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Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Historia de un deseo | Cuento | Cuando el virrey subió a su coche con la virreina, para dirigirse al baile en casa del marqués, el criado mulato se quedó escondido en un rincón del patio, hasta que cesaron todos los ruidos del palacio. Sacó entonces una inmensa llave, y abrió la puerta del salón central. Encendió una antorcha y se situó ante el gran ... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Homenaje a Stendhal | Cuento | Don Alonso comenzó a escribir. Quería dedicar tiempo a su historia sobre el autor fracasado que iba a enterrar su amargura en los extraños lugares del Nuevo Mundo. Aunque su versación en el tema de las Indias no pasaba de las generalidades, estaba seguro de que a base de imaginación, mejor que de estudio, iba a lograr ... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Información sobre el convento de Santa Cristina | Cuento | Fragmento de la memoria de un enviado francés en Florencia, rendida en octubre de mil quinientos treinta y dos.
Por aquellos días, Fra Filippo Lippi encontrábase aún en Florencia. La ciudad fue, en verdad, sorprendida por la moderación y recato absolutos de su vida. Su mismo protector, el magnánimo Carlos de Médicis, ... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | La aventura de la nieve | Cuento | I
La historia de la virginidad de la tía Cayetana me fue relatada hace muchos años, sin que yo supiese quién era la protagonista; tiempo después encontré entre viejos papeles de familia sus confidencias, contenidas en un manojo de cartas. De esas cartas amarillentas, y más que todo de su interpretación y relación con o... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | La mujer recobrada | Cuento | I
El convento está en medio de la meseta yerma, al lado del camino que sube a trancos y desciende después hacia las simas profundas que invierten los Andes. Arquitectos que han observado esta maravilla de la creación española en el Nuevo Mundo, han apreciado en un kilómetro la longitud del edificio, ancho de tresciento... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | La nave de los locos | Cuento | I
TESTIMONIO DEL ESCUDERO GONTRAND
Me llamo Gontrand, y soy escudero de uno de los caballeros del Emperador; no puedo revelar su nombre, porque cuantos me oyen lo repetirían, y eso me costaría la ira de mi señor. Si cuento aquello que vi, no es para escandalizaros ya que vosotros, manada de bergantes, y vosotras, muje... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | La procesión de los ardientes | Cuento | Se separó de la ventana, que enmarcaba un simple pedazo de calle, y cuyo solo atractivo era el de mostrar, por encima de los viejos tejados, el ápice del Campanile del Giotto. Se apartó con pesar, para volver los ojos al legajo de hojas manuscritas que era el fruto de sus largos días de estancia en Florencia.
Largos dí... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | ¿La revolución no tendrá lugar? | Cuento | Dijo el judío de Esmirna —llamado Zologub o Zal-al-Gaub—, que hacía muchos años que no se tenían noticias de la Nave de los Locos. Según él, la última que se había conocido la había recibido un tío de su abuelo en Salónica en la época de la desusada guerra de Crimea, pero no se sabía bien si acaso se la había confundid... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Lista de pasajeros del autobús intermunicipal | Cuento | I
La lluvia lo llenaba todo de una masa viscosa de humedad oscura, como en el principio del mundo. Bajo el mal refugio de los árboles, gruesos goterones le caían en la cara, le resbalaban por el cuello, se demoraban en su cabeza para deslizarse por la piel y entraparse en las ropas. Intentó cambiar de posición, a pesar... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Los papeles de la Academia Utópica | Cuento | I
El conde Nikitin regresa de Siberia al finalizar 1786, después de un vasto exilio impuesto por la Emperatriz Catalina II. Encuentra habitado por las ratas su palacio de segunda clase en Petersburgo; las telas de araña prolongan las arañas de cristal, las ventanas están desprotegidas de los vidrios de invierno, los do... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | María a las cuatro de la tarde | Cuento | A las diez de la mañana, en el recodo de la carretera lateral, en la vuelta que abandona el llano y se mete hacia la costa, donde sin alcanzar a ver el mar parece como si se filtrara entre las ramas apretadas de la selva que se extiende hasta la misma playa, danzan desnudos hombres y mujeres, junto al esqueleto de un a... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Noticia de los cuatro mensajeros | Cuento | I
BREVE INFORMACIÓN SOBRE LA CORPORACIÓN
La academia utópica de Berlín ha desarrollado una labor meritoria en la investigación filosófica e histórica del tema de la Utopía. Ha producido, incluso, controversias considerables en el mundo intelectual, como por ejemplo la que se creó en torno a “La Ciudad de Dios” de San ... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | ¡Tierra…! | Cuento | Acaba de pasar por esa calle un ciclista que llevaba en la mano derecha una guitarra, lo cual demuestra que es un hombre pacífico. Iba rodando lentamente; al principio partía en dos la calzada, pero después se inclinó sobre la izquierda, porque apareció un automóvil oscuro, tal vez negro, a cierta velocidad, lo cual en... |
Gómez Valderrama, Pedro | Colombia | 1923-1992 | Vida sexual angélica | Cuento | I. PRIMER MENSAJERO
