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En la memoria de los pobladores, esta bonanza o “época dorada”, sinónimo de bienestar, se extendió durante la década de |
1970, incluso hasta la de 1980, cuando fue detenida por la violencia. “Entonces yo recuerdo que esa era una época dorada porque |
había un grado de organización de las comunidades muy buena, |
las mismas comunidades eran las que marcaban los destinos de la |
región. Y, además, porque era muy productiva” (CNMH, entrevista |
con abuelo, Medellín del Ariari, 2013). |
Durante esta época, muchas de las familias del municipio lograron, a pesar del marginamiento y la precariedad de las vías |
de acceso, una estabilidad económica derivada de las abundantes |
cosechas de maíz, arroz, plátano y yuca que se daban gracias a la |
fertilidad de la tierra. Fue el momento en el que el Alto Ariari se |
consolidó como una importante despensa agrícola para el centro |
del país. Una mujer que vivió su niñez en el municipio recuerda: Yo tenía como 11 años (…) y en esa época por acá era todo |
como normal (…) el comercio era súper bueno, la gente cultivaba mucho café, yuca, plátano, el ganado. Se vivía muy rico. Usted salía cualquier día y eso era lleno de gente, mucho comercio |
(CNMH, entrevista con mujer adulta, El Castillo, 2013). Esta época dorada se vio interrumpida en la década de 1980 |
por la guerra sucia que fue adelantada por los grupos de autodefensas, que se aliaron con la élite política regional, los narcotraficantes y las Fuerzas Militares para exterminar tanto a la izquierda, |
largamente asentada en la región, como a las nuevas alternativas |
políticas que surgieron como opciones distintas del bipartidismo |
tradicional y de sus redes clientelares. |
Democratización violenta y |
arrasamiento de la izquierda |
(1984-2001) Desde mediados de la década de 1980 se inició en El Castillo |
un periodo de violencia exacerbada, marcado por la presencia de |
nuevos actores políticos y económicos en la región, entre ellos los |
de las dos fuerzas que dieron origen al paramilitarismo moderno: |
los empresarios irregulares de la explotación de esmeraldas de Boyacá y los narcotraficantes, quienes después de haberse disputado |
a muerte una tajada del negocio de las esmeraldas, llegaron a los |
Llanos a invertir sus ganancias (Verdad Abierta, 2011a). |
El periodo que se analiza en el presente capítulo se caracteriza, |
en primer lugar, por la intensificación de la estigmatización, la |
persecución y la guerra sucia en contra del PCC (Partido Comunista Colombiano) y la recién creada UP (Unión Patriótica) que, |
tras obtener un fuerte apoyo electoral en la región, se convirtió en |
objeto de exterminio. En El Castillo, este exterminio se vio reflejado, entre otros hechos violentos, en ataques a los alcaldes electos |
por la UP, que dieron lugar a dos tristemente célebres masacres |
conocidas con el nombre del lugar donde ocurrieron: Caño Sibao. |
En segundo lugar, por la expansión y el fortalecimiento de las |
FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que comenzaron a ejercer un intenso control social de la población por medio de actos, como la asistencia obligatoria a reuniones, la imposición de multas, la obligación de votar por determinados candidatos, la prohibición de relacionarse con la fuerza pública y la |
impartición de justicia por mano propia. También fue la época |
en la que las FARC profundizaron el reclutamiento forzoso (en |
especial de personas menores de edad), obligaron a la población |
a participar en actos que buscaban impedir la entrada de los paramilitares al municipio y en la que comenzaron a atacar, de manera |
continua, el casco urbano y los centros poblados del municipio. |
En tercer lugar, por el fortalecimiento del paramilitarismo y la |
entrada de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) a la región, |
y finalmente hacia el final del periodo, por la creación por parte del |
Gobierno Nacional de una “zona de distensión” en cuatro municipios del Meta y uno del Caquetá, para adelantar conversaciones con |
las FARC. Su retoma, algunos años después, generaría el vaciamiento |
de las veredas y centros poblados del municipio El Castillo. |
De cualquier forma, ya en el periodo 1984-2001, el desplazamiento forzado registró una tendencia creciente, pero fue silencioso y permaneció invisibilizado, pues, de alguna manera, era |
visto como un mal menor en medio de las múltiples tragedias que |
