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|---|---|---|---|---|---|
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La noche de los siete minutos | Cuento | I
Emilio llegó a las seis y algunos minutos de la mañana. Venía directamente del Lavandou, donde había terminado la investigación sobre la dama del traje de baño verde. Había dejado a la señorita Berta, la rolliza mecanógrafa de la Agencia O, de vacaciones en Cassis, y el ordenanza Barbet, antiguo carterista retirado, ... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La pista del pelirrojo | Cuento | I
Las once de la mañana. Se presiente que la niebla viscosa dentro de la que París se ha despertado durará todo el día. La joven ha hecho parar un taxi en la calle del Faubourg Montmartre y se ha precipitado vivamente en la Cité Bergère. Debe de haber ensayo en el Palace, puesto que dos o tres docenas de figurantes o d... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La posada de los ahogados | Cuento | I
He dormido siete minutos.
Veo a G.7, en su oficina de la Policía Judicial, en el Quai des Orfèvres, recibiendo el expediente de las manos de un empleado.
—¡Algo para usted!…
Y, en la carpeta amarilla, un simple trozo de papel. Sobre ese papel, pegadas con más o menos simetría, palabras recortadas de diarios, que form... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La señorita Berthe y su amante | Cuento | I
La primera vez, Ana había hostigado al Doctorcito en una granja que tenía teléfono y en donde asistía a un viejo achacoso.
—¡Oiga! ¿Es el señor?… Aquí, Ana… En la sala de espera hay alguien que tiene mucha prisa.
—¿Está herido?
—No se ve nada…
—¿Está enfermo?
—Quizás por dentro. Desde luego no cesa de moverse. Me ha ... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La señorita del vestido azul pálido | Cuento | I
—¿De verdad no quiere abrigarse? —insistió, no sin vergüenza, el capitán de gendarmes.
Y Maigret, con las manos en los bolsillos de su abrigo, el sombrero hongo transformado en recipiente de agua que se vaciaba de golpe al menor movimiento, el Maigret hosco, macizo, inmóvil, el de los días malos, gruñía sin quitar lo... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La subasta | Cuento | I
«Señor Comisario:
»Me doy cuenta, créame, de la audacia que hay que tener para turbar su retiro, y me doy tanta más cuenta cuanto que he oído hablar de su encantadora casa a orillas del Loire.
»Pero ¿no me perdonará cuando le haya dicho que para mí se trata de una cuestión de vida o muerte? Estoy sola, en pleno París... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | La ventana abierta | Cuento | I
Más adelante, es verdad, el Doctorcito había de buscar, con verdadera pasión de coleccionista, todas las ocasiones de resolver enigmas, o más exactamente, la oportunidad de poner en práctica el curioso don que había descubierto en sí de desentrañar la pura verdad en las historias de apariencia más complicada.
Pero to... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Los casados del 1 de diciembre | Cuento | Maigret apartó el plato y la mesa, se levantó, gruñó, resopló, y levantó maquinalmente la tapadera de la estufa.
—¡A trabajar, hijos! ¡Iremos a acostarnos en seguida!
Los otros, sentados en torno a la gran mesa del albergue, volvieron hacia él sus rostros resignados. Fréderic Michaux, el patrón, cuya fuerte barba había... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Los cerditos sin rabo | Cuento | Eran las doce menos cinco cuando los tres hombres se encontraron frente al 116 bis de la calle Montmartre, casi en la esquina con la calle Jeûneurs.
—¿A dónde se va?
—Se toma un trago y se va…
Tomaron el aperitivo en un mostrador vecino. Luego, con el cuello del abrigo levantado, las manos en los bolsillos, porque hací... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Los tres botes de la Caleta | Cuento | I
Lluvia y más lluvia en espesa cortina de gotas grandes y heladas, a cubos, a barriles; lluvia que descendía interminable de un cielo bajo y negro, como si el mundo debiera perecer bajo un nuevo diluvio.
No había entrado todavía el tren en la estación cuando ya se recibía de Boulogne la visión de tejados negros y bril... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Madame Cuatro y sus hijos | Cuento | I
A LAS CASADAS JÓVENES LES GUSTA PEGAR BOTONES
Acerca de la llamada telefónica de las siete no había lugar a dudas: Marcel la había llamado telefónicamente desde el periódico. Germaine acababa de llegar al restaurante Franco-Italien, en el bulevar de Clichy, donde tenían la costumbre de cenar, y donde se reunían autom... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Pena de muerte | Cuento | I
El asunto de la Caleta, como algunos lo llamaron, es de seguro el único que la Agencia O consiguió solucionar fuera de sus métodos habituales, que todo el mundo ya conoce.
