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Nicolás Guillén
Si es que me quieres matar, no esperes a que me duerma, pues no podré despertar. Muerto, ay, muerto y también dormido, no es ni morir ni soñar, no es ni recuerdo no olvido. Muerto, ay, muerto y también dormido. Mátame al amanecer, o de noche, si tú quieres; pero que te pueda ver la mano; pero que te pueda ver las uñ...
PERO QUE TE PUEDA VER
Paz Díez Taboada
Voy a poner la fecha, y me asalta otro día, otro mes, otro año... Un tiempo ya vivido. Voy a escribir presente, y en el papel se cruza un ayer sin remedio que no conoce nadie. Es en este momento cuando veo unos cárdenos atardeceres lánguidos, rotos por rojos fuegos. Es en este momento cuando oigo los rumores de un...
Rosas de ayer
Vicente Gerbasi
Relámpago extasiado entre dos noches, pez que nada entre nubes vespertinas, palpitación del brillo, memoria aprisionada, tembloroso nenúfar sobre la oscura nada, sueño frente a la sombra: eso somos. Por el agua estancada va taciturno el día, doblegando los juncos hacia barcas de olvido. El alma silenciosa en las viol...
CANTO III
Anna Ajmátova
No la llevamos en oscuros amuletos, ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella, no perturba nuestro amargo sueño, ni nos parece el paraíso prometido. En nuestra alma no la convertimos en objeto que se compra o se vende. Por ella, enfermos, indigentes, errantes ni siquiera la recordamos. Sí, para nosotros es tierr...
LA TIERRA NATAL
Alfredo Buxán
A Francisco Álvarez Velasco Vencido por la erosión, conforme con el triunfo de la edad, qué paradoja, abrirá al azar (desvanecido ya el presagio de una tarde tan triste) el viejo tomo que arrastra a sus espaldas veinte años de olvido. Verá caer, como un velo de tiempo, de las hojas carcomidas un papel casi polvo, uno...
Las hojas muertas
Víctor Botas
Cuando vas silenciosa —quieto silencio rojo del rubí cauta serenidad de los felinos— bajo la sombra verde de los árboles y pisas las aceras y pasas circunspecta entre la gente con el periódico en la mano y una bolsa de pan y los cabellos como de oro atónit...
Cuando vas silenciosa
René Chacón Linares
Despacio cae la lluvia Se confunde con las lágrimas. ¿Será la muerte que ronda? ¿El abrigo de la vida errónea que envuelve? Una bruma densa y oscura Borra los pensamientos. Pasos perdidos se deslizan en las paredes. El aire es más denso. No es nadie, no es nada Sólo el otoño ansioso de la primavera. La muerte sed...
Ángeles de la muerte
Pablo de Rokha
Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos! El canto frente a frente al mismo Satanás, dialoga con la ciencia tremenda de los muertos, y mi dolor chorrea de sangre la ciudad. Aún mis días son restos de enormes muebles viejos, anoche «Dios» llevaba entre mundos que van así, mi niña, solos, y tú dices: «te qu...
GENIO Y FIGURA
Bertolt Brecht
1 Hubo un tiempo en que creía, cuando aún era inocente, y lo fui hace tiempo igual que tú: quizás también me llegue uno a mí y entonces tengo que saber qué hacer. Y si tiene dinero y si es amable y su cuello está limpio también entre semana y si sabe lo que le corresponde a una señora entonces diré «No». Hay que manten...
La canción del no y el sí
Pablo Neruda
RECUERDAS cuando en invierno llegamos a la isla? El mar hacia nosotros levantaba una copa de frío. En las paredes las enredaderas susurraban dejando caer hojas oscuras a nuestro paso. Tú eras también una pequeña hoja que temblaba en mi pecho. El viento de la vida allí te puso. En un principio no te vi: no supe que ibas...
Epitalamio
Antonio Machado
I Es la tierra de Soria árida y fría. Por las colinas y las sierras calvas, verdes pradillos, cerros cenicientos, la primavera pasa dejando entre las hierbas olorosas sus diminutas margaritas blancas. La tierra no revive, el campo sueña. Al empezar abril está nevada la espalda del Moncayo; el caminante lleva...
Campos de Soria
Toni García Arias
Los recuerdos de mi infancia caminan sobre las baldosas frías de esta casa que parece enferma, arrugada como un anciano invadido de invierno que aguarda con último quejido la cálida luz de los veranos. El abandono ha invadido las paredes con alma de asesino y dibuja sobre las habitaciones una cartografía gris, húmeda q...
