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Estas Columnas de Marcha, tuvieron como objetivo principal
evacuar a la mayoría de población no apta para el combate y “proteger a cientos de familias campesinas de los ataques del ejército”,
con lo cual se les permitió “refugiarse en zonas que, por su tradición, garantizaban su protección” (Molano y Ramírez, 1989). Una
de aquellas se dirigió hacia el Alto Duda y se asentó, por un tiempo, en tierras de Juan de la Cruz Varela y otra se desplazó hacia
el sur del Tolima y se estableció en la región de El Pato y el Alto
Guayabero. Desde estos lugares, se fueron desprendiendo, poco a
poco, contingentes sueltos, unos ligados a la organización central
de autodefensa y otros independientes de ella (Molano y Ramírez,
1989). Algunos de estos contingentes atravesaron la cordillera en
busca de tierras fértiles, posiblemente por la vieja ruta utilizada
por los comerciantes de quina y los trabajadores de la Hacienda
Colombia para comercializar el ganado (Molano, 2006). Estando trabajando, mi mamá empezó a escuchar de boca de
algunos amigos que en los llanos había mucha tierra, que mucha
gente estaba cogiendo para allá. Mi papá decidió entonces que
nos íbamos para los llanos. Como mi papá ya tenía una relación
muy fuerte con el Partido Comunista, se puso en contacto con
ellos para que nos ayudaran en el desplazamiento y la instalación de la familia. Y así fue, ellos nos dieron los viáticos para el viaje y
cuando llegamos a Medellín del Ariari, nos ayudaron, después de
unos días, a instalarnos en una parcela (CNMH, entrevista con
mujer adulta, 2012). Quienes llegaron al Ariari fueron recibidos por Pastor Ávila y
Plinio Murillo quienes tenían ya cierta organización establecida.
Esta gravitaba alrededor del poblado de Aguas Claras (Medellín
del Ariari) donde los pobladores se encontraban a salvo no solo de
Dumar Aljure, sino de los hostigamientos de los vecinos conservadores y anticomunistas de Cubarral, Guamal y Acacías. Se selló
entonces una alianza en la que “la autodefensa aportó su capacidad organizativa y unos principios ideológicos” y Murillo puso “las
armas que no habían entregado y la experiencia en la guerra del
Llano” (Molano y Ramírez, 1989). Alianza que propició la llegada
a la región en los siguientes años de destacados dirigentes campesinos, unos liberales y otros comunistas, como Eusebio Prada,
Esteban Garay, Obdulio Moncaleano y Rafael Reyes Malagón, Luis
Morantes, Hernando Garavito Muñoz y Juan Viana (González,
1992; Colombia Nunca Más, 2011).
Los miembros del PCC, sin abandonar la autodefensa armada,
realizaron un trabajo organizativo que le dio vida a la organización campesina. Abrieron caminos, instalaron puestos de salud,
nombraron maestros e impulsan el cultivo de productos agrícolas
(Colombia Nunca Más, 2011). También se dedicaron a una intensa
labor de instrucción política entre los colonos, con lo cual lograron que los hombres se enrolaran en el PCC, los jóvenes en las
Juventudes Comunistas, los niños en la Unión de Pioneros José
Antonio Galán y las mujeres en la Unión de Mujeres Demócratas. A mí me sorprendía mucho que para todo hubiera organización: la Unión de Mujeres Demócratas, muchachos Pioneros y
Juventud Comunista. Todo era un módulo de organización tan
prefigurado que era “el comunismo en el trópico” para decirlo de
manera coloquial (CNMH, entrevista con hombre adulto, 2012). A la Unión de Mujeres Demócratas, creada en el ámbito nacional en 1953, ingresaron las mujeres de los dirigentes del PCC bajo
la siguiente premisa: “las mujeres tienen que apoyar a los hombres
en las huelgas para que estas puedan prosperar” (CNMH, entrevista con mujer adulta, 2012). Como fundadoras de la Unión de
Mujeres Demócratas en el Meta se recuerda a Teresa Prada (la
esposa de Eusebio Prada) y en Medellín del Ariari a Asunción
Vargas y Celmira López.
