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Móviles como el del anonimato, mediante el cual los excombatientes cohabitan
un espacio con una comunidad sin que sus miembros sepan sus antecedentes,
serían el cimiento de una convivencia muy alejada de la reconciliación final, pero
conveniente ya que previene, por un lado, agresiones entre sus miembros y, por
otro, la estigmatización; factor determinante de una nueva violencia. Solo en esa
medida la coexistencia puede entenderse como un alcance de la reconciliación
como proceso. Por otro
lado,
la convivencia pacífica trasciende
la coexistencia pues
implica
la aceptación de
las diferencias en el seno de una sociedad y pasa por el
reconocimiento de
la existencia de un proyecto colectivo
(PNUD, 2007). La
convivencia pacífica se configura como un escenario que procura respeto, tolerancia
y garantías democráticas, y en el que, sin embargo, las acciones no están dirigidas
necesariamente a la superación y transformación de las causas estructurales del
conflicto (UARIV, 2013). Los cambios de postura de los sujetos que conviven pacíficamente promueven la
construcción o la reconstrucción del tejido social, entendido aquí como el resultado
de las relaciones y acciones entre los individuos, las familias y las comunidades, de
manera que se retroalimentan a través de una estructura de vías de comunicación.
Esta relación permite la identificación de los individuos como parte de un grupo,
o bien posibilita el establecimiento de las reglas condicionantes de la interacción.
Un tejido social fuerte es sinónimo de
la existencia de relaciones solidarias,
enmarcadas en el respeto a los derechos de los miembros del grupo y la condición
necesaria para construir un ambiente propicio para la creación de metas colectivas
y comunes (Subsecretaría de Prevención y participación ciudadana, 2011). 22 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras La reconciliación considerada como una meta en sí misma ya no representa una
serie de actos, sino que se refiere a una situación, la cual está caracterizada por
la construcción de la reconciliación en sus tres dimensiones: interpersonal, social
y política. En ese sentido, el cambio de relaciones entre los miembros de una
comunidad en el nivel interpersonal, la construcción de procesos colectivos que
impliquen el fortalecimiento de un tejido social, así como el restablecimiento o
la construcción de la confianza en el Estado, darían cuenta de una reconciliación
concreta en una sociedad marcada por la violencia. Por otra parte, es importante señalar, sobre este trabajo de investigación, que
la observación micro y meso de las experiencias converge con el enfoque de
comunidades receptoras; dicho enfoque ha tenido varios desarrollos en el debate
para la implementación de procesos de DDR durante la última década (UNDP,
2005). En él se destaca que los procesos de reintegración de excombatientes
pueden trascender de una dimensión individual centrada en el desmovilizado,
hacia la búsqueda de la recomposición del tejido social mediante el desarrollo de
capacidades comunitarias para lograr la reinserción de excombatientes a la vida
civil (Caramés, 2005, p. 2) 9. Este enfoque comunitario ha sido tomado como referente para
la presente
investigación con el propósito de llevarlo a una propuesta teórica límite, la cual
plantea que el enfoque comunitario busca
incluso
la transformación de
las
causas estructurales de un conflicto, sobre el cual se busca llegar a procesos de
rehabilitación, readaptación y reconciliación. Si bien desde diversas corrientes
se han señalado varias de sus restricciones10, la complejidad regional del caso
colombiano resulta idónea para su implementación. 9 Desde la perspectiva de Caramés (2005), la implementación del enfoque comunitario se caracteriza por una definición
geográfica, conformada tanto por habitantes de esas zonas como por sus autoridades e instituciones. En relación con
esto, es necesario el reconocimiento de estrategias participativas que referencien las necesidades y expectativas tanto
de desmovilizados como de la comunidad receptora, pues el enfoque comunitario tiene sus bases en las gestiones
tanto de los actores locales, como de los sistemas descentralizados.
10 Dentro de las limitaciones del enfoque comunitario se ha advertido sobre el riesgo de marginación de actores
armados por falta de cobertura geográfica y atención directa a excombatientes y su consecuente generación de
inseguridad. Asimismo se señala que la definición de «comunidad receptora» se hace en función de la localización de
los desmovilizados. 23 Aprendizajes para la reconciliación Analizar las experiencias desde
sus mecanismos: ¿qué las potencia?, ¿qué las dificulta? Para tener un mayor y efectivo acercamiento a los procesos de reconciliación, es
necesario reconocer las experiencias de reintegración como una modalidad de
acciones colectivas dirigidas a la construcción de paz (García-Durán, 2008) 11. Dicho
reconocimiento fue el lugar de partida de la presente investigación, la cual, para
avanzar en el análisis de los cambios políticos, se sustenta en algunos elementos de
la propuesta metodológica de McAdam, Tarrow y Tilly (2005). En aras de alcanzar
una observación a profundidad de las dinámicas y las relaciones, los autores
mencionados utilizaron como recursos los episodios y los mecanismos, los cuales
son tomados como elementos de observación en cada una de las experiencias. Los episodios son una herramienta narrativa que facilita la descripción de cada una
de las experiencias, en ese mismo sentido, proporciona elementos que permiten
agrupar analíticamente la transformación de las relaciones entre ciertos actores
y la forma de comportamiento de sus mecanismos en un momento específico.
Los episodios no corresponden a una secuencia cronológica obvia o lineal de las
experiencias, sino a momentos específicos de procesos e interacciones, los cuales
están marcados por las transformaciones dadas en las relaciones entre sus actores
(McAdam et al, 2005, p. 32). Así pues, los procesos de desmovilización y reintegración
son un ejemplo de episodio, también lo es la organización de actores que dieron
origen a una iniciativa o la incursión de grupos armados cuya imposición marca
una inflexión en el comportamiento de los actores del territorio. Las distancias históricas y los marcos jurídicos existentes en los diferentes procesos
de desmovilización y reintegración, sumados a las complejas dinámicas locales que
atraviesan las cuatro experiencias en el contexto colombiano, podrían suponer una
barrera para el análisis comparativo. Sin embargo, tales barreras parecen agotarse
ante la posibilidad de identificar series de acontecimientos que transforman las
relaciones y que facilitan o inhiben tales experiencias. Esto es lo que denominamos
mecanismos. Los mecanismos, por su parte, permiten
identificar
factores que potencian
o inhiben12 las experiencias, pero más allá de ello, y lo que es relevante para 24 11 Según García-Durán, dentro de las dimensiones para la construcción de paz en los distintos momentos del
conflicto, las experiencias pueden ser clasificadas en aquellas que buscan su contención (peacekeeping), la negociación
(peacemaking) o su mantenimiento y prevención de la violencia (peacebuilding). En esta última, se ubican los procesos
de reintegración de excombatientes así como los de reconciliación (Datapaz CINEP/PPP, 2008).
12 Los mecanismos, según McAdam, Tarrow y Tilly, se definen como «tipos delimitados de acontecimientos que
cambian las relaciones entre conjuntos especificados de elementos de maneras idénticas o muy similares en toda una
diversidad de situaciones» (McAdam et al, 2005, p. 27). Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras Los episodios facilitan la descripción
de cada una de las experiencias. Los
mecanismos permiten identificar factores
que potencian o inhiben las experiencias esta