En general, puede decirse que era trabajo de equipo, y, si bien el equipo de la Cité Bergère era muy restringido, lo cierto es que funcionaba con ... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Stan, el asesino | Cuento | Aquella noche hubo un poco de retraso. Incluso pudo creerse por un instante que la escena no se verificaría. Apenas un roce en el momento en que Raymonde colocaba en las mesas la sopera, llena de un líquido untuoso, de color rosa de alta costura. Alguien, en una mesa cerca de la estufa, dijo:
—Sopa de calabazas.
Y, pre... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Tempestad sobre La Mancha | Cuento | El peligro más grande, en esta clase de asuntos, es llegar a hastiarse. El “plantón”, como se dice, duraba ya doce días; el inspector Janvier y el brigadier Lucas se relevaban con una paciencia incansable, pero Maigret había tomado a su cuenta un buen centenar de horas porque él solo, en suma, sabía quizá a dónde querí... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Un error de Maigret | Cuento | I
Maigret, con las manos en la espalda y la pipa entre los dientes, andaba lentamente, empujando a duras penas su pesada masa entre el tumulto de la calle Saint-Antoine que vivía su vida de todas las mañanas, con el sol que brillaba en un cielo claro sobre las carretillas cargadas de frutos y de legumbres y sobre los c... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Un grito de mujer | Cuento | I
Era como para creer que una maliciosa casualidad se aprovechaba del reciente retiro de Maigret para presentarle irónicamente la prueba más flagrante de la fragilidad de los testimonios humanos. Y, esta vez, el famoso comisario, o más bien aquel que llevaba todavía este título tres meses antes, estaba del otro lado de... |
Simenon, Georges | Bélgica | 1903-1989 | Un tal monsieur Berquin | Cuento | Hay gentes a las que no se les puede partir la cara, por temor a que la mano se hunda en ella. Desde hacía tres o cuatro días, desde que le habían encargado aquel asunto de la calle Saint-Denis, Maigret estaba hosco, era el Maigret de los días malos, el Maigret descorazonado, casi socarrón a fuerza de aburrimiento, a q... |
Sinán, Rogelio | Panamá | 1902-1994 | A la orilla de las estatuas maduras | Cuento | I
En realidad, en los tres o cuatro pueblos en que ejercía el Doctorcito, los candidatos a la muerte no le quitaban demasiado el sueño. En cambio, los que lo obligaban a levantarse a medianoche haciéndole velar hasta la madrugada, eran más bien los candidatos a la vida. Solo en el mes de octubre había tenido que asisti... |
Sinán, Rogelio | Panamá | 1902-1994 | La boina roja | Cuento | El coche siguiente iba ocupado por un hombre, su mujer y sus dos hijos —el marido estaba asociado a un asentador de Les Halles—, y la familia se dirigía a una aldea de los alrededores de Elbeuf para asistir al entierro de una tía. Llovía desde la salida de París, pero llovía más fuerte a medida que se iban aproximando ... |
Sinclair, May | Inglaterra | 1863-1946 | Donde el fuego nunca se acaba | Cuento | Allí en el río era donde mejor estaba. Ni los sollozos de la tía Josefina que andaba siempre de un lado para otro quejándose del reuma, ni los gritos delgados de su madrina José María que no hacía más que darle con el chicote siempre que cometía alguna diablura, ni los recados a casa del compadre, ni el tirapié del jue... |
Smith, Clark Ashton | Estados Unidos | 1893-1961 | El extraño caso de Avoosl Wuthoqquan | Cuento | —Mire, doctor Paul Ecker, su silencio no corresponde en nada a la buena voluntad que hemos tenido en su caso. Debe usted comprender que la justicia requiere hechos concretos. No me puedo explicar la pertinacia que pone en su mutismo.
Paul Ecker clava sus ojos verdes en el vacío. Siente calor. Transpira. Las pausas isoc... |
Smith, Clark Ashton | Estados Unidos | 1893-1961 | El oráculo de Sadoqua | Cuento | No había nadie en el huerto. Enriqueta Leigh salió furtivamente al campo por el portón de hierro sin hacer ruido. Jorge Waring, teniente de Marina, la esperaba allí.
Muchos años después, siempre que Enriqueta pensaba en Jorge Waring, revivía el suave y tibio olor de vino de las flores de saúco, y siempre que olía flore... |
Smith, Clark Ashton | Estados Unidos | 1893-1961 | La desolación de Soom | Cuento | -¡Dame, dame, oh magnánimo y liberal señor de los pobres! -exclamó el mendigo.
