso reprimidas las estrategias movilizadoras por parte de los mismos regímenes populistas que originariamente las habían impulsado. En definitiva, la naturaleza corporativista de los sistemas populistas y las políticas de armonización de clases, en las que los mismos se apoyaron, contribuyeron a que tales regímenes fueran entrando en crisis, a medida que las transformaciones económico-sociales por ellos puestas en marcha, fueron agudizando las desigualdades sociales y evidenciando las contradicciones de las estructuras de dominación sobre las que se sustentaron. "La paradoja del populismo está en que se funda en un pacto de clases sociales, o en sus grupos más activos, que siguen desarrollándose como tales a lo largo de toda la duración del pacto. Por consiguiente, la alianza de clases sociales implicada en este tipo de política no se rompe únicamente por las divergencias y antagonismos con las FRANCISCO ENTRENA DURÁN 14 otras categorías sociales, o debido a las ambigüedades e incertidumbres de las fuerzas populistas en cuanto a sus medios y fines. Cuando se rompe la alianza populista, esta ruptura ocurre también, y a veces principalmente, por causa de las contradicciones desarrolladas entre las clases que componen el propio populismo. A diferencia de la típica debilidad que caracterizó al aparato estatal en Latinoamérica durante el período de vigencia de los regímenes oligárquicos, en los populismos el aparato político-institucional del Estado adoptó una función claramente determinante, reforzando de modo significativo su papel como del desarrollo económico, de dinamización de la vida política y de conducción de las masas. Las masas populistas, tanto por sus acciones como por la manera en que fueron manipuladas, posibilitaron una transformación de la estructura y de las funciones asignadas al Estado. 24 Éste durante los populismos asumió un planteamiento de las relaciones exteriores de distinta orientación al del modelo agrario-exportador vigente durante los regímenes oligárquicos. En el interior, el Estado se manifestó como una nueva articulación, a escala nacional, de los grupos y de las clases sociales. Torcuato S. Di Tella, considera que los populismos requieren para ser comprendidos ser ubicados en el marco de los específicos procesos de mudanza social que caracterizan a Latinoamérica en el período que va de los años veinte a los sesenta. Se trata de un contexto en el que grandes masas de población urbana recién llegadas de las zonas rurales experimentan lo que este autor denomina como un "efecto de deslumbramiento", originado por el simple hecho del gran cambio que supone pasar de la vida rural a la urbana, por el efecto de la educación o por la influencia de los medios de comunicación de masas. Las transformaciones de índole social y económica que estos fenómenos originan en las masas dan lugar a que en ellas se genere una especie de "revolución de sus expectativas". Como consecuencia de ello, al mismo tiempo que se produce, y con frecuencia se ahonda, un abismo entre las satisfacciones y las aspiraciones, sobre todo en lo ocupacional, las gentes empiezan a experimentar lo que podría ser tipificado como una "inconsistencia de status", es decir, un desajuste entre la situación que se proponen conseguir y la que en realidad viven. 25 La inconsistencia de status de la que habla Di Tella se explica también porque, a raíz de los procesos de industrialización y de los cambios sociales y tecnológicos vinculados a ellos, se producen reajustes que se traducen en la eliminación de viejos roles y en la creación de otros nuevos. Estos roles nuevos, que conllevan mejor posición, ingresos, o poder, generan y encauzan ambiciones y esperanzas, 26 al mismo tiempo que tiende a producirse una conciencia de escasez y sentimientos de inseguridad entre los que se ven desplazados como consecuencia de tales reajustes de roles. Una situación así suele dar lugar a la emergencia de estados colectivos de incertidumbre, de no saber a que atenerse, así como a situaciones psicosociales de conflicto interno de lealtades potencialmente favorables al arraigo del desconcierto y de la sensación de anomía. Ante la falta de cultura política y el escaso nivel organizativo de la población, resulta bastante difícil, cuando no imposible, la formación de movimientos políticos u obreros de corte liberal o laboral al estilo de los europeos. En cambio, existe en estas circunstancias un caldo de cultivo muy favorable para que las masas puedan ser fácilmente manipuladas por caudillos carismáticos que legitiman su actuación a través de discursos con frecuencia de naturaleza demagógica. El populismo puede ser conceptuado como un movimiento político que sustenta una ideología anti-statu quo y con un fuerte arraigo popular, cuyas bases o "nexos de organización" son: a) una élite situada en los escalones medios o más elevados de la estratificación y motivada para llevar a cabo una acción anti-statu quo; b) unas masas movilizadas constituidas como resultado de la "revolución de las aspiraciones", y c) una ideología o un estado de agitación social que contribuya a facilitar la comunicación entre los líderes y sus seguidores y a crear una situación de entusiasmo colectivo. 27 De acuerdo con el planteamiento de Di Tella, la opción por el populismo en Latinoamérica sería un efecto de la existencia en esta zona de unas específicas circunstancias socio-políticas que, a la vez que favorecen el establecimiento de las alianzas populistas, dificultan el funcionamiento de la democracia representativa, de un lado, y de los partidos genuinamente FRANCISCO ENTRENA DURÁN 16 25 Di Tella, Torcuato S.: "Populismo y reforma en América Latina", en Desarrollo Económico, Vol. 26 Estas afirmaciones son el resultado de una lectura no literal de Gerth, H. y Wright, Mills C.: "Cambio histórico-social", en Johnson y otros, El Cambio Social, Buenos Aires, 1967, págs. 82-83. No obstante, la interpretación de Di Tella, si bien refleja la naturaleza policlasista de la coalición populista, no especifica nada acerca de las asimetrías existentes en el seno de la misma, que al fin y al cabo es una alianza entre sujetos socio-políticos desiguales, en la que, con bastante asiduidad, acaban siendo hegemónicos los intereses de las clases medias y altas burguesas. El personalismo y el autoritarismo característicos de los regímenes oligárquicos seguían siendo rasgos típicos de los populismos. No obstante, a diferencia de la individualizada e imprecisa estructura de poder sobre la que solía sustentarse el de los caudillos tradicionales, la autoridad de los líderes populistas se apoyaba, en gran parte, en su capacidad para impulsar y encauzar las actuaciones de la sociedad, así como en el usual recurso a la movilización de las masas y en la articulación, por parte del aparato estatal, de complejas modalidades de organización del poder político. En el caso de México, estas modalidades llegaron a estructurarse en un sistema de dominación estable que permitió la institucionalización y la rutinización del carisma más allá de la encarnación de éste en personajes individuales específicos. Por consiguiente, durante la etapa de vigencia de los populismos se generó una situación, en la que existían unas condiciones especialmente adecuadas para la reproducción o el reforzamiento de la dominación carismática, que dejaba de ser la manifestación ocasional que había constituido durante el período oligárquico y pasaba a erigirse en una de las características fundamentales del ejercicio del poder en esa etapa. De acuerdo con Max Weber, el carisma conlleva "una variación de la conciencia y de la acción, con reorientación completa de todas las actitudes frente a las formas de vida anteriores o frente al 'mundo' en general". 28 Tanto las actuaciones de los líderes populistas como las emociones y aspiraciones de las masas que se aglutinaron en torno a ellos estaban imbuidas de (o contribuían a reproducir) una ilusión colectiva de renovación completa y de ruptura con el período oligárquico. Los discursos populistas manifestaban ese anhelo colectivo de ruptura con el pasado y de reno-POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 17 vación característico de la situación potencialmente carismática en la que se elaboraban. Así, como señala Jorge Graciarena, ideológicamente, los movimientos populistas se caracterizaban por participar de una retórica legitimadora de sus actuaciones que iba dirigida contra la oligarquía y el sistema establecido; en general, estaban definidos de una forma vaga y con un lenguaje que no se expresaba en términos de una explícita lucha de clases. "Se podría así hablar de pobres y ricos, de trabajadores y ociosos, o de 'descamisados' como le gustaba hablar a Perón, pero para que esa apelación tenga eficacia sobre diversos sectores de la clase media, los movimientos nacional-populares han evitado utilizar muy abiertamente la terminología clasista. Otros componentes de importancia en su ideología, han sido el nacionalismo y el antiimperialismo, temas que pueden servir para convocar y aglutinar a una clase media desarrollista. De todos modos, la ideología es secundaria en estos movimientos, pues para tener efecto tiene que volverse 'personalizada'. La fuente de poder es aquí el líder y no la ideología, de modo que los contenidos de ésta pueden ser variados por el líder con cierta libertad. Lo que es importante para la legitimidad de la ideología es que ésta emane del líder, sea su 'creación' y no la de otros ideólogos". 29 Tanto la movilización de las masas llevada a cabo por los populismos, como la consiguiente incorporación de las mismas al proyecto del Estado, contribuían a propiciar la adhesión de la población a las proclamas y principios legitimadores de aquél. El considerable arraigo social alcanzado por las estrategias de movilización colectiva y la retórica legitimadora de los regímenes populistas está relacionado con el hecho de la inexistencia de instituciones políticas -por ejemplo, una infraestructura o sistema de partidos-apropiadas para la movilización de las masas y su incorporación al orden establecido de legitimidad política. Todo ello, ante la ausencia de canales institucionalizados de participación colectiva, y consiguientemente de cultura política, en los países en los que arraiga el populismo. "[El populismo] ha negado frecuentemente los valores básicos de la democracia representativa, tales como las libertades civiles, al mismo tiempo que efectivamente incorpora a las viejas capas marginadas a la vida económica, cultural y política de la nación. Induce su participación obligatoria en el proceso de nacionalización y determina el paso de la aceptación pasiva a la participación activa. Este régimen adopta un FRANCISCO ENTRENA DURÁN 18 29 Graciarena, Jorge: Poder y clases sociales en el desarrollo de América Latina, Buenos Aires, 1967, pág. 131-132. modelo de desarrollo basado en el planteamiento centralizado y extensivo, si no es que en una nacionalización total...". [El populismo] "puede surgir en países en los que...la democracia representativa...no alcanza cierto nivel de estabilidad". A manera de conclusión Más allá de las diferencias existentes entre las distintas manifestaciones del populismo, es posible encontrar una serie de características comunes en la estructura social latinoamericana que lo sustentó. Características que se han tratado de sistematizar en los tres epígrafes anteriores y que, conjuntamente, hacen explicable el generalizado arraigo de este fenómeno socio-político en dicha estructura social. En primer lugar, tanto en México como en Argentina y Brasil (los tres casos tomados como referencia en este trabajo), los gobiernos de índole populista resultaron de la emergencia de movimientos de masas y de la creación y actuación de partidos políticos de naturaleza policlasista. 31 En segundo lugar, dichos gobiernos llevaron a cabo significativas reformas en distintos aspectos del sistema político-económico, como en lo relativo al movimiento de capitales nacionales o extranjeros, o en el ámbito de las propias relaciones de producción. En los tres casos, resultó una significativa modificación de la fisonomía del aparato estatal y, como consecuencia, cambió la relación del Estado con la sociedad. En tercer lugar, el varguismo, el cardenismo y el peronismo impulsaron políticas encaminadas a propiciar el desarrollo económico, específicamente la industrialización, o la sustitución de importaciones. La manera de acuerdo con la cual reformularon las relaciones del Estado con la economía estaba relacionada directamente con la transición de las "economías de enclave", características del período oligárquico, a unos sistemas económicos más diferenciados y dirigidos a desarrollar un mercado interno, paso que suele ser usual en los procesos de construcción y de integración del Estado-nación. En cuarto lugar, tanto la composición como la evolución seguida por el populismo estructural mexicano, el varguismo y el peronismo, manifiestan las contradicciones y fragilidades de la más o menos precaria alianza de POPULISMOS Y ESTADO-NACIÓN EN AMÉRICA LATINA 19 30 Germani, Gino: "Political Change: from Traditional Society to Total Participation in Latin América" en Society and Politics in Transition in Latin América, Nueva York, 1965, pág. 6. 31 Ianni, O.: La formación del Estado..., págs. 19-20. clases que dio lugar al afianzamiento de sus respectivas estructuras de poder y determinó sus posteriores desarrollos. En el contexto sociohistórico latinoamericano en el que se desarrollaron los procesos populistas, como el proletariado era relativamente escaso, el pueblo, que era un concepto más ambiguo y generalizante, sirvió de substrato de articulación y de legitimación del impulso dado a la conformación del Estado-nación a raíz de tales procesos. Además, a diferencia de la generalidad de los populismos, en los que el Estado y lo político-urbano-industrial se manifiestan, sobre todo, como referentes de rechazo, el caso latinoamericano evidencia que es desde el propio Estado, desde donde se impulsa el populismo, especialmente, como un intento de articular un proyecto de autonomía nacional encaminado a responder a las exigencias y demandas contradictorias de la sociedad. Una sociedad que fluctúa entre las tentativas de mantenimiento (o de mirada hacia) la tradición y las que dirigen su atención hacia la modernidad, entre lo urbano y lo rural, entre las expectativas o proyectos de cambio y de regulación social de las masas rurales recién emigradas a las ciudades y las exigencias de unas clases medias urbanas que, a fin de garantizarse su propio espacio, han de enfrentarse al imperialismo plasmado en el sistema agro-exportador sobre el que se sustentaba el dominio de las oligarquías latinoamericanas. De esta forma, tanto las clases medias como los elementos de la población rural que las secundan tienen sobrados intereses para oponerse al imperialismo, aunque, obviamente, cada una de ellas entiende esta oposición de manera diferente y alberga propósitos distintos en su expectativa de autonomía nacional. El nacionalismo característico de la retórica legitimadora de los populismos puede ser entendido como una tentativa de las sociedades latinoamericanas de dirigir su atención como colectividades hacia los problemas y posibilidades internas. Ello, después de la mirada hacia afuera (especialmente hacia los EE.UU. o hacia Europa) que había marcado la dinámica de funcionamiento y de legitimación de los regímenes políticos del período oligárquico. 32 Nacionalismo que, aunque era más doctrinario que real, y en gran parte estaba motivado por los acontecimientos exteriores de la época en la que se generó (especialmente, la II Guerra Mundial), también signifi-FRANCISCO ENTRENA DURÁN 20 32 Esta mirada hacia fuera se sustentaba en la desmedida admiración que se sentía frente a la cultura y los referentes político-institucionales anglosajones, que eran considerados como el paradigma de civilización frente a la barbarie atribuida a Latinoamérica. Un ejemplo de este punto de vista es Sarmiento, Domingo Faustino: Civilización y Barbarie, Buenos Aires, 1962. caba para muchos de los que de él participaban una voluntad consciente y decidida de autonomía; expresada ésta en la adopción de medidas, tales como la ya referida estrategia del desarrollo económico fundamentado en la sustitución de importaciones. A pesar de los condicionamientos exteriores que lo motivaron y de sus limitaciones, el populismo supuso un paso decisivo en el proceso de forja del Estado-nación en Latinoamérica, ya que contribuyó especialmente al incremento de los niveles de integración económico-social y político-institucional de dicho Estado, a la vez que a aglutinar la conciencia colectiva en torno a unos proyectos articuladores de los marcos simbólico-legitimadores de la nacionalidad que, aunque evidentemente tendían a ocultar la existencia de fisuras y contradicciones entre las clases que integraban el frágil equilibrio que los sustentaba, repercutieron bastante en el arraigo de una conciencia común de pertenencia a una misma nación. Conciencia de nacionalidad, que, sin duda, contribuyó a incrementar los niveles de legitimidad del proyecto populista de Estado impulsado institucionalmente desde el aparato de éste al que la misma simbolizaba. Todo ello se llevó a cabo de acuerdo con una legitimación nacionalista "popular", que no estaba exenta de las ambigüedades inherentes a los términos nación y pueblo.
El desarrollo ferroviario de Honduras respondió, ante todo, a las aspiraciones y necesidades del capital extranjero, fundamentalmente norteamericano. El descubrimiento del oro en California, primero, planteó el interés por abrir vías de comunicación en Centroamérica que comunicasen el Océano Atlántico y el Pacífico. La explotación del banano, después, implicó la explotación de una serie de líneas de ferrocarril que aseguraron el abastecimiento de este producto en el mercado norteamericano. La intención de este trabajo es mostrar la forma en que el desarrollo ferroviario hondureño dependió de las oscilaciones del negocio bananero. Como medio de transporte, adoleció prácticamente de efectos multiplicadores sobre el desarrollo económico y social del país, controlado por las empresas bananeras, concentradas en la región norte del país. Concluido el ciclo alcista de las economías exportadoras y, enfrentado a la competencia de nuevos medios de transporte y a la relativa diversificación económica de la segunda mitad del siglo XX en el marco del Mercado Común Centroamericano, se verá sumido en una crisis de carácter estructural que explica su lamentable estado actual. * El presente trabajo es resultado de la investigación emprendida por la Fundación de Ferrocarriles Españoles entre 1990 y 1992 en el marco del "Proyecto Los ferrocarriles latinoamericanos: ayer, hoy y mañana" del Proyecto Libertadores. El objetivo de la misma fue elaborar un estado de la cuestión sobre el tema para cada uno de los países latinoamericanos, completándolo con el análisis de algunas fuentes. Las intensas guerras civiles que recorrieron los primeros años de vida independiente de Honduras y la extrema vulnerabilidad de sus sectores dominantes aceleraron la desestructuración de la débil organización económica heredada de los tiempos coloniales. Tenues proyectos para fomentar una producción conforme a los requerimientos del mercado internacional no lograron consolidarse y, al promediar el siglo XIX, la pequeña nación centroamericana se encontraba fragmentada en diversas economías regionales escasamente vinculadas entre sí. El cultivo del tabaco, la ganadería y la minería no lograron convertirse en actividades lo suficientemente significativas como para justificar una sólida economía de exportación. La economía hondureña, sumida en la miseria, se orientó al abastecimiento de un raquítico mercado local, cuando no a la subsistencia. El aislamiento y la pobreza de Honduras no fueron ajenos al obstáculo de su propia configuración geográfica que, sin lugar a dudas, desempeñó un papel condicionante en el desarrollo histórico y económico del país. Las cadenas de montañas, que separan los valles del interior de las tierras bajas costeras, constituyeron un freno para numerosos intentos de promoción económica. 1 Los escollos del infortunado paisaje para el desarrollo de las comunicaciones fueron uno de los principales factores de impedimento para la formación de un mercado nacional. El transporte, sumamente precario, entre las distintas localidades resultaba demasiado elevado y escasamente rentable en términos económicos. En el último tercio del siglo XIX, los preceptos liberales que inspiraron las políticas del presidente guatemalteco Justo Rufino Barrios se extendieron a la vecina Honduras. Frente a una situación económica desastrosa, el objetivo prioritario del gobierno de Marco Aurelio Soto, fue promover un desarrollo económico continuo, basado en la producción que consolidase una economía de exportación que definitivamente vinculara a Honduras con los circuitos del mercado internacional. A pesar del incentivo de cultivos de café, caña de azúcar, tabaco y cacao, para finales del siglo XIX, Honduras apenas había logrado asegurar el mínimo de producción agrícola para el mercado interno. Mayores éxitos se alcanzaron en la promoción de la industria minera. Al amparo del proyecto liberal y con amplias concesiones gubernamentales, la inversión extranjera fue el principal motor para reactivar la producción de oro y plata de Honduras. La empresa minera Rosario Mining Co., que se organizó en New York en 1879, estuvo en la vanguardia del negocio minero, restando condiciones de competencia a los productores nacionales. Si bien el crecimiento sostenido de la industria minera permitió un relativo incremento de ingresos al estado hondureño, éstos no se tradujeron en firmes proyectos para superar las dificultades de las comunicaciones. El servicio de transportes entre la capital y las minas continuaba efectúandose, a finales de siglo, a lomos de mula, y cuando la pro-ducción minera llegaba a Tegucigalpa, se cargaba en carretas con dirección al Golfo de Fonseca para su exportación. Esta relativa expansión económica se conjugó con la acentuada política de expansión de los Estados Unidos en la región, iniciada años antes y proyectada en los incentivos para la construcción de un ferrocarril interoceánico. No obstante, lejos de la intención extranjera estaba la consecución de un proyecto de articular las comunicaciones ferroviarias desde una perspectiva de integración nacional. Desde finales del siglo XIX, Honduras comenzó a desarrollar una floreciente industria frutera que fue pronto objeto de grandes inversiones norteamericanas. 2 El crecimiento espectacular de esta industria hasta la década de 1930 derivó en la formación de un enclave bananero en el litoral atlántico hondureño, que convirtió al estado en una especie de ente administrativo del emporio frutero. Mediante una excesiva política de concesiones estatales, el desarrollo ferroviario de Honduras quedó aunado, pues, al beneficio de las compañías nortamericanas que lograron expandir sus negocios alrededor del banano: la Cuyamel Fruit Co., los Vaccaro Brothers Co. -futura Standard Fruit Co.-y la United Fruit Co. -que adquirió la supremacía y monopolio del negocio trás la crisis de 1930.3 El proyecto inicial de construcción de un ferrocarril que uniese las costas del Océano Atlántico con las propias del Pacífico a través del territorio hondureño obedeció al descubrimiento de oro en California en 1848. Las aspiraciones expansionistas de los Estados Unidos en la región centroamericana se tradujeron en el interés por promover la construcción de un paso interoceánico alternativo a la ruta del Cabo de Hornos para conectar con los centros financieros de la costa este norteamericana. En 1850 nació el proyecto de construir un ferrocarril desde Puerto Cortés hasta el Golfo de Fonseca, con buen recibimiento por parte de los gobernantes hondureños. La inauguración de un ferrocarril transcontinental en los Estados Unidos en 1869 y la construcción de un paso interoceánico a través de Panamá, sumados a una serie de problemas financieros, desvalorizaron la construcción del proyectado ferrocarril interoceánico hondureño. La administración liberal del último tercio del siglo XIX permitió reestructurar la Hacienda pública y, con mayores recursos, el Estado emprendió obras de infraestructura económica y social prioritarias para el país. Con el propósito de superar las dificultades del mal estado de los caminos y del elevado costo de los transportes, que provocaban un extremado aislamiento e independencia de los mercados locales, el gobierno liberal puso en marcha distintos trabajos de reconstrucción y ampliación de caminos bajo la dirección de la Secretaría de Fomento. 4 Uno de los logros más importantes del gobierno liberal fue, sin embargo, la construcción e inicio de la explotación del Ferrocarril Nacional entre Puerto Cortés y Pimienta en 1892, tramo hasta entonces frustrado del proyectado ferrocarril interoceánico. En los primeros años de la década de 1870, el gobierno recuperó la vía que estaba en manos de concesionarios extranjeros y, haciendo frente a la costosa reparación, logró unir San Pedro Sula con Puerto Cortés, generando con esta obra un gran impulso al movimiento comercial de la costa norte del país. Especial papel jugó el estado hondureño en las concesiones para la construcción de las vías férreas, sobre todo las relacionadas exclusivamente acorde con los intereses de las compañías extranjeras especializadas en el negocio bananero. El gobierno otorgó concesiones para la construcción de los ferrocarriles a empresarios que eran, en general, de origen norteamericano y británico. Casi todos ellos recibieron el control total de las líneas por períodos que oscilaban entre 60 y 99 años, a partir de cuando el ferrocarril pasaba a ser controlado por el Estado. Como incentivos a los constructores, el Estado solía ofrecer tierras o subsidios en metálico e incluso porcentajes de los beneficios del ferrocarril en sus primeros años de explotación. El concesionario tenía, también, derecho a la libre utilización de los productos nacionales. Generalmente se le eximía de las tasas de importa-ción de los productos necesarios para su construcción, para el mantenimiento de las instalaciones, para la contratación de la mano de obra y, a veces, se resolvía no establecer impuestos sobre los ferrocarriles. Como contrapartida, el constructor, o la empresa constructora, debía entregar una cantidad de dinero en concepto de garantía de cumplimiento de las claúsulas de la concesión. 5 Si bien las concesiones del estado hondureño a las compañías bananeras para la construcción de los ferrocarriles desde sus centros de producción hasta los puertos caribeños eran, en términos generales, en extremo generosas, han pasado por tres fases sucesivas. 6 En un comienzo, la joven nación hondureña, deslumbrada por los beneficios de los valiosos ferrocarriles y del potencial desarrollo industrial, ayudó dispuestamente a la reciente industria bananera. El período intermedio fue de gran prosperidad y progreso para las compañías, aunque también de mucha desilusión para el gobierno. Por ello, hacia 1895 el gobierno promulgó una Ley Agraria, estipulando que las concesiones de tierra se harían en lotes alternados para impedir que las compañías ejercieran un control completo sobre la región. No obstante, éstas se las ingeniaron para comprar los terrenos que, en principio, no les habían sido concedidos. El cuadro 1 permite tener una perspectiva global de las concesiones ferroviarias otorgadas por el estado hondureño. Los beneficios concedidos a los intereses privados, traducidos en el alto número de contratas para la construcción ferroviaria en veinte años, explican la funcionalidad económica del estado hondureño como un enclave dominado por intereses extranacionales. Gestor y vigilante del desarrollo ferroviario de las compañías bananeras, el estado hondureño poco pudo hacer para articular una red nacional de servicio público o emprender reformas cruciales que supusieran la nacionalización de las líneas. En los últimos años, se ha producido, sin embargo, un proceso inverso. En 1984, la empresa pública ferroviaria de Honduras se hizo cargo de la administración de uno de los ferrocarriles que recorrían la región nor-occidental de Honduras. Esta ampliación de las obligaciones empresariales implicó una variación sustancial en la longitud del ferrocarril público (cuadro 2). El Ferrocarril Nacional de Honduras Las obras del proyectado ferrocarril comenzaron en 1866 al amparo de sucesivas concesiones a empresarios particulares (cuadro 1). Se construiría en tres secciones; la primera, desde Puerto Cortés a Santiago (unos 85 kms.); la segunda, desde Santiago a Comayagua (de 136 kms.) y la última, desde Comayagua hasta el Golfo de Fonseca (de otros 148 kms.). El primer contrato para su construcción data de 1853, otorgado al representante de los Estados Unidos en Centroamérica, Ephrain Squire. Las dificultades financieras fueron rápidamente percibidas, lo que obligó al gobierno hondureño a buscar capital europeo -sobre todo inglés-para continuar con su construcción. Hacia 1869 el ferrocarril estaba operando desde Puerto Cortés a San Pedro Sula y habían sido construidos 91 kms. de vía. Sin embargo, la falta de capitales obligó a la empresa concesionaria a parar la obra en 1873, y el Estado tuvo que hacerse cargo de su continuación. La prolongación del ferrocarril hasta La Pimienta fue lo máximo que el estado hondureño pudo asumir. 8 Luego de varias concesiones a empresas de capital norteamericano sin demasiado éxito, el ferrocarril interoceánico volvía a ser asumido por el gobierno en 1903, y se denominó Ferrocarril Nacional de Honduras. Otras decepcionantes concesiones acabaron en un nuevo control del ferrocarril por el gobierno entre 1912 y 1920, período en el cual se prolongó hasta Potrerillos, totalizando unos 96 kms. Los negativos rendimientos del ferrocarril obligaron al estado hondureño a transferir la explotación a los intereses privados que preponderaban en el país, aunque sin perder su propiedad. Hacia 1920, el ferrocarril fue arrendado a la Compañía Agrícola de Sula, una subsidiaria de la Cuyamel Fruit Co. Por entonces se construyeron los ramales a Choloma y Villa Estera, conformando una totalidad de 106 kms. de extensión. Como las obligaciones estipuladas en el contrato de arrendamiento a la Compañía Agrícola de Sula poco se cumplieron, el gobierno hondureño, en 1935 concedió la administración del Ferrocarril a la Tela Railway Co., empresa vinculada con la United Fruit Co. y propietaria de otro ferrocarril que recorre la costa norte de Honduras. Bajo su administración se construyeron los últimos 30 kms. de un ramal desde Potrerillos a Guanacaste en 1953, además de otros "tramos clandestinos" hacia plantaciones de la compañía bananera no autorizados por el gobierno de Honduras. Según consta en los archivos de INECO S.A., el gobierno hondureño retomó la administración del ferrocarril en 1958 cuando constituyó el Ferrocarril Nacional de Honduras en el actual Valle de Sula. 9 La empresa pública amplió sus funciones con la incorporación del Standard Railway Co. en 1984. En efecto, a la recesión del negocio bananero desde la década de 1970, se le sumó las desastrosas consecuencias que causó el huracán Fifí en 1974 en la región nor-oriental de Honduras. El Standard Railway Co., que recorría la zona perjudicada, fue prácticamente abandonado. La empresa decidió rehusar la contrata de explotación del ferrocarril que duraba hasta el año 2009 y pasó a ser administrado por la empresa pública ferroviaria de Honduras. La ausencia de un sistema de comunicaciones limitaba el desarrollo de las compañías bananeras norteamericanas que desde finales del siglo XIX se habían instalado en la costa norte de Honduras. Producto de las amplias concesiones del estado hondureño a empresarios particulares, los ferrocarriles bananeros se construyeron en las tierras bajas del norte de Honduras, sin otra finalidad que transportar los racimos de bananos desde las plantaciones del interior hacia los puertos del Caribe para su exportación a los Estados Unidos. Si bien la mayoría de los ferrocarriles hondureños fueron construidos al calor de los intereses del transporte bananero, no pueden ser definidos como esencialmente industriales, sino más bien semi-industriales, ya que una vez en explotación realizaban tráfico de mercancías y pasajeros. Ferrocarril y compañías bananeras formaron en Honduras un binomio inseparable. La rápida expansión de la industria bananera en la región fue en gran parte resultado de la apertura de nuevas vías de comercialización para los frutos que incentivaron los ferrocarriles. Las cifras especificadas en el cuadro 3 indican por sí solas el extraordinario crecimiento de los ferrocarriles privados en Honduras desde el comienzo del siglo XX. La construcción de la primera línea de ferrocarril bananero, con una trocha standard de 1.06 ms., fue emprendida en 1902 por W. F. Streicht entre Cuyamel y Veracruz. Separada de la línea principal del ferrocarril, en 1918 el Estado hondureño le permitió a la empresa iniciar la construcción de un ferrocarril entre Baracoa y Búfalo -más conocido como Ramal de Ulúa. 12 Los 64 kms. de este tramo comenzaron a operar en 1921, mientras que en 1923 la línea principal del ferrocarril de la Cuyamel Company se prolongaba hasta sus propias plantaciones de cacao, teniendo una extensión de 76 kms. Este ferrocarril exclusivamente industrial, ya que su funcionalidad no era otra que transportar de la forma más rápida y segura la producción bananera desde sus plantaciones a la costa norte hondureña, dejó de ser útil a comienzos de la década de 1930. En efecto, cuando la industria bananera ya no era rentable en la región, las vías ferroviarias fueron reemplazadas por carreteras; el Ramal de Ulúa se fusionó en 1935 con la Tela Railway Co. (cuadro 4). En 1905 se inició la construcción de otro ferrocarril bananero en un lugar denominado Salado Bar bajo la dirección de los Vaccaro Brothers. Durante las dos décadas siguientes se construyeron otros ramales hacia puntos de interés de la Standard Railway and Steamship Co., empresa que asumió los compromisos financieros de la Vaccaro Brothers hacia 1924. Fue el único ferrocarril hondureño construido con una trocha de 0,91 ms. y su máxima extensión, 540 kms. -incluyendo los ramales a las plantaciones-la alcanzó en 1952. Sin embargo, para entonces, apenas 255 kms. eran utilizados para el transporte de mercancías privadas y de pasajeros; el transporte de la producción bananera que controlaba la Standard en la región que atravesaba el ferrocarril constituía las dos terceras partes del tráfico ferroviario. Hasta hace apenas unos años el puerto de La Ceiba -de sustancial importancia para el comercio de exportación e importación del país-y sus alrededores eran una de las más prósperas áreas industriales de Honduras; bajo el control de la Standard Railway Co. una amplia gama de productos fabricados en la región se destinaban al mercado hondureño. Las últimas dos décadas fueron desastrosas para la zona por los daños irreparables que provocó el huracán en 1974. El puerto de La Ceiba cedió su importancia al Puerto de Castilla y el foco de recuperación económica se trasladó hacia las costas nor-orientales. Las vías ferroviarias fueron en gran parte desvastadas, hasta tal punto que la Standard decidió diez años después abandonar su concesión para la explotación del ferrocarril. El ferrocarril de la Tela Railway Co., compañía unida a los intereses financieros de la United Fruit Co., comenzó a operar en 1916. Su construcción continuó hasta 1953 en que la compañía tenía una red de 626 kms., constituyendo la mayor extensión ferroviaria industrial en Centroamérica, aunque, al igual que el ferrocarril de la Standard Co., también se utilizaba para el transporte de pasajeros. Posee dos líneas principales: la primera, entre Tela -en la costa atlántica-y Progreso -en el interior-tiene 90 kms., con dos importantes ramales de 12 y 7 kms., respectivamente; la segunda es la de Baracoa-Búfalo, adquirida por la Cuyamel en 1935 y cuya longitud es de 64 kms. de línea principal y dos ramales de 21 y 9 kms., respectivamente. En total, hoy en día el ferrocarril opera en 203 kms. FUSIONES Cuando en 1935 la Tela Railway Co. se hizo cargo de la administración del Ferrocarril Nacional de Honduras, las dos empresas, al tener ambas una trocha de 1,067 cms., arreglaron para el uso común de equipos y servicios, responsabilizándose del pago recíproco por el uso de dichos servicios, reparaciones y materiales. La Tela Railway Co. hace uso, asimismo, del tramo del Ferrocarril Nacional entre Baracoa y Puerto Cortés para tener el acceso al puerto comercial más importante de la región. En 1976 finalizó la concesión a la Tela Railway Co., alquilándola posteriormente el gobierno a la misma compañía hasta 1993. 14 Otro ferrocarril industrial bananero, el Trujillo Railway Co., también empresa subsidiaria de la United Fruit, comenzó a construirse a partir de 1913 en la costa nor-oriental hondureña. Hacia 1936 el ferrocarril llegaba hasta Puerto Castilla y tenía una longitud de 443 kms. con numerosos ramales a plantaciones bananeras; sin embargo, desde entonces dejó de operar y sus vías fueron definitivamente levantadas en 1949. Es difícil precisar la cuantía de los capitales invertidos en la construcción y explotación de los ferrocarriles privados debido al secreto que las compañías mantenían respecto a los ingresos, gastos y rentabilidad económica del negocio bananero en su conjunto. Sin embargo, del cuadro MARCELA ALEJANDRA GARCÍA SEBASTIANI 12 13 INECO, S.A.: Estudio..., pág. 6. 5 puede apreciarse el origen del capital norteamericano en la totalidad de las empresas ferroviarias semi-industriales. En lo que respecta al Ferrocarril Nacional de Honduras, se dispone de alguna información útil para comentar sobre los capitales invertidos para su construcción y puesta en funcionamiento. Incapacitado el Estado hondureño para llevar a cabo la construcción del Ferrocarril Interoceánico con sus propios recursos, ofreció tierras y exenciones tributarias para aquellos empresarios que invirtiesen en la construcción del ferrocarril. Los potenciales inversores no encontraban rentable la empresa y los problemas financieros para comenzar los trabajos parecían insalvables. Sin embargo, en los últimos años del gobierno conservador se impulsó, a través de sus representantes europeos, la búsqueda de capital para iniciar las obras del ferrocarril. Sucesivos empréstitos fueron firmados con firmas inglesas y francesas como la Bischoffshein y Goldschmidt y la Waring Brothers and MacClandish entre 1867 y 1973. 15 El Estado especulaba con que una vez finalizado el ferrocarril, los ingresos de su explotación serían suficientes para pagar los préstamos. A mediados de la década de 1870, el total de los préstamos alcanzaba la cifra de casi 6.000.000 de libras, pero apenas medio millón había llegado a Honduras para la construcción del ferrocarril. 16 Si la situación financiera no era la mejor para afrontar la construcción del ferrocarril, menos lo era la situación política. En medio de un ambiente tenso y faccioso, los fondos reservados para la construcción del ferrocarril eran destinados a cuestiones políticas, acrecentando así la incertidumbre sobre el futuro de la vía. 17 Cuando el ferrocarril pasó a ser administrado por una empresa subsidiaria de la Cuyamel Fruit Co., ésta le concedió al Estado hondureño, que aún conservaba su propiedad, un préstamo de 1.000.000 de dólares para completar y reparar la línea. Sin embargo, la compañía, como administradora del ferrocarril, desembolsó más cantidad de dinero que el estipulado en las obligaciones del crédito y mantuvo al ferrocarril continuamente en deuda. Sumado a las restantes deudas que el estado había asumido en los círculos financieros europeos para la puesta en marcha del Ferrocarril Nacional, esta deuda terminó por agotar el capital de las arcas estatales. Fue en 1954 cuando el Estado logró deshacerse del terrible peso financiero que había sido el proyectado ferrocarril interoceánico hondureño; la totalidad del capital prestado y sus intereses fueron entonces cancelados. Los factores de producción El desarrollo de la red ferroviaria de Honduras estuvo condicionado por los intereses económicos extranjeros que primaron en el país desde finales del siglo XIX. Son, por tanto, razones de rentabilidad económica las que explican la localización de la totalidad de los ferrocarriles hondureños en la costa norte del país, coincidente con el área de desarrollo de las principales compañías bananeras. Iniciado el siglo XX, se habían construido apenas 92 kms. de ferrocarril (cuadros 6 y 7). En efecto, durante el último tercio del siglo XIX la lenta construcción ferroviaria en Honduras se debió a los problemas de financiamiento que suponía el proyectado Ferrocarril Interoceánico. La línea para servicio público nunca fue completada en su totalidad; el tramo construido no exigió demasiadas obras de infraestructura, más que puentes para el paso del ferrocarril sobre el río Chamelecón y Ulúa. Como era de esperar, durante los primeros veinte años del siglo XX, la construcción de ferrocarriles en Honduras obedeció a las prioridades de transporte de la industria bananera. Fue, no obstante, durante toda la déca-da de 1920 cuando la construcción ferroviaria cobró un notable impulso, siempre a merced de los intereses privados. Tal significativo crecimiento se debió al especial progreso que realizaron el Standard Railway Co. y el Trujillo Railway Co. en aquellos años. Luego de la del 30, se construyeron nuevos tramos ferroviarios; para 1936 la red había alcanzado una longitud de 1.322 kms. El Ferrocarril Nacional continuaba con 106 kms. de extensión, mientras que los restantes 1.216 kms. pertenecían a las empresas bananeras. Para entonces, la red ferroviaria alcanzó su máxima extensión, observable desde su relación con las dimensiones de superficie de Honduras. La rápida construcción ferroviaria en la época se completó con importantes obras de infraestructura sobre los ríos Ulúa y Aguán; otros puentes fueron necesarios para que las vías atravesaran los suelos pantanosos que conformaban la región. El ferrocarril de la Tela Railway Co., especialmente, tiene infinidad de puentes sobre los cursos de agua; sólo entre Tela y El Progreso, tramo de 90 kms., existen un total de 126 puentes, lo que significa un puente cada 740 metros. 19 Cuadro Durante los primeros años de la década de 1950, los buenos rendimientos de las compañías bananeras -relacionados aquellos con producciones alternativas al banano-justificaron un nuevo, aunque tenue, impulso a la construcción ferroviaria. El Ferrocarril Nacional extendió unos 30 kms. sus vías hacia plantaciones bananeras, completando unos 136 kms. Por tanto, el único ferrocarril hondureño destinado para el servicio público fue construido apenas en la tercera parte de su proyecto original. El trazado principal del Ferrocarril Nacional partía de Puerto Cortés, en la costa atlántica, pasaba por San Pedro Sula para terminar en El Progreso, y conectar con uno de los ramales del Tela Railway Co. La ampliación de las vías de ferrocarril público no alcanzó, sin embargo, la ciudad capital de Tegucigalpa, privándole así de servicio ferroviario. Las empresas Standard Railway y Tela Railway también extendieron su red hacia plantaciones de banano para alcanzar 540 y 626 kms. respectivamente. En el segundo quinquenio de la década la red ferroviaria hondureña había crecido un 13% respecto al quinquenio anterior, conformando una longitud de 1.302 kms. Según las observaciones de Ross20 la red era la más amplia respecto a los demás países centroamericanos. Sin embargo, un 90% de su extensión consistía en líneas ferroviarias operadas por compañías bananeras controladas por la United Fruit Co. La disminución de la red registrada desde mediados de la década de 1970 obedeció al abandono de varias tramos de las vías de las compañías bananeras. En la actualidad la red tiene unos 666 kms., de los cuales un 70% corresponden al Ferrocarril Nacional de Honduras con su división en dos sectores: el primero, en el Valle de Sula (trazado originario del ferrocarril de 137 kms.); y el segundo en La Ceiba (antiguo ferrocarril de la Standard Co., de 327 kms.). Si de la fusión con la Standard Railway Co. la trocha del Ferrocarril Nacional era de 1,06 cms., en la actualidad se combina con la de 0,91. En efecto, de los 463 kms. del ferrocarril, 233 son de trocha de 1,06 cms. (los 137 kms. originarios del Ferrocarril Nacional de Honduras y otros 97 kms. del tramo Tela-La Ceiba) y los restantes 230 kms. del sector de La Ceiba son de una trocha de 0,91 cms. A pesar de los trabajos de reconstrucción y de reparación de la vía del sector de La Ceiba que ha hecho la propia Standard Railway Co. entre 1983 y 1985, 21 -cambiando incluso la anchura de la trocha, de 0,91 a 1,067 en el tramo Tela-La Ceiba-, el ferrocarril está fuera de servicio desde 1989. 22 En general, el estado de la vía está en muy malas condiciones, sobre todo la cercana a las cuencas fluviales donde, en época de lluvias, se producen inundaciones que progresivamente desgastan la plataforma, traviesas y rieles, cuyo estado de por sí es deficiente. Las fluctuaciones del equipo de transporte estuvieron relacionadas con las etapas de auge y decadencia de la industria bananera. Hasta comienzos de la década de 1930, la adquisición de material motor y remolcado, procedente de Gran Bretaña y, más aún, de los Estados Unidos, evolucionó de forma creciente, sobre todo para las empresas ferroviarias de las compañías bananeras. La recesión de la industria, que se prolongó hasta entrada la década de 1940, provocó asimismo la reducción del parque. Además, siendo la finalidad prioritaria de los ferrocarriles hondureños el transporte de racimos desde los puntos de producción a los de comer- cialización, desde los inicios de la explotación ferroviaria, los vagones de carga adquirieron un notable predominio sobre los coches de viajeros. La evolución del parque desde 1950 marca las tendencias predecibles de la lectura de la cifras indicadas. Desde 1950, la progresiva construcción de carreteras en el país significó una seria competencia para el transporte ferroviario. El material viejo y necesario de reparación no estaba en condiciones de competir con el transporte automotor, por tanto se procedió a su modernización. Tanto el número de locomotoras como de material de remolque experimentó un notable crecimiento durante toda la década de 1960, reflejado en la relación de los coeficientes obtenidos en el cuadro 10. La sustitución del vapor por tecnología Diesel en el material de tracción fue por entonces realizada en todos los ferrocarriles hondureños, aunque recayó en su mayoría en las empresas ferroviarias privadas. El aumento de los automotores, coches de viajeros y vagones de carga estuvo asimismo relacionado con la demanda de servicio de transporte de mercancías y viajeros que generó la incipiente diversificación industrial en la región norte del país. La decadencia económica de la zona desde mediados de la década de 1970 explica la reducción en la oferta de material ferroviario, sobre todo desde el abandono del ferrocarril de la Standard Co. El repunte experimentado en el último quinquenio se explica a partir de la reparación de algunos de los equipos 23 que anteriormente pertenecían a aquella empresa. Si bien la incorporación de los materiales de la antigua Standard Railway Co. acrecentó el parque del Ferrocarril Nacional de Honduras, el mismo es casi un 50% menor que el de la Tela Railway Co. En la actualidad ambos ferrocarriles tienen 25 locomotoras cada uno, en lo que respecta al material remolcado la diferencia es apreciable: la relación del material remolcado del Tela Railway Co. es de 1.446 unidades contra 827 del Ferrocarril Nacional. Son escasísimos los datos que se poseen referentes a los trabajadores ferroviarios de Honduras, además los que comentaremos corresponden al Ferrocarril Nacional y son relativamente recientes. En 1992, según cifras de INECO S.A.,25 eran 528 los empleados del Ferrocarril Nacional de Honduras (321 del sector Valle de Sula y 207 del Sector de la Ceiba) distribuidos en las categorías de administración, tráfico, mantenimiento de material, de vías, Agencia de Aduanas y Seguridad. Dicha plantilla se ha reducido en un 28% respecto al año 1987 debido fundamentalmente a la inoperatividad del sector de La Ceiba y, con menor importancia, al descenso de la actividad del sector del Valle de Sula. Por otra parte, en la actualidad, ferrocarril tiene 132 jubilados que cobran el 70% de su salario, lo que repercute en las cifras económicas de explotación del ferrocarril. Desde mediados del siglo XX, mermó progresivamente el número de pasajeros que utilizaba el ferrocarril como medio de transporte (cuadro 11), pues el transporte automotor ofreció una alternativa más rápida y económica. A esta tendencia no escapó ni siquiera el Ferrocarril Nacional, superado en el servicio de transporte de pasajeros por el Tela Railway Co. El tenue crecimiento registrado en el primer quinquenio de la década del 1970 se debió al desarrollo demográfico e industrial del norte de Honduras. El tráfico ferroviario de pasajeros fue uno de los factores que aceleraron el rápido crecimiento de ciudades como San Pedro Sula y La Ceiba. En la actualidad, los servicios de transporte de pasajeros ofrecidos por los ferrocarriles hondureños comprenden tres trayectos. El primero, de San Pedro Sula a Puerto Cortés, con tres horas de recorrido, de frecuencia diaria y a una velocidad de 20 kms./h. El segundo, de Puerto Cortés a Tela, de frecuencia diaria, con duración de 4 horas a una velocidad de 18 kms./h. El último, Puerto Cortés-Lima, que dura 4 horas, con una frecuencia de 4 veces a la semana a una velocidad de Desde el inicio de la explotación ferroviaria, el fue la principal mercancía transportada y su evolución dependió, por tanto, de las fluctuaciones de esa industria. Si bien disponemos de datos seriados a partir de la década de 1950, la tendencia del volumen transportado en los quinquenios anteriores es fácilmente deducible por lo explicado en apartados precedentes. No sólo la elección del transporte automotor y de aviación explica esta tendencia, sino también los cambios operados en el sector productivo y en la composición del comercio exterior hondureño. En efecto, desde la década de 1950, el banano ha ido disminuyendo su importancia en términos relativos como principal producto de exportación de Honduras, al tiempo que otros productos como el café, la madera, ganado en pie, carne, minerales y algodón componían casi un 60% de las exportaciones. 27 Fueron precisamente las compañías bananeras las que diversificaron sus intereses hacia otras actividades productivas y comerciales alternativas y los ferrocarriles transportaron las nuevas mercancías hacia los puertos de exportación. Desde del segundo quinquenio de la década del 70 se registró una tendencia inversa en el transporte ferroviario por causas ya señaladas, que favoreció a los demás medios de transporte competitivos con el ferrocarril. En la actualidad, el banano y la madera de exportación, y el trigo de importación son los principales productos que transportan los ferrocarriles hondureños. El ferrocarril y el sistema de transporte Honduras es el país centroamericano que, por las particulares condiciones topográficas e históricas, posee el más deficiente sistema de vías de comunicación. Las carreteras no significaron una verdadera competencia para el transporte ferroviario hasta finales de la década de 1950. Entre 1900 y 1948, las carreteras se construyeron a un promedio de 26 kms. por año,29 pero el principal producto de comercialización, el banano, tenía el fácil acceso de la vía marítima mediante la utilización exclusiva de los ferrocarriles que unían las zonas productoras con los puertos de exportación. Desde mediados de siglo, nuevas áreas fueron abiertas a los cultivos comerciales; en el sur se inició el cultivo de café y algodón, se intensificó el comercio de carnes en la región de Olancho, y la madera comenzó a con-siderarse como un nuevo producto de exportación. Fue necesaria, pues, la construcción de vías de comunicación para facilitar la movilización de los productos procedentes de aquellas regiones por donde no pasaba el ferrocarril. La mayoría de las carreteras fueron construidas siguiendo rutas preexistentes, lo que determinó su mal trazado desde el punto de vista del transporte nacional y contribuyó a acentuar la autosuficiencia de las regiones y la desarticulación de las zonas productoras entre sí. Apenas 2.000 kms. de carretera están pavimentados; entre ellas cabe mencionar la Carretera Panamericana, que tiene fundamental importancia para el comercio con los restantes países centroamericanos. 32 La Carretera Interoceánica es otra vía de comunicación prioritaria para el país que ofreció una seria competencia al Ferrocarril Nacional ya que su trazado, a través de la depresión central, fue considerado en el siglo XIX como el adecuado para el Ferrocarril transístmico. Su extensión es de 355 kms. y enlaza Puerto Cortés con Amapala, a través de San Pedro Sula, Comayagua y Tegucigalpa. Otras vías terrestres son las que unen San Pedro Sula con Copán y Tegucigalpa con el Departamento de Olancho. Al carecer Honduras de una red ferroviaria o vial útil y en buenas condiciones, el tráfico aéreo ofreció una alternativa. Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba son aeropuertos internacionales. La red nacional de aeródromos está localizada en la zona norte de Honduras en una relación muy estrecha con las plantaciones de la zona, destacando los de Roatán -Islas de la Bahía-, Guanaja, Trujillo, Coyoles Central y Puerto Lempira. 33 Honduras tiene un extenso litoral marítimo en la costa norte donde se concentran los puertos más importantes del país. Puerto Cortés es el más moderno, y uno de los mejores de América Central, y absorbe más del 50% del tráfico marítimo de Honduras. Desde allí las mercancías tienen fácil acceso a través de la Carretera Interoceánica que une los principales cen- tros urbanos de la depresión central. Otros puertos importantes de la costa Atlántica son Tela, La Ceiba, destinados a la exportación de bananas y, recientemente, Puerto Castilla. En el sur, el tradicional puerto de Amapala cedió su importancia al de Henecán. Antes de la inutilización de las vías del ferrocarril de la Standard Co., tanto el puerto de Tela como La Ceiba tenían un hinterland restringido y delimitado, ya que las vías férreas, únicas de acceso a los puertos, no estaban comunicadas con otras vías que penetrasen al interior del país. 34 En la actualidad, sólo el puerto de Tela disfruta de esa condición. Puerto Cortés tiene un hinterland se extiende hasta la capital del país al estar unido a San Pedro Sula y Potrerillos por vía férrea o carretera y desde allí, por carretera únicamente, hasta Tegucigalpa. Contribución del ferrocarril al desarrollo económico Si a mediados del siglo XIX la funcionalidad del proyectado ferrocarril en Honduras no era otra que la de un medio de rápida comunicación interocéanica para el beneficio de los intereses norteamericanos vinculados al negocio del oro californiano, desde comienzos del presente siglo, el ferrocarril fue construido acorde con nuevas aspiraciones de rentabililidad económica extranjera en el país. La creciente demanda internacional de racimos de banano y la desestructurada economía hondureña, con pocas vinculaciones al comercio exterior, propiciaron el desplazamiento de los productores locales del fruto y la rápida ocupación de compañías de origen norteamericano en la región norte del país. El acelerado desarrollo de la industria bananera no hubiese sido posible sin aquellos ferrocarriles "concedidos", ya que fueron los principales medios de transporte que posibilitaron la exportación del fruto hacia los mercados extranjeros. Los ferrocarriles también supusieron una mayor dinámica social debido al desarrollo de importantes ciudades que trajo aparejado el negocio bananero, como La Ceiba, Tela, La Lima, San Pedro Sula y Puerto Cortés. Sin embargo, los ferrocarriles han contribuido muy poco al desarrollo económico de Honduras en términos nacionales. A pesar de que algunas regiones del país experimentaron un apreciado progreso a partir de la construcción ferroviaria, el mismo es más bien ficticio, porque más que integrar las potenciales zonas productoras del país, coadyuvó al funcionamiento y consolidación de la economía de enclave. 35 La historia del ferrocarril en Honduras se confunde así con las propias fluctuaciones del capital extranacional. Es difícil, por tanto, hablar en Honduras de una "red ferroviaria nacional". Desde comienzos del siglo XX hasta hace escasos años, más del 80% de los ferrocarriles eran propiedad de las compañías bananeras, de ahí que la rentabilidad de su explotación no se utilizara para activar procesos de acumulación económica en el país. El público, cuya construcción asumió el débil e invertebrado estado hondureño, no escapó del ritmo marcado por el negocio bananero. El costoso Ferrocarril Nacional, que fue completado apenas en su tercera parte del proyecto original, siempre se mantuvo por detrás de los ferrocarriles privados en cuanto a infraestructura y equipos de transporte. El peso económico que significó al estado el mantenimiento del ferrocarril fue de tal magnitud que, primero en 1920 y después en 1935 (y hasta 1958), se cedió su administración a compañías bananeras. Durante toda la década de 1960 y principios de los 70, el conjunto de los ferrocarriles hondureños emprendieron un proceso de modernización que se tradujo en la reparación de vías y adquisición de material tecnológico. Este proceso se inscribió en un proyecto más amplio destinado a fomentar la industria y el comercio hondureño en el marco del Mercado Común Centroamericano. No obstante, ante la incapacidad de un grupo local para impulsar decisiones económicas a nivel nacional, fueron los mismos agentes privados vinculados con el negocio bananero los que diversificaron las actividades productivas del país. En efecto, el propio desarrollo demográfico relacionado con la producción y comercialización del banano, propició el crecimiento de la demanda de bienes de consumo y duraderos. Por entonces, las propias compañías extendieron sus negocios e invirtieron el capital en aquellas industrias que demandaba el mercado interno hondureño. Importante crecimiento experimentó la industrialización de vidrio, el algodón, el cuero, la madera, bebidas y alimentación. Si bien el ferrocarril no era por entonces el único medio de transporte, debido a la construcción de otras vías terrestres de comunicación, operó desde una doble perspectiva. Por un lado, generó las potencialidades para 35 Lainez, Vilma y Meza, Víctor: "El enclave bananero en la historia de Honduras", pág. 153 en Estudios Sociales Centroamericanos, Tomo II, n.o 5, 1973, págs. 115-156. el crecimiento y consolidación de la economía de enclave, fortaleciendo los nexos de dependencia con el mercado mundial. Por otro, en combinación con el tráfico automotor y la aviación civil, aceleró la vinculación de un incipiente, pero deformado y regional, mercado interior. En la actualidad, y debido a la incorporación de la línea ferroviaria de la antigua Standard Railway Co. al Ferrocarril Nacional de Honduras, la situación económica de los ferrocarriles hondureños es extremadamente crítica. El sector de La Ceiba fue cerrado al tráfico por la escasa demanda de su servicio, provocado por el desplazamiento las actividades industriales a la región más oriental de la costa del país. No obstante, los gastos de explotación continúan siendo altos para este sector por el necesario mantenimiento del material y, sobre todo, por el elevado coste de personal para la operación que se está realizando. El sector del Valle de Sula, si bien respondió a los requerimientos de la incipiente industria de cemento que se está desarrollando en el centro hondureño, en los últimos años descendió su actividad en un 20%. Los resultados de explotación ferroviaria son, por tanto, negativos y anualmente acumulativos. 36 En 1993 finalizó la concesión al Tela Railway Co. Si bien aún no se produjo su traspaso a la administración del Ferrocarril Nacional, porque los intereses bananeros de la United Fruit Co. gozan de buena salud en la región, es necesario un nuevo acuerdo sobre la base de un programa de reestructuración de todo el sistema de comunicaciones terrestres de Honduras. Deberían superarse, entonces, las dificultades topográficas y financieras, que condicionaron históricamente el desarrollo económico hondureño.
Si hay un lugar común en la historia de Bolivia, sin duda es el que identifica el siglo XX con el estaño, antes de que la crisis de esta producción orientara la reputación del país hacia el cultivo de la coca. Sea para condenarlo como "Metal del diablo" o para construir confortables modelos de monoproducción, el "problema boliviano" se piensa, desde la novela hasta la estadística, como una referencia del mineral. Tal reduccionismo nos acerca, por tanto, no sólo al carácter del crecimiento económico, sino también a una conciencia colectiva obsesivamente inspirada en la riqueza y expoliación del subsuelo. Naturalmente, se trata de observar hasta qué punto la imagen encuentra su correspondencia en la realidad. Siendo muy escrupulosos, podríamos añadir el caucho primero, el petróleo después y, en fases muy concretas, el cobre o el wolframio. Mas aunque ello aporte un sano ejercicio de desmitificación, la contundencia de las cifras desalienta las matizaciones. Y hay que empezar por ellas. A falta de un indicador más elocuente -las oscilaciones del producto interior, por ejemplo-, el incremento del comercio exterior puede ofrecernos una aproximación a los índices generales de crecimiento. Las importaciones, por 5,2. 1 La responsabilidad del estaño en el alza del comercio exterior es decisiva: de representar el 41% de las exportaciones a comienzo de siglo, pasa a un 73,8% en 1926-1930. La procedencia de las exportaciones por Departamento nos indica el peso de la minería: en 1918, el 64,22% corresponde a Potosí y el 17,43% a Oruro. Cochabamba, Santa Cruz y Chuquisaca no alcanzan el 1%. Y minería, en aquel momento, significaba estaño, como nos lo indica el hecho de que la plata haya descendido a niveles patéticos. En ese mismo año, representa el 1,83% y el 1,75% para sulfuros y mineral de plata respectivamente. 2 El auge del estaño en la economía boliviana se relaciona con tres variables: el descenso en el valor y la producción argentífera, el aumento de la demanda mundial, y su pureza y relativamente fácil explotación en las primeras décadas. En el último punto hay que anotar que los filones de estaño se encontraban generalmente asociados a los de la plata, y el mineral había formado parte del material de desmonte acumulado en los momentos de mayor producción argentífera. La pureza del mineral permitiría su explotación rentable a pesar de los costes de producción, mucho más altos que los orientales. Finalmente, la generosa política fiscal actuaría como compensación de los altos costos y complemento de la pureza del mineral para consolidar la actividad estañera como la industria punta de la economía boliviana. 3 El desarrollo de la producción mundial de estaño sería constante hasta la depresión de los años 30, cuando el exceso de stocks obligaría a llegar a acuerdos para controlar la oferta. 5 La demanda del estaño, reforzada por sus nuevos usos industriales, se reflejó en la cotización internacional. 3 Para una apreciación de los costos de producción de estaño, ver Peñaloza, L.: Historia económica de Bolivia, vol. II, La Paz, 1954, págs. 213 y ss. 4 Sobre la coordinación internacional del estaño ver el libro clásico de Knorr, K. E.: Tin under control. Para su aplicación y efectos en Bolivia, véanse los trabajos de B. Hallowell "Administration of Tin Control in Bolivia, 1931-1939", Inter American Economic Affairs, Washington, 1947, págs. 3-24; "Tin Control and Exchange Depreciation in Bolivia, 1931-1939", Inter American Economic Affairs, Washington, 1951, págs. 71-84; así como el más reciente de J. Hillman, "Bolivia and the International Tin Cartel" Journal of Latin American Studies, Cambridge, 1988, págs. 83-110. 5 CEPAL: El desarrollo..., pág. 8. 7 Ningún otro producto llegó a adquirir la importancia del estaño en los primeros treinta años del siglo. La plata, base de la formación del orden liberal oligárquico junto con el latifundismo, exportaba tan sólo 8 millones de bolivianos en 1908 -cuatro veces menos que el estaño-y 7 millones en 1918 -18 veces menos. 8 Perdidos territorios fundamentales por la guerra del Acre, establecida la competencia asiática, el caucho pasaría a representar un 6,04 de las exportaciones bolivianas frente al 22,89 de 1911. 9 El cobre, el wolframio y el antimonio, se beneficiaron solamente de situaciones excepcionales, como la demanda en tiempos de la Gran Guerra. La exportación de wolframio se multiplicó por 10 y la de antimonio por 442, al tiempo que los precios se disparaban. 10 Pero el cambio de circunstancias en 1918 devolvió el cuadro que se había venido diseñando desde comienzos de siglo. El Partido Liberal gobernó la república en los años de mayor florecimiento económico. Su programa se había referido obstinadamente al progreso del país, lo cual significaba optar por el despegue de la minería que, habiendo sido el fundamento tradicional del desarrollo altoperuano, se presentaba ahora, en la época del estaño, con perspectivas más alentadoras que en la de la plata. El aprovechamiento de dicha potencialidad tenía fórmulas distintas de realización, y el papel del Estado era decisivo teniendo en cuenta sus recursos para estimular por la vía fiscal la fundición en lugar de la exportación en bruto, así como de redistribuir el beneficio por medio de las inversiones públicas, propiciando la diversificación e integración del mercado nacional. El liberalismo eligió otro camino: su política fiscal ten- dió -con muchas oscilaciones-a gravar lo menos posible la producción y comercialización del estaño. Sus ingresos se emplearon en la construcción de una red ferroviaria que debía permitir el contacto de la mina con una demanda exterior en expansión y la entrada de manufacturas y alimentos en el marco altiplánico. Cuando los recursos fiscales resultaron insuficientes, cuando se hubo agotado el beneficio obtenido con las indemnizaciones del Acre y del Litoral, se recurrió a una política de empréstitos que llevaría el país a la quiebra en la depresión de los años 30. Veamos más de cerca estos factores. En los últimos años del siglo XIX, el impuesto sobre exportación de estaño fundido y "reducido" -barra y barrilla, respectivamente-había crecido en un 100%, situándose en un boliviano por quintal -de 46 Kgde barrilla y 1,6 bolivianos por quintal de barra, con lo que se favorecía la exportación del estaño no fundido. A esta medida vinieron a sumarse solamente, antes de la Gran Guerra, el llamado impuesto de estadística y, sobre todo, la modificación introducida en noviembre de 1912, que establecía una escala de impuestos de acuerdo con la cotización londinense: 11 en 1914 se fijaba un impuesto del 2% sobre dividendos; en 1919 se estableció un impuesto del 8% sobre utilidades mineras superiores a 20.000 bolivianos, aunque con un descuento del 25% sobre los derechos de exportación, lo cual podía llegar a neutralizar totalmente el efecto del impuesto original. La última medida del gobierno liberal fue tomada por Gutiérrez Guerra en febrero de 1920, decretando una escala impositiva calculada sobre el porcentaje de beneficios, tras descontar un 10% de las utilidades líquidas: la tasa oscilaba entre el 8 y el 30%. 12 Lo que resulta especialmente significativo es contrastar variables como: ingresos fiscales obtenidos por la comercialización del estaño, el valor total de sus exportaciones y los ingresos globales del Estado. Entre 1900 y 1920, los ingresos en concepto de tasas a la exportación de estaño supusieron un porcentaje comprendido entre el 2 y el 6% del valor de los embarques. En las dos primeras décadas del siglo, los derechos sobre exportación de estaño oscilaron entre un mínimo del 3,99 y un máximo del 25,7% del total de los ingresos estatales, con un promedio del 12,98. Las rentas gubernamentales presentaron una tendencia prácticamente ininterrumpida al crecimiento, pasándose de los 6 millones de bolivianos de 1901 a los 30 millones en 1920. Salvo en coyunturas depresivas muy localizadas, el Estado dispuso siempre de ingresos superiores a los del año anterior. 14 Un aumento tan sustancial de las rentas públicas no fue suficiente, sin embargo, para equilibrar el presupuesto. Esta aparente colaboración de la minería merece ser matizada: dado que el porcentaje pagado por los exportadores sobre sus beneficios prácticamente no sufre variación en todo el periodo, el aumento de los ingresos procedentes de la minería no se debe a una mayor dureza fiscal, sino al espectacular crecimiento de la demanda exterior. Desde la guerra del Pacífico hasta 1908, el permanente déficit del presupuesto fue financiado por la deuda interna. A partir de ese momento, aparece una tendencia que se irá confirmando hasta la quiebra de los años 30: la búsqueda de recursos en el exterior. El peso de la deuda interna no es despreciable, pero se encuentra siempre por debajo de la externa. 15 Una vez mostrada la insuficiencia del mercado de capitales boliviano, se recurrirá a empréstitos extranjeros antes que a una reconversión de la política tributaria, lo cual tenía plena coherencia con el proteccionismo liberal sobre el sector responsable del progreso económico. Entre 1908 y 1920 se contrataron los siguientes empréstitos externos: 1.o) Con la Banca Morgan, de Nueva York, 500.000 libras esterlinas, al 6% de interés, destinado en principio a la financiación de la entrada de Bolivia en el patrón oro. Fue necesario un empréstito posterior, en 1922, para redimirlo. 2.o) Con el Crédit Mobilier, 1.500.000 libras esterlinas, al 5% de interés, destinado a financiar parte del Banco de la Nación Boliviana. 3.o) También con el Crédit Mobilier, 1.000.000 libras esterlinas, al 5% de interés, destinado a la construcción del ferrocarril Atocha-La Quiaca. 4.o) Con el Chandler Bank, 2.400.000 dólares, al 6% de interés, destinado a la construcción del ferrocarril La Paz-Yungas. 5.o) Con la Ullen Contrasting Co., 2.253.000 dólares, al 6% de interés, para obras de saneamiento de Cochabamba y La Paz. Téngase en cuenta que los ingresos totales del Estado en 1919 habían sido 24.977.000 bolivianos y que los créditos pedidos en aquellos años se acercaban o incluso superaban los ingresos gubernamentales presupuestados. A dichos empréstitos deberían añadirse, por otra parte, la garantía estatal de los bonos emitidos por la red Speyer de ferrocarriles en 1906, que en primera hipoteca ascendían a 3,75 millones de libras esterlinas y en segunda a 2,5 millones, así como la garantía de los Bonos Erlanger, destinados a la construcción viaria en Cochabamba, por valor de 300.000 libras. En ambos casos, dicha garantía estatal se convirtió, por la insolvencia de la empresa, en obligación del gobierno a hacer frente al pago de los intereses de los bonos. Como resultado de este proceso, los presupuestos de 1915-1920 situaban la atención de la deuda en primer lugar, acaparando una tercera parte de los gastos. Inversión Pública: los ferrocarriles Signo clásico del desarrollo económico, los liberales presentaron siempre el ferrocarril como su obra imperecedera de gobierno. Indudablemente, los primeros veinte años del siglo vieron la conexión de los grandes centros urbanos -salvo Sucre y Santa Cruz-y la vinculación del Altiplano con los puertos del litoral chileno, completando la orientación que ya se había dado al tejido viario por parte de los conservadores. M.A. Marsh, basándose en la Memoria del Ministerio de Fomento y Comunicaciones correspondiente a 1925, señala la existencia de una extensión total de 2.100 kms., con un coste aproximado de 16.260.000 libras esterlinas. 17 vinculación con Oriente había quedado congelada con el fracaso del ferrocarril La Paz-Beni, manteniéndose así el aislamiento de Santa Cruz, Colonias y Beni. Otro factor importante es la escasa dimensión de la propiedad estatal frente a las concesiones a largo plazo o a perpetuidad en favor de la Bolivian Railway Co., o la Antofagasta and Bolivia Railway Co. Únicamente 362 kilómetros aparecen clasificados como propiedad directa del Estado. Por otro lado, su diseño no iba acompañado de un horizonte de desarrollo que permitiera la articulación de las distintas zonas del país en un proceso de crecimiento integrado. Que esto no es una afirmación en el vacío nos lo corrobora un observador contemporáneo, al indicar que en 1918 las importaciones de alimentos, licores y animales vivos suponen un 31,42%, y las de productos manufacturados un 46,37. 18 Y Silvia Rivera apunta la destrucción de una expansión mercantil de las comunidades altiplánicas por la competencia foránea facilitada por el ferrocarril. 19 Indicativo de las fórmulas financieras utilizadas para la construcción del ferrocarril es el contrato firmado con los Bancos Speyer and Co. y el National City Bank, en mayo de 1906. En síntesis, tales organismos se comprometían a promover una empresa -Bolivian Railway Companycon capacidad para la emisión de bonos de primera hipoteca por valor de 3.750.000 libras y de segunda por valor de 2.500.000, con vencimiento en 1927 y 1932 respectivamente. El gobierno garantizaba los intereses de las obligaciones de primera hipoteca y se obligaba a la compra de los bonos de segunda hipoteca, para lo cual empleó los recursos adquiridos con los tratados de paz con Chile y Brasil. Mientras el Estado se veía forzado a adquirir los bonos de segunda hipoteca a la par, los banqueros tomarían los de primera hipoteca depositando únicamente tres millones de libras. La construcción de la red se basó sobre los más de dos millones de libras colocados en depósito bancario por el gobierno para garantizar la primera hipoteca. En el momento de liquidación del contrato, se calculó la inversión real en casi 7 millones de libras esterlinas, de las cuales 4.647.581 correspondían al Estado, en concepto del capital depositado de antemano y en el del pago de intereses de primera hipoteca. 20 De hecho, la orientación de los fondos públicos a la construcción viaria y la previa desviación de una parte considerable de los mismos al pago La gestión política liberal El análisis del papel jugado por el Estado en la ordenación del crecimiento económico matiza la imagen de expansión sin fisuras que nos podría poner de manifiesto una simple lectura de la balanza comercial, impresionante por el volumen de las exportaciones y por el valor de la producción boliviana en el mercado mundial. Nos ayuda, por tanto, a enfocar la arritmia de una formación social aparentemente armónica y a entender las causas últimas, no tanto de la crisis de los años 30 como de la incapacidad para responder a ella desde la lógica del modelo diseñado en la fase liberal. La llegada del Partido Liberal al poder supuso la expansión y modernización del proyecto oligárquico. Klein defiende la formación de un amplio tejido de políticos profesionales a los que recibe un aparato del Estado con mayores recursos que el del XIX. Un biógrafo de Siles comenta la casi exclusiva dedicación de las universidades bolivianas a la formación de abogados que intentan nutrir las filas de la función pública. Y Malloy ha señalado, como uno de los factores de creación de nuevas fuerzas políticas de carácter clientelar, la lucha por la ocupación de unos cargos públicos que escasean frente a la gran demanda de jóvenes leguleyos. 23 El Partido Conservador, aun permitiendo la existencia legal de los liberales, había practicado una política exclusivista que acabaría volviéndose en contra suya: al identificarse con el periodo de expansión platera, hasta el punto de que algunos de sus presidentes serían empresarios del sector, el declive de la producción acompañaría a la única fuerza que había ostentado el poder desde 1880. Los liberales, cuya profesión de fe había sido la pureza del sufragio censitario, dirigirán la república con criterios bastante semejantes a los de sus antecesores. Aprovechando la estabilidad cedida por la expansión económica, aprovechando incluso un prestigio lentamente devaluado de "partido de izquierdas" -lo cual le concede hasta la dirección de las primeras sociedades obreras-, el Partido Liberal se convierte, de hecho, en partido único del país, con la disolución de los constitucionalistas conservadores y con la simple oposición de algunas facciones de notables, escindidas de la familia liberal -"puritanos" y "patiñistas", por ejemplo. Hasta el surgimiento de la Unión Republicana en 1914-1915, la figura de Ismael Montes, dos veces presidente de la República y hombre fuerte del Partido Liberal, regirá sin alternativa el ritmo institucional del país. Buena prueba de ello es la inexistencia de candidaturas de oposición en las elecciones presidenciales de 1908, 1909 y 1913, así como el penosísimo resultado alcanzado por "puritanos" y conservadores en 1904 y por republicanos en 1917, cuyo fracaso no cabe atribuir ni exclusiva ni principalmente a la manipulación del voto letrado. El Partido Liberal inició su mandato renunciando a dos apoyos que le habían permitido, respectivamente, justificar y realizar su marcha al poder. Mientras el federalismo era rápidamente abandonado en el congreso de 1900, a pesar de haber sido el pretexto para iniciar la guerra civil de finales de siglo contra los conservadores, las promesas realizadas a los indígenas fueron olvidadas, llegándose a la ejecución de algunos cabecillas que habían colaborado en la rebelión. 24 temente que la formación de la élite liberal paceña, que había cimentado su prestigio movilizador del campesinado en la promesa de reinstaurar la relación de reciprocidad con los indígenas, habría de basar su proyecto nacional en una estudiada exclusión de aymaras y quechuas, que ni siquiera hacía ascos a los discursos darwinistas. 25 El proceso de sustitución de tierras indígenas por haciendas se aceleraría con la "normalización" de la vida política boliviana tras la guerra del Pacífico. George McCutchen McBride, en una descripción de la vida indígena del altiplano realizada en 1921, señala que las comunidades se hallan en los lugares de más difícil acceso, mientras las haciendas se encuentran "a lo largo de las principales carreteras", siendo de reciente creación y compuestas por tierras que "tiempo atrás fueron poseídas por los indígenas comunitarios". 26 El primer presidente liberal, J.M. Pando, dedicó la mayor parte de su mandato al tercero de los grandes conflictos internacionales padecidos por Bolivia desde su independencia. Durante los años 80 y 90, el espacio de los ríos tributarios del Amazonas -Acre, Orton, Beni, Mamoré-se había convertido en una región codiciada por el incremento de la demanda mundial de caucho. Se trataba de una zona escasamente colonizada por la iniciativa pública boliviana, a pesar de que se habían planificado, en décadas anteriores, enlaces viarios que incluían proyectos de ferrocarriles y canales. Lo inhóspito del territorio hizo fracasar tales intentos, que quedaban en manos de algunos empresarios privados, singularmente la Casa Nicolás Suárez. La república ni siquiera estuvo en condiciones de preocuparse por establecer una aduana que controlara la salida de caucho hacia el Madeira. Brasil disponía así de ciertas ventajas sobre su vecino: una mayor velocidad en el engarce con el mercado exterior y una migración considerable de población brasileña hacia la región en conflicto. Cuando Pando se decidió a instalar una aduana en Puerto Alonso, estalló una revuelta que proclamó el Estado Independiente del Acre y hasta 1901 no fue posible aplastar la insurrección. La debilidad del Estado boliviano se demostró dramáticamente en los episodios sucesivos. Consciente de la escasez de sus recursos y de las dificultades para defender un territorio tan lejano, Pando trató de interesar a empresarios estadounidenses, confiando en que una concesión a su favor permitiría presionar a Brasil con mayor eficacia. La constitución del Bolivian Syndicate en 1901 no hizo sino acelerar el estallido del conflicto con Brasil, de resultados catastróficos para Bolivia. Hubo que aceptar en 1903 el reajuste solicitado por el vencedor, que suponía la pérdida de 200.000 kilómetros cuadrados al precio de una indemnización de dos millones de libras esterlinas. 27 De cualquier forma, los esfuerzos de la oposición por levantar el ánimo popular aprovechando el agravio resultaron estériles, dada la expansión económica que se abrió con la explotación del estaño en este mismo período. El surgimiento del Partido Republicano Fue precisamente el cambio en la orientación de la coyuntura económica lo que permitió la formación de una alternativa política al liberalismo montista, a lo que se añadió una serie de medidas de carácter financiero que alejaron a una parte de la alta burguesía boliviana del proyecto liberal. Mientras las exportaciones caían a un 60% de su valor de 1913, las importaciones no recuperarían el valor de este año hasta el fin de la Gran Guerra. 28 La caída de los ingresos estatales había de tener un peso decisivo en la capacidad de satisfacer a una clientela potencial creciente, ávida de puestos públicos, que se orientó a la búsqueda de una alternativa "revolucionaria". Además, Ismael Montes acabó de enojar a sectores pudientes al establecer el monopolio de la emisión para el Banco de la Nación Boliviana, acompañándolo de una restricción en la circulación monetaria que empujó a fuertes restricciones del crédito comercial. 29 Daniel Salamanca, notable cochabambino, fue elegido para coordinar los esfuerzos opositores, que desembocaron en la creación del Partido Republicano en 1914. Carecemos de una monografía seria sobre el nuevo partido, pero los datos dispersos en la literatura de la época nos sugieren la gran diversidad de su base social, de la misma forma que su programa nos indica solamente una serie de lugares comunes, eludiendo entrar en detalles que puedan agredir la fragilidad del reciente organismo. El Partido Republicano tuvo, sin duda, la capacidad de reunir descontentos plurales, desde sectores populares a viejos cuadros conservadores desplazados por la hegemonía liberal. 30 De hecho, el Partido Republicano trató de llegar a un acuerdo con los liberales que permitiera la alternancia en la presidencia y una seria participación en el legislativo, elementos fundamentales para un acuerdo de élites. La intransigencia liberal, sin embargo, forzó la radicalización del republicanismo, permitiendo que en el seno del mismo fuera adquiriendo fuerza aquel sector más a una estrategia rupturista y más atento a ganarse la clientela popular urbana. El prestigioso abogado y profesor universitario Bautista Saavedra habría de encarnar dicha tendencia. El gobierno de Bautista Saavedra El 12 de julio de 1920, con la participación de algunos regimientos y la abstención del resto, el presidente liberal Gutiérrez Guerra era obligado a abandonar el Palacio Quemado. Por primera vez en el siglo XX, Bolivia sufría un cambio de gobierno violento, con la sustitución del partido que había dirigido el país desde 1899. Sin embargo, un acontecimiento de tal envergadura ha dado lugar a escasísimas interpretaciones. 32 La literatura escrita en la época o recordada por los protagonistas se reduce a meras descripciones de la conspiración. 33 Más recientemente, Herbert Klein se ha preguntado el porqué del cambio, rebasando el terreno de la mera narración. 34 Sus referencias a las tensiones internas del liberalismo pueden aclarar algunos aspectos del surgimiento del Partido Republicano, pero más interesante resulta la vinculación con la crisis económica de la posguerra, aun cuando tengo algunas discrepancias en su periodiza- ción. 35 Creo que debe señalarse la incorporación a la política de sectores que ni siquiera existían al iniciarse la hegemonía liberal, destacándose la capacidad republicana para movilizar las capas de artesanos que, según declaraciones de los propios dirigentes del Partido Republicano habían pasado a ser los sectores más seguros la militancia. Junto a ello, cabe pensar en la escisión de sectores dominantes, a causa de la política financiera de Montes, así como los problemas de integración de capas de profesionales desvinculados de la red de clientela del Partido Liberal, obligado a reajustes del gasto burocrático en la depresión de 1919. En cualquier caso, se trataba del triunfo de una opción ambigua, cuya consistencia habría de desbaratarse al contacto con la gestión pública. La primera presidencia del Partido Republicano habría de encargarse a Bautista Saavedra, que había manejado los hilos de la conspiración de 1920, disponiendo de una base partidaria potente en la capital. Los esfuerzos de los sectores más conservadores del Partido Republicano para imponer la candidatura de Daniel Salamanca resultaron inútiles, y el sector derechista acabó retirándose del parlamento y del partido para constituir el nuevo Partido Republicano Genuino. Habría que esperar veinticinco años de profundas convulsiones sociopolíticas para que el republicanismo vol-EXPANSIÓN Y RUPTURA DEL ORDEN LIBERAL EN BOLIVIA, 1900-1932 13 35 Klein afirma que la crisis sacudió al país en 1920-1921, cuando las cifras nos indican algo distinto. Dado que las tasas no variaron en lo que a derechos sobre la exportación se refiere, tal crecimiento sólo puede explicarse por el incremento de la producción (Peñaloza, Historia..., vol. II, 233-234). La cotización del estaño en el mercado mundial, tras haberse reducido drásticamente en 1914, fue recuperándose hasta doblar la cifra de este año en 1920. A la vista de estos datos, resulta algo forzado vincular la crisis con el golpe de estado de 1920. 36 Klein, H.: Parties..., pág. 65: "Saavedra tenía su base en los intereses comerciales y los de la creciente clase media de La Paz, su ciudad natal, a la que había representado largo tiempo en el Congreso."; Céspedes, A.: El dictador..., págs.. 71 y ss.;El más grave cargo que se hizo a Saavedra fue el de haberse hecho elegir por esos porotos, que no representaban sino a la chusma mestiza del republicanismo."; Alvéstegui, D.: Salamanca..., vol. II, pág. 376: " No vio el señor Montes (...) que un partido que tenía a la clase obrera por base de su acción poseía la verdadera fortaleza política. En cierto grado, Salamanca participó de este error (...). Saavedra (...) demostró tener mayor capacidad de percepción al valorar la significación del fenómeno social que llevaba consigo los hechos políticos de ese momento"; Díaz Machicao, P.: Saavedra..., págs. 88-89: El hombre saboteado por las élites apoyó la gravitación gubernamental en gentes de modestas apariencias."; T. Marof, prólogo a B. Carrasco: Siles..., pág. XIX: "El presidente se vio solo, casi abandonado de todos y en este instante recurre a un procedimiento eficaz: se rodea del pueblo, llama a los artesanos, combate a la aristocracia liberal oponiéndole la fuerza popular."; Lora, G.: Historia del movimiento obrero boliviano y vol. II, La Paz, 1968: "Las ramas republicanas, particularmente la que siguió a Bautista Saavedra, representaron la insurgencia de la clase media en la política". viera a unificarse. El triunfo de Saavedra y su influencia prolongada en la vida política boliviana procedía de su captación de los sectores populares, factor que han reconocido tanto sus contemporáneos como los ensayistas posteriores. 36 En las condiciones de desarrollo en que se hallaba la clase obrera boliviana, no resultaba impensable en los límites de la opción republicana a base de concesiones como las leyes sobre accidentes de trabajo y la jornada de ocho horas para algunos oficios. 37 El talante relativamente conciliatorio del saavedrismo con el movimiento obrero no tuvo paralelo en el trato dispensado a los campesinos. Inmediatamente después de la revolución de 1920, se iniciaban en Achacachi fórmulas de resistencia comunitaria consistentes en el reforzamiento de una economía paralela a la de la hacienda. El programa republicano de 1915 afrontaba el indígena" en términos paternalistas, fijándose las soluciones en el terreno de la educación. Los comentarios de la prensa más vinculada al partido reiteraron los prejuicios de blancos y mestizos capitalinos contra la presencia de los indígenas en la ciudad. 38 Saavedra había mostrado públicamente su desagrado por la permanencia de las tierras de comunidad, utilizando frases durísimas en el proceso realizado contra dirigentes indígenas a comienzos de siglo. 39 La matanza de Jesús FERRAN GALLEGO 14 37 Aunque desde 1914 habían estallado algunos conflictos mineros de importancia -singularmente el de Catavi en 1919, con intervención del Ejército-, la clase trabajadora se hallaba en un nivel muy incipiente de organización, sin haber superado en algunos casos los esquemas gremiales. Todavía en la segunda década del siglo, los dirigentes de la Federación Obrera de La Paz militaban en el Partido Liberal, haciendo presidente honorario de la sociedad a Ismael Montes. En 1912 se escindiría la Federación Obrera Internacional, que seis años más tarde tomaría el nombre de Federación Obrera del Trabajo. La influencia decisiva correspondió a la corriente anarcosindicalista o bien simplemente sindicalista. Sin embargo, a través de la FOT, y con el impulso especial del Centro de Estudios Sociales de La Paz, se constituyeron organizaciones socialistas locales que habrían de confluir en un primer Partido Socialista a escala nacional, llegando a enviar al parlamento diputados como Perales o Soruco. En 1922 estalló una huelga general ante la que Saavedra hubo de ceder, reconociendo la personalidad jurídica de la Federación Ferroviaria y retirando un proyecto de limitación de huelgas. La masacre de las mina de Uncía, en 1923, selló el distanciamiento entre movimiento obrero y saavedrismo. En 1925, justamente cuando concluía el mandato del líder republicano, se celebraba un Congreso creador de la Confederación Nacional del Trabajo. Lora, G.: Historia..., vols. II y III; Barcelli, A.: Medio siglo de luchas sindicales revolucionarias en Bolivia. La Paz, 1956; Barrios Vila, E.: Historia sindical de Bolivia. 38 El diario La Razón señalaba en 1930: "...esa inútil aglomeración de indios en la plaza Murillo, por ejemplo, ya sea sentados en cuclillas, en posturas un tanto simiescas, en las aceras del palacio legislativo o en las escalinatas del monumento a Murillo; el aspecto de nuestra plaza principal adquiere contornos de aldea africana." Barnadas, J. M.: Apuntes para una historia aymara, La Paz, 1975, pág. 71. 39 Barcelli, A.: Medio siglo..., pág. 101, recoge sus comentarios sobre "orangutanes sanguinarios" y "raza atrofiada moralmente". El contexto ideológico de esta postura ha sido perfectamente reflejado por M.D. Démelas en "Darwinismo a la criolla. de Machaca habría de mostrar cuál era la línea de integración y reforma social que estaba dispuesto a tolerar el republicanismo. 40 Lo que me interesa, fundamentalmente, es indicar el grado de coherencia que existe entre la gestión liberal y la republicana, así como el carácter de mero de élite que supone la "revolución" de 1920. De hecho, el primer gobierno republicano fue muy generoso con la penetración extranjera, particularmente la estadounidense, pleno proceso de sustitución del capitalismo británico en amplias áreas de América Latina. 41 En la etapa inmediata a la Gran Guerra, la orientación del comercio exterior boliviano sufrió un giro importante, en beneficio de los Estados Unidos. 42 De las observaciones de Marsh se desprende, sin embargo, que el capital estadounidense no penetró a través de la minería del estaño, sino de los préstamos y el petróleo. Estos son los dos aspectos de la política saavedrista que más inciden en el futuro económico del país, y los que mejor nos pueden dar la imagen de tratamiento de los intereses nacionales por parte del republicanismo populista. El gobierno de Saavedra tuvo que enfrentarse con la depresión de la posguerra que, al afectar a la cotización mundial del estaño, rebajó considerablemente los ingresos estatales entre 1921 y 1923, fecha en que se alteró el sistema impositivo. 43 Al problema de la depresión se añadía el de la deuda heredada de los gobiernos liberales. Para redimirla e iniciar una política de obras públicas que prestigiara al gobierno, se contrató el EXPANSIÓN Y RUPTURA DEL ORDEN LIBERAL EN BOLIVIA, 1900-1932 15 40 Choque, R.: "Sublevación y masacre de los comunarios de Jesús de Machaca". Rivera, S.: Oprimidos pero no vencidos. 41 "Las inversiones de capital de ciudadanos de Estados Unidos en Bolivia ascienden, aproximadamente, a $ 100.000.000: unos 40 millones en obligaciones del Estado y el resto en la explotación de minas y petróleos". (Marsh, Nuestros banqueros..., pág. 20). "No hay en el mundo un país en el que las leyes mineras sean más favorables a los extranjeros que en Bolivia" (palabras del cónsul Hazeltine recogidas por W. Schurz en Bolivia..., pág. 107). Las exportaciones bolivianas a Estados Unidos no llegaban al 1% en 1913, frente al 80,85% que recibía Gran Bretaña. Cinco años más tarde, los Estados Unidos absorbían el 49,85%, quedando Gran Bretaña en un 41,61%. Aunque el volumen del estaño exportado aumentó, la baja en la cotización hizo que el valor pasara de 7,7 millones de libras esterlinas a 4,9. En este marco hay que situar la agitación obrera de los primeros años del republicanismo y la reforma fiscal de 1923, que supuso un gravamen proporcional a los beneficios y el aumento de las tasas a la exportación. Los ingresos del Estado se incrementaron, así, en 1924 y 1925 a 30 y 43 millones de bolivianos respectivamente, resultando 1924 uno de los escasísimos años en los que los ingresos superaron a los gastos. CEPAL: El desarrollo..., págs. 7 y 11. empréstito Nicolaus, probablemente el más célebre y oneroso en la historia boliviana junto con el firmado por Montes con Speyer and Co. El empréstito con la Stiffel Nicolaus, Equitable Trust Company y Spencer Trask Company se elevaba a 33 millones de dólares, emitiendo el Estado obligaciones al 8% con vencimiento en sin posibilidad de ser redimidas antes de 1937. Bolivia garantizaba la emisión con prácticamente todas sus rentas. Se formaba una Comisión Fiscal Permanente, integrada por tres miembros -dos de ellos a propuesta de los banqueros-para observar el cumplimiento de las garantías. Según ha calculado M. Marsh, un 46% de la renta nacional de 1925 estaba dedicada a la atención de la deuda pública. En ese mismo momento, para escapar al peso de la fiscalidad boliviana, Simón I. Patiño formaba la Patiño Mines and Enterprises Consolidated. Su en el total de las exportaciones del estaño boliviano en 1918 era del 60%. 44 Las primeras exploraciones petrolíferas en el Oriente boliviano habían comenzado en los años finales del siglo XIX, pero la constitución de la más antigua empresa de importancia data de 1912, cuando Lavadenz organizó el Sindicato de Oriente Boliviano, en colaboración con la Casa Percival Farqhar. El hundimiento de ésta llevó a la alianza del capital boliviano con el chileno, tras negociaciones fracasadas con la Royal Dutch Shell. A pesar de la quiebra de empresas bolivianas como Aguila Doble o chilenas como Calacoto, las concesiones continuaron, y cuando el presidente Montes prohibió nuevos permisos, en 1916, se habían entregado 3 millones de hectáreas. El gobierno Gutiérrez Guerra firmó un contrato con la empresa Richmond, Levering and Co., de Nueva York, en febrero de 1920. Tal contrato permitía a la Richmond Levering la exploración de 3 millones de Hás., concediéndosele un millón por un período de cincuenta años. El Estado se reservaba el 15 % del producto bruto y dejaba exclusivamente para las instituciones bolivianas cualquier decisión expropiatoria en caso de incumplimiento de contrato. En 1920, la Standard Oil entabló contactos con las concesionarias estadounidenses en Bolivia, para la transferencia de sus zonas de exploración. Al año siguiente, se constituyó la Standard Oil of Bolivia, que para 1926 se había apropiado de unos siete millones de Has. y se desenvolvía en situación de práctico monopolio. En 1921, antes de firmar la aceptación de las transferencias, el Congreso aprobó una Ley Orgánica destinada a controlar las concesiones, en la que se estipulaba que éstas no tendrían más de 100.000 Has. y el Estado se aseguraba un 11% de la producción bruta, más un impuesto progresivo sobre los beneficios. El contrato firmado con la Standard Oil en 1922 señalaba, además, que se comenzar los trabajos de perforación en un plazo de diez meses; que, de no hacerlo, los propietarios pagarían una multa de 50.000 dólares, y que la concesión caducaría a los 24 meses si en este período no se hubieran realizado tales trabajos. La situación de la Standard resultaba totalmente anómala: por un lado, el origen de su concesión estaba en la transde los derechos obtenidos por otras empresas; pero el contrato con el Estado había sido firmado en 1922, una vez aprobada la ley que fijaba la extensión máxima muy por debajo de lo adquirido por la Standard a las anteriores empresas. La postura confesa de Saavedra, sin embargo, era el reconocimiento de que Bolivia no disponía de un capital alternativo al de la Standard, y así lo manifestó en su mensaje presidencial de 1924. El advenimiento de la crisis Si Saavedra ha pasado a la historia oficial del republicanismo como el líder capaz de enlazar con las capas populares de la ciudad, tiñendo de legislación social un proyecto en el fondo continuista, su sucesor, Hernando Siles Reyes (1925-1930) se presentó como el impulsor de la "generación del Centenario", tratando de formar y consolidar una fuerza política que rompiera con el esquema de los partidos tradicionales. 46 En busca de una base para este proyecto, que incluía la constitución de su propia clientela, Siles se acercó a una juventud universitaria y profesional sensible a algunas de las corrientes ideológicas renovadoras que recorrían el continente, en especial el nacionalismo populista. En los momentos previos a la descomposición del orden liberal, justamente antes de la crisis de 1929 y del desastre del Chaco, apuntaba ya una posición política ambigua, definida tan sólo en términos generacionales, ataviada de un nacionalismo antioligárquico, aunque no anticapitalista, entendiendo el "socialismo" como la intervención de un Estado fuerte en favor de las clases populares, y depositando sus esperanzas en una nebulosa burguesía nacional, élite que habría de romper las relaciones de dependencia neocolonial mediante la reinversión de sus beneficios en el desarrollo integrado de Bolivia. 47 Siles, que ya había tomado contacto con sectores juveniles opuestos a la demagogia de la Cruzada Pro-Indio de 1926, constituyó el Partido Nacionalista en 1927. Frente a la línea de los jóvenes radicales, como Céspedes y Montenegro, se eligió a núcleos menos agresivos, dispuestos a aceptar un proyecto que se limitaba a retocar muy superficialmente las estructuras sociopolíticas del país, a pesar de un lenguaje resueltamente antitradicional. 48 Tal programa resultaba especialmente moderado en comparación con las propuestas que se estaban realizando en la Universidad, al calor del movimiento de reforma iniciado en Córdoba. La I Convención de Estudiantes, de la que surgiría la Federación Universitaria Boliviana en 1928, aprobó un programa mucho más radical, que incluía la reforma agraria, la socialización progresiva de la riqueza y la lucha contra el imperialismo norteamericano. 49 El nacimiento de esta nueva fuerza social, que se sumaba al emergente sindicalismo obrero, no tenía cabida en el proyecto político de Siles que, sin embargo, se aisló también, con sus propuestas formalmente antitradicionalistas, de una posible alianza con los liberales y los republicanos. Dicho aislamiento coincidía con los primeros signos de la crisis del 29, especialmente agudizados por el grave desequilibrio presupuestario heredado de las administraciones anteriores. Antes de la firma del empréstito Dillon and Read de este año, la amortización de la FERRAN GALLEGO 18 47 En sus memorias, Augusto Céspedes, uno de los intelectuales clave en esta generación, así como en la del Chaco, ha dejado un estimulante examen de la cultura de la época: "Nos atraía la fraseología del APRA y los relámpagos de la revolución mejicana. Leíamos los discursos de Obregón y de Calles y la lírica premonitoria de la 'Raza Cósmica' (...). Despertamos al anuncio de que cada generación poseía un destino (...). Empezamos a cumplir el ideario de romper con el pasado próximo, llenando de improperios a los conductores de los partidos tradicionales." 48 El Manifiesto de la nueva agrupación señalaba, en su programa mínimo, la modificación de las leyes electorales, el presupuesto quinquenal, revisión de las leyes sociales en favor de la mujer, el obrero y el niño, la revisión del sistema tributario, y un Departamento administrativo que se encargara del indio. Véase Díaz Machicao, P.: Historia de Bolivia. Solamente el recorte de los gastos en 11 millones de bolivianos con respecto a 1929 impidió que el déficit resultara catastrófico. Las exportaciones de estaño alcanzaron el mayor volumen de su historia en 1929, pero tal aumento de la producción no hacía sino tratar de compensar la caída en el precio que venía observándose desde 1927 y que alcanzaría su nivel más bajo en 1932. En función de una caída en los ingresos fiscales por beneficios empresariales, la recaudación del Estado se redujo en mayor proporción que el valor de las exportaciones. 51 En el momento de apuntar la crisis, el presidente requirió el consejo de una comisión de expertos dirigida por el profesor Walter Kemmerer. La simple enumeración de los proyectos de la comisión nos ofrecen una idea del desorden en que se hallaban las finanzas bolivianas. 52 Para agravar este desorden, Siles recurrió a nuevos empréstitos foráneos, por un total de 37 millones de dólares, en su mayor parte orientados a la satisfacción de las deudas pendientes. 53 Por otro lado, la caída en la cotización del estaño supuso la exigencia de mayores concesiones del Estado a la minería, ya fuera en la intervención en el costo de los fletes, ya fuera en asegurar el control de la paz social en caso de despidos masivos. 54 Las penosas condiciones del mercado externo y su repercusión en los ingresos fiscales habían de entorpecer decisivamente la capacidad gubernamental para dotarse de una base alternativa a las de las viejas clientelas liberal-republicanas. Por el contrario, el proyecto regeneracionista de Hernando Siles acabó enfrentándose a su teórica base social, la juventud EXPANSIÓN Y RUPTURA DEL ORDEN LIBERAL EN BOLIVIA, 1900-1932 19 universitaria, temerosa de que el presidente tratara de implantar un régimen dictatorial. El presunto "caudillo" de la juventud acabaría siendo derribado por un golpe combinado de civiles y militares que, tras un breve interludio de gobierno de las Fuerzas Armadas, celebraría elecciones, ganadas con facilidad por el tándem genuino-liberal de Daniel Salamanca y José Luis Tejada Sorzano a comienzos de 1931. Este reencuentro de los partidos tradicionales en una candidatura conjunta había de darse, sin embargo, en pésimas condiciones para la supervivencia del viejo orden. Al año siguiente, siguiendo el ejemplo de diversos países del área, se declaraba la suspensión del pago de la deuda externa, recurriendo a un empréstito interior financiado por el Banco Central y el Banco Mercantil. 55 El precio del estaño continuaba descendiendo y, con él, los ingresos del Estado. Para compensar el exceso de stock, se creó el Comité Internacional del Estaño, destinado a asegurar la recuperación de su valor, asignando a los diversos países productores una cuota fija de exportación. 56 Sin duda, ello podría haber resuelto las desventajas de la caída del precio, pero en modo alguno remontaba la precaria situación de la hacienda pública y de las necesidades de divisas para el abastecimiento del mercado interno. Además, la asignación de cupos había de convertirse en una constante fuente de enfrentamientos, primero entre la mediana y la gran minería, y posteriormente entre los tres grandes productores, Patiño, Hochschild y Aramayo. 57 En un primer momento, Salamanca se inclinó por una política de austeridad, restringiendo el gasto público. A partir de 1932, se lanzaría a una política inflacionaria, incrementando la emisión de billetes a pesar de las advertencias expresadas por el Directorio del Banco Central. 58 Dicha política inflacionaria, pensada en principio para cubrir los empréstitos estata- 57 Lofstrom, W. L.: Attitudes..., págs. 65 y ss; para la agudización de los enfrentamientos entre los tres grandes unos años después, véase Gallego, F.: Ejército, nacionalismo y reformismo en América Latina. Banco Central de Bolivia: Sexta memoria anual, correspondiente a la gestión de 1934. La Paz, 1935, pág. 59. les, se dedicó a la financiación de gastos militares. La debilidad política de la coalición liberal-genuina quiso obviarse mediante el recurso a un episodio de política exterior que, al tiempo que distraía las tensiones emergentes por la depresión, era capaz de rodear de prestigio al gobierno, silenciando cualquier oposición. Por otro lado, el enemigo a batir parecía accesible y en el territorio del Chaco se preveía la existencia de inmensos recursos petroleros. Siendo uno más de los numerosos conflictos de frontera padecidos por el continente desde la independencia, la guerra entre Bolivia y Paraguay habría de ser la de mayor intensidad y duración entre dos países americanos en el siglo XX. Y su función, en lugar de reforzar el orden tradicional de ambos países, sería la de sellar la crisis definitiva de un modelo de crecimiento que sólo en apariencia era estable y que sólo en los sueños de cierta historiografía revisionista parece plantearse como el camino a seguir.
El estudio toma en cuenta las formas cambiantes de disposición desarrolladas en el caso específico del norte del departamento del Tolima, una de las zonas de mayor producción cafetera a nivel nacional y una de las áreas donde con mayor intensidad se vivieron los estragos de la violencia de los años 50 y 60. Los elementos metodológicos para su interpretación son considerados como una aproximación realista en torno al concepto de propiedad. Su análisis explora los diferentes grados de disposición que ejerce el hacendado sobre los objetos en una determinada estructura de disposición. El objeto del presente estudio es la hacienda cafetera del norte del Tolima (Colombia) desde finales de la década de los años cuarenta, época en que se inicia uno de los períodos más cruentos de violencia, hasta nuestros días. Su método: la aplicación del "concepto de disposición", la renovación del concepto de propiedad y la descripción de las diversas y contradictorias tendencias en la estructura hacendataria que nos ofrece el ejemplo de La Aurora. Parte integral de tal descripción y análisis será comprobar la relativa aplicación que tiene el uso de la propiedad, en circunstancias donde los elementos políticos son importantes y la lucha del hacendado por la adquisición de brazos temporales y permanentes exige de su parte estrategias y métodos adecuados. La violencia de la década de los años cincuenta y parte de los sesenta caracteriza un período en el que sobresale una estructura de disposición patriarcal y paternalista, ambiguamente unida a una identidad racional adecuada frente al control sobre la producción y comercialización del café. Pero, al mismo tiempo que se vivían el fin de la violencia, la incorporación del proyecto reformista liderado por el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA) y el comienzo de un período de tecnificación y racionalización más efectiva con base en la implantación de cultivos de la variedad caturra, los métodos administrativo-labora-les de La Aurora entraron en crisis hasta culminar con el derrumbamiento definitivo de la empresa. Específicamente ha de iniciarse este trabajo con el análisis de una de las formas de labor que marcó un período de estabilidad y efectividad en la producción de los cultivos de café. Nos referimos, pues, al sistema administrativo basado en los "tabloneros-agregados". Posteriormente estudiaremos la adaptación del sistema de "contratistas", luego el de "agregados-jornaleros" y la transición temporal a un sistema de "administración directa", para concluir en el estudio de la última etapa administrativa: la de las "cuadrillas" y recolectores de café, cuyo pago dependía de la cantidad de kilos de grano recogidos diariamente. Al examinar la bibliografía sobre la caficultura colombiana se evidencia, ante todo, la necesidad de formular nuevos conceptos que rompan con las tradicionales etiquetas que intentan determinar tanto el grado de desarrollo como el sistema de relaciones en la sociedad agraria andina. Por esta razón partimos de la vieja discusión en torno al carácter dicotómico y/o de orden lineal del análisis sobre las relaciones de producción, el efecto de la propiedad y el desarrollo socioeconómico en su conjunto. 1 En este sentido, comprendemos que existe la necesidad de replantear conceptos tales como los de la propiedad y las relaciones de producción. 2 En efecto, partimos del supuesto de que la organización de la producción puede asumir formas diferentes por lo que, dependiendo de cada caso, sus características tanto en lo laboral como en lo administrativo, son diversas. Para ilustrar esta tesis estudiaremos un caso provechoso en términos de características, tales como la constancia de la fuerza de trabajo en una "unidad de producción" o la unidad de intereses en torno a la aceptación de formas cambiantes de disposición de la tierra o las propiedades. Estos dos aspectos, al igual que los métodos de substracción del trabajo excedente, presuponen relaciones sociales y condiciones de producción bien definidas. Por ejemplo, la aparcería y los derechos tradicionales de posesión ligados a ella pueden ser analizados no en términos de las formas de ingreso o de trabajo excedente, sino como mecanismos para ase-ROLAND ANRUP-RENZO RAMÍREZ 2 1 Para ampliar sobre este aspecto véase Cardoso, Ciro y Peréz Brignoli, Héctor: Los métodos de la historia. Introducción a los problemas, métodos y técnicas de la historia demográfica, económica y social, México, 1977, pág. 82. 2 Esta tesis sobre la necesidad de un nuevo enfoque es destacada por varios investigadores, entre ellos Mörner, Magnus; Anrup, Roland: "Hacia un marco de análisis para el estudio histórico de la sociedad andina 'tradicional'", Revista de Historia de América, N.o 98, México DF, julio-diciembre de 1984, págs. 33-47. gurar la regularidad del suministro de trabajo y/o una fuerza de trabajo permanente. 3 De otra parte, los sistemas de supervisión y control del proceso productivo fueron, hasta hace poco, objeto de escasa atención. Sin embargo, las múltiples tareas de supervisión involucradas en la producción agrícola no pueden ser reducidas a la simple conservación de las relaciones de propiedad y explotación. La gran variedad de sistemas de control y supervisión existentes presuponen condiciones de vida definidas y, a su vez, tales sistemas condicionan otras relaciones. Las formas de remuneración del trabajo o la forma en que los trabajadores obtienen sus ingresos están particularmente entrelazadas con sistemas de supervisión y control, puesto que dichos sistemas determinan qué es lo que debe ser supervisado y controlado. Siguiendo a Foucault, 4 podemos decir que, así como hay técnicas de producción, existen también técnicas de control y supervisión. De aquí se desprende que los cambios en la organización de la producción pueden también ser analizados desde esta última perspectiva. Así, por ejemplo, la aparcería y el uso de trabajo remunerado requieren de mecanismos diferentes de control y supervisión y, por lo tanto, se ajustan al enfoque de nuestro análisis. Aun cuando a lo largo de nuestro estudio aparecen una serie de conceptos propios de la teoría y enfoque adoptados para la interpretación, nos hemos empeñado por ser cuidadosos con la terminología que utilizamos en nuestra interpretación histórica. 5 Sin duda, la complejidad y multiplicidad de las relaciones sociales plantea exigencias definidas acerca de los instrumentos analíticos que han de emplearse para su estudio. En este sentido, son varios los trabajos que nos han inspirado en la aplicación de nuestros conceptos. 6 Queremos tan sólo precisar que tradicionalmente la forma que APARCERÍA Y DISPOSICIÓN EN UNA HACIENDA CAFETERA DEL TOLIMA 3 3 Un análisis que abarca el período 1895-1948 se puede observar en Anrup, Roland: "Trabajo y tierra en una hacienda andina colombiana", Estudios Rurales Latinoamericanos, Vol. 4 Véase Foucault, Michel: Vigilar y Castigar, México, 1976. 5 Para el caso de la sociedad andina el investigador Magnus Mörner recomienda ser cuidadoso con las "etiquetas" que pretenden caracterizar el nivel de desarrollo y relaciones económicas. Véase su obra Ensayos sobre historia latinoamericana. 6 Una explicación y aplicación del enfoque podemos encontrarla en los siguientes trabajos de Anrup, Roland: "Disposition over land and labour". En: Lundahl, M. y Svensson, T. (eds.): Agrarian Society in History, London, 1990, págs. 108-124; "Trabajo y tierra en una hacienda andina colombiana", Estudios Rurales Latinoamericanos, Vol. No obstante, nuestro enfoque apunta hacia una aproximación más realista en el intento de determinar el grado de disposición de una persona hacia un pedazo de tierra o hacia el trabajo de otra persona, en lugar de intentar la identificación de "propietarios" o "compradores de trabajo". Disposición y cambios en los sistemas de labor A finales de la década de 1940, La Aurora abandonó su sistema de administración directa, surgido a raíz de las exigencias de los arrendatarios en el período anterior, para adoptar formas de aparcería basadas en "agregados". 8 La disposición operacional 9 ejercida sobre ellos, en lo concerniente a los cultivos y la producción de café, se daba a través del sistema llamado "tabloneo", 10 aunque en los cultivos de caña de azúcar se trabajaba a jornal. Para esta época, la hacienda tenia diferentes renglones de producción; entre otros el del café, la caña de azúcar y la ganadería. El sistema del "tabloneo", 11 se manejaba de la siguiente manera: "Cada familia tenía un cafetal alrededor de su casa. El tamaño variaba entre cinco y diez hectáreas, dependiendo del grado de interés de la familia. Durante el intervalo de las cosechas, ellos cuidaban, abonaban, desyerbaban y podaban los cultivos. 7 Mörner, M.: Ensayos sobre historia..., pág. 36. 8 Los agregados eran familias que, bajo contrato oral y/o escrito, tenían el derecho de vivir en los predios de la hacienda, así como el de cultivar productos agrícolas para su autoconsumo. 9 El análisis en lo que sigue va a proceder con referencia a lo que llamamos estructuras de disposición. Podemos establecer que este es el espacio dentro del cual los sujetos ocupan determinadas posiciones generando una combinación diversa de relaciones. Estas relaciones pueden ser de tipo potencial y/o operacional. Las primeras se caracterizan por no responder a un objetivo central, superior y único, siendo determinadas por su grado de disposición en torno al objeto. Así, por ejemplo, el papel o función del mayordomo genera potencialmente cierta subordinación por parte de los trabajadores agrícolas. En cuanto a las relaciones operacionales podemos decir que designan y caracterizan cuantitativamente la capacidad del sujeto para determinar el modo de operación de los objetos. Un ejemplo de ello puede representarse en la estrategia desarrollada por un hacendado en el logro exitoso de su empresa agrícola. Sin embargo, las relaciones de disposición potenciales y operacionales asumen diferentes formas de articulación, puesto que actúan unas sobre otras y se determinan recíprocamente. 10 Término utilizado en la región para determinar un cultivo de café de propiedad de la hacienda, pero a disposición de un agregado encargado de su cuidado, mantenimiento y recolección. 11 En dicha época cada familia estaba constituida entre cinco y siete miembros, contados éstos como brazos disponibles para la recolección de café. Se calcula que existieron un total de veinticinco familias en condición de agregados a disposición de la administración de la hacienda. Generalmente en época de cosecha, el agregado, a quien se le asignaba el tablón conseguía el personal necesario para coger el café. La hacienda daba el dinero y ellos mismos arreglaban con los que contrataban y luego [...] con la hacienda. [Esta última] también les facilitaba mulas para sacar el café durante la recolección. En la época de cosecha, ellos recolectaban el café y [La Aurora] les pagaba diariamente el café recolectado. La hacienda tenía su personal y equipos para beneficiar el café. Por eso, alrededor de la casa principal [...], había varias casas, donde se alojaba al personal que necesitaba [...] para su administración directa y a los arrieros, encargados del transporte. En la cosecha, el administrador visitaba todos los tablones para hacer un cálculo aproximado del café que se podía sacar, pues ocurría que los tabloneros escondían unos tres o cuatro bultos de cada veinte para venderlos ellos mismos a pequeños comerciantes. En épocas de cosecha se secaba el café a vapor y se transportaba empacado a lomo de mula hasta el Líbano. Este sistema ofrecía un margen de ganancias favorables a la hacienda". 12 Como advertimos, los tabloneros tenían un alto grado de disposición operacional. Ellos se encargaban de los cafetos asignados y eran responsables de la siembra de nuevos arbustos. Además, los tabloneros eran enteramente responsables de la cosecha siendo aprovechados las mujeres y los niños de la familia como fuerza extraordinaria de trabajo, en un promedio de cinco miembros por familia. Los tabloneros estaban obligados a ocuparse de la cosecha, que debían entregar a la hacienda al término de cada día de labor durante el período de recolección. La hacienda solamente disponía de edificios, instalaciones y máquinas necesarias para el procesamiento del café. Los tabloneros no tenían derecho a vender su parte de café a ningún otro comprador que no fuese la hacienda; pues, en rigor, ellos estaban obligados a entregar la totalidad de la cosecha a ésta, que monopolizaba tanto el procesamiento como la venta del grano. De este modo, la hacienda mantenía su disposición sobre la producción. La articulación de las relaciones potenciales y operacionales de disposición en el proceso controlado por la hacienda era de decisiva importancia para la disposición del hacendado sobre los tabloneros y para la reproducción de la estructura de disposición en su conjunto. ¿Se puede considerar la hacienda bajo el sistema de tabloneros como una "unidad de producción", o por el contrario, a cada tablón en sí mismo como una unidad de producción? Aplicando el concepto de unidad operacional de disposición, podemos observar que la unidad de disposición no permanece constante sino que varía con respecto a diferentes operaciones. APARCERÍA Y DISPOSICIÓN EN UNA HACIENDA CAFETERA DEL TOLIMA 5 Consecuentemente, en el cultivo del café no es la hacienda la unidad de disposición operacional sino, más bien, debe considerarse que cada uno de los tablones, cultivados individualmente, comprende en sí mismo una unidad de disposición operacional. Pero, desde el punto de vista del procesamiento del café cosechado, la hacienda es la unidad de disposición operacional. Empleando el concepto de disposición operacional, se le ha dado al término "unidad de producción" un contenido determinado, distinguiéndolo del término "empresa", ya que la palabra empresa se liga aquí al mecanismo que coloca en contacto, dentro del sistema económico, a diferentes agentes en el mercado. Así, en este caso, la hacienda es una empresa que vende café a las empresas exportadoras. Los lotes de los tabloneros no pueden ser considerados como empresas porque la hacienda monopolizaba el contacto con el mercado. Esta es una importante condición económica de la estructura de disposición. Nos preguntamos, entonces, ¿cuál era el carácter social de las relaciones entre los tabloneros y la hacienda dentro de esta estructura? ¿Deben los tabloneros ser considerados como pequeños agricultores o, más bien, como trabajadores asalariados? O, ¿quizá, ninguno de los dos términos es apropiado para definirlos? Pues bien, desde el punto de vista del salario, es decir de los jornales pagados a los tabloneros por la hacienda, bien puede considerarse a éstos como un tipo de trabajadores asalariados. Sin embargo, el grado de independencia del cual gozaban los tabloneros como productores directos podría, por otra parte, justificar el argumento de que eran una especie de pequeños agricultores, explotados a través del monopolio ejercido por la hacienda sobre el mercado. La forma de aparcería que el sistema de tabloneros representa y las relaciones sociales que de ella se derivan no pueden ser concebidas ni como una relación entre capital y trabajo, ni como una relación entre capital comercial y productores simples de mercancías. Como resultado del análisis de las relaciones de disposición, potenciales y operacionales, y de su juego recíproco, así como de la estructura de disposición en su conjunto, se llega a la conclusión de que los tabloneros no eran ni trabajadores asalariados, ni pequeños agricultores independientes. Esta forma de aparcería debe ser analizada como una estructura de disposición específica. La hacienda encargaba a los tabloneros contratar a los recolectores estacionales. De esta manera se convertían en "agentes de enganche" y también, en cierto modo, en "supervisores" o "capataces de obra" por cuenta del hacendado. El reclutamiento y control de la fuerza de trabajo oca-sional recayó en manos de los tabloneros a causa de que "cada uno tenía asignado su tablón para coger", es decir, que toda la tierra de plantación de café estaba dividida en tablones. La administración optó, en el período de violencia generalizada de los años 50, por encargar de este reclutamiento y control a un intermediario capaz de encarar los problemas, que fuese de confianza y que al mismo tiempo pudiese ser sometido a control directo por parte de la hacienda. Ese intermediario era el tablonero. La supervisión directa de la administración de la hacienda se realizaba, en efecto, sobre el tablón y el tablonero, en tanto que era este último quien reclutaba y supervisaba a los recolectores estacionales. La administración de la hacienda intentaba establecer su disposición operacional manteniendo a los tabloneros bajo inspección permanente y sometiéndolos a normas de rendimiento. Ello implicaba, desde luego, el establecimiento de técnicas de disciplina dentro del marco de las relaciones operacionales de disposición. El término "disciplina" simplemente alude aquí al empleo de ciertos métodos más que a la realización cabal de los efectos deseados. En tanto que durante el período de la cosecha había necesidad de reclutar trabajadores desde fuera de la hacienda, el resto del tiempo había desocupación entre los tabloneros. La hacienda tomaba medidas para resolver este problema y no solamente movida por razones económicas. Según nuestras fuentes, existían otras causas de fondo: "La hacienda tenía que tener mulas para recoger las cosechas y para transportar el café beneficiado al pueblo. Por lo tanto, era necesario tener pastos y caña. Había por lo menos treinta bestias para la recolección y el transporte del café. La caña es el mejor alimento para las bestias, pero después también sacábamos panela. Había trapiche, también había ganadería. La expansión de la plantación de caña y de la ganadería fue más que todo una solución a la desocupación de las familias de tabloneros en épocas de no cosecha, porque es muy peligroso tener gente que no tiene que hacer". 13 En el marco de esas condiciones políticas, parece lógico suponer que una de las preocupaciones de la hacienda en aquel período fuese la "limpieza" de elementos peligrosos o indeseables entre los tabloneros y trabajadores. Por eso, se realizó la compra de mejoras 14 a los tabloneros a quienes se deseaba desalojar: APARCERÍA Y DISPOSICIÓN EN UNA HACIENDA CAFETERA DEL TOLIMA 7 13 Ibídem. 14 Gastos útiles y reproductivos que, con determinados efectos legales, hace en propiedad ajena quien tiene respecto de ella algún derecho similar o limitativo del dominio, como la posesión, el usufructo o el arrendamiento. "Se les compró a aquellas personas que eran problemáticas o que querían emigrar para otra parte. Que ese tablonero no colabora con la hacienda y pone mucho problema y es comunista y es bolchevique, entonces había que comprarle su mejora, y allí se instalaba otra familia hasta con contrato de arrendamiento. Había también algunos que no querían vender su mejora y seguían trabajando allí y no la vendían. No era obligatorio vender la mejora ni comprarla. Se compraba por una de esas dos causas, o porque la gente era problemática, o porque la hacienda decía "ese cafetal mas bien lo manejo yo directamente". Algunos tabloneros pusieron problemas muy graves para vender sus mejoras. Los comunistas decían a los tabloneros: "no vendan esa tierra, es suya". 15 Como vemos aquí, la aplicación común acerca de la propiedad es muy engañosa. Se presume frecuentemente que el término "propiedad" se refiere, de un modo natural y obvio, a un objeto y la condición que asume con respecto a su dueño. En lo que concierne a la propiedad sobre la tierra, se considera que un hacendado, mediante el hecho de ser legalmente dueño de una determinada propiedad, establece sobre ella un derecho total y absoluto. Pero decir que un sujeto es propietario legal de algo no significa, en realidad, más que lo siguiente: ese sujeto tiene un grado determinado de disposición sobre ese algo. Esa disposición muy pocas veces puede ser considerada como absoluta. Otras, como en este caso los tabloneros con sus derechos de compensación por sus mejoras, también tienen cierto grado de disposición. Esto cuestiona de inmediato la naturaleza del control que tan frecuentemente se considera implícito en la propiedad privada de la tierra. Tal capacidad de control deja de estar garantizada tan pronto como se reconoce que su ejercicio supone recurrir a medios de acción en situaciones particulares. Medios que, por su parte, dependen ellos mismos de condiciones bien determinadas. En general, los cambios adoptados en La Aurora fueron exitosos si se tiene en cuenta que la hacienda logró mantener la integridad de sus relaciones de disposición y obtener relativamente buenos rendimientos de producción en medio de la ola de violencia y crímenes políticos que sacudían la región. Cuando yo estuve [en 1954], saqué 450 cargas de pergamino ya seco, 16 dice nuestro informante, no sin un dejo de orgullo. La innovación del sistema de labor con base en contratos de compañía adquirió diferentes variantes y prácticas. No obstante, todas ellas estuvieron vinculadas a una circunstancia legal con base jurídica al ser erigidos como modelo por parte del Ministerio de Agricultura, los "Contratos presuntivos de aparcería" a porcentaje se hicieron oficiales según el Artículo 3, Decreto 2397, de 1958. De acuerdo a la participación de cultivos en compañía fueron estipulados derechos y obligaciones por parte de propietarios y trabajadores. El arquetipo establecía algunas condiciones mínimas. Una de ellas era facilitar tierras destinadas a cultivos de pan-coger como yuca, arroz, plátano, etc., respaldada por los Artículos 4 y 5 de la ley 100 de 1944. De igual manera, se invalidaban los subarrendamientos, traspasos o ventas de mejoras a terceras personas, según el Artículo 8 de la misma ley. También se acordaba, a partir de los artículos 4 y 5 de la ley 100 de 1944, no establecer cualquier tipo de cultivo de tardío rendimiento, ni mejoras de carácter permanente de ninguna naturaleza. 17 Estas leyes, aplicadas para cualquier tipo de aparcería o de cultivo permanente, asumieron sus particularidades en el caso de La Aurora. En la administración de Carlos Osorio (1960-1966) se introdujo un sistema de labor basado en "contratos presuntivos de aparcería": una modalidad de asociación muy común por aquella época en distintas regiones de Colombia. Según este sistema, el propietario dividía el área cultivada de la hacienda en diferentes secciones y dejaba a un "contratista" 18 a cargo de cada sección. Sobre la base de informes diarios entregados por un supervisor asalariado, la hacienda pagaba semanalmente a los contratistas por las jornadas de trabajo empleadas en el cultivo de café y, en ciertos casos, en el de caña de azúcar, registrándose este pago en una cuenta individual para cada contratista. Cuando el producto llegaba a manos de la hacienda, después de la cosecha, los contratistas recibían un pago como si el café hubiese sido "comprado" por la hacienda, según un precio unitario fijado al comienzo del período de cultivos. Del monto que debía recibir el contratista por el producto que entregaba a la hacienda se deducían los pagos semanales que había recibido, como si se tratase de adelantos o anticipos. Pocas dudas pueden caber acerca de que el objetivo de esta forma de organización consistía en atar a los contratistas, entregándoles lotes de tierra en los cuales, por regla general, tenían su familia y su casa. Sus moradas se establecían en los predios de la hacienda, lo cual incrementaba aún más la dependencia de los contratistas. Las secciones variaban según el tamaño de la familia del contratista, pero la hacienda prefería familias con APARCERÍA Y DISPOSICIÓN EN UNA HACIENDA CAFETERA DEL TOLIMA 9 17 Archivo Municipal del Líbano (AML). Modelos de aparcería en compañía a porcentaje, 1957. 18 De esta manera se llamó a quienes aceptaban dichos contratos. varios miembros en edad de trabajar. Al parecer, la administración trataba de evitar el reclutamiento de fuerza de trabajo extra durante los períodos de cosecha. Posiblemente esto estaba determinado por el deseo de impedir el acceso de las influencias políticas e ideológicas de que pudieran ser portadores los trabajadores forasteros. La gran diferenciación estacional de fuerza de trabajo en las plantaciones de café hacía ventajosa la utilización de grupos familiares que pudieran adaptarse flexiblemente a esta variación. La hacienda aseguraba de este modo una reserva de trabajadores para el apogeo de la cosecha, sin necesidad de mantener trabajadores permanentes empleados; la alternativa habría sido la combinación de un menor número de trabajadores permanentes en las épocas de cultivo y un número mayor de trabajadores agrícolas forasteros para expandir la fuerza de trabajo durante las cosechas. Esta última solución habría resultado más costosa y más insegura al mismo tiempo, precisamente porque en el período de cosecha el salario de los recolectores podía sufrir aumentos forzosos a causa de la competencia local entre las haciendas y plantaciones de café por el acceso a la fuerza de trabajo. La administración de la hacienda podría haberse encontrado entonces sin recolectores, o verse obligada a superar las ofertas de sus competidores. Ello hubiera conducido al establecimiento de un precio de equilibrio. El "jornal" de los contratistas, en cambio, era pagado en concordancia con una tasa fijada por la hacienda al comienzo de las siembras y estaba a un nivel considerablemente más bajo que el de los salarios de los trabajadores ocasionales. El sistema de contratistas tenía la ventaja adicional de ahorrarle a la hacienda los gastos de alimentación, alojamiento y supervisión que hubieran causado los trabajadores ocasionalmente reclutados. Podemos considerar al sistema de contratistas como una forma especial de trabajo asalariado que ata los trabajadores a la hacienda. El salario de los contratistas era presentado como jornal, en forma de pago semanal por días trabajados en el cafetal. El propietario de la hacienda conservaba, en todo momento, plena disposición sobre el producto del trabajo. La "venta" del producto por parte del contratista a la hacienda era una operación formal. La cuenta del contratista, en realidad un tipo especial de cuenta de jornal, era acreditada con el monto del café entregado, como si éste hubiese sido vendido. Se puede formular una estrecha analogía con un sistema de salarios que consta de una parte fija y otra móvil o variable. En este caso la parte fija, el salario semanal por días trabajados, se completa con una parte móvil, el monto recibido por los contratistas si el valor del café entregado por ellos a la hacienda excede al valor de los salarios recibidos anteriormente en dinero o en especie. Desde otra óptica, en cambio, el sistema de contratistas es una forma de aparcería con una independencia limitada para el contratista. La hacienda provee el capital representado en tierra, plantaciones, herramientas, gastos de operación tales como anticipos en dinero y en especie, y una vivienda. Por su parte, el aparcero provee el trabajo. Los pagos semanales pueden ser vistos como una especie de préstamo, puesto que implicaban que el contratista asumiera una deuda, que luego reembolsaba mediante la entrega del café cosechado a la La desventaja del aparcero era que el precio del café había sido fijado de antemano. Si el precio de mercado se alzaba en el curso del período de cultivos, la hacienda se apropiaba de las ganancias derivadas de este aumento. Si el precio de mercado caía, el sistema podía resultar favorable a los contratistas. Sin embargo, la dependencia del aparcero en relación con la hacienda implicaba que desde el comienzo el precio debía ser fijado claramente por debajo del nivel del precio de mercado, ya que este precio que la hacienda recibía por el café era claramente más alto que el pagado a los contratistas. Por esto, la hacienda no hacía mal negocio, incluso si los contratistas no estaban en condiciones de pagar siempre enteramente su deuda. Lo que importaba no era el valor del café según el precio establecido por la hacienda, sino el total que le representaba a ésta cuando lo vendía en el mercado. Por su parte, los contratistas tenían un considerable grado de disposición sobre las secciones confiadas, aunque la hacienda tomaba parte activa en el proceso de labor a través de supervisores que controlaban diariamente el trabajo. Por tanto, los contratistas no eran pequeños agricultores independientes, sino trabajadores sujetos a control diario. La hacienda cuidaba de que los días de labor por los cuales había pagado hubiesen sido efectivamente trabajados en el cafetal. De esta manera, la hacienda intervino en las relaciones operacionales de disposición. Los contratos no mencionaban ningún derecho para los contratistas en el sentido de cultivar nada que no fuese café, ni para la venta ni para el propio consumo, pero se le vigilaba la producción para la venta, pudiendo cultivar ciertos productos de subsistencia. La variante de contrato de aparcería expuesta anteriormente determinaba, como objeto de control, los jornales o días de trabajo dentro de los cultivos, convirtiéndose los primeros en una estrategia apta para el estímulo y control en la productividad de la fuerza de trabajo. No obstante las limitaciones mencionadas, los contratistas gozaban de un considerable grado de disposición sobre la tierra. Demasiado grande, desde el punto de vista de la administración de la hacienda. Cuando La Aurora quedó a cargo del hijo del propietario, Luis Osorio (1966-1973), la organización del trabajo cambió una vez más y la razón que dio el nuevo encargado para este cambio fue que la cantidad de café entregado por los contratistas al final de la cosecha era, en muchos casos, insuficiente para pagar los adelantos que la hacienda hacía en dinero y en especies. Esta explicación constituye una parte de la verdad, pero de ninguna manera nos puede dar una respuesta completa sobre las causas de los cambios introducidos en los sistemas de trabajo durante este período. Los problemas que afrontaba el propietario de la hacienda a finales de los años sesenta eran no solamente económicos sino también, en una gran medida, políticos, afectando a las condiciones para la reproducción de las relaciones de disposición. Durante los primeros años de la década, el papel jugado por la administración de la hacienda en la articulación de las relaciones operacionales y potenciales de disposición no fue suficiente para garantizar una disposición estable de la hacienda, que ya no estaba segura de poder separar los contratistas de los lotes de tierra. Desde mediados de los años sesenta la situación había cambiado. Las condiciones políticas e ideológicas no podían garantizar relaciones estables de disposición en el agro. De una parte, tanto el programa de reforma agraria del liberal Carlos Lleras Restrepo -con el que se dio nacimiento al INCORA, aprobado por el Senado bajo la ley 135 de 1961-, como la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) -organización que por entonces mostraba un creciente radicalismo-, amenazaban la estabilidad de las relaciones existentes en el sector agrario. Más de los 40 proyectos establecidos por el INCORA lo fueron en las denominadas "áreas rojas", zonas de intensa lucha campesina, influencia guerrillera y estricto control militar. 19 El departamento del Tolima había sido escogido como la primera región donde se llevaría a efecto el proceso de la reforma agraria. Este estado de cosas constituía una amenaza contra la disposición del hacendado. La administración decidió modificar el sistema de labor. Posteriormente, se dió una administración directa sobre la fuerza de trabajo, con otro tipo de desplazamiento. De 18 contratistas fueron expulsados 10, considerados subversivos y/o insuficientemente productivos. La administración habría podido fácilmente, de este modo, poner las secciones de los desalojados bajo la disposición operacional directa de la hacienda con la ayuda de trabajadores agrícolas permanentes y ocasionales. Los demás, evidentemente dignos de confianza a sus ojos, podrían haber continuado trabajando como contratistas. Pero ésta prefirió reemplazar el sistema de contrato por una vieja modalidad de ya experimentada en la hacienda a finales de los años 30; nos referimos al mantenimiento de la fuerza laboral con base en el sistema de agregados, con la diferencia de que el trabajador recibía ahora un pago semanal por su labor en los cultivos. Los contratistas fueron transformados en los llamados "agregados", a cada uno de los cuales se proveyó de un lote de 20 has., independientemente del tamaño de la familia. Cada agregado era responsable de su sección, y tenía que reclutar la fuerza de trabajo que necesitaba en los diferentes períodos del año, pues la aportación laboral de su familia era claramente insuficiente para secciones de un tamaño de 20 has. Por lo menos durante el período de la cosecha, la mano de obra contratada no familiar constituía la mayor parte del total de la fuerza de trabajo utilizada. Los agregados tomaban a su cargo tanto la responsabilidad como el gasto del reclutamiento y el mantenimiento de la fuerza de trabajo y esos trabajadores enganchados eran pagados por ellos mismos y no por la hacienda. Con este sistema, la administración evitó todos los gastos, jornales, cargas sociales, etc., tanto para trabajadores permanentes como para los ocasionales. Gastos en que habría tenido que incurrir si hubiera tomado a su cargo la plantación bajo el sistema de operación directa. La hacienda pagaba a los agregados un "salario" semanal y durante el período de la cosecha les entregaba una suma adicional por cada unidad de café recolectado. La entrega del café a la hacienda era obligatoria y su precio había sido fijado al comienzo de la época de cultivo, a una tasa claramente por debajo de la del mercado, precisamente como se hacía durante el sistema de contratistas. Esta organización del trabajo dio, sin duda, a los agregados un más alto grado de disposición cuantitativa sobre los objetos de disposición que aquélla de la cual gozaban los contratistas. Al mismo tiempo, el sistema implicó un desplazamiento de la contradicción hacienda/trabajadores agrí-colas a la contradicción agregados/recolectores. Al evitar un sistema de trabajo asalariado puramente capitalista, la hacienda eludía también una confrontación directa y claramente delineada entre capital-trabajo, entre un capitalismo rural y una fuerza proletaria de trabajo agrícola. El sistema de agregados debe ser considerado como una variante más de la aparcería que tantas y tan diferentes formas ha adoptado en La Aurora en el curso del siglo XX. Transición a la administración directa Sin embargo, el proceso descrito no parece ser aislado. Al hacer un análisis comparativo de la evolución de la fuerza de trabajo en el sector cafetero dentro del período 1932-1970, encontramos que la fuerza de trabajo sostenida con base en los miembros de la familia, propia de las pequeñas propiedades, disminuyó paulatinamente de un 69.23% a un 46.66%. Por su parte, los caficultores dependientes se redujeron de un total del 23.07% a un 1.28%, mientras que los trabajadores asalariados por el sistema de "quilaje" y/o de jornal aumentaron de un 7.7% a un 79.22%. 20 De igual manera, se fortaleció el trabajo a jornal en aquellos cultivos que la hacienda administraba directamente. Como observamos anteriormente, la fuerza de trabajo estaba constituida por los propios agregados y personal contratado por éstos. A pesar del mantenimiento de las relaciones de producción en La Aurora de acuerdo a los sistemas laborales expuestos, la capacidad operacional de su último dueño no fue lo suficientemente hábil como para enfocar apropiadamente las inversiones y estimular la retribución de sus bienes. Es entonces cuando la administración comienza un período de decadencia. Hasta el año 1972 su administrador y entonces propietario, a pesar de sufrir serios problemas económicos y conflictos laborales, mantiene un excelente grado de compadrazgo y amistad con los agregados. Al igual que con su padre, el compadrazgo y trato afectivo hacia los trabajadores sirvió de estímulo para el mantenimiento permanente y estable de buenas relaciones laborales dentro de la hacienda. Sin embargo, en la época que citamos este tipo de trato comenzó a deteriorarse y a adquirir vicios en las relaciones. ROLAND ANRUP-RENZO RAMÍREZ 14 20 Urrea, Fernando: "Mercados de trabajo y migraciones en la explotación cafetera", Migraciones Laborales, Vol. "El era muy dinámico, muy activo, muy emprendedor, solía tener buena relación con los trabajadores... solía jartar con ellos y se simpatizó por el lado de las bestias buenas, como caballista él se moría por eso". 21 A finales de los años 70 el administrador se vio forzado a hacer cambios en su trabajo, a raíz de la nueva fase de modernización de los cultivos de café, para la cual la región del Líbano sirvió de modelo en una de sus primeras etapas de expansión. Al comienzo se plantaron cultivos de la nueva variedad de café llamada Caffea Arábica Caturra. La era del caturra se originó en la hacienda de manera experimental, al mismo tiempo que se conservaron los cultivos tradicionales bajo sombra. Con la implantación de los nuevos sembrados, las técnicas y exigencias para el mantenimiento se transformaron. El caturra exigía mayor inversión que el café tradicional y la necesidad de insumos y fertilizantes obligó a acudir a préstamos de capital por parte de comerciantes del café y entidades bancarias. Este endeudamiento forzoso significó un embargo temporal de los predios de La Aurora. De otra parte, a raíz de la administración directa y a jornal asumida como consecuencia del inestable clima político y los problemas derivados del proceso de reforma agraria, los núcleos familiares empezaron a ser desplazados de su función laboral y a canalizarse su fuerza no hacia una disposición directa por parte de la familia sobre determinado cultivo, sino en jornadas de trabajo diario. Las familias agregadas perdieron su disposición operacional sobre los cultivos y sobre un pedazo de tierra. Este desplazamiento y su incidencia en la actitud sico-social de los agregados comenzó a influir negativamente en la calidad y efectividad de su fuerza de trabajo. "Todo lo que fue por administración [directa], o sea al jornal [no fue igual], las ganancias con el cambio de sistema disminuyeron porque la gente ya no daba el mismo rendimiento de antes, yo creo que empezaron a recibir menos". 22 En realidad, los ingresos de las familias mermaron, puesto que tanto niños como mujeres dejaron de ser considerados una fuerza laboral apta. Se ha querido determinar el período de la violencia como el comienzo y el fin de una era. Es decir, el fin de la expansión espontánea de los cultivos del café y de las actitudes paternalistas en los núcleos de producción, y el comienzo de una era moderna de racionalización y tecnificación de la producción. Sin embargo, consideramos que no son en sí los efectos polí-APARCERÍA Y DISPOSICIÓN EN UNA HACIENDA CAFETERA DEL TOLIMA 15 21 Entrevista, Dagobero Osorio y Rafael Osorio. 22 Ibídem., pág. 4. ticos propios de la misma violencia los que influyeron en dichos cambios, sino una motivación de factores externos y ajenos a la misma, como aquéllos ligados a la competitividad del café colombiano en el mercado internacional. La violencia en sí nos sirve para determinar y limitar el campo de análisis, pero en ningún momento como el elemento de análisis exclusivo para la comprensión del problema. En efecto, la violencia generó un cambio de actitud política de los trabajadores de las regiones que fueron afectadas, pero quizá no en su comportamiento social y laboral. Lo que allí realmente se dio fue el choque directo entre una administración paternalista y espontánea y otra racional, planificada y competitiva. Este choque fue radical para el caso de La Aurora, y es este enfrentamiento el que puso fin a lo que fuera una de las haciendas cafeteras de mayor dinamismo y efectividad laboral en la región. Los factores enunciados anteriormente determinaron la crisis de la administración y su decisión de traspasar el manejo a un nuevo propietario, don Jaime Contreras, cuñado del último administrador y mayor retirado del Ejército, quien asumió en 1972 la administración definitiva de una hacienda en crisis. La recuperación económica de la hacienda y subsanación de deudas y embargo, lograda en un momento inicial por el nuevo propietario de la hacienda, fue más resultado del estímulo de la inversión en capitales, realizada por el propietario, que de la misma efectividad en el proceso de producción. Estos cambios conllevaron transformaciones radicales en el sistema laboral y, por consiguiente, el fin del sistema basado en los "agregados". Los agregados asalariados, quienes aún mantenían cierta disposición sobre determinados lotes y mejoras, fueron organizados en cuadrillas de trabajadores que debían responder a las exigencias y planes del propietario. Este cambio brusco trajo consigo ciertas contradicciones en el funcionamiento interno de la hacienda. En primer lugar, las cuadrillas debían transportarse a distancias relativamente largas para iniciar sus trabajos. Como sabemos, ya los niños y mujeres no formaban parte de esta fuerza laboral, ni tampoco los agregados podían dedicarse a los cultivos que quedaban alrededor de su casa. Los ROLAND ANRUP-RENZO RAMÍREZ 16 problemas de transporte generados por este sistema provocaron grandes trastornos a los trabajadores. En segundo lugar, el administrador comenzó a comprar mejoras, con el fin de romper con la dependencia tradicional que habían mantenido los trabajadores con la hacienda. Esta actividad implicó inconvenientes en torno al mantenimiento de las familias de los trabajadores por parte de los cuadrilleros. En tercer lugar, la sustitución de una actitud paternalista cultivada por los anteriores administradores y propietarios por otra de tipo racional y con exigencias disciplinarias, teniendo en cuenta el linaje militar de su propietario, inspiró el rechazo soterrado de la mayoría de los trabajadores y, consecuentemente, su emigración a otros lugares. Don Jaime entró con un modo de pagar las mejoras y dejó perder todo. Acabó con los agregados. Dejó caer todo, aguacatales grandes y cafetales. Vino a liquidar o intentó cambiar [la modalidad de las relaciones laborales] y fracasó. No se podía pasar de esa puerta porque el Mayor no quería tener que ver con esa gente. Para hablar con él tenía que haber orden y citas y etc. El no sabía distinguir, él pensaba que estaba mandando a soldados, sabía uno que era a los gritos, él pensaba que allá [en La Aurora] era lo mismo". 23 Esta situación generó problemas en el abastecimiento de la mano de obra necesaria en los cultivos, por lo que se debió acudir a la demanda del mercado laboral transitorio de las zonas cafeteras. Esta solución resultó siempre más costosa debido a la competencia con otras propiedades y a la escasez definitiva de dicha fuerza de trabajo en la región. Debemos tener en cuenta que los recolectores temporales provenían de distintas zonas rurales y centros poblados. De otra parte, las inversiones en la modernización de los cultivos, las heladas y pérdidas de cosechas, las plagas y enfermedades, como el caso de la roya y posteriormente la broca, llevaron al endeudamiento definitivo de su propietario, lo que le obligó a vender lotes de la hacienda a fin de subsanar sus deudas. Así, lo que fue en otro tiempo una hacienda de más de 600 hectáreas es hoy una finca de sólo 80. En definitiva, el "poder" generado por la propiedad no fue determinante para el logro y mantenimiento del control social y una efectiva disposición de los objetos por parte del hacendado. La situación de quiebra económica antecedió a la liquidación total de los cultivos de café y a la terminante inactividad productiva de la finca en cualquier tipo de renglón agropecuario. La disposición ejercida sobre las cuadrillas no fue la más efectiva, no tanto porque los métodos no hubiesen sido eficaces, sino por el rompimiento brusco en las relaciones dadas entre el dueño y los trabajadores. "Ya de la hacienda no queda sino rastrojo. Nosotros sólo cuidamos la casa de la hacienda por que mi esposo sale a trabajar por allá a otra parte. Esto es apenas el cuento de que era la hacienda La Aurora". 24 El sistema que trató de subsanar los problemas generados por las cuadrillas fue el "quilaje", una especie de trabajo a destajo. El trabajador ganaba de acuerdo a la cantidad de café recogido, realizándose el diaria o semanalmente, de acuerdo a las conveniencias del propietario. El precio por kilo de café recogido se estipulaba anticipadamente. Sin embargo, la escasez de mano de obra en los últimos años, las prioridades del hacendado y por último la oferta concurrida de otras fincas, determinaron que, en algunos períodos, los costos de recogida del café fueran elevados y que, en otros casos, fuesen tan bajos que los trabajadores dudaban entre recoger café o quedarse en sus casas. En parte, la situación generada aduce al problema de la capacidad y operabilidad del administrador. Al parecer, la falta de experiencia y poca habilidad en el trato con los trabajadores fue definitiva para el declive de la hacienda. Así pues, podemos comprender que su falta de efectividad y de destreza en cuanto a las estrategias necesarias para afrontar estos problemas fue, en definitiva, lo que primó para el absoluto fracaso de la empresa cafetera y de caña de azúcar en la hacienda La Aurora. Hemos discutido varios sistemas de organización del trabajo usados en la hacienda La Aurora desde mediados de este siglo hasta comienzos de la década de los años noventa. Todos ellos tabloneros, contratistas y agregados-implicaron la división de la tierra de la hacienda dedicada al cultivo del café en lotes asignados a individuos o a grupos de trabajadores. Como hemos visto, todos esos sistemas estaban pertrechados para controlar las actividades del cultivo del café e incluían una remuneración del trabajo de acuerdo con los resultados. ROLAND ANRUP-RENZO RAMÍREZ 18 En la agricultura, en donde el trabajo se extiende sobre un área extensa y las actividades relacionadas con los cultivos son variadas y estacionalmente cambiantes, la organización de tales sistemas de supervisión y planificación puede ofrecer problemas especiales. Los sistemas de supervisión de los trabajadores y la planificación de actividades no están libres de costos. Se requiere una maquinaria para el despliegue, para la realización del trabajo y la organización de actividades relacionadas con la producción. El sistema del salario por tiempo presupone la existencia de un mecanismo para observar y controlar el tiempo empleado en trabajar. Los sistemas de remuneración del trabajo según el resultado son especialmente predominantes en la agricultura, y su predominio, creemos, no es independiente de las dificultades que implica la organización de los sistemas de supervisión y control requeridos por el sistema de remuneración según el tiempo trabajado. Los sistemas de remuneración según el resultado del trabajo adoptan una variedad de formas en la agricultura: aparcería, pago por unidades, o la compra del producto por parte de la hacienda. En una u otra ocasión la administración de La Aurora utilizó todos esos sistemas. Estos cambios implicaron la capacidad operacional del hacendado, creando como consecuencia métodos de dependencia laboral en torno a la tierra, otorgando un núcleo de disposición estimulante para los trabajadores con base en el ofrecimiento de lotes de cultivo, asumiendo una actitud de control directo sobre los objetos de la estructura hacendataria. Debemos resaltar en este proceso la capacidad operacional del hacendado a través de sus actitudes paternalistas o racionales. Según la estrategia y la época, los métodos lograron cierta estabilidad operacional en el control social y económico del proceso de producción, aún en los casos en que las circunstancias políticas fueron determinantes en la región. Sin embargo, para el caso de La Aurora, la sustitución definitiva de los métodos paternalistas y de compadrazgo por otros que implicaban una racionalidad abierta, con administración directa, fue definitiva para marcar el comienzo de una crisis que representó el desmembramiento definitivo de una de las haciendas más productivas del norte del Tolima. La Aurora en aquella época significó una de las fincas de mayor producción. Un cuadro estadístico al respecto de las fincas cafeteras en la región en Machado, Absalón: Café.
La figuración de imágenes socializadas, que representan el pasado como realización de un sistema utópico de organización social, se localiza tradicionalmente en las fuentes literarias y en las crónicas históricas en escenarios de ficción arcádica o paradisíaca. Los informes de los navegantes helenos que viajaron al mando de Alejandro a Arabia e India dieron su primera forma a las frustradas esperanzas de una Edad de Oro, que se aleja ante la evidencia de la realidad. Pero permanece asociado a ella el tópico de la riqueza de la tierra que alimenta a los hombres, sin la intervención de la socialización. En 1504, La Arcadia de Sannazaro, que difundía una filosofía natural heredera del iusnaturalismo tomista, resucita a los dioses del panteón pagano. Arte y Literatura son campos privilegiados para acceder al conocimiento de los símbolos y mitos que presiden el desarrollo cultural. La funcion mitopoyética, además, revela el grado de deterioro humano y la reserva espiritual de una sociedad en crisis. La Historia del pueblo judío -éxodo y utopía-con sus tópicos, se actualiza en los destinos de los peregrinos que se ven obligados a abandonar su tierra. El pensamiento europeo asoció desde la conquista, el mito taíno de la isla de las mujeres sin hombres con la legendaria tierra de las amazonas, porque la secuencia que asociaba tierra virgen-mujer-peligro había quedado ya fijada en la imaginación literaria novelesca. La presencia de comunidades sustraídas al influjo civilizador de occidente, que poseían abundancia de metal precioso, provocó primero el entusiasmo y luego una gran decepción en la mentalidad del europeo, que para "hacer las Américas", expolió e introdujo la barbarie de las armas, fundándose en una misión divina, para someter y explotar a los pueblos indígenas. Ernst Bloch, en Das Prinzip Hoffnung,1 estudia diferentes imágenes socializadas que representan o figuran el pasado. Asegura que para Solón y los siete sabios, la riqueza nunca consistió en acumulación de bienes materiales sino de virtud. En la misma dirección se expresaron los cínicos que propugnaban la existencia de una grey humana repartida por un mundo sin fronteras. Según estos filósofos, para hallar la felicidad, el hombre debía estar siempre dis-puesto a compartir y desprenderse de los bienes materiales. El oro, el matrimonio y los objetos innecesarios no deparaban la felicidad al hombre, que concebía la vida bajo el lema: "Vive y deja vivir". Con respecto a las posturas hedonistas de sus predecesores, la Politeia de Platón fue un escrito reaccionario, porque esgrimía el concepto de un orden inacabado frente a la libertad perdida de los sistemas de pensamiento anteriores. Al producirse una creciente estratificación social, las clases dirigentes atenienses se dejaron ganar por la idea de la necesaria construcción de una democracia donde se instituyera un principio más sólido de autoridad. La utopía de Platón se fundó, paradójicamente, en la idealización ateniense de la sociedad espartana y, al imaginar una sociedad más militarizada que socializada, "utopizó" el orden político. La Edad de Oro fue relegada y considerada como algo superfluo, ante la evidencia de la realidad, pasando a significar la posibilidad de alcanzar un alto grado de conocimiento. Desde entonces los intelectuales comenzaron a mostrarse pesimistas ante un orden que ya no podía ser considerado ideal. Sin embargo, los informes de los navegantes helenos que viajaron al mando de Alejandro a Arabia e India habían dado forma a esas frustradas esperanzas de Edad de Oro. C., la Roman de Eumeros describe un espacio geométrico recién descubierto apropiado para proyectar una utopía del estado social coetáneo. Eumeros, en su travesía a Arabia, recala en una tierra escondida, "Panchea", en la que se reparten los bienes equitativamente. Aparece aquí por primera vez en un texto literario el tópico de la riqueza de la tierra que alimenta a los hombres, fuera de la socialización. Surge, pues, la legitimación expresa del "estado de naturaleza" deseable. Pero Eumeros no sólo habla de una utopía social, sino del disfraz mitológico que ésta adapta para ilustrar el gozoso gobierno de los dioses. Parte en su relato de una inscripción que encuentra en el templo, donde se predecía la utopía. En ese día los príncipes serían alzados al panteón de los dioses, tal y como ocurriría con el propio Alejandro, contemporáneo del autor. El artificio retórico de la profecía quedó instituido como piedra de toque en la mayoría de los escenarios utópicos y de ficción arcádica, como luego se vería en el primer siglo de nuestra historia con la Egloga IV de Virgilio. Un carácter más marcadamente ecónomico que el de la utopía de Eumeros posee La isla del sol de Jambulos, quien consideraba que el trabajo y el goce, a la par, eran las acciones que aportaban sentido a la vida. En su fiesta colectiva los oprimidos se liberaban y los cultos dionisíacos y solares sancionaban la transgresión de los compartimentos sociales, pues en ella se realizaba la comunión de toda la humanidad. Esta obra, del tiempo de Platón, alcanzaría muchos años después gran repercusión en las utopías renacentistas, de Tomás Moro o de Campanella. En la era del imperio romano el sueño social de Stoa encerraba en su semilla el ideal de una república y de una monarquía universales. Declaraba que su programa sólo era posible previa unidad del género humano en una Edad de Oro, sin ley, ni guerra, donde la amistad sincera fuese el eje conductor de las relaciones humanas y el hombre atendiera a su razón y a las leyes que rigen la armonía del cosmos para gobernarse. La razón cosmica de Stoa hizo del mundo un bien ganancial divino. Los estoicos fueron los responsables de la ideologización política en el imperio romano, su éxito radicaba en el "Ecumenismo" que ya había germinado antes en la primitiva religión judía y que remitía al universalismo profético que conmocionó al estado eclesial judío tras la caída de Babilonia. Es muy probable, según afirma Bloch, que la idea del mundo de San Pablo estuviera informada -mucho más que la de San Pedro-por esta visión estoica; pero la semejanza deja pronto de ser tal, si atendemos a los fines que persiguieron, porque la utopía estoica quiso ser ilustración a través del acompasamiento con la naturaleza; mientras que la paulina apeló a los conceptos de crítica y crisis inherentes en la misma. La Biblia cuenta el sufrimiento de un pueblo esclavizado, cuyo dios no está de humor para entablar coloquios religiosos con Baal, ni con Mercurio. Espera el día definitivo de la venganza, la llegada del juicio, y su espera se convierte en implacable y flagrante denuncia. Cuando Israel fue condenada a la pobreza, Sion se convirtió en utopía. El reino de Dios, usurpado por los fariseos, tenía que ser recuperado, pero ese reino a lo largo de la historia quedó dibujado sólo como una prefiguración del más allá. La Historia del pueblo judío fue la del éxodo y la utopía, la de la peregrinación en busca de la tierra prometida, y sus tópicos marcaron a la vez el destino de los que se vieron obligados a abandonar su tierra a lo largo de la historia. En el Renacimiento, siglo de los descubrimientos, el individuo que no consigue integrarse en una trama social y se ve expelido, busca incesante nuevos horizontes, nuevas tierras al otro lado del Atlántico, donde espera encontrar comunidades sustraidas al influjo civilizador de occidente y donde, con la abundancia de metal precioso, puede acometer una vida nueva cifrada en el dicho tradicional de "hacer las américas". ARCADIA Y NUEVO MUNDO: UN CAPÍTULO DE LA HISTORIA DE UTOPÍA Jesucristo, que pertenece al ámbito de los personajes míticos, advierte que los pobres deben ser protegidos y con ello implica socialmente a los hombres en una especie de pacto en el que él es juez y parte. Los padres de la iglesia predican su doctrina y aseguran que los buenos han de vivir y tolerar la presencia del mal en la tierra porque el mismo estado terrenal es malo. San Agustín propone como refugios terrenales la familia, las relaciones de parentesco y sociales, la pertenencia a la ciudad y al orbe terrenal y Tertuliano dice que la base del imperio de Dios en la tierra sólo podía encontrarse en el sustrato ecuménico de la iglesia. Los dioses paganos fueron vistos como espíritus maléficos, prestos a distorsionar el orden que debía ser siempre restituido. El enfrentamiento entre el Bien y el Mal, el imperio de la luz y el de las tinieblas en un orden mundial basado en el fratricidio, lleva a San Agustín a querer fundar en la tierra "la ciudad de Dios" según el ideal platónico de la polis griega. Bloch se pregunta si la ciudad de Dios es realmente un modelo de utopía o un intento de trascendencia, que permanece como modelo deseable de organización política aún sin Dios porque es el sistema que consagra el poder de la Iglesia en el mundo, fundada en la hermandad entre los hombres y regida por una teología patriarcal. La historia de Utopía tiene un capítulo importante en Calabria con Joaquín del Fiore. Para él, como para los profetas de la Antigüedad, la utopía sería el modo y status de un tiempo por venir. La Edad Media incide en esa dimensión proyectiva tan particular de una utopía donde la tolerancia y hermandad espiritual harían solidificar vínculos entre las personas y políticamente se tendería a la emancipación socialista de los ciudadanos. Los escenarios en donde se verificará esta utopía social serán los mismos de la ficción arcádica, paradisiaca y de la Edad de Oro, porque aunque el ideal bucólico surge en contraposición al cristianismo, sin embargo, coinciden en sus manifestaciones simples y humildes. En manos de los erasmistas y reformadores la pastoral alegórica cristiana fue un instrumento de protesta contra la iglesia que había pervertido los ideales del cristianismo primitivo. La pastoral fue asimismo un podium de difusión de las teorías utópicas que defendían la necesidad de un nuevo orden político y social. La actualización y revisión de la mitología pagana que, bajo los auspicios de los Medici, se llevó a cabo en el Quatrocento florentino, contribuyó a que la Antigüedad recuperara el lugar que la Baja Edad Media le había usurpado con la alegoría cristiana. En ella se hizo posible la recepción conjunta de los mitos referentes a Arcadia, Paraíso, Edén, Campos Elíseos y Edad de Oro. Los humanistas pensaron que había llegado aquella edad de Saturno vaticinada por la Sibila en la Egloga IV, que coincidía con la predicción platónica sobre el tiempo en el cual sería perfecto el conocimiento de su obra. El pensamiento renacentista, centrado en sí mismo, posee el ideograma de una espiral y remite siempre a un lenguaje hecho de imágenes, las imágenes de las fábulas y los mitos. En este sentido, el Renacimiento, a través del método alegórico de interpretación, del sincretismo platónico mosaico y de la teoría del Verbo como arquetipo y soporte cósmico, supuso un acto de rejuvenecimiento, de regreso a la edad primera de la humanidad y esa vuelta se convirtió en un referente ideal para el humanista que perseguía el conocimiento libre y puro y que poseía una actitud de renovación interior operada tras la sintesis de las herencias platónicas, agustinianas, neopitagórica y gnóstica. El Renacimiento buscó la restitución de la unidad perdida del hombre con la naturaleza y la divinidad y recurrió a la lengua, a la palabra en su sentido más primitivo de gestualidad, como vehículo reparador del estado original. De ahí el auge en este tiempo de la iconología e iconografía, que difunden una serie de imágenes claves para descifrar el sentido último de su cultura. Una curiosa asimilación entre el individuo y el cuerpo social, de una parte, y de la vida del hombre con la historia de la humanidad, de otra, permitió establecer el paralelismo entre la edad primera del ser humano y la infancia. El deseo de una vuelta a los orígenes se asoció a una nostalgia del hombre maduro por su niñez. El hombre, que deseaba volver a sentirse divino, identifica aquel tiempo con el del balbuceo, cuando el niño rompe a hablar y, por extensión, con el estado de naturaleza de las comunidades recién descubiertas en el nuevo continente. 2 El paraiso infantil tomaba la forma de un lenguaje transparente, acuático, universal, donde las palabras y las cosas se reflejan en un espejo. Pero el problema sobreviene cuando las imágenes no coinciden con la realidad de los objetos y la ruptura entre el significado original y el destinado a hacerse asimilable al espíritu es el signo de una disociación entre el saber y el poseer, que caracteriza, precisamente, a la obra en el Renacimiento. Eso es lo que pudo haber sucedido en la mentalidad de los españoles -según Rafael Sánchez Ferlosio-3 cuando descubren, detrás de la visión idealizada colombina del salvaje, tres "pecados": antropofagia, sodomía y sacrificios humanos rituales, en base a los cuales se justificará toda la barbarie y el saqueo de la conquista, realizada en el nombre de ese Dios Santo apocalíptico, Señor de los ejércitos, que castiga a los "indígenas endemoniados". Lo que empezó como misión, terminó siendo conversión forzosa, tal y como se había llevado a cabo en la Península con las "sectas erradas". Sánchez Ferlosio indica que el indígena, en principio, fue identificado con aquellos guanches inocentes, "sin secta", de las islas Canarias, pero que, luego, fue asimilado con las progenies de judíos y moriscos, que se resistían a ser cristianizados. La visión que nosotros tenemos de lo que los intelectuales del Renacimiento tuvieron por Edad de Oro nos ha llegado mediatizada por las interpretaciones judeo-cristianas y arábigas del Paraíso, resumidas en las versiones sincréticas de sus leyendas. Edad de Oro y Arcadia, son configuraciones de un Imaginario colectivo que denotan una necesidad de utopía. Como sueños de un pasado feliz remiten a la posibilidad de realización de alguno de sus aspectos, cuando no del proyecto en su globalidad. El mito de la ficción arcádica del Renacimiento donde se proyecta un nuevo individuo que tiene, por otra parte, una moral social y ética colectiva, se familiariza con los modelos políticos de utopía y tales asociaciones revelan una mentalidad adamista. En 1504, La Arcadia de Sannazaro resucita la Antigüedad pagana, asociada por sus detractores desde entonces con la tierra napolitana, cuna de la mítica Partenope. La Arcadia del napolitano, aunque finge ser una ficción con visos de utopía, es un ideal, porque posee un carácter imaginario y un orden de expresión simbólico que, como sistema organizado de metáforas, lo aleja de los sistemas políticos de utopía. Arcadia pretende ser la heredera del iusnaturalismo tomista, que defendía la legitimidad de los príncipes cristianos y paganos sobre sus territorios, por considerar que la potestad civil sobre el orden temporal le venía al hombre por naturaleza, al inclinarse ésta a una organización civil, comportando tal creencia el poner en tela de juicio la autoridad del Papa sobre el orbe. Arcadia, que intenta explicar el lugar del hombre en el mundo, se hace histórica al integrar en ese orden imaginario la realidad empírica en una suerte de encuentro entre las diferentes de la realidad que constituyen la experiencia del ser. Arcadia fue también el refugio para los incurables de amor que no rendían sus esperanzas al más allá de la redención cristiana. El mundo natural pagano, resucita y puebla el solar baldío que pretendió urbanizar la ciudad agustina. El éxito de esta obra de naturalización, si queremos, repercutirá en toda la producción poética y novelística de los siglos venideros: Tasso y Guarini en Italia, Montemayor, Lope de Vega o Cervantes en España e incluso, allende los mares, Bernardo de Balbuena. 4 Aunque los contrarreformadores cristianos extreman sus esfuerzos para enfatizar una imaginería apocalíptica revitalizando las profecías de Isaías y Daniel, que afectan a los conceptos de Arcadia y Utopía, donde Roma -segunda Babilonia-debía caer, y el Papa -Anticristo-ser despojado de su régimen; sin embargo, Arcadia permanece adscrita al mundo de las esencias por ser la representación artística emblemática que un grupo asigna a su labor creativa, del mismo modo que Utopía fue la intelectualización de una sociedad idealizada. En consonancia, es preciso recordar que en 1516 aparece De septimo rei publicae sive nova insula Utopia, de Tomás Moro. A pesar de que su definición, mediante negación, está postulada como un lugar concreto y remite de nuevo a los informes de navegantes como Américo Vespucci, cuyas observaciones dieron pie al inglés para dar forma a su obra Utopía. Según Vespucci, los habitantes del Nuevo Mundo eran los únicos que conservaban una vida acorde con el mundo natural, pudiendo ser llamados epicúreos antes que estoicos. Le admiraba la generosidad y el desprendimiento de los bienes materiales, en lo que coincidía Pedro Mártir de Anglería, quien añadía la inutilidad de las leyes y los jueces en aquellas tierras. En la afinidad de la obra de Tomás Moro, que pretende el máximo de diversión frente al mínimo de trabajo, con estos navegantes podrían identificarse las nuevas tendencias ideológicas de una creciente burguesía. Otros intelectuales como Montaigne o Etienne de la Boeties se mostraron convencidos de que no era posible practicar la política en su sentido original en paises donde el hombre estaba contaminado por el ansia de dinero y donde la propiedad privada era el centro de todas las actividades económicas. 5 descubrimiento del Nuevo Mundo y, con él, la presencia de comunidades salvajes supuso la inevitable identificación o, al menos, asimilación entre Arcadia y Nuevo Mundo. La forma de vida del indígena, ajena al sistema de organización occidental, hacía pensar en aquel hombre que no conocía "el tuyo ni el mío", como proclamaba Don Quijote en su discurso sobre la Edad de Oro. La negación de las instituciones y costumbres de la civilización occidental había sido siempre la forma de figuración por excelencia de esa Edad de Oro, así como del Paraíso terrenal, donde florecía la eterna primavera y manaba la fuente de la juventud. Todas estas imágenes se proyectaron hacia las tierras ignotas del Nuevo Mundo. Los primeros conquistadores resultaron vivamente impresionados por la coincidencia de la realidad con las diversas figuraciones que se habían hecho de ellas. La afluencia de oro desencadenó un afán desmedido del preciado metal en los conquistadores españoles. El oro se convirtió en un talismán que aseguraba una vida mejor a estos aventureros, no sólo en la tierra sino también en el cielo, ya que la conquista implicaba una misión evangelizadora. Tales supuestos fueron criticados duramente por los ingleses, que acusaron a los españoles de moral farisaica, por cuanto fundaban en razones religiosas el expolio que llevaban a cabo. Cuando son descubiertas las tierras vírgenes se produce una doble identificación de ellas, primero con las tierras de las amazonas, según los informes de los historiadores griegos -el propio nombre de California se entendía ser derivado de esa supuesta isla habitada por mujeres, y Colón, cuando va en búsqueda de comunidades primitivas, las piensa bajo el arquetipo de una tierra femenina-y después, el dominico Las Casas las compara con el Paraíso por lo que atañe a su precisa distribución semejante a la figuración pagana de los Campos Elíseos. El pensamiento europeo asoció, de igual manera, desde la conquista, el mito taíno de la isla de las mujeres sin hombres con la legendaria tierra de las amazonas. 6 Pero las leyendas europeas no fueron transplantadas, sin más, al Nuevo Mundo, sino que, a partir de ellas y en un proceso de adecuación sincrética con las autóctonas, fueron conformándose, a través de ficcionalización, donde la transferencia y reelaboración constante deparaba nuevas figuraciones, más o menos significativas, del "encontronazo" cultu-ral. Y decimos "encontronazo" en el que da Sánchez Ferlosio a este término, porque, según él, no se produjo un encuentro, debido a que el español no incitaba sino que imponía, no compartía, sino que avasallaba. Fray Ramón Pané, en su Relación sobre las antigüedades de los indios, es el primero que habla del mito indígena de la isla de las mujeres sin hombres y Colón, en el Diario del primer viaje, hace alusión a las mujeres de los caribes, hombres caníbales. El pensamiento del marino genovés, informado por las historias de Plinio y Heródoto y enriquecido con los relatos de viaje de Marco Polo, reformula todo el cultural a fin de ilustrar su objetivo primordial que era el de identificar las tierras descubiertas con las Indias. Pero si bien Colón aludía a las guerreras vestidas de cobre y armadas de la isla de Matinino -hoy Martinica-, fueron Pedro Mártir de Anglería y Fernando Colón, quienes abundaron en la factura definitiva de la difusión del mito. Fernando García Cambeiro asegura que: "La emergencia de lo estructural en lo histórico toma legible la realidad y hace aceptable la profecía, abre la posibilidad de una ampliación de conciencia, así como la participación del hombre en el plan divino". 7 Los símbolos y mitos tradicionales proporcionan núcleos y claves para el estudio de los mismos fenómenos. Así se puede advertir la eficacia de los modelos míticos presentes en todos los textos relacionados, tanto con sistemas de utopía, como con entornos de ficción arcádica, visibles en los ideogramas del viaje, el laberinto, el paraíso, la caída, y en formas geométricas que remiten a ellos: la espiral, el círculo, la cruz, que permiten indagar en la estructura de la obra hasta desvelar los significados más ocultos de su estructura profunda, así como la intencionalidad que le prestó impulso. Sabido es que las comunidades sociales humanas viven y se orientan en torno a un nucleamiento ético-mítico. Ello es palpable en las sociedades primitivas arcaicas y en los modelos culturales que reproducen tales circunstancias originales del ser humano que empieza a socializarse. Fieles a los "archais" primitivos, las comunidades custodian la reserva simbólica, previniendo el deterioro mediante la purificación periódica ritual restauradora del comienzo (ceremonias paganizantes). y Literatura son campos privilegiados para acceder al conocimiento de los símbolos y mitos que presiden el desarrollo cultural. La función mitopoyética revela el grado de deterioro humano y la reserva espiritual de una sociedad en crisis. La relación entre Arte y Mito es la de reelaboración. En el arte occidental se despliega la tensión entre Mito y libertad creadora. Como señalaba Levi-Strauss, el artista recorre el camino inverso al del hombre totémico. El artista es un nuevo operador totémico que restituye la relación entre mito y conciencia crítica, entre naturaleza y cultura, entre lo terrenal y lo celestial. Afirma García Cambeiro que España y Europa legaron a América sus reservas culturales en el momento en que se acercaba la colosal aventura de la modernidad. Todo el proceso de mestizaje cultural se halló penetrado -según él-de una atmósfera mítica que fue conformando la mentalidad americana, reacia al cientificismo abstracto y al primitivismo materialista. A esto hay que añadir la salvedad que hace Sánchez Ferlosio, cuando rechaza ese mestizaje por considerar que no hubo "connubio" entre las razas y que la relación se estableció siempre entre varón blanco y mujer indígena, mulata y criolla, y no en el caso de mujer blanca con hombre de color. Desde los primeros informes sobre la conquista de América es posible detectar, en las letras hispanoamericanas, la presencia dominante de lo mítico y prevalecen símbolos como el Paraíso, elaborado con las imágenes materiales de la Jerusalén del Apocalípsis, que sirvió para dar forma a esa idea de América como un Nuevo Mundo. América "remitologiza" el Paraíso, que surge allí como la sacralización de un espacio que se geometriza -casa, ciudad o continente-y la sacralización de un tiempo a la vez. Ya en la Edad Media las ideas de Edén y Paraiso evolucionan desde la naturaleza fecunda al jardín deleitoso y al huerto cercado donde se refugiaron las visiones oníricas medievales del más allá.8 El espacio ajardinado, cultivado, cobrará después volumen, pues se procederá a la edificación del mismo con la construcción de cárceles y laberintos, donde se encierra al amor, o moradas, donde se ve obligada a refugiarse la espiritualidad de los recogidos, e incluso, en fortaleza imperial, como el caso de El Escorial, microcosmos terrenal a imagen del macrocosmos universal y respuesta rotunda de la visión del nuevo orden político y religioso triunfante.9 El sentimiento de culpa que invade la religión cristiana desde las interpretaciones paulinas y agustinas incita a la restauración del orden perdido. Por ello el descubrimiento de un Mundo Nuevo se prestaba al imaginario renacentista como la oportunidad escogida para cambiar y reformar el Viejo mundo. La tierra desconocida ofrecía la pantalla más grande para la proyección de los ideales sociales de utopía en un momento en que se hacía precisa una nueva imago mundi. En la ficción arcádica el arte es pensamiento encarnado y, a pesar de que la Contrarreforma "desficcionalizó" su ideal y demonizó su contenido, para algunos hombres siguió siendo el símbolo de la patria intelectual, ese refugio de pastores, transhumantes entre este y el otro mundo, fiel a la tradición mosaica, donde la historia tendía un puente entre el mito y la temporalidad; mientras que el cristianismo desplegaba una nueva imagen simbólica de pasión, muerte y resurrección en el otro mundo. La novela, mediante la explicación y reflexión de lo ocurrido, ofrecía un escenario perfecto para detectar las formas que se erigían en clichés dominantes de una época. Permitía, además, un trasvase de elementos entre los diferentes tipos que facilitaba la creación de un rico mosaico narrativo, muy sugerente. Novelistas de la primera mitad del siglo XVI, bien por su filiación expresa, o en su defecto, por lo anónimo de la obra, pueden ser hoy relacionados con el círculo de conversos o judaizantes. De hecho, muchos exiliados se identifican como peregrinos. Su vida fue una búsqueda constante de identidad, expresada en el itinerario, el éxodo y deseo de eterno retorno, de vuelta al paraíso perdido.10 El exilio, que a veces fue sólo interior, les llevó a buscar un nuevo destino al otro lado del océano como vemos en las novelas del siglo dieciséis, cuyos héroes escapaban de una realidad que se les hacía intolerable. Las novelas de caballería y las de aventuras peregrinas, que se fundaron en la tradición heliocéntrica de las bizantinas, habían favorecido una identificación entre los modelos más antiguos de utopía y los entornos de ficción arcádica, donde se refugiaba el derecho y la filosofía natural. La descripción del espacio se llenaba, tradicionalmente también, de atribuciones femeninas que entrañaban las más de las veces peligro y las menos comportaban una idea de salvación y deleite amoroso. Inevitablemente, el se sentía atraido por lo desconocido e impelido a su conquista. A veces, arrebatado en el sueño, era transportado por una invisible providencia a esos parajes fantásticos. Palmerín de Oliva (1511) llega a una isla de oscuras aguas profundas donde descubre el deleitoso jardín de Urganda/Morgana, descrito según los cánones de la jardinería renacentista cortesana y que servirá, años después, a Antonio de La Salle para la descripción de El paraiso de la reina Sibila. La nave que facilita el acceso a la isla está cargada siempre de alegorías y debe franquear numerosos escollos y derrotar a terribles fieras hasta arribar con éxito a la costa. La secuencia asociativa tierra virgenmujer-peligro queda fijada en la imaginación literaria. Buen exponente de esta realidad es la novela de Alonso Nuñez Reinoso "Los amores de Clareo y Florisea", porque este "gitano peregrino" identifica su destino errante con el de su protagonista "la desventurada Isea" quien, a medida que va entrando en contacto con diferentes realidades, va perdiendo su identidad hasta desaparecer en el anonimato. La narración, que entronca con el mundo del Amadís de Feliciano de Silva, presenta una descripción de la tierra de Basto, reino de Pan, según la tradición de los bucolistas portugueses. Al final de su vida el propio autor confiesa que la única salida que le queda es embarcar hacia las Indias, pero no quiere hacerlo por un motivo que no sabe si agradaría a Dios y que nosotros nos quedamos sin conocer. El obispo de Puerto Rico Bernardo de Balbuena, además de escribir Grandeza mejicana, que es un homenaje a las hazañas de los conquistadores, aunque su nombre induce a pensar lo contrario, dejó una novela pastoril, Siglo de Oro en las selvas de Erifile (1608), escrita, según parece, tras la vuelta de uno de sus primeros viajes a América. Su ficción arcádica, situada en este caso en la fuente Erifile del Guadiana, sigue fielmente a Sannazaro. En el proemio, el autor confiesa que fue creación de juventud y obra del furor poético y que se proponía escribir según la más antigua preceptiva del género, a la manera de Teócrito y Virgilio. Los pastores de Balbuena, entre faunos y ninfas, recuerdan nostálgicos aquella Edad de Oro cuando "el mundo no estaba tan envuelto en maldades ni en vicios" y ofrecía a los hombres "menos recatada y apacible vida". Como en el caso del Honor en la Aminta de Tasso, el "recato", concepto que tiene que ver con la "Honra", es un impedimento para la felicidad humana porque choca con los propios principios de la naturaleza. Novedad significativa de esta ficción arcádica 1608 es su proyección astrológica. Como en la poesía de Gutiérrez de Cetina y Herrera, la luz inunda la tradicional frescura umbrosa del bosque. El poder de su rayo atraviesa las entrañas de la tierra y deja al desnudo el crisol de las piedras preciosas. Las estrellas, los astros, los soles, hacen brillar con más fuerza los carbunclos -diamantes, esmeraldas y rubíes-que atesora la tierra. Todo el campo semántico de luz astral y fulgor recóndito servirán para comparar la extremada belleza de los ojos de la amada, "lumbres de oro", que prenden la voluntad del amante y como a un nuevo Icaro le hacen subir hasta el cielo y despeñarse en lo más profundo. La vida sencilla y apacible de este pastor, consumido en sus pasiones en el entorno natural de su humilde cabaña, surge como ideal de autonomía del ser humano reconciliado con la naturaleza. La vida más deleitosa es la que se sucede con el paso de las estaciones y alterna las tareas propias de cada una de ellas. Por eso Florenio canta los conocidos versos: ¡Dulce es la historia de la vida nuestra/Aquí se muestra vivo el Siglo de Oro/Rico tesoro a pocos descubierto! Como ya hiciera Sannazaro en la edición napolitana y también Lope de Vega, Balbuena introduce en su Siglo de Oro en las selvas de Erifile un elogio a la zampoña y, como ellos, en diferentes momentos de la narración, intercala la ékfrasis de las figuras y hechos más conocidos de Arcadia y de los dioses del panteón pagano. El Siglo de Oro... es un canto al goce exaltado de vivir, un canto de vida y esperanza que preludía cierta corriente hedonista del primer Barroco poético. Florenio canta: "Levanta presto el vuelo con alas celestiales que polvo es todo cuanto el suelo encierra y como tal no esperes mas que de polvo todos sus placeres..." 11 Es oportuno citar aquí, a propósito de la proyección astrológica de la obra de Balbuena, la utopía de orden social de Campanella, que aparece en 1623, titulada, según el modelo de Jambulos, La ciudad del sol. En ella el lugar que Tomás Moro concedía a la libertad va ser ocupado por el principio de un orden supervisor y, en vez del franciscano que se emociona con las manifestaciones más simples de la naturaleza, surge imponente la figura del Papa. Campanella no admira en el Nuevo Mundo la inocencia del anterior a la Caida -como lo hiciera Moro-sino la magistral organización del Imperio Inca. Bloch cita la Historia de Utopía de Lewis Mumford (1922) para notar la referencia de éste a la obra de Campanella como "un matrimonio entre la Politeia de Platón y el palacio de Moctezuma". No sólo en su contenido, sino también en su localización, La ciudad del sol se relaciona directamente con la isla de Jambulos. Aunque no se adorne de los atributos helenizantes de ella -que pasarían a las Etiópicas de Heliodoro y de ahí a las novelas de aventuras peregrinas y a las de ficción arcádica-, sí que observa su estricto orden jerárquico y urbanístico, adoptado luego por la planificación urbanística de las fundaciones jesuítas, acordes con los principios arquitectónicos del Renacimiento italiano. Los sueños de poder de Campanella coincidían con los de la Institución que acaparará el poder efectivo. Como Juan de la Encina, que en el año del descubrimiento dedicaba su traducción de las Bucólicas a los Reyes Católicos, Campanella, que estuvo años en las cárceles inquisitoriales y trabajó para los turcos, pasándose luego a las filas francesas, celebró indistintamente la supremacía española y el nacimiento de Luís XIV. Campanella, que denuncia la conquista española por su calculadora intolerancia, cree que el bienestar es el mayor don que proporciona ese sistema donde la sabiduría, la potencia y el amor hallan su unidad en Dios. De él proceden y a él vuelven, igual que las emanaciones de la divinidad. Dios es un emperador, "sol metafísico", como en el espacio cabalístico. Poder, amor y orden luchan contra lo casual, lo excepcional y cambiante. Si la utopía de la liberación de Moro se correspondía con la Alquimia, la utopía del orden de Campanella lo hace con la Astrología. 12 Un siglo después (1787) Bernardino de St. Pierre, en su Pablo y Virginia, recrea esa proyección de Arcadia en el Nuevo Mundo. Dos adolescentes descubren el amor, como ya lo hicieran los protagonistas de Longo el sofista, Dafnis y Cloe, en el siglo segundo de nuestra era. Los amantes puros e inocentes, sustraidos al influjo civilizador, hallan protección en la figura de ese "buen salvaje" que ha sido educado en las costumbres de la civilización occidental, construido según normas parecidas a las que permitieron en el siglo XVI la creación del "Moro noble", que consistieron en dotar a la figura del conquistado de los atributos del conquistador, con lo que quedaba suplantada la identidad propia del primero. En resumidas cuentas, "lo exótico" invade locus amoenus tradicional de la ficción arcádica. El paraíso biblico que se había poblado de plantas arómaticas hindúes primero, y mexicanas después, se hace tropical y asiático. Y así Pierre Loti, en su Matrimonio de Loti, sitúa el paraíso en la tierra ignota de Tahití, cuyos habitantes no conocían la esclavitud del trabajo, ni la determinación del pecado. Es curioso que aunque Tasso no leyó a Loti ni a la inversa, ambos coincidieran en la plasmación de sus ideales. Tahití quedó por fin consagrada como la ficción arcádica moderna por obra y gracia de los pinceles de Gauguin. 13 América, como decíamos, remitologiza el paraíso, aquel paraíso que en la obra de León Pinelo surgía como la sacralización de un espacio y tiempo donde se propiciaba la aceptación de los ritmos sagrados que armonizaban con los vitales. Alejo Carpentier y Lezama Lima han formulado ejemplarmente en nuestros días la nueva creación del Mundo a través de la imagen del Paraíso, de ese paraíso natural, no construido artificialmente por el hombre, un paraíso recuperado. Esta remitologización hace resurgir a América como un nuevo ser virginal y armónico que se contrapone sin violencia al ser europeo prometeico y fecundador. De ahí la constante feminización simbólica de América, que llegará a identificarse con la imagen de la virgen que detenta los atributos más ancestrales de la Gran Madre y las valencias de la naturaleza fecunda y generosa de la sexualidad telúrica. Hoy la utopía de América agoniza; la utopía que hizo creíble, a través de una síntesis de cristianismo y marxismo, el éxito de la revolución en ese edén tropical caribeño zozobra; pero su poesía hará para siempre trascendente esa realidad porque se deja oír en ella la ambición astronómica del ser humano que nos convertirá, con palabras de Ernesto Cardenal, "en polvo de estrellas".
Se hace un análisis de una de las muchas "escenas norteamericanas" que Martí redactó entre 1881 y 1891, las cuales constituyen en conjunto su más abundante serie de textos. Se seleccionó la fechada el 9 de julio de 1889, enviada al periódico La Nación de Buenos Aires, que corresponde a un momento de indudable madurez en el autor. Con ocho variadas noticias tomadas de la realidad estadounidense más inmediata, Martí enhebra una crónica a la cual la premura periodística no le hace perder coherencia ideológica ni efectividad artística. El hilo conductor lo encuentra Martí en la reiteración de la violencia, dada ya en el mismo comienzo, que de hecho puede constituirse en su título: "Está de bárbaros el país". Pero junto con elementos que tienden a la unidad estructural del texto, el autor pone en práctica su propio aserto sobre que "con las zonas se cambia de atmósfera, y con los asuntos de lenguaje", que lo lleva a trabajar una gran variedad de matices y sutilezas en la expresión adecuada de cada noticia, cosa que le confiere a la crónica entera una riqueza y trascendencia capaz de sorprendernos aún hoy día. mayor parece haber estado en la posibilidad de enhebrar coherentemente tan variado mosaico, confiriéndole trascendencia ideológica y rango estético al conjunto. Este podría ser el caso de la crónica ahora objeto de nuestra atención, sobre todo si reparamos en la variedad de noticias que Martí seleccionó para integrarla, selección que es de suponer estaba altamente condicionada por las posibilidades que le ofrecía la propia actualidad del país durante aquel verano de 1889. En resumen, los hechos seleccionados fueron los siguientes: la muerte de la astrónoma María Mitchell, profesora de Vassar; las regatas de verano de los estudiantes universitarios; la creciente propagación de la iglesia católica entre los ricos; la presentación del teatro chino; la asamblea de los nuevos estados del Noroeste (las Dakotas, Washington, Montana); la huelga que estalló en otro estado del Oeste, Minnesota; la pelea de boxeo que celebraran, en el Sur, Sullivan y Kilrain, y el asunto policial, también en el Sur, del médico que, por motivo de faldas, asesinó a un capitán, cuya enemistad contra los negros confiere al juicio del asesino claras implicaciones raciales. Por supuesto, la misma variedad de temas escogidos le abría a Martí mejor perspectiva para encontrar, como dice en la misma crónica, la "boca humeante por donde se le pueden ver las entrañas al país", intención expresa de toda la crónica. Martí señaló en una ocasión cómo el estilo, después de haber sido producido como poeta, había que juzgarlo y retocarlo como pintor, "componer las distancias y valores, agrupar con concierto, concentrar los colores esenciales, desvanecer los que dañan la energía central. El estilo tiene sus leyes de dibujo y perspectiva". Pero este proceso de composición era mejor efectuarlo "en las mentes de primera intención, y echarlo al papel completo, para que no haya luego que recalentarlos cuando falten al juego rehecho algunos de los elementos propicios".2 Esto tuvo que hacerlo con los materiales que conforman esta crónica, los cuales debió planificar creativamente en su cerebro antes de exponerlos al papel, aunque en la composición que crea más pidió prestado a la música que a la pintura. El punto de coincidencia develador de la "boca humeante" sabe expresarlo Martí en la misma frase con que comienza el texto "Está de bárbaros el país". Aquí se encuentra el meollo y la columna vertebral de la crónica, que en alguna medida entronca con las demás noticias y arroja luz sobre sus a veces ocultos más amplios significados y relaciones. La vio-lencia puede considerarse el leitmotiv que unifica las diversas partes y su concreción específica simbólica es la pelea entre Sullivan y Kilrain, que abre y cierra el texto, a la vez que reaparece en la parte central como nervioso intermedio. En el entramado de sucesos, anécdotas, personajes y ambientes, otros temas adquieren especial relevancia, como el problema racial y la posición de la mujer. Pero también son señalables la política, la justicia, la economía y el trabajo, sin olvidar la educación y la religión. Violencia más o menos de por medio, ellos delinean este viviente panorama de una nación joven en expansión. El resumen que encabeza la crónica presenta sintéticamente los elementos que Martí destacará: "Pugilato. -Sullivan contra Kilrain. -El teatro chino. -Asamblea de los nuevos estados. -Batalla de los huelguistas. -Negros y blancos". El primer término -"Pugilato"-podría ser también título metafórico de todo el texto, en el cual Martí se va a detener, además de en la misma pelea Sullivan contra Kilrain a modo de leitmotiv, en tres variaciones sobre la violencia: la artísticamente estilizada del teatro chino, la sangrienta batalla de los huelguistas y la confrontación entre negros y blancos, con su sustrato de prejuicios y odios. Entre ellas intercala, más brevemente, las otras noticias, de modo que se calcen entre sí y ayuden, a la vez, a la unidad y variedad del conjunto. Fórmulas gramaticalmente equivalentes introducirán cada parte para señalar que "No se habla más que de" la pelea entre Sullivan y Kilrain: "No se ha hablado tanto de...", "Como cosa nueva ha pasado...", "Apenas se ha comentado...", "ha parecido poca...", "vienen noticias...", "llegan noticias de sangre...", "pero ni de eso... se comenta, se telegrafía, se escribe tanto", aunque "En el Sur, donde va a ser la pelea, no se habla tanto de ella como..." de la muerte del capitán Dawson a manos del médico Mc Dow ("negros y blancos"). Estas fórmulas actúan como muletillas o cortinillas, que a la vez que separan cada parte, al ser repetidas regularmente durante toda la crónica, constituyen otro elemento unificador. Los ocho temas, noticias o hechos que Martí seleccionó (recordando que la pelea de boxeo en su carácter de leitmotiv aparece más de una vez) originan igual cantidad de subdivisiones del textos recorridas por líneas temáticas y motivos que cohesionan el conjunto y hacen resaltar los propósitos martianos más acusados. Ya hemos visto cómo Martí abre su crónica situándonos in medias re de ese violento ambiente norteamericano de su época, del cual prefiere destacar el combate pugilístico brutal y artificioso y no "la catástrofe de Johntown, que todavía está pidiendo ataúdes", producida por el rompi-miento del dique de una presa que arrasó un pueblo entero, terrible violencia a la cual el descuido humano no fue ajeno y que él mismo había descrito en una crónica reciente. 3 De la pelea se encargan de escribir los diarios "con maravilla de color y arte como de novela", cualidades que Martí sabía también utilizar para conseguir sus propios fines. Es de notar la evaluación martiana de la prensa estadounidense de la época, escrita con habilidad y arte, pero superficial e injusta en los asuntos a destacar, plegada a intereses que evadían los más legítimos reclamos humanos. A demostrar esto se encuentra dedicada la crónica martiana entera. Otra precisión importante hace el autor desde el mismo comienzo: esta "Carta" va a ofrecer una panorámica del país entero, un tanto como muestreo significativo. Aquí resalta de nuevo la frase inicial: "Está de bárbaros el país" (subrayado S.A.). Inmediatamente se determinará este ámbito especial: "De San Francisco a New York". Después vendrán tres temas tratados brevemente pero de manera bastante incisiva. Ante la "Cuáquera varonil" María Mitchell que ha muerto,4 Martí siente respeto, aunque fuese mujer temerosa de la expresividad y de amar a un hombre -no deja de existir violencia en ello-que sin embargo sabía de "estrellas" y "capullos", dos términos de gran carga simbólica para Martí. Hay mucho de ternura contenida en ese gesto de la Mitchell de no decirle "adios" a sus alumnas sino de regalarles un capullo, que Martí destaca con su acostumbrada agudeza sicológica. Con esta figura poco común se introduce la presencia femenina (y la ciencia) dentro de esta dinámica visión de la sociedad estadounidense, una presencia que muy hábilmente va a ser constante en todo el texto. Tras ese perspicaz, hermoso y conciso retrato, el autor diversifica la paleta para pintar las regatas universitarias a las que acuden "miles de hermanas y de novias" (sigue la presencia femenina, joven esta vez) para vitorear a los estudiantes "de azul unos y de amarillo otros, y otros de rojo y de violeta", como si en un chispazo recordara Martí la imagen que había visto en una exposición tres años atrás, "la figura potente del remador de Renoir, en ese cuadro atrevido 'Remadores del Sena'". 5 No está ajena la violencia tampoco aquí, "porque de los ocho que iban en el bote, seis cayeron desmayados sobre los remos". El siguiente tema, tratado como de pasada, presenta también gran agudeza de percepción, pues descubre como la "iglesia romana" utiliza sus oropeles para captar a los ricos, aunque como bien señala al comienzo del fragmento, "Apenas se ha comentado..." esto. Se enfatiza que esa iglesia puso "como de oro" la catedral6 y sacó "las casullas de más recamo y los más preciosos turíbulos", es decir, incensarios, lo cual da pie a un sinestésico y claro símil olfativo no carente de audacia: "para entrarse con la sutileza del incienso por los sentidos del señorío filadelfiano". La crítica es evidente; la iglesia apela a lo más externo, a lo sensual, el oropel vacuo, para captar fieles ricos, y olvida el que debiera ser su campo esencial de acción: lo espiritual. El fragmento que sigue a continuación es un cabal ejemplo de esa prosa artística martiana, casi sin parigual entre los autores de su época, colmada de tantas sutilezas y descubrimientos que la hacen un instrumento nunca inferior a la mejor expresión versificada. Aquí Martí describe una representación del teatro chino, con tal capacidad de observación que se constituye en uno de esos fragmentos que dan la impresión de haber sido escritos basándose en vivencias personales y no en información de segunda mano. Aquí se habla de combates, pero a través de una estilización artística tan depurada que chocaba a los espectadores estadounidenses, habituados a las convenciones del teatro europeizante al uso entonces, por lo que "los más han ido a ver de burla" estas representaciones. Pero en Martí, a la altura de 1889, encuentran un espectador bien diferente. De por sí dispuesta siempre su sensibilidad a enfrentarse desprejuiciadamente ante lo nuevo, en ese momento siente una especial predisposición a asimilar el arte oriental, en particular el chino, como puede irse rastreando en sus crónicas. Mas ahora estamos un paso más allá de su hermosa narración de los funerales en Nueva York del general exiliado chino Lin-In-Du,7 escrita en octubre de 1888, en la cual hacía ya patente su atracción por la cultura oriental. Pero allí la música era un "estruendo rabioso" que "chirría y cruje", "¡Pom! Ahora profundiza en esa primera sensación auditiva: "lo cuenta /el personaje/ con un falsete ansioso, levantando sobre apoyaturas, con coro de platillos, timbales, flautín y violinete, que celebran o lamentan, según lo va cantando la princesa tártara, y con modales tan acompasados y propios como es violenta y monótona la voz". Y muestra su admiración ante estos músicos a quienes "no les dan la parte escrita, sino el asunto de la parte", pero que deben cuidar no salga "acorde alguno impropio". Ante esto, no resulta nada osado el pensar que la música del siglo XX, de haberla conocido, no hubiera encontrado oyente más receptivo que José Martí. Existe un indudable disfrute al describir una escenografía, un vestuario y una acción que han sabido depurar los elementos realistas en aras de un simbolismo esencial, de delicada plasticidad, que precisa del espectador una imaginativa participación para asimilar la presencia de tramoyistas "vestidos de calle" ocupándose de aspectos prácticos de la puesta. Los movimientos escénicos, como de danza, complacen a Martí, con esas "vueltas aéreas, veloces y preciosas" o las "tres zapatetas, o tres vueltas de redondo" (que luego incorporará en su versión de "Los dos ruiseñores"). El regusto por objetos de sensual y colorista belleza, que tanto explotarán los modernistas, está presente: "las suntuosas cortinas, los trajes legendarios de plata y seda carmesí", "la túnica de alas al cinto y el casquete de seda negra", "el emperador de barba blanca y cabezal de oro". Como en toda la crónica, además de la violencia -aquí estilizada-también está presente la mujer, que lucha y vence a la par que el hombre ("su mujer, que llega de ganar otra batalla a lanzazo limpio"), aunque los papeles femeninos los interpreten hombres y no "una Kung de pies como nueces o una Yung de pies mayores de criada", con lo que muestra conocimiento de la situación social de la mujer en China. El tono de este fragmento dedicado al teatro chino funciona como una especie de delicado intermedio dentro del tono general de la crónica, con una marcada diferencia. Muy específicamente el ritmo, con su cadencia continua, expansiva, lo singulariza de manera creativa. En las treinta y cuatro líneas que ocupa en la edición de Obras completas, este fragmento no tiene punto y seguido alguno. Las comas ayudan a su continuidad sintáctica y discursiva, a la vez que marcan su tempo. Un par de "puntos y comas" y "dos puntos", más allá de la mitad, complementan esta personal puntuación, a la cual Martí prestaba tanto cuidado. Aunque en todo el fragmento vibra cierta tendencia endecasilábica, no creo que sus cualidades rítmicas y sonoras deban medirse por su acercamiento a los atributos del verso. Se trata definitivamente de prosa, de altos valores artísticos en sí misma, no por referencia a otras formas de expresión. Inclusive la misma fluencia del texto nos hace pensar en una cualidad que la fragmentación inevitable del verso no podría igualar. En esta fluencia cadenciosa Martí distribuye y gradúa los sonidos vibrantes muy sonoros (r, tr, fr, gr, rt) para lograr una "orquestación" controlada y armónica, cuya posible artificiosidad (en realidad no se percibe como tal) aísla discretamente el fragmento dentro de la crónica como el momento más deliberadamente "artístico". Cuando, de manera excepcional, se acumulan dichos sonidos vibrantes sonoros se hace con una intención expresa, como en "aspirar el aroma de la flor del naranjo", acción lírica comunicada con la acentuada pantomima con que el Martí espectador debió recibirla. Culminando la singularización del fragmento sobre el teatro chino, una típica frase martiana lo "cierra" plásticamente: "para que lo oiga y presida el Joss dorado, que desde su palco divino asiste a la función". Si Martí expresó en una ocasión que "con las zonas se cambia de atmósfera, y con los asuntos de lenguaje", 8 nada mejor para ejemplificarlo que el pasaje situado en esta crónica tras su evocación del teatro chino. Ahora nos va a hablar de los nuevos estados del Oeste, paisaje salvaje que los hombres tratan de domeñar. Nada de estilizaciones ni preciosismos, sino una prosa directa con planteamientos claros y funcionales, que inciden en lo económico, lo político y lo social. Es momento de añadir nuevos espacios a la nación estadounidense; así a los antiguos estados del Noroeste -que bordean los Grandes Lagos-se le añaden otros cuatro más situados en esa misma orientación, hasta lindar ya con el Océano Pacífico: las dos Dakotas, Montana, Washington. 9 Estos estados recién creados no quieren repetir los errores económicos en que los anteriores del Noroeste cayeron, los cuales Martí señala puntualmente, en clara advertencia a los países nuevos (recordar que escribe para La Nación de Buenos Aires): pedir "más préstamos que los que se pueden pagar seguramente con el desarrollo legítimo de la riqueza cierta del país", es decir, no pretender "esos adelantos de locura, sin base en el valor real de la propiedad", cegados con "las primeras prosperidades". Para corroborar lo anterior utiliza una imagen que hoy goza de indudable permanencia en el habla cotidiana cubana: "porque los globos, de un alfilerazo se vienen a tierra". Entre esos mismos estados, unos quieren Senado y Casa de Representantes y otros sólo esta última. Con el aliento épico fundacional, cargado de violencia, Martí vuelve al tema de la mujer, en uno de esos nuevos aspectos de su quehacer en ese país que observa siempre lleno de interés: "como que han visto a la mujer arar, montar a caballo, defender su hacienda a boca de rifle, matar y morir como un hombre, opinan por que se dé, o se prometa con solemnidad, el voto a la mujer". En el plano político Martí observa con atención también todo lo relacionado con el voto y la forma en que se instituye. Por eso prefiere que sea secreto -"como en Australia"-y no pueda comprarse: "vender la patria por un par de botas", ni adelantarle el whisky "a los bebedores, para que voten como quiere el ferrocarril", pues ya nos había dicho en crónica anterior que "donde manda el ferrocarril, los republicanos vencen". 10 Pero "no todo es concordia en el Oeste" y la violencia estalla en Duluth, 11 la ciudad situada al fondo del Lago Superior. Martí anticipa que de allí "llegan noti-9 Esos estados recién creados fueron objeto de mucha atención por parte de Martí, que veía en ellos esperanzadas posibilidades, a pesar de las limitaciones que tenían, a todo lo cual dedicó objetivos análisis. Ejemplo de ello es el fragmento "los nuevos Estados -Transformación y progreso" de su crónica fechada en 6 de julio de 1889 (Ibídem, págs. 261-267). El 5 de marzo de 1889 se había referido a "los cuatro Estados nuevos, que eran palacio del bisonte, y pradera virgen con el gamo como señor, cuando vinieron hace medio siglo cuatro mil federalistas a ver cómo entraba de Presidente, con su bastón de puño de oro, el abuelo de Harrison, y hoy son Dakota, la del norte y la del sur, Montana, Washington, con catedrales hechas de la madera petrificada de sus bosques, con el pueblo ávido y rico que envía millares de sus ciudadanos, con una rama de trigo en el ojal, a pasear en la procesión de cincuenta mil hombres con que la nación, casa de cuarenta y dos naciones libres, celebra la subida al poder de Harrison el nieto" (Ibídem, pág. 168). 11 Duluth contaba por este tiempo unos 30.000 habitantes, con una gran proporción de emigrantes europeos, sobre todo escandinavos (aunque todavía en 1860 sólo 71 de sus 406 habitantes eran blancos). Debe su nombre al oficial francés Jean du Luth, que en 1679 visitó esta región, habitada entonces por indios. Importante centro portuario -excepto en invierno-y ferrocarrilero, era la salida de una zona rica en trigo. Se destacaban mucho entonces sus silos con elevadores de granos con capacidad para 1.000.000 de "bushels" (medida de áridos equivalente a 35.237 litros, que Martí suele SALVADOR ARIAS 8 cias de sangre" y la prosa se comprime, se acelera, en un ritmo rápido que adquiere gran dramatismo cuando los puntos y seguido se hacen más asiduos y la dinámica se intensifica, apoyada en efectos sonoros: "tocaron los elevadores a somatén, soltaron las campanas las iglesias". "La huelga" se personifica en un ente único que agrupa a los peones alzados contra los rompehuelgas, y existe un conteo exacto del tiempo que transcurre para darnos en ráfagas impresionistas la rápida sucesión de hechos, que culminan en la típica frase conclusiva martiana, una imagen plástica de fuerte y sintética expresión, el punto más dramático de toda la crónica: "la batalla duró una hora, hubo horror y carnicería; se cambiaron en la hora cuatro mil tiros. La huelga se llevó a sus muertos, en desbandada". Otra vez, después de este trágico acorde, Martí vuelve a diversificar el tono en busca de la variedad y el contraste, con lo cual confiere mayor relieve e interés a una crónica que incorpora tantos y tan diversos asuntos, en hábil asimilación de los recursos utilizados por la prensa estadounidense de la época. Sin embargo, la línea unificadora de la violencia, en este país que "está de bárbaros", se refuerza con otra cara de esa violencia, ahora con ribetes frívolos y hasta humorísticos. La huelga es la "boca humeante por donde se pueden ver las entrañas al país", pero también gran capacidad cognoscitiva tiene la pelea entre Sullivan y Kilrain, que como leitmotiv con mucha significación llena ahora un intermedio, con aire de sátira fina y divertida. Martí copia frases -entrecomillándolas-de lo que se dice sobre los boxeadores, en un montaje de testimonios ajenos harto explícito en sí mismo. Van los trenes al lugar de la pelea cargados tanto de rufianes como de jóvenes de la prohombría, incluyendo a representantes y jueces que llevan nombre supuesto. Martí capta rápidamente los detalles significativos para dar ágiles retratos: "la gente de cabeza rapada, y tabaco con el aro de papel, para que se le vea lo bueno". Y en este campo no se le podía escapar su observación sobre la participación femenina, que le sirve para terminar el fragmento con una irónica escena farsesca. Las "mozas" asisten también, y bien saben de "derechas" y "cruces", como la que en el balneario aristocrático de Long Branch -a 28 millas de Nueva York, "que el mar besa con ondas azules, y el fausto neoyorquino con ondas de oro" 12 -"sacó a latigazos al marido sumiso de utilizar en su denominación inglesa); estos eran los elevadores que "tocaron a somatén", es decir, a rebato para que se reunieran los vecinos (Martí apela aquí, a una antigua expresión catalana bastante usual en su época). "ESTÁ DE BÁRBAROS EL PAÍS", UN EJEMPLO DE CRÓNICA MARTIANA una casa donde había entrado a convidar a una damisela a que pasease en su coche". Y la habilidad martiana para narrar se pone de manifiesto en la intencionada y rápida forma en que utiliza una supuesta frase dicha por la esposa como antecedente de la idílica visión final, coronada por ese irónico detalle del "sombrero blanco": "'¡En este coche no entra nadie más que yo!'. Y el marido iba luego a su lado por el paseo, muy satisfecho, saludando a derecha e izquierda con el sombrero blanco". Si la violencia también existe a fin de cuentas en todo este intermedio, la visión resulta más de mofa que seria. No es de extrañar que Martí haya escogido una pelea de John Lawrence Sullivan (1858-1918) para simbolizar el lado bárbaro de los Estados Unidos, pues la carrera de este púgil coincide precisamente con la estancia martiana en ese país y existen varias referencias a él en sus crónicas, siempre asociado a aspectos francamente negativos. Sullivan, a quien se le ha llamado "el último de los gladiadores", poseía una fuerza hercúlea y gran combatividad, con una mano derecha que lo hacía prácticamente invencible según las despiadadas reglas del boxeo de la época. A una de sus más famosas peleas -la efectuada contra Paddy Ryan-Martí dedicó un extenso comentario en una temprana "carta" para La Opinión Nacional de Caracas, 13 fechada el 17 de febrero de 1882. Aunque en sus crónicas tenía por norma que "en las censuras, de puro sobrio, peco por nulo", pues "cuando hay cosas censurables, ellas se censuran por sí mismas", 14 aquí Martí no puede ocultar su rechazo desde el comienzo mismo, al excusarse por contar "cosas brutales, vacías de hermosura y nobleza". Los calificativos a los púgiles no son precisamente sobrios: "ruines rufianes", "estos viles", "estas bestias humanas", "seres aborrecibles". Lo que sintetizará en 1889 aquí lo expone con amplitud de detalles, y aunque el enjuiciamiento básico permanezca igual, su visión de 1882 se siente fuertemente teñida por un indignado asombro que después se integrará a una comprensión más totalizadora del quehacer estadounidense, menos apasionada quizá pero sí más lúcida. Es de destacar en su visión de 1882 cómo contrapone históricamente la fuerza bruta de "los hombres de aquellas tierras del Norte" al desarrollo de "los aztecas industriosos y los peruanos cultos", como distintos estadios del "tránsito del hombre-físico al hombre-hombre". SALVADOR ARIAS 10 Sullivan, "el mozo fuerte de Boston", como símbolo de aspectos negativos de aquella sociedad, es retomado varias veces por Martí. Así, el 27 de noviembre de 1884 se horroriza ante su influencia entre la gente joven: "Pues los niños en Boston, de donde es el púgil Sullivan, ¿no han empezado a ir al matadero público a beber tazas de sangre, porque a uno de ellos, que peregrinó por ver una pelea del púgil, le dijo éste que para ser fuerte bebía sangre? Y se escapan de las escuelas, y van a ver en su taberna llena de cuadros lascivos, al bostonés formidable que de una puñada abate un cráneo". 15 En 1887 (8 y 17 de agosto) se estremece ante el hecho de que "Boston mismo, que de shakespereano y poético se precia: Boston, hogar de arte y como academia del buen gusto, del periodismo experto y de la fina literatura", la tierra de Emerson, Longfellow y Wendel Phillip, se haya puesto a los pies de Sullivan para rendirle un gran homenaje. Así destaca cómo "babeando y hediendo va todas las noches a su casa este magnífico bruto, honrado ahora, ante el teatro repleto que lo victorea, por el mayor de su ciudad de Boston". 16 En 1888 da cuenta de que el "púgil Sullivan, que era torre ayer, y hoy esqueleto después de un año de vino",17 y poco después, el 13 de junio de 1889, reporta que está al caer la pelea de "Sullivan, el púgil bestial de Boston, con el inglés Kilrain, por cinco mil pesos, más el cinto de brillantes de 'campeón de los púgiles del mundo'". 18 Este combate se celebró en un oscuro pueblecito del estado de Mississippi el 8 de julio de 1889, es decir un día antes de la fecha que tiene la crónica de Martí, en donde no se dice quién ganó, quizá porque aún no lo supiese el propio autor, pero también porque era una información que no importaba para sus propósitos. 19 Aunque al aceptar Martí, el 17 de enero de 1889, contribuir con dos cartas quincenales para La Opinión Pública de Montevideo expresara que "cuidaré por supuesto que los asuntos para La Opinión Pública sean diversos de los que trate en cartas para otros diarios", 20 en la crónica que le envía fechada el 8 de julio de ese mismo año da cuenta de un hecho criminal que también incluirá en la crónica a La Nación escrita al día siguiente, ambas para ser publicadas en el mismo ámbito rioplatense. Para La Opinión... lo cuenta así: "Estos han sido días de muertos. En Charleston, estuvo para acabar en la horca el médico que en su propia casa mató de un pistoletazo al politicón celoso que vino, de guante y gabán cerrado, a pedirle cuenta de sus amores con la linda criada de sus hijos; el médico le hundió la bala en el vientre, arrastró el cadáver hasta una alacena para esconderlo debajo del tablado, y cuando vio que no lo podría esconder se entregó a la policía, con el cuento de que lo había matado en defensa propia. Pero en el jurado había mayoría de negros, y dicen que por eso ha salido el médico libre, porque el muerto fue un caimán insolente, que hacía de amo y señor de todo el mundo, y miraba a los negros como presa natural, tanto que una vez escribió en su diario que no era igual el delito cuando se le quitaba la virtud a una negra que cuando se le quitaba a una blanca. ¡Puesto que para eso son las negras apetitosas, para que el blanco se regale en ellas y les quite la virtud! -y los negros danzaban en las calles, cuando supieron que el jurado declaró libre al asesino". 21 Reproducimos este fragmento para resaltar la obvia diferencia con la forma de contar lo mismo en la crónica de La Nación. Los hechos básicos son idénticos y el fragmento reproducido es una muestra de claridad expositiva, sintética, en hábil estilo periodístico que no evade lo evaluativo tras presuntas palabras de la propia víctima. Pero estas quince líneas se transforman en las setenta de La Nación gracias a un precioso trabajo de elaboración artística. Al gestar mentalmente su plan para esta crónica, Martí comprendió el valor simbólico y funcional que podría cobrar este hecho policíaco y por eso decidió incluirlo aquí. Lo trabaja no con menos cuidado que el utilizado para contar sobre el teatro chino o la huelga obrera y mantener así un alto nivel de creatividad; incluso existe una más amplia elaboración, al utilizarlo como punto culminante con mayor extensión. De hecho, logra un ejemplo de narración policial, con efectivos recursos, que incluso podría tener vigencia narrativa independiente bajo un título como "Un asesinato en Charleston", 22 o mejor, con el mismo que le adjudicara Martí: "Negros y blancos". 22 Charleston, el famoso puerto atlántico de Carolina del Sur, con 50.000 habitantes hacia 1889, había experimentado en 1886 uno de los peores terremotos ocurridos en los Estados Unidos, al cual Martí dedicó íntegramente una famosa crónica (Ibídem, t. Charleston por esa época tenía comunicación marítima directa con Cuba. El texto está dividido en cuatro bloques separados por punto y aparte, cada uno con su propósito definido. A diferencia de su tratamiento en El Partido Liberal, aquí Martí no expone desde el comienzo cual fue el hecho criminal, sino que crea cierto discreto "suspense" y habla sólo vagamente del "proceso", al medico McDow, caracterizando al personaje rápidamente con dos creativos vocablos: "buscacriadas dulcilingüe". Presenta al capitán Dawson en su conflictiva relación con los negros y, todavía en la parte introductoria, se permite consideraciones de tipo general: "como la prosperidad esta más en las preocupaciones que contra ellas, y en el mundo bebe más champaña el que lisonjea las pasiones de los ricos que el que las contraría"; "En la tierra ajena se ha de ser siempre comedido como un huésped, y sentarse donde lo manden sentar a uno, y recibir el aire mismo como un favor". Razonamiento este último muy dentro del ámbito personal del autor, como lo expresara en más de una ocasión. En el segundo bloque la caracterización del capitán Dawson incide aún con mayor amplitud en su aspecto más problemático: su relación con los negros. Martí reconoce que no era poca la habilidad del capitán en las letras, pero que esto lo utilizaba para imperar por la amenaza o la denuncia. A los negros no les concedía "alma" ni "luz" (símbolo martiano esencial) y estos lo "miraban con ojos peores", sobre todo después que publicó en su periódico sus criterios sobre "la virtud" de blancas y negras. Martí incrementa la efectividad y belleza del fragmento al sustituir, en esta segunda versión, "la virtud" por "la flor" (vocablo también esencial para él) y alcanzar así una sorprendente fuerza expresiva, siempre dentro de una presunta objetividad: "una vez que los negros ahorcaron a un blanco que le llevó la flor a una de las hijas del pueblo, dijo el capitán Dawson que no tenían los negros que excusarse con que los blancos linchaban por una guiñada al etíope que pusiera en una de sus mujeres el deseo, porque una cosa era la flor de la blanca, y otra la flor de la negra". Al caracterizar a Dawson como periodista, Martí traduce del inglés de manera literal la denominación "free lance" como "lancero libre", a la cual añade, al parecer no muy satisfecho de su claridad, la de "mesnadero suelto", que da un sentido más peyorativo, eludiendo intencionadamente la expresión hoy más conocida de "periodista independiente", aunque en español no sea inusual utilizar la fórmula inglesa. El bloque y la caracteri-"ESTÁ DE BÁRBAROS EL PAÍS", UN EJEMPLO DE CRÓNICA MARTIANA 13 zación culminan con una breve frase muy reveladora en sus sintéticos detalles: "Sabía griego y latín, y calzaba guantes". El tercer bloque es el más extenso -43 líneas-y en él se incluyen los momentos más importantes de la historia: el crimen y el juicio. Martí va a utilizar variados recursos al presentárnoslos, pero en realidad no toma partido específico por nadie: todos los personajes que intervienen en ellos son productos de aquella sociedad y toca al lector decir la última palabra sobre sus conductas. El crimen, que en la versión para La Opinión Pública se describía directamente, ahora queda velado por cierto "suspense", pues "lo que pasó nadie lo sabe". Así se cuenta lo que oyó un testigo desde fuera y se supone lo que hizo McDow de esconder el cadáver por el arañazo que tiene en la cabeza. El enfrentamiento entre los contendientes no se describe sino que se infiere de la comparación de ambos con símiles bastantes expresivos: "El capitán era un tronco de árbol, y el médico un colibrí". Esta forma elusiva de contar -dar un detalle sugerente y que el lector ponga el resto-permite un distanciamiento estético que la aleja del simple tono informativo. "El cadáver estaba allí, con su junquillo y sus guantes" es la presentación del capitán asesinado; los dos objetos mencionados adquieren el matiz de atributos simbólicos. La dimensión nacional que toma del proceso Martí la encuadra certeramente dentro del problema "negros y blancos", concretado en ese jurado "donde los esclavos y los señores iban a decidir juntos con igual derecho, sentados hombro a hombro, ¡de la vida de un señor!". No debemos dejar pasar esa imaginativa calificación de McDow como "picafaldas", muy de acuerdo con su anterior comparación con un colibrí (y antes, "dulcilingüe"). Martí va a presentarnos el juicio de una singular manera que hoy pudiéramos llamar cinematográfica, pero que en su tiempo no podía serlo. Se ha hablado mucho de la influencia del "séptimo arte", creado en 1895, sobre la literatura, pero casos como el que analizamos nos hacen ver que existía un proceso artístico general que iba a desembocar en "lo cinematográfico": la técnica se puso en función de encontrar el vehículo apropiado. Cuando Martí quiere darnos el juicio de manera viva, rápida e incisiva acude a una forma que hoy podríamos llamar de sucesión de planos. Incluso cuando quiere intercalar una metáfora, lo hace de manera visual, plástica, y no literaria. Vemos la secuencia dividida en planos, separados ya por Martí mediante los punto y coma: La rapidez del sorteo para elegir los jueces se sintetiza en una pregunta del juez y una respuesta afirmativa del reo, que prefería obviamente, los jurados negros: termina por seleccionar siete negros y cinco blancos. Para caracterizar a estos jurados Martí va a utilizar un procedimiento sintético, presentándonos a tres de los blancos por su profesión y a cuatro de los negros por detalles específicos de la apariencia, de esos que tras su probable nimiedad revelaban toda una posición ante la vida. Si seguimos aplicando términos cinematográficos, podríamos hablar de "close-ups" de un "paragüas de puño de plata", "la mano izquierda fúlgida con las sortijas", "crespos grises", un "quitasol de algodón" y una "recia leontina de oro". Los jurados "blancos van al asiento con la cabeza caída. Los negros, con la cabeza alta", pero esto no supone una aprobación por parte de Martí, que deja entrever su desconfianza frente a esta forma de impartir justicia en país que "está de bárbaros", como parece corroborarlo la reacción, después de salir el reo absuelto tras tres días de juicio, "del gentío negro de los suburbios", que celebró el perdón "con sus danzas frenéticas y sus alaridos de gozo". El bloque final está consagrado a hacer algunas consideraciones generales y a terminar con un hecho, un detalle seguramente imaginado por 229 Texto 1) El día de la saca de los doce jueces estaba repleta la sala; 2) el Juez se echaba aire con un abanico de plumas; 3) a derecha e izquierda del estrado sostenían, mudos, los candelabros apagados, dos guerreros de bronce; 4) detrás de cada abogado, de pie pequeño y quevedos de oro, entraba un negrito, halando un saco verde llenos de libros de consulta; 5) el homicida es pelinegro y trigueño, con bigote de escribiente y ojos fogosos, y traje como de quien ha visto París. Plano general de la sala del juicio, repleta (como suele ocurrir en los filmes, se comienza por la presentación general del ambiente); Primer plano del juez abanicándose; Tomas paralelas, con paneo, que establezcan contrapunteo entre los pomposos objetos inanimados y los dos abogados con sus negritos, no menos pomposos. He aquí una metáfora visual muy del gusto de los directores soviéticos del cine mudo; plano de McDow en que resalten sus rasgos físicos y su forma de vestir como muestra de su posición económica y social. Martí, muy funcional, que le sirve para redondear el diseño arquitectónico de toda la crónica. Aparte de lo justo o injusto de la absolución, Martí señala bien claro que "Lo de la raza está debajo", pues en definitiva, el protestar ante el veredicto, "el señor humillado quiere que se proclame que la justicia en la casa del señor no está segura en manos de los siervos". Y termina presentando al médico McDow, en la misma sala del crimen, "cortés y blandílocuo" (continuando con esa adjetivación particular con la que lo ha venido caracterizando tan certeramente), con su hijita a los pies, "la hija que tiene de la mujer con quien dijo haberse casado por la riqueza", apostando con un visitante a que ha ganado Sullivan. Con esto retoma el leitmotiv pugilístico para dar el punto final, enmarcando el juicio mismo en ese clima de violencia del cual la pelea de boxeo es arquetipo. Procedimiento artístico de gran eficacia precisamente porque define bien la connotación ideológica de toda la crónica. Debe repararse también en cómo la problemática de la mujer siempre está presente y si la confrontación Dawson/McDow se desencadena por el asedio de este último "a la suiza hermosa que servía de aya a los niños del médico", y el capitán había echado la mayor cantidad de leña al fuego en su contra con sus consideraciones sobre "la flor" de la negra y la blanca, son ahora la hijita y la esposa del propio McDow las que resultan víctimas de la barbarie que parece reinar en el país. No he podido verificar la fecha en que terminó realmente el proceso, pero aquí Martí lo hace coincidir exactamente con la fecha en que se celebra la pelea Sullivan-Kilrain, es decir, el 8 de julio de 1889, un día antes de la fecha en que escribe su crónica, con lo que ofrece una elocuente prueba de inmediatez periodística. * * * Aunque al comienzo del presente trabajo lo llamé "análisis" de una crónica, en realidad la profundidad de este proceso estuvo limitada desde el comienzo, pues mi propósito básico era seguir recomendaciones hechas por el propio Martí para realizar "solamente" lecturas cuidadosas y repetidas y, a través de ellas, buscar mejor aprecio y comprensión del texto. Al referirse a la lectura que debía hacerse del artículo "La Exposición de París", aparecido en el tercer número de La Edad de Oro, Martí en "La última página" del mismo número, recomendaba "hay que leerlo dos veces: y leer luego cada párrafo suelto: lo que hay que leer, sobre todo, con mucho SALVADOR ARIAS 16 cuidado, es lo de los pabellones de nuestra América". 23 Los textos martianos no sólo admiten la pluralidad de lecturas sino que la requieren, pues estas no son nunca contradictorias sino complementarias entre sí, desde la primera impresión hasta la que ya transita por los umbrales del análisis especializado. Pero existe un primer nivel de comprensión que es el que su autor recomendaba a los lectores de La Edad de Oro y que tiene que ver directamente con la capacidad creadora del Martí artista. Pues en la más directa instancia estamos siempre ante un escritor extraordinario y la captación de cualquiera de sus mensajes debe hacerse inexorablemente a través de su rica y novedosa utilización del idioma. No tener esto en cuenta sería limitar de entrada las posibilidades de los textos martianos. Tras esta lectura, repetida y anotada, que he hecho de esta crónica martiana, entiendo que pueden comenzarse a hacer análisis especializados de ella, que incluirían los propiamente lingüísticos y literarios, pero también los de tipo político, económico y social, entre otros. Así recorreríamos más a plenitud las vías que nos ofrece José Martí en esta crónica para un acercamiento raigal e inteligente al país norteño y, a la vez, verificaríamos un ahondamiento en sus propios valores como escritor y ser humano.
fundó a caballo entre los años ochenta y noventa del siglo XX. El estímulo para su creación fue el choque, por un lado, de observaciones personales acerca de los sorprendentemente rápidos cambios etnoraciales que tenían lugar en las poblaciones de Francia y Bélgica, y posteriormente en otros países de Europa Occidental -sobre todo a causa de afluencia de inmigrantes de Magreb y del "África Negra", pero también de Asia, de Oriente y de América Latina-y, por el otro, de la experiencia que ya tenían sobre esta materia los especialistas en estudios ibéricos e iberoamericanos que eran miembros del Al delimitar el campo de sus investigaciones, después de examinar brevemente la situación en algunas de las entidades científicas en Polonia, el Departamento decidió que la mejor forma de examinar y estudiar los fenómenos migratorios sería complementar las investigaciones individuales sobre temas particulares con la organización de encuentros (simposios) anuales para los interesados en la problemática, incluidos los estudiantes, científicos jóvenes y empleados de algunos sectores administrativos. Lo que se consideraba como la base del éxito futuro de la actividad del Departamento era tanto la similar orientación investigadora de sus miembros, hacia el estudio de las migraciones masivas como fenómeno social histórico, como la constancia y carácter sistemático de la profundización científica que emprendieron. Por lo tanto, el Departamento asumió el papel de iniciador en la tarea de popularizar el tratamiento, por excelencia histórico, pero a la vez profundamente social, de los fenómenos migratorios dentro de aquellos círculos. En el año 1995 se organizó el primero de los simposios ya mencionados. Éste se complementó con la publicación del primer tomo, todavía modesto, de la serie "Migraciones y Sociedad", que presentó las concepciones e intereses científicos de los miembros del Departamento, como los expuestos en los artículos "Migraciones masivas: El factor de los cambios de sociedades modernas" (J. E. Zamojski) o "Migraciones: La evolución del fenómeno" (M. Nalewajko). Contenía también materiales sobre migraciones españolas de los siglos XVI-XX (T. Mi»kowski), sobre migraciones masivas a América Latina (K. Smolana), sobre migraciones forzadas del siglo XX (E. Kowalska y D. Stola) y sobre inmigrantes polacos en los Estados Unidos (B. Biedka). Ideas y problemas señalados en el primer tomo han sido desarrollados en los siguientes once volúmenes. Cada uno contiene materiales de sucesivos encuentros científicos, simposios interdisciplinares en los cuales han participado en ocasiones investigadores del extranjero: de Ucrania, de Rusia, de Francia y de España. Estos encuentros han conseguido un gran reconocimiento en los círculos científicos y entre los especialistas en temas migratorios gracias al tratamiento amplio y multifacético, y sobre todo histórico y social, de la problemática migratoria, pero también gracias al ambiente de estos encuentros que favorece la presentación de logros científicos y el intercambio de opiniones. El hecho de que los simposios siempre hayan atraido y sigan atrayendo a más y más estudiantes interesados en la temática constituye un valor especial. No es exagerado decir que gracias a la iniciativa de los miembros del Departamento, que dan el tono a los encuentros y delimitan su problemática, dichos encuentros -así como su fruto: la serie editorial "Migraciones y Sociedad"-se han convertido en una obra común de los círculos científicos interesados en los estudios migratorios y de la didáctica universitaria, pero también de algunas instituciones administrativas. A partir del tercer tomo de la serie, los siguientes volúmenes ya llevaban sus propios títulos que aludían a los aspectos de los estudios migratorios que se emprendían. Para citar algunos ejemplos: Migraciones políticas del siglo XX (tomo 4), Relaciones entre sociedades inmigratorias y las de acogida (tomo 5), Diásporas (tomo 6), Consecuencias migratorias de las caídas de imperios (tomo 8), Relaciones entre Polonia y España en un amplio contexto histórico (tomo 9), Vicisitudes de mujeres y jóvenes emigrantes (tomo 10), Relaciones entre migraciones y gran variedad de procesos culturales que ocurren tanto en las sociedades inmigratorias como en las de acogida (tomo 11). Como es de esperar, el contenido de cada uno de los volúmenes depende del valor y las características del simposio correspondiente. Por ejemplo, el tomo sobre Consecuencias migratorias de las caídas de imperios nos ha dejado insatisfechos, ya que ha revelado -ante nuestra sorpresa-unas lagunas, o incluso falta, de muchos estudios importantes en investigaciones polacas en esta temática. En cambio, los volúmenes que han resultado muy valiosos en su contenido han sido aquéllos sobre Diásporas, sobre Vicisitudes de mujeres y jóvenes, y sobre Relaciones entre migraciones y fenómenos culturales. El que nos causó una gran satisfacción fue el tomo "español", fruto de una estrecha cooperación científica entre nuestro Departamento de Migraciones del IH PAN y los historiadores del CSIC (que recientemente han formado el Grupo de Estudios Americanos, GEA, del Instituto de Historia). Entre otros, publicamos en aquel tomo materiales de un simposio muy inspirador, "Polonia y España a caballo entre los siglos XIX y XX" (Varsovia, octubre de 2002). Su temática giró en torno a la presentación y comparación de problemas económicos, políticos, sociales y culturales dominantes en España y en las comunidades polacas incorporadas a tres potencias invasoras que se repartieron Polonia. El simposio, que fue valorado muy favorablemente por ambas partes, fue -a decir verdad-el primer encuentro de este tipo entre investigadores de ambos países. Nuestra cooperación con los compañeros españoles tiene suma importancia tanto para los intereses y logros científicos del Departamento, como para los intereses de los círculos científicos dentro de los cuales desarrolla su acti-vidad y también para la temática de la serie de "Migraciones y Sociedad"; sobre lo que volveremos a hablar más adelante. Merece la pena añadir que otro fruto de aquel evento ha sido la publicación -en polaco y en castellano-de un valioso tomo de estudios Hiszpania-Polska. 1 Como ya hemos subrayado, el contenido de los 11 volúmenes de la serie lo constituyen sobre todo cuestiones presentadas durante los mencionados simposios; sin embargo, en algunos de ellos publicamos también otros textos, que -por varias razones-no podían ser presentados en los simposios. En general, todos los artículos van acompañados por un resumen en inglés, francés o castellano. Cada tomo se complementa con la sección "Przegldy i pogldy" ("Revisiones y Opiniones") que contiene reseñas de libros -sobre todo de los que no se pueden comprar en Polonia-, informaciones científicas, reflexiones de los autores sobre sus propias obras o sobre varios aspectos de la problemática migratoria, como por ejemplo el papel de estereotipos étnicos (M. Nalewajko, tomos 3, 5, 8); el "mito de regreso", la semántica "migraciológica" y las vicisitudes de "pieds noirs" de Argelia (J. E. Zamojski, tomos 6, 7, 9), la migración de formas musicales -el jazz incluido-, varios aspectos de la situación de la comunidad judía en Rusia (Andrzej Wróbel, tomo 7; E. Kowalska-Dbrowska, tomos 7, 8, 9), la multiculturalidad en el Oeste (A. Wojtych, tomo 10), migraciones internas en Bangladesh (J. Winidowa, tomo 6). Sin embargo, el desarrollo de esta sección -a pesar de nuestros deseos-se ve limitado tanto por la extensión de los tomos, como por las condiciones económicas. Lo que da cuenta del valor de toda la serie es, sobre todo, el contenido de 230 artículos publicados en los 11 tomos ya editados. Los textos, que representan una gran variedad de problemas migratorios, en parte se agrupan por temas, pero también abordan cuestiones pertenecientes a esferas muy diversas de la problemática. Frecuentemente la atención de los autores se concentra en aspectos generales de los procesos migratorios, como por ejemplo la evolución etnoracial de flujos migratorios contemporáneos y sus consecuencias para actuaciones de integración, incluso cuestiones de identidad y de "desarraigo", las cuales han llegado a ser, quizá, fenómenos clave en los procesos de integración (entre otros, Andrzej Bonasewicz, W»odzimierz Mirowski, tomo 2; Krystyna Romaniszyn, Dorota Prasza»owicz, tomo 5). Se indica también el papel del factor regional en las migraciones económicas con respecto tanto a las regiones de emisión como a las de absorción de inmigrantes; el papel de factores demográficos, entre otros la alarmante diferencia del potencial demográfico de Europa del Oeste y África del Norte; cuestiones legales y administrativas de la situación de inmigrantes (entre otros, Katarzyna G»bicka, tomo 5; S»awomir oodzi1⁄2ski, tomos 2 y 11); y el papel del factor político, tanto en el sentido de decisiones generales del estado, como en el sentido de política migratoria -política de integración inclusive-adoptada en el caso en cuestión. Aquí se abordan incluso temas históricos, como regulaciones legales de la situación de extranjeros en el Antiguo Testamento (Kinga Olgyay-Stawikowska, tomo 7). Estos asuntos se reflejan tanto en artículos separados como en el contexto de temas relacionados. Ya hemos mencionado que los artículos publicados forman unos cuantos grupos temáticos bien delineados. El más amplio es, sin lugar a dudas, el conjunto de textos relacionados con el ámbito cultural español, incluida la propia España, América Latina (incluido Brasil) y las Islas Caribes, no sin referencias a Norteamérica. Esta temática dominante abarca una cuarta parte de todos los artículos; exponemos algunos ejemplos: Tadeusz Mi»kowski escribió sobre la historia de las migraciones españolas en los siglos XVI-XX (tomo 1); Maria Skoczek dedicó un texto a las migraciones en América Latina en la segunda mitad del siglo XX (tomo 2); Bogumi»a Lisocka-Jaegermann, que destaca por su conocimiento de la región, basado en las investigaciones realizadas in situ, informó sobre las consecuencias que tenía la esclavitud para América Latina y las Islas Caribes (tomo 7) y sobre migraciones de mujeres caribeñas a los Estados Unidos y a Europa (tomo 10). Dominika Skwarska describió la situación de un contingente de mujeres ecuatorianas que habían emigrado a España y las dificultades que encontraban con respecto a su integración en la nueva sociedad (tomo 10), y Dorota Molska presentó las vicisitudes de niños exiliados después de la caída de la República española que llegaron a parar a varios países (entre otros Francia, la URSS, México) y las dificultades con que se encontraron para regresar a su patria (tomo 10). El artículo de Agnieszka Krawczy1⁄2ska nos ofrece el relato de la historia, tan interesante como turbulenta, de la inmigración japonesa en Brasil (tomo 7). Agnieszka Kowalik-Urbáez se ocupó de los indios amazónicos bajo la influencia degradante de la ciudad y de la industria (tomo 5). Ma»gorzata Nalewajko, que publicó unos textos sobre los inmigrantes polacos en España, se concentró también en los condicionamientos históricos de la recepción en España de la inmigración procedente de África del Norte (tomo 7). En cuanto a nuestros amigos de España, Elda González Martínez y María Asunción Merino, presentaron un trabajo sobre las condiciones favorables y desfavorables que acompañaron la integración de inmigrantes en España en los últimos años del siglo XX, Ricardo González Leandri se ocupó de la regionalización característica de la emigración española a caballo entre los siglos XIX y XX (tomo 9), Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, en cambio, nos ofreció sus reflexiones sobre corrientes culturales españolas en la misma época y e hizo referencia a actitudes y conductas sociales. En este ámbito destacan también los artículos de Anna Wojtych sobre la expansión de la música latina a Norteamérica y Europa (tomo 11). Jacek Perlin escribió sobre las raíces inmigrantes de las lenguas criollas, Magdalena Frtczak, por su parte, se fijó en el bilingüismo característico de la población de Paraguay (tomo 11). Gracias a Andrzej Posern-Zieliski nos enteramos de cómo los inmigrantes ecuatorianos saben aprovechar los valores de su país, su folklore artesanal inclusive, y su influencia sobre cambios culturales en su patria (tomo 11). Cercano en el tema, aunque distante geográficamente, se encuentra el artículo de Krzysztof Toeplitz, un destacado conocedor de fenómenos culturales y mediáticos, sobre cómo los inmigrantes de Europa Central y del Este llegaron a fundar la capital estadounidense del cine -Hollywood-, a lo que cabe añadir el relato de Jan Hausbrandt sobre artistas polacos en Nueva York (tomo 11). Nos hemos concentrado en la temática dominante en toda la serie; un papel menos destacado, pero también importante, lo desempeñan asuntos de Oriente Próximo y África, tanto Magreb como "África Negra". Los autores se dirigen a las raíces históricas, a las invasiones de los pueblos de "estepas grandes" y a la expansión árabe en África del Norte (Romuald Wojna, Andrzej Dziubi1⁄2ski, tomo 7), pero el tema más tratado es el de inmigración musulmana contemporánea -entre otros, a los países de Europa-y de cambios culturales en su mundo (entre otros, Jerzy Zdanowski, tomos 4 y 7; Andrzej Kapiszewski, tomo 5; Anna Barska, tomo 8). Los autores se fijan en el problema serio e inesperadamente difícil que constituyen las comunidades musulmanas en los países de Europa del Oeste, pero también en el desafío que tienen que aceptar los propios miembros de estas comunidades -individuos, familias y grupos étnicos-al vivir en sus respectivas sociedades de acogida; se trata del choque con culturas y normas sociales muy diferentes. En cuanto a la región de "África Negra", la atención de los autores gira en torno a las migraciones internas y sus consecuencias culturales, sobre todo en relación a la migración del campo a la ciudad que contribuyó a un curioso fenómeno de construir numerosas iglesias afrocristianas (entre otros, Marcin W. Solarz, tomo 5; Ma»gorzata Szupejko, tomos 5, 8 y 11; Ryszard Vorbrich, tomo 8; Stanis»aw Pi»aszewicz, tomo 11). Al mismo ámbito pertenecen artículos sobre Israel y la diáspora judía (entre otros, Natalia Aleksiun, tomos 4 y 6; Ewa Kowalska, tomos 4 y 7; Tomasz Wites, tomo 10). Aparte de lo mencionado, en todos los tomos se publican trabajos que versan sobre una gran variedad de temas. Encontramos numerosos materiales sobre migraciones en el espacio postsoviético, especialmente en Ucrania con sus tradicionales comunidades griegas y búlgaras que buscan nuevos lazos con sus patrias, pero también sobre la "blanca" migración rusa en Europa y Polonia en la época de entreguerras, sus organizaciones, vida cultural, costumbres; es decir, sobre la construcción de lo que se llamaba "Rusia extranjera"; sobre la diáspora alemana en Norteamérica, muy poderosa y activa allí, que durante un período rivalizaba con los W.A.S.P.; sobre los inmigrantes de la India en África y en el mundo occidental; sobre la migración china y vietnamita; sobre la inmigración asirio-caldaica en Francia, muy interesante por su historia y cultura; sobre la actividad de la Iglesia católica en comunidades de inmigrantes, que adquirió más dinámica después de la Segunda Guerra Mundial. Entre la problemática presente en todos los volúmenes se hallan también varios aspectos culturales, sobre todo -como ya hemos mencionado-los que acompañan procesos migratorios; problemas de identidad, llenos de tensiones y vacilaciones, especialmente relacionados con la política migratoria de algunos estados, tales como Gran Bretaña, Suecia, Canadá o Australia. Otro tema al que se le dedica gran atención es el de la política de multiculturalidad, incluida una evaluación ambigua de sus valores, presente tanto entre la opinión pública como en los círculos de especialistas: por un lado positiva, que subraya la importancia de esa política para la preservación de la identidad de los inmigrantes, por otro lado negativa, que indica las tendencias al autoaislamiento que obstaculizan una integración verdadera. Como es de esperar, la mayoría de estos artículos se encuentran en los tomos dedicados a mujeres y jóvenes (10) y a la relación entre migraciones y procesos culturales (11) que ocurren tanto en las comunidades de inmigrantes como entre los habitantes nativos del país de acogida. Como es lógico son abundantes los trabajos que estudian cuestiones referidas a la emigración de los polacos, tanto antigua como contemporánea. Conforme a la tradición histórica, los autores se fijaron debidamente en las vicisitudes de las grandes emigraciones políticas de los polacos tras el fracaso de los levantamientos acaecidos durante el siglo XIX; se trata de la llamada "Emigración Grande" que desempeña un papel muy importante en la historia de la cultura polaca. Es de aquella corriente de donde procedieron ingenieros polacos, como Ignacy Domeyko, que trabajaron en América Latina. Los lectores de los sucesivos tomos podían también acceder a textos sobre migraciones polacas de carácter económico o político a partir de finales del siglo XIX hasta sus formas y condicionamientos contemporáneos (Edward Marek; Krystyna Iglicka-Okólska, tomo 2); sobre la diáspora polaca y sus varios aspectos (Adam Walaszek, tomos 3 y 6); sobre los orígenes de la política polaca de asilo (Marek Szonert, tomo 4); sobre expropiaciones de alemanes después de la Segunda Guerra Mundial, realizadas conforme a las decisiones de Yalta y Potsdam (Ryszard Sudziski, tomo 4); sobre la opinión de la sociedad polaca acerca de los extranjeros, que une una tolerancia amistosa con una desconfianza hacia "lo ajeno", y sobre la situación de alumnos extranjeros en escuelas polacas, cos sus lados positivos, pero también no tan prometedores (Ewa Nowicka, S»awomir oodzi1⁄2ski, tomos 8 y 10), y -por fin-sobre un fenómeno amplio de migraciones duraderas y estacionales (de contrato) de trabajadores que van a Alemania. En la mayoría de los artículos que atañen a las migraciones polacas actuales se dedica mucha atención al análisis de las causas políticas y económicas que incitan a la emigración y determinan sus destinos. Otro motivo recurrente es el papel de redes migratorias que surgieron ya en los años ochenta del siglo XX, pero -a pesar de los cambios que trajo la Unión Europea en cuanto a las condiciones de viajar-siguen siendo unas instituciones muy activas e importantes en lo que a migraciones temporales se refiere. Creo que la revisión del contenido de los 11 tomos ya publicados de la serie de "Migraciones y Sociedad" representa de manera por lo menos suficiente los intereses científicos de los editores, o sea, los organizadores de nuestros simposios internacionales e interdisciplinares que constituyen la fuente principal de los artículos. Estos simposios llegaron a ser una fecha señalada en el "calendario" de los investigadores interesados en temas migratorios, un lugar para sus encuentros, intercambio de información sobre sus estudios, opiniones y reflexiones sobre la problemática en cuestión. Se puede decir que este lado informal de los simposios ha adquirido un valor comparable al de su lado científico. Cabe añadir, entonces, que los encuentros siguen siendo una parte de la actividad del Departamento, y -en cuanto a las publicaciones-el tomo 12 ya está preparado para su impresión (son materiales del año 2005, sobre la influencia que ejercen migraciones en sociedades contemporáneas) y estamos preparando el tomo 13 que va a abarcar numerosos textos relacionados con cuestiones españolas e iberoamericanas. La mayoría de los artículos fueron presentados al simposio de diciembre de 2006, cuyo tema principal fue el espacio migratorio hispanohablante en tres continentes. Su programa atrajo a un público excepcionalmente numeroso, lo que habla en favor tanto del contenido del propio programa como de los intereses científicos de los participantes. La temática abarcaba una característica general del mencionado espacio, su formación y su función como escenario de migraciones latinoamericanas de grupos étnicos, raciales o procedentes de varias clases sociales. Se hablaba también de aspectos concretos de la problemática: migraciones de caribeños, migraciones mexicanas a los Estados Unidos, migraciones transcontinentales de los habitantes de la región andina ("Artesanía"), exilio político de los países de América Latina, y el estado de investigaciones españolas de inmigración extranjera. El otro componente del tomo lo constituirán materiales presentados durante el simposio polaco-español que tuvo lugar en Sevilla (septiembre de 2005) y fue organizado por la Escuela de Estudios Hispanoamericanos del CSIC. Dos de sus tres partes se dedicaban a migraciones españolas y polacas a América del Sur (Elda González Martínez, Krzysztof Smolana, Anna Napiontkówna) y migraciones polacas contemporáneas a España, incluidas las relaciones entre los procesos migratorios en Polonia y los grandes desafíos o crisis político-sociales (1944-2004; Ma»gorzata Nalewajko, Tadeusz Mi»kowski, Jan. E. Zamojski). La tercera parte presentaba la imagen general, rica en datos estadísticos, de la inmigración extranjera en España, así como información sobre emigrantes políticos de Argentina y reflexiones sobre su creación literaria en España y Francia (Rosario Sevilla, Asunción Merino, Magdalena Frtczak, Ricardo González Leandri). Creemos que este tomo despertará mucho interés. Al hacer la presente revisión del contenido de la serie editorial descrita -y asimismo de los simposios que son su base-, de manera natural tendemos a preguntarnos cómo evaluar los frutos del trabajo encerrado en todos estos tomos; en qué medida y para quién han resultado útiles; si han llegado a confirmarse las hipótesis de las cuales han partido los investigadores; y, por fin, qué conclusiones generales podríamos sacar en cuanto al tema estudiado. Es cierto que la tirada de la serie "Migraciones y Socie-dad" es corta, no más de unos cientos de ejemplares, que llegan sobre todo a las personas e instituciones interesadas en la problemática migratoria. Pero también es verdad que para estos destinatarios los tomos consecutivos constituyen una lectura importante y siempre esperada, ya que han llegado a ser utilizados como manuales en varios cursos universitarios; y se utilizan también en algunas entidades administrativas. Ante esto, ¿qué conclusiones de índole general podemos formular aquí, basándonos en el contenido de todos los tomos y de las ponencias y discusiones que los precedieron? Las que voy a enumerar a continuación parecen banales, pero las apariencias engañan, en realidad son excepcionalmente importantes si las consideramos como tesis básicas de investigación: -1.o: las migraciones deben considerarse como un fenómeno natural en la historia de la humanidad, como una parte integral del proceso histórico; la humanidad en su forma presente es, en gran medida, producto de una serie incesante de flujos migratorios multidireccionales, iniciados por varias causas, tanto de naturaleza económica, como psicológica o moral. Este proceso ha durado mucho tiempo y va a durar más, influyendo en la evolución de las sociedades. -2.o: una tendencia anterior de reducir el objeto de investigaciones científicas sólo a las migraciones económicas (véanse las opiniones presentadas en el Congreso Internacional de Historiadores, California 1975) después de la Segunda Guerra Mundial absolutamente carece de validez, ya que hoy en día las migraciones son fruto de varias causas, a veces unidas sinérgicamente, cuyo efecto es una movilidad masiva. -3.o: en la época de la globalización ha cambiado la naturaleza de los procesos migratorios: el clásico esquema unidireccional lineal (migrar instalarse) ha dado paso a esquemas mucho más complejos, transnacionales, divididos en varias etapas etc.; es más, los estudios sobre migraciones no pueden limitarse al desarrollo y consecuencias del desplazamiento de la gente, sino que tienen que abarcar todo lo que les acompaña, sobre todo la cultura en el más amplio sentido de la noción. -4.o: las migraciones son un fenómeno profundamente social; en virtud de la diversidad de sus causas y de la magnitud de sus consecuencias que ocurren tanto en los países de origen como en los de acogida, deben investigarse de manera multidisciplinaria, sin obviar el tema de los cambios etnoraciales de los flujos migratorios, incluidos los que atañen a cuestiones del género (¡gender!). Estos estudios, enfocados en el análisis de procesos y fenómenos migratorios, tienen que fijarse cada vez más en la totalidad del estado -y sobre todo de los cambios-tanto en las sociedades de origen como en las de acogida; incluso en regiones geopolíticas enteras. -5.o: las migraciones adquirieron un carácter universal; antes pertenecían a la esfera de las decisiones soberanas de los países en cuestión, sin embargo actualmente han llegado a ser problemas de gran importancia en escala internacional y pasan a ser objeto de evaluaciones y decisiones de instituciones universales, con elementos dominantes tales como la integración y la identidad. -6.o: a consecuencia de diversos factores determinantes, las migraciones masivas contemporáneas en muchos países contribuyen a la formación de numerosas comunidades inmigrantes etnoculturales resistentes a la asimilación (diasporizadas). En la escala nacional e internacional esta situación crea el problema de las condiciones de su convivencia con la población nativa del país de establecimiento, pero también de la coexistencia de los propios inmigrantes y sus comunidades, basada en la simbiosis o, por el contrario, no exenta de fuertes antagonismos, con todas las consecuencias que esto conlleva. En futuro será un problema fundamental para la humanidad. Lo que nos causó una gran satisfacción, al confirmar la dirección general que hemos adoptado en nuestras investigaciones, fue la popularización del lema que resume nuestro trabajo: Migrare humanum est. Este lema forma parte del título del artículo de Jan E. Zamojski -en cierta manera un artículo que expone su "programa" científico-que abre el tomo 10 de la serie "Migraciones y Sociedad". Sin embargo, ya que tenemos los pies en la tierra, tenemos que añadir que somos conscientes de que su sentido, junto con las conclusiones que se derivan, aunque se hizo común entre muchos de los científicos que se ocupan de las migraciones, en cierto modo no deja de ser confrontado con la actitud práctica de tratar dichas investigaciones según la fórmula de "case studies". La línea de investigación de nuestro Departamento, presentada con motivo de varios encuentros científicos, incluso en presencia de investigadores de otros temas, en general es aceptada y recibida con comprensión. Desafortunadamente no es así en el caso de los que trabajan en el sector administrativo y su base científica; éstos son más bien partidarios de la lógica y de las fórmulas de la concepción de "migration management", propensos a pensar que, al servirse de medios y métodos de índole legal y administrativa, pueden dominar los procesos migratorios, refrenarlos o aprovecharse de ellos según uno quiera. Para nosotros es sólo una ilusión...
El objeto del presente trabajo es ofrecer un material de sumo interés para el estudio de la emigración vasca a América 1 -y sobre todo a Argentina-2 desde un punto de vista poco o nada estudiado: la opinión que, respecto a este fenómeno, se generó desde la visión de una de las ideologías políticas que ha marcado la evolución histórica del País Vasco en el siglo XX: el nacionalismo vasco. Ciertamente, la presencia vasca en América fue, durante buena parte de los tiempos contemporáneos, cuantitativamente muy importante. La corriente migratoria que, a lo largo de buena parte del siglo XIX y el primer tercio del XX, experimentó el País Vasco, tuvo desde muy temprano reflejo en la prensa periódica, como objeto de análisis y, muchas veces, de ataque. El nacionalismo vasco, desde el mismo momento de su aparición, prestó una gran importancia a los movimientos migratorios que de modo simultáneo experimentaba el País Vasco, tanto de atracción -de otros lugares de España-como de expulsión -hacia América. Vizcaya durante la última década del siglo XIX de la mano de Sabino Arana Goiri, el nacionalismo vasco como ideología organizada también se dotó de sus órganos de expresión y opinión pública. Consciente de la importancia de la prensa escrita en la difusión de toda idea política, Arana dio el primer paso al respecto fundando, a fines del XIX, el periódico Bizkaitarra, que si bien no era diario -se publicaba aproximadamente dos veces al mes, sin fecha fija, en su primera época-, fue el primer ejemplo de prensa periódica nacionalista. Con posterioridad a la muerte de Arana (1903), y debido al desarrollo del nacionalismo vasco como idea política y del Partido Nacionalista Vasco (PNV) como movimiento organizado, surgieron otra serie de publicaciones -unas diarias, otras de más amplia periodicidad-que, con mayor o menor suerte, ofrecían al lector una visión nacionalista de las noticias, la política y la vida misma. No todos los periódicos se presentaban combativamente nacionalistas en la misma medida; era distinto el caso de Euzkadi, por ejemplo, que el de Excelsior o La Voz de Navarra -otro de los periódicos pertenecientes al bloque nacionalista, publicado en Pamplona. Sólo el primero era el auténtico órgano de expresión oficial del partido aranista -llamado, por entonces, "Comunión Nacionalista"-, y se hallaba amparado por la editorial Euzko Pizkundia S.A., de carácter plenamente nacionalista; Euzkadi llegó a ser, en la década de 1930, el periódico de mayor difusión en el País Vasco, por delante de sus competidores de diferente ideología, como los diarios vizcaínos El Liberal, La Gaceta del Norte, El Pueblo Vasco, etc. 7 Otros periódicos nacionalistas, por el contrario, fueron de corta vida (Gipuzkoarra desapareció en 1913), se transformaron en semanarios (Bizkaitarra), llevaron una vida lánguida por graves problemas económicos (La Voz de Navarra), o -sin más-se trataba de diarios de simpatías nacionalistas, pero sin una vinculación concreta con el partido. Fundamentación ideológica de la prensa nacionalista En los artículos y noticias referentes a América que relata la prensa nacionalista vasca, destaca ante todo un hecho que se corresponde con el núcleo central del mensaje político de esta ideología: la presentación del País Vasco (o Euzkadi, según el neologismo acuñado por el propio Arana) como una nación propia y diferenciada de España y Francia, estados en los que se reparte. Los fundamentos de esta nacionalidad se apoyaban en cuatro columnas: raza, religión, lengua e historia. El criterio de raza -quizá sería mejor decir "etnia"-estaba presente en el proyecto nacionalista desde los tiempos de Arana,8 el cual no hizo más que hacerse eco de las investigaciones etnológicas en boga por aquellos años, refrendadas en años posteriores por estudiosos como Barandiarán, Aranzadi, Eguren y otros. 9 En sus trabajos se aludía a unas especiales características físicas de los vascos en algunas zonas del País, como por ejemplo la forma craneal. Para los seguidores de Arana, esto constituía una de las pruebas irrefutables de la razón de ser del nacionalismo vasco, en consonancia con el modelo germánico de nacionalismo de Fichte y la escuela romántica, para quienes todo pueblo con características propias y diferenciadas de los de su alrededor era llamado a constituir un estado político independiente. 10 El argumento de la religión no era, evidentemente, el de una diferencia de credo respecto a españoles y franceses -católicos ambos-, sino el de una religiosidad más profunda y arraigada en el ámbito vasco. El argumento lingüístico, por su parte, era evidente: el euskera o vascuence es una de las pocas lenguas europeas que no pertenece al grupo indoeuropeo, y del cual se desconoce su origen. 11 En cuanto a la fundamentación histórica, el nacionalismo sosteníaal igual que otras fuerzas políticas vascas-que las leyes que habían regido al País Vasco a lo largo de la historia -los Fueros-tenían un carácter de pacto con las Coronas castellana -núcleo de la futura española-y francesa. Por ello, la incorporación a dichas Coronas sólo se habría hecho en forma de unión personal en el monarca, y los Fueros no podían ser unilateralmente transformados. Las aboliciones forales, que tuvieron lugar en 1876 -o 1839, según los nacionalistas-en la vertiente española, y en 1789 en la francesa, habrían supuesto así la pérdida de la independencia secular de los vascos, objetivo por cuya consecución o "recuperación" había surgido el partido nacionalista. La visión nacionalista de los vascos de América Partiendo de lo señalado en el apartado anterior, pueden entenderse las constantes ideológicas -concretamente, tres-, a través de las cuales la prensa nacionalista desarollará una visión de la emigración y presencia vasca en América, propia de dicha ideología política. La necesidad de agrupamiento de la colectividad La primera de estas constantes fue la idea de la necesidad de que los emigrantes vascos en América se agruparan en sus países de radicación en 10 Kohn, H.: Historia del nacionalismo, México, 1949. 11 Mitxelena, Luis: "Sobre historia de la lengua vasca", Anejos del Anuario del Seminario de Filología vasca "Julio de Urquijo", Usúrbil, 1988. ÓSCAR ÁLVAREZ GILA-JOSÉ MARÍA TÁPIZ FERNÁNDEZ 4 sociedades y entidades única y exclusivamente vascas -los llamados genéricamente centros vascos-, de modo similar a las que habían formado en aquellas tierras los originarios de otros países europeos. Bien es cierto que ya había comenzado a surgir este tipo de asociacionismo antes del nacimiento organizado del nacionalismo; la primera de las sociedades de carácter vasco -la "Sociedad Vasco-Navarra de Socorros Mutuos" de La Habana, en Cuba-ya existía desde la década de 1860, y en la siguiente surgieron los primeros centros vascos de Argentina y Uruguay -ambos con el nombre de "Laurak Bat".12 Sin embargo, para el nacionalismo vasco el concepto de agrupamiento iba más allá de simples objetivos recreativos, nostálgicos o asistenciales: surgían de la necesidad de defender y preservar entre los emigrantes la cultura patria, la lengua y las costumbres vascas. 13 En definitiva, se trataba de que los vascos lejos de su patria siguieran siendo vascos, fomentando su conciencia de "nación", en igual medida que polacos, italianos, alemanes, etc... Por ello, los nacionalistas criticarán el poco "espíritu nacional" de las entidades vascas presentes en Hispanoamérica -y sobre todo las de Argentina, Uruguay y Chile, países en los que el nacionalismo hizo esfuerzos de implantarse organizativamente-; en ellas, señalan, por desgracia sólo se va a jugar pelota vasca, a dedicar tardes al mus y a hablar de la vida en su pueblo natal. 14 Este reagrupamiento de los vascos que defendía el nacionalismo tenía a su vez un carácter "medicinal": con ellos se conseguiría la preservación de los caracteres de la raza vasca en los nuevos territorios americanos. Para ello, el método más efectivo era el establecimiento de lazos de solidaridad 15 de todo tipo -que llegasen hasta la endogamia-entre los inmigrados, lazos que eran tanto más fáciles de realizarse en las aglomeraciones importantes donde existía un número suficiente de vascos o de descendientes directos de éstos. No en vano se calculaba que, en el primer tercio del XX, residían en América 400.000 vascos e hijos de vascos -una notable cifra, frente al casi millón y medio de habitantes que tenía Euskal Herria por aquellos años. 16 Otro frente que cubrió la prensa nacionalista, siempre con la intención de favorecer la unión entre los vascos de América y el mantenimiento de una colectividad unida, fue el de potenciar las fiestas "nacionales" y otros actos colectivos de carácter plenamente vasco allá realizados. Sobre todo, fue especial el reflejo que tuvieron las conmemoraciones anuales de la festividad religiosa de San Ignacio de Loyola,17 guipuzcoano y co-patrono por entonces de la diócesis vascongada de Vitoria [Álava, Guipúzcoa y Vizcaya], juntamente con la de San Miguel Arcángel18 -en su doble función de patrono de Navarra y del propio PNV. El paroxismo llegaba a la hora de reflejar incursiones más marcadamente políticas en estos actos socio-religiosos, como ocurrió con la bendición de sendas ikurriñak (banderas vascas) en el centro "Laurak Bat" de Buenos Aires en 1921 19 y en el centro "Euskal Herria" de Montevideo en 1934; 20 o cuando había que reflejar los actos organizados por entidades de filiación nacionalista instaladas en América, como el centro "Euzko Gaztedija" 21 de Santiago de Chile 22 o el "Zazpirak Bat" 23 de Rosario, en Argentina. La necesidad de extensión del mensaje nacionalista entre los vascos americanos Esta última referencia nos pone en la pista de lo que, para la prensa nacionalista vasca, fue la segunda constante de su visión sobre la emigra-ción y presencia vasca en América: la implantación y extensión entre los emigrantes de la ideología nacionalista, tanto como ideario político como institución organizada alrededor del partido. Resultaba claro que, en el contexto antes descrito, el proceso de unión dentro de lo verdaderamente vasco exigía, sobre todo, un brazo rector que marcase claramente el objetivo de construcción de la nacionalidad que llevaba tras de sí, a través del establecimiento de una sólida estructura institucional nacionalista, especialmente en aquellos países donde la colonia vasca era más numerosa. 25 1.-Por esta razón, en un primer momento había que diferenciar lo que era real y plenamente vasco, de los caracteres ajenos a su ser y que, en la visión nacionalista, habían adulterado el ser nacional. La prensa nacionalista reflejará esto a través de un cambio semántico en la propia definición de "vasco", que adquirirá connotaciones especiales en boca de los nacionalistas, y que rápidamente pasó a traducirse a la realidad vasco-americana. Hasta fines del siglo XIX puede decirse que tanto "vasco" como "vascongado" eran dos adjetivos con un grado notable de sinonimia, que reflejaban ante todo la pertenencia a un mismo grupo étnico-cultural, con ciertos matices de tipo geográfico. 26 En los círculos nacionalistas, "vascongado" -o "vascuence"-adquirió progresivamente un matiz peyorativo: éste sería, a diferencia del auténtico "vasco" comprometido con su patria y su raza, un renegado que se adhiere a posturas políticas españolistas o -menos-profrancesas. Ya para inicios de la década de 1920 comienza a observarse en la prensa referida a los vascos de América esta diferenciación al relatarse los enfrentamientos entre nacionalistas y no nacionalistas por el control de los centros vascos de Argentina. 27 Para inicios de la década siguiente, esta diferenciación semántica se hallaba ya claramente establecida. 28 2.-Este cambio semántico, como es lógico, no podía dejar de tener consecuencias en la visión que la prensa nacionalista ofrecía sobre la emigración "vasca" y sobre la formación de la "auténtica colectividad vasca" en los diferentes países americanos. Sobre el proceso emigratorio en gene-ral, al hablar de ideas generales sobre el alto número de personas que partían a América desde Euskal Herria, no se trasluce este tipo de distinciones: todos son vascos. Será luego, en su actuación allá, y en especial en la vinculación que mantengan con su país de origen -desde el análisis de la ideología político-patriótica de los emigrantes-, cuando serán definidos desde una visión de la colectividad vasca, reducida ya casi en exclusiva a la nacionalista. De este modo, y prácticamente desde principios de siglo, la imagen ofrecida por la prensa nacionalista a sus lectores en el País Vasco sobre el devenir de sus connacionales radicados en Ultramar fue sesgada, parcial y lineal, ofreciendo la impresión de una sociedad vasco-americana casi exclusivamente nacionalista, cuya homogeneidad no se vería empañada sino por los lamentos ante los pocos vascos que aún hacían oídos sordos a la llamada de su patria y su sangre. Especialmente en el caso de Argentina, en el que nos vamos a centrar, la imagen es casi monolítica: todo gira alrededor de los nacionalistas, todo es aranismo, excepto sendas menciones -dos en treinta años-a los "vascongados" de Buenos Aires y a la formalización de su escisión en el centro "Gure Echea" de la capital argentina. 29 Esta visión ofrecida contrasta, sin embargo, con la realidad del propio desarrollo de la colectividad vasca en Argentina, en la que el nacionalismo vasco tuvo una difusión lenta y laboriosa, con altibajos, hasta su definitiva victoria como ideología oficial de casi todos los centros vascos del país a partir de 1940. Tras unos primeros años, entre 1903 y 1909, de rápida difusión, la década de 1910 fue un período nefasto para el nacionalismo, que se vio dominado por una reacción de los vascos españolistas, los cuales se hicieron con el control del más antiguo e importante centro vasco del país, el "Laurak Bat" de Buenos Aires. Sólo a partir de 1922, tras la ruptura definitiva entre ambos sectores, los nacionalistas se quedarían con el mando de los centros vascos tradicionales, que se verían renovados, tras unos años de leve languidecimiento, con el aporte del más politizado exilio originado por la Guerra Civil española. 30 A pesar de todo, el análisis de la propia prensa nacionalista da pistas para poder apreciar este proceso, aunque siempre desde la visión pro-nacionalista y parcial que hemos mencionado. Es interesante obser-var el período de relativo silencio sobre la actividad de los centros vascos de Argentina durante la década de 1910. Así, por ejemplo, tras una profusa aparición de noticias sobre el "Zazpirak Bat" de Rosario correspondiente a sus primeros años, con el adormecimiento de su nacionalismo quedó oscurecida su presencia como objeto noticiable, no mejorando hasta 1923, tras la recuperación de su dirección por elementos nacionalistas. 31 Los años españolistas de este centro, al igual que los del "Laurak Bat", fueron simplemente silenciados. Sólo la sociedad de socorros mutuos "Euskal Echea" -apolítica pero cercana al concepto geográfico más completo del País Vasco,32 y por tanto, más del agrado de la visión nacionalista-sería objeto en este tiempo de una atención regular. 33 Una vez impuesto el nacionalismo, la comunicación se hará de forma más fluida y la colectividad "vasca" en Argentina, como otras de América, recuperará su pequeño espacio en el noticiero de la prensa nacionalista editada en Euskal Herria. Los lamentos por la emigración Finalmente, el tercer pilar de la visión nacionalista de la emigración consistía en un lamento genérico por su misma existencia. La corriente migratoria, en un planteamiento nada original ya puesto en evidencia por otras voces a lo largo del XIX, suponía para los nacionalistas una auténtica sangría para el país de origen, por la pérdida de los más jóvenes y robustos brazos, lo que vendría en deterioro de la economía vasca. 34 Los nacionalistas añaden, sin embargo, un matiz propio a este planteamiento clásico: la corriente migratoria también suponía para Euskal Herria una pérdida difícilmente reparable desde el punto de vista étnico o de la pureza de la raza; debilitada la raza vasca frente a la latina -españoles y franceses-, al ser esta última más numerosa y por tanto más poderosa, con la marcha de los auténticos vascos se favorecía la entrada en el País de elementos extraños, inmigrantes maketos que llegaban atraídos por un período de auge industrial, a falta de brazos autóctonos. 35 Bien es cierto que se reconoce el derecho que asiste a toda persona a buscar fuera de su tierra natal mejoras en sus perspectivas económicas. Esto se hace especialmente palpable al analizar a los emigrantes vasco-franceses procedentes de una región, donde no existe una industria equiparable a la vizcaína o guipuzcoana que pudiera servir de destino natural a la superpoblación del agro. 36 Pero, en el caso de los vascos de la vertiente española, era preferible un movimiento poblacional interno al país antes que su expatriación definitiva. De todos modos, no hemos de pensar que el nacionalismo vasco renegara de la labor hecha por los vascos afincados en tierras americanas. En ciertos articulistas puede entreverse un orgullo por los adelantos económicos y sociales logrados por los más destacados de los emigrantes vascos en América. 37 Desde la prensa nacionalista se recurrió incluso a la historia para ensalzar la labor de los vascos -o sus descendientes-en diversos hitos de la historia americana: la evangelización -el obispo fray Juan de Zumárraga-,38 la defensa de los indígenas -Pedro de Rentería, colaborador del padre Bartolomé de las Casas-, y sobre todo la Independenciaentre otros Urdaneta, el emperador Iturbide e incluso el pretendidamente vasco Simón Bolívar. 39 En ciertos momentos, además, el sueño americano llegó a considerarse como un buen colchón económico para el sostenimiento de la lucha patria, de igual modo a lo que estaba ocurriendo con uno de los ejemplos más seguidos por el nacionalismo vasco: Irlanda; los años posteriores a la Guerra Civil, cuando América se convirtió en el refugio natural para la corriente de exiliados nacionalistas que hubo de abandonar Euskal Herria tras la derrota republicana, vendrían a mostrar en buena medida la realidad de este aserto. Periodización de las referencias sobre la presencia vasca en América en la prensa nacionalista Como comentábamos al principio, no todos los diarios cercanos al espectro político del nacionalismo vasco tratan el tema de la emigración de igual forma. El diario bilbaíno Euzkadi, desde su posición de portavoz oficial del partido, pudo hablar del fenómeno de la emigración vasca con mayor claridad de planteamiento nacionalista que otros diarios cuya función era distinta, como es el caso, por ejemplo, del diario deportivo Excelsior. Por ello, evidentemente fue Euzkadi quien más atención llegó a dedicar a este tema. Dos son los períodos concretos en los que se aprecia una altísima concentración de referencias periodísticas y artículos sobre los vascos de América en la prensa nacionalista. El primero de ellos es el sexenio 1923-1929, correspondiente en España a la dictadura del general Primo de Rivera. 40 En este período se persiguió a las organizaciones nacionalistas, tanto catalanas como vascas, por lo que éstas tuvieron que transformarse, en la mayoría de los casos, en entidades de carácter cultural o deportivo, si querían seguir subsistiendo. Esta situación, reflejada en la prensa, llevó a la necesidad de tener que prescindir en gran medida de la información política nacional y, sobre todo, de cualquier referencia a la actividad política nacionalista en España. De este modo, los periódicos filonacionalistas adoptaron el recurso a las informaciones "extranjeras", entre las que destacaban sin duda las reflexiones, noticias y comentarios sobre la actividad de sus correligionarios en tierras americanas, de tal forma que la censura entonces vigente pudiera ser eludida y no existieran motivos para la suspensión de los periódicos. 41 Por otro lado, fue éste un momento de especial florecimiento de la familia nacionalista en Argentina -el país que recogía el núcleo de la expansión ultramarina del PNV-, tras la recuperación del control de los centros vascos del país. 41 Fernández Clemente, Eloy: "La dictadura de Primo de Rivera y la prensa", Metodología de la Historia de la Prensa Española, Madrid, 1982, págs. 187-232. Santoja, Gonzalo: Del lápiz rojo al lápiz libre. La censura de la prensa y el mundo del libro, Barcelona, 1986. Seoane, María Cruz: "El régimen de censura bajo la dictadura de Primo de Rivera: efectos secundarios", La prensa en los siglos XIX y XX. PRENSA NACIONALISTA VASCA Y EMIGRACIÓN A AMÉRICA 11 Pero, sin duda, el momento realmente floreciente para la presencia de los vasco-americanos en las páginas de la prensa nacionalista se produjo tras la proclamación de la Segunda República española y la "fiebre política" que siguió durante los años de régimen republicano hasta la Guerra Civil; de hecho, prácticamente la mitad de las referencias obtenidas corresponden al quinquenio 1931-1936. Aunque en el régimen republicano siguió funcionando, en ocasiones, la censura, era evidente una mayor libertad de expresión, por lo que podía volverse a escribir en una clave más claramente nacionalista en el bloque de prensa afín al PNV. Las referencias a América son más militantes y se hallan mucho más ligadas a la realidad efervescente que vivía Euskal Herria, en busca de una autonomía cada vez más cercana. Ya no sólo había que contar con el vasco de Europa para trabajar en aras de la independencia del país; muchos vascos de América -se alegraba "Lantzi"-también habían hecho suyo este ideal. 42 Las referencias a la renacida delegación argentina del PNV, la "Acción Vasca de Argentina", se vuelven más profusas; 43 el Congreso Eucarístico que se celebra en 1934 en Buenos Aires sirvió para enviar a Argentina una delegación propagandística nacionalista. 44 Incluso hubo ocasión de palpar en Euskal Herria, de forma directa, la potencia del nacionalismo vasco en América con el viaje propagandístico realizado por Juan de Zabala, destacado dirigente de "Acción Vasca de la Argentina", un indiano que recorrió el País Vasco en 1931 pronunciando conferencias y actuando en mítines sobre la actuación de los vasco-argentinos militantes nacionalistas; 45 posteriormente volvió a América, donde siguió trabajando en la difusión del aranismo entre los emigrados y sirvió de apoyo a la instalación de los exiliados de la Guerra Civil. 43 Acción Vasca era la Junta Extraterritorial del PNV en Argentina. Por impedimentos legales funcionaba cara a la legislación argentina como un centro cultural. Tenía su sede en la calle Córdoba 2028, de Buenos Aires. Aparece nombrada principalmente en la sección "carnet político" del diario Euzkadi. Distribución de las noticias por países y temática Para finalizar nuestro análisis, antes de ofrecer la lista de artículos sobre la presencia vasca en América que hemos encontrado en la prensa nacionalista, conviene realizar una pequeña mención a los países americanos a los que se refieren. La geografía así obtenida deja entrever un hecho que sólo recientemente ha comenzado a ser corroborado por la historiografía especializada en la emigración vasca ultramarina, pero que ya era conocido desde tiempo atrás por cierta tradición oral: la mayor presencia vasca en Argentina, Uruguay, Chile y México, que en otras zonas del continente. Precisamente es a estos países a quienes está dedicada la mayor parte de los artículos de prensa recensados. Entre ellos, Argentina es la nación a la que más atención se dedica; fue, también, el país con mayor presencia de vascos nacionalistas antes de 1940. En cuanto a la temática de dichos artículos, son los apartados que hemos denominado "nacionalismo vasco" y "colectividad vasca" los que agrupan más de la mitad de las informaciones. Se corresponde con la lógica, dado el carácter de prensa ideológica que tenía la nacionalista, que usa en gran medida las noticias ofrecidas por los vascos de América como modo de mostrar nuevas imágenes sobre la potencia y difusión de su propio ideario político. De hecho, buena parte de las referencias que hemos encuadrado en "colectividad vasca" -que recoge la presencia institucional vasca en América-están dedicadas a instituciones nacionalistas y proclives al nacionalismo o, a lo sumo, a centros indiferentes políticamente o no militantemente antinacionalistas. De igual modo, son de destacar los breves pero enjundiosos artículos en los que se expresa la idea nacionalista sobre el proceso emigrador, destacando por su calidad los firmados por el sacerdote y famoso escritor euskérico José de Ariztimuño "Aitzol". 49 Nazkaldija (pronúnciese nazkaldiyá) significa miscelánea en lengua vasca.
