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Miguel de Unamuno
Pasásteis como pasan por el roble las hojas que arrebata en primavera pedrisco intempestivo; pasásteis, hijos de mi raza noble, vestida el alma de infantil eusquera, pasásteis al archivo de mármol funeral de una iglesia que en el regazo recogido y verde el Pirineo vasco al tibio sol del monte se acurruca. Ab...
Pasásteis como pasan por el roble...
Vicente Aleixandre
¿Qué firme arquitectura se levanta del paisaje, si urgente de belleza, ordenada, y penetra en la certeza del aire, sin furor y la suplanta? Las líneas graves van. Mas de su planta brota la curva, comba su justeza en la cima, y respeta la corteza intacta, cárcel para pompa tanta. El alto cielo luces meditadas repart...
A DON LUIS DE GÓNGORA
Hilario Barrero
Al final de la tarde, después de un día oscuro su piel acartonada en los tejados, lluvia de madrugada y un viento suave de tiza humedecido, por un instante breve, nace una luz cansada que bautiza de fiesta a las fachadas. Me acerco a la ventana y el paisaje nombrado tantas veces me enmarca un lienzo nuevo, mi...
Piedra
Juan Ramón Jiménez
Contra el cielo inespresable, el álamo, ya amarillo, instala la alta belleza de su éstasis vespertino. La luz se recoje en él como en el nido tranquilo de su eternidad. Y el álamo termina bien en sí mismo.
LA COPA FINAL
Alfredo Lavergne
En este deicidio Animalista Analítico Cientifista De pueblos sin moral porque no tuvieron esperanza O porque la ilusión fue una ofrenda Y el sacrificio pan de cada misterio. Al Homo erectus Al Homo habilis Al Homo sapiens Al Homo cum industria En todas sus frentes En todos sus frentes Le balbució y aún le tar...
Progreso
León Felipe
Siempre habrá nieve altanera que vista el monte de armiño y agua humilde que trabaje en la presa del molino. Y siempre habrá un sol también —un sol verdugo y amigo— que trueque en llanto la nieve y en nube el agua del río.
REVOLUCIÓN
Pablo Neruda
20 poemas de amor y una canción desesperada Te recuerdo como eras en el último otoño. Eras la boina gris y el corazón en calma. En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. Y las hojas caían en el agua de tu alma. Apegada a mis brazos como una enredadera, las hojas recogían tu voz lenta y en calma. Hoguera de...
20 poemas de amor y una canción desesperadaPoema 6
Gerardo Diego
Azor, Calatañazor, juguete. Tu puerta, ojiva menor, es tan estrecha, que no entra un moro, jinete, y a pie no cabe una flecha. Descabalga, Almanzor. Huye presto. Por la barranca brava, ay, y cómo rodaba, juguete, el atambor.
CALATAÑAZOR
Luis de Góngora
Los rayos le cuenta al Sol Con un peine de marfil La bella Jacinta un día Que por mi dicha la vi En la verde orilla De Guadalquivir. La mano oscurece al peine; Mas qué mucho, si el abril La vio oscurecer los lilios Que blancos suelen salir En la verde orilla De Guadalquivir. Los pájaros la saludan, Porque piensa (y...
En la verde orilla
Ricardo Dávila Díaz Flores
Antes que los astronautas, los poetas llegaron a la luna.
Aclaración científica
Pablo Neruda
Amor, hagamos cuentas. A mi edad no es posible engañar o engañarnos. Fui ladrón de caminos, tal vez, no me arrepiento. Un minuto profundo, una magnolia rota por mis dientes y la luz de la luna celestina. Muy bien, pero, el balance? La soledad mantuvo su red entretejida de fríos jazmineros y entonces la que llegó a mis ...
Oda al amor
Jordi Doce
Alto día, en el flujo despacioso del aire, en el claro erigido por el baile de aceros de la luz, en la rama cuya huraña negrura fija la piel del agua, fija la red del tiempo. El puente nos afinca entre riberas yermas. Salto petrificado, revuelan en sus arcos vencejos impacientes, el negro de los grajos: hilanderos s...
En Grandpoint
Mario Benedetti
Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubieran existido los combustibles ojos del alma o los labios de la pena huérfana cada vez que nos dan clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me convenzo de que mi región no es la farándula de otros en mi región hay calvarios de ausenc...
Ese gran simulacro
Jordi Doce
Quien extravió la vida al recrearla con secreta pasión, al hilo de palabras que forjaron, tal vez, su limpio emblema, vuelve a mirarte desde su cansancio, donde la luz evita esas pupilas que un antiguo fulgor encaneció. El premio es la ceguera, el abandono. Creer tocar la luz y que calcine. No la paz satisfecha que pu...
