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custodiaban todo esto y de noche ellos tenían que patrullar y ellos |
no patrullaban sino que se iban a dormir a mi casa, me rodeaban |
toda la casa y colgaban hamacas, otros se entraban para las piezas |
que estaban con colchones y todo (CNMH, taller de construcción |
de memoria con abuela, Medellín del Ariari, 2012). La ocupación de las viviendas con los dueños aún habitándola no |
solo representó una pérdida material, sino que generó también otro |
tipo de daños y afectaciones, como la pérdida de autonomía, de intimidad, una ruptura en las relaciones familiares y al afloramiento de |
sentimientos como miedo, zozobra e impotencia. Además, cuando |
los paramilitares se instalaban en una vivienda, les valía a las familias |
ser señaladas como colaboradores del grupo armado. |
Otra pérdida material que se encuentra relatada en la mayoría |
de los testimonios fue la pérdida de animales que representó |
un fuerte impacto para los ingresos de las familias desplazadas, |
afectó su soberanía alimentaria e hizo más intensa la precariedad |
económica sufrida en los lugares de recepción. Hoy en día, olvidar eso es muy difícil (…) sin el campo las |
cosas para nosotros acá es muy difícil. Los animales se perdieron, |
esa gente llegaba a la casa y cogían las gallinas y se las comían, lo |
de la casa y lo de la finca, todo eso se perdió, el ganado se lo robaron. Teníamos un marrano para celebrarle los trece o catorce |
años a mi hijo y se lo robaron (…) dejamos todo botado (…) salimos con lo que teníamos encima (CNMH, taller de construcción |
de memoria con mujer adulta, Villavicencio, 2012). |
El hurto de ganado fue sistemático en El Castillo como en todo |
el departamento del Meta. Este delito se perfiló como una de las |
fuentes de financiación y de lucro personal del Bloque Centauros: “en la parte alta en la época de 2002, pues, usurparon y robaron muchos ganados (…) de los mismos finqueros, porque esta |
región de la parte alta era ganadería y café hasta 2003” (CNMH, |
taller de construcción de memoria con hombre adulto, Medellín |
del Ariari, 2012). El ganado que se robaban lo metían ahí en la finca. Yo le llevaba el almuerzo a los trabajadores, y cuando vi que me traían |
todo ese ganado, yo les decía: Déjeme que yo saque mis vaquitas |
porque me las refunden con todo ese ganado, y me decía: Pues |
apúrele (…) una vez le pregunté a uno que estaba sentado: Oiga, |
y cuándo es que van a sacar ese ganado de ahí, y me dijo: ¿Tiene |
mucho afán?, le dije: Sí, señor, porque tengo que cuadrar esta cerca para echar mi ganado, porque yo ya no les tenía ni miedo. Una |
vez se me desaparecieron unos terneros y yo le dije al comandante |
que si ellos no se los habían llevado y él me dijo que si quería que |
fuera con ellos y mirara a ver si estaban allá. Yo estaba resuelta a |
irme cuando una muchacha me dijo: Doña, usted está loca, quiere que la maten y la boten por allá dentro de una cuneta, y no me |
dejaron ir porque yo estaba resuelta a irme con ese man (sic) en la |
moto (CNMH, entrevista con abuela, El Castillo, 2013). Las víctimas refieren que en varias oportunidades las autodefensas obligaron a la población civil a cuidar el ganado robado antes |
de subirlo a camiones y en otras ocasiones obligaron a quien se lo |
estaban hurtando a que lo subiera al camión, con lo cual aumentaban los sentimientos de impotencia e injusticia en las víctimas. |
En muchos testimonios, se puso de presente que el hurto de |
animales ocurrió con pleno conocimiento de las tropas del Batallón XXI Vargas que en varias ocasiones se encontraban a poca |
distancia cuando ocurrieron los hechos. Incluso con retenes montados por donde pasaban los camiones llenos de ganado y bienes de |
las víctimas sin que hicieran nada. Y en otras ocasiones fue el mismo Ejército el que hurtó animales para hacer su comida, tal como |
lo relata una víctima: “Una vez estaba yo allá y se quedó el ejército |
quince días ahí en la casa y cuando se fueron se llevaron todas las |
gallinas” (CNMH, entrevista con abuela, El Castillo, 2013). |
En una de las denuncias realizadas a través de un comunicado |
por la Fensuagro (Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria), la CUT (Central Unitaria de Trabajadores de Colombia) |
y el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, se calcula que |
desde el inicio de la Operación Conquista fueron robadas aproximadamente unas cuatro mil reses y que también fueron sustraídos |
