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46 classes
De hospedar a gente extraña o flamenca o ginovés, si el huésped overo es y la huéspeda castaña, según la raza de España, sale luego el potro bayo. Allá darás, rayo, en cas de Tamayo.
4octava
Ocurre que algún hombre comete gran traición y una ley le condena a morir, con razón; pero si hay personajes que sus amigos son y ante el rey interceden, consigue su perdón.
9cuaderna_vía
Miré al sentarme a la mesa, bañado en la luz del día el retrato de María, la cubana-japonesa.
19redondilla
Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado.
33terceto
Díjeles, en respondiendo según modo cortesano, humilmente proponiendo: El Potente soberano vos influya en el mundano orbe de felicidad premio de rica bondad, que es el galardón humano.
15octavilla
Tabaco y oro. Faja salmón. Montera. Tirilla verde baja por la chorrera.
22seguidilla
Venid, venid, amadores, de la mi flecha feridos, e sientan vuestros sentidos tormentos, cuytas, dolores ; pues que la muerte llamar ha querido e rebatar la mejor de las mejores.
43copla_mixta
Que en fragancia deleitosa Vuela también a la diosa Que enamoro, El eco grato que suena Oyendo mi cantilena: «Yo te adoro».
31estrofa_manriqueña
Cruda visión, donde la gloria, un tiempo adorada por firme, cayó, y donde peligró la esperanza de una vida de fortuna iniciada.
37estrofa_francisco_de_la_torre
Suspensa el alma, y la cordura loca, queda a los dulces actos sobrehumanos, que, de limpios, de honestos y de sanos, su fama al cielo levantado toca.
24cuarteto
A naides le dieron armas pues toditas las que había el Coronel las tenía, sigún dijo esa ocasión, pa repartirlas el día en que hubiera una invasión.
12sextilla
Elisa, ya el preciado cabello, que del oro escarnio hacía, la nieve ha variado; ¡ay! ¿yo no te decía: recoge, Elisa, el pie, que vuela el día?
14lira
Arrebatado yo también, ó Malta, Por las borrascas de la suerte impía, Harto, aunque joven, de encontrar á Europa Poblada de traiciones y perfidias. Huyendo de mi patria y de la tierra, Tumba de gloria y de grandeza antigua, Que el Arno, como un huérfano el sepulcro De sus padres, con flores entapiza; Sin mas bien que mi amor, en rota nave, Del viento y mar luchando con las iras, A ti llegué ; y en tus doradas rocas Vi de mi juventud volar los diasSo. Mas no hallé, como Ñuño, en ti cadenas Ni sarracenos bárbaros : delicias, Obsequios, compasión, tiernos amigos, Alivio grato de las penas mias, Venturoso encontré. Tu ardiente suelo, Ya florido jardin por las fatigas Del diestro agricultor, tus altas torres, Que períodos de gloria testifican, Y tus buenos y honrados habitantes Bajo el dominio hallé de la mas rica, Libre, ilustrada, noble y poderosa Nación, que el sol desde el zodíaco admira. Allí me reeibisle, lú, y me honraste, O venerable anciano, que las Indias Venturosas hiciste, Hástings ilustre !.... Mas, ay! que de dolor pronto la isla Vi cubierta, y de luto. Airada muerte A su amor te robó....tremendo dia! Con el pueblo lloroso, hasta la tumba Yo acompañé lloroso tus cenizas. Woodford, Frere, Ponsonby, Zammit, Stílon, Y tú que á Sancio tan de cerca imitas, Hyzler, vuestra amistad, dulce consuelo De todos mis afanes, está viva En mi alma toda, y lo estará por siempre. Si de llegar á vos logra la dicha Esta historia^ empezada entre vosotros, Continuada del Sena en las orillas, Y que dó tendrá fin el cielo sabe3'; Aquestos versos de mostraros sirvan. Que el bálsamo que disteis á mis penas. Eterno vive en la memoria mia. Y tú, risueña y deliciosa roca, Asilo encantador, mansión tranquila, Tú eres la patria de mis tiernos hijos, Y podrás serlo para mí adoptiva. Ay! si el Destino inexorable y duro (Tanto rigor el cielo no permita) Me robase del todo la esperanza De hollar del Bétis la región florida, Y de aun gozar en sus frondosos bosques, Gallarda sierra y fértiles campiñas, Dulce vejez y paz-, al punto al punto En ti, ó Malta, el sepulcro buscaría. Mas tornemos á Ñuño, y á su historia, Que tiene la atención de Sálas fija, Y halle gracia y disculpa mi extravío, Por efusión de una alma agradecida.
18romance_arte_mayor
Van en galope rítmico, Junto a un fresco boscaje, frente al gran Océano, se paran. El paisaje
3couplet
Estéis enhorabuena bella zagala rosa que ha producido tanta fragancia. Mereces, que te alaben por siempre esclavo beso siempre tu mano, mi vida, Virgen Santa María.
