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a matar, porque se habían dado plomo toda la noche. Yo ahora le digo que si vamos y dice que no, que por allá todavía hay gente de
esa armada que él por allá no vuelve (CNMH, taller de construcción de memoria con mujer adulta, Villavicencio, 2012). Para muchas víctimas, el miedo y la zozobra instalados por los
grupos armados era tal que no podían salir de sus casas: “Un día
me dijo un señor: ¿Y usted por qué es que no sale? Yo le dije: Es
que yo tengo la casa por cárcel, y así lo siento porque no puedo
casi salir” (CNMH, taller de construcción de memoria con mujer
adulta, Villavicencio, 2012).
Estos sentimientos aún se encuentran presentes, e incluso, en
ocasiones, pueden llegar a causar crisis de ansiedad y estrés a causa de sucesos, tales como los cortes de electricidad. una noche estábamos comiendo y se fue la luz y esa mujer pegó
un grito, entró en un pánico terrible y yo después le pregunté por
qué y me dijo: Eso para mí es una tragedia que en este pueblo se
vaya la luz, porque cuando se iba la luz ya sabíamos que algo iba a
pasar y nos daba miedo, era un pánico terrible que se fuera la luz
(CNMH, entrevista con mujer adulta, El Castillo, 2012). Cada vez que se va la luz en las noches, los habitantes del casco
urbano de El Castillo recuerdan los hostigamientos de las FARC,
vuelve a ellos el miedo de ser alcanzados por balas perdidas, granadas, o de que a algún familiar que no se encontraba con ellos en
ese momento le pase algo. 4.2.2. Daños a la salud La salud es contemplada aquí como un concepto amplio, el
cual incluye los ámbitos sicológico y sicosomático. En esta medida,
las afectaciones sicosociales y sicológicas evidenciadas en las víctimas de El Castillo también constituyen un daño a la salud, frente
al cual debe existir una respuesta institucional. En efecto, a partir de este enfoque, se reconoce que los daños
sicosociales, expresados en el estrés, la angustia, el miedo y la rabia se pueden manifestar en el cuerpo debido a la somatización
del sufrimiento. En el relato de las víctimas, se reitera que la depresión, el estrés y los duelos no resueltos pueden causar enfermedades. muchas mujeres, algunas que nos duelen las rodillas y en otros
ejercicios que hacíamos con otras mujeres decían: Yo sí, definitivamente, tengo mucho dolor en los tobillos, en las rodillas, yo he
tenido un problema renal, y hacer el ejercicio que sí, que definitivamente era, que cuando la guerrilla los castigaban o cuando los
dejaban arrodillados por no sé qué cosas y que los paramilitares
colgaban de los tobillos a sus hijos, es una forma también de hacer esa asimilación de las situaciones externas y que yo las meto
dentro de mi cuerpo, yo las asimilo en mi cuerpo, y las empiezo
a sacar de esa manera en enfermedades, entonces yo creo que sí
vale la pena reflexionarlo y verlo como muy en serio que definitivamente uno se enferma de cargar tantas situaciones emocionales (CNMH, taller de construcción de memoria con mujer adulta,
Villavicencio, 2012). En relación con la somatización de los duelos, las víctimas entrevistadas expresaron que muchas de las personas desplazadas
forzosamente, en especial los mayores, murieron de pena moral
a causa del desarraigo y la pérdida de seres queridos. “Muchas de
las personas que fueron desplazadas han muerto en el exilio de
pena moral” (CNMH, entrevista con hombre adulto, Villavicencio, 2012). Yo conozco el caso de muchas personas que murieron en Bogotá a raíz del problema sicológico que le causó el desplazamiento
(…) a ellos no los mataron las balas, pero después del desplazamiento se acabaron sicológicamente, ¿por qué? Porque el campesino está acostumbrado a labrar la tierra en el día a día y es muy
complicado usted salir de su propio predio, de su propio terruño, prácticamente a pedir limosna cuando usted lo tiene todo en el
campo, tiene sus gallinas, tiene su marrano, tiene la res, tiene la
leche, el pescado, a tener que venir a encerrarse en una ciudad de
bloque y ladrillos y mirar solo cemento, eso causa impacto en la
sociedad, en la comunidad y hay personas que por la edad eso los
deprime y cualquier enfermedad los mata. ¿Y eso quién lo paga?