Avoosl Wuthoqquan, el prestamista más rico y avaro de todo Commorión, y, en consecuencia, de todo Hyperbórea, fue sacado bruscamente de sus sueños por la voz aguda y quejumbrosa. Observó al pedigüeño con mirada airada y poco amistosa. Mientr... |
Smith, Clark Ashton | Estados Unidos | 1893-1961 | La marcha de Afrodita | Cuento | Horatius, un oficial romano apostado en la recién conquistada provincia de Averonia, busca en vano a su desaparecido compañero, Galbius, de quien no existe al parecer ni señal ni rumor entre los nativos. Horatius, desesperado, solicita por último un oráculo de los druidas paganos: el((temible)) y maligno oráculo del es... |
Smith, Clark Ashton | Estados Unidos | 1893-1961 | La musa de Hiperborea | Cuento | Se dice que el desierto de Soom se extiende en un extremo del mundo, de difícil situación geográfica, entre tierras casi desconocidas y otras inimaginables. Los viajeros le tienen miedo porque sus arenas desérticas y movedizas no tienen oasis; además, cuenta la leyenda que allí habitaban horrores indescriptibles. En es... |
Smith, Clark Ashton | Estados Unidos | 1893-1961 | Las estatuas de la noche | Cuento | Por todas las tierras de Illarión, desde los valles y montañas coronadas con nieves perpetuas, hasta las poderosas colinas cuyo reflejo oscurece un mar tranquilo y tibio, estaban encendidos los antiguos fuegos verdes y amatistas del verano. Se aspiraban especias en el viento que azotaba el rostro de los montañeros al e... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Campeones | Cuento | Demasiado lejos queda su pálido y mortal rostro, y demasiado remotas las nieves de su pecho letal como para que mis ojos puedan contemplarlos jamás. Pero hay veces en que me llega su susurro, como un helado viento de ultratumba, debilitado después de atravesar los golfos que separan a los mundos, y que ha surgido sobre... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | La cautiva | Cuento | Limitadas por un horizonte lejano, que desde cierto punto se encuentra muy remoto y parece fundido con la brillantez azul de un cielo metálico, contrastan el negro esplendor de sus formas marmóreas con el insuperable resplandor del sol. Construidas en el amanecer de los tiempos, por una raza cuyas tumbas en forma de to... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Los inocentes | Cuento | El taco hizo un último vaivén sobre el paño verde, picó al mingo y lo restalló contra la bola quince. Las manos rollizas, cetrinas, permanecieron quietas hasta que la bola hizo “clop” en la tronera y luego alzaron el taco hasta situarlo diagonalmente frente al rostro ácnido y fatuo: el ricito envaselinado estaba ordena... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Miniatura I | Minicuento | Distinguió a lo lejos la capota roja del taxi, lo enfocó y persiguió luego en la curva donde el verde húmedo de los jardines resplandecía al sol, emplazó entonces su mirada en el parachoques delantero y lo atrajo hasta la entrada del edificio. Se abrió la portezuela de la izquierda… y no era él. Un cuerpo repulsivo —ta... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Miniatura II | Minicuento | 1
treparme frente al sol en aquella nube con las palomas sin caballos sin mujeres y no oler cuando queman los cacharros en el solar sin gente que me haga burla
Desde la ventana, vistiendo el traje hecho y vendido para contener a un hombre que no era él, veía las palomas revolotear en el alero de enfrente.
o con pertas ... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Miniatura III | Minicuento | ¡Mire, usté que habla inglés, explíquele a este policía! El tipo ese hacía rato que estaba ahí sentao con su lápiz y su papel, dibujando a la Minerva borracha cuando bailaba con la vellonera. Yo me le fui por detrás pa ver cómo estaba saliendo el retrato y no me gustó porque esta que ha pintao no es la Minerva. Fíjese ... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Miniatura IV | Minicuento | Eran cuatro: una Horti, una Lucy, una Sara y una Virginia. Casi un programa de danzas, ¿tú ves? Y cuando les decimos que tres nada más podíamos poque Monchín era aleluya, dice Lucy: “Papi, lucientu por ti.” Nos hizo gracia, qué sé yo. Tú sabes cómo es. Y entonces los preliminares: las cervezas, los Chesterfield, el jue... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Miniatura V | Minicuento | Todo fue porque Chano, el que de noche viaja entre Harlem y el aeropuerto llevando y trayendo pasajeros, había estado columpiándose en una de las sillas de la barbería y el dueño le llamó la atención. A los insultos que Chano le dirigió, el barbero respondió entonces con el silencio y el gesto de “las palabras se las l... |
Soto, Pedro Juan | Puerto Rico | 1928-2002 | Miniatura VI | Minicuento | Salían del hospital cuando el otro dijo:
-¿Y cómo te sientes ahora que’reh padre?
-Muy mal, graciah.
El otro se echó a reír.
-Pueh yo quisiera tener uno, pero como Lola eh machorra …
Se detuvieron a esperar el autobús y el otro comenzó a hurgarse los bolsillos. Tiró dos monedas de cobre al agua estancada de la cuneta.
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Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | Asesinato | Cuento | En el salón repleto de cabezas despeinadas y cuerpos endebles, su rostro de porcelana se esforzaba por mantenerse intacto ante la algazara y los exabruptos que no tenían más idioma que la burla.