Tomando como referencia algunos de los libros publicados recientemente sobre historia de Nicaragua, se pone de manifiesto cómo, con frecuencia, los historiadores utilizan términos tomados en préstamo de otras ciencias sociales, como la sociología, sin precisar su significado y el contexto teórico en que han sido definidos, lo cual varía según las diversas corrientes de esta disciplina durante el presente siglo. Esto, que se presenta como un problema para el avance de la ciencia histórica en la actualidad en el terreno de la teoría, es particularmente grave en una especialidad como la denominada historia social -aún admitiendo las diversas concepciones de esta expresión-, por contraste con lo que sucede en otras, como podría ser la historia económica. Hace ya años Pierre Vilar, con la brillantez de los maestros, comparaba el comercio de la historia con el de los detergentes. Afirmaba que en el primero las marcas están peor defendidas que en el segundo ya que, a diferencia de lo que sucedía con los detergentes, cualquiera puede llamarse historiador, cuando en realidad "nada hay más difícil y raro que ser historiador, salvo ser historiador marxista". 1 Lo que podía parecer una boutade de Vilar no lo era en absoluto y con la fantástica profusión historiográfica de las últimas décadas se han sucedido innumerables ejemplos de trabajos sobre todas las épocas y regiones del mundo que ilustran perfectamente la conclusión del gran hispanista francés. Vilar encuadraba su frase en un trabajo desde el que, entre otros aspectos del debate con L. Althusser sobre la concepción estructuralista del marxismo, reclamaba una historia -marxista, por cierto-científica, seria y rigurosamente concebida, desde la selección y el manejo de las fuentes hasta la utilización escrupulosa y dialéctica de un utillaje conceptual cuidadosamente seleccionado y elaborado. *Algunas de las reflexiones expresadas en este artículo surgieron en los cursos de la Maestría de Historia de la Universidad Centroamericana (Managua-Nicaragua), en l993-l994. Agradezco a mis estudiantes en dicha Maestría lo estimulante que me resultaron la relación con ellos y las discusiones en las clases. 1 Vilar, P.: "Historia marxista, historia en construcción", en Hacer la historia. Dirección de J. Le Goff y P. Nora. Es ocioso decir que a lo largo del siglo la historia ha hecho avances extraordinarios en la consecución de su objetivo científico. Particularmente en algunas disciplinas o especialidades históricas los esfuerzos por depurar la crítica de las fuentes, el manejo de los datos y las técnicas de análisis, así como el utillaje teórico, han sido enormes y han producido fructíferos debates y progresos en el conocimiento del pasado. Como consecuencia de ello se ha llegado a una situación en que los investigadores de cualquier tendencia ideológica o adscritos a cualquier escuela metodológica se afanan, en general, por ajustarse a los avances conseguidos haciendo más rigurosos sus trabajos. Esto sucede por ejemplo en la historia económica, que ha experimentado una espectacular progresión en todos los terrenos señalados desde el primer cuarto de siglo. Resultaría imposible reflejar en un breve artículo los importantes logros alcanzados en los últimos decenios, aunque nos refiriésemos sólo a una parcela como la de la historia económica de América Latina. Así, en nuestros días, es raro ver que un historiador que incursione en el estudio de fenómenos económicos no procure intentar cuantificar sus afirmaciones, emplee mal la estadística, o no maneje con un mínimo de soltura y cuidado las relaciones existentes entre las diferentes esferas de lo económico y los conceptos inherentes a aquéllas dependiendo, según los casos, de su posición teórica o ideológica. Cuando alguna operación en cualquiera de estos terrenos está realizada a la ligera el hecho salta inmediatamente a la vista, llama la atención; hasta tal grado se está familiarizado hoy día con un modus operandi ortodoxo, según los avances de la disciplina, y esto sucede -hay que insistirmás allá de cuál sea la posición ideológica y/o metodológica del autor. Sin embargo, como "de todo hay en la viña del Señor", a pesar del camino recorrido se pueden citar ejemplos de investigaciones poco cuidadosas en el sentido expresado. Para ilustrar lo que exponemos -en este solo ejemplo no nos referiremos a la historia de Nicaragua-, tomemos el caso del matrimonio estadounidense Richard y Linda Salvucci, quienes abordaron en un trabajo reciente el cálculo de la "renta nacional" de México en torno a l800. 2 El problema, en el caso del matrimonio Salvucci, no se encuentra exactamente en la manipulación de los datos aunque, como se apreciará, la simpleza de la información seleccionada constituye de entrada una barrera difícil de franquear; ni tampoco en la aplicación "en seco" de la teoría económica liberal al México de comienzos del siglo XIX; pero sí en la ejecución precipitada del cálculo de la renta nacional en un territorio enormemente heterogéneo y rico como México, y en una época en que puede dudarse que las fuentes tengan la calidad necesaria como para proceder de forma tan ligera. Perdónesenos una segunda cita de P. Vilar, pero ya en l964, en el prólogo de la primera edición de su clásico Crecimiento y desarrollo, hablaba de los peligros que amenazaban a la historia económica y, de entre ellos, el primero procedía "...de ciertas escuelas de economistas que para demostrar alguna verdad abstracta y elemental, aplican... tratamientos matemáticos cuyo empleo no llegarían a justificar ni las serias estadísticas más modernas y seguras. Para la estimación de las rentas nacionales y su distribución, resulta aventurado "actualmente" entregarse a ciertos cálculos". 3 Vilar se refería, naturalmente, a los primeros y controvertidos trabajos de la New Economic History norteamericana y francesa que comenzaban a aparecer a fines de la década de l950 y comienzos de la de l960, en los que el cálculo de la renta nacional tenía una importancia clave. Precisamente en l964 se publicaba uno de los libros pioneros de dicha escuela, obra de Robert W. Fogel, Los ferrocarriles y el crecimiento económico de los Estados Unidos. Ensayos de historia econométrica.4 Después de debatir problemas de la historia económica de los Estados Unidos -para la que existen fuentes de una calidad más que aceptable-en el siglo XIX, Fogel afirmaba "Que los datos de la historia económica sean frecuentemente parciales no impide la elaboración de pruebas empíricas eficaces para las hipótesis cuantitativas. Otras disciplinas -la arqueología y la paleontología, por ejemplo-han conseguido un gran éxito en el diseño de procedimientos para el aprovechamiento de descubrimientos fragmentarios. Es de un pesimismo gratuito suponer que no pueden alcanzarse éxitos semejantes en la historia económica. No existen normas absolutas sobre exactitud de las mediciones. La amplitud permisible del error en un conjunto dado de estimaciones depende del uso a que se destinen". 5 No es de extrañar que trabajos sostenidos por tal tipo de afirmaciones despertasen vivas polémicas y advertencias como la de Vilar, aunque ciertamente la citada obra de Fogel estuviese respaldada por un importante volumen de fuentes. Sin embargo, el matrimonio Salvucci ha ido más allá de las previsiones de Fogel en el trabajo mencionado, incurriendo en los riesgos advertidos por Vilar. Y, en efecto, tras citar esfuerzos realizados anteriormente por otros colegas para evaluar la renta mexicana a fines de la colonia -que dieron resultados tan dispares como l02 y 240 millones de pesos-, se lanzan a calcular el Producto Nacional Bruto de México, tanto por la vía del gasto como por la de la renta, en l800. Por no hacer largo el comentario, resumamos brevemente el cálculo efectuado por la vía del gasto. El punto de partida es la estimación efectuada por otro historiador de la "renta de subsistencia per cápita" en México capital a fines del siglo XVIII en 34 pesos al año. Esta estimación es considerada por los autores como más alta que el gasto rural, pese a lo cual es generalizada al conjunto de la población mexicana (5,8 millones de personas, según Humboldt), admitiendo que el resultado desplazará al alza el valor final de la renta. Como si los supuestos implícitos en tal operación no fuesen de por sí arriesgados, el matrimonio Salvucci recuerda que hay que añadir al cálculo la inversión y el gasto público y, a partir de la afirmación de que "los países modernos con renta baja dedican un tercio del PIB al gasto público y a la inversión nacional bruta", deciden que adjudicarle el l0% al México de l800 es lo razonable. Dado que la cifra se sitúa aproximadamente en el término medio de los cálculos previos de otros historiadores, a los autores les parece que van por el camino correcto. Veamos ahora el cálculo que hacen por la vía de la renta para comprobar si están en lo cierto. Para empezar, los Salvucci aceptan que en el México de la época "el trabajador rural ganaba una media de 5 pesos al mes y el urbano, 6" (sic). Dando por hecho que el 6% de los 5,8 millones de habitantes de México hacia l800 era población urbana, esto es, residiendo en concentraciones de más de l0.000 habitantes, el resto, esto es, el 94% era población rural, ascendiendo a 5.452.000. A partir de aquí, la operación comienza a ser fácil si uno toma en consideración únicamente que la "edad laboral solía iniciarse a los l5 años, aunque no era infrecuente el empleo de niños más pequeños". Por este motivo, al 60% de la "población activa", considerando como tal a toda la superior a l5 años, podría añadírsele el l0% del 40% restante que correspondía a la población menor de l5 años, para tener en cuenta esa participación de menores en el trabajo -es decir, un 4% del total-. Con ello se tiene un 64% de población activa que, aplicado a los respectivos volúmenes de población rural -3.489.280 personas x (60 pesos/persona/año)-y urbana -222.270 personas x (72 pesos/persona/año)-termina arrojando finalmente una cifra de 225 millones de pesos anuales de Producto Interior Bruto en el México de l800 que pareció verosímil y, por lo tanto, válida a los historiadores estadounidenses. La operación, en su conjunto, resulta casi espectacular y la extraordinaria ligereza empleada, al simplificar hasta extremos inauditos la economía y la sociedad mexicanas, prácticamente exime de cualquier comentario. Sin salir de la historia económica, la aplicación a priori de esquemas teóricos -lo que constituye también una ligereza-puede dar lugar igualmente a operaciones arriesgadas de las que resultan trabajos ciertamente llamativos. En este terreno podríamos escoger una obra, ahora sí, sobre Nicaragua para ilustrar cómo salta a la vista un ejercicio ligero y poco fundamentado en historia económica. Fijémonos en el libro de un autor nicaragüense, Oscar René Vargas, quien publicó en l990 La revolución que inició el progreso (Nicaragua, l893-l909). 6 El libro del profesor Vargas es un trabajo de historia económica que pretende demostrar el proceso del surgimiento del capitalismo en Nicaragua en el período de gobierno del general José Santos Zelaya. El problema de estudio abordado en el libro no está mal elegido. No cabe duda de que durante el gobierno de Zelaya ocurrieron cambios de gran importancia que alteraron la estructura económica del país, en general, y debieron afectar a las relaciones de producción, en particular. Si alguien estudiase de forma seria especialmente el segundo de estos problemas, sin duda ayudaría a entender la evolución de la sociedad de Nicaragua. 7 Pero el profesor Vargas no hace eso. Por el contrario, pertrechado fundamentalmente de textos teóricos -en vez de fuentes primarias-y de algunas estadísticas procedentes en su mayor parte de fuentes secundarias, efectúa un recorrido por las claves de la agenda marxista tales como la transición del "precapitalismo" al capitalismo, el estado y las clases sociales..., cruzadas con comentarios en algunos terrenos de la estruc-tura económica como el mercado interno, la industria o el comercio exterior y la influencia extranjera, que recibe el más largo capítulo del libro. Tratándose de propugnar la aparición del capitalismo, un estudio a fondo de la evolución de las relaciones de producción hubiera sido esencial y, sin embargo, sobre esta clave del problema únicamente se presentan algunas pinceladas inconexas. El asunto se aborda en el punto 3.2 del capítulo III. En una página y a partir exclusivamente de una encuesta de población realizada en l902-l903 -aunque también se refiere al censo de l896determina, entre otras conclusiones, que "la mayor parte de la población económicamente activa rural del país se encontraba bajo el régimen de asalariados, aunque fuese por el tiempo de las cosechas" (pág. 80). Esta endeble fundamentación de la existencia de capitalismo en el país se refuerza con afirmaciones como la de que "en el importante desarrollo de la ganadería comercial... el crecimiento de la producción de queso tiene una importancia especial ya que muestra que se está operando un cambio en la mentalidad de los ganaderos, haciéndolos capitalistas" (pág. 89). Esta línea argumental se completa en el capítulo VII dedicado al Estado, las clases sociales... plagado de consideraciones puramente teóricas, etéreas, sin ningún apoyo en la realidad que se supone que se estudia (pág. 2l9). Para tratar de demostrar un asunto de tanta envergadura como el que el autor se propone, el libro habría necesitado un acucioso trabajo de archivo que brilla por su ausencia, careciendo, como consecuencia, por completo de un apoyo documental suficiente en el que sustentar la tesis que pretende defender. Como muestra de la falta de apoyo documental primario y suficiente del libro, señalemos sólo a título de ejemplo que el capítulo I contiene 35 notas a pie de página, de las que 26 son citas de Carlos Marx, o que en el capítulo IV la proporción tampoco es despreciable: de 87 notas, 26 corresponden a citas de Marx y Lenin. Sin entrar en más detalles en el comentario del libro que no se ajustarían al objetivo de este artículo, concluyamos diciendo que el resultado del trabajo del profesor Vargas es un producto esclerotizado por haber pretendido encajar como un corsé una teoría rígidamente concebida a una realidad observada únicamente a vista de pájaro, en sus rasgos más gruesos, en lugar de ser lo que debiera realizar un historiador que se proclama marxista: "aplicar un modo de análisis teóricamente elaborado a la más compleja de las materias de ciencia: las relaciones sociales entre los hombres y las modalidades de sus cambios". 8 Por diferentes motivos, trabajos como los citados, correspondientes a una disciplina como la historia económica, son una muestra de cómo la aplicación ligera o incorrecta de métodos de análisis o planteamientos teóricos llaman rápidamente la atención hoy en día después de los avances que esta especialidad histórica ha experimentado. Pero si esto es así en historia económica, algo muy diferente sucede en el terreno de la historia social o, si se prefiere, del análisis de las sociedades del pasado. Ciertamente nunca ha terminado de aclararse satisfactoriamente, a gusto de todos o ni siquiera de la mayoría, la expresión "historia social". Diferentes escuelas, tendencias historiográficas y hasta historiadores individuales han efectuado diversas interpretaciones acerca de esta etiqueta.9 Por otra parte, el crecimiento historiográfico se ha asociado frecuentemente con la preocupación por estudiar sectores sociales por los que la historia tradicional positivista no se interesaba y, como consecuencia de ello, algunos han llegado a calificar como "nueva historia" la producida con estos intereses. 10 Sin embargo, aunque no se pretenda rescatar aquí ninguna de las varias definiciones u orientaciones de la disciplina, admitamos al menos la tarea: el análisis de las sociedades del pasado, y situémonos en el ámbito que cualquier historiador tiene que transitar, esto es, el que le lleva a intentar comprender y explicar cómo se compone, funciona y cambia la sociedad que estudia. En este ámbito la situación por la que atraviesa la historia desde hace décadas puede calificarse, sin temor a exageración, de una asumida y gigantesca confusión. Y ello vale, en general, para trabajos que tratan desde la antigüedad hasta el siglo XX y para todos los espacios geográficos. Lo que con diversos significados se llama historia social, aunque con raíces historiográficas que se remontan al siglo XIX, ha vivido a partir del primer tercio del siglo XX una aproximación creciente a la sociología, que se aceleró después de la II Guerra Mundial y de donde procede gran parte del problema que se pretende reflejar aquí. Esta proximidad fue provocada principalmente por la evidencia de que la historia no había sido capaz de generar un cuerpo de teoría con cuyos conceptos analizar su objeto de estudio, en este caso las sociedades del pasado. 11 Sin embargo, este contacto que debería haber proporcionado a la historia los elementos teóricos de los que supuestamente carecía, ciertamente lo ha hecho en muchos casos pero aún en muchísimos más ha ocasionado otro problema igual de grave, si no más, que el que se procuraba solucionar. Y, en efecto, no se exagera si se afirma que en nuestros días una mayoría de historiadores utiliza una gran variedad de conceptos prestados de la sociología, sin consideración a cuál es la teoría que los respalda y sin detenerse, aunque sea brevemente, ni siquiera a definir lo que entienden por ellos. Expresiones como "clase", "clase(s) alta(s)", "clase(s) media(s)", "clases trabajadoras", "élite(s)" de diferente carácter... son algunas de las manejadas frecuentemente y, a veces, simultáneamente sin que se sepa a ciencia cierta qué contenido social y teórico se les da al usarlas. Por añadidura son usadas antes del correspondiente análisis, con lo que se convierten a priori en una especie de paraguas o escudos protectores que liberan al historiador que los usa de la difícil tarea de diseccionar la sociedad y descubrir, a posteriori, cómo estaba conformada. Estos conceptos y otros han sido definidos y redefinidos por sucesivos autores y corrientes de la sociología, adquiriendo significados específicos en cuerpos teóricos determinados, a pesar de lo cual muchos historiadores los utilizan de forma indiscriminada, con sólo un vago sentido que el lector debe intuir, desnaturalizándose como consecuencia por completo su significado. Este es uno de los problemas de que adolece la historia social (deberíamos decir historia, a secas) en nuestros días, que convierte a la historiografía en un totum revolutum conceptual, que hace que trabajos que estén técnicamente bien elaborados carezcan de la más mínima solidez teórica, aunque aparenten tenerla. Y ello a pesar de, o quizás a causa de la generalmente poco madura colaboración entre la sociología y la historia. Nos enfrentamos así a un serio problema que sólo muy ocasionalmente ha sido apuntado. Rastrear con detenimiento su origen exige una investigación que es esencial, pero que se encuentra más allá del alcance de este trabajo y de las posibilidades actuales de quien escribe. Sin embargo, parece importante mostrar al menos la situación del caso, dejando para más adelante la detección de su inicio. Algunos de los estudios publicados en los últimos años sobre historia de Nicaragua sirven perfectamente para ilustrar el asunto. Veamos tres ejemplos con diferentes características en relación con la cuestión. En primer lugar hay autores que no participan de esta confusión señalada, o mejor dicho, lo hacen desde fuera de cualquier marco teórico, sencillamente porque no se adscriben a ninguna tendencia sociológica ni utilizan ninguno de los múltiples conceptos-herramientas referidos más arriba. El hecho de asumir una concepción específica de la sociedad ya implica de por sí un compromiso y una complicación que muchos historiadores, ya sea por principios metodológicos o por comodidad ideológica, no están dispuestos a afrontar y prefieren dejar que el pasado hable por sí solo. Así hay autores que, a la hora de proceder a un análisis de las sociedades del pasado, recurren a aquellas categorías sociales que los sujetos estudiados habían acuñado para describirse a sí mismos. De este modo continúan, por así decirlo, en el estadio previo al de la aproximación entre la sociología y la historia. Al margen de que se trata de una opción respetable, como cualquier otra, esta práctica ausencia de teoría presenta algunos inconvenientes. Por una parte, adoptar las categorías sociales de la propia sociedad estudiada y que se encuentran en la documentación histórica conlleva el riesgo de terminar usando la perspectiva de un solo sector de la sociedad para comprender a la sociedad entera, normalmente el sector dominante, aquél que genera dicha documentación. Pero, por otro lado, si todos los historiadores procediesen de esa forma, con tal grado de ausencia de teoría, nos enfrentaríamos a un particularismo generalizado que difícilmente permitiría establecer comparaciones y síntesis de casos. Podemos citar el trabajo de un autor nicaragüense para ilustrar lo que decimos; se trata del profesor Germán Romero y su libro Las estructuras sociales de Nicaragua en el siglo XVIII. 12 Para el Dr. Romero una clave de la sociedad estudiada es la dominación colonial. Este hecho dio lugar a la existencia de vencidos y vencedores, indígenas y españoles, aunque esta realidad dio paso poco a poco al surgimiento de otro gran componente en la sociedad, resultante de la mis-cigenación entre blancos, indios, más los negros: las llamadas castas, o población ladina en el libro del Dr. Romero, de gran complejidad interna. Así era étnicamente la sociedad colonial. Por otro lado, el Dr. Romero parte en su estudio de una hipótesis: "una estratificación social es ante todo un fenómeno subjetivo de la sociedad estudiada -los individuos como se ven unos a otros-perceptible a través del comportamiento de quienes la componían... Los estratos que distinguimos no se encasillan en los marcos preestablecidos por nosotros sino que son la cristalización del comportamiento de los hombres viviendo juntos. Estos se formaban, no según criterios nuestros, sino según juicios de valor, criterios de clasificación social, propios de la sociedad estudiada en un momento dado de su evolución". 13 Naturalmente esta posición es importante para aproximarse a la visión de la sociedad sobre sí misma y vale especialmente para los vencedores (ver la apreciación de los españoles sobre sí mismos, pág. 67), pero conduce a adoptar como criterios de clasificación social para los vencidos aquéllos acuñados por los primeros, a los que el Dr. Romero denomina "grupo de dominadores" (pág. l7l), o "estrato dominante" (págs. l67 y l73). Así, al hablar de la vida comunal y las comunidades, se refiere al "estrato constituido por los indios (cuya estructura interna no escapaba a antagonismos profundos)" (págs. 87 y l05), y cuya composición se entiende en términos de "caciques y principales" por un lado y el "común", por otro (pág. 76). Los primeros "constituían en cierto modo la aristocracia local... descendientes de la antigua aristocracia precolombina" (pág. 374). Obviamente "caciques", "principales" y el "común" no son criterios de clasificación social acuñados por la sociedad indígena estudiada, como se reclamaba arriba, sino sólo por un sector del conjunto social, precisamente el español. Sabemos, por estudios de otros casos coloniales, que los "dominados" tenían a su vez su propia visión de la sociedad y utilizaban sus propios conceptos para definirse a sí mismos y a los "dominadores". En el caso de Nicaragua, seguramente por problemas de fuentes, esta visión quizás no sea posible reconstruirla, pero en el trabajo del Dr. Romero dicha inquietud ni siquiera se plantea y se da por definitiva la concepción social de los españoles. Por otra parte, la posición del Dr. Romero, alejada de cualquier esfuerzo de teorización, dificulta, como se adelantó, la comparación con 13 Ibídem, págs. l9-20. ANTONIO ACOSTA RODRÍGUEZ 10 otros casos y ello se aprecia al abordar el estudio del estrato que se comprime bajo la denominación de "ladinos", "un nuevo estrato en la sociedad colonial... mezcla étnica entre conquistados, conquistadores y esclavos..." (pág. 374). El término "ladinos" fue creado evidentemente por los españoles abarca un grupo numéricamente en aumento y muy heterogéneo étnicamente que engloba mestizos, mulatos, zambos y otras de las llamadas "castas". Al tratar de comparar este "estrato" condensado con lo que sucedía en otros casos de sociedades coloniales americanas surgen dificultades que evidencian, como se apuntaba, el particularismo de este tipo de estudios. El libro del Dr. Romero se basa en un excelente trabajo de investigación, sólidamente apoyado en una abundante base documental, pero en el que contrasta su carácter esencialmente descriptivo frente a la citada ausencia de preocupación teórica. El segundo trabajo que sirve para ilustrar el diverso grado de relación existente entre historia y teoría sociológica es el del historiador estadounidense E. Bradford Burns, Patriarch and Folk. The Emergence of Nicaragua. l798-l858.14 B. Burns ofrece ya en el título de su libro cuáles son los conceptos claves para comprender la composición de la sociedad nicaragüense de la primera mitad del siglo XIX, justamente la continuación del período estudiado por el Dr. Romero: patriarca y pueblo. Pero ni uno ni otro -bien impreciso el segundo, por cierto-corresponden a ninguna de las escuelas o corrientes dominantes en la sociología contemporánea. ¿Qué pretende decir el autor con ambos términos? Al comenzar el libro Burns, aunque indirectamente, aclara que el concepto "patriarca(s)" tiene un contenido: se trata de los patriarcas de las "familias dominantes", del "pequeño grupo de comerciantes y terratenientes que anhelaban una visión de prosperidad mediante las exportaciones agrarias..." (pág. l). Pero, ¿qué lleva a Burns a resumir en el concepto de "patriarca" o "patriarcado" lo que ya se adivina como, al menos, un sector social diversificado de comerciantes y terratenientes? Para demostrar la naturaleza patriarcal de la sociedad nicaragüense de mediados del XIX, Burns acude a un escándalo en las filas de la "alta sociedad" de León de l85l. El escándalo fue provocado porque el hijo menor del más importante comerciante de la ciudad, Thomas Manning, se había casa-do sin consentimiento paterno atentando contra las costumbres de la época. En medio del conflicto alguien acusó al Sr. Manning de dejarse llevar por "prejuicios de clase" (expresión de Burns), dado que la joven esposa procedía de una "familia proletaria". 15 Para despejar cualquier posibilidad de duda en el lector sobre si, en efecto, las relaciones entre lo que en el texto se han llamado clases habrían tenido que ver en el problema familiar, Burns se apresura a aclarar: "Las realidades políticas y económicas derivadas de la lucha de clases amenazaban con complicar la cuestión social. Sin embargo, pese a lo perturbadoras que pudiesen haber sido las implicaciones de la diferencia económica entre los jóvenes esposos, éstas no eran el auténtico problema en la Nicaragua de mediados del siglo XIX". 16 La aclaración sorprende por un doble motivo. De un lado, por el uso de la expresión y aparente aceptación de la existencia de la lucha de clases -class struggle-, que podría hacer creer que nos encontramos ante un materialista histórico; desde luego, nada más lejos de ello. En segundo lugar, sorprende igualmente el argumento de autoridad: una contundente negativa, en que se basa la eliminación de la importancia de las diferencias económicas (aunque no se especifica de qué naturaleza) como una clave de la sociedad de la época.17 Finalmente, Burns fundamenta el concepto de patriarcado en la familia tradicional, cuya existencia explicaría la resistencia a la desintegración de la sociedad nicaragüense en la primera mitad del siglo XIX (pág. 67). Esta visión casi integrista de la sociedad se diría que aleja aún más a la historia de cualquier esfuerzo teórico, pero el léxico que utiliza Burns en su estudio no se limita a los términos citados, sino que junto a ellos aparecen las expresiones "élites", "élites patriarcales" y "clase alta", entre otras. Elite es un concepto de gran importancia en el desarrollo de la sociología liberal durante el siglo XX. Desde sus primeras definiciones por W. Pareto y G. Mosca a comienzos de siglo, hasta las últimas, de entre las que cabe destacar la de C.W. Mills, su contenido ha variado sustancialmente. 18 Este es uno de los términos cuyo uso supuestamente confiere cierta carga de solidez teórica a quien lo utiliza, pero B. Burns es un ejemplo perfecto de los autores que recurren a él sin precisar en absoluto qué entiende cuando lo maneja. No obstante, al avanzar en la lectura del libro y observar la visión extraordinariamente plana y casi idílica que B. Burns ofrece de las comunidades populares, fundamentalmente indígenas (también había mestizos o ladinos, pero a éstos apenas se les presta atención), se diría que el concepto de élite de Burns se aproxima más al de W. Pareto -aún sin ser exactamente aquél-que al de cualquier otro autor posterior. Las mayorías populares, indígenas y mestizos, habrían vivido aisladas en sus propias comunidades (por cierto, también patriarcales), al margen del gobierno central, "manteniendo un prudente equilibrio" (sic) aprendido a lo largo de la experiencia colonial. Leyendo a B. Burns uno no puede por menos que preguntarse cómo un mundo tan movido y desequilibrado como el que aparece en las páginas de G. Romero se transformó, tras la independencia, en un universo en equilibrio que no se alteraría hasta que los "patriarcas" decidieron copiar al mundo occidental. ¿Desaparecieron de golpe todas aquellas conflictivas relaciones simplemente por el hecho de la independencia política? Es de sospechar que no. Lo más probable es que debido a haber trabajado con fuentes exclusivamente secundarias, por un lado, y a disponer de una concepción simplista de la sociedad, por otro -que no se enriquece aunque se utilicen términos procedentes de la sociología-, B. Burns con su libro se convierte en un paradigma del tipo de problemas que se exponían más arriba en la relación entre sociología e historia. El tercer caso que merece citarse es la obra de Jeffrey Gould, To lead as equals... 19 Se trata de un libro en el que se combina trabajo de campo con investigación en archivos y que aborda las transformaciones económicas, políticas e ideológicas en una significativa zona rural de la Nicaragua del siglo XX. A diferencia de los casos anteriores, J. Gould comienza abordando sus planteamientos teóricos. En un apartado dedicado a "Problemas 18 Para una síntesis crítica de la sociología liberal, se puede consultar Laurin-Frenette, Nicole: Las teorías funcionalistas de las clases sociales. Sociología e ideología burguesa. Nelly Miranda, de la Universidad Centroamericana (Managua) las provechosas conversaciones mantenidas sobre éste y otros aspectos de la cuestión. HISTORIOGRAFÍA RECIENTE SOBRE NICARAGUA 13 Metodológicos", Gould empieza por adoptar una determinada definición del concepto originalmente gramsciano de "hegemonía", así como del de "estrategias contrahegemónicas". Y afirma que estos conceptos le ayudaron a comprender la transformación económica, política y cultural en el campo de Chinandega y, en particular, a descifrar las relaciones de la "élite terrateniente" (landed elite) y la de "élite política somocista" con los habitantes de los pueblos de San José y Tonalá (pág. 6). Obviamente el sentido que J. Gould da al concepto de hegemonía no es marxista; de ser así, además, no encajaría con el uso de la expresión "élite", de la que ya tenemos dos manifestaciones: la terrateniente y la política somocista. Para referirse a los habitantes de San José y Tonalá, J. Gould comenta que dudó en utilizar términos en inglés como rural proletarian, peasant, semiproletarian, peasant laborers, o proletarian que, a su juicio, no captan todas las modalidades de acceso a la tierra y peculiaridades como fuerza de trabajo de dicha población. Finalmente optó por la palabra española "campesino", que le permite referirse al mismo tiempo a comunidades y a organizaciones y que, además, es utilizada por los sujetos que estudia "para describir su propia condición y clase" (pág. 7). A partir de aquí, Gould se plantea como objetivo "comprender cómo estos campesinos propietarios, aparceros y trabajadores sin tierra, de orígenes geográficos diversos, en menos de una década forjaron un discurso de clase" (pág. 8). A esta altura es necesario preguntarse: ¿a qué tipo de clase social se refiere J. Gould cuando se traza este objetivo? Ciertamente está tratando la relación de los individuos con el medio de producción que es la tierra, y esto aleja lo que parece ser su concepto de clase del de los sociólogos en quien uno pensaría al observar su esbozo teórico: Gerhard Lenski, Raymond Aron o incluso Ralph Dahrendorf.20 Pero ya habíamos descartado que estuviera adoptando una aproximación materialista en su estudio; continuemos con su exposición. El intento de describir este "proceso de formación de una comunidad" -con un discurso de clase-permite a Gould, por otra parte, apreciar que "comunidad y clase no son analíticamente conceptos separados", sino que "las clases, con raíces en las comunidades, pueden emerger, en términos de relaciones, en oposición a las élites o clases establecidas... Sin considerar sus `roles' individuales en las relaciones de producción en el campo, los participantes llegaron a verse a sí mismos como miembros de un grupo social en conflicto contra otro y, de hecho, comenzaron a hablar de su `clase campesina' en oposición a la `clase terrateniente'" (pág. 8). Una vez más J. Gould hace dudar al lector porque parece que se está ante la expresión práctica de los conceptos marxistas de "clase en sí" y "clase para sí". Para aumentar este pasajero desconcierto Gould regresa poco más adelante al concepto de relaciones de producción y se plantea "¿de qué manera afectaron los cambios técnicos en las relaciones de producción en el Ingenio San Antonio en la conciencia de los trabajadores?" (pág. l4). De todos modos, rápidamente se disipan las dudas sobre su posición ideológica -aunque crecen las teóricas-cuando, en una sola página, comentando los cambios sociales y políticos durante el somocismo, J. Gould habla sucesivamente de "clases trabajadoras", "clases populares", "clases medias", "clases altas" y "élite agraria" (pág. l5). Sin embargo, a estas alturas surgen otras inquietudes que difícilmente se pueden resolver: ¿qué significan exactamente y qué relación existe entre las expresiones "clases trabajadoras" (ver la explicación del significado del término "trabajador" u "obrero" (en pág. 67) y "clases populares"?, ¿o entre las expresiones "élite agraria", "élite terrateniente", "élite agroexportadora" y "clase terrateniente"?; ¿son sinónimos o marcan diferencias? y, si es así, ¿cuáles? La excelente investigación realizada por J. Gould no resuelve satisfactoriamente estas interrogantes, que más bien se complican al introducirse nuevas expresiones como "oligarquía terrateniente" o "burquesía somocista" (págs. 48 y 2l3 entre otras). ¿Qué concepción de la sociedad se encierra, finalmente, detrás de tan variopinta terminología? Como resumen podría decirse que se produce una gran descompensación entre el profundo trabajo de análisis y disección social que se lleva a cabo, tanto en el terreno de las relaciones materiales como en el ideológico por un lado -se trata de un trabajo admirablemente ejecutado desde el punto de vista técnico-, y la traducción teórica que Gould hace del resultado, por otro. Con ella da lugar a un producto conceptualmente confuso que ilustra, quizás mejor que ninguno de los casos anteriormente citados, el problema planteado en este artículo. No basta con mostrar de entrada al comenzar una investigación una inquietud por la teoría. Más allá que eso, el marco teórico elegido debe ser coherente con el utillaje conceptual que se maneje, ser confrontado a su vez TEORÍA E HISTORIA. HISTORIOGRAFÍA RECIENTE SOBRE NICARAGUA 15 con el resultado de la investigación una vez efectuada, y ajustarse a la realidad histórica en la medida de lo necesario, y no al revés. Esta coherencia es la que se encuentra ausente en nuestros días en muchos trabajos de historia social y aún simplemente de historia. Los tres libros comentados en último lugar, que versan desde períodos y enfoques diferentes sobre esta disciplina, son una buena muestra de las dificultades e insatisfactorias relaciones entre teoría e historia. Y, sin embargo, por contraposición a lo que sucede en otras especialidades históricas, estas relaciones apenas son cuestionadas, dándose por aceptables y contribuyendo a la confusión teórica que hemos pretendido poner de relieve.
un movimiento de renovación historiográfica conocido como "Nueva historia". Empeñado en construir su propia visión del pasado ecuatoriano a partir de otras perspectivas de análisis, este movimiento produjo desde entonces una variada bibliografía, que refleja las ideas, inquietudes y limitaciones de una generación de historiadores ecuatorianos, en general críticos de la vieja escuela y del anquilosado academicismo oficial. Una evaluación de los resultados alcanzados por este movimiento intelectual muestra algunos significativos logros. Nunca antes se había investigado tanto ni incursionado en tantos temas y campos de estudio. Igualmente, no se había publicado tanto como lo ha hecho este movimiento, cuya producción incluye una "Nueva historia del Ecuador", ambiciosa publicación en quince tomos. Complementando a la nueva historiografía ecuatoriana está la labor de los historiadores ecuatorianistas, que han aportado estudios de gran utilidad para la comprensión del pasado ecuatoriano. La búsqueda de una renovación historiográfica En 1976, durante un simposio organizado por la Universidad Central del Ecuador, presentamos un trabajo titulado "Problemas de la historiografía y la enseñanza de la historia del Ecuador", en el que señalábamos como principales características de la historiografía vigente en el Ecuador las siguientes: "El carácter adjetivo y superficial... que pone énfasis en la recopilación de datos y mención cronológica de hechos, así como en la descripción de los aspectos exteriores de los mismos, antes que en el análisis crítico de su carácter, contenido y trascendencia". "La relativa pobreza temática, que saltaba a la vista con sólo mirar la bibliografía existente, y una aberrante tendencia... a volver repetidamente sobre los temas de siempre, casi siempre con el único objetivo de glosar las opiniones ya vertidas o relievar algún aspecto secundario...". "El empirismo metodológico y la generalizada falta de conocimientos metodológicos y técnicos por parte de los historiadores nacionales...". "La persistencia de grandes nudos historiográficos", que había determinado que la mayor parte de la bibliografía existente se concentrara "en el análisis de unos pocos períodos, que se privilegiaban sobre otros, y que básicamente eran: la Conquista, la Independencia, el Garcianismo y la Revolución Liberal". Una "estrecha vinculación con el Estado y las clases dominantes en él representadas,... (quienes) habían utilizado a la Historia como mecanismo de justificación de su poder". Agregábamos que parte de ese "ejercicio del poder de clase en el campo de la Historia había sido la creación de un aparato institucional destinado a la elaboración historiográfica". Un desorbitado culto a los héroes. En cuanto a las características de la enseñanza de la Historia en el país, precisábamos como las más significativas las siguientes: pobre nivel de los programas de enseñanza; improvisación docente; privilegio de la "historia ideológica" frente a la "historia científica"; carácter memorístico de la enseñanza; falta de relación del cuerpo docente con la investigación; e inexistencia de sistemas de reciclaje y capacitación profesional para los maestros. Ante tan poco estimulante panorama, se volvía imprescindible una profunda y generalizada renovación historiográfica, que tendiera a la búsqueda de un creciente nivel científico en los estudios históricos y estimulara la profesionalización de la labor investigadora. A su vez, todo ello debería reflejarse en la producción de una nueva bibliografía y en un enriquecimiento general de los conocimiento sobre el pasado nacional, toda vez que la historia, a diferencia de otras ciencias, rebasa normalmente el ámbito de los círculos especializados y concita el interés de toda la ciudadanía. El desarrollo de una moderna historiografía ecuatoriana, que las gentes de mi generación asumimos originalmente con mucho voluntarismo, habría de revelársenos en la práctica como una tarea a largo plazo, tanto más cuanto que partíamos de una muy endeble base institucional, contábamos con pocos recursos humanos, técnicos y materiales, y debíamos superar la inercia y resistencia de la vieja historiografía. Entre los puntos a nuestro favor contábamos con el entusiasmo de la juventud y el apoyo de unos poquísimos pero valiosos historiadores de la vieja escuela. La buscada renovación de los estudios históricos tuvo un notable antecedente en 1971, cuando el destacado científico social Agustín Cueva, recientemente fallecido, publicó su libro El proceso de dominación política en Ecuador, que ganara una mención de honor del Concurso de Ensayo Casa de las Américas. A ello siguió la aparición de otras dos obras matinales de las ciencias sociales ecuatorianas: Ecuador: pasado y presente (1975), del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Central, y Ecuador: subdesarrollo y dependencia, de Fernando Velasco Abad. Desde luego, no fue casual que el alumbramiento de la moderna historiografía ecuatoriana haya correspondido a los sociólogos y no a los historiadores. Y no lo fue por varias razones: una, el momento histórico que vivía América Latina, tras el formidable remezón de la Revolución Cubana, que generó en sus vanguardias intelectuales una notoria preferencia por la sociología, la politología o la economía, antes que por la historia; otra, el carácter empírico y extremadamente conservador que por entonces tenía en el Ecuador el mundo de los historiadores, integrado por gentes identificadas con el más conspicuo tradicionalismo social y político, y que además habían sido incapaces de instituir al menos una escuela de estudios históricos. Pero la intrínseca importancia que revestía el análisis histórico para un mejor conocimiento de nuestra sociedad nacional determinó que, de entre la misma vanguardia intelectual de izquierda, surgiera en Ecuador una nueva corriente historiográfica, que buscó revisar las viejas concepciones e incorporar nuevos temas y perspectivas de estudio. Hecho importante para la historiografía ecuatoriana fue, por aquellos años, la creación del Instituto de Investigaciones Regionales de la Universidad de Cuenca (IIRDUC), posteriormente denominado Instituto de Investigaciones Sociales (IDIS), que dió un impulso a la investigación histórica, gracias a la presencia de algunos investigadores argentinos y chilenos llegados con los vientos del exilio.1 Así, a partir de 1978 se institucionalizó en Cuenca el "Encuentro de Historia y Realidad Económica y Social del Ecuador", que tendría nuevas reuniones en los años 1980, 1986, 1989 y 1991, convirtiéndose en un importante espacio de análisis y coordinación del trabajo de los científicos sociales del país. Y es que, salvo excepciones, durante los años setenta no se produjo en Ecuador una clara diferenciación entre la investigación histórica y el trabajo sociológico, tanto por la carencia de una verdadera tradición de profesionalismo entre los historiadores, cuanto por el interés que había, de parte de los partidos de izquierda, en utilizar la "interpretación histórica" como elemento de justificación y consagración de sus contrapuestas corrientes políticas. Carente de escuelas universitarias de Historia, afectado por una pobreza de publicaciones especializadas y una general carencia de rigor en los estudios e investigaciones, el mundo de los historiadores estaba en total crisis. El único gran historiador superviviente de las anteriores generaciones era, paradójicamente, un notable autodidacta y afamado literato, cuya obra intelectual se había desarrollado al margen de las empobrecidas Academias de la Historia y de la Lengua y, en esencia, a contrapelo de éstas: don Alfredo Pareja Diezcanseco. Esta realidad preexistente determinó que la irrupción del "sociologismo histórico" -que aportaba nuevas inquietudes y herramientas metodológicas al quehacer historiográfico, pero que por otro lado despreciaba la investigación de archivo y privilegiaba un interminable debate acerca de categorías y conceptos teóricos-no tuviera contrapeso ninguno y que los nuevos estudiosos de la historia ecuatoriana no pudieran contar con una adecuada formación u orientación profesional, ni debieran enfrentar una exigente emulación generacional. Sería sólo más tarde, bajo los impulsos de profesionalización de la naciente nueva escuela historiográfica, cuando los estudios históricos lograrían adquirir una creciente autonomía teórico-metodológica y liberarse progresivamente del sociologismo, aunque conservando en buena medida el bagaje instrumental aportado por éste. Uno de los primeros pasos hacia la profesionalización de los historiadores fue la creación, en 1986, de la Asociación de Historiadores del Ecuador (ADHIEC), filial ecuatoriana de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Dadas las circunstancias expuestas, la nueva asociación se integró con científicos sociales de las más diversas especialidades, lo que en el futuro se mostraría como una traba para su desarrollo. A su vez, en Quito se abría un nuevo espacio para la reflexión histórica con la creación del Encuentro Nacional de Historia (1980), evento que en el futuro tendría una convocatoria anual. También devendría importante estímulo al desarrollo de la historiografía ecuatoriana la radicación en Ecuador de la Secretaría Ejecutiva de la ADHILAC. Ello estimuló la creación de la ADHIEC y, a través de varias actividades de promoción, contribuyó a estimular la investigación histórica y la publicación de sus resultados, y a difundir en el país la historiografía latinoamericana o "latinoamericanista" más reciente. El octavo Encuentro de Historia Nacional (1991) fue paralelamente el Primer Encuentro de Historia Andina y contó con la participación de historiadores latinoamericanos y de latinoamericanistas europeos. En la circunstancia descrita, la nueva producción historiográfica ecuatoriana obedeció a diversas influencias teóricas y orientaciones metodológicas. Una influencia notoria fue la del marxismo, precisamente porque aportaba una visión estructural de la sociedad nacional y mundial, capaz de dar respuestas a una ya endémica situación continental de atraso y dependencia, que la Revolución Cubana se había encargado de revelar en toda su angustiosa magnitud. Pero, en general, el "marxismo vulgar" en uso estuvo cargado de un aberrante reduccionismo, que privilegiaba a las clases y sus luchas como únicas fuerzas motrices de la historia, e ignoraba deliberadamente todo el movimiento social producido al margen de aquéllas, tal como el de las etnias y nacionalidades minoritarias, que en países pluriétnicos y pluriculturales, como los latinoamericanos, tienen una notable presencia histórica. Influencias significativas han sido también las de la escuela francesa de los Annales, la de la historiografía anglosajona y la de la escuela latinoamericana de historia de las ideas, orientada por estudiosos como Leopoldo Zea, Arturo Andrés Roig y Rodolfo Agoglia, estos últimos residentes en Ecuador durante su exilio político.2 Todas esas influencias se concretaron particularmente en la orientación de los grupos de estudio, centros de investigación y líneas editoriales constituidos en el país desde fines de los setenta. Viejas y nuevas especialidades La Historia Política.-Tradicionalmente vigorosa en el país, alcanzó en el período algunos logros notables, que pueden resumirse en tres: la superación de la cronología tradicional, el abandono de la "historiografía partidista" y un enriquecimiento temático que buscaba dejar atrás los "grandes nudos historiográficos". En ese marco, una primera clarinada vino con la publicación de dos libros ya "clásicos" en este campo: El poder político en Ecuador, de Osvaldo Hurtado Larrea, un científico social democristiano, que en el futuro sería presidente de la República, y Lucha política y origen de los partidos en el Ecuador, de Enrique Ayala Mora. A su vez, desde la sociología llegó el mismo año un interesante aporte con la publicación del libro de Augusto Varas y Fernando Bustamante Fuerzas armadas y política en el Ecuador. A partir de entonces se desarrolló vigorosamente esta especialidad, ofreciendo logros de diversa magnitud. Entre los autores destacamos los nombres de Elías Muñoz Vicuña, Manuel Medina Castro y Julio Estrada Icaza, pertenecientes a una generación anterior, y los de Patricio Martínez Jaime, Juan Paz y Miño, Jorge Núñez, Francisco Dávila Aldas, Pilar Ponce Leiva, Silvia Vega Ugalde, Wellington Paredes, Alexei Páez. Últimamente, la pareja intelectual y afectiva formada por Erika Silva y Rafael Quintero han lanzado su ambiciosa obra Ecuador: una nación en ciernes, que busca explicar la historia ecuatoriana desde la perspectiva de la cuestión nacional. Nuevos temas y nuevas perspectivas de análisis han enriquecido el tratamiento de la historia política contemporánea. Uno de ellos ha sido el del populismo, que por su misma notoria gravitación en la vida nacional mantiene una permanente novedad en el ámbito intelectual. Hasta hace poco, el tratamiento de este tema ha estado casi exclusivamente en manos de sociólogos: lo inició Agustín Cueva -que, también en esto, marcó una huella pionera-con un breve pero fundamental estudio sobre el velasquismo; posteriormente saldrían a la luz los trabajos de Rafael Quintero, Pablo Cuvi y otros. En los últimos años, el tema del populismo ha sido rescatado para la historia política por Juan Paz y Miño, mientras que Juan Maiguashca lo ha analizado desde la perspectiva de la diferenciación económica regional y sus consecuencias sociales. Otros temas que han atraído la atención de los historiadores han sido la historia de los partidos políticos (Ayala, Núñez), el período constitutivo del Estado ecuatoriano (Núñez, Vega Ugalde), y las revoluciones y revueltas populares (Muñoz Vicuña, Estrada Icaza, Martínez, Vega Ugalde). El tema del dictador, que tanto ha marcado la cultura latinoamericana de los últimos dos siglos, sigue interesando a la literatura, a la sociología y, aunque en menor medida, a la historia, desde la cual han aflorado últimamente un excelente estudio de Pilar Ponce Leiva sobre Gabriel García Moreno, y otros de Gonzalo Ortiz Crespo sobre el "Febrescorderato", estos últimos a medio camino entre la crónica y la historia inmediata. En líneas generales, el tema del Estado y su historicidad se ha mostrado particularmente atractivo para los sociólogos, y en especial para Osvaldo Hurtado, Patricio Moncayo, Rafael Quintero y Erika Silva, Alejandro Moreano, José María Egas y Daniel Granda. No podemos cerrar este capítulo sin mencionar ciertos importantes estudios históricos sobre las fuerzas armadas publicados en el período que nos ocupa: Las Fuerzas Armadas: de la Revolución Alfarista al Movimiento Juliano, del actual general Paco Moncayo Gallegos, y Las Fuerzas Armadas Ecuatorianas: paz y desarrollo, del coronel Alberto Molina Flores, que analizan "desde adentro" y con una perspectiva socio-política la evolución institucional de los cuerpos militares, sus acciones políticas y la mentalidad antioligárquica que las sustenta. La Historia de lo Social.-Una de las nuevas especialidades desarrolladas en el período ha sido la historia de lo social, que se iniciara en los años sesenta con la obra pionera de dos etnohistoriadores, los esposos Piedad y Alfredo Costales, del historiador autodidacta Oswaldo Albornoz Peralta y del sociólogo Jaime Galarza Zavala. Posteriormente, esta especialidad se desarrolló en el país bajo el impulso teórico del marxismo, de la etnología y de la escuela inglesa de historia social. Entre los autores más nuevos podemos mencionar a Andrés Guerrero, Manuel Chiriboga, Patricio Martínez, Jorge Trujillo, Hernán Ibarra, Leonardo Espinoza, Claudio Cordero, Jorge Núñez, Patricio Icaza, Juan Paz y Miño, Lucas Achig y Milton Luna, en cuya labor intelectual se puede detectar una combinación de influencias teóricas y una búsqueda de nuevas rutas metodológicas hacia la aprehensión de los rasgos esenciales de la vida colectiva. En los últimos años, han incursionado en este ámbito algunos jóvenes historiadores, como Patricia de la Torre, Rosario Coronel Feijóo, Silvia Benítez, Guillermo Bustos y Rocío Rueda. Tamara Estupiñán, pese a su juventud, ha producido un importante estudio de historia de la familia, que marca un hito metodológico en la especialidad. En el ámbito temático, el sistema de dominación y las clases dominantes han merecido un particular interés de los nuevos historiadores. También ha sido un tema de notorio atractivo la historia de la oligarquía y ello ha estado motivado, obviamente, por la fuerza y persistencia del poder oligárquico en el país. Entre los varios trabajos historiográficos que el tema ha suscitado, los hay sobre la oligarquía ecuatoriana en general (Núñez), sobre las oligarquías regionales en particular (Rafael Guerrero, Trujillo), sobre la política y el discurso oligárquico (Martínez), y sobre las relaciones sociales al interior del sistema de la hacienda (Chiriboga, A. Guerrero, Patricia De la Torre). Paralelamente, se han desarrollado unos pocos estudios sobre la clase burguesa (R. Guerrero, Luna). La historia del movimiento obrero mereció en el período reseñado una especial atención de los historiadores, llegando a convertirse en uno de los nuevos "temas centrales" de la historiografía ecuatoriana. Sin otro antecedente que los estudios del dirigente comunista Pedro Saad sobre la Confederación de Trabajadores del Ecuador, algunos historiadores de la nueva generación se empeñaron en analizar la historia de las organizaciones laborales en el siglo XX. Así se desarrollaron y publicaron importantes obras generales, como las de Patricio Icaza, Jaime Durán Barba y Oswaldo Albornoz Peralta, y ensayos sobre temas especializados, como los de Alexei Páez, Jorge León y Jorge Oviedo. También se constituyeron equipos de estudio, tales como el que formó el IDIS, bajo la dirección de Leonardo Espinoza, y con participación de Juan Paz y Miño, Manuel Medina Castro, Lucas Achig y Jorge Núñez. Este variado esfuerzo ha permitido ampliar sustancialmente el conocimiento preexistente sobre el movimiento obrero ecuatoriano, sus organizaciones y luchas. Empero, ha adolecido en general de las distorsiones propias de una visión política interesada, dado que la mayoría de historiadores del movimiento obrero se halla vinculada a las diversas organizaciones sindicales y se ha empeñado en destacar las acciones o planteamientos de una u otra; por el mismo motivo, se han sobredimensionado algunos fenómenos o dejado de lado temas o períodos de estudio carentes de directo interés político. Una notable excepción ha constituido el trabajo de Patricio Martínez Jaime sobre la insurrección popular de noviembre de 1922, por la profesionalidad del estudio realizado y por la nueva perspectiva que abrió al incorporar el análisis del discurso político. En general, tanto por los planteamientos como por los resultados, podemos concluir que el desarrollo de la historia de lo social recreó el escenario visible del pasado ecuatoriano. Al incluir en el panorama historiográfico nuevos temas de interés, categorías de análisis y formulaciones metodológicas, e inclusive nuevas técnicas de investigación, consiguió que éste dejara de estar poblado únicamente por conquistadores, santos, héroes, caudillos, dictadores y líderes políticos, para pasar a enriquecerse con la presencia de los actores sociales: clases, etnias, categorías socio-profesio-nales, "masas populares" y sectores sociales subordinados o marginados de la historia (indios, cholos, trabajadores, mujeres). Gracias a la irrupción de estas nuevas perspectivas de análisis, la historia dejó de ser un "escenario político" para convertirse en un "escenario social", donde las fuerzas motoras del movimiento histórico ya no serían las ideas de los líderes, las confrontaciones de las individualidades palaciegas o los conflictos partidarios, sino los intereses, anhelos o pasiones colectivas, enfrentados en luchas clasistas, interclasistas, interétnicas o regionalistas. Consideramos necesario referirnos al gran impulso que ha cobrado en la última década una de las subespecialidades de la historia de lo social: la Genealogía. Si la búsqueda de identidad es una tendencia natural de todo grupo social, la identificación de sus ancestros es una preocupación que subyace en cada espíritu humano. Así, todo aquel que se aproxima al estudio de las genealogías -especialista o no-siente vivir en un mundo del cual es partícipe, sujeto y objeto a la vez. Eso explica el hecho de que, siguiendo la huella del gran genealogista guayaquileño Pedro Robles Chambers y bajo el estímulo de algunos apasionados cultores actuales del genealogismo -tales como Fernando Jurado Noboa y Juan Freile Granizo-se hayan constituido dos vigorosas asociaciones de estudios genealógicos, formadas por unos pocos genealogistas profesionales y un extenso número de colaboradores e informantes: la Sociedad Amigos de la Genealogía, dirigida por Jurado, y el Centro Nacional de Investigaciones Genealógicas y Antropológicas, dirigido por Freile. Además de organizar encuentros periódicos de sus miembros, estas entidades efectúan una activa política de publicaciones. Un importante aporte hecho a la historiografía por el movimiento genealogista ha sido el estudio de los orígenes indígenas o negros de las familias ecuatorianas, lo cual ha servido para demostrar, en última instancia, el carácter temprana y profundamente mestizo de nuestra sociedad. Emparentada con la genealogía y la demografía, pero con ribetes propios, se ha ido desarrollando la obra de Jorge Moreno Egas, un serio investigador de la historia socio-urbana y los estamentos sociales. Por su lado, la historia de las mentalidades tiene cultores de prestigio en el mismo Moreno Egas, en Andrés Guerrero y en Ernesto Salazar. Por fin, es necesario referirse a dos temáticas adicionales: la historia de la mujer y la historia de la inmigración. En cuanto a la primera, preciso es señalar que en las últimas décadas ha tenido apenas un tímido despegue, en buena medida gracias a la labor aislada de dos historiadoras: Cristiana Borchart, en Quito, y Jenny Estrada, en Guayaquil, a las que se ha unido últimamente Jenny Londoño, autora de un importante estudio sobre las mujeres en el ocaso colonial. Salta a la vista que el escaso desarrollo de esta especialidad en el Ecuador se debe principalmente a la falta de interés de las propias organizaciones feministas por el asunto. Respecto de la historia de la inmigración, las únicas personas que han incursionado profesionalmente en ella son, hasta el momento, Jenny Estrada y Armando Otatti, aunque, como aporte testimonial, no deja de ser útil el libro de Henry Raad sobre la inmigración árabe. La Etnohistoria.-Según la cronología del desarrollo historiográfico, podemos decir que los temas clasistas tuvieron un interés predominante en las décadas de los sesenta, setenta y comienzos de los ochenta, pero que en el último decenio el interés preponderante se centró en los asuntos étnicos. De paso, esto último ha significado una suerte de redescubrimiento del país, al mismo tiempo que la emergencia de un nuevo enfoque epistemológico, que nos ha llevado desde las preocupaciones clásicas de la historiografía occidental (el movimiento obrero, las luchas campesinas, etc.) a temáticas más propias de nuestra realidad social, como las de los indios, los negros o los mestizos. Obviamente, ese nuevo enfoque ha sido estimulado por las urgencias de la realidad, puesto que, aproximadamente desde mediados de la década pasada, los indios irrumpieron como nuevos sujetos históricos en el escenario de la vida nacional y obligaron a un replanteamiento de todo el pensamiento social, tanto académico como político. En este período y circunstancia, la etnohistoria ha alcanzado un notable salto cualitativo y cuantitativo, al calor de la emergencia política de las nacionalidades indígenas, que en estos años han ido convirtiéndose en uno de los más activos e influyentes movimientos sociales del Ecuador contemporáneo. También ha pesado en ello el desarrollo de la etnología andina, que ha devenido una de las más sugerentes utopías político-intelectuales contemporáneas. Tras la amplia trocha abierta por Segundo Moreno Yánez y Hugo Burgos, han seguido esta ruta nuevos investigadores, provenientes tanto de la historia como de la sociología, la antropología y la medicina. Entre ellos están la etnóloga Ileana Almeida, promotora del desarrollo de las culturas indias, el etnohistoriador Galo Ramón, el sociólogo Hernán Ibarra, y los antropólogos Jorge Trujillo -creativo cultor de la investigación-acción, Blanca Muratorio, Juan Botasso, Carlos Coba y José Sánchez Parga, así como los jóvenes historiadores Cristóbal Landázuri y Xavier Andrade. Fenómeno trascendental ha sido, en los últimos años, la aparición de un vigoroso movimiento intelectual indígena, algunos de cuyos miembros han publicado trabajos de etnohistoria o reflexión etnohistórica, como parte de la lucha de reivindicación nacional de su pueblo: Nina Pacari, Ariruma Koowi, José Quimbo y Luis Maldonado. La Historia Económica.-Al comenzar el período de nuestro análisis, ésta era una absoluta novedad en el Ecuador, sin otros antecedentes que los estudios de Víctor Emilio Estrada y la posterior Historia monetaria y cambiaria del Ecuador, de Luis Alberto Carbo. Sin embargo, ha tenido en las últimas dos décadas algunos cultores, como Gonzalo Ortiz Crespo, Manuel Chiriboga, Andrés Guerrero, Christiana Borchart, Manuel Miño Grijalva, Juan Maiguashca, Hugo Arias, Alberto Acosta, Willington Paredes y Nicanor Jácome. Particularmente importante ha sido la labor de Carlos Marchán Romero, permanente animador del desarrollo de esta especialidad, fundador y director de la Revista Ecuatoriana de Historia Económica, excelente publicación del Banco Central del Ecuador, que hoy se halla lamentablemente descontinuada. A la vez, en Guayaquil ha venido actuando un grupo de historiadores económicos de formación liberal clásica, entre los que destacan Julio Estrada Icaza ( †), director del Archivo Histórico del Guayas, y Guillermo Arosemena. De entre los historiadores más jóvenes que han incursionado en la historia económica deben mencionarse los nombres de Rosemarie Terán y Guadalupe Soasti. Un trabajo solitario e individual ha sido el de Carlos Ortuño, autor de una interesante Historia numismática del Ecuador. Una evaluación desapasionada de los logros alcanzados en nuestro país en el campo de la historia económica demuestra que son todavía escasos, aunque algunos han alcanzado un nivel ciertamente respetable. De otra parte, están todavía por estudiarse algunos fenómenos trascendentales de nuestra historia económica, tales como la mutua articulación de las economías regionales, sus diversas formas y ritmos de vinculación al mercado internacional, los ciclos de auge y crisis en las pequeñas economías regionales, los circuitos económicos fronterizos, entre otros muchos. Y mientras esos estudios no se realicen, todavía estaremos incapacitados para entender plenamente otros fenómenos históricos trascendentales, como el federalismo y las guerras civiles, el regionalismo, la migración campo-ciudad o el contrabando. En síntesis, y en una apreciación general, podemos afirmar que la historia económica no ha logrado todavía "cuajar" una vigorosa corriente ni ha creado escuela en el país, circunstancia que obviamente afecta al desarrollo global de los estudios históricos, pues aún no hemos logrado acumular una reveladora suma de conocimientos objetivos sobre el pasado de la economía ecuatoriana. La Historia Demográfica.-Si la historia económica ecuatoriana es pobre, la historia demográfica prácticamente no existe, salvo algunos aislados ensayos sobre temas muy particulares, los cuales, en todo caso, no se proponen explicar los grandes procesos o fenómenos demográficos de nuestro pasado. En medio de tal desierto se alzan solitarios los breves ensayos de Jorge Moreno Egas o Silvia Benítez, que, sin duda, exigen un esfuerzo continuado de sus autores en esta línea de investigación. La Historia de la Cultura.-Dentro del general proceso de renovación historiográfica del período, una línea muy sostenida de trabajo ha sido la de la historia de la cultura y, dentro de ella, la historia de las ideas y las mentalidades. Los pioneros en este campo surgieron en la década de los setenta, aunque sería mejor decir que "insurgieron" entonces, pues su obra nació como un cuestionamiento a las estructuras de dominación y a su aparato ideológico. El pionero principal fue, una vez más, el brillante Agustín Cueva ( †), cuyo libro Entre la ira y la esperanza marcó un corte decisivo en el estudio de la historia de la cultura ecuatoriana. Contemporáneos suyos fueron los otros pioneros en la especialidad: Fernando Tinajero, Ernesto Albán Gómez y Vladimiro Rivas. A partir de la década de los ochenta, cobró fuerza en el país la historia de las ideas, notablemente influida por Leopoldo Zea y, sobre todo, por Arturo Andrés Roig. Durante sus varios años de residencia en el país, Roig llegaría a formar, junto con Rodolfo Agoglia, una verdadera escuela de pensamiento, principalmente a través de sus cátedras en la PUCE y en la Universidad Central del Ecuador. En la actualidad, sus cultores se hallan nucleados básicamente alrededor de centros investigadores de las universidades nacionales. El más importante de ellos se halla en la PUCE y fue propiciado originalmente por Hernán Malo González S.J., brillante pensador católico ( †), en la época en que ejerció el rectorado de esta Universidad. Está integrado por un grupo de notables intelectuales: Carlos Paladines, animador y director de la Revista Ecuatoriana de Historia de las Ideas,3 Samuel Guerra Bravo, Carlos Landázuri Camacho, Jorge Villalba S.J., Nancy Ochoa Antich, Susana Cordero de Espinoza y Ernesto Salazar, este último de la generación más joven. Un equipo importante es también el que fundaran en la Universidad de Cuenca Alfonso Carrasco, Horacio Cerutti Guldberg, María Cristina Cárdenas y Claudio Cordero, integrado luego por Jorge Dávila Vásquez, destacado escritor e historiador de la cultura, María Augusta Vintimilla, Adrián Carrasco, María Elena Albán y otros. También en Cuenca, pero en la joven Universidad del Azuay, existe un equipo similar, del que forman parte Claudio Malo González, Juan Cordero Iñiguez y Marco Tello Espinoza. Por fin, en la Universidad Central laboran, aunque sin formar equipo, algunos intelectuales que trabajan en la temática de la historia de la cultura, entre ellos Alejandro Moreano y Fernando Tinajero. En esa misma línea se inscriben los esporádicos esfuerzos del Instituto de Investigaciones de la Cultura Ecuatoriana, que nuclea a un grupo de prestigiosos intelectuales quiteños: Francisco Proaño Arandi, José Ron, Iván Carvajal, Humberto Vinueza, Milton Benítez y Luis Corral. Mención especial merecen en la historia de la cultura ecuatoriana la labor investigadora y analítica de Lenin Oña, afamado crítico e historiador del arte; de Hernán Rodríguez Castelo, multifacético historiador de la cultura ecuatoriana; de Alexandra Kennedy Troya, prestigiosa investigadora de la historia del arte y la artesanía; de Alfonso Ortiz Crespo, historiador del arte y la arquitectura; de Juan Valdano, estudioso de las generaciones culturales, y de Ximena Escudero de Terán, estudiosa del arte colonial quiteño. La Historia Urbana y Regional.-Especialidades que han adquirido creciente importancia durante el período son la historia urbana y la historia regional, cuya florescencia contemporánea responde tanto a intereses concretos de la vida social cuanto a inquietudes estrictamente intelectuales. Su primer impulso vino desde el Archivo Histórico del Guayas, con los estudios de Abel Romeo Castillo y de Julio Estrada Icaza, prestigiosos historiadores de la anterior generación. Luego retomó esa línea de trabajo el IDIS de Cuenca, gracias al entusiasmo intelectual de Silvia Palomeque, Leonardo Espinoza, Lucas Achig, Juan Chacón, Julio Carpio y Paciente Vásquez, autores de importantes estudios sobre la historia de la región austral y de su capital histórica, Cuenca. También en la década de los setenta comenzó su labor el Instituto Otavaleño de Antropología (IOA), cuya labor estimularía los estudios de historia regional, etnohistoria y arqueología. De otro lado, el despegue de esta especialidad fue estimulado por Juan Maiguashca, historiador ecuatoriano residente en Canadá, a través del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de York. En la actualidad, los más importantes promotores de la historia urbana son el centro de investigaciones CIUDAD (Quito), donde laboran en el tema varios investigadores (Fernando Carrión, Eduardo Kingman, Ana María Goetschel y Patricio Velarde), la prestigiosa revista de arquitectura y urbanismo Trama, editada en Quito por Rolando Moya y Evelia Peralta, y la Corporación de Estudios Regionales Guayaquil (CER-G), dirigida por Gaitán Villavicencio, a la que se hallan vinculados Milton Rojas, Pablo Lee, Letty Chang y Graciela de Vélez. Producto de una labor aislada, pero no por ello menos meritoria, es la obra de Carlos Maldonado P., autor de varios ensayos sobre historia de la arquitectura. En el mismo ámbito cabe situar la labor de Rubén Moreira y Alfonso Ortiz Crespo, historiadores de la arquitectura y el urbanismo, de Patricio Martínez Jaime, dirigente de la ADHIEC y autor de un importante estudio sobre la evolución del sector informal urbano, y de Alfredo Lozano Castro, autor de sugerentes estudios de etno-urbanismo. Otros investigadores que actúan en este campo son Inés del Pino, Jorge Benavides Solís, Lucas Achig, Martha Moscoso, Cecilia Mantilla y Sonia Fernández. En cuanto a la historia regional, que otrora impulsaran intelectuales de la talla de Octavio Cordero Palacios, Pío Jaramillo Alvarado, Modesto Chávez Franco y Pedro Robles Chambers, y que hasta hace poco tuviera cultores tan entusiastas como Julio Estrada Icaza y Abel Romeo Castillo (Guayas), Hernán Gallardo Moscoso (Loja), Rodrigo Villegas Domínguez (Imbabura), Virgilio Mendoza (El Oro) o Julio Estupiñán Tello (Esmeraldas), en los últimos años ha alcanzado un evidente progreso en su nivel científico, mediante el concurso de un renovado corpus teórico y la inclusión de nuevas metodologías de análisis y nuevas áreas de estudio (la economía, la demografía). Empero, hoy como ayer, se desarrolla fundamentalmente gracias al esfuerzo de algunos historiadores que trabajan aisladamente en la especialidad: Willington Paredes, Jorge Trujillo, Segundo Moreno Yánez, Alfonso Anda Aguirre, Rafael Guerrero, Carmen Dueñas de Anhalzer, María Elena Porras, Marco Placencia, Félix Paladines, Trostky Guerrero, Luis A. León, Fernando Jurado Noboa, Genaro Eguiguren Valdivieso, Carlos Benavides Vega, Herman Flores y otros. A ellos se agregan algunos cientistas sociales que, desde una perspectiva más que nada sociológica, han incursionado en el tema de lo regional: Simón Pachano, Rafael Quintero, Erika Silva, Bertha García y Amparo Menéndez Carrión. En el período han surgido algunos centros de investigaciones regionales, que regularmente incluyen entre su temática de estudio los asuntos históricos. Empero, el único centro de historia regional constituido en estos años fue el Archivo Histórico del Guayas, del que se habla más adelante. La Historia de la Ciencia y la Tecnología.-Aunque poco extendida en el país, tiene algunos entusiastas cultivadores, que continúan con éxito la tradición intelectual legada por Gualberto Arcos, Misael Acosta Solís, Virgilio Paredes Borja, Mauro Madero Moreira y Enrique Garcés. Los más notables de entre los nuevos historiadores de la ciencia son Plutarco Naranjo, Rodrigo Fierro y Eduardo Estrella, todos ellos profesores de la Universidad Central del Ecuador. Naranjo y Fierro son médicos y científicos de gran prestigio, que han derivado de modo natural hacia la historia de la ciencia. Estrella une a su condición de médico una formación profesional de historiador, ha sido director-fundador del Museo Ecuatoriano de Medicina y actualmente ocupa la presidencia de la Sociedad Ecuatoriana de Historia de la Ciencia y la Tecnología. Otros nombres dignos de mención en éste ámbito son los de Domingo Paredes, profesor de la Universidad Central del Ecuador, y Jenny Estrada, investigadora del Instituto de Historia Marítima. La Historia de la Vida Cotidiana.-Esta atractiva especialidad tiene en el Ecuador un rico antecedente, en las deliciosas Crónicas del Guayaquil Antiguo, de Modesto Chávez Franco, en los sabrosos relatos de Al margen de la historia, de Cristóbal de Gangotena y Jijón, y en las inteligentes crónicas de Camilo Destruge, Gabriel Pino Roca y Manuel J. Calle. Dada la gran acogida que este tipo de "crónica histórica" ha tenido siempre entre el pueblo ecuatoriano, y la gran difusión que ésta alcanza a través de la prensa, hay un logrado intento contemporáneo de rescate y continuidad de ella. El esfuerzo más sostenido en este sentido ha sido el del historiador guayaquileño Rodolfo Pérez Pimentel, que desde hace años ha publicado regularmente sus crónicas, de corte más bien tradicionalista, en la prensa porteña. 4 En el mismo espíritu se orientan las crónicas que bajo el epígrafe "Del tiempo de la yapa" publica Jenny Estrada, también en la prensa porteña, desde 1989. Posteriormente se han incorporado a esa labor, aunque con un espíritu revisionista y en busca de dar una visión alternativa a la tradicional "crónica del poder", Jorge Núñez, con sus "Historias",5 y Pedro Saad Herrería, con su "Calendario Histórico". 6 Por otra parte, algunos historiadores de la última generación han emprendido breves ensayos sobre historia de la vida cotidiana, con similar proyección. En esa línea se inscriben algunos estudios de Jorge Moreno Egas sobre las cofradías religiosas y el origen étnico de los feligreses católicos. Igualmente los de Silvia Benítez y Gaby Costa, Ximena Sosa, Cecilia Durán y María Antonieta Vásquez, cuyos trabajos figuran en la Nueva Historia del Ecuador. La Historia Institucional.-Se impone una mención, así sea breve, a la historia institucional, subespecialidad que ha tenido un período de auge en los años reseñados. En 1973 se fundó el Instituto de Historia Eclesiástica Ecuatoriana, siguiendo el modelo de otras organizaciones afines creadas en América Latina; su finalidad es la investigación de las manifestaciones de la Iglesia Católica en la vida e historia del país y mantiene la publicación regular de un Anuario. Pese a las limitaciones económicas que afrontan desde hace algunos años, algunas Municipalidades ecuatorianas se han esforzado en continuar, durante el período, con la publicación de sus "Libros de Cabildos", importantísimo aporte al conocimiento de las fuentes de la historia. Así, la Municipalidad de Guayaquil publicó 5 tomos, en coedición con el Archivo Histórico del Guayas; la Municipalidad de Quito, 2 tomos, y, la Municipalidad de Cuenca 3 tomos, con auspicio de la empresa Xerox del Ecuador. En cuanto a los demás ámbitos de la historia institucional, sus resultados han sido ciertamente disímiles, por cuanto en ellos se entremezclan libros hechos en el tradicional estilo de reseña empresarial, o crónica de entidades públicas, junto con estudios propiamente históricos, que buscan contribuir, desde el análisis de casos particulares, a la reconstrucción de la historia del Estado o del país. Como ejemplos del primer caso podrían mencionarse los trabajos de Enrique Boloña Rodríguez sobre la Junta de Beneficencia de Guayaquil y el comercio porteño, y del segundo, el proyecto de investigación histórica sobre el Seguro Social Ecuatoriano, desarrollado por un equipo de investigadores dirigido por Jorge Núñez, que en el breve plazo de dos años alcanzó a publicar dos tomos de fuentes (Actas de la Caja de Pensiones) y una Historia del Seguro Social Ecuatoriano. La Historiografía Tradicional.-Pese a no ser objeto de este trabajo, creemos necesario hacer una relación al menos somera de la labor de los historiadores "tradicionales" durante el período reseñado. Si bien la obra de la mayoría de ellos ha adolecido de las limitaciones señaladas al inicio de este trabajo, no es menos cierto que lo que llamamos "vieja escuela" o "antigua generación de historiadores" no fue nunca un continente unitario sino un verdadero archipiélago, formado por islas de desigual tamaño y distinta altura. Así, entre el piélago de historiadores "tradicionales", se distinguían claramente algunos por su mayor nivel intelectual, acuciosidad investigadora o profesionalidad. Podemos citar entre estos a los siguientes: Don Alfredo Pareja Diezcanseco, un intelectual autodidacta que a sus méritos de profundo historiador -en la línea de la escuela historiográfica liberal-unía los de notable literato, lo cual le permitió escribir los textos de historia más leídos en el Ecuador del siglo XX; el padre José María Vargas, un gran investigador que incursionó por los más diversos campos del quehacer historiográfico, desde la historia del arte hasta la historia económica; Gabriel Cevallos García, historiador erudito y agudo pensador, vinculado a la escuela conservadora, en el que se funden las amplias perspectivas del "filósofo de la historia" con las intuiciones precisas del investigador; Julio Tobar Donoso, gran historiador y afamado político de derechas, conocido menos por su valiosa obra intelectual que por su desgraciada intervención en la suscripción del írrito "Protocolo de Río de Janeiro", por el que el Ecuador fue despojado de sus territorios amazónicos; Julio Estrada Icaza, historiador talentoso y regionalista intransigente, que promovió y creo con sus propios medios el afamado Archivo Histórico del Guayas; Abel Romeo Castillo, nuestro primer historiador graduado y uno de los más destacados cultores de la historia regional; Oswaldo Albornoz Peralta, pionero en la búsqueda de la "otra historia", la de los marginados y explotados del pasado; Jorge Salvador Lara, Director de la Academia Nacional de Historia y actual Historiador de la Ciudad de Quito, que acaba de publicar su Breve Historia Contemporánea del Ecuador; y Gerardo Nicola, pensador de orientación socialista y adelantado en la revisión crítica de los viejos métodos y teorías de la historia, lamentablemente limitado por el mundo provinciano en que le ha tocado vivir. Desde diversos frentes de acción intelectual, todos los mencionados hicieron de puente historiográfico entre la anterior y la actual generación de historiadores ecuatorianos. De otro lado, algunos de estos acompañaron a la nueva generación durante un buen trecho del período estudiado y alguno sigue todavía en plenitud creativa. Pareja Diezcanseco fue profesor de la Escuela de Ciencias Internacionales de la Universidad Central, de la FLACSO y de la Academia Diplomática, desde donde contribuyó al desarrollo y consolidación de una moderna concepción de la historia nacional, que, sin renunciar a la defensa de los derechos amazónicos del país, apoyara el actual esfuerzo integracionista de los pueblos y países andinos. Tobar Donoso y el padre Vargas fueron profesores de la PUCE, donde contribuyeron a la creación de la Escuela de Historia y dejaron su impronta intelectual. Cevallos García fue docente de la Universidad de Cuenca y había iniciado la creación de una escuela de renovado pensamiento histórico en su ciudad natal -conocida por su gran tradición intelectual-cuando pasó a laborar en la Universidad de Puerto Rico, donde continúa hasta hoy. Estrada y Castillo renovaron en Guayaquil el interés por los estudios históricos y, a través del Archivo Histórico del Guayas, aportaron notablemente al desarrollo de las ciencias históricas en el país. En cuanto a Albornoz Peralta, en quien se juntan la herencia intelectual del radicalismo liberal y sus propias convicciones marxistas, es un historiador que ha laborado al margen del mundo académico, pero cuya influencia es notoria en un sector de nuevos historiadores ecuatorianos. Salvador Lara ha sido uno de los promotores y directivos de la Escuela de Historia de la Universidad Católica del Ecuador. Menos conocido que los anteriores, Nicola ha proyectado su pensamiento desde las instituciones educativas y culturales de Ambato, donde ha ocupado un lugar de honor. En estrecha vinculación con la renovación historiográfica ecuatoriana se halla, sin duda, la presencia de una nueva institucionalidad, en general inexistente hasta antes de los años setenta. Se trata de una institucionalidad de variado carácter, que en ocasiones ha sido causa y en otras efecto de la transformación científico-académica producida en las últimas dos décadas. Para un análisis organizado, las hemos dividido en instituciones académicas, de promoción científica y de investigación. Las Instituciones Académicas.-En el Ecuador contemporáneo existen dos instituciones académicas cuya labor en el campo de la enseñanza de la historia ha sido fundamental para la formación de una nueva generación de historiadores profesionales: la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede de Quito. A través de ello, han estimulado una renovada producción historiográfica, que ha ido multiplicándose en la última década y alimentando, en buena medida, las líneas editoriales y publicaciones periódicas especializadas. La PUCE, a través de su Departamento de Historia, ha sido durante algunos años la institución académica de labor más sostenida, gracias al concurso de un buen equipo de docentes ecuatorianos y extranjeros. Como hemos señalado en la primera parte de este trabajo, la presencia de algunos importantes intelectuales del cono sur, que llegaran al Ecuador en calidad de refugiados políticos, coadyuvó a que esta universidad desarrollase, entre los setenta y la primera mitad de los ochenta, tanto una buena carrera de Historia cuanto toda una corriente de pensamiento histórico-filosófico, de clara raigambre americanista, que se condensó en la creación del Centro de Estudios Latinoamericanos. Gran número de alumnos acudieron a este centro de estudios y cursaron la carrera de Historia, que inclusive llegó a instituir un ciclo doctoral, dirigido por Jorge Salvador Lara. Sin embargo, la temprana muerte del rector Hernán Malo -gran suscitador del ánimus de apertura ideológica de la PUCE-, así como los vientos de conservadurismo que empezaron a soplar sobre la iglesia latinoamericana, terminaron por ir recortando progresivamente ese espacio de amplia reflexión intelectual. En la actualidad, la especialidad se halla en franca decadencia, hecho a todas luces lamentable. En cuanto a la FLACSO, su primer proyecto académico en Historia se produjo a partir de 1984, cuando, como parte de un proceso de reorientación interna, se abrió la Maestría en Historia Andina, teniendo como coordinador docente al historiador ecuatoriano Enrique Ayala Mora. Los objetivos del nuevo postgrado fueron: la formación de historiadores profesionales, mediante su capacitación teórica, metodológica y técnica; la profesionalización de la investigación histórica; el intercambio de recursos docentes en las áreas andina y latinoamericana; y el enriquecimiento historiográfico. Este esfuerzo académico fue complementado con la apertura paralela de cursos abiertos, diseñados para capacitar a alumnos no regulares de la institución. El postgrado culminó en marzo de 1986 y permitió la formación profesional de 25 alumnos, 11 de ellos ecuatorianos. Posteriormente, dificultades políticas internas provocaron el alejamiento de Ayala, con lo cual el programa de maestría quedó en suspenso. Actualmente está terminando la tercera Maestría en Historia, desarrollada bajo la coordinación del historiador peruano Heraclio Bonilla. En síntesis, hasta la actualidad la FLACSO-Quito ha formado a dos promociones de historiadores profesionales, en parte ecuatorianos, y se halla formando a una tercera. Esto ha contribuido a profesionalizar crecientemente la investigación histórica y a enriquecer -al menos cuantitativamente-la bibliografía, gracias a la publicación de las tesis de los graduandos. En los últimos tiempos empieza a ampliarse este panorama académico, con la creación de un Postgrado de Historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central del Ecuador y de una Escuela y un Postgrado de Historia en la Universidad Estatal de Bolívar. Ello significa un impulso a la formación académica de los historiadores y augura un creciente desarrollo de los estudios históricos en el Ecuador. Las Instituciones de Promoción Científica.-Junto a la aparición de las nuevas tendencias historiográficas en el país, surgió en Guayaquil un núcleo promotor de los estudios de historia regional, que buscó actualizar la antigua tradición historiográfica creada por el Centro de Investigaciones Históricas de Guayaquil, liderado en su hora por el ilustre historiador Pedro Robles Chambers. Este grupo intelectual alcanzó su expresión institucional en el Archivo Histórico del Guayas (AHG), cuyos principales impulsores fueran Julio Estrada Icaza y Abel Romeo Castillo. Mantenido financieramente por un Patronato privado, el AHG fue, desde entonces, quizá la más activa institución de promoción de los estudios históricos en el Ecuador. Gracias a su gestión se centralizaron todos los archivos públicos regionales: Archivo Municipal de Guayaquil, Archivo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, y Archivo del Banco Central del Ecuador, sucursal mayor de Guayaquil. Desde 1972 mantiene su prestigiosa revista, que ha dado cabida a múltiples estudios sobre la historia local y regional de la costa. La labor del AHG ha sido también pionera en la tarea de vincular al país a los ecuatorianistas extranjeros y difundir localmente sus estudios, que, de otro modo, habrían permanecido ignorados por la mayoría de historiadores ecuatorianos. A mediados de 1980, el AHG pasó -mediante un convenio-a formar parte del Banco Central del Ecuador, entidad que asumió el financiamiento de sus labores y recibió en comodato las propiedades del Archivo. Lamentablemente, la enfermedad y posterior muerte de Julio Estrada Icaza, su gran motivador, y la posterior política interna del BCE, encaminada a deshacerse de todas las tareas socio-culturales que desarrollaba anteriormente, han determinado que el AHG se halle desde 1990 en un estado de virtual abandono y que su valiosa revista haya sido descontinuada. De otro lado, hemos analizado al comienzo de este trabajo el proceso constitutivo del movimiento de renovación historiográfica ecuatoriana y en ello se evidencia el importante papel cumplido en el Ecuador por la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), que ha mantenido sucesivamente en el país la sede de su Secretaría Ejecutiva (1981-1990) y de su Consejo Directivo Internacional (1990-1994). En este sentido, el mayor logro alcanzado ha sido la constitución de la Asociación de Historiadores Ecuatorianos (ADHIEC), en 1986, y la organización de la Asociación Nacional de Profesores de Historia (ANPHI), en 1991. A través de la organización de los Encuentros de Historia Nacional, el reciclaje científico de los profesores universitarios y secundarios, la estimulación de proyectos investigativos y la publicación de libros, la ADHIEC ha cumplido hasta el momento una buena labor de promoción científica. En cuanto a la ANPHI, dada su corta vida es todavía una promesa de futuro. En cuanto se refiere a la Academia Nacional de Historia, fundada a comienzos de siglo por el arzobispo-historiador Federico González Suárez, con el nombre de Sociedad de Estudios Históricos Americanos, su vinculación al más conspicuo tradicionalismo social e ideológico la ha mantenido en las últimas décadas voluntariamente al margen de las nuevas corrientes historiográficas, frente a las que ha sostenido una actitud más bien pasiva y distante. Estragada por el tiempo y por su propia falta de renovación interna, la Academia ha dejado de ser el alto cenáculo intelectual que fuera otrora y ha terminado por convertirse en un reducto de gentes de derechas, algunas sin nivel académico y, en ciertos casos, inclusive sin ninguna obra intelectual. Pese a todo ello, mantiene todavía cierta ocasional actividad y ha organizado algún evento científico de importancia durante la pasada década, aunque sin generar una línea de pensamiento histórico ni una corriente de acción historiográfica. Su única labor significativa, y ciertamente encomiable, es la publicación de su Boletín científico, que se mantiene ininterrumpidamente desde la fundación de la entidad, en 1909. Carente de una actividad institucional que lo sustente, el Boletín sale hoy gracias al entusiasmo personal de Jorge Salvador Lara y pese a las limitaciones económicas de esta institución, que no cuenta con un adecuado respaldo financiero por parte del Estado. Los Organismos y Medios de Difusión.-No hay historiografía posible sin el concurso de las instituciones de difusión, que a través de sus publicaciones ponen en contacto al investigador y al lector. Labor relevante ha sido, a este propósito, la de algunas editoriales ecuatorianas, que han respaldado la labor de los nuevos historiadores y promocionado sus estudios, llegando en algunos casos a crear colecciones o bibliotecas editoriales especializadas en historia. Entre estas debemos destacar a la Corporación Editora Nacional (CEN), que ha desarrollado una labor excepcional y cuenta entre sus variados logros la publicación de la Biblioteca Básica del Pensamiento Ecuatoriano (40 tomos, en coedición con el BCE), del Libro del Sesquicentenario (4 tomos), de la Nueva Historia del Ecuador -ambiciosa obra generacional en 15 tomos, de la que ya hemos hablado anteriormente-y de la revista de historia Procesos, de joven vida y prometedor futuro. Avanza también la publicación de la Biblioteca de Historia Ecuatoriana (11 tomos), la Biblioteca ecuatoriana de Arqueología (5 tomos), la Colección Testimonios (11 tomos), la Biblioteca de Ciencias Sociales (41 tomos) y otras colecciones de contenido historiográfico. También ha sido importante en este sentido la labor de la Editorial "El Conejo", que publica periódicamente estudios de historia republicana, promueve la preparación de estudios sobre historia contemporánea, difunde su propia biblioteca editorial de historia ecuatoriana y edita las revistas culturales Palabra Suelta (Quito) y Matapalo (Guayaquil), siempre abiertas a la publicación de ensayos históricos. Otra institución que ha trabajado con entusiasmo por la difusión histórica es el ya fenecido grupo CEDIS-CEDEP, que publicara varios estudios históricos y cuyos herederos, los ahora independientes CEDIS y CEDEP, han mantenido una similar línea de ediciones; en el caso del CEDEP, ello se ha ampliado a la edición de vídeos y radionovelas de inspiración histórica, siempre destinados a la educación popular. Empero, la labor editorial más impresionante ha sido la de la editorial salesiana "Abya Yala" ("Tierra Nuestra" en idioma shuar), que en 1992 cumplió sus primeros diez años de vida con la publicación de su libro número 500, con el mérito adicional de que la mayoría de obras publicadas contienen nuevas investigaciones. Con escasos recursos pero animada por el enorme entusiasmo de Juan y Javier Juncosa, esta editorial ha puesto al alcance del público ecuatoriano y latinoamericano una gran variedad de estudios históricos y antropológicos, en ediciones de digna presentación y bajo costo. Al momento su producción editorial alcanza ya el millar de títulos. Similar en magnitud e importancia ha sido la labor emprendida por la Universidad de Guayaquil con la publicación de su Biblioteca Ecuatoriana, que en buena medida ha contemplado la publicación de nuevos estudios históricos y la reedición de otros que, por su rareza, casi eran imposibles de conseguir. Detrás de ello ha estado la labor de un notable y acucioso historiador, Elías Muñoz Vicuña, quien ha seleccionado los textos y hecho los estudios introductorios de la colección. Por fin, es necesaria una mención particular a las revistas y boletines científicos especializados. Además de los ya mencionados boletines y revistas de historia (Revista del Archivo Histórico del Guayas, del BCE; Miscelánea Histórica Ecuatoriana, del BCE; Cuadernos de Historia y Arqueología, de la Universidad de Guayaquil; Boletín de la Academia Nacional de Historia; Boletín del Instituto de Historia Eclesiástica Ecuatoriana; Revista Ecuatoriana de Historia de las Ideas, coeditada por la PUCE y la CCE; Procesos, de la CEN; Memoria, de MARKA, Museo Histórico, de la Municipalidad de Quito), existen en el país las siguientes publicaciones ocasionales de historia: ARNAHIS, revista del Archivo Nacional de Historia; la Revista de Historia y Geografía de la CCE; la Revista del Instituto de Historia Marítima, y, la Revista del Centro Nacional de Investigaciones Genealógicas y Antropológicas. Adicionalmente, fuera de la ya mencionada revista Cultura del BCE, existen algunas otras revistas culturales o de ciencias sociales que de modo regular publican artículos históricos: Anales de la Universidad Central (la más antigua publicación científica ecuatoriana); Revista de la Universidad de Guayaquil; Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, del BCE; Ecuador Debate, revista de ciencias sociales del CAAP; Caspicara, revista cultural de la Dirección de Centros Culturales del Municipio de Quito; Nariz del Diablo, revista de ciencias sociales del CEDIS, y, Revista de la Fuerzas Armadas Ecuatorianas. Como una agradable nota final a este capítulo hay que referirse a dos importantes esfuerzos historiográficos privados: la Colección de Historia del Grupo automotriz AYMESA, editada desde 1992 por la Fundación del mismo nombre y que hasta el momento lleva publicados diez tomos; y la colección de libros de historia del arte ecuatoriano publicada por el hoy desaparecido Banco de los Andes, en ediciones de gran calidad intelectual y gráfica. No estaría completo el panorama de la actual historiografía ecuatoriana sin una mención, así sea breve, de los aportes hechos a ella por los ecuatorianistas extranjeros, quienes, sin otra motivación que el conocimiento científico en si mismo, se han dedicado al estudio de la historia ecuatoriana. A tal propósito, este trabajo no pretende sino aportar unas breves apreciaciones generales, que den idea de la magnitud y perspectiva del aporte de los ecuatorianistas; el análisis adecuado de esta contribución requiere necesariamente de un estudio detenido, que escapa a los límites de esta ponencia. Una primera y necesaria observación que debe plantearse es la referida a la calidad y variedad de esos aportes. En cuanto a su calidad, podemos afirmar que en general se trata de trabajos de buen nivel, elaborados a base de una exhaustiva búsqueda de fuentes primarias y un minucioso procesamiento de datos. En lo que dice de su variedad, nos hallamos frente a una sorprendente diversidad de temáticas tratadas por los historiadores ecuatorianistas, la que inclusive abarca temas poco o nada estudiados por los historiadores ecuatorianos. Complementando esta primera observación, creemos necesario evaluar el impacto que los aportes de los ecuatorianistas extranjeros han causado en la propia historiografía ecuatoriana. Por la misma minuciosidad y profesionalismo con que han sido preparados, esos trabajos producen un positivo efecto entre nosotros, tanto porque contribuyen a enriquecer la masa de conocimientos comprobados que poseemos sobre nuestro pasado como porque ofrecen nuevas perspectivas y metodologías de análisis y, últimamente, porque suscitan una saludable emulación entre los científicos sociales ecuatorianos. Pero no todo es color de rosa en el campo de la historiografía ecuatorianista: el aporte metodológico de la mayoría de los historiadores extranjeros tiene también unas limitaciones objetivas y, en cierta perspectiva, inclusive unos efectos nocivos. Así, se puede apreciar que se ha producido en el período una gran acumulación positivista de monografías y artículos menores, que muchas veces no tienen más sustento informativo que algún documento suelto encontrado al azar. Ello, a su vez, ha generado una corriente local de "monografismo", que generalmente se mueve por las pautas y modas temáticas llegadas del extranjero. Vista en bloque, esa acumulación monográfica -tanto ecuatoriana como ecuatorianista-ha permitido recoger una cantidad muy grande de información sobre nuestro pasado, pero, por su mismo enfoque reduccionista, nos ha ayudado sólo limitadamente a comprender mejor nuestra historia: su amplio horizonte social, su largo plazo, sus grandes fenómenos. Limitaciones aparte, es innegable que muchos estudios de los historiadores ecuatorianistas son de gran calidad y perspectiva verdaderamente científica, y que inclusive han cubierto los vacíos dejados por los historiadores ecuatorianos a causa del mismo escaso y tardío desarrollo de nuestras ciencias históricas; en otros casos, es notorio que esos aportes han enriquecido significativamente la labor ya emprendida por los historiadores nacionales, especialmente en lo que tiene que ver con la historia regional. Quiero citar como ejemplo de lo dicho el caso de la historia regional de Guayaquil, en el cual los aportes de los ecuatorianistas han sido francamente notables, destacándose entre ellos los estudios del norteamericano Michael Hamerly, en especial su difundida Historia social y económica de la antigua Provincia de Guayaquil. 1763-1842, del también norteamericano Adam Szászdi y su esposa Dora León Borja, del británico David J. Cubitt y sobre todo de la española María Luisa Laviana Cuetos, cuyo estupendo libro Guayaquil en el siglo XVIII. Recursos naturales y desarrollo económico es, con seguridad, el mejor y más completo estudio que existe sobre una región ecuatoriana en ese período y, a su vez, el más importante hito en la ya larga saga de estudios hechos por su autora respecto de la historia guayaquileña. Buena muestra de la labor "ecuatorianista" en el campo de los estudios de historia regional ha sido también el "Proyecto Loja", desarrollado entre 1980 y 1983 en la región sur del Ecuador por el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), en colaboración con el Banco Central del Ecuador, y cuyo sumario de informes fuera recogido por la Revista Cultura del Banco Central del Ecuador en su número 15. Este proyecto tuvo un alcance trascendental para la región estudiada, pues muchos de los temas que abarcó simplemente no habían sido tratados hasta entonces por los historiadores u otros científicos ecuatorianos. Dentro de un amplio equipo binacional de investigación científica, colaboraron en este proyecto algunos historiadores y arqueólogos franceses, como Chantal Caillavet, Martín Minchom, Ives Saint-Geours, Martine Petitjean, Emmanuel Fauroux, Jean Guffroy, Patrice Lecoq y Antonio Fresco. En la nómina de prestigiosos científicos extranjeros que han desarrollado sucesivos estudios sobre la historia ecuatoriana ocupan también lugar de honor el español Javier Ortiz de la Tabla, autor de muchos ensayos importantes sobre la historia social, económica y demográfica de la región andina ecuatorial, culminados con su excelente obra Los encomenderos de Quito. 1534-1660; el norteamericano Frank Salomon, que ha aportado a nuestra historiografía una obra intelectual de gran calidad y variedad, y los alemanes Udo Oberem, notable sabio y antiguo estudioso de los temas ecuatorianos, y Christiana Borchart de Moreno, prestigiosa investigadora de los temas de historia social y económica. Dentro de este grupo de "ecuatorianistas de tiempo completo" debemos incluir también a la ya citada historiadora francesa Chantal Caillavet, cuya obra intelectual sobre el Ecuador es ciertamente relevante. De modo menos frecuente, pero con una alta calidad investigativa, se han ocupado asimismo de temas de la historia ecuatoriana el francés Bernard Lavallé, el inglés Malcolm Deas, los españoles Demetrio Ramos Pérez, José Alcina Franch, Luis J. Ramos Gómez, Manuel Lucena Salmoral, Antonio Lafuente, Leoncio López Ocón y Berta Ares Queija, los norteamericanos John Murra, Magnus Mörner, Nick D. Mills Jr., Linda Alexander Rodríguez, Robson Brines Tyrer, Eric Beerman y Lois Crawford de Roberts, y el chileno Horacio Larraín, entre otros. Sus aportes al conocimiento histórico del pasado ecuatoriano, así como sus interpretaciones teóricas y planteamientos metodológicos, han sido ciertamente de gran utilidad para el desarrollo de las ciencias históricas en el Ecuador. Un tercer grupo de ecuatorianistas lo constituyen aquellos que han trabajado ocasionalmente algún tema de nuestra historia y cuya producción se reduce a una sola publicación. Figuran entre ellos las francesas Anne Christine Taylor e Iveline Lebret, el español Antonio Mazuecos y los norteamericanos John L. Phelan, Nicolas Cushner, Allan J. Kuethe, John C. Super y Paul Drake, y Ricardo Muratorio. Este es también, en general, el caso de los estudiantes extranjeros de la FLACSO, que han aportado y aportan a nuestra historiografía con sus trabajos de tesis, y también el de ciertos asistentes técnicos extranjeros, que efectúan investigaciones históricas durante su permanencia en el país y de modo preferente sobre temas de la región o localidad en donde desempeñan su labor profesional. Entre estos egresados flacsonianos destacamos nombres como los de Carlos Contreras, Leoncio López Ocón o Diana Bonnett, los primeros de los cuales ha seguido cultivando luego su interés por la historia ecuatoriana y efectuando aportes ocasionales a nuestra historiografía. Desde luego, esa falta de continuidad en el interés de los "ecuatorianistas iniciales" está causada, en buena medida, por la despreocupación con que las instituciones oficiales ecuatorianas han manejado casi siempre el asunto, desatendiendo la labor de estos amigos del país y no ofreciendo casi ningún estímulo a su generoso trabajo intelectual. La única excepción a esta actitud se dio, probablemente, durante el gobierno del presidente Rodrigo Borja, en el cual, desde la Subsecretaría de Cultura, invitamos a los ecuatorianistas españoles a participar con sus colegas del Ecuador en una primera reunión de intercambio científico alrededor del tema "Fuentes para la historia ecuatoriana". Pese a su notable éxito inicial y a las expectativas que abrió, este esfuerzo no tuvo continuidad, pues no se efectuó una segunda reunión de ese tipo que debía realizarse en España, bajo convocatoria de los historiadores españoles; empero, permitió un contacto directo entre historiadores de ambos países, mismo que posteriormente ha fructificado en diversas formas de cooperación. En esta misma línea, la Subsecretaría de Cultura otorgó la "Condecoración Nacional al Mérito Cultural" a dos historiadores españoles que figuran entre los ecuatorianistas más notables, María Luisa Laviana Cuetos y Javier Ortiz de la Tabla Ducasse, quienes han reciprocado luego estas muestras de estímulo oficial con una renovada preocupación por los asuntos de la historia ecuatoriana. Muy inteligente y objetiva ha sido, en este campo, la actitud de algunas entidades culturales privadas o autónomas, que se han interesado constantemente por el trabajo de investigación de los ecuatorianistas extranjeros, invitándolos periódicamente a participar en simposios científicos o publicando sus trabajos. Respecto de esa labor, son particularmente recomendables las acciones institucionales de la ADHILAC-ADHIEC, de la FLACSO y de la Universidad Andina "Simón Bolívar", que constantemente organizan reuniones científicas con historiadores ecuatorianistas, así como las del Archivo Histórico del Guayas, de la Corporación Editora Nacional y de la revista Cultura del Banco Central del Ecuador, que han instituido la publicación regular de libros o artículos de historiadores extranjeros. En beneficio de la misma historiografía ecuatoriana y de sus cultores sería de desear que el Estado y las instituciones culturales públicas pusieran mayor interés en el trabajo de los historiadores ecuatorianistas, quienes sirven desinteresadamente a los intereses del país y regularmente no reciben un adecuado estímulo de nuestra parte. Pueden plantearse algunas tareas útiles a este propósito: levantar un banco de datos sobre su labor, con información actualizada; interesarse en publicar sus trabajos y mantener con ellos una relación permanente, por medio de las instituciones culturales nacionales y nuestras representaciones diplomáticas en el extranjero; promover proyectos de investigación en los que cooperen historiadores ecuatorianos y extranjeros, etc. Por lo demás, un reiterado contacto entre los historiadores ecuatorianos y los ecuatorianistas extranjeros será siempre de gran utilidad científica, en razón de las diversas y complementarias fuentes que manejan unos y otros, y del enriquecedor cotejo de criterios y experiencias que puede darse. Como dijéramos antes, parte sustantiva del aporte de los historiadores ecuatorianistas ha radicado en su preocupación por especialidades poco cultivadas por los historiadores ecuatorianos, como, por ejemplo, la historia demográfica y la historia económica. En efecto, han sido los estudiosos extranjeros quienes iniciaron los trabajos de historia demográfica sobre el Ecuador y también quienes han realizado los mayores aportes en la especialidad, debiendo ponerse de relieve los trabajos de Michael T. Hamerly, Rosemary D. F. Bromley, Javier Ortiz de la Tabla, Robson Brines Tyrer, Martin Minchom y Karen Powers Vera. En el campo de la historia económica sucede algo similar, pues la especialidad se ha desarrollado básicamente por los aportes de los ecuatorianistas extranjeros. Mientras Brines Tyrer se empeñaba en un estudio general de la economía colonial del país, la mayoría de investigadores extranjeros optaban por centrar su enfoque en áreas regionales, debiendo subrayarse en esta perspectiva los trabajos del mismo Hamerly, de Laviana Cuetos, de los esposos Szászdi, de Cubbit y de Crawford sobre el área de la costa central, así como los estudios del notable investigador colombiano Germán Colmenares, prematuramente fallecido, sobre las haciendas jesuitas de la sierra norte y los métodos de acumulación originaria de la Compañía de Jesús. Igualmente, son de gran importancia los estudios de Ortiz de la Tabla y Borchart sobre la economía colonial en la sierra centro-norte, de Caillavet y Saint-Geours sobre la región lojana, de Palomeque sobre la región azuaya y de Alexander sobre las reformas del movimiento "juliano", vistas como un enfrentamiento político-económico regional. Hemos señalado también en líneas anteriores el papel protagónico que los ecuatorianistas han tenido en el desarrollo de la historia regional, ya complementando los estudios locales -como ocurrió en Guayaquil y el Azuay-o ya motivándolos, como en el caso de Loja. Llegados a este punto, se impone una reflexión sobre las inclinaciones temáticas de la generalidad de historiadores ecuatorianistas. Es evidente, por ejemplo, su preferencia por los temas de historia económica y demográfica, la arqueología o la etnohistoria, que se expresa tanto en los estudios generales como en los regionales. Ello obedece ciertamente a las condiciones objetivas que existen en sus países para la investigación histórica, tales como la existencia de un financiamiento preferencial para temas vinculados a ciertas áreas de "su" interés nacional (lo económico), o la presencia de "temáticas de moda" (ayer lo demográfico, hoy lo ecológico), detrás de las cuales incluso es relativamente fácil identificar a los principales "modistos" de cada país (p. e., en los EE. UU, el grupo de historia demográfica de Berkeley: W. Borah, S. F. Cook y L. B. Simpson). Mas, por otra parte, también salta a la vista su desinterés por los temas de la historia política, en general, y de la específicamente republicana, en particular. ¿Cuáles podrían ser las motivaciones de ese desinterés? En nuestra opinión, en la base de esa actitud hay, además de las inclinaciones de la moda intelectual, una inconsciente mezcla de juicios y prejuicios culturales (religiosos, étnicos, políticos) prevalecientes en Europa y los Estados Unidos respecto de las repúblicas latinoamericanas, y que tienen que ver con el carácter mestizo de su población, con su tradicional inestabilidad política y con su misma vocación republicana. Tomemos por ejemplo a los ecuatorianistas norteamericanos. Muchos de ellos -especialmente los etnohistoriadores-actúan con un espíritu abierto y desprejuiciado y muestran un notable interés por nuestra realidad pasada y presente. Empero, existe también un gran número de ellos que se aproxima a nuestra historia sobre los rieles de unos conceptos preconcebidos. Dicho de otro modo, no buscan estudiarla a partir de si misma, en su particular marco socio-cultural, sino a partir de los parámetros de su propia cultura. Así, ante sus ojos de buenos calvinistas o protestantes, el catolicismo de los pueblos del sur, lleno de manifestaciones externas (ricos templos, imágenes polícromas, procesiones masivas), aparece como un culto fanático e idolátrico, y legitima su autovaloración de "pueblo escogido". En otros casos, el análisis se efectúa a partir de los particulares conceptos norteamericanos de "democracia", "ley" y "orden". Cabal ejemplo de ello es el estudio de Adam Szászdi sobre la historiografía republicana del Ecuador, texto elaborado con bastante profesionalidad pero animado por una ideología absolutamente reaccionaria, donde se entremezclan el anticomunismo, el antiliberalismo y el filoconservadurismo más apasionados. Uno de los fenómenos más trascendentales de la historia republicana, cual es la Revolución Liberal de 1895, y su líder máximo, Eloy Alfaro, son juzgados en este trabajo con un espíritu totalmente prejuiciado, a la par que se exalta la figura del gran dictador, Gabriel García Moreno, hasta el extremo de justificar sus peticiones de protectorado francés para el Ecuador y su respaldo a la intervención francesa en México. En el caso de los historiadores europeos, salta a la vista que la mayoría de sus trabajos sobre la historia del Ecuador -y, en general, sobre la de América Latina-enfocan temas referidos a la época colonial. Ello es explicable en tanto que tienen en sus propios archivos las fuentes referidas al período colonial, mientras que les quedan lejanas las fuentes del período republicano. Pero no es menos cierto que, junto a esas distancias físicas, cada vez más disminuidas por la tecnología moderna, se percibe un "distanciamiento mental", quizá inconsciente, de los latinoamericanistas europeos con relación a la historia republicana de América Latina, al punto que ello justificaría especular con la idea de que, en general, les interesa nuestra historia en cuanto puede ser vista como apéndice de la suya propia. Al terminar este trabajo creemos necesario resumir en unas pocas líneas la evaluación historiográfica del último cuarto de siglo. La sola cantidad de información que hemos debido recoger para emprender el presente ensayo, pese a tratarse de una información inevitablemente incompleta, revela ya que estamos ante un gran salto cuantitativo de la historiografía ecuatoriana. Nunca antes se había producido tanto durante un período similar. Nunca antes se había incursionado en tantos temas o se habían formulado tan variadas interpretaciones teóricas. Nunca antes había existido tan gran número de gentes dedicadas a la investigación histórica. Nunca se había publicado tanto. También el salto cualitativo ha sido notable, aunque lamentablemente inferior al cuantitativo. Sin embargo, es irrefutable que ese salto de calidad se ha producido en el último cuarto de siglo y que sus manifestaciones más evidentes son las siguientes: a) La generalizada superación del "culto a los héroes" como vocación y la biografía como género, y su sustitución por una visión crecientemente científica de la historia, expresada en numerosos estudios acerca de la estructura socio-económica y de los procesos vinculados a ella (sociales, económicos, culturales, demográficos), o en investigaciones sobre la coyuntura y sus fenómenos. b) El abandono del anterior ejercicio historiográfico, las más de las veces limitado al "refrito" de datos ya conocidos y a la glosa de opiniones ajenas, y el surgimiento de un renovado interés por la investigación histórica, por ese "regreso a las fuentes de la historia" por el que clamaba Gabriel Cevallos García a fines de los años cincuenta.7 c) La superación del relato cronologista, de los grandes "nudos historiográficos" y del empirismo metodológico en beneficio de la reflexión histórica, la amplitud temática y una vocación plenamente cientificista. d) La presencia de una "historia crítica" o revisionista en el lugar que antes ocupaba la "historia oficial", y la generalizada preocupación por investigar la historia de los sectores sociales marginados (clases, etnias), de las regiones olvidadas y de los períodos poco conocidos. Desde luego, el desnivel existente entre la cantidad y la calidad de la actual historiografía ecuatoriana no es un asunto atribuible a la voluntad personal de los historiadores. Muchas circunstancias han determinado que esto fuera así y no de otro modo ni de mejor manera. Entre ellas se destacan algunas que no queremos soslayar y que son las siguientes: La poca preocupación del Estado y los poderes públicos por los asuntos de la investigación histórica, lo que contrasta penosamente con la verborrea historicista de que, en general, hacen gala todos los políticos y gobernantes ecuatorianos (No hay centros de investigación, no hay becas de investigación, no hay una política de investigación). La lamentable situación en que se hallan los archivos públicos ecuatorianos, que, como el Archivo Nacional de Historia, carecen hasta de un local propio y viven arrimados a la sombra de otras instituciones (en este caso, de la CCE). Adicionalmente, el Sistema Nacional de Archivos sólo existe en la letra de la ley que lo creo, pues carece de recursos para recoger, catalogar y poner en uso, en todo el país, los fondos documentales cuya protección le ha sido legalmente encargada. La prolongada crisis académica de las universidades nacionales, que, salvo alguna honrosa excepción, se hallan del todo imposibilitadas para formar historiadores o para sostener una coherente política de investigación histórica y publicaciones. La falta casi total de condiciones para la profesionalización de los historiadores, cuya labor es vista por el público, y en primer lugar por el Estado, como una erudita tarea recreativa que no necesita ni merece remuneración alguna. (Todavía es común que las instituciones, periódicos, revistas, etc, nos inviten a dictar una conferencia o escribir un artículo sin sentirse en la obligación de pagar por ello). Frente a escollos tan grandes y aparentemente insalvables, poco es lo que personalmente pueden hacer los historiadores, quienes ya tienen bastante con darse modos para asegurar su supervivencia en medio de la crisis económica, porque, como se sabe, el oficio de historiador no es redituable. Corresponderá, pues, a las organizaciones gremiales, y en primer lugar a la Asociación de Historiadores del Ecuador (ADHIEC), el esfuerzo por cambiar esta situación y alcanzar para los historiadores ecuatorianos unas condiciones mínimas de trabajo profesional. En fin, es a la sombra de este panorama crítico que debe valorarse el aporte científico de los historiadores ecuatorianos contemporáneos. Sinceramente, creo que su entrega a la historiografía del país ha sido notable y que, si se remueven los escollos señalados, puede ser inmensamente mayor. Pero esa es ya una tarea de futuro.
La derecha ha tenido un papel central en la historia argentina del siglo XX, tanto como fuerza política como intelectual. Los ensayos reunidos en este libro constituyen el primer intento por considerar la historia de la derecha argentina en su conjunto, desde sus orígenes hasta el presente. Algunos de los trabajos reunidos en la obra fueron discutidos en la reunión de la American Historical Association en 1985. El singular reto de los compiladores ha sido traspasar la barrera historiográfica que concentró a los estudios sobre la derecha argentina, y su ideología nacionalista, en las décadas de 1920 y 1930, momento más álgido de su actividad. La "derecha" la conciben los autores, por definición, como grupos con posiciones que van desde el conservadurismo moderado al autoritarismo militar, reacción aristocrática o fascismo ultranacionalista. Las influencias ideológicas, los orígenes sociales o el contexto histórico donde operó la derecha, son algunas de las variables trabajadas por los diferentes ensayistas que hacen del libro una necesaria referencia para los historiadores de la política argentina del siglo XX. Lo cierto es que, siendo Argentina el país latinoamericano más ligado a Europa, recibió las doctrinas de la derecha del otro lado del Atlántico, principalmente de las formas mediterráneas. Sin embargo, y como lo señalan los autores en la introducción, las organizaciones derechistas que paulatinamente se formaron en el país sudamericano no fueron meras imitaciones de los movimientos europeos, sino que crecieron al amparo de las condiciones políticas y económicas locales. Las raíces de la derecha argentina, como en Europa, pueden encontrarse en la rebelión contra el liberalismo clásico que inspiro la modernización de la nación en la segunda mitad del siglo XIX. Las críticas de la derecha tendían a exaltar las desigualdades sociales que habían generado las políticas liberales. Su organización, ligada a los sectores altos de la sociedad, se realizó en respuesta a las demandas de las clases bajas para una más equitativa distribución de la riqueza y el poder. Hacia 1930, se produjo una división de la derecha en dos fracciones que, de una forma u otra, persistió en el tiempo. Por un lado, los conservadores, o la "vieja derecha" de las clases más altas, relacionadas con la economía de exportación y cuyo mayor objetivo era el mantenimiento de sus privilegios a través del ejercicio de la política fraudulenta. Por otro, los nacionalistas que formaron la "nueva derecha", de variados orígenes sociales, con la intención de purificar a la Argentina de la corrupción más izquierdista y liberal, y crear una patria poderosamente independiente. Los compiladores exaltan la interacción de ambas tendencias de la derecha en la historia argentina para explicar, en parte, la crisis política que ha afectado a aquel país durante el siglo XX. Los seis trabajos reunidos en este libro han tratado, unos más acabadamente que otros, distintos períodos de la historia política argentina e interpretado cómo los cambios de las determinadas coyunturas influyeron y fueron influidos por la derecha. La mayoría, sin embargo, son contribuciones basadas en material secundario, invitando a una investigación empírica más profunda. El ensayo de David Rock constituye un verdadero esfuerzo por sistematizar las tradiciones intelectuales e ideológicas de la derecha argentina. La doctrina contrarrevolucionaria -y su antiliberalismo-y las manifestaciones fascistas del franquismo español han sido las fundamentales influencias europeas que la derecha argentina absorbió desigualmente y asincrónicamente de acuerdo a las modas y a las condiciones políticas que prevalecieron en la Argentina. En su análisis, 1914 significa un corte cronológico importante para evaluar tanto el peso real como la identidad institucional de la derecha. Hasta entonces, su antiliberalismo se traducía más bien, en un movimiento literario prepolítico y desorganizado. La influencia de la derecha francesa, asociada a las lecturas de Charles Maurras, cobró trascendencia a partir de la década de 1920 y se filtró en Argentina a través de las creencias del nacionalismo: amor al orden, herencia, corporativismo, catolicismo militante, odio al liberalismo, a la izquierda, el feminismo, la masonería y los judíos. Para el autor, a partir de entonces la derecha se conforma como movimiento político. Su estudio está centrado en la Liga Patriótica Argentina y el Movimiento Nacionalista, en tanto manifestaciones más sobresalientes del sentimiento antidemocrático y antipopular de la época. El origen social, las acciones y las claves en materia de pensamiento de ambos movimientos son los paradigmas que la autora intenta resolver. El análisis histórico en torno al nacimiento y a las acciones amenazadoras de la Liga hacia los inmigrantes o a la conformación de uniones obreras, otorgan al ensayo ciertas cuotas de originalidad y de avance historiográfico que merecen destacarse. Ronald H. Dolkart repasa a los viejos conservadores y nuevos nacionalistas uniendo sus esfuerzos por legitimarse como fuerza política más viable del país en una coyuntura exaltadora de los valores del fascismo europeo. Las tensiones entre ambas facciones de la derecha durante esos años se tradujeron, por un lado, en las aspiraciones del sector, representado por el general Uriburu, por implementar un estado corporativo y autoritario y, por otro, en las formulaciones políticas del entorno del general Justo por administrar el país en un marco de "concordancia" mediante el fraude. Richard Walter analiza, desde la generalidad, el rol de la derecha durante el período peronista. Para los nacionalistas, la Revolución militar de 1943 parecía ser su oportunidad política y apoyaron a Perón sin demasiadas reservas. Sin embargo, una vez en el poder, Perón intentó neutralizar a la derecha y hábilmente cooptar sus ideas. Para la derecha, el peronismo fue una alternativa aceptable hasta que se produjo el choque con la Iglesia en 1954. Desde entonces, las escuetas organizaciones de derecha que quedaban se unieron con los militares y los políticos de la oposición propiciando la caída de Perón en 1955. Más precisos estudios podrán ampliar o descartar las hipótesis señaladas en el ensayo. El comportamiento político de la derecha durante los regímenes civiles entre 1955 y 1976 es estudiada por Leonardo Senkman. Los sectores de la derecha tradicional tenían un rol legislativo ocupando bancas de partidos de centro declaradamente antiperonistas. La derecha extraparlamentaria estaba dividida en diferentes facciones: la derecha liberal, la derecha peronista, los nacionalistas, y aquellos sectores vinculados con los militares. Preocupaciones fundamentales, para tales grupos, eran la política económica del gobierno y la supresión de movimientos políticos de masas. Unidas por el antisemitismo y el anticomunismo, y protegidas por los servicios de seguridad del estado, movilizaron a los sectores bajos y medios para justificar su violencia. Paul Lewis indaga en la colaboración logística de la derecha durante los gobiernos militares entre 1955 y l983. Los valores que defendían los militaresorganización, herencia, autoridad, disciplina-se conjugaban con los principios de la derecha nacionalista y corporativista. Los gobiernos militares, sin embargo, encontraron en la derecha liberal los mejores técnicos para planificar y ejecutar políticas sin interferencias de grupos de interés. Aunque el ensayo termina señalando los hombres de la derecha que colaboraron con los gobiernos militares, su enunciación es un importante punto de partida para posteriores análisis. Repasando al conjunto de los trabajos compilados en esta obra, algunas observaciones son dignas de mención. Entre ellas sobresale tanto la incapacidad de la derecha argentina de tener un movimiento unido como su inhabilidad para actuar pragmáticamente y hacerse con el poder. La carencia de líderes políticos carismáticos, condujo a la derecha a valerse de intelectuales o a aliarse con los militares para participar del poder. La utilización de la violencia contra sus oponentes -sindicatos socialistas, izquierdistas, estudiantes y judíos-es otra de las características de la derecha argentina. En definitiva, esta obra constituye el primer intento por describir y analizar la participación política de la derecha en la historia argentina del siglo XX. Por esa misma razón, es una invitación a futuros estudios para que, a partir de una relectura de la historia politica argentina, consideren tanto a la investigación empírica como al análisis de la documentación primaria para enriquecer la contribución historiográfica de esta obra. No obstante, la escasez de contribuciones sobre las acciones, y las posibles influencias ideológicas de la derecha luego de la caída del pero-nismo exigen una mirada más acusada del problema desde la mitad del siglo en adelante. Las vinculaciones con los partidos políticos y las fuerzas militares, desde una perspectiva comparativa, no deberían desatenderse en las próximas investigaciones.-MARCELA A. GARCÍA. Cultura alimentaria de España y América. Antonio Garrido Aranda (Comp.). El hecho de que el Grupo de Investigación Cultura Alimentaria, que bajo la dirección de Antonio Garrido trabaja en la Universidad de Córdoba con el patrocinio de la Junta de Andalucía y a tan sólo tres años de su constitución haya producido, con el libro que vamos a comentar, tres obras importantes en el campo casi inédito en España de los estudios alimentarios -las anteriores fueron el libro de Carmen Simón sobre Libros Antiguos de Cultura Alimentaria (1994) y el Seminario sobre Cultura Alimentaria Andalucía-América, también coordinado por Garrido (México, 1995)-constituye verdaderamente un acontecimiento poco común y digno de ser resaltado, cuando tantos otros "proyectos de investigación" se quedan en eso, en meros "proyectos" y nunca sabemos ni sabremos para qué sirvieron los fondos económicos -casi siempre escasos, ciertamente-que se invirtieron. El libro que comentamos -tan pulcramente publicado por la editorial La Val de Onsera-aborda el tema de la cultura alimentaria en España y América, utilizando una metodología explícitamente multidisciplinaria, en tres dimensiones: la literaria, la histórica y la antropológica. De los cuatro estudios que componen la parte titulada Literatura y alimentación, tres de ellos son el resultado de colaboradores del grupo de investigación que trabaja en Córdoba bajo la dirección de Garrido: el primero se refiere a la bibliografía antigua sobre esta materia y es obra de M. Carmen Simón, mientras el segundo, obra de un numeroso grupo de colaboradores del proyecto, tiene por objeto analizar la visión literaria -especialmente en la narrativa picaresca-de los hábitos alimenticios, tomando como polos extremos el hambre y el hartazgo; estudio de gran interés que abre una perspectiva que sin duda se puede ampliar tanto en lo cuantitativo, como en el terreno de la interpretación. Joaquín Roses, también de la Universidad de Córdoba, se refiere en su ensayo "El pan y la palabra: historia, semántica y estrategias discursivas en las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma" a uno de los filones más ricos de la cultura popular hispanoamericana, en el que el campo alimentario es, evidentemente de una gran riqueza a su vez. El último estudio de esta sección, el de María Grazia Profeti, de la Universidad de Florencia, aborda el tema del banquete carnavalesco y el banquete macabro del siglo de Oro en los que no sólo los alimentos, mas el acto de comer y su parafernalia permiten alcanzar un nivel simbólico en lo referente a la interpretación del acto alimentario. La sección dedicada a historia alimentaria es, sin duda, la que concentra un mayor número de estudios entre los que cabría destacar el dedicado a "los manipuladores de alimentos en España y América, entre los siglos XV y XVIII" obra de A. Garrido y colaboradores de su equipo, trabajo muy denso en el análisis de fuentes y metodología, así como en el desarrollo de temas concretos como son los del pan, la carne y los dulces. No menos importantes son, sin embargo, los estudios de Juan Sanz sobre "Alimentación y estructura agropecuaria en Andalucía Oriental..." o los que dedica al tomate Janet Long Solís (de la UNAM) y al Cuzco en el siglo XVI Zenón Guzmán o los jardines botánicos estudiados por Esteban Hernández, y a los banquetes masónicos, por Jacinto Torres. Los trabajos reunidos en la tercera parte de este libro que, como ya hemos dicho, se refieren a Antropología de la alimentación, no son menos interesantes que los anteriores. Así como el de Jesús Contreras, que cierra el volumen -"El porqué de una antropología de la alimentación"-es una contribución de carácter más general y aun teórica, los dos que le preceden se refieren a Andalucía: el de Isabel González a movimientos migratorios y el trabajo en las cocinas populares, y el de José Cobo y Francisco Luque a "Costumbres alimentarias de los andaluces durante los rituales de paso a comienzos de la presente centuria". En resumen, podemos decir que esta nueva muestra de la actividad del grupo de investigación que Antonio Garrido dirige en la Universidad de Córdoba, con la colaboración de algunos especialistas extranjeros, constituye una prueba adicional del buen hacer de un grupo de profesionales que, siguiendo una metodología fundamentalmente multidisciplinaria, se adentra en la resolución de problemas que nunca antes habían sido atendidos por los historiadores. Ojalá proyectos de este género proliferen en el futuro y renueven así las perspectivas de la investigación científica española en este campo de las Ciencias Sociales.-JOSÉ ALCINA FRANCH. Florescano, Enrique: Memoria Mexicana. Los mexicanistas sabemos que en 1977 la doctora Alejandra Moreno Toscano de Florescano empezó a dirigir el Archivo General de la Nación y a encabezar la enorme "tarea de ordenar toneladas de documentos, organizarlos, clasificarlos y limpiarlos (literalmente) del polvo de los tiempos". La doctora Moreno Toscano llego a preguntarse para qué serviría ordenar los documentos del Archivo, se cuestionó la función y el papel de los archivos y el sentido y la función de la historia. En 1980, Alejandra Moreno convocó a diez historiadores y escritores y les propuso responder a la pregunta ¿Para qué sirve la historia? Creo que desde esa época, los planteamientos de sus nueve compañeros y los suyos propios motivaron al doctor Enrique Florescano a pensar en el libro Memoria Mexicana. En el ensayo que presentó para esa reunión, "De la memoria del poder a la historia como explicación", que formó parte del libro colectivo Historia ¿Para que? Florescano planteaba que la recuperación del pasado "asume todas las formas de identificación, de explicación de los orígenes, de legitimización del orden establecido, de darle sentido a la vida de los individuos y las naciones, de inculcar ejemplos morales, de sancionar la dominación de unos hombres sobre otros, de fundar el presente y ordenar el futuro inmediato". Desde 1980 Florescano ha estado recuperando las memorias del pasado mexicano y reflexionando sobre ellas, ha escrito estudios rigurosos y novedosos que se resumen en este libro: Memoria Mexicana, el cual tuvo un antecedente en 1987 con el subtítulo "Ensayo sobre la reconstrucción del pasado: época prehispánica-1821". En Memoria Mexicana Florescano huyó "del reduccionismo y de ortodoxias académicas estériles" y buscó formas como el mito, la leyenda, el ritual, los símbolos, las utopías, aunque no olvidó las crónicas y las obras históricas que se proponen reconstruir el pasado, que trabajó con una historia arqueológica, no sólo porque utiliza los monumentos como fuentes sino porque practica una historia retrospectiva, por ejemplo, cuando examina las cosmogonías mesoamericanas: del texto del Popol Vuh se remonta a las construcciones olmecas y mayas, a las piramides, a las vasijas, a las estelas Para hablar en los términos de los arqueólogos, su primer gran hallazgo es mostrarnos cómo "desde los olmecas hasta los aztecas, los pueblos mesoamericanos construyeron la memoria de sus orígenes siguiendo una cartografía espacial que buscaba reflejar la exacta composición del cosmos". El espacio se unía al tiempo en el sistema calendárico, y ambos se articulaban con el acontecer, la vida y el destino de los hombres. Los mitos cosmogónicos definieron las relaciones de los seres humanos con la naturaleza, entre ellos mismos y con los gobernantes. Florescano ha encontrado que "la memoria histórica de estos reinos se concentró en demostrar la legitimidad de los ocupantes del trono, destacar las principales funciones del soberano y exaltar sus hazañas". En la reconstrucción de la memoria indígena, Florescano muestra que es posible acercarse al pasado mexicano mediante la utilización de dos formas, tanto a través de los vestigios materiales o monumentos como de las obras escritas o documentos. Para el estudio del discurso que se elaboró con la Conquista, Florescano parte del nuevo sujeto de la historia, el conquistador, y otra vez con una metodología arqueológica y retrospectiva examina "la tradición judeo-cristiana-medieval" que los españoles trasladaron al Nuevo Mundo, tradición que apoyaba la misión providencialista de España en el mundo. Aquí Florescano nos muestra cómo a partir de la Conquista, el discurso histórico se desarrolló de acuerdo con la idea cristiana de la historia "con sus vertientes apostólicas, mesiánicas y providencialistas". La Corona pregonó una interpretación providencialista e imperialista de la conquista que fue el fundamento de las relaciones que se establecieron entre la metrópoli y la Nueva España. Además de estas concepciones surgió un discurso místico y apocalíptico de los misioneros, sobre todo de los franciscanos. Florescano enfatiza cómo esta concepción cristiana de la historia originó "la descalificación de las culturas mesoamericanas", "desnaturalizó la historia indígena y la convirtió en un apéndice del esquema universal de la historia". La Conquista trajo para los indígenas un desquiciamiento del orden cósmico y una perturbación del orden humano, según muestra Florescano, pues con ella se da un choque entre dos concepciones antagónicas del tiempo y del pasado. Los indígenas concebían el tiempo en forma cíclica, los españoles tenían una concepción lineal; para los indígenas todo estaba ordenado, el espacio y el tiempo, para los españoles todo terminaría con un final apocalíptico. A pesar del desquiciamiento, la memoria indígena no desapareció, se transformó y se reconstruyó, como lo atestiguan las insurrecciones nativistas, milenaristas o mesiánicas: la del Mixtón en 1541 y 1542, la maya en 1546 y 1547, la de los zapotecos en 1547 y la de los indios pueblos en 1680. Además la memoria indígena pudo sobrevivir, como lo muestra el examen de la transformación del antiguo mito agrícola de Quetzalcóatl en un rey y sacerdote indígena con fisonomía y mentalidad europeas. Conocemos al doctor Florescano primero como autor de Precios del maíz y crisis agrícolas en México. 1708-1810, su tesis de doctorado, publicada en 1986 y libro ejemplar de historia económica y social; después, como estudioso de las epidemias y de los problemas agrarios de México; y hoy con Memoria Mexicana se convierte en un investigador de la historia cultural de los mitos, las leyendas, los rituales, los símbolos, las utopías, de una historia más bien antropológica. Los trabajos anteriores le permiten a Florescano llegar a la explicación del "desarraigo y recomposición de las comunidades indígenas", como se ve en el estudio de los títulos primordiales de las tierras y de los pueblos indígenas, y a la comprensión de la reconstrucción histórica que escribieron los nobles indígenas y sus descendientes. El encuentra que detrás del culto a la Tonatzin-Guadalupe, de los movimientos de Jacinto Canek, Antonio Pérez y el Nuevo Salvador están tres situaciones: un pueblo perseguido, acosado y dominado por otro pueblo, la creencia en un reino futuro donde el pueblo oprimido ocuparía un lugar privilegiado y la desintegración de los grupos tradicionales. Pero el libro no termina aquí, Florescano también estudia el movimiento insurgente y la aparición de una historia nacional. Recupera las pocas investigaciones sobre el discurso mítico de la insurgencia. Concluye que durante el virrei-nato no hubo una concepción precisa de la nación mexicana, aunque sí un desarrollo de la noción de patria, y se manifestó un sentimiento patriótico exaltado, reducido a la identidad con el suelo donde se había nacido y respaldado por un conjunto de valores religiosos compartidos, la unidad en torno de la fe católica y de la Guadalupana. Este sentimiento de patria también estuvo apoyado en la recuperación de la historia antigua indígena y dirigido por las reivindicaciones ideológicas de los criollos. Con la independencia política de España y con la decisión de un proyecto político nacional se creo un nuevo sujeto de la historia: la nación mexicana. Por primera vez los mexicanos consideraron unidos su país, su territorio, su población y su pasado. Cobraron conciencia de que no tenían una interpretación propia de su historia ni tenían las fuentes para reconstruirla, por lo que una de las primeras decisiones de los gobiernos independientes fue crear los archivos y los museos donde se conservaran los testimonios de la historia nacional. Con estas instituciones, el pasado del país fue repensado y reescrito pero "bajo la compulsión de crear una memoria histórica fundada en valores" de la nación independiente. Con esta conclusión termina Memoria Mexicana, un estupendo libro cuya lectura nos orienta hacia otros trabajos y a esperar, también con gusto, la nueva obra del doctor Florescano, Etnia. Estado y Nación.-CARMEN CASTAÑEDA. La cofradía de Aránzazu, fundada por vasco-navarros en la ciudad de México, fue la más importante de la Nueva España, en virtud de que agrupaba a un mayor número de personas y disponía de más bienes materiales que las demás cofradías. Además, las principales familias del virreinato estaban afiliadas a ella: Fagoaga, Yermo, Bassoco, Iraeta, Castaniza, Echeveste y Aldaco, entre muchas otras. Debido a su poder e influencia, desempeñó un papel significativo en la vida social, económica y política de la Nueva España. El libro La cofradía de Aránzazu de México (1681México ( -1799)), escrito por la destacada investigadora de la Universidad de Navarra Elisa Luque Alcaide, analiza la organización, el desarrollo y la actuación de la cofradía a lo largo de 12 décadas de finales del siglo XVII y del siglo XVIII. La autora parte del funcionamiento de las cofradías vascas en España y describe el surgimiento de la hermandad de Aránzazu en la ciudad de México en 1681, que en 1696 adquirió las características de una cofradía. Señala las diferentes fases por las cuales atravesó la cofradía a lo largo del período estudiado, poniendo énfasis en las transformaciones que sufrió, los proyectos que emprendió y las dificultades que enfrentó. Aborda cada uno de los siguientes temas: el gobierno de la cofradía, el financiamiento, la autonomía jurídica, la vida religiosa y la atención a los necesitados. Paralelamente a la historia de la cofradía, Luque Alcaide se refiere a la comunidad vasco-navarra de la ciudad de México, dentro de la cual destacaban los comerciantes al mayoreo, a quienes se conocía como almacenistas. Analiza su actividad profesional, formas de vida, condiciones de vivienda y composición social, entre muchos otros aspectos. La cofradía de Aránzazu de México es una obra bien estructurada, de ágil lectura, muy rica en datos, que anteriormente no eran accesibles al público. El texto se apoya en gráficas, cuadros y en siete valiosos apéndices, que complementan la información. A lo largo de ella se resalta el espíritu de la comunidad vasca, fundadora y sostenedora de la cofradía. Todas las decisiones se tomaban en forma colegiada y se respetaba rigurosamente la voluntad de la mayoría. Destaca su afán emprendedor y su incansable lucha por mejorar la cofradía y extender sus proyectos asistenciales y comunitarios. Otra constante fue el afán autonomista de la cofradía, que debió sostener una lucha ardua contra las autoridades civiles y eclesiásticas -que pretendían supervisarla y someterla a su jurisdicción-hasta lograr su plena independencia. La pretensión de independencia se basaba en el hecho de que la cofradía se sostenía enteramente con sus propios medios y no dependía de donaciones, ni de subsidios de ningún tipo. Cada cofrade aportaba una anualidad, que era sustancialmente mayor en el caso de los miembros de la mesa directiva, quienes tenían la responsabilidad del adecuado funcionamiento de la cofradía. Por lo anterior, era un gran honor ocupar alguno de los puestos directivos de la mesa, no obstante, sólo lo podían aceptar aquellos que disponían de suficientes bienes para hacer frente a sus necesidades. La liquidez económica que caracterizó a la cofradía durante el período estudiado se debió al hábil manejo de sus finanzas, que era responsabilidad de la Junta de gobierno. El capital inicial se formó de donaciones, que producían un cinco por ciento anual, pero la cofradía requería más fondos, por lo cual la mesa decidió hacer una colecta en 1690 para invertir en el comercio con Filipinas. No era habitual que el dinero perteneciente a fondos piadosos se invirtiera en operaciones comerciales por el riesgo que éstas implicaban y sólo fue posible gracias a que los donadores miembros de la mesa directiva estuvieron dispuestos a asumir eventuales pérdidas y a reponer el capital. Uno de los mayores retos que se impuso Aránzazu fue la fundación del Colegio de San Ignacio, llamado de las Vizcaínas, una institución educativa y asistencial para las mujeres. En dicho colegio se admitían pupilas en edad escolar y mujeres desamparadas o que necesitaban contar con un lugar seguro para vivir. El Colegio fue laico y secular y su supervisión y administración dependió enteramente de la cofradía. Sus fundamentos fueron tan sólidos que esta magna institución ha funcionado en forma ininterrumpida hasta hoy día y sigue brindando educación a los niños mexicanos. El Colegio se sostuvo enteramente por los miembros de la cofradía y a fines del siglo XVIII gozaba de un presupuesto anual de alrededor de 5.500 pesos. Aproximadamente el 75 por ciento de las alumnas tenían becas y a fines del siglo XVIII se abrió una sección para niñas pobres, que recibían educación gratuita. Otro proyecto de gran envergadura fue el apoyo que brindó la cofradía a la Sociedad Vascongada de Amigos del País, mediante la fundación del Seminario de Vergara, cuyo objetivo era promover las provincias vascongadas desde el punto de vista cultural y económico y divulgar las ideas ilustradas que subyacían a la Sociedad. Una de las principales funciones de la cofradía era apoyar a los necesitados -los pobres, las mujeres, los huérfanos y los ancianos-, por lo cual se redistribuía la riqueza dentro del grupo de los vasco-navarros. Los que tenían más apoyaban a los que tenían menos y así se proporcionaba asistencia y seguridad al conjunto de los "paisanos". Las mujeres que quedaban viudas tenían garantizado un lugar digno donde refugiarse; las niñas huérfanas podían estudiar y acceder a alguna de las dotes que se rifaban entre las jóvenes que no disponían de ella. Los niños y hombres jóvenes que se dedicaran a la carrera eclesiástica podían aspirar a obtener una capellanía que les proporcionara una renta de por vida. Los enfermos y moribundos recibían atención médica y la cofradía solventaba los gastos del entierro. Por último, la vida espiritual y las prácticas religiosas de la cofradía estaban encaminadas a la salvación del alma, una de las mayores preocupaciones de las personas de la época moderna. Sin duda, la búsqueda de seguridad es una inquietud natural en el hombre de todos los tiempos. Hoy día compramos seguros de vida y contra enfermedades y catástrofes, como incendios y temblores, y contamos con instituciones gubernamentales de seguridad social. Lo que hemos perdido es la solidaridad con el prójimo y en este sentido el libro de Elisa Luque Alcaide nos incita a reflexionar.-GISELA VON WOBESER. Mesa-Lago, Carmelo: Breve historia económica de la Cuba socialista. Políticas. resultados y perspectivas, Versión española de Eva Rodríguez Halfer. Colección Alianza América, número 35, Alianza Editorial. Madrid, 1994, 246 págs., índice de materias, apéndice estadístico (esquemas y cuadros) y bibliografía. Breve historia de la Cuba socialista es, en realidad, una reedición ampliada y corregida del libro del mismo autor, La economía de Cuba socialista (Ed. Nada tiene de malo, sin embargo, reeditar y ampliar dicho libro. Todo lo contrario, pues se trata de la mejor obra escrita sobre la economía cubana actual, estaba agotada hace ya tiempo, y desde que se publicó han aparecido nuevas fuentes, estudios, estimaciones y, por supuesto, han ocurrido sucesos dignos de consideración para juzgar un tema que, con el paso del tiempo, ha dejado de ser economía y se ha convertido en historia económica. Un aliciente mas para la reedición es el hecho de que las mencionadas nuevas fuentes, estimaciones, estudios y sucesos no han variado en lo esencial las opiniones de Mesa-Lago del año 1985 sobre el período comprendido entre esa fecha y el triunfo de la Revolución Castrista (1959); opiniones que, por lo demás, se han reforzado a la luz de los acontecimientos posteriores. Breve historia de la Cuba socialista se compone de diez capítulos. El noveno y el décimo contienen un apéndice estadístico y una bibliografía. De los ocho restantes, el primero es una introducción en la que se aborda la situación prerrevolucionaria (condiciones y políticas) y las políticas económicas de la Revolución. El último es un artículo sobre las perspectivas de futuro de la economía y la política insular y decimos artículo porque reproduce un trabajo coescrito por H. Fabián y C. Mesa-Lago ("Analogies Between East European Socialist Regimenes and Cuba: Scenarios for the Future", en C. Mesa-Lago (ed.): Cubar after the Cold War, Univ. of Pittsburgh Press, 1993), puesto al día por este último para incluir los sucesos de 1993. Dichos indicadores son, en lo que respecta a las políticas: propiedad, planificación, financiación, estabilización, precios, estrategia de desarrollo, sector externo, diversificación comercial, trabajo, empleo, distribución y servicios sociales. En lo que a los resultados se refiere, el autor analiza el crecimiento, la inflación, la balanza comercial, el desempleo y los indicadores sociales. Las conclusiones de cada capítulo, finalmente, se exponen en un resumen al final de los mismos y, esquemáticamente, en el cuadro 1 del apéndice, titulado "Resumen de las políticas económicas de Cuba por etapas, 1959Cuba por etapas, -1993" " En la introducción, Mesa-Lago señala que durante los años que precedieron a la Revolución, Cuba se situaba entre los países más desarrollados de América Latina en todos los indicadores socio-económicos. Los asalariados captaban un 65% de la renta nacional, el porcentaje más alto de la región, pero a costa de fuertes problemas de subempleo estructural, debido al carácter temporal de buena parte del empleo en una economía muy dependiente de la producción azucarera (el azúcar representaba el 80% del ingreso procedente del comercio, generaba el 30% del PIB y ocupaba al 25% de la fuerza de trabajo). A esos inconvenientes se unían, además, problemas de macrocefalismo (en 1959, el 27% de la población se concentraba en la ciudad de La Habana y su área de conurbación), grandes diferencias entre el campo y la ciudad (el campesino era el más perjudicado por el subempleo y el peor parado en la distribución de la renta), así como de dependencia de un solo mercado: medidas en valores, el 66% de las exportaciones insulares se enviaba a los EE.UU., país del que procedía el 72% de las importaciones. En lo que se refiere a las políticas económicas, el autor destaca que la intervención del Estado tuvo menos incidencia dentro del aparato productivo de lo que fue común en otras naciones latinoamericanas y que sus esfuerzos no lograron aliviar los problemas estructurales que padecía el país. Los capítulos dos al cinco estudian la liquidación del capitalismo y la erosión del mercado (1959-60), el intento de aplicación del modelo económico ortodoxo (estalinista) de planificación central, el debate y ensayo, tras el fracaso del anterior, de modelos socialistas alternativos (1964-66) y la adopción del modelo Maoguevarista (1966-70). Mesa-Lago respeta su cronología de estudio tradicional, a pesar de que quizás hubiese sido conveniente agrupar el período con vistas en el largo plazo (esta cronología fue ideada para el estudio de la década de 1960, distinguiendo únicamente una etapa, entre el triunfo de la Revolución y la zafra de los diez millones (1959-70); tal vez dos: 1961-63: estrategia económica antiazucarera; 1963-69: azúcar como base para la posterior estrategia industrializadora. Según Mesa-Lago, lo que definió a los años 1959-60, fue el intento por parte de la dirigencia revolucionaria de solucionar a la vez todos los problemas socio-económicos. En realidad se podría decir que ésta carecía de un verdadero plan de actuación. Se consiguió un crecimiento económico moderado, aprovechando el equipamiento existente y en parte infrautilizado, así como dos años de buenas cosechas azucareras. Las políticas fueron expansivas en lo que respecta al gasto público, a pesar de lo cual, la inflación se contuvo gracias al incremento de las rentas fiscales y al control gubernamental del precio de los principales servicios públicos. La etapa se caracterizó también por la nacionalización de casi todo el aparato productivo, no obstante, este proceso no tuvo efectos inmediatos. La estrategia revolucionaria fue relativamente exitosa en la distribución de la riqueza, favoreciendo fundamentalmente al campo, aunque en detrimento de la acumulación de capital. Fracasó, sin embargo, en la lucha contra el desempleo y contra el monocultivo. Sí fue posible, debido a la ruptura de relaciones entre Cuba y los EE.UU. y al embargo de la isla por parte de este último país, reducir la dependencia del mercado norteamericano, pero también se inició el giro hacia el campo socialista, que terminaría sustituyendo dicha dependencia por la soviética en la etapa siguiente. En esa segunda etapa, los revolucionarios trataron de instaurar un modelo ortodoxo de planificación central, teniendo como resultado un descenso de las rentas y de las exportaciones de azúcar y, por consiguiente, una fuerte crisis económica. El castrismo intentó subvertir el sistema económico, con un ideario marcadamente antiazucarero -considerando que el dulce era un vestigio del pasado y de la explotación. La diversificación y la industrialización, empero, no tuvieron éxito. Por el contrario, el ingreso decreció, aumentó el déficit comercial y la inflación. A pesar de la moderada elevación de los coeficientes de inversión, la productividad del trabajo y del capital experimentaron un fuerte deterioro y creció el desempleo. Los pésimos resultados de la aplicación del modelo ortodoxo de planificación central condujeron a la Revolución a un período de debate y ensayo de modelos alternativos, el más enriquecedor de su historia en ese sentido, que se definió por el enfrentamiento entre los partidarios del socialismo de mercado (Libermanismo) y los del sistema de financiamiento presupuestario de las empresas (Maoguevarismo), cuyos preceptos se aplicaron al mismo tiempo en distintos sectores productivos. El resultado fue una mejora en el crecimiento debido al abandono de la estrategia antiazucarera, que se acompañó de buenas cosechas y de un incremento de los precios del dulce en el mercado socialista. La vuelta al azúcar, sin embargo, se realizó en detrimento de la diversificación y de la industrialización. La inflación fue alta en este período, aunque se redujo al final gracias a la disminución del gasto público. También decrecieron el déficit comercial y el desempleo, aunque con graves problemas de subempleo y de productividad laboral. La dependencia económica del azúcar y del mercado soviético se reforzó en los últimos años de esta etapa y durante la siguiente. El período 1966-70 se caracterizó también por la eliminación del debate que definió al anterior y por la adopción y radicalización de las propuestas guevaristas. Disminuyó el crecimiento, la inversión y la eficiencia del capital y la inflación alcanzó su cénit. Se realizaron zafras récords, aunque sin llegar a las metas previstas y en detrimento de otros sectores productivos. Además de la dependencia de la URSS, se incrementó el déficit comercial. Por el contrario, se logró el pleno empleo, pero a costa del subempleo y de la productividad del trabajo, así como de un fuerte absentismo laboral debido a la ausencia de incentivos materiales en el modelo del hombre nuevo de Ernesto Guevara. El fracaso del Maoguevarismo desembocó en un nuevo debate económico, que concluyó con el ensayo de aplicación del modelo moderado soviético (pre-Gorvachov) de reforma económica. Entre 1971-85 se vivió una etapa de fuerte crecimiento económico basado en la producción de azúcar. Aunque las metas de producción siguieron sin cumplirse, el sector se modernizó. También mejoraron otros sectores, así como la inversión y la productividad del trabajo y del capital, y se redujo la inflación. La década de 1970 y el primer lustro del decenio de 1980 fueron el momento de mayores realizaciones sociales. Se caracteriza, asimismo, por la aparición del déficit público, por un aumento del desempleo y por un empeoramiento de la distribución como consecuencia de la mejora en la productividad laboral. Lo más grave, sin embargo, fue el incremento de la dependencia económica de la URSS, del déficit comercial y de la deuda externa. El paraguas soviético salvó a Cuba de la crisis que desde principios de los años ochenta comenzaron a padecer los países latinoamericanos. Ahora bien, la crisis de la URSS, que también se inició en ese momento, dejó entrever ya en aquellas fechas el agotamiento del estilo de desarrollo y la isla se encontró ante una nueva encrucijada. El llamado proceso de rectificación antimercado, la caída del bloque socialista y la reforma económica subsiguiente caracterizaron al período 1986-93. El PSG se redujo en un 50% debido a la desaparición del paraguas soviético y al sesgo antimercado de las políticas castristas. Descendieron las cosechas de azúcar debido a la falta de combustible, recambios, abonos, etc. Todos los sectores productivos, excepto el turismo y la biotecnología, padecieron una crisis similar a la del azúcar. Empeoraron la inversión y los déficits presupuestario y comercial y la isla fue incapaz de obtener de otros socios los abastecimientos que ya no llegaban de la URSS -especialmente el petróleo. Todos los esfuerzos por encontrar nuevos socios comerciales se vieron obstaculizados por la dependencia económica del dulce (Cuba tiene poco más que ofrecer en el mercado) y por el embargo estadounidense. Se ha intentado atraer inversiones del extranjero, pero éstas se han concentrado en el turismo. Han aumentado el desempleo y el racionamiento y los grupos más desfavorecidos por esa situación han sido los de rentas más bajas, de manera que han comenzado a surgir problemas de desigualdad, incrementados por la reciente despenalización del dólar y del trabajo autónomo. Peligran los logros sociales y falta un plan de actuación eficiente frente a la crisis del sistema. El último capítulo que, como señalamos anteriormente, está escrito por Mesa-Lago y Fabián, se dedica a analizar los factores de cambio y los escenarios políticos y económicos futuros. Antes de comentarlo, conviene señalar que presenta una novedad de estilo bastante interesante: cuando ambos autores no coinciden en un juicio, se expone explícitamente para conocimiento del lector. Así, los dos piensan que el continuismo económico no es posible y que el sistema ha ido evolucionando, pero con extrema lentitud. Mesa-Lago opina que los cambios políticos han sido meras operaciones cosméticas y que se ha incrementado la represión y la militarización de la sociedad. Aunque sin poner esto en duda, Fabián cree que hay algunas posibilidades de democratización, opción rechazada por Mesa-Lago siempre que Castro se mantenga en el gobierno. Este último desconfía también, y por la misma razón, de que el modelo chino sea aplicable en la isla, pues implicaría que su máximo mandatario cediese parte de su poder, a lo que ha demostrado reiteradas veces no estar dispuesto. No hay discrepancias en lo que respecta al análisis de las políticas actuales, catalogadas como positivas, pero aisladas, sin formar parte de un plan de actuación estructurado. Tampoco las hay en lo que se refiere a las predicciones: los dos coinciden en que el final será violento si no se da una transición política real, pero desestiman la idea de una rebelión. Mas bien parece que la solución final podría ser un golpe de Estado y no es descabellado pensar que éste desembocaría en una guerra civil. De ser así, el avance hacia el mercado sería mayor que en China. Fabián y Mesa-Lago terminan expresando sus deseos de que dicho cambio sea pacífico y de que pueda aprovechar las experiencias de ajuste de otros países latinoamericanos y de la Europa del Este para diseñar un estilo de crecimiento autosostenible y capaz de preservar los logros sociales conseguidos por la Revolución. El libro termina con un apéndice estadístico seleccionado y elaborado con suma meticulosidad. Amén del resumen de las metas y de las políticas revolucio-narias ya mencionado, se presentan cuadros sobre los indicadores macroeconómicos básicos, estimaciones de la inversión del producto por sectores, de la dependencia comercial, de la producción y el rendimiento del industria azucarera, de la ganadería, la avicultura, la pesca y la extracción de níquel, distinguiendo entre los objetivos planificados y los resultados obtenidos. Hay datos sobre el turismo, sobre la dependencia de las importaciones de petróleo y de la ayuda económica soviética, de la balanza comercial y por cuenta corriente, de la deuda y de la estructura geográfica y productiva de los intercambios, e información sobre la tasa de desempleo, los indicadores demográficos, de salud, educación y vivienda. Finalmente, aunque no por ello menos interesante, se nos presenta también un acerca de las cuotas de racionamiento per capita.-ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA. Molina Martínez, Miguel: Antonio de Ulloa en Huancavelica. Universidad de Granada, Biblioteca Chronica Nova. Con ocasión de los actos conmemorativos del centenario del fallecimiento de Antonio de Ulloa (Sevilla,1716-Cádiz, 1795), el profesor Molina Martínez, aprovechando el copioso fondo documental del Archivo General de Indias, ha aportado esta concisa monografía que por primera vez analiza en profundidad una de las más significativas etapas de la agitada existencia del marino sevillano, que aquí queda perfectamente esclarecida. Cabe anotar que este mismo autor participó con los Profs. Domínguez Ortiz, López Piñero, Aguilar Piñal, Puig Samper, Ramos Gómez, Solano, Gutiérrez Escudero, etc., en las sesiones científicas organizadas en Sevilla y Cádiz por los Dres. Losada Villasante y Varela, y cuyas Actas ha publicado la Escuela de Estudios Hispano-Americanos. Célebre Antonio de Ulloa ya en plena juventud por su participación en la expedición francesa de medición del grado de meridiano en el reino de Quito, luego por haber dado las primeras noticias del metal llamado "platina" o "platino" en la relación del viaje realizado a gran parte de la América Meridional, autor de numerosos escritos y de informes reservados -como el que sería conocido con el título de Noticias secretas de América-, enviado por el gobierno de Fernando VI para practicar una especie de "espionaje industrial" por diversos países de Europa y encargado luego de dirigir trabajos de ingeniería e industria -el Canal de Castilla, la Real Fábrica de Paños de Segovia-y centros científicos -como la Real Casa de Geografía y Gabinete de Historia Natural-, Ulloa es a los cuarenta años el prototipo del marino técnico, versado en muy diferentes saberes útiles para modernizar la ciencia española, especialmente en aquellos ámbitos en los que se jugaba el prestigio y el poder de la Monarquía. Fue esta condición la que inspiró su nombramiento como gobernador del importante real minero de Huancavelica. Habiendo intervenido anteriormente en Almadén, donde logró incrementar la producción de azoque, Ulloa atrajo la atención del ministro de Indias, Arriaga, que lo propuso al rey diciendo. "me aseguran que en metales, en minas y en obras ha hecho su estudio, y su desinterés es el mayor", palabras que decidieron el destino del sevillano desde finales de 1758 hasta 1766, en que logró ser relevado de aquella ingrata comisión, aunque sólo para ser enviado a otra no menos difícil: la de asumir por primera vez el gobierno, en nombre del rey de España, de la antigua colonia francesa de Luisiana, donde fue víctima de una conspiración que le obligó en 1768 a refugiarse en La Habana. A partir de entonces residió en Cádiz, donde alcanzó el grado de teniente general de la Armadas habiendo mandado la última flota comercial despachada a Nueva España (1776-1778), así como, con poca fortuna, la escuadra de operaciones en 1780, durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos. E1 estudio de Molina Martínez, después de trazar esta brillante biografíabrillante al menos por la categoría de los empleos desempeñados-, nos aboca de lleno al punto central de su investigación: la gestión de Ulloa al frente del gobierno de Huancavelica, materia que el autor divide en cinco apartados o capítulos, de los que los tres primeros se refieren precisamente a la mina de mercurio. Trata el primero del conflicto derivado del cambio de actitud del gobierno central que, habiendo antes recurrido habitualmente a encargar ese gobierno a un oidor de Lima, buscaba ahora nombrar directamente a un alto cargo -por ejemplo, un consejero de Indias-para tan importante puesto. Así fue seleccionado Ulloa, y de este mismo hecho se originaron sus primeros problemas. Como escribe el Prof. Molina, "su honestidad y experiencia científica resultaron ser los aspectos que más reacción suscitaron en la relajada sociedad peruana". Todo un tejido de connivencias entre la élite burocrática limeña y el Gremio de Minería de Huancavelica se veía amenazado por la ingerencia del enviado de Madrid, y así los afectados se dispusieron a la defensa criticando y rechazando todas las iniciativas del sevillano. El estado -mal estado-de conservación de la mina y el reclutamiento de la mano de obra son analizados en el siguiente capítulo. En cuanto a lo primero, todo el esfuerzo desplegado por Ulloa recorriendo galerías y socavones no pudo evitar el que al final de su mandato se le tachara de haber arruinado la explotación. Por lo que se refiere a los indios mitayos, Ulloa aseguró -no todos lo creyeronhaber mejorado las condiciones del trabajo, defendiendo el mantenimiento de la "mita". El Dr. Molina examina seguidamente el estímulo a la producción de azogue procurado, con éxito, por Ulloa, pese a la ley decreciente que se observaba en el mineral. La creación de la "minería del rey", que transformaba al Gremio en una compañía, fue a este respecto una imaginativa propuesta que también atrajo luego los ataques de los mineros. No menos de cuarenta paginas de esta monografía se dedican al estudio del gobierno de la ciudad de Huancavelica por Ulloa. Sufrió el marino decepciones en la administración de justicia, pero se vio mortificado sobre todo por la enemiga que le tuvieron los eclesiásticos, contrarios a los criterios de la nueva autoridad. Así, las obras públicas que pudo llevar a cabo (empedrado de calles, construcción de un puente, etc.) y la celebración de la jura de Carlos III fueron los pocos logros alcanzados en este terreno. Desasistido por Lima, donde el virrey Amat y la Audiencia le eran hostiles, Ulloa tuvo que pedir el relevo, "consciente de que su gobierno había sido un fracaso" (pág. 176), y cuando al fin consiguió que se aceptara su renuncia, sus adversarios dificultaron cuanto pudieron su salida del virreinato. Desde Panamá lanzó las más graves acusaciones contra el virrey y contra su sucesor en Huancavelica. Después, el juicio de residencia de Ulloa (del que el Apéndice ofrece una selección de textos) se alargó hasta quedar inconcluso. Pero antes de que se interrumpiera ya Ulloa había experimentado otro serio contratiempo en Luisiana. "Resulta evidente -escribe Molina en sus conclusiones-que sus mayores apoyos estaban en la Corte". Es cierto, los repetidos fracasos no empañaron a los ojos de los sucesivos gobiernos la imagen que de Ulloa se había formado desde que, siendo un joven guardiamarina de sólo diecinueve años, fue seleccionado para acompañar a los científicos franceses que medirían el grado de meridiano. Considerado sabio él mismo, esta opinión laudatoria prevaleció por encima de cualquier otro juicio sobre su desempeño como gobernante y como marino de guerra. Así permanece hoy, en un lugar destacado en la galería de grandes marinos de la España de la Ilustración.-LUIS NAVARRO GARCÍA. Navarro García, Luis: Las reformas borbónicas en América. El Plan de Intendencias y su aplicación. Secretariado de Publicaciones de la Universidad. El profesor Navarro García es autor de una copiosa producción bibliográfica en la que tienen cabida aspectos históricos, sociales y económicos, entre otros, del devenir hispanoamericano desde el siglo XVI al presente. Una parte muy importante de esta fructífera labor investigadora del doctor Navarro se ha centrado en el estudio del llamado Siglo de las Luces en América -y en especial en el examen de las reformas borbónicas-, gracias a lo cual disponemos hoy en día de obras fundamentales (libros de texto, monografías, artículos de revistas, ponencias en Actas de congresos, etc.) que nos han permitido un mejor conocimiento de esta centuria ilustrada. Quizás porque a pesar del tiempo transcurrido -en este caso precisamente por ello-y de la variedad de aspectos analizados siempre se suele guardar una especial querencia por aquellos temas o épocas en los que un día nos iniciamos en la investigación, el doctor Navarro ha vuelto con el libro que ahora reseñamos sobre una institución respecto de la cual posee un dominio y conocimiento indiscutibles. En efecto, puesto que hace ya más de 35 años de la aparición de su primer libro Las Intendencias en Indias (Sevilla, 1959) era de todo punto conveniente una revisión y valoración de los hechos descritos entonces, así como una puesta al día de la abundante bibliografía aparecida hasta ahora sobre el particular. A este empeño, el Profesor Navarro ha estructurado su nueva obra en cuatro capítulos cuyos sugestivos títulos nos señalan con claridad cual será el norte de su relato: Modelos europeos de la Intendencia; El Plan de Intendencias para Nueva España; La implantación de la reforma en América y La etapa final de las Intendencias americanas. Un apéndice documental que incluye al completo el "Informe y Plan de Intendencias que conviene establecer en las provincias de este reino de Nueva España" de 1768, y los siempre útiles y agradecidos índices onomástico y topográfico ponen justo colofón al libro. El primer capítulo analiza los antecedentes europeos y americanos y la génesis de la creación de las Intendencias en España -y su posterior traspaso a Indias-, dentro de los inmediatos cambios políticos que se producen en la Península con la entronización de los Borbones, y cuyas repercusiones afectarán de manera singular a los dominios ultramarinos. El objetivo principal de estas transformaciones radicaba en la pretensión de colocar a España en idénticos niveles que el resto de naciones europeas. Felipe V aparece así como "el punto de partida de una profunda reforma de las instituciones del gobierno, con vistas a dotarlas de eficacia y lograr por esa vía un reforzamiento del poder real" (pág. 19). Conviene destacar que esta idea de eficacia se convierte casi en la búsqueda de un ideal y prevalece por encima de otras consideraciones dentro del llamado "reformismo borbónico". Por ello una de las primeras medidas adoptadas -junto con la creación de las Secretarias de Estado o Ministerios y el decreto de Nueva Planta-fue el nombramiento de intendentes en 1711, aunque el momento cumbre para la introducción de este cargo en España acaeciese siete años más tarde con la promulgación de la Ordenanza de 4 de julio de 1718. El oficio de intendente no era extraño a los españoles, que ya en el siglo anterior habían asistido a diversos intentos fallidos por establecer una Superintendencia en todas las provincias de Castilla -detalle este apuntado en su día (1959) por el propio doctor Navarro. Pero es ahora en el siglo XVIII, y tomando como ejemplo el modelo francés, cuando la institución se consolida en la Península. Si a mediados de siglo la reforma de la administración peninsular parecía bien encaminada y las Intendencias eran, en su rasgo más positivo, "una excelente escuela de buenos administradores públicos...que luego accedieron a más altos puestos de gobierno" (pág. 30), no puede extrañar que pronto el objetivo inmediato fuera su implantación en las colonias ultramarinas, "puesto que de ellas, de su florecimiento y desarrollo, se esperaba sobre todo la recuperación del poderío español" (pág. 32). No olvidemos que entre los diferentes cometidos de los inten-dentes estaba el fomento de la agricultura, ganadería, minería, industria y navegación de los territorios bajo su jurisdicción. Tal como en su momento había sucedido en la Península, también en América los intentos por establecer las Intendencias encontraron la oposición por parte de las más altas instancias gubernativas, temerosas de ver cercenado su poder por la irrupción de estos nuevos funcionarios. Una buena muestra de ello es todo el proceso que lleva a la redacción del "Informe y Plan" de 1768, obra de José de Gálvez, quien primero como visitador general de México y posteriormente como ministro de Indias se significaría sobremanera en su anhelo por hacer realidad "un proyecto ilusionante, que busca renovar una administración lenta y viciada, pero que aún no ha sido suficientemente madurado" (pág. 71). Muy acertadamente, pues, el segundo capítulo del libro se dedica al análisis pormenorizado -de todos y cada uno de sus 33 puntos-del "Informe y Plan" citado, al que se considera como "pieza clave en todo el proceso de modernización de la administración indiana en el siglo XVIII", y cuya pretensión de puesta en práctica revela cómo aún pervivía en determinados sectores políticos hispanos una actitud netamente conservadora y reacia, por mentalidad e intereses, a cambios que suponían les perjudicarían. La figura de José de Gálvez emerge aquí, y en el tercer capítulo de libro, como fiel modelo de aquellas personas que contribuyeron a hacer realidad todos los planes reformistas propuestos por la Corona, abogaron por uniformar el gobierno de la metrópoli con el de sus colonias -respetando las peculiaridades de cada una de ellas-y buscaron una mejora en el gobierno de las provincias. Resaltemos este detalle porque pese al afán que pudiesen tener los Borbones por llevar a cabo sus proyectos, nada hubieran logrado de no contar con una serie de colaboradores que secundaron sus ideas o que fueron los promotores de otras nuevas igualmente positivas. El propio profesor Navarro ha apuntado en un estudio sobre Carlos III que "destacadas personalidades, políticos de amplia visión, eficaces burócratas, contribuyeron de manera poco común a formular una nueva política y a ponerla en vigor, venciendo en ocasiones serias resistencias". Casi podemos afirmar con rotundidad que las Intendencias prosperaron en Hispanoamérica gracias a la feliz coincidencia de que Gálvez fuera ministro de Indias desde 1776 a 1787. Así, quien había sido su principal promotor se convertía en la persona encargada de ordenar su aplicación en los territorios ultramarinos. Los conflictos y problemas con algunos virreyes, gobernadores y miembros del Consejo de Indias por asuntos relativos a esta cuestión, no impedirían al ministro establecer 46 intendencias (incluidas cinco en Filipinas) durante su mandato. A lo largo del tiempo, Gálvez no dudaría en aceptar modificaciones y solicitar pareceres, de modo que ello le permitiera "ir moldeando la institución conforme a la realidad indiana", al tiempo que dio muestras de exquisita prudencia y gran visión política "para eludir el choque con sus adversarios" (pág. 84), lo cual suaviza en gran parte la fama de duro, seco y déspota que otros autores han señalado como características de la personalidad del malagueño. La muerte de Gálvez y la de Carlos III un año después, sin embargo, transformarían todo el proyecto emprendido. Los cambios introducidos por los sucesivos ministros del ramo despojaron a las Intendencias de muchas de sus virtudes y no consiguieron pulir algunos de sus defectos, de modo que quizás se hicieran más tolerables, pero menos eficaces (cap. IV). Y pocas cosas pueden demostrar su validez si no se las deja madurar; así, una empresa que hubiera precisado de muchos años de funcionamiento para dar una cabal medida de sus frutos, tuvo que soportar una existencia breve y borrascosa. El debate entre partidarios y detractores de las intendencias se prolongó por espacio de más de una década y penetró en el siglo XIX sin que se acertara a encontrar una solución de compromiso. Cuando por fin, en 1803, se redactaron unas nuevas Ordenanzas, éstas no llegaron ni a entrar en vigor y los acontecimientos políticos por los que atravesó España en los años siguientes no contribuirían desde luego a resolver el problema. Todas estas cuestiones aquí esbozadas, y otras que no se han mencionado, son tratadas por el profesor Navarro en Las reformas borbónicas en América, libro de lectura atrayente y, sobre todo, sugerente. Resulta difícil después de haberlo leído no sentir una inmediata curiosidad por profundizar e indagar acerca de cualquiera de los diversos temas en él planteados, y ello le hace especialmente recomendable para quienes deseen aventurarse en archivos y bibliotecas en busca de desentrañar materias apasionantes que todavía hoy en día ofrece la Historia de América para el trabajo científico. A nuestro juicio es este uno de sus méritos más sobresalientes y sin duda el fin principal para el cual fue escrito por una persona tantos años dedicada al magisterio universitario y experta en avivar vocaciones investigadoras.-ANTONIO GUTIÉRREZ ESCUDERO VV. AA.: Violencia y Hecho Religioso, Actas del V Simposio La Iglesia en España y América (siglos XVI-XX). Violencia y Hecho Religioso es el título con el que se publican las Actas del V Simposio La Iglesia en España y América (Siglos XVI-XX), celebrado en Sevilla en mayo de 1994. Hay que destacar el buen hacer de los organizadores, doctores Paulino Castañeda y José Carlos Martín de la Hoz, que han conseguido reunir a grandes especialistas en la materia. La publicación consta de dos partes, la primera de ellas dedicada a la Historia y la segunda dedicada a la Actualidad, precedidas por el prólogo realizado por el arzobispo de Sevilla, en el que se congratula por el rigor y la serenidad que han caracterizado el estudio y el diálogo de un tema tan conflictivo como el presentado en este Simposio. La Introducción corre a cargo del profesor Martín de la Hoz y contiene interesantes páginas explicativas del tema señalado para esta ocasión. En un primer apartado analiza las diferentes formas de violencia que han aparecido en la historia la Iglesia. La segunda parte de esta introducción la dedica al estudio de la paz en el magisterio de la Iglesia reciente, cuyas claves interpretativas las encuentra en las Encíclicas Sociales de la Modernidad y especialmente en la Centessimus Annus de Juan Pablo II; la dignidad de la persona humana, la cultura de la solidaridad, un nuevo concepto de trabajo y del mundo laboral y importancia de los medios de comunicación para transmitir una cultura de la vida y de la paz, son los ejes del estudio. La perspectiva histórica de este problema se recoge en los estudios realizados por profesores universitarios que fueron ponentes en el Simposio. El profesor Comellas, realizando un sugerente análisis de las guerras de religión, centró su estudio en la expansión del Imperio en la España de los Austrias y en las guerras en las que España participó para defender sus territorios. Desde la expansión por América hasta la guerra de los Treinta Años, el doctor Comellas analizó esos acontecimientos históricos en clave de tolerancia-intolerancia. El profesor Castañeda presentó un riguroso estudio del episodio de la "Gran Complicidad" que culminó con la realización, por parte del Tribunal del Santo Oficio de Lima, de un auto de fe en la Plaza Mayor de la ciudad, en el que 71 reos fueron acusados de judaizantes; de ellos 63 fueron condenados a diversas penas. El proceso llevado a cabo por la Inquisición y las consideraciones que sugiere el autor de la ponencia componen este riguroso estudio. La documentación de este episodio da pie a un análisis de las repercusiones psicológicas de los afectados: la violencia y el miedo se unen provocando encarcelaciones, confesiones, denuncias y delaciones en uno de los procesos más complicados de la Inquisición. La Inquisición en Filipinas es el tema de la ponencia presentada por el profesor Porras. Se trata de un pormenorizado estudio de la cuestión desde el establecimiento de la misma, dependiente del Tribunal del Santo Oficio de México, hasta su extinción por real orden de 9 de marzo de 1820. El análisis de los casos del gobernador Salcedo y de Salvador Gómez Espinosa centran este estudio. Una interpretación de la mentalidad medieval en torno a la violencia, la presenta el profesor Ruiz Domínguez con su ponencia sobre Violencia e Intolerancia en la obra de Gonzalo de Berceo. Asimismo, el profesor García Martínez aporta en su estudio sobre Formas institucionalizadas de violencia en la Baja Edad Media, textos que, si bien no son exhaustivos, ayudan a comprender aspectos de la mentalidad medieval relacionados con la cuestión. En este Simposio, el profesor Romero Mensaque presentó un estudio acerca de la religiosidad andaluza. La ponencia abarca la intolerancia y las actitudes violentas que se manifiestan en la religiosidad andaluza del siglo XVIII. Este estudio concluye estableciendo que la violencia generada por la religiosidad popular en la Andalucía de la modernidad encuentra, en el marco de las parroquias y hermandades, unos medios eficaces para su extinción cifrados en la comprensión y en la tolerancia. Para acabar esta primera parte, se presenta la ponencia realizada por el doctor Herrera García acerca de los Enfrentamientos entre clérigos y vecindario en los ámbitos rurales. Con los casos presentados pretende manifestar la variedad de situaciones que se han dado, consecuencia de los distintos factores que pueden intervenir en esos conflictos. Si la primera parte de las actas se ha dedicado al estudio del problema desde una perspectiva histórica y contiene importantes aportaciones, no es menos interesante la segunda parte dedicada a la actualidad del problema. Contiene las ponencias de personalidades que por sus cargos están conviviendo cotidianamente con problemas relacionados con la violencia: el terrorismo, la xenofobia, el racismo, etc. Esta segunda parte del volumen se abre con la ponencia del obispo de San Sebastián, don José María Setién, acerca de La Iglesia Vasca y el terrorismo de ETA. En sus reflexiones mons. Setién entra a fondo en el problema desde la perspectiva propia de la cultura vasca haciendo, a la vez, estimables esfuerzos para explicar las claves de la misma a personas que la contemplan desde otras coordenadas. Se trata de un apreciable testimonio de un protagonista de los hechos. Asimismo es de gran interés la ponencia presentada por el doctor Delgado Hoyos sobre los factores religiosos en el conflicto armado de la antigua Yugoslavia. El profesor Andrés-Gallego, en su ponencia sobre Xenofobia y Racismo, hace referencia a la exposición de mons. Setién a la par que hace un llamamiento en favor de la precisión terminológica de nociones tales como pueblo, nación y entidad nacional, y que analiza el problema de los nacionalismos en la época Contemporánea. Un testimonio de interés para los historiadores de la Iglesia es la ponencia del cardenal Vargas Alzamora, arzobispo de Lima, en la que presenta la actuación pastoral de la Iglesia peruana en un complicado ambiente político consternado por el drama del terrorismo. El autor fundamenta las actuaciones de la iglesia peruana en el marco del magisterio de la Iglesia y de la figura de Cristo, y muestra las distintas iniciativas sociales emprendidas en tan complicadas circunstancias por la jerarquía de la Iglesia que ha contribuido a llenar de Esperanza a un pueblo roto por tan doloroso drama, El profesor Sanz de Diego dedica su ponencia a un riguroso estudio de la violencia en la Doctrina Social de la Iglesia (1967Iglesia ( -1991)). En él analiza los distintos documentos magisteriales, desde la Populorum Progressio hasta la Centessimus Annus. A partir de ese estudio contrasta la Doctrina Social de la Iglesia con diversas corrientes ideológicas y con la Teología de la Liberación, siguiendo una exposición sobre el magisterio del papa Juan Pablo II en estas cuestiones. El profesor Domínguez León presenta su ponencia sobre Catolicismo social frente a violencia política en 1a España Contemporánea (1868Contemporánea ( -1950)). Se trata de una investigación en torno a las relaciones de distintas corrientes doctrinales y movimientos sociales que convergen en el marco en los episodios violentos de la reciente historia de España. El catolicismo social evoluciona desde posturas activistas hasta la superación de las mismas una vez llegado a la cima en el marco de la Guerra Civil de 1936. El autor señala cómo el catolicismo social actuó durante décadas contra el clima de violencia política y social imperante en el país, aunque con propuestas técnicas pero poco prácticas que no pudieron realizarse. El desencadenamiento de la guerra en 1936 hizo inútil todo esfuerzo teórico para presentar alternativas no violentas como solución de los problemas de las mayorías obreras. Cierra estas actas la ponencia del profesor Sánchez Herrero en la que se recogen distintos episodios de contiendas entre hermandades y cofradías sevillanas, como manifestación del problema en tan importante muestra de religiosidad popular como es la Semana Santa sevillana. En definitiva, esta publicación aporta interesantes documentos para el estudio histórico. Las ponencias realizadas por cualificados especialistas y los testimonios de auténticos testigos de episodios que se desarrollan en la actualidad, constituyen documentos esenciales para la investigación sobre esta materia. Asimismo, hay que destacar la cuidada presentación de la publicación dirigida por el profesor Cociña y Abella y editada por Cajasur. El nivel de este Simposio, así como el de los realizados con anterioridad, contribuyen a valorar positivamente esta iniciativa y a seguir con atención la publicación de las Actas de los simposios venideros.-MANUEL COCIÑA Y ABELLA. Desde finales de los años 60 las tierras de Michoacán, en la República de México, han sido objeto de estudio, partiendo de la obra -ya clásica-de Luis González (Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia), que abrió una nueva serie en las publicaciones del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México en 1968, continuada en la década siguiente con los libros de Germán Cardozo Galué (Michoacán en el Siglo de las Luces, El Colegio de México, 1973) y Claude Morin (Michoacán en la Nueva España del siglo XVIII, FCE, 1979). En 1989 vuelven a revitalizarse las publicaciones sobre el pasado michoacano y en ese año salen las obras de Armando M. Escobar Olmedo (Catálogo de Documentos michoacanos en Archivos Españoles), y Carlos Herrejón Peredo (El Colegio de San Miguel de Guayangareo) editadas por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, sita en Morelia, Michoacán, que en 1990 reedita el trabajo de J. B. Warren titulado Vasco de Quiroga y sus pueblos-hospitales de Santa Fe, y la obra de Juvenal Jaramillo sobre José Pérez Calama, un clérigo ilustrado del siglo XVIII en la Antigua Valladolid de Michoacán. Pero desde 1980 había iniciado su andadura El Colegio de Michoacán, con sede en Zamora, y que pronto mostraría una actividad docente, investigadora y editorial, plasmada en nuevas obras sobre la historia colonial de Michoacán, entre las que pueden citarse la de Óscar Mazín, publicada en 1987 con el sugestivo título Entre dos Majestades. El Obispo y la Iglesia del Gran Michoacán ante las reformas borbónicas, 1758-1772, y la de C. Herrejón P. sobre Los orígenes de Guayangareo-Valladolid, aparecida en 1991. En esta línea, centrada en los territorios del Michoacán colonial, ha aparecido en 1994 un libro -esta vez coeditado por el CIESAS de México DF y la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo-que enriquece el conocimiento de ese pasado, a través de la cuidada edición de documentos, tan laboriosa y quizás poco valorada en lo que conlleva de horas de búsqueda, transcripción y elaboración posterior. Por ello, y de entrada, siempre hay que agradecer este tipo de aportaciones, básicas para estudios posteriores de muy distintos enfoques metodológicos, que serán consultadas por muchos y citadas sólo por los historiadores honestos que acudan a ellas en vez de a los Archivos a que se remiten, como bien sabe la firmante de esta reseña. "Y por mí visto..." es el resultado de una labor de equipo durante un período de veinte años, que recoge los diversos tipos de documentos indicados en el subtítulo, teniendo como hilo común el estar emitidos por los virreyes de la Nueva España y dirigidos a las autoridades locales de Michoacán, entre 1535 y 1597. En ellos destacan temas como los tarascos y los chichimecas, la política de congregaciones, la tenencia de la tierra, la nobleza indígena (que estudiara hace años la Dra. Delfina López Sarrelangue), etc. Con respecto a las fuentes, proceden de centros tan distintos como la Biblioteca del Congreso de Washington, DC (Colección Kraus, mss. 140), La Biblioteca Newberry de Chicago (Colección Ayer, mss. 1121), el Archivo General de la Nación, de México DF (Ramo de Indios) y el Archivo General de Indias de Sevilla, siguiendo en este último caso las orientaciones del Catálogo de Armando M. Escobar Olmedo, ya citado. La cuidada edición, su letra clara, con una ordenación por orden alfabético y claros resúmenes en cada ficha temática, junto a los índices toponímico y onomástico y los cinco mapas incluidos al principio, facilitan realmente la consulta de esta obra. Reiteramos, por tanto, nuestra felicitación a Carlos Martínez Paredes y demás participantes en ella, así como al CIESAS y la Universidad Michoacana, entidades editoras del libro.-M.a JUSTINA SARABIA VIEJO.
Iberoamérica (Identidad y nombre)". Se propone una reflexión acerca de las distintas concepciones de la identidad americana que encarnan cada una de las nominaciones. Con apoyo bibliográfico, se analiza desde la primera nominación equívoca de Las Indias, pasando por los conceptos Nuevo Mundo, América Española, Latinoamérica e Indoamérica, para terminar examinando ampliamente los términos Hispanidad e Hispanoamérica, siempre en relación al problema ontológico de la búsqueda de identidad.-M. P. II.-Antropología y etnografía 3. Amador Naranjo, Ascensión: "Pasado y presente en la identidad de un pueblo, Maxcanú, Yucatán". Se indaga acerca de la imagen que del pasado -especialmente en lo que concierne a las ruinas arqueológicas de la antigua ciudad de Oxkintok-tienen los habitantes de Maxcanú y de otras comunidades indígenas del área.-I. A. F. 4. Batalla Rosado, Juan José: "La pena de muerte durante la colonia -siglo XVI-a partir del análisis de las imágenes de los códices mesoamericanos". El presente estudio recoge aquellas escenas de los códices que plasman la ejecución de la sanción capital, aplicada a reos de distintos delitos, con el objeto de mostrar cómo este tipo de documentos son válidos desde cualquier punto de vista que se tome para su análisis.-I. A. F. 5. Revisión del aspecto nutricional, exponiendo que los recursos son agotables; que por diversos factores no sólo se distribuyen variablemente y que, incluso, cuando su disponibilidad fue óptima, existía una fuerte tendencia a padecer riesgos nutritivos en las culturas nativas tradicionales. Todo ello pone de relieve que las presiones medioambientales y culturales sobre la subsistencia eran más importantes de lo que se ha venido aceptando generalmente.-I. A. F. Castañeda, Quetzil E.: "La economía 'escritural' y la invención de las culturas mayas en el 'museo' de Chichén Itzá". Se analiza el cambio continuo en las Culturas y cómo éstas son "inventadas" diariamente para prácticas rituales, mediante la producción, reproducción y transformación, en esta ciudad maya.-I. A. F. 7. Fernández Juárez, Gerardo: "Ofrenda, ritual y terapia: Las mesas aymaras". Este artículo presenta algunos aspectos del sistema terapéutico de este pueblo, su concepto de salud y enfermedad, sus orígenes y los métodos de diagnosis.-I. A. F. 8. García Aldonate, Mario: Y resultaron humanos. Compañía Literaria, S. L. Madrid, 1994, 214 págs., mapa, fotografías, índices geográfico, onomástico y de culturas nativas. Análisis de las culturas nativas instaladas desde el Río de la Plata hasta la Tierra de Fuego. Basándose en fuentes documentales, así como en biografías de conquistadores y crónicas de viajes, la obra se divide en dos partes: en la primera de ellas se estudia el impacto de los contactos iniciales entre europeos y aborígenes en la región sur americana, con el resultado del fracaso de la colonización y la capacidad de la destrucción innecesaria; la segunda, incluye una reflexión antropológica sobre aspectos generales de las culturas nativas suramericanas por ámbitos regionales como Patagonia, Centro, el Gran Chaco, los grupos guaraní y guaycurú, el norte y el noroeste. El estudio finaliza con un acercamiento cualitativo al universo de la cultura de los pueblos referidos, con especial dedicación a sus actividades creativas, su entorno, sus ciudades, economía, medicina, aritmética y vida cotidiana.-A. I. M. O. 9. Gnecco, Cristóbal: "Praxis científica en la periferia: Notas para una historia social de la Arqueología colombiana". Se presenta una visión esquemática de la arqueología desde el punto de vista de la historia social, tratando por esta vía, según indica el propio autor, de ser participante activo en la formación de la representación simbólica de la historia del país.-I. A. F. 10. Modelo simbólico de la cosmología andina. S/e, Madrid, 1994, 356 págs., ilustraciones, planos, mapas, bibliografía e índices. Se trata de un ensayo de síntesis global relacionado con el legado cultural andino. Utilizando fuentes etnohistóricas, arqueológicas, antropológicas, sociológicas, etc., da cuenta de las huellas del proceso cultural andino y de sus diversas etapas socioculturales caracterizadas por un marcado acento colonial. Obra combativa y antiacademicista, busca el rescate de la memoria histórico-cultural andina y la recuperación de conocimientos indígenas a punto de desaparecer.-J. M. C. B. 11. Matos Mar, José: "Los pueblos indios de América". El artículo nos describe algunas de las transformaciones más importantes que se han producido en el seno de las poblaciones indígenas de América Latina durante este siglo. Las diversas situaciones de marginación social, cultural y política sufridas por esas poblaciones se enfrentan a su creciente protagonismo demográfico y a la necesidad de integración para el desarrollo de las democracias nacionales. Las migraciones a los espacios urbanos y las iniciativas de organización política son destacados fenómenos en el anterior sentido.-J. M. S. Verlinden, Charles: "Las reducciones y los cambios estructurales en el México hispano (siglos XVI-XVII)". Este artículo se ocupa de la conquista espiritual en México, vinculada a la "república de indios". La necesidad de concentración de la población indígena en reducciones formulada por los religiosos estaba en conformidad total con las intenciones expresadas por la realeza desde 1503 para la Española en las instrucciones a Nicolás de Ovando. Fueron los religiosos los instrumentos de este cambio estructural enormemente importante a lo largo de los siglos XVI y XVII.-R. M. G. S. Borrego Pla, M.a Carmen: "Encomiendas y rentas en la gobernación de Cartagena de Indias, 1675". En un momento tan crucial como fue la segunda mitad del XVII para Cartagena de Indias, convertida ya en pieza clave dentro del entramado económico y defensivo del imperio español, pero precisamente por ello cada vez más necesitada de cualquier tipo de mano de obra, el presente documento, que exponemos resumido dada su extraordinaria extensión, creemos puede convertirse en una útil fuente de información para conocer -según se desprende de su título-la situación demográfica y económica del indígena de esta zona, así como la composición e importancia del sector encomendero correspondiente. Todo ello inserto en un mundo, el caribeño, tan diferente al andino y en donde el negro, esclavo o liberto, había llegado a ocupar un lugar preponderante en la pirámide sociolaboral de la época.-A. E. A. Herzog, Tamar: "El rescate de una fuente histórica: los libros de visita de cárcel (El caso de Quito, 1738-1750)". El trabajo describe las visitas de cárcel en general y en la ciudad de Quito en particular, poniendo énfasis sobre su ejecución práctica y sus resultados. Desea atraer la atención de los historiadores sobre los libros de visita, hasta el presente poco estudiados, demostrando su posible contribución a la investigación, tanto social como judicial, del mundo colonial hispanoamericano. Permite conclusiones sobre la división de competencias, la distribución de la actividad administrativa según épocas y estaciones del año, el alcance real de los indultos generales, el incumplimiento de las penas, etc.-A. E. A. Rodríguez Morel, Genaro: "Cartas privadas de Hernando Gorjón". Las cartas que presentamos a continuación forman parte de un conjunto de once misivas enviadas por Hernando Gorjón a algunos de sus emisarios residentes en Sevilla. La diversidad de los temas tratados en las mismas nos permite captar parte del complejo período histórico que comprende el siglo XVI en La Española. El reflejo de algunos aspectos de la vida política, así como de la situación social y económica de la isla son elementos de gran importancia a la hora de reflexionar sobre la sociología histórica de la colonia. Por otra parte, a través de estas cartas podemos acercarnos a la figura de Gorjón, quien fuera, sin lugar a dudas, uno de los personajes de mayor relevancia en la historia de Santo Domingo. Esto así, entre otras cosas, por haber sido el primer colono en dedicar sus bienes para obras educativas y humanitarias, lo cual le hace merecedor de todo tipo de reconocimiento.-A. E. A. Dentro del ámbito de los fondos documentales y bibliográficos, este número de REDIAL incluye un artículo de Roger Macdonald sobre los fondos documentales de América Latina existentes en las bibliotecas del Reino Unido, y otro en las ONG'S europeas, escrito por el Grupo de Trabajo núm. 7 de REDIAL, Teresa Ibarra y M.a del Pilar Colchere. También se incluyen informes sobre el Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de Las Casas" y el Centro para la Salvaguarda de la Memoria Popular (CESAME).-J. R. N. G. 17. Se incluye un artículo de Matilde Vilarroig Aroca, que contiene un breve recorrido por las "Colecciones sobre Hispanoamérica en Bibliotecas españolas" y un informe de Margaret Björling sobre el Instituto de Estudios Latinoamericanos de Estocolmo, en el que se alude a sus funciones, temas de investigación y docencia, publicaciones y servicios que presta a los investigadores.-J. R. N. G. 18. En este número aparecen dos informes sobre el Centro de Documentación e Información (CEDIB) de Bolivia y el Centro de Información sobre Países del Tercer Mundo (BIJEEN) de Holanda, escritos por María Lohman y Tsjàbbe de Vries, detallándose en ellos su trayectoria, fondos, servicios que prestan, proyecciones, etc.-J. R. N. G. 19. Dos informes de Montserrat Jiménez Raventós y Paz Fernández nos acercan al Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Varsovia (CESLA) y al Centro Español de Relaciones Internacionales (CERI), respectivamente. En el primero la autora se centra en los objetivos y actividades más relevantes de aquel centro de documentación autónomo polaco, que también actúa como importante foco de difusión cultural. En el segundo se hace hincapié en sus temas de especialización, servicios de archivo, biblioteca y hemeroteca, etc.-J. R. N. G. Itugaiz, Domingo O. P.: "Ciclo iconográfico de Santo Domingo de Guzmán de la Recoleta Dominica de Santiago de Chile". V.-Bibliografía e historiografía 21. Langue, Frédérique: "La Historia de las mentalidades y la América Colonial. Red Europea de Información y Documentación sobre América Latina. La autora trata de poner de relieve, a través de una selección bibliográfica, una de las tendencias más significativas de la historiografía americanista actual, cual es la de la historia de las mentalidades. A través de esta selección representativa se ofrece un balance de los conocimientos y de las problemáticas sobre dicho tema y otros afines como la historia cultural, etnohistoria y antropología cultural.-J. R. N. G. Analiza las principales tendencias de la historiografía de las Antillas francesas en los veinte últimos años. En el campo de la historia económica y social comparte con otras historiografías caribeñas un enfoque sobre la plantación azucarera y esclavista. Describe su auge en el siglo XVIII y su desmantelamiento en el siglo XIX, en relación con la industrialización y la abolición de la esclavitud. El mundo urbano y comerciante sólo recientemente ha recibido una nueva atención. El aporte mas original de esta historiografía se encuentra en el campo político: relata los acontecimientos de finales del siglo XVIII, analiza la trayectoria política que imprimió después a cada isla, iniciando la república de Haití y vinculando en Guadalupe y Martinica la abolición de la esclavitud con la creación de instituciones democráticas modernas. En conclusión, señalamos dos direcciones nuevas: una historia cultural que se interesa por los vestigios arqueológicos y la vida diaria, y enfatiza la dimensión local de los procesos y una historia genealógica que amplía los horizontes de la historia social.-A. E. A. Dentro de su apartado "líneas de investigación" esta revista recoge un artículo sobre estudios latinoamericanos en Austria, de Gerhard Drekonja-Kornat y Ursula Prutsch, y otro que, bajo el título "América Latina: 1960-1990. Evolución de las ciencias de la información", aborda una historia de las bibliotecas y centros de documentación en América Latina, evaluando su eficacia y perspectivas, siendo su autora Laura Hurtado. Las investigaciones sobre el sector urbano americano en las tesis doctorales francesas ocupan el trabajo de Laurent Vidal, centrándolo en el período de 1980 a 1990. Los principales sistemas documentales informatizados franceses se recogen en un artículo de Geneviève Dreyfus-Armand y Marie D. Schaeffer. Por último, José M.a Sánchez en "El tesauro CINDOC de topónimos", recoge la normalización de los nombres propios de lugares geográficos como herramienta de trabajo documental.-J. R. N. G. 26. Un primer bloque de artículos hace un balance de la producción científica europea entre 1980 y 1989, deteniéndose en las monografías y artículos -escrito por M.a del C. Díez Hoyo-, tesis doctorales -por C. Duport-y congresos celebrados en España, Francia y Reino Unido -por A. Paragot y A. Sorli Rojo-. Otro importante grupo de artículos se centra en el impacto del V Centenario en los últimos años, con uno de G. Fainstein en el que realiza un estudio bibliométrico de los artículos de prensa españoles. En un segundo -escrito por K. Chautant, A. Martin, F. Moinaud y A. Nieutin-se compara la actitud de la prensa francesa con la norteamericana. Un tercer artículo, de G. de Almeida, ofrece una selección de publicaciones editadas en Alemania entre 1988 y 1992. El número lo cierran un artículo de V. Cooper y A. Biggins, seleccionando obras de referencia editadas en el Reino Unido desde 1980, y otro de J. C. Neffa sobre la cooperación científica y tecnológica franco-argentina en el ámbito de las ciencias sociales del trabajo entre 1985-1992.-J. R. N. G. 27. En el apartado de referencias y bibliografías destacan los artículos de J. P. Chaumeil sobre el chamanismo en América del Sur, y de K. Kohut sobre literatura latinoamericana en Alemania. El número se completa con artículos sobre los anuarios científicos elaborados a partir de encuestas nominales -escrito éste por Mireille Bruston-y las relaciones internacionales de cooperación en las instituciones de educación superior mexicanas -escrito, a su vez, por Silvie Didon Aupetit.-J. R. N. G. La parte central de este número la ocupa un dossier sobre los procesos de integración latinoamericana con cuatro artículos. El primero, de Albrecht von Gleich, hace un recuento general de las experiencias de integración anteriores a 1980 y de los procesos iniciados a partir de dicho momento. El segundo, de Francisco Alburquerque, presenta los resultados de una recensión bibliográfica española sobre la integración entre 1985 y 1992. Otro se debe a Sarah Barde y en él se abordan las consecuencias que tendrá el TLC para EUA, Canadá y México. El dossier concluye con un artículo de Jorge Grandi sobre el Centro de Formación para la Integración Regional, con sede en Uruguay.-J. R. N. G. 29. El dossier de este número se centra en el tema "medio ambiente y ciencias sociales", incluyendo tres estudios sobre el tema escritos por Martine Droulers y Carlos Milani. Hay otros dos artículos sobre el reflejo en la prensa española del tema medio ambiente-pueblos indígenas, escrito por Yolanda Gonzalo Balmisa, y otro que aborda la visión de las relaciones entre el medio ambiente y pueblos indígenas americanos a través de la cartografía, obra de Matilde Vilarroig, Carmen Sierra y Carmen Caro. Esta última, Guillermo Dema e Isabel Ruiz abordan las colecciones audiovisuales sobre medio ambiente y pueblos amenazados existentes en España, mientras César A. Macías analiza en otro artículo la producción científica y técnica mexicana sobre contaminación ambiental y salud.-J. R. N. G. Debo, Angie: Gerónimo, el apache. Estudio basado en fuentes documentales, colecciones de archivistas y conservadores, así como en visitas y entrevistas con miembros de la tribu apache de Fort Sill. Con este material, el trabajo proporciona una biografía del caudillo Gerónimo en la que se analizan, no sólo los avatares de la vida del jefe apache, sino que se profundiza también en las circunstancias exteriores que los marcaron. Además se ofrece un relato de las guerras apaches y de sus consecuencias para la tribu. Finalmente, se reflexiona sobre una etapa crucial en la historia de los pueblos indios y de su conflictiva relación con los blancos de Norteamérica.-A. I. M. O. Llorca, Carmen: Llamadme Evita. La biografía de Eva Duarte lleva a la autora del presente libro a un detallado estudio de la primera mitad de siglo en la historia de Argentina. Desde la herencia oligárquica hasta el alumbramiento del estado nacional argentino con Perón y su esposa, Evita, al frente. Esta biografía se concentra en la relevancia política de Evita Perón, su proyecto personal ante el poder y sus más importantes aportaciones en momentos claves de la modernización política de Argentina.-J. M. S. 32. Revuelta Hatuey, Francisco: José Martí y Santander. Unos centavos de Historia. Asamblea Regional de Cantabria. Análisis de la presencia en Santander del político cubano y las experiencias, tanto intelectuales -al amparo del ambiente krausista de la Universidad-como cotidianas, en esta etapa de destierro. Revuelta Hatuey nos habla en esta segunda edición modificada del nacimiento y de la familia de José Martí.-J. M. C. B. 33. Rodríguez Martínez, Felipe: "Fray Gregorio de Montalvo y Olivera, O. P.". Biografía de fray Gregorio de Montalvo y Olivera, natural de Coca, que a los 16 años ingresa en el convento de los dominicos de San Esteban de Salamanca, donde estudia arte, filosofía y teología. Posteriormente pasó a América para ocupar la mitra de Yucatán, donde fijó aranceles de curas españoles y doctrineros y participó en el III Concilio Mexicano. Años más tarde fray Gregorio de Montalvo fue promovido al obispado de Cusco (1587), asistiendo al IV Concilio Limense, tras el cual convocó el Sínodo diocesano cusqueño.-M. M. C. S. Fajardo Terán, Florencia: "El cuartel Español del siglo XVIII de la Ciudad de Maldonado, Uruguay". En este trabajo se intenta dar una visión general del proceso constructivo de este cuartel uruguayo y puntualizar los más señalados avatares que contribuirían a través del tiempo a quebrantar la solidez de esta construcción del período indiano.-A. M. M. R. González Pujana, Laura: "Estudio comparativo del conocimiento astronómico en los cronistas de la América andina". Análisis comparativo de las Crónicas que nos pueden acercar al verdadero conocimiento de la realidad americana de los siglos XVI y XVII. Una realidad relacionada directamente con la astronomía y los mitos cosmogónicos que explicaban el origen del mundo, de los hombres, de los animales, de las plantas, mitos que varían de sentido dependiendo de las características geográficas y ecológicas del lugar en que surgieron.-R. M. G. S. 36. Souto, Patricia G.: "La divulgación como estrategia de legitimación científica. Instituto de Economía y Geografía, CSIC. Hacia fines de la década de 1940 se inicia en Argentina un proyecto de difusión de un particular planteamiento en los programas de la disciplina geográfica: las concepciones acerca de la ciencia y la Geografía formuladas por el español Emilio Huguet del Villar. Este trabajo nos permite conocer la personalidad y la obra de este intelectual e introduce asimismo una descripción de las Publicaciones Argentinas de Geografía Científica.-R. M. G. S. Bayo, Francesc: "La democracia en la política latinoamericana de España: el caso del cono sur". Dentro de las políticas exteriores de "promoción de la democracia" desarrolladas por EE. UU. y la Unión Europea, España ha pasado de ser objeto de dichas políticas a ser importante sujeto de las mismas en los últimos años ochenta. La propia transición española como ejemplo de democratización y la creciente apertura internacional de la economía, así como la presencia política efectiva en múltiples foros internacionales, son los temas evaluados en este artículo.-J. M. S. Carothers, Thomas: "El resurgimiento de la ayuda de Estados Unidos para el desarrollo político en América Latina". Evaluación del proceso seguido por las administraciones estadounidenses respecto al desarrollo político en América Latina durante las presidencias de Reagan, Bush y Clinton. El resurgir de las ayudas directamente implementadas por las agencias gubernamentales norteamericanas o por el National Endowment for Democracy (fundación privada de inspiración gubernamental), sus objetivos y campos de aplicación, metodología desarrollada, relaciones con otras políticas exteriores y resultados obtenidos, son los temas tratados.-J. M. S. La consolidación democrática en América Latina. El presente libro recoge las ponencias presentadas en el III Fórum de la Fundación Internacional Olof Palme, organizado conjuntamente con el Woodrow Wilson Center. Los trabajos presentados, un total de catorce, se agrupan en cuatro áreas: transición a la democracia en Latinoamérica; perspectiva latinoamericana y nuevo orden internacional; problemas del desarrollo económico y sus consecuencias; dificultades del proceso democrático. Cada ensayo lleva el sello de su propio autor, que son destacados investigadores en su campo de trabajo.-J. M. S. 40. Corigliano, Francisco: "El impacto de Estados Unidos y de España en el proceso de democratización en Argentina". Si bien la importancia de las políticas exteriores estadounidense y española en el paso de la dictadura militar a la democracia en Argentina fue mínimo, el artículo sí destaca el posterior apoyo de ambas administraciones a la consolidación democrática. Los modos de apoyo como declaraciones, ayuda financiera, negociaciones diplomáticas, etc., son objeto de estudio en este artículo.-J. M. S. 41. Crespo Martínez, Ismael: "Cómo quiebran las democracias: reflexiones en torno al caso uruguayo". El autor del presente artículo adopta una perspectiva que él llama "genética" en la búsqueda de procesos políticos que expliquen la quiebra de la democracia uruguaya en 1973. Tres son los factores analizados: aquellos que, como la crisis económica, ayudaron a la erosión del compromiso político: los que conllevaron el desgaste del sistema político en cuanto a su adaptibilidad y representabilidad, y los factores más inmediatos que intervinieron en la quiebra de la tradición democrática como fue la actuación de las Fuerzas Armadas.-J. M. S. 42. Chicharro Ortega, Juan: "La presencia de la Infantería de Marina en misiones de paz en Centroamérica". Revista General de Marina. Como consecuencia de la crisis políticas acaecidas en la pasada década, los presidentes de las cinco naciones centroamericanas, se comprometieron a un procedimiento para establecer las condiciones que posibilitaran la paz. En este breve artículo se analiza la labor desarrollada por el Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA), establecido en 1989, que dio origen a iniciativas de concordia con la presencia de la Marina traducidas en el establecimiento de acuerdos firmes y duraderos en la región.-I. A. F. Economía, sociedad y Estado en América Latina contemporánea. Consejo Español de Estudios Iberoamericanos, FCE e INAUCO. Recopilación de las diversas ponencias presentadas al "Seminario sobre Economía y Sociedad en América Latina Contemporánea", celebrado en septiembre de 1993 en Madrid y Salamanca. Se abordan temas políticos -como las nuevas orientaciones de las políticas sociales, la consolidación democrática y la gobernabilidad, los procesos de reformas estatales, etc.-, económicos -nuevos enfoques económicos predominantes, políticas económicas, comercio e integración internacional, etc.-y otros más ambiguos o genéricos como la importancia y validez del concepto de heterogeneidad estructural para explicar el subdesarrollo del área latinoamericana. Los autores son destacados especialistas latinoamericanos, vinculados a organizaciones internacionales como la CEPAL, ILPES, CIENES, etc.-J. R. N. G. 44. Escalante, Fernando: "La transición invisible. Apuntes sobre la crisis política mexicana". Frente al argumento teórico que sitúa la política mexicana reciente en un escenario de transición a la democracia sobre el supuesto de un enfrentamiento entre sistema y sociedad, el autor defiende que la transición, no visible, se está desarrollando en los espacios de negociación política.-J. A. M. M. 45. Freres, Chistian L.: "El apoyo europeo a la democracia en América Latina: análisis de los casos de Alemania, Suecia y el Reino Unido en el Cono Sur". El estudio mantiene un constante nivel comparativo con las políticas exteriores de Estados Unidos y de otros países europeos. Destaca en las conclusiones el pragmatismo y la mesura de los tres países estudiados, que prefieren concertar sus políticas exteriores en el seno de acciones multilaterales. El peso de las comunidades latinoamericanas de asilados y la delegación de políticas concretas en manos de ONG's también es evaluado en el artículo.-J. M. S. Girardi, Giulio: Cuba después del derrumbe del comunismo, ¿residuo del pasado o germen de un futuro nuevo? Girardi estudia las contradicciones y aspectos originales de la revolución cubana, su dinamismo dentro de los modelos de socialismo, su proceso autocrítico, el alcance de la rectificación, sus terrenos de búsqueda y alternativa, etc. En la segunda parte afronta la actitud de la revolución ante la experiencia religiosa: conflicto político e ideológico entre el cristianismo y la revolución y la convergencia entre ambos en su fase actual de rectificación. En la tercera parte expone la relación entre el marxismo humanista y el cristianismo revolucionario, analizando la vida y pensamiento de Fidel Castro, Camilo Torres y Che Guevara.-J. M. S. 47. Un intento de análisis comparado entre las trayectorias políticas del Perú y de España en la década previa a la Segunda Guerra Mundial podría arrojar como resultado una serie de sugestivos paralelismos que, por encima de circunstancias tan divergentes, evidencian la presencia de similares retos históricos.-R. M. G. S. González Fabre, Raúl: "Las estructuras culturales de la corrupción en Venezuela". Reflexión sobre un tema de primera actualidad en la conciencia colectiva venezolana desde hace un par de décadas como es la corrupción. Se analiza con detalle en qué consiste ese fenómeno, cuáles son sus alcances culturales y de qué forma puede lucharse contra él dentro de una sociedad como la venezolana.-A. I. M. O. 49. Grugel, Jean: "Los partidos políticos europeos y el apoyo a la democracia en el cono sur". La profesora Grugel nos ofrece un estudio comparado de las actividades emprendidas por los principales partidos políticos del Reino Unido, Alemania, Italia y España en favor de la democracia en América del sur. La importancia de tales actividades durante las distintas fases del proceso de lucha por la democracia y su posterior consolidación es aquí analizada. Entre las conclusiones se subraya un posible distanciamiento de los partidos políticos respecto a la consolidación democrática por cuanto reaparecen intereses económicos y políticos en conflicto.-J. M. S. 50. Klaveren, Alberto van: "El apoyo a la democracia en América Latina. ¿Hacia un nuevo régimen internacional?". Este artículo sirve de introducción al número 21 de la revista Síntesis dedicado en exclusiva al apoyo externo a la democracia. En el mismo se desarrollan, con gran aportación de casos reales, algunos de los problemas más acuciantes del tema así como los instrumentos usados en su resolución. La efectividad de un contexto internacional favorable a los procesos de democratización, como factor de primer orden en el mismo, es el tema central del artículo.-J. M. S. 51. Lettieri, Alberto Rodolfo: "La construcción del consenso en los inicios del sistema político moderno argentino (1862-1868)". En este trabajo se analiza la construcción de un consenso entre poder político y sociedad civil durante la organización del sistema político moderno en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. A diferencia de lo postulado por las perspectivas clásicas -historia institucional y sociología electoral-, la necesidad de construir un consenso social parece haber constituido una condición sine qua non para políticos y pensadores del nuevo orden, a fin de garantizar el éxito del proyecto nacional. Esa convicción promovió profundas discusiones, tanto sobre las características de ese vínculo, como respecto de las estrategias más apropiadas para garantizar la instalación social de sus conclusiones, las cuales son aquí desarrolladas en detalle.-A. E. A. Mayorga, René Antonio: "Gobernabilidad y Reforma política. La experiencia de Bolivia". Revista de ciencias sociales. Análisis del problema de la consolidación y gobernabilidad democrática en Bolivia. Desde una perspectiva institucional, localiza tres dimensiones, a su juicio indicadores del avance en este sentido: en primer lugar, la política de pactos y coaliciones entre las fuerzas políticas, tanto para la constitución de las reglas de juego como para asegurar la gobernabilidad del Estado; luego la ausencia de las fuerzas políticas anti-sistemas; y por último, la existencia de una política de reformas institucionales para modernizar el sistema político y el Estado. El autor ubica al sostenimiento de la democracia pactada, como paso más importante para la gobernabilidad y consolidación en Bolivia.-J. A. M. M. Muñiz de Urquiza, María; Sotillo Lorenzo, José Ángel: "El apoyo de la Comunidad Europea a la democracia en América Latina". Desde el nuevo contexto internacional que supone la globalización y la liberación de las relaciones internacionales, los vínculos entre la Unión Europea y América Latina tienen, en cuanto a lo que se refiere a la promoción de la democracia, importantes puntos a desarrollar. La democracia como constituyente esencial del proceso de integración europes y como valores y objetivos a difundir centra gran parte de las relaciones de la Unión con América. Sobre qué aspecto se trabaja más y cómo se realiza dicho trabajo son los temas que estructuran este artículo.-J. M. S. 54. Paramio, Ludolfo: "Gobernabilidad democrática, violencia y desigualdad en América Latina". (Seminario de Estudios Políticos sobre Latinoamérica). Después de contrastar la tesis sobre la acción colectiva y movimientos sociales defendida por varias corrientes teóricas, el autor adopta la perspectiva de la acción racional y se basa en los casos de Sendero Luminoso y del EZLN, para estudiar las condiciones y factores que intervienen en la emergencia de violencia colectiva en situación de desigualdad e injusticia. El análisis sostiene que la amenaza a la gobernabilidad por parte de la acción insurreccional es relativamente excepcional en el caso de América Latina.-J. A. M. M. 55. Ramírez León, José Luis: "La OEA, los países latinoamericanos y la democracia en el hemisferio". Ramírez León nos presenta un detallado análisis de las políticas de promoción de la democracia emprendidas por la OEA y otras agrupaciones de países de la región, como la Contadora o el posterior Grupo de Río. Las limitaciones, así como los éxitos, de dichas políticas son explicados con una perspectiva histórica que lleva desde la fundación de la OEA, a instancia de Estados Unidos, hasta las más recientes actividades en Haití, Perú, Guatemala, etc. A lo largo del artículo su autor pone de manifiesto los compromisos políticos e ideológicos de cada coyuntura, y como la democracia ha ido ganando prioridad entre los objetivos de las políticas regionales, al tiempo que se extiende su campo de significación más allá de los meros procesos electorales.-J. M. S. 56. Regueiro, Marisa: "A propósito del 'caso argentino': ¿Nunca más?". Análisis de la historia argentina en la década de los años 70 y parte de los 80. El trabajo rememora la historia del "caso argentino" para contribuir con su recuerdo a que se haga realidad universal la famosa y rota promesa del "nunca más". Se reflexiona sobre las víctimas de la represión, sus autores, así como sobre los factores concurrentes de la dictadura argentina. Finalmente se recuerdan los modos represivos empleados por las Juntas Militares -tortura y desaparición de personas-, defendiéndose abiertamente el rechazo al olvido de la reciente historia argentina.-A. I. M. O. 57. Serrafero, Mario Daniel: "Instituciones políticas de América Latina: Revisión de enfoques teóricos-metodológicos". El artículo recupera el estudio de las instituciones políticas como área algo abandonada en las últimas décadas. El tema concreto desarrollado es el "Presidencialismo" desde una doble óptica: como análisis de las ideas en torno al poder, y como forma política efectiva en diversos países. Se repasan diversas teorías políticas e investigaciones enmarcadas en las anteriores ópticas.-J. M. S. Carmagnani, Marcelo: Emigración mediterránea y América. Ensayo en el que se muestran los elementos que caracterizan el fenómeno emigratorio de las áreas mediterráneas, con especial referencia a las formas, ritmos y características que presenta entre 1860 y 1930. El estudio de la emigración se hace desde la consideración de un fenómeno más vasto y como un hecho histórico que refleja la transformación social. Se han distinguido las características generales y específicas de la transformación de la emigración mediterránea a partir de su colocación en el contexto general de la emigración europea, el rol jugado por los elementos económicos, sociales y políticos en la evolución de dicha emigración en cada país y en el conjunto mediterráneo. En otro capítulo se abordan los elementos capaces de convertir la propensión a emigrar en una opción migratoria. En el último se analiza la llegada a América, poniendo en evidencia las motivaciones, comportamientos, etc., de los emigrantes.-J. R. N. G. Agosin, Manuel R.: "Las experiencias de liberalización comercial en América Latina: Lecciones y perspectivas". Artículo introductorio del número 21 de esta revista dedicado al comercio, apertura y desarrollo. Así, y teniendo siempre presentes los restantes artículos del monográfico, Manuel R. Agosin nos ofrece una síntesis comparativa de las distintas políticas de liberalización y apertura comercial (que no serían la misma cosa para el autor), sus ritmos de aplicación, resultados a corto plazo y otros previsibles a más largo plazo, de esas políticas adop-tadas en los países latinoamericanos. Como tesis central, el autor apuesta por políticas graduales de liberalización combinadas con políticas selectivas de apoyo a la transformación industrial.-J. M. S. 60. Alburquerque, Francisco: "La necesidad de una estrategia de desarrollo alternativo al neoliberalismo". A través de la discusión de las tres principales estrategias de desarrollo más reciente: 1) la integración al Mercado Mundial a través del Libre Mercado; 2) la estrategia del nuevo orden económico internacional propuesto por los países del Tercer Mundo, y 3) la "desconexión". Alburquerque trata de buscar otra alternativa capaz de combinar crecimiento económico con equidad y justicia social.-J. A. M. M. 61. Arrizabalo Montoro, Xavier: "Estructura social y modelos de desarrollo: El caso chileno". El artículo analiza la relación entre ambos aspectos, específicamente para el caso chileno, durante la dictadura de Pinochet (1973Pinochet ( -1990)). Las políticas económicas puestas en marcha por el régimen militar, y continuadas en buen grado por el gobierno de la concertación, responden a un enfoque neoliberal que apoya el fortalecimiento del capitalismo a expensas de más desempleo y condiciones de vida más precarias para los trabajadores y los pobres.-J. A. M. M. 62. Bresser Pereira, Luis Carlos: "La crisis de América Latina. ¿Consenso de Washington o Crisis Fiscal?". En el artículo se discuten las dos más relevantes interpretaciones sobre la reciente crisis económica de América Latina. En primer lugar se expone y critica la explicación conocida como "consenso de Washington", pasando posteriormente a los planteamientos defendidos por los teóricos de "la crisis fiscal del Estado". Ambas perspectivas llevan a diferentes diagnósticos y propuestas de actuaciones en política económica. El autor desarrolla su trabajo desde la defensa de los análisis cercanos a la crisis fiscal del Estado.-J. M. S. 63. Büschges, Christian: "Crisis y Reestructuración. La industria textil de la Real Audiencia de Quito al final del período colonial". En la segunda mitad del siglo XVIII y a principios del siglo XIX, en plena crisis de la producción obrajera, consta en las fuentes un marcado auge de la producción textil doméstica (dominada por la mano de obra indígena), que se extendió sobre toda la sierra de la Audiencia de Quito. Los obrajes, después de haber perdido, desde principios del siglo XVIII a más tardar, gran parte del mercado limeño por la introducción de paños de segunda calidad de Europa, cambiaron su producción a telas de lana más gruesas y baratas. Sin embargo, sufrieron, al final del período colonial, la competencia sobre todo de la industria doméstica de la misma Audiencia de Quito.-A. E. A. Escobar, Arturo; Pedrosa, Álvaro: "Modernización: una propuesta alternativa para el Pacífico Colombiano". Estos dos autores tratan de definir en su artículo una posibilidad distinta de modernización para el Pacífico colombiano. Pero los modelos de desarrollo que se están proponiendo y poniendo en marcha últimamente no resultan apropiados para esta área geográfica, que necesita de una acción social más autónoma, endógena y pluralista para poder transformar su realidad.-J. A. M. M. 65. Galende Díaz, Juan: "La creación de los Consulados Marítimos. El caso del Consulado Malagueño". Analiza los cincuenta y seis capítulos establecidos para la creación de este organismo marítimo y terrestre, el 18 de enero de 1785, a raíz de la decisión del rey Carlos III, para conceder a sus súbditos la libertad de comerciar con América y Filipinas.-I. A. F. 66. Martínez de Vega, María Elisa: "Los mercaderes novohispanos: control virreinal y fraude fiscal en el primer tercio del siglo XVII". Estudio del siglo XVII novohispano, menos desde la perspectiva de una depresión general, que bajo el supuesto de una transformación que comenzó a sacar a la colonia de la característica dependencia económica de la metrópoli. Naturalmente, en el trasfondo de una crisis de la sociedad colonial y, sobre todo, una crisis del poder virreinal.-R. M. G. S. 67. Misas Jiménez, Rolando E.: "La agricultura comercial en el proyecto expedicionario de Mopox a Cuba". El desarrollo azucarero en la parte occidental de Cuba propició que el 5 de noviembre de 1794 un grupo de hacendados habaneros, reunidos en la Real Sociedad Patriótica de La Habana, estableciera las bases para que las regiones orientales se integraran al auge de las regiones aledañas a la capital. Si bien el proyecto expedicionario que esbozara Manuel Godoy el 2 de agosto de 1796 no se ajustaba a los intereses económicos de los hacendados azucareros, ese poderoso sector, representado por el conde de Mopox y de Jaruco, fue capaz de encauzar la iniciativa de Godoy para hacerla provechosa a sus intereses, presentando un nuevo proyecto el 8 de agosto de 1796.-R. M. G. S. 68. Ocampo, José Antonio: "Perspectivas de la economía latinoamericana en la década de los noventa". Tras una revisión de cómo han marchado las economías nacionales latinoamericanas durante los años ochenta, el autor del presente artículo nos propone una cierta prospectiva de cómo evolucionarán esas economías durante los años noventa. El análisis trata de mostrar más las condiciones necesarias, que no siempre suficientes, para que se dé un desarrollo económico sostenible.-J. M. S. 69. Santamaría García, Antonio: "Los ferrocarriles de servicio público de Puerto Rico (1870-1990). El objetivo de este artículo, que se realizó en el marco del proyecto "Los ferrocarriles latinoamericanos, ayer, hoy y mañana", de la Fundación de Ferrocarriles Españoles, es aportar un estado de la cuestión sobre un tema poco investigado; se completa con algunas fuentes, fundamentalmente estadísticas, que hasta el momento no han sido utilizadas.-R. M. G. S. 70. Valdaliso, Jesús M.: "La flota mercante española y el tráfico con América en la segunda mitad del siglo XIX". discurso político de rasgos específicos, influyendo posteriormente en la formación del orden social de las naciones americanas independientes.-J. M. C. B. García Targa, Juan: "Arqueología colonial en el área maya. Aspectos generales y modelos de estudio". Sobre los problemas que presenta la arqueología histórica y colonial en algunas regiones. Se examinan los proyectos existentes sobre el estudio de ese período.-I. A. F. 75. Rivera Dorado, Miguel: "Arquitectura, gobernantes y cosmología. Anotaciones sobre ideología maya en los cuadernos de Oxkintok". En este trabajo se interpretan las implicaciones de las estructuras de identidad entre las ciudades mayas y el cosmos, basándose en datos recientes del área yucateca de Oxkintok.-I. A. F. González Rodríguez, Jaime: "Para una historia social de las ideas mejicanas". Nuestro autor expresa que una completa Historia de las Ideas ha de tener en cuenta tanto el componente lógico y el contenido objetivo de éstas como su proyección social, y debe recuperar el conocimiento de las ideas en la época colonial. La encomienda, que bajo el punto de vista del contenido lógico acaparó la reflexión novohispana en el siglo XVI, le sirve de tema para hacer una demostración práctica de la metodología expuesta.-R. M. G. S. 77. Gorla, Carlos María: "El descubrimiento de la ruta terrestre entre Buenos Aires y el Río Negro". A raíz de los grandes malones de 1780, Vértiz activó los trabajos destinados a la defensa del territorio, al mismo tiempo que procuró establecer relaciones pacíficas con las parcialidades indígenas que merodeaban la frontera bonaerense. La expedición de Zizur tuvo como objeto negociar la paz con el cacique Lorenzo y, a su vez, "inspeccionar la campaña". Como resultado de esta empresa tuvo lugar un prolijo reconocimiento de la ruta terrestre entre la capital del Virreinato y el Río Negro, la que pudo ser reconstruida mediante el estudio crítico del Diario de la expedición, realizado con la información que aporta la documentación édita e inédita, con el auxilio de la cartografía histórica y las mensuras de los terrenos por los que transitara la misma, practicadas a partir del siglo pasado. Como síntesis final, se ha volcado el camino seguido por Zizur en la cartografía actual.-A. E. A. Hidalgo Nuchera, Patricio: "¿Esclavitud o liberación? El fracaso de las actitudes esclavistas de los conquistadores de Filipinas". Para cuando las Filipinas fueron incorporadas al dominio castellano, hacía muchos años que la esclavitud de los indígenas había sido jurídicamente abolida. Aun así, los nuevos conquistadores solicitaron poseerlos, argumentando su adquisición en la guerra y la compra-venta, pues la esclavitud existía entre los aborígenes filipinos.-R. M. G. S. 79. Newland, Carlos; San Segundo, M.a Jesús: "Un análisis de los determinantes del precio de esclavos hispanoamericanos en el siglo XVIII". Revista de Historia Económica. Volumen homenaje a Robert W. Fogel y Douglas C. North, premios Nobel de Economía 1993. Estudio acerca de las características del precio de esclavos en Hispanoamérica a través de una muestra de 2.347 individuos, obtenida de las tasaciones efectuadas a las propiedades de los jesuitas tras su expulsión en 1767. El inventario lo hacían expertos que actuaban bajo juramento. Se incluyen cuadros en los que se especifica la distribución regional de la esclatitud y las carecterísticas de los tasados (sexo, actividad económica en la que trabajaban, precios, estado de salud...).-M. A. D. M. Ramos Pérez, Demetrio: "Bolívar y la hábil falsificación de supuestas paces decretadas en España como arma dirigida a desmoronar a los realistas". Boletín de la Real Academia de la Historia. El estudio de diversas maniobras realizadas por Bolívar prueban su capacidad para aprovechar políticamente las oportunidades que se le presentaron para ello, sus excelentes cualidades para presionar psicológicamente a las fuerzas reales en 1822 y 1824 a partir de la invención de paces consumadas, que contribuían a erosionar la moral de los jefes realistas. Estas paces las ofrecía siempre en momentos críticos, en los que precisaba ofrecer alguna vía para superar circunstancias apremiantes.-J. R. N. G. Alía Plana, Jesús María: El ejército español en Filipinas. Este estudio se centra en el Álbum de la infantería y caballería española del Ejército de Filipinas, siendo capitán general de ellas el teniente general don Manuel Crespo y subinspector general el mariscal de Campo don Ramón Montero, fechado en 1856, auténtica base para conocer los uniformes del ejército filipino del siglo XIX por su elevado número de láminas, dotadas de grandes cualidades artísticas. En el libro se recoge la organización y uniformes del Ejército español en Filipinas, incluyendo las banderas y un estudio de la infantería, caballería, sanidad militar, artillería, ingenieros, milicias, etc. También se incluye una mención a la expedición española a la Cochinchina en 1858, que fue la proyección al exterior de nuestro ejército de Filipinas a mediados del siglo XIX y, por tanto, su entrada real en combate.-J. R. N. G. Díaz Martínez, Yolanda: "Dos ejércitos en lucha: Tácticas y estructuras militares en la Guerra de Cuba, 1895-1898". A lo largo del presente trabajo se detallan todos los aspectos militares relativos a la Guerra que el 24 de febrero de 1895 comenzaba en Cuba, encaminada a obtener la independencia de aquella isla respecto a la metrópoli española.-R. M. G. S. 86. Martínez Riaza, Ascensión: "Estado y territorio en Iberoamérica. Los principales autores que han planteado la cuestión de la formación del Estado en su dimensión teórica y metodológica, incluyen el territorio como elemento configurador. En Iberoamérica los conflictos interregionales son parte del surgimiento de las repúblicas independientes y sus raíces hay que buscarlas en la organización político-administrativa indiana que superpuso demarcaciones y competencias para evitar una excesiva concentración de poderes. Este planteamiento se aplica a la guerra del Pacífico, que enfrentó a Bolivia y Perú con Chile en la segunda mitad del XIX.-R. M. G. S. 87. Paz Sánchez, Manuel de; Fernández Fernández, José; López Novegil, Nelson: El bandolerismo en Cuba (1800-1933). Presencia canaria y protesta rural. Centro de la Cultura Popular Canaria. Esta obra, centrada en el estudio del bandolerismo cubano, se estructura en seis capítulos, que abordan una división basada en criterios cronológicos amplios, coincidentes con el desarrollo de la economía de plantaciones en Cuba, porque los autores entienden que la evolución y la intensidad del bandolerismo cubano estaban ligadas a las transformaciones económicas, más o menos traumáticas, producidas en el mundo rural a lo largo de la etapa objeto de análisis. Basándose en material archivístico de los principales archivos españoles y cubanos, los autores muestran que la agitación rural está unificada por la continua aparición de figuras descollantes nacidas en familias de sitieros, de campesinos dedicados a los cultivos para el consumo local y que eran hijos o nietos de canarios.-J. R. N. G. 88. Serrano Monteavaro, Miguel Ángel: "La libertad de expresión durante la guerra hispano-cubana-norteamericana". Basándose en la prensa de la época, analiza algunos de los conflictos que enfrentaron a este medio de comunicación con las fuerzas armadas en el curso de esta contienda que se desarrolló en los últimos años del siglo XIX.-I. A. F. 89. Uría González, Jorge, y otros: Asturias y Cuba en torno al 98. Sociedad, economía, política y cultura en la crisis de entresiglos. Bernabeu Albert, Salvador: "'La religión ofendida'. Resistencia y rebeliones indígenas en la Baja California colonial". El autor divide el pasado peninsular bajocaliforniano en tres etapas: una de tranquilidad fundacional (1697-1734), llena de optimismo y providencialismo; una segunda de sublevaciones y crisis de la empresa misional (1734-1750), y una tercera marcada por la lenta expansión septentrional, un triple cambio misional, protagonizado por jesuitas, franciscanos y dominicos, y pequeños conflictos o resistencias a la presencia misional, pero siempre de forma localizada y esporádica (1750-1822).-R. M. G. S. 91. Gómez Díez, Francisco Javier: "Factores de tensión en la Iglesia católica de Guatemala: el Informe de monseñor Rossell a la Santa Sede (1954)(1955)(1956))". Este artículo transcribe el informe enviado por monseñor Rossell y Arellano, arzobispo de Guatemala, a la Santa Sede en febrero de 1956, precedido de un análisis de la situación que lo originó: el enfrentamiento público del arzobispo con monseñor Verolino, el nuncio apostólico, para analizar de este modo la situación de una Iglesia que iniciaba un claro proceso de desarrollo marcado por la entrada masiva de clero y capital extranjero y el entendimiento con el Gobierno, por primera vez desde la Revolución Liberal de 1871.-A. E. A. González Dorado, A.: "Génesis de la Nueva Evangelización en América Latina". Estudio del movimiento llamado "Nueva Evangelización", que surgió hace varias décadas de forma autóctona en la Iglesia de América Latina, ante la nueva situación en la que se encuentra el continente. Se desarrolló progresivamente pretendiendo ser fiel a las enseñanzas y valores positivos de su evangelización.-M. M. C. S. Hernández Martín, Ramón, O. P.: "La provincia de Santa Cruz de Indias hacia 1630". Recoge un documento del Archivo General de la Orden de Predicadores de Roma, cuyo autor es fray Luis de San Miguel que, a petición del maestro general de la Orden, fray Nicolás Ridolfi, hace en 1632 una información detallada sobre el estado de esta provincia dominicana de Santa Cruz, pues el maestro general había observado en las actas del capítulo provincial una serie de irregularidades.-M. M. C. S. 94. Jerico Bermejo, Ignacio: "El moderno Tratado de 'De Eclesia' y sus inicios en la Escuela de Salamanca", Comunio. Estudio General Dominicano de la Provincia Bética (España). Trata de mostrar cómo se introdujo dentro de la teología el tratado moderno llamado De Ecclesia, fijando la atención en la Escuela de Salamanca y en pensadores como Vitoria. Se ciñe a los primeros pasos que se dieron para introducir esa problemática en las prelecciones de cada día en la Universidad de Salamanca y cómo el comentar la Suma del Aquinate resultó decisivo, juntamente con las inquietudes del momento, para que se expusiera poco a poco la cuestión teológica relativa a la Iglesia.-M. M. C. S. 95. Laserna Gaitán, Antonio Ignacio: "El último intento de reforma de los monasterios femeninos en el Perú colonial: el auto del arzobispo Parada de 1775". La relajación de costumbres en los conventos limeños del siglo XVIII fue un tema que preocupó hondamente a los rectores de dicha diócesis, y por ello se conocieron sucesivos proyectos de reforma a lo largo de la centuria ilustrada. Ninguno de ellos poseyó la envergadura y sistemática del auto redactado por el arzobispo Parada en 1775. Sin embargo, la muerte de Parada hizo que fuese su sucesor, González de la Reguera, el encargado de ejecutar estos artículos. Esta decisión le granjeó la animadversión de las prioras, ya que el auto limitaba el autogobierno económico de los cenobios. Tras la determinación del prelado los conventos más importantes de Lima estallaron en rebelión, encontrando las religiosas en esta causa el auxilio de los grupos sociales más poderosos de Lima, ya que muchas de estas familias habían visto en la profesión como religiosas un conveniente acomodo para algunos de sus miembros femeninos, y por ello las preladas no temieron elevar su causa ante la Audiencia. El arzobispo González de la Reguera se vio abocado así a solicitar el amparo del monarca para la puesta en práctica del auto, aprobándolo el Consejo de Indias con algunas pequeñas modificaciones. Pese a todo, los efectos de esta sanción real no fueron tan contundentes como cabría pensar.-A. E. A. Manchado López, Marta M.a: Conflictos Iglesia-Estado en el Análisis de los conflictos jurisdiccionales entre las órdenes religiosas y el arzobispado de Manila en el período de 1767-1787. Estas disputas tuvieron su causa tanto en la Visita Diocesana como en el Real Patronato, cuyo ejercicio había sido siempre eludido por los regulares. La fuente documental ha sido casi exclusivamente el Archivo General de Indias.-J. M. C. B. 97. Rodríguez Mateos, Joaquín: "Las cofradías de Perú en la modernidad y el espíritu de la contrarreforma". El estudio de la cofradía, como institución, entronca con el de las diversas formas de asociación voluntaria, como un medio de integración en el seno de cualquier sociedad de los diversos grupos humanos que la componen, constituyéndose en vehículo de participación en el sistema cultural. Las características y las formas de organización que adquiere para ello van a conferirle una entidad propia que la convierta en una institución permanente y vigente a lo largo del tiempo; serán su flexibilidad y su adaptabilidad a la estructura social las que la hagan triunfar tanto en la Península como en el Nuevo Mundo, vertebrando ritual y simbólicamente al conjunto social. A un tiempo, como expresión de la praxis religiosa contrarreformista, se convirtió en uno de los fenómenos más impulsados por las órdenes religiosas en su misión adoctrinadora, sirviendo como una de las principales armas de evangelización en las tierras americanas. Su parafernalia teatral sirvió de elemento de atracción popular, captando la sensibilidad y las pulsiones sociales de la Modernidad hispánica, a un tiempo que fueron, de forma paralela, celosamente controladas por la Iglesia institucional, robustecida después de Trento.-A. E. A. Tamayo-Acosta, Juan José: "Teología de la liberación: Revolución metodológica y desafíos". Estudio General Dominicano de la Provincia Bética. Como el mismo autor indica, este trabajo, antes conferencia pronunciada en la semana de Santo Tomás de Aquino de 1995 en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, es una reflexión sobre el presente y el futuro de la teología latinoamericana de la liberación. El artículo se centra en cuatro puntos: impacto de la teología de la liberación, principales aportaciones, perspectivas de futuro y aspectos críticos, desafíos de la sociedad, a las iglesias y a las teologías del Primer Mundo.-M. M. C. S. Cuadra, Pablo Antonio: "El hilo azul. Introducción a la literatura nicaragüense". Comienza el autor señalando, para el siglo XVI, la bifurcación entre una literatura culta y otra popular. Mientras la segunda es la expresión de una realidad mestiza, la línea culta se desentiende del mundo en que nace. La singularización comienza con Darío por su doble atención hacia lo exterior universal y hacia lo interior nativo. Se trata, finalmente, una guía de momentos generacionales, de Darío hasta el presente, a fin de señalar la continuidad de la literatura nicaragüense.-M. P. Arroyo Reyes, Carlos: "Luces y sombras del incaísmo modernista peruano". Con el propósito de señalar los alcances y limitaciones del indigenismo modernista en el Perú, se inserta la figura de Abraham Valdelomar en el amplio contexto del interés despertado en el país, hacia 1912-1913, por lo incaico. Ello permite una lectura de Los Hijos del Sol, integrada en la prédica indigenista iniciada por González Prada. Si es cierto que hay allí un deseo de embellecer la realidad incaica (exotismo modernista), en oposición a la pintura negativa que había hecho García Calderón, no lo es menos la relación de la obra con un contexto cultural reivindicativo de lo indígena-M. Cornejo Polar, Jorge: "El costumbrismo peruano y el español". Justifica primero el autor su interés por el costumbrismo del siglo XIX hispanoamericano, uno de los intentos fundacionales de búsqueda de una identidad nacional, pese a no contar con nombres excepcionales. Se centra en el estudio de las figuras de Felipe Pardo y Aliaga y de Manuel Asensio Segura. En relación a aquél menciona una serie de lecturas francesas que explicarían el origen común del costumbrismo hispánico, mientras para el segundo resultan fundamentales las obras de Bretón de los Herreros y Mesonero Romanos.-M. P. Cruz Pérez, Francisco José: "Entre decir y hacer, Julio Cortázar". La publicación, en tres volúmenes, de la Obra Crítica de Julio Cortázar propicia esta reflexión acerca del pensamiento teórico del autor argentino. De entre la amplitud de intereses temáticos que acoge esta recopilación se subrayan algunos aspectos. En primer lugar, la línea fundamental de la "Teoría del túnel" (tomo I): el análisis de lo narrativo a través del romanticismo, el surrealismo y el existencialismo. Enseguida, y no menos importante, la evidencia de una nueva definición del compromiso del autor y del lector, partiendo de la necesidad de intervenir en la realidad desde la escritura misma.-M. P. Giordano, Alberto: "La otra aventura de Bioy Casares". Una mirada a los ensayos reunidos, en 1983, en el volumen La otra aventura, pone de relieve la discreta presencia (sombra) de Bioy Casares en estos escritos sobre literatura, así como el reiterado recurso de la ironía como perspectiva desde la que abordar obras y autores. Se alude, en último término, al estilo conversacional y simple (de engañosa simplicidad) que domina en estos artículos.-M. P. Picardo, Osvaldo Mario: "'Mitopoiesis' del fatalismo en Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez". Cuadernos para la Investigación de la Literatura hispánica. A través del análisis de la funcionalidad del mito en esta novela de García Márquez, se subrayan el carácter polifónico del texto y el poder que lo absurdo tiene en la cosmovisión del colombiano.-M. P. Costa, Horacio: "El acaso, la necesidad (Borges y Rosa. Una lectura comparativa de El Sur, de Jorge Luis Borges, y La Hora y la Vez, de Guimaraes Rosa, pone sobre aviso al lector acerca de una doble interpretación de los cuentos: realista y metarrealista, literal y alegórica. En el análisis de ambos relatos, el crítico revela mucho sobre la personalidad y el arte de esos grandes creadores latinoamericanos. El trabajo demuestra también en qué medida el lector (recreador-descifrador) es convocado en los cuentos.-M. P. 106. Hernández, Consuelo: "Crónica, historiografía e imaginación en las novelas de Scorza". La autora presenta el ciclo novelístico del peruano Manuel Scorza como prolongación de una línea indigenista presente en Hispanoamérica desde el siglo XVI. Como narrador, asume la tarea de trazar la crónica de la zona andina pero, al incluir también a los héroes anónimos, elabora una historia desde los márgenes, frente a la oficial. Se señalan personajes comunes en las distintas novelas de la saga, así como una persistente línea temática (el avance de la conciencia de clase, la destrucción del mito), para subrayar, finalmente, la crítica como elemento destacado en la perspectiva de este autor.-M. P. 110. El final de un mundo, el principio de una ilusión. Dirigido por Jacobo Machover. Nuevo título de la serie "Memoria de las ciudades", centrada ahora en La Habana, en un período de convulsión social y política. Su planteamiento radica en relacionar un lugar concreto con un momento histórico y con una idea que los caracteriza. La cultura es el eje central del trabajo. Aquí se incluyen autores que viven en Cuba y otros en el exilio. Sus opiniones son pistas para comprender el desarrollo de una ciudad en su encrucijada del siglo XX.-J. M. C. B. Bagley M., Bruce; Tokatlian, Juan Gabriel: "Droga y dogma: la diplomacia de la droga de Estados Unidos y América Latina en la década de los ochenta". Análisis de las políticas de prevención y castigo a la producción y tráfico ilegal de drogas emprendidas por EE. UU., y sus efectos en los países latinoamericanos. La droga como cuestión de seguridad nacional, la escasa eficacia de políticas unilaterales, posibles vías de solución en una perspectiva multilateral, etc., son temas aquí tratados.-J. M. S. Bennett, Vivienne: "La evolución de los movimientos urbanos populares en México entre 1968 y 1989". En este artículo se estudia el devenir de los movimientos populares urbanos en México desde 1968, coincidiendo con un descenso en el apoyo popular al modelo de desarrollo practicado. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Nava-
Una inquietud permanente a lo largo de la historia, y consecuentemente a los hombres de todas las épocas, ha sido el interés por averiguar el futuro. Se pretendía alcanzar el conocimiento del devenir, que se daba por seguro sucedería imparablemente, de modo determinado. Siempre esta preocupación y este interés se han agudizado en torno a fechas redondas del calendario, y más concretamente a los cambios de centuria. Y no han faltado, en estas ocasiones, visionarios que anunciaban el fin del mundo o grandes catástrofes para la humanidad y han conseguido agolpar multitudes a su alrededor Algunos autores han desarrollado ese sentimiento científicamente, elaborando doctrinas apoyadas en la Sagrada Escritura, o en tradiciones ancestrales. Cobraron particularmente importancia en Europa los movimientos nacidos en el seno de la Iglesia, y que han venido a denominarse Milenarismos. También en este final del Segundo Milenio tienen especial éxito los videntes, augures, etc., en definitiva se buscan profetas. Joaquín de Fiore y el doctor Castañeda habló de la presencia de estas ideas en el Descubrimiento y Evangelización de América, mientras el profesor Comellas hizo un brillante paralelismo entre el fin del siglo XV y el siglo actual: desde la ilusión por construir un hombre mejor, hasta la angustia de la nada. El filósofo francés Nicolás Grimaldi, catedrático en la Sorbona de París, propuso una proyección de la cultura que viviremos en el siglo XXI señalando algunos rasgos posibles: el primero de ellos la soledad. Para el profesor Grimaldi el hombre está cada día más incomunicado y lo demuestran datos como que el 50% de la población de París vive sola; "París es ya una ciudad de eremitas", comentó. Otro de los rasgos es el triunfo de lo aleatorio. Cada vez se sabe menos por qué triunfa un libro, o se vende un disco, y el valor real de las personas no se refleja socialmente. Además, hay un desvanecimiento de la trascendencia. Tras la lectura de diversas comunicaciones de los profesores Cociña y Abella, Porras, Martín de la Hoz, etc., tuvo lugar la Clausura, con una conferencia del cardenal Edward Cassidy, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, de cuyo desarrollo en las últimas décadas hizo un apretado resumen. Destaco en su comunicación que el movimiento ecuménico ha obtenido grandes logros en su acercamiento a las demás confesiones cristianas, pues muchos de los puntos de desconfianza han sido eliminados. Señaló como ejemplo el consenso alcanzado entre la Iglesia Católica Romana y la Federación Mundial Luterana sobre la cuestión fundamental de la Justificación y la Iglesia. ¿Podemos, entonces, mirar esperanzados hacia delante, a un tercer Milenio que será de unidad?. "Yo no tengo duda -señaló-de que el Espíritu Santo nos está guiando fuertemente en esa dirección". Para ello considera necesario no sólo el empeño de Juan Pablo II y los demás Pastores de la Iglesia, sino la respuesta generosa de los cristianos, hombres y mujeres, en los años venideros. Sin embargo, ese camino se ve ensombrecido por la creciente influencia de las sectas, uno de los signos Milenaristas: la solución a este problema está en la respuesta a la llamada del Santo Padre a una nueva Evangelización "a una penetración más profunda del mensaje Evangélico en las vidas de los fieles católicos". Al Simposio acudieron mas de un centenar de profesores universitarios, historiadores y teólogos. MANUEL COCIÑA Y ABELLA "Los Borbones entre dos mundos" Europa y América en el siglo XVIII La Paz (Bolivia), 19-23 de junio de 1995 En la ciudad de Cochabamba, Bolivia, la Honorable Alcaldía Municipal y la Casa de la Cultura de dicha ciudad, auspiciaron el encuentro internacional "Los Borbones entre dos mundos" Europa y América en el siglo XVIII, evento que se realizó entre el 19 y 23 de junio de 1995. La participación masiva de historiadores e investigadores de diversas nacionalidades permitió que dicho encuentro alcance un alto nivel académico. Se abordaron diversos aspectos del significado de las reformas de los Borbones y su repercusión tanto en Europa como en América. Europa, no siendo ajena, especialmente aquellos países como Italia, que gran parte de sus reinos se encontraban bajo la corona española, estudiaron el tema y llegaron a Bolivia historiadores italianos que explicaron el impacto de las Reformas Borbónicas en la Italia del siglo XVIII. La disertación de la doctora Anna María Rao se tituló "Política e Instituciones en el Reino de Nápoles en el siglo XVIII", expuso la situación de Nápoles en relación a las reformas. El doctor Franco Angiolini habló sobre "Reformas en la Parma borbónica", dando una visión general de la implantación y los cambios producidos en esa región italiana. En el área documental, la doctora Allessandra Contini relató "La formación de los Archivos en los Estados Italianos del 700: momento importante de las Reformas Políticas e institucionales"; relevando la importancia de la documentación referida al tema. Finalmente en el aspecto económico, el doctor Marcello Verga resaltó la importancia de "La cultura económica en la Sicilia de los Feudos". Estuvieron también presentes en dicho encuentro historiadores franceses, como Frederic Richard y el doctor Yves de la Goublaye de Menorval. La doctora española María Asunción Ortiz de Andrés, hizo una exposición sobre "Palacios Borbónicos del Siglo XVIII en España", ilustrando la arquitectura representativa del lugar. También llegaron a la ciudad de Cochabamba investigadores latinoamericanos, entre ellos el doctor Nicolás Cruz Barros, representante del Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile, con la ponencia "El impacto de la Ilustración española en el sistema educacional chileno del siglo XIX", un estudio de la educación en dicho país bajo la influencia de la Ilustración y un análisis de la situación de la educación actual. El doctor Jorge Pinto, de la misma nacionalidad que el anterior, explicó las "Articulaciones económicas en América y la intervención borbónica, el caso de la Araucanía y las Pampas", refiriéndose al caso de esas dos regiones chilenas y a la importancia de los cambios implementados desde España. Y el doctor Eduardo Cavieres expuso "Reformismo, crecimiento económico y cambios sociales. La sociedad colonial en la segunda mitad del siglo XVIII". De esta manera se dio un visión general de Chile en la época borbónica. Del Perú estuvo presente el licenciado César Debarbieri, que expuso "El Teatro en el Virreinato peruano durante el siglo XVIII", haciendo una relación de la vida cultural y de teatro de Lima. El investigador Grover A. Espinosa Ruiz, hizo un estudio del "Proyecto ilustrado y reforma educativa: el Real Convictorio de San Carlos de Lima (1770-1816)", investigación sobre los cambios en la educación. Sobre demografía en el Perú, hablo la licenciada Fedora Martínez acerca de "La población indígena durante el Siglo XVIII. Los historiadores argentinos tocaron los temas de la Iglesia, la Justicia y la Población: entre ellos estaban el doctor Eduardo Saguier y las licenciadas Mónica Adrián y Daniela Marino. La historiadora norteamericana doctora Nada Hughes, realizó una investigación acerca de "Transformaciones de las autoridades locales, cambios en la herencia del cacicazgo en la posesión de tierras comunales" estudio sobre movimientos sociales en la Audiencia de Charcas, hoy Bolivia. Colombia estuvo representada por el doctor Miguel Angel Urrego, quien presentó el tema "Reordenamiento espacial y poblacional en Nueva Granada. Siglo XVIII", realizando un estudio de la población y el área geográfica ocupada. La maestra Luz del Alba Moya, ecuatoriana, tocó el aspecto económico en "La Explotación de la cascarilla en la Audiencia de Quito y las políticas estatales. Siglo XVIII" y el doctor Heraclio Bonilla presentó el debate de "El impacto de las Reformas Borbónicas en la fragmentación económica y política de la región andina". Como país anfitrión, Bolivia tuvo 27 ponencias, a cargo de investigadores de diferentes regiones. En el área "Estado, Instituciones y Reformas", la maestra Itala De Maman expuso "Los otros caminos de la tiranía. Corregidores en la Audiencia de Quito 1750-1790" y la licenciada Ana María de Capra realizó una comparación "Del centralismo Borbónico al centralismo republicano". "La Ilustración en la América Borbónica" tuvo entre sus exponentes al licenciado Rene Arze A. quien habló sobre "Los hombres de la Ilustración en el período borbónico de la Audiencia de Charcas", mientras el doctor Alcides Parejas expuso "Lázaro de Rivera y las Reformas Borbónicas en Moxos". El licenciado José Gordillo presentó el tema "La Región de Cochabamba desde una perspectiva ilustrada. El programa de Francisco de Viedma a fines del Siglo XVIII". Y. el doctor Jorge Alejandro Ovando Sanz reveló "Francisco de Paula Sanz. "Movimientos sociales" fue un tema estudiado por varios bolivianos, entre ellos, el doctor Estanislao Just con "Antonio Sardán: una frustrada revisita a Cochabamba.; la licenciada Patricia Fernández de Aponte con "El alcance de las Reformas Borbónicas y Sublevación Indígena en La Paz, 1781"; el doctor Fernando Cajías con "Repercusiones de los Amarus y Cataris en la Región de Cochabamba"; el doctor Augusto Villarroel Triveño con "Las Rebeliones indígenas de Tapacarí"; el licenciado Roberto Choque Canqui con "Las Reformas Borbónicas y la situación indígena en Pakaxe", y. la licenciada Beatriz Bozo de Aguirre con "La insurrección popular bajo los Borbones". El área de "Salud y Artes Médicas" contó con la presencia de los doctores Alfredo Calvo Vera, Fernando Zenzano, Gastón Cornejo, José de la Vía y Walter Pereira Reynolds. Los temas "Iglesia, Justicia y Sociedad" fueron tratados por la licenciada Miriam Quiroga Gismondi con el estudio de "El impacto de las Reformas Borbónicas en las fundaciones de capellanías y adquisición de Censos en la ciu-dad de La Paz". La licenciada Martha Paredes Oviedo presentó "La creación de presidios como consecuencia de las Reformas Borbónicas en la Audiencia de Charcas". Y. la licenciada Eugenia Bridikhina expuso "Las Reformas Borbónicas y la esclavitud". Las "Artes Plásticas" estudiaron diversos temas, entre ellos "La Arquitectura Neoclásica Andina en la época de la Ilustración", por el arquitecto José Mesa Figueroa. "Un modelo arquitectónico en el siglo de la Ilustración: Santa Teresa de Cochabamba", por la arquitecto Teresa Gisbert; "Tipologías religiosas espaciales en el mundo andino en el siglo XVIII", por el arquitecto Rolando Salamanca; "El Arte Sacro en el Siglo XVIII y su proyección en la cultura popular", por el arquitecto Brownie Mostajo, y "Arte popular del siglo XVIII", por la licenciada Beatriz Loayza Bejarano. La licenciada Esther Ayllón presentó "Borbones y Aguardiente: Cinti a fines del siglo XVIII" dentro del tema "Población y Economía". "Música, Teatro y Educación" tuvo una ponencia presentada por los investigadores Andrés Eichman y Carlos Seoane, cuyo tema fue "Documentos testimoniales de la música en América. Intentando hacer una evaluación preliminar, podemos decir que las reformas implantadas por los Borbones en España repercutieron tanto en América como en Europa en el siglo XVIII. En lo referente a América, las exposiciones permitieron comprender el papel decisivo que tuvieron las reformas económicas y políticas al interior de los distintos estamentos de la sociedad colonial. Los cambios que se produjeron impactaron a diferentes regiones, de diferente manera y en diferente magnitud, el sistema atravesó por grandes cambios, rebeliones, rupturas, fragmentaciones y en algunos casos, se podría afirmar que las Reformas Borbónicas se constituyeron en la chispa que encendió la idea de la emancipación. PATRICIA FERNÁNDEZ DE APONTE MIRIAM QUIROGA GISMONDI Curso de Verano: "Enfermedad y Muerte en Andalucía e Iberoamérica (siglos XVI a XX)". El análisis de diversos aspectos relacionados con la enfermedad y la muerte, en los últimos cuatro siglos, ha sido el hilo conductor del curso de verano celebrado a lo largo de la semana del 31 de julio al 4 de agosto, en la Sede Iberoamericana de la Universidad Internacional de Andalucía. Ha estado dirigido por los doctores José Hernández-Palomo (Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, CSIC) y Manuel Sobrino Toro (Facultad de Medicina, Universidad de Sevilla), responsables de un grupo de investigación sobre el tema de la Junta de Andalucía. El acto solemne de inauguración tuvo lugar el día 31 de julio, estando presidido por el doctor Juan Marchena, actual director de dicha Sede, iniciándose ese mismo día las actividades científicas. Las sesiones se han estructurado temáticamente en varias mesas redondas, contando con un importante número de ponentes nacionales y extranjeros. La primera corrió a cargo del profesor Orozco Acuaviva (Facultad de Medicina, Universidad de Cádiz) que hizo una brillante exposición bajo el título; "Medicina Amerindia y Europea: un encuentro enriquecedor". En esta conferencia sintetizó la evolución del conocimiento médico a ambos lados del Atlántico antes del Descubrimiento, describiendo analogías y diferencias, destacando además cómo el contacto entre ambas culturas favoreció a las dos partes desde una perspectiva médica. La sesión "muerte y enfermedad cotidianas" estuvo moderada por el doctor José Hernández Palomo, quien hizo una breve reseña introductoria acerca de las diferencias existentes entre las enfermedades epidémicas y las que podíamos llamar "endémicas", y el interés que tenía el estudio, poco extendido aún, de este último tipo. El profesor Günter Vollmer (Ibero-Americanische Institut, Berlín) disertó sobre "Enfermedad y Muerte en Puebla (México)", haciendo un magnífico recorrido por la cotidianidad de la muerte y destacando los rasgos diferenciales de ese espacio geográfico por él analizado. La profesora Barbara Potthast (Universität Bielefeld, Alemania) con el tema "Demografía y Muerte en Paraguay en el siglo XIX" hizo una brillante exposición sobre los hechos y singularidades relacionadas con la muerte, tomando como fuente esencial testamentos. Le siguió la licenciada Angelines Pisón (Grupo Investigación Junta de Andalucía, Sevilla) con "Muerte en Osuna (Sevilla) (S. XVII)"; en este trabajo cabe destacar la importante labor de sus autora que ha estudiado los numerosos archivos de la ciudad ducal, haciendo un interesante balance entre la mortalidad endémica y la epidémica, en un intento aproximatorio a sus causas sociales y médicas. La sesión se vio completada por el doctor Agustín Galán García (Grupo de Investigación, Sevilla) con "La mortalidad laboral y sus causas en Riotinto (Huelva)". En esta ponencia describió las características de los registros que se conservan en relación a la industria minera de Riotinto y expuso las diferencias observadas en la siniestralidad en diferentes fracciones del período expresado así como las probables relaciones con cierta medidas de seguridad adoptadas y el tipo de trabajo ejecutado. La mesa redonda sobre mortalidad epidémica estuvo moderada por el profesor Noble David Cook (Universidad de Florida, EEUU), quien, además, disertó sobre "Epidemias Europeas en América antes de 1518". Esta interesantísima conferencia puso sobre la mesa parte de las cuestiones que aún son objeto de controversia, no sólo el problema de la sífilis sino otras enfermedades que tuvieron una tremenda repercusión. La sesión la inició la maestra Elsa Malvido (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México) con el tema "El Cólera en México (ss. XIX-XX)"; destacó la necesidad objetivable de unas determinadas condiciones de insalubridad para su propagación, que por desgracia aún persisten en algunos lugares de su país. Siguió el profesor George Lovell (Kingston University, Canadá) con "Epidemias y despoblación en el Reino de Guatemala", magnífica disertación en la que destacó el factor de crisis epidémica en el desarrollo poblacional de Centroamérica. Le siguieron: el doctor Manuel Salvador Vázquez (Grupo de Investigación Junta de Andalucía, Sevilla) con "El Cólera en Cuba", el licenciado Gregorio García Baquero López (Grupo de Investigación Junta de Andalucía, Sevilla) con "El Cólera en la provincia de Sevilla (Alcalá del Río-Castiblanco) y el licenciado Manuel Jesús Fernández Naranjo con "El Cólera entre Sevilla y Cádiz (Penaflor-Lebrija-Ecija)". Todos hicieron una excelente descripción de sus respectivas áreas de estudio, no sólo matizando los aspectos metodológicos en cuanto al análisis de las fuentes estudiadas sino en la reseña de las circunstancias en que la enfermedad colérica apareció en las comarcas estudiadas. En el grupo de ponencias sobre "morbi-mortalidad infantil", abrió la sesión el profesor Carlos Álvarez Santaló (Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Sevilla) con "La Casa Cuna de Sevilla y su mortalidad (s. XIX)"; subrayó el tremendo impacto de la muerte sobre esta población infantil objeto de abandono y acogida en instituciones a las que pueden catalogarse, aún en el siglo XIX, como deshumanizadas, expuso diferentes detalles muy significativos del importante trabajo de investigación por él realizado hacía años y que fue el argumento del libro Marginación Social y Mentalidad en Andalucía Occidental: Expósitos en Sevilla. Le siguió la doctora Nadine Béligand (Casa de Velázquez, Madrid) con el tema: "Mortalidad infantil en el Valle de Toluca (ss. XVII-XVIII)" presentando sus trabajos de investigación con una interesantísima visión, no sólo demográfica, sino a su vez histórico-antropológica. A continuación el doctor Antonio González-Meneses (Hospital Universitario "Virgen Macarena" y Real Academia de Medicina de Sevilla) habló sobre "Evolución y causas de muerte en la Casa Cuna de Sevilla (s. XX)"; en su alocución hizo un recorrido sobre la mortalidad de este grupo de niños ingresados en la institución durante el actual siglo, revelando datos inéditos sobre incidencia de determinados procesos morbosos, y comentando las experiencias por él vividas durante los años en que ejerció las funciones de director de dicho centro. Concluyó la mesa con la intervención del profesor Manuel Sobrino Toro, que también actuó como moderador, sobre "Evolución y cambios en las causas de enfermedad infantil". En su alocución expresó los grandes cambios producidos en el enfermar humano durante la época de la niñez, reseñando cómo éstos han tenido una sustancial relación con el hábitat, los recursos y el conocimiento médico, y a medida que, por diferentes causas, han desaparecido unas enfermedades, se han presentado otras siendo este hecho una constante a destacar. Otro bloque temático ha sido el que se ha titulado "Respuestas sanitarias ante la enfermedad y la muerte", en el que se han singularizado algunos aspectos sanitarios en la lucha contra la enfermedad. Así, el doctor Antonio Hermosilla Molina (Real Academia de Medicina de Sevilla) con "La Ciencia Médica ante las Epidemias del XVIII" hizo una magnífica presentación de la cuestión, revelando diversos detalles de sus investigaciones fundamentalmente centradas en las actividades científicas de la Real Academia de Medicina de Sevilla, la más antigua de Europa, que dan luz sobre las aportaciones de la Medicina ante situaciones de epidemia. Seguidamente el doctor Manuel Salvador Vázquez (Grupo de Investigación Junta de Andalucía, Sevilla) disertó sobre "El comercio de la Quina"; en su interesantísimo discurso explicó detalladamente las rutas seguidas desde el "Nuevo Mundo" y los intereses generados en relación a la Quina, sustancia a la que durante mucho tiempo se le atribuyeron muchas más indicaciones terapéuticas de las que realmente tenía, y su comercio. La Elsa Malvido trató otra cuestión interesante en relación al objeto central de la mesa: "La Enfermería en México ante la Enfermedad y la Muerte"; en esta lúcida charla narró los avatares vividos por las que se pueden considerar pioneras de la enfermería profesional en México: las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Por último, cerró la sesión el profesor Manuel Sobrino Toro con "La Gota de Leche de Sevilla"; en esta ponencia se expusieron las líneas maestras de lo que ha sido la historia de esta institución de ayuda al niño pequeño y cómo su labor, aunque difícil de cuantificar, ha contribuido decisivamente en la reducción de la morbi-mortalidad infantil en la ciudad de Sevilla. Los datos expuestos son fruto de la labor investigadora llevada a cabo por el ponente juntos a los doctores Cristóbal Coronel Rodríguez y Lucas Eduardo Durán de Vargas, ambos de la Real Academia de Medicina de Sevilla, cuyos resultados serán expuestos en un libro que está en proceso de edición La última sesión versó sobre "Pensamiento y actitudes ante la muerte". Se inició con la doctora Nadine Béligand que disertó sobre "Devoción cristiana y muerte: una aproximación a la mentalidad indígena en Nueva España". En este excelente trabajo la autora enfatizó sus hallazgos en torno a los testamentos analizados, haciendo una espléndida síntesis histórico-antropológica. El doctor Francisco Javier Rodríguez Barberán (investigador), habló sobre "Cementerios en Andalucía e Iberoamérica". En su brillante ponencia hizo un extenso recorrido por los diferentes tipos de cementerios y destacó las singularidades de algunos, tratando de establecer analogías y diferencias y reflexionando en voz alta sobre el cementerio como espacio urbano presente en todo momento en las más diversas comunidades humanas. La sesión se cerró con un coloquio extenso coordinado por la maestra Elsa Malvido y en el que hubo numerosa participación. También el licenciado Juan Manuel Guijo Mauri (Grupo de Investigación Junta de Andalucía, Sevilla) explicó la significación de las diversas fotografías que se mostraron en la sala de sesiones y que permaneció expuesta durante los días de celebración del curso. bajo el título "Espacios rituales y demográficos de Sevilla" de la que ha sido autor. Antes de la solemne clausura del curso por parte de las autoridades académicas de la Institución, los profesores Hernández-Palomo y Sobrino Toro hicieron un balance final sobre el conjunto de las ponencias presentadas, subrayando lo mucho de positivo que aportan estos foros en los que tienen cabida investigadores con orientaciones diferentes (historiadores, médicos, antropólogos, geógrafos, etc.) y que ofrecen la posibilidad de hacer complementarios sus estudios. y obtener una visión multidisciplinaria enriquecedora. MANUEL SOBRINO TORO JOSÉ J. HERNÁNDEZ-PALOMO Otro Congreso Dominicano de Historia Santo Domingo, 17-21 de octubre de 1995 En esas fechas tuvo lugar en Santo Domingo el Séptimo Congreso Dominicano de Historia, auspiciado por el Museo Nacional Historia y Geografía con eficiencia y generosidad que mostraron, paso a paso, el riguroso desvelo de su directora, la licenciada Vilma Benzo de Ferrer, y de un equipo que sabe seguirla. A esta edición del Congreso le correspondió celebrarse en un año indeleblemente marcado para la historia de la hermana Antilla por la centuria de pasos decisivos -baste recordar el Manifiesto de Montecristi-dados allí como parte de una extraordinaria obra anticolonialista y antiimperialista por José Martí y Máximo Gómez: obra que en el propio 1895 incluyó el inicio en Cuba de una nueva etapa de la guerra por la independencia, y la prematura muerte de Martí en combate. Con ese fondo histórico, que por su gran significación para nuestra América en su momento y en el presente, y con vistas al futuro, pudo haber sido el centro del Congreso, cumplió éste lo decidido en el de 1993: asumir como tema rector de sus ponencias -presentadas todas ellas del 18 al 20 en el Museo sede-Los modelos y prácticas de la colonización europea en América. La rica diversidad de las ponencias contribuyó por lo general a tratar ese tema sin reducirlo a mero asunto de archivo, sino situándolo de distintos modos en el camino de nuestra América hacia los retos y peligros que aún la acosan; y más de una vez, tanto implícita como explícitamente, lo relacionaron con los afanes de Martí y Gómez, y de otros grandes emancipadores de pueblos. Sería imposible, sin cometer injusticia, seleccionar una muestra de contribuciones representativas entre más de cincuenta procedentes de Cuba (3), España (19), Estados Unidos (1), Guatemala (l), México (2), Panamá (1), Puerto Rico (5), Venezuela (3) y el país anfitrión (18); y tampoco disponemos de espacio para reproducir la información ofrecida en el Programa de trabajo. No pasan inadvertidos el interés -por otra parte, natural-que crece en España con respecto al estudio sobre la América Latina, promovido en varias universidades y por otras instituciones, como la Asociación Española de Americanistas; ni el hecho de que mejores condiciones económicas y laborales propiciarían a los países ubicados al sur de Río Grande una mayor participación en encuentros como los Congresos Dominicanos de Historia. No faltan en estos pueblos ni sabiduría, ni talento, ni fuerza para crear; y crean: tampoco vías deberían faltarles a sus creadores. Además de las numerosas ponencias presentadas, el séptimo Congreso tuvo, hasta el día 21, otras labores atractivas y útiles, comenzando por la noche inaugural, el 17, en las Casas Reales, donde el historiador dominicano Frank Moya Pons leyó una conferencia extensa y erudita, e incitante hasta para discutir: "La plantación como modelo de colonización". En diferentes momentos los participantes fueron llevados a visitar significativos exponentes arquitectónicos de la colonización española en el territorio de la actual República Dominicana: las ruinas del Monasterio de San Francisco, en la capital, y, fuera de ella, las del Fuerte de la Concepción de La Vega Real y las de otro Monasterio de San Francisco, cercanas a las de aquel Fuerte. En la sesión de clausura de los debates, al mediodía del 20, el presidente de la Academia Dominicana de la Historia, doctor Julio Genaro Campillo Pérez, hizo público el acuerdo de dicha institución de nombrar cinco nuevos miembros correspondientes, todos españoles. Entre ellos estuvieron los doctores Antonio Gutiérrez Escudero, investigador de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, a quien se deben valiosos aportes sobre la historia dominicana; María Magdalena Guerrero Cano, profesora de la Universidad de Cádiz, a quien también se le reconocen frutos en ese empeño; y Luis Arranz Márquez, de la Universidad Complutense de Madrid y asimismo especialista en el tema. La Academia distinguió igualmente a la doctora Enriqueta Vila Vilar, investigadora de la mencionada Escuela de Estudios Hispano-Americanos, y al arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo. En este caso parece haber sido general el criterio de que se intentó rendir homenaje a la evangelización de América o, más exactamente, a religiosos como el fraile Bartolomé de las Casas, varias veces recordado en el Congreso como excepción cimera y simbólica de verdadera fraternidad espiritual dentro de aquella empresa, que en la práctica mayoritaria o distintiva sirvió de instrumento ideológico a conquistadores y colonizadores. Momento de especial intensidad en la clausura -así devenida reaperturade las sesiones científicas, lo constituyó la selección del tema al cual se dedicará el Octavo Congreso, que debe realizarse en 1997. Una de las propuestas fue dedicarlo a esclarecer la fecha exacta de la fundación de la villa de Santo Domingo, asunto sobre el cual acertadamente ya se prepara un encuentro específico, al margen de los Congresos de Historia. Pero hubo dos que concitaron la mayor atención, y un fuerte discernimiento: la de centrar el próximo Congreso en el significado que para nuestra América y el mundo todo tuvieron los sucesos de 1898 -que situaron en Cuba y entre las fuerzas defensivas de este país, las regresivas de España y las expansionistas de los Estados Unidos la manifestación visible de un conflicto de raigambre e implicaciones planetarias-, y la de hacerlo en torno al tema de la conferencia inaugural del Séptimo Congreso: la plantación como modelo de colonización, que bien podría considerarse como un sobresaliente inciso del tema al cual se había consagrado el foro que finalizaba. El debate reveló un despliegue de concepciones diversas. El abordaje del pasado, por muy puntual o vencido que parezca, difícilmente pueda hacerse desde una visión que, de una forma u otra, no incluya una activa y parcializada contemporaneidad. No fue (no es) sospechoso de pasatismo estéril quien afirmó que "la historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo". Al afirmarlo, Martí se encaminaba a la preparaciónpara emancipar a Cuba y contribuir a la libertad de Puerto Rico-de una guerra necesaria también para alcanzar lo que él llamó "la segunda independencia" de la América Latina toda, ya entonces urgida de librarse del yugo imperialista que la amenazaba o la invadía, con particular voracidad, desde los Estados Unidos. En la decisión, adoptada por amplísima mayoría, de tomar como hito para las reflexiones el significado de 1898 -y sus antecedentes y consecuencias-pudo apreciarse el triunfo de una esclarecida voluntad: sin olvidar el pasado de dónde venimos, acometer el estudio de hechos directamente relacionados con los problemas determinantes para la vida de nuestros pueblos en la actualidad, y para el correspondiente enfrentamiento de problemas cuya solución es uno de los mayores desafíos que ellos tienen ante sí en el presente y tendrán en el futuro. La actitud que predominó en el Congreso confirma que allí triunfó el deseo de salvar lo que de profesión y de acto de vida ha de haber en los estudios históricos para que su fertilidad sea cada vez mayor. La seriedad, la pasión y la sabiduría de los argumentos que defendieron la propuesta vencedora, evidenciaron que la votación en su favor no fue obra de la casualidad. Cuando la presidencia de la sesión solicitó su criterio al doctor Gutiérrez Escudero, éste, que tan merecidamente acababa de recibir allí el reconocimiento ya mencionado, se sumó a quienes se habían decantado por el 98. El propio Moya Pons, en cuya conferencia ya citada había hallado pábulo la propuesta en torno a la plantación -y a quien se le había aplaudido con entusiasmo cuando desde la mesa presidencial de la clausura, iniciada antes de que él llegara, se le llamó a ocupar la silla vacía que lo esperaba-pidió que se retirara aquella propuesta y adelantó que su voto estaba del lado de quienes habían apoyado que se asumiera el 98 como tema principal. El saldo de la discusión constituyó una señal que fue, en sí misma, una de las grandes virtudes del Séptimo Congreso Dominicano de Historia, encuentro que siempre recordaremos quienes tuvimos la alegre responsabilidad de participar en él, y conocer o ratificar los valores de colegas y amigos de distintos países comenzando por los anfitriones, cuya generosidad solamente por criminal ingratitud podría olvidarse. Nota de la Redacción: La participación española en este Séptimo Congreso Dominicano de Historia fue notable. Los nombres de los ponentes hispanos y los títulos de sus trabajos presentados son los siguientes: doctor Julio Gerardo Martínez (Universidad de V Encuentro de Latinoamericanistas Españoles Sevilla, 30 de noviembre-2 de diciembre de 1995 Convocado por el Consejo Español de Estudios Iberoamericanos y la EEHA se celebraron en el edificio de la Escuela las sesiones del V Encuentro de Latinoamericanistas Españoles, al que asistieron casi doscientos americanistas. Dicho Encuentro estuvo patrocinado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Fundación El Monte, siendo inaugurado por la doctora Consuelo Varela, directora de la EEHA, el día 30 de noviembre y se desarrolló hasta el día 2 de diciembre en horario de mañana y tarde, excepto el día 2, en el que hubo sólo sesión matinal. Como puede verse en el programa adjunto, se celebraron cuatro sesiones simultáneas y el día 1 llegaron a celebrarse hasta cinco, lo cual indica el elevado índice de participación que hubo, no sólo en la mesa de Historia Colonial, sino también en las otras nueve mesas restantes, en especial en las de Siglo XIX, Relaciones Internacionales y Literatura, área esta ultima que no solía tener una El superávit económico con el que se saldó el Encuentro y las ayudas, pendientes aún de confirmarse, permiten augurar buenas perspectivas para la edición de las Actas. Con la celebración del V Encuentro se han consolidado estas sesiones de trabajo, que anualmente ha venido convocando el Consejo Español de Estudios Iberoamericanos y alguno de sus centros miembros. La celebración en una ciudad alejada de Madrid como Sevilla no sólo ha mantenido una buena asistencia a mesas tradicionalmente muy concurridas, sino que, en ocasiones, ha incrementado la participación en mesas con no excesiva representación hasta ahora, caso de Historia colonial o Literatura, por citar sólo las más representativas. Esperemos que el esfuerzo organizativo de estos centros permita mantener la vitalidad de los Encuentros de Latinoamericanistas Españoles en bien de la comunicación entre historiadores, sociólogos, antropólogos y el largo etcétera de especialistas, que desde su ámbito de trabajo dedican su esfuerzo científico a los estudios americanistas. RAÚL NAVARRO GARCÍA Curso de Especialización sobre "Mestizajes culturales en Hispanoamérica. Un enfoque antropológico de un proceso histórico" Sevilla, 11-14 de marzo de 1996 Del 11 al 14 de marzo de 1996 y bajo el título arriba mencionado, se celebró en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos un curso de especialización, dirigido a estudiantes y posgraduados universitarios, y cuya realización fue posible gracias a la colaboración económica del Instituto Francés de Sevilla (Servicio Cultural de la Embajada de Francia). Las cuatro sesiones (con una duración total de diez horas) fueron impartidas por la doctora Carmen Bernand, profesora de la Universidad París X-Nanterre y miembro del Centre de Recherches sur les Mondes Américains (EHESS-CNRS). Cada día asistieron con regularidad una treintena de personas de distintos países (Argentina, Brasil, España, Francia, Guatemala, México y Venezuela) y de diversas procedencias académicas y disciplinares (estudiantes, graduados y profesores de antropología, arquitectura, literatura, historia de América, periodismo, etc.). El objetivo del curso era el de abordar, desde una perspectiva antropológica, diferentes aspectos del complejo proceso de hibridación cultural generado a partir de la conquista del Nuevo Mundo. En una primera sesión, titulada "Alteridad, identidad y ambigüedad", la profesora Bernand hizo un interesante análisis sobre la progresiva "construcción de alteridades" en España durante el siglo XV, exa-minó los criterios y categorías utilizados para definir/describir al "otro", y su proyección al mundo americano. En la segunda, bajo el título "Medicina, farmacopea y alimentación: indios y andaluces en el siglo XVI", trató de la posible influencia de la tradición arábigo-andaluza en lo que concierne a saberes médicos y de farmacopea (herbarios, lapidarios...), de los límites de esta tradición y del surgimiento de nuevas concepciones de la salud, de la enfermedad e incluso de la identidad en base a factores como el clima, la tierra y la alimentación. El tema de enfermedad volvió a estar presente en la tercera sesión, titulada "Santuarios: itinerarios terapéuticos y mestizajes", pero esta vez en su relación con el mundo sobrenatural. Tomando como referencia el santuario de la Virgen de Copacabana en Perú, su historia y los milagros relatados por el agustino Calancha, C. Bernand puso sobre todo de relieve el papel integrador desempeñado por estos santuarios y sus peregrinaciones, favoreciendo la interrelación de los distintos grupos étnicos y la creación de una sociedad mestiza. En la cuarta y última sesión, que versó sobre "El dinero: facetas simbólicas de un vínculo económico", C. Bernand nos ofreció una excelente exposición sobre la importancia de la introducción del dinero y de un sistema de mercado en el mundo indígena desde fechas muy tempranas, y sus implicaciones a nivel de las representaciones culturales, frecuentemente desdeñadas por los historiadores interesados en los aspectos económicos. El interés de los diferentes temas tratados y sobre todo la manera cómo fueron enfocados por la profesora Bernand no sólo suscitaron el debate entre los asistentes, sino que, lo que es más importante, dejaron múltiples vías abiertas para la reflexión y para la configuración de una visión más caleidoscópica y enriquecedora de la compleja sociedad colonial. BERTA ARES QUEIJA HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS
Siendo un objetivo de la Escuela el decidido apoyo de la investigación de calidad que se realiza en los países americanos y europeos, tanto por jóvenes post-graduados como por parte de renombrados investigadores, se acuerda convocar dos becas de estancia en su Residencia por un tiempo de seis meses de duración y otras dos por tres meses. Las becas incluyen el alojamiento, corriendo por cuenta del becario los gastos del viaje a España y su manutención. El período de disfrute de las becas semestrales será del 15 de enero al 15 de julio de 1997, y el de las trimestrales del 15 de septiembre al 15 de diciembre del mismo año. En el caso de becas por períodos inferiores de tiempo, su disfrute siempre será dentro de las fechas anteriormente mencionadas. Las solicitudes deberán recibirse en la Secretaría de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), calle Alfonso XII, n.o 16, 41002 Sevilla (España), antes del 15 de septiembre de 1996 para las becas del primer semestre y antes del 30 de abril de 1997 para las becas del último trimestre. La resolución de la presente convocatoria se hará pública antes del 15 de octubre de 1996 para las becas del primer semestre y antes del 30 de mayo de 1997 para las becas de tres meses. Podrá declararse desierta alguna o la totalidad de las becas si los candidatos no acreditasen, a juicio del jurado, méritos suficientes. Últimas publicaciones de la EEHA. A lo largo de 1995 la Escuela ha publicado tres obras. La primera fue editada por Manuel Losada y Consuelo Varela, con el título de Actas del II Centenario de Don Antonio de Ulloa, y en ella se recogen las ponencias de la reunión científica celebrada en Sevilla, San Fernando y Cádiz del 23 al 25 de octubre para conmemorar el II Centenario del fallecimiento del almirante don Antonio de Ulloa. El libro está prologado por Antonio Domínguez Ortiz, e incluye artículos de José M. López Piñero: "Antonio de Ulloa y la tradición de la ciencia moderna en Sevilla"; Francisco Aguilar Piñal: "Antonio de Ulloa y Sevilla"; Manuel Sellés García: "Antonio de Ulloa y la ciencia de su época"; Roberto Moreno: "Antonio de Ulloa,'descubridor' del platino"; Miguel Ángel Puig Samper: "Antonio de Ulloa, naturalista"; Antonio Lafuente: "Retórica y experimentación en la polémica sobre la figura de la tierra"; Luis J. Ramos Gómez: "El sevillano Antonio de Ulloa y el Reino de Quito"; Miguel Molina: "El gobierno de Antonio de Ulloa en Huancavelica y Luisiana"; Alberto Orte: "Antonio de Ulloa, astrónomo"; Juan Helguera Quijada: "Antonio de Ulloa en la época del marqués de la Ensenada: del espionaje industrial al Canal de Castilla (1749-1754)"; Francisco de Solano: "Antonio de Ulloa, marino: Mar del Sur (1741), Flota de Nueva España (1776), Campaña de Azores ( 1779)"; Antonio Orozco Acuaviva: "Antonio de Ulloa, un ilustrado curioso"; Antonio Gutiérrez Escudero: "Entre España e Hispanoamérica: Antonio de Ulloa, un hombre de su tiempo. Sus escritos y publicaciones". Dentro de la nueva colección "Difusión y estudio", ha aparecido un primer libro: México: del caudillismo al populismo estructural, escrito por Francisco Entrena Durán, profesor de la Universidad de Granada. El autor aborda en la primera parte las bases estructurales sobre las que se asentó en México el poder de los caudillos. En la segunda parte se estudia la revolución de 1910-1917 y su importancia para la emergencia del proyecto populista estructural. En la tercera se analizan las modificaciones experimentadas en los niveles económico-social, político-institucional y simbólico-legitimador, que conllevaron la materialización del proyecto populista estructural emanado de la Revolución. La conclusión pretende hacer un balance de los logros obtenidos por el proyecto populista estructural al permitir superar las causas del caudillaje y, así, avanzar en la construcción y afianzamiento del Estado Nación. Por último, la Escuela de Estudios Hispano-Americanos coeditó con el IEPALA, Universidad Internacional de Andalucía -sede Iberoamericana de La Rábida-, Agencia Española de Cooperación Internacional y Fundación El Monte, el libro Cuba: La reestructuración de la economía, escrito por Julio Carranza, Luis Gutiérrez y Pedro Monreal -del Centro de Estudios sobre América de La Habana-, en el que los autores aportan un interesante material de discusión sobre el modo de enfrentarse a los desafíos impuestos hoy en día a la revolución. La obra se estructura en cuatro capítulos en los que se aborda lúcidamente, y en primer lugar, la situación actual del escenario económico, deteniéndose en el sector externo, los problemas de la inversión, los desequilibrios financieros, la economía dual y las transformaciones más recientes. Un segundo capítulo aborda las propuestas hechas desde el exterior para conseguir una transición económica en Cuba. En un tercero se aborda, en profundidad, la reestructuración económica necesaria en la isla, perfilando el papel que se debe reservar al Estado, los mecanismos de regulación y redistribución a implantar, en qué debe consistir la reforma empresarial, así como los objetivos centrales y las premisas sociopolíticas que deben caracterizar dicha reestructuración. Un último capítulo se centra en la dinámica a seguir en dicha reestructuración y sus fases, que los autores fijan en tres. Una primera en la que deberían restituirse los equilibrios financieros y buscarse la eficacia, otra en la que se iniciaría la transición hacia un mercado regulado y, por último, se procedería a una descentralización de la economía. El libro incluye también un último capítulo de conclusiones y seis anexos. Durante el año 1996 se celebrarán en la Escuela dos cursos de postgrado: uno sobre la "Dinámica de tres casos de populismo en América Latina: México, Argentina y Bolivia", dirigido por el profesor Ferran Gallego i Margaleff, de la Universidad Autónoma de Barcelona, y otro sobre las "Implicaciones ambientales del desarrollo en América Latina", dirigido por el doctor J. Raúl Navarro García. Ambos cursos tendrán una duración de diez horas, celebrándose los próximos meses de septiembre y de junio, respectivamente. El objetivo del curso dirigido por el profesor Ferran Gallego es observar la función del populismo como movimiento y régimen de ruptura con instancias políticas tradicionales, con capacidad para insertar las capas medias y los sectores obreros y campesinos en un proyecto común, sin antagonismos formales, en tomo a una ideología nacionalista, antioligárquica, distribucionista y desarrollista. Un proyecto cuya ambición de crear regímenes industriales en el área americana por medio de la sustitución de importaciones conduciría a graves desajustes económicos y, en algún caso, a la quiebra de la democracia. El curso sobre "Implicaciones ambientales del desarrollo" quiere ofrecer, a partir de los procesos económicos y demográficos fundamentales de la Historia americana, una visión de cómo la cuestión ambiental ha adquirido una enorme relevancia, llegando a comprometer la viabilidad de concretas estrategias productivas. Desde la revisión de las relaciones entre el medio ambiente y el desarrollo regional se revisan las políticas de desarrollo más recientes de América Latina. XII Coloquio de Historia Canario-Americana Como es tradicional, el XII Coloquio se celebrará en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria, durante los dias 7 al 11 de octubre. Los organizadores del Coloquio exigen tener en su poder los títulos de los trabajos antes del día 15 de mayo y el texto de los mismos y un resumen de ellos, en un folio a doble espacio, antes del 15 de julio. Geografía y medio ambiente, doctora Aurora García Ballesteros. Universidad A las áreas temáticas reservadas, cuyos ponentes analizarán el estado de la cuestión sobre la bibliografía e investigaciones actuales en dicha área, se podrán presentar ponencias y comunicaciones que un comité seleccionará con vistas a su lectura y publicación. Los textos definitivos de dichas ponencias y comunicaciones tendrán una extensión máxima de 20 folios las ponencias y 10 las comunicaciones, en DIN A4 de texto a doble espacio, acompañando soporte informático Word Perfect 5.1 (PC) o MS Word 4.0 (Macintosh). Las Palmas de Gran Canaria. Cabildo Insular de Gran Canaria.
