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población, |
por lo que en |
muchos barrios |
las escuelas |
son el límite de |
las fronteras |
invisibles. tares –dado que afirma que los paramilitares se |
han desmovilizado– y, en cambio, los clasifica |
como “bandas criminales emergentes” o Bacrim. |
Algunas fuentes han explicado que la negativa |
del Gobierno colombiano a catalogar de paramilitares a los grupos sucesores se debe a que |
quiere impedir que estos grupos puedan reclamar el estatus de grupo armado ilegal para |
efectos de beneficios en futuras negociaciones. |
Pero esta explicación es inadecuada, ya que el |
Gobierno colombiano ha participado en negociaciones en el pasado con organizaciones criminales –tales como el cartel de Medellín, de Pablo |
Escobar– ofreciéndoles beneficios sin importar |
su estatus como criminales o grupos armados |
(...) |
Y más allá de cómo sean catalogados, el Gobierno |
colombiano |
tiene |
responsabilidades |
específicas de hacer frente a la amenaza que |
representan para la población civil. Entre estas |
obligaciones se incluyen proteger a los civiles |
frente a agresiones, prevenir abusos y garantizar |
el juzgamiento de los abusos ocurridos. El grado |
de responsabilidad del Estado por los abusos de |
los grupos sucesores se incrementará en función de la medida en que los agentes del estado |
toleren a estos grupos o colaboren con ellos. Más allá de establecer distancias o señalar si |
se presentan o no hibridaciones entre diversos |
grupos armados con intereses económicos y políticos, para HRW (2010) la responsabilidad del |
Estado respecto a las violaciones de derechos |
humanos –aplicable para un caso tan complejo |
como el de Medellín– es evidente: Otros grupos, con un menor grado de |
control territorial y organización, o que no estén |
alineados con el conflicto, pueden ser simples |
“organizaciones criminales” respecto de las cuales el Estado está en el deber jurídico de prevenir, |
razonablemente, las violaciones de derechos humanos, de investigar seriamente con los medios |
a su alcance las violaciones que se hayan cometido a fin de identificar a los responsables, de imponerles las sanciones pertinentes y de asegurar |
a la víctima una adecuada reparación. En esta apreciación se puede observar la importancia de atender el impacto de la violencia |
en las víctimas, más allá del conflicto armado |
y de los grupos responsables de las violaciones (guerrilla, “nuevos” grupos paramilitares o |
los llamados “otros grupos”). Más aún bajo la |
consideración de que en un contexto como el |
de Medellín las relaciones de cooperación entre |
los grupos se mantienen de acuerdo con sus |
intereses. |
De acuerdo con Indepaz (2011), en Medellín |
existe la presencia continua de los siguientes |
grupos narcoparamilitares: “Los Rastrojos”, “Los |
Urabeños”, “Águilas Negras”, “Los Paisas” y |
otros grupos (Oficina de Envigado). En esta materia, se ha podido constatar que los llamados |
“Combos” o en algunos casos Bacrim, difícilmente pueden existir por largos períodos. Después de su génesis, las actuaciones podrán ser |
por un corto tiempo acciones autónomas, pero |
rápidamente estos pequeños grupos son subordinados o eliminados por las estructuras antes |
mencionadas. |
Para el año 2009, el Instituto Popular de Capacitación daba cuenta de que las autoridades de |
Medellín identificaron que en nueve comunas la |
situación de violencia era especialmente crítica |
(IPC, 2009). En ese entonces, la Policía Nacional |
identificó “123 estructuras criminales que a su |
vez agrupan a unos 3.600 integrantes, en su mayoría menores de edad” (IPC, 2009). |
En 2010 y 2011, como se encuentra documentado por medios de comunicación locales y nacionales, el enfrentamiento entre las estructuras |
armadas fue constante. De la mano de la confrontación, los ataques a la población civil fueron |
sistemáticos. |
En |
los escenarios microterritoriales como |
los |
barrios de Medellín, las estructuras armadas delimitan sus espacios de control y disputa, para así |
configurar las llamadas “fronteras invisibles”. Inmersa en ellas, la población civil se ve obligada a |
adaptar sus rutinas y cotidianidades para salvaguardar su integridad. En otras palabras, las fronteras invisibles circunscriben una violencia que, |
paradójicamente, ha desbordado cualquier límite |
social, político, económico y cultural. 28 El conflicto |
armado y |
la violencia |
armada no |
son problemas |
específicos de |
los actores, sino |
también del |
contexto, las |
razones y las |
motivaciones |
históricas que |
los explican. Es posible identificar cómo los actores armados usan la escuela como un mercado para las |
drogas y las armas, mientras intervienen sobre |
las dinámicas del gobierno escolar, para disciplinar y amenazar. Además, se conocen casos en |
que dichos grupos usan las escuelas como sitios de reunión o para la búsqueda de niñas para |
el abuso y la explotación sexual. Asimismo, los |
enfrentamientos entre los grupos no discriminan |
espacios, territorios y población, por lo que en |
muchos barrios las escuelas son el límite de las |
fronteras invisibles. |
Con estos elementos se reafirma que la escuela |
en Medellín es un escenario de disputa, un lugar |
que sufre ataques sistemáticos y expone a una alta vulnerabilidad a todas las personas integrantes |
de la comunidad educativa. La reconfiguración del conflicto |
y su impacto en la escuela El proceso de afectación de las escuelas por las |
dinámicas del conflicto armado y la violencia |
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