El mensajero salió de N. muy temprano, como de costumbre, llevando en la alforja el pliego cerrado. Ya pasada el alba, con el primer sol remontó la colina. Su andadura no era alegre ni triste, ya que nada veía de qué alegrarse ni de qué lamentarse. Una hora después, su partida quedó consignada en e... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | El ausente | Cuento | El hombre tendido en el jergón estrecho incorporó levemente la cabeza. Por la escotilla alcanzaba a divisar un poco de luz de luna. La nave apenas oscilaba blandamente como si estuviese apegada al muelle. Dejó caer la cabeza, y se quedó escuchando. Se oía la respiración de los dormidos. Una palabra entredicha, un ronqu... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | El cacique | Cuento | Un teólogo tiene la visión de la discusión obstinada que mantuvieron en Constantinopla, a lo largo de todo el período del sitio turco, los cuatro teólogos que se ocupaban del arduo problema de definir el sexo de los ángeles. Permanecieron en el mismo sitio hasta que los turcos invadieron la plaza, y como la casa cercan... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | El escritor | Cuento | Muchos en el lugar lo recordaban. Y eso que hacía diez años que nadie lo veía. Diez largos años en los que doña Casiana había mantenido vivo, a fuerza de lágrimas, el recuerdo del hijo ausente.
Siempre pareció que el muchacho iba a darse bueno. A los once años dejó la escuela para ayudar al padre en las talas. El hombr... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | El vencedor | Cuento | Don Rafa era un tipo repugnante: bajito, ventrudo y cabezón. Sobre las mejillas siempre mal afeitadas se entreabrían apenas los ojitos aviesos y sanguíneos; entre la nariz aplastada y roja y la boca sensual, de gruesos labios manchados por el tabaco, se alborotaba la pelambre del bigote cimarrón.
Vestía siempre de kaki... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | En el fondo del caño hay un negrito | Cuento | Aquel domingo, cuando el escritor se despertó, la luz del sol entraba ya por las ventanas entreabiertas y bañaba la habitación de claridad. El hombre se incorporó en la cama y se desperezó bostezando largamente. Después se levantó, metió los pies en las pantuflas y se envolvió en una elegante bata de seda azul.
Salió a... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | Esta noche no | Cuento | —¿Ni un día más?
La mujer era fea, cuarentona. Despedía un inequívoco olor a cebolla y vestía una bata casera de género estampado, desteñido por el sudor de las axilas y vulneradas por innúmeros chisguetes de manteca. De su garganta rechoncha salía la voz chillona que torturaba los oídos del hombre echado en el camastr... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | La carta | Cuento | I
La primera vez que el negrito Melodía vio al otro negrito en el fondo del caño1 fue en la mañana del tercero o cuarto día después de la mudanza, cuando llegó gateando hasta la única puerta de la nueva vivienda y se asomó para mirar hacia la quieta superficie del agua allá abajo.
Entonces el padre, que acababa de desp... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | La galería | Cuento | La llanta se vació con un sonido de disparo y luego el aro de metal de la rueda golpeó sobre el asfalto hasta que el automóvil se detuvo a la orilla de la carretera, en medio de la llanura seca y parda como un cuero tostado por el sol. El hombre que iba conduciendo abrió la portezuela y salió a examinar la avería. Esta... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | La mujer | Cuento | San Juan, puerto Rico
8 de marso de 1947
Qerida bieja:
Como yo le desia antes de venirme, aqui las cosas me van vién. Desde que llegé enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso bivo como don Pepe el alministradol de la central allá.
La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | La noche que volvimos a ser gente | Cuento | Yo tenía quince años entonces…
El licenciado y su familia llegaban todos los domingos, poco antes del mediodía, en el gran Packard color chocolate. Si era día de sol, el automóvil levantaba nubes de polvo sobre el camino casi intransitable que llevaba de la carretera a la casona; si llovía, cada bache representaba un o... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | La tercera llamada | Cuento | Ahora está, como de costumbre, sentada sobre una gran piedra redonda a la orilla del camino, los codos sobre las rodillas y la cara entre las manos. El camino es rojo, abierto en el barro vivo, y corre como una herida sobre las tetas verdes de las lomas. En lo más alto de una de ellas, donde el camino se acaba de repen... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | Miedo | Cuento | ¿Qué si me acuerdo? Se acuerda el Barrio entero si quieres que te diga la verdad, porque eso no se le va a olvidar ni a Trompoloco, que ya no es capaz de decir ni dónde enterraron a su mamá hace quince días. Lo que pasa es que yo te lo puedo contar mejor que nadie por esa casualidad que tú todavía no sabes. Pero antes ... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | Santa Claus visita a Pichirilo Sánchez | Cuento | —Es extraño —dijo Martha desde la ventana, apartando ligeramente la cortina para mirar hacia la calle. A continuación volvió la cabeza hacia el sillón de cuero rojo en un ángulo de la sala y esperó en vano, durante unos segundos, a que detrás del periódico desplegado que solo permitía ver las piernas estiradas e inmóvi... |
González, José Luis | Puerto Rico | 1926-1996 | Una caja de plomo que no se podía abrir | Cuento | Habían escogido como sitio de reunión un rancho destartalado donde en otros tiempos, antes de que llegara la caña a aquellas tierras, se secaban las cosechas de tabaco.