Viejo poeta
Luis de Góngora
A la que España toda humilde estrado Y su horizonte fue dosel apenas, El Betis esta urna en sus arenas Majestuosamente ha levantado. ¡Oh peligroso, oh lisonjero estado Golfo de escollos, playa de sirenas! Trofeos son del agua mil entenas, Que aun rompidas no sé si se han recordado, La Margarita, pues, luciente glor...
DEL TÚMULO QUE HIZO CÓRDOBA
Juan de Mena
I Al muy prepotente don Juan el segundo, aquél con quien Júpiter tuvo tal zelo, que tanta de parte le fizo del mundo quanta a sí mesmo se hizo del çielo; al grand rey d'España, al Çésar novelo, al que con Fortuna es bien fortunado, aquél en quien caben virtud e reinado; a él, la rodilla fincada ...
SUPRASCRIPÇIÓN
Juan Ramón Mansilla
Dos arañas en el lavabo: Dudar un momento. ¿Salvarlas, llevarlas afuera? El viento, la lluvia, la escarcha. Las hormigas, los pájaros. Demasiados peligros. Una difícil supervivencia. Pero entonces, ¿qué hacer entonces? ¿Aplastarlas entre los dedos, abrir el grifo? ¡Claro, abrir el grifo! Bajo el chorro, luchan por sa...
Pequeños crímenes
Fa Claes
Tienes que verlo: verde bajo sol, en todos los tonos; detrás, todo un campo de manzanilla en ondas blancas; y ahí dentro, una mancha acre rojo, más rojo, rojísimo, seis veces amapola. Tienes que verlo en Rijmenam: la alameda hacia nuestro campo bajo el sol, después de ella, la casa oculta; y ahí dentro, ella, Añés, ...
Simbolismo
Mario Benedetti
Las rosas están insoportables en el florero JAIME SABINES Tal vez haya un rigor para encontrarte el corazón de rosa rigurosa ya que hablando en rigor no es poca cosa que tu rigor de rosa no te harte. Rosa que estás aquí o en cualquier parte con tu rigor de pétalos, qué sosa es tu fórmula intacta, tan hermosa qu...
El soneto de rigor
Pablo Neruda
Y FUE a esa edad... Llegó la poesía a buscarme. No sé, no sé de dónde salió, de invierno o río. No sé cómo ni cuándo, no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio, pero desde una calle me llamaba, desde las ramas de la noche, de pronto entre los otros, entre fuegos violentos o regresando solo, allí estaba sin rostr...
La poesía
Federico García Lorca
Tres moricas me enamoran en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Tres moricas tan garridas iban a coger olivas, y hallábanlas cogidas en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Y hallábanlas cogidas y tornaban desmaídas y las colores perdidas en Jaén: Axa y Fátima y Marién. Tres moricas tan lozanas iban a coger manzanas y...
Las morillas de Jaén
Francisco Álvarez
¡Qué dulce es querer mucho, pero también qué triste! ¿Por qué esperamos tanto y obtenemos tan poco? ¿Por qué si uno se entrega el otro se resiste? ¿Por qué el amor es ciego, y sordo, y mudo, y loco? Llevamos en el alma la divina tendencia de ofrecer sin reservas nuestros cálidos brazos, y nos quedamos solos, con nue...
DULCE Y TRISTE
Luis de Góngora
Muerto me lloró el Tormes en su orilla, En un parasismal sueño profundo, En cuanto don Apolo el rubicundo Tres veces sus caballos desensilla. Fue mi resurrección la maravilla Que de Lázaro fue la vuelta al mundo, De suerte que ya soy otro segundo Lazarillo de Tormes en Castilla. Entré a servir a un ciego, que me en...
Muerto me lloró el Tormes en su orilla
Salvador Díaz Mirón
No intentes convencerme de torpeza con los delirios de tu mente loca: mi razón es al par luz y firmeza, firmeza y luz como el cristal de roca. Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira el suelo; no viendo más que sombra en el camino, sólo contempla el esplendor del cielo. Vanas son las imágenes...
A GLORIA
Jaime Sabines
La cojita está embarazada. Se mueve trabajosamente, pero qué dulce mirada mira de frente. Se le agrandaron los ojos como si su niño también le creciera en ellos pequeño y limpio. A veces se queda viendo quién sabe qué cosas que sus ojos blancos se le vuelven rosas. Anda entre toda la gente trabajosamente....