Nadie. (…) además de los asesinatos súmele los otros que murieron sicológicamente, ya que por un infarto, ya que por un problema mental, la misma pena moral, o los otros que murieron por
problema de cantina, porque en el marco del conflicto había una
descomposición social y al que no les caía bien lo mataban por
esa desconfianza (CNMH, entrevista con hombre adulto, Bogotá,
2012). En otras ocasiones, el impacto de los hechos victimizantes generó respuestas límite en las víctimas, y puso en riesgo su propia
vida. Yo llegué a tomar hasta azufre y llegué a tener enfermedad de
anorexia y cuando tuve a mi bebé tuve desnutrición crónica y me
recuperé porque mis compañeras han sido como mi mamá, yo soy
la hija de todas y soy madre soltera orgullosamente (CNMH, taller de construcción de memoria con mujer adulta, Villavicencio,
2012). En los talleres de memoria realizados en Villavicencio, se encontró que muchos de los participantes habían sufrido de algún
tipo de cáncer. Para muchas de las participantes, el cáncer de seno
estaba relacionado con la pérdida de un ser querido, de una hija o
un hijo, cuyo duelo no habían podido llevar a conclusión. Yo no he sido desplazada, pero he sido víctima del conflicto,
me he puesto en los zapatos de la gente desplazada, y digo: Terrible que a uno lo saquen de su casa sin sus cositas a venirse aquí,
pero el problema mío es la desaparición forzada y he visto varios
casos de cáncer de seno de la mama izquierda porque me decía un médico en Bogotá que cuando a uno le desaparecían un familiar o un hijo siempre se manifestaba en la mano izquierda. Una
vez me encontré en Bogotá con una señora a la que se le desapareció un hijo hace más de veinticinco años que era militante [de la
UP]. Ella me dijo: Nosotras tenemos que ir a Medellín [del Ariari]
a hablar, porque están muriendo muchas mujeres de cáncer de
mama por la desaparición forzada, yo me meto en los zapatos de
ella y la entiendo porque a mí me dio cáncer de mama y me dio
una depresión que casi me muero porque eso es algo difícil y algo
que uno nunca va a olvidar (…) A mí me dio cáncer de seno en
la mama izquierda y también tuve cáncer de ovario y una artrosis
degenerativa que me apareció después de la desaparición de mi
hijo (CNMH, taller de construcción de memoria con mujer adulta, Villavicencio, 2012). Del mismo modo, hay muchos niños con discapacidad cognitiva que nacieron durante la época de agudización del conflicto armado y la violencia sociopolítica y económica en el territorio. Esta
relación se encuentra presente en más de un testimonio, pues la
edad de los menores en esta condición corresponde a la época de
la última arremetida que tuvieron los grupos paramilitares junto
al Ejército y los enfrentamientos con la guerrilla; son niños que
están más o menos en tercero y cuarto de primaria y no cuentan
con un modelo de educación inclusiva.
Además de la somatización de los daños sicosociales, las víctimas sufren daños físicos, fisiológicos y sicológicos. El conflicto
armado y control de los actores armados no solo queda grabado
en su memoria, sino también en su cuerpo. Son las marcas de la
violencia que constantemente traen sufrimiento. Los daños en la
salud a su vez afectan emocionalmente a las víctimas, haciendo
más difícil las pérdidas y cambios, dificultando también la reconstrucción de un proyecto de vida. Sí, porque yo era un tipo alentado, gracias a Dios, y después de
toda esa porracera, porque a mí se me paraban encima a pegarme,
a mí me hicieron salir las tripas y me dio una hernia inguinal y me tocó mandarme a operar. Pero ahí vamos. Y así uno sea fuerte le
toca aguantar y mucha resistencia, le toca a uno porque, como les
decía antes, yo soy muy pegado a mis hijos y a mi familia, a mi esposa, y me daba esa nostalgia de pronto uno fallecer y que queden mis
hijos todos jóvenes y sin quién los enseñe a buscar la vida cotidianamente (CNMH, entrevista con hombre adulto, El Castillo, 2012). 4.2.3. Daños morales Con su accionar, los actores armados, funcionarios públicos e
incluso las comunidades de recepción vulneraron los derechos al
buen nombre y dignidad de las personas. En los relatos, se evidencia que estas afectaciones fueron a partir de señalamientos,
estigmatización y judicializaciones arbitrarias.
Para las FARC todo aquel que prestara servicio militar obligatorio llevaba un estigma que se transmitía a toda su familia. Quienes
hubieran prestado servicio militar o hubiesen sido policías corrían
el riesgo de ser amenazados, al igual que las personas con familiares que estuvieran prestando servicio en dichas instituciones. Si las
personas entablaban relación con militares o policías, eran sometidos a una variedad de multas y sanciones que incluso podían llegar a significar su desplazamiento forzado. “Nosotros empezamos
a sufrir el vértigo de la guerra en el 88 cuando nosotros nos fuimos a prestar servicio, la familia empezó a tener problemas a raíz
de eso porque nosotros estábamos pagando servicio” (CNMH, entrevista con hombre adulto, El Castillo, 2012).
Por otro lado, como ya se ha visto, sobre los habitantes de El
Castillo recaía el estigma de guerrilleros. En alguna ocasión unos alcaldes vecinos me invitaron a una
reunión con el presidente del Senado, y me dijeron: Venga, qué
tal le dé la mano para El Castillo. Y el presidente del Senado me
dijo: ¿Y a mí quién me garantiza que yo no esté hablando con una
guerrillera? Agaché la cabeza y me puse a llorar. Para mí eso era
muy duro (CNMH, entrevista con mujer adulta, El Castillo, 2012). Para las AUC, las personas de El Castillo eran guerrilleros,