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Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Amor verdadero | Cuento | Mi nombre es Joe. Así es como mi colega, Milton Davison, me llama. Él es programador y yo soy un programa de computadora. Soy parte del complejo “Multivac” y estoy conectado con otros sectores en todo el mundo. Lo sé todo. Casi todo.
Soy el programa privado de Milton. Él sabe más de programación que nadie en el mundo, ... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Asnos estúpidos | Cuento | Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Azazel: una noche de canto | Cuento | Resulta que un amigo mío insinúa que, a veces, puede invocar espíritus del profundo abismo. O, por lo menos, un espíritu… uno pequeño y de poderes estrictamente limitados. En ciertas ocasiones habla de él, pero sólo después de haber llegado a su cuarto whisky con soda. Se trataba de un delicado punto de equilibrio: tre... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Cuánto se divertían | Cuento | Margie lo anotó esa noche en el diario. En la página del 17 de mayo de 2157 escribió: “¡Hoy Tommy ha encontrado un libro de verdad!”.
Era un libro muy viejo. El abuelo de Margie contó una vez que, cuando él era pequeño, su abuelo le había contado que hubo una época en que los cuentos siempre estaban impresos en papel.
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Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | El mejor amigo de un muchacho | Cuento | -Querida, ¿dónde está Jimmy? -preguntó el señor Anderson.
-Afuera, en el cráter -dijo la señora Anderson-. No te preocupes por él. Está con Robutt… ¿Ha llegado ya?
-Sí. Está pasando las pruebas en la estación de cohetes. Te juro que me ha costado mucho contenerme y ... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | El racista | Cuento | El cirujano alzó la cabeza; su rostro era inexpresivo.
―¿Está preparado? ―preguntó.
―Preparado es un término relativo ―dijo el ingeniero médico―. Nosotros estamos preparados. Él está quieto.
―Bueno, siempre lo están… Al fin y al cabo se trata de una operación importante.
―Importante o no, el paciente debe estar agradec... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | La sonrisa del cyborg | Cuento | Johnson estaba rememorando del modo en que lo hacen los viejos y me habían advertido de que hablaría acerca de los cyborg -esas personas que cruzaron velozmente la escena de los negocios a comienzos de este siglo XXI nuestro. Aun así, había tomado ... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | La última pregunta | Cuento | La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:
Alexander Adell y Bertra... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Las tres leyes de la robótica | Minicuento | Ningún robot causará daño a un ser humano o permitirá, con su inacción, que un ser humano resulte dañado.
Todo robot obedecerá las órdenes recibidas de los seres humanos, excepto cuando esas órdenes puedan entrar en contradicción con la primera ley.
Todo robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando esta p... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Primera ley | Cuento | Mike Donovan contempló su vacía jarra de cerveza, se sintió aburrido, y decidió que ya había escuchado lo suficiente. Dijo en voz alta:
-Si tenemos que hablar acerca de robots poco habituales, yo conocí una vez a uno que desobedeció la Primera Ley.
Y, puesto que aqu... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Sueños de robot | Cuento | -Anoche soñé -anunció Elvex tranquilamente.
Susan Calvin no replicó, pero su rostro arrugado, envejecido por la sabiduría y la experiencia, pareció sufrir un estremecimiento microscópico.
-¿Ha oído eso? -preguntó Linda Rash, nerviosa-. Ya se lo había dicho.
Era joven, menuda, de pelo oscuro. Su mano derecha se abría y ... |
Asimov, Isaac | Estados Unidos | 1920-1992 | Versos iluminados | Cuento | La ultima persona en quien se podía pensar como asesina era la señora Alvis Lardner. Viuda del gran mártir astronauta, era filántropa, coleccionista de arte, anfitriona extraordinaria y, en lo que todo el mundo estaba de acuerdo, una genio. Pero, s... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | Ajedrez | Cuento | El mundo ya no es lo que era. Ahora, por ejemplo, se vive más tiempo. Yo tengo ochenta y muchos, y es poco. Estoy demasiado sano, aunque no tenga razones para estar tan sano. Pero la vida no quiere desprenderse de mí. El que no tiene nada por qué vivir tampoco tiene nada por qué morir.
Tal vez sea ese el motivo.
Un día... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | Desde ahora te acompañaré a casa | Cuento | -Tampoco te esmeras mucho con los deberes, sales corriendo en cuanto acabas de comer. Por cierto, ¿qué haces en el bosque?
