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adulta, Medellín del Ariari, 2012). Las continuas peleas entre las dos comunidades intentaron solucionarse mediante pactos, como el que recuerda un entrevistado: Siempre en esa época había escarnamusas entre las dos comunidades, la de una vereda que se llama Santa Rosa y las veredas
de este lado. Pero una vez llegaron a una especie de acuerdo en
el que los de allá no pasaban para acá y los de acá no pasaban
para allá y que no se iban a agredir los unos a los otros. Entonces
fijaron un límite en un lugar que se llama Palomarcado, eso sirvió
porque durante un tiempo dejaron de agredirse (CNMH, entrevista con hombre adulto, Medellín del Ariari, 2012). Adicionalmente, en la memoria de los pobladores se identificaron como fuente de conflicto el surgimiento de grupos de bandoleros apodados los Trifones y los Gómez quienes recibieron el
apoyo de los gamonales de la región para hostigar a los colonos a
quienes veían como un peligro para la gran propiedad. Estos grupos azotaron los caminos y las fincas, robaban café y persiguieron
“adeptos al comunismo”. Se recuerda: “Esos Trifones dizque eran
residuos de la violencia que no querían trabajar, sino que recibían
apoyo de algunos finqueros que había aquí en la región” (CNMH,
entrevista con hombre adulto, Medellín del Ariari, 2012).
Los colonos del Alto y Bajo Ariari se organizaron para expulsar
a estos bandoleros de la región, lo que les generó hondas repercusiones en cuanto se convirtieron en víctimas de falsas acusaciones
por parte algunos políticos.
Las polarizaciones se profundizaron después de la caída del
Gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla y la instalación del
Frente Nacional en 1958, momento a partir del cual se ahondó
la estigmatización hacia todas las fuerzas políticas que se encontraban por fuera del bipartidismo, con lo cual imprimieron una
mayor complejidad a la configuración político-territorial. Ese año
apareció el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) como una
disidencia del oficialismo liberal en el poder, que en el Alto Ariari
fue ampliamente apoyado por el PCC. La división del MRL en una
“línea blanda” oficialista y una “línea dura” cercana al comunismo
reavivó los sectarismos políticos.
Durante el Frente Nacional, las filiaciones políticas de los viejos líderes de la región se consolidaron. Plinio Murillo continuó
siendo un reconocido jefe comunista de la región, Dumar Aljure
siguió como fiel seguidor del oficialismo liberal del Frente Nacional, mientras que Bernardo Giraldo dio un giro hacia el MRL
después de realizar un acercamiento a Murillo (González, 1992).
El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 exacerbó la cruzada anticomunista en la política de contrainsurgencia que impulsó
el Gobierno de John F. Kennedy con la Alianza para el Progreso
(Pizarro Leóngomez, 1989). La cooperación militar entre Estados
Unidos y Colombia escaló y en su desarrollo se instaló una agresiva estrategia de guerra no convencional y contrainsurgente que
incluyó el diseño de la Latin American Security Operation (Plan
Laso), que comprendió acciones como 1) la creación de unidades
con capacidad de llevar exitosamente operaciones de guerra no
convencional, 2) la expansión de unidades encargadas de relaciones públicas y de guerra psicológica para mejorar la actitud de los
civiles hacia el Ejército y 3) el empleo de las Fuerzas Armadas en
misiones de acción cívica, en especial en las zonas sujetas a bandidismo y enclaves comunistas (Otero, 2010). 62 En nuestro país, el general Alberto Ruiz Novoa, ministro de
Guerra de Guillermo León Valencia (1962-1966), planeó realizar
la “pacificación” nacional con la adaptación de los principios del
Plan Laso, por medio de la elaboración de una estrategia contrainsurgente conocida como el Plan Lazo. Este Plan implicó cambios
significativos en las operaciones del Ejército que incluyó, junto a
las labores militares, tareas de inteligencia, de acción civil y psicológica, así como la construcción de escuelas, carreteras, puestos de
salud, conferencias y charlas acerca de la sanidad e higiene, etc.,
en lo que fue conocido con el nombre de Acción Cívico-Militar.
La Acción Cívico-Militar partió de la idea de que sin un verdadero bienestar no podría solucionarse la violencia. El objetivo de
esta tendencia “desarrollista” no se situó solo en torno al uso de
la fuerza y el arrasamiento militar de los territorios en manos del
enemigo, sino que planteó la posibilidad de que, en ciertas zonas
del país, el Estado hiciera parte real de la vida de los colombianos
(Nieto, 2014). En 1962 el general Ruiz Novoa escribió con respecto al Plan Lazo lo siguiente: “El guerrillero es como pez en el agua;
hay que quitarle el agua. Esta es la tarea de la acción cívico militar
y de la guerra psicológica” (Gilhodés, 1986, página 315).