El estudio de la cofradía. como institución. entronca con el de las diversas formas de asociacion voluntaria. como un medio de integración en el seno de cualquier sociedad de los diversos grupos humanos que [a componen, constituyéndose en vehiculo de participación en el sistema cultural. Las caracteristicas y [as formas de organización que adquiere para el/o van a conferirle una entidad propia que la convierta en una institución permanente y vigente a lo largo del tiempo; ser án su flexibilidad y su adaptabilidad a la estru ctura social las que la hagan triunfar tanto en la Península como en el Nuevo Mundo. vertebrando ritual.v simbólicamente al conjunto social. A un tiempo, como expresi án de la praxis religiosa contrarreformista, se convirtió en uno de los fen ámenos m ás impulsados por las órdenes religiosas en su misión adoctrinadora, sirviendo como una de las principales armas de evangelización en las tierras americanas. Su parafernalia teatral sirvió de elemento de atracción popular. captando la sensibilidad.v las pulsiones sociales de la Modernidad hispánica. a un tiempo que fueron, de forma paralela, celosamente controladas por la Iglesia institucional. robustecida después de Trento. La cofradía, como institución social, ha venido recabando de tiempo a esta parte el interés y la atención de los científicos sociales. Son la amplitud de sus funciones, su grado de variabilidad y su capacidad de adaptación, las claves de su vigencia a lo largo del tiempo y del espacio. Las cofradías pueden ser estudiadas como unidades orgánicas o funcionales, abordables desde cualquier aspecto particular; pero será siempre un microcosmos que reproduce milimétricamente la estructura de la vida social, cualquiera que sea el grupo humano protagonista. Las características y formas de organización que adquiere para ello van a conferirle una entidad propia, que la convierta en una institución permanente y vigente. Se ha hecho, por lo común, frecuente hincapié en ver a la cofradía indiana como una versión particular de esta, ya para entonces, tradicional institución hispánica. E, incluso, hay quienes han querido ver una apropiación de la cofradía por los estratos indígenas para convertirse en un foco de supervivencia ideológica o sociopolítica frente a los colonizadores hispanos. No diríamos nosotros ni lo uno, por simplista, ni lo otro, por arriesgado.
Convocatoria abierta: estancias para el período septiembre-diciembre, 2007 La Escuela de Estudios Hispano-Americanos (EEHA) de Sevilla, a lo largo de sus más de sesenta años de dedicación a los estudios americanistas, ha venido apoyando la labor científica de todos aquellos profesores e investigadores que, para desarrollar su actividad, han debido permanecer en la ciudad hispalense. La EEHA es además desde hace tiempo un lugar de encuentro de muchos americanistas que acuden a su Biblioteca para consultar sus fondos, los del Archivo General de Indias o los de cualquier otra institución docente o de investigación de Sevilla. Siendo un objetivo de la Escuela el decidido apoyo a la investigación de calidad realizada tanto por jóvenes post-graduados como por renombrados investigadores, se acuerda convocar unas becas de estancia en el centro, con las que pretende acoplar sus recursos al cumplimiento de los objetivos científicos marcados en el Plan Estratégico 2005-2009. Estas becas incluyen el alojamiento, corriendo por cuenta del becario los gastos del viaje a España, su manutención y un seguro de asistencia en viaje que cubra gastos médicos, responsabilidad civil privada y asistencia durante su estancia en la Escuela. El coste aproximado de este seguro es de unos 40 € al mes. Caso de que el becario incumpla este último punto será excluido automáticamente del Programa de Becas. Se contemplan tres tipos de becas: Estancias breves (máximo 7 días) dirigidas a estudiantes de penúltimo/último año de carrera o estudiantes de másters o cursos de especialización que estén interesados en conocer las líneas de investigación desarrolladas en nuestro centro con miras a realizar en él su tesis doctoral. a) Carta de presentación de un profesor de la Universidad a la que pertenezca o del máster que esté cursando. b) Solicitud dirigida al Sr. Director especificando los motivos de su estancia y el período de disfrute. Estancias cortas de dos semanas. Dirigidas a personal científico perteneciente a instituciones que tengan firmados convenios de colaboración con la EEHA. Excepcionalmente podrán contemplarse estancias de mayor duración, acordes a los convenios firmados con las instituciones respectivas. Requisitos: a) Convenio firmado entre las dos instituciones. b) Solicitud del responsable del organismo correspondiente dirigida al Sr. Director de la EEHA especificando el período de tiempo demandado. c) Memoria de la actividad a desarrollar acompañada de currículum vitae donde se mencione dirección postal de contacto, teléfono, fax y correo electrónico. La memoria tendrá un máximo de tres páginas escritas en español. En ella se hará mención al proyecto de investigación y a un seminario a impartir en la EEHA. También se contempla en esta modalidad la estancia de investigadores que requieran una permanencia puntual en la EEHA a fin de elaborar un proyecto de investigación conjuntamente con personal científico del centro. a) Presentación de un investigador de la EEHA en la que se justifique su estancia en el marco de la elaboración de un proyecto que necesariamente deberá contar con el IP de la Escuela. b) Entregar copia del proyecto al final del período de estancia. Estancias largas (entre dos semanas y cinco meses de duración), destinadas a investigadores que desarrollen en nuestro centro, de forma preferente, su tesis doctoral, dirigida o codirigida oficialmente por un miembro de la EEHA, y enmarcada en las líneas de investigación definidas en el Plan Estratégico 2005-2009 y en proyectos realizados desde la Escuela. Requisitos: a) Acreditación oficial de la dirección o codirección de la tesis. b) Solicitud dirigida al Sr. Director de la EEHA, especificando el período para el que pide la beca y la actividad científica a desarrollar en dicho período. c) Memoria final de la actividad desarrollada. Asimismo, podrán solicitar estancias largas aquellos investigadores pertenecientes a proyectos financiados en la EEHA. Requisitos: a) Acreditar documentalmente la financiación del proyecto en el que participa el candidato. b) Memoria justificativa de su estancia en el marco del proyecto al que pertenece. Requisitos y condiciones generales Las becas y las fechas de estancia serán aprobadas por la Comisión Académica del centro. Aceptada y confirmada la beca por el solicitante, éste no podrá alterar las fechas fijadas. La resolución de las solicitudes se comunicará directamente a los interesados en el menor plazo de tiempo posible. El becario deberá, asimismo, señalar en las publicaciones fruto de la estancia en Sevilla que ha disfrutado de esta beca. Las solicitudes deberán dirigirse al director de la EEHA (CSIC), ya sea por correo certificado a la calle Alfonso XII, 16, 41002 Sevilla (España), o por correo electrónico a [EMAIL] Publicación del libro: Navarro García, Luis (coord.): Élites urbanas en Hispanoamérica (De la conquista a la independencia), Universidad de Sevilla, Sevilla, 2005, 555 págs. El estudio de las élites hispanoamericanas coloniales puede considerarse como una línea de investigación "clásica" en el americanismo, por la larga tradición y la amplísima producción historiográfica en torno a una temática de cuya vitalidad y permanente actualidad es una muestra más el libro aquí reseñado, cuya primera característica es que se trata de una obra colectiva o "coral", como se dice ahora. El "coro" está formado por 39 personas, algunas de las cuales son miembros del "Grupo de investigación sobre Élites urbanas en Hispanoamérica y el Caribe en el siglo XIVIII", uno de los establecidos en el Departamento de Historia de América de la Universidad de Sevilla, que cuenta con una acreditada experiencia en el estudio de los núcleos urbanos americanos y de instituciones tan esenciales como la encomienda y el cabildo. En la portadilla del libro consta el nombre de ese grupo de investigación, pero en realidad sólo es a título de promotor o editor, pues lo cierto es que en esta obra se recogen también los trabajos de otros profesores e investigadores (la mayoría españoles, pero también hay cinco hispanoamericanos, un estadounidense y un británico) que participaron en las Jornadas que sobre élites hispanoamericanas se celebraron en la Universidad de Sevilla los días 18 y 19 de marzo del año 2004, promovidas por el mismo grupo de investigación y coordinadas por Luis Navarro García, quien así mismo es el coordinador del libro y el autor de la presentación. La edición -impecable, por cierto-ha estado al cuidado de Julián Ruiz Rivera y Cristina García Bernal. En 555 densas páginas se incluyen 38 estudios que geográficamente abarcan casi todo el mapa de las llamadas "Indias" (incluyendo las Filipinas) a lo largo de los más de tres siglos de la colonización española. De todas formas, hay territorios que han recibido una mayor atención, destacando en este sentido Nueva España, con once trabajos, seguido por Cuba (cinco), Nueva Granada (cuatro) y Perú (cuatro). Los otros catorce estudios se refieren a Venezuela, Quito, Río de la Plata y Filipinas (con dos estudios cada una), y a Santo Domingo, Luisiana y Charcas (un trabajo cada una de estas regiones), existiendo además tres estudios generales no circunscritos a ninguna zona determinada. El criterio geográfico es precisamente el que se ha aplicado a la hora de ordenar los distintos trabajos para su edición, lo cual no deja de ser un criterio válido, si bien quizás habría sido interesante intentar una ordenación temática, que evitaría al lector algunos muy bruscos saltos. Porque un rasgo bastante llamativo, además de muy positivo, en este libro es que la amplitud geográfica y cronológica se completa con una notable amplitud y variedad temática, pues en él podemos encontrar prácticamente todos los asuntos que hoy en día constituyen el objeto de atención de los estudiosos de las élites indianas: redes de sociabilidad y parentesco, supervivencia de las élites, estrategias matrimoniales, actuación de las élites capitulares, las élites indígenas, etc. Junto a los encomenderos, regidores y comerciantes -tres sectores claramente definidos dentro de las élites coloniales americanas-aparecen aquí otros muchos grupos dirigentes: nobleza titulada, funcionarios, eclesiásticos, hacendados, mineros, intelec-tuales, artistas, militares... Y no faltan tampoco planteamientos teóricos o conceptuales, que no se quedan en el mero debate terminológico sobre el empleo de expresiones como élite, minoría dirigente, oligarquía, plutocracia y tantas otras sobre las que Luis Navarro dice que quizás se ha "sutilizado" en exceso. Las características mencionadas aconsejan hacer una mera presentación o descripción de este libro, para lo cual nada mejor que los propios títulos de cada uno de los 38 capítulos o estudios en él incluidos y cuya extensión también es muy variable (entre 4 y 27 páginas). Es lo que va a continuación, en el mismo orden en que están publicados y con indicación del número de páginas de cada trabajo, dato que también puede ser útil al lector: 1.-Carmen Castañeda: "Historiografía de las élites en la Nueva España" [
Universidad de Sevilla En agosto de 2005 la fuerza desatada de vientos y aguaceros del huracán Katrina arrasó varios estados del sur de los Estados Unidos, ensañándose especialmente con la ciudad de Nueva Orleáns. Los muertos se contaron por miles; las pérdidas materiales y los refugiados por millones, pero el ciclón, además de este rastro de muerte y destrucción, dejó una general sensación de impotencia. No cabe duda: los Estados Unidos habían pasado por una situación crítica. A pesar de toda su riqueza material; de su sofisticada tecnología y de su demoledor poder militar; el viento había soplado y como por ensalmo, ante medio mundo que observaba los hechos a través de las pantallas de la televisión, había quedado en evidencia que también ese gigante tenía los pies de barro. Estos lamentables sucesos tuvieron sin embargo un elemento curioso y digno de reflexión: su capacidad de convertir a casi todos los que lo observaron, incluidos los que fueron testigos solamente a través de los medios de comunicación, en analistas críticos de la realidad norteamericana. En los mercados; en las terrazas de los cafés, en el autobús, sencillos ciudadanos se permitían hondas y filosóficas reflexiones sobre como las fuerzas de la naturaleza eran capaces de batir fácilmente al más consolidado de los poderes humanos. La prensa, por su parte, puso de manifiesto las fisuras del gigante: las enormes bolsas de pobreza de algunos estados del Sur; la persistencia del racismo; los brotes de violencia que llevaban a los saqueadores a tirotear a los helicópteros policiales; la descoordinación entre las autoridades federales, estatales y locales o, finalmente, la tendencia siempre presente en los gobernantes de aquel país a incluir la voluntad divina como explicación o como solución de sus tribulaciones. En pocas palabras, la crisis provocada por el Katrina, parecía haber levantado los ricos ropajes en los que se envolvía la poderosa nación, dejando sus interioridades a la vista y al arbitrio de los comentarios de todo el mundo. Pues bien, así pueden ser aprovechadas las crisis: como un medio de reflexión sobre la verdadera realidad oculta tras las apariencias; y lo mismo que el público en general hizo sus elucubraciones, también los historiadores deben aprovechar esos momentos de tensión que han quedado grabados en el pasado para ver mejor dentro de la realidad de las instituciones y de las gentes. * * * El Anuario de Estudios Americanos ha publicado un par de números siguiendo el hilo conductor de situaciones críticas vividas en América. El primero de ellos, coordinado por Mariano Plotkin, se circunscribía a sucesos ocurridos en Latinoamérica durante la Edad Contemporánea (Volumen 62, n.o 1, enero-junio 2005). Corresponde ahora hacer lo propio con la Época Colonial Hispanoamericana. El Dr. Plotkin ya hizo en la introducción a su dossier una brillante reflexión sobre el significado del término crisis desde varios puntos de vista, desde el etimológico, al médico, pasando por el religioso. Esa circunstancia me exime de repetir aquí semejantes consideraciones y remito al lector interesado al volumen 62 del AEHA. Sin embargo, no quisiera dejar de indicar mi personal interpretación del término desde un punto de vista historiográfico, para que, de esta forma, se entienda mejor la elección de los trabajos que componen el presente dossier. En ese sentido entiendo que una crisis histórica es uno de esos momentos difíciles y delicados en los que un grupo humano se enfrenta a una mutación de tal intensidad o a una circunstancia de tal gravedad que podría provocar su trasformación radical o su desaparición. Esta conmoción está provocada unas veces por complejos y lentos cambios en las estructuras de la sociedad, que afectan a regiones enteras e, incluso, a todo un continente; otras veces el fulminante es un acontecimiento puntual y episódico, pero capaz de alterar profundamente la vida de una pequeña comunidad. Las grandes crisis a nivel continental han sido un antiguo objeto de interés por parte de los investigadores. Refiriéndome a la Historia Colonial, la primera de ellas fue, sin duda, la propia conquista española, a resultas de la cual surgió verdaderamente un mundo nuevo. Un carácter semejante tendría, por ejemplo, la tremenda catástrofe demográfica que terminó con una buena parte de la población indígena y que fue especialmente virulenta a partir de mediados del siglo XVI y llegó hasta mediados del siglo XVIII. Ríos de tinta ha hecho correr también la llamada "crisis del siglo XVII", que en realidad lo fue más del Viejo Mundo que del Nuevo. Ésta tuvo su elemento más visible en la caída del tráfico trasatlántico, lo que está relacionado, entre otros factores, con el nacimiento de circuitos económicos interamericanos, dentro de una etapa general de afianzamiento de la conciencia criolla. En el último cuarto del siglo XVIII una sucesión de violentas rebeliones hizo tambalearse la reconquista burocrática que pretendía realizar el Reformismo Borbónico, lo que también constituyó uno de esos momentos críticos de la Historia de América. Finalmente, la Época Colonial tocó a su fin con otra convulsión que provocó una mutación extraordinaria, al menos a nivel político: la Independencia de las repúblicas americanas. En este dossier vamos a dedicar nuestra atención al análisis de alguna de estas crisis que podíamos llamar continentales, generales o estructurales, pues aunque son fenómenos, ya lo hemos dicho, que han suscitado ampliamente el interés de los historiadores, siempre es posible encontrar un punto de vista y una perspectiva novedosa. Este es el enfoque de la aportación de Antonio Acosta Rodríguez, que vincula la aparición de las Leyes Nuevas de 1542-1543 y la creación del Consulado de Comercio de Sevilla en 1543, con una etapa crítica de la política imperial española, la cual vino a significar una especie de transición entre el final de la conquista y el comienzo de la colonización. Unos momentos decisivos, cuyo análisis permite poner de manifiesto el conjunto de los intereses implicados en el proceso y cuyas consecuencias moldearán la política indiana de los años futuros. Como contraste y complemento, los tres trabajos restantes del dossier van a fijar su interés sobre esos otros momentos en los que un acontecimiento relativamente rápido y a veces puntual, pone a una comunidad humana relativamente pequeña, a sus instituciones y a sus valores, en la tesitura de ser o no ser. La coyuntura no tiene porque afectar a millones de personas, pero si ser lo suficientemente dramática y su impacto resultar lo suficientemente violento para que se levanten los velos y se nos permita escudriñar en el interior de la sociedad y, tal vez, en lo profundo de cada persona. En suma, en este dossier pretendemos utilizar las crisis, ya afecten a todo un imperio o a una de sus poblaciones, como instrumento de observación de la realidad social, sin que, necesariamente, el suceso en si mismo tenga por que suscitar la atención preferente del investigador. Esta nueva forma de utilizar el acontecimiento como llave de entrada en los aspectos más recónditos de la realidad social, política y económica no es nueva, y algunos teóricos, como Peter Burke, ya se referían a esta tendencia historiográfica en la última década del pasado siglo XX.1 Con ello, no hacían sino encuadrar en la historiografía contemporánea los trabajos de algunos de los más grandes especialistas del último cuarto del siglo. Así, Geoges Duby aprovechaba la conmoción de la gran batalla de Bouvines en 1214, no para contarnos quiénes la ganaron o la perdieron y por qué, sino para reflexionar sobre el significado de la guerra en la Baja Edad Media.2 Del mismo modo, Carlo Cipolla exploraba el impacto de una epidemia de peste ocurrida en la pequeña localidad de Monte Lupo, para proporcionarnos un profundo análisis de la oposición entre ciencia y creencia en el Ducado de Florencia en el siglo XVII.3 Esos mismos planteamientos llegaron incluso a reunir algunos congresos internacionales, como el celebrado en la Abadía de Flarán en septiembre de 1993 y que, coordinado por Bartolomé Bennassar, dio lugar a un interesantísimo volumen realizado alrededor de las catástrofes naturales en la Europa medieval y moderna.4 Y para cerrar esta breve reseña con autores latinoamericanos, no olvidemos los interesantes trabajos coordinados por Virginia García Acosta, actual directora general del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) sobre Historia y desastres en América Latina, que han propiciado la aparición de varios volúmenes con trabajos realizados por diferentes autores y con diversas perspectivas de análisis dentro de una amplia perspectiva interdisciplinaria. 5 Lo auténticamente novedoso en esta nueva forma de utilizar la conmoción que provoca la crisis, bien sea una catástrofe natural, el ataque de una fuerza enemiga, la declaración de una epidemia o el agotamiento de una producción minera que arruina los mercados es que en todos los casos el acontecimiento será considerado como un momento oportuno para escu-driñar la realidad. Y esto es así, porque cuanta más importancia se le de y más dramático e impactante resulte, mayor número de discursos se referirán a él; mayor número de escándalos surgirán en su entorno; su resonancia será más duradera y su memoria será conservada a través de mayor cantidad de relaciones escritas. Se puede dar la paradoja de que en un suceso extraordinario salga a la luz lo que, por ser rutinario, nunca se expresa. Así, estudiar los testimonios de cómo una sociedad se enfrenta a una crisis puede mostrarnos muchos comportamientos que de manera ordinaria nunca saldrían a la superficie. En suma, el acontecimiento que provoca una alteración crítica en una comunidad, supone un estallido de información, un verdadero torrente de discursos, que puede lanzar lo oculto a la superficie. Como indica Alain Musset en su contribución a este dossier, las crisis que dan lugar al traslado de centenares de ciudades de la América Colonial, producen infinidad de discusiones, querellas entre los vecinos, discursos inflamados, cartas personales, peticiones colectivas, informes burocráticos y actas de reuniones, bandos municipales y reales cédulas, debajo de las cuales y de sus tradicionales fórmulas retóricas, cada grupo defiende no solamente sus intereses, sino también su visión del mundo. Para decirlo también en palabras del maestro Duby: "El acontecimiento estalla. Su choque repercute en lo más profundo y podemos esperar ver como remontan emergiendo de la penumbra donde se sumergen normalmente, gran cantidad de fenómenos de los cuales, en el transcurso habitual de nuestra vida, no hablamos en voz alta" 6 De esta manera, considerando las crisis como verdaderos arietes que derriban los muros hechos de apariencia y conveniencia con los que los grupos humanos esconden sus riquezas y sus miserias, hemos escogido a modo de ejemplo cuatro casos. No los presentamos en orden cronológico, sino en función de la escala escogida por los autores. Comenzamos con las graves conmociones que afectan a unos pequeños pueblos de indios en la Sierra de Oaxaca. Continuamos con la tragedia que estuvo a punto de borrar del mapa a una gran ciudad, concretamente a la capital del virreinato del Perú. Seguimos con los difíciles trances sufridos individualmente por centenares de localidades, pequeñas, medianas y grandes, obligadas a cambiar de emplazamiento durante la Época Colonial. Y finalizaremos con una gran crisis, que podíamos denominar como de crecimiento, y que afectó al conjunto de las posesiones españolas a mediados del siglo XVI. * * * Thomas Calvo presenta un trabajo titulado: Nubarrones y tormentas en la Sierra zapoteca: luchas por el poder en San Juan Yasona (1674-1707). En él nos informa que hace tiempo viene preocupándose por el estudio de una crisis a nivel planetario de origen meteorológico que afectó a varios continentes y que en la última década del siglo XVII ocasionó una cadena de hambrunas, seguidas de epidemias, las cuales provocaron convulsiones sociales de gran importancia. En la América española, desde la Nueva España al Perú, el fenómeno se concretó en violentas revueltas sociales y políticas, que los textos de la época denominan como "emociones". En el Virreinato de México fueron muchos los lugares que sufrieron estos conflictos, desde Guadalajara a Tlaxcala, pasando por la Taraumara. Con todo, el suceso más importante tuvo lugar en la propia capital virreinal, que el 8 de junio de 1692 sufrió el peor motín popular de toda la época colonial. El hambre y el descontento contra la corrupción permitida por el virrey conde de Galve llevaron a un nutrido grupo de indios mestizos y blancos a quemar las casas del Cabildo e, incluso, el propio palacio de gobierno. Mientras el virrey se refugiaba en el convento del San Francisco, su residencia, que era a la vez la sede de las principales oficinas gubernamentales, ardió a placer. Se dice que se llegaron a levantar voces aclamando como rey a uno de los principales aristócratas mexicanos, el conde de Santiago de Calimaya y entre las humeantes cenizas del palacio apareció un cartel que decía: "Este Corral se alquila para gallos de la tierra y gallinas de Castilla". 7 Pues bien, dentro de este ambiente de convulsión generalizada, Thomas Calvo se decide a abandonar el "nivel macro", para descender a otro regional y, de esta manera, estudiar un aspecto de esas crisis en la Sierra norte zapoteca y más concretamente en la alcaldía mayor de Villa Alta en Oaxaca y algunas de sus localidades indígenas como San Juan Yasona. Con ello el autor pretende acercarnos "a lo más vital de la crisis -lo que la gente vive-". Para lograr este propósito extrae la información de unas interesantísimas fuentes no utilizadas hasta el momento y que se conservan en al Archivo Histórico Judicial de Oaxaca. Allí se describe el trágico levanta-miento ocurrido a mediados de septiembre de 1700 en otra pequeña localidad de la zona, llamada San Francisco Caxonos, y en la que los indígenas mostraron su malestar a través de la defensa de su antigua religión y el secuestro, y posible linchamiento, de quienes habían delatado ante las autoridades religiosas sus prácticas idólatras. Partiendo de esta tragedia, de ese momento crítico, el autor vuelve hacia el pasado para intentar explicar la complicada red de intereses que a lo largo de varias generaciones habían desembocada en ese estallido violento de 1700. Los principales involucrados resultan ser los caciques indígenas locales que, en su disputa por ejercer el poder local, manipulan a sus vecinos, se enfrentan o colaboran con el Alcalde Mayor y llegan hasta intrigar ante la Audiencia de México, para intentar soslayar de algún modo la autoridad del representante del gobierno español en Villa Alta. El autor analiza con sumo cuidado las actuaciones de estos caciques desde 1674, en el que se produjo otro hecho violento cuyos protagonistas fueron los ascendientes de los dirigentes indígenas de comienzos del siglo XVIII. Así se ponen de manifiesto las distintas posiciones que adoptaron y sus cambios a lo largo del tiempo, dentro de una general pérdida de poder económico. Algunos de estos caciques, curiosamente los menos hispanizados, colaboraron sinceramente con las autoridades españolas, mientras que otros, precisamente los más "ladinos", es decir, los que habían asimilado mejor los fundamentos de la cultura europea, desafiaron el poder del Alcalde Mayor por todos los medios a su alcance, bien consiguiendo Reales Provisiones de la Audiencia o movilizando a los vecinos en contra de las autoridades civiles y religiosas. * * * El siguiente trabajo que compone el dossier, del que soy autor, supone un aumento de escala en relación con el número de implicados en el conflicto. No se refiere a la crisis sufrida por una pequeñas poblaciones de la Sierra zapoteca, sino de la que golpeó en 1746 a una gran capital virreinal, concretamente a la ciudad de Lima, un núcleo urbano que, por entonces, con entre 60.000 y 70.000 habitantes, debía ser el segundo en población de toda América. Lo he titulado: Las catástrofes naturales como instrumento de observación social: el caso del terremoto de Lima en 1746. En octubre de ese año, la Ciudad de los Reyes sufrió el más letal de los movimientos sísmicos que hubo de soportar a lo largo de los tres siglos de la Colonia. El puerto de El Callao fue borrado del mapa por un terremoto y de sus aproximadamente 5.000 habitantes sólo se salvaron 200 a 300 personas. En la capital murieron como consecuencia directa del terremoto entre 1.100 y 1.300 vecinos, y muchos más perecieron a consecuencia de las epidemias que se desataron posteriormente. Los daños materiales fueron tan considerables (incluyendo el derrumbe del palacio virreinal y la catedral), que se pensó muy seriamente en trasladar la ciudad de emplazamiento. No se llegó a realizar este proyecto, aunque sí hubo que reubicar las instalaciones portuarias. En suma, toda una crisis, algunos de cuyos efectos, en forma de edificios agrietados, llegaron hasta la última centuria del siglo. La crisis provocó ese "torrente de discursos"; esa verdadera inflación documental, que tan útil resulta para el historiador. Para seleccionar y aprovechar mejor esa ingente masa de información se realizaron tres preguntas básicas: ¿con qué instituciones, con qué personas y con qué eficacia se hizo frente al desastre? ¿La lucha contra las ruinas, que constituían un enemigo común, contribuyó a suavizar o a agravar las tensiones sociales preexistentes? ¿Cómo interpretaron los contemporáneos la tragedia y cómo sintieron sus consecuencias? Respondiendo al primer interrogante se aprecia que las autoridades civiles dieron muchas órdenes y las religiosas celebraron innumerables misas y rosarios penitenciales, pero ni unas ni otras aportaron fondos importantes para solucionar los acuciantes problemas de supervivencia de la población. Es verdad de que por entonces España estaba en guerra contra Inglaterra y el temor a sufrir un ataque británico hizo que la lucha contra los ingleses se antepusiese a la lucha contra las ruinas provocadas por el terremoto. Pero, lo destacable es que el propio virrey no consideraba que ejercer labores médicas o de ayuda a las necesidades materiales de sus súbditos fuera su responsabilidad directa. Así, cuando algunos de sus enemigos lo acusaron en su "juicio de residencia" de no haberse ocupado de enterrar los miles de cadáveres que tapizaban las playas cercanas a El Callao, el supremo mandatario colonial respondió que cumplió con su deber impidiendo que se robasen las pertenencias de los fallecidos; darles sepultura era obligación de las cofradías caritativas que, desde siempre, realizaban esa labor con los pobres y otros desheredados de la sociedad. Siguiendo con la actuación de las autoridades, un incidente es especialmente revelador de la capacidad de las crisis para desvelar los sentimientos más profundos. Cuando el virrey, don José Manso de Velasco ordenó que todas las grandes casas y palacios limeños derribasen sus pisos altos, para así hacer más segura la ciudad ante un nuevo y previsible temblor, los patricios, dueños de estas mansiones, estuvieron cerca de amotinarse en defensa de su estilo de vida señorial. Las alegaciones que aportaron indicando la necesidad de que los poderosos no sólo lo sean, sino que lo parezcan a través del esplendor de sus residencias, es realmente una pieza histórica de lo más reveladora. Si a Lima se le rebajaba la altura de sus palacios, se parecería peligrosamente a los pueblos de indios. "Las cortes deben distinguirse de las aldeas" -dicen los propietarios-. Y añaden: "nuestra humildad sería la soberbia de los naturales", pues en la grandeza de los reinos estriba el verdadero bien común. El trabajo muestra también como la crisis provoca inicialmente una especie de hermandad general entre los afectados: la gente pide a gritos misericordia por sus pecados y dice perdonar a sus deudores; los enemigos se abrazan y los amantes se casan con sus amancebadas. Pero poco después, y a medida que el temor va disminuyendo, la crisis ejerce de líquido revelador que subraya todas las fracturas de la sociedad: el arzobispo se opone al virrey; el clero regular, gran prestamista de la ciudad, se enfrenta a los dueños de casas, cuyas propiedades están seriamente hipotecadas y quieren aprovechar la confusión para dejar de pagar; los indígenas del barrio de El Cercado organizan un conspiración contra los blancos, etc. etc. Finalmente, el terremoto pone de manifiesto que, a mediados del siglo XVIII, la explicación abrumadoramente mayoritaria de la catástrofe seguía siendo la misma que la que se dio tras los movimientos sísmicos del Cuzco en 1650 o en la propia Lima en 1687: se trataba de un castigo de Dios por los pecados de los limeños. Así, la capital del Perú se llenó de procesiones de flagelantes; de profetas de la destrucción total; de videntes del pasado que aseguraban haber predicho la catástrofe y, en fin, mucha gente temía que la ira divina terminase el trabajo iniciado con la aplicación de un nuevo correctivo, como, por ejemplo, la caída de lanzas encendidas desde el cielo. * * * La aportación de Alain Musset se titula: Le déplacement des villes en Amérique hispanique: autoportrait d'une société en crise. En este trabajo el autor se mueve a escala continental, pero, en realidad, aunque su estudio abarque toda la extensión de la América colonial española, la investigación no se refiere a una gran crisis que afecte a la vez a todas esas tierras y esas gentes, sino a la suma de 160 catástrofes más pequeñas que a lo largo de 300 años provocaron el desplazamiento de poblaciones a lugares más seguros. Los motivos que propiciaron estos cambios de lugar son muy variados: terremotos, inundaciones, epidemias y otras tragedias de origen natural; pero también aparecen entre las causas, y son de las más numerosas, los ataques de indígenas insumisos, junto a la de incendios provocados por piratas y potencias europeas hostiles. La amplitud y la intensidad del estudio es realmente extraordinario, pues se han detectado 160 poblaciones que cambiaron al menos una vez de emplazamiento durante los tres siglos de la Época Colonial. La condición de geógrafo, historiador, así como el conocimiento directo de alguno de los lugares abandonados que tiene Alain Musset y su dedicación de muchos años a esta investigación en archivos y sobre el terreno han hecho posible este trabajo. En él se pone de manifiesto que las ciudades, además de un solar, unos edificios, unas infraestructuras, y por supuesto, unos vecinos, tienen también lo que él denomina una especie de alma o espíritu; la ciudad es también un símbolo cuyo carácter sagrado asegura la cohesión de la comunidad y legitima su existencia. Por ello, a medida que una población es más antigua y posee una tradición histórica más rica, resulta más difícil de abandonar por sus habitantes, ya que en su perímetro están enterrados no sólo los cuerpos des sus antepasados, sino su propia memoria colectiva y, por tanto, abandonar esos solares implica un profundo desarraigo. Para ejemplificar esa afirmación, el autor escoge un caso muy significativo: el de la ciudad de Chillán, en Chile, una de las localidades más "viajeras" de la historia de América. Incursiones de los mapuches, incendios, terremotos, inundaciones, muchas desgracias cayeron sobre esa "villa mártir" fundada en 1588, que entre esa fecha y 1835 se mudó de emplazamiento en tres ocasiones. El primer cambio, ocurrido a sólo ocho años de su erección, se realiza sin apenas oposición de los vecinos. Sin embargo, los siguientes, fechados en 1751 y 1835 suponen unos duros enfrentamientos entre partidarios y opositores al traslado. La infinidad de discursos, informes, cartas y memoriales, permiten que esta crisis, este ser o no ser que es para los vecinos el verse obligados a dejar sus casas, sirvan para analizar las muchas fracturas de la sociedad; y cuando las convenciones políticas se borran, surgen detrás los intereses y los egoísmos, personales y de grupo. Un segundo ejemplo se refiere al intento de la corona española por trasladar la ciudad de México a otro lugar, debido a la amenaza siempre presente de las inundaciones, que fueron terribles en 1629. La laguna en la que se asentaba y que sirvió de defensa eficacísima para los aztecas, constituía para la ciudad colonial simple y llanamente una espada de Damocles que podía dejar caer sus males a través de subidas de nivel de las aguas o de terribles epidemias causadas por los mosquitos que anidaban en ellas. Un rey, lejano y desconocedor de los sentimientos de sus súbditos ordenó la evacuación, pero los habitantes se negaron a hacerlo. La tradición, la grandeza pasada, el orgullo de no tener que abandonar un lugar en el que los aztecas habían hecho frente a las inundaciones sin retroceder, llevó a los criollos mexicanos a defender su posición y el solar de sus antepasados. México no se desplazó de sitio y en su lugar la Corona tuvo que mandar desecar el lago. * * * Antonio Acosta Rodríguez nos presenta un trabajo titulado: Los orígenes de la crisis de 1541-1543 en la política indiana de la monarquía. En él desarrolla la atractiva teoría consistente en relacionar dos acontecimientos muy conocidos, pero de muy diferente carácter dentro de la Historia de América, y demostrar que ambos se pueden enmarcar en un momento crítico del desarrollo de la política imperial castellana. Se trata, como ya hemos tenido ocasión de comentar, de la publicación de las llamadas Leyes Nuevas de 1542-1543 y la creación del Consulado de Cargadores a Indias de Sevilla de 1543. La publicación del ordenamiento legal de 1542-1543 supuso todo un hito en la política indiana, con decisiones de tanto calado como la creación del virreinato de Perú y la Audiencia de los Confines, así como la declaración de la encomienda y la esclavitud de los indígenas como instituciones a extinguir. Por su parte, la erección del Consulado sevillano daría entidad institucional al poderoso gremio de comerciantes y financieros interesados en el tráfico trasatlántico, cuya influencia sobre los más diferentes aspectos de la política económica de la monarquía no haría sino crecer mientras se mantuvo el férreo sistema de monopolio comercial con las Indias. Pues bien, a pesar de tratarse de hechos tan destacados, la conexión de ambos acontecimientos no había sido debidamente puesta de manifiesto y, por supuesto, no se había considerado como la consecuencia de un brutal cho-que de intereses entre tres de los principales actores de la política indiana: las autoridades metropolitanas; los encomenderos y los componentes del espacio financiero-mercantil que se habían avecindado en la ciudad de Sevilla. Antonio Acosta demuestra en su artículo que tan buen momento para estudiar los entresijos de una sociedad puede ser la conmoción que se ocasiona cuando el choque de las placas tectónicas destroza una ciudad, como las alteraciones que provoca el intenso encontronazo de intereses de los principales grupos privilegiados y su descarnada lucha por mantener sus posiciones de dominio sobre la sociedad. Analiza el autor los precedentes del enfrentamiento de estos tres sectores, distinguiendo los momentos iniciales de la conquista del Caribe, de los posteriores en los que la expansión hispana alcanzó los altiplanos de México y el Perú, poniendo bajo su dominio a las altas culturas de las civilizaciones americanas de Mesoamérica y los Andes Centrales. Así, entre 1492 y 1520, los comerciantes y financieros mantuvieron una posición de fuerza sobre los encomenderos, debido a que estos últimos basaban sus economías en el control de unas poblaciones declinantes en número y que no fueron capaces de adaptarse al régimen de explotación intensivo. Por el contrario, una vez que los conquistadores se hicieron dueños de México o el Perú, los propietarios de las encomiendas se sintieron capaces de acumular los suficientes bienes como para establecer circuitos económicos locales y, al mismo tiempo, con poder para poner un techo a la expansión de los cargadores europeos, estableciendo una nueva relación de fuerzas entre los colonos y el capital mercantil. En este enfrentamiento, la Corona tendrá un papel de fiel de la balanza, jugando sus bazas en más de una dirección, pero en 1543 decide finalmente aliarse con las fuerzas mercantiles y financieras, que es lo que, a juicio del autor, supone la solución de la crisis de los años 40 del siglo XVI. La declaración a extinguir de las encomiendas y la creación del Consulado cobran así un nuevo sentido al poder ser consideradas como los dos elementos más visibles de esa posición adoptada por las autoridades metropolitanas.
1700 y la posterior actuación de las autoridades estatales, todo queda sesgado, y Yasona se reincorpora a la pax hispanica... PALABRAS CLAVES: historia y derecho, supervivencias y aculturación, mundo indígena, universo zapoteco, bandos o parcialidades y nobleza indígena (caciques). 1 Las páginas siguientes son un primer acercamiento a un trabajo más amplio. Por eso muchas partes resultarán elípticas al lector. Somos conscientes de que el estatus del cacique, la organización política interna (elecciones a los cargos, en particular), las relaciones internas y con los españoles y los aspectos religiosos merecen más páginas. Lo que no puede esperar son los agradecimientos. Esta investigación fue posible gracias al apoyo del CIESAS-Oaxaca, que me recibió como investigador, y a la ayuda del personal del Archivo Histórico Judicial de Oaxaca. También tengo que pedir disculpas a algunos amigos (Beatriz Rojas, Odile Guilpain, Jean Meyer): ¡los cansé con mis historias de caciques pícaros! "El dia de hoy hay algunos [caciques] de menos inteligencia, y de doblada malicia, han muerto todos los caciques viejos, y con ellos la reputación, brio, y haciendas de estancias de ganado menor que tenian, y sus herederos, más distraídos, que guardosos se hallan pobres, y de estragadas costumbres, valiéndose de inquietar a los pueblos, incitándolos a quejas, y discordias de unos, con otros, cuando no tienen de fuera con quien litigar, y de este pernicioso ejercicio se valen, asi para acreditarse de hábiles con los plebeyos; como para sustentar sus demasiás, y ha llegado a tanto descoco, que hasta las capellanias, de algunas hacenduelas, que impusieron en el convento, los señores antiguos, se las van usurpando". 2 "En todos los pueblos del curato siguen un sistema de gobierno que es este, las Republicas o Justicias dependen del común de los indios: para cualquier cosa lo citan; se juntan y todo se vuelve gritos y alborotos: lo que el común quiere aquello se sanciona, aunque sea como comunmente es, un disparate". Hay que confesarlo, las páginas que siguen no deberían haber existido, son el resultado de un accidente, o mejor dicho, de un tropiezo histórico que surgió de la imposibilidad, con ciertas problemáticas y en cierto contexto, de lograr un cambio de escala adecuado. Hace algunas décadas estoy preocupado por una crisis, a nivel planetario, de origen meteorológico. Desde la India hasta Nueva España, pasando por Escocia, Francia, Italia..., los años1692-1693 corresponden a malas cosechas, escasez, hambrunas, seguidas por epidemias. En el continente americano, desde Nuevo México al reino del Perú, durante los años 1690-1700, dichos fenómenos vienen acompañados de sacudidas sociales y políticas de muy diversa índole, entre las cuales dominan las "emociones" urbanas o rurales: México, Guadalajara, Tlaxcala, Tuxtla, Guatemala, Puerto Rico, la Tarahumara (para quedarnos en el virreinato de Nueva España) conocen conmociones, a veces repetidas. Esto establece un juego de acción-reacción, que afirma la autoridad. A nivel colectivo, tanto la plebe de México (1692, 1697), como los 2 Burgoa, Francisco de: Geográfica descripción [...] de esta Provincia de Predicadores de Antequera Valle de Oaxaca, México, 1989 [1674], t. 3 Huesca, Irene; Esparza, Manuel; Castañeda Guzmán, Luis (ed.): "El cura del pueblo chinanteco de Yolox (1804)", en Cuestionario de Don Antonio Bergoza y Jordán, obispo de Antequera a los Señores curas de la diocesis, Oaxaca, Documentos del Archivo General del Estado de Oaxaca, 1984, t. ISSN: 0210-5810 indios mojos (1684-1693) -en el oriente del Perú-, o los indios pueblos -Nuevo México-sienten este peso, que interfiere hasta en los destinos individuales más protegidos: en 1692 Sor Juana Inés de la Cruz debe abandonar su actividad intelectual bajo la presión de la autoridad eclesiástica, y en 1695 muere víctima de "una epidemia tan pestilencial". Durante tres siglos el Imperio -o la Monarquía Católica-se mantiene firme en el continente americano (y hasta Filipinas), y su colapso de 1810 es -casi-fruto de un accidente externo. Aun más, este poderío se logró con una economía de medios humanos que nuestros Estados modernos, con su alta tecnología, son incapaces de alcanzar (ni en pensamiento), pues en 1645 estaban presentes en las Indias occidentales y Filipinas no más de 15 o 20 000 agentes del Estado (civiles, militares, eclesiásticos). ¿Cómo lograr, entonces, este milagro de permanencia? Por supuesto, una explicación obvia radica en lo "católico" y todo su peso. Luego, lo "colonial" y sus mecanismos de opresión y aculturación. Pero también cuenta todo lo demás, es decir, las relaciones entre el Estado, sus instrumentos y la sociedad y sus representaciones, todo lo cual converge en un juego de espejos entre el Soberano y los súbditos, aislados o en colectividades. Las relaciones evolucionan, conocen continuidades y rupturas y constituyen la razón de nuestro desvelo en estos momentos. Alrededor de 1700, en la conjunción de las diversas crisis mencionadas, las rupturas y continuidades se acentúan, se distorsionan. Para que esta articulación se realizara con mayor empatía, resolví cambiar de escala, pasar de un nivel macro -continental-a otro regional. Precisamente tuve la oportunidad de pasar una temporada en los archivos de Oaxaca, donde nunca había trabajado. ¿Cómo este obispado, profundamente indígena, poseedor de una riqueza envidiable -la grana-, con un entramado de vías imperiales de importancia (del Atlántico al Pacífico, de México a Guatemala) vivía bajo el orden imperial y reaccionaba a la acumulación de crisis en los años 1690-1700? Más aún, se trata de un mosaico de comunidades, de universos tan diversos como son los mixtecos y los zapotecos, y como la sierra y el Valle. Pero en este caso, yo sólo proponía... y los archivos dispusieron, todo lo contrario a lo que había pensado hasta entonces como historiador -se debe empezar por "poser la question" decía Lucien Febvre. Por falta de tiempo, por desconocimiento propio, o por otra razón, a nivel regional, no obtuve ninguna respuesta digna de interés, ni sobre la situación interna, ni sobre las relaciones externas con el Estado. No era mi intención un simple análisis de conyuntura demográfica o económica. Un solo archivo encerraba documentación suficiente como para estudiar este corto periodo: el Archivo Histórico Judicial de Oaxaca (AHJO). Es esencialmente fruto de la concentración de los diversos archivos judiciales del estado de Oaxaca, concretamente, en la época colonial, de las diversas alcaldías mayores. Dentro del acervo, un archivo resultaba más atractivo, porque contaba con más información, incluso mejor conocida,5 era el de Villa Alta, en la sierra norte zapoteca. Con su centenar de pueblos y su abundante mano de obra, su grana y sus mantas de algodón, dicha alcaldía era entonces el anhelo de toda Nueva España, aunque la villa sólo contaba con unos 50 vecinos españoles. Con esta amplitud todavía se podía rescatar la escala regional que me preocupaba. Más aún, este espacio había experimentado su propia conmoción a mediados de septiembre de 1700, con la tragedia del pueblo de San Francisco Caxonos: un brote simltáneo de idolatría y dignidad frustrada, que todavía está presente en la memoria de los oaxaqueños (y de Roma). 6 El análisis de la documentación, durante un tiempo corto, a partir de material judicial muy desmenuzado, con visiones y destinos casi exclusivamente individuales, apenas vislumbrados, reveló rápidamente que un análisis regional conjunto era ilusorio y arriesgado. Además, pronto apareció algo insólito: entre el centenar de pueblos de la alcaldía, uno seguía una conducta inexplicable. Antes de 1674, San Juan Yasona (hoy Yatzona) prácticamente no dejó huellas en el archivo; después de 1707 éstas parecen perderse de nuevo. Entre 1687 y 1701 se multiplican los expedientes relativos a los conflictos internos y externos referentes a Yasona. Se abría con esto una veta a seguir, aunque nuestro proyecto cambiara totalmente, saltando al nivel micro. Logramos así acercarnos a lo más vital de la crisis -lo que la gente vive, y siente-pero perdiendo las líneas directrices. En esos conflictos personales, en esas confrontaciones a veces individuales, todo es una suma de imprevistos, de singularidades, aunque cierto es que son productos de la experiencia colectiva. 7 El otro gran actor, que al principio era central para nosotros, el Estado (aquí el alcalde mayor, principalmente) sigue presente, pero demasiado neutral, dedicado a dictar juicios salomónicos-(aunque no siempre, como veremos). ¿A qué distancia está Yasona de aquel Deus ex machina? Ocho kilómetros separan, a vuelo de pájaro, Villa Alta y Yasona. Por las veredas, la distancia aumenta en un buen tercio. Villaseñor y Sánchez escribe, por 1745: "el de Yasona dista tres leguas por el Norte". 8 Es decir, que en medio día se va y viene a Villa Alta. Por su situación San Juan Yasona está al contacto de diferentes grupos humanos: pertenece a la comunidad nexitzo zapoteca, bordea casi los bixanos zapotecas (con Choapán) al Este. Sus relaciones son más restringidas con los chinantecos, al norte, y con los cajonos zapotecas (al sur de Villa Alta). Esto da fuerza a Yasona, dentro de la dinámica reivindicativa de 1690. Villaseñor y Sánchez añade: "situado en temperamento caliente, y habitado de ciento y noventa familias, exercitadas en el cultivo de la grana". El clima no es demasiado caliente, ya que se cultiva maíz, y también pisiete (tabaco); no lo suficientemente caliente como para producir algodón, que se trae de Choapán. En cuanto a la grana, las descripciones de las casas (con techo de paja) señalan sus solares con nopaleras, pero tal vez no sean entonces (1700) tan importantes como lo señala Villaseñor desde México en 1745. Por fin, y sobre todo, estamos en la sierra, con la aspereza que ello significa, y que traduce, en su lengua barroca, fray Francisco de Burgoa: «en cualquier parte que miren a dividir la vista, no se halla media legua de llano, sino montañas, que parecen a porfia quieren escalar los cielos [...], y para comunicarse es forzoso descender la profundidad de una barranca". Entre otras víctimas de ese aislamiento, todavía muy notable por 1700, están la evangelización y sus obreros. Así Burgoa menciona, con tono 7 Sobre esto, ver la introducción de Jacques Revel, «L 'histoire au ras du sol», a Levi, Giovanni: Le pouvoir au village. 8 En Manuel Ríos M. (comp.), Los zapotecos de la Sierra Norte de Oaxaca. Antología etnográfica, México, 1998, pág. 45. hagiógrafico y (tal vez) humorístico, "un rio caudaloso de piedras que llaman tumba-frailes, por los muchos que han caído y ahogándose en él".9 Ningún dominico se ahogó, probablemente, en el río Yasona, pero pocas veces al año lo cruzaban los doctrineros establecidos en Villa Alta. El lunes 20 de enero de 1676, 10 temprano en la mañana, el alcalde mayor de Villa Alta recibe la noticia, por un indio de Yasona, que la noche anterior su hermano, uno de los dos alcaldes recién elegidos, murió en el incendio, aparentemente provocado, de su casa. Las denuncias y la encuesta que se mandan a hacer en San Juan Yasona apuntan hacia un responsable: Juan Hernández, rival vencido en enero del difunto alcalde. Hernández parece tener un gran apetito de poder: ya en 1674 fue alcalde, todavía en 1676, en las declaraciones de unos y otros, tiene a su favor la mitad exacta de la municipalidad de Yasona (un alcalde y dos regidores); pero ya no detenta la vara... A su alrededor hay un grupo que lo apoyó en la lucha política anterior y que no estuvo presente cuando se trató de apagar el fuego. En total son 16 "naturales" los que justificaron su ausencia en el incendio por un exceso de borrachera la noche del domingo. El alcalde mayor ordena el arresto de todo el grupo, el embargo de sus bienes, la "confesión" de los indiciados, el interrogatorio de testigos. En realidad el grupo de los incendiarios potenciales se divide en dos partes muy desiguales: ocupan un lugar aparte don Pablo de Bargas, cacique, y don Juan de Paz, ambos miembros de la nobleza. Todos los testigos reconocen que su implicación política fue distante, nunca fueron opositores declarados del difunto ("cuando se topaban se ablavan"). Su situación material aparece también distinta: los 16 inventarios de bienes reflejan un universo muy restringido -jacal más que casa, una que otra camisa, ayate y huipil, muy escasos muebles-, pero los dos nobles añaden a esa mediocridad dos mulas cada uno, como signo distintivo de su calidad. Podemos anticipar también que don Juan, y sobre todo don Pablo, serán dos personajes centrales en los torbellinos que conoce Yasona por los años 1690. ¿Y los demás indiciados? Ninguno llega a la categoría siquiera de «principal»; apenas tres parecen haber desarrollado un cursus dentro de los cargos de república (ex alcalde, regidores actuales): simples «labradores» como ellos mismos se califican. De esos 14 arrestados, además de Juan Hernández y uno de sus hijos, 11 responden al apellido Mendes. Es éste el indicio más llamativo, si pretendemos dar un sentido a lo que por otra parte se podría calificar como un homicidio por imprudencia, bajo el dominio del alcohol... Pero definir el crimen como una agresión -o "vendetta" clánica no resuelve nada: ¿quiénes eran los Mendes (y su aliado Hernández), qué fuerzas representaban? La personalidad del difunto alcalde (Luis de Velasco), del que no sabemos nada en concreto, tampoco ayuda a resolver el dilema. De los hechos y de algunas proyecciones que los otros documentos autorizan a hacer hacia 1690, podemos extraer hipótesis y conclusiones. Dado el contenido de las declaraciones, los dos rivales (Velasco y Hernández) resultan muy diferentes. El difunto gozaba de un buen capital de simpatía, incluso un partidario de Hernández lo define como "buen yndio". Su adversario dista de haber logrado tal popularidad, ni siquiera pudo terminar su año como alcalde en 1674. En otras palabras: fuerte mayoría contra franca minoría. ¿Qué podía significar esto en San Juan Yasona por esos tiempos? Ese "buen yndio" de Luis de Velasco se disponía a dar un convite, el día lunes, con "gallos de la tierra, y un poco de pulque". Un agasajo muy inocente, puede ser, pero sabemos que en 1700 la inmensa mayoría de la población de la sierra era más gentil que cristiana, y las ceremonias se celebraban con sacrificio de guajolotes y otros animales, ¿estaba Luis de Velasco preparando algún rito pagano? De ser así, esta rivalidad podría encubrir un enfrentamiento vital para la comunidad entre dos actitudes: entre la tradición y resistencia por un lado (Velasco), y la aceptación de la conquista y de los cambios introducidos, por el otro (Hernández). Es posible que los dos sambenitos les vengan un poco grandes a nuestros héroes, sobre todo bajo esas circunstancias. Velasco ya no podrá expresarse y Hernández es ya mayor (tiene 57 años) y desaparece también de nuestro campo de observación. Pero efectivamente algo parece estar en vías de cristalización. En 1695, cuando todo resulte claro, como veremos, uno de los acusados de 1676, Gabriel Mendes, formará parte de la municipalidad directamente designada por el alcalde mayor, es decir, dócil al poder español; dos hermanos Hernández (¿parientes de Juan?) apoyarán decididamente esa opción. Sobre todo la autoridad suprema en 1695, el gobernador de Yasona, será don Pablo de Bargas, también nombrado por la justicia mayor de Villa Alta, y pronto lo veremos como pilar de la Iglesia. Cierto es que por 1690, los hermanos don Juan y don Francisco de Paz encabezarán a las autoridades hostiles a don Pablo, y por lo tanto al poder de Villa Alta. ¿Cambiaron de parcialidad -término que usan nuestros textos-entre 1676 y 1690, y por tanto, de actitud frente al tema vital de la conquista y colonización? Más bien, por 1676, todo está aún en gestación, la crisis todavía no es visible, y como lo notamos, los nobles permanecen en la expectativa. Además, otro cacique de Yasona -y pronto personaje central de nuestro pequeño teatro-, don Felipe de Santiago, se declaró en 1676 partidario de Velasco contra Hernández. Todo esto son hechos. Podemos añadir otros, sin duda más frágiles, pero que van en el mismo sentido: entre las pertenencias de los supuestos incendiarios aparecen dos instrumentos de música occidentales ("una arpa", "una guitara mediana") -¿rasgo de relativa aculturación? Pero resta un último hecho, los testigos a favor de los Mendes y los Hernández son más jóvenes que los del bando contrario -tienen entre 25 y 32 años. Puede resultar arriesgado hacer del enfrentamiento entre tradición y colaboración un conflicto de generación, pero el análisis de los hechos -y testimonios-después de 1700 conforta esta hipótesis. En 1704, en el pueblo de Betaza, desgarrado por la irrupción de la represión contra sus tradiciones, un testigo declara: "aquel mismo dia asotó el dicho alcalde dose de los mosos por desir eran compañeros y que ellos avian sido los que denunciaron sus ydolatrias, que ellos como eran mosos estavan contentos". 11 Queda, a partir de los hechos de 1676 una última pregunta: ¿por qué la nobleza no asumió un papel más firme en los asuntos de la república de indios y dejó actuar a un Velasco o a un Hernández? Inclusive sorprenden dos ausencias: no se menciona ningún principal entre los diferentes testigos, como si esa categoría inferior de la nobleza todavía no fuera real en Yasona. Sobre todo no aparece la personalidad de un gobernador del pueblo, cargo esencial y reservado a la elite noble. En cierta forma, el drama anterior a 1674 echa algunas luces. 12 El viejo cacique don Felipe de Santiago -no hay que confundirlo con quien será nuestro héroe en 1690-, de 70 años, mata en una borrachera a su tío ancia-no, don Gabriel de los Angeles. Tampoco aparecen como testigos los principales, ni se hace mención de un gobernador. Y los tres caciques (o futuros caciques) que intervienen, "los prohombres" de fin de siglo, don Joseph de Selis, don Felipe de Santiago, don Pablo de Bargas son todavía jóvenes: sus edades rondan entre los 20 y los 34 años. Como si faltara -¿accidente biológico?-una generación entre los dos don Felipe de Santiago. Esto explica la importancia moral que cobra en ese grave momento para los nobles de Yasona -todos están emparentados con la víctima y su victimario-la persona de la cacica doña Luisa de Bargas, de 50 años de edad. El relevo entre generaciones se demoró, la nobleza tuvo que dejar un tiempo el campo abierto a otros (ni en 1674, ni en 1676 hay, en el momento de los asesinatos, alcaldes nobles). Por un lado unos viejos caciques empobrecidos, aunque disponen de tierras -hay que recordar el embargo de los bienes del viejo don Felipe en 1674-, por el otro unos jóvenes que todavía "buscan su vida" de forma tradicional y modesta. Don Felipe el mozo trabajaba su milpa el día del crimen, en 1674, pronto cambiaría de actividades. Precisamente, todo estaba a punto de cambiar por esas fechas: en 1676, don Felipe el mozo declara haber sido alcalde de Yasona en 1674. ¿Reemplazó a Juan Hernández -o a su colega-, en una fecha posterior al drama del 1 de junio de 1674? En cierta medida, lo que ocurre entonces en Yasona corresponde a lo que escribe en 1674 el cronista Burgoa (ver el exergo): se da un cambio de generación dentro de la nobleza zapoteca. Pero eso no es muy original. Lo más interesante es que la segunda parte de la proposición del dominico también se está verificando. Este cambio viene acompañado de una crisis interna grave, con conflictos y el auge de un individualismo aprovechador. Por entonces «los tiempos son recios» en Yasona, y las huellas depositadas en el archivo de Villa Alta se multiplican, atestiguando los conflictos y las tensiones. Dentro de esta complicación, y para mayor comprensión y eficiencia, es necesario volver sobre algunos puntos esenciales. 13 Las palabras del defensor de don Joseph de Selis en 1695 proceden como lo que sigue de AHJO, Villa Alta, criminal, 5, 3. Primero, las relaciones entre los indios y los españoles, es decir, entre Yasona y Villa Alta, mediatizadas por la personalidad del alcalde mayor de turno. Segundo, el funcionamiento interno del poder político en la comunidad, sintetizado por el sistema de elecciones. Por fin, las respuestas complejas, difíciles, a esta pregunta sencilla: ser cacique en la sierra, en 1700. Cada uno de estos temas necesitaría una biblioteca para ser desarrollado convenientemente, y nos falta espacio. Por lo tanto nos conformaremos con planteamientos limitados, pero directos, procedentes de contextos muy cercanos. La figura del alcalde mayor irradia a la vez luz brillante y oscura, al unísono de su poder, percibido casi como ilimitado. Los textos se repiten al respecto, en él se juntan las potencias de ambas majestades. Lo expresa mejor un texto zapoteco, del pueblo de Roaiaga, en 1698: "Pedimos misericordia ante ti, porque eres justizia y alcalde mayor, eres Dios en el cielo, y Rei en el mundo [...]. Tu eres nuestro rey, señor, nuestro padre, nuestra madre de toda la jurisdiccion".14 Estamos entre la retórica y la necesidad de mantener lazos firmes y protectores: parte de la veneración a los antiguos coques, a la vez señores y divinidades, fue recuperada por ese vice-dios español; él mismo sombra del otro que reinaba en Madrid. Si el texto del cura de Yolox en 1804 -citado en exergo-presenta una forma casi anárquica de democracia directa, otros documentos proporcionan una visión más estrecha del funcionamiento interno. En 1680, los indígenas de la comunidad zapoteca de Xoxocotlan (Las cuatro Villas del Marquesado) insisten: "siempre y de ymmemorial tiempo asta parte por uso y costumbre asentada en dho pueblo hacian eleccion de alcaldes y oficiales de republica todos los años los ancianos y principales que los avian obtenido antecedentemente juntandose para este efecto en las casas de la comunidad sin que yntervenise otra persona".15 ¿Cómo conciliar estos dos extremos? La experiencia de Yasona revela que mientras el sistema funciona sin demasiadas tensiones, la cooptación y la negociación en las capas dominantes de la sociedad prevalecen. Recordemos la municipalidad equilibrada de Yasona en 1676 entre velasquistas y hernandistas. En el instante en que salen a plena luz las ambiciones personales, los conflictos de intereses o las intromisiones externas (de las autoridades españolas, pero no únicamente), irrumpe el común a "gritos y alborotos", como decía el cura de Yolox. Esa irrupción brutal no significa que todos estén ciegos, alguien está guiando, o manipulando, la indignación popular. En Yasona en 1700, como en otras partes, esta figura suele pertenecer a la nobleza. Desde 1674 el perfil del cacique comienza a cambiar, y se desestabiliza su posición dentro de la sociedad. Pero de pronto nos conformaremos con la visión casi ideal que un cacique de Yagaio presenta de sí mismo -por medio de su defensor de Villa Alta-: "muy puntual al respeto y obedensia que se deve a entrabas [sic] magestades, como tanvien a sus ministros de doctrina, casique de onrrados prozedimientos, quieto y pasifico, de calidad y nobleza conosida, creditos muy asentados, y que en las beses que a ejersido oficio de republica a administrado con fidelidad la vara de la real justicia procurando en todo el buen gobierno y particular desvelo, aserlo sin fraude ni sospecha alguna". En cuanto a lo político y lo moral cabe destacar la lealtad, justicia y limpieza, vieja trilogía medieval. Pero en cuanto a la raíz de toda la legitimidad del cacique, añade: "que desde que es pueblo Yagayo, y an administrado justisia los ascendientes del dho mi parte, a ninguno de ellos le an puesto demanda ni querella ningunos naturales, sino son estos". En 1696, 16 liñajudo, orgulloso y bastante despectivo resulta nuestro cacique. Con algunos de esos colores se deben pintar los de Yasona por esas mismas fechas. El 3 de abril de 1695 (en Semana Santa) en la culminación de la dramaturgia, 17 el cura doctrinero de Villa Alta se encuentra en Yasona desayunando en la celda, cuando "el gobernador y alcaldes y algunos casiques y principales" entran "con mucha ynstancia y aprieto". Le piden "saliese al corredor a ber a todos los naturales del dicho pueblo que tenian que desirme y rrogarme". Efectivamente hay "mucha multitud de yndios[...], con mucho orgullo y rruido de voses": es ésta una escena clásica, que siempre produce efecto en un clérigo, sobre todo con su desayuno frustrado... "No deje de asorarme por berme solo, entre ellos". Y el miedo lo conduce a hacer lo que le piden, escribir una carta testimonio contra cuatro naturales del pueblo -después serán cinco-(entre ellos dos Mendes, lo que nos recuerda algo), "que son pleitistas, sediciosos y reboltosos". Con la carta y con varios testimonios escritos y orales, la municipalidad, entonces conducida por el gobernador don Juan de Paz, presenta cargos diversos (robo de la cera de la iglesia por un ex fiscal, violación por parte de un ex alcalde...), algunos anteriores a 1690. La aparente parcialidad del poder de los herma-16 AHJO, Villa Alta, criminal, 5, 7, 12v. 17 AHJO, Villa Alta, criminal, 5, 4. nos Paz trata de sacar del juego (confiscación de bienes, restitución de derramas, exilio...) a los viejos opositores, miembros de municipalidades anteriores, varios de los acusados fueron tres veces alcaldes, uno fue gobernador y dos veces alcalde. En realidad detrás de esto hay un pez más gordo: el cacique don Joseph de Selis, apoyado por su apoderado español de Villa Alta, ex teniente general de alcalde mayor, Pedro Boza, que dirige solapada y secretamente la municipalidad, desde la intimidad de su casa. La voluntad de Selis de imponer como "maestro de solfa" a un pariente suyo, muchacho del cual los adversarios dicen "no saber su oficio", desencadena el enfrentamiento: entonces "se levanto Don Joseph con gran saña diciendome [...] que nosotros no mandavamos alli, sino el [...] y solo buscando motibos para bengarse de nosotros". En realidad la actitud de Selis no corresponde ni a un pretexto, ni capricho; en los tiempos de delación, de difícil convivencia entre las dos conductas ya mencionadas (tradición o colaboración) que se están avecinando, el fiscal y el maestro de capilla detentan facultades esenciales. Se encuentran en el meollo del sistema socio-religioso, y al estar ausente el cura, salvo algunos días en el año, ellos son los guardianes de la buena o de la mala fe. Habida cuenta de la conducta anterior de don Joseph, y en el contexto del dilema que se presenta, su elección cae de por sí. Sus acciones (pasadas y por venir), y que conocemos bien, hablan por él. Hacia 1682, con dos cómplices mestizos de otro pueblo, robó "en el dicho su pueblo el pedestal [de plata] de la custodia". 18 Del hecho conservó cicatrices de azotes, pero pocos remordimientos. En 1688, dice lacónicamente "que se acuerda, y que ya lo pago". Más adelante no serán mayores sus escrúpulos con relación a las pertenencias de la Iglesia: en 1695 se le condena por haber utilizado para la construcción de su casa las piedras del edificio de la iglesia de Yasona. 19 Sin embargo, no debemos equivocarnos, don Joseph de Selis nunca fue delatado como dogmático o maestro de idolatrías. Tampoco fue un opositor definitivo al sistema colonial, en 1684 después de una conmoción como las que habría a menudo en la sierra en la que el alcalde mayor fue detenido unos días en Choapán por los indios enfurecidos, nos sorprende el pedido de Selis a las autoridades de un certificado de "leal vasallo", junto con su pariente don Felipe de Santiago y un cacique de Yalagui. 20 Por fin sus andanzas (de Villa Alta a México) hicieron de él un perfecto ladino. En 1704, a la edad avanzada de 57 años, aparece por última vez en la documentación, como intérprete del comisionado mandado a Yasona.21 ¿Diremos que don Joseph fue "un cacique tradicionalista político"? Si tomó ese camino, fue sin duda porque sus mayores, los caciques don Felipe y sobre todo don Pablo, lo arrinconaron en ese terreno. Su rivalidad con Bargas se remonta por lo menos a 1687. 22 En ese entonces don Pablo de Bargas es gobernador, y sus contrarios lo acusan de peculado (en realidad se trata de menos de 100 pesos), denuncia habitual, casi ritual en esos medios. Responde con toda energía, define los límites de su campo, y de esta manera acorrala a los enemigos. De un tal Juan Ramos -que fue velasquista en 1676-dice "es como un gentil [...]. No quiere que ayga escuela ni que se trabaxe en la obra de la yglesia". Presenta como piezas en su favor dos cartas del doctrinero, dirigidas a "hijo don Pablo", que alaban sus actuaciones en pro de la religión, y sobre todo "es por lo que esta contra ti don Felipe y los de el pueblo", y Bargas añade: "principalmente" don Joseph, cuya fechoría de 1682 denuncia al alcalde mayor. Desde ese momento preciso (1687), se definen los destinos de los tres hombres, tocados por la vara (casi mágica) del gobernante español don Juan Manuel Bernardo de Quiroz. Éste entrevé las posibilidades de cada uno: Joseph y Felipe son "inquietadores de pueblos", peligrosos, a los que intentará destruir en los años que siguen. Pablo puede ser un colaborador dúctil, del que conviene sacar provecho dentro de su política de domesticación de las autoridades indígenas. En 1692,23 un indio de San Miguel Ragui declara "fue governador el dho don Pablo [del] pueblo deste que declara todo el tiempo del señor don Juan Manuel", y para que se entienda bien subraya: don Pablo y su cómplice "son quentistas y amigos de meter sizaña con el Padre y con el Señor alcalde mayor". Ya otro testigo había declarado: "se espanta [...] de que lo aigan sufrido nuebe años a que anda con estos cuentos". Las lenguas se están liberando, desde 1691 Quiroz ya no es alcalde mayor, y por lo tanto don Pablo pierde su protección y su poder en Yasona. A finales de julio 1692 toda la municipalidad de Yasona, sin duda movida por don Joseph de Selis, de regreso del exilio y de prisión en tiempos de Quiroz, logra que su gobernador don Pablo y Sebastian Ramos salgan del pueblo. Empiezan tres años de poderío, casi sin nubes, para Selis, con el apoyo de los hermanos Paz, hasta Pascua de 1695, ya no tenemos noticias de San Juan Yasona. Pero la posición de don Joseph es frágil. Es posible que disponga de una mayoría benevolente dentro de la comunidad. 24 Pero sabemos lo versátil que son esas mayorías, ninguna resiste al tiempo y al ejercicio del poder. Sobre todo los antecedentes de don Joseph son un lastre para él, por ende ningún alcalde mayor puede tenerle simpatía. Sin embargo, nada se logra sin apoyo dentro de la comunidad española; ello explica su alianza, bastante extraña en un principio, con el ex teniente del alcalde mayor Quiroz, el capitán Pedro Boza. Es probable que por 1695, Boza haya perdido su influencia porque no tenía cargo oficial. Para Selis esa alianza era como tomar asiento sobre una rama muerta, y peligrosa, y podía despertar la desconfianza del alcalde mayor (el contrato de apoderamiento entre Boza y Selis se hizo secretamente en Oaxaca). Don Joseph también pensó en adueñarse de la práctica religiosa dentro de la comunidad. Desgraciadamente para él, fue mala elección, "pusieron a un maestro [de capilla] tonto", su pariente. Esto explica el golpe de finales de agosto de 1695. Hasta entonces Selis dicta su ley, tiene en su mano al gobernador y la municipalidad. En septiembre está encarcelado en Villa Alta, sus partidarios tienen que salir de la alcaldía mayor, el gobernador, los alcaldes, los regidores pierden sus varas, que el alcalde mayor entrega a don Pablo de Bargas y secuaces, "en atención a la satisfazión que tengo de don Pablo". 25 Con el apoyo -casi descarado-del poder español local (el defensor de Selis y consortes califica su justicia de "odiosa y sospechosa"), don Pablo logra mantenerse en la cima durante varios años. Cuando se le ataca en 1699 26 -como siempre, por exceso de derramas-, consigue esquivar el golpe, el cual recae sobre don Felipe de Santiago. Dentro de la comunidad don Pablo de Bargas mantiene une dominación férrea. En 1696,27 la municipalidad, dominada por don Pablo, manda azotar a la esposa embarazada de un joven cacique cuatrero -tradición de los caciques en esos lugares-; ésta aborta en el acto: "los susos dhos [oficiales] llebados de la pación que contra mi tienen por el pleito que aun esta pendiente en la real audiencia" dice el esposo. Y es que ni el alcalde mayor, ni menos don Pablo pueden controlar el poder lejano de México y sus intrumentos predilectos, las reales provisiones. Del uso y abuso de las reales provisiones: don Felipe, don Joseph y la defensa de los intereses regionales (1687-1701) La real provisión es sin duda el más importante instrumento jurídico (y político) indiano; en este ámbito no procede del rey, sino de sus consejos, y en este caso, de sus audiencias, de ahí su nombre de "real". Pero también el gran acatamiento formal que recibe por parte de las autoridades locales que la besan a su llegada, poniéndola sobre su cabeza y jurando obedecerle. Por lo demás es un instrumento sumamente plástico: todos los súbditos podían pedir una provisión a la audiencia para escudarse con ella; no había límite, cualquiera que fuera español o indio, pobre o rico, podia solicitarla. Sin embargo, su práctica resultaba menos protectora de lo que se pensaba y en general se emitía para corregir o impedir los abusos de poder de las autoridades regionales alejadas. Era como una anticipación del derecho de amparo mexicano, con los mismos limitantes: se debía acatar la real provisión toda vez que las condiciones o los hechos relatados por el solicitante fueran viables o exactos. Así, por supuesto, lo entendían los gobernantes locales, que sabían perfectamente evadir las obligaciones u órdenes emitidas, suspensivas más que definitivas. Con todo, era un documento atractivo, particularmente para las comunidades bajo la explotación directa de su "dios y rey" local... Pero para conseguirla en México había que transitar por los pasillos y las salas del palacio virreinal; es decir, costaba caro, se necesitaban relaciones y cierto nivel de aculturación. Por estas razones era preferible juntar las demandas entre varios solicitantes -o comunidades-, disponer de "profesionistas" no poco audaces, provenientes de los mismos pueblos. Efectivamente, el carácter confederado de la demanda le daba forma de petición, por lo tanto, los promotores debían ir "ynquietandoles a pleitos y a que le den poderes, que los yndios llaman firmas",28 y al mismo tiempo exigir de los pueblos derramas para el financiamiento. Eran éstas buenas razones para que esos «profesionistas» fueran delatados por contrarios. Para el alcalde mayor sólo eran pleitistas, perturbadores, y hasta revoltosos y sediciosos, ya que atacaban su poder y su forma de administrar, denunciándolo a la autoridad superior de la audiencia. Si pasamos de las generalidades a la realidad, San Juan Yasona y sus caciques ofrecen magníficos ejemplos, aunque entonces debemos saltar de las riberas del río Yasona a los límites de la alcaldía mayor. Precisamente, la escena más sugerente se presenta en abril de 1696, frente a la ermita de Yaeé donde se está estableciendo un tianguis. 29 Ahí, aprovechando la concurrencia, un cacique de Yaguaio hace grandes declaraciones -"anda hechando voces"-: don Pablo de Bargas de Yasona y los caciques de otros cuatro pueblos están a punto de ser arrestados, por orden de la audiencia, y "llebados al castillo de San Juan de Ulua. Como asi mismo don Phelipe de Santiago natural del dicho pueblo de San Juan Yasona [su] apoderado y de otros de esta jurisdizión que esta en la ciudad de México, en prosecuzión y defensa [de los dichos caciques]". Añade que don Felipe, "en México se retrujo a la yglesia porque lo querian prender y ya se juió [sic], y asi no seais de su parcialidad, llegaos a la de don Joseph de Zeli que es hombre de enpeño". Estas declaraciones enfurecen a don Pablo de Bargas, que denuncia al contrario, y con habilidad favorece un pleito del común de Yaguaio contra su cacique y gobernador. Henos de nuevo ante el trío, dentro de una geometría un poco cambiada pero lógica: don Pablo, aliado de las autoridades españolas locales, incapaz de hablar español o de firmar, no se mueve de Yasona pero dirige un bando regional, al mismo tiempo que fortalece su influencia dentro de su pueblo (es gobernador). Necesita un hombre en México, ¿quién mejor que su pariente y coterráneo don Felipe de Santiago? Éste está perfectamente aculturado -conocemos su magnífica firma desde 1674-. Un testigo de 1698 lo describe como "ser ladino en lengua castellana y vestir traje español." 30 Por supuesto don Felipe se enfrenta en México con el exiliado don Joseph, más aislado, sólo el voluble cacique de Yaguaio parece apoyarlo, por odio hacia don Pablo, sobre todo. Ya sabemos que don Joseph es también ladino, aunque no afecto a la autoridad de Villa Alta... No siempre estos dos cazadores de "firmas o poderes" fueron rivales. En tiempos del alcalde mayor Quiroz (1688), fueron arrestados precisamente por estar armando una campaña de firmas, de un extremo a otro de la alcaldía mayor, contra el susodicho alcalde: 31 "andava[n] ynquietando algunos pueblos pidiendo firmas para yr a Mexico a pleytear". Detalle sabroso: fue el capitán Pedro Boza quien se encargó de arrestar entonces a Selis. Este episodio permaneció en la memoria de los pueblos de la sierra; en 1698 el pueblo de Lachirio 32 estaba a punto de sublevarse, cuando sus propias autoridades y don Felipe de Santiago fueron a reclamarle los originales de tres reales provisiones que la comunidad tenía en depósito: "todos en comun respondieron diziendo que no querian hasta que biniesen don Gabriel Martin natural del pueblo de Yasachi, y Don Joseph de Zelis del pueblo de Yasona, y don Andres Martin del Pueblo de Chuapa que son los que andubieron combocando toda la jurisdizion para poner los capitulos a don Juan Manuel Bernardo de Quiros". El episodio rompió el lazo entre los dos hombres. Don Joseph de Selis hizo de la tramitación de las reales provisiones en México un instrumento de su lucha política contra la autoridad española local, y hasta de su supervivencia, defendiendo la propia libertad y su hacienda contra Bargas y el alcalde mayor. Entre los años 1694-1699 Don Felipe de Santiago ve cada vez más en esta actuación una forma de "sacarse de pobre" y vivir a su antojo, entre México y Yasona, entre dos culturas. De un expediente a otro podemos seguir esta actividad de don Felipe. Entre 1694 y 1696, junto con un indio intérprete de Villa Alta litiga en contra de los pueblos de Santiago Chuapán y San Baltazar Yasachi, 33 en México; éstos los acusan de aprovecharse "de derramas que an echado, quitandoles cantidades de pesos, mantas y otros generos en especies". En 1697 se encuentra de nuevo en la capital, donde defiende el pueblo de Yaeé en "cierto pleito de tierras contra particulares" e invierte 155 pesos "sin que se aya savido consiguiese cosa alguna". De la misma forma, a los naturales "de los pueblos de Cacalotepeque, Juquila, y otros desta jurisdizion [de Villa Alta], y del beneficio de Yaee les saco cantidad de pesos para pleitar contra su cura de doctrina, y les gasto el dinero, sin haver hecho cosa algu-31 AHJO, Villa Alta, criminal, 4, 7. En 1699 "a cuidado solicitando poderes, que los dhos yndios llaman firmas, ynsitandoles a diferentes pleitos", sobre todo en Yagayo, Yaeé, Lachichina, "por ser costumbre en él ese modo de vivir" dice un testigo; otro es más directo: "no tiene más oficio que ser ladron y inquietador de los naturales quitandoles el dinero": es cierto que en su juventud fue cuatrero. Con todo eso no se olvida de sí mismo. En 1699, perseguido por el alcalde mayor molesto por esas actividades, don Felipe vuelve a México, declarando "havia venido de Mexico y traya un buen despacho para que por esta causa, no le ympidiesen en su pueblo de Yasona". De hecho, durante casi todo el año que sigue, logra escapar de las garras del alcalde mayor, pero no pasa lo mismo con sus bienes. El inventario de 1699 da cuenta de que dista mucho de llevar la vida que llevaban sus mayores en 1674: tiene una casa con tejas, alto, puertas y cerrojos, y, dentro, espejo, anteojos, un libro, "ytem un catesismo [...], ytem un sancto christo, de bulto de una bara con cruz [...], ytem, una Nra Señora de la Soledad de lienso, de una vara. Ytem una Nra Señora de Guadalupe, con su marco negro": ¡con tantos viajes a México el guadalupanismo no podía faltar, aun en esta fecha tan temprana! Falta añadir otros cuadros religiosos, láminas y estampas de la misma inspiración... Es algo excepcional en la sierra, sin duda, pero también revelador, en 1700 se inicia un periodo de crisis para los caciques. El destino personal de don Felipe de Santiago llega a su término: en julio de 1700 está preso en Oaxaca, aunque desde junio la audiencia de México ordena "no se le haga molestias, ni agravios al dho don Phelipe de Santiago". El alcalde mayor de Villa Alta parece dispuesto a mandar una carta de justicia a su colega de Oaxaca para (julio de 1700) que quede libre. Pero entonces (a mediados de septiembre) toda la carga eléctrica que se estaba acumulando en la sierra, por lo menos desde los tiempos de Quiroz, estalla en Caxonos y fulmina a don Felipe. El 29 de septiembre de 1700 escribe el alcalde mayor de Villa Alta al corregidor de Oaxaca: "atento a que por haverse coxido ydolatrando a los naturales del pueblo de San Francisco Caxonos, desta jurisdizión, estos se amotinaron, y despues de haver echo diferentes destroços en el combento de los religiosos, sacaron del las bictimas, y sacrificios que se les abian coxido, y ysieron que se les entregasen dos yndios denunciantes de dha ydolatira, a quienes asotaron, cruelmente, y se los llevaron, sin saverze donde, y se presume, y tiene por sierto los mataron; y para mantenerse en sus maldades, pareze an despachado conbocathoria a los demas pueblos desta juridizion, pidiendo favor y ayuda, a que, no ay duda, an condesendi-do algunos, y por constarme que el dho don Felipe de Santiago, en otras ocasiones a movido y combocado a dhos pueblos, y deverse temer lo haga aora mayormente [...] de que puede resultar con graves ynconbenientes; se le requiere a dho corregidor [de Oaxaca] no le suelte". El alcalde mayor obra en parte con mala fe: el riesgo de un estallido general era limitado; don Felipe era sobre todo más peligroso para el poder del alcalde mayor en México que en Villa Alta, a fin de cuentas, era un cacique orgulloso, individualista, bastante desconsiderado entre las comunidades de la sierra, de 1700. En junio de 1701 seguía en la cárcel de Oaxaca y únicamente la audiencia de México se preocupaba por su situación.34 Epílogo: entre caciques, cuernos y faldas, las tribulaciones de Sebastián Hernández, natural de Yasona (1704-1707) En 1704, Don Joseph de Selis tiene 57 años, don Pablo de Bargas tiene 65, don Juan y don Francisco de Paz son más jóvenes (alrededor de 50 años). De seguir con vida -no lo sabemos con certeza-, don Felipe de Santiago tendría 58 años. Es toda una generación de caciques la que abandona la escena en Yasona, y también la alcaldía mayor, donde desempeñaron un papel relevante durante aproximadamente 15 años. Siguen presentes -salvo don Felipe de Santiago-, pero el protagonismo pasó a otros -sus hijos en particular-, que representan roles más cercanos al sainete de enredo que a los dramas sociales y políticos que vivió Yasona desde 1674. En el momento de desaparecer de la escena regional -por lo menos de nuestra documentación-, San Juan Yasona está envuelto en un clima de vodevil, con palizas y sexo, donde el principal actor es Sebastián Hernández. Esto no nos desliga de nuestra "unidad de acción", como se decía en el teatro clásico francés. El apellido nos remite al Juan Hernández de 1674-1676, probable cabeza de un embrión de "partido" favorable a cierta colaboración con el mundo dominante (no nos atrevemos a ir más lejos). No conocemos los lazos que pudo tener Sebastián con ese prohombre. Lo cierto es que en 1695, hay tres hermanos Hernández: dos de ellos enemigos acérrimos de don Joseph de Selis, partidarios por lo tanto de don Pablo y de su colaboración con Villa Alta, pero el tercero -nuestro héroe-, menos conservador, escoge "la resistencia política" junto a Selis. Uno de sus hermanos declara entonces que Sebastián está llevado por los malos consejos de don Joseph, vive en su casa "por ser ladino y haver ydo con el a la ciudad de Mexico a pleitos. Por estas razones [don Joseph] le tiene enseñandole muchas cosas de desobedienzia asia las justicias como a los ministros sacerdotes". 35 Sin duda este hombre joven (tiene entonces unos 27 años) es hombre con talentos -escribe las cartas de don Joseph-, y en 1700 logra ser electo fiscal de Yasona, cargo clave, pero difícil por las rencillas que lo acompañan. Además Sebastián Hernández debió estar bastante aislado, rompió los lazos con su familia, y en esa época Selis ya no tiene la misma influencia frente a don Pablo. La nobleza tolera difícilmente a ese advenedizo, en 1708, Sebastián declara, 36 "siendo [...] fiscal, y les pedia teopantopile, para yr a recojer la jente que recive la doctrina, y no quisieron los principales, son sus enemigos". En 1704 es el propio hijo de don Pablo, el joven cacique don Felipe de Bargas, quien le da la estocada: no sólo obtiene los favores de la esposa de Hernández, sino que también lo golpea en su propia casa, y lo deja mal herido. 37 Conscientemente o no, Sebastián trata de vengarse de la misma manera del grupo de los caciques. En 1707 se le describe como "hombre de mui mal vivir, y de peores costumbres, pues se anda metiendose en las cosas de dho nuestro pueblo biolentando o no las mugeres casadas", aprovechando la hora de la misa para introducirse en la casa de la hija de don Francisco de Paz, donde el esposo, cacique, los sorprende y recibe como recompensa una tanda de azotes. Siguen otros affaires... en 1710 se encuentra en la cárcel. Ignoramos cuál fue su final. Lo mismo diremos con respecto a San Juan Yasona. Parece atravesar el tiempo, a lo largo del siglo XVIII, con relativa tranquilidad, ¿hasta con felicidad? Si se acepta que la gente feliz no tiene historia... Sin duda hubo una conjunción de hombres fuertes, capaces de simbolizar y movilizar las opciones posibles: una colaboración política y religiosa con el poder dominante de Villa Alta, que escogió don Pablo; una resistencia a éste, esencialmente política más que religiosa, sin aparente ruptura afirmada. Fue lo que escogió don Joseph. Había otras vías: don Felipe exploró con cierto éxito un camino 35 AHJO, Villa Alta, criminal, 5, 4, 35r. 37 AHJO, Villa Alta, criminal, 8, 5. individual de promotor e intermediario político, al margen de Villa Alta y sus autoridades, bajo la dependencia de México. Existía la opción del enfrentamiento directo, brutal. Yasona no se atrevió. Chuapán estuvo a punto de cruzar el Rubicón en 1684, San Francisco Caxonos lo hizo en 1700, tal vez sin darse cuenta de ello en los primeros momentos. Quedaba una última opción: la indecisión; el disimulo. Probablemente fue la vereda más transitada, pero, por sus propias características, la más dificil de seguir para el historiador. Un buen ejemplo es el de don Gaspar de Bargas, hermano menor de don Felipe de Santiago. Siendo joven este cacique accedió a los cargos honoríficos del rebaño de don Pablo. Pero a principios de 1695 pareció inclinarse a denunciar a sus ex colegas de la municipalidad, favoreciendo por lo tanto a don Joseph de Selis y la resistencia. Se enteró entonces de que don Joseph estaba también a punto de atacarlo. Don Gaspar ya no se movería del lado de don Pablo y de su hermano. ¿Acaso sería un fiel defensor de la Iglesia? Esto podría pensarse, hasta que en 1705, cuando se multiplicaron las encuestas y los interrogatorios en la región, apareció como uno de los maestros de idolatrías en Yasona. 38 El caso nos hace reflexionar sobre una paradoja ya notada: los mejores aliados de los españoles no eran los más versados en la cultura dominante. Sabemos que hasta su último aliento don Pablo no habló español, ni supo firmar. Ser ladino -como don Joseph o don Felipe-podía ser una señal de peligrosidad. Muchas veces, fray Francisco de Burgoa, experto en esto, lo recordó. Desconfiaba hasta de una cultura escrita para los indios: "y componen otras [a modo de comedias] traduciendo de libros en romance los ejemplos, y con su mala inteligencia mezclado errores y desatinos, que me han obligado a atajarlos, y quitarles los papeles y quemarlos". 39 No nos extraña que los fiscales y los maestros de capilla, como lo hemos visto, susciten críticas o cristalicen choques de poder a su alrededor. Muchas veces tuvieron que alejarse de su pueblo, víctimas de odios y ostracismos, iban de aldea en aldea, difundiendo su inconformidad, y su aculturación, mezclando "muchas supersticiones, con las rogativas y misas". 40 Ganaba así lo ladino, probablemente ganaba la idolatría, mejor disimulada y legitimada con un nuevo ropaje, pero el dogma católico perdía pureza. 39 Palestra historial de virtudes y ejemplares apostolicos, fundada del celo de insignes héroes de la sagrada orden de predicadores en este nuevo mundo de la América en las Indias occidentales, México, 1989 [1670], págs. 417-418.
El presente trabajo se ocupa de estudiar el gran terremoto que destruyó Lima y asoló su puerto de El Callao en 1746. Fue el movimiento sísmico más destructivo que soportó la capital del Perú durante la época colonial y originó una profunda y dramática crisis. El temblor no sólo produjo un gran número de víctimas y considerables daños materiales, sino que también provocó numerosas confrontaciones entre los vecinos. Nuestro propósito es utilizar la catástrofe natural como un instrumento de observación social, lo cual nos permitirá vislumbrar las peculiaridades, los prejuicios, los intereses y las creencias de una gran ciudad de la América española durante el siglo XVIII. pecados, sacando en procesión al Cristo de los Milagros, considerado como el principal protector contra la furia de los elementos. Aunque resulta difícil de dilucidar si hubo mayores daños materiales en 1687 que en 1746, es indudable que en esta última ocasión se produjeron muchas más víctimas mortales. En 1687 perecieron en la capital unas 500 personas, mientras que en 1746 la lista oficial de víctimas se elevó a 1.141, pero eso fue sólo en Lima, pues en El Callao, que por entonces tenía unos 5.000 habitantes, no se contaron los muertos, sino los supervivientes, que sólo fueron alrededor de 300. Ambas catástrofes se cobraron las vidas de entre 5.000 a 6.000 personas, que sobre una población total de aproximadamente 65.000 habitantes, supone un porcentaje de víctimas de entre el 8 y el 9 %, por lo que constituye un desastre de enormes proporciones. 1 Los daños materiales fueron igualmente graves. Hubo que construir de nuevo las fortificaciones y población de El Callao, al igual que los dos edificios más significativos de la capital: el palacio virreinal y la catedral. Los principales hospitales, conventos y templos sufrieron derrumbes y grandes destrozos, únicamente permaneció ilesa la iglesia de San Francisco y la Santo Domingo sufrió daños menores. En fin, algunas crónicas exageradas llegaron a decir que de las 3.000 casas de Lima sólo permanecieron en pie poco más de 20. Como puede comprenderse, la reconstrucción supuso invertir grandes cantidades de dinero y se prolongó a lo largo de muchas décadas. Aunque el palacio virreinal estuvo reparado en unos pocos años, 2 hasta 1758 no se terminaron las obras de restauración de la Catedral. Las fortificaciones del puerto se completaron en una primera fase en 1761, pero el levantamiento de los cuarteles y equipamientos se prolongó por mucho más tiempo. En cuanto a las numerosas iglesias y edificios religiosos arrumbados, en algunos casos, como el del gran convento de la Encarnación, no se completó su rehabilitación hasta la última década del siglo XVIII. En suma, nos encontramos ante un suceso de extraordinarias repercusiones demográficas, económicas y urbanas. Una verdadera crisis generalizada para la capital del virreinato del Perú, que puede ser estudiada desde muy diversas perspectivas, según se enfatice en uno u otro de los aspectos enumerados. Con todo, hay una forma especialmente fructífera de enfrentarse a este acontecimiento: considerar el terremoto una circunstancia, un instrumento de observación social enfocado sobre el verdadero objetivo de estudio: analizar cómo un grupo humano se enfrenta a una crisis generalizada y cómo ese mismo grupo valora las causas y las consecuencias del desastre. Todo ello con la intención final de conocer mejor la sociedad limeña de mediados del siglo XVIII y tener un ejemplo más para saber cómo los seres humanos de diferentes épocas y lugares nos enfrentamos a una situación límite. Hace treinta o cuarenta años, estudiar un acontecimiento, como un desastre natural, era considerado casi despectivamente por las modas historiográficas que propugnaban los grandes trabajos basados en series estadísticas de carácter demográfico o económico. Afortunadamente, en las últimas décadas, sin embargo, se ha producido una revalorización del gran acontecimiento, más que por la importancia intrínseca del hecho, por la gran cantidad y calidad de informaciones que suele generar. En el caso del terremoto de 1746 los testimonios que produjo son realmente impresionantes: mucha gente escribió cartas a sus amigos contándoles lo sucedido, los eruditos redactaron crónicas, las autoridades largos informes, los envidiosos lanzaron libelos, los aduladores poemas lisonjeros, los afectados memoriales de queja, todo ello sumado a los pleitos con los vecinos por una y mil causas. En pocas palabras, al igual que el terremoto abre grietas que permiten ver el interior de la corteza terrestre, su impacto social abre una especie de ojo de cerradura que permite observar aquello que la sociedad mantenía oculto. Como decía George Duby, el gran acontecimiento es como un adoquín que se lanza a un charco, haciendo removerse ese fondo cenagoso que bulle en el basamento de la vida. 3 Acercándonos con esta perspectiva al estudio de la crisis sufrida por la sociedad limeña a raíz del terremoto de 1746, podemos concentrar nuestro interés en estas tres preguntas, entre otras muchas que podrían formularse: ¿Con qué instituciones; con qué personas y con qué eficacia se hizo frente al desastre? ¿La lucha contra las ruinas, que constituían un enemigo común, contribuyó a suavizar o, por el contrario, agravó las tensiones sociales preexistentes? Y, finalmente, ¿cómo interpretaron los limeños las causas de la tragedia y cómo sintieron sus consecuencias? Instituciones y particulares frente a la catástrofe La primera de las cuestiones planteadas consiste en conocer cuáles fueron los organismos y las personas que hicieron frente a la destrucción ocasionada por el terremoto, así como el nivel de eficacia que tuvieron luchando contra las ruinas. En ese sentido, la respuesta que puede adelantarse es que los individuos, al grito de ¡sálvese quien pueda!, fueron desprotegidos por las instituciones. Si atendemos primero a la actuación de las autoridades civiles del virreinato, notamos que limitaron sus responsabilidades a tres aspectos concretos que consideraron su estricta obligación: la reconstrucción de los edificios administrativos y militares, el mantenimiento del orden público y la defensa de la propiedad privada. Aparte de estos asuntos, los burócratas peruanos no se sentían forzados a hacer otra cosa y así, por ejemplo, cuando al virrey, don José Antonio Manso de Velasco, fue acusado por algunos ciudadanos en su Juicio de Residencia de no haberse ocupado de dar cristiana sepultura a los cuerpos esparcidos entre los escombros, su abogado respondió que ésa no era labor del Estado, sino de la caridad pública, y que las autoridades cumplían con su deber impidiendo que los cadáveres fueran desvalijados por los ladrones. 4 Realmente el único esfuerzo financiero realizado por la Real Hacienda del Perú para intentar paliar los daños personales sufridos por los limeños consistió en pagar algunas limosnas atrasadas a un par de hospitales que debían encargarse de curar a los heridos. De esta manera, se entregaron 4.000 pesos al Hospital de Indios y 6.000 al de negros, con lo que, al parecer, las autoridades coloniales tranquilizaron completamente su conciencia. 5 Entregar 10.000 pesos de presupuesto que ya estaban asignados no puede considerarse, en efecto, ningún gasto excesivo. A modo de comparación podemos apuntar que el sueldo anual de cada oidor o alcalde del crimen, de los 19 que por entonces tenía la Real Audiencia, alcanzaba los 4.800 pesos y que ni en ese trágico año, ni en los inmediatos, ninguno de ellos dejó de recibir completamente su paga. De igual manera, la guardia militar del virrey, únicas tropas que quedaron operativas, tampoco tuvo dificultad alguna para recibir sus salarios íntegros. Otro ejemplo de la poca voluntad de las autoridades civiles para ayudar más allá de lo que consideraban su estricta obligación fue el caso de la reconstrucción de la Catedral metropolitana. El Cabildo Eclesiástico, amparándose en el Regio Patronato, consideraba que pagar los trabajos era responsabilidad del monarca y de su representante, el virrey, el cual, no en vano, ostentaba entre sus títulos el de "vicepatrono" de la Iglesia del Perú. Las discusiones fueron agrias y llegaron a tal punto muerto, que el mayor templo del virreinato estuvo una década en ruinas. Al final, el virrey afrontó la responsabilidad, pero la Iglesia Metropolitana no se volvió a levantar de cal y canto, sino en madera y a expensas del fondo de las "vacantes eclesiásticas". Ésta era una renta de donde se sacaban tradicionalmente las limosnas pagadas en nombre del rey a menesterosos e instituciones caritativas, las cuales, al menos mientras duraron las obras, tuvieron que buscarse otras formas de subsistencia. Ahora bien, ¿la reticencia a emplear dinero público en socorro de los afectados por el seísmo se debió tan sólo a una cuestión de límites de responsabilidad? ¿Acaso la Real Hacienda del Perú se encontraba en un momento crítico y no disponía de fondos? La verdad es que, si bien el virreinato había pasado por épocas más boyantes, las Cajas Reales tenían cierto superávit, pero éste no fue empleado para socorrer a los damnificados por el terremoto. No hay que olvidar que desde 1739 la monarquía libraba una costosa guerra contra Inglaterra, algunos de cuyos episodios más graves se habían suscitado en territorio americano. En 1746, la amenaza de un nuevo ataque británico, como los sufridos en Portobelo o Cartagena de Indias hacía pocos años, no estaba descartada, y por eso el principal esfuerzo financiero estuvo centrado en la defensa del conjunto del virreinato y no en la reconstrucción de su capital. Entre luchar contra las ruinas y contra los ingleses, este último objetivo pareció más acuciante. La mitad de esta importante suma se empleó en pagar los gastos de una escuadra que desde España había llegado al Perú y los 400.000 pesos restantes se enviaron a la metrópoli. El virrey Manso de Velasco demostró ser muy eficaz remitiendo caudales a España, pues en sus 16 años de gobierno mandó tres millones de pesos, de los cuales dos millones y medio fueron enviados entre 1748 y 1752, el quinquenio clave en la reconstrucción de Lima. 6 Viéndose rodeado de tanta destrucción y miseria, ¿no tuvo acaso el virrey la tentación de desviar dinero para socorrer a los ciudadanos de Lima y acelerar su reconstrucción? Consta documentalmente que, en efecto, sí la tuvo y que pensó separar algunos miles de pesos más para este propósito, pero al informar a Madrid de sus intenciones, recibió una cariñosa pero enérgica reprimenda. Decimos "cariñosa", porque quien se la hizo fue su paisano, mentor y máxima autoridad de la monarquía, después del rey, el todopoderoso ministro don Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada. Manso de Velasco pertenecía a una especie de club de riojanos que por entonces dominó el gobierno metropolitano y peruano. En un determinado momento, de la Rioja procedían no sólo el ministro y el virrey, sino también el nuevo arzobispo de Lima, Pedro Antonio de Barroeta y Ángel, con lo que se producía un verdadero pleno regional entre los gobernantes con supremas competencias sobre el Perú. La correspondencia privada entre Manso de Velasco y Ensenada, que puede consultarse en el Archivo General de Indias, da cuenta de la confianza que había entre ambos, pues en vez de dirigirse al otro como "excelencia" se llamaban "paisano y amigo del alma", "paisano de mi vida" firmando "suyo hasta la muerte". 7 Fue gracias a esa fluida relación que el ministro le hizo ver al virrey que las necesidades generales de la monarquía estaban por encima de las particulares de alguna provincia, por muy dramática que éstas fueran, recordándole que él había sido nombrado, precisamente, para volver a convertir al Perú en lo que fue antaño: la principal fuente de plata con la que se aceitaba la pesada maquinaria del imperialismo hispano. Manso reconoció humildemente su error, y le comentó a su querido paisano que, en efecto, en aquellos momentos finales de la guerra lo más importante era estar preparados para negociar la paz desde una posición de fuerza y poder recuperar Menorca y Gibraltar. 8 Ahora bien, si la maquinaria estatal colonial se mostró sumamente avara a la hora de aportar recursos financieros, en lo que no ahorró fue en la emisión de decretos, órdenes y reglamentos para intentar dirigir las acciones de los particulares. En el fondo se trataba de la vieja queja del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que criticaba a la monarquía por haber puesto en la empresa americana sólo papeles y buenas palabras, dejando que el esfuerzo y el dinero lo aportasen los particulares. Pero una cosa es redactar órdenes y otra muy distinta es que éstas se lleven a la práctica y sean eficaces. En ese sentido, tampoco parece que la actuación de la burocracia virreinal resultase muy eficaz. Se intentó, por ejemplo, limitar por decreto la subida de los precios de los alimentos básicos y los materiales de construcción pero, a pesar de ello, muchos de estos productos alcanzaron incrementos de más del 400%. Ya lo había advertido el virrey duque de la Palata, que dirigía el virreinato cuando sucedió el anterior gran terremoto de 1687, al exclamar: "cual poco obran las leyes en época de necesidad".9 Aunque, tal vez, el fracaso más sonado y trascendente de la política virreinal fue la imposibilidad de llevar a cabo el bienintencionado proyecto de reedificar la ciudad siguiendo unas elementales normas antisísmicas, las cuales pudiesen disminuir gran parte de las víctimas cuando la tierra inevitablemente volviese a temblar. En aras del bien común, don José Antonio Manso ordenó derribar todos los pisos altos de las viviendas, para que en lo sucesivo Lima fuese una ciudad formada por casas de una sola planta con techumbres de madera. A pesar de que la medida parecía sensata en una tierra donde los movimientos sísmicos eran tan devastadores y frecuentes, cayó como una auténtica bomba, más destructiva aun que el terremoto, entre las familias más poderosas y ricas de la capital, que eran las que poseían viviendas de varias plantas. Éstas, rápidamente, buscaron un abogado y se lanzaron a la lucha en la Real Audiencia contra la decisión virreinal, escribiendo para ello largos alegatos que, incluso, hicieron circular impresos. La lectura de estos escritos es de enorme utilidad para penetrar en la mentalidad de los ricos propietarios limeños, ya que en la defensa de sus palacios y balconadas estaban, en realidad, luchando por el mantenimiento de un estilo de vida. 10 Fueron muchos los argumentos utilizados por los propietarios de grandes mansiones, pero uno de ellos resume muy bien todos los demás: el alto valor simbólico que la arquitectura tenía representaba el poder de los habitantes de origen español frente a las "castas"; es decir, el resto de los grupos étnico-culturales que componían la ciudad. Para los que eran, o se sentían, pertenecientes al grupo privilegiado de los "blancos", una ciudad tal y como la quería Manso de Velasco se parecería demasiado a las aldeas de los "indios". En opinión de los poderosos criollos y peninsulares de Lima, "las cortes deben distinguirse de las aldeas", pues en caso contrario "nuestra humildad sería la soberbia de los naturales". En la defensa de sus palacios, estos plutócratas demostraron muy poco pudor a la hora de reconocer la escasísima importancia que le otorgaban a la vida de sus convecinos más pobres. Por ello no dudaron en poner el ejemplo de la ciudad de Nápoles, en la que algunos años antes otro terrible movimiento sísmico había matado, según se decía, a más de 90.000 personas, sin que eso llegase a impedir la reconstrucción de sus edificios con igual altura y esplendor que antaño. ¿Qué importaba la muerte de unos pocos miles de desgraciados, frente a la magnificencia y el lujo de las cortes? ¿Acaso-decían los ricos limeños-los reyes evitan las guerras ante el temor de que en ellas murieran soldados en las batallas o inocentes en los sitios de las ciudades? ¿Evitan los comerciantes enviar sus barcos a los océanos ante el temor de que algunos de ellos se hunda y perezcan todos los tripulantes? Porque según los propietarios de mansiones, la grandeza de las ciudades y los reinos era el verdadero bien común. Pero los patricios limeños se contentaron con definiciones tan estremecedoras de lo que era el "bien común", sino que, dejando a un lado las teorías, decidieron pasar de las palabras a los hechos. Su procurador llegó a acusar al virrey ante la Audiencia de ser un "nuevo Nerón" pues, al igual que el déspota romano, Manso de Velasco deseaba destruir una antigua capital para levantarla a su antojo. Y tanta fue la presión realizada por estos prominentes ciudadanos, que la suprema autoridad del Perú se vio obligada en 1747 a retirar su proyecto de reforma urbanística de Lima, para evitar, según cuenta el propio virrey, tener que verse obligado a usar la violencia con las familias más distinguidas de la ciudad.11 Para el supremo gobernante colonial fue una auténtica derrota que recordaría largo tiempo y que muchos años después seguiría reflejando con amargura en su "Memoria de Gobierno". Gracias a la presión de los propietarios, Lima siguió siendo una corte con palacios y grandes edificios, pero con sus partes más elevadas construidas en madera o con cañas embarradas y enlucidas, es decir, utilizando el sistema conocido como "quincha", que ya usaban muchas culturas antes de la llegada de los españoles. Lo curioso es que en el mundo de las apariencias, especialmente presente en aquellos barrocos tiempos, el alma de madera se ocultaba bajo el aspecto de falsos recubrimientos que imitaban otros materiales. El instinto de supervivencia aconsejaba construir de esta manera, pero la mentalidad forzaba a copiar los modelos de Castilla o de Andalucía, lugares en los que los terremotos no representan una amenaza tan seria. En vista de que las autoridades civiles no hicieron demasiado por remediar los problemas más acuciantes y graves del conjunto de la población, ¿serían las autoridades eclesiásticas las que se ocuparían de ellos? Desafortunadamente, la Iglesia, como institución y con sus principales dirigentes al frente, tampoco realizó una labor muy eficaz en este sentido. Es evidente que los conventos daban limosnas, pero en aquellas graves circunstancias también las pedían. Así sabemos por un informe del mayordomo del Hospital de Indios de Santa Ana, que le resultaba inútil salir a las calles a pedir dinero para su institución, pues no podía competir con los cientos de frailes que hacían lo mismo para reconstruir sus conventos. 12 Tal vez el que la Iglesia, de una forma institucional, no encabezase la política de ayuda a los damnificados y posterior reconstrucción de la ciudad pudo deberse en gran parte a la personalidad de quien ocupaba la cúspide jerárquica, el nuevo arzobispo de Lima, don Pedro Antonio Barroeta y Ángel. Es verdad que este eclesiástico llegó algún tiempo después del temblor, pero todavía quedaba mucho por hacer. Riojano, como el virrey y Ensenada, había sido elegido por este último como hombre de confianza, y al recibir su nombramiento, el ministro le advirtió que se le enviaba a una ciudad en ruinas en la que debía poner especial empeño en auxiliar a los pobres, huérfanos y "estropeados". Barroeta, por su parte, respondió que para poder desempeñar esa caritativa labor sin el lastre de los empeños y las deudas, la Corona debía ayudarle a pagar el largo viaje desde España al Perú. Su demanda fue atendida, y se le autorizó a resarcirse de tal desembolso cobrándolo de la renta de vacantes eclesiásticas de Lima, de cuyos fondos, como ya se explicó, solían salir muchas de las limosnas pagadas por el rey. El problema fue que a su llegada el arzobispo presentó al virrey una factura de gastos, avalada tan sólo por su palabra, de nada menos que 109.000 pesos, cantidad con la que podía mantenerse el único hospicio de Lima durante ocho años. Tras pagar una parte, Manso de Velasco comunicó a la Corte que la caja de vacantes había quedado vacía y que no restaba nada para los piadosos fines a los que el rey solía destinar aquellos fondos? Los "estropeados" de Lima tendrían que aguardar otra oportunidad. 13 Don Pedro Antonio de Barroeta nunca fue un arzobispo popular entre sus feligreses limeños, y todo parece indicar que tampoco fue la persona adecuada para capitanear una acción solidaria. Entonces ¿quién ejerció esta labor en tiempos tan difíciles? Para responder a esa pregunta hay que considerar que en la Lima de mediados del siglo XVIII la caridad era una virtud realizada en nombre de principios religiosos, pero ejecutada y financiada mayoritariamente por cofradías de seglares. Las autoridades religiosas se preocupaban mucho más por el espíritu que por el cuerpo y por ello, además de mantener el culto sagrado, se ocupaban de la enseñanza, vía directa para penetrar en el interior de las conciencias. Como contraste, de los 11 hospitales de Lima (contando el único orfanato), sólo tres estaban regentados por órdenes regulares. Los otros ocho, incluyendo los más importantes, los dirigían cofradías de "hermanos veinticuatro" y se financiaban con mandas testamentarias privadas. Otras cofradías similares eran las que, por ejemplo, se encargaron de enterrar a una buena parte de las víctimas del temblor, lo mismo que hacían regularmente con los indigentes y pobres de la ciudad. De la dedicación, competencia y generosidad de los mayordomos y hermanos de estas cofradías dependía la reconstrucción de la red sanitarioasistencial del virreinato. De este hecho han quedado reflejos en el propio lenguaje castellano, pues uno de los "peruanismos" aceptados por la Real Academia de la Lengua Española es "barchilón", que, según nos informa en su Diccionario, proviene del apellido de un español caritativo del Perú en el siglo XVI y que ha quedado como sinónimo de "enfermero". Dentro de este grupo de anónimos benefactores, cabe destacar el nombre de uno de ellos: don Diego Ladrón de Guevara, mayordomo del único hospicio de Lima. Gracias al esfuerzo y al patrimonio personal de este personaje pudo rehacerse el hospicio, sin ninguna ayuda pública, pues cuando fue a solicitarla, se le comunicó que los fondos estaban dedicados por completo a la reconstrucción de la catedral. 14 Como todo hombre solidario, don Diego tenía una personalidad emprendedora, pero tal vez un poco ingenua. Así, llegó a proponer al virrey que, como él conocía bien a los pobres de Lima, se le podía nombrar receptor de todas las limosnas que entregasen los particulares, encargándose de que éstas fuesen a los lugares y personas más necesitadas. Don Diego no comprendía que dar limosna no sólo era un acto de caridad, sino también una demostración de calidad social y el hecho de que los nobles limeños tuviesen a su puerta una legión de menesterosos a la espera de un tazón de sopa suponía tal prestigio al dueño de la casa, que podía salir de ella en una carroza tirada por cuatro caballos. Al final sus proyectos asistenciales no se financiaron con una limosna general y de justicia, como pedía, sino con una contraprestación a la frivolidad, haciendo que el empresario de la plaza de toros le pagase una especie de impuesto caritativo de 1.500 pesos al año. Con todo, en Lima funcionaba, o mejor, debía funcionar un sistema organizado de ayuda mutua para algunos de los más pobres de sus habitantes, como eran los indígenas residentes en la capital y en otros lugares del virreinato. Me refiero a la Caja de Censos de Indios, puesta al cuidado de un oidor de la Audiencia, en la que se separaba dinero procedente de los tributos. La idea era que estas cantidades se prestasen a interés a solicitantes solventes y los beneficios obtenidos fueran empleados en provecho de los propios indios. El problema consistía en que dicha institución era uno de los focos más importantes de corrupción, cohecho y malversación del virreinato, y alrededor de la miel de sus fondos pululaban cientos de aprovechados. Como ejemplo baste saber que en el mismo mes en el que el mayordomo del Hospital de Indios de Santa Ana se quejaba de no tener dinero para reconstruirlo, la Audiencia concedió un préstamo de 40.000 pesos de la Caja de Censos al conde de Santa Ana de las Torres para reconstruir sus casas y haciendas destrozadas por el seísmo. 15 El conde era uno de los más prestigiosos aristócratas de Lima. Su familia poseía una capilla en la catedral, donde todavía hoy puede contemplarse la estatua orante de su padre, en honor del cual se compusieron hermosas piezas de guitarra barroca. Con todo, la desordenada vida del joven aristócrata y el excesivo lujo con el que residía en la corte de Madrid lo habían arruinado. Nadie quería prestarle dinero y acudió a sus influencias para conseguirlo de la Caja de Censos de Indios, con la esperanza de no tener nunca que devolverlo. El hecho fue que los fondos destinados a aliviar a los indios se prestaban a un noble que, según el fiscal del Consejo de Indias, había dilapidado su fortuna viviendo en España como un gran señor y al que en Lima ningún particular había querido adelantarle ni un real. Cuando a raíz de este y otros escándalos similares uno de los fiscales de la Audiencia de Lima destapó las corruptelas de la Caja de Censos, el propio monarca pidió explicaciones al virrey. Éste le contestó que, en efecto, muchos habían sido los préstamos que no se habían recuperado, pero que era difícil tomar alguna acción punitiva, pues el primer beneficiario había sido la propia Real Hacienda, la cual, a mediados del XVIII, adeudaba dos millones y medio de pesos a la Caja de Censos de Indios. Terremoto y tensiones sociales Podemos preguntarnos si la lucha contra ese enemigo común que era la fuerza desatada de la naturaleza actuó como un bálsamo capaz de suavizar las evidentes tensiones de aquella sociedad. La verdad es que en los primeros momentos la gente confesaba en público sus pecados, perdonaba a gritos a todos, hasta a sus más mortales enemigos, y se avenía, por fin, a llevar al altar a quienes habían sido sus mancebas o amantes. Sin embargo, pasados esos momentos iniciales de comunión, las ruinas tuvieron una acción contraria y sirvieron para avivar viejos conflictos y aún para crear otros nuevos. Refiriéndonos primero al interior de los grupos privilegiados, el movimiento sísmico llevó a algunas de las más ricas familias limeñas a un enfrentamiento directo con el virrey y puso de manifiesto la fractura existente entre los destacados miembros de la sociedad civil y el clero regular. A don José Antonio Manso de Velasco le sorprendió la catástrofe cuando llevaba poco más de un año al frente del gobierno y seguramente todavía no conocía bien cuáles eran los límites de su poder. Fue precisamente la crisis ocasionada por el terremoto la que le enseñó con toda rapidez cuáles eran las cosas que podía hacer y cuáles no. Ya hemos comentado su sonora derrota política ocurrida en 1747, cuando, al año siguiente de ocurrida la catástrofe, tuvo que renunciar a la principal medida de urbanismo antisísmico consistente en derribar los pisos altos de todas las viviendas capitalinas. En 1748 las tensiones con el patriciado urbano fueron mucho peores: el virrey se opuso a que los propietarios de las casas de Lima aprovechasen la coyuntura para dejar de pagar las cuantiosas deudas que tenían con la Iglesia, y en especial con los distintos conventos y órdenes religiosas, en forma de censos. No sería exagerado decir que Manso de Velasco tuvo que enfrentarse a un verdadero "motín de privilegiados". Un centenar de notables, en los que se incluían 10 títulos de Castilla, de los aproximadamente 40 que entonces tenía Lima, solicitaron un Cabildo Abierto y redactaron proclamas que podían haber sido perfectamente suscritas por las instituciones municipales que varias décadas más tarde proclamaron la independencia en muchos puntos del continente. No le quedó entonces más remedio que amenazar por medio de la fuerza, iniciando un proceso criminal por conspiración contra los firmantes del escrito. 16 Esta vez fue suficiente con amagar el golpe, pero el virrey sacó una conclusión: no se podía gobernar contra los intereses de los patricios limeños teniendo bajo sus órdenes tan sólo a la compañía de soldados de su guardia, única fuerza militar que le quedó después de la desaparición de la guarnición de El Callao tragada por el mar. Tras esta experiencia, el gobernante debió comprender que era hora de seguir la vieja máxima: si no puedes vencerlos, únete a ellos. Y, en efecto, para los años siguientes se preocupó de buscar el apoyo de la que llegó a ser una de las redes de clientes más importantes de la capital. No hay que olvidar que para comprender la acción de gobierno de los altos responsables de la administración colonial, no sólo hay que conocer su biografía o antecedentes familiares, sino también la de la camarilla formada por sus consejeros y asesores, más los ayudantes de éstos últimos denominados "agentes", todos los cuales formaban una especie de gabinete ministerial, que compartía con el virrey su acción de gobierno. Pues bien, a partir de 1748, Manso de Velasco escogió para formar este grupo a algunos representantes de destacadas familias criollas. Así el "asesor de españoles" fue don Francisco Hervoso, un canónigo limeño cuyo padre había sido presidente de la Audiencia de Charcas. El "asesor de indios", don Antonio Boza, era chileno, pero se casó con la primogénita de los marqueses de la Casa Boza, una de las familias más nobles de la ciudad, mientras que sus dos principales consejeros fueron los oidores criollos, don Pedro Bravo de Rivero y don Pedro Bravo de Lagunas y Castilla. Éstos últimos, a pesar de la coincidencia de apellidos, no eran parientes de sangre, un pequeño inconveniente que solucionaron rápidamente casándose con dos hermanas del poderoso clan de los Zabala y estableciendo así un firme parentesco político. El virrey adjunta a esta carta los autos completos sobre lo que él entendió como un conato de sedición. En esta carta Barroeta expone las actividades y relaciones de estos poderosos personajes. ISSN: 0210-5810 Gracias a las experiencias de sus fracasos y con la ayuda de sus nuevos aliados, el virrey ya no estuvo solo a la hora de controlar a las elites locales, y pudo desarrollar su acción de gobierno a lo largo de un total de 16 años, lo que constituye el periodo más largo de cualquier supremo gobernante colonial. Como contrapartida negativa hay que señalar que el círculo que formaban sus colaboradores inmediatos resultó ser uno de los grupos de presión más eficaces, pero también de los más proclives a utilizar en beneficio propio los resortes de la autoridad que ejercían. Y ya que nos referimos a las formas que adoptaba en Lima la lucha por el poder, debe destacarse que el terremoto incrementó dos de sus instrumentos clave: la adulación y la calumnia. Para un gobernante colonial, vivir una catástrofe natural mientras ejercía su cargo podía suponer, aunque parezca contradictorio, un claro golpe de fortuna. Frente a este tipo de desgracia no cabía, como en el caso de sufrir una derrota militar, el deshonor y era una ocasión magnífica para el lucimiento personal, que bien administrado podía proporcionar incluso un título de nobleza. Así le ocurrió a don José Antonio Manso, que se vio elevado a la condición de noble titulado con el expresivo título de conde de Superunda (por haberse impuesto a las olas que arrasaron el puerto de la capital). Una situación parecida a la de don Sebastián José de Carvalho, que gracias a sus servicios a la monarquía portuguesa, entre los que destacaba la reconstrucción de Lisboa tras el maremoto de 1755, terminó convertido en marqués de Pombal. Debe reconocerse que don José Antonio Manso fue un maestro en el uso propagandístico de la imprenta, favoreciendo la publicación de una serie de escritos en los que se dejaba adular sin el menor recato. Aprovechando la proclamación del nuevo rey, Fernando VI, o la inauguración de alguna de las fases de la reconstrucción de la catedral, eruditos locales realizaban verdaderos panegíricos de la acción del virrey. También hubo otras plumas más imparciales que comentaron los errores del gobernante, pero ninguno de esos escritos llegaron a publicarse en Lima y es por eso que alguno de sus enemigos llegó a afirmar que las alabanzas de sus criados lo hicieron conde. Esta última afirmación quizá fuese exagerada, pues no hay duda de que el virrey se mostró muy activo y personalmente implicado en calmar la angustia de los limeños, pero en cualquier caso, los panegiristas lo dibujan como una figura casi sagrada que, con los brazos abiertos y montado en un caballo blanco, recorría las calles calmando la tempestad de las masas. Algunas de las adulaciones recibidas por Manso de Velasco producen sonrojo y llegan a constituir verdaderas letanías profanas. Así se le denomina "luz de nuestros corazones", "sol que sazona los frutos", "argonauta del celo real", "arco del diluvio": "única y segura columna en que descansa la máquina de este Nuevo Mundo". A tanto llegaron los halagos, que algunos alcanzaron a traspasar la débil frontera que separa lo sublime de lo ridículo. De esta manera se puso por escrito que ya que su larga y noble parentela le impedía ser "el primer Manso", no le pudo estorbar ser "el mayor de los Manso". 18 Pero no fue únicamente el virrey quien aprovechó la ocasión en su beneficio. Tal vez uno de los mayores expertos en arrojar incienso sobre su propia persona fue don Pablo de Olavide. Al por entonces joven oidor de la Audiencia de Lima se le ordenó venir a España para defenderse de una grave acusación: el haberse quedado con bienes que tenía en depósito, fingiendo que se habían perdido entre las ruinas. Pues bien, a pesar de que los cargos eran de índole tan vulgar y tan alejados de la épica lucha por la ilustración de los pueblos, él mismo, o alguno de sus amigos, inventó la persistente leyenda de que la verdadera razón de su salida de Lima fue la persecución a que fue sometido por las fuerzas más conservadoras de la sociedad. El motivo de esta inquina se debió, según la leyenda, a su decisión de preferir reconstruir un teatro antes que una de las iglesias derribadas por el terremoto. Los documentos del Archivo General de Indias indican con toda claridad que Olavide nunca estuvo al frente de ninguno de los trabajos de reconstrucción y que toda esa romántica idea del perseguido por la caverna más recalcitrante no fue sino una hábil cortina de humo para ocultar los pecados de juventud de quien habría de ser, en el futuro, una de las figuras más importantes de la Ilustración hispana. 19 Ahora bien, como indica el viejo refrán castellano, "las cañas se tornaban lanzas" con mucha facilidad y lo mismo que la catástrofe podía aprovecharse para labrarse un porvenir, una imagen pública o conseguir un título de nobleza, también podía ser empleada para fabricar tremendas calumnias contra el prójimo. Así, por ejemplo, cuando el conde de Superunda dejó de ser virrey del Perú, lo acusaron de haberse quedado con los bienes de los centenares de personas que perecieron en el maremoto de El Callao y cuyos cuerpos fueron devueltos a la playa por el mar; es decir, una vez que dejó el poder, sus enemigos le imputaron algo terrible: haber hurgado en los bolsillos de los cadáveres para desvalijarlos. De igual manera, al doctor Arenaza, que por entonces ejercía la función de visitador de la Inquisición de Lima y que en el ejercicio de su oficio había levantado más de una ampolla, se le adjudicaron todo tipo de infundios y de acusaciones de contenido personal, más explícitamente, sexual, como el haber escapado a caballo la noche del temblor llevando a su amante desnuda en la grupa. 20 Ahora bien, dejando a un lado las rencillas personales, resultan más significativos los desencuentros entre importantes sectores sociales que la ruptura del orden ponía de manifiesto. En este sentido es digna de atención la importante fractura evidenciada entre destacados miembros de la sociedad civil, por un lado, y el clero regular limeño, por otro, con relación al mantenimiento o supresión de los censos tras el terremoto. No había casa particular de alguna consideración en la capital que no estuviese gravada con varios censos, cuyos beneficiarios eran, en su inmensa mayoría, instituciones religiosas y, en especial, alguno de los muchos conventos de frailes y monjas de la ciudad. Sin entrar en tecnicismos digamos que para la Iglesia los censos eran una especie de celosía jurídica que trataba de difuminar las actividades financieras del clero. En realidad una buena parte de los censos no era otra cosa que préstamos a interés con garantía hipotecaria, pero para tratar de maquillar el cobro de los réditos se consideraba que lo que se recibía al final de cada año no era un porcentaje de un determinado capital, sino la consecuencia de haber comprado una renta fija. Una sutil interpretación, muy propia de quienes están habituados a hilar muy fino en el campo de las ideas. Cuando un convento dejaba a un particular una cantidad de dinero, no le prestaba, sino que estaba adquiriendo el derecho a recibir una cantidad todos los años, que el resto de los mortales llamaba interés y ellos consideraban una renta. La catástrofe rompía este tipo de entelequias morales y jurídicas, y mostraba con toda claridad el carácter de principales banqueros de la sociedad civil que tenía el clero regular. Los propietarios cuyas casas habían sufrido daños se apresuraban a defender que, si en verdad los censos eran otra cosa distinta a una hipoteca, los censualistas y los censatarios deberían compartir las pérdidas. Por el contrario, las autoridades religiosas defen-dieron con toda firmeza que, aunque los edificios se hubieran destruido hasta los cimientos (y a pesar de que en ese caso era imposible que aquel bien produjese ningún tipo de renta), la obligación de pagar los principales e intereses debía permanecer inalterable. Ante semejante diferencia de puntos de vista, ambos bandos nombraron sus representantes oficiales para pleitear y defender ante el virrey y la Audiencia sus contrapuestos planteamientos. El resultado fue un largo cruce de acusaciones vertidas en incendiarios escritos en los que ambas partes se hacían durísimas recriminaciones. Tan agrias fueron las disputas que el conde de Superunda comentó en su memoria de gobierno que una de las mayores desgracias que trajo a la ciudad el terremoto fue el enfrentamiento entre censualistas y censatarios. 21 En ese sentido los propietarios de los inmuebles llegaron a calificar la actitud del clero como "repugnante y odiosa", indicando que los religiosos se complacían en explotarlos a ellos, orgullosos descendientes de los conquistadores, como si fuesen simples indios. Y es que los tribunales eclesiásticos empezaron a ejecutar las deudas de muchos particulares y, en ese momento, el que hasta entonces había sido un bondadoso capellán que, gracias al provecho de un censo, decía misas por el eterno descanso de los abuelos, se convertía ahora en una especie de ave de rapiña capaz de embargar la vajilla de plata, uno de los pocos bienes que se había salvado de entre los escombros. El virrey y las autoridades civiles fueron en principio favorables a disminuir la presión de los censos, pues las propias rentas de la real Hacienda se encontraban también gravadas con este tipo de cargas; sin embargo, con todo, al final no tuvieron más remedio que ejercer un papel mediador entre ambos bandos. Como medida salomónica se decidió finalmente no alterar el valor de los principales de las deudas, pero sí moderar ligeramente los intereses. Con ello el Estado contuvo lo que hubiese sido un verdadero expolio para los bienes de la Iglesia. Al fin y al cabo el estamento eclesiástico era su principal aliado en la difícil tarea de dominar un imperio tan vasto y tan variado, y no podía permitir su ruina. Ahora bien, este tipo de conflictos permite rastrear los orígenes del feroz anticlericalismo de importantes sectores privilegiados en el siglo posterior. Así se comprende con toda claridad que cuando los criollos subieron al poder tras producirse 21 Fuentes, Anastasio (ed.): Memoria de los virreyes que han gobernado el Perú durante el tiempo del coloniaje español. Relación que escribe el conde de Superunda..., Librería Central de Felipe Bailly, Editor, Tipografía de Agustín Mena y Cía., tomo IV, El Callao, 1859, págs. 115-116. ISSN: 0210-5810 la independencia, la suerte de los censos y de otros muchos bienes de la Iglesia estuvo definitivamente echada. Las autoridades virreinales habían impedido que los propietarios de las casas de Lima se liberaran del dogal con que les tenían atados muchos conventos pero, a pesar de ese apoyo, el propio virrey era consciente de lo dañino que podía ser para la sociedad la hipertrofia del clero regular limeño. Tal vez, la propia naturaleza, con el derrumbe de muchos claustros e iglesias conventuales, estaba dando la oportunidad soñada para limitar el número de estas instituciones y de sus componentes. Eran menos que los 55 que por entonces tenía Madrid o los 77 de Sevilla, aunque ambas ciudades peninsulares eran más populosas. 22 En total, puede calcularse que el clero regular suponía aproximadamente el 5% de la población limeña, que por entonces rondaba los 60.000 habitantes. Era una proporción muy alta y luego del terremoto pareció aun mayor. Rotas las clausuras y las tapias conventuales, una auténtica marea, casi tan poderosa como la que anegó El Callao, pareció llenar la capital virreinal de tocas, velos y capuchas. Para el virrey y también para el marqués de la Ensenada y otros políticos peninsulares, esta superabundancia de monjas y frailes producía malos ejemplos, por la evidente falta de vocación de muchos de ellos, así como una clara asfixia económica de una población presionada por las demandas de limosnas y privada de muchos bienes que quedaban ligados al régimen de manos muertas de los conventos. Los religiosos estaban comenzando a dejar de ser vistos como intermediarios necesarios ante la divinidad, para considerarlos como verdaderos parásitos desde el punto de vista económico. El conde de Superunda escribió al rey y a su protector, el marqués de la Ensenada, indicándoles que aquél era el momento de no reconstruir muchos de los conventos arruinados. El ministro, tras meditarlo y reunir la correspondiente junta consultiva, apoyó la idea y expidió las órdenes oportunas. 23 Y, sin embargo, tales órdenes no sirvieron para nada. Pues que la realidad se impuso a la teoría del reformismo borbónico. La realidad hecha distancia y burocracia, mientras el proyecto de reducción de conventos de Lima llegó a Madrid, fue estudiado y volvió la respuesta regia, pasó tanto tiempo que la mayoría de los conventos estaban ya reconstruidos o en fase muy avanzada de restauración. ¿Acaso se podían haber hecho las cosas con mayor rapidez? Posiblemente no, pues era un asunto delicado que merecía todo tipo de cautelas. La medida de reducir el número de conventos habría sido muy impopular entre muchos blancos pobres y mestizos, que tenían en ellos, y en las órdenes que los regentaban, uno de sus escasos canales de ascenso social. Pero es que, además, entre los propios sectores privilegiados, el clero regular tenía un importantísimo aliado entre las mujeres. Bien a las claras conoció el virrey el poder del elemento femenino. En sus memorias de gobierno, el conde de Superunda comentaba que ya que El Callao había sido arrasado y que el nuevo puerto de Lima tenía que alzarse de nueva planta, la población que lo sustituiría, denominada Bellavista, debía construirse con una sola parroquia y sin ningún convento, con lo cual no contaría con un número superfluo de bocas que alimentar. 24 Fue una idea brillante e ilustrada, pero no la pudo llevar a cabo. Sin conventos, las esposas de los funcionarios civiles y militares allí destinados no estaban dispuestas a trasladarse y sin ellas, tampoco irían sus maridos. Porque para una población, y especialmente para una de nueva creación, la falta de conventos significaba ausencia de colegios para la educación de los niños, pero también carencia de triduos, novenas, rosarios, sermones, confesores, que en aquella sociedad constituían la única ocasión que tenían las mujeres de burlar el férreo aislamiento a que eran sometidas y relacionarse honorablemente con otras personas fuera del ámbito familiar. Por otra parte, eliminar radicalmente los conventos femeninos hubiese sido muy complicado habida cuenta de las muchas funciones sociales que cumplían, tanto para las mujeres como para los hombres. Todos los textos que cuentan los sucesos del terremoto indican con claridad que una de las consecuencias más inquietantes de la tragedia fue la caída de las cercas conventuales. Para la mayoría, el derrumbe de estos muros y la ruptura de las clausuras constituía el principal símbolo del desorden y la confusión que atenazaba la ciudad en aquellas tristes horas. Por el contrario, la restauración de las tapias significaba la vuelta a la normalidad. Podemos preguntarnos por qué este hecho producía tanta zozobra en las horas trágicas en las que había otras fuentes importantísimas de preocupación. La respuesta es doble: en primer lugar, hay que considerar que los conventos, especialmente los de monjas, eran considerados una especie de isla de pureza entre los océanos de maldad del mundo exterior. Allí, al menos en teoría, se encerraban unas candorosas vírgenes cuya misión era servir de intermediarias entre la divinidad y los pecadores. Por ello, en un momento en que, tal y como consideraba la opinión mayoritaria, Dios había castigado la maldad de los hombres mandándoles un terremoto, era más necesario mantener activos aquellos centros que podían, con sus oraciones, contribuir a calmar su santa ira. Sin embargo, había una segunda e importante razón para que los limeños anduvieran desasosegados con la desaparición de las barreras que cerraban las clausuras. Las visitas de arzobispos como Morcillo o Barroeta a los conventos limeños habían puesto en evidencia que tras sus tapias lo que menos había eran monjas profesas. 25 Por el contrario, sus espaciosos claustros servían de refugio a una gran cantidad de mujeres viudas, solteras y, lo que era más preocupante, a un buen número de casadas y separadas de sus esposos o "divorciantes", como se las denominaba en los textos de la época, a las que se unían antiguas amantes de miembros de la oligarquía que encontraban allí refugio acompañadas de sus hijos ilegítimos. Si a todas ellas se sumaban sus abundantes criadas, se comprenderá la interesante mezcla humana de aquellos conventos. Tan abigarrado conjunto de personas resulta muy interesante para un historiador actual, pero suponía algo realmente inquietante para muchos de los limeños de mediados del XVIII. No hay duda de que las tapias conventuales encerraban muchas situaciones irregulares e incómodas para ellos, y eso contribuía al nerviosismo por verlas caídas. Podemos poner un ejemplo concreto de un poderoso ciudadano, que debía preferir que los muros de las monjas fueran lo más altos posibles. Así, según se expone en un informe del propio arzobispo Barroeta, el oidor don Pedro Bravo de Lagunas escondía a varias de sus amantes zambas entre las criadas de un convento, a donde, según explica la misiva del prelado al rey, las iba a buscar en coche a la caída de la tarde. 26 Sea o no cierta esta dañina información, lo que sí evidencia es la existencia de conductas semejantes a la aquí descrita que llevaría a muchos patricios a oponerse a las ocurrencias de todo aquel político, por muy ilustrado que fuese, que pensase en terminar con una docena de conventos, dejando a la vista los más oscuros secretos del pasado de cada cual. Ahora bien, si hasta el momento hemos comentado únicamente las disputas ocurridas en el seno de los grupos privilegiados, que son las mejor documentadas, la confusión provocada por el terremoto también produjo tensiones entre los sectores más poderosos y los más desfavorecidos. En primer lugar, de la lectura de los documentos oficiales y particulares se desprende que los patricios temieron que el desorden fuera aprovechado por ese abigarrado conjunto de mestizos que se agrupaban en las llamadas "castas", y por los esclavos negros, para rebelarse contra el poder de peninsulares y criollos. 27 Ahora bien, a pesar de estos temores, hay que reconocer que aunque existieron robos y pillaje, la temida rebelión generalizada no llegó a producirse. La razón de esta aparente paz social no estuvo, a pesar de la propaganda del virrey, en la habilidad con que supo emplear sus reducidas fuerzas. Por muy activos que estuviesen sus soldados, sólo contaba con su guardia personal, apenas unos doscientos hombres. Con ellos le hubiera sido imposible contener cualquier motín y más cuando tampoco podía organizar a las milicias ciudadanas, pues sus componentes estaban dispersos y los pocos que se hubiesen quedado no tenían donde concentrarse, ya que las plazas estaban llenas de escombros. Fueron otras las explicaciones que permiten comprender la falta de reacción inicial por parte de los grupos étnicos más oprimidos. En primer lugar, es evidente que la plebe urbana estaba seriamente dividida y que, por ejemplo, los indígenas y los esclavos negros se odiaban ferozmente. Pero además, se suele olvidar que para los que sólo tenían la vida para perder, el terremoto proporcionaba indudables beneficios a corto y mediano plazo. En primer lugar, los trabajos de desescombro y posterior reconstrucción de la ciudad emplearon a todos los miembros de la plebe que deseaban trabajar y todo ello durante varios años y con unos salarios superiores a los normales. Terminar de derribar una casa particular podía suponer varios miles de pesos en salarios para los obreros y otros tantos el volver a levantarla. 28 Los datos que poseemos de las reparaciones efectuadas en los edifi-cios oficiales nos hablan de que sólo en el levantamiento de las nuevas fortalezas del puerto trabajaron 500 peones durante muchos años y que en reconstruir el conjunto de las casas reales, incluyendo el palacio, salas de la Audiencia etc. se consumió en jornales más de medio millón de pesos, que a seis reales diarios supusieron unas 700.000 peonadas en quince años. 29 Por otra parte, como tras el terremoto los ricos abandonaron la ciudad y se dirigieron a sus casas de recreo y haciendas campestres, los desfavorecidos de la fortuna se lanzaron sobre las ruinas y no hubo marco de ventana, puerta, viga o reja que no se llevasen. Con estos materiales extraídos de entre los escombros surgieron en las plazas, huertas y solares, algunos bastante céntricos, una nueva Lima de chabolas, donde los pobres no vivían peor que en los antiguos "callejones" y además lo hacían en lugares más céntricos y en muchos casos sin pagar alquiler. Hay pruebas documentadas de que algunos de estos alojamientos provisionales llegaron a durar treinta años. 30 Con todo, el conflicto social más interesante tuvo efectos retardados y quedó únicamente en una tentativa, que, de haberse hecho realidad, podría haber llenado de violencia y sangre la ciudad de Lima. Nos referimos a la conspiración de varios indígenas del barrio de El Cercado, que consideraron que la confusión provocada por el temblor era una ocasión propicia para levantarse contra los blancos y asesinarlos a todos, incluido el virrey. El complot salió a la luz años más tarde, concretamente en 1750, y entonces quedó demostrado que las primeras reuniones de los conjurados tuvieron lugar poco después del terremoto, alentados al contemplar cómo los símbolos del poder español se encontraban caídos por los suelos y roto su sistema defensivo, mientras que los otrora orgullosos señores blancos deambulaban desconcertados y sus altivas esposas recorrían las calles vestidas con sacos y con los rostros cubiertos de ceniza. Al final se supo que la conspiración no llegó a fraguar porque los indígenas consideraron que sin el apoyo de los numerosos esclavos negros era imposible triunfar. Por fortuna para españoles y criollos dicho apoyo nunca llegó, es más, la trama fue denunciada por un esclavo que, tras ser invitado a participar, la delató a su amo y éste fue con la información al virrey. El propio conde de Superunda tuvo muy clara la relación existente entre la ruina de la capital y la frustrada rebelión de El Cercado. Así, en una carta enviada al monarca indicaba que para que los indígenas no tuvieran en el futuro tan "depravados pensamientos", había que volver a poner a la ciudad "en estado de darse a respetar" y que, por eso, había acelerado la reconstrucción del único símbolo del poder hispano que todavía se encontraba derribado: la catedral metropolitana. Al preguntarnos cómo interpretaron los limeños las causas de la tragedia, la respuesta es muy clara: la inmensa mayoría de la población la consideró un castigo divino por los pecados cometidos. Desde una perspectiva general la actitud de los ciudadanos en 1746 no parece distinta a la de los pobladores de la capital tras el otro gran seísmo que la destruyó en 1687 o a la que manifestaron los habitantes de Cuzco luego del tremendo movimiento telúrico de 1650. Como en aquellas otras épocas y lugares, las calles y plazas de Lima se llenaron de una histeria penitencial evidenciada mediante todo un espectáculo del más puro tremendismo barroco. Así, las vías llenas de escombros fueron recorridas por procesiones que llegaron a juntar hasta 6.000 flagelantes, entre los que se contaron desde venerables frailes hasta doncellas y niños pequeños, todos los cuales se mortificaban duramente según sus fuerzas. Al mismo tiempo, en los púlpitos se produjeron verdaderos maratones de predicaciones, en los que distintos oradores sagrados se sucedían unos a otros pidiendo a los fieles su más sincero arrepentimiento. Hubo auténticos héroes de la prédica que llegaron a producir más de 70 sermones en sólo tres meses. A todo ello se sumó la existencia de profetas que indicaban que los castigos no habían hecho más que empezar y auguraban la destrucción total de la ciudad, junto con la aparición de videntes del pasado que comenzaron a recordar señales y avisos que no habían sido tomados en cuenta y que ahora se relacionaban con la destrucción originada por la cólera divina. 32 Tal vez la mejor descripción contemporánea de lo acontecido en 1746 puede verse en: Llano Zapata, José Eusebio: Carta o diario que escribe don José Eusebio de Llano y Zapata a su más venerado amigo y docto correspondiente el doctor don Ignacio Quiroga y Daza, canónigo de la santa Iglesia de Quito, en que con la mayor verdad y crítica más segura le da cuenta de todo lo acaecido en esta capital del Perú desde el viernes 28 de octubre, cuando experimentó su mayor ruina..., Imprenta de Zúñiga, Madrid, 1748. Dicha cólera actuaba, según creían los limeños, de manera muy irregular, pues en una sociedad basada en el principio del privilegio, todos los que se salvaron creían que Dios había hecho con ellos una particular excepción. Al mismo tiempo pensaban que el correctivo había sido piadoso, porque pese a su brutalidad, siempre podía haber resultado peor y un cronista de 1746 afirmó que era un auténtico milagro, y evidente prueba de misericordia, que se hubieran derrumbado 3.000 casas, pero sólo hubieran perecido un millar de personas. 33 Finalmente, la traumática experiencia se consideraba desde todo punto de vista como muy provechosa, pues con estos avisos, aunque algunos perdiesen sus bienes, muchos más cambiarían sus malos hábitos y ganarían la vida eterna. Aunque hemos indicado que la actitud general de la población no parece haber cambiado sustancialmente con respecto a la de un siglo antes, desde un punto de vista individual sí se pueden entrever algunas actitudes diferentes. Así, por ejemplo, ocurrió con los supremos gobernantes del Perú. Mientras el duque de la Palata, que presidía el virreinato en 1687, llegó a predicar desde el púlpito llamando al arrepentimiento general y presidió una procesión en la que todos los oidores de la Audiencia fueron con el rostro lleno de ceniza y un dogal al cuello, en 1746, don José Antonio Manso no lanzó ningún sermón y se limitó a acudir a las procesiones discretamente vestido de negro, algo que imitaron varios oidores de entonces. 34 Pero dejando de lado estas muestras particulares de continencia en la histeria penitencial desatada, hay que reconocer que la mayoría de los más ilustres personajes de la vida limeña, entre los que se contaron oidores, catedráticos o altos jefes militares, entendió el terremoto como un castigo y muchos de ellos lo aseveraron por escrito. El arzobispo Barroeta se contó, como puede sospecharse, entre éstos últimos y en ese sentido se permitió, incluso, especificar qué tipo de pecados habían sido los mayormente responsables: para él se trataba de la homosexualidad, un fenómeno que para el prelado era muy común en la ciudad y que la podía llevar a mayo-33 Individual y verdadera relación de la extrema ruina que padeció la ciudad de los Reyes del reino del Perú con el horrible temblor de tierra acaecido en la noche del día 28 de octubre de 1746... Se trata de una descripción anónima atribuida al jesuita Pedro Lozano. Un ejemplar de este impreso se conserva en: AGI, Lima, 787. Fray Domingo Álvarez de Toledo al padre general de la orden de San Francisco, Lima 29 de octubre de 1687. En esta carta se indica que el duque de la Palata "predicó mucho rato". ISSN: 0210-5810 res castigos, como les había ocurrido a otras comunidades pecadoras empezando por la mismísima Sodoma. 35 Y para que se vea hasta qué punto este tipo de advertencias calaba en lo más profundo de los miedos sociales, baste decir que en 1756, cuando ya habían pasado varios años desde la destrucción provocada por el terremoto, volvió a cundir la alarma ante la posibilidad de que un nuevo castigo completase la obra vengadora de la divinidad. En noviembre de aquel año, un venerable y respetado fraile se subió al púlpito de la iglesia de San Francisco y en la misa dominical, a la que asistían el rector de la Universidad de San Marcos y varios inquisidores, anunció con toda solemnidad que, según las revelaciones efectuadas por una monja bajo secreto de confesión, Lima iba a ser destruida por la ira divina convertida en lanzas de ardiente fuego que caerían desde el cielo y arrasarían la capital y a sus pecadores habitantes. Nadie pareció dudar de la verosimilitud de la predicción y la noticia se extendió con angustiosa celeridad por toda la ciudad, de tal manera que al lunes siguiente, el Cabildo Municipal en pleno se presentó ante el arzobispo para ofrecerse a realizar una procesión penitencial que calmase la justa ira de Dios. Todo ello prueba hasta qué punto, si no todos, al menos los más representativos de los patricios estaban atentos a cualquier cambio de humor que se detectase en los ámbitos celestiales y creyeron a pies juntillas las revelaciones de una monja mística, admitiendo la posibilidad de un nuevo castigo, esta vez en la modalidad de caída libre de lanzas de fuego. 36 Ahora bien, ¿acaso no hubo entre los habitantes de Lima quienes defendiesen que la ruina de la ciudad pudo estar causada por fuerzas naturales? En realidad todas las personas cultas conocían las viejas teorías clásicas que relacionaban los terremotos con los gases procedentes de las combustiones del interior de la tierra, los cuales, al no encontrar salida, daban lugar a los movimientos sísmicos. Con todo, el conocimiento de semejantes planteamientos no impedía una interpretación religiosa final. El propio José de Acosta, buen conocedor de la geografía peruana, ya había expuesto las explicaciones grecolatinas sobre estos fenómenos, pero consideraba que, como cualquier otra acción natural, los terre-motos no dejaban de responder a la voluntad de Dios, que los empleaba como "alguaciles de la justicia divina", es decir, usando el temor que producían como forma de garantizar el mantenimiento del orden religioso. Es la misma idea que había defendido Bernabé Cobo en el siglo XVII, y que a mediados del XVIII sostenía José Eusebio de Llano Zapata, el máximo exponente de la ciencia criolla peruana y sucesor de Pedro Peralta Barnuevo. Llano Zapata, autor de una observación muy interesante sobre el terremoto de 1746, puso de manifiesto en ella su completo conocimiento de las más modernas teorías sobre los movimientos sísmicos y el vulcanismo, pero también terminó aceptando, como fervoroso católico que era, la tesis del castigo divino como explicación última de lo sucedido. 37 En realidad, los documentos sólo hablan de tres personas que se atreviesen a defender en público que la catástrofe tenía causas exclusivamente naturales. El primero fue un marino de guerra nacido en España y jefe de las fuerzas navales del Perú: el marqués de Ovando. El segundo era un religioso, el padre Chaves, amigo del primero, y el tercero fue el oidor criollo y futuro gran representante de la ilustración hispana: don Pablo de Olavide, al que ya nos hemos referido. 38 Ovando era un marino con amplia formación científica y pertenecía a la misma escuela de personajes tan destacados como Jorge Juan y Antonio de Ulloa. A pesar de ser también un hombre profundamente religioso, se sentía indignado al ver cómo muchos de sus convecinos malgastaban las pocas fuerzas que les habían quedado tras la catástrofe en realizar lo que para él eran inútiles penitencias. En especial le dolía ver las que practicaban unas monjas mercedarias, que tenían su convento al lado de su casa, y que él consideraba como un verdadero "santuario de ángeles". Según contaba el marqués, cada vez que se producía una réplica del temblor (y hubo cerca de medio millar en los tres meses siguientes) las pobres monjas se tiraban al suelo y se pasaban la noche siguiente con los brazos en cruz pidiendo perdón por los pecados propios y ajenos. Apenado por tales sufrimientos quiso, a través del intermedio del padre Chaves, convencerlas de lo inútil de su actitud y, posiblemente, al hacerlo se le debió escapar algún inevitable comentario irónico, pues él mismo relata que les aconsejó que en vez de quedarse en vela con los brazos abiertos, más les valdría agarrarse a las tablas de la cama, pues en caso de producirse el anunciado nuevo maremoto, al menos les podían servir de flotador. Cuando semejantes recomendaciones llegaron a oídos de las autoridades religiosas, el marqués de Ovando tuvo que sufrir la vergüenza de verse reprendido en público. En efecto, el padre provincial de la Orden de San Francisco se permitió amonestarlo desde el púlpito en una misa a la que asistían las principales autoridades civiles y religiosas de la capital. Aunque Ovando tuvo en aquella ocasión el apoyo explícito de Pablo de Olavide, no quiso que aquel suceso le llevara a una ruptura con la ortodoxia, y acudió al visitador de la Inquisición en busca de consejo, ofreciéndole una retractación si así lo consideraba oportuno el Santo Oficio. Podíamos preguntarnos si esta actitud de los limeños de considerar mayoritariamente el temblor como un castigo constituía una excepción o, por el contrario, respondía a lo que constituía la norma entre otras ciudades de su ámbito cultural sometidas a trances semejantes. Para establecer la comparación contamos con la proximidad en el tiempo del terrible seísmo que el primero de noviembre del año 1755 arrasó Lisboa y afectó seriamente a algunas ciudades españolas como Sevilla o Cádiz, sentido incluso en varios puntos fuera de la Península Ibérica. La conclusión que se obtiene al estudiar las crónicas de la época es que, al menos dentro del mundo católico, la respuesta de los lisboetas fue muy parecida a la que tuvieron los limeños. Tanto en la capital portuguesa, como en Cádiz o Sevilla, se produjeron las mismas manifestaciones penitenciales y en esta última ciudad llegó a levantarse una columna de piedra dedicada al triunfo de la Virgen María sobre el mal, representado por el terremoto. 39 Este monumento, colocado al lado del Archivo General de Indias, sirve hoy a los investigadores que lo visitan como recuerdo de aquellos sucesos y la inscripción que posee en su base nos explica que el Cabildo de la Catedral agradecía a la intercesión de María el haberse salvado de la ira divina. Es verdad que en España, como había ocurrido en el Perú, hubo una minoría de científicos que defendieron las causas exclusivamente naturales del fenómeno. Ésa fue la postura de Benito Jerónimo Feijoo, pero su argu-mentación científica no le llevó tampoco a ninguna ruptura drástica con la ortodoxia. Realmente, el único intelectual destacado que utilizó el terremoto para plantear una visión heterodoxa del problema del mal en el mundo fue Voltaire. 40 François-Marie Arouet constató la paradoja que podía suponer para la ideología religiosa católica el que una ciudad tan creyente y temerosa de Dios como Lisboa quedase totalmente arrasada. Ello le llevó a escribir un cuento, su famoso "Cándido", y un poema filosófico, que tuvieron como hilo conductor la destrucción de la capital portuguesa y en los que el autor se refirió a la ruina sufrida años antes por Lima. En ambas obras Voltaire retoma el viejo dilema del filósofo Epicuro que ya muchos siglos antes planteaba que si Dios no quería evitar el mal, no era bueno, y si no podía hacerlo, no era todopoderoso. Esta posición no fue compartida, ni siquiera por otras grandes figuras de la Ilustración. Juan Jacobo Rousseau no estuvo de acuerdo con imputar la responsabilidad de las muertes a la divinidad, y mantuvo con su colega una agria discusión defendiendo la postura de que era la codicia humana, levantando construcciones endebles en ciudades masificadas, la verdadera responsable de las muertes ocasionadas por los seísmos, que no producían ningún daño cuando tenían lugar en campo abierto. ¿En la Lima de mediados del siglo XVIII podían haberse expresado libremente las ideas del "Poema sobre la destrucción de Lisboa"? Desde luego que no. Pero tampoco en Francia y ni siquiera en Ginebra, en donde se encontraba exiliado Voltaire, se pudo hacer con total libertad. El filósofo francés tuvo que cambiar el final de su poema para no molestar al clero calvinista y conseguir, finalmente, publicarlo. Tras alterar algunos versos apareció una confianza final en la divina providencia, en lo que inicialmente era un angustiado canto de desesperanza. Es decir, si el marqués de Ovando estuvo dispuesto a retractarse presionado por el clero limeño, Voltaire, forzado por el ginebrino, tuvo que maquillar su inicial amargura con un trasparente y postizo barniz de esperanza. Ahora bien, el terremoto de Lima no sólo fue percibido como un castigo divino que destrozaba sus edificios, sino como una mortal plaga que, a través de los nocivos vapores que se escapaban por las grietas abiertas en el suelo, era capaz de envenenar la tierra, dejándola estéril durante muchos años. Se trata de la construcción de un verdadero mito creado y reforzado tras los sucesos de 1746, aunque normalmente se le ha relacionado tan sólo con el otro gran seísmo que destruyó Lima en 1687. En efecto, algunos años después de 1687 se produjo una gran crisis agrícola que acabó para siempre con la producción triguera de los valles cercanos a Lima. Gracias a la documentación, hasta hace muy poco desconocida, procedente del Archivo General de Indias de Sevilla, ha quedado demostrado que no hubo ninguna relación entre el terremoto y la esterilidad que más tarde sufrieron aquellas tierras. 41 La prueba más irrefutable al respecto consiste en comprobar que después de 1687 y hasta 1692 hubo varios años de magníficas cosechas de cereales en los valles de la costa central del Perú. Por todo ello, los limeños de fines del siglo XVII nunca establecieron ninguna relación entre el terremoto y la esterilidad de las tierras, que no empezó a notarse hasta los primeros años de la década del ́90. Lo que sí se estableció por entonces fue un lucrativo comercio de trigo chileno hacia el Perú, que enriqueció a los terratenientes chilenos, pero también a los comerciantes, transportistas y dueños de barcos que residían en Lima. Estos últimos, que a mediados del siglo XVIII seguían interesados en el mantenimiento de este comercio cerealista entre Chile y Perú, fueron los que inventaron la calumnia geográfico-agrícola de que los terremotos envenenaban la tierra. Algunos afirmaron que lo mismo que había ocurrido tras el terremoto de 1687 volvería suceder tras el de 1746, pues los campos habían quedado infectados y el trigo producido en el Perú podía resultar perjudicial para la salud. De nada sirvió que algunas destacadas autoridades del virreinato, como el oidor de la Audiencia don Pedro José Bravo de Lagunas, escribiesen un notable tratado a favor de la agricultura local. El daño estaba hecho, y los navieros y transportistas peruanos impusieron sus intereses ante los hacendados, utilizando armas tanto económicas como las pseudocientíficas de la nociva influencia de los terremotos sobre la productividad del terreno. 42 Ahora bien, lo realmente curioso es que este mito geográfico haya influido en la creación de otro mito, esta vez de carácter historiográfico. 41 Pérez-Mallaína Bueno, Pablo E.: "La fabricación de un mito: el terremoto de 1687 y la ruina de los cultivos de trigo en el Perú", Anuario de Estudios Americanos, LVII-1, Sevilla, 2000, págs. 69 Nos referimos a la teoría que incluye entre las causas de la decadencia del Perú a fines del XVII la existencia de una crisis agrícola desatada por los terremotos. El hecho de que a lo largo del siglo XVIII el virreinato peruano se viera reemplazado por el de México como la gran joya de las posesiones españolas en América es un factor muy complejo y los historiadores solemos acumular razones para explicarlo: el agotamiento de las minas y de la mano de obra sometida a la mita, los cambios geoestratégicos y de las rutas marítimas, etc. Añadir a ello la decadencia agrícola consecuencia de los terremotos parece, a primera vista, una forma de completar el cuadro explicativo. Sin embargo, un estudio sistemático de las muchas informaciones que salieron a la luz durante estas grandes crisis nos indica que en el complejo drama de la decadencia del Perú colonial los terremotos tuvieron, como mucho, un papel de extras o figurantes, pero nunca de protagonistas principales.
Desde el atardecer del papado de Pío XII a la finalización del Concilio Vaticano II, el catolicismo vivió una autentica revolución interna. El trabajo propone analizar la trayectoria de los discursos de la intelectualidad católica argentina en las décadas del cincuenta y sesenta, y las condiciones que hicieron posible ese cambio. El período conciliar fue capaz de modificar el sistema de relaciones al interior del catolicismo y las formas de sanción y legitimidad de los discursos en el campo: lo decible y no decible sufrió una transformación radical. Temas como el rol de los laicos, el pluralismo, el diálogo ecuménico, la relación Iglesia -Estado, etc., formaron las coordenadas de ese intenso debate. El presente ensayo intenta dar cuenta, en forma sintética, de las principales transformaciones operadas en el universo cultural católico en las décadas del '50 y' 60. En primer lugar se vislumbra el surgimiento de una generación de intelectuales que ve la luz pública después de 1955, que se adscribe al programa del humanismo cristiano y es portadora de una mirada distinta a la de sus predecesores nacionalistas e integristas de la década del treinta y cuarenta. Asimismo, las relaciones de autoridad dentro del campo se verán trastocadas por el surgimiento de una esfera crítica dentro del catolicismo, que obtendrá carta de ciudadanía con el Concilio Vaticano II. Se han tomado como balizas temporales la emisión de la encíclica Humani Generis en 1950, en la que Pío XII advertía sobre las desviaciones del pensamiento católico, y la aprobación de la constitución pastoral sobre la Iglesia y el mundo moderno Gaudium et Spes, en la clausura del Concilio Vaticano II, que hizo propias muchas de la ideas condenadas quince años antes. Los intelectuales católicos formaban parte de un grupo marginal en una década de confrontación de modelos ideológicos irreconciliables. Desde el derrocamiento del peronismo, la intelectualidad no confesional los acusó por su acción u omisión frente al régimen depuesto. Sin embargo, la ruptura se había producido años atrás. La disputa en torno a la guerra civil española partió aguas; e incluso entre los mismos católicos la herida nunca terminó de sanar. Durante los años del peronismo, la tibieza de la jerarquía eclesiástica hacia el poder refrendó las teorías de la izquierda sobre la connivencia entre los sectores totalitarios y reaccionarios. A partir de 1956, el conflicto universitario involucró en forma polémica a los intelectuales católicos y al resto del universo cultural argentino (de raíces profundamente laicistas), demostrando que la convivencia había sido un producto circunstancial del enfrentamiento con el peronismo. Luego de una corta primavera durante el año'55, los católicos volvieron a distanciarse del resto de los intelectuales. Pero tal vez esta situación no fuera la excepción sino la regla, los intelectuales católicos habían sido protagonistas de la escena pública en las décadas del '30 y del' 40, vaciando en el molde del nacionalismo la frustración que arrastraban desde mediados del siglo XIX. Luego de dos décadas en las que concentraron parte de la atención pública, en 1955 estaban de nuevo en el punto de partida. Solos, enajenados de una cultura nacional cada vez más laica, más anticlerical y politizada, parecían atados a su pasado. Aunque no podían desconocer esa realidad, en algún punto parecía no importarles, los más belicosos buscaban en el otro los defectos de tal estado de cosas. Según Mauricio Pérez Catán, los intelectuales argentinos criticaban a los católicos porque en definitiva eran "sectarios, y como tales, más o menos totalitarios, que aspiran a hacer un 'peronismo al revés', como lo han demostrado con su demagogia e inquisición, no siempre bien disimulada". 2 Gustavo Martínez Zuviría lamentaba que, después de 1958, la marginación de los intelectuales católicos se hubiese convertido en indiferencia. "Dice el señor' si el mundo os aborrece, sabed que primero me aborreció a mí [...] y el pobre intelectual contesta: Si señor. Pero lo malo es que nadie me persigue ¡Ojalá me persiguieran! Porque harían ruido a mi alrededor y me harían conocer. El silencio es la mayor arma de nuestros enemigos, que son los vuestros Señor". 3 Asumir ese lugar marginal no siempre implicó establecer lazos con el mundo moderno. La cristiandad como sueño de perfección y pureza les daba a los católicos un conjunto de seguridades, refrendadas en ámbitos de sociabilidad que cimentaban un verdadero sistema de obligaciones compartidas. ¿Qué había 'afuera', que realmente valiera la pena? Martínez Zuviría exorcizaba cualquier intento de borrar las fronteras entre uno y otro mundo. "Los católicos" denunciaba "aceptan muchas veces con demasiada generosidad, las famas y las obras del campo contrario". De esa complacencia con la modernidad, de ese conformismo con el mundo "anticatólico", nacía el relajamiento que le hacía temer a Zuviría que al joven intelectual católico "a la corta o a la larga pueden nacerle tentaciones de cambiar, de pasarse a la otra trinchera". 4 Pero esos jóvenes ya existían. Habían formado una nueva conciencia bajo la universidad opresiva del peronismo, preguntándose si ésa era la revolución nacional que predicaban sus mayores. Leyeron a los clásicos del catolicismo de los años'30; conocieron a Maritain, a Bloy, a Berdiaeff y a Chesterton, pero también a los "sospechosos": Folliet, Guitton, Teilhard de Chardin y Mounier. Tomaron contacto con ellos en grupos de estudio reducidos, de la mano de religiosos carismáticos como Moledo, Franceschi, Etcheverry Boneo y también Meinvielle. Conocieron a los escritores católicos de la postguerra europea, y se enamoraron de la imagen de un catolicismo más íntimo y menos belicoso, más terrenal y menos triunfante. Esa nueva generación, que algunos llamaron "del cincuenta", no conoció la seguridad de sus mayores. Los católicos de la entreguerra habían gozado de un conjunto de convicciones sobre las que se erigieron como cruzados. Sabían que este mundo era irreconciliable con su imagen de Cristo y no admitieron transacciones, mientras se desplazaban en un medio fragmentado por ideas absolutas y opuestas. Los jóvenes del'50 también crecieron en una sociedad dividida, pero con el peronismo, el clima de la postguerra y las vísperas del Concilio, su pesimismo se trastocó en confianza, y creyeron poder establecer un diálogo con la modernidad. Adoptaron como programa el humanismo cristiano, una síntesis de sus aspiraciones de renovación. Sus nombres, Carlos Floria, Ludovico Ivanissevich Machado, José Luis de Imaz, Jorge Mejía, Emilio Mignone, Néstor Auza, Guido Di Tella, Horacio Peña, Antonio Donini, Rafael Braun, Justino O'Farrel, Alberto Sily, José E. Miguens -por sólo nombrar a algunos-poblaron las páginas de revistas de larga tradición en el catolicismo argentino como Criterio y Estudios. Para Martínez Zuviría, sólo "deleitaban al enemigo, que tiene singular predilección por los católicos 'discretos'". 5 Esos jóvenes rechazaron el nacionalismo exasperado de la generación que los precedió. Les interesaba la política tanto como la introspección de su fe, pero las consideraron esferas autónomas. Dudaron de que la rigidez moral de la Iglesia fuera el único valor que la religión pudiera brindarle a la sociedad. Comenzaron por criticar películas y libros desde una perspectiva neutral, separando lo artístico de lo religioso. La Dolce vita podía ser condenada por la Acción Católica por inmoral, pero eso no impedía que recibiera los elogios de Jaime Potenze en Criterio. 6 Las ciencias sociales sirvieron de vehículo para su cambio de perspectiva. Los intelectuales católicos de los '30 y' 40 fueron en su mayoría religiosos, filósofos y abogados. Los jóvenes del'50 se convirtieron en sociólogos, cientificistas políticos, economistas e historiadores, y les tocó participar en la modernización de cada una de sus disciplinas. Tomaron distancia de sus propias convicciones y pudieron autointerpretarse desde una perspectiva diferente 5 Ibídem, pág. 765. 6 Ver la polémica entre Criterio y Estudios en la que Potenze defendía su derecho a juzgar el arte con autonomía de las apreciaciones morales en Criterio, 1215, 8 de julio de 1954; 1218, 26 de agosto de 1954 y Estudios, 467, abril-mayo de 1954; 468, junio-julio de 1954. a la de sus mayores, obtuvieron becas y viajaron, algunos conocieron universidades católicas europeas, que desde la postguerra hablaban un nuevo lenguaje. Pero la nueva generación no cometió un parricidio. Las obligaciones sociales eran una atadura muy fuerte dentro del catolicismo. Los jóvenes del'50 simplemente dejaron atrás a la generación que les precedió, sin sistematizar una crítica que sirviera para una ruptura formal. La transición se suavizó por la existencia de intelectuales como Franceschi, que compartían ideas de los dos mundos. Su muerte en 1957 lo libró de un tiempo de enfrentamientos en el seno de la Iglesia donde, obligado a definiciones, no había podido mantener su tono conciliador. Su postura frente a la democracia había sido siempre ambigua, su recelo hacia el liberalismo era parte de la doctrina que había sostenido su pensamiento. 7 Pero eso no le impedía criticar a quienes en los años treinta habían despreciado a las instituciones que garantizaban la libertad. Los escritos de sus últimos años, después de la caída del peronismo, se concentraron en aquellos temas que afectaban a la conciencia común de los católicos, y que luego serían recogidos por el Concilio Vaticano II: la cuestión social, la relación con el mundo moderno, la reconciliación con otros cultos, el distanciamiento del Estado... Así como esa nueva generación no rompió con sus padres intelectuales, tampoco se reconcilió con el resto del mundo cultural. El conflicto universitario de 1958 por la autorización del funcionamiento de casas de altos estudios privadas, separó más y más las trincheras. Los católicos de la nueva generación quedaron atrapados entre la reivindicación de un pasado al que se sentían atados pero sin conformidad, y una nueva intelectualidad de izquierda que les exigían renuncias y rupturas que, por la conformación propia del campo y su relación con la jerarquía eclesiástica, ellos no podían aceptar. En otras condiciones, el paralelo cultural de estos jóvenes hubiera sido la generación de Contorno. 8 Sin embargo, no existió un verdadero diálogo entre ambas. A los católicos les agradaba la reivindicación que hacían los contornistas de figuras como Arlt, Quiroga o Cambaceres, tal vez por un desprecio común hacia el liberalismo de las letras argentinas. Sin embargo, el existencialismo y el izquierdismo anticlerical del grupo marcaron una frontera infranqueable: Un Dios cotidiano, de Viñas, donde se relataban episodios de la vida de un cura en la Argentina de fines de los treinta, fue rechazado con vehemencia por los críticos de Estudios y Criterio. Le reprocharon a Viñas "hablar de lo que no siente", y Gustavo Ferrari de Criterio sostuvo que el autor fracasó porque "el tema se le resbala de las manos, nunca está del todo a su alcance". 9 Héctor Ferreiros, de Estudios, disparó contra el libro y sostuvo que en él "muchas ideas no abundan". 10 Sin embargo, y a pesar de la dureza de las críticas, no había en los argumentos un fundamento clerical contra la obra. Lo que rechazaban de Un Dios cotidiano era la caricaturización de los problemas que ellos enfrentaban a diario: la forma de experimentar la fe, la presencia de Cristo en sus vidas, la relación con el mundo moderno y con la jerarquía de la Iglesia. A fines de los'50, los católicos querían dejar de ser la viñeta que el resto de los intelectuales hacía de ellos: un grupo cerrado e intolerante, tradicionalista y timorato; estaban cambiando y querían que el mundo lo supiera. Aunque no buscaban agradar, como los acusaba Martínez Zuviría, creían que era posible reintegrarse en el campo intelectual, diferenciándose de la intolerancia de sus predecesores. A pesar de las buenas intenciones, sus lazos de responsabilidad con el resto de los católicos -que pesaban de distinta manera en cada grupo de intelectuales-cercenaron la posibilidad de ese diálogo. Su ruptura incompleta con la generación de los nacionalistas los hacía deudores de un panteón al que, por más que criticaban, se sentían solidariamente unidos. Sin ir más lejos, la polémica figura de Martínez 8 En un artículo de 1958, Hector Ferreiros señalaba en referencia al grupo Contorno: "sus tópicos son anti-imperialistas, de lucha de clases, laicistas... en fin, un esquema marxista pero nacional y que últimamente cumpliendo con la predicción de José Chiaramonte:'si no se inclinan a un socialismo científico...llegaran al borde de eso que es el saldo negativo de la Reforma, el aprismo...". En forma paralela a Contorno, Ferreiros ubicaba al grupo de católicos de la revista Ciudad, dirigida por Carlos Manuel Muñiz, e integrada por Ezequiel Lezama, Ludovico Ivanissevich Machado, Eduardo Dessein, Magdalena Harriague, Eugenio Guasta y Rafael Squirru entre otros. Zuviría colocaba a muchos frente a una disyuntiva de hierro, negarlo implicaba arriesgarse a diluir su propia identidad, abrogar de las credenciales que le permitirían mostrar una producción en el terreno de la ideas. Asumirlo como propio era reconocer todo el lastre de su figura, su antisemitismo, la colaboración de los católicos con los gobiernos autoritarios; es decir, una síntesis de todo lo que rechazaban. Tal vez ese temor a romper definitivamente con sus predecesores diluyó la presencia de la generación del'50. Los tradicionalistas católicos estaban amparados por la jerarquía, y en definitiva era la línea que Pío XII utilizaba para contener los embates de la nueva teología desde el fin de la Segunda Guerra. Sólo después del Concilio las diferencias dentro del catolicismo se pudieron mostrar legítimamente; pero serían otros jóvenes, adscriptos al tercermundismo, los que harían patente la ruptura. A pesar de ese corte incompleto, a través de sus palabras es fácil apreciar la búsqueda de un perfil propio. Los jóvenes del'50 crecieron de golpe y se consideraban con derecho a reclamar cambios en el estilo del catolicismo. "Es paradojal", sostenía Carlos Floria en 1958, "que la necesidad de tener sentido común, tacto, ha sido más comprendida por los jóvenes de 35 años para abajo que por los más maduros. Creo que ello ocurre porque los cambios han sido tan febriles en estos 12 años que hemos recorrido uno 60 años de historia mundial [...] Los jóvenes nos hemos dado cuenta porque no temimos a la muerte, que más difícil que ser héroe es saber enfrentar con dignidad, sacrificio y entrega las muchas dificultades de todos los días". El lenguaje elusivo del pasado le servía para expresar su necesidad de pensar la realidad más allá de las antinomias del momento. Bajo el rosismo, que al igual que el peronismo había producido "una sociedad subvertida, desorientada, adormecida, moralmente vacilante y materialmente débil", surgió una generación desamparada que "se mantuvo por la fuerza equidistante de una política fragmentaria, improvisada que vivía al día, y de una oposición zigzagueante". El ejemplo de la generación del'37 era un programa de acción en sí mismo, basado en el desprecio al calor del poder y las seguridades; era un rechazo a las íntimas relaciones entre la jerarquía católica y el Estado de la última década, y al nacionalismo como una ideología que no dejaba resquicio para las dudas o el debate. La gene-ración del'37, como la del'50, era una frontera con las adyacencias, que no se fundía con ninguna de ellas y "ése es el drama que arrastra consigo". El peronismo, a pesar de ser "una provocación antinatural, como es todo sistema que no respeta el valor original de la libertad humana", sirvió para que los católicos revalorizaran las instituciones democráticas. "La generación del 37 está sola" concluye Floria "su desamparo en medio de las fracciones en lucha no trajo desilusión, pero sí desconfianza". 12 La experiencia del año'55 rompió los moldes de la inocencia que todavía quedaba entre los católicos. Los jóvenes del'50 se enajenaron del mundo de la política, y ese distanciamiento transformó su mirada. Estaban más convencidos de poder influir en la opinión pública y en la dirigencia católica, que en hermanarse en una ideología para participar en la lucha por el poder. Ese distanciamiento era producto de la mala relación con el mundo de los partidos y la intolerancia de los católicos hacia su actividad cotidiana. Su visión era demasiado unanimista como para comprender las fracturas y los reproches constantes entre dirigentes de casi todas las extracciones. El partido Demócrata Cristiano, que despertó sus expectativas, era escenario de las mismas disputas, los sectores que veían con simpatía su programa no desconocían las limitaciones de una agrupación tan imbricada ideológicamente. Según José Luis de Imaz, los miembros de su generación eran incapaces de convertirse en "hombres de partido", "Nos gustaba que nos llamaran, satisfacía nuestro 'ego' que prestaran correcta atención a nuestro curriculum. Pero lo que más nos placía era que nos 'cooptaran'. Desde el poder militar se nos liberaba de los costos de la lucha por el poder. Presentábamos el activo -nuestra impoluta vida profesional-y nos eximíamos del pasivo: la pelea cotidiana dentro de un partido político en el que no sólo no se respetarían nuestros títulos, sino que incluso se nos pospondría a causa de ellos". 13 Los análisis sobre el mundo de la política partían de un componente moral fuerte y de un conocimiento técnico de la realidad argentina que se distinguía de los temas que los dirigentes trataban cotidianamente. Los intelectuales católicos se especializaron en áreas determinadas y desde esa perspectiva enjuiciaron la realidad política. En una década de racionalismo desarrollista, los enervaba la insensibilidad de los políticos hacia tópicos que consideraban esenciales, como el aprovechamiento de la Patagonia, la cuestión social orientada a evitar un brote comunista o la profundización de la industrialización, a los que les dedicaban estudios, dossiers y números completos en revistas de inspiración católica. Esta enajenación del mundo político y del poder tuvo también consecuencias en la relación entre los intelectuales católicos y la cúpula de la Iglesia. El grupo que más había confrontado al peronismo, muchos de cuyos miembros participaron en los comandos civiles de la Revolución Libertadora, se distanció de una jerarquía a la que consideraron timorata y acomodaticia. Por motivos similares, las tensiones dentro del seno del episcopado aceleraron la salida de Copello. 14 La misma jerarquía se distanció del poder y se concentró en su propia crisis, y sólo excepcionalmente participó como intermediaria en conflictos sociales de magnitud. Desde 1955 la jerarquía buscó recomponer la disciplina interna, haciendo llamados a la unidad de los católicos. La acompañaba el coro de los ex nacionalistas que no habían podido entrar en las formaciones políticas demócrata cristianas por su pasado oprobioso. Durante la organización del golpe de 1955, el PDC se había cuidado de mezclarse demasiado con los hombres de la vieja guardia, a pesar de que las circunstancias reclamaran un frente unido para oponerse al peronismo. 15 El llamado a la unidad no tuvo mucha repercusión. Por más que la jerarquía convocara a los creyentes a ser fieles a su identidad, los fraccionamientos del mundo cultural y político del catolicismo eran lo suficientemente profundos como para obviarlos. Roberto Bonamino, que había sido codirector de El Pueblo en sus años más nacionalistas, luego del derrocamiento de Perón pensaba que la unificación política de los católicos como ideal "tal vez requiera el sacrificio de hombres, pero, en cristiano no son los hombres los que deben prevalecer por encima de las conveniencias comunes". 16 Los jóvenes maritanianos de la revista Comunidad rechazaron constantemente el convite. Desde su perspectiva, la división política de los cristianos no era un escándalo -como denunciaban muchos clérigos -porque la diversidad de posiciones no sacrificaba la unidad en Cristo. Juzgaban que el llamado a la unidad era "reaccionario" porque la función de un partido político católico era promover un conjunto de valores que inspiraran la instauración de una sociedad cristiana, y no defender los intereses de la Iglesia. 17 La conflictividad en el seno del pensamiento católico en 1955 era similar a la que se producía en el resto de la intelectualidad argentina. Sin embargo, en el medio de los debates que se insinuaban, la llegada de un nuevo Papa al trono de Pedro en 1958 se convertiría en un vehículo de esperanza para los intelectuales católicos de la generación del'50. El Concilio Vaticano II en la Argentina Las divisiones dentro del campo de los intelectuales católicos revelan una profunda complejidad y evolución. Con ello, intentábamos poner en claro que la división entre "progresistas" y "reaccionarios", o, "concililiares", "posconciliares" y "preconciliares", a partir de los ejemplos, parece del todo inadecuada. En la misma línea, se vuelve infructuoso buscar un tema o móvil que nos permita identificar el motivo central de las disputas que se originaron en torno al Concilio Vaticano II. Romano y Tenenti han señalado que la reforma protestante "en parte interrumpió, en parte perturbó y en parte desvió" 18 el amplio proceso del humanismo cristiano del siglo XVI. Podríamos decir que el Concilio Vaticano II hizo lo propio con el amplio debate teológico y eclesial que se inició a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. Específicamente, y dejando de lado toda preten-16 Bonamino, J. R.: "Unidad política entre los cristianos. 18 Romano, R. y Tenenti, A.: Los fundamentos del mundo moderno. Edad Media tardía, Renacimiento, Reforma, Siglo XXI, Madrid, 1972, pág. 228. sión totalizante, nos inclinamos a pensar que el Concilio representó en el campo de las ideas del catolicismo argentino una ampliación de la superficie discursiva, operando una crisis de legitimidad. 19 Daniel Levine ha señalado que el Concilio Vaticano II hizo pública una discusión sobre dos modelos eclesiales: el primero, entendía a la Iglesia como una institución jerárquica, el segundo, la identificaba como una reunión del pueblo de Dios. Analizando el caso de las iglesias colombianas y venezolanas, Levine sostiene que el Concilio proveyó a la Iglesia nuevos modelos de relación con la sociedad, ligados a 1) un fuerte activismo social, 2) la toma de decisiones colegiada y 3) una creciente participación de los laicos en la vida de la Iglesia. Levine señala a su vez que, tanto en Colombia como en Venezuela, las organizaciones creadas para "reconquistar el mundo" al basarse en el modelo de la recristianización, irónicamente se convirtieron en "sospechosas" para la jerarquía, por la relación que entablaron con el mundo moderno y los discursos que arrastraron al seno de la Iglesia. 20 Las afirmaciones de Levine nos permiten sostener que la crisis de la Cristiandad debe ser entendida como un proceso de pérdida de seguridades que otorgaba el esquema anterior al Concilio. Al ampliar el espacio de acción de los laicos, la pluralización de las estructuras eclesiales legitimaron la creación de una opinión pública al interior del catolicismo. La existencia de este espacio permitió que los discursos críticos y reformistas, especialmente aquellos que elaboraban los teólogos europeos, tuvieran un ámbito para su difusión y no pudieran ser simplemente eliminados. Gerard Defois sostiene que la crisis que abre el Concilio implica la pérdida del referente "normal" de la estructura simbólica del catolicismo. No significa sólo la mutación de valores y representaciones sino que al repensar la relación entre Iglesia y mundo, se abrió en el seno del catolicismo una tensión entre los valores "institucionalmente legítimos y los valores socialmente legítimos". 21 19 La bibliografía sobre el Concilio es inabarcable, entre la más reciente puede consultarse Latourelle, R.: Vaticano II: balance y perspectivas: veinticinco años después (1962-1987), Sígueme, Salamanca, 1990. Alberigo, G.: Historia del Concilio Vaticano II, Sígueme, Salamanca, 1999; Touris, C.: "El catolicismo post-conciliar en Argentina. Ideas, prácticas y disputas en una Iglesia renovada" en Todo es Historia, 401, diciembre de 2000. El Concilio produjo una distensión en el plano de las obligaciones sociales generadas por la identidad religiosa. Esta afirmación puede verificarse en la pérdida del temor, por parte de los pensadores católicos, de expresar a viva voz sus diferencias, hacerlas públicas e incluso utilizarlas como parte de una estrategia autolegitimadora. Aunque las controversias dentro del catolicismo tenían una larga historia, lo novedoso en torno al Concilio fue que la diversidad como fenómeno ganó un lugar legítimo dentro del pensamiento católico. 22 Pío XII, alarmado en 1950 por la difusión de ideas que en Roma se caratulaban como "neomodernistas", emitió la encíclica Humani Generis. Como sostenía un viejo contrincante de Maritain, el Papa intentó "hacer frente a esta peligrosa penetración del pensamiento específicamente moderno dentro de la filosofía y de la teología cristiana". 23 La encíclica condenaba tres niveles de errores: 1) admitir "sin discreción ni prudencia el sistema evolucionístico", 2) el idealismo, el inmanentismo, el pragmatismo y el existencialismo y 3) el historicismo. Entre otras condenas, afirmaba que "Lo que algunos pretenden es disminuir lo más posible el significado de los dogmas; y librarlos de la manera de hablar tradicional [...] a fin de volver, en la exposición de la doctrina católica, a las expresiones empleadas por la Sagrada Escritura y por los Santos Padres [...] según ellos, los misterios de la fe nunca se pueden significar con conceptos completamente verdaderos, mas sólo con conceptos aproximativos y que continuamente cambian [...] De lo dicho es evidente que estos conatos, no sólo llevan al relativismo dogmático, sino ya de hecho lo contienen; pues el desprecio de la doctrina tradicional y de su terminología favorece ese relativismo y lo fomenta". 24 La encíclica condenaba en forma abierta los intentos de renovación y tenía como destinatario directo al jesuita y científico Pierre 22 Es interesante en este sentido la opinión de un intelectual católico como Jorge Mejía. En 1966 afirmaba que "La creación de una opinión pública en la Iglesia supone, en efecto, una operación delicada y vigorosa [...] Porque la opinión pública en la Iglesia o sencillamente no existe, o cuando existe tiene todavía características de brote lleno de promesas [...] Reconozcamos, sin embargo, que, según el estilo de los tiempos y con rasgos todavía indistintos, el 'público' en la Iglesia nunca ha dejado de expresar su opinión [...] En nuestro sentido, crear una opinión pública en la Iglesia es despertar la conciencia de la comunidad eclesial a la colaboración en una obra común [...] dejemos que se disienta de nuestra opinión, alegrémonos por ello, procuremos aprender de quien disiente. Y cuando nosotros disentimos, hagámoslo con la conciencia de que no por eso poseemos la llave de la ciencia ni con nosotros solos está casada la ortodoxia" en Mejía, J.:" Creación de opinión pública en la Iglesia", Criterio, 1502, 23 de junio de 1966, págs. 446-450. Teilhard de Chardin; sin embargo, se vieron desautorizados todos aquellos que habían expresado su intención de transformar de una u otra manera las bases filosóficas en la que sustentaba el modelo de la cristiandad. Pío XII emitió la encíclica Humani Generis en un intento de emular a Pío X, 25 que mediante el decreto Lamentabili de 1907 había condenado, perseguido y aplastado a un conjunto de intelectuales católicos, sacerdotes y laicos, que encabezaron el denominado modernismo, 26 acusándolos de ser "un compendio de todas las herejías". 27 ¿Qué había cambiado en el mundo católico cincuenta años después? Con la vocación de recristianizar la sociedad, Roma exportó desde la década de 1920 un modelo de organizaciones católicas, solidificando un estamento dentro de la Iglesia que constituyó un público atento a las voces polémicas y cuestionadoras. Se formó una opinión pública -a veces más expuesta, a veces sólo detectable entrelíneas-que no estaba dispuesta a seguir viviendo en la ciudadela de la cristiandad, -un lugar cada vez más pequeño, frío y sin sentido -, rodeada por un mundo que se construía sin que el catolicismo pudiera hacer nada por cambiarlo. Algunos impulsores del debate conciliar, como Mauriac, Leclercq y Guitton, eran viejos conocidos en el medio argentino. Otros rápidamente se convirtieron en las caras visibles de la renovación. El nombre del padre Yves Congar se transformó en el pan del día a partir de los años sesenta. Congar había protagonizado, junto al mítico grupo de Lyon en los años'30, el desarrollo de la nouvelle théologie. Su libro Los cristianos desunidos de 1937 fue considerado "peligroso" por Roma. Tuvo problemas para circular y fue prohibida su reimpresión. La escuela Le Saulchoir, en la que Congar participaba, se dispersó, y las reiteradas condenas de Pío XII a las innovaciones teológicas lo mantuvieron en un discreto y oscuro lugar. 28 En la Argentina sus artículos se reproducían con asiduidad en Criterio, pero la nouvelle théologie era cuestionada desde la Revista de Teología de la Plata, dirigida por monseñor Raúl Ernesto Segura -uno de los representantes del episcopado argentino durante el Concilio-señalaba en 1954 que esta "novedad" engendrada alrededor de la revista La vie spirituelle exponía 25 Es interesante mencionar que entre 1951 y 1954 se procedió a la canonización de Pío X, una forma que tenía Pío XII de reafirmar la figura que había combatido al modernismo. 26 una "desconfianza creciente hacia los medios externos, hacia los reglamentos, hacia las reuniones de misa, hacia la Acción Católica".29 Segura afirmaba que el menosprecio por lo institucional, por los medios "humanos", llevaba al menosprecio hacia la Iglesia y la jerarquía, es decir, llevaba directamente a la rebelión. No todos los católicos argentinos tenían una visión tan crítica de Congar y del movimiento que éste representaba. En 1962, los profesores de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Buenos Aires, anticipando el clima conciliar, fundaron la revista Teología. Lejos de la influencia del siempre presente Octavio Nicolás Derisi, sus autores se abrieron a las nuevas corrientes, aun sin estar del todo convencidos de la radicalidad de los cambios propuestos. Congar, el más citado, les ofrecía a los pensadores católicos el equilibrio deseado entre unidad y diversidad; para una Iglesia que debía aceptar el cambio, la representación de la imagen de Dios también debía cambiar. "La relación religiosa" señalaba Congar "es verdaderamente una relación de alianza que se establece, primero, por la iniciativa gentil de Dios, pero también por la respuesta del hombre". Al proponer esta imagen consensual, las dos partes del acuerdo se volvían importantes. Dios representaba el principio de unidad; la Iglesia, el aspecto exterior de esa unidad. Comunión eclesial, creencia, cultos en la Iglesia representaban esa autoridad en forma externa pero, a su vez, la palabra era recibida por "alguien", que era el sujeto original de atribución, y encarnaba el principio de diversificación. Cualquier exageración de estos principios representa un peligro para el catolicismo: "...la búsqueda de la unidad por medio de la presión exterior es prima hermana del espíritu jurídico y del juridicismo. [...] La juridicidad acompaña fácilmente a la inclinación a preferir la acción exterior por presión a la acción interior por motivos personales. [...] El espíritu jurídico y la autoridad que le acompaña, no desean esto: es amigo de la seguridad, de lo que no reserve sorpresas, y desconfía de lo que busca, de los que no es forma definida y fija...". 30 La atención a partir del Concilio se concentró en el problema de la relación entre el catolicismo y el otro, entendido como otro religioso, político o simplemente moderno. Este tópico se convirtió en el manto que cubrió todo el período conciliar y post-conciliar, con consecuencias y derivaciones múltiples. Abrirse o no al otro representaba, como mencionábamos en el apartado anterior, un punto clave en el clima de ideas de postguerra. Las transformaciones en torno a la relación con lo mundano implicaban para el catolicismo, en primer lugar, el fin del modelo de aislamiento y recristianización, que fue defendido hasta su último aliento por Pío XII. Quienes sostenían el modelo de la cristiandad pasaron a ser los "marginales" intelectuales en la Argentina, sostenidos casi exclusivamente por la jerarquía eclesiástica que se servía de cualquier discurso que anatematizara con cierta altura las ideas en boga en la Europa conciliar. Por otro lado, entre quienes creían efectivamente en la necesidad de dar por terminado el modelo de la cristiandad, no existía unanimidad de criterios acerca del límite que tendrían los cambios. La liturgia se convirtió en otro motivo de controversias. Las transformaciones en las prácticas del culto habían sido impulsadas en la Argentina, entre otros, por escritores aglutinados en la misma Revista de Teología. El grupo de Rau apoyó fervorosamente el Concilio como defensores de la renovación litúrgica, basada en la participación más activa del laico en el ritual. Esto no implicaba que estuvieran de acuerdo con otras de las propuestas discutidas en Roma: Rau era un firme defensor del modelo de la cristiandad, especialmente en lo pertinente a las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Por ejemplo, el grupo manifestó la inconveniencia de abusar de rótulos para intentar comprender las divisiones generadas entre laicos y cristinaos a partir del papado de Juan XXIII. El debate sobre la liturgia no sólo giraba en torno al cambio de la lengua o al otorgamiento de una mayor participación de los laicos en la misa, lo que dividía las opiniones dentro del catolicismo eran las representaciones del modelo eclesial que se discutía a través de la liturgia. Por un lado, el mantenimiento del modelo vigente implicaba la reproducción del rito romano como modelo de universalidad; por el otro, el nuevo esquema adaptaba la liturgia a cada cultura particular, intentando una verdadera universalidad. De un lado, cada una de las Iglesias podría elaborar un ritual particular, ajustado a las diferencias temporales. Del otro, aquellas mentes acostumbradas a la uniformidad propia del modelo de la cristiandad veían en esta dispersión una transformación inaceptable. El problema del rol de los laicos preocupaba también a los católicos argentinos. El Concilio le había otorgado un lugar especial al tema y se discutía su cambio de situación en el seno de la Iglesia. Este reconocimiento formaba parte del proceso que intentamos describir más arriba, la construc-ción de un conjunto de instituciones para recristianizar la sociedad a partir de los años'20 se volvía ahora una verdadera "opinión pública" que presionaba para otorgar mayor poder a los laicos en la estructura eclesiástica. En 1962, al iniciarse las sesiones en Roma, Criterio abrió sus páginas para que distintos representantes del catolicismo expresaran sus expectativas sobre el concilio. José Mirabella -que se definía como un "militante laico"-sostenía que "el concilio debe tratar de integrar a la Iglesia en el mundo moderno, bregar contra la tendencia a secesionarse, que es una nota fundamental de la época [...] Es principal que haga que los hombres de Iglesia y los católicos en general abandonen el espíritu de intransigencia, de autoritarismo, de autosuficiencia, ese orgullo consciente o inconsciente que lleva a ver en otros las causas de los males de la humanidad, sin darse cuenta de la proporción que nos cabe a nosotros en su origen [...] Se debe hacer del laicado, un conjunto de personas, que sienten, piensan y obran, no un rebaño sin voz al que se conduce ciegamente a su salvación...". 31 Hemos distinguido el período abierto por el Concilio Vaticano II por la ampliación de la superficie discursiva del campo católico. De ahí la necesaria aparición de nuevas claves interpretativas, que inmediatamente se integraron a la competencia por la legitimidad, en un campo mucho más horizontal que el del período anterior. Sin embargo, no dejó de existir un centro jerárquico que emitiera discursos de una fuerza ineludible, independientemente de que estuviera autorizado o no, y aun cuando ese poder legitimador se había reducido -al mismo tiempo que otras fuentes de legitimidad se hicieron visibles-en tanto los católicos asumieron que estaban en "estado de concilio", es decir, habilitados formalmente a repensar y criticar, hacia adentro y hacia fuera, a la Iglesia y al mundo donde se insertaba. Enrique Dussel lo afirmaba sin tapujos en 1964 "... el Concilio Vaticano II ha autorizado a un cierto sector del catolicismo latinoamericano que antes debía guardar silencio. Este sector podrá ahora pensar teológica y pastoralmente el modo de vivir el cristianismo dentro de la civilización técnica universal que se instala lentamente en América Latina y que se le denomina a veces: el Mundo Moderno." 32 Estas nuevas claves interpretativas se nutrían de elementos conocidos por el catolicismo argentino del programa del humanismo cristiano: la tolerancia, la revalorización del rol del laicado, la apertura de un espacio para la participación y el debate, la puesta en duda de cuestiones que formaban parte de la tradición de la Iglesia. Las barreras dogmáticas que habían impedido su discusión, ahora eran historizadas, y por ende, desnaturalizadas. Estas nuevas claves interpretativas, discursos que cuestionaban el statu quo, revelaban la importante discontinuidad que produjo el Concilio en la configuración del campo intelectual católico. Algunos autores han negado las dimensiones de esta transformación, muchos han reducido la discusión a un enfrentamiento entre integrismos de "izquierda" y de "derecha". 33 Apoyados en las conexiones que el principal movimiento guerrillero argentino tuvo con el catolicismo integral nacionalista, se ha querido ver en este común origen la semilla de un mismo mesianismo. Esta operación implica obviar la riqueza y complejidad de los debates en cuestión ya que, desde esta óptica, sólo la matriz de la modernidad, entendida en términos del liberalismo, serviría para dividir a los "verdaderos" de los "falsos" renovadores, negando así la particular forma de apertura que los católicos que apoyaron el Concilio adoptaron en relación con "lo mundano". La ruptura del modelo de la Cristiandad permitió el acceso a nuevas claves interpretativas, que variaban desde una franca oposición al tomismo, hasta una adhesión más o menos crítica a la Teología de la Liberación. Ver también "En Argentina faltó una Iglesia liberal" (reportaje), Todo es Historia, 286, pág. 71. David Rock ha señalado un tesis similar, basándose en el común rechazo del nacionalismo católico de derecha y los grupos posconciliares al liberalismo. Ver Rock, D.: La Argentina autoritaria: los nacionalistas, su historia y su influencia en la vida pública, Ariel, Buenos Aires, 1993. En la misma tesitura, Loris Zanatta ha señalado "No casualmente, muchas ideas profesadas por sacerdotes y laicos en los distintos organismos que dirigían -desde la JUC, la JEC, del MSTM, al MICAR entre otras-se hacían eco de las que habían animado, en los años treinta y cuarenta, la cruzada católica por el 'nuevo orden cristiano', si bien filtrado a través de la renovación conciliar y adaptadas al clima intelectual de los años sesenta y setenta, tan impregnados de utopías socialistas como el de treinta años antes lo había estado de utopías corporativistas" en Di Stefano, R. y Zanatta, L. Historia de la Iglesia..., págs. 525-526. De ninguna manera negamos el substrato fáctico de estas aseveraciones; consideramos, sin embargo, que se han formulado siguiendo una caracterización del catolicismo preocupada por verificar qué elementos tiene y qué elementos le faltan con relación al liberalismo político, más que por comprender al catolicismo en sus propios términos. Al mismo tiempo, se le ha dado mayor peso a ciertos sectores del catolicismo que cristalizaron en organizaciones más o menos próximas a los movimientos insurgentes, y se ha escapado el proceso de búsqueda, las críticas a la Cristiandad como modelo, y el pluralismo propio del período conciliar. La transición de un modelo cerrado y monolítico hacia una estructura de Iglesia abierta, como la denominaba Aranguren, implicaba la convivencia de claves interpretativas muy diversas, 34 dentro de un proceso asentado en una inestabilidad estructural. La competencia de discursos y la apertura hacia la crítica producían en el campo católico el veloz envejecimiento de aquellas posturas que, promoviendo el cambio, se emitieron antes de 1962. De esta manera, Enrique Dussel en 1970 pensaba ya que Congar "... sigue con una conceptualización de cristiandad" que "no es realmente la que se necesita". 35 Algo parecido se evidenció en la recepción que tuvo en los medios católicos argentinos el libro de Maritain, Le paysaine de la Garonne, donde en un tono autobiográfico demostraba sus temores y diferencias acerca del rumbo que había tomado la teología durante el Concilio. 36 Las críticas revelaban las transformaciones vertiginosas de una dinámica que había adoptado el campo intelectual, en la cual "los maestros" duraban muy poco. La crítica a la cristiandad se hizo consciente y explícita, los intelectuales católicos experimentaron la sensación de estar frente al fin de una época. En esa clave, Enrique Dussel dividía la historia de la Iglesia en tres etapas: la Iglesia primitiva, que promovía una gran libertad litúrgica y la existencia de pequeñas comunidades de base donde "El hombre conocía al hombre y podía compartir sus sufrimientos y sus alegrías"; 37 la cristiandad, y el período posterior, que se iniciaba a partir de la convocatoria y desarrollo del Concilio Vaticano II. Tal periodización se combinaba con la reivindicación de la Iglesia original y primitiva, por su sencillez y sentido de la comunidad. Junto con el modelo de la cristiandad, entendido como un sistema de universalización de la tradición católica latina, debía ser eliminado el pensamiento europeizante que lo acompañaba. Dussel proponía entonces "pensar como argentinos", o mejor, como latinoamericanos. 38 Es indudable que el Concilio despertó la conciencia de los católicos sobre la realidad crítica que los circundaba. Narrar la historia de la Iglesia desde una perspectiva latinoamericana se convirtió en una opción indiscutible y en una señal que identificaba a los intelectuales cristianos del perí-34 Ver Aranguren, José Luis: La crisis del catolicismo, Alianza, Madrid, 1969. 35 Dussel, E.: "Crisis de la Iglesia latinoamericana y situación del pensador cristiano en Argentina", Stromata, XXVIII, 3, 1971, pág. 330. Justino O'Farrell reseñaba el proceso inexorable que llevaría a los argentinos a perder sus últimas aspiraciones de europeos. "Entre los rasgos principales del desenvolvimiento argentino es posible discernir los que preanuncian la rápida latinomericanización de lo que era la antigua Argentina Europea". 39 A la identidad latinoamericana se amoldaba perfectamente la Teología de la Liberación que, en términos de Dussel, representaba un verdadero corte con el modelo de la cristiandad, el abandono de la noción de totalidad y del pensar en términos europeos. 40 El Concilio generó la apertura a corrientes que replantearon muchos de los principios que hasta ese momento habían sido considerados inamovibles en la Iglesia. Pero al mismo tiempo, obligó a salir a la palestra a quienes desde la muerte de Pío XII veían en los movimientos del tipo nouvelle théologie la penetración del mismísimo anticristo en el seno de la Iglesia. Entre ellos, Julio Meinvielle aparecía como uno de los intelectuales católicos que el clima democratizador de la postguerra no había logrado doblegar. Nacionalista y antisemita, representaba un núcleo de pensamiento que era apañado por la jerarquía eclesiástica, como lo demuestran las licencias concedidas a sus libros. La cúpula de la Iglesia tal vez no compartiera absolutamente todas sus ideas -tan políticamente incorrectas en 1965-, pero a partir del Concilio, los unía la común sensación de estar asediados, sin poder respaldarse cómodamente en la autoridad romana. Como hacía treinta años lo había hecho con Maritain, a mediados de los'60, Meinvielle encaró la tarea de refutar a sus herederos intelectuales, los teólogos impulsores del Concilio: Congar, Schillebeekx, Chenu... Meinvielle y sus contrincantes no discutían exactamente los mismos temas. Ellos se preguntaban cómo los católicos podrían seguir viviendo su cristianismo en el mundo moderno, lo que explicaba su optimismo, en tanto redescubrieron una sociedad mucho menos corrupta y laicista de lo que se presentía hasta ese momento. Para Meinvielle el problema giraba en torno a cómo organizar una sociedad basada en los principios católicos, colocando al poder al servicio de la función evangelizadora de la Iglesia. Allí el optimismo trocaba en pesimismo, y el hombre moderno se presenta como el símbolo del alejamiento de las enseñanzas de la Iglesia, en tanto ésta había perdido peso y funciones desde el surgimiento de la modernidad. 39 O'Farrell, J.: "La acción pastoral de la Iglesia en la Argentina. 40 Ver Beozzo, J. O.: Cristianismo e Iglesias en América Latina en vísperas del Vaticano II, Editorial DEI, San José, 1992. Meinvielle rechazaba la idea de que se estuviera produciendo un proceso hacia una "secularización de la Iglesia" convergente con una "eclesialización del mundo", como sostenían los "teólogos progresistas". "El 'fuera de la Iglesia no hay salvación', por mucho que se explique en un sentido muy mitigado, como si la humanidad caminara 'invisiblemente''anónimamente','de incógnito' hacia la Iglesia, sólo podía hacerlo si caminase, al menos, hacia un Dios personal y providente; pero si, en su vida pública, esta humanidad no levanta otras realidades que lo Económico, o la Cultura, o el Sexo, o la Libertad, mal se podrá decir que camina hacia Dios cuando es impulsada por realidades puramente terrestres". 41 El esquema mental de Meinvielle no dejaba escapar ningún concepto a las disputas entre categorías opuestas, binarias e irreconciliables: Dios o Satán, Iglesia o mundo, trascendente o histórico. Las relaciones entre el Estado y la Iglesia, como representantes de lo humano y lo divino, tampoco podían ser leídas fuera de una relación de subordinación. "...Congar omite", continuaba Meinvielle, "la valoración de un elemento capital, cual es la de fijar que 'la vida pública' del mundo o de la humanidad se ponga al servicio del fin de la Iglesia. Al no servir al fin de la Iglesia, esta 'vida pública', que hoy se confunde con 'un poder público que actúa en todo el mundo y sobre todo el hombre', ha de actuar en la erección de la Ciudad de Satán". 42 La última postura reseñada llevaba implícita la defensa del sistema en el cual la Iglesia se imponía al mundo, y sus leyes y las del Estado se confundían. Para Meinvielle, la cristiandad no era un período de la historia humana, sino un modelo de comportamiento a seguir por el poder y los hombres frente a la Verdad. "Al resistirse con tanta fuerza a la Cristiandad -a la que llaman odiosamente 'Teocracia'-, por la misma fuerza de las cosas, se someten a otra 'Teocracia', a la Teocracia de Satán...[...] El planteo de Congar, O. P., tal como aparece formulado, lleva implícito la negación del carácter mismo de toda existencia cristiana". 43 En la entretela del discurso de Meinvielle se dejaba ver una imagen de Dios que se contraponía a las nuevas representaciones de la trascendencia. Como señaláramos al principio, la teología que precede y rodea al Concilio había construido una noción de Dios más consensual, una filosofía en la cual los hombres prestaban su aceptación a la palabra de Cristo. Meinvielle, en cambio, era el Dios autoritario de la cristiandad, al que los hombres debían temer y respetar, más que conocer y amar. "Es necesario señalar que Cristo, que salva" aclara Meinvielle, "también pierde. Es una piedra de tropiezo, de separación. [...] Cristo une, pero también separa. En Mateo dice Cristo'No penséis que he venido a poner la paz, sino espada". 44 Meinvielle representaba la resistencia de un sector del catolicismo a la presencia de nuevas claves interpretativas en el campo intelectual católico. Pero no deberíamos ilusionarnos con la imagen absoluta y nítida de un personaje como "el padre Julio", la situación de los católicos frente a las innovaciones fue más sinuosa, menos rígida, más compleja y llena de matices. En principio, los debates conciliares tuvieron distinta recepción en la Argentina. Algunas publicaciones católicas como la revista Estudios dedicaron poco espacio a la difusión de lo que sucedía en Roma. Otras, de carácter estrictamente teológico, se ocuparon con detenimiento de los documentos conciliares, pero sin reseñar la coyuntura. Sin duda, Jorge Mejía desde las "Crónicas conciliares" en la revista Criterio representó la percepción de los cambios conciliares "día a día" y su traducción al "hombre común". Sus crónicas han quedado algo olvidadas por la historiografía posconciliar, tal vez porque la revista Criterio fue identificada con una posición intermedia, afrancesada en oposición a lo latinoamericano, en una línea que la cultura política de fines de los'60 y setenta caracterizó como "intelectualista". Jorge Mejía representaba las ideas del humanismo cristiano que, más allá de los matices que señalábamos más arriba, ganó presencia en el pensamiento católico a partir de la postguerra. Si el eje de ese programa giraba en torno a un diálogo posible y necesario que la Iglesia (y ya no grupos aislados de laicos) debía establecer con el mundo moderno, el carisma del "Papa Juan" parecía alimentar esas esperanzas. Desde las primeras "Crónicas conciliares", Mejía afirmaba: "Es seguro que el mundo espera algo del Concilio, aunque no sepa bien qué, ni cómo [...] debe tenerse muy en cuenta la adaptación al hombre y al pensamiento moderno, con gran paciencia, si es preciso". 45 En octubre de 1964, en una larga argumentación, Mejía bregaba por la aprobación del "Esquema XIII" (luego la constitución Gaudium et Spes) que contenía la declaración sobre la libertad religiosa. "El mundo no se está construyendo sin nosotros, sino contra nosotros; mucho tiempo hemos vivido en una ciudadela amurallada, corresponde ahora, no bajar los puentes, sino derribar los muros". 46 En vísperas de la Navidad de 1965, cuando el Concilio llegaba a su fin, Mejía ensayaba el balance de una década. "La teología de los documentos conciliares es [...] la teología de la periferia. Los grandes artífices de esos documentos han sido hombres que, hasta hace poco, eran sospechosos en Roma". 47 En la última sesión el documento sobre la libertad religiosa fue finalmente aprobado, 48 Mejía se sentía satisfecho porque la obra del Concilio, el programa que el humanismo cristiano había impulsado desde el fin de la segunda guerra, ahora era dogma en la Iglesia. Como una última satisfacción, el afectuoso saludo que el Papa le dispensara a Jaques Maritain en la sesión de cierre del el 8 de diciembre aparecía como una postrera reivindicación. "...el Concilio, dice el Papa, no ha pronunciado anatemas, sino reconocido sus necesidades y valores, y procurado presentar un nuevo humanismo". De la Humani Generis a la Gaudium et Spes, habían pasado quince años y tres Papas. El Concilio representó la explosión de un clima asfixiante, de una situación, para muchos, insostenible. Quedaba por delante la dura tarea de adaptación y puesta en práctica de las disposiciones conciliares. Sin duda, el Concilio vino a sancionar una línea que, en su propia lógica, abriría un conflicto que por muchas décadas laceraría el campo católico. Desde principios de los años cincuenta se afirmó en nuestro país una nueva generación de intelectuales portadora de una mirada crítica hacia el modelo de la cristiandad. Esa crítica no era homogénea: algunos asumían lo temporal mientras defendían la identidad católica como una necesidad. 48 La bibliografía de análisis sobre las constituciones conciliares es inagotable. Pueden consultarse los números especiales de la revista Teología 7 y 8 dedicados a la Lumen Gentium y los números 10 y 11 a la Gaudium et Spes. Por otro lado, también son analizadas en el texto clásico de Laurentin, R.: Balance general del Concilio, Taurus, Madrid, 1967. Otros, más radicalizados, exigían que la ruptura se tradujera en un compromiso con la transformación de las estructuras económicas y sociales. La nueva generación intentó pensar la realidad apartándose del espíritu de cruzada que había marcado a los intelectuales católicos de los años cuarenta. Querían llevar adelante (y no sólo declamarlo) una verdadera separación entre lo profano y lo sagrado, juzgando al mundo desde una óptica independiente; sin embargo, no deseaban dejar de ser católicos, ni creían que ambos niveles tuvieran la misma categoría, su discurso seguía emitiéndose desde una posición religiosa, pero integraba el aporte del otro. Así se sintieron hijos de una época que terminaba con diecisiete siglos de ostracismo mental. Esta transformación en el pensamiento católico fue posible gracias a la modificación de la estructura de relaciones dentro del campo. En el interior de la Iglesia surgió una esfera crítica, un ámbito donde circularon estos nuevos discursos que, como hemos analizado, fue el resultado de un largo proceso nacido del impulso que la jerarquía brindó a la organización de entidades como la Acción Católica, basadas en el modelo de reconquista del mundo y aislamiento del creyente. Estos espacios se convirtieron en ámbitos de discusión, y permitieron que los católicos desarrollaran un proceso de autorreconocimiento. Así, la esfera crítica quedó en evidencia en los distintos eventos que jalonaron desde principios de los'50 el conflicto con el peronismo, y que en 1955 se hizo inocultable. Creemos haber demostrado la discontinuidad entre el pensamiento de la generación de intelectuales integristas de los años '30 y' 40 y la de los años cincuenta. Más allá de quienes sostienen que ninguna de las dos rompió con una concepción esencialista de la cultura, lo cierto es que la marca que distinguió a la generación del'50 es su distanciamiento del modelo de la cristiandad. Pero, ese proceso no fue lineal, ni homogéneo, ni estuvo libre de condicionamientos. Alejándonos de las disyuntivas temporales, como "avanzados" y "retrógrados", comprendimos la variedad de posiciones que se desplegaron en términos espaciales alrededor de un centro temático: la cristiandad como modelo. Su crisis modificó la lógica del campo, y debido al desarrollo de una conciencia crítica, la forma de autoridad tradicional perdió efectividad. En cuanto a las relaciones entre los intelectuales católicos y la política, es cierto que aquellos sectores más adheridos a la cristiandad como modelo creían que sólo las Fuerzas Armadas podían garantizar los derechos de la Iglesia y los valores que representaba. Pero se trataba de grupos ideológicamente marginales, aunque tuvieran mejor acceso a la jerarquía y ésta se sintiera más a gusto con sus ideas. El humanismo cristiano se instaló, entonces, como el sentido común del campo, convirtiéndose en un tropo ideológico que todos reconocían. El conflicto universitario de 1958 fue un ejemplo de la nueva lógica discursiva, el reclamo de los católicos para tener sus propias universidades respondía al modelo de la cristiandad, pero utilizaron como argumento la libertad de enseñanza, y no la defensa de la "esencia católica" del pueblo argentino. ¿Es válido preguntarse, como otros han hecho en relación a la nueva izquierda, si estamos frente al fracaso de la generación del'50? De considerar válida la pregunta, la respuesta se presenta ambigua: por un lado, sus representantes eran portadores de un conjunto de ideas que sintonizaban con las que se discutían en la Europa de postguerra, aunque nunca elaboraron una ruptura formal con el pasado nacionalista, ni manifestaron sus ideas en forma programática. Si bien aspiraron a que el catolicismo se relacionara de un modo distinto con el Estado y la sociedad, con el objetivo de formular una religiosidad más austera y próxima al creyente, no pudieron rehuir la tentación de analizar en forma distante al poder, sin comprometerse demasiado con la suerte del sistema democrático. Más allá de sus posibilidades, los sectores más tradicionalistas siguieron gobernando la Iglesia argentina. Dejaríamos un vacío historiográfico si obviáramos la existencia de quienes, desde perspectivas distintas, buscaron abrir el catolicismo al mundo en un aggiornamiento que empezó mucho antes que el Concilio le diera un estatuto formal. Instalaron y difundieron el discurso conciliar, y aspiraron a concretar una religiosidad más pura, más austera, más democrática y solidaria. El otro, ese enemigo desconocido que acechaba en las afueras de la cristiandad, se convirtió en alguien que, desde su alteridad, podía hacer de ellos mejores cristianos.
Las causas de estos traslados variaban y podían combinarse: clima malsano, desastres naturales, ataques de indios o piratas, cambios de eje económico... El análisis de este momento de crisis aguda valoriza las contradicciones internas de la sociedad colonial ya que la decisión de la mudanza no era siempre fácil de tomar, sobre todo cuando la ciudad había tenido tiempo de desarrollarse y de arraigarse en su territorio. Mientras que los distintos grupos de presión se enfrentaban para obtener su desplazamiento o para mantenerse en el sitio antiguo, las solidaridades de fachada se borraban ante las profundas grietas que cruzaban a una sociedad urbana desestabilizada y en búsqueda de una nueva legitimidad política. Incluso se iba a poner en tela de juicio el papel jugado por el Rey, y el concepto polisémico de Patria comenzaba a tomar un nuevo sentido para los criollos que se consideraban perjudicados por los representantes de la Corona. Leurs arguments se fondent sur des traditions scientifiques depuis longtemps éprouvées: "Dicho paraje tiene contra el los tres elementos del agua, la tierra, y el ayre; el del agua por lo amenasada que se halla del rio; la tierra por que en ella hazen mas operazion los temblores, como se ha visto; y el ayre por lo inficionado que corre en dicho paraje por cuyo motivo es poco sanoy se experimentan muchas enfermedades" (ibidem, f. No exageramos por cosa alguna al haser esta aplicación, y aún tal ves no es exacta por diminuta, porque al fin, en la suabidad de costumbres e ilustración del siglo actual, han encontrado los israelitas bastante hospitalidad en Europa para fundar sus sinagogas y celevrar sus juntas religiosas; pero aquí se nos destruyen nuestras iglesias por orden de la intendencia". Comme le disaient les auteurs de la pétition: "Pues ocho mil y mas almas, que viven en novecientas y tres casas no puedan estar privada de este bien. Hay una infinidad de pueblos en la republica, que con una tercera parte menos de poblacion que la que tiene hoy la ciudad antigua de Chillan son representatas por municipalidad". Conservée à la Bibliothèque nationale de Madrid une Breve y verdadera noticia de los trabajos que con el incendio del volcán, terremotos que se le siguieron y otras consecuencias, ha padecido esta ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, desde el día 27 de agosto de este año de 1717 hasta el día de agosto de 1718, fait le point sur les dégâts provoqués par le séisme et évoque de manière détaillée les débats qui ont opposé entre eux les habitants de la ville sur le projet de transfert. Mucho mayor daño causó la dispersión de sus vecinos, pues esto fue despedazarle sus mismo cuerpo y arrojar sus miembros por varias y distantes partes [...]. La deserción que hicieron desta ciudad sus vecinos el día 30 de septiembre fue muy grande, pues salió la maior parte de la plebe, y otros muchos caballeros y personas de categoría, pero todavía quedaron en la ciudad algunos caballeros republicanos, personas honradas, eclesiásticos seculares y lo mas de los regulares, y gran parte de la plebe, que se restituyó luego incontinente que paso el día que hicieron tan horroso los falsos agüeros, que fue el día 4 de octubre, todo bastante y sobrado para constituir ciudad y así nunca ya pudo dar por totalmente desierta; ademas que la ciudad se entiende desierta por la total deserción que hacen los vecinos, libre y voluntariamente, con ánimo de no volver mas a ella, no por la deserción que aquí hicieron, violentados y engañados con la fiera e abusiva sentencia de que dentro de dos horas se había de hundir y anegar la ciudad, por las cuales voces salieron huyendo, dejando sus bienes, con ánimo de volverse a sus casas luego que pasase el termino peremptorio señalado a la fingida submersion". 14 Archivo General de Centro-América, Guatemala, A1. 16 16 Archivo Histórico Nacional, (en adelante AHN) Madrid, Diversos, Documentos de Indias, 419 (5),. El impedimiento que hay, es que dicen que tienen sus casas hechas, y que les dan de comer, que les ayuden para hacerlas acullá [sic]; con pagarles la mitad de lo que valen sus casas, luego se pasará. Y esto justo es que V.M. los ayude y favorezca, pues que todo se cae en casa, y con menos de cincuenta mil pesos se pagaran las casas, segun dicen". Une lettre du Conseil municipal, adressée au Conseil des Indes et datée du 8 octobre 1717, manifesta l'impatience des édiles, même s'ils finirent (au moins provisoirement) par renoncer à leur projet de déplacement: "No ai caudales que basten a que cada veinte o veinte y cinco años sea preciso como lo ha mostrado la experiencia reedificar el medio o el tercio del lugar sino todo como lo presente de que resulta que manteniendonos en este parage, cada cinquenta o sesenta años ha menester la ciudad de nuevo 17 AHN, Madrid, Diversos, Documentos de Indias, 184. levantarla, por que ahora que esta arruinado mas de medio lugar sera bienque lo que se ha de gastar aqui, quien lo pudiere hazer, lo vaya a gastar a otra parte con la esperanza de que les dure maiormente".18 En effet, dans une lettre datée du 16 septembre 1555, le bon vice-roi écrivait à Charles Quint: "no tiene reparo la ciudad si no se mudase, y esto ya no se puede hazer, assi porque costaria dinero innumerable, como porque ni podrian, ni querrian los Indios entender en obra tan grande, y sin ellos no se puede hazer una casa, quanto mas mudar una tan grande ciudad". C'est le cas des pères augustins qui, le 25 janvier 1630, signalèrent que "algunos avían llegado a pensar que se havía de mudar el sitio de tan grande lugar como es México, cosa que no se debe por ningún camino platicar". 24 Biblioteca Nacional, Madrid, Ms. 18 660-2. sobre el reino de la Nueva España, publié pour la première fois en 1808: "Parece que se ignoraba en Madrid que la capital de un reino construida ya 88 años antes, no es un campo volante que se muda cuando se quiere". ¿Acaso abandonar la ciudad y trasladar la silla del reino de México a pasaje mas encumbrado? No por cierto, señores. Los mexicanos jamas se hubieran resuelto a este paso; amaban, como se debe amar, la patria". Ils rappelèrent au Roi qu 'on n' abandonnait pas aussi facilement la capitale d 'une grande province et que les Espagnols venus de la métropole devaient respecter l' opinion des créoles qui avaient toujours vécu sur les terres conquises par leurs ancêtres: "Finalmente, el concepto que preocupa al gobierno de que es precissoo aniquilar a Guatemala para que esta ciudad se crie, lo juzga este cavildo absoutamente imberso y equivocado, discurriendo en el asumpto con total abstraccion del Patriotismo y sólo gobernado por lo que le inspira la razón y el zelo por el mejor servicio de VM y Bien del Publico". Le 28 juillet 1777, le capitaine général publia un décret qui sonna comme une véritable proclamation de guerre à mort contre la Antigua Guatemala: "he resuelto declarar como por el presente declaro, que la población de Goathemala, debe quedar enteramente extinguida, y asolada, dentro del preciso término de un año contado desde la fecha de este ". LOS TRASLADOS DE CIUDADES EN AMÉRICA échevins de la Rioja: "Tambien suponemos que los gobernadores que vienen en vuestro real nombre assisten en el gobierno, unos tres, otros cinco o seis años, y discurriendo en las materias, conforme los sucessos que en sus gobiernos acaessen, que para conocimiento de gentíos, nuevas costumbres, tratos que nunca vieron, no son bastantes años para la experiencia, que lo que no vieron en el corto tiempo de sus gobiernos, lo hemos visto antes y después, los que somos nacidos en estas tierras". En ce qui concerne les gouverneurs, ces parvenus et ces "tard venus", c'était une autre affaire, car on ne devait rien à des gens qui voulaient vous opprimer: "Señor, si la dicha ciudad tan leal a vuestra corona y con tanto gasto de sus hassiendas, sangre y vidas, os ha servido con tan gloriosos desenpeños de vuestras reales armas (lo que Dios no permitirá), os ubiera faltado a la lealtad que os debe como a su Rey y Señor natural, pudieran vuestros gobernadores executar mayor castigo que privarla de las [mercedes], de los premios, de los favores que le havéis hecho, y dejarla sin medios para su sustento y que perezca y se deshaga a manos de su desanparo y nessedidad: este castigo, Señor, es el que quieren darle vuestros gobernadores". C'est pourquoi, en 1717, les adversaires du déplacement de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala font bien la distinction entre le parcours individuel des habitants et le destin de la cité détruite: "Y así los temblores, que son causa suficiente para que los particulares que quisiesen muden sitio, no es suficiente para la mudanza de una ciudad. La razón de Estado de una ciudad no consiste en la tierra ni el suelo, sino que tiene varas mas firmes y mas profundos fundamentos, que son el bien público y utilidad común de todo este dilatadísimo reyno; y no se puede mover sino es atropellando con la autoridad del Rey Nuestro Señor, cuyo es propio y privativo el eregir ciudades en sus reynos y señarlas por residencias de sus Reales Audiencias y chancillerías que representen su Real Persona; ni se puede mudar a otro sitio el cabildo eclesiástico y cathedra episcopal, sino es usurpándose la autoridad del sumo Pontífice, a que únicamente toca el eregir o mudar las ciudades que sean cathedras y sedes episcopales; ni es posible mudar de este sitio los alcaldes y cabildo secular, si no es dejándolo sin representación, especie, ni aparencia de ciudad". L'acte notarié rédigé à cette occasion stipule que si la ville a changé de place, il s'agit toujours de la même ville: "abiendo traçado y fundado esta dicha ciudad en este sitio en nombre de su magestad, laqual dicha ciudad es la que estava poblada seis leguas desta dicha ciudad junto a el volcan y laguna".
