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cambio es justamente el mundo relacional, dentro del cual surge y se mantiene el mundo
subjetivo individual. Desde esta perspectiva las competencias que plantean los lineamientos para atención a
las familias se deben tener en cuenta para implementar las herramientas psicosociales y
de éstas
cabe
subrayar
las
siguientes
como
indispensables desde
la perspectiva
psicosocial: Hacer una lectura relacional y en contexto de las realidades familiares y sociales
Fundamentar la solución de los problemas en los recursos de las personas y las familias
y no en los déficit (paradigma de la resiliencia)
Operar bajo una ética de la acción.
Contextualizar la técnica., la cual es asumida no solamente como saber hacer, saber
actuar y saber conducirse en
la experiencia de
las conversaciones propias de
la
intervención reflexiva. Así, los instrumentos y la manera de aplicarlos se contextualizan
en los paradigmas de los agentes y del equipo de intervención.
Conducir procesos reflexivos de
segundo orden: Se requiere “pensar
lo pensado”,
reflexionar sobre las descripciones mediante procesos reflexivos que conduzcan a otras
posibles explicaciones. La posibilidad de desarrollar acciones psicosociales que aporten de manera consistente al
proceso reflexivo de los jóvenes sobre sí mismos, el papel de su red en su vida y sobre su
futuro, se basa en
la capacidad de los acompañantes para generar condiciones de
realización y desde luego en la capacidad del joven de asumir el rol protagónico del
proceso. Retomando de manera textual los módulos, destacamos los supuestos que el
acompañante
debe
conocer
e
incorporar
para
dar
desarrollar
su
labor
de
acompañamiento para favorecer el proceso del joven: Supuesto acerca de la singularidad de los/as jóvenes: La comprensión sobre la situación de los /as y jóvenes en proceso de inserción social, se basa en conocer los
ámbitos contextuales de procedencia y los actuales, para comprender la afectación y
los recursos con los cuales cuentan. Un contexto fundamental es el cultural, en tanto
permite conocer las creencias y rituales que cobren mayor sentido para superar los
efectos de la participación en la guerra.
Así mismo, el contemplar características específicas desde
la categoría de
joven,
asegura una lectura particular y más amplia por parte de los equipos técnicos, sobre
la población más allá de la situación de la desvinculación (desde luego, sin negar esta
realidad). Examinar
la
categoría de género,
implica una mirada analítica y
diferenciada
entre hombres
y mujeres
sobre
la afectación
emocional de
la
participación en la confrontación armada, así como una postura reflexiva sobre la
relación entre la guerra y la cultura patriarcal. Esta mirada en contexto, cultura, género y ciclo vital, evita la patologización del
proceso de desvinculación. Lo que implica reconocer, que no se parte de cero para la
construcción de un proceso de acompañamiento psicosocial, en tanto los niños/as y
jóvenes
cuentan
con
conocimientos,
experiencias, mecanismos
para
afrontar
situaciones, aprendizajes, que son resultado de su experiencia. De allí la importancia
de conocer y validar esta historia. Supuesto acerca de la realidad y la narrativa: Las personas están en un proceso constante de comprenderse a
sí mismas y
su experiencia a
través de
narraciones que a su vez construyen su realidad. La narrativa según Polkinghorne
(1988), es el principal esquema por medio del cual la vida del ser humano cobra
sentido. Por ello es necesario explorar las narrativas individuales y colectivas de los
involucrados
en
el proceso de acompañamiento psicosocial, pues de allí
se
desprenden prácticas, creencias y emociones en la relación consigo mismo y con los
otros y las otras, que pueden ser oportunidades o restricciones. Supuesto acerca de la competencia de las personas y el diálogo de saberes: Los/as y jóvenes tienen la capacidad de agenciar, promover y fortalecer procesos de
cambios personales y colectivos para superar los efectos de la violencia política desde
la participación y como víctimas, en la apuesta por transformar su realidad cotidiana
en el escenario de inserción social. También es importante valorar y reconocer la experiencia y el conocimiento de los/as
acompañantes sociales. Por lo tanto, el encuentro entre estas dos competencias, la de
la población y la de los profesionales, constituye un diálogo de saberes que favorecen
la
construcción de una
relación
colaborativa que orienta acciones,
cambios,
alternativas acordes con las necesidades de los/as jóvenes. Desde este supuesto se construye además un marco ético de respeto por el otro, ya