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José Ángel Buesa
Vengo de tu jardín de altos aromas, con esta flor que embriaga como un vino. Quizás por eso fue que en el camino me siguió una bandada de palomas. Y ahora, en mi huerto, en esta entristecida paz del que nada odia y nada ama, me tropiezan los pies con una rama seca y rota, lo mismo que mi vida. Y, como quien regresa...
LA RAMA ROTA
Juan Ramón Mansilla
Que este poema te proteja de la soledad y te sirva de refugio, incluso contra mí mismo. Es mi conjuro, aunque la poesía no valga para alterar las leyes del sentimiento o la materia. Pero, si durante un solo minuto, poco más se tarda en leerlo, velase por ti como una lámpara encendida en la alcoba, si te diera el calor...
Conjuro
José Lezama Lima
...por hacerme placer, me vino a dar el idolillo, el cual hice echar luego en un río. SANTA TERESA: Vida Los ídolos de cobre sobre el río pusiste en obra del amor llagado. Su casta fuera, redoble enamorado tuerce la mueca de inhumano brío. Cuando la imagen balbuciente al frío lastima su rostro, espejo despreciado...
A SANTA TERESA SACANDO UNOS IDOLILLOS
Teresa Domingo Català
El fiero deslizar de la penumbra acentúa los rasgos invernales de los besos que nunca sucedieron. ¿Dónde van esos besos que son agua marchita por el ulular del ángel? ¿Dónde rezan los árboles hundidos? Si se apaga el poder de la memoria a los pies del cordero devastado ¿dónde sollozarán las madreselvas? Recuerdos d...
Las horas
Rafael Alberti
Zarparé, al alba, del Puerto, hacia Palos de Moguer, sobre una barca sin remos. De noche, solo, ¡a la mar! y con el viento y contigo! Con tu barba negra tú, yo barbilampiño.
CON ÉL
Amado Nervo
Eres uno con Dios, porque le amas. ¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria, eres uno con Dios, porque le amas! Le buscaste en los libros, le buscaste en los templos, le buscaste en los astros, y un día el corazón te dijo, trémulo: «aquí está», y desde entonces ya sois uno, ya sois uno los dos, porque le amas. N...
Uno con él
Lope de Vega
Juanilla, por tus pies andan perdidos más poetas que bancos, aunque hay tantos, que tus paños lavando entre unos cantos oscureció su nieve a los tendidos. Virgilio no los tiene tan medidos, las musas hacen con la envidia espantos; que no hay picos de rosca en Todos Sa[n]tos como tus dedos blancos y bruñidos. Andar ...
HIPÉRBOLE A LOS PIES DE SU DAMA
José María Gabriel y Galán
Mujer de inteligencia peregrina y corazón sublime de cristiana, fue más divina cuanto más humana y más humana cuanto más divina. Hasta el impío ante tu fe se inclina y adora la grandeza soberana de la egregia doctora castellana, de la santa mujer y la heroína. ¡Oh mujer! Te dará la humana historia la gloria que por...
A TERESA DE JESÚS
Pedro Luis Menéndez
Hoy trece de octubre de este año azul en Sarajevo ha muerto un niño. Podría ser el hijo que no tengo o esa niña que mira y que no entiende y toma notas cuando explico a Manrique y luego, cuando al fin suena el timbre, mira con otros ojos la luz de un compañero que espera en el pasillo. En Sarajevo ha muerto un niño que...
Canto de los niños de Sarajevo
Rubén Darío
Amo tu delicioso alejandrino como el de Hugo, espíritu de España; éste vale una copa de champaña como aquél vale «un vaso de bon vino». Mas a uno y otro pájaro divino la primitiva cárcel es extraña; el barrote maltrata, el grillo daña, que vuelo y libertad son su destino. Así procuro que en la luz resalte tu ...
A Maestre Gonzalo de Berceo
Marilina Rébora
Dos de la madrugada. En trémula zozobra; los silencios, vivientes; la oscuridad sin borde; cuando la fuerza falta y la tristeza sobra, en soledad infinita para estar más acorde. De improviso resuena el son de un benteveo con tono tan alegre que regocija el alma, y es tal la donosura de su simple gorjeo que sonrío, i...
DIOS EXISTE
Nicanor Parra
Señoras y señores Ésta es nuestra última palabra. —Nuestra primera y última palabra— Los poetas bajaron del Olimpo. Para nuestros mayores La poesía fue un objeto de lujo Pero para nosotros Es un artículo de primera necesidad: No podemos vivir sin poesía. A diferencia de nuestros mayores —Y esto lo digo con todo res...