16chamberga
Dame la maga fiesta. Dios, déjala en mi vida, dame los fuegos tuyos para alumbrar la tierra, deja en mi corazón tu lámpara encendida y yo seré el aceite de su lumbre suprema.
7serventesio
Para ir el rey a caza de mañana ha madrugado; entró donde está la reina sin la haber avisado, por holgarse iba con ella, que no iba sobre pensado. Hallóla lavando el rostro, que ya se había levantado, mirándose está a un espejo, el cabello destrenzado. El rey con una varilla por detrás la había picado; la reina que lo sintiera pensó que era su querido: Está quedo, Landarico le dijo muy requebrado. El buen rey cuando lo oyera malamente se ha turbado; la reina volvió el rostro, la sangre se ha cuajado. Salido se ha el rey, que palabra no ha fablado, a su caza se ha ido, aunque en ál tiene cuidado. La reina a Landarico dijo lo que ha pasado: Mira lo que hacer conviene, que hoy es nuestro fin llegado. Landarido que esto oyera mucho se [ha] acuitado. ¡En mal punto y en mal hora mis ojos te han mirado! ¡Nunca yo te conociera pues tan cara me has costado! que ni a ti hallo remedio, ni para mí le he hallado. Allí hablara la reina desque lo vio tan penado: Calla, calla, Landarico, calla, hombre apocado; déjame tú hacer a mí que yo lo habré remediado. Llama a un criado suyo, hombre de muy bajo estado, que mate al rey, le dice, en habiéndose apeado, que sería a boca de noche cuando hubiese tornado. Hácele grandes promesas y ellos lo han aceptado. En volviendo el rey decía de aquello muy descuidado; al punto que se apeaba de estocadas le han dado. ¡Traición! -dice el buen rey, y luego ha expirado. Luego los traidores mismos muy grandes voces han dado: criados de su sobrino que habían al rey matado. La reina hizo gran duelo y muy gran llanto ha tomado, aunque en su corazón dentro otra cosa le ha quedado.
1romance
Cabe un río caudaloso, Ezla, por nombre llamado, andaba el pastor cuitado, de ausencia muy temeroso, repastando su ganado. Y a su pastora aguardando está con grave pasión, que estaba aquella sazón su ganado apacentando en los montes de León.
6copla_real
Bendito el vientre que os trajo y las tetas que mamastes, pues que tan alto volastes, que distes con Dios abajo la hora que lo encarnastes. Tan gran merced y favor, tal linaje de loor ¿de dónde me viene a mí, que me venga a ver aquí la Madre de mi Señor?
6copla_real
Con este pensamiento enajenada, brinca de manera que a su salto violento el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera! ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
45sexteto_lira
Qué decir de aquel sucio político Que con su ardiente discurso embriaga, Los oídos de ingenuo público Que alivio busca de la vida aciaga.
7serventesio
¡Cuán sosegada, cuán tranquilamente los días pasarán en el secreto retiro, que prevengo por asilo a los recios naufragios que padezco! ¡Cuánto, ay de mí, retarda a mi esperanza el Todopoderoso este consuelo, y entre cuántas zozobras fluctuando el alma está con dudas y deseos! Apresura tu curso, oh nueva vida, pues que nacer de nuevo me contemplo aquel día que a mí me restituya, rotos de la ambición los duros hierros. Enteramente mío, ya olvidado de la Corte el estrépito y estruendo, empezaré a gozar vida gustosa a pesar del horror de los desiertos. Falto de todo, viviré sobrado con mi conformidad, y más contento me dará el verme libre de la envidia, que el ver aquí abundarme lo superfluo. Este robusto brazo, a quien dio timbres el marcial ejercicio y cruel denuedo, hecha azadón la así gloriosa espada, a la tierra abrirá sus hondos senos. Vendrán a ser mis campos mis estados, donde imperio despótico ejerciendo, serán sus frutos dulces y sabrosos el tributo más grato y lisonjero. Claras aguas de fuentes abundantes, formando ya remansos, ya arroyuelos, refrigerio darán a mis fatigas, y tal vez me darán limpios espejos. La acorde melodía de las aves, que coronan los álamos y fresnos, más agradable sonará a mi oído que los más concertados instrumentos; haciendo aquel susurro delicioso, que entre las ramas forma el fresco viento, un agradable bajo que realce aquel sencillo natural concierto. Los campos florecientes, que matizan abril y mayo con pinceles diestros, mis alfombras serán, más estimadas que las que teje Fez o hila Marruecos. El verde empavesado de los sauces, reparo contra ráfagas del cierzo, preferido será de mí a los dobles ricos tapices que varió el flamenco. Luego, al robusto pie de árbol frondoso, cuando ya la fatiga exija el sueño, mejor que en pabellones de oro y plata gozaré los halagos de Morfeo. ¡Oh día venturoso!, ¿cuándo llegas a redimir mi duro cautiverio? Precipítate, vuela; que notarte con piedra blanca juro y te prometo.