Entre las diversas operaciones cívico-militares que se hicieron
en el Plan Lazo estuvieron las acciones para eliminar a las denominadas repúblicas independientes, nombre que los conservadores en
el Congreso habían dado a 16 territorios dominados por el PCC,
entre ellos Marquetalia, El Pato, Sumapaz, Riochiquito, el Ariari
y el Vichada.
El ataque a la República de Marquetalia, ubicada en el municipio de Planadas en el departamento del Tolima, fue la más célebre de estas operaciones cívico-militares, en cuanto hizo que las
autodefensas campesinas comunistas del sur del Tolima, junto con
las del Huila, Cauca y Valle, entonces denominadas Bloque Sur,
constituyeran las FARC.
Si bien existe controversia frente a si la emergencia de las FARC
se hubiera producido si no se hubiese llevado a cabo el ataque contra Marquetalia o si, por el contrario, el nacimiento de las FARC
era inevitable dado que desde el IX Congreso del Partido Comunista Colombiano, celebrado en 1961, se había aprobado la tesis
de la “combinación de todas las formas de lucha”, lo cierto es que
“el cerco militar contra Marquetalia le sirvió a la incipiente organización para crear un poderoso mito fundacional” que todavía
subsiste, de acuerdo con el cual “las Farc no surgieron por iniciativa propia, sino como resultado de una agresión externa del Estado
que le declaró la guerra a las organizaciones agrarias comunistas y
las obligó a tomar las armas” (Pizarro, 1989).
El estigma de las repúblicas independientes fue lanzado también
por los militares y políticos sobre la población de El Castillo, en especial, sobre Medellín del Ariari. Sin embargo, los temores a un
nuevo levantamiento en el Llano, el control que aún mantenían en
la región antiguos guerrilleros liberales y, sobre todo, la influencia
que tenía ahí el MRL sirvieron para evitar que el Gobierno aplicara
en ese momento la estrategia militar de tierra arrasada utilizada sobre Marquetalia. No obstante, la estigmatización sobre la población
se mantuvo y se profundizó durante las décadas siguientes. En esa época esto era declarado también como república independiente. Entre esas estaba Marquetalia, el Guayabero y Medellín del Ariari. Aquí vino una vez el general Alberto Ruiz Novoa,
reunió a las comunidades y les dijo qué era lo que planteaba el
Plan Lazo, como que era que le decían en esa época. Era un plan
para agredir a cinco comunidades y cuando eso empezaron con
Marquetalia. Menos mal que esa vez nos salvamos porque empezaron con Marquetalia (CNMH, entrevista con abuelo, Villavicencio, 2012). En su lugar, ese mismo año de 1964, el general Ruiz inauguró
en El Castillo y en Medellín del Ariari las brigadas cívico-militares
(Londoño, 1989) para controlar a la población. Estas brigadas fueron sucedidas, entre 1964 y 1970, por un proceso de colonización
dirigida por parte del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), amparado en la Ley 135 de 1961, que marcó un nuevo
momento en el proceso de poblamiento de la región.
El proyecto Meta I, como se denominó a la empresa colonizadora, cobijó a los municipios de Acacías, Guamal, Granada, San
Martín y Fuente de Oro, y tuvo dentro de sus objetivos la titulación
de los predios y el establecimiento de servicios asistenciales para el
campesino, incluso líneas especiales de crédito y la construcción
de obras de infraestructura (Incora-ICA, 1974). Sin embargo, hacia finales de la década, el Estado abandonó el proyecto, lo que determinó su fracaso, hasta el punto de que para finales de la década
solo permanecían en las parcelas entregadas unos diez colonos
(Molano y Ramírez, 1989).
El fracaso de la colonización dirigida por el Estado generó un
proceso de concentración de la tierra y una cuarta corriente de
colonización principalmente hacia la región del Bajo Ariari, que
produjo cambios en la estructura agraria local. Estos cambios se
reflejaron en el crecimiento de las áreas de cultivos comerciales, como arroz, soya, sorgo, algodón, palma aceitera, cacao y pastos
mejorados, que ocasionaron durante la década de 1970 un crecimiento inusitado de la agroindustria y de la ganadería en la región.
Por otro lado, empezaron a aparecer por esta época los servicios estatales prestados por el Incora, el Instituto de Mercadeo