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las extradiciones a los Estados Unidos (Villarraga, 2009, p. 71). En este contexto, se gestaron varias iniciativas políticas que transcurrieron mientras |
que una serie de episodios trágicos tenían lugar en las zonas rurales y urbanas del |
país. Hubo un cambio de énfasis en la política de paz emprendida por el Gobierno |
Barco, en el cual se asumió como central el concepto de reconciliación, pues el |
foco de atención se dirigió no solo a la iniciativa de desmovilizar a la insurgencia, |
sino también a atender las demandas sociales que servían como base del conflicto. |
Se entendió que este énfasis era necesario para recuperar la convivencia pacífica |
(Villarraga, 2009, p. 71). De forma consecuente con ese cambio de discurso, el |
Gobierno creó la Consejería para la Reconciliación, Normalización y Rehabilitación, |
en la cual se consideraba que el logro de la paz incluía no solo al Estado y los grupos |
alzados en armas, sino también a toda la sociedad (Ossa, en Villarraga, 2009, p. 30). |
La rehabilitación se entendió, en este contexto institucional, como un concepto |
atado a la normalización, que consistía en propiciar las condiciones necesarias para |
«restablecer la normalidad de la vida civil, es decir, la presencia de las instituciones |
propias de un Estado de Derecho, especialmente la justicia, con el fin de garantizar 35 Aprendizajes para la reconciliación El Gobierno aumentó la presión militar mientras |
consolidaba un desarrollo institucional proclive a |
la reconciliación, lo que impidió la consolidación de |
escenarios de coexistencia que los conflictos se resolvieran conforme a las normas que deberían regular el |
funcionamiento de una sociedad que efectivamente se acogiera a procedimientos |
democráticos» (Ossa, en Villarraga, 2009, p. 30). Sin embargo, el Gobierno optó simultáneamente por aumentar la presión militar |
a las guerrillas, lo que impidió la consolidación de escenarios de coexistencia: |
mientras, por un |
lado, emprendía el desarrollo |
institucional |
y discursivo |
mencionado anteriormente, el cual buscaba emprender procesos de reconciliación |
nacional, por otro lado rechazaba a la subversión armada, en la medida que, |
según esta perspectiva, la paz no podía ser asimilada con el cese al fuego, ni sería |
coexistente a la presencia de grupos armados ilegales. La alusión que Virgilio Barco |
hizo a la reconciliación partía de una condición mínima, a saber, que existieran |
demostraciones tangibles de las guerrillas en relación con su voluntad política para |
la desmovilización (Discurso presidencial, enero 12 de 1989). Lo anterior explica por |
qué la política de paz en este contexto consideró que «las reformas y las políticas |
gubernamentales no tomaran como referente a las minorías armadas al margen de |
la ley sino al mandato ciudadano entregado al presidente y a las aspiraciones del |
conjunto de la población» (Villarraga, 2009, p. 76). La posible incoherencia derivada de este abordaje, a la vez belicista y proclive al |
diálogo, así como el recrudecimiento de la violencia, la agudización del exterminio |
de la UP22 y el rompimiento de las negociaciones con las guerrillas fueron la |
demostración de las fallas más graves en el abordaje de la política de paz durante |
ese Gobierno de cara a su apuesta por la reconciliación nacional en distintos |
sentidos. El objetivo principal de la agenda de paz del Gobierno Barco «no era |
negociar una solución al conflicto armado, sino legitimar el Estado y deslegitimar |
la guerrilla. Es decir, para Barco podía haber negociaciones, pero ya no entre dos |
partes, sino entre un Estado que conscientemente representaba a la ciudadanía |
y unos grupos guerrilleros que cada vez eran menos legítimos, pero que podrían |
aspirar a participar en la vida política del país. La estrategia se resumió en el lema |
de “mano tendida y pulso firme”» (Chernick, 1996). Adicionalmente, la ausencia de garantías para la participación política legal de los |
miembros de los grupos insurgentes que ingresaron a la UP y su estigmatización por 22 Pese al supuesto apoyo explícito dado por la administración Barco a la participación política de la Unión Patriótica, |
es posible establecer que la ausencia de garantías de seguridad brindada a sus miembros durante la época, la |
polarización política y el presupuesto de que para la UP, que «constituía una dificultad la persistencia de la guerrilla |
que le dio origen, al no prosperar el proceso de paz que posibilitara la reintegración de sus miembros a la vida civil» |