El autor arranca del hecho de que la historiografía sobre historia del comercio con las Indias en el siglo XVI, y sobre la encomienda, han avanzado en paralelo sin tomar en consideración la relación histórica existente entre ambas realidades. De ahí se señalan contradicciones económicas surgidas en dicha relación en la primera mitad de dicho siglo, hasta confluir en la crisis política de 1541-1543. pone este trabajo es que el desarrollo de las fuerzas económicas derivado directamente de la evolución que seguían la conquista y la colonización indianas, terminó por provocar fuertes contradicciones de intereses no sólo entre sectores sociales relacionados directamente con América, sino también en el seno del gobierno de la Monarquía, lo cual derivó en una profunda crisis política a comienzos de la década de 1540. A muy grandes rasgos y englobando importantes complejidades y posiciones diferentes en el seno de los grandes bloques que se tomarán en cuenta, se pueden distinguir por un lado la Corona y su política, en representación de los intereses de la Monarquía con un proyecto que evolucionó de los Reyes Católicos a Carlos V -aunque en el interior de su propio gobierno había actitudes contradictorias con los objetivos del mismo-; el gran espacio financiero-mercantil con su principal base en Sevilla, que también presentaba posiciones encontradas a las que se aludirá más adelante; y, en tercer lugar, el gran bloque de los encomenderos indianos que, pese a su comunidad de intereses, también manifestaba grandes variaciones en su interior, como se indicará. La crisis derivada de la confrontación de objetivos de estos grandes bloques y que la historiografía sólo reconoce en una de sus facetas, tuvo un alcance mayor que el que hasta ahora se ha entendido y lo que se plantea en estas páginas es que, del desenlace de la misma y como parte de un único proceso, surgieron en años consecutivos las llamadas Leyes Nuevas (1542) y la creación del Consulado de Cargadores a Indias de Sevilla (1543), decisiones que estaban relacionadas entre sí por la coyuntura económica y que venían a redefinir en términos legales la relación de fuerzas existentes en el proceso colonial, en función de los intereses del proyecto imperial de la Monarquía. 2 Para abordar esta perspectiva conviene comenzar por recordar que la Corona castellana o, dicho de otro modo, el gobierno de la Monarquía estaba sometido a profundas transformaciones económicas y sociales que afectaban no sólo a Castilla, sino a buena parte de Europa ya desde la segunda mitad del siglo XV. 3 Con el capital comercial jugando uno de los papeles protagonistas, estaban en marcha importantes cambios en varias direcciones, una de las cuales consistía en la expansión y diversificación del uni-verso social de los sectores urbanos. 4 En el caso castellano estos cambios repercutían en la composición de los intereses dominantes en la sociedad, y se traducían en nuevas alianzas pero también en conflictos de intereses que, además de en otros espacios, tenían su expresión en el ámbito del Estado, donde miembros de las nuevas oligarquías urbanas comenzaban a incorporarse a las estructuras administrativas cada vez más extensas de la monarquía junto a los representantes de las tradicionales clases dominantes castellanas -la nobleza, la alta jerarquía eclesiástica y las corporaciones militares y religiosas-. 5 Estas últimas estaban reforzando su alianza para seguir ejerciendo el poder en torno a una Monarquía que se movía en un esfuerzo centralizador, lo que no era óbice para que continuara existiendo un importante ámbito de jurisdicción señorial con su propio sistema fiscal, en paralelo al de la Corona, dando naturalmente lugar a roces y también a complicidades en el funcionamiento de la maquinaria del Estado. La importante fragmentación de jurisdicción que existió en Castilla a todo lo largo de la Edad Moderna dificulta poder hablar de Estado con propiedad en términos teóricos, pero la utilización del concepto y la expresión de Estado Moderno por la historiografía ha solucionado este obstáculo y, la investigación en esta línea en todo caso, con los matices necesarios, ha permitido la tesis de la existencia de un conglomerado de intereses de las clases dominantes en el control de la Monarquía. Y es precisamente en este marco donde encajan las observaciones que seguirán a continuación. 6 * * * Para iniciar la reflexión sobre el primero de los principales bloques de intereses económicos presentados arriba, conviene dejar claro que, en primer lugar, la condición "sine qua non" de los viajes castellanos a América a partir de 1492, y consiguientemente de su conquista y colonización, fue la existencia de una tradición de formación de capital mercantil en el sur de la Península Ibérica que estaba relacionada, en última instancia, con la evolución de la demografía y la economía europeas desde fines de la Edad Media. A dicha condición puede añadirse naturalmente la disponibilidad y el deseo de ciertos sectores sociales castellanos de emigrar a las nuevas tierras por diferentes motivos. Pero, de hecho, ninguno de ellos habría podido viajar a Indias ni haber visto cumplidas todas sus expectativas, cualesquiera que éstas fuesen, de haber faltado el capital necesario para los viajes, cuyos propietarios por otra parte, y como es ley en el funcionamiento del capital, exigían una tasa de ganancia para seguir operando. Para comprender el sentido último de la historia económica de la colonización española en Indias, especialmente en el siglo XVI, no se puede perder de vista la citada condición primigenia. El capital comercial que fue el motor inicial a la colonización de América dio lugar a una de las primeras e importantes etapas de la acumulación originaria del capital industrial, y a un proceso mucho más largo y tortuoso de inserción de las sociedades americanas al sistema capitalista internacional. 7 Aunque desde el primer viaje de Colón la Corona castellana pretendió monopolizar el tráfico con América, su incapacidad inversora hizo que, a partir de 1498, reconociera esta condición y cediera el terreno para que fuese el capital mercantil privado el que básicamente se hiciera cargo de financiar el grueso de las expediciones de descubrimiento que iban a ponerse en marcha. 8 Finalmente no puede ignorarse que el papel de la Corona terminó siendo el de promotora, coordinadora y beneficiaria también de los resultados de dichos viajes. La Monarquía castellana se encontraba en una etapa de consolidación impulsada por los Reyes Católicos y, lógicamente, quiso tener el control de la ocupación de los nuevos territorios que pasarían a formar parte de su patrimonio; por eso, además de fijar la jurisdicción sobre los mismos, emprendió la organización necesaria para poder percibir las rentas que le correspondieran de las diversas actividades económicas que se derivaran del comercio y su colonización. Pero, siendo esto así, ya en el viaje inaugural de Colón la participación del capital privado fue fundamental y la posterior secuencia de viajes a las Indias sería inimaginable sin las inversiones de los cambistas y comer-7 Marx, Carlos: El capital, FCE, México, 1946, vol I, cap. XXIV. 8 Algunas excepciones, en Mena, Carmen: "Lo privado y lo público en la exploración y conquista del Nuevo Mundo", en De la unión de Coronas al Imperio de Carlos V, Sociedad Estatal... de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000, vol. II, págs. 399-439. 9 Para el capital los nuevos territorios indianos se convirtieron muy pronto ante todo en mercados, donde la especulación y el riesgo -a partir de distancias, duración de los viajes, naufragios, capacidad negociadora, etc.-marcaban la tasa de beneficio que, lógicamente, exigía la existencia de un retorno que la hiciera posible. Y aquí es donde es imprescindible dirigir la mirada a los territorios transatlánticos, de donde debería proceder el contravalor de las inversiones capitalistas que hiciera posible su ganancia. 10 Para presentar otro de los bloques de intereses apuntados arriba quizá conviene señalar que, procedente de las Indias y derivado precisamente de las características de su conquista, llegó uno de los más poderosos e imprevistos cambios económicos en la estructura social de la Monarquía a comienzos del XVI, cuyos efectos perduraron varias décadas. En el transcurso aproximado de medio siglo, de una manera gradual y creciente, surgió un nuevo sector en la sociedad castellana que, aunque físicamente se encontrase a miles de kilómetros de distancia de la Península, tuvo un potencial y unos efectos económicos extraordinarios, y modificó la estructura social y las relaciones entre sus miembros. Este sector fue el de los encomenderos de indios, esto es, el conjunto de personas -y en ocasiones corporaciones-que recibieron en Indias cuotas de familias de nativos para apropiarse del excedente económico que fuesen capaces de extraerles mediante una amplia diversidad de fórmulas, en función de las características de las economías de las mismas poblaciones indígenas. Los componentes de lo que, sin mucho riesgo teórico, pudiera considerarse como una clase social -ya que muy pronto tuvieron conciencia de la especificidad de sus intereses y comenzaron a comportarse social y políticamente de forma acorde con ellos-11 procedían de los sectores popula-9 Francisco Pinelo, que invirtió 1.400.000 mrs. para que, junto a los fondos de Luis de Santángel, se pudieran preparar los barcos del primer viaje colombino, como es bien sabido, era de origen genovés y un conocido mercader internacional en el Mediterráneo y en el Atlántico; fue jurado y fiel ejecutor de Sevilla, se le ha atribuido la propuesta inicial que dio origen a la Casa de la Contratación y se incorporó como uno de los primeros oficiales de la institución. Otte, Enrique: Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media, Universidad de Sevilla, Sevilla, 1996; Alberto Boscolo, "Il genovese Francesco Pinelli amico a Siviglia di Cristoforo Colombo", en Presencia italiana en Andalucía (siglos XIV-XVII), EEHA-CSIC, Sevilla, 1985, págs. 248-265; Schäfer, El Consejo Real..., vol. I, pág. 9 res tanto rurales como urbanos de la Península, tratándose a veces de personas que, pertenecientes a algunos de estos espacios sociales, se habían enrolado al servicio, militar o civil, del rey aprovechando el crecimiento del aparato institucional de la Monarquía desde fines del siglo XV y especialmente en la conquista de América. Es cierto que, en los primeros años de la conquista y ocupación de los nuevos territorios, algunos destacados personajes de la vida política española que nunca pisaron las Indias fueron titulares de encomiendas en el Caribe y gozaron de sus rentas, pero esta práctica fue suprimida hacia 1518 por considerarse incompatible. 12 Sin embargo, se puede afirmar que, salvo estas excepciones, el colectivo de los encomenderos no se trataba de gente poderosa, ya propietaria en términos económicos que hubieran ampliado el espacio de su poder, sino de gente que tenía poco o nada en la Península y que, súbitamente, se vio convertida en "propietaria" de decenas, centenares o miles de campesinos que estaban a su servicio, con una productividad en muchos casos realmente extraordinaria, que incluía enormes cantidades de oro y de plata ente otros bienes. 13 Es importante recalcar, en todo caso, que la formación del bloque de los encomenderos fue teniendo lugar a lo largo del proceso de conquista y ocupación de los sucesivos territorios indianos y que, en función de las características económicas y sociales de las poblaciones nativas conquistadas, la base y el poder económico de los encomenderos fue diferente, como se detallará más adelante, lo que influyó en sus relaciones con el ámbito del comercio y con la misma Corona. Y es que, en efecto, para tratar del tercer bloque mencionado arriba, el de la Monarquía, hay que señalar que desde los ámbitos relacionados con las Indias en el gobierno metropolitano -Consejo de Castilla, Consejo de Indias, secretarios de los monarcas y otros-numerosos personajes trataron por diversas vías de controlar y beneficiarse de las grandes ventajas que comenzaban a proporcionar las Indias. Así, Lope de Conchillos, Juan Rodríguez de Fonseca, Francisco de los Cobos, fray García de Loaysa, Juan Suárez de Carvajal, etc., establecieron vínculos con conquistadores y encomenderos, colocaron a paniaguados en posiciones clave, obtuvieron rentas o beneficios económicos, y con ello consiguieron ampliar su cuota 12 Ver Acosta, Antonio: "La formación del Estado Moderno y la Hacienda colonial a comienzos del XVI", en De la unión de Coronas al Imperio de Carlos V, Sociedad Estatal... de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2000, vol. II, págs. 463-496. 13 Pese a los claros fundamentos jurídicos de la encomienda, lo que explica las comillas, la realidad es que los encomenderos actuaban frecuentemente con sus indios y sus bienes como si fuesen verdaderos propietarios de los mismos. Muchos de los encomenderos, por su parte, a veces convertidos en autoridades en la colonia, actuaron en la misma dirección y aprovechando los efectos de las riquezas obtenidas de la población indígena sobre los políticos en la Península, vieron favorecidas sus posiciones. Pues bien, lo interesante es que después de décadas de importantes avances en el conocimiento de estas tres parcelas de la historia colonial, la historiografía apenas las ha relacionado entre sí en conjunto, pese a que su interacción resulta fundamental, como parte de un único mecanismo, para comprender mejor el proceso de la colonización en Indias, la evolución del capital mercantil e incluso la de sectores específicos de la propia economía castellana.14 En efecto, por un lado, existe una larga, intensa y muy variada tradición (tanto desde el punto de vista teórico como metodológico) en el estudio del fenómeno comercial con Indias. Desde la perspectiva institucional en la que cabe mencionar a muchos autores, hasta la denominada historia serial, renovada con el paso de los años, pasando por los aspectos sociales del tráfico, y hasta la del más esencial análisis económico del fenómeno de la financiación y el crédito, la historia del comercio ha avanzado muchísimo y, aunque todavía hoy faltan parcelas por conocer, es bastante lo que se sabe acerca de lo fundamental de su evolución. 15 Naturalmente, en esta prolífica corriente historiográfica la presencia del Estado, el papel de la Monarquía ha estado siempre presente pues las relaciones con el capital mercantil y con el comercio han sido necesariamente estrechísimas. Mientras tanto, por otra parte, resulta difícil tratar de sintetizar en breves líneas la igualmente decisiva corriente historiográfica que, también durante décadas, ha venido avanzando en el conocimiento del fenómeno (nos resistimos a llamarla simplemente institución) de la encomienda y sus alcances. Del mismo modo que en el caso del comercio, la encomienda ha sido tratada institucionalmente, también en sus efectos y como base para estudios demográficos, en sus consecuencias económicas, etc. 16 Y del mismo modo que en el caso del comercio, en este gran ámbito de la historia de las Indias que es la encomienda la Corona ha estado siempre presente, bien en sus decisiones tomadas desde la metrópoli, bien a partir de la actuación de las autoridades coloniales. Sin embargo, lo que parece sorprendente es que ni los historiadores del comercio hayan tomado en consideración, puede decirse que nunca, la perspectiva de la encomienda en sus diferentes fases evolutivas, con sus distintas dimensiones económicas a lo largo del proceso de la conquista y de la colonización en el XVI al menos -porque sería esta centuria, a grandes rasgos, el período de tiempo para el que esta observación tuviera mayor importancia-; y, en sentido contrario, igualmente sorprende que quienes se han interesado por el mundo local americano y la encomienda, no hayan tenido en cuenta los flujos mercantiles y la evolución del capital, lo cual podría haber enriquecido los análisis de los primeros asentamientos en Indias en muchos casos. Parece como si ambas corrientes historiográficas hubiesen progresado de espaldas una a la otra. Es evidente que la encomienda fue una fuente capaz de generar metales y otros bienes y, desde otra perspectiva, de controlar la mano de obra indígena y transformar su valor en el mercado a veces en importantes magnitudes. Este hecho tuvo una relación muy estrecha en muchos lugares y períodos temporales con la existencia de medios de pago en la colonia en mayores o menores cantidades para adquirir bienes europeos, con la demanda de los mismos, pero también como se verá con la posibilidad de entrar en negocios mercantiles, que originalmente estaban en manos de los comerciantes peninsulares. Pues bien, esta interrelación apenas si ha sido apreciada por la historiografía y las siguientes páginas sólo pretenden apuntar algunas de las líneas generales que siguió la evolución de ambos procesos. La penetración del capital mercantil en el Caribe Desde los primeros años de Colón el tráfico con Indias implicó un grado importante de riesgo, componente esencial en el que se basó el capital comercial para ampliar sus beneficios en relación con el tipo de operaciones en que actuaba hasta entonces en el Viejo Mundo: en el Mediterráneo, el Atlántico europeo o la costa occidental de África. 17 Existía un riesgo físico que debían correr los maestres, los comerciantes u otros que fletaban un barco con destino a las Indias, sobre la base del cual el capital operaba por medio del crédito a interés; pero, además, las ganancias se justificaban precisamente sobre la base del riesgo -éste no ya físico, como el anterior, sino de inversión-que corría el dueño del capital que lo prestaba y que era mayor, como se ha dicho, en el caso del comercio con Indias que en el de otros destinos conocidos hasta entonces. 18 El factor en el que se sustentaban, ante todo, las ganancias del capitalista era el trabajo de los maestres (si no eran propietarios de los barcos) y de los marineros. En realidad era el trabajo de estas personas el que permitía que los navíos viajaran de puerto a puerto, se entregasen las mercancías a un agente o factor, y subiese su precio. Naturalmente en la fijación del precio jugaban también los demás costes de la operación, entre los cuales se encontraba el interés que había que pagar al prestamista, la demanda de la mercancía en el lugar de destino; y por último, indudablemente la masa de medios de pago existente en el momento de la venta. Aunque sea elemental, es importante recordar esta base sobre la que funcionaba cualquier otro aspecto del comercio con Indias. Era a partir de este principio como se fueron tomando decisiones como las de modificar el tamaño y tonelaje de los barcos, el número y las condiciones de viaje de los tripulantes, en parte también el precio de las mercancías -que era factor y consecuencia de fenómenos económicos-, etc. En efecto, es claro que el precio de las mercancías en origen -que se había formado mediante mecanismos que aquí no hacen al caso-y la magnitud de las operaciones mercantiles tenían 17 Otte, Enrique: "El comercio exterior andaluz a fines de la Edad Media", en Actas del II Coloquio de Historia Medieval andaluza: Hacienda y comercio, Diputación Provincial, Sevilla, 1982; Aznar Vallejo, Eduardo: "Relaciones comerciales entre Andalucía y Canarias a fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI", en Idem.; Rosa Olivera, L. de la: "Francisco de Riberol y la colonia genovesa en Canarias". Anuario de Estudios Atlánticos, vol 18, págs. 61-138, Madrid-Las Palmas, 1972; Ladero, Miguel Ángel: "Almojarifazgo sevillano y comercio exterior de Andalucía en el siglo XV", en Anuario de Historia Económica y Social, n.o 2, págs. 69-116, Madrid, 1969. 18 también influencia en el volumen y condiciones del crédito negociado. Todo ello constituye un cuadro económico, y más específicamente financiero y comercial, muy complejo del que apenas si se dispone todavía hoy de una visión general, de la que traeremos algunos datos al texto cuando sea oportuno. Desde luego resulta decisivo para los comentarios que se harán en las páginas que siguen tener claro que, al tratar de crédito y prestamistas, así como de comerciantes, la diversidad de personas y circunstancias que intervenían en los negocios era enorme y simplemente lo corto de este trabajo es lo que impide entrar en mayores precisiones, de cuya necesidad, en todo caso, somos perfectamente conscientes.19 Sobre la base de estas consideraciones, durante los primeros años de viajes a Indias, para que el capital mercantil de Sevilla mantuviera activos la inversión y el crédito que rentabilizara lo invertido, así como para satisfacer las rentas impuestas por la Corona sobre la producción y el comercio, era necesaria la existencia de una fuente de energía en Indias con la que obtener un producto que tuviera valor de cambio en el mercado. Esa energía fue la fuerza de trabajo de las personas que vivían en las islas y que, aplicada a la tierra -ambos medios de producción fueron apropiados por los conquistadores simplemente por el derecho derivado del uso de la violencia en la conquista-, se convirtieron en el combustible de la economía colonial. Si no se hubiera generado en las nuevas tierras descubiertas por los europeos un contravalor que rentabilizara el capital movilizado desde Sevilla, nunca hubieran tenido lugar futuras inversiones y los viajes a Indias probablemente no hubieran tenido continuidad. Dicho contravalor estuvo compuesto en menor medida por perlas, palo brasil y algún otro producto exótico, pero sobre todo por el oro antillano. A.M. Bernal, el autor que ha abordado con mayor profundidad la perspectiva esencial del financiamiento y el crédito para conocer mejor el comercio con Indias, aun con la limitación de fuentes que tiene su trabajo, ofrece datos que permiten comprobar la importancia que tuvo rápidamente el negocio indiano, observando la evolución del monto medio anual de las escrituras de crédito marítimo en Sevilla -a partir de una muestra reducida en el primer período contemplado-de los años transcurridos entre 1466 y 1515. Los valores y los índices evolucionaron así: Ciertamente, el primer período de la comparación de este cuadro, que cubre 26 años, es de mucha mayor duración que el segundo, de sólo 6, mientras que, por otra parte, el número de escrituras disponibles para aquél es mucho menor que en el segundo. Esto probablemente desvirtúa el resultado del cálculo de la evolución, que se traduce en un salto del índice 100 antes de 1492 al de 544 para los años inmediatamente posteriores a dicha fecha pero, en todo caso, a partir de los mismos datos utilizados por Bernal podemos calcular que en los primeros años de viajes a Indias un índice 100 calculado sobre un período menor de 26 años pudo fácilmente ascender a 300, lo que sería un ritmo fuera del alcance de la evolución que estaba siguiendo el comercio marítimo dentro de Europa o con África. 20 Lo que queda fuera de duda es que fue el incremento en la producción del oro, precisamente por medio del mecanismo de la encomienda, lo que hizo crecer el volumen del crédito en Sevilla y, con toda probabilidad, como se verá más adelante, las tasas de interés. Así, a partir de la utilización de mano de obra indígena americana en condiciones de cuasi-esclavitud o abiertamente esclava, se reproducía el capital comercial en esta primera etapa antillana de la ya mencionada acumulación originaria de capital. Bien se tratase de capitalistas, bien de simples inversores, bien de comerciantes, o de personas que reuniesen rasgos combinados de los perfiles anteriores, otro elemento esencial que estaba presente en el comercio de Indias, que es en realidad un rasgo casi consustancial con el capital privado, era la competencia. Pero si ni siquiera en el capitalismo moderno existe una competencia libre, mucho menos la había en el siglo XVI cuando este modo de producción no era ni con mucho el dominante. Tratando de los primeros quince años aproximadamente de los viajes al Nuevo Mundo, quienes se aventuraron a tratar con las Indias tenían que afrontar la competencia en varios frentes. El primero de éstos era el que los enfrentaba consigo mismos. Hay que recordar, aunque sea de modo breve, que en estos primeros años de la historia colonial la participación en el negocio mercantil era muy abierta y encontramos en él desde extranjeros -de los que había genoveses como el ya citado Francisco Pinelo y otros italianos pero también de otras nacionalidades-, a fuertes familias de comerciantes sevillanos, a burgaleses, de todos los cuales algunos estaban mejor posicionados que otros por sus relaciones económicas o políticas, pero también a maestres de naos, cómitres, artesanos de la ciudad o marineros. Las condiciones del comercio permitían poder participar en el mismo con inversiones relativamente pequeñas -como era el caso de los últimos citados-, junto a cifras ciertamente altísimas-que eran las que solía mover el primer tipo de comerciantes mencionados-, circunstancia que iría alterándose con el paso del tiempo, cuando llegara a crecer el volumen de las inversiones en el negocio tanto que provocase la virtual desaparición de los participantes de pequeña monta. Entre los competidores iniciales hay que mencionar también a la Corona, que intentó jugar el papel de agente monopólico del comercio en un caso de flagrante contradicción dado que no era capitalista. La competencia era pues grande en estos años. Una vez que la Corona, en 1498, tras su intento de pugna con el capital privado por jugar como empresaria del comercio se reservó el papel de controladora y coordinadora del mismo, para cumplir con estas funciones se dotó en 1503 de la Casa de la Contratación, desde la que podía también extraer los impuestos que se establecieron sobre el tráfico. La Casa recibió competencias ampliadas en 1509 y 1511, convirtiéndose en una especie de garante de la solvencia de créditos en el comercio, debiendo registrarse en la institución las garantías de los créditos que eran concedidos. Se diría que era ésta una función muy moderna, entendiéndose como lo que podría ser la búsqueda de un mercado financiero y mercantil transparente, pero esto ANTONIO ACOSTA estaba lejos de la realidad. Por el contrario, mientras que muchos maestres de naos y comerciantes tenían que registrar sus operaciones en la Casa de la Contratación, la Corona, coherente con su herencia medieval, otorgaba "mercedes" y concesiones graciosas a particulares para el comercio con Indias en lo que hoy podría llamarse competencia desleal con el capital privado. 21 De manera que éste era otro terreno de la competencia, aunque fuera desigual, en el que se comenzaban a generar conflictos de intereses entre las dos partes en el caso americano. Quizás por todo ello, pero también por la naturaleza invasiva del capital, que tiene una tendencia expansiva en su reproducción, que de todo hace mercancía y que ocupa y condiciona también los espacios políticos, se introdujo desde el comienzo del negocio en los propios órganos de la administración, como era la Casa de la Contratación. De manera que, de un lado, importantes comerciantes privados llegaron a ejercer como oficiales de la Casa, siendo el primero de ellos el ya mencionado Francisco Pinelo pero, por otra parte, oficiales que no eran originalmente comerciantes se involucraron en los negocios con Indias. Debido a esta mezcla de funciones entre actividades de interés estrictamente privado con la defensa de los intereses de la Corona, llegaron a producirse escandalosas contradicciones, con las consiguientes protestas del resto de la comunidad mercantil sevillana. No es de extrañar, por tanto, que algunas de las funciones más importantes que tenían encomendadas los oficiales de la Casa, como era el registro de las mercancías de los navíos, o la supervisión de las condiciones en que éstos tenían que hacer la travesía, se llevaran a cabo con frecuencia en condiciones escasamente rigurosas. 22 Pero probablemente la gran novedad con respecto a lo que va expuesto, que en cierto modo era habitual aunque en menor magnitud en el comercio con África y con las Canarias, 23 fue el desplazamiento del capital financiero sevillano a las Indias para intervenir en negocios no exclusivamente comerciales. Para comprender a cabalidad este proceso que justamente ponía en contacto a encomenderos con capitalistas privados procedentes de Sevilla, resulta imprescindible echar una mirada a los primeros, a los encomenderos antillanos que eran los que en principio parecía que debían estar 21 Archivo General de Indias (en adelante AGI), Indiferente General, 419, VII, 48 v.o; Colección de Documentos inéditos relativos... de América y Oceanía. 22 Jacobs, Auke: "Funcionarios con las manos en la masa. La Casa de la Contratación durante el reinado de Carlos V", en Acosta, A. et llamados a poner en marcha las empresas de la economía colonial. Y lo primero que hay que destacar es la gran debilidad económica -lo que no es equivalente a escaso volumen de rentas-, de los encomenderos de las Antillas y de los de la mayor parte de la Tierra Firme colonizada en las dos primeras décadas, debilidad debida a y explicada por la también débil economía de los indígenas que tenían encomendados. Las sociedades autóctonas del Caribe eran de baja densidad demográfica y de una estructura social poco diversificada, disponían en su mayoría de una economía comunal en la que apenas si existía el campesinado y que generaba escasos excedentes agrarios. Todo ello repercutía en la economía encomendera que, salvo excepciones, dependía de las cuadrillas de indios, poco disciplinados para el trabajo entendido en términos europeos, para obtener el oro con el que pagaban a precios altísimos las mercancías que el comercio peninsular traía al Caribe. Todo ello condicionaba una relación extremadamente desigual, que permitió que los agresivos comerciantes sevillanos penetrasen en la economía caribeña y se hicieran cargo, gracias a sus altísimos beneficios, de negocios propios de la colonización. La debilidad de los encomenderos en el Caribe les restaba capacidad para emprender actividades productivas y los hacía depender de las importaciones, y en esa medida el capital mercantil ocupó un amplio espacio económico en la región. Un caso perfectamente representativo de lo que sucedía es el de la familia de Bernaldo y Gerónimo Grimaldi, su sobrino, quienes se convirtieron a comienzos del XVI en unos de los más activos y prósperos empresarios del comercio en Indias. 24 G. Grimaldi, con su criado Diego Caballero, se trasladaron pronto al Caribe donde se ocuparon de prósperos negocios que contribuyeron de forma notable a reproducir su capital y fortuna personal, el primero de los cuales fue la organización de armadas, en asociación con otros colonos, para capturar indios caribes esclavos tanto en las islas vecinas como en las costas de Venezuela. G. Grimaldi en 1514 fue nombrado "despachador de la armada" y D. Caballero tenía ya desde 1512 "la cuenta y razón de todas la armadas organizadas en la isla (de La Española)", y mantuvo un papel destacado en esta actividad hasta fines de la década por lo menos. 25 Las expediciones que se organizaban específica-24 El caso ha sido bien documentado por Otte, Enrique: "Diego Caballero, funcionario de la Casa de la Contratación", en A. Acosta et al. (coords.): La Casa de la Contratación..., págs. 315-339. 25 La fecha precisa del inicio de las armadas a cazar indios caribes no es conocida. Demetrio Ramos la fijaba en 1513, en Audacia, negocios y política en los viajes españoles de descubrimiento y rescate, Casa-Museo Colón, Valladolid, 1981, pág. 293. ISSN: 0210-5810 mente para cazar esclavos eran operaciones mercantiles, que exigían una inversión que ha llegado a evaluarse en torno a los 20.000 pesos procedentes de los recursos que se acumulaban en manos de comerciantes y de los colonos ricos. Se calculan en más de 80 las armadas que en la década de 1510 salieron de Santo Domingo para capturar indios esclavos, aunque esta cifra no refleja la totalidad del negocio porque muchos barcos salían a rescatar de forma ilegal sin dejar constancia oficial. La fuerza de trabajo obtenida de esta forma, es decir, esclavos en sentido estricto, ya tenía un coste y adquirió un precio de mercado que osciló entre 20 y 25 pesos, aunque a veces llegaron a subir hasta 40. El otro negocio en el que incursionó D. Caballero que, sin ser propiamente un colono llegó a "tener en mi poder y en mi compañía en esta Isla Española algunos caciques de aquellas Provincias",26 fue el de las pesquerías de perlas, en el que llegó a ocupar otro lugar también destacadísimo. 27 Es difícil exagerar su protagonismo en esta actividad en la que, junto a sus hermanos, poseía la más importante compañía transatlántica de perlas con cuatro sedes: Cubagua, donde estaba la factoría, Santo Domingo, Sanlúcar de Barrameda y Sevilla, en cada una de las cuales había un agente de la empresa. 28 La riqueza de Caballero y su influencia política a ambos lados del Atlántico fueron grandes, y no nos extenderemos en ello, llegando a ocupar cargos en la administración de la Hacienda Real en Santo Domingo. Pero D. Caballero, aunque destacado, fue sólo uno de los empresarios que, con origen en el capital mercantil de Sevilla, ocuparon espacios importantes en la economía colonial. Otro que podría traerse como ejemplo era el Ldo. Gaspar de Espinosa, miembro de la conocida familia de banqueros y comerciantes burgaleses, con una riqueza e influencia en Tierra Firme también digna de resaltarse, en parte igualmente conseguida sobre la base de la captura de indios esclavos que eran vendidos en Santo Domingo, pero en otra parte muy importante y reveladora, gracias a su encomienda. En efecto, Espinosa llegó a organizar en 1515 una campaña con 200 soldados españoles, hacia el oeste de Santa María de la Antigua, en Tierra Firme, con unos resultados de hasta 1.500 castellanos de oro de botín para algunos de los miembros de la expedición y unos 2.000 indios cautivos que Espinosa vendió a Santo Domingo a 40 pesos por persona, en una coyuntura favorable por la demanda que empezaba a crecer en la isla. Pero, por otro lado, Gaspar de Espinosa llegó a ser encomendero en Panamá donde, a comienzos de la década de 1520, algunos de los indios de sus encomiendas generaban una renta de hasta 3.000 pesos anuales. Espinosa tenía en realidad 500 indios de encomienda distribuidos entre 4 caciques y sólo el tributo extraído a 200 de ellos produjo un valor en 1522 de 1.953 pesos en el mercado y, en 1523, de 3.000 ps. No se conoce la composición del tributo que recibía Espinosa, pero a mediados de la década, otras encomiendas vecinas entregaban parte de su tributo en oro de minas y otra parte en maíz, ají, aves, cerdos, melones, sal y otras "granjerías" lo que indica que, aún antes de llegar a las sociedades de las altas culturas continentales, los españoles ya habían conseguido que los indios de algunas zonas de Tierra Firme produjesen especies europeas para ellos. Finalmente, es de sobra conocido es que G. de Espinosa llegaría a financiar la expedición de Francisco Pizarro para la conquista del Perú, de lo que se tratará más adelante. 29 Lo que interesa retener de casos como los de Caballero y Espinosa es que ambos tuvieron ocasión de tener acceso a medios de producción, esto es, a indios a los que extraer el valor de su trabajo, aunque fuera por diferentes medios: a través de la figura jurídica de la encomienda o utilizándolos directamente como lo hacía Caballero en las pesquerías de perlas. En fases posteriores de la conquista las cosas serían distintas y el control de indios por parte de los comerciantes se volvería imposible. Ahora bien, frente a estos ejemplos no se debe dejar de señalar, sin embargo, que aunque en una menor pero significativa medida, algunos encomenderos y otros colonos prósperos también llegaron a acumular suficientes recursos con los que emprender ellos también expediciones de conquista. Este sería el caso, por ejemplo, de Hernán Cortés, hombre adinerado y bien relacionado en las Antillas, quien en 1519 organizó en Cuba la armada con destino a México que daría comienzo a la conquista de Nueva España. Cortés aportó más de 5.000 castellanos y 7 navíos suyos y de sus amigos, en tanto Diego Velázquez colaboraba con casi 2.000 castellanos, 3 navíos y provisiones traídas, entre otros lugares, de Jamaica, lo que daba idea de la importante acumulación de recursos que se estaba produciendo en manos de muchos de los primeros colonos en Indias.30 No obstante, hacia fines de la década de 1510 pareció iniciarse un ciclo relativamente adverso para el tráfico comercial y cabe preguntarse si también para el capital mercantil en su conjunto. En primer lugar, por aquellos años la crisis demográfica en las Antillas empezaba a generar otra subsiguiente en la producción de oro. 31 La catástrofe demográfica indígena, que no conseguía ser subsanada con importación de indios caribes ni de esclavos africanos, tuvo una relación directa con la caída de las remesas de oro y probablemente la pérdida de beneficios para el capital. 33 El inicio del ciclo azucarero en Santo Domingo, que llegó a alcanzar una relativa importancia en el contexto de la economía colonial de la época, no fue ni de lejos una alternativa a la pérdida de peso que esta isla tenía sobre todo gracias a la producción de oro. 34 Por otra parte, tampoco el inicio de la conquista de México desde 1519-1521 supuso por el momento una compensación al descenso de la importancia del Caribe en términos de producción de metales. A pesar de la riqueza de las nuevas tierras invadidas por Cortés, su rentabilidad en términos europeos, esto es, la gran oleada de metales que los conquistadores y los comerciantes esperaban no fue inmediata aunque, en realidad, la auténtica riqueza indígena era otra. Ni siquiera la expansión de la geografía que se continuaba ocupando sin cesar, como sucedía por ejemplo en Centroamérica con Pedrarias Dávila, llegaba a suplir la caída del oro remitido a la Península, aunque aparentemente en principio se ampliaran las posibilidades de negocio, lo que no siempre resultaba fácil. 35 Por añadidura buena parte de la década de los 20 estuvo marcada por el enfrentamiento de Castilla con Francia, que producía una creciente inseguridad en el comercio atlántico, sometido a un acoso por parte de corsarios franceses a ambos lados del Atlántico. 36 Para mayor adversidad del complejo financiero-comercial en Sevilla, el ataque de corsarios franceses y berberiscos a los barcos que retornaban de Indias había hecho necesario implantar la avería para sostener las armadas, lo cual venía a sumarse a los costes de las operaciones, encareciéndolas, en años en que el retorno era precisamente menor. 37 No se dispone de un registro de la evolución de las tasas de interés de los créditos para la época y, por otra parte, seguramente que esta variable no tenía en el siglo XVI un comportamiento tan institucionalizado como el que hoy conocemos en nuestro mundo financiero. De todas formas, el único y valioso intento que se ha hecho para penetrar en este terreno parece sugerir que en esta década de 1520 los tipos de interés más comunes, que habrían ascendido después de 1508, podían estar oscilando entre el 75% y el 80%, sin que sea posible precisar una tendencia a corto plazo. 38 Ahora bien, una vez más, lo que merece destacarse es que al estudiar un factor tan determinante para el tráfico comercial con las Indias se hayan tenido en cuenta las condiciones económicas en Europa -Chaunu no se interesó por el crédito ni el interés, pero sí por los precios de las mercancías en Castilla y Bernal se interesa por las condiciones de la economía local-pero no se tome en consideración la coyuntura americana como, por ejemplo, cuánta 35 Lohmann, Les Espinosa..., pág. 253. En Nicaragua, en la misma década de 1520, un factor comercial castellano que acompañaba a los conquistadores comunicaba que la ropa de Castilla que había recibido para venderla allí no valía nada porque los colonos usaban ropa de la tierra -es decir, tejidos indígenas-de la que "hay tanta... que sobra en todas partes". Esto parece contradecirse con lo que expresa en la columna siguiente de la misma página: "A Indias, con frecuencia el 30% hasta 1517-19, sobre todo los suscritos entre (sic) maestres y marinería. En su evolución cronológica el 60%, sería el tipo de interés dominante hasta 1508, mientras que el 75% y el 80% lo serían a partir de entonces." ANTONIO ACOSTA plata se pensaba que hubiera, o había en realidad disponible, lo que también condicionaba el precio de las mercancías en destino y, a su vez, también debía formar parte de la especulación para establecer el precio del dinero. La década de 1520 parece representar pues uno de los dientes de sierra que se iban a vivir en estos primeros años en la evolución del espacio comercial y financiero en el que, si acaso, aparecía un factor favorable a los intereses del crédito como era el crecimiento del riesgo con la ampliación del negocio comercial a tierras continentales. La conquista de Nueva España, que comenzaba a exigir un flujo de tráfico superior al de otros puntos de Tierra Firme hasta entonces, implicaba no tan sólo el acceso a un potencial metálico extraordinario, que pronto comenzaría a dar sus frutos -mayor disponibilidad de medios de pago y aumento de las ganancias al comercio-, sino una notablemente mayor duración de los viajes desde la Península hasta alcanzar el puerto base de la Nueva España, al fondo del Golfo de México, que era Veracruz. Como bien explicaron P. e H. Chaunu, el continente -el "auténtico" continente en términos coloniales frente a las Antillas y las "islas continentales" que eran las distintas zonas de Tierra Firme-estaba mucho más lejos de Europa de lo que estaban las islas. Entre las Antillas y Veracruz la verdadera distancia, en términos de días de navegación, significaba la cuarta e incluso la tercera parte de la distancia global del viaje desde la Península. Sólo desde Canarias a las Antillas el viaje tomaba de media unos 30 días, mientras que pasar de las islas a Veracruz era añadir 20 ó 30 días más de navegación a una ruta ya larga. Y los regresos pasando por La Habana no eran mucho más cortos y sí bastante arriesgados. 39 Todo ello significaba una prima de riesgo que debía estarse trasladando a las operaciones crediticias a comerciantes con ventaja para los prestamistas y como reto para los comerciantes. En medio de esta coyuntura adversa de los inicios de la década de los 20 para los intereses de los comerciantes y del capital mercantil de Sevilla, en 1523 se produjo otro revés importante y fue el primer secuestro por parte de la Monarquía de metales preciosos remitidos desde Indias para el sector privado. Las conocidas necesidades financieras de la Corona, que empezaba a generar su deuda, la movieron a incautarse de una cantidad aproximada a 300.000 ducados que, pese a ser compensada por juros, no dejaba de ser un duro golpe para el negocio del crédito y el comercio. El efecto de tal decisión, por inédita y por lo cuantioso de la cifra, fue impactante en los medios sevillanos y produjo quiebras, desconfianza y una reacción contraria entre comerciantes y cambistas. En este complejo mundo de intereses cruzados que giraban en torno al sistema financiero, mercantil y fiscal, dos años después -aunque muy posiblemente antes-de este primer embargo de metales de particulares que se acaba de referir, se producía la primera toma de postura de una parte del sector financiero y comercial relacionado con Indias. En efecto, en 1525, un grupo de hasta trece personas que se denominaban mercaderes se dirigía al monarca y le manifestaba que: "...con mucha insistencia han procurado que SM les diese la gobernación y jurisdicción de la Casa de Contratación por vía de Consulado, quitando a los oficiales que la sirven". Aparte de uno de ellos que se declaraba banquero además de mercader, entre los nombres de conocidos e importantes comerciantes de la lista llama la atención el de Luis Fernández de Alfaro, que había sido oficial asistente de contador de la Casa de la Contratación y que ahora también reclamaba la creación del Consulado. Pese a la fluidez de la situación, la coyuntural recesión en el volumen de negocios por las razones ya expuestas y el golpe recibido por el secuestro de las remesas hacían que el capital y los mercaderes tuvieran la decisión de dirigirse al rey para pedirle "con mucha insistencia" un espacio institucional autónomo para manejar el comercio americano. 40 Esto era muy importante y significa el comienzo, visible al menos, de una definición de intereses en el mundo mercantil sevillano de cara al comercio con Indias. Del texto se desprende, además, que la petición ya había tenido lugar antes de 1525 y, por otra parte, parece pertinente resaltar que esta primera petición de creación de un Consulado tenía lugar inmediatamente después del primer embargo de remesas de metales indianos con destino a particulares, lo que parece indicar una probable relación entre ambos hechos que nadie ha señalado hasta ahora. Las presiones fiscales de la Corona, que seguirían ocasionando problemas similares pocos años más tarde, eran sin duda un factor muy influyente en el mundo comercial con las Indias, pero no menos importantes eran las circunstancias en el terreno de las propias colonias, que eran el destino de este comercio, donde las cosas estaban cambiando a pasos agigantados. Predominio de la encomienda sobre el capital mercantil en Nueva España Las sociedades indígenas que descubrió Cortés al penetrar en el continente a partir de 1519 no tenían mucho que ver en términos económicos con las que estaba habituado a tratar en las Antillas y en Tierra Firme. De entrada eran muchísimo más densas demográficamente, su agricultura era también más productiva sin comparación con la de las islas, se trataba de sociedades muy diversificadas, de una fuerte base campesina y con una capacidad productiva artesanal extraordinaria. La estructuración social muy acentuada daba lugar, en el caso de la Triple Alianza, al pago de grandes cantidades de tributos a las autoridades, generados por sociedades conquistadas con una mano de obra muy disciplinada en el trabajo, otra gran diferencia con las Antillas. No dejan de sorprender en este sentido las cantidades que se calcula que ingresaban anualmente a Tenochtitlan al margen de la propia producción en la ciudad, que dan una idea de la productividad de aquellas economías campesinas y que se resumen en: cerca de 7.000 toneladas de maíz, más de 4.000 toneladas de frijol y otras 8.000 más de diversos vegetales como el huauhtli o amaranto. La tributación anual en vestuario no era menor, de modo que las mantas sumaban más de dos millones de unidades y las de henequén casi 300.000. La cuantía del trabajo requerido para la siembra, cosecha y elaboración de todos estos textiles es digna de ser resaltada. Pero, para hacerse una idea completa de la tributación anual de las sociedades conquistadas, habría que agregar muchos otros productos, algunos de gran valor, que iban desde armas y rodelas, plumas diversas, leña, papel, jícaras, cañas de hacer flechas, cal, petates, aparejos para llevar carga, grana, cochinilla, copal, ámbar, conchas de mar, objetos de cobre, piedras preciosas y hasta oro en polvo y en tejuelos. 41 En suma, a los ojos de los conquistadores, pese a los graves incidentes bélicos que vivieron, se abrió rápidamente la posibilidad de organizar otro tipo distinto de economía colonial a la que habían dejado atrás. De entrada, el apoyo que recibió Cortés en todos los terrenos de determinadas naciones indígenas, como los tlaxcaltecas, fue decisivo en la conquista y sin dicha ayuda probablemente habría terminado en fracaso. Después, inmediatamente y pese a la oposición de la Corona tras la pésima experiencia de la encomienda para la población indígena en las Antillas, el conquistador comenzó a repartir indios entre su hueste en calidad de "depósito", una modalidad sólo jurídicamente distinta a la encomienda, pero que conduciría a ella merced al poder económico y político de los encomenderos, como acabó sucediendo. La década de 1520 fue particularmente grave para las poblaciones indígenas que estaban siendo conquistadas en Nueva España, debido a las enfermedades y al trato al trato que les proporcionaban conquistadores, encomenderos y colonos en general, produciéndose una alta mortalidad, así como una abundante esclavización, aunque no es objeto de este trabajo extenderse en ello. Pero lo que se derivó de la incontrolada explotación de los indígenas fue que los colonos pronto iniciaron el camino hacia una economía claramente más autónoma que la que existía en las tierras del Caribe. La capacidad agrícola y de trabajo, en general, de los indios de Nueva España permitió a los colonos imponerles cultivos como el trigo y otras especies peninsulares, así como la cría de animales domésticos, con lo que comenzaron a cubrir una cuota de necesidades superior a la que podían cubrir anteriormente en las islas. No es que los colonos no necesitaran vino, aceite y otros productos europeos pero, ya antes de 1530, Cabildos y autoridades de Nueva España habían establecido algunas tasas a la venta de mercancías procedentes de la metrópoli de manera que, probablemente a causa de protestas de comerciantes, la Corona tuvo que emitir una real provisión prohibiendo tasaciones que se consideraban arbitrarias declarando que "los mercaderes pudiesen vender en Nueva España las mercaderías que llevasen en ella, a los precios que pudiesen, sin que los justicias les presiesen tasa alguna". 42 No se conoce sobre qué productos en concreto se habían establecido dichas tasas, pero es claro que los colonos de Nueva España trataban de adoptar una posición proteccionista en algunos artículos, lo que da idea de que la economía encomendera temprana en las nuevas regiones del continente daba signos de una, aunque mínima, autonomía eso sí, sobre la base de la explotación de las poblaciones nativas. El capital comercial y el comercio, que estaba experimentando la citada recesión en los años 1520 y sufriendo en Sevilla la presión de la Corona, como se ha visto en 1523, comenzaba a percibir ahora en Nueva España síntomas de un posicionamiento contrapuesto a sus intereses por parte de los encomenderos, con lo que seguía creciendo la definición de bloques de intereses encontrados en el sistema colonial. De todas formas, en el segundo quinquenio de la década de los años veinte el tráfico con las Indias comenzó a recuperarse de nuevo, y parte de esa recuperación era debida al comercio con Veracruz que comenzaba a dar salida a los metales de las primeras minas mexicanas como Taxco, Sultepec o Tlalpujahua, con lo que crecía la masa de medios de pago para las mercancías procedentes de España y debían subir los beneficios empresariales. Además, en 1529 se había firmado la Paz de Cambrai entre España y Francia y se avecinaban algunos años de mayor tranquilidad en el mar y de disminución de costes en el comercio, en la medida en que no sería necesario emplear tantos recursos para la protección de los barcos en el Atlántico. Ahora bien, si en las Antillas y áreas de Tierra Firme el capital comercial de origen peninsular había sido capaz de penetrar en la economía colonial participando en diferentes operaciones de conquista y en la organización de compañías para conseguir mano de obra esclava suplementaria a la de los indios encomendados, en Nueva España, donde las correspondientes acciones eran de mucha mayor envergadura, el capital prácticamente estuvo ausente a la hora de su organización, bastándose casi exclusivamente los colonos con los recursos extraídos sobre el terreno a las poblaciones indígenas locales ya conquistadas. Era un abastecimiento sobre la base de la población campesina autóctona. Una de las muchas operaciones que pueden citarse a título de ejemplo en la que el capital peninsular ya no estaba presente es la expedición organizada por Hernán Cortés para conquistar la Huasteca en la que, además de 450 soldados españoles, movilizó un ejército aliado compuesto probablemente por más de 50.000 guerreros indígenas ya que, según el cronista Ixtlilxóchitl, sólo de aculhuas participaron más de 40.000 efectivos. Otro caso un poco más tardío fue el de la operación organizada por Nuño de Guzmán, presidente de la Primera Audiencia, para conquistar el territorio de los teúles chichimecas. En su salida hacia Michoacán, Guzmán encabezaba a unos 400 españoles de a pie y de a caballo, cerca de 12.000 indios aliados mexicanos y tlaxcaltecas, más 12 piezas de artillería. 43 Natural-mente el abastecimiento y el armamento de todas estas tropas indígenas era proporcionado por las comunidades étnicas de procedencia, sin coste ni necesidad de crédito para los españoles. Y es que el nivel que podía alcanzar el excedente económico extraído por un encomendero a sus indios en Nueva España era altísimo y, al igual que en el caso de tributo a Tenochtitlan, reflejaba la capacidad productiva de las comunidades. También a título de ejemplo se puede citar el caso del encomendero Miguel Díaz de Aux -que había sido oficial real en Puerto Rico antes de pasar a México-quien tuvo encomiendas en Tempoal (Pánuco) y en Meztitlán, antes de ser encomendero de Tepatlaostoc, en Texcoco. 45 Estaba claro que no en términos cuantitativos en cuanto al tráfico marítimo -que hacia 1530 se estaba recuperando-, pero sí en cuanto a presencia en la economía colonial, el papel del capital mercantil con base en Sevilla había disminuido en comparación con el protagonismo que todavía tenía en el Caribe, y en Nueva España no había figuras como G. de Espinosa o D. Caballero. Los comerciantes de Sevilla, con algunos de sus agentes y empresarios en las Antillas y Tierra Firme, continuaban controlando el tráfico y el negocio de mercancías en el Atlántico, pero estaban ausentes de la producción de bienes y de su circulación en el interior de Nueva España. E incluso en relación con el crédito en la nueva economía encomendera, aunque era posible ver a algunos comerciantes sevillanos en la colonia, iba a estar asegurado no sólo por la producción indígena, sino también por otros recursos que veremos a continuación. Se puede decir que se estaba definiendo una nueva relación de fuerzas entre el capital mercantil y los nuevos encomenderos en la que aquél estaba encontrando un techo, un límite a la expansión y a la posibilidad de negocios en el interior de los 44 Gerhard, Peter: A Guide to Historical Geography of New Spain, At Cambridge University, Cambridge, 1972, págs. 183, 216 y 312. 45 Ruiz Medrano, Ethelia: Gobierno y sociedad en Nueva España: Segunda Audiencia y Antonio de Mendoza, El Colegio de Michoacán, Zamora, 1991, pág. 73. Esta limitación venía definida por el hecho de que en las nuevas conquistas del continente los comerciantes no habían conseguido acceder al control de los medios de producción, esto es, los indios y la tierra, que ahora eran monopolizados por los encomenderos, al contrario de lo que había sucedido antes en el Caribe. Esto era lo que marcaba la diferencia. Agudización de contradicciones entre encomenderos, capital y Corona A fines de 1533 llegaban a España las primeras e impactantes noticias de la extraordinaria conquista que se había iniciado en Perú, para cuyo comienzo precisamente había sido necesario el financiamiento facilitado por Gaspar de Espinosa. 46 El flujo general del comercio con Indias se recuperaba, aunque a ritmo lento y desigual, gracias al crecimiento del tráfico con Nueva España y, en menor medida, con las incursiones que la conquista realizaba hacia múltiples direcciones del Nuevo Mundo: Venezuela, Nueva Granada, Florida, etc.; y entonces, Nombre de Dios como destino, con su proyección al Perú, vino a modificar radicalmente el equilibrio de fuerzas existentes hasta ese momento en los negocios comerciales. El arranque no estuvo exento de altibajos pero, sobre todo en los primeros años, la cantidad de metales puestos en el mercado fue fantástica. Hay que recordar que la fundición de oro y plata que siguió al rescate de Atahualpa en Cajamarca, ascendió a casi un millón y medio de pesos, de los que correspondieron a la Corona más de 220.000 en concepto de quintos, pero la que tuvo lugar en Cuzco tras la conquista de la ciudad fue todavía mayor y supuso más de 1.900.000 pesos, con lo que los quintos del rey fueron aún superiores. Eran cantidades nunca conocidas. Por otra parte, las poblaciones indígenas encontradas por los españoles en los Andes eran, aunque con características muy singulares y diferentes a las de las sociedades novohispanas, tan ricas y productivas como aquéllas, también sobre la base de un campesinado extraordinariamente eficiente en la organización y el uso de los recursos naturales, y con una capacidad de tributación, fundamentalmente en trabajo, extraordinaria. A partir de ella los españoles pudieron extraer cantidades enormes de trabajo, bienes y metales, así como hacerles adaptar a suelo andino, como en Nueva España, cultivos y animales europeos. La imagen causada por la riqueza del Perú comenzó a ejercer un atractivo y un estímulo superior a todo lo conocido en términos de inversión capitalista, considerando por añadidura las dificultades -y el riesgo suplementario, con lo que ello significaba de encarecimiento de los precios de las mercancías-que implicaba el paso de Panamá, la navegación desde allí a Lima y sobre todo el retorno, con una duración desproporcionada de la navegación. Sin embargo, pese a que representantes y agentes de intereses comerciales de la Península comenzaron a trasladarse a Perú y llegaron en algunos casos a realizar excelentes negocios a veces al amparo y con la ayuda del poder político, sus líneas fundamentales de actuación económica se parecieron mucho a las que ya se han señalado en el caso de la Nueva España, en el sentido de que se hicieron fuertes en el espacio del comercio marítimo pero apenas penetraron a la circulación de mercancías por el interior de la colonia -un espacio dominado por los encomenderos incluso en el caso de las mercancías venidas de España-y casi nada funcionaron en otro tipo de actividades empresariales productivas. Algunos de los miembros de las familias comerciales con apellidos más conocidos en Sevilla llegaron a Lima acompañando a autoridades políticas, como sucedió con el juez pesquisidor Cristóbal Vaca de Castro, quien viajó a Perú para investigar los múltiples problemas políticos y -casi más preocupante para la Corona-fiscales que estaban produciendo allí los enfrentamientos armados entre distintas facciones de conquistadores. Y en efecto, comerciantes como Cristóbal de Burgos, Fernando de Sepúlveda, Ruy Díaz de Gibraleón, Luis Suárez, Diego de Illescas y otros estaban actuando en Lima a fines de la década de 1530 y comienzos de los años 1540 facilitando algunos créditos y negociando con España. 48 Poco más tar-48 Ver AGI, Escribanía de Cámara, 498; Levillier, Roberto: Gobernantes del Perú. ISSN: 0210-5810 de, aunque en fecha desconocida, haría su aparición en Lima el que sería después gran comerciante Juan Antonio Corzo, yerno de Antonio Corzo "el Viejo", que ya desde 1525 comerciaba con Santo Domingo. 49 Sin embargo, a pesar de su presencia tampoco pudieron entrar en operaciones comerciales que años atrás controlaban en el Caribe y que ahora eran objeto de control exclusivo de parte de los colonos que se enriquecían gracias a las fantásticas riquezas con valor de cambio en el mercado proporcionadas por las poblaciones conquistadas, la primera de las cuales eran los propios seres humanos. Ya se han visto las armadas en busca de caribes o las expediciones de Espinosa. Un poco después, ya en Pánuco, en los primeros años de la conquista de Nueva España, se había explotado de nuevo el recurso humano herrando y vendiendo como esclavos a las islas del Caribe quizá a más de 10.000 indígenas, en un negocio al que acudieron a obtener beneficios empresariales "los comerciantes y tratantes que por estas islas andan". 50 Esta fue una vasta operación controlada por colonos que eran los vendedores, en la que los comerciantes sólo fueron transportistas. No obstante, con ocasión de la conquista del Perú tuvo lugar otra gran operación de venta masiva de esclavos, mucho mayor que la anterior, exportando indígenas de diferentes grupos étnicos de la costa occidental de América Central, desde Nicaragua a los Andes, por la vía marítima del Pacífico en cifras que algunos autores elevan a centenares de miles. Entre 1528 y fines de la década de 1540, Centroamérica, con Nicaragua como principal núcleo, fue una de las bases fundamentales del comercio de esclavos indígenas que comenzó bajo el gobierno de Pedrarias Dávila y que en la década de 1530 constituyó el negocio más lucrativo de los españoles en la región. Una media de 10.000 esclavos al año entre 1532 y 1542 con destino a los Andes se considera una cifra prudente de aquel comercio y, entre 1536 y 1540, cuando las exportaciones de indios estaban en su momento más alto, se calcula que había unos 20 barcos transportando esclavos entre Realejo, Nicoya, Panamá y Perú, con una frecuencia de hasta seis veces al 49 Un Paolo Vicencio Corzo luchó en el bando de Gonzalo Pizarro en la tercera de las "guerras civiles" del Perú. Por otra parte, en la segunda mitad del XVI, cuando se produjera la explosión de la plata de Potosí y la economía colonial, incluyendo el papel de la encomienda, hubiese cambiado en relación a la primera mitad del siglo, Juan Antonio Corzo llegaría a ser un poderosísimo comerciante, con presencia en diferentes lugares de Indias, que intervino en el mercado interior y hasta en la vida política de la colonia. Vila Vilar, Enriqueta: "Los Corzos: un 'clan' en la colonización de América. Apuntes para su historia", Anuario de Estudios Americanos, vol. XLII, Sevilla, 1985, Los comerciantes vinculados a Sevilla ya no ocupaban algunos de los espacios económicos de que disfrutaron en el Caribe, pero el negocio comercial con Lima era extraordinario y además no estaban pagando el almojarifazgo de las mercancías que transportaban de Panamá al Perú, lo que les suponía una cuota de ganancia proporcionalmente superior a la que obtenían en el tráfico atlántico. Por otra parte, los créditos que ofrecían en la colonia no eran tan importantes en aquellos años, ya que los propios colonos, enriquecidos por la conquista, eran capaces de facilitar crédito. Y tan importante como esto, o más, eran los fondos procedentes de otra fuente de recursos que no estaba prevista para los particulares, pero de la que se aprovecharon profusamente los conquistadores y los colonos en las primeras décadas de la colonización, que era la Real Hacienda. 51 Algunos de los que utilizaban con largueza los fondos del erario real eran sus propios oficiales, quienes además eran encomenderos, y algunos de ellos, combinando esta diversidad de fuentes de ingresos, llegaron a organizar prósperas empresas en la colonia entre las que había compañías comerciales que competían con los mercaderes de origen sevillano. Pues bien, en pleno auge de la fase expansiva de los metales indianos volvieron a surgirle problemas al sector comercial. De un lado, en 1535 empeoraron otra vez las condiciones de navegación al endurecerse las relaciones políticas con Francia y también con los berberiscos, lo que obligó de nuevo a organizar armadas para proteger los barcos españoles, con el consiguiente encarecimiento de los fletes por la avería. La situación general se hacía más difícil aún porque, entre otras adversidades, también estaba la de la escasez de navíos y personal cualificado para la navegación. Pero, por otro lado, el problema más grave fue que aquel mismo año la Corona volvió a embargar los fondos procedentes de Indias para los particulares por primera vez (después del secuestro de 1523 ya mencionado) en una serie de hasta tres incautaciones en 1535, 1536 y 1538. La mayor cantidad ocupada tuvo lugar en la primera ocasión, en que se incautaron hasta 800.000 ducados de oro y plata procedentes del Perú. En los años siguientes las cantidades fueron menores, en torno a 150.000 ducados, pero en 51 Acosta, Antonio: "Estado, clases y Real Hacienda en los inicios de la conquista del Perú", en Revista de Indias (en prensa). De poco valía que se emitieran juros al 3% en compensación a sus dueños puesto que, dadas las condiciones financieras de la Monarquía, éstos rápidamente se devaluaban. Como se ha escrito, aquel hecho era más grave y producía mucho más desasosiego e incertidumbre en los negocios que cualquier impuesto que la Corona cobrase a los comerciantes en la Carrera. 52 Los años de 1537 y 1538 fueron de gran presión en los ambientes financieros y mercantiles y, aunque no conocemos detalles, es más que probable que en aquellos momentos se reanudaran las presiones de los comerciantes sobre la corte y la Corona para conseguir de una vez la autorización para crear el Consulado -como había sucedido en 1523-1525-, con el objeto de que los grandes cargadores, al manejar directamente los aspectos estratégicos del comercio, se resarcieran de alguna forma de las dificultades -simples descensos de beneficios en muchos casos-que estaban experimentando. Por su parte, la Corona, que decidía intervenir las remesas de Indias para los particulares, dejaba de ingresar importantes cantidades de sus rentas en la Real Hacienda en la colonia en gran medida por una pésima gestión por parte de sus propios servidores en la administración colonial y sus oficiales reales. 53 Sólo en el caso del Perú, entre los períodos de los gobiernos de Francisco Pizarro y Cristóbal Vaca de Castro, casi medio millón de pesos de la Hacienda Real fueron utilizados por las autoridades y los encomenderos en sus propias luchas y en reprimir la rebelión indígena de 1536, en lugar de haber utilizado para ello sus propios recursos como encomenderos que eran, puesto que se comprometían a mantener la tierra al recibir las encomiendas. Este comportamiento de las autoridades en la colonia era tutelado a título particular desde el propio Consejo de Indias por varios de sus miembros, así como por el secretario Francisco de los Cobos, quienes tenían intereses personales directos en la colonia y respaldaban la labor de gobernantes y encomenderos. Así, cuando en 1539 Bartolomé de las Casas pudo denunciar al emperador las connivencias existentes en el propio gobierno metropolitano con la mala gestión indiana, que tenía repercusiones (1) en la Real Hacienda, (2) en el trato a los indios, y (3) indirectamente en el comercio, no es de extrañar que Carlos V decidiera abrir la crisis política. La crisis y el desenlace Se trataba de una coyuntura especialmente grave que, más allá de los problemas que estaban a la vista, afectaba a largo plazo a los ingresos de la Hacienda procedentes del negocio indiano y esto, a su vez, a las finanzas de la Monarquía cuyo futuro, no sólo su presente, estaba ya suficientemente hipotecado. El nudo gordiano del problema parecía ser la consistente posición de fuerza económica de los encomenderos quienes, con el control casi monopólico de los medios de producción, limitaban el crecimiento del mercado indiano y, en relación con ello, cerraban la posibilidad de que muchos colonos que continuaban emigrando a América iniciaran negocios empresariales. Sin indios, esto no era posible. Para agravar este panorama, la mortalidad indígena era galopante y, como ya se sabía desde los primeros años del Caribe por palabras de Alonso Zuazo: "...porque el bien de todos estos reinos... esta en que esten poblados de indios, e faltando estos, falta todo; faltan las rentas de S.A. que no habrá quien saque oro; falta la población destas partes e granjerías dellas, e finalmente de tierras tan abundosas e fertilisimas convertirse-han en aposento de animales...". 54 De forma que parecía urgente atender a este problema. Pero además, por vía directa o indirecta, una de las derivaciones al menos en parte del tapón que constituían los encomenderos en las Indias, era la situación de los comerciantes y el capital que también reclamaban una posición más ventajosa para garantizar sus márgenes de beneficios en el comercio indiano. Ahora bien, lo más próximo para el emperador era la corte y, quizá por ello, Carlos V inició el tratamiento de la crisis con una visita al Consejo de Indias entre 1540 y 1541 que dio como consecuencia la inhabilitación y sanción a varios de sus miembros -algunos de los cuales, no obstante, "se recuperaron" poco después y continuaron ostentando altos cargos en el poder de la Monarquía-55; acto seguido continuó con la promulgación de las llamadas Leyes Nuevas, en 1542; y finalmente terminó en 1543 con la autorización para la creación del Consulado de Cargadores en Sevilla. Las Leyes Nuevas comenzaban con una especie de disculpa del emperador por no haberse podido ocupar antes de los asuntos de Indias y, además de cuestiones relacionadas con la administración de justicia y el 54 AGI, Patronato, 170, R. 21. ISSN: 0210-5810 gobierno, abordaban la incompatibilidad de las autoridades indianas, incluyendo los oficiales de Hacienda, para poder ser encomenderos pero sobre todo -y lo que era todavía más importante-, quebraban el control directo de los encomenderos sobre el trabajo y la producción indígena estableciendo que el tributo que recibiesen aquéllos fuese tasado y entregado periódicamente al beneficiario. Esto era crucial porque abría la puerta a que, mediante otros mecanismos que se articularían después -el más importante, el repartimiento-, otras personas pudieran tener acceso a indios y, con ello, creciera y se diversificara la economía colonial a costa, eso sí, de la integridad de las comunidades indígenas. Por su parte, los cargadores a Indias veían satisfecha su aspiración de contar con una institución desde la que controlar tres aspectos cruciales que les daban mucho poder, y por lo tanto mejores posiciones económicas, en el sistema mercantil: a) la negociación con la Corona sobre la cuestión de los registros e inspecciones de las cargas a efectos fiscales; b) disponer de total competencia a efectos de quiebras mercantiles y financieras; y c) tomar el control del crédito con la jurisdicción sobre las licencias de cambios y préstamos marítimos. 56 Otras cuestiones muy importantes también, como la administración de la escasez en el mercado indiano, a base de establecer el sistema de flotas, vendrían poco después proporcionando otra dimensión, y otros problemas también, a la Carrera. Parece claro que los problemas, y su correspondiente solución, en cada una de estas tres parcelas permitirían una explicación en clave local. Es decir, había razones estrictamente de gestión del negocio financiero y mercantil en Sevilla para poder explicar el por qué de la presión de los grandes cargadores para conseguir su propio espacio de poder con un Consulado. Por otra parte, había suficientes motivos de quejas contra los encomenderos por sus actuaciones en las Indias (los mal llamados abusos, como si la misma conquista no fuese ya un abuso) como para poder explicar que se reaccionara contra ellos por parte de la Corona. Y, por último, había también muchas denuncias sobre las corruptelas de miembros del gobierno metropolitano en la gestión indiana. Pero sería de ciegos no percibir que, en última instancia, se trataba de elementos de una misma maquinaria relacionados entre sí, y que las decisiones adoptadas afectaban directamente a una modificación en la relación de fuerzas entre dichos elementos, y en principio -o eso parecía-a un reforzamiento de la posi- Permítasenos de todas formas añadir como apostilla y en letra pequeña que, pese a todo, a medio plazo podría apreciarse pronto que ni todos los encomenderos fueron totalmente derrotados, ni el capital mercantil triunfó completamente pues sus limitaciones se harían evidentes en el siglo XVII y, como se adelantó, muchos políticos en la metrópoli continuaron "flotando" en las esferas del poder. Pero ésta es otra historia.
Oficialmente excluidos del panteón de los héroes nacionales, los restos de Pancho Villa fueron trasladados, finalmente, al Monumento a la Revolución en 1976. Sin embargo, en 1994, el Estado de Chihuahua inauguró una celebración anual, las "Jornadas Villistas", que considera a Parral como el centro de culto a la muerte de Villa. Este artículo examina la reapropiación regional del cuerpo de este dirigente y de su legado, mediante las celebraciones públicas y la ubicación de las "Jornadas Villistas", dentro del contexto político relacionado con el tratamiento y emplazamiento de los restos de Villa desde su asesinato en 1923.
interesante reflexión acerca de la influencia de la "nueva historia cultural" en los estudios sobre la Revolución Mexicana y la formación del Estado-nación posrevolucionario. 2 En su recorrido historiográfico, destacaba la importancia de la llamada "perspectiva revisionista" surgida a finales de los años sesenta, cuando una nueva generación de estudiosos, sensible a los acontecimientos políticos del periodo y a la crisis del Estado mexicano, se apartó de la interpretación tradicional de la Revolución Mexicana y del Estado posrevolucionario, cuestionando su carácter popular y democrático. Bien al contrario, la Revolución habría producido un Estado centralizado, autoritario y manipulador de las masas populares. 3 Posteriormente, en los años ochenta, la difusión de estudios sobre la experiencia revolucionaria en el ámbito regional comenzaría a plantear serias dudas sobre la fuerza del Estado y su capacidad de manipulación, mostrando la complejidad, por una parte, de los procesos revolucionarios y, por otra, de la participación popular a nivel regional y local. 4 Desde entonces, se ha ido consolidando una "perspectiva posrevisionista" que ha determinado un cambio sustancial en las interpre- taciones del Estado posrevolucionario y de sus tentativas de "construir nación", poniendo énfasis en los problemas de su reconstrucción en un territorio tan vasto y sujeto a una multiplicidad de poderes inmersos en una intensa movilización social y política. 5 Esta historiografía está interesada principalmente en el proceso de formación del Estado-nación posrevolucionario y en el papel de los "subalternos": sus aportes, fundados en intensas investigaciones en archivos federales, estatales y municipales, indican que campesinos, obreros, elites, autoridades locales y nacionales negociaban en distintos niveles y participaban de la construcción de los significados y de las prácticas del nuevo Estado. 6 El dossier que aquí presentamos, bajo el título Forjando un México nuevo: Revolución, nación y cultura en el México posrevolucionario, reúne cinco contribuciones que -en línea con los más recientes aportes de la historiografía-analizan distintas facetas de los proyectos culturales impulsados por los gobiernos posrevolucionarios bajo el lema de la construcción de un nuevo México. A lo largo de los últimos años, se ha ido abandonando en la historiografía la idea de una Revolución y de un Estado federal posrevolucionario contrapuesto a una sociedad "tradicional", una dicotomía poco apta para captar la complejidad de las relaciones entre el Gobierno federal, los Estados y los distintos actores políticos, sociales y étnicos que actuaban en los diferentes ámbitos. El estudio de las realidades locales, por un lado, y la nueva mirada hacía "lo político" legada por la historia cultural, por el otro, nos han permitido ajustar la perspectiva, adoptar una mirada diferente que cuestiona la imagen de un Estado federal posrevolucionario omnipotente y autoritario. Lejos de ser un Estado Leviatán, éste tropezaba con notables dificultades a la hora de presentarse como un actor legítimo en el ámbito local y necesitaba de múltiples mediaciones y negociaciones para poder llevar a cabo sus políticas y proyectos. Por otro lado, la práctica de la negociación pragmática se transformó en fuente de fuerza para el Estado posrevolucionario e instrumento eficaz para la construcción del consenso. Es decir, el proyecto cultural y de construcción nacional de la Revolución -para ceñirnos al enfoque de este dossier-fue, 5 Acerca de la perspectiva posrevisionista, véase: Knight, 1985; Benjamin y Wasserman, 1990; Joseph y Nugent, 1994. 6 Contamos ya con numerosos trabajos que estudian la formación del Estado-nación mediante el análisis de distintos aspectos del proyecto posrevolucionario y en distintos lugares del territorio mexicano. ISSN: 0210-5810 según los casos, resistido, negociado y redefinido por los distintos actores, lugares y prácticas con los cuales tuvo que confrontarse, en dinámicas de conflictos y negociaciones que terminaron por transformar tanto a los destinatarios del proyecto como al Estado mismo. * * * Una vez finalizada la "revolución en armas", el nuevo Estado mexicano comenzó a referirse a la Revolución, con mayúsculas, como fuente de legitimación de su poder. Con la presidencia de Álvaro Obregón (1920de Álvaro Obregón ( -1924) ) se dio inicio a la elaboración de una versión oficial de la Revolución y a la transformación de los distintos líderes en héroes nacionales: las facciones opuestas del pasado y del presente fueron agrupadas en la "familia revolucionaria", expresión popularizada por el mismo Obregón. En este proceso de construcción de los héroes y de un nuevo calendario festivo, los gobiernos posrevolucionarios elaboraron lenta y gradualmente nuevos rituales para celebrar la Revolución, sin dejar de lado el calendario patriótico que en gran parte había sido institucionalizado durante el porfiriato. Sin embargo, los héroes revolucionarios nunca llegarían a ser figuras estáticas y no todos -ni en los mismos tiempos-fueron integrados en la hagiografía oficial. Francisco I. Madero, autor del plan insurreccional tras la reelección de Porfirio Díaz, fue utilizado como símbolo de la unidad revolucionaria (otorgándole un papel que nunca tuvo como presidente) y precursor de la "verdadera" revolución que tendría lugar en los años siguientes. Venustiano Carranza, que no alcanzó gran popularidad ni siquiera después de muerto, fue transformado en una figura paterna, austera y responsable, cuando pocos años antes había sido oficialmente denunciado como instrumento de la reacción y no se le había reconocido siquiera su papel en la promulgación de la Constitución de 1917. El presidente Obregón se presentaba como heredero de Madero y al mismo tiempo de Emiliano Zapata, quien en realidad había encabezado la rebelión precisamente contra el gobierno maderista. Apropiarse de la figura de Zapata era esencial para la legitimación de los gobiernos posrevolucionarios y asumió entonces la semblanza del precursor del agrarismo y de la reforma agraria. A pesar de todas las iniciativas que buscaban integrarlo en la hagiografía oficial, Zapata siguió siendo (hasta hoy) un potente símbolo de lucha contra el gobierno. PRESENTACIÓN: FORJANDO UN MÉXICO NUEVO Cuando en 1931 el Congreso aprobó la lista de héroes revolucionarios figuraban en ella Madero, Carranza y Zapata, pero había un gran ausente: Pancho Villa. De su larga exclusión del panteón de los héroes -sólo en 1966 fue reconocido su papel en la Revolución-se ocupa Anne Marie McGee en su contribución a este dossier. A pesar de su popularidad, o quizás precisamente por esta razón, Villa nunca formó parte del proyecto posrevolucionario de configuración del mito revolucionario: no sólo no fue transformado en un héroe nacional, sino que su nombre no se mencionaba en las celebraciones, y sus fechas de nacimiento y muerte no entraron en el calendario oficial. McGee nos ofrece otro elemento para entender su exclusión: la identificación regional de Villa y su posición anti centralista, algo incompatible con la ambición de expansión nacional del Gobierno federal en el periodo posrevolucionario. El artículo de Mc Gee -"Body Politics and the figure of Pancho Villa: From National Exclusion to Regional Resurrection"-analiza la marginación de Villa en un aspecto específico: el tratamiento y ubicación de sus restos desde 1923, fecha en que fue asesinado. Reconstruye las distintas fases de este proceso, desde las circunstancias del entierro y las posiciones del Gobierno federal y estatal en la etapa de la exclusión nacional hasta llegar finalmente al establecimiento, en fecha tan reciente como 1994, de una celebración oficial promovida por el Estado de Chihuahua (las "Jornadas Villistas"), algo que la autora define como "resurrección regional". Un año, 1994, en que mientras emerge de nuevo la figura de Villa en el Norte, otra de difícil integración en la familia revolucionaria, la de Zapata, era emblema de una rebelión en el extremo sur, en Chiapas. Ahora bien, desplazándonos desde la frontera norte al sur de la Republica Mexicana, si en general la historiografía había considerado que en buena medida "la revolución nunca llegó a Chiapas", estudios recientes han matizado esta afirmación, señalando las ambivalencias de los éxitos y fracasos en la implementación de los proyectos revolucionarios y sus variables cronologías regionales y locales. La contribución de Stephen E. Lewis -"Una victoria pírrica en el México posrevolucionario: los finqueros alemanes, las escuelas Artículo 123 y la formación del Estado en las costa de Chiapas, 1934-1942"-analiza los conflictos surgidos alrededor de las lla-LAURA GIRAUDO AEA, 67, 2, julio-diciembre, 2010, 415-424. 123", que en Chiapas se establecieron en su mayoría en las fincas cafetaleras del Soconusco, muchas de ellas de propiedad alemana. El art. 123 obligaba a los propietarios a pagar la educación de los hijos de los trabajadores residentes en un centro industrial o rural siempre que su número excediese de un total de veinte y la distancia a la escuela federal más cercana fuese mayor de tres kilómetros. En el caso de los finqueros de Chiapas, Lewis nos relata su búsqueda de escapatorias legales, de la complicidad de las autoridades locales, hasta el uso de amenazas y violencia para evitar esta obligación. Su análisis se enfoca especialmente en el caso de una dinastía alemana muy poderosa y sus enfrentamientos con un inspector decidido a hacer cumplir la ley y con los mismos trabajadores de las fincas. También nos introduce en un tema más amplio: las relaciones entre el Gobierno federal (y sus agentes en el territorio, entre ellos maestros e inspectores), los gobernadores de los Estados, las autoridades locales, los hacendados, sindicatos y vecinos. Si en los primeros años treinta la Revolución parecía no haber llegado todavía a Chiapas y, en concreto, el proyecto de las escuelas Art. 123 parecía haber fracasado frente al poder de los finqueros, también es cierto que las actividades de maestros e inspectores -apoyando la reivindicación de los derechos de los trabajadores, su incorporación a los sindicatos y las funciones que ejercieron como "agentes de un emergente Estado-nación"-crearon las condiciones para las expropiaciones que finalmente se dieron en 1939. Sin embargo, a pesar de que en la época cardenista el Gobierno federal ganó espacios y poder en Chiapas, los proyectos revolucionarios ya estaban "moderándose" o abandonándose. Los dos siguientes artículos, firmados por Alicia Civera Cerecedo ("El cooperativismo en la escuela rural del México de los años treinta") y Susana Sosenski ("Niños limpios y trabajadores. El teatro guiñol posrevolucionario en la construcción de la infancia mexicana") abordan temas diferentes que, sin embargo, tienen varios puntos en común con la contribución de Lewis. Los tres artículos se centran en el primer periodo posrevolucionario y analizan proyectos radicales que, por distintas razones, tuvieron que moderarse antes de alcanzar su plena realización. 7 Además, 7 En la historiografía se suele considerar 1940 como un año crucial, que pondría punto final a la etapa más radical de la época posrevolucionaria. Si bien han surgido dudas en algunos estudios sobre la validez de este turning point, seguimos empleando esta periodización, ya que todavía los escasos estudios sobre los años posteriores a 1940 no permiten interpretaciones generales. Para una compilación pionera, véase Joseph, Rubenstain y Zolov, 2001. PRESENTACIÓN: FORJANDO UN MÉXICO NUEVO estos artículos tienen en común la presencia de un actor institucional con un papel fundamental: la Secretaría de Educación Pública (SEP). Cabe aclarar que, entre las instituciones creadas por los gobiernos posrevolucionarios, la SEP fue, durante este periodo de formación del Estado-nación posrevolucionario, la más importante institución de ingeniería social. Su papel iba mucho más allá de la enseñanza y la escolarización, participando de todos los proyectos de transformación de la sociedad mexicana, de la gradual construcción de las instituciones federales y de la paralela construcción de una nueva cultura nacional. A través de la presencia de la SEP y de sus actividades en los Estados, los gobiernos federales fueron "conquistando el territorio" (o lo intentaron): por ello maestros e inspectores escolares fungían en realidad como agentes federales en los Estados (lo que no implica necesariamente su eficacia). En este marco general, Alicia Civera analiza la introducción del cooperativismo en la enseñanza agrícola y la relación entre las escuelas y la promoción del desarrollo económico rural, un tema hasta ahora descuidado por los especialistas, a pesar del auge de los estudios sobre educación rural. El tema involucra a dos grupos profesionales, los maestros y los agrónomos. En los años veinte la enseñanza agrícola se realizaba desde dos instancias distintas, la SEP y la Secretaría de Agricultura y Fomento; en los primeros años treinta, con la creación de las escuelas regionales campesinas, la SEP asumió el papel principal y el proyecto se radicalizó, fortaleciendo el vinculo entre escuela y desarrollo económico a través del impulso al cooperativismo, en un contexto en el cual las escuelas participaban intensamente en la organización de los campesinos y en el reparto de tierras. La idea era que el nuevo maestro rural formado en estas escuelas fuese un "ejidatario modelo". Sin embargo, este proyecto radical se fue moderando, por la falta de una clara concepción del cooperativismo en la misma SEP, por la enorme distancia entre el proyecto y la práctica y por las grandes dificultades y deficiencias con que funcionaban estas escuelas. A pesar de ello, algunas tenían una importante producción agrícola y ganadera y otras realizaban trabajo político con las comunidades campesinas, organizándolas para obtener tierras o recursos. Como recuerda Civera, en caso de conflicto intervenían diferentes tipos de problemas, pero sobre todo el hecho de que "las escuelas quedaban en un lugar estratégico entre las comunidades locales y las nuevas organizaciones políticas nacionales". En definitiva, el cooperativismo sirvió como forma de organización política más que económica, como cultura política más que como medio para impulsar el desarrollo económico, apoyando el fortalecimiento de un corporativismo que afianzaría el poder federal. Por su parte, Susana Sosenski nos invita a asomarnos a las políticas públicas hacia la infancia mediante el estudio de un proyecto creado en 1932: el "teatro guiñol". Apoyado por Narciso Bassols, entonces secretario de Educación, y por Carlos Chávez, titular del Departamento de Bellas Artes, sus artífices fueron escultores, pintores, dramaturgos, músicos y escritores. La autora nos presenta un análisis de los discursos de las obras de teatro alrededor de dos valores esenciales mediante los cuales se quería promover la construcción del niño como futuro ciudadano mexicano: el trabajo y la higiene. Estudia así el teatro guiñol como una herramienta de propaganda y difusión de los contenidos ideológicos de la Revolución. Los proyectos posrevolucionarios insistían en la necesidad de una "regeneración" física y mental de la población, por ello la atención hacia la infancia era sin duda un aspecto importante, sobre todo si consideramos que los niños escolarizados podían fungir de mediadores entre el Estado y las familias populares mexicanas. A través del teatro guiñol se introducían temas como la lucha en contra de la explotación y por los derechos de los trabajadores o se condenaba el trabajo infantil, al mismo tiempo que se reprobaba el ocio. El mensaje que se transmitía no carecía desde luego de ambivalencias, como es quizás más evidente con el tema de la higiene: la urbanización era presentada como enemiga de la salud, pero a la vez se enfatizaban las condiciones de atraso presentes en el ámbito rural. En general, el discurso sobre la higiene se dirigía a un público popular cuya realidad económica y social era en buena medida incompatible con las prácticas de higiene que se querían introducir. El proyecto del teatro guiñol, patrocinado y financiado por la SEP, dependía de los esfuerzos y del entusiasmo de los "titiriteros" y de su capacidad en enfrentar las dificultades cotidianas. Esta misma valoración, como ya se ha mencionado, se podría aplicar a varios otros proyectos de la SEP, que a menudo no tenían los recursos económicos y organizativos para funcionar adecuadamente. Los cambios políticos y de postura ideológica de los años cuarenta determinaron el fin de las actividades de los titiriteros, si bien en años posteriores se volverá a utilizar el teatro guiñol como medio para transformar los hábitos populares. Estas contribuciones nos indican que hace falta seguir explorando, con otras investigaciones, varios aspectos relacionados con la intervención de la SEP (y del Gobierno federal en general) en la vida cotidiana de las comunidades rurales, pero también de las poblaciones urbanas, especial-PRESENTACIÓN: FORJANDO UN MÉXICO NUEVO mente en lo que se refiere a la ambición de transformación de los comportamientos para su "modernización" y a los resultados de estas intervenciones en la organización económica familiar, en los hábitos alimenticios e higiénicos de las familias, en las prácticas médicas, en la construcción de mercados de consumo, etc. Cabe todavía insistir en que, si hemos empleado aquí la expresión "proyecto/s posrevolucionario/s", esto no implica que se trate de un proyecto planeado e implementado por un gobierno federal desde la capital o que presente un carácter unitario: más bien al contrario, como los artículos reunidos en este dossier confirman en varias maneras, los proyectos y las políticas posrevolucionarias se presentan como procesos multivalentes y cambiantes, construidos a través de la interacción entre distintos actores. Por otra parte, también habría que recordar que varios aspectos de la experiencia mexicana de este periodo tienen muchos puntos de contacto con otros países. Entre ellos, la percepción de la existencia de una distancia entre grupos de poblaciones social o étnicamente definidos y la consiguiente búsqueda de una "integración nacional" (la llamada "cuestión indígena") era común a muchos países. Es oportuno, por lo tanto, analizar la experiencia mexicana con un enfoque comparativo que permita definir con mayor claridad las peculiaridades del caso mexicano. En tal sentido, cierra este dossier mi propia contribución -"De la ciudad 'mestiza' al campo 'indígena': internados indígenas en el México posrevolucionario y en Bolivia"-que presenta un estudio comparativo de estos internados, con el objetivo de identificar las especificidades de las experiencias y de los debates que surgieron en los dos países. Al estudiar los "recorridos espaciales" de algunos internados emblemáticos en la historia educativa de México y Bolivia, se destacan los paralelismos de sus desplazamientos entre la ciudad y el campo, analizando la relación entre estos desplazamientos y las posiciones acerca de la educación y los internados indígenas. Por otra parte, se analizan las coincidencias (así como las discrepancias) discursivas y prácticas entre las elites de ambos países. Las experiencias y los debates acerca de la educación especial para los indígenas reflejan las ideas y representaciones que estas elites tenían de su población en el marco de su proyecto de nación y de ciudadanía. Asimismo, se consideran las ideas y visiones que los educadores mexicanos y bolivianos tenían los unos de los otros y de sus respectivas experiencias educativas, resaltando sus interacciones y, en definitiva, su participación en un mismo debate transnacional.
comprometió a los maestros a promover las reformas agraria y laboral en las fincas cafetaleras chiapanecas. Los finqueros, muchos de origen alemán, lograron ir estorbando las "escuelas Artículo 123", pero se vieron afectados por la reforma agraria en 1939 y por el secuestro de sus fincas durante la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, ganaron su batalla contra la SEP, pero perdieron finalmente la guerra contra el Estado-nación mexicano emergente. 1 Este trabajo forma parte del proyecto de investigación "El indigenismo interamericano: instituciones, redes y proyectos para un continente, 1940-1960" (HAR2008-03099/HIST) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España. Agradecezco a Laura Giraudo y a los dos evaluadores anónimos del AEA sus comentarios. A lo largo de los últimos veinte años, las investigaciones históricas sobre la Revolución Mexicana han cambiado de enfoque paulatinamente; ahora menos interesados en la década de la lucha armada (1910-1920), los historiadores están concentrándose cada vez más sobre los dos primeros decenios posrevolucionarios, decenios de reconstrucción, cuando se forjó el moderno Estado-nación mexicano. La más importante institución de ingeniería social durante ese periodo crítico de formación del Estado y de la nación fue la Secretaría de Educación Pública (SEP), fundada en 1921. Además de impartir la enseñanza tradicional, los maestros federales de bían de "forjar patria" e introducir las reformas e instituciones federales en regiones inquietas y violentas dominadas muchas veces por caciques, gobernadores, hacendados, finqueros y rancheros poderosos. Este artículo analiza un programa plenamente radical de la SEP que fue puesto en práctica muy a pesar de la voluntad de propietarios importantes, muchos de ellos extranjeros, en la costa de Chiapas. El conflicto tuvo su origen en la Constitución de 1917. Cuando los constituyentes consideraron medidas para regular las condiciones laborales en el campo, controlar el poder de los grandes finqueros y facilitar el acceso a la educación pública, pensaron satisfacer todas estas demandas con una sola iniciativa legislativa: el Artículo 123 Constitucional. Las autoridades educativas usarían este artículo para obligar a los propietarios a pagar la educación de los niños en edad escolar residentes en sus tierras, pero en el Chiapas rural este experimento estuvo condenado al fracaso casi desde el principio. Coincidió en los años treinta con la radicalización de la SEP y de sus maestros. Los finqueros, que ya se resentían de los mínimos costos asociados con las escuelas, se enfurecieron con los nuevos docentes, quienes también ser vían de inspectores de trabajo y promotores de la reforma agraria y de la creación de poderosos sindicatos afiliados al gobierno federal. Para 1938, las "escuelas Artículo 123" estaban cediendo ante la resistencia de poderosos finqueros y las contradicciones internas de la SEP, que iba perdiendo su inicial orientación populista. En Chiapas, la mayoría de las escuelas Artículo 123 se establecieron en las fincas cafetaleras del Soconusco. A finales del siglo XIX, cuando el régimen de Porfirio Díaz fomentó la colonización extranjera a través de la venta de terrenos baldíos y ejidos, los inversionistas de distintas procedencias aprovecharon estas condiciones propicias para establecer fincas dedicadas al cultivo de café. El grupo nacional más numeroso fue el alemán, muchos de cuyos miembros ya habían sido cultivadores de ese producto en el vecino país de Guatemala. No sólo tenían experiencia, sino que también se beneficiaron de que los principales bancos de la región fueran alemanes, de que la venta del grano estaba en sus manos y también por que los mercados europeos más importantes se encontraban en Hamburgo.2 Durante la etapa más violenta de la Revolución, el primer jefe Venustiano Carranza prohibió que sus tropas saquearan esas fincas en el Soconusco y, según Friedrich Katz, el mismo Carranza solicitó el apoyo del gobierno germano durante la Revolución para protegerse de una posible invasión norteamericana. 3 Gracias a la política carrancista, en los años veinte los propietarios alemanes estaban en situación ideal para aprovecharse de los altos precios pagados por el café en el mercado mundial. Aunque el grano cotizó poco en los treinta, los impuestos que pagaban los finqueros durante esa década aún constituían entre el 60 y 80 por ciento del ingreso agrícola estatal, y alrededor de un tercio de todos los ingresos del Estado de Chiapas. 4 Acostumbrados a defender sus intereses y su soberanía frente a los gobiernos estatal y federal, los cafetaleros se enfrentarían también a una ambiciosa SEP y a sus escuelas Artículo 123 en los años treinta. Para el gobierno federal, la educación popular representaba la manera más directa de intervenir en la vida de un proletariado rural parcialmente movilizado y politizado. Las labores de los maestros como inspectores de las condiciones de trabajo, agentes de inmigración y promotores de la organización laboral y el agrarismo estaban destinadas a crear una clientela rural para el emergente Estado-nación federal y, al mismo tiempo, disminuir el poder de las clases finquera y ranchera. Los grandes propietarios se resentían de la intrusión de una institución federal que pretendía averiguar las prácticas laborales y la calidad de vida en sus fincas, y las autoridades estatales se molestaban cuando los docentes federales intervenían en sus dominios, llegando a menudo los maestros Artículo 123 a encontrarse en situaciones precarias y peligrosas. Por una parte, se les había encomendado la implementación de un programa social ambicioso y la conquista de las lealtades de "los de abajo". Por otra, tenían que cobrar sus sueldos raquíticos de propietarios hostiles y armados. Aunque a primera vista parecería que los segundos vencieron tanto a los maestros como a la SEP, veremos que su victoria fue en realidad incompleta frente al poder de un Estado federal cada vez más hegemónico. En 1920, después de varios años de violencia, los rancheros y finqueros chiapanecos habían logrado bloquear las reformas que se suelen asociar con la Revolución. Hay cierto grado de confiabilidad en la reflexión de que la Revolución nunca llegó a Chiapas. Según Thomas Benjamin, "la reconstrucción [posrevolucionaria] fue con exactitud eso: la reconstrucción o restauración del orden social porfirista en todo lo posible". 5 El "peonaje acasillado", la esclavitud en las monterías, el enganche y las tiendas de raya regresaron a los campos chiapanecos. El Estado de Chiapas no proporcionó los fondos adecuados para la reforma agraria federal; además, esta reforma fue obstaculizada por leyes locales y el programa estaba en manos de los mismos terratenientes. Para 1936 ninguna de las fincas cafetaleras del Soconusco había sido expropiada. Esto se debió, en parte, al débil y corrupto gobierno estatal y a las guardias blancas de los finqueros que aterrorizaban a los que se unían a los agraristas. 6 Debido a que los gobernadores estatales chiapanecos no podían, o no querían, incomodar a la elite rural, las escuelas Artículo 123 tuvieron una infancia difícil. En otros Estados de la República, como Coahuila y Guanajuato, se fundaron cientos de éstas costeadas por hacendados y rancheros. 7 En Chiapas, aunque las leyes laborales constitucionalistas habían ordenado la construcción de planteles rudimentarios siempre que hubiese veinte familias residiendo en una propiedad, el sector privado estableció y costeó muy pocas escuelas hasta 1931. Además, éstas apenas cumplían con las metas educativas y sociales de la SEP. Muchas estaban a cargo de maestros que se identificaban con las elites locales y servían de centros de propaganda contrarrevolucionaria. 8 En 1931 el gobierno federal intentó corregir las fallas de las escuelas Artículo 123 y se tomaron los primeros pasos para que la SEP pudiera ejercer un mayor control. Lo más urgente era impulsar su construcción. En 1932, el director de Educación Federal en Chiapas informó que 252 negocios particulares debían haber establecido una escuela Artículo 123, pero que en realidad sólo existían 55 de éstas. 9 Dos años más tarde, debido a otra serie de reformas a la Constitución y a la Ley Federal del Trabajo, pasaron al control federal y se le otorgó a la SEP la responsabilidad de imponer su construcción a los finqueros de Chiapas,10 mientras la Oficina de Estadística Escolar ofreció a los directores e inspector federales incentivos financieros para fundarlas.11 Tras la federalización, todo lo relacionado con el curriculum y el personal pasaba a ser competencia de la SEP. Esto cobraba especial relevancia porque la federalización ocurrió un mes después de que el PNR respaldara la educación socialista. La elite rural chiapaneca, que había aprendido a tolerar e ignorar las escuelas pre-federalizadas en sus plantaciones, reaccionaría visceralmente en contra de las nuevas escuelas Artículo 123, ahora federalizadas y socialistas. Consideraban que éstas eran focos de activismo social y político, y tenían razón. Forjando el Estado central en las escuelas Artículo 123 La educación socialista en las escuelas Artículo 123 en Chiapas tenía poco que ver con la de las escuelas rurales federales. Las diferencias se explican como consecuencia de las dinámicas del poder local. Típicamente, las segundas se encontraban en comunidades marginales pobladas por mestizos e indígenas dominados por caciques locales y, en ellas, los maestros lanzaban campañas antialcohólicas y de salud pública, patrocinaban los "domingos culturales" y la celebración de fiestas patrias y trabajaban para fomentar un sentido de identidad nacional. 12 En la zona cafetalera, donde se encontraban la mayor parte de las escuelas Artículo 123, los enemigos del emergente Estado-nación eran muy distintos. Por razones demográficas e históricas, la presencia de la Iglesia era mínima. 13 Las giras ocasionales de curas ambulantes, con su escasa influencia sobre los trabajadores migrantes y semipermanentes, nunca preocuparon a los forjadores del nuevo México, pero los finqueros y otros miembros de la elite rural chiapaneca representaban una amenaza más seria. Acostumbrados a las exenciones fiscales, a la no observancia de las leyes federales del trabajo y a un gobierno estatal que los favorecía, nunca habían sido sometidos al control federal. Para los maestros, el reto no podía haber sido más desanimador. La SEP les encargaba sobre todo las dimensiones "libertadoras" de la educación socialista, prestando poca atención a que se cumpliera con la enseñanza tradicional o con su ambicioso proyecto cultural. En 1935, el inspector de la primera zona escolar de Chiapas, Daniel Vassallo, informó que en el "aspecto académico he notado un poquito de deficiencia [...] pero no es de culparse al maestro porque se compensa, y quizá grandemente, con la intensa labor social que se viene desarrollando". 14 Un mes más tarde, Vassallo anotaría que "tropezamos con dificultades que nos presenta un pequeño sector de personas a la antigua, que quisieran que sus hijos asistiesen a la escuela sólo para aprender a leer, escribir y contar". 15 Tampoco interactuaban mucho con los migrantes indígenas que llegaban a las fincas cada otoño para la "pizca" o "tapisca" (recolección del café); la movilización, politización, y organización laboral del proletariado mestizo fueron más importantes en la zona cafetalera. Las labores más conflictivas de los maestros eran la organización de los trabajadores en sindicatos afiliados a la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) y el fomento de la reforma agraria. Como relató el mismo Vassallo, la campaña sindicalista implicó un fuerte enfrentamiento con los intereses más poderosos del Estado: trabajo no [fuera] mayor de las ocho horas diarias, y que no se trat[ara] mal a los trabajadores a quienes la mayoría de maestros esta[ban] procurando organizar en Sindicatos para su defensa".17 Tercero también tenía responsabilidades como agente de inmigración en esta temprana fase de la formación del Estado mexicano. Como maestros socialistas revolucionarios, nos hemos impuesto la obligación de vigilar que en los centros de trabajo de esta región cafetera que está en manos de alemanes en su mayoría, no entren clandestinamente braceros guatemaltecos a sustituir a los mexicanos, por ser peligrosos por las razones siguientes: que desconocen nuestras Leyes de Trabajo, siendo ésto motivo a que se conformen a ganar un salario bajo, aceptan tareas excesivas, más de las ocho horas de trabajo diario, y aguantan cuando el finquero les da un mal trato [...] siendo ésta la causa por la que en la mayoría de las veces les niegan trabajo a los mexicanos y prefieren a los guatemaltecos. 18 Tercero promovió la organización laboral de una manera activa y directa, intentando formar ese mismo año un Sindicato de Trabajadores del Campo en "El Retiro". Según su relato, el administrador alemán de la finca -"miembro de una organización hitleriana"-amenazó con despedir los trabajadores en proceso de organizarse; más tarde, intentó obstaculizar el proceso de registro oficial ofreciendo mordidas al agente municipal y al mismo Tercero. El administrador envió otro empleado (alemán) a Tapachula para ofrecer más sobornos y convencer a las autoridades de que saboteasen el Sindicato; posteriormente se desplazó personalmente con el mismo fin. Una vez regresado a "El Retiro", el administrador afirmó que "para lograr la disolución del grupo está dispuesto a tirar los miles de pesos que sean necesarios, porque no tolerará la organización de un Sindicato en la finca". 19 Finalmente, el maestro ganó esta batalla, por lo menos a corto plazo. Tras el reconocimiento del Sindicato, los trabajadores de "El Retiro" pudieron negociar con los dueños un contrato colectivo de trabajo. El papel de los "maestros Artículo 123" en la reforma agraria era igualmente provocador. Después de la reforma al Código Agrario en marzo de 1934, la misma que extendió el derecho a solicitar el reparto de tie-rras a los "peones acasillados", los maestros de la zona cafetalera se dedicaron a facilitar los trámites en sus comunidades. A finales del mismo año, esos peones y trabajadores ya habían solicitado el reparto de tierras en los lugares donde había escuelas Artículo 123. Cuando la burocracia correspondiente no cumplía con las demandas de los agraristas, la SEP esperaba que los maestros dirigieran invasiones de tierras. En 1935 los docentes encabezarían cincuenta de estas invasiones para poner a las autoridades frente a una situación de facto. 20 En su papel de activistas sociales, los maestros de las escuelas Artículo 123 dejaron un legado impresionante a pesar de la fuerza de los finqueros y de la falta de apoyo por parte del Gobierno estatal. En 1935 consiguieron cerrar las anticonstitucionales tiendas de raya en 34 fincas y fundar, en su lugar, cooperativas de consumo. Varios maestros organizaron huelgas para protestar por las violaciones a la Ley Federal del Trabajo.21 Otros (casi todos eran hombres) organizaban ligas femeninas y fomentaban la formación de una conciencia proletaria. Promovían también campañas antialcohólicas, en las que se cuestionaban las cantinas de los finqueros, y dirigían campañas de salud que obligaban a mejorar la infraestructura de las fincas. En el sur del Estado, los maestros del circuito Artículo 123 lanzaron una campaña para promover el uso de la moneda nacional vigente, ya que todavía circulaban monedas guatemaltecas y billetes que habían sido impresos por los caciques revolucionarios durante las grandes revueltas de 1914 a 1920. 22 Mientras que los maestros desarrollaron activamente las campañas sindicalista, agrarista y de salud pública en las escuelas Artículo 123, perdieron relevancia otras responsabilidades sociales, como la educación sexual y las actividades desfanatizadoras y nacionalistas. La necesidad de establecer la presencia federal en Chiapas era demasiado urgente. El agrarismo y el sindicalismo federal consiguieron importantes resultados: ambos permitieron pacificar una población rural inquieta mientras creaban una clientela leal para el gobierno federal. Los agraristas se veían incorporados a la Confederación Campesina Mexicana (CCM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC), mientras que el proletariado rural se unía a la CTM y a la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM). En marzo de 1938, el congreso constitucional del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) consolidó los bloques campesino y trabajador dentro de la estructura corporativista del nuevo Estado mexicano. La contraofensiva de los propietarios tenía un aspecto legal y litigioso y otro amenazador y violento. El programa de las escuelas Artículo 123 se apoyó en una sola frase de la reformada Ley Federal del Trabajo, que decretaba que los propietarios debían establecerlas siempre que el número de hijos de trabajadores residentes en un centro industrial o rural excediese un total de veinte y la distancia a la escuela rural federal más cercana fuese mayor de tres kilómetros. 23 Los patrones y sus abogados analizaron cuidadosamente esta frase con el objeto de lograr su exención. Los términos "hijos de trabajadores", "centro rural" y "comunidad", por ejemplo, debían definirse con precisión para conseguir que los dueños de las fincas cumplieran con sus obligaciones. Sin embargo, cada entidad estatal y federal tenía su propia interpretación de esta ley y la SEP se encontró paralizada por la confusión, siendo incapaz de presentar un frente único contra las maniobras de los finqueros. 24 Cuanto más poderoso era el patrón, tenía más capacidad para exponer estas debilidades y usar su influencia con el fin de recibir un trato favorable. Años después, Alberto Terán, director general de enseñanza en los Estados y Territorios, notaría que "muchas empresas poderosas están eludiendo el cumplimiento de la Ley cuando gran número de pequeñas fincas agrícolas tienen sus respectivas escuelas Artículo 123". 25 Su buen funcionamiento también se vio obstaculizado por autoridades locales que se identificaban con los finqueros. El inspector de la segunda zona escolar, P. Arturo Mota, explicaba que las multas de la SEP no tenían el efecto esperado: su imposición no solía reflejarse en el pago puntual de los maestros, pues en ocasiones los directores de las oficinas locales de Hacienda eran amigos o parientes de los hacendados recalcitrantes. 26 En 1938 se prohibió en Tapachula la participación de los maestros en la política local y se les negó el derecho a sindicalizar a los obreros. Esta medida pretendía anular la agenda socialista de las escuelas, mientras que los directores federales de la SEP impulsaban una escuela moderna vinculada al Sindicato, las comunidades agrarias y las cooperativas. Cuando las fuerzas locales se unieron en contra del proyecto educativo nacional, la SEP y el gobierno federal aparentaban ser todo menos un Leviatán. El caso de la dinastía Braun puede ilustrar la tenacidad de los finqueros poderosos. Hijos de ciudadanos norteamericanos de origen alemán, Enrique y Fernando Braun nacieron en Sonora durante el temprano Porfiriato. Cuando llegaron a Tapachula, unos veinte años después, comerciaban con pan, luego pieles y finalmente, café. Enrique se vinculó por casamiento con una familia terrateniente, mientras que Fernando alcanzó el cargo de jefe político. Como porfirista y luego como huertista, el segundo ganó notoriedad tras su salvaje exterminio de simpatizantes maderistas en el Soconusco. Utilizando una hábil combinación de capital financiero y poder político, ambos hermanos acumularon gran cantidad de propiedades durante el Porfiriato tardío y los años revolucionarios. 27 En los años treinta, Enrique Braun era el finquero más poderoso de Chiapas. Sus tierras cubrían la mayor parte de los municipios de Unión Juárez y Cacahoatán en el Soconusco, y sostenía a siete maestros y a cinco escuelas en cinco de sus fincas, donde llegó a contar con más de mil trabajadores. Su oposición a las escuelas no se debía tanto al costo que éstas representaban, que era mínimo, como a la intrusión de los maestros y oficiales radicales de la SEP en su dominio. Según los peones acasillados de sus fincas "El Achotal" y "San Rafael", quería demostrar "que para él no había leyes, ni nadie que lo obligara a cumplirlas". 28 Luchaba constantemente para que fueran destituidos los maestros de sus escuelas; cuando venían los inspectores de la SEP, escondía a los niños para que no apare- cieran en los padrones oficiales, presentaba registros falsificados, amenazaba y frecuentemente no pagaba a sus maestros. 29 El obstruccionismo de Braun seguía pautas predecibles. Primero, negaba que existiera una propiedad determinada, o alegaba que era parte de una finca más grande donde una escuela ya había sido establecida. Posteriormente, argumentaba que existía otro centro escolar a menos de tres kilómetros de la propiedad en cuestión. Después cuestionaba la veracidad del padrón escolar de la SEP o pedía un nuevo padrón después de la pizca, cuando había menos de veinte niños en sus fincas. 30 Por último, recurría al amparo del sistema judicial. Desgraciadamente para Braun, el inspector de su zona escolar era nada menos que el enérgico Daniel Vassallo, el cual luchaba para que los finqueros cumplieran con sus obligaciones constitucionales, y sentía un gran desprecio por Braun y los demás ricos terratenientes de herencia alemana. Vassallo estableció 73 escuelas Artículo 123 en los primeros 18 meses siguientes a la federalización y 146 más durante toda la campaña. Ganó un premio por fundar el mayor número de escuelas a nivel nacional. 31 Es evidente que Vassallo también se ganó el odio de los finqueros como Braun, que intentaron persuadirle, por medio de dinero y amenazas de muerte, para que no los obligara a respetar la ley. Una batalla típica entre Braun y Vassallo se peleó en la finca "Santo Domingo". En agosto de 1934 se reportó que sólo 26 niños asistían a clases, impartidas por un maestro y una asistente. De acuerdo con los reglamentos de la SEP, por lo menos cincuenta estudiantes tenían que asistir regularmente para justificar dos instructores. Según el maestro, los caporales de la finca habían obligado a todas las mujeres residentes a reportarse ese día para la tapisca, sabiendo que tenían que ocuparse de la comida y de sus otros hijos, y que mandarían en su lugar a los niños en edad escolar. 32 Una vez que la mayoría de los niños estuvieron en la tapisca, Braun envió a su tenedor de libros a la escuela para pasar lista. Cuando el inspector Vassallo denunció la maniobra, Braun pidió que la SEP autorizase un nuevo padrón escolar para verificar el número de niños residentes en sus fincas. La SEP le negó la solicitud. Braun argumentó entonces que los padrones escolares originales eran ilegales dado que él no los había firmado. 33 Cuando las autoridades de la SEP en Chiapas le recordaron que uno de sus empleados lo había firmado (y legalizado), Braun presentó su propio padrón, que fue ignorado por la SEP. Finalmente, Braun se dio cuenta de que ni el inspector Vassallo ni el director federal de Educación Septimio Pérez Palacios iban a permitirle estorbar a sus escuelas y habló con altas autoridades de la SEP en el Distrito Federal. Al regresar a sus fincas se jactó con Vassallo de que "estuvo tomando copas con el señor Ministro" y que todo había sido resuelto a su favor. Pero su victoria fue solamente parcial y temporal. Una vez que Vassallo y las autoridades estatales de la SEP reconfirmaron la necesidad de mantener dos instructores en "Santo Domingo", el asistente fue nuevamente nombrado. 34 En repetidas ocasiones Braun escribió a la SEP pidiendo otro inspector de zona, dado que Vassallo "no es competente ya que su ilustración es sumamente deficiente como lo demuestra en sus escritos tan faltos de ortografía". 35 En su contraataque Vassallo afirmó que para Braun el único inspector bueno era un inspector débil. De hecho, Vassallo fundó tantas escuelas que en 1935 la SEP tuvo que dividir su zona escolar en tres. Inspectores extraordinarios como Vassallo cabían dentro de la SEP "socialista" a mediados de los años treinta, pero se encontrarían bloqueados por la misma SEP a finales de esa década. Si los finqueros se oponían a las escuelas Artículo 123 con tanta firmeza, y si los gobiernos estatal y federal les negaban el apoyo concreto y constante que necesitaban, ¿había alguien que realmente las apoyara? La literatura posrevisionista de la historia de la educación sugiere que muchas comunidades rurales se apropiaban selectivamente de aquellos elementos del programa educativo oficial que les convenían, de acuerdo con sus realidades. 36 Los propios estudiantes y padres de familia eran los que más apo-yaban a Amadeo Tercero, puesto que ya habían asimilado la idea de que la asistencia a la escuela los haría exitosos. 37 En una carta dirigida al presidente Lázaro Cárdenas, el Sindicato de Trabajadores del Campo de la Finca "El Retiro" defendía así a su maestro: protestamos atenta pero enérgicamente contra las maniobras antirrevolucionarias de la reacción capitalista extranjera representada en su mayoría por el Sindicato de Cafeteros del Soconusco [....] Todas estas mentiras sucias y descaradas, las refutamos. La orientación que estamos recibiendo de los profesores federales, la consideramos de un valor inapreciable, por ser de verdadera ideología clasista basada en el socialismo científico con apoyo en el materialismo histórico. 38 Cientos de chiapanecos escribían a la SEP pidiendo la fundación de una escuela en su finca o que se les mandara un maestro. La mayoría de los padres se solidarizaban con los docentes, pues compartían una vida precaria y de escasez en las plantaciones calurosas del Soconusco. Sobre el membrete de su Sindicato los padres argumentaban que la educación gratis y laica era una de las grandes conquistas de la Revolución. Los chiapanecos en el Soconusco siguieron apoyando a las escuelas Artículo 123 en los años cuarenta, aún cuando la educación socialista ya había pasado a la historia. A principios de los años treinta, la SEP había luchado contra la indiferencia de las poblaciones rurales en el Soconusco. Apenas diez años después, la misma SEP no podía satisfacer la demanda popular de sus escuelas.39 El eclipse del poder alemán en la zona cafetalera Hasta la primavera de 1939, los finqueros y rancheros de Chiapas se opusieron firmemente a las intervenciones e innovaciones del Gobierno central de México. Utilizando medios más o menos violentos, habían desbaratado y boicoteado el sistema impositivo porfiriano, las leyes laborales carrancistas, la Ley Federal del Trabajo en 1931 y las escuelas Artículo 123. Asimismo habían sido capaces de controlar el ritmo de la reforma agraria. Nunca se habían redistribuido tierras de propiedad privada que ya estaban en explotación. Tal era la influencia de los rancheros y finqueros del Estado, que Cárdenas no se atrevió a repartir tierras en el Soconusco hasta finales de su sexenio, momento en el que la reforma agraria se estaba moderando en otras zonas del país. Promover con anterioridad una reforma mayor habría sido invitar a una confrontación abierta en un momento en el que el gobierno federal se encontraba aún en una posición débil frente al sector privado. La reforma agraria cardenista en Chiapas coincidió con cambios nacionales e internacionales que repentinamente volvieron a los finqueros de origen alemán más vulnerables de lo previsible. Al principio del sexenio cardenista amplios sectores de la población mexicana simpatizaban con el fascismo europeo, encontrándose entre ellos numerosos comerciantes de origen alemán, italiano y español afincados en Chiapas. El Club Alemán de Tapachula, que exhibía una bandera nazi y un enorme retrato de Hitler, organizaba lucidas y llamativas fiestas cada 20 de abril para conmemorar el cumpleaños del Führer. Se celebraban abiertamente y recibían cobertura de la prensa local. 40 En otros lugares de México, distintos grupos de derechas como los nacionalistas, los antisemitas, los anticomunistas Camisas Doradas, los sinarquistas y la Falange española, cobraron tanta fuerza que Cárdenas se sintió obligado a desplazar la oposición entre conservadores y liberales mexicanos al campo de batalla de la Guerra Civil Española. 41 En marzo de 1937, México era el único país occidental que apoyaba militarmente a la República Española contra el general Franco y su coalición de fascistas y católicos conservadores. La conspiración en contra de los finqueros de origen alemán se llevó a cabo por la administración cardenista y sus aliados de izquierda en los sectores laboral y educativo. Tratando de conformar un "frente popular" de apoyo a la República Española, la administración se vio reforzada por las condiciones locales. El lamentable estado de la industria cafetalera chiapaneca obligó a numerosos propietarios a endeudarse con prestamistas alemanes. En mayo de 1938 la colonia chiapaneca del Distrito Federal advirtió que el Soconusco era controlado "por latifundistas y capitalistas alemanes y españoles, por nazis y la Falange Española, mediante la propie-40 Montiel, 1979, p. STEPHEN E. LEWIS dad de la tierra o sus préstamos usureros". 42 Se inició entonces también la leyenda negra sobre las prácticas laborales alemanas de explotación de los indígenas con el peonaje por deudas. Esta acusación ha perdurado en la historiografía a pesar de que dichas prácticas coercitivas se habían retomado de los propietarios guatemaltecos y mexicanos y no existen evidencias de que los alemanes tratasen a sus trabajadores peor que los rancheros, latifundistas y enganchadores mexicanos. 43 En cualquier caso, el nacionalismo, la envidia y las acusaciones de prácticas excluyentes e injustas en la actividad que desarrollaban los alemanes, condujeron a que varios políticos chiapanecos pidiesen la reclusión de éstos, incluso antes de que México declarase la guerra a Alemania. 44 En enero de 1939 Alborada, la publicación oficial de la CTM en Chiapas, incitó a los maestros rurales y Artículo 123 a que promoviesen la agitación para preparar una expropiación masiva. 45 La reforma agraria acabó por llegar al Soconusco en marzo, dos semanas antes de que Madrid cayese ante Franco y sus aliados fascistas. Este sería el punto más dramático de la de por sí oscura historia del agrarismo en Chiapas. El gobernador Efraín Gutiérrez, amigo de Cárdenas, eligió como principal blanco a un mexicano reaccionario descendiente de alemanes, el ya mencionado Enrique Braun. Los cardenistas, acertadamente, identificaban a este personaje con la facción callista del Estado y con el asesinato de varios huelguistas y líderes sindicales de su plantación. Además, Braun dio al gobernador la oportunidad de obtener una lucrativa mordida: según relata Antonio García de León, la inmunidad frente a la expropiación tenía un precio de 300.000 pesos para Gutiérrez. Braun no podía permitirse desembolsar esa cantidad a causa del desplome de los precios del café y, resentido por su impotencia para regir los devenires de Tuxtla, contestó, al parecer, "[l]e doy trescientas mil chingadas y que las tierras sean para los indios". En las tierras que habían pertenecido a "Eureka", "Santo Domingo", "Alpujarras", "La Central", "Tonintaná", "Buenavista", "Highlands", "Santa Teresa Guarumo", "San Rafael", "Cerro del Carmen", "La Trinidad" y "El Desengaño" se crearon seis ejidos. 47 Tal como establecía la ley, Braun conservó al menos 300 hectáreas de cada una de sus propiedades. Pero se quejó amargamente ante Cárdenas en un telegrama de que todas sus propiedades, fruto de 40 años de duro trabajo, habían sido afectadas, mientras la mayoría de las plantaciones del Soconusco permanecían intactas. 48 Lo excepcional de la expropiación de marzo de 1939 no fue la modesta extensión expropiada, sino que las plantaciones de Braun figuraban entre las más productivas de México. Otro aspecto polémico fue que la mayoría de los beneficiados fueron guatemaltecos recién naturalizados en México. 49 Por último, hay que destacar el significado simbólico del reparto. Sugería el amanecer de una nueva era en la que los poderosos rancheros, propietarios y políticos chiapanecos tendrían que someterse, por lo menos ocasionalmente, al control federal. Poco después de que las expropiaciones de 1939 y 1940 confirmasen la nueva fortaleza del gobierno central en Chiapas, sucesos internacionales darían otro serio golpe a los propietarios de ascendencia alemana. La Segunda Guerra Mundial los convirtió, de la noche a la mañana, en parias. Más aún, una alianza entre los gobiernos mexicano y estadounidense, muy improbable en otras circunstancias, situó a las plantaciones alemanas al servicio del esfuerzo bélico de los Estados Unidos y ocasionó la reclusión de sus propietarios en el campo de Perote, Veracruz. México entró oficialmente en guerra el 25 de mayo de 1942 después de que submarinos alemanes hubiesen torpedeado dos petroleros en el Golfo de México. En junio se estableció por decreto presidencial la "Junta intersecretarial relativa a propiedades y negocios del enemigo" cuyo cometido era determinar qué negocios alemanes y japoneses quedarían temporalmente en manos del gobierno. Esta Junta, cuyos funcionarios eran enemigos declarados del agrarismo como Luis Cabrera, se encargaba de dirigir dichos negocios. Sesenta y siete de las 75 plantaciones de café que en Chiapas estaban en manos alemanas fueron confiscadas en 1942, junto con dos plantaciones de banano y un puñado de comercios y comercializadoras situados en Tapachula y Tuxtla. 51 La mayoría de los grandes nombres del café en Chiapas fueron afectados por la reclusión en Perote: los Kahle, los Giesemann, los Pholenz y los Hammer fueron desplazados sin ninguna ceremonia. 52 ¿Cuál fue el destino de las escuelas Artículo 123 en las plantaciones durante el periodo de gestión gubernamental? En los cuatro años en que el gobierno federal dirigió las plantaciones mediante el Fideicomiso de Cafeteros de Tapachula, la SEP habría podido dar un nuevo impulso al decaído programa de estas escuelas. Sin embargo, por el contrario, entró en una etapa de inactividad e irresponsabilidad sin precedentes, durante la cual las escuelas existentes fueron desapareciendo mientras el fideicomiso, división del Banco Nacional de Comercio Exterior, arruinaba las plantaciones. Benjamín apunta que "los funcionarios del fideicomiso no eran hombres de negocios eficientes ni reformadores sociales". Existía una corrupción rampante y, "a pesar del alza en los precios del café du rante la guerra, la producción en las fincas embargadas decayó a menos de la mitad durante el tiempo que duró el embargo". 53 Los administradores del fideicomiso violaban regularmente la Ley Federal del Trabajo ya que suprimían las huelgas y contrataban trabajadores guatemaltecos por salarios inferiores al mínimo legal; parece que la diferencia entre el pago real y el estipulado acababa en el bolsillo de dichos funcionarios. 54 Por su parte, la SEP dejaba habitualmente descubiertas las plazas cuando se presentaba una baja y sólo fundó un puñado de escuelas en el periodo del fideicomiso. Tanto la Secretaría de Educación como el Gobierno federal hicieron patente que su celo en vigilar el respeto de la Ley Federal del Trabajo crecía cuando las responsabilidades recaían mayoritariamente sobre propietarios extranjeros. Mientras tanto, los trabajadores continuaron exigiendo su derecho a la educación, aún cuando estaba claro que los días del populismo educativo eran sólo lejanos recuerdos. No debe sorprender el fracaso de las escuelas Artículo 123 en Chiapas, dada la relativa debilidad de la SEP en el momento de su federalización, la dinámica del poder en la zona de mayor exportación de Chiapas y la lucha de clases en el Soconusco durante los años treinta. En consecuencia de las maniobras de los hacendados, así como de la impotencia de la SEP, la mayoría de los maestros de las escuelas Artículo 123 se enfrentaron a grandes adversidades. En 1935, cuando existía un mayor número de este tipo de planteles, Septimio Pérez Palacios lo señaló en un informe a los altos mandatarios de la SEP en el Distrito Federal: cano ganaba fuerza en otros frentes en Chiapas durante la época cardenista. En otras palabras, la clase finquera y ranchera ganó la batalla contra la SEP, pero (momentáneamente) perdió la guerra contra el Gobierno federal. Aunque la mayoría de las escuelas Artículo 123 ya habían sido clausuradas para 1942, hasta entonces los maestros pudieron impulsar la reforma agraria, incorporar a los trabajadores y campesinos a los Sindicatos oficiales y ejecutar varias funciones como inspectores laborales, oficiales de inmigración y agentes de un emergente Estado-nación. En parte gracias a las labores de los maestros Artículo 123, en 1939 las condiciones en Chiapas eran finalmente propicias para la reforma agraria y el gobernador dio el paso simbólico de expropiar las tierras del antes intocable finquero de origen alemán Enrique Braun. Después del embargo de la mayoría de las plantaciones cafetaleras alemanas en 1942, el gobierno federal y la SEP renunciaron a la oportunidad que se les presentaba de profundizar la reforma agraria y, al mismo tiempo, de revivir el programa de las escuelas Artículo 123. Además de que ambas iniciativas contradecían las tendencias ideológicas del gobierno de Manuel Avila Camacho (1940-1946), el hecho de que el gobierno federal ya no necesitara escuelas populistas, movilizantes y -al fin y al cabo-corporativistas, explica probablemente el abandono del proyecto educativo Artículo 123. Una victoria pírrica en el México posrevolucionario: los finqueros alemanes, las escuelas Artículo 123 y la formación del Estado en la costa de Chiapas, 1934-1942 1 / A Pyrrhic Victory in Postrevolutionary Mexico: German Planters, the Article 123 Schools, and State Formation on the Coast of Chiapas, 1934-1942
Después de la Revolución de 1910 el gobierno mexicano impulsó un sistema de enseñanza agrícola que pretendía apoyar el desarrollo de la producción agropecuaria y mejorar las condiciones de vida de los campesinos. En la década de los treinta se enlazó más fuertemente la escuela con el desarrollo económico rural. La enseñanza agrícola, basada en el cooperativismo, no fue muy exitosa pero proporcionó apoyo a la economía familiar basada en la producción de autoconsumo dentro del sistema capitalista, mientras que el cooperativismo enseñado en la escuela sirvió más como base de asociación política que como estrategia económica. Pese a una creciente bibliografía sobre la educación rural en el México posrevolucionario, es poco lo que sabemos acerca de los alcances de la enseñanza agrícola y sobre todo del cooperativismo en el campo mexicano. Como en otros países de América Latina, en México se intentó enlazar la obra educativa con el impulso del desarrollo económico en las zonas rurales pero, a diferencia de otras experiencias, este vínculo tendría características peculiares al desarrollarse tras la Revolución de 1910 y las modificaciones que trajo consigo la reforma agraria y la conformación de un nuevo Estado. Si bien desde el siglo XIX hubo algunas experiencias de enseñanza agrícola, enfocada sobre todo a la modernización de la producción en las grandes propiedades, a partir del triunfo de la Revolución comenzó a cobrar fuerza la necesidad de organizar un sistema de enseñanza agrícola de carácter popular. Junto con los maestros, los agrónomos formaron parte de los intelectuales que articularon una política para transformar la mente y la vida de los campesinos. Los maestros se plantearon el reto de expandir la escuela por todo el país y que ésta sirviera para mejorar la vida de los campesinos, mientras que los agrónomos pusieron sus conocimientos al servicio del nuevo Estado revolucionario, que era prácticamente el único actor capaz de emplearlos para planear la reforma agraria y promover el desarrollo de los pequeños propietarios o de los nuevos ejidos en un momento en que la inversión extranjera se contrajo a raíz de los diez años de guerra y en el que los grandes propietarios se sentían amenazados por la reforma agraria. La labor cultural, económica y política de los maestros y los agrónomos, sin embargo, no siempre fue armoniosa al tener diferencias importantes en sus culturas profesionales e ideologías y durante los años veinte se realizó fundamentalmente desde dos instancias distintas: la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Secretaría de Agricultura y Fomento (SAF), con proyectos distintos, pero estrategias similares. La SEP inició la incorporación de la enseñanza agrícola dentro del currículum de la escuela rural y normal rural, a partir sobre todo de la construcción de anexos productivos en donde los estudiantes aprenderían de manera práctica y a partir de fomentar el cooperativismo. Asimismo, introdujo la enseñanza de aspectos agrícolas y de oficios rurales en las misiones culturales que viajaban por todo el país. ISSN: 0210-5810 mar expertos en la producción agrícola y la creación de cooperativas de producción, por un lado, y por el otro a partir de un sistema de agrónomos regionales que viajaban por todo el territorio dando asesorías a productores de todo tipo. 1 Pero el vínculo entre la promoción del desarrollo económico rural y la escuela se fortaleció de manera importante durante la década de los años treinta, a través del impulso al cooperativismo que se desplegó desde el Departamento de Enseñanza Agrícola y Normal Rural (DEANR), dentro de la SEP. En este artículo, mi intención es explicar en qué consistía el cooperativismo que trataba de enseñarse en la escuela rural, a través del examen de la forma en que se manejaban las cooperativas de consumo y producción de las escuelas regionales campesinas. Las escuelas regionales campesinas y el desarrollo integral del campo Las orientaciones de la política educativa, iniciada después de la Revolución de 1910 y la creación de la SEP, se fueron modificando a principios de la década de 1930 para dar un mayor peso a los aspectos de desarrollo económico, y entre ellos a la enseñanza agrícola y de oficios rurales, sobre todo a partir de que Narciso Bassols fuera secretario de Educación Pública (1931-1934). Desde su perspectiva y la de muchos maestros y agrónomos que se fueron radicalizando durante la crisis económica del 1929 y su acercamiento cotidiano a la vida de los campesinos, el campo mexicano sólo saldría adelante si había una transformación integral que se basara en la actividad económica y por ello buscaron colocar a la escuela rural en el centro de dicha transformación. Los cambios en los sistemas de producción y comercialización, sin embargo, dependían de la forma en que los campesinos se organizaran, así como de la adaptación o creación de técnicas apropiadas a las características de cada región y no de la importación de conocimientos generados en realidades ajenas a las del país. A la labor cultural, social, educativa y económica que los maestros rurales debían realizar, se incorporó una más: la política. La escuela debía guiar la lucha por la tierra, apoyar las gestiones para solicitar créditos y la defensa de los productores en contra de los acaparadores e intermediarios a partir del cooperativismo. Fomentar este era, necesariamente, involucrarse en la política. La intervención de los agrónomos en los asuntos de la escuela rural, por un lado, y la de los maestros rurales en la organización de los campesinos, por el otro, se intensificarían aún más durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940), cuando el reparto de tierras obtuvo un ritmo sin precedente. 2 El reparto se vinculó con la reforma del artículo tercero constitucional aprobada en 1934, estipulando que la educación que impartiera el Estado sería socialista para formar en el educando una concepción científica y exacta del universo. Según el "Plan de acción de la educación socialista" que emitió la SEP para normar el trabajo de las escuelas primarias rurales, semiurbanas y urbanas, la escuela debía ser obligatoria y gratuita, de asistencia infantil, única, coeducativa, integral, vitalista, progresiva, científica, desfanatizante, orientadora, de trabajo, cooperativista, emancipadora y mexicana. 3 Sin restar importancia a la reforma educativa cardenista, es necesario destacar que la acción educativa de la SEP en el campo ya había sufrido un cambio de trascendencia a partir de 1931, cuando se creó dentro de ella el DEANR que, desde entonces hasta su desaparición en 1941, fue encabezado por ingenieros agrónomos. De él dependieron las escuelas normales rurales y las misiones culturales, y de él emanaban las normativas sobre enseñanza agrícola y cooperativismo dirigidas a las escuelas primarias, secundarias, normales, técnicas, rurales, urbanas, etc. En 1932, el DEANR logró que las escuelas centrales agrícolas pasaran también a la SEP. Un año después se modificó la composición de las misiones culturales, que desde entonces estarían formadas por un jefe (que era maestro normalista), un maestro de educación física, uno de música, otro de artes plásticas y un enfermero; en lugar de una trabajadora social se integró una agente organizadora rural, y en lugar de un agrónomo un agente organizador rural. Con ayuda de material fílmico, los agentes organizadores rurales trabajaban con hombres y mujeres para instalar agua potable y baños, servicios postales, vigilar la higiene en mercados, rastros, escuelas y casa, realizar campañas antialcohólicas, promover la producción agrícola e industrial y, sobre todo, la tramitación de créditos, arreglar problemas de agua o fomentar proyectos de riego, incluyendo la forma en que debían organizarse los campesinos para trabajar y vender sus productos. 4 En las escuelas centrales agrícolas se intentó volver al proyecto original y matizar las múltiples contradicciones por las que habían pasado en una actividad aún indefinida entre el fomento de la agricultura para grandes propiedades, la modernización de pequeñas propiedades y el impulso al ejido, entre muchas otras. Ante las críticas externas y los movimientos de protesta de los propios estudiantes, se pusieron contrapesos al poder de los directores, varios de cuales habían sido acusados de malgastar o desviar los recursos de las escuelas, o de someter a los estudiantes a un trabajo excesivo. En lugar de algunos de ellos, se fue contratando a una nueva generación de agrónomos más radicales que buscaban afianzar el papel de la agronomía como una ciencia que, al servicio del Estado, aportaría el saber necesario para alcanzar algún día una sociedad sin clases, y que, por lo tanto, estaban más comprometidos con un proyecto popular. 5 En 1932 el ingeniero Manuel Mesa Andraca, jefe del DEANR y mano derecha de Bassols, realizó una evaluación de la acción educativa en el campo y después de hacer una fuerte crítica a la pobreza en que vivían las 17 escuelas normales rurales que trabajaban en el país, la escasa influencia que podían ejercer las misiones culturales al ser tan pasajera su presencia en las comunidades y las contradicciones de las escuelas centrales agrícolas, enlazó a estas tres instituciones en una sola: las escuelas regionales campesinas. Las nuevas escuelas que comenzaron a fusionarse o crearse desde 1932 debían trabajar con un plan de estudios de cuatro años. Los dos primeros se dedicarían a la formación de técnicos agrícolas y aunque se mantenía la idea de propiciar mejores técnicas de producción y la promoción de industrias y oficios rurales que ayudaran al sostenimiento familiar, se ponía énfasis en partir del conocimiento de la situación específica de cada región en lugar de la importación ciega de técnicas extranjeras y la uti-lización de maquinaria inaccesible para los campesinos. Así mismo, se introducirían materias sobre "organización rural" y "economía doméstica" 6 -su equivalente para las mujeres-con el fin de que los estudiantes aprendieran métodos "para ganarse la confianza de la gente y promover el desarrollo económico y cultural". Al terminar dicha formación, podría escogerse a los mejores estudiantes para seguir sus estudios otros dos años hasta titularse como maestros rurales, durante los cuales se cursarían materias de cultura general y pedagógica como en las normales rurales pero con mayor intensidad y se desarrollarían actividades de ganadería, agricultura, oficios e industrias rurales. La idea era que el nuevo maestro rural fuese "un ejidatario modelo".7 La SEP dispuso que los estudiantes fueran campesinos, de preferencia ejidatarios, pues a ellos debían beneficiar las acciones de la escuela y ellos, como campesinos, entenderían los problemas del medio rural. Como se buscaban alumnos de origen rural, ingresarían alumnos que tuvieran tres años de primaria y se decidió abrir un curso complementario antes de los cuatro años de estudios, para cubrir los años faltantes de la primaria. Las escuelas se organizarían como internados mixtos, si bien en un principio se contempló una proporción baja de mujeres. Todos los estudiantes recibi rían una beca del gobierno federal, ya que no se aceptarían alumnos con recursos para costearse su educación. Además de la educación, las escuelas debían promover el desarrollo económico, cultural y social de las comunidades. Las actividades hacia la comunidad no debían regirse sólo por la buena intención de los maestros sino por el conocimiento de las características y necesidades de las regiones cercanas. Las escuelas se establecerían según regiones geográficas y adaptarían sus planes de estudio y trabajos según dichas características, contarían con campos de experimentación y, al igual que en el proyecto original de las escuelas centrales agrícolas, contarían con la representación del Banco Nacional de Crédito Agrícola. Ello garantizaría que créditos y asesoría técnica fueran de la mano y resultaran más fructíferos que aplicando fórmulas generales. Las escuelas contarían también con Institutos de Acción Social, encargados del mejoramiento cultural y educativo de las comunidades, que también tendrían que sustentarse en estudios específicos, los mismos que realizarían los Institutos de Investigación Social. Todos los estudiantes serían involucrados en las actividades de estas agencias para estar constantemente ligados a la vida de las comunidades y cada regional tendría a su cargo las escuelas primarias de su zona de influencia para que su labor educativa tuviera más firmeza, es decir, los directores de la regional campesina se encargarían de la supervisión de las escuelas, así como de los cursos de mejoramiento para maestros rurales en servicio. En suma, la idea central era crear un desarrollo integral: el trabajo hacia los campesinos por medio de cooperativas tendría como base la experimentación agrícola que se desarrollara en las escuelas y contaría con el respaldo de los créditos aportados por el banco y la formación de los campesinos en las escuelas rurales, que estarían bajo el control de las regionales. A su vez, la experimentación agrícola y la formación de los estudiantes se retroalimentaría con la participación directa de éstos en el trabajo directo con los campesinos y en todas las actividades escolares. Este proyecto, sin embargo, se fue reduciendo por diversos motivos. Uno de los principales fue que la SAF no quería perder su poder en el otorgamiento de créditos, así es que a raíz de la expedición del nuevo código agrario en 1934, los directores de las regionales dejaron de ser los representantes del Banco Nacional de Crédito Agrícola. A finales de ese mismo año, las misiones culturales también fueron separadas de las regionales campesinas para volver a ser itinerantes, ya que las escuelas regionales no podían abarcar tantas zonas para capacitar, así es que el trabajo de investigación y acción social se encomendó a los maestros y estudiantes. Por otro lado, la ubicación geográfica de las escuelas dependió de negociaciones políticas más que de criterios científicos, aunque dejaron de concentrarse en el centro del país. El sistema creció y se llegó a tener 35 escuelas en 1936, pero la expansión no contó con un presupuesto adecuado y la mayor parte de los planteles de nueva creación estaban en las mismas condiciones de pobreza que las primeras normales rurales, pero ahora con más responsabilidades, y muchas no contaban con una plantilla completa de profesores. 8 En las pequeñas, a veces sólo se impartía el año complementario, y sólo había un maestro trabajando con un grupo de 20 a 50 estudiantes, mientras que en la mayoría de las grandes, que podían tener hasta cerca de 400 alumnos y una decena de maestros, el plan de estudios se redujo a tres años. 9 Con la llegada de Lázaro Cárdenas a la Presidencia, la SEP siguió incentivando el papel que el maestro rural debía realizar en las comunidades para promover el desarrollo económico, pero más que un "ejidatario modelo", se quería formar un maestro rural que, además de capacitación técnica y pedagógica, tuviera "una ideología social íntimamente vinculada con la suerte, con los afanes de lucha, con los problemas de emancipación de la clase campesina".10 Las autoridades buscaron reforzar la ideología socialista y que se profundizara "el conocimiento científico de las formas de explotación del hombre sobre el hombre y sobre métodos de lucha social" en las escuelas regionales campesinas y añadieron al plan de estudios de 1935 materias como "conocimiento de los problemas que afectan la vida del campesino mexicano y crítica de las soluciones dadas a la luz de las ideas socialistas", "concepto general del socialismo", "economía e historia del movimiento obrero nacional e internacional", "origen de las religiones y del cooperativismo". Asimismo, dieron prioridad al conocimiento de la Ley Federal del Trabajo, el Código Agrario, la reforma del Artículo Tercero y de la "doctrina marxista" a través de pláticas y conferencias. 11 Independientemente de las diferencias, el discurso de la educación socialista, exaltando los intereses colectivos sobre los individuales, la emancipación de los trabajadores, la redistribución de la riqueza, la igualdad de los derechos, el cooperativismo y la co-educación, daba coherencia al trabajo que en muchas de estas escuelas se venía realizando desde años atrás con los campesinos como la formación de cooperativas y la lucha contra los acaparadores. La educación socialista fue una retórica que cobijó prácticas que se realizaban desde antes, pero impulsó en los estudiantes una identidad colectiva basada en el origen social, ya que para 1936 se había logrado que los alumnos de las escuelas fueran en su mayoría hijos de campesinos pobres y, en especial, de ejidatarios. El cooperativismo fue uno de los ejes de las actividades de las escuelas en estos años y los posteriores. 13 No todos los maestros de las escuelas regionales campesinas estuvieron de acuerdo con el fomento de la lucha de clases, sin embargo, tanto para los defensores de la escuela vital, 14 como para los partidarios de la educación socialista, el cooperativismo era importante. También los agrónomos tenían distintas concepciones del este sistema. Para algunos, era una herramienta técnica destinada a elevar la productividad. Julián Rodríguez Adame, un agrónomo influyente en el sector, explicaba en una conferencia que el ejido podía reproducir el sistema explotador de la hacienda si en él prevalecía la producción individual. Al unir esfuerzos, considerar la comercialización y producir colectivamente, las cooperativas podrían realizar una explotación más racional sin contemplar el crédito ejidal "porque este no puede alcanzar más que a una quinta parte de la población". 15 En 1937, Narciso Bassols hizo una fuerte crítica al proyecto de Ley de Cooperativas elaborado por el poder ejecutivo al que tildaba de engaño, argumentando que el destino final del proletariado no dependía de la organización de un sistema cooperativo, sino que estaba vinculado a una idea mucho más importante: la de la transformación completa del régimen de propiedad existente. Mientras no se llega a ella, las cooperativas sólo pueden servir como auxiliares y órganos de moderación de los abusos. Pero no debe consentirse en que hasta este atributo se les quite, bajo la ilusión falaz de lograr una prosperidad general basada en la cooperación. 16 Bassols criticaba la postura gubernamental que concebía a las cooperativas como el puente entre el capitalismo y una sociedad sin clases y que fue compartida por algunos agrónomos, como Mario. F. Morineau, director interino de la escuela regional campesina de Tenería, Estado de México. 13 Desde luego el cooperativismo fue impulsado desde antes, pero en los años treinta tuvo un peso más fuerte en el sistema educativo, particularmente en la enseñanza normal y agrícola. 14 Los maestros pensaban que la educación debía apegarse a la vida, alejándose de la memoria y el verbalismo. La observación y la educación práctica y aplicada se consideraban centrales para orientar un trabajo escolar que debía responder a las necesidades de la gente. Se trataba de una apropiación muy especial de la escuela de la acción de John Dewey y otras pedagogías centradas en el niño. Bassols dejó de ser secretario de Educación pública antes de que se iniciara el periodo presidencial de Cárdenas, pero su proyecto era compartido por los agrónomos involucrados en el DEANR. 16 Bassols, 1964, pp. 448 Morineau escribía en sus informes que constantemente hacía saber a los alumnos que la única forma de que podrían progresar los campesinos y quitar de una manera definitiva al capitalista del campo, es cuando la tierra fuera explotada por medio de cooperativas aprovechando en ellas la especialisación (sic) de los trabajadores.17 A finales de 1934 se aprobó un reglamento para las cooperativas de todas las escuelas federales de distintos tipos que consideraba que el cooperativismo "crea en el niño un amplio sentido de solidaridad y asociación en el esfuerzo, le educa para la producción colectivizada, y le proporciona las posibilidades de disfrutar íntegramente de los beneficios de la vida social". 18 En octubre de 1936, el secretario de Educación Pública ordenó el establecimiento de una sección de Sociedades Cooperativas en el DEANR para hacerse cargo de la organización, control y fomento de todas las cooperativas escolares. Pero dentro de la SEP y del mismo Departamento no había consenso ni claridad acerca de los fines y métodos del cooperativismo, que igual podía verse como substitución del capitalismo, como paso del capitalismo al socialismo, o como paliativo del capitalismo que sin embargo no debía poner en riesgo la libre competencia. 19 La variedad de concepciones acerca del cooperativismo es evidente: se le veía como puente para terminar con las diferencias de clases, medio para evitar el abuso o, como escribirían en 1935 los estudiantes de la escuela regional campesina de Tenería, Estado de México, como medio para lograr "un progreso común", una "vida más justa y equitativa", "la fraternidad", el "mejoramiento de la vida social", "una felicidad igualitaria" o incluso "una paz universal". Pese a esta variedad de interpretaciones, había consenso en que era necesario impulsar el cooperativismo entre los campesinos, y que para ello los estudiantes debían aprender sobre él, no sólo teóricamente, sino en la práctica misma. 20 En suma, el cooperativismo era considerado como una herramienta imprescindible para luchar en contra del individualismo y el egoísmo, y para matizar, si no remediar, las condiciones de pobreza de los campesinos y los obreros. El vínculo entre la civilización del campesino, la modernidad productiva y la emancipación de las masas era un cooperativismo que aunque buscaba diferentes objetivos, proponía métodos similares de organización social y se colocaba como prerrequisito para mejorar las condiciones de los campesinos e incluso dirigirlos hacia su liberación. Se trataba de un concepto cuya ambivalencia se derivaba de la propia indefinición del ejido como figura jurídica que ponía en tensión los afanes socialistas con el modelo capitalista que la Revolución buscaba impulsar. Sin embargo, una cosa era lo que se quería impulsar y otra muy distinta la que se enseñaba día a día en las escuelas, en cooperativas cuyo funcionamiento fue muy problemático. Las cooperativas de las escuelas regionales campesinas Todas las escuelas regionales campesinas debían organizar sus cooperativas de consumo y producción. 21 Para 1936, ya todas las escuelas contaban con algunas, pero funcionaban con fuertes deficiencias: se llevaba mal la contabilidad, o se contabilizaban recursos de la escuela que no debían contemplarse, o no todos los estudiantes participaban en ellas. 22 A principios de 1937, el DEANR intentaba aún que los estudiantes tuvieran el control de las de alimentación (lo cual implicaba el control sobre las becas) y que los directores sólo fueran asesores. Aunque las becas eran bajas, algunas cooperativas lograban generar ahorros, sin embargo ello no se veía como un beneficio, ya que la SEP ordenó que los ahorros no podían repartirse entre sus integrantes. 23 21 Su objetivo era administrar las becas de los estudiantes y las cuotas de los maestros para tener una buena alimentación en el internado a un bajo costo y generar ahorros. Supuestamente debía de ser manejada por los estudiantes guiados por la maestra ecónoma, para que ellos compraran los alimentos aprendiendo a balancear los nutrientes, supieran elaborarlos, sirvieran las mesas y limpiaran el comedor. Además debían llevar las cuentas, con lo cual practicaban también matemáticas. 23 AHSEP, DEANR-Subsecretaría, 3081, 16-3-8-171, "Informe de las labores desarrolladas por la Sección de Cooperativas, durante el periodo comprendido entre el primero de septiembre de 1936 y el último de agosto del año actual". EL COOPERATIVISMO EN LA ESCUELA RURAL DEL MÉXICO DE LOS AÑOS TREINTA Desde 1933, Mesa Andraca había tratado de reglamentar las sociedades de producción escolares. Al hablar sobre la enseñanza agrícola en las escuelas, decía que debía tomarse en cuenta el propósito de educar a los alumnos a base del trabajo en cooperación y colectivo, no en forma individual, lo cual sólo puede ser útil para muy especiales enseñanzas. Hay que intentar demostrar siempre que la división del trabajo y la cooperación efectiva de un grupo determina una realización más adecuada y un rendimiento más alto en las explotaciones. 24 Las cooperativas podrían proporcionar a los estudiantes un pequeño fondo para establecerse como pequeños agricultores al acabar sus estudios y, siempre que fuese posible, debían incluir a los estudiantes y a los campesinos que trabajaran para las escuelas. En 1934 el ingeniero Julián Rodríguez Adame, director de Tenería, elaboró un proyecto de reglamento general para su funcionamiento. En él se aclaraba que el fin de éstas era enseñar la técnica agrícola, ganadera, industrial y de oficios realizando una intensa práctica dentro del ambiente natural; "enseñar prácticamente la economía rural, determinando todos los factores y elementos que rigen los costos, valores de los productos, utilidades o pérdidas, haciendo de la contabilidad rural, de los registros, las gráficas y cuadros comparativos imprescindibles y poderosos auxiliares para orientar todas las actividades, que como la agricultura, fundamentalmente constituyen un negocio"; formar "la conciencia de clase para la juventud rural" y que la vida escolar rural se realice a semejanza de su medio, preparando a la juventud para mejorarla en beneficio de los intereses colectivos" 25. En 1936 este proyecto, con algunas modificaciones, era el que se enviaba a las escuelas regionales campesinas para reglamentar las cooperativas. Pese a los lineamientos de cooperativas escolares de 1934 y 1936, en las regionales aún en ese último año cada escuela elaboró sus propias bases de funcionamiento. Todos los planteles tenían sociedades de producción agrícola, pero pocos tenían de industrias, conservación de frutas y legumbres, herrería, carpintería, ganadería, cajas de ahorro, molinos de nixtamal y de fomento forestal. Las variables condiciones de las escuelas, así como la falta de recursos para contratar los ingenieros agrícolas que hacían falta, 24 SEP, 1933b, pp. 176. ISSN: 0210-5810 hicieron que en las escuelas pequeñas este tipo de enseñanza fuera muy elemental. Incluso en las grandes, por la falta de ingenieros agrónomos preparados y de recursos, la enseñanza agrícola no era muy eficiente. A finales de 1936, los miembros de la Liga Socialista de Agrónomos, entre ellos Manuel Mesa Andraca, dieron una serie de conferencias con las que pretendían convencer a las autoridades para que devolvieran a las regionales su proyecto original, orientado no sólo a la formación de maestros rurales sino también de técnicos agrícolas con espíritu social, capacitados en técnicas modernas de producción. Para ello, decían, era imprescindible otorgar a los planteles recursos para experimentación y demostración, porque en las escuelas se cultivaba "sin mayor chiste". 26 Para 1940, la mayor parte de la producción de estos centros era de maíz, trigo, alfalfa, garbanzo, frutas y verduras, y tenían ganado ovino, caprino, vacuno y porcino. 27 Se trataba de producción relacionada con el consumo interno más que externo, y tenía poco que ver con el impulso que se dio durante el cardenismo a la producción colectiva para la exportación de algodón, arroz, café y henequén en regiones como La Laguna, el valle Yaqui, Los Mochis, Lombardía, Nueva Italia, Mexicali, Soconusco y Yucatán. Las escuelas no tenían la capacidad de desarrollar técnicas modernas, experimentar cultivos y menos de enseñarlos y la SEP tampoco había promovido la capacitación de los profesores en este sentido. Las propias autoridades informaban que las cooperativas de producción de las escuelas no funcionaban mejor por la falta de recursos y sobre todo por la lentitud de la Sección Administrativa para movilizar las partidas. 28 Además, los agrónomos conseguían otros puestos en la SAF mejor remunerados y de menor esfuerzo que en las escuelas regionales campesinas, así es que para finales de la década la mayor parte de éstas carecía de técnicos. Pese a ello, incluso en las escuelas pequeñas, los maestros intentaron fomentar cooperativas que, más que ser sociedades de tipo económico, eran formas de organizarse en conjunto ayudándose los unos a los otros. 29 Según los informes de las autoridades de la SEP, seis centros estaban en lugares insalubres y no tenían el mínimo de terreno de cultivo. Pero en las escuelas grandes la producción era importante. 30 Las cooperativas eran mucho más complejas y probablemente en algunas también había una simulación. 31 Las sociedades trabajaban por separado y no incluían a todos los estudiantes, ya que su inclusión en una u otra dependía de lo que se les quería enseñar. No todas las tierras de las escuelas se producían en forma cooperativa, porque a veces se dejaban campos para demostración, o se dejaban descansar las tierras. Las que existían eran dirigidas por los maestros especialistas y el director, quien era el responsable ante el DEANR. En la mayor parte de las sociedades, los socios no invertían, sino que se trabajaba a partir del presupuesto aportado por el Gobierno para las explotaciones y en todas se utilizaban los aperos y máquinas, abonos, semillas y animales de la escuela, sin contabilizar su desgaste o su costo. En Soconusco, Chiapas, los alumnos aportaron gallinas y en otras escuelas los maestros o directores también contribuyeron con herramientas o materiales como en los años veinte, pero estos recursos más bien eran donaciones y no inversiones que debían amortizarse. Tampoco se contabilizaban adecuadamente, según consta en un informe especial de la SEP, los jornales y sobre todo el trabajo de los estudiantes, lo cual causaba, se decía, que ellos no tuviesen mayor interés en la producción. 31 Todas las escuelas tenían que informar que tenían sociedades cooperativas, pero hay indicios de que algunas, aunque sí las reportaban, no las tenían en realidad, sobre todo las de nueva creación, en las que más bien los vecinos y estudiantes apoyaban la construcción de la escuela y no contaban con tierras ni con animales. Aunque el nombre oficial es "Sociedad Cooperativa", coloquialmente se hablaba de ellas como "sociedades" y sobre todo como "cooperativas". 32 AHSEP, DEANR-Subsecretaría, 3081, 16-3-8-171, "Informe sintético de las anomalías técnico-educacionales más salientes que se observan, contablemente, en los estados anuales de las escuelas regionales campesinas, establecidas en la República", 31 de marzo de 1937 (la firma no es legible); e "Informe que se rinde al C. Subsecretario de Educación Pública acerca de lo que se ha venido haciendo en relación con el desarrollo del Plan Mínimo de acción del DEANR durante el primer semestre del año de 1937". No hay datos para saber qué tanto los estudiantes eran involucrados o estaban informados de los rendimientos de las cooperativas, si bien, supuestamente, la información debía circular en las asambleas que se debían realizar una vez por mes y si los estudiantes llegaron a obtener ganancias por sus trabajos en las cooperativas. A partir de 1936 se simplificó un poco la organización de las cooperativas: todos los alumnos formaban parte de una sola, aunque ésta estuviera compuesta por diferentes cultivos que eran atendidos por los mismos según su grado escolar y los planes de estudio, si bien se seguían separando las sociedades según su tipo: agrícola, ganadera, de industrias, etcétera. Sólo en pocas escuelas se logró formar cooperativas de la caja refaccionaria agrícola e industrial, y no se consiguió tampoco una federación para que las cooperativas de producción de las escuelas pudieran apoyarse unas a otras. Según la SEP, en 1936 todas las escuelas, menos dos, registraron pérdidas. A finales de la década, la SEP decidió centralizar los recursos de las cooperativas escolares, y los estudiantes y maestros reclamaron porque la Secretaría se quedaba con las ganancias que ellos habían generado con su trabajo. Esta medida intensificó, como las mismas autoridades reconocieron, que los estudiantes "con razón se sintieran explotados por el propio gobierno". 33 Aunque ya no existía la intención de que las escuelas fueran autofinanciables porque, como diría el ingeniero Marco Antonio Durán, era más importante "la utilidad cultural, no la económica", 34 cabe preguntarse qué tipo de enseñanza recibían los alumnos cuando se registraban frecuentemente pérdidas a pesar del subsidio federal. El fracaso productivo de las escuelas era un factor más que alentaba que los estudiantes buscaran opciones de vida diferentes a las del trabajo agrícola. De hecho, la mayor parte de ellos prefería seguir sus estudios para obtener una plaza como maestro rural, a regresar a sus casas a cultivar las tierras o trabajar como peritos agrícolas para el gobierno. 35 Ello se relacionaba con la seguridad laboral, pero indudablemente también influía un rechazo al trabajo manual, promovido por la exaltación de la civilización urbana frente al atraso del campo 33 Ibidem, "Informe de las labores desarrolladas por la Sección de Cooperativas, durante el periodo comprendido entre el primero de septiembre de 1936 y el último de agosto del año actual". 35 AHSEP, DEANR-Subsecretaría, 3081, 16-3-8-171, "Informe sintético de las anomalías técnico-educacionales más salientes que se observan, contablemente, en los estados anuales de las escuelas regionales campesinas, establecidas en la República", 31 de marzo de 1937 (la firma no es legible); "Informe que se rinde al C. Subsecretario de Educación Pública acerca de lo que se ha venido haciendo en relación con el desarrollo del Plan Mínimo de acción del DEANR durante el primer semestre del año de 1937"; e "Informe de las labores desarrolladas por la Sección de Cooperativas, durante el periodo comprendido entre el primero de septiembre de 1936 y el último de agosto del año actual"; Sepúlveda, 1976, pp. 188-200; Civera, 2008, pp. 425-454. EL COOPERATIVISMO EN LA ESCUELA RURAL DEL MÉXICO DE LOS AÑOS TREINTA en la visión de los agrónomos y sobre todo de los maestros. Si en las escuelas, contando con subsidio, herramientas y conocimientos, la tierra no era productiva, más difícil parecía la producción en los ejidos, que pocas veces contaban con estos soportes. Por otro lado, la SEP reglamentó la forma en que se establecían contratos con peones o aparceros para trabajar las tierras de las escuelas que no podían abarcar los maestros y los estudiantes y a finales de 1935 se comenzaron a organizar cooperativas campesinas o de ex alumnos para las tierras de las escuelas que poseían más de 150 hectáreas. 36 Asimismo, por un acuerdo presidencial, las escuelas entregaron al Departamento Agrario sus tierras innecesarias para ser repartidas y quedarse con un máximo de 250 hectáreas, que era el límite que podía tener una propiedad según el Código Agrario de 1934. Siete de ellas repartieron sus superficies sobrantes. 37 Para 1937, según la SEP, ya todos los contratos de aparcería se habían disuelto y se moderaron los proyectos productivos para evitar la contratación de jornaleros. El reparto de tierras, la disminución en la contratación de jornaleros y la desaparición de la aparcería reforzaron el carácter revolucionario y popular de las regionales campesinas, decididas por el ejido y la organización colectiva. Ello contribuyó, junto con el cuidado de que los trabajos fueran intensivos pero no excesivos, a que los estudiantes no vieran como una explotación las labores que tenían que realizar en estos centros, como sucedía antes en las escuelas centrales agrícolas. A principios de 1935 los estudiantes solicitaron que las regionales se sacudieran del sistema de peonaje para trabajar en forma de cooperativismo, considerando que la propiedad privada originaba desigualdades e injusticias y era contraria a los postulados de la educación socialista y del ideario de las regionales campesinas. Pero en años posteriores las autori-dades de la SEP manejaban este mismo discurso y ya no fue necesario repetir dicha solicitud. 38 Como puede verse, las cooperativas de producción escolares rara vez obtuvieron buenos resultados económicos y el entrenamiento de los estudiantes en ellas, tanto en aspectos agropecuarios como de contabilidad y organización, fue deficiente: los métodos de cultivo no eran modernos, el tipo de cultivos tampoco era innovador, si bien las regionales podían aportar a los campesinos la mejora de ganados y semilla, y a veces técnicas para prevenir plagas o enfermedades. Así es que las escuelas no tenían capacidad para apoyar ni la producción ejidal sin créditos, ni la agricultura a gran escala. Ofrecían, en cambio, la enseñanza de técnicas de diversificación de la economía familiar y aprovechamiento de los recursos, como la siembra de huertas, la apicultura, la elaboración de conservas, o los corrales con gallinas, puercos y otros animales. En las cooperativas, además, se confundía quiénes eran los integrantes, quiénes invertían o prestaban, así como quiénes tenían derecho a las ganancias (si se llegaba a tenerlas). Los alumnos, sin embargo, aprendían cooperativismo no sólo dentro de las escuelas. Las cooperativas agrícolas creadas por las escuelas regionales campesinas Flores Magón, Chihuahua, se crearon formalmente bufetes campesinos, pero aunque no existieran oficialmente, en las regionales les ayudaban con todas las gestiones. El trabajo político se unía a la asesoría técnica a los ejidatarios, impulsando la producción colectiva y la unión para defenderse de los acaparadores y agiotistas. Las escuelas compartían con los vecinos sus conocimientos agropecuarios y sus recursos (herramientas, sementales, semillas mejoradas, etcétera) si los tenían, pero más que promotoras técnicas de la productividad, su labor era organizadora. En 1937, la SEP buscaba orientar a los agrónomos y les proponía hacer periódicos murales, cursos breves y trabajar en las parcelas de las escuelas rurales para que sirvieran de campos de demostración y los alentaba a ponerse en contacto con otras instancias gubernamentales para intensificar su trabajo como asesores. En cambio, tan sólo en 1936, las escuelas en su conjunto organizaron formalmente 30 cooperativas de producción y consumo, en algunos casos junto con las misiones culturales. Sin embargo las autoridades de la SEP se quejaban de que eran pocos los directores y maestros que informaban cómo se establecían las cooperativas y en qué condiciones operaban. 39 En Soconusco, Chiapas, maestros y estudiantes daban pláticas en las comunidades sobre los beneficios del cooperativismo o el primero de mayo sobre la larga lucha del proletariado. Pero en otras escuelas los alcances eran mucho mayores, lo cual los hacía intervenir abiertamente en la política. En Galeana, Nuevo León, los maestros y estudiantes participaban no sólo en las ceremonias de dotación de ejidos, sino que también apoyaban a unos ejidatarios para solicitar ampliación o, junto con el presidente municipal y el secretario del Comité Regional de la Liga de Comunidades Agrarias, trataban de convencer a un grupo de campesinos de que no formaran un "comité blanco" ni compraran tierras. 40 Dichas gestiones venían de años atrás: el presidente municipal de Galeana había escrito a Narciso Bassols en 1934 para agradecer a los maestros de la escuela por el trabajo social que desarrollaban en apoyo del "elemento agrario". 41 En los Estados de México, Sonora, Puebla, Hidalgo, Veracruz y Guerrero también se realizaban trabajos de ese tipo. 42 En la mayor parte de los casos, se trataba de organizar a los campesinos para luchar por tierras o recursos, más que de la organización de sociedades productivas como tales. Quizás en forma excepcional, en la escuela de Hecelchakán, Campeche, los alcances políticos fueron de trascendencia, además de los económicos. El director fundador, Juan Pacheco Torres, con los maestros y el apoyo de una Misión Cultural, lograron aglutinar a todos los profesores en el Bloque Revolucionario de Maestros del Estado de Campeche en 1934, organizaron cooperativas ganaderas cuyas actividades amenazaron a los acaparadores y apoyaron a los sindicatos y organizaciones de los marinos y estibadores. Para 1936, estos grupos independientes tenían una gran fuerza en el territorio estatal. El director era acusado de preparar a los niños para la "lucha de agitación anti-patriótica bajo los suspicios (sic) de llamadas doctrinas de una Rusia Soviética" y a los maestros de querer "que nuestra Bandera sea la 'Rojinegra' y que nuestro Himno sea 'La Internacional'". La propaganda era impulsada por los carniceros, ya que las cooperativas formadas por los profesores rompieron el poder de su monopolio. Los curas hacían proselitismo en contra de la escuela federal y las regionales no fueron una excepción. Entre noviembre de 1935 y agosto de 1936, grupos armados amenazaron a las segundas en Zacatecas, Guerrero, Colima, Guanajuato, Jalisco, Veracruz, Campeche y Oaxaca. A veces el ejército protegía las escuelas, pero generalmente, les daban armas a los maestros y estudiantes para defenderse ellos mismos. En algunas escuelas trasladaban a los estudiantes a otras partes, pero también sucedía que los estudiantes se quedaban para protegerlas. 45 En la escuela de Ayotzinapa, en 1936, varios estudiantes fueron arrestados y asaltados. 44 El gobierno revolucionario desde la década de 1920 desarrolló una política en contra de la Iglesia católica, que tuvo como reacción un movimiento armado de importancia conocido como guerra cristera. En 1934, la modificación del artículo tercero estableciendo la educación socialista hizo que la guerra reviviera, aunque de manera más focalizada. EL COOPERATIVISMO EN LA ESCUELA RURAL DEL MÉXICO DE LOS AÑOS TREINTA -cuyo cambio habían solicitado los estudiantes junto con el de dos maestros rurales que eran sus familiares-y por los comerciantes de Tixtla, quienes no estaban de acuerdo en que las tierras del pueblo hubieran sido asignadas a la regional campesina. 46 En Puebla, el carácter co-educativo alarmaba a los campesinos de la región. En Bimbaletes, Zacatecas, desde finales de 1934 el director de la escuela consultaba con las autoridades de Educación Federal qué podían hacer para terminar con las injurias y vejaciones que sufrían los alumnos por parte de los "fanáticos católicos". El funcionario transcribió el oficio al presidente municipal y, en tono amenazante, advirtió que la escuela sabía cómo defenderse por sí sola pero no lo hacía por respeto a su autoridad. En 1936, los maestros y estudiantes recibieron armas y municiones para protegerla de los grupos alzados. 47 En Soconusco, Chiapas, aunque aparentemente la escuela no hacía proselitismo contra los curas ni había formado cooperativas, los grupos armados también la atacaron. Los alumnos habían sido rapados por una "epidemia de tiña tonsurante" y en los alrededores había circulado el rumor de que la orden de raparlos vino del gobierno "para bautizarlos nuevamente con el credo socialista". El director estaba ausente en ese momento y sólo los alumnos más jóvenes y las mujeres lograron salir de la escuela en un camión que tomaron por asalto en medio del tiroteo. 48 En estos conflictos intervenían diferentes tipos de problemas, además de la religión y el enfrentamiento ideológico: las escuelas quedaban en un lugar estratégico entre las comunidades locales y las nuevas organizaciones políticas nacionales. Su intervención en el reparto agrario, la formación de cooperativas y, en muchos casos, su lucha contra los curas, hizo que se ganaran enemigos. Los problemas, sin embargo, se dieron también entre las fuerzas gubernamentales. Dentro del creciente corporativismo estatal, la acción de las regionales campesinas como organizadoras de los trabajadores rurales a veces tomaba sendas independientes que no podía permitir el 46 Ibidem, pp. 234-235. Los estudiantes tenían la costumbre de rapar a los de nuevo ingreso. Dicha práctica se relacionaba con el cuidado de la higiene en los dormitorios, pero también era una forma de distinción social y cultural, como lo hacían notar los grupos atacantes. 49 Sobre todo, no podía permitirse la fuerza del Partido Comunista en la formación del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC). ALICIA CIVERA CERECEDO gobierno federal. 49 Sin embargo, también jugaban un papel importante las distancias no tan excepcionales entre las comunidades y las autoridades acerca del control de los trabajos pero sobre todo de la posesión de sus bienes materiales. A principios de 1938, el gobierno de Lázaro Cárdenas expropió la industria petrolera. Además de la escasez de recursos, las presiones internas y externas crecieron y las reformas sociales como la educación socialista y el reparto agrario tuvieron que limitarse. Los trabajos de los maestros y los agrónomos como organizadores rurales comenzaron a ser incómodos para los esfuerzos gubernamentales por encapsular la lucha por el poder en un partido y en el corporativismo estatal. 50 Las misiones culturales fueron desintegradas y a las escuelas regionales campesinas se les se quitó buena parte del presupuesto que tenían asignado, situación que no cambió a partir de una huelga general organizada en 1940 por los estudiantes, apoyados por sus profesores, en protesta por el abandono de los estudiantes campesinos. En muchas escuelas, sobre todo las medianas, los talleres permanecieron cerrados y las tierras sin trabajar por falta de materiales y de personal. Buena parte de los alumnos tenían materias pendientes ya que no habían podido cursarlas por falta de maestros. Estudiantes y profesores hacían lo que podían para entonces sin el respaldo de las autoridades. 51 Pero la huelga no triunfó. Durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho se reestructuró la SEP desapareciendo el DEANR, separando la formación agrícola de la formación de maestros y a ambas de las escuelas primarias, que comenzaron a trabajar con un plan de estudios uniforme que ya no incluía ni contenidos ni prácticas de agricultura u oficios rurales, ni una orientación cooperativista. Se planteó entonces, enfilándose hacia la modernización, la industrialización y la urbanización en el contexto de la segunda guerra mundial, que la escuela debía ser igual para todos para poder ser realmente democrática. Con ello, la escuela en las zonas rurales perdió el empuje que había tenido desde el término de la Revolución. 52 Pese a las limitaciones, el radio de influencia que tuvieron las escuelas regionales campesinas fue grande. Orientadas hacia "la organización rural" y la producción para consumo interno, su trabajo -junto con el de las misiones culturales-fueron importantes para fomentar el cooperativismo como forma de organización política más que económica, una forma 50 Explicaciones más amplias al respecto pueden encontrarse en Civera, 2008, pp. 249-257. EL COOPERATIVISMO EN LA ESCUELA RURAL DEL MÉXICO DE LOS AÑOS TREINTA dirigida desde las autoridades gubernamentales y colocada como intermediaria entre éstas y los sujetos políticos locales. Aunque en menor medida, también fueron importantes para mejorar la economía familiar de los campesinos al diversificar las formas de ingreso y maximizar el uso de los recursos materiales y humanos disponibles. La presencia de las misiones y las regionales campesinas era importante a nivel regional y, junto con las inspecciones escolares y las publicaciones de la SEP como El Maestro Rural, en la asesoría y formación del sistema de escuelas rurales que se había formado desde la Revolución. En México, la expansión de la escuela a los medios rurales, la creación de un sistema de enseñanza agrícola de corte popular y la integración de contenidos ruralistas en el currículum de la escuela primaria estuvo asociada a la Revolución Mexicana. En un periodo de escasez de recursos económicos, de incertidumbre frente a las tensiones políticas relacionadas con la reforma agraria, así como respecto a las posibilidades de desarrollo económico con base en el ejido, las escuelas rurales y las instituciones ligadas a ellas como las misiones culturales, las escuelas centrales agrícolas y las escuelas regionales campesinas, jugaron un papel fundamental en las vinculaciones de sectores internos de las comunidades con el gobierno federal. En este sentido fue muy importante el cooperativismo, pensado desde diferentes puntos de vista como hemos visto, y aplicado de manera poco exitosa en el ámbito escolar. Este sistema sirvió más como cultura política que como medio para impulsar el desarrollo económico, apoyando el fortalecimiento de un corporativismo estatal que afianzaría su poder central sobre los campesinos alzados en 1910, que no permitió que prosperaran las experiencias en las que la acción de la escuela ponía en peligro dicho control vertical. A través de las escuelas regionales campesinas podemos ver que la inserción de la enseñanza agrícola en la escuela rural marcó una diferencia sustancial con la escuela pre-revolucionaria, pero su desarrollo fue limitado por varios factores. En los años veinte prevaleció un mayor interés en la alfabetización y el afán de civilizar a los campesinos, pero ni siquiera en los años treinta -cuando se fortaleció la presencia de los agrónomos en la Secretaría de Educación Pública, así como una visión mucho más econo-ALICIA CIVERA CERECEDO micista y pragmática que intentaba formar un sistema integral del campo enlazando la capacitación y educación (para entonces socialista) con la formación de cooperativas y el otorgamiento de créditos para la producciónse logró que este tipo de enseñanza tuviera un lugar importante para el desarrollo económico del campo. Si no lo fue así en el caso de las regionales campesinas que contaron, aunque con limitaciones, con recursos económicos y humanos, menos lo fue en la escuela rural. El cardenismo impulsó proyectos de producción colectiva con cultivos de exportación en los que la escuela fue importante en el nivel regional, pero en términos generales lo que prevaleció fue una escuela regional campesina que ofrecía una capacitación agrícola que no siempre fue eficiente en su acercamiento a las "necesidades" locales, pero que buscaba atenuar los excesos del capitalismo con una diversificación y mejor organización de los escasos recursos materiales de las familias campesinas, es decir, atenuar la pobreza en una economía familiar-ejidal de subsistencia. En dicho intento no ayudó, entre otros factores que se han mencionado, una constante tensión entre las posesiones materiales y simbólicas de una institución escolar que se decía federal pero que se sostenía en buena parte en los recursos humanos y materiales de las propias comunidades. Sin querer minimizar los efectos de la escuela rural revolucionaria, es necesario indicar que, al mediar el siglo XX, sus resultados no habían sido tan efectivos como se esperaba: la desigualdad entre los centros urbanos y rurales siguió siendo muy importante y se intensificaría con el impulso a la industrialización, la urbanización y la escuela democrática unificada de los años cuarenta.
Niños limpios y trabajadores. El teatro guiñol posrevolucionario en la construcción de la infancia mexicana1 / Healthy and Working children. Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F. Este artículo examina obras del proyecto de teatro guiñol posrevolucionario mexicano y los discursos que éstas utilizaron para construir un nuevo tipo de ciudadanía y de infancia. A partir de dos discursos protagónicos, el trabajo y la higiene, se analiza el teatro guiñol como una forma de didactismo político, transmisión ideológica y medio de propaganda del régimen y se apuntan algunos posibles resultados en el propósito de convertir a los niños en un puente entre el Estado y las familias mexicanas. Una vez que terminó la fase armada de la Revolución Mexicana (1910-1920) la retórica estatal insistió en la creación de un hombre nuevo. En esta época, también llamada de la "reconstrucción nacional", se buscó conformar una sociedad de individuos homogeneizados por los mismos valores, creencias y hábitos que debían construirse desde pequeños. 2 Entre 1920 y 1940 las políticas públicas para la infancia se centraron en higienizarla; enseñar a las madres estrategias para una sana alimentación; evitar el abandono infantil y el nacimiento de niños enfermos; desarrollar en ellos el gusto y las habilidades del trabajo manual, liberarlos de fanatismos religiosos y, en lo posible, controlar sus hábitos, formas de expresión, modales y patrones de consumo. El niño nuevo integraría a su experiencia de vida los valores nacionales que le permitirían convertirse en el ciudadano moderno que requería el país. El ideal de infancia mexicana y de sociedad revolucionaria se construyó de manera simultánea. Para moldear la infancia se requirieron múltiples políticas y producciones culturales, herramientas de propaganda y de didactismo político. En este artículo destaco los contenidos ideológicos que se difundieron a través del "teatro guiñol" del Departamento de Bellas Artes, un proyecto creado en 1932 que se concentró en divulgar un amplio abanico de valores como la alfabetización, la importancia de la escuela, el laicismo, la defensa de la expropiación petrolera, el trabajo y la higiene. Un estudio pionero sobre el teatro guiñol y la recepción infantil a los discursos de los títeres es el de Elena Jackson quien, de manera lúcida y a partir del análisis de archivos institucionales, así como de dibujos infantiles, trata una cuestión tortuosa en el ámbito de la historia cultural y la historia de la infancia: la recepción. 3 Sin embargo, el tema del teatro guiñol no está agotado todavía y queda mucho por explorar. En este artículo me concentro en el análisis de los discursos de las obras de teatro alrededor de dos valores esenciales en lo que se consideraba la construcción del niño y del ciudadano revolucionario mexicano: el trabajo y la salud. Para ello me enfoco y rescato fuentes poco trabajadas hasta el momento: los guiones que quedaron hasta nuestros días de las obras de teatro guiñol para niños del Departamento de Bellas Artes. Este proyecto puso "especial cuidado en los programas dirigidos a la niñez, considerando que en ella estaba el germen del futuro México", 4 pero los adultos se convirtieron también en un destinatario central. Los titirite-ros visitaron hospitales, plazas públicas, penitenciarías colonias populares, el pabellón infantil del Manicomio de La Castañeda, campos militares, fábricas, talleres, cárceles, ejidos, casas cuna, reformatorios y hospicios. Los domingos presentaron exhibiciones para el público general en la Alameda Central, apoyaron las misiones y brigadas culturales, las campañas de alfabetización para comunidades agrarias, visitaron sindicatos obreros y agrupaciones campesinas.5 El surgimiento del teatro guiñol pedagógico Uno de los grandes cambios que provocó la Revolución Mexicana se dio en el ámbito educativo. En 1921, José Vasconcelos creó la Secretaría de Educación Pública (SEP) e inició un amplio proyecto para todo el país. La escolarización de la población infantil fue en ascenso. La pedagogía de la acción de John Dewey y la educación socialista, tomada del ejemplo ruso, guiaron la ecléctica práctica educativa mexicana entre 1920 y 1940. Los principios de "aprender haciendo" la enseñanza a partir de las experiencias cotidianas de los niños, así como el fomento de valores como el corporativismo, la cooperación, la solidaridad y el amor del trabajo, llegaron a las escuelas y a las comunidades de las áreas más remotas de la República. El interés de la SEP por emplear a los títeres como vehículos didácticos para alfabetizar, adoctrinar y dar publicidad al régimen se nutrió de experiencias previas. 6 El proyecto de teatro guiñol de Bellas Artes que veremos aquí fue apoyado por el secretario de educación, Narciso Bassols, convencido marxista, defensor del laicismo, de la enseñanza de educación sexual, y comprometido con la causa de los exiliados republicanos españo-les en México. Carlos Chávez, titular del Departamento de Bellas Artes, se sumó al proyecto, así como un grupo de destacados hombres y mujeres del mundo de las artes y la cultura que habían tenido estrecho contacto con la vida artística y cultural europea: literatos, pintores, escultores, dramaturgos y músicos, entre los cuales se encontraban militantes del Partido Comunista Mexicano y la antifascista Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR). 7 Los principales artífices de este esfuerzo fueron el escultor Germán Cueto, el pintor Ramón Alva de la Canal, el dramaturgo Roberto Lago, el pintor y tallador Enrique Assad y la escritora Graciela Amador (primera esposa del muralista David Alfaro Siqueiros). La destacada pintora rusa Angelina Beloff (quien fuera esposa de Diego Rivera) se encargaba de pintar la escenografía; Dolores Cueto elaboraba los muñecos; Julio Castellanos diseñaba los vestuarios; Silvestre Revueltas componía música para las obras mientras el escritor estridentista mexicano, Germán List Arzubide, cercano a las ideas socialistas del régimen de Cárdenas, colaborador de Bassols y encargado de vigilar "el cumplimiento de la ley contra las escuelas que daban educación religiosa",8 destinaba parte de su producción intelectual a la escritura de obras de teatro infantil. Así, estos artistas e "intelectuales pedagogos" 9 formaron parte de un amplio proyecto estatal para educar y concienciar al futuro ciudadano a través de producciones culturales en un contexto en el que la educación y el arte se erigieron no sólo como un binomio sino también como la panacea para formar política y socialmente a la población. Es historia conocida10 que a fines de 1932 los grupos de teatro guiñol presentaron su proyecto ante Bassols y Chávez en un bodegón de la casa de Germán Cueto. El 22 de junio de 1933 la SEP llevó a cabo la primera función pública de prueba en el Teatro Orientación, en la Ciudad de México. Los grupos que se presentaron fueron el Grupo A, Rin Rin, de Cueto, y el Grupo B, Comino, dirigido por Leopoldo Méndez, que debían visitar dos o tres escuelas por día con representaciones de treinta minutos. El éxito obtenido y la necesidad de cubrir un amplio número de escuelas, hicieron que en 1934 se aprobara un presupuesto para un tercero, el Grupo C, Periquillo, dirigido por Graciela Amador y Roberto Lago. Aunque se contó con el financiamiento de la SEP, los titiriteros debieron enfrentarse a las trabas burocráticas que muchas veces dificultaban la fluidez del proyecto: se quejaban de que el jefe no los recibía, de trabajar mañana y tarde, e incluso los domingos, "en pleno aguacero", de no tener vacaciones y de que no se considerara su esfuerzo. 11 Además faltaban radiolas, fonógrafos o discos para los bailables de las obras; 12 no había camiones que llevaran a los titiriteros y sus muñecos; 13 en abril de 1935 un grupo tuvo que suspender sus funciones por la falta de doce tornillos para armar el tinglado; 14 en ocasiones no se proporcionaban las direcciones precisas y los grupos no lograban llegar a las escuelas. 15 Los establecimientos educativos no recibían a los titiriteros por diversos motivos: se había prolongado la asamblea de maestros, 16 las alumnas estaban ensayando para el festival del Día de la Madre o los directores pretextaban que era demasiado tarde. 17 Los autos eran alquilados y a veces bastante inseguros. En cierta ocasión, el dueño de una de las camionetas indicó, en un estilo muy nacional, que su vehículo "en realidad no está en buenas condiciones pero desde luego no piensa que corra peligro la vida de los ocupantes". 18 En opinión de Roberto Lago si el proyecto guiñol tenía éxito era más por el entusiasmo de los titiriteros que por el interés de la SEP, que les había negado los recursos económicos y morales necesarios para desarrollarse con amplitud. En poco tiempo los titiriteros lograron ser considerados como educadores y de tal forma fueron contratados por la SEP como "empleados de carácter docente". Graciela Amador y Ramón Alva de la Canal fueron comisionados en la Escuela Normal Superior para dar cursos a los maestros sobre técnica de teatro guiñol. Roberto Lago se autodefinió como un "titiritero pedagógico" señalando que "divertir instruyendo o instruir divirtiendo nos pareció la aspiración más alta que podía alcanzar la pedagogía moderna". 19 Germán List Arzubide sintetizaba esta idea con la frase: "el teatro es, siempre, una escuela". En un primer momento el proyecto se enfocó a los jardines de niños de los barrios obreros, y a la ciudad de México, pero poco a poco fue desplazándose a las escuelas primarias, a las zonas rurales y a otros estados de la República, en donde ya existían experimentos teatrales, como el "teatro campesino" institucionalizado por la SEP en el campo. 20 Las escuelas que se visitaban debían estar cerca de las carreteras ya que el material de teatro guiñol no se podía llevar caminando sino que requería automóviles. 21 Como los tres grupos no bastaban para cubrir la enorme demanda en el país y se pretendía que su esencia llegara al máximo de población posible, la SEP encargó al literato estridentista Arqueles Vela un manual para repartir en las escuelas de la República Mexicana. En éste se promovía que los maestros y los alumnos elaboraran sus propios títeres y escenarios de manera "económica, sencilla y cómoda", es decir, que se transformaran en una suerte de titiriteros. Revistas como El Maestro Rural, dirigida a los campesinos y a los docentes, publicaron también varias sugerencias para confeccionar muñecos y escenarios. 22 La idea de la SEP fue que no hubiera "escuelita rural, por pobre que sea, que no tenga este medio de brindar satisfacciones estéticas a los niños campesinos". 23 Pronto circularon noticias sobre las "hermosas y útiles labores" que realizaban los maestros y maestras de las escuelas primarias construyendo teatros de títeres. Dichas estrategias permitieron que "el teatro y el mensaje político educativo que venía implícito en estas propuestas llegaran a un número considerable de la población, particularmente en el amplio segmento de las clases populares, en escuelas, ejidos, barrios populares, municipios". Usos del teatro guiñol El niño, considerado como "un agente de transformación social y como elemento real y efectivo de la comunidad en la que actúa[ba]", debía formarse en "hábitos que lo [prepararan] para la sociedad socialista". 25 En épocas revolucionarias el niño, en abstracto, aparece como agente social, como el autor del futuro que debe ser liberado del peso del pasado y moldeado con los ideales de la Revolución, porque es, en suma, el constructor del futuro revolucionario. 26 En la concepción nacionalista de la época los niños mexicanos no nacían revolucionarios, se hacían. El teatro guiñol posrevolucionario se convirtió en un puente ideológico entre los gobiernos en turno y la niñez mexicana, en una forma oficial de trascender los muros escolares y penetrar en los hogares. El médico Alfonso Pruneda opinaba que "el niño es el vínculo entre las instituciones sociales. Es un vector en las enseñanzas y prácticas que adquiere y que sólo puede modificar en el ámbito doméstico". 27 Los niños escolarizados eran mediadores entre el Estado y las familias populares mexicanas, por eso el teatro guiñol apareció como una atractiva estrategia para tender redes entre estos círculos. En suma, el gobierno impulsó el teatro infantil, lo utilizó como propaganda ideológica y reconoció su importante función como vehículo didáctico. No sólo el teatro guiñol sino el arte teatral en general, "desempeñó un papel muy relevante en la educación nacional, como parte de una práctica social y discursiva del proceso revolucionario". 28 En el contexto de un arte popular "al servicio de los trabajadores" que debía ser "esencialmente un arma de lucha en los conflictos sociales" varias obras de guiñol tuvieron una tendencia militante, es decir, "integraron aspectos ideológicos con la propuesta estética". 29 Algunos libretos eran adaptaciones de textos de Tolstoi, los hermanos Grimm, o Miguel de Cervantes, otros eran producciones mexicanas que tenían como objetivo instruir, atacar las relaciones sociales y los modos de producción capitalistas, infundir amor por el trabajo, convencer de la defensa de los recursos naturales, promover la alfabetización y divulgar campañas por la salud de la población. Las finalidades oficiales del teatro guiñol fueron: "educar cultural y políticamente al niño, dentro del criterio histórico materialista", contribuir a su formación moral, "liberarlo de todos los prejuicios raciales, religiosos o sexuales"; fomentar en él "la conquista y dominio de las fuerzas naturales como único objetivo de la vida social"; formarle "el concepto de que el trabajo es el único medio de conquistar el bienestar colectivo"; "desarrollar sus sentidos estéticos"; hacer desaparecer de su mente del "la existencia de seres fabulosos, como hadas, gnomos, duendes"; promover la higiene, "educarlo, en general, por medio del teatro". 30 La función ideologizadora del teatro fue tan intensa y evidente que la SEP consideraba "necesario contar entre las obras esencialmente tendenciosas, algunas que ayuden a la ligereza del espectáculo y contribuyan a interesar a los niños". 31 Una Comisión de repertorio se encargó de leer, revisar, seleccionar, corregir, reescribir o pedir cambios a las obras que se presentaban. 32 Para 1935 se señaló que los programas debían contar con "una obra de fondo ideológico", "una obra cómica de carácter recreativo" y "una obra rítmica (ballet)". 33 La SEP buscaba: escritores jóvenes de filiación definitivamente socialista para escribir las obras que formarían el repertorio de teatro guiñol a fin de que escriban obras en las que se haga ver a los niños en general, y a los que pertenecen a las masas trabajadoras muy especialmente, los beneficios de una nueva organización social más humana y justa, mostrándoles en dónde está su enemigo de clase y cómo deben defenderse de la explotación, y también, cómo apartarse de toda idea individualista prefiriendo el bien colectivo. 34 Se insistía en que el objetivo era "contribuir a la educación social del niño dándole las bases de una nueva moral, destruyendo en ellos supersticiones que la ignorancia ha venido sembrando". 35 Juan Bustillo Oro, uno de los miembros de la citada Comisión, señalaba que para una educación revolucionaria que aspira a ir cimentando en la conciencia del país una nueva moral social que permita los forzosos cambios económicos que mar- SUSANA SOSENSKI ca la Revolución y que a ella misma obligan, el teatro (infantil o para adultos) no puede ser visto como un mero desahogo artístico. [...] Apoderarse del niño, hacerlo para la Revolución, he aquí la tarea de la Educación impartida por el Estado en la que el teatro debe tomar su lugar dignamente, y con el espíritu de sacrificio que nuestra época de transición exige. 36 Este teatro al servicio de la "pedagogía revolucionaria" basó sus antecedentes en la experiencia rusa. Germán List Arzubide, por ejemplo, había visitado el teatro de los niños en Leningrado, inaugurado con la Revolución de Octubre y considerado como "una conquista de la revolución". A Angelina Beloff, el Departamento de Bellas Artes, en 1932, le había encargado traducir al castellano diversos folletos rusos sobre teatro guiñol. 37 Los soviéticos tenían una sección pedagógica que observaba qué pasaba con los menores a medida que la obra avanzaba y aplicaban tests donde los niños debían escribir o dibujar algo para un periódico mural en el que los docentes analizaban las reacciones. 38 Tomando este caso como ejemplo, en México la SEP solicitó que los directores de los jardines de niños enviaran dibujos de los alumnos para analizar la recepción de las obras. En tanto hubo una intención explícita e insistente por ideologizar al niño y al espectador en general, no es fortuito que para ello se eligieran dos grandes temas y derechos sociales consignados en la Constitución de Querétaro de 1917 y que habían sido producto directo de la gesta revolucionaria: la higiene y el trabajo. Las obras de guiñol subrayaron que los niños mexicanos debían prepararse desde muy pequeños para la lucha por los derechos y la justicia colectivos, por los valores de la limpieza, la higiene, la eficiencia y la productividad. La sociedad en miniatura que se recreaba en el escenario defendía el valor del trabajo, criticaba a los "Enemigos de la Revolución": la burguesía, los patrones explotadores, los microbios y las bacterias. Por primera vez los muñecos guiñol formaban parte del movimiento social de concientización y se convertían en portavoces de la retórica revolucionaria. Los títeres enseñan a trabajar El cénit del teatro guiñol mexicano coincidió con la efervescencia de la escuela socialista instaurada por el régimen de Lázaro Cárdenas, cuyos 36 Bustillo Oro, p. NIÑOS LIMPIOS Y TRABAJADORES. EL TEATRO GUIÑOL POSREVOLUCIONARIO principios educativos residían en dirigirse "hacia las clases campesinas y obreras", vincularse "con los problemas del medio, las necesidades y aspiraciones de las agrupaciones proletarias" y crear "trabajadores manuales e intelectuales que, con conciencia de clase, puedan convertirse en eficientes y honestos directores de sus propios fines". 39 Esta educación "propugnaba las formas colectivas de aprender la conducta productivista y nacionalista moderna: cooperativas productivas y de consumo, equipos deportivos, desempeño cultural, campañas antialcohólicas y sanitarias". 40 La educación socialista fomentó el trabajo, exigió que los alumnos realizaran labores que les formaran hábitos laboriosos, que los identificaran con la clase productora y lo hicieran colectivamente. 41 El trabajo se convirtió en el centro de la formación de la infancia. México requería ciudadanos trabajadores para entrar de lleno en la senda de la tan ansiada industrialización y muchos programas oficiales se enfocaron a difundir hábitos de trabajo entre la infancia pobre mexicana. Un complejo entramado en el que operaba la escuela, las casas correccionales, los talleres artesanales y la laxa aplicación de las leyes de protección a la infancia, pretendieron que los niños se integraran al mercado laboral lo más temprano posible. 42 En tanto la escuela socialista debía ser "combativa y crítica de todos los medios de esclavitud material y espiritual que degeneran y aniquilan la dignidad humana", 43 en las obras de Germán List abundaron las críticas a las arbitrariedades del sistema capitalista. En Comino vence al diablo, un patrón que explotaba a su empleado, El Negrito, la representación racial de la explotación, exigía: "trabaja Negrito, trabaja que así es como se hace uno rico". Consciente de su situación laboral El Negrito respondía: "Así es como se hace usted rico, pero yo no". 44 El empleador abusivo, disfrazado de Diablo para imponer miedo en sus trabajadores, no tenía mucho éxito ante títeres que simbolizan a una infancia unida en la lucha contra de las injusticias sociales. El títere Comino y su amigo El Negrito se organizaban para golpearlo con la avenencia de los niños del público: "¿verdad qué nos van a ayudar ustedes para apalear al diablo?", luego de la positiva respues-ta que seguramente recibían de los entusiastas espectadores, Comino comentaba al Negrito: "¿ya ves? Somos muchos contra él solo". 45 La liberación y transformación revolucionaria de la sociedad, así como un discurso impregnado de materialismo histórico, pretendieron trascender la representación e instalarse en las emocionadas mentes infantiles que presenciaban el espectáculo teatral. El cooperativismo, el unionismo y la solidaridad para enfrentar la explotación se difundieron en varias obras del teatro guiñol. En La invernada de los animales, adaptación de Graciela Amador de la fábula del escritor ruso Alekandr Nikoalevich Afanasiev, se exaltaba la cooperación para la armonía de la colectividad. Si la escuela socialista era corporativista porque creaba "en el niño un amplio sentido de solidaridad y asociación en el esfuerzo", lo educaba "para la producción colectivizada" y le proporcionaba "las posibilidades de disfrutar íntegramente los beneficios de la vida social", 46 los títeres cumplían su función didáctica y mostraban que las injusticias debían de ser enfrentadas en conjunto. El discurso reiterativo del valor del trabajo retomaba concepciones decimonónicas al presentarse con su antítesis: el ocio. La pereza era perjudicial y las obras infantiles se empeñaron en dejarlo muy claro. En el proyecto de creación del "nuevo" hombre revolucionario "se atacaron costumbres y hábitos considerados negativos, contrarios en diversos sentidos a los objetivos y a las concepciones que se suponía debía tener el nuevo régimen". 47 En Comino en el país de los holgazanes, el famoso personaje, aquí hijo de un zapatero, se declaraba enemigo del trabajo a pesar de la insistencia de sus padres que trataban de convencerlo de que "en el universo todo trabaja. Trabaja el Sol, alumbrando los campos y las ciudades. Trabaja el viento moviendo los molinos". 48 El títere se negaba también a ir a la escuela, por ello era enviado "al país de los holgazanes", donde "nadie hace nada" para que aprendiera "lo que es no trabajar". En ese país, Comino encontraba un escenario apocalíptico. Nadie construye casas, no hay quien ordeñe a las vacas ni confeccione los vestidos. Tanta inutilidad provoca que algunas personas pierdan los brazos. El recurso del temor tiene éxito con Comino, quien asustado termina por convencerse. El títere aprende la lección: "Papá, mamá, yo quiero trabajar y estudiar, tengo miedo de que se me caigan los brazos y las piernas, tengo miedo de andar sin cabeza". 49 Perder la cabeza por la holgazanería es un recurso que el escritor List Arzubide repite en su obra Comino pierde la cabeza. Ahí, ante la negativa de Comino de trabajar en su hogar y en la escuela, su maestra le cuenta la siniestra historia de aquel país en el que los holgazanes pierden los brazos y la cabeza. Con este duro mensaje, además de la idea del trabajo como virtud, la obra también pretendía fomentar en el niño el espíritu de disciplina. El mismo mensaje fue repetido en Comino ama el trabajo, considerada por la Comisión de repertorio como una obra de verdadera diversión para los niños pero, sobre todo, una obra que "fomenta el amor al trabajo, modificando el viejo concepto de que la labor es un castigo". 50 Lo mismo sucedió con Zimbalú o el gorila perezoso, en donde los personajes, todos animales -la fábula era un recurso muy utilizado por el teatro guiñol-,51 demostraban "que todo aquel que se aprovecha del trabajo de los demás merece un castigo", aquí se agregaba "que debe darse oportunidad a estos individuos a fin de que corrijan sus defectos". 52 A esta se la consideró como "una obra digna de representarse por la clara tendencia social que la anima y por sus grandes posibilidades de diversión para los niños". Concentraba la idea social de la cooperación y de "que todo el mundo debe trabajar para comer y nadie vivir del trabajo de los demás". 53 Las autoridades insistían en que la escuela debía "convertir el trabajo no sólo en el centro de instrucción" sino "crear en los alumnos la conciencia de trabajo como medio, el más eficaz y el verdaderamente efectivo, para fomentar las relaciones humanas. Igualmente, inculcar la convicción de que el trabajo ocupa el primer lugar en el desarrollo de las sociedades". 54 Las actividades económicas de los niños eran una condición de existencia de la infancia pobre mexicana de la posrevolución, existía un importante número de niños laborando en las calles, fábricas y talleres. Con la pedagogía de la acción y la escuela socialista miles de niños escolarizados participaron cotidianamente como aprendices de oficio en los talleres escolares. 55 Sin embargo, fue la escuela socialista la que se preocupó por la formación de una conciencia de clase entre la niñez. Comino va a la huelga expuso los beneficios del paro laboral. Comino instó a sus compañeros a declarar la huelga convencido por un herrero de su calle que le explicó "que sólo ocho horas de trabajo es lo que debe tener todo obrero". 56 Al declarar la huelga, el pequeño Comino señalaba: "ya no trabajaremos, hasta que se admitan nuestras condiciones". 57 En esta obra los títeres mostraron al público infantil que la unión hacía la fuerza, pero también que la huelga era un valioso recurso para la defensa del obrero: "hemos triunfado [...] ya saben muchachos, si los quieren hacer trabajar más de las ocho horas y no les pagan los domingos tiempo doble, a la huelga y duro contra el patrón". La representación terminaba cuando los títeres apaleaban al explotador, que salía chillando mientras todos vitoreaban "¡viva la huelga!". 58 Las obras de teatro infantil mostraban no sólo las realidades de las actividades económicas de un sector de la niñez mexicana sino también el maltrato, la explotación y las injusticias que sufrían los pequeños aprendices. En Periquillo y el Usurero, escrita por de Graciela Amador, el pequeño Periquillo, colocado como aprendiz de un usurero, sufría los malos tratos y la explotación de su patrón Don Ferruco, quien se negaba a pagarle ("¡en dónde se ha visto que le paguen a uno por enseñarle!"). Periquillo sufría las desventajas del trabajo infantil hasta que decidía rebelarse y asustar al viejo Ferruco, logrando que huyera dejando en la mesa la paga del sueldo del niño y las escrituras de sus deudores. 59 Si la antítesis del trabajo era la holgazanería, su binomio era la escuela, ahí los niños trabajaban estudiando o aprendiendo oficios. El personaje de La Luna en una representación recitaba: "Para que mañana/ con la luz del día/escuela y trabajo/ os den alegría". 60 Ambas actividades se consideraban benéficas para la infancia. 61 Comino se quejaba de que "ahora quieren que vaya a la escuela [...] y eso es mucho trabajo. Mejor déjenme sin comer pero no voy a la escuela". 62 La Luna, en otra obra, señalaba: "pues niños, aquí o trabajan o no comen". 63 Esta idea se repetía en varias obras de teatro guiñol. En La Rana y el Buey, de Graciela Amador, una ranita explotada exigía poéticamente el fin de los abusos de la Rana Burguesa: "ahora no están los tiempos / como usted se lo supone / se acabaron los abusos: / ¡Quien no trabaja no come!". 64 No deja de sorprender que la vieja frase de San Pablo, y que luego acuñó la ideología socialista de "el que no trabaja no come", fuera también la que tapizara una de las paredes del comedor de la Escuela Industrial Francisco I. Madero, a la que asistían niños pobres del barrio de La Bolsa desde 1921. Los niños debían contribuir a la economía familiar si estaban en casa, o a la nacional si estaban en instituciones estatales. El mismo tenor seguía la obra El Gigante, de Elena Huerta, en la cual un niño de un grupo de amigos de un barrio pobre se comía el almuerzo de los demás convirtiéndose en un gigante autoritario, furioso y holgazán. 65 A cambio de no devorarlos uno por uno el gigante exigía alimento a los demás. Los amigos conseguían viandas para ese gigante gracias a su trabajo, pero cansados, y advirtiendo la injusticia, se unían para cavar un pozo en el que caía el furibundo barrigón. La obra terminaba con la exclamación de Comino: "el que no trabaje que no coma" y el grito de Pepito: "Unidos vencimos al gigante ladrón". Con estos discursos las representaciones llamaban al cooperativismo, al unionismo y a la conciencia de clase para afrontar las injusticias de manera colectiva, no es fortuito que se presentaran en el contexto de la creación de las grandes centrales obreras y campesinas que inauguró el régimen cardenista. La explotación y la desigualdad eran los flagelos del capitalismo. El trabajo servía para construir una sociedad "feliz", en la que no existiera la explotación. En Comino vendedor ambulante se exhibía "fustigándolo, el tipo del individuo que se aprovecha del trabajo de los niños en beneficio propio, haciendo que los pequeños se defiendan de los explotadores". 66 Al final de la obra La rana y el buey todas las ranitas exclamaban: "¡somos Como hemos señalado, había muchas obras sin mensaje ideológico explícito. La comedia cómica Firuleque en el circo, de Germán Cueto, presentaba sólo una ligera enseñanza ética que mostraba que el esfuerzo para vencer las dificultades y conseguir lo que se desea únicamente podía hacerse a través del trabajo, que había actividades que parecían fáciles pero no lo eran y que la mejor opción para los niños era la escuela. Los títeres y la higiene En México, a principios del siglo XX, los encargados de la salud pública enfatizaron en que mejorando la higiene popular se podría estimular la salud económica nacional y el trabajo de hombres y mujeres. 68 Como señala Ernesto Aréchiga, "la salud era un asunto trascendental, no sólo a nivel individual sino en sentido económico y social a la vez". 69 La higiene requería que el individuo se sometiera a una disciplina por el bien de la colectividad y acatara las prescripciones sanitarias recomendadas por el Gobierno. La Constitución de 1917 había dotado "al Estado de una capa cidad legal de acción que no había tenido nunca antes en relación con la salubridad pública" y esto hizo que el Estado emprendiera "campañas -de vacunación, de erradicación de plagas, de higienización urbana y rural-". 70 Entre 1920 y 1940, la SEP se enfocó a la divulgación de los principios higiénicos, promovió la difusión de la utilización de vacunas, la importancia de hervir el agua o del baño diario, con ello pretendía que tanto los sectores urbanos como los rurales cambiaran sus hábitos y costumbres tradicionales por los que se consideraban saludables y modernos. 71 "Fue tal la importancia que se le dio a la denominada 'educación higiénica' que tanto el Departamento de Salubridad como la Secretaría de Educación Pública crearon áreas especializadas en educación y propaganda en materia de higiene cuyas funciones se entreveraban con relativa facilidad". 72 Hubo varios medios y vehículos a través de los cuales el régimen promovió sus políticas, doctrinas y opiniones "para informar al público y al mismo tiempo modificar los comportamientos". 73 Se usaron publicaciones oficiales como El Sembrador o El Maestro Rural, centenares de carteles, obras de teatro, libros de texto, folletos, "revistas, periódicos, presentaciones de conferencias, exhibiciones cinematográficas y transmisión de programas radiofónicos". 74 A estos medios se sumaron las obras de teatro guiñol, que complementaban el trabajo de los visitadores sanitarios a los hogares, las campañas de vacunación y la propaganda. Eran parte de un amplio programa de educación higiénica que trataba de convertir a las escuelas en centros de activismo pro-salud. Para las autoridades era claro que los hábitos higiénicos se formaban esencialmente en dos espacios: el hogar y la escuela. Esta última se consideraba un espacio privilegiado "que permitiría la incorporación de la población campesina al proyecto nacional, dado que gracias a la instrucción que recibirían por parte de los maestros rurales, paulatinamente sería posible que numerosas comunidades salieran del atraso y se tornaran en agentes activos y productivos de la sociedad". 75 Esta fue una época en la que se dio una "empresa de higienización colectiva de la sociedad" que requería "el consentimiento y el apoyo de la población; emprender una ardua y eficaz labor de persuasión, de convencimiento y de instrucción". 76 El Departamento de Salubridad Pública señalaba el grado de responsabilidad concéntrico que tenía el individuo en el devenir de la nación: "conservar la salud es responsabilidad que uno tiene consigo mismo, con la familia, con el país y con la raza". 77 Las obras de guiñol reprodujeron de una u otra manera los principios que se habían publicado en el Código de moralidad de los niños que concurren a las escuelas primarias, de 1925: tener buena alimentación, hacer ejercicio, dormir lo suficiente, conservar limpios el vestido, el cuerpo y el espíritu, proteger la salud de los demás, desarrollarse con fuerza y agilidad. 78 Y coincidían también con los "Doce mandamientos de la higiene" publicados en El Maestro Rural, que recomendaban dejar las ventanas abiertas en la noche para que entrara aire fresco en la casa, no escupir en el suelo de los lugares públicos ("ya que de esta manera puede usted incons-cientemente arrojar gérmenes de enfermedades peligrosas"), limpiar el polvo del hogar ("donde hay polvo hay microbios"), no dejar ollas a la intemperie en la cocina pues entrarían en ellas "la sucia mosca, las cucarachas y otras sabandijas", cuidar los barriles de agua, comprar pan y leche en lugares aseados, sacar la basura de la casa, evitar juntar agua en cortezas de coco o botellas, hervir la leche y el agua. 79 La obra Firuleque de vacaciones demostró las ventajas de la vida del campo en la salud y atacó los sistemas tradicionales de curación en enfermedades que requerían solamente higiene. Hay que recordar que una de las ideas centrales del proyecto guiñol eran cambiar la educación del viejo régimen por una nueva, que promoviera los espacios al aire libre y los hábitos de limpieza en el hogar. La Comisión de repertorio señaló que la obra estaba proyectada más bien para educar a las madres y no tanto a los niños y que era necesario "establecer un contraste entre la vida malsana de la ciudad y la del campo". 80 La urbanización en alza aparecía como uno de los principales enemigos de la salud. Así como los regímenes posrevolucionarios establecieron una guerra materialista contra los enemigos de la Revolución, patrones explotadores o empresarios abusivos, también lo hicieron contra los microbios que diseminaban enfermedades entre la población mexicana. Esas ideas se tradujeron al lenguaje infantil en las pláticas de Comino. En Lávate la boca, Comino, de Germán List Arzubide, un pequeño ejército compuesto por el Cepillo de dientes, la Pasta dentífrica y el Dentista, desarrolló una enconada ofensiva contra los microbios de la Piorrea, la Fiebre Tifoidea y la Diarrea, que amenazaban arrancar los dientes a Comino y matarlo de enterocolitis o fiebre tifoidea. El campo en el que se libraba esta batalla era la boca del títere, quien había acudido al dentista por un fuerte dolor de muelas a consecuencia de no lavarse los dientes. El tono didáctico se enfatizaba a través de coros y bailables ejecutados por los personajes de cada bando y amenizados con la música que tocaba el fonógrafo. Los microbios cantaban: Somos los microbios que en todas las edades damos a las gentes mil enfermedades. Producimos males y mil dolores. Matamos a los chicos y a los mayores. Vivimos muy contentos en la suciedad y llevamos siempre la enfermedad. El Cepillo y la Pasta respondían: Mi amiga la pasta y yo el cepillo damos a los dientes la salud y el brillo. La alegría traemos siempre de regalo; para los microbios traemos un palo. Lávate los dientes de noche y de día. que pasta y cepillo te dan alegría. 81 En otra obra titulada Comino desaseado, el pequeño títere aparecía en el escenario sucio y lleno de parásitos. Según las educadoras de los jardines de niños esa imagen servía para despertar en la infancia "hábitos de aseo". Un personaje, El Piojo, atemorizaba a los pequeños y les producía "miedo por sus dimensiones y ahora nadie quiere tener éstos animales que en este lugar eran muy comunes." Las representaciones tenían como objetivo impresionar "la imaginación de los niños asistentes" por lo que, tanto el vestuario de los personajes como el escenario, se diseñaban con ese propósito. Un pálido Comino sin ganas de jugar, comer o estudiar rompía con el paradigma de niños de mejillas sonrosadas y "siempre contentos" que difundían los concursos de belleza infantil en la prensa del periodo. 82 En un jardín de niños de Iztapalapa los alumnos habían escuchado esta obra con sumo interés respondiendo bulliciosamente a las preguntas que les hacían los títeres. 83 En ese texto el diagnóstico médico fue que a Comino se le había "empobrecido la sangre" por falta de ejercicio, levantarse tarde y dor-81 List Arzubide, 1997, pp. 144, 147. SUSANA SOSENSKI más productivas, ponía en peligro la salud y amenazaba la productividad de los niños mexicanos, ciudadanos y trabajadores del futuro. 87 Pedro Muro, funcionario de la SEP, señalaba que el alcohol era "un traidor a la Revolución, un elemento de regresión, porque el borracho no puede trabajar". 88 Así, en la obra Comino combate al vicio, el personaje lidiaba exitosamente con el alcoholismo de su padre obrero. 89 Las ideas que promovían los títeres formaban parte de un corpus discursivo oficial que insistía en el aseo, los hábitos de higiene o la ventilación de las habitaciones. Sin embargo, como señala María Rosa Gudiño, "la vida material de los campesinos era una seria limitante para la puesta en práctica de las recomendaciones higiénicas", pronto se hizo "tangible y visible una realidad económica y social incompatible con la higiene. Es decir, la falta de saneamiento en numerosas comunidades no era sólo un problema cultural" sino de extrema pobreza. 90 Los proyectos gubernamentales carecieron de las condiciones idóneas que permitieran poner en práctica la teoría entre la población rural y urbana. Existía un "enorme abismo entre las acciones, los programas y las campañas de salubridad e higiene y la realidad social y económica de las poblaciones campesinas". 91 an lo que tenían que aprender, y no siempre veían lo que tenían que ver en los títeres". 92 Los maestros enviaban cartas a la SEP en las que señalaban que los niños "se espantaban con los títeres, creyendo que eran seres vivos o monstruos". Para muchos eran seres reales y después de la función quedaban muy asustados. A veces las educadoras debían "llevarlos a ver a los manipuladores mientras trabajaban" pero aún así no querían presenciar la continuación de la función. 93 Algunos niños explicaban a sus compañeros que los muñecos se movían "¡Por electricidad!". 94 Jackson sugiere que "los niños más chiquitos no pudieron recibir con mayor claridad los mensajes de los títeres porque estaban obsesionados con su presencia física", 95 de tal forma eran los niños más grandes quienes advertían que los títeres eran una representación. Los docentes atestiguaban que las presentaciones habían sido "muy aplaudidas", que había reinado "un verdadero placer y alegría entre alumnos y campesinos", quienes prodigaban "nutridos aplausos". Es cierto que probablemente muy pocos se hubieran sentido libres para expresar opiniones críticas al proyecto de teatro guiñol, y que muchos participaran de la retórica oficial y la difundieran, pero la titiritera Lola Cueto relataba que detrás del telón veía "por un agujerito los ojos negros de los niños [...] pendientes, pendientes, intrigados por no saber qué es lo que pasa, si de veras hablan los muñecos, quién los mueve". 96 Angelina Beloff, que elaboraba los muñecos guiñol, estaba convencida de que "la imagen viviente del muñeco se imprime con fuerza en la mente del niño y todo lo que este muñeco hace y dice, es para él una verdad y un ejemplo". 97 Juan Bustillo Oro señalaba que la obra Comino vence al diablo, para los niños, no era más que "una alegre historieta en que dos niños valientes apalean al que se disfraza de demonio para lograr que lo sirvan y obedezcan por medio del terror", pero destacaba que "el oculto propósito moral" de esta obra se infiltraba en las mentes infantiles en "el momento mismo en que cae el telón para preocuparlos después durante muchos días". 98 Al parecer, después de varias semanas, los niños seguían expresan-do "con toda clase de detalles en su lenguaje sencillo" lo que habían visto en el escenario "sin olvidar nada". 99 Los niños arrojaban confeti a los muñecos, aplaudían al ritmo de la música y tomaban parte en los diálogos. Sin embargo faltan más investigaciones que señalen si esta producción cultural, junto con muchas otras, hicieron realmente que la generación de niños de la década de 1930 consolidara una ideología que considerara al trabajo, al unionismo, la huelga, la salud y la higiene como los pilares de la sociedad mexicana. Es probable que los mexicanos adoptaran selectivamente la información higiénica como ellos creían que les podía ser útil en sus propias vidas y que conservaran sus ideas acerca de la higiene personal y el bienestar individual en formas que se enfrentaban abiertamente a las visiones de los reformadores de cómo mejorar la salud de la nación. 100 Es posible también que esas políticas y su retórica no hayan tenido el éxito deseado, es decir, que los hábitos, costumbres y prácticas divergieran de los discursos y teorías materialistas históricas o higiénicas. Quizá los "grupos populares fueran adoptando un lenguaje propio de la educación y la propaganda en materia de higiene, haciendo uso de esos argumentos para intentar favorecer sus propios intereses". 101 También pudo haber sucedido que existiera "una frontera muy tenue entre la persuasión y la coerción en las campañas de salud pública, despertando a menudo la desconfianza y la resistencia de la ciudadanía". 102 Hacen falta muchos otros estudios para advertir si el mensaje del trabajo y la higiene como redentores sociales fue captado por los niños y si estos marcaron su vida adulta, pero es indudable que fueron grabados por los muñecos guiñol. "El impacto visual del teatro guiñol en los niños es, pues, un recuerdo que se guarda en la memoria; forma parte de la historia personal", destacó una mujer que durante su infancia había asistido a las funciones. 103 Los niños extrañaban a Comino, a Firuleque y a Periquillo cuando estos tomaban el autobús de regreso y se alejaban de las poblaciones. Al "Querido Cominito" le escribían cartas en las que le decían: "pronto te esperamos para aplaudirte mucho", "deseamos que vuelvas pronto y que nos contestes las cartas", "ya te queremos ver. Hace mucho que no vienes, ¿qué no nos quieres? Nosotros sí te queremos, mucho". 104 Los niños también le dedicaron poemas. "Durante una de sus giras por minúsculos pueblos semi-ignorados del Estado de Tamaulipas, el Grupo Comino fue objeto del homenaje de los jóvenes poetas campesinos -de 9 a 13 años-, quienes dedicaron al popularísimo muñeco versos de una frescura y de una imaginación invaluable". 105 Cominito yo te quiero; Cominito encantador, No te vayas tan solito Cominito de mi amor. (Mauro Lucio) Cominito no te vayas, Yo quiero que estés aquí para que des tus funciones Y reírme yo de ti. (Jesús Arenas López) Cominito de mi vida tan chistoso y tan bonito Si te quedas en mi pueblo te daré un pantaloncito. 106 terminaron con este proyecto y con muchos otros, como las misiones culturales, las concesiones a grupos conservadores o a movimientos magisteriales radicales. No es fortuito que para 1947 el subdirector del Departamento de Bellas Artes, Julio Prieto, decidiera cancelar las actividades de los titiriteros acusándolos de actuar de manera anárquica y antagónica por no sumarse a las ideas de los nuevos gobiernos en turno. 109 Es importante destacar que mientras el teatro guiñol sostenido por el Departamento de Bellas Artes fue apagando sus luces, aparecían otros proyectos como el de Gilberto Ramírez Alvarado con Don Ferruco, sostenido por el Departamento de Acción Social del Departamento del Distrito Federal o, pocos años después, en 1954, el del "teatro Petul" en Chiapas, como una iniciativa del Instituto Nacional Indigenista para difundir preceptos higiénicos, escolares y castellanizantes entre la población campesina del país. 110 El teatro guiñol cardenista formó parte de un amplio proyecto estatal que buscaba formar ciudadanía social, impregnar a los mexicanos de una ideología socialista y, a través de un didactismo político, transformar las prácticas individuales, las actitudes y las conductas. El teatro infantil, patrocinado por el Estado y sus artífices, se convirtió en legitimador de la obra posrevolucionaria y de las políticas culturales de higiene social y de propaganda del trabajo. Fue otro más de los intentos estatales para politizar la vida cotidiana, pública y privada y extender el poder del Estado a todos los niveles posibles.
De la ciudad "mestiza" al campo "indígena": internados indígenas en el México posrevolucionario y en Bolivia 1 / From Mestizo City to Indian Countryside: Indian Boarding Schools in Postrevolutionary Mexico and Bolivia Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla El artículo estudia los internados indígenas en el México posrevolucionario y en Bolivia, considerando las similitudes en sus desplazamientos desde la ciudad al campo y las formas específicas en que cada elite nacional discutía acerca de la educación indígena. Examina también las relaciones entre educadores mexicanos y bolivianos, y sus visiones de la experiencia del otro país. El análisis sugiere que estas experiencias y debates resultan reveladores de ideas comunes acerca de la ciudad (moderna y civilizada) frente al campo (primitivo y atrasado), así como de la idea del campo como el lugar natural y apropiado para el indígena. 1 Este trabajo forma parte del proyecto de investigación "El indigenismo interamericano: instituciones, redes y proyectos para un continente, 1940-1960" (HAR2008-03099/HIST) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España. La importancia de los proyectos educativos y culturales en el México posrevolucionario ha sido reconocida y analizada de forma creciente por los historiadores tanto en relación a los aspectos inherentes a la educación y a la cultura, como por sus implicaciones en la construcción del Estado y de la nación entre los años veinte y cuarenta. 2 En el discurso oficial y en los proyectos que se implementaron, la llamada "cuestión indígena" ocupaba un lugar privilegiado. En muchos aspectos, más allá de las peculiaridades del caso mexicano, la cuestión indígena y la ambición de transformar a la población indígena y campesina eran parte de los proyectos y de las realidades de otros países latinoamericanos, que en esa misma época consideraban a la educación/aculturación el mejor instrumento para la modernización y "civilización" de sus sociedades (especialmente su componente indígena) en el marco de la redefinición de su proyecto de nación. El mismo debate se desarrollaba, de hecho, en el ámbito continental (incluso internacional), gracias a continuos intercambios de ideas y a la atenta mirada sobre las experiencias de los demás países. Este artículo se ocupa del tema específico de los internados indígenas en México y en Bolivia, analizando algunos casos emblemáticos: la Casa del Estudiante Indígena (1926) y los Centros de Educación Indígena (desde 1932) en México y, para el caso boliviano, las escuelas normales para indígenas de La Paz (1911 y 1931) y la escuela-ayllu de Warisata (1931). Las experiencias de los internados son parte importante del debate sobre el concepto mismo de "educación indígena", en el sentido de educación "especial", y, además, resultan reveladoras de la percepción y de la imagen que las elites de estos países tenían de la ciudad (moderna y civilizada) frente al campo (primitivo y atrasado), junto con la idea del campo como el "medio natural" de los indígenas. El recorrido es aparentemente el mismo en los dos casos: los internados se trasladaron desde la ciudad hacia las regiones consideradas más indígenas. Nos proponemos profundizar este paralelismo entre México y Bolivia, revelando como este recorrido, más que representar un simple desplazamiento territorial o cronológico, es expresión de posiciones distintas acerca de la forma en la cual llevar a cabo la educación de estas poblaciones y, en consecuencia, de la forma en que se transforma el proyecto de nación en los dos países. Además, todo ello conlleva implicaciones en relación a la manera en que el recuerdo y la memoria de estas experiencias han determinado interpretaciones y lugares comunes acerca de la educación indígena en el periodo posterior, con huellas persistentes incluso en la misma historiografía. Tras el análisis del caso mexicano y del boliviano, nos acercaremos a las relaciones y a los intercambios de ideas entre los dos países, considerando la visita efectuada por el mexicano Adolfo Velasco a la escuelaayllu de Warisata en 1939, y las opiniones de los educadores bolivianos, en particular Elizardo Pérez, Carlos Salazar y Rafael Reyeros, sobre la experiencia mexicana. Finalmente, concluiremos con el Primer Congreso Indigenista Interamericano (Páztcuaro, México, 1940), en el cual los delegados mexicanos y bolivianos fueron los protagonistas del debate sobre el tema de la educación indígena y las experiencias de estos dos países, junto con la de Estados Unidos, el modelo de referencia para las resoluciones adoptadas. Los indios en la ciudad y los indios en "su medio": de la Casa del Estudiante Indígena a los Centros de Educación Indígena (México) de lo que se trataba era de hacer un experimento psicológico en que el material había de ser indios puros (SEP, 1927, p. 46) cazando muchachos aborígenes en edad escolar para llevárselos maniatados a Mezquitic, donde corría fama de que los engordaban para comérselos (Rubín, 1954, p. 79) Anunciada por primera vez en junio de 1924 por Manuel Puig Casauranc, futuro secretario de Educación, la Casa del Estudiante Indígena empezó sus actividades en la Ciudad de México en enero de 1926. Su dirección recayó en el profesor Enrique Corona Morfín, que había dirigido el Departamento de Cultura Indígena de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y se encargaría más tarde de las misiones culturales. La Casa y sus alumnos fueron utilizados simbólica y políticamente, ya sea por sus partidarios como por sus opositores, y la experiencia -a pesar, o quizás gra-DE LA CIUDAD "MESTIZA" AL CAMPO "INDÍGENA" cias, a su declarado fracaso-dejó huellas profundas en el debate y en la política educativa posterior. 3 El proyecto preveía la formación de jóvenes representantes de diferentes grupos indígenas del país que, al terminar sus estudios, tenían que volver a sus comunidades de origen con el objeto de "integrarlas en la cultura nacional". Mediante el cambio de mentalidad y de costumbres de los alumnos, la SEP buscaba formar "difusores de cultura" que desempeñarían el papel de intermediarios con las comunidades rurales. Además se buscaba demostrar las capacidades intelectuales de los indígenas, sometiéndolos a exámenes físicos y mentales para probar que, tal como los mestizos, eran capaces de asimilar la cultura y la civilización dominantes. Desde sus inicios, el experimento produjo distintas y en ocasiones contradictorias posiciones acerca de la "raza" y la asimilación. Las dificultades surgieron de inmediato, cuando se trató de escoger a los alumnos. Un primer grupo no fue aceptado, por considerarse que estaba formado por mestizos y no por "indios puros". La segunda selección reunió a 198 indígenas que llegaron finalmente a la Ciudad de México. De éstos, se declaró que 180 eran indígenas y sólo 18 mestizos. Curiosamente, muchos de los que se consideraron mestizos eran bilingües, mientras que entre los "indios puros" había varios que únicamente hablaban castellano. 4 A estos últimos se les enseñó la lengua indígena de sus regiones de procedencia, una decisión sorprendente y contrapuesta a la política lingüística oficial de castellanización directa, pero justificada con el hecho de que, al volver a sus comunidades nativas, ese conocimiento les sería indispensable en su labor de promotores sociales y culturales. Los alumnos eran en su mayoría "presuntos indios puros", varones, de entre catorce y dieciocho años de edad, procedentes de regiones indígenas y residentes en pequeñas comunidades, con primer o segundo año de educación primaria, y dotados de inteligencia, vigor físico y salud. Al llegar a la Casa, cada alumno tenía que contestar una serie de preguntas relativas a sus antecedentes personales, familiares y a la región de origen. Estos cuestionarios nos hablan de las ideas acerca de los grupos indígenas que prevalecían en la SEP, más que de los jóvenes. 5 El haber reunido a un grupo de distinta procedencia (27 "razas indígenas" según la información oficial) ofrecía la ocasión de averiguar -por medio de exámenes y tomas de medidas realizadas por dos médicos del Departamento de Psicopedagogía e Higiene-cuáles podían ser los criterios psicofísicos para diferenciar a los indígenas entre sí y del resto de la población. La definición de "indios puros" era uno de los retos del experimento pero sus criterios nunca fueron establecidos claramente: si bien estaban influidos por el determinismo racial, los empleados de la Casa y su director optaron, en la mayor parte de los casos, por explicaciones culturalistas para regresar al determinismo biológico en alguna ocasión. 6 Algunos profesores, como Antonio Gutiérrez y Oliveros, tomando como ejemplo a los alumnos, llegaron a hablar de una superioridad racial de los indios. 7 En términos generales, a pesar de sus prácticas de fijación racial, la experiencia contribuyó a dar credibilidad a la interpretación de tipo cultural. Por otra parte, el problema principal fue que la llamada incorporación resultó tan eficaz que la primera generación de alumnos no quiso volver a sus comunidades. Como solución, a pesar de su ubicación en la capital, en 1928 se transformó la Casa en una escuela normal rural. 8 El nuevo objetivo, la formación de maestros, debía garantizar el retorno de éstos a las comunidades indígenas y justificaba aún más el uso de las lenguas nativas, instrumento que, junto a la "sangre india", ayudaría a los egresados a ganarse la confianza de sus hermanos de raza. 9 La ubicación urbana implicó problemas organizativos, como por ejemplo la dificultad de realizar las prácticas agrícolas consideradas indispensables en la capacitación de un maestro rural. 10 Desde octubre de 1930, Rafael Ramírez, encargado del Departamento de Escuelas Rurales, planteará sus dudas acerca del proyecto. Ramírez con-6 En 1931, por ejemplo, el director expulsó a un grupo de estudiantes "agitadores", que de repente fueron "descubiertos" como mestizos. 8 Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública (AHSEP), Dirección de Misiones Culturales (DMC), Escuelas Normales Rurales (ENR), Casa del Estudiante Indígena, 41, 8, fs. 8-18, "Informe de las labores desarrolladas en el Dpto. 9 "Informe del Departamento de Escuelas Rurales e Incorporación Cultural Indígena", SEP, 1931, p. 31, "Informe que el director de la Casa rinde a la Superioridad, en relación con las actividades desarrolladas por el Plantel, durante el año de 1929", 31 de diciembre de 1929. DE LA CIUDAD "MESTIZA" AL CAMPO "INDÍGENA" sideraba antieconómica la incorporación de individuos (método de la Casa) en vez de grupos (método de las escuelas rurales en regiones indígenas). Sugería reemplazar la escuela por cuatro o cinco internados en las regiones indígenas, una propuesta que se llevó a la práctica poco después.11 En respuesta a las críticas, el director Corona enumeraba los logros conseguidos y afirmaba que la Casa había "anulado la distancia evolutiva que separaba a sus indios alumnos de la época actual, transformando su mentalidad, tendencia y costumbres, incorporándolos plenamente a la comunidad social mexicana y sumándolos a la vida moderna". 12 La Casa del Estudiante Indígena fue finalmente clausurada tras una inspección especial encargada por Ramírez a Manuel Mesa Andraca. Según Corona, se trató en realidad de una acuciosa "inquisición" que celaba desde el principio la intención de liquidar la experiencia. 13 El informe de Mesa Andraca consideraba que el plantel no había logrado sus objetivos, ya que sus alumnos no habían vuelto a sus comunidades y como escuela normal no tenía buenos resultados, además de resultar excesivamente costosa. 14 En realidad, sabemos que los egresados trabajaron desde 1930 en varias comunidades rurales, indígenas y mestizas, y que en varios casos fue la organización misma de la SEP la que les impidió el desempeño de su misión. 15 En los primeros años treinta, la frustración y decepción por las dificultades que encontraba la escuela rural en el desarrollo de las múltiples tareas que se le habían encomendado condujo a los educadores y funcionarios de la SEP a rediscutir los métodos empleados hasta entonces y a la reforma de varias instituciones rurales. En cuanto a los internados, la SEP, en lugar de traer los indígenas a la "civilización", optó, como ya había sugerido Ramírez, por llevar la "civilización" a los indígenas, estableciéndolos en las zonas rurales: los Centros de Educación Indígena. 16 Erigidos en el "corazón" de las regiones indígenas, estos internados iban a educar a los alumnos sin "desarraigarlos de su medio": debían diseñar programas únicos, fundados en las condiciones locales, la cultura y el lenguaje de la comunidad en que se situarían, promoviendo además la participación de los vecinos. 17 A diferencia de la Casa, además de varones, podían ingresar también mujeres. Al igual que en la Casa, los alumnos debían ser de "pura raza indígena" y usar habitualmente un idioma nativo. El plan de estudios incluía la enseñanza básica del español hablado y escrito, de nuevos hábitos y costumbres, el estudio de las artes populares de la región, enseñanzas técnicas, de labores agrícolas y deporte. Se enfatizaba el aprendizaje de las tecnologías modernas en la agricultura, consideradas necesarias para elevar el nivel de vida: a tal fin cada internado debía disponer de 25 hectáreas de tierra para su cultivo. 18 El objetivo final seguía siendo el mismo, que los alumnos emergieran al final como líderes y "agentes del progreso", uniendo las mejores calidades de sus culturas con los valores educativos. Ahora, sin embargo, los alumnos tenían que mantenerse relacionados con estas culturas y su entorno. Su especificidad, con respecto a otras instituciones establecidas en esos mismos años, residía en la idea de que debían estar abiertos a la influencia mutua entre comunidad y maestro y ser flexibles para adaptarse al medio. El énfasis acerca de las culturas locales significaba para algunos una educación más rudimentaria (considerando las "limitadas capacidades" de los alumnos) pero, al mismo tiempo, creaba la posibilidad de que las comunidades tuvieran un papel en la definición del contenido de la enseñanza. Estos centros se podían convertir así en lugares donde los indígenas reclamaran tanto el derecho a la educación como el derecho a mantener su propia cultura. 19 Tras establecer dos internados piloto, el de San Gabrielito en Guerrero y el de Yoquivo en Chihuahua, en 1933 la SEP inauguró otros nueve Centros. 20 Algunos de los egresados de la Casa, al ser maestros bilingües, se ubicaron en los internados. Desde el primer momento, sin embargo, hubo problemas de organización, de instalaciones, materiales, de falta de 17 SEP, 1931, pp. 11-13; Informe de Rafael Ramírez, jefe del Departamento de Enseñanza Rural y Primaria Foránea, en SEP, 1933, Tomo I, p. 20 Informe de Rafael Ramírez, jefe del Departamento de Enseñanza Rural y Primaria Foránea, en SEP, 1933, Tomo I, p. DE LA CIUDAD "MESTIZA" AL CAMPO "INDÍGENA" experiencia del personal, etc., con el resultado de que, después de sólo un año de actividad, muchos internados se habían quedado casi vacíos. El inspector Luis Monzón se encargó de una inspección especial entre 1933 y 1934 y propuso una reorganización fundada en el principio de que "los indígenas sólo podían ser redimidos por los indígenas mismos". 22 El contexto favorable ocasionó un gran número de solicitudes desde las comunidades para la apertura de nuevos internados: en ellas se percibe un uso estratégico de la pertenencia étnica -y del "atraso" que a ella se asociaba-para excluir a los no indígenas de estas escuelas. La idea de que los internados debían adaptarse a las especificidades locales abría la posibilidad de pedir privilegios especiales por ser indígenas. 23 En el plan de trabajo de los nuevos internados, Carlos Basauri, jefe del recién creado Departamento de Educación Indígena, proclamaba el abandono de la búsqueda de los "indios puros" y la equivalencia entre raza y cultura: era suficiente que una comunidad o un individuo correspondieran al tipo de "cultura indígena" para considerarlos dentro de su radio de acción. A pesar de ello, el mismo Basauri afirmaba, pocas líneas después, que "la edad mental de los indios discrepa notablemente de la edad cronológica, siendo su cociente intelectual muy bajo". 24 Algo que parecía haberse resuelto años antes con los resultados de la Casa -gracias a la demostración de las capacidades intelectuales de sus alumnos-seguía siendo parte del discurso de la SEP. Los Centros debían ahora organizarse como "escuelas de trabajo" y como un modelo de "comunidad en pequeño, donde los alumnos actúen como miembros de una colectividad de tendencias socialistas: autogobierno escolar, formación de cooperativas de producción, de consumo o mixtas". Sin embargo, con la administración avilacamachista, se fueron multiplicando las posturas contrarias a la existencia de instituciones educativas especiales. En el marco de un proyecto tendiente a la unificación de la educación (que llegó a eliminar las diferencias entre escuelas urbanas y rurales), el secretario Octavio Véjar Vásquez rechazó la existencia de lugares que "segregaran" a los grupos indígenas. En 1942 los centros de educación fueron transformados en Centros de Capacitación Económica y su número reducido a diecinueve. Su programa de trabajo era de carácter esencialmente práctico, teniendo como actividades principales las labores agropecuarias, la enseñanza de industrias regionales y sólo "instrumentos básicos de la cultura". Se mantenía el uso del idioma nativo y se exigía a los egresados que volvieran a su comunidad de origen. Muchos de los cambios que experimentaron los internados en los años cuarenta fueron más nominales que reales, pero hubo otros cambios que reflejaron la nueva época: el campo dejó de ser tarea prioritaria, dentro de un nuevo proyecto económico fundado en la industrialización. La tendencia a reubicar los centros en zonas semiurbanas o urbanas implicó que disminuyera la importancia de la enseñanza agrícola. 26 Los éxitos y fracasos de los internados están en parte relacionados con circunstancias y contextos específicos, que no admiten generalizaciones indebidas. Lo que sí podemos afirmar es que se generalizó en México, en el discurso educativo/indigenista posterior (e incluso en la historiografía), una imagen acerca de los Centros de Educación Indígena -así como de la Casa del Estudiante Indígena-en la que se enfatizaron sus fracasos y la imposibilidad de cumplir con sus objetivos como emblemáticos de los fracasos del indigenismo posrevolucionario. En palabras de Aguirre Beltrán, En uno de estos centros [de capacitación económica] -que concentra a indígenas procedentes de los más diversos grupos étnicos-se pretende impartir enseñanza profesional para enfermeras, educadoras y trabajadoras sociales. Se repite -esta vez con mujeres y con idénticos resultados-el fallido experimento de la Casa del Estudiante Indígena, apenas diez años después de clausurado el célebre establecimiento y cuando todavía está fresco el recuerdo de sus consecuencias ruinosas. 27 Llama la atención que el "fracaso" sólo se debatió desde la perspectiva del proyecto posrevolucionario y no hubo ningún debate acerca de las consecuencias de la separación de los niños de sus familias que implicaba su educación en los internados, ni los conflictos y rechazos que esto pudo ocasionar en las comunidades: de ello únicamente encontramos huellas en novelas como La bruma lo vuelve azul de Ramón Rubin. Por otra parte, la Casa del Estudiante Indígena, primero, y los Centros de Educación Indígena, después, graduaron hombres y mujeres bilingües -en una época en que la política lingüística se fundaba todavía en el dogma de la castellanización directa-que ascendieron en las jerarquías políticas y sociales locales, enfatizando, en lugar de negar, sus pertenencias étnicas. En los años siguientes, los encontramos como maestros, activistas y líderes, antropólogos o interlocutores privilegiados con las instancias gubernativas. El hecho de que estas experiencias fueran consideradas un fracaso facilitó, en los años cuarenta, la crítica a la idea de una educación especial para los indígenas y el abandono de los internados y de la educación bilingüe. Sin embargo, en los años cincuenta, el recién creado Instituto Nacional Indigenista (INI) volvería a formar "líderes sociales" -ahora llamados promotores culturales bilingües-con el papel de actuar, gracias a su pertenencia étnica, como agentes del Estado introduciendo factores de modernidad, representantes al mismo tiempo del Estado y de la comunidad, en el marco de un complejo juego de negociaciones. 28 Siempre más lejos de la urbe: de la Escuela Normal de Preceptores de Indígenas a la escuela-ayllu de Warisata (Bolivia) volucionario con las masas indígenas. 29 Sin embargo, la idea de que fuera necesaria una educación especial como vía para su incorporación nacional -e incluso la formación a tal fin de un magisterio indígena para los indígenas-no era algo exclusivo de México, sino parte de un debate más amplio presente en varios países latinoamericanos. Ni siquiera fue la Casa un experimento pionero en su género: ya en 1911 se había fundado en La Paz, en el barrio de Sopocachi, la Escuela Normal de Preceptores de Indígenas. Desde los primeros años del siglo XX, el gobierno boliviano se había preocupado por constituir un sistema educativo nacional y un cuerpo docente profesionalizado, como elementos fundamentales para la integración nacional y la construcción ciudadana. Esto se dio con la influencia de modelos de otros países, y con la participación de personal extranjero. 30 En el marco de esta aspiración del gobierno liberal, el primer proyecto educativo y "de civilización" -las escuelas ambulantes introducidas en 1905 por el ministro Juan Misael Saracho-se inspiraba en los métodos empleados en Estados Unidos para las campañas de alfabetización hacia indígenas y antiguos esclavos negros. También eran consecuencia del miedo de la elite ante el "peligro indio" y de la convicción de que, una vez educados, los indígenas perderían tal peligrosidad. 31 A partir de 1910, por el contrario, se empezó a imponer una tendencia hacia una educación diversificada y diferenciada, en la cual se consideraba que las escuelas debían llevar a cabo una formación específica, propia de las distintas categorías de ciudadano. La diferencia educativa se planifica así como adecuación con la diferencia ciudadana: la educación estaba pensada en fuerte relación con una "ciudadanía ramificada y diversificada". 32 En este contexto podemos situar la idea y la fundación de las escuelas normales indígenas, primero, y de las llamadas "escuelas indigenales", después. Paralelamente, la ambición de formar un cuerpo de maestros nacionales se deslizó hacia la búsqueda de maestros también diferenciados. La idea de que los indígenas tenían que recibir una educación especial devino un lugar común en el ambiente intelectual y político. 33 En 1908, el presidente Montes propuso la creación de dos institutos normales y agrícolas (uno para quechuas y otro para aymaras). Su plan tenía objetivos similares a los que tendrá más tarde la Casa del Estudiante Indígena mexicana: escoger entre los alumnos indígenas reclutados en diversas zonas del territorio, aquellos que [...] hubieran dado pruebas de inteligencia y superioridad y formar con ellos los cursos normales de maestros fijos y ambulantes de su raza. 34 En abril de 1911 se fundaba la mencionada Escuela Normal de Preceptores de Indígenas de La Paz en el barrio de Sopocachi, con alumnos procedentes de las regiones altiplánicas. Tenía un doble objetivo: formar a los futuros maestros ambulantes y a los futuros "capataces labradores". Dos años después, la escuela fue trasladada a Guaqui, en las orillas del lago Titicaca. La experiencia no resultó positiva y sólo seis alumnos consiguieron finalmente el diploma. Según algunos observadores, entre ellos el futuro creador de Warisata, Elizardo Pérez, los problemas se de bían a que Guaqui era un lugar todavía demasiado urbano y la "escuela del indio" no podía funcionar "fuera de su ambiente natural". 35 En 1914, fue nuevamente desplazada, esta vez cerca de Patacamaya, en el corazón del altiplano andino, en la provincia "más indígena" del Departamento, donde el gobierno alquiló la hacienda Kullta. La formación duraba tres años tras los cuales los alumnos obtenían el diploma de "mayordomos de campo" (maestros ambulantes). Mientras tanto, otro internado indígena, el de Challapata, también había sido desplazado en 1915 a una hacienda, "El Rosario". Esta búsqueda de la hacienda se podría explicar, de acuerdo a Martinez, por las facilidades que ofrecía al garantizar un terreno, un edificio y una población indígena residente. Su contrapartida 33 La conocida polémica de 1910 entre Felipe Segundo Guzmán y Franz Tamayo definió dos posturas claramente opuestas: la una (Guzmán) según la cual la pedagogía debía mejorar y transformar la raza y la otra (Tamayo) que consideraba que la pedagogía debía adaptarse a la raza. Por otra parte, si el discurso oficial defendía una educación dual (dirigida, por un lado, al sector rural indígena y, por el otro, a un sector urbano indiferenciado), en los hechos se establece un sistema escolar triple y hasta cuádruple dirigido a tres o cuatro "públicos" distintos: los futuros campesinos, las elites urbanas, los sectores urbanos populares y las mujeres. ISSN: 0210-5810 era que las escuelas participaban del "pongueaje", es decir prestaban servicios gratuitos a los hacendados. Los progresivos desplazamientos de los internados y sus progresivos acercamientos a lugares siempre "más rurales" y "más indígenas" parecen indicar que se pensaba que la solución estaba en educar al indígena "en" y "para" su medio: "réduire les distances, c 'était donc parcourir un chemin de la ville à la champagne pour désindianiser en profondeur en milieu indien". 36 Como ocurrirá también en México tras la Revolución, se empezó a considerar que el mejor maestro para el indígena era el indígena mismo, y que la ubicación rural de los internados era imprescindible para alcanzar el objetivo de civilizarlos y modernizarlos sin que abandonaran o no quisieran regresar al campo. Esta expansión privilegió al mundo andino, que se consideraba el más fácil y rápido de "civilizar", y a los dos grupos étnicos mayoritarios: aymaras y quechuas. Por el contrario, ninguna fue fundada en Santa Cruz. Tampoco estas escuelas, si bien establecidas desde el principio en el ámbito rural e indígena, se salvaron de ser desplazadas, y en diciembre de 1919 la normal de Umala fue trasladada a Pucarani, lugar con mayor densidad de indígenas, mientras que la de Colomi pasó a la propiedad "La Florida". Tras un balance muy negativo (se formaron muy pocos maestros y ninguno fue a trabajar en comunidades), todas fueron clausuradas entre 1921 y 1922. 37 En 1919, el Estatuto para la Educación de la Raza Indígena reorganizó este sistema educativo, aunque sin efectos, ya que la etapa liberal había llegado a su fin. Algunos de sus principios sí se retomarían en Warisata. Un decenio más tarde, en 1931, una de las primeras acciones de la recién creada Dirección General de Educación Indigenal fue la fundación de una Escuela Normal Indígena en el barrio Miraflores de La Paz. Volvía así a abrirse en la ciudad una normal indígena. Su director, Alfredo Guillén Pinto, fue a los pocos meses sustituido por el inspector Elizardo Pérez, que criticó su ubicación urbana y el academismo de su enseñanza, considerándola inadecuada para la formación de maestros. Tras renunciar a su cargo, quiso establecer una escuela modelo en un ayllu. El lugar escogido fue Warisata, en donde el mismo año se fundó la Escuela Profesional de 36 Martinez, 2010, p. ISSN: 0210-5810 Indígenas, concebida como un centro experimental para la educación del indio en el altiplano paceño, que debía servir como modelo para otras localidades de la República. Cientos de indios trabajando sin salario, alegremente, unidos en el 'Ayni' o 'achocall', la fraternal institución del trabajo aymara [...] y todos en conjunto, levantaban los muros del edificio, forma plástica, exterior, de ese otro edificio espiritual que iban construyendo al recuperar la fe en sus destinos y en su condición de grupo social. Contaba con cuatro profesores, incluido el mismo director Pérez, un maestro de carpintería, uno de mecánica y otro de albañilería. La escuela disponía de seis hectáreas de tierra, para la producción agrícola y ganadera; funcionaban talleres de tejidos, carpintería, mecánica, cerrajería y tejería. Las características principales de Warisata, defendidas por Pérez, eran la responsabilidad de los alumnos y el autogobierno: el consejo de administración ("Parlamento Amauta") estaba formado por los padres de familia y el alumnado tenía un sistema de gobierno propio, que regulaba el sistema escolar y el internado. 40 Precisamente sobre el contexto de su fundación -si Pérez "conquistó" a los indígenas de la región o si fueron ellos los verdaderos promotores de la experiencia-y sobre el grado de participación y protagonismo en la escuela-ayllu se desencadenó una cierta polémica, que ha dejado sus huellas, originando distintas orientaciones historiográficas. 41 El experimento de Warisata se trasformó en pocos años en una experiencia generalizada por el territorio nacional, con la creación de los llamados "núcleos escolares campesinos". Dentro de éstos se ramificaban pequeñas escuelas unitarias, llamadas "seccionales", que proporcionaban una educación más rudimentaria. LAURA GIRAUDO dependían todas las seccionales. 42 En octubre de 1936 se realizó la primera "Asamblea de Maestros Indigenistas", donde se aprobaron los Estatutos de Educación Indigenal y la Declaración de Principios de la Escuela Campesina. Esta última definía a Warisata como "instituto de Indología y experimentación pedagógica". 43 En 1937 Elizardo Pérez fue nombrado director general de educación indigenal y campesina. Ese mismo año, en el momento de auge de esta experiencia, el gobierno boliviano decretó el 2 de agosto de cada año como Día del Indio, en homenaje a la fundación de Warisata. El conocido estudioso estadounidense Frank Tannenbaum tenía palabras entusiastas sobre la escuela-ayllu: Warisata es el jalón más grande por la rehabilitación de los indios [...] Su maravillosa organización, la Escuela Matriz o central rodeada de multitud de pequeñas escuelas que viven en su entorno, en el seno de las comunidades indígenas [...] Esto es muy interesante y no existe en ninguna parte, ni siquiera en México [...] No creo que deban perder el tiempo en polémicas y disertaciones. Mi consejo es que creen en Bolivia veinte Warisatas. 44 Sin embargo, las actividades de Warisata desencadenaron conflictos con las autoridades locales y los hacendados. La oposición de estos últimos (miembros de la poderosa Sociedad Rural Boliviana) aumentó sobre todo con la creación de una cooperativa de compraventa que se ocupaba de comercializar directamente los productos indígenas en los centros urbanos y de comprar a mejor precio los de primera necesidad. 45 Las numerosas polémicas que se desataron con respecto a Warisata estaban en parte relacionadas con la acusación a Pérez de una gestión clientelista, pero, sobre todo, el debate era acerca del mismo concepto de "educación indígena", o sea un sistema distinto de las normas vigentes para la población no-indígena. Empezó así una competencia entre dos tipos de núcleos: el de Warisata y el de Caquiaviri. Este último, dirigido por Alfredo Guillén Pinto (el primer director de la Escuela de Miraflores en 1931), representaba el modelo antiwarisata, con el objetivo explícito de "mestizar" a la población indígena. Elizardo Pérez, en su obra sobre Warisata, criticaba la experiencia de Caquiaviri: Para fundar su argumentación en contra de la educación especial, mencionaba al mexicano José Vasconcelos y su oposición a que la educación de los indígenas fuera algo especial y separado del resto de la población. 50 Así llegamos a lo que es el corazón del pensamiento de Reyeros que, de alguna manera, condiciona todo su texto: "Lo capital es bolivianizar al nativo. Homogeneizar al elemento humano". 51 El objetivo principal de la educación del indígena debía ser acercarlo lo más posible al blanco: El indio es el germen de un futuro mestizo, como que en cada mestizo queda siempre algo del indio y ya es un blanco en potencia. Porque lo blanco, no es una postura biológica, sino simplemente social. [...] detrás de todo blanco boliviano, asoma el fleco deshilachado del poncho indio y, todo indio, es en sí, un mestizo en potencia y éste, un futuro blanco. 52 Reyeros no critica, al contrario, la ubicación en el campo de las escuelas indígenas, pero sí su especialidad. Frente a esta posición y en respuesta a la acusación a la escuela de Warisata de ser racista, Carlos Salazar afirmaba que "decir que no existe diferencia alguna entre blancos, mestizos e indios, es justificar la situación de esclavitud de estos últimos". 53 La declinación de Warisata empezó precisamente cuando su experiencia se había conocido más allá de las fronteras nacionales y recibía muchas visitas de especialistas extranjeros, interesados en ese original experimento de educación indígena. Paradójicamente, mientras que en el Primer Congreso Indigenista Interamericano, celebrado en Pátzcuaro, México, en 1940, se admiraba la experiencia boliviana y se adoptaban resoluciones inspiradas en la escuela de Warisata, en Bolivia se suprimía la Dirección General de Educación Campesina y Elizardo Pérez, que representaba oficialmente a su país en el Congreso, quedaba destituido. 54 En los años cuarenta, la experiencia de los núcleos escolares no se abandona, pero se moderan los aspectos más radicales de la experiencia de Warisata. 55 Las escuelas "indigenales" se reorientaron, enfatizando su papel en la alfabetización, aculturación, y en adaptar las costumbres indígenas a las "más modernas", como se puede deducir de la descripción de Bairon, 1942. DE LA CIUDAD "MESTIZA" AL CAMPO "INDÍGENA" se adoptan sistemas parecidos, Warisata quedará en Bolivia como una palabra simbólica, y su experiencia y la de las otras escuelas indígenas darán lugar en la historiografía a dos interpretaciones principales, presentadas a veces como incompatibles: símbolos de la resistencia comunitaria y de la estrategia indígena de autopreservación cultural, por un lado, y parte de la estrategia estatal para establecer su control en las áreas rurales y destruir la cultura indígena imponiendo su modernización, por el otro. Una mirada mexicana sobre Warisata... y miradas bolivianas sobre México En 1939, la SEP envió una delegación de maestros mexicanos a Bolivia y uno de ellos, Adolfo Velasco, escribió una monografía acerca de Warisata, publicada en 1940 con ocasión del Primer Congreso Indigenista Interamericano, en el cual fue presentada. 57 Según Carlos Salazar, "los maestros mexicanos que llegaron ese año, se marcharon a su patria asombrados por la prodigiosa actividad de Warisata". 58 En su introducción, Velasco afirmaba que quería dar a conocer a todos los que se interesasen por la educación del indio la "institución tipo de Bolivia", con la finalidad de que el ejemplo fuera imitado por todo el magisterio boliviano y por los educadores de cualquier país que en verdad respondieran al papel de maestros y a la conciencia de responsabilidad. Confiaba también en que su trabajo estimulara al gobierno de Bolivia a incrementar las escuelas indigenales. 59 Tras la descripción geográfica de Warisata y de su entorno, las observaciones acerca de los habitantes del altiplano y de sus condiciones políticas y sociales revelan varios estereotipos referentes a los indígenas que en los mismos años estaban presentes en el discurso indigenista mexicano: los indios si adolecen de taras espirituales y sociales, también es cierto que disponen de virtudes, de cualidades positivas [...] dichos indios son susceptibles de transformación. I. La parte relativa a Warisata consta de 72 páginas. En el mismo texto, Velasco también incluye un escrito acerca de la Escuela de Recuperación Indígena de Caiza (pp. 73-84) y otro acerca de los "indios selvícolas bolivianos" (pp. 85-91). ISSN: 0210-5810 Con las condiciones apuntadas en que vive el indio, ya se comprende que su psicología es de timidez y además es huraño y medroso. Es analfabeto en su inmensa mayoría y es fanático. 60 Elizardo Pérez, "el apóstol", es descrito con estas palabras: En Bolivia, como en todas las latitudes, siempre surgen hombres que oportunamente intervienen en los hechos trascendentales de la vida de los pueblos, y a esta ley ineludible se debió que entre el magisterio boliviano se perfilara un maestro humilde pero bastante capacitado y con una gran visión del problema indígena, y más que visión, con un sincero amor para la raza esclavizada y una comprensión cabal de la situación social del indio. 61 Las dificultades encontradas -los escasos recursos, el clima y el entorno, es decir "la oposición de la naturaleza", pero también las amenazas de los latifundistas de la región-son referidas con detalles, ya que, según Velasco, se trata de "un acto de justicia". 62 El autor tiene también palabras de admiración para el edificio escolar, levantado con escaso presupuesto y con material del lugar. Describe de manera detallada tanto las condiciones materiales (edificio, anexos, mobiliario) cuanto la organización y el contenido de la enseñanza impartida (materiales, programas de estudios, distribución de tiempo, clasificación de alumnos). Velasco considera encomiable la decisión de la Dirección de Educación Indigenal de suprimir programas detallados de estudios, dejando libre a cada escuela para formularlos "de acuerdo con las necesidades del medio, la capacidad mental de los alumnos, costumbres y recursos naturales de la región", si bien también se explicitaba en el Reglamento de Educación Indígenal la necesidad de acabar con el regionalismo y construir la idea nacional. 63 El autor subrayaba el papel de los representantes de las comunidades y de los alumnos en la organización y funcionamiento de las escuelas. La pérdida de tiempo y molestia que estas obligaciones ocasionaban no es con el fin de explotar al indio, sino que aunque se les hace prestar trabajos personales gratuitos [...] todo ello es con los nobles fines de que contribuya con su esfuerzo y con su sacrificio, a su propia redención y a su propia cultura. DE LA CIUDAD "MESTIZA" AL CAMPO "INDÍGENA" Los primeros frutos de la escuela de Warisata fueron precisamente los jóvenes que estaban adquiriendo el grado de maestros y los alumnos especializados en diversos oficios: "ya capacitados para el desempeño de estas artes, se han derramado en sus propias comunidades". 65 Velasco interpreta (y defiende) así Warisata con la mirada del educador mexicano que, de acuerdo con la reciente orientación del discurso educativo e indigenista de su país, está observando (y defendiendo) los métodos que permitan alcanzar la transformación del indio por medio de los indios mismos y en su "medio natural". Curiosamente, a pesar de haber visitado Warisata por encargo de la SEP y a pesar del preámbulo de su obra, Velasco no hacía ninguna referencia a México o a experiencias similares. Al contrario, en la obra de Pérez sobre Warisata se menciona en varios puntos la situación educativa mexicana. Compara las escuelas rudimentarias mexicanas (1911) con las escuelas ambulantes bolivianas y las escuelas rurales (las posrevolucionarias) con las escuelas indigenales. Menciona a Vasconcelos, la creación del Departamento de Educación y Cultura Indígena y la Casa del Estudiante Indígena, equivocándose en su fecha de fundación y en el papel de Vasconcelos: "En 1930 (sic), el mismo Vasconcelos funda en la ciudad de México 'La Casa del Indio', con resultados negativos, y por último se crean los 'Internados Indígenas'". 66 Parece presentar a Vasconcelos como un defensor de la educación especial, cuando precisamente el primer secretario de Educación del periodo posrevolucionario se había opuesto a la creación del Departamento de Educación Indígena. Más adelante, Pérez notaba el desfase cronológico entre México y Bolivia: en 1921, cuando se gestaba en México la escuela que revalorizaría al indio, se cerraban en Bolivia las pocas escuelas normales rurales que habían venido funcionando [...] su clausura correspondía a una definida línea de conducta gubernamental respecto al problema indio. 67 de la misión), Ernesto Vaca Guzmán, Max Bairon, Toribio Claure, Leónidas Calvimontes y Carlos Salazar. Según Pérez, los dos primeros se habían nombrado aprovechando su ausencia y, de acuerdo a Salazar, entre ellos había un solo maestro indigenista (el mismo Salazar), siendo los demás enemigos de Warisata: la actuación de la Misión fue desgraciadísima [...] Los adobes de mi escuela, fabricados con sangre, tenían más mérito que los mármoles que pisábamos en los palacios educacionales aztecas. La organización de nuestra escuela era superior a la de cualquier otra institución mexicana. 68 Reiteraba así la opinión ya expresada en una carta dirigida a Pérez durante la misión, en la que escribía que la obra que se estaba realizando en México era superior por su cantidad, gracias a la gran inversión de recursos, pero no por su calidad. Bolivia era "un país demasiado pobre para poder hacer experiencias": a pesar de los escasos recursos disponibles, la escuela indigenal hacía "obra verdaderamente revolucionaria" y "la obra social de Warisata [era] superior". 69 Como se imaginará, la opinión del jefe de la misión era otra: Reyeros, al relatar al ministro Peñaranda la visita al internado mexicano de Los Remedios (Ixmiquilpan), enfatizaba lo mucho que quedaba por hacer en Bolivia, reorientando la obra educativa, al igual que en México, a una acción dirigida a toda la comunidad para sus necesidades inminentes (agua, higiene, asistencia médica, etc.). En su respuesta, el ministro reprochaba a Reyeros su desconocimiento del sistema de organización indigenal boliviano, así como del mexicano, y le invitaba a defender "la doctrina boliviana en materia de Educación Campesina" cuyos principios fundamentales eran "trabajo elevado a categoría de elemento esencial de la educación, sentido práctico y utilitario de la enseñanza, arraigo a la industria local, conservación de los sistemas ancestrales de la cooperación en el trabajo". 70 El mismo Reyeros consideraba que la fundación de la escuela de Sopocachi y, más tarde, la de Miraflores "acusa[ban] un estrecho parentesco con el ensayo mexicano y los lineamientos impresos a la Casa del Estudiante de dicha República", mientras que los internados mexicanos, como el de San Gabrielito, podían compararse con la escuela de Warisata, al ser levantados con la cooperación, "voluntaria o impuesta", de los indígenas. 71 De acuerdo a Pérez, al contrario, eran los Centros de Educación Indígena, a pesar de su ubicación, los que correspondían a los internados bolivianos de Sopocachi o al de Miraflores: "Nada tenía que ver, pues, con nuestro internado, que es una resultante de la organización del Núcleo, integrado a la vida de la marca ancestral". 72 Es decir, los internados mexicanos habían cambiado su ubicación, desplazándose de la ciudad al campo, pero no tenían todavía una orientación propiamente indigenista, y en esto residía la causa de su fracaso. 73 Para concluir: entre México, Bolivia y sus "irradiaciones continentales" Cuando en el Congreso de Páztcuaro los representantes norteamericanos y mexicanos sostuvieron la tesis de que los internados habían fracasado hice ver que fue porque se propusieron sistemas artificiales y exóticos y que en Bolivia se propuso el modelo de la naturaleza. 473) han sido ya mencionados explícitamente en estas páginas), cruzando incluso los internados de la urbe y los de las regiones indígenas: la importancia asignada a los idiomas nativos en la Casa del Estudiante Indígena y en Warisata, por ejemplo, o la defensa de las "calidades del indio" presente en ambas. En otros aspectos, está muy clara la convergencia entre los Centros de Educación Indígena y los núcleos escolares campesinos 74 y el cambio de tendencia: el énfasis en la "escuela del trabajo" y en la transformación económica; la necesidad de arraigar a los indígenas en su "medio natural" y hacer de ellos agricultores y artesanos modernos. Sin embargo, también hay una clara divergencia en cómo fueron considerados, en el contexto del Primer Congreso Indigenista Interamericano, los resultados de estas escuelas: un fracaso, para unos, y el ejemplo a seguir, para otros. Celebrado en Páztcuaro (Michoacán, México) en abril de 1940, el Congreso reunió delegados de 19 países americanos. 75 El Acta Final de Pátzcuaro, con sus 72 resoluciones, representó un acuerdo acerca del significado y los objetivos del indigenismo: allí se defendió la idea de un indigenismo como política especial -fundada en el conocimiento y en el estudio científico-dirigida a un grupo de la población con necesidades particulares, los indígenas. 76 La sección educativa del Congreso, presidida por el peruano José Ángel Escalante, defendió la enseñanza en idiomas nativos y la idea de que las escuelas para indígenas debían fundarse en "sus regiones". 77 Las cuatro resoluciones aprobadas en materia educativa reflejaban las experiencias de México, Bolivia y Estados Unidos, y las sugerencias de sus delegados. De ellas, sólo una se presentaba como general, mientras que cada una de las otras tres retomaba, explícitamente, la experiencia de uno de los tres países. La resolución XXXV -"La política de la educación indígena de la Revolución Mexicana"-proponía la adopción de los siguientes postula-74 Sin que se desarrolle el tema, este paralelo se sugiere en Loyo, 1996b, p. 75 Los únicos dos países americanos que no enviaron delegados oficiales al Congreso de Pátzcuaro fueron Canadá y Paraguay. Además de las delegaciones gubernativas, participaron invitados especiales, asesores y 47 delegados indígenas procedentes de Estados Unidos, México y Panamá. El resultado más importante del Congreso de Pátzcuaro fue el establecimiento de una institución intergubernamental especializada en la cuestión indígena, el Instituto Indigenista Interamericano (III). 76 "Acta Final del Primer Congreso Indigenista Interamericano. 77 Miembros de la Sección Educativa: presidente José Ángel Escalante (Perú), vicepresidente Williard W. Beatty (Estados Unidos), secretario Julio de la Fuente (México) y relator Gerardo Cabrera Moreno (Colombia). Durante la sesión se presentaron 11 ponencias, por delegados de México, Bolivia, Estados Unidos y Perú. DE LA CIUDAD "MESTIZA" AL CAMPO "INDÍGENA" dos: respeto de la personalidad indígena (esta expresión hacía referencia a "manifestaciones culturales típicas", "hábitos positivos de organización social" y "sentimiento de dignidad personal y colectiva"); reconocimiento de las lenguas nativas y su uso en la enseñanza, junto con la lengua nacional; realización de actividades escolares y extraescolares conformes a su "estado cultural"; aprovechamiento de los elementos esenciales de la vida indígena. Todo ello implicaba la elaboración de textos de enseñanza y la promoción de literatura en lenguas nativas, así como el empleo preferente de "indígenas competentes". La resolución XXXVIII -"Plan de educación indigenal"-tenía en cuenta las propuestas de la delegación boliviana. Recomendaba que la organización de las escuelas se adaptara a las condiciones locales. Debían "levantarse en el corazón mismo de las comunidades indígenas, y sus formas de gobierno [tener] como propósito primordial la elevación de las condiciones sociales y económicas de sus habitantes, con el objeto de no apartarlos de su suelo". Los vecinos y los padres de familia debían tener participación activa en la escuela, de su levantamiento material a sus labores. Se sugería una organización en escuelas centrales (con los grados desde pre-escolar a vocacional) y escuelas elementales en las comunidades. Una escuela especial era reservada a los llamados "silvícolas" y grupos móviles, elaborada gracias a los estudios antropológicos. 78 Tomando en cuenta lo que conocemos de la experiencia mexicana y de la boliviana, llaman la atención varios aspectos de estas resoluciones, sobre todo sus vacíos. En la resolución "mexicana", no hay, sorprendentemente, ninguna referencia a los internados y, a pesar de la mención que se hace al empleo preferente de "indígenas competentes" para los puestos educativos, no aparece una clara defensa de la importancia de la formación de "maestros indígenas para los indígenas". Es decir, están ausentes los dos aspectos fundamentales de la experiencia mexicana en este campo, la equivalencia entre escuelas indígenas e internados y la importancia asignada a 78 "Acta Final", en ibidem, vol. I, pp. 19-24. La resolución XXXVI -"Educación indígena" era el resultado de las sugerencias de Estados Unidos y proponía que estas escuelas ofrecieran, tanto a los niños como a los adultos de las comunidades, una serie de servicios; insistía en el empleo de maestros nativos; recomendaba la protección y hasta la promoción de elementos de la cultura nativa. Se recomendaba también que los programas tuvieran en cuenta las necesidades regionales y que fueran "prácticos". Se hacía una sola referencia a la modalidad de los internados, sugiriendo ofrecer "facilidades de residencia" a los alumnos procedentes de zonas remotas. La cuarta resolución sobre educación, la XXXVII, "Experiencias de la escuela rural indígena", constaba de dos puntos: recomendaba la participación de los maestros en las "obras de colonización interior, sin perjudicar los intereses vitales de los indígenas" y la promoción de nuevas actitudes en el proceso educativo, "sin violentar las creencias tradicionales". LAURA GIRAUDO que estos internados fueran también escuelas normales. Cabría sospechar que entre los delegados mexicanos no había acuerdo sobre el camino a tomar y sobre todo acerca de cómo evaluar la experiencia de los internados, sospecha que se confirma al leer las ponencias presentadas. El Departamento de Asuntos Indígenas entregó durante la sesión una serie de disposiciones acerca de los internados, de los cuales se encargaba desde 1938. De ellas hay que destacar el énfasis en la enseñanza práctica, en la formación de "obreros del campo o del taller", pero no se presentó ninguna evaluación de la experiencia. 79 El antropólogo Julio de la Fuente presentó una ponencia en la cual relataba algunas situaciones presentes en la Sierra de Oaxaca, y una de sus observaciones se aprovechó para la resolución que llevaba el mismo título, la XXXVII, pero no para la resolución mexicana. 80 Las referencias al respeto de la "personalidad indígena" y de las lenguas autóctonas de la resolución XXXV derivaban de la ponencia presentada por Luis Álvarez Barret: de hecho, las conclusiones de su ponencia equivalen al texto de la resolución. 81 En otras sesiones del Congreso se presentaron ponencias de educadores o relacionadas con los temas educativos con opiniones diversas, sin embargo es evidente que los delegados mexicanos no consideraron oportuno presentar una defensa, ni siquiera una reflexión, acerca de la experiencia de los internados indígenas. También en la resolución "estadounidense", la XXXVI, el tema de los internados casi no se menciona, y la única referencia a alumnos residentes se justifica por su procedencia remota, pero no por ser una modalidad educativa apropiada para los indígenas. Sabemos que los delegados estadounidenses tenían posiciones contrapuestas sobre este punto y, si en la sesión educativa se presentó una ponencia bastante benévola hacia la política de internados, en la sesión socio-económica John Collier -junto con Moisés Sáenz, el gran protagonista de Páztcuaro y después del Instituto Indigenista Interamericanodenunció los internados como un camino equivocado y defendió las escuelas diurnas dentro de las reservas. 82 Por otra parte, la resolución "boliviana", si bien tampoco hacía referencia explícita a los internados, sí recogía los elementos fundamentales de su experiencia y defendía la ubicación ("en el corazón mismo de las comunidades indígenas") y el objetivo ("no apartarlos de su suelo") de las escuelas indigenales. A pesar de lo que escribirá Elizardo Pérez -considerando que Bolivia obtuvo "un gran triunfo en el Congreso [...] logró hacer aprobar los puntos esenciales de su doctrina indigenista" 83 -la delegación boliviana reunía educadores con posiciones contrapuestas. Entre los participantes circuló la obra de Velasco, pero también otro escrito titulado "El Estado de la Educación Indigenal", del Consejo Nacional de Educación, órgano que en los últimos años había manifestado su oposición al modelo de Warisata y a Elizardo Pérez. 84 Este escrito proclamaba la necesidad de escuelas para indígenas, pero también que éstas no fomentaran las "primitivas" prácticas políticas y culturales del ayllu. En la sesión se presentaron una ponencia y extractos del Reglamento de Educación Campesina aprobado en 1939. En la primera se retomaban argumentos de Pérez y se defendía el núcleo escolar indígena como internado, necesario para "remover las malas costumbres, conservando las buenas", además de su ubicación en el ayllu. El Reglamento, en el que también es evidente la influencia de la experiencia de Warisata, argumentaba la necesidad de una sección del internado para padres y madres, para someterlos a "un tratamiento de vida moderna", ya que "la finalidad de la escuela es preparar el ambiente social a que deben regresar los niños que se transforman en ella". 85 La resolución resultó bastante más moderada en sus recomendaciones, como era de esperar, debido a los conflictos en el seno de la delegación boliviana. En ambos países, el contexto político había cambiado y con él las prioridades en la educación de los indígenas: quedaba la idea de arraigarlos en el lugar al que pertenecían "por naturaleza", el campo, y capacitarlos para el trabajo, de acuerdo a las necesidades nacionales de mejoramiento de la producción económica. Sin embargo, el tema de las escuelas especiales, con sus realizaciones, no iba a terminarse con su supuesto fra- 83 Pérez, 1962, p. 85 "Procesos y resultados actuales de la campaña de educación indígena en Bolivia. Contribución de la Delegación de Bolivia a los trabajos del Primer Congreso Indigenista Interamericano de Pátzcuaro" y "Partes fundamentales del reglamento de las escuelas indígenas de la República de Bolivia", III, 1940, vol. III, docs. 1 y 2. LAURA GIRAUDO caso o supuesto triunfo: la creación en 1940 de una institución interamericana específicamente dedicada a la cuestión indígena proporcionó un nuevo espacio de debate y experimentación, que esta vez se pretendía abarcara a todo el continente. Gonzalo Aguirre Beltrán: Teoría y práctica de la educación indígena, México, SEP, 1973. Max A. Bairon: "La educación del indio en Bolivia", América Indígena, II-3, México, 1942, pp. 7-10.