La cojita está embarazada
Delfina Acosta
Acaso es tarde. No importa ya que con favor del diablo coloque mis jazmines en la acera, mi zapato de tierra en la ventana, y me quede en cuclillas, aguardando, que alguien golpee de una vez mi puerta. No importa ya que con las gotas de un día que en la fiesta fue lluvioso, yo moje mis cabellos y mejillas, y me quede...
Antes del olvido
Luis Cernuda
El cantar de los pájaros, al alba, cuando el tiempo es más tibio, alegres de vivir, ya se desliza entre el sueño, y de gozo contagia a quien despierta al nuevo día. Alegre sonriendo a su juguete pobre y roto, en la puerta de la casa juega solo el niñito consigo, y en dichosa ignorancia, goza de hallarse vivo. El poeta...
Tres misterios gozosos
Julia de Burgos
Por tu vida yo soy... en tus ojos yo vivo la armonía de lo eterno. La emoción se me riega, y se ensancha mi sangre por las venas del mundo. No doy ecos partidos. Lo inmutable me sigue resbalando hasta el fondo de mi propia conciencia. En ti yo amo las últimas huidas virginales de las manos del alba, y armando lo infin...
Alta mar y gaviota
Jesús Hilario Tundidor
Fácil, en la meseta castellana es el cielo, franco el espacio, sin puertas, extendido, país puro del águila... Pero hondamente aquí oxígeno mortal llevan sus aires y un moho la libertad que quema el ámbito de su llanura, ¡tanta contraria ley marchitó a quien la puebla! Y así encina y pinar ofrecen siempre recogimient...
PAÍS DEL ÁGUILA
José Lezama Lima
Hervías la leche y seguías las aromosas costumbres del café. Recorrías la casa con una medida sin desperdicios. Cada minucia un sacramento, como una ofrenda al peso de la noche. Todas tus horas están justificadas al pasar del comedor a la sala, donde están los retratos que gustan de tus comentarios. Fijas la ley de t...
LA MUJER Y LA CASA
Pablo Neruda
Después de mucho, después de vagas leguas, confuso de dominios, incierto de territorios, acompañado de pobres esperanzas y compañías infieles y desconfiados sueños, amo lo tenaz que aún sobrevive en mis ojos, oigo en mi corazón mis pasos de jinete, muerdo el fuego dormido y la sal arruinada, y de noche, de atmósfera os...
Sonata y destrucciones
Claribel Alegría
Soy una gaviota solitaria con el ala tronchada abro un surco en la arena.
SOY UNA GAVIOTA
Blas de Otero
Escribo en defensa del reino del hombre y su justicia. Pido la paz y la palabra. He dicho «silencio», «sombra», «vacío» etcétera. Digo «del hombre y su justicia», «océano pacífico», lo que me dejan. Pido la paz y la palabra.
PIDO LA PAZ Y LA PALABRA
Julio Herrera y Reissig
El Viejo Patriarca, Que todo lo abarca, Se riza la barba de príncipe asirio; Su nívea cabeza parece un gran lirio, Parece un gran lirio la nívea cabeza del viejo Patriarca. Su pálida frente es un mapa confuso: La abultan montañas de hueso. Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso De todos los siglos del tiempo difu...
SU MAJESTAD EL TIEMPO
Teresa Domingo Català
Bramaba la ola del cielo, caía sobre los bordes de las losas como una pequeña lluvia que despertara con el rumor del agua. La muerte sucedía de noche como un piélago lleno de amor, con las cucarachas escarbando la madera de los ataúdes, hinchados por la humedad del aire. Golosos, los gusanos se apresuraban a terminar...
De noche
Amado Nervo
El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo. Las fuentes cristalinas irán por las laderas saltando cristalinas el día que me quieras. El día que me quie...
El día que me quieras
Pablo Neruda
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte la leche de los senos como de un manantial, por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte en la risa de oro y la voz de cristal. Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, porque tu ser pasara sin pena al lado mío y s...
Amor
Teresa Domingo Català
Breves lapsos de tiempo se atesoran en la estable marea de la vida, cuando no trunca el río su crecida hacia esas aguas que lo enamoran. Es una ola el lugar de la partida donde juegan aquellos que se ignoran, y con puños la espuma rememoran como dados que ciernen una herida. Camino del océano va luna, desprendida la ...