-Pasear, ya te lo he dicho.
-¿Mirando los árboles y escuchando los pájaros?
-¿Y qué tiene eso de malo?
-¿Estás seguro de que eso es lo único que haces?
-¿Qué iba a hacer si no?
-Eso lo sabrás tú me... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | El comodín | Cuento | Un sábado por la noche, hacia finales de noviembre, me hallaba solo en casa con Lucy. Yo estaba sentado en el sillón junto a la ventana, ella junto a la mesa del comedor haciendo un solitario, últimamente no paraba de hacer solitarios, yo no sabía por qué, pensaba que quizá tenía miedo de algo. Hace mucho calor, dijo L... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | Elisabeth | Cuento | Era domingo por la mañana temprano. Yo había cogido una tumbona de la terraza y me la había bajado hasta un rincón del jardín, al fondo, junto al asta. Allí me puse a leer Esch o la anarquía. Mi hermano y mi cuñada no se habían levantado aún. De vez en cuando echaba una mirada hacia la casa, hacia la ventana de su dor... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | En el café | Minicuento | Una de las últimas veces que estuve en un café fue un domingo de verano, lo recuerdo bien, porque casi todo el mundo iba en mangas de camisa y sin corbata, y pensé: tal vez no sea domingo, como yo creía, y el hecho de que pensara exactamente eso hace que me acuerde. Me senté a una mesa en medio del local, a mi alred... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | En la peluquería | Minicuento | Hace muchos años que dejé de ir al peluquero; el más cercano se encuentra a cinco manzanas de aquí, lo que me resultaba bastante lejos incluso antes de romperse la barandilla de la escalera. El poco pelo que me crece puedo cortármelo yo mismo, y eso hago, quiero poder mirarme en el espejo sin deprimirme demasiado, tamb... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | La señora M. | Minicuento | Una de las pocas personas que saben que aún existo es la señora M., de la tienda de la esquina. Dos veces por semana me trae lo que necesito para vivir, pero no es que se mate por el peso. La veo muy de tarde en tarde, porque tiene una llave del departamento y deja la compra en la entrada, es mejor así, de ese modo nos... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | María | Minicuento | Un otoño me encontré por sorpresa con mi hija María en la acera delante de la relojería; estaba más delgada, pero no me costó nada reconocerla.
No recuerdo ya por qué estaba yo en la calle, pero tenía que tratarse de algo importante, porque fue después de que la barandilla de la escalera se hubiera roto, así que en rea... |
Askildsen, Kjell | Noruega | 1929-2021 | Vaya | Minicuento | Un día de verano que no llovió me entraron ganas de moverme, o al menos, de dar una vuelta por la manzana. La idea me animó, de repente me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no me sentía de tan buen humor. Hacía tanto calor que creí poder ponerme los calzoncillos cortos, pero al ir a buscarlos me acordé de que l... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Ahora que me acuerdo | Cuento | Los Güegüechos de gracia José y Agustina, conocidos en el pueblo con los diminutivos de Don Chepe y la Niña Tina hacen la cuenta de mis años con granos de maíz, sumando de uno en uno de izquierda a derecha, como los antepasados los puntos que señalan los siglos en las piedras. El cuento de los años es triste. Mi edad l... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | ¡Americanos todos! | Cuento | — 1 —
Alarica Powell sacó la cabeza por la ventanilla del tren; ya estaba parado y le parecía que seguía andando, y alcanzó a ver, entre las estrellas y el alba, una nave blanca junto al muelle color de tiburón. Antes de mediodía iría navegando en aquel barco de papel hacia Nueva Orleans. En la emergencia, suspendidos ... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Cadáveres para la publicidad | Cuento | — 1 —
Sin un tiro las pistolas recalentadas, humeantes… sin filo los machetes mellados… sin cargas las escopetas… no quedaba sino la fuga y ya fue de pasar y pasar sombras… las mismas caras en otros cuerpos… los mismos cuerpos en otros pies… los mismos pies en otro lugar, en otro lugar, en otro lugar…
Sorprendidos a me... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Cuculcán | Cuento | Serpiente-envuelta-en-plumas
PRIMERA CORTINA AMARILLA
Cortina amarilla, color de la mañana, magia del color amarillo de la mañana. Cuculcán amarillo, cara y manos amarillas, cabellos amarillos, zancos amarillos, calzas amarillas, traje amarillo, máscara amarilla, plumas amarillas, brazaletes amarillos, frente a la cort... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | El bueyón | Cuento | Se le endurecía la boca de silencio y solo remoliendo los molares sentía la existencia de sus dientes en la sala donde la única visita muda era su lengua. Afilarse las garras y los dientes rechinándolos. Afilarse los ojos, negros de rabia, parpadeando. Los párpados pesados como mollejones por el sueño y el cansancio. P... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | El espejo de Lida Sal | Cuento | — 1 —
