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de memoria con mujer adulta, Villavicencio, 2012). En este barrio como en otros donde llegaron las personas desplazadas de El Castillo, las redes de ayuda entre vecinos y paisanos se constituyeron en un puente de solidaridad en medio del
destierro. Es de destacar que en el proceso de construcción de
lugares como la Nohora y otros se construyeron importantes redes
de apoyo y de solidaridad por fuera del territorio obligado a dejar.
Puede decirse que ocurrió una especie de ampliación del territorio común, en medio del dolor, para resolver el presente, donde se crearon y fortalecieron otro tipo de intercambios sociales. De esta
forma, el territorio dejado atrás se configuró en una fuerza vital
para afrontar un presente incierto y para apostarle a un futuro
colectivo. 3.6. El Castillo como lugar de recepción A pesar de sus altos índices de desplazamiento, entre 1980 y el
31 de agosto de 2013, El Castillo recibió 2994 personas desplazadas de otros lugares del país (2.440 de ellas entre 2002 y 2008).
La mayoría de estas personas se asentaron en zonas urbanas, lo
que contribuyó a mantener el vaciamiento, en cuanto las personas
que llegaron a la parte rural no alcanzaron a llenar los vacíos que
dejaron las que tuvieron que migrar.
La mayoría de estas personas llegaron entre 2002 y 2009, los
mismos años en los que se estaban dando los picos más agudos
de desplazamiento intramunicipal, lo que dificultó la ya de por sí
precaria atención estatal.
De acuerdo con el RUV, las personas que llegaron a El Castillo
fueron expulsadas de 109 municipios, pero la mayoría provino de
solo seis municipios: El Dorado (32 por ciento), Manta (18 por ciento), San Cayetano (13 por ciento), Soracá (12 por ciento), Umbita
(10 por ciento) y El Calvario (10 por ciento), ubicados en los departamentos de Meta, Cundinamarca y Boyacá, respectivamente.
Se observa que de las personas que llegaron al municipio 27 son
indígenas, 14 son afrocolombianos y una de ellas gitano o rrom. En
su mayoría, las personas que llegaron son mujeres (60 por ciento). Al
momento del desplazamiento forzado, la mayoría eran niños, niñas,
adolescentes, jóvenes o adultos mayores (ver tabla) y 41 personas sufrían de algún tipo de discapacidad. Lo anterior corrobora que, tal y
como lo ha señalado la Corte Constitucional, el desplazamiento forzado afecta principalmente a las personas más vulnerables dentro de
los vulnerables y en el caso específico de El Castillo, principalmente
a las mujeres, las personas más jóvenes y las personas mayores.
Por lo anterior, el municipio debería contar con programas que
atiendan de manera diferenciada a los niños, niñas, adolescentes,
jóvenes, adultos mayores, mujeres desplazadas, discapacitados y
población étnica que llegaron a su jurisdicción después de haber
sido obligados a abandonar su lugar de residencia. Sin embargo,
hasta el momento no ha podido hacerlo, según explicaron las autoridades por limitaciones en el presupuesto (CNMH, funcionario
Público, entrevista, El Castillo, 2013).
Respecto de la población indígena, en el transcurso de la investigación se tuvo conocimiento de que existe una iniciativa comunitaria de crear un resguardo para la población indígena nasa
que se encuentra asentada en la vereda La Esmeralda, pero no fue
posible determinar si esta iniciativa es apoyada por la institucionalidad ni se pudo recabar más información al respecto. 3.7.Expresiones de la reconfiguración del territorio El vaciamiento de las veredas y de los centros poblados trajo
consigo la desterritorialización de las comunidades y la transformación (reconfiguración) de sus territorios. En El Castillo estas
transformaciones de los territorios campesinos ocurrieron con el
reemplazo parcial de la economía de base agrícola por unas lógicas más empresariales que se evidencian, por una parte, en la
reducción de las áreas sembradas con cultivos temporales propios
de la agricultura campesina, la expansión de la ganadería y la introducción de nuevas tecnologías y prácticas económicas y, por
otra, por un incipiente proceso de concentración de la propiedad
agraria donde, adicionalmente, varias personas mencionaron que
pudo haber existido un flujo de capitales de origen ilegal. “Algunas familias han regresado a trabajar y recuperar la tierra. Sin embargo, una gran parte de bienes están ahora en manos de nuevos
propietarios a quienes no les interesa sembrar. Han llenado eso de
potrero” (CNMH, entrevista con mujer adulta, El Castillo, 2012).
Los desplazamientos y vaciamientos acontecidos, además de
dar paso al desarrollo de otro tipo de actividades económicas,
han tenido dos características adicionales: por una parte, estas nuevas actividades corresponden a un nuevo proceso mundial de
hegemonía del capital financiero y a las orientaciones de inversión
priorizadas por las principales corporaciones transnacionales; y
por otra, están inscritas dentro de las estrategias económicas impulsadas por el Estado colombiano a través de los planes de desarrollo.
