text
stringlengths
0
143k
aceptó convivir con la poderosa organización criminal en grados diversos.
Fue evidente su penetración en las esferas del Estado y en las actividades
económicas legales. Pero
la violencia en Cali estaba
lejos de encontrar su pico más alto. Con el
desmonte y la detención y desaparición de los jefes del Cartel de Cali, el negocio
del narcotráfico continuó con «personas no conocidas que segmentaron
la
organización y multiplicaron el número de empresarios ilegales, menos visibles que
en épocas anteriores» (Guzmán Barney, 2013). En ese período comprendido entre
1996 y 2002 se consolidó en primer lugar el Cartel del Norte del Valle, que estuvo
fuertemente relacionado con la llegada del fenómeno paramilitar al departamento
del Valle del Cauca. Esta consolidación tuvo como objetivo el control del territorio y el control
político y social, que directa o indirectamente producía el desplazamiento de la
población civil en especial con hechos violentos como las masacres (Personería
Municipal de Santiago de Cali, 2014). En esta misma etapa, algunos empresarios
agrícolas agenciaron y financiaron la violencia para reprimir a los trabajadores 60 39 A comienzos de 1988 el Cartel de Cali y el Cartel de Medellín entraron en una guerra por las diferencias en los
métodos de actuar en confrontación con el Estado, el Cartel de Cali colaboró en numerosas ocasiones con el Estado en
su lucha contra Pablo Escobar. Así las cosas, “cuando cayó abatido Pablo Escobar en Medellín en diciembre de 1993, las
autoridades colombianas enfilaron baterías para desmantelar al Cartel de Cali. En ese contexto, el Estado unió fuerzas
para capturar a sus capos, hecho que tuvo lugar entre los años 1995 y 1996, catapultando a la fama al entonces director
de la Policía, general Rosso José Serrano” (El Espectador, 2012). En medio de este fenómeno de violencia en el Valle del
y sobre todo de Cali.
Cauca, la cultura del sicariato y la violencia urbana se incrustaron en las juventudes más vulnerables del departamento Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras sindicalizados o con el fin de despojar la tierra apta para actividades agropecuarias.
Así, aumentaron
los desplazamientos masivos, y desde 1999 se comenzó a
expandir el proyecto paramilitar desde la Costa Atlántica y el Urabá hacia zonas
del suroccidente del país, entre ellas el departamento del Valle del Cauca, en
municipios como Buenaventura, Tuluá, El Dovio, Trujillo, entre otros, por parte de
la estructura armada del Bloque Calima (Personería Municipal de Santiago de Cali,
2014). Específicamente, el Bloque Calima fue conformado por 50 hombres provenientes
de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) que luego pasó a
ser una estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). De acuerdo
con el borrador de versión
libre que preparó Vicente Castaño antes de su
desaparición, la presencia de paramilitares fue solicitada por personas influyentes
del departamento, que «desfilaron más de dos años por los corredores de las ACCU
implorando la presencia de las Autodefensas [Sic]» (Verdad Abierta, 2012). Esta
presencia era solicitada para combatir la presencia de la guerrilla de las Farc y el
ELN que actuaban en la región. En 2002, con
la
llegada a
la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, se
inició
la
desmovilización y el desarme de 34 bloques de
las Autodefensas Unidas de
Colombia. Estas desmovilizaciones iniciaron el 25 de noviembre de 2003 (Medellín,
bloque Cacique Nutibara) y finalizaron el 15 de agosto de 2006 (Bloque Elmer
Cárdenas: «En 38 actos se desmovilizaron 31.671 de los integrantes de los grupos
irregulares» (Verdad Abierta). En medio de esta ola creciente de violencia y en rechazo a estas acciones, en
Cali la movilización por la paz tuvo un comportamiento que corresponde con la
tendencia nacional específicamente en el primer pico de 199840. Esta movilización
tuvo dos picos, uno en 1998 y otro en 2004, que convergen con la intensificación de
la violencia y del desplazamiento forzado. Fuentes oficiales y no oficiales coinciden
en que estas variaciones se relacionan con el incremento de acciones violentas y el
periodo de negociación con los grupos paramilitares41. 40 Ver al respecto: Movimiento por la paz en Colombia: 1978-2003. Mauricio García-Durán, 2006, p. 117.
41 La Unidad de Víctimas y la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes) coincidieron
recientemente en esta afirmación (Elespectador.com, 2014). 61 Aprendizajes para la reconciliación Los procesos migratorios y la violencia configuran
espacios que dificultan la reconciliación, e inciden
negativamente en las posturas de las comunidades
frente a los excombatientes y viceversa Gráfico 1
Acciones Colectivas por la Paz – Cali (1978 – noviembre 2014) 25 20
15
10
5
0 1981 1983 1986 1989 1991 1994 1996 1998 200020022004200620081989 20122014 Fuente: Datapaz, CINEP/PPP, 2015 Cali En concordancia con la etapa de negociación entre grupos paramilitares y el
Gobierno, en Cali se observa un aumento importante de las Acciones Colectivas
por
la Paz, específicamente en 2004. No se puede asegurar que existe una
correlación entre estas dos situaciones, pero sí una coincidencia importante que
podría reflejar el carácter propositivo que caracteriza la movilización por la paz en
Cali. Por ejemplo, de un total 273 Acciones Colectivas por la Paz (en adelante ACP),
la mayoría (120) se concentran en motivaciones de paz positiva, entendida como
«la generación de una relación armoniosa y ella se consigue cuando dos o más
entidades en conflicto emprenden proyectos juntos y los beneficios que genera
ese proyecto son repartidos equitativamente»
(Romero Castillo, Evan, 2010).
Concretamente, las acciones de promoción de la paz y de búsqueda de alternativas
para la paz han predominado en la movilización por la paz en Cali42. Corregimiento Hombres Mujeres Total Monterrey
San Blas
El Paraíso
San Joaquín
Santa Lucía
Total Por último, de los elementos contextuales antes referenciados es necesario recalcar
la relevancia de algunos que actuaron como mecanismos ambientales (ver marco
teórico) que incidieron en la experiencia de Ganchos y Amarras del Valle. Los
procesos migratorios y la violencia han configurado espacios en los que confluyen
problemáticas sociales distintas que dificultan procesos de reconstrucción de
relaciones, pero, sobre todo, inciden fuertemente en las posturas de comunidades
frente a excombatientes y viceversa. En medio de este escenario complejo, el
carácter paternalista de un sector empresarial, permeado por una tradición 769
306
275
313
148
1811 681
250
184
269