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las actuaciones del resto del Estado (que no protegió, ni intervino, ni judicializó, ni responsabilizó, ni reparó), y tuvo su origen |
en la vulneración de los derechos humanos y en las infracciones |
graves al derecho internacional humanitario que generaron el |
vaciamiento y la consecuente pérdida o desestructuración de las |
relaciones sociales, económicas, políticas, culturales, ambientales |
y familiares preexistentes en el territorio. |
A causa de lo anterior, para poder adentrarse en el tema del vaciamiento y el arrasamiento, es indispensable referirse a los repertorios de violencia que se desataron en contra de los castillenses y, |
en especial, en contra de la población rural, campesina, sobreviviente del exterminio de la UP y el PCC. Pero no es fácil hacerlo, |
debido a la magnitud de lo ocurrido en el municipio. El Centro |
Nacional de Memoria Histórica, CNMH, quisiera honrar la memoria de todas las víctimas realizando al menos una breve mención |
de todos y cada uno de los crímenes que fueron cometidos contra ellas en el conflicto armado interno y la violencia sociopolítica. Sin |
embargo, ello sobrepasa los alcances de la presente investigación |
que tiene como énfasis, pero también como limitación, recuperar |
la memoria del desplazamiento forzado. |
Por estas razones, considera indispensable que la memoria |
del arrasamiento ocurrido en El Castillo se complemente con los |
trabajos de memoria y sistematización de las violaciones a los derechos humanos realizados con anterioridad por organizaciones |
humanitarias y defensoras de los derechos humanos. No solo por |
la importancia de la información que contienen, sino también |
porque son en sí mismos mecanismos de afrontamiento y de resistencia que surgieron ante la imposibilidad de denunciar las atrocidades que se estaban cometiendo, sin que se pusiera en peligro a |
las personas, y por la impunidad imperante. Nosotros (…) siempre hemos tenido como estrategia proteger |
al máximo las fuentes, no evidenciar las víctimas y los testigos, |
porque durante más de veinte años fuimos testigos de cómo (…) |
los testigos que se presentaban ante la Fiscalía para evidenciar el |
terrorismo de Estado y el paramilitarismo como política de Estado, terminaban desaparecidos, terminaban asesinados, y esas |
lecciones fueron muy caras para nosotros. Por eso, después del |
2000, nosotros nunca pusimos denuncias formales ante la Fiscalía |
porque ya sentimos que eso no servía para nada. (…) De nada |
valía colocar las denuncias a la Fiscalía porque terminaba siendo |
investigada la víctima, porque terminaba siendo asesinada y nosotros comenzamos a utilizar otra manera, que es lo que llamamos |
las historias y es en lo formal una descripción de los hechos, pero |
no tiene la formalidad de una denuncia, pero sí tiene formalidad |
de la entrega ante las instituciones, Defensoría, Procuraduría, Ministerio del Interior, Vicepresidencia y Fiscalía. Pero lo poníamos |
como “ponemos en su conocimiento tal cosa”, porque teníamos |
claro que el solo hecho de que una autoridad conozca de un delito, por su función le toca abrir una investigación de oficio. No es |
verdad que en Colombia se dé la impunidad porque las víctimas |
no denuncian, eso es falso, y eso precisamente es lo que intentábamos demostrar y probar con las constancias históricas: que había un patrón de impunidad y una necesidad de querer encubrir |
(CNMH, entrevista con hombre, Medellín del Ariari, 2012). En este sentido, especial mención merecen los ejercicios en pro |
de la verdad y la memoria realizados por las víctimas y organizaciones, que recogen relatos y los hacen públicos, con el objetivo de |
visibilizar los hechos victimizantes y reclamar justicia. Estos ejercicios se encuentran contenidos en publicaciones periódicas como |
Trochas de la memoria, suroriente colombiano (Comité de Impulso |
al Banco de Datos de Violencia Política del Suroriente Colombiano, 2010, 2013, 2014) y Ariari, memoria y resistencia (Cinep y otros, |
2009). El CNMH honra la memoria de las víctimas de todos los |
crímenes ahí documentados e insta a los lectores a consultar las |
mencionadas publicaciones. |
Además le reconoce un especial valor a estos ejercicios, en |
cuanto las cifras oficiales (por alarmantes que sean) no reflejan |
de manera adecuada los hechos victimizantes que ocurrieron en |
el territorio, como se pudo comprobar en el transcurso de la presente investigación. |
Lo anterior si se tiene en cuenta que, acuerdo con la información que reposa en el Registro Único de Víctimas (2013), entre |
2002 y 2008, en El Castillo, solo ocho personas fueron víctimas |