Luna
Miguel de Unamuno
¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?, ¡Lluvia en el lago! ¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre? ¡Viento en la cumbre! ¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?, ¡Sombra en la cueva!, ¡Lluvia en el lago!, ¡Viento en la cumbre!, ¡Sombra en la cueva! Lágrimas es la lluvia desde el cielo, y es el viento sollozo sin par...
¿Qué es tu vida, alma mía?
Mario Benedetti
No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar y a veces has...
Oda a la pacificación
Luis Cernuda
Con tal vehemencia el viento viene del mar, que sus sones elementales contagian el silencio de la noche. Solo en tu cama le escuchas insistente en los cristales tocar, llorando y llamando como perdido sin nadie. Mas no es él quien en desvelo te tiene, sino otra fuerza de que tu cuerpo es hoy cárcel, fue vie...
El viento y el alma
Gabriela Mistral
Madrecita mía, madrecita tierna, déjame decirte dulzuras extremas. Es tuyo mi cuerpo que juntaste en ramo; deja revolverlo sobre tu regazo. Juega tú a ser hoja y yo a ser rocío: y en tus brazos locos tenme suspendido. Madrecita mía, todito mi mundo, déjame decirte los cariños sumos.
Dulzura
Pablo Neruda
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma...
Diurno doliente
Nicomedes Santa Cruz
A Patricio Lumumba Mi madre parió un negrito al divorciarse de su hombre, es congo, congo, conguito, Y Congo tiene por nombre. Todos piden que camine y lo parieron ayer. Otros, que se elimine sin acabar de nacer... ¡Ay Congo, Yo sí me opongo! El mundo te mira absorto por tu nacimiento obscuro. Te consideran abort...
CONGO LIBRE
Jordi Doce
El vuelo de esta avispa en el azul del aire, contra un fondo de cipreses y falsas columnas medievales, mientras Paula desanuda con paso azorado el jardín y advierte fugazmente cada tronco, la trama ensimismada de setos y empedrados, viene tal vez de muy lejos, de un tiempo anterior a los tiempos que recuerdo, cuando el...
Vuelo antiguo
Luis Benítez
Algo fluye cuando ya nada se agita. Y su paso inadvertido por las tinieblas que duermen con nosotros trocará en una luz exasperada cuanto de ciega tiene la miseria. Desde el fondo, pozo o pantano de números, donde hostigados por el mundo y sus miles de cabezas caímos quince lenguas dentro de la carne, algo que sólo pu...
Algo fluye cuando ya nada se agita
Félix María de Samaniego
Es voz común que a más del mediodía, en ayunas la Zorra iba cazando; halla una parra, quédase mirando de la alta vid el fruto que pendía. Causábala mil ansias y congojas no alcanzar a las uvas con la garra, al mostrar a sus dientes la alta parra negros racimos entre verdes hojas. Miró, saltó y anduvo en probaduras,...
LA ZORRA Y LAS UVAS
Ramón López Velarde
A J. de j. Núñez y Domínguez A mi paso y al azar te desprendiste como el fruto más profano que pudiera concederme la benévola actitud de este verano. (Blonda Sara, uva en sazón: mi apego franco a tu persona, hoy me incita a burlarme de mi ayer, por la inaudita buena fe con que creí mi sospechosa vocación, la de un ...
A SARA
Víctor Botas
a Paulina Un castillo de naipes que se vino abajo, para siempre; tu pasado: horas que fueron tristes; el transcurso de un ebrio atardecer; días fugaces como guirnaldas súbitas, honrando las sienes de tus hijas. Qué de errores al cabo de los años. Qué de errores. (Pero ella está contigo, con su raro ademán que tú amas...
Tu vida
Lope de Vega
Si fuera de mi amor verdad el fuego, él caminara a tu divina esfera; pero es cometa que corrió ligera con resplandor que se deshizo luego. ¡Qué deseoso de tus brazos llego cuando el temor mis culpas considera! mas si mi amor en ti no persevera, ¿en qué centro mortal tendrá sosiego? Voy a buscarte, y cuanto más te e...
DIOS, CENTRO DEL ALMA
Luis Benítez
Detrás del tiempo un animal me mira: él sabe lo que escribo porque antes de mí ya ha sido un nombre. Es el uro. Fantasea quien lo toma por el toro. A veces es un pájaro, un río, el viento y a veces es un algo que deja en las ramas grandes manchas de sangre y un paso que se aleja, macizo e invisible. No lo vulnera el ha...
El uro
Pablo Neruda
Por qué te precipitas hacia la maternidad y verificas tu ácido oscuro con gramos a menudo fatales? El porvenir de las rosas ha llegado! El tiempo de la red y el relámpago! Las suaves peticiones de las hojas perdidamente alimentadas! Un río roto en desmesura recorre habitaciones y canastos infundiendo pasiones y desgrac...