Los ríos van quedando sin resuello al decaer el invierno. Al blando resbalar de las corrientes sustituye el silencio seco, el silencio de la sed, el silencio de las sequías, el silencio de láminas de agua inmovilizada entre los islotes de arena, el silencio de los árboles que el calor y el viento tostado del vera... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Guatemala | Cuento | La carreta llega al pueblo rodando un paso hoy y otro mañana. En el apeadero, donde se encuentran la calle y el camino, está la primera tienda. Sus dueños son viejos, tienen güegüecho, han visto espantos, andarines y aparecidos, cuentan milagros y cierran la puerta cuando pasan los húngaros: esos que roban niños, comen... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Juan Girador | Minicuento | Barrancos cubiertos de flores. Barrancos llenos de pájaros. Barrancos ahogados en lagos. Barrancos. Y no solo flores. Pinos centenarios. Y no solo pájaros. Pinos centenarios y altísimos. Y no solo lagos. Pinos y pinos y pinos. Florido, pajarero y lacustre el mundo de Juan Girador. Allí nació, allí creció, jamás se apar... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Juan Hormiguero | Cuento | …Yo sé que se vuelven tierra los que se comen el sueño…
Oírlo decir me dejó apabullado. Yo me comía el sueño. Completamente apabullado. No es necesario explicarlo. Me comía el sueño y me iba sintiendo… ¿Cómo hacer?… ¿Me volvería tierra?… ¿Cómo hacer para dejar de alimentar con mi sueño, despierto entre los míos, cuando... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Juanantes el encadenado | Cuento | No le enrostró nada (conversación con ojos, con manos), la Cardenala Cifuentes. No eran palabras. Las suyas no eran palabras. No atinaba a responder nada. Eran sonidos articulados a su angustia, al frío de su espinazo, a la carne de gallina que por momentos lo convertía en una regadera de poros gordos. Le comían el cue... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | La Galla | Cuento | — 1 —
Arriba, en lo alto, se columpiaba con el viento un árbol de matasano. Tendía sus ramas sobre una hondonada siempre verde. El verdor cenizo del matasano, cenizo amarillento, contrastaba con la joyosa esmeralda de la hondonada. Pero a partir de estos dos verdes, los ojos de Diego Hun Ig, empezaban a contar los once... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda de la campana difunta | Cuento | Entre la gente española venida a Indias, muy, muy entrado el siglo XVII —navegación en redondo… Sevilla… San Lúcar… Virgen de Regla… Islas de Barlovento…— llegaron uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete asturianos, siete según el habla popular y tres al decir de los cronistas que a la letra añaden : homes de Oviedo... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda de la máscara de cristal | Cuento | ¡Y, sí, Nana la Lluvia, el que hacía los ídolos y. preparaba las cabezas de los muertos, dejándolas desabrido hueso, betún encima, tenía las manos tres veces doradas! ¡Y, sí, Nana la Lluvia, el que hacía los ídolos, cuidador de calaveras, huyó de los hombres de piel de gusano blanco, incendiaron la ciudad entonces, y s... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda de la Tatuana | Cuento | Ronda por Casa-Mata la Tatuaba…
El Maestro Almendro tiene la barba rosada, fue uno de los sacerdotes que los hombres blancos tocaron creyéndoles de oro, tanta riqueza vestían, y sabe el secreto de las plantas que lo curan todo, el vocabulario de la obsidiana —piedra que habla—y leer los jeroglíficos de las constelacion... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda de las tablillas que cantan | Cuento | En las tejavanas de los templos de tiniebla y agua, alzados en zancos de pirámides, tejavanas de madera coloridas al final de escalinatas que caían como cascadas de cantos rodados ; en los dinteles de las fortalezas ‘de muros de granizo petrificado ; en los quicios de la casas de todos los días y todas las noches, cons... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda de Matachines | Cuento | Entre las cuatro grutas sin salida, la del viento, caverna agujereada, la de la tempestad, socavón de fuego y tambor de trueno, la de los despeñaderos de aguas subterráneas, cueva de cristalerías, la de los ecos, axila de guacamayas azules; entre las cuatro grutas sin salida, el llueve pies y pies y pies alucinantes de... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda del cadejo | Cuento | Y asoma por las vegas el
Cadejo, que roba mozas de
trenzas largas y hace ñudos
en las crines de los caballos
Madre Elvira de San Francisco, prelada del monasterio de Santa Catalina, sería con el tiempo la novicia que recortaba las hostias en el convento de la Concepción, doncella de loada hermosura y habla tan candoros... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda del sombrerón | Cuento | El sombrerón recorre los portales…
En aquel apartado rincón del mundo, tierra prometida a una reina por un navegante loco, la mano religiosa había construido el más hermoso templo al lado de la divinidades que en cercanas horas fueran testigo de la idolatría del hombre —el pecado más abominable a los ojos de Dios— y al... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda del tesoro del Lugar Florido | Cuento | ¡El Volcán despejado era la guerra!
