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es vital para el desarrollo de las experiencias en tanto procesos de reconciliación
y de convivencia pacífica. Algunos actores cuentan con mayores capacidades de
acompañamiento e intermediación para generar, apoyar y fortalecer procesos que
involucren población desmovilizada. Por ejemplo, el sector privado ha brindado
grandes apoyos económicos y formativos para algunas de las experiencias, y estos
casos deben ser ejemplo de cómo este sector de la sociedad puede participar
activamente en la construcción de procesos de reintegración, que a su vez se
proyecten como procesos de reconciliación. Igualmente, este acompañamiento
ha incidido en el fortalecimiento de liderazgos a través de formación política y
ciudadana, lo cual ha contribuido a un reconocimiento de capacidades dentro
y fuera de la experiencia, y permite consolidarlo internamente para facilitar su
proyección e incidencia en las comunidades receptoras. Por ejemplo, el rol de
las mujeres en acciones de mediación en las experiencias se destacó como una
oportunidad de sostenibilidad de las mismas, en particular en contextos de alta
confrontación armada. Los cuatro estudios de caso mostraron de una u otra manera acciones de
reconciliación dinámica, espontánea y parcial. Dinámica, en la medida en que dichas
acciones de reconciliación pueden ser coyunturales y su existencia no garantiza
en sí misma su sostenibilidad. En otras palabras, tal y como fue evidenciado por
la experiencia rural del Cesar, la formación de un espacio de encuentro entre las
comunidades y los excombatientes y los avances en términos de reconciliación que 169 Aprendizajes para la reconciliación este implicó en el proceso de reinserción pueden ser modificados por situaciones
del contexto como la incursión de actores como los paramilitares: la existencia de
espacios de encuentro y acciones de reconciliación no garantiza su permanencia
en el tiempo. En función de lo anterior es posible afirmar que la reconciliación es espontánea, en
la medida en que se construye en escenarios que propician cambios de imaginarios
y posturas frente al otro, pero no es un proceso que responda a una vía de acción
concreta y establecida. Experiencias como la liderada por el Comité Cívico del Sur de Bolívar demuestran
que los espacios de encuentro pueden derivarse de iniciativas de la sociedad
civil que cuentan con
los grados
suficientes de empoderamiento de
sus
comunidades para asumir las implicaciones de la cohabitación de un territorio
con excombatientes, sin la intervención protagónica de la institucionalidad. Así,
las acciones de reconciliación existentes en las experiencias del Cesar y el sur de
Bolívar, caracterizadas por haber crecido en un contexto de profunda precariedad
del Estado, permiten ver que en la institucionalidad no reside la responsabilidad
de «decretar la reconciliación», pero sí de propiciar escenarios idóneos para el
encuentro y la disposición entre comunidades receptoras y excombatientes, En consecuencia, con la espontaneidad que se presupone existe en los procesos
de reconciliación, la observación de los programas institucionales de reinserción
y reintegración de las cuatro experiencias permite concluir que, a pesar de que
el acento dado al tipo de reintegración no necesariamente genera escenarios
de reconciliación, los procesos adelantados en la política de DDR de los años 90
parecen haber obtenido avances más decididos hacia la consolidación de espacios
de encuentro para la reconciliación. Tal es el caso de Cesar y Pereira, que contrastan
con las experiencias surgidas en un marco institucional más orientado a promover
concretamente
la reintegración económica desde una perspectiva individual,
como en el caso de Cali. Por otro lado, la experiencia de Cali demostró que las acciones de reconciliación
pueden ser parciales. En correspondencia con una definición de reconciliación
menos abstracta y general, resulta conveniente afirmar que
los procesos de
convivencia existentes entre los excombatientes miembros de la empresa Ganchos
y Amarras dan cuenta, en efecto, de acciones de reconciliación concretas en la
medida en que han implicado un cambio de relaciones entre antiguos adversarios,
a pesar de estar restringidas a los actores que trabajan en la empresa, ya que no
han logrado ningún avance en términos de la reconciliación con la comunidad que 170 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras habita en sus barrios de residencia. Esta situación se derivó tanto de la persistencia
de escenarios de estigmatización y miedo, además de las lógicas de la violencia
urbana que han motivado la elección del anonimato de los excombatientes en su
proceso de reintegración a la vida civil, como de la naturaleza misma de la empresa,
que se enfocó en propiciar la reintegración económica de los excombatientes
participantes en Cali. En relación con la totalidad de la comunidad receptora, la experiencia también da
cuenta de una reconciliación parcial, puesto que las relaciones de la empresa con
un sector empresarial caleño constituyen un avance en términos de reconciliación
con
la comunidad receptora, conforme a
lo que se entiende aquí como ese
conglomerado social que cohabita con excombatientes125. Estas acciones de reconciliación parcial descritas pudieron derivarse del tipo de
aproximación del enfoque comunitario implementado por la ACR. Tal y como fue
descrito en el capítulo 2, el énfasis en la reintegración individual, íntimamente
relacionado con el acento dado a
la reintegración económica evidente en el
programa de la ACR, puede entenderse a raíz de la naturaleza de los actores armados
que se acogieron a los procesos de desmovilización y el grado de relevancia dado
a la participación social y política en las negociaciones de paz que inspiraron los
cambios institucionales de la política de reintegración. En
términos generales,
los hallazgos de
la
investigación permiten concluir
que, de cara a facilitar avances hacia la reconciliación, es necesario garantizar la
participación de las comunidades receptoras en los procesos de DDR. Lo anterior,
en la medida en que las comunidades no deberían ser forzadas a adaptarse a
los programas o proyectos diseñados para la población desmovilizada ni deben
sentirse en situación de desventaja en proyección a dichos programas. En esa
medida, la construcción de estos procesos debe ser colectiva. Desde esta perspectiva, el acompañamiento en el proceso de reconstrucción de
confianza y relaciones entre las comunidades receptoras y los excombatientes que
llegan a ser parte de estas debe ser transversal, pedagógico y concertado. El énfasis
debe estar en el aprestamiento de las comunidades receptoras y los participantes
del proceso de reintegración, con el fin de divulgar las políticas que buscan ser
implementadas en sus territorios, en este caso referentes a la reincorporación
de excombatientes y la (re)construcción de relaciones de confianza y respeto. La
reconciliación debe ser comprendida como un proceso y una meta integrales,
no solo como una (re)construcción de relaciones entre aquellas comunidades
receptoras y grupos de desmovilizados. 125 Este conglomerado social es amplio pues está conformado tanto por la sociedad civil como por la institucionalidad. 171 Aprendizajes para la reconciliación Adicionalmente, con el objetivo de promover una disposición en las comunidades
receptoras frente a la posibilidad de construir escenarios de convivencia pacífica con
población desmovilizada, es vital hacer visibles ejemplos sobre los efectos positivos
de este tipo de procesos. El reconocimiento y difusión de otras experiencias y las
muestras de «cambio» por parte de personas desmovilizadas pueden convertirse
en argumentos para emprender procesos de reconciliación. En
la misma