MANIFIESTO
Teresa Domingo Català
A veces cae el velo de la noche y nos muestra su faz incuestionable, sus pozos, su espiral, el latido último de un palpitar de fuegos pavorosos. A veces somos noche sin disfraz, cuerpo oscuro que clama el sacrificio, y es ella quien pronuncia nuestro nombre desleído en las gotas del lenguaje. A veces somos carne de p...
Los ojos de la noche
Ramón López Velarde
Amiga que te vas: quizá no te vea más. Ante la luz de tu alma y de tu tez fui tan maravillosamente casto cual si me embalsamara la vejez. Y no tuve otro arte que el de quererte para aconsejarte. Si soltera agonizas, irán a visitarte mis cenizas. Porque ha de llegar un ventarrón color de tinta, abriendo tu balcón....
SI SOLTERA AGONIZAS
Porfirio Barba Jacob
El alma traigo ebria de aroma de rosales y del temblor extraño que dejan los caminos... A la luz de la luna las vacas maternales dirigen tras mi sombra sus ojos opalinos. Pasan con sencillez hacia la cumbre, rumiando simplemente las hierbas del vallado; o bien bajo los árboles con clara mansedumbre se aduermen al ar...
EL CORAZÓN REBOSANTE
Ramón López Velarde
Esta novia del alma con quien soñé en un día fundar el paraíso de una casa risueña y echar, pescando amores, en el mar de la vida mis redes, a la usanza de la edad evangélica, es blanca como la hostia de la primera misa que en una azul mañana miró decir la tierra, luce negros los ojos, la túnica sombría y en un ungi...
ELLA
César Vallejo
Melancolía, saca tu dulce pico ya; no cebes tus ayunos en mis trigos de luz. Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales la sangre que extrajera mi sanguijuela azul! No acabes el maná de mujer que ha bajado; yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz, mañana que no tenga yo a quién volver los ojos, cuando abra su gran...
Avestruz
Gustavo Adolfo Bécquer
¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, es altanera y vana y caprichosa; antes que el sentimiento de su alma, brotará el agua de la estéril roca. Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada..., pero... ¡es tan hermosa!
Rima XXXIX
José Asunción Silva
A M... En el dulce reposo de la tarde cuando al ponerse el sol en occidente su luz dorada, de la vida fuente, como una hoguera en los espacios arde, o de la noche en el silencio umbrío cuando la luna con fulgor de plata alumbra a trechos el sonante río y en sus límpidas ondas se retrata, entre las sombras de la vida...
REALIDAD
Rubén Darío
¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, que habría que llegar hasta ti, Cazador! Primitivo y moderno, sencillo y complicado, con un algo de Washington y cuatro de Nemrod. Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún h...
A Roosevelt
Pablo Neruda
LIBRO hermoso, libro, mínimo bosque, hoja tras hoja, huele tu papel a elemento, eres matutino y nocturno, cereal, oceánico, en tus antiguas páginas cazadores de osos, fogatas cerca del Mississippi, canoas en las islas, más tarde caminos y caminos, revelaciones, pueblos insurgentes, Rimbaud como un herido pez sangriento...
Oda al libro (II)
Alfredo Lavergne
Soy feliz Porque mi cuerpo busca su centro interior Porque cambian de voz y los reconozco Porque no soy de vuestras arengas Porque nací en la inexactitud Porque estorbo Entre las máquinas de este fin de siglo En esta década que lleva al crematorio Al Homo cum industria Oh presente Soy nada Soy nadie Polifemo Ul...
Después de Jauja
Delfina Acosta
Hay modos de marcharse de la vida: poco a poco se van de tu memoria los versos más hermosos de Rimbaud. Te ocurren dos fatalidades juntas: se te muere la rosa que al mirarla quisiste con suspenso de niño, con el amor de Dios, y se entierran, también, en el jardín, las hojas amarillas de tu alma. Para llenar las horas...
Los modos de marcharse
Luciano Castañón
Ahora sí que eres Bola de Sebo, sí. Diez años que te conozco, y sin poseerte tres. «Ya no me acuesto con hombres; soy la dueña de la casa.» Bola de Sebo en la redondez espesa de tus brazos, en tu vientre sin línea y muelle, en tu torso macizo e inabarcable ; mas casi no Bola de Sebo en tus manuables pechos duros, en tu...
Marinero de Maupassant
Alfredo Lavergne
Pasan hombres que descriptan la historia De nuestra gente... Que la clasifican En magia inspirada del indígena En tradición condecoradora del conquistador En caudillos de las retiradas En portugueses encantados por la creación de una raza tropical En blancos que inventaron la carta blanca En negros que construyeron el ...