La casa de mi infancia
Antonio Colinas
Padres: aunque intuyo un vacío que sólo con dolor podrá el tiempo llenar, estos últimos años vuestros son, en verdad, los más bellos años míos; porque, aunque hay un final que puede amenazarlos, los va intensificando el verdadero amor. Sí, por maduros y temibles son los instantes más bellos de mi vida, porque al ...
LOS ÚLTIMOS VERANOS
José Lezama Lima
Melodía de la sombra penetra la dureza de la piel acompañante y ya me pide un anhelar pasivo que la incline al borde níveo donde el aire empieza. Dulce secreto la gaviota o ya se afine la sombra que extendía la pereza de la piel, negando que al irse se descuelgue de la sonrisa en que muere su destreza. No es melodí...
MELODÍA
Federico García Lorca
Este galapaguito no tiene mare; lo parió una gitana, lo echó a la calle. No tiene mare, sí; no tiene mare, no: no tiene mare, lo echó a la calle. Este niño chiquito no tiene cuna; su padre es carpintero y le hará una.
Nana de Sevilla
Leopoldo María Panero
Esperando todos los días para que venga el cierzo para que venga el ciervo azul como el poema, como el gamo que corre fugitivo sobre el poema y que sea la nada mi último poema baba de los labios para que el hombre muera azul sobre la página " victorieusment fuit le suicide beau" Mallarmé lo dijo oh belleza húmeda del...
PÁGINA VEINTE
Octavio Paz
Dame, llama invisible, espada fría, tu persistente cólera, para acabar con todo, oh mundo seco, oh mundo desangrado, para acabar con todo. Arde, sombrío, arde sin llamas, apagado y ardiente, ceniza y piedra viva, desierto sin orillas. Arde en el vasto cielo, laja y nube, bajo la ciega luz que se desploma e...
Acabar con todo
Xavier Villaurrutia
Eres la compañía con quien hablo de pronto, a solas. te forman las palabras que salen del silencio y del tanque de sueño en que me ahogo libre hasta despertar. Tu mano metálica endurece la prisa de mi mano y conduce la pluma que traza en el papel su litoral. Tu voz, hoz de eco es el rebote de mi voz en el muro, y en ...
POESÍA
Luis de Góngora
Ya no más, ceguezuelo hermano, Ya no más. Baste lo flechado, Amor, Más munición no se pierda; Afloja al arco la cuerda Y la causa a mi dolor; Que en mi pecho tu rigor Escriben las plumas juntas, Y en las espaldas las puntas Dicen que muerto me has. Ya no más, ceguezuelo hermano, Ya no más. Para el que a sombras ...
Ya no más, ceguezuelo hermano
Teresa Palazzo Conti
Desgajado de mí, fue arena movediza y desvarío. Por las nuevas llanuras inauguró confines sin espigas y se hundió en desarraigos. Algún recuerdo lo desvela de la piel para adentro y provoca la huella del camino primero. El río de la sangre recupera su cauce. Surge un estallido entre la desmemoria y vuelve su ca...
Desmemoria
Gabriela Mistral
¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra. Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes. Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este ...
La oración de la maestra
Odette Alonso
Hoja que marca el curso de la noche el filo de una esquina traicionera vendedora de historias trashumantes disueltas en la bruma. Nadie pasa a través de la muralla nadie espera ya el soplo de la brisa a las cinco de la tarde. La arena te ha poblado los recuerdos devuelve el bofetón a los alisios enciende la linterna....
LINTERNAS
Jordi Doce
Bajo la tela de la noche y sus linternas diminutas. La puerta abierta. La remetida claridad del cuarto tras las ventanas. La humedad en reposo de la tierra. Y el ruido de unos pasos en la grava que anuncian tu llegada, tu saludo abstraído, tu calor. Imaginé esta escena alguna vez, antes de conocerte: hueco en el aire ...
Noche de agosto
Ángeles Carbajal
Me cuentan que te vieron, que llevabas un traje sastre, un traje estilo en la edad del remordimiento. Yo que no tengo esa edad, pero sí el remordimiento -de lo que no te he sabido decir, de lo que no me he sabido callar-, decido que debo salir al sol, ver dos o tres películas, plantar azaleas y comprarme una camisa de...
