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élites locales en algunas zonas del país (aspecto que propiciaría, entre otras cosas, |
la unificación de los grupos paramilitares de todo el país en el proyecto de las AUC 43 Aprendizajes para la reconciliación La reinserción se enmarcó en la lógica de lucha |
contra el terrorismo existente en la base de |
la Seguridad Democrática, dándole un giro |
discursivo a la guerra y a la reintegración durante 1997), y crecía la intimidación a las comunidades de las zonas rurales por |
cada uno de los bandos, debido a procesos de estigmatización y complejidades |
propias de una disputa violenta de esas magnitudes. Esto determinaría un |
escenario de profundas polarizaciones en torno a los combatientes de los grupos |
armados en el seno de la población civil, que profundizaron los resentimientos y |
odios arraigados en la sociedad colombiana. En este contexto, 2505 personas se acogieron a los programas de desmovilización |
en |
forma |
individual |
(Villarraga, 2013). |
Los gobiernos de Gaviria, Samper, |
Pastrana (1998-2002), y el primer mandato de Uribe (2002-2010) mantuvieron |
este mecanismo legal de acceso a beneficios de la reintegración de guerrilleros |
desertores. El Gobierno Pastrana rebautizaría la oficina con el nombre de Dirección |
General para la Reinserción (Decreto 2546 de 1999), que tenía como funciones |
principales coordinar y dirigir el programa de reinserción para la desmovilización |
de los grupos guerrilleros y coordinar asuntos referentes a acuerdos de paz. Esta |
institución se mantendría vigente hasta el año 2003. Así como sucedió con el conflicto armado, resulta importante mencionar que |
los procesos de reinserción se enmarcaron, desde el 2001, en la lógica de lucha |
contra el terrorismo que nutrió a la política de seguridad democrática de Álvaro |
Uribe y que le daría un nuevo giro discursivo a la guerra en Colombia. Su postura |
se mostraba cada vez menos dispuesta a tolerar las acciones de los «grupos |
terroristas», que solían ser justificadas en causas políticas. Este giro hizo aún más |
profunda la polarización que había traído consigo el escalamiento del conflicto |
desde la expansión de las AUC (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013, p. |
172). Además, con este hecho suprimió discursivamente el estatus político de |
los grupos alzados en armas, y en ese sentido, su política de reintegración de |
excombatientes se enfocó casi que exclusivamente en establecer condiciones |
económicas personales, que le permitieran al desmovilizado sobrevivir en la vida |
civil de forma individual. El Gobierno Uribe |
introdujo una reforma a |
la |
ley sobre orden público que |
posibilitó que los procesos de diálogo y negociación para la paz incluyeran a los |
grupos paramilitares, apelando a la denominación de «grupos armados ilegales», |
y equiparando |
legalmente el |
tratamiento a |
las organizaciones guerrilleras |
y paramilitares. El discurso oficial cuestionó |
la política y |
los procesos de paz |
desarrollados con anterioridad, pues negó |
la existencia del conflicto armado |
interno, calificó indistintamente a guerrilleros y paramilitares como terroristas, y |
cerró la posibilidad de emprender una política de negociación con la insurgencia, 44 Experiencias de reconciliación entre excombatientes y comunidades receptoras tal y como ya fue mencionado. De tal forma, la «política de paz» estimuló las |
deserciones individuales, fortaleció la ofensiva militar y, con ella, la exigencia a |
todos los grupos armados ilegales de cesar las hostilidades de manera unilateral |
como condición mínima para establecer negociaciones, a cambio de acceder al |
programa de reincorporación y el beneficio de indulto (Granada, Restrepo y Vargas |
2009, citados en Villarraga, 2013). Se aprobaría entonces la Ley 782 de 2002 para conceder beneficios jurídicos a |
los desmovilizados para los delitos de concierto para delinquir simple, utilización |
ilegal de uniformes e insignias, instigación para delinquir, así como fabricación, |
tráfico y porte de armas y municiones. Quienes habían sido responsabilizados |
de delitos no contemplados en la mencionada ley y que fueron cometidos en el |
marco de la pertenencia a un grupo armado ilegal, antes del 25 de julio de 2005, |
fueron postulados posteriormente a los beneficios de la Ley 975 de 2005, en la |
cual se contemplarían por primera vez, de manera explícita, mecanismos propios |
de la justicia transicional en el país. Sobre este punto, se volverá más adelante |
(Observatorio DDR, Universidad Nacional, 2012). La aplicación de esta política de reintegración estuvo reforzada |
inicialmente |
por el Programa para la Reincorporación a la Vida Civil (PRVC) del Ministerio del |
Interior, creado en 2003, que surgiría de una renovación institucional que heredó |
las nociones fundamentales de los programas de reinserción y reincorporación |
que le precedieron. Sin embargo, los altos grados de improvisación, la carente |
articulación |
interinstitucional y |
la escasa vinculación de |
los entes territoriales |
durante su vigencia fueron algunos de los obstáculos que debió afrontar la política |
de reintegración de la época (ACR, s.f.). Adicionalmente, el programa implicó el |
desarrollo de distintas formas de dependencia en |
los beneficiarios, derivadas |
de una concepción pasiva y receptora del desmovilizado, lo que obstaculizó su |
empoderamiento y reintegración en el contexto social de reubicación. Mientras que esto sucedía con el programa a cargo de las desmovilizaciones |
individuales, desde el año 2003 se llevaron a cabo las negociaciones en Santa Fe |
de Ralito con los altos mandos de las AUC. Las negociaciones culminarían en el |
año 2005, y con ellas se iniciaría un nuevo proceso de desmovilizaciones colectivas. |
Así, entre 2003 y 2006 se desarrolló el proceso de desmovilización de más de |
32.000 paramilitares (García-Durán, 2011, p. 112). Dichas negociaciones, acuerdos |
y desmovilizaciones tuvieron |
la ya mencionada Ley 782 de 2002 como base |
normativa. Desde ese entonces, se proyectó acudir a los estándares de la justicia |
transicional para facilitar el tránsito de una situación de conflicto armado hacia la |
consecución de la paz (Observatorio DDR Universidad Nacional, 2012). 45 Aprendizajes para la reconciliación Ante esta coyuntura, se diseñó y aprobó la denominada ley de justicia y paz30 |
como parte del proceso de desmovilización. Esta ley ofrecía una reducción de |
penas a cambio de la confesión completa y de «la contribución del beneficiario a |
la consecución de la paz nacional, la colaboración con la justicia, la reparación a las |
víctimas y su adecuada resocialización» (ICTJ, s.f.). La principal premisa de la ley de |
justicia y paz fue conseguir un equilibrio entre una desmovilización efectiva de los |
grupos armados y la necesidad de garantizar los derechos de las víctimas (ICTJ, s.f.). Con las desmovilizaciones colectivas derivadas de las mesas de negociación en |
Santa Fe de Ralito, y en medio de la construcción de instituciones cimentadas en la |
ley de justicia y paz, el PRVC enfrentó problemas de cobertura y acceso, articulación |
institucional, acompañamiento a excombatientes y oferta de servicios básicos, |
en lo que se consideraba la etapa más crítica del proceso de desmovilización; |
lo anterior, teniendo en cuenta que el número de desmovilizados acogidos al |
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