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mientras se establecen la propuesta de Comunidades Protectoras, los protocolos de seguridad y |
las rutas seguras. |
No hay duda que tanto el diagnóstico como las |
propuestas responden a una situación de contexto |
de fácil identificación. La respuesta del gobierno |
local expresa de hecho, no solo el impacto del |
conflicto armado en la escuela, sino cómo la educación se da en esas condiciones. |
El concepto de comunidades protectoras es una |
perspectiva bien intencionada en el sentido que |
busca ampliar la oferta más allá de la estrictamente formal de la educación. Además, tiene, en |
teoría, la virtud de proponer una interacción en el |
territorio y el entorno de la escuela y no solo en |
esta. Sin embargo, justamente es esta una de las |
principales carencias que se han identificado históricamente en la ciudad a la hora de atender este |
tipo de circunstancias y contextos. |
Una intervención integral sobre el territorio debería considerarse como la principal estrategia |
no solo de atención sino también de prevención. |
Y no es esto precisamente lo que caracteriza la |
aplicación de la política social de la ciudad. Se entendería que las comunidades protectoras lo que |
buscan es que en efecto la escuelas sean consideradas un territorio de paz y no solo en virtud de |
una norma humanitaria, sino porque de manera |
táctica y explícita tiene un lugar de reconocimien- to para su función social, incluso por parte de los |
actores armados. |
Ahora bien, este vacío pretender ser |
llenado |
de alguna forma, con un nueva propuesta en el |
Plan de Desarrollo 2012-2015, y es el referido a |
la ampliación o complemento de la jornada escolar, con actividades centradas en las prácticas |
culturales y deportivas. Contrario entonces a la |
construcción de comunidades protectoras, lo que |
ha venido ocurriendo es que el impacto sobre la |
escuela muchas veces se extiende al conjunto de |
la comunidad y viceversa. |
Si la participación de las comunidades educativas |
y del entorno se reconoce como una herramienta |
significativa en la protección de la escuela, esta no |
alcanza aún un nivel importante de empoderamiento que permita lograr lo que se propone. Esto se |
da, entre otras razones, porque la oferta en materia |
de derechos culturales, sociales y económicos es |
bastante limitada en estos territorios. En tal sentido |
la ampliación en la concepción y recursos de las |
comunidades protectoras debería ser el centro de |
la política de atención y de prevención. |
Los protocolos de seguridad por su parte, como |
ya se mencionó, evidencia la persistencia de una |
situación que se va volviendo más que coyuntural. |
Esto evidencia que el conflicto armado y la violencia armada en la ciudad no solo persisten sino |
que expresan nuevas dinámicas en cada uno de |
los territorios. |
Podría decirse que los Protocolos de Seguridad |
condensan dos acciones centrales. De un lado, las |
formas de actuación en casos críticos de enfrentamientos, agresiones en la escuela hacia personal |
educativo, situaciones internas, amenazas a docentes y estudiantes. Del otro, la perspectiva de mantener la escuela funcionando y sin deserción o desescolarización por razones del conflicto, prestando a |
los y las estudiantes el necesario acompañamiento |
mediante las llamadas rutas seguras. |
Pareciera obvio que la protección y la seguridad, mediante el uso de la fuerza pública, se |
mantuviera como una medida ante una situación |
de conflicto. Pero tanto este acompañamiento, la |
existencia de más rutas seguras y la activación de |
los protocolos de seguridad es evidencia de que |
el riesgo es latente y se mantiene el impacto en la 44 escuela. Lo que significa, entonces, una prevalencia de las medidas de emergencia para la efectividad de las llamadas comunidades protectoras. |
De esta manera, dos cosas caracterizan la prevalencia de esta respuesta. De un lado, el énfasis en |
las llamadas medidas de choque o de contención, |
que han identificado a las respuestas de política |
social del gobierno local en los últimos 20 años |
respecto a las expresiones del conflicto armado |
y otras violencias en la ciudad. Así, la respuesta |
frente a una comunidad e institución tan específica, como es la escuela, no es la excepción. |
De otro lado, el peso específico del papel de la |
fuerza pública, también expresa la prioridad de |
un enfoque de seguridad duro que no sería precisamente lo que sugiere una propuesta como las comunidades protectoras, que deberían tener en cuenta expresiones de carácter civil, más aún |
cuando lo anterior no se limita al tema de las rutas |
seguras. La Policía tiene también otro tipo de presencia en las instituciones educativas, mediante |
los programas de la Policía Cívica Juvenil y el |
DARE (por su sigla en inglés: Drug Abuse Resistance Education, educación para la resistencia en |
el abuso de drogas). El papel de la fuerza pública |
en la educación ya ha sido revisado por la Corte |
Constitucional, al decir que la educación no es |
función de las fuerzas armadas. |
El primero inicia aproximadamente en 1983 con |
el fin de que a través del juego las comunidades |
que se encontraban en zonas en riesgo de vinculación a guerrillas, participaran en procesos de la |
policía comunitaria. |
En Medellín se creó en 1993 y cuatro años después se decidió que los NNAJ participantes no tuvieran los mismos uniformes que los policías, por |
tanto, se pensó en un uniforme neutral. Para 1996 |
ya había 200 NNAJ inscritos. A 2011, la cifra alcanzó los 3.256 niños y niñas que hacen parte de |
este programa en distintas zonas del área metropolitana de Medellín. Un requisito para participar |
del mismo, es estar escolarizado |
Sin embargo, este tipo de estrategias se centran |
en una concepción cívico-militar de la protección |
y promoción de derechos. Cualquier tipo de acción de este tipo, en medio de conflicto armado y |
violencia organizada, es un riesgo para la pobla- ción civil: debe existir, para una protección plena |
de la población civil, una distinción constante y |
expresa de lo civil y lo militar-policial para el caso |
colombiano debido a que en el país, la Policía hace parte de la fuerza pública. |
En lo que respecta al DARE, la Ley 30 de 1986, |
Estatuto Nacional de Estupefacientes y el decreto |
1108 de 1994 establecen la obligatoriedad de la |
implementación y desarrollo de un programa de |
prevención en drogas por parte de todas las instituciones educativas y la estricta prohibición del |
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