directas de acciones armadas, 18 de amenaza, dos de violencia sexual, siete de desaparición forzada, 77 de homicidio, 19 de minas |
antipersonal y munición sin explotar (MAP-MUSE), 12 de secuestro, tres de tortura, una de reclutamiento de personas menores |
de edad y ninguna persona fue víctima de abandono forzado o |
despojo de tierras. |
Sin embargo, de acuerdo con las memorias de las victimizaciones que nos compartieron cientos de personas durante el transcurso de la presente investigación, durante ese periodo más de |
doscientas personas fueron asesinadas y sí existieron múltiples casos de abandono y despojo de tierras, como lo reflejan los siguientes testimonios y fuentes de información: Entre 2002 y 2007, que yo trabajé con derechos humanos con |
Sintragrim, nosotros llevábamos [contabilizados] 260 víctimas, |
muertos (CNMH, entrevista con hombre, Bogotá, 2012). Las fincas quedaron botadas, a muchos les compararon su finca bajo presión, no vendieron sus fincas porque quisieron, sino |
porque les tocó tener que salir corriendo y regalar la casa en |
$2 500 000, porque me tengo que ir. O sea, no la vendió porque |
quiso, sino porque era una orden (CNMH, entrevista con hombre, Bogotá, 2013). |
Entre enero del 2003 y abril del 2006, se cometieron cerca de |
200 casos de violaciones a los derechos fundamentales en el municipio de El Castillo, y más de un millar de casos de desplazamiento (Cinep y otros, 2009). De ahí la importancia de ampliar las fuentes y reconocer la memoria hecha por las organizaciones y comunidades, así como también |
instar a que en el futuro se realicen nuevas investigaciones y ejercicios |
de reconstrucción de memoria desde el Estado, que sigan aportando, |
aclarando y señalando responsabilidades sobre lo sucedido. 3.4. El desplazamiento duro ocurrido entre 2002 y 2005 Si bien antes del rompimiento de los diálogos de paz el número de |
personas expulsadas de las regiones Ariari-Guayabero y Caguán |
era ya bastante alto, el desplazamiento creció sustancialmente después del lanzamiento de las políticas y los planes por parte del Estado para recuperar la zona de despeje militar hasta el punto de |
que en municipios como Calamar, Miraflores, La Macarena, Uribe, |
Vistahermosa, Puerto Rico, San Vicente del Caguán y El Castillo |
este aumentó entre 2001 y 2002 en más de 50 por ciento (ver anexo |
2). Por esta razón, la época entre 2002 y 2005 es recordada en estas |
regiones como “la del desplazamiento duro”. |
Para el 31 agosto de 2013, fecha de corte de la presente investigación, de acuerdo con las cifras del RUV, 8370 personas habían |
sido desplazadas de El Castillo y 5121 de ellas fueron expulsadas |
forzosamente el periodo de desplazamiento “duro”. |
La inmensa mayoría (93 por ciento) de las personas desplazadas de El Castillo provenían de las zonas rurales, habiéndose |
vivido el pico de desplazamiento forzado rural entre 2002, 2003 |
y 2004. Ello corrobora dos de las hipótesis manejadas a lo largo |
del presente informe: en primer lugar, que en este municipio |
tanto el desplazamiento como el vaciamiento han sido fenómenos que golpearon eminentemente el campo, y en segundo lugar que estos fenómenos ocurrieron, en especial, en periodos |
durante los que se llevaron a cabo importantes planes contrainsurgentes, en los que reinó la estigmatización en contra de la |
población. |
Por su parte, el pico de expulsión urbana ocurrió entre 2004 y |
2005. |
Como se mencionó, de acuerdo con la conceptualización manejada en la presente investigación, el vaciamiento ha sido definido como |
la pérdida de 50 por ciento de la población de una unidad de análisis |
sociodemográfico por desplazamiento forzado. Es un desplazamiento forzado masivo, pero que va mucho más allá de este. En El Castillo, |
en el periodo del desplazamiento duro al menos 19 de las 43 veredas |
que componen la zona rural del municipio, y cuatro de sus centros poblados, sufrieron este fenómeno, en cuanto, según se pudo reconstruir a través de las entrevistas y los talleres realizados, 50 por ciento |
o más de sus pobladores tuvieron que desplazarse forzosamente de |
ellos. |
No obstante, las cifras oficiales invisibilizan este fenómeno. De |
acuerdo con la información que reposa en el RUV con corte 31 |
de agosto de 2013, en El Castillo, 7474 personas se desplazaron |
de manera individual y tan solo 248 lo hicieron de manera masiva (51 de ellos en 2002 y 197 en 2003). Pero lo cierto es que en |
cuestión de días, semanas o meses, veredas enteras ubicadas en la |
zona rural del municipio, así como varios de sus centros poblados, |
perdieron 50 por ciento o más de la población, llegando incluso |
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