Se iba apagando el día entre las piedras húmedas de la ciudad, a sorbos, como se consume el fuego en la ceniza. Cielo de cáscara de naranja, la sangre de las pitahayas goteaba entre las nubes, a veces coloreadas de rojo y a veces rubias como el pelo del maíz o el cuero de los pumas.
... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Leyenda del volcán | Cuento | Seis hombres poblaron la Tierra de los Árboles: los tres que venían en el viento y los tres que venían en el agua, aunque no se veían más que tres. Tres estaban escondidos en el río y sólo les veían los que venían en el viento cuando bajaban del monte a beber agua.
Seis hombres poblaron la Tierra de los Árboles.
Los tr... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Los agrarios | Cuento | — 1 —
Un herraje de brillantes. Hasta tarde, tarde persistía la visión del inmenso casco montañoso cubierto por una herradura de sol. Al fondo de la hoya luminosa, hendida hacia el Poniente, esperó Tiburcio Sotoj que se juntaran los pesuños de la noche. Le gustaba la oscuridad. Su sabor a raíz, a humo, a sueño, a musgo... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Los brujos de la tormenta primaveral | Cuento | 1
Más allá de los peces el mar se quedó solo. Las raíces habían asistido al entierro de los cometas en la planicie inmensa de lo que ya no tiene sangre, y estaban fatigadas y sin sueño. Imposible prever el asalto. Evitar el asalto. Cayendo las hojas y brincando los peces. Se acortó el ritmo de la respiración vegetal y ... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Ocelote 33 | Cuento | — 1 —
Caserón. Mucha ventana a la calle principal. Anchos muros. Amplio zaguán. Puerta claveteada. Llamadores de bronce. En el primer patio, sala, comedor, cuarto de estar y dormitorios sobre un corredor que caía a un jardín con arriates, macetones de flores, árboles y enredaderas. Un pasadizo comunicaba por el mismo c... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Quincajú | Cuento | ¡Oh, valientes que escucháis las historias de Quincajú, oíd la primera!