Estilo
José Asunción Silva
Oh temps évanouis! O splendeur éclipsées, Oh soleils descendus derrière l'horizon! VICTOR HUGO Al frente de un balcón, blanco y dorado, obra de nuestro siglo diez y nueve hay en la estrecha calle una muy vieja ventana colonial. Bendita rama adorna la gran reja, de barrotes de hierro colosales, que tiene en lo más ...
LA VENTANA
Carlos Bousoño
Mucho te quise y con dolor te miro cuando aquí pasas con tu sueño a cuestas. Mas para siempre, desde lejos, hondos mis ojos te recuerdan. Aquí en la tarde te contemplo pasar hostil y sin clemencia. Vas dura con tu sueño amargo y triste. Ingrato sueño que el amor te veda.
MUCHO TE QUISE
Sor Juana Inés de la Cruz
Feliciano me adora y le aborrezco; Lisardo me aborrece y yo le adoro; por quien no me apetece ingrato, lloro, y al que me llora tierno, no apetezco: a quien más me desdora, el alma ofrezco; a quien me ofrece víctimas, desdoro; desprecio al que enriquece mi decoro y al que le hace desprecios enriquezco; si con mi of...
CONTINÚA EL MISMO ASUNTO
Pablo Neruda
YO no recuerdo a qué edad, ni dónde, si en el gran Sur mojado o en la costa temible, bajo el breve grito de las gaviotas, toqué una mano y era la mano de Walt Whitman: pisé la tierra con los pies desnudos, anduve sobre el pasto, sobre el firme rocío de Walt Whitman. Durante mi juventud toda me acompañó esa mano, ese r...
Oda a Walt Whitman
Garcilaso de la Vega
Boscán, vengado estáis, con mengua mía, de mi rigor pasado y mi aspereza con que reprehenderos la terneza de vuestro blando corazón solía. Agora me castigo cada día de tal salvatiquez y tal torpeza: mas es a tiempo que de mi bajeza correrme y castigarme bien podría. Sabed que en mi perfecta edad y armado, con mis o...
SONETO XXVIII
Oliverio Girondo
Ay mi más mimo mío mi bisvidita te ando sí toda así te tato y topo tumbo y te arpo y libo y libo tu halo ah la piel cal de luna de tu trascielo mío que me levitabisma mi tan todita lumbre cátame tu evapulpo sé sed sé sed sé liana anuda más más nudo de musgo de entremuslos de seda que me ceden tu muy corola mía oh su ...
TOPATUMBA
Jorge Luis Borges
Pienso en el parco cielo puritano de solitarias y perdidas luces que Emerson miraría tantas noches desde la nieve y el rigor de Concord. Aquí son demasiadas las estrellas. El hombre es demasiado. Las innúmeras generaciones de aves y de insectos, del jaguar constelado y de la sierpe, de ramas que se tejen y en...
Poema de la cantidad
Juan Ramón Jiménez
Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Palacio de encanto, el pinar tardío arrulla con llanto la huida del río. Allí el nido umbrío tiene el verderol. Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! La última brisa es suspiradora, el sol rojo irisa al pino que llora. ¡Vaga y lenta hora nuestra, verderol! Verde ver...
VERDE VERDEROL
Pablo Neruda
Oh ciego sin guitarra y con envidia, cocido en tu veneno, desdeñado como esos zapatos entreabiertos y raídos que a veces abren la boca como si quisieran ladrar, ladrar desde la acequia sucia. Oh atado de lo que nunca fue, no pudo serlo, de lo que no será, no tendrá boca, ni voz, ni voto, ni recuerdo, porque así suma y ...
Oda al mal ciego
Luis Benítez
La historia de las constelaciones grabada en el brillo de una hoja: quisiera leer la hoja y recordar aquella forma de donde nos desprendimos los seres y las cosas. Y antes de que nos devore la Gran Noche oír su nombre, por empañar la orgullosa oscuridad con el ardiente sonido de la luz, al quebrantarse.
Conversaciones
Rubén Darío
Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón. Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el...
Letanía de nuestro señor Don Quijote
Toni García Arias
Vendrán una mañana los abrazos que amagué, los labios, las manos que entre mis manos fueron espuma, las palabras de vino matriz del polvo. Vendrán una mañana con su vacío, dejarán sobre mis sábanas el hueco inútil, la muda caligrafía de todo lo inc...