Maternidad
Luis de Góngora
Mariposa, no sólo no cobarde, Mas temeraria, fatalmente ciega, Lo que la llama al Fénix aun le niega, Quiere obstinada que a sus alas guarde, Pues en su daño arrepentida tarde, Del esplendor solicitada, llega A lo que luce, y ambiciosa entrega Su mal vestida pluma a lo que arde. Yace gloriosa en la que dulcemente H...
DE LA AMBICIÓN HUMANA
Juan de Mena
II tus casos falaçes, Fortuna, cantamos, estados de gentes que giras e trocas; tus grandes discordias, tus firmezas pocas, y los qu'en tu rueda quexosos fallamos. Fasta que al tempo de agora vengamos de fechos pasados cobdicia mi pluma y de los presentes fazer breve suma, y dé fin Apolo, pues no...
ARGUMENTA CONTRA LA FORTUNA
Gustavo Adolfo Bécquer
Despierta, tiemblo al mirarte; dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo mientras tú duermes. Despierta, ríes, y al reír tus labios inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean sobre un cielo de nieve. Dormida, los extremos de tu boca pliega sonrisa leve, suave como el rastro lumi...
Rima XXVII
Antonio Machado
Es una tarde mustia y desabrida de un otoño sin frutos, en la tierra estéril y raída donde la sombra de un centauro yerra. Por un camino en la árida llanura, entre álamos marchitos, a solas con su sombra y su locura va el loco, hablando a gritos. Lejos se ven sombríos estepares, colinas con malezas y cambrone...
Un loco
Ramón López Velarde
Antes de echar el ancla en el tesoro del amor postrimero, yo quisiera correr el mundo en fiebre de carrera, con juventud, y una pepita de oro en los rincones de me faltriquera. Abrazar a una culebra del Nilo que de Cleopatra se envuelva en la clámide, y oír el soliloquio intranquilo de la Virgen María en la Pirámide...
EL ANCLA
Gustavo Adolfo Bécquer
Tu pupila es azul y, cuando ríes, su claridad süave me recuerda el trémulo fulgor de la mañana que en el mar se refleja. Tu pupila es azul y, cuando lloras, las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una vïoleta. Tu pupila es azul, y si en su fondo como un punto de luz radia una ide...
Rima XIII
Marilina Rébora
I Muerte, fatal término, ausencia por siempre. Sólo el campo yermo que nos recibe, de su tierra, nuevo abono. Nunca más la fragancia de la brizna de hierba ni el arder de encendidos leños; tampoco la fina llovizna de la ola rompiente en el rostro de frescura ávido. II «Era nuestra madre», dirán ...
A LA MUERTE
Melchor de Palau
¡Cuán plácidas al alma las horas de tristeza en que la tarde muere, al toque de oración! Del sol en el cenit, da el rayo en la cabeza, al ponerse en ocaso, nos da en el corazón.
Crepuscular
Toni García Arias
Tomaste mi mano entre la tuya de un modo casual e inocente, y, lentamente, nos fuimos alejando del grupo, unidos de ese modo invisible en que dos son uno. Ocultos entre los almendros buscamos la complicidad de las miradas. Yo, por un instante, creí en la vida, en el amor a pesar de los años. Tú sonreías. Alguien, tra...
Manos
Jesús Hilario Tundidor
Aquí, tranquilamente, voy a decirte una palabra, la última palabra donde quedó tu corazón antiguo... Aquí, tranquilamente: Dios era carne entonces y tú lo recreabas en tu espíritu. Ay, arrodíllate, no volverás dos veces a ser niño.
POEMA INICIAL
Odette Alonso
La luna era distinta hace un segundo te iluminaba entraba por la hendija como un sorbo. Moriremos de amor amiga mía presiento que un tropel desciende de las cumbres siento su oleada tibia presionando mi espalda. Moriremos de amor todos los vientos llegan como una manotada y yo cubro tu cuerpo lo incorporo quiero aliv...
LOS AMANTES DE POMPEYA
José Asunción Silva
Las cosas viejas, tristes, desteñidas, sin voz y sin color, saben secretos de las épocas muertas, de las vidas que ya nadie conserva en la memoria, y a veces a los hombres, cuando inquietos las miran y las palpan, con extrañas voces de agonizante dicen, paso, casi al oído, alguna rara historia que tiene oscuridad de ...