18romance_arte_mayor
Tened aqueste conçepto, amadores, vos supplico, Cón quien riñen en público fasen la pas en secreto; dissimulan el entender, denuestan lo que desean, fingen de enoio plaser, lo que quieren non querer y dubdar quando más crean.
38novena
La vecina de en frente mira mi casa; Pero no ve la suya Que se le abrasa.
22seguidilla
y si luego hay lavatorio, y la redoma enjuagáis para que aljófar hagáis lo que Dios hizo abalorio;
19redondilla
Nunca se inclina o sirve a la canalla trovadora, maligna y trafalmeja, que en lo que más ignora menos calla.
33terceto
Y en las playas corcobiando pedazos se hacía el sotreta, mientras él por las paletas le jugaba las lloronas, y al ruido de las caronas salía haciéndose gambetas.
12sextilla
De aquella, los ilustrados valentísimos poetas, vistas las obras completas y muy sutiles tratados, por Mosén Jordi acabados, suplican a tu persona que reciba la corona de los discretos letrados.
40copla_arte_menor
Soy señor Montañés, con esto queda dicho todo: resuenan mil blasones por remotas y próximas regiones, vuele mi fama y a ninguna ceda.
24cuarteto
Cercado de miserias Un avariento, sus desventuras llora sobre el talego; Porque no tiene Valor para pedirle Que le remedie.
27seguidilla_compuesta
¡Alzaos, señora sotana! Tras ellos la calle tomo... Mas éste es el mayordomo. ¡Qué breve es la gloria humana!
19redondilla
Si salgo en la Maestranza te bordo un manto, Virgen de la Esperanza de Viernes Santo.
22seguidilla
Sol en Aries. Mi ventana está abierta al aire frío --¡Oh rumor de agua lejana!— La tarde despierta al rio.
5cuarteta
Las cartas y mensajeros del rey a Bernardo van, que vaya luego a las cortes para con él negociar. No quiso ir allá Bernardo, que mal recelado se ha. Las cartas echó en el fuego, los suyos mandó juntar; desque los tuvo juntados, comenzóles de hablar: Cuatrocientos sois los míos, los que coméis el mi pan; nunca fuisteis repartidos, agora os repartirán: en el Carpió queden ciento para el castillo guardar, y ciento por los caminos, que a nadie dejéis pasar; doscientos iréis conmigo para con el rey hablar; si mala me la dijere, peor se la entiendo tornar. Con esto luego se parte y comienza a caminar; por sus jornadas contadas llega donde el rey está. De los doscientos que lleva, los ciento mandó quedar para que tengan segura la puerta de la ciudad; con los ciento que le quedan se va al palacio real. Cincuenta deja a la puerta, que a nadie dejen pasar; treinta deja a la escalera por el subir y el bajar; con solamente los veinte a hablar con el rey se va. A la entrada de una sala con él se vino a topar; allí le pidió la mano mas no se la quiso dar. Dios vos mantenga, buen rey, y a los que con vos están. Decí: ¿a qué me habéis llamado o qué me queréis mandar? Las tierras que vos me distes ¿por qué me las queréis quitar? El rey, como está enojado, aún no le quiere mirar; a cabo de una gran pieza la cabeza fuera alzar. Bernardo, mal seas venido, traidor hijo de mal padre; dite yo el Carpió en tenencia, tomástelo en heredad. Mentides, buen rey, mentides, que no decides verdad, que nunca yo fui traidor, ni lo hubo en mi linaje. Acordárseos debiera de aquella del Romeral, cuando gentes extrajeras a vos querían matar; matáronvos el caballo, a pie vos vide yo andar; Bernardo, como traidor, el suyo vos fuera a dar, con una lanza y adarga ante vos fué a pelear. El Carpió entonces me distes sin vos lo yo demandar. Nunca yo tal te mandé, ni lo tuve en voluntad. Prendedlo, mis caballeros, que atrevido se me ha. Todos lo estaban mirando, nadie se le osa llegar. Revolviendo el manto al brazo la espada fuera a sacar. ¡Aquí, aquí mis doscientos, los que coméis el mi pan, que hoy es venido el día que honra habéis de ganar! El rey, como aquesto vido, procuróle de amansar. Malas mañas has, sobrino, no las puedes olvidar. Lo que hombre te dice en burla a veras lo quieres tomar; si lo tienes en tenencia, yo te lo dó en heredad, y si fuere menester, yo te lo iré a segurar. Bernardo, que esto le oyera, esta respuesta le da: El castillo está por mí, nadie me lo puede dar; quien quitármelo quisiere, procurarle he de guardar.