Mañana
Luis de Góngora
¡Oh qué malquisto con Esgueva quedo, Con su agua turbia y con su verde puente! Miedo le tengo: hallará la gente En mis calzas los títulos del miedo. ¿Quiere ser río? Yo se lo concedo; Corra, que necesaria es su corriente, Con orden y ruido, el que consiente Antonio en su reglilla de ordo pedo. Camine ya con estos p...
¡Oh qué malquisto con Esgueva quedo
René Chacón Linares
¿Dónde está el Ángel Que habitaba en mí? Sonrisa inocente, Escuálida delgadez, Jugando sin censura Entre sábanas y almohadas A ser capitán. Manos intentando Tocar la torre de marfil, Ombligo de la tierra, Fuego de mi sangre. El tiempo pasó, Y aún tengo sueños Insolentes, Lienzos fogos...
Ángel inocente
Leopoldo Panero
Para inventar a Dios, nuestra palabra busca, dentro del pecho, su propia semejanza y no la encuentra, como las olas de la mar tranquila, una tras otra, iguales, quieren la exactitud de lo infinito medir, al par que cantan... Y Su nombre sin letras, escrito a cada instante por la espuma, se borra a cada instante mecid...
ESCRITO A CADA INSTANTE
Hilario Barrero
La soledad, el miedo y el silencio viven en esta casa respetada, principal y feliz en otro tiempo. Familia virtuosa en ejercicio de ejemplares conductas, concibieron cinco hermosos varones que vivieron dentro de la moral más absoluta. Nada queda de aquello; desolados corredores y vacíos salones con historias d...
Razón de vida
Pedro Miguel Lamet
Cuando escribes, tu letra se parece a tu calma al colgar la ternura de la mórbida erre y al achicar los nombres hasta el mismo tamaño de la voz de retoño con que pides, preguntas. Es tu letra un riachuelo, peregrino de mares, un manantial que brota sin pedirte permiso de un oculto venero con verdades antiguas. Son am...
A UNA LETRA
Antonio Fernández Lera
Viento furioso, mano quieta, manantial de agua clara. Duele aún la presencia tangible del amigo muerto. Es un temblor, un desajuste. Alivia la conciencia saber que no existe olvido.
Cuadro soñado
Vicente García
Soy el desconocido que se aparta. El que se queda solo y en silencio, más allá del aplauso. El que busca en la noche Unas pocas palabras, ajenas casi siempre. El que quemó las naves en silencio Y aguarda todavía. El que también soñaba. El que también creía en tantas cosas.
El desconocido
Oscar Acosta
Frotó el indio la yesca, el pedernal, el pino con otro pino viejo, la madera, las hojas de roble, la corteza de los ceibos caídos, el cuerpo del animal salvaje, el carbón mineral endurecido. El mundo cambió entonces otro espejo movible que no era el del agua, alzó su brazo rojo en la espesa maleza, en el ámbito crud...
EL FUEGO
Luis Benítez
Esta mano que tiendo y que te aguarda es otro vano prodigio, otro milagro inútil de la serie infinita que nos rodea en silencio. En la mañana que ha dejado atrás las dos vigilias, la del insomnio y la del sueño, que también es posible, la contemplo a veces con ese solo asombro que reservamos para lo extraño. Ha viajado...
La mano
Santiago Montobbio
Como las antes tan respetadas plañideras han sido prohibidas en los días y en los cuadros -pues cada vez se hizo más persistente el rumor de que su oficio hacía cosquillas a los muertos- quizá sí podría asegurarles que nunca como ahora estuvo tan en suspenso el mundo. Y como acaso también es verdad que ya hemos pasado ...
Como tú bien dices
José Martí
Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor. Eran de lirios los ramos; y las orlas de reseda y de jazmín; la enterramos en una caja de seda... Ella dio al desmemoriado una almohadilla de olor; él volvió, volvió casado; ella se murió de amor. Iban cargándol...
La niña de Guatemala
Antonio Fernández Lera
Qué puedo hacer ahora cuando la lluvia se derrama sobre mi cuerpo congelado con furia y estruendo y es de noche ya para salir corriendo hacia la calle. No tengo llaves, no recuerdo la dirección, todo lo he perdido y al alba retorna el silencio y mi piel, en el aire caliente, se ha secado. Poco a poco, recuerdo los no...
