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Por tener relación directa con la responsabilidad de los autores de los hechos, nos referimos al
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análisis presentado más abajo en este informe en relación con la responsabilidad de los altos
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mandos militares. C. Indicios de Responsabilidad de los Altos Mandos Militares Durante la investigación que dio origen a este informe, notamos una falta de comprensión
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de ciertos conceptos de Derecho Penal Internacional entre operadores judiciales e incluso
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abogados. Se ha reconocido que “[e]n Colombia apenas se está gestando el debate en torno a
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la responsabilidad de los jefes de organizaciones criminales”. Se comienza a citar la “teoría
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de los aparatos organizados de poder”. No es nuestro objetivo en este informe referirnos
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específicamente a la teoría que debiera ser utilizada, pero deseamos señalar que la misma debe
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permitir la investigación de los más altos responsables de conformidad con el compromiso de
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Colombia como Estado Parte del Estatuto de la CPI.
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A modo de referencia explicamos aquí los tipos de responsabilidad penal aceptados por la CPI,
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concentrándonos en particular en la responsabilidad del superior jerárquico, por su posible
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aplicabilidad al caso de los falsos positivos. 1. Responsabilidad Penal Individual en Derecho Penal Internacional El artículo 25 del Estatuto de la CPI establece la responsabilidad penal individual, que puede
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configurarse en distintas formas de comisión. Ellas son la autoría individual y la coautoría (con otro o por medio de otro). Estas formas de comisión se pueden presentar así:
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(i) ordenar, proponer, inducir la comisión de crímenes (ya sea consumado o en grado de
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tentativa);
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(ii) facilitar la comisión en calidad de cómplice, encubridor o colaborando de algún otro modo
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en la comisión o tentativa, incluso suministrando medios para su comisión; o
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(iii) contribuir de algún otro modo en la comisión o tentativa por medio de un grupo de personas
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que tengan una finalidad común. En este caso la contribución debe ser intencional.
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Las diferentes formas de comisión tienen diferentes elementos. Por ejemplo, para probar la
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coautoría, hay que probar los siguientes elementos:
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(i) que el sospechoso es parte de un plan común o un acuerdo con una o más otras personas; y
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(ii) que el sospechoso y el coautor hicieron contribuciones esenciales en una manera coordinada
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que resultaron en la realización de los elementos materiales del crimen.
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Además, en la interpretación del artículo 25, la CPI ha indicado que la autoría y coautoría
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implican que los sospechosos tenían “control” sobre el acto criminal.
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La responsabilidad penal de superiores jerárquicos está codificada en el artículo 28 del Estatuto
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de Roma. Entran en esta categoría dos tipos de superiores: “jefe militar” y “otros superiores”.
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La CPI ha identificado los siguientes elementos de la responsabilidad para que se configure la
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responsabilidad del jefe militar:
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(i) El sospechoso tiene que ser jefe militar o actuar efectivamente como jefe militar.
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(ii) El sospechoso debe tener mando y control efectivo, o autoridad y control efectivo sobre las
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fuerzas (subordinados) que cometieron uno o más de los crímenes de competencia de la CPI;
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(iii) Los crímenes fueron cometidos por las fuerzas (subordinados) en razón de que el sospechoso
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no ejerció un control apropiado sobre ellos;
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(iv) El sospechoso sabía o, de acuerdo a las circunstancias del momento, debería haber sabido
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que las fuerzas (subordinados) estaban cometiendo uno o más de los crímenes de competencia
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de la CPI, o se proponían cometerlos; y
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(v) El sospechoso no adoptó todas las medidas necesarias y razonables que estaban a su alcance
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para prevenir o reprimir la comisión de esos crímenes, o no puso el asunto en conocimiento de
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las autoridades competentes para investigar y procesar a los subordinados responsables. 2. La Responsabilidad de los Superiores Militares en los casos de Falsos Positivos Sin entrar en un análisis de la teoría aplicable, pero a la luz de los principios expuestos en el
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apartado anterior, procederemos ahora a detallar los elementos que apuntan fuertemente a la
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responsabilidad de los jefes militares con relación a los casos de ejecuciones extrajudiciales
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cometidas durante el período de estudio.