Brisa continental
Amado Nervo
¿Ves el sol, apagando su luz pura en las ondas del piélago ambarino? Así hundió sus fulgores mi ventura para no renacer en mi camino. Mira la luna: desgarrando el velo de las tinieblas, a brillar empieza. Así se levantó sobre mi cielo el astro funeral de la tristeza. ¿Ves el faro en la peña carcomida que el m...
Perlas negras V
Gonzalo Rojas
Mala suerte acostarse con fenicias, yo me acosté con una en Cádiz bellísima y no supe de mi horóscopo hasta mucho después cuando el Mediterráneo me empezó a exigir más y más oleaje; remando hacia atrás llegué casi exhausto a la duodécima centuria: todo era blanco, las aves, el océano, el amanecer era blanco. Pertene...
QUEDESHÍM QUEDESHÓTH
Julio Flórez Roa
De noche, bajo el cielo desolado, pienso en tu amor y pienso en tu abandono, y miro, en mi interior, deshecho el trono que te alcé como a un ídolo sagrado. Al ver mi porvenir despedazado por tu infidelidad, crece mi encono; mas, como sé que sufres, te perdono. ¡Oh!... ¡Tú, jamás me hubieras perdonado! Mis lágrimas,...
¿QUIÉN OYE?
Vicente Gerbasi
Tu aldea en la colina redonda bajo el aire del trigo, frente al mar con pescadores en la aurora, levantaba torres y olivos plateados. Bajaban por el césped los almendros de la primavera, el labrador como un profeta joven, y la pequeña pastora con su rostro en medio de un pañuelo. Y subía la mujer del mar con una fres...
CANTO VII
Jorge Luis Borges
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida no fue...
El remordimiento
Ricardo Dávila Díaz Flores
Aurora, ¿qué sube por tu rostro hasta tus ojos? ¿Qué muerte blanda comienza a agitarse en ellos? ¿Por qué miras como un río? No dejes que sus ondas tiemblen. No dejes que las piedras lleguen hasta el agua. No dejes que las luces de sal sequen tu rostro. ¿Por qué sigues mirando como un río, aurora? No hagamos esto. N...
El adiós y sus piedras
Rubén Darío
Padre y maestro mágico, liróforo celeste que al instrumento olímpico y a la siringa agreste diste tu acento encantador; ¡Panida! Pan tú mismo, con coros condujiste hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste, ¡al son del sistro y del tambor! Que tu sepulcro cubra de flores Primavera, que se humedezca el ás...
Responso a Verlaine
Juan Ramón Jiménez
¡Qué tristeza este pasar el caudal de cada día (¡vueltas arriba y abajo!), por el puente de la noche (¡vueltas abajo y arriba!), al otro sol! ¡Quién supiera dejar el manto, contento, en las manos del pasado; no mirar más lo que fue; entrar de frente y gustoso, todo desnudo, en la libre alegría d...
LA MEMORIA
Carlos Edmundo de Ory
Solo en el mundo con mi media oreja y una cortada flor en el semblante bajo a la mina honda del diamante que no tiene raíz ni tiene reja. Mas como soy del odio tenue abeja manada de algún duende nigromante peinaré de mi espalda el monte amante y con heces de concha de la almeja. Mi paranoia de Iolao y Averno ¡hola ...
SONETO PARANOICO
César Vallejo
Hoy no ha venido nadie a preguntar; ni me han pedido en esta tarde nada. No he visto ni una flor de cementerio en tan alegre procesión de luces. Perdóname, Señor: qué poco he muerto! En esta tarde todos, todos pasan sin preguntarme ni pedirme nada. Y no sé qué se olvidan y se queda mal en mis manos, como cosa ...
Ágape
Octavio Paz
La tinta verde crea jardines, selvas, prados, follajes donde cantan las letras, palabras que son árboles, frases que son verdes constelaciones. Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran como una lluvia de hojas a un campo de nieve, como la yedra a la estatua, como la tinta a esta página. Brazos,...
Escrito con tinta verde
Javier Alvarado
II Cierto, no estarás desnuda por ruinas y hospitales, ni dejarás que se lleven al mar tus revelaciones en el espejo de tu carne, mortalmente edificada por arquitectos dantescos o por guerreros y ancianos egregios, que quemaron sus barbas y alzaron las naves para huir de su pueblo y dar saltos de eclosión o de miserab...
Por ti no pasa nunca el tiempo
Luis Cernuda
Los marineros son las alas del amor, son los espejos del amor, el mar les acompaña, y sus ojos son rubios lo mismo que el amor rubio es también, igual que son sus ojos. La alegría vivaz que vierten en las venas rubia es también, idéntica a la piel que asoman; no les dejéis marchar porque sonríen como la liber...