Poema imprevisto: 3
Lope de Vega
Después que acabó Belardo de distribuir sus bienes, estando presente Filis por cuya causa padece, mandó que su testamento segunda vez se leyese, porque quiere confirmallo por si desta vez muriese; dijo, después de leído: «—Pido a Filis, si quisiere, que después de sepultado jamás de mi no se acuerde, porque podrá ...
Después que acabó Belardo
Claudio Rodríguez
Esta iluminación de la materia, con su costumbre y con su armonía, con sol madurador, con el toque sin calma de mi pulso, cuando el aire entra a fondo en la ansiedad del tacto de mis manos que tocan sin recelo, con la alegría del conocimiento, esta pared sin grietas, y la puerta maligna, rezumando, nunca cerrada, cua...
SALVACIÓN DEL PELIGRO
Toni García Arias
Qué poco dura la huella de una página o el sabor de un verso, o el saber de tan débil arquitectura; poesía; mezcla de tejidos y piel y memoria, alquimia de fluidos y sangre y fotos y nada sobre la palma inerte de esta hoja que mide su tiempo en ausencias al cuadrado.
Ausencia
Octavio Paz
La mirada interior se despliega y un mundo de vértigo y llama nace bajo la frente del que sueña: soles azules, verdes remolinos, picos de luz que abren astros como granadas, tornasol solitario, ojo de oro girando en el centro de una explanada calcinada, bosques de cristal de sonido, bosques de ecos y respuestas y o...
El cántaro roto
Toni García Arias
Los ojos, almacén de imágenes, van perdiendo lentamente la nítida luz de los instantes. También la piel recuerda, como una hoja en blanco que se llena de voces, de roces, de cálidas figuras. También a esa hoja habrá de llegar la sentencia. Lo que ayer fue un árbol es hoy un pedazo de papel que adivina la ceniza. Todo l...
Los espejos
Alfonso Reyes
—Soy la Muerte— me dijo. No sabía que tan estrechamente me cercara, al punto de volcarme por la cara su turbadora vaharada fría. Ya no intento eludir su compañía: mis pasos sigue, transparente y clara y desde entonces no me desampara ni me deja de noche ni de día. —¡Y pensar —confesé—, que de mil modos quise disimu...
VISITACIÓN
José Cadalso
No basta que en su cueva se encadene el uno y otro proceloso viento, ni que Neptuno mande a su elemento con el tridente azul que se serene; ni que Amaltea el fértil campo llene de fruta y flor, ni que con nuevo aliento al eco den las aves dulce acento, ni que el arroyo desatado suene. En vano anuncias, verde primav...
A LA PRIMAVERA
Óscar Hahn
Te estoy haciendo un destino aquí mismo. Lo estoy dibujando en las alas de un pájaro. Lo estoy pintando en la pared de mi cuarto. Ahora el pájaro vuela con furia, ahora lanza su grito de guerra y se dispara contra la pared. Sus plumas están flotando en el espacio. Sus plumas mojándose en su sangre. Coge una y te e...
ESO SERÍA TODO
Ramón María del Valle-Inclán
Bajo la sensación del cloroformo me hacen temblar con alarido interno, la luz de acuario de un jardín moderno. y el amarillo olor del yodoformo. Cubista, futurista y estridente, por el caos febril de la modorra vuela la sensación, que al fin se borra, verde mosca, zumbándome en la frente. Pasa mis nervios, con gozo...
ROSA DE SANATORIO
Odette Alonso
A Radhis Curí Saltó desde mi ojo a la ventana desnuda está en la acera mojada a la intemperie bajo una luna extraña. De pronto ya no baila me sigue el rastro ajeno taciturno la ira del zapato sobre el lomo. Salta la bailarina me recorre la espalda habla de Irlanda en mis hombros y no entiendo la hago saltar a punta ...
BAILARINA
María Eugenia Caseiro
Primero. Duelen las farolas. Un papel volante gris escapa la calle que me lleva al parque regresa a mi al ojo de mi padre abriéndome la puerta. Segundo. Alrededor las formas que vagaron la vida más querible cuando aún no la sabía. Después todos los bancos lánguidamente recostados...
Residuos
Jorge Guillén
Albor. El horizonte entreabre sus pestañas, y empieza a ver. ¿Qué? Nombres. Están sobre la pátina de las cosas. La rosa se llama todavía hoy rosa, y la memoria de su tránsito, prisa. Prisa de vivir más. A lo largo amor nos alce esa pujanza agraz del Instante, tan ágil que en llegando a su meta corre a imponer Desp...