1romance
“Niña, es tu faz cual la rosa hermosa; tienen tus ojos dulzura pura; eres tierna tortolilla sencilla; Dime pues, flor de Castilla cómo pretendes no muera de amor, al verte hechicera hermosa, pura y sencilla…
0ovillejo
Mal hayan los arroyuelos si cuando por ellos pases no murmuraren alegres que tengas celos de nadie. Siendo así, ¿por qué te ofendes en presumir que me agrade quien tiene envidia de ti y se precia de imitarte?
4octava
A la madre cariñosa Allí el hijo apartaban De su amor; ¡Separación horrorosa, Con que el alma traspasaban De dolor!
31estrofa_manriqueña
Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas.
19redondilla
Reina en la cumbre del Parnaso Homero; mas no por eso menos celebrados son Alceo y Simónides y Píndaro, los de divino plectro.
37estrofa_francisco_de_la_torre
Este largo camino, tanto pasar de breñas y montañas, y el bramido contino de fieras alimañas me tiene de tal suerte, que pienso de acabarle con mi muerte.
45sexteto_lira
Desátenme ya tus rayos, que yo los perdonaré. Viva mi fe. Sepulcro el mar a su vuelo, si no a Lícidas, le dé. Viviré como desdichado, viviré, moriré.
4octava
A mi en el pecho el corazón se oprime Sólo en mirarte; ni la voz acierta De mi garganta a prorrumpir; y rota Calla la lengua.
36estrofa_sáfica
Es una pintada corza esta voluntad humana, tan hermosa como libre, tan ligera como varia.
11cantar
¿Por qué este dolor no cede? –No puede. ¿Dará, un día, marcha atrás? –Jamás. ¿Que depara el porvenir? –Morir. Aunque tuvo que partir lo llevo siempre a mi lado, porque todo ser amado no puede jamás morir.
0ovillejo
Tal vez será debilidad humana irse a dormir a lo mejor del cuento, y cortado dejar para mañana el hilo que anudaba el pensamiento. Dicen que el sueño del olvido mana blando licor que calma el sentimiento, mas ¡ay!, que a veces fijo en una idea, ¡bárbaro en nuestro llanto se recrea!
2octava_real
Está el ave en el aire con sosiego, en el agua el pez, la salamandra en fuego
3couplet
y do está más serenos el aire me coloca, mientras curo los daños del veneno, que bebí mal seguro, mientras el mancillado pecho apuro;
14lira
Y sus villas y sus tierras ocupadas de tiranos las halló; mas por cercos y por guerras y por fuerza de sus manos las cobró. Pues nuestro rey natural, si de las obras que obró fue servido, dígalo el de Portugal y en Castilla quien siguió su partido.
31estrofa_manriqueña
te quiero tanto aún, dejó en mi pecho tu amor huellas tan hondas, que sólo con que tú borrases una ¡las borraba yo todas!
23cuarteto_lira
Es el sol un bello lucero, que cada mañana me despierta al despuntar por el mar, después de bañarse y asearse, sale reluciente por el horizonte, entre las aguas mediterráneas de mi tierra natal. Aguas bendecidas por Dios y que son junto a ti, mi más bella inspiración.
35unknown
Su luna de pergamino Preciosa tocando viene. Al verla se ha levantado el viento que nunca duerme. San Cristobalón desnudo, lleno de lenguas celestes, mira a la niña tocando una dulce gaita ausente. Niña, deja que levante tu vestido para verte. Abre en mis dedos antiguos la rosa azul de tu vientre. Preciosa tira el pandero y corre sin detenerse. El viento-hombrón la persigue con una espada caliente. Frunce su rumor el mar. Los olivos palidecen. Cantan las flautas de umbría y el liso gong de la nieve. ¡Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde! ¡Preciosa, corre, Preciosa! ¡Míralo por dónde viene! Sátiro de estrellas bajas con sus lenguas relucientes.
1romance
Como cuando el sol asoma por una montaña baja y de súbito nos toma, y con su vista nos doma nuestra vista y la relaja; como la piedra balaja, que no consiente carcoma, tal es el tu rostro, Aja, dura lanza de Mahoma, que las mis entrañas raja.
25décima_antigua
Perdóname, mi Sireno, si te ofendo en lo que digo, déjame hablar contigo en aqueste valle ameno, do no me dejas conmigo. Que no quiero ni aun burlando verme apartada de ti. No te vayas, ¿quieres?, di, duélate ahora ver llorando los ojos con que te vi."
6copla_real
¿Qué van cantando mis pajes? Mensajes. ¿Has visto? ¡Parecen gansos! Son mansos. ¿Por qué valen pocos montos? ¡Por tontos! A cambio de nada y prontos van por inercia a mi boca en cascada necia y loca mensajes mansos y tontos.
