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«sujeto colectivo de paz» es un claro ejemplo de esta afirmación; de igual forma, |
en el caso del Cesar las difíciles condiciones de infraestructura y acceso a servicios |
potenciaron la capacidad de agencia de sus pobladores. Esta debilidad de |
la oferta |
institucional y |
las problemáticas |
compartidas, |
paradójicamente, han favorecido una fuerte organización, movilización y tejido |
social en las experiencias rurales, traduciéndose en la construcción de un tejido |
social más fuerte, fundado en la existencia de relaciones solidarias. No obstante, |
tal y como fue enunciado líneas arriba, las iniciativas productivas han tenido en |
común que no han sido económicamente estables, en gran medida, debido al |
poco acompañamiento y formación técnica que han recibido excombatientes |
y comunidades receptoras para el manejo de sus proyectos productivos. Es |
precisamente a partir de esta precariedad y |
las problemáticas alrededor del |
sostenimiento económico, el despojo, los terratenientes y la reclamación de tierras, |
que en las experiencias rurales se han activado mecanismos que han propendido |
por una mayor presencia institucional que acompañe estos procesos en los que los |
elementos de convivencia pacífica y reconciliación son reconocidos y liderados por |
las propias comunidades. Finalmente, respecto a la estructura agraria y los conflictos por la tierra y por los |
recursos, tenemos que, en Colombia, el conflicto armado confluye con el conflicto |
agrario en la medida en que la tierra no es solo el «objeto» de la posesión de una |
parcela o un predio destinado a la producción, sino que también se ha convertido |
en un instrumento de la guerra, del lavado de activos del narcotráfico y, además, |
genera poder político ligado a la violencia ejercida por grupos armados ilegales. |
De este modo «la tierra se convierte en un instrumento de guerra y se evidencia la |
disputa por el territorio, lo cual configura un conflicto rural mayor» (PNUD, 2011, |
p.180). Es claro que el corregimiento de La Mesa, en Valledupar, abarca en gran medida |
la conceptualización del conflicto rural realizada por el PNUD, ya que en este se |
juntan varias problemáticas. En primer lugar, en la esfera del conflicto agrario es |
evidente la deuda social y política de los entes locales y nacionales con la región. |
En esta zona, los conflictos por la tierra son evidentes, y al mismo tiempo latentes, |
tal como muestra el caso anteriormente señalado de la familia Mestre; En segundo |
lugar, el despojo y el desplazamiento forzado fueron estrategias empleadas por |
los grupos paramilitares en la región. Cabe señalar que una extensa propiedad 163 Aprendizajes para la reconciliación Los conflictos y la organización social alrededor |
de la tierra pueden generar o inhibir los espacios de |
encuentro y la disposición de los actores de cara a la |
reconciliación perteneciente al comandante paramilitar «Jorge 40» se ubica sobre la vía que |
comunica al corregimiento con la ciudad de Valledupar. Por último, además de las |
diferencias existentes con la población indígena, al igual que en el siglo pasado |
se presentan conflictos por la tierra con familias tradicionales como los Mestre, |
quienes recientemente reclaman la propiedad de gran parte del casco urbano del |
corregimiento. El caso del sur de Bolívar es similar al anterior puesto que, a pesar de tener un |
potencial agrícola significativo, no todas |
las tierras productivas están siendo |
aprovechadas, en parte por la falta de vías de acceso adecuadas que dificultan una |
posibilidad clara de comercialización. Además, se deben señalar las disputas por |
la tierra y el despojo, hechos de violencia que, bajo el lema de «necesito su tierra, |
váyase» impiden el arraigo del grupo de hogares al territorio, lo cual imposibilita |
que se constituyan en una comunidad arraigada que ejerza un desarrollo social, |
económico, político y cultural (PDPMM, 2013). Es precisamente esta centralidad del conflicto por la tierra lo que lo ubica como |
un mecanismo ambiental y no como mero contexto de las experiencias de Cesar y |
sur de Bolívar. Los conflictos y la organización social alrededor de la tierra pueden |
generar o inhibir los espacios de encuentro y la disposición de los actores de cara |
a la reconciliación. Las políticas de DDR y justicia transicional que consideran un |
componente rural pueden ayudar a profundizar o a cerrar esas brechas a través de |
un mayor equilibrio entre los derechos e intereses de la comunidad receptora y la |
asistencia prestada a los excombatientes, el fomento de una sensación de inclusión |
y la mejora de la legitimidad de los programas de DDR (Nussio, 2013). Incidencia de las relaciones |
de género en las experiencias Tal como se ha enunciado de manera preliminar, una de las apuestas del presente |
proyecto de investigación era el de develar aspectos significativos acerca de la |
manera diferencial en que las mujeres vivieron las experiencias de reconciliación |
y reintegración123. Esta aproximación busca identificar cómo las relaciones entre |
géneros se involucran en los mecanismos que facilitaron o inhibieron el desarrollo |
de las cuatro experiencias y sus procesos de reconstrucción de relaciones. 123 Ver introducción. 164 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras En particular, la investigación indagó sobre tres aspectos del enfoque de género: |
1. Sobre los roles desempeñados por las mujeres y su relación con la trayectoria |
y |
los mecanismos de cada experiencia; 2. Los aprendizajes alrededor de |
las |
desigualdades estructurales entre géneros que se profundizan en etapas de |
conflicto o posconflicto y que afectan la generación de espacios de encuentro o |
la disposición; y 3. La visibilización de las diferentes necesidades de los roles de las |
mujeres de cara a la reconciliación. Con el fin de responder a estas tres cuestiones, abordaremos en este apartado |
los dos primeros puntos y en la parte de conclusiones y recomendaciones se |
desarrollará el tercero, el cual es el resultado de los anteriores. El enfoque de género resultó muy útil en el análisis histórico que involucró las |
experiencias analizadas. Desde este enfoque es posible identificar relaciones de |
poder que se basan en la diferenciación sexual y su incidencia en la conformación |
de identidades subjetivas y colectivas, así como en la configuración de un «orden |
simbólico normativo» que atraviesa diversas esferas de lo social a través de la |
historia (Scott, 2003, p. 56). Además, como uno de |
los |
lentes del análisis histórico de |
la |
investigación, el |
enfoque de género permitió identificar rupturas y continuidades en la asignación |
y cambio de roles entre hombres y mujeres dentro de las experiencias. Los roles |
asumidos obedecen a un juego de doble vía entre las decisiones individuales y las |
contingencias de un contexto que aún sigue estando determinado por patrones |
de una sociedad profundamente patriarcal. Con base en ello, el análisis de las experiencias confirma la existencia de brechas |
estructurales de inequidad entre hombres y mujeres, que van desde barreras para |
el acceso a la educación, la participación política y la propiedad de la tierra, hasta |
fenómenos como la violencia basada en género que se vislumbra no solo como |
estrategia de los actores armados del conflicto, sino como naturalización en el |
espacio privado y doméstico de los territorios estudiados. Las reformas institucionales recientes en materia de DDR y justicia transicional, si |
bien contienen elementos que destacan el enfoque de género, no han logrado |
materializarse en relaciones más equitativas entre hombres y mujeres, que le |
permitan a las mujeres excombatientes, por ejemplo, mantenerse en los procesos |
de capacitación y formación para el trabajo, en la medida que su rol como madres |
cabeza de hogar |
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