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valor para enfrentar a los armados. En los días aciagos del desplazamiento, emergió esa capacidad para cuidar del otro por encima
de su propia integridad, de sobreponer la valentía al miedo y al
dolor. La gente [ya] no salía a nada. Hubo el tiempo en que los domingos eran de mujeres. El domingo de mujeres le terminamos
diciendo. Porque no se veía un hombre. Es que en domingo cuando uno salía al mercado, o hacer las vueltas con la familia, empezaron a aprovechar para matar (…) para desaparecer. Entonces
ya los hombres no salíamos el domingo (CNMH, entrevista con
hombre adulto, 2012). Incluso ante la muerte, la desaparición y las amenazas, muchas
decidieron enrostrar a los victimarios y desafiar su poder. Yo tuve muchos encontrones con ellos, después acá y mi hermano me decía: usted se va a hacer matar, mire que usted tiene
los niños pequeños, porque el niño me quedó de cinco años y la
niña tenía cinco meses, pero yo tenía mucha rabia y yo tenía muchos encontrones con ellos. Yo los insulté en el puerto y casi me
matan. Allá me contaron que a mi esposo lo habían asesinado,
entonces yo les preguntaba todos los días y ellos me decían que
estaba vivo, que estaba vivo. Lo cogieron como a las cinco y lo
mataron a las nueve de la noche y lo enterraron a la orilla del río,
y yo iba, y ellos mirándome a los ojos así me decían: él está vivo,
él está bien, no se preocupe que nosotros lo estamos investigando
(CNMH, entrevista con mujer, El Castillo, 2013). Un día me tiraron como a seguirme y yo le dije al padre que
quería hablar otra vez con el comandante de los paras, porque ya
no les tenía ni miedo, y vinieron y hablaron conmigo, el padre
les puso unas sillas y otra a mí, y yo les dije: no gracias, yo no me
siento, y me dijeron: ¿Qué quiere? Yo les dije: yo quiero saber si ustedes me van a dejar trabajar o no me van a dejar trabajar, porque
ustedes me mataron a mi marido, y contestó uno: Ah, sí, era ese
viejito monito. Yo les dije: si ustedes creen que yo me voy a ir de
aquí de El Castillo, no me voy a ir, y si creen que yo les voy a dejar
la finca, tampoco se las voy a dejar (CNMH, entrevista con abuela,
Villavicencio, 2012). 5.9. Sentidos y objetivos de las memorias. Iniciativas de la
memoria para invididualizar, recordar y preguntarse por
los responsables La población en situación de desplazamiento, las demás víctimas, y la población resistente y resiliente de El Castillo, han hecho
del recuerdo un mecanismo afectivo y efectivo para tender puentes entre el pasado y el presente, para resignificar lo sucedido y
construir nuevos vínculos sociales en medio del arrasamiento.
El valor terapéutico de recordar para dar trámite al dolor y elaborar los duelos (Bello y otros, 2005) se enriquece con los sentidos en los que pone énfasis cada individuo o colectividad en el
momento de reconstruir las imágenes el pasado, en función de
los sentimientos, emociones y aspiraciones de los que es portador.
En las ciudades de origen o en los lugares de llegada, la población
desplazada reelabora lo sucedido, evoca las imágenes, las personas, construye rituales y símbolos en función de una aspiración,
de un objetivo que termina por justificar esa experiencia de volver
nuevamente sobre el pasado. No todos y todas recuerdan por lo
mismo y para lo mismo.
En medio de esta pluralidad de razones para recordar, vale la
pena resaltar una gran cantidad de iniciativas de la memoria creadas para invididualizar, recordar y preguntarse por los responsables, y que responden a reflexiones como la siguiente: “Borradas
de la memoria, las víctimas solo existen como fría estadística: “doscientos mil muertos” (Sánchez, 2003, página 84).
Por esta razón, entre los habitantes de El Castillo, la memoria
es una lucha por nombrar antes que por contar. La fría estadística
es cómplice del olvido y para afrontar la deshumanización que
esta implica se recuerda y reivindica la memoria de las víctimas
para que no queden desdibujadas en el anonimato.
Por ello han surgido iniciativas que buscan esclarecer los hechos, dignificar a las víctimas, reafirmar sus derechos a la verdad,
la justicia, la reparación y la no repetición e interponer una denuncia ética frente a la sociedad a través de la elaboración de archivos
y bases de datos donde se establezcan el tiempo de ocurrencia, los
hechos, los victimarios y los móviles. Aquí prima el repudio ético y
la búsqueda por exponer a la sociedad un conjunto de hechos que
no son unas estadísticas aisladas, sino que constituyen un fenómeno sistemático en pro del arrasamiento.
