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vereda se acabara de desocupar, tras lo cual se concretó el fenómeno |
de vaciamiento. El 6 de febrero de ese año, los paramilitares llegaron |
hasta su casa ubicada en el centro poblado de Puerto Esperanza: Golpearon en la puerta y llamaron a María Lucero quien al |
principio se negó a abrir. Los armados amenazaron con tumbar la |
puerta si no abrían inmediatamente, por lo que María Lucero se |
ve obligada a abrir y se la llevan a la fuerza los hombres armados |
mientras ella grita llamando a su madre, a sus hijas e hijo Yamid |
Daniel Henao, quienes salieron tras ella intentando arrebatarla |
de las manos de los armados. En el trayecto intentaron amarrar a María Lucero con unas |
cuerdas de nailon mientras le gritaban “desde hace tiempo le teníamos ganas, pero no se había presentado la oportunidad”; y a la |
familia que la acompañaba: “ustedes son unos h. p. guerrilleros”. |
Ella se abalanzó al cuerpo de uno de los armados impidiendo que |
la amarraran. Al llegar a las afueras del caserío, a cinco minutos |
de la casa, obligaron a las niñas y a la abuela a regresar y forzaron a |
quedarse con María Lucero a su hijo Yamid Daniel, de 16 años, estudiante de la Unidad Educativa el Encanto de Puerto Esperanza. Minutos más tarde, su familia escuchó varios disparos, pero |
por temor a la presencia de los paramilitares, no salieron de la |
casa, hasta la madrugada en que se encontraron los cuerpos con |
impactos de bala. El rostro de Yamid Daniel se encontraba desfigurado, con impactos en la boca y con una oreja amputada (Comisión Intereclesiástica de Justicia y Paz, 2004). María Lucero era militante del PCC, y lo había sido de la UP, y |
durante buena parte de su vida formó parte de la Unión de Mujeres Demócratas. Según fue aceptado por el ex jefe paramilitar |
Manuel de Jesús Pirabán, alias ‘Jorge Pirata’, ante Justicia y Paz, |
la orden de asesinarla vino directamente de Miguel Arroyave, alias |
‘Arcángel’, el jefe del Bloque Centauros, pues en repetidas ocasiones María Lucero envió cartas a la Vicepresidencia reclamando |
presencia institucional y denunciando el control de los paramilitares en Puerto Esperanza (verdadabierta.com, 2011). |
El 18 de junio de 2009, el juzgado cuarto penal del circuito |
especializado de Villavicencio profirió sentencia contra “alias Don |
Mario” y otros paramilitares por este hecho (Comisión Intereclesiástica de Justicia y Paz, 2006a). Sin embargo, para algunos miembros de la comunidad existió omisión en la investigación penal al |
no indagarse por la responsabilidad de las fuerzas militares que |
operaban conjuntamente en la zona con los paramilitares. |
Una semana después del asesinato de María Lucero Henao y de |
su hijo, las nueve familias campesinas que quedaban resistiendo |
en Puerto Esperanza se desplazaron. El hecho generador de este |
desplazamiento masivo fue un panfleto intimidatorio, repartido |
entre los habitantes. En el folleto, escrito a mano en hojas de cuaderno cuadriculadas, se leía lo siguiente: “Las FARC les solicita a |
los habitantes abandonar el casco urbano de Puerto Esperanza, |
quien no lo haga será declarado objetivo militar”. Sin embargo, los pobladores atribuyen este hecho a los paramilitares, quienes |
eran los que estaban instalados en la zona y habían ocasionado |
el desplazamiento de casi la totalidad de la población (Comisión |
Intereclesial de Justicia Paz, 2004). |
De cualquier forma, a partir de las 8:00 a. m., 70 campesinos, la |
mayoría de ellos menores de edad, comenzaron a abandonar sus |
casas en los carros de servicio público, mientras eran observados |
por los paramilitares. Estas personas, que formaban parte de nueve familias, se desplazaron hacia Medellín del Ariari, El Castillo |
y Villavicencio. A partir de este momento, el caserío de Puerto |
Esperanza quedó completamente vacío. El asesinato de la lideresa María Lucero Henao y de su hijo, así como la recepción de |
un panfleto intimidatorio, concretaron el vaciamiento de Puerto Esperanza. |
Centro poblado de Medellín del Ariari |
El periodo más difícil en este centro poblado fue entre 2002 y |
2003 cuando la mayoría de las personas y familias se tuvieron que |
desplazar forzosamente. “Prácticamente la mayoría del pueblo se |
fue de acá; del pueblo quedó como la mitad porque la gente se |
