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se llama así es por lo porfiados que fueron los primeros que llegaron a estos terrenos. Invadieron y aquí se quedaron”. Completa |
Fanny y suelta otra carcajada. |
Llegamos a Ciudad Porfía un sábado en la mañana cuando el |
sol ya empezaba a pegar duro. Las advertencias que nos había dado |
el taxista que nos llevó antecedieron a la broma de Fanny sobre la |
seguridad de este populoso sector de la ciudad de Villavicencio. |
El surgimiento del barrio data de mediados de la década de los |
años ochenta, después de un duro conflicto entre los propietarios de un proyecto de vivienda que se levantaría sobre los mismos |
predios que habían sido invadidos por personas provenientes de |
muchas regiones del país. Era la época en la que la agudización |
del conflicto armado empezaba a alimentar con más fuerza los |
cinturones de miseria de las principales ciudades del país. |
Quizá por ese mismo conflicto las comunidades que se organizaron en torno a la auto construcción del barrio lograron |
urbanizarlo de forma relativamente ordenada. Aun así, tuvimos |
que caminar largo rato a rayo de un sol decembrino y cargados |
de maletas, trípode y cámara de video para lograr dar con la |
casa. -“¿Ustedes son los que están buscando a doña Fanny?”- La |
cara de forastero perdido se notaba y fue la que nos ayudó para |
que una niña de no más de 12 años que llevaba un niño de brazos se nos acercara para guiarnos hacia el lugar donde haríamos |
la entrevista. |
Era evidente la emoción de Fanny por recibirnos en su casa. |
Cuando llegamos nos contó que llevaba un buen tiempo sentada en la puerta esperándonos. Bajamos una preparada con mucho |
agradecimiento. “Cuando uno se iba a Villavo a pedir trabajo, le |
decían que no porque venía de Porfía. Esto siempre ha tenido |
fama de tener mucha delincuencia, mucho guerrillero, mucho |
paraco. Con todo y eso a mí me han querido sacar de esta casa. |
Yo duré casi dos años luchando por el lote, pero me ayudaron a conseguir un abogado y al final dejaron así tal vez porque yo venía |
desplazada por la violencia, y no tenía donde meter la cabeza, fue |
que me dejaron quieta”-comentó-. |
La cámara que le pusimos en frente nunca la intimidó. Los recuerdos empezaron a fluir en una especie de catarsis tranquila y |
reposada. Aunque entonces éramos unos extraños, la charla se |
hizo amena y a medida que fuimos escuchando descubrimos la calidez de su humanidad y la de su familia, su tenacidad, su enorme |
espíritu de solidaridad, su capacidad de resistir a la injusticia, esa |
misma que se apreciaba en los ojos brillantes y la sonrisa sonora |
que acompañaron todo el relato de la entrevista. La infancia “De mi infancia los recuerdos que tengo de nuestra vida en |
el Cauca son sobre todo por mi papá. Él me contaba de cuando |
vivimos en Riochiquito [Páez, Cauca] fue muy perseguido por lo |
que pensaba. Por eso, siendo niños, nos tocó salir de allá con mis |
hermanos y mi mamá para irnos a vivir a Viotá [Cundinamarca]. |
A pesar de ese viaje, a mi papá y al mayor de mis hermanos, Reinaldo, les tocaba vivir siempre como a escondidas”. |
“Por esa misma razón a mi mamá le toco trabajar mucho desde |
que éramos pequeños. Trabajaba básicamente para darnos la comida. Pero entonces el trabajo de recolectora de café no daba ni |
para eso. A ella le tocaba trabajar todo el día cogiendo café pero |
como la plata no alcanzaba, a mí me toco irme a vivir muy pequeña para una finca cercana, de un señor que se llamaban Pablo, él |
ya murió, allá me daban la alimentación y el techo”. |
“La vida en Viotá fue difícil, todos mis hermanos y yo nos enfermamos gravemente, por lo que nos tocó pasar un buen tiempo en el hospital del pueblo. Allá mismo murió la mayor de mis |
hermanas, Leonor Perdomo. Nunca supimos que era lo que tanto |
nos enfermaba. De pronto eran las condiciones de vida, aunque |
también recuerdo que mi mamá nos contaba que a nosotros nos |
habían hecho un mal. Decía ella que mi papá tuvo una novia y que esa novia era la que, por venganza, nos había hecho el mal. No sé, |