Los marineros son las alas del amor
Odette Alonso
Vender el alma al Diablo o vender el alma a Dios. Vender el alma y que ella llegue alguna tarde a ponerme su almíbar en los labios a dejarme danzar descalza en esta alfombra. Su almíbar o su furia sobre mis tristes huesos que esperan por la muerte o la felicidad. Vender el alma el cuerpo y que ella diga sí que me pon...
MARGARITA O LA IDEA DE LA FELICIDAD
Rafael Alberti
Vino el que yo quería el que yo llamaba. No aquel que barre cielos sin defensas. luceros sin cabañas, lunas sin patria, nieves. Nieves de esas caídas de una mano, un nombre, un sueño, una frente. No aquel que a sus cabellos ató la muerte. El que yo quería. Sin arañar los aires, sin herir hojas ni mover ...
EL ÁNGEL BUENO
Juan Liscano
Como la ola pero no como la mar inacabable como la ola solamente que nace y se derrumba como la ola que muere de su propio impulso que se expande rugiente y se estrella espumea destella hasta abolirse en la ribera o regresar a su origen como la ola que es un temblor del tiempo tú y yo sobre la playa ...
MAREA VIVA
Pablo Neruda
(Sephanoides II) EL COLIBRí de siete luces, el picaflor de siete flores, busca un dedal donde vivir: son desgraciados sus amores sin una casa donde ir lejos del mundo y de las flores. Es ilegal su amor, señor, vuelva otro día y a otra hora: debe casarse el picaflor para vivir con picaflora: yo no le alquilo este deda...
Picaflor (II)
Julia de Burgos
¡Y si dijeran que soy como devastado crepúsculo donde ya las tristezas se durmieron! Sencillo espejo donde recojo el mundo. Donde enternezco soledades con mi mano feliz. Han llegado mis puertos idos tras de los barcos como queriendo huir de su nostalgia. Han vuelto a mi destello las lunas apagadas que d...
Poema perdido en pocos versos
Pablo Neruda
YO fui cantando errante, entre las uvas de Europa y bajo el viento, bajo el viento en el Asia. Lo mejor de las vidas y la vida, la dulzura terrestre, la paz pura, fui recogiendo, errante, recogiendo. Lo mejor de una tierra y otra tierra yo levanté en mi boca con mi canto: la libertad del viento, la paz entre las uvas...
Tenéis que oírme
Federico García Lorca
La primera vez no te conocí. La segunda, sí. Dime si el aire te lo dice. Mañanita fría yo me puse triste, y luego me entraron ganas de reírme. No te conocía. Sí me conociste. No me conociste. Ahora entre los dos se alarga impasible, un mes, como un biombo de días grises. La primera vez no te conocí. ...
En el instituto y en la universidad
Claribel Alegría
Ven conmigo subamos al volcán para llegar al cráter hay que romper la niebla allí adentro en el cráter burbujea la historia: Atlacatl Alvarado Morazán y Martí y todo ese gran pueblo que hoy apuesta. Desciende por las nubes hacia el juego de verdes que cintila: los amantes la ceiba el cafetal mira los zopilotes espera...
VEN CONMIGO
Juan Ramón Jiménez
Yo no soy yo. Soy este que va a mi lado sin yo verlo, que, a veces, voy a ver, y que, a veces olvido. El que calla, sereno, cuando hablo, el que perdona, dulce, cuando odio, el que pasea por donde no estoy, el que quedará en pie cuando yo muera.
Yo no soy yo
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor Pero olvidé que tus manos satisfacían las raíces, regando rosas enmarañadas, hasta que florecieron tus huellas digitales en la plenaria paz de la naturaleza. El azadón y el agua como animales tuyos te acompañan, mordiendo y lamiendo la tierra, y es así cómo, trabajando, desprendes fecundida...
Cien sonetos de amor
Infantiles
Poderoso caballero es don Dinero. Madre, yo al oro me humillo; él es mi amante y mi amado, pues, de puro enamorado, de contino anda amarillo: que, pues, doblón o sencillo, hace todo cuanto quiero, Poderoso caballero es don Dinero. Nace en las Indias honrado, donde el mundo le acompaña; viene a morir en España y es en ...
Poderoso caballero
Felipe Benítez Reyes
Bien sabes que estos años pasarán, que todo acabará en literatura: la imagen de las noches, la leyenda de la triunfante juventud y las ciudades vividas como cuerpos. Que estos años pasarán ya lo sabes, pues son tuyos como una posesión de nieve y niebla, como es del mar la bruma o es del...