El primero en llegar fue Lupercio Andrade. Se agachó junto al hueco en la pared que otrora había sido puerta y encendió un jumazo¹ agrio. Mientras duró... |
González Zeledón, Manuel | Costa Rica | 1864-1936 | El clis de sol | Cuento | Nunca antes, en sus ocho años de existencia, Pichirilo Sánchez se había enfrentado a un problema de semejante magnitud. La experiencia era completamente nueva, y lo anonadaba. ¡Ah, pero aquello tenía que resolverlo! De cualquier manera. Lo que estaba en juego no era poca cosa. Él le había echado el ojo, hacía tiempo, a... |
González Zeledón, Manuel | Costa Rica | 1864-1936 | La muñeca del Niño Dios | Cuento | Esto sucedió hace dos años, cuando llegaron los restos de Moncho Ramírez, que murió en Corea. Bueno, eso de “los restos de Moncho Ramírez” es un decir, porque la verdad es que nadie llegó a saber nunca lo que había dentro de aquella caja de plomo que no se podía abrir. De plomo, sí, señor, y que no se podía abrir; y es... |
González Zeledón, Manuel | Costa Rica | 1864-1936 | Nochebuena | Cuento | No es cuento, es una historia que sale de mi pluma como ha ido brotando de los labios de ñor Cornelio Cacheda, que es un buen amigo de tantos como tengo por esos campos de Dios. Me la refirió hará cinco meses, y tanto me sorprendió la maravilla que juzgo una acción criminal el no comunicarla para que los sabios y los o... |
Gordimer, Nadine | Sudáfrica | 1923-2014 | El mejor safari | Cuento | Una pobre mujer, en cuya desgreñada cabellera no luce ya el negro aterciopelado de los años juveniles, cuyas pupilas apagadas no reflejan el rayo ardiente de los mejores años, secos los labios que envidió la pitahaya, marchita y arrugada la frente de bronce y carcomidos los preciosos dientes que un tiempo fueron blanco... |
Gordimer, Nadine | Sudáfrica | 1923-2014 | Érase una vez | Cuento | Corría para mí el dichoso año de 1872. Libre de las faenas escolares, en plenas vacaciones, pasados los sustos y angustias de los exámenes, despedido ya de los queridos profesores don Manuel; don Adolfo y don Ángel Romero, don Amadeo Madriz y mi tío don Alejandro González, frescos aún en mi memoria sus últimos consejos... |
Gordimer, Nadine | Sudáfrica | 1923-2014 | Un hallazgo | Cuento | Aquella noche nuestra madre fue a la tienda y no regresó. Nunca. ¿Qué había pasado? No lo sé. También mi padre se había marchado un día para nunca regresar; pero es que él fue a la guerra. Donde nosotros estábamos también había guerra, pero éramos pequeños y, al igual que la abuela y el abuelo, no teníamos armas. Aquel... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Boles | Cuento | Me escribe una persona pidiéndome que colabore en una antología de cuentos para niños. Contesto que no escribo cuentos para niños; y vuelve a escribirme entonces, diciéndome que en un reciente congreso-seminario-feria del libro cierto novelista dijo que todo escritor debería escribir por lo menos un cuento para niños. ... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Carpa Bonkoiémof | Cuento | Que se las lleve el diablo.
Un hombre que había tenido mala suerte con las mujeres decidió vivir solitario por un tiempo. Dos veces se había casado por amor. Despejó la casa de cuanto de alguna manera se le había escapado a su abnegada segunda esposa cuando se largó con las posesiones favoritas que juntos habían colecc... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Chelkash | Cuento | He aquí lo que me refirió un día un amigo:
«Cuando yo era estudiante en Moscú, habitaba en la misma casa que yo una de “esas señoras”. Era polaca y se llamaba Teresa. Una morenaza muy alta, de cejas negras y unidas y cara grande y ordinaria que parecía tallada a hachazos. Me inspiraba horror por el brillo bestial de su... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Coloquio con la Vida | Cuento | En la densa obscuridad de la celda, a través de las ventanas enrejadas de la prisión, un rayo de sol cala y se fijaba sobre el suelo sucio. Bonkoiémof estaba acostado sobre su petate; miraba el polvo que se arremolinaba en el oro de los rayos solares, las moscas agitadas, y pensaba probablemente en el vuelo rápido de l... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Compañeros | Cuento | El azul cielo meridional, oscurecido por el polvo, parece turbio; el cálido sol mira al verdoso mar como a través de un cendal gris. Casi no se refleja en el agua, cortada por el batir de los remos, las hélices de los barcos, las agudas quillas de las falúas turcas y otras embarcaciones que abren surcos en todos los se... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | El anacoreta | Cuento | Estaban ante la Vida dos hombres, que eran otras tantas víctimas suyas.
