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La Escuela El Encanto en Miravalles fue uno de los espacios de |
infraestructura comunitaria que sufrieron el rigor de la confrontación armada y el arrasamiento. En la fotografía se evidencian los |
daños ocasionados a uno de los salones de la escuela, el cual aún |
hoy continúa destruido, como si el tiempo se hubiera congelado |
desde el vaciamiento de la vereda. Salón de clases destruido después del desplazamiento forzado. Este salón ejemplifica |
cómo la infraestructura comunitaria de El Castillo fue afectada, lo cual generó daños |
que no se limitan al plano de lo material sino que trascienden a la esfera social, organizativa y cultural. |
El vaciamiento de las 19 veredas de El Castillo implicó el cierre |
de las instituciones educativas. Además de la escuela de Miravalles, |
se cerraron las escuelas de las veredas La Esperanza, El Retiro, |
Campoalegre, el internado de Puerto Esperanza, La Cumbre, La |
Unión, Caño Tigre (esta se cerró en el ciclo anterior de violencia, |
el de la década de 1980) y Caño Claro. Aún permanecen cerradas |
las escuelas de las veredas Los Alpes, La Esperanza, Caño Embarrado, Campoalegre, 20 de Julio y Brisas del Jordán y de las que |
están funcionando no todas han sido reconstruidas. Entrada a la Escuela de Miravalles. |
Antes de 2009 la educación la prestaba la Diócesis de Granada, que a su vez delegaba en la Misión Claretiana 22 escuelas del |
municipio. El proyecto educativo se llamó Educación Desplazada. |
Después de 2009, las escuelas pasaron a ser de la Gobernación. |
Aun cuando la mayoría de las escuelas del municipio fueron construidas por la comunidad, a esta se le negó la capacidad de autogestión. Las personas empezaron a regresar, pero las escuelas ya |
no eran de ellos. Ahora es necesario pedirle permiso al profesor |
para hacer fiestas, reuniones o encuentros, lo que genera un sentimiento de pérdida de la escuela como espacio comunitario. |
Además las políticas educativas por demanda no contemplan |
planes de reapertura de instituciones cuando, como consecuencia |
del conflicto armado, el número de estudiantes es reducido. Lo |
anterior ha dificultado el regreso de las personas con deseo de |
retornar, la permanencia de las personas que no se desplazaron o |
ha llevado a que quienes han regresado a las veredas no cuenten |
con una oferta educativa para sus hijos, con lo cual se han visto |
obligados a matricularlos en otras veredas o incluso en los internados del municipio. Al matricular a sus hijos en los internados, |
se afectan las dinámicas familiares, las niñas y los niños se ven |
apartados de su seno familiar, lo cual también puede afectar la |
capacidad de transmitir valores, tradiciones y oficios que hacen |
parte de la cultura campesina; es en sí una forma de descampesinización. El internado desprende de la familia, genera rupturas y |
se enmarca dentro de una lógica de educación para la migración, |
estrechamente ligada a la reconfiguración territorial. |
La pérdida de la infraestructura escolar o el cierre por falta de |
estudiantes se une a la suspensión de proyectos educativos. Tal es |
el caso de una propuesta que venía adelantando la Misión Claretiana para Medellín del Ariari. Cuando las escuelas estaban bajo la administración de la Diócesis de Granada, la Misión Claretiana adelantó una propuesta |
de bachillerato popular campesino y universidad campesina. Se |
quería hacer un corredor universitario del Ariari, llevar la universidad al territorio no bajo un esquema de demanda, sino de una oferta que se construyera desde ahí mismo. Vincularon a Unillanos y a la Escuela de El Encanto, pero no había diez y once. No se |
logró que la Secretaría de Educación abriera estos grados, incluso |
cuando se interpusieron cuatro tutelas para que se garantizara |
el derecho a la educación media, de las cuales se ganaron tres. |
Para que esto funcionara, se requeriría que existieran líderes populares, pero esto fue lo que también se cortó con la violencia |
(CNMH, entrevista con hombre adulto, Bogotá, 2013). Cuando los niños son matriculados en el internado del casco |
urbano de El Castillo, el cambio del enfoque rural al urbano de |
la educación también genera cambios en sus proyectos de vida, |
los cuales se encuentran en formación. En este sentido, los daños a la infraestructura comunitaria no solo generan una pérdida |
material, sino impactos profundos sobre los individuos y el tejido |