LOS NOMBRES
Luis de Góngora
Por una negra señora un negro galán doliente negras lágrimas derrama de un negro pecho que tiene. Hablóla una negra noche, y tan negra, que parece que de su negra pasión el negro luto le viene. Lleva una negra guitarra, negras las cuerdas que tiene, negras también las clavijas, pues negro es el que las tuerce. —«N...
LUTO POÉTICO
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Cantas y a sol y a cielo con tu canto tu voz desgrana el cereal del día, hablan los pinos con su lengua verde: trinan todas las aves del invierno. El mar llena sus sótanos de pasos, de campanas, cadenas y gemidos, tintinean metales y utensilios, suenan las ruedas de la caravana. Pero sólo ...
Cien sonetos de amor
Teresa Domingo Català
Vendrá el deshielo y se llevará consigo todo el agua del amanecer que sobra. Con una jeringuilla de manzana, inoculará paz a los cadáveres que sollozan pan con manos de arcilla.
Deshielo
Claribel Alegría
Fui la nube y la lluvia y el mar y quiero ser la tarde y la muralla y tú.
FRONTERAS
Fray Luis de León
Virtud, hija del cielo, la más ilustre empresa de la vida, en el escuro suelo luz tarde conocida, senda que guía al bien, poco seguida; tú dende la hoguera al cielo levantaste al fuerte Alcides, tú en la más alta esfera con las estrellas mides al Cid, clara victoria de mil lides. Por ti el paso desvía de la profund...
ODA II - A DON PEDRO PORTOCARRERO
Luciano Castañón
Estáis ahí: tú, Maximino, tocas el laúd, tu vieja madre, ex-artista canta con voz cascada —estrangulada e íntima—. La Traga y otras dos vacas marinas, bajo el parlante mirar de La Muda, atienden el bar. ¿El bar? Ángulo de habitación con marineros de mirada erecta, hombres de profesión indefinida y un niño en andador qu...
Maximino
Paz Díez Taboada
Tenía aquel camino un horizonte abierto y, sobre los ribazos, pequeñas flores cándidas. ¿Cómo encontrar ahora en el mapa su huella, si se apagan las luces sobre el telón de fondo?
Pérdida
Vicente Aleixandre
Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo, sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido, llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado. No es bueno quedarse en la orilla como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca. Sino que es puro y sereno arras...
EN LA PLAZA
Guillermo Valencia
Hay un instante del crepúsculo en que las cosas brillan más, fugaz momento palpitante de una morosa intensidad. Se aterciopelan los ramajes, pulen las torres su perfil, burila un ave su silueta sobre el plafondo de zafir. Muda la tarde, se concentra para el olvido de la luz, y la penetra un don süave de melancólica...
HAY UN INSTANTE
Juan Luis Panero
Por la noche, con la luz apagada, miraba a través de los cristales, entre los conocidos huecos de la persiana. Como un rito o una extraña costumbre la escena se repetía, día tras día, igual siempre a sí misma. Frente a frente su ventana, la veía aparecer y bajo la tenue claridad de la luz, lentamente, irse haciendo d...
MEMORIA DE LA CARNE
Miguel Hernández
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas, y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras. Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra más sombría. El dolor y su man...
ELEGÍA PRIMERA
Vicente Aleixandre
Vinieras y te fueras dulcemente, de otro camino a otro camino. Verte, y ya otra vez no verte. Pasar por un puente a otro puente. —El pie breve, la luz vencida alegre—. Muchacho que sería yo mirando aguas abajo la corriente, y en el espejo tu pasaje fluir, desvanecerse.
ADOLESCENCIA
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos: quiero la luz y el trigo de tus manos amadas pasar una vez más sobre mí su frescura: sentir la suavidad que cambió mi destino. Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero, quiero que tus oídos sigan oyendo el viento, que huelas el aroma del ...
Cien sonetos de amor
José Agustín Goytisolo
Contemplar las palabras sobre el papel escritas, medirlas, sopesar su cuerpo en el conjunto del poema, y después, igual que un artesano, separarse a mirar cómo la luz emerge de la sutil textura. Así es el viejo oficio del poeta, que comienza en la idea, en el soplo sobre el polvo infinito de la memoria, sobre la exp...