VEJECES
Luis de Góngora
Verdes hermanas del audaz mozuelo Por quien orilla el Po dejastes presos En verdes ramas ya y en troncos gruesos El delicado pie, el dorado pelo, Pues entre las rüinas de su vuelo Sus cenizas bajar en vez de huesos, Y sus errores largamente impresos De ardientes llamas vistes en el cielo, Acabad con mi loco pensami...
A UNOS ÁLAMOS BLANCOS
Manuel Machado
Ya el pobre corazón eligió su camino. Ya a los vientos no oscila, ya a las olas no cede, al azar no suspira, ni se entrega al Destino... Ahora sabe querer, y quiere lo que puede. Renunció al imposible y al sin querer divino.
EL POETA DE «ADELFOS» DICE AL FIN
Lope de Vega
Vireno, aquel mi manso regalado del collarejo azul; aquel hermoso que con balido ronco y amoroso llevaba por los montes mi ganado; aquel del vellocino ensortijado, de alegres ojos y mirar gracioso, por quien yo de ninguno fui envidioso, siendo de mil pastores envidiado; aquel me hurtaron ya, Vireno hermano; ya reto...
Vireno, aquel mi manso regalado
Ramón María del Valle-Inclán
Quiero una casa edificar como el sentido de mi vida. Quiero en piedra mi alma dejar erigida. Quiero labrar mi eremitorio en medio de un huerto latino, latín horaciano y grimorio bizantino. Quiero mi honesta varonía transmitir al hijo y al nieto, renovar en la vara mía el respeto. Mi casa como una pirámide ha de se...
KARMA
Ramón López Velarde
Mi corazón retrógrado ama desde hoy la temerosa fecha en que surgiste con aquel vestido de luto y aquel rostro de ebriedad. Día 13 en que el filo de tu rostro llevaba la embriaguez como un relámpago y en que tus lúgubres arreos daban una luz que cegaba al sol de agosto, así como se nubla el sol ficticio en las decor...
DÍA 13
Gerardo Diego
A Melchor Fernández Almagro. Yo pastor de bulevares desataba los bancos y sentado en la orilla corriente del paseo dejaba divagar mis corderos escolares Todo había cesado Mi cuademo única fronda del invierno y el quiosco bien anclado entre la espuma Yo pensaba en los lechos sin rumbo siem...
NUBES
Pablo Neruda
Cien sonetos de amor «Vendrás conmigo» ?dije? sin que nadie supiera dónde y cómo latía mi estado doloroso, y para mí no había clavel ni barcarola, nada sino una herida por el amor abierta. Repetí: ven conmigo, como si me muriera, y nadie vio en mi boca la luna que sangraba, nadie vio aquella sangre que subía al ...
Cien sonetos de amor
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Un tiempo hollaba por alfombras rosas; y nobles vates, de mentidas diosas prodigábanme nombres; mas yo, altanera, con orgullo vano, cual águila real a vil gusano, contemplaba a los hombres. Mi pensamiento —en temerario vuelo— ardiente osaba demandar al cielo objeto a mis amores, y si a la tierra con desdén volvía tr...
AMOR Y ORGULLO
Ramón López Velarde
Doy a los cuatro vientos los loores de tus dedos de clásica finura que preparan el pan sin levadura para el banquete de nuestros amores. Saben de las domésticas labores, lucen en el mantel su compostura y apartan, de la verde, la madura producción de los meses fructidores. Para gloria de Dios, en homenaje a tu exce...
PARA TUS DEDOS ÁGILES Y FINOS
Fa Claes
Algún día hallaremos la fórmula que nos indique la vastedad del universo y la amplitud de nuestro corazón. Algún día hallaremos la clave en que ha sido compuesta la música de las esferas y la encerraremos también en nuestro corazón, levitados canturreando satisfechos: ¡lo hemos conseguido! Algún día hallaremos a Dios...
Notaría
Juan Luis Panero
Se mira en el espejo que ya no le refleja, todo, menos él, aparece en la fría superficie, la habitación, muebles y cuadros, la variable luz del día. Así aprende, con terror silencioso, a verse, no en los gestos teatrales —aún rasgos humanos— de la muerte, sino en los días de después, en el vacío de la nada. Inútil ce...
EL HOMBRE INVISIBLE
Santiago Montobbio
Haber perdido la vida ya muy pronto, y en cualquier esquina; haber sentido cómo escapaba poco a poco el agua de los ojos, haber tenido tanto miedo y tanto frío como para acabar siendo nada más que miedo y frío. Haber tenido sombra y garganta seca, haber tenido o no haber tenido y no haber sido nunca nada fuera de unos ...
