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reconciliación. Uno de los retos principales de esta investigación consistió en establecer una
definición del concepto reconciliación. La indagación realizada sobre este aspecto
evidenció que no existe una única concepción del término, y que su utilización en
escenarios de conflicto armado, y en sociedades divididas y polarizadas como la
colombiana, trae consigo implicaciones éticas y políticas que han hecho de su uso
y estudio un ejercicio complejo. Lo anterior está relacionado, por un lado, con el
uso diversificado y discursivo de este concepto a lo largo de la historia del país 6, y,
por otro lado, con las posibilidades de interpretación en su dimensión individual.
Ante este escenario, fue necesario definir de manera concreta sus características
más relevantes, así como las dimensiones en las cuales pueden existir acciones de
reconciliación. Los hallazgos de este estudio, así como todo el proceso de análisis descrito en el
presente libro, tienen cimiento en una noción de reconciliación que consiste en la
construcción o reconstrucción de relaciones que en un tiempo previo, por causas
de conflicto, fueron fracturadas, debilitadas, o simplemente eran inexistentes, y 6 Estas variaciones del concepto son el propósito del próximo capítulo. 19 Aprendizajes para la reconciliación La reconciliación consiste en la construcción o
reconstrucción de relaciones que en un tiempo previo,
por causas de conflicto, fueron fracturadas, debilitadas,
o simplemente eran inexistentes que están encaminadas a la concreción de un escenario social que prescinda de la
violencia. Desde esta perspectiva, la reconciliación se configura como: i) Una meta, en tanto implica la recuperación o la construcción de relaciones
fracturadas o inexistentes, y en esa medida es un proceso de largo alcance que
requiere
la reforma profunda de ciertos
imaginarios sociales y el cambio de
creencias arraigadas; de modo que necesita de acciones convergentes y sostenidas
en el tiempo, con el fin de establecer un nuevo consenso social que garantice que
la violencia del pasado no se repetirá (Beristain, 2005, p. 16). ii) Un proceso de construcción de espacios de encuentro (De Greiff, 2007, p. 53)
(Chayes y Minow, 2003) y de generación de disposición entre en los miembros de
una sociedad, (antiguos adversarios, victimarios, víctimas, etcétera) 7, para asumir e
integrar el pasado y el futuro con el fin de afrontar el presente (PNUD, 2007, p. 7). En
otras palabras, se reconoce aquí que la reconciliación no es solamente un escenario
del futuro en el cual se aspira alcanzar el consenso social nombrado anteriormente,
sino que además es posible entrever acciones de reconciliación en escenarios en
los que la violencia persiste. Así pues, esas acciones concretan un proceso de reconciliación, permitiendo
afirmar que ésta puede ser, por un lado, parcial (pues puede existir únicamente
entre algunos miembros de la comunidad) y, por otro lado, puede ser dinámica (en
tanto su mutabilidad no garantiza perpetuidad). En este sentido, puede decirse
que la reconciliación es espontánea, ya que si bien es posible propiciar escenarios
en los cuales se cambien las posturas de las personas o grupos, y la opción por
establecer relaciones distintas debe ser deliberada, la reconciliación no se genera
por imposición8 y tampoco puede ser regulada por el Estado. Bajo esa misma
lógica, se sostiene que el acto de reconciliación tiene lugar en tres dimensiones:
interpersonal, social y política. La dimensión interpersonal o individual refiere a las acciones de reconciliación
que tienen lugar en interacciones directas, es decir que involucran a individuos
que se relacionan entre sí. También puede referir «al sentimiento de los individuos
frente a quienes culpan de los acontecimientos que pertenecen al fuero interno
individual» (Rettberg, 2014, p. 4). Complementando esta definición, Gibson (2001)
asegura que la dimensión individual incluye «procesos individuales o de contextos
interpersonales entre la víctima y el perpetrador», entre los excombatientes y los 20 7 Véase el capítulo 4.