Desaparecí del mundo, no porque haya muerto, hubiera sido mejor, sino porque ni me ven, ni me oyen, ni me sienten, como ven, oyen y sienten a los que hachan, aserran, cocinan, construyen, hornean, muelen, cargan, siembran, podan, curan, tejen, esc... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Torotumbo | Cuento | — 1 —
Ni los rumiantes ecos del retumbo frente a volcanes de crestería azafranada, ni el chasquido de la honda del huracán, señor del ímpetu, con las venas de fuera como todos los cazadores de águilas, ni el consentirse de las rocas, preñadas durante la tempestad, al parir piedras de rayo, ni el gemir de los ríos al sa... |
Asturias, Miguel Ángel | Guatemala | 1899-1974 | Week-end en Guatemala | Cuento | — 1 —
Recogía del piso la parte de la persona que se llama pie, tan olvidada siempre, lo prendía con ayuda del tacón a uno de los travesaños del taburete que giraba con todo y su persona, como un satélite, frente al bar y echándose de espaldas sobre la barra del mostrador, horizonte infinito sobado y resobado por infin... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Algún día | Minicuento | Algún día los hombres descubrirán que el sueño vino después. Dios no duerme, ni Adán dormía. Los infusorios no duermen, ni el diplodoco podía. El elefante duerme dos horas y el perro todas las que puede. No digo más. El hombre duerme para olvidar sus pecados; cada día más, a medida que ha conquistado la noche. No digo ... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Café con leche | Minicuento | Empezó a darle vuelta al café con leche con la cucharita. El líquido llegaba al borde, llevado por la violenta acción del utensilio de aluminio. (El vaso era ordinario, el lugar barato, la cucharilla usada, pastosa de pasado.) Se oía el ruido del metal contra el vidrio. Ris, ris, ris, ris. Y el café con leche dando vue... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Conflicto laboral | Minicuento | Era la séptima vez que me mandaba copiar aquella carta. Yo tengo mi diploma, soy una mecanógrafa de primera. Y una vez por un punto y seguido, que él dijo que era aparte, otra porque cambió un «quizás» por un «tal vez», otra porque se fue una v por una b, otra porque se le ocurrió añadir un párrafo, otras no sé por qué... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Consideración | Minicuento | La maté por no darle un disgusto.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Crimen ejemplar | Minicuento | Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juan de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno a las siete y cuarto, lo mismo d... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Dolor de cabeza | Minicuento | Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes, miré mi reloj seis veces, descaradamente: no hizo caso. Creo que es una atenuante muy de tenerse en cuenta.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | El maestro | Minicuento | Hace diez años que soy maestro de la Escuela Primaria de Tenacingo, Zac. Han pasado muchos niños por los pupitres de mi escuela. Creo que soy un buen maestro. Lo creía hasta que salió aquel Panchito Contreras. No me hacía ningún caso, ni aprendía absolutamente nada: porque no quería. Ninguno de los castigos surtía efec... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | El monte | Minicuento | Cuando Juan salió al campo, aquella mañana tranquila, la montaña ya no estaba.
La llanura se abría nueva, magnífica, enorme, bajo el sol naciente, dorada.
Allí, de memoria de hombre, siempre hubo un monte, cónico, peludo, sucio, terroso, grande, inútil, feo. Ahora, al amanecer, había desaparecido.
Le pareció bien a Jua... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | En nombre de todos | Minicuento | ¿Ustedes no han tenido nunca ganas de asesinar a un vendedor de lotería, cuando se ponen pesados, pegajosos, suplicantes? Yo lo hice en nombre de todos.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Es tan sencillo | Minicuento | —Es tan sencillo: Dios es la creación, a cada momento es lo que nace, lo que continúa, y también lo que muere. Dios es la vida, lo que sigue, la energía y también la muerte, que es fuerza y continuación y continuidad. ¿Cristianos estos que dudan de la palabra de su Dios? ¿Cristianos esos que temen a la muerte cuando le... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Esa hormiga | Minicuento | Esa hormiga odiaba al león. Tardó diez mil años pero se lo comió todo, poco a poco, sin que él se diera cuenta.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Ficha 342 | Minicuento | Apellido del enfermo: Agrasot, Luisa.
Edad: 24 años. Natural de Veracruz.
Diagnóstico: Erupción cutánea de origen probablemente poli-bacilar.
Tratamiento: Dos millones de unidades de penicilina.
Resultado: Nulo.
Observaciones: Caso único. Recalcitrante. Sin precedentes.
Desde el decimoquinto día me abrumó. El diagnósti... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Hablaba y hablaba… | Minicuento | Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por e... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | La hormiga que odiaba al león | Minicuento | Esa hormiga odiaba al león. Tardó diez mil años pero se lo comió todo, poco a poco, sin que él se diera cuenta.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | La sonrisa | Cuento | Cuando el general Den Bié Uko se enteró que su enemigo el general Bai Pu Un había caído prisionero, se alegró muchísimo. La verdad: nada hubiera podido satisfacerle tanto. Nadie lo notó. Así era de reservado, dejando aparte que los músculos de su cara no se prestaban a la exteriorización de ningún sentimiento.
Lo mandó... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | La uña | Minicuento | El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana de... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Ley del Talión | Minicuento | —No lo hice adrede.