“La Unión de Mujeres fue algo muy valioso a nivel nacional, en
todos los departamentos había y era sostenida por todas las mujeres del campo” (CNMH, entrevista con mujer adulta, 2012). Una
de las mujeres que participó en uno de los talleres de construcción
de memoria recuerda: Cuando tenía 29 empecé a ser parte de la Asociación de Mujeres y de ahí empiezo a conformar los comités en las veredas de
Medellín del Ariari. Ellas ayudaban a la educación de la familia
[…] a enseñarnos a conocer cómo era la lucha de la mujer por
problemas de la violencia. Nos enseñaron por qué el 8 de marzo
es el Día de la Mujer, que es un día histórico porque de ahí en
adelante las mujeres habían luchado mucho por sus derechos […]
luego comenzamos a conformar los comités, nos enseñaron cómo
teníamos que portarnos en el hogar, nos enseñaron el problema
de la economía […] nos enseñaron que ambos teníamos derecho
a mandar en la casa (CNMH, entrevista con mujer adulta, 2012). Por su parte, otra persona mayor entrevistada rememora: “En
lo organizativo también estaba la Unión de Mujeres Demócratas.
Ellas se reunían cada 15 días y todas aportaban algo. Era muy importante para proteger a las familias y para proteger al marido del
enemigo” (CNMH, entrevista con abuelo, 2012).
Dentro del trabajo realizado por la Unión de Mujeres Demócratas se recuerdan sus reivindicaciones por el derecho al voto de las
mujeres, el derecho a un salario igual al de los hombres, el establecimiento de jardines infantiles y salas cuna, el apoyo a la expedición de la ley Cecilia sobre paternidad responsable que dio lugar a la creación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF)
y la insistencia en la necesidad de lograr la paz (Wills, 2007).
En medio de estos procesos organizativos surgió también una
comisión de baldíos, conformada por delegados de cada una de las
veredas para regular la colonización, establecer linderos y dirimir
conflictos, lo que permitió una equitativa distribución de las tierras entre los colonos y convirtió el minifundio en un rasgo distintivo en la estructura agraria de la región.
Las comisiones sindicales que se constituyeron en cada vereda
ejercieron también control sobre la entrada de nuevas personas,
muchas de las cuales llegaron por recomendación directa del
PCC. Estas comisiones se encargaron de recibir y afiliar a los colonos, organizándolos y ubicándolos en parcelas, lo que fue dando
forma a las veredas. Como lo comenta un abuelo: Cuando llegamos nos dio posada Domingo Vargas. Ahí duramos varios días y luego nos trepamos más pa’ arriba. Era selva y
nos tocó empezar a abrir montaña y (…) tumbar. Yo me establecí
de La Cima pa’ arriba, como a dos horas, porque en La Cima ya
estaba todo lleno, porque eso lo entregaba el sindicato. Entonces
conforme llegamos, a los quince días, nos llamaron porque todo
el que iba llegando lo llamaban para hacerse carnetizar y nosotros
nos afiliamos (CNMH, entrevista con abuelo, 2013). El sindicato también “actuó como autoridad” y realizó todo tipo
de labores para que la comunidad campesina pudiera “vivir de
una manera sana, digna y en paz”. Se encargó de la satisfacción de
necesidades básicas, entre ellas la seguridad alimentaria, para lo
cual impulsó procesos colectivos de trabajo comunitario. De esta
forma, se recolectaron colectivamente cosechas, se piló el arroz y
el maíz, se crearon tiendas campesinas, se organizaron fiestas e
incluso se construyen obras públicas como la carretera que une a
Medellín del Ariari con Puerto Esperanza. También fue promovido el “convite”, compromiso colectivo de todos los afiliados para
buscar financiación para el mejoramiento de las escuelas, casetas
comunales, puentes de tráfico mular, la reparación de caminos y para poder brindar solidaridad a los afiliados y a sus familias en
caso de necesidad (Cinep y otros, 2009). Las bases del partido [en las veredas] y los campesinos de la región apoyaban las fiestas que se hacían para obtener recursos. Los
recursos eran utilizados para distintas cosas, entre ellas, muchas
veces, se disponía el dinero para atender a los enfermos, sacarlos
hacia un lugar donde los atendieran, traer a un médico (CNMH,
entrevista con abuelo, Villavicencio, 2012). De esta forma, a partir de este trabajo colectivo, se afianzaron
lazos de identidad y se construyó un tejido social y comunitario.
La organización sindical también desempeñó un importante
papel como instancia de resolución de conflictos: “arreglaba (…)
los inconvenientes, contratiempos que se le presentaban a los habitantes”. Cuando surgían problemas estos “se discutían en la reunión sindical y se llegaban a acuerdos” (CNMH, entrevista con
abuelo, Medellín del Ariari, 2012). Una mujer recuerda que el sindicato era el gobierno popular en el Alto Ariari (…) resolvía el problema del esposo que le pegaba a la mujer, de la casa