—¿Qué quieren? —les preguntó. Uno de ellos contestó con voz lenta:
—Me rebelo ante la crueldad de tus contradicciones; mi espíritu se esfuerza en vano por penetrar el sentido de la existencia y mi alma está invadida por las tinieblas de la duda. Si... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | El khan y su hijo | Cuento | I
El ardiente sol de julio brillaba sobre Smólkina, derramando sobre sus viejas isbas un copioso torrente de rayos cegadores. Donde más relumbraba era en la isba del alcalde, recientemente retechada con tablones nuevos, suavemente cepillados, amarillos y aromáticos. Era domingo, y casi todo el mundo estaba en la calle,... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | El timador | Cuento | El barranco boscoso descendía suavemente hacia las aguas amarillas del Oká; un arroyo corría en el fondo, oculto entre hierbas; por encima del barranco discurría el río azul del cielo —muy discreto de día, tembloroso de noche—, donde jugaban las estrellas como gobios dorados.
En la orilla sudoriental del barranco abund... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | El túnel | Cuento | Por aquel tiempo reinaba en Crimea el khan Masolaima al-Asvab, el cual tenía un hijo llamado Tolaik Algalla…»
De este modo comenzó a relatar una leyenda antigua -rica en recuerdos como las que suelen transmitirse en aquella península- un tártaro pobre y ciego, que se apoyaba en el pardo tronco de un árbol. Algunos tárt... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | En el mercado | Cuento | I
El encuentro con él
Tropezando en la niebla con los setos, caminaba yo intrépidamente por los charcos de fango de una ventana a otra, llamaba con los dedos, no muy fuerte, y voceaba:
—¡¿Permitiríais hacer noche a un transeúnte?!
En respuesta, me enviaban al vecino, a la “isba comunal”, al diablo. En una ventana prome... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | En la estepa | Cuento | Un lago, sereno y azul, en el marco profundo de las montañas, coronadas de nieves perpetuas; el encaje obscuro de los jardines desciende hacia el lago, formando fastuosos pliegues; desde la orilla miran al agua unas casas blancas, como de azúcar, y todo en derredor se asemeja al apacible sueño de un niño.
Es la mañana.... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Kirilka | Cuento | I. EL COMERCIANTE (“КОММЕРСАНТ”)
—¡Señora, me permite usted que la ayude!…
La señora volvió la cabeza y vio ante ella un hombre de esos en quienes la palabra es más atractiva que la facha.
Era delgado, amarillo y harapiento, como si la suerte, después de haberlo roído durante mucho tiempo, lo hubiese dejado escapar de ... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Konovalov | Cuento | Salimos de Perekop con un humor de mil diablos, hambrientos como lobos, iracundos contra todo y contra todos. Gran parte de la jornada había transcurrido sin el menor provecho, a pesar de que agotamos todos los recursos que podían ofrecernos nuestra inteligencia y nuestra picardía para robar algo o ganar con honradez a... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | La ciudad | Cuento | Cuando el carruaje salió rodando del bosque al lindero, Isái se levantó ligeramente sobre el pescante, estiró el cuello, miró a lo lejos y dijo:
—¡Diablos, parece que se mueve!
—¿Y bien?
—Y a derecho… como si avanzara…
—¡Arrea rápido!
—¡A-ay tú, mer-rmeladota!
El animal, pequeñito y rechoncho, con orejas de asno y pelo... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | La madre del monstruo | Cuento | Al pasar distraídamente la vista por una hoja de periódico, me encontré con el apellido Konovalov e interesado en él leí lo que sigue:
“Ayer por la noche, en la celda número 3 de la prisión local, se colgó del respiradero de la estufa el pancista de la ciudad de Murom Aleksandr Ivánovich Konovalov, de 40 años. El suic... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Los exhombres | Novela corta | Un joven músico, mirando fijamente a la lejanía con sus ojos negros, decía en voz queda:
—La música que yo quisiera escribir sería así:
“Por la carretera, despacio, un niño camina hacia una gran ciudad.
La ciudad yace, apoyando sobre la tierra las moles de sus edificios; se aprieta contra el suelo y gime y gruñe sordam... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Makar Chudrá | Cuento | Día tórrido. Silencio. La vida está como cristalizada en un luminoso remanso. El cielo contempla a la tierra con mirada límpida y azul por la pupila resplandeciente del sol.