Es todo lo que se le ocurrió repetir a aquella imbécil, frente al jarro, hecho añicos. ¡Y era el de mi santa madre, que en gloria esté! La hice pedazos. Les juro que no pensé, un momento siquiera, en la ley del Talión. Fue más fuerte que yo. Yo tampoco lo hice adrede.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Lo maté en sueños | Minicuento | Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Noche de Reyes | Minicuento | Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Pueden ustedes preguntarlo | Minicuento | Pueden ustedes preguntarlo en la Sociedad de Ajedrez de Mexicali, en el Casino de Hermosillo, en la Casa de Sonora: yo soy, yo era, muchísimo mejor jugador de ajedrez que él. No había comparación posible. Y me ganó cinco partidas seguidas. No sé si dan ustedes cuenta. ¡Él, un jugador de clase C! Al mate, cogí un alfil ... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Se mondaba los dientes | Minicuento | Se mondaba los dientes como si no supiese hacer otra cosa. Dejaba el palillo al lado del plato para, tan pronto como dejaba de masticar, volver al hurgo. Horas y horas, de arriba a abajo, de abajo a arriba, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de adelante para atrás, de atrás para adelante. Levantándose el l... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Sin remedio | Minicuento | Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio.
FIN |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Un poquito más | Minicuento | —Un poquito más.
No podía decir que no. Y no puedo sufrir el arroz.
—Si no repite otra vez, creeré que no le gusta.
Yo no tenía ninguna confianza en aquella casa. Y quería conseguir un favor. Ya casi lo tenía en la mano. Pero aquel arroz…
—Un poco más.
—Un poquitín más.
Estaba empachado. Sentí que iba a vomitar. Entonc... |
Aub, Max | España/México | 1903-1972 | Una larga espera | Minicuento | Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juan de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno a las siete y cuarto, lo mismo d... |
Avérchenko, Arkadi | Rusia | 1881-1925 | Un asunto vulgar | Cuento | La víspera de Navidad.
El frío era muy intenso, el viento atacaba furioso las casas y los árboles y no perdonaba a los transeúntes, que hacían todo lo posible para librar de sus ataques las mejillas, la nariz y la frente. Cuando se cansaba de callejear, se encaramaba sobre los altos edificios, en busca de un campo de a... |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | El amor | Minicuento | Un estudiante alemán va una noche a un baile. En él descubre a una joven, muy bella, de cabellos muy oscuros, de tez muy pálida. En torno a su largo cuello, una delgada cinta negra, con un nudito. El estudiante baila toda la noche con ella. Al amanecer, la lleva a su buhardilla. Cuando comienza a desnudarla, la joven l... |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | El lenguaje | Minicuento | Siete habitantes de la Atlántida salen a pasear: un poeta, un pintor, un sacerdote, un bandido, un usurero, un enamorado y un pensador. Llegan a una gruta. “¡Qué lugar más propicio para la inspiración!”, exclama el poeta. “¡Qué espléndido tema para un cuadro!”, dice el pintor. “¡Qué rincón favorable para rezar!”, salmo... |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | El ser | Minicuento | Un sabio chino se pasea con su discípulo. Atraviesan un puente.
-¿Cuál es el ser ( o la esencia) del puente? -pregunta el aprendiz de filósofo.
Su maestro lo mira sorprendido y de un empujón lo precipita en el río.
FIN |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | La búsqueda | Minicuento | Un hombre erró por el mundo durante toda su vida a la búsqueda de la piedra -filosofal- que convertiría en oro al metal más vulgar. Erraba por montes y valles, vestido con un sayal atado a su cuerpo por medio de un cinturón con una hebilla metálica. Cada vez que le parecía que una piedra podía ser la piedra, la frotaba... |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | La muerte | Minicuento | Una vez un mandarín chino propuso esta medida al gobernador de una provincia, quien no tardó en adoptarla. En el momento en que la víctima debía posar la cabeza sobre el taco para que el verdugo se la pudiese cortar, un caballero engalanado llegaba al galope y exclamaba: ¡Deténganse! ¡El Sire ha concedido su gracia al ... |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | Las voces del silencio | Minicuento | Por fin la energía atómica se ha liberado y ha destruido toda vida humana sobre el planeta. Solo se ha escapado un habitante de un rascacielos de Chicago. Después de haber comido y bebido todo lo que tenía en su heladera, leído, visto, mirado y escuchado su biblioteca ideal, su museo imaginario y su discoteca real, des... |
Axelos, Costas | Grecia | 1924-2010 | Lo real y lo imaginario | Minicuento | Un padre y una madre centauros observan a su hijo que retoza en una playa del Mediterráneo. El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta:
-¿Debemos decirle que no es más que un mito?