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a. El mismo carácter generalizado y sistemático apunta a una responsabilidad situada
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“más arriba”
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Recordamos que, en su informe de 2010, el Relator Especial de Naciones Unidas para las
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Ejecuciones Extrajudiciales manifestó: “No he visto ninguna prueba que indique que la comisión
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de esos homicidios formara parte oficial o hubiera sido ordenada por altos funcionarios del
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Gobierno. Sin embargo, recibí informes detallados y creíbles de ejecuciones de ese tipo en todo
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el país, cometidas en numerosos departamentos y por un gran número de unidades militares
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diferentes. De mis investigaciones se desprende claramente que los miembros de las fuerzas de
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seguridad de Colombia han cometido un número considerable de ejecuciones ilegales y que el
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cuadro sistemático de falsos positivos se ha repetido en todo el país”.
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El alto grado de organización y coordinación para cometer los crímenes, la manera premeditada
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en que se escogieron las víctimas y la existencia de patrones claros para cometer los ataques
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que se repitieron en diversas regiones del país son indicios claros de que las decisiones no eran
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tomadas de manera aislada por las brigadas y apuntan al menos a un conocimiento por parte de
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las instancias superiores.
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A modo de ejemplo, citamos el caso del Coronel Luis Fernando Borja Aristizabal, quien
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comandara la Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre y ha aceptado responsabilidad por casos de
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falsos positivos perpetrados por dicha Fuerza. El Coronel Borja ha declarado que cuando él llegó
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a Sucre en 2007, el montaje de bajas en combate a través del homicidio de civiles inocentes se
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encontraba ya en operación. A su vez, antes de llegar a la Fuerza de Tarea Conjunta, Borja era
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Comandante en Sumapaz, departamento de Cundinamarca, donde hay fuertes sospechas que
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él hubiera ordenado casos de falsos positivos en 2006. Este caso sugiere que, por un lado,
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que la sistematicidad de patrones era independiente de quién comandara la unidad respectiva.
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Por otro lado, es probable que la movilidad de comandantes de una unidad militar a otra haya
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reforzado tal modo operativo. Como se verá más abajo, el alto número de bajas presentadas en
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una determinada unidad o brigada, les valía a los comandantes de las mismas ascensos en lugar
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de investigaciones penales, lo cual incentivaba, expandía, perpetuaba y acentuaba la impunidad
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de la actividad delictiva de los falsos positivos. Al respecto de los ascensos, cabe destacar el
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caso del Coronel Juan Carlos Barrera Jurado, quien fue comandante del Batallón Jorge Eduardo
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Rodriguez, adscrito a la Cuarta Brigada del ejército, (la cual se ha visto altamente vinculada
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a casos de ejecuciones extrajudiciales), y pasó luego a ser Comandante de la Décimo Cuarta
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Brigada, también vinculada con casos de falsos positivos.
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La figura siguiente (figura 2) muestra la distribución de las ejecuciones extrajudiciales
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por brigadas entre los años 2002 y 2008, según registros sistematizados por la CCEEU.
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La distribución geográfica de las ejecuciones permite conocer cuáles fueron las unidades
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militares
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involucradas en
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los hechos. Las Brigadas Cuarta
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(perteneciente a
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la séptima
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división), Segunda (perteneciente a la primera división) y Vigésima Novena (perteneciente a la
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tercera división), del Ejército Nacional, concentraron casi el 40% del total de las ejecuciones
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extrajudiciales ocurridas durante el período en estudio. Aunque se registraron casos similares
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en las siete Divisiones del Ejército Nacional existentes en ese momento, llama la atención esa
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impresionante concentración de casos en unas pocas unidades operativas. Cualquier observador
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que fuere presentado con información, no tardaría en concluir que los jefes de dichas unidades
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tuvieron algún tipo de responsabilidad en las ejecuciones, sea por conocimiento directo, sea por
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haber sido presentados con semejante número repentino de bajas, sea simplemente por haber
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omitido controlar a sus inferiores frente a esta situación inusual.
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b. Una Institución Altamente Jerarquizada en el Marco de la Presión por Resultados
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La Fuerza Pública colombiana tiene un mando centralizado. La Constitución colombiana, en su
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artículo 189.3 señala al Presidente del República como el Comandante Supremo de las Fuerzas
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Armadas de la República. El Decreto Número 1512 de 2000 determinó la naturaleza, competencia,
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funciones y estructura del Ministerio de Defensa Nacional. Allí se plantea que El Ministerio de
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Defensa Nacional tendrá a su cargo la orientación, control y evaluación del ejercicio de las funciones
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