0ovillejo
Vinieron las moras bellas de toda la cercanía, y de lejos muchas de ellas, las más apuestas doncellas que España entonces tenía
29quintilla
Despierta junio. Habitan la mañana coches y árboles.
8haiku
Esta ciudad es íntima, hermosamente obscena, y tus manos son pálidas latiendo sobre ella y tu piel amarilla, quemada en el tabaco, que me recuerda ahora la luz artificial del alumbrado.
39sexteto
Luego que fue a ilustrar su nuevo alcázar, estable silla al español imperio y obra por sí acabada, el grande Carlos mandó juntar los próceres del pueblo, y, colocado en el supremo trono, rompió con tales voces el silencio: «Ya la edad varonil, la fuerza y brío del Príncipe parece están pidiendo consorte que con larga descendencia le hagan feliz. El público provecho, de Estado la razón, los obsequiosos pueblos de la península y aquellos que, si bien los dividen anchos mares, ni en amor ceder saben, ni en obsequio, solicitan lo mismo. Este cuidado dudas ocasionó a mi pensamiento, hasta que al fin vencidas, determino seguir por más seguro este consejo. Luisa, estimada hija de Felipe, mi hermano, aquel que victorioso el seno de Italia penetró, entre las ausonias ninfas de única goza el privilegio. Esta elegí, de la borbonia estirpe rama gloriosa o ínclito renuevo, si es que dejarme pudo algún arbitrio el amor que del Príncipe en el pecho su mérito encendió, a merced del arte bien trasladado a un venturoso lienzo. Explorados los ánimos, consigo sea Luisa de Carlos digno empleo, y la gloria y blasón de los Borbones se eleven nuevamente hasta los cielos. Y más cuando produzca este consorcio a la feliz España ilustres nietos, que el nombre de Borbón reduplicando, ejercicio perenne den al eco. ¿Qué hacéis, pues? Disponed apresurados la marcha a Italia; ligurinos techos aposentan de España a la Princesa, venga a su capital, pues ya es su dueño. Al mismo tiempo debo preveniros que conduzcáis hacia el ausonio suelo a mi hija, a mi amada María Luisa, prenda que de Leopoldo los deseos como suya impacientes solicitan. ¿Pero consentirá el amor paterno despedirme de una hija tan amada, que nunca veré acaso? ¿De su pecho podrá el mío apartarse? De estos brazos arrancadla; llevadla do Himeneo manda. Con ella parte de nosotros alegre vaya, triste quede el resto.» Así dijo, y al punto diligentes, el superior mandato obedeciendo, del mar a las orillas se encaminan, por donde España tiene austral aspecto. Yace en los celebrados Contestanos una antigua ciudad, a quien dijeron Cartago nueva, contrapuesta a Libia. De los brazos de tierra forma un puerto, que el mar circundan por espacio largo arco formando; todo aquel terreno hacen inexpugnables fuertes muros; a flor del agua está un peñasco inmenso que le sirve de llave; el mar tranquilo desprecia del Boótes los esfuerzos. Aquí llegaron, y después que alegre dejó admirarse del concurso atento la augusta Infanta, luego de la escuadra van a ocupar los voladores leños. Los vientos soplan; ya en el mar se engolfan; la tierra se divisa mal de lejos; ciñen las naves menos venturosas a la que lleva el más dichoso peso. Queda a la izquierda el Ródano; a la diestra Etruria, y de Parténope los reinos, cuna feliz de nuestra amable Infanta. Ya se acerca la tierra, y van subiendo las costas ginovesas. De la invicta ciudad abre las puertas al momento el amor de la gente. Ya de Parma admiran en la ninfa los iberos de deidad infinitas cualidades: unos lo afable del semblante regio; de los miembros la gracia y compostura otros; y todos con igual acierto alaban la dulzura y alegría que en sus ojos parece están de asiento. Al punto que se vieron las dos ninfas dentro de la ciudad, con lazo estrecho se abrazan, y con ósculos explican el mutuo gusto; nuevos sentimientos sacando el nuevo gozo de sus ojos. El oro, que en las márgenes del Tejo ésta bebió, por lágrimas derrama; aquélla del Erídano el electro llanto de Faetusa. Amor al punto los líquidos despojos recogiendo, éstos dirige al amoroso Carlos, al impaciente Leopoldo aquellos. Festiva la ciudad sobre manera a sí misma se excede; y el festejo de las dos ninfas a su cargo toman nobleza y plebe con igual empeño. Ya gustan de mirar el rostro afable de ésta, de aquella ya el agrado tierno; e, indecisa la vista, en los dos rostros gusta mil veces de variar de objeto. No tanta gloria pudo dar Cibeles al Díndimo, ni a Pafos tanta Venus, como a Génova dan las dos princesas, feliz por hospedarlas en su centro. Pasan los días, y aunque amor las manda dividirse, lo impide el mismo afecto. Llegó el último