FIN |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | El hechizado | Cuento | Después de haber pretendido inútilmente en la Corte, el Indio González Lobo —que llegara a España hacia finales de 1679 en la flota de galeones con cuya carga de oro se celebraron las bodas del rey— hubo de retirarse a vivir en la ciudad de Mérida, donde tenía casa una hermana de su padre. Nunca más salió ya de Mérida ... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | El Inquisidor | Cuento | ¡Qué regocijo! ¡qué alborozo! ¡Qué músicas y cohetes! El Gran Rabino de la judería, varón de virtudes y ciencia sumas, habiendo conocido al fin la luz de la verdad, prestaba su cabeza al agua del bautismo; y la ciudad entera hacía fiesta.
Aquel día inolvidable, al dar gracias a Dios Nuestro Señor, dentro ya de su igles... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | Historia de macacos | Cuento | I
Si yo, en vista de que para nada mejor sirvo, me decidiera por fin a pechar con tan inútil carga, y emprendiera la tarea de cantar los fastos de nuestra colonia —revistiéndolos acaso con el purpúreo ropaje de un poema heroico-grotesco en octavas reales, según lo he pensado alguna vez en horas de humor negro—, tendría... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | Hora muerta | Cuento | I
La ciudad, plataforma giratoria. Un poco chirriante.
La aurora de la ciudad es una aurora de carteles nuevos. Frescos. Húmedos —ropa limpia— de rocío.
Carteles: sábanas desplegadas —tiernas, refrigerantes—. Toallas para enjugar las últimas miradas turbias de los chicos que van en grupos a la escuela.
Es una aurora en... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | La vida por la opinión | Cuento | Esto no son cuentos. Ocurre que, por su carácter vehemente, o quizá por falta de experiencia cívica, los españoles han propendido siempre a tomar la política demasiado a pechos. La última guerra civil los dejó deshechos, orgullosísimos, y con la incómoda sensación de haber sufrido una burla sangrienta. Apenas les conso... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | San Juan de Dios | Cuento | De rodillas junto al catre, en el rostro las ansias de la muerte, crispadas las manos sobre el mástil de un crucifijo —aún me parece estar viendo, escuálido y verdoso, el perfil del santo. Lo veo todavía: allá en mi casa natal, en el testero de la sala grande. Aunque muy sombrío, era un cuadro hermoso con sus ocres, y ... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | Una boda sonada | Cuento | Se llamaba Ataíde, Homero Ataíde; pero desde sus tiempos de la escuela le decían todos Ataúde, porque, siendo dueño su padre de una modesta empresa de pompas fúnebres, nadie renuncia a hacer un chiste fácil a costa del prójimo. Por lo demás, a él le importaba poco, lo tomaba por las buenas, no se ofendía. ¿Ataúde? Pues... |
Ayala, Francisco | España | 1906-2009 | Violación en California | Cuento | —Lo que es en esta dichosa profesión mía —dijo a su mujer en llegando a casa el teniente de policía E. A. Harter— nunca termina uno, la verdad sea dicha, de ver cosas nuevas.
A cuyo exordio, ya ella sabía muy bien que había de seguir el relato, demorado, lleno de circunloquios y plagado de detalles, del caso correspond... |
Azorín | España | 1873-1967 | El primer milagro | Cuento | La tarde va declinando; se filtran los postreros destellos de sol por el angosto ventanito del sótano. Todo está en silencio. Las manos del anciano van removiendo, como si fuera una blanda masa, el montón de monedas de oro, relucientes, que está sobre la mesa. El anciano tiene una larga barba entrecana; los ojos aparec... |
Azorín | España | 1873-1967 | Juana y Juanita | Cuento | ¿Cómo es Juanita? ¿Dónde vive? ¿Qué hace? ¿En qué vieja y noble ciudad andaluza tiene su casa? Yo creo que la he visto en todas partes, a lo largo de mis viajes. Juanita es hija de Juana; a esta Juana nos ha contado el querido maestro Valera que sus convecinos, por sobrenombre, la llaman La Larga. A Juanita le han adju... |
Azorín | España | 1873-1967 | La prehistoria | Cuento | —Buenos días, querido maestro. ¿Qué tal? ¿Cómo está usted?
—Ya lo está usted viendo; siempre en mi taller, enfrascado en mi grande obra.
—¿Habla usted de esa obra magna, admirable, que todos esperamos: La prehistoria?