EL DIBUJO EN EL AGUA
María Cristina Azcona
Verdinegras, las aguas estancadas Quietas están como un espejo oscuro. Súrcalas blanco cisne sin apuro. Suave, en silencio, las alas plegadas. Margaritas, al verlo alborotadas Lo saludan detrás de verde muro Dejándose caer abandonadas Al embrujo del blancor tan puro. De pronto al cisne espanta cruel sonido Dejando a ...
Las margaritas y el cisne
Luis Palés Matos
¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo donde mi pobre gente se morirá de nada! Aquel viejo notario que se pasa los días en su mínima y lenta preocupación de rata; este alcalde adiposo de grande abdomen vacuo chapoteando en su vida tal como en una salsa; aquel comercio lento, igual, de hace diez siglos; estas cab...
PUEBLO
Bertolt Brecht
Tus penas eran mis penas, las mías, tuyas. Si no estabas tú contenta, yo no lo estaba.
Como era II
Pablo Neruda
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos. Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, ...
Entrada a la madera
Garcilaso de la Vega
Mi lengua va por do el dolor la guía; ya yo con mi dolor sin guía camino; entrambos hemos de ir, con puro tino; cada uno a parar do no querría; yo, porque voy sin otra compañía, sino la que me hace el desatino, ella, porque la lleve aquel que vino a hacerla decir más que querría. Y es para mí la ley tan desigual, q...
SONETO XXXII
Gustavo Adolfo Bécquer
Voy contra mi interés al confesarlo; no obstante, amada mía, pienso, cual tú, que una oda sólo es buena de un billete del Banco al dorso escrita. No faltará algún necio que al oírlo se haga cruces y diga: ?Mujer al fin del siglo diecinueve, material y prosaica... ¡Boberías! Voces que hacen correr cuatro poetas...
Rima XXVI
José Gorostiza
Esa palabra que jamás asoma a tu idioma cantado de preguntas, esa, desfalleciente, que se hiela en el aire de tu voz, sí, como una respiración de flautas contra un aire de vidrio evaporada, ¡mírala, ay, tócala! ¡mírala ahora! en esta exangüe bruma de magnolias, en esta nimia floración de vaho que —ensombrecido en luz...
PRELUDIO
Antonio Colinas
Que este celeste pan del firmamento me alimente hasta el último suspiro. Que estos campos tan fieros y tan puros me sean buenos, cada día más buenos. Que si en tiempo de estío se me encienden las manos con cardos, con ortigas, que al llegar el invierno los sienta como escarcha en mi tejado. Que cuando me parezca que...
LETANÍA DEL CIEGO QUE VE
Luis de Góngora
No destrozada nave en roca dura Tocó la playa más arrepentida, Ni pajarilla de la red tendida Voló más temeroso a la espesura; Bella ninfa la planta mal segura No tan alborotada ni afligida Hurtó de verde prado, que escondida Víbora regalaba en su verdura, Como yo, Amor, la condición airada, Las rubias trenzas y la...
No destrozada nave en roca dura
Blanca Andreu
Dame la noche que no intercede, la noche migratoria con cifras de cigüeña, con la grulla celeste y su alamar guerrero, palafrén de la ola oscuridad. Dame tu parentesco con una sombra de oro, dame el mármol y su perfil leve y ciervo, como de estrofa antigua. Dame mis manos degolladas por la noche que no intercede, pa...
DAME LA NOCHE QUE NO INTERCEDE
Ismael Enrique Arciniegas
Al través de las brumas y la nieve, En el rostro el dolor, la vista inquieta, El pie cansado vacilante mueve... Allá va, ¿no lo veis? ¡Pobre poeta! Sobre el herido corazón coloca La lira meliodosa, y macilento, Sentado al pie de la desnuda roca, Así prorrumpe en desmayado acento: «Ved las hojas marchitas, ved el av...
EL ÚLTIMO CANTO
Pablo Neruda
20 poemas de amor y una canción desesperada Aquí te amo. En los oscuros pinos se desenreda el viento. Fosforece la luna sobre las aguas errantes. Andan días iguales persiguiéndose. Se desciñe la niebla en danzantes figuras. Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. A veces una vela. Altas, altas estrellas. O...
20 poemas de amor y una canción desesperadaPoema 18
León Felipe
Con las piedras sagradas de los templos caídos grava menuda hicieron los martillos largos de los picapedreros analíticos. Después, sobre esta grava, se ha vertido el asfalto negro y viscoso de los pesimismos. Y ahora... Ahora, con esta mezcla extraña, se han abierto calzadas y caminos por donde el cascabel de la espe...