fin en que apartarse manda el orden real; tres veces fueron a hablar, y por tres veces a formarle para el postrero vale faltó aliento. Dejan pues la ciudad, las altas popas reciben su Princesa, que influyendo como estrella propicia, las inquietas olas al punto serenó y los vientos. El campo azul así surcaba, cuando en el séptimo día repartiendo sus luces bellas la rosada aurora por las excelsas gabias, ya que el sueño había sacudido, a su presencia se ofreció rodeado todo el cuerpo de púrpura real la augusta imagen de España. Pende del dorado cuello rico collar, adorna su cabeza una alta torre, guarnecida a trechos de diademas de piedras peregrinas. Debajo de sus pies el orbe nuevo tiene, la religión y fe la siguen, y la justicia armada de su peso, y, postrada ante ella, así la dijo: «Salve, luz de España, del ibero firme esperanza, del Borbón Felipe ilustre hija, de ínclitos abuelos descendencia, y que reyes a la tierra has de dar. ¿Es posible que te veo después de tan diversos infortunios por mar y tierra? Ven adonde fueron tan amados tus padres; ve a tu España. Estos países, todos estos reinos son tu dote, y aquellos que divide el océano mar. ¡Cuántos anhelos me cuesta este consorcio deseado! ¡Con cuántos votos le he pedido al cielo! Por fin oyó mis ruegos, y dispone vengas a ser la paz de este hemisferio con el dichoso Carlos. De este modo las Lises de la Francia irán cundiendo tanto, que en todas partes saldrán flores en que escritos se lean nombres regios. Ven a tus reinos pues, donde te llaman los cielos, el amor y rendimiento. El Rey, tu esposo, Mantua te desea, y la heroica Isabel unir queriendo su rostro al tuyo. Advierte en su cordura los singulares dotes y talentos, que cifró larga serie de monarcas. Por dos veces la vio el hispano suelo reinar; ahora ve reyes a sus hijos, y también reyes ínclitos sus nietos. Así los siglos llevarán su nombre por tantos reyes para hacerle eterno.» De aquesta suerte dijo, y, como sombra o aire vano, se deshizo luego. El Euro, en tanto, la brillante aurora dejando y los confines nabateos, lleva la escuadra al puerto deseado. Apenas la española arena el sello del pie augusto logró, cuando de todos admirarse dejó nuevo portento. La nave que condujo a la Princesa empezó a enmollecerse, convirtiendo su ser antiguo en el de hermosa ninfa. Entre las bellas hijas de Nereo, si bien nació en las selvas, logra vida, a tal servicio merecido premio. Ya entra en sus tierras Luisa, acompañada de inmensa multitud. Los campos llenos repiten sus elogios, que en mil coros alternan ya doncellas, ya mancebos. Las altas torres, los soberbios montes inclinan en señal de acatamiento a su dueño las cimas eminentes; y las deidades, de quien son esmeros los campos españoles, la tributan sus más preciosos dones con respeto; sus rosas Flora, Ceres sus espigas, y Palas de la oliva el ramo fresco. Hay un lugar llamado antiguamente Ara de Jove; el Tajo le hace ameno con su raudal. Aquí en la primavera suelen gozar los reyes grato asiento, cuando los campos muestran sus verdores, o los matiza el céfiro sereno. De la diosa de Chipre conducidos mil armados amores concurrieron; unos flechas arrojan por los campos, su destreza ensayando; otros, cogiendo flores, tejen guirnaldas; éstos claman, ensalzando a los astros a Himeneo; aquéllos danzan; muchos de ellos vuelan sobre altas torres para estar de acecho cuando llegue su dueño. Suena al punto la voz de que ya viene. El Tajo, haciendo que su cabeza toque las estrellas, formó un líquido monte corpulento para adorar la ninfa que venía; la cual, llevada del amable objeto, gustosa mira desde su carroza tantos bosques y selvas, el somero río, las florecientes arboledas, mármoles vivos y diversos juegos de las aguas, gozando la armonía que en río y bosque forma el aire fresco. Tú también, a quien dio perpetuo nombre la parmesana Luisa, de mis versos has de ser celebrada, oh Villaverde. Tú, después de los varios contratiempos, humilde la recibes y fomentas; su cansancio reparas, en tus huertos a beneficio de los aires puros desecha del viaje el largo tedio, y dejándose ver de todos, logra reparar el espíritu y el cuerpo. Ya en este tiempo Venus oficiosa, quejándose del tardo movimiento de los días, los tálamos prepara, y del Rey apresura los intentos. Más allá de los montes carpetanos, línea de ambas Castillas, un ameno valle, a quien dieron nombre los sapinos, yace. Al prelado insigne de Toledo Ildefonso se erige en su distrito altar devoto, suntuoso templo. Aquí del seco estío los rigores no se sienten