El mar se diría forjado en metal liso y azuloso. En su inmovilidad, las barcas policromas de los pescadores parecen soldadas al hemiciclo tan espl... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Malva | Cuento largo | I
La calle del Arrabal consta de dos hileras de casuchas de un solo piso, muy pegadas las unas a las otras, decrépitas, con las paredes vencidas y las ventanas desvencijadas. Los tejados hundidos de las viviendas maltratadas por el paso del tiempo, remendados con tablones de tilo, están cubiertos de musgo; sobre ellos ... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Miseria de niña | Cuento | Soplaba un viento húmedo y frío procedente del mar, que llevaba por la estepa la melodía ensimismada del chapoteo de las olas que barrían la orilla y el rumor de los matorrales del litoral. A veces, una racha nos traía unas hojas amarillentas y resecas, y las arrojaba en la hoguera, avivando la llama; alrededor, la neb... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Un incidente con unos broches | Cuento | El mar reía.
Bajo el leve soplo del cálido viento se estremecía y, cubriéndose de pequeñas ondas que reflejaban el sol con intensidad cegadora, sonreía al cielo azul con miles de sonrisas de plata. En el profundo espacio entre el mar y el cielo resonaba el alegre batir de las olas, que subían raudas una tras otra por l... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Una vez, en otoño | Cuento | Una tarde, cansado de trabajar, me había tendido al suelo en el ángulo de un caserón de piedra; sobre el muro, los rayos del sol hacían resaltar las hendiduras profundas y las manchas de barro.
En el interior de la casa, día y noche, parecidos a las ratas en una bodega, se agitaban unos hombres hambrientos y sucios; ll... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Vaska el rojo | Cuento | Éramos tres amigos: Siomka Karguza, yo y Mishka, un gigante barbudo de grandes ojos azules que sonreían siempre afables a todo y que siempre estaban hinchados por la embriaguez. Vivíamos en el campo, fuera de la ciudad, en un viejo edificio medio derruido, al que, no se sabe por qué, llamábamos “la fábrica de vidrio”, ... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Veintiséis y una | Cuento | Una vez, en otoño, me vi en una situación tan molesta como desagradable, recién llegado a una ciudad donde no conocía a nadie. Estaba sin blanca y no tenía dónde dormir.
Tras haberme visto obligado a vender en los días previos toda mi ropa, salvo lo más imprescindible, salí de la ciudad y me dirigí a un lugar conocido ... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Vuelven | Cuento | Hace no mucho tiempo, en una de las casas públicas de una ciudad a orillas del Volga prestaba sus servicios un hombre de unos cuarenta años, llamado Vaska y apodado “el Rojo”. Debía su apodo a sus cabellos intensamente pelirrojos y a su cara rechoncha del color de la carne cruda.
De labios gruesos, con unas grandes ore... |
Gorki, Máximo | Rusia | 1868-1936 | Zazúbrina | Cuento | Éramos veintiséis; veintiséis máquinas vivientes, veintiséis hombres encerrados en un sótano húmedo en el que, de la mañana a la noche, amasábamos rosquillas y krendeliá. Las ventanas del sótano se asomaban a una zanja, cubierta de ladrillos mohosos por la humedad, los marcos de las ventanas estaban tapados por fuera c... |
Gorodischer, Angélica | Argentina | 1928-2022 | La naturaleza es una madre cruel | Cuento | Las imponentes rachas de viento de Jiva se estrellaban en las negras montañas de Daguestán ; una vez rechazadas, se precipitaban en las frías aguas del mar Caspio, levantando un oleaje encrespado cerca de la orilla.
Miles de blancas crestas se elevaban sobre la superficie, girando y danzando, como cristal fundido bulle... |
Goyen, William | Estados Unidos | 1915-1983 | Chicos de campo | Cuento | La ventana redonda de mi celda daba al patio de la prisión. Quedaba muy alta, pero, juntando la mesa a la pared y encaramándome a ella, podía ver desde allí todo lo que pasaba en el patio. Por encima de la ventana, bajo el tejadillo, las palomas habían construido su nido y cada vez que me asomaba al patio oía sus arrul... |
Goyen, William | Estados Unidos | 1915-1983 | Memoria de mayo | Cuento | —Cruel —dijo Lisandro—, la naturaleza es una madre cruel.
—Es verdad, sí, cierto —dijo Silvia.
Silvia era un bonito nombre, una buena elección, una palabra que sonaba a bosques, a tierra acariciada por el mar.
Ella no estaba en absoluto de acuerdo con él, pero desde muy chiquita su madre, sus hermanas, sus primas y no ... |
Goyen, William | Estados Unidos | 1915-1983 | Preciada puerta | Cuento | Soy Vikor. Tengo ocho años, pero no soy un niño, soy una forma inmortal y no tengo ocho años, tengo mil. He vivido siempre y siempre viviré.