social, afectan las dinámicas organizativas y sociales a causa de la |
ausencia de los espacios que las soportaban. |
En relación con los puestos de salud, en su mayoría se perdieron a causa del desplazamiento forzado, no había nadie que cuidara de ellos. Para 2011, en El Castillo se registraba, en materia de |
infraestructura de salud: 1) un centro de salud clasificado como |
de primer nivel en la cabecera municipal, el cual operaba como |
empresa social del Estado -ESE, 2) en el área rural un centro en |
Medellín del Ariari y 3) puestos de salud en Puerto Esperanza, La |
Cumbre, Miravalles y Caño Dulce. Sin embargo, suponiendo que |
los puestos estuviesen en condiciones apropiadas para su uso, en |
el mismo 2011, sólo se encontraba en funcionamiento el centro |
de salud del casco urbano de El Castillo (Sistema de Información |
Departamental de la Gobernación del Meta, 2011) y el centro de |
salud de Medellín del Ariari funcionaba con intermitencia. |
Por otra parte, los salones comunales de las veredas, espacio |
de socialización que soportaba un entramado de relaciones políticas y culturales, fueron saqueados y destruidos por los actores |
armados, o bien abandonados por la comunidad. Tal es el caso del |
salón comunal de Puerto Esperanza, y el de la vereda Los Alpes, |
que era uno de los más grandes, pues congregaba a varias veredas de la parte alta. El salón comunal de Puerto Esperanza fue reconstruido por las familias que fueron regresando, pero, en el caso de |
la vereda Los Alpes, a la fecha no se ha reconstruido. |
Dentro de las pérdidas relacionadas con la infraestructura comunitaria, también se resalta la destrucción de tres manzanas de |
casas, establecimientos de comercio, la casa de la cultura, el centro |
médico, parte de la escuela y una ambulancia, ocasionada por las |
FARC el 14 de febrero de 2000 en la toma en la que utilizaron por |
primera vez cilindros bomba. La Casa de la Cultura, que empezó |
a construir el municipio durante la Alcaldía de María Mercedes |
Méndez, constaba de dos plantas: la primera con una piscina para |
niños y la segunda con un espacio para reuniones. No solo era un |
espacio de recreación y esparcimiento, sino que alrededor de esta |
se gestaban expresiones culturales por medio del grupo de danza, |
clases de instrumentos musicales y declamación de poesía. Cuando salimos al otro día, qué horror, casi medio pueblo |
tumbado, desbaratado, la Casa de la Cultura, que era una casa a |
la cual yo pertenecía por el lado del Grupo de Danzas. Lo único |
que inspiraba era impotencia, era algo que uno no comprendía, |
porque teníamos una Casa de la Cultura bien dotada con sus trajes, instrumentos, había muchas cosas que tenía la Casa de la Cultura y usted ver dos paredes, que fue lo que quedó. Casi medio |
municipio averiado por esa toma (CNMH, entrevista con mujer |
adulta, El Castillo, 2012). 4.1.3.1. Suspensión de obras comunitarias A causa de la agudización del conflicto armado a partir de 2002 |
y del desplazamiento forzado y el vaciamiento de las veredas de la |
parte alta del municipio, se suspendieron obras y proyectos. Tal es |
el caso de un proyecto de construcción de vivienda y desarrollo de |
proyectos productivos en la vereda La Cima que estaba adelantando la comunidad. ahí en Pueblo Nuevo, donde había un plan de vivienda con cien |
viviendas, solo quedó uno porque era que ahí había un plan de |
vivienda donde se repartieron cien lotes, que eso es una vaina que |
sería bueno contarla, nosotros teníamos un proyecto que era hacer un plan de vivienda para la gente que no tuviera dónde vivir y |
hacer un proyecto económico para que la gente devengara para su |
sustento (CNMH, entrevista con mujer adulta, El Castillo, 2012). El proyecto estaba apenas comenzando, habían logrado conseguir el apoyo del Ministerio de Agricultura para la construcción |
del trapiche comunitario: “Habíamos pasado ese proyecto al Ministerio de Agricultura y nos habían aprobado para el trapiche |
comunitario noventa millones” (CNMH, taller de construcción de |
memoria con abuelo, Medellín del Ariari, 2012). Nosotros calculamos que la vereda La Cima tenía unas dos |
mil hectáreas aptas para la agricultura, fuera de una cantidad |
de terrenos como para bosques, de reservas forestales. Entonces |
nosotros decíamos en el centro se monta un plan de vivienda y |
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