-Today we’ll study the sounds of English, I was saying… Gorzia, what…
Las risas volvieron a tronar y las muecas y las palmada... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | De ratones y hombres | Novela corta | -Y ese viaje ¿será pa Puerto Rico?
La vieja volvió a mirar -esta vez con mayor detenimiento-, las cartas desparramadas sobre la mesa.
-Sí, pa Puerto Rico porque aquí veo palmah de coco.
-¿Y mi hijo me querrá cuando sia grande? ¿No impolta que haya venido así?
-Tu hijo siempre ti ha querido -dijo la vieja con una sonris... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | Desayuno al aire libre | Cuento | Sucedió hace años en el distrito de Monterrey, en California. El Cañón del Castillo es uno de los muchos valles que atraviesa la cordillera de Santa Lucía, entre cortaduras y riscos abruptos. Del cañón parten multitud de arroyuelos que parecen tallados en la roca viva, cañones disimulados bajo espesos robledales y vagu... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | Desayuno | Cuento | Capítulo 1
Unas millas al sur de Soledad, el río Salinas se ahonda junto al margen de la ladera y fluye profundo y verde. Es tibia el agua, porque se ha deslizado chispeante sobre la arena amarilla y al calor del sol antes de llegar a la angosta laguna. A un lado del río, la dorada falda de la ladera se curva hacia a... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El arnés | Cuento | Es algo que me llena de deleite. Y no sé por qué. Aún puedo recordarlo hasta en sus menores detalles. Lo rememoro una y otra vez, extrayendo más y más pormenores de mi lejano recuerdo, porque recordar me causa placer. Era muy temprano. Las montañas, al Este, se veían azules, casi negras, pero tras ellas la luz se alzab... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El linchamiento | Cuento | Es algo que me llena de deleite. Y no sé por qué. Aún puedo recordarlo hasta en sus menores detalles. Lo rememoro una y otra vez, extrayendo más y más pormenores de mi lejano recuerdo, porque recordar me causa placer. Era muy temprano. Las montañas, al Este, se veían azules, casi negras, pero tras ellas la luz se alzab... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El pony colorado I: El regalo | Novela corta | Peter Randall era uno de los granjeros más respetados de Monterrey. En cierta ocasión, al ser presentado como conferenciante en una asamblea local, fue citado como ejemplo y modelo de generaciones futuras. Su edad rayaba en los cincuenta, sus modales eran sencillos y agradables, y tenía una barba que peinaba cuidadosam... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El pony colorado II: Las grandes montañas | Novela corta | El arrebato pasional, el confuso movimiento y el vocerío de la multitud fueron extinguiéndose poco a poco, y el silencio se hizo dueño de nuevo del pequeño parque municipal. Grupos de personas quedaban aún cerca de los árboles, como figuras fantasmales a la luz azulada de una casa próxima. Todos parecían cansados, y se... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El pony colorado III: La promesa | Novela corta | Billy Buck salió al amanecer de la casa de los peones y se detuvo un instante en el pórtico, mirando al cielo. Era un hombrecito estevado, con unos bigotes de morsa, unas manos cuadradas, callosas y musculosas en las palmas, y ojos grises, de mirada contemplativa. Debajo de su sombrero “Stetson” asomaban unos cuantos c... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El pony colorado IV: El guía de la partida | Novela corta | En el calor zumbante de una tarde de verano, el pequeño Jody recorría displicentemente el rancho en busca de algo que hacer. Había estado en el establo, y en seguida se había puesto a tirar piedras contra los nidos de golondrinas, bajo los aleros, hasta que todas las pequeñas casitas de barro se rompieron dejando caer ... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | El pony colorado IV: El jefe | Novela corta | A mediados de una tarde de primavera, el pequeño Jody caminaba marcialmente por la carretera bordeada de matorrales en dirección a su casa. Golpeando contra su rodilla la fiambrera en que llevaba su almuerzo a la escuela, imitaba el ruido de un tambor bajo, a la vez que chasqueaba la lengua contra sus dientes para hace... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | Johnny “el Oso” | Cuento | El sábado por la tarde, Billy Buck, el peón del rancho, rastrilló los restos del almiar del año anterior, y luego, con el bieldo, echó varias brazadas escasas de heno, por encima de la cerca de alambre, a unas cuantas reses que le miraban con aire mansurrón. Arriba, en el cielo, el viento de marzo arrastraba hacia orie... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | La codorniz blanca | Cuento | El sábado por la tarde, Billy Buck, el peón del rancho, rastrilló los restos del almiar del año anterior, y luego, con el bieldo, echó varias brazadas escasas de heno, por encima de la cerca de alambre, a unas cuantas reses que le miraban con aire mansurrón. Arriba, en el cielo, el viento de marzo arrastraba hacia orie... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | La fuga | Cuento | La aldea de Loma se alza, como su mismo nombre indica, sobre una loma redondeada que parece una isla en la boca del valle de Salinas en California. Al norte y al este de la población se extienden muchos kilómetros cuadrados de terreno pantanoso, que por el sur ha sido desecado para su aprovechamiento agrícola. Tan fért... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | La perla | Novela corta | 1
