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caleño. Se habla de reconciliación en el sentido que trasciende la transacción
económica o filantropía hacia la reconstrucción de relaciones. Evidentemente el
papel de la Fundación Carvajal obedece a una actuación tradicional de apoyo a
sectores vulnerables, pero la trayectoria de la iniciativa ha involucrado a nuevos
actores de la élite empresarial caleña, que también ha sido víctima directa de las
Farc. Este es el caso de la Siderúrgica de Occidente (SIDOC), cuyo presidente y
propietario Maurice Armitage, sufrió dos secuestros y manifestó perdonar a las Farc
por el hecho (El Tiempo, 2014). La inauguración: un paso forzoso al reconocimiento público En 2012, cuando se publicaron
los resultados de
la encuesta de seguridad y
convivencia ciudadana, cuyos datos fueron recogidos durante los años anteriores,
se comprobó que «en Cali-Palmira, el 70,5 % de la población de 15 años y más se
[sentía] insegura en su ciudad» (DANE, 2012). Podría decirse que la percepción
de inseguridad afectó también la calidad de vida de los desmovilizados y de las
comunidades
receptoras. Para algunos desmovilizados entrevistados, dicha
situación representaba un riesgo para su seguridad y, en este sentido, generaba
temor. En el caso de excombatientes de la guerrilla el temor se fundamenta en que
son declarados objetivo militar cuando desertan del grupo armado, y asimismo
tanto excombatientes individuales como colectivos pueden ser buscados para
pertenecer nuevamente a los nuevos grupos criminales. Al respecto, un estudio de
la Fundación Ideas para la Paz, plantea que el 36 % de los desmovilizados han sido
abordados por grupos criminales para ser reclutados y el 10 % ha estado tentado a
aceptar la oferta (Fundación Ideas para la Paz, 2014). De la misma forma, mientras aumentaba la percepción de inseguridad en Cali, la
ciudad seguía teniendo problemas fuertes de victimización y como ha sucedido
históricamente, seguía siendo una ciudad receptora de desplazados. Para 2012, la
ciudad reportó un total de 28.085 denuncias de desplazamiento forzoso, es decir, 68 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras del total de hechos victimizantes reportados por la Unidad de Víctimas en Cali para
el 2012, el 84 % correspondía a desplazamiento (Red Nacional de Información).
Esta alta recepción de desplazados víctimas del conflicto armado en regiones
aledañas, el aumento de los índices de violencia y una estigmatización hacia los
desmovilizados en la ciudad configuraron un escenario poco favorable para el
establecimiento de relaciones entre víctimas y excombatientes. Dicho escenario
se evidenciaba más en
los
sectores en
los que
vivían
desmovilizados, sectores a los que en muchos casos llegaron los desplazados
por la violencia, específicamente hablamos de algunos barrios en el distrito de
Aguablanca, Siloé y Ladera, lugares en los que coincide todo tipo de población
vulnerable. Por tal motivo, la mayoría de víctimas no mostraba disponibilidad para
aceptar a excombatientes, ya que los relacionaban directamente con la violencia
de la que habían sido víctimas (Grupo focal con organización de víctimas de Cali,
2014). Así las cosas, en octubre de 2012, se llevó a cabo un evento público y ampliamente
difundido de
inauguración de
la empresa, que contó con
la presencia del
director de la ACR, USAID y algunos actores locales, pero en su mayoría medios
de
comunicación. Teniendo en
cuenta que
los excombatientes desde
su
desmovilización han preferido el anonimato y la mesura en cuanto a la publicidad
de la empresa, hoy aseguran que, a pesar de que este evento no tuvo consecuencias
en términos de su seguridad, sí consideran que este fue un hecho que permitió
que los vecinos del barrio donde se ubica la fábrica conocieran abruptamente su
procedencia. Esa manera de dar a conocer la experiencia no fue del agrado de
todos los miembros de Ganchos y Amarras, algunos de los cuales consideraron
que fue una inauguración muy visible en un contexto en el que ellos aún se sentían
inseguros. A pesar de la conmoción interna que generó el evento y de que en un primer
momento se angustiaron ante
la situación de que sus vecinos supieran su
proveniencia y el contexto del que había surgido la empresa, reconocieron que
esta situación no afectó su cotidianidad y sobre todo no generó discriminaciones ni
señalamientos por parte de los trabajadores de las fábricas aledañas, siguieron con
sus vidas normalmente: «cuando se dieron cuenta de todo, pues igual todo siguió
normal, con nosotros nadie se ha metido, nosotros no hemos tenido problemas
con nadie» (Participante grupo focal 1). A partir de la inauguración pública de Ganchos y Amarras se ha venido configurando
el presente de la empresa, es decir, el periodo comprendido entre 2013 y 2014. A 69 Aprendizajes para la reconciliación Algunos de los miembros de Ganchos y Amarras
aseguran que se han encontrado con víctimas
suyas en sus barrios y su reacción ha sido
esconderse por temor a señalamientos partir de 2012, han trabajado fuertemente para alcanzar un punto de equilibrio
después de varios años de tener déficit al final de los años contables. Este trabajo se
ha realizado gracias al empoderamiento de los desmovilizados frente a la empresa,
pues si bien aún no han prescindido del apoyo técnico y financiero de la Fundación
Carvajal, reconocen que se sienten más comprometidos con su empresa, gracias a
la estabilidad que les ha provisto y que se ve reflejada en la calidad de vida de ellos
y de sus familias. Igualmente,
la
inauguración
logró
reducir
el
temor que
representaba
el
reconocimiento público para
los miembros de Ganchos y Amarras
(aunque
solamente en el barrio donde se ubica la fábrica, más no en sus comunidades
y/o barrios), esto
les ha permitido sentirse orgullosos de pertenecer a esta
experiencia y ser un referente de reconciliación entre excombatientes y un
ejemplo de reintegración para los demás desmovilizados en el país. Aunque con
la inauguración se dejaron de lado las prevenciones por parte de los miembros
de Ganchos y Amarras y por parte de los funcionarios de las fábricas vecinas a la
bodega donde funciona, en lo que respecta a la relación con las comunidades donde
viven los desmovilizados no hay resultados satisfactorios, en parte porque siguen