los caballos, las gallinas, los pavos y todo lo que se encontraba en |
las fincas (Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria |
-Fensuagro-, 2003). Las dimensiones del hurto sistemático de ganado significó, en lo colectivo, la pérdida de proyectos productivos |
locales, tras lo cual se redujeron las opciones de resistencia de las |
familias en el territorio. |
Como se mencionó en el aparte sobre reconfiguración territorial, |
el conflicto armado y la violencia sociopolítica truncaron la vocación |
agropecuaria de El Castillo y, en general, muchas de las alternativas |
de desarrollo productivo local. Cuando se recrudecieron el conflicto |
y el desplazamiento, las personas dejaron sus actividades económicas |
de lado y se perdieron los cultivos de café, cacao, maíz y los animales. |
La pérdida de proyectos productivos no solo generó un daño emergente y un lucro cesante para las familias desplazadas, sino que también afectó la economía entera del municipio. |
Uno de los proyectos que se perdió a causa del desplazamiento, al cual hicieron referencia los habitantes, fue un proyecto de caña panelera que estaban adelantando más de cien campesinos |
en las veredas altas del municipio, entre ellas Miravalles, Brisas de |
Yamanes y La Esmeralda. Junto con el proyecto se perdieron un |
tractor, una zorra y un trapiche, con un valor de más de cuatro mil |
millones de pesos. 4.1.2. Pérdida de ingresos y penuria económica Con el desplazamiento forzado de un medio rural a uno urbano, las personas y los grupos familiares perdieron la posibilidad |
de utilizar las habilidades que tenían en el campo para garantizar su sustento, con lo cual se afectó su autonomía y soberanía |
alimentaria. En el campo, la escasez de ingresos no significaba |
necesariamente la falta de alimentos, pues las familias contaban |
con cultivos de autoconsumo y animales. En cambio, en el medio |
urbano el acceso a los alimentos se encuentra subordinado a la generación de ingresos, lo cual representa un problema en cuanto la |
posibilidad de conseguir trabajo muchas veces depende del grado |
de educación formal que normalmente no es compatible con los |
perfiles de los campesinos (Garay, 2009). |
La mayoría de las familias y de las personas que salieron desplazadas de El Castillo llegaron a barrios marginales de Villavicencio |
y Bogotá a vivir con familiares, pagar arriendo o construir sus ranchos, en los llamados barrios de invasión. En repetidas ocasiones, la |
migración forzada hizo que las familias pasaran a depender de otros |
miembros de la familia con mejores condiciones, lo cual alteró las |
dinámicas familiares y la distribución de roles dentro del hogar. 4.1.3. Pérdidas y daños a la infraestructura comunitaria La infraestructura comunitaria en las veredas de El Castillo es |
en su mayoría producto de las diferentes formas de organización |
alrededor del trabajo colectivo que surgieron a lo largo del proceso de colonización campesina y que se representa en las vías que conectan las veredas, los acueductos comunitarios, las casetas |
comunitarias, las sedes de las juntas de acción comunal y de los |
sindicatos y las escuelas. |
El trabajo colectivo ayudó a construir lazos de identidad y un tejido social y comunitario con expresiones políticas claras. En este |
sentido, la infraestructura de las veredas no solo es el soporte de |
servicios públicos básicos, sino también de dinámicas sociales y |
culturales, representa el trabajo y el esfuerzo de las familias. Por lo |
tanto, los daños sobre las infraestructuras comunitarias, los cuales |
no se limitan al plano de los daños materiales, contribuyeron a |
la desestructuración del tejido social, las dinámicas organizativas, |
los proyectos productivos locales y las expresiones culturales. |
En los diferentes relatos, se resalta la afectación de las escuelas, |
los puestos de salud, las tiendas comunitarias y los salones comunitarios, la casa del sindicato de Sintragrim y la Casa de la Cultura. |
Dichos espacios fueron afectados en lo físico y lo simbólico por |
parte de los actores armados, e incluso algunos se perdieron completamente. Las escuelas, así como los profesores y estudiantes, |
fueron objeto del estigma de ser considerados “guerrilleros” por |
parte del Ejército y las AUC. En varias ocasiones, estas fueron ocupadas e incluso sostuvieron combates que las afectaron en clara |
contravención del derecho internacional humanitario. No hubo |
ningún tipo de distinción con la población civil y sus bienes. |
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