jamás; reina perpetuo el verano en las selvas cuando el sirio agosta el campo. El cortesano estruendo dejado, este lugar al nuevo triunfo del amor destinado, y de Himeneo en sus bosques umbrosos divertía al grande Carlos; cuando amaneciendo Luisa con su llegada, los contornos, las montañas saltaron de contento. Llega al palacio, y en el mismo punto del himen resonó el alegre acento, lográndose, con ser de Carlos Luisa, de toda España el general deseo. Ya los bosques y campos laurentinos habitan los que célebres han hecho la religión y augusta arquitectura. El Ésculo que nace en todos ellos nombre les dio, y el nombre del Levita a la sagrada casa. Aquí los cielos por muchos días retribuyen gracias por el feliz consorcio; y con ejemplo piadoso exequias fúnebres dedican a los manes augustos. Ya era tiempo de volver a ilustrar los patios lares y los muros de Mantua. El mausoleo del gran Felipe dejan, y los campos del mártir español, el gran Lorenzo. Ya Madrid se descubre, ya la cuesta que está después del río van subiendo, donde empiezan las torres a elevarse y de altas casas los labrados techos. Una sola es la voz que se percibe al pueblo innumerable y placentero: «Alégrate ya, oh Mantua venturosa, pues ves a tu princesa, y salvos vemos a Carlos nuestro Rey, su augusta madre, y todos los demás príncipes nuestros.» Guiada de estas voces lisonjeras, entra Luisa gustosa, recibiendo los aplausos y votos de la gente en su Corte feliz y alcázar regio.
18romance_arte_mayor
A vos que sois mi alegría, Que jamás no me dejáis Ver querella; Vos que hacéis mi fantasía Alegre, sabiendo estáis Vos en ella.
31estrofa_manriqueña
De fúlgidas luces empapo los días; los tristes crepúsculos de gayo color; los huecos espacios de un mar de armonías y un mar de fragancias; las noches sombrías de encantos, de risas, de besos, ¡de amor!
32quinteto
La vieja mano sigue trazando versos para el olvido.
8haiku
No era desfavorecido, que a serlo quizá pudiera, con el uso que tuviera, sufrir, después de partido, lo que de ausencia sintiera, que el corazón desusado, de sufrir pena o tormento, si no sobra entendimiento, cualquier pequeño cuidado le cautiva el sufrimiento.
6copla_real
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero de los senderos busca: las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura; los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas te dirán el camino que conduce a mi cuna.
21silva_arromanzada
Plural ha sido la celeste historia de mi corazón. Era una dulce niña, en este mundo de duelo y de aflicción.
7serventesio
Si tus piernas que vencen los compases silencioso el resorte de sus grados si más dificil que los cuatro ases telegrama en tu estela de venados mis geometrías y mi sed desdeñas no olvides canjear mis contraseñas
34sexta_rima
Ánimo contra ellos saetas forja puntas le dará el pico plumas la cola Veloces correrán esos montes. Cortando cierzos, notos y astros pues llevan más viento sus saetas.
16chamberga
Vuestro muy gentil aseo, Garnido en toda bodad, Me conquista, pues que veo Cerca la contrariedad: Por lo cual, señora, creo Que de aquesta enfermedad Tarde o nunca sanaré.
20septilla
Sí, yo pequé. Señor, te lo confieso, culpable tu castigo me revela, mi vida sin sufrir ya no es mi vida, más... ¿por qué sufro?
36estrofa_sáfica
Guadalquivir tan verde de aceite antiguo. Si el barquero me pierde yo me santiguo.
22seguidilla
Del su modo inconsonable no escribe tal Lucano de la selva inhabitable que taló el bravo romano. Si por metros no esplano mi proceso, y menguare, el que defecto fallare tome la pluma en la mano
15octavilla
Anteanoche por poco pensé olvidarte, porque me vi obsequiada de nuevo amante; mas dije luego: mejor es entre dudas el que ya tengo.
27seguidilla_compuesta
Las tenebrosas aves, que el silencio embarazan con gemido, volando torpes y cantando graves, más agüeros que tonos al oído, para adular mis ansias y mis penas, ya mis musas serán, ya mis sirenas.
45sexteto_lira
que tal vez suele un venturoso estado, cuando le niega sin razón la suerte, honrar más merecido que alcanzado».
33terceto
Cuatro Reales Coronas, en tan maligna idea, con traición seducidas entran, sin advertirlo su inocencia.
17endecha_real
Pero deja tu recuerdo, déjalo solo en mi pecho.
3couplet
La raposa, ladina, obedeció asustada; todo el toro al león ofreció la taimada. A los demás, las tripas y bofes, sin más nada. Del león la raposa fue muy felicitada.
9cuaderna_vía
La prueba del frío, la prueba del fuego... ¡Cómo ha salido mi corasonsiyo del mejor acero!
