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inicialmente
económica y derivó en algunos avances en términos de la reconciliación. A pesar
de este aspecto, existe un consenso entre los excombatientes participantes de las
experiencias de las zonas rurales en torno a cierto abandono institucional en el
sostenimiento de los proyectos productivos. Este hecho se ve con más claridad en
la experiencia rural del Cesar. Por otro lado, el acento en alcanzar un proceso de reconciliación fue más evidente
en los casos de sur de Bolívar, Cesar y Pereira. En el caso del sur de Bolívar, la
reconciliación aparece como una aspiración del Comité Cívico inherente a su
identidad como «sujeto colectivo de paz», a la cual se sumó el apoyo institucional
de la ACR, que en el proceso de acompañamiento a los desmovilizados del Bloque
Central Bolívar, en 2006, identificó las ventajas de fortalecer a este actor para
promover eficazmente no solo la reincorporación sino la convivencia pacífica en
este territorio. En los casos de Cesar y Pereira, las acciones hacia la reconciliación
tenían cimientos políticos en el «Plan de Reencuentro» derivado del acuerdo de
paz firmado entre el Gobierno y el EPL, cuyos proyectos de reinserción cívica y
productiva constituían, además de un acto de reconciliación, la posibilidad de una
apertura democrática (Villarraga, 2013). 160 Por su parte, la experiencia de Ganchos y Amarras en Cali, de una manera más sui
generis, logró consolidarse como una experiencia productiva gracias al aval del
Gobierno local, pero se alcanzó más fácilmente la reconciliación con una parte del
sector empresarial caleño y al interior de la organización que con otros sectores
de la comunidad receptora, incluidas las víctimas, con quienes se establecieron
relaciones de coexistencia. Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras Un balance del conjunto de las experiencias parece señalar que existe una relación
entre componentes políticos en el proceso de reintegración y el establecimiento
de acciones más decididas hacia procesos de reconciliación con toda la comunidad
receptora. Esta relación se encuentra anidada tanto en la fortaleza y apuestas de
los actores de la sociedad civil como en el contenido de los acuerdos de paz y de la
política pública, de cara al papel específico de los excombatientes en acciones de
reconciliación interpersonal, social y política en la etapa de posconflicto. Este mecanismo de
reformas o
transformaciones
institucionales
tiene como
mecanismos coadyuvantes la capacidad del Estado local, así como la presencia de
actores locales que hacen resonancia de las políticas de DDR y justicia transicional
en el nivel local: un andamiaje institucional sólido, sumado a la voluntad política,
favorece las acciones de intermediación del Gobierno local para generar espacios
de encuentro entre excombatientes y comunidades receptoras. En el caso de Cali,
el Gobierno local desarrolló acciones de intermediación con el sector privado,
creando un espacio de encuentro que permite no solo la sostenibilidad de la
experiencia de Ganchos y Amarras, sino de un proceso de reconciliación entre
excombatientes con una parte del sector empresarial caleño. Este espacio ha
logrado trascender una relación de transacción económica hacia la transformación
de las relaciones y las mutuas interpretaciones entre estos dos actores. El papel del Gobierno local en la experiencia de Cali contrasta con el de Simití, en el
sur de Bolívar. La acción de las instituciones estatales en las zonas más integradas al
país con respecto a aquellas más periféricas, como las rurales, corrobora la hipótesis
de un Estado en formación cuya presencia diferenciada proviene «del proceso
gradual de incorporación de nuevos territorios y poblaciones al Estado-nación en
su conjunto, tanto en el ámbito económico como en lo político» (González G, 2014,
p. 60). En este sentido, se debe recordar que Simití es un municipio de sexta categoría, con
una incapacidad evidente a la hora de cofinaciar proyectos estratégicos en áreas
fundamentales como salud, educación e infraestructura (Viloria, 2009). El porcentaje
de personas dentro del municipio con alguna necesidad básica insatisfecha (NBI)
es del 62 %. Esto es mucho más evidente en corregimientos como Santa Lucía y El
Paraíso que aún no cuentan con el servicio de alumbrado eléctrico, agua potable
ni de alcantarillado. Como bien señala Viloria (2009), el origen de la mayoría de
problemas que padece el sur de Bolívar se encuentra en el aislamiento geográfico
en que ha permanecido esta subregión en los últimos tiempos. Para el año 2009, por 161 Aprendizajes para la reconciliación La resonancia de la política de reintegración
puede incidir en la transformación de la disposición
en sectores antes no involucrados con la promoción
de la reconciliación ejemplo, el sur de Bolívar contaba con apenas 60 kilómetros de vías pavimentadas,
siendo la principal ruta Cerro de Burgos – Simití – Santa Rosa del Sur. La función institucional en temas de DDR y justicia transicional en Simití se ha
hecho más evidente a partir de la movilización social y capacidad de agencia de
su comunidad. Es claro que la presencia del Gobierno nacional a través de la ACR
se dio motivada por el proceso de acompañamiento tras la desmovilización del
Bloque Central Bolívar, ocurrida en ese territorio. El Gobierno local, por su parte, ha
asistido a un proceso de jalonamiento en esta dirección un poco forzado, debido a
una inercia orgánica y de las estructuras de poder, determinadas en el pasado por
la presencia de los distintos actores armados, así como las dinámicas asociadas al
narcotráfico y los cultivos ilícitos. Por otra parte, el efecto de resonancia puede ser determinante en un contexto
de precariedad estatal en el que un actor local de cualquier naturaleza transmite
información que les permite a otros aprovechar la reforma institucional como
marco justificatorio e instrumento de sus demandas. Así, al ser difícil la interacción
con entes del Estado, el acompañamiento de un tercer actor puede motivar y
facilitar la interlocución. En la experiencia rural del Cesar, el Programa de Educación
de la Fundación Progresar resultó ser muy útil para las comunidades receptoras,
particularmente porque actuó de cara al fortalecimiento de la democracia y los
liderazgos desde el nivel local. Del mismo modo, merecen destacarse las acciones
de
formación proporcionadas por diversos actores nacionales y
regionales
gestionadas por el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, las cuales
han sido aprovechadas por el Comité Cívico del sur de Bolívar para cualificar a
sus integrantes en la comprensión de sus derechos y, sobre esta interpretación,
potenciar su acción colectiva de cara al sistema nacional de justicia transicional. La resonancia de la política de reintegración puede incidir en la transformación
de
la disposición en sectores antes no
involucrados con
la promoción de
la
reconciliación. En Pereira, a partir del discurso de reencuentro con la sociedad
promovido por
la Fundación Progresar, se generó en
los desmovilizados una
disposición hacia las comunidades, desde la cual se fortaleció la generación y
sostenibilidad de un espacio de encuentro. Adicionalmente, en contextos de mayor precariedad estatal, la interacción entre
los miembros de la comunidad aumenta propiciando un espacio para que las 162 122 Esta presencia precaria del Estado ha facilitado que la economía de la guerra haya sumado a sus estrategias
económicas la explotación minera ilegal, especialmente de oro, que ha “expuesto a la depredación de los grupos
irregulares y juega a favor del fortalecimiento de sus finanzas” (ACNUR, s.f.). Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras personas se organicen, interactúen y busquen una solución a una determinada
situación o necesidad, situación que se hizo observable en las dos experiencias
rurales. El caso del Comité Cívico del Sur de Bolívar y su autodenominación como