EL OFICIO DEL POETA
Luis de Góngora
Este, que Babia al mundo hoy ha ofrecido Poema, si no a números atado, De la disposición antes limado Y de la erudición después lamido, Historia es culta, cuyo encanecido Estilo, si no métrico, peinado, Tres ya pilotos del bajel sagrado Hurta al tiempo y redime del olvido. Pluma, pues, que claveros celestiales Eter...
PARA LA CUARTA PARTE DE LA PONTIFICIAL DEL DOCTOR BABIA
Ramón López Velarde
En la muerte de José Enrique Rodó. En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíac...
LA DONCELLA VERDE
Roque Dalton
A los locos no nos quedan bien los nombres. Los demás seres llevan sus nombres como vestidos nuevos, los balbucean al fundar amigos, los hacen imprimir en tarjetitas blancas que luego van de mano en mano con la alegría de las cosas simples. Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios, los pobres Juane...
LOS LOCOS
null
null
null
Julio Flórez Roa
¡Ay! ¿Cómo quieres que tu madre encuentre en este mundo bienhechora calma, si le desgarras, al nacer, el vientre, y le desgarras, al morir, el alma? ¡Y esa madre infeliz, cómo a porfía quiere darte, en el mundo, horas serenas, si en la leche fetal con que te cría, bebes tú... todo el zumo de sus penas! ¿Cómo quiere...
LEY IMPLACABLE
Gustavo Adolfo Bécquer
Cuando en la noche te envuelven las alas de tul del sueño y tus tendidas pestañas semejan arcos de ébano, por escuchar los latidos de tu corazón inquieto y reclinar tu dormida cabeza sobre mi pecho, diera, alma mía, cuanto posea: ¡la luz, el aire y el pensamiento! Cuando se clavan tus ojos en un invisible...
Rima XXV
Ramón López Velarde
Tu paz —¡oh paz de cada día!— y mi dolor que es inmortal, se han de casar, Amada mía, en una noche cuaresmal. Quizá en un Viernes de Dolores, cuando se anuncian ya las flores y en el altar que huele a lirios el casto pecho de María sufre por nos siete martirios; mientras la luna, Amada mía, deja caer sus tenues fran...
CUARESMAL
Roque Dalton
Yo, como tú, amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero. También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas. Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos. Y que mis venas no terminan en mí sino en la sangre un...
COMO TÚ
José María Gabriel y Galán
¡Me jiedin los hombris que son medio jembras! Cien vecis te ije que no se lo dieras, que al chinquín lo jacían marica las gentis aquellas. Ahora ya lo vide, y a mí no me mandis más vecis que güelva. Te largas tú a velo, que pue que no creas que tu cuerpo ha parío aquel mozu, ni que lo cebasti con tu lechi mesma, ni q...
VARÓN
Carmen Conde Abellán
Esos hombres del violín llevan su voz en el brazo como la vena firme de una canción muchacha. Van celándola dulces, con los ojos cerrados, todos brasa y suspiro del ensueño que llueve diminuto rocío de aprisionadas flores en los cuerpos fragrantes de sus violines músicos, aun con hojas y aromas del encendido bosque. ...
HOMBRE CON VIOLÍN
Luis de Góngora
Érase una vieja De gloriosa fama, Amiga de niñas, De niñas que labran. Para su contento Alquiló una casa Donde sus vecinas Hagan sus coladas. Con la sed de amor Corren a la balsa Cien mil sabandijas De natura varia, A que con sus manos, Pues tiene tal gracia Como el unicornio, Bendiga las aguas. También acudía La...
Érase una vieja
Federico García Lorca
Mi sombra va silenciosa por el agua de la acecia. Por mi sombra están las ranas privadas de las estrellas. La sombra manda a mi cuerpo reflejos de cosas quietas. Mi sombra va como inmenso cínife color violeta. Cien grillos quieren dorar la luz de la cañavera. Una luz nace en mi pecho, reflejado, de la acequ...
Debussy
Claudio Rodríguez
Dejad que el viento me traspase el cuerpo y lo ilumine. Viento sur, salino, muy soleado y muy recién lavado de intimidad y redención, y de impaciencia. Entra, entra en mi lumbre, ábreme ese camino nunca sabido: el de la claridad. Suena con sed de espacio, viento de junio, tan intenso y libre que la respiración, que a...