Con las piedras sagradas
William Shakespeare
Cuando pienso que todo cuanto crece dura en su perfección un breve instante, como de la mañana el sol radiante que, al avanzar la tarde, se oscurece; cuando miro que todo se envejece como flor mañanera y rozagante que pronto se deshoja, agonizante, y al morir el crepúsculo perece; se aflige mi alma y por tu suerte ll...
Cuando pienso que todo cuanto crece...
José Luis Piquero
Sólo la amistad es un hecho consumado Sully Prudhomme Nos vemos a menudo. Cenamos mucho juntos. A veces, a la hora peor, cogiendo el taxi, los miro como a extraños. Despedirse y sonreirnos tanto son muecas del alcohol. ¿Quiénes son estos? O a la vuelta del viaje -se ha pasado muy bien-, súbitamente singularizados po...
Amigos
Jorge Debravo
La noche, deseosa, apenumbrada, te quitó sin pensar las zapatillas... y —por sentirse blanca y alumbrada— desnudó blancamente tus rodillas. Luego —por diversión, sin decir nada— la noche se llevó tu blusa larga y te arrancó la falda ensimismada como una cosa tímida y amarga. Después te colocaste travesura: desnudas...
DESVESTIDO
Mario Benedetti
No sabes como necesito tu voz; necesito tus miradas aquellas palabras que siempre me llenaban, necesito tu paz interior; necesito la luz de tus labios !!! Ya no puedo... seguir así !!! ...Ya... No puedo mi mente no quiere pensar no puede pensar nada más que en ti. Necesito la flor de tus manos aquella paciencia de todo...
Lo que necesito de ti
Jordi Doce
No hay tiempo en el instante del asombro, sino el cruce tal vez de muchos tiempos, baraja ensimismada en un abismo con fondo en el imán de lo indecible. Hacia esa lumbre miran tus palabras. Hacia esa tea que sostiene, alerta, el ávido crupier de los sentidos. Desenreda sus hilos el instante: la ingrávida sorpresa, el ...
Revés del asombro
Gabriela Mistral
Azul loco y verde loco del lino en rama y en flor. Mareando de oleadas baila el lindo azuleador. Cuando el azul se deshoja, sigue el verde danzador: verde-trébol, verde-oliva y el gayo verde-limón. ¡Vaya hermosura! ¡Vaya el Color! Rojo manso y rojo bravo ?rosa y clavel reventón?. Cuando los verdes se rinde...
Ronda de los colores
Mario Benedetti
Un viento misionero sacude las persianas no sé qué jueves trae no sé qué noche lleva ni siquiera el dialecto que propone creo reconocer endechas rotas trocitos de hurras y batir de palmas pero todo se mezcla en un aullido que también puede ser deleite o salmo el viento bate franjas de aluminio llega de no...
Viento del exilio
Julia de Burgos
I - OCASO ¡Cómo suena en mi alma la idea de una noche completa en tus brazos diluyéndome toda en caricias mientras tú te me das extasiado! ¡Qué infinito el temblor de miradas que vendrá en la emoción del abrazo, y qué tierno el coloquio de besos que tendré estremecida en tus labios! ¡Cómo sueño las horas azules que ...
Noche de amor en tres cantos
Corina Bruni
El eco de tu voz, que me persigue en mis horas de insomnio, es un lamento… Y pienso: “Quizá estás triste…, quizá estás solo bajo el firmamento.” Tu soledad se funde en mi presente. Con las manos crispadas, intento, en vano, atrapar el viento que se lleva el eco de tu voz… Y un suspiro me dice: “No podrás; se disolvió…,...
Tu soledad
Nacho Buzón
tenía el tiempo metido en una botella de vino lo agitaba lo emborrachaba después me lo bebía y me sentía mejor tenía mi vida metida en una botella de vino la agitaba la emborrachaba después me la bebía y me sentía peor (a la mañana siguiente claro)
a la mañana siguiente
Gil Vicente
Halcón que se atreve con garza guerrera, peligros espera. Halcón que se vuela con garza a porfía cazarla quería y no la recela. Mas quien no se vela de garza guerrera, peligros espera. La caza de amor es de altanería: trabajos de día, de noche dolor. Halcón cazador con garza tan fiera, peligros espera.
HALCON QUE SE ATREVE
José Luis Piquero
Aquí, sin novia y con hermano casado hace muy poco (con problemas laborales pequeños y prolijos detalles sobre el piso), tú eres el convidado menos importante. Se te recuerda apenas que has de sentirte solo en la casa ya grande, con tus padres, o quizá te pregunten para cuándo será lo tuyo (pero a Lo Tuyo hoy no la ha...
Banquete familiar
Ángel González
Voz que soledad sonando por todo el ámbito asola, de tan triste, de tan sola, todo lo que va tocando. Así es mi voz cuando digo —de tan solo, de tan triste— mi lamento, que persiste bajo el cielo y sobre el trigo. —¿Qué es eso que va volando? —Sólo soledad sonando.