estaban ocurriendo. Como lo explica una de las entrevistadas: Es que hay dos periodos de desplazamiento, pero hay un periodo al que curiosamente se le da mucha importancia y otro al |
que no: toda la gente que se desplazó entre el año 91 y 2000, con |
esta gente no pasó nada. Se iban los que tenían forma de pagar un |
arriendo o una vivienda afuera, en Villavicencio, o en Granada. |
De resto, los que no teníamos la posibilidad, nos aguantábamos. |
En ese periodo hay una cantidad de familias que se fueron y que |
dejaron las casas botadas, las fincas, pero con esas familias como |
que nunca pasó nada, nunca nadie dijo nada, ni el Estado estuvo |
pendiente, ni les ofrecían ayudas ni nada (CNMH, entrevista con |
mujer adulta, El Castillo, 2013). El punto de quiebre en las tendencias municipales respecto |
del desplazamiento forzado ocurrió en 1988, cuando el número de personas desplazadas pasó de 3, en 1987, a 103. En los años |
siguientes, el número se mantuvo en un promedio de aproximadamente 50 personas desplazadas por año pero, en 1998, volvió |
a ascender. Entre 1998 y 2001, El Castillo produjo en promedio |
307 nuevas personas desplazadas por año, para un total de 1.797 |
personas obligadas a salir del municipio entre 1984 y 2001. |
Estos desplazamientos, junto con otra gran cantidad de hechos victimizantes que se cometieron contra la izquierda democrática, permitieron su arrasamiento y el afianzamiento del cierre democrático. 2.1. Persecución y guerra sucia en contra del PCC y la |
recién creada UP: atentados contra la democracia Desde finales de la década de 1970, en todos los Llanos Orientales se comenzaron a dar compras de grandes extensiones de |
tierras por parte de empresarios esmeralderos provenientes del |
oriente de Boyacá y de narcotraficantes, como Gonzalo Rodríguez |
Gacha alias El Mexicano integrante del cartel de Medellín. Estas |
adquisiciones se incrementaron cuando, a comienzos de la década |
de 1980, Rodríguez Gacha estableció alianzas económicas y militares con Fidel Castaño, promotor del paramilitarismo en Córdoba y la región del nordeste antioqueño, que gracias a ese poder |
entró a controlar gran parte del mercado de la coca en la región |
del Medio y Bajo Ariari. De manera simultánea, Víctor Carranza, conocido como el “zar de las esmeraldas”, también comenzó a |
adquirir tierras en municipios, como El Dorado y Cubarral para |
hacerse a las minas de cal ahí existentes. |
Estas compras de tierras generaron temor dentro de las organizaciones sociales, en especial en el Sintragrim (Sindicato de Trabajadores Agrícolas Independientes del Meta), pues coincidían |
con las solicitudes de adjudicación de tierras que Sintragrim venía reclamando de tiempo atrás a nombre de sus más de 2500 |
afiliados. Sus temores se profundizaron cuando una sangrienta |
guerra se desató entre los ejércitos privados de Rodríguez Gacha y |
las FARC, debido a la ruptura de una alianza que giraba en torno |
al pago de un impuesto sobre los cultivos de uso ilícito (Mujica y |
Thoumi, 1996) y un grupo conocido como Los Masetos comenzó |
a sembrar terror (Cepeda y Giraldo, 2012). Antes que confrontar |
militarmente a la guerrilla, la estrategia de este grupo consistió |
en eliminar a los militantes y simpatizantes del PCC y a todo aquel |
que fuera considerado “base social” de la guerrilla, tras lo cual se |
configuraron unos primeros procesos de desestructuración y de |
arrasamiento de la izquierda en el territorio. Procesos que fueron |
auspiciados por el Estado en cuanto, como lo denunció el entonces procurador general de la nación, Carlos Jiménez Gómez, Los |
Masetos tenían conexiones con miembros del Ejército (Verdad |
Abierta, 2011a). |
A estas acciones violentas de Los Masetos se sumaron los hechos |
delictivos cometidos por grupos de autodefensa locales conocidos |
como Mano Negra o Serpientes Negras, creados por terratenientes de la región, entre los cuales se recuerda a Henry Valenzuela, |
finquero de San Martín. Uno de los entrevistados señaló cómo “a |
él lo empiezan a extorsionar y entonces crea un grupo de personas, |
de muchachos, (…) como un mecanismo de defensa (…) contra |
algunas personas que estaban pidiéndole algunas cosas a cambio” |
(CNMH, entrevista con funcionario público, Villavicencio, 2013). |
Por su parte otra de las entrevistadas indicó lo siguiente: |
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