La II marquesa de Leiva y II condesa de Baños/ Only one vicereine consort of New Spain? 1660-1664. Estudio centrado en doña Mariana Isabel de Leiva y Mendoza, quien, al ser hija única, heredó los títulos de marquesa de Leiva y condesa de Baños, siendo este último usado por su esposo Juan de la Cerda, virrey de Nueva España entre 1660 y 1684, al resultar más importante que el suyo propio. Nada más arribar a tierras mexicanas, esta familia despertó allí una franca antipatía y la señora virreina fue duramente criticada por su fuerte carácter y don de mando, al extralimitarse en las funciones propias que, en la época, se atribuían a una consorte del máximo gobernante novohispano. Tampoco sus dos hijos mayores, escaparon a las murmuraciones, por ser alocados y pendencieros. Fue, por tanto, una mujer fuerte, alejada de los cánones de invisibilidad femenina de su tiempo, aunque usara frecuentemente su influencia a través de sus problemas y enfermedades. PALABRAS CLAVE: Nueva España; Ciudad de México; Virreyes; Grandes familias; Género. En la historia colonial del Nuevo Mundo, el más alto poder residía en los virreyes y las actividades de éstos han sido objeto de documentos y posterior bibliografía, realizándose amplias investigaciones y estudios en torno a tan insignes personajes; pero, ¿y las virreinas? Señala S. Sefchovich que "son mujeres que no existen en la Historia" y que "a menos que el hombre fuera soltero o viudo, ellas venían como parte del equipaje de tan digno señor".1 Gozaban de ser las legítimas, pero en contraposición, las podríamos denominar como esas grandes (tanto por su estamento nobiliario, en la mayoría de las circunstancias, como por su número) desconocidas. A las mujeres siempre se les ha adjudicado el papel de sujeto pasivo, subordinadas al esposo, destacándose como gran cualidad y obligatoriedad, sobre todo entre las familias de un alto estatus social, su "presencia y a la vez, transparencia", como se tituló un libro coordinado por C. Ramos. 2 Pero, ¿qué ocurría si la señora era casi una igual a su cónyuge -títulos aristocráticos, buena situación económica, talante enérgico-, e incluso, en algunas facetas le superaba? Se llega a ejercitar, en ciertos casos, el denominado "poder transversal"; ella era, en realidad, la que llevaba las riendas aunque, si esta anómala situación trascendía, podía ser objeto de murmuraciones, denunciada y vituperada, incluso por miembros de la Iglesia y la sociedad en general, y en este caso de la Nueva España. El texto que citamos a continuación, aplicado a la protagonista de nuestro estudio, es buen ejemplo de lo comentado: "... se ha dicho que está la virreyna muy enferma y a ninguno he visto compadecido, antes si, a muchos deseosos de que Dios se la lleve...". 3 Duras son las palabras vertidas en este corto párrafo pues, aunque las pudiéramos tachar de evidente partidismo, desgraciadamente no fue así, y nos ratifican el concepto general, tan nefasto, que se tenía de esta noble y su familia, quienes, desde su arribada al territorio novohispano, no habían hecho más que despertar una franca antipatía y repulsa por parte de la mayoría de sus habitantes. Pero, ¿quién era esta mujer tan criticada y en qué contexto se efectúa dicha declaración? Orígenes nobiliarios, casamiento y descendencia de esta gran dama Doña Mariana Isabel de Leiva y Mendoza, llamada así por su abuela paterna (Mariana), y una tía abuela (Isabel),4 había nacido el 25 de mayo de 1617 en Madrid, 5 siendo la hija única del matrimonio de don Sancho Martínez de Leiva y Mendoza, XX señor de la casa, villa y estado de Leiva, primer conde de Baños en 1621, creado marqués de Leiva en 1633, 6 y de la marquesa doña María de Mendoza y Bracamonte, su mujer, condesa viuda de Añover de Tormes. 7 Nuestra biografiada era pues, por propio derecho, segunda marquesa y XXI señora de la Villa y Casa de Leiva, segunda condesa de Baños. 8 Como ha venido siendo habitual entre los miembros de la nobleza, y casi a lo largo de toda la Historia, su matrimonio fue acordado ya que la orientación de los hijos estaba condicionada por la planificación e intereses familiares. Aún considerándose lo forzado de dichas uniones, en ocasiones los novios podían encajar bien y vivir una vida amorosa normal; pero en otros muchos casos, el enlace matrimonial no pasaba de un mero contrato entre las partes y el marido se limitaba a cumplir con su esposa para conseguir la sucesión familiar. 9 El elegido en esta circunstancia fue el primo segundo de la condesa de Baños, don Juan de la Cerda, V marqués de Leiva y de Ladrada. 11 A la novia le faltaban aún unos meses para los 16 años y él acababa de cumplir los 28. Frutos de dicha unión fueron varios hijos, nacidos igualmente en la villa y corte: don Pedro, don Gaspar, doña Úrsula y don Antonio. Desde su adolescencia, el primogénito dará más de un disgusto a sus progenitores. Era un joven alocado y despilfarrador. Lo casaron pronto -con 21 años-, con doña María de Alencastre 12 Sande y Padilla -de 15-, creyéndose que así, quizás, se apaciguaría su ánimo rebelde. En 1660, don Juan de la Cerda fue designado virrey de la Nueva España. 13 Toda la familia se debió sentir muy honrada con dicha designación, y entre éstos, doña Mariana Isabel. Desde su enlace, muy joven entonces, había respondido puntualmente a las pautas sociales y religiosas establecidas, dando a su esposo un número de hijos varones que aseguraban la continuidad de la estirpe. Era ya -como comprobaremos a lo largo del texto-una mujer madura -iba a cumplir los 44-y su intransigente y altanero carácter se había ido reforzando con el transcurso de los años, máxime siendo hija única y heredera de su casa; ahora, como virreina, 14 pretendió convertirse, al lado de su consorte y de forma efectiva, en las más altas autoridades en el territorio novohispano ya que, debido a la gran distancia que los separaba de la metrópoli, estos gobernantes gozaban de la confianza real ostentando amplios poderes. 15 No olvidemos que a ellos, los virreyes, les serían debidos los mismos respetos y ceremonial que al monarca, como ser recibidos bajo palio, el derecho a usar un tiro de seis caballos en el carruaje, ocupar un lugar principal en los actos públicos y morar en una casa con el rango de palacio real. 16 Bien pudo ser ella la que insistiera a su marido en solicitar que el primogénito, objeto de tantos disgustos y sinsabores, les acompañase en unión de su esposa, doña María de Alencastre. Así, de camino, aparte de intentar alejarle de esa vida desenfrenada en la que se hallaba inmerso en la corte (pretextando como excusa del todo razonable, necesitar una compañía 12 De Lencastre o de Lancaster. Información y pesquisa secreta del Juicio de Residencia. Cuaderno impreso donde se refieren los servicios que hizo a su Majestad el marqués de Leyva y de Ladrada, conde de Baños (15 fols.) y Rubio Mañé, 1955, T. I, pp. 151 y 295. 14 La mayoría de los autores la numeran como "décima" virreina, al haberse basado una y otra vez en las pocas crónicas existentes sobre las listas de estas damas. Según nuestras investigaciones, el número anterior de estas importantes señoras en el Virreinato novohispano fue mayor. 116 y Torre Villar: Advertencias, p. ISABEL ARENAS FRUTOS femenina, que la asistiera en tan larga y dura travesía, por encontrarse, además, en avanzado estado de gestación, casi próxima a dar a luz),17 trataba de salvaguardar el patrimonio familiar, al tener así a ese hijo más vigilado. Esto contradecía la costumbre establecida desde fines del XVI y, por lo tanto, el Consejo de Indias determinó que se nombrase otro virrey. Pero Felipe IV, "muy a favor en esta elección",18 resolvió parcialmente lo que pedía don Juan de la Cerda, autorizando que les acompañara el primogénito y la nuera, además de sus otros dos hijos varones, y quedara en España la hija. 19 Es posible que ese debate con el Consejo de Indias provocara la drástica prohibición, posterior en unos meses a este nombramiento virreinal, dada en Madrid el 11 de abril de 1660, de que los vicesoberanos de México y Perú no llevasen a sus descendientes directos, "aunque sean menores de edad", yernos ni nueras. Las circunstancias del viaje y la entrada en la capital novohispana La señora virreina debió de llegar maltrecha por el largo camino hasta tierras andaluzas, lo que, sumado al trajín del embarque y los usuales traqueteos del barco, hizo que diese a luz un niño en alta mar, el 6 de mayo, 23 tan sólo tres días después de haber levado anclas. La navegación continuó sin alteraciones dignas de mención, avistándose las costas mexicanas y arribando la flota frente a la ciudad de Veracruz a mediados de agosto. El domingo 19 por la mañana, se hizo público en la urbe capitalina la llegada de las naves, comenzando a repicar festivamente las campanas de la catedral por espacio de dos horas, extendiéndose los repiques a las iglesias conventuales, y así continuaron también al mediodía y durante la noche. Todavía dichos tañidos se siguieron repitiendo "en los días adelante, a todas horas, en la catedral". 24 El virrey saliente, el duque de Alburquerque, y su familia dejaron el palacio donde habían residido, 25 para que éste fuera limpiado y remozado, aguardando la llegada del nuevo inquilino. Mientras tanto, tras el desembarco, Veracruz fue la ciudad que acogió a los marqueses de Leiva, familiares y séquito. Allí, como solía ser habitual, descansaron unos días, reponiéndose de la dura travesía. El trayecto, hasta llegar a la capital, siempre se hacía por el llamado Camino Real, atravesando una serie de poblaciones (Tlaxcala, Puebla de los Ángeles, Cholula, Huejotzingo, Apa, Otumba, Chapultepec...), donde sus habitantes recibían y agasajaban con grandes celebraciones a los nuevos vicesoberanos. 26 El jueves 16 de septiembre de 1660, la virreina saliente (duquesa de Alburquerque), acompañó a la marquesa de Leiva desde el convento de Santa Ana, donde habían estado hospedados, hasta el palacio virreinal. 27 Siguiendo pues un estricto protocolo, la nueva virreina se adelantaba para conceder todo el protagonismo a su esposo y esperar, junto al resto de las señoras nobles locales -en ese intento de afabilidad que se le asignaba hacia las damas principales-, 28 su entrada pública en la ciudad, que había 24 Idem. 25 Se fueron a las casas de don Prudencio de Armenta, enfrente de San Francisco. 26 En Cholula, aún antes de tomar posesión su marido del mando, la marquesa-condesa comenzó a dar señales de ese autoritarismo que la caracterizaba y que igualmente transmitía a sus hijos, pues al conocer que Diego Sánchez de Coca, dueño de obraje de tejer paños, tenía cantidad de negrillas esclavas, fue a escoger algunas para incorporarlas a su servicio. Aunque el tal Diego Sánchez y su esposa, Isabel de la Cruz, hicieron las diligencias oportunas para evitarlo, "le sacaron contra su voluntad con la mano y poder superior que tenía dicha marquesa y sus hijos...dos piesas de esclavas que eran niñas y las traxo a esta ciudad, disiendo las avía menester para ymbiar a su hijo". sido adornada y decorada con construcciones efímeras de complicados programas iconográficos, además de obsequiarles con tres días de fiestas, que incluían banquetes, bailes, juegos, corridas de toros, representaciones teatrales... Llama la atención el hecho de que el diarista Guijo apunte que el nuevo virrey llegaba sin "su hijo heredero",29 cuando fue expresamente solicitada su inclusión en el cortejo -junto con su esposa, como ya hemos comentado-, siendo además un joven que seguirá dando mucho que hablar en la capital mexicana, debido a sus desórdenes y tropelías. La señora virreina, entre lo religioso y lo profano El martes 14 de junio de 1661, debido a que "la seca era de las mayores que se habían reconocido, y se caía muerto el ganado, y...secado las acequias y pozos por no haber llovido...",30 se trajo en procesión a la Virgen de Los Remedios desde su ermita31 a la catedral. El domingo 3 de julio se comenzó otro novenario, asistiendo el virrey y la virreina todas las tardes. La anterior al regreso de la imagen, la marquesa de Leiva, dicen, que le hizo entrega de "una sarta de perlas, de estimación". 32 En octubre, concretamente el día 5, los mercedarios colocaron en su templo una imagen de talla de más de media vara de alto, de la advocación de Nuestra Señora de Copacabana,33 que por cláusula de testamento les había dejado don Antonio de Ulloa, presidente de la Audiencia de Guadalajara, y para ello levantaron tres altares en la calle, "de mucha costa y curiosidad", asistiendo la condesa de Baños a la misa y sermón. 34 Doña Mariana Isabel, al igual que la mayoría de las virreinas novohispanas, fue una visitante asidua de los monasterios femeninos, sobre todo del de carmelitas descalzas de Santa Teresa, 35 acudiendo allí "a todas horas y tiempos" 36, incluso en ocasiones con su esposo, a visitar a una profesa denominada madre María de Santa Inés, a quien la virreina apoyó decididamente para su elección como abadesa y que, como nos indica el cronista Guijo, 37 cuando salió electa, negó su obediencia al arzobispo, solicitando pasar bajo la dirección de los carmelitas varones, hecho que venía siendo reiterado desde la fundación del monasterio. Como en circunstancias anteriores, tampoco ahora se logró dicha pretensión, 38 sin que sepamos exactamente qué papel jugó doña Mariana Isabel en este proceso posterior a la alternativa por el máximo cargo del citado cenobio carmelita. Se le "hicieron grandes fiestas en palacio, y las personas de caudal la regocijaron con libreas y carrozas nuevas y cadenas de oro al cuello, para darle los días;...convidóse a todas las damas y señoras del reino que fueron a palacio costosamente aderezadas", 39 pues, como especificaba Thomas Gage: "gastan extraordinariamente en vestir y sus ropas son por lo común de seda", además del uso desmedido en piedras preciosas y perlas. 40 Se había echado a suertes entre los asistentes, todos ellos "personas de caudal", quién debía de aportar capital para dicha celebración, saliendo electo don Anastasio Coronel Salcedo Benavides, alcalde mayor de Metepec, 41 que entregó una importante suma de ducados. Disfrutaron además de la representación de una comedia, en la que actuaron los criados y criadas de los virreyes. 42 En relación con la procesión del Corpus, el 8 de junio de 1662, se generó una grave tensión, entre el virrey y el Cabildo eclesiástico, por cau-35 Fundado en 1616 por monjas concepcionistas provenientes del monasterio de Jesús María, igualmente establecido en la capital. Dicha orden seguía la vida particular, más cómoda y relajada; en cambio las carmelitas, según la reforma de Santa Teresa de Jesús, cumplían el voto de pobreza y practicaban la denominada vida común. Arenas Frutos, 1990 y Ramos Medina, 1990, pp. 49 El Cabildo catedralicio presentó duras quejas contra el virrey, protestas que fueron escuchadas en la Corte, desaprobándose su conducta; Baños fue condenado a pagar una multa de 12.000 ducados y se ordenó terminantemente que no se volviera a alterar el trayecto de dicho cortejo procesional. 45 Debía ser la virreina aficionada a las obras teatrales, al igual que su esposo, pues el domingo 11 de junio de 1662, infraoctava de Corpus, en que se pensaba representar otra comedia en el teatro del cementerio de la catedral, según costumbre, se ordenó que se realizara en el patio de palacio, en donde estaba la pila, para que ella y sus criados asistiesen a la representación, al estar de nuevo embarazada. A los pocos días, sin embargo, "le sobrevino...un desconcierto peligroso...y malparió". 46 43 Maza, 1968, pp. 64 46 En las sentencias del Juicio de Residencia del marqués se mencionan "...las continuas asistencias en todo el tiempo de su gobierno a las comedias que públicamente se representaban...casi todos los días de fiesta..., como cualquiera vecino particular". En ocasiones, llegó a afirmar en público que una obra era "muy buena y yo la e visto representar en Madrid". Una "débil salud de hierro". Máximas honras para la virreina y tristes acontecimientos familiares A partir de dicho aborto, los achaques y padecimientos que le sobrevivieron a doña Mariana Isabel fueron constantes. Cuando ya parecía hallarse algo recuperada "le volvió a repetir el desconcierto" y fue tan grave el susodicho ataque, que incluso le llegaron a administrar la extremaunción el domingo 30 de julio a las cinco de la tarde. Se organizó para ello una procesión, a la que acudieron las religiones y sus prelados, el virrey, la Audiencia y todo el reino. Las campanas de la catedral repicaron durante el tiempo que duró dicho ceremonial "en la forma que se acostumbra para sacramentar a los prelados", asistiendo igualmente todo el Cabildo eclesiástico, con sobrepellices, y la capilla. Le administró el sacramento el doctor Simón Esteban, canónigo magistral. 47 Pero como la señora no se recuperaba, es más, "fuésele aumentando la enfermedad...y llegó a lo último", 48 llevaron al palacio todos los santos de devoción, entre ellos una imagen de la Asunción, de talla y cuerpo entero, a la que tenían los naturales gran fervor, propiedad de la iglesia de Santa María la Redonda, administrada por los franciscanos. 49 En esa marcha procesional donde se dieron cita las más altas personalidades de la ciudad, muchos se encontraban a disgusto, no queriendo manifestar su contrariada actitud, pero criticaron después el "mal gobierno del virrey y de la mucha mano que tiene en todo la virreyna... pareciéndoles tendrían algún reparo los daños que se padecen y se atribuyen por mayor a la virreyna". 50 La marquesa, en contra de todo pronóstico, milagrosamente mejoró y para regresar la imagen a su casa, el lunes 14 de agosto, se instaló en los corredores altos de palacio un altar adornado de mucha plata y cera, cantándose allí misa mayor. Ese mismo día, a las tres de la tarde, salió de la 47 Fue uno de los eclesiásticos mexicanos más distinguidos del siglo XVII. Era de los mejores oradores sagrados de su tiempo y frecuentemente los virreyes le solicitaron su dictamen en los negocios más arduos. En tres ocasiones fue, además, rector de la Universidad. Rubio Mañé, 1955 Aunque él llega a dudar incluso del propio marqués al afirmar que "aunque yo he dicho siempre que si el virrey tuviera buenos lados, por ser buenas sus entrañas...me parecen tienen raçón los que dicen que es malicia disimulada...lo que yo veo es que si los oydores están intimidados e impacientes, algo más lo estarán los particulares, que no tienen adónde recurrir...". ISABEL ARENAS FRUTOS residencia virreinal la procesión llevando en hombros los frailes de San Francisco a la Virgen, portando luminarias los hijos del virrey y sus criados y yendo él mismo detrás de la imagen acompañado de toda la nobleza, Audiencia y religiones (excepto la del Carmen). El cortejo fue por la calle de San Francisco hasta Santa Isabel, en cuya iglesia entró, y después en la de la Concepción y de allí a la suya de Santa María la Redonda, repicando todas las campanas de dichos templos. El acto acabó pasadas las seis de la tarde. 51 Es lógico que durante esos quince días en que la virreina tuvo la venerada imagen tan cercana, el palacio virreinal donde residían el virrey y su familia, y especialmente la condesa tan delicada de salud, se convirtiera en el núcleo de la vida social, política, e incluso religiosa, de la ciudad de México. El lunes 21 de agosto, salió de la capital la virreina, aparentemente "con intento de mudar de temple...por la gravísima enfermedad que pade-ce...de que está desahuciada de los médicos", 52 pero también la situación allí, como veremos, contra ella y sus hijos, se había vuelto muy tensa y quizás, además de buscar la tan ansiada mejoría, decidió alejarse para que los ánimos se calmasen. Marchaba a la villa de Tacubaya, y en concreto a la huerta de don Austacio de Salcedo, corregidor de esta villa, y al seguirla un nutrido séquito de personas, no se les ocurrió otra medida que confiscar "todas las huertas a sus dueños...y casas de dicho pueblo", para ser utilizados por, prácticamente, toda la corte virreinal, ya que tanto su esposo, como los hijos, nuera, y demás criados..., también se le unieron, dejando casi desocupado el palacio. 53 Aunque tres meses más tarde, el 25 de noviembre, algo recuperada de sus dolencias, acudió en compañía de sus damas "y con bastante ceremonia", de nuevo a Santa María la Redonda en acción de gracias. Doña Mariana Isabel se pasó en este retiro casi un año -mientras el virrey iba y venía de México a Tacubaya-. 52 En el que más confianza depositaron los virreyes fue en el doctor don Gabino Farina. En agradecimiento a sus cuidados e inicios de recuperación de doña Mariana Isabel, le nombraron juez del pulque, llevando éste dicha comisión "...con tanta privación que no se obraba más de lo que él quería, dando las licencias para venderlo y acarrearlo". Eso le generó importantes ganancias, al existir una gran demanda para la venta de dicho producto. Israel confunde su nombre de pila (Gavino, con "v", en la documentación), con su apellido y lo cita como "Pavino". 53 Rubio Mañé, 1955 capital el sábado 21 de julio de 1663, debido a dos importantes noticias: una, un aviso llegado de Campeche sobre una escuadra de galeones enemigos y otra, la comunicación del fallecimiento del arzobispo don Mateo Sagade Bugueiro. 54 Pronto insistió de nuevo la virreina en marchar fuera de la urbe, ahora a Cuernavaca, para seguir recobrando su vigor, aunque el propio Guijo afirma: "dicen de tener otras nuevas de las que se han dicho", 55 como después comentaremos. Además de las complicaciones de su delicada salud, a doña Mariana Isabel le acompañaron luctuosos sucesos durante su estancia en la Nueva España. El primero de ellos, el fallecimiento en menos de tres horas, el 11 de agosto de 1661 -apenas al año de llegada al territorio-, de la hija de su primogénito don Pedro de Leiva y de su esposa doña María de Alencastre que, según el cronista Guijo, tenía dos años y medio de edad, siendo enterrada en Santa Teresa, el monasterio carmelita tan vinculado con la familia. 56 Esa niña debió de nacer, por tanto, en torno a febrero de 1659, e iría a México con un año y unos tres meses. Nos resulta muy curiosa la alusión que se hace de la nuera de la virreina años después, ya en la metrópoli, al morir de sobreparto por el nacimiento de otra hija, indicándose tras "una esterilidad de casi veinte años", 57 cuando también había dado a luz un varón el 9 de agosto de 1663 en ese retiro campestre de Tacubaya, aunque este niño fallecería igualmente pronto, el martes 6 de mayo del año siguiente (1664), a punto de cumplir los nueve meses. Con gran acompañamiento de carrozas llevaron su cuerpo al convento de religiosas de San Juan de la Penitencia, donde lo depositaron los frailes franciscanos. 58 Pero, más dramática si cabe, fue también para nuestra virreina la defunción de su pequeño vástago, nacido en alta mar, al venir a tierras mexicanas, que también murió en Tacubaya, el viernes 3 de agosto de 1663, a las cuatro de la madrugada. Se enlaza, casi a la vez, la muerte con una nueva vida, también efímera; fallecimiento y nacimiento de hijo y nieto, casi al mismo tiempo. El cronista Guijo indica que ese hijo "tercero" en realidad, era el cuarto-, había enfermado y que, aunque los médicos hicieron lo posible, no tuvo remedio. Tenía este niño tres años y tres meses -recordemos que había nacido el 6 de mayo de 1660-. Lo trajeron a la ciudad en una carroza, a cortina cerrada, disponiendo que el entierro se hiciese dentro del convento de religiosas franciscanas de San Juan de la Penitencia (donde, como acabamos de comentar, apenas nueve meses después, sería también depositado el cuerpo del nieto, segundo hijo de Don Pedro de Leiva), asistiendo casi "todo el reino a la novedad". 59 En el siglo del barroco, la escenografía alrededor de la muerte no quedaba fuera, incluso en estos duelos de niños, y podemos comprobar cómo esos cortejos mostraban la representación y la etiqueta características de la época. Tristes recuerdos le debieron quedar tanto a doña María de Alencastre, nuera de la virreina, como a ésta misma, del enclave de Tacubaya, e incluso de las tierras mexicanas, habiendo dejado allí la memoria de sus pequeños hijos; desdichas acaecidas a esta familia en un corto lapso de tiempo; pero tampoco hemos de olvidar que, aunque entre las elites el nacimiento fuera considerado un elemento central, la muerte de los infantes no tenía la trascendencia de hoy en día, por ser, desgraciadamente, bastante común por entonces. "Dimes y diretes" en el entorno virreinal. Graves críticas a doña Mariana Isabel y a sus hijos Aunque el mandato del conde de Baños no contó con hechos eminentes e incluso algún historiador se arriesga a calificarlo "de funesta memoria" 61 y "muy poco brillante", los jesuitas, el bando burocrático y los frailes en su mayoría, alabaron su gestión, 62 llegando todos a coincidir en que "...los escándalos que la conducta de su familia produjo en la colonia" 63 y, sobre todo, "...las mosedades (sic) del señor don Pedro", 64 al que se unió a veces su hermano don Gaspar, "...le acibaraban la vida", 65 llegando inclu-59 Documentos, 1853-1854, T. I, pp. 517 y 518. 61 Así lo describe el versado Schäfer. El propio título de un reciente artículo de Pierre Ragon, en el AEA anterior a éste, también de 2010, nos confirma sus "pasos en falso". 62 Como fueron los religiosos Alegre, Vetancurt y Cavo, quienes lo apreciaron por la actitud tan favorable que demostró hacia ellos. ¿SÓLO UNA VIRREINA CONSORTE DE LA NUEVA ESPAÑA? 1660-1664 so a advertir la propia Audiencia de cómo se debía "...cuidar de la juventud de los hixos del marqués", 66 quienes se desplazaban en carrozas de seis mulas, "como lo avían echo todo el tiempo que governó (su padre)" resultando impensable en una corte virreinal en la que todo estaba marcado por las normas al "...ser indecente el que andubiesen iguales los coches de sus hixos, por no ser permitidos más que a ellos (los virreyes)". 67 En ocasiones, incluso llegaron a organizar carreras con dichos carruajes, viéndose a don Pedro "yendo por cochero de el principal...causando...mucha notta y escándalo". 68 Ese primogénito que desde sus años de juventud había sido tan difícil de vigilar, como ya antes apuntábamos, dejó amargo recuerdo en la Nueva España. Desde la misma llegada del conde de Baños, en Chapultepec, don Pedro de Leiva había comenzado a dar pruebas de ese carácter altanero que le caracterizaba. Se enfrentó allí con el criollo don Fernando de Velasco, tercer conde de Santiago Calimaya 69 y yerno de don Diego de Villegas, al haber ofendido duramente a los nacidos en Nueva España, hablando despectivamente de ellos. A partir de esa fecha, surge una rivalidad enconada entre ambos; el de Leiva, matando incluso a un criado muy querido del noble y, ya al final del mandato virreinal de su padre, llegaron a desafiarse, teniendo que mediar el arzobispo, don Diego Osorio de Escobar, quien zanjó la cuestión, recluyéndolos a ambos en sus casas con 2.000 ducados de multa a cada uno. 70 También tuvo que intervenir dicha autoridad eclesiástica al concurrir habitualmente ambos hermanos al convento de religiosas de Regina Coeli, a visitar a una joven novicia "que se entiende se llama Nicolasa", con la excusa de que "...les diese música, por ser diestra en ella". Uno y otro llegaron a reñir, "sobre quál le avía de hablar y sacado las espadas", afirman-66 AGI, México, 77, R. 3, N. 33, f. La Real Audiencia al rey. 69 El condado de Santiago de Calimaya fue otorgado por Felipe III, en 1616, a Fernando de Altamirano y Velasco (criollo) y a su madre, Mariana de Ircio y Velasco, por los servicios de su padre y esposo, el dos veces virrey de Nueva España Don Luis de Velasco, denominado el Joven o el Mozo, que recibió el título de marqués de Salinas del Río Pisuerga, zona donde había nacido su padre, el segundo virrey novohispano Luis de Velasco, el Viejo. 305; Sarabia Viejo, http://www.rah. y http://es.wikipedia. 70 Noveno obispo de Puebla de los Ángeles, que no aceptó el Arzobispado de México, pero que sustituyó al virrey durante dos meses y veintisiete días hasta la llegada del sucesor marqués de Mancera. ISABEL ARENAS FRUTOS do don Pedro que "...tenía dispuesto rovarla". El prelado envió al monasterio a don Francisco Rafael del Villar, su asistente, para que recriminara a la prelada lo mal que había hecho en "dejar salir a hablar en el locutorio a aquella muchacha" y, para acallar los malintencionados rumores, "...se le dio la profesión". 71 Aunque estaban prohibidos los juegos públicos y se había encargado especialmente al virrey perseguir a los transgresores, parece que, en el cuarto del palacio que ocupaba don Pedro había reuniones todas las noches, donde se entablaban distintos juegos de naipes. Se mandaban invitaciones y recados personales con las criadas y otras personas y, a quien no asistía, se le enviaban amenazas. Por este cargo se impuso al conde de Baños una multa de 4.000 pesos. 72 Además, los dominicos acusaron igualmente a don Pedro de haberles exigido 1.000 pesos para que no se les quitase el servicio personal de los indios, en los pueblos y doctrinas que tenían asignados, en un claro abuso del poder paterno. 73 Éste llegó a tener "tan ajada a la gente de todos estados (que) en viéndole por alguna calle divertían su camino o se entraban en alguna casa por no encontrarle, por evitar algún disgusto", escondiéndose y "...hechándole muchas maldiciones". Ello era debido a que se había convertido en un personaje desgraciadamente célebre, al haber sido "tantos sus arrojos, que los tuvo con muchas mujeres casadas con personas de importancia, entrando en sus casas...solicitándolas...de que resultaron escándalos, heridas y muertes". Públicamente "se (le) tenía por un hombre desenfrenado". También su hermano don Gaspar, fue cómplice en muchas de estas fechorías, llegando igualmente a ser acusado de galanteador y pendenciero. 74 Antes estas reiteradas acusaciones el virrey los defenderá, alegando que todo eran habladurías y que, aunque la propia Audiencia ya le había advertido que "...tubiese cuidado en que don Pedro y don Gaspar de Leiba, mis hijos, no saliesen de noche como se desía lo havían hecho...en el tiempo de mi gobierno an estado assistentes en cassa a la oración..., a sus tiempos y oras en mi compañía, con la atención y obediencia que an debido tenerme, conforme a su obligación,...sin embargo de lo que la calumnia a querido introducir en contrario". 75 Es lógico pensar que la condesa, por encima de todo madre y quizás impulsora indirecta de esas violencias por sus mimos y "tapaderas" pecuniarias, de apoyos y peticiones de perdón, jugó un papel activo en estas tensiones, que traerían problemas a toda la familia Leiva-Baños. Tantas habían sido las quejas recibidas en el Consejo de Indias, sobre los desmanes y supercherías, especialmente del primogénito, que la Corona decidió enviar a don Francisco de Vallés, oidor de la Real Chancillería de Valladolid en Castilla, quien, además de ir como visitador general de las Cajas de México, llevaba entre otras órdenes y comisiones, la de "enbarcar (sic) al hijo mayor" 76 y reenviarlo para España, poniendo "en grande cuidado a los marqueses y a sus hijos, qual nunca tubieron en su gobierno". 77 A esto, evidentemente "no havía querido el marqués" ceder, e incluso se comentó "públicamente (que) le dieron seis mill pessos, además de sus salarios", 78 llegando este visitador a estar a partir de entonces "mui uniforme con el virrey y su mujer...", 79 consultando con éstos "todos los nego-cios", 80 lo cual nos acerca a una compra de su apoyo. Es más, aprovechó el virrey las noticias de la entrada del enemigo en Cuba y la circunstancia de haber "saqueado la ciudad (de Santiago)", aconsejando "mandar a don Pedro a conducir gente para la Veracruz y que don Gaspar...quedasse en esta ciudad levantando gente..." siendo un pretexto "como lo bió todo el reino...para no ejecutar la cédula" 81 y también intentando mejorar la valoración de ambos jóvenes con estas acciones positivas. Pagos y comisiones nada inusuales por parte de los marqueses, para acallar órdenes superiores y granjearse, o mantener, amistades y apoyos, como también ocurrió en el caso de fray Juan de la Torre, obispo electo de Nicaragua, "íntimo amigo del virrey...( y que) se estrechó mucho con los virreyes", apoyándolos en el caso anterior. En agradecimiento, las malas lenguas afirmaron que le habían entregado "diferentes alajas, un coche y grande cantidad de plata labrada, que todo, dicen, importaría doce o catorce mil pesos". 82 Aparte de esa desaprensiva e incontrolada conducta de los hijos varones, tampoco doña Mariana Isabel se vio libre de importantes denuncias y, como anteriormente comentamos, decidió en varias ocasiones alejarse de la ciudad de México e irse a cualquier retiro campestre (Tacubaya, Cuernavaca...) con la familia, poniendo como excusa su salud; nos mostramos en total acuerdo con el cronista Guijo, quien aludía a "otras nuevas", 83 creyendo que se refería a poder dominar mejor en esos espacios más reducidos a sus vástagos, tratando así de alejarlos de la capital y atenuar, en parte, las habladurías y acusaciones de las que venían siendo objeto. Su traslado a esos lugares atraía a ellos, sin duda, a paseantes, e incluso residentes, de los linajes más destacados de la Nueva España. A ella se la llega a tachar de intromisión aún en la administración de la justicia, 84 además de que, quien quisiera conseguir algún cargo, debería 80 Ibidem, f. Se decía que habían surgido disgustos "porque la marquesa no quería dar más de quatro (mil)". 3. "...quando son tan notorias las experiencias, que aún en la administración de justicia, si no es a gusto de la virreina no tiene lugar, ni se atreven los oidores, por las molestias que les hacen, a votar libremente". Don Diego Osorio de Escobar, obispo de la Puebla, al rey. ¿SÓLO UNA VIRREINA CONSORTE DE LA NUEVA ESPAÑA? 1660-1664 pagarle una buena cantidad, 85 algo realmente excepcional para la época en la que nos desenvolvemos, al ser mujer; también de tener una afición desmedida por conseguir riquezas y beneficios, habiendo obtenido importantes ganancias en los aprovechamientos y compraventas de sus "paniaguados" y criados en los corregimientos y alcaldías mayores, al igual que con el comercio de Filipinas. Tenemos constancia de que llegó a valerse de insospechados, pero muy directos informantes, que le daban noticias de primera mano, como fue el caso de una criada anciana que el oidor don Francisco de Vallés, llegado como visitador, "trajo de España", quien iba muchas veces a entrevistarse con la marquesa, y que aún "...siendo persona de poco porte, le daba almoada en su estrado", como era público, 86 lo que significaba elevarla socialmente al sentarla en medio de las damas y criadas de confianza, que le hacían compañía, a modo de "corte doméstica", a cambio de las noticias oídas, tanto en las casas donde trabajaban, como en las calles. Incluso se llegó a afirmar que en una partida de plata sin quintar, "asta cantidad de diez mil pessos", que se detectó cerca de la ciudad de México, al ser se entrevistados los supuestos dueños, y descubriéndose que era de la marquesa, temerosos los funcionarios de las posibles represalias que podrán surgir si se la requisaban, "se la (de)volvió". Ignominiosa salida del Virreinato y regreso a la Península El virrey, como sabemos por la documentación y amplia bibliografía existente, tampoco resultó bien parado en los últimos tiempos de su gobier-85 En el Juicio de Residencia realizado a su esposo, la llegaron a acusar de lo que hoy denominamos "tráfico de influencias", por permitir que "la marquesa de Leiva y sus hijos tuviesen parte en los aprovechamientos, tratos y comercios que sus criados tuvieron en los corregimientos y alcaldías mayores...", siendo público en esta ciudad y en la de Puebla "que tenía negociación la señora marquesa y su hijo don Pedro de Leyba y los de su cassa, en todas las libranzas, situasiones y limosnas que se pagaban de la caxa y que se compraban las libranzas...". 87 Don Francisco Rafael del Villar declaró que había oído decir que la señora marquesa vendió una "muy considerable cantidad de plata por mano de un capitán llamado don Antonio Augustín de Villanueva", remitida "de las minas de Pachuca y Guanajuato, donde tenía dos criados por alcaldes mayores". no, debido a estas situaciones familiares (ampliamente denunciadas) y a irregularidades en su gestión, a lo que se unió la gravedad de ocultar documentación oficial remitida desde la Península, incluyendo seis reales cédulas del monarca por las que se le relevaba del mando, nombrándose como sustituto al arzobispo don Diego Osorio de Escobar, 88 hasta la llegada del nuevo sucesor. Baños se mostró en contra, al igual que sus hijos, viviéndose unos días tensos y difíciles en el gobierno del Virreinato, pero al final, el conde hubo de ceder ante un documento real que le presentó la Audiencia, donde se encargaba del gobierno al organismo de justicia en caso de que el prelado hubiera fallecido o no aceptara el mando. El 29 de junio de 1664, tomó por fin posesión del cargo el arzobispo Osorio de Escobar. 89 El virrey, una vez conocida su sustitución por el marqués de Mancera, que llegaría en breve, aún osaba amenazar "a todos con el pariente que venía a governar", sobre todo a los que se aventuraron "...a escribir grande copia de sátiras en que con ocasión de culpar acciones del gobierno se atrevieron a decir gravíssimas cosas", hasta que se supo "que es muy prudente" -el marqués de Mancera-, y se fueron tranquilizando los ánimos. 90 Los marqueses se trasladaron a la casa del doctor don Simón Estevan, canónigo buen amigo suyo, en la calle de Tacuba 91 y, a partir de entonces y hasta su partida, hubieron de aguantar, como el propio conde indicara: "...vosses, víctores grabes e indignas injurias...". 92 Incluso, con ocasión de las celebraciones de la llegada del nuevo virrey Mancera, el 8 de octubre de 1665, "el de Baños y su mujer y familia...estando para correr toros, entraron en la plaza y el vulgo comenzó a silbarlos y mofarlos". 93 El 12 de noviembre, día de San Diego, a las once de la mañana, salió el conde de Baños, con su mujer y demás familiares, para la villa de San Agustín de las Cuevas, a tres leguas de la ciudad, por orden de su juez de residencia. Aunque doña Mariana Isabel había alegado que "el temple le era dañoso a la salud, y pidió por esta causa que fuese su retiro a Tacubaya", por ser un lugar de gran predilección suya, su solicitud no se aceptó. Les acompañó el marqués de Mancera y don Juan Francisco de 88 Ver nota 70. Don Ginés Morote al rey. Por su parte, la marquesa de Mancera, como exigía el protocolo, escoltaba a la de Baños y su nuera; tan sólo custodiaba a las damas Francisco de Córdoba, contador mayor. 94 La salida desde Veracruz para España la realizaron el sábado 8 de marzo de 1666 en la flota a cargo del general don José Centeno. 95 Ese hijo primogénito aún será motivo posteriormente de graves preocupaciones para la familia. Pensamos que la Corona no deseaba su establecimiento en la corte, habida cuenta de los sucesos ocurridos, temerosa de los desórdenes que pudiera ocasionar. El propio Consejo de Castilla sentenció en una ocasión: "se le tiene por inquieto". 96 Es por ello que, cuando en 1665, enviaba una relación de jóvenes "no deseados", 97 lo incluía, aún a sabiendas de que se encontraba todavía en la Nueva España, con la orden tajante, de que convenía que "se vayan a el lugar que eligieren de los estados de sus padres o de los suyos, a veinte leguas de la Corte en el lugar que escogieren, que aunque este castigo es ligero, como se executa en personas de tan grandes prerrogativas producirá escarmiento...". No se posee confirmación del sitio que eligieron sus padres o él, quizás las tierras de sus mayores, 98 o si consiguió quedar fuera de esa lista, ocupando más tarde cargos destacados. En esa misma fecha, el conde viudo de Baños entró de carmelita descalzo en el monasterio de San Pedro Extramuros de Pastrana, donde el 10 de octubre de 1677 tomó el hábito y profesó con el nombre de fray Juan de San José, cantando la primera misa el 27 siguiente. 99 El problema histórico central de este periodo de gobierno reside en explicar por qué la Nueva España, que mostró tanta sumisión con el gobernante anterior, en cambio con el conde de Baños se reveló tan tensa, irritada y resentida. Según J. I. Israel, parte de la respuesta a esta cuestión se halla en las afirmaciones de sus detractores, los cuales sostienen que este virrey siempre estuvo "cautivo" de su mujer, de su médico 100 y de la gente malvada que los rodeaba. Consecuentemente, a los criollos no se les daban nombramientos administrativos, que en cambio se otorgaban invariablemente a parientes, amigos y aduladores de los condes, o, en el caso de que fueran empleos de menor importancia, al mejor postor. 101 Somos conscientes de que en estas centurias, las figuras femeninas, por muy alta que fuera la categoría profesional del esposo en el Nuevo Mundo, apenas merecían ser reseñadas, apareciendo casi desdibujadas, desconociéndose en ocasiones, cuando acudimos a la bibliografía, si tan siquiera existieron o llegaron a acompañar a sus cónyuges en sus destinos transatlánticos. En este caso, tuvimos la suerte de constatar que, ese recio carácter y don de mando que caracterizaron a doña Mariana Isabel, 102 esposa del virrey don Juan de Leiva y de la Cerda, además de la desordenada vida y costumbres de algunos de sus hijos, habían generado información documental, por lo anormal y crítico de la situación, como al inicio planteábamos. Desde hace ya algún tiempo venimos dedicando nuestra atención a las virreinas, esas destacadas damas de las que intentaremos ir desvelando lo poco o mucho que la documentación y bibliografía nos han legado, para irlas así colocando en el lugar correspondiente de una Historia que, hasta ahora, y en la mayoría de las circunstancias, les había negado, no ya su importancia, sino incluso su presencia.
Este artículo examina las críticas ilustradas al orden misional en las selvas de Apolobamba, una fracción de piedemonte al norte de La Paz (Bolivia) en el siglo XVIII. Esas críticas cuestionan los aspectos formales y las fuentes de sostenimiento económico de la zona, proponiendo una progresiva libertad de los indígenas reducidos con el fin de aumentar las relaciones de mercado entre Apolobamba y las ciudades coloniales y en paralelo, el ingreso fiscal tributario. En la segunda mitad del siglo XVIII, muchos funcionarios ilustrados comienzan a criticar algunos aspectos de las economías misionales en Hispanoamérica: las de franciscanos y agustinos no forman excepción. Las dádivas, el monopolio comercial, el manejo caprichoso del dinero, la exención de tributos; el subsidio estatal figura, como corresponde, entre los principales. Uno de los argumentos más comunes durante la primera mitad de ese siglo entre los cada vez más numerosos enemigos de franciscanos y agustinos es la riqueza natural de las misiones del piedemonte de Apolobamba, las verdes vertientes de los Andes al norte de La Paz, en Bolivia. La variedad productiva, difundida por soldados y mercaderes, niega la imagen de pobreza que los regulares suelen esgrimir para perpetuar la ayuda gubernamental. Otro argumento es la popular idea de que hay en Apolobamba ricos yacimientos de oro y plata, cuya explotación haría inne-cesarios los subsidios. Otro, que pretextando la permanente falta de subsidios estatales, los frailes aprovechan para explotar sin moderación el trabajo de los indios. Movidos por estas nuevas ideas, las autoridades piden desde mediados del XVIII y casi obsesivamente, informes de toda clase. Esta reiteración, que promueve, por fortuna para nosotros, voluminosos expedientes documentales, se apoya en algunas sospechas básicas. ¿Cuántos son, realmente, los pueblos reducidos en Apolobamba? ¿cuánta riqueza producen y cuánto retienen los misioneros? ¿cuál es el número exacto de indios reducidos? Debemos preguntarnos si es probable que este sistema misional, a principios de siglo apoyado con tanto entusiasmo, resulte, de pronto, tan desconocido y problemático para las autoridades de mediados del XVIII? Los testimonios son abundantes y confiables porque en general emanan de expertos. Al expresar la presunta confusión existente sobre el número de misiones y misioneros, las autoridades civiles y eclesiásticas denuncian implícitamente el caos que atribuyen a la creciente autonomía con que los provinciales franciscanos designan a sus operarios, planifican sus expediciones evangelizadoras y usan el dinero y los recursos materiales que reciben. Este supuesto "desconocimiento" de la labor de los regulares se encuadra dentro del cuestionamiento sistemático que los ilustrados hacen de su autonomía, de la que nacen la explotación y el monopolio. Revisar los fondos, achicar los presupuestos y cuestionar la atención de las misiones son actitudes políticas que marcan, de modo que veremos irreversible, el descontento del estado borbónico por las autonomías misionales. En febrero de 1766 el obispo de La Paz recibe un informe del general Diego de Alvarado y en octubre, otro de Diego de Oblitas. Alvarado, justicia mayor de Larecaja y notorio enemigo de los franciscanos, le entrega al obispo Campos una secreta que incluye la lista de frailes actuantes en Apolobamba, incluyendo el pueblo criollo de Sagunt. "Los religiosos que poseen el nombre de misioneros y se hallan en aquellos pueblos se destinan más al cultivo de intereses propios que al fruto de su ministerio, como lo testifican las gruesas siembras de arroz, cacao para el beneficio del chocolate, algodones y otros frutos que producen aquellas tierras con cuyo declarado comercio, se invierte el principal fin de su destino, teniendo a los infelices indios esclavizados siempre en este ejercicio". 1 Varios testigos confirman la denuncia de Alvarado: según un vecino de Sorata, Miguel de Contreras, los franciscanos de Atén hacen trabajar a los indios en los cultivos de arroz, cacao y algodón, en buscar cera y en el tejido del algodón, donde ocupan "mucha gente". El cacique de Charasani, Pablo Serena (descendiente del cacique anti-franciscano Martín), protesta que durante la administración seráfica, los indios sufrían "pensiones de mucho peso, como las que siempre que les ofrecía regresar a lo interior de su provincia, eran precisados al servicio personal en su compañía y de expresos hasta la ciudad del Cuzco, Arequipa, Oruro y Cochabamba cuya distancia ser de cien leguas, la menor; y que esta pensión la cumplían sin disputa estos miserables por reconocer la obligación". Esta ausencia tan dilatada de los indios arruinaba, según estos críticos, sus "casas y haciendas". Los reproches no sólo apuntan al tema de la explotación del indio, sino al espíritu comercial que la anima y que los testigos señalan claramente: Gaspar Cáceres dice que cuando fray Diego Aramburu gobernaba Charasani venían algunos misioneros a ese pueblo pero no sabe si a restablecer su salud o a "negocios bien distintos". Otro testigo, Diego Alvarez, que conoce bien la riqueza de Apolobamba, no está tan seguro de que los frailes vinieran a Charasani sólo por sus baños termales sino "para otras inteligencias y comercios". Los ilustrados denuncian que las opciones laborales elegidas por los frailes no son las únicas posibles ni fueron desarrolladas sólo por espíritu misional. Es evidente que las órdenes se quedan con una parte importante del producto de cada misión y que pueden cambiarlo por moneda en los mercados externos. La continua solicitud de fondos, los abandonos de misiones por falta de subsistencias y los reparos al cobro de tributos generan una convincente imagen de pobreza, que los ilustrados están bien dispuestos a cuestionar. El nuevo maestre de campo de las misiones, José de Santa Cruz y Villavicencio, denuncia que cada doctrinero exige de sus neófitos media arroba de cacao para su sustento personal -dato que confirman Crespo y Llanos-quedando el resto como stock de la misión, administrado por el cura que lo vende en su exclusivo provecho. Los aborígenes no hacen, en realidad, más que transportar los bienes por los ríos, pero si quieren venderlos por su cuenta, deben hacerlo furtivamente asumiendo que la trasgresión del monopolio comercial franciscano se sanciona con severidad. Y esto ocurre con cualquier clase de producto, incluso con ceras y resinas, de menor aceptación en el mercado. Los frailes les conceden a los nativos sólo COMERCIO Y TRIBUTO EN APOLOBAMBA un día libre por semana para que lo aprovechen en sus propias labores. Gozan de doce semanas de licencia por año para cultivar sus huertos, pero el resto del tiempo lo ocupan en la producción controlada por la orden, que no se remuneran de modo alguno. Manzaneda ofrece un panorama similar pero con diferencias de detalle: no en todas las misiones se les paga a los indios, dejando entender que sí lo hacen en algunas. 2 El trabajo indígena en cocales, chacras y cacaguales administrados por los frailes dura tres semanas por mes (es decir 113 de licencia y no 84 como cree Santa Cruz). Durante la cuarta semana de cada mes los indios se concentran en sus propias labores. Manzaneda deduce que por esto viven "aborreciendo tanto trabajo, estrechura y subordinación". Fuera como fuere el régimen de trabajo, los informes gubernamentales coinciden en describir un sistema que asigna a las sumarias economías domésticas de los grupos reducidos los costos de recomposición de la fuerza de trabajo. Que este sistema logra que los frailes reúnan un excedente apreciable (menor, sin embargo, a lo que creen los oficiales reales, impresionados por la riqueza de otras misiones) lo confirma Santa Cruz: "no se sabe en qué invierten las cantidades tan crecidas de coca que mandan a la Procuración". El informe del obispo Juan Pablo de Olmedo Luego de cumplir una de sus periódicas visitas diocesanas hacia 1752, el obispo de Santa Cruz de la Sierra, Juan Pablo de Olmedo, lamenta comunicar que él mismo ha podido comprobar la decadencia de las misiones franciscanas en Apolobamba. Entre las medidas que aconseja para solucionar lo que considera un "problema mayor", propone anexarlas a las reducciones jesuitas de Mojos y Chiquitos. Además, recomienda encargar la doctrina de Pocona a un seglar y quitársela al guardián franciscano, que por esa función percibe 1.250 pesos anuales de sínodo, dando sólo cien al cura doctrinero. Para justificar esta solicitud, Olmedo señala que si el doctrinero recibe tan poco dinero, se produce "la minoración de feligreses". Las propuestas de Olmedo sorprenden por su radicalismo. Es posible que tuviera en cuenta el mejor desempeño de los jesuitas en la administración misional o que representara los intereses de los mercaderes de su ciudad. La alianza de las autoridades cruceñas con las reducciones jesuitas en Chiquitos es probable; pero en este caso habría que suponer que los mercaderes tienen no sólo aspiraciones sobre Mojos (como siempre) sino sobre las más alejadas misiones de Apolobamba. Las ferias indígenas del Beni y el rol estratégico de los jesuitas en Reyes explican este repentino interés cruceño por abrir el comercio en esa dirección, lo que incluye (de más está decirlo) los mercados de La Paz y el Cusco. De todos modos, y en medio de la hostilidad desatada entre el gobierno borbónico y las órdenes regulares, la denuncia de Olmedo parece la señal convenida para que las autoridades políticas y eclesiásticas desencadenen una larga campaña contra los regulares. En este caso, Olmedo utiliza una propuesta que seguramente enfrentará a jesuitas y franciscanos. En carta al rey, fray Pedro Domínguez señala que "en otros tiempos" los jesuitas no pudieron conseguir paso franco por las misiones de Apolobamba, de lo que se siguió un pleito ante el monarca. Pero los propios jesuitas parecen ahora ignorar la solicitud de Olmedo, cosa que los franciscanos obviamente no pueden hacer. Conocida la propuesta, Madrid pide informes, en septiembre de 1754, a la Audiencia de Charcas y al virrey marqués de Valdelirios. En noviembre de 1755, éste responde que como las misiones están alejadas no se sabe de ellas más que lo que dicen los impresos jesuitas, coincidentes con lo que sobre el progreso de sus misiones dijo el obispo cruceño. Mientras que en las misiones franciscanas "sobresalían a la vista del prelado en aquellos desiertos, la pobreza e ignorancia". Aún en las ciudades se nota, a juicio del virrey, la diferencia entre las órdenes mendicantes y la limpieza política y economía de la Compañía de Jesús, y así es que en éstas florecía "toda aquella racionalidad y cultura que lograban los que con más anticipado tiempo se habían fundado en la América". Aunque avala el pedido episcopal, Valdelirios aconseja la prudencia sabiendo que los franciscanos ya han sido beneficiados con dos permisos: uno a fray José de San Antonio, comisario de las misiones del Cerro de la Sal, para que 60 frailes reduzcan a los neófitos de Apolobamba que desertaron "incitados del indio rebelde" que habita en las inmediaciones de Tarma (referencia al movimiento revolucionario de José Santos Atahualpa de 1742); y otro a fray Isidoro de Cala para llevar otros doce a fomentar las misiones de las vertientes del Cusco. Valdelirios se pregunta ¿cómo tomar la orden la propuesta episcopal? No sabe si el obispo ha amonestado al provincial franciscano. Cree que resulta prudente instruir de todo al obispo de Santa Cruz para que agote COMERCIO Y TRIBUTO EN APOLOBAMBA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 137-161. Agrega que si se encontrasen "algunos [pueblos de indios] que por la menos distancia a las poblaciones del Perú estuviesen mejor instruidos en la fe o con más cultura en lo racional" debería encomendarlas a curas seglares. Antes de responder al rey, la Audiencia pide informes al gobernador de Santa Cruz y al de Mojos, al deán y cabildo en sede vacante del obispado de Santa Cruz (por fallecimiento de Olmedo), al padre superior de las misiones de Mojos y al provincial de San Francisco. Uno de los informes solicitados por el obispado de La Paz corresponde al cura vicario de Camata, licenciado Buenaventura José Rodríguez, fechado 18 de marzo de 1756. La Audiencia de Charcas asume la propuesta de Olmedo casi con indiferencia. Responde en febrero de 1758 que ya hay cura seglar en Pocona y que no considera necesaria la agregación solicitada, porque si bien en años pasados decayeron algo las misiones franciscanas, ya estaban mejor. En una repentina concesión a los intereses del Cusco, expresa que en todo caso sería conveniente abrir un camino Cusco-Apolobamba para que por él se transite hasta Mojos y Chiquitos. Esta concesión tiene que ver con los intereses mercantiles de las tierras altas con los cuales la Audiencia se compromete progresivamente: por ello también propone que se permita que los indios de Apolobamba comercien directamente con los españoles, aboliendo el viejo monopolio franciscano. También solicita el empadronamiento de los indios y que se les imponga "vasallaje al rey", un eufemismo que significa imposición de tributos. Finalmente, pide que se instale un gobernador político en lo temporal dejando a los franciscanos sólo la tarea espiritual. De esta manera, la Audiencia de Charcas fija su oposición ideológica contra el envejecido corporativismo que representan los misioneros regulares y, simultáneamente, su oposición comercial contra Santa Cruz con la que coincide, naturalmente, en la ideología del nuevo liberalismo "aperturista" recomendado por los ilustrados. Por último, los oidores se encargan de advertir que el cabildo eclesiástico de Santa Cruz no ha elaborado el informe que se le solicitara, pero que de todos modos "no se contempla necesario". A la vista de los informes del virrey y del tribunal de Charcas, el fiscal de la Audiencia no encuentra razón para anexar Apolobamba a las misiones jesuitas 3 pero sí decide participar en la cuestión fundamental que subyace en todo el proceso, recomendando que "se permita a los españoles que quisieren entrar a aquellos parajes para sus comercios que lo puedan ejecutar en libertad para contratar con los indios, cuyo trato y comunicación es muy conveniente, y de ello resultar el más pronto y continuo dispendio de los frutos que producen aquellos países y se inclinan con más anhelo al cultivo de aquellos amenos y fértiles campos".4 Las críticas ilustradas a la economía misionera Los funcionarios liberales desean esclarecer exactamente dos cuestiones: si los territorios misionados pueden incorporarse realmente al mercado colonial y si una producción sostenida les permitiría a los productores nativos pagar tributo a la Corona. El primer tema los lleva a precisar montos, costos, gastos de producción y transporte. La segunda los lleva a explayarse en largas especulaciones filosóficas (casi antropológicas) sobre las bondades del trabajo libre y el tributo. Las autoridades ilustradas consideran nocivo e inútil el tradicional sistema franciscano de regalar a los nativos cosas de poco valor, método que sólo basta para asegurar la estabilidad de la misión con un mantenimiento mínimo. En efecto, los frailes importan a las misiones chalonas, quesos y terneros, a veces sólo para negociarlos con mercaderes cruceños y alguna coca para los nativos. Reparten entre sus acólitos, además de los abalorios condenados por los liberales, cotones de bayeta, carne o sal. Consciente de esta problemática, un informe de la Real Contaduría de 1793,5 apela a un examen etnológico: "en esta materia de reducciones de bárbaros, es menester confederar el celo con la prudencia. Está ya averiguado y conocido con una consumada experiencia que las erogaciones gratuitas de bujerías, abalorios, herramientas, etcétera, producen en el genio desconfiado de los bárbaros un perjudicial recelo cuando las reciben satisfactoriamente, mucha emulación, avaricia o codicia, cuando se las escasea. La máxima probada ya en el Canadá, Batavia, a la otra banda del Marañón, etcétera, es introducir estas liberalidades con el aparente aprecio de la permutación y el cambio, aunque lo que se les quita sea tan despreciable que a vuelta de su rostro, o en su retiro, se haya de botar y disipar como inútil. En una palabra, la introducción del comercio y el anhelo a su propio trabajo, es en lo sucesivo lo que ha de afianzar la subsistencia de la reducción". Es cierto que los intercambios gratuitos con los nativos han tenido hasta entonces un fin estratégico. El sistema misional nunca analizó concretamente el potencial productivo de sus territorios y sus posibles lazos comerciales con el mundo andino. El intercambio gratuito sólo actuó como pretexto para pulir un contacto exclusivamente social, capaz de garantizar la seguridad jurisdiccional (y de alguna manera su aislamiento) y por ello, cierta estabilidad política en la región. Pero el leitmotiv es la generación y acumulación de excedentes por parte de los franciscanos, y el elemento fundamental de este proceso de acumulación es el trabajo gratuito de los indios. Con esto quieren terminar los ilustrados. Los bienes de exportación ¿Cuáles son los bienes, producidos masivamente, que le permitirían a Apolobamba incorporarse al mercado y a sus productores pagar el tributo? Se piensa, básicamente, en cuatro productos de buena aceptación en los mercados urbanos coloniales, pero de distinta dimensión: los tejidos de algodón y el tabaco, en un plano menor, y el cacao y el chocolate elaborado, sobre los cuales los funcionarios tienen mayores esperanzas. Para Esprellia, la riqueza de Apolobamba reside en su exportación de cacao, arroz, maní, tamarindos, palillos y cera a Arequipa, Cusco y La Paz. La coca es un buen giro porque los nativos no la usan; lo mismo ocurre con el arroz, que apenas integra la dieta aborigen. Todos los bienes destinados a la exportación se remiten a la procuración franciscana de Pelechuco, que los traslada a las poblaciones españolas. Muchos sostienen que, incluso, Apolobamba puede producir mucho de lo que compra en el exterior: por ejemplo, dispone de caña para fabricar azúcar y de parras para elaborar vino. El algodón silvestre, y sobre todo el cultivado con semillas importadas, es de calidad superior, pero sólo sirve normalmente como materia prima para la labor textil de las unidades domésticas misionales: sobrecamas, paños de manos, camisetas para los varones y taramas para las mujeres, una especie de saya que las viste desde los hombros hasta los talones. Parte de esta producción se trueca en los pueblos de indios por alimentos o "ropa de la tierra". El resto, según la vieja costumbre franciscana, se remite a la procuración de Pelechuco, confiándola al procurador o a sus apoderados. Pero no hay cifras sobre el volumen negociado. En Uchupiamonas, Tumupasa e Isiamas, el promotor fiscal Pedro Crespo y el defensor de la Real Hacienda Miguel de Llanos 6 mencionan una artesanía tradicional de tejidos de algodón, además de los plumeros y plumajes, pieles de tigre y artículos de madera y paja. Creen firmemente que el algodón puede dejarles a los indios reducidos un buen rédito. Con la vista puesta en la tasa tributaria, explican que aun cuando el algodón falte, los nativos podrán pagar ocho mazos de tabaco de buena calidad, de dos libras cada uno. La producción constante de algodón o tabaco deja habitualmente excedentes anuales para el intercambio. Santa Cruz considera que el comercio libre de estos productos les reportaría bastante utilidad porque no hay otra opción que trasladar las cargas de un pueblo al otro en hombros, pagando los interesados. El posible comercio de cacao Los nativos de Isiamas comercian a mediados del XVIII con los jesuitas de Reyes, sobre la otra margen del Beni, pero también navegan aguas abajo hasta el Guaporé para hacer sus ferias, en viajes que duran hasta treinta días. De estas misiones salen los doscientos 50 quintales del cacao que Crespo incorpora a su estadística de 1786 7 y del que Haenke dice que "excede en bondad muchas veces al de Guayaquil". 8 Pero no hay cultivos organizados de cacao y el poco que recogen lo cambian por diversos productos con los mercaderes de Santa Cruz. Crespo y Llanos calculan en 1785 que los indios recogen de ocho a diez libras anuales de cacao y que se les podrá cobrar tributo en cacao en grano antes que subsidiarlos para que lo elaboren en bollos. Sin embargo, dudan de la habilidad nativa para elaborar un alimento que suele perderse fácilmente en los largos caminos de montaña. Para peor, no recogen cacao silvestre todos los años porque las bandadas de monos los devoran y otras plagas los echan a perder. Pese a ello, consideran que un cultivo regular garantizaría una provisión eficiente y segura. Que en Uchupiamonas, Tumupasa e Isiamas los indios abandonen los cacaguales sólo porque no tienen a quién venderle el cacao, señala que éste no forma parte substancial de la dieta aborigen como la mandioca o el plátano, que los nativos comparten con los misioneros. Aunque en algunos años pierden el cacao silvestre, los toromonas pueden cultivarlo en sus propios cacaguales y esperar los tres años que la planta tarda en fructificar. La esporádica producción de cacao en Carmen de Toromonas sólo podría asegurarse con algún mínimo criterio de conservación. Además, los mercaderes cruceños se llevan el cacao de las aldeas del norte para cambiarlo por otros bienes. El informe añade que estos comerciantes son "misioneros de jesuitas", lo que, lapsus calami mediante (la Compañía ha sido expulsada en 1767), puede significar que son viejos proveedores de los jesuitas, antiguos neófitos ahora afincados en Santa Cruz o residentes en los circuitos comerciales que la unen con las misiones de Apolobamba. Estas son muy activas con los transportes de mercaderes españoles que pagan bien a los curas que organizan y dirigen a los balseros. Como corresponde a un burócrata ilustrado, Santa Cruz y Villavicencio protesta que los curas se aprovechan de todo sin darle a los cargadores ni siquiera los víveres del viaje. A manera de resumen, veamos las cifras que manejan para fundamentar sus proyectos. Cotejemos los precios mencionados en el informe de Manzaneda de mayo de 1784 9 y en el de Santa Cruz y Villavicencio de febrero de 1785. 10 Ambos proporcionan cifras análogas para la producción pero muy distintas para los precios. Las medidas usadas entonces eran el quintal (cuatro arrobas), y la arroba (25 libras). Sin embargo, el valor exportado desde las misiones muestra otras posibilidades: una producción evaluada en alrededor de 130.000 reales al año no es poca monta para un conjunto de aldeas separadas unas de otras 9 AGN-Interior, 28:3. Santa Cruz y Villavicencio, José de, Informe sobre las Misiones de Apolobamba, 10 de febrero de 1785. DANIEL J. SANTAMARÍA por duros caminos. Precisamente, Santa Cruz destaca esta desintegración geográfica entre las misiones del sur y las del norte de Apolobamba como una cuestión importante. Según Manzaneda, 11 aunque entre 1771 y 1785 aumentó el comercio entre los españoles y los cinco pueblos del sur, casi no hubo contacto con Carmen de Toromonas, un poco por la distancia de más de trescientos kilómetros -según testimonio de exploradores-y otro poco porque los franciscanos jamás emplearon a sus neófitos del sur en viajes a ese pueblo. La excepción es Reyes, donde el padre Francisco J. Negrete, protector entusiasta de los toromonas, ha estado enviando a su costa las canoas necesarias. Años después el puerto de Reyes se clausura y ya no habrá balseros en Apolobamba. Al inicio del XVIII, Felipe V impone tributo a los indios de Apolobamba considerando que ha pasado ya mucho tiempo de evangelización y civilización. En el futuro, todos los funcionarios ilustrados coinciden con esta opinión y derrochan esfuerzos por llevarla a la práctica. El razonamiento es sencillo: con libertad comercial, los indígenas logran un beneficio y por lo tanto pueden pagar tributo. Para la ideología liberal imperante, la posibilidad de pagar imposiciones a la Real Hacienda representa y legitima la libertad política. Sin embargo, y con la mira puesta en reducir el déficit del tesoro, la Audiencia necesita fijar tasas de tributo procediendo, como se recomienda oficialmente, "muy despacio, con gran tiento y suma reflexión" porque se teme que la imposición induzca a los nuevos tributarios a abandonar las misiones. En definitiva, una de las bases sociales requeridas para imponer tributos es reorganizar el trabajo de los indios reducidos. Cuando la Real Ordenanza de Intendentes de 1782 incluye las misiones de Apolobamba en la nueva intendencia de Caupolicán, las autoridades tienen las manos libres para imponerles tributo a las poblaciones reducidas. Es necesario que el tesoro público se apropie directamente de una parte del excedente generado por el trabajo indígena, hasta entonces sólo útil para enriquecer a las órdenes regulares. En nota remitida al gobernador Segu- rola, los visitadores Crespo y Llanos redactan una apología del tributo:12 suponen "innata la propensión de todo hombre a buscar, adquirir y gozar bienes sobre bienes, y en tanto grado, que en esto mismo fundan los mejores teólogos para convencer al Altísimo una prueba real que tenemos en nosotros mismos de haber un sumo bien y una suma felicidad a que el hombre puede llegar, capaz de saciar todos sus deseos y capaz de satisfacer todos sus anhelos". La apelación teológica de los funcionarios no es gratuita: gran parte de las discusiones dogmáticas sobre la usura, el trabajo libre, el uso del capital y el enriquecimiento personal están en la base de la disputa política entre liberales y católicos. Para estos, imbuidas de espíritu escolástico, el ánimo de progreso económico individual, tanto como la riqueza material como opción frente a la espiritual, constituyen poco menos que herejías abominables. Crespo y Llanos concuerdan en que "cuando los naturales de Apolobamba vean que a vuelta del tributo que se les ha impuesto quedan en la libertad y en la certidumbre de trabajar para adquirir y adquirir para gozar con sus mujeres, hijos y familias, estarán más arraigados y con más amor sujetos a los mismos terrenos que cultivan y a las mismas posesiones que adquieren, sin el menor recelo de que puedan fugarse". Trabajar para adquirir y adquirir para gozar. Esta propuesta ilustrada, liberal y fisiocrática, inspirada en la defensa del derecho de propiedad y el trabajo libre, disuelve los últimos residuos del trabajo como "castigo del pecado" y como "muestra de fe y reconciliación". El tributo a la Corona, después de todo, es el reconocimiento jurídico de la libertad del indio y en la práctica, un seguro social contra la explotación de las corporaciones. Los gobernantes creen que una vez dueños virtuales de la tierra que labran, los indígenas no querrán huir. Por lo pronto, a los ojos de los ilustrados, la tasa impuesta a cada unidad doméstica es menor que la parte del valor de su producción por tanto tiempo cedida a la ambición exportadora de los frailes. ¿Cómo es la situación tributaria general de las misiones y qué datos la ilustran? La imposición tributaria se establece oficialmente en 1782 y los revisitadores registran sistemáticamente la población misional y sus rangos tributarios desde 1783. La recaudación, por lo tanto, sigue estos registros con algunas dificultades. La categorización se relaciona casi directamente con el monto de la tasa. Las razones para clasificar a los indios reducidos en las misiones como "originarios, forasteros o yanaconas" varían de lugar en lugar y de tiempo en tiempo. 3) Esta evolución no es general sino particular de cada reducción: a) En Apolo y Atén los originarios de 1788 se reagrupan como originarios y forasteros con tierras en 1793 y en 1803 se desdoblan en originarios de distinta tasa: muy pocos pagan la "mayor" y la gran mayoría paga "la menor". b) En Sagunt, Santa Cruz y Uchupiamonas los originarios de 1788 son convertidos en yanaconas en 1793; en 1803 los de Sagunt y Uchupiamonas vuelven a revistar como originarios con tierras, mientras los de Santa Cruz aparecen como forasteros con tierras salvo un puñado que recupera la categoría originaria. c) En Isiamas, Pata y Tumupasa todos conservan la cate-COMERCIO Y TRIBUTO EN APOLOBAMBA 13 AGN-Sala XIII. 4) Una de las cuestiones más interesantes es la "yanaconización" de los originarios de Sagunt, Santa Cruz y Uchupiamonas en 1793. La medida es evidentemente excepcional porque funciona sólo en esos pueblos y no se repite en 1803, cuando los designan "forasteros". Pueden considerarse los siguientes factores: a) La yanaconización equivale a una rebaja del tributo que favorece a los nativos de esos pueblos habida cuenta de que los yanaconas pagan tres pesos anuales, mientras los forasteros pagan cinco y los originarios según una tasa variable que incluye la evaluación de sus recursos ordinarios. En 1803 se decide aumentarles la tasa y por eso se los pasa como "forasteros". b) Pero también puede suponerse que su adscripción como yanaconas permite someterlos al alquiler de fuerza de trabajo en haciendas españolas vecinas. Esta hipótesis tendría alguna probabilidad en Sagunt y Santa Cruz, pero sería más extraña para Uchupiamonas. De todos modos, sabemos que en 1793, Pelechuco tiene 1.364 yanaconas y Suchi 533; esta masa de casi 2.000 yanaconas parece una fuerza de trabajo suficiente para la capacidad productiva de ambas localidades, haciendo innecesario traer trabajadores de Sagunt y Santa Cruz. c) Es posible que su ingreso de 1803 a la categoría de "forasteros" se explique por el tráfico de coca, al que se incorporan progresivamente grandes masas de pequeños traficantes indígenas en las últimas décadas del dominio colonial. La adscripción territorial en esos pueblos (lo que supone, teóricamente, su definición como yanaconas) se ha tornado imposible: todos procuran migrar permanentemente. La tasa de tributo, que siempre se paga en especies que la Real Hacienda vende en el mercado, aumenta con el número de tributarios. Cuando en 1785 se aumentan las tasas, los franciscanos se oponen firmemente sosteniendo que los indios no pueden pagarlas. Cuando el procurador general fray Bernardino Bustios pide a la Real Hacienda que exima del tributo a los habitantes de las tres misiones del norte, los oficiales reales rechazan el pedido arguyendo la riqueza productiva de la región. El proceso de progresivo control colonial sobre el pedemonte supone, por un lado, una ampliación correspondiente de las jurisdicciones civiles y eclesiásticas, en principio indiferentes ante las precarias y a veces disparatadas empresas de conquista del siglo XVI. Pero en el XVIII la jurisdicción gubernamental se torna efectiva, particularmente una vez solucionados los límites con el Cusco. La libertad que gozaron los capitanes de huestes y los primeros misioneros, muchos de ellos mártires, se restringe poco a poco por el creciente interés del Estado y de los mercaderes que comienzan a conocer, por sí o por mentas, la riqueza productiva de Apolobamba y la posibilidad de vender esa producción en los mercados coloniales. Mercaderes y gobiernos trazan una perdurable alianza en este siglo, sobre la base de una ideología liberal que contrapone a los principios escolásticos de la Iglesia sus propias concepciones del trabajo, de la producción, del ahorro, de la renta y del beneficio. Estas críticas y proyectos son acompañados por una serie de episodios de neto corte político que ilustran el conflicto entre el Estado y las órdenes, los límites y la naturaleza de ese conflicto. En algunos casos, están en juego decisivas cuestiones estructurales (como la transferencia de las misiones de Apolobamba a la Compañía de Jesús); en otros, simples cuestiones de competencia eclesiástica. Los tiempos de la confianza gubernamental en franciscanos, dominicos y jesuitas han terminado. Estas apreciaciones, cada vez menos embozadas, exhiben la fundamental desconfianza de las autoridades en la progresiva autonomía que las misiones regulares han alcanzado. El ejemplo jesuita constituye el paradigma de esta evolución y ya se sabe cuál fue la "solución final" al problema. La culpa de los agustinos Aunque la evangelización de las selvas de Apolobamba fue encomendada por las autoridades virreinales a la Orden Franciscana, ya en 1618 los primeros frailes agustinos navegan el río Mapiri para fundar un pueblo de COMERCIO Y TRIBUTO EN APOLOBAMBA aborígenes de lengua leca en esa región, a diez o doce leguas de Apolo y a un día de navegación en balsa de Atén. Pero la cuestión es que casi de inmediato, 55 de estos nativos son trasladados al santuario de Nuestra Señora de Copacabana, sobre el lago Titicaca, al noroeste de La Paz, administrado por los agustinos. Si este santuario era el centro orgánico de la orden, es posible que ese traslado demostrara la función subsidiaria de la misión como simple proveedora de fuerza de trabajo. Por otro lado, las misiones agustinas en Apolobamba funcionan en tres pueblos de españoles donde habitan aymaras de tierras altas: Consata, Chiñijo y Ucumani. Los dos primeros, separados entre sí unas 30 leguas, actúan precisamente como cabeceras de sendas rutas que bajan a Mapiri. Los agustinos se rigen, para elegir a sus autoridades, por el régimen de la "alternativa": por turno ocupan los puestos criollos y españoles. En uno de estos capítulos le toca el turno del provincialato, en función de esa alternativa, a "la nación europea". Pero el único europeo a mano es un fraile apellidado Puinea que es elegido provincial pese a haber sido acusado de apostasía y con excomunión mayor. Cuando Puinea demuestra que ocupar cargos importantes no borra automáticamente los pecados habituales, es removido y su elección ser anula. El primer resultado de este tropiezo es que la orden se queda sin alternativa. En 1762 llega a Bogotá el comisario franciscano acompañado por un lego europeo con licencia del general para "ser del coro". El arzobispo lo ordena sacerdote y en 1764 actúa ya como definidor; pocos años después asciende a provincial. Esta carrera veloz sólo se explica por su origen nacional. Pero otra vez se encuentran indicios del rol secundario de las misiones: hacia 1763 o 1764, los españoles y mestizos de Consata y Chiñijo se quejan a Juan de Pestaña, presidente de la Audiencia y vicepatrón de este distrito, del prolongado abandono que los agustinos muestran por sus indios. Quejas semejantes presentan en 1766 los lecos reducidos en Mapiri. 14 El capítulo catedralicio de La Paz comprueba "las continuas discordias que tenían entre sí los dos religiosos que las administraban, sobre cual de ellos era el legítimo superior". Por ese motivo, propone la remoción de Cuevas y el rey se apresura a encargarle a Campos, por Real Cédula del 16 de septiembre de 1767, el castigo de Cuevas y Rivera por los excesos cometidos. Frente a esta situación crítica, Gregorio Francisco de Campos, obispo de La Paz, actúa con celeridad: nombra dos curas seglares como capellanes en Chiñijo y Consata y le pide al prior del convento agustino de La Paz que designe otro misionero. Pero este mismo prior debe reconocer que en sus claustros ya nadie exhibe un sincero espíritu misional. Incluso el provincial de la orden responde con enfado y displicencia cuando el obispado le reclama frailes. La crítica de Campos se torna mordaz contra la orden renuente: "del trabajo de convertir infieles e instruirlos en los dogmas católicos no se reportan utilidades temporales; si éstas se adquirieran por tales medios, yo aseguro que los agustinianos no hubieran dejado piedra por mover a fin de ser mantenidos en la posesión de sus mayores". Ante esta situación de virtual renuncia de los agustinos, y pese a la tirria que muchos funcionarios sienten por los franciscanos, Campos (sabiendo que el propio rey se había opuesto inicialmente a esto) le pide a visitador general seráfico que le facilite un fraile. El primer enviado enferma de paludismo; el segundo es Lorenzo de la Parra, un veterano de las selvas de Apolobamba, que logra que muchos lecos regresen a Mapiri para reconstruir la iglesia (aunque muchos se quedan trabajando en el mineral de Tipuani). Entonces Campos cree oportuno elogiar la labor franciscana en la reorganización de ese pueblo y los hechos legitiman el cambio de rumbo del obispo porque en 1772, los vecinos de Consata queman la iglesia, roban todos los ornamentos y vasos sagrados y se refugian en la montaña. Lo mismo hacen los de Mapiri: de 150 personas que quedaban en la aldea, se marchan 120. ¿Hay, acaso, una decadencia del espíritu misional o es que la ambición y los enfrentamientos entre los miembros de la orden generan un estado de ansiedad y progresiva violencia entre los neófitos? En un largo informe al rey de 1776, Campos dice que la única misión agustiniana que queda es Mapiri, atribuyendo esta decadencia al hecho de que "los religiosos de estos tiempos, por carecer de aquel espíritu que deben tener los verdaderos misioneros, dejaron perder lo mucho que los antiguos trabajaron en la conversión de aquellos neófitos". Los únicos frailes agustinos son Julián de Cuevas y Manuel de Rivera, enredados en "constantes disturbios, excomulgándose mutuamente". Ambos andan vagantes en los pueblos y están mucho tiempo ausentes de Mapiri, yendo y viniendo por Ayata, Aucapata, Ananea y Yani atraídos por los yacimientos de oro. Pero cuando Mapiri festeja a sus santos patrones, no olvidan acudir para exigir su parte del producto agrícola. Cuando el visitador reformador de la Orden de San Agustín en el Perú, fray Juan de la Raya, se refiere a las misiones del Mapiri enfatiza que los agustinos fomentaron la reducción de indios en las orillas del Tipuani y en los cuatro pueblos de Consata, Ucumani, Chiñijo y Mapiri. Pero la tarea que trae asignada sólo se refiere a las misiones de un modo indirecto: debe construir un Colegio de Misioneros en Copacabana. El objetivo es claro: los agustinos quieren afianzarse en un sitio que ya por entonces es uno de los grandes centros de peregrinación en los Andes. Los ingresos que depara Copacabana los estimulan mucho más que los peligrosos descensos a las selvas tropicales. Para estudiar la posibilidad de conseguir financiamiento, de la Raya le pide en julio de 1776 ayuda al prior del Santuario, fray Policarpo Brenes. No hay dinero suficiente por ahora, y los novicios deben acomodarse en las pocas instalaciones disponibles en el santuario. 15 Conciente del deber misionero de la Orden, De la Raya comisiona a los frailes Manuel Maso, conventual de La Paz residente en Copacabana y Lázaro de Agramont para marchar a las misiones. Por enfermedad del primero, Agramont debe encabezar en 1777 una expedición que lleva doscientos pesos obtenidos de las rentas de Copacabana. El visitador explica que las misiones agustinas reúnen 1.500 habitantes en los cuatro pueblos, pero no puede precisar el número de habitantes en Consata y Chiñijo porque estos pueblos han sido secularizados sin permitirse desde entonces que entren los impugnados agustinos. Además, antes de la entrada de Agramont, los chunchos de Reyes (hasta 1767 al cargo de los jesuitas) habían asaltado a los lecos matando a unos y llevándose muchos prisioneros. Hay muchos lecos fugados de los pueblos, "vagantes y separados en montones en lo interior de la montaña". Sólo de Mapiri se han marchado mientras tanto casi 500. En diciembre de 1778, Agramont ha logrado reunir 150 lecos en Mapiri (sin contar los niños), exaltando la rapidez con que aprenden la fe católica. Pero necesita dinero para regalarles ropa, cotones de bayeta y hachas, cuchillos y machetes para sus labores y chalonas para su alimento; el clima húmedo y caluroso impide la conservación de la comida; termina pidiendo un socorro adicional de 200 pesos. Cuando el 20 de noviembre de 1777 el rey le ordena a De la Raya que informe sobre las misiones indicando nombres de los pueblos y número de habitantes, el visitador elude su responsabilidad, retrasando su respuesta hasta febrero de 1779. Se exculpa diciendo que al llegar a Lima en 1773, encontró un grave desorden en las rentas conventuales, atribuyéndolas más a negligencia que a corrupción. No estaban claros los balances de censos y rentas y en muchos casos debió separar el gravamen logrado de la aplicación del rédito. Las reglas de la orden previenen que prelados y depositarios hagan en conjunto la distribución de fondos, pero en la práctica sólo los primeros los han estado administrando. Para peor, hubo problemas de jurisdicción con el maestro provincial fray Ignacio de la Concha, que llegó a pedirle a De la Raya las instrucciones reservadas que le había dado el rey. El conflicto sigue en julio de 1774 cuando se reúne el Capítulo Provincial; y en 1776 mientras De la Raya todavía trabaja con las rentas conventuales, comprobando el exceso de frailes y el deterioro que los terremotos han producido en los edificios. Montaño 16 asegura que Mapiri fue abandonada por los agustinos cuando los mosetenes asesinaron a fray Lázaro Agramont en el río Beni. Sin embargo, el abandono se produce cuando Agramont se retira y no es reemplazado; es cierto que luego regresa y la reorganiza, pero no consta que haya sido asesinado por los mosetenes. En esos meses, Agramont regresa a Mapiri con un sacerdote recién ordenado que conoce la lengua leca. Campos reconoce que Agramont es un religioso de suave trato y robusto para tolerar, pese a su edad avanzada, "las calamidades de Mapiri". Cuando finalmente se lo reemplaza, se retira a Apolobamba para visitar a sus amigos franciscanos. Campos pide también que se secularicen Consata y Chiñijo, dependientes, como vimos, de Quiabaya. Además, sostiene que las Cajas Reales deben contribuir anualmente a las esas cuatro misiones ya que "jamás han tenido un maravedí seguro, se han mantenido siempre del producto de las sementeras que hacen los neófitos habilitados por los religiosos (..) y también de las limosnas que algunos devotos les hacen". 17 Para peor, los tres pueblos de Chiñijo, Consata y Ucumani, antiguas poblaciones aymaras que funcionan como estratégico frente pionero para negociar con el altiplano y los valles coqueros, se suman a la insurrección tupamarista de 1780-1783. El propio Segurola, inspirador visible de los reproches sistemáticos contra las órdenes, exalta 16 Montaño Aragón, Mario, Guía Etnográfica-Lingüística de Bolivia. Campos, Gregorio Francisco de, Autos que en cumplimiento de Real Cédula.... ISSN: 0210-5810 el papel de Agramont como intercesor entre los españoles perseguidos por la rebelión y los lecos, que aceptaron generosamente resguardarlos en Mapiri, facilitándoles después un exilio más seguro en Reyes y Sagunt. Con la derrota de la gran insurrección, las autoridades recuperan los accesos a las misiones, impulsando otra vez al movimiento evangelizador. Se fundan nuevas reducciones y se revitalizan reductos jesuitas abandonados desde la Expulsión. Una carta anónima, firmada en Tipuani y remitida al virrey de Buenos Aires por el correo general del Perú en septiembre de 178418 insiste sobre la falta de agustinos en las misiones. Como solución se propone instituir el Santuario de Copacabana, controlado por esa orden, como "recoleta de misioneros" sujetos al obispado. Se espera que con esa función, el Santuario atraiga más vocaciones; la propuesta esconde una crítica: de ese modo, los 15.000 pesos que cada cuatro años se llevan a Lima los priores y provinciales de esa orden, deberán servir, forzosamente, para que renazca la empresa agustina. "Es común voz y fama -agrega-que si los miles que han apercibido los priores y padres provinciales se hubieran empleado en beneficio del santuario, serían las paredes de plata maciza". La persistente ausencia de misioneros se liga con la codicia y la corrupción. En vez de emplear el dinero en favor de los enfermos internados en los hospitales de San Juan de Dios, los priores agustinos lo usan para comprarles regalos a sus comisarios con la esperanza de conseguir ascensos. Véase el caso del reformador fray José Colomina, que regresa a España "cargado de plata y sus conventos pobres porque un solo individuo sea rico a costa del atraso de los pobres y de la pérdida de su desdichada alma". En vista de estos hechos, la Visita de De la Raya no deja satisfechas a las autoridades. En noviembre de 1785, Carlos III le ordena al obispo de La Paz y al intendente Segurola que informen sobre la situación de Mapiri. Siguiendo la costumbre, ambos se toman todo su tiempo para responder: Campos lo hace en agosto de 1787 y Segurola en febrero de 1788. 19 Campos, a quien todos reconocen como pro-franciscano (no es paradójico que sea un franciscano, fray Lorenzo de la Parra, quien reduce a los lecos fugados de Mapiri), reconoce algunos errores en el informe del visitador agustino, que deben atribuirse a su falta de información real: por ejemplo, sólo Mapiri es pueblo de lecos, mientras los tres restantes son fundaciones antiguas. Chiñijo y Consata son anexos de Quiabaya y Ucumani anexo de Ayata, ambos en Larecaja, donde residen muchos españoles y mestizos atraídos por el cultivo de coca. En esos pueblos los agustinos trabajaron como doctrineros y tenientes de los curas seglares de Quiabaya y Ayata, no como misioneros. Para salvar lo que considera errores, Campos pide que Mapiri se agregue al sistema misional franciscano de Apolobamba. En segunda instancia, Campos examina otorgar fondos de Vacantes o Expolios a los misioneros. Le comunica al rey que en la respuesta del visitador provincial fray Manuel Belaochaga, podrá reconocer la "total indolencia, omisión y descuidos de los frailes [agustinos]". Pero Belaochaga protesta en voz alta en enero de 1789: la mala conducta de los misioneros Cuevas y Rivera no debe oscurecer la dignidad de toda una Orden que tanto ha hecho entre los infieles. El mismo se pone como ejemplo: ha debido viajar de Mapiri a Sorata para comprar sal, bayetas y herramientas porque en las misiones, por falta de fondos gubernamentales, se han quedado sin herreros; pide que los pueblos se restituyan a los agustinos y que se otorguen fondos seguros para sus frailes. Todos consideran que Agramont es un misionero insigne y las autoridades confían en él, pero se sabe que necesita un compañero que cuide el pueblo mientras busca a los fugados. Campos exhorta a poner tres frailes en Mapiri, dos por lo menos, porque el empeñoso Agramont siempre ha estado solo. ¿Qué' ocurriría si se enfermara o debiera hacer alguna diligencia? Segurola explica que tras la ausencia de Agramont la gente de Mapiri se redujo notablemente, huyendo muchos a las montañas a causa de la ineptitud y repetidas ausencias de su sucesor, fray Blas de Cárdenas, y la reyerta entre Agramont y el nuevo prior de los agustinos, fray Juan Santibáñez, que vino a las misiones en reemplazo de fray José Montesinos, quien poco después de su designación cae paralítico en Sorata y muere tras su regreso a La Paz. Si bien es cierto que Cárdenas estuvo enfermo de paludismo, Segurola desconfía de sus condiciones de misionero: en dos cartas de febrero de 1789, una dirigida al rey y otra al virrey de Buenos Aires, denuncia que Cárdenas ignora la lengua leca; antes lo ha denunciado al obispo que no contestó por "estar muy enfermo". Los funcionarios denuncian que Santibáñez fue nombrado en abierta trasgresión de las leyes de Indias, algo que acepta hasta el conciliador obispo COMERCIO Y TRIBUTO EN APOLOBAMBA AEA, 62, 2, julio-diciembre, 2005, 137-161. La juventud y poca experiencia de Santibáñez le restaban "la prudencia, sagacidad y política" que exigía el gobierno de los neófitos. Pronto el prior puso de manifiesto "su violencia y genio orgulloso". Segurola está convencido de que Santibáñez no vaciló en acusar a Agramont de lograr "ingentes utilidades con comercios y granjerías" y que por ello, aún habiendo estado Agramont mucho tiempo en las misiones, no había llevado dinero a sus superiores. La crítica de Santibáñez a un hombre de tal prestigio como Agramont no fue bien recibida en la diócesis: el acusador es removido y se le pide a Agramont que regrese con el poco dinero recibido. El convento de Copacabana La crítica de Segurola contra el prior Santibáñez no tarda en extenderse al propio núcleo agustino: el convento de Nuestra Señóra de Copacabana. Carece de las formalidades que el derecho exige para su erección, ya que fue en origen una iglesia secular luego subrrogada por un fraile agustino. En esa ocasión, los agustinos reunieron una junta y armaron un convento, adjudicándose el Santuario local a la Virgen, "celebrada con universales (y) crecidas limosnas", reservándose sus priores y las rentas de las visitas diocesanas. ¿Necesitan los agustinos, realmente, fondos especiales para sus misiones? Segurola piensa que el convento de Copacabana, objeto de vasta veneración popular y visitado por miles de peregrinos todo el año, tiene fondos suficientes no sólo para mantener dos religiosos en la misión sino para todos los demás. La piedad pública ha estatuido capellanías y censos en favor de los prelados locales y provinciales sin otro gasto que el alimento cotidiano, dos o tres velas por semana y tres o cuatro pesos. Pese a ello, los agustinos sólo remitieron a las misiones treinta pesos (por no poderlos recaudar en Ambaná). El párroco de Copacabana, encolerizado por los privilegios que a su juicio favorecen tan injustamente a los agustinos en desmedro del clero seglar, suscribe espontáneamente los argumentos de Segurola. Confecciona una lista mensual de los ingresos por alferados y donaciones piadosas del curato-santuario, de donde, al menos teóricamente, debe tomar los fondos necesarios para abastecer su misión de Mapiri. Los ingresos del priorato agustino de Copacabana eran bastante jugosos: Además de quedarse con el 95.7 % de los ingresos, el prior se reserva las contribuciones por cabos de año, honras y misas de vigilia cantadas en la iglesia, ofrendas a los difuntos y todo cuanto ponen en la iglesia los dolientes. También los entierros mayores y menores y los novenarios de misas. El párroco sólo preside las procesiones en el cementerio local y no recibe nada del producto de la estancia agustina de Guacuyo. Como consuelo, el convento le proporciona seis velas semanales, un real de pan diario y veinte reales por mes para cantar las misas de los novenantes, rezar el coro y tocar las campanas, sin "gozar ninguna distinción por su carácter ni ministerio de párroco, hecho el ultraje y vilipendio entre todos". En resumen, todos los actos litúrgicos son ordenados y supervisados por el prior agustino que se apodera de casi todos los ingresos, dejándole migajas al COMERCIO Y TRIBUTO EN APOLOBAMBA párroco del santuario. Este conflicto estimula al clero seglar y a las autoridades diocesanas a vigilar de cerca a los agustinos, sobre todo, naturalmente, en sus reiteradas actitudes de pedir dinero al gobierno. En 1789 el Consejo de Indias recibe un informe del gobernador Segurola del año anterior sobre el abandono agustino, donde denuncia que las cuatro misiones están en su "mayor abandono" y que desde 1784 las autoridades procuran superar la situación. 20 Demostrando por qué sus preferencias por la Orden de san Francisco, Campos señala que los seráficos de Apolobamba nunca han faltado de sus misiones y si alguno muere o es enviado a otra parte se lo reemplaza de inmediato; que las misiones no han prosperado más porque no tienen rentas para mantenerse y hacer los acostumbrados regalos a los indios. Con unas pocas plantaciones de arroz y maní no se podría financiar todo el sistema misional. Mientras las misiones jesuitas quedan desbaratadas rápidamente mediante un golpe oficial, las franciscanas y agustinas sobreviven en plena decadencia. Reaparecen durante el XIX pero en el marco institucional más rígido de las repúblicas militares. Las críticas ilustradas no fueron en vano: la exportación de bienes locales hacia el mercado de La Paz se hace regular y el tributo se impone finalmente permitiendo que durante las tres últimas décadas del período colonial, la Corona extraiga de estas regiones una parte importante del valor de su producción. Este sistema tributario actúa incluso como modelo para las futuras imposiciones estatales de la etapa republicana. El peculiar orden social franciscano, que evoca el más perfeccionado de la Compañía de Jesús, desaparece por completo y su influencia histórica decrece en los siglos siguientes.
La interacción cultural entre los jesuitas y los indios guaraníes aparece subrepticiamente en muchas de las prácticas realizadas en los pueblos misioneros. En algunos temas se visualiza una adaptación relativa de los sacerdotes a la manera de ser indígena y en otros, es posible interpretar un proceso indígena de reinterpretación de sus propias costumbres anteriores al contacto. Al respecto, la cartografía relacionada con el proceso de configuración de la micro-región correspondiente a cada asentamiento, es una muestra de estos intercambios. La historia es ordenada por la cultura, de diferentes maneras en diferentes sociedades, de acuerdo con esquemas significativos de las cosas. Lo contrario también es cierto: los esquemas culturales son ordenados por la historia, puesto que en mayor o menor grado los significados se revalorizan a medida que van realizándose en la práctica. La síntesis de estos contrarios se desarrolla en la actividad creativa de los sujetos históricos, los individuos en cuestión". M. Sahlins: Islas de historia. La conformación territorial del área guaranítica, individualizada así por los españoles, 2 no parece haber tenido una antigüedad mayor a los doscientos años. Según Chase-Sardi, 3 quien cita a una cantidad importantes de estudios realizados, no existieron migraciones masivas sino que lo que hubo fue una búsqueda de mejores espacios ecológicos y una situación forzada por la metodología agrotécnica del rozado. En el orden de la máxima expansión guaraní se considera la migración hacia los Andes (Chiriguanos), que posiblemente se realizó hacia los primeros años del siglo XVI, y la migración de los guaraníes que alcanzó el delta del Paraná (Chandules). Después hubo corrimientos del gentío causados por las sequías o por las plagas y por los focos de enfermedades debidas a la presencia de esteros y pantanos. Estas situaciones incidieron en la división de los grupos más importantes con el objeto de formar asientos más reducidos. 4 La posibilidad de delimitar un área guaranítica con cierta homogeneidad se debió a la resistencia de pobladores más antiguos con suficiente capacidad militar para obstaculizar los movimientos de los migrantes. 5 Con el paso del tiempo, las comunidades guaraníticas y las no guaraníticas mantuvieron relaciones entre sí, con intercambios de mujeres, cuñadazgo y planteamiento de alianzas tácticas para la guerra. Estas alianzas en determinados momentos propiciaron concentraciones de varias macrofamilias étnicamente heterogéneas. 2 Haciendo diferenciaciones en alguna documentación entre guaraníes y tapes. Yapeyú, 15 de noviembre de 1627. "(...) por ser todos campos y no haber montes (=bosques), no hay gente labradora". 5 Principalmente Charrúas, Yaros y Guaycurúes. ISSN: 0210-5810 Por todo ello, para entender lo indígena consideramos como punto de partida de este análisis a la situación de las tierras de los cacicazgos antes del contacto, una cuestión compleja de afrontar por las escasas informaciones al respecto. 7 En cuanto a la Provincia Jesuítica del Paraguay, nació como respuesta a la necesidad del Gobierno colonial español, al principio con radicación principal en la ciudad de Asunción, de organizar los territorios de habitación de las parcialidades de etnia guaraní con el propósito de implementar mayor cantidad de encomiendas sobre más extensas superficies cultivadas y definir una frontera, en ese momento ya inestable, con los dominios de Portugal. En el contexto de esa política las reducciones de indios actuarían como presidios o guarniciones de fronteras, pero los jesuitas le dieron un carácter diferente, acordando la exclusiva dependencia de los indios con respecto al rey. 8 En este contexto fue en el que la Compañía de Jesús interpretó que los indios podrían, en forma mediata, integrarse a la sociedad colonial como ciudadanos y, como condición fundamental para ello, deberían ser los dueños de sus tierras. Después de la decisiva batalla de Mbororé 9 contra los Bandeirantes, se produjo una reorganización espacial que decidió la ubicación definitiva de muchos de los pueblos. Los territorios de los asentamientos tuvieron mayor continuidad entre sí. Desde la margen derecha del río Paraná hasta la margen izquierda del río Uruguay se fueron relocalizando hasta conformar, fundamentalmente con colonias desprendidas de sus pueblos originarios, la Macro-región misionera. Al respecto la documentación del Archivo General de la Nación, de Argentina, referente a los litigios por tierras entre varios pueblos, menciona la situación de algunos cacicazgos y las tierras de los antepasados, en las áreas sujetas a los dictámenes de los jesuitas. En ese sentido, para atender a la cuestión del dominio del territorio en la etapa, es fundamental tener en cuenta el Derecho Natural de la comunidad, una concepción ya discutida e implementada pero puesta en práctica en el área por los sacerdotes jesuitas, y los sucesivos desplazamientos de cada asentamiento. Con estos datos es posible desentrañar también, si lo hubo, el tras- 7 Furlong, 1965, p. El padre Juan de Escandón SJ al procurador general Carlos Gervasoni. Córdoba, 9 de mayo de 1756.; "(...) cada cacique tenía su diversa porción de tierras cercanas al pueblo, para sus sementeras y las de sus vasallos; las cuales tierras se les daban sus propios dueños (que eran los que estaban allí antes de la fundación de la nueva reducción o pueblo)". 9 La batalla se libró en 1641, triunfando sobre los Bandeirantes los indios de las Misiones dirigidos por los jesuitas. LA MICRO-REGIÓN: LA CARTOGRAFÍA POR LA INTERACCIÓN JESUÍTICO-GUARANÍ paso que realizó cada comunidad de su Derecho Natural a otra que posteriormente se radicó en ese lugar durante las idas y vueltas de las relocalizaciones de los pueblos. 10 Los litigios fueron manejados en algunos momentos por las autoridades coloniales -la más amplia intervención fue la del oidor y gobernador Blázquez de Valverde-11 y en otros decidieron los padres provinciales de la Compañía de Jesús. En la mayoría de los casos, esta última alternativa no fue confirmada por las autoridades civiles. Hacia 1680 una nueva expansión dada por el crecimiento demográfico incitó al planteamiento de litigios que tardaron muchos años en subsanarse. Justamente después de la expulsión de los jesuitas las autoridades coloniales se aprovecharon de la falta de resolución de los conflictos y la ausencia, sospechosa, de mapas y documentos para tomar decisiones sobre los territorios misioneros que no favorecieron a los indios. En cuanto a la problemática de la organización jesuítico-guaraní del territorio misionero con respecto a la de los pueblos de La Cruz y de Jesús, elegidos por sus particularidades, los procesos de conformación de los territorios de ambos asentamientos se iniciaron en diferentes etapas del proyecto misionero. La idea es realizar un análisis comparativo señalando la influencia jesuítica y la presencia indígena en las cuestiones más relevantes. Si tomamos el año 1609, data de iniciación del proceso de fundación de los pueblos misioneros, como punto de comparación se observa que el asentamiento inicial del pueblo de la Asunción, posteriormente La Cruz, tuvo como fecha de fundación el año de 1630. En el caso del pueblo de Jesús su primer asentamiento estuvo datado en 1685. Esta ubicación cronológica señala que ambos pueblos debieron insertarse en una organización espacial misionera previa, por lo que necesariamente tuvieron que convivir con una cantidad de pueblos originarios dueños del territorio de su asentamiento urbano y, a la vez, con otros pueblos relocalizados, o sea traslada- 10 Furlong, 1965, p. 22. "(...) porque en cada uno de estos pueblos o Reducciones había 15, 20, 30, y a veces más parcialidades o caciques con sus vasallos, sucedía inevitablemente a veces, que las tierras de un pueblo estaban interpoladas con las de otro, según el paraje de donde habían venido los de cada pueblo. Y como esta interpolación de tierras, que se destinaban para estancias del ganado que cada pueblo tenía, o esperaba tener, era preciso que causase alguna confusión, los mismos pueblos por consejo y dirección de los Padres Misioneros, hicieron allá su hermanable división de tierras, la que después confirmaron, y aún alguna otra hicieron de nuevo los reales ministros que a aquellas Reducciones pasaron con poder de Su Majestad como pasó el Señor Oidor Don Juan Blázquez Valverde, el año de 1657". 11 Archivo General de la Nación, Argentina (en adelante AGNA), Sala IX, 22-8-2. NORBERTO LEVINTON dos desde su primer asentamiento. 12 La principal consecuencia de estos hechos fue la perfecta o imperfecta ubicación de cada micro-región dentro de la trama espacial de la macro-región misionera, la que se fue definiendo más ajustadamente con el paso del tiempo. 13 Veremos que el manejo de estos conceptos básicos es fundamental para cumplimentar este artículo. En él, se pretende describir el proceso de la configuración de lo que hemos denominado la micro-región de La Cruz y de Jesús. Al respecto, entendemos que cada micro-región, o sea el territorio correspondiente a cada centro urbano, fue organizado y determinado históricamente por la interacción jesuítico-guaraní. La hipótesis del trabajo es que esta interacción aparece expresada en la cartografía pertinente, especialmente por la expresión en los dibujos de un particular planteamiento de la relación entre espacio y tiempo. 14 Para todo ello, es esencial la comprensión del lenguaje y del alcance simbólico de las representaciones cartográficas. La micro-región de La Cruz Proceso histórico desde la fundación hasta la ubicación definitiva Durante 1629, junto al río Uruguay, se fundó el pueblo de Asunción del Acaraguá. 15 Una Carta Anua explica en el capítulo dedicado a la Reducción de la Santísima Virgen de Acaraguá que En razón de esta situación, debido a las dos epidemias consecutivas, sólo quedaron 580 habitantes. Por ello se integraron a este pueblo todos los indígenas de la reducción de Jesús María que huyeron de la invasión de los Bandeirantes. Durante esta etapa, parte de la reducción funcionó como un baluarte defensivo estructurado entre el arroyo Acaraguá y el cerro Mbororé. Por ello, la toponimia del asentamiento tuvo ambas designaciones. (...) está situada esta reducción al extremo norte entre las reducciones colocadas al margen del río Uruguay, como puesto avanzado contra las invasiones de los lusitanos. Es como el centinela que briosamente espera al enemigo paulista con sus auxiliares indios.17 Asimismo, la Carta Anua de 1641-1643 habla especialmente de la Reducción de La Asunción del Mbororé,18 porque en esta zona se libró en esos años la decisiva batalla contra los Bandeirantes, pero todavía no informa de ninguna relocalización. Tampoco se recoge en la Carta Anua de 1644, donde se menciona a la Reducción de la Asunción de la Virgen sin especificación del topónimo del asentamiento. 19 Es en esta etapa cuando, justamente, se produjo la relocalización del pueblo, pues una Carta Anua dice que fue entre 1645 y 1646. 20 Inmediatamente, parece que el lugar no resultó satisfactorio y se decidió integrar a esta comunidad con los yapeyuanos. La Carta Anua de 1652 ya sitúa a los cruceños en la periferia de Yapeyú. Pero, (...) se aprovechan los de Mbororé de ello (...) se les han construído casas y labrado la tierra para que siembren y cosechen... 21 Evidentemente, este proceder se debió a una cuestión estratégicomilitar de los jesuitas. Una vez disuelta la amenaza de los Bandeirantes y debido a la situación aislada del pueblo de Yapeyú y su escasa población, se decidió reforzar el frente de la frontera con los indios charrúas, ubicando allí una comunidad misionera aguerrida y especialmente entrenada para estas lides. En el curso de este mismo año de 1652 le fueron adjudicadas a Yapeyú, por el gobernador Blázquez de Valverde, extensas tierras en la Banda Oriental teniendo en cuenta la nueva escala humana derivada de la unión de ambas comunidades. Pero la unificación entre los dos pueblos se mantuvo sólo hasta 1657.22 Como no se logró entablar una buena relación entre sus cacicazgos, en este año se separaron las comunidades ubicándose Asunción del Mbororé, a partir de ahora La Cruz, en un lugar próximo y a una distancia de 5 leguas. Un informe especifica que (...) la doctrina y pueblo de nuestra Señora de la Asunción del Acaraguá y por otro nombre del Bororé tiene más de trescientas familias (...) últimamente se retiró a otro puesto más sano y seguro, está junto a la reducción del Yapeyú cinco leguas. 23 El nuevo asentamiento, independiente, cumpliría con Yapeyú una función defensiva similar a la asumida en el norte por la relación entre los dos enclaves de La Cruz en Acaraguá-Mbororé. Un indicio de ello sería la construcción de una muralla en todo su perímetro. Para darle su autonomía al pueblo de La Cruz fue necesario que los yapeyuanos les otorgasen parte de las tierras de su propiedad ubicadas en la banda occidental. Si analizamos la integración de los cacicazgos participantes en la fundación de Yapeyú es evidente que esta comunidad tenía un derecho natural, llamado Derecho antiguo, sobre las tierras de la banda occidental hasta el arroyo Aguapey. 24 En este caso hubo una donación; así se designaba el procedimiento en los documentos, de una comunidad a la otra25 y la cesión, en general, no generó de por sí posteriores litigios. En cambio, con respecto a las tierras de la banda oriental se planteó sobre determinada zona delimitada por el arroyo Tembetari un litigio que se extendió a lo largo de muchos años. La cuestión, durante la etapa jesuítica, tuvo complicada su resolución especialmente desde 1663 hasta 1700, porque fue cuestionada la donación por diversos sacerdotes. 26 Según lo señalado en varios documentos, se centró la discusión sobre la problemática de que los indios de Yapeyú hubiesen o no estado totalmente compenetrados del significado de la donación de las tierras. Uno de los jueces analizó el hecho de que por haberse integrado a Yapeyú parte del gentío de la efímera fundación del pueblo de Candelaria del Ibicuy, los yapeyuanos también tenían derecho natural a extensas tierras en la Banda Oriental. Pero se terminó aseverando que esto regía desde el Ibicuy hacia el sur, pues en uno de los alegatos se consideró que las tierras desde el río Ibicuy hacia el norte no tenían dueño y podían otorgárselas al pueblo de La Cruz. En ese mismo escrito se reforzó la resolución argumentando que este área estaba en la misma línea del centro urbano de La Cruz y por lo tanto las tierras inmediatas le correspondían a este pueblo por configurar el ejido del centro urbano. Con respecto a las que estaban más hacia el norte también les correspondían a los cruceños por haber sido "conquistadas del enemigo". 27 Para el autor del texto en el que se analiza el origen del diferendo, no era una cuestión de Derecho Natural sino un problema devenido de la pérdida de ganados al efectuarse sin control el pasaje de vacunos de las tierras de un pueblo a las del otro. 28 Finalmente, la sentencia estableció que había sido válida la donación de los yapeyuanos29 y que las tierras les correspondían a los cruceños. En este sentido, una de las resoluciones emitidas, la del provincial Frías, expresa claramente que "(...) los jueces fueron señalados para poner linderos" y, fundamentalmente, que se tendría que haber juzgado por el derecho de la posesión. Para este sacerdote esa era la "(...) primera regla de justicia, que indubijo melior est conditio possidentis". A pesar de la resolución, este área limítrofe volvería a ser objeto de litigio después de la expulsión de la Compañía de Jesús. En febrero de 1769, el teniente de gobernador del Departamento de Yapeyú afirmó en una carta que (...) este de Yapeyú sólo tiene un título dado por un Padre de la Compañía y no habla de aquel paraje sino de la otra banda del Ibicuy y el Ibirapuita guazu. 30 El asunto había sido resucitado por el administrador Gregorio de Soto. El Cabildo yapeyuano aseguró que (...) los montes [del área litigada] son los únicos que tenemos nos vemos precisados a comprar maderas y cañas para nuestros edificios. 31 A su vez, el administrador justificó esta acción diciendo que (...) es cierto que quitando dicho terreno a este Pueblo en todo el que le resta no tiene de donde sacar un palo para la reedificación de sus habitaciones como ni tampoco para la Santa Iglesia que por instantes amenaza ruina. 32 Zabala impuso su autoridad y solucionó rápidamente el conflicto. En su informe reconoce que el Pueblo de La Cruz tenía la "(...) posesión de más de cuarenta años" y que los yapeyuanos sólo contaban con un título, dado por un padre de la Compañía, que no estaba referido a aquel paraje. 33 Ante tales circunstancias, por razones políticas, 34 decidió en su veredicto establecer como "común y realengo" al sector "desde el Tembetarí hasta enfrente del Ibipitá [unas 7 leguas] (...) para que estos dos Pueblos puedan cortar las maderas y cañas". 35 Este funcionario aprovechó las circunstancias para mostrar las bondades del nuevo sistema de gobierno. 36 La misma tónica se advierte que fue implementada en el litigio entre el pueblo de La Cruz y el de San José por el área montuosa denominada Mangaratí. 37 Este acuerdo seguramente figuraba en alguno de los mapas que formaban parte del inventario realizado en el Archivo del Cabildo de San José algunos años después. El documento menciona todos los instrumentos legales con que contaban sus autoridades indígenas:39 -Dos mapas de las tierras de este pueblo y el de La Cruz -Un mapa de los montes, ríos y tierras linderas del pueblo de San José con el de los Santos Mártires -Otro mapa de las tierras del Pueblo de La Cruz -Un mapita de los términos de las estancias de este Pueblo y de otro en el Aguapey. Hacia 1784 existía en el Archivo de Candelaria "un mapa en Pergamino de las tierras de Yapeyú y La Cruz" que, con certeza, es uno de los que vamos a analizar. Hubo varios elementos que se utilizaron para definir los límites de las micro-regiones. Fue común la instauración de tres cruces, el uso de zanjas o fosos y el apoyo en accidentes geográficos como ríos o cerros. 41 La metodología establecida, por diversas razones, sufrió alteraciones en el transcurso del tiempo. Pero la simbología siempre tuvo un papel destacado en la discusión de las propiedades y ajenidades planteadas en cada litigio. Un ejemplo paradigmático de lo que aparece en la cartografía es el del sistema de la "libreta de apuntes", pensamos que puesto únicamente en práctica por el sistema cultural misionero. El primer mapa a analizar se encuentra en un inventario correspondiente al pueblo de La Cruz. Se trata de un (...) papel [que] de nota las dos vaquerías que hicieron los Naturales de este Pueblo en los años de mil setecientos cuatro y mil setecientos siete en los campos y rincón del Caraguataí y Tacuarembó. 42 Como hubo una discusión sobre ese ganado con otros pueblos, este "papel" [mapa] fue guardado y conservado en el Cabildo de La Cruz. Según el gobernador militar Francisco Bruno de Zabala fue "(...) heredado de sus antepasados por tradición e informe de las tierras que poseen". Y agregó "(...) que se conserve en el Archivo de Cabildo y se saque en copias de él autenticadas". 43 En el mismo legajo se encuentra otro mapa más importante. Sabemos -está escrito en la parte posterior-que el 10 de septiembre de 1784 los cruceños lo presentaron a una requisitoria del Gobierno de Buenos Aires. Evidentemente, en su origen no era un mapa hecho para tal propósito, sino que venía de la época jesuítica. En el legajo donde está el mapa hay un Inventario del pueblo de La Cruz desarrollado en 1784. En dicho documento aparece, como antecedente y documento base, un escrito del padre Dombidas correspondiente a 1688. Allí se determina una línea limítrofe progresiva basada en letras. 44 Estas letras están en el mapa que estudiamos. Esto quiere decir que el mapa pudo haber servido a los cruceños, por lo menos, desde 1688 hasta 1784 o, en todo caso, existió una serie de mapas sucesivos en los cuales se fueron agregando diferentes inscripciones. Coincidimos con el historiador Julio César González cuando dice que se confeccionó en 1784 "(...) sobre un original, sin duda alguna, de origen jesuita". Firman las autoridades del Cabildo. Figura el capitán o cacique que realizó la vaquería y el número de reses que formaron parte de la misma en un dibujo de la zona donde se realizó. Toda la documentación fue autenticada por las autoridades del Cabildo el 10 de septiembre de 1784. Inventario de los Bienes Comunes del Pueblo de Indios Guaraníes nombrado La Cruz. Año de 1784. "(...) para que en ningún tiempo nadie les moleste ni inquiete su pacífica posesión digo y declaro por términos de la estancia de la otra banda del Uruguay donde tienen sus vacas y se llama el Itaquí comenzando el término de dicha estancia desde la otra banda del Uruguay corre hacia el oriente y llega hasta el A Ibiptia Mirí (...) por un cerrillo costado desde el B "(sigue). En el ángulo inferior derecho de este mapa, cuyas dimensiones son de 77x56cm, se inicia una leyenda que luego continúa a la vuelta, que dice así: "Está conforme al original que para en el Archivo de este Pueblo al que en todo tiempo nos remitimos y para que conste haya la debida fe lo firmamos en el Pueblo de la Cruz a catorce de septiembre de mil setecientos ochenta y cuatro años. Nada nos dice de la antigüedad del original pero observando la reproducción de esta copia de 1784, se advierte que figuran marcadas capillas, ríos y arroyos tributarios que denotan conocimiento amplio del terreno". Nuestra idea es que, para cumplir con el trámite, si se corrigió algo en este último año sólo puede haber sido el trazado del límite entre los pueblos de La Cruz y Yapeyú, correspondientes a la Banda Oriental del río Uruguay, un litigio con la última acción conocida desarrollada en 1769-1770. Está claro que el propósito fundamental del mapa siempre fue mostrar los límites del territorio de los pueblos que figuraban allí, o sea de la respectiva micro-región. 46 González sugiere que el mapa pudo haberse traspapelado al haberlo encontrado entre papeles correspondientes al pueblo de Mártires. Pero, encontramos un documento que señala el desarrollo de un litigio en el que tuvo que ver este último pueblo y en él pudo haberse utilizado este dibujo. 47 Evidentemente, fue un instrumento funcional para varios conflictos. Como explicamos ut supra, esto era algo acostumbrado y los instrumentos debían estar a la mano. 48 Todos los documentos, especialmente los mapas, normalmente se copiaban para diferentes requerimientos y trámites. González duda del grado de la intervención de los indios en su preparación. Coincidimos con este autor en que el dibujo básico fue realizado por un jesuita. Hay demasiados comprobantes de la autoría de diversos mapas por parte de diferentes sacerdotes, especialistas o no en el tema. 49 Estos ejecutores emplearon instrumentos que exigían estudios de topografía, geodesia y matemáticas. Pero, estamos convencidos de que los indios utilizaron la trama básica para diversos trámites, la copiaron varias veces y le escribieron encima. Este mapa también funcionó como "libreta de apuntes". Obsérvese a un costado del río Miriñay una anotación con la fecha 1753 en guaraní. Asimismo hay varias frases, también en guaraní, con la fecha de 1716, y 46 Ver el trabajo de González donde se describe el legajo que incluye la petición de las autoridades de Buenos Aires y la respuesta de varios pueblos. San Borja, 26 de noviembre de 1769. "(...) lo practiqué estos días aprobando una composición que hicieron los del Pueblo de Santo Thomé por solicitud mía con el Pueblo de los Mártires". Inventario del pueblo de La Cruz correspondiente al año 1789. "(...) Papelera con dos divisiones y dentro el Real Estandarte, un Libro de Acuerdos, Papeles de elecciones, Confirmaciones, Títulos y algunos Mapas". 49 Furlong, 1945, pp. 87 NORBERTO LEVINTON cerca del límite oriental de la micro-región de La Cruz inmediata a la línea fronteriza se distingue la clásica cruz. Pero, fundamentalmente, es impresionante la riqueza de los datos que aporta. Están marcados los límites de los territorios de varios pueblos y las estancias de otros, como una de Mártires y otra de San Joseph, discontinuas con los territorios de ambos asentamientos. En estos casos, había una servidumbre de paso perfectamente establecida. Además el mapa presenta una amplia simbología, como las pequeñas manchas asemejando pisadas, atribuibles especialmente a la denotación de picadas para el manejo del ganado. Por eso también figuraban los pasos de los ríos y los abrevaderos. Asimismo, llama la atención la fina descripción de las Iglesias, como referencia particular, quizás para destacar el carácter del pueblo. En estos pequeños edificios se denotan sus transeptos y cúpulas, diferenciándose netamente los que carecían de estas complejas resoluciones arquitectónicas, seguramente más antiguos. La micro-región del pueblo de Jesús Proceso histórico desde la fundación hasta la formación del último asentamiento (sólo parcialmente utilizado) La documentación histórica sobre el proceso de formación del pueblo de Jesús reseña el área como habitada por indios guaraníes llamados monteses. Estos fueron denominados de tal manera por haberse mantenido la organización de un nuevo asentamiento misionero. Al año siguiente tuvo su primer traslado a un lugar bastante lejano, siendo la causa de ese cambio la amenaza de ataques de indios tupíes. El sitio fue denominado Jesús del Ibarotí. A pesar de todo el esfuerzo invertido en 1690, los jesuitas se volvieron a trasladar al área comprendida entre el arroyo Mandiisoby y el Capiibary. 52 La carta que explica el proceso de traslado describe la solidaridad de los indios de otros pueblos para resolver la producción agrícola necesaria para el alimento del gentío y las construcciones mínimas indispensables. Un aspecto importante de esa solidaridad fue la cesión de tierras efectuada por el pueblo de Corpus, originario de ese lugar, en tres momentos diferentes. 53 El nuevo pueblo quedó dispuesto en 1691 y tres años más tarde -1694-los jesuitas recibieron otra cesión de tierras realizada por los pueblos de Corpus e Itapua. 54 A su vez, en 1712, estos religiosos cedieron tierras para la configuración de la micro-región del pueblo de Trinidad. 55 El asentamiento de la reducción de Jesús estuvo en ese lugar hasta 1714. "Aceptación por parte de la Compañía de Jesús de la conversión de los indios infieles monteses" ante el obispo del Paraguay fray Faustino de Casas. Documentos del Archivo del Pueblo de Jesús presentados como Testimonio en el año 1784 para el litigio con el Pueblo de Yutí. La autoridad civil, el gobernador del Paraguay Antonio de Vera Múxica, firmó el Auto de 1685. Carta al provincial firmada por el padre Jerónimo Delfín. 20 de septiembre de 1690. "(...) el paraje es el mejor que hay en las doctrinas, entre dos arroyos y tan capaz que una Sevilla se podía fundar, muy alegre y coronado de montes, está a 4 leguas del Paraná, no tiene hormigas, diez lomas están todas a la vista unas de otras cualquiera de ellas la mejor para el Pueblo, al Padre Superior le agradó más esta". "Memoria de los Títulos, pertenencias de tierras, Pleitos y otros papeles correspondientes a estos Pueblos que quedan en el archivo de esta Capital (Archivo de Candelaria). "Licencia para mudar el Pueblo de Jesús del Ibarotí adonde está ahora por el Gobernador del Paraguay Don Francisco de Momforte en diecisiete días del mes de noviembre de mil seiscientos y noventa años". 53 AGNA, Sala IX, 10-7-4. "(...) en veintidós del mes de mayo del año de mil seiscientos y noventa el Corregidor del Pueblo de Corpus Antonio Abaró, el Teniente Ignacio Chips y todo el Cabildo, Alcaldes y Regidores con los Caciques de dicho Pueblo a petición del Padre Superior Salvador de Rojas damos espontáneamente y graciosamente a los del Pueblo del Jesús para su nueva fundación las tierras que de la otra parte del Paraná tenemos y gozamos como señores legítimos suyos por haber sido de nuestros padres y Abuelos que son las tierras, campos y montes que están de la otra banda del Arroyo que llaman Capiibary aguas abajo hasta el Paraná y aguas arriba hasta el Paraje llamado Mbaéporomocó 54 AGNA, Sala IX, 6-10-5. Jesús, 4 de noviembre de 1762. "(...) señalar todas las tierras que el año de 1694 el Corpus e Itapua dieron al Jesús". Pero sobre todo en lo que principalmente estriba y alega este Pueblo como razón única y principal es la Cruz de división de tierras de estos dos Pueblos Trinidad y Jesús, la que levantó el Padre Sebastián Ramírez SJ en concurrencia y a vista de los dos Cabildos trinitario y jesuato, el año de 12 cuando el Jesús dio sus tierras a la Trinidad". En 1715 se dio inicio a otro centro urbano ubicado al occidente del arroyo Capiibary. Al año siguiente se planteó un litigio con el Pueblo de Yutí por la Estancia del Ñuguazú, que resultó en la celebración de un convenio. 56 Durante esta etapa los jesuitas, por alguna razón que desconocemos, cuando era cura de la Reducción el padre Bernardo Nussdorffer, plantearon la necesidad de un nuevo traslado. La mudanza del Pueblo se suspenderá por el desconsuelo que tienen los Indios en hacerla; pero no por esto se dejarán de hacer casas para los Indios como hasta ahora se ha hecho. 57 Pero dos años más tarde otro memorial sugiere el corrimiento del asentamiento a un lugar próximo. Antes de emprender la obra de la plaza y lo demás en el sitio señalado, se registrará la loma por las personas que yo señalare para que vean si se ofrece alguna dificultad, la cual se me propondrá si la hay. Luego, nuevamente se trasladaron a otro enclave que terminó siendo, debido a la expulsión de la Compañía de Jesús, el asentamiento definitivo. Durante 1755 el pueblo de Jesús le compró tierras al del Yutí, transacción que fue establecida por un título legal. Al año siguiente se realizó otra transacción similar confirmada por escribano público. 59 Unos años después se intentó disponer de otro sitio para el pueblo, infructuosamente, en una altura muy próxima. En este lugar, llamado Jesús del Tavarangüe, se construyó la iglesia, el colegio y varias viviendas. La mayor parte de las construcciones no se terminaron. Cada sector de edificios alcanzó un grado de avance diferente. En febrero de 1760 se inició un pleito entre Jesús y Trinidad por la posesión de la Calera de Itaendí. Según el cura de Jesús, padre Juan Antonio de Rivera, el motivo era la construcción de la nueva iglesia de Trinidad. 60 Lo cierto es que después de que los sacerdotes intervinientes como jueces decidieran darle la razón al pueblo de Jesús, el cura de Trinidad volvió a plantear el pleito aduciendo que tenía nuevos elementos de prueba. Una carta escrita por el padre Rivera revela que se hizo una investigación histórica para sustentar los dichos. 61 Este sacerdote afirma que (...) advierto a VRa como el Padre Quintana (uno de los jueces) después que vio y supo como el Padre Astudillo no era Cura el año que dicen los Itapuanos haber dado estas tierras, me dijo en su Pueblo que lo que antes había dicho a favor de la Trinidad, ya no lo decía. Pero lo más interesante para este trabajo, es que aparecen en el mapa de Jesús varios de los datos que refuerzan estos comentarios. En 1763 se volvió a recrudecer el conflicto con el pueblo franciscano de Yutí por la posesión de los yerbales. En la mayoría de los casos de pueblos que se dedicaban a la recolección de este producto nunca el Gobierno colonial les había otorgado la propiedad de yerbales naturales. A lo más, se les concedió una tenencia provisional vinculada con la antigüedad del uso. Pero este caso era diferente porque los yerbales estaban ubicados en áreas que habían sido habitadas por los jesuitas. Al respecto, expresó el padre Rivera: Lo que yo suplico con todas veras a VRa es el que se haga lo posible para que este pueblo no pierda los famosos Yerbales de sus tierras originarias". 62 Por los intereses en juego, la marcha del asunto en los tribunales de Asunción, en donde había intereses contrarios a los jesuitas, se vio comprometida. 63 En este mismo año salió la sentencia definitiva del pleito entre los pueblos de Jesús y Trinidad. Jesús, 15 de octubre de 1761. "(...) las tierras que este Pueblo de Jesús está poseyendo desde el año de 1690 (...) hace al Jesús en pago de haberle dado este sus tierras cuando el año de 1711 vino aquí la Trinidad". Carta dirigida al padre visitador Nicolás Contucci. Carta al padre visitador Nicolás Contucci. 63 Ibidem, Jesús, 14 de enero de 1765. "(...) le doy a VRa las gracias por las diligencias sobre los Yerbales de este Pueblo; si bien me temo y no sin fundamentos el que a buenas no conseguiremos nada". NORBERTO LEVINTON tes de Jesús a la Calera de Itaendí. 64 Todo el conflicto terminaría con la colocación de los mojones para delimitar las tierras. 65 Al año siguiente, se recrudeció de nuevo el conflicto por los yerbales. Según el padre Rivera, la gente del Yutí estaba patrocinada por españoles de Villa Rica, comercialmente interesados en el producto. 66 El cura de Jesús realizó un erudito y sustentado escrito jurídico en 1765 sobre los derechos de ese pueblo. El padre Rivera, defendiendo enérgicamente a su gente, criticaría un año más tarde la falta de la debida atención del caso por parte de las autoridades de la Compañía de Jesús. 67 Después de la expulsión continuó el litigio durante largo tiempo. 68 Una carta del gobernador militar de Misiones, Francisco Zabala, se ocupó del tema en 1777 69 y otra carta fue escrita por el cura del Yutí en 1780, 70 acusando a los jesuitas de haber cambiado la toponimia. En la primera parte del mapa llama la atención como se señala la ubicación de la primera fundación del pueblo de Jesús. Allí los jesuatos, como se designaba a los habitantes de Jesús, estuvieron sólo un año. En esta carta, dirigida tmbién al padre visitador Contucci, el cura de Jesús aclara los alcances de la sentencia a su favor. Dice que los Jesuatos (habitantes del pueblo de Jesús), por complacer al Padre Contucci, cedieron al pueblo de Trinidad "las tierras que vienen desde el desemboque del Capiibari Guazu en el Paraná hasta dicho Pueblo de la Trinidad. Le da también los campos llamados el Yataiti, que el año de 94 Itapua había dado al Jesús. Y a estas tierras añade una rinconada bien capaz, la que junta con las antecedentes son superabundantes para los ganados que la Trinidad puede mantener en su Pueblo. Y esto sólo por hacer bien y por mediar el empeño de VRa". 65 Evidentemente, no fue iniciado el mapa en esa época. 71 Hacia la izquierda de esta parte del mapa aparece un dibujo correspondiente al segundo asentamiento de 1686. Figura allí la referencia "Pueblo antiguo de Jesús del Ibarotí", otro indicador de la época de la hechura por la designación "antiguo". Alrededor del mismo, el dibujo de la extensión precisa de las primigenias tierras de las chacras pertenecientes a cada cacicazgo de Jesús da pie a suponer que este mapa se basó en uno más antiguo. Es interesante ver que varias veces más aparece el rótulo "donde habitaron los del Jesús", siempre con la letra chica, junto a los lugares referidos como yerbales del Jesús. Esto lo refrenda la minuciosa enumeración de los años de recolección de yerba realizada por la gente de Itapua. Más abajo, aparecen los nombres de los padres Dáttilo y Arce. Al respecto, Furlong destaca en su Cartografía 72 que: (...) el singularísimo mérito de esta pieza reside en ser obra de un indio, como se comprueba por la caligrafía típica de los indios de las Reducciones, por las múltiples frases totalmente en idioma guaraní y por usar la expresión Pay Joseph Arce, Pay Hypólito Dactilo, al consignar la localidad donde fueron muertos estos misioneros. Enseguida, el mismo autor menciona que por el nivel de información del mapa es posible inferir que se compuso a principios del siglo XVIII. Estas afirmaciones ahora son materia de discusión porque pudimos encontrar otras dos partes del mismo mapa. 73 La mayor dificultad fue entender las diferentes letras escritas sobre el documento y la traducción de esas inscripciones. Es fundamental saber que los padres Arce y Dáttilo estuvieron en el pueblo de Jesús casi inmediatamente después del momento de su fundación. Fueron dejados a cargo del mismo por el padre superior Francisco de Rojas y por el cura Jerónimo Delfín hacia 1686, en el asentamiento del Ibarotí. El padre Hipólito Dáttilo murió el 6 de septiembre de 1708 en Córdoba. Pocos años más tarde, en 1715, falleció el padre José Francisco Arce por acción de indios Payaguás en la zona de Pataguá (cercana al río Paraguay en camino desde los Chiquitos). 71 El documento "Razones sobre el derecho..." cita la obra del padre Francisco Xarque que fue editada en 1687. En el catálogo figura con el número 16 y su encabezamiento dice: "Mapa compuesto por un indio guaraní y en el que se consignan las estancias de algunas reducciones". 73 Esto pudo ser posible por una gestión llevada a cabo por el padre Rafael Carbonell de Masy SJ. ISSN: 0210-5810 En el mapa aparece el nombre de ambos y una cruz en lugar cercano a donde estaba el asentamiento del pueblo de Jesús en el momento del fallecimiento del último de los nombrados. O sea, que se trató de un homenaje in memoriam de su buen proceder como curas de la reducción. Un aporte a la identidad y a la memoria histórica de los jesuatos. Por eso, podemos decir que, en esencia, la existencia de la letra más pequeña corresponde al uso del plano como una "libreta de apuntes" y la letra más grande y en color rojo pertenecería a la toponimia básica. Esta rememoración tiene que ver con los litigios que sostuvo el pueblo de Jesús con el del Yutí por los yerbales. Dice en un documento referente a este proceso que las "tierras las reconoce por suyas por haber sido de sus progenitores". Esto significaría que el autor de esa letra recogió todo el conocimiento histórico de la memoria de los religiosos de la Compañía. Dice el documento de 1765, refiriéndose a las tierras y yerbales, que el pueblo de Jesús: (...) las ha poseído y defendido desde su primera fundación que se hizo más ha de 80 años, son todas las del Monday, Ibarotí, Piray, Uruguay (un río que entra al Paraná por el norte), Yaguy y Guirapoy. Y la razón es porque en todos estos parajes vivieron como en tierra propia. 74 Así, podemos afirmar que la hechura del mapa corresponde indudablemente a 1765. 75 Pero esto no quita que se haya basado en piezas cartográficas más antiguas. Es posible afirmar que en los mapas, independientemente de los datos políticos, físicos y de la toponimia, se anotaron diversos acontecimientos de importancia en la historia del pueblo. Estas informaciones, seguramente vitales para cada comunidad, las relacionamos con el concepto filosófico de tiempo que Meliá atribuye a los guaraníes. (...) con los guaraníes se puede construir con relativa facilidad un modelo tridimensional que ensambla en el mismo conjunto prehistoria, historia y modernidad. 76 Algo similar plantean Viveiros de Castro y Carneiro da Cunha sobre la cultura guaraní cuando analizan la cuestión del concepto de tiempo para los indígenas. 77 Pero es Chamorro quien más desarrolla esta categorización cuando se refiere al "permanecer delante del objeto" o al "tiempo reducido". 78 Así como en los cantos, analizados por esta última investigadora, las aposiciones eran figuras que ordenaban la secuencia de ideas y establecían conexiones "(...) entre episodios (diversas fiestas), tiempos (pasado y presente) y personajes (rezadores actuales del plano histórico y héroes culturales del plano mítico) confundiendo los tiempos, los planos de realidad y la identidad de los personajes"; de una manera similar se presentaron a nuestra comprensión los escritos esparcidos por los mapas. Por eso, cuando Chamorro, en otro trabajo, habla de los ancianos que cuentan "cosas memorables" dice que: (...) la persona que cuenta repite para que lo memorable se quede, para renovar cosas pasadas. Eran tan complejas estas disputas, especialmente por la necesidad de componer una revisión histórica, que en una carta al geógrafo Joseph Quiroga, 82 el padre visitador Nicolás Contucci le recomienda encarecidamente la confección de mapas más exactos: (...) los mapas antiguos están defectuosos, se hace preciso que usted trabaje uno nuevo, ayudándose de las recientes observaciones para corregir los defectos antiguos. Y porque VRa no ha corrido toda la Provincia del Paraguay, ni Chiquitos podrá gobernarse por los antiguos mapas". 83 Después de la expulsión de la Compañía de Jesús, se volvió a procurar darle un carácter definitivo a la configuración de las micro-regiones. Por cuanto en oficio de 16 de noviembre antecedente (...) me pide una relación circunstanciada de la Capital de este Gobierno y de sus Partidos (...) estos 30 Pueblos harán cada uno de por sí sacar con la prontitud y prolijidad de vida copia de los Mapas que existen en los Archivos así del terreno de las inmediaciones del Pueblo como de sus estancias procurando se distingan en ellos los Ríos, Arroyos, Montes y Cerros (...) las leguas que comprende el distrito de él, sus términos y divisiones con los Pueblos inmediatos del contorno.
Educando al buen ciudadano. Las guardias nacionales en la Provincia de Cartagena, Colombia, 1832-1857/ Educating the good citizen. The role of national guard in the Province of Cartagena, Colombia, 1832-1857 Roicer Flórez Bolívar y Sergio Paolo Solano Universidad de Cartagena de Indias, Colombia Este artículo analiza el papel desempeñado por la Guardia Nacional en la Provincia de Cartagena en la formación y educación de los ciudadanos entre 1832 y 1857. Asimismo, se determinan los sectores sociales que integraban esta institución. Se sostiene la idea de que para sus miembros, el servicio de las armas se convirtió en una forma de intervención política más directa, ya que durante ese siglo la ciudadanía se asociaba estrechamente con la participación en las milicias y debido a que la condición de ciudadano activo implicaba el derecho y el deber de pertenecer a ella. De igual forma, la Guardia Nacional se convirtió en un instrumento de sociabilidad y pedagogía política. PALABRAS CLAVES: Artesanos; Guardias nacionales; Ciudadanía; Provincia de Cartagena; Pedagogía. En la década de los noventa del siglo pasado, el tema de la ciudadanía cobró un inusitado interés para los historiadores. Diversas corrientes historiográficas sugirieron novedosos enfoques revisionistas y se enmarcaron dentro de la temática general de revalorar la historiografía política en Latinoamérica. 1 Lo anterior llevó a que un grupo de historiadores estudiara la forma en que los sectores populares hicieron uso del ideario liberal republicano, en especial del concepto de ciudadanía, para proteger sus intereses y los de sus comunidades. 2 Otros han investigado el proceso de construcción de la ciudadanía en los diferentes países de América Latina y los problemas que enfrentaron a lo largo del siglo XIX los nuevos Estados para llevar a cabo dicho proceso. 3 Una rápida mirada a la historiografía sobre el tema muestra que el grueso de las preocupaciones se ha concentrado en el tema de las prácticas del voto, es decir, se ha reorientado el análisis hacia el electorado revalorizando su composición y su papel en la política. Dentro de esta línea revisionista existe un creciente interés en identificar con mayor precisión sus valores y aspiraciones y en determinar hasta qué punto supo sacar ventaja del poder que le confería el voto. 4 En el caso de Colombia su historiografía no ha sido ajena a estos cambios, lo que se evidencia en el número creciente de estudios que analizan las prácticas electorales durante el siglo XIX. 5 De igual forma, también se viene explorando la relación entre sectores populares con la ideología liberal y la ciudadanía. 6 Finalmente, también se ha avanzado en el análisis de las pedagogías republicanas (manuales escolares, catecismos políticos, la prensa, las fiestas y símbolos patrios) como mecanismos que buscaban educar al pueblo en los nuevos valores republicanos y legitimar a los nacientes Estados nacionales. Lo que pretendemos es profundizar en los mecanismos utilizados por los Estados nacionales en la construcción y aprendizaje de la ciudadanía política y uno de los espacios que ha sido objeto escaso de análisis por parte de la historiografía colombiana es el de la relación entre ciudadanía, pedagogía republicana e instituciones militares. Sin duda, al igual que la escuela y los manuales y catecismos políticos, en el siglo XIX las instituciones militares (ejército y guardias nacionales) fueron herramientas utilizadas no sólo en la construcción del ciudadano "ideal" sino en la legitimidad de los Estados nacionales. En ese sentido, en este artículo analizamos el papel desempeñado por la Guardia Nacional en la provincia de Cartagena en la formación y educación de los ciudadanos entre 1832 y 1853. Asimismo, determinamos los principales sectores sociales que integraban esta institución. A lo largo del ensayo defendemos las siguientes ideas: 1) La institución de la Guardia Nacional fue utilizada por el Estado colombiano como una herramienta de sociabilidad y pedagogía política, con objeto de ayudar en la construcción y educación del ciudadano "ideal". En ese sentido, coincidimos con otros investigadores8 acerca de que en el siglo XIX, además de la presión ejercida por amplios sectores de abajo para gozar de la ciudadanía, ésta también fue una construcción desde arriba, jugando los Estados un papel primordial. 2) Al convertirse la patria en el siglo XIX en el nuevo punto de referencia de toda lealtad, la imagen social de los miembros de la Guardia Nacional se vio reforzada por ser, junto al ejército, las principales fuerzas defensoras de las instituciones democrático-liberales. Esto determinó que el servicio de las armas fuera uno de los mecanismos mediante el cual artesanos, negros y mulatos, en la provincia de Cartagena, accedieran al reconocimiento y la valía social de la comunidad. A través del servicio como guardias nacionales, este grupo social logró crear y mantener un espacio político en la sociedad cartagenera de la primera mitad del siglo XIX. 3) Sin embargo, la Guardia Nacional fue una institución que no logró escapar a las realidades políticas y partidarias de la época. Al estar conformada por ciudadanos activos, con derechos a elegir y ser elegidos y primando en la Nueva Granada una ciudadanía de carácter censitario, donde una buena parte de la población estaba excluida del derecho al voto, los ciudadanos de las armas eran una instancia de poder utilizada por los gobiernos de turno, los partidos políticos y las facciones durante las elecciones. Estado republicano, ciudadanía y guardias nacionales Terminadas las guerras de independencia, los nacientes Estados latinoamericanos empezaron el largo y difícil camino de consolidarse como naciones. Guiados por las ideas del progreso y la civilización, las elites de estos países aspiraron a moldear a la sociedad y al individuo en concordancia con la ideología liberal. Para ello, cada una de las Constituciones establecidas en Latinoamérica determinó que el ciudadano sería la figura central de la sociedad y que gozaría de libertades individuales que le permitirían su libre desarrollo y alcanzar la felicidad. No obstante, debían cumplir con unos deberes. El más importante era la lealtad que debían guardar hacia la patria y que se expresaba en la voluntad de sacrificar sus vidas en defensa de las instituciones republicanas y el mantenimiento de la legitimidad estatal. La Nueva Granada no fue ajena a este ideal. Las constituciones políticas de la primera mitad del siglo XIX eran enfáticas en determinar que el deber sagrado de los ciudadanos era la defensa de la patria. Por ejemplo, la Constitución de la República de Cundinamarca de 1812 establecía una relación directa entre gozar de los derechos de ciudadanía y ser soldado. En su artículo 30 manifestaba: "todo ciudadano desde la edad de quince años hasta la de cuarenta y cinco, para gozar de los derechos de tal, deberá inscribirse en la lista militar de la Nación" y la Constitución de la República de Colombia de 1830 también establecía que entre los deberes de los ciudadanos estaba "servir y defender a la patria, haciendo el sacrificio de su vida si fuere necesario". 9 En ese sentido, en palabras de Flavia Macías, el patriotismo expresaba el sentido de lealtad en clave militar, de modo que el servicio de las armas a la nación era entendido como un deber y un compromiso moral de los individuos con el Estado. Este pensamiento delineaba la imagen del "ciudadano armado" materializada en el individuo integrante de la Guardia Nacional, cuya función esencial era la de armarse en defensa de su patria y de su Constitución, actuando como garante del orden interno. En última instancia, el objetivo perseguido por el Estado era incentivar en los individuos las conductas y los deberes cívicos, en especial el patriotismo y la lealtad nacional. Con estas prácticas se buscaba proyectar en la sociedad la imagen ideal del ciudadano "patriota" y "virtuoso". 10 En el caso de la Nueva Granada, en 1832 las elites que agenciaron la remodelación de la República se percataron de la necesidad de tener un cuerpo militar adepto a las directrices constitucionales y que tuviese una orientación no deliberativa. Además, un ejército permanente reducido le garantizaba al Estado un cuerpo castrense de fácil manejo y si éste en algún momento se mostraba beligerante, los cuerpos provinciales (guardias nacionales) podían ser, en un momento dado, una fuerza capaz de enfrentarse a sus compañeros díscolos.11 La milicia constituía el verdadero sistema republicano de defensa del pueblo. El guardia nacional era el ciudadano activo defensor de las virtudes cívicas, como lo puso de manifiesto el presidente de la República en 1840: "La guardia nacional ha correspondido en todas partes al llamamiento del gobierno, y sin distinguirse de los veteranos ha hecho como ellos el servicio militar, y vencidos como ellos en diversas ocasiones. Repetidas veces ha reclamado el gobierno una ley que la organice convenientemente, para que con ella se ponga la República en estado de defender sus derechos y sostener sus libertades".12 Pero ¿cómo se hallaban estructuradas las guardias nacionales?, ¿Cuáles eran sus funciones? Estructura y funciones de la Guardia Nacional Las guardias nacionales tuvieron como modelo a la Guardia Nacional francesa, creada en 1789 en vísperas de la toma de La Bastilla. El objeto de este cuerpo francés era poner la defensa del país en manos de los propietarios, de los ciudadanos activos, como los definió más tarde la Constitución de 1791. Esta Carta Magna, por otra parte, identificaba al ciudadano como el guardia nacional. Solo podía votar quien estuviese en la Guardia. 13 Según José Murilo de Carvalho, esta institución militar fue copiada en la mayoría de los nacientes países latinoamericanos durante la primera mitad del siglo XIX. En Brasil, inicialmente los fines eran parecidos a los de la francesa. Creada en 1831, en medio de grandes agitaciones políticas, la guardia debía servir como protección contra la anarquía que se había adueñado del ejército y contra las revueltas populares que estallaban una tras otra en distin-tas capitales. 14 Además de en Brasil, se organizaron en México, Argentina, Venezuela, Perú, Bolivia, la Nueva Granada y otros. 15 En la Nueva Granada, la Guardia Nacional fue organizada durante la guerra de independencia como consecuencia del bajo número de milicianos existentes. 16 José María Espinosa, autor de la época, resalta que en 1812, "restablecida al fin la calma y organizado el gobierno en Cundinamarca, comenzaron a formarse los cuerpos militares y yo, engolosinado ya con los alborotos, y con la feliz e incruenta campaña del 20 de Julio, tomé servicio en el Batallón de guardias nacionales, del cual me hicieron alférez abanderado". 17 Esta institución sería ratificada en la Nueva Granada por cada una de las constituciones de la primera mitad del siglo XIX hasta el año de 1857, cuando fue reemplazada por las milicias de los Estados Soberanos en los que se organizó el país hasta 1886. 18 Las guardias nacionales eran cuerpos territoriales de defensa no profesionales encargados de luchar contra las agresiones exteriores, proteger la seguridad de la República, sostener su independencia, velar por la conservación de las libertades y mantener el orden público. Ahora bien, nada ilustra mejor el poder de las autonomías regionales en la Nueva Granada como la Guardia Nacional. Si bien estaba conformada por ciudadanos neogranadinos, éstos tenían que defender solamente las fronteras de su Provincia. No era permitido por la ley movilizar a los miembros de la Guardia Nacional a otra Provincia cuando no se encontraba en caso de conmoción interior. Verbigracia, en 1839 el general Joaquín Posada Gutiérrez solicitó la movilización de cincuenta hombres de la Guardia Nacional de la provincia de Cartagena para ser llevados a someter un levantamiento armado en la de Santa Marta. La razón que se adujo para no aprobar esta solicitud fue que "el artículo 69 de la ley orgánica de provincia, señala que de ninguna manera se sacará del cantón para provincia diferente a la guardia nacional y menos cuando no hay tal conmoción interior; hacer lo contrario es quebrantar la ley". 19 En ese sentido, este cuerpo que estudiamos era el reflejo del sutil equilibrio entre las ciudades, localidades, etc., y el poder central, mostrando el poder local del monopolio del reclutamiento y el control político de la población. En cada Provincia estaban a las órdenes de su respectivo gobernador, quien las llamaría al servicio en los casos que determinaba la ley, o cuando el Poder Ejecutivo lo ordenara con acuerdo del Congreso o del Consejo de Estado en receso de aquel; o sin estos requisitos, para actuar dentro de la Provincia, en caso de conmoción súbita o de invasión exterior repentina. Por otro lado, cuando los individuos de la Guardia Nacional estaban en servicio, quedaban sujetos a las ordenanzas militares, lo que significaba que si estaban en campaña eran juzgados por las ordenanzas del ejército; pero estando de guarnición solamente lo serían en los delitos puramente militar. Se entendía que se hallaban en servicio cuando estaban acuartelados y debían ser pagados por el Estado, aun cuando algunos la sirvieran gratuitamente. 20 Para ingresar en ellas se necesitaba ser granadino y vecino de la Provincia. Mientras que en la auxiliar debían alistarse los granadinos que tuvieran entre diez y ocho y cuarenta años de edad y los que no habiendo cumplido los cincuenta estuviesen excluidos de la local, en esta última lo hacían todos los que tuvieran desde diez y seis hasta diez y ocho y cuarenta hasta cincuenta. Estaban exentos del alistamiento y del servicio en ambas milicias los notoriamente inútiles, los ordenados in sacris, los oficiales retirados de cuartel indefinidos del ejército o la marina, los religiosos profesos y los novicios. También lo estaban sólo del servicio en las faenas ordinarias, pero no del alistamiento, los rectores, los catedráticos de las universidades y colegios y sus sustitutos, los directores de casas de estudios y los maestros de escuelas públicas. 21 La Guardia Nacional auxiliar era una milicia de reserva. Cooperaba con el ejército permanente en los casos en que la ley lo señalaba. Ante una guerra civil o por la invasión de un país extranjero debía ser movilizada para defender las fronteras de la Provincia y de la Nación. Por tanto, se esperaba que sus miembros estuvieran sujetos a una disciplina, que se traducía en el estricto cumplimiento de los ejercicios programados por la línea de mando. La Guardia Local era todo lo contrario y entre las funciones que debía cumplir en tiempos de paz se encontraban la de prestar eficaz auxilio a las autoridades del distrito parroquial respectivo para obligar al cumplimiento de las leyes y ordenanzas o acuerdos de las corporaciones municipales o para hacer cumplir las órdenes legales de las autoridades políticas o judiciales, siempre que para la obediencia a tales actos y resoluciones no hubiese bastado el auxilio ordinario de los agentes de la policía. De igual forma, montar guardia en la cárcel del distrito para custodiar los reos sentenciados a último suplicio, o para custodiar también a los famosos criminales que podían fugarse por falta de seguridad en la cárcel o en las prisiones, siempre que para estos objetos no bastaran los empleados estipulados o que se establecieran en los distritos parroquiales; pero nunca sería obligada a la ejecución de los reos. El servicio de la Guardia se hacía por turno riguroso y ningún individuo que lo hubiera prestado durante dos días seguidos podía ser obligado a volver a servir hasta que no hubieran turnado todos los demás que se hallaban en el distrito parroquial y con capacidad de servir. 22 En el caso concreto de la Provincia de Cartagena, cada uno de sus cantones debía contar con Guardia Nacional tanto local como auxiliar. Por tanto, tenían que organizarse en Cartagena, Barranquilla, Corozal, Chinú, Lorica, Mahates, Sabanalarga, Soledad y San Andrés. El total de hombres con el que contaba cada uno de estos cuerpos lo determinaba el número de habitantes que poseía cada cantón. Para su organización, los jefes políticos y los alcaldes parroquiales abrían dos registros con el encabezamiento respectivo a cada uno de Guardia Nacional auxiliar y Guardia Nacional local, en los cuales inscribirían los nombres y apellidos de los individuos que se presentaban, con indicación de su edad y el lugar de su residencia, colocándolos en el registro al que correspondían por la edad. Todo individuo que, pasados los veinte días prevenidos en el artículo 1.o, no se hubiera inscrito en los registros de la Guardia Nacional, sería castigado con la multa de ocho a diez y seis reales, y si no pudiese pagar dicha multa, se le destinaría a trabajos públicos por tres días o enviado al ejército permanente. 23 Esto último mostraba las diferencias sociales de los miembros de ambas instituciones. Mientras el ejército era visto como una institución de castigo para los vagos o criminales, la Guardia Nacional estaba pensada para los ciudadanos trabajadores, industriosos, educados y con derechos políticos. 24 Esta Guardia se hallaba estructurada en batallones de artillería e infantería y cada uno de ellos se dividía en compañías dependiendo del número de milicianos con que contaban, respectivamente. Esas compañías debían estar integradas por un sargento 1.o y cuatro 2.o, dos tambores o dos corne-tas, diez cabos 1.o y doce 2.o y noventa y un soldados. El sargento 1.o y un cabo de la clase de 1.o o 2.o de cada compañía serían plazas veteranas que se designaban de las que existían empleadas en ese momento en los cuerpos de la Guardia Nacional o de los cuerpos de la guarnición de la Provincia. En 1847, el estado general de las fuerzas que pertenecían a la Guardia Nacional auxiliar en cada uno de los cantones de la Provincia era como puede verse en la tabla 1. Cada uno de estos batallones tenía la obligación de velar por el bienestar y la seguridad de 130.258 habitantes, que era la población con la que contaba la Provincia de Cartagena según el censo de 1835. Guardias Nacionales: pedagogía y educación del ciudadano Esta Guardia era un espacio de sociabilidad y pedagogía política. Sus miembros debían reunirse los segundos y cuartos domingos de cada mes para recibir ejercicios de carácter doctrinal, en los que se les enseñaba, además del manejo de las armas, reglas de comportamiento, instrucción cívica, deberes y derechos del ciudadano e indudablemente el sentido de pertenencia y lealtad hacia la patria. 27 Las proclamas y alocuciones de los gobernadores y los jefes políticos eran espacios a través de los cuales se les recordaba a las guardias nacionales el papel primordial que cumplían para la sociedad. En 1854, el gobernador de la Provincia de Cartagena, Rafael Núñez, se dirigía a la Guardia Nacional en los siguientes términos: ¡Ciudadanos armados! Yo os saludo en nombre de la provincia de Cartagena, como a los fieles representantes de su valor y de su patriotismo. La hora del peligro ha sido para vosotros la hora de la unión; y la Patria no ha tenido que pediros vuestra ayuda, porque vosotros se la habéis ofrecido y se la prestáis espontáneamente, así como lo hacían en los tiempos heroicos los hijos de Atenas, de Esparta y de Roma....¡Guardias nacionales! Os habéis hecho dignos de este hermoso nombre desde que, abandonando vuestros hogares, habéis empuñado las armas en defensa de la República democrática. Un duelo a muerte se ha trabado entre la causa del absolutismo y la causa de la libertad; entre la dictadura de uno y la soberanía de todos; vosotros no habéis tardado en comprenderlo, y el estandarte tricolor os encuentra agrupados en torno suyo. Que vuestro grito de guerra sea éste: ¡¡Viva la Constitución!! ¡¡Viva la República!! 28 De igual forma, por medio de canciones también se alentaba a los ciudadanos de las guardias nacionales y se intentaba fortalecer su valor. En 1842 circuló en Cartagena la siguiente canción en la que se destacaba el papel desempeñado por los miembros de la guardia nacional en la victoria de una batalla. Algunas de sus estrofas expresaban: Valerosos campeones del Pueblo! Orgullosos la frente alzad: Vuestros altos deberes cumplisteis: dignos sois de corona inmortal. Ya a la margen del horrible abismo, ¡socorredme! La Patria os gritó Y a su voz presurosos corristeis, y salvada la Patria quedó....Vuestras almas no arredra el peligro; de los vientos domáis el furor: Que la muerte es corona de gloria, al que lidia por Patria y Honor. Gratitud, gratitud a los bravos que adquirieron tan alto blasón! ¡Gratitud al experto guerrero que su bélico arrojo guió! ¡Alabanza a su heroica civismo!, ¡alabanza a su heroico valor!29 Asimismo, la Guardia Nacional pretendía ser expresión de nociones modernas de representación. Albergaba en su normativa formas democráticas para la elección de la estructura de mando y según la ley todo guardia nacional era elector y elegible, quedando en manos del gobernador el nombramiento del jefe principal de cada cuerpo. La elección era secreta, por medio de boletas depositadas en las urnas. 30 El estatuto de la organización de la Guardia Nacional local, en su capítulo 5.o referente a la elección de jefes y oficiales, establecía que las elecciones para oficiales de compañía se abrían, en cada distrito parroquial, el segundo domingo del mes siguiente en el que la gobernación hubiese recibido las listas por parte de los alcaldes y jefes políticos de los miembros pertenecientes a las guardias nacionales y duraban abiertas hasta el domingo inmediato inclusive; pero podrían cerrarse antes de este término si se hubiese agotado la lista de los que debían sufragar. De igual forma, el jefe político en la cabecera del cantón y los alcaldes en los demás distritos, asociados de dos individuos nombrados y juramentados por dichos funcionarios, formarían la Junta que debía recibir los votos. Estos individuos debían estar en ejercicio de los derechos de ciudadanía y saber leer y escribir. La elección tenía por objeto votar por los oficiales de la Guardia Nacional local, para lo cual estaban obligados a sufragar todos los individuos que pertenecieran a ella en el distrito parroquial. Ocho días antes de abrirse las elecciones, se convocaría por medio de un bando a los individuos que debían sufragar, cuyo bando se repetiría el día que comenzaran las elecciones. Cada sufragante votaría sucesivamente por un número de individuos igual al de capitanes, tenientes y alféreces que debían elegirse, llevándose por separado el registro de las votaciones para cada uno de dichos empleos. Concluidas las elecciones, el que presidiera la Junta pasaría el registro de las elecciones al presidente del Cabildo del distrito. Seguidamente, ese gobierno local procedía a declarar la elección de cada oficial. Hechos los nombramientos, los comunicaba por oficio a cada uno de los nombrados y los hacía saber también a la autoridad política del distrito. Para la elección de jefes y demás individuos de la plana mayor, el jefe político, o el alcalde en su caso, hacía citar a los oficiales el domingo inmediato al que fueron elegidos. Reunidos esos oficiales procedían en presencia del jefe político o del alcalde a elegir los jefes respectivos e individuos de la plana mayor. Para cada nombramiento se hacía una elección por medio de papeletas en las que estaba escrito el nombre del candidato. Seguidamente, el secretario del jefe político o el oficial que designara el alcalde recogía las papeletas y hacía enseguida el escrutinio con la ayuda de dos escrutadores, que nombraría de entre los mismos oficiales y publicado el resultado, se declaraba electo el que mayor número de votos hubiese reunido. En caso de empate en las elecciones de jefes y oficiales se decidía siempre por la suerte. La duración de los jefes y oficiales de la Guardia Nacional era de cuatro años y no se consideraba como impedimento para ser elegido ni para continuar en el destino el ser mayor de cincuenta años. 31 Sin embargo, el hecho de que el nombramiento se hiciera por medio de elecciones no impedía que la Guardia Nacional se convirtiera en instrumento de las facciones o de los partidos políticos, ya que en ella ejercía una gran influencia el gobernador de la Provincia, que era su jefe máximo. De este modo, luego de la formación de los partidos políticos, liberal y conservador, y pese a que las guardias nacionales estaban conformadas por ciudadanos neogranadinos que tenían la obligación de defender los principios constitucionales, cada gobernador determinaba que en la selección de los cuerpos de mando de esta institución se tuviera en cuenta, antes que su patriotismo y su lealtad, su afiliación política. Inclusive, también se recomendaba tener en cuenta a que facción del partido político pertenecía. Todo esto generaba una fuerte controversia en los sectores políticos de la provincia, que veían como la Guardia Nacional se convertía en espacio de disputa entre los partidos o las facciones. Atrás quedaban los principios filantrópicos de formación del buen ciudadano, garante de la libertad y del orden. Ejemplo de lo anterior fue denunciado en 1849 por el periódico El Porvenir. Según este informativo, luego de la elección de José Hilario López como presidente de la República el 7 de marzo de 1849, se inició por parte de los gobernadores una reorganización de las guardias nacionales. Sin embargo, señala El Porvenir, donde con más empeño se esmeró en poner en práctica el gobernador de la Provincia de Cartagena su pericia en el ramo administrativo, fue en el tratamiento sobre nombramientos de 31 BBC, SPC, Cartagena, 21 de octubre de 1849. Quería el gobernador que los jefes y oficiales de la Guardia Nacional fueran individuos identificados con los principios triunfantes del 7 de marzo. Para los editores del periódico: Allí es donde el autor se penetra de ese santo puro amor que todo liberal rojo tiene por el sostén de sus principios; allí donde él, olvidándose de sí mismo, se acuerda solo de llevar a cima el laudable propósito concebido por ellos de excluir y arrojar en la noche del olvido los importantes servicios, la honradez, la integridad, las luces y conocimientos de los hombres que, aunque poseedores de tan recomendables cualidades, no hayan tenido sin embargo la cordura de alistarse en su bandera. Lo que defendía el informativo era que las guardias nacionales estaban llamadas a sostener la Constitución y dar seguridad a las propiedades; y ese encargo podía desempeñarlo todo buen patriota, todo hombre amante de su país. Por eso juzgaban que al hacerse una mención especial de los individuos pertenecientes al partido del 7 de marzo, se hacía al resto de la comunidad la más grande injusticia, puesto que estando todos interesados en su propia conservación y en la de sus intereses, claro era que donde quiera que se viera a un patriota ahí se encontraba un buen guardia nacional. A renglón seguido el periódico enfatizaba: ¿Cuáles son esos principios triunfantes del 7 de marzo?, ¿sobre qué base estriban? No los conocemos; pues por lo que se ve, la misma Constitución, las mismas leyes rigen que regían antes del 7 de Marzo; y en cuanto a principios administrativos, que son los únicos que podría variar el Presidente de la República, no sabemos cuáles sean los que se hayan inaugurado. Claro es, pues, que lo que debe entenderse por identificación con los principios triunfantes el 7 de Marzo, es el haber sido partidario del candidato que fue electo ese día; ¿y podrá esto ser justo, patriótico, decoroso siquiera? Para hacer evidente la injusticia de la exclusión que se pretende, basta observar que el mismo partido que se titula Liberal y que está hoy en el poder, se cuentan multitud de individuos que no estuvieron por el General López y que antes bien escribieron, charlaron y trabajaron a favor del Dr. Cuervo, votando como sufragantes parroquiales por la lista de los cuervistas. 32 Meses después, este mismo periódico titulaba su editorial "Abuso en las elecciones" para denunciar que un guardia nacional de artillería, en las elecciones para escoger los miembros del Cabildo de Cartagena, votó por los miembros del partido conservador y "hoy los jefes, siguiendo los embates de sus pasiones, lo amenazan con la destitución... parece como que estos procedimientos son dignos de los rojos, que no de vergüenzas como debieran ser". 33 Naturalmente, para nadie era un secreto que las guardias nacionales eran una institución clave en las elecciones. 34 Al estar conformada por ciudadanos activos, con derechos a elegir y ser elegidos y primando en la Nueva Granada una ciudadanía de carácter censitario, donde una buena parte de la población estaba excluida del derecho al voto, los guardias nacionales eran una instancia de poder. Por ello, en cada elección que se realizaba en el país, en las provincias, en los cantones o en los distritos parroquiales; los candidatos, las facciones y los partidos utilizaban cualquier instrumento para contar con el apoyo de los guardias nacionales. Y así lo entendían ellos. Al gozar en el interior de sus comunidades de reconocimiento y valía social por ser la fuerza defensora de la legitimidad estatal, de los derechos de los ciudadanos y de las libertades individuales, las guardias nacionales hacían explícitos a través de la prensa, volantes, hojas sueltas y otros, los candidatos a los que apoyaban y por los que depositarían sus votos en las urnas con el fin de persuadir a la población. Verbigracia, en 1851 y en medio de las elecciones que se celebrarían para escoger a la persona que reemplazaría a José Hilario López en la Presidencia de la República, la plana mayor y oficialidad del 4.o batallón de Guardia Nacional del cantón de Chinú, publicó a través de hojas volantes y por el periódico La Democracia la siguiente declaración: En la Villa de Chinú, cabecera del cantón del mismo nombre en la Provincia de Cartagena...reunidos la plana mayor y oficialidad del 4.o batallón de guardia nacional con el exclusivo y plausible objeto de conferenciar y uniformar su opinión sobre el ciudadano en cuyo favor se debe obrar para que suceda en el alto puesto de Presidente de la República en el 6.o periodo constitucional a José Hilario López...se procedió a discutir la siguiente proposición: ¿Cuál es el candidato que para Presidente de la República adopta en el próximo periodo constitucional el batallón?... Respuesta: el 4.o batallón de guardia nacional en la Provincia de Cartagena adopta por candidato para la Presidencia a José María Obando. En su consecuencia, todos y cada uno de los que suscribimos nos comprometimos de nuestra espontánea voluntad a trabajar en nuestros respectivos domicilios y por todos los medios legales en pro de dicha candidatura. Desde el mismo momento de su organización, atravesarían una serie de vicisitudes como la falta de recursos económicos y la poca disposición de los ciudadanos a hacer parte de las mismas, como lo veremos a continuación. Problemas de las guardias nacionales: Falta de recursos humanos y materiales La falta de recursos económicos era una constante en las guardias nacionales. Por lo general, sus miembros carecían de uniformes o de espacios para guardar las pocas armas con las que contaban. Lo normal era que los miembros de la plana mayor de los batallones mantuvieran en sus casas las armas pertenecientes a estos cuerpos. En el año de 1839, el jefe instructor del batallón de artillería de la Guardia Nacional del cantón de Barranquilla, Ramón Antigüedad, presentó al gobernador un informe sobre el estado en que se encontraba el armamento para que dictara las medidas que creyera convenientes. Según el jefe instructor, cuando se disolvió la compañía que existía en el distrito de Santo Tomás, el armamento quedó a cargo de su capitán y permanecía en su casa, pero este le indicó que dispusiera de él, puesto que ya no podía tener ocupado un cuarto de su casa para conservarlo. Respecto de este armamento, mandó un oficio a la gobernación de la Provincia pidiendo que decretase de donde debía salir el gasto para transportarlo a Galapa, porque aquella media compañía no tenía el que necesitaba para su instrucción; pero esta comunicación que fue enviada en noviembre, hasta ese momento no había tenido contestación. Lo misma situación se repetía en Soledad y Baranoa. Según Ramón Antigüedad, el armamento podría estar en las cárceles de los lugares pero careciendo casi todas de aposento separado, tendría que estar a disposición de los presos; agregándose a esto que las clases veteranas no existían en los pueblos, excepto en Soledad, donde había cuatro veteranos a solicitud de la jefatura política. Por supuesto, sin quien respondiera de él. Entonces, las soluciones presentadas por el jefe instructor consistieron en proponer que el gobierno pagara en cada pueblo donde hubiera milicianos, una casa para que sirviera de cuartel y se depositara en ella el armamento a cargo de los individuos veteranos que debían instruir a la compañía y que ellos subsistieran en el lugar o que el fusil se le diera a cada LAS GUARDIAS NACIONALES EN CARTAGENA, COLOMBIA, 1832-1857 miliciano para que lo cuidara en su casa y se presentara con él al ejercicio; pero esto último también tenía sus dificultades para la conservación del armamento. Una de ellas era que los milicianos emplearían en la casa y en otros usos particulares los fusiles, otra que ellos cambiaban de vecindario con frecuencia, algunos hacían largos viajes o podían fallecer sin que se supiera a quien dejaban encargado el armamento. 36 A estas solicitudes, la respuesta que obtuvo fue que no se adoptaría ninguno de los medios que indica el jefe instructor porque: Desde el año de 1831 hay en Barranquilla, un batallón de guardia nacional y el armamento de las compañías de los pueblos lo han tenido en sus casas los comandantes de ellas, en esto no veo otra cosa sino un interés por el cuerpo a que pertenecen, mayormente cuando no les resulta sino una pequeña molestia, la cual han sobrellevado y pueden continuar sobrellevando los oficiales de guardia nacional siempre que estén animados de sentimientos patrióticos, como ha sucedido hasta hoy, en tal virtud no hay motivo alguno que obligue a hacer otras variaciones... 37 Sin embargo, este era el menor de los problemas que padecían las guardias nacionales de la Provincia. El mayor consistía en la falta de ciudadanos que quisieran enrolarse en esta institución. En 1835, el gobernador señalaba en su informe a la Asamblea que la Guardia Nacional estaba compuesta de dos batallones y un escuadrón; el primero de infantería situado en Cartagena, el segundo de artillería en Barranquilla y el tercero de caballería, en Corozal. Sus jefes manifestaban todo el esmero posible para la instrucción de los cuerpos; éstos tenían una disciplina regular "aunque no en el grado posible, porque por una fatalidad, nuestros pueblos, no obstante su adhesión a la causa de la independencia y las repetidas pruebas que han dado en diversas ocasiones de valor y de heroicidad; tienen aversión puntual al servicio continuado y pasivo". 38 Doce años después, otro gobernador presentaba el mismo cuadro lastimoso sobre las guardias nacionales y enfatizaba las causas y las zonas en que se mostraba mayor aversión hacia esta institución: La organización e instrucción de los cuerpos de guardia nacional auxiliar se adelanta cuanto lo permiten los innumerables inconvenientes que para ello se presentan, nacidos unos de las disposiciones vigentes sobre esta materia; otros de poca cooperación en algunas autoridades locales, y principalmente de la repugnancia general con que 36 AHC, Barranquilla, 16 de enero de 1839. ISSN: 0210-5810 se mira este servicio en los pueblos del campo, que ignorando el verdadero objeto de esta institución se alarman siempre que se trata de una organización y disciplina. 39 Es necesario aclarar que no solamente eran los hombres del campo los que se mostraban renuentes a prestar el servicio militar como guardias nacionales, sino que también era una constante en las principales ciudades del país como Bogotá, Cali, Medellín y Cartagena. En 1853, el presidente de la República le aclaraba al Congreso: Yo no debo ocultaros las dos principales causas de la situación poca ventajosa de la Guardia Nacional...desde que comienza el alistamiento de los cuerpos de la Guardia Nacional, comienza también a ser visible, en la generalidad de los casos, la repugnancia a inscribirse en ellos, de las personas ricas o acomodadas, o que, por cualquier otro título, tienen una buena posición social. Las clases pobres, compuesta de labradores, artesanos y jornaleros, observando aquellas tendencias, y teniendo en cuenta que la ley no distingue entre fortunas y rangos para la formación de esos cuerpos, se sienten heridos por la desigualdad que quiere establecerse y toman el partido de oponer la fuerza de inercia al llamamiento de la autoridad. 40 Aunque la legislación establecía que era un deber de todo ciudadano formar parte de las guardias nacionales, era muy frecuente que muchos violaran esta disposición. Diferentes mecanismos eran utilizados por los ciudadanos de las clases acomodadas de la Nueva Granada para evitar cumplir con el deber de prestar el servicio militar. Uno era manifestando ser extranjero debido a que éstos estaban exceptuados. Otros se presentaban por medio de falsificaciones otorgadas por médicos y curas o utilizando la influencia de personas del gobierno o militares. En 1843, el Semanario de la Provincia de Cartagena resaltaba: Hoy terminan los alistamientos para la guardia nacional en esta ciudad. No serán pocos los que hayan dejado de alistarse, o aumentándose la edad, o que estén preparándose para comprobar que son cojos aunque se les vea correr con sus dos pies; pero es preciso que las autoridades no se dejen burlar por éstos últimos y desprecien toda certificación que no sea de inutilidad notoria, como lo requiere la ley...Es necesario hacer entender al pueblo, que ni las riquezas, ni una corbata alta dan ningún privilegio para no servir a su país. Si ha de continuar la burla de las certificaciones falsas de médicos y curas, si las amistades han de poder más que las leyes, mejor será que no haya guardia nacional. Entre las causas por las que muchos ciudadanos se negaban a integrarse en las guardias nacionales se encontraban las excepciones que se hacían a los empleados públicos y que a los ojos de los demás eran injustas. 42 Además, como eran frecuentes las guerras civiles y los trastornos políticos, existía un temor entre los sectores acomodados a perder la vida. Según Flavia Macías, la guerra era vista como un castigo para la "gente decente", que percibía que sus deberes cívicos estaban vinculados a la industria y a la vida pública. En este caso, la noción de defensa y mantenimiento del orden interno se ligaba a la capacidad de garantizar el desarrollo de la economía y la política local y al cumplimiento de las leyes establecidas, más que al servicio militar en la guerra, el cual entendían como una obligación inherente a aquellos sectores que aún debían "pagar con su sangre" el acceso y el derecho a la ciudadanía. 43 Entonces, si muchos ciudadanos, especialmente los de las clases acomodadas, evitaban prestar el servicio militar como guardias nacionales, ¿quiénes acudían al alistamiento? En 1851, el artesano y uno de los fundadores de la Sociedad Democrática de Bogotá, Ambrosio López, a través de un escrito titulado El Desengaño, respondía este interrogante de la siguiente manera: Y acordaos que los que fueron al matadero, no fueron de las clases privilegiadas: recordad, repito: que los muertos e inválidos todos fueron de los milicianos, es decir, los sastres, los zapateros, albañiles, carpinteros, herreros y labradores, porque para estas gentes es que en estos gobiernos democráticos, se organizan las Guardias Nacionales, y no para los que se reputan como patricios, que nosotros somos plebeyos. 44 Es decir, los artesanos de Bogotá eran uno de los grupos sociales que más hombres aportaba para el funcionamiento de las guardias nacionales en su Provincia. No obstante, la pregunta que nos surge es ¿sucedía lo mismo en la provincia de Cartagena? Pero, para poder entender esta participación, es necesario conocer los cambios sociales y políticos vividos por los artesanos con y después de la independencia. Artesanos, guardias nacionales y ciudadanía en Cartagena Los artesanos hicieron de la Guardia Nacional un nuevo mecanismo para fortalecer el protagonismo social y político que venían construyendo 42 Ibidem, Cartagena, 7 de abril de 1844. En efecto, al igual que lo que sucedía en otras colonias americanas, durante el último siglo de dominación colonial sectores del artesanado del Nuevo Reino de Granada alcanzaron un protagonismo social y político significativo gracias a las condiciones impuestas por el mestizaje al reacomodo del orden social, en especial a la valoración social positiva de las personas y familias gracias a la construcción de una vida meritoria, tanto personal como familiar, a base de esfuerzos, sacrificios y la proyección social de una conducta aceptada y valorada por los demás. 45 Para los mestizos y mulatos (y la mayoría de los artesanos pertenecían a estas condiciones socio-raciales) el pasado como nicho de prestancia no significaba nada y su proyecto de vida estaba proyectado hacia el futuro. 46 En consecuencia, al lado de la tradicional prestancia social determinada por la raza, los abolengos y los orígenes familiares, paulatinamente fue surgiendo otra, la determinada por el autoesfuerzo, por los méritos y el reconocimiento social logrados gracias a la práctica de unas virtudes que el conjunto social consideraba como dignas y honorables. 47 Estudios recientes 48 muestran que desde el siglo XVIII los sectores subalternos optaron por el diseño de estrategias individuales y familiares para alcanzar el propósito de salir del estado de indiferenciación social, el cual fueron alcanzando gracias a que las transformaciones en la distribución de la economía del honor confluyeron con algunas de las políticas reformadoras de los Borbones (verbigracia, la reforma militar que abrió las milicias a los mulatos 49 y las reformas del trabajo artesanal 50 ) y con la formación de franjas de artesanos prestantes gracias a la calidad de sus trabajos. 51 Estos logros permitieron que las elites neogranadinas vieran en muchos artesanos una especie de sector intermedio gracias a la calidad de sus trabajos, la honradez y la vida decorosa que llevaban. Los artesanos arribaron a los albores de la época republicana anhelando reconocimiento social, y la escasa importancia que concedían al pasado social encajó con los propósitos del discurso liberal republicano de desarraigar a los individuos del pasado gracias a la condición de la ciudadanía. 52 De ahí que los artesanos-milicianos jugaran un papel trascendental en el logro de la Independencia. 53 Ya para las primeras décadas del XIX los artesanos se habían consolidado, al lado de otros grupos sociocupacionales como una capa media de la sociedad, facilitándoseles el acceso al derecho de ciudadanía. 54 En ese sentido, como para formar parte de la Guardia Nacional era necesario gozar de los derechos de ciudadanía, y como poseían, además, una larga tradición militar, uno de los grupos sociales que más hombres aportaba para el alistamiento y conformación de la misma en la Provincia de Cartagena era el de los artesanos, principalmente los tipógrafos, sastres, plateros, fondistas y maestros de obra. Los artesanos constituían la columna vertebral de la organización militar más importante, después del ejército. 55 Ahora bien, ellos eran conscientes de la desigualdad social y racial que existía al interior de esta institución en el momento de su conformación y también sabían que eran ellos quienes más hombres aportaban, como lo vimos reflejado en la cita de Ambrosio López en 1851. En esa misma dirección se expresaba el órgano oficial de la Provincia de Cartagena cuando argumentaba que "es una injusticia se exceptuase del servicio a los ricos y que se cause mayor perjuicio, al infeliz artesano a quien se distrae de su trabajo obligándolo a servir en la guardia nacional que al empleado que por prestar semejante servicio no dejaría de ganar su sueldo". 56 Sin embargo, aunque en el siglo XIX el servicio de las armas dejó de ofrecer a los artesanos las mismas posibilidades de movilidad social que durante el periodo colonial, permitió que lograran un reconocimiento por parte de los demás sectores de la sociedad cartagenera, convirtiéndose en un grupo visible que gozaba de prestancia y respeto. 53 Algunos de ellos fueron enviados en el cuerpo de veteranos del Fijo de Cartagena a Bogotá como voluntarios para enseñar el manejo de las armas a los oficiales de ésta ciudad. A esta especie de academia concurrían varios señores del comercio y muchos jóvenes, "a quienes los de Cartagena llamaban los paisanos, así como éstos llamaban a aquellos los chungos, sin duda por ser casi todos gente de color". ROICER FLÓREZ BOLÍVAR Y SERGIO PAOLO SOLANO hombres patriotas ya que constituían el único sector social que sistemáticamente sacrificaba su vida en aras de la República.57 En ese sentido, las instituciones militares durante el siglo XIX se convirtieron en un espacio que permitiría el ascenso de los sectores medios y bajos de la población. Por ejemplo, en mayo de 1840 el periódico El Tiempo publicó una serie de artículos que reflejaban una disputa entre el zapatero Manuel Pereira Plata y el agricultor Blas José de la Madrid, por el nombramiento de éste último como administrador de recaudación del Cantón de Chinú. Aunque parte de los argumentos emitidos por ambos ciudadanos se situaban en el plano de las recriminaciones personales, por ejemplo De la Madrid, le señalaba a Pereira Plata que había sido "expulsado del ejército por enemigo de los principios republicanos, mientras yo, no miserable zapatero, pues apenas se usar zapatos y no hacerlos, me ejercito el alguna honesta ocupación para vivir y se algún arte mecánico y labrar la tierra", llama poderosamente la atención la forma como termina defendiendo sus actuaciones Blas José de la Madrid. Para él los diversos cargos que había desempeñado durante su vida se debían básicamente a su participación en la guerra de la Independencia y en la defensa de la legitimidad estatal a través del servicio de las armas: Desde 1820 en que estaba muy joven pude llevar sobre mis hombros y llevé un fusil a favor de la Independencia nacional; más tarde habiendo merecido la charretera de oficial y servido en el ejército protector hasta el restablecimiento legítimo, fui destinado de jefe de la ronda volante, en que permanecí hasta que se extinguió; en el tiempo que no he servido a la República empleos militares, lo he hecho en los concejiles, ya de juez parroquial de San Onofre, mi antiguo vecindario, regidor del cabildo de Tolú, concejero y juez cantonal de esta Villa...58 Al igual que De la Madrid, los artesanos en Cartagena serían recompensados por su activa participación en las instituciones militares de la ciudad. Muchos de ellos se destacaron por ocupar puestos de mando dentro de la Guardia Nacional de la Provincia como fue el caso del tipógrafo José María Pasos, quien en 1846 envió una representación al presidente de la República por la negativa que se le dio a su petición de que le fuese pagada la suma de noventa pesos por un caballo y una silla que en 1841 facilitó para el servicio de las tropas que constituían la guarnición de Cartagena. La negativa del Ejecutivo se debió a que Pasos firmó el acta de rebelión de la Provincia de Cartagena y cooperó a favor de la revolución que terminó con la deposición del gobernador. Aunque Pasos no negó nada, se defendía argumentando que, al igual que él, muchos ciudadanos lo habían hecho y a ellos si les habían devuelto sus capitales, y agregaba: dado por esta sociedad para la intervención en la guerra fue el 17 de julio, cuando fue convocada extraordinariamente por las noticias llegadas del interior del país. El objeto de la reunión era deliberar acerca de lo que debía hacerse en defensa del Gobierno, ahora que el partido conservador promovía la rebelión en distintas provincias de la Nueva Granada. Luego de varias horas de debate de los miembros de la Sociedad y alcanzado un consenso, el artesano y capitán de la Guardia Nacional de la Provincia de Cartagena, Julián Moré, redactó una carta a nombre de la Sociedad dirigida al presidente de la República en los siguientes términos: Ciudadano Presidente: los miembros de la sociedad democrática de Cartagena os ofrecen solemnemente sus servicios en la presente emergencia de la Nación como en cualquiera otra en que pueda encontrarse. Además... cumpliremos con todo el entusiasmo de nuestro corazón y con el denuedo de verdaderos republicanos, los deberes consignados en el artículo 6 de la Constitución, en este caso prestando el servicio militar como Guardias Nacionales o como Soldados regulares. El deber que tenemos los miembros de la sociedad democrática es sostener el orden público y defender la administración del 7 de Marzo, prestando su apoyo a las autoridades legalmente constituidas. 63 Después de este acto, los artesanos, quienes en gran mayoría conformaban la Sociedad Democrática de Cartagena, se alistaron en el servicio militar en defensa del Gobierno. En una proclama del comandante general del Departamento militar del Atlántico a la Guardia Nacional auxiliar recordaba: Ciudadanos de la Guardia Nacional Auxiliar: Muchas veces os he oído expresar en las sesiones de la Sociedad Democrática, de que son miembros la mayor parte de vosotros, el deseo que os anima para defender las instituciones...Vosotros como auxiliares, hoy en servicio activo, estáis obligado a cumplir estrictamente los deberes de un soldado, dando el ejemplo, las promesas de sometimiento a todo cuanto sea ordenado relativamente al servicio de las armas. 64 A pesar de que la rebelión conservadora fue derrotada a finales de 1851, el medio batallón de la Guardia Nacional de artillería de Cartagena continuó funcionando hasta mayo de 1853 y, además, aunque después de "pacificada" la República, todos los demás cuerpos de ésta clase se restituyeron a sus hogares, el de Cartagena continuó prestando sus servicios aun más allá del círculo de su guarnición llegando hasta Honda conduciendo armamento y reclutas. Finalmente, éste fue desacuartelado en 1853 por el gobernador de la provincia, Juan José Nieto, quien en apartes de su proclama recalcaba: Veintidós meses hacía que este cuerpo, compuesto de artesanos y hombres ocupados, prestaba sus servicios a la Nación... Conciudadanos de la guardia nacional:...vengo a nombre del gobierno a daros las gracias por la abnegación y patriotismo, con que por tanto tiempo, habéis abandonado vuestras obligaciones domésticas, y aun vuestro bienestar, para cumplir con uno de los sagrados deberes a que estamos constituidos todos los granadinos, el de tomar, como al presente, las armas en defensa de la República, lo cual es un nuevo mérito que habéis adquirido para con ella. En este artículo hemos mostrado el papel activo desempeñado por los artesanos en la Guardia Nacional de la provincia de Cartagena. Esta participación se debía a que este grupo social articuló un discurso que se caracterizaba por ser un republicanismo de corte popular, entre cuyos principios se encontraban que el objetivo último de cualquier sociedad política debía ser la preservación del bien común, que se traducía en que los ciudadanos de una República necesitaban subordinar sus fines privados. 66 Este discurso era materializado por los artesanos de la Provincia de Cartagena con su activa participación en la Guardia Nacional, toda vez que el derecho de ciudadanía coincidía con el derecho y el deber de llevar armas, dando así muestras de virtud cívica republicana, por ser capaces de sacrificar pasiones, trabajo y vida privada cuando se trataba de acudir en defensa de la Patria. 67 Naturalmente esta participación de los artesanos en el citado cuerpo encontró su recompensa en el amplio reconocimiento social y político que disfrutaban y que se traducía en el nombramiento de mucho de ellos en cargos públicos. Por ejemplo, en 1850 el periódico El Porvenir hacía alusión a esta activa participación de los artesanos en la vida pública de Cartagena. El informativo sostenía que la vida política de los artesanos seguía siendo 65 Ibidem, Cartagena, 2 de junio de 1853. ROICER FLÓREZ BOLÍVAR Y SERGIO PAOLO SOLANO la misma desde la independencia, con la diferencia de que si en el marco de los gobiernos conservadores se les adjudicaba un cargo público, podían ejercerlo con la libertad e independencia, cosa que no estaba ocurriendo en los gobiernos liberales donde sólo son "...ciegos instrumentos de que los malvados usan para engrandecerse y de quienes se burlan, y a quienes desprecian más tarde cuando ya no los necesitan". 68 Lo anterior corrobora lo defendido en este artículo: el papel fundamental jugado por los artesanos en la vida política de la Provincia de Cartagena durante la primera mitad del siglo XIX.
El presente texto analiza la figura del célebre militar y hombre público mexicano Antonio López de Santa Anna en su faceta caribeña, teniendo como guía los periodos en los que el caudillo mantuvo un contacto directo con la región: desde su nacimiento, a través de sus andanzas militares y de sus diversos intentos por incidir en la política de la zona, y hasta sus emblemáticos exilios. Con esta perspectiva se aportan datos para una más cabal interpretación del significado del personaje, al relacionarlo con la historia de la zona. Es de sobra conocida, aunque hasta ahora casi nunca inteligente ni cordialmente interpretada, la figura de este personaje central del México decimonónico, nacido en Jalapa en febrero de 1794 y fallecido en México en 1876. El papel que Santa Anna tuvo en distintos episodios internos y externos de nuestro devenir es un aspecto muy recorrido por los autores, tanto en el pasado como en el presente, como se puede constatar en muy distintos discursos historiográficos. 2 Mas la verdad es que, a pesar de todo el mar de tinta que se ha vertido sobre su persona, todavía queda mucho por decir para acabar de entenderlo en su compleja realidad. Tenemos la pretensión de que en este ensayo, al abordarlo desde la perspectiva de su relación con la región del Caribe, se reconsiderarán elementos indispensables para su cabal interpretación, así como también, en correspondencia, novedosos aspectos de la historia general caribeña. Es cierto que don Antonio actuó durante su vida dentro del escenario mexicano general y podemos encontrarlo, por ejemplo, en Zacatecas o Guadalajara, e incluso su residencia en la ciudad de México, y durante buena parte de su existencia esto resulta esencial, por ejemplo durante las once veces que ocupó la presidencia de la República, o cuando a partir de allí organizaba campañas militares para afrontar amenazas extranjeras o rebeliones en su contra. Sin embargo, sus andanzas por las costas del Golfo de México y la península de Yucatán, así como sus experiencias extranjeras por varias islas antillanas y diversos lugares de la costa atlántica de Colombia y Estados Unidos, hacen muy interesante la aproximación a su figura con la perspectiva aquí propuesta. Pensamos que de este modo se matizará adecuadamente el sentido de su persona pública, aproximándolo incluso a toda una forma de ser y a un sentido del actuar de vocación supranacional y, a través de ello, francamente universal. Reconocemos que nuestro texto es un mero primer paso para la aproximación a un tema hasta hoy no estudiado con rigor, que deberá ser complementado con la consulta de suficiente material de primera mano en repositorios mexicanos, españoles, norteamericanos y colombianos, principalmente. Hay que señalar que este enfoque caribeño no puede agotarse en la mera andanza militar o política del personaje, sino que alcanza una dimensión más profunda al considerar, por ejemplo, sus facetas de colonizador y de agricultor en la zona, así en sus haciendas veracruzanas como luego en Colombia, particularmente con el cultivo de dos productos típicamente caribeños: el azúcar3 y el tabaco. Existen varios enfoques para la definición de lo que pueda entenderse por "el Caribe". Aquí se parte de uno amplio, que considera a la zona incluyendo no sólo la muy particular de las islas antillanas y el mar que las circunda, sino también el Golfo de México, abarcando en la costa americana desde la península de la Florida hasta las Guayanas y el norte del Brasil. 4 Es indudable que la porción atlántica mexicana, particularmente la península de Yucatán, Tabasco y Veracruz, comparte una historia, una cultura y un interés muy característicos que lo relacionan con toda la región de las Antillas y aun, de una forma más amplia, hasta con la zona atlántica andaluza y portuguesa, con la consiguiente consideración de las Islas Azores y Canarias. Esto incluye tomar en cuenta determinados elementos, tales como un cierto ingrediente mulato en lo racial, unas costumbres extrovertidas, unas músicas de ritmo muy característico y hasta unas determinadas formas de hablar ¿No poseen un parecido ambiente social e incluso arquitectónico los puertos de La Habana, San Juan de Puerto Rico, Cartagena de Indias, Campeche, Veracruz y Cádiz? Desde el punto de vista histórico, debe siempre recordarse al Caribe como núcleo inicial de la experiencia y de la vida americanas a partir del momento mismo del descubrimiento colombino de 1492, como la inicial base para la conquista y colonización española -hacia Centroamérica, Nueva España, Perú y Nueva Granada-y siempre como punto nodal en la comunicación del Nuevo Mundo con la España peninsular. No deja de resultar sintomático el hecho de que si la presencia hispana en el continente americano se inició en La Española y Cuba, todavía en el siglo XV, también fue en Cuba y Puerto Rico donde concluyó poco antes de iniciarse el XX. Desde la perspectiva adoptada, el puerto de Veracruz y todo el Estado mexicano de tal nombre, sobre todo en su porción oriental, es indudablemente caribeño. Las notas geográficas, étnicas, históricas y culturales que vinculan a Veracruz con el Caribe son múltiples, y sobre ellas se volverá al analizar la plural relación de Santa Anna con la región. Bernardo García Martínez, apoyándose en la relación tan estrecha de Veracruz con el centro geográfico y político del país, la ciudad de México, habla de la vertiente del Golfo. 5 Durante la etapa novohispana, todo el contacto entre la metrópoli y sus dependencias americanas estuvo condicionado por el paso por el Caribe. 6 Así, la migración que sigue al descubrimiento da lugar al mestizaje entre los pueblos europeos, asiáticos, africanos y americanos. 7 Correspondientes al primer decenio del México independiente, por la época en que Santa Anna llevaba a cabo una vida todavía fundamentalmente regional, principalmente orientada hacia la costa golfocaribeña mexicana, tiempo de su gobernación en Yucatán y de la consolidación de su liderazgo veracruzano, son estas interesantes reflexiones de Eugenio de Aviraneta en sus Memorias íntimas, en las que este curioso y controvertido personaje -en mucho paralelo a don Antonio-hace hincapié en las semejanzas que encuentra entre los veracruzanos y los andaluces: [En Veracruz] Creía hallarme en España, en Jerez de la Frontera, porque hablaban puro andaluz, con aquel ceceo que les es propio, y el andar jaque y fanfarrón. No podían negar que eran descendientes de aquellos andaluces que fueron a la conquista de Méjico con Hernán Cortés, y que luego se establecieron en las rancherías a la granjería de la cría de ganado, de donde derivan todas aquellas caserías. Cabe la observación de que este historiador establece la cadena caribeña sin incluir a Veracruz; sin embargo, como el mismo nombre lo indica: "cadena", Veracruz también puede ser un eslabón de ella, es decir entrar en el Caribe, puesto que la relación histórica entre dicho puerto y el Caribe trasciende hasta la época de los Austrias, con la materialización de la flota (ver Sorhegui, 2000, vol. I, pp. 21-31). Además María Justina Sarabia, al hablar sobre los caminos de la Nueva España, resalta la particularidad de las comunicaciones de la región: fueron marítimas y en concreto hacia el Golfo y, por ende, del Caribe. 6 No debemos olvidar que la Conquista se hizo desde las Antillas, además de que los funcionarios novohispanos siempre realizaron dicho trayecto para llegar y salir de su destino americano. Hay que resaltar que durante los tres siglos que abarcó la época novohispana, la Audiencia de Santo Domingo perteneció al ámbito del Virreinato. ISSN: 0210-5810 Para luego caracterizar así a esas gentes de Veracruz, los "jarochos": Es de recordar que durante todo el siglo XIX el Caribe mexicano en general, y Veracruz en particular, siguió siendo en mucho el principal conducto para la comunicación del país con el mundo ya que por allí entraba y salía prácticamente todo: gente, mercancías, ideas, modas. Y así, pues, en la medida de personaje eminentemente caribeño, Santa Anna se presenta igual en sus andanzas políticas, en sus empresas agrícolas, ganaderas y comerciales y en sus periplos viajeros como una figura de mexicano vertido al exterior. Santa Anna nació en Jalapa, que sería la capital del Estado veracruzano desde el momento mismo de la independencia, ciudad que hasta ahora guarda una estrecha relación de interdependencia con el puerto de Veracruz. No olvidemos que durante la mayor parte de la etapa novohispana las costas estuvieron casi deshabitadas, siendo los puertos como el de Veracruz poblados sólo por cuestiones comerciales, como la llegada de la flota. 10 Por lo tanto, la gente se retiraba para su residencia cotidiana a mejo-9 Ibidem, p. 10 Dicha agrupación de naves era el nervio motor del aparato español, no sólo en su parte hispanoamericana, ya que la flota pasaba por Santo Domingo y La Habana, de ahí se dividía siguiendo un grupo el camino a Veracruz a través de la costa yucateca, mientras el segundo grupo hacía escala en Cartagena en su ruta hacia Perú, atravesando después el istmo de Panamá. Pero el camino no terminaba ahí, sino que por medio del puerto y feria de Acapulco también se extendía el nervio político-comercial Europa-Asia, con Filipinas como el enclave español que podía llegar en el intercambio comercial hasta el mismísimo paraíso marcopoliano: China. De esto último tenemos como muestra la compra de mercurio realizada en el siglo XVII para abastecer a las minas de la Nueva España (ver Lang, 1977). ISSN: 0210-5810 res poblaciones, como es el caso de Jalapa.11 Así, Enrique González Pedrero nos describe dicha particularidad: A los extremos físicos que la geografía señala entre costa y montaña y que el Barón de Humboldt registra sistemáticamente se suman los contrastes humanos, como resulta evidente com parando a la ciudad porteña con Jalapa, la capital. El puerto de Veracruz es el trópico: calor y color, luz y nublazón que opaca las cosas; grito de vida y de naturaleza, de violencia y esponta neidad, de días soleados que, de repente, estallan en inesperada tormenta para luego volver a dejar paso al sol y a la limpidez del cielo; de palabras fáciles, a flor de piel, como los olores y los colores. Jalapa, en cambio, es una ciudad más recatada que expansiva, lluviosa y fresca más que cálida; más europea, sobre todo por el paisaje que la rodea que propiamente meri dional o española. Jalapa es una transición templada que intro duce al altiplano, a Puebla y a la ciudad de México. Calles empinadas y sinuosas que trepan en el cerro, entre maples mexicanos, laureles de la India y una tupida vegetación que entre vera la del trópico, que hasta ahí se alarga, con la que brota en la montaña.12 E incluso agrega que el contexto de Jalapa y Veracruz afectaron de un modo particular a Santa Anna: No es improbable que la naturaleza física y el acentuado contraste geográfico entre las tierras altas y las bajas, entre Jalapa y Veracruz, ámbitos entre los que oscilaron, en vaivenes, la infancia y la adolescencia de Santa Anna hayan influido en su idiosincrasia. Hay en su carácter un contrapunteo permanente de la pasión a la cabeza fría, del impulso a la conveniencia calculada, de la actividad organizada al juego y el desgano propio de la molicie de las tierras cálidas: su vida fue una sucesión de altibajos que evocan curiosamente el trasiego cons tante de una infancia y una adolescencia compartidas entre la serranía templada y la costa, húmeda y tropical. 13 La niñez de nuestro personaje transcurre en la propia Jalapa, donde viera la luz el 21 de febrero de 1794. En 1810 inicia la carrera de las armas ingresando al regimiento de infantería de Veracruz, con el cual pronto participa en sus primeras batallas, precisamente en contra de los insurgentes en el territorio de Texas. Gracias a su desempeño militar en dicha campaña y a su buena relación con el gobernador del puerto de Veracruz, José Dávila, se le asciende, al encargársele la pacificación del corazón del territorio veracruzano -Veracruz, Jalapa y Orizaba-. En 1821 se une al Plan de Iguala y cuando se instaura éste, reconoce al Imperio de Agustín de Iturbide. En Veracruz, es el encargado de recibir a Juan O Donojú, jefe político superior de la Provincia de México, nombrado por el rey de España, y de hacerle ver lo irreversible del proceso independentista. Con el Plan de Casa Mata afirma su poder regional y proclama la República Federal. Durante el gobierno de Guadalupe Victoria, primer presidente, es nombrado gobernador de Yucatán. Es interesante que González Pedrero haga hincapié en el contexto geográfico y cultural en el que se desenvolvió Santa Anna entonces, con lo cual ya se anuncia el carácter tan particular que desarrolló. Aunque no lo menciona literalmente -puesto que no era su objetivoel enlace de este factor con el Caribe existe, puesto que entre líneas podemos observar cómo parte de la personalidad de Santa Anna se va asociando a ese mar, al describir el "calor y la luz..." mencionados anteriormente. No ha vivido mal entre los "jarochos"... Cuando hay fiesta en el pueblo, se presentan a caballo, llevando en ancas cada uno una mujer, su esposa, su hermana, su novia. Las mujeres usan camisas de batista bordadas en la pechera ajustadas al cuerpo como VOCACIÓN Y ANDANZAS CARIBEÑAS DE ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA Placa conmemorativa en edificio particular del centro histórico de Jalapa una media: enaguas sutiles de gasa, encaje o batista, que transparentándose, dejan que se marque la silueta de los muslos y las pantorrillas; medias color carne, bordadas al frente, zapatos de raso y una banda carmesí o amarilla, terciada sobre el pecho. Llevan pulseras y collares de luciérnagas que parpadean, esmeraldas de la noche capturadas en los bosques. De corta talla, color moreno subido muy bien formadas, cabeza erguida, abundante pelo negro, ojos brillantes, negros, grandes; cejijuntas, boca pequeña y dientes blancos, pie chico, torneada pantorrilla, maneras desenvueltas, miradas provocativas... Se comprende por qué el joven capitán pasó muy a su gusto... 14 Y señala Enrique Krauze que el intercambio fue mutuo: A partir de 1815, Veracruz sería su centro de operaciones. Cientos de guerrilleros amnistiados se beneficiarían del frenesí constructor de aquel teniente que fundó varios pueblos provistos de casas, calles bien trazadas, corrales, iglesias y maestros de escuela. El prestigio que cimentó desde entonces entre [esta gente] -la jarochale ganó la sólida clientela política [que] al grito de -viva Santa Anna, muera el resto-lo seguiría siempre. 15 ría extensiva y a los tres cultivos esenciales de índole caribeña: el café, el tabaco y la caña de azúcar. Esa ubicación de los intereses económicos -y sociales y hasta familiares-de Santa Anna hace referencia a una clara visión geopolítica que hay que enfatizar, la cual si por una parte está preocupada por la comunicación de Veracruz y su puerto con el centro del país y su ya desde entonces megalópolis, por otra tiene siempre a la vista la natural salida de toda la nación hacia el mar -el Caribe, el Atlántico-y, a través de él y por las Antillas, hasta Estados Unidos y Europa. 17 Allí, en su feudo que funcionaba como una especie de "aduana de visitantes ilustres", le tocó ser de los primeros en ver entrar y salir del país a prácticamente todos los personajes extranjeros que por allí pasaron: ya se mencionó el postrer representante regio y luego también los primeros enviados diplomáticos de las naciones "amigas", probablemente el sagaz, masón y metomentodo norteamericano Joel. R. Poinsett y, con toda seguridad, tiempo después, el español don Ángel Calderón de la Barca, cuya esposa escocesa dio cumplida cuenta de la recepción que don Antonio les dio en sus posesiones. 18 En 1825 y 1826 tuvo en Veracruz amplia relación con el ya mencionado Aviraneta, el eterno conspirador vasco -al cual, según éste asegurara en su libro, le llegó a ofrecer hacerle su secretario "militar y político"-, mismo que pocos años después volvió a tener algún contacto con él cuando acompañó la expedición pretendidamente reconquistadora del brigadier hispano Isidro Barradas. Su paso por la región se consolidó cuando en 1824 es enviado como comandante militar a Yucatán, donde se contagió de lo particular del territorio al que no era tan ajeno, debido a lo caribeño de esa península, y entró en el juego político regional puesto que: 17 No es de olvidar que desde los tiempos virreinales el camino que venía desde Europa no terminaba en la ciudad de México, sino que se prolongaba, vía San Blas, Acapulco o Tehuantepec, por el Pacífico hasta el Extremo Oriente, a través de la nao de Manila. Santa Anna trató mucho a Aviraneta en Veracruz por 1825-1826, cuando éste militaba en las filas de la masonería escocesa para defender los intereses de los españoles residentes en Veracruz, en lo que coincidía con don Antonio, cuyo suegro era precisamente un rico peninsular establecido en ese puerto. Según afirma Aviraneta, el general Santa Anna estuvo muy cerca de pasarse a las filas de Barradas en Tampico (Ibidem, p. ISSN: 0210-5810 Los campechanos lo festejan para atraérselo y los yucatecos lo adulan para conquistarlo. Comilonas y saraos, peleas de gallos y mestizas, en las que el comandante pierde los estribos y peca, mañana, tarde y noche. Procura balancearse entre los dos bandos. Por meses enteros tiene engañados a unos y otros. Dicta órdenes de acuerdo con las instrucciones que lleva; pero se hace de la vista gorda para que nadie le haga caso. Y prosigue de festejo en festejo, por toda la provincia. 20 De dicha lucha, que él no provocó, 21 saca partido y el Congreso local, para halagar a Santa Anna y traerlo definitivamente a su lado, lo nombra gobernador. En cuanto el general tuvo algún interés por los caudales que estaban en la Aduana y por los que podían ingresar, se convirtió en legislador y modificó la declaración de guerra, indicando que afectaba el comercio entre Yucatán y Cuba. Con ello se convierte en el ídolo de Yucatán. Un poeta vehemente le llama "campeón ilustre y belicoso, de Aníbal valiente fiel traslado". Y continúan las fiestas y los agasajos. 22 En este contexto es en el que dirige su mirada más hacia el oriente y se encuentra con la Cuba todavía española, lugar que será temporalmente su objetivo militar:...fue invitado por "personas respetables de la Isla de Cuba" a intentar su liberación y, cuando lo juzgó oportuno, expuso su plan al Gobierno (carta fecha en Mérida a 18 ag. 1824), diciéndole que si le enviaban dos batallones de línea, con ellos, uno que él tenía y las milicias, completaría 4,000 hombres, que creía necesarios para no aventurar la expedición... Santa Anna, dueño del campo, reuniría todos los patriotas, que esperaban con ansia su apoyo para declarar la independencia. 23 La empresa se escuchaba interesante, y no hay que olvidar que los propios yucatecos y campechanos la veían con intereses económicos propios, ya que al dominar a Cuba, controlarían gran parte del Caribe. Sin embargo al final no se realizó, y desde la ciudad de México el único que opina en favor de ella es el ministro de la Guerra, Gómez Pedraza, quien expresa su sentir en una reu nión del Consejo, así: 20 Muñoz, 2003, p. 21 El origen del conflicto en el que Campeche quiere separarse es desde la época novohispana, en la que regionalmente Mérida era el núcleo político hegemónico español, y quizás el único de esa península, siendo Campeche un punto de defensa subordinado a dicha ciudad, pero que se vio favorecido en función de dicho factor, ya que se convirtió en una escala importante para el convoy comercial, lo que despertó sus deseos separatistas. 22 Muñoz: 2003, p Santa Anna es temerario, pero no ingenuo, puesto que al no ver apoyos concretos e incondicionales desde la capital, muda de parecer, y don Antonio tiene muy buen olfato político. Desde Yucatán se da cuenta de todo lo que está pasando. Licencia a los marineros, libera a los levados, desarman las escalas, y se escapa de servir de alimento a los tiburones voraces de la bahía de La Habana. Además se finge lastimado profunda mente en su honor por las palabras del ministro de la Guerra. Y como tiene otros planes, pide que se le releve del mando y la licencia para separarse del Ejército. 25 Enrique Krauze resume su paso por Yucatán de la siguiente manera: Desde allí, a espaldas del gobierno, haciendo siempre su real gana, planea la invasión de Cuba, propósito que si bien no realiza, contribuye a liberar al último baluarte español en México: la fortaleza de San Juan de Ulúa, frente a Veracruz. 26 Aunque no aplaude el intento de independizar a Cuba, le agrega un elemento positivo: que sirvió para tomar uno de los principales puntos estratégicos de Veracruz, la fortaleza de San Juan de Ulúa, que aun se encontraba en posesión española. Es Enrique González Pedrero quien hace mayor hincapié en el análisis del proyecto de la independencia cubana, 27 donde señala que en vez de romper con Cuba, México, desde Yucatán, podía hacer algo mucho más importante: aproximar se a la isla para favorecer su libertad, dándole un golpe definitivo a España. Semejante proyecto, de haber sido realizable, se habría vuelto uno de los actos más trascendentes, no sólo en la biografía del personaje, sino en la historia de México y del continente: le habría dado un vuelco a esa historia. Pero la independencia de Cuba en aquel momento era, aunque acaso intentable, tal vez prematura. Como lo demostraría el logro efectivo de la independencia, diferido hasta fines del siglo. Cuba no estaba aún madura. Y cuando Santa Anna lo plantea, el 18 de agosto de 1824, México no tiene recursos para precipitarla. 27 De hecho Enrique González Pedrero, en la historiografía santanista, sobresale porque a dicha empresa le dedica un apartado especial para su análisis, al que titula irónicamente "Un sueño guajiro" (González Pedrero, 1994, pp. 333-354). VOCACIÓN Y ANDANZAS CARIBEÑAS DE ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA Por todo ello hoy parece evidente que se trató sólo de una fantasía que no pasó de "buen deseo". 28 Y agrega lo que pudo haber sido si se hubiera realizado el proyecto cubano:...podría valorarse como una tesis de política estra tégica de primer orden. Tenía, en verdad mucho sentido y por eso la idea de la independencia de Cuba rondó en las cabezas de mucha gente y de más de un político mexicano. Desde luego en la de Lucas Alamán, secretario de Relaciones Interiores y Exte riores del Supremo Gobierno; en la de Guadalupe Victoria, conocedor de la incipiente política exterior, en la que había participado desde Veracruz de manera importante; en la de Gómez Pedraza, secretario de Guerra y Marina y en las de muchos legisladores que integraban el Congreso Constituyente, sin olvi dar algunos periodistas y a uno que otro representante mexicano de la legación en Washington. 29 Se ignora qué fue lo que impulsó en el fondo a Santa Anna a tal proyecto independentista; ni sus mismos contemporáneos supieron realmente las intenciones del caudillo; nosotros, que sólo tenemos testimonios sobre el asunto, naturalmente no podemos afirmar, sólo inferir. Sin embargo, debemos coincidir con González Pedrero, quien hace hincapié en que su realización hubiera significado un cambio trascendental en la región y, por supuesto, para la historia. Además el proyecto contaba con una lógica histórica: había que alejar el factor de reconquista española. Santa Anna señaló en una carta suya que a México le correspondía el "salvar" a Cuba, y a Colombia le correspondía "liberar" Puerto Rico:...Repito que esta obra le pertenece a la Nación Mejicana [sic] y que su empresa es digna de la magnanimidad que le distingue, así como pertenece a la República de Colombia libertar la Isla de Puerto Rico. No quedando entonces a los Españoles punto alguno en la América, no tendría ésta que temer, y podrá reorganizarse fácilmente y hacer progresos rapidísimos especialmente bajo la protección de los ingleses. 30 Aparte de las suspicacias que la intentona independista produjo en la capital del país, entre las personas cercanas al presidente Victoria, la principal causa del aborto de ella fue la franca oposición que tuvo en el gobierno norteamericano del presidente James Monroe, que por lo visto ya consideraba que los Estados Unidos, en estricto apego a la doctrina por ese 28 Ibidem, p. ISSN: 0210-5810 mandatario formulada, eran los únicos destinados por la Providencia para salvaguardar la libertad de todos los americanos. Comenta Luis Chávez Orozco, en un libro que compiló sobre el tema, cómo era que entre las instrucciones que traía de su gobierno Joel R. Poinsett, primer embajador estadounidense en México, estaba la de no permitir a este país inmiscuirse en la vida cubana: Lo cierto es que Mr. Henry Clay, en el pliego que dio a Mr. Poinsett, le decía que ejerciese una activa vigilancia sobre todos los movimientos que se hiciesen en contra de Cuba y lo autorizaba si la marcha de los acontecimientos lo exigía, para que patentizara al gobierno mexicano el criterio del Departamento de Estado, el cual consistía en que los Estados Unidos estaban conformes en que Cuba continuase en la dependencia de España. 31 giada entonces a los norteamericanos, tiene sabor caribeño, lo mismo que la fatal siesta de San Jacinto. También tuvieron que ver con las playas del Golfo las acciones de Santa Anna durante la llamada "guerra de los pasteles". Fue frente a su querido puerto de Veracruz, en la lucha por enfrentarse al ataque galo emprendido desde la fortaleza de San Juan de Ulúa, donde sufrió la desgraciada herida que le hizo perder la pierna. Luego, por 1841, siendo presidente de la República, llevó a cabo una acción que ratifica su interés por la comunicación de la República con el mundo a través de las costas del Golfo de México: la contratación de "el primer camino de fierro conocido en el país, el de Veracruz al interior". 32 Después de poco más de una década de estar en el "subibaja" de la presidencia, es exiliado del país. Y lo que es la ironía de la vida: Cuatro días lleva don Antonio navegando en el vapor inglés Midway... El hombre que quiso escalarlo y conquistarla hace veinte años, llega hoy a la sombra de sus muros y de sus palmeras en demanda de asilo. ¿Tranquilo? 33 Al ser exiliado, acude a La Habana, en parte por la "cercanía" con Veracruz, para lo "que pudiera pasar", pero además radica en dicho lugar por el clima y costumbres que le eran agradables, lo caribeño del lugar. Incluso hay ciertas similitudes urbanas entre Veracruz y La Habana, como son el puerto, los almacenes, la aduana, las fortificaciones y el malecón, siendo ambas ciudades escala clave de la comunicación entre lo que fue la Nueva España y España. Elementos todos que hacían muy agradable su estancia; el único inconveniente resultaba no conservar la gloria, los vivas, es decir el poder. Así, en letras de Enrique Serna, Santa Anna señala: De tal manera que mientras en México se están dando los primeros indicios de la guerra que Estados Unidos quiere: ¿Y Santa Anna?¡Ah!¡Su Excelencia, el Benemérito de la Patria, general de división don Antonio López de Santa Anna!...Allá está en Cuba, asistiendo a las recepciones de los diplomáticos, a los saraos y banquetes del capitán general...Jugando a los gallos y ganándoles a los españoles y cubanos, que conocen mucho menos que él las trampas del juego, treinta mil pesos en oro... Su siguiente estancia en la patria no fue demasiado larga. Tras la derrota ante los Estados Unidos, consecuencia de unas campañas que también tuvieron sus episodios costeños en el Golfo, durante el avance del ejército invasor desde Veracruz hasta México, el país entra en una seria reflexión, y digamos pesimismo. Por consiguiente se necesitaban "culpables", por lo que Santa Anna inmediatamente volvió a salir exiliado y hubiera querido vivir en Cuba, donde tenía buenos amigos, pero el nuevo gobierno presionó a las autoridades de La Habana para que me negaran asilo en la isla, y con mucho pesar me trasladé a la posesión británica de Jamaica. 36 Sin embargo la caribeña Jamaica no le satisface demasiado, puesto que: El carácter británico que predomina en Kingston es poco agradable a los Santa Anna, parlanchines, ademaneros, tropi cales. El idioma es otro inconveniente. Dos años, en lugar de acostumbrarlos, les desesperan. Nuevo viaje, hacia los trópi cos, hacia el lenguaje castellano y la llaneza de costumbres. 37 Continúa su viaje a través del Caribe hasta llegar a la Colombia caribeña, donde donde el vapor se condensa por la falta de viento, me obligó a buscar un lugar más templado en los pueblos aledaños de la costa. 38 Dicho lugar sería Turbaco. Allí, al igual que en La Habana en su primer destierro, se convierte en un personaje importante, aunque sin atribuirle los vicios cometidos en La Habana, puesto que ahora es un benefactor: México está tan lejano, que ha dejado de ser, por el mo mento, una tentación. Don Antonio se aplica al trabajo, rena cen las energías, el vigor, la movilidad incansable. Reedifica la iglesia adonde devotamente concurre doña Dolores, adorna los altares, completa los ornamentos, da caridad, atiende con igual sencillez a los escasos ricos y a los numerosos pobres de Turbaco que van a saludarlo, impulsa el cultivo de la caña de azúcar instalando trapiches, planta tabaco, inicia la cría de ganados, cultiva la tierra "no por la utilidad que le reporta, sino para dar ocupación a centenares de proletarios que vaga ban por estos alrededores, hundidos en la miseria por no tener en qué ocuparse". No había cementerio y S. E. lo costea, haciéndole un re cinto de material. Y construye una capillita para dormir eterna y profundamente, cuando el corazón descanse. 39 En Turbaco encontró un ambiente similar a Jalapa, con el puerto a poca distancia, clima tropical y vientos, pero menos insalubre y ardiente que la costa. 40 No en vano se instala en la casa de Simón Bolívar, otro personaje caribeño que también deambuló por aquellas playas en busca de mejor suerte política. La estancia a la que allí dedicó sus empeños agricultores y ganaderos, trasunto de sus haciendas veracruzanas, llevó el nombre de La Rosita, en honor de su hija. Allí se volvió personaje entrañable, destacando como el artífice del desarrollo local. 41 Sin embargo, si Turbaco física y culturalmente le resulta familiar al jalapeño, no puede ser lo mismo que El Encero o Manga de Clavo, esos espacios estratégicos vitales que le enseñan que el que sabe esperar encuentra una oportunidad de llegar a la cima del poder. De cualquier modo, finalmente la oportunidad llegó, y regresó a México y al mando supremo en 1853, llamado por sus incondicionales y por el partido conservador, que hasta su retiro lo fueron a buscar. 40 Son interesantes las semejanzas entre Veracruz y Cartagena, además de las de Turbaco y Jalapa. Por principio, ambos puertos eran factores claves en la época novohispana pues, al recibir a la flota, eran la entrada y salida al mar Caribe, pero climáticamente son la crudeza del clima costero (humedad, elevadas temperaturas) y las enfermedades que conllevan. Por otro lado, Jalapa y Turbaco representan a la población de tierra adentro (Jalapa a 100, Turbaco a 12 km del puerto), en la que el clima es más benigno que el de la costa (Jalapa a 1460 m. de altitud, Turbaco a 200). 41 Sobre la presencia de Santa Anna en Turbaco está el artículo de Campos, 3 de abril de 2005. Viene a continuación el periodo popularmente resumido como el de "su alteza serenísima", de 1853 a 1855, que fue la última vez que ejerció la presidencia. Dicho gobierno poco a poco se fue debilitando y, por principio, la muerte de Lucas Alamán le restó el más fuerte consejero y aliado. De tal manera que la oposición, encabezada por el plan de Ayutla, va derrumbándolo, y es cuando recuerda, a lo que infiere uno de sus biógrafos: Turbaco... los plantíos de caña... el ganado que pace, indiferente a la lluvia monótona... Su Alteza piensa, sueña... Los ministros le llevan decretos para aplicar toda la crueldad de las leyes militares, no sólo a los rebeldes captura dos, sino a los enemigos sospechosos. Su Alteza firma y piensa en La Rosita, en su hamaca, que se balancea suave mente... Le relatan las derrotas de sus tropas en Michoacán y San Luis Potosí, y recuerda la capilla que mandó construir para que en ella re pose para siempre su incompleta osamenta. ¡No hay que transigir! ¡Su Alteza debe continuar en el poder hasta el triunfo o la muerte! -¡Vayan al infierno! A las cuatro y media de la mañana del 9 de agosto el hombre del destino sale del Palacio en su carruaje, en medio de cincuenta lanceros. Cuando el Consejo se da cuenta, don Antonio va muy lejos, dormitando medio hundido en los almohadones de su litera. 42 Al iniciar el destierro en 1855 inicia un eterno peregrinaje y el ocaso de su vida política al no figurar más en el primer plano de la política nacional. 43 Sin embargo, si bien el Caribe era un lugar muy agradable para él, nunca podría deshacerse de la sed de poder, así: Dos años y siete meses. Don Antonio, todavía paciente, to davía confiado, permanece sentado en la puerta de su estan cia, seguro de que verá pasar los cadáveres de sus enemigos. En cada paquebote inglés que tira sus anclas frente a Car tagena le llega un grueso atado de cartas y periódicos. Lee durante el día y escribe durante la noche. Lee que los federa listas han dictado una constitución, vigente desde el 5 de febrero de Maximiliano, le detienen en Sisal y están a punto de fusilarlo, aunque finalmente lo sentencian al destierro, no sin antes hacerle pasar una temporada en las celdas de la célebre prisión de San Juan de Ulúa: escalas caribeñas. Su paso por esos mares no dejaba de hacer ruido, que muy bien oyeron franceses y norteamericanos. Quizás no sea casual que Veracruz y Mérida fueran dos de los últimos reductos imperialistas en capitular. ¿Hasta dónde la resistencia de Leonardo Márquez a rendirse a los republicanos en la ciudad de México, incluso después de la caída de Querétaro, tenía un cierto sustento en la esperanza de un pronunciamiento en las costas del Golfo por Santa Anna, con quien por lo demás ya había entrado en tratos Maximiliano desde los últimos meses de 1866? De La Habana también lo expulsan. Brinca de una parte a otra de las Antillas. Hasta que don Antonio López de Santa Anna se estableció en Nassau (Bahamas). Su vida no fue ya de boato. Doña Dolores, su esposa, no causaba más admiración de la sociedad. 48 Conservaba las hue llas de su singular belleza, su centelleante simpatía y su elegancia de fi nura, aunque exagerada a veces por los abusos de la encajería, de las joyas y del linaje que pretendió el viejo minero Tosta, de Zacatecas; pero como parecía un poco vuelta a la razón a causa del apartamiento de su marido en aquellas solitarias playas bahamesas, el séquito de em perejiladas jarochas, las acompañantes negras, la balumba de los mozos de cordel, en fin, todo aquel aparato que puso en desvelo a los habaneros de mediados del siglo XIX, no eran ahora gotas de las mieles de la señora Tosta. Para una dama de su alcurnia y de su incontenible pasión por las honras y dignidades a todo lo cual se ayuntaba su inagotable benevolencia, Nassau no podía ser más que un pueblo coralífero, a donde no faltaban aventureros de cuentas alegres; y tan ajeno a las tertulias y faustos era aquel lugar, que la señora Tosta resolvió trasladarse a La Habana, aunque ya no para hacer vida de pompa, sino a fin de dirigir desde allí la administración de sus muy mermados intereses. 49 La propia versión de don Antonio en sus memorias es más bien de gratitud para con las Bahamas y su gente, las cuales sólo desea dejar al ver llegar el final de sus días: 48 La vida tan particular que llevó el caudillo en sí misma lo hace famoso, sin embargo no ocurre igual con las personas cercanas a él. Basta señalar a sus esposas, ya que de la primera, Inés de la Paz García, prácticamente no se recuerda nada; y con la segunda, Dolores Tosta, quizás hubiera pasado lo mismo, pero tuvo la fortuna de quedar inmortalizada por el pincel de Juan Cordero, quien realizó un retrato de ella. Dicha pintura es brillante y hermosa. Ésta se encuentra en el Museo Nacional de Arte en la ciudad de México. Hasta enero de 2008 estaba en exhibición, sin embargo en la actualidad está en resguardo en el almacén del museo, probablemente por "restauración". De sus descendientes, por lo demás, se ha perdido todo rastro. VOCACIÓN Y ANDANZAS CARIBEÑAS DE ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA Deseando tranquilidad y seguridad, me trasladé a esta ciudad de Nassau, donde he conseguido lo que deseaba, pues he pasado cuatro años bastante contento por la generosa hospitalidad que he encontrado, y desearía terminar aquí mis últimos días entre tan simpáticos habitantes si obligaciones de familia no me empujasen al suelo patrio. La odisea final de Santa Anna es, humanamente, el periodo más interesante de su vida y no en vano ocupa casi la mitad de la autobiografía: registra vilipendios, fracasos, riesgos in minentes de la vida y ninguna hazaña gloriosa. Exiliado, esperan zado arrebatado por las aguas turbulentas del Golfo, que una y otra vez lo llevaron a playas contrarias, derrotado, prisionero, enfermo, el Ulises paranoico erró, durante veinte años, en acecho fiel del poder, hasta que logra volver a su tierra no para anonadar otra vez a los pretendientes de la Patria, sino para languidecer y morir. 51 De las citas anteriores se desprende que estos años finales del exdictador fueron "el periodo más interesante" de su existencia. Así el gran Caribe nos vuelve a ofrecer la oportunidad de entrar en la vida de tan apasionante personaje. Por fin, en 1874, después de la muerte de Benito Juárez, su gran enemigo, y cuando en la presidencia de la República está su paisano jalapeño Sebastián Lerdo de Tejada, que por lo demás ni siquiera se dignó recibirlo, ya con ochenta años encima, regresa al suelo patrio de manera definitiva, estableciendo su última morada en la ciudad de México, en la que muere el 21 de junio de 1876. Estos últimos tiempos los vive en la pobreza: con sus bienes mexicanos expropiados por el gobierno, el resto del capital perdido en las últimas aventuras, hipotecado para adquirir barcos y pertrechos con los que luchar por el poder que nunca usufructúa, la pensión de general rechazada por dignidad. Sí bien deambuló por varias poblaciones del Caribe, en general su aferró más a la parte hispánica: la insular de La Habana y la actual República Dominicana y la continental de Veracruz, Yucatán y Colombia. Una primera explicación de lo anterior se puede concretar en la conveniencia política de permanecer al acecho del acontecer en México. Sin embargo, esto no agota las motivaciones de nuestro hombre para buscar el continuo cobijo de las olas antillanas. Como se ha visto en páginas anteriores, a través de textos de diversos autores que se han enfocado a la vida de dicho personaje, se observa el "encanto y el gusto" por la región. Así por sus condiciones climáticas como por sus costumbres, hábitos y gustos culturales, entre ellos las peleas de gallos, las cuales aunque no nativas ni exclusivas de la región, tienen allí una enorme popularidad. 52 Desde el trabajo de Rafael F. Muñoz, quien se convirtió en un referente obligado y esencial sobre el personaje, observamos la estrecha relación entre Santa Anna y el Caribe, faceta en la que el caudillo encaja con un paradigma caribeño definido literariamente por Gabriel García Márquez -originario de la vertiente caribeña de Colombia-en varias de sus novelas, muy en particular -aparte de El general en su laberinto, alusión a los últimos días de Simón Bolívar-en El coronel no tiene quien le escriba y Cien años de soledad. En la primera no cuesta trabajo captar el paralelismo entre aquel coronel gallero que no acababa de recibir la carta con la pensión a la que tenía derecho tras una vida de combate con las armas y el postrer Santa Anna, viejo y enfermo, despojado de sus bienes por los liberales y aparentemente olvidado de todos, que ha renunciado a la paga que le correspondía como general del ejército y sufriendo la pena de no poder atender adecuadamente a su sustento y al de su esposa. Respecto a Cien años de soledad, el personaje concreto cuya descripción y aventuras traen enseguida a la mente el recuerdo de Santa Anna es el coronel Aureliano Buendía, cuya existencia resume así la espléndida prosa de García Márquez: El coronel Aureliano Buendía [-a lo Santa Anna-] promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas [-la fama de "sultán" siempre acompañó al jalapeño-], que fueron exter-52 Sobre las peleas de gallos, ver Sarabia Viejo, 2006. Además, uno de los autores del presente trabajo, Benjamín Flores Hernández, realizó una investigación en la UAA titulada "Los gallos. El 'ave del sol', a través del tiempo y del espacio" y de la cual se han desprendido varios artículos, aunque en su mayoría de índole regional (consultar informe final de investigación en la UAA). De todos los gallos de pelea que tuvo Santa Anna, tal vez el preferido por encima de todos fue el nombrado "Panchito" y, en segundo lugar, el "Cola de plata". VOCACIÓN Y ANDANZAS CARIBEÑAS DE ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA minados uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó a catorce atentados, a sesenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento [-como don Antonio en San Juan de Ulúa en 1867-]. Sobrevivió a una carga de estricnina en el café que habría bastado para matar a un caballo. Rechazó la Orden del Mérito que le otorgó el presidente de la república. Llegó a ser el comandante de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a la otra, y el hombre más temido por el gobierno, pero nunca permitió que le tomaran una fotografía. Declinó la pensión vitalicia que le ofrecieron después de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescadillos de oro que fabricaba en su taller de Macondo. Aunque peleó siempre al frente de sus hombres, la única herida que recibió se la produjo él mismo después de firmar la capitulación de Neerlandia que puso término a casi veinte años de guerras civiles. Se disparó un tiro de pistola en el pecho y el proyectil le salió por la espalda sin lastimar ningún centro vital. Lo único que quedó de todo eso fue una calle con su nombre en Macondo. Sin embargo declaró pocos años antes de morir de viejo, ni siquiera eso esperaba la madrugada en que se fue con sus veintiún hombres a reunirse con las fuerzas del general Victoriano Medina. 53 Recordemos que Macondo, el mágico lugar utópico en que transcurren varias de las narraciones de García Márquez, hace alusión a su pueblo natal, Aracataca, en el Departamento colombiano de Magdalena, frontera natural con Turbaco. De Antonio López de Santa Anna ¿queda, cuándo menos, en algún lugar mexicano, una calle con su nombre? Lo único suyo, para estos años iniciales del siglo XXI, es su mala imagen popular, no por inexacta e injusta menos compartida por la mayoría de los mexicanos, su interpretación como el más característico villano de nuestra historia y el funcionario corrupto por antonomasia, aquel que "vendió a los gringos la mitad de nuestro territorio". Véase, si no, la última "ópera" que acaba de estrenar Carlos Fuentes. Quizás quienes más se han aproximado a reflexionar acerca de la faceta caribeña santanista hayan sido Rafael F. Muñoz y Enrique González Pedrero, quienes, aunque sólo muestran indicios sobre la materia, puesto que su veta principal era otra, nos han dejado el socavón para continuar avanzando en el tema. Así nos encontramos con un personaje que en periodos concretos se empapó de la brisa del Caribe, donde buscó asilo, inspiración y, sin darse cuenta, se convirtió en una reliquia, que espera su rescate a los ojos contemporáneos. La casa en que viviera en Turbaco, en la que antes residiera el mismo libertador Simón Bolívar y que hoy es la alcaldía, aun se enseña 53 García Márquez, 2007, pp. 125-126. ISSN: 0210-5810 a los visitantes como la mansión de un patriarca que produjera en el lugar abundantes riquezas, hijos naturales y compadres; y la que tuvo en Santo Tomás, en las Islas Vírgenes, hoy es un hotel de lujo que lleva su nombre y una de cuyas habitaciones más exclusivas se enorgullece de haber sido la biblioteca de aquel aparente "filósofo en retraimiento" que un día visitara Madame Calderón de la Barca en su enorme y productiva hacienda de Manga del Clavo.
Es un hecho por demás conocido que en el cuadro político que emerge después de la Revolución, Buenos Aires figura como el campeón de la llamada tendencia centralista de poder. Las sucesivas Juntas de Gobierno, Triunviratos y Directorios constituyen las instituciones en donde esa dura y tenaz idea consigue encarnarse. Tampoco es terreno exclusivo de los especialistas el hecho de que los focos de resistencia expandan particularmente su luz desde los territorios del interior y del litoral, levantando la bandera de la llamada defensa de los derechos de los pueblos, o bien defendiendo el sistema confederal. En esta precisa línea, es frecuente detectar diversas acusaciones provenientes de esas regiones, las cuales están dirigidas a aquellas administraciones que concentran todo el poder. Bajo esta inspiración, suelen evocarse sus aristas más duras y autoritarias. Es de este modo que aquellos hombres son calificados de "mandones" e incluso resultan muchas veces incluidos dentro de los círculos de los llamados "gobiernos despóticos o arbitrarios". En este cuadro político dicotómico, por consiguiente, no puede resultar extraña la presencia de hipótesis que señalan que pensar en la existencia de un temprano federalismo bonaerense es como una especie de despropósito o de búsqueda que escapa a cualquier lógica y a cualquier sentido. En primer lugar, se afirma que en los años iniciales de la aventura revolucionaria el federalismo es una voz inhallable en Buenos Aires, debido a que su emergencia sucede en otros territorios, tan precisos como distantes. Las opiniones se dividen. Algunos historiadores sostienen que su génesis se debe a un documento escrito en Paraguay. Como se sabe, durante el año 1811, la Junta de Paraguay solicita a su par de Buenos Aires la materialización de la denominada confederación de ciudades que, a sus ojos, ya de hecho existe. Otros consideran que esa petición no se concreta finalmente y que, a fin de cuentas, se trata de un gesto que produce escasas consecuencias. Según esta mirada de las cosas, es en la Banda Oriental en donde se desarrolla la primera experiencia federal a partir de la línea de acción impulsada por José Artigas. 1 En ese marco, se afirma que el vocablo es ajeno a la realidad política porteña. Ninguna marca de ese signo habría quedado en esa arena política. En Buenos Aires, en los inicios del proceso revolucionario, señala Vicente Fidel López, no hay voces que sean "constitucionalmente dogma o germen federal". Desde este supuesto, concluye que "sería por demás de inconcebible...que dentro de esos elementos urbanos e internos hubiera surgido alguno con índole federal". 2 La centralista Buenos Aires discute hacia adentro de esa dura estrategia de poder, sin embargo, no se abre a considerar ninguna otra salida política. Sólo después de la sublevación de Fontezuelas, en abril de 1815, se distinguen voces de ese signo en esta provincia. 3 Pero las mismas no tienen el eco que sus protagonistas sin duda esperan. En este trabajo importa mostrar, por un lado, que la palabra federal sí circula en el espacio bonaerense en los inicios de la empresa revolucionaria, pero también que, por otro lado, lo que discuten allí remite a una forma particular de federalismo, la confederación, la cual es pensada en términos que exceden lo que hoy conocemos como territorio "nacional". Ahora puedo volver sobre los objetivos que guían esta investigación. Me interesa analizar, en primer lugar, qué tiene para decir al respecto Mariano Moreno. Posteriormente, resulta pertinente conocer cómo un año después circula el vocablo en el diario oficial. Ambos abordajes, contradiciendo la imagen historiográfica arriba señalada, sirven para observar los aspectos relativos a las primeras manifestaciones federalistas en dominio porteño. Los "gobiernos federativos" en la mirada de Mariano Moreno Una de las primeras reflexiones importantes sobre los denominados "gobiernos federativos", se debe a la pluma del secretario de la primera Junta de Gobierno Mariano Moreno. Es probable que su rechazo a imponer un orden federal se explique, por una parte, por su reconocida fe en la centralización del poder revolucionario, pero es posible que, por otra parte, haya jugado su papel allí el clima de conflicto y tensión que se vive dentro de la Junta de Gobierno. La cuestión de cómo regir un inmenso territorio cruzado por diferentes tipos de conflicto, la lucha facciosa por el poder, las reclamaciones de los pueblos al poder central, los frentes de combate permanente contra una monarquía que no acepta tener un papel secundario o nulo en el nuevo ordenamiento político americano, son algunos de los focos de conflicto que forman parte de un verdadero campo minado. En este contexto, pensar las formas que adquiere el poder o, mejor aún, modificar la estrategia estrictamente centralizada en Buenos Aires, no deja espacios a dudas, o se la acepta o se la combate. Vistas las cosas de este modo, podría decirse que el problema es doble: uno remite a la forma de gobierno, el otro, a la gobernabilidad. Para comenzar, entonces, resulta oportuno describir esquemáticamente cuál es el marco político. Es conocido que la primera administración revolucionaria configura una estrategia de poder diferente. La idea de instaurar un poder fuertemente centralizado en la ciudad capital en donde se origina la revolución, y cuyo propósito sobresaliente es una conducción política que promueva y difunda los ideales y principios revolucionarios al resto de las provincias que comprenden el Río de la Plata. Esa primera fórmula política que se impone desde Mayo de 1810 rápidamente tiene dos alas o tendencias: una más radical, cuya cabeza visible es Moreno, y otra más moderada, encabezada por el coronel Cornelio Saavedra. 4 Dos acontecimientos sucesivos, ocurridos en el mes de diciembre, señalan el creciente clima de tensión. El malestar dentro de la Junta se agudiza a partir del decreto, de directa redacción de Moreno, del 6 de diciembre de 1810, suprimiendo honores a Saavedra en su calidad de presidente de la Junta y comandante en jefe. El 18 de diciembre, con el importante aval de este último, la mayoría de la Junta Provisional decide que los diputados del interior formen parte de ella. Tal medida debilita ciertamente la idea de una férrea conducción política revolucionaria. Moreno, lógicamente, se opuso. Su argumento es que los diputados deben reunirse en un Congreso General y por ello no resulta conveniente que integren el poder Ejecutivo revolucionario. Su centralismo obedece, según ha sostenido un especialista de la política del periodo, a un propósito preciso: armar y sostener una dirección revolucionaria unitaria y centralizada. Tal perspectiva, por ejemplo, se concreta en los hechos a partir de la subordinación porteña de todo tipo de autonomía.5 En este mismo sentido, otro historiador ha puesto de relieve que, bajo la impronta de Rousseau, no habría que pasar por alto que Moreno defiende la idea de una soberanía "indivisible e inalienable". 6 Exactamente, en este contexto de conflicto y de debilidad escribe el líder revolucionario sobre el federalismo. Es difícil saber de qué material de lectura dispuso a la hora de escribir. Sí se conoce que entre sus pertenencias se encuentra una Constitución de Estados Unidos, la segunda, la sancionada en 1787. Sin embargo, no está claro de quienes son las anotaciones que figuran en esos papeles. 7 Unos se inclinan a pensar que son de él, otro, quizás con mas datos, propone que no es la escritura de Moreno sino la de un comerciante inglés, Alexander Mackinson. 8 Lo que sí parece fuera de dudas es que tiene en mente la experiencia de Estados Unidos porque es el modelo con el que confronta sus reflexiones en torno al federalismo. En la opinión de Moreno, la cuestión que se plantea en términos políticos bien puede formularse a partir de un interrogante: ¿podrá una parte de América por medio de sus Representantes establecer una constitución o, acaso, deberá esperar la reunión de un congreso de todo el continente? 9 Esta alternativa parece estar destinada a fracturar la felicidad política en la que viven los flamantes revolucionarios. "Oigo hablar generalmente de un gobierno federativo -declara con cierto tono pesimista-como el más conveniente a las circunstancias y estado de nuestras provincias". 10 En su opinión, el error que esta propuesta contiene se vincula con la falta de conocimiento de los hombres que pretenden imponerla. Por este motivo, la iniciativa genera incertidumbre y, sobre todo, temor. "Temo, continúa nuestro escritor, que se ignore el verdadero carácter de este gobierno, y que se pida sin discernimiento una cosa que se reputará inverificable después de conocida". 11 ¿Cuál es ese sistema federal que los habitantes del Río de la Plata parecen desconocer y cuya instalación deben temer? Se refiere a la experiencia federalista iniciada en Norte América. De esa realidad política, señala una vertiente particular: la denominada "confederación patriarcal". Es decir, no hace referencia a la segunda Constitución de Estados Unidos (Estado Federal), vigente en esos instantes, y que como se dijo ya figura 7 Souto, 2008. 9 Este tema, se ha señalado, lleva implícito otro más importante que se relaciona con la extensión geográfica del nuevo Estado en la América española. De sus argumentaciones surge con claridad la voluntad de constituir una nueva nación. Pero, consideraciones de orden político que guían igualmente estas reflexiones, conducen a Moreno a juzgar inviable la unidad americana, aconsejando a sus compatriotas la solución más limitada de la reunión de un congreso sólo de las provincias del Virreinato. 12 Para conocer cómo la define es necesario volver a escucharlo: "Esta consiste, esencialmente, en la reunión de muchos pueblos o provincias independientes unas de otras, pero sujetas al mismo tiempo a una dieta o consejo general de todas ellas, que decide soberanamente sobre las materias de estado que tocan al cuerpo de nación". 13 Como se ve, cuando habla de federalismo está hablando en rigor de una confederación. La importancia y la vigencia de este experimento político no se pone en duda. "Este sistema, dice el líder revolucionario, es el mejor, quizá, que se ha discurrido entre los hombres." Sin embargo, su aplicación en nuestras tierras le resulta tan complicada que se atreve a decir que "difícilmente podrá aplicarse a toda la América". Porque a sus ojos es imposible cumplir con sus principios básicos. "Dónde se formará, se apresura a apuntar nuevamente, esa gran dieta ni cómo se recibirán instrucciones de pueblos tan distantes para las urgencias imprevistas del estado". 14 A esta lista de dificultades, le agrega otros dos datos de la realidad histórica, que, ciertamente, considera muy problemáticos: la inmensidad del territorio y la urgencia cotidiana de la guerra revolucionaria que obliga a los gobernantes a tomar rápidas decisiones. 15 Sin embargo, más allá de su rechazo sobre la fórmula confederal, no se permite pasar en silencio sobre qué tipo de organización política sería deseable. Así, sostiene que para un tiempo más tranquilo (y sobre todo futuro) preferiría una alianza: cada provincia de América, dice Moreno, debería establecer su constitución en sus propios límites de acuerdo a sus costumbres y necesidades, esto es, "a lo que considere más conveniente para su felicidad". 16 Al mismo tiempo, señala que cada territorio del continente debe asumir una alta y solidaria misión, la "justa máxima de auxiliarse y socorrerse mutuamente". 17 En ese marco, sostiene que debe abandonar-12 "Los pueblos modernos son los únicos que nos han dado una exacta idea del gobierno federativo, y aún entre los salvajes de América (se refiere a los de Estados Unidos) se ha encontrado practicado en términos que nunca conocieron los griegos. Oigamos a Mr. Jefferson que en las observaciones sobre la Virginia, nos describe todas las partes de semejante asociación...He aquí un estado admirable, que recurre al gobierno patriarcal la forma rigurosa de una federación." (cursiva mía) La Gazeta, 6 de diciembre de 1810. 13 se cualquier idea federalista, la cual resulta en estos momentos "inverificable". 18 De este modo, sus reflexiones en torno al federalismo, no pueden, de ningún modo, ser asimiladas a las de un entusiasta divulgador de este tipo de ideas como lo sugiriera uno de los primeros historiadores nacionales. Me refiero a Bartolomé Mitre, quien anota que la federación es "explicada y propagada dogmáticamente su doctrina por Moreno". 19 ¿Cuál es la intención política de estas reflexiones del jefe revolucionario? Es difícil saberlo con certeza, ya que nuestro escritor sólo señala su disgusto por el rumor de un posible gobierno federativo y parece únicamente estar dispuesto a decir por qué su realización material constituiría un serio error. No da nombres ni los sugiere. Es muy probable (si se me permite hacer una conjetura) que su negativa con respecto a la idea de implantar una confederación se deba, por lo menos en parte, a la incorporación de los diputados del interior a la Junta de gobierno porteña. Aceptar las bondades de ese sistema significa aceptar los derechos políticos autónomos y soberanos de las ciudades y provincias que esa Junta controla y dirige políticamente en las citadas fechas. No es gratuito (y mucho menos inocente) que el federalismo sea una de las armas de combate elegidas por las provincias durante toda la década revolucionaria. Especialmente con el fin de hacer dos tipos de impugnaciones: para cuestionar el poder central de los gobiernos porteños y para, claramente, justificar y sostener su participación dentro del marco de la política nacional. El federalismo, de este modo, oficiaría como una suerte de caja de herramientas utilizada por aquellos que cuestionan la posición política hegemónica de Buenos Aires. Políticamente, está pensando en términos americanos y no en términos de lo que hoy llamamos territorio argentino. La revolución ha comenzado hace poco y aun no están fijados sus límites. La idea de confederacionismo fidelista de hecho en los papeles públicos porteños Durante el año 1811, y en algunos papeles públicos relacionados con la Junta de Gobierno de Buenos Aires, es posible detectar el vocablo federal como una suerte de confederacionismo fidelista de hecho. En términos generales, significa la unión de todas las partes que integran el reino espa-18 Ibidem. También es posible que se aluda con ello a aquellas naciones que sostienen una alianza con España. Un buen ejemplo puede observarse en una página escrita por el redactor de La Gazeta, en donde se presentan las reflexiones del editor del Correo Brasiliense. Este papel se ocupa centralmente de la realidad europea, más precisamente, de España, Inglaterra y Francia. Es evidente aquí que el término confederación es sinónimo de pacto, de alianza con aquellos países que están aliados a la nación española. Bien vale recordar que en esos instantes España e Inglaterra se han unido contra Francia. Otro elemento a tener presente es la posibilidad de una mediación británica en el conflicto entre España y sus antiguas colonias. 20 En esta línea, el editor del diario oficial de Buenos Aires reprodujo un articulo escrito por el clérigo sevillano José María Blanco White,21 aparecido en El Español (publicación periódica editada en Londres), en el cual, utilizando documentación extraída al parecer de fuentes francesas, da cuenta de una tentativa por parte del gobierno inglés para liberar a Fernando VII. En este marco de verdadera simpatía y solidaridad entre algunas naciones europeas, debe entenderse por qué pueden hallarse afirmaciones como esta: "...odio eterno al usurpador, y fidelidad a Fernando, estos son unos principios sagrados que jamás violaremos, y que reconocemos siempre por la base de nuestra alianza y confederación con la generosa nación inglesa". 22 Otro ejemplo alude al conocido tratado firmado entre los gobiernos de Buenos Aires y Paraguay. Aquí el vocablo confederacionismo es usado como una alianza preexistente de nación, la cual no remite ni a una supuesta estructura política nacional argentina ni americana, sino a la nación española. Dentro de esta perspectiva, en los meses de septiembre y noviembre de 1811, aparecen en La Gazeta artículos referidos a ese tratado. 23 En este documento, la Junta de Paraguay explica su actitud separatista sosteniendo que, reasumiendo los pueblos sus derechos primitivos legítimos, se hallan todos ellos en iguales condiciones. Desde este supuesto, se afirma que "...los autos mismos manifestarán a VE (se refiere a la Junta Gubernativa de Buenos Aires) que su voluntad decidida es unirse con esa ciudad, y demás confederadas no sólo para conservar una recíproca amistad, buena armonía, comercio y correspondencia, sino también para formar una sociedad fundada en principios de justicia, de equidad y de igualdad. A este fin ya ha nombrado su diputado, para que asista al Congreso general de las provincias...". 24 Varias son las interpretaciones que este texto merece. Una de ellas remite a su origen ideológico. "Ésta fue la primera vez, escribió Bartolomé Mitre en su clásica Historia de Belgrano, que resonó en la historia Argentina la palabra federación, tan famosa después en sus guerras civiles, en sus congresos constituyentes y en sus destinos futuros". 25 Otra alude a su trasfondo político e ideológico. La forma de organización de poder no puede ajustarse a cualquier noción federalista, sino que los hombres que la enuncian y defienden la usan en un sentido concreto: como una confederación. 26 Se ha hecho notar, asimismo, que el fundamento de los textos federalistas paraguayos de este periodo proviene de la veta del derecho natural y de gentes. El objeto del Congreso General de las Provincias propuesto por Buenos Aires, a juicio de quienes el 9 de junio de 1811 separaron del mando al gobernador Bernardo de Velazco, debía ser el de "formar una asociación justa, racional, fundada en la equi-dad y en los mejores principios de derecho natural, que son comunes a todos". 27 En tercer término, se ha señalado con entera claridad que el proceso que llevó a la materialización de dicho tratado es más lento de lo que se supone y que ese camino está lleno de promesas políticas. Los agentes porteños en Paraguay tienen un lenguaje proclive a la autonomía paraguaya durante todo ese año con el fin de lograr que aquellos se sumen a la revolución de Buenos Aires. En las entrevistas que Belgrano mantiene con los jefes militares paraguayos, durante 1811, trata de convencerlos de que se unan a la revolución "argumentando que Buenos Aires respetaría no sólo la autonomía de la provincia sino que la liberaría de las cargas impositivas que pesaban sobre sus productos de exportación, el tabaco y la yerba mate". 28 Sin embargo, lo que no se ha advertido aún es que esa confederación está atada a la figura del rey, esto es, no se trata de una confederación que una en un mismo espacio de poder a distintas entidades políticas sin ningún lazo exterior, sino que es una confederación de corte fidelista: servicio de milicias e iniciar un comercio libre de todos los productos paraguayos, aun del tabaco. 30 En febrero, la Junta porteña avala esas proclamas. Tal situación se entiende por las circunstancias críticas que vive Buenos Aires. Especialmente el año 1811 se muestra como un periodo poco provechoso en la resolución de conflictos; cuando se negocia este tratado, la ciudad capital vive las consecuencias aún de los sucesos de abril, en los que los moderados de Saavedra, respaldados por un movimiento urbano y suburbano encabezados por algunos alcaldes de Barrio, logran depurar momentáneamente al sector morenista de la vida pública de la ciudad. En los primeros días de agosto se conoce al mismo tiempo en la capital la derrota de Huaqui, que, básicamente, brinda una victoria contundente a los realistas en el Alto Perú. También se produce, casi al mismo tiempo, la invasión portuguesa de Diego de Souza a la Banda Oriental en apoyo de Elío. En septiembre, finalmente, emerge con entera claridad una crisis en el gobierno de Buenos Aires que, entre otras cuestiones, motiva que sus miembros más importantes se alejen de la ciudad. Un último aspecto, como ha llamado la atención Halperin, alude a la mirada militar que desde Buenos Aires se tiene con relación a la guerra contra los ejércitos realistas. En este sentido, se ha insistido que una de las preocupaciones claves desde el comienzo de la guerra revolucionaria es la situación de la Banda Oriental ya que desde allí, se sospecha (y con razón), pueden venir los golpes decisivos de los españoles. Ante el avance de los portugueses durante ese año, Montevideo y Buenos Aires firman un armisticio, una alianza defensiva contra esta invasión. 31 En este contexto, Buenos Aires presenta una situación de debilidad política. Por ello cede su posición coyunturalmente (sólo coyunturalmente) tanto en Paraguay como en la Banda Oriental, en cuanto estos tratados no son ratificados con posterioridad por el gobierno porteño, mostrando claramente que no está dispuesto a ceder sus derechos. El mismo autor explica las circunstancias de la petición de ayuda del virrey Elío a los portugueses y el posterior armisticio entre el gobierno de Buenos Aires y los portugueses. De esa manera, concreta un pacto de paz con Montevideo en octubre de 1811: la entera campaña oriental, y aún la mitad oriental de Entre Ríos, son devueltas a la obediencia montevideana, se espera de este modo alejar a los ocupantes portugueses, cuya intervención había sido presentada como una defensa de la amenazada autoridad del rey de España. El armisticio de 1811 entregaba la costa entrerriana a los realistas. Es decir, en mayo el gobierno de Buenos Aires defiende a Montevideo como parte de la nación española. Es muy probable que esta idea de confederación se vincule de algún modo con la de conformar un nuevo modelo imperial. Ese modelo es impulsado por Blanco White y es aceptado, aunque con algunas reservas, por el sector moderado de la revolución. 33 Las primeras reproducciones de El Español aparecen en La Gazeta cuando el Deán Funes se hace cargo de su edición. El articulo trata sobre la situación americana en el contexto de la formación de las Juntas de gobierno en Caracas y Buenos Aires. En esas páginas no sólo se celebraba la moderación de la revolución de Caracas sino que se la considera como el primer e imprescindible paso para la conformación de un nuevo tipo de moderación imperial. Se basa, como la ha puesto de relieve Alejandra Pasino, en la existencia de un conjunto de provincias y reinos, provistos de gobiernos autónomos para sus aspectos locales, que se asimilan a un sistema confederado bajo el reconocimiento de la figura del monarca. La legitimidad de las Juntas formadas en Caracas y Buenos Aires -y las que a su entender deberían formarse en todos los antiguos territorios coloniales-se argumenta en el marco del proceso revolucionario iniciado en la Península en 1808, es decir, la formación de las Juntas locales y provinciales. A los ojos del sevillano, la característica esencial es que dichos gobiernos no deben olvidar su función de "interinos" hasta el regreso del monarca o hasta que una autentica representación de los territorios españoles y americanos siente las bases del nuevo imperio. En suma, la idea de confederación fidelista de hecho le sirve a la Junta para ofrecer alguna respuesta tanto a su relación con la Península como a la constante reclamación de los pueblos por su preciada autonomía. Sin embargo, lo que no debemos perder de vista, más allá de estas menciones de otro cariz político, es que en el discurso de los gobiernos de Buenos Aires predomina la idea centralista de poder. El empleo del concepto de confederación fidelista de hecho 34 es efímero y coyuntural, coincidiendo su uso con las frecuentes crisis políticas registradas en el marco de la revolución y la guerra. El uso del confederacionismo, de hecho, es empleado de manera coyuntural durante el año 1811. Otros ejemplos pueden consultarse en "Respuesta de D. José Obregón, parlamentario de Montevideo dada por la Excma Junta, 27 de mayo de 1811", La Gazeta, 30 de mayo de 1811. En este sentido, ver también: "Manifiesto Apologético de la Junta Gubernativa de Buenos Aires a los Pueblos de la Confederación", Buenos Aires, 5 de septiembre de 1811. Archivo del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani (AIHAAER), Buenos Aires, 1811. Y durante el año 1813 se la cuestiona directamente. 35 Es del todo probable suponer que su disminución coincida con la emergencia del caudillo federal José Artigas que, en estos últimos años, lentamente, se convierte en una alternativa de poder frente a los gobiernos de Buenos Aires. A modo de conclusión -En Buenos Aires, el vocablo federal, no aparece como un relámpago inesperado en los días posteriores a la sublevación de Fontezuelas, en donde comienza a circular como una propuesta de renovación y cambio en algunos grupos políticos locales. Como se ha destacado en estas páginas, esa realidad (supuestamente ajena) ya es palpable antes. Un murmullo federalista, a veces audible, otras casi imperceptible, comienza a circular durante 1810 y 1811. De este modo, la afirmación de que no hay una voz federal en territorio bonaerense en los inicios de la Revolución no se asimila al paisaje político de esos días: la improbable confederación americana descrita por Moreno en las columnas del diario oficial, la idea de una confederación fidelista de hecho escrita en algunos artículos de La Gazeta y en papeles de gobierno, y las ideas federales de los partidarios de Artigas en la ciudad puerto, 36 hacen enteramente visible que el vocablo no es ajeno a la realidad política local. De este modo, en la Buenos Aires centralista del decenio revolucionario, es posible describir un escenario más abierto a las creencias de este signo. -El concepto político confederacionismo americano merece varios comentarios. Para su mejor comprensión es necesario desmontarlo. En esta línea, resulta de suma utilidad analizar y explicar cada uno de esos vocablos. La confederación, entendida como una unión laxa de provincias o de ciudades que mantiene su propia soberanía bajo el amparo de un gobierno 35 Hemos detectado un sentido de confederacionismo para expresar con él la posibilidad de una alianza preexistente enemiga. En la Asamblea Constituyente de 1813, reunida en Buenos Aires, se menciona la presencia de una alianza enemiga que acaba de romperse, se refiere a las intendencias de Charcas, Potosí, Cochabamba y La Paz. En este caso, la confederación remite a la nación española, pero se usa como una noción negativa lógicamente porque se esta peleando contra aquellos. En esa línea, se dice en la sesión del 29 de abril de 1813: "Destruidas en la campaña de Salta las últimas fuerzas de la confederación despótica, es llegado el feliz momento en que las provincias occidentales de la unión nombren sin demora sus legítimos representantes para esta Asamblea..." BUENOS AIRES EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN central que las preside pero con menos atribuciones de poder que ellas, constituye una de las variantes federales; las otras dos son el estado federal y la vertiente de Benjamín Constant, que, cada una a su modo, ponen el acento de la soberanía más en el poder central que en las partes del todo. 37 Sin embargo, en este estudio he analizado una segunda forma confederal, cuya diferencia central con la primera no está en sus contenidos elementales y básicos sino en las dimensiones territoriales en que es pensada. Esa dimensión no es nacional sino continental. He tratado de hacer ver cómo hay actores que piensan en las posibilidades de instalar una confederación en una escala mayor, americana. Las reflexiones de Mariano Moreno sobre las posibilidades de un sistema federal de dimensión americana, la circulación del vocablo confederación como una situación de hecho y de corte fidelista, señalan con entera claridad esta última perspectiva. Estas intervenciones, por cierto, no han operado políticamente en un modo decisivo sino que circularon de modo coyuntural, esto es, no están en la mesa de la discusión pública todo el tiempo. El confederacionismo fidelista de hecho funcionó como un componente ideológico defensivo por parte de las Juntas de gobierno de Buenos Aires, en momentos de clara debilidad política en donde se trata de ceder a las reivindicaciones de mayor participación política por parte de las provincias. Una vez pasada la tormenta política, la centralista Buenos Aires retoma su estrategia de poder conocida durante toda esa década, la subordinación de las provincias a un poder centralizado radicado en esta ultima ciudad. Las reflexiones negativas de Moreno sobre el tema también se dan en un momento de fragilidad política del gobierno porteño, donde uno de sus líderes tiene que salir a escena a explicar su inviabilidad. Esas reflexiones, por este orden de razones, sólo duran los días de esa crisis.