La pared opuesta a la chimenea en el cuarto de estar consistía en una gigantesca vidriera que alcanzaba casi hasta el techo y estaba adornada con cristales de colores en forma de rombos. Desde allí, sobre todo si se estaba sentado en el alféizar del gran ventanal, podía contemplarse todo el jardín y parte de la lader... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | La serpiente | Cuento | Unas quince millas más abajo de Monterrey, en la costa agreste, vivía la familia Torres, en una granja que no consistía más que un par de hectáreas situadas sobre el acantilado y asomadas a las rugientes olas del océano. Al otro lado se levantaban las montañas como si quisieran ascender hasta el cielo. Las construccion... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | Los agitadores | Cuento | I
Kino se despertó casi a oscuras. Las estrellas lucían aún y el día solamente había tendido un lienzo de luz en la parte baja del cielo, al este. Los gallos llevaban un rato cantando y los madrugadores cerdos ya empezaban su incesante búsqueda entre los leños y matojos para ver si algo comestible les había pasado has... |
Steinbeck, John | Estados Unidos | 1902-1968 | Los crisantemos | Cuento | Era casi de noche cuando el joven doctor Phillips se echó el saco al hombro y abandonó la laguna formada por las aguas de la marea. Trepó rocas arriba y echó a andar por la calle pisando fuerte con sus altas botas de goma. Las luces de la ciudad empezaban a encenderse cuando llegó a su pequeño laboratorio en la calle d... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | El arca y el aparecido | Cuento | 1
Era de noche en la pequeña ciudad californiana cuando los dos hombres se apearon del tren y echaron a andar decididos por unas estrechas callejuelas. El aire olía fuertemente a fruta fermentada, que se almacenaba en los grandes cobertizos de los exportadores. En cada esquina una potente luz de arco oscilaba a impulso... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | El filtro | Cuento | Una niebla invernal, gris y espesa separaba al Valle de Salinas del cielo y del resto del mundo. Era una densa bruma que se apoyaba por sus bordes en las crestas de las montañas, convirtiendo el valle en una olla tapada. En el fondo, donde el suelo era llano, los arados abrían surcos profundos por los que asomaba la ti... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Ernestina o el nacimiento del amor | Cuento | Una hermosa mañana del mes de mayo de 182… entraba don Blas Bustos y Mosquera, escoltado por doce hombres a caballo, en el pueblo de Alcolote, a una legua de Granada. Cuando lo veían llegar, los vecinos entraban precipitadamente en las casas y cerraban las puertas a aquel terrible jefe de la policía de Granada. El ciel... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Favores que matan | Cuento | Una noche oscura y lluviosa del verano de 182…, salía del café, en el que acababa de perder todo su dinero, un joven teniente del 96° regimiento, de guarnición en Burdeos. El joven renegaba de su estupidez, pues era pobre.
Al pasar por una de las calles más desiertas y silenciosas del` barrio de Lormond, oyó de pronto ... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | La duquesa de Palliano | Cuento | Una mujer muy inteligente y de cierta experiencia afirma hundida que el amor no nace tan súbitamente como dicen. “Me parece -decía- que veo siete épocas completamente distintas en el nacimiento del amor”. Y para probar su aserto contó la anécdota siguiente. Estábamos en el campo, llovía a cántaros y era muy grato escuc... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Los Cenci | Cuento | Historia de 1589
Este es el título que un poeta español ha dado a la presente historia, de la que ha hecho una tragedia. Yo me guardaré muy bien de apropiarme ninguno de los ornamentos con los cuales la imaginación de este español ha procurado embellecer esta triste pintura del interior de un convento. Algunas de esta... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Mina de Vanghel | Cuento | No soy un naturalista, y apenas si conozco el griego; mi principal propósito al venir a Sicilia no ha sido observar los fenómenos del Etna, ni aclarar, para mí o para los demás, todo lo que los viejos autores griegos han dicho sobre Sicilia. Buscaba en primer término el placer de los ojos, que es grande en este singula... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Philibert Lescale | Cuento | El don Juan de Molière es, sin duda, un hombre mujeriego, pero es sobre todo un hombre de buena sociedad: antes de entregarse a su irresistible inclinación a las mujeres bonitas, le importa principalmente ajustarse a cierto modelo ideal, quiere ser el hombre que sería soberanamente admirado en la corte de un rey joven,... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | San Francisco en Ripa | Cuento | Mina de Vanghel nació en el país de la filosofía y la imaginación, en Konigsberg. Cuando terminó la campaña de Francia, en 1814, el general prusiano conde de Vanghel abandonó bruscamente la corte y el ejército. Una noche, en Craonne (Champagne), después de un mortífero combate en que las tropas mandadas por él habían l... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Vanina Vanini | Cuento | Conocía superficialmente a aquel M. Lescale de seis pies de estatura; era uno de los hombres de negocios más ricos de París: tenía una factoría en Marseille y varios buques en el mar. Acaba de morir. No era un hombre taciturno, pero si pronunciaba diez palabras al día era casi de milagro. Pese a eso le gustaba ... |
Stendhal | Francia | 1783-1842 | Victoria Accoramboni | Cuento | Aristo y Dorante han tratado este tema,
lo que ha dado a Erasto la idea de tratarlo también.