8 Estas características de la reconciliación constituyen uno de los hallazgos de la presente investigación. El cimiento de
su categorización se encuentra en las conclusiones de este libro. Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras La reconciliación puede ser parcial, es dinámica y
espontánea. Se da en tres dimensiones: interpersonal,
social y política; y la coexistencia y la convivencia
pacífica, son sus alcances previos miembros no-víctimas de las comunidades receptoras, o entre excombatientes
y adversarios. Este nivel puede asociarse a valores éticos o religiosos, o incluso a
procesos relacionados con la superación de los traumas (Méndez, 2011, p. 2). Debe
mencionarse que también puede estar condicionada por la satisfacción de las
víctimas respecto a los procesos de verdad, justicia y reparación. Rettberg señala que la dimensión social o colectiva de la reconciliación «se
concentra en el consenso colectivo en vez de las responsabilidades individuales»
(Méndez, 2011, p. 2). Se enfrentan en esta dimensión «verdades mutuas entre los
bandos antes en contienda y esta confrontación puede ser objeto de políticas
públicas» (Rettberg, 2014, p. 4). La dimensión social o colectiva parte del supuesto
de que víctimas y victimarios no logran encontrar espacios comunes ni consensos,
para ello son necesarios los escenarios en los cuales prime la coexistencia pacífica a
través de una cultura política respetuosa de los derechos humanos. Así, además de
existir un componente individual crucial en la reconciliación, existe una dimensión
colectiva que demanda el cuestionamiento de las actitudes, los prejuicios y los
estereotipos negativos que se desarrollaron alrededor de la figura del «enemigo»
durante la guerra (Bloomfield, Barnes y Huyse, 2003, p. 13). Por su parte la dimensión política aplica en el sentido de la (re)construcción de
confianzas entre las y los ciudadanos y las instituciones (Fundación Social, 2006).
Entonces, la reconciliación pretende dar solución a las causas estructurales del
conflicto a través del fortalecimiento del atributo garantista del Estado respecto a
los derechos humanos, entre ellos las condiciones socioeconómicas y los derechos
civiles y políticos. En relación con lo anterior, y partiendo del principio de que la reconciliación
como proceso sucede siempre en contextos específicos que plantean condiciones
concretas a su desarrollo, es posible establecer también algunos de sus alcances
parciales. Estos alcances son la coexistencia y la convivencia pacífica, que si bien no
son aspectos que permitan alcanzar la reconciliación como meta, sí son entendidos
aquí como actos de un proceso en la medida que promueven la creación de
espacios de encuentro y motivan cambios de relación pacífica en la disposición de
los sujetos. Estos alcances parciales de la reconciliación suceden por determinantes
del contexto, como, por ejemplo, la persistencia de escenarios de violencia directa
o estructural. En este sentido,
la coexistencia, entendida como alcance parcial del proceso
de reconciliación, puede tener lugar en el nivel interpersonal o individual de
la reconciliación. Es considerado un avance en la medida en que es condición 21 Aprendizajes para la reconciliación necesaria —más no suficiente— para lograr la reconciliación como meta, y plantea
la potencialidad de avanzar en términos de la construcción de un escenario de
convivencia pues supone, en el escenario social, la inexistencia de una violencia
directa. En este sentido, es un estadio necesario en el proceso de la reconciliación. Sin embargo,
la coexistencia como un avance de
la reconciliación debe ser
comprendida cuidadosamente, en la medida que no implica obligatoriamente
un cambio en
los
imaginarios sobre «el otro». De allí que deba tenerse en
cuenta que en algunos contextos, tanto las víctimas como el conjunto de las
comunidades receptoras se han visto forzadas a cohabitar un espacio geográfico
con excombatientes y/o victimarios; así que es posible que en estos escenarios
la violencia directa haya cesado, pero pueden persistir odios, resentimientos,
prejuicios y estereotipos, así como segregación física (Prieto, s.f, p. 33). De este modo,
es probable también que dicha coexistencia sea posible por desconocimiento
de los antecedentes y la procedencia de las personas con quienes se cohabita.