En tanto las bases de datos ayudan a agrupar, sistematizar y
promover lecturas críticas a partir de patrones de victimización,
actores y móviles, en los que se sustenta la violencia, en 2008 fue
creado el Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del Suroriente Colombiano, para recopilar la memoria “que se
ha ido perdiendo en la historia, la amenaza y el terror; en la indiferencia y la ineficacia de la justicia” (Comité de Impulso al Banco
de Datos de Violencia Política Suroriente Colombiano, 2010).
El Banco de Datos tiene varios objetivos. El primero de ellos
devolver a los familiares interesados y a las comunidades afectadas un registro de la memoria de las personas violentadas en sus
derechos humanos para que puedan reclamar la garantía a esos
derechos y adelantar procesos individuales y colectivos por la verdad, la justicia, la reparación, la no repetición y la prevención. El
segundo, entregar un mecanismo de trabajo por la memoria, un
instrumento para la investigación desde diferentes enfoques, un
registro público de violaciones acontecidas, unos elementos que
permitan ir realizando acercamientos a la verdad y a la intencionalidad de las violaciones acontecidas. En tercer lugar, promover entre las organizaciones, comunidades, familias y personas afectadas que no vean reflejados en el Banco de Datos la memoria de
sus seres queridos víctima de alguna de las violaciones de derechos
humanos para que se sumen y ayuden a recoger dicha memoria.
Se han hecho varias publicaciones que recogen estos esfuerzos, entre ellas cuatro números de Trochas de la memoria: suroriente
colombiano (Comité de Impulso al Banco de Datos de Violencia
Política Suroriente Colombiano, 2010), donde se documentan y
registran casos de personas victimizadas en los departamentos del
Meta, Guaviare, Vaupés y Vichada. Por otra parte Ariari: memoria
y resistencia 2002-2008 (Cinep y otros, 2009), trabajo de memoria
y sistematización que se centra en lo sucedido en el Alto Ariari
durante los años en los que predominó la política de “seguridad
democrática” y se implementó el Plan Patriota como complemento
del Plan Colombia.
La continuidad de la violencia y el surgimiento de nuevas denuncias sobre hechos pasados implican una labor permanente
de actualización de la información. Por esta razón, las víctimas
y organizaciones siguen alimentando las bases de datos por ellos
construidas. [C]uando eso teníamos el acompañamiento de la [Comisión
Intereclesial] de Justicia y Paz, el Sindicato, la comisión del Ariari,
pues se sacaron unos textos en un libro que se llama Memoria y resistencia; ahí está más o menos la relatoría de nosotros y lo que
nos ha ocurrido (CNMH, entrevista con hombre adulto, Medellín
del Ariari, 2012). Al tiempo que se pormenoriza el registro de quienes han dejado de existir físicamente, surge una pregunta de quienes sobreviven: ¿por qué esperar que la muerte se ensañe con los hombres y
las mujeres para hacerlos dignos de recordación? Por esta razón se
reivindica que los ejercicios de memoria se hagan también a favor
de quienes también enfrentaron la violencia sociopolítica y el conflicto armado, y todavía están presentes, para evitar que en vida
sean condenados al olvido. Por eso se impulsan acciones en pro de
la recuperación de las memorias de los castillenses, por ejemplo,
por medio de la elaboración de “historias de vida” (Anexo 3). Nosotros queremos que se haga un listado con los que están vivos. Todavía quedan cantidad de viejos resistiendo, los que seguimos peleando porque se sepa lo ocurrido. Deberíamos tener un
homenaje en vida (CNMH, taller de construcción de memoria,
con abuelo, Villavicencio, 2012). Adicionalmente, puesto que un común denominador de los
hechos victimizantes en general y del desplazamiento forzado en
particular sufridos en El Castillo han sido la falta de castigo a los
responsables y la ausencia de reparación integral, la lucha contra
el olvido tiene otra faceta que consiste en rememorar lo acontecido para identificar a los responsables y de esta forma combatir la
impunidad y exigir la garantía de derechos de las víctimas.
El olvido exonera de responsabilidades y de culpas y la población de El Castillo libra una batalla por evitarlo, impidiendo que
se imponga una memoria que suprima, suplante, desfigure u oculte la memoria de los hechos que acontecieron, pero que para algunos sería conveniente ignorar. Por esta razón a medida que los