30 de septiembre
Traduzco de un cronista italiano los detalles de los amores de una princesa romana con un francés. Sucedió en 1726, a comienzos del siglo pasado. Todos los abusos del nepotismo florecían entonces en Roma. Nunca... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | El castigo | Minicuento | o Particularidades sobre la última «vendeta»
de carbonarios descubierta en los estados del Papa
Era una noche de primavera de 182… Toda Roma estaba en movimiento: el duque de S., el famoso banquero, daba un baile en su nuevo palacio de la plaza de Venecia. Para embellecimiento del mismo, se había reunido en él todo lo... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | El empleado de correo | Minicuento | Victoria Accoramboni, duquesa de Bracciano
Desgraciadamente para mí y para el lector, esto no es una novela, sino la traducción fiel de un relato muy grave escrito en Padua en 1585.
Hace unos años, estando en Mantua, me puse a buscar bocetos y cuadros pequeños como mi fortuna, pero tenían que ser de pintores anteriore... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | El primer día | Minicuento | Aquí los delitos son muchos pero el castigo es único, siempre idéntico.
Se coloca al condenado ante un túnel interminable, entre los rieles de una vía férrea. A partir de ese momento el condenado sabe lo que le espera. Huye, porque no tiene más que esa oportunidad. Alucinación, porque el túnel no tiene fin.
El condenad... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | La sanción | Minicuento | En los diez años que había vivido enjaulado detrás de la ventanilla, al fondo de la vasta oficina de correo, el empleado no había recibido una sola queja.
Recibía, canjeaba, entregaba, anotaba, estampillaba, sellaba, firmaba, contaba y devolvía. Todo lo hacía con una calma perfecta, sin el menor nerviosismo y siempre a... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | La sangre | Minicuento | El primer día, Dios se creó a sí mismo. Ha de haber un comienzo para todo.
Luego creó el vacío. Encontró que le había quedado muy grande, y se sintió impresionado.
El tercer día imaginó las galaxias, los planetas y los soles. No se sintió excesivamente satisfecho, sin saber exactamente por qué.
El cuarto día hizo un po... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | La secretaria | Minicuento | Los delitos allí son diversos, pero la sanción es una, siempre la misma.
Se introduce al condenado en un túnel interminable, se lo deja entre los rieles de una vía ferroviaria. El condenado sabe bien lo que le espera y se larga a correr. Escapa. No contempla otra alternativa. Pero huir es imposible porque el túnel no t... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | La tejedora | Minicuento | ¿Qué decir de Istrígala, con quien podía hacer todo lo que yo deseaba porque, desde hacía ya largo rato, ella había franqueado la invisible frontera entre las prohibiciones y lo imposible de todos los misterios?
¿Qué decir de cuanto hice para poner a prueba su poder, su terrible feminidad y su capacidad de resistencia?... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | Las pruebas | Minicuento | La habían contratado por su hermosura, sin preguntarle ni siquiera si sabía escribir a máquina. Escribía a máquina como una virtuosa, con una destreza que superaba a la de todas las restantes empleadas. Era capaz de entregar más de veinte cartas por día.
Lo asombroso de todo era que escribía a máquina con los pies, sin... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | Los esclavos | Minicuento | Nunca la había visto yo sin sus agujas de tejer. Tejer era su pasión, su única inquietud. Incluso si un rayo caía al pie de su ventana, ella no apartaba los ojos del tejido. Pero yo conocía sus ojos. Eran verdes, admirables. Porque Ylge era hermosa, extrañamente hermosa. Y aún más extraño era el contraste entre la bell... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | Partir es morir un poco | Cuento | Primero y principal, conviene desconfiar de los objetos. En especial, de los objetos perdidos.
No recoger ningún objeto tirado en la calle ni en cualquier otro lugar público.
En esos casos, se corre siempre el riesgo de que aparezcan los delegados, quienes al mismo tiempo hacen de testigos y ejecutores para arrastrar a... |
Sternberg, Jacques | Bélgica | 1923-2006 | Un día regresaron a la Tierra | Minicuento | En el comienzo, Dios creó al gato a su imagen y semejanza. Y, desde luego, pensó que eso estaba bien. Porque, de hecho, estaba bien. Salvo que el gato era holgazán y no deseaba hacer nada. Entonces, más adelante, después de algunos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con el objeto de servir al gato, de darle al g... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | El diablo en la botella | Cuento | 14 de marzo
No me he movido desde hace un cuarto de hora.