Cuando tenía cuatro, mi madre y yo, Tangor, Nerea, Mabsum y el pequeño Oker vinimos a la ciudad con mi padre, que estaba muerto. Mi padre araba los campos, que eran verdes, pero l... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | ¡Ay del mísero Maling! | Cuento | Anduvo perdido todo el día por Roma. Era un mayo frío, oscuro y lluvioso. Una mala primavera, una primavera maldita. Las flores no se abrían. Estaban demoradas, encogidas por el frío y el tacto pálido del sol. Había salido de su habitación helada.
El piso era de baldosas -antiguas, con figuras sensuales de uvas rojas d... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Belleza | Cuento | -Hay alguien tirado en el campo -vino a decirnos mi hermanito.
Eran las ocho en punto de la mañana y hacía tanto calor que la hierba despedía humo y los saltamontes cantaban. Durante días, había corrido la voz de que llegaba un huracán. Desde ayer sentíamos sus indicios: una quietud en el aire seguida por la abrupta on... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Deberes especiales | Cuento | ¡Pobre inofensivo e ineficaz Maling! No es mi intención que se rían de Maling y de su borborigmia, como se sonreían los médicos cuando los consultaba, como deben haber sonreído incluso después del triste clímax del 3 de septiembre de 1940, cuando su borborigmia pospuso durante veinticuatro fatales horas la fusión de la... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Del otro lado del puente | Cuento | La mujer llevaba la frente ceñida con una cinta anaranjada que recordaba el estilo de los años veinte. Su voz destacaba sobre la charla de sus dos compañeros, sobre el muchacho que aceleraba su motocicleta en la calle, hasta sobre el ruido de los platos en la cocina del pequeño restaurante de Antibes, casi vacío ahora ... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Dos personas delicadas | Cuento | William Ferraro, de Ferraro & Smith, vivía en una gran casa en Montagu Square. Un ala estaba ocupada por su esposa, quien se creía una inválida y obedecía en forma estricta el precepto de que uno debería vivir cada día como si fuera el último. Por esta razón, esa ala había albergado invariablemente durante los últimos ... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | El bolso de viaje | Cuento | —Dicen que tiene un millón —dijo Lucía. Él estaba sentado en la húmeda y caldeada plazuela mexicana, un perro a sus pies y un aire de enorme y desdichada paciencia. El perro llamaba la atención de inmediato; era casi casi un perdiguero inglés, solo que algo no había ido del todo bien con la cola y el pelambre. Las palm... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | El caso de la defensa | Cuento | Estaban sentados en silencio en un banco del Pare Monceau. Era una prometedora tarde de principios de verano. Una brisa ligera empujaba algunas nubecillas blancas en el cielo. En cualquier momento soplaría el viento y el cielo quedaría totalmente limpio y azul. Pero ya era demasiado tarde, antes de eso se pondría el so... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | El doctor Crombie | Cuento | El hombrecito que se acercó al mostrador de información en el aeropuerto de Niza cuando llamaron a “Henry Cooper, pasajero del vuelo a Londres número 105 de BE A” parecía una sombra proyectada por el brillante resplandor del sol. Llevaba un traje gris y zapatos negros. Su cutis gris armonizaba perfectamente con el traj... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | El espía | Cuento | Fue el juicio por homicidio más extraño al que haya asistido. Lo llamaron “el asesinato Peckham” en los encabezados, aunque la calle Northwood, en donde encontraron a la anciana muerta a golpes, no está en Peckham propiamente. No era uno de esos casos en que las pruebas son circunstanciales y el desasosiego de los miem... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | El fin de la fiesta | Cuento | Una desafortunada circunstancia de mi vida me ha traído el recuerdo de cierto doctor Crombie y de las conversaciones que solíamos tener durante mi juventud. Había sido médico de la escuela hasta que la excentricidad de sus ideas se hizo demasiado notoria. Cuando dejó de ejercer en la escuela, sus pacientes se redujeron... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | El inocente | Cuento | Charlie Stowe esperó hasta escuchar los ronquidos de su madre para salir de la cama. Aun entonces se movió con cautela y caminó de puntillas hasta la ventana. La forma irregular de la fachada de la casa permitía ver si había luz en el cuarto de su madre. Pero ahora todas las ventanas estaban oscuras. Un reflector atrav... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Griego equivale a griego | Cuento | Peter Morton despertó sobresaltado para enfrentar la primera luz. La lluvia golpeteaba contra el vidrio. Era el cinco de enero.
