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advertencias hechas durante años por organizaciones de derechos humanos sobre la práctica de la
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Fuerza Pública de cometer ejecuciones extrajudiciales; esto potencializó el riesgo que de manera
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inherente conlleva el pago por muertes en combate; no hubo control político, ni económico, ni
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jurídico al pago de tales recompensas y muchas de las unidades militares vieron en la presión
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por resultados un estímulo para permitir las ejecuciones extrajudiciales o participar de ellas.
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El comité creado por medio de la directiva ministerial 010 de 2007 del Ministerio de Defensa,
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tuvo un carácter transitorio ya que su mandato fue de un año, a pesar de la existencia de graves
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indicios de que un fenómeno generalizado de crímenes estaba ocurriendo con base en la política
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de recompensas. Estas medidas fueron insuficientes para detener el fenómeno de criminalidad
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a gran escala que se venía cometiendo con especial intensidad con la implementación de la
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política de seguridad democrática y con el establecimiento de un sistema de medición de la
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política de guerra del gobierno en términos de litros de sangre.
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Como sistema de control al otorgamiento de recompensas la directiva 029 creó un “comité
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técnico de seguimiento” a su aplicación. Dicho comité estaba constituido por un asesor del
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Ministerio de Defensa, un delegado del Comando General de las Fuerzas Militares, el jefe
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de la dirección administrativa de la Dirección de Inteligencia del Ejército y sus homólogos
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en la Armada, Fuerza Aérea y Policía, y un analista del DAS [Departamento Administrativo
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de Seguridad] y otro del CTI de la Fiscalía y debía reunirse como mínimo una vez al mes
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para evaluar el “desarrollo e impacto” de la directiva. Para dichas reuniones de seguimiento
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el gobierno dispuso que “los delegados de cada Fuerza o Agencia, aportarán información
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relacionada con los cabecillas capturados o abatidos en combate […]”, pero guardó silencio
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acerca del resto de los miembros de los grupos armados al margen de la ley del cual hacen parte
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la gran mayoría de los casos de falsos positivos.
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Tampoco se ejerció el control de la política y la fiscalización adecuada de los dineros pagados por
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las ejecuciones extrajudiciales por parte del Contralor General de la República, función encargada
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por la ley 1097 de 2006 en su artículo cuarto. Del mismo modo, es presumible que las Fuerzas
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Militares tampoco establecieron mecanismos de control interno adecuados para la ejecución de
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los gastos reservados, como lo ordena el artículo sexto de la misma ley. Por ejemplo, se pasó por
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alto que el gobierno, a través del Ministerio de Defensa y por medio de la directa secreta 029, creó
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de manera secreta un gasto reservado al otorgar recompensas por información que permitiera dar
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muerte a miembros de grupos armados, que posteriormente se convertiría en ilegal, ya que con la
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expedición de la ley 1097 de 2006, se estipuló en su artículo primero, que “[l]os gastos reservados
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son aquellos que se realizan para la financiación de actividades de inteligencia, contrainteligencia,
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investigación criminal, protección de testigos e informantes”, pero jamás para recompensas por
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bajas en combate. Sin embargo, la directiva ministerial operó al menos hasta final de 2008.
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El 20 de noviembre de 2007, el Comando General de las Fuerzas Militares expidió la directiva
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permanente Nº NR. 300 – 28, por medio de la cual se buscaba “privilegiar como medición de los
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resultados operacionales las desmovilizaciones colectivas e individuales sobre las capturas, y estas
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a su vez sobre las muertes en combate”. Sin embargo, esta medida no tuvo utilidad práctica porque
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un año después de su expedición fue que se hizo público que durante todo el año 2008, la Fuerza
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Pública había cometido ejecuciones extrajudiciales. Por el contrario, la campaña de difusión de
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la política de recompensas a cambio de muertes en combate si fue llevada a cabo con eficacia. El
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artículo 8 literal d. de la directiva ministerial 029 le impuso al Comité Técnico de Seguimiento
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la función de “orientar la divulgación del programa de recompensas y los procedimientos para el
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suministro de información”. El éxito de la campaña de divulgación fue tal que está comprobada la
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ocurrencia de ejecuciones extrajudiciales en la gran mayoría de los departamentos de Colombia.
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Innegable Conocimiento de los Casos de Ejecuciones Extrajudiciales
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Dada la gravedad y difusión del fenómeno, el mismo no pudo ser desconocido por los más altos
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mandos militares.
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Según las estadísticas de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación,
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tras la expedición de la directiva Ministerial 029 de 2005, se pasó de 73 denuncias por casos de
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ejecuciones extrajudiciales contra la Fuerza Pública en 2005, a 122 en 2006 y 245 en 2007.