Valoración, partición y distribución de la tierra de los resguardos indígenas en una localidad andina venezolana. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela El artículo examina el proceso mediante el cual los Resguardos indígenas que fueron establecidos en la región andina venezolana en el tardío siglo XVI experimentaron su disolución tres centurias más tarde. El objetivo central de este trabajo es analizar la valoración, partición y distribución de esos Resguardos Indígenas de Mérida, tratando de apreciar la intervención de los factores que participan en ese hecho; para el estudio de los aspectos contemplados en el proceso de extinción de las tierras que fueron otorgadas, con carácter común e intransferible, a los pueblos de indios de Mérida; en esta ocasión, se tomó como ejemplo el caso de Santa Bárbara de Chachopo. En la Nueva Granada, a cuya jurisdicción estuvo adscrita Mérida hasta 1777, se denominó Resguardo a las tierras asignadas a los pueblos de indios con carácter comunal e inalienable, mientras en otros territorios andinos, el área adjudicada a las comunidades indígenas, se conoció simplemente como tierras de comunidad, en tanto que en México esta propiedad fue conocida como Fundo Legal. 1 Sin embargo, de manera general, en las provincias neogranadinas, no así en Mérida, el término Resguardo fue asociado a pueblo de indios, es decir que se identificaba la propiedad comunal con el propio poblado. 2 Por su parte, en la provincia de Venezuela, a la que fue anexada Mérida en lo gubernamental, en aquel año del siglo XVIII, el término Resguardo indígena fue adoptado en el siglo XIX y su uso, de manera extendida y concreta, se hizo ostensible en la legislación republicana. De hecho, estos espacios destinados a las comunidades indígenas formaron parte de ese proceso de ordenamiento espacial 3 que instituyó la Corona española en sus territorios de Ultramar, por medio del cual incorporó compulsivamente la población indígena a la trama de su control político, económico y social. 4 Sin embargo, muy pronto, en esas áreas a las que se limitó la existencia indígena entraron en pugna costumbres y valores ancestrales con los recién impuestos, cuya asimilación y dominación no resultó una labor fácil, ni plena. Por el contrario, esos espacios se constituyeron en núcleos generadores de resistencia a las agresiones a las tierras comunales, la que se manifestó a través de una diversidad de procedimientos o tácticas, las cuales se enfrentaban a medidas y estrategias dominadoras. La lucha de los indígenas por conservar sus tierras comunales, elemento esencial en la existencia de la comunidad aborigen, fue una evidente expresión de oposición a la agresión generada a lo largo del tiempo colonial, particularmente en las últimas décadas coloniales y en el periodo republicano, provocada por los intereses crecientes de una sociedad con vocación individualista liberal de la propiedad de la tierra que se impuso finalmente en el siglo XIX tardío sobre la propiedad comunal indígena; ésta tuvo su expresión jurídica en un cuerpo de leyes promulgadas en esa centuria. En las transformaciones que experimentó la propiedad comunal indígena, si bien la legislación republicana fue un componente eficaz y diligente, es preciso considerar los agentes externos, corporativos e individuales, como artífices de las modificaciones que sufrieron los pueblos de indios y, por ende, de la desestructuración de los resguardos. La presencia progresiva de población mestiza y otra serie de avecindados en los asentamientos indígenas fueron diluyendo paulatinamente la dualidad indio-no indio y dando paso a sociedades locales multiétnicas. 5 Aquella población radicada en los asentamientos de resguardos, con derechos de tierra de labor, arrendataria o simplemente domiciliada en el poblado, compartía con los nativos los espacios comunales; situación que, de acuerdo a la máxima autoridad provincial de Mérida, provocó tal caos en esos pueblos por "... la anarquía, inseguridad y litigios en que se hallan envueltos los individuos que han comprado y están comprando subrepticiamente tierras de resguardos". 6 Para resolver aquel desconcierto, el mismo funcionario proponía tomar medidas drásticas que culminaran con la división de las tierras comunales. Así, las incomodidades que experimentaban los pueblos de indios, no sólo provenían de los avecindados, sino también de atropellos de los acomodados propietarios de las unidades de producción circunvecinas, los que originaron una cadena de quejas y reclamaciones ante las autoridades de turno, sin lograr, en un buen número de casos, eco alguno. Tal realidad permite comprender hasta donde las leyes decimonónicas imbuidas por los aires de "modernidad liberal", destinadas a la división y repartición de los resguardos fueron efectivamente factor desestructurador de la propiedad comunal. De hecho, ese proceso tenía antecedentes de vieja data, circunstancia que no significa desconocer que las disposiciones legales republicanas sobre la propiedad comunal incidieron en la presencia y acción de agentes foráneos, ni como elementos de presión para aligerar y obligar a reducir el patrimonio comunal a parcelas en manos de pequeños propietarios. Definitivamente, las leyes liquidadoras del resguardo venezolano y, en particular, en el andino merideño, propiciaron la participación de otros sec-tores de la sociedad en esos territorios, presionaron su partición, dando formalidad legal a ese hecho y a la posesión de las individualidades enmarañadas, destino final de esos espacios; hecho que debió satisfacer a sus gestores, quienes buscaban a toda costa y bajo la bandera de los nuevos ideales liberales, el libre desarrollo de nuevas fuerzas productivas. 7 Sin lugar a dudas, no se puede soslayar el papel de la legislación decimonona, generadora de cambios, agente efectivo de presión e instrumento pautador en la liquidación de la propiedad colectiva de la tierra. Ciertamente, la propiedad comunal incompatible con las ideas ilustradas constituía un obstáculo en el desarrollo de los proyectos económicos liberales expresados abiertamente desde el siglo XVIII y planteados formalmente en el XIX, cuando las nuevas repúblicas hispanoamericanas 8 hicieron suyo el proyecto desamortizador y liquidador de bienes inmuebles. Así, con los inicios de la vida republicana, desde México 9 a la Argentina, se manifestaron frontalmente las reformas anticorporativas. 10 En efecto, la propiedad comunal no encajaba en la concepción individualista de la sociedad, ni con los principios económicos liberales que sustentaban que la propiedad plena e individual de la tierra y el libre juego de los factores económicos, eran elementos esenciales en la efectiva y significativa productividad. De tal manera que, los miembros de esas aldeas pasarían a ser "pequeños propietarios", tal como lo había planteado Rousseau, 11 defensor de la división de las tierras comunales. Así, buena parte de esos lugares se convirtieron en una conjunción de minifundios, mientras otros fueron absorbidos e incorporados a propiedades privadas aledañas, dando origen a una propiedad mayor, la propugnada por los fisiócratas. En los últimos años, los análisis sobre el Resguardo han representado importantes avances -particularmente en México-con trabajos, entre otros, como los de John Tutino, Jean Meyer y Raymond Buve, 12 y en algunos países andinos como los de Langer y Luis Miguel Glave, 13 Erwin Grieshaber y Guerrero14, y el de de Solano de las Aguas -Flórez Bolívar, referido a Colombia. 15 En Venezuela el tema ha sido poco estudiado16 y en el caso andino venezolano, 17 todavía queda mucho por hacer, cuyo estudio se apoya en una importante información documental recabada particularmente en los expedientes sobre repartos de los resguardos de Mérida que se conservan en el Registro Principal de la misma ciudad. Igualmente, se contó con el apoyo de información bibliográfica y hemerográfica, que constituyen un soporte fundamental, tanto en el aspecto teórico como metodológico. Los resultados que se presentan forman parte de un proyecto de investigación más amplio y ambicioso sobre el tema. El objetivo central de este trabajo es analizar la valoración, partición y distribución de los Resguardos Indígenas de Mérida, tratando de apreciar la intervención de los factores que participan en ese hecho; para el estudio de los aspectos contemplados en el proceso de extinción de las tierras que fueron otorgadas, con carácter común e intransferible, a los pueblos de indios de Mérida, en esta ocasión, se tomó como ejemplo el caso de Santa Bárbara de Chachopo. Se estima que el proceso de partición de las tierras comunales indígenas merideñas no fue un hecho homogéneo sino que cada caso presenta particularidades, a pesar de que también existen importantes similitudes. En la división de esos terrenos intervinieron y se conjugaron, en forma diversa, factores humanos y naturales. Asimismo, se considera que la liquidación del Resguardo en Mérida fue la culminación de un proceso que se inició con su establecimiento y se dinamizó con las modificaciones que experimentaba la sociedad influida por el espíritu racionalista de la Ilustración y los valores sustentados por los principios individualistas del avasallador y emergente liberalismo económico, que tuvo en la propiedad de la tierra y la fuerza laboral indígena elementos fundamentales para el logro de sus objetivos. Santa Bárbara de Chachopo está asentada en el valle alto y longitudinal del río Motatán, en un cono torrencial y en terrazas, a 2.600 m.s.n.m.,18 con una temperatura media anual de 11.4° C y precipitación media anual de 975 mm. Esta localidad es la capital de la parroquia Andrés Eloy Blanco, nombre del ilustre poeta venezolano que hizo de esta población andina un paraje y un motivo en su poesía. Su vegetación es predominantemente de páramo, de gramíneas y arbustos. Para 1846, la localidad de Chachopo, hoy cabecera de la parroquia Andrés Eloy Blanco del Municipio Miranda, contaba con una población de 612 habitantes de legendaria tradición agrícola. En ese entonces, esta parroquia, que estaba en la jurisdicción del Cantón Mucuchíes de la provincia de Mérida, tenía el 8% del total de agricultores de las siete entidades parroquiales del cantón. En 1873, el primer censo nacional atribuye a la parroquia de Chachopo del Departamento Miranda del Estado Guzmán, 773 individuos distribuidos entre el poblado y los caseríos o partidos, sectores del Resguardo, de La Pueblita, Campo Alegre, La Venta y Piedra Gorda, a cargo de comisarios. No obstante, cuatro años más tarde, en 1877, su población, que se calculaba en seiscientos individuos, se discriminó en 400 indios "puros", 100 mestizos y 100 blancos "puros", lo que no sólo significa que la mitad de la población no era comunera, 19 sino que la parte indígena perdía importancia ante el fenómeno del mestizaje, circunstancia favorecida por la presencia de una población no indígena en los pueblos de resguardos y el desplazamiento de los nativos hacia las zonas productoras y estimuladas por el auge de la economía del café. En 1881, a Chachopo le estiman 770 habitantes y diez años más tarde, el censo de 1891 asigna al municipio Chachopo del Distrito Campo Elías del Estado Los Andes, 772 personas, 20 crecimiento definitivamente nulo o estancado, según los datos censales referidos. Un siglo después, de acuerdo al censo de población de 1990, Chachopo contaba con 1.681 habitantes, dedicados particularmente a la agricultura. Orientada a la producción de tubérculos y hortalizas, con la uti-lización moderada de maquinaria agrícola, suministro de riego y aplicación de abonos, que complementan con cierta actividad ganadera. En los últimos años sus habitantes tendieron a desarrollar la floricultura, sin embargo, el cultivo de la papa y las hortalizas ocupan la mayor parte de las tierras cultivables y su población económicamente activa se concentra mayoritariamente en la actividad aerocomercial. 21 Chachopo se encuentra a 64 Kilómetros de Timotes, capital del Municipio Miranda, y a 105 kilómetros de Mérida; las dos primeras localidades, por sus rasgos orográficos, conforman una microrregión que se comunicaba con Mérida, hasta la apertura de la carretera trasandina, a través del riesgoso desfiladero del Alto Motatán,22 por donde atravesaba el angosto camino real de herradura o mulero interandino que relacionaba a Mérida con Trujillo, con el que Chachopo mantenía importantes relaciones comerciales. 23 En el plano de partición de los resguardos de 1890, se aprecian cambios en la circulación por el poblado; uno de ellos es el desuso del camino nacional antiguo o camino real que los chachopenses reconocen como carretera trasandina y hoy es una simple calle que bordea por su parte superior el área de los antiguos ejidos y que las personas mayores de la localidad denominan actualmente con el nombre de Sequión. 24 En la actualidad, el tránsito automovilístico se hace por las avenidas principales de Chachopo. Se atraviesa el pueblo subiendo, rumbo a Mérida por la avenida Santa Bárbara o de la Iglesia, mientras se baja por el lado oeste de la plaza, correspondiente a la actual avenida Bolívar. Además, del pueblo partían caminos vecinales de herradura que lo comunicaban con poblaciones aledañas como Palmira, Santo Domingo, Pueblo Llano y Piñango. Espacios como el destinado al cementerio, debidamente identificado e inmediato al área ejidal en el plano de partición, hoy día se encuentran prácticamente abandonados. De acuerdo a informantes del lugar, el campo-santo antiguo resultaba pequeño para la población, por lo que algunos parroquianos solicitaron que se les concediera otro terreno para la construcción de un nuevo cementerio. Este fue inaugurado hacia 1940, porque el antiguo se encontraba completamente colapsado. No obstante, el segundo resultó igualmente pequeño, circunstancia que ha determinado al habilitar de nuevo el viejo camposanto, construido en 1855. 25 En los sesenta, ambos cementerios estaban en uso, pues no se había abandonado aún el viejo recinto Las tierras frías de Chachopo permitieron el desarrollo de una importante actividad triguera en la zona; ya maduro el grano, se segaba con hoces y atado en gavillas era transportado a caballo o en burros hasta las eras para secarlo y luego trillarlo en forma rudimentaria; luego se trasladaba el grano a los tres molinos hidráulicos que existían en Chachopo en los años setenta del siglo XIX y donde se obtenía la conocida harina criolla. También, las tierras frías chachopenses permitieron a sus pobladores el cultivo de papas, maíz, arbejas, habas, señalándose que los terrenos propicios para la agricultura eran los de Piedra Gorda, Mufique, Pedregal y, particularmente, en La Venta y El Llano. La actividad agrícola la complementaron con la cría de vacunos, caballos y burros, ovejas, cabras, cerdos o marranos y gallinas. Las cifras de producción de 1877 revelan el predominio de cultivos anuales, lo que significa que las tierras de labor de la parroquia fueron dedicadas principalmente a la producción de trigo y papas; hecho que muestra que el trigo había desplazado prácticamente los tradicionales paisajes maiceros. La agricultura se practicaba con técnicas e instrumentos rudimentarios: además de las treinta yuntas de bueyes que arrastraban el arado de madera, medio principal de preparar la tierra para la siembra -aún utilizado en la zona-, las hachas, escardillas, hoces, machetes, coas, calabazas y barras eran los frecuentes utensilios de labranza. 26 El peso del trabajo de la tierra, desarrollado en faenas diarias de hasta once horas, lo llevaba el cabeza de familia, quien tenía que hacer frente a las necesidades fundamentales de la prole y la disponibilidad de peones estaba definida por la capacidad de pago del patrón, mano de obra que no abundaba y a quienes, además de los quince céntimos diarios, se les proporcionaba pan de maíz y de trigo, arbejas, frijoles, papas, queso y panelas. No obstante, la mano de obra empleada en las labores agrícolas provenía frecuentemente de común convite o "mano vuelta", que consistía en la colaboración con carácter retributivo de los vecinos a las faenas del campo, sin pago de salario o bien se recurría al sistema de medianería,27 ya señalado. Pero la naturaleza comunitaria abarcaba la colaboración en diversas formas, existiendo un préstamo frecuente de utensilios domésticos y de trabajo. También a través del convite se llevaron a cabo obras de carácter comunal, como arreglo de caminos y mantenimiento de acequias, entre otras. La propiedad comunal indígena en Mérida en el siglo XIX A partir de las últimas décadas del siglo XVIII y primera mitad del XIX ocurrieron importantes transformaciones sociales de los pueblos de indios de Mérida, que han sido atribuidas de manera particular a un reacomodo de esos pueblos ante las presiones sociales ejercidas en esa atmósfera de "modernidad liberal". 28 En el caso de los pueblos de Mérida, al igual que en otras ciudades andinas, los registros parroquiales de los últimos lustros coloniales conservan testimonios de la participación de indígenas forasteros y miembros de otras etnias en los hechos sacramentales, quienes lograron acceso a la tierra comunal a través del arriendo y la compra-venta de derechos, constituyéndose en condueños del usufructo en esos espacios comunales. Así, en las últimas décadas de dominio hispánico, la presencia de una población forastera avecindada en forma permanente trajo consigo la intensificación de los procesos de mestización, circunstancia que marcó diferencias sustanciales con los siglos anteriores. Desde entonces, esos asentamientos se constituyeron en receptores de una población no indígena, circunstancias que acentuaron progresivamente su heterogeneidad socio cultural. Además, la elevación de unos pocos de esos pueblos de doctrina a parroquias y, sobre todo, su reducida población tributaria a la Corona, dejaron a sus autoridades tradicionales -caciques y principalessin el cumplimiento de una importante función comunal, relegando su poder y significación social, hecho que se acentuó después de la Independencia, con el establecimiento del nuevo orden político-territorial y, consecuentemente, el nombramiento de nuevas autoridades locales. Lo antes expuesto permite plantear que el proceso de desmadejamiento de la propiedad comunal que culmina con su partición individualizada o particularizada, estuvo estrechamente vinculado al de las transformaciones que experimentaron internamente los pueblos de resguardo. Estas, en buena medida, se atribuyen a agentes externos presentes en el escenario pueblerino, los que generaron, entre otras cosas, un verdadero caos dentro de la propiedad comunal que culminó con la definitiva parcelación de esas tierras, mediante un proceso legal, lento y engorroso, que hizo además palpable la existencia de una estratificación social pueblerina. Se reconoce que la Guerra de Independencia fue un componente de peso en la desbandada experimentada por la población indígena y el desconcierto sobre sus resguardos. Desde la primera mitad del siglo XIX se acentuaron las modificaciones en los asentamientos indígenas; a los cambios en la estructura política del antiguo régimen con el establecimiento del nuevo orden y la afluencia paulatina de forasteros a los pueblos de resguardos, se sumaron consecuentemente los continuos arriendos y la adquisición progresiva de derechos en las tierras de los poblados. La propia situación interna de las comunidades indígenas y la de su realidad contigua, como la presión que debieron ejercer las medidas legales que en forma exigente estuvieron destinadas a la liquidación de la propiedad comunal, debieron motivar el estado de confusión y el comportamiento hasta contradictorio que se producía en su interior. Al mismo tiempo que los comuneros se resistían al reparto de tierras, "... urgidos algunos indígenas o por su pobreza o por sus inveteradas costumbres empeñan y enajenan las suertes que poseen como usufructuarios, resultando infaliblemente de esta pecaminosa corruptela un semillero de pleitos y una confusión complicada entre los individuos que han vendido porciones, entre quienes las han tomado y entre los que se han abstenido de disponer de sus posesiones",29 lo cual no sólo implicó la ampliación de las tierras ocupadas por foráneos, sino una progresiva y compleja segmentación de sus tierras cultivables, definidas territorialmente con cercas y otros hechos, algunos de índole geográfica. Aquella práctica se vio favorecida por el desplazamiento de los nativos hacia distintas zonas del territorio, particularmente a las atractivas tierras de cultivo de café y caña de azúcar, por compra o a través del vínculo matrimonial. Ciertamente, las escrituras notariales sobre transacciones de terrenos de los resguardos, muestran casos en que ya se evidencia la transferencia de la propiedad de una porción de tierra o sea que además compartían modalidades de propiedad plena, hecho que llama la atención, pues la tenencia de estos terrenos funcionaba con base en usufructo y posesión y, por tanto, no se transfería la propiedad de la tierra, sino el derecho a su provecho o goce. En esa forma, el espacio comunal indígena, esencia de la naturaleza corporativa, fue cediéndole terreno al individualizado, con la consecuente fragilidad de usos, costumbres y valores ancestrales. Seguramente, esa población que formó parte de los grupos migrantes y colonizadores de las tierras recién roturadas en el Estado, contribuyó a garantizar los peones de aquellas haciendas y, particularmente, el trabajo en unidades de producción más pequeñas, las que mantenían una agricultura permanente y relativamente intensiva. Sin embargo, en los pueblos de resguardo se conservó una población diligente, protagonista del fraccionamiento formal del Resguardo, en la que está, en parte, el origen de la pequeña propiedad o minifundios, aún característica de algunas zonas de las tierras andinas merideñas. De esa manera, la legislación que determinaba que las tierras comunales fueran distribuidas y otorgadas en forma individual, completa, libre y circulante, constituyeron un importante y decisivo ingrediente dentro del proceso de descomposición que estaba en marcha, presionando su división y legalizando la partición que dio legitimidad a una patente realidad social que se había plasmado en individualidades embrolladas en esos espacios comunales. Así, ellas legitimaron pasos, instrumentos y estrategias, mediante los cuales la propiedad colectiva de los pueblos de Mérida pasó a propiedad individual. El proceso de parcelación de las tierras comunales se inició en Mérida a partir de los años treinta del siglo XIX, con San Antonio de Tabay, capital del actual municipio Santos Marquina, para ese entonces pueblo del cantón capital y del primer circuito judicial de Mérida, cuyas tierras comunales se encontraban entre los 1.750 y los 3.200 m. y el cual se acogió a lo establecido en la Ley del 2 de abril de 1836. Mientras otras localidades, como La Mesa, con resguardos que se encontraban entre los 780 a 2.120 m. de altitud, seguramente menos presionada por las circunstancias o más renuente a liquidar su propiedad comunal, se encontraba cumpliendo las trámites finales del juicio de partición en las postrimerías del siglo XIX. Juicio de Partición del Resguardo Indígena de Santa Bárbara de Chachopo De manera general, el proceso de liquidación de la propiedad comunal se iniciaba con la solicitud del juicio de partición del resguardo, al que se anexaba el título que probaba su dominio, posesión y propiedad; petición que estaba a cargo de uno de los comuneros o de un funcionario público, tal como ocurrió en el caso que nos ocupa. Seguidamente eran establecidos los linderos del resguardo, solucionando los problemas legales pertinentes, y se procedía a la publicación del emplazamiento público, doce veces consecutivas. Este requisito se llevaba a cabo con el objeto de que llegara a conocimiento de todos los comuneros, particularmente de aquellos que habitaban fuera del poblado en el momento de la iniciación del juicio. Luego se procedía a nombrar la Junta encargada de realizar, primeramente, el censo de la población indígena y, después, el registro de los individuos ajenos a la comunidad que habían adquirido derechos en las tierras comunales. Se debe señalar que cuando algún indígena, hombre o mujer, estaba casado con forastero, se asentaba su nombre, pero no se le concedía derecho alguno. Posteriormente, se realizaba el avalúo de las tierras comunales, al que seguía la división, distribución y, por último, su aprobación. Esta le concedía carácter definitivo y legal, pues debía ser aceptada por todos los comuneros, o sea miembros de la comunidad con plenos derechos a la tierra y a la participación en su división y adjudicación, reconocida judicialmente por la autoridad competente. En los años ochenta se dio comienzo al juicio de partición de los resguardos de Chachopo, cuando el poblado apenas tenía 1.653 individuos. El proceso se inició el 15 de julio de 1884, al hacerse presente el fiscal nacional, Pedro María Febres Cordero, representante del Gobierno en los juicios de partición en el Estado Los Andes, ante el juez de Primera Instancia en lo Civil de Mérida, quien, acogiéndose a la Ley de junio de ese mismo año, pedía que se diera cumplimiento a lo establecido en la referida Ley sobre EDDA O. SAMUDIO A. la división de los resguardos de Chachopo, para entonces parroquia del Distrito Miranda de la sección Guzmán. El fiscal debía intervenir en cada uno de los actos del juicio, por lo que nombró como su auxiliar a Sebastián Arriaga, quien lo representaría en su ausencia. Seguidamente, el citado juez comisionó al juez de Parroquia de Chachopo, Manuel Montilla, para que practicara todas las diligencias de sustentación del juicio de partición de los terrenos pertenecientes a la comunidad de indígenas de esa jurisdicción parroquial y mientras, el fiscal nacional oficiaba al mismo juez de Parroquia,30 a habilitar el tiempo de la vacación para no interrumpir el juicio, atento a que todavía no se había terminado el padrón de los interesados, en el que debían figurar no sólo los indígenas, sino también los no indígenas o vecinos que poseyeran con justo títulos de terrenos de los resguardos. Además, solicitaba que finalizado el censo se citase a la comunidad y a los vecinos o a sus respectivos apoderados, si los hubiere, para que manifestaran su conformidad con la división solicitada y en consecuencia se procediera al nombramiento del perito valuador y medidor de los terrenos y el partidor que haga la distribución conveniente en la inteligencia. Asimismo disponía que, previamente a la medición de las tierras, se expresara el alindamiento bajo el cual las han tenido los indígenas desde tiempos remotos. También advertía que los vecinos poseedores presentasen los documentos para acreditar la posesión que tenían dentro del resguardo. El 24 de agosto de 1884, José María Rivas, primera autoridad civil de la parroquia, Manuel F. Montilla, juez de la parroquia, y Juan Bautista Ramírez, jefe y procurador municipal, certificaban que los linderos que constituían la comunidad, por no tener los títulos originales, eran los conocidos antiguamente según escrituras de posesiones particulares contiguas a dicho resguardo y reconocidos por espacio de treinta años. En este acto que contó con la presencia y el consentimiento de la totalidad de los indígenas de la parroquia se definieron los límites señalados, tal como se puede advertir en la Figura 1. Sin embargo, tres días antes de la presentación del fiscal nacional, Pedro María Febres Cordero, algunos indígenas y vecinos de la parroquia concedieron un poder ilimitado a Pablo Pissani para que los representara y sostuviera sus derechos ante los tribunales y funcionarios públicos y corporaciones competentes, en el asunto sobre el reclamo de terrenos que como indígenas les pertenecían. 31 Para entonces, ya deslindado el área que correspondía al resguardo, los comuneros habían otorgado poder a Marcelino Rodríguez, secretario del Juzgado de la Parroquia, para que les representara en el juicio. 32 Este funcionario representante y defensor de los indígenas en el juicio de partición y el fiscal nacional, representante del gobierno, habían nombrado como medidor y único perito evaluador de los terrenos divisibles a José Jesús Quintero, vecino de Mérida, quien debía entregar al partidor el resultado de la medida y avalúo de esos terrenos, labor que culminó el 23 y entregó el 24 de septiembre, o sea nueve días después de su nombramiento, atestiguando que el resguardo medía novecientas hectáreas, en las que se incluían 27 de ellas destinadas al plano de la población; igualmente, aquellos nombraron partidor a don Pedro de Jesús Godoy o en su defecto al doctor Foción Febres Cordero. Apenas habían transcurrido dos meses de iniciado el Juicio de Partición del Resguardo de Chachopo cuando se produjo su paralización, hecho nada extraño en estos procesos judiciales. Y en este caso, como en otros similares, su suspensión se atribuye a la derogación de la Ley de división de los Resguardos de Indígenas del 16 de junio de 1884, al sancionarse la del 25 de mayo de 1885 y luego, a trastornos políticos en el Estado. El juicio que se inició legalmente en junio de 1884, se reinició tres años más tarde, el 19 de julio de 1887, con la exposición del apoderado de los indígenas sobre lo acontecido y pidiendo al juez de Primera Instancia continuar la demanda formal de partición que debía llevarse a cabo de acuerdo a las prescripciones de la nueva Ley, la de mayo de 1885. El mismo funcionario solicitaba la publicación en la prensa del libelo para que comparecieran los que consideraban tener derecho a participar en el juicio; además, señalaba el nombramiento de curador, quien representaba a los partícipes que lo requerían, y se comisionaba al juez de Parroquia de Chachopo para que interviniera en todas las diligencias de 31 Registro Principal de Mérida. Protocolos 2, 3 (Tercer) Tomo. Escritura de poder de los indígenas de Chachopo a Pablo Pissani. 32 Se localizó otro poder otorgado por algunos vecinos a Marcelino Rodríguez en el mismo sentido, es decir, para que los represente y defienda sus derechos en el juicio de partición de los resguardos de Chachopo. VALORACIÓN, PARTICIÓN Y DISTRIBUCIÓN EN SANTA BÁRBARA DE CHACHOPO sustanciación hasta que el expediente fuera al de Mérida para su aprobación definitiva; debía inclusive atender la reforma del padrón que ya se había levantado; el nombramiento de agrimensor y el de partidor y peritos, al igual que la aprobación o revisión de la partición por los interesados. La acción total de reparto fue valorada en más de ocho mil bolívares, pues el valor de las tierras excedía ese monto; los gastos de la partición serían abonados en proporción a los derechos adjudicados por todos los partícipes en dinero. Para hacer las prorratas y recolectarlas se nombró al señor Juan Nepomuceno Castillo, quien no aparece registrado entre los comuneros, ni los vecinos. En el expediente se encuentran los doce emplazamientos que se publicaron en el Registro de Anuncios, por no haber periódico oficial y ser éste el de circulación más regular en la Mérida de entonces; los emplazamientos fueron publicados entre julio y octubre de 1887. 33 También en las escrituras hay la constancia de fijación de carteles, medio utilizado para hacer conocer a todo el vecindario de la parroquia la iniciación del juicio de partición y, así, que los interesados concurrieran a inscribirse. Se hizo el nombramiento de los miembros que debían constituir la Junta para formar el padrón de las familias comuneras, integrada por el jefe civil, el procurador municipal y dos vecinos, tal como lo preveía el Artículo 5.o de la última Ley sobre Resguardos Indígenas. En cuanto al padrón, 34 el registro familiar permitía el conocimiento del número de miembros por familia, junto al de huérfanos menores de edad e incapaces, lo que facilitaba la división. Así, el padrón revisado y conocido que se realizó entre el diez de agosto de 1887 y el de agosto de 1889, totalizó 144 familias con 776 individuos, los que comprendían tanto los comuneros que mantenían sus derechos, como aquellos que los habían cedido. Además, se consignaron los nombres de 27 no comuneros, quienes habían adquirido derechos en las tierras del pueblo; sin embargo, en la adjudicación de los lotes que culminó el primero de marzo de 1890, hubo 43 receptores y algunos de los que aparecen en la primera lista, tal como el familiar Marcelino Rodríguez, ya no estuvo entre los adjudicatarios. El 6 de noviembre de 1889 se nombró y juramentó a Félix Ramírez Carrillo, uno de los comuneros, curador de los indígenas huérfanos menores e incapaces, quien los representaría en el juicio de partición; mientras Marcelino Rodríguez, apoderado demandante de los indígenas en el juicio, aparece en una lista entre los individuos que tenían parte en dicho Resguardo a título de compra o por cualquier otro concepto. Evaristo Méndez, apoderado demandado, y Félix Ramírez Carrillo, indígena, curador especial de los menores incapaces, en uso de las facultades que le confería la Ley nombraban a Florencio Carrillo, vecino de la ciudad de Timotes, agrimensor y partidor de las tierras comunales y quien unos días más tarde juró cumplir fiel y legalmente los deberes inherentes a su cargo. 35 La mayoría de los adultos delegó legalmente su representación en un abogado para que defendiera sus derechos. Seguidamente, designaron y juramentaron a Manuel Volcanes, uno de los vecinos con intereses en el Resguardo, como perito evaluador de los terrenos, al igual que como testigo del avalúo a Rodolfo Quintero, otro de los vecinos intervinientes en la partición, y a Juan Polomidi.36 Avalúo de los terrenos comunales Manuel Volcanes, Rodolfo Quintero y Juan Polomidi, perito y testigos del avalúo de las tierras comunales, asistidos por dos interesados en el juicio, teniendo en cuenta el conocimiento empírico sobre la calidad, situación y otras circunstancias, apreciaron y discriminaron su valor de la manera siguiente: El agrimensor público observó, entre otros asuntos, que los terrenos eran en su mayor parte cultivables, especialmente los situados a la orilla izquierda del río Motatán, mientras advertía que los de la margen derecha, los sectores más bajos y no muy inclinados, eran cultivados y cultivables. Al mismo tiempo, señalaba que el resto lo consideraba estéril y algunos sitios, aptos para la cría. A esta porción de los resguardos pertenecían los sitios de Santa Bárbara, Piedra Gorda, Yerba Buena, Tibuque, Mufique y La Venta. A más de ellos, los parajes de La Aguadita y Mistimabaque, en la parte más baja de Santa Bárbara, cerca de la margen derecha del río Motatán, mientras Muamantú se ubicaba en su sector más elevado. Las tierras más apreciadas fueron las de la margen izquierda del río Motatán, las que comprendían los sectores de Miteque, Fití, Mucunaró, Chuvío, Mucutujote y Chumunpú que se extienden por el estrecho valle que forma la quebrada El Turmero, en el sector más bajo, hasta su desembocadura en el Motatán (Fig. 1). En efecto, la mayor estimación de esos terrenos la definió la orientación de solana de la margen izquierda del Motatán, porque la tierra de labor en las laderas más soleadas alcanza generalmente altitudes mayores. Además, se trata de laderas con áreas de menor pendiente, las que se recogen como Llano de Miteque, Llano de Chuvío y Llano de Fití. Entretanto, la margen derecha, en posición de umbría, recibe los rayos solares más tardíamente. Así, mientras en los primeros la hectárea fue valorada en 200 pesos, en la margen opuesta se le asignó sólo160 pesos (Fig. 1). A los páramos comprendidos entre la línea que separa los terrenos cultivables los de cría, hasta las cumbres de la sierra que servía de lindero, por la parte oriental, se les asignó la cuarta parte del valor de la anterior, o sea 40 pesos. Advirtiéndose que, por deseo de los propios indígenas y, de acuerdo a la instrucción tercera, se dejaban 1.009,63 hectáreas de páramo más estéril para el beneficio exclusivo de los indígenas. Tácitamente, quedaban como partícipes en la comunidad del páramo todos los comuneros, inclusive aquellos que habían vendido o cedido sus derechos en las tierras repartibles, quienes debían "...ocupar personalmente y beneficiarse de la parte que puedan cultivar en proporción a los demás derechos, sin perjudicar los de los otros partícipes y según las demás reglas de la comunidad". 37 Por supuesto, quedó asentado que los vecinos no tenían derecho alguno en esa área delimitada por la serranía, uno de sus linderos y los lotes que en las partes más elevadas habían sido ocupados o cercados. 38 De hecho, en las zonas montañosas húmedas, a medida que aumenta la altitud, los paisajes cultivados van gradualmente cediendo a los pastizales; en Chachopo, al igual que en otros asentamientos emplazados en valles altos, la temperatura jugó un papel importante en la determinación de los límites entre las áreas repartibles y las de uso común, destinadas esencialmente a la cría. A partir de esta altura, la frecuencia de heladas es una desventaja para la actividad agrícola. En la actualidad el páramo común, de acuerdo a los vecinos de Chachopo, es poco usado, pues aseguran que allí echaban su ganado a pastar, pero la cuatrería acabó con ello. En Chachopo los terrenos relativamente planos son escasos; buena parte de ellos estaban ocupados por el poblado, por los ejidos y por terrenos destinados a la futura expansión del asentamiento. Es importante resaltar que en la parcelación de los resguardos de Chachopo se definió claramente su ejido, espacio público heredado de la colonia que se caracteriza, como en este caso, por ser reserva de tierra de uso común que se encontraba próxima, pero fuera de la traza urbana. Sin embargo, se advierte que para el momento de la partición, en el área señalada como ejido existían alrededor de veinte viviendas o recintos particulares; hecho que bien podría estar relacionado con la ocupación y dominio individual que tiene en la actualidad. De acuerdo al propio agrimensor, los ejidos tenían una extensión 111,06 hectáreas, en las que se incluían las 25 hectáreas destinadas a la expansión futura de la población. Este sector, señalado en el plano con la letra A, se orientó hacia los cuatro rumbos. "... la desembocadura de la quebrada Tibuque, primer lindero". 39 No obstante, en una medición reciente, este área que corresponde a los ejidos no sobrepasa las 45 hectáreas. Partición o fraccionamiento del resguardo También, el 6 de diciembre de 1889, Marcelino Rodríguez, apoderado demandante, Evaristo Méndez, apoderado demandado, y Félix Ramírez, curador especial de los inhábiles, establecieron una serie de pautas que Florencio Carrillo, como agrimensor partidor, debía observar en la parcelación y adjudicación de los terrenos a los indígenas y vecinos partícipes. 40 En primer término, tenía que tomar en cuenta la clasificación y valor de las tierras llevada a cabo previamente. Asimismo, debía señalar las quince hectáreas destinadas al aumento de la población, ensanchando el área primitiva, si fuese posible, en sus cuatro direcciones. Igualmente, tenía que mirar que los terrenos de páramos, o sea los que estaban comprendidos entre la línea que separaba los de cultivo y cría y las cumbres de la serranía que era el lindero oriental, quedaran exclusivamente para el beneficio de los comuneros, lo que significaba que los vecinos no tenían ningún derecho sobre ellos, aunque cualquier título les diese la condición de poseedores "seccionarios o adquirientes de derechos". 41 También se le hizo conocer que se mantenían como límites de los resguardos los reconocidos en la primera etapa del juicio. Además, se estableció que los gastos de partición estuvieran en proporción a los derechos adjudicados y todos los partícipes cancelaran en efectivo, autorizándose a Juan Nepomuceno Carrillo el formar las prorratas y recolectar el dinero. Finalmente, se advirtió que para todo lo concerniente a la partición, el agrimensor partidor se entendiera con los apoderados. De esa manera, el área total del resguardo, calculada por el medidor en 2.127, 69 hectáreas, tamaño que no se corresponde con el de la suma individual de las hectáreas adjudicadas a los lotes y tampoco con las mediciones 39 Ibidem. EDDA O. SAMUDIO A. que hemos realizado. De cualquier modo, se estableció un área repartible o destinada dominio individual o particular pleno y otra no repartible que fue consignada al uso común. Esta comprendía los ejidos del pueblo y los de comunidad del páramo que se conoce corrientemente como páramo común. A cada lote repartible se asignó un número que comprendió del 1 al 190, pero constan 191 lotes, pues hubo un 151 bis; la numeración iniciada en la margen derecha del río Motatán, en Piedra Gorda, siguió rumbo a La Venta, dejando para el final el sector más cercano al río, donde llegó hasta el lote 107, o sea que mientras en el sector derecho estaban ubicados el 56 % de los lotes, en el izquierdo se encontraba el 44% restante, los cuales mantenían aproximadamente las mismas representaciones porcentuales en cuanto a superficie. Los restantes ochenta y cuatro lotes de la margen izquierda del río empezaban por el 108, numeración que, de acuerdo al plano de partición, correspondía a Chumunpú; luego, la enumeración en forma ascendente se orientó hacia la quebrada de La Cruz Chiquita, límite sureste del resguardo. Según el citado plano de partición, el área de mayor y más regular fraccionamiento fue la margen izquierda del río Motatán. Si tomamos en cuenta la medición del agrimensor, el área no repartible o de uso común representó el 52 % de la superficie del resguardo. Esto significa que el 48 % de las tierras comunales se consideró repartible y fue segregada para su reparto particular entre las familias con derecho, dividido en 191 lotes que se entregarían en propiedad a comuneros y vecinos con algún derecho sobre ellas. La asociación de tamaño y ubicación de lotes muestra que los más grandes se señalaron en los sectores de mayor pendiente, mientras los más pequeños se concentraron en las zonas de menor declive, consecuentemente en conos de deyección y otros depósitos cuaternarios. Asimismo, se aprecia un cierto agrupamiento de lotes a lo largo de los cursos de agua, de la quebrada Tibuque o los Caracoles, la quebrada Mucunatnú y el río Motatán, en particular a su margen izquierda, como se ha señalado. De acuerdo a información oral reciente y a testimonios de la época, en el área repartida ya existían cercamientos y viviendas. Asimismo, de las quince transacciones protocolizadas y localizadas de compra-venta de derechos que se dieron entre 1870 y 1890, el 46% fue realizada por un morador de Timotes, capital de Departamento y sede del Registro, Eleodoro Carrillo, soltero y comerciante, de los "ricos" de la localidad. También entre los vendedores se encontraban vecinos de Timotes. Carrillo no sólo fue comprador de lotes, sino uno de los seis más se beneficiaron con la partición de los terrenos comunales. Esta transferencia de la propiedad constituyó una expresión de los cambios en la tenencia de las tierras comunales y, consecuentemente, de su uso. De las 144 familias que totalizaban 776 individuos, entre adultos y menores, que constan en el padrón formado por la Junta de la comunidad de indígenas de la parroquia, tan sólo el 43 % de ellas, compuestas por 377 personas que representan el 49 % del total de la población comunera, participaron efectivamente en el reparto de los resguardos, mientras el 57 % de las familias restantes y el 51 % de la población comunera, no tuvieron adjudicación de tierras alguna, por haber enajenado o previamente cedido sus respectivos derechos. 42 Asimismo, se adjudicaron lotes a 41 vecinos,43 quienes previamente habían adquirido derechos a través de la compra-venta. De esa manera, 103 cabezas de familia, entre comuneros y vecinos, participaron en la adjudicación de los 191 lotes o parcelas de las tierras repartibles. De ellas, el 40 % fueron vecinos, a quienes se les adjudicó el 42 % de los lotes y el 60 % de indígenas recibió el 58 % restante, con superficies muy similares. Seguramente, esta población se fue mezclando a través de matrimonios y, de esa manera, se acentuó el mestizaje en estas tierras. No obstante, es importante destacar que mientras el promedio de hectáreas por vecino fue de 11.7 hectáreas, a cada indígena le correspondieron 1.45 hectáreas, aunque la familia comunera promedió 8.84 hectáreas. Si bien la asignación de lotes se hizo por familia indígena o comunera, en el registro de las adjudicaciones constaba el nombre de cada uno de sus miembros, tanto mayor como menor de edad, dada su condición de "derechantes" (poseedores de derechos). Lo anterior significa que, además de haberse producido modificaciones en la tenencia de la tierra por efecto de la compra y venta de terrenos, igualmente contribuyó a ello el acaparamiento de la propiedad en el área. En este proceso participaron comuneros y personajes ajenos a la comunidad. Estos últimos desarrollaron particularmente una actividad comercial, vinculada al tradicional trabajo agrícola que caracterizaba a Chachopo. Así, en el Cuadro 2 se presentan las seis mayores adjudicaciones a comuque estuvieron en manos del 10% de familias de ese grupo, representando el total de sus miembros el 9% de población nativa. Este pequeño grupo de familias comuneras obtuvieron el 35 % de las tierras asignadas a ellas y el 18 % de todas los terrenos repartidos. CUADRO 2 Asimismo, las cifras expuestas ponen de relieve que tan sólo un 15 % de los vecinos recibieron el 46 % de las tierras asignadas a ese sector. Del total de tierras recibidas por ambos grupos, los más beneficiados fueron los vecinos, quienes se reservaron el 53% de ellas y entre ambos retuvieron el 40 % de las tierras repartidas. Seguramente, algunos de ellos se involucraron en un débil sistema de aparcería. Sin lugar a dudas, en el seno de aquellas comunidades, los cambios en la tenencia, el desarrollo de una actividad comercial, protagonizada por un restringido número de comerciantes en torno a la actividad agrícola y la presencia de unas pocas autoridades oficiales con jurisdicción parroquial marcaron una cierta estratificación social, lo que conllevaba la manifestación de diferencias en cuanto a prestigio, privilegios, obligaciones y comportamientos sociales y condiciones de vida. De lo expuesto es posible derivar que en la interioridad de estos poblados se produjo una clara estratificación social, sin antecedentes en la comunidad indígena original, caracterizada por el surgimiento de un pequeño VALORACIÓN, PARTICIÓN Y DISTRIBUCIÓN EN SANTA BÁRBARA DE CHACHOPO sector de "pudientes", dueños de terrenos que formaban el de "principales" del asentamiento, liderado por vecinos. Además, algunos de ellos eran propietarios de derechos de tierra en posesiones comuneras vecinas, tal como en Turmero y Miranda. Asimismo, se evidencia que en esta localidad, la autoridad del cacique, elemento clave en la comunidad, había perdido vigencia e igualmente se habían abandonado formas de la organización social con su estructura comunitaria a través de la cual había vínculos comunitarios, con la consecuente pérdida de valores, usos, costumbres y tradiciones. La Figura 2, en la que se comparan las hectáreas asignadas a comuneros y vecinos de acuerdo a la distribución espacial en el área repartida a comuneros y vecinos, muestra que Santa Bárbara no sólo fue el sector de mayor extensión dentro de los adjudicados, sino donde hubo mayor número de participantes y se concedieron mayor número de lotes y de hectáreas a vecinos y comuneros. En ese mismo sector de la margen derecha del Motatán, las concesiones, en orden de importancia, se dieron en Tibuque y en el caso de los indígenas, mientras los vecinos las obtuvieron en Yerba Buena y también en Tibuque. En esta sección de las tierras asignadas, los comuneros obtuvieron el 7.07 por familia, entre tanto, alcanzaron apenas el 1.06 hectáreas en forma individual; por su parte, la propiedad de los vecinos promedió 9.54 hectáreas. Asimismo, la información analizada revela que la superficie asignada a los comuneros (60% de los participantes) en las tierras de mayor valor, o sea a la margen izquierda del río Motatán, representó el 56 %, entretanto a los vecinos (40 % de los participantes) les correspondió el 44% de ellas. Mientras, los indígenas tuvieron mayor superficie en Mucunaró y Mucutojote, los vecinos lo lograron en Chuvío y Miteque, lugares más accesibles y cercanos al pueblo. Asimismo, mientras los comuneros promediaron 6.62 hectáreas por familia y escasamente 1.05 por comunero, los vecinos lograron individualmente 9.14 hectáreas. La información sobre tamaño de las asignaciones a la familia comunera y a vecinos que muestra la figura siguiente, permite constatar que en el reparto de las tierras de Chachopo prevaleció una estructura minifundista, factor resaltante en las tierras altas merideñas y perturbador del desarrollo agrícola. En la Figura 3 se comparan la representación de comuneros y vecinos respecto a las categorías de tamaño de las tierras asignadas, evidenciándose que las propiedades más pequeñas, las que no sobrepasaban las cinco hectáreas, fueron concedidas al 48% de los comuneros y al 49% de los vecinos; mientras al 24% y 19 % de comuneros y vecinos se concedieron lotes cuya superficie oscilaba entre 5 y 10 hectáreas, respectivamente. Los datos expuestos ponen de relieve que en Chachopo, una población mayoritaria que alcanzó el 72 % en el caso de los comuneros y el 68% de los vecinos, se constituyó en propietaria de porciones de tierra que no sobrepasaban las 10 hectáreas, mientras el resto, significativamente menor, retuvo las mayores extensiones de tierra, sobresaliendo los vecinos que tuvieron una participación superior en las asignaciones de 35 y más hectáreas. En la Figura 4 se compara la superficie de las asignaciones de tierra, en porcentajes, por categorías de tamaño que correspondió a comuneros y vecinos. Finalmente, en el Gráfico 4 se confronta la superficie de las concesiones a comuneros y vecinos por tamaño de categorías. Éste muestra que el 48% de comuneros y 49 % de vecinos con propiedades por debajo de las 5 hectáreas, disponían apenas del 15 % y 10 %, respectivamente, del total de la superficie otorgada a cada uno de ellos. Asimismo, el 24% de comuneros con lotes de 5 a 10 hectáreas compartía otro 15 % de las tierras asignadas, mientras el 19 % de vecinos tenía sus porciones de tierra de ese tamaño en el 13 % del total de la superficie que les entregaron. De esa manera, el 72% de comuneros y 68 % de los vecinos eran propietarios escasamente del 30 y 23 % del total de las tierras repartidas a cada uno de ellos. Asimismo, observamos que los vecinos dispusieron de mayor superficie en las categorías que superaban las quince hectáreas, a excepción de la leve diferencia entre las de 20 y 25 hectáreas y la no presencia de propiedades de vecinos en la categoría de 30 a 35 hectáreas. No obstante, dentro del 34 % de las tierras de los vecinos se comprendían las posesiones superiores a 35 hectáreas; al mismo tiempo, el 10 % de los comuneros con predios en esa categoría las tenían en escasamente el 6 % del total de las tierras a ellos asignadas. De manera general, en el 49% de la totalidad de las tierras concedidas al 16 % de los comuneros, estuvieron sus propiedades de más de 15 hectáreas, mientras el 29 % de los vecinos las tuvieron en el 73 % de sus terrenos. Desde la segunda mitad del XVIII, y particularmente en el siglo XIX, se acentúa la presencia de elementos ajenos a la comunidad indígena original, con la introducción inusitada de cambios en su estructura socio-económica que desnaturalizaron la razón de ser de la propiedad comunal o resguardos. La legislación que disponía la individualización de las tierras comunales que se produjo en el siglo XIX, permite confirmar la hipótesis de que ellas, de ninguna manera, constituyeron precisamente elementos desestructuradores de las tierras comunales, aunque si resultaron ser un importante y decisivo ingrediente dentro del proceso de descomposición que estaba en marcha y que se acentuaba progresivamente. La disolución del Resguardo en los valles merideños constituye, por tanto, el programado fraccionamiento de las tierras comunales, con la proscripción de su cultura y sistemas de producción, sustituidos por innovacio-VALORACIÓN, PARTICIÓN Y DISTRIBUCIÓN EN SANTA BÁRBARA DE CHACHOPO nes propias de una economía basada en el desarrollo de la propiedad fundamentada en principios y valores de un individualismo propugnado por el naciente liberalismo, contrario al sentimiento y experiencia ancestral del indígena. Así, la política republicana se propuso eliminar la propiedad de las comunidades indígenas, aspirando a convertir a sus indigentes familias en pequeños y "productivos" propietarios y permitir que su mano de obra participara en el mercado laboral sin traba alguna. De este modo, las leyes liquidadoras del resguardo venezolano y, en particular, en el andino merideño, propiciaron la participación de otros sectores de la sociedad en esos territorios, presionaron su partición, dieron formalidad legal a ese hecho y a la posesión de las individualidades enmarañadas, destino final de esos espacios; hecho que debió satisfacer a sus gestores, quienes buscaban a toda costa y bajo la bandera de los nuevos ideales liberales, el libre desarrollo de nuevas fuerzas productivas. Así, buena parte de esos lugares pasaron a ser una conjunción de minifundios, mientras otros fueron absorbidos e incorporados a propiedades privadas aledañas, dando origen a una propiedad mayor, la propugnada por los fisiócratas. En el estudio de los resguardos de Chachopo se encuentra el origen, razón y naturaleza de ese proceso de fraccionamiento de la tierra que experimentan todavía muchas zonas andinas, pues sus tierras, luego de repartidas, se siguieron subdividiendo cada vez que un núcleo familiar se atomizaba y nuevos herederos de una generación acentuaban el fraccionamiento, tan característico de los paisajes andinos venezolanos. Esta situación, asociada a la tradicional utilización de técnicas e instrumentos rudimentarios, la baja productividad del suelo y una reconocida dificultad y altos costos del transporte hasta los mercados, constituye, desde entonces, uno de los problemas socioeconómicos esenciales de estas tierras. Otro de los rasgos negativos de ese proceso fue la transferencia de derechos de la tierra, a través de la compra-venta, situación que consecuentemente motivó la presencia de una población comunera no partícipe en la partición de las tierras, pues su condición de "derechante" había sido transferida a individuos generalmente ajenos a la comunidad y quienes pasaron "seguramente" a formar parte de esa importante población sin tierra, que desde entonces habita en las zonas altas merideñas. Los personajes foráneos, algunos de los cuales fueron los mayores propietarios de las tierras repartidas de Chachopo y se dedicaron al comercio, junto a unos pocos funcionarios públicos y a comuneros aventajados en el reparto de los resguardos, van a constituir la pequeña "elite" de esos asentamientos, muestra de que la estructura socioeconómica de esos poblados estaba distante a lo que había sido la comunidad original. Finalmente, este estudio ofrece explicación a la propiedad mancomunada, a los derechos de páramo y de cría de las tierras andinas merideñas, vestigio de aquellos resguardos, pues ellos fueron parte de esas tierras comunales no repartibles que se dejaron para uso de los comuneros, a las que algunos de sus descendientes se apegan y apelan para mantener y usufructuar ese añejo derecho.
Como bastantes libros más en los últimos años, la mayoría de los trabajos integrados en éste (11) se incluyeron en uno de los simposios del 52 Congreso Internacional de Americanistas (Sevilla, 2006), y a ellos se unieron después otros dos más. Sus coordinadores -los doctores Rodolfo Aguirre y Lucrecia Enríquez, mexicano y chilena respectivamente-son bien conocidos por sus publicaciones vinculadas a la Iglesia desde perspectivas históricas, sociales y económicas, como lo demuestra una publicación posterior al libro que aquí se reseña, titulada Tradición y reforma en la Iglesia hispanoamericana, coordinada igualmente por ellos, junto al profesor poblano Francisco Javier Cervantes Bello, y publicada asimismo por la UNAM en 2010. Como Aguirre y Enríquez aclaran en la Presentación, no se tratan en él "estudios puntuales" sobre aspectos vinculados al tema de Historia de la Iglesia, sino "una historia de las dinámicas y complejas relaciones entre la Iglesia y la monarquía", en sus múltiples manifestaciones. Esta obra consta de una Presentación, seguida por tres partes, denominadas La conservación de los espacios coloniales, Elites eclesiásticas: formación y relaciones con la monarquía y Del patronato español al estatal en el siglo XIX, respectivamente. Y como su propio título indica, la cronología objeto de los estudios va desde el siglo XVIII borbónico hasta fines del XIX. En cuanto a la geografía abarcada, se extiende a cuatro países latinoamericanos -Chile (1), Argentina (2), México (6) y Perú (2), más otros dos trabajos de carácter más general referidos a temas de la Iglesia secular: el primero, de J. M.a Imízcoz y M.a V. García del Ser, sobre el alto clero vasco y navarro en la monarquía hispánica del siglo XVIII, desde sus orígenes familiares a sus carreras eclesiásticas en España y en las Indias; y mero vicario y después obispo de Trujillo, Tomás Diéguez Florencia, a esos años tan llenos de rupturas, pero a la vez de continuismos, entre 1776 y 1845, entre el Virreinato peruano y el Perú republicano; sigue con el texto de M. E. García Ugarte, sobre las sedes vacantes del Arzobispado de México entre 1825 y 1831, en años difíciles por las relaciones con la Santa Sede y el afianzamiento de la primera República del nuevo país. Siguiendo en México, M. Ornelas Hernández continúa avanzando en el siglo XIX en su estudio sobre la extensa diócesis de Michoacán de 1831 a 1850, lleno de problemas y tensiones entre los gobiernos federales y a veces la iglesia jerárquica, frente a clérigos y religiosos partidarios de la tradición. Y cierra este libro el texto de M. Gallardo, que continúa esa línea de análisis centrada ahora en los últimos veinte años del XIX, analizando las actitudes del clero en Córdoba, Argentina, durante esos años en los que fueron cuajando nuevas ideologías y partidos. Para finalizar, un libro interesante, verdadero panorama de años llenos de dudas, problemas y avances, vistos por autores destacados, auténticos especialistas en esos temas y que, sin duda, deben consultarse para trabajos vinculados a la iglesia americana en esa época.-MARÍA JUSTINA SARABIA VIEJO, Universidad de Sevilla. Los veintiún trabajos recogidos en esta obra son el producto de dos encuentros internacionales sobre migraciones y globalización, celebrados en Ourense en 2007 (18 de octubre-29 de noviembre) y 2008 (22 de octubre-13 de noviembre), que dan cuenta de los avances realizados en el estudio de las migraciones entre España y América. Insertos en un mundo globalizado los autores presentan una perspectiva evolutiva de los fenómenos migratorios cuya percepción actual tiene un papel central en la definición de las nuevas políticas migratorias de los países receptores. La obra se divide en dos bloques, correspondientes a los dos encuentros, a lo largo de los cuales se pueden identificar diferentes ejes temáticos comunes. Introducen el libro dos capítulos de carácter descriptivo a escala mundial. En el primero, "Migraciones y remesas en América Latina. ISSN: 0210-5810 a la pobreza y estímulo al consumo", Juan Rial presenta un somero análisis comparativo de la migración internacional, estableciendo que hoy en día cerca del 3,5% de la población es emigrante, que principalmente se ha desplazado de zonas del sur hacia otras más desarrolladas del norte. Y en el segundo, Carina Perelli aborda una cuestión estrechamente relacionada con la emigración en "Notas sobre el voto en el extranjero". Si bien el derecho de sufragio de los ciudadanos afincados fuera de su país es un hecho relativamente reciente, en la segunda década del pasado siglo ha experimentado una gran difusión extendiéndose a 64 países con diferentes modelos electorales. El tercer trabajo da paso a un tema de investigación recurrente a lo largo del libro, la migración gallega a América. En "Masonería e emigración na Galicia contemporánea", Alberto Valín realiza una breve reflexión sobre la interrelación entre las masonerías americanas, estableciendo una relación directa entre la masonería gallega y la emigración a Cuba. Identifica la Edad Dorada de la masonería gallega entre 1868 y 1898 y, en base a las fuentes documentales del Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca (Antiguo Archivo Histórico Nacional, Sección "Guerra Civil"), describe la masonería gallega en Cuba, que llega a ser la segunda más importante en la Isla, sólo precedida por la asturiana. Continúa analizando el asociacionismo gallego, en el caso venezolano, Xosé Ramón Campos Álvarez, en "A migración galega a Venezuela a través do asociacionismo". A pesar de que no será hasta mediados del siglo XX cuando Venezuela se convierta en un país receptor de inmigración masiva, tras la transformación de la economía y de la sociedad con el descubrimiento de yacimientos petrolíferos, desde la década de los cuarenta se tiene constancia de centros de asociacionismo regional español como el Centro Vasco, el Hogar Canario, el Centro Catalán, el Lar Galego o el Centro Galego de Caracas. Junto al carácter político del asociacionismo gallego de los primeros tiempos destaca sus facetas benéfica y cultural. Otro eje temático común en tres capítulos es el análisis de las fuentes documentales para el estudio de la migración española a América entre los siglos XVI y XVIII. Así Rosario Márquez Macías, en "El sueño de emigrar a América", logra su objetivo de aproximar al lector común a las fuentes consultadas para dicho estudio, donde el Archivo General de Indias ocupa un lugar central seguido de fuentes judiciales -Protocolos Notariales, Honras Fúnebres o Bienes de Difuntos-que aportan sustancial información sobre la vida del emigrante. Seguidamente, María Dolores Pérez Murillo, en "Las migraciones hacia América Hispánica en la época colonial. Una mirada desde la intrahistoria", profundiza en el Archivo de Indias especificando las diversas secciones que permiten analizar la emigración directamente y valorando los Autos de Bienes de Difuntos. Tal y como hacen Antonio García-Abásolo y David Peláez Portales en el capitulo "Andaluces de México (siglos XVI al XVIII)", donde describen el mundo privado de los pobladores andaluces en la Nueva España a través de la documentación recogida también en los Autos de bienes de difuntos del citado Archivo sevillano, complementada con documentación del Archivo Histórico de Córdoba y el Archivo General del Obispado de Córdoba. El siguiente gran eje temático de esta compilación es el estudio de la migración cubana, dada la importancia de los flujos migratorios en la conformación de la identidad de la Gran Antilla. Introduce este análisis Alejandro García Álvarez con "Cuba, espacio histórico para la inserción de inmigrantes en una economía dependiente". El autor argumenta que el desarrollo de un modelo económico abierto y dependiente basado en la exportación agrícola, entre finales del siglo XIX y principios del XX, ha estado directamente asociado a la llegada masiva de inmigrantes de las Antillas Menores, China y España ante la demanda de mano de obra. Diferencia la emigración española por el vínculo cultural existente entre ambos países y por el desarrollo del asociacionismo español, que favoreció la integración de los recién llegados. Amplía esta línea temática Antonio Santamaría García con una profunda revisión bibliográfica sobre el estudio de la migración española a Cuba y Puerto Rico, en "Migración española y construcción de lo puertorriqueño y lo cubano". En el caso cubano se trató de una inmigración masiva debido a la progresiva abolición de la esclavitud, la transformación técnico-organizativa de los ingenios azucareros, el crecimiento económico y aumento salarial y las posteriores políticas de higiene racial, mientras que en el puertorriqueño esta fue selectiva, elitista y su flujo se interrumpió con su independencia en 1898. A pesar de estas diferencias, el autor afirma la existencia de un discurso de hispanidad en ambos países, donde la inmigración española influyó en la formación de una conciencia e imaginario nacional. Santamaría incide en el hecho de que dichas historiografías adolecen de un excesivo localismo que debería ser superado por análisis generales que ofrezcan una visión conjunta del papel de la inmigración española en la construcción de lo propio. En el segundo encuentro, dos artículos de carácter regional completarán el estudio de la migración cubana. En primer lugar, el trabajo de Sergio Guerra Vilaboy, "Gallegos en Cuba", analiza la presencia de estos en la Gran Antilla que a principios del siglo XX aumentó notoriamente, estimándose que entre 1899 y 1922, de los más de un millón de españoles residentes en Cuba, más del 40% eran gallegos. Esta migración se diferenció de la realizada por africanos y chinos en la primera mitad del siglo XIX, pues en esta última no hubo retorno humano, económico o cultural. Y en segundo lugar, el recientemente fallecido Leoncio Cabrero, en "La inmigración china a Cuba en el siglo XIX: una semiesclavitud amarilla", describe la crueldad de la emigración china a Cuba, que venía a reproducir las condiciones esclavistas de la abolida trata negra bajo enunciados normativos opacos que imposibilitan hablar de los culíes como emigrantes. Otro foco de gran calado en la historiografía americana es la migración mexicana. Elixeo Villaverde García, en "A emigración galega a México e o éxodo mexicano aos EE.UU en perspectiva comparada", analiza las dos migraciones, destacando las diferencias entre ambos flujos que se acentúan en la forma en la que los emigrantes gallegos y mexicanos se insertaron y se insertan en la estructura socio-profesional de los países receptores hasta hoy. Pues mientras muchos gallegos lograron ascender económica y socialmente, los emigrantes mexicanos a EE.UU se enfrentan a la dura movilidad social como asalariados manuales y mal remunerados. Un nuevo análisis comparativo de migraciones atemporales es el de la ya citada María Dolores Pérez Murillo,"El sur de España y las migraciones contemporáneas", que trata de identificar las similitudes existentes entre la emigración andaluza hacia América Latina a principios del siglo XX y la reciente inmigración latinoamericana en la Andalucía Mediterránea. Para ello recurre a testimonios orales de emigrantes andaluces hacia América Latina y de ecuatorianos residentes en la ciudad mediterránea de Vera (Almería). En ambos casos la crisis económica y la ausencia de políticas sociales son las causas principales por las que se decide partir. Por otra parte, Juan Rial Roade, en "Los miedos y los globalización. Un mundo globalizado", realiza un análisis preliminar de la percepción del inmigrante en función de dos posiciones: una de miedo asumido ante el fenómeno migratorio y otra de aceptación. Rial desarrolla con mayor detenimiento la visión del miedo que despierta el inmigrante, apoyándose en la ausencia de neutralidad del término "inmigrante" o "migrante" en el mundo globalizado. Concluye argumentando que esta visión peyorativa del "otro" se materializa en formas de gobernabilidad basadas en el miedo, la inquietud y el malestar. Un enfoque distintivo de la migración española a América es el de María Dolores Fuentes Bajo, "En principio emigraron las ideas... Transferencia de pautas de gobierno y realidad colonial. A diferencia del resto de trabajos recopilados en este libro, éste se refiere a la emigración de ideas, y no de personas hacia el Nuevo Mundo, que se materializaron en control político a través de la delimitación territorial, la implantación de políticas fiscales y la creación de instituciones eclesiásticas. La autora realiza una precisa descripción de la reorganización territorial proyectada por el gobierno metropolitano sobre la región marabina a través de la incipiente institucionalización en pleno Virreinato de la Nueva Granada. Otro trabajo que aborda la inmigración en Venezuela es el de Arístides Medina Rubio, "Dos tiempos en la inmigración contemporánea en Venezuela". El autor muestra cómo las corrientes migratorias en Venezuela suponen una excepción dentro de la región, pues mientras en la mayoría de los países vecinos los flujos migratorios de la época contemporánea tienen lugar a finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, Venezuela no se convierte en un país receptor de inmigrantes hasta la política de puertas abiertas desarrollada por el gobierno militar entre 1948 y 1958. Amplían el análisis sobre el fenómeno migratorio en la región andina los trabajos de Juan J. Paz y Miño Cepeda sobre Ecuador -"Ecuador: migrantes y migraciones en la perspectiva histórica"-y María Concepción Bravo Guerreira sobre Perú -"El efecto "llamada" del descubrimiento del Perú en los pobladores españoles de las indias"-. Paz y Miño señala que no podemos considerar a Ecuador un país de migraciones hasta mediados del siglo XX, cuando el incipiente desarrollismo ecuatoriano atrajo a numerosos ciudadanos de países vecinos que contribuyeron notablemente al desarrollo de la capital, y las crisis político-económicas de las tres últimas décadas del siglo XX propiciaron la masiva emigración de ecuatorianos hacia el continente europeo, principalmente a España. Mientras que Bravo Guerreira describe brevemente el "efecto llamada" que tuvo el descubrimiento de Perú a principios del siglo XVI, originando un gran flujo migratorio desde España y las islas caribeñas, que abrió las rutas del Océano Pacífico dando lugar a una gran emigración hacia el continente sudamericano de aquellos que acudieron atraídos por la riqueza natural de estas tierras. En último lugar debemos referirnos a tres trabajos ilustrativos de la vida del emigrante: "Emigrantes españoles e inmigrantes africanos: voces literarias escindidas y hermanadas", de María Tajes; "Luis Saone: dibujo, ilustración, gráfica", de María Victoria Carvallo-Calero; y "Andrés Pazos Pérez: Unha pequeña autobiografía", de Andrés Pazos Pérez, que buscan extraer del lector una conciencia tolerante hacia los inmigrantes llegados a España desde finales del siglo XX, en su mayoría oriundos de África y Latinoamérica, a través de ejemplos ilustrativos de la dura vida, y a veces itinerante, de los emigrantes y de las contribuciones que muchos de ellos han realizado al ámbito cultural, tanto de sus países de origen como de recepción. En conclusión, este libro es un gran referente de la historiografía española y latinoamericana sobre el estudio de los flujos migratorios desde la época colonial hasta el desarrollo del mundo globalizado que actualmente se define por constantes intercambios de información, mercancías y personas. En tal sentido, y aunque no sea el objetivo de muchos de sus capítulos, la compilación de esta obra conlleva repensar la actitud hacia el emigrante en un mundo en el que la libre circulación de mercancías es una premisa que concede a estas más derechos que a las propias personas. Esta actitud de tolerancia hacia el inmigrante no puede venir sino de la reflexión final de recordar lo que fuimos como sustento para alardear de lo que hoy somos.-VANESA VALVERDE CAMIÑA, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla. Ana Crespo Solana: Mercaderes atlánticos. Redes del comercio flamenco y holandés entre Europa y el Caribe, Córdoba, Universidad de Córdoba / Cajasur, Serie Estudios de Historia Moderna, ES.HI. MO, 2009, 352 pp., tablas y gráficas, bibliografía, índices de tablas y gráficas, de materias, onomástico y de topónimos. Marta Fernández Alcaide: Cartas de particulares en Indias del siglo XVI. Edición y estudio discursivo. Madrid / Frankfurt, Iberoamericana / Vervuert, Textos y Documentos Españoles y Americanos, 6, 2009, 382 pp., anexos, bibliografía + CDrom. Hace más de dos décadas que Enrique Otte publicó Cartas privadas de emigrantes a Indias. La rica muestra que localizó en el Archivo General de Indias de Sevilla es el punto de partida del trabajo de Marta Fernández Alcaide que, ciñéndose en la selección al siglo XVI, tiene como objetivo el estudio lingüístico de estos textos procedentes de la esfera privada. La etapa considerada se enriquece con 23 nuevos testimonios epistolares, parte de ellos redactados en España, que no fueron incluidos por Otte. Filólogos y lingüistas coincidieron en señalar que la publicación de Otte, ampliamente utilizada por los historiadores, no era útil para sus estudios por la modernización del texto de las misivas. Por ello, en el CDrom que acompaña a la obra impresa se transcriben y editan con criterios filológicos las cartas en las que se basa el estudio. Dada su utilidad para los estudios lingüísticos, confiamos en que el extenso fichero del corpus (640 cartas) no se vea afectado por los cambios de soportes informáticos, preservando con ello la paciente y cuidada transcripción de unos textos cuya dificultad es bien conocida para los más familiarizados con el mundo epistolar, pródigo en grafías difíciles de plumas no siempre expertas. Para la localización de la referencia documental de los textos editados en el CDrom es preciso consultar el anexo I de la obra impresa (pp. 317-343) con la correspondiente correlación, cuando la hay, con la numeración en la edición de Otte. Hubiera sido conveniente incluir en la edición de las cartas la referencia de archivo para su localización y recordar en el anexo I las secciones del Archivo General de Indias en las que se conservan (Indiferente General y Contratación). La obra está estructurada en cinco capítulos en los que se desarrollan, en el contexto de los estudios filológicos, los diferentes objetivos planteados en la Introducción. La presentación del corpus se hace en el Capítulo I (pp. 33-74), en el que se comentan diversos elementos (gráficos, paleográficos, autoría, status social de los emisores y su relación con los destinatarios) para aproximarse -señala la autora-a la naturaleza de estos documentos. Algunos comentarios sobre las grafías y la competencia gráfica de los escribientes (pp. 38-39) serían más comprensibles, para los menos familiarizados con los textos epistolares, si se acompañasen los ejemplos citados con apoyo gráfico que los ilustrase. Las misivas están íntimamente ligadas a las circunstancias del emisor, entre ellas su nivel de alfabetización, de ahí la acertada inclusión del epígrafe "cuestiones sociológicas". En él se identifican y enumeran los oficios de los remitentes, se resumen los orígenes de los emisores y se consideran los vínculos entre emisor y receptor en función de los encabezamientos. En opinión de Fernández Alcaide "los textos fueron escritos por un grupo de individuos representativo de toda la sociedad indiana", aunque el de los artesanos que envían cartas a sus familiares es especialmente interesante pues, en su opinión, es el que se aproxima más al lenguaje hablado, cuya descripción es el último objetivo del trabajo (p. El criterio utilizado para clasificar las cartas "es el de las relaciones que existen entre los interlocutores, por considerarlo un aspecto fundamental" (p. 54), de ahí que en el corpus se presente la muestra agrupada en función de los destinatarios (mujer, hermanos, madre, hijos, padre, sobrinos, primos) y luego según el tratamiento, desde el más próximo al más alejado en la escala social (señor, muy magnífico señor, ilustre señor, muy ilustre señor), y los encabezamientos a los clérigos (muy reverendo señor). Otras variantes y tipos de relación (cuñados, yernos, suegros, etc.) se reúnen bajo el epígrafe "otros". La presentación de los textos, por lo tanto, no es histórica "sino que pretende ser filológica" teniendo en cuenta -señala la autora-, que "lo social influye en un nivel de la variación lingüística, la diastrática". En función del destinatario clasifica y diferencia en esta recopilación las cartas que considera en un entorno "familiar, "semifamiliar" o "formal". El criterio también pudiera haber sido otro, pues no siempre, si se desconoce el contexto en el que fueron escritas, el empleo de determinadas formas de encabezamiento o tratamiento puede ocultar relaciones de muy diverso tipo. La presentación de los textos intenta ser filológica, de ahí las oportunas aclaraciones que, antes de descender al análisis, se hacen de los crite-rios de edición, ampliamente desarrollados en lo relativo a grafías, división de palabras, acentuación, puntuación, numerales, signos críticos especiales o utilización de mayúsculas y minúsculas. La edición "pretende ser fiel en todos los sentidos" a los textos manuscritos que maneja del Archivo General de Indias, aunque no siempre se han incluido los sobrescritos conservados, y favorece la elaboración de corpora no literarios para los estudios de lingüística histórica que tengan como fin el rastreo del cambio lingüístico. En el Capítulo II se inicia el estudio sintáctico del corpus, objetivo final del trabajo, con el análisis de los aspectos gráficos con implicaciones fonológicas. En él se ejemplifican los fenómenos más comunes advertidos en la muestra reunida, en especial en las cartas que probablemente sean autógrafas (74 misivas), en aspectos como las grafías (variedad de empleos de la h, de la v y u con valor de vocal o consonante, la j y g; j e y; etc.), vocalismo y consonantismo, acompañando el análisis de tablas y gráficos en los que se reflejan algunos aspectos, entre ellos el ceceo-seseo. Los Capítulos III y IV tienen como hilo conductor la cohesión en el corpus. Tras una presentación general en la que se consideran los mecanismos de cohesión: procedimientos léxicos (repetición, sinonimia, hiperonimia), gramaticales (deíxis, elipsis), progresión temática y marcadores del discurso, se profundiza en estos últimos. Así, con ejemplos de la muestra epistolar analizada, se hace una propuesta de clasificación de marcadores y se comentan los conectores aditivos (y, demás, ultra, asimismo, también, ítem), causales-consecutivos (que, porque, por tanto, por eso/por esto, así, pues, de manera/modo/suerte que...), opositivos (empero, pero, mas, no obstante/sin embargo, con todo), estructuradores de la información (comentadores, ordenadores, digresores) y reformuladores (explicativos, rectificativos, de distanciamiento, recapitulativos). El análisis se acompaña de tablas en las que se resume su utilización en esta recopilación. En los dos últimos Capítulos se estudia el nivel oracional de un subconjunto del total de la muestra caracterizado -señala la autora-por "la inmediatez comunicativa y constituir una representación de la variación social en Indias en la época" (p. Para ello analiza 70 cartas de las que se conoce la relación entre emisor y destinatario así como el oficio del remitente y considera aspectos como la yuxtaposición, coordinación y subordinación, que ejemplifica ampliamente. En el análisis sintáctico interoracional el método seguido es el inductivo, por parecerle el más coherente para trabajar con textos escritos. Las cartas privadas, testimonio precioso para muchos estudios, entre ellos la historia del español, se convierten en un feliz punto de encuentro en el que historiadores y filólogos coinciden en el objeto de estudio. Los primeros han utilizado ampliamente la citada edición de Otte y los segundos, a partir de ahora, disponen del trabajo de Marta Fernández Alcaide con el que habrá que contar para estudios filológicos y lingüísticos, tanto por la cuidada edición de los textos epistolares como por el análisis realizado.-M.a DEL CARMEN MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Universidad de Valladolid. Laura Larco: Más allá de los encantos. Documentos sobre extirpación de idolatrías. Lima, Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos e Instituto Francés de Estudios Andinos, 2008, ilusts., 402 pp. El contador Miguel Feyjóo de Sosa escribió en su Relación descriptiva de la ciudad y provincia de Truxillo del Perú, publicada en Madrid en 1763, que su obispado era de "una extensión considerable" (p. No estaba errado en tal aseveración. Por entonces, la diócesis comprendía las provincias o corregimientos de Trujillo, Saña, Cajamarca, Piura, Chachapoyas, Luya y Jaén. Más aun, a diferencia de otras jurisdicciones eclesiásticas del Virreinato, la de Trujillo poseía dos particularidades: se extendía sobre las tres regiones naturales (costa, sierra y selva) y contenía una importante variedad de grupos humanos y, en consecuencia, de usos lingüísticos. De allí que Feyjóo reconociera que los prelados debían ejercer "continua vigilancia para el debido cumplimiento de su pastoral obligación" y que, a pesar de contar con la colaboración de vicarios y provisores, "siempre viven ocupados en dar las respectivas providencias" (p. La historia de la diócesis de Trujillo es poco conocida. Se cuenta con valiosas fuentes documentales y estudios monográficos, pero vistos en conjunto son insuficientes. Acaso la principal razón que explica la carencia de trabajos sobre esa región es la dificultad para acceder a sus archivos eclesiásticos, auténticos territorios ignotos. Por ello, celebramos el interés de Laura Larco por publicar un conjunto de 29 textos procedentes del Archivo Arzobispal de Trujillo, 27 de los cuales corresponden al periodo comprendido entre 1752 y 1834, y los restantes al año 1924. Se trata de expedien-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS tes, la mayoría de ellos incompletos, relacionados con denuncias contra indios por practicar curanderismo y hechicería. La atenta lectura de los expedientes ofrece interesantes perspectivas de análisis para el estudio no sólo de la historia eclesiástica, sino también social de la región norte del Virreinato peruano en la segunda mitad del siglo XVIII. El examen de los documentos pone en evidencia que los procesos realizados por la justicia eclesiástica no fueron consecuencia de alguna visita episcopal o de una campaña de extirpación de idolatrías. Aunque hay información sobre la realización de inspecciones llevadas a cabo por los obispos trujillanos a lo largo del siglo, no consta que se realizara alguna campaña de extirpación como las que tuvieron lugar en el arzobispado de Lima a lo largo del siglo XVII e inicios del XVIII. Durante la segunda mitad de este último siglo, el interés de los prelados en el norte del Virreinato se orientó a la promoción del bienestar de la población y la mejor administración de la diócesis, como se infiere, por ejemplo, de la "Prevención circular" a los curas doctrineros, fechada en 1782 y ordenada por el obispo Baltasar Jaime Martínez de Compañón, donde se les instruye a informar acerca de la economía, el comercio, la flora, la fauna y los recursos naturales de sus respectivas jurisdicciones. Tan sólo una de las dieciocho disposiciones se refiere a la religión de los indios. Allí se dice que es tarea del cura averiguar aquellas prácticas que "huelan" a supersticiosas. Pero se le advierte que antes de actuar deberá confirmar su existencia y sólo entonces podrá aplicar los medios más eficaces para extirparlas conforme al "carácter, inclinaciones, ideas y costumbres" de los indios. De este texto se desprende que la extirpación de la idolatría ha dejado de ser una prioridad en la agenda de los eclesiásticos. En otras palabras, la acción represiva ha dado paso a una actitud menos violenta La lectura de los documentos publicados por Larco muestra que las acusaciones estuvieron motivadas por conflictos personales. Así, por ejemplo, en 1761 María del Carmen Florián denunció a su madre, Bernarda, de "superticiosa y hechizera", y que había "procurado siempre llevarla a los montes adonde los indios ganaderos, con quienes ha tenido mucha correspondencia, vicitándolos con frecuencia y regularmente de noche, por lo que ha concluido [...] que su madre debe de tener alguna mescla con semejantes vicios" (p. Años más tarde, en 1774, Hilario de la Vega denunció a María de la Encarnación Chaihuac de ser bruja ante el cura de Paiján, tan sólo para distraer la atención de este último y de esa manera evitar que lo examinara acerca de la doctrina y castigara (p.184). Otras veces la calum-nia es un móvil poderoso para que intervenga la autoridad eclesiástica. María Antonia de Azabache, india principal del pueblo de Huanchaco, fue asimismo acusada, en 1778, de "bruja" por otros indios, sin mayor fundamento (pp. 195-210). Algo similar sucedió con Manuela Vargas, residente en Carabamba, quien en 1809 fue sindicada como bruja por Juan Jerónimo de Paz, un indio de esa misma localidad. En el proceso se pudo determinar que el segundo había actuado movido por el deseo de venganza. Tiempo atrás Vargas había expulsado unos cerdos de Paz que habían ingresado a sus tierras y eso generó un violento altercado entre ambos (pp. 338-339). Los expedientes publicados por Larco, como suele suceder con este tipo de fuentes, presentan algunas limitaciones. Contienen la fase preliminar del proceso, es decir las denuncias, los autos administrativos y los interrogatorios -en el mejor de los casos-mas no constan sus conclusiones, es decir las sentencias. Se trata de documentos incompletos, que para su correcta comprensión requerirían ser confrontados con textos contemporáneos a fin de contextualizarlos de mejor manera. Más aun, el interesado en información sobre las prácticas religiosas andinas o nativas se sentirá seguramente defraudado, ya que tan sólo un expediente describe un ritual propiamente andino: la "mesa"; mientras que otros informan de ritos asociados a la práctica de la hechicería y brujería, en particular del aquelarre, una difundida creencia de origen europeo transplantada al imaginario americano seguramente por clérigos y frailes. Para ilustrar esto, citamos un caso. En 1786, María la O, una indígena que habitaba el pueblo de San Pedro de Lloc, fue denunciada de realizar a medianoche en su casa reuniones a las cuales asistían mujeres solteras y casadas, quienes se bañaban desnudas y untaban sus cuerpos con polvos blancos para volverse patos. Luego volaban a una laguna cercana para nadar y allí acudía "un chibato grande colorado hechando candela por su culo [...] y [...] una por una iban llegando a bezarle el culo al chibato". Terminado esto, retornaban a la casa de María la O, donde luego de invocar el nombre de María, recuperaban su forma humana (pp. 213-214). Para concluir, algunas observaciones acerca de la edición de los documentos. De un lado, la transcripción paleográfica no es muy cuidada: se observan algunas malas lecturas; de otro, la puntuación -cuando existehabría requerido mayor cuidado, ya que es bastante arbitraria. Todo ello no hace fácil la lectura de los materiales publicados en este nuevo libro que, a pesar de las deficiencias mencionadas, merece ser consultado.-PEDRO M. GUIBOVICH PÉREZ, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, Perú. Miguel Luque Talaván (director y coordinador científico) et al.: Enrique de Otal y Ric, diplomático y viajero, Zaragoza. Imágenes del mundo, Colección "Aragón en los Archivos", 4, Departamento de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Aragón, 2009, 497 pp., fuentes documentales e impresas, bibliografía del texto, catálogo y bibliografía del catálogo, láminas. Gracias al impulso y tutela del Departamento de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Aragón ha visto la luz este amplio volumen, número cuatro en la colección "Aragón en los Archivos", cuyo propósito es la recuperación de la memoria y "abrir las puertas de los archivos" para "llegar al conjunto de los ciudadanos". La obra, que responde plenamente a tal objeto, es el catálogo de la exposición Enrique de Otal y Ric, diplomático y viajero, que ha permanecido abierta al público entre el 19 de enero y el 14 de marzo de 2010 en el paraninfo de la Universidad de Zaragoza. La muestra ha exhibido un amplio conjunto de piezas artísticas, decorativas y documentales de todo tipo reunidas por Don Enrique de Otal y Ric (Fonz, Huesca, 1844-El Cairo, Egipto, 1895) durante el cuarto de siglo (1870-1895) en que fue diplomático en los más diversos destinos del universo de la centuria decimonónica. La colección pertenece en su mayor parte al Gobierno de Aragón desde que fue donada por sus sobrinas-nietas en 1987. Posteriormente ha sido completada con varias adquisiciones. El conjunto artístico tiene su sede habitual en el palacio de los Barones de Valdeolivos, en Fonz. La exposición ha contado con la organización y buen hacer del profesor de la Universidad Complutense de Madrid en el Departamento de Historia de América I, Miguel Luque Talaván, comisario de la muestra y director científico de la obra. El catálogo ha sido dividido en dos ámbitos: el primero, dedicado a la historia de la familia Ric y de los linajes a ella vinculados, y el segundo al análisis de su vida y de su carrera como diplomático, prestando una especial atención a su estancia en China. La razón de esto último es porque el Celeste Imperio constituyó el destino donde más tiempo permaneció y del que proceden la mayor parte de los objetos reunidos por don Enrique. En su estructura el catálogo presenta un índice prologado con cuatro firmas (pp. 11-18): la de María Victoria Broto Cosculluela, consejera de Educación, Cultura y Deporte; la de María de la Concepción de Otal y RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Martí, baronesa de Valdeolivos, carlana de Aguilar, y señora de la Bujeda y de la Torre de Aguilar; la de Enrique Badía, alcalde de Fonz; y la de Gonzalo M. Quintero Saravia, embajador de España en la República islámica de Pakistán. Le sigue un texto amplio (pp. 21-141), elaborado por el comisario de la exposición, Miguel Luque, en el que se realiza una biografía exhaustiva y oportunamente contextualizada de Enrique de Otal y Ric. Arranca con la formación del personaje, una introducción prosopográfica sobre la política exterior española de la época y una narración de los principales destinos donde sirvió el ribagorzano. El siguiente apartado recoge el catálogo en sí, dividido a su vez en dos partes explicadas en fichas confeccionadas por quince autores: la primera (pp. 145-212) versa sobre los barones de Valdeolivos y su linaje, con inclusión de breves reseñas biográficas de los miembros más señalados de la familia y alusiones a otros aspectos significativos; y la segunda (pp. 213-485), con el título "perfiles biográficos de Enrique de Otal y Ric (1844-1895)", recrea, por un lado, de modo genérico la formación académica del protagonista, su vida personal, las aficiones y el cursus honorum, rescatando en el empeño abundantes fotografías, álbumes variopintos, retratos de amigos y conocidos, múltiples diplomas, vestimentas, condecoraciones o simples souvenirs; el siguiente subapartado ("El celeste imperio en la vida de Otal y Ric"), recopila un abundante muestrario de porcelanas, papeles, textiles y artes decorativas adquiridos por el diplomático en sus años de servicio en el Celeste imperio; se suma a todo ello, un último subapartado intitulado "objetos de procedencia oriental -no china-adquiridos en el celeste imperio por Enrique de Otal y Ric", que incluye piezas heterogéneas de Uzbekistán, Irán e Indonesia. Cierra el libro una abundante bibliografía. Cabe destacar la singularidad, valor intrínseco y riqueza de todo el material compilado y felizmente expuesto. Su mérito no se ancla únicamente en su hermosura orgullosamente decimonónica, sino también en su interés per se y en el significado histórico y artístico. La obra tiene el acierto de colocar en su contexto y su papel a un personaje que por poco conocido no deja de revelarse como indiscutidamente interesante, "romántico en toda la dimensión histórica de la palabra" -como apunta una descendiente suya-, con una biografía variada, rica en originalidad y enjundiosa en aficiones. Don Enrique Otal y Ric, nacido en el seno de la linajuda familia de los barones de Valdeolivos, fue un diplomático español del siglo XIX, en concreto de su segunda mitad, en la época de la Restauración. Tras su formación en la Universidad Central de Madrid, ejerció su oficio en destinos de tres continentes. Comenzó como secretario de tercera clase en la legación de España en China, Siam y Annam (1875-1878). A mediados de 1881 recaló como plenipotenciario en Buenos Aires, para las ratificaciones del Tratado de extradición entre Argentina y España, permaneciendo después en Argentina como secretario de Segunda Clase de la legación española hasta 1883. En junio de ese año recibió destino, también como secretario de segunda clase, en Grecia, donde residió hasta el mes de abril de 1885. Más adelante, entre esa fecha y 1894, tuvo plaza en el Ministerio de Estado en Madrid, como secretario de segunda clase desde el 2 de junio de 1881, y de primera clase a partir del 4 de marzo de 1890. El 12 de mayo de 1889 fue nombrado para la legación de España en La Haya (Países Bajos), con el cargo de secretario de segunda clase, tomando posesión del puesto en junio. A fines de 1894 se le designó ministro residente, agente y cónsul de España en Egipto, cargo que desempeñó hasta su muerte, por suicidio, el 19 de enero de 1895. La vida, aficiones y obra del señor Otal y Ric tienen sentido y se entienden en el contexto de la política exterior española de la Restauración, enfoque que expone con profesionalidad y rigor el comisario de la exposición, Miguel Luque Talaván. Con este objetivo, el también director científico de la obra, relata con precisión las líneas directrices de la diplomacia hispana en los variados destinos en que sirvió Otal y Ric. La figura del legado oscense aporta matices, conocimiento y vivos colores a las relaciones internacionales españolas durante el periodo histórico de la Restauración. Política que en alguna ocasión ha sido definida como de "recogimiento" o aislamiento, en contraposición con la precedente de prestigio de la era isabelina, pero que se abre al mundo a través de los ojos escrutadores de don Enrique. Gracias al empeño recolector de este "viajero por profesión" y "observador por curiosidad" -parafraseando un pasaje de la edición-, sobrevolamos el mundo en la escala cambiante del siglo XIX, nos emocionamos con los relatos de sus cartas, reconstruimos los trazos desdibujados de la realpolitik hispana, y nos deslumbramos ante la belleza de las muestras artísticas. Es de resaltar el esmero y suma calidad con que se ha elaborado la edición impresa. La exquisitez en las reproducciones fotográficas y la calidad del papel confieren al catálogo un toque de singularidad y un carácter innegablemente monumental. La obra constituye una contribución óptima a la difusión del patrimonio aragonés y español, al conoci-miento de las relaciones internacionales durante el periodo de la Restauración, y al redescubrimiento de una figura original y singular en el mundo que le tocó vivir.-ROBERTO BLANCO ANDRÉS, Instituto de Historia, CSIC, Madrid. Werner Mackenbach (ed.): Intersecciones y transgresiones: propuestas para una historiografía literaria en Centroamérica, Tomo I, Guatemala, F&G Editores, 2008, 312 pp. Este libro supone el primer tomo de una serie de cinco fruto del proyecto "Hacia una historia de las Literaturas Centroamericanas", puesto en marcha en 1995 en la Universidad Centroamericana de Managua, Nicaragua. En él participan relevantes figuras procedentes de centros de investigación latinoamericanos, estadounidenses, europeos, canadienses y australianos, signados por su común dedicación a las letras de "la cintura de América" y prueba fehaciente de la diáspora a la que se han visto sometidos muchos de los pensadores en este área de trabajo por el declive que vienen sufriendo las humanidades en el área centroamericana desde hace treinta años, sólo paliado en cierto modo por la organización periódica de los Congresos Centroamericanos de Estudios Culturales que se vienen realizando en diversas universidades de la zona desde el año 2007. Afortunadamente el profesor Werner Mackenbach, conocido entre nosotros por haber editado, junto a Karl Kohut, la imprescindible Literaturas centroamericanas hoy. Desde la dolorosa cintura de América (Madrid, Iberoamericana, 2005), ha conseguido integrar los esfuerzos de los participantes en el proyecto, llevando a buen puerto una tarea marcada por la transdisciplinariedad y la diversidad de perspectivas. Así, resultan múltiples los enfoques desde los que se intenta contestar a la pregunta que se encuentra en la base de este proyecto, resumida en la siguiente frase: ¿Cómo, por qué y para qué escribir una historia de las literaturas centroamericanas? En el volumen se generan preguntas como la pertinencia de calificar una determinada literatura de centroamericana -el artículo de Dante Liano resulta especialmente destacable en este sentido, así como su denuncia de la legitimación actual de los autores a través de grandes editoriales HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS globalizadas-; si ésta en realidad está constituida por literaturas nacionales sin conexión entre sí -lo que haría insostenible el término-; o, finalmente, la dilucidación de los rasgos específicos de las literaturas del istmo frente a las producidas en otros ámbitos. Esto, en un mundo signado por la globalización y la transferencia del conocimiento a escala universal, lo que hace aún más necesario -según se deduce del texto-ahondar en las identidades literarias para, además, colocar en el mapa una producción cultural tradicionalmente olvidada por la crítica y raramente visible en el canon literario latinoamericano. Puesto que, como el propio título indica, se trata de realizar una historiografía literaria en Centroamérica, importa mucho el debate sobre el rol jugado por la literatura en la construcción de las identidades nacionales. El mismo Mackenbach subraya este hecho en la introducción del volumen: "La literatura ha funcionado [...] y sigue funcionando como instancia e incluso institución de construcción de identidades [...] individuales o colectivas. Su estudio sigue siendo importante para entender los procesos históricos y culturales y para comprender mejor cómo se moldean los comportamientos e identidades colectivos e individuales" (XXVI-XXVII). Del mismo modo, resulta recurrente en los diversos trabajos la discusión sobre la figura del sujeto mestizo, central hasta nuestros días en la lectura de la historia de los diferentes países del istmo. En consecuencia, se abandona la visión occidentalista de la literatura para dar paso a nuevos aportes sobre el debate de qué significa escribir y ser en Centroamérica, lo que conlleva, asimismo, cambiar muchos de los términos utilizados en la periodización y conceptualización de los distintos movimientos artísticos, y dar entrada a nuevos agentes tal y como piden las teorías posmodernas y postcoloniales: géneros literarios considerados menores, voces -obviadas hasta ahora en razón de su sexo, opción sexual, clase, raza o ideología-, o instituciones borradas hasta ahora del mapa cultural. Debemos felicitarnos, pues, porque los ensayos, inéditos y firmados por nombres tan conocidos en la teoría, la crítica y la historiografía literaria centroamericana como Dante Liano, Claudia Ferman, Ligia Bolaños, Patricia Fumero, Ricardo Roque Baldovinos, Francisco Rodríguez Cascante, Beatriz Cortez, Magda Zavala y el mismo Mackenbach, entre otros, prefieren abrir puertas al debate y rechazan los dogmatismos fáciles, herederos del positivismo decimonónico y que siempre esclerotizan el discurso intelectual. Se muestran así como verdaderas aportaciones críticas tan necesarias como útiles, capaces de reinterpretar las relaciones existentes entre la literatura y la sociedad y susceptibles de ayudarnos a conocer en todos sus aspectos la magnífica escritura generada en el istmo.-FRANCISCA NOGUEROL, Universidad de Salamanca. María Teresa Miaja de la Peña: Del alba al anochecer. La escritura en Reinaldo Arenas, México/Madrid/Frankfurt, Universidad Nacional Autónoma de México /Iberoamericana /Vervuert, 2008, 184 pp. La profesora Miaja de la Peña (Facultad de Filosofía y Letras, UNAM) presenta, en calidad de coordinadora, este nuevo trabajo sobre la obra del autor cubano Reinaldo Arenas. Tal y como se nos explica en la introducción, en este volumen colectivo se integran una serie de contribuciones fruto de la Cátedra Extraordinaria "Reinaldo Arenas. Lectura de su obra: del alba al anochecer", impartida por la propia Miaja de la Peña en la UNAM. Asimismo, el trabajo se ve enriquecido por las colaboraciones de especialistas como Ottmar Etter (Universität Potsdam), Celina Manzoni (Universidad de Buenos Aires), Christopher Winks (City University of New York) y Kart Kohut (Katholische Universität Eichstätt-Ingolstadt). En cuanto a su estructura, el texto se divide en tres secciones principales y un sugerente epílogo a cargo del profesor Kohut, quien lee la obra de Arenas a partir del ensayo Saint Genet, comédien et martyr, publicado por Sartre en 1952. En la primera sección, "La escritura intertextual", se profundiza en la faceta del Arenas re-escritor de textos decimonónicos. En concreto, Ottmar Ette, Emiliano Mastache y Miaja de la Peña analizan la apropiación que Arenas llevó a cabo de la novela de Cirilo Villaverde Cecilia Valdés (1882) y de las Memorias (1856) de Fray Servando Teresa de Mier en La Loma del Ángel (1987) y El mundo alucinante (1968, edición francesa), respectivamente. A continuación, se dedica el bloque más nutrido del volumen al estudio de la denominada "Pentagonía" areniana. Esta serie de novelas recorren un camino partiendo desde la infancia del autor en el oriente cubano hasta el dolor provocado al recrear la añorada isla desde el exilio estadounidense y la cercana muerte. Este proyecto novelístico llevó por subtítulo "una historia secreta de Cuba" y en él se cifran buena parte de las obsesiones de HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Arenas, desde las de orden erótico, hasta las políticas, pasando por las literarias. Así pues, y en primer lugar, Martha E. Patraca Ruiz se acerca a ese juego de ensoñaciones, lirismos y símbolos que es la primera de las novelas de este ciclo, esto es, Celestino antes del alba (1967). Por su parte, Julio César Cervantes López recurre a la noción de "polifonía" bajtiniana para explicar diversos aspectos de El palacio de las blanquísimas mofetas (1980, edición francesa). Otra vez el mar (1982), ecuador de la Pentagonía, se estructura en torno a dos secciones básicas donde escuchamos voces narrativas como la de la protagonista femenina anónima y la de Héctor, quien busca superar sus angustias a través del desdoblamiento. Jovita Franco y Beatriz Flores se encargan de identificar y explicar en su artículo las conexiones existentes entre ese recurso a la otredad y la búsqueda de la libertad. Aunque dentro de la estructura de la Pentagonía El color del verano (1991) ocupe la cuarta posición, estamos ante el último texto de ficción escrito por Arenas. En "La isla a la deriva, con sus caras y sus culos. Lo tardío transgresor en El color del verano", Christopher Winks subraya que una de las claves de la novela vendría dada por el desvelamiento de un "secreto" vital para mantener el control social en Cuba y en el Occidente cristiano: "la forzada oposición entre el principio de la realidad y el principio del placer, o, como ha expresado sucintamente Octavio Paz, entre la cara y el culo" (p. Por último, esta sección, titulada "La escritura en la Pentagonía", se cierra con una contribución coral, escrita por todos los autores que participan en ella más Emiliano Mastache. El texto resultante lleva por título "El asalto. La agonía de un final o el final de una persecución". En él se reflexiona sobre la coda pentagónica, es decir, la novela El asalto (1991), y la obsesión por la persecución, la falta de libertad y la muerte. Finalmente, y amén del mencionado epílogo, el tomo se cierra con un nuevo bloque temático ("La escritura de la memoria") que se acerca a la faceta de Arenas como autobiógrafo. En "La retórica de la autobiografía en Antes que anochezca", Beatriz Flores se refiere al espinoso asunto de la relación entre realidad y ficción en las memorias de Arenas. Flores apunta a tres causas para explicar la confusión de ambos mundos. Así pues, alude a la interacción entre experiencia personal y modos literarios de recreación; a la palmaria actitud ideológica anti-revolucionaria de Arenas; y, por último, al hecho de que la visión del pasado queda mediatizada por su condición de disidente y perseguido político, pero además por el peso de tener que enfrentarse a una enfermedad terminal en el exilio. Por su parte, Celina Manzoni, cuyo magisterio cabe situar también entre los antecedentes de este volumen colectivo, se acerca de nuevo en "Nocturno cubano" al texto autobiográfico. Manzoni insiste en el problema de la interpretación del texto a la luz de una presunta objetividad, de tal modo que indica que, de realizarse una ampliación del horizonte de lectura "a las complejas conexiones entre experiencia y escritura de la experiencia, en menoscabo de la petición de objetividad o de la ilusión de realidad, se produce un desplazamiento en la antes matemática identificación entre autor-narrador-personaje principal" (p. Asimismo, Manzoni recorre, entre otros puntos clave del texto, los distintos saberes (familiares, políticos, eróticos, intelectuales) que surcan la biografía areniana, para terminar refiriéndose a la relación entre nocturnidad, exilio y creación literaria. En fin, Del alba al anochecer. La escritura en Reinaldo Arenas ofrece un rico compendio de textos críticos centrados en buena parte de la obra narrativa del escritor cubano. De este modo, el volumen constituye tanto una invitación a la lectura de las obras literarias como un acicate para profundizar en un conocimiento más cabal de las mismas. Escrito por sus diversos autores con un estilo vivo y una erudición manifiesta, el tomo constituye una sustanciosa lectura para todos aquellos interesados en la vida y obra de este brillante narrador, que, en paralelo con el título de una de sus novelas, podría calificarse como "Reinaldo, una de las estrellas más brillantes de la literatura cubana contemporánea".-EMILIO JOSÉ GALLARDO SABORIDO, University of Birmingham, Gran Bretaña. Manuel Ortuño Martínez: Prim y la intervención tripartita en México (Testimonios y documentos), Madrid, Ministerio de Defensa, 2009, 550 pp. ¿Por qué ocuparse de nuevo del general Prim y de su papel en la intervención tripartita en tierras mexicanas? Ortuño Martínez no duda en responder que, en la coyuntura de la conmemoración de los bicentenarios de las independencias de los países hispanoamericanos, es esencial no sólo contribuir al lazo de unión entre México y España sino reflexionar acerca de "si no ha llegado el momento de repasar cuál pudo y debió ser el papel de España frente a la novedad del hecho americano". El autor considera que, debido a que éste no fue siempre el acertado, solo hay tres personajes espa-HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS ñoles cuya actuación política es grata a los mexicanos: Francisco Javier Mina, Juan O'Donojú y el general Prim. Él mismo se ha ocupado, tiempo atrás, de la figura de Mina y ha escrito varios libros sobre él, siendo el último Vida de Mina. Guerrillero, liberal, insurgente, publicado en 2008. Su atención se centra ahora en el general Juan Prim y Prats, conde de Reus y marqués de los Castillejos, cuya determinación de no apoyar la invasión militar francesa en abril de 1862 y no comprometer a España en la ocupación del país merece ser recordada en la presente coyuntura. Para Ortuño, los críticos más inteligentes de su época y de los años posteriores supieron reconocer "en el talante político y militar del conde de Reus una inclinación pluralista y comprensiva de la realidad internacional de su tiempo, que superaba claramente al de la mayoría de sus contemporáneos, incluidos los gobiernos de la Monarquía". Hay otras razones que han llevado a Ortuño Martínez a interesarse por la figura de Prim. La primera es que la personalidad del Conde se presenta, a lo largo de la historia, "con la fuerza de un imán poderoso que retiene y llama la atención". La segunda es que, si bien dicho personaje ha sido, últimamente, objeto de varias biografías en España, la intervención en México no ha recibido la debida atención. La tercera razón es que ha encontrado, en el Instituto de Historia cultural y militar, dos obras -Estudio político-militar de la campaña a México y Antecedentes políticosdiplomáticos de la expedición a México-publicadas a principios del siglo XX, en las que aparecen documentos desconocidos hasta el momento y que le han dado "respuestas positivas a ciertas preguntas insidiosas". Una de estas respuestas podría ser, ateniéndonos a la lectura del libro, que, con su decisión de retirar las tropas españolas en la coyuntura de 1862, Prim cumplió con su deber, "defendió su honor y a la vez al gobierno, a la Reina y a la Nación española". Con el fin de demostrar su hipótesis, Ortuño ha recogido y ordenado la extensa documentación existente en diversos archivos y fuentes sobre la expedición tripartita en México y la gestión de Prim, lo cual ha dado como resultado el presente libro, que recoge 198 documentos y que está estructurado de la siguiente manera. En una "Nota previa", el autor explica las razones que le llevaron a ocuparse del general Prim; en el Prólogo presenta una semblanza de la carrera política del Conde en España. Viene luego una Introducción en cuya primera parte se ofrece una apretada revisión histórica del México independiente y de sus difíciles relaciones con el entorno internacional y específicamente con España, metrópoli que no recono-ció la independencia de su antigua colonia sino hasta diciembre de 1836. Así, Ortuño aborda el problema de las reclamaciones y convenciones españolas -origen de los desencuentros diplomáticos entre ambos países y de la llamada "cuestión de Méjico"-; las conspiraciones monárquicas; "la guerra de los folletos" (como yo misma la he llamado) a que dio lugar dicho asunto entre 1855 y 1860; el matrimonio de Prim con una rica heredera mexicana que residía en París y cómo a través de ella se relacionó con varios mexicanos, lo que trajo consigo que se fuera interesando en México y en el problema de la deuda; la razón de ser de su famoso discurso en el Senado de diciembre de 1858; la guerra de Reforma mexicana y la firma del Tratado Mon-Almonte en septiembre de 1859 entre el gobierno conservador de México y su contraparte española, así como su rechazo por parte del gobierno juarista; la misión en México del embajador Joaquín Francisco Pacheco en 1860 y la crisis diplomática que se desató al ser expulsado por el gobierno liberal triunfante; la crisis financiera mexicana al término de la guerra civil y la consecuente ley del 17 de julio de 1861 que suspendió, por dos años, el pago de la deuda extranjera, lo cual llevó a las cancillerías francesa, inglesa y española a pactar una intervención tripartita. La segunda parte de la Introducción consiste en la presentación de cada uno de los 198 documentos, en la que Ortuño entra de lleno en el tema de su libro, que es el papel de España y del general Prim en dicha intervención. Los documentos se reproducen a partir de la página 75 y están divididos en 22 apartados: Antecedentes; La cuestión de México; Instrucciones a los representantes; Desembarco español en Veracruz; El general Prim en La Habana; La expedición tripartita en Veracruz; Nota tripartita; Reuniones de los comisionados; Cartas del general Prim a su familia; Candidatura de Maximiliano; Monárquicos mexicanos; Delegados del tripartito en ciudad de México; Reacciones a la actuación del tripartito; Preliminares de la Soledad; Preparativos militares mexicanos; Correspondencia del general Prim (febrero-marzo); Crisis entre los comisionados; Ruptura del convenio tripartito; Reacciones frente a la ruptura; Correspondencia del general Prim (abril-mayo); España en México tras la ruptura; El general Prim en el Senado español. El libro incluye una bibliografía dividida en dos apartados, la referente a la intervención y la centrada en Prim, así como un útil índice onomástico. Lo novedoso de la recopilación llevada a cabo por Ortuño Martínez es que no sólo contiene documentos de las Cancillerías británica, francesa, española y mexicana, de los comisionados de las potencias intervencionistas y de los distintos ministros plenipotenciarios involucrados en la intervención sino que reúne cartas de Prim a su madre, familiares y amigos, sus discursos en el Senado español en 1858 y 1862 e inclusive artículos de periódicos mexicanos y españoles que recogen el sentir de la prensa de ambos países. Su objetivo es que el lector, conforme a la máxima decimonónica de que los documentos hablan por sí solos, siga el desarrollo pormenorizado y con todo detalle de la invasión tripartita del territorio mexicano. A través de ellos dicho lector conocerá, señala Ortuño, "la enunciación de una política exterior española que Prim entendió y comprendió con una visión abierta, rompedora de las estrecheces y las limitaciones del 'españolismo' dominante". Prim y la intervención tripartita en México (Testimonios y documentos) consiste, por tanto, en una valiosa aportación al conocimiento de cómo se fue gestando la intervención tripartita en México y de cuál fue el papel del gobierno español, y en especial del conde de Reus, en la misma. Es una obra de lectura obligada para los investigadores españoles y mexicanos interesados en el tema. En este sentido, hubiera sido de gran utilidad que Ortuño Martínez hubiera puesto, al final de cada documento, el archivo o libro del cual ha extraído el material así como que, en la Introducción histórica que desarrolla, hubiera dado cuenta, y de manera puntual, de las fuentes de que ha bebido.-ANTONIA PI-SUÑER LLORENS, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, México DF. José del Rey Fajardo: La Universidad Javeriana, intérprete de la "otredad" indígena (siglos XVII-XVIII), Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana (Biblioteca General, Colección Javeriana Colonial), 2009, 192 pp. Ahora que en varias naciones de América del Sur el indigenismo exaltado ha llegado al poder, no exento de bastante antiespañolismo, es gratificante el encontrarse con trabajos serios de prestigiosos historiadores, como los del jesuita aragonés padre José de Rey Fajardo, rector fundador de la Universidad Católica del Táchira, doctor honoris causa de media docena de Universidades y miembro de número de la Academia RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Nacional de la Historia de Venezuela. Ha publicado más de medio centenar de libros sobre las mentalidades en el Nuevo Reino de Granada (Colombia y Venezuela), en las visiones culturales y sociales de las Misiones jesuíticas en la Orino quia y en la Pedagogía jesuítica colonial. Muchos de estos libros están dedicados a los temas del jesuitismo de la Universidad Javeriana de Bogotá y del indigenismo, objeto también del libro que comentamos, La Universidad Javeriana, intérprete de la "otredad" indígena. En el 2007 apareció, quizá, su mejor libro al respecto: Las misiones germen de nacionalidad (Univer sidad Católica Andrés Bello-Pontificia Universidad Javeriana, Caracas-Bogotá, 2007, 984 pp.), en el que afronta el diseño de una nueva identidad en el marco de un esbozo de ciudadanía municipal y la toma de conciencia del significado de la frontera en las Misiones jesuíticas. Anteriormente, y también dentro de la colección "Javeriana Colonial", había publicado Catedráticos Jesuitas en la Javeriana colonial (Bogotá, 2002), La Biblioteca de la Universidad Javeriana de Bogotá (Bogotá, 2.a ed., 2003) y Facultad de Lenguas en la Javeriana colonial y sus profesores (Bogotá, 2004). En colaboración con G. Marquínez ha alumbrado cuatro libros relacionados con la Universidad Javeriana: Denis Mesland, amigo de Descartes y maestro javeriano (Bogotá, 2003), Breve tratado del cielo y los astros, del maestro javeriano Mateo Mimbela (Bogotá, 2.a ed., corregida y aumentada. 2004), Física especial y curiosa del maestro javeriano Francisco Javier Trías (Bogotá, 2005) y Vida, obra y pensamiento del maestro javeriano Juan Martinez de Ripalda (Bogotá, 2007). También, con ayuda de Luz María Cabarcas Santoya, editó El archivo espiritual del maestro javeriano Francisco Javier Trías (Bogotá, 2008). Ante todo advertir que La Universidad Javeriana, intérprete de la "otredad" indígena es esencialmente una historia de la lingüística indígena, pues recoge la periodización del aporte de los hombres de esta Universidad a la historia de la filología neogranadina (1604-1767), en la que fija cinco grandes etapas que, en última instancia, se identifican con cinco grandes escenarios geográficos. Campo de investigación en que el padre José del Rey ha trabajado desde hace más de cuarenta años, pues ya en 1971 publicó su tesis doctoral titulada Aportes jesuíticos a la filología colonial venezolana (Caracas, Ministerio de Educación, 2 vols.). Además, en la década de 1970 diseñó el mapa filológico de la lingüística misional en el Centro de Lenguas Indígenas de la Universidad Católica Andrés Bello, sin duda el mejor universo lingüístico de la Venezuela indígena colonial, que, lamentablemente, fue arrinconado cuando José del Rey Fajardo se trasladó a San Cristóbal a fundar y regir la Universidad Católica del Táchira. En sus grandes luchas por la libertad y por la búsqueda de una empatía en pro de la aceptación de la alteridad, los jesuitas libraron en el mundo conocido del Renacimiento y del Barroco batallas trascendentales. Baste recordar las polémicas adaptaciones jesuíticas a otras culturas, como "los ritos chinos", "los ritos malabares" en la India o la "República cristiana del Paraguay", una de las empresas más audaces de la historia de las sociedades, de las culturas y de las creencias, que pasaría, tras la expulsión de la Orden en 1767, a convertirse en el mito jesuítico-guaraní. No cabe duda que los ignacianos, ante el reto de la asimilación de otras cosmovisiones, casi siempre han tenido una postura inteligente y sin miedo ante el riesgo de lo desconocido. Hay historiadores que se preguntan cómo estos religiosos lograron muchas veces construir una retórica de la credibilidad en su diálogo con las diversas sociedades en las que se insertaban. El punto de partida se afincaba en una vocación decidida para participar activamente en los procesos transformadores de un mundo nuevo que prometía el Humanismo, aunque fuese en acaloradas disputas en la misma Sorbona en pleno siglo XVI. Este reto les obligó a convertirse en exploradores de las culturas ajenas, lo que conllevó la transformación de las imágenes que ellos poseían de sí mismos y del mundo. En definitiva, se requería una gran flexibilidad para trascender los modelos culturales adquiridos a fin de poder adoptar otros nuevos, basados en la persuasión y en la simbiosis de las culturas. Y una de las claves del éxito fue el estudio y dominio de las lenguas indígenas. Del Rey Fajardo distingue cinco etapas en la historia de la lingüística misionera en la Nueva Granada. El primer periodo se inicia hacia 1605 y se desarrolla en el corazón de dicho Nuevo Reino con la creación de la "Cátedra de la Lengua Chibcha" en el colegio Máximo, que devendría en 1623 en la Universidad Javeriana, y con la erección de la "Escuela de Lenguas" en la población indígena de Cajicá (1605), para la formación apresurada de lingüistas que pudieran dar respuestas rápidas al mundo chibcha. En este contexto surge una floración de centros que patrocinan y tratan de interpretar la cultura chibcha y de abrirle puertas para un sano mestizaje. En 1611 se funda el colegio jesuítico de Tunja con una vocación decidida hacia la población indígena. El segundo periodo se abre en 1624 (veinte años después de haber llegado los jesuitas al Nuevo Reino) y, en cierto sentido, se trataba de trascender la geografía chibcha para ensayar proyectos novedosos más allá de sus fronteras naturales. De esta forma surgieron dos empresas lingüísticas que intentaban medirse con lo desconocido: el Real de Minas de Santa Ana (Tolima) y el de la Serranía de Morcote, realizándose el primer ensayo en el citado Real minero, en donde se daban cita obligada indígenas de diversos lugares del altiplano con sus idiomas diferentes, y por ello las autoridades eclesiásticas echaron mano de los "lenguaraces" (seglares prácticos en las distintas lenguas locales) jesuitas para afrontar la difícil problemática de este multilingüismo improvisado. El segundo era mucho más audaz pues, al insertarse en la Serranía de Morcote y jurisdicción de Chita, se dejaban atrás los dominios del chibcha para abrirse a otras provincias indígenas, ubicadas en el balcón andino que se asoma a los Llanos orientales colombianos, lo que significaba un paso trascendental, pues era iniciar un diálogo con nuevas y desconocidas naciones. Con todo, al mediar el siglo XVII, varias causas generaron el fin de la mayoría de los proyectos antes descritos. Por un lado, las exigencias del patronato regio imponían la entrega de las doctrinas al clero secular ("a la mitra") en lapsos temporales muy precisos, con lo que los procesos de aculturación en manos jesuíticas tenían que interrumpirse. Por el otro, conforme iba avanzando el siglo XVII, fue disminuyendo la población que se expresaba en lengua vernácula y aumentó también el número de indios ladinos. La tercera etapa abre sus acciones en 1661 desde las ilimitadas llanuras casanareñas del piedemonte andino hasta las proximidades del Orinoco. De esta suerte dejan a la espalda la unidad idiomática del chibcha para acometer el reto de la dispersión lingüística proveniente de la diversidad de naciones. Por estos ingentes espacios deambulaban etnias como los achaguas, sálivas, tunebos, giraras, airicos, guahivos y chiricoas y otros. Habían sido poblaciones abundantes en habitantes, pero estaban muy diezmadas a la llegada de los jesuitas en 1661. El cuarto periodo es el orinoquense (1731-1767), en el que se pasaría de la dispersión lingüística llanera a la atomización de una verdadera Babel orinoquense, con la presencia de múltiples naciones y tribus (caribe, maipure, chibcha, sáliva, otomaco. guamo, guahivo, yaruro, guaraúno y arauco, entre otras). La gran arteria fluvial del Orinoco había sido la ruta para el expansionismo de ciertas naciones bélicas del centro y sur del subcontinente americano que implantarían una terrible esclavitud a los autóctonos de otras naciones más pequeñas, para venderlos a las industrias azucareras holandesas y francesas de las respectivas Guayanas. El quinto periodo se corresponde con el destierro en Italia (1767-1815), en el que los jesuitas expulsos filólogos, misioneros o no, se insertaron en las corrientes literarias europeas, principalmente a través de las obras de Felipe Salvados Gilij y Lorenzo Hervás y Panduro. La estructura del libro tiene correspondencia con esta cronología, pues consta de cuatro capítulos, además de la introducción, la copiosa bibliografía y el útil índice onomástico. El capítulo 1.°("Visión jesuítica de la lingüística chibcha", pp. 17-62) describe en unas cuarenta páginas el encuentro con el mundo chibcha, las fundaciones de la cátedra de "Lengua chibcha" de la Universidad Javeriana y las de la "Escuela de Lenguas" de Cajicá y las Escuelas itinerantes, en un esfuerzo lingüístico colectivo y progresivo de los misioneros jesuitas, los cuales lo primero que hacían era estudiar las lenguas de sus respectivas circunscripciones. Se dedica un apartado a "La experiencia lingüística en las Minas del Real de Santa Ana", en la cual los ignacianos neogranadinos de la Universidad Javeriana llevaron adelante entre 1624 y 1658?, en medio de los conflictos sociales que generaron estos enclaves mineros, la promoción humana y espiritual de tan atormentado conglomerado humano (negros e indígenas de múltiples tribus, cruelmente explotados) a través de sus propias lenguas. El capítulo 2.o ("La lingüística llanera", pp. 63-100) se centra en el original proyecto lingüístico que los jesuitas desarrollaron en el área llanera vertebrada fundamentalmente por los ríos Casanate y Meta, a partir de 1661. Se dedican apartados al estudio de la lengua y literatura de los achaguas, de los tunebos, de los guahivos y chiricoas, del grupo de los airico-girara-betoye, y a la lengua y literatura de los sálivas. Analiza las causas de los escasos vestigios que nos han quedado de estas culturas: el mosaico de culturas y etnias, el nomadismo, la destrucción de documentos que representó la expulsión de Carlos III en 1767, justamente lamentada por Humboldt ("Cuánto nos gustaría que se hubiera dado más libertad a los misioneros [...] en vez de dejar que las intrigas y el partidismo suprimiesen la orden de los jesuitas, destruyendo así con saña su obra en las más remotas partes de la tierra"), el poco eco que la literatura indígena tuvo en los cronistas de la época, incluidos los mismos jesuitas, quienes consideraron la dimensión filológica como trabajo habitual y necesario dentro del proceso de "misionalización" y, en consecuencia, no atrajo la curiosidad informativa de los cronistas e historiadores de la época. Se trata de pueblos poco numerosos, nómadas y ágrafos, en los que, sin embargo, pueden detectarse vocabularios, gramáticas, diccionarios, refranes, adivinanzas, anécdotas, consejos, cuentos, leyendas, cantos rituales, escenificaciones coreográficas, sesiones de piachería y toda la mentalidad mágica que configura ese hábitat. El capítulo 3.° ("El Orinoco o la Babel lingüística", pp. 101-126) estudia las hablas del Oriente venezolano en la época colonial, es decir las dos grandes Provincias de Nueva Andalucía (creada en 1568) y Guayana. Después de reconocer el esfuerzo lingüístico desarrollado por los franciscanos, analiza la accidentada y novelesca aventura misional de los ignacianos franceses en las tierras del Caribe del Guarapiche (fachada atlántica del Oriente venezolano) entre 1651 y 1654. Es difícil imaginarse el esfuerzo de los jesuitas misioneros para adaptarse a la Babel orinoquense de un verdadero laberinto racial estratificado en varias capas étnicas (yaruros, otomacos, maipures, tamanacos, adoles, sálivas, etc.) y José del Rey lo hace guiado, fundamentalmente, por dos jesuitas expulsos, el italiano Felipe Salvador Gilij (Perugia, 1721-Roma, 1789) y el español Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809). Esta paciente labor lingüística de los misioneros no solo era pragmática, sino que vislumbran una problemática variada y denotan la preocupación por llegar a las razones últimas de la Filosofía del Lenguaje y, quizá, el empeño por parte de la Compañía de Jesús de implantar una lengua general para el complejo mundo de la Orinoquia. El capítulo 4.° ("Los jesuitas expulsos en las enciclopedias ilustradas", pp. 127-160) está dedicado al análisis somero de obras concretas de lingüistas bastante conocidos, como ponen de relieve los mismos rótulos de los apartados ("El Ensayo de Historia americana y la lingüística orinoquense", "La Idea dell 'universo de Hervás y su visión lingüística de la gran Orinoquia", "El proyecto lingüístico de la zarina Catalina II de Rusia", "Mithridates", "Los haberes lingüísticos de la Biblioteca de Palacio de Madrid"). Es el lógico colofón a la historia de la Lingüística jesuítica neogranadina, pues esta historia de la filología misionera continuó en Italia, y más concretamente en los Estados Pontificios, a donde serían aherrojados los jesuitas neogranadinos, tras la expulsión decretada por Carlos III en HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS AEA, 67, 2, julio-diciembre, 2010, 715-765. Aquel puñado de hombres, a quienes se les había privado hasta de la nacionalidad, se insertarían en las corrientes científicas y literarias prerrománticas europeas, y sus conocimientos idiomáticos pasarían a alimentar las grandes enciclopedias lingüísticas en un momento en el que la historia de la filología acometía grandes transformaciones. Y en este sentido las lenguas indígenas neogranadinas adquirieron ciudadanía internacional gracias a las obras fundamentales de Lorenzo Hervás y Panduro (Idea dell'universo) y de Johann Christoph Adelung (Mithridates), continuada esta última por Johann Severin, entre otros. Lógicamente, José del Rey no pretendía agotar tan extensa temática ni sus fuentes. Así, apunta que en el Archivo de Indias se contienen algunos documentos más, como por ejemplo sobre la lengua sáliva. Nos presenta su libro como ayuda para que los investigadores sigan en la perenne búsqueda de tanto material indígena que yace dormido en los archivos. En efecto, la investigación de las lenguas indígenas no concluye aquí, pues cada día se abren nuevos horizontes en el campo del americanismo, desde el ámbito intelectual italiano, que está concediendo singular importancia al mundo jesuítico hispano conforme sus archivos se van dando a conocer y nos legan nuevas visiones que enriquecen lo que ha sido tradicionalmente admitido. Y lo mismo podríamos afirmar de los especialistas españoles que se interesan por la acción cultural de los expulsos, tanto en los Estados Vaticanos como en los territorios circunvecinos. En resumen, este libro es una preciosa síntesis de muchos años de estudio de las culturas indígenas del jesuita José del Rey y se ubica en los espacios que abre el indígenismo neogranadino, pero se circunscribe a la labor desarrollada por los hombres de la Universidad Javeriana, en su proceso de acercamiento a las etnias autóctonas, a las que trataron de servir en el Nuevo Reino de Granada (1604-1767). Expresamente deja de lado la ingente, y en parte todavía inédita, producción lingüística llevada a cabo por las distintas órdenes religiosas y el clero diocesano. Es la historia del contacto para el encuentro de dos culturas que se expresaban en idiomas distintos y que necesitaban entenderse mutuamente. Estamos ante la "interpretación" del "otro" a través de la lengua, y en esta tarea el académico zaragozano Del Rey Fajardo no sólo ha dejado muchas horas de estudio sino también jirones de salud y vida para la dignificación cultural de las actuales Colombia y Venezuela.-ANTONIO ASTORGANO ABAJO, Universidad de Zaragoza. Los ferrocarriles en Cuba, prólogo de Mercedes Herrera, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2009, 372 pp., índice general, glosario, bibliografía, cuadros, gráficos, mapas, fotografías e ilustraciones. Trocha 1437, titulo que hace honor al ancho de vía estándar de ferrocarril, es una verdadera nove dad historiográfica, pues hace ya dos décadas que no se publica en Cuba un libro de historia de ese medio de transporte. La isla, privilegio poco común en América Latina, goza de un estudio general de magnifica calidad acerca del tema, Caminos para el azúcar, de Oscar Zanetti y Alejandro García Álvarez, publicado en 1987 (La Habana, Ciencias Sociales), y traducido al inglés en 1998, aunque excluyendo la parte referida al periodo posterior a 1959. Además hay otras obras anteriores que abarcan una cronología larga, las de Andrés Ximeno: Origen y construcción de los ferrocarriles en Cuba (La Habana, Rambla, Bouza y Cía., 1912); Luis V. de Abad: Los ferrocarriles en Cuba (La Habana, La Habanera, 1944) y Jorge Aldana: Azúcar, minería: los primeros ferrocarriles de Cuba, 1837-1937(Santiago de Cuba, Oriente, 1979). A partir de los años ochenta, sin embargo, la producción historiográfica disminuyó y, además, se realiza en el extranjero. Han escrito sobre los trenes en la Gran Antilla con una perspectiva de largo plazo Eduardo Moyano: La nueva frontera del azúcar (Madrid, CSIC, 1991), G. A. P. Leach: Industrial steam locomotive of Cuba (London, Industrial Railway Society, 1995), Adolf H. Wolf: Trains of Cuba. Steam-diesel & electric (Skookumchuck, Canadian Cataloguen, 1997), Jesús Sanz, coordinador, et al.: Historia de los ferrocarriles de Iberoamérica, 1837-1995(Madrid, CEHOPU, 1998), que analiza el caso insular dentro de la región antillana y aporta un gran volumen de datos económicos en un Cd-rom; Wildrid F. Simms: Cuban nacional Railway (London, Gadd's, 2004), y Christopher Walker: Cuba, narrow gauge common carrier railroads (London, Trakcside, 2010). De los estudios anteriores, los de Leach y Walker se dedican a los trenes de los ingenios azucareros y cuya extensión (más de 12.000 km) duplicó a la de las líneas de servicio público, en cuyo análisis se centran los demás trabajos. La nomina de la historiografía ferroviaria cubana, por otra parte, no es mucho mayor. Unas docenas de artículos en revistas especializadas y unos pocos libros analizan casos específicos, de determinadas regiones o compañías, y especialmente el del primer camino de hierro construido en la Gran Antilla, en territorio de la monarquía española y en HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS América Latina, La Habana-Bejucal, abierto al tráfico en 1837, sólo una década después que el británico Liverpool-Manchester. La historiografía sobre el ferrocarril en Cuba, por tanto, adolece de falta de continuidad y actualiza ción, de análisis comparados y acerca de casos, regiones y épocas concretas. Trocha 1437 colabora a aliviar algunas carencias, especialmente en lo que respecta a los trabajos dedicados a problemas particulares, locales y específicos. El libro es resultado de un premio convocado desde hace años por el Ministerio de Transportes (MINTRANS) y el Museo del Ferrocarril, dependiente de aquél, y de una serie de reuniones que con carácter periódico convocan también esas instituciones y donde se presentaron las investigaciones galardonadas. Por eso, al reunir un conjunto de estudios elabora dos con otro propósito, no para formar una obra colectiva, el contenido de ésta es muy disímil, aun que por lo general la mayoría de sus aportaciones son de buena calidad y algunas de ellas excelentes. El libro comienza con un prólogo de Mercedes Herrera en el que detalla los pormenores de la obra y presenta un estado de la cuestión de los estudios de historia ferroviaria en Cuba, adjuntando, como anexo, un glosario de términos. Tras este trabajo se ofrecen al lector catorce artículos divididos en cuatro apartados (Viajeras centenarias, Hicieron camino al andar, Entre el cobre y el níquel y Del hierro al papel) y se concluye con una nota sobre los autores y una bibliografía. Es digno de elogio y una importante contribución que se haya hecho el esfuerzo de compilar y ordenar alfabéticamente al final todas las obras citadas en los distintos capítulos. Es Trocha 1435, además, un libro muy evidente de historia al servicio de urgencias presentes. En Cuba hubo vapor vivo hasta 2004, cuando los ingenios dejaron de emplear las viejas locomotoras que usaban ese sistema de tracción, la mayoría centenarias. Desde la Oficina del Historiador de La Habana, el Museo del Ferrocarril y algunas otras instituciones locales se ha realizado un esfuerzo por preservar ese patrimonio, lo que lleva implícita la realización de investigaciones e informes de los que se beneficia este libro. En su primera parte -Viajeras centenarias-se presentan tres investigaciones al respecto, pero también otra dedicada a un coche que sirvió para el transporte de los jefes de Estado. El resto de los apartados reúnen igualmente otros estudios vinculados directa o indirectamente con proyectos conservacionistas, básicamente los firmados por Amaralys Robot acerca del tren de Hersey, José M. Villarroel Castro, que analiza las máquinas eléctricas, y Ana Isabel Roque Rodríguez, quien indaga es el peculiar caso de los planos inclinados de la vía de Pinares de Mayarí. Viajeras centenarias se refiere a las antiguas máquinas que prestaron servicio en los ferrocarriles. Manuel Díaz Ceballos estudia la más longeva que se conserva en la Gran Antilla, "La Junta ¿Qué lugar ocupa entre las primeras locomotoras en Cuba?". Antes que ella llegaron a la isla una veintena y el autor las enumera y analiza pormenorizadamente para detenerse después en la decana, ensam blada en 1842, en sus características técnicas, el servicio que prestó y la razón por la que ha sobrevivido en buen estado hasta hoy, expuesta al público en el Museo del Ferrocarril de La Habana. Agustín Andrés Pérez Priegues: "La locomotora Maning no. 441: una derrota al olvido", dedica su trabajo a otra joya rodante, la segunda más antigua conservada en Cuba, fabricada en 1873, y que también forma parte de los fondos del Museo del Ferrocarril. El autor explica cómo fue descubierta en un central en pésimo estado y cuáles fueron los avatares de su restauración. El estudio se completa con tres anexos que incluyen una ficha técnica y unos apuntes históricos de la Maning y una relación de los participantes en el grupo ARPA, que se hizo cargo de los trabajos para rehabilitarla. Al igual que los estudios anteriores, pero en este caso sin análisis que lo acompañe, Agustín Andrés Pérez Priegues presenta en "Locomotoras centenarias" las fichas técnicas de 36 máquinas construi das entre 1842 y 1907, ordenadas por su antigüedad, incluyendo los casos de La Junta y la Manning, a las que únicamente adjunta unos gráficos clasificándolas según su fabricante, país en que se ensamblaron y ancho de la trocha. Las referidas fichas informan del nombre, numero de serie, clase, ancho de sus ejes, empresa y país de fabricación, peso, presión del vapor, diámetro de las ruedas y de la caldera, diámetro y carrera del cilindro, esfuerzo de tracción, tipo y capacidad de combustible, capacidad de agua, clase de caldera y de frenos, tamaño del fogón, número de fluces, largo, ancho y alto del equipo, ubicación actual y observaciones, detallando el estado en que se conserva. El último estudio de Viajeras centenarias es distinto de los anteriores, pues se dedica a un vagón de pasajeros, no a una locomotora. Eso si, a un vagón muy especial, "El coche Mambí: reliquia tecnológica del ferrocarril". Mariano García Rodríguez explica cómo salió de fábrica en 1912 junto a otros dos iguales, encargados por el presidente de la Pennsyvania Railroad Company, y cómo llegó a la Gran Antilla para prestar servicios a los directores ferroviarios y, posteriormente, a los presidentes de la República, incluido Fidel Castro. Además detalla sus características técnicas y mobiliario, que hoy pueden visitarse en las calles de La Habana Vieja, y la razón de su nombre. Mambises eran los hombres que lucharon contra el ejército español en las guerras de independencia de Cuba. Parafraseando a Antonio Machado, el segundo apartado del libro -Hicieron camino al andar-incluye seis trabajos dedicados a los casos concretos de cuatro ferrocarriles (Puerto-Nuevitas, Marianao, Júcaro-Morón y Hersey), de una región (Remedios) y un tipo de tracción (eléctrica). Lilian Maria Aróstegui Aróstegui explica en un ensayo bastante descriptivo la historia de "El Ferrocarril de Puerto Príncipe [hoy Camagüey] a Nuevitas", caso muy particular en Cuba, pues fue uno de los primeros que se proyectó, pero prestó servicio en una región de la mitad este insular, que durante el siglo XIX apenas contaría con caminos de hierro debido a su baja densidad de población y al escaso desarrollo de la producción azucarera. La expansión de éstos por la zona tendría que esperar a la independencia, cuando el cultivo y procesamiento de la caña se extendió por ella y se conectó el oriente y el occidente del territorio. La autora detalla los avatares por los que atravesó la obra, que comenzó en 1837, el año que se inauguró el tramo inicial del primer tren en la Gran Antilla (La Habana-Bejucal), y tuvo como mentor a uno de sus próceres, Gaspar de Betancourt Cisneros, El Lugareño, pero aun así no fue posible abrir al tráfico algunos kilómetros hasta una década después y tuvo persistentes problemas financieros. El estudio termina con un alegato para investigar la historia de la línea camagüeyana, hoy abandonada. Otro caso particular entre los trenes de Cuba, como indica el titulo de la investigación, fue "El ferrocarril de Marianao: un caso sui géneris", investigación firmada por Dolores Miriam Pérez Tarrau. Comparte con la anterior la característica de que no se trató de un proyecto azucarero y, sin duda, eso explica en parte las dificultades que atravesó, aunque la autora no es consciente de ello. Su propósito era enlazar La Habana con una localidad de su área metropolitana, hacia la que se expan día la ciudad y que, debido sus playas, servía de zona de recreo a sus habitantes y de segunda residencia a sus elites. Tras la compañía que se formó con el fin de construirlo estuvieron varios personajes y autoridades de renombre, y sobre todo el español Salvador Samá, apodado el Rey de los ferrocarriles. Recibida la concesión a finales de la década de 1850 y financiadas con la contratación de un empréstito en Londres, las obras progresaron con lentitud a causa de problemas con los terrenos en que se quería ubicar su terminal, añadidos al mencionado déficit de no contar entre sus ingresos con los que proporcionaba el transporte de los ingenios a otros caminos de hierro. Fue necesario solicitar prorrogas para concluirlas y, una vez inaugurado el tren, en 1863, en muy poco tiempo los propietarios se mostraron incapaces de hacer frente a las deudas contraídas. Esto explica, además, aunque la autora tampoco se haya percatado, que fuese uno de los primeros ferrocarriles cubanos que acabase en manos de capital británico, algo que sería muy usual sólo unos años después. Los artículos de Carlos Manuel Mata acerca de "El ferrocarril militar de la Trocha de Júcaro a Morón" y de Amaralys Robot sobre el de "Hersey, tradición con catenaria", abordan casos tan particulares como los anteriores. El primero fue una construcción militar que recorría el centro de Cuba, de norte a sur, para servir como baluarte y transporte de tropas. La zona fue la frontera de guerra durante la conflagración independentista de 1868-1878, la cual quedó enseguida circunscrita virtualmente a la mitad oriental de la isla. El estudio detalla los avatares de la construcción de la vía y sus fortificaciones, explica también su extensión hasta San Fernando, ya en tiempos de la siguiente guerra de independencia (1895-1898). Además menciona que fue el único de los trenes de la Gran Antilla que permaneció en manos públicas (después de 1898 pasó a ser propiedad de Estados Unidos), aunque su explotación estuvo arrendada en el siglo XX al Cuba Norther Railroad y luego a Ferrocarriles Consolidados. Termina el autor su capítulo examinando el estado actual de la Trocha. Aunque se encuentra abandonada, se han reparado partes de ella con fines conmemorativos y turísticos. El estudio del ferrocarril de Hersey es el menos riguroso del libro. La autora lo plantea como un re corrido en tren que permite ir explayando su historia y características, con algunos errores graves, eso sí, como señalar que ciertos equipos que se siguen usando son los originales. Se trató de una línea peculiar por cuanto fue la primera en electrificarse completamente, pero además recorre un territorio que surcan los trenes de otras compañías, entre La Habana y Matanzas, enlazando sus bahías. La razón fue el renacer en la zona del cultivo y manufactura de la caña de azúcar durante el siglo XX, tras haber sido abandonado décadas antes por el agotamiento de sus tierras. El responsable, el chocolatero estadounidense Milton Hersey, fomentó un ingenio en la zona para asegurarse el abastecimiento de dulce de sus fabricas, tendió para su servicio un camino de hierro y lo prolongó hasta los muelles de los puertos más cercanos, prestando servicio público entre ellos. Por el contrario, el estudio del "Origen y desarrollo del ferrocarril en Remedios", escrito por Dely Capote Gamoneda, es sin duda el más brillante de Trocha 1435. Aborda el caso de una región de expansión azucarera tardía en el siglo XIX, vinculada a la construcción del, por entonces, mejor medio de transporte terrestre que se conocía. Por eso compitieron en la zona diversos intereses y sus proyectos de apertura de líneas; por eso también fue un caso temprano en Cuba de fusión entre empresas de caminos de hierro, por eso y por la competencia que los trenes industriales de los ingenios ejercieron a partir de la década de 1870 sobre los de servicio público. En la comarca surgió, no el primer central establecido en la isla, pues hubo algunos otros antes, pero si el primero en contar con su propio ferrocarril. Hablamos del Zaza, pero también de su propietario, Julián de Zulueta, uno de los hombres más ricos del orbe en su momento y el mayor hacendado de la Gran Antilla. Otra magnifica aportación de Trocha 1435 es el análisis de José M. Villarroel Castro sobre "Los trenes eléctricos en Cuba", dedicado a los tranvías. Analiza el autor los antecedentes de esa forma de transporte y su dedicación al servicio urbano de pasajeros fundamentalmente, y lo hace, además, con una perspectiva comparada, latinoamericana, una rareza en la historiografía insular. El trabajo describe pormenorizadamente la historia de tales ferrocarriles, comenzando por La Habana, donde alcanzaron mayor expansión, aunque sin dejar al margen en resto del país, para estudiar posteriormente las causas de su decadencia, cuando tuvieron que competir con el tráfico automotor, pero también sus vínculos con la producción de energía eléctrica y su impacto en el medio físico y en la formación de paisaje. Las dos últimas partes de Trocha 1435 incluyen cuatro artículos más, dos dedicados a trenes industriales, pero no de ingenios, sino de empresas mineras, y otros dos a aspectos relativamente accesorios de la historia ferroviaria: el surgimiento de la señalización y los trenes y la filatelia. Es especialmente interesante el caso de los "Planos inclinados de Pinares de Mayarí: un ferrocarril industrial de montaña", camino de hierro que se construyó con esa solución técnica para el servicio de las minas de níquel en el oriente de Cuba y que actualmente son un espacio protegido. La autora de su estudio es Ana Isabel Roque Rodríguez. También tiene cualidades dignas de mención el trabajo de Luisa Pérez Paredes sobre el "Ferrocarril de El Cobre a Punta de la Sal". Igualmente en la mitad este de la isla se desarrolló durante las décadas de 1830 y 1870 la explotación de unos yaci mientos cupríferos conocidos desde poco después de la conquista de la Gran Antilla pero de los que se había obtenido hasta entonces escaso rendimiento. Para llevar su producción a puerto se tendió una carrilera movida básicamente por la fuerza de la gravedad, aprovechando el desni-vel del terreno. Tanto la actividad que dio origen a ese medio de transporte como este último han sido objeto de varias investigaciones, pero la aportación de la autora es significativa por cuanto revela documentación novedosa y responde a algunas cuestiones que aún estaban sin resolver o para las cuales es po sible un abordaje desde distintos puntos de vista. El estudio de Ricardo Eduardo Aguiar Castro -"Surgimiento de la señalización ferroviaria"-es el más técnico del libro. De hecho el autor es ingeniero especialista en el tema y el rastreo de su historia se debe a motivos vinculados con su dedicación profesional. El trabajo tiene el interés de analizar para el lector problemas que rara vez cuentan con una investigación tan detallada. Finalmente, el capítulo firmado por Odalys López Baños y Marta Macías Pérez, "Los ferrocarriles en la filatelia cubana", comparte la originalidad del anterior y presenta una relación de los sellos emitidos, directa o indirectamente vinculados con los trenes, analizando aspectos como sus características, su crono logía, sus porqués. Una rica y variada selección, muestra amplia, por otra parte, de la investigación que se está desarrollando hoy en día sobre la historia ferroviaria cubana y de los temas que ocupan y preocupan son, por tanto, las características de Trocha 1435. Independientemente del valor de los estudios que agrupa, indudable en muchos casos, reiteramos que el libro es una novedad por cuanto hace varias décadas que no se publicaba en la Gran Antilla nada al respecto y esperamos que tras él no tengamos que esperar tanto tiempo para que vean la luz otras obras. Una nota final pero no por ello menos importante, es que no se puede dejar de mencionar la amplia colección de fotografías, mapas y otras iconografías que acompañan al texto, de gran valor casi todas, aunque por problemas de falta de recursos para una edición mejor no se presentan con la calidad que nos gustaría y, sobre todo, que gustaría a los responsables.-ANTONIO SANTAMARÍA GARCÍA, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC. Susana Truchuelo García (ed.): Andrés de Urdaneta: un hombre moderno, Ordizia, Ayuntamiento de Ordizia, 2009, 719 pp. El homenaje de sus paisanos al marino, cosmógrafo y religioso Andrés de Urdaneta ha tenido una buena coronación con este interesante libro, en el que se recogen las ponencias presentadas en el Congreso HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Internacional celebrado en la villa guipuzcoana de Ordizia -del 25 y el 28 de noviembre de 2008-, con motivo del quinientos aniversario del nacimiento del navegante vasco. La edición, a cargo de Susana Truchuelo, es más que correcta y por ello hay que felicitar al Ayuntamiento, pues son muchas las reuniones científicas que se celebran a lo largo del país, dedicadas a sus "glorias locales", que se quedan en comilonas, loores y alharacas. Nada que ver con el caso que nos ocupa, pues el Ayuntamiento de Ordizia editó en 2008 el libro Urdaneta y su tiempo, de José Ramón de Miguel Bosch (en realidad, una segunda edición corregida y aumentada de Urdaneta en su tiempo, Donostia-San Sebastián, Sociedad de Oceanografía de Guipúzcoa, 2002). La publicación recoge veintidós trabajos, tras una breve presentación de la editora, reunidos en seis secciones: "Urdaneta en la historia"; "Repasos biográficos"; "Entorno social de Urdaneta"; "La cuestión del Tornaviaje"; "El galeón de Manila", y "Urdaneta y Filipinas". Es difícil no encontrar interferencias y préstamos entre unas y otras, por lo que la división no deja de ser artificial y un tanto desorientadora. Porque uno de los "peros" que se le puede achacar al libro es la repetición de la biografía "consagrada" de Urdaneta en demasiados capítulos, sin aportar nuevos datos o nuevas interpretaciones. Por ello, me gustaría centrar mi trabajo en aquellos aspectos novedosos sobre la vida y las labores de este marinomonje universal. Antes de meterme en materia, quiero citar algunos trabajos de gran mérito, pero que no se ocupan directamente del personaje. Sin duda son interesantes para conocer el entorno, las circunstancias y las consecuencias del gran hallazgo que lo catapultó al Olimpo de los grandes exploradores universales: el tornaviaje en la navegación del Océano Pacífico, pero que, debido a la extensión de esta reseña, sólo puedo citarlos sin más. A su ciudad natal y a su patria guipuzcoana están dedicados los capítulos de Susana Truchuelo García ("En aquel logar que dicen Ordicia...: Aproximación político-social a la villa natal de Andrés de Urdaneta, siglos XIII-XVI") y Álvaro Aragón Ruano ("La evolución de la economía guipuzcoana en tiempos de Urdaneta: un periodo de desarrollo y expansión entre supuestas crisis"). Más numerosos son aquellos que abordan la importancia de las Filipinas y del Sureste asiático en el Imperio español, lo que explicaría la presencia del ordiziarra en aquellas lejanas latitudes; a esta "sección" pertenecerían las contribuciones de Armando Francisco Azúa García ("Imperio y Especias. Las Molucas y el comercio de especias en el proyec-to de las monarquías ibéricas"), Miguel H. Fernández Carrión ("Andrés de Urdaneta a partir de su biografía"), Jean-Nöel Sánchez Pons ("Tiempos Malucos. España y sus Islas de las Especias, 1565-1663"), M.a Monserrat León Guerrero ("Urdaneta finalmente consigue el sueño asiático colombino") y Pedro Insua Rodríguez ("Filipinas como escala hacia China"). Otros tres trabajos nos ilustran sobre varios aspectos de la travesía y la carga del galeón de Manila, todos ellos con interesantes aportes: Leoncio Cabrero Fernández ("Alegría, tristeza y ansiedad en la travesía del Galeón de Manila"), Ana Ruiz Gutiérrez ("Legados artísticos registrados en la ruta del Galeón de Manila") y Benito Legarda y Fernández ("El comercio de Filipinas con el Sudeste asiático durante la época del Galeón de Manila"), si bien a esta última aportación, una de las más novedosas para el lector español, le falta desarrollar la bibliografía e introducir la autoría del interesante apéndice que la cierra. Por último, Antonio García-Abásolo encuadra la figura de Urdaneta dentro del colectivo de vascos que participaron en la expansión hispana en el Pacífico, un laborioso trabajo que debemos al empeño de este catedrático cordobés por cuantificar la emigración a Filipinas a partir de una ingente y variada documentación ("Compañeros y continuadores de Urdaneta. Vascos en la nueva ruta de la seda"). En esta ocasión, se adentra en la vida de algunos de ellos gracias a la información generada por su fallecimiento. Completando el anterior trabajo, Juan Gil, tras escudriñar a fondo la sección de Patronato del Archivo General de Indias, amén de otros repertorios documentales, se centra en los marinos y funcionarios vascos que intervinieron en el viaje de García Jofré de Loaysa, la primera expedición a la Especiería tras la estela de Magallanes y Elcano, surgiendo un caleidoscopio humano de gran interés, pues afloran las redes de los vascos, sus intereses y alianzas, enmarcadas en la multitud de marinos y viajeros de Europa que se lanzaron a la aventura del Pacífico. Su lectura enriquece nuestros conocimientos sobre la jornada del comendador de Malta, que partió de La Coruña con siete naves el 14 de agosto de 1525, al mismo tiempo que encuadra a Andrés de Urdaneta en las glorias y miserias de su época. Entre los hallazgos del meticuloso don Juan destaca que el joven ordiziarra se enroló en la flota de Loaysa como "criado del capitán Johán Sebastián". Un criado que, curtido en la vida de la mar, conseguiría arrancarle algunos de sus secretos. Otras figuras analizadas son Martín Íñiguez de Carquizano, Juan de Goiri, el bilbaíno Juan de Menchaca, Martín García de Carquizano, el montañés Juan de Mena, etcétera. Muchos de los episo-dios que recoge el profesor Gil suceden en las Molucas, hogar a la fuerza de los españoles, que Urdaneta conoció bien, dejándonos varias descripciones sobre la naturaleza, sus pueblos y costumbres, como analiza Manuel Leao Marques Lobato ("Pájaro sin alas. Acción política de Andrés de Urdaneta y su descripción geo-estratégica de las islas del Maluco"). Sobre la historiografía y la documentación acerca de Urdaneta, el libro contiene varios capítulos. El más extenso de todos está firmado por Patricio Hidalgo Nuchera, quien ha realizado un trabajo que será imprescindible consultar en el futuro ("La figura de Andrés de Urdaneta en la historiografía indiana, conventual, documental y moderna"). La rigurosidad y la profundidad de sus conocimientos es tal que, sobrepasando lo prometido en el título, redacta una biografía crítica del personaje, centrándose en tres aspectos fundamentales: los errores repetidos y difíciles de desterrar, las novedades que han abierto nuevos campos para el conocimiento del marino y un listado de lo que falta por hacer. El trabajo de Hidalgo Nuchera, que abre el libro, es extraordinario, y hay que reconocer su profundo conocimiento del personaje y de la época. En la misma línea de resaltar los documentos que se guardan en los repertorios nacionales e internacionales hay que situar las aportaciones de Neida Jiménez Navarro ("Reseñas sobre Andrés de Urdaneta en los fondos documentales en los archivos españoles") y de Tarsicio García Díaz ("San Agustín de México: última morada de Andrés de Urdaneta y los Fondos de Oriente en la Biblioteca Nacional"). Ninguno de estos últimos trabajos descubre nada nuevo, aunque se leen con agrado y listan los principales documentos relacionados con Urdaneta y la empresa de Oriente en México y España. Otro tanto sucede con el trabajo dedicado al Santo Niño de Cebú por el agustino Fernando Campo del Pozo ("Hallazgo del Santo Niño de Cebú y fray Andrés de Urdaneta"), que documenta el hallazgo de una imagen del Niño Jesús, regalada por Magallanes a unos nativos del pueblo de Cebú, cuya devoción fue creciendo con los años, así como su fama de "milagroso". El resto de trabajos que componen la obra pueden dividirse en dos grupos: los dedicados a la biografía de Urdaneta y los que especulan sobre el tornaviaje. Al primero pertenece la contribución del padre Isacio Rodríguez Rodríguez ("Andrés de Urdaneta, agustino, 500 años del descubridor del tornaviaje"), quien se centra en los errores, falsedades y mitos sobre nuestro marino, alejándose así de las laudatorias biografías conventuales que se escribieron con poco rigor histórico. El padre Isacio sigue el camino de los religiosos que iniciaron la tarea de desmontar el Urdaneta de RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS AEA, 67, 2, julio-diciembre, 2010, 715-765. ISSN: 0210-5810 bronce que las crónicas -agustinas o no-habían creado con numerosos errores, destacando investigadores de la talla de Fermín de Uncilla (agustino) o Mariano Cuevas (jesuita). A este último se le recuerda por hacer dado alguna luz sobre la estancia de Urdaneta en México antes del tornaviaje, una de las épocas más oscuras de su vida. Aportó su nombramiento de corregidor de la mitad de los pueblos de Ávalos, el encargo de la visita de algunos pueblos comarcanos a su corregimiento y, finalmente, su nombramiento como almirante de la armada que iba a ser enviada al Perú para pacificar la rebelión contra el rey y que quedó en tierra por la muerte de Gonzalo Pizarro. Siguiendo con los descubrimientos novohispanos, Thomas Hillerkuss puso en relación la entrada de Urdaneta en la Orden de San Agustín -fecha que descubrió Mariano Cuevas: el 20 de marzo de 1553-con las deudas acumuladas con la Real Hacienda durante su gestión en Ávalos. En su contribución al libro que reseño ("Andrés de Urdaneta y sus años de funcionario en el occidente novohispano"), Hillerkuss aporta nuevos datos, contextualizándolos con gran maestría, y nos muestra a Urdaneta como leal funcionario al servicio del virrey Mendoza, tejiendo un magnífico expediente salvo por una mancha: el dinero que no integró a la Real Hacienda en 1547. Sin embargo, la deuda tuvo que ser reparada con rapidez, pues de lo contrario no se puede entender el que fuese nombrado en 1552 de nuevo corregidor de Ávalos. Queda, por tanto, sin explicar la causa de su ingreso en religión: "Quizá, quiso -señala el citado historiador-buscar un hogar, después de tantos años de andariego entre tres continentes, y sentirse por fin parte de una "familia", de los hermanos agustinos". Por último, dos capítulos son reunidos bajo el título de "La cuestión del tornaviaje". La aportación de José Antonio Cervera Jiménez ("El trabajo científico de Andrés de Urdaneta") es un resumen de lo defendido hasta ahora por varios autores, siguiendo de cerca los libros de los agustinos Isacio Rodríguez y J. Álvarez: la negativa de Urdaneta de crear un asentamiento en las islas Filipinas y sólo visitarlas para rescatar españoles, la controversia con Juan Pablo de Carrión, el acatamiento de la decisión real cuando ya se encontraba en pleno océano, la llegada a Cebú el 27 de abril de 1565, el inicio del tornaviaje el 1.o de junio del citado año y la llegada a Acapulco el 8 de octubre siguiente tras hacer alcanzado y seguido la corriente oceánica del Kuro-Shivo. Sobre el viaje de Rodríguez de Arellano, quien, tras separarse de la expedición, llegó a Nueva España dos meses antes de Urdaneta en un pequeño pataché de sólo veinte hombres, bautizado San Lucas, afirma que fue probable el viaje siguiendo a "algunos investigadores que han estudiado la relación de Arellano en profundidad". Más originalidad presenta el trabajo en su segunda parte, donde analiza el problema de la longitud geográfica y los cálculos de Urdaneta, concluyendo que las Filipinas quedaban del lado portugués del contrameridiano, y un asunto revelador: que los agustinos utilizaban la obra de Copérnico a pesar de estar prohibida por la Iglesia. Finalmente, el capitán de la Marina Mercante, José Ramón de Miguel Bosch ("Las dificultades náuticas del tornaviaje"), analiza detenidamente los pormenores del viaje de regreso a la Nueva España (provisiones, pertrechos, recambios, tamaño y condiciones de la nao San Pedro, mediciones y trayecto), donde se unieron intuición y experiencia para culminar uno de los éxitos navales más importantes de todos los tiempos. En resumen, Andrés de Urdaneta, un hombre moderno, es un volumen que pasará a la historiografía del Pacífico más como compendio de lo conocido hasta ahora -incluyéndose la titánica labor de desterrar los mitos que recubrían a Urdaneta con varias capas-que por los nuevos hallazgos, aunque también los hay y muy significativos. Pero el esfuerzo ha valido la pena, pues en un solo volumen se recoge todo lo que tiene que leer el próximo investigador del gran marino de Ordizia, al que le recomiendo hacerse también con la biografía de José Ramón de Miguel Bosch, igualmente editada por el citado Ayuntamiento, que rige una ciudad ejemplar en sus apuestas culturales.-SALVADOR BERNABÉU ALBERT, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC. Ana Vián Herrero: El indio dividido. Fracturas de conciencia en el Perú colonial. Edición crítica y estudio de los Coloquios de la verdad de Pedro de Quiroga, Madrid/Frankfurt, Iberoamericana-Vervuert, 2009, 572 pp. Nadie está más preparado para editar la obra capital de Pedro de Quiroga (Medina del Campo 1510-Cuzco 1588-1592) que Ana Vián, que lleva enfrascada en su estudio -y en el análisis del diálogo renacentista en general-desde 1990, como ella misma advierte en el capítulo preliminar. Huelga decir, por tanto, que este libro marca un verdadero hito en la comprensión de un tratado plagado de dificultades. Pero como Ana Vián no RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS necesita incienso, más vale ir al grano. Empecemos, pues, por comentar un documento no atendido hasta ahora y que toca de lleno la vida del autor de los Coloquios. En efecto, nuestro Quiroga fue tío abuelo de otro vecino de Medina del Campo, Luis Téllez de Ormaza, a quien envió a llamar desde el Cuzco, sintiéndose ya viejo, "para dexalle su hazienda". Al recibir la carta, el padre de Luis presentó el 6 de julio de 1579 ante el licenciado Noguerol, teniente de regidor de dicha villa, la siguiente petición (AGI, Indiferente, 2091, n.o 13): "Muy magnífico señor: El liçençiado Téllez de Dueñas, vezino d'esta villa, padre y legítimo administrador de Luis Téllez de Ormaça, mi hixo, y de doña Ysavel Bravo, mi legítima muger, digo que el canónigo Pedro de Quiroga, hermano de María Téllez, mi madre, defunta, muger que fue de Antonio de Dueñas, mi padre, a muchos años que hestá en Yndias en la çiudad de Cuzco, adonde hes canónigo de la dicha çiudad y visitador general del ovispado d'ella, el qual me a hescrito y pedido le envíe al dicho mi hixo, y lo e dexado de hazer hasta agora por tener poca hedad; y al presente le quiero inbiar a la dicha çiudad, y conviene que conste a Su Magestad y a los señores del su muy alto Consexo de Yndias ser soltero y por cassar y de hedad de veynte y dos años poco más o menos; y que el dicho Pedro de Quiroga, mi tío, al presente está en Yndias en la dicha çiudad del Cuzco, donde hes canónigo; y ansimismo que yo y la dicha doña Ysavel Bravo y el dicho mi dixo somos vezinos y naturales d'esta villa y desçendientes de dixos de algo, sin thener rza ni mezcla de moros y judíos. A v. m. pido y suplico resçiva informaçión de como hes verdad todo lo por mi dicho y lo que en el caso dixeren y declararen los testigos que presentare...". Prestaron testimonio en la probanza subsiguiente Martín Ruiz de Ortega (de 66 años de edad), Juan de Álamos de Barrientos (de 60 años), Miguel Cuadrado (de 69 años), Antonio de Villegas (de 57 años) y Francisco de Ovalle (de 50 años), todos ellos vecinos de Medina del Campo, que certificaron la hidalguía de la familia (también la de Sebastián Bravo y la de Ana de Ordás, los padres del licenciado Téllez) y la legitimidad del nacimiento de Luis Téllez de Ormaza. Pues bien, para fijar cronológicamente la vida de Pedro de Quiroga, es de máxima importancia lo que se dice en la pregunta sexta del interrogatorio: "Yten si saven que el dicho Pedro de Quiroga hestubo en Yndias diez y ocho años en la dicha çiudad del Cuzco y en otras partes, y vino a hesta villa podrá aver doze años, y volvió a la dicha çiudad del Cuzco podrá aver diez años; y al dicho tiempo qui-so llevar consigo al dicho Luis Téllez de Ormaza, y lo dexó de hazer por ser muchacho de poca hedad; y después a hescrito que le enbíen al dicho Luis Téllez de Ormaza a la dicha çiudad o a otro hixo de mí, el dicho liçençiado Téllez de Dueñas, y no lo e podido hazer hasta agora, porque de seis hixos barones que tengo, los quatro son frayles domincos y pedricadores, y el otro, que se dize Françisco de Dueñas Ormaza que hes mayor que el dicho Luis Téllez de Ormaza, es moço muy enfermo". 396v] podemos precisar el año exacto: 1570), el periodo precisamente en que debió de escribir sus Coloquios -o pasarlos a limpio-y dedicarlos al cardenal Gaspar de Quiroga. La dedicatoria surtió efecto de inmediato, pues el 20 de noviembre de 1569 el rey Felipe II indicó al obispo de Cuzco o, en su defecto, al provisor o vicario general, que presentaba a una canonjía de esa Iglesia, vacante por muerte de Antonio González, a "Pedro de Quiroga, clérigo presbítero", vista su "sufiçiençia e idoneidad" (AGI, Contratación, 5792, f. Y "Pedro de Quiroga, clérigo, canónigo del Cuzco, natural de Medina del Campo, hijo de Diego de Quiroga y de María Velázquez", se lee en el despacho que le dieron los oficiales de la Casa de la Contratación el 19 de julio de 1570 en la nao del maestre Gaspar Montero (AGI, Contratación, 5537 citado). No parece probable, pues, que Quiroga fuese un franciscano, como supuso Rípodas y acepta Vián. El joven llamado desde el Cuzco, Luis Téllez de Ormaza, pasó efectivamente a Indias, pero más tarde: ignoro por qué razones. Los oficiales de la Casa de la Contratación le dieron la licencia correspondiente el 2 de marzo de 1582: "se despachó al Perú por soltero, por çédula de Su Magestad, en la nao de Juan de Herrezuelo" (AGI, Contratación, 5538, libro I, f. Alguna huella habrá quedado de su estancia en el Nuevo Mundo, pero no tengo documentos que la atestigüen. Ofrezco a continuación, muy brevemente, una sinopsis del libro. En el segundo capítulo, que resume la vida y andanzas de nuestro autor, se propone como fecha de composición de los Coloquios los años 1569-1570, concordando con la nueva política de un gran organizador, el virrey Toledo. La fecha indicada coincide plenamente, como se ve, con lo dicho en la información citada más arriba. El tercer capítulo está dedicado al contexto histórico en que fue escrita la obra: la época de reformas de don Francisco de Toledo, una época en que, como se desprende del Coloquio I, se aceptaban ya tanto la conquista como la existencia de tributos y repartimientos, criticándose únicamente los excesos de los encomenderos; pero una época también en la que habían fructificado las ideas de Las Casas y se empezaba a notar el influjo del concilio de Trento -el hecho de que cuatro hermanos de Quiroga fuesen dominicos, como señala la probanza citada, explica, por otra parte, la fuerte herencia lascasiana-. El capítulo cuarto, el más extenso del libro, está dedicado al análisis de los Coloquios. Con todo lujo de pormenores se estudia el contexto literario (particularmente la difusión del diálogo en América, "uno de los géneros predilectos para atender a los problemas que el Nuevo Mundo suscitaba"), la conexión de la obra con la tradición historiográfica y la literatura de avisos (apuntándose que el diálogo permite, por primera vez, introducir el punto de vista del indio sin distorsionar la narración), el sentido y los tópicos del prólogo, las fuentes de los diálogos (sobre todo Luciano y, entre los modernos, Guevara, Jerónimo de Contreras, el Lazarillo), el alcance del lascasianismo de Quiroga (bien matizado por Vián; una de las anécdotas referidas procede de la Gramática quechua de fray Domingo de Santo Tomás: otro dominico), y el encuadre en el género literario, destacando sobre todo la caracterización de los personajes y los argumentos de Barquilón (el conquistador) y Tito (el conquistado), que rozan a veces el escepticismo. Un muy jugoso apartado de este capítulo está consagrado a la lengua y el estilo, muy elaborado, de Quiroga. Pero el interés de Vián no se limita solo al texto castellano, sino que también se extiende a comentar los párrafos en quechua que pronuncia Tito antes de proceder a su frustrado suicidio. La edición crítica de los cuatro diálogos conservados en el ms. Esc. Huelga ponderar la acribía de Vián en la constitución del texto, perfectamente puntuado (por ejemplo, en minucias como el "qué" -y no "que"-de pag. 372) y limpio de erratas; al menos, no he encontrado ninguna grave: sólo minucias, como la falta de acento en "llegó" (p. 494), efectos no queridos del proceso informático. Sí causa asombro infinito, en cambio, el estupendo cuerpo de notas. Nada escapa a la sabiduría de la editora: ni usos gramaticales, ni alusiones veladas, ni expresiones proverbiales, ni recuerdos de la tradición clásica; todo se ve comentado profusamente, pero sin baldía erudición. Paso a comentar a continuación algunos puntos que me parecen de interés de los Coloquios, un tratado que debió de hacer las delicias de no pocos dominicos: entre ellos, de los propios hermanos de Quiroga. El baquiano que adoctrina al chapetón Justino recibe el nombre de Barquilón. Según Rípodas, Barquilón ha de identificarse con un personaje de carne y hueso, el andaluz Pedro Hernández Barchilón, uno de los partidarios de Pizarro. A esta hipótesis parece inclinarse Vián en p. Ahora bien, el nombre Barquilón tiene un significado más amplio, pues en otra ocasión Justino, tras llamar irónicamente "santón" a su interlocutor, le espeta: "Bien te llaman el nombre que tienes" (p. 383): prueba de que éste término, más general, encerraba un significado peyorativo. ¿No confiesa el propio Barquilón, al presentarse él mismo, ser "desprecio y oprobio de todos los que me quieren hollar" (p. Ahora bien, Barchilón es un apellido que fue frecuente en la judería toledana y que llevaron asimismo los conversos sevillanos: uno de ellos fue precisamente un Hernández Barchilón (véase mi estudio sobre Los conversos y la Inquisición sevillana, Sevilla, Fundación El Monte, III, p. La situación que nos presenta Quiroga ahora tiene más miga: el defensor de la conquista es un converso, lo que explica el desprecio que por él siente todo el mundo. En cuanto a Tito, es evidente el enlace del nombre con los Titos incaicos, pero no menos innegable es su pertenencia al mundo romano. Y precisamente el aura latina de Tito, según creo, permite que su compañero -otro indio, una persona muda en el diálogo-se llame de manera inverosímil Cayo. Tito (más bien Ticio) y Cayo son nombres que aparecen a menudo en los ejercicios escolares de Derecho romano. ¿Otra ironía de Quiroga? El discurso final de Tito está empedrado de citas bíblicas que no siempre son advertidas. Señalo algunas: "Dice el mesmo autor desta verdad que su yugo es suave y la carga suya que nos manda llevar liviana y portátil" (p. 500) traduce lo que dice Jesús en Matth. Igualmente el principio citado en p. 506 ("dadles leche y principios de fe, y no manjar que no puedan con él") es eco de I Cor. "Los edificios que no llevan firmes los fundamentos cáense fácilmente" (p. Resulta así que la perorata del indio es la parte más docta y la que más abunda en citas bíblicas de todo la obra: ¿una ironía más del autor? Permítaseme, por último, comentar minucias filológicas que no afectan al sentido ni a la comprensión del texto. En dos casos creo que sobra el punto que pone la editora: "¡Oh si entendiéssedes, cristianos, a lo que estáis obligados..., es cierto que no os descuidaríades" (pp. 516-517) y "Y como vuestra obra no tiene modelo por vuestra negligencia, ni saben lo que hacen en ella los que vienen.., mil experiencias hacéis en nosotros..." (p. 517), y no: "Es cierto" y "Mil experiencias". También pienso que son interrogativas -preguntas de retórica indignación-y no afirmativas unas frases del discurso final de Tito: "No sabéis nuestra lengua ni nosotros entendemos la vuestra, ¿y querríades que os entendiésemos los conceptos y adevinássemos lo que nos queréis decir?" (p. 500) "Sola una vez tomó y hiço açote..., ¿y vosotros con açotes pensáis enseñar la ley de humildad y amor?" (p. 506); "Sancto Tomás... encaresce... el cómo han de captar la benevolencia de los oyentes, ¿y vosotros procuráis desamor y aborrecimiento...?" (p. 510) y "da sant Pablo gracias a Dios que le hace digno deste ministerio, ¿y vosotros a todos admitís, a todos hacéis hábiles...?" (p. Una lista de variantes con la edición del padre Zarco y una nutrida bibliografía cierran este espléndido volumen, una edición verdaderamente ejemplar.
Una excelente oportunidad para volver a pensar, analizar y discutir sobre dos procesos históricos trascendentales para la conformación de este país. Sin embargo, los problemas, como los que nos ocupan en esta crónica, surgen por las múltiples lecturas que tiene el proceso independentista mexicano, que puede revestir ciertas dificultades al vincularlo con la conquista, otro hecho o, más bien, "el hecho" crucial, puesto que en la actualidad se han asumido los discursos de este proceso tan lejano en el tiempo, pero tan cercano en la memoria, como una huella dramática de imposición destructiva, ignorante y errónea de la cultura occidental europea, hacia "aquella" desaparecida realidad prehispánica, de la que se nutre el actual nacionalismo del país del Águila y el Nopal. De ahí las propuestas de Guy Rozat, organizador del V Seminario "Repensar la Conquista de México", celebrado los días 11 y 12 de marzo en la Universidad Veracruzana sita en Xalapa. En este Seminario y en los anteriores, la línea general que los caracteriza es abordar la confrontación del ser occidental con las "nuevas tierras" y alejarse de la historia nacional oficial. Y de hecho es necesario un conocimiento de la historia medieval y moderna europea para poder analizar con mayor propiedad el conflicto con la "otredad" americana. Así, comenzó el primer día de este encuentro de investigadores con se basó Cortés como modelo de interpretación hacia el "otro", y que divide en tres partes. En primer lugar, para la descripción del horizonte señorial indígena, este conquistador utilizó el paradigma de Josefo. A continuación, para la entrega del reino, el modelo es Nabucodonosor, el rey infiel que cedió sus dominios a un representante del Dios verdadero. Este tiene un gran paralelismo con la figura que siempre se ha desprendido del papel de Moctezuma ante los españoles. En tercer lugar, la justificación de la conquista se da por el regicidio del señor bárbaro que había declinado a favor de Carlos V. De esta ponencia nos surge entonces la pregunta ¿de dónde procede esa corriente, si quiere llamarse historiográfica, que critica la ignorancia que siempre se ha achacado a los conquistadores en sus explicaciones? Seguidamente Rodolfo Fernández (INAH, Guadalajara) y Diana Carrano, con su exposición La Relación de Ameca y la ocupación chichimeca al sur de la frontera agrícola de Nueva Galicia en el siglo XVI, nos introdujeron en la importancia de la ocupación del incipiente espacio colonial, donde hubo grupos chichimecas, al menos teules, que rebasaron la frontera agrícola marcada por la barranca del Santiago en esa zona, durante todo el siglo XVI, inhibiendo allí el desarrollo del mundo colonial y virreinal hasta los albores del siglo XVII. Y que además, al reconstruir la organización social del área de Tequila y Amatitán en la segunda mitad del siglo XVI, se sostiene la hipótesis sobre la existencia prehispánica de aguardiente en la zona en las evidencias que nos ofrece el relato de la Relación de Ameca, y el segundo es el descubrimiento de una textualidad de claras influencias occidentales en la descripción que hace Antonio Leyva en la Relación de Michoacán. En el segundo punto, el de la intertextualidad coincidente con las dos Relaciones de Ameca y de Michoacán, ya se ha hecho referencia a algunas concurrencias narrativas y de facto de la de Ameca con la de Michoacán, que se realizó en 1540, treinta y nueve años antes. Estas coincidencias invitan a la reflexión sobre la representación del indio a través de la retórica occidental, sobre todo en el ámbito de su justificación y legitimación. Precisamente, el puente entre las imágenes que genera la Conquista y como se interpretan éstas en la Independencia, queda establecido con la comunicación de Magdalena Díaz Hernández (Universidad de Sevilla), La Ontología del indio Miserable: revisiones historiográficas desde la independencia hacia la Conquista de México. Aquí, el análisis se basa en las valoraciones que Carlos María de Bustamante, José María Luis Mora y CRÓNICAS Lucas Alamán conceden a la figura del indio como una forma de ser, una "ontología" del miserable. Ninguno de esto autores criticó que el indio durante la Conquista fuera clasificado de esa forma, pues desprotegido, desgraciado e incivilizado se correspondía con una ideología que imperaba en la sociedad europea medieval, que no sólo se mantuvo, sino que además se revitalizó con la Ilustración y la Independencia. Valores de una sociedad en la organización social, religiosa, política y económica, que estos autores jamás discutieron, puesto que daban por sentada esa naturaleza, estado y calidad de miserables de los indios. Pero que en ese tiempo de búsqueda de libertades confluía el desgraciado con el despreciado, dejando al indio en el mismo estado que el imaginario de la conquista había creado, o, quizás peor. Volviendo a los conquistadores y a los cronistas, Iván Vallado (INAH, Yucatán), en La Matanza de Cholula: re-escrituras, nos sorprendió con su capacidad de análisis al comparar la visión sobre este proceso en la revisión de las obras homónimas de Francisco López de Gómara, Antonio de Solís y William H. Prescott tituladas Historia de la Conquista de México. Los acontecimientos que forman parte de lo que conocemos ahora como "la matanza de Cholula" parecen ser la ejecución, por parte de Cortés, de una técnica militar rutinaria para aplastar la posible resistencia de los pueblos por conquistar. Como señalé en otro lugar, es una técnica milenaria registrada de forma relativamente frecuente en la tradición guerrera judeocristiana, que se repite en el Nuevo Mundo en varias ocasiones y en distintas latitudes. Sin embargo, en la historia Occidental (o Americanista) sobre la Conquista de México la escritura y las re-escrituras de este episodio van en el sentido opuesto: la idea inicial es de una reprimenda plenamente justificada por una presunta traición cholultecamexica en la que los habitantes de Cholula tratarían de eliminar a los cristianos (Cortés). Y posterior y paulatinamente se va desarrollando, paso a paso, la idea de este conquistador como un honorable y magnánimo conquistador que se enfrenta a unos indios pérfidos, traicioneros y deleznables, en donde la narración de los acontecimientos hace cada vez más justificada, y hasta justiciera, dicha matanza. En definitiva, nos muestra como cada autor fue añadiendo datos a los originales que Cortés presentaba en su Segunda Carta de Relación. En la misma línea que el resto de las comunicaciones estuvo la de Guadalupe O. Cuamatzi Cortés (Archivo Municipal de Tecachamalco), titulada Santos, Fundación y Conquista. Esta exposición presentó la comparación entre los discursos sobre el origen de los pueblos manejados por los habitantes de la región ubicada entre las ciudades de Tecamachalco y Tehuacán en el sur del estado de Puebla, y la información documental de que se dispone para la zona en el momento histórico en que los prehispánicos se transformaron en múltiples asentamientos y visitas religiosas antes inexistentes. Este ejercicio realizado en la región donde habita la mayor concentración de hablantes de nguiwa en el país, junto con hablantes de nahuatl y español, muestra hasta qué punto resulta crucial la elaboración discursiva de dicho proceso para entender la actual configuración político territorial de la región y su diversidad lingüística. Siguiendo con las ocupaciones del espacio, Béatrice Maroudaye (Universidad de París-IV Sorbonne) trató sobre Las construcciones mentales del conquistador o maneras de ver Tenochtitlan. Se analizaron tanto las representaciones geográficas, incluyendo a las imágenes de Tenochtitlan, como las crónicas de la conquista, para delimitar los esquemas culturales experimentados en aquel tiempo, aunque ello perjudicó la realidad del mundo indígena. Por el otro lado, no favorece la coherencia del lenguaje del conquistador, cuyo análisis de texto se vuelve inoperante si se toma al pie de la letra una primera lectura. Y finalmente, Itzá Eudave Eusebio (UNAM), que en Tlazohteotl: la invasión de la palabra y el símbolo, habló de Tlazohteotl como símbolo de la divinidad, que será ejemplo del despojo y del desprecio europeo de cualquier manifestación cultural de los antiguos habitantes de estas tierras. Tlazohteotl era la que protegía y acompañaba a parteras, tejedoras, campesinos, médicas y médicos, así como a los sabios lectores del libro del tiempo, el Tonalpohualli; a los trabajos que están ligados a lo que es preciado o amado; a cuidados por el símbolo de la Tierra y al amor divino. Ignorancia, error, imposición, construcción de miradas hacia el "otro", estas son algunas de las ideas que se pueden manejar en este seminario. Una labor de la que Guy Rozat es abanderado, puesto que cualquier proceso histórico y más una Conquista merecen siempre la atención del historiador, para que no caiga en el olvido o en la manipulación ideológica. XVII Congreso del Instituto Internacional de Derecho indiano Continuando una tradición que data de 1966, se reunió en la ciudad de Puebla, durante la última semana de septiembre de 2010, el XVII Congreso del Instituto Internacional de Derecho Indiano, que se inauguró el día 27 en la magnífica Biblioteca Palafoxiana, a la que la UNESCO, en junio de 2005, otorgó el reconocimiento de "Memoria del mundo", ya que se trata de uno de los lugares más importantes para resguardar la memoria escrita de la humanidad. La sesión de trabajo de ese día tuvo lugar en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), donde se conformaron dos sesiones, la A y la B. En la sesión A, dedicada a Instituciones y órganos, intervinieron Nelly Porro, argentina, quien habló sobre "El juzgado del Virrey en el Río de la Plata"; Fernando Mayorga García, de Colombia, que leyó un escrito sobre "Los alcaldes de barrio en Santafé (1774)"; Istvan Szasdi (Universidad de Valladolid), con el tema "La naturaleza medieval originaria de la encomienda indiana. Nueva luz para un viejo debate" y Sixto Sánchez-Lauro (Universidad de Barcelona), quien disertó "Sobre los orígenes del Ministerio de Ultramar". La sesión B, centrada en el tema de Justicia, tuvo tres ponentes, Raquel Bisio de Orlando, argentina, que habló sobre "El ejercicio de la jurisdicción en las temporalidades"; Renzo Honores, del Perú, que trató sobre "El precio de la justicia: hacia una historia de los costos de litigación en los Andes coloniales, 1550-1700" y el mexicano Humberto Morales, quien expuso acerca de "La administración de justicia virreinal en el siglo XVIII mexicano. Un examen a través de los bandos de policía en Puebla en el reformismo borbónico. Tras una pausa, se reanudó la sesión A con la presencia de las españolas Julia Montenegro y Margarita Gómez Gómez (Universidad de Sevilla) que trataron los temas centrados en "Proyectos de colonización penitenciaria en las islas Marianas" y "Secretarios y escribanos en el gobierno de las Indias", respectivamente; les siguieron Francisco Icaza, (Escuela Libre de Derecho de México), quien expuso un trabajo sobre "El Gobierno de Tlaxcala", y la argentina María Rosa Pugliese, que se refirió a "Aplicaciones del derecho local en el Virreinato del Río de la Plata". HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS En la sesión B, dedicada a la Gobernación Espiritual, expusieron el alemán Thomas Duve, sobre la "Jurisdicción eclesiástica en las Indias en el siglo XVI. Balance y perspectivas de la investigación"; Ana María Martínez de Sánchez, argentina, quien habló sobre "Imágenes de lo jurídico en sermones patrios"; el chileno Felipe Westermeyer, con su trabajo titulado "Del patronato regio al presidencial en la Universidad de Chile"; la española Ana Amparo Luisa de Zaballa Beascoechea (Universidad del País Vasco), cuya exposición versó sobre los "Tribunales eclesiásticos y población indígena en la Nueva España", y la mexicana Martha Donicelli, quien se refirió a "Conflictos de jurisdicción en Nueva España. Don Vasco de Quiroga y la orden de San Agustín". La jornada de la tarde, en la sesión A, tuvo las presentaciones de Heikki Pihlajamaki, de Finlandia, quien se refirió a las "Reglas del proceso equitativo en autores del derecho indiano" y del italiano Massimo Meccarelli, que habló sobre "Las categorías gius-publicísticas y el orden jurídico frente al Nuevo Mundo: algunas elaboraciones teóricas en la Segunda Escolástica", mientras que en la B presentaron sus trabajos Felipe Miguel Carrasco Fernández, de México, quien abordó el tema "Ordenanzas Gremiales en la Nueva España, precedentes del Derecho del trabajo" y Mario Carlos Vivas (Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, Argentina), con su ponencia sobre "El derecho indiano local en los autos y bandos del gobernador intendente Rafael de Sobre Monte". Después de un corto descanso, se reanudaron los trabajos en la sesión A, dedicada a Fuentes y cultura jurídica, con las presentaciones del italiano Luigi Nuzzo, quien disertó sobre "Imágenes del derecho Indiano en la Europa de los siglos XVI y XVII"; del mexicano Alejandro Mayagoitia, que se refirió al "Derecho nobiliario indiano y la limpieza de sangre", cerrando esta mesa la ponencia del argentino Sergio R. Núñez y Ruiz-Díaz, centrada en "La hidalguía en el ámbito del actual territorio argentino(Siglos XVI a XVIII)". Las sesiones del martes 28 tuvieron lugar en la Universidad Iberoamericana, Plantel Golfo-Centro, también establecida en Puebla. En la sesión A, centrada en Personajes y temas diversos, intervinieron Esteban Federico Llamosas, de Córdoba, Argentina, con el tema "Rector de Antiguo Régimen, orador de la revolución: Fray Pantaleón García, un franciscano entre dos tiempos" y Óscar Cruz Barney, de México, con su texto sobre "Juan de Ugalde y la provincia de San Francisco de Coahuila". A continuación expusieron tres peruanos: Rafael Jaeger Requejo, quien se CRÓNICAS refirió a "El doctor Alonso Coronado y Ulloa, catedrático y rector de la Universidad de San Marcos"; Fernando de Trazegnies Granda, que habló sobre "Pluralismo jurídico en la conquista española del Imperio Inca del Perú" y Sandro Patrucco Núñez-Carvallo (Universidad Católica de Lima), con un escrito sobre "la ley hispánica y la migración ilegal extranjera: el caso de los italianos en el Perú del siglo XVII". La sesión B, dedicada en general a Temas diversos, contó con la presencia de Juan Carlos Frontera (Universidad Católica de Buenos Aires), quien presentó un estudio acerca de "La pena de servicio a través de expedientes tramitados ante la segunda Audiencia de Buenos Aires"; también del boliviano Javier del Granado, con su exposición sobre los "Emblemas de Solórzano", del chileno Felipe Vicencio Izaguirre, que disertó sobre "La pobreza en Chile indiano y su tratamiento jurídico administrativo con ocasión del terremoto de Santiago de 1647" y del mexicano Rafael Sánchez Vásquez, que habló de "El acervo jurídico de la Biblioteca Palafoxiana". Tras una pausa, se reanudó el trabajo en ambas sesiones. En la A, dedicada a Personajes e Historiografía, se presentaron tres trabajos: el del peruano Sergio Angeli, sobre el tema "Con gran cuidado y muchas letras. Juan Fernández, primer fiscal de la Audiencia de Lima ante su juicio de residencia"; el de la española Beatriz Bernal Gómez, quien habló sobre "Las encomiendas y repartimientos en la obra de José Antonio Saco" y a continuación Pablo Saúl Gutiérrez, de la Argentina, dedicado a "Las ideas hispano-americanistas de Manuel Ugarte: hacia la búsqueda de una unidad jurídico-cultural para América Latina". En la B, se abordaron temas de Derecho Penal. Los expositores fueron Jaime Contreras (Universidad de Alcalá de Henares, Madrid), quien habló "De la justicia y de la reconciliación: consideraciones sobre delitos y delincuentes" y Abelardo Levaggi, argentino, analizando "La pena de azotes en el setecientos rioplatense". Ya avanzada la tarde de este día tuvo lugar la asamblea general del Instituto, en la que se eligió como presidente honorario a Eduardo Martiré y se tomó la decisión de recibir como miembros del citado Instituto a algunos asistentes a anteriores congresos, entre ellos el alemán Thomas Duve, canonista indiano, y el argentino Juan Carlos Frontera. Finalmente, se reeligió la Junta Directiva, que tiene como presidentes honorarios a Ismael Sánchez Bella, a José María Mariluz Urquijo y al propio Martiré; como presidente titular a Antonio Dougnac; como primer vicepresidente al espa-ñol Agustín Bermúdez Aznar; como segundo vicepresidente al mexicano Jaime del Arenal Fenocchio; como tercer vicepresidente a José María Díaz Couselo; como secretarios a Ezequiel Abásolo, de la Argentina y a María Emma Montanos Ferrín (Universidad de La Coruña) y como vocales al peruano José de la Puente Brunke y a Carlos Salinas Araneda, de Chile. Los trabajos del miércoles, como los del lunes, se llevaron a cabo de nuevo en la BUAP de Puebla. En la sesión A, dedicada a La Crisis de la monarquía española, intervinieron Eduardo Martiré, quien expuso un resumen de su trabajo dedicado a "La sanción de la Constitución de Cádiz frente a la emancipación"; Rafael García (Universidad de Navarra), con el tema "La construcción de la legitimidad en el primer discurso constitucional venezolano" y Marta Lorente Sariñana (Universidad Autónoma de Madrid), quien se refirió a la "problemática americana en la 'Consulta al país' de 1808". En la sesión B intervinieron Antonio Dougnac y los argentinos Luis Maximiliano Zarazaga (decano de la Universidad Católica de Córdoba, Argentina), en donde se celebrará el próximo Congreso del Instituto, y José María Díaz Couselo, (Universidad de Buenos Aires), quienes presentaron los temas "El basamento jurídico indiano del Obispo Justo Donoso, canonista chileno del siglo XIX", "La supervivencia del derecho español en el Tratado Elemental de los Procedimientos Civiles en el Foro de Buenos Aires, de Miguel Esteves Saguí" y "Pervivencia indiana referente a la recusación en Buenos Aires luego de la Revolución(1810-1878)", respectivamente. Tras una parada de descanso e intercambios ente ponentes, se reanudó la sesión A, dedicada a la Crisis de la monarquía española, donde intervinieron Juan Pablo Salazar Andreu, de México, quien expuso un resumen de su trabajo dedicado a "Algunos aspectos políticos y jurídicos del inicio de la independencia en Puebla de los Ángeles"; Matthew Mirrow (International University, Florida), quien se refirió a "El derecho indiano y la Constitución de Cádiz"; Rafael Estrada Michel, de México, sobre el tema "1812, monarquía regnícola o Nación provincial"; Alí Enrique López Bohórquez (Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela), que expuso acerca de las "Actuaciones de la Real Audiencia de Caracas durante la guerra de independencia de Venezuela" y Rosa María Martínez de Codes (Universidad Complutense de Madrid), quien se refirió al tema "Los concilios que nunca se aprobaron: un fracaso político y eclesiástico del reformismo borbónico. La sesión B, centrada en el tema de Pervivencias, contó con la participación de Ditlev Tamn, de Dinamarca, quien habló sobre "León Pinelo. Velos antiguos y modernos en los rostros de las mujeres, sus consecuencias y daños. Actualidad de un clásico de 1641"; del francés Jean Baptiste Busaall, que se refirió a "Reflexiones constitucionales acerca del derecho de Indias al momento de la crisis de la Monarquía Católica"; de José Enciso (Universidad Autónoma de Zacatecas), quien se centró en "El proyecto del Código Civil para el gobierno interior del estado de los Zacatecas, de 1827: primeros intentos codificadores del México independiente" y de Andrés Botero Bernal (Universidad de Medellín, Colombia), quien trató el tema "Tensiones entre las justicias legas y las justicias letradas a inicios de la República: caso neogranadino". La sesión A de la tarde, Tema General, incluyó a los mexicanos José Ramón Narváez, con su ponencia sobre "El conflicto obrero en Real del Monte en 1766: nuevas consideraciones"; y José Arturo Burciaga Campos, quien habló sobre "Zacatecas: guerra de independencia y aplicación de la justicia, 1810-1813"; también a María Julia Sollá Sastre (Universidad Autónoma de Madrid), que disertó con el tema "Reconsiderando el valor de los fondos de Ultramar del Consejo de Estado español.1845-1898"; al argentino Ezequiel Abásolo, quien presentó un trabajo sobre "Reflejos de la transformación dieciochesca de la cultura jurídica indiana en los Acuerdos de la Real Audiencia de la Plata"; al español Carlos Antonio Garriga, quien habló del tema "Magistrados vs pueblo. A propósito de la dinámica jurídico-política entre Nueva España y México", y de Rafael Sánchez-Concha Barrios, peruano, quien se refirió a "La evolución del pensamiento organicista y su aplicación en el Perú virreinal, siglos XVI-XVIII". La sesión B, también sobre Tema General, contó con la presencia de Pilar Altamira, cuya exposición versó sobre "Rafael Altamira y su relación con México". Seguidamente intervinieron la colombo-mexicana Diana Arauz, sobre la "Condición jurídica de la mujer en la normativa indiana: derecho penal y procesal"; José de la Puente Brunke, quien presentó una comunicación sobre "Buscando Jueces sabios. La figura del juez en el Perú de la primera mitad del siglo XIX"; Francisco Cuena Boy, (Universidad de Santander, España), que habló acerca de "Don Vasco de Quiroga contra la esclavitud de los indígenas" y, finalmente, la argentina Inés de Sanjurjo de Driollet, quien trató sobre "El justo reparto y uso del agua en una ciudad andina del Virreinato del Río de la Plata". Los trabajos que se dejan reseñados se publicarán próximamente; será entonces cuando los estudiosos de las ciencias sociales podrán contar con ellos para enriquecer sus propias investigaciones, que de ésta manera se verán, una vez más, beneficiadas con las tareas del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano. Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia Actividades del año 2010 en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos Ciclo Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del Imperio Hispánico. Nuevas perspectivas metodológicas, coordinado por el doctor Salvador Bernabéu Albert, organizado dentro del Proyecto "Las fronteras y sus ciudades: herencias, experiencias y mestizajes en los márgenes del Imperio Hispánico" (HUM2007-64126): -"La América portuguesa y el Islam: esclavos y libertos, siglos XVI-XIX" por el doctor Eduardo França Paiva (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil), 21 de enero. -"Formas de incorporación del indio a la sociedad hispano-criolla: el caso del Río de la Plata (s. XVII y XVIII)", por la doctora Adela M. Salas (Universidad del Salvador, Buenos Aires), 28 de enero. II Coloquio Internacional Intercambios mercantiles, sociales y culturales entre Andalucía y América. Siglos XVI-XX, organizado por la Escuela de Estudios Hispano-Americanos y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, coordinado por la doctora Enriqueta Vila Vilar (EEHA, CSIC), coordinador adjunto el doctor Antonino Vidal Ortega (Universidad del Norte, Colombia), organizado dentro del Proyecto de Excelencia "Andalucía-América Latina: intercambios y transferen- "Ernesto Che Guevara: primeras vivencias, nuevas lecturas", conferencias, coloquios, proyecciones de documentales y la exposición: "Con la adarga al brazo y un libro de versos en la mochila", coordinada por el doctor Salvador Bernabéu y la doctora M.a Luisa Laviana (EEHA, CSIC), organiza: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, 4 al 25 de febrero. "Bicentenarios Americanos: héroes de la Independencia entre la frontera entre literatura e historia", coordinada por el doctor Diego Bracco y el doctor Sigfrido Vázquez Cienfuegos (EEHA-CSIC), Secretaría técnica: Asesoría Científica Historia y Cultura del Mundo Atlántico (EEHA-CSIC), Mesas redondas: 25 y 27 de mayo, y Taller literario: 26 de mayo. "Jornadas 2010: Seminario ATMA (Agua, territorio y medio ambiente)", coordinado por el doctor J. Raúl Navarro García (EEHA-CSIC), 17 de mayo. Máster Gestión del Patrimonio urbano latinoamericano, coordinado por el doctor Julián Ruiz Rivera y el doctor Emilio José Luque Azcona (Departamento de Historia de América, Universidad de Sevilla), organizado por el Departamento de Historia de América, Universidad de Sevilla, en colaboración con la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), en Universidad de Sevilla y Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), 11 de enero al 9 de marzo.
Doctor don Francisco Morales Padrón. El profesor Morales Padrón, catedrático de Historia de los Descubrimientos Geográficos de la Universidad de Sevilla desde 1958, nació en Santa Brígida, un pequeño y bello pueblo de Las Palmas de Gran Canaria, en julio de 1923. Murió en noviembre de 2010 a los 87 años, después de una larga enfermedad que no le impidió seguir trabajando prácticamente hasta el final. Para ello se requiere un gran amor a su profesión, así como tenacidad, constancia, esfuerzo y voluntad, virtudes todas ellas muy arraigadas en el carácter de don Francisco. Si a ello se une la inteligencia, la curiosidad por todo lo que le rodeaba, su amor a la enseñanza y su dedicación constante, se consigue la figura intelectual que fue, con más reconocimiento internacional que nacional, como suele suceder, y con una trayectoria profesional impecable y abrumadora. Doctor Honoris Causae por varias Universidades europeas y americanas, distinguido con numerosas condecoraciones extranjeras y miembro de distintas Academias de la Historia Hispanoamericanas, poseyó en España la Encomienda con placa de Alfonso X El Sabio y el premio de Andalucía de Humanidades Inb Jatib. Él sí fue profeta en su tierra: Hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria, 1990; Hijo Predilecto de su pueblo natal, Santa Brígida, Can de plata del Cabildo Insular de Gran Canaria y Premio Canarias de acervo socio-histórico concedido por el gobierno autónomo de Canarias. Pretender compendiar en unas líneas su formidable trayectoria académica es tarea imposible. Con casi sesenta libros y varios centenares de artículos publicados en revistas especializadas y en periódicos, con cursos y conferencias dictados en múltiples Universidades del mundo, con su tarea docente en la Escuela Diplomática y los más de cuarenta años dedicados a la Universidad Hispalense, resulta difícil enumerar sus méritos y mucho menos calibrar los resultados. Por eso me voy a centrar en su obra escrita, para mí la más importante y la que mejor refleja los rasgos de su carácter a los que antes me he referido. Y para poder someterme a la brevedad obligada, la voy a dividir en cuatro grandes bloques, en cada uno de los cuales sólo mencionaré algunos títulos que me puedan parecer más relevantes: su obra sobre América, sobre Canarias, sobre Andalucía, sobre todo Sevilla, y un cuarto bloque que yo clasificaría con la palabra "Diversos", siguiendo el gusto archivístico. Su trabajo de investigación en la historia americana es ingente. Unas veinticinco monografías entre las que destacan manuales ya clásicos, publicaciones de mapas y planos y tratados que van desde Colón, sus viajes o temas de los primeros años de la colonización hasta asuntos de la América contemporánea como ese bello libro titulado América en sus novelas. En 1955 publica dos de sus mejores obras: El comercio canarioamericano. S. XVI al XVIII y Fisonomía de la conquista indiana, que todavía son imprescindibles para todo americanista. Pero yo destacaría de toda su labor investigadora sobre el mundo americano, una anterior, publicada en 1952 y titulada Jamaica Española, que en 2003 fue traducida al inglés. Y la destaco, sobre todo, por dos motivos: porque es una historia sólida y completa, resultado de su tesis doctoral, del tiempo que la isla formó parte del Imperio español y, en especial, porque su incursión en el mundo del Caribe le hizo darse cuenta de la necesidad de escribir la historia de ese mar y su hinterland, enclave principalísimo del Imperio español cuya documentación, sobre todo de los siglos XVI y XVII, se encuentra en su mayor parte en el Archivo General de Indias. Y así inició un trabajo en equipo que dio como resultado una serie de tesis sobre las islas en los siglos XVI al XVIII, la mayoría de las cuales han sido publicadas. Porque como buen maestro, don Francisco no se limitaba a trabajar en solitario: incitaba a los que le rodeaban para que también lo hicieran y ese ha sido uno de los grandes logros de su vida. Por eso siempre le atrajeron las publicaciones colectivas y fue un nato creador y director de Revistas importantes. Concretamente en esta faceta fue primero redactor-jefe y luego director de este Anuario de Estudios Americanos desde 1966 a 1977 y fundó y dirigió Historiografía y bibliografía Americanista desde 1955 a 1977. Con motivo del V Centenario organizó y dirigió una de las obras más importantes que quedarán como testimonio de esta efemérides: la Colección Tabulae Americae en la que aparecieron, en edición facsímil, con estudios introductorios de profesionales de primera fila, una serie de libros de la Biblioteca Colombina, muchos de ellos propiedad del propio Almirante y anotados por él. Su amor por su tierra natal le llevó a ocuparse de su historia, de sus documentos. En 1970 publica tres tomos del Cedulario de Canarias y el mismo año, el Cabildo Insular de Gran Canaria le edita Sevilla, Canarias y América. A partir de entonces realiza una serie de trabajos en esta misma línea, algunos en equipo como ha sido una constante en su vida profesional, entre ellos la organización de los distintos Coloquios Internacionales con el título genérico de "Canarias y América", que este año han cumplido su vigésima octava edición y que han dado lugar a un conjunto de publicaciones colectivas que forman una muy importante serie. Además fundó en 1979 la colección "Guagua" de libros de bolsillo sobre Historia canaria, que todavía aparece dirigida por él. La obra de Morales Padrón sobre Sevilla es algo más que una obra de investigación. Es una obra literario-amorosa que proviene, como toda producción de este tipo, de un conocimiento profundo y duradero y que se puede encuadrar entre la antropología, la literatura, la sociología y la observación, el estudio y la recogida de datos durante muchos años. Sólo citaré algunos títulos: Sevilla Insólita, (siete ediciones), Visión de Sevilla, La ciudad del Quinientos, (su contribución a una obra colectiva que él ideó, diseñó y dirigió para la Universidad de Sevilla, la Historia de Sevilla más importante que se ha hecho en los últimos tiempos), Sevilla y el río, Varias Sevillas, Sevilla, la ciudad de los cinco nombres, Viajeras extranjeras en Sevilla en el S. XIX, Otra imagen de Sevilla. La visión de los viajeros extranjeros (1500-1850) o los trabajos colectivos sobre los Corrales de Vecinos o los Archivos Parroquiales. En el último apartado, que he denominado "Diversos", se encuadra una producción heterogénea e intimista en la que se mezclan escritos autobiográficos, religiosos o puramente literarios y en el que me he permitido introducir un aspecto importante de su producción que es el menos conocido: la recuperación de personajes olvidados. Me estoy refiriendo a figuras al parecer tan dispares como pueden ser don Francisco de Saavedra, hombre polifacético e interesantísimo, con diversos altos cargos en América, presidente de la Junta de Sevilla durante la Guerra de la Independencia y figura, ahora de moda, pero completamente olvidado en los años 80 cuando don Francisco encontró sus escritos en un Archivo Jesuita e invitó a sus alumnos a trabajar sobre él y él mismo le dedicó varios estudios, el último aparecido en 2004 publicado por la Universidad de Sevilla; O don Manuel Blasco Garzón, político republicano, exiliado, gran personaje en Sevilla en la primera mitad del siglo XX, pero que hasta el 2000, año en el que El Monte editó su biografía, escrita por el maestro, era un perfecto desconocido. Amigo personal de grandes historiadores y literatos mundiales, creador de varias Asociaciones americanistas internacionales y nacionales, es uno de los últimos representantes de una generación irrepetible y envidiable que han sido maestros de todos. ENRIQUETA VILA VILAR Directora de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras
La defensa y consolidación de las fronteras en el Septentrión novohispano: Geografía y desarrollos cartográficos (1759-1788)/ Boundary Defence and Consolidation in Northern New Spain: Geography and Cartography Developments (1759-1788) Planteamos en este trabajo la situación de la frontera septentrional en Nueva España durante el reinado de Carlos III, centrándonos en los aspectos relativos a su exploración, defensa y consolidación. Concedemos prioridad a los desarrollos cartográficos de la época, por lo que analizamos los mapas más significativos sobre ese territorio -si bien utilizamos de forma complementaria fuentes de archivo y bibliográficas-, argumentando así sobre el fortalecimiento de la frontera, la contención de los apaches y el valor de la cartografía generada, al posibilitar la actualización de los conocimientos geográficos. A lo largo del siglo XVIII, con la implantación de la dinastía borbónica en España, comenzó a desarrollarse una larga etapa de reformas, tendentes a modernizar el país e impulsar su desarrollo económico. En las posesiones hispanas en América la fase más amplia y profunda de las reformas borbónicas se desarrolló en la segunda mitad de la centuria, al coincidir el deseo de modernizar las instituciones y someterlas a un mayor control (potenciando la explotación de las diversas riquezas ultramarinas), con las inquietudes del Estado y la Corona, provocadas por la potencial amenaza de posibles injerencias o usurpaciones extranjeras en los territorios fronterizos españoles, derivando en no pocas preocupaciones y situaciones de alarma. La cuestión de la implementación de dichas reformas durante el reinado de Carlos III ha sido ya estudiada, 1 y no es nuestro propósito establecer una valoración de conjunto, ni tampoco para la Nueva España, pues las implicaciones más evidentes del proceso reformista fueron resaltadas en sus aspectos económicos, administrativos y políticos, 2 por lo que aquí nos centraremos en el tema de la consolidación fronteriza en el septentrión novohispano, a través de la exposición de los condicionamientos geográficos y el análisis de los testimonios cartográficos. Si el siglo XVII estuvo dominado, en la frontera norte de la Nueva España, por las diversas sublevaciones de los grupos indígenas diseminados por aquel amplio territorio, el XVIII -particularmente la segunda mitadfue la etapa de los ataques de dos poderosos grupos nómadas: los apaches y comanches. Transcurridas las primeras décadas de la nueva centuria, las autoridades virreinales mostraron un mayor interés por las provincias septentrionales: su ocupación era prioritaria desde el punto de vista geopolítico, si bien se antojaba muy complicada, ante la enormidad de las distancias existentes (tanto entre ellas como respecto a la capital), así como por la manifiesta belicosidad de los citados indígenas. Tras la amarga experiencia de la gran sublevación de los indios pueblo en 1680, 3 se reforzó el sistema de presidios, máxime cuando hacia 1689 se confirmó la presencia de aven-tureros franceses en Texas, pues la relativa y desigual riqueza minera del septentrión novohispano4 no pasó desapercibida para galos y británicos. Así pues, durante el reinado de Carlos III, la reorganización de las Provincias Internas de la Nueva España -aparte de sus implicaciones administrativas-tuvo mucho que ver con el problema apache -y, en menor medida, de otros indios nómadas-, si bien se mantuvo latente la inquietud ante posibles intromisiones francesas o británicas. Nos centraremos en los sucesos acaecidos en el Septentrión, con el planteamiento de los intereses políticos y el temor de la Corte española, que provocó el reforzamiento de las fronteras (con medidas pobladoras y defensivas), y obligó a actualizar los conocimientos geográficos y cartográficos sobre aquellos amplios espacios, para disponer de unos mapas adecuados, que pudieran ofrecer las suficientes garantías de operar con la capacidad estratégica y defensiva convenientes. Las lejanas Provincias del Norte: presidios, misiones y pueblos En la zona norte de la Nueva España, el límite de la expansión española durante la primera mitad del siglo XVIII, estaba formado por una serie de asentamientos (presidios, misiones, pueblos, reales de minas y ranchos), diseminados por un amplio territorio que abarcaba desde el norte de la Baja California hasta la bahía del Espíritu Santo en Texas, pasando por el norte de Sonora, el sur de Arizona, el norte de Nuevo México hasta Taos y la franja de San Antonio de Béjar: esa era la amplia zona de frontera, escasamente poblada, poco cohesionada y de difícil defensa, con una extensa «tierra de nadie», por donde transitaban frecuentemente partidas de indios bárbaros e infieles -como se denominaba a los no civilizados-, que amenazaban los enclaves fronterizos; para facilitar la labor defensiva se habían construido fortificaciones (llamadas presidios) en lugares estratégicos, guarnecidas por escuadrones de caballería -de composición variable-, cuya principal misión era perseguir a los indios hostiles, castigándolos por sus actividades depredadoras. De entre aquellas gentilidades, soportaron una evidente leyenda negativa, por parte de los españoles, los apaches acusados de crueldad (cuando ellos podrían hacer lo mismo con los hispanos que los hostigaban con frecuencia). 5 Las escasas poblaciones españolas en el Septentrión se vieron reforzadas con la explotación minera y la presencia de diversas misiones y presidios, que contribuyeron a cohesionar la frontera; pronto crecieron centros como Chihuahua, Santa Eulalia o San José del Parral, comunicados con otros más modestos como Santa Fe o Santa Bárbara, por los pocos caminos, muy transitados por comerciantes, misioneros, militares, mineros, colonos y arrieros, transportando en acémilas o carros mercancías de diversa especie. Tres rutas se habían consolidado por entonces: el camino real de Tierra Adentro (el más antiguo, pues fue abierto por Oñate en 1598), uniendo Parral, Durango y Zacatecas (al sur) con Paso del Norte y Santa Fe (al norte), y las dos vías que comunicaban Chihuahua con las misiones jesuitas de la Tarahumara y con Sonora, a través de Buenaventura, Casas Grandes, Janos y el Paso del Púlpito. Tales rutas enlazaban estancias, misiones, presidios, centros mineros, poblados y casas de labranza, agrupando un poblamiento mixto de peninsulares, criollos, indios, mestizos, negros y mulatos, y vertebrando el desarrollo de un amplio territorio en cuya morfología externa, a menudo, resultaba difícil distinguir el ámbito urbano del rural. Una de las prioridades de las autoridades hispanas consistió en reforzar y modernizar los escasos presidios de las provincias septentrionales, con vistas a una acción más eficaz ante el creciente peligro apache y las posibles intromisiones francesas y británicas. Pese a su carácter militar, los 5 Al respecto ver el informe de Bernardo de Gálvez: Noticia y reflexiones sobre la guerra que se tiene con los indios apaches en las provincias de Nueva España (descripción recogida en Velázquez) y Velázquez, octubre-diciembre 1974b, pp. 161-176. presidios compitieron con las misiones como centros de avanzada de la ocupación española; su aportación civilizadora y de arraigo de la población no era desdeñable, ya que no sólo cumplían misiones defensivas (protegiendo a los pobladores y resguardando los caminos frente a los grupos indígenas hostiles), sino que actuaban como centros de poblamiento, pues aparte de las familias de los soldados, no pocos vecinos optaron por vivir cerca, por la seguridad que ofrecían. Consecuentemente, la proyección social de los presidios y las milicias fronterizas fue evidente. 6 El mencionado proceso de modernización administrativa y estratégica afectaba en particular a los presidios novohispanos e implicaba la realización de mediciones topográficas, astronómicas y geodésicas, así como la elaboración de mapas más precisos. 7 Especialmente preocupado por la frontera norte se mostró el virrey marqués de Casafuerte, celoso del peligro indígena y la posible penetración francesa. 8 Cuando se ordenó la inspección de los presidios del norte de la Nueva España, el brigadier Pedro de Rivera recibió el encargo de acometer dicha tarea, informando además sobre la situación de las lejanas provincias. Rivera necesitó casi cuatro años (noviembre de 1724 a junio de 1728) para cumplir su doble cometido, siendo acompañado por el ingeniero militar Francisco Álvarez Barreiro, quien realizó los primeros levantamientos cartográficos sistemáticos del Septentrión; ambos visitaron lugares tan distantes como Chihuahua, El Paso, Santa Fe, Janos, Arizpe, Álamos, Casas Grandes, Saltillo, Monclova, San Antonio de Béjar o Monterrey. Poco después del regreso de Rivera -casi al mismo tiempo que se editaba el Diario con las impresiones de su viaje 9 -y siguiendo las pautas de su informe, 10 el virrey Casafuerte promulgó el reglamento de todos los presidios, que tendría una vigencia de casi cuarenta años, hasta las reformas motivadas por la visita de Rubí y Lafora. Rivera denunció el mal estado de las fuerzas presidiales -incapacitadas para reaccionar con rapidez y eficacia-, 6 Velázquez, 1974a, donde alude a la mezcla racial que afectaba a la mayoría de los soldados presidiales (p. 133), así como al interés de la política española por acercar los presidios a los centros de población (p. 136) 7 De hecho se compuso un mapa, con datos relativos a pueblos, vecindarios y misiones, número, calidad, etc. si bien se mantuvo oculto ante el temor a que fuera conocido y aprovechado por potencias enemigas; Antochiw, 2000, pp. 71-88 8 Al respecto Weddle, 1991. 10 Naylor & Polzer (comps. and eds.), 1988. así como el descuido de los centros, 11 proponiendo la supresión de algunos y el cambio de ubicación de otros; además, recomendó separar el territorio de Sonora de la Nueva Vizcaya, como provincia independiente, petición que fue sancionada en 1733. 12 En el reglamento se establecía que soldados de los presidios debían escoltar a viajeros y caravanas, complementando esa tarea con recorridos de inspección por diversas zonas. Además, el brigadier diseñó una línea defensiva que vertebraría los presidios de costa a costa (del seno mexicano al golfo de California), al estilo del antiguo limes romano, unificando la zona septentrional, siguiendo en la parte oriental el curso del Río Grande. 13 Antes de los levantamientos cartográficos de Álvarez Barreiro eran muy pocos los mapas que reflejaban el ámbito del Septentrión novohispano: apenas podemos señalar los ejemplares del jesuita italiano Eusebio Francisco Kino, válidos sólo para las Californias y Sonora (excepto el de 1710, con alusiones a Nuevo México y Nueva Vizcaya); el del franciscano veneciano Vincenzo Coronelli sobre Nuevo México (1689), muy esquemático y pobre; y ya en la tercera década del XVIII, el del explorador francés Jean Baptiste Bénard de La Harpe (1723) centrado en el territorio situado al oeste de Louisiana, realmente decoroso por su hidrografía y toponimia; y el anónimo de 1725, muy sobrio e inferior al anterior, si bien señalaba los presidios, junto a algunos datos de orografía e hidrografía. La labor de Álvarez Barreiro 14 -ascendido a teniente coronel en 1727-fue notable y concienzuda (señalamiento de distancias y rumbos, cálculos de latitudes y longitudes), lo que le permitió componer varios mapas interesantes de las provincias del norte en 1727: Nuevo México, Sonora, Nueva Vizcaya, Coahuila y Texas, además de los dos generales del Septentrión (1728 y 1729, que formaron su Plano corographico e hidrográfico), los más valiosos de la primera mitad de la centuria, realmente detallados, si bien con información limitada; el ingeniero completó su labor 11 Hasta la década de 1760 -con la creación del ejército regular de Nueva España-no hubo oficiales militares profesionales; muchos de los capitanes eran comerciantes y los soldados de las guarniciones mestizos endeudados con sus jefes; además, la mayoría de los capitanes cometía abusos de poder, ocupando a sus soldados en negocios o asuntos personales; todo ello entorpecía el eficaz funcionamiento de los presidios. Hacia mediados de siglo la relativa paz que durante algunos años habían disfrutado pueblos, misiones y presidios, se trocó en inquietud generalizada, motivada por los movimientos apaches en la frontera. ¿Qué había provocado en tan pocas décadas el cambio de actitud de estos indios? A comienzos del siglo XVIII los apaches habían consolidado su presencia en prácticamente la totalidad de Arizona y Nuevo México, así como la parte occidental de Texas, pero la presión de otras tribus indígenas, especialmente los comanches (que les disputaban los vastos cazaderos de bisontes en las praderas), desde los años 20, empujó a los apaches hacia la frontera española, pues sus enemigos les cerraron el paso a las factorías francesas de la zona del Mississippi y el noreste de Texas, impidiendo que pudieran adquirir de los traficantes galos y británicos las armas de fuego que los propios comanches consiguieron, y los españoles negaban a los apaches; estos fueron forzados por los comanches a replegarse hacia el suroeste de Texas y el sur de Nuevo México, manteniendo su presencia en Arizona. Ante la precariedad de esa nueva situación, los apaches comenzaron a hostigar los establecimientos españoles en busca de ganado, enconándose la situación al ver éstos en ello no una forma primitiva de lucha por la subsistencia, sino solamente robos, rebeldía, asaltos y guerra. Así, no pocos militares de frontera y misioneros, cansados de la supuesta o real belicosidad apache, solicitaron el empleo de medidas radicales, con frecuentes episodios de violencia (castigos corporales y esclavitud), que enfurecieron a los apaches, muy celosos de su libertad y autonomía (también sufrieron deportaciones). 15 La recuperación de esa vida de rapiña tuvo mucho que ver con las fuertes presiones que el encarecimiento de los alimentos y las mercancías imponían sobre los sectores más vulnerables de la población. 16 Pese a la exitosa campaña de Toribio de Urrutia en 1745, 17 sólo tres años después el capitán del presidio de Conchos, Barroterán, llamaba la atención sobre el establecimiento de un nutrido grupo apache en el Bolsón de Mapimí; desde entonces la Nueva Vizcaya estaría en situación casi permanente de inseguridad. El peligro de que las partidas apaches pudieran contar con la colaboración de grupos fugitivos de tarahumaras rebeldes era grande, pues estos conocían muy bien el terreno que ahora comenzaban a frecuentar aquellos; hacia 1751 ya eran habituales las incursiones apaches en los asentamientos y rutas españolas del norte de la Nueva Vizcaya. El problema de la frontera y las depredaciones indígenas A comienzos del reinado de Carlos III, los apaches se agolpaban a lo largo de la frontera española, dividiéndose en tribus y parcialidades que actuaban de forma independiente y, a veces, chocaban entre sí (las más numerosas eran las de los chiricahuas, mezcaleros y lipanes, siendo representativos entre los grupos menores los mimbreños, gileños, coyoteros y faraones); 18 a finales de esa década ya eran constantes sus asaltos sobre los pueblos y ranchos de españoles, ante la posibilidad de adquirir vacas, caballos y un botín diverso en sus correrías y razias. Su dominio de los caballos, junto a su considerable rapidez, astucia, 19 conocimiento y adaptación al medio físico, convirtió a los apaches en enemigos sumamente peligrosos; sus incursiones afectaron a toda la zona fronteriza, causando terror entre los viajeros y arrieros españoles. Por otro lado, hacia 1760, el Septentrión del Virreinato contaba con una escasa población (apenas un cuarto de millón de personas, distribuidas la mitad en Nueva Vizcaya, algo menos en Sonora, apenas 20.000 en Nuevo México, y 7.000 entre Coahuila y Texas), lo que suponía una dificultad añadida para resguardar los enclaves de frontera de la hostilidad indígena. En 1761 el obispo de Durango, don Pedro Tamarón y Romeral, dio alarmantes noticias sobre la situación del territorio de su jurisdicción 20 (abandonos de haciendas y ranchos, reducción de los hatos, muertes de vecinos y arrieros, inseguridad de los caminos e incapacidad de los cuerpos presidiales para contener a los apaches), solicitando el envío de más tropas, la erección de otros dos presidios y la 18 Mención aparte merecen los jicarillas, establecidos al noreste de Nuevo México, que no fueron hostiles a los españoles. 19 Antonio de Pineda, gobernador de Sonora, ya comentaba la habilidad y cautela de los apaches en sus ataques; Rodríguez Pérez, 2001, pp. 69-128. 20 Por carta del 8 de enero de 1761 Tamarón notificaba al secretario de Indias Julián de Arriaga, la deplorable situación de inseguridad, así como las enormes pérdidas en vidas, haciendas y comercio, provocadas por los apaches; Informe de don Pedro Tamarón y Romeral, obispo de Durango, al rey sobre los curatos y misiones de la Provincia de Zacatecas y la Custodia de Nuevo México (1765), Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado, Colección Archivo Franciscano (BNM, FR, CAF), 16/294.1, f. 1-5v. creación de cuerpos auxiliares de civiles -vecinos de los pueblos y trabajadores de las haciendas-para combatir a los belicosos nómadas; dos años antes, Tamarón había iniciado una larga visita por su Obispado y, con los informes acopiados, escribió una relación muy provechosa para conocer el estado de la Provincia. 21 A mediados de los años 60 los apaches habían consolidado tres grandes rutas en sus asaltos a la Nueva Vizcaya: 22 la del noroeste, desde Janos y Casas Grandes, llegando hasta Papigochic; la del norte, atravesando El Paso y Encinillas, hasta la villa de Chihuahua; y la oriental, partiendo del Bolsón de Mapimí hacia los ríos Florido y Conchos, afectando particularmente al valle de San Bartolomé y al territorio entre Guajoquilla y Julimes. ¿Qué conocimientos de la geografía física y qué grado de familiarización tenían, por aquellos años, las autoridades civiles y militares novohispanas sobre el inmenso territorio de la frontera norte? Poco podían saber, pues -desde la época de Álvarez Barreiro-apenas hubo un grupo de religiosos, militares, colonos y comerciantes que, por su experiencia, aportó algo a la escasa y modesta cartografía del Septentrión. El mapa del visitador franciscano Juan Miguel Menchero (1745) señalaba las misiones ribereñas establecidas entre el Paso del Norte y el río Conchos; sin referencias astronómicas, la carta tiene una estructuración hidrográfica y, pese a su interés, resulta muy limitada (la alusión a poblados y sierras apenas sirve para rellenar los espacios vacíos). José de Escandón, encargado de la colonización y el poblamiento del territorio de Nuevo Santander, elaboró un curioso ejemplar (Mapa de la Sierra Gorda y costa del Seno Mexicano, 1747), que reflejaba también la parte oriental de las jurisdicciones de Charcas y Coahuila, con un buen desarrollo hidrográfico y alusión a los núcleos urbanos, pero apenas presentaba la zona del Septentrión. Otro ejemplar aprovechable, si bien de ámbito regional, fue el mapa del jesuita Juan Antonio Baltasar -antiguo visitador y por entonces provincial de la orden-sobre las misiones de Sonora (1752), pues contaba con un buen desarrollo topográfico y una decorosa aproximación hidrográfica. También regionales son los dos mapas de Bernardo de Miera Pacheco sobre Nuevo México (1758 y 1760), bastante detallados y con notable información antropológica, hidrográfica y orográfica. ISSN: 0210-5810 Padre Díez (1760) lleva orientación y graduación latitudinal, compendiando la información relativa a misiones, poblados indios y presidios en Sonora, la Apachería occidental y el territorio Moqui, todo ello con una notable topografía, modesta red hidrográfica y abundante toponimia. Otros dos mapas con desarrollos regionales aparecieron en 1761: el del jesuita Middendorf sobre el territorio de la Alta Pimería, con alusión a las campañas del gobernador de Sonora, Juan Antonio de Mendoza, a lo largo del río Gila (con doble graduación y detalles de orografía y toponimia); y el de José Tienda de Cuervo -sucesor del anterior en Sonora-,23 que evidencia un conocimiento profundo de ese territorio, con alusión detallada a grupos indígenas, pueblos, presidios, minas, lugares de aguada, sierras y los escenarios de la guerra contra los seris y las entradas de los apaches. Tras el Tratado de París, de septiembre de 1763, con la cesión de la Louisiana occidental por parte de Francia, las autoridades novohispanas se encontraron con el problema que representaba la vecindad o la presencia ocasional de varias tribus de las praderas (osages, sioux, kiowas, tonkawas), derivando en movimientos continuos, actos de belicosidad, tráfico de armas y alcohol, asaltos a las factorías de San Luis, Arkansas y Natchitoches, etc. En 1764 comenzó el proceso de reorganización y modernización militar de la Nueva España: tropa, defensa, fortificaciones, coincidiendo con la llegada de refuerzos peninsulares y del marqués de Rubí; al año siguiente, con el arribo del visitador general José de Gálvez hubo importantes cambios que culminaron con la sustitución del virrey. Según el informe del teniente general Juan de Villalba -comandante general de Armas y superior directo de Rubí-había, en 1764, un total de 23 presidios en las Provincias Internas, con apenas 1.200 hombres de guarnición. En agosto de 1765 Rubí recibió la orden de encargarse de la inspección de esos presidios, organizando una expedición que partió de la capital en marzo de 1766 y en la que figuraban el capitán ingeniero Nicolás Lafora24 (y el después famoso Miguel Constanzó, por entonces subteniente), quien aportó un notable asesoramiento técnico y diseño de interesantes mapas en colaboración con el subteniente ingeniero José de Urrutia; la inspección finalizó en enero de 1768, siendo la segunda realizada en el Septentrión, tras la de Rivera y Álvarez Barreiro (1724-1728). El informe redactado por Rubí iba ilustrado con un mapa de Lafora. Hacia 1760 se recrudecieron las hostilidades indígenas, con levantamientos ya cíclicos de los seris en Sonora y nuevos movimientos apaches. Como consecuencia de la mencionada reorganización militar, en 1768 llegó a la provincia un cuerpo de ejército bien equipado, con la doble misión de combatir a los rebeldes seris y pacificar la frontera;25 en mayo de 1769 el propio Gálvez se trasladó a Sonora para supervisar la situación. También hubo problemas en Texas y Nuevo México donde, tras la inspección, Rubí propuso formar una alianza con los comanches frente a los diversos grupos apaches que asolaban el sureste de Nuevo México; sin embargo, los comanches se revolvieron contra los españoles y el nuevo gobernador Pedro Fermín de Mendinueta tuvo que combatirlos vigorosamente en 1768. En enero de ese año finalizaron el visitador y el virrey Croix el proyecto definitivo, que debía ser presentado al monarca, para la creación de la Comandancia General de las Provincias Internas. Para entonces había mejorado un tanto el conocimiento cartográfico del Septentrión, gracias a algunas aportaciones meritorias, destacando los diversos mapas (todos ellos cuidadosamente graduados) del polifacético sabio José Antonio de Alzate y Ramírez: al corregir un antiguo ejemplar de Sigüenza y Góngora, elaboró dos mapas sobre México (en 1767, completados con un tercero en 1769), y levantó otro, notable por su minuciosidad y detallismo (1768), muy interesante por su delineado de las provincias del norte -remitido a la Real Academia de Ciencias de París y dedicado a sus científicos, fue publicado por Philippe Buache en 1775-, que fue mejorado con su ejemplar de 1779. Otro buen desarrollo cartográfico fue el de Medina y Cabrera (1768), si bien limitado al ámbito de Sonora y, en el mismo año, apareció el hasta entonces más sólido levantamiento del Septentrión: el primero de los mapas realizados como fruto de la colaboración de Urrutia y Lafora, sobrio pero muy técnico. Precisamente ambos cartógrafos serían autores de los mejores desarrollos cartográficos de las Provincias Internas: el ejemplar de 1769 está trazado en cuarterones y contiene una completa información que incluye datos antropológicos (las gentilidades indígenas), geográficos (ríos, sierras, provincias y territorios), administrativos y políticos (ciudades, pueblos, misiones y presidios), y económicos (reales de minas, haciendas y ranchos); también refleja la línea de defensa proyectada (a manera de limes frente a los asaltos indígenas); el mapa de 1771 presenta un contenido similar, si bien está desarrollado en un solo bloque (apenas hay diferencias de tipo ornamental entre ambos). El propio Lafora elaboró otro ejemplar, ese año, en el que corregía adecuadamente la orientación del Río Grande y su afluente el Conchos, respecto al delineado que figuraba en los anteriores. Gracias a esos mapas las autoridades españolas -virreinales y peninsulares-dispusieron de una información muy valiosa para plantear la nueva estrategia geopolítica de los territorios fronterizos del Septentrión novohispano. En julio de 1771 tuvo lugar una Junta de Guerra y Hacienda en México, por la que se creó el cargo de comandante inspector de Fronteras -siendo propuesto el teniente coronel Hugo O Conor para su desempeño-y remitiendo a Madrid un borrador del reglamento de presidios, que fue sancionado por Carlos III en septiembre del siguiente año, ascendiendo a O Conor al grado de coronel. Por entonces había comenzado la última guerra general en Nuevo México y Mendinueta tenía considerables problemas para repeler a comanches y apaches, lo cual no impedía que los hostiles se presentaran en Taos a comerciar en su feria. Por su parte O Conor, al recibir su nombramiento, 28 se trasladó a la frontera, tomando medidas para aliviar la situación en la zona limítrofe de Nuevo México y Texas; desde su puesto de mando en Chihuahua organizó las compañías volantes que funcionaron eficazmente, reduciendo de forma notable la actividad depredadora de los apaches; también erigió algunos presidios; su primera expedición duró seis meses (diciembre de 1772 a junio de 1773) y en ella reconoció los territorios situados al norte del Bolsón de Mapimí, rechazando a los indios a la orilla izquierda del Río Grande. Sin embargo, para desgracia de Mendinueta, los gileños, natajes y mezcaleros derrotados por O Conor se volvieron sobre Nuevo México, contando con el sorprendente apoyo de los comanches quienes, durante dos años, hostilizaron repetidamente las poblaciones de la Provincia. Por su parte, el comandante inspector, tras desalojar a varias partidas apaches de la Serranía del Burro y el arroyo de la Babia, cruzando el Río Grande, había rechazado a un grupo numeroso en la Sierra de Mogano, a finales de 1773 y, en los últimos meses del siguiente año, varias fuerzas combinadas batieron a los apaches en las sierras de Mimbres, Sacramento y Mogollón. Pocos años atrás, los franciscanos de Sonora y Nuevo México deseaban crear una comunicación entre sus misiones; desde San Javier del Bac el padre Francisco Garcés realizó tres viajes de reconocimiento -en la unión de los ríos Colorado y Gila-entre 1768 y 1771. Así, un capitán del presidio de Tubac, Juan Bautista de Anza -hijo del antiguo comandante de Fronteras, en Sonora-consiguió permiso del virrey 29 para intentar abrir una ruta terrestre entre el norte de Sonora y la Alta California: partiendo de Tubac en enero de 1774, recorrió 2.000 millas en cinco meses, consiguiendo unir Monterrey con los enclaves sonorenses; en septiembre de 1775siendo ya teniente coronel-repitió su viaje desde Horcasitas (en compañía del padre Pedro Font, experto cosmógrafo), guiando a un nutrido grupo de colonos y reconociendo el puerto de San Francisco (donde estableció lugares para el presidio y la misión), antes de regresar -a mediados de 1776-y recibir (1777) el nombramiento de gobernador de Nuevo México; esa experiencia fue aprovechada por Font para realizar dos interesantes levantamientos cartográficos: uno relativo a la bahía de San Francisco y otro sobre las Californias (1776) -apenas un apunte-que incluía la parte norte de Sonora. Unos tres meses antes de la segunda partida de Anza, fray Silvestre Vélez de Escalante intentó acceder al territorio del Moqui y, aprovechando ese segundo viaje, el padre Garcés se quedó en el Colorado reconociendo sus márgenes y dirigiéndose a la misión de San Gabriel, desde la cual intentó acceder a Nuevo México, si bien no pasó de Oraibe, en el Moqui, escribiendo a su colega de Zuñi en julio de 1776. 30 Cuando el comisario franciscano, fray Francisco Atanasio Domínguez, tuvo conocimiento de tal hecho, decidió viajar en compañía de fray Silvestre, intentando abrir un camino hacia Monterrey: ambos partieron de Santa Fe ese mes, regresando en enero de 1777 sin haber podido alcanzar su objetivo. 31 Sin embargo, su experiencia sirvió para un primer conocimiento de una vasta 29 AGI, Guadalajara, 513, notificación de Bucareli a Arriaga, fechada en México, el 26 de septiembre de 1773. 1996 31 AGI, Guadalajara, 416, Diario de Domínguez y Vélez de Escalante, firmado en Santa Fe el 3 de enero de 1777; Chávez y Warner, 1995; Bolton, 1950. extensión de tierra situada al noroeste: aunque no cruzaron las Montañas Rocosas, llegaron hasta el lago Utah y el río Severo (afianzando la creencia -mantenida durante medio siglo-en un gran río que, partiendo del lago, llegaba al Pacífico); el reflejo del periplo en la cartografía fue inmediato, pues acompañaba a los frailes el experto cartógrafo Bernardo de Miera Pacheco, quien fuera alcalde mayor y capitán de guerra en Pecos y Galisteo. Entretanto el año 1775 siguió marcado por el estado de guerra en Nuevo México, donde sus pobladores tuvieron que soportar numerosos asaltos y depredaciones comanches y apaches, 32 además de otros perpetrados por los navajos sobre los indios pueblo, 33 si bien las gestiones de Mendinueta dieron resultado y, a finales de noviembre, estos aceptaron firmar la paz. 34 A comienzos de 1776 sólo hubo algunas acciones aisladas de los comanches y, a mediados, se desarrolló la última campaña general de O Conor, siendo batidos los apaches de Poniente, que se vieron obligados a abandonar la cuenca del Gila y la sierra de Mimbres, refugiándose en la misión de Zuñi, donde pidieron la paz. Atendiendo sus repetidas peticiones, Mendinueta fue relevado en el gobierno de Nuevo México, siendo sucedido por Anza. La reorganización territorial y la consolidación de la frontera Cuando en 1776 Gálvez fue nombrado secretario del Despacho de Indias -en sustitución de Arriaga-pudo llevar a la práctica su antiguo plan, madurado desde sus años de visitador en Nueva España; el proceso de reorganización implicó la creación de la Comandancia General de las Provincias Internas, como nueva entidad jurisdiccional, política, administrativa y militar (que incluía las provincias de California, Sonora, Sinaloa, Nuevo México, Nueva Vizcaya, Coahuila y Texas), 36 con mando militar 32 Mendinueta escribía al virrey que sus tropas no podrían participar en la campaña general planeada por O Conor, pues bastante hacían con defender la Provincia; Navarro García, 1964, p. 34 AGI, Guadalajara, 514; informes de Mendinueta a Bucareli de 23 de noviembre y 1 de diciembre de 1775; en reconocimiento de la labor del gobernador de Nuevo México, este virrey solicitó que se le concediera el grado de brigadier, otorgado en mayo de 1776. 36 El límite entre la Comandancia General y el Virreinato abarcaría el sur de Sinaloa, Durango, Coahuila y el extremo oriental de ésta, pasado el Río Grande y cortando el Nueces; Navarro García, 1963, pp. 118-160. independiente. El cargo de comandante general recayó en el brigadier Teodoro de Croix, sobrino del antiguo virrey Carlos Francisco y la sede en Arizpe, localidad muy distante de los territorios orientales, que, si bien era populosa, gozaba de buenas tierras y de una situación central en la provincia de Sonora, aspecto decisivo para la proyectada expansión hacia la Alta California, prioritaria en el plan de Gálvez. 37 A mediados de 1777 la paz distaba de ser una realidad en Nuevo México: los informes aludían a 991 personas fallecidas en los ataques, 154 capturadas, 74 haciendas abandonadas y 33.000 reses robadas; entre mayo y septiembre se repitieron las habituales incursiones depredadoras de comanches y apaches, además se restableció la anterior alianza entre estos y los navajos. 38 Por entonces, el ya brigadier O Conor, una vez relevado de su puesto de comandante inspector, se quejaba veladamente al virrey de que no fueron atendidas sus sugerencias -basadas en su experienciapara mejorar la situación y la seguridad en la frontera; 39 presumiblemente O Conor era consciente del disgusto que acarrearon a Bucareli la limitación de su autoridad y la disminución de sus funciones -si bien se mantuvo impecablemente leal al rey-, pues su oficio deja entrever una cierta amargura y no poco escepticismo hacia algunos funcionarios (¿incluido Croix?). 40 Tras varios meses de preparativos, en agosto Croix se trasladó al norte y, tras una estancia en Durango, llegó a Chihuahua en marzo de 1778, observando la insuficiencia de la línea presidial y la necesidad de reforzarla: había 22 presidios, 4 compañías volantes y 2 piquetes de dragones del ejército regular (con poco más de 2.300 hombres); 4 compañías de milicias 37 Para la reorganización territorial y la implantación del sistema de reformas, Navarro García, 1992b; Pietschmann, 1996; Vázquez (coord.), 1992. 38 El hecho de que cada natani (cacique) respondiera sólo ante los miembros de su banda dificultaba la posibilidad de mantener una paz duradera con los distintos grupos navajos; estos solían aliarse con los gileños o los chiricahuas, buscando un equilibrio entre españoles y apaches; Flagler, 1988, p. 1-3, O Conor a Bucareli sobre su actuación al frente de las Provincias Internas, México, 22 de julio de 1777. La misiva fue consecuencia del informe solicitado por Croix a O Conor sobre el estado del territorio y las previsiones que tomó para su mejora (el brigadier respondió al comandante general en la misma fecha). 40 Ibidem; alegaba O Conor: «jamás podrá darse providencia oportuna, sin tener un exacto y cumplido conocimiento de las Sierras, Bolsones y Aguages que los indios prefieren para su domicilio, aunque momentáneo y pasajero»; para combatir eficazmente a los indios era preciso emplear mucho tiempo en «marchas, desvelos, vigilias, encuentros y choques», siendo necesario conocer su carácter, alianzas y modo de guerrear, para planear adecuadamente las campañas. Si los apaches se sentían acosados, no hostigaban los presidios y las poblaciones; al final, se quejaba de que no fueron atendidos sus consejos (basados en su experiencia) ni se le consultó en diversas cuestiones relativas a las Provincias Internas LA DEFENSA DE LAS FRONTERAS EN EL SEPTENTRIÓN NOVOHISPANO Anu. estud. am., 68, 1, enero-junio, 2011, 19-50. A cambio de su prestación militar, los colonos tenían derecho a portar armas y gozaban de exención de impuestos. Tanto Lafora, que, tras acompañar a Rubí, había ejercido como asistente de O Conor, como el franciscano fray Juan Agustín de Morfí, que lo era de Croix en su recorrido por las provincias del norte, coincidían en sus apreciaciones -confirmando las negativas impresiones de Tamarón-, al señalar el peligro que la amenaza apache representaba para la supervivencia de la Nueva Vizcaya. 41 El propio Croix solicitó a Morfi copia de su Diario, así como la confección de un croquis corrigiendo los errores que observara en el mapa general de las Provincias Internas, basándose en su experiencia del viaje. 42 Por entonces, en julio de 1778, partió Anza hacia Santa Fe llevando instrucciones de Croix relativas a concluir un padrón de la Provincia, levantar y remitir mapas de cada jurisdicción, y formar o mejorar el funcionamiento de las oportunas milicias, 43 transcurriendo el resto del año con los habituales asaltos, robos y alarmas. Pero también hubo otras novedades positivas ya que los citados viajes de Anza, Garcés, Domínguez y Escalante, más los diversos reconocimientos de Croix o sus delegados, permitieron la realización de interesantes muestras cartográficas que aparecieron a lo largo de 1777 y 1778: un mapa de Font sobre las Californias, Sonora y Nuevo México, con interesante planteamiento hidrográfico y topográfico; otros dos de Garcés -uno en colaboración con Font-sobre el mismo ámbito, indicando (además de los datos físicos) los presidios y naciones indias; un cuarto, obra de Escalante, sobre el territorio de Utah, con un delineado cuidadoso de ríos, sierras y lagunas, situando los respectivos grupos indígenas; otros tres mapas, levantados por Miera, sobre los reconocimientos del territorio situado al noroeste de Nuevo México: aquí se aprecia la mano de un experto cartógrafo, con minuciosidad, precisión, riqueza de detalles y graduación (destacando las 41 Morfi aludía a los continuos robos apaches, seguidos de persecuciones casi siempre estériles (Morfi, 1967; se trata de la versión más amplia del Diario (la privada), finalizada a punto de regresar a la capital, el 1 de junio de 1781; la reducida, que abarca desde la salida hasta la llegada a Berroterán (el 24 de febrero de 1778), es la pública y más conocida; véase Morfi, 1935. 2; nota de Croix a Morfi solicitando la corrección del mapa y el envío del diario, Chihuahua, 31 de marzo de 1778. Quizá ese encargo motivara la confección, por parte del franciscano, de su Compendio del diario del viaje a las Provincias Internas, firmado en la citada villa, el 26 de abril de 1778. 43 AGI, Guadalajara, 267, notificación de Croix a Anza, fechada en Chihuahua, el 22 de julio de 1778. lagunas de Timpanogos y Miera como posible curso fluvial); también apareció un excelente ejemplar del ingeniero Manuel Agustín Mascaró, sobre las Provincias Internas, constituyendo una auténtica enciclopedia sobre los descubrimientos y conocimientos geográficos del momento, pues, basándose en Lafora, incorporó las últimas referencias en la costa pacífica, el Colorado y Nuevo México, trazando los caminos de México a Santa Fe y Tucson y recogiendo los itinerarios de Domínguez-Escalante y Teodoro de Croix; el propio Mascaró -quien había acompañado al comandante general en su recorrido por las Provincias Internas-proporcionó la información necesaria a Miguel Constansó, que le permitió actualizar el mapa de Lafora; Carlos Peison de Duparquet -quien también acompañó a Croix como geógrafo-fue autor de un modesto levantamiento cartográfico, correspondiente a la zona oriental. 44 En los primeros meses de 1779 hubo algunas tentativas de paz, por parte de grupos sueltos de apaches en la zona de El Paso: fue la presión militar española, junto a las ventajas que podían obtener dedicándose a las transacciones comerciales, lo que decidió a los mezcaleros del grupo de Patule a solicitar la paz en el otoño; sin embargo, los españoles desconfiaban de tales acuerdos, pues se habían dado casos en que los apaches los buscaban y utilizaban para poder combatir con libertad a sus acérrimos enemigos comanches; y, en otras ocasiones, acordaban la paz en un lugar, atacando a continuación en otro. Entre agosto y septiembre realizó Anza su primera gran campaña en Nuevo México contra los comanches, contando con un cuerpo mixto de soldados, civiles y auxiliares indios, a los que adiestró con la táctica conveniente -marchas silenciosas, nocturnas y rápidas, borrando sus huellas-, quebrantando notablemente su poderío al obtener una gran victoria y matar a varios jefes (incluyendo al temido Cuerno Verde); 45 a Miera se atribuye un interesante levantamiento cartográfico que abarca una amplia extensión de tierra situada al norte de Santa Fe, indicando ríos, sierras y localidades, y explicando el territorio descubierto en esa campaña, así como el lugar en el que fueron derrotados los comanches. En ese mismo año elaboró Miera un buen mapa de Nuevo México, riguroso y preciso, indicando las Alcaldías Mayores. Contrasta con el anterior un ejemplar anónimo -de la misma fecha-que muestra un delineado erróneo del Río Grande, si bien presenta una amplia toponimia hidrográfica y topográfica. A pesar de haber estrenado su mandato en una situación muy delicada, Anza finalizaba el año 1779 siendo el pacificador de la pradera, pues pocos meses después el nuevo jefe comanche pidió la paz que, finalmente, fue concertada; así, el gobernador consiguió un apreciable aumento de la seguridad y tranquilidad en la frontera oriental, pues la alianza comanche -teniendo en cuenta su número, valor, lealtad y secular odio hacia los apaches-sirvió de alivio y contrapeso a los españoles de Nuevo México, en su esfuerzo por contener a éstos. Además, en ese año se produjo un hecho relevante para las guarniciones y poblaciones de los territorios fronterizos: el establecimiento del servicio regular de Correos, organizado a caballo y con escolta. A comienzos de 1780 Croix se estableció en Arizpe (pasando así la localidad a ser la sede efectiva de la Comandancia General), tras emplear más de un año en tomar diversas disposiciones y familiarizarse con el territorio (recorriendo las provincias de su jurisdicción); había residido largo tiempo en Chihuahua, por tratarse de la población con mejor ubicación estratégica, la más céntrica de todo el Septentrión. Durante esa etapa de permanencia Croix trató de organizar el gobierno y buen funcionamiento de la Comandancia General sin mucho acierto, pues había fuertes obstáculos que impedían su consolidación: su considerable extensión territorial, la escasez y diseminación de la población, la deficiencia e insuficiencia de las vías de comunicación y los problemas de insumisión indígena (tanto internos como externos). Por otro lado, no todos los grupos comanches aceptaron la paz, ya que muchos se desplazaron en masa a Texas, constituyendo un evidente peligro para la provincia, pues asaltaban ranchos, presidios y misiones, por lo que el año 1780 reflejó las típicas correrías y escaramuzas que amenazaban la seguridad de la frontera: los lipanes, temerosos de los comanches, se replegaron a la zona entre Béjar y Río Grande; algunos mezcaleros abandonaron sus poblados, asentándose junto a los presidios y, en diciembre, un nutrido grupo comanche penetró en Coahuila, siendo rechazado por los presidiales de Monclova. Al mismo tiempo, la estabilidad de Nuevo México se vio dificultada por la alianza entre navajos y apaches gileños. Parecía que todas las Provincias Internas se agitaban, pues en Sonora se recrudeció el problema seri, decidiéndose la creación de tropas presidiales de indios aliados: dos compañías de ópatas -con sede en Bacoachi y Bavispe-y otra de pimas altos -en San Ignacio-, para ayudar a derrotar a los insurgentes. 46 En noviembre de 1780 salió Anza de Santa Fe, intentando llevar a la práctica un viejo proyecto suyo: buscar una comunicación directa entre esa capital y Sonora; para ello, se dirigió a la zona de San Cristóbal y siguió el curso descendente del Río Grande, cruzándolo, luego atravesó la sierra de Mimbres y otras -cambiando de rumbo con frecuencia debido a la fragosidad de los terrenos y la escasez de agua-, apareciendo por la sierra de En medio, casi frente al presidio de Janos en Nueva Vizcaya, siendo su objetivo el sonorense de Santa Cruz); cuando llegó a Arizpe -39 días después-había recorrido 221 leguas. Anza creía poder recortar considerablemente esa distancia (dejándola en menos de 150 leguas) si hallaba un paso entre las sierras de Mogollón y Mimbres, ofreciéndose para ello; cuando regresaba a Santa Fe, en enero (1781) fue atacado por un grupo apache -los mezcaleros continuaban con sus depredaciones en la zona meridional de la provincia-en la Jornada del Muerto, si bien unos meses más tarde -en septiembre-consiguió establecer la paz, que sería ya duradera, con los comanches, que en el futuro actuarían como aliados. El invierno de 1781-1782 discurrió con frecuentes asaltos y robos de los mezcaleros -sobre todo la banda de Patule el Grande-en las zonas fronterizas de Nuevo México, Nueva Vizcaya y Coahuila; tras varios episodios de guerrillas, el gobernador Juan de Ugalde consiguió batirlos en el Bolsón de Mapimí, infligiéndoles severos reveses entre enero y mayo; 47 además, en octubre Muñoz desbarató la ranchería de Bigotes en la Sierra de San Cristóbal, matando al jefe. Era difícil evitar los desmanes de grupos hostiles en diversas poblaciones, pese a que en el siguiente otoño-invierno (septiembre de 1782-marzo de 1783) Ugalde desarrolló su tercera campaña en el Bolsón. En mayo el presidio de Tucson sufrió un violento ataque por parte de un grupo apache, que fue rechazado. Por entonces (1782) Mascaró realizó un excelente levantamiento cartográfico de las Provincias Internas, muy técnico, preciso y riguroso, aportando la novedad de la ruta de Anza desde Santa Fe hasta Arizpe, así como los viajes que enlazaron Sonora y la Alta California; un segundo mapa, anónimo (copia del de 46 Mirafuentes Galván, 1993, pp. 93-114. 225, que las tropas de Ugalde mataron a numerosos apaches, incluyendo cinco jefes, y recuperaron unos 500 caballos y mulas. Mascaró), incide en las reformas y los topónimos, señalando el dispositivo defensivo en el Bolsón); otro ejemplar notable de Mascaró es el correspondiente a la Provincia de Texas, con cuidadoso delineado e interesante planteamiento hidrográfico. En febrero de 1783 Felipe de Neve -el comandante inspector de Fronteras, antiguo gobernador de California-fue nombrado comandante general de las Provincias Internas, sustituyendo a Croix, que era ascendido a virrey del Perú. En esa época se recrudecieron las rebeliones de seris en Sonora (combatidos en el Cerro Prieto por presidiales y ópatas) y tarahumaras en Nueva Vizcaya (en agosto se creó la compañía volante de Saltillo para controlar sus correrías en el Bolsón), además de producirse algunas incursiones de apaches gileños, rechazados por los pimas de San Ignacio. El fortalecimiento de la frontera en la parte central hizo fracasar los intentos apaches de atravesar el territorio entre los presidios de Janos y Fronteras, para dirigirse al sur; por ello, fueron trasladándose progresivamente hacia el Poniente, hostigando los de Terrenate y Tucson. El año 1784 comenzó con una notable actividad militar en Sonora, donde finalmente fueron reducidos los últimos grupos insurrectos de seris; en febrero y marzo hubo nuevas incursiones de apaches -reforzando los chiricahuas y mimbreños a los gileños-sobre Santa Cruz y Tucson. En esa situación, gracias a la buena labor desarrollada durante el mandato de Croix, pudo Neve organizar y ejecutar la campaña general contra los apaches occidentales (previamente hubo algunas exploraciones para descubrir las zonas de refugio de los chiricahuas en la cuenca del Gila): esta se inició a mediados de abril, participando cinco destacamentos procedentes de cuatro presidios, y constituyó un éxito notable, 48 debido a la acción de los ópatas, que combatieron ágilmente en un terreno escabroso, donde no podía actuar la caballería, y a la buena guía de las operaciones, gracias al cuidadoso mapa levantado por el ingeniero Jerónimo de Rocha, que señalaba el distrito del Gila con detalle y los itinerarios por donde se debía efectuar el ataque. Aunque la victoria no resultó definitiva, sí contribuyó a disminuir la intensidad de los asaltos apaches en Sonora y Nueva Vizcaya. A principios de julio finalizó la campaña pero Neve apenas pudo disfrutar de los buenos resultados, pues de camino a Chihuahua enfermó y falleció a finales de agosto, asumiendo interinamente el mando de la Comandancia el coronel José Antonio Rengel (comandante inspector de los presidios), quien había llegado de España poco antes, recién ascendido. 49 A lo largo de esos meses hubo incursiones aisladas de apaches -como represalia por las operaciones en el Gila-sobre San Javier del Bac, Tucson y Fronteras, siendo rechazados por las milicias ópatas y pimas. En noviembre se produjo la última gran incursión apache en Nueva Vizcaya, participando más de 400 chiricahuas y gileños, que fueron desbaratados en un amplio escenario comprendido entre Julimes, la sierra de los Mimbres y la de Carretas; al no conseguir robar ganado 50 y encontrándose faltos de mantenimientos, los chiricahuas se vieron obligados a pedir la paz. A lo largo de 1785 hubo duros y frecuentes enfrentamientos con los apaches en la frontera norte de Nueva Vizcaya, si bien en los restantes territorios su actividad disminuyó notablemente (en Nuevo México, las medidas preventivas de Anza 51 evitaron que los navajos pasasen a zona gileña actuando como aliados); hubo varias batidas desde las Sierras Escondida y Mimbres hasta el río Puerco. Desde Janos, organizó Rengel la última campaña general contra los gileños -diciembre a enero de 1786-, con modestos resultados. Por entonces hubo dos novedades importantes: Bernardo de Gálvez fue nombrado nuevo virrey (entrando en México en noviembre) y el brigadier Jacobo de Ugarte y Loyola era designado (a instancia de Gálvez) comandante general de las Provincias Internas (finalizando así la interinidad de Rengel). Las depredaciones apaches seguían afectando periódicamente a la frontera, movidos éstos por «justa satisfacción de sus agravios» -palabras de Gálvez-, su inconstancia, carácter insumiso, tendencia natural al robo y diversidad de tribus y grupos, a quienes no obligaba lo acordado por los demás. Por ello, la guerra continuó, de forma intermitente, contra mezcaleros y lipanes, si bien el virrey Gálvez era partidario de evitar las hostilidades cuando fuera posible -pese a reconocer que los apaches constituían el verdadero problema y eran los grandes enemigos en las 49 El caso es ilustrativo sobre la confianza del monarca en los altos mandos del ejército -profesionalizado apenas dos décadas antes-, quienes fueron objeto de notables privilegios reales. Sobre el ejército, Marchena (coord.), 2005, CD-Rom. 139, Anza prohibió a los navajos desarrollar su lucrativo comercio con los indios pueblo y los españoles de Nuevo México, enviando patrullas para evitar su contacto con apaches, hasta conseguir que negociaran la paz; algunos grupos incluso actuaron como auxiliares durante los siguientes meses. Provincias Internas-, ofreciendo la paz y, si fuese despreciada, combatiendo con la máxima dureza posible. 52 Aprovechando la reciente hostilidad entre mezcaleros y lipanes, Anza consiguió un importante éxito diplomático, al lograr renovar a finales de 1785, la anterior paz con los comanches, convirtiéndola en estable y duradera; la potencial amenaza de éstos (al este) y de los yutas (al norte) hizo que los grupos navajos renuentes aceptaran abandonar a los apaches y deponer su actitud hostil hacia los españoles. El comandante general Ugarte -quien recibió su instrucción de gobierno en agosto de 1786-recogería los frutos de esa paciente política de los años anteriores pues, durante su mandato, los chiricahuas empezaron a pedir la paz por grupos, buscando establecerse en la zona de Arizpe o Bacoachi. Comenzó así a funcionar, con una moderada eficacia, la nueva política en el Septentrión mexicano, basada en el intento de pacificar a los apaches mediante su instalación en asentamientos agrícolas. Por entonces se dispuso una reorganización de las Provincias Internas: la Comandancia principal quedaba reducida a las Provincias de las Californias, Sonora y Sinaloa (al mando de Ugarte), creándose dos subordinadas: la del centro, formada por Nuevo México y Nueva Vizcaya (bajo la autoridad de Rengel), y la oriental, constituida por Texas y Coahuila, siendo poco después añadidas las Provincias de Nuevo León y Nuevo Santander, más los distritos de Saltillo y Parras, gobernadas por Juan de Ugalde. Ese año de 1786 se decretó el cambio -que se produjo uno después-en Nuevo México, pues Fernando de la Concha sustituiría en el gobierno de la Provincia a Anza; además, fue preciso cubrir interinamente el gobierno superior, ya que a finales de noviembre falleció Gálvez cuando apenas llevaba un año en el cargo. El nuevo virrey Manuel Antonio Flores llegó a México en agosto de 1787 y, en diciembre, reorganizó las Provincias Internas, reduciendo a dos las comandancias: la occidental o de Poniente (Californias, Sonora, Nueva Vizcaya y Nuevo México), gobernada por Ugarte, y la de Oriente (Coahuila, Texas, Nuevo León, Nuevo Santander, más los distritos de Saltillo y Parras), bajo el mando -puramente militar-de Ugalde; debía haber correspondencia y acuerdo entre ambos comandantes para dirigir las operaciones militares. 53 52 Según Gálvez, tanto la mucha contemplación -que insolentaba a los indios-, como el excesivo rigor -que los desesperaba-habían sido las causas de la irremediable guerra que asolaba a las Provincias. La actuación de Ugarte en su Comandancia fue positiva 54 pues, gracias a sus desvelos y notables esfuerzos diplomáticos, la frontera norte conoció una apreciable situación de paz y orden 55 -pese a las escaramuzas aisladas, si bien violentas, de grupos de mimbreños y mezcaleros-, 56 con la mayoría de los apaches viviendo en pueblos, dedicados a la agricultura y la cría de ganado. En 1788 entraba en vigor la ordenanza del sistema de Intendencias en la Nueva España y en el mes de diciembre fallecía el monarca Carlos III. 57 En cuanto a la producción cartográfica no hubo novedades apreciables en esos años y resaltaremos solamente dos mapas: el modesto pero interesante levantamiento del explorador francés Pierre Vial 58 (1789), que refleja el viaje realizado, 59 por orden del gobernador de Texas Domingo Cabello y Robles, desde San Antonio a Santa Fe y la vuelta hasta Natchitoches (1787) -perfilando el territorio de Texas, Nuevo México, Oklahoma y Louisiana-, apenas un croquis, que señala la zona comprendida entre los ríos Mississippi y Grande, con otros cursos fluviales y algunos detalles de orografía y toponimia. El segundo corresponde a un ejemplar curioso: el sencillo -si bien decoroso-mapa de Melchor Núñez Esquivel (mapa de los pueblos y lugares de Saltillo, Parras, Álamo, Hornos y Cuencamé, de la Intendencia de Durango, Nueva Vizcaya, 1787), que proporciona una interesante información sobre la hidrografía y orografía de la zona comprendida entre la región lagunera y el Bolsón de Mapimí. 60 54 En octubre de 1789 el nuevo virrey Francisco de Güemes, segundo conde de Revillagigedo, criticó el desempeño de Ugalde, al tiempo que alababa a Ugarte por su talento y prudencia, pidiendo su sustitución por su avanzada edad -con menos años, opinaba, hubiera sido la persona idónea para regir la Comandancia-y recomendando su ascenso al empleo de mariscal de Campo, así como el traslado a una gobernación más descansada. Por real orden de marzo de 1790 fueron atendidas sus peticiones. 57 Como complemento a la bibliografía citada, pueden consultarse las siguientes obras: Hernández Sánchez- Barba, 1957; Represa, 1990; Moncada Maya (coord.) Aunque con una precisión menor que los nacionales, los reconocimientos hispanos en la frontera norte fueron reflejados por algunos de los cartógrafos europeos de la época, casos del citado Rigobert Bonne o el italiano Antonio Zatta. Ya en 1778 el británico Thomas Kitchin había delineado una carta que abarcaba casi todo el territorio mexicano, en la que su esfuerzo por recoger las novedades del Septentrión era loable, si bien su plasmación fue modesta y limitada. El mapa de Zatta (1785) resulta tan amplio como poco detallado; en cambio el ejemplar de Bonne de 1780 se centra en las Provincias Internas, aportando una decorosa información que, en algunos aspectos resulta muy pobre e imprecisa (el delineado de la Baja California); en su mapa de 1787 intenta Bonne perfilar todo el noroeste del Virreinato y, pese a las limitaciones, la mejoría resulta evidente, aportando datos interesantes; además de sus respectivas graduaciones, ambas cartas presentan escalas de leguas. A lo largo del trabajo hemos constatado la relación existente entre el deseo o la necesidad de proteger las zonas fronterizas de la Nueva España y la conveniencia de desarrollar una adecuada política en lo tocante a las exploraciones terrestres, para asegurar un conocimiento geográfico lo más amplio y profundo posible de cada una de las áreas de frontera, con vistas a una eficaz defensa de las Provincias Internas ante las posibles intromisiones, ocasionadas por militares o súbditos de otras potencias (cuestión más hipotética que real) o debido, sobre todo, a los múltiples problemas creados por la presencia apache y, en menor medida, de otras etnias. 61 Esos planes defensivos implicaron la necesidad de organizar una política pobladora eficaz, fijando población en territorios estratégicos, como principal medida disuasoria (ese planteamiento favoreció la colonización y asimilación territorial de la lejana Alta California). Además, el sistema de presidios y misiones creado en el Septentrión novohispano aseguró -si bien con frecuentes sobresaltos-la subsistencia de las poblaciones españolas. El ejército profesional, de reciente creación, cumplió un eficaz papel en la defensa de la frontera y el refuerzo de los presidios, aparte de desta-car su rol social como acicate de la actividad pobladora; por otro lado, algunos de los altos mandos militares desempeñaron los cargos más importantes (gobernador provincial, comandante inspector de los presidios o comandante general de las Provincias Internas) en el Septentrión. Hubo un campo en el que los esfuerzos realizados fueron bien aprovechados: todo aquel cúmulo de viajes y exploraciones, con las mejoras geográficas aportadas, resultó fundamental para reforzar los levantamientos cartográficos españoles relativos a aquellos lejanos y marginales territorios fronterizos, apareciendo -a raíz de los episodios señalados-unos mapas más modernos y rigurosos, que armonizaban mejor con el nuevo espíritu ilustrado de avance en los conocimientos científicos y revitalización de la cartografía hispana en América. La importancia de las acciones y campañas militares fue notable para el desarrollo de la cartografía del Septentrión: a veces, los levantamientos fueron consecuencia de la mejoría en los conocimientos geográficos, provocada por las operaciones bélicas, si bien hubo algún caso en el que el delineado de mapas resultó fundamental para poder organizar y desarrollar las oportunas campañas (por ejemplo el ejemplar de Rocha sobre el distrito del río Gila). Consecuentemente, en esa triple labor de exploración, asimilación territorial y pacificación, fue fundamental la aportación de los ingenieros militares, llegados de la Península para cumplir diversas tareas: personajes como Urrutia, Lafora, Mascaró, Constansó o Pagazaurtundúa revitalizaron la cartografía novohispana de la época. Constatamos que en el proceso de expansión, organización y asimilación de los inmensos territorios fronterizos fue importante el papel desempeñado por diversas comunidades indígenas: unos indios por su condición de aliados (pimas, ópatas), otros por su actitud voluble y cambiante (comanches, navajos), otros como enemigos (seris y tarahumaras), siendo particularmente complejo el caso de los apaches, imprevisibles en su actitud, astutos y, llegado el caso, encarnizados y contumaces enemigos. Además, la propia caracterización tipológica de las tribus y los grupos apaches, con tendencia al nomadismo, la dispersión y la acción autónoma, complicaba notablemente los aspectos relativos a la actitud, tanto diplomática como militar, que podían adoptar los españoles con estos indios atípicos en muchos de sus comportamientos; en efecto: mientras unos grupos acordaban paces, otros guerreaban, e incluso algunos observaban una actitud pacífica en determinados lugares, pasando luego a otras zonas en actitud hostil. Relacionado con ese problema estaba la cuestión de la dificultad española para conseguir victorias, no sólo por la extraordinaria adaptación al medio físico y las excelentes aptitudes guerreras de los apaches, sino también por la propia condición evanescente de dichas victorias, ante su carácter no definitivo, favorecido por la tendencia a la dispersión en tribus y grupos, y la autoridad limitada de los distintos cabecillas sobre tales grupos. De forma complementaria, las representaciones cartográficas fueron utilizadas como un medio de reivindicación y apropiación territorial, pues al margen de la precisión en sus desarrollos, el sistema implicaba la realización de los reconocimientos oportunos sobre las tierras que se pretendía dominar. Así, los mapas podían acompañar y robustecer las reivindicaciones del Estado español en el ámbito internacional, al mismo tiempo que permitían a los diferentes funcionarios acceder a una información sobre los distintos territorios que, muchas veces, no podían obtener de forma directa (es el caso de los virreyes, ministros o el propio monarca); además, tales mapas servían para ilustrar variadas propuestas de política territorial: reconocimiento, ocupación, etc. por parte de funcionarios superiores o intermedios, religiosos o exploradores. Por último, conviene indicar que, en el espacio fronterizo, el mapa cumple una función de dejar constancia sobre las tareas pendientes en el avance territorial, de diferenciar lo conocido de lo ignorado, indicando el limes, así como los fortines o presidios, existentes o proyectados, para asegurar la cohesión, defensa y expansión de la frontera.