VOZ QUE SOLEDAD SONANDO
León Felipe
¡Qué lástima que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan! ¡Qué lástima que yo no pueda entonar con una voz engolada esas brillantes romanzas a las glorias de la patria! ¡Qué lástima que yo no tenga una patria! Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa des...
QUÉ LÁSTIMA
Ramón López Velarde
Tú, Fuensanta, me libras de los lazos del mal; queman mi boca exangüe de Isaías los carbones; por ti me dan los cielos profundas contriciones y el ensueño me otorga su gracia episcopal. Para comer las viandas del convite nupcial en que se han desposado nuestros dos corazones, tomo el báculo y ciño mis pies y mis riñ...
ALEJANDRINOS ECLESIÁSTICOS
Alfredo Buxán
Alguien supo desde el primer momento que sólo soy un muerto que ha venido a aprender ese estupor, un pobre muerto que no puede dormir, un muerto que ausculta con paciencia la rumia de vivir. Vana ambición, sin duda, cuando la ejerce un muerto.
Presentimiento
Mario Benedetti
Mirate así qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia qué paliza paterna te generó cobarde qué tristes sumisiones te hicieron despiadado no escapes a tus ojos mirate así ónde están las walkirias que no pudiste la primera marmita de tus sañas te metiste en crueldades de once varas y ahora el odio te sigue como un b...
Torturador y espejo
Rubén Izaguirre Fiallos
Ayer murió Agustín Lara y hoy mi papá hace fila para ver su féretro. Mañana, yo, voy a nacer.
Ciudad de México, noviembre/1970
Delfina Acosta
El pueblo alumbra noches muy serenas, mas fiada de tus ojos, Jesucristo, mejor contemplo el viejo firmamento, el árbol bajo el astro y los caminos. En noches de neblina yo te veo. Qué paz, Señor, teniéndote conmigo, pues eres tú la puerta que me guarda del mundo que aun afuera es un peligro. Mas cuánta es mi orfandad ...
En tu nombre
Luis de Góngora
Duélete de esa puente, Manzanares; Mira que dice por ahí la gente Que no eres río para media puente, Y que ella es puente para muchos mares. Hoy, arrogante, te ha brotado a pares Húmedas crestas tu soberbia frente, Y ayer me dijo humilde tu corriente Que eran en marzo los caniculares. Por el alma de aquel que ha pr...
Duélete de esa puente, Manzanares
Roque Dalton
Finaliza Septiembre. Es hora de decirte lo difícil que ha sido no morir. Por ejemplo, esta tarde tengo en las manos grises libros hermosos que no entiendo, no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia y me cae sin motivo el recuerdo del primer perro a quien amé cuando niño. Desde ayer que te fuiste h...
HORA DE LA CENIZA
Fa Claes
¿Es inhumano lo que quiero? La vida me muestra las frutas y la sociedad dice: ¡déjalas! Es inhumano lo que la vida Y la sociedad me hacen. Sólo cuando me refugio -se llama resignación eso, eso es humano, dicen- después de un rato ya no siento cómo el cuchillo talla mi carne y ellos roban -inhumanos- la libra entera. ...
Inhumano
Francisco de Quevedo
«Tras vos un Alquimista va corriendo, Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda? Vos os volvéis murciégalo sin duda, Pues vais del Sol y de la luz huyendo. »Él os quiere gozar a lo que entiendo Si os coge en esta selva tosca y ruda, Su aljaba suena, está su bolsa muda, El perro, pues no ladra, está muriendo. »Bu...
A Dafne, huyendo de Apolo
Amado Nervo
Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla? Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido? Fui templario, ¿do está mi recia malla? ¿En qué campo sangriento de batalla me dejaron así, triste y vencido? ¡Oh, Progreso, eres luz! ¿Por qué no llena su fulgor mi conciencia? Tengo miedo a la duda terrible que envenena, y me mira...
Incoherencias
Emilio Prados
Tan chico el almoraduj y... ¡cómo huele! Tan chico. De noche, bajo el lucero, tan chico el almoraduj y, ¡cómo huele! Y... cuando en la tarde llueve, ¡cómo huele! Y cuando levanta el sol, tan chico el almoraduj ¡cómo huele! Y, ahora, que del sueño vivo ¡cómo huele, tan chico, el almoraduj! ¡Cómo duele!... tan chic...