en todo caso allá en Viotá quedó enterrada mi hermana”. |
“Dentro de mis recuerdos está el nombre de mi abuela, Epifanía Perdomo. Ella vivió un tiempo con nosotros en Viotá y sufrió |
también la persecución, al punto de que fue asesinada cuando |
decidió devolverse para su tierra en Riochiquito. La razón de su |
asesinato, lo supimos después, fue el hecho de ser madre de mi |
padre, Segundo Laurentino Perdomo”. |
“Estando trabajando, mi mamá empezó a escuchar de boca de |
algunos amigos que en los Llanos había mucha tierra, que mucha |
gente estaba cogiendo para allá. Mi papá decidió entonces que |
nos íbamos para los llanos. Como mi papá ya tenía una relación |
muy fuerte con el Partido Comunista, se puso en contacto con |
ellos para que nos ayudaran en el desplazamiento y la instalación |
de la familia. Y así fue, ellos nos dieron los viáticos para el viaje y |
cuando llegamos a Medellín del Ariari, nos ayudaron, después de |
unos días, a instalarnos en una parcela”. |
“El viaje lo recuerdo como una aventura. La llegada a La Reforma, que era el punto de entrada más importante a Medellín del |
Ariari, la pasada a lomo de mula del rio Ariari, eran cosas nuevas para nosotros. Llegamos por el lado de Río Viejo a donde un |
señor que se llamaba Juvenal Suarez. Él nos dio posada durante |
unos ocho días en su finca. Aunque las familias vecinas se unieron |
para darnos comida en abundancia, la dormida si nos tocó en el |
piso. Nosotros acostados en el piso y veíamos pasar los güios grandísimos (culebras) que se comían las gallinas. Esas selvas eran muy |
bonitas, y había muchos animales, gurres, lapas”. |
“De ahí salimos para los lados de La Macarena a otra finca de |
Don Juvenal en la que estuvimos como unos quince días. Mientras |
eso, la gente del Partido nos ubicó en una tierra de unas 25 hectáreas que fue la finca de mi papá hasta que salimos desplazados |
muchos años después”. |
“Al tiempo de haber llegado, el compadre de mi papá, Don |
Raimundo, le ofreció venderle una finca muy barata, y con todas |
las facilidades para pagársela, en la Vereda de Puerto Esperanza. |
Como en ese tiempo el café era lo que todo el mundo sembraba, con el tiempo él estableció un cafetal bien bonito que le dio para |
ir pagándole la tierra. Además construyó un ranchito en madera |
en el que nos tocó aguantar mientras lográbamos asentarnos, porque tener la tierra sin con que trabajarla era muy difícil. Nosotros |
ya éramos 10 hermanos, por lo que sobraba la mano de obra, pero |
a mi papá le tocó irse para otras fincas a jornalear para conseguir |
lo de la comida, mientras mis hermanos mayores y mi mamá hacían lo que podían en la otra finca”. |
“Esos primeros años fueron duros. En ese rancho me enfermé |
muchas veces de fiebre, y mi papá, que nunca se enfermaba, duró |
un tiempo en cama. Afortunadamente, al irnos relacionando con |
los vecinos, distinguimos cada vez más gente y todos nos colaboraban mucho, llegaban con plátano, con yuca, leche, con lo que hiciera falta. Para nosotros fue tan importante la ayuda de los vecinos |
que cuando nos enfermábamos nunca faltaba alguien que llegará |
con alguna droga, algún consejo o cuando fuera la compañía. Así, |
de a poquito, fuimos saliendo adelante. Entonces mi papá ya empezó a tumbar monte y a sembrar, construyó otro rancho que fue |
donde nosotros crecimos y finalmente, con muchas dificultades, |
empezamos a estudiar en la Escuela de Puerto Esperanza”. La familia “La figura de mi papá fue muy importante para mí. Él nos puso |
a trabajar desde pequeños en la finca y aunque era muy disciplinado y siempre nos andaba duro, yo era la más consentida y por eso |
le aprendí muchas cosas de su relación con las Juntas de Acción |
Comunal, con los Pioneros José Antonio Galán, con el Sindicato”. |
“Éramos una familia unida, pero mi papá nos andaba tan duro |
que yo decidí un día irme de la casa. En ese entonces yo tenía 12 |
años y mi hermana mayor ya se había ido de la casa a trabajar en |
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