UN VIENTO
Oliverio Girondo
Todos los intermedios pudresienes de espera de esqueleto de lluvia sin persona cuando no neutros lapsus micropulpos engendros del sotedio pueden antes que cóncavos ausentes en seminal yacencia ser otros flujos ácidos del diurno sueño insomne otros sorbos de páramo tan viles vivas bilis de nonadas carcomas diametrales...
ANTE EL SABOR INMÓVIL
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Dos amantes dichosos hacen un solo pan, una sola gota de luna en la hierba, dejan andando dos sombras que se reúnen, dejan un solo sol vacío en una cama. De todas las verdades escogieron el día: no se ataron con hilos sino con un aroma, y no despedazaron la paz ni las palabras. La dicha es ...
Cien sonetos de amor
Jorge Guillén
Llegó la sangre al río. Todos los ríos eran una sangre, Y por las carreteras De soleado polvo —O de luna olivácea— Corría en río sangre ya fangosa Y en las alcantarillas invisibles El sangriento caudal era humillado Por las heces de todos. Entre las sangres todos siempre juntos, Juntos formaban una red de miedo. Tam...
LA SANGRE AL RÍO
Gabriela Mistral
Mientras tiene luz el mundo y despierto está mi niño, por encima de su cara, todo es un hacerse guiños. Guiños le hace la alameda con sus dedos amarillos, y tras de ella vienen nubes en piruetas de cabritos... La cigarra, al mediodía, con el frote le hace guiño, y la maña de la brisa guiña con su pañalito. ...
La tierra y la mujer
Roque Dalton
La luna se me murió aunque no creo en los ángeles. La copa final transcurre antes de la sed que sufro. La grama azul se ha perdido huyendo tras tu velamen. La mariposa incendiando su color, fue de ceniza. La madrugada fusila rocío y pájaros mudos. La desnudez me avergüenza y me hace heridas de niño. El ...
ODIAR EL AMOR
Luis Alberto de Cuenca
Hasta aquí, amor. Aquí. Fauce abisal de mi propio deseo, encadenado y libre como el ancla entre sus limos. Aquí, ferviente explorador de gozos. No temas, cuerpo mío, arquitectura sumergida, ciudad imaginada. Gusta breve solaz, toca su lumbre, admira su contorno, prevalece. Tiniebla en la tiniebla, pez de sombra, no h...
RUMBO A LONDRES
Gustavo Adolfo Bécquer
Llegó la noche y no encontré un asilo; y tuve sed ... ¡mis lágrimas bebí! ¡Y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos cerré para morir! ¿Estaba en un desierto? Aunque a mi oído de las turbas llegaba el ronco hervir, yo era huérfano y pobre... El mundo estaba desierto... ¡para mí!
Rima LXV
Luis Cernuda
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerp...
Diré cómo nacisteis
César Vallejo
Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso; y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernes santo más dulce que ese beso. En esta noche clara que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso. En esta noche de setiembre se ha oficiad...
El poeta a su amada
Ramón López Velarde
Entré a la vasta veleidad del piélago con humos de pirata... Y me sentía ya un poco delfín y veía la plata de los flancos de la última sirena, cuando mi devaneo anacrónico viose reducido a un amago humillante de mareo. Mas no guardo rencor a la inestable eternidad de espuma y efímeros espejos. Porque sobre ella fui ...
EN EL PIÉLAGO VELEIDOSO
Carmen Conde Abellán
Las miradas son árboles que se deshojan. Hay que penetrar lo compacto, que taladrar el misterio para descubrir el suelo cubierto de álamos, de olmos, de palmípedos cedros. La prieta vegetación humilla bajo el peso del tiempo su copiosidad radiante, de éteres húmeda... ¡Ah el precipitado ímpetu de las ramas, de las m...
TODAS LAS MIRADAS
Ana Rossetti
A Thomas Chatterton (1752-1770) Y tan pronto amanece, cada vez más intensa, la roja cabellera mana sobre su rostro. (Encantadora curva la del cuello que emerge del entreabierto escote). La arrugada blancura de la amplia camisa muestra el brazo que pende hasta el entarimado donde, pálidamente, se fruncen, rotos, ...
LA BUHARDILLA DE THOMAS
Rubén Darío
Éste del cabello cano, como la piel del armiño, juntó su candor de niño con su experiencia de anciano; cuando se tiene en la mano un libro de tal varón, abeja es cada expresión que, volando del papel, deja en los labios la miel y pica en el corazón.
Campoamor