Miró, por encima de una mesa donde se había extinguido una veladora en un charco de agua, a la otra cama. Francis Morton seguía dormido y Peter volvió a acostarse con los ojos puestos en su he... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Hermano | Cuento | Fue un error llevar a Lola. Lo supe en el momento en que bajamos del tren en la pequeña estación pueblerina. En un anochecer de otoño uno recuerda más de la infancia que en cualquier otro momento del año, y su rostro de apariencia luminosa, lo mismo que la pequeña bolsa que pretendía guardar nuestras cosas para pasar l... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Hombres trabajando | Cuento | 1
Cuando el boticario cerró su botica en la noche, atravesó una puerta al fondo del pasillo que le servía tanto a él como a los departamentos de arriba, y después subió dos tramos y medio de escalera cargando la ofrenda de una cajita de píldoras. La caja tenía impresos su nombre y dirección: Priskett, 14 New End Street... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Jubileo | Cuento | Los primeros que aparecieron fueron los comunistas. Caminaban de prisa, en un grupo de unos doce, subiendo el bulevar que va de Combat a Ménilmontant; un joven y una chica iban algo a la zaga porque el hombre tenía una pierna herida y la chica lo ayudaba. Se veían impacientes, acosados, desesperanzados, como si estuvie... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | La habitación del sótano | Cuento | Richard Skate se ausentó un par de horas del Ministerio para ver si su casa seguía en pie, tras la incursión aérea de la noche anterior. Era un hombre delgado, pálido, de apariencia emaciada, apenas entrado en la madurez. Había empleado toda su vida en mantenerse a flote, dando clases en escuelas nocturnas y fungiendo ... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | La película | Cuento | El señor Chalfont planchó sus pantalones y su corbata. Luego dobló la tabla de planchar y la guardó. Era alto y había conservado la figura. Se veía distinguido hasta en pantalones, en el departamentito amueblado de una sola pieza que alquilaba cerca de Shepherd’s Market. Tenía cincuenta años, pero no parecía mayor de c... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | La prueba irrefutable | Cuento | 1
Cuando la puerta principal se cerró detrás de ellos y el mayordomo Baines regresó al pesado y oscuro corredor, Philip comenzó a vivir. Se paró frente a la puerta del cuarto de los niños a escuchar, hasta que oyó el motor del taxi desvanecerse por la calle. Sus padres se marchaban de vacaciones por dos semanas, estaba... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | La raíz de todo mal | Cuento | —Los demás sí se divierten —dijo la señora Carter.
—Bueno —repuso su esposo—, nosotros hemos visto…
—El Buda reclinado, el Buda esmeralda, los mercados flotantes —dijo la señora Carter—. Y luego cenamos y nos vamos a dormir.
—Anoche fuimos a Chez Eve…
—Si no estuvieras conmigo —dijo la señora Carter—, encontrarías… sab... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | La segunda muerte | Cuento | La voz cansada continuó. Parecía vencer enormes obstáculos para hablar. Este hombre está enfermo, pensó el coronel Crashaw con lástima e irritación. Cuando joven, había escalado los Himalayas y se acordó de cómo a grandes alturas había que tomar aire varias veces para avanzar un paso. La tarima de cinco pies de altura ... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Los destructores | Cuento | Fue mi padre quien me contó la historia. La había oído directamente de su padre, hermano de uno de los participantes. De lo contrario, dudo que hubiese creído en ella. Pero mi padre era hombre de rectitud absoluta y no tengo motivos para creer que esta virtud no la heredara de la familia.
Los hechos ocurrieron en 189…,... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Los invisibles caballeros japoneses | Cuento | Me encontró al anochecer bajo los árboles que crecían en las afueras del pueblo. Nunca me había caído bien, y me hubiera escondido si la hubiera visto venir. Estoy seguro de que ella era la culpable de los vicios de su hijo. Si es que eran vicios; lejos estoy de admitir que lo eran. Por lo menos era generoso, nunca ava... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Manos muertas | Cuento | 1
Fue la víspera del Día Feriado de Agosto cuando el último recluta se convirtió en el jefe de la pandilla de Wormsley Common. A ninguno le causó sorpresa excepto a Mike; pero a Mike, a los nueve años, todo le causaba sorpresa. “Si no cierras la boca”, le dijeron un día, “se te va a meter una mosca”. Desde entonces Mik... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Más barato en agosto | Cuento | Había ocho caballeros japoneses que comían pescado en el restaurante de Bentley. Apenas se hablaban en su incomprensible idioma, pero cuando lo hacían era con una sonrisa cortés y hasta con una leve inclinación. Todos llevaban gafas, salvo uno. De cuando en cuando, la hermosa muchacha que estaba sentada junto a la vent... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Párrafos trocados | Minicuento | Cuando Carter cumplió cuarenta y dos años pensó que era maravillosa la paz, la seguridad de un matrimonio genuino. Y hasta disfrutó con cada detalle de la ceremonia religiosa, salvo cuando vio a Josephine secarse una lágrima mientras él atravesaba la iglesia del brazo de Julia. No era sorprendente que Josephine estuvie... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Pena en tres tiempos | Cuento | I