El objetivo de este artículo es mostrar algunos ejemplos de las peripecias para la instalación de un moderno sistema fabril en paisajes agrarios mexicanos del altiplano central, desde que Antuñano inauguró su moderna fábrica "La Constancia Mexicana", hasta la llegada del nuevo boom industrialista de 1880. Se pretende demostrar que la preindustria rural y artesanal coexistió sin problemas con sistemas "protoindustriales" y con la instalación propiamente de un sistema fabril. No hubo desplazamientos ni etapas definitivas de transición pero sí una persistente penuria financiera-crediticia que obligó a muchos "hombres de empresa" a arrendar tierras, aguas y molinos para construir o adaptar fábricas modernas como negocio marginal y típicamente arrendatario de otras actividades mercantiles durante el periodo de estudio. El objetivo este artículo es mostrar algunos ejemplos de las peripecias para la instalación de un moderno sistema fabril en paisajes agrarios mexicanos del altiplano central, desde que Antuñano inauguró su moderna fábrica "La Constancia Mexicana", hasta la llegada del nuevo boom industrialista de 1880. Se pretende demostrar que la preindustria rural y artesa-nal coexistió sin problemas con sistemas "protoindustriales" y con la instalación propiamente de un sistema fabril. No hubo desplazamientos ni etapas definitivas de transición pero sí una persistente penuria de carácter financiero-crediticia que obligó a muchos "hombres de empresa" a arrendar tierras, aguas y molinos para construir o adaptar fábricas modernas como negocio marginal y típicamente arrendatario de otras actividades mercantiles durante el periodo de estudio. En este sentido, la región cerealera del valle de Atlixco, al sudoeste del valle Poblano-Tlaxcalteca, reviste un interés especial en esta historiografía de los intentos de industrialización en paisajes agrarios del altiplano central mexicano. Permite ejemplificar con profundidad esta paulatina transformación del paisaje agrario de las haciendas en molinos y fábricas a lo largo del siglo XIX y los complicados mecanismos de acumulación de capital y estrategias de negocios que conservaron una fuerte continuidad en el siglo que va de las reformas borbónicas a la expansión del llamado porfiriato (1876-1910). Desde 1534 se conoce la real cédula 1 que permitió regularizar y ampliar la dotación de tierras del valle de Atlixco para labradores españoles residentes en la ciudad de Puebla. Es necesario recordar que la ciudad de Puebla se fundó con el objeto de constituirse en centro de control político y administrativo del tráfico mercantil de y hacia la metrópoli. Al no otorgarse encomiendas en la primera fundación de la ciudad de Puebla, muchos españoles que se creyeron con derechos, residentes en el lugar, solicitaron dicha dotación de tierras desde la segunda fundación de la ciudad en 1532. No olvidemos que, siguiendo a Silvio Zavala, ante las peticiones de suprimir la encomienda en las regiones de Huejotzingo y Tepeaca para facilitar el repartimiento, una buena parte de los nuevos trabajadores del valle surgirían de los pueblos sujetos de Cholula y Tlaxcala. 2 Toda esta historia de la reorganización espacial del valle se inicia con las dificultades climatológicas para cultivar el trigo que sufrieron los indios repartidos en la nueva ciudad 1 Véase Real Cédula dictada en Toledo por el Rey Carlos I de fecha 27 de agosto de 1534, asentada en el Cabildo Metropolitano de Puebla N.o 1, Archivo Histórico del Ayuntamiento de Puebla, citada por Silva Andraca, Héctor: Atlixco en la Macrohistoria, Ayuntamiento de Atlixco, 1979, págs. 42-50. HUMBERTO MORALES MORENO española de Puebla, dadas las continuas heladas y las dificultades de irrigación. Ya Francisco de Orduña, encomendero de Cuauhtinchan hacia 1531, recibía tributos de los habitantes en siembras de trigo. En las tasaciones de ese año se mencionaban 16.5 fanegas de trigo. La urgencia de colonización para el abasto de trigos convirtió al valle de Atlixco en el futuro granero de la Nueva España, a través de un singular mandato de otorgamiento de tierras "aparentemente baldías" y en un radio circunscrito por la presencia de los señoríos indígenas de Cholula, Calpan y Huejotzingo, que sancionaron de alguna forma la adjudicación de tierras desde 1532. Este asentamiento no siempre coincidió con lo que con el tiempo conformaría la actual ciudad de Atlixco. Es importante remarcar que el conquistador Diego de Ordaz heredó las encomiendas de Cortés en Calpan y Huejotzingo y que la presencia de cultivos y de la ganadería era ya importante años atrás del primer repartimiento de 1532. También debemos recordar que acequias de origen prehispánico eran ya conocidas por los señoríos indígenas, por lo que la importancia agrícola de la zona estaba ya acreditada mucho antes de la expansión de los labradores españoles avecindados en la ciudad de Puebla. Al incorporarse el valle a la nueva geografía económica de Puebla como tributario de parte de las 8 mil fanegas de trigo que la abastecían, entre 1532-1600, quedó establecida también la paulatina lucha que los señoríos de Huejotzingo, Cholula y Calpan entablarían, aparentemente desde las incursiones de Francisco de Montealegre en 1537, para defender sus tierras de la fuerte expansión española más allá de los límites territoriales pactados en la cédula de 1534. Entre 1776 y 1787 la intendencia de Puebla contaba con 17 alcaldías mayores (en la ordenanza original Cholula y Huejotzingo están juntas), un gobierno, el de la ciudad de Tlaxcala, y un corregimiento, el de Chietla. La alcaldía mayor de Atlixco tenía el rango de ducado y bajo su jurisdicción se encontraban las Alcaldías Mayores de Tepeaca y Huauchinango. El antiguo partido de Tochimilco perteneció a la jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Cuautla Amilpas. 3 El ducado tenía bajo su control a seis cabeceras de ayuntamiento con un total de 16 partidos, con aproximadamente 607 pueblos. La Villa de Atlixco tuvo bajo su jurisdicción administrativa a los partidos de: Calpan, Tianguismanalco, Acapetlahuacan, Atzitzihuacan, Huaquechula y Cuayuca. Entre estos partidos se ubicaban 35 pueblos, así como 7 parroquias, 5 conventos y 6 curatos. Hacia 1792, el partido de Atlixco no tenía pueblos bajo su tutela, de manera que del total de haciendas y ranchos, 56 y 32 respectivamente, el 40% y el 50 % estaban bajo control de la cabecera. Los 20 pueblos registrados en Huaquechula eran de indios puros y de los 10 de Calpan, 7 eran de indios puros. Además, algunos caciques y principales, así como pueblos de indios, tenían ranchos y haciendas bajo su jurisdicción. Tales son los casos del rancho de Hueyotengo, de los indios de Tlapala y el rancho de San José Tepoxtlán del gobernador indio de San Juan Tianguismanalco, Don Sebastián Osorio. También controlaban los indios de Calpan el rancho de San Pedro Atlixco. Los de Huaquechula controlaban 4 haciendas y 2 ranchos. Para los años de los informes del visitador Maneyro, el valle era ya un asentamiento de gran población indígena. Al parecer los repartos de tierras desde el siglo XVI fueron más o menos equitativos. La antigua frontera del maíz indígena sobrevivió durante toda la época virreinal y en buena medida fue el detonante de la ganadería porcina, que en la ciudad de Puebla creó organizaciones como la Mesta. Hacia finales del XVIII la ganadería había impulsado la industria del curtido de pieles, hasta que el agotamiento en la matanza provocó una crisis que dejó prácticamente a la subdelegación de Matamoros como la única importante en esta industria. La manufactura textil poblana también se destacó desde muy temprano. Son famosas las historias de la industria de la seda, la lana y del algodón a través del sistema de obrajes, que tejían en la capital terciopelos, damascos y mantas que llegaban hasta el Perú. Las prohibiciones ya estudiadas por otros autores del siglo XVII5 dieron al traste con la industria pañera de la intendencia y también con la industria de la loza, en consecuencia el intendente Manuel de Flon consignó 40 establecimientos en 1793 y 12 en 1804. 6 Puebla contó también con manufacturas de vidrio, jabón, sombreros y artesanías de tecali (ónix). En Estamos hablando de manufactura regional con cierto grado de mecanización. De los 38 molinos contabilizados debemos tener la precaución de distinguir posibles trapiches de azúcar en el suroeste poblano que se registraron muy probablemente como molinos. Podrían incluirse ciertos oficios artesanales como la orfebrería, en particular la batihojería poblana de gran prestigio, y la herrería de forja de balconería típica de Amozoc. El ambiente preindustrial estaba claramente establecido en la Intendencia desde mediados del siglo XVIII. Ahora bien, por un lado en la ciudad de Puebla se desarrolla la industria textil en el contexto de un paisaje urbano con crisis de mercados, epidemias y hambrunas, donde la necesidad y la pobreza obligaron a los grandes HUMBERTO MORALES MORENO comerciantes poblanos a invertir en la manufactura no sólo para contener el flujo migratorio intrarregional hacia la ciudad (empleo del trabajo doméstico y a domicilio), sino también asegurar de esta forma un mercado de productos manufacturados. Por otro lado, la "proto-industria" virreinal en paisajes agrarios, como el del valle de Atlixco, nos guarda todavía muchos secretos y sorpresas, pues consideramos que no es posible comprender la súbita expansión de un corredor fabril de fines del siglo XIX en franca competencia con Puebla, sin analizar en profundidad la enorme continuidad, a pesar de la brusquedad de los cambios políticos del siglo XIX, de las formas de intercambio mercantil del último período borbónico. 8 La ocupación hacia mediados del siglo XVI de las mejores tierras del valle de Atlixco por los agricultores españoles provocó la necesidad de establecer un equilibrio económico y político entre hacendados y rancheros ya prósperos al comenzar el siglo XVII. De acuerdo con la composición de tierras de 1643, la distribución de tierras y aguas en el valle facilitó el crecimiento de una agricultura intensiva. Los agricultores establecidos en la parte central del valle firmaron una representación advirtiendo que dichas tierras tenían una ocupación máxima gracias a su gran fertilidad y a la ausencia casi absoluta de tierras baldías. 9 Entre 1640 y 1727 algunas haciendas trigueras registraban ya en sus inventarios una buena infraestructura de aperos agrícolas, ganado menor y mayor, animales de granja, trabajadores permanentes que, aunque en número reducido al interior de las haciendas, constituyeron el pilar de la organización del trabajo agrícola que hizo famoso al valle como el primer granero de Nueva España en producción de trigos a lo largo de los siglos XVI y XVII. Las agro-industrias de Atlixco reportan sus orígenes en los informes de hacendados, como el de la hacienda "Santo-Domingo" donde se menciona la existencia de molinos para la producción de harinas por lo menos desde 1640. Alrededor de la producción de trigo y de los molinos se desarrollaron una serie de actividades artesanales y comerciales, sobre todo a fina-les del XVII y a lo largo del XVIII. El establecimiento de los "obrajes" de las harinas para Atlixco, desde 1617, desató la proliferación de talleres artesanales que crecieron estimulados por el mercado paralelo que la harina de exportación generó entre los comerciantes-aviadores, hacendados, arrieros transportistas y las comunidades de indios, abastecedoras temporales de familias de trabajadores. A pesar de la crisis de mercados de Puebla para finales del XVIII, la importancia de las harinas de Atlixco llegó a ser tal que para mediados del siglo XIX el consejo municipal de la villa pidió que el famoso "camino del sur" se financiara con los fondos que reportaba la producción de harinas de Atlixco, al igual que pasaba en Puebla y en México. Se anotaba en el artículo 1 del decreto del cuatro de enero de 1832: "El gobierno cuidará de que la parte del camino del sur que corresponde a la municipalidad de Atlixco, se mantenga siempre compuesta del fondo municipal que reportaba la harina en dicho valle, desde antes de la independencia". 10 La riqueza del valle había incrementado, para los albores del XVII, su dependencia comercial con Puebla, monopolizadora principal del comercio local de granos y de materias primas por conducto de una red todavía poco estudiada de comerciantes intermediarios. En la región central de Puebla los hacendados solían vivir en el área urbana de la ciudad capital. En Atlixco, dadas las características de la distribución espacial de las mercedes de tierras y encomiendas, a medida que la prosperidad de la región se hacía más evidente, sobre todo en las tierras con régimen de irrigación, los propietarios tendieron a acercarse y un buen número de ellos terminó por establecerse no sólo en el cuadro "urbano" de Atlixco sino en el paisaje agrario de las mismas haciendas y ranchos. No es necesario insistir en las posibles causas de la decadencia mercantil de Puebla y su región para finales del siglo XVIII, pues éstas han sido estudiadas con detalle por diversos autores. 11 Agregaríamos solamente que al sufrir el valle de Atlixco las consecuencias de su articulación mercantil con Puebla, la decadencia de la capital de la Intendencia permitió que su acercamiento a los grandes mercados del centro-occidente de México conservara la producción agro-industrial de herencia virreinal, manteniendo puentes ecológicos y sociales que progresivamente anunciarían la formación de estas "industrias nuevas" de extracción rural, de la segunda mitad del siglo XIX. Por otro lado, en pleno siglo de crisis para Puebla, las actividades de los españoles en el valle de Atlixco se incrementaron notablemente. En 1768 se inauguró en Atlixco la "Real Fábrica del Monopolio de la Pólvora", aprovechando los suelos salitrosos y sulfurosos de la zona volcánica. Entre 1784-1841, como ya mencionamos más arriba, la construcción del empedrado del "camino del sur" atrajo la atención especial del Cabildo atlixquense y poblano. Se intentó consolidar el viejo sueño de unir Puebla y Atlixco de manera expedita para aprovechar de mejor forma el mercado del pacífico hasta Acapulco, donde el Galeón de Manila desembarcaba mercancías que llegaban a Puebla utilizando la intermediación geográfica de Matamoros-Atlixco, como tierras intermedias del eje geográfico neovolcánico. De manera conjunta con las explotaciones agrícolas de las haciendas, la expansión del ganado lanar creció también en forma considerable. Aunque todavía mal estudiada, es indudable que la ganadería entró en crisis cuando las prohibiciones de paños poblanos para el mercado intracolonial y de exportación ultramarina, y la fuerte competencia de los obrajes laneros de Querétaro y Acámbaro hicieron poco menos que rentable el desarrollo de las manufacturas de lana fuera del pequeño consumo local de haciendas y pueblos de la región. El informe de 179212 registra cinco molinos de harina de trigo en el valle. Es evidente que el mercado extrarregional fue mucho más grande en comparación con la capacidad instalada, lo que explica que muchas haciendas se encargaran de la molienda de sus trigos o, en su caso, que éstos fueran enviados a Puebla para ser molidos en la ciudad, cuya capacidad era claramente superior. 13 Es importante también tomar en cuenta que los molinos de trigo del valle formaban parte de instalaciones agrícolas mayores. Poco importaba que se ubicaran a las afueras de la villa, cerca de las corrientes fluviales, los propietarios contaban con tierras adyacentes o éstas se integraban a la vida económica de la hacienda. En este panorama, surgieron los obrajes y talleres del lino, el cáñamo, la seda y el algodón. Estas manufacturas se extendieron con las reales órde-nes de 1727 y se favorecieron con la paulatina liberación del comercio intracolonial en los tiempos de Carlos III.14 A partir de 1772 se libera la producción de telas de algodón pintadas (los orígenes de un cierto tipo de taller o pequeña fábrica de "indianillas"). Ya en estos años detectamos la presencia de maestros artesanos de origen español provenientes de Puebla que vendrían a impulsar la manufactura del hilado y tejido de algodón en el entorno agro-industrial de las haciendas. 15 A pesar de que el reformismo borbónico estimuló las actividades económicas que podrían ayudar a fortalecer la economía metropolitana, oponiéndose claramente al fomento de la competencia de los tejidos y pintados novohispanos, era tal la fuerza del mercado regional y extrarregional, que reales órdenes de 1773 liberaron la venta de manufacturas de lana, lino y cáñamo fabricados en la región. Los obrajes de la lana atravesaron por una etapa muy difícil desde el siglo XVII en Puebla. En el siglo XVIII la expansión de los textiles de algodón, que no oponían competencia a los "telares de castilla" (producción de paños finos de lana), contó con mayor suerte, a tal grado que el virrey Revillagigedo se permitió sugerir en una de sus instrucciones reservadas que prefería desarrollar el cultivo de las materias primas y la instalación de fábricas de tejidos rústicos de algodón para que la Corona pudiera competir con los mercados de Francia y Flandes con textiles a menor precio. 16 Comienza, entonces, en pleno siglo XVIII un camino a la fábrica en un paisaje "proto-industrial" sui géneris, pues la producción manufacturera se destinaba a mercados extrarregionales. Hasta antes de la colonización del valle atlixquense, el maíz fue el cultivo fundamental. La "resistencia" del pasado indígena no permitió que la implantación del cultivo europeo del trigo terminara del todo con el consumo mayoritario del maíz. Los cultivos mixtos fueron comunes y, hoy en día, el maíz ha vuelto a ser el producto principal. En el último tercio del siglo XVIII el partido de Atlixco contaba ya con 56 haciendas y 26 ranchos esparcidos en un territorio que registraba 24 pueblos y la villa de Atlixco, como cabecera principal. Al parecer, según el registro de la época, había 55 propietarios entre indios, testamentarías y hacendados/comerciantes. El partido comprendía la villa de Atlixco con su periferia agrícola, un gran pueblo de indios llamado Acapetlahuacán, cuatro conventos con tierras y uno de monjas clarisas. Siendo esencialmente una villa de españoles, su principal mercado era el de la ciudad de Puebla y con gran dificultad, dadas las malas condiciones de la distancia entre los dos lugares. Además la propia cercanía "ofendía" el desarrollo de su propio espacio económico, pues ya el visitador Ignacio Maneyro decía: "El comercio de esta villa no corresponde al mérito de su población, (...) las tiendas que hay, que no son pocas, sólo están surtidas de lo necesario para graduarse por puramente mestizas con algunos géneros de lencería y ropa común: en esta parte le ofende la inmediación de Puebla, de donde se proveen sin utilidad de su patrio suelo, pues hasta los zapatos y hechuras de otros oficios, no los consideran de provecho las familias de distinción, si no son de aquella ciudad, (...) el único ramo de industria que sostiene a los vecinos de Atlixco es la agricultura".17 Los cinco curatos adicionales al de la villa administraban la vida espiritual de 34 pueblos de indios. De las 56 haciendas censadas por Maneyro, 34 formaban parte del espacio agrario de la villa de Atlixco. El espacio administrativo regional contaba a la vez con el tenientazgo de Calpan y el pueblo indígena de Huaquechula, el cual gozaba de consideraciones especiales por la conquista, en la que colaboró ampliamente del lado de las huestes cortesianas. En este contexto agrario, los indios controlaban en propiedad 16 pueblos sujetos de Huaquechula, 5 pueblos de Calpan y 4 compartidos con "gente de razón", además de buena parte de las tierras de Acapetlahuacán, en la jurisdicción de la villa principal. Los indios controlaban en propiedad también 4 haciendas de Huaquechula y 5 ranchos, 2 en Huaquechula y 3 en Calpan. Las órdenes religiosas controlaban 15 unidades productivas, y 41 hacendados controlaban 58 unidades productivas agrícolas. Sólo 14 de ellos poseían entre 4 y 2 unidades y el resto, una sola y uno que otro cajón de comercio en la villa de Atlixco. Sólo dos de ellos tenían rancho y molino de trigo junto con una o dos propiedades más y dos un rancho con molino solamente. Esto refleja a primera vista que los propietarios de unidades agrícolas no llegaron a concentrar más de tres propiedades en promedio. El manejo tipo latifundio de la tierra en el valle no pareció ser la norma en un territorio que concentraba una agricultura intensiva en numerosas propiedades en distintas manos y con fuerte presencia de las comunidades de los pueblos de indios. Las crisis mercantiles de finales del XVIII debieron provocar fuertes migraciones en el valle, pero hasta donde sabemos, el carácter "hipotecado" de la villa de Atlixco no es tan evidente, si observamos que el crecimiento de la población en el valle comienza a notarse a lo largo del siglo XIX. Sigue siendo un tanto misteriosa la historia demográfica de los pueblos de indios, así como su supervivencia a lo largo del siglo XIX en el contexto de epidemias, crisis políticas y económicas importantes. En el valle, las migraciones hacia México y Puebla no impidieron el crecimiento natural de los pueblos en la medida que la recuperación de los negocios de las haciendas, molinos y ranchos reclamaba mayor cantidad de brazos para las faenas propias del ciclo agrícola. El comportamiento económico de la clase empresarial local entre 1792-1850 fue esencialmente especulativo y rentista; se trataba de una élite ligada al sector primario, escasamente vinculada con el desarrollo de la industria como actividad separada de las actividades agrícolas. Ya el propio Ignacio Maneyro advertía en su informe de febrero de 1792 que "(...) aunque es cierto que sus fincas son supremas en la correspondencia de su cultivo (como después se demostraría) se hallan las más tan agobiadas de gravámenes, que no salen sus dueños de tristes mercenarios de sus fatigas, teniendo más razón para arrepentirse de su prodigalidad, que para quexarse de su desgracia." (p.2) Pero no todos los miembros de la élite agraria estaban realmente hipotecados. Veamos rápidamente el control de la propiedad y la influencia social de los más importantes de una muestra de los 41 hacendados y comerciantes propietarios a finales del siglo XVIII, como se puede observar en el cuadro de la página siguiente. Estos 14 propietarios tenían la mayor influencia económica de todo el valle circunscrito al actual territorio del distrito de Atlixco, el de Huaquechula y Calpan. Muy pocos concentraban más de una propiedad y sobre todo ubicada en Atlixco, en menor medida Huaquechula y Calpan, que eran las fronteras indígenas del asentamiento español del "val de Cristo". De los 41 propietarios censados por Ignacio Maneyro, cotejados en buena parte con las transacciones consultadas en el archivo de notarías de Puebla, 28 tenían una sola propiedad agrícola, de los cuales sólo dos contemplaban en su rancho la instalación de un molino de harinas, por esta razón los agregamos a la lista de los 14 más prominentes de la región. Mención aparte merece el único caso de una propiedad agraria que no aparece censada dentro del hinterland agrario de la villa de Atlixco ni del tenientazgo de Calpan y el pueblo de Huaquechula. La hacienda de San Mateo formaba parte de la mancha urbana de la villa, circundando la antigua calle de la carnicería, muy cerca de la Plaza Mayor. Al formar parte del cuadro urbano de Atlixco, San Mateo adquirió una importancia capital en el abasto inmediato de granos para la ciudad y aunque el censo de 1792 no consigna todavía el molino de trigo, es ya conocido que en el interior de la finca se construyó el molino de harinas de trigo más importante del valle en una sola unidad agrícola. El dueño de San Mateo, aparentemente soltero, era nada menos que Don Juan Varela, quien administraba la finca en compañía de una hermana casada, además de un criado y mayordomo, todo ellos españoles con excepción de la mujer del mayordomo que aparece ya registrada como mestiza. Dado que la familia Garfias aparece a finales del siglo XVIII como la de mayor importancia por la suma de los bienes agrícolas que poseían, a Juan Varela lo ubicamos como al tercer propietario individual de gran importancia en la villa. El propio Maneyro, al hacer mención de las características de la Parroquia de Españoles de la Plaza Mayor de la Villa, nos muestra el carácter filantrópico de José Garfias: "(..)tiene a su cuidado el aseo de la Iglesia, y es responsable de sus alajas, que las tiene muy ricas en Vasos sagrados, y Ornamentos, y una sumptuosa Lampara, (...) de plata, que la piedad, y christianos sentimientos del Licenciado Don José Garfias Presbítero avencidado en esta Villa, y Abogado de la Real Audiencia con otros costosos adornos, dignos de su Vizarría, ha cedido en obsequio, y gratitud de la Religión, que abrazó en su pila baptismal." ( p.2) La estrecha relación entre propiedad agraria y funciones públicas o eclesiásticas era la norma dentro del privilegiado grupo de la élite provincial. Don Juan Sánchez Vizcaíno, propietario del rancho y molino de El Cristo, en la jurisdicción de la villa, tenía un hermano, José, dueño de la hacienda de Portezuelo, y otro, Pedro, quien fungía como escribano real en la notaría de Atlixco en el año de 1773. Esto significa que dentro de la élite económica de Atlixco los hacendados y rancheros molineros tenían un lugar destacado tanto en el ámbito local como intrarregional. En resumen, después de una revisión de inventarios y declaraciones notariales, durante la primera mitad del XIX las haciendas del valle continuarían sobreviviendo con la misma lógica de la economía virreinal con la salvedad de que los arrendamientos, el traspaso de manos, el acceso a tomas de aguas y el control de la mano de obra se intensificaría enormemente. Como ejemplo representativo de la continuidad de los negocios regionales en la primera mitad del siglo XIX tenemos el caso de la prominente familia de Lorenzo Lozano de Alarcón y sus hermanos, tomando en cuenta que sus negocios se iniciaron desde mediados del siglo XVIII, vinculados a la familia de la futura esposa de Estevan de Antuñano. En el análisis de 57 documentos notariales los negocios del Capitán Lorenzo Lozano de Alarcón y sus hermanos José María y Joaquín se distribuyeron así: Además de estas actividades, tanto Lorenzo como José María fueron varias veces funcionarios públicos del Cabildo atlixquense. En 1822 aparece ya como alcalde primero, subdelegado del partido y escribano suplente. En 1825 es consejero superior del gobierno del nuevo Estado de Puebla. Su hermano Joaquín era sacerdote y su heredero en varias propiedades. En síntesis, su fortuna durante la primera mitad del siglo XIX representa muy bien los negocios de la élite agraria: participación en el poder político y prestamistas en operaciones de crédito y financiamiento a la producción o rentas en el sector primario. El segundo rubro de gran participación es el de la adquisición o arrendamiento de haciendas y ranchos, ya que algunas de estas propiedades fueron a la vez subarrendadas o revendidas a terceros. En los negocios de este grupo representativo de la élite en la primera mitad del siglo XIX no se observa la incursión en la creación de un espacio fabril. Si en el informe de Ignacio Maneyro, en 1792, por cada 2000 habitantes censados en la jurisdicción del partido de Atlixco (con el pueblo de Calpan incluido) había 30 tejedores promedio, entre españoles, mestizos y castas, de un total de 6000 censados, habría aproximadamente 90 tejedores. La situación no pareció variar mucho en los siguientes cincuenta años, excepto que en los pueblos y en las haciendas, los "operarios" agrícolas eran a la vez hilanderas (os) y tejedores para sus comunidades. Es este microespacio manufacturero, el que las élites agrarias tratarán de ganar y expandir un tanto influidas por las tesis de la insurrección industrial de Estevan de Antuñano desde 1835, con la creación de su famosa "Constancia Mexicana" y el Banco de Avío de Lucas Alamán. Generalmente se concibe en forma errónea la idea de que la empresa mexicana o latinoamericana se inserta en un paisaje cultural típicamente europeo (revolución agrícola, revolución demográfica y migración campociudad). Las empresas mexicanas siguieron básicamente dos modelos de localización en el siglo XIX: el de los reales de minas (que eran empresas mineras, cuyos restos debían ser rescatados como empresas de "antiguo régimen") y el de las haciendas cerealeras y azucareras en segundo término. No hay una teoría de la empresa en los países periféricos, de allí que sea confuso distinguir qué caracterizó a una empresa del antiguo régimen virreinal (incluso prehispánico) y cuándo y cómo surgen las modernas empresas. Para México, hacer historia de empresas significa hacer historia de las minas y de las haciendas como empresas, y cómo el sector manufacturero intentó copiar su ejemplo para convertirse en industria de "punta" en el siglo XIX. 19 Resulta un tanto paradójico que la totalidad de la élite empresarial de la región agrícola del Valle de Atlixco entre 1815-1880 no tuviera una vinculación directa con los negocios fabriles a pesar de los antecedentes virreinales ya citados aquí y de la rápida proliferación de fábricas después de 1852, bajo el control de industriales "arrendatarios" avecindados en la ciudad de Puebla. El antecedente importante de la implantación del sistema fabril en Atlixco lo tenemos justo a mediados del siglo XIX, cuando en la memoria del gobernador de Puebla, Juan Mújica y Osorio 20 de 1849, se hace mención que éste, interesado en el negocio textil por influencia de sus amigos empresarios poblanos como Joaquín de Haro y Tamariz, proporcionó la hilaza, y José María Rodiles, el apoderado de los negocios de José 19 Cfr. los trabajos de Mario Trujillo, Mariano Torres y Rocío Ruíz de la Barrera publicados en Marichal, Carlos: Historia de las Grandes Empresas en México, 1850-1930, FCE, México, 1997. Son los únicos que pretenden mostrar este puente entre el "ancien régime" colonial y el siglo XIX. María Alarcón, hacendado de tradición en Atlixco, los telares para habilitar y formar un taller de tejidos en Atlixco. No sabemos si dicho taller funcionó y hasta cuándo, pero en la memoria se hace mención -en el anexo estadístico-de la existencia de una fábrica de hilados de algodón en Atlixco llamada "Providencia de Atlixco", cuyo propietario fue Manuel Carranza. Dicha fábrica registraba 1,320 husos, con una producción de 98 mil 800 libras de hilaza al año, sin embargo, en realidad era pequeña en comparación con la mayoría de las fábricas de Puebla. Probablemente abastecía de hilos a los talleres que, como el que instalaron Mújica y Rodiles, se destinaban a la producción de tejidos. Debió desaparecer o transformarse muy rápido, pues no vuelve a aparecer en ninguna estadística local y nacional. Mújica y Osorio fue un gobernante que apoyó en gran medida al desarrollo de Atlixco. Durante su administración, Tochimilco se incorporó definitivamente a la jurisdicción de Atlixco, y se fundó dentro del departamento, con sede en la ciudad de Atlixco, la octava prefectura de Puebla separada administrativamente de Matamoros. Impulsó el camino de Puebla a Matamoros vía Atlixco como parte de un proyecto ambicioso que tenía como finalidad desarrollar la comunicación interoceánica de Puebla. El interés en un negocio textil por parte de Mújica y Osorio en la región de Atlixco no era una simple afición, pues su experiencia como empresario venía de tiempo atrás. Para el año de la memoria, Mújica era dueño de la fábrica del "Carmen" en Puebla con 2,080 husos y una producción de hilaza al año de 90,545 piezas. Para 1857 Mújica contaba con una fábrica de velas y esterina en Puebla, que debió ser muy próspera ya que en la relación de las distinciones y premios que registra la Memoria de Fomento de aquel año sus productos alcanzaron un premio de tercera clase. Mújica fue un firme partidario de las políticas correccionales para abastecer de trabajadores a las fábricas regionales. Consideraba que los correctivos de la vida laboral en el campo podían ser aplicados a las fábricas textiles. En Matamoros el prefecto de la época daba nota de que la cárcel se había convertido en un taller para oficios varios que incluía obviamente el de tejidos. Como empresario, Mújica fue partidario de las ideas de Alamán y de Antuñano y manifestó en sus escritos una profunda preocupación por el duro golpe que la invasión norteamericana había dado a la industria textil local, con precios al alza del algodón. Volviendo al desarrollo inicial de la industria fabril en Atlixco, observamos que en la estadística de las fábricas de hilados y tejidos de algodón a nivel nacional de 1857 21 aparece una información que puede arrojar luz sobre la presumible existencia de fábricas en Atlixco anteriores a "La Concepción". Se menciona como de Atlixco a la fábrica de "El Patriotismo" de Velasco y Cía. "La Providencia" aparece como una fábrica de Puebla en manos de un tal Francisco Caballero de Carranza, probablemente emparentado con Manuel Carranza que aparece como propietario de "La Providencia" de Atlixco, en la estadística de Mújica y Osorio. Seguramente los cambios en la nomenclatura territorial se deban a que en estos años el reacomodo de las "fronteras locales" heredadas del virreinato experimentó una serie de desincorporaciones de tierras que pertenecían a Atlixco y que pasaron al ámbito regional de Puebla capital pues, por ejemplo, "El Patriotismo" se encontraba en las afueras, en las márgenes del río Atoyac, justo en uno de los caminos antiguos a Atlixco. Es probable que la fábrica "La Providencia", que se ubica en Cholula para las estadísticas de 1890, 22 sea la misma que originalmente se encontraba bajo jurisdicción de Atlixco y luego de Puebla. El carácter marginal y arrendatario del camino a la fábrica no de "la Candelaria" de Atlixco, propiedad del señor Cabrera, que participaría con un tercio del capital. El total de la inversión fue de 108 mil pesos entre especie y efectivo repartido de la siguiente forma: Es interesante observar que la rueda de tracción para la fuerza motriz tenía un costo similar al de una rueda de molino normal. Puede inferirse que quizá usaban la misma rueda hidráulica. Si García Teruel aumentaba la cantidad de máquinas en acuerdo con el Sr. Cabrera, se debía deducir el valor de dichas máquinas del efectivo aportado. En proporción a dos tercios y un tercio de capitales respectivos, aportarían los socios las cantidades necesarias para trasladar la maquinaria de la pequeña fábrica textil, que estaba en Jalapa, "La Bella Unión Jalapeña" propiedad de Manuel García Teruel. Los edificios del molino de "La Candelaria" debían terminar sus trabajos de limpieza en octubre, y quedar libres para instalar la maquinaria. Para poder ser socio, Francisco Cabrera vendió el molino de la Candelaria en 30 mil pesos al Sr. García Teruel, pagaderos en tres partes: el primer año 10 mil pesos, el segundo otros 10 mil y al terminar la sociedad los últimos 10 mil. Estos pagos anuales causaron un interés del 6% anual. El valor del terreno donde está el Jagüey de la Concepción y que pertenece a "La Candelaria" (50 varas en cuadro por el viento que eligiese el señor Cabrera) sería satisfecho a García Teruel o en cambio por otro terreno similar. Esto dejaría al Jagüey y a las 50 varas de terreno en propiedad de la fábrica de "La Concepción", que se encontraba río debajo de la nueva toma de la futura fábrica textil. Esta última constaría de 3,380 husos y 80 telares movidos con la fuerza motriz del propio molino. El valor total de la inversión inicial ascendió a los 125,925 pesos, incluido el valor del molino, la maquinaria y los 30,000 pesos en efectivo. 24 El 4 de agosto de 1870 se disolvió la sociedad y Francisco Cabrera acabó vendiendo, como ya lo mencionamos, el molino de "La Candelaria" al Sr. García Teruel con todas sus tierras, aguas y servidumbres. Esta inversión daría origen a la fábrica textil de "La Carolina". 25 Como antecedente de la fundación de la fábrica textil de "La Concepción" es importante hacer notar que ésta se construyó en terrenos desagregados del rancho de Chapulapa, propiedad del Sr. Ignacio Guerrero. La sociedad de los señores Cabrera y Bello tomó el control de la fábrica de hilados de algodón en los "suburbios" de la ciudad de Atlixco. Incluyó una parte de las tierras y toda el agua que utilizaba el molino de San Mateo, calculada en 12 surcos. Esta agua podía usarla la fábrica para mover su maqui-naria sin detrimento de tiempo y con 6 surcos dominicales para regar las tierras anexas. No se anotó en la escritura de compraventa servidumbre alguna para las aguas. Los compradores hicieron uso de sus derechos y encontraron un "ladrón" en el acueducto de la fábrica, más de un surco, que daba al vecindario. Don José García se presentó diciendo que tenía derecho cada 20 días de disponer del surco para regar un solar de su propiedad. Posteriormente se presentaron los dueños de la hacienda de la Sabana para protestar alegando que los 12 surcos de agua de Chapulapa vendidos a la fábrica les pertenecían conjuntamente con San Mateo; desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana del siguiente día de la Pascua de Navidad hasta la "entrada de las aguas". Se exceptuaban 5 surcos para los miércoles y sábados y 7 surcos los sábados y otro cualquier día de la semana que por lo pronto se fijó en viernes. Los compradores exigieron al vendedor arreglar y sanear la situación, aun en grave perjuicio de sus intereses acordando desde el mes de agosto de 1870 lo siguiente: 1) Don Ignacio Guerrero continuará con los terrenos que le asignen los señores Cabrera y Bello con derecho a un tanque o depósito de 150 mil pies cúbicos conforme le indiquen. 2) La fábrica tendrá derecho a disponer en ese tanque del agua que corra, durante los tiempos de descanso de la comida de los obreros, por su acueducto, con objeto de suplir en ese depósito en las primeras horas de la noche la falta de agua que toma la hacienda de la Sabana. 3) La fábrica podrá detener hasta llenar el tanque a partir de las 10 de la noche en adelante, los 7 surcos las noches de los viernes y sábados que la hacienda de la Sabana tiene que dejar al molino de San Mateo y el rancho de Chapulapa. Se trataba de suplir, en las cuatro primeras horas de la noche, de agua a la hacienda de la Sabana. Se entiende que la fábrica disponía del derecho de depositar en el estanque, a cualquier hora, la parte del agua que no necesitase hacer pasar "por su rueda" hasta llenarlo, dejándola pasar como siempre, una vez llenado el tanque. Para 1870 Manuel García Teruel, hacendado arraigado en el sur del Valle en los límites con Matamoros, con explotaciones azucareras en torno a la famosa hacienda de Matlala, tenía ya en operación la segunda fábrica textil de Atlixco, llamada "La Carolina". Esta fábrica fue la primera que se estableció al amparo de las caídas de agua del río de San Baltazar un tanto al sur de donde se ubicaba "La Concepción". Con esta fábrica se desata una SISTEMA DE FÁBRICA EN PAISAJES AGRARIOS MEXICANOS. 1780-1880 política de impuestos regionales que hostilizó gravemente a las haciendas, molinos y a las dos fábricas textiles que funcionaban plenamente. García Teruel invirtió una buena suma logrando que para 1877 la "Carolina" fuera la segunda fábrica más grande de Puebla después del "Patriotismo", en cuanto al número de trabajadores empleados. 26 Pero Manuel García Teruel pertenecía a una tradición empresarial diferente a la de origen virreinal regional. Su intrusión en el paisaje agrario de Atlixco se explica por su carácter de "arrendatario" de molinos de trigo y de surcos de agua de haciendas prósperas de la región que le permitieron montar fábricas textiles modernas, negocios en los que la élite agraria no había manifestado interés alguno desde el virreinato. ¿Cuáles eran, entonces, los negocios dominantes de la élite local a lo largo del siglo XIX? De los más de 450 miembros de la élite 27 mercantil y propietaria que hubo en la región entre 1850-1880, 22 se declararon abiertamente como comerciantes propietarios, 3 como propiamente industriales, 8 como labradores, agricultores arrendatarios y propietarios, uno manifestó ser regidor, 3 administradores de rentas e hipotecas, 13 religiosos entre presbíteros y sacerdotes, 9 notarios, 3 abogados, un empleado público, un dependiente de mostrador. Evidentemente la base de datos requiere una depuración mayor ya que estos datos denotan solamente la frecuencia con la que acudieron a realizar transacciones notariales en el periodo indicado, además de ser una muestra no estadística sobre el total de expedientes notariales. Muchos de los comparecientes no declaran su ocupación posiblemente porque eran miembros de un clan familiar, cuya cabeza sí registra claramente sus giros de negocios. Las mujeres también tienden a ocultar sus ocupaciones, excepto las que claramente son propietarias de bienes inmuebles o realizan actividades religiosas. En cuanto a las operaciones realizadas ante notario: 24 intervinieron como prestamistas, 76 en hipotecas, 167 en operaciones de compraventa, 25 en sucesiones testamentarias, 53 hicieron su testamento y 24 participaron en fundaciones de sociedades mercantiles tipo industrial hacia finales del periodo de observación: 1870-1880. 26 Busto, Emiliano: Estadística de la República Mexicana, Imp. 27 Véase Archivo General de Notarías de Puebla. ISSN: 0210-5810 Queda claramente delineada una actitud empresarial de "antiguo régimen" donde el comercio, el control de la propiedad raíz y las haciendas, el control del escaso circulante a través de préstamos e hipotecas y su carácter asociativo con empresarios "emprendedores" venidos de Puebla y México para negocios mercantiles de tipo fabril muestran que una de las consecuencias históricas del peso enorme de la inseguridad institucional para fomentar inversiones de riesgo, la descapitalización permanente de ayuntamientos y productores obligó a la élite agraria de origen virreinal a retener capitales líquidos y propiedades en maniobras rentistas, especulativas, diversificando el radio de acción de sus inversiones en negocios de alta plusvalía y riesgo menor, donde las "empresas" propiamente fabriles quedaron en manos de aventureros foráneos que no tenían claridad sobre las ganancias que dichos giros podían reportarles. 28 Como conclusión preliminar podemos afirmar que en estos 100 años de transformación de la sociedad virreinal a la secular e independiente, el México agrario en el altiplano de los valles centrales no modificó radicalmente las estrategias de reproducción del capital de inversión en proyectos productivos rentables, fuera del ámbito del rentismo, la especulación y el comercio local. La industria moderna es concebida como un apéndice de otros negocios más rentables y seguros, y sólo con la llegada de élites foráneas, que utilizaron las ventajas tecnológicas del paisaje agrario regional, lograron dar "el salto" y convertirse paradójicamente en arrendatarios regionales de unidades productivas que paulatinamente transformaron en modernas fábricas textiles. La notable persistencia de un paisaje agrario "pre y proto" industrial junto con el incipiente sistema fabril se convirtió más en la norma que en la excepción del modelo mexicano de industrialización heredado desde el siglo XIX. Recibido el 26 de abril de 2005 Aceptado el 20 de agosto de 2005 28 Algunas partes de este ensayo han sido publicadas para complementar estudios colaterales al tema aquí tratado. Véase en particular "Una historia económica regional a partir de la industrialización mexicana en el siglo XIX", en Bogumila Lisocka Jaegermann: El Espacio en la Cultura Latinoamericana, Cesla, Varsovia, 2001, págs. 30-42. "El Modelo Hacienda-Fábrica en los orígenes de la industrialización mexicana", en Memoria del 2.o Encuentro Nacional de Conservación del Patrimonio Industrial, CMCPI-U de G., U. A. de Aguascalientes. También el inédito "Las disputas por el control del agua en paisajes agrarios mexicanos: haciendas, molinos de trigo y fábricas textiles (1780-1850)", en 51 ICA, Santiago de Chile, 2003. SISTEMA DE FÁBRICA EN PAISAJES AGRARIOS MEXICANOS. Bienes de Capital Social Valor Francisco Cabrera Molino de trigo de "La Candelaria" (edificios, aguas, etc.) Valuados a 5 pesos cada uno.
El cautivo y su instrumentalización en las relaciones fronterizas tras el Tratado de Guadalupe-Hidalgo/ Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla En este artículo se estudia la función que la búsqueda, rescate y redención de los cautivos de los indios nómadas desempeñó dentro de las relaciones entre México y los Estados Unidos. En líneas generales, proponemos que los cautivos se erigieron en un instrumento para trasmitir un mensaje de contenido político por parte de ambos países, una vez que el Río Bravo se consolidó como frontera internacional. Asimismo, sirvió para incrementar el contacto entre autoridades y personas de ambos países, manifestando una confluencia de los intereses públicos y privados en el fenómeno. La amenaza de los indios nómadas en los años inmediatos a la guerra La firma del Tratado de Guadalupe en febrero de 1848 implicó un profundo cambio en la geopolítica de los países contendientes. No sólo se cederían unos territorios que anteriormente habían pertenecido a la República mexicana, sino que, además, amplias capas de la población se verían afectadas. Al igual que había ocurrido después de la independencia de Texas, unos individuos que habían sido mexicanos pasaban a depender de otro país, con las consecuencias comprensibles que originaron en cuanto a su identidad nacional y personal. Pero, junto a estos problemas, el que más afectó a los habitantes de las villas, ranchos y haciendas en torno al Río Bravo fue la inseguridad que durante los primeros años de la nueva frontera caracterizó su existencia diaria. La principal explicación de esta situación se hallaba en la permeabilidad de la región fronteriza. Los ataques de abigeos, aventureros y «filibusteros» desde Texas habían sido una realidad desde antes de la guerra entre Estados Unidos y México, y lo continuarían siendo durante las décadas posteriores. Lo mismo cabe decir de las incursiones efectuadas por los comanches, lipanes y otras bandas de indios nómadas relacionadas con ellos. En este punto conviene señalar que estas agrupaciones tribales habían sido utilizadas por los norteamericanos para hostilizar la frontera mexicana o, al menos, así lo entendieron las autoridades de México a lo largo de la frontera. En efecto, en el noreste, a partir de la intensificación y crecimiento cuantitativo de las incursiones indias, que abarcaban las regiones comprendidas entre San Francisco de Cañas y Cerralvo, en el Estado de Nuevo León, comenzó a difundirse la especie de que eran los mismos militares estadounidenses quienes alentaban a los indios a emprender tales acciones, una vez que se tomó conciencia del deterioro progresivo de las relaciones entre los dos países tras la incorporación de Texas a la Unión. 1 En el número 88 del Semanario Político del Gobierno de Nuevo León se indicaba, por ejemplo, que: 1 La sospecha de que las autoridades texanas y norteamericanas incitaban a los nómadas a cometer acciones predatorias en territorio mexicano venía de años atrás. Así se interpretó, por ejemplo, por las autoridades mexicanas cuando, de octubre a noviembre de 1844, se comprobó que entre los objetos que llevaban en sus campañas los indios se encontraban medallas con la efigie de George Washington y armas de manufactura estadounidense, como se ve en Semanario Político del gobierno de Nuevo León, tomo IV, jueves 7 de noviembre de 1844, número 45, p. ISSN: 0210-5810 Por partes oficiales recibidos en el Gobierno se sabe que la frontera del Departamento, desde San Francisco de Cañas hasta Cerralvo, está plagada de partidas numerosas de indios que en varias direcciones devastan los campos y hostilizan las rancherías. Parece que el gefe de las fuerzas de los Estados Unidos, que cubre actualmente el Departamento de Tejas, ha mandado estas incursiones como principio de una guerra que se pretende hacer a México para arrebatarle lo que es suyo [...].2 Asimismo, Carlos María Bustamante indicaba que los Estados Unidos habían comenzado sus preparativos para la guerra, que se iniciaría como consecuencia de la anexión de Texas, enviando a los indios bárbaros. Estos constituían la vanguardia del ataque, para lo que se habían introducido por Coahuila y Nuevo León, alcanzando Durango. Las nuevas responsabilidades a partir del Artículo XI del Tratado Esta actividad de los guerreros nómadas también se documenta a principios, durante y a finales de la guerra de 1846-1848. Así, por ejemplo, en la primera fecha y desde Chihuahua, las autoridades estatales lamentaban que la seguridad en las vías de comunicación y en los cultivos estaba siempre pendiente de las correrías de los comanches. 4 Lo mismo ocurría en Durango, donde desde junio de 1846 los ataques a pueblos y haciendas se multiplicaron. De hecho, las caravanas que viajaban por el camino real hasta Santa Fe y los arrieros que atravesaban de Mapimí a Chihuahua se erigieron en blanco de los asaltos de los comanches. Asimismo, en septiembre del mismo año se reportaban ataques dentro del Departamento duranguense, como el acaecido entre la hacienda de La Zarca y el valle de Allende, donde se tomaron cinco cautivos, aparte de ocasionar varias muertes y daños. 5 Por su parte, en el noreste estas acciones coincidieron con etapas de baja intensidad en el conflicto entre los estadounidenses y México, en momentos prebélicos y durante el final de la guerra. En Sabinas Hidalgo, Nuevo León, su alcalde informaba el 29 de abril del mismo año que el pueblo había sido atacado por una partida de cuarenta indios, sin especificar su adscripción étnica. Por su parte, a finales del conflicto armado, cuando aún no se había sellado la firma del tratado de paz, también la actividad india aparece documentada. En efecto, en diciembre de 1847 llegaban al hospital de pobres de San Juan de Dios, en San Luis Potosí, varios indios «bárbaros» de ambos sexos, así como dos cautivos. Pero, ¿qué ocurriría una vez firmado el Tratado de 1848? Puede sostenerse que los actores implicados implementaron nuevos métodos de actuación, es decir, se adaptaron a una nueva realidad. En este sentido, a partir de febrero, con la cesión de territorios antes mexicanos a los Estados Unidos, la República mexicana traspasó parte del problema al país vecino. Ello era una consecuencia lógica. La persecución de las actividades predatorias, y en consecuencia delictivas, provocadas por los guerreros nómadas que tenían su origen en los Estados Unidos se veía frustrada, puesto que el Río Bravo constituía para los Estados del norte de México una frontera que no podían infringir sin graves consecuencias diplomáticas. 6 Precisamente ésta sería la clave de la estrategia empleada por apaches, comanches y demás agrupaciones indias nómadas en la frontera. De hecho, era algo que venían practicando desde 1836, pero que ahora consolidarían como principal modo de aprovechamiento de su actividad predatoria a raíz del fortalecimiento de la «línea» fronteriza. En efecto, estas bandas elaboraron una estrategia que podríamos denominar «ambigua», consistente en golpear en ambas orillas del río según lo dictase la conveniencia o la mayor seguridad de éxito. Como consecuencia, los daños en los habitantes de las poblaciones de estas regiones adquirieron dimensiones considerables. No obstante, la mayor debilidad económica, política y militar mexicana provocaba que fuesen los Estados del norte los más afectados por las correrías. Los datos recopilados por la Comisión Pesquisidora de 1873 que se remontan a los años centrales del siglo XIX manifestarían con el tiempo la magnitud del fenómeno en ese momento, durante la guerra y en los años inmediatamente anteriores. 7 Ya las Instrucciones que el presidente interino de México, Pedro María Anaya, remitió a sus comisionados en Ciudad de México, encargados de llevar las negociaciones con los representantes de los Estados Unidos conducentes al tratado de paz, contenían las indicaciones debidas con la finalidad de evitar la impunidad de comanches y apaches. Una de ellas, la número diecisiete, indicaba que se procurase que aquellas tribus que habitaban en alguna parte del territorio norteamericano, en caso de que fuesen expulsadas de esas tierras, no pasaran a los Estados fronterizos mexicanos. Además, se les pedía que obtuviesen de los representantes estadounidenses una cláusula en la que se expresase claramente que éstos se comprometían a no proteger las incursiones de esas tribus indias sobre la frontera, y a no comprarles el producto de sus entradas en suelo mexicano. 8 Teniendo lo anterior como premisa en las negociaciones, los comisionados mexicanos lograron incluir el artículo XI dentro del contenido del Tratado. En él se dice expresamente: En atención de que en una gran parte de los territorios que por el presente Tratado van a quedar para lo futuro dentro de los límites de los Estados Unidos, se haya (sic) actualmente ocupada por tribus salvajes que han de estar en adelante bajo la exclusiva autoridad de los Estados Unidos, y cuyas incursiones sobre los distritos mexicanos serían en extremo -/f. 15/-perjudiciales; está solemnemente convenido que el mismo Gobierno contendrá las indicadas incursiones por medio de la fuerza, siempre que así sea necesario; y cuando no pudiere prevenirlas castigará y escarmentará a los invasores, exigiéndoles además la debida reparación: todo del mismo modo y con la misma diligencia y energía con que obraría, si las incursiones se hubiesen meditado o ejecutado sobre territorios suyos o contra sus propios ciudadanos [...]. Por lo tanto, a partir de entonces el problema indio pasaría a ser una cuestión común entre Estados Unidos y México. Y dentro de la misma se hallaba todo lo relativo a los cautivos: A ningún habitante de los Estados Unidos será lícito, bajo ningún pretexto, comprar o adquirir cautivo alguno, mexicano o -/f. 15v/-extranjero, residente en México, 8 «Instrucciones que por acuerdo y orden del Excelentísimo señor Presidente Interino de la República Mexicana don Pedro María Anaya, y de conformidad con el voto de sus Ministros, se remiten a sus comisionados en México, General de División don Manuel Rincón y Senadores don Bernardo Couto, don Miguel Aristitáin y don Luis Gonzaga Cuevas, a fin de terminar la guerra que actualmente existe entre nuestra República y la de los Estados Unidos, por medio de un Tratado de Paz a que la primera ha sido invitada de nuevo por Mr. Trist, comisionado al propio objeto por le Gobierno de la segunda», en Algunos documentos sobre el Tratado de Guadalupe..., 1930, p. 9 «Tratado de Paz, Amistad y Límites de 2 de febrero de 1848, entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América» Ibidem, pp. 123-125. apresado por los indios habitantes en territorios de cualquiera de las dos Repúblicas, ni los caballos, mulas, ganados, o cualquier otro género de cosas que hayan robado dentro del territorio mexicano (ni en fin venderles o ministrarles bajo cualquier título armas de fuego o municiones) [...]. 10 El anterior fragmento del Tratado recoge lo que había sido una realidad hasta 1848, puesto que los norteamericanos, a través de su comercio con las agrupaciones indígenas nómadas, propiciaron el aprovechamiento de una práctica que esos grupos venían realizando desde hacía siglos en las Grandes Llanuras. Este comercio con los tratantes procedentes de los Estados Unidos se practicaba en las «casas de trato», en las que era frecuente ver a mexicanos, extranjeros y norteamericanos sufriendo el cautiverio, aunque en el texto no se mencione expresamente a estos últimos. No obstante, a la luz del artículo, no se desechaba la utilización de estas casas, puesto que eran útiles, desde la óptica estadounidense, para agilizar las relaciones con los «bárbaros». Los tratos con los indios se mantenían en estos puntos; lo único que quería desterrarse era la compraventa de los productos obtenidos de las correrías en México, prohibiendo el comercio de caballos, mulas o cautivos por armas y municiones, sin indicarse nada sobre el comercio de otros productos como el alcohol. Sin embargo, el tráfico, ahora ya ilícito, siguió produciéndose. Cuando menos las reclamaciones de los afectados en territorio mexicano se harían sentir ante el mismo gobierno de la Unión, como atestiguan algunos expedientes conservados en el Archivo Histórico Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, correspondientes a los años comprendidos entre 1851 y 1858.11 Asimismo, los cautivos no disminuyeron. 12 El problema no se encontraba solamente en que las depredaciones siguieran produciéndose en México, sino que la venta de los productos se continuaba efectuando dentro del territorio estadounidense en estas casas. El testimonio más directo lo proporciona Nicanor Valdés, criador y comerciante de San Juan de Sabinas, Coahuila, quien describe una «casa» situada cerca de Fort Balknap, Texas, en los siguientes términos: [...] es un grande establecimiento de comercio destinado a mantener el trato con los indios de todas naciones que allí concurren, comprándoles caballada, mulada y cautivos [...]. 13 Allí vio comanches, kiowas, tancahuas, mezcaleros y otros indios. Vio el gran número de cautivos mexicanos que tenían de todas partes, que vendían, así como caballada de fierros mexicanos que diariamente cambiaban por efectos. La casa dicha, según supo allí mismo, estaba establecida por cuenta del gobierno y no sabe lo que harían con la caballada y mulada que compraban a los indios de la que se robaban de estos puntos, ni cree fueran rescatados todos los cautivos que tenían los indios que hacían la guerra a México, pues repite que eran muchos. El declarante tuvo ocasión de saberlo, porque desde San Antonio, sabiendo que existía esa casa fue preparado con piloncillo, artículo de que son muy amantes los indios, para comprarles cíbolas, como en efecto les compró muchas, estando en los campamentos que tenían éstos en Wichita y también, conforme antes lo ha dicho, en la casa de trato donde permaneció tres meses yendo y viniendo de allí a Nacogdoches con carga a flete. 14 Aunque este comercio se mantuvo por parte de algunos particulares residentes en los Estados Unidos, también es cierto que, por lo general, ese gobierno procuró los medios para la liberación de los cautivos. Evidentemente el control del tránsito fronterizo de personas y bienes era un asunto en el que ambos países tenían obligaciones, pero la responsabilidad estadounidense en el asunto adquiría una dimensión peculiar ante el hecho de que el beneficio de las correrías lo obtenían los indios en territorio norteamericano, ya fuese en las casas de trato o en las mismas rancherías. 15 Hay que tener en cuenta que cuando utilizamos la expresión «beneficio» en el contexto de las incursiones que efectuaban los nómadas, no aludimos solamente a su sentido económico, sino también al prestigio social que obtenían los guerreros cuando aportaban caballos o cautivos a su banda o agrupación tribal. La instrumentalización política de los cautivos en las relaciones fronterizas Esto se manifestó desde un principio en el caso de la redención de cautivos, puesto que es aquí donde la «instrumentalización» política de éstos se hace más evidente. Pero, ¿qué queremos decir con «instrumentalización» del cautivo? Con esta expresión aludimos al hecho de que, dentro de las nuevas relaciones que se establecieron entre las autoridades de uno y otro lado del Río Bravo, la búsqueda, liberación y entrega de los mexicanos que se hallaban prisioneros de los «bárbaros» se erigían en unos medios de expresión de la soberanía y control efectivo de los territorios recientemente adquiridos, desde el punto de vista estadounidense. Pero también podían convertirse en un medio para reclamar el cumplimiento de lo estipulado en el Tratado por parte de las autoridades mexicanas. Ya comentamos que el Artículo XI permitía que la responsabilidad de los ataques de los indios que partían del lado norteamericano de la frontera recayese en ese gobierno, y, puesto que los cautivos eran parte de los ataques, el artículo mencionado responsabilizó al gobierno de la Unión de los que se hallasen en su territorio en poder de los indios. Según el Tratado: notificación de Juan Manuel Maldonado a Antonio María Jáuregui, fechada en junio de 1851 en la villa de Rosas, se remitía una copia del expediente relativo a la entrega de cincuenta cautivos mexicanos rescatados en Texas, y recibidos en Fort Duncan.17 Lo mismo ocurriría el 22 de junio de 1851 cuando el comandante militar de Fort Duncan entregó a las autoridades mexicanas diecisiete jóvenes que habían sido capturados entre 1843 y 1850. 18 En otra comunicación entre esas mismas autoridades, datada en la colonia de Monclova Viejo en julio de 1851, se indica que habían sido entregados nuevamente por el comandante de Fort Duncan los mexicanos José María Gallardo, natural de Monclova, e Ignacio García, natural de Durango, quienes habían sido raptados en la hacienda de Adjunta. 19 En casos como los citados la entrega se hacía dentro de un establecimiento militar estadounidense, lo cual, fuese de manera consciente o no, comunicaba un mensaje de contenido político, que no podía ocultar la imagen de gesto aparente de buena voluntad. 20 Pretendía manifestar que la Unión sí ejercía un control real sobre el territorio, capaz de ofrecer seguridad física y jurídica a los habitantes de la frontera, a diferencia de las autoridades mexicanas, incapaces de proporcionar protección y ejercer la soberanía en su propio espacio nacional. No debe olvidarse que la futura Comisión Pesquisidora se crearía para elaborar un informe que rebatiese la opinión generalizada en los Estados Unidos acerca de la incapacidad mexicana sobre la garantía de la seguridad fronteriza. Todo lo cual no deja de indicar que la sombra del expansionismo estadounidense siempre estaría presente sobre la frontera desde el final de la guerra. 21 Hay que tener en cuenta que, aunque entre 1848 y 1853 México vivía una relativa calma en lo que se refiere a la estabilidad en el cargo de su presidente, 22 atravesaba una difícil situación económica, que la indemnización de guerra sólo alivió momentáneamente. Esta debilidad económica se trasladó al norte de diversas maneras, pero en el plano político y militar se tradujo en un ineficiente establecimiento de las colonias militares. No es este el lugar para detallar las características del sistema defensivo de estas colonias; lo que nos interesa resaltar es que se idearon, junto a los Planes de Defensa aprobados en los Estados y localidades del norte a partir de 1849, para organizar la defensa de un territorio que en esas fechas se hallaba despoblado y que podía ser objeto de los asaltos de apaches y comanches, con el menoscabo subsiguiente para la soberanía nacional. 23 Sin embargo, como indica Martha Rodríguez: Las colonias militares enfrentaron un sinnúmero de problemas que fueron desde el reclutamiento de soldados, la paga, manutención y equipamiento, hasta serias dificultades entre ellas y las autoridades civiles, debido a la puesta en marcha de distintas estrategias en la guerra contra el «bárbaro». A consecuencia de ello, y a escasos cinco años de su creación, las colonias militares fueron suprimidas el 25 de abril de 1853 [...]. 24 Ante el fracaso de estas medidas, se arbitraron otras más inmediatas como la promoción de la inmigración de los kikapú y los seminoles, la organización de expediciones punitivas contra las rancherías de indios que habían atacado, robado y cautivado las regiones fronterizas, así como la elaboración de un discurso cifrado en el exterminio de estos indios «bárbaros». Así, como consecuencia de una incursión que los «bárbaros» efectuaron en junio de 1851, se aprestó una expedición que actuó durante la primera mitad de julio, tal como recogen los números 31 y 32 del Órgano oficial del Supremo Gobierno del Estado Libre de Nuevo León, al mismo tiempo que desde las diferentes localidades se reportaban ataques indios y contraataques por parte de las poblaciones y puestos militares. No sería exacto pensar en la ineficiencia absoluta de estas expediciones. Casos como los recogidos en el número 31 del citado periódico oficial indican 22 Puesto que, a diferencia de lo sucedido en los años anteriores, José Joaquín Herrera y Mariano Arista duraron más de un año en sus cargos. ISSN: 0210-5810 que las autoridades civiles y militares mexicanas eran las mejor situadas para liberar a los cautivos. 25 La imposibilidad para impedir las depredaciones de lipanes y comanches se debía más bien a una falta de recursos materiales y humanos, lo que explica que la autodefensa vecinal constituyese la base del sistema. Este apoyo comunitario era necesario, pero también preferido por los habitantes de la frontera. En efecto, los propios vecinos organizaban expediciones punitivas ante la sensación de ineficacia del ejército en la persecución de los «bárbaros»; en otras ocasiones su aportación a las expediciones militares era fundamental. Algo que también incluirían los Planes de Defensa elaborados en aquellos años siguiendo la práctica establecida en toda la frontera desde hacía décadas. Por ejemplo, el Plan de Defensa de los Estados invadidos por los bárbaros, de 1849, buscaba una conjunción de fuerzas entre la guardia nacional móvil, el resto del ejército y la población que se estableciese en las colonias militares. Aunque estas últimas no se desarrollasen plenamente debido a los problemas presupuestarios y de competencias señalados, es evidente que el espíritu que las animaba descansaba en la idea de la solidaridad vecinal, como el Artículo 21, III señala: III. Es obligación de las municipalidades perseguir dentro de sus límites y en combinación con los pueblos inmediatos, á los bárbaros, con la Guardia Nacional móvil o sedentaria. 26 Y en el punto siguiente se señala que desde las haciendas y ranchos también se debía perseguir a los agresores dentro de sus límites, en combinación con los habitantes de las propiedades vecinas. 27 Hay que tener presente que esta inevitable colaboración entre los vecinos en las comunidades del norte apoyaba el sostenimiento de la identidad nacional en unas tierras frecuentemente mal defendidas por el gobierno central. 28 Y al mismo tiempo ahorraba costos defensivos al mismo. Sea como fuere, dentro de los respectivos Estados era inevitable mantener esta tradición de solidaridad defensiva. De hecho, observamos que en 25 «Gobierno del Estado», Órgano oficial del Supremo Gobierno del Estado Libre de Nuevo León, tomo II, Monterrey, jueves 24 de julio de 1851, número 31. En este número se menciona a tres arrieros y un muchacho que fueron liberados de los indios el 11 de julio a resultas de una expedición organizada contra los indios por el primer batallón de la guardia móvil del Estado de Nuevo León. 26 Plan de Defensa de los Estados invadidos por los bárbaros, propuesto por la Junta de Representantes, creada por la Ley de 24 de abril del presente año, 1849, p. ISSN: 0210-5810 los planes de defensa estatales se mantuvo el mismo tenor que la normativa aprobada desde México. Así, en el Artículo 9 del Plan para la defensa del Estado de Coahuila invadido por los bárbaros se recoge lo que sigue: 9.o Es obligación natural de todos los habitantes de Coahuila contribuir simultáneamente con sus personas é intereses á la defensa común de las localidades en donde residen, para resistir la invasión de los salvages, repeliendo la fuerza con la fuerza; y obedeciendo las órdenes y disposiciones emanadas de la autoridad civil de quien dependen. 29 Idea que vuelve a encontrarse en los siguientes Artículos 10, 11 y 12, donde se especifica la manera de proceder de los vecinos, que estaban obligados a reunirse al toque de alarma sin posibilidad de eludir la obligación de cooperación, especialmente en poblaciones poco numerosas. Asimismo, si el peligro era inminente, podían expropiarse propiedades muebles e inmuebles de los habitantes de la localidad amenazada. Junto a estas obligaciones militares existían otras obligaciones informativas, puesto que debían dar noticia puntual de la presencia de indios en las inmediaciones de su localidad. De cualquier forma, hay que tener en consideración que, puesto que podían transcurrir varias horas desde el momento del ataque y la toma de los cautivos hasta que pudiera organizarse la expedición de rescate, los asaltantes tenían un margen más que suficiente para escapar en movimientos rápidos hacia el otro lado del Río Bravo, donde los mexicanos ya no tenían capacidad de actuación. En consecuencia, la colaboración con las autoridades militares fronterizas de la Unión era inevitable. Por lo tanto, volvemos a apreciar que la cuestión de los cautivos y de los robos de caballada y mulada tenía a partir de ese momento un marcado carácter de política internacional. El reintegro de los gastos de la redención de los cautivos Para los mandos norteamericanos la existencia de las casas de trato agilizó la búsqueda y liberación de los cautivos. No obstante, no era algo que hiciesen de una manera gratuita. Como se indica en el ya citado artículo del Tratado de Guadalupe, ya fuesen liberados por particulares o por funcio-narios norteamericanos, se esperaba que, tras la obtención de los cautivos y su entrega a las autoridades mexicanas, éstas reintegrarían lo desembolsado a los primeros. 30 Aunque del texto del Tratado no parece desprenderse que los estadounidenses cobraran ningún tipo de comisión por ejercer esta labor, sino que únicamente exigían el reintegro de lo gastado,31 no sólo en la compra a los indios, sino también en la manutención de los cautivos hasta la entrega a la parte mexicana, podían igualmente cometerse abusos. El 10 de mayo de 1852 un comunicado del ministro de Guerra y Marina al inspector general de las Colonias Militares de Oriente señalaba lo siguiente: [...] porque ha llegado el caso de que debe llamarse la atención del Gobierno de los Estados Unidos, respecto de los abusos que se cometen y pueden cometerse en lo sucesibo (sic) tanto en la exajeración (sic) de los gastos que causen los cautivos que se rescaten de las tribus de los indios residentes en aquel territorio por los agentes de aquella nación, como por la mala calificación que se haga de los verdaderos cautivos que desean volver a su Patria y de los que voluntariamente prescindan de ella. Debo advertir a Vuestra Excelencia que por parte de este Ministerio se mandan pagar todos los gastos que causaron tanto los once cautivos presentados, como los que se dice hicieron los diez y seis que se le jugaron a los agentes de los Estados Unidos; con el objeto de que se vea que el Gobierno Mexicano cumple explícitamente con los convenios del tratado de Guadalupe [...]. 32 Este testimonio muestra lo que venimos tratando; es decir, revela que los cautivos y el contexto de su liberación se constituían en instrumentos de las relaciones entre ambos países. Pero también que las actitudes por todas las partes implicadas en el proceso no siempre eran limpias. El hecho de que el ministro de Guerra y Marina recalcase que el Gobierno mexicano cumplía con sus obligaciones derivadas del Tratado de Guadalupe buscaba en último término despejar las dudas que, como indicamos, existían dentro de la administración y la sociedad estadounidense acerca de la capacidad y de la buena fe de México en el respeto a lo estipulado. En este caso concreto, en el cumplimiento de los pagos a la administración norteamericana para compensarlos por los gastos verificados en la redención y manutención de los cautivos mexicanos liberados. Y encontramos otros documentos de los mandos fronterizos que insisten en este punto, es decir, quieren dejar claro que se cumplían los compromisos. Así, por ejemplo, en julio de 1852 Manuel María Sandoval, ministro de Guerra y Marina, reiteraba al inspector general de las Colonias Militares de Oriente, que el presidente de la República ordenaba pagar los rescates de los sujetos liberados a los representantes norteamericanos. 33 Asimismo, el documento trascrito nos da la oportunidad de comprobar que las autoridades estadounidenses encargadas de llevar a efecto el proceso de liberación podían abusar de su posición, tanto exagerando los gastos como incluyendo en el proceso de redención a cautivos que no querían volver a sus familias, o por medio de ambos expedientes al mismo tiempo. Con lo anterior se buscaría obtener un beneficio económico adicional. Determinadas formas de llevar a cabo la redención ayudarían a que se produjesen este tipo de situaciones. Una de ellas tenía como protagonistas a sujetos expertos en el trato con los indios, en algunos casos militares al servicio del Estado, quienes se hacían cargo de la redención de los cautivos. Estos sujetos presentaban después los liberados o una lista de los mismos ante las autoridades, las cuales adelantaban esta cantidad por cuenta de los familiares del cautivo, siempre y cuando existiese liquidez; éste es el caso de Espiridión Solís, rescatado por Manuel Múzquiz. En efecto, el 17 de mayo de 1850 una notificación de Ángel Frías, del Congreso del Estado de Chihuahua, al gobernador del Estado de Coahuila indicaba lo siguiente: Entre varios cautivos que ha presentado en este gobierno el ciudadano Manuel Múzquiz, rescatados a los indios bárbaros en la colonia de San Carlos, se encuentra un joven llamado Espiridión Solís, hijo de Ricardo y de M.a Isabel Solis, vecinos de Monclova, en ese Estado. En tal virtud, tengo el honor de comunicarlo a Vuestra Excelencia para su conocimiento, manifestándole que por no haber en lo absoluto en este fondo de donde satisfacer la cantidad de setenta y cinco pesos que es a lo que importó el rescate de dicho cautivo, según ha acreditado el mencionado Múzquiz, no lo ha verificado este Gobierno a pesar de los deseos que tiene de cooperar al logro de obra tan humana, como lo es la redención de cautivos. 34 Unos problemas financieros de los que se hace eco el gobierno coahuilense, que también atravesaba apuros de este tipo, como señala la respuesta a la anterior carta cuando indica que la cantidad exigida: [...] será satisfecha por el gobierno de mi cargo a la persona que se asigne o la remitiré por medio de libranza, luego que sea posible conseguirla suplicando a Vuestra Excelencia que el citado cautivo se sirva remitirlo [...] en la primera oportunidad que se presente. 35 Aunque en el caso que mencionamos Manuel Múzquiz condonó los gastos originados por el rescate y el traslado de Espiridión Solís y otra cautiva hasta sus familias, 36 lo habitual fue que se exigiesen las cantidades pagadas. Así le ocurrió a la madre de Ventura Garza, quien en 1865 dio 300 pesos por el valor de los caballos y productos entregados por el vecino del Paso del Norte que había rescatado a su hijo de manos de los indios. 37 En consecuencia, una vez que se pagaba a estos intermediarios, los sujetos redimidos pasaban a estar bajo custodia de la autoridad fronteriza, permaneciendo así la situación hasta que no se costease el dinero del rescate y la manutención. Este tipo de tratantes mantendrían una actividad que se extendía a ambos lados de la frontera, si bien nosotros hemos aportado documentos relacionados a sujetos que ya se encontraban en territorio mexicano. 34 Archivo General del Estado de Coahuila (AGEC), Fondo Siglo XIX (FSXIX), C3, F6, E3, 3F «Ángel Frías, del Congreso del Estado de Chihuahua, notifica al gobernador del Estado de Coahuila que de los cautivos rescatados de los indios bárbaros, uno responde al nombre de Espiridión Solís el cual es originario de Monclova, por lo que se le solicita cubra el importe de lo que se gastó en el mencionado rescate», Chihuahua, 17 de mayo de 1850. Impuesto de las dos notas de usted de 6 del presente, relativas a los cautivos de ese Estado, Espiridión Solis y Margarita Espinosa; paso a manifestarle en debida contestación que el C. Manuel Múzquiz indemnizó en este Estado la cantidad de ciento setenta pesos que importaron los rescates de los citados cautivos, con objeto de trasladarlos al seno de sus familias, como lo verificó llevándolos consigo y a sus expensas; por consecuencia no tiene el gobierno del digno mando de Vuestra Excelencia que reintegrar a este, de la cantidad mencionada que se había satisfecho por los fondos de este Estado [...]», como consta en «Ángel Frías, del Gobierno del Estado de Chihuahua, comunica al Gobernador de Coahuila que el c. Manuel Múzquiz indemnizó la cantidad de $ 172.00 pesos por los rescates de los cautivos Espridión Solis y Margarita Espinoza», Chihuahua, 28 de junio de 1850. ISSN: 0210-5810 Relaciones entre los ámbitos público y privado dentro del proceso de redención También se daba el supuesto de que los propios familiares de los sujetos que habían sido raptados por los indios tomasen la iniciativa de la búsqueda y liberación de aquellos. Éste fue el caso de Alejandro García, que partió él mismo a rescatar a sus dos hijos, Juan y Lucio, pagando dos pesos diarios a cinco hombres durante 22 días para que le acompañaran. Finalmente sólo pudo recuperar a uno de sus hijos que salió de su cautiverio huyendo, mientras que al otro no consiguió liberarlo a pesar de las promesas del indio Costalitos. 38 Ejemplos como el anterior exigían a los familiares liquidez, no sólo para la manutención durante los desplazamientos, sino también para el pago a autoridades fronterizas, como le ocurrió al mismo Alejandro García en el Águila, con el jefe militar local. 39 Si faltaban estas cantidades, la redención se hacía más difícil. No obstante, podía darse la circunstancia de que se lograse salir de los aduares previo pago por un particular que se hacía cargo de la situación del prisionero. Esta fórmula la encontramos en cautivos que permanecieron en los Estados Unidos tras su liberación trabajando al servicio de aquel que los había redimido. Tal fue el caso de Francisco Treviño, quien después de salir de su cautiverio entre los comanches, pasó a vivir con un tal capitán Johns, y después con un abogado de nombre Williams. Tras pasar dos años, se trasladó con el coronel Cook a San Antonio. Esta etapa de su vida se prolongaría unos tres años, probablemente entre 1837 y 1840, pues él mismo señala que en este año pasó a México. 40 Aunque este ejemplo es anterior a la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, sirve para ilustrar la continuidad de determinadas prácticas relacionadas con los cautivos. Una vez liberados, y viviendo en los Estados Unidos, podía darse la circunstancia de que solicitasen información acerca del paradero de sus familiares en México. Aunque en estos supuestos no puede hablarse de una instrumentalización, al ser los propios cautivos los que actuaban, es interesante ver cómo era necesario un constante diálogo entre las autoridades mexicanas y estadounidenses. 40 Ibidem, pp. 44-45. reses, como hemos visto, eran conscientes de la necesidad de un contacto lo más fluido posible para determinar la situación de unos sujetos que, en último término, se encontraban en una situación anómala dentro del territorio de la Unión. El caso de Lino Remigio ilustra lo que decimos; aunque es posterior a los años inmediatos a la firma del Tratado, muestra que el problema del cautiverio se mantuvo constante en las relaciones entre los gobiernos mexicano y estadounidense. Su nombre aparece en una noticia del periódico El Coahuilense, el 4 de octubre de 1866. En ella la delegación mexicana en Washington se dirige a su gobierno con objeto de conocer el paradero de la familia de este muchacho raptado por los «bárbaros» a la edad de 7 años, y llevado a territorio de los Estados Unidos. El joven permaneció entre los indios hasta que logró liberarse en tiempos de la Guerra de Secesión, gracias a la ayuda de H. Carruth, pasando a vivir en Kansas. Afirmaba que su padre se llamaba Luis Remigio y expresaba su deseo de saber de su familia y de reunirse con ella después de tanto tiempo. Por este motivo desde el periódico se hizo un llamamiento a los allegados para saber su situación. En caso de que se reuniesen noticias al respecto, el periódico indicaba que se hiciera saber al Gobierno y éste, por su parte, lo comunicaría a la legación. 41 La noticia volverá a repetirse el 11 de octubre, con el mismo tenor. 42 La solicitud de la embajada llegó a los Estados fronterizos de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y Chihuahua. 43 El hecho de que algunos pasasen a vivir con aquellos que los habían redimido permite acercarnos a otro fenómeno análogo: el depósito de los sujetos liberados en casas particulares hasta el momento de la entrega a los familiares. Es otra muestra de cómo las esferas de lo público y lo privado interferían entre sí en el tema que estamos tratando tanto en los Estados Unidos, como en México. Asimismo, constituye un ejemplo de instrumen-talización, si bien en el interior de los respectivos países. En efecto, una vez que los prisioneros44 salían de las rancherías, los mandos fronterizos decidían dónde alojar a los mismos y quien arrostraría los gastos de la manutención. 45 El hospedaje en una casa particular constituía un medio para abaratar éstos, siendo una práctica realizada a ambos lados del Río Bravo. En julio de 1851 Juan Manuel Maldonado, subinspector de las Colonias Militares de Oriente, informaba al inspector general de las mismas haber entregado a Florencio Herrera, inválido que perteneció a la antigua compañía del presidio de Río Grande, los sujetos Romano Sánchez y Benigno Santillana, que habían estado prisioneros entre los indios, a solicitud del alcalde de Bustamante, Nuevo León. 46 José Antonio de Arredondo, capitán de la colonia militar de Guerrero, informa en mayo de 1852 al inspector general de las Colonias Militares de Oriente, desde Piedras Negras, del fallecimiento de Valentín Sánchez, a causa de las heridas que recibió en Béjar en la casa donde vivía después de salir de su cautiverio. 47 En enero de 1854, unos vecinos pusieron bajo la custodia de Jacobo Elizondo a un sujeto que habían recuperado en las cercanías de la hacienda de Patos, después de una expedición punitiva contra los «bárbaros», que habían asaltado dicha hacienda. 48 El 9 de julio de 1858 Antonio Ochoa, del gobierno del Estado de Chihuahua, comunicaba al gobernador de Nuevo León y Coahuila, Santiago Vidaurri, que se recomendaba al señor José Cordero, vecino de Chihuahua, el envío del cautivo Leandro Borrego por orden superior; por consiguiente éste había estado hospedado en la casa de aquel. 49 El depósito en casa de un vecino de la localidad a la que llegaba el cautivo era algo usual, aun cuando su liberación no fuese resultado de una redención, sino de una fuga. En efecto, hasta ahora hemos tratado de aquellos individuos respecto de los cuales las autoridades o particulares intervinieron para liberarlo, pero igualmente frecuente fue el caso de los que, por iniciativa propia o ayudados por un tercero, lograron salir de los aduares. Hemos indicado que podían recibir ayuda; ello era inevitable puesto que al encontrarse las rancherías en lugares aislados, a los que se llegaba después de varias jornadas de camino a caballo, una travesía en solitario resultaba peligrosa, incluso aunque no lo persiguiesen los captores. Los detalles de su huída ocasionalmente aparecen en el relato o declaración de la víctima del cautiverio; evidentemente se producía en un momento de descuido de los captores, e implicaba el caminar varias jornadas completamente solo por el desierto, como le ocurrió a Juan García al escapar de los comanches. 50 Macedonio Perales también anduvo durante nueve días hasta llegar a San Antonio de Béjar, donde se unió a unas carretas que se dirigían a México. 51 En otras ocasiones se recurría al engaño: Juan Vela Benavides, después de ver frustrados sus intentos de que un alemán lo rescatara por las objeciones del comanche que lo había capturado, decidió huir hacia Santa Fe en Nuevo México, aprovechando una caravana que se dirigía a esta ciudad. Para hacerlo posible engañó a los indios haciéndoles creer que iba a recorrer las rancherías cercanas. El hambre y las privaciones eran habituales en los que lograban fugarse. Por ello mismo los gastos de manutención a los que aludimos no serían tampoco desdeñables para los particulares que tenían que arrostrarlos. Se comprende así el interés de las administraciones estadounidense y mexicana por recuperar lo adelantado, pero también las comunicaciones entre autoridades mexicanas que reiteran la voluntad de su gobierno de cumplir con sus obligaciones pecuniarias, como ya vimos más arriba. Concluimos por tanto que, a pesar de los desencuentros provocados por la defensa de los intereses respectivos, los cautivos y su proceso de redención sirvieron como instrumentos para canalizar un diálogo trasfronterizo entre las autoridades civiles y mandos militares de ambos lados de la frontera. Un diálogo que exigía gastos y responsabilidades mutuas. La continuidad de las depredaciones nos hace pensar en la dificultad de la persecución de los guerreros nómadas, pero también en problemas de tipo político. Para los norteamericanos, fueron sus colegas del otro lado de la frontera los que no se mostraron capaces de asegurar la soberanía de su propio territorio nacional. Era «legítimo», por lo tanto, mantener un discurso anexionista, puesto que poniendo bajo control estadounidense los extensos Estados del norte de México se podría asegurar la integridad física y económica de los ciudadanos de la Unión que se estaban asentando en el territorio. Aunque tras el Tratado de 1853 los norteamericanos se desentendieron de las cláusulas del Artículo XI, la actitud permaneció hasta el estallido de la Guerra de Secesión. Por el contrario, para los mexicanos encargados de la administración de los territorios del norte era la falta de interés norteamericano la causa principal de que continuara la inseguridad en los mismos, cuando no la connivencia en el tráfico de las mercancías robadas por los indios durante las incursiones. Pero este diálogo no sólo tenía matices negativos. Lo habitual fue la colaboración de las autoridades para mejorar la situación de los cautivos. En último término, se pretendía normalizar la situación, jurídica pero también social, de unos individuos que estaban en territorio extranjero; unos sujetos que demostraban la permeabilidad de la frontera y el dinamismo de la identidad colectiva y personal en el Río Bravo.
Las honras fúnebres y las juras han sido uno de los ritos de paso por los cuales la Monarquía se ha manifestado, desde Carlos V, en sus reinos, de forma casi física.Esto se acompaña de una evolución a través de los tres siglos: en particular el carácter más abierto, más seglar de la jura hace que en tiempos de las Luces tome más relieve. Desde fines del reinado de Carlos II hay una apertura a favor de la nobleza india. Con una nueva dinastía, este grupo ve en la jura real la posibilidad de abrirse un espacio de visibilidad, donde ya no será simple comparsa. Esto se dará de forma progresiva, distinta: controlada en las capitales, sorpresiva en Patzcuaro en 1701, más reflexiva en las viejas ciudades indígenas con privilegios (Tlaxcala). En la frontera la sombra del indio de guerra es un elemento clave. En cierta forma el mensaje real participa del fracaso que se pone de manifiesto en 1808. Por tanto las juras de 1809 toman otro cariz -más religioso, más individualizado. PALABRAS CLAVE: Monarquía hispana; América española; Siglo XVIII; Ceremonias reales; Nobleza indígena. Señor, esta lealtad se probó segunda vez en el año de 1748 en las plausibles fiestas que en la ciudad de los Reyes, corte del Perú, hicieron vuestros indios en los dias veintiuno, veintidós de febrero. Y habiéndoles cabido en ellas el último lugar como siempre les cabe en todo, no obstante le llevaron el primero en la pública aclamación no vulgar y popular, sino muy cierta, discreta y crítica [...], fueron las más plausibles, lucidas, alegres, grandes, majestuosas, augustas, reales, pomposas, heroicas, suntuosas y magníficas que se han visto en estos dos siglos, y que quedaron arrasadas no sólo las pasadas y presentes que vuestros vasallos los españoles han hecho, si aún en los antiguos tiempos romanos y de todas las naciones. 12 Le message politique est énoncé en toute clarté lorsque l'Empereur, assis, le sceptre tendu, «y Montezuma y Atabalita, emperadores en este Nuevo Mundo, hincados de rodillas tendidas las manos tocando en el cetro con rostros alegres». 13 Quant à leur participation directe, elle fut essentielle, sous forme de travail exigé: «diose orden que en toda la comarca de México se pintasen gran cantidad de escudos imperiales y otras muchas historias y figuras». En 1550, lorsque Velasco passe par Cholula, «los amaquemecas fueron a recibirlo a Cholollan, y sólo ellos danzaron; ejecutaron el "cantar de las [guerras] chalcas" en honor del [nuevo] virrey». Ofreciendo una corona de oro en las manos, y otra de flores la coya que usava de no menos grandeza». 27 A Puebla, on s 'emploie d' ailleurs à justifier la précipitation, «para que las noticias de sus reales animos y fieles procederes llegasen quanto antes a los estrados reales». 29 Il en irait de même à Mexico, si le chroniqueur de la proclamation, Gabriel Mendieta Rebollo, ne décrivait pas, incidemment, une scène curieuse: au coeur du rituel «los governadores y caziques dieron libertad a la bulliciosa travesura de varios conejos, liebres y gazapos, que recatados en el embozo de sus tilmas, dando assalto su novedad a la suspension del embelezo, con sus brincos entretuvieron el tablado (en esto más plausible) y movieron a desatarse el gusto en mayores muestras de alborozo». Ils sont alors pris de court: «suspendió por entonces su ejecución ver venir el gran concurso de indios naturales por la calle de San Agustin que entra en esta Real Plaza, venian delante de ellos con diversas invenciones y danzas a su usanza de ellos que entretenian [...]. Después de todo se seguía con regio y ostentoso aparato don Miguel de Urbina, cacique, representando la persona del Gran Cazonzi», et accompagné d'une nombreuse suite. Il monta, de sa propre autorité, sur l'estrade, «y puesto de rodillas rindió su corona y cetro a los pies de su Magestad». En 1761, les jésuites se plaignent qu'étant arrivés à Silao le 20 octobre, pour une mission itinérante, «el dia de la comunion de los grandes nos hizieron estos mucha falta por haverse venido a las fiestas de la Jura de el Señor Carlos Tercero, que se hizo por aquellos dias en Guanajuato». A las radiantes luzes de el luminar mayor de dos espheras [...] 36 «Su applicación la estara acordando a todos siglos en la temporal eternidad de los moldes [... el autor] haze un servicio obsequioso a su republica describiendo eloquente sus leales efectos, que essa es la ciencia mas provechosa a las ciudades». 37 Fac-simil de En acreditadas observaciones de affectos, con que la muy Noble, Insigne, y Leal Ciudad de Tlaxcala manifesto desempeños [...] en el crecido jubilo a la jura de la Catholica Magestad de nuestro Rey, y Señor Don Phelippe Quinto, Puebla, 1702, dans González Acosta, 2000, pp. 148-149. 44 Si les jeux de cañas mettent en scène des españoles galanes et des Turcs, certains cavaliers se sont déguisés en Indiens, les uns «imitando a los Indios Aucaes, cuya nación (aunque barbara) no dexa de usar algun genero de vestuario, si bien es rissible por su despreciable corte y traza, no obstante, como esta quadrilla havia convertido sus toscas mantas en costosas persianas y ricos encages, era a la vista airosamente agradable». Mais il y avait aussi de la tragi-comédie, car la dernière compagnie «imitaba a los indios Mocobies, cuya nación havita estas immediatas fronteras y es la mas barbara, cruel y sangrienta [...]. Esta quadrilla era la que más propiamente imitaba su nación, assi en los ademanes y trage como en lo ridiculo de sonajillas y cascabelillos de monte con que adornan sus caballos». Il s'agissait de «hacer vistoso alarde de las estratagemas, arte y maximas que usan los Indios barbaros de esta frontera en la astuta guerra». Le monarque est beaucoup plus lointain, presque en filigrane: «si D. Lázaro de Ribera no hubiera venido trayendonos noticia de él, no lo conocieramos, ni viéramos su retrato». Dios lo ha hecho capitan de toda la tierra». En matière de faits si complexes, il faut, à nouveau, citer longuement:... es general y común en los indios la inclinación a sus antiguas bárbaras costumbres, y también a venerar la memoria de sus incas. No están todavia desimpresionados de sus errores, y así, aun en sus fiestas, mezclan siempre aparatos y canciones lúgubres con analogía a los sentimientos de que se halla penetrado su espíritu. Aunque son innumerables las Reales disposiciones dirigidas a civilizarlos, y arraigarles la Religión por cuantos medios dicta la piedad, y el más heroico celo, no se ha conseguido el fin deseado. Otra docena de adornos se me ofrece que sé que gustará a muchos, y en especial a los americanos. Siendo el imperio de México y del Perú las dos principales y más preciosas piedras de la Corona de su Magestad, no parecerá extraño que algunos de sus emperadores idólatras sirvan de adorno al Palacio, seis a su derecha y seis a su izquierda». Un texte pourrait être symptomatique de leur état d'esprit, accroché à un souverain présent et intemporel à la fois: en 1735 les représentants de la communauté de Tecali écrivent: «usamos de nuestros recursos legales para libertarnos de tantas penciones [...], bien sabemos que tenemos Rey, alcalde Mayor y Justicia a quien obedecer como estamos promptos menos en el particular de recibirle sus repartimientos, pues tenemos una real y nobísima cédula de su Majestad Cathólica, que Dios le guarde, que nos favorece». 81 Fernández de Lizardi, J.J.: Obras. nouveaux droits que la Constitution accordait aux Indiens: «todo es jerigonza que no entienden, enigmas que no alcanzan a descifrar».
Durante el verano de 1808 se planteó en La Habana la posibilidad de instaurar una Junta de Gobierno, al igual que había ocurrido en los dominios españoles en la Península Ibérica. Diferentes autoridades, especialmente el gobernador y capitán general marqués de Someruelos y el Cabildo habanero, junto a algunos elementos destacados de la ciudad, debatieron la instalación de la que hubiese sido primera junta de América. El proyecto finalmente fracasó, aunque se conservó la lista de aquellos que mostraron su adhesión. Este documento, apenas sometido a crítica hasta la fecha, es el objeto fundamental de este trabajo, aunque no el único, ya que se tenía constancia de otras personas relacionadas con el plan que no figuran en el mismo. Con este estudio analizamos la composición social, política y económica de aquellos que optaron por la opción juntista en La Habana. PALABRAS CLAVE: Cuba; Junta; 1808; Elite social; Firmantes. Temores, debates y propuestas El proyecto fallido de establecimiento de una Junta Superior de Gobierno en el verano de 1808 es, quizás, uno de los hechos más controvertidos para la historiografía con respecto a los primeros años del siglo XIX en Cuba, y en nuestra opinión uno de los más complicados a la hora de llegar a entender su verdadero alcance. Los antecedentes necesarios para comprender la situación en la que tuvo lugar el que fue primer proyecto juntista de América se articularon en torno a tres hechos políticos cruciales para la historia de España. La máxima autoridad de la isla, el capitán general marqués de Someruelos,2 hubo de enfrentarse a estas circunstancias de manera casi autónoma, al haber quedado muy mermadas las comunicaciones con la Península desde 1805, año en que los británicos habían demostrado su hegemonía en el Atlántico. 3 El primero de estos hechos decisivos, uno de los más bochornosos de la historia de la Monarquía hispánica, tuvo lugar en octubre de 1807, cuando fue descubierta una trama para derrocar a Carlos IV 4 planeada por los partidarios del príncipe de Asturias y que desencadenó el conocido como «Proceso de El Escorial». 5 El conocimiento de estos sucesos provocó intranquilidad y desconcierto en las distintas instancias del gobierno en Cuba, al comprobarse que la autoridad real era cuestionada nada menos que por el heredero al trono. 6 En enero de 1808, cuando la noticia llegó a La Habana, se hicieron manifiestas las diferencias entre aquellos que se beneficiaban de las prebendas de Manuel Godoy, como eran el intendente interino Rafael Gómez Roubaud o el comandante general de Marina Juan María de Villavicencio -que ordenó la ejecución de una salva triple por el triunfo del Favorito ante sus adversarios políticos-, y aquellos otros que, como el capitán general Someruelos, eran contrarios a los manejos de Godoy en la isla: de hecho, este último consideró que no había motivo de celebración «en un suceso tan funesto». 7 Esa rivalidad ya se había manifestado un año antes, cuando el rey instituyó el Almirantazgo para premiar, una vez más, al Favorito. 8 Entonces, Gómez Roubaud y Villavicencio se destacaron como defensores de los derechos monopolísticos y de las prebendas especiales otorgadas al príncipe de la Paz, mientras que el Gobierno y Capitanía General se había posicionado junto a los poderes locales (especialmente el Cabildo, pero también el Consulado) en la defensa de los derechos e intereses de los habaneros, afectados negativamente por los nuevos privilegios de Godoy. El malestar de los perjudicados por esas prebendas había ido en aumento al comprobarse que el Almirantazgo no aportó los beneficios que decía defender para el comercio americano, en especial contra las distintas concesiones exclusivas otorgadas a algunos «amigos» del favorito, que siguieron como hasta entonces. 9 El segundo hecho fundamental fue el motín de Aranjuez ocurrido entre los días 17 y 19 de marzo de 1808; pocas semanas después llegaban a La Habana los primeros rumores sobre el destronamiento de Carlos IV y la caída de Godoy. 10 En mayo arribaron las primeras noticias que anunciaban «graves sucesos» en España y, a principios de junio, se recibían en Cuba informes fechados en abril que aseguraban que se producirían grandes alteraciones en la Península;11 aunque la notificación oficial de los hechos no fue recibida por Someruelos hasta el 9 de junio, 12 la noticia circulaba por al ámbito caribeño desde fines de mayo. 13 En el cabildo ordina-rio de 10 de junio, el Ayuntamiento habanero aprobó la sumisión al nuevo monarca aunque no fue proclamado, 14 posiblemente ante la perplejidad causada por las noticias e incertidumbre en cuanto a qué determinación tomar. El tercer hecho fue el traslado de la familia real a Francia y el levantamiento del 2 de mayo contra las tropas francesas en Madrid, noticia que no fue contrastada oficialmente en La Habana hasta la llegada, el 14 de julio, del intendente electo Juan de Aguilar. Muy posiblemente fue con la llegada de éste y el conocimiento de la formación de las primeras Juntas en la Península cuando empezó a hablarse en la capital cubana de la posibilidad o conveniencia de establecer allí una Junta Suprema; 15 en todo caso, las autoridades de La Habana no quisieron que quedara transcrita la discusión sobre estos hechos en las actas del Cabildo de la fecha 16 sino en una elaborada con fecha de 23 de septiembre de 1808. 17 Sólo tres días más tarde de la llegada de Aguilar, el 17 de julio, Someruelos publicó su proclama Habitantes de la isla de Cuba, en la que comunicaba la recepción de «manifiestos, proclamas y bandos publicados é impre sos emitidos por la Junta de Sevilla», 18 animaba a seguir el ejemplo del 2 de mayo madrileño y daba cuenta de la nueva alianza con Inglaterra. 19 Al parecer, tras la publicación de la proclama comenzaron a circular gran cantidad de impresos de diferentes Juntas peninsulares, que incitaban a una parte de la población a solicitar la instalación de una Junta de gobierno propia. 20 Quizás para calmar los ánimos y disipar dudas, el 18 de julio de 1808 se acordó en reunión de Cabildo la conveniencia de la proclamación solemne de Fernando VII, 21 cuya celebración se llevó a cabo el 20 de julio. 22 En todo caso, es claro que en La Habana ya había empezado a debatirse qué decisiones debían tomarse ante una situación tan grave e inaudita, y las diferentes autoridades debieron contemplar como necesaria la instauración de un organismo que centralizase el poder y salvase las disputas que se habían generado en los últimos días. De acuerdo con el relato que, para justificar su actuación en esas jornadas, hizo años más tarde el conocido abogado y dirigente criollo Francisco de Arango, 23 el 26 de julio, un grupo de habaneros, animados por el capitán general marqués de Someruelos, hizo la representación formal al Ayuntamiento para la instauración de una Junta Superior de Gobierno. 24 Con objeto de contar con un apoyo amplio, decidieron que una parte de los habaneros más destacados debían suscribir el documento proponiendo el establecimiento de dicha Junta. Al día siguiente se verificó que había sido rubricado por setenta y tres personas, algo que se consideró insuficiente. 25 En todo caso, el proyecto fue finalmente retirado el mismo 27 de julio ante la oposición que suscitó entre distintos sectores de la población habanera, constatando el fracaso del primer proyecto juntista de América. 26 El objetivo de este trabajo no es aclarar cómo se ideó el plan juntista ni su significación histórica en el contexto adecuado (cubano, nacional o de la Monarquía e internacional), ni las razones de su fracaso, aspectos que han sido ya ampliamente analizados en otros trabajos. 27 El propósito aquí es identificar a esos 73 firmantes del plan juntista y el rol o posición que ocupaban en la sociedad habanera de la época, de manera que podamos obtener una idea más ajustada sobre qué grupos de dicha sociedad pudieron apoyar el proyecto y comprobar si, como se ha dicho hasta ahora, la oposición al mismo y su eventual fracaso provino del estamento militar y otros sectores ligados a la administración colonial. Los estudios que han tratado este asunto no han hecho hasta ahora un análisis crítico de los datos aportados por los autores clásicos en relación con los firmantes del proyecto, quizás porque carecían de todas las referencias con las que hoy contamos. El avance historiográfico producido en las últimas décadas con los trabajos de Sevilla Soler, 28 Navarro García, 29 Kuethe, 30 Amores, 31 González-Ripoll, 32 Johnson, 33 Zeuske, 34 Vázquez Cienfuegos 35, Gonçalvès 36 y Piqueras 37, junto a la mayor facilidad para el acceso a fuentes documentales y bibliográficas, nos permite hoy identificar con mayor seguridad a cada uno de los firmantes de aquel proyecto. Una aclaración previa sobre las fuentes La primera dificultad para la realización del presente estudio reside en la crítica que debe aplicarse al estudio del documento en que consta el proyecto juntista y el listado de los que lo suscribieron. La fuente «original» más utilizada no ha sido el documento original, reproducido por Ponte Domínguez en 1947, 38 sino la transcripción publicada por José de Arango en 1813, es decir, cinco años después de los sucesos. 41 Estos dos autores son las fuentes citadas habitualmente y sus reproducciones se han considerado como válidas y hasta la fecha, que tengamos constancia, no han sido cuestionadas. La primera consideración a tener en cuenta es que José de Arango era primo carnal de Francisco de Arango y Parreño, estimado como uno de los principales implicados en el proyecto juntista, por lo que eso ya debería hacernos sospechar de los posibles intereses que pudiese tener en la reproducción del documento. En 1821 el propio Francisco de Arango transcribió el plan como documento justificativo de su actuación en los sucesos de 1808, pero no el listado de firmantes, 42 aunque dio explicaciones sobre la rocambolesca historia de la conservación del documento. Según la descripción más verosímil de los hechos, después de la presentación del plan y recogida de firmas que tuvo lugar el día 26 de julio de 1808, en la jornada siguiente cundió el nerviosismo por la oposición al proyecto que empezaba a hacerse patente, y dos de los firmantes -Juan Bautista Galainena y Pedro Regalado Pedroso-buscaron al síndico procurador del Ayuntamiento de La Habana, Tomás de la Cruz Muñoz, 43 para que fuesen borradas sus firmas. Con el fin de tranquilizarlos, el síndico rompió en dos pedazos el documento delante de ellos. 44 En la descripción que sobre el suceso hizo en 1813 Tomás Gutiérrez de Piñeres, furibundo opositor de los autores del plan, señalaba que fueron varios más lo que «clamaron porque se rompiera o se borraran sus firmas», aunque sin espe-39 AHN, Consejos, 21.035. José de Arango, Anexo al folleto Examen de los derechos con que se establecieron los gobiernos populares en la Península, y con que pudieron por cautiverio de Sr. D. Fernando VII, establecerse en la América española donde hubieran producido incalculables ventajas, entre otras la de precaver las sediciones. El documento fue copiado del original, siendo anunciado en el Diario de la Habana del 14 de septiembre de 1813. 45 Los trozos del documento fueron guardados por Cruz Muñoz y a su fallecimiento en 1813, su viuda los entregó a Francisco de Arango, según él mismo aseguró en 1821. 46 Arango confirmó que el papel guardado por Cruz Muñoz no había tenido «la menor testadura ni signo de adulteración», aunque no dudó en reconocer que el síndico «hubo de rasgar las tres hojas primeras, a lo largo de siete pulgadas». Arango no dio una explicación sobre las razones para la manipulación por parte de Tomás de la Cruz. Por cierto, esa maniobra de nada sirvió a Galainena y Pedroso, pues sus nombres se conservaron. Esto nos llevó a cuestionarnos por qué entre los firmantes no estaban los nombres de los que han sido considerados tradicionalmente como los principales inductores del plan ni de alguno de aquellos que tenemos la certeza de que participó en las deliberaciones previas. Pero antes debemos hacer una pequeña aclaración de un error repetido hasta hoy día: los firmantes no fueron 73, a pesar de que José de Arango lo asegurase, pues los dos últimos nombres corresponden a una única firma ya que el firmante, Juan Bautista Lasala, lo hizo en nombre de Manuel José Díaz; es decir, que no lo suscribió en su nombre y por tanto sólo fueron 72 los signatarios. Los inductores y conocedores previos del plan La consideración más verosímil es que la propuesta juntista fue redactada, a indicación del marqués de Someruelos, 49 por el ecijano Agustín de Ibarra, mariscal de campo y comandante de las compañías veteranas de 45 AHN, Consejos, 21.035, Folleto de Tomás Gutiérrez de Piñeres, La Habana, 23 de noviembre de 1813. 46 José de Arango, Examen de los derechos, p. En la reproducción facsímil proporcionada por Ponte Domínguez, aunque con cierto desorden en la colocación de los pedazos reproducidos, se puede observar la mencionada rotura del papel. Ponte Domínguez, 1947 (páginas centrales sin numerar). 48 Es interesante comprobar cómo en el texto de José de Arango se separan los firmantes con dobles guiones y con respecto a estos dos nombres sólo están separados por una coma, correspondiendo con las firmas del documento original. 49 Desde nuestro punto de vista no hay duda de que Someruelos fue uno de los promotores principales, si no el principal, aunque eso es algo que no analizaremos en este trabajo. Véase Vázquez Cienfuegos, 2008, pp. 231-243. artillería, 50 que contó con la colaboración de los siguientes: Francisco de Arango y Parreño, como alférez real del Cabildo habanero; 51 José de Ilincheta, asesor del capitán general; Pedro Pablo de O`Reilly y Arredondo, conde de O Reilly y comandante del regimiento fijo de La Habana, 52 como alguacil mayor del Cabildo; el síndico procurador del Ayuntamiento, el comerciante Tomás de la Cruz Muñoz; y el regidor José María Xenes, según la testificación del propio Francisco de Arango. 53 Su primo José aseguró en 1813 que junto a éstos se encontraba el capitán Andrés de Jáuregui 54 como alcalde ordinario de ese año. El memorial iba dirigido al «Muy Ilustre Ayuntamiento» por considerar que aquella era la más legítima o legal representación de la ciudadanía habanera. 55 Para poder aproximarnos a un conocimiento más profundo de los inductores, ya que tenemos la certeza de que con los documentos conocidos es muy difícil ser concluyentes, debemos remontarnos al 22 de julio de 1808, cuando tras la proclamación de Fernando VII del 20 de julio, tuvo lugar el Cabildo en el que se tomó la decisión de ir adelante con el proyecto juntista. En aquella reunión estuvieron presentes los regidores Andrés de medidas necesarias para instaurar una Junta en La Habana. 61 El texto definitivo, redactado por Agustín de Ibarra, 62 sería aprobado por todos los participantes y ratificado por Someruelos. 63 Este sería el último documento contemporáneo a los acontecimientos que cita el proyecto y no hay otras fuentes disponibles, pues las descripciones oficiales se silenciaron. Por tanto, parece evidente que al menos estuvieron implicados directamente, además de Someruelos, el conde de O Reilly, Ilincheta, Arango y, casi sin lugar a dudas, Ibarra y Jáuregui. Por la declaración de Arango y Parreño, así como por las actas capitulares, todos los demás estaban informados, cuando menos, desde la reunión en Cabildo de 22 de julio. 64 Podríamos decir que todos los nombrados fueron los que apoyaron el plan hasta el último momento, de manera más o menos explícita, con independencia de que aparezcan o no en la lista de los firmantes del proyecto. En las reuniones también participó y tomó parte en los debates el conde de Casa Barreto, José Francisco Barreto y Cárdenas; 65 y muy posiblemente también el procurador público habanero Judas Tadeo Aljovín, el comerciante catalán Raimundo José Queraltó, así como otros que aunque quizás habían participado en las deliberaciones previas, finalmente se mostraron opuestos al plan como fue el caso de Manuel Coimbra, 66 Juan Francisco Núñez del Castillo, 67 Francisco Sánchez Pando y seguro algunos 66 Abogado y asesor del Consulado, puesto que le fue asignado a propuesta de Francisco Arango al momento de crearse aquella institución (AGI, Santo Domingo, 2190, Arango a Gardoqui, Madrid, 7 de junio de 1793). Era también teniente de justicia mayor de San Juan de Jaruco (AGI, Ultramar, 120, N. 7, y 154, N. 87), es decir, hombre de la mayor confianza del conde de Mopox y Jaruco, famoso entre otras cosas por la contrata exclusiva y millonaria que logró del propio Godoy para importar harinas de los Estados Unidos, negocio que gestionó Arango como representante de Jaruco en La Habana. Sin embargo, Coimbra parece que se convirtió más tarde en enemigo del propio Arango: así lo afirma Francisco J. Ponte Domínguez (1947, pp. 20-21), quien lo incluye «en el séquito de Villavicencio y de Gómez Roubaud», el comandante de Marina y el intendente interino, enemigos declarados del famoso habanero. Es difícil conocer la causa de su inquina hacia quien le había aupado a tal puesto: ¿envidiaba y quizá esperaba suceder a Arango como síndico del Consulado? 67 Hijo del marqués de San Felipe y Santiago, oficial de cuerpo veterano. más, contrarios al modo en que se planteaba la Junta o, sobre todo, con el papel que se les debía asignar y no al hecho de la creación en sí de la citada Junta. 68 Otro influyente personaje habanero, Luis de Peñalver y Cárdenas, obispo electo de Guatemala y hermano del marqués de Arcos, había sido consultado por su hermano Nicolás sobre si debía ratificar el documento, 69 cosa que finalmente hizo, por lo que el prelado estaba también al tanto. También estuvo presente el brigadier Francisco Montalvo, 70 y hasta tuvo conocimiento el comandante de Marina Juan Manuel de Villavicencio, pues reconoció haber estado involucrado. 71 El intendente Juan de Aguilar, que acababa de llegar el día 14 de julio, aunque no estaba tan al corriente de la situación como para participar en las discusiones, brindó su apoyo decidido a las decisiones que tomase el capitán general, incluido el plan juntista. 72 Ninguno de los nombrados, a excepción de Raimundo Queraltó y Nicolás de Peñalver, aparecen entre los firmantes ni fueron relacionados con el proyecto juntista, a pesar de que su conocimiento implicaba que, al menos por omisión, habían aceptado sus planteamientos. Es decir, que además de los que dejaron plasmada su firma hemos de considerar que hubo otros 22 sujetos más o menos implicados en la propuesta, todos ellos de una notable relevancia política y económica en La Habana de 1808. Si analizamos todos estos datos, de entre las principales autoridades en La Habana sólo quedó al margen del debate Rafael Gómez Roubaud, superintendente de Tabacos e intendente interino entre 1803 y 1808. La otra autoridad importante que aparentemente no participó de una forma directa en la cuestión de la Junta fue el obispo de La Habana, Juan José Díaz de Espada. De todos modos tenemos constancia de que tanto Roubaud como el obispo Espada fueron informados por el conde de Casa Barreto, aunque no parece que llegaran a formar parte de las reuniones. Después de haber clarificado quienes fueron los inductores y principales implicados no recogidos en el documento, debemos analizar quiénes eran los firmantes, cuál era su relevancia social y política, y cuáles podían ser sus intereses, económicos o de otro tipo, en relación con la eventual instauración de una Junta de gobierno en La Habana. Los diversos autores que han tratado el asunto no siempre han analizado estos aspectos o lo han hecho de manera muy limitada. Así, a la hora de calificar o situar a los firmantes, Justo Zaragoza aseguraba que se trataba de un grupo de «notables»; 74 Ponte Domínguez también hablaba de «notables»; 75 Portuondo del Prado intentó darle un tinte más nacionalista al afirmar que eran un conjunto de criollos que podía haber dominado la situación política por «su número y calidad»; 76 Leví Marrero, por el contrario, no calificó a los componentes pero consideraba que por su número era un grupo «débil»; 77 Sevilla Soler, basándose en el enfoque clásico de la historiografía cubana, 78 los juzga como un grupo de «criollos azucareros» enfrentados a «comerciantes peninsulares»; 79 Kuethe, mejor informado, considera una exageración hablar de «notables»; 80 tesis que apoya Navarro García, que los describe como gente poco ilustre de la que sólo algunos podían ser considerados realmente como notables; 81 sin embargo, Zeuske considera que las firmas se buscaron entre las familias más importantes; 82 y para Piqueras no hay duda de que los peticionarios eran «personas notables». 83 Como vemos, la calificación más frecuente es la de «notables», un término ciertamente ambiguo y poco comprometido desde el punto de vista del análisis. Uno de los problemas al respecto de este asunto ha sido dar una explicación sobre las intenciones o motivaciones reales de los firmantes del proyecto de Junta, para lo que consideramos imprescindible conocer con deta-lle de qué individuos se trata. Desde luego, lo primero en que hay que insistir -aunque haya sido ya advertido-84 es que en el proyecto juntista en sí mismo no se encuentra ningún atisbo de un enfrentamiento criollo-peninsular; otra cosa es que fuera utilizado posteriormente por un sector concreto de los peninsulares para atacar a los elementos más destacados de la elite criolla, en particular a Francisco de Arango. En todo caso, se ha de advertir que las adscripciones políticas ligadas a la condición de peninsular o criollo, tan comunes en los estudios sobre el periodo tardo-colonial e independentista de los territorios continentales de la Monarquía, son puestas cada vez más en entredicho por la historiografía reciente. Y para el caso habanero es especialmente discutible, con familias que viajaban frecuentemente a uno y otro lado del Atlántico, conservando durante años los vínculos con la tierra de origen, pero también en muchos otros casos adaptándose a la tierra de acogida y considerando como propios los intereses de Cuba. Es el caso, incluso, de muchos funcionaros o servidores de la Corona, civiles y militares, en la isla. 85 Sin embargo, resulta significativo que el propio José Arango se preocupara de señalar que, de los setenta y tres firmantes (setenta y dos para nosotros), cuarenta y seis eran peninsulares y veintisiete criollos, 86 como si quisiera dejar constancia -en medio de la polémica que suscitó su publicitación-de que el proyecto contó con un mayoritario apoyo de los primeros. 87 En todo caso, los peninsulares de origen eran clara mayoría con respecto a los criollos, en una proporción de casi dos a uno, lo que desbarataría la idea tradicional del enfrentamiento entre «españoles» y «cubanos» en el debate entre fidelismo y autonomismo a principios del siglo XIX, 88 en el que este plan juntista se supone que debía ser la primera expresión, por par-84 Últimamente por Piqueras, 2008, p. 85 Este aspecto se olvida con frecuencia por una parte de los estudiosos de la historia de Cuba; los grandes comerciantes habaneros del periodo estudiado eran en su mayor parte nacidos en la metrópoli pero se hallaban fírmemente afincados en La Habana y convertidos muchos de ellos en hacendados: es el caso de Juan Bautista de Lanz, Pedro J. de Erice, Juan Bautista Galainena, los Martínez de Pinillos, Lorenzo de Quintana, Gabriel Raimundo de Azcárate, los hermanos Boloix, la familia Cuesta y Manzanal, etc. Un repaso a la composición de la Junta de Agricultura y Comercio, o del Consulado de La Habana, o a los socios de la Sociedad Económica, puede dar una idea cabal de lo que decimos (Véase Amores, 2009, pp. 49-88). 86 José de Arango, Examen de los derechos, p. 87 Esta afirmación la hizo José de Arango en 1813 cuando ya se había iniciado el proceso independentista en el continente y la situación no tenía nada que ver con la de 1808. te del criollismo cubano, del deseo de una mayor autonomía política con respecto a España. Como afirma Piqueras, lo seguro es que el plan juntista no fue una maniobra de criollos para conseguir una posición influyente o para hacerse con el poder. 89 Siguiendo la argumentación del mismo autor, lo verdaderamente determinante es tratar de conocer los intereses que movían a los firmantes, más que su origen peninsular o antillano. Hacendados, comerciantes, funcionarios, abogados y eclesiásticos La presencia de los clanes más poderosos de la isla está perfectamente representada con los apellidos Herrera, Pedroso, Chacón, Peñalver, Calvo de la Puerta, Montalvo o Cárdenas. Hasta diez de los firmantes llevan alguno de estos apellidos, entre los que se repartían la mayor parte de los títulos nobiliarios habaneros. Todos estos formaban parte del grupo más prominente de la «sacarocracia» o grandes hacendados azucareros, los cuales, además de controlar el Cabildo, ocupaban parte de los mandos de los regimientos fijos y los cuerpos milicianos, y eran miembros destacados de la Junta de Agricultura y Comercio. 90 Muy próximos a estos linajes y emparentados con ellos, aunque por el momento no titulados, aparecen en la lista otros apellidos como Caballero, Armenteros, Aróstegui o Jáuregui, que habían cimentado sus fortunas en el comercio, se habían casado con ricas habaneras y eran, desde hacía décadas, grandes hacendados, además de miembros del Cabildo, como regidores perpetuos (caso de Armenteros, Aróstegui y Caballero) o como alcaldes anuales o comisarios (caso de Jáuregui), y de las otras instituciones citadas. Muy cercanos a éstos por su estatus social, aunque nacidos en la Península, hay que situar a los firmantes Bernabé Martínez de Pinillos, afamado comerciante que alcanzaría el título de conde de Villanueva y padre del no menos famoso Claudio Martínez de Pinillos, todopoderoso intendente de la isla entre 1825 y 1851; los hermanos Francisco María y Pedro de la Cuesta y Manzanal, titulares de una de las más poderosas casas comerciales habaneras y terratenientes; o Bonifacio González Larrinaga, igualmente gran comerciante y hacendado azucarero, miembro del 89 Piqueras, 2008, p. Consulado y de la Sociedad Económica y capitán de milicias. Dentro de este grupo podríamos también situar a Joaquín Garro, Juan Vicente Adot y José de Flores Isunza, ya que eran mercaderes y hacendados al mismo tiempo, aunque de fortuna más reciente que los anteriores. Una posición similar ocuparía José Vicente de Orúe y Gorbea, que había hecho su carrera en las Intendencias de Cuba y Luisiana y se había afincado en La Habana como hacendado y comerciante desde 1792. En definitiva podríamos asegurar que al menos veintitrés -un tercio aproximadamente-de los infrascritos formaban parte de la auténtica elite social y económica habanera. Se puede constituir un nuevo grupo con otros veinte firmantes, también comerciantes nacidos en la Península, lo que daría casi otro tercio del total. Este dato por sí sólo desbarataría la idea de una Junta de «criollos azucareros» a la que se opusieron «comerciantes peninsulares». 91 Al parecer, hasta diez de estos firmantes habían ocupado cargos en la Junta de Gobierno del Real Consulado, 92 y hay que destacar que la Real Compañía de Comercio de La Habana, institución que podría considerarse más directamente ligada a intereses peninsulares «colonialistas», aparece también en el listado con la firma de León Ruiz de Azúa, contador de la misma en ese momento, así como su tesorero José de Axpe. Esto parece demostrar un interés especial de parte de los inductores del proyecto y de los comerciantes peninsulares por participar en la nueva institución de Gobierno que se proponía para la isla. Por otro lado, llama la atención el significativo número de empleados o funcionarios firmantes, un total de once. Algunos de los autores que venimos citando han sostenido la idea de que entre los opositores al plan estaban los empleados de la Intendencia, de la Superintendencia de Tabacos y de la Marina, pues se supone que el plan pretendía la sujeción de las distintas instancias administrativas bajo la autoridad centralizada de la nueva Junta, 93 un aspecto de gran interés en sí mismo por lo que suponía de ruptura con la tradición de Gobierno del Antiguo Régimen pero que no es éste el lugar para analizarlo. Sin embargo, no hay la menor duda de que había varios cargos importantes de estas instituciones entre los que suscribieron el proyecto. Como hemos visto, Juan de Aguilar, intendente de La Habana, apoyó el plan. 446) incide en que el personal de la Intendencia se oponía a la Junta. gos de la Intendencia como los dos administradores generales de rentas de La Habana, Julián Fernández y Francisco de Isla, 94 los contadores de la misma administración general Pedro de Achaval y Orueta 95 y José Sedano; 96 el contador ordenador del Tribunal Mayor de Cuentas Próspero Amador García, 97 y los contadores de la administración de Correos, Félix López Ayllón 98 y Juan Alonso Carriazo. 99 Cuando menos llama la atención que, a pesar de los posibles perjuicios que supuestamente les podría acarrear el plan, el perfil de estos firmantes dentro de la administración colonial fuese bastante alto. Quizá haya que tener en cuenta que algunos de los mencionados (Fernández, Isla, Achaval, Sedano) consolidaron su carrera de la mano de José Pablo Valiente, intendente en 1787-1790 y en 1792-1799, bien conocido como un «aliado» de Francisco Arango y Parreño en la lucha por la liberalización de la economía y el comercio de la isla. En cuanto a la Marina, nada menos que su comandante Juan Manuel de Villavicencio reconoció haber figurado inicialmente como vocal del proyecto de Junta. 100 Es posible que fuese de los primeros en mostrar reticencias y hasta oposición, 101 aunque es sospechoso que no se arrogase nunca el papel de haber provocado su fracaso, algo que le hubiese sido probablemente beneficioso. La idea de una oposición frontal al proyecto de las otras dos instancias de poder relevantes en la isla distintas de la Capitanía General, que eran la Intendencia y la Marina, está originada en las propias declaraciones que el capitán general hizo el 1 de noviembre de 1808 a la Junta de Sevilla, 102 pues en el plan apenas se hace una mención a la reunión de las 94 AGI, Ultramar, 151, N. 54. Reconocía incluso que había participado «en conversaciones generales» sobre el asunto, aunque aseguraba que siempre dijo que no formaría parte de ella. 102 AHN, Estado, 59-1, A, n.o 12, Someruelos a la Junta de Sevilla (el primero no conocía todavía que había cesado en su funciones el 25 de septiembre a favor de la Junta Central), La Habana, 1 de noviembre de 1808. Explicaba el ya ex capitán general que el plan establecía que debían uniformarse «las disposiciones de los diferentes ramos que hay en ella cada uno con su jefe respectivo, e independientes los unos de los otros, necesitándose grandes reformas por lo que respecta a los crecidos gastos que ocasionaron los ramos de Hacienda, superintendencia de Tabacos y Marina». Es decir, se trata de una explicación a posteriori y posiblemente interesada, pues la presencia de estos suscriptores parece desdecir esta oposición, al menos con respecto al proyecto. En cuanto a la participación del estamento eclesiástico, fueron cuatro los firmantes de esta condición, dos de ellos con un alto grado de responsabilidad como lo eran Antonio Fonte, cura rector del Sagrario de la Catedral, 103 y fray Tomás Pascual, prior del convento dominico de San Juan Letrán de La Habana. 105 Aunque el obispo Espada quedó aparentemente al margen, el hecho de que firmara su provisor y vicario general sugiere que estaba más que al tanto del proceso: es bastante improbable que Taboada se prestara a estampar su firma sin la aprobación de su superior eclesiástico inmediato. 106 Un dato también revelador a nuestro juicio es el de la presencia de hasta siete abogados entre los firmantes. De ellos se ha podido identificar al doctor Dionisio Vicente Matamoros, abogado de la Real Audiencia de Puerto Príncipe y catedrático de la Universidad de La Habana; a Luis Hidalgo y Gato, 107 y al principeño Tomás de Palma, que sería síndico procurador del primer Ayuntamiento Constitucional de La Habana en 1812, y hombre al parecer de la confianza de Someruelos. 108 Si hemos de sumar a éstos, como es obvio, a Francisco de Arango y Parreño, parece claro que los inductores del proyecto estaban convencidos de que se movían dentro de la legalidad, igual que ocurrió ese mismo año con los promotores de las Juntas en la Península y en la mayoría de las capitales americanas. 105 Fue secularizado y renunció a sus cargos para casarse con María Felicia de Jáuregui, hija de María de Aróstegui y de Juan Tomás de Jáuregui, emparentando con dos importantes familias de La Habana. 106 Quisiéramos agradecer la colaboración de Consolación Fernández Mellén en la información referente a los eclesiásticos por su amplio conocimiento en la materia. 107 Uno de los abogados más prestigiosos de La Habana, a su vez de familia de juristas. Entre otras actuaciones relevantes, aparece como uno de los que firmaron -junto al conde de Casa Montalvo, el conde de O'Reilly, Agustín de Ibarra, Francisco de Arango y Parreño, Rafael González y Andrés de Zayas-las Instrucciones que el Ayuntamiento habanero entregó a Andrés de Jáuregui, elegido diputado para las Cortes Extraordinarias de 1810: Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, Colección M. Morales, 79. 108 Al menos en dos ocasiones lo escogió como asesor para instruir causas judiciales de esclavos, en lo que parecía ser un «especialista». Otro tema que se ha planteado por los que se han referido al proyecto de Junta de La Habana es el del supuesto rechazo de los militares. Los principales defensores de esta «oposición militar» han sido Kuethe y Zeuske. Para explicar ese rechazo, Kuethe utiliza dos argumentos. En primer lugar, resalta la importancia del fuero militar, un privilegio de enorme valor social y jurídico del que gozaban especialmente los criollos jefes de los cuerpos de milicias, y al que supuestamente eran contrarios los que él considera principales inductores de la Junta, Arango y el asesor Ilincheta. 109 Por otro lado, destaca la trascendencia del situado, las remesas de dinero enviadas a La Habana desde México para cubrir los gastos de defensa y administración de la isla, y cuya llegada se pondría supuestamente en peligro con el plan juntista. 110 Zeuske, por su parte, apoya esta tesis y considera que la oposición militar fue decisiva para el fracaso del proyecto. 111 El norteamericano asegura que sólo cuatro oficiales cubanos se unieron al plan: el conde de Gibacoa, jefe de los Dragones de Matanzas; el conde de Casa Bayona y su hijo Francisco Chacón, ambos del regimiento voluntario de infantería de La Habana; y don Juan Montalvo O`Farrill, supernumerario en el regimiento fijo de la misma ciudad. 112 Sin embargo, habría que señalar varias salvedades que contradicen ese argumento. En primer lugar, nos parece importante advertir la diferencia sustancial que existía entre el oficial militar de carrera o veterano y el miliciano. Los defensores del argumento de la oposición militar al proyecto juntista no parece que lo hayan tenido suficientemente en cuenta. En este sentido, el supuesto peligro de la desaparición del fuero militar para los jefes de milicias no era algo que preocupara demasiado a los altos cargos veteranos, más bien todo lo contrario: de hecho, éstos se venían manifestando abiertamente en contra de los privilegios que, a cambio de dinero, iba otorgando la Corona a los criollos jefes de las milicias, como el de concederles las coronelías de ejército a los que lo eran sólo de milicias. 113 Por tanto, para hablar con propiedad de una oposición militar habría que dilucidar cuál fue la posición de los jefes de los cuerpos veteranos ante la propuesta juntista. Los defensores de esa teoría aducen siempre que el brigadier de ejército Francisco Montalvo fue el ejecutor de esa oposición militar. Esta tesis tiene su origen en los planteamientos de Jacobo de la Pezuela, que describió de manera dramática la intervención de Montalvo en la reunión en que se debatía el plan, a la que puso prácticamente fin con una demostración de fuerza. 114 Pero esa versión no ha sido contrastada, el propio Pezuela no da sus fuentes y ninguna de las versiones expuestas por los coetáneos dio cuenta de nada parecido, algo muy extraño en un suceso de tal gravedad. 115 Es más, alguna de las versiones de la época consideran que Francisco Montalvo conocía el plan e incluso parece que llegó a ser propuesto como presidente de la Junta y que, si intervino para poner fin al proyecto, fue por orden del marqués de Someruelos. 116 Desentrañar el verdadero papel de Montalvo en estos sucesos no es un asunto menor, pues en 1808 él era nada menos que el jefe de todas las tropas veteranas y milicianas de la isla por delegación del mismo capitán general,117 y con posterioridad a los hechos comentados siguió contando con la especial confianza de Someruelos. 118 La segunda salvedad se refiere al tema del situado. Para la fecha (1808), este importantísimo subsidio había decrecido enormemente, hasta el punto de que había dejado de ser, con mucho, el ingreso principal de las cajas de La Habana, como revelan las cifras siguientes (en pesos):119 Evidentemente, el inicio de la guerra con Inglaterra en 1796 produjo un descenso creciente en la llegada del situado a La Habana, tanto porque la metrópoli reclamó al virrey de Nueva España todo el dinero que pudiera enviar como por las dificultades de la navegación. 120 Pero lo principal que revelan esas cifras es que las rentas propias de la isla estaban haciendo posible cubrir la mayor parte de sus obligaciones presupuestarias sin necesidad del situado. De hecho, para 1810 dejó éste de llegar de modo definitivo. Hacía años, por tanto, que la arribada del situado no podía constituir una prioridad para los sectores privilegiados -militares, jefes criollos de las milicias, grandes hacendados y comerciantes-, aunque hasta entonces sí se habían beneficiado directa o indirectamente de esa inmensa y continuada transferencia de capitales. 121 De todas formas, si aceptáramos el considerar como miembros del sector militar a los jefes y oficiales de las milicias, entonces resultaría que había mucho más que cuatro oficiales firmantes del proyecto: en concreto, veintitrés de esos firmantes tenían en ese momento carácter de oficial de milicias. Y es que, a los jefes criollos de las milicias disciplinadas de la isla -Sebastián José de Peñalver, coronel, 122 Juan Tomás de Jáuregui y Mayora, capitán, 123 el conde de Gibacoa y el de Casa Bayona, Francisco Chacón, Martín de Aróstegui y Basave y Juan Montalvo O`Farrill, coroneles-habría que sumar otros dieciséis que eran oficiales de las Milicias Españolas de Voluntarios, un cuerpo miliciano de carácter urbano organizado en la primavera de 1808 ante el temor de un ataque británico 124 y que parece se encontraban perfectamente adiestradas y preparadas para el vera-no de 1808, según se desprende de la descripción de su estado a finales del mes de mayo. 125 Aunque esas fuerzas no tuvieron que demostrar su destreza al desaparecer la amenaza de un desembarco británico,126 y Francia, aunque también se temió, nunca supuso un peligro real de ese tipo, casi un año después, cuando en marzo de 1809 hubo un violento tumulto en La Habana que llegó a poner en peligro la seguridad de toda la ciudad y alrededores, fueron estas fuerzas y no los cuerpos veteranos o las milicias regladas, comandadas precisamente por Francisco Montalvo, las que debieron actuar, demostrando su efectividad. 127 En resumen, parece que no hay razones sólidas para argumentar una supuesta oposición militar al proyecto juntista, tanto si consideramos como militares sólo a los jefes y oficiales veteranos o profesionales como en el caso de que se decida incluir en esa categoría a los oficiales de milicias, disciplinadas y urbanas; en este último caso habría que hablar, por el contrario, de un apoyo casi masivo al proyecto. En definitiva, podríamos decir que la intención de los promotores del plan era lograr un conjunto de apoyos explícitos en el que estuviesen ampliamente representados los principales estratos de las elites habaneras, como de hecho se había especificado en el encabezamiento del Plan, redactado antes de que nadie hubiera firmado: «Los vecinos hacendados, comerciantes y personas notables de esta ciudad, que abajo firmamos,...» Una parte importante de los inductores del proyecto, así como de los suscriptores, eran miembros de la gran elite terrateniente habanera; encontramos a algunos de los principales cargos de la diócesis; y también estaba muy bien representado el sector intermedio, pero muy dependiente de las elites, conformado por comerciantes, abogados y burócratas. El número de individuos vinculados a actividades militares podría considerarse como propor-cionalmente alto y el de nacidos en la Península estaba en una relación de dos a uno con respecto a los criollos. De esta forma, una parte de las afirmaciones e interpretaciones hechas hasta ahora sobre los defensores y opositores al proyecto juntista habanero parece que deben ser revisadas. El desajuste entre las muy bien elaboradas tesis sobre la oposición de la Intendencia, Superintendencia, Comandancia de Marina y del estamento militar en general y el listado del plan juntista no se debe a una explicación errónea de la situación, sino a la utilización de ese proyecto juntista como constatación expresa de las diferencias políticas que existían en La Habana y que siguieron existiendo. El proyecto, por el contrario, se planteó como un solución a una situación grave pero coyuntural, en la que todas las autoridades y la mayor parte de la elite habanera quiso participar por considerarlo adecuado a las circunstancias, siguiendo el ejemplo de la Península y en principio dejando a un lado sus diferencias. Y su fracaso se debió a causas también coyunturales, como el planteamiento semipúblico que se le dio en medio de una situación de exaltación general de la población, que quizás pudo entender el proyecto en una clave de ruptura o con intenciones tiránicas, una cuestión que abordaremos en otro trabajo. Cosa bien distinta es que, una vez concretado el fracaso del proyecto, éste fue usado como arma arrojadiza en los debates políticos que surgieron en las fechas siguientes, debates en los que se basan los argumentos que han manejado las tesis aceptadas hasta hoy. de la Cuarta División de naturales de Navarra y Vizcaya de las milicias de Voluntarios Españoles levantadas en 1808. Doctor José María Sanz. Pedro de la Cuesta y Manzanal. Español peninsular (Sevilla), comerciante, miembro del Consulado (1803), teniente 1.o de la primera compañía de la Primera División de naturales de Castilla de las milicias de Voluntarios Españoles levantadas en 1808. Hermano de Francisco María (firmante n. Manuel Zabaleta y Hechavarría. Español peninsular (Vizcaya), comerciante, teniente primero de la segunda compañía de la Cuarta División de naturales de Navarra y Vizcaya de las milicias de Voluntarios Españoles levantadas en 1808. Español peninsular (Cataluña), comerciante, capitán de la segunda compañía Tercera División de naturales de Cataluña de las milicias de Voluntarios Españoles levantadas en 1808, síndico procurador del Ayuntamiento de La Habana en 1812. Español peninsular (Cataluña), comerciante, ayudante de la segunda compañía Tercera División de naturales de Cataluña de las milicias de Voluntarios Españoles levantadas en 1808, miembro del Ayuntamiento constitucional en 1814. Español peninsular (Cartagena), funcionario de la Administración de Correos. Acabó emparentando con alguno de los grandes apellidos habaneros. Aparece entre los firmantes del informe del Consulado oponiéndose a la gracia de las harinas al conde de Mopox, 21 de diciembre de 1796, AGI, Santo Domingo, 1676. 178 Formó parte de la Junta de Censura junto a Agustín Caballero, Luis Hidalgo Gato, Rafael González y el presbítero Domingo Mendoza.
La presente investigación 1 aborda el momento en el que se inicia en Chile la enseñanza formal de la asignatura de Derecho Constitucional. Con la inauguración del Instituto Nacional en 1813 -primer establecimiento del naciente Estado Nación chileno-, la enseñanza de la citada materia adquiere un lugar público con la reforma a su plan de estudios de 1832. Durante el periodo de la Reconquista española (1814-1817), el Instituto Nacional es clausurado por decreto del general del Ejército Nacional español Mariano Osorio, un 17 de diciembre de 1814. Reinstaurado el ideario independentista del Estado chileno bajo la vigencia de la Constitución de 1818, el Instituto Nacional es reinaugurado en 1819 por el director supremo Bernardo O'Higgins, sin que, nuevamente, se haya contemplado enseñanza alguna de la Constitución chilena. Otro tanto ocurre con la existencia de las Constituciones de 1822 y 1823, respecto de las cuales no hubo iniciativa como para haber estimulado reforma alguna en el Instituto Nacional que instaurase los estudios políticos en Chile. Es curioso que un hombre ilustrado y republicano como Juan Egaña, que ostenta, entre otros honores, el haber sido el más importante ideólogo no sólo del Instituto Nacional en 1813, sino además de un proyecto de Constitución chilena hacia 1811 y padre de la Constitución de 1823, no haya propuesto la enseñanza del Derecho Constitucional patrio en los planes de estudios del principal establecimiento educacional chileno. 2 Esto no deja de ser una paradoja. ¿Por qué razón está ausente la enseñanza del Derecho Constitucional en un establecimiento como el Instituto Nacional, baluarte del novel republicanismo chileno, y cuyos ideólogos -en especial Juan Egaña-constituyen, además, destacados ideólogos políticos, capaces de organizar institucionalmente al Estado en función de normas constitucionales? El Instituto Nacional no logra concretar reforma alguna para incorporar la enseñanza del Derecho Político o Constitucional en el plan de estudios jurídico. Por el contrario, sus escasas asignaturas iniciadas en 1813 siguen la inercia ininterrumpidamente mucho 1 La colaboración que se ofrece al lector constituye resultado parcial de una investigación mayor. El proyecto se intitula Orígenes de la asignatura de derecho constitucional en la enseñanza decimonónica chilena (1813-1889), código DIUDA 221154, financiado por la Dirección de Investigación y Postgrado de Universidad de Atacama, Chile. Hasta 1828, la enseñanza del derecho -parafraseando a Bañados Espinosa-conserva los mismos hábitos, las mismas tradiciones y el mismo estado de civilización. 3 Lo que no pudo ser realizado por la educación pública, se logra en la enseñanza privada del Liceo de Chile y del Colegio de Santiago. Cada uno de estos establecimientos de educación responde a distintos proyectos políticos que entre los años 1827 y 1829 se disputan la conducción del país. José Joaquín de Mora, fundador del Liceo de Chile, pertenece a la confianza del gobierno liberal del general Francisco Antonio Pinto. El presbítero Juan Francisco Meneses, fundador y primer rector del Colegio de Santiago, y la figura de Andrés Bello, sucesor de Meneses, responden al ideario conservador de la República de Chile. Tienen la dicha estos dos centros de educación de haber inaugurado la enseñanza formal de los estudios de Derecho Constitucional. José Joaquín de Mora y el Liceo de Chile Con la llegada de José Joaquín de Mora (Cádiz, 1783 -Madrid, 1864) a la ciudad de Santiago un domingo 10 de febrero de 1828,4 se inicia en Chile un fugaz, pero fecundo, periodo de discusiones teóricas e intensos debates políticos que giran en torno a principios que definen la esfera público-privada bajo la cual debe construirse y consolidarse la República chilena. José Joaquín de Mora polemiza con los más distinguidos intelectuales de su tiempo en Chile: Juan Egaña y Andrés Bello. El primero defiende la institución colonial del mayorazgo cuando ésta era abolida por la Consti -tución liberal de 1828. 5 Andrés Bello, por su parte, traba con Mora un intenso debate acerca de literatura y educación 6 justo en el momento en que se afianza políticamente el conservadurismo chileno. Al servicio del gobierno liberal de Francisco Antonio Pinto, Mora es nombrado un 11 de febrero de 1828 oficial mayor auxiliar del Ministerio de Estado. 7 El ilustre gaditano es recordado por su activa participación en la redacción de la citada Constitución de 1828 y por la fundación y breve sostenimiento del Liceo de Chile. La influencia de Mora en esa Carta Magna chilena fue decisiva a propósito de las cláusulas sobre tolerancia religiosa, libertad de imprenta, no reelegibilidad del presidente de la República, bicameralidad del Congreso y abolición de los mayorazgos. En la Revista de Historia de América, número 43 correspondiente al mes de junio de 1957, el crítico literario e historiador Raúl Silva Castro sostiene como tesis que José Joaquín de Mora no constituye el más destacado ideólogo de la Constitución de 1828 y que tal error se debe al prestigioso biógrafo del gaditano Miguel Luis Amunátegui Aldunate. Abierta la polémica, no tarda en aparecer la apología de Mora efectuada por Ricardo Donoso en Cuadernos Americanos, número 100 de México, 1958, y que luego reprodujera en la Revista Chilena de Historia del Derecho, número 1, de 1959. 6 El locus clasicus de esta polémica es Ávila Martel, 1982, el cual aporta valiosa información que no recopila Amunátegui Aldunate, 1888, como son las polémicas trabadas en El Mercurio, de Valparaíso, o El Popular, de Santiago de Chile, prensa en la que discurre el fuego cruzado entre Andrés Bello y José Joaquín de Mora sobre la legitimidad de sus respectivos establecimientos de enseñanza o acerca de la mayor o menor competencia con la que se desarrolla la enseñanza de las letras y las humanidades. Este profesor del Departamento de Literatura de Universidad de California-Santa Cruz, muestra como los discursos de ambos publicistas inciden en la configuración de distintas y, a veces, contrapuestas ideas de la esfera público-privada bajo la cual se construye el Estado chileno (pp. 151-153). De gran interés son los énfasis destacados por Poblete en relación a los debates filológicos que dirige el «grupo-Bello» contra Mora y el modo cómo se produce la contra carga de éste último (pp. 155 y siguientes). El valor que ofrece el estudio del profesor Poblete reside en su tesis central: el debate sobre estilo de la lengua es de naturaleza políticosocial, pues se piensa que corrupción de la lengua e influencia de la literatura es una cuestión de corrupción de las costumbres (p. 8 Silva Castro (1957, pp. 109-113) contrasta la afirmación de Amunátegui Aldunate -que tanta influencia ha ejercido en la historiografía posterior en orden a señalar la paternidad de la Constitución de 1828 al español J. J. de Mora-con las afirmaciones de Luis Galdames y, especialmente, con las del propio Mora expresadas en diversas cartas dirigidas a su amigo argentino Florencio Varela en el transcurso de 1828. Silva Castro no sólo duda de la autoría de Mora respecto de dicho texto constitucional, sino también sobre la paternidad de la redacción del periódico El Constituyente, órgano literario en el que se tiene oportunidad de comentar los avances de la Constituyente de 1828. Del mismo modo que el historiador Diego Barros Arana, Silva Castro piensa que la paternidad de tal redac-Fundamentalmente, la apología de Donoso respecto de la paternidad de Mora sobre la Constitución liberal chilena de 1828 descansa en la influencia que tiene el pensamiento del gaditano acerca de la libertad de imprenta, la tolerancia religiosa y la cuestión de los mayorazgos, temas tratados en la repetidamente citada Constitución. Sobre el financiamiento del Liceo de Chile Esta institución constituye una obra singular en la historia de la enseñanza preparatoria y universitaria decimonónica chilena.10 Apenas instalado en el país chileno, Mora se empeña muy temprano en armar su proyecto educativo y en el periódico La Clave, números 69 y 70 de 12 y 15 de abril de 1828, informa a la opinión pública de los principios con arreglo a los cuales pretende establecer una casa de educación.11 Adelanta en este prospecto las materias a enseñar gradualmente, el uniforme que deberán vestir los estudiantes, la administración del tiempo, el régimen de castigos y premios a que da lugar el comportamiento valioso o no de los pupilos. También se anuncia el régimen de los alimentos y los fines práctico-morales de la relación alumno/profesor que ha de perseguir el comedor. Por último, agota este prospecto las condiciones económicas que permiten la manutención diaria de los estudiantes.12 ción pertenece al escritor chileno Manuel José Gandarillas. Por el contrario, la apología de J. J. de Mora es efectuada por Donoso (1959, pp. 13-24), quien opina que la convicción de Amunátegui Aldunate sobre la paternidad de la Constitución de 1828 la obtiene del escritor Ramón Briseño, 1862, quien afirma que la Constitución liberal es obra de Mora. También piensa Donoso que no es necesaria una «severa inspección» de las afirmaciones de Amunátegui Aldunate en su biografía de Mora, bastando únicamente un examen de las ideas sobre derecho público del propio Mora. Donoso utiliza las mismas fuentes empleadas por Silva Castro para sugerir la afirmación de sus tesis. El Liceo de Chile es una empresa de carácter privado, pero con un significativo apoyo del gobierno liberal del vice-presidente Francisco Antonio Pinto. El 27 de agosto de 1828 Mora se dirige por escrito al citado gobernante solicitando algún edificio público carente de destino y que permitiera el funcionamiento del Liceo. Para estos efectos, fue el propio Mora quien propuso al vice-presidente que la obligación de pagar renta por el inmueble fuera retribuida con el compromiso firme de (...) educar y mantener gratuitamente los jóvenes que V.E. designe, o lo que es lo mismo a tener en el colegio un número de becas a favor del Estado para que el Gobierno las distribuya entre los sujetos de su preferencia (...). 13 En la misma fecha, el señor Pinto, con la firma de su ministro del Interior Carlos Rodríguez, decreta ceder al Liceo de Chile el edificio de La Maestranza, comisionándose al citado ministro para que acuerde con José Joaquín de Mora el respectivo contrato de arrendamiento. Destacan las dos primeras, pues se fijan diez años de arriendo del inmueble contados desde la fecha del contrato y el precio del alquiler equivalente a 2.000 pesos por diez meses, resolviéndose dicha contraprestación con diez becas de las que dispondrá el Gobierno (...) debiendo nombrar las personas que han de obtenerlas, sin poder alterar dicho número durante los diez años estipulados. 15 Pero el Liceo de Chile tendrá otras dos importantes fuentes de financiación. El gobierno de Francisco Antonio Pinto decreta el 10 de octubre de 1828 ceder al proyecto de Mora veinte becas que habían sido concedi-13 Ibidem, pp. 13-15. Este autor, en nota al pie, recuerda que el edificio de la Maestranza se situaba en la vereda oriente de la actual Avenida Portugal (ex Calle de la Ollería), entre las calles Marcoleta y Rancagua, lo cual corresponde a las dependencias de la Universidad de Chile. Con fecha 11 de septiembre el vice-presidente Pinto aprueba el contrato de arrendamiento y lo refrenda, además, con la firma del ministro de Hacienda Francisco Ruiz Tagle. El 1.o de octubre de 1828, los citados vice-presidente y ministro firman el decreto por el que designan las diez becas otorgadas por José Joaquín de Mora en retribución por el pago del precio de alquiler del inmueble cedido por el gobierno. Los beneficiarios son: Manuel y Ambrosio Rodríguez, hijos de Ambrosio Rodríguez y de Carmen Bustamante; a Gervasio, Adriano y Francisco de Paula Borgoño, hijos del brigadier José Manuel Borgoño; a Juan Esteban Campino, hijo de José Antonio Campino; a Manuel Muñoz Urzúa, hijo de Manuel Urzúa y de Tomasa Gamero; a Francisco y Pedro de la Lastra, hijos del brigadier Francisco de la Lastra; y a Narciso Guerrero, hijo de Ramón Guerrero» (p. das por un decreto de 28 de noviembre de 1827 en favor del ciudadano José Melián, quien proyectaba establecer un colegio para niños en la ciudad de Santiago. Tal empresa del señor Melián había fracasado y en aquel decreto de 1827, el gobierno no sólo disponía proveer veinte becas a distribuir entre las ocho provincias del país, sino que ordenaba a la Tesorería General pagar 4.000 pesos «(...) para el transporte de los profesores que han de traerse de Europa». Esos cuatro mil pesos, en el decreto de 1828, se destinaron al propósito de ayudar a los gastos «(...) en las primeras atenciones del establecimiento» de José Joaquín de Mora. 16 Sin embargo, el más importante apoyo económico al Liceo de Chile tuvo como fuente el propio Congreso Nacional. El 11 de noviembre de 1828, el Ejecutivo dirigía al Senado del Congreso Nacional un proyecto de ley en el que se solicitaba la autorización para conceder cuarenta y dos becas al Liceo de Chile. El presidente del Senado respondió al vice-presidente Pinto concediendo las cuarenta y dos becas al Liceo de Chile.17 Pero agregaba algo más la nota parlamentaria. Si bien el Congreso está consciente de la importancia de apoyar a iniciativas que, como el Liceo de Chile, cultiven el amor y verdadera adhesión a la ley entre los ciudadanos, esperaba del gobierno no sólo una reforma del Instituto Nacional, sino también igual actitud benéfica para con el primer establecimiento público de enseñanza nacional. Sobre los estudios generales y el curso de derechos en el Liceo de Chile En el transcurso de 1828, Mora publica su Plan de estudios del Liceo de Chile. Es el texto consultado en la presente investigación con el fin de conocer las materias ofertadas para la enseñanza general que imparte Mora en su Liceo de Chile. Este establecimiento educacional abrió sus puertas un 16 de enero de 1829,19 pese a que el prospecto indicaba que su apertura fue el 1.o de enero de aquel año. 20 Dos son las áreas de conocimientos que el citado Liceo propone a los estudiantes: estudios literarios y estudios científicos y la duración de estas enseñanzas sería de cinco años. Los estudios literarios estaban a cargo de José Joaquín de Mora y se realizaban por la mañana; los estudios científicos, a cargo de Andrés Gorbea, tenían lugar durante la tarde. El plan de estudios era el siguiente: 21 Primer año.-Estudios Literarios bajo la dirección de don José Joaquín de Mora. Traducción francesa por el sistema de Hamilton. Dos veces por semana, Geografía descriptiva. Estudios Científicos bajo la dirección de don Andrés Gorbea. Aritmética, Álgebra, Geometría especulativa y Trigonometría rectilínea; una vez por semana, en el último semestre, lección y práctica de la Geometría aplicada. Gramática francesa y continuación de la traducción por el sistema de Hamilton. Dos veces por semana Historia sagrada, y de los imperios antiguos. Secciones únicas; cálculos de combinaciones, permutaciones y probabilidades; ecuaciones superiores; series; Trigonometría esférica; uso de los globos; Geometría aplicada a las tres dimensiones. Tercer año.-Sintaxis latina aplicada a la lectura de los autores. Dos veces por semana. Cálculo diferencial, integral y de las variaciones; Estática, Dinámica; Fortificación pasajera y permanente. Cuarto año.-Lectura razonada de autores latinos. Dos veces por semana Historia Romana; dos veces por semana en los últimos seis meses, Economía Política. Hidrostática, Hidrodinámica, Magnetismo; Óptica y Principios de Astronomía y Perspectiva. Quinto año.-Lectura razonada y análisis de autores latinos, españoles y franceses. En los seis primeros meses Elocuencia castellana, y literatura española; en los otros seis Ideología. Dos veces por semana, Épocas de la Historia Moderna, según los sistemas de Koch y de Müller. Química; cuerpos inorgánicos, cuerpos organizados vegetales y animales; Análisis químico. De dicho programa no se infiere un estudio sistemático de la política y de sus instituciones más relevantes. Al momento de explicarse con detalle cuál es el alcance de los «Estudios literarios», el director del Liceo José Joaquín de Mora afirma: Por otra parte, José Joaquín de Mora organizó un curso general de derechos, el cual difunde a través de un prospecto que circuló durante el mes de abril de 1829. Las materias o asignaturas del citado curso se distribuían en tres años y, en dicho plan, la enseñanza del Derecho Constitucional -que he destacado en cursiva-se inicia en el primer año de los estudios. Véase el contenido del prospecto a continuación: 23 Se abrirá en el Liceo de Chile un curso general de derechos bajo la inmediata dirección de don José Joaquín de Mora. Durará tres años, en los cuales se distribuirán del modo siguiente los diferentes ramos de esta enseñanza: Un extracto del prospecto del curso general de derechos de Mora, que contiene sólo las materias o asignaturas, se encuentra en Baeza Marambio, 1944, p. 59, pero adolece de descuido en la cita del programa. ISSN: 0210-5810 Primer año.-Derecho Natural, de Gentes, Constitucional y Romano, sirviendo de texto a las explicaciones del profesor, las obras de Burlamachi y Vattel; la Constitución de la República y la Instituta de Justiniano. Para todo lo relativo al Derecho Internacional y Marítimo, se hará uso de las doctrinas de Azuni y Peuchet, que se miran en las naciones cultas como oráculos de esta parte de la legislación. Segundo año.-Derecho Patrio o explicación de todas las leyes civiles y criminales que rigen en nuestro actual sistema judiciario comparándolos con los que han adoptado los pueblos más célebres e importantes de la época presente. Derecho Canónico y Economía Política. El primero será un extracto de lo más puro que encierra una ciencia extraviada de su verdadero objeto por el espíritu escolástico, y un resumen de las disposiciones más aplicables a las instituciones políticas que nos rigen. La economía política se enseñará por el tratado de Jacobo Mill, añadiéndose lo más sensato y positivo que comprenden los otros economistas que han escrito antes y después. Como el objeto de este curso es formar letrados útiles, se empleará en él la lengua nacional, que es la que se usa en los tribunales de nuestro país. El curso de derechos será el único del Liceo en que se admitan externos; y para cortar toda comunicación entre éstos y lo interior de la casa, se tendrá la clase en las piezas exteriores que antes ocupó la capilla de Loreto. Los externos pagarán cuatro pesos mensuales. Los jóvenes que entren al Liceo en calidad de alumnos internos para seguir el curso de derechos, podrán tomar parte en los otros ramos de instrucción que se cursan en el establecimiento. Los propósitos que Mora tenía en mente en relación al curso de derechos eran de orden superior, que en absoluto se agotaban con la enseñanza al interior del Liceo. El gaditano concibió su curso de estudios jurídicos como Curso de derechos del Liceo de Chile, aplicable a todas las nuevas repúblicas de América,24 resolviendo la publicación de una obra que permitiera su difusión. Mora decide publicar siete tomos o cuadernos del curso de derechos: El primer tomo se destina a la enseñanza del Derecho Natural y de gentes; el segundo, a la enseñanza del Derecho Romano; el tercer y cuarto tomos, reunidos, versaban sobre Derecho Civil y Criminal; el quinto estaba pensado para la enseñanza del Derecho Comercial; el sexto tomo, dedicado a la enseñanza del Derecho Canónico; por último, el séptimo se concibió para la enseñanza de la Economía Política y del Derecho Constitucional. La Clave de Chile contiene una breve descripción de las materias del tomo 7.o sobre Economía Política y Derecho Constitucional. 25 Tomo 7.o Economía política y derecho constitucional Primera parte. Exposición del tratado de economía política de Mill, con las doctrinas de Smith, Say, Ricardo, Jovellanos, Storch, Maccullofih, y otros. 2.a Teoría del derecho Constitucional, aplicada a la Constitución de Chile. Apéndice.-Ensayo de un curso de lógica legal, o reglas de raciocinio en materias de legislación y de jurisprudencia. A diferencia de los extensos descriptores que Mora dedica a otras materias como el Derecho Natural, el Derecho de Gentes, o el Derecho Civil y el Derecho Penal, el de Derecho Constitucional es extremadamente pobre, como se puede apreciar. Tampoco ha sido de utilidad recurrir a una rica fuente de información de la época como son los programas de exámenes, en los que se estilaba informar a los estudiantes del temario de cada asignatura sujeta a evaluación final. De este modo, en el Programa de los exámenes públicos en el Liceo de Chile en los días 8, 9 y 11 de febrero de 1830 no se halla referencia alguna a los contenidos de Derecho Constitucional. Únicamente se detallan los contenidos a evaluar de las asignaturas de Derecho Natural y Derecho de Gentes, señalando los alumnos que «responden» tales materias: Buenaventura Cousiño, Aniceto Cordovez, José Rojas, Manuel Guzmán, Manuel Quiroga, Juan Nicolás Álvarez, Joaquín Bravo, Joaquín Álamos, Fernando Herrera, Diego Tagle, José Antonio Valdés, Manuel Rojas y Manuel Allende. 26 Si el Derecho Constitucional y el Derecho Romano son materias del primer año de estudios del curso especial de derechos, ¿por qué razón no aparecen en la convocatoria de febrero junto al Derecho Natural y al Derecho de Gentes? Es posible que tales materias no se hubieran enseñado a tiempo como se tenía previsto, no habiendo razón para evaluarlas en la fecha de exámenes fijada por el Liceo de Chile. La obra es publicada parcialmente. Los suscriptores del primer tomo recibirían su distribución a partir del 1.o de enero de 1830. Sin embargo, hubo que esperar hasta el 1.o de abril de aquel año para ver el cuaderno publicado. El segundo tomo, sobre Derecho Romano, logra su publicación mucho más tarde y, según Miguel Luis Amunátegui, la obra se usó en tres universidades bolivianas hasta 1865. Los cinco restantes cuadernos no se publican, con lo que jamás se podrá saber el contenido y orientación de los estudios del Derecho Constitucional pensado por Mora. 27 No cabe duda que los acontecimientos políticos -la derrota de los liberales en la batalla de Lircay en 1829-restan a Mora la tranquilidad requerida para la conclusión editorial del curso de derechos. Colegio de Santiago: Antecedentes El Colegio de Santiago se funda en la necesidad del sector conservador de oponer resistencia a la empresa educativa y liberal de Mora y apoyada por el propio gobierno de Pinto, en desmedro -como se dijo-del Instituto Nacional. Se trata de una empresa privada, financiada por el mercader y siniestro Diego Portales Palazuelos,28 quien logra reunir, con el esfuerzo e impulso inicial de Pierre de Chapuis, a un distinguido grupo de profesores de origen francés. Chapuis los reclutó en Francia -donde forma la Sociedad Educacional-y en Brasil y llegaron al puerto de Valparaíso el 8 de diciembre de 1828, a bordo del buque de la marina francesa L'Adour. 29 Unos días más tarde, Chapuis publica un Aviso en la Gaceta de Chile número 12, donde da cuenta sobre los antecedentes del grupo contratado en París y de cuáles son las bases de la sociedad educacional que ha de regir en Chile. A través de dicho documento se conocen los nombres de los profesores miembros de esa sociedad parisina. Estos eran: Juan Antonio Portes, doctor en letras humanas, profesor de filosofía y de economía política; Claudio Gay, doctor en ciencias, profesor de física, química e historia natural; José Coupelon, bachiller en letras humanas, profesor de retórica, literatura griega, latina y de geografía; Luis Teodoro Morinière, bachiller en letras humanas, licenciado en Leyes y profesor de bellas letras, de derecho romano, derecho natural y derecho de gentes, además de historia; por último, Francisco de Lubin Gillet de Laumont, profesor de mineralogía y matemáticas. 30 Hacia el mes de febrero de 1829, Pierre de Chapuis es apartado de la empresa educacional. En su reemplazo, Diego Portales incorpora al presbítero Juan Francisco Meneses, quien a la sazón era rector del Instituto Nacional. Este presbítero fue el primer rector del Colegio de Santiago, correspondiéndole su instalación y apertura el 16 de marzo de 1829. Durante su breve rectorado no existe fomento alguno para la enseñanza de los estudios políticos o constitucionales. Hay que tener en cuenta que si Meneses no había promovido esos estudios siendo rector del Instituto Nacional, no existía razón plausible para que los impulsara ocupando el mismo cargo máximo en el Colegio de Santiago, al cual accedió más bien por los estrechos vínculos de amistad que mantenía con Diego Portales, que por el interés de innovar significativamente la enseñanza chilena. En diciembre de 1829, el rector Meneses acepta participar en el gobierno conservador 31 y, poco tiempo después, resulta elegido rector de la Universidad de San Felipe, cargo que desempeña hasta el día de la extinción de esta Casa de Estudios en 1838. Hacia 1831 asume también la función de secretario de la Convención que redacta la Constitución de 1833. Posteriormente, luego de iniciadas las actividades de la Universidad de Chile en 1842, Meneses asumiría el decanato de la Facultad de Leyes en 1846, ocupando este puesto hasta el año de su muerte ocurrida en 1860. Los estudios generales en el Colegio de Santiago El Colegio de Santiago inició sus actividades en marzo de 1829, disponiendo su rector Meneses un Reglamento interior y un Cuadro de ejer-30 El Aviso aparece publicado el 31 de diciembre de 1828. 31 Juan Francisco Meneses fue secretario general de la Junta de Gobierno integrada por José Tomás Ovalle (presidente), Isidoro Errázuriz y José María Guzmán. El decreto de nombramiento de su nombramiento es de 8 de enero de 1830; sin embargo, actuó de hecho desde la fecha misma de instalación de la citada Junta, ocurrida el 24 de diciembre de 1829. 32 El Reglamento tenía el sello personal del presbítero, pues partía como punto de inicio de la máxima de que la «religión es la base esencial de toda buena educación», determinándose a partir de este principio los ritos oratorios al inicio y término de cada clase, así como el contenido que debía observar la clase elemental y todas las demás de aquellos alumnos que estudiaban gramática: historia del viejo y nuevo testamento, en la primera; y disertación de memoria de algunos versículos en latín de la historia sagrada, en las segundas. Se agrega a esta inspiración el compromiso del rector Meneses en dictar los sábados de cada semana las explicaciones sobre algún punto de la doctrina cristiana. En lo demás, el reglamento interior del Colegio de Santiago establecía obligaciones muy estrictas para los alumnos,33 un régimen de castigos y premios y de disposiciones generales que versaban nuevamente sobre conducta estudiantil y relación de los profesores con las familias de los alumnos. Por otra parte, el cuadro de ejercicios ordena el horario de estudio de cada materia o asignatura, que se extiende desde las siete de la mañana hasta las diecinueve y treinta minutos, de lunes a sábado. Sobre los estudios generales que ofrece el Colegio de Santiago, es necesario determinar dos momentos. El primero de ellos, corresponde al plan de estudios bajo el rectorado de Juan Francisco Meneses. El segundo momento, se vincula al plan de estudios que Andrés Bello propone para el Colegio de Santiago apenas iniciado su periodo rectoral. El rectorado de Meneses se inicia con un plan de estudios que la sociedad de profesores del Colegio de Santiago da a conocer a la opinión pública durante el mes de enero de 1829, intitulado Prospecto del Colegio de Santiago,34 al que adicionan un Cuadro de ejercicios para cada día de la semana. Éste último es distinto del que ordena publicar Meneses el 11 de marzo de 1829 y que, a diferencia del anterior, no contempla la enseñanza de la mineralogía. En todo lo demás, se corresponde con las materias contempladas en el prospecto del mes de enero, cambiando únicamente el horario y organización de los estudios. El Prospecto de enero de 1829 divide la enseñanza en tres áreas de formación: la enseñanza elemental, la enseñanza de las humanidades y bellas letras y, por último, la enseñanza de las ciencias. La primera -de nivel elemental-comprende la historia sagrada, gramática latina, geografía elemental, aritmética, escritura y dibujo. Todo ello en un primer año. En el segundo año, se ejercitan los estudiantes en la traducción de autores latinos, iniciándose en el estudio de la lengua griega. Complementan su formación en esta fase con la continuación de sus lecciones de aritmética, dibujo y de escritura. En el tercer año, se inicia la formación en las humanidades y bellas letras, que se prolonga hasta un cuarto año. En su aplicación, durante el primer año de estas humanidades se explican las obras de Quinto Curcio, Tito Livio, Virgilio y Ovidio; también las fábulas de Esopo y el nuevo testamento en griego. Al mismo tiempo, continúan sus lecciones de aritmética y de dibujo, cesando las clases de escritura. En el segundo año de las humanidades (cuarto año de los estudios) los alumnos aprenden las obras de Salustio, Tácito, Cicerón, Horacio, Luciano, Jenofonte y Homero. Destaca en esta fase la enseñanza de la retórica, a través de la composición de narraciones en latín y en español. Para estos efectos, se continúa con la enseñanza de la versificación latina y del dibujo. Finalmente, el Prospecto de enero de 1829 detalla la enseñanza de las ciencias. Los saberes que se incorporan al estatus de las ciencias en el plan de estudios son la filosofía, la economía política, el derecho romano, las matemáticas, la geografía, la historia, la historia natural y la física junto a la química. El Cuadro de ejercicios del Colegio de Santiago rotula a estas materias como «cursos especiales». La filosofía comprende la metafísica, la lógica y la moral. Respecto de la economía política, el Prospecto exige que se estudien algunas verdades sobre esta ciencia obtenidas por diversos autores a lo largo de la historia como Platón, Aristóteles, Quesnay, Montesquieu, Condillac, entre otros, para luego abordar el sistema de economía que proponen Jean Baptiste Say y Adam Smith, «los únicos que han hecho de esta ciencia una doctrina completa», según reza el prospecto. La enseñanza del derecho romano se limita a la exposición de su historia, su legislación bajo los reyes, los cónsules y los emperadores, abrazando la compilación de Justiniano para enseguida comparar esa legislación romana con la moderna de algunos pueblos. En cuanto a las matemáticas, se divide su enseñanza en tres años. Durante el primero de ellos, se abarcan la aritmética, el álgebra, la geome-tría y la trigonometría. Durante el segundo año, finaliza la enseñanza del álgebra, se inicia su aplicación a la geometría y culmina con el estudio de la estadística. El tercer año se destina a la enseñanza del cálculo integral y diferencial. En relación a la geografía, se explican los fenómenos que derivan del movimiento de los cuerpos celestes, para en seguida abordar el estudio de las costumbres, los usos, la religión y la política de los diferentes lugares que se describen en la asignatura. De este modo, la geografía se divide en física, moral y política. Se agrega a esta enseñanza la demostración de la confección de las cartas marítimas más exactas del momento. La enseñanza de la historia comprende la historia antigua (origen de las sociedades humanas, cultura egipcia, asiria, griega y romana hasta su declinación), la historia del bajo imperio o Edad Media (los tiempos de Constantino y la grandeza de Bizancio) y la historia moderna (desde Carlomagno hasta el estudio particular de la historia de los pueblos más considerables de Europa). Por otra parte, la enseñanza de la historia natural abraza tres disciplinas como son la zoología, la botánica y la mineralogía. Concluye la formación científica con la enseñanza de la física y de la química. La primera se enseña en los cinco primeros meses del año; la química, en los meses restantes. En el próximo apartado de esta investigación se explica el contenido del plan de estudios que adopta el Colegio de Santiago el año en que Andrés Bello asume su rectorado. En ese nuevo plan aparece la enseñanza del Derecho Constitucional. El estudio del Derecho Constitucional en el nuevo plan de estudios del Colegio de Santiago Los estudios políticos se iniciaron bajo el rectorado de Andrés Bello, con la denominación Ciencia de la Legislación. El 2 de marzo de 1830, aparece publicado el Prospecto del Colegio de Santiago, con las firmas de Andrés Bello (director del Colegio) y los profesores societarios H. Beauchemin, J. Coupelon, Claudio Gay y Théodore Morinière, fechadas el 1.o de febrero de 1830. 35 Bello no sólo asumía el cargo de director, sino que 35 Ibidem, pp. 88-94, donde ofrece el Prospecto íntegro. también trabajó como profesor de las asignaturas de Lengua y Literatura Castellana y la de Legislación. Los estudios generales bajo el nuevo plan de 1830 se organizaban en tres áreas de conocimiento. En primer lugar, las llamadas «Letras y Bellas Artes», que comprendían gramática castellana (en un año), gramática latina (en tres años), latinidad superior (en dos años), retórica (en un año), lengua francesa (en dos años) y lengua y literatura castellana (un año). En segundo lugar, se ofrecía un área de «Ciencias», incluyendo filosofía (un año), legislación (un año), matemáticas (un primer año de aritmética y un segundo de álgebra y geometría), geografía (un año dividido en dos secciones, donde la última de ellas se componía de cuatro ramos) e historia natural (un año repartido en tres partes, zoología, botánica y mineralogía). En tercer lugar, el Colegio de Santiago ofrecía cursos de «Bellas Artes», comprendiendo arte de escribir (materia que pueden cursar los estudiantes de las clases de latinidad), dibujo y música. Además de estos estudios principales, el Colegio de Santiago otorgaba «una importancia particular» a la instrucción religiosa, la que, según se indica, se consagraba el sábado por la tarde de cada semana, a cargo del capellán del Colegio, quien daba las lecciones «sobre las verdades fundamentales de la religión, y sobre la historia sagrada». Por último, el Colegio de Santiago contemplaba una «Escuela de Primeras Letras», a cargo de los señores Domingo Acevedo y Pedro Douet, donde enseñaban a leer, escribir, contar y catecismo. Tratándose de la asignatura de Legislación o Ciencia de la legislación, el folletín in comento entrega un descriptor de sus contenidos, como se observa a continuación. En este curso se explicará la teoría de la legislación, reduciendo a un cuerpo de doctrina la de las obras del ilustre Bentham, sin perder de vista lo que se ha escrito sobre este interesante asunto por Filanguieri, Beccaria, Montesquieu, Benjamin Constant y otros célebres publicistas de nuestros días. El principio de utilidad, desenvuelto con precisión, conducirá a la análisis del bien y el mal político, a la refutación de los sofismas que suelen oscurecer la discusión de las materias legales, y al examen de algunas máximas abstractas, cuya exageración o errada inteligencia ha extraviado no pocas veces el espíritu de reforma, y malogrado las revoluciones. A la luz del mismo principio se observarán los elementos de los varios sistemas constitucionales, su espíritu y tendencia; se examinarán los derechos y obligaciones civiles; se establecerán las máximas reguladoras del código penal, de la constitución de los juzgados para la averiguación de los hechos y para la imparcial aplicación de las leyes; y en fin, de la economía política y de la administración fiscal. Estas materias se explicarán y discutirán verbalmente, y se concentrará la sustancia de ellas en un resumen dialogado, que se dictará por escrito. Andrés Bello es el fundador en Chile de esta asignatura de clara influencia benthamiana. Está compuesta de materias como la teoría del Derecho o de la justicia, el Derecho Político o Constitucional, el Derecho Civil, el Derecho Penal y la Economía Política. El programa de esta materia es el antecedente inmediato de la asignatura de Legislación Universal, que inaugura el Instituto Nacional a través de su plan de estudios de 1832. También allí Andrés Bello será su profesor. Para esa fecha este famoso polígrafo integra en la asignatura sólo el Derecho Civil, el Constitucional y el Penal. Las materias correspondientes al Derecho Constitucional de aquella asignatura de ciencia de la legislación se encuentran en el Programa para los exámenes de los alumnos de la clase de principios generales de legislación, de 1831, del Colegio de Santiago. El Programa convoca a estos exámenes a cinco estudiantes: J. Domingo Aguirre, Pedro Nolasco Cruzat, Vicente Bascuñán, J. Ignacio Errázuriz y J. Manuel Errázuriz. 36 Al Libro II del Programa Andrés Bello le denomina Derecho político, aunque se trata más bien de un tradicional programa de derecho constitucional. Consta de diez apartados o unidades temáticas. La primera de ellas se intitula Origen de los gobiernos; la segunda, Causas que mantienen de hecho la sumisión de los súbditos al gobierno; la tercera, Razón en que se funda la obligación de obedecer al gobierno; la cuarta unidad se denomina Libertad civil; la quinta, Diferentes especies de gobierno; la sexta, Soberanía del pueblo; la séptima unidad, De la legislatura; la octava, Poder ejecutivo; la novena unidad temática, Federaciones y, por último, la décima unidad se denomina De la opinión pública. La enseñanza del Derecho Constitucional chileno surge de los proyectos de educación privada liberal y conservador. El primero de ellos, representado por la figura de José Joaquín de Mora y la instalación de su Liceo de Chile; el segundo, financiado por el mercader Diego Portales Palazuelos, gira en torno a dos personalidades como son Juan Francisco 36 El Programa para los exámenes del Colegio de Santiago aparece publicado como prospecto por la Imprenta de la Opinión, en 1831. Consta el prospecto de cuatro libros: principios generales (p. 96), derecho político (p. 100), de los derechos y obligaciones civiles (p. La incorporación de la asignatura de Derecho Constitucional en los planes de estudio de la enseñanza privada adquiere carta de ciudadanía de manos de Mora y de Bello. Esto es una paradoja de la cultura jurídico-política chilena, pues habiendo una praxis política y un conocimiento de las formas constitucionales desde los primeros años de la República, los protagonistas de dichos procesos políticos se muestran indiferentes en relación a la enseñanza de la Constitución al momento de decidir acerca de los contenidos relevantes para la formación jurídica de los juristas. La influencia de un intelectual como Juan Egaña se concentra más bien en la redacción de textos constitucionales que en la enseñanza jurídica del derecho de la Constitución. Existe un divorcio entre el proceso político tendiente hacia la consolidación de un gobierno independiente -preocupado de la constitucionalización de la actuación política-y la necesaria ideologización del pueblo en torno al valor político de una Constitución. En esto radica la importancia del aporte de Mora y Bello, que fractura ese divorcio entre política y enseñanza de la política, el divorcio entre Constitución y enseñanza del derecho de la Constitución. Si la hipótesis de investigación es que las fuerzas políticas liberales hacia 1828 tenían como propósito enfatizar, a través de la enseñanza del Derecho Constitucional, los derechos del pueblo, por una parte, y por la otra, que las fuerzas políticas conservadoras hacia 1829 planteaban realzar, también a través de la enseñanza del derecho de la Constitución, los derechos del soberano o del gobierno, entonces no resulta del todo posible responder a tal hipótesis a partir de los materiales investigados. La razón de ello es la ausencia de un programa de estudios de Derecho Constitucional en el Liceo de Chile, o bien de un programa de contenidos convocados para el examen final de la asignatura. Lo único disponible son escuetas referencias contenidas en el plan de estudios del Curso de derechos del Liceo de Chile y en la propuesta de contenidos del libro séptimo del mismo curso, que nunca se publicó. En aquel plan de estudios, únicamente se establece el texto de la Constitución de la República para la enseñanza del Derecho Constitucional. En cuanto al contenido del libro séptimo del Curso de Derechos, se afirma que la enseñanza del Derecho Constitucional se arregla conforme a la teoría constitucional aplicada a la Constitución de la República. Con el pesar del presente investigador, es una pérdida para la tradición liberal chilena el que Mora no haya explicitado su metodología y dogmática del citado Derecho Constitucional en los planes y programas del Liceo de Chile. No es suficiente saber que la obra de Jeremy Bentham influye en la doctrina constitucional del gaditano pues Andrés Bello también la tiene, además de la que recibe de Benjamin Constant, como él mismo declara. En este sentido, Bello es más cuidadoso que Mora, toda vez que logra informar sobre los contenidos de la enseñanza del derecho constitucional en el prospecto publicado para la realización de los exámenes finales del Colegio de Santiago, junto al de todas las demás asignaturas. No ocurre lo mismo con el prospecto de esta clase de exámenes del Liceo de Chile, en la que queda excluida la prueba o examen final del Derecho Constitucional o, lisa y llanamente, nada se dice sobre el particular. ¿Qué Mora jamás enseñó Derecho Constitucional en el año de 1829? ¿O que simplemente omite el gaditano transcribir en el prospecto la convocatoria para los exámenes finales de esa materia? A diferencia de lo que ocurre con la asignatura de Derecho Constitucional, respecto a las de derecho romano y derecho de gentes, Mora entrega a los estudiosos de la historia de la enseñanza del derecho una valiosa información, rica en contenidos y en la adopción de tradiciones teóricas.
Las escuelas étnicas de la comunidad francesa. The Argentine case, 1880-1950 Hernán Gustavo Otero IEHS, Universidad N. del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Tandil, Argentina A partir de documentación diplomática inédita de Francia, el texto reconstruye las características y la evolución de las escuelas francesas de la Argentina durante el periodo 1880-1950. Para ello formula una definición analítica y operacional del concepto de escuelas étnicas e indaga las razones de la debilidad de las escuelas francesas, distinguiendo las vinculadas a la situación premigratoria (niveles de alfabetización y nacionalización de los emigrantes, políticas de Francia en Latinoamérica) y a la posmigratoria (evolución del sistema público de enseñanza de la Argentina, fractura de clase de la comunidad migratoria, expectativas de retorno, etc.). PALABRAS CLAVES: Escuelas étnicas; Comunidad francesa; Argentina. Las escuelas étnicas constituyen un tema esencial de los estudios migratorios por su vinculación con, al menos, tres problemas: su relación con otros esfuerzos desplegados por las comunidades, en particular el movimiento asociativo; su papel como lugar de socialización de la segunda generación de inmigrantes mediante la incorporación de pautas culturales del país de origen; y su carácter de indicador de la integración migratoria en el clásico debate entre las teorías del Pluralismo Cultural y el Crisol de Razas. 2 Partiendo de esta problemática general, el presente estudio busca subsanar la ausencia de trabajos sobre las escuelas francesas a partir del análisis de fuentes estadísticas y diplomáticas francesas no utilizadas hasta el presente. 3 El primer problema consiste en recortar un objeto de análisis -las escuelas étnicas-que, como es habitual en los estudios migratorios, tiende a confundirse con aspectos más generales del país receptor como la presencia extranjera y la historia de la educación en la Argentina. Los educadores franceses ocuparon, en efecto, un lugar destacado en el colosal brain draim europeo que acompañó a la emigración de masas. El flujo de educadores estuvo compuesto por quienes contaban con calificaciones formales pero también por aquellos que, sin tener títulos específicos, desempeñaron ese papel en un país cuyo acelerado proceso de modernización demandaba un número creciente de educadores. A ello se sumó la francofilia cultural de las elites políticas e intelectuales nativas durante la segunda mitad del siglo XIX y la influencia que tuvo el sistema de enseñanza francés en la Argentina, visible en los contenidos, en la selección de textos obligatorios y en las orientaciones ideales de la escuela secundaria. La influencia de los educadores franceses en este país constituye, en suma, un tema amplio y heterogéneo debido a la pluralidad de situaciones que los tuvieron como protagonistas y que conviene distinguir analíticamente. Un primer grupo incluye a las figuras que actuaron en las instituciones públicas argentinas, abiertas por definición a todos sus habitantes y sin distinción de orígenes nacionales. Enumerar a la totalidad de los educadores galos que se desempeñaron en este rubro excede desde luego los fines de este trabajo; baste recordar, en cambio, a los principales referentes. Dejando de lado a quienes ingresaron al país durante la etapa rivadaviana, fuera de nuestro periodo de observación, se destacaron, en primer término, los educadores asociados a la experiencia de Justo José de Urquiza en la provincia de Entre Ríos, donde brillaron las figuras de Alberto Larroque (1819-1881), rector del Colegio de Concepción del Uruguay y hacia el final de su vida miembro del Consejo Nacional de Educación, y del polifacético exiliado republicano Alexis Peyret (1826-1902), quien dictó clases en esa institución y en la Universidad de Buenos Aires. En segundo término, el polo tucumano brilló con las figuras del también exiliado Amadée Jacques (1813-1865), docente del Colegio San Miguel entre 1858 y 1862, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires y miembro de la Comisión del Plan de Instrucción General y Universitaria para la República Argentina, cuya redacción se le atribuye; y de Paul Groussac (1848-1929) quien, entre otros cargos, trabajó a partir de 1871 como profesor del Colegio Nacional de Tucumán durante más de diez años. 4 Por último, en el caso porteño, debe mencionarse a Raúl Legout, docente del Colegio Modelo de Buenos Aires, director de la Escuela Superior Catedral al Sur, vicerrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, subinspector de Escuelas de Provincias, profesor y rector del Colegio Nacional de Jujuy, inspector nacional de escuelas del Consejo Nacional de Educación y miembro del Congreso Pedagógico de 1882. A esas figuras, cuyas trayectorias vitales se asocian a múltiples puntos de la geografía nacional, debe agregarse un sinnúmero de educadores que desarrollaron su trabajo en el ámbito público por poseer títulos franceses habilitantes (profesores de escuelas normales, por ejemplo) o porque sus competencias técnicas, profesionales o linguísticas (el contar con el francés como lengua madre constituía un capital evidente para la enseñanza de ese idioma) los habilitaban para la docencia. Esta fue ejercida de modo permanente o como una ocupación refugio en momentos específicos del ciclo de vida, como lo evidencian las trayectorias de personajes tan dispares como Charles Sourigues (1805-1870), agrimensor de la Colonia San José en Entre Ríos, el sabio Martín de Moussy (1810-1869) y el citado Paul Groussac. 5 Un segundo grupo de educadores estuvo compuesto por miembros de las congregaciones religiosas de origen francés. La llegada al país de estas órdenes experimentó dos picos importantes: a partir de la década de 1880 y, con mayor intensidad, desde las leyes francesas de supresión de la enseñanza religiosa y de separación de la Iglesia y el Estado de 1905 (ley Émile Combes) que dieron lugar a la emigración de unos 30.000 congregacionistas. 6 Entre las múltiples órdenes arribadas a la Argentina se destacaron los Padres Bayoneses, llegados en 1856 como respuesta a una invitación del obispo de Buenos Aires originada en la necesidad de asistencia espiritual a las familias vascas; dos años más tarde, el padre Diego Barbé fundó el Colegio San José, atendido luego por la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram. Otras fueron los Padres Lazaristas (llegados en 1859), los Misioneros de la Inmaculada Concepción de Lourdes o lourdistas, congregación fundada en Francia en 1848 y llegada a la Argentina en 1890, que creó, entre otros, los colegios de San Miguel en la capital y del Sagrado Corazón de Jesús en Tucumán; y los Hermanos Maristas de la Enseñanza (Champagnat) arribados en 1903. Entre 1854 y 1914, llegaron al país 28 órdenes y congregaciones religiosas de varones y 38 de mujeres, prevaleciendo las francesas entre las primeras en cuanto a docencia y las italianas en lo relativo a la acción misional. La importancia educativa de estas congregaciones fue enorme, aunque poco estudiada hasta el momento, pero resulta menos clara su impronta étnica, la cual, sin embargo, no puede ser descartada a priori. Entre las razones para no hacerlo se encuentra el lugar de origen de estas instituciones, que tenía una evidente connotación étnica, tanto francesa, como regional, ya que la mayoría provenía de las mismas zonas del sur del Hexágono de las que eran oriundos los inmigrantes. Para aquellos recién llegados que profesaban el catolicismo, este se moduló basándose en referencias regionales y en ciudades emblemáticas de la religiosidad popular como Lourdes o Betharran. Asimismo, muchos inmigrantes priorizaron las escuelas de las congregaciones también por su origen nacional y no sólo por razones pura-5 El propio Groussac señalaba esta situación al sostener en El Monitor de la Educación Común (17 de noviembre de 1882, p. 190) que «la enseñanza ha sido hasta ahora la playa más ó menos hospitalaria donde todos los náufragos de la existencia levantan su tienda de un día, su abrigo provisorio», citado por Bruno, 2009, p. 6 Duclert y Prochasson, 2007, pp. 202-208. mente confesionales, aunque estas fueran en general compartidas, especialmente por aquellos que se oponían a las medidas laicas de la Tercera República. 7 Las escuelas religiosas tuvieron asimismo un enorme rol en la difusión del idioma francés gracias a la presencia de sacerdotes-maestros de ese origen, y debieron desempeñar en tal sentido un papel análogo, aunque probablemente menos influyente que el ejercido por los salesianos en la preservación del idioma italiano.8 Su orientación confesional favoreció además la superación del sesgo de clase que, como veremos, caracterizaba a las escuelas laicas de la comunidad. Sin embargo, y a pesar de esas referencias, los colegios de las congregaciones impartían una educación en español de acuerdo con contenidos que, según los informes consulares y las encuestas sobre instituciones francesas realizadas por el Ministère des Affaires Étrangères en 1912, 1930 y 1950, 9 eran acordes con las currículas oficiales argentinas y dieron prioridad a una línea educacional de corte confesional y no étnica. Más importante aún, se dirigían a un público plurinacional en el cual la mayoría de los alumnos eran argentinos, sin que la presencia francesa fuera en ellas destacable, salvo excepciones como los colegios religiosos de la colonia averyonesa de Pigüé fundada en 1884. 10 Por último, puede argumentarse que el hecho de que la población fuera en su mayoría católica contribuyó a que las escuelas religiosas francesas tuvieran en la Argentina un papel menos activo y militante de preservación étnico-religiosa que las comunidades francesas instaladas en países con predominio protestante, como los Estados Unidos, o con un sustrato francófono que debía ser preservado, como en Canadá, 11 y que las comunida-des no católicas de Argentina, fueran de confesión protestante (británicos, alemanes y daneses) o judía. Una tercera categoría remite a la Alianza Francesa, fundada en París el 21 de julio de 1883, que contó con una filial en Buenos Aires a partir de 1893. Al igual que la Dante Alighieri o el Instituto Goethe, su objetivo fue el de difundir la lengua y la cultura del país de origen a la población en general y no sólo a los descendientes franceses. La sede porteña fue fundada por el doctor François Simon, junto a personalidades y empresarios franceses y argentinos, y tuvo como primer presidente a Alexis Peyret. En una primera fase estimuló la enseñanza del francés en los colegios de la capital; a partir de 1896 preparó exámenes, para luego dar cursos y transformarse progresivamente en una verdadera escuela de idioma, lo que convirtió a la red de Argentina en la más importante del mundo hacia fines de la década de 1920. La Alianza tuvo un gran desarrollo entre 1910 y 1930 e inició luego una «fase de decadencia o de esclerosis paralela al debilitamiento de la colonia francesa». La situación comenzó a revertirse en la inmediata posguerra gracias al Comité pour le Rayonnement Français que sacó a la institución de su aislamiento y logró aumentar el número de alumnos y de filiales en todo el país.12 La encuesta del Ministère des Affaires Étrangères de 1950 dio cuenta de la existencia de 53 filiales agrupadas en una Federación con un total de 10.000 alumnos. Esta encuesta, que a diferencia de las anteriores permite conocer la nacionalidad de los adherentes a la institución, muestra que apenas el 10 % de los mismos eran por ese entonces franceses, aunque la proporción fuera más alta en lugares emblemáticos de colonización gala como San Rafael (43 %), en la provincia de Mendoza, y Pigüé (97 %), en la de Buenos Aires. 13 Dentro de este grupo se pueden incluir también los esfuerzos del Estado francés en el ámbito de la educación superior como la creación del Instituto Francés de Estudios Superiores en 1942, destinado al público en general. 14 Un cuarto grupo fue el de las escuelas privadas no confesionales, objeto central del presente texto, pero que no siempre tuvieron un carácter étnico evidente. Por citar un ejemplo, las instituciones fundadas por Adolphe Soulié y Madame Soulié en La Plata (la École Saint-Louis y la Institution Nôtre Dame para señoritas), a pesar de sus nombres, captaron a un público muy amplio en el que predominaban los hijos de las familias argentinas de alto poder adquisitivo de la ciudad y de su zona de influencia. 15 Estos casos no eran la excepción ya que muchas escuelas con nombres y directores franceses estaban destinadas a un público heterogéneo y, como lo muestran sus avisos, ostentaban su origen francés como elemento de propaganda en virtud del prestigio con que eran miradas por la sociedad argentina. En este grupo se incluyen las escuelas primarias y secundarias de carácter étnico, cuya definición, a los fines del presente estudio, incluye cuatro aspectos esenciales: a) surgieron de iniciativas de actores comunitarios locales (lo que deja de lado a las escuelas religiosas); b) se orientaban a la preservación de la cultura francesa; c) recibían subsidios del país de origen; y d) contaban con una proporción significativa de alumnos oriundos de Francia o de padres franceses. La coexistencia de estos rasgos es de vital importancia para el mantenimiento y la reproducción de la comunidad migratoria ya que remite al decisivo aspecto de la socialización de los hijos de inmigrantes en la cultura de la nación de origen. Al igual que en el asociacionismo, con el que el tema tiene estrecha vinculación en la medida en que ambos constituyen piezas centrales del entramado comunitario, el estudio de las escuelas étnicas afronta los riesgos de subestimar o sobrestimar la real importancia del fenómeno. La ausencia de análisis basados en modelos endógenos, es decir consagrados al funcionamiento interno de las instituciones educativas, y los límites de las fuentes actúan en el mismo sentido. 16 Con todo, el riesgo de sobrestimación de la impronta étnica de las instituciones es, en principio, el más evidente ya que buena parte del esfuerzo educativo realizado por instituciones total o parcialmente «francesas» no siempre tuvo los rasgos étnicos definidos precedentemente, razón por la cual el relevamiento que aquí se propone tiene un sesgo alcista. Las escuelas étnicas: características y evoluciones Si centramos nuestra mirada en las escuelas primarias y secundarias no confesionales susceptibles de ser caracterizadas como étnicas, la imagen que emerge con toda claridad es su menor presencia y desarrollo en relación a otros esfuerzos de la comunidad como el asociacionismo en sus múltiples formas (sociedades de protección a los inmigrantes, de beneficencia, de socorros mutuos, recreativas, deportivas, culturales y regionales). 17 Las primeras referencias consistentes sobre el particular datan de la década de 1880, momento en el que Émile Daireaux (1843-1916), abogado francés y referente de la comunidad por su tarea periodística en L'Union Française y Le Courrier de La Plata, menciona la existencia de «escuelas numerosas» cuyo carácter étnico no era evidente ya que «se contentan de ser universitarias, a la moda del país, y de preparar a los niños a los exámenes que el Estado exige a cada grado de la enseñanza primaria, secundaria o superior». 18 Al igual que las sociedades de socorros mutuos, los emprendimientos más importantes estaban en las principales urbes del Litoral y sobre todo en la ciudad de Buenos Aires. En torno al cambio de siglo surgieron los colegios Central, Francés y Pueyrredón. Otras fundaciones de la capital fueron el Orfanato Francés, dirigido por las Damas de la Providencia (con más de 60 alumnos); San Carlos, escuela francesa mixta; y el Colegio Victor Hugo (1887) que, según su publicidad, daba clases en francés, pero también en castellano, inglés, italiano, griego, etc. El carácter étnico de este colegio resulta más claro si se considera que fue colocado a principios del siglo XX bajo el patronato de la Legación de Francia en Buenos Aires y que en 1908 recibió subsidio del gobierno francés. 19 Fuera de la capital se destacaban el Colegio Richelieu de La Plata, cuyo director, Rodenet, demandó en 1888 libros y mapas al Ministerio de Instrucción Pública de Francia, 20 y el Colegio Francés de Córdoba. A mediados de la década siguiente se crearon en Tucumán el Colegio Carlomagno (1894), que hasta 1897 fue de enseñanza primaria exclusiva para varones, y el Colegio Francés (1895), que daba clases en francés y castellano y comprendía un curso superior de niñas con una sección especial de labores. A ellos deben sumarse la Escuela Francesa de Santa Fe, pertenecien te -según la encuesta de 1912-a una sociedad de franceses, suizos y belgas, y la Escuela Francesa de Rosario. 21 También había centros educativos en otras ciudades de la provincia de Buenos Aires donde la presencia francesa era significativa, como Bahía Blanca, Chascomús, Coronel Pringles, Pigüé, etc. El último caso resulta nuevamente emblemático ya que contaba con al menos cuatro establecimientos de origen francés hacia 1913. La distribución geográfica observada ratifica que los principales emprendimientos fueron realizados, al igual que en las asociaciones, en las grandes urbes como Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba y Tucumán y en enclaves de colonización francesa como Pigüé. Las ciudades intermedias, en cambio, no se destacaron en este plano, como lo ilustra el caso de Tandil, núcleo urbano representativo de la provincia de Buenos Aires que nunca tuvo una escuela francesa pero sí una mutual bastante activa desde 1894 (la Sadi Carnot). Todo indica en suma que en ese tipo de espacios el socorro mutuo era una necesidad sentida por las comunidades pero que no ocurría lo mismo en el plano educativo. 22 Las escuelas étnicas fueron más importantes en las colonias rurales que contaban con una proporción significativa de franceses o, en términos más generales, francoparlantes, lo que permitía la inclusión en los establecimientos de belgas y de suizos de lengua francesa. El carácter fundacional de esos espacios, en los que todo estaba por hacerse, se verifica claramente en los proyectos de fundación de las colonias que, además del Concejo Municipal o de organismos análogos, preveían entre sus primeras medidas la creación de una escuela. 21 La información disponible para 1918 da una lista algo diferente de los principales colegios: «La Salle, Lacordaire, Saint Joseph, Pueyrredon, Sadi Carnot, Charlemagne, l'Enfant de Jesus, Fenelon, Rollin», y aclara que «de todos modos en ellos la enseñanza en español es obligatoria», CADN, Cuestionnaire au cónsul de France à Buenos Aires Mr. Gaussen, 18 de noviembre de 1918, Carton 105. 22 Otero, 2005, primer contingente arribado a la colonia de Pigüé contó entre sus miembros a la maestra Julie Bras, egresada de la Escuela Normal de Rodez (Aveyron). La creación de la primera escuela francesa de Pigüé, en la que daba sus cursos Bras utilizando la lengua francesa, reforzó la cohesión social y étnica del grupo colonizador inicial. Sin embargo, no todos los descendientes de franceses de la colonia iban a esa escuela, 23 a lo que se suma que -tarde o temprano, pero en general muy pronto-el Estado argentino impuso en esos espacios la educación pública. Así, desde 1893 (apenas nueve años después de la fundación de la colonia), Pigüé contó con una escuela primaria del Estado provincial, cuya enseñanza era impartida en español, a la que se agregó una segunda en 1908. Con ligeras variantes, lo mismo ocurrió en otras colonias donde la presencia francesa era importante. En la de San José (Entre Ríos), por ejemplo, «se enseñó en francés durante más de cuatro años, hasta que el gobierno provincial nombró maestros oficiales, pasando a hacerse súbitamente en castellano a pesar del pedido de la comuna, en 1862, para que la educación fuera bilingüe». 24 Visto el problema en clave diacrónica, el auge de las escuelas francesas ocurrió, al igual que en las asociaciones, hacia el Centenario de la Revolución de Mayo. Si bien el Censo de Sociedades Mutuales de 1913, editado como parte del III Censo Nacional del año siguiente, sólo da cuenta de tres escuelas francesas dependientes de asociaciones de ese origen (Minerve, 1879, en la Capital Federal; la Sociedad Francesa de Tucumán, 1893; y la Mutuelle Mabilleau, 1912, de Resistencia, Chaco), esa cifra se halla claramente subestimada, en buena medida porque refleja únicamente el esfuerzo educativo de las mutuales. 25 La encuesta del MAE de 1913, en cambio, resulta mucho más precisa ya que menciona 16 instituciones educativas, reflejadas en el Cuadro 1. 23 No todos los franceses enviaron sus hijos a esa escuela, como lo evidencia el caso de la familia Champredonde, en Roberto Champredonde: «Los Champredonde en Argentina», mimeo, 2002, p. Por otra parte, los hijos de franceses pobres no concurrían a ningún tipo de establecimiento, como lo muestra el bello diario de la inmigrante Anaïs Vialá en Di Liscia y Lassalle, 2002. 25 Las sociedades mutuales extranjeras no ejercieron gran influencia en este rubro, ya que de las 214 asociaciones censadas en la capital argentina en 1913 solo 21 contaban con escuelas. Estas cifras son cuestionables ya que se refieren únicamente a las escuelas dependientes de mutuales. Los propios censistas consideraban que la información no era confiable ya que detectaron 29 escuelas italianas pero «según informaciones de fuente particular, hemos sabido que son más de cincuenta», «Sociedades de socorros mutuos. La última columna expresa el porcentaje de alumnos con padres franceses en el total de alumnos de cada establecimiento. Con la excepción de las más evidentes, como el Colegio Victor Hugo y la Escuela Francesa de Santa Fe que «recibían débiles subvenciones del gobierno francés», 26 la información disponible no permite precisar el carácter étnico de muchas de ellas, pero el dato relativo a la asistencia de alumnos «hijos de padres franceses», crucial en nuestra definición de escuelas étnicas, posibilita un acercamiento sugerente. Según la encuesta, «los hijos de franceses no forman más que una pequeña fracción [de los establecimientos de enseñanza], los hijos nativos son mucho más numero-sos». 27 Sin embargo, el Cuadro admite una lectura más matizada ya que el Centenario muestra tanto un grado importante de Pluralismo Cultural -es decir una proporción no desdeñable de alumnos de origen francés en escuelas que por tal razón pueden considerarse étnicas-28 como el hecho de que la mayoría de los estudiantes no pertenecían a esa nacionalidad y de que existía, por tanto, una suerte de crisol al interior de los mismos colegios. El promedio general (22% de alumnos de padres franceses en las 16 instituciones) esconde asimismo casos donde la presencia francesa era superior al 50% (como el Colegio Francés de Buenos Aires, el del Niño Jesús y el Colegio de las Naciones, ambos de Pigüé, y la Escuela Francesa de Santa Fe), que repiten los hallazgos pluralistas obtenidos sobre el movimiento asociativo. El cuadro permite también otra lectura más general: si se tiene en cuenta la población escolar potencial de alumnos con al menos un progenitor francés de cada jurisdicción, la proporción de personas de ese origen que iban a las escuelas étnicas resulta insignificante. Lamentablemente, la ausencia de datos en las encuestas siguientes no permite un análisis semejante para 1930 y 1950. 29 Con todo, sus redactores consideraban que en la Argentina, al igual que en otras partes del mundo, se asistía entonces a una tendencia paradógica: el aumento del número de escuelas y de alumnos a pesar de la reducción de los tamaños de las comunidades ocurrida tras la Gran Guerra. Un signo, y acaso también un factor, de ese dinamismo es suministrado por las subvenciones del gobierno francés, que se hicieron más amplias (en relación a la cobertura de instituciones, no necesariamente en las sumas recibidas) en la década del veinte como parte de los planes de propaganda francesa de la primera posguerra que corresponden a lo que Pelossi ha definido acertadamente como el «mesianismo cultural francés». Otros establecimientos del siglo XX fueron el Pasteur, el Colegio Francés de Monsieur Crespin, AMAE, Note sur la colonie française.... 28 El razonamiento se basa en el concepto de núcleo étnico (Otero, en prensa), definido como la proporción de personas que, dentro de un agregado estadístico indiferenciado (por ejemplo la «población francesa»), forma parte de la comunidad migratoria. El concepto permite una medición complementaria y comparativa con otros indicadores estadísticos de la integración migratoria como la exogamia y la segregación espacial. El núcleo étnico obtenido sería probablemente mayor si se pudiera contar con la nacionalidad de los abuelos de los alumnos. 29 La encuesta de 1930 menciona cuarenta establecimientos franceses sin diferenciar laicos y religiosos, aunque estos últimos constituyen una mayoría evidente, con un total de 10.000 alumnos; doce de ellos estaban en Buenos Aires, siete en Rosario, cuatro en Pigüé y cuatro en Santa Fe. ISSN: 0210-5810 A las instituciones subsidiadas se sumaron entonces la Alianza Francesa de Buenos Aires y la Escuela Francesa de Tucumán, cuya piedra fundamental había sido colocada por Georges Clemenceau en su visita de 1910. La ayuda del Estado de origen era completada en muchos casos, como el Colegio Francés de Buenos Aires, con el apoyo económico de miembros francófilos de la elite argentina. 31 Esas ayudas sugieren asimismo que, al igual que las sociedades de socorros mutuos, las escuelas atravesaban dificultades financieras crecientes, a lo que no debió ser ajena la fragmentación de la oferta educativa en un contexto de fuerte reducción de los flujos y del tamaño de la comunidad francesa de la Argentina. La decadencia de las escuelas étnicas comenzó a ser evidente a partir de la década de 1930 como lo sugieren, entre otros registros, las respuestas del Comité de Sociedades Francesas de Buenos Aires al cuestionario destinado a la elaboración de las propuestas para el V Congreso de Franceses en el Extranjero. En un extenso documento, Jean-Pierre Passicot, presidente del citado Comité, informaba que las preguntas hechas tenían «un interés muy relativo» ya que los diversos colegios franceses que existían en el pasado en Argentina han desaparecido uno tras otro, por la imposición de enseñar unicamente en español, y de seguir exactamente los programas de enseñanza del país, que difieren muy sensiblemente de los de Francia. Fuera de los establecimientos congregacionistas que en razón de las dificultades de reclutamiento de personal docente francés, como consecuencia de la supresión de los noviciados, no pueden acordar a la enseñanza del francés el lugar que ocupaba antes en sus programas, no hay en Buenos Aires más que dos colegios franceses administrados por particulares, uno de importancia relativa, el otro de menor importancia aún. Los niños enviados a Francia, sea de colegios congregacionistas, sea de colegios laicos, se encontrarían desorientados por la diferencia de los programas. A fines de la década siguiente, el embajador insistía en la necesidad de mantener «las subvenciones relativamente modestas que solicito» y que las mismas «sean integralmente acordadas, fueran cuáles fueran las dificultades financieras de la hora actual». Argumentaba asimismo que la gran mayoría del crédito pedido se aplicaba a «obras de propaganda intelectual que no podríamos dejar periclitar sin atacar, al mismo tiempo, y de manera grave, la influencia francesa aquí», AMAE, Subventions aux oeuvres françaises pour 1927 sollicittées par l'Ambassadeur Georges Picot, Buenos Aires, 21 de febrero de 1929, Série B: Amérique, Argentine: (16) Propagande, 1923-1929, pp. 122-124, 144-146. 31 Véase «Sejour en France de ancien Ministre de l 'Agriculture de la République Argentine», que fue garante financiero de la creación del Colegio Francés de la capital. ISSN: 0210-5810 Coherente con ese diagnóstico, Passicot se mostraba favorable al «envío de niños a estudiar a Francia», sobre todo de hijos de franceses que no estuvieran instalados definitivamente en el país, «lo que ayudaría a conservar en esos niños un espíritu francés que pierden casi siempre aquí por la frecuentación de sus camaradas de la escuela argentina, devienen más argentinos que estos últimos y se glorifican de ello». 32 Los informes de las dos décadas posteriores repiten ese diagnóstico incluso para el emblemático bastión de Pigüé. Resulta interesante contrastar a este respecto las críticas de sectores de la sociedad argentina que demandaban una mayor presencia de la educación estatal con la visión de los líderes comunitarios y los agentes consulares que, por el contrario, la consideraban particularmente exitosa. Hacia 1950 la decadencia era palpable en los colegios laicos, 33 pero también en los congregacionistas. A pesar de que la mayoría de estos últimos continuaba teniendo su institución madre en Francia, la encuesta de 1950 señala que «un gran número de los aproximadamente 250 establecimientos religiosos pertenecientes a más de 30 congregaciones [...] no puede ser considerado como francés en el sentido estricto del término». 34 La mayoría de los directores eran entonces nativos y la educación ofrecida conforme a los programas argentinos, sin lugar especial para el idioma francés, cuya enseñanza devino facultativa en las escuelas secundarias a partir de 1941. Desde la década del treinta, los colegios religiosos se enfrentaban asimismo a considerables problemas de reclutamiento, provocados por la disminución de la llegada de religiosos y por el envejecimiento y «argentinización» (sic) de los sacerdotes existentes en el país. Ese panorama se agravó hacia fines de la década del cuarenta, momento a partir del cual los profesores debían «ser obligatoriamente argentinos y con diplomas argentinos, razón por la cual los franceses no juegan ningún rol». 33 Para 1950, el Colegio Pasteur de Buenos Aires seguía los programas oficiales argentinos, con solo una hora de francés por día y tenía una «acción limitada»; la Escuela Francesa de Santa Fe, por su parte, ligada a la Compañía Francesa de Ferrocarril, se hallaba también en dificultades por «la compra de la compañía por el estado argentino y la partida de numerosas familias [que] hacen prever un debilitamiento de la escuela que ha sido incorporada a la Alianza Francesa», AMAE, Note sur la colonie... p. ISSN: 0210-5810 La debilidad del tejido escolar comunitario tuvo asimismo evidentes efectos en la rápida adaptación lingüística de los inmigrantes, hecho destacado por todos los observadores contemporáneos sobre el que no podemos detenernos aquí. De modo consecuente, el desconocimiento del francés coadyuvó, junto a otros factores, a la pérdida de identidad de la segunda generación, como lo puso de manifiesto la respuesta de los argentinos hijos de franceses a la movilización militar de la Gran Guerra en 1914, prácticamente insignificante en relación a la de la primera generación de inmigrantes.36 Los límites de las escuelas comunitarias: razones y conjeturas La menor presencia del tejido escolar francés genera numerosos interrogantes, tanto más porque contrasta con la notable capacidad asociativa de este colectivo. Una prueba adicional en tal sentido la suministra el hecho de que las escuelas nunca dieron lugar a organismos de segundo grado, como ocurrió con el movimiento asociativo (creación del Comité de Sociedades Francesas de Buenos Aires en 1902 y de la Federación de Mutualidades Francesas de la Argentina en 1913) y con las escuelas de la comunidad judía, que se nuclearon en un Consejo de Educación en 1935. 37 Diversos son los factores que permiten arribar a una explicación de conjunto. El primer factor decisivo fue el progresivo desarrollo del sistema estatal de educación a partir del Primer Congreso Pedagógico Argentino (1882) y de la sanción de la Ley de Educación Primaria de 1884 que, en sintonía con el espíritu laico y positivista de la Generación del Ochenta, estableció la enseñanza pública, obligatoria, gratuita y laica. La ley definió asimismo un modelo de integración republicana, de clara inspiración francesa, que hizo de la escuela un instrumento unificador al servicio de la nación, necesidad sin duda imperiosa en la heterogénea población argentina nacida de la preexistencia de comunidades indígenas y del aluvión migratorio. Además de esta filiación ideológica, cabe destacar la cuasi simultaneidad de las discu-siones argentinas y francesas ya que la Ley 1420 fue sancionada sólo tres años después de la ley francesa del 16 de junio de 1881 que promulgó la gratuidad escolar, y apenas dos años más tarde que la ley del 28 de marzo de 1882 que estableció la enseñanza primaria obligatoria y laica. 38 Este marco general definió un contexto de integración republicana a través de la educación pública que desembocó, de modo bastante natural dadas las premisas de base, en una fuerte desconfianza hacia las instancias de socialización que pudieran desafiar el monopolio estatal en la enseñanza primaria y secundaria. Ello implicó crecientes instancias de control y de competencia del sistema público frente a las opciones alternativas existentes: las escuelas religiosas, en su gran mayoría católicas, y las escuelas de las comunidades migratorias, dos frentes de lucha que, gracias a la acción de las congregaciones emigradas, tenían también puentes entre sí. 39 La creación de organismos altamente centralizados como el Consejo Nacional de Educación en 1880 y la sanción de la Ley 1420 favorecieron el acelerado proceso de creación de escuelas públicas y el control del funcionamiento de las escuelas étnicas. A partir de 1888 se pusieron en marcha programas educativos de alcance nacional orientados, al igual que en el modelo francés, por la clara finalidad política de transformar a la escuela en agente activo de la nacionalidad argentina en construcción. Otros hitos de esa evolución fueron la exigencia a los maestros extranjeros de revalidar sus títulos en las escuelas normales del país (1889); el proyecto de ley de Nicolás Avellaneda sobre el uso exclusivo de la lengua nacional en todas las escuelas primarias (1896); el plan de enseñanza secundaria del presidente Roca en 1901 que, al igual que los precedentes, prescindía de la enseñanza religiosa en la escuela secundaria; la ley Láinez (1905), que estipuló que la Nación -por intermedio del Consejo Nacional de Educación-podía instalar escuelas primarias en las provincias que así lo solicitaran (ya que hasta entonces el federalismo de la Constitución limitaba la ley de educación común 1420 al ámbito de la Nación) y la ley de 1917, que impuso la obligatoriedad de maestros argentinos para permitir el funcionamiento de escuelas étnicas, exigencia que en la práctica venía siendo planteada desde antes por el Consejo Nacional de Educación. Este conjunto de medidas generales, más otras en igual sentido sancionadas por las legislaturas provinciales, dieron carnadura progresiva a las disposiciones de la ley de 1884, si bien su implementación total constituyó un proceso largo y complejo que se extendió, cuanto menos, hasta la década de 1940. 40 La extensión del sistema público de enseñanza -tanto en su capilaridad institucional como en su modelo de integración de inspiración francesa-era, por otra parte, un rasgo argentino del que los diplomáticos franceses dieron cuenta en repetidas ocasiones. Así, por ejemplo, en 1899, en momentos de auge del flujo migratorio francés, el cónsul de Rosario envió una carta al Ministerio de tutela en la que emitía su opinión negativa sobre la creación una escuela francesa subvencionada promovida por Mr. Courau, director de la Compañía Francesa de Ferrocarriles de Santa Fe. Más allá de que esa institución fue creada al año siguiente, el cónsul fundamentaba su opinión en que «sería mejor invertir en el imperio colonial», y que otras creaciones («una guardería, una biblioteca pagada por el director de la compañía de ferrocarriles, un atelier de aprendices») le parecían más urgentes y relevantes. Pero sobre todo sostenía que «dada la cantidad de gente de la colonia esa escuela sería inútil» y que ese colegio «no tendría nada de francés ya que la enseñanza sólo puede ser dada en base a los programas del Ministerio de la Instrucción Pública de la provincia [y que] las escuelas primarias y normales, secundarias y superiores del gobierno provincial son todas gratuitas y suficientes para las necesidades de la población». 41 Con ligeras variantes, las razones esgrimidas por el cónsul (en esencia, la necesidad de invertir en otras áreas del imperio francés y la 40 La escuela pública convivió en efecto con instituciones particulares que la asistieron y completaron, entre ellas las religiosas, pero también otras como las redes educativas de las Damas de la Beneficencia. Ello permite matizar, aunque no invalidar, las interpretaciones tradicionales que veían al sistema público como altamente centralizado y eficiente en su capacidad de imposición ideológica. 41 AMAE, Projet de fondation d'une école française subventionnée, 19 de septiembre de 1899, Correspondance Commerciale et consulaire (CCC), Santa Fe, 1896-1900. inconveniencia de apoyar proyectos que no podrían competir con la educación pública argentina) serán una constante de la política francesa en la Argemtina durante las décadas siguientes. 42 Este tipo de consideraciones podría explicar asimismo la ausencia de críticas de las leaderships comunitarias francesas a la política educativa del Estado argentino, ampliamente documentadas en cambio para el caso italiano. 43 Más allá de las consideraciones ideológicas inherentes al cargo (muy claras en lo relativo a la prioridad otorgada al imperio colonial), las interpretaciones consulares se basaban en los hechos ya que la proporción de analfabetos entre la población de 14 años y más pasó de 64,6 y 78,1% en 1869 a 12,1 y 15,2% en 1947, para varones y mujeres respectivamente. A pesar de esos avances, no debe perderse de vista que las cifras de excluidos del sistema educativo siguieron siendo altas en las provincias alejadas durante la primera mitad del siglo XX e incluso, como lo señala Bjerg, en los ámbitos rurales de provincias ricas como Buenos Aires, donde la recurrencia a maestros particulares constituía una práctica sistemática. 44 A pesar de ello, y contrabalanceando con peso abrumador el conjunto de capilaridades étnicas de las comunidades, la escuela pública argentina tuvo un papel decisivo en la tarea de «nacionalizar» a la enorme legión de argentinos hijos de inmigrantes. Así, por ejemplo, el censo de 1904 (uno de los relevamientos porteños que mejor contabilizó ese aspecto) puso de manifiesto que la población escolar (6 a 15 años) de la ciudad de Buenos Aires tenía un nivel muy elevado de asistencia a la escuela pública, la cual monopolizaba el 95 % de la oferta educacional. 45 Estas cifras testimonian la importancia de la acción del Estado, actor fundamental del proceso de integración de la población extranjera en el caso argentino, gracias al papel integrador de una escuela pública de notable expansión y cobertura, y que impulsaba un ritual patriótico de significativa capacidad de homogeneiza-42 Otro ejemplo en tal sentido es la nota que desaconseja a un tal Monsieur Bernar su proyecto de crear un colegio francés en Buenos Aires, AMAE, 31 de diciembre de 1886, CCC, Buenos Aires, 1884-1886, Tomo 13, p. 43 Así lo sugiere la exhaustiva tesis de Raquillet sobre Alfred Ébelot, personaje central de la comunidad en la década del ochenta. La autora destaca la ausencia de críticas de los líderes comunitarios franceses a la política educativa argentina, la activa militancia de Ébelot a favor de la laicización de la enseñanza en ese país y la filiación discursiva que este destacado periodista estableció entre el debate francés y el argentino. Puede hipotetizarse en consecuencia que la inspiración gala del modelo educativo argentino desarticuló las eventuales críticas de las leaderships francesas, en el caso de que hubiera existido una preocupación sobre el particular. Como lo ha mostrado Bertoni, la liturgia patriótica puesta en marcha a fines de la década de 1880 fue creciendo en las décadas siguientes hasta convertirse en hegemónica a partir de la designación en 1908 de José María Ramos Mejía al frente del Consejo Nacional de Educación. 46 El papel de esa liturgia fue percibido muy claramente por los visitantes franceses del Centenario, en particular por Georges Clemenceau y Jules Huret, 47 quienes dejaron vívidas descripciones de los rituales patrióticos de la educación pública del periodo (como el canto del himno, el saludo a la bandera celeste y blanca, la mitología de los héroes nacionales, las fiestas cívicas, etc.) y del alto peso de los matrimonios mixtos (en particular de hombres franceses con mujeres argentinas), que también contribuían a la «argentinización» de los hijos de esas uniones. Un segundo factor de la debilidad del tejido educativo comunitario se vincula con la composición social de los franceses de Argentina que, como lo señalara oportunamente Bourdé, era particularmente heterogénea e incluía a estratos de muy diversa fortuna y educación. 48 La presencia de cadres de las importantes empresas francesas y de personas de gran fortuna -es decir la clase alta de la comunidad que tenía nutridos contactos con la madre patria o que realizaba allí séjours más o menos prolongados y frecuentes-, favoreció el envío de los hijos a instituciones educativas de Francia, aspecto sobre el que existen múltiples ejemplos biográficos pero que resulta imposible de medir estadísticamente. 49 Esta práctica debió hacer menos imperiosa la necesidad de contar con instituciones de carácter étnico, al menos para aquellos sectores medios y altos que hubieran sido, precisamente, los más capacitados para promoverlas. Lo mismo ocurría con los franceses de buena posición social que, por encontrarse en lugares aislados del país o en zonas rurales, recurrían a institutrices y educadores franceses, como lo ilustra el caso de la familia Larminat en la Patagonia. 50 46 Una visión crítica de la profundización del ritual nacionalista en las escuelas a partir de la reforma Ramos Mejía -«idea de clara matriz jacobina de transformar el patriotismo en religión»-se encuentra en Escudé, 1992. 49 Las familias de modestos recursos no estaban interesadas en el envío de sus hijos a estudiar a Francia, como lo muestra el escaso éxito de algunas convocatorias promovidas por los Consulados en la década del veinte, CADN, Comité d 'éducation des orphelins de guerre et fils de Français à l' étranger: Circulaire sur les pupilles de la nation, aide des consulats pour le recrutement d 'enfants de français residant à l' étranger issus des milieux defavorisés, 1920, Carton 99, dossier 1539. 50 Ver De Larminat, 2004, pp. 22 y ss., que narra asimismo la decisión del autor -nieto del pionero francés-de seguir sus estudios superiores de ingeniería en la Universidad de Buenos Aires en vez de hacerlo en una institución de Francia como le había sido recomendado (pp. 41-42). Otro elemento central en el mismo sentido fue que la fractura de clase en la adhesión étnica a las instituciones educativas era mucho mayor que la que existía en la afiliación a las entidades asociativas. Si bien los datos disponibles son fragmentarios, todo indica que los que asistían a las escuelas étnicas eran los hijos de los sectores más integrados a la comunidad por su pertenencia laboral a empresas francesas. La Escuela Francesa de la Compañía de Ferrocarriles de Santa Fe constituye nuevamente el ejemplo más notorio de esa situación. Así, Serret, autor de una obra periodística y de propaganda sobre las condiciones de inmigración en Argentina, señala que entre los múltiples trabajos que realizó en su periplo rioplatense también fue docente, lo que le permitía afirmar con conocimiento de causa que los alumnos del colegio francés en el que dictaba clase eran en general los «hijos de familias de la clase alta de la colonia». 51 Desde luego, la inversa de esta proposición no era necesariamente verdadera ya que muchos hijos de padres franceses de buena posición concurrían a las escuelas del Estado, como lo ilustra el caso del futuro presidente de la República Carlos Pellegrini, hijo del ingeniero francés Carlos Enrique Pellegrini, quien cursó sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Análogamente, las familias francesas de orígenes más modestos enviaban sus hijos principalmente a la escuela pública, que además era gratuita. Tan importante como la fractura social fueron las expectativas de retorno de los inmigrantes -expectativas que, en buena medida, replicaban las diferencias de clase-ya que los cadres de las empresas que contaban con regresar a Francia, enviaban a sus hijos a las escuelas étnicas en mayor proporción que aquellos que pensaban quedarse definitivamente en la Argentina. Ese fue, por ejemplo, el caso del Colegio Francés de Buenos Aires, frecuentado sobre todo por «hijos de franceses o de extranjeros establecidos temporariamente y en menor grado por hijos de franceses establecidos definitivamente, en fin por algunos jóvenes argentinos de buena familia». 52 En la misma clave argumentativa, los proyectos de creación de un liceo francés, necesidad señalada desde principios del siglo XX, resultan ilustrativos del dilema planteado por las fracturas de la estructura social, tanto argentina como de la comunidad. 1910, su autor, Monsieur Morel, consideraba que la iniciativa era factible pero que, dados los costos que supondría, el liceo sólo podría captar a los hijos de las familias «ricas e influyentes» de la clase alta argentina y no a la mayoría de los hijos de la colonia francesa o de origen francés, «generalmente de condición media». Siguiendo el modelo de las escuelas alemanas de Buenos Aires, Morel consideraba que sería mejor orientar el liceo a la preservación cultural de los hijos de la colonia, para luego lamentar que si bien los «precios cerrarán la puerta del liceo francés, con pocas excepciones, a los hijos de las familias francesas o de origen francés», la iniciativa sería de todos modos oportuna para desarrollar la influencia francesa en la Argentina. En cualquiera de los dos casos «el liceo debería tener en cuenta los programas argentinos y completarlos». 53 La posibilidad de que el colegio se orientara de preferencia a la alta burguesía argentina era ilustrada asimismo por una nota del diario La Nación del 12 de octubre de 1911, en la que se mencionaba que sus patrocinadores no eran franceses en su gran mayoría sino notables argentinos como Carlos Octavio Bunge, el ex ministro de Finanzas Piñero, Rodolfo Rivarola y Juan Agustín García, entre otros. Un nuevo proyecto de 1921 preveía la creación de un liceo franco-argentino basado en el modelo del de Sao Paulo en Brasil, es decir con administración franco-argentina, con capitales de los dos países y con subvenciones de los dos gobiernos. 54 A pesar de estos y otros proyectos, el Liceo Franco-Argentino «Jean Mermoz» de Buenos Aires no fue creado hasta 1964, fuera de nuestro periodo de observación, siguiendo el modelo del de Sao Paulo, e inaugurado con la presencia del general Charles de Gaulle. Otro factor influyente en la menor importancia de las escuelas étnicas debió vincularse con rasgos propios de la experiencia premigratoria de los 53 CADN, Rapport au Ministre de France E. Thiebaut à Buenos Aires et au MAE, Buenos Aires, 19 de enero de 1910, «Project de création d' un lycée français à Buenos Aires, 1909-1911, Carton 83. 59, señalaba que una de las preocupaciones principales del polifacético Paul Groussac era la de crear un liceo francés en la capital con el apoyo de ambos gobiernos. Casi al mismo tiempo, el Informe de René Viviani de 1921 se oponía a la creación de un liceo francés argumentando que primero debería evaluarse la experiencia del liceo de Brasil, que sería una empresa extremadamente costosa, que sólo serviría para «educar a los hijos de franceses y a algunos argentinos que permanecen fijados en su país», y que los profesores franceses terminarían por ser «absorbidos por el medio». En su opinión, la fórmula más eficaz y menos costosa consistía en favorecer los intercambios universitarios entre ambos países. ISSN: 0210-5810 migrantes franceses, cuyo nivel de alfabetización era muy superior al de italianos y españoles, aunque menor que el de ingleses y alemanes. El paso por la escuela pública francesa, sobre todo a partir de las decisivas reformas laicas y universalistas introducidas por la Tercera República, debió hacer que la necesidad de nacionalizar a los inmigrantes en la cultura de origen fuera para las elites comunitarias francesas mucho menos imperiosa que para las italianas. La tardía unificación de Italia, el alto grado de analfabetismo de los emigrantes y la necesidad de crear en ellos un sentimiento nacional italiano fue una preocupación central de ese joven Estado y de las leaderships de ese origen de la Argentina, sobre todo a partir de la pérdida de poder -en la década de 1880-de los sectores republicanos y anticlericales de inspiración mazziniana. Llegados a este punto, y dejando de lado las conclusiones parciales de cada apartado, pueden esbozarse algunas conclusiones mayores. En relación al problema de la integración de los inmigrantes europeos, el análisis de los núcleos étnicos de las escuelas sugiere la imposibilidad de zanjar el debate a partir de los términos dicotómicos y simplistas que, en el pasado, opusieron a los partidarios del Pluralismo Cultural y del Crisol de Razas. En tal sentido, los registros temporales y espaciales reconstruidos sugieren claramente la existencia de momentos y de espacios más típicamente «pluralistas» y momentos y espacios más cercanos al Crisol. Visto en términos temporales, el auge de las escuelas étnicas se situó entre 1880 y la década previa al Centenario. A partir de la primera posguerra y, sobre todo, de la crisis de 1930, las dificultades financieras de las instituciones y la creciente ingerencia y expansión del sistema educativo público crearon condiciones más difíciles para su desarrollo. El debilitamiento de las escuelas laicas fue más precoz que el de las escuelas congregacionales por la diferente capacidad de los actores involucrados (esfuerzos privados en el primer caso, instituciones bien organizadas y de carácter internacional en el segundo), por el tipo de público al que atendían (una comunidad migratoria en retroceso y progresivamente envejecida versus un público amplio y plurinacional) y por el tipo de discursos que fomentaban, favorecido -en el caso de las escuelas religiosas-por su carácter universalista y, a partir de los años treinta del siglo XX, por la recuperación del catolicismo en la Argentina. Con todo, su carácter étnico demanda, al igual que muchos otros aspectos, nuevas investigaciones. El análisis espacial, por su parte, confirma que las condiciones de posibilidad del pluralismo eran mayores en las grandes ciudades como Tucumán, Córdoba, Rosario y, sobre todo, la capital del país, hallazgo que resulta coherente con otros indicadores de la integración migratoria como la exogamia, la afiliación al movimiento asociativo, la segregación espacial y la persistencia idiomática. Las elevadas proporciones de hijos de inmigrantes fuera del núcleo étnico alertan asimismo sobre la importancia decisiva que tuvieron otras formas alternativas de formación de identidades -en este caso, las escuelas públicas, pero también las instituciones religiosas-que han recibido poca atención por parte del Pluralismo. La escasa presencia de hijos de inmigrantes en las escuelas francesas limitó así la función de reproducción cultural intergeneracional de esos espacios y facilitó la integración a la sociedad argentina, como lo puso de manifiesto el rechazo de la segunda generación a la movilización militar durante la Gran Guerra. La comunidad francesa de la Argentina, al igual que otros grupos migratorios, desplegó un esfuerzo educacional considerable que, a pesar de sus logros, no alcanzó sin embargo el desarrollo que tuvo su vigoroso movimiento asociativo. Ello fue así por unas razones que se vincularon tanto con las condiciones premigratorias -el alto grado, en comparación con otros colectivos, de alfabetización y nacionalización de sus emigrantes-como postmigratorias. Entre estas últimas se destacó, a partir de la década de 1880, la puesta en marcha de un modelo republicano de integración de inspiración francesa que centró sus esfuerzos en la creación de un sistema público de enseñanza obligatoria al servicio de la construcción de la nacionalidad argentina. El desarrollo de este modelo, tanto en el plano ideológico como en el legal y material, redujo considerablemente el margen de acción y la utilidad misma de las escuelas étnicas, y contribuyó a desarticular las eventuales críticas de las leaderships francesas de matriz republicana. Igualmente relevantes fueron la fractura de clase existente en el grupo migratorio y las diferentes expectativas de retorno, factores que confinaron las escuelas étnicas al reducido ámbito de los sectores sociales altos de las grandes ciudades o de lugares más cercanos al modelo de enclave étnico como la colonia aveyronesa de Pigüé. La permeabilidad del Estado en la incorporación de educadores franceses durante buena parte del perio-do analizado posibilitó asimismo su ingreso a la educación pública argentina, desalentando su inserción en la educación étnica. Por otra parte, los planes franceses de expansión en Latinoamérica puestos en marcha tras la Gran Guerra dieron prioridad a la difusión de la cultura francesa, en particular el idioma, entre la población argentina en general. Este objetivo, al igual que su diagnóstico de base -la reducción del tamaño y la pérdida de dinamismo de las comunidades francesas allí instaladas y el avance de la influencia de otros países, en particular Alemania y Estados Unidos-, alteró las prioridades de Francia y reorientó los esfuerzos hacia la propaganda, en detrimento de las instituciones educativas comunitarias, si bien éstas nunca habían contado con un apoyo demasiado significativo. Por último, aunque la reconstrucción de los núcleos étnicos presenta también problemas heurísticos considerables, constituye una vía alternativa para el estudio de las escuelas étnicas, sobre todo cuando, como en el caso del colectivo francés, no se dispone de las fuentes necesarias para acceder al funcionamiento interno de esas instituciones.