(Villarraga, 2009, p. 85), fueron algunos de los aspectos que ocasionaron la barbarie del genocidio. En este sentido, se |
profundizó en algunos sectores de la sociedad el señalamiento de que, supuestamente, la UP era un partido político |
legal, con brazo armado ilegal. 36 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras parte de algunos sectores de la sociedad daría como resultado el recrudecimiento |
de la polarización política del país. La falta de protección para los excombatientes |
insertados en la lucha política legal contrastó con el alto grado de apoyo social |
con el que contó el partido político en cuestión durante las elecciones de 1988. |
Su visibilización fue, asimismo, una oportunidad en términos de participación |
política y una amenaza en términos de seguridad, pues se puso de manifiesto |
la inexistencia de un ambiente integralmente propicio para reintegración civil y |
política de excombatientes. No obstante, la política de paz promovida por el Gobierno y la agenda política |
nacional de la época dieron un nuevo impulso a la política local, fortalecida, |
entre otras cosas, por los avances que se dieron en términos de descentralización |
del poder del Estado y por el aumento de la protesta social, lo cual derivó en la |
consolidación de fuerzas políticas alternativas en algunas regiones. Todo esto |
surgió por una creciente necesidad de paz y se tradujo en la eclosión de diálogos |
regionales23 y la confluencia de distintos actores en distintos debates de la arena |
política dirigidos a «articular consensos y promover un mejor nivel de diálogo con |
los grupos guerrilleros presentes en las respectivas regiones» (García-Durán, 2011, |
p. 106). Adicionalmente, según Turriago y Bustamante (2003, pp. 15-19), la política de |
paz del Gobierno Barco se concretaría en la formulación y puesta en marcha |
de la iniciativa para la paz en septiembre de 1988, y aunque el país y los grupos |
insurgentes tomaron diversas posiciones al respecto, esta postura institucional fue |
la base para el inicio y la culminación exitosa de los diálogos con el M-19, el EPL, |
el Movimiento Quintín Lame y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). De este modo, la iniciativa para la paz pretendía propiciar «la reincorporación a |
la plenitud de la normalidad ciudadana de quienes han escogido el camino de |
la subversión armada […] [logrando] la disolución de los grupos armados, su |
desarme y reincorporación a la sociedad, dentro de un contexto de garantías |
efectivas y específicas». Además, esta iniciativa definió los términos que regirían |
el proceso, así como unos principios generales ya esbozados: los alzados en armas |
debían demostrar su voluntad de paz, las violaciones a los derechos humanos y el 23 «La Iniciativa preveía la realización de diálogos regionales para la convivencia, con el fin escuchar a la sociedad civil |
frente: a) la solución a factores locales de perturbación; b) la solución a casos específicos de violencia regional; c) la |
realización de los diálogos, y d) lucha contra todas las formas de violencia. Asimismo, señalaba un plazo perentorio para |
su aplicación y, por tanto, para que la insurgencia se acogiera a ella. El término fue fijado para la jornada electoral de |
marzo de 1990. No obstante, la iniciativa se aplicó en una segunda oportunidad con los grupos que a ella se acogieron, |
durante la administración de César Gaviria, en el horizonte de participación en la Asamblea Nacional Constituyente de |
1991» (Turriago y Bustamante, 2003, pp. 14-15). 37 Aprendizajes para la reconciliación terrorismo tenían que suspenderse, se establecería un diálogo directo para acordar |
procedimientos de |
reincorporación, se adelantarían audiencias para |
recoger |
opiniones sobre reajuste institucional, se concedería el indulto a quienes cesaran |
definitivamente en las acciones subversivas, se adelantarían diálogos regionales |
de la sociedad civil por la paz, se levantaría el estado de sitio y no se suspendería la |
lucha contra el terrorismo y contra quienes persistieran en la subversión (Turriago |
y Bustamante, 2003, pp. 13-14). Primero, se anunció la puesta en marcha del plan hacia la dejación de armas e |
incorporación del M-19 a la vida civil y el plan de seguridad y protección. Mientras el |
Congreso aprobaba el proyecto de ley de indulto24 , el Gobierno tramitó el proyecto |
de reforma constitucional. Después, la Registraduría Nacional inscribió las listas de |
los desmovilizados del M-19 para las elecciones de 1990. El 9 de marzo se realizaría |
el acto simbólico de «dejación voluntaria de armas», en el caserío Santo Domingo, |
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