Era más barato en agosto: el sol, los arrecifes de coral, el bar con cañas de bambú, los calipsos… Todo estaba a precios reducidos, como los artículos algo tarados de una liquidación. Periódicamente llegaban grupos de Filadelfia, como excursiones escolares, y se marchaban con menos bruit después de una semana exacta ... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | ¿Puede prestarnos a su marido? | Cuento | Una vez estaba tendido en la cama del dormitorio, llorando bajo las sábanas porque era la primera semana del trimestre y todavía faltaban doce infinitas semanas para las vacaciones. Y yo tenía miedo de… de todo. Era invierno y de pronto vi que la ventana de mi cuarto se empañaba con un vapor caliente. Limpié el vapor c... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Terrible, cuando piensa uno en ello | Cuento | I
Era el mes de febrero en Antibes. Ráfagas de lluvia barrían las murallas y las flacas estatuas de la terraza del castillo Grimaldi chorreaban agua. Se oía un ruido ausente durante los días azules del verano: el continuo fragor de la rompiente contra la escollera. Los restaurantes a lo largo de la costa estaban cerrad... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Un accidente absurdo | Cuento | I
Nunca oí que su marido o los dos hombres que se hicieron sus amigos la llamaran de otro modo que “Poopy”. Quizás yo estuviera un poco enamorado de ella (aunque eso parezca absurdo, a mi edad), porque descubrí que ese nombre me fastidiaba. No le iba bien a una persona tan joven y franca… demasiado franca. Ella pertene... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Un día ganado | Cuento | Cuando el niño me miró y guiñó los ojos desde su cesto de mimbre, depositado en el asiento frente al mío y en algún lugar entre Reading y Slough, me sentí incómodo. Era como si hubiera descubierto mi oculto interés.
Es terrible lo poco que cambiamos. Con mucha frecuencia un antiguo conocido, alguien con quien no nos he... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Un indicio de explicación | Cuento | I
Un jueves por la mañana, en el descanso entre la segunda y la tercera clase, Jerome fue citado a la oficina del encargado de curso. Jerome no temía verse en apuros: era celador, nombre que el dueño y director de una escuela preparatoria bastante cara había elegido para los mejores alumnos de los cursos inferiores. Lo... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Un lugarcito en los alrededores de Edgware Road | Cuento | Me le pegué de cerca cual una sombra, como diría la gente. Aunque eso es absurdo. No soy una sombra. Puedes sentirme, tocarme, oírme, olerme. Soy Robinson. Pero me había sentado en la mesa de junto; lo había seguido veinte metros detrás por cada calle; cuando subía escaleras lo esperaba abajo, y cuando bajaba salía ant... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Un paseo por el campo | Cuento | Un largo recorrido por tren un anochecer a fines de diciembre es, en esta nueva versión de la paz, una experiencia lúgubre. Supongo que mis compañeros de viaje y yo podíamos considerarnos afortunados de tener compartimiento, aunque el calentador no funcionara, aunque las luces se apagaran en los frecuentes túneles de l... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Una oportunidad para el señor Lever | Cuento | Craven pasó junto a la estatua de Aquiles bajo la fina lluvia estival. No había empezado aún a oscurecer, pero los automóviles se alineaban ya a lo largo de todo el camino hacia Marble Arch, y las agudas e inquisitivas miradas de las hebreas se tendían ansiosamente en busca de un “amigo” ocasional. Craven continuó anda... |
Greene, Graham | Inglaterra | 1904-1991 | Una salita cerca de la calle Edgware | Cuento | Como todas las demás noches escuchó que su padre recorría la casa asegurando puertas y ventanas. Era jefe de oficina en la Agencia de Exportación Bergson, y recostada en la cama pensaba con disgusto que su padre manejaba su hogar igual que su oficina, conforme a las mismas normas y que velaba por su seguridad con la mi... |
Grimm, Hermanos | Alemania | 1785-1863 y 1786-1859 | Blancanieve y Rojarosa | Cuento | El señor Lever se golpeó la cabeza contra el techo y soltó una palabrota. Arriba se almacenaba arroz, y en la oscuridad las ratas empezaban a merodear. Algunos granos de arroz se colaron entre los resquicios para caer sobre su maleta revelation, sobre su calva, sus cajas de alimentos enlatados, su cajita cuadrada donde... |
Grimm, Hermanos | Alemania | 1785-1863 y 1786-1859 | Blancanieves | Cuento | Bajo la suave llovizna estival, Craven pasó junto a la estatua de Aquiles. Acababan de encender las luces, pero ya los coches se apiñaban en dirección de Marble Arch, y los angulosos y calculadores rostros judíos se asomaban a la calle, dispuestos a pasar un buen rato con cualquier cosa que les saliera al paso. Amargam... |
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