A continuación, se analizan algunos de los efectos espaciales
y sociales de la desestabilización sistemática de las comunidades,
en particular rurales, que ocurrieron en El Castillo después del
vaciamiento del territorio. 3.7.1. Transformaciones agropecuarias Los cambios que ocurrieron en los cultivos tradicionales del
municipio, sobre todo en los cultivos de arroz, sorgo, soya y café,
fueron explicados tradicionalmente por las autoridades municipales como efecto de la política de apertura económica y enfermedades no controladas (Municipio de El Castillo, 2001, 2008,
2012). Sin embargo, los campesinos víctimas del conflicto aportan
otras explicaciones: Con la persecución de los campesinos (…) ha ido cambiando
sistemáticamente la economía. Aquí nunca se miraba el cultivo de
maíz a gran escala, porque anteriormente se cultivaba el sorgo,
ajonjolí, el maíz, la soya, el arroz… Aquí (…) ha venido cambiando el uso del suelo, ya no es la ganadería artesanal de la región,
sino que ha venido una ganadería más sofisticada (…) incluso es
una ganadería genética (CNMH, entrevista con hombre adulto,
Villavicencio, 2012) [Ahora] se cultivan grandes hectáreas de maíz, pero con la
revolución mecánica y eso reduce el empleo y ha generado desplazamiento… el ganado que está ahorita en la parte alta no es ni
siquiera de los finqueros, ellos han recibido ganado en arriendo. Es el caso de las veredas La Cima, Campo Alegre, Caño Embarrado, La Esmeralda, Los Alpes, Floresta, ese ganado no es de los finqueros (…) Los ganaderos son de Acacías, Guamal, San Martín y
Villavicencio (…) les queda más fácil traer el ganado de afuera y
pagar diez mil o 15 mil, porque afuera vale treinta mil o cuarenta
mil un mes de arriendo para una res” (CNMH, entrevista con
hombre adulto, Villavicencio, 2012). En Medellín del Ariari, a partir de 2000, un señor rico trajo semillas de yuca brasilera que aquí no era muy conocida y ahora son
las yucas que son tradicionales en el mercado (CNMH, entrevista
con hombre adulto, Medellín del Ariari, 2012. La transformación productiva hacia la ganadería extensiva en
algunas de las veredas del municipio es un fenómeno que ha venido ocurriendo desde 2004. A partir de esta fecha, y en plena época del desplazamiento “duro”, muchas de las tierras que antes se
destinaban a la agricultura se comenzaron a utilizar para ganadería. Algunas reses fueron traídas de otros municipios, pero otras
eran las mismas que fueron arrebatadas a las víctimas durante la
incursión paramilitar (Cinep y otros, 2009).
En 2006 la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz corroboró
que las fincas ubicadas en La Esmeralda, La Floresta, La Cima,
20 de Julio, El Retiro y La Esperanza “cuyos propietarios se encuentran desplazados forzadamente, vienen siendo utilizadas sin
autorización para la ganadería por parte de habitantes de los
municipios de El Dorado, Acacías, Cubarral y San Martín”, presuntamente con respaldo paramilitar. En estas fincas se inició la
siembra de pastos, la introducción de ganado y la adaptación para
implementar cultivos extensivos de plátano, sorgo y maíz (Cinep
y otros, 2009).
Entre 2000 y 2008 El Castillo pasó de tener 17 789 cabezas de
ganado a 27 500, crecimiento equivalente a 55 por ciento. Mientras que el ganado se incrementó, durante el mismo periodo las
hectáreas cultivadas en yuca y plátano registraron descensos. De
420 ha de yuca sembradas se pasó a 200 ha, lo que representó una disminución de 48 por ciento. En cuanto al plátano, de 500 ha se
pasó a 450 ha, disminución equivalente a 10 por ciento. La ganadería ha seguido creciendo desde entonces, llegándose a contar
con 28 900 cabezas en 2012 (Municipio de El Castillo, 2001; Asociación de Municipios del Ariari – AMA, 2012)
La nueva dinámica ganadera transformó los usos del suelo, las
relaciones sociales ligadas al territorio y la producción agrícola.
Con la ganadería, se insertaron nuevas lógicas: menor generación
de empleo, incremento en la cantidad de tierra requerida para obtener ganancias, beneficios concentrados en quienes tengan suficiente tierra y una noción de rentabilidad que sustituye los valores
de solidaridad y trabajo colectivo. Un ganadero puede traer quinientos o mil novillos que supervisan y administran entre dos vaqueros que les van a pagar