Memorial para mi único agravio
Amado Nervo
Ha muchos años que busco el yermo, ha muchos años que vivo triste, ha muchos años que estoy enfermo, ¡y es por el libro que tú escribiste! ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba la luz, las vegas, el mar Océano; mas tú dijiste que todo acaba, que todo muere, que todo es vano! Antes, llevado de mis antojos, besé lo...
A Kempis
Bertolt Brecht
En tierras de Suecia vivía una condesa que era tan pálida y tan bella. «¡Señor guarda, señor guarda, mi liga se soltó, se soltó, se soltó! ¡Guarda, arrodíllate, pronto, y átamela!» «Señora condesa, señora condesa, no me miréis así, yo os sirvo por mi pan. ¡Vuestros pechos son blancos pero el hacha es fría, es fría, es...
Balada del guardabosques y la condesa
Miguel Hernández
Dos especies de manos se enfrentan en la vida, brotan del corazón, irrumpen por los brazos, saltan, y desembocan sobre la luz herida a golpes, a zarpazos. La mano es la herramienta del alma, su mensaje, y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente. ...
LAS MANOS
Mario Benedetti
Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo y eso en verdad no es nada extraordinario vos lo sabés tan objetivamente como yo. Sin embargo hay algo que quisiera aclararte, cuando digo todas las parcelas, no me refiero solo a esto de ahora, a esto de esperarte y aleluya encontrarte, y carajo perderte, y volverte a en...
Mucho más grave
Jorge Luis Borges
Nadie vio la hermosura de las calles hasta que pavoroso en clamor se derrumbó el cielo verdoso en abatimiento de agua y de sombra. El temporal fue unánime y aborrecible a las miradas fue el mundo, pero cuando un arco bendijo con los colores del perdón la tarde, y un olor a tierra mojada alentó los jardines, ...
Barrio recuperado
Garcilaso de la Vega
A la entrada de un valle, en un desierto, do nadie atravesaba, ni se vía, vi que con extrañeza un can hacía extremos de dolor con desconcierto; agora suelta el llanto al cielo abierto, ora va rastreando por la vía; camina, vuelve, para, y todavía quedaba desmayado como muerto. Y fue que se apartó de su presencia su...
SONETO XXXVII
Federico García Lorca
Ya viene la noche. Golpean rayos de luna sobre el yunque de la tarde. Ya viene la noche. Un árbol grande se abriga con palabras de cantares. Ya viene la noche. Si tú vinieras a verme por los senderos del aire. Ya viene la noche, Me encontrarías llorando bajo los álamos grandes. ¡Ay morena! bajo los álamos...
Remanso, canción final
Pablo Neruda
20 poemas de amor y una canción desesperada Para que tú me oigas mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras....
20 poemas de amor y una canción desesperadaPoema 5
Jaime Sabines
Entonces se enviaban suspiros en las rosas, besos-palomas de balcón a balcón. Pero la sucia noche revolvía alfileres, sábanas, rezos, cruces, luto de amor. Caras agrias, en sombra, el deseo encendió. (Cuántos hijos tirados en paredes, pañuelos, muslos, manos, por Dios!) muro de agua, la angustia, se levantó. Humo rojo...
Entonces se enviaban suspiros en las rosas
Pablo Neruda
LA mariposa volotea y arde —con el sol— a veces. Mancha volante y llamarada, ahora se queda parada sobre una hoja que la mece. Me decían: —No tienes nada. No estás enfermo. Te parece. Yo tampoco decía nada. Y pasó el tiempo de las mieses. Hoy una mano de congoja llena de otoño el horizonte. Y hasta de mi alma caen ...
Mariposa de otoño
Vicente Aleixandre
Eres hermosa como la piedra, oh difunta; Oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave. Esta orquesta que agita mis cuidados como una negligencia, como un elegante bendecir de buen tono, ignora el vello de los pubis, ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta. Unas olas de afrecho, un poco de serrín en ...
EL VALS
Antonio Machado
La tarde está muriendo como un hogar humilde que se apaga. Allá, sobre los montes, quedan algunas brasas. Y ese árbol roto en el camino blanco hace llorar de lástima. ¡Dos ramas en el tronco herido, y una hoja marchita y negra en cada rama! ¿Lloras?... Entre los álamos de oro, lejos, la sombra del amor te agu...