—En efecto; en ella estoy ocupado en estos momentos. Ya poco falta para que la dé por terminada defini... |
Azorín | España | 1873-1967 | Las sirenas | Cuento | Cuando volvieron de la iglesia celebraron con una merienda espléndida el bautizo. La casa estaba llena de invitados; entraron todos en el comedor. Sobre el blanco mantel resaltaba la límpida cristalería. Y acá y allá, la nota pintoresca de un pomposo, oloroso, pintoresco ramo de flores. Todos estaban alegres, animosos.... |
Azorín | España | 1873-1967 | Lo que lleva el rey Gaspar | Cuento | “Los tres reyes han salido de sus palacios. Los tres son viejecitos. El rey Melchor es alto, con una barba blanca, con sus ojos azules, con sus anteojos de oro. El rey Baltasar es bajo, un tantico encorvado, con un bigote largo y una perilla más larga todavía. El rey Gaspar no usa nada en la cara; va afeitado, pulcro, ... |
Azorín | España | 1873-1967 | No hacer nada | Cuento | Se iba acercando, para Martín Pascual, el momento de no hacer nada. Se lo tenía bien ganado; pero a Martín Pascual le interesaba más la psicología que el derecho. Tenía derecho—después de cincuenta, sesenta años de trabajar—a no trabajar. No le importaba ese derecho; le atraía el proceso psicológico; le hechizaba el «c... |
Azorín | España | 1873-1967 | Una civilización que se acaba | Cuento | Cuento de Navidad
La galería que circunda el vasto patio es de mármol blanco. De mármol blanco son las recias columnas y de mármol blanco son las espaciosas losas del pavimento. En el centro, entre arriates de mirtos, la taza de una fuente resalta en su blanco mármol. Declina la tarde; llega el crepúsculo. El agua de l... |
Azorín | España | 1873-1967 | Una elegía | Cuento | —Señor Azorín, ¿esto es una elegía?
—Amigo lector, esto es una elegía.
Se llamaba Julín. ¿Cómo os imagináis vosotros a Julín? ¿Creéis que este nombre varonil es el de algún niño rubio, vivaracho, revoltoso? No; os engañáis: Julín era Julia. Y Julia era una muchacha delgada, esbelta, con unos grandes ojos melancólicos, ... |
Babel, Isaac | Rusia | 1894-1940 | Así se hacía en Odesa | Cuento | Empecé:
—Rebe Arie-Leib —dije al viejo—, hablemos de Benia Krik. Hablemos de su comienzo fulminante y de su terrible final. Tres sombras interfieren el camino a mi imaginación. Fróim Grach. ¿Acaso el acero de sus actos no es comparable a la fuerza del Rey? Kolka Pakovski. La furia de aquel hombre tenía todo lo necesari... |
Babel, Isaac | Rusia | 1894-1940 | Di Grasso | Cuento | Tenía yo catorce años. Pertenecía al gremio intrépido de los revendedores de entradas de teatro. Mi patrón era un granuja con un ojo siempre entornado y enormes mostachos de seda. Se llamaba Kolia Schvarts. Caí en su poder aquel funesto año en que en Odesa quebró la ópera italiana. El empresario, haciendo caso de los c... |
Babel, Isaac | Rusia | 1894-1940 | El camino | Cuento | Salí del frente a la desbandada en noviembre del diecisiete. En casa mi madre me hizo un paquete con ropa y galletas. Caí en Kiev la víspera de que Muraviov comenzara a bombardear la ciudad. Mi meta era Petersburgo. Doce días nos tiramos en Bessarabka, en el sótano del hotel de Jáim Tsiriúlnik. El salvoconducto de sali... |
Babel, Isaac | Rusia | 1894-1940 | El despertar | Cuento | Toda la gente de nuestra categoría: corredores, tenderos, bancarios y oficinistas de compañías navieras, enseñaban música a sus hijos. Nuestros padres, al no ver salida para mí, idearon una lotería. La montaron sobre los huesos de la gente menor. Odesa quedó afectada por ese delirio más que otras ciudades. Se debía ell... |
Babel, Isaac | Rusia | 1894-1940 | El fin del asilo | Cuento | En Odesa, en la época del hambre, nadie vivía tan bien como los asilados del segundo cementerio judío. Años atrás el pañero Kofman levantó en memoria de su esposa, Isabel, un asilo junto a las tapias del cementerio. En el café de Falconi fue muy celebrada tal vecindad. Pero Kofman acertó. Después de la revolución los v... |
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