Podría creer que mi carne se ha convertido en una nueva materia y que mi cuerpo se ha soldado al muro que parece chuparme con su mugre y todas sus cicatrices gangrenadas.
Mis ojos no se han movido desde hace un cuarto de hora. Petrificado en una única visión, co... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | El Dr. Jekyll y el señor Hyde | Novela corta | Un día regresaron a la Tierra.
Y nos hicieron saber que nosotros no éramos ni animales, ni espíritus puros, ni seres humanos. Sino robots.
Robots de carne, ya que habían utilizado esta materia para fabricarnos. Además, nos habían hecho a su imagen y semejanza, aunque muy groseramente, con prisas, sin cuidar los detalle... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | El ladrón de cadáveres | Cuento | Había un hombre en la isla de Hawaii al que llamaré Keawe; porque la verdad es que aún vive y que su nombre debe permanecer secreto, pero su lugar de nacimiento no estaba lejos de Honaunau, donde los huesos de Keawe el Grande yacen escondidos en una cueva. Este hombre era pobre, valiente y activo; leía y escribía tan b... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | El mono científico | Cuento |
Utterson, el notario, era un hombre de cara arrugada, jamás iluminada por una sonrisa. De conversación escasa, fría y empachada, retraído en sus sentimientos, era alto, flaco, gris, serio y, sin embargo, de alguna forma, amable. En las comidas con los amigos, cuando el vino era de su gusto, sus ojos traslucían algo em... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | El relojero | Cuento | Todas las noches del año nos sentábamos los cuatro en el pequeño reservado de la posada George en Debenham: el empresario de pompas fúnebres, el dueño, Fettes y yo. A veces había más gente; pero tanto si hacía viento como si no, tanto si llovía como si nevaba o caía una helada, los cuatro, llegado el momento, nos insta... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | Janet la Torcida | Cuento | En cierta Isla de las Antillas había una casa y una playa cerca de una arboleda. En esa casa habitaba un vivisector y, en los árboles, un clan de simios antropoides. Resultó que el vivisector atrapó a uno de ellos y lo encerró durante algún tiempo en una jaula del laboratorio. Allí quedó profundamente aterrado por lo q... |
Stevenson, Robert Louis | Escocia | 1850-1894 | Markheim | Cuento | La garrafa estaba colocada sobre una mesa, en medio de la habitación. Hacía casi una semana que nadie entraba por la puerta; la sirvienta era descuidada y no había cambiado el agua desde hacía un mes. La raza dirigente de los animálculos había alcanzado así una gran antigüedad y ellos estaban muy avanzados en sus estud... |
Stoker, Bram | Irlanda | 1847-1912 | Cuando dormía | Minicuento | El reverendo Murdoch Soulis fue durante mucho tiempo pastor de la parroquia del páramo de Balweary, en el valle de Dule. Anciano severo y de rostro sombrío para sus feligreses, vivió durante los últimos años de su vida sin familia ni criado ni compañía humana alguna, en la modesta y solitaria casa parroquial situada ba... |
Stoker, Bram | Irlanda | 1847-1912 | El huésped de Drácula | Cuento | -Sí -dijo el anticuario-, nuestras buenas oportunidades son de varias clases. Algunos clientes no saben lo que me traen, y en ese caso percibo un dividendo en razón de mis mayores conocimientos. Otros no son honrados -y aquí levantó la vela, de manera que su luz iluminó con más fuerza las facciones del visitante-, y en... |
Stoker, Bram | Irlanda | 1847-1912 | En el valle de la sombra | Cuento | Cuando dormía, parecía moribunda; ahora que ha muerto, parece dormir.
FIN |
Storm, Theodor | Alemania | 1817-1888 | El jinete del caballo blanco | Novela corta | Cuando iniciamos nuestro paseo, el sol brillaba intensamente sobre Múnich y el aire estaba repleto de la alegría propia de comienzos del verano. En el mismo momento en que íbamos a partir, Herr Delbrück (el maitre d’hôtel del Quatre Saisons, donde me alojaba) bajó hasta e... |
Taboada, Luis | España | 1848-1906 | El pavo de Navidad o la falta de costumbre | Cuento | Las ruedas con neumáticos de goma traqueteaban desigualmente sobre los adoquines de granito. Reconocí vagamente las familiares calles grises y las plazas con jardines en el centro. Nos detenemos, y a través de la pequeña multitud en el pavimento soy trasladado adentro y a... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | Bendición | Cuento | Lo que me propongo referir, lo leí sentado junto a un sillón hace más de medio siglo, en casa de mi abuela, la esposa del senador Feddersen, en un librito ilustrado, encuadernado en cartón azul, no pudiendo recordar si era el Leipziger o el Pappes Hamburger Lesefruechen. Aún siento una sensación semejante a un escalofr... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | Despedida | Minicuento | I
Don Silverio, el auxiliar de la clase de segundos, tiene una hermana en Crevillente, casada con un fabricante de estera de cordelillo que está muy bien, y este año la hermana quiso obsequiar a don Silverio y le envío un pavo, color de canela, que llegó, franco de porte, el día 23 por la mañana.