Campo
Josefina Plá
Vaciarme de paisajes, olvidarme caminos, reedificar el arco de tu desnudo día. Borrar tus ojos, sendas de mi llagado sueño, y engriar en mi sangre tus dos terribles manos. (...La estatua que he vaciado en soledad, volverla raíz y musgo en tierra, canto y ala en el aire). ...O, en la antípoda lluvia de mi aherrojada l...
Imposible
Jorge Luis Borges
Soy el que sabe que no es menos vano que el vano observador que en el espejo de silencio y cristal sigue el reflejo o el cuerpo (da lo mismo) del hermano. Soy, tácitos amigos, el que sabe que no hay otra venganza que el olvido ni otro perdón. Un dios ha concedido al odio humano esta curiosa llave. Soy el que p...
Soy
Roque Dalton
Insoslayable para la vida, la nueva vida me amanece: es un pequeño sol con raíces que habré de regar mucho e impulsar a que juegue su propio ataque contra la cizaña. Pequeño y pobre pan de la solidaridad, bandera contra el frío, agua fresca para la sangre: elementos maternos que no deben alejarse del corazón. Y contr...
VIDA, OFICIOS
Ramón López Velarde
A Antonio Moreno y Oviedo. Mujer que recogiste los primeros frutos de mi pasión, ¡con qué alegría como una santa esposa te vería llegar a mis floridos jazmineros! Al mirarte venir, los placenteros cantares del amor desgranaría, colgada en la risueña galería, la jaula de canarios vocingleros. Si a mis abismos de tr...
FLOR TEMPRANA
Lope de Vega
Es la mujer del hombre lo más bueno, y locura decir que lo más malo, su vida suele ser y su regalo, su muerte suele ser y su veneno. Cielo a los ojos, cándido y sereno, que muchas veces al infierno igualo, por raro al mundo su valor señalo, por falso al hombre su rigor condeno. Ella nos da su sangre, ella nos cría,...
Es la mujer del hombre lo más bueno
María Eugenia Caseiro
No hay más vida ni más muerte solo lluvia en las manos; no hay más voz que su voz en los cristales de agua viva ni más cuerpo que su cuerpo en el deleite de esta estrofa mojada acariciando tréboles. No hay más vuelo ni más risa que beber sus esmeraldas; ni otro hechizo que no sea la sorpresa en el húmedo poema de su l...
Tengo lluvia en las manos
Jaime Sabines
Sitio de amor, lugar en que he vivido de lejos, tú, ignorada, amada que he callado, mirada que no he visto, mentira que me dije y no he creído: en esta hora en que los dos, sin ambos, a llanto y odio y muerte nos quisimos, estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!, queriéndote, llorándome, perdido. (Esta es la última v...
Sitio de amor
Antonio Machado
Este donquijotesco don Miguel de Unamuno, fuerte vasco, lleva el arnés grotesco y el irrisorio casco del buen manchego. Don Miguel camina, jinete de quimérica montura, metiendo espuela de oro a su locura, sin miedo de la lengua que malsina. A un pueblo de arrieros, lechuzos y tahúres y logreros dicta leccion...
A don Miguel de Unamuno
Hilario Barrero
Los que abonan con su óxido los rojos incendiados de octubre también fueron felices contemplando el otoño en este cementerio de New England, cercano al mar y en fuego. Al gozar de esta luz de vidriera, clausurada de niebla, se sublevó el azogue de sus hermosos cuerpos y se encendió el deseo entre sus ramas qu...
Cementerio en New Hampshire
Claudio Rodríguez
Miro la espuma, su delicadeza que es tan distinta a la de la ceniza. Como quien mira una sonrisa, aquella por la que da su vida y le es fatiga y amparo, miro ahora la modesta espuma. Es el momento bronco y bello del uso, el roce, el acto de la entrega creándola. El dolor encarcelado del mar, se salva en fibra tan lig...
ESPUMA
Amado Nervo
Cada rosa gentil ayer nacida, cada aurora que apunta entre sonrojos, dejan mi alma en el éxtasis sumida... ¡Nunca se cansan de mirar mis ojos el perpetuo milagro de la vida! Años ha que contemplo las estrellas en las diáfanas noches españolas y las encuentro cada vez mas bellas. Años ha que en el mar, conmigo ...
Éxtasis
Luis Alberto de Cuenca
Las chicas como tú se ríen en las barbas del mismísimo Hammurabi. «Ojo por ojo y diente por diente» (lo hizo escribir en Babilonia, hace cuatro mil años). Las chicas como tú responden al amor con desdén y al desdén con amor. Por fastidiar a Hammurabi.
HAMMURABI