Claves racialistas y reformistas en la invención de un nacionalismo continental. El porvenir de la América latina (1911), by Manuel Ugarte Este trabajo se propone analizar la retórica del diagnóstico contemporáneo sobre las sociedades latinoamericanas en el ensayo de Manuel Ugarte, El porvenir de la América latina (1911). En particular explora el modo en que dicha retórica se inscribe en el paradigma cientificista que predominaba en el contexto de los debates sociológicos europeos, latinoamericanos, y en concreto argentinos, focalizados en una hermenéutica del presente. Esto puede verse, por un lado, en la lectura evolucionista 1 que Ugarte (1874-1951) imprime a su interpretación del curso histórico del subcontinente americano; y por el otro, en el enfoque racialista adoptado, fuertemente hegemónico en la sociología positivista argentina en formación, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. 2 Sin embargo, tal como intentaremos mostrar, el discurso sociológico positivista que da marco a la descripción de las «repúblicas sudamericanas» desde una perspectiva de conjunto, como anuncia Ugarte en el prólogo, presenta ciertas tensiones. Éstas son reveladoras de sus intentos por mantener los análisis dentro de los patrones que garantizaban la cientificidad del estudio, introduciendo a la vez principios igualitaristas que resultaban contrarios a cualquier idea de jerarquía, tanto respecto de los individuos como de las naciones, y que surgían claramente de las adhesiones socialistas del autor. Nuestro análisis se detendrá en estas tensiones derivadas de dichas perspectivas, y se ocupará 1 Oscar Terán (2008, pp. 139-140) observa los efectos culturales, antes que científicos, de la teoría biológica darwiniana de la «evolución» en tanto «sucesión de especies que se alternan en su desarrollo» por adaptación al medio cambiante, dado que dicha teoría recibió leves variaciones al ser aplicada al estudio de las sociedades y, en particular, «al cruzarse con la idea entonces dominante de 'progreso' «. En efecto, en la teoría de Darwin, dice Terán, no hay «evolución o progreso sino simplemente supervivencia de hecho de una especie favorecida, por razones genéticas enteramente azarosas (...)». Sin embargo, para el autor, el efecto ya no científico sino cultural de la teoría darwiniana residió en cuestionar severamente el dogma creacionista judeo-cristiano inscrito en el Génesis bíblico. Como se verá, el ensayo de Ugarte utiliza este repertorio evolucionista darwiniano para entender el proceso de conformación de las sociedades hispanoamericanas. 2 Según Carlos Altamirano, entre 1890 y 1916 «la sociología en la Argentina marcha entre dos polos: el naturalista y el psicológico (...). En esos años los razonamientos de la ciencia social se incorporaron al bagaje intelectual de las elites, junto con la idea de que esa ciencia no podía ser ignorada en un país que iniciaba su carrera en dirección al industrialismo. Ciencia del cambio controlado (el progreso), la sociología debía ser a su vez una ciencia del orden (...). Esta misión general atribuida a la sociología no sólo era una idea corriente de la cultura positivista, sino que estaba en consonancia con la visión que los grupos intelectuales tenían de su papel dentro del régimen liberal-conservador» (Neiburg y Plotkin, 2004, p. Manuel Ugarte pertenece a la generación siguiente a la de los «profesores» que inauguraron la ciencia social en Argentina (José Ramos Mejía, Juan Agustín García, Ernesto Quesada, Rodolfo Rivarola, José Nicolás Matienzo y José Ingenieros) y no comparte con ellos el ethos de profesor o científico. Como veremos, es desde su residencia en París y como consecuencia del incremento de su actividad política cercana al Partido Socialista Argentino, cuando comenzará a escribir sobre «problemas sociales». a la vez de la construcción identitaria del espacio latinoamericano presente en el estudio, la que se revela esencial en el periodo posterior a la derrota española de 1898 frente a los Estados Unidos. Este ensayo de 1911 consolida una línea de la escritura que Ugarte había esbozado primero en su libro Visiones de España (1904), 3 donde él se autodefinía como un viajero que había tomado «apuntes» surgidos de su observación de la sociedad española contemporánea. Pocos años después, Las enfermedades sociales (1907) inauguraba su comprensión del presente y del proceso de modernización en América Latina a partir de un método y una retórica cientificistas que resultaban ya bien diferentes de las crónicas periodísticas que el escritor iba compilando luego en libros. 4 En este sentido, dicho estudio implicó un abordaje universalista que producía simbólicamente la inserción de los problemas americanos en el orden occidental contemporáneo. Fue de este modo como Ugarte sorteaba los diagnósticos fatalistas respecto de las sociedades latinoamericanas. El enfoque universalista que mencionamos se basaba en la idea de que existían patologías similares en países «latinos» y «sajones», en las potencias imperiales tanto como en las ex colonias, que buscaban frenar el curso del progreso. En el escritor que nos ocupa, dicha perspectiva era tributaria de dos discursividades: por un lado, el paradigma positivista y por otro, el internacionalismo propugnado por las socialdemocracias europeas -menos en Alemania que en Francia e Italia-. 5 Al mismo tiempo, el discurso de circunstancia sobre la decadencia latina aparece reorientado en ese ensayo, cobrando un sentido específico en el contexto del intercambio intelectual del continente, pues es por esta vía como será pensada la identidad latinoamericana, en tanto parte del espacio simbólico de la latinidad y opuesta a los Estados Unidos, país que se representa en términos de conjunto de acciones y valores propios de lo «anglosajón». Este mecanismo es común a un amplio espectro de intelectuales latinoamericanos con posiciones ideológicas, presupuestos filosóficos y programas políticos muy diversos en el entresiglo; después de José Martí, aparece en César Zumeta, José Enrique Rodó, Manuel Ugarte, José Varona, Alcides Arguedas, Carlos Arturo Torres, Rufino Blanco Fombona y Fran -3 Ugarte, 1904; del mismo autor, 1907 y 1911. 6 Aunque ellos construyeron respuestas muchas veces divergentes con respecto a la «cuestión americana», dicha problemática funcionó aglutinando a estos intelectuales, que pasaron a conformar una red nada homogénea y un espacio contencioso en torno a la identidad hispano/latino/americana. La caracterización de sus países a partir de los procesos modernizadores en algunas zonas de la región y del nuevo escenario surgido de las intenciones, cada vez más visibles, de dominio de los Estados Unidos, la búsqueda de definir la identidad latinoamericana en el marco de los debates europeos en torno a la latinidad y finalmente, la necesidad de acentuar el rumbo de las transformaciones sociales y políticas en un sentido de renovación más radical, son algunos de los núcleos problemáticos que reaparecen y se profundizan en el libro de Ugarte que proponemos analizar aquí, El porvenir de la América latina (1911). Dedicado a cuestiones sociológicas, en él se consolidan los temas que serán predominantes en la trayectoria de este intelectual, durante las décadas que van de 1920 a 1940: en primer lugar, la defensa de un espacio subcontinental (que autoriza y reactualiza el discurso unificador de Simón Bolívar) y la necesidad de su unificación como modo de afrontar las ofensivas imperialistas norteamericanas y hasta europeas; 7 en segundo lugar, la brega por soluciones reformistas para los problemas sociales y políticos de las repúblicas latinoamericanas. Intentaremos dar cuenta del modo en que, en este ensayo, a fin de dar un fundamento riguroso a sus ideas, Ugarte expone una reflexión en torno a la identidad latinoamericana recurriendo al paradigma de la «cultura científica», 8 pero al tiempo exhibe una mayor presencia de categorías de análisis provenientes del pensamiento socialista finisecular. Lo primero que puede verse es el organicismo y el evolucionismo persistentes en el enfoque. Al mismo tiempo, sin embargo, cabe observar que el libro construye una toma de posición verdaderamente heterogénea respecto de los estudios enmarcados en la sociología positivista argentina, los 6 Sin mencionar los escritos de Ugarte, los del resto de los intelectuales son, respectivamente: Continente enfermo (1899); Ariel (1900); «El imperialismo a la luz de la sociología» (1906); Pueblo enfermo (1910); Idola Fori (1910); La Evolución política y social de Hispano-América (1911); Las democracias latinas de América (1912) y La creación de un continente (1913). 7 Uno de los pocos nombres de autor que figuran en el libro es precisamente el de Simón Bolívar, mencionado en una nota: «Una de las proposiciones presentadas hace un siglo por Bolívar al Congreso de Panamá, estipulaba que las repúblicas latinas debían considerarse 'como aliadas y confederadas'» (Ugarte, 1953, p. 8 El término ha sido acuñado por Terán, 2000. cuales proponían políticas conservadoras frente a los desafíos aportados por los nuevos modelos de gobierno republicano basados en el sufragio universal y, en general, ante cualesquier perspectiva igualitarista o de independencia económica, rechazando el acceso de los sectores populares al ejercicio de los mismos derechos que las clases dominantes. En cuanto a esto último, se revelan incluso posiciones propias de un socialismo reformista, legibles en la invención de una geografía utópica (la patria grande) y hasta ucrónica («la América latina es quizá la promesa más alta que ofrece el porvenir al mundo entero [...] tiene que reservar a sus habitantes -y a la humanidad toda sobre la cual irradia su producción-las sorpresas más puras y más inverosímiles»). Los diez capítulos de la primera se distribuyen siguiendo un criterio de clasificación de los pobladores del continente según su origen étnico, a excepción del primero, dedicado al «Descubrimiento», y del último, sobre la «raza del porvenir». De este modo, en cada uno se describe sucesivamente a los distintos grupos presentes en el territorio americano, siguiendo una linealidad histórica. En la segunda parte, titulada «La integridad territorial y moral», el autor procede a una caracterización de la América Latina basada en la distinción y descripción de «las dos Américas», a un diagnóstico de los problemas y amenazas del presente (invasión, penetración comercial, influencia cultural visible en el discurso panamericano que Ugarte desarticula) y finalmente, al esbozo de soluciones unitaristas, como defensa de la soberanía de las repúblicas latinoamericanas. En la tercera parte («La organización interior»), va quedando atrás la intención sociológica del estudio a medida que Ugarte expone un programa de modernización política en el plano nacional, de transformación progresiva de las instituciones, con una clara impronta socialista en la que aflora sin embargo una ética republicana no siempre coherente con dicha doctrina. De modo general, volviendo a lo que hemos observado antes, el aspecto más complejo de El porvenir de la América latina,11 desde el punto de vista retórico, gira en torno a la adopción del paradigma positivista que hacía confluir un enfoque historicista inspirado en el darwinismo social, con una perspectiva antropológica psicológica centrada en la caracterización racial, divulgado por Le Bon. Como es sabido, el desarrollo de dicho paradigma se venía consolidando, desde fines del siglo XIX, en los estudios sociológicos de varios miembros de la elite letrada mayores que Ugarte, como Ramos Mejía, Ernesto Quesada, Juan Agustín García, Carlos Octavio Bunge o José Ingenieros, a los que el autor lee y llega incluso a reseñar. En sus trabajos, ellos habían aplicado nociones lebonianas y lombrosianas a las sociedades locales.12 Pero inclusive, la clasificación y tipificación de los distintos pobladores se entronca también con la tradición sarmientina del Facundo. 13 La explicación en términos del componente racial de la población americana responde entonces a las condiciones de posibilidad del discurso psico-antropológico derivado de la antropología fisiológica leboniana, omnipresente en los debates europeos y cuya recepción en Argentina se remonta a los comienzos de la ciencia social. Basta recordar al respecto que el patrón analítico que asociaba el estado psicológico de un pueblo a factores biológicos sintetizados en la noción de raza ya configuraba, en la primera década del siglo XX, la doxa sociológica de la época. Además, circulaba tanto en Europa como en América no sólo en los ámbitos universitarios y en revistas especializadas sino en la prensa masiva (piénsese en los artículos de Césare Lombroso, Max Nordau o Enrico Ferri para La Nación de Buenos Aires). Tomando como marco la circulación de esas ideas dominantes, es posible comprender las operaciones interpretativas que aparecen en El porvenir de la América latina. Esto se observa ya en la siguiente advertencia del autor: «Pero antes de formular previsiones abordemos en esta primera parte el problema de la raza, examinando los diversos componentes en notas brevísimas, para deducir después, en síntesis, la orientación general». 14 Por una parte, entonces, el tratamiento ugarteano de la cuestión de la raza según los parámetros de la antropología positivista se evidencia sobre todo cuando el autor se dedica a definir la identidad del continente basándose en el examen de la composición racial de las poblaciones. Por otra parte, dicho examen se completa, de acuerdo al presupuesto historicistaevolucionista, con un estudio del proceso de constitución de la raza americana, a punto tal que los rasgos etnográficos de ésta se combinan con la idea de una lenta constitución que aún no había culminado. Pero además, cuando el ensayista busca caracterizar a los distintos pobladores del suelo americano, gravita -aunque de manera atenuadauna hermenéutica de las razas dada por la asignación de determinados atributos morales a cada una de las categorías de pobladores que, como se ha dicho, habían sido clasificados de acuerdo a su origen étnico; el análisis evidencia entonces cierto sesgo esencialista respecto de los caracteres americanos: Base y origen de la nueva variedad que se acumula, el español aclimató en resumen las grandes cualidades de firmeza y resolución que le dieron el predominio, pero no dejó, ni en germen, la perseverancia, la inventiva y la independencia que en algunas regiones empieza a determinar el triunfo actual. Estas características se han superpuesto, como veremos más adelante, bajo la presión de inmigraciones múltiples. (...) Porque, contrariamente a lo que ocurre en ciertos países -Alemania, por ejemplo, dividida como un mueble, en cajones que corresponden a cada grupo-en la América latina todos los líquidos, sea cual sea su densidad, se confunden en el mismo vaso. Las diversas variedades no se hallan apriscadas en las provincias. Y el mestizo y el extranjero se codean en todos los puntos del territorio, acentuando una promiscuidad que hace más visibles las discordancias. 15 Al mismo tiempo, Ugarte toca un punto central de los análisis sociológicos positivistas de la época, expresado en la cuestión del mestizaje, es decir, la mezcla de razas heterogéneas, que aparecía como un rasgo parti-cular del continente, más aún, como la causa de sus males o su debilidad. En su tratamiento de la raza, el autor se aparta de la estigmatización del mestizo concebido como un híbrido entre razas incompatibles, del que derivaba su debilidad y por ende, como una traba insuperable para la evolución adecuada de las sociedades americanas. Esto era propio, por ejemplo, del racialismo positivista duro de Carlos Octavio Bunge en Nuestra América (1903). 16 La caracterización del mestizo resulta, en cambio, para el autor que nos ocupa, más oscilante o contradictoria: Condenados a vivir entre dos contradicciones, con los atavismos indolentes de su origen y muchos de los orgullos del europeo, postergado en ciertas repúblicas por el blanco como inferior, considerado en otras por el indio como espúreo, el mestizo vegeta y se multiplica en zonas vagas que su misma falta de ilustración hizo quizá fatales... Pero dentro de la mezcla hirviente de la futura raza sudamericana, el mestizo será uno de los elementos más aprovechables si, rompiendo la ignorancia que lo encorva, le hacemos levantar la frente y lo elevamos a la igualdad. 17 Sus ideas se acercan más bien, como veremos más adelante, a las que José Martí había expuesto veinte años antes en sus conferencias «Nuestra América» (1891) y «Madre América», cuando postulaba cierta ruptura con respecto al determinismo biológico aplicado a los análisis del continente. Asimismo, el autor va forjando en el ensayo la idea de un proceso abierto de mezcla, o de una raza inconclusa, lo que está en consonancia con la matriz evolucionista. Construye así un concepto inclusivo de identidad nacional, que incorpora tanto al mestizo como al inmigrante, valorando a ambos positivamente, en un sentido similar a las posiciones del socialismo argentino que reclamaban la nacionalización de los inmigrantes. De este modo, Ugarte articula la cuestión del mestizaje con la cuestión nacional, interviniendo también en uno de los debates centrales durante el Centenario. 18 Otro de los modos en que Ugarte va atenuando las consecuencias fatalistas de los análisis basados en la distinción entre tipos psico-biológicos, o a analizar la conquista española como un proceso histórico, puede verse en el propósito historicista de su estudio expresado en su intención de trazar una «historia social» americana desde la conquista hasta el presente y sus implicaciones. En este sentido, su lectura evolucionista de la constitución del subcontinente americano, responde a la idea hegeliana de un espíritu humano en marcha hacia la superación y puede verse en las variables socioeconómicas que introduce a lo largo de su estudio. Ugarte llega incluso, en ciertos momentos de su indagación, a introducir variables y enfoques inspirados en el materialismo histórico.19 Tal como hemos adelantado, Ugarte se refiere a la cuestión de la raza en la primera de las tres partes de El porvenir de la América latina, precisamente intitulada «La raza». Los capítulos que dedica a describir a los distintos pobladores americanos corresponden a «Los indios; los españoles; los mestizos; los negros; los mulatos; la variante portuguesa; los criollos; los extranjeros inmigrados». En cada uno de ellos, no se detiene en aspectos biológicos (contrariamente a un Bulnes o un Bunge) -sangre, color de piel-, sino que, por un lado, el estudio procede abstrayendo dichos «rasgos morales» para establecer el «tipo local»; y por el otro, deja entrever la influencia de la categoría comtiana del medio en sus análisis, al señalar continuamente las circunstancias históricas que habían dado origen a la conformación de los caracteres morales de la población latinoamericana. En esto puede verse la filiación positivista del modelo de análisis implícito en el ensayo: los mulatos son «más orgullosos y más altivos que los negros, menos preparados para la lucha que los españoles (...) fueron una fuerza irresoluta, áspera e impotente que flotó al azar de los reflujos»; y, «como los mestizos, vivieron una situación incierta»; 20 los indios, fueron víctimas de la «atmósfera viciada de la esclavitud», del «alcohol» y la «ignorancia» a que los sometieron las «muchedumbres invasoras»,...se dejaron morir con la resignación de los pueblos del Asia, porque el americano tiene mucho del fakir. Después de haberlo esperado todo de las fuerzas celestes, en el derrumbamiento de sus dioses, vencido y despreciado en su propia casa, sin que nada en la naturaleza contestase al llamado impotente de su angustia, el indio se convirtió en hoja que los vientos llevaron a su capricho. 21 Al adoptar el punto de vista de la raza, sobre todo en esta primera parte de su libro, asume el enfoque psico-antropológico que funcionaba como la condición de cientificidad de todo estudio que se propusiera analizar las sociedades contemporáneas y así predecir su porvenir. Si, tal como se ha visto, el recurso a la noción de raza está presente, las descripciones de los distintos pobladores del continente no están basadas estrictamente en rasgos biológicos. Puede decirse entonces que, por «efecto de la imposición simbólica»,22 el tratamiento raciológico funciona principalmente, en Ugarte, como garantía misma de cientificidad de los análisis sobre los fenómenos sociales e históricos. Aun así, no escapa por momentos a las típicas caracterizaciones psico-raciales del mestizo, propias de Juan Agustín García o Carlos Octavio Bunge. La mezcla parece alcanzar, en su visión, ciertos rasgos de carácter; por ejemplo, el tipo mestizo es definido como contradictorio, entre las «orgullosas fierezas del indio» y el «acatamiento de la domesticidad en que se desarrolla» (p.14). Sin embargo, al mismo tiempo, circunstancias como la falta de instrucción y la «conciencia de su estado» de sometimiento funcionan como causas explicativas de la condición subalterna de los mestizos, quedando atrás cualquier explicación biologicista sobre un primitivismo insuperable. Una argumentación semejante aparece cuando Ugarte caracteriza a la población negra y mulata. Allí entran en tensión la tipificación centrada en la raza -en la que está implícita una idea de jerarquización-, con una tendencia en sentido contrario, que no se adhiere del todo a ésta por sostener principios igualitaristas. En este sentido, destaca, por una parte, el papel clave de dicha población en las guerras de independencia. Por otra, explica su ubicación «en la base» (p. 19) de las sociedades latinoamericanas y la diferencia insuperable entre sus países de origen y el continente señalan-do las circunstancias históricas que determinaron su lugar subalterno. Así, aun cuando considera la diferencia de color como criterio descriptivo necesario a los fines de su estudio científico, el autor no la asocia a ninguna tara biológica que desencadene degradaciones morales. Introduce más bien explicaciones económicas y sociológicas (señalando por ejemplo, con una retórica moralista, la lógica de acumulación capitalista); no sólo eso sino que identifica valores y presupuestos de la cultura dominante respecto del otro social. En referencia a los esclavos africanos, afirma así que: Y aquellas muchedumbres inmensas que la avaricia de los hombres precipitó sobre el Nuevo Mundo, modificadas por el ambiente, multiplicadas por los años, diseminadas por las revoluciones, pero invariablemente atadas al origen, prolongaron, primero políticamente y después étnicamente, en plena democracia, la situación inicial. Se habían extraviado en la tierra. El país en que trabajaban y nacían era una patria de adopción. Formaban un haz aparte que no podía confundirse porque llevaba el distintivo en la cara. El hijo del extranjero emigrado es criollo al cabo de una generación. Nadie logra descifrar su procedencia. ¿Pero quién arrancaba al negro su nacionalidad aparente? 23 Por último, este mismo enfoque puede verse en la caracterización de los extranjeros inmigrados, cuya presencia en Hispanoamérica atribuye Ugarte a consecuencias generales de la industrialización europea, a las luchas obreras (en este sentido, se refiere a la «persecución y de búsqueda de libertad»), sin dejar de señalar aspectos de la subjetividad individual como los «gustos o veleidades de aventura». Contra la tendencia a entender el proceso inmigratorio del último tercio del siglo XIX en el Río de La Plata, como resultado exclusivo de políticas estatales, propia de intelectuales argentinos cercanos a los grupos dirigentes que depositaban además sus esperanzas de progreso en ese factor y podían incluso dudar del éxito de dicho proceso por su desconfianza hacia la población nativa, Ugarte prefiere explicarlo invocando circunstancias socio-económicas vinculadas a la nueva división internacional del trabajo y a la propia expansión capitalista. Pero a la vez, desde un punto de vista interno, considerará la presencia de los inmigrantes en función de su carácter de fuerza de trabajo y como factor de progreso antes que como una amenaza para la tradición argentina y la unidad espiritual de la nación. Atenderá a una interpretación económica y clasista de la historia argentina, que hace extensiva a otros países sudamericanos, sobre todo los más desarrollados. Las oscilaciones en torno a la categoría de raza también se registran en el modo en que aparece sustituido por otros como «grupo social», 24 «agrupaciones» o «componentes de una sociedad». Entonces, aunque se proponga estudiar los fenómenos sociales contemporáneos en Hispanoamérica, y para ello se base en presupuestos racialistas, Ugarte no se adhiere completamente a las implicaciones políticas concretas que generalmente éstos encerraban. Este uso fluctuante de explicaciones inspiradas en el determinismo racial, aparece aun cuando las nociones empleadas contengan un sentido culturalista más que biológico. Dicho sentido derivaba del sentido renaniano de raza que, tal como ha sido mostrado por Todorov, 25 por más que remitiera los fenómenos a causas dadas por disposiciones morales, no abandonaba la visión determinista. Estas disposiciones, en efecto, obedecían a una clasificación que giraba en torno a la categoría de raza, a la que se asociaba una serie de sentimientos, valores, religiones y lenguas. Cabe recordar que el distanciamiento de Ugarte respecto de esta noción había aparecido en escritos anteriores, tanto en algunas crónicas de 1901 como en Las enfermedades sociales (1907) y en un discurso pronunciado ante el Ayuntamiento de Barcelona en mayo de 1910, cuando se refería críticamente al «semi-prejuicio de las razas». En esa conferencia sobre las «Causas y consecuencias de la Revolución Americana», del 25 de mayo de 1910, Ugarte lo exponía en los siguientes términos: Yo no he creído nunca que nuestra raza sea menos capaz que las otras. Así como no hay clases superiores y clases inferiores, sino hombres que por su situación pecuniaria han podido instruirse y depurarse y hombres que no han tenido tiempo de pensar en ello, ocupados como están en la ruda lucha por la existencia; no hay tampoco razas 24 Ibidem, pp. 23, 21 y 35, respectivamente. 25 Todorov (2001, pp. 195-211) muestra con exhaustividad el modo en que la doctrina racialista está vinculada al surgimiento del «cientifismo iluminista» de Diderot a Buffon. Un momento posterior, que culmina en el pensamiento racialista, se ubica en la segunda mitad del siglo XIX y está basado en los desarrollos de Taine, Gobineau y Renan. Todorov, señala que Renan dio al término un tratamiento complejo haciendo un uso ambiguo de la raza al asociarle un rasgo lingüístico y relanzar así el concepto: «puesto que con él (y algunos de sus contemporáneos),'ario' y 'semita' dejarán de ser términos usados para designar familias de lenguas, para aplicarse a las 'razas', es decir a los seres humanos». Al mismo resultado llevarán, como veremos, los trabajos de muchos contemporáneos y sucesores, como Hippolyte Taine o Gustave Le Bon. Gobineau, que cree que las razas están fundadas en las diferencias de sangre, constituye una excepción en esa segunda mitad del XIX. Pero este cambio en la noción no hace que Renan y Le Bon dejen de ser racialistas (el caso de Taine es distinto): simplemente transponen los prejuicios comúnmente vinculados a la raza, al plano de la cultura. Y, aunque sea cultural y ya no físico, el determinismo que profesan no es por ello menos inflexible. Al ser miembros de una raza, dirá Renan, no podemos escapar a su dominio; la educación no sirve de mucho» (pp. 200-201). superiores ni inferiores, sino grupos que, por las circunstancias particulares en que se desenvolvieron han alcanzado mayor volumen y grupos que, ceñidos por una atmósfera hostil, no han podido sacar a la superficie toda la savia que tienen dentro». 26 De esta manera, en sus análisis asoma cierta percepción según la cual las explicaciones racialistas implican una condena para Hispanoamérica y que, por lo tanto, deben ser superadas o evitadas para redimir al continente de su supuesta inferioridad. No sólo eso sino que por momentos Ugarte tiende a formular un programa más moderno de inclusión de los sectores populares. Reclama, por ejemplo, para los mestizos, iguales derechos ciudadanos, denunciando la trampa de que para elegir representantes se les exija una instrucción que no se les ha brindado: En general, entonces, Ugarte cuestiona las tesis fatalistas fundadas en determinaciones climáticas o raciales, tendiendo a considerar las dimensiones culturales en la conformación de las sociedades coloniales. 28 Señala factores económicos al enmarcar históricamente la ferocidad de la conquista en el «régimen feudal» y la «edad sanguinaria» de aquella época (p. Invierte, incluso, el tópico de la barbarie y, no exento de cierto miserabilismo, contrapone las «almas de hierro» de los «heroicos aventureros [...] hijos de un siglo que dignificaba la matanza» con la «solidaridad y altruismo del indio» (p. La caracterización de la conquista en esos términos contrasta fuertemente con la visión dominante entre los intelectuales latinoamericanos: Vino después el atentado más lamentable que recuerda la historia, grandes rebaños sumisos removieron la tierra que les pertenecía y la sangraron para hacer brotar ríos de oro en beneficio de virreyes y monarcas extranjeros [...] La esclavitud se estableció de lleno en el continente (p. 28 Remitimos al análisis de Nuestra América (1903) de Carlos Octavio Bunge y su idea de la mezcla racial como elemento explicativo de los males americanos desarrollado por Carlos Altamirano en «América Latina en espejos argentinos», 2005, pp. 109-114. Más adelante volveremos sobre este artículo. ISSN: 0210-5810 El modo más decisivo en que Ugarte va en contra del fatalismo racialista hegemónico proveniente de la tesis de Gobineau, Renan y Le Bon, es afirmando el carácter inconcluso de las naciones americanas y señalando el «porvenir de la raza», una percepción que sin duda era intensificada por las transformaciones de los procesos de modernización en el Río de La Plata. Así, ante el diagnóstico de la transición de una etapa económica hacia otra, dentro de un supuesto proceso paulatino de socialización, la América latina, como se la nombraba entonces, encerraba los mejores augurios. Precisamente en torno a esta cuestión girarán las conclusiones del libro, como veremos más adelante. Si repasamos, como hemos dicho antes, el contexto de los trabajos sociológicos positivistas en Argentina, de hecho, ni La ciudad indiana de Juan Agustín García, ni menos aún Nuestra América de Bunge, ponen en duda los presupuestos sobre la desigualdad de razas ni el carácter irremediable de las taras ambientales. 29 Ugarte se acerca aquí al Martí de Nuestra América (1891), cuyo cuestionamiento del racialismo cientificista había tenido un carácter marginal entre los pensadores latinoamericanos de fines del siglo XIX y se había pronunciado desde una posición deliberadamente ajena a la mirada sociológica positivista. 30 En efecto, aunque Ugarte no mencione a Martí, aparecen las mismas líneas retóricas generales de la conferencia de Nuestra América: 31 por un lado, el poeta cubano despliega una argumentación que aspira a alcanzar una perspectiva universal por contraste con una estrechez simbolizada en el 29 Aunque no mencione a estos escritores, podemos reconocer sus postulados en las alusiones de Ugarte (Ibidem, p. 10): «Algunos arguyen que desde el punto de vista del porvenir hispanoamericano debemos felicitarnos de ello. Pero hoy no cabe el prejuicio del hombre inferior. Todos pueden alcanzar su desarrollo si los colocamos en una atmósfera favorable. Y aunque las muchedumbres invasoras han minado el alma y la energía del indio, no hay pretexto para rechazar lo que queda de él. Si queremos ser plenamente hispanoamericanos, si queremos ser los argentinos, los chilenos, los mexicanos de hoy, si queremos situarnos y alcanzar significación definitiva en el tiempo y en el mundo, el primitivo dueño de los territorios tiene que ser aceptado como componente en la mezcla insegura de la raza en formación» (subrayado nuestro). No hay en el ensayo de Ugarte una referencia explícita al poeta cubano, lo que no implica que lo desconociera teniendo en cuenta la omnipresencia de sus ideas, cuanto menos en la forma del «rumor intelectual» (Bourdieu, 1991, p. Esta omisión puede explicarse, por un lado, porque las ideas de Martí formaban parte de tópicos ya habituales en torno a los destinos americanos y a las definiciones de Estados Unidos. La ausencia de toda mención al poeta cubano también puede responder a un deseo, típico de la época, de postulación de discursos marcadamente actuales en los que las referencias se valoraban por su carácter inmediatamente contemporáneo. En este sentido, téngase en cuenta que habían pasado dos décadas desde la publicación de la conferencia de Martí. carácter «aldeano», oposición que está en la base de la mirada de Ugarte sobre el continente. Por otro lado, cuestionando la dicotomía sarmientina, defiende a «indios» y mestizos basándose en la tensión entre la naturaleza y el carácter inauténtico y artificial, que se sobreimprime al antagonismo entre el hombre natural / el gobernante o intelectual. Su fe en el progreso exalta, como lo hace Ugarte, la vertiginosa modernización de algunas repúblicas americanas, al tiempo que considera que el origen de los problemas del continente se halla en la organización colonial, cuestionando cualquier forma de determinismo racial y de racismo («No hay odio de razas, porque no hay razas...», p. 17), y resaltando la «identidad universal del hombre» en la misma página. José Martí traza una historia de América atendiendo a su constitución múltiple, aun cuando la parte «pensante» sea atribuida a los blancos y el sostén, a la religión del conquistador: «Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, vinimos, denodados, al mundo de las naciones», (p.12). Exalta el acontecimiento independentista y lamenta la persistencia de residuos coloniales. Como aparecerá luego en el ensayo de Ugarte, Martí presenta un diagnóstico alarmado pero optimista respecto del presente. Por último, figura la recurrente consideración respetuosa de la pujanza de Estados Unidos, la alerta contra «el gigante de las siete leguas» (p. 10), la necesidad de una «marcha unida» de los hijos de América y de renovación de sus formas de gobierno y, finalmente, una apuesta al desarrollo americano y a que éste sea mostrado, ostentado fuera de sus fronteras, como una estrategia para conquistar el respeto del Norte. El propio sociólogo José Ingenieros, quien a partir de 1911 revisaría sus postulaciones, había tenido su momento «bioeconomicista» y sostenido, en «La evolución sociológica argentina» (1901), la inferioridad racial de los pobladores originarios del Río de La Plata, de sus descendientes y de la población de origen africano, a los que consideraba vencidos por la «raza blanca». 32 En La ciudad indiana (1900), Juan Agustín García, por su parte, en su liberalismo, señalaba la problemática de la «teocracia pura» del gobierno jesuítico, aunque la justificara en base al presupuesto de las jerarquías raciales, por su capacidad «práctica» de haber «permitido transformar a los indios en hombres civilizados. Por lo menos fue el único que triunfó durante siglo y medio, y si se hubiera persistido, todo ese litoral sería hoy un país próspero y bien poblado, con su raza hecha a la nueva vida, su existencia histórica asegurada» (p. De la misma manera, tildaba de «ingenuidad infantil» el que se juzgara con el criterio contemporáneo esa época, cuando se trataba de «tribus bárbaras, más o menos lascivas y homicidas» (p. La descripción sintética que hace Ugarte de cada uno de los grupos que componían las sociedades latinoamericanas, inspirada en las nociones cristalizadas, provenientes de la antropología-psicológica de Le Bon, no redunda en las mismas conclusiones que las de La ciudad indiana, libro que él había leído con interés y elogiado el mismo año de su publicación. 33 Puede conjeturarse que el entusiasmo por el libro de Juan Agustín García estaba probablemente ligado a la consideración del «factor económico» que éste proponía, inspirándose en Achille Loria y Karl Marx, para explicar el proceso histórico argentino hasta el siglo XVIII, como lo ha demostrado Horacio Tarcus. 34 Esto sucedía en el mismo momento en que Ugarte descubría las doctrinas socialistas en publicaciones europeas, cursos y congresos (como el Congreso de Sociología de París, de 1901, al que probablemente asistió). Entre los cursos, pueden mencionarse los de las Universidades populares socialistas a los que se refiere el autor en alguna crónica, y en un ámbito más académico, las clases sobre filosofía moderna en el Collège de France, hasta 1904, a cargo de Gabriel Tarde, uno de los pocos sociólogos que aparecen citados en sus escritos y, en particular, en el libro que nos ocupa. Apartándose de La ciudad indiana, el estudio de Ugarte desanda las equívocas jerarquías raciales y llega a atenuar considerablemente los rasgos negativos con que se estigmatizaba a los pobladores indígenas y negros. Si persisten rasgos distintivos como elementos explicativos de las prácticas culturales en sentido amplio, éstos se atribuyen a la acción del medio antes que a factores raciales. Así, por ejemplo, la herencia de los españoles se alojó en el «hueso de la nacionalidad», dejando a los gauchos la «llaneza y el amor propio», el sentido de la hospitalidad, el horror a la hipocresía y la grandilocuencia. El libro de García es destacado como ejemplo de progreso intelectual visible en el desarrollo incipiente de una «rama netamente criolla de la literatura nacional» (p. La crónica apareció primero en El Tiempo de Buenos Aires en noviembre de 1900. También Juan Agustín García recurre a caracteres morales, a los que denomina «sentimientos», para estudiar la historia de la conformación de la sociedad colonial rioplatense. Así, intenta demostrar el modo en que bajo el «régimen antiguo», «un conjunto de sentimientos», «el culto nacional del coraje, el desprecio de la ley, la preocupación exclusiva de la fortuna, la fe en la grandeza del país, [que] imprimen rumbos fijos a la sociedad», determinaron los rasgos de una «sociedad» cuya particularidad consistió en estar desde el comienzo en «lucha» con sus «instituciones» (p. Buen exponente del pesimismo de las elites porteñas ante lo que vivían como un desajuste entre el ideal de civilización, de orden y progreso, y la percepción de una heterogénea composición social y precariedad institucional de las repúblicas sudamericanas, García concluye su libro lamentando la persistencia de esa situación en el presente, y pintando un oscuro panorama: 35 Ahora como antes, las iniciativas privadas, el deseo de cooperar en la felicidad y progreso de la República, se traducen en donaciones cuantiosas para fundar iglesias y monasterios. Ahora como antes la tierra está en poder de unos pocos, dueños de la casi totalidad del área disponible, de lo mejor y de más fácil cultivo, un serio obstáculo par a la expansión y progreso futuro del país. Ahora como antes, se deprimen los estudios superiores... (...). Si esto sigue, y parece que seguirá, no sería extraño que alcanzáramos el parecido en las formas y entonces habríamos caminado un siglo para identificarnos con el antiguo régimen. 36 Igualmente podemos volver sobre Carlos Octavio Bunge, otro exponente de las explicaciones basadas en las determinaciones del medio, el clima y la composición étnica, que se vale de la psicología de la raza para trazar un retrato lapidario de la política criolla y de las instituciones republicanas. Altamirano se ha referido a su ensayo Nuestra América como un ejemplo de «la mezcla de naturalismo y psicologismo» (p. 109) característica de lo que se entendía entonces por ciencia social. El autor contrasta esta hermenéutica social con la propuesta de Ugarte que, según él, introducía «razones de índole política» (p. 118) en lugar de las interpretaciones de la psicología positivista. Ahora bien, a la luz de lo que venimos analizando, tal vez convenga afirmar que si bien es cierto que Ugarte busca sustraerse a las implicaciones no deseadas de dichas interpretaciones, su estu-dio no deja de estar marcado por este modelo, como pudo verse a lo largo de nuestro análisis de El porvenir de la América latina. 37 No es azaroso, entonces, si para ilustrar su hipótesis que, sin lugar a dudas, tiene cierto grado de verdad, Carlos Altamirano invoque, no el ensayo de Ugarte de 1911, sino un discurso, ya citado, que pronunció en 1910 en el Ayuntamiento de Barcelona, en el que nuestro autor discute explícitamente el modelo psicológico-racialista: «el desgano de buena parte de América no se explica a mi juicio, ni por la mezcla indígena, ni por los atavismos de raza que se complacen en invocar algunos». 38 Como venimos analizando, en el libro de 1911, las variables psicoantropológicas y aquellas basadas en factores económico-evolutivos, esgrimidas alternativamente, apuntan a construir una identidad continental que el autor entiende como inconclusa o en proceso de formación. Este diagnóstico −que será abordado en la tercera y última parte de su ensayo− le permite situar en el futuro una etapa final que estaría marcada tanto por la unificación de las repúblicas latinoamericanas como por la consolidación del proceso de socialización de los medios de producción, dado por el establecimiento de reformas sociales. Sólo en este sentido debe entenderse su idea de una raza cuya unidad no ha concluido, 39 proceso paralelo al de las sociedades en formación. De este modo, al ser ubicados en el porvenir, quedan homologados, por un lado, el destino económico y político de los países latinoamericanos, imaginado como promisorio y según el cual dichas repúblicas se adaptaban al rumbo universal de toda la humanidad y, por otro lado, el destino de «los americanos» como raza inacabada conformada, según el modelo leboniano, por capas sucesivas que se cimentaban y en cuya base estaba el componente español, o como «tipo que se acumula» (p. Este modelo geológico y hasta biologicista (en el que la población americana se define en la metáfora de los sucesivos estadios de la especie), acerca el devenir de la América española al de las civilizaciones europeas que proponía la psicología antropológica leboniana. En el pensamiento de Ugarte, esto tiene una consecuencia importante pues funciona 37 Tal vez preocupado por marcar la diferencia entre ambos autores, Altamirano no tiene en cuenta la presencia recurrente de la matriz de pensamiento racialista que también opera en el libro de Ugarte. 39 Esta idea estaba muy presente en la «cultura científica» de la época: aparece en Las multitudes argentinas de Ramos Mejía, en el libro ya citado de Bunge y en Ingenieros (ver Terán, 2000). Lo que parece más novedoso en Ugarte es que esta creencia se articula con su fe en el proceso de socialización paulatino de las sociedades humanas y en la proximidad temporal de su realización. como un criterio suplementario de distinción respecto de la conformación de la población norteamericana. Así, dispuesto a definir la especificidad latinoamericana, el ensayista hace explícita una «objeción» respecto de su idea de la confluencia de razas como virtud específica del subcontinente. Precisamente, dicha objeción está dada por el hecho de que la «originalidad nacional» de los Estados Unidos se hubiera alcanzado «sin recurrir a la mezcla con las razas aborígenes» (p. Con una llamativa audacia retórica, hará de tal refutación la base de la diferencia entre los procesos del Norte y del Sur: Ni hemos apriscado a las razas en determinados territorios, ni tenemos carpet-baggers que organicen feedmen's offices y susciten sociedades de Ku-klux-klan. Además, hay que contar con lo que en los Estados Unidos no existe, con la casta intermedia que atenúa los choques, facilitando la refundición. Por eso es por lo que, lejos de alentar la tendencia orgullosa que podría inclinar a algunos a excluir ciertos componentes de nuestras formación definitiva o a considerarlos como elemento vergonzoso o incómodo, debemos proclamar las lejanas parentelas, aceptando en bloque la historia de nuestro grupo social. [...] con las necesarias modificaciones de la época y del medio, continuadores celosos de sus antepasados, los pueblos sólo alcanzan su osificación y su plena audacia cuando establecen el equilibrio interior, nivelan las asperezas y de un extremo a otro de su historia y de su conjunto sienten la rítmica palpitación de una voluntad que no se interrumpe ni se desmiente. Lo que fortifica a las naciones es la unidad de la raza. [...] Cuando en América del Sur, donde nadie odia al negro, ni al indio, ni al judío, se habla de contrarrestar el empuje de los anglosajones, todos comprenden que la mejor manera es sacar los músculos indispensables de nuestras propias características. 40 Observemos que Ugarte parece apuntar a una futura integración social, y celebra el mestizaje. Traza una «evolución social» que parte del componente español y se detiene luego en «influencia del pensamiento francés» tras la independencia, fenómeno que se señala como «segunda conquista». En esto se basará Ugarte para sostener la necesidad de una separación entre las dos Américas a partir de las «particularidades latinas» supuestamente insoslayables del subcontinente. Y así sella un relato armonioso de la «cálida» América latinizada, inasimilable a la del Norte, síntesis entre España, Francia e Italia, y que ha sabido «fraterniza[r] con las razas aborígenes», razón por la cual «ostenta una unidad y una fisonomía excluyente que la separa de una manera fundamental de la fría América del Norte...». Dicho relato, que por momentos esbozaba una refutación de las interpretaciones basadas en la creencia y fundamentación científica de una desigualdad entre razas, según las cuales las taras de las razas inferiores que conformaban los sectores populares explicaban los atrasos del continente, termina muchas veces en la negación voluntarista del problema («nadie odia al negro, ni al indio»). Se trata de una verdadera proeza retórica, pues borra, con un fin altruista, la existencia misma del otro social. El intento por refutar los presupuestos de la inferioridad racial 42 resulta significativo en la medida en que, por un lado, era divergente respecto del sentido común de la época, que revestía fundamentos pretendidamente científicos, como así también respecto de la mayor parte de los intelectuales positivistas. Por otro lado, pone de manifiesto el modo en que, aun en un momento de fuerte hegemonía cientificista, el racialismo era sometido a cierta objetivación de sus presupuestos. Dicha reflexión se lleva a cabo, en este ensayo, mediante la consideración de aspectos político-ideológicos, uno de los modos en que se ponía en crisis el paradigma positivista. Así es como Ugarte pondrá en relación, por ejemplo, el lugar subalterno de la población mulata con las sucesivas etapas de la historia americana, señalando supuestos «avances» y hasta innovaciones americanas en el borramiento progresivo de los «prejuicios» asociados a la posibilidad de «ascenso» social de los mulatos. Esta tendencia a la «emancipación» de dicho grupo es también leída en clave evolucionista como «victorias del espíritu nuevo» 43 que encontraron en América el suelo propicio para su desarrollo, donde una vez más están depositadas las esperanzas de emancipación universal: «La América española marchó así a la vanguardia del soplo emancipador que tiende a atenuar las desigualdades y a devolver a todos los hombres su dignidad dentro del Estado». Más allá de los desacuerdos ideológicos que pudieran suscitar entre sus contemporáneos, el voluntarismo de Ugarte antes señalado, o aun los 42 Más allá de la posición fundacional de José Martí, entre las versiones que ponían en duda estas concepciones en la misma época que Ugarte, puede mencionarse el caso del mexicano A. Molina Enríquez. 44 Ibidem. argumentos igualitaristas, éste basa su estrategia en la ideología del progreso formulada en base a la retórica evolucionista que le permite a los hechos que describe un carácter de necesidad histórica irremediable. Esta idea evolutiva aplicada a los fenómenos sociales encontraba en el pasado indicios del porvenir e, inversamente, construía una predicción en torno al futuro, partiendo de signos progresivos seleccionados en el pasado de las civilizaciones. Enunciada en términos generales, la versión socialista de la fe en el porvenir implicaba el sabido mecanicismo, que Angenot describe desde el punto de vista de su lógica cognitivo-argumentativa, como «razonamiento de las grandes esperanzas» 45 sustentado en el «porvenir de un no-todavía, en la promesa de un orden de cosas que será radicalmente distinto y mejor» (p. Angenot define esta lógica de la «prueba por el porvenir», como «una de las formas de la racionalidad moderna, la de los grandes males y los grandes remedios que tiene por último fundamento una ficción, una conjetura convertida en certeza demostrada, una fe en el porvenir» (p. Es esta lógica la que opera cuando Ugarte imagina, en el ensayo de 1911, un espacio geopolítico a constituir formado por las repúblicas latinas de América. Cabe aclarar, al respecto, que el sintagma América latina suponía en el entresiglo, significados vinculados con el tópico de la oposición entre la latinidad y lo anglo-sajón. En la utopía continental ugarteana, además, la carencia de siglos de historia (según el patrón occidental) se convierte en una virtud del continente, utopía que busca hacer confluir un tiempo y un espacio nuevos. Si Ugarte sabía que, a finales de la primera década del siglo XX, en Europa las perspectivas de salvación humana se dilataban y volvían difusa, esto no le llevaba a concluir que algo semejante podía ocurrir también en Hispanoamérica. Precisamente, contra las interpretaciones en términos de los atrasos de dicho subcontinente, la misma incertidumbre del proceso europeo le hacía creer y postular que el advenimiento del nuevo orden social latente tendría lugar fuera del viejo continente; esto, sin que dejara de percibir con reparos la posibilidad de que América Latina estuviera orientada efectivamente hacia los cambios esperados. Así, afirma la necesidad de, por un lado, rediseñar la geografía continental ensanchando las fronteras del presente, y por el otro, imponer ciertas reformas, o profundizar, en los países más modernizados, las tendencias progresivas ya activadas. En este marco se entiende su interpelación a «los europeos», que parece estar destinada a argumentar en favor de la igualdad universal del subcontinente y del carácter occidental de sus procesos históricos, en particular el de los sudamericanos. Su razonamiento no deja de ser paradójicamente deshistorizante: En cuanto a la pereza y la incapacidad para la lucha que algunos europeos nos atribuyen, basta echar una ojeada sobre la América del Sur para comprender la verdad. Los levantamientos que nos reprochan sólo son manifestaciones palpables de un empuje creador. La nacionalidad data de ayer y tiene que pasar por las mismas agitaciones que Europa. No han de maravillarse de la inquietud de nuestras costumbres los que edificaron su Constitución alzando barricadas y decapitando reyes. Y en lo que respecta a la actividad industrial, todavía insegura, tampoco nos la pueden echar en cara los que antes de alcanzar el brillo de hoy vivieron la indecisión de quince siglos. (...) La infancia turbulenta y bulliciosa no es quizá, después de todo, más que un síntoma prometedor, porque los pueblos, como los estudiantes indisciplinados, son precisamente los que más altas posiciones conquistan en el porvenir. Si se mantiene la integridad étnica, política y territorial del conjunto y si continúa sin tropiezo la elaboración en que estamos empeñados, se puede decir que el nuevo grupo que se incorpora a la fermentación mundial alcanzará una importancia inverosímil a causa de su número y de la amplitud de la zona en que desarrollará su acción... (pp. 49-50) En este fragmento puede verse una de las implicaciones políticas del libro, antes señalada, según la cual la argumentación asignaba un destino promisorio a Hispanoamérica que redundaba en una inserción de la especificidad americana en Occidente. Esta focalización en lo particular se correspondía con un inicio de distanciamiento respecto del eurocentrismo dominante en los estudios sociológicos y etnosicológicos. Su perspectiva dinámica respecto de la cultura local lleva a que, por momentos, aparezca invertida la percepción positiva respecto de las consecuencias culturales de la conquista sobre el Viejo Mundo. Emblemáticamente, en este ensayo, la definición de los distintos pobladores en base a la fijación de tipos según su origen étnico corre paralela, a otra perspectiva. En efecto, los capítulos dedicados a los distintos pobladores no sólo responden, como ya dijimos, a un ordenamiento sucesivo temporal (desde los indios hasta los inmigrantes), sino que están enmarcados por el acontecimiento de la conquista («Capítulo I: El descubrimiento») y por un anuncio predictivo («Capítulo X: La raza del porvenir»), traduciendo una filosofía de la historia basada en la lógica evolucionista del progreso continuo. Ugarte sigue, además, una perspectiva evolucionista presentando la irrupción de la Edad Media en América como un acontecimiento negativo, verdadero accidente en un «mundo maleable en plena aurora», 46 antes que como el resultado de relaciones de fuerzas sociales inscritas en una continuidad histórica, como en el Viejo Mundo. Según esta lógica evolucionista, en la que cabe constatar cierto debilitamiento de la consideración racial determinista, una primera falla en la cultura americana derivaría de la interrupción del desarrollo histórico natural de la «atmósfera social del Continente» (p. 1) pero también de la instauración, en suelo americano, de un orden que ya era anacrónico en la propia Europa, el feudalismo. Esto redunda para el ensayista, en la paradójica novedad y vejez de América: la Edad Media, aunque ya haya sido «cerrada por la Historia», no se impone por natural evolución sino por la fuerza, y da lugar a un mundo que nace viejo, marcado por la tara -en clave organicista-de la etapa de «barbarie» feudal: La argumentación se completa con otra lógica propiamente moderna, que podría definirse como contraria al anacronismo que llevaría a evaluar con los valores del presente, las acciones de otros momentos de la historia: Pero los que entonces empujaban aquellos rebaños [de conquistadores] eran incapaces de razonar. Ante los hombres de mentalidad más elevada que hoy los juzgan desde las alturas de la historia, resultan también en cierto modo una raza subalterna. Los únicos que podían comprender eran los príncipes, los cortesanos o los sacerdotes. Y si nadie protestó fue porque a favor de esos magnates se conquistaban territorios y se hacía correr un estremecimiento de pavor sobre el mundo (p. En este sentido, al analizar la conquista de América, Ugarte también observa el impacto de la naturaleza americana sobre los hombres europeos y subraya resultados positivos en la revelación de la existencia de «otro mundo»: una desarticulación de las «creencias» que quedaron «en ruinas», «una ventana abierta sobre la libertad» (p. 2), una «apertura de los poetas hacia el ensueño» y una renovación dada por el descubrimiento de «ritos insospechados, pájaros desconocidos, tesoros inverosímiles, razas nuevas». El detalle más revelador de esta mirada dislocada respecto del punto de vista eurocéntrico, casi antideterminista, puede verse en el señalamiento que hace nuestro autor de la ceguera del conquistador, movido por la rapacidad del oro, que le había impedido discernir, en las tierras del Sur, otras riquezas imposibles de ser codificadas por él como la riqueza de la tierra o la «gradación de los climas, la prodigiosa extensión» (p. A partir de esto es posible sostener que el otro hilo que organiza el relato de los orígenes americanos, esto es la interpretación materialista basada en el evolucionismo, parece estar destinada a intervenir sobre las lecturas del presente. En efecto, según dicho relato, el régimen feudal había vuelto imposible que la prosperidad local se organizara en torno a las riquezas de cada región; sin embargo, el curso evolutivo había avanzado silenciosamente, sin que interviniera ningún elemento subjetivo, hacia la prosperidad presente, la que se había alcanzado merced al «separatismo» de 1810:. Porque cuando vemos salir de los puertos del Sur los enormes navíos mercantes que van a dispersar por el mundo el excedente de riqueza de ciertas repúblicas, cuando admiramos las pirámides de trigo [...], cuando el ferrocarril nos conduce durante días y días a través de llanuras feraces y cultivadas y cuando asistimos al arribo de las multitudes que vienen de los cuatro puntos cardinales deslumbradas por la prosperidad y el fasto de la tierra nueva, comprendemos que la victoria regional irradia sobre la especie y que el hervidero vivificador de esas ciudades populosas, la facilidad con que cunde en ellas el progreso y la vorágine de las improvisaciones que las arrebata des-de que el separatismo les dio una personalidad como la conquista les dio un territorio, pueden hacer en el porvenir de la América hispana algo así como una oasis y una mano extendida (p. Al proponer un panorama histórico del poblamiento de América destinado a comprender el presente, en cuya base está la idea del carácter inconcluso de estas sociedades en las que el progreso debe aún seguir su curso, Ugarte interviene en los debates surgidos en torno a la identidad nacional alejándose del «movimiento patriótico» finisecular estudiado por Lilia Bertoni. 49 Así puede entenderse que introduzca, antes del noveno capítulo sobre «Los extranjeros inmigrados», un examen minucioso de los usos del término «criollo», en el que historiza sus sentidos a partir de las transformaciones económicas sucedidas tras la Independencia pretendiendo dar cuenta de la variedad de realidades que el término registraba, y resaltando el carácter relativo e inconcluso de su significado. Respecto de la cuestión «nacional», esto es el modelo de nacionalidad que estaba implicado en su reflexión sobre la inmigración, las posiciones de Ugarte estaban cerca de la concepción hegemónica de la nación, que Lilia Bertoni definió como «liberal y cosmopolita, expresada en la Constitu ción Nacional y en leyes fundamentales, como la de ciudadanía de 1869 y la de inmigración de 1876». 50 Según la autora, la nación se entendía como «cuerpo político basado en el contrato, de incorporación voluntaria, que garantizaba amplias libertades a los extranjeros y ofrecía tolerancia para el desenvolvimiento de sus actividades económicas o culturales» (p. Sin embargo, la defensa ugarteana del sufragio de los extranjeros iba aun más lejos que estos principios y expresaba una reacción ante el rechazo del derecho de voto para éstos durante la convención de 1899, en coincidencia con la posición de los socialistas que se habían pronunciado en favor de una naturalización de los trabajadores extranjeros. Ugarte opera así cierto distanciamiento respecto de las ideas dominantes y cristalizadas, expresando una mirada crítica respecto de la organización de las sociedades, vinculada a su adscripción socialista. En este sentido debe leerse la interpretación economicista y clasista de la «evolución» de éstas en Hispanoamérica, propuesta en el capítulo mencionado: 49 Bertoni, 2001. La autora ha señalado que hacia 1890 el modelo liberal-contractualista entra en conflicto con otra concepción que se va imponiendo a través de un sector nacionalista compuesto por «un conjunto heterogéneo y variable» (p. 166) formado por dirigentes políticos e instituciones culturales, en el que estaban implicados escritores como Manuel Gálvez y Leopoldo Lugones y que «asume de manera activa la defensa de una concepción esencialista y excluyente de la nación» (p. El primitivo criollo [la 'elite social' que realizó la independencia] arrastró a sus esclavos a la guerra, embanderó a los aborígenes y utilizó el descontento de las masas que aborrecían la dominación, ignorando que al cabo de los años esos elementos llegarían a ser tan 'criollos' como él. La evolución ha seguido su curso y hoy nos encontramos ante un mar donde las corrientes de preeminencia de las sociedades coloniales se han perdido, para dar lugar a recientes jerarquías económicas que metamorfosean el conjunto, imponiendo nuevas divisiones y acercamientos inesperados. De suerte que el grupo y la palabra sobreviven su antigua significación. Por eso conviene delimitar una vez por todas lo que hoy podemos entender por criollo. La definición resulta, como ya hemos dicho, difícil porque muchos que han nacido fuera del país lo son, y otros que han nacido en él, mueren tan extranjeros como sus padres. Sin embargo, estas mismas comprobaciones señalan un indicio, dejando suponer que nuestra nacionalidad, insegura todavía en un país donde se superponen las mareas humanas, puede residir [...] más que en el origen, en la modalidad de espíritu y en cierta suma de particularidades. (p. [...]Hay lugares donde los naturales sólo han sufrido la influencia de una nacionalidad. En las capitales, donde las diversas capas se superponen, el tipo es más complejo y equidistante. De aquí que nos encontremos en presencia de un nombre que se aplica a Estados diversos, que tienen a menudo serias diferencias entre sí. Un arriero de Caracas, un pelao de Zacatecas, un negro de Cuba, un colombiano de pura descendencia española, un gaucho de la Pampa, un descendiente de suizos y un calabrés arraigado en Buenos Aires son hoy igualmente criollos. De lo cual parece deducirse que la palabra se aplica a varias especies principales. 51 Como en otros escritos del autor, puede observarse en este párrafo el recurso a una retórica básicamente cientificista, amparada en el tono neutral y en la acumulación de referencias, «indicios» y deducciones. Esta parece estar destinada a autorizar su toma de posición respecto de debates de la elite letrada y dirigente en cuya base estaba la preocupación por la cuestión social: el de «cosmopolitas» y «nacionalistas» respecto de los inmigrantes o el suscitado en torno al criollismo. En otras palabras, su discurso controla argumentaciones que explicitarían una polémica o confrontación con dichos debates, prefiriendo ampararse en la fuerza de las cosas y en la certeza surgida de la confianza en las leyes de la evolución aplicadas a lo social. En verdad, estaba abordando una de las cuestiones más candentes que, como hemos visto, ocuparon a los letrados entre el fin de siglo y el Centenario de la Revolución de Mayo. En el fragmento citado puede verse, además, que busca convencer al lector acerca del carácter dinámico de las nuevas repúblicas que resultaban de procesos económicos imparables e insoslayables, poniendo en evidencia la imposibilidad histórica de definir a los criollos amparándose en lo que en el texto aparece como el «origen», es 51 Ibidem, pp. 32-33, cursiva nuestra. decir, la vieja forma de organización patriarcal que los procesos de modernización venían debilitando. Por eso la referencia a las nuevas realidades que el término criollo denotaba en el presente, termina con una descripción de las formas recientes de organización económica y la consiguiente complejización que había acarreado. Al mismo tiempo, la oposición entre «origen» y «espíritu», presente en este párrafo, responde a un cuestionamiento de los postulados elitistas que otorgaban jerarquía a los viejos habitantes frente a los recién llegados, provenientes tanto de clases subalternas, como de otros países (de este modo, para él, el criollo podía ser tanto mestizo como inmigrante). Asimismo, en la noción de «espíritu», resonaba una búsqueda de homogeneidad de los habitantes de una sociedad, a la vez que se afirmaba un lugar común de la época, esto es la necesidad de fundar la personalidad nacional en atributos que no fueran de orden meramente económico. Por último, el fragmento apuntaba a pensar en términos de procesos de construcción nacional que fueran abiertos, o que no se dieran por concluidos. Esto lleva a Ugarte a pensar el presente como un momento de transición en el que aún están operando las transformaciones sociales, lo que traduce otra forma de presentar un porvenir incierto, desterrando diagnósticos apocalípticos y aceptando la creencia en el progreso continuo. De alguna manera, su argumento supone un determinismo objetivista que lo lleva a conjeturar que si los cambios habían sido tan complejos, el sentido de la historia seguía la dirección que habían tomado. Pero a la vez, le permitía responder, entre otros debates, a una cuestión conflictiva como la de los extranjeros inmigrantes, que al igual que en Ingenieros, pasaban a ser concebidos por él como factor de progreso, puesto que les asignaba una función en el nuevo orden económico y social contemporáneo. Así, para defender la necesidad de que se les conceda derechos de «ciudadano elector» aun cuando en Europa lo mismo no se diera en el viejo continente, se apoya en el argumento según el cual...las repúblicas improvisadas, [...] deben precisamente a ese inmigrante la mayor parte de sus progresos. Porque la riqueza de nuestros territorios, su habitabilidad y su porvenir son en gran parte la obra de los aventurados obreros de la civilización que, buscando campo a su iniciativa, han ido a dejar lo mejor de su personalidad en las tierras nuevas» (pp. 37-38). En buena ley le corresponde en los asuntos internos una parte de influencia proporcionada a la actividad que pone al servicio del país. La nacionalidad y el espíritu autóctono tienen ya el vigor necesario para absorber esa fuerza sin peligro de disolución y sin disminución (p. 38) Aquí Ugarte parece tener en cuenta el conservadurismo de los «nacionalistas». No debe olvidarse, en efecto, que el reclamo en favor de la nacionalización de los inmigrantes constituía un reclamo del socialismo argentino.52 * * * En conclusión, es posible afirmar que El porvenir de la América latina de Manuel Ugarte echa luz sobre algunas modalidades de la recepción latinoamericana de la cultura científica occidental, particularmente, en el caso de un miembro de la generación siguiente a la de los letrados positivistas del subcontinente. En este sentido, hemos intentado mostrar que el propósito del ensayista de describir las repúblicas sudamericanas en conjunto para extraer de eso una síntesis de todas ellas, se lleva a cabo a través de una retórica cientificista que funcionaba otorgando legitimidad a las ideas esbozadas. El análisis de los resortes interpretativos del ensayo nos permitió detectar el modo en que las categorías de raza, medio y evolución social respondían a los imperativos epistemológicos de la sociología positivista contemporánea, y cruzaban enfoques biológicos y morales acerca de las poblaciones, con una perspectiva historicista inspirada en el darwinismo social. Sin embargo, en muchos tramos del estudio, es posible observar, por un lado, un distanciamiento respecto de los presupuestos jerarquizadores implicados en el racialismo leboniano, mediante el cual Ugarte ponía en cuestión las lecturas conservadoras de muchos letrados latinoamericanos. Al respecto, hemos señalado que al abordar la cuestión de la raza, por ejemplo, Ugarte reafirmaba lo que venía predicando en libros y crónicas anteriores, para desarticular los relatos apocalípticos contemporáneos respecto del subcontinente. Por otro lado, también el historicismo se teñía de ideas alternativas, sin duda vinculadas al socialismo del autor, cuando éste se detenía en el desarrollo de las fuerzas productivas o en la consideración de lo que hoy llamaríamos las nuevas formas de la organización internacional del trabajo, para comprender el fenómeno inmigratorio o para pensar reformas capaces de encauzar los procesos modernizadores de los países latinoamericanos en un sentido emancipador y de mayor justicia social. En cierto modo, Ugarte se dota de una retórica cientificista para dar fundamentos a un programa político basado en un reformismo socialista. Finalmente, en el contexto de los diagnósticos fatalistas acerca del continente americano, otra singularidad de su discurso residió en la representación de las sociedades más modernizadas de Latinoamérica como espacios en proceso de constitución, y dotadas de un destino prometedor, un «oasis» para la toda la humanidad. Así es como el autor llega a proclamar uno de los objetivos del libro, a saber, el llamado a la unión regional, al que se defiende en base a la idea de una misión del Nuevo Mundo en el curso de la Historia: Al acortar la distancia entre las repúblicas, defenderemos hasta en sus raíces el espíritu que nos anima. Porque no es sólo la independencia de un pueblo lo que hay que salvar; es una civilización que comienza a definirse. El alma de la raza reverdece en el nuevo Mundo y los latinos de América experimentan el deber de salvaguardar lo que debe nacer de ellos; como los de Europa sienten la obligación de dar atmósfera a lo que puede ser acaso la prolongación brillante de una hegemonía (p. De este modo, puede afirmarse que una de las consecuencias de la reflexión ugarteana acerca de la especificidad latinoamericana, fue la inscripción legitimadora del continente en el escenario occidental. Paradójicamente, esto dio lugar a una lógica situada en los límites del etnocentrismo y del eurocentrismo fundantes de las miradas clásicas sobre el Nuevo Mundo. En efecto, esta concepción del espacio americano situada dentro de los parámetros de la modernidad europea, otorgaba, sin embargo, un rol decisivo y privilegiado a los países de la región respecto de los destinos de la propia humanidad, para decirlo en los términos de la época. Como se desprende del fragmento que citamos, este nuevo espacio geopolítico ampliado y unido (al que unos años más tarde Ugarte designaría como «la patria grande»), así como su sentido histórico, se presentaban como el lugar más propicio para que se implementaran reformas destinadas a hacer avanzar la lenta marcha universal hacia la socialización de los modos de producción y el colectivismo final. Éste es uno de los primeros esbozos de un tópico, el del continente latinoamericano como utopía y promesa de un mundo mejor, que reaparecerá, en las décadas siguientes, con diferencias, en pensadores como Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes o muchos intelectuales republicanos españoles exiliados en México.
social y obrera en el Tucumán del entresiglo XIX a XX y, en particular, al papel que desempeñaron en estos procesos dos actores claves y muy poco explorados: las sociedades de trabajadores y la prensa. Con ese propósito, el artículo presta especial atención a la campaña por el descanso dominical que articuló las propuestas y reclamaciones de El Orden, uno de los principales diarios de la época, con las demandas encabezadas por las sociedades mutuales y gremiales que reclamaban este derecho. Este trabajo busca explorar el papel que desempeñaron las sociedades de trabajadores, y en especial la prensa, en los procesos de construcción de la cuestión social y obrera en Tucumán del entresiglo. 1 Más particularmente, en las páginas que siguen intentaré avanzar en el lugar clave que considero alcanzó el diario El Orden en la construcción y difusión de una agenda de temas encaminada a mejorar múltiples facetas de la cuestión social en la provincia. Dentro de un extenso abanico de reclamaciones y denuncias sobre la situación que afectaba a los trabajadores, se destacó la demanda por el descanso dominical. En efecto, desde los primeros años del novecientos y hasta su sanción como ley en 1907, puso en difusión campañas a favor de esta medida, apoyando al mismo tiempo las iniciativas de las sociedades de peluqueros y dependientes de comercio que luchaban por conseguir este derecho. El recorte temporal elegido se inicia aproximadamente en 1896, cuando se abolieron las leyes de conchabo, sistema laboral coactivo establecido para todos los individuos de ambos sexos que carecían de renta propia o de ocupación lícita capaz de garantizarles su subsistencia, 2 y finaliza en 1907, con la ley de descanso dominical. Durante este periodo, argumento, tuvieron lugar algunas transformaciones significativas en las percepciones acerca del papel del Estado ante la problemática social y especialmente laboral. Sin desplazar del todo las premisas paternalistas, moralizadoras y liberales, 3 algunas voces provenientes del campo intelectual, político, profesional y gremial, comenzaron a clamar por un papel más activo de las autoridades en el terreno de lo social y laboral. 4 En ese contexto, cobraron impulso las discusiones y propuestas que abogaban por 1 Una primera versión de este trabajo se discutió en el 53.o Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en México del 19 al 24 de julio de 2009. Más adelante se expondrán en este trabajo algunos rasgos que caracterizaron la definición y el funcionamiento de este sistema laboral coactivo. 3 Juan Suriano se refiere al predominio de la visión liberal que implicaba una política social sin la participación del Estado o que admitía solamente su intervención a través del control y reglamentación. A su vez, señala cómo el mundo del trabajo se estructuraba mediante un sistema de obligaciones y tutelas morales dirigido a los trabajadores, a quienes se consideraba como menores de edad, individuos irresponsables e incapaces de resolver sus problemas básicos de subsistencia, a través del patronato filantrópico (Suriano, 2001, pp. 123-147 y pp. 127-128). 4 Daniel Campi señala la inflexión producida en el discurso social en Tucumán en ese periodo, cuando se vislumbraron agudas críticas sobre las condiciones de vida de los trabajadores, así como propuestas que otorgaban al Estado un papel muy diferente al de mero regimentador de los trabajadores que había desempeñado hasta entonces. ISSN: 0210-5810 elevar el nivel de vida de los trabajadores, haciendo especial hincapié en los temas de vivienda, condiciones laborales, situación de las mujeres trabajadoras, papel de las madres y el problema del trabajo infantil. Estos tópicos englobados en lo que genéricamente se denominó como «cuestión social» generaron proyectos, discursos y alternativas que devenían de diferentes ámbitos profesionales, así como de diversas coordenadas ideológicas y políticas, pero que tenían en común la problemática de los trabajadores y sus condiciones de vida. 5 Como ya ha sido señalado en la literatura sobre el tema, en Argentina, entre finales del siglo XIX y especialmente al despuntar la nueva centuria, el aumento de la protesta social y especialmente obrera, actuó como el principal detonador de estos debates que involucraron a un conjunto heterogéneo de voces, 6 como las de médicos higienistas, funcionarios del Estado, intelectuales, líderes religiosos y dirigentes políticos. 7 Menos estudiado pero no menor fue el papel desempeñado en la construcción de la cuestión social por las sociedades mutuales que -siguiendo a Juan Suriano-reclamaron medidas sociales básicas como la cobertura médica y la ayuda solidaria. Por su parte, la prensa adquirió un lugar primordial en la difusión y puesta en marcha de la cuestión social al asumir, como sostiene este autor, la responsabilidad de dar a conocer y poner en locución una amplia gama de problemas sociales que abarcaban desde las condiciones de hacinamiento de la vivienda popular hasta el estado sanitario de la población. 8 A pesar de la importancia de la prensa en la enunciación y difusión de la cuestión social, prácticamente no existen trabajos históricos que aborden este tema; las pocas excepciones provienen de los aportes que se abocaron especialmente a las ciudades de Buenos Aires y Rosario, tal como señala Suriano. 9 En esa perspectiva de análisis, este estudio pretende contribuir al análisis de la conformación de la cuestión social y obrera en Tucumán y, en particular, al papel que desempeñaron en estos procesos dos actores claves y muy poco explorados: las sociedades de trabajadores y la prensa. Con ese propósito, y tras una breve caracterización de la industrialización, urbanización y normativa laboral en la época, trataré de avanzar en el examen del diario El Orden, que reclamó respuestas por parte del Estado para mejorar las condiciones de vida y de trabajo y, paralelamente, alentó a los trabajadores a constituir asociaciones, percibidas como una vía eficaz para fortalecer sus demandas. En esa tónica, el trabajo incluye también una reconstrucción somera sobre el movimiento asociativo de los trabajadores que adquirió mayor impulso entre mediados de la década de 1890 y especialmente al despuntar la nueva centuria. Posteriormente, el artículo se enfoca al examen de un aspecto puntual: la lucha por el descanso dominical, campaña que articuló las propuestas y reclamos de El Orden con las demandas encabezadas por las sociedades mutuales y gremiales que reclamaban este derecho. La ciudad y el trabajo en Tucumán del entresiglo En Tucumán, durante la segunda mitad del siglo XIX y, especialmente hacia 1880, en el periodo de «auge y consolidación» de la industria azucarera, aumentó el requerimiento de mano de obra para las distintas tareas de la zafra y la recolección de la caña. Al calor de este desarrollo agroindustrial que desplazó actividades de corte artesanal, ganadero y agrícola hacia la producción mayoritaria de un cultivo -la caña de azúcar-se constituyeron nuevos poblados que transformaron el paisaje agrario e impactaron en el medio urbano. 10 Esta industrialización basada en la especialización azucarera promovió un aumento considerable de la población y alentó la urbanización y la modernización. Durante ese periodo se implementaron reformas y mejoras edilicias y se introdujeron algunas innovaciones claves del «progreso» y la «modernidad». Estas transformaciones y avances tecnológicos se manifestaron sobre todo en la capital y centro administrativo y comercial de la provincia, la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde surgieron nuevas casas de depósitos y emisiones de dinero (como los bancos de Tucumán, de San Juan y de la provincia de Tucumán), se establecieron nuevos medios de comunicación, como el telégrafo en 1873, la empresa de teléfonos en 1880 y el ferrocarril en 1876, que modificó completamente la fisonomía de la urbe y dio paso a la creación de nuevos sectores urbanos alrededor de las estaciones ferroviarias. Además, en la década de 1880 tuvo lugar la construcción de bulevares, la apertura de todas las calles del radio urbano y la inauguración del alumbrado eléctrico. Más tarde, en 1898, el gobierno de Lucas Córdoba implementó el sistema de agua corriente en la ciudad. 11 A pesar de estas mejoras, las condiciones de vida de la población revelaban serias deficiencias, especialmente graves en las clases populares que habitaban mayoritariamente en viviendas precarias, casi siempre ranchos, localizadas en espacios signados por la ausencia de servicios públicos e infraestructura sanitaria. 12 En ese contexto, es factible comprender que, en consonancia con la situación observada en otras provincias argentinas, especialmente graves en algunas regiones como el Norte, los trabajadores en Tucumán se enfrentaran, en su mayoría, a problemas derivados de la falta de salubridad, la carencia de servicios y el hacinamiento habitacional. Asimismo, y tal como ya ha sido señalado por la literatura sobre el tema en Argentina, la excesiva duración de la jornada laboral, los accidentes, la inestabilidad y la debilidad en el salario constituyeron los rasgos más típicos que afectaron al mundo del trabajo tucumano en la época, 13 caracterizado por la heterogeneidad y segmentación. 14 Uno de los rasgos centrales que definieron el universo laboral en Tucumán, en especial de los peones y jornaleros, fue el establecimiento e impulso a una serie de normativas y leyes de compulsión al trabajo expresadas en las disposiciones contra la vagancia. En ese marco, se situó el Reglamento General de Policía de 1877, que en su definición como vagos incluía a todos los individuos de ambos sexos que carecían de oficio, renta, sueldo u ocupación, a los que teniendo un oficio no lo ejercían habitualmente y a aquellos que disponiendo de una pequeña renta frecuentaban casas de juego y tabernas. De acuerdo a lo estipulado por este Reglamento, quienes resultaban acreedores a la clasificación como vagos debían ocuparse al servicio de algún propietario o industrial mediante un acto legalizado a través de la papeleta de conchabo, en la cual tenía que anotarse la ocupación del trabajador y el patrón asignado. Tal como sostiene María Celia Bravo, dentro de las características que imprimía esta normativa a las condiciones de trabajo se encontraban, por ejemplo, las referidas a la duración de la jornada laboral, la cual se prolongaba de sol a sol, con descansos de dos horas a medio día en los meses de verano y una hora los restantes meses del año, y la facultad del patrón de aplicar castigos «moderados» para corregir las conductas indisciplinadas de los jornaleros. 15 Siguiendo también a Bravo, interesa señalar que en 1888 «el ordenamiento laboral se desvinculó del reglamento de policía con la sanción de la primera ley de trabajo en la provincia, denominada «De Conchabos», que 13 Un panorama general de la situación que enfrentaban los trabajadores argentinos, en Suriano, 2007, pp. 67-95. 14 En Tucumán, el Distrito Capital albergaba un mundo del trabajo caracterizado por su segmentación y heterogeneidad, que iba desde los trabajadores por cuenta propia a los dependientes en los distintos establecimientos que existían en la ciudad. Dentro de los oficios existentes, se encontraban los sastres, los zapateros, los talabarteros y los impresores, pero los más numerosos eran aquellos vinculados con la construcción -albañiles, carpinteros y cortadores de material-; los referidos a la alimentación -panaderos, cocineros, licoreros y queseros-y los concernientes a la metalurgia, como herreros, fundidores y hojalateros. El proceso de desarrollo económico, modernización y urbanización propició, además, el aumento de empleados de comercio y de ocupaciones relacionadas con el transporte, como cocheros, carroceros y ferroviarios. Por otra parte, las fábricas de azúcar y de alcohol instaladas en la zona rural del departamento Capital brindaban trabajo a un contingente numeroso de peones y obreros, tanto para el laboreo en la fábrica, como para el cultivo, cosecha y acarreamiento de materia prima. En el caso del trabajo femenino, éste involucraba a las fábricas, labores a domiciliomujeres costureras, cigarreras, alpargateras, etc.-y ocupaciones relacionadas con el servicio doméstico, como planchadoras, criadas y lavanderas (Bravo y Teitelbaum, 2009, pp. 68-69). 15 Bravo, 2000, pp. 31-61. ratificaba la coacción de la fuerza de trabajo pero, a su vez, introducía algunas modificaciones importantes». En esa línea se situaron, por ejemplo, la inclusión de un monto salarial para ser excluidos de la categoría de vagos, la abolición de los castigos corporales como mecanismo correctivo y el establecimiento del descanso dominical, con excepción de las épocas de cosecha y del tipo de servicio. 16 La abolición en 1896 de la «Ley De Conchabos» significó un cambio fundamental en las condiciones de trabajo. Sin embargo, como señala Bravo, la clausura de este régimen coactivo no trajo aparejada la transformación del resto de las modalidades laborales, como por ejemplo la duración de la jornada de trabajo. 17 Por otra parte, resulta importante subrayar, según explica esta historiadora, que desde la derogación del conchabo en 1896 y hasta el año 1907 las iniciativas legislativas en materia laboral fueron prácticamente nulas. 18 Este vacío legal en esa temática se cubrió indirectamente a través de las ordenanzas municipales. Así, durante este periodo, el accionar del Estado provincial en el terreno laboral se circunscribía a la vigilancia de los establecimientos mediante las inspecciones del Consejo de Higiene. La municipalidad, por su parte, establecía las normas sobre el funcionamiento de los servicios y establecimientos comerciales y productivos, con lo cual regulaba tangencialmente los oficios y ocupaciones urbanas. 19 Tomando en cuenta estos señalamientos quisiera proponer que durante esta etapa inaugurada con la desaparición del conchabo obligatorio se fueron gestando los cambios que llevaron más tarde a la sanción de las primeras leyes sociales y laborales en la provincia. Las reivindicaciones y propuestas de las sociedades gremiales y de ayuda mutua, así como las cam-pañas emprendidas por la prensa, revelan algunas de las prácticas emprendidas en esta dirección. El Orden y la cuestión social/obrera Una revisión de la prensa, en particular de El Orden, principal diario de Tucumán durante el periodo estudiado,20 revela la influencia creciente que a finales del siglo XIX y especialmente al despuntar la nueva centuria, adquirió el tema del trabajo y los trabajadores. En sintonía con lo observado en otras provincias de Argentina, como Buenos Aires y Santa Fe, desde los primeros años del novecientos, a partir del crecimiento del conflicto social, entendido especialmente como obrero,21 los artículos publicados por este diario asignaron un espacio cada vez mayor a los problemas que afectaban al mundo laboral. Estos temas, abordados de forma sostenida, contribuyeron a delinear una agenda de denuncias y quejas sobre las deficientes condiciones de vida y de trabajo en Tucumán del entresiglo, en donde El Orden interpelaba a los particulares, pero sobre todo a las autoridades públicas, a revertir y mejorar la situación de las clases populares. 22 Esta apreciación nos remite directamente al análisis de un tema central de este trabajo: la conformación de la cuestión social/obrera y el papel que desempeñó la prensa en este proceso. Pero antes de continuar con el análisis propiamente dicho resulta importante anotar que El Orden, fundado el 14 de noviembre de 1883 por el político y periodista tucumano Ernesto Colombres, fue no sólo el diario más importante en Tucumán durante la época revisada sino también el de más larga vida, ya que incluso aparecía en 1948, aunque muy disminuido. 23 Con relación a su tenden-cia política interesa subrayar que El Orden transitó de órgano de expresión que respaldaba al gobierno provincial a portavoz de la oposición. En el periodo que nos ocupa, es decir en los años del tránsito entre los dos siglos, el diario apoyó en una primera etapa al gobierno de Lucas Córdoba -entre 1895-1898-y a su partido oficial «Unión Provincial» que respaldaba el mandato del presidente Roca. Sin embargo, como explica M.C. Bravo, hacia 1902-1903, se fracturó la «Unión Provincial», fuerza política que hasta entonces había sido hegemónica, y los escindidos crearon un nuevo partido, la «Unión Popular», integrado por la mayoría de los industriales azucareros enfrentados con el gobierno de Lucas Córdoba. Órgano de expresión de esta nueva corriente política fue El Orden, que recrudeció sus críticas al «luquismo»,24 y se enroló abiertamente en la oposición al roquismo. Resulta claro, entonces, que los intereses políticos motivaron buena parte de los discursos de El Orden. En particular, el propósito de impugnar al gobierno en un contexto tensado por la fractura del bloque dominante actuó como un detonante clave en sus denuncias y sus propuestas. Desde esa óptica podemos leer las reclamaciones y los apoyos que brindó este diario al mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo en la provincia. Tal como se desprende de la documentación analizada, el hacinamiento habitacional, la insalubridad y la falta de higiene en los espacios laborales y de vivienda y la ausencia de servicios públicos en los barrios y lugares alejados del centro de la ciudad, en donde habitaban las clases populares, fueron algunos de los principales tópicos tratados en las páginas de El Orden, que exhortaba a los empresarios, y sobre todo a los gobernantes, a intervenir para mejorar estos defectos. Paralelamente, el diario cuestionó el oneroso costo de los alquileres y el aumento de los precios en los artículos de consumo, que afectaban en forma especialmente aguda a los sectores populares. También se apoyó en los datos obtenidos de las oficinas públicas del gobierno para advertir acerca del número de inmigrantes que llegaban a la provincia y de la necesidad de ofrecerles trabajo en los ramos que requerían mano de obra. A esta información se le sumaban las investigaciones y las notas sobre el aumento de la desocupación. 25 Respecto a las condiciones de trabajo en la ciudad de San Miguel de Tucumán, El Orden publicó numerosos artículos en los cuales cuestionaba la prolongada extensión de la jornada laboral, la insuficiencia de los salarios y el incumplimiento de los acuerdos patronales. Un renglón aparte dentro de sus críticas lo ocuparon las narraciones sobre la situación que afectaba a los peones y jornaleros que laboraban en los ingenios azucareros, localizados en el municipio capital y en las áreas rurales de la provincia, sobre todo en el departamento de Cruz Alta. Los defectos de insalubridad y falta de higiene en los espacios de vivienda y de trabajo, los abusos y el maltrato de los patrones, los problemas derivados de las deudas de jornales e insuficiencia de los mismos y la extensión abusiva de los horarios de trabajo formaban parte de las denuncias de este diario sobre los trabajadores del azúcar. En tal sentido, exigía al gobierno que interviniera para solucionar la perjudicial situación de los peones y jornaleros de los ingenios. 26 En consonancia con las discusiones nacionales en materia de regulación del trabajo, El Orden acompañó sus críticas a la situación del trabajo y los trabajadores, tanto urbanos como rurales, con una serie de propuestas y de reclamos específicos. De esta forma, asignó un lugar prioritario a la defensa de una legislación protectora frente a los accidentes de trabajo, la reglamentación laboral de mujeres y niños en las fábricas, el derecho al descanso de los obreros un día a la semana y la importancia de edificar viviendas populares que se ajustaran a los cánones de la higiene y la modernidad. 27 Por esta vía, El Orden se erigió en una voz clave que subrayaba la necesidad de promover una mayor intervención del Estado en el terreno laboral. Instando al gobierno a superar su pasividad en materia de legislación y protección al trabajo, lo exhortaba a ocu-parse de la cuestión social y de una de sus aristas más visibles: la cuestión obrera. 28 Finalmente, quisiera proponer que la atención concedida por el diario a los problemas que enfrentaban los trabajadores, así como la difusión de las principales propuestas para corregir y mejorar diversos aspectos vinculados con las condiciones de trabajo, deben enmarcarse en un clima político-ideológico que superaba el espacio acotado de la provincia. De hecho, este mismo tipo de discurso impregnaba las narraciones de la prensa en otros escenarios del país. En tal sentido, y como bien lo sugiere Suriano, «por sensibilidad social, por interés comercial o por oposición política a gobiernos de turno, es posible suponer que la prensa haya sido una de las principales demandantes de respuestas por parte del Estado para resolver diversos aspectos de la cuestión social».29 Las sociedades de trabajadores y la prensa Tal como sucedía en la capital del país y en las principales provincias argentinas, al despuntar el siglo XX aumentó el protagonismo y visibilidad de los trabajadores en los espacios públicos de San Miguel de Tucumán y sus alrededores. En especial, el crecimiento del conflicto social y laboral de las clases trabajadoras ocupó un lugar destacado en la escena provincial e impactó en la opinión pública de la época. La lucha por reducir la jornada laboral, el reclamo por los salarios adeudados o demasiado bajos y la crítica a los malos tratos e incumplimiento de los acuerdos por parte de patrones, se inscribieron en el horizonte de protestas de los trabajadores que recurrieron a distintas estrategias de lucha, tales como los petitorios, las huelgas, las manifestaciones y los paros. En gran medida, estas prácticas provenían de las sociedades de trabajadores que se formaron especialmente entre 1895 y 1905. Durante una primera etapa que podemos situar aproximadamente entre los años 1895 y 1899, el grueso de las asociaciones de trabajadores se conformó bajo los principios del socorro y la ayuda mutua. A partir de este objetivo principal las sociedades contemplaron además un extenso abanico de actividades que variaban, por ejemplo, según el contexto de su surgimiento, la naturaleza de su conformación y el perfil de sus socios. 30 Dentro de la trama asociativa se destacaron las organizaciones católicas, en especial los círculos de obreros formados desde 1895, que desempeñaron un papel importante en la sociabilidad y cultura popular. Sin embargo, con la excepción del apoyo otorgado a los dependientes de comercio en su petitorio a favor del descanso dominical, los católicos no participaron activamente, al menos durante el periodo que recorre este trabajo, en las prácticas de protesta y lucha gremial. 31 En 1899 se crearon asociaciones mutuales que reunieron a los trabajadores a partir de la localidad, como el Centro de Socorros Mutuos de Aguilares y el Centro de Trabajadores de Socorros Mutuos de Monteros. 32 En esa fecha también se estableció la «Sociedad de Socorros Mutuos de Mujeres», auspiciada y dirigida por el Centro Cosmopolita de Trabajadores, 33 institución forjada en 1897 que alcanzó un lugar destacado dentro de la constelación de organizaciones de trabajadores, al posicionarse como un lugar de encuentro clave para las prácticas de sociabilidad y cultura del mundo del trabajo. 34 En efecto, un recorrido sistemático por las páginas de El Orden reveló la significativa presencia del Centro Cosmopolita de Trabajadores, que apoyó y promovió diversas actividades, como veladas, conferencias y festivales que desarrollaron los trabajadores y, 35 asimismo, funcionó como el espacio articulador y coordinador de la mayoría de las demandas de las asociaciones obreras. A través de este centro obrero, los dirigentes provenientes del reformismo liberal y especial-30 Al respecto, fueron iluminadores los trabajos de Hilda Sabato sobre las asociaciones en Argentina durante la segunda mitad del siglo XIX. En particular, Sábato, 2002, pp. 99 mente del socialismo y el anarquismo -tendencias que no sin conflictos y tensiones convivieron en su interior-dedicaron sus esfuerzos a convocar y reunir en sus filas a un vasto y heterogéneo contingente del mundo del trabajo que utilizó sus recursos materiales y simbólicos en la lucha contra los patrones y poderes públicos. Durante los primeros años del siglo XX, la participación de los líderes obreros vinculados al socialismo se incrementó en las actuaciones del Centro Cosmopolita de Trabajadores y esto se reflejó, por ejemplo, en las reiteradas visitas de dirigentes socialistas nacionales y algunos dirigentes extranjeros que llegaban a la provincia en giras de propaganda política. En ese marco cobraron vigor las asociaciones gremiales y de resistencia. Así, entre 1902-1903 y 1905 surgieron las sociedades gremiales de oficiales peluqueros cocheros, mozos de hoteles y confiterías, carpinteros y herreros y anexos. A su vez, se formaron las sociedades de albañiles y anexos y la de sastres, reorganizadas al poco tiempo como sociedades de resistencia. En ese periodo, también, se constituyó el gremio de panaderos, que reemplazó probablemente a la antigua Sociedad Protectora de Socorros Mutuos de Panaderos, creada en 1889. 36 Estas asociaciones se reunían por lo general en el local del Centro Cosmopolita de Trabajadores. En 1904 se creó el Centro Socialista y, tal como se desprende de las fuentes consultadas, desde comienzos de 1905, especialmente a partir de mediados de ese año, las actividades sociales, culturales y gremiales de los trabajadores se realizaron desde ese ámbito cuya adhesión al partido socialista era manifiesta. 37 Finalmente, quisiera mencionar el lugar destacado que ocupó en esta trama asociativa la Sociedad de Empleados de Comercio, creada en 1903 y refundada al año siguiente con el nombre de Unión Dependientes de Comercio. 38 Esta asociación gremial y de socorro mutuo no integró el Centro Cosmopolita de Trabajadores ni posteriormente el Centro Socialista pero recibió el respaldo de dichos espacios obreros en las demandas que formuló, como la referida al descanso dominical que se analizará en el próximo apartado. 38 Para 1905, la mayoría de los oficios y ocupaciones urbanas contaba con una sociedad gremial. Además de las mencionadas en el trabajo, otros gremios de trabajadores que se formaron en la ciudad de San Miguel de Tucumán durante el periodo señalado fueron, por ejemplo, las de mozos de mano; obreros municipales y empleados públicos. ISSN: 0210-5810 Pero antes de comenzar con el análisis propiamente dicho de esta temática me gustaría subrayar la importancia de la prensa como una de las principales fuentes de información sobre las prácticas asociativas. En particular, la lectura del diario El Orden permitió reconstruir el movimiento asociativo de los trabajadores, en la medida que sus páginas registraron sistemáticamente la conformación de mutuales, gremios y centros obreros. Asimismo, este diario publicó a lo largo del periodo estudiado artículos sobre las asambleas de socios que celebraban las sociedades, noticias acerca de las protestas y de los eventos recreativos y culturales que desarrollaron muchas de estas asociaciones e, incluso, notas que revelaban los conflictos y tensiones que podían desplegarse al interior de estos espacios. Como ya ha sido señalado por la bibliografía sobre el tema, tanto para Argentina como para otros países de America Latina, durante el periodo se produjo una estrecha ligazón entre la prensa y las asociaciones que utilizaron sus columnas para publicitar y fomentar sus actividades. Por su parte, la prensa, sobre todo aquella que respondía a los principios liberales de la época, instaba a los trabajadores a movilizarse y enfatizaba la importancia de la asociación en el mundo laboral. 39 No me voy a detener mucho más en este punto. Solamente quisiera sugerir que este vínculo no resulta tan extraño si tenemos en cuenta las transformaciones que desde mediados del siglo XIX experimentaba el ámbito periodístico. Los diarios se posicionaron como foros claves de la expresión y construcción de ideas y, junto con las instituciones surgidas en el seno de la sociedad civil, como clubes y asociaciones, contribuyeron a forjar una opinión pública cada vez más insoslayable. 40 En ese contexto, las asociaciones de trabajadores eran percibidas por un amplio sector del mundo público como espacios de aprendizaje de prácticas cívicas y valores morales. De acuerdo con estas consideraciones podemos interpretar los discursos de El Orden, que exhortaba a los trabajadores a participar y aunar sus esfuerzos para formar sociedades, percibidas como lugares propicios para la moralización y el desarrollo de hábitos democráticos. En especial, el diario destacaba la importancia de las asociaciones gremiales al considerarlas una vía eficaz para luchar por derechos y mejoras laborales. Para otros contextos latinoamericanos, me permito citar el trabajo sobre las asociaciones de trabajadores en México, en especial, Teitelbaum, 2008. Nuestro diario ha exhortado siempre a las clases obreras a formar asociaciones gremiales que sean una garantía contra los abusos de los patrones y presten el apoyo colectivo a los asociados que se resistan a sufrir las arbitrariedades y tiranías en las fábricas o talleres. Desgraciadamente el espíritu de asociación no ha tomado aún, entre nosotros, el desarrollo que alcanza en los países europeos y en las mismas ciudades del litoral. Nuestros obreros proceden, por lo general, individualmente, esterilizando así sus esfuerzos cuando quieren defender sus derechos. 41 A pesar de esta crítica sobre el desinterés y escaso desarrollo del movimiento asociativo de los trabajadores en la provincia, el diario mencionaba en ese mismo artículo publicado en 1903 algunos casos que debían «servir de ejemplo y estímulo a los trabajadores», como los peluqueros y más tarde los tipógrafos, quienes fueron «iniciadores de un movimiento simpático en defensa de sus intereses» y habían constituido un poderoso gremio para defenderse de los abusos de sus patrones. Por un lado, no estaba tan equivocado el diario en sus quejas si tenemos en cuenta que fue a partir de 1902, pero especialmente entre 1903 y 1905, cuando adquirió mayor impulso la formación de asociaciones gremiales en el mundo del trabajo. Por otro lado, y si bien dejaba fuera de su narración algunas otras muestras relevantes del accionar de los trabajadores en favor de sus derechos, tenía razón al destacar la importancia de peluqueros y tipógrafos en el horizonte de prácticas asociativas y de protesta gremial, ya que estos fueron muy activos en la época bajo estudio en la lucha por mejorar sus condiciones de trabajo. Tal como se desprende de la documentación revisada, los tipógrafos conformaron en 1893 una de las primeras sociedades de trabajadores de Tucumán sobre las cuales tenemos noticias, la Sociedad Unión Tipográfica, que llegó a ser una de las sociedades de oficio más prestigiosas de la época; incluso fue una de las pocas asociaciones de trabajadores que consiguió fundar un periódico propio y realizó esfuerzos a favor de establecer un panteón. Asimismo, la sociedad de los tipógrafos organizó abundantes veladas de recreación y cultura, al tiempo que impulsó distintas protestas contra los patrones y poderes públicos. Las campañas a favor del descanso dominical Al igual que sucedía en otras provincias argentinas, dentro de los conflictos obreros desarrollados en Tucumán a lo largo de la primera década del XX una de las demandas más fuertes fue la del descanso dominical. Esta reclamación aglutinó a numerosos gremios de trabajadores y contó con el apoyo de la prensa, que avaló y fomentó estas iniciativas. ¿Cómo se consiguió el descanso dominical?, ¿cuál fue el itinerario recorrido para alcanzar la sanción de la ley? y ¿qué alcance tuvo la misma?, fueron algunas de las inquietudes surgidas al analizar esta temática hasta ahora muy poco transitada por la historiografía provincial. Sin la pretensión de agotar el tema con estas páginas, quisiera destacar que fueron las sociedades gremiales y mutuales, como la de peluqueros y, más tarde, los dependientes de comercio, quienes iniciaron la demanda por el descanso hebdomadario desde comienzos del novecientos. En marzo de 1902 los oficiales peluqueros se reunieron en el Centro Cosmopolita de Trabajadores con el fin de formar una sociedad de socorros mutuos y de resistencia. El objetivo principal de esta asociación era conseguir medidas favorables al gremio, tal como el cierre de las peluquerías los domingos en el perímetro de cuatro cuadras de la plaza Independencia (principal paseo público de la ciudad de San Miguel de Tucumán en la época estudiada). Esta iniciativa contó con el respaldo de El Orden, que exhortó a los patrones a adoptar dicha resolución al asegurar que la misma no podía perjudicarlos en tanto el cierre de los locales fuera general. Paralelamente, el diario convocó a los trabajadores que laboraban como dependientes de comercio a sumarse a la campaña que se llevaba a cabo en Buenos Aires a favor del descanso dominical. Con el fin de apoyar el meeting y el petitorio al Congreso que estaban organizándose en la capital del país, puso sus columnas a disposición de los trabajadores de Tucumán. Pero esta invitación no contó con la recepción esperada y, tal como reclamaba esta fuente, los apoyos se manifestaron únicamente en algunas casas de comercio que comenzaron a reducir sus horarios de trabajo, cerrando sus locales a las ocho de la noche para brindar descanso a los empleados y disminuir las horas de labor. En esa dirección, buscaban adoptar todas las medidas que pudieran beneficiar a los trabajadores de peluquerías, a los dueños de los locales y a sus clientelas, tal como era -argumentaban-el cierre dominical a las 12 horas de ese día. Para ampliar y fortalecer su reclamo, la Sociedad de peluqueros decidió incluir en su petición a los ramos de bazar y sombrerería. Asimismo, resolvió dirigir una nota al Consejo Deliberante, por intermedio del intendente de la municipalidad, en donde solicitaba la ordenanza de descanso dominical. Posteriormente, los comerciantes minoristas de tienda se sumaron a esta campaña y enviaron una nota al Consejo Deliberante en la misma línea que los peluqueros. 45 Presentado así mismo como el principal impulsor de la campaña por el descanso dominical, El Orden elogiaba el respaldo obtenido en toda la provincia al asegurar que no sólo en la ciudad de San Miguel de Tucumán, sino también desde el interior, llegaban evidencias de participación y apoyo a esta demanda. Por ejemplo, los dependientes de comercio de Lules se habían dirigido por escrito al diario para adherirse a la solicitud de sus colegas capitalinos y pedirle que activara su propaganda en la campaña, en donde, según aseguraban los trabajadores, «no hay humanidad por parte de nuestros patrones, quienes por lucrar más no cierran sus puertas los días domingos y festivos ni uno solo durante el mes». En ese contexto, y como la resolución del Consejo Deliberante favorecería únicamente a los empleados de comercio del municipio capital, El Orden explicaba la necesidad de extender los beneficios de esta medida a las villas de campaña, ya que allí, la «tiranía del mostrador es aún más terrible que en esta capital», decía en una clara sintonía con las palabras utilizadas por los dependientes de Lules. Para alcanzar este propósito, exhortaba a los trabajadores a formar una asociación gremial que reuniera a los dependientes de comercio de la ciudad de San Miguel de Tucumán y a los de la campaña. De esta forma, lograrían unificar sus reivindicaciones y solicitar a los patrones y a las autoridades las medidas más justas. 46 Esta propuesta, formulada a partir de una consideración compartida por diversos sectores de la época que sostenía que los trabajadores debían luchar por sus derechos y no esperar en cambio recibir todo ya hecho, revelaba la importancia asignada por el diario a la protesta obrera a través de los gremios. Dos años después, el anhelo de El Orden de integrar a los dependientes de comercio de Tucumán en una misma asociación fue parcialmente cumplido. Así, a mediados de 1904, el diario registró en sus columnas que los dependientes de comercio de las ciudades de Monteros, Concepción y otros puntos de la provincia habían enviado cartas para solicitar el ingreso a la Unión Dependientes de Comercio de San Miguel de Tucumán y destacar al mismo tiempo su adhesión a la campaña por el descanso dominical. 47 Estas muestras de respaldo formaron parte de la influencia que adquirió para entonces la lucha por ese descanso hebdomadario. Retomaré este tema un poco más adelante en este mismo apartado. En este momento me interesa señalar que finalmente, las Ordenanzas municipales sobre el cierre dominical se dictaron y el 21 de noviembre de 1902 El Orden anunció que las mismas entrarían en vigencia el domingo siguiente. La pena prevista para los infractores era una multa de 50 pesos la primera vez y de 100 pesos en las siguientes. 48 Al despuntar el año 1903, por su parte, los dependientes de comercio mayorista iniciaron sus trabajos para conseguir esta resolución, llegando a un acuerdo con los patrones para no abrir las casas de comercio los domingos y festivos. Por otra parte, en el interior de la provincia también se evidenciaban adelantos en favor del descanso dominical. Tal fue el caso de lo sucedido en Monteros, cuando el gobierno municipal dictó una Ordenanza para ofrecer este beneficio al gremio de dependientes de comercio. Esa medida, por supuesto, contó con los elogios de El Orden que, en una suerte de síntesis de su postura con relación al tema que nos ocupa, afirmaba: «la intervención de los poderes públicos en la reglamentación del trabajo, es una de las principales conquistas que nos ha legado las postrimerías del siglo XIX y obtendrá su completa sanción en la presente centuria». 49 Pero más allá de estos avances, lo cierto fue que las ordenanzas municipales y los acuerdos conseguidos con los patrones no siempre se respetaban. En ese contexto, El Orden se hizo eco de los reclamos de los trabajadores advirtiendo acerca del incumplimiento por parte de algunos propietarios de la normativa y de los acuerdos para cerrar las casas de comercio en los horarios y días estipulados. Así, durante el año de 1904, al calor del crecimiento y consolidación de la sociedad Unión Dependientes de Comercio, presentaron un proyecto de ley a la Legislatura. 50 Esta petición contaba con la aprobación de la mayoría de los patrones. 51 Además, los dependientes de comercio habían realizado gestiones para conseguir el apoyo de grupos católicos a través de notas dirigidas al Obispado y a los padres franciscanos y dominicos. También buscaron el aval de la Sociedad Sarmiento, espacio clave de la difusión de ideas liberales y principal asociación cultural del periodo estudiado. 52 Dos años después, sin embargo, el proyecto seguía sin resolverse. En consecuencia, apoyándose en los adelantos conseguidos por la capital argentina, que había sancionado en agosto de 1905 la ley de descanso dominical, 53 la Unión Dependientes de Comercio envió en abril de 1906 una solicitud a la Cámara de diputados de Tucumán para que incluyera en sus sesiones extraordinarias el proyecto presentado sobre descanso dominical que se encontraba en las Cámaras para su sanción definitiva. 54 Pero la ley continuaba sin dictarse. En ese marco, El Orden publicó en noviembre de ese año un artículo titulado «Legislación obrera», en el cual exhortaba a los legisladores a activar el tratamiento de los aspectos relacionados con la cuestión obrera y sancionar las leyes necesarias para favorecer a los trabajadores, dentro de las que se encontraba la del descanso dominical. 55 Para concluir, interesa señalar que, de forma similar a lo que sucedía en otras provincias del país, la reivindicación del descanso hebdomadario concitó la atención pública sobre todo en los momentos de su discusión legislativa. Esta ley presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el socialista Alfredo Palacios, se promulgó tras duros debates acerca de su alcance y sobre el pago del sueldo o jornal de ese día. Como señala Alejandra Landaburu, la ley contó con los elogios del diputado tucumano Ernesto Padilla, representante de las elites azucareras y futuro gobernador de la provincia (Landaburu, 2005). 56 En tal sentido, y como señala Ricardo Falcón para la ciudad de Rosario, dos momentos fuertes de estos reclamos tuvieron lugar en 1904 -en consonancia con las discusiones generadas alrededor del proyecto de Código de Trabajo y luego en torno a la sanción de una ley sobre descanso dominical para la Capital Federal-y 1906, en el marco de la sanción de una ley similar en la provincia de Santa Fé (Falcón, 2005, pp.77-78). ISSN: 0210-5810 sobre la ciudad de Rosario, en la práctica, «al margen de las disposiciones legales, el descanso dominical se fue imponiendo a través de convenios particulares de distintos gremios». De esta forma, y a pesar de la oposición de algunos comerciantes, sobre todo de los propietarios de locales que consideraban perjudicial el cierre de sus establecimientos los domingos cuando podían engrosar sus ganancias (por ejemplo los dueños de cafés y restaurantes), el descanso semanal que había sido «impulsado originariamente por el movimiento obrero, será luego aceptado por la mayoría de los empresarios y por los poderes públicos». 57 En gran medida, estas consideraciones pueden aplicarse para el caso de Tucumán, en donde finalmente el respaldo de los propietarios a la reclamación por el descanso dominical fue clave para alcanzar la concreción de esta medida. Aunque todavía quedan diversos aspectos que explorar sobre esta temática, me interesó destacar en estas páginas el papel desempeñado por la prensa, en particular por el diario El Orden, que avaló y fomentó las iniciativas de los gremios en su lucha por alcanzar este derecho. En tal sentido, argumento, las prácticas de protesta desarrolladas por las sociedades gremiales y mutuales de trabajadores, en articulación con la prensa, ocuparon un lugar central en el camino hacia la legislación laboral. 1907: sanción de la ley, festejos y movilización El 22 de julio de 1907 el poder ejecutivo provincial sancionó la ley de descanso dominical y unos días después, el 25, la promulgó. 58 De acuerdo a lo previsto, la ley tenía que entrar en vigencia en la segunda quincena de agosto, contexto en el cual se desarrolló el meeting organizado por El Orden y los dependientes de comercio para festejar la promulgación de esa ley. Esta reunión tuvo lugar en San Miguel de Tucumán el día 25 de agosto y comenzó con las palabras del secretario de la Unión Dependientes de Comercio. Posteriormente se oyeron los discursos de renombrados líderes obreros locales, como el tipógrafo Daniel Villagrán y dirigentes del Centro Socialista, como Horacio Stabile y Antonio F. López. También hablaron en esa reunión los representantes de la sociedad de obreros peluqueros. 245. muy aplaudidos por los numerosos gremios de trabajadores que se dieron cita en la celebración. 59 De acuerdo con el decreto del 7 de agosto que reglamentaba la ley de descanso dominical, quedaban excluidos de este beneficio los trabajadores de establecimientos que vendían artículos de primera necesidad -restaurantes, fondas y casas de comida-, los que laboraban en mercados de comestibles y puestos de carne, aves, pescados, legumbres, frutas, carbón y leña, los ocupados en tambos y lecherías, los empleados de almacenes que vendían exclusivamente comestibles, los trabajadores de fiambrerías, pastelerías, bombonerías, confiterías, dulcerías, chocolaterías, casas expendedoras de café y boticas. Asimismo, se prohibía el descanso dominical para el reparto de carne, pan, leche, hielo, etc. 60 Los límites establecidos por la ley, que circunscribía a un segmento muy específico de trabajadores el beneficio de este derecho, generaron protestas y movilizaciones. En ese contexto se situó la huelga de los oficiales panaderos declarada a comienzos de septiembre de ese año. Según advertían estos trabajadores, el artículo 2.o de la ley estipulaba que, en caso de trabajar los obreros o dependientes el domingo, les sería compensado ese día con otro de la semana. En ese marco, ellos reclamaban un aumento del sueldo para costear por su cuenta un reemplazante durante los días previstos por la ley de descanso dominical. Tal como aseguraban los panaderos, el incremento del salario les permitiría disfrutar del beneficio de la ley y llegar a un acuerdo con los patrones, en tanto tenían previsto discutir y acordar para darse el descanso entre todos con tal de no suspender el trabajo. Este argumento, vertido en un pliego que entregaron a los patrones, fue al parecer exitoso; en el transcurso del conflicto los huelguistas recibieron el apoyo de los panaderos del interior -Concepción, Lules y San Pablo-y, al parecer, la huelga terminó con un acuerdo parcial entre las partes. 61 Unos días después, la Federación Obrera local, de impronta anarquista, y la Confederación del Trabajo en Tucumán, encuadrada dentro de los postulados del socialismo, organizaron un meeting para apoyar la ley vigente de descanso dominical y pronunciarse en contra del decreto reglamentario que restringía el alcance de esta medida. 62 Ibidem, 5/9/1907. zada por esas organizaciones logró gran repercusión entre las sociedades gremiales de la provincia. Así, comprometieron su participación los gremios de dependientes de comercio, panaderos, mozos, sastres, peluqueros, alpargateros, carpinteros, albañiles, constructores de carruajes y ferrocarrileros. Asimismo, se adhirieron la sociedad de dependientes de comercio de las ciudades de Monteros y de Concepción. 63 El resultado fue una amplia movilización en los espacios públicos de la ciudad de San Miguel de Tucumán que comenzó con la reunión de los trabajadores en la plaza La Madrid, en donde impartieron discursos algunos dirigentes obreros. Luego, los manifestantes recorrieron las calles acompañados de una bandera roja y una pequeña banda de música y posteriormente se detuvieron en distintos puntos del centro de la ciudad para escuchar las palabras de otros representantes de las sociedades gremiales. Según narraba El Orden, los trabajadores recibieron el aplauso de los habitantes que los saludaban desde los balcones, puertas y veredas. Tal como estaba previsto en la organización de esa reunión, el recorrido concluyó frente al local del sindicato de mozos, en donde habló uno de los dirigentes de la Federación Obrera local, Tomas Delgado, 64 un conocido líder de las prácticas anarquistas en la provincia, 65 así como el autor de la única publicación libertaria sobre la cual tenemos noticia para el periodo revisado. 66 Finalmente, la columna de manifestantes se disolvió y una comisión de trabajadores se dirigió a la legislatura para entregar a los diputados una nota en donde solicitaban el mantenimiento de la ley vigente de descanso dominical. Asimismo, pedían que se conservara la disposición prevista en dicha ley según la cual se prohibía la venta de bebidas alcohólicas los domingos y días de fiesta. 65 De acuerdo con la lectura sistemática de la prensa provincial disponible para el periodo 1895-1911, una de las pocas evidencias sobre el accionar anarquista en Tucumán fue la velada y conferencia dedicada a las clases trabajadoras que se desarrolló en el Teatro Belgrano unos días después de la movilización por el descanso dominical. Este acto, de carácter libertario, fue organizado por la Federación Obrera Local y comenzó con las palabras de Tomás Delgado. Posteriormente, se presentaron el Coro de la Federación y el Orfeón Libertario. La velada contó también con declamaciones y poesías, así como con los discursos de dirigentes provinciales y delegados de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), de naturaleza anarquista. 66 Tal como propone Santiago Bilbao, Tomas Delgado fue probablemente el único autor de los artículos que salieron en el número único de la revista Germinal, publicación que apareció el 1 de mayo de 1908 editada por la Federación Obrera Local Tucumán (Bilbao, 2004, pp. 143-151). Según la investigación que realicé hasta este momento, esta revista constituye una de las escasísimas referencias existentes sobre las prácticas anarquistas en Tucumán durante la época estudiada. de Comercio, que se adjudicaba la representación de todos los gremios y del «pueblo obrero en general», esta medida era completamente favorable porque contribuiría a disminuir la ebriedad que afectaba a los obreros y a sus familias, especialmente en algunas poblaciones del interior de la provincia, en donde -argumentaba-era también la causa de delitos. «Se ha visto por primera vez en Tucumán en las plazas públicas obreros acompañados de sus familias, reemplazando la taberna con el paseo honesto», señalaban los dirigentes de esta asociación. 67 Aunque este tema escapa ya a los fines propuestos en el trabajo, interesa mencionar que las expresiones que destacaban el compromiso de los trabajadores con el comportamiento basado en el honor y la moral se relacionan estrechamente con los reglamentos de las asociaciones mutuales de trabajadores que repudiaban el ejercicio de hábitos deshonestos y desarreglados, como la embriaguez y las riñas, considerados motivos de expulsión de los socios y de exclusión de cualquier beneficio del socorro y la asistencia médica. 68 En fin, las campañas a favor del descanso dominical reunieron a los trabajadores en un amplio movimiento de protesta que incluyó peticiones a los patrones, solicitudes a las autoridades, notas de adhesión en la prensa, manifestaciones y huelgas. En ese contexto, y tal como intentó exponer, la reclamación iniciada hacia 1902 por las sociedades de peluqueros y de empleados de comercio articuló la movilización de la mayoría de las asociaciones gremiales y mutuales de la provincia en los momentos de sanción y reglamentación de la ley, en 1907, cuando los trabajadores de las distintas corrientes que organizaban el mundo laboral, como el socialismo y el anarquismo, se dieron cita en los espacios públicos de la ciudad. Para concluir, quisiera agregar que la ley 923 de descanso dominical de 1907, si bien restringía el beneficio de este derecho a un segmento del mundo del trabajo, fue la primera ley específicamente laboral. Hasta el año 1923 no se sancionaron y promulgaron otras leyes laborales: la ley 1346, que establecía la jornada máxima de trabajo, y la ley 1348 del salario mínimo. 69 Pero la sanción de la ley de descanso dominical no fue tampoco un hecho aislado; formaba parte de las propuestas difundidas entonces para 67 El Orden, 9/9/1907. 69 La Legislación laboral en Tucumán, 1969, pp. 245-251. mejorar la situación de los trabajadores en un contexto signado por el ascenso de los representantes del reformismo social a posiciones legislativas. En tal sentido, resulta importante mencionar la inclusión de un artículo en la Constitución provincial de 1907, por el cual se obligaba a la Legislatura a reglamentar el trabajo de la mujer y los menores en las fábricas y otros establecimientos laborales. 70 En esa fecha también se dictaron leyes sociales, como la del Monte Pío Civil, que en el marco de la Seguridad Social establecía un fondo de jubilaciones y pensiones para los funcionarios, empleados y agentes civiles de la administración, 71 y la ley de Amparo del Hogar, por la cual se declaraban exentas del pago de contribuciones las pequeñas y medianas propiedades. Fue en torno del 1900, al calor del crecimiento de la protesta social, especialmente laboral, cuando la «cuestión obrera» cobró influencia y visibilidad en el espacio público. En ese contexto, y en sintonía con lo que sucedía en Buenos Aires y en otros puntos del país, el diario El Orden exhortaba a la sociedad y, principalmente, al gobierno, a atender diversos aspectos relacionados con las deficientes condiciones de vida que afectaban a los grupos populares. La carestía de vida, el incremento de los alquileres, el aumento en los precios de los artículos de consumo, el hacinamiento habitacional y la precariedad e insalubridad de las viviendas recorrieron así las páginas del diario que clamaba por la intervención de quienes, se entendía, debían ocuparse de resolver y corregir estos problemas sociales. A su vez, un conjunto extenso de tópicos que aludían específicamente a las condiciones de trabajo formaron parte también de las narraciones de El Orden, que publicó abundantes artículos, investigaciones y crónicas para denunciar la desocupación, la explotación del trabajo obrero en los ingenios, la extensión excesiva de la jornada laboral, la debilidad de los salarios y el incumplimiento de los acuerdos patronales. De esta forma, y tal como la autora citada señala, se beneficiaba a un sector importante de los trabajadores urbanos, sobre todo de la ciudad de San Miguel de Tucumán, que concentraba el mayor número de personal del Estado. Con lo cual se favorecía, de acuerdo a Bravo, «a una franja de propietarios humildes, que sólo incluía a un segmento del artesanado urbano y a los pequeños propietarios rurales». Revertir este cuadro desfavorable de la situación de los trabajadores implicaba que el gobierno debía asumir un papel más activo en el terreno laboral y, en esa dirección, establecer instituciones y leyes específicas. De acuerdo con estas consideraciones, y en consonancia con los debates de carácter nacional que tenían lugar, el diario difundió los pasos emprendidos a favor de la reglamentación del trabajo, especialmente de mujeres y niños, el dictado de una legislación sobre accidentes de trabajo, la sanción del descanso dominical y la construcción de viviendas obreras. En ese contexto, exhortaba al gobierno de Tucumán y a los trabajadores a respaldar y favorecer estos avances en el ámbito provincial. En especial, durante el periodo que recorre este trabajo, asignó un lugar destacado a la demanda por el descanso dominical, un reclamo prioritario de los trabajadores en la primera década del siglo XX. Como vimos, desde 1902 y hasta su sanción como ley en el año 1907, las sociedades de peluqueros y empleados de comercio encabezaron las demandas a favor del derecho hebdomadario. El Orden respaldó sus reivindicaciones y acompañó mediante una cobertura sostenida las distintas estrategias a las que recurrieron los trabajadores para alcanzar este derecho, tales como las solicitudes enviadas al Consejo Deliberante para que dictara las ordenanzas municipales sobre el descanso dominical y las demandas realizadas a los diputados provinciales con el fin de acelerar la sanción de la ley. Definido así mismo como el principal impulsor de la campaña por el descanso dominical, El Orden publicó numerosos artículos que subrayaban la importancia de este derecho y, al mismo tiempo, instaban a los gremios de trabajadores, a los propietarios de los establecimientos comerciales y de servicio, y primordialmente al gobierno, a respaldarlo. Según sus concepciones en torno al papel del Estado y de los trabajadores frente a la cuestión social, y en especial laboral, tres instancias eran claves. Por un lado, los trabajadores debían organizarse y luchar por sus derechos y, en ese sentido, la defensa de los intereses obreros mediante asociaciones gremiales era fundamental. De acuerdo con estas consideraciones, podemos interpretar el impulso que otorgó el diario a la formación de asociaciones en el mundo del trabajo, percibidas como herramientas claves para la defensa y el adelanto de los trabajadores. Por otro lado, era necesaria la participación activa de quienes regían los destinos de la provincia y, en esa dirección, demandó a las autoridades la elaboración y sanción de leyes e instituciones tendientes a mejorar las condiciones de vida y de trabajo. En esos parámetros podemos situar los reclamos del El Orden para que el gobierno pro-mulgara la ley de descanso dominical y la promoción y el apoyo otorgado a la lucha gremial a favor de este derecho. Finalmente, era importante, según el diario, conseguir el compromiso de otros actores sociales, especialmente de los grupos propietarios y patrones. Es decir, los dueños de los locales tenían que apoyar estos temas y cumplir los acuerdos y la normativa correspondiente al descanso dominical. Los festejos que trajo aparejada la sanción de la ley de 1907, así como la movilización originada a partir de los descontentos frente al decreto reglamentario que restringía el alcance de este beneficio a un segmento del mundo laboral, recibieron los apoyos de El Orden, lo cual no resulta nada extraño teniendo en cuenta su promoción constante al establecimiento del descanso dominical. Por otro lado, y tal como se infiere de la documentación analizada, podemos proponer que la movilización del año 1907 se erigió en un momento clave de las prácticas de los trabajadores y reveló la visibilidad y organización que adquirieron entonces estos grupos. En primer lugar, el meeting organizado por el diario y los dependientes de comercio en agosto de ese año, reunión en la cual participaron también los peluqueros y el Centro Socialista, evidenció las estrechas vinculaciones entre las asociaciones a partir de una demanda articuladora. Unos días después, en septiembre del mismo 2007, las organizaciones que reunían a los trabajadores bajo la impronta del anarquismo y el socialismo, como la Federación Obrera local y la Confederación del Trabajo en Tucumán, convocaron también a una reunión pública con el doble objetivo de expresar, por un lado, el apoyo a la ley de descanso dominical y, por el otro, repudiar el decreto reglamentario que acotaba el beneficio de este derecho. Estas consignas, que lograron movilizar a un numeroso contingente de asociaciones obreras de la capital y del interior de la provincia, las cuales acudieron a los espacios públicos de San Miguel de Tucumán para participar del meeting, demostraron también la vinculación entre los gremios tucumanos y permitieron entrever la presencia de un movimiento obrero que había transitado un itinerario de crecimiento y organización a lo largo de la primera década del siglo XX. La primera tiene que ver con la importancia de la prensa como fuente y, especialmente, como un actor destacado en los procesos de construcción de la cuestión social y obrera. Como se intentó exponer en estas páginas, según el diario El Orden, el mejoramiento de las clases trabajadoras sólo podía lograrse mediante el compromiso de los actores sociales involucrados. En esa tónica, interpeló a los sectores empresariales y propietarios, reclamó respuestas por parte del Estado y alentó a los mismos trabajadores a fortalecer y unificar sus esfuerzos para alcanzar una respuesta satisfactoria frente a sus demandas laborales. En el caso puntual del descanso dominical revisado en este estudio otorgó un lugar prioritario al Estado, al reclamar la promulgación de disposiciones y leyes específicas dirigidas a mejorar la situación en el trabajo. En segundo lugar, quisiera sugerir que el reconocimiento del derecho al descanso dominical, si bien no alcanzó a la fuerza laboral en su conjunto, constituyó un primer paso en el itinerario complejo y no exento de contradicciones que implicó el camino hacia la legislación laboral.
Los nacionalistas católicos de Cabildo y la educación durante la última dictadura en Argentina/ The Catholic nationalists of the Cabildo and education during the last dictatorship in Argentina Laura Graciela Rodríguez Universidad Nacional de La Plata/CONICET de Universidad Nacional General Sarmiento, Argentina El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) diseñó y aplicó una serie de medidas desde el Ministerio de Cultura y Educación y buena parte de ellas recibieron la atención de los redactores de la revista Cabildo. Los responsables de esta publicación se reconocían como los máximos exponentes del nacionalismo católico argentino, ideología de derechas y antisemita que teñía decididamente todas sus interpretaciones sobre lo que ocurría. En el presente artículo analizaremos cuáles fueron sus opiniones respecto a la política educativa. PALABRAS CLAVES: Nacionalistas católicos; Revista Cabildo; Última dictadura; Argentina. No creo en la democracia, no creo en el sufragio universal, no creo en la soberanía del pueblo, no creo en el constitucionalismo moderno (...) Me produce una infinita náusea todo esto. ¿Por qué no cree en la democracia? Por que soy católico y un católico coherente no puede ser democrático por que el primer acto democrático de la historia crucificó a Jesucristo y dejó en libertad a un delincuente. (Antonio Caponnetto, director de Cabildo, julio de 2009). 1 Entre 1930 y 1966 se organizaron en la Argentina cinco golpes militares que estuvieron intercalados con regímenes democráticos de distinto tipo. El 24 de marzo de 1976 los integrantes de las tres Fuerzas Armadas organizaron el sexto asalto a un gobierno elegido constitucionalmente, al tiempo que se sucedían otros golpes de Estado de similares características en los países del Cono Sur Latinoamericano (Brasil, Chile y Uruguay). En comparación, la última dictadura militar en Argentina fue la más cruenta de la región. Los organismos de derechos humanos calculan que hubo alrededor de 30.000 «desaparecidos», denominación que define a las personas que fueron secuestradas por las fuerzas de seguridad y de las que no se supo el paradero durante mucho tiempo. Lo cierto es que la mayoría fue torturada en aproximadamente 340 centros clandestinos de detención distribuidos en todo el país, y/o asesinada. Un gran porcentaje ha sido identificado como trabajador de fábrica y militante sindical y casi el 6 por ciento del total como docente. Como se ha indicado, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) diseñó y aplicó una serie de medidas desde el Ministerio de Cultura y Educación, buena parte de ellas analizadas por los redactores de la revista Cabildo. Los responsables de esta publicación se consideraban los máximos exponentes del nacionalismo católico argentino, ideología de derechas y antisemita manifestada decididamente en todos sus análisis sobre lo que ocurría. En este trabajo pretendemos continuar con nuestras investigaciones sobre la política educativa durante el Proceso, el análisis de las trayectorias de los distintos funcionarios civiles que ocuparon la cartera y sus vínculos con el mundo católico. Buscaremos ir más allá de los discursos que pronunciaron, reconociendo quiénes escribían sobre educación y qué vínculos tuvieron con funcionarios del gobierno dictatorial. La bibliografía sobre las relaciones entre la Iglesia católica y el Proceso, se ha centrado en las posiciones que tomaron sus distintos integrantes frente a las violaciones de los derechos humanos.2 Sobre el nacionalismo católico de Cabildo se han escrito varios artículos que plantean distintos aspectos que van desde los orígenes en 1973, hasta fines de los años ochenta. 3 De estas investigaciones y de su lectura se desprende que la publicación no estaba especializada en temas educativos, sin embargo, sus redactores se dedicaron de manera bastante regular a esas cuestiones, especialmente durante el periodo de la presidencia del teniente general Jorge Rafael Videla (1976-1981). En línea con el catolicismo más tradicional, los de Cabildo decían tener una larga lista de «enemigos», tales como «el liberalismo y el marxismo en todos sus matices, la masonería y el judaísmo, los intereses venales y el conformismo egoísta y utilitario, el progresismo religioso y la pacatería, la pederastia intelectual, los partidócratas, los espíritus cobardes, la mediocridad y la envidia».4 Partiendo de estas bases, Cabildo aspiraba a «ser un instrumento activo de la plena restauración nacional». En líneas generales fueron muy críticos de las medidas económicas liberales y acusaron a la Junta de carecer de una línea política e ideológica definida. 5 En materia educativa, los nacionalistas pretendían que el gobierno le otorgara el control total de la educación a la Iglesia Católica, como había ocurrido en España durante la dictadura de Franco, a quien admiraban. Para ello se tenía que derogar la Ley de Educación N.o 1420 del año 1884 que establecía la educación laica, gratuita y obligatoria. Hacia el final del Proceso nada de esto se concretó, lo que agudizó los ataques. En el presente trabajo pretendemos mostrar que este grupo, a pesar de haber sido particularmente crítico de Videla, estuvo lejos de permanecer aislado de la arena política; varios de ellos integraron las estructuras del Ministerio de Cultura y Educación y tuvieron cierta influencia en determinadas áreas de esa cartera. Ahora bien, este artículo está conformado por tres apartados. En el primero, veremos que los nacionalistas católicos elogiaron una serie de medidas que se llevaron a cabo durante los dos primeros años de gobierno: la intervención a los colegios, la censura de libros, el contenido de un documento que avaló la represión en el ámbito educativo y el cierre de carreras en la Universidad. Sin dudas, estas acciones formaban parte de su propia agenda educativa. Al igual que en otros temas, se dedicaron a criticar a Videla por «equivocarse» al nombrar a los ministros de esa etapa y por ceder a las presiones de los «reformistas». En el segundo apartado caracterizaremos las relaciones que mantuvieron Antonio Caponnetto, uno de los «especialistas» en educación, y sus aliados, con el tercer ministro del Proceso, el católico conservador Juan Rafael Llerena Amadeo. Aunque la mayoría de las notas estaba sin firma, Caponnetto escribió casi todos los artículos o bien convocaba a sus conocidos a redactarlos. Señalaremos que él y sus colaboradores estaban vinculados a distintas dependencias del Ministerio y particularmente al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET). Estas relaciones se vieron fortalecidas durante la gestión de Llerena Amadeo y les permitieron organizar distintas actividades educativas desde las cuales difundieron su ideología más allá de Cabildo. En el último apartado estudiaremos cómo evaluaron la gestión de Llerena Amadeo. Previsiblemente, dijeron que su mandato fue el mejor de los tres, pero que no pudo cumplir con la agenda de los católicos porque Videla le impuso «limitaciones» de diverso tipo. Elogio a la represión El Ministerio de Cultura y Educación fue ocupado por cinco ministros civiles y durante dos periodos por el ministro del Interior, el general Albano E. Harguindeguy, todos ellos alineados en las filas de los católicos conservadores. Las disputas entre los integrantes del gobierno hicieron que la car-tera educativa resultara la más inestable de todas durante la presidencia de Videla. Los de Cabildo dieron a conocer varios comentarios en este sentido, mientras transcurrían las gestiones de los tres primeros mandatarios: Ricardo Pedro Bruera, Juan José Catalán y Juan Rafael Llerena Amadeo. Siguiendo la idea de que «era imposible ignorar el papel que jugaban la cultura y la educación en los planes de la revolución marxista», desde los primeros meses del Proceso las fuerzas de seguridad comenzaron a intervenir colegios públicos y privados católicos. La Iglesia protestó en privado por estas medidas, ya que si bien en líneas generales las autoridades religiosas apoyaban estas acciones, lo que reclamaban al gobierno era que fuera la propia institución la que investigara y sancionara las transgresiones en sus establecimientos. 6 Durante la gestión del ministro Ricardo P. Bruera, uno de los casos más resonantes fue la intervención al colegio San Miguel de la Capital Federal. A través de la agencia oficial Telam se dio a conocer un comunicado de la Unión de Padres de Familia adonde se acusaba a los sacerdotes responsables de la conducción de ese establecimiento, de haber realizado «una abierta apología de la subversión» y elogiar a sus «máximos dirigentes». 7 El comunicado estaba firmado por un «padre de familia», Alejandro Cloppet, y en él se señalaba que «lamentablemente», en enero de 1976, un grupo de sacerdotes había asumido el control y aprovechó la oportunidad para imprimir «volantes de la organización subversiva declarada ilegal en el año 1975». Terminaba afirmando que dicha Unión de Padres nunca fue reconocida por el superior de la Orden y que a los hijos de muchos de sus miembros se les negó la reinscripción al finalizar ese año lectivo. En este caso, la intervención fue ordenada por el director de la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP). Dicha medida fue apelada por los sacerdotes e, inesperadamente para los sectores más intransigentes, la justicia dictaminó la suspensión de la orden. Cabildo se ocupó de este hecho y tituló la nota como «Otro Fallo Lamentable». 8 Sostenía que la justicia había dictado una sentencia «a contrapelo de las necesidades del país y con aparente olvido de que el estado de guerra interna requería una especial concepción del derecho y una adecuada aplicación de sus normas concretas». El juez a cargo, el doctor Cermesoni, dictó un nuevo pronunciamiento que, aseguraba, «tendría gravísimas consecuencias en el campo cultural de la lucha antisubversiva». Explicaba que ese juez no sólo había dejado sin efecto la intervención del registro de alumnos del colegio San Miguel, sino que también había rechazado el recurso de amparo presentado por los padres de alumnos de ese centro, cuya inscripción les había sido negada. Según creía el responsable de la nota, el problema era que estos jueces tenían limitada su visión por las «anteojeras del liberalismo y del positivismo jurídico» y por el camino de la «ciega aplicación de la ley», y al final terminaban siendo «cómplices inconscientes de la subversión». En el mismo número, el cronista criticaba por ese tema al presidente y al director de la revista del conservador Consejo Superior de Enseñanza Católica o CONSUDEC. En el artículo «CONSUDEC y la Subversión en la Enseñanza Privada» volvía a decir que el Estado, en el cumplimiento de obligaciones elementales, debía «extremar su celo en la detección y eliminación de los focos de adoctrinamiento subversivo en la Enseñanza Privada».9 De acuerdo a la revista, el problema fundamental era que el CONSUDEC no quería aceptar que existía una extendida «penetración» entre sus filas. La subversión había elegido a la Iglesia y a sus instituciones educativas como «terreno predilecto de su siembra ideológica y de su accionar práctico», y esto «nos había llevado a poner especial énfasis en el problema de la subversión en la enseñanza católica». El redactor advertía que las familias católicas todavía «sentían una falsa seguridad en relación con sus hijos, presumiendo que sólo el hecho de asistir a un colegio católico o de formar parte de una organización juvenil de la Iglesia les garantizaba una total inmunidad frente al contagio subversivo». Por su parte, el director del periódico Consudec escribió una nota rechazando estas acusaciones vertidas por Cabildo. 10 Seguidamente, se publicó una solicitud de la Unión Argentina de Defensa Educación Católica o UADEC, que tenía a Eduardo Caminotti como secretario y a Luis G. Bedzent como presidente. Allí argumentaban que el Estado debía salvar al país con una verdadera Ley de Educación que volviese a los valores de la familia, a la Patria común y a la existencia de Dios. 11 En la misma página apareció uno de los pocos artículos sobre educación firmados por Antonio Caponnetto, adonde se declaraba a favor de la censura de un texto católico. Se mostraba de acuerdo con el arzobispo de La Plata, monseñor Antonio Plaza, y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el general Ibérico M. Saint Jean, quienes habían prohibido la circulación del libro Dios es fiel, de la hermana Beatriz Casiello.12 El conflicto se había dado porque, tanto el Equipo Episcopal de Catequesis como el Equipo Episcopal de Teología, evaluaron positivamente el contenido del texto y aseguraron que no contenía ninguna afirmación errónea ni negacion alguna de la Doctrina Católica. De hecho, a partir de este dictamen, Dios es fiel sólo se prohibió en la Provincia de Buenos Aires y no en el resto del país. 13 Caponnetto se dedicó a apoyar enérgicamente a Plaza y a mostrar el «parafraseo imbécil de naderías marxistoides» que había en el libro. Para ejemplificar, mostraba que en una parte se le proponía al alumno el siguiente ejercicio: «Escribe una carta a los pueblos ricos que gastan dinero en armas, para que se acuerden de sus hermanos». Finalizaba preguntándose hasta cuándo las autoridades eclesiásticas iban a consentir «tanto desparpajo» y si estaban esperando que «seamos fusilados por curas bolcheviques». Un tiempo después, la revista publicó otra nota más vinculada al cierre de colegios, esta vez en la Provincia de Córdoba. Se llamaba: «Córdoba: el Ocaso de los Brujos» y, a diferencia de lo que había ocurrido en el colegio San Miguel, Cabildo elogiaba la medida que había tomado el Gobierno. La Secretaría de Cultura y Educación de esa Provincia acababa de decretar la clausura y el cierre definitivo del instituto privado de enseñanza primaria «Leo Bovisio». 14 Según Cabildo, el fundador era Santiago Bovisio, creador de la Orden de los Caballeros Americanos del Fuego (CAF) que actuaba como Ordecon (Comunidad de Ordenados). En la revista se decía que esa escuela estaba en manos de una «poderosa y tenebrosa organización judeo masónica panteísta, ocultista, esotérica, mágica, teosófica y cabalística, vinculada a Estados Unidos e Israel, entre otros». La secta del CAF «destilaba una religiosidad esotérica negadora de la capacidad del hombre para llegar al conocimiento de Dios mediante la teología y la Fe, al reemplazar a ésta por la magia y atentatoria del Ser Nacional por subver-sión ideológica, destructiva de la raigambre histórica del Ser Argentino». Cabildo y sus lectores «aplaudían y felicitaban por esa acción a las autoridades de la provincia mediterránea», ya que «ha ganado en Córdoba otra batalla»: la de «erradicar de su comunidad educativa este foco subversivo enquistado desde hacía treinta años». Además de intervenir colegios y censurar libros, el ministro Bruera ordenó intervenir también las universidades, declaró cesantes a cientos de profesores y mandó cerrar distintas carreras, entre ellas las de Sociología, Psicología y Antropología. 15 Haciéndose eco de estas medidas, en la revista se dio a conocer un artículo denominado «Antropología y Subversión», adonde se sostenía que «era sabido» que en 1955 «el marxismo bien pensante de los Romero y los Risieri Frondizi» comenzó la tarea de «demoler las bases más firmes de nuestra auténtica nacionalidad» y sentó las bases de tres carreras que serían «las piezas clave de esa estrategia disolvente: las de Sociología, Psicología y Antropología». 16 A esta altura del Proceso, se preguntaban, «¿quién podría ignorar que esas 'profesiones' aparecían sintomáticamente repetidas en el currículum de los guerrilleros?» Por ejemplo, la Antropología, tras la excusa de que era materia que tenía como campo de observación y estudio a las poblaciones marginadas, resultaba un «campo propicio para reclutar e instruir a sus huestes subversivas y soliviantar a los pobladores de esos lugares». Asimismo, los antropólogos aprovechaban los viajes de investigación pagados por el Estado para «vender piezas arqueológicas» y «comprar armas». El redactor de Cabildo felicitaba al ministro por haber clausurado esas tres carreras en varias universidades. Sin embargo, advertía que había dejado abierta Antropología en Buenos Aires (UBA), Misiones y Comahue, adonde aún continuaban «agazapados en cargos docentes, elementos altamente comprometidos con la subversión apátrida». También hacía notar que varios de los profesores declarados prescindibles en la UBA fueron «inmediatamente contratados en otras universidades». En este sentido, el cronista afirmaba que, si bien Bruera era un «técnico» y un «anodino», había tenido buenas ideas para la universidad, pero fue Videla quien «mandó congelar todo lo que pudiera irritar al reformismo y congeló los proyectos que pudieran dar lugar a descontentos pasibles de ser capitalizados por los enemigos del gobierno». Si al ministro Bruera los nacionalistas católicos le reconocían algún mérito, fueron mucho más críticos con su sucesor Catalán. A poco de asumir el cargo, este ministro dio a conocer la Resolución N.o 538 que disponía la distribución, en todos los establecimientos educativos del país, del documento denominado Subversión en el ámbito educativo. Conozcamos a nuestro enemigo. El manuscrito se había hecho para facilitar la «comprensión del fenómeno subversivo que vivía la Argentina de esos días» y a los fines de «explicar en forma directa y clara los principales acontecimientos sucedidos y de brindar elementos de juicio sobre el accionar del marxismo». Los de Cabildo elogiaron entusiasmados su contenido, decían que se trataba «del mejor documento oficial jamás redactado por el Estado Argentino y relativo a la subversión marxista». 18 Los había «sorprendido» por la «seriedad, la agudeza, la franqueza, la lucidez y la veracidad» con que había sido escrito, pero creían que el ministro había «hecho un sub uso del documento», ya que la distribución en los institutos de enseñanza fue «harto deficiente». El columnista se preguntaba si esto había sido por un defecto de la burocracia típico de la gestión de Catalán, o bien era «un fino sabotaje a su distribución». Lo cierto, continuaba, era que muchos colegios y profesores de la Capital y del interior del país todavía lo desconocían, y lo más grave era que a ninguna universidad nacional o privada se le había hecho llegar un solo ejemplar de este folleto. Concluía que esto no podía ser casual y que seguramente Catalán había dictado alguna consigna de no distribuirlo en general, y en particular a las universidades. De acuerdo a su punto de vista, el problema estaba en que el ministro había sido dirigente de la Federación Universitaria Argentina en Tucumán cuando «la izquierda» copó la universidad después del derrocamiento de Perón. Era «evidente que el texto provenía de los militares y que no había sido escrito por civiles y mucho menos por Catalán», a quien le endilgaba «ambiciones electoralistas» y por esos motivos habría prohibido la difusión del folleto en las universidades, porque «calculaba que eventualmente con esos actores iba a tener que buscar un acuerdo en el futuro». Remataba su nota con la frase: «No hay nada peor que un político con mentalidad electoralista metido en un gobierno de facto». En síntesis, el nombramiento de Catalán había sido el principal «error» de Videla. Después de los mandatos de Bruera y Catalán, hubo un periodo en el que el presidente de facto no encontraba sustituto para el Ministerio de Cultura y Educación (cuestión que ya había pasado cuando le pidieron la renuncia a Bruera). Mientras asumía por segunda vez como suplente el general Albano Harguindeguy, las especulaciones sobre quién sería el futuro mandatario eran frecuentes en la prensa. En la revista aprovecharon esta situación para criticar una vez más a Videla. Publicaron una nota que se titulaba «La Sencilla y Ardua Búsqueda de un Ministro», adonde comentaban que el gobierno llevaba mes y medio sin encontrar ministro de Educación y que los militares no se ponían de acuerdo con el nuevo mandatario, «no porque no alcance el grado de excelencia que ese cargo requiere, sino porque no da justo en el grado de mediocridad que se le exige». 19 De acuerdo con el cronista, el candidato podría «ser un figurón más o menos bobo que se pone en manos de las trenzas administrativas y se dedica a decir vaguedades por televisión, entre otras cosas». Lo mejor que podrían hacer «sería congelar la vacante de la cartera, o, en todo caso, mandar un sargento que vigile el cumplimiento de los horarios y la limpieza de las paredes y vaya tirando hasta que llegue el gobierno de probeta que la Reorganización parecería proponerse constituir en su democrático heredero». Por este camino, apuntaba, no había garantía de que «a la primera de cambio el campo de la Educación no vaya a ser copado nuevamente por la izquierda». A dos años y medio, el proceso en el sector educativo y cultural era «cuando menos desconcertante». En el plano de la cultura pasaba lo mismo y esto podía provocar «una nueva embestida del terrorismo cultural». Los nacionalistas y el CONICET Los cardenales Pironio, Primatesta y Aramburu se reunieron con Videla y le sugirieron que pusiera a Juan Rafael Llerena Amadeo al frente de este Ministerio. Llerena Amadeo era un católico conservador, de profesión abogado, pertenecía a la Corporación de Abogados Católicos «San Alfonso María de Ligorio», una de las organiza-ciones de profesionales de laicos que había creado la Iglesia Católica en los años treinta y de la cual eran miembros varios funcionarios del Proceso. Había sido subsecretario de Educación del ministro José Mariano Astigueta (1967-1969) durante la presidencia del general Juan Carlos Onganía en la dictadura anterior. Colaboraba con el diario La Nación, trabajaba como profesor de las universidades Católica Argentina y del Salvador, y desde 1976 era secretario académico de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires o UBA. Antonio Caponnetto y su grupo estaban vinculados con Llerena Amadeo por afinidades ideológicas -estaban del lado de los católicos preconciliares-y por medio de una estrecha y compleja trama de institutos y fundaciones privadas que funcionaron en el CONICET, en las áreas de «Ciencias Sociales» y «Ciencias Humanas y Morales». Ellos eran responsables del Instituto de Ciencias Sociales (ICIS), la Fundación Argentina de Estudios Sociales (FADES), la Asociación para la Promoción de Sistemas Educativos no Convencionales (SENOC), la Asociación para la Promoción de los Estudios Territoriales y Ambientales (OIKOS) y el Instituto Bibliográfico Antonio Zinny (IBIZI), a cargo del profesor de historia Jorge Clemente Bohcziewicz. En 1977, el entonces abogado y profesor de la UBA, Juan Rafael Llerena Amadeo, había contribuido con aportes monetarios a la creación de la SENOC y luego formó parte del directorio. Estas buenas relaciones no estuvieron exentas de tensiones, en tanto Llerena Amadeo estaba estrechamente relacionado con las autoridades católicas del CONSUDEC, a quienes Cabildo había atacado, como vimos en el apartado anterior. Cuando Llerena Amadeo era ministro, Caponnetto y sus aliados organizaron un «curso de perfeccionamiento docente» que había sido aprobado por la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP) del Ministerio de Cultura y Educación. Es decir, a diferencia de otros cursos que se ofrecían en la revista -por ejemplo, los de Historia Argentina de Federico Ibarguren-, éste otorgaba puntos a los docentes del Sistema. El curso se llamaba «Corrientes pedagógicas contemporáneas: su incidencia en la tarea escolar» 20 y perseguía los objetivos de esclarecer acerca de las teorías pedagógicas modernas, sus aciertos, carencias y desajustes; comprender la repercusión en la vida escolar de aquellos desajustes y carencias; analizar críticamente y revisar las áreas pedagógicas de la enseñanza media; estudiar los fundamentos de la pedagogía católica; ejercitar y resolver problemas vinculados a: textos, planificación, disciplina, contenidos y metodología de estudio. Las exposiciones teóricas estaban a cargo de Antonio Caponnetto (ICIS-FADES): «Actual Panorama Pedagógico. El caso de las Ciencias Sociales»;21 el padre José Luis Torres-Pardo: «La catequesis moderna»;22 Jorge N. Ferro (SENOC): «La enseñanza de las Humanidades»; Rafael L. Breide Obeid (OIKOS): «La enseñanza de las Letras»; Juan Carlos Montiel (SENOC): «La enseñanza de las Ciencias Naturales»; Witold R. Kopytynski: «La enseñanza de las Ciencias Exactas» y Roberto J. Brie (ICIS-FADES): «Concepción Católica de la Pedagogía». De los «trabajos prácticos» se encargaban el doctor Edgardo Palavecino, Antonio Caponnetto y Juan Carlos Montiel. Los docentes interesados en dicho curso debían inscribirse en el Instituto de Promoción Social Argentina (IPSA), al cual estuvo vinculado el nacionalista admirador de Santo Tomás de Aquino, Carlos Alberto Sacheri, muy relacionado con el grupo de Verbo, que fue presidente de la organización filo nazi «Ciudad Católica» y trabajó en el CONICET y en la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC). 23 Antonio Caponnetto era profesor de Historia egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y trabajaba como docente en la Facultad de Derecho de la misma universidad. En los años del Proceso fue becario del CONICET con sede en ICIS-FADES, y cumplía funciones de tesorero en FADES, cuyo presidente era el filósofo Roberto José Brie, quien además era su director de beca. En ocasiones, Antonio escribía con su hermano Mario, quien estaba casado con la hija de uno de los máximos representantes de esta corriente ideológica, Jordán Bruno Genta. 24 Mario Caponnetto era médico graduado en la UBA y había realizado los cursos que dictaba su suegro. Integraba la FECIC y, junto a Brie, la SENOC. Pertenecía al Consorcio de Médicos Católicos, a la Corporación de Científicos Católicos y a la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (SITA). El abogado y profesor en letras, Breide Obeid, de OIKOS, era empleado de planta del Ministerio de Cultura y Educación y trabajaba en el área universitaria, como profesor de la Universidad Católica Argentina, además de formar parte de la SITA. Jorge Norberto Ferro era egresado en Letras, profesor en la Universidad Católica de La Plata, becario de CONI-CET, con sede en SENOC, y especialista en literatura española medieval. Juan Carlos Montiel, profesor de Biología, egresado de La Plata y vinculado al SENOC, era propietario y director de un colegio secundario, privado y católico ubicado en el distrito de San Miguel, provincia de Buenos Aires. Todos ellos solían escribir, no tanto en Cabildo sino en revistas católicas afines al Proceso, entre ellas Verbo, Mikael y Estrada. 25 Otros conocidos nacionalistas católicos que pertenecían a OIKOS, como Patricio Randle o Aníbal D'Angelo Rodríguez, publicaron en Cabildo en más de una ocasión. Como pudo apreciarse, una figura clave de este grupo fue Roberto José Brie, egresado de Filosofía por la UBA, que había sido profesor de Sociología, Filosofía y Metodología de la Investigación en varias universidades nacionales y en la Católica de La Plata. Cursó estudios de doctorado en Alemania y era integrante de la Sociedad Tomista Argentina. 26 La importancia de Brie residía en que fue uno de los principales responsables del destino de los dineros del CONICET, ya que en esos años integró el Comité Ejecutivo y el Directorio. Los representantes de estos institutos organizaron con subsidios del CONICET diversas actividades como simposios, jornadas o encuentros adonde exponían a un público numeroso sus posturas acerca de lo que había que hacer en el campo educativo. De la misma manera, con esos dineros financiaron sus propias publicaciones. En suma, el CONICET costeó, durante los años del Proceso, buena parte de las actividades de los nacionalistas católicos. Una vez finalizada la dictadura, las autoridades del 25 Sobre la revista Verbo ver Scirica, 2006. 26 http://cablemodem.fibertel.com.ar/sta/prof_dr_brie.htm, visitado el 2 noviembre de 2009. Sobre Brie y su actuación en la Universidad, ver Apaza (2009); acerca de la participación de Brie en grupos nacionalistas ver Orbe (2008). Sobre la política del CONICET durante el Proceso, ver Bekerman (2008). ISSN: 0210-5810 CONICET en democracia denunciaron a los responsables de estos y otros institutos por malversación de fondos públicos. 27 Dijimos que Caponnetto se autodefinía como un «especialista» en educación. Había escrito varios artículos en Cabildo y en otras revistas y en mayo de 1981 publicó un libro que sintetizaba su trabajo de los años anteriores; se llamaba Pedagogía y Educación. La crisis de la contemplación en la Escuela Moderna, y sus editores fueron Cruz y Fierro. En Cabildo se anunciaba que Juan Carlos Montiel presentaría la obra el 22 de mayo. 28 En la solapa se aclaraba que el autor tenía publicados otros manuscritos como «Las falsificaciones históricas», «Aportes para una historia del Modernismo en la Argentina» y «La ciudad y la Virgen». Se decía que reflejaban sus «inquietudes religiosas, históricas y del pensamiento histórico hispanoamericano». Caponnetto le dedicaba el libro a Jordán Bruno Genta y explicaba que pretendía mostrar que la única «Pedagogía verdadera» era la «Pedagogía de los Arquetipos» planteada por Genta. LOS NACIONALISTAS CATÓLICOS DE CABILDO Y LA EDUCACIÓN EN ARGENTINA En la siguiente edición de Cabildo se publicó un comentario en la sección fija denominada «Libros», ubicada en las últimas páginas. El autor, Álvaro Riva, sostenía que la tesis «central y sencilla del libro» era que la educación «debía rescatar la interioridad del hombre para elevarlo hasta Dios y ello por miedo de la contemplación. Esto pondría en movimiento los mecanismos más íntimos y más misteriosos de la personalidad humana y limpiaría al Hombre Moderno de las bajezas de su formación y lo liberaría del proceso de desacralización que lo iba cercando hasta asfixiarlo». 29 Este libro, como otros textos de los nacionalistas católicos que se publicaron en esa época, circularon como material de lectura obligatoria en distintas instituciones educativas, varias de ellas dependientes de las Fuerzas Armadas. 27 Informe sobre investigaciones de hechos ocurridos en el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). El ex ministro Ricardo P. Bruera fue nombrado director de un nuevo instituto del CONICET, el Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IRICE) creado en julio de 1977. Bruera también fue denunciado por malversación. Es preciso señalar que en 1992 Antonio Caponnetto entró a carrera del CONICET con sede en el IBIZI como investigador adjunto con dedicación exclusiva y continúa hasta hoy. Después de la muerte de Curutchet, Caponnetto asumió como director de la revista Cabildo y lo sigue siendo en la actualidad. Es decir, la relación de los nacionalistas católicos con el CONICET ha continuado en democracia. La Ley Universitaria y la asignatura Formación Moral y Cívica De todos los ministros del Proceso, Llerena Amadeo fue el que más tiempo duró en el cargo -dos años y casi cuatro meses-. Dadas sus afinidades con los nacionalistas católicos, resultó el único mandatario que recibió elogios por parte de los redactores de Cabildo. Bajo su gestión concretó tres medidas que fueron comentadas en la revista: la sanción de la Ley Universitaria, el cierre de la Universidad Nacional de Luján y la creación de la materia Formación Moral y Cívica. A principios de 1979 el ministro hizo circular un anteproyecto de Ley Universitaria. A los fines de contribuir al debate, la revista publicó un «Programa Mínimo de 20 Puntos para la Educación Argentina» elaborado por el geólogo Raúl Alberto Zardini,30 un peronista de derechas que había sido nombrado decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA durante la gestión del ministro peronista Oscar Ivanissevich y del rector Ottalagano. En julio de 1975 la organización armada Montoneros puso una bomba en la casa de Zardini, según señalaban, en represalia por la persecución a militantes de esa agrupación en la Universidad. Durante el Proceso, fue director del Departamento de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y estaba al frente de un proyecto financiado por el CONICET. En el Programa Mínimo, el geólogo dedicaba la mitad de los puntos al «problema de la universidad». Con respecto a los niveles primario y secundario, proponía, entre otras cosas, prohibir la educación mixta para el colegio secundario (igual que hizo el franquismo) y establecer la doble escolaridad. Por un «problema de dignidad nacional», Zardini decía que había que rechazar todo intento de financiamiento por parte de organismos o instituciones internacionales. Creía que la Universidad había sido «casi sin interrupción desvirtuada y transformada en el verdadero botín del marxismo» y por esa razón se debía «detener el crecimiento desmesurado». Tenía que ser gobernada en los asuntos académicos por los profesores bajo rígidas y claras pautas gubernamentales; los docentes serían seleccionados por sus pares; debían aumentarse las dedicaciones exclusivas y eliminar las simples y había que «erradicar totalmente la idea del concurso». Los profesores exclusivos debían quedar habilitados para ejercer tareas de «asesoramiento privado», como una forma de enriquecer los conocimientos y vincularlos con la industria. En medio del debate público sobre una nueva norma para la Universidad, el redactor de la revista escribió: «El problema de la universidad No es Legal sino Real».31 Después de repasar las posiciones de distintos especialistas que se habían ido manifestando en el diario La Nación, el responsable de la nota explicaba que el proyecto no parecía de ningún modo peor que los anteriores, ya que «era una ley típicamente convencional y positivista que no iba a desterrar el marxismo de los claustros» ni buscaba una verdadera renovación de todo el sistema de enseñanza superior como la que reclamaba el país. Las universidades «tenían hipertrofia algunas y dispersión de otras, descontrol generalizado, carencia de investigación y saber creador, exigua dedicación tanto docente como estudiantil, etc. etc.». Finalizaba citando las palabras del arquitecto Patricio Randle, que había pronunciado en la Fundación para la Acción Social y Económica (FASE) de Córdoba. Allí había dicho que no podía creer que los militares, «que no temieron exponer su pellejo en el campo de batalla se sintiesen inseguros en el terreno universitario». La ley no servía y «Dios y la patria os demandarán por haber perdido esta preciosa oportunidad». Una vez sancionada en abril de 1980, los de Cabildo seguían opinando en el mismo sentido. Al igual que en otros regímenes autoritarios, los funcionarios argentinos consideraban que las universidades eran «demasiadas». 32 Con el objetivo de disminuir el número, en diciembre de 1979 Llerena Amadeo cerró la primera casa de estudios ubicada en la ciudad de Luján, en la Provincia de Buenos Aires. La medida generó expresiones de rechazo incluso de los sectores aliados al Proceso y la presión fue de tal magnitud, que el ministro debió suspender sus intenciones de llevar a cabo otros cierres. 33 Respecto a la clausura de la Universidad Nacional de Luján, la revista calificó de «excelente» la medida, que buscaba cumplir con la «labor de higienización intelectual del país, tan necesaria y tan vital para evitar que se repita el ciclo de marxistización de la juventud del cual estamos saliendo». 34 De acuerdo a su versión, cuando a Llerena Amadeo le dijeron «que continuase clausurando universidades como la de Lomas de Zamora o la de Catamarca u otras más que, al fin y al cabo, eran tan lamentables o más que la de Luján», el ministro contestó «Seré un poco loco pero no soy tonto». El columnista explicó que el mandatario debió abandonar esta medida por culpa de Videla, quien no la había apoyado lo suficiente. En relación con la nueva materia de Secundaria, Formación Moral y Cívica, Antonio Caponnetto firmó una nota titulada «En torno a Formación Moral y Cívica». 35 La inclusión de la materia fue elogiada por distintos grupos de católicos, como los nucleados en el CONSUDEC. Sin embargo, la aparición de esa asignatura fue muy criticada por organizaciones judías, evangélicas, laicas y de editorialistas de diarios como La Nación. Las distintas voces cuestionaban los contenidos católicos e incluso hubo versiones que aseguraban que Llerena Amadeo implementaría seguidamente la asignatura «Religión». Debido a estas polémicas que tuvieron una gran cobertura de la prensa, el ministro tuvo que modificar algunas partes de los programas y salir a desmentir que se pretendiera introducir la enseñanza religiosa. En esa nota, Caponnetto retomaba los viejos argumentos que los católicos venían esgrimiendo desde los años treinta. Decía que este problema generado por la implementación de Formación Moral y Cívica sólo era inteligible «dentro del contexto total de la educación argentina». Ella fue concebida desde el éxito del Liberalismo en 1853 «como el instrumento más idóneo para la distorsión de la Inteligencia». Se trataba de «asegurar la dependencia física mediante la entrega metafísica a la ideología triunfante». Afirmaba que «la Identidad Nacional, substancialmente católica, debía atomizarse hasta su desaparición». El laicismo escolar sirvió eficazmente a estos propósitos, desde entonces, «se convirtió en la bandera de todos los enemigos de Dios y de la Patria». Caponnetto recordaba que la mayor «desgracia» fue la Ley 1420, que el católico José Manuel de Estrada calificó de «inicua e impía». A causa de la sanción de esa norma, los docentes «llevaban en la frente el estigma 1420, a modo del 666 apocalíptico». Los programas de Formación Moral y Cívica no imponían religión alguna, pero exponían con valentía, y ése es su gran mérito, «los principios rectores de la Doctrina Católica, que, insistimos, son los principios del Orden Natural vivificados por la Revelación». Caponnetto consideraba que habían acusado a la materia de «confesional, nazicatólica, católica de derecha, preconciliar, inquisitorial, maléfica o sectaria». Todas estas expresiones fueron publicadas en los diarios La Nación, La Prensa, Buenos Aires Herald, La Luz, la Sociedad Hebraica, la Dele gación de Asociaciones Israelitas Argentinas o DAIA y la revista Símbolo. Según él, «hasta los evangelistas habían adherido envalentonados». Si esto seguía así, pensaba, «mañana lo harían los mormones o tal vez, el Ejército de salvación organice una protesta». El artículo continuaba con insultos explícitos hacia los judíos. En el mismo tono se encontraba un artículo firmado con las iniciales de M. C., que coincidían con el nombre de Mario Caponnetto, hermano de Antonio. Se llamaba «El laicismo, un Viejo Mal Argentino» y concluía, entre otras cosas, que los ataques a la materia debían ser considerados como «la nueva estrategia de la subversión». Defendía la asignatura, ya que sus contenidos revelaban «un oportuno retorno a las fuentes clásicas y cristianas de nuestra cultura» y eso era un signo alentador. Antonio escribió otra columna titulada «Más sobre Formación Moral y Cívica». 36 Volvía sobre el tema porque se había convertido en uno de los «núcleos álgidos del panorama nacional y constituía un asunto de política internacional». Dos objetivos «perseguían sus impugnadores»: evitar «la cristianización de la enseñanza pública y acusar al gobierno de las Fuerzas Armadas de violar con esta asignatura los derechos humanos por ser discriminatoria, totalitaria, etc.». Explicaba que «No han sido las escuelas católicas como tales las que han engendrado guerrilleros, sino las escuelas católicas laicizadas por agentes marxistas, corrompidas sistemáticamente con instrucciones precisas del Comunismo Internacional». Terminaba diciendo que la materia debía seguir dictándose tal como estaba. En un recuadro comentaba las palabras de monseñor Laise, obispo de San Luis, en las que se pronunciaba contra «el laicismo masónico» y reivindicaba la enseñanza de la religión en las escuelas públicas. 37 A principios de 1980 Alonso Quijano escribió «Cosas Veredes Sancho...», en referencia a una supuesta propaganda con la que la Asociación de la Mutual Israelita Argentina o AMIA venía proponiendo una educación judía para la patria. 38 Seguía admitiendo que con los programas de la materia Formación Moral y Cívica, el Ministerio había dado un paso seguro en el recto camino, pero sería inútil llevar a Cristo a las escuelas, si en la calle seguían mandando «los mercaderes de la desintegración nacional». En mayo de 1981 se anunciaba en la revista que el citado obispo de San Luis dictó una «clase magistral» inaugurando la Escuela de Servicio Social «Pío XII» de la Universidad Católica de Cuyo. 39 Delante del gobernador, ministros provinciales, jefes aeronáuticos y distintas autoridades, Laise afirmó que «la ley 1.420 dejó frutos nefastos para el país, siendo una de sus consecuencias la subversión marxista que asoló a nuestra patria». Con la ley se produjeron «deformaciones que en un régimen de enseñanza católica, donde se inculcara a los jóvenes los principios de la moral cristiana, nunca se hubieran producido». Terminaba asegurando que «Esas consecuencias nefastas» venían del siglo pasado, «a consecuencia de la incoherencia de los gobiernos liberales y masónicos». En marzo de 1981 se publicó una nota sin firma titulada «Educación: Balance de 5 años».40 Después de volver a criticar las gestiones de los dos primeros ministros, el artículo se dedicaba a elogiar a Llerena Amadeo y criticar a Videla. Según Cabildo, el primero era «un hombre de formación católica que cumplió una gestión discreta dentro de las limitaciones impuestas por la mediocridad generalizada del gobierno del Proceso y acentuadas por el manoseo de un primer ministro y los dislates de un segundo titular». Durante su ministerio, «por lo menos se impidió la comisión de graves errores que podrían haber sido fatales» y se «puso una barrera a la infiltración de ideas e iniciativas de dudosa intención». Lamentablemente, seguía, en materia universitaria «el gobierno perdió la oportunidad sugerida por Bruera de proceder a una amplia reorganización». Seguidamente, el analista pasaba a comentar el estado de la Secretaría de Cultura, que dependía del Ministerio de Cultura y Educación. Sostenía que el país necesitaba una «infraestructura mínima pero sólida basada en pocos buenos museos, bibliotecas, archivos históricos, o sea lo que no se ve pero que constituye el único acervo sobre el cual se pueden desarrollar las auténticas actividades culturales». Terminaba con un balance sobre la gestión de la Secretaría de Ciencia y Tecnología, que había sido creada por Perón y estaba llena de «activistas de ultra izquierda» y el gobierno debió «pasar la escoba» por allí. Ponderaba a uno de sus máximos funcionarios, Fermín García Marcos, porque había terminado con la intervención al CONICET y había nombrado a un «Directorio digno y capaz», entre cuyos miembros se hallaba, recordemos, el director de beca de Caponnetto, Roberto Brie. En uno de los últimos intentos de los nacionalistas católicos de elaborar una propuesta de gobierno, a principios de 1982 dieron a conocer los Principios Doctrinarios del Movimiento Nacionalista de Restauración. 41 El documento tenía los apartados de «Política institucional», «Política social», «Política económica», «Política exterior y defensa nacional» y «Política cultural y educativa». En este punto afirmaban que concebían a la Cultura como la proyección de la acción del hombre sobre las cosas y sobre su propio ser, conforme «al orden natural de su inteligencia, elevado hacia el Orden Sobrenatural por la Gracia Divina». Respecto a la educación, argumentaban que en todos los niveles tenía que ser «católica y jerárquica» y que en el nivel elemental debía ser gratuita y obligatoria. En la enseñanza post primaria y secundaria el Estado debía promover y orientar a los jóvenes según sus vocaciones intelectuales, profesionales y laborales, siguiendo la «primacía de la formación integral de la persona sobre la mera acumulación de conocimientos». En la educación superior había que devolverle a la Universidad su carácter fundamental de «Escuela de Sabiduría ordenada en la búsqueda de la Verdad y a la formación de profesionales idóneos y necesarios que la nación requería». Finalizaba asegurando que «el Nacionalismo no debía renunciar a su objetivo de extirpar de nuestra Nación la peste del laicismo y con ella la Ley de Enseñanza Laica, devolviendo a la educación el sentido religioso que le es esencial y, además, propio de nuestra tradición». Es preciso recordar que los nacionalistas católicos de Cabildo fueron sólo uno de los tantos grupos de derecha que venían actuando en el país desde los años veinte y cuyas complejas ramificaciones se pueden observar hasta los años de la última dictadura. Del lado de la Iglesia, después de los conflictos ocasionados por el Concilio Vaticano II, buena parte de la jerarquía eclesiástica lo desconoció y saludó la llegada de un golpe cívico-militar en 1976. Los nacionalistas tomaron partido y coincidían en todo con los sectores tradicionalistas más intransigentes representados por monseñor Plaza y monseñor Laise. Asimismo, tuvieron una actitud ambigua con los responsables del CONSU-DEC, quienes se encontraban dentro del arco amplio de los católicos conservadores. Las ideas programáticas de este grupo reflejaban una continuidad de las formuladas por la Iglesia desde los años treinta. Estaban de acuerdo con que el «enemigo» de todos los «males» argentinos era la Ley de Educación N.o 1420 y que este «problema» se solucionaría con su derogación y la implantación de la enseñanza católica en todos los niveles de enseñanza. Esta propuesta se vio cumplida en parte cuando se impuso la educación católica en algunas Provincias en los años treinta y con carácter nacional a partir de 1943. 44 Como han señalado otros investigadores, después de su pelea con el peronismo en 1954, la Iglesia cambió de estrategia y procuró incorporar a las estructuras del Estado a intelectuales laicos formados en sus asociaciones, con la intención de expandir el sistema privado de enseñanza creando sus propias instituciones, aunque un sector nunca perdió la esperanza de reeditar la alianza de los años cuarenta. 45 Durante el Proceso, a este planteamiento histórico de la Iglesia, los nacionalistas le agregaron algunos puntos. Estaban de acuerdo con la intervención a las distintas instituciones educativas y especialmente a las católicas, el cierre de carreras y de universidades públicas, la vigilancia a los docentes, la censura de libros y se pronunciaron en contra de la educación mixta en la secundaria. Además, tuvieron sus propias ideas sobre cómo debía ser el funcionamiento interno de la Universidad. En este trabajo vimos que los nacionalistas católicos no sólo plasmaron estas nociones en la revista, sino que ejercieron cierta influencia en el CONICET y desde allí difundieron sus creencias a través de los proyectos de investigación radicados en los institutos, tesis, artículos, libros y conferencias. Esos textos continúan circulando en ciertas universidades y establecimientos militares. Los analistas del periodo han mostrado que la última dictadura logró producir cambios profundos y, simultáneamente, varios de sus objetivos más ambiciosos no pudieron ser concretados o debieron ser revisados a causa de los múltiples conflictos que se dieron al interior de la Junta Militar, entre los militares, y entre éstos y los civiles que integraban el Gobierno. 46 En suma, de todos los ministros que ocuparon la cartera, tanto la Iglesia como los de Cabildo pusieron sus esperanzas en Llerena Amadeo, quien era un laico perteneciente a sus propias corporaciones. Al finalizar el Proceso, los nacionalistas no pudieron concretar el viejo anhelo de tener una nueva ley de educación y debieron contentarse con ciertas materias. 47 En definitiva, las mencionadas cuestiones internas entre los funcionarios, entre otras causas, terminaron por clausurar definitivamente este último intento de los católicos.
Pedro José Velarde (1718?-1784), conocido en la capital novohispana con el apodo de El Poeta, formaba parte de la clase más baja de la sociedad: el vulgo, que el capuchino Francisco de Ajofrín describiese como: "despilfarrado y andrajoso, que lo afea y mancha todo, causando espanto a los recién llegados de España". 1 A pesar de su calidad de español, la miseria lo había llevado a una situación penosa. Nacido en la ciudad de México hacia 1718, Pedro José era hijo de Juan Velarde y María Rivero. Nada sabemos sobre su infancia y juventud, pero ciertos conocimientos teológicos -vertidos en una poesía-quizás sean indicios de que estudió en alguna escuela religiosa o, incluso, en el seminario. 2 En 1768, con medio siglo a sus espaldas, su aspecto físico era deplorable: Velarde era muy flaco, narigón, trigueño, de mediano cuerpo, tenía las ropas a jirones y el pelo sucio y desaliñado. 3 Junto a una situación económica precaria, también padecía ciertas dolencias: una relajación en la ingle izquierda y "un mal de corazón o epilepsia, que le embarga los sentidos y ofusca el juicio". 4 Sus escasos ingresos económicos solo le permitían ocupar un cuarto modesto en el número 13 de la calle de Santa Clara, donde vivía con su esposa: una jovencita de dieciocho años de edad, huérfana y desamparada, de calidad castiza, con la que tenía una criatura de corta edad. 5 Velarde se ganaba la vida escribiendo papeles de súplicas, cartas, parabienes de desposados, felicitaciones, congratulaciones de paridas, loas a las festividades de María Santísima y otros escritos que nos revelan un universo de sociabilidades (públicas y privadas) y de cultura del manuscrito en la capital virreinal. Además, realizaba diversos empleos menores en los tianguis o mercados capitalinos (recados, pequeños transportes y cuidado de cajones), y componía coplas sobre las últimas novedades ocurridas en el virreinato, que vendía por dos reales, actividad que le otorgaba cierta popularidad en uno de los lugares privilegiado de la marginalidad mexicana, el Baratillo: "La famosa plaza del Baratillo -escribió fray Francisco de Ajofrín-es el concurso célebre de todos los leperos y zaragates de Méjico; es la universidad de los zánganos y zaramullos, donde, siendo su catedrático de Prima el bien conocido Pancho Moco, aprenden cuantos ardides y sutilezas hay para hurtar, sin poder ser acusados ni conocidos; dejándose atrás cien leguas, o por mejor decir, más de dos mil, a cuantos maestros ha habido y hay en el Lavapiés y Barquillo de Madrid. Es materia larga escribir los enredos y sofisterías del Baratillo. Vea el que pueda sus constituciones, que andan manuscritas, y se divertirá con su bello método y salado estilo; allí se descifran todas las habilidades de los zaragates, léperos, zaramullos, pelagatos, zánganos y leperuscos, con los demás insignes profesores de esta famosa escuela". 6 Situada "delante de la Catedral", 7 la plaza del Baratillo (nombre originado por la venta de productos a menor precio) era uno de los lugares más populares de la capital. En ella ofrecía El Poeta sus versos cuando el hambre le apretaba. Entonces, sacaba copia de composiciones originales, que ponía a buen recaudo, y se paseaba por el mercado vendiendo sus coplas. El comprador era variado: desde los mismos dependientes del Baratillo a sacerdotes y frailes, que no dudaban en adquirir las composiciones a pesar de lo atrevido de algunos temas. Velarde tenía clientes fijos, incluso llegó a escribir versos para uno de ellos: el cura de Coyoacán. Según confesó a los inquisidores que lo detuvieron, componía versos desde 1755. El tema de sus poemas eran las novedades de la colonia, únicos temas que compraban los clientes. Según Velarde: "no hay gente más novelera que la desta tierra y sólo pedían y piden lo nuevamente sucedido". 8 Así, versificó acontecimientos tales como la llegada de las tropas militares procedentes de la península a México, 9 los continuos terremotos, la epidemia de sarampión (1761-1762), 10 la frecuencia en la comunión y 6 Ajofrín: Diario del viaje..., pág. 77. Sobre poesía y marginalidad, véase Lara Garrido, José: Alonso Álvarez de Soria, ruiseñor del hampa (vida en literatura de un barroco marginal), Litoral, Málaga, 1987. 7 González Polo, Ignacio (trascripción, introducción y notas): Reflexiones y apuntes sobre la ciudad de México (Fines de la colonia), Departamento del Distrito Federal, México, 1984, pág. 62. El Baratillo sobrevivió hasta 1792, año en el que fueron prohibidos sus puestos y mesillas. Véase Olvera Ramos, Jorge: "La disputa por el espacio público: los comerciantes y vendedores de la Plaza Mayor", en Aguirre Naya, Carlos, Dávalos, Marcela y Ros, María Amparo: Los espacios públicos de la ciudad. Siglos XVIII y XIX, Casa Juan Pablos-Instituto de Cultura de la Ciudad de México, México, 2002, págs. 84-97. Uno de los testigos, José Navarro, declaró que creía que Velarde era el autor: "porque a cualquiera novedad sale con coplas que él compone según dice" (f. 9 La llegada de tropas a México se intensificó tras la derrota española en la Guerra de los Siete Años. Los soldados, muchos de ellos extranjeros, causaron numerosos problemas a la Inquisición y a los vecinos de los pueblos y villas donde se asentaban. 10 En septiembre de 1761 se produjo un grave brote de tifo, que se extendió por la capital y buena parte de las provincias del virreinato. La primera víctima se enterró el 1o de septiembre y se extendió por todo el año siguiente. PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII la expulsión de los jesuitas. Esta versificación de los sucesos sitúa a Velarde en una larga tradición hispánica que se remonta al romancero popular y a los pliegos de cordel. El poeta (el coplero) se beneficia de la novedad para interpretarla de acuerdo a moldes literarios que comparte con sus lectores. El acontecimiento se versifica al gusto literario de los lectores-oyentes utilizando un mundo referencial e imaginativo que todos comparten. Las composiciones poéticas se venden manuscritas, pero su difusión es principalmente oral: se leen en reuniones y tertulias de amigos, como aparece en distintos momentos del proceso que le fue abierto en 1768. Como en otras épocas históricas, los poetas callejeros novohispanos tenían mala fama. Y en el caso de Velarde se unía, a un aspecto desarreglado, cierta fama de pedigüeño. Al divisar a algún conocido, lo asaltaba solicitándole una limosna o la compra de alguna de sus composiciones. El padre filipense Pedro José Rodrigo señaló: "que el expresado Velarde es hombre de ideas exóticas y poco dignas de atención, como porque en las veces en que por acaso me saludaba, dirigía siempre sus relaciones a fin de solicitar algún socorro a sus indigencias". 11 Pero todas estas circunstancias no hubieran causado problemas a nuestro poeta si no hubiera cometido una indiscreción: el versificar la expulsión de los jesuitas, suceso acaecido en la madrugada del 24 de junio de 1767 por orden terminante de Carlos III. 12 La expatriación de los padres fue un acontecimiento en todo el virreinato, y Velarde aprovechó el suceso para componer y vender varias coplas, desoyendo el edicto del virrey marqués de Croix con el que se anunciaba la expulsión: "con la prevención de que, estando estrechamente obligados todos los vasallos de cualquiera dignidad, clase y condición que sean a respetar y obedecer las siempre justas resoluciones de su soberano, deben venerar, auxiliar y cumplir ésta con la mayor exactitud y fidelidad, porque S. M. declara incursos en su real indignación a los inobedientes o remisos en coadyuvar a su incumplimiento y me veré precisado a usar del último rigor y de ejecución militar contra los que en público o secreto hicieren con este motivo conversación, juntas, asambleas, corrillos o discursos de palabra o por escrito, pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca 11 Certificado de Pedro José Rodríguez, México, 15 de septiembre de 1768. 12 St. Clair Segurado, Eva María: "La expulsión de los jesuitas de América. Reflexiones sobre el caso de Nueva España", en Gómez Díez, Francisco Javier (coord.), La Compañía de Jesús en la América Española (siglos XVI-XVIII), Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, 2005, págs. 165-204. ISSN: 0210-5810 que ocupa el trono de España que nacieron para callar y obedecer, y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del soberano". 13 Por supuesto, la orden de "callar y obedecer" no se cumplió. El impacto de este acontecimiento extraordinario en el virreinato fue enorme, pues los jesuitas poseían una amplia red de colegios, iglesias, residencias, haciendas y misiones, regían numerosas conciencias y sus enseñanzas se extendían desde los hijos de los virreyes a los indios más pobres y aislados del Noroeste de la Nueva España. Llegados al virreinato en 1574, los miembros de la Compañía de Jesús se situaron, en pocos años, a la cabeza de la educación novohispana, lideraron la pastoral urbana y lograron extender la frontera misional en el Septentrión con una rapidez vertiginosa, ocupando grandes áreas con escasa presencia hispana en el Norte: California, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Tepehuanes y la Tarahumara. De los cerca de 600 jesuitas establecidos en México, un alto porcentaje era criollo. No todo había sido triunfos y parabienes en la expansión de la Compañía, pues en su desarrollo había cosechado numerosos enfrentamientos y conflictos con otras órdenes religiosas, los obispos, las universidades, las comunidades indígenas, los cabildos, los nobles, los comerciantes y los capitanes de los presidios fronterizos. Y ello explica que su expulsión desencadenara opiniones a favor y en contra. El acontecimiento, por tanto, era candidato a la "poética de la realidad", pues las novedades prendían rápidamente en la tediosa vida de la colonia. A sus gentes les gustaba lo extraordinario, lo terrorífico y lo dramático. Pero, además, el bando que acompañó a la expulsión, con un lenguaje duro y represor ("de una vez para lo venidero deben saber [...] que nacieron para callar y obedecer, y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del soberano") tuvo el efecto contrario: aumentó las expectativas. Muchos novohispanos acudieron a los colegios, templos y residencias ignacianas, públicamente se lamentaron de su partida, a pesar de las numerosas tropas que los custodiaban, y obligaron a las autoridades a cambiar los itinerarios de los convoyes de jesuitas que, procedentes de las misiones y ciudades del interior, se dirigían al puerto de Veracruz. Las autoridades temie-ron que la cercanía de los padres provocase manifestaciones de devoción y nuevas sublevaciones de los vecinos. 14 Los novohispanos se levantaron en varias ciudades del obispado de Michoacán con presencia jesuita (San Luis de la Paz, Guanajuato, San Luis Potosí y Pátzcuaro) y en otras que no (Apatzingán, Guadalcázar, San Sebastián Agua del Venado, San Jerónimo de la Hedionda y San Felipe). En las primeras, grupos amotinados impidieron la salida de los padres. La expatriación de los jesuitas se retrasó durante varias semanas, y esta situación, insostenible para el virrey Croix, provocó la organización de una expedición militar, encabezada por el visitador general José de Gálvez, que restituyó el orden con la ayuda de varios patricios criollos, que en algunas ciudades ya habían controlado a los alzados. 15 La pacificación se cimentó en numerosas ejecuciones sumarias, destierros y demolición de sus domicilios. Mientras tanto, los descontentos de la capital y Puebla, ya sin los jesuitas, pero con su recuerdo muy vivo, divulgaron profecías, escribieron sátiras y libelos, e imprimieron imágenes religiosas con leyendas a favor de los jesuitas. 16 Sin conocerse las causas de la grave decisión real, bajo el peso del silencio impuesto, la expulsión era susceptible de utilizarse como tema de exaltación de la Compañía, de propaganda de sus méritos y, paralelamente, de crítica al gobierno y a sus reformas sociales y económicas. La voz de los contrarios se dejó sentir sin tapujos, provocando las iras de los principales acusados: el virrey, el arzobispo Lorenzana, el obispo de Puebla, Francisco Fabián y Fueros, y el visitador general José de Gálvez. Mientras este último estaba fuera con la expedición militar, la capital se llenó de versos satíricos. Uno de ellos apareció en la puerta del arzobispado con los siguientes versos: "La Iglesia está viuda, sin manto ni toca, porque la gobierna, Pachita la loca". Durante el otoño de 1767 surgió una virulen-14 Los jesuitas fueron sacados de la capital en pocos días, pero la "expulsión" de la Nueva España se dilató por dos años. Un convoy procedente de Filipinas atravesó el virreinato entre el 20 de enero y el 17 de febrero de 1770. Véase St. Clair Segurado, Eva María: "Arrestos y conducción a Veracruz de los jesuitas mexicanos", en Jiménez López, Enrique (ed.): Y en el tercero perecerán. Gloria, caída y exilio de los jesuitas españoles en el s. XVIII, Universidad de Alicante, Alicante, 2002, págs. 221-249; y Lorenzo García, Santiago: La expulsión de los jesuitas de Filipinas, Universidad de Alicante, Alicante, 1999, págs. 149-150. 15 Sobre las rebeliones, véase Castro Gutiérrez, Felipe: Nueva ley y nuevo rey. Reformas borbónicas y rebelión popular en Nueva España, El Colegio de Michoacán-UNAM, México, 1996. 16 Sobre estas manifestaciones de apoyo a la Compañía, véase Felipe Castro Gutiérrez: "Profecías y libelos subversivos contra el reinado de Carlos III", Estudios de Historia Novohispana, México, no 11, 1991, págs. 85-96; y Alanis Enciso, Fernando Saúl: "Todos herejes: expresiones de descontento en la Nueva España ante la expulsión de la Compañía de Jesús, 1767-1768", Colonial Latin American Historical Review, New Mexico, vol. 9, no 2, Spring 2000, págs. 209-242. SALVADOR BERNABÉU ALBERT ta literatura clandestina, pero ninguna causó más inquietud que la antipatoral "Quis ergo nos separavit a charitate Cristi", en donde se invitaba a la desobediencia al rey y se defendían las enseñanzas jesuitas. 17 Para reprimir esta literatura clandestina, el virrey solicitó la ayuda de los inquisidores. En carta del 24 de noviembre de 1767 les pidió que recogiesen los numerosos papeles y libelos que circulaban por la ciudad. La respuesta negativa del Santo Oficio 18 provocó la ira de Lorenzana y del marqués de Croix. Los inquisidores aludieron al "silencio" impuesto por el trono para hablar a favor o en contra de la expulsión, y éstos consideraron la inactividad como un apoyo velado a los descontentos y una falta grave. Para zanjar la cuestión, ambas partes remitieron la cuestión a Madrid. La respuesta no llegó hasta el 12 de junio de 1768, dilación que aprovecharon algunos contrarios a la expulsión para seguir difundiendo sátiras y libelos. El Supremo Consejo de la Inquisición, en carta fechada el 21 de marzo de 1768, reprobó la inactividad de los inquisidores mexicanos, señalando que había visto con gran dolor y desagrado la excusa en su actuación y la desaprobaba "en todo y por todo". 19 Para que no se produjesen más retrasos, la Suprema les mandó imprimir y distribuir sin demora un texto condenatorio que acompañaba la misiva. Impresas trescientas copias, fueron fijadas en los lugares habituales el 17 de junio, no tardando en aparecer las denuncias y las entregas de textos publicados y manuscritos, muchos de ellos llegados de Europa. En él se reprobaban en general todos los papeles satíricos, rechazaba expresamente la anti-pastoral "Quis ergo nos separavit" y se mandaba recoger una estampa sediciosa con la imagen de San Josaphat. El éxito de la campaña inquisitorial contrastó con el escaso éxito de una iniciativa virreinal anterior: un bando del 26 de noviembre de 1767 que prohibía los papeles y libelos sacrílegos y declaraba reos de lesa majestad a los que los compusiesen y esparciesen. 20 17 La anti-pastoral se encuentra en el Archivo General de Indias (AGI en adelante), México, 1365. 18 La carta fue firmada por Cristóbal Fierro, González de Andia y Julián Amestoy. 19 Copia de carta de Francisco, arzobispo de México, al excelentísimo señor marqués de Croix, México, 24 de noviembre de 1767. 20 El texto decía: "impongo a todos perpetuo y absoluto silencio para que en lo sucesivo ninguno sea osado a escribir, ni hablar públicamente o secretamente sobre la expulsión de los jesuitas". El bando recuerda mucho al editado el día de la expulsión. El mismo discurso autoritario y la misma gravedad en la consideración de los desobedientes: Lesa Majestad. "Expediente sobre el oficio pasado a este tribunal por el señor virrey marqués de Croix a fin de que prohibiese por un edicto los papeles PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII El 20 de julio de 1768, Ignacio Estevez 21 llevó al bachiller Andrés López Barba, nuncio del tribunal del Santo Oficio, un cuaderno de coplas sobre la expulsión de los jesuitas que comenzaba: "A la arma, al arma" y terminaba con las palabras "a gusto mío". Lo había adquirido ocho meses antes (noviembre de 1767) al Poeta del Baratillo, quien le comunicó que la composición era de su autoría. En el momento de la compra estaba acompañado de otros dos vecinos y parientes: Manuel y José Navarro, quienes vendían frenos y productos de hierro también en el Baratillo. 22 Este último tenía cierta relación con el rapsoda del mercado (en una ocasión le dejó varias composiciones en empeño, que rompió el mismo día), pero ninguno de los tres testigos conocía el nombre ni los apellidos del coplero. Por ello, cuando el inquisidor fray Franciso Larrea les tomó declaración, los testigos de cargo dieron las señales físicas del poeta y su lugar habitual de venta, pero no su nombre. En el interrogatorio, celebrado el 21 de julio, el citado Estevez aseguró que había adquirido el poema para divertirse y que, tras conocer el edicto del último domingo, lo llevó al Santo Oficio porque el papel "hablaba contra el Rey"; añadiendo que la delación no había sido movida por el odio, sino por el descargo de su conciencia. 23 Gracias a los interrogatorios de los dos testigos de la compra (Manuel y José Navarro), se descubrieron otros datos interesantes: primero, que El Poeta había declarado que escribió las coplas para el cura de Coyoacán y que lo buscaban muchos clérigos y seglares aficionados; segundo, que el coplero se jactaba públicamente de que, llamado por el Santo Oficio en cierta ocasión, había salido bien librado, y, tercero, que en la venta, suce-dida durante una siesta, Velarde habló "quedito" para que no lo oyeran unos soldados que estaban cerca: "a causa de que las coplas eran contra el rey",24 es decir, que el autor era consciente de la gravedad del tema de la composición. Ante la trascendencia de las informaciones (y sin duda queriéndose congraciar con el virrey y con la corte), los inquisidores averiguaron el nombre del poeta y el 28 de julio nombraron a dos franciscanos: fray Nicolás Antonio García y fray Pablo Antonio Pérez, para que censurasen los versos. En el informe, rubricado el 3 de agosto, calificaron el cuadernillo de coplas de sedicioso, satírico, temerario y destructivo de la paz y la quietud del reino, y a su autor de: "dementado, inquieto y faccionario, detestable, que intenta intimidar a los incautos, llamando su atención para el ascenso con fabulosos monumentos de aparente devoción a los P. Jesuitas". 25 En consecuencia, el 11 de agosto, el inquisidor Julián Vicente González de Andia acusó a Velarde de graves delitos contra el Estado y la religión, y ordenó su detención y el embargo de sus bienes. 26 Una semana más tarde, el poeta fue detenido dentro de una iglesia, en donde se había refugiado, y entregado a las cárceles secretas por no haber cárcel pública. El alguacil y sus ayudantes que lo prendieron no pudieron embargarle nada, pues nada tenía. Al conocer la noticia, el inquisidor González de Andía señaló, entre risas: "que qué se podía esperar de tal sujeto y su oficio",27 y es que los poetas callejeros nunca salieron de pobres. En el primer interrogatorio que Velarde tuvo con el inquisidor González de Andia, el 22 de agosto, declaró que pensaba que su compare-cencia ante el Santo Oficio se debía: "para ver si los papeles que vende son buenos o malos", pero ni remotamente pensó que pudiera estar acusado de lesa majestad por unas coplas realizadas un año antes y que nadie pedía ya. Por eso, sorprendido, negó por dos veces que conociese las coplas que comienzan: "Arma, arma, guerra, guerra". Ni las había oído nunca ni conocía al autor. El inquisidor, entonces, le reveló el nombre del denunciante, Ignacio Estevez, y esta vez Velarde tuvo que retractarse y reconocer que era el autor de las coplas, añadiendo que las compuso para mantener a su joven esposa y que se valió de la gran novedad que causó la expulsión de los jesuitas: "pero que nunca tuvo ánimo ni se le pasó por la imaginación agraviar ni injuriar a su majestad católica ni a ninguno de sus ministros". Para demostrar su inocencia, entregó otra copla sobre el mismo tema de la expulsión de la Compañía que comienza: "A los que están caducando" y acaba: "tanta lástima lastima", y otras composiciones sobre la llegada de las tropas -donde alababa al rey-, el sarampión o la frecuencia en los sacramentos. Nada tenía que ocultar, pues su intención no era difamar la persona y las acciones del monarca. Se consideraba un buen súbdito, que sólo volcaba en versos las novedades del virreinato. En el interrogatorio, Velarde justificó su primera reacción de negar la autoría porque pensaba: "que se le había de pasar a otro tribunal en donde podía peligrar su vida". Sin duda tenía en mente los juicios sumarísimos que habían llevado a la horca a numerosos vecinos de San Luis de la Paz, Guanajuato y San Luis Potosí. Además, Velarde señaló en su defensa que, cuando las hizo, no estaba publicado el edicto inquisitorial que las impedía. Pero González de Andia le recordó que este tipo de versos, además de estar prohibido en el Expurgatorio, había sido vetado en otros edictos del Santo Oficio que mandaban recoger "libros o papeles del tenor del suyo". Y así no podía desconocer dos que modernamente se habían publicado, prohibiendo las coplas, décimas y otros escritos en contra del arzobispo Rubio y las composiciones en contra el marqués de Esquilache y el motín de 1766. 28 Por último, a la acusación de que se había jactado de haber salido bien de otra cita con el Santo Oficio, Velarde lo negó terminantemente, añadiendo que lo que 28 Las sátiras en contra del arzobispo Manuel Rubio Salinas por secularizar los curatos se encuentran en AGN, Inquisición, 945. Fueron editadas por Miranda, José y González Casanova, Pablo: Sátiras anónimas del siglo XVIII, FCE, México, 1953, págs. 97-104. Sobre los escritos, en prosa y verso, generados por el motín de Esquilache, véase Andrés-Gallego, José: El motín de Esquilache, América y Europa, CSIC, Madrid, 2003, págs. 600-606. SALVADOR BERNABÉU ALBERT dijo ante varias personas era: "que tenía que traer a este Santo Oficio un papel de pliego y medio o dos pliegos con una denuncia, que por vía de consulta llevó al padre Pedro José Rodríguez y Arispe, filipense, que parará en su poder y el declarante volverá a hacer cuasi en los mismos términos si se le da tintero y papel". 29 Sin embargo, de nada le sirvieron a Velarde sus proclamas de amor a la Corona. La presión de las autoridades de Madrid y México sobre el Santo Oficio para descubrir a los autores de los anónimos en contra de la salida de los jesuitas hizo su efecto. El 26 de agosto de 1768, el licenciado Julián Amestoy, inquisidor fiscal del Santo Oficio, se querelló y acusó grave y criminalmente a Pedro José Velarde de: "reo perpetrador de graves crímenes y delitos, e incurso por ellos en censuras y otras muchas penas así corporales como pecuniarias establecidas (...) para que le sirvan de escarmiento y a otros de ejemplo". 30 El fiscal recordó que la formación de libelos, coplas y romances infamatorios, sediciosos y satíricos era uno de los delitos más castigados por el derecho por lo perjudicial a la religión y al Estado, a la quietud pública y al honor de las personas: "creciendo de punto según los tiempos y circunstancias en que se divulgan y andan de mano en mano entre los émulos o poco afectos de ambas majestades". Y este sería uno de los delitos cometidos por El Poeta, quien: "tomó el diabólico intento de escribir, formar, vender y publicar no menos que en la plaza pública que llaman el Varatillo de esta corte el libelo y romance que empieza Arma, arma, guerra, guerra, muy difuso y dilatado, cuyo contexto se halla calificado de sedicioso y satírico, de temerario y destructivo de la paz y la quietud" que el Rey y consejo solicitan para su súbditos y leales vasallos. Además, se agrava la enormidad de dicho crimen y delito, teniendo presente el tiempo en que se difundió dicho romance, que fue con la pragmática sanción y reales resoluciones sobre la expulsión de los regulares de la Compañía y ocupación de sus temporalidades: "por la que se veyan contristados los afectos y apasionados de dichos regulares de la Compañía, y tal vez llevarían a mal tan justa determinación y hablarían lo que se les antojase y dictase su propia inclinación contra la Sangrada Persona de Su Majestad Católica o sus ministros, y así ¿qué daño y ruina espiritual no habrá causado este reo con dicho su libelo y romance en los ánimos y almas de sus lectores y oyentes? No es fácil de ponderarse, y por eso corresponde la condigna punición y que en alguna manera se dé satisfacción pública en esta corte". En consecuencia, Velarde debía ser castigado no solo con las penas contra los sacrílegos, perjurios y falsarios, sino también con las condenas establecidas contra los que delinquen en deshonor del Santo Oficio. Sin duda, Velarde fue una víctima de las circunstancias. El 27 de agosto, El Poeta compadeció de nuevo ante el inquisidor Julián Vicente González de Andía a petición propia, Le rogó dos cosas: la primera, que si su causa pasase a la justicia ordinaria, informase que fue prendido en una iglesia, y la segunda, que demandaba un examen médico, pues padecía una enfermedad de corazón que le había convertido en demente, como podría atestiguar el padre Pedro José Rodríguez de Arispe, de la Congregación de San Felipe Neri. Pero estas maniobras no le valieron de nada. Consultado el padre Rodríguez, señaló que: "el expresado Velarde es hombre de ideas exóticas y poco dignas de atención", 31 y el 29 de agosto, en la audiencia de la mañana, González de Andía le leyó los graves delitos enumerados por el inquisidor Amestoy, dándosele copia para que preparase su defensa en colaboración con uno de los tres letrados que tenía el Santo Oficio: Juan José Azpeitia, Joaquín Blanca e Ignacio José de Villaseñor y Cervantes. Velarde eligió a este último y se le envió de vuelta a la cárcel con un pliego de papel "para los apuntes de su defensa". La preparación de la defensa se demoró durante varios meses. Velarde y Villaseñor, acusado y letrado, obtuvieron traslado de la declaración de los testigos y certificados de los médicos, y prepararon un escrito, firmado por el primero, en el que se defendía de las acusaciones. 32 Defensa escrita de Velarde, en "Expediente formado...", AGN, Inquisición, 1522, exp. El 11 de enero de 1769, el inquisidor Andía llamó a Velarde y, a la pregunta de qué traía acordado, dijo: "Que no trae acordado cosa alguna". Conferenciaron, y Villaseñor leyó al preso lo que traía para presentar en su defensa: No haber palabra o expresión directa o inmediata en contra del rey; su venta en la plaza pública (de lo que se infiere no haber tenido concepto de que así en hacer como en vender se oponía a las acordadas determinaciones de nuestro soberano); que uno de los testigos era interesado, pues había tenido una reyerta con él; y que escribió las poesías por necesidad (AGN, Inquisición, 1522, exp. El abogado del reo hizo bien su papel, presentando objeciones contra los jueces (recusación), alegando varias circunstancias atenuantes y mostrando que uno de los testigos de la acusación al menos tenía motivos en su contra. SALVADOR BERNABÉU ALBERT líneas de la defensa fueron cinco. En primer lugar, Velarde declaró ser fiel cristiano. Desde hacía tres años quería presentar sus versos a los inquisidores para que los censurasen y comprobar que estaban dentro de la recta doctrina. Enterado de su búsqueda por el alguacil, se refugió en un templo, de donde fue sacado a tirones. Por ello se sentía usurpado de la santa inmunidad. En segundo lugar, Velarde alegó demencia transitoria, pues sufría "un mal de corazón o epilepsia, que le embarga los sentidos y ofusca el juicio", de forma que ha estado tiempo "adementado". Vicente Ignacio de la Peña Brizuela, médico de presos, después de visitarlo y reconocerlo, concluyó que no padecía ninguna especie de demencia, fatuidad o locura, 33 mientras el filipense Pedro José Rodríguez solo agregó que: "su estilo no deja de indicar poca cordura", 34 pero sin dar una clara resolución. Lo que sí certificaron los cirujanos Mateo Eugenio de la Fuente y Juan Antonio Jarillo es que sufría una hernia o "relajación en la ingle del lado siniestro". 35 En tercer lugar, Velarde pretextó la necesidad de mantener a su joven mujer y a un hijo de corta edad para componer las coplas: escribía para subsistir. El Poeta se sentía un hombre desdichado debido a la miseria en que vivía y a los temores de que su esposa cayese en la deshonra: "la verdad, Señor, como mi esposa en niña es muy golosa y muy antojadiza y como está criando, acabado de desayunarse, acabado de comer, me decía que tenía hambre y yo temeroso de que el Diablo es muy sutil, sabe Dios que tantos días me he quedado en ayunas y sin comer porque a ella le alcanzara lo poco que adquiría". 36 La composición y venta de coplas era la única forma de mantener a su familia, a pesar de que no era una actividad rentable: "también, digo que no solo en versos desta novedad buscaba yo mi vida, que ni todos son amigos de versos ni están los tiempos para esto, por-33 El informe de Vicente Ignacio de la Peña y Brizuela, en "Expediente formado...", AGN, Inquisición, 1522, exp. En una primera entrevista, Velarde le intentó convencer de que anteriormente estuvo loco, pero, habiéndole señalado una cadena y otros instrumentos con los que se descubría si mentía o no, "respondió prontamente y con toda libertad que él nunca había estado loco ni fatuo, y que solo había tenido sus flatos, que con divertirse y salir de casa se le quitaban". 34 Consultado el padre Rodríguez, señaló que lo encontró preso en la cárcel de la corte, a donde iba a confesar, desnudo de medio cuerpo para arriba, haciendo extraordinarios virajes y, preguntado el motivo, "se me dixo que estaba demente", pero no sabe si antes o después lo ha padecido. 35 Certificado de los cirujanos. 36 Defensa escrita de Velarde. PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII que una comedia vale medio y no hay quien la quiera". 37 Velarde había pedido ayuda a varios religiosos, aunque solo le habían socorrido con algunos reales y algo de comida, por lo que tenía que volver a componer versos: "y mas cuando Dios me dio este don para aprovecharme de él en mi suma miseria y necesidad". En cuarto lugar, Velarde expuso la inquina de uno de los presuntos acusadores, al que habría ganado en una justa poética en el mismo Baratillo. Y, por último, alegó que compuso las coplas: "para quitar algunas hablillas que había, alegando unos a favor de los jesuitas, y otros en contra del rey, diciendo que era judío". 38 Él solo se había limitado a exponer lo sucedido, añadiendo en uno de los versos que era vasallo real y que no impugnaba lo mandado por el rey. Estos dos últimos puntos son muy interesantes. Velarde, en colaboración con su abogado, va a tratar de eludir la acusación de actuar en contra del decreto regio, destacando que cumplió con los preceptos: "respecto a que se reducía a dos puntos, que son estos: no se hable en contra ni en favor, que fue decir no se diga que fue bien hecho desterrar a los jesuitas porque entonces es dar a entender que quizá tuvieron algún delito grave; no se diga que fue mal hecho desterrar a los jesuitas, porque entonces resulta en agravio de las justas determinaciones de Su Majestad, que Dios guarde, y de sus prudentes ministros. Es así que yo no digo en mis poemas que fue bien hecho ni que fue mal hecho, luego no incurrí ni en la pena del bando ni en la censura de este Santo Oficio o edicto". 39 No había tomado partido, por lo que era inocente. 40 Y tampoco aceptaba el cargo de "inquietar las conciencias", pues era común en el virreinato tanto el componer coplas como el hablar de la expulsión de los jesuitas. Sería injusto que cayese sobre él toda la culpa, cuando era corriente desde que se fijó el bando: "hablar del asunto en las plazas, en las calles, hombres, mujeres, muchachos, indios e indias, y así nunca pensé que en mí resultara jamás causa tan grave como se me hace de cargo, pues, a saberlo, no hubiera hecho dichos versos ni por un millón de plata, ni los hubiera vendido en paraje tan público como el Baratillo, ni los hubiera dado por materia tan corta de dos reales para mantenerme, pues cuando todos hablaron, públi- camente hablan y estarán hablando por sólo antojo nunca esperaba que lo que hice solo para diligencia resultara en causa tan grave contra mí". 41 Esto era cierto, la expulsión había sido ampliamente comentada a pesar del bando del marqués de Croix. Los expedientes inquisitoriales que se guardan muestran hasta qué punto fue comentada la salida de los padres. Menos presumible era que Velarde tuviese la intención -aparte de comer y alimentar a su familia-de: "oponerme a las infames, mordaces, traedoras y sacrílegas opiniones de tantas y tan mal fundadas conversaciones que lastimaban los cristianos oídos, oyendo de unos agravios contra los padres; otros, contra nuestro padre Rey y Señor, que Dios guarde". El Poeta quiere erigirse en (falso) defensor de la actuación de Carlos III y concluye: "si un hijo obediente oye denhorrar a su padre, aunque su padre le haiga impuesto silencio, no puede menos que romperlo". 42 Finalmente, Velarde pidió perdón y misericordia y volvió a declarar el amor al rey. Como muestra de su arrepentimiento y de su disponibilidad de colaborar con los inquisidores, enumeró varios usos erróneos de las estampas, los rosarios y las cruces en las calles de México. A pesar de la estrategia del letrado y de los votos de Velarde de servir a los enfermos de San Juan de Dios el resto de su vida y de escribir en adelante solo versos para loar a María Santísima, no quedó en libertad. El 9 de enero de 1769, los inquisidores mexicanos recibieron una carta de la Suprema de Madrid pidiéndole el expediente del caso para juzgarlo en la corte. Mientras tanto, el acusado debía permanecer en la cárcel. 44 Así se hizo, sacando copia del sumario y enviándolo a España. Pero la respuesta no llegó en un tiempo prudencial y, ante la tardanza de noticias, los inquisidores novohispanos volvieron a escribir a la corte el 26 de septiembre de 1770 para saber noticias de la causa de Velarde. La respuesta causó sensación: las coplas no habían llegado con el expediente, y el inquisidor gene-41 Defensa escrita de Velarde. 42 Defensa escrita de Velarde. 43 Defensa escrita de Velarde. PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII ral les ordenó que: "en atención al tiempo que está preso, os encargo le despachéis con la brevedad posible, administrando justicia según lo permita el estado y méritos de su causa". 45 Finalmente, tras las dilaciones, el proceso y causa de Velarde se resolvió el 6 de mayo de 1771 con la conminación severa para que en lo sucesivo se abstuviera de componer y vender coplas: "de la calidad y naturaleza de las que han dado motivo a esta causa o de otra cualquiera que pueda tener alusión con ella" y, en consideración al período de cárcel en que estuvo, fuese recluido en el convento de San Juan de Dios durante tres años para atender a los enfermos. La sentencia definitiva, datada el 7 de mayo de 1771, está firmada por los inquisidores González de Andía, Manuel Ruiz de Vallejo y Dionisio de Rocha. Internado en el hospital de San Juan de Dios, Velarde gozó de gran libertad y de la visita diaria de su esposa y su hijo. Todos comían de la ración que le daban. Pero no estaba satisfecho, porque los frailes le impedían que su mujer se quedase a dormir en la enfermería. Así, enojado, el primero de junio de 1771 salió a vender un sombrero para darle el importe a su consorte y no regresó durante algunos días. Un mes más tarde, Velarde escribió a los inquisidores, 46 quienes fueron sensibles a su demanda de estar con su esposa. Por ello escribieron al padre prior de San Juan de Dios para solicitarle que El Poeta pudiese comunicarse con su mujer con moderación. La situación quedó resuelta momentáneamente, pues la tarde del 24 de diciembre de 1771, 47 Velarde se marcho de nuevo. Su rastro desapareció durante años, hasta que el 8 de febrero de 1784, postrado en una cama del hospital de San Andrés y sintiéndose próximo al final de la vida, confesó a sus enfermeros que llevaba doce años fugitivo. Enterado el Santo Oficio, mandó una carta para que el director del hospital averiguase más cosas, pero El Poeta murió el 9 de febrero. 48 Un triste final para el rapsoda del Baratillo, pero como escribió José Emilio Pacheco: "En la poesía no hay 45 La carta del inquisidor general, fechada en Madrid el 11 de enero de 1771, llegó a México el 30 de abril siguiente. 46 En la carta, Velarde denunció al enfermero fray Ignacio de Escobar por leerle al padre Girón: "unos versos totalmente sediciosos y mordaces, heréticos contra Su Majestad". 47 El dominico fray Ignacio Escobar esperó hasta después de las fiestas pascuales, pero, viendo que no regresaba, lo comunicó a los inquisidores en carta del 10 de enero de 1772. 48 El 10 de febrero, el rector del citado hospital, José Quintanilla. comunicó su fallecimiento y adjuntó un certificado de que murió el 9 de febrero de 1784. final feliz / Los poetas acaban / viviendo su locura. / Y son descuartizados como reses / (sucedió con Darío). / O bien los apedrean y terminan / arrojándose al mar o con cristales / de cianuro en la boca. / O muertos en el alcoholismo, drogadicción, miseria. / O lo que es peor: poetas oficiales, / amargos pobladores de un sarcófago / llamado Obras Completas". Gracias al proceso abierto por la Inquisición en 1768 conocemos algunas de las composiciones de Velarde, que transcribimos en la segunda parte de este trabajo. En primer lugar he colocado los versos dedicados a la expulsión de los jesuitas. El poema más importante -pues causó la denuncia y la detención-es el que se inicia "Arma, arma, guerra, guerra", pero hay otra tres composiciones más: "Fue la Compañía non plus"; "A los que están caducando" y el soneto que empieza: "Que crea de los jesuitas lo que veo". En ellos muestra su devoción por los ignacianos y se lamenta de su partida. A continuación, aparece una colección de breves composiciones laudatorias al rey de España. Los versos cantan el celo del monarca por el envío de las tropas al virreinato para defenderlo de sus enemigos. Estas composiciones fueron muy importantes para su defensa, pues permitieron demostrar su amor y devoción al monarca. Por último, transcribo dos interesantes poemas, el primero dedicado al sarampión y el segundo a cantar los beneficios espirituales de la frecuencia del sacramento de la comunión. Esta práctica era defendida por los jesuitas y otras órdenes frente al clero jansenista, orientación en la que fueron englobados el arzobispo Lorenzana y otros obispos novohispanos. Conocemos por el proceso los temas de otros versos (terremotos, a la amenaza de los piratas), pero se han perdido. Esta literatura popular de la colonia es de difícil conservación, por ello, los archivos de la Inquisición se han convertido en un filón excelente. 50 49 Pacheco, José Emilio: En resumidas cuentas. El poema se titula "Vidas de los poetas". 50 Trabajos pioneros fueron los de Toribio Medina: Historia del tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de México, Santiago de Chile, Imprenta Elzeviriana, 1905; Lina Pérez-Marchand, Monelisa: Dos etapas ideológicas del siglo XVIII en México a través de los papeles de la Inquisición, El Colegio de México, México, 1945; y la edición preparada por Miranda y González Casanova: Sátira anónima... Las investigaciones se han incrementado tras la aparición del magnífico Catálogo de textos marginados novohispanos. Inquisición: siglos XVIII y XIX. Archivo General de la Nación (México), Archivo General de la Nación-El Colegio de México-UNAM, México, 1992. Este trabajo, fruto del PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII Durante el siglo XVIII, las coplas llenaron la capital virreinal. Velarde lo señala con claridad. Los versos estaban presentes tanto en las calles como en las reuniones de las personas de distinción: "en los fandangos de la plebe ya no se oye otras coplas y versos que de esta naturaleza, ni se haya otra cosa en el Portal del Santo Ecce Homo de esta ciudad". Otro punto de venta era el puente del real palacio, donde se vendían todos los días del año. Y además estaba el Corifeo: "donde no se repetían otras coplas que las de esta naturaleza, ni se componen las comedias de otro asunto que de la misma naturaleza". 51 Algunas composiciones fueron muy perseguidas por las autoridades, como el famoso chuchumbé, bestseller de la colonia; en ellas se ataca al clero, al poder, a las nuevas costumbres, a las reformas borbónicas, etcétera. Velarde se queja en el proceso del gran número de compositores que había en México y en Puebla sin que fueran molestados, en cambio a él le había caído todo el peso de la ley. Gálvez y sus aliados (Lorenzana, Fuero y Croix) sobrestimaron la función y la eficacia de las composiciones clandestinas, y los inquisidores, presionados por las autoridades virreinales e imperiales, convirtieron a Velarde en un chivo expiatorio y en un aviso para el resto de los rapsodas de la Nueva España. Es cierto que los versos del Poeta estaban preñados de alabanzas a los jesuitas, pero este sentimiento no podía cambiarse en un territorio con muchos afectos, y más cuando el rey no había comunicado las graves causas que le habían llevado a decretar la expulsión. En "Arma, arma, guerra, guerra". Velarde imagina un consejo de demonios que decide la persecución, difamación y exilio de los ignacianos. Sin duda, su atrevimiento va muy lejos, pues imagina la detención y salida de los padres por inspiración demoníaca, pero esta composición, tanto en su forma como en el contenido, no era nueva en el romancero popular castellano. El argumento de Velarde es muy viejo, y no suponía una amenaza para la estabilidad del régimen colonial. Esta claro que las autoridades lo sacrificaron ante la trabajo de varios alumnos y colaboradores, estuvo dirigido por María Águeda Méndez, Fernando Delmar, Ana María Morales y Marxa de la Rosa. Como muestra de la riqueza de los depósitos inquisitoriales, véase Baudot, Georges y Méndez, María Águeda: La palabra condenada en el México de los virreyes. Antología de coplas y versos censurados por la Inquisición de México, Siglo XXI, México, 1997; y Méndez, María Águeda: Secretos del Oficio: avatares de la inquisición novohispana, El Colegio de México-UNAM-CONACYT, México, 2001. Yo mismo me he valido de los expedientes inquisitoriales para mi trabajo: ""Mas líbranos del mal. Oraciones profanas y sátiras en el México Ilustrado", en Enriqueta Vila y Carlos Alberto González (comp.), Grafías del imaginario. Representaciones culturales en España y América (siglos XVI-XVIII), Fondo de Cultura Económica, México, 2003, págs. 203-237. 51 Defensa escrita de Velarde. SALVADOR BERNABÉU ALBERT impotencia de descubrir a otros autores de sátiras y escritos más importantes, como la antipastoral. Si Velarde había compuesto versos en alabanza de los ignacianos, también era autor de declaraciones de amor al soberano. En el poema "A los que están caducando" señala: "En fin, yo como obligado/ vasallo leal constituido,/ refiero lo sucedido,/ mas no impugno lo mandado,/ que las traiciones de osado/ en mi lealtad no cupieron". Y en los versos sobre la llegada de las tropas, canta "el católico celo", "el caritativo ardor", el "paternal amor" y la "real magnificencia". No era Velarde un rebelde, pero como a tantos novohispanos la medida de la expulsión de los jesuitas le pareció un desatino. Necesitado de componer para comer, aprovechó el sentimiento de sorpresa y rechazo general a la expulsión para concebir los versos. Y cuando ya había pasado el impacto de la novedad y la clientela no pedía esas poesías, se produce la denuncia, que convirtió a nuestro poeta en un caso aleccionador. Las coplas del poeta callejero producen miedo por su poder de intermediario o poseedor de la voz de la calle, de la opinión pública. Hay miedo a su libertad, a la falta de controles. Como ha señalado Roger Chartier, en el siglo XVIII hay una fuerte supervivencia de la circulación manuscrita de los textos literarios. Los libros impresos y autorizados conviven con numerosos textos prohibidos o secretos. Son textos contra el poder, satíricos, de magia o sexo. Pero junto a esta temática "hay géneros literarios clásicos para los cuales la antología manuscrita es una forma ordinaria, por ejemplo, la poesía". 52 Versos de amor, espirituales, religiosos o de costumbres circulan en grupos más o menos amplios de lectores que comparten el mismo modelo cultural. En algunas ocasiones, es el autor el que elige la forma manuscrita, pues supone un mayor control sobre la forma de su obra y sobre el público. En otras, la forma manuscrita es el refugio de lo prohibido y lo secreto: la forma de eludir los controles oficiales, los costes de edición y los lentos trámites. 53 Y, por último, están los usos comerciales de esos manuscritos. Dentro de este grupo estaría nuestro autor, que vivía de y por la poesía y las cartas de encargo. La circulación de sus obras estaba restringida a un pequeño grupo de habitantes de la ciudad de México, quienes compartían un mismo universo de interpretación. Sin duda, estamos 52 Chartier, Roger: Cultura escrita, literatura e historia. Edición de Alberto Cue. PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII ante uno de los ejemplos más interesantes de la circulación del manuscrito en la colonia, 54 pues marcaría, según Pablo González Casanova, el principio de la opinión pública en México: "La expulsión de los jesuitas de Portugal, España y México da lugar a que circulen profusamente innumerables papeles y versos contra los reyes, contra el Papa y contra el gobierno en general [...] El principio de autoridad cae por los suelos en medio de las iras y el desconcierto. Aunque se mantengan las viejas categorías religiosas, y se hagan las críticas en nombre de Dios, del Rey o de la religión, se discute en forma tan violenta y apasionada que a la postre se adquiere una vigorosa conciencia política, que es la base de una opinión pública antes inexistente. Esta opinión pública revela la ampliación del horizonte crítico y es la negación del chismorreo, del rumor, de la sátira de cocina y covacha". 55 Del caso de Velarde, me interesan más los aspectos extra-literarios que poéticos. Dejo para los expertos los mecanismos teóricos y las figuras literarias. No tenemos muchos datos sobre los compradores de las obras (solo dos: el cura de Coyoacán y el denunciante), ni tampoco sobre la recepción de la obra. No hay duda que tenían un mensaje ideológico: el alabar a los jesuitas y el criticar a los que hicieron la expulsión, pero no está claro que Velarde influenciara en la opinión pública. A pesar de ello, creo que el proceso inquisitorial permite obtener datos sobre la vitalidad de la poesía popular, difícil de documentar, sobre la escritura y difusión de una obra literaria y nos ofrece datos interesantes de cómo fue recibida la orden de expulsión de los jesuitas de la Nueva España. 54 Sobre los diferentes usos del manuscrito en la Inglaterra del siglo XVII, Love, Harold: Scribal Publication in Seventeenth Century England, Clarendon Press, Londres, 1993. 55 González Casanova, Pablo: La literatura perseguida en la crisis de la colonia, Cien de México, México, 1986, p. A la arma, a la arma, guerra, guerra, dijo el infernal vestiglo, Príncipe de las Tinieblas, fatal e infeliz caudillo de las diabólicas tropas, de los profundos abismos. Guerra, guerra, repitió, con tanto estruendo y tal ruido, que al punto salieron todos sus vasallos y rendidos. ¿Contra quién, le preguntaron, hemos de acertar los tiros? Él entonces, enojado y entre furias combatido, les dijo: ¿no lo sabéis? ¿Tan grande es vuestro descuido, que cuando os miráis vencer, ignoráis los enemigos? ¿Contra quién me preguntáis? ¿No habéis visto a esos que con negro traje, en sus sombras escondidos, son para darnos asombro, soldados del siempre invicto, fuerte y poderoso brazo que les da aliento crecido para ser más que hombres, ángeles, por su infatigable espíritu, por su continua tarea, del celo caritativo, por su oración fervorosa, por su dulce amable estilo, por su magnanimidad en dar el pan y el abrigo a la viuda, a la doncella, al vergonzante, al mendigo, haciéndose tan amables que son un dulce atractivo de almas y de corazones, pues se los llevan consigo, quitándonos el derecho de tantos que ya cautivos teníamos esclavos nuestros en número de precitos, siendo ya predestinados los que obstinados han sido? Estos hacen nuestra contra a más de grandes perjuicios, que nos hicieron formando el libro del Catecismo, donde la teología toda está en pedidos concilios, siendo una mística plana, un espejo en que clarísimo se le trasluce al cristiano el cumplimiento preciso de su justa obligación, teniendo viejos y niños 56 Existen dos versiones. Esta última añade algunos versos más, que añado en cursiva. LOS VERSOS DE VELARDE A la arma, a la arma, guerra, guerra 56 dirección para saber huir del eterno castigo y buscar el bien eterno, cosa que tanto he sentido. Yo he puesto doble trabajo para ver si así consigo perturbar a los cristianos para que rabien conmigo, más por diligencias que hago y por más que me fatigo, no todos me creen a mí, viendo tan claros avisos que de los padres jesuitas han tomado a pesar mío. Mirad si tengo razón de llamaros y deciros guerra contra éstos, que son nuestros crueles enemigos. ¿Qué me respondéis vasallos? Mirad que rabio y me aflijo. Gran señor (responderían sus secuaces malditos) no te aflijas, que ya estamos de tu intención advertidos, y todos como nos veis dispuestos y prevenidos para buscar nuevas trazas y modos de confundirlos. Presto verás derrotados, arruinados y destruidos, a esos que tanto te niegan y tan contrarios te han sido. Esperad, señor, victorias, pues ya todos te decimos que los verás castigados, ultrajados y abatidos. A eso les respondería el fiero dragón maligno: ¿cómo puede ser todo eso, si son de Dios tan amigos, y de los buenos cristianos son amados y aplaudidos? Señor, por esa razón, unánimes te decimos: no temas eso porque más fácil lo conseguimos, pues permite el mismo Dios sean los justos perseguidos. Y, en fin, los verás salir vergonzosos y corridos, con más tropelía que un reo sentenciado de delitos, pues despedirse siquiera no les será permitido, y los verás dominados del lobo, el mulato, el chino, pues muy de prisa saldrán de soldados guarnecidos. ¿Estás contento con lo que aquí te hemos dicho? Y como que sí lo estoy con lo que habéis prometido, y para que así lo creáis tomad mis brazos amigos. Llegad, llegad a mis brazos, pues que tanto los estimo, para recibir en ellos a todos cuantos han sido instrumento de sus daños y ultraje que tanto estimo. Cante victoria el infierno, victoria pues que ha vencido esas que fueron columnas de aquel tan fuerte edificio del católico hemisferio que yo destruir determino. A derribar esos torreones altivos de virtudes, que formaron con documentos divinos. Formemos en su lugar la Babilonia de vicios, que así caerán los mortales a mis pies desvanecidos. ¡Qué gran cosecha esperamos cogiendo almas a racimos! Demos, pues, tan cruda guerra, en el empeño metidos, que es tiempo de que restaure el infierno lo perdido, pues ya faltan en la iglesia los que fueron aplaudidos, en predicar eficaces por los muchos convertidos, en confesar muy celosos, de la conversión solícitos, pues con este santo fin salían siempre compasivos a deshoras de la noche, aunque llovieran granizos y aunque los atormentaran los nevados torbellinos. Han sido estos tan tenaces en predicar, que imagino que hacen empeño el morir predicando como Cristo, mas yo les daba batalla con muy acervos martirios de fuego, de agua o de sangre, que inventaba vengativo, y ellos sin tener temor de las puntas y los filos de lanzas, dagas y espadas, o de incendios muy activos, o de las furiosas olas de pozos, mares y ríos, sin el más mínimo miedo a tan acervos martirios, solo ad maiorem Dei Gloriam predicaban encendidos de crecida caridad, consolando al afligido, hasta llegar a entregar a Dios su abrazado espíritu. Esto hacían en nuestra contra, y mucho más que no digo, y en premio de su trabajo démosles su merecido, sigamos dándoles guerra que, aunque los hemos vencido, Que crea de los jesuitas lo que veo y no oiga a la malicia sus arrojos me aconsejan; más yo cerré los ojos y a ojos cerrados su[s] virtudes creo, porque un ciego palpara el devaneo de la falaz envidia y sus arrojos, mas la piedad resiste a sus enojos, la evidencia desmiente a su deseo, y aunque no fuera tanta se quedara dudoso en la razón de la porfía en lo mismo que dije, y me afirmara que a la piedad más fácil le sería que la culpa de ser culpa dejara, que culpada juzgar la Compañía. Que crea de los jesuitas lo que veo 59 A los que están caducando 60 ¿Cómo estás?, ¿cómo te va niña con el sarampión? Mírame toda escamada, que estoy echa un camaleón. Si es aprehensión o es idea, háblame con claridad, dime la pura verdad, ¿es cierto que estoy muy fea? ¡Ay niña cuando me vea aquel dedo!, ¡qué dirá! De risa se tenderá, después que no le he debido que me diga de fingido ¿cómo estás?, ¿cómo te va? Pues niña, por vida mía, que para decirlo todo, te has levantado de modo que ya no te conocía. 62 Mongibelo o Mongibello, nombre cultista con que en italiano se llamaba al volcán Etna. PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII en el que con claridad de su sacra majestad luce el católico celo En las nuevas compañías, con el garbo más pulido, marcha cada uno vestido de luto con chirimas, diciendo ambas energías como aquel real resplandor, carbón volveré al traidor que desleal se conspirare y las leyes no observare de nuestro rey y señor. En lo blanco y encarnado, con vueltas negras se advierte que a un tiempo paz, sangre y muerte, muestra su brazo esforzado contra el enemigo osado siendo rayo paralelo que en cenizas en un vuelo lo dejara convertido este sol vello y lucido que mil años guarde el cielo En armas con qué primor 61 ¿Cómo estás?, ¿Cómo te va niña con el sarampión? 63 Quien pensara que el gran blanco cordial que bajó del cielo, un ardentísimo celo quiera reducirlo a estanco, cuando liberal y franco para excitarnos la gana de esta vianda soberana y magnífico convite el pontífice permite la comunión cotidiana. No es de derecho divino, como algunos han pensado, este sabroso bocado que de allá del cielo vino. En la escritura imagino muy versado no estará quien no supiere que allá de Israel en las correrías el pan de todos los días fue para el pueblo maná. Figura del sacramento fue y todos advertirán que el eucarístico pan de vida es y entendimiento de gracia. Confiere aumento y de gracia un solo grado, según lo dejó asentado el Angélico Doctor. Es un bien tan superior que excede a todo lo criado. Luego siendo incontroverso que un solo grado de gracia por su virtud y eficacia es más que no el universo, el argumento en converso 64 AGN, Inquisición, 1522, exp. Te has puesto que es herejía, sin nada de perfección, de esta hecha tu presunción y tu garbo feneció, pues todo se te acabó niña con el sarampión. Hermanita considera como puedo haber quedado, si de día y de noche he andado a brinquitos de carrera. Ya estoy con tanta chorrera, toda mi cama chorreada, y yo tan desfigurada, tan flaca y tan granujienta, y si no hermanita tienta, mírame toda escamada. Me hago, niña, sin cesar los remedios a montones, pero las evacuaciones no hay remedio de parar, y sólo siento el quedar como el gallo de Morón, porque sin apelación creo que me ha de aborrecer mi cuero en llegando a ver que estoy hecha un camaleón. En fin, niña (quedo viuda), pues si él me va a visitar, al tiempo que el pujo acuda no podré disimular que se me sale la ayuda. SALVADOR BERNABÉU ALBERT tiene una fuerza excesiva, que el que impide que reciba el cristiano al Dios de amor, de una dicha que es mayor que todo el mundo le priva. Ni es esto decir que todos lleguen cada día a la mesa, porque esto de la pureza tiene sus grados y modos, pero el que huye de los lodos, de la culpa y recta vía, camina, siga su guía (esto es, a su confesor) y con respeto y temor éste llegue cada día. Ni puede haber regla fija a todos, y es conveniente buscar un docto, prudente confesor que le dirija, por su dictamen se rija, descubriendo su conciencia, estando en la inteligencia que en lugar de Dios está: él le determinara ya más, ya menos frecuencia. Casados y comerciantes, relatores y abogados, y otros que están ocupados con oficios semejantes, será conveniente que antes se dispongan con limpieza y con la mayor pureza posible para llegar no con frecuencia al manjar de tan sacrosanta pureza. Pero es preciso advertir a todos, que es lo mejor de un discreto confesor los dictámenes seguir, no a todos se ha de medir por un rasero importuno, y así es consejo oportuno el que el director dará, que prudente dispondrá lo que convenga a cada uno. Mas la[s] almas religiosas que a su Dios se han ofrecido, y por Él tanto obtenido título de sus esposas, muchas mujeres virtuosas, muchos virtuosos seglares que son hombres ejemplares, lleguen con paso veloz y reciban de su Dios beneficios a millares. Dicen los escrupulosos: yo no llego con frecuencia, porque tengo en la conciencia mil pecados onerosos. Estos pobres congojosos es el remedio eficaz no hacerles caso jamás y por más que lo encarezcan intimarles que obedezcan al confesor y no más. Otro dice no soy digno, imitando al centurión, esa es clara tentación del espíritu maligno. Es nuestro Dios tan benigno que el deseo le satisface de ser digno y se complace, y aún tengo más que decirle, que Dios para recibirle no busca dignos, los hace. Que si dignidad buscara pienso que no la hallaría sino en su madre, María, PEDRO JOSÉ VELARDE: UN RAPSODA CALLEJERO EN EL MÉXICO DEL XVIII Ave más que el Fénix rara, pero si bien se repara aunque es sublime su altura, aunque es tan santa y tan pura y su gracia tan intensa, pero es la distancia inmensa que hay de Dios a la criatura. Otro dice: yo no llego, por tibieza o desvarío, que es decir yo tengo frío y llegar, no quiero al fuego. Que es bueno el temor no niego, pero sea reverencial, sea temor pero filial, mas no sea temor servil, que aqueste es de ánimo vil, es otro de pecho leal. Otro dice por aprecio: me abstengo que, en conclusión, la mucha conversación es causa de menosprecio. Este alegato es muy necio, que de los hombres se entiende, no de Dios, que el alma enciende, cual fuego consumidor, y que se abrace en su amor eso justo que pretende. A la mística doctora alegan, la cual decía: confesaré cada día, ¡ojalá y fuese cada hora! Mas recibir al que mora Dios con nosotros justo es, que no pase solo un mes y otro, y otro sin pasar, porque basta comulgar al año solo una vez. De mi intento no es extraño lo que otro santo decía, el pan es de cada día ¿por qué le tomas cada año? Que todos salgan de engaño es lo que mi afecto aprecia, no es mi presunción tan necia que no le sujete humilde, voz, ápice, jota o tilde, a la Santa Madre Iglesia. Fue la Compañía non plus". "Fue la Compañía non plus".
Universidad de Navarra, España Los Institutionum theologicarum libri XVIII de Francisco Javier Alegre son poco conocidos. Esta obra supone un intento de renovar la decadente escolástica, con los nuevos métodos de la teología positiva e histórica. Su originalidad e interés radica en el diálogo que mantiene con los filósofos ilustrados. La descripción de su contenido y, sobre todo, el estudio de las fuentes que utiliza, muestran un hombre de amplias y variadas lecturas y remiten al ambiente de renovación cultural que impregnó la vida cultural del Virreinato de Nueva España. Refleja también el entorno intelectual de los jesuitas asentados en Italia tras la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús. PALABRAS CLAVE: Francisco Javier Alegre; Jesuitas americanos; Expulsos; Fuentes; Teología. La teología del siglo XVIII se desenvolvió en medio de grandes dificultades. La crítica ilustrada a la religión provocó un sentimiento de inferioridad y una actitud defensiva hacia la cultura de las luces. Por otra parte, la decadencia en que estaba sumida la teología escolástica barroca, aislada y envuelta en sus viejos problemas, impedía el desarrollo de un instrumento adecuado para responder a una mentalidad nueva y, con ella, a problemas también nuevos. En cierta manera, puede decirse que el espíritu de la Ilustración impulsó el deseo de cambio entre los teólogos, sabedores de que se ha bían removido los cimientos sobre los que estaba asentada la teología, al ser preterido el cultivo de la metafísica y de todo saber que no procediera de la experiencia. En cualquier caso, las intenciones de renovación teológica habían comenzado ya a finales del siglo XVII con la introducción de la teología histórica y positiva ejerciendo una influencia que corre pareja a la de la Ilustración, aunque de forma más lenta. Por eso resulta interesante estudiar la teología de Francisco Javier Alegre (1729-1788),1 pues supone un intento de dar respuesta, desde la escolástica, a algunos temas discutidos en su tiempo, situándose en una actitud de diálogo (y también de confrontación) con los autores ilustrados. Es uno de los últimos intentos de ofrecer un sistema teológico completo que abarcara todas las verdades de fe, porque ya desde el siglo anterior se había iniciado el proceso de las especializaciones teológicas que precisamente culminaría en el XVIII. Acercarse a la obra de este jesuita implica también aproximarse al ambiente cultural, floreciente y lleno de vitalidad, del Virreinato de Nueva España, abierto a las influencias ilustradas y con grandes impulsos renovadores. En esta tarea ocupa un lugar fundamental la Compañía de Jesús, convirtiéndose muchos de sus miembros en abanderados del nuevo movimiento cultural que también se extendió a la teología. El objetivo de este trabajo es realizar un acercamiento a la obra teológica de Francisco Javier Alegre, de la que se conocen algunos temas. Alegre se sentía fundamentalmente teólogo y a esta tarea consagró los últimos años de su vida, con el objeto de dejar a la posteridad un instrumento útil para confirmar los dogmas de la fe cristiana y responder a las cuestiones planteadas por los ilustrados. La fuente principal de esta investigación han sido los Institutionum Theologicarum libri XVIII. Esta obra, amplísima, impresa en los años 1789-1791, no ha sido traducida al castellano de forma completa. Gabriel Méndez Plancarte y Mauricio Beuchot tradujeron y publicaron algunos fragmentos, relativos a las leyes y el origen del poder. Más reciente es la traducción y estudio crítico realizado por el mismo Beuchot, junto con M.a del Carmen Rovira y Carolina Ponce, de una parte importante de esta obra teológica. 2 En líneas generales, Institutionum es una obra de carácter enciclopédico -escrita en un latín sencillo y elegante-que pretende abarcar toda la teología, acercándose en estilo a las antiguas Summae y alejándose de la forma de los tratados, que Alegre detestaba. Es un trabajo de gran erudición en el que se exponen importantes temas de la teología, añadiendo las nuevas aportaciones de la teología positiva, con más protagonismo de los Padres de la Iglesia y de la Sagrada Escritura. La obra se ocupa también de las controversias filosóficas modernas y procura alcanzar soluciones. Precisamente, el conocimiento que muestra de los filósofos recientes, los recentiores, le otorga cierta originalidad y supone un intento de diálogo con los problemas planteados por la cultura de su tiempo. En este sentido, se puede hablar de Alegre como un moderno, al apartarse de la línea seguida por la llamada tercera escolástica, encerrada en viejos problemas que ya no interesaban a nadie. En su tiempo la obra suscitó un gran interés, pues era conocida la erudición y sabiduría de este ignaciano. Suponía además una novedad respecto a la producción teológica del momento. Aunque muchos le dedicaron grandes elogios, en otros provocó también mucha desilusión, pues no quedaban suficientemente realzados los teólogos jesuitas y, sobre todo, porque la línea seguida por él era claramente tomista y no suarista. 3 Un signo más de su independencia de criterio en la redacción de esta obra. Alegre escribió los Institutionum movido por su amor a la Iglesia y el deseo de defender la fe de los ataques sufridos durante el siglo XVIII. Había pasado aquel momento en que creía que la doctrina católica podía ser compatible con las nuevas ideas ilustradas. En su exilio italiano, tomó un contacto más directo con la Ilustración francesa e inglesa, percatándose del marcado carácter anticatólico de autores como Voltaire, Wolff, Hobbes o Rousseau. Aunque se sentía cercano a ellos en determinados temas, como el de la libertad, los derechos de los pueblos, las leyes, la soberanía popular, etc., era también consciente de que la diferencia sobre los puntos de partida y los planteamientos resultaba demasiado grande para lograr una conciliación. Su espíritu ecléctico le movía a aceptar algunas de las conclusiones de estos filósofos, e incluso incorporarlos a su propio razonamiento, pero siempre después de dejar bien claras las diferencias que los separaban. Otro de sus objetivos era revitalizar la teología escolástica, muy desprestigiada incluso entre los católicos. Existía, desde principios del siglo XVIII, un movimiento de rechazo hacia esta disciplina, que ciertamente había decaído. Alegre reconocía la necesidad de renovarla y purificarla de sus defectos, pero se resistía a desechar un modo de hacer teología que había producido obras tan admirables como la de Aquino. Valoraba el esfuerzo de la escolástica por hacer razonable la fe y la forma como reflejaba la profundidad de los misterios, al dar lugar a diferentes escuelas y opiniones teológicas. Los destinatarios de su obra aparecen claramente en la dedicatoria y en el prefacio, al dirigirse a los enemigos de la Iglesia, a los obispos y a los jóvenes sacerdotes. Esta variedad de receptores manifiesta el carácter apologético y pedagógico de su libro. 4 Es interesante subrayar el tono con que Alegre se dirige a sus futuros interlocutores, advirtiendo a los primeros de que, a pesar de sus ataques, la Iglesia no será demolida; llamando a los obispos a atender a su responsabilidad de Pastores, como sucesores de los apóstoles y transmisores de la ortodoxia de la fe; 5 y animando, por último, a la «juventud eclesiástica» a ejercitar su razón en el estudio y profundización de los misterios de la fe. 6 Al final de su texto, Alegre expone los fines perseguidos con estos libros: confirmar los dogmas de fe; defender la teología escolástica de las injurias y críticas a que se veía sometida; y exponer de un modo sencillo y amable las verdades de fe. 7 Estos objetivos explican la estructura y extensión de los temas, así como determinadas ausencias o la exhaustividad con que se argumentan otros asuntos. Los nuevos tiempos exigían una nueva manera de plantear la defensa de la fe católica. Los desgastados razonamientos no podían ya con la nueva mentalidad. Se veía necesario un apoyo más directo en las fuentes, como pedían las nuevas perspectivas de la teología positiva e histórica que desde Petau se venían imponiendo. Esto quería decir que la tarea de confirmar los dogmas exigía clarificar las fuentes y limpiarlas de toda sospecha de falsedad. No se trataba tanto de hacer uso del ingenio y de la razón, non modo via et ratione accurate argumenta premerem, sino de acudir a las Sagradas Escrituras, al magisterio de la Iglesia y a los escritos de los Padres. La reivindicación de la teología escolástica Algunos teólogos católicos, representados por Petau y Thomassin, propugnaban una teología con más erudición histórica, apoyada en los escritos de los Padres. Bien es cierto que no estaban en contra de la teología especulativa en cuanto tal y veían necesario que ésta se apoyara también en una sana filosofía, pero acusaban a la escolástica de haber caído en Anu. estud. am., 68, 1, enero-junio, 2011, 283-314. ISSN: 0210-5810 discusiones ociosas que hacían perder de vista el verdadero objeto de esta ciencia. 9 La escolástica también era atacada por los filósofos ilustrados, a quienes esos argumentos de razón nada decían, porque se referían a temas que no se podían demostrar empíricamente. Esta clase de teología de finales del siglo XVII y del XVIII era lo que se ha llamado la tercera escolástica o teología barroca, que nada tiene que ver ya con la medieval o la del periodo tridentino. Alejada de la realidad, continuaba enredada en problemas de razón, sutilezas y distinciones, en las que el recurso a los Padres o las Escrituras era muy pobre o meramente decorativo. Alegre reconocía las limitaciones y defectos de la escolástica de su siglo, pero también apreciaba la rigurosidad de su sistema lógico, que permitía argumentar racionalmente y profundizar en el conocimiento de los dogmas y los misterios de fe. Le parecía que seguía siendo un método válido, aunque con necesidad de ser renovado. En este sentido Beuchot afirma que en el caso de Alegre, y de otros jesuitas coetáneos como Clavijero y Abad, «no se dio, como podría parecer, una abjuración de lo escolástico y una adopción completa de lo moderno. Fue una transición paulatina y bastante equilibrada en comparación con la modernidad europea». 10 El padre Alegre se lamentaba de los ataques que esta disciplina recibía desde los más variados frentes: Erasmo y Vives se ríen de esta teología, dice Alegre con amargura, y los nuevos filósofos como Mirabeau, Voltaire, Hobbes, etc., la odian y detestan. Pero más grave le parece el ataque de los católicos coetáneos (a los que llama payasos), que se han sumado a las críticas de los enemigos de la Iglesia sin conocer la verdadera razón y origen de la escolástica. 11 Con esta obra se proponía dar razón de su importancia y dignidad. No se trataba tanto de complicadas elaboraciones intelectuales sino de escribir también con el corazón: «no con elaboradas apologías, que muchas ya han sido escritas por hombres sapientísimos, sino con obras hechas con ardor, de modo que al escribir temas teológicos, aparte los defectos que otros admiten en este tipo de obras». María del Carmen Rovira elabora una interesante síntesis de este grupo de jesuitas innovadores: Rovira, 2007, pp. 43-59. Se propuso llegar a este fin por medio de tres objetivos. Por una parte, veía necesaria una vuelta a Santo Tomás, pero al verdadero Tomás y no a las interpretaciones que de él se habían hecho. Todo su texto refleja una rendida admiración al Aquinate, «lengua e instrumento de los Padres». Lo consideraba el más grande de los teólogos, tanto «que si alguien después de él ha de ser contado segundo, debe ser tenido próximo a éste, pero próximo con largo intervalo». 13 Deseaba imitar sus virtudes al hacer teología, su respeto y originalidad al escoger los escritores o la modestia al impugnarlos. 14 Pretendía utilizarlo, no interpretando, y por tanto oscureciendo su doctrina, sino haciéndolo brillar y acomodando su estilo a los tiempos modernos. 15 Su segundo objetivo suponía cuidar el estilo de la obra para demostrar que no era propio de la escolástica la oscuridad y complejidad del lenguaje. Por eso se proponía escribir de modo elegante, con la adecuada erudición que el tema necesitase y sabiendo alternar la frase ligera con la argumentación precisa y con la dialéctica según lo pidiera la entidad de la materia. 16 La escolática no implicaba discutir por el mero placer de hacerlo, sino que era «aquel género de teología que consiste en, presupuesta la doctrina de la fe, explicar y aclarar cada artículo de la fe a través de imágenes adecuadas, las definiciones de las palabras a través de divisiones exactas y las cuestiones más sutiles a través de argumentaciones dialéc ticas». 17 El hecho de que las cuestiones no atentaran contra la fe, sino que fueran medios de explicar mejor los misterios, provocaba esa variedad de opiniones y escuelas, que se daba también en las materias profanas. Por eso, se quejaba de que lo que era habitual en otras disciplinas, pareciera innece-sario en teología. 18 Por supuesto, esta profundización tenía sus límites y él mismo declaraba la importancia de abordar todas esas cuestiones con sobriedad, sin pretender ir más allá de la capacidad y fuerzas de la razón, ni perderse en cuestiones abstractas, confusas o muy complejas, las cuales surgían más de la curiosidad o del mero placer de razonar, que del deseo de explicar los misterios. 19 Proponía, por tanto, una escolástica renovada, firmemente asentada en Aquino y conectada, en consecuencia, con los Padres. Suponía también la apertura hacia nuevas tendencias filosóficas, en la medida que eran compatibles con la fe, y la huida de viejas cuestiones de escuela. Su intención en esas cuestiones discutidas era poner las diversas opiniones, incluida la suya, para que el lector escogiera la que más le convenciera. La exposición de la doctrina La obra de Alegre tenía también un claro carácter pedagógico. Su deseo era hacer más fácil y amable el estudio de la teología, 21 siendo este otro de los aspectos que condicionan su estructura. Una manifestación es el intento de hacer presente la conexión entre las verdades de fe. Por eso, en el prefacio de cada libro suele haber una pequeña recapitulación de los temas estudiados relacionándolos entre sí y preparando lo que se verá a continuación. Presentaba un modelo escalonado en el que las verdades demostradas y afirmadas eran el soporte de las siguientes. Consideraba que el estudio de la teología sería más fácil en la medida en que ésta fuera depurada de aquellos temas innecesarios que hacían su estudio lento y tedioso, además de utilizar un lenguaje adecuado a la seriedad y dignidad de lo que se estaba tratando. Para expresar mejor esta idea, Alegre comparaba la teología con una matrona a la que se le quitaban los adornos que ya no eran propios de su dignidad y que más le pesaban que adornaban. ISSN: 0210-5810 Veía la necesidad de introducir los recursos utilizados por las ciencias humanas y entrar en diálogo con las ideas de su tiempo, de modo que el estudio de la ciencia teológica se hiciera más atractivo. Algo de lo que se sentía capaz por haber dedicado muchos años de su vida al estudio de todo tipo de materias. Antes de escribir esta obra había sido conocido como historiador, filólogo, filósofo y también hombre de ciencia. Le parecía que su labor era similar a la que realizaron los hebreos cuando escaparon de Egipto llevándose los útiles, vajillas e instrumentos egipcios para su acomodo personal y culto a Dios. Del mismo modo era legítimo utilizar las riquezas de gentiles y profanos para el honor y la dignidad de Cristo y de la Iglesia.23 Estructura de la obra La tercera escolástica se identifica por tres caracteres metodológicos que también aparecen en este libro de Alegre: la conservación del método dogmático, en cuanto que significa la afirmación de los grandes principios doctrinales por encima de interpretaciones de escuela; la tendencia a la sistematización de toda la especulación teológica y la organización pedagógica de la teología en forma enciclopédica. 24 La estructura de la obra revela la concepción de la teología que tenía Alegre. Son dieciocho libros contenidos en siete volúmenes. El primer volumen es una introducción a la obra, dividido en tres prolegómenos que, como se verá, tiene por objeto fundamentar las proposiciones que se enuncian en el resto de los libros. Los demás volúmenes ofrecen una versión histórica de los temas teológicos desde la exposición de la esencia divina hasta la vida eterna, meta del hombre en la tierra. Los fundamentos de la obra teológica La intención de Alegre era colocar bien los fundamentos del edificio teológico que iba a construir. Los cimientos exigían dejar claros tres pun-tos: la autenticidad de los libros sagrados, frente a los protestantes; la autoridad de los romanos pontífices y de los obispos frente a los regalistas y protestantes, y, por último, realizar una crítica de los escritos de los Padres, que permitiera utilizar los libros auténticos. 25 Quería ofrecer una sólida visión de la fe cristiana, que mostrara la cohesión de las verdades entre sí, y la fortaleza de sus argumentos y pruebas. Esta es la función de los tres prolegómenos que introducen la obra propiamente dicha y que exponen los presupuestos fundamentales, como eran la autoridad del papa y de los concilios. Proporcionaba además a los teólogos un instrumento adecuado en el que apoyar sus afirmaciones y rebatir a los que utilizaban esas mismas fuentes para defender ideas contrarias o desautorizar a los Padres. De ahí, la breve noticia de los papas, concilios y herejías al inicio de la obra, puesto que son argumentos utilizados tanto por los católicos como por los enemigos de la fe, para defenderla unos, para atacarla los otros. 26 Lo primero que deseaba dejar claro era la autoridad del romano pontífice. De hecho, la obra arrancaba con la declaración solemne del nombramiento de Pedro como vicario de la Iglesia, nombrado por Cristo. La primera piedra quedaba así explicitada aunque más tarde, en su capítulo correspondiente, se procediera a su demostración rigurosa (quod postea multis probabitur, nunc supponimus). 27 Este propósito explica la ausencia de aspectos negativos al exponer la breve historia de los papas. Se trataba de reflejar aquellas cosas que se referían a la fe. Por eso, al hablar de Clemente XIV sólo dice que suprimió la Compañía de Jesús, pero no hace ningún juicio de valor. Sin embargo, cuando alude a Pío VI, el último que reseña, deja aflorar levemente su agradecimiento porque favoreció la permanencia de los jesuitas en Rusia y se ocupó de que el último general de la Compañía, Lorenzo Ricci, fuera enterrado con los debidos honores. Vivat et bonis faveat, le desea al final de este prolegómeno. 28 A la breve historia de los papas sigue una relación de los concilios celebrados en la Iglesia y que constituyen también una fuente indispensable para conocer las verda- des de fe. Unida a la importancia de los concilios y la autoridad de los papas está la de los obispos. Tres puntos que argumentará detalladamente en el libro XI. 29 Es interesante llamar la atención sobre el esfuerzo de Alegre para realizar una labor crítica de las obras de los Padres. Este esfuerzo muestra a un teólogo en consonancia con el espíritu de su tiempo, en el que la historia está teniendo un valor cada vez más ascendente, y lo conecta con los intentos, aún muy incipientes, de desarrollo de la teología histórica. En esta labor de revisión y depuración acude a los mejores críticos en el prolegómeno III que dedica a esta tarea. 30 Los prolegómenos contienen también una breve relación de herejes y herejías y, finalmente, un catálogo de escritores eclesiásticos por siglos. En general, en la larga relación de los escritores eclesiásticos sólo da unos pocos detalles biográficos y enumera sus obras más importantes. Apenas se detiene a hacer una valoración crítica, excepto en el caso de Santo Tomás, al que alaba por la «estabilidad de sus principios, consecución, conexión y uniformidad de sus doctrinas, su candor, modestia e inimitable simplicidad de estilo, la mesura, la propiedad y elección de las palabras, la agudeza y solidez de sus argumentos, la claridad en la respuesta, la brevedad al definir, la sutileza a la hora de distinguir». 31 Demuestra la amplitud de sus lecturas, de sus intereses y la cantidad de obras bibliográficas y prontuarios que manejaba con un claro deseo de exhaustividad. Incluye también autores de la tradición oriental como Gregorio Palamas o Nicolás Cabasilas y, por supuesto, aparecían teólogos del ámbito americano como Pedro de Ortigosa 32 o Juan José Eguiara y Eguren. Ocupó la cátedra de Teología en la Real y Pontificia Universidad de México de 1724 a 1747, en que se jubiló de la docencia, aunque continuó en esa Universidad como rector, al ser nombrado en 1749. Fundó con su hermano la «Nueva Imprenta de la Biblioteca Mexicana». Su obra teológica más importante es la Selectae Dissertationes Mexicanae aunque es más conocido por la Bibliotheca Mexicana, un diccionario alfabético de autoridades novohispanas. De hecho, podemos sentir su antipatía hacia Bayle o Spinoza, su desencanto por Petau, su indiferencia hacia Álvaro de Cienfuegos, cuya obra tradujo, pero también cierta admiración por Leibniz. Esta parte de fundamentos continúa en los cuatro primeros libros, centrados en Dios y en su revelación, es decir, dónde se encuentra y en qué estado se halla, y en el décimo, sobre Jesucristo. Primero Dios, cuya existencia puede ser demostrada por la razón, así como sus atributos. Esto es lo que Alegre desarrollará a lo largo de veinticuatro proposiciones. La demostración racional de la existencia de Dios es el presupuesto básico para estudiar lo que conocemos de Él por la razón: que es uno, simple, perfectísimo, inmenso, todopoderoso, feliz, providente, justo, causa de todas las cosas, su conocimiento y su voluntad. El último tema que enlaza con los siguientes libros será la demostración de que la revelación no repugna a la razón, aunque no pueda demostrarse. Afirma de todas formas que, en cierto sentido, la revelación era necesaria. Los libros segundo al cuarto están dedicados a la Palabra de Dios. Pasa revista, en primer lugar, a cada uno de los libros del Antiguo Testamento y ahí estudia su autenticidad y expone quién es el autor de cada uno cuando se conoce. Determinado el canon de la Biblia, realiza en el libro tercero un examen crítico sobre las distintas versiones de las Sagradas Escrituras: el estado de los códices griegos y judíos, la versión de los setenta, las versiones latinas, orientales y protestantes, señalando los aciertos y errores de unas y otras. También dedica este libro a demostrar la necesidad de la interpretación de la Biblia, porque ésta no es clara por sí misma, y desarrollará los distintos sentidos que se encuentran en los pasajes bíblicos. El cuarto libro versa sobre la Tradición. Con argumentos de razón demuestra su necesidad y autoridad. El libro décimo, aunque separado de éstos, responde al mismo planteamiento de fundamento de la teología. Dedicado a Jesucristo Redentor, revelador y revelación al mismo tiempo. Por eso en la primera parte se habla de Cristo, plenitud de la revelación, el Mesías anunciado en las Escrituras, y de los evangelios y cartas que componen el Nuevo Testamento donde está contenida la palabra que nos ha transmitido. Por tanto, guarda relación con el libro primero que trata de Dios y con el segundo que estudia la canonicidad del Antiguo Testamento. La segunda parte se refiere ya a lo que Jesucristo nos ha revelado acerca de sí mismo. De este modo, como él mismo dice, «establecida la existencia y autoridad de la divina revelación, ahora ha de ser emprendido el estudio de las cosas que hay en estos libros sagrados». Los misterios revelados en el Antiguo Testamento El hombre es el centro de esta sistematización teológica. Pero como el propósito es estudiar el contenido de lo que Dios ha revelado, se tratan en primer lugar, en el libro quinto, el mundo y los ángeles. Se nota una clara preferencia por la creación espiritual, pues el mundo sólo le ocupa las cinco primeras proposiciones de las veintiséis que componen el libro. De hecho, Alegre consideraba que lo material y corpóreo no era objeto de la teología, 35 y es posible además que quisiera destacar la existencia de seres espirituales para contrarrestar el materialismo. Las cuestiones sobre el mundo son pocas y sencillas. Se centran en demostrar la creación del mundo por Dios de la nada, que tuvo un principio, que no es necesario y que es uno. Esta última proposición muestra su gusto por la astronomía y el conocimiento que tenía de los últimos hallazgos científicos en ese campo. Los ángeles tienen un amplio tratamiento. Estudia su naturaleza inmaterial, el modo de conocimiento y su voluntad libre. Se entretiene en exceso en dilucidar los grados y jerarquías entre ellos y por último explica quién es el ángel de la guarda y los demonios. A partir del libro sexto comienza Alegre su estudio sobre el hombre. Establece una separación entre el hombre en estado natural, libro sexto; elevado al orden sobrenatural, libro séptimo, y el hombre caído, libro noveno. Esta distinción es quizá un lastre de cierta teología postridentina en su intento por resolver algunas de las cuestiones agitadas por la crisis luterana y, particularmente, por las «soluciones» propuestas por Miguel Bayo. Aunque en el libro octavo expone su opinión de que no se pueden separar ambos órdenes en el hombre. El citado libro sexto explica el origen del hombre, la naturaleza del alma y demuestra la existencia de una voluntad libre. Discute aquí con los filósofos ilustrados y trata de mostrar la falsedad e incoherencia de sus afir-34 Alegre, 1789-1791, libro V, praefatio. También en el prefacio del libro VI explica que sólo se ocupará del alma y sus operaciones y virtudes, porque el cuerpo no compete a los teólogos. Pero la mayor parte del libro se centra en el desarrollo de las virtudes morales e intelectuales. Son los dones con los que Dios ha dotado a la naturaleza humana y que el hombre puede hacer crecer con el ejercicio. La fortaleza, prudencia, justicia y templanza son explicadas junto con sus virtudes derivadas y vicios opuestos. La justicia le lleva a hacer una consideración sobre el origen y naturaleza del poder, donde se pronuncia en contra de la esclavitud. 36 El hombre elevado al orden sobrenatural es la materia del libro séptimo. En primer lugar, estudia el principio de esa vida sobrenatural, que es la gracia. Tratar este tema supone explicar la acción de la gracia en el hombre y dilucidar lo que éste puede hacer con o sin ella, para salir al paso de las controversias escolásticas y de las posturas de Bayo, de los protestantes y de Jansenio. Aclarados estos asuntos se centra en las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo que vienen con la gracia. También dedica algunas proposiciones a los frutos del Espíritu y a las gracias extraordinarias como las locuciones, profecías y milagros. Al hablar de la paz, fruto del Espíritu Santo, deriva de ésta una proposición en la que trata del derecho a la guerra. 37 Como en el caso del origen del poder, parecen un poco fuera de lugar en una parte de carácter más espiritual. La otra ayuda que el hombre ha recibido de Dios es la ley. 38 Este libro, el octavo, va precedido de un largo prefacio, en el que demuestra la necesidad de que la ley natural esté fundamentada en la divina y la imposibilidad de considerar ambos derechos de forma autónoma, como las nuevas corrientes del derecho estaban defendiendo. Esta introducción precede y sitúa lo que se va a tratar en el libro. En primer lugar, las definiciones: la ley, la ley eterna y la ley natural. A continuación, el lugar donde el hombre puede encontrar más claramente esa ley: está contenida en las Escrituras y resumida en el Decálogo. Examina algunos mandamientos, como el segundo, para hacer ciertas consideraciones sobre la naturaleza del juramento, o el séptimo y la obligación de restituir. Las últimas proposiciones se refieren a la necesidad y origen de las leyes, las competencias del legislador y la diferencia entre derecho natural y derecho positivo. El último libro, el noveno, se ocupa del hombre caído. Defiende la posibilidad y realidad del pecado en el hombre, justifica que las distincio- nes tradicionales sobre el pecado, mortal y venial, personal y original, son distinciones que responden a la realidad de la cosas y no sutilezas escolásticas. El mayor número de proposiciones está centrado en la naturaleza y consecuencias del pecado original, la remisión de los pecados y la predestinación. La última proposición enlaza con el tema del siguiente libro, si el hombre por sí solo puede ofrecer una satisfacción proporcionada a Dios. La respuesta negativa conduce a la necesidad del Redentor, que será ya objeto de la próxima parte. Los misterios revelados en el Nuevo Testamento El primer libro de esta parte, el décimo, tiene una función doble, como ya hemos visto. Está conectado con los primeros libros dedicados a las fuentes de la verdad cristiana, puesto que en él se analizan los libros del Nuevo Testamento, su canonicidad y veracidad y se demuestra que Cristo es el Mesías prometido a los profetas, que había de venir a sacar al hombre de su estado de pecado. 39 Una vez expuestos los fundamentos de estos nuevos misterios, trata en este mismo libro los temas propiamente cristológicos, apoyándose en los concilios de la antigüedad. La verdadera divinidad y humanidad de Cristo, la distinción de las dos naturalezas en la única persona del Verbo, la maternidad y virginidad de María y la Encarnación son los temas desarrollados por Alegre de una forma bastante tradicional. Cristo, plenitud de la Revelación, le lleva a considerar en las dos últimas proposiciones que la religión cristiana es la más antigua, la verdadera y la más eminente porque es la única que tiene a Dios por autor. Después de Jesucristo, lo más lógico es estudiar la Iglesia, 40 tema de los libros once y doce. En el primero tratará la Iglesia en general y, sobre todo, su cabeza. Los asuntos que aquí se examinan van dirigidos a los protestantes y a los regalistas. Por eso, tiene gran interés en demostrar la visibilidad de la Iglesia, quiénes pertenecen verdaderamente a ella y las notas de la verdadera Iglesia. Pero el tema más importante es el de la autoridad, que ocupa la mayor parte de las proposiciones. Primero demostrar que la Iglesia tiene potestad legislativa, en segundo lugar de qué modo y por quié-39 Ibidem, libro X, praefatio. En cuatro proposiciones se justifica y explica el Primado del papa y finalmente establece la autoridad y utilidad de los legítimos concilios. Como puede observarse, lo que se refleja es una concepción muy juridicista de lo que es la Iglesia. El interés del libro doce radica en el estudio que se hace de los miembros de la Iglesia, en particular, clérigos, monjes y laicos. 41 Claramente el lugar principal de esta exposición lo ocupan los pastores, pero centrado sobre todo en justificar su autoridad sobre los fieles. Distingue también cada uno de los siete órdenes sagrados, testimoniando su antigüedad. En una larga proposición defiende y explica la autoridad que tienen los obispos por derecho divino, donde se sitúa en un justo medio entre el regalismo y el ultramontanismo. 42 Los religiosos son tratados en seis proposiciones en torno a los consejos evangélicos y a las diversas congregaciones y estados de perfección que existen en la Iglesia. Se habla de los laicos en un escolio de la proposición diecinueve sobre los estados de perfección y, en breves líneas, se explica que el término viene de la palabra laos, que significa pueblo, y remite al libro en el que habla de las virtudes. 43 No considera que sea necesario decir más sobre los laicos. Antes de pasar a estudiar los sacramentos de la Nueva Ley y los mandamientos de la Iglesia, que forman un bloque coherente, Alegre reúne en un solo libro, el decimotercero, los misterios contenidos en el Símbolo de la fe, misterios revelados a la Iglesia, que le quedan por explicar y no encajan en la estructura de los otros libros: la Santísima Trinidad y la resurrección de la carne. Es un libro breve en el que expone los temas que le interesan de ambos misterios. En realidad nos ofrece una síntesis de los problemas tratados en la antigüedad y las soluciones de los concilios sobre la unidad y distinción de personas. También se preocupa de expresar que es un misterio que no repugna a la razón y su fundamentación en las Sagradas Escrituras. Las tres proposiciones finales son argumentaciones de razón sobre la resurrección de los muertos. Los siguientes libros nos hablan del culto instituido por Cristo, el nuevo sacrificio y los sacramentos de la nueva ley. XIX, scolion III: en realidad hace referencia a un tratado de Belarmino en el que lo único que interesa de los laicos es saber si pueden dedicarse a los negocios o ser jueces. Alegre considera que estos temas ya se han visto al hablar de la justicia en el libro VI. mer lugar, que la misa es verdadero sacrificio, instituido por Jesucristo. En este mismo libro está contenido el estudio de los sacramentos en general, junto con los de la iniciación cristiana. La Eucaristía es la que recibe un tratamiento más detallado para defenderla de los ataques protestantes. Los otros cuatro sacramentos se agrupan en el libro decimosexto. El análisis es muy parecido en todos ellos: la institución por parte de Cristo, que los define como sacramento de la Nueva Ley, la materia y la forma del sacramento, ministro y sujeto. Al terminar de estudiar cada uno se colocan al final los cánones de Trento sobre ese sacramento. La Confesión contiene también un detenido estudio sobre la virtud de la penitencia y la eficacia del dolor de atrición en polémica con jansenistas y protestantes. El penúltimo libro explica los preceptos de la Iglesia, justificando primero su antigüedad y santidad. Da pie para señalar las fiestas religiosas y la eficacia de algunas costumbres, como el ayuno y la limosna. Especial interés tiene la argumentación de los diezmos y primicias para el sostenimiento de los ministros de la Iglesia y como una manifestación de culto a Dios. El libro decimoctavo se refiere a la vida futura, pero trata en realidad más temas que tienen cierta relación con éste. En primer lugar explica los diversos lugares donde van las almas después de la muerte: purgatorio, limbo, infierno y cielo. Una vez descritos, siguen unas proposiciones sobre la intercesión de los santos, la invocación a éstos y el culto a las imágenes y reliquias. Este libro acaba con una explicación sobre las canonizaciones. Las fuentes del autor Nos encontramos ante una obra de enorme erudición por la abundancia y variedad de las fuentes utilizadas. También es cierto que esta abundancia nos hace plantearnos si realmente manejó todos los autores que cita. Es posible que recurriera a prontuarios y que conociera algunas obras indirectamente a través de otros escritores. Pero no se puede dejar de lado la enorme capacidad para la lectura y desmedido afán de saber que caracterizó a Alegre. El conocimiento que muestra de muchos teólogos y filósofos, como Tomás de Aquino, San Agustín, Tournely, Alexandre, Belarmino, etc. es bastante completo. Si a esto unimos las referencias de sus contemporáneos, puede darnos ciertas pistas y admitir la idea de que una parte importante de las obras que citaba constituyeron una fuente directa de su teología. 44 Porque, además, Alegre no se conformó con exponer el pensamiento de los escritores, sino que acometió toda una fase previa de examen y verificación de las fuentes para emplear sólo aquellas que presentaban garantías de autenticidad, como ya se ha visto. Contaba con los trabajos de Roberto Belarmino o de Natal Alexandre para seleccionar las obras patrísticas fiables, aunque en su época los maurinos ya habían iniciado la edición crítica de los Padres. Alegre la usa muy frecuentemente. Es obvio que la Biblia constituye para él un lugar teológico primero y fundamental. No obstante, a veces es más un apoyo a sus argumentos, que una fuente a partir de la cual construye el razonamiento. Utiliza las Escrituras con cierta coherencia. Así las citas del Antiguo Testamento son más abundantes en la primera parte, mientras que conforme se adentra en los libros que pertenecen a los misterios revelados a la Iglesia, aumenta el uso del Nuevo Testamento. También es cierto que en algunos temas en los que dialoga con los antiguos filósofos o los ilustrados -como el alma, el conocimiento de Dios o las leyes-apenas aparecen fuentes bíblicas, porque se acude más a los argumentos de razón. Las cuestiones que tienen un mayor fundamento escriturístico son la de la gracia, sobre todo en su relación con la libertad, y la demostración de que Jesucristo es el Hijo de Dios. 46 Pero aparece sobre todo en las centradas en la Iglesia y los sacramentos. Es aquí donde se adopta el esquema de comenzar con las citas bíblicas para exponer el tema y ya después pasar a los argumentos de los Padres, de los autores eclesiásticos o de razón. Puede verse en las proposiciones que demuestran la visibilidad de la Iglesia o su indefectibilidad; 47 la necesidad del sacrificio de la misa o la potestad de la Iglesia para remitir los pecados. 48 Los libros más utilizados son el Génesis, los Salmos, seguidos por Sabiduría y Eclesiastés. Los profetas Isaías, Jeremías y Ezequiel tienen también representación. Del Nuevo Testamento hay una marcada preferencia por los evangelios de San Mateo, San Juan y por las cartas de San Pablo. La formación humanística de Alegre, propia de los jesuitas, le permitió tener un profundo conocimiento de los sabios clásicos griegos y latinos. 49 Valoraba, por tanto, lo que éstos aportaron al conocimiento del hombre. Además era una forma de demostrar que la razón podía acercarse a muchos temas. Estaba claro que había todo un campo común para cristianos y no cristianos y era importante demostrar que temas como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma o la ley natural no eran invenciones cristianas, sino que formaban parte del patrimonio de la humanidad. Más en una época en la que el gusto por lo clásico se imponía con nueva fuerza. Esto explica el abundante uso que hace de autores como Platón, Aristóteles, Cicerón y Virgilio, sobre todo en los libros que tratan la existencia de Dios y sus atributos, el mundo, el hombre y sus dones naturales. En el libro VIII, acerca de las leyes, se apoya en Platón, Aristóteles y Cicerón para demostrar la existencia de una ley natural. La Física de Aristóteles y Las leyes de Platón son el fundamento de sus argumentaciones para la demostración de la existencia de Dios. También se apoya en Homero, Hesiodo, Virgilio y Pitágoras para explicar los atributos divinos como la infinitud, la omnipotencia o la inmensidad. Las dudas de Cicerón sobre la existencia de los dioses se convierten en una prueba contra los que afirman que el conocimiento de Dios es evidente. 50 Dialoga con Epicuro, Lucrecio y Horacio, quienes niegan la omnipotencia y providencia divina. 51 Demuestra Alegre una gran habilidad para hacerlos hablar entre sí, como por ejemplo, a Demócrito y Aristóteles acer- 48 Ibidem, libro XIV, prop. 86; este autor afirma que «el Padre Alegre fue entre todos (los jesuitas mexicanos de su generación) el de mayor preparación, el de más amplia cultura greco-latina y el de más versatilidad». 52 Con esta confrontación aprovecha para mostrar que Aristóteles supo ya expresar verdades de orden natural, que luego serían confirmadas por la Revelación. Fundamenta en Platón, Aristóteles, Pitágoras o Cicerón la afirmación de la espiritualidad del alma, aunque se separa de ellos en la creencia de la transmigración o en cómo entiende Platón la unión entre el cuerpo y el alma. Utiliza a Epicuro o Lucrecio para detectar las raíces de los pensadores materialistas de su tiempo, a los que consideró meros repetidores de los antiguos. 53 Teniendo en cuenta que la formación humanística de los jesuitas se centra en el ideal humano propuesto por los clásicos, es lógico que se acuda a ellos para desarrollar el tema de las virtudes humanas, tanto intelectuales como morales. En este caso los autores utilizados son Tito Livio, Marcial y Macrobio. 54 Así, el citado libro VIII tiene como fuentes a Platón, Aristóteles, Plutarco, Cicerón y Séneca. Son la base para la explicación de la ley natural y la defensa ante las acusaciones que se hicieron a los escolásticos de haber infectado los preceptos naturales con otros de carácter religioso para tener sometidos a los hombres. 55 Por último, las representaciones de los poetas clásicos como Virgilio y Homero sobre la vida después de la muerte son también una fuente importante, pues Alegre considera que la creencia universal en una vida eterna reflejada en esos cantos es uno de los argumentos más convincentes sobre la existencia de la vida futura. Los Padres de la Iglesia El concilio de Trento había resaltado, de forma muy particular, y en polémica con Lutero, el valor de la Tradición como fuente privilegiada de la Revelación. 57 Sin embargo, Alegre utiliza esa Tradición después de tomar sus precauciones: asegurar la procedencia de las obras, examinar concienzudamente las fiables, y, por último, hacer un trabajo de crítica para 57 Denzinger, 1973, nn. 1501, 1597. determinar las materias en las que no era necesario seguirlos, e incluso podían estar sujetos a error. Las precauciones que muestra, sin embargo, manifiestan que no es un mero seguidor de modas, sino que su elección responde a un método de hacer teología. Es más, a veces reprocha a algunos teólogos se muestren más abiertos a aceptar argumentos de los Padres y a rechazar por sistema los de autores escolásticos, cuando quizás vienen a decir lo mismo. 58 Es muy grande y variado el número de Padres que recoge en sus páginas. Según Fabri, 59 parece que aprendió a utilizarlos siguiendo las orientadel libro del dominico Natal Alexandre, Expositio Litteralis et moralis Sancti Evangelii y Commentarius litteralis et moralis in Epistolas Sancti Pauli Apostoli. El mismo Alegre cita mucho a este autor como fuente de su obra teológica. 60 Esto hace pensar, junto con la forma que tiene de citarlos, que muchos de ellos no los manejara directamente sino a partir de algún elenco como el de Belarmino, Baronio o Alexandre. El método utilizado es el dialéctico. Aunque las fuentes patrísticas pueden aparecer para ilustrar una idea, normalmente el autor expone sus argumentos haciéndolos hablar con otros herejes o escritores ilustrados. También es frecuente que aporte argumentos que contradicen la proposición de Alegre o de otros Padres, para luego aclararlos, o si es una cuestión debatida, dejarla abierta. Los Padres son, en primer lugar, una de las fuentes para el estudio de la formación de los dogmas y de las herejías de los primeros siglos de la Iglesia. Con este fin acude a Ireneo, Tertuliano, Epifanio, Agustín y Teodoreto. 61 San Agustín es el autor que más aparece. En algunas materias se basa en él como la máxima autoridad, como en la de la gracia o el conocimiento en Dios. 3: El autor se queja de que Petau asienta admirado ante la clara argumentación de Metodio de Olimpia acerca de la creación del mundo de la nada y rechace el razonamiento escolástico como dificultoso, cuando en realidad están argumentando de la misma forma. 59 Maneiro y Fabri, 1989, pp. 213 y ss.: «adquirió tal facilidad para leer aquellos, que podía perfectamente encontrar los lugares que le eran necesarios y consultar los Padres que más le interesaban para cualquier asunto y en cualquiera de sus obras». Destaca por sus historias eclesiásticas y de Sagrada Escritura. Ocupó un lugar eminente en la facultad de Teología de París, lo que le llevó a jugar un papel importante en los asuntos eclesiásticos de su tiempo. Se le atribuyeron tendencias jansenistas y galicanas, acusaciones de las que siempre se defendió con firmeza. Su labor de crítica previa tiene en cuenta que es el autor al que más libros falsos se le han atribuido. Por eso, procura atenerse a los que han sido seleccionados como auténticos por Belarmino y Alexandre. 63 Trata también de aclarar aquellas afirmaciones que no han sido bien interpretadas, como las relativas al estado natural y sobrenatural del hombre y la acción de la gracia. La guía segura es siempre Tomás de Aquino, porque, según él, «la Summa de D. Tomás no es otra cosa que Agustín sintetizado». Las cuestiones más oscuras, afirma, hay que leerlas desde el Doctor Angélico, como el Antiguo Testamento hay que leerlo desde el Nuevo. 64 Son muchas las obras que Alegre maneja de este autor, entra las que destaca De Civitate Dei, De libero arbitrio, De genesi ad litteram, Epístolae y Sermones. 65 Otros Padres utilizados son Juan Crisóstomo, 66 Jerónimo, Orígenes y Ambrosio de Milán, posiblemente no sólo por la evidente autoridad de estos escritores, sino también por la variedad de temas que trataron. También constituyen un gran apoyo para las afirmaciones teológicas Gregorio y León Magno, además de Basilio y Gregorio Nacianceno. Algunos van apareciendo en función de los temas específicos que trataron. Así, Cipriano es importante en las argumentaciones sobre el primado del papa, quiénes pertenecen a la Iglesia o temas de sacramentos; Hilario de Poitiers aparece como gran exégeta y aportando su sentido de la Iglesia como misterio. Para estos temas acude también a Ireneo de Lyon o Juan Damasceno. De modo más esporádico Alegre recurre a otros como Fulgencio de Ruspe, Atanasio, Gregorio de Nisa, Justino, Tertuliano, Dídimo el Ciego, Gelasio, Minucio Félix, Máximo el Confesor, Eutimio, Teofilacto, etc. 63 Ibidem, prolegomenon III, p. 65 Otras obras de San Agustín que cita y utiliza son: Enchiridion ad Laurentium seu liber de fide, spe et caritate; De anima et eius origine; De perfectione iustitiae hominis. También alude con frecuencia a Adversus Manicheorum, pero no especifica a cuál de los libros contra los maniqueos se refiere. 66 Es interesante leer la crítica histórica que refleja sobre los textos del Crisóstomo y las discusiones que hubo en su época sobre la autenticidad de algunas de sus obras, como los Comentarios al Evangelio de San Mateo. Por último, hay que destacar la inclusión de algunos Padres hispanos como Orosio, Prudencio, San Paciano de Barcelona y San Isidoro. Es posible que Alegre tuviera cierto conocimiento de ellos por el hecho de proceder de la misma cultura. El uso de Santo Tomás en este texto es tan amplio que podemos hablar de una obra tomista. Alegre lo advertía ya desde las primeras líneas, en la propia dedicatoria, donde manifestaba una rendida admiración al Aquinate por considerarlo piedra importante del pensamiento teológico. Expone detenidamente su pensamiento, incluso lo copia. Explica las partes oscuras, lo defiende frente a los ataques de otros teólogos católicos y utiliza sus argumentos contra protestantes y filósofos ilustrados, demostrando con esto su firme creencia en la perennidad de la teología aquiniana, por su capacidad de responder a los problemas planteados varios siglos después.En las controversias de escuela siempre prefiere su explicación, porque le parece más sencilla y adecuada frente a las especulaciones de Luis Molina o Francisco Suárez. 67 Las obras más utilizadas son la Summa Theologiae, la Summa contra gentiles y De veritate. Pero también se encuentran referencias de De malo y De potentia. El resto de autores medievales utilizados es en general escaso. Aparecen, sobre todo, en los libros I, V, VI y XIII. Excepto en algunos casos, debió utilizar algún elenco que le permitiera sacar los ejemplos adecuados. Los que tienen un tratamiento más extenso son Boecio y San Anselmo. Es posible que leyera De consolatione philosophiae, por el conocimiento amplio que refleja de él, en lo referente a los atributos divinos, la existencia del mal y el misterio de la Trinidad. 68 Alegre cita también obras de Boecio que no se encuentran en las relaciones de escritos de este filósofo, como De libero arbitrio y Proslogion. Es posible que fueran atribuidas a Boecio en el siglo XVIII. Anselmo de Canterbury es un autor muy querido para Alegre por su esfuerzo en demostrar racionalmente la existencia de Dios. Es utilizado sobre todo para explicar el conocimiento de Dios y, en especial, cómo es compatible su conocimiento de las cosas futuras con la libertad. También lo encontramos en el libro sobre el pecado, uniendo sus argumentos a los de Santo Tomás. Los libros citados son Concordia praescientia Dei cum libertate, el Proslogion y De libero arbitrio. 69 También parece conocer a Pedro Lombardo, por Melchor Cano, ya que siempre aparecen unidos en las argumentaciones. Lo mismo ocurre con otros autores, como San Bernardo, del que se limita a repetir frases célebres que ilustran el razonamiento. 70 Con esta misma intención, más ilustrativa que argumentativa, hace uso de Buenaventura, cuyos libros no aparecen citados de un modo muy identificable. El hecho de que una sus afirmaciones a las de Petau hace pensar que tal vez tomara las citas de este último.71 Hugo de San Víctor, Juan Duns Escoto, Beda, Ricardo de San Víctor, son otros teólogos que aparecen en la obra de Alegre, aunque su presencia es escasa. Es interesante, aunque no son escritores eclesiásticos, el conocimiento que muestra de Avicena y Averroes, quienes aparecen en las proposiciones dedicadas a explicar la naturaleza y propiedades del alma. Como no cita obras, lo más probable es que los conozca a través de la de Santo Tomás, pues estos filósofos siempre se vinculan a los argumentos del Aquinate. Autores de los siglos XVI al XVIII La cantidad de fuentes utilizadas es mayor respecto a los anteriores, no sólo en cuanto el número de autores, sino también porque su uso es mucho más amplio. En el caso de algunos escritores como Cayetano, Belarmino o Suárez, ya no se reduce a frases ilustrativas sino que se expone detalladamente su argumento o se les hace dialogar con otros teólogos. Aunque su uso nunca es tan extenso como el de Agustín o Tomás de Aquino, las fuentes principales de los Institutionum se puede decir que forman parte del cañamazo que sustenta la obra de Alegre. Hay que distinguir a los autores utilizados por sus tratados dogmáticos, y que son fuente para los desarrollos teológicos, de los historiadores de la Iglesia o de la teología, que se convierten en un instrumento indispensable para conocer las obras y el pensamiento de muchos autores cuyos libros no podía Alegre tener delante. Del grupo de historiadores destacan sobre todo Cesare Baronio, Natal Alexandre y Melchor Cano. El primero, Baronio (1538-1607), historiador de la Iglesia y autor de Anales eclesiastici, permitió a Alegre elaborar la introducción dedicada a las herejías. 73 Mucho más utilizado fue el dominico francés Natal Alexandre (1639-1724), ya citado, 74 autor de varias obras de historia de la Iglesia y al que Alegre considera una autoridad a la hora de discernir la autenticidad de las fuentes patrísticas o de la Sagrada Escritura. Sus textos son de gran ayuda para elaborar los prolegómenos y están en la base de los demás libros de los Institutionum, sobre todo los que se refieren a la Sagrada Escritura o la Tradición. Su opinión suele ser tenida en cuenta en los libros sobre el mundo, la Iglesia o los sacramentos. Casi nunca lo contradice, excepto en sus interpretaciones de Tomás de Aquino, e incluso le atribuye un galicanismo moderado que respeta. 75 Melchor Cano y su De loci theologici tiene también una presencia frecuente, aportando datos para los temas históricos. Es un libro de referencia al que Alegre generalmente remite, en especial los apartados que tratan de Dios y sus atributos, la Iglesia o los sacramentos. Acerca de las fuentes que utiliza para escribir sobre la autenticidad de las Sagradas Escrituras, afirma que de este tema trataron con mucha erudición Natal Alexandre, Melchor Cano y Belarmino. 76 Otros autores citados como suministradores de datos de historia de la Iglesia son Luis Gotti, 77 una de cuyas obras, De vera Christi Ecclesiae, utilizó Alegre. Junto a ésta empleó la de Bernard Lamy, el Apparatus biblicus. 78 Roberto Belarmino, Denys Petau y Honorato Tournely, 79 pertenecen a este primer grupo que hemos mencionado. Tienen una presencia mayor en la obra de Alegre, puesto que lo acompañan durante gran parte de sus argumentaciones y sus nombres aparecen en los prefacios de cada libro, que es donde suele citar a sus fuentes. Su afinidad con Belarmino es casi absoluta, excepto en algunas interpretaciones de Santo Tomás de las que disiente. 80 Utiliza sus dotes de controversista para oponerlo a los pensadores ilustrados, a los protestantes o a los filósofos antiguos. De hecho la única obra suya que utiliza es Controversiae. Su presencia se hace más patente en los tratados sobre la Iglesia, la religión o los sacramentos. También, junto con Natal Alexandre, en los libros II, III, IV sobre la Sagrada Escritura y la Tradición. Por lo general, su pensamiento está muy desarrollado, casi se diría que lo copia. El frecuente recurso a Petau y Tournely evidencia que fueron también fuentes de su teología, aunque a ambos les reprocha su desprecio por la escolástica. 81 Petau aparece de modo tan frecuente como Belarmino, aunque sus razonamientos no están expuestos con la misma amplitud. Utiliza sobre todo su Theologica dogmata. Alegre acude a él para casi todos los temas, excepto en el libro de las Leyes, y es posible que muchos argumentos de los Padres los extrajera de esta obra de Petau que hemos citado. Recurre a Tournely para determinados temas dogmáticos, como el de los ángeles, para responder a los ateos y los defensores de la religión natural y para el sacramento de la Penitencia. 82 También es una autoridad en el tema de la relación libertad-gracia. Alegre expone la solución adoptada por 78 Bernard Lamy (1640-1715), sacerdote oratoriano y profesor de teología, tuvo una producción literaria y científica muy amplia. A partir de 1687, a petición de sus superiores, se dedicó a escribir obras eclesiásticas. La más señalada fue el Apparatus biblicus, pero también preparó otras en el campo de la historiografía. De 1725 a 1729 publicó un curso de teología que le ganó una gran reputación, las Praelectiones theologicae de gratia Christi, quas in scholis sorbonnicis habuit Honoratus Tournely. En esta obra abordó la debatida cuestión de la gracia y adoptaba una fórmula de equilibrio entre gracia eficaz y gracia eficiente que fue muy criticada. Su teología procura tratar los temas desde las nuevas perspectivas de la teología histórica. V: por ejemplo en el tema del influjo moral de la gracia. XVIII; libro V, prop. I y XXIII; libro V, prop. éste, pero no la comparte porque le parece muy semejante a la de Jansenio, aunque partan de planteamientos distintos. 83 Conoce sobre todo sus Praelectiones Theologicae. Al igual que Alexandre, lo propone como modelo de galicano moderado, al explicar la potestad de los obispos. Un uso menor tienen Cayetano, Suárez, Molina y Azor, que aparecen para explicar los temas en que destacaron estos teólogos o las controversias en que estuvieron inmersos. Así ha de citar a Luis Molina y a Suárez cuando habla de la ciencia de Dios, de la distinción entre gracia suficiente y gracia eficaz, del hombre en estado natural o elevado al fin sobrenatural. Suele disentir de sus opiniones y los cita para poner de relieve el acierto de las soluciones aportadas por Aquino, 84 lo que manifiesta su distanciamiento de la línea suarista propia de los jesuitas. De hecho acude casi a regañadientes a Suárez para tratar la relación entre las leyes civiles y el derecho natural, porque es quien le aporta los argumentos necesarios para contestar a Grocio y Pufendorf. Cayetano es utilizado mucho menos, aunque tiene también cierto peso como fuente en el tema del estado de justicia original o de los sacramentos. Su carácter es secundario, detrás de Belarmino o Petau, y ni siquiera aparece en la relación de fuentes que precede a cada libro, ni tampoco nombra los libros de éste que utiliza, más bien lo contradice a veces en las interpretaciones que Cayetano hace del Aquinate. Es muy probable que no fuera un autor que utilizara de primera mano. 85 Por último cabría hablar de Azor y sus Institutiones morales, fuente para los temas en torno a las capacidades del hombre en el terreno sobrenatural y para las materias de moral y su relación con la ley. Cuando Alegre tiene que hablar del probabilismo se inclina más por las tesis probabilioristas, apoyándose para argumentarlas en Azor. 86 Es, por otra parte, algo lógico si se tiene en cuenta que el regalismo borbónico persiguió con ahínco a los autores probabilistas. El probabilismo había sido asumido corporativamente por la Compañía, mientras que la Santa Sede 83 Ibidem, libro VII, prop. 84 Ejemplos de esos temas en los que Alegre disiente pueden verse en Ibidem, libro V, prop. 11-12; en estos números, Alegre explica de forma muy prolija los fallos de la argumentación de Cayetano sobre la providencia al interpretar a Tomás de Aquino. 86 Resulta interesante la inclusión de Juan Azor (1559-1603) porque su obra supuso un cambio en el planteamiento metodológico de la teología moral. XIV: sobre la conveniencia y licitud de la interpretación de la ley. En esta proposición Alegre pasa revista a los sistemas morales. Alegre, como es habitual en él, se inclina por las posturas moderadas. También refleja algunos de los problemas suscitados por el jansenismo y expone resumidamente las doctrinas de Jansenio y Quenell sobre la libertad del hombre, el valor de la penitencia o el dolor de atrición. Muestra un gran conocimiento de Jansenio, pero no cita el Augustinus. Quizá los conociera a través de los que refutaron sus errores, como Petau y Tournely. Por una parte, lo incluye en el prolegómeno dedicado a los herejes, pero en las cuestiones acerca de la gracia expone sus tesis, de las que disiente, y lo considera un teólogo «de nombre no pequeño». Propiamente no podemos hablar de fuentes protestantes, porque es bastante posible que Alegre no manejara las obras de estos autores directamente. Sólo nombra algunos libros de Lutero escritos en latín, porque expone con cierto detalle su contenido al explicar la postura protestante. Estos son De captivitate Babiloniae y un opúsculo en contra de la Misa, desarrollados sobre todo en el libro XIV dedicado a explicar la Santa Misa como el sacrificio de la Nueva Ley. 88 Lógicamente las posturas de Lutero y Calvino aparecen en los libros sobre la Sagrada Escritura y la Tradición, donde Alegre discute con ellos sobre la necesidad de interpretar los libros sagrados. 89 También refleja la visión pesimista que los dos tenían del hombre, incapaz de hacer actos moralmente buenos, o el concepto que transmiten de ley natural. 90 Junto a los nombres de Lutero, Calvino o Zwinglio aparecen también los argumentos de otros autores protestantes menos conocidos como Brenz, fiel seguidor de Lutero, o Juan Cocleo. La presencia de los escritores reformados es igualmente evidente en los libros dedicados a los sacramentos (libros XIV a XVI). En ellos, aparte de ser expuesta de manera desarrollada la doctrina protestante sobre los sacramentos, se hace un estudio sobre su necesidad, la presencia real en la Eucaristía, la validez de la misa como sacrificio y el valor de la Penitencia o la Unción de enfermos. Se confronta con los argumentos de Belarmino, Aquino o Suárez, para terminar con los cánones de Trento sobre esos sacramentos al final de cada libro. Autores racionalistas e ilustrados Hay varios temas en los que Alegre expone el pensamiento ilustrado y muestra el conocimiento que tiene de sus obras, directamente o a través de otros. Ya es admirable este esfuerzo por conocerlos y dar respuesta a los interrogantes que planteaban. Aunque hay voluntad de aprovechar lo que se pueda, en general, se distancia de la mayor parte de sus tesis. Cuando en los prolegómenos Alegre elaboró la relación de herejes y herejías a través de los siglos, al detenerse en el siglo XVIII, los dividió en tres grupos: los deístas, los materialistas y los francmasones. Su deseo de modernidad le llevó a querer buscar en su pensamiento ideas compatibles con la fe cristiana, pero la mayor parte de las veces no tuvo más remedio que discutir con ellos e incluso descalificarlos. También, en cierta manera, los subestima. De hecho una frase que aparece con relativa frecuencia es la de considerarlos más tontos que malvados. 91 Los temas en los que aparecen las ideas racionalistas e ilustradas son los relativos a la existencia de Dios, la espiritualidad e inmortalidad del alma, la religión natural, la libertad del hombre, la ley natural, el hombre social por naturaleza o la superioridad de la religión cristiana. En casi todos estos problemas aparecen los razonamientos de determinados autores como Bayle, Spinoza, Voltaire, Hobbes y Rousseau. Parece conocer en profundidad el pensamiento de estos filósofos, aunque sólo cita las obras de Bayle (Dictionnaire historique et critique), de Spinoza (Tractatus theologicopoliticus) y dice haber utilizado un tratado de Rousseau sobre la desigualdad de los hombres. 92 El pensamiento de Voltaire sobre el alma humana está tan desarrollado que con toda posibilidad debió leerlo. 93 Aunque afirma que estudió la doctrina de este autor sobre el alma en su tratado de metafísica, es probable que se refiriera a su Dictionnaire philosophique porque el Traité de métaphysique no llegó a ser publicado. De hecho, sigue los razonamientos que Voltaire expone en el apartado sobre el alma. 94 Esta obra debió aportarle, además, el conocimiento de otros autores ilustrados de los que Voltaire habla. Glosa la defensa que éste hace de Locke y de sus ideas acerca del alma. 95 Bayle y Spinoza reciben un tratamiento bastante negativo, el primero es llamado con frecuencia impiorum huius temporis Philosophorum Patronus y al segundo lo considera el príncipe de los ateos. 96 Christian Wolff también es citado con amplitud, no sólo para exponer sus argumentos en contra de la inmortalidad del alma o de su materialidad, sino que aprovecha para incluirlo en una ocasión que parece dar la razón a Tomás de Aquino al hablar de la Providencia, siendo su Theologia naturalis la obra que utiliza. 97 También cita y expone puntos de la obra de Malebranche De la recherche de la vérité. Junto a éstos encontramos además los nombres de Helvecio, Descartes, al que llama el Soñador, Mirabeau y Collins. Para los temas de ley natural, de las leyes en general y sobre el origen del poder, que se tratan en algunas proposiciones del libro VI, VII y en el libro VIII, utiliza a Rousseau, Pufendorf, Grocio, Hobbes, Montesquieu y Thomasius. No está de acuerdo con ellos en la separación que establecen entre ley natural y ley divina y tampoco en su negativa a considerar inmutable la ley natural. Sin embargo, pueden observarse puntos en común en muchos otros aspectos acerca del origen del poder o de las leyes positivas. 98 Además de estos autores citados expone el pensamiento de Tindal, Huet, Locke y Saint-Evremonde sobre la religión natural o racional y con- 93 Alegre, 1789-1791, libro VI, prop. 225: el autor dice claramente que «es el único jesuita que sabemos de cierto haya leído a Voltaire». 96 Pierre Bayle ocupa un lugar destacado en la obra de Alegre, porque éste lo veía como la personificación del ateísmo. Siempre ataca muy duramente sus doctrinas, sobre todo sus tesis sobre una moral natural atea.