Don Silverio experimen... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | Día de lluvia | Cuento | Bendice esta alma blanca que ha ganado para la tierra el beso del cielo, bendice este tierno corazón.
Ama la luz del sol, le gusta contemplar el rostro de su madre.
No ha aprendido a despreciar el polvo ni a desear el oro.
Estréchalo contra tu corazón y bendícelo.
Vino a este mundo de cien encrucijadas.
¿Por qué, entre... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El astrónomo | Cuento | El arco dice bajito a la flecha, al despedirla: tu libertad es mía.
FIN |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El cartero malo | Cuento | Las taciturnas nubes se amontonan sobre la oscura linde del bosque.
¡No salgas, hijo mío! Las palmeras alineadas en el borde del lago revuelven sus cabezas contra el cielo lúgubre; los grajos de alas tiznadas se callan en las ramas de los tamarindos y una oscuridad creciente invade la orilla oriental del río.
Atada a l... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El cortejo invisible | Cuento | -¡Oh, si pudiéramos coger la luna, al anochecer, cuando es completamente redonda y se engancha en las ramas del cadabo! -no dije más que eso.
Pero Dadá, mi hermano mayor, se burló de mí:
-No he conocido a nadie tan tonto como tú. La luna está muy lejos, ¿cómo podríamos cogerla?
Yo dije:
-¡El tonto eres tú, Dadá! Cuando... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El fin | Cuento | Madre, di, ¿por qué estás tan callada y tan triste, sentada ahí, en el suelo? ¿No ves que la lluvia entra por la ventana y que te está mojando?
Oye, el gong está dando las cuatro y hermano tiene que volver ya del colegio. ¿Qué té pasa, di madre, por qué estás tan rara? ¿Es que no has tenido hoy carta de papá?
A todo el... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El héroe | Cuento | ¡Oh!, ¿quién pintó tu vestidillo, hijo mío? ¿Quién cubrió tu delicado cuerpo con esta túnica encarnada? Por la mañana saliste al patio para correr y jugar, tambaleándote y cayendo a cada instante.
Pero ¿quién pintó tu vestidillo, hijo mío? ¿Qué es lo que te hace reír, capullo de mi vida? Tu madre te sonríe, de pie en e... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El hogar | Cuento | Madre, ha llegado la hora de que me vaya. Me voy.
Cuando la oscuridad palidezca y dé paso al alba solitaria, cuando desde tu lecho tenderás los brazos hacia tu hijo, yo te diré: ‘El niño ya no está’. Me voy, madre.
Me convertiré en un leve soplo de aire y te acariciaré; cuando te bañes, seré las pequeñas ondas del agua... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El hombrecito | Cuento | Madre, figúrate que vamos de viaje, que atravesamos un país extraño y peligroso.
Yo monto un caballo rubio al lado de tu palanquín.
El sol se pone; anochece. El desierto de Joradoghi, gris y desolado, se extiende ante nosotros.
El miedo se apodera de ti y piensas: ‘¿Dónde estamos?’
Pero yo te digo: ‘No temas, madre’.
L... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El juez | Cuento | Andaba yo solo por el camino que cruza los campos cuando, como un avaro, el sol poniente disimulaba la última brizna de su oro.
El día se hundía cada vez en una sombra más profunda, y la tierra, despojada de sus cosechas, se extendía silenciosa y desolada.
De pronto, una voz aguda se elevó en el aire, la voz de un chiq... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El marinero | Cuento | Soy pequeño porque soy un niño.
Seré grande cuando sea tan viejo como mi padre.
El maestro me dirá: ‘Vamos, es tarde, trae la pizarra y los libros’.
Y yo le contestaré: ‘¿Pero no has visto que soy mayor como papá? No necesito más lecciones’.
El maestro quedará sorprendido y dirá: ‘Sí, puede dejar los libros, si quiere,... |
Tagore, Rabindranath | India | 1861-1941 | El mercader | Cuento | Di de él, Juez, lo que te plazca, pero yo conozco las faltas de mi niño.
Si lo amo no es porque sea bueno, sino porque es mi hijo.
¿Qué sabes de la ternura que puede inspirar, tú que pretendes hacer exacto inventario de sus cualidades y sus defectos? Cuando yo tengo que castigarlo se convierte en mi propia carne.
Cuand... |
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