RINCÓN DE LA SANGRE
Ramón López Velarde
Hambre y sed padezco: Siempre me he negado a satisfacerlas en los turbadores gozos de ciudades —flores de pecado—. Esta hambre de amores y esta sed de ensueño que se satisfagan en el ignorado grupo de muchachas de un lugar pequeño. Vasos de devoción, arcas piadosas en que el amor jamás se contamina; jarras cuyas par...
A LA GRACIA PRIMITIVA DE LAS ALDEANAS
Rubén Darío
I ¿Cuentos quieres, niña bella? Tengo muchos que contar: de una sirena de mar, de un ruiseñor y una estrella, de una cándida doncella que robó un encantador, de un gallardo trovador y de una odalisca mora, con sus perlas de Bassora y sus chales de Lahor. II Cuentos dulces, cuentos bravos, de damas y cab...
La cabeza del rawí
Gerardo Diego
Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja; nadie se detiene a oír tu eterna estrofa de agua. Indiferente o cobarde, la ciudad vuelve la espalda. No quiere ver en tu espejo su muralla desdentada. Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre lo...
ROMANCE DEL DUERO
Juan Ramón Jiménez
En el balcón, un instante nos quedamos los dos solos. Desde la dulce mañana de aquel día, éramos novios. —El paisaje soñoliento dormía sus vagos tonos, bajo el cielo gris y rosa del crepúsculo de otoño.— Le dije que iba a besarla; bajó, serena, los ojos y me ofreció sus mejillas, como quien pierde un tesoro. —Caían l...
ADOLESCENCIA
Josefina Plá
Esa sombra La veréis alargarse cada vez como un agua vertida sin remedio como un manto cayendo despacio de sus hombros como si fuese él mismo arrepentido que quisiera volver sobre sus pasos -reptil de limpia muerte sin cadáver- La veréis ahilar su arroyo sobre un suelo por siempre horizontal a la aventura Y será tamb...
Invención de la muerte
Luciano Castañón
Recuerdo con amoroso dolor la dilapidación tonta del obrero sonriendo —sábado y domingo— la miseria de su sueldo. Me apenan los nueve duros semanales —por el año treinta— de mi padre. Si unos quisieran ver su desvergüenza y otros comprender el sentido de su miseria... Cuando las adormideras son rotas —hirviente el c...
Mi padre no era marinero
Paz Díez Taboada
Era muy tarde ya desde el comienzo y la luz se enfriaba tras la lluvia. Era muy tarde cuando la sonrisa luchaba con la sombra. Siempre fue tarde. Siempre fue la lluvia. Fue oscuro el día y vacilante el paso. Pero en la noche trazan las estrellas mágicas convergencias. Y los caminos, rectos.
Nocturno
Pedro Salinas
¿El pájaro? ¿Los pájaros? ¿Hay sólo un solo pájaro en el mundo que vuela con mil alas, y que canta con incontables trinos, siempre solo? ¿Son tierra y cielo espejos? ¿Es el aire espejeo del aire, y el gran pájaro único multiplica su soledad en apariencias miles? (¿Y por eso le llamamos los pájaros?) ¿O quizá no hay u...
¿QUÉ PÁJAROS?
Nicomedes Santa Cruz
Muerte, si otra muerte hubiera Que de ti me libertara a esa muerte pagara porque a ti, muerte te diera. (Anónimo) La Señora Silenciosa, La Veterana Infalible. La Muerte, cosa terrible, La Muerte... ¡tremenda cosa! Qué fuerza tan misteriosa, implacable, traicionera: Llegas al que no te espera, huyes del que...
MUERTE, SI OTRA MUERTE HUBIERA
Gustavo Adolfo Bécquer
Una mujer me ha envenenado el alma, otra mujer me ha envenenado el cuerpo; ninguna de las dos vino a buscarme, yo de ninguna de las dos me quejo. Como el mundo es redondo, el mundo rueda; si mañana, rodando, este veneno envenena a su vez ¿por qué acusarme? ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?
Rima LXXIX
Ricardo Dávila Díaz Flores
Tanto tiempo buscándola y ella estaba aquí, en mis ojos cerrados, en la noche sola; aquí, detrás de lo visible, en la edad antigua de la niebla. La amé ese día por toda la eternidad. Yo llevaba un ramo de palabras cuando caminé hacia ella. -No las pondré en agua -me dijo-, ni he de secarlas para el recuerdo. Se morirá...
El mismo nombre
Nicolás Guillén
No sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo, si somos la misma cosa yo, tú. Tú eres pobre, lo soy yo; soy de abajo, lo eres tú; ¿de dónde has sacado tú, soldado, que te odio yo? Me duele que a veces tú te olvides de quién soy yo; caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo. Pero no por eso yo he de malque...
NO SÉ POR QUÉ PIENSAS TÚ