fue” (CNMH, entrevista con hombre adulto, 2013). Algunas de las |
personas que tuvieron que migrar forzosamente en ese momento |
ya habían sido desplazadas intramunicipalmente, por lo que el de |
Medellín del Ariari fue su segundo desplazamiento. “Yo trabajaba y me vine para acá, para Medellín, y antes de que me dijeran |
que me fuera yo me fui, porque todo el que vivía por allá arriba |
era tildado de guerrillero, entonces yo me fui” (CNMH, taller de |
memoria histórica con hombre adulto, Medellín del Ariari, 2012). |
El retorno comenzó en 2004, aunque hasta la fecha no todas |
las personas han podido regresar, en parte porque no han sido |
reparadas por las pérdidas que sufrieron. Como al año comenzó a regresar mucha gente que se había |
ido, pero muchos no han vuelto porque les habían quitado todas |
sus cosas, sus pertenencias, sus fincas, sus tierras. Entonces dicen: |
¿Para qué regresamos si nos quitaron todo? ¿Adónde llegamos? |
(…) ese tiempo no lo queremos volver a vivir, ni que vuelva a existir, ni recordarlo siquiera (CNMH, taller de construcción de memoria con mujer adulta, Medellín del Ariari, 2012). 3.5. Lugares de recepción después del desplazamiento Los talleres y entrevistas realizados dieron cuenta que las trayectorias de la poblaci... |
que irme para el Cauca por seguridad. Hay compañeros en el |
Caquetá, en Putumayo, en Neiva, en el Huila. Y otros compañeros que se devolvieron e hicieron resistencia dentro del territorio |
(CNMH, entrevista con hombre adulto, Bogotá, 2012). Hay algunos que se vinieron de las veredas y se quedaron en |
los cascos urbanos y hoy viven en Medellín, El Castillo, o en municipios cercanos, en el mismo Granada o San Martín. Otros resistieron o se fueron a zonas, como Mesetas, la Uribe, la Julia, el |
Huila, el Tolima, salieron por esa zona de allá del Caquetá. Otros |
se fueron al páramo, al frío, sobrevivieron allá. Los que teníamos |
más problemas terminamos en Bogotá y hay gente en Europa, en |
Canadá (CNMH, entrevista con mujer, Bogotá, 2012). De acuerdo con la información del RUV, los castillenses se |
desplazaron hacia 129 municipios del país, aunque la mayoría de |
ellos lo hicieron a siete lugares: Villavicencio (30 por ciento), otras |
locaciones dentro del mismo municipio (24 por ciento), Bogotá |
(19 por ciento), Granada (5 por ciento), Acacías (3 por ciento), |
Soacha (23 por ciento) y Lejanías (2 por ciento). |
Lo anterior evidencia que el desplazamiento intramunicipal |
estuvo muy generalizado en El Castillo y confirma que las ciudades capitales poseen un alto grado de atracción para las personas |
desplazadas, aunque, como se verá más adelante, las condiciones |
de vida en estas ciudades no sean siempre la mejores. En lugares |
como Villavicencio o Bogotá, los castillenses tuvieron que competir con miles de familias de todo el país, en similares condiciones |
de vulnerabilidad, la manera de asegurar su subsistencia y también el logro de atención gubernamental. |
Debido a su procedencia eminentemente rural, para las personas que llegaron de El Castillo a estas y otras ciudades, la vida |
urbana implicó importantes —y muchas veces desafortunados— |
cambios, aunque también nuevos retos y oportunidades. La principal transformación vivida estuvo relacionada con el reemplazo |
de las actividades cotidianas en la medida en que las labores que |
típicamente se realizan en el campo, como la labranza de la tierra, |
la siembra, el ordeño y la pesca, tuvieron que ser sustituidas por |
otras actividades, como el trabajo en restaurantes, casas de familia |
o talleres, o por actividades informales de todo tipo, como la venta |
de minutos de celular, tinto, arepas y frutas. Yo vendía cuando podía, mi bicicletica la tengo ya desde hace |
seis años y en esa bicicletica yo me iba y le echaba 25 paquetes de |
piña adelante y 25 atrás y por allá los vendía en los semáforos. Una |
vez me iban a quitar la cicla y el surtido, la policía, me dijeron: |
Bueno, usted por qué está aquí en el semáforo vendiendo. Les |
dije por la necesidad, por querer que mi familia subsista y para no |
tener que convertirme en un pordiosero o en un hampa más. (…) |
soy de las víctimas del flagelo del desplazamiento, en el amparo |
de las instituciones [sic] porque yo creo que trabajar no es delito. |
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