26seguidilla_gitana
Siendo Diana llegada donde sus amores vio, quiso hablar, mas no habló, y el triste no dijo nada aunque el hablar cometió. Cuanto había que hablar en los ojos lo mostraban, mostrando lo que callaban con aquel blando mirar con que otras veces hablaban.
6copla_real
todas con amoroso y tierno afecto, con las ciencias más claras y escondidas, le guardaban santísimo respecto;
33terceto
Los días de fiesta las gentes honradas, suelen congregarse con muchas gitanas.
22seguidilla
Ni la delicia de la sacra mesa Cuando a los dioses lleno de ambrosía Brinda alegría Jove con la copa De Ganimedes.
36estrofa_sáfica
aquel del vellocino ensortijado, de alegres ojos y mirar gracioso, por quien yo de ninguno fui envidioso siendo de mil pastores envidiado;
24cuarteto
Licio, al cual en sufrimiento amador ninguno iguala, suspendió allí su tormento mientras miraba el contento de su pulida zagala. Mas cotejando su mal con el gozo que ella había, el fatigado zagal con voz amarga y mortal de esta manera decía.
6copla_real
Ninfa, de Doris hija, la más bella adora, que vio el reino de la espuma. Galatea es su nombre, y dulce en ella el terno Venus de sus Gracias suma. Son una y otra luminosa estrella lucientes ojos de su blanca pluma; si roca de cristal no es de Neptuno, pavón de Venus es, cisne de Juno.
2octava_real
Su hermoso traje de seda que el céfiro va a plegar, deja sólo adivinar lo que a la vista se veda; y para que verse pueda tanto hechizo soberano, ha dicho un alfakí anciano que es necesario morir, y ser justo, y luego ir al paraíso mahometano.
13espinela
«¿Quién son», le repliqué, «si es que te es dado dicirlo?» Respondióme: «No, por cierto, porque Apolo lo tiene así mandado».
33terceto
Nave de grande humildaça fis por compas nin velando, en amor fortificando su camino de esperanza, las tablas de lealtança iunctadas con discreción, empegadas de rason en la casa de templanza servando iusto timón.
38novena
Antes que tú me moriré: y mi espíritu, en su empeño tenaz, sentándose a las puertas de la muerte, allí te esperará.
21silva_arromanzada
Si un favor tuyo gozara, mi vida, aunque matalote, no dejara yo capote de noche que no quitara. Dos o tres bolsas llevara con muchas en el garrote, y con diligencias finas, aun que se siguieran daños, aguardara yo los paños parado en las cuatro esquinas.
25décima_antigua
te quiero tanto aún, dejó en mi pecho tu amor huellas tan hondas, que sólo con que tú borrases una, ¡las borraba yo todas!
21silva_arromanzada
¡Ay, otra vez y ciento otras seguro puerto deseado! no me falte tu asiento, y falte cuanto amado, cuanto del ciego error es cudiciado.
14lira
pero, ¿de qué enemigos la vitoria no alcanzará un ingenio tan florido y una bondad tan digna de memoria?
33terceto
de ti mesma? Y agora, rico de tus despojos, más ligero que el ave, huye, adora a Lida el Lisonjero; tú quedas entregada al dolor fiero.
14lira
¡Oh, tierra, pobre abuela olvidada y mendiga, Bésame con tu alma ingenua de cantiga! Y que aromen mis versos como aquellas manzanas Que otra abuela solía poner en las ventanas, Donde el sol del invierno daba por las mañanas. ¡Oh las viejas abuelas, las memorias lejanas!
34sexta_rima
Mas hora no hay tardía, tanto nos es el cielo piadoso, mientras que dura el día; el pecho hervoroso en breve del dolor saca reposo;
14lira
Cuando yo me esté muriendo, arrímate tú a mi cama, que siempre t'estoy queriendo.
30soleá
Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo y me incliné por verlo, y mi alma y mis ojos se turbaron: ¡Tan hondo era y tan negro!
23cuarteto_lira
Esto que traigo en el pecho no es posible que es amor, porque parece un ardor de muchos infiernos hecho:
19redondilla
Aquella muy manso hablaba, diciendo: «¿Eres tú, Boccaccio, aquel que trató de tantas materias, que yo no comprendo que otro poeta a ti se igualó? ¿Eres tú, Boccaccio, el que compiló los casos perversos del curso mundano? Señor, si tú eres, apresta la mano, que no fue ninguna semblante que yo.»
41copla_arte_mayor
Con dolor de más penarme, deseoso de serviros, por no sufrir ver moriros me partí sin más tardarme; y más quise adelantarme a morir, y soy contento, que no verme y desearme; y aún mayor atrevimiento, más esfuerzo y sufrimiento fue partir, que no quedarme.
25décima_antigua