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Además, a partir de 2003, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas comenzó a
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notar en sus informes un aumento de los casos de ejecuciones extrajudiciales cometidos por
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la Fuerza Pública. A partir de 2005, la Oficina del Alto Comisionado empieza a denunciar
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los casos de falsos positivos: “Llamaron la atención los casos de ejecuciones extrajudiciales de
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personas cuyos cuerpos fueron posteriormente presentados ante los medios como guerrilleros
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o paramilitares abatidos en combate”. En 2006, la Oficina advirtió que había observado
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“un incremento en las denuncias sobre acciones atribuidas a miembros de la Fuerza Pública, y
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particularmente del Ejército. Esto se manifestó especialmente en el departamento de Antioquia,
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así como en Chocó, Norte de Santander, y en la región de la Sierra Nevada de Santa Marta.
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La mayoría de estas ejecuciones ha sido presentada por las autoridades como muertes de
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guerrilleros en combate, con alteraciones de la escena del crimen. Muchas fueron investigadas
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indebidamente por la justicia penal militar. Se registraron casos en que los propios mandos
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habrían apoyado la acción de vestir a las víctimas con atuendos de guerrilleros para ocultar los
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hechos y simular una acción en combate […] La práctica de estas conductas, su negación por
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ciertas autoridades y la ausencia de sanciones a sus autores plantean la eventual responsabilidad
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de los superiores jerárquicos”.
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En efecto, el Gobierno y los altos mandos militares tenía que estar al tanto de la existencia de un
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fenómeno de graves ejecuciones extrajudiciales, ya que el 6 de junio de 2007 del Ministerio de
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Defensa, a través de la directiva ministerial 010, dio instrucciones a las Fuerzas Militares para la
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prevención de homicidios en persona protegida y creó un comité para que hiciera seguimiento
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a las denuncias sobre los casos de ejecuciones extrajudiciales. Así mismo, la directiva NR. 300
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28 le dio a la Jefatura de Operaciones Conjuntas la función de supervisar la aplicación de dicha
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directiva, recibiendo, consolidando, analizando y evaluando la información sobre resultados
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operacionales suministrados por los Comandos de Fuerza y Organizaciones Conjuntas. Sin
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embargo, a pesar de estas medidas que sugieren conocimiento o sospecha de delitos graves, no
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se procedió a investigar a jefes militares por su presunta responsabilidad penal.
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e. La Trayectoria de los Jefes Militares Refuerza la Tesis de que Conocían los Hechos
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La tesis expuesta en numerosas ocasiones por el Gobierno colombiano, según la cual las
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ejecuciones fueron perpetradas por algunos militares aislados, sin que sus superiores tuvieran
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conocimiento, carece de sustento cuando hacemos un recorrido de la trayectoria de los jefes
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militares de la época. En particular, los Generales Mario Montoya y Oscar González Peña
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ascendieron a la dirección del Ejército tras ser comandantes de Brigada y de División en Antioquia, precisamente el departamento en donde se concentraron la gran mayoría de las
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ejecuciones extrajudiciales reportadas en el período de estudio.
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En efecto, el General Mario Montoya había sido Comandante de la IV Brigada en Antioquia entre
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2001 y 2003 y se desempeño más tarde como Comandante de la Séptima División del Ejército
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Nacional (de marzo de 2006 a noviembre de 2008). Mientras se encontraba al frente de la IV
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Brigada, el General Montoya comandó, entre otras, la Operación Mariscal, la Operación Orión
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y la Operación Meteoro, y las operaciones Marcial y Marcial Norte, en el oriente antioqueño.
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En todas ellas se reportaron ejecuciones extrajudiciales, que fueron ampliamente denunciadas.
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Según reporta el CINEP, se cometieron en Antioquia 18 ejecuciones extrajudiciales en 2002 y
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24 en 2003104. Como se señaló más arriba, es probable que los datos del CINEP constituyan
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un sub-registro. La Base de Datos de la Coordinación Colombia – Europa – Estados Unidos
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registra para el Departamento de Antioquia 24 casos de víctimas de ejecuciones extrajudiciales
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en el año 2001, 51 víctimas en el 2002 y 86 en el 2003, años en los cuales estuvo al frente de la
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IV Brigada el General Montoya.
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En cuanto al General Oscar González Peña, llegó a la comandancia del Ejército luego de haberse
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desempeñado -remplazado justamente al General Montoya- como Comandante de la IV Brigada
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(entre diciembre de 2